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                    <text>SALCIIICHONERIA ALEllA..,.&amp;
DE GERARDO IIEENE•.
JIEXICO.-COLIISEO NUMERO !&gt;. -JOXJCY.
Este cese tiene constentemente -

craadc y

warlado surtido de tode ele se de aalchocll-y e.ames frias~

TOMOil

MEXICO, DOMINGO 1? DE NOVIEMBRE DE 1896.

NSNYYYYS&amp;YW

Jlll próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,000-- Teriftoa.rá en el Pabellón Mol'WCOp
6 laa tres de la tarde, el Juevee

12 de Noviembre 1896..
b~o el plan siguiente:
✓ 14,000 Billetes á $ 2.00 cada
uno, divididos en vigésimo•
de á. 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
PREMIOS:

1 Premio de.••. $ 1 0,000.••. s 10,000
1
.,
.,
., 1 ,ooo.... ,, 1 ,000
1
.,
,,
.,
600.... .,
600
1
.,
.,
.,
200.... "
200
2
,,
,,
,,
1 oo.... .,
200
10
,,
.•
,,
50......
600
25
,,
,,
,,
40.••.•, 1,000
100
,,
,,
20...... 2,000
200
.,
.,
..
1 o...... 2,000
2 Aproximaciones de 1 $ 1 001•
una anterior y otra posterior a
nllmero ¡,remtado con los ••••••
S 1 0.000 •. ;•• •...•......••..•
200
2 Aproximaciones de á $60; una
anterior y otra posterior al nú•
mero premiado con los
.
S 1.000.......................
100

845 Premio• que hacen

un total de

e

~·' ·W,OLF
UN I LA l?f PU Bl:.IGA
tN
MÉXICA.NA

17.700

:en próximo sorteo,

con premio
mayor de

$60,000
ae Teriftoa.rá en el Pa,bell6:n Kort.oe_
• laa 11 a.m., el Jue-vee

26 de Noviembre de 1896.
beJo el plan siguiente:
11,000 BILLETES.
FONDO: S 320,011.

fP

~
V

PRECIO DE LOS BILLETES:

Enteros: $ 4.00.-Medlos: S 2.00.
$ 1.00. - Décimos: 40 oente.
Vl&amp;"éslmos: 20 cent•.

cuartos:

PRED.108:

i:re
t f'Naloa ~• llaea a follU•:. S 1 7'.~-&amp;eO
ErTodos los sorteos e,tolft baJO ~a Tilrtl~

:,-alrecclóo pcr!IODilles del SI'. D. Apolinar Cestillo,
Interventor del Gobie~. y ~ - ea¡pka.do d&amp; la
Tuorerla General de la Nae16&amp;
~
~

r

San Francisco n'lllD.

.r

ouTIN E

:¡
Polvo de Arroz especial preparado coa Bismuto.

HIGIENICO,
ADHERENTE,
INVISIBLE
fata lJecompermda e11 ta ,lzpc:iclón Yr:ivmat de 1889.

1

C::Ei:. F .AV, Perfumista, 9, Ruede la Paix, París
(Guardarse de las Imitaciones y Fals11icac1ones. - Sentenci! de 8 de Maya de 1875).

Premio mayor de ..••... ••• 180,000
Premio principal de ........ 20,000
t Premio principal de ........ l0,000
6 Premios de $ 1 ,000........ 5,000
' Premios de., 500 ..•.•• ., 5,000
1o
26 Premios de,. 200 .••••. ., 6,000
100 Premios de.,
100 .••- . ., l0,000
2eo Premios de., 40 •••••• ., 10,-400
480 Premios de.,
~o .. , ...., 8,::ZOO
t 00 Premios de 8 60, aprox.unacrones
al premio de 860,000. ...•••• ,.... 8.000
1 00 Premios de 8 40 aproximaCJonea
al premio de 8 2J,000.. •.•· •••, •··• 4.000
1 00 Premios de 1 20, aproxllllaCJones
al premio de 8 10,000. ••••••••••• 1
2.000
'799 Terminales de 8 20. que s.e dete]!:minarAn por las dos últimas Cl•
fras del billete que obten¡ra et
premio mayor del (,()Jl)Q · · · · · · • l 5.880
'799 Termiaalcsd'e 1 ~. qae ~ det~
ainairán p&lt;&gt;f llas dlGs ú1t1mtio&amp;ras ctel billcM q_ue obten¡-a d
remio prioci?al: d~ t ~.ooo.... , l !5.980

()ftcinaa:

'

"'1...

m

U. BASSETTI, O.renta.

J'.ÁJJlUOA ESPECU.:C. de Al"El'l'.S:S de 'l'OCADOll. pa.ra. PASEO y 'l'EA'l'DO
CRE•A CAfflELIA, CREfflA ElflPERA TRIZ.
ROJ(I y BLANCII en cbnpetll8.
ROJ(I VEGETAL en polvo.
LÁPICES especlnles para ennegrecer pestaflns y ceJu.

POLVOS pnm en:pol &lt;ar los cabellos. Blondo, blnnco,
oro. pinto. y Jtnmante.

BLANCII de PERLA en polvo, blanco, róseo, Rache!.
POMADA ROJA pnra los labios, en botes y en rollos.

Los Productos de CH. FA Y se encuentran en el Mundo entero. en casa de los Principales Perfumistas y Droguistas.

~&amp;stá ud. anémico ó debilitado?~
El mejoraemanerlo pera eau••

TOME VD. EL VINO DE BAGNOLS

ciar,••
••EL MUNDO,•.
q~e certifica un tiro de

9,000 ejexn.plare&amp;

SAN JUAN.
De venta en to tas las Droguerías y Casas Importadoras del Ra1H

Con firma de un Notario.
LOa lectores de este perlódlaon de le clase más ele-da
del país.

.2 DE NOVIEMBRE, Por J. M. Villasana.
lfadre, yo no sé c¡:i&lt;'. t:cncn--:as llores d el ramposanto,-1uc cuunrto las mueve el ,icnlo--parcc: que están llomr.&lt;!o•......

•

NUMER018

�19 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

270
~~EL MUNDO."
SEMANARIO ILUSTRADO,

Teléfono 434.-Calle de Tiburdo núm. 20.-Apartado 87 b.
UXICO,

Toda la correspondencia, debe dlrlgl.rse
al Gerente de este periódico.

La snscrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres·adelanh,dos.

Números sueltos, 50 centavos.
. .
A. visos: á razón de $30 plana por cada publ1 caet6n.

Todo pago debe.ser preei~amente adelantado.
BBGISTBADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

gía, cualesquiera qu~ fuesen los móviles. que la guiaran y
los pretextos 6 motivos qne la favorecieran; pasaremos,
en silencio la inc.m~istencia del proyecto, que apenas ha
dejado entrever una ~specie ~e protectora&lt;'l:o n~minal,
ejercido por. las potencias ~ed1:idoras e1;1 la mfeliz colonia pero de¡ando á Espafla intacta su disputada soberanía' y sólo nos referiremo~ á la posición que guardan en
la ~ctualidad los insurrectos, en los momentos en que seabre con todo vigor la campa?ª ~e invi~rno.
Limitado Maceo á la prov10c1a de Pmar del Río, por
virtud del dique opuesto á sus excursiones en la formidable Trocha, según aseguran los españoles, .6 por.su propia soberana voluntad, como cuentan los s1mpat1zadores
de la revolución, ha podido, en el relativo descanso de
la estación de lluvias, organizarse y recibir de fuera todos
los recursos de guerra necesari&lt;ls:á hacer fuerte su posición
en la intrincada sierra, 6 á darle los elementos indispensables á emprender con éxito nuevas aventuras lejos de
sus escondidas madrigueras.
Máximo Gómez y Calixto García, entre t1mto, en el
centro y el oriente de .1a Isla, no han po~ido permanecer
en indolente reposo, sino quA han deb1dn prepararse á
Los periódicos enropeos se han ocupado últimamente la tremenda lucha qne sean-eglaba cQntra ellos con nuevos
del fracaso que el séptim9_Congreso de la Paz, acaba. de recnrso~ y soldados nuevos en la presente temporada.
Roloff, el llamarlo mbistro de la Guerra de la embrioobtener en Budapest. En esta asam~lP.a toda la ~dm1ranaria república, ha derramado desde las playas extranble dialéctica de los juristas ha venido, como .siempre,
á tierra, derribada por la poderorn elocuencia de los jeras los recursos recojidos pnr sus lab?r.antes y parciales,
y en no interrumpida línea de expedtc1ones filibusteras,
hecho~.
f
ha mandado á los qne luchan por la libertad de la soña·
Cada temporada un gr&lt;tpo de per~onas de buena e,
entusiastas, sinceras. p.i1-.J dA talla exigua para ~altar_ al da patria cubana todo cuanto pudieran necesitar sus co·
pedestal de los hombres de E,tado,
µropone rnv~r•a• rreligionarios, en su insaciable sed de odios tradicionales
blemente realizar el hermoso sueño &lt;le confratermdad y de venganzas lPgendatias.
Los jefes subalternos no han cesado en su tarea, y ape•
universal, sorprendido en las rosadas y luminosas horas
de sus buenas digePtioneP. Se convoei\ á un Co!lgreso sarde las dificultades ofrecidas por la inclemencia de la
Internacional de la Paz, en el qne $P. proponen pnmeros estación y las numer, sas guarniciones españolas qne los
premio~ de oro y plata (dApreciada ) para \os autores de han tenido en jaque, han sabilo burlar toda previsión y
los mejores trabajos relativos á _la matt na s,e pronu_n• continuado su obra dP. destrucción, en donde quiera que
cían discursos trnfados ae retóricas g:\rrulenas, se dis- se levantaba un ingenio 6 se alzaban los muros de u na hatribuyen abrazo~ _á diestra y s~n_iestr,L, y _se clausura el cienda. que pudiera ser fueute de recursos al gobierno.
concurso en m,dto de un delmo de a1111stad adornado colonial.
con éxtasis y desmayos de los concurreates.
Y en tales circunstancias, cuando España, no obst:mte
Y á cada nueva tentativa romántica de est:\ naturale• sus inmensos sacrificios, y las hazañas heroicas de sus
za, contestan los Gobiernos del mundo civi!i?.ado ens::i~- hi;oe y los proaigios de valor de sus soldados, no ha
chando su material de guerra, reforzando su efe?tl.vo mi- po'dido dominar la insurrección; cuando se la ve obligada
litar, adquiriendo nuevas máquinas de extermm10, pre- á solicitar en extrañas fuentes los recursos pecuniarios
parándose á la lucha y descargando sobre el contnbu- que la faltan en el interior, y se la mira amenazada por
yente el horrible mazazo de la paz armada.
dentro con los fanatismos de los carlistas y los arrebatos
Todo sér humano que penetra á la vida, ignora la suma de los republicanos, y se la contempla comprom?-tida en
de dolores de donde ha salido; sn espíritu es estrecho pa- la nueva y formidable g11f'rrn. de FilipiuaF; sabiendotodora abarcar el número de víctimas que han determinad'&gt; esto ¿habían de consentir los patriotas cubanos en consu existencia; pero sí sabe, que la vida es lucha)'. que en trae~ otros coU1promi,os que no foeran los que han de
ella no se realiza el triunfo de los más buenos, smo ~l de aproximarlOd á su anhelada independeucia? Ellos, que
los más aptos. Y desde el momento en que las necesida·
con valor de todos r.,conocido, han ido con serenidad al
des del me lio le imponen la obligación de aceptar esta cadalso y han caído en los c:i,!:!Pº~ de batalla: cobijados
forma inapelable de persistencia. susenngías c&lt;rneurren
por la enseña de la «estrt'lla solttana,» ¿renunctarían á sus,
al combate de la2 fuerzas coutrarias que se alzan en su sueflos, hoy que pretenden alcauzar la prox:imidad de su
camino.
realización, como Moieé• la tierra prometida? ......
Hay para las n'.lciones tambiéu un pritci¡_&gt;io que sobreNo es de creerse. Hu biérastoles ofrecido semejante trannada por encima de las aparatosas declaraciones del De• sacción á raíz de la contienda, y no .is difícil pensar que
recho Internacional, como por encima de los lagos tran- la hubieran aceptado.
quilos se amontonan los nimbusen las t.ardes tempestuo@as:
Ninguno más que nosotros ha clamado por una solu•
laforce prime le droit-la fuerzª domina al derech(); fór· ción aceptable paraamhas part1-s; nadie más que nosotros,
mula que el hombre terrible que más influencia ba e}er· ha predicado la concesión de libertades autonómicas, bon•
cido en el viejo continente, en las postrimerías del siglo rosas para España y convenientes para Cuba; pero eso.
XIX, ha tomado por su divisa, y apoyado en ella,. ha en ~u oportunid,1d y sazón. H0y, con pena lo decimos,
arrojado al surco la simie1;1te de la revancha, de ese ah1:n- creemos que par&lt;1 de8gracia de Cuba, y pese al orgullo y
to caliginoso, que presagiado por V1?tor Hi~go, le hizo amor propio mal encauzado de los españoles, no queda.
escribir aquella frase aterradora: El msommo de la Eu- otro recurso, que hacer un sugremo esfuerzo para arra nropa comienza!
car de raíz toda idea separatista tn Cuba, 6 resi¡¡;nar•e á
La amenazadora profecía ee ha cumplido, y d~Ppués &lt;1e ¡,erder una posesión que á la Corona cuesta mucho más.
siete Congresos de la Paz, todavía sobre las naciones dé- de lo que vale.
biles de la humanidad se agitan las poderosas manos de
Ninguna mediación pacífica tendría resultado po~itivo.
los pueblos fuerteP, disp11estos ácon_verti! las medallas de en tan difíci,es circunetancias; y antes de intervenir de
bronce de esos concursos en materia pnma para sus ar- modo violento, deben pensarlo 111ucho los Estados Unimas de fuego.
dos, porque de st-guro, enesaaventnra, ni querría, ni po •
drfa México seguir una política agresiva.

zas que no nos parezca digno de ser ac&lt;;&gt;metido, cuando
]a ~tiqueta del patriotismo lo ampara, m magno proyecto
que no halle eco en los espíritus. El que se atrevi,_á poner en duda la realización de una de estas maravillosa.s
a venturas, caerá á !os gol pes de_ la opinión más generalizada y se le tratará de mal mex1can.o. .
.
Y de esta manera, falseando el criterio de una virtud,
se llega á establecer el principio contrario.
Estamos obligados á ampliar más el concepto de la Patria, representándonos á ésta de tal modo grande y f!lerte
que resista á las severas enseñan¡¡as de la obs~rv~c16n Y
del análisis, y de tal suerte serena que nos aco¡a siempre
en nuestras desventuras y nos perdone nuestras faltas.
Ese patriotismo puesto al serv!ci.o. di: tantos pensamientos descabellados y de tantas 1mc1at1 vas locas, no es
el sano y robuEto afecto que l:.\ República necesita. El
verdadero patriotismo está má~ &amp;ltol

•Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Can~dá Tite Spanish American Newspaper Company, 136 L1berty St. New York, E. U.»

líloht5 rbiti1rialrs.
¿1fa banrnrrota br lit 1.}h'morrada?
¿Ha hrcho la Democracia bancarrota? ...... Esta inesperada pr?gnnta, que se destaca como ,.¡. som?río Man e,
Thecel, Pharés en los festines de las nac1onal;dade~ modernas, parece desprenderse de las ama!~ªª revelaciones
contenidas en una epístola &lt;'l:e J?o.n Em1lt0 Caste]ar ac_er•
ci\ del sufr~gio; surge de la mc1s1va pin~~ dP_I ¡acobt~o
Proal, en su curioso volumen sobre la cnminal_idad politica; se evapora de la robusta pluma del expenmen~ador
Zola, rE ciamando un flTan sable para la rt-splandec!ente
rE•pública pnropea. ¿(.!ué puede espe•ar el porvenir d.e
una forma de gobierno que tan dolorosas llagas nos exhibe? ¿Qué c1.,be aguardara~ de un sistema engendrailor de
tan disoh·entes actos sociales? ¿Ha llPgado par:, la Democracia l:1 hora de morir, 6 quizás una evolución podrá
salvarla de Fu fracaso?
.
.
La vtrdad es que el ideal democ1 ático no ee ha _realiza•
do en ningt'in país ni'en ninguna época; el gobierno de
la mayoría, la dirección de l?s asuntos públ_icos _POr las
multitudes, jamás se ha rf'g1strado en la h1stona de la
humanidad· como ideal h1tsido ·imado por todos los
poetas y en~alzado por tod?s los polfticos soñadores; en
la realidad nunca hemos visto practicado ese programa,
y en aquellos pueblos en que se ha intentado ensanchar
la acción de las masas, la anarquía más e~pantosa ha
substituido al hermoso espectáculo prometido por los
admiradores contemplativos de la serena diosa del gorro
ftigio.
La ingerencia de las clases populares en los. asuntos
públicos, cuando est~s maEas. no rep~esentan mtereses
permanentes sino p:is1ones ba¡as, apetitos y r~ncoreF, sólo producirá trastQTDOB profundos, perturbncJones hondaA, , esequilibrios enormes en el aparato soetal. Por u!l
momento pudo creerse que fstas do_lencias .serían radicalmente extirpadas con la panacea instrucci67!-; p~ro hechos recientes han demostrado que esta med1cac1ón no
ba~ta cuando no va acompañada de una fuf rte dosis de
riqueza crPada.
F:l socialismo europPo Fe rPclnta entrA obrPr0s elevados
á cierto grado intelectual. 8p... ncn cita en una de sus
obras la carta de un operario inglé8 im-truiJo de cierto
nivel de neeesidades qne no pnede FBLibfacer: 1a instrucción ha sido para él, el vehículo poderoso para arra~t.rar
sus ideas la marmita en que han entrado fn ebulltc16n
snR disol~encias tumultuosas. Conciencias tan mal preparadas no están en aptit•ld de realizar l&lt;?s fines demo•
cráticos, fundados en la más pura y heroica reserva _dA
virtudes sociales. ¿Q11é sucede pues, con l.a D~mocrac!a?
La Democracia mceEita afinar sn maqumana, mod1fi•
car su mecanism0 rectificar sus aparatos. Alguien ha
dicho que los cue~pos existen por el equilibrio, más ?
mPnos estable, de las fuerzas; el resultado de eete eqmlibrio es la vida. Para las naciones como para los cuer•
pos, la condición de la vida es el equilibrio, y en ellas las
fuerzas las constituyen los intereses. Hacer entrar en el
t-jercicio de la soberanía el mayor número de interese!',
es el remedio de la Democracia, y para ello EL MuNDO ha
abogado por el sufragio restringido.
La época presente, de transición y recon trucción, dPbe seflalarse por dPjar bien preparados unos, y resueltos
otros de los problemas políticos que se des~acan en lo fu .
turo. Basar nuestras instituciones en algo eólido y ver·
dadero que aparte de la ~epública la ~ospecha de una
conmoción altamente nociva para la soCiedad, es tarea de
la generación actnal. Los hechos que en estos momentos
se nos ofrecen, deben servirnos de ejemplos para la obra
que algún dí.i estamos obligados á realizar.

$olJrt p-atriotismo.
Frecuentemente circulan acerca del patliotisruo las
ideas más extravagantes. Se tiene como una grave falta
de amor patrin, exhibir defectos y pre¡uicios, deshacer
C&lt;lnceptos erróneos y emití~ rectificaciones .necesarias.
BJjo el pabellón de la Patria encuentran salida muchas
mercancías averiadas que conviene retirar de la circulación.
Entendemos nosotros que el verdadero patriotismo no
está en ocultar uuestras enfermedades, sino en procurar
su curación.
No sucede así, sin embargo, y en México se estima que
el amor patrio consiste en halagar nuestra vanidad, en
hacer la apología de nuestros defectos y en cerrar los
ol1los á la voz de la verdad.
No hay impulso, por superior que sea á nuestras fuer•

ª"

***
electqral que

RESU)IE'.'1.-Una inciativa dPl "New York H•raM."-Dillculta1l para que progresP.-La in,nrrecci6n ,1~ C11ha y sus
dtf~nsore~.-l&lt;'in de la Campaña elPctoral en Norte Améri·
ca. • Una anécdota de Gnillermo 11.
Aunque quisiéramos apartar la vista de los graves acon·
tecimientos que se dernrrollan en los candentes campos
de Cuba; aunque intentáramos desentendernos de las interesanteF cuestiones que allí se debaten entr.. los resplan.
dores del incendio y !ns gritos salvajes de la matanza y
el exterminio, no podríamos sino fingir indiferencia, ante la solución ele un problPma que efecta pueb!os de nuestra raza y grupos sociales que á nosotros se unen por comunidad dA aApiraciones.
El Ne:w York 1/erald, periódico de a:ta importancia y
reconocida universal significación por su manera de tratar la política internacional, ha lanzado la espPcie y sos•
tenido la posibilidad de zanjar todas las dificu ltadt:, y remediar todos los males que aquejan la révuelta Antilla,
mediante la amistosa intervención de los Estados unidos
y México, ante el gobierno de España, para que haga cesar una situación lamentable bajo todos aspectos, porque
agota estérilmente las fuerzas y &amp;nergías de la metrópoli
y convierte la antes rica y próspera colonia en lúgubre
teatro de desolación y de ruina. Para considerar debidamente y juzgar sin pasión la iniciativa del reputado diario neoyorkino, no mencionaremos la oculta rivalidad
que ha provocado en la prensa europea, especialmente en
la francesa, que pretende vislumbrar miras intere@adas
en toda intervención americana, aunque se intente cubrirla con el ropaje de la abnegación y la buena fe que
nosotros suponemos; no trataremos de la exquisita susceptibilidad del patriotismo español que se ha sentido
herida con más 6 mpnos fundamento, al sólo anuncio de
una posible mediación, que sería rechazada con viril ener-

La ruda campaña
por luengos meses ha.
llenado la pública atención en 1a gran república americana, apartándola d,. todo cuanto no fue ra la discusión delos candidatos ele idos en las convenciones nacionales,
está ya para terminar, dando fin:!. e,a excitación extraor·
diuaria, que por tanto t.iempo ha mauteniJo los ániwos
fuera de su natural nivel y ordinaria serenidad.
¡Qué de di;curaos rn han pro11unciado! ¡cuánt,o~ ar·
ículos se han escrito! ¡cuánto dint'ro se ha derrochado.
buscando votos y comprando voluntades!
D.i un lado el capital, el monop.. lio, la riqueza soberbia.
qne apedrea á la mnltit11d con sus fajos dt1 billetes y re·
el uta adeptos al @o u engañador de 1111 proteccionismo exa·
jerado; del otro, la audacia, el liri~rno elocuente, la poesía financiera qne g,,lpea ,í. los mePtings con catapultas de
tropos y ametralladoras de rnetáforaE&lt;; el esfoerzo de los,
proletarios qne prvtestan contra una situación que juzgan
contraria á las masas que trabajan y que sufren, el socia·
lismo, e11g,rndro de civilizaciones cadúcas, asomando su
cabeza tnangular nor entre la virgen selva americana; Y
por encima úe .-ste Cl)nflicto de interesPB y de e,te cho-·
que furibundo de pasiones, el buen sentido del p&lt;iÍS que
cree y espera qu•·, confía tranquilo en q1te, cualquiera quesea el preferido eu loi comicios del tres de nvvielll b~e,
la República será salva, porque tiene sangre b.1stante JO·
ven en sus venas para soportar esta9 crisis, y serenidad
suficiente en el pueblo luchador para no verse.arr:istrado,
hasta el suicidio.
Sí, hay energía bastante en la gtan nación americana
paras ·lir incólume de esta pru ib L. Tufo anuncia que la
candidatura republicana saldr í vencedora, elevánJ,i~e,
sobre el pavés al gran proteccionista,al ya célebre Me Ktn·
h,y; pero si los cálculos más favorecido'! resultaran erró·
neos, y fuera electo el joven orador de N ebraska, el incan ·
sable Mr. Bryan, ya encontrarla la federación la manera de
salvarse y continuar su carrera de progreso; puea ui Mac
Kinley habla de ser en la primera mag_istrdt1ira tan con·
servador como lo hacen su3 p:utidario.;, ni Brydn t:i.n ra-

}9 NOVIEMBRE,

1896.

EL MU~7)0.

dical y socialista como lo pintan sus arrebatadores discursos.
Pronto pasará la exaltación política temporal, y, serena y majestuosa, continuará la república anglo•sajona su
gloriosa tarea de progreso y engrandecimiento.
Para mostrar la íntima ***
rivalidad y profunda división
que aparta las unidades germánicas, que solo por la fuerza permanecen atadas al trono de Prusia, que sobre ella!i
ejerce odiosa tutela y ruda hegemonía, ,·amos á referir
una anécdota que se refiere al Emperaior Guillermo.
Acababan de efectuarae las maniobras navales de Kiel.
El Emperador, satisfecho, recorría las filas de sus valientes súbditos.
Acercóae ante un recluta bivaro, y despuéRde la sacramental frase de «t.eme á Dios y obejece al Káiser,» con
que acostumbra saludará los marinos y soldados, ¿á quié n
te refieres, le dijo, cuando hablas de nuestros enemigos
exteriores?
-A los rnsos contestó el recluta.
-¿Y quiénes son, según tu modo de pensar, los enemigos interio•es de Alemania?
-Los prusianos, dijo el inocente b.í.varo con toda gra·
vedP.d.
29 de Octubre de 1896.

X.X. X.

DOS ERRATAS.
Rnplicamos á nuestros lectores se sirvan excusarnos las
dos erratas de caja que apart-cen en EL MUNDO dP. hoy:
una, que retraza el número de orden del periódico, di·
ciendo , 7 en vez de 18 y la otra que da al folletín la fecha
del ai'io pasado.
Nuestros empleados del departamento de caja son nuevos y e&amp;to pudiera servirnos de disculpa.

Cajas tle p:,pel, cartón 6 cartnlina impermeable~.
Se hacen ~e papPl, de cartulina 6 de cartón, pintadas
con un baru1z que las haga impermeables á los líquidos,
y grasas.
Dicho barniz puede aplicarse interior 6 exteriormente 6 por ámb,1s caras á la vez. Las cajitas pueden tene1~ forma r_edonda, oval, cuadrada ú otra que se conside
re con vement.,.
Para fabricar estas caj'tas se hace primero el tubo que
ha de constituir el cuerpo de la caja, para lo cual se puede _proceder de dos mo!1os: 6_bien se corta el papel, cartulina 6 car.tón á las d1mensienes necesarias, y se encola para formar t&gt;l cuerpo, 6 se hace un canuto cuyas diDlenciones correspondan á las de varias cajas, y después
se corta tra nsveraal mente á las medidas nec.isarias. Del
mismo modo se puede hacer el cuerpo de la tapa, dándole las dimeuciones necesarias para que pueda verificarse
el enchufe con el cuerpo de la caja.
Los fondoe se cortan con un cortader 6 sacabocados
dándole las medidas justas que ha de tener interiormen'.
te la caja 6 la tapa, y se colocan en una 6 en otra por simple aplicación ó encaje.
Fin~lme1,tt-, Pe le da la capa de b~rniz que hace que resulte impermeable el papel, cartultna, etc., y las juntas
que forman los fondos con los cuerpos respectivos.
. Como harniz puede emplearse cualquiera de los que
tienen por ba~e ólPo, alcohol, esencias, ooncina petroleo, sulfnru de ca,·bono, espíritu de maderas, ber:zon
éter de petmlt-o, éteres, amoniaco, jabón etc.
'
E~tas caja~ ti'clnen sn ¡,rincipal aplicación en las farmacias y &lt;lroguerías, para contener los ungüentos 6 preparados farmacéuticos gracientos, pastosos 6 semiliquidos.

FERROCARRIL ELECTRICO SUBllARINO.
S l está poniéndo en práctica nn provPcto de [Prrocarri 1
eléctrico submarino en Iri~laterra, que.debe unir Brighton
y la aldea marítima de Rottingdeau en la costa meridio•
nal inglPsa, condado de Suseex.
Para facilitar las relacion0s entrP r~tas dos estaciones
balnearias, distantes una dt, otra ~eis kilómetros aproximadamPnte, Ee ha hecho pnsar una vfa férrPa por la pequef!a bahía que la costa forma en este lugar. El fondo de
esta bahía, perfectamente unido, debe recibir los carriles
dl'.l ferrucarril eléctrico proyectat.lo. Los alambrea eléctricos se colocarán, sobre p0stes elevados de 5 á 7 me·
tros sobre el nivel ddos carriles durante la marea alta.
Sobre esta vía férrea circulará un cochi, mny elevado.
de 16 metros de largo, que podrá conu¡ner 150 perAonas
Para impedir la inmersion del coche, se 1~ colocará so'.
bre barras de ~cero de 10 metros de altura, fijando las
partes sumergidas de estas barras eobre ocho ruedas que
pasarán por los carriles colocados en el fondo del war.
Dos dinamos colocados en la parte superior del coche
Y uni~os á los 3;lambr~s dan 111ovimiento8ecalc11laquese
necesitarán tremta minutos para frauquear la distancia
-qo.e separa Brighton de Rottingdeau.

DON füAN DE D¡IOS CARRASQUILLA.
T1:nemos el gusto de publicar como jnsto tributo al
mén!-0,. el r~~rato del St: Doctor Carraequilla L., bogotano &lt;'l:1strngu1ao, que es sm duda una de las más positivas
.glorias d" nuestra América latina.
El Sr. Doctor Carrasqui.lla.es &amp;l ~ d e - l a - steroterapia anti lPproea, que ha llamado la atención de todo el mundo médico.
.El rP.trato que publicamos pertenéce á la Sociedad
~1ent.ífica Antonio Alzate que tanto estímulo presta á la
c1enc1a en nuestro país y que, de paso, merece que la consagremos algunas lineas.

DR. J UAN DE D. CARRASQl:ILLAL.

[Vease el artículo

rdat.ivo)

E, esta i\sociación la mejor relacionada con el extranjero, pudiéndose mostrar como prueba inequívoca de ... 110
el dato de que suele recibir cada mes m,í~ de 40ü voliírntines remitidos por los principales centros científl~os del
mundo. En lA actualidad el número anual de estas donaciones asciende por termino medio á más de mil y el progreso es constante; lo que hace que no exista en México
una biblioteca dotada como la suya de las mejore➔ obras
de la ciencia contemporánea. Las Memorias y Revista de
la Soc·edad circulan y son leídas en muchas naciones,
debido en gran parte probablemente á que en general todos aquellos artículos que se comprende que son de inte·
rés universal, se leen con gusto.
Volviendo al Doctor Carrasquilla, olvidamos decir que
es entre muchos sabios, uno de los miembro8 correspondientes de la mencionada sociedad.

UN.A. PRESENT.A.CION
En nuestro próximo número tendremos el gusto de
presentará nuestros lectores á una poetisa tan vigorosa
como inPpirada...... y bella añadiríamos, si no te1Uié80•
moA sPr indiscretos.
Véade nuestro próximo número.

Un gran congreso fomenista.
Las mujerPs han celebrado en estoA días su gran congreso, reuniéndose en Berlín lmi directoras del movi•
miento femenino. mal llamado femenista.
No Re descuidan las faldaA en imir.ar á lo~ hombres en
Psto de aprove~har 6 de perder PI tiempo jngand" á los
Congresoe. En Abril de este año convoc.ll"on s11 Aguel,i.
rre ( ¡con perdón sea dicho, oh crítico escrupuloso!) +-n
París, ahora en la r.apital de Alemania, y el año que vi.,.
nP 11e reunirán en Bruselas, y en 1898 en Londres.
Bueno; y
«¿Qué quieren esas nnbes qnp con furor se agrupan
Del aire trasparente por la r..gión aznl?
¿Qué quieren, cnando el paso de su vacío ocupau
Del cenit snspendienao sn t,n,ebrorn tul?
¿Qué instinto las arrastra? ¿qné ePPncia l•s mantiene?
¿Con qué Re.:reto impnlso por el vacío van?
¿Qné ser velado en ellas atravPsando vienP?
8us cóncavas llanuras que sin lu1ubrera están?"
EstaP pre1rnntas, envneltas en la&amp; Püdoras de SalornSn
que dirigía Zorrilla á las nnb...s, hace cincuenta años'.
la~ dirigen hoy toilns los prójimos pacíficos á las señoras
congresistas, que d ... jando de cuando en cuando P-1 techo
paterno de su~ maridos, como decía el otro, se sub&lt;&gt;n, un
á las nubeH, amo más arriba &lt;le los cuerno!! de la lu1H1 ,í
los cielos de la bienandanza futura femP.nina.
'
Mujeres hay qne sólo BRpiran á nutrir y sostPn"r t-1
culto del amor á la patria, a, hien y á la humanidad en
platonismo puro; otraR qnr quieren nutrir la inteligencia
de sus compafleras y dA los niñoq en ¡;edagngía perrnanente, y otras que aspiran á nutrir el corazón y el ánimo di' los deegraciados con la sa111a carirlad. Todo e8to
est.l. muy bien, admirab lem1&gt;11t., bien. E,,e es el oficio
providencial de la mujer, nutrir. Primno, con su sangre,
con ~I néctar incomparable de sus pechot!, crían á~a hu~am~ad; d~spués nu_tren con su amor y su calor la dificil ex1stenc1a de la niñez; más adelante, con sus cuidados y su trabajo alimen~an á la familia; y muy á menudo
nutren el corazón de la ¡uventud con sus sanos consejos
de madres, y, en fin, nutren todos ios ideales todas la,i
esperanzas, todas las dichas del hombre con ;u amor. Si
algunas- veces, por desgracia, no ocurre esto no tieoeu
ellas s~las la culpa, ni nosotros tampoco, sin~ ellas y nosotros ¡untos.
Vengan, pues, en hora buena las mujeres á los congresos y á los ~ ings, y á las luct.as de la sociedad, y al
hogar y al desierto, y al funeral y al baile, siempre que
lo bagan para realizar su especial misión de nutrir las in-

271
teligenciaq y 103 corazones; pero no se molesten en querer ejercer oficios como los de gobernar y dirigir los pueblos, pidienao, por ejemplo, el manhood suffrage, el
sufragio del ciudadano, 6 la entrada en la junta municipal ( P11ris and D ~3trict Courir.il•) 6 en la diputación provencial ( CounJ.y Council!!), Aq•1ell"s argumentos del rebullicio de Chicago, con lo que gráficamente se r.ipresentaba la condición de la mujer, exponiendo que las lt!yes
americanas no dejan votar...... «ni á los Pieles Rojai, ni
á los idiotas, ......... r,i á los locos, ni á los p•?-sid iarios ...... !ni á la mujer/.,; fueron recibidos con irónicas burlas por la mayor parte de las damas nort,P--am iricanas y extranjeras que visitaron la Exposición, y se
detuvieron ante tal cuadro, porque ellas, los últimos seres,
al parecer, en esa denigrante escala, imperaban, guiab.in,
volvían tarumba y traían hechos unos monigotes, verdaderos esclavos, á los senadores, diputados, títulos, millonarios, ingenieros, oradores, generales, :filó~ofos y demagogos con quienes estaban casadas, sin consentir que
semejantes usufructuarios del manhood sn,(frage se opusieran á ningún capricho ni deseo de sus caras mitadP.s. Eito, ee entiende, entre matrimonios decentes y bi,•n avenidos: porque entr.i gente tronada no cabe más id.ial de
justicia que el que debe desempeñar el g,rndarmP.
Así mandan y gobiernan, sólo por m iniqterio del cariño, del respeto y de la hidalga cortesí.1, l:is fa\rlas P11 los
c~lzones. ¿Y aun quieren ustedes má'l per8onalidad, autonomía y progreso, señoras mujeres?
Por eRto, pu,..s, hay que distinguir entre pretensiones y
pretensiones. La instrucción, la educación, la caridad, la
propaga11da del bien, los títulos universitarios, la prepiedad y disfrute de su~ ganancia'l, ld participación en
las profesiones apropiadas á su suficiencia, los puesto3
distinguiJos, la Academia, todo para ustedes, si á ello aspiran y para ello demuestran tenP.r aptitud, en competencia con los hombres. Pero en la política y gobierno,
en la guerra y en los penosos tr.1.b ,j,,s de las profundidades de la tierra y de las soledad➔s d~l m.1r, dejen la labor
á los hombres, mientras la mnjer tenga las cualidades físicas y, por consigLtiente, las de sensibilidad, que tiene

DESPERDICIOS l&gt;B ORO Y PLATA
La estadística de la Real Casa de Moneda inglesa nos
dice que cuesta 31,000 librns esterlinas anualea el renos
var la moneda de plata. Est:.&gt; representa seis tonelada.
de plata que se halla de~parrarnada por Inglate•·ra, 6 en
otras palabras, que la pérdida diaria de metal es, por término medio, como de 86 libras esterlinas.
El oro no se usa tanto como la plata, más su pérdida es
tambié n de consideracióJ. De la Casa d.i Moneda salen
4.645,521 libras esterlinas y doble de este número de media➔ libras al año. E l pesJ nerdido en la manipulación
simple Pn las libras es de 0.396 grano al año, y en las medias 0.551 grano. Si alguno tuviera la curiosidad de calcular este desperdicio, encontraría qne si pudiera colectarse, bastaría para la cantidad de 16 libras esterlinas
diarias. No es dtt adntirarse, por lo mismo, que el lodo
que SE' lleva de una parte &lt;iti Londres donde han frecnenta&lt;ln por siglos hombres de dinero, t•1viera und c.rntidad
de lo~ metales preciOiOS.

.........

El telégrafo y , I teléfono en Abisinia.
Recientemente Re ha1t establecido en la Abisinia redes
tel ..gr•ficas y telt-fónicas.
1\1. Monrlon, ingeníerJ electricista, ie encargó del estudi0, organización y suministro de todo el material recesar'o para unir las más importantes poblaciones de
aqnel Imperio.
Estas in~talacione~ son del sistema Van Rissrll erghe,
~·a adoptado en Bélgica y otros puntos, que per.uite telegrafiar y telefonear por un miF&lt;mo hilo.

I 111licar1'1r eléctrico para bnqnes.
DeP'.lP hace tiempo, en todos los buques, las órdenes Re
traq1111te~ dt&gt;s,le el puente del capitán á la cámara de
máq11i11as, por medio de aparatos &lt;fe cable metálico sin
fin, qnt' nccionan una manecilla dispuesta en un cuadro
indic,.,lor.
&amp;gtí n la R evue Practique de l' Eletricüé, se acaba de ensn yar nno de esto~ aparatos accionando por medio de la
elt&gt;ctricidacl qne par,.ce dar tnPjored resultados bajo el
pnnto de viFta QP. en fnncionarnieuto. De este modo se suprime el cable ~in fin, q11e µresent,a graves inconvenienteH ya por s11 dila :ación bajo la influHncia de la temperatnn1, ya pQr las fr_ec11t'11te~ rupturas :í que está expuesto
á JJ':"ª" de los cmdados que se tengan para su conservnc1011.

Otro pago de $3,000.00, de "La Mutua"
EN GUADA.LA.JAH.A.

Guadalajara, Octubre 2ú de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director Generar de «La Mdtua» de Nueva York en México.
Muy seflor nuestro:
Hoy hemos recibido por conducto del B meo de LJo•
dres y Méx:1co y ante el notario Sr. D. Arcad in ra&lt;lilla la.
Puma de $3.000,00 (tres mil pesos fuerte, ) valur o.le la pó,
liza núm. 661,409 bajo la cual Pstuvo as..gurndn 1mestro
finado hermano el Rr. Cura D0,1 Guadalu pt1 , l&gt;arrn.
Que l:' presente sirva par,i h&gt;\cer públic.L 1111.,dLra g-rati-."
tud hacia u~ted que tan bondadosamente 110s ba facili•
tado todo hasta recibir la suma anti&gt;s dicha. si •1 haber
e_rogado gasto alguno ni haber.demorado el ¡,ago, qne como
siempre lo acodtumbra eea digna compañia, ha ijido vio,•
lento.
De usted afmas. attas. y f:l. S.
SOL:!DAO lBARRA,-RBffGIO IBARRA,

�]9

EL MUNDO.

272

~ · = = ~ = = = = = = = = = = = = = = = = = ==

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N üVIEllIBRE, 1896.

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. F,T, MTTNno.

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273

CHERBO0RG.

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Desembarque ae $$.

roro. el ~mp~raaor

't la $mperatriz ae Rusia.

[Grabado en los talleres de "EL MUNDO"]

�EL MUNDO.

27.4

LOS CZARES EN PARIS.
Por fiu podemos dará uuestros lectores la relación ilustrada de la última etapa del viaje de los Czares, llegados
á París á principioR de este roes. Buen remate suá este
de nuestra tarea i nformatÍ\•a, del todo oportuna si se
atiende á que simultánPameute con las ilustraciones espaiíolas y norte-americanas, ofrecernos á nuestros lectores, los grabados que son la gráfica historia 1e ese pomposo viaje.
París se portó como bueno,
desplegando ante los Czares toda la pompa de que es
capaz, y eclipsando los feste•
jos todos de las otras potencias. París, ya lo hemos dicho no hace jamás las cosas
á medias, debía, pues, sPr
deslumbradora la recepción
v lo fué como verán nnestros
favorecedores por el siguiente relato.

Acai,o están admirados ellos también de la ooledad de
etiOd muelli!s que han contemplado un instante y del silencio que Lurba!", solamente los martill.,zos de los carpinteros que rf\oaran á toda prisa una aver(a sobrevenida
al puente del B i.sson Pero ya han de&gt;!cend1do la eocalera
de sn yacht. Av-entúranse por el puente, y ~~í es do1_1de
M. Fél ix: Faurrl avanza hacia ellos coil afabilidad fácil y
llena de dignidad, deseándoles la primer bienvenida de
Francia.
El Presidente de la República, con la cabeza deacu-

19 NOVIEMBRE, 1896.
e aperador al lado d, 1 Presidente de la Republica y en.
ob,equio del cual fueron pronunciarlos lo~ primeros brindis, los soberanos y el Presidente subieron á sus trenes.
respectivos que partieron, con un cuarto de hora de intervalo v á pequeña velocidad para París. A todo lo largl).
de la.vía que seguía el tren imperial había centinelas colocados: las l'nternas de las locomotoras ilu:!"linaban brus•
camentP. sus siluetas al paso; y las láwinas triangulares,
de las bayonetas arrojaban furtivos relámpagos ec. la.
noche.
En Cberbonrg, la Tecep•
ción del Czar Nicolás II y de
la Emperatriz Alt•jandra, había ten ido el caracter casi
exclusivo de una solemnidad
marítima y fu é como el sencillo prólogo de las solemnidades de París.
La llegada á París.
A las 9 de la maftada del'

martes, el tren imperial seunió en VerRalles al tren pre·
sidencial. En tanto que el
En Cherbourg.
tren ruso proseguía su ca•
mino hacia la estación MontAl pasar la Mancha el lupa rnasse para conducir dines 5 de Octubre para dirirectamente á los barrios de
girse de Inglaterra á Francia,
la ribera derecha de ParíP á
de Portsrnouth á Cherbourg,
la pequeña gran duquesa Oilos soberanos r:isos fueron
ga, el de M. Félix Faure. en
testigos de una verdadera.
el cual habían tomado sitio.
tempestad. En la mañana no
dejaba de haber sus in4uielos hué3pedes imperiales, tomaba la línea de cintura patudes en Cherbourg con resra dirijirse al desembarcade•
pecto á la tra veRía de los yaro escogido.
tes imperiales. El viento, so· Ahí, en Ranelagh, una esplando del Noroeste, era tan
tación minúscula había sidoviolento, que ni ann se había.
construida en eeis días. Imoído la salva de 101 cañonaposible imaginar trozo de
zos anunciando quH la Esarquitectura provisional más
cuadra del Norte, que había
partido á primna hora al encoqueto. Una marquesa de
cuPntro d&lt;' la E•trell"- Polar y
150 metros de longitud cuel St 1andart, los había enconbierta de colgaauras grises.
trado; cuando por fin, á meqne caían gracioFamente y endio día, un despacho del se~uirnaldada de follaje y de
miHorn aeñaló su aprnxi maflores.
ción. Una hora y media más
&lt;'omoen Cherbourg el Czar
tarde, la escuadrilla ruea y
y la Czarina aparecieron con
la escuadra del Norte e~taM. Felix Faure. Presentacioban á la vista del dique del
nes, salutaciones, palabras
arsenal y el cañón de loa fuerde bienvenida, revist.a de la
tes, después del de los acoguardia de honnr, prece1ien•
razados, saludó á los hnéspedo á la formación del cortedes imperiales de Francia.
jo. Todo esto pa~ó ante un
Al mismo tiempo el sol apapequeño nümero de privilerecía, en tanto que caía aún
giados, y no parecía sino queuna menuda lluvia, y á la.
el Czar tenía prisa de acabarentrada del puerto ee veía le
con todas eeas exigencias del
vantarse un arco iris triunfal.
protocolo, de hacer su entra•
A las dos y media, exactada á París, de sentir alrede•
mente, la Estulla Polar frandor de sí ya no las vanidades,
queó el naso. El pabellón imsatisfechas, sino el «corazón
perial flotó en el extremo
del pueblo francés» manifesdel gran mástil blanco, con
tando su simpatía entusiasta
el águila dorada de Rusia.
con fren éticos vivas, de los,
La impresión que expericuales no conocía aún más
mentaron entonces los especque el eco.
tadores agrupados aquí y ahí.
Ca población de París, enfué de lo más inesperado.
grosada por muchas centenas.
Fué una senaación de frío tan
de millares de provincianos,
característica como intemno estaba menos impaciente.
pestiva. Lo!! pérsonajes ofiDesde hace ya muchos día&amp;
ciales, los periodistas, los cuestá preparada, y bu aleriosos privilegiados, se agrugría, más que los adornos qne
paban en los parajes abiertos
se ven por todas partes, dan
al abrigo de las injurias del
á la ciudad una fisonomía de
viento y de las violencia!! de
fiesta. Desde horas atrás se
los centinelas apostados. El
atropella á todo lo largo de
muelle del arsenal estaba.
la vía asignada al cortejo im-.
desierto. De distancia en disperial.
tancia surgía únicamente la
Un cañ.onazo anuncia porsilueta de nn gendarme enfin la llegad" de Sus Ma¡es·
carnando el deber imprestades Imperiales á Ranelagb.
cindible, pero no simbolizanUn cuarto de hora, media.
do por cierto el carrno de
hora, tres cuartos de hora
Francia para con sus augusdespués, según el sitio que
to~ visitantes.
se ocupa entre la Muette y la
Sin embargo, el cai'\ón truecalle de Grenelle, la cabeza
na con rabia, las trompeta11
del cortejo aparPce. Un pisuenan en los campos. Todo
quete de guardias republ:caeste ruido no hace empero
LOS CZARES EN P .ARIS.-La visita á los Inválidos.-Ante la tumba de Napoleón.
nasá caballo, a ore la marcha;
aparecer menos largas las
se grita: u¡Viva la guardia!»•
maniobras de fondear de la
Estrella Powr, que trata de acercarse al Bisson, destinado bierta, se inclina y besa la mano de la Emperatriz; dt:s- La caballería de Africa, cazadores y spahiR, asoman en
sus caballos blancoe: «¡Vivan los spahis!» Los Jefes ára·
á servir de desembarcadero y en el cual espera un poco pués estrecha la mano del Czar.
Inmediatamente el estandarte imperial de la Estrella bes, los agahes de Argel, los caída de Tunes, con susgrannervioso M. Félix Faure. Pasa como una media hora.
Polar tué trasladado; ahor, flota sobre el muelle á la !'n- d&lt;&gt;s turbantes y ~ns vistosos trajes, vienen después y el•
A bordo de la Estrella, los marinos rusos se han alineado.
Dos grandes cosacos rojos se hallan inmóviles á la puerta trada del paso qne conduce al arsenal, cerca Jel pabellón público grita: «¡Vivan los árabes!» y los árabes saludan
del camarote imperial. La música del yacht imperial to- personal de M. F élix Faure. El Presidentedn la Repúbli- con el rehímpago azulado de las cimitarras; y por fin apa·
rece un carruaje á la daumont y un estremecimiento deca, ofrece el brazo á la )zarina, el emoerador marcha á
ca alegremente la Marsellesa.
1
A las tres de la tarde todo está listo, en fin, para el de- su derecha, y los tres atravies : n así el BHJson, franquean- entusiasmo sacude inmediatamente á la mn titud que re·
sembarque de los seberanos. El Presidente de la Repú• do la escalera empurpurada; después se aventuran por el conoce al Czar y á la Czarina, tan esperados. El empeblica, M. Loubet y M. Brisson, se mantienen en la ex- segundo puente. La música de la infantería de marina rador con uniforme verde y sombrero de Coronel del retremidad del puente que une la Estrella Polar al Bisson. ataca el himno ruso y los vivas de los invitados dan la gimiento Preobajensky, con la mirada grave y dulce y
La puerta del salón imperial se abre y la Czarina Ale- sei'\al de las aclamaciones á la multitud enorme que las el rostro muy pálido, saluda militarmente llevándose la
mano al bonete de Astrakan.
jandra. Feodorovna aparece la primera, vestida de un consignaR despiadadas han relegado á lo l,,jos.
La emperatriz Alix, sonrosada por la emoción, lleva
Ueapuée de las recepciones y las representaciones oblitraje gris tórtola, muy claro, con pelerina del mismo color, de gran cuello guarnecido de encajes, llevando un gatorias, tuvo v, rificativo una brillante revista naval. El una exquisita toilette de saten blanco, guarnecida so•
sombrerito de rosas y una ligera so·,1brilla en la mano, Elan llevando á los soberanos rusos y á M. Félix Faure briame11te de trébol0" de oro, un boa ligero de plumas
como si estuviese segura de encontrar el sol y no la llu- pasó ante las tres líneas de la escuadra en •••tdio de los blancas rodea t1u cuello, se inclina graciosa y sonriente·
via sobre la tierra francesa. El Emperador Nicolás II la hurras. Después la emperatriz y los dos jefes de Estado y se ve balancear.se sobre su cabeza la pluma blanca de·
sigue, lleva el uniforme de capitán de navío de primera se hicieron conducir á bordo del crucero almirante Ho- su sombrero; frente á ellos M. Felix Faure, de frac, con•
clase, túnica y claque y el gran cordón de la Legión de che, que el Czar visitó largamente, aimirando con since- el sombrero un poco i_nclinado, eonríe alegremente. Apesarde las triples vallas de guardias, Fe establece el con•
Honor. La mala travesía no parece haberles dejado ridad sus ventajas.
Después de un banquete al que asistió únicamente el tacto entre el pueblo de París y sus huéspedes imperia,..
huella.

19

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

les. _Millares de voces aclaman al Czar, á la Czarina, á
Rusia y en .tauro qne el desfile dura, el eco de 103 vi vas
acompaña a S. S. M. M. hasta que penetran en el patio
del hotel ue ia Embajada rusa.

275

El traje de cola de la es•
posa del ?residente Faure
era de brocado azul pálido
con corsé de viPja Irlanda
y tul de sf!da bordado de
La estátua ,le Strasburgo.
topacios. M. Félix Faure
. Uno dt: los cuad~os _mejor apropiados al corteJo impe·- llevaba el gran cordón de
r1al era BID contradicción la plaza de la Concordia tanto San Andrés. En segundo
término, los otros persona~ c~usa de FU.; vastas «;Iim_ensi?nes como por su sit~ación
umca y su hermosa d1st~1buc1ón. Así, pues, la afluencia jes admitidos en el palco,
ahí era enorme c~m m?tl;ro «;le la llegada del Cr.ar, y co- ocupaban sillas rojas.
"'º se había previsto, 1Dtrép1dos curiJsos se habían e.iLa Srita. Lucía Faure,
caramaclo como racimos humanos á las estátuas colosales vestida de moiré Reoacide las cmdadts de Francia. Una sola de esas eatátuas
miento, negro, bordado, esgracia~ á una vigilancia especial de la policía, permanecí~ taba colocada detrás d.e su
protegida contra el escalamiento: la de Straaburgo. Ob· madre.
¡eto del culto constante de las sociedades alsacianas loDetriís de la Emperatriz
renesas, había sido decorada para el caso con banderas manteníanse la princesa
nuevas y coro.nas frescas. y se había cubierto Fu cabeza Galitzina, gran dama de la
con la larga cmta de seda negra de extremos largos que corte, la princesa Waesiltc~ían de cada lado del rostro, añadiénd0le una cucarda cbikoff y la princesa Ohotncolor. Era un contraste muy sugestivo el que formaba
linaky, damas de bon01·;
aqut:11ª. orgull~sa_ figura aislada y respetada, en su duelo detrás del Emperador el
patriót_1co y as1st1endo desde lo alto de su pedestal á la príncipe Dolgorouky, ayurecepción de un emperador, como un testigo meditabun- da de campo, y en último
do, clavado en una inmobilidad de piedra.
término una quincena de
En la Iglesia Rusa.
oficiales rusos y franceses.
El golpe de vista era soDespués del med~o.día del martes el Czar tuvo que lle·
na~ sus deberes rehgwsos antes de la recepción oficial del ore todo interesante en el
momento e n que la concn..
.
. ., . .
. ..
El1seo. Llevando el miam&lt;_&gt; t raje que por la mañana y
rrencia, al ejemplo del PreJefes Y Oficiales del Batallón de , oluntar,os Principado de As1u11as.
acompaftado de la ~mp~r::'t~1z que llevaba traje claro con
cuello de tul naranJa, dmg1óse á la Iglesia Rusa de la-ca- sidente d~ la Rep?bl ica yfde los augu~tos huéepedes, eecu- la cripta, se detuvo algr1n tiempo ante el monumento f ú
lle Dasu por la calle Real, el bulevar Mal, sherbes y el chó dt: pie ~l himno ruso, con Ja faz vudta hacia el nebre; después subió á la capilra, 110 sin haber dado un ojeada á la pieza obscura !ramada el «relicario,» donde ea
parque Monceau: ~mbos ha?ían sido precedidos por el palco imperial.
De ese palco central donde se encontraban en algún c0nsnvau diversos objt:tos quti pertenecieron al Eme
barón de Mob~e nhe1m, embaJador de Rusia y el príncipe
Orloff, con umforme blanco de la guardia, cubierta la ca. n~odo, alr~dedo~ de los soberanos, Ja eltgancia resplande- pe1ador.
c1ente_de 1as to1!ettes femeninas y la magnificencia de
beza co~ el c~sco corvnado por el águila imperial.
E!l, el mterior de la. iglesia, cuyo vestíbulo sol,:, estaba los umformes, d1 fu ud_íaee u na especie de radiación por la
cub1~~to de ba~de~as, se oprimían los personaj¡,s de la sala en_tera. cuyo con¡unto, gracias al brillo de los adorLA GUERRA EN CUBA
com1t1va y los 1!1v1tados qne p~rtenecían en su mayor nos ba¡o la luz de las arai'\as, realizó todo el brillo que se
Sorteo de qulnto,...-Má.,, soldado;;..
~arte á_ la_ colonia rusa. En la puerta el arcipreste Vassi- podía desea1· para una de esas fiestas de aparato cuyo
heff as1st1do de todo el clero revestido de sus ornamen• caráct•ir p~ramente oficial, ann más acentuado e;ta vez
Esa vorágine que ~e llaf!ia guerra de Cnba sigue .'tratos sacerdotales de las grandes fieRt.as, recibió á los so- por la estricta obePrvancia de la etiqueta in:.plica siempre alguna frialdad.
'
gando hombres: las Juvemles ene,gías de España, Pin miberano_s que so co(ocaron frente al Y conosta•io, muy cersericordia. _Año y medio hace que tmp~zó y de entonces
ca del JCono ofrecido por el Czar Alejandro II cuando su
acá ba habido una docena d'l sortE'OB, qne Fe diferencian
La visita á los 1:n.vápoco los unos de los otros y cuya füonomfa esptcial pueUdos.
de verse en el grabado que publicamos.
Si los s&lt;,rteados son soldados, hny alguna ansiedad
Esta visita figuraba en el
miE'ntras dura el sorte_o: antE's y ~eepuée, alfgría. Pocos,
progrma del 7 de Octubre.
Los soberanos, que habían muy pocos, quedan t ristes. La tr1Hi,zn de los parientes
coneagra&lt;lo la primera parte es la única que se permite asoruar la cabez.1 de cuando
de la mañana á Notre Dame, en cuando.
, ~l propio t_ie_mpo que llfgan á Cuba las tropas"de ·la
al Palacio de Justicia á la
Santa Capilla y al Pa~teón, ultima exped1c1ón, van y v1e11en, las que están en Ía isla
llegaron a.l hotel de los Invá• de unos puntos á otros, según las disposiciones del gene:
ral en jefe, gue en estos momentos dispone Jo que lepalid os hacia la~ once y media.
M. Félix Faure daba el rece neces~no para comenzar la campaña y en la Península se despide cariftoeamente á aquel ejérc;to que significa
brazo á la Emperatriz.
Recibidos por· el General el postrer esfuerzo en pro de una causa inmensamPnte
Pillot, Ministro de la Gue- dificil. El batallón de voluntarios de Asturias ( de cnya
rra. y por el General de Bois- oficialidad damos otro grabado), ha cerrado la marcha
d,effre, recorrieron los prin- de esos 40,000 soldados españoles que han ido á arroscipales locales del Pstableci- trar últim~mente la~ inclemencias de la ¡rnerra y en Oviemiento bajo la dirección del do, al part1r, fué ob¡eto de ladPmostración más cariftosa
A las cinco y mPdia de la madrugada del día 21 del co:
CornaRdante militar, Generriente, salió de dicha ciudad para Gijón el batallón de
ral Arnonx, que aunque muy
vol_untarios ~el ¡: rincipado ~e As_t1iriae y á pesar de la hoenfermo de antiguas heridae
había querido presentare¿ ra m tempestna, túdo el vecmdano bajó á la estación donen su puesto. Parnron igual- de~., confu:°~ían en_t~e el público l~s corporaciones y aumente revista á los viejos sol- 1or1dades c1y1les, militares y tclee1ásticae, sociedadt s y
dados, a lineados en una ca- representaciones del comercio. Hízose el emba1que con
el J?)ayor orden; 1, s !~luntarios. iban muy contentes y
lle d!'I patio de honor.
sa~1sfechos; al tn n m1l_1tar seumeron algunos vagon~s de
Anteriormente habían heprimera paro !ns a uton~ad~s ovetence~, junta organizacho una larga estación en 'la
dc ra del batallón y penod1stas de Ov1edo que iban á
ca-pilla, pero el Czar solo
acompañado del Ministro d¿ acomp~flar á !os EO!dados hasta el punto de' embarque.
:1?art1ó el tren _entre las aclamaciones ruidosas del púla Guerra, del General Arb11co, y l?1B ovac10nes no cesaron en todas las eEtacioues
PAL= DE MAYORCA.-Acto del sor~, en el patio del Cuarrel del carmen, para organizar la séptima Com- nonx y de los oficialoe rusos,
pan!a del Batallón Prov1si&lt;¡nal cte Cuba.
había penetrado en la crip- del tránsito, donde pueblos enteros se congregaban para
aplaudir á l~s valientes voluntarios de Asturias.
vi~je á París en 1867. Después Eegún ellrito de la religión ba de Napoleón I El sar órdon:e seen_cuen~ra
la tn!'ll•
1
El t~e!1 ~ 1litar ~legó á Gijón á las siete de la rnafiana.
griega, el arciprestP 'es ofreció el pan y la sal. En segui- Jandia, Pe eleva e~ medio ge ago, ~ gr;t ~ ro¡ob_:le Fi~- El rec!b1m1ento d1speneado á la fuerza expedi.cionaria fué
da fué cantado un. Te Deum eolemne y ¡,,I oficio se termi- tuadafiebajo de la cúpula de/1d~:io on a escu ierta s1• grand10so; t~ el andén estaban laa bandas del ngimiennó con laceremoma del beso del crucifijo en la cual toDespués de haber descend'd
I
maron parte los soberanos.
d
á
bl
o 1os cuarent.a y cuatro es- io d~l Pr_fn~1pe y la 1:11unicipal; banderas y t-standa1t~s
ca1ones e m rmo I aneo y de bronce, que d·in acceso á
con rnscr1pc10nes alusivas füstacándose sobre la multitud
y de los balcones tapizado~
La representación en la Opera.
descendía una II u via de floEntre todas las fiestas organizadas en honor de los sores
beranos rusos la representación de gala dada en la ópeDesembarcó el batallón
ra de~ía ser una de las más brillantes. El programa, cuaque precedido de las música~
lesquiera que fuese la composición, no tenía naturalmeny seguido de todo el vecindate más que una importancia secundaria: por que el verrio recorrió las principales
~adero espeetáculo, como sucede siempre en casos seme.
calles. En el muelle se pasó
Jante&amp;,_ estaba en la sala, y era de preverse que las mirarevista á la futi1za 1 proced.as de¡arfan la escena para d irigirse de preferencia ha,
cia los es;iectado_res y sobre tod'? al palco imperial.
diéndose al reparto de dinero
y otros obstquios áloe expe•
d Este p_alc_o, obJeto_ de la atención más ó menos discreta
dicionarioF. .
de un p~bhco e~cog1do, había sido dispneato en medio
e l'.' primera hilera } estaba encuadrado con telas de
A las diez de la mafia.na
terc1opelo_caw1esí y palm11s y coronado con el escudo
comenzó el embarque de las
del Imper.10 entre las banderas de las dos naciones aliafuerzas en grandes gabarra~.
da¡¡; pequeños s,)les y crisantemas amariliat! guarnecían
que conducían la tTopa al
el rebúrde de terciopelo y oro, y en la parte'alta del baltraeatl ántico Ciudad de Cadiz
cón se destacaba netamente la palabra Pax. El Emperaanclado en la bahía á unas
~or, en el centro, ocupaba uno de los cuatro grandes sidos millas del puerto. A cao_nes de vieja tapicería de Aubusson, tomados de la
da compañía que entraba Pn
ut1!ería1 teniendo á _su derecha á la Sra. Félix Faure y á
las gabarras repetfanse las
su 1zqmerda al Presidente de la República á la 4jlerecba
manifE's1aciones de entusias•
~el cual estaba sentada la Czarina. Esta ll¿vaba un traje
mo: los vaporea a nclado11 rn. e falla azul celestf\. de larga cola, guarnocido de encaludaban con sus sirenas. las
~es, !!na magnífica dia_dema de di~mantes y una riviere
müsicas no cesaban repitiéne cmco ~rdenea d~ piedras. El ..l!;mperador iba vestido
dc, la marcha de Cadiz, y los
con el umforme ro¡o de coronel de los cosacos, con chal. .
voluntariM. agitando paflnerreteras de plata y el gran cordón de la Legión de H onor.
EXPOSICIONLDE BUDAi'EST.-Fa.kir dormidc.-(Vease el articulo relativo.)
los y sombreros, devolvían

°·

�y

] 9 NOVIEMBRE,

276

19

EL MUNDO.

NOVIEMBRE,

1896.

~ = = = = = = = = = = ~ ~ ~ ~ = = = = = = - = = = == = = =

-el ealndo al pueblo que les veia partir con tanto sentimiPnto como entusiasmo.
Terminado el embarque de los sol~a~os, el Ayuntamiento de Gijon dió un lunch á la oficialidad; 4 las tres
-de la tardese,rn:.barcó ésta en remolcado,es, y á las cuatro
y merl.ia levó anclas el Ciudad de Cadiz, zarpaudo tin di•
rección á la Coruña.
Para concluir, una nota curiosa: el Jefe de este ~atallón
de AFturias es nada menos que un cubano, pedl~o por
acla11,aci6n para general del cuerpo. La preferencia, sal•
vo los odios del caso. se explica perfectamente, supuesto
t&gt;l profundo conocimiento que ese general debe tener de
los suyos.

La botadora del ''Cristobal Colón."
Damos una vista de la botadur,i de este nuevo buque
&lt;le gunra, efectuada en Génova últimamente y acerca de
la cual y refiriéndose á los dueiios de los talleres de do11&lt;'le snrgtó el soberbio buque, dice lo siguiente un periódico f'spañol:
Lá razón social Gio. Asnaldo y ~ exiatP. deFde ]846,
pP10 ha~ta 1853 no tuvieron SnR talleres Pino muv mediana importancia. Ea aquella fecha entró en la Sociedad el senador Varios Bombrini, y desde entoncPB la dirección dti los negocios de la casa pasó á manos de Carlos
y l\larcelo Bombrini, bijos de aquél. los cuales dedicaron
todo rn talento y sus muchos bienes á fomentar las diwrsas indnstrias en QUP aquella trabaja.
Gracias~ ellos, son h_oy los tall~res de S.impi~rdarena
y de s~str1 Penente qu1zas los primeros de Italia y sin
du&lt;ia de los mejores de Europa.
'
1'~1 Cri.Jit6bal Col6n fué botaJo al agna á !as nueve de la
mañana d:1 día 16 del corriente, asistiendo á la ceremonia una muchedumbre inmensa qne llenaba todos los
mnelle~.
For_máb~n la C?mitiva o_ficial _el Arzr,bispn de Génova,
el é&gt;b1spo in parf1bus de D1oclez1a y Monsefior Acier; el
Prcfocto, el Al~alde, el conde &lt;..e Benornar, embajador de
Espafia; el almirante Butler, el contraalmirante de la escuadra italiana, Sr. Candioni; representantes del Parlamento, de la Audiencia y de otraF! mucha'!! cnrporac10nes. Er, la hermosa y tra_nq~ila b~hía estahan los buques
d,e 15uer~a de la escuadra italiana Duilio, .il farío. Pia y Eurí.dwe, ern duda para muestra de cómo una nación pobre
pue~e tener en p0cos años poderoPa marina de guerra
gracias al deseo de tenerla, nacido del conocimi¿nto de
su sitnación en el mundo.
. Dirigió la botadura el ingeniero Bigliati, jefe de lns astilleros. Terminada con toda felicidad ia optiración hubo
en la galería de calde~as de los astilleros un opíp~ro al":111P_rzo al que_asist~ero_n mil personas, entre ellas los penol1stas espanoles 10v1tados á la tiesta de la botadura,
y que tan agasa¡ados han sido en ltalia. Se brindó muchl) por España y por la amistad de las dos naciones.
D&lt;1mos una vista de la botadura.

Colisión al g~sto.
:C 1a colisión d~ trenes preparada de antemano para deleite de un púbhco afecto á cosas capaces de sobrexitar los ne, vios, ea espectáculo muy costoso y poco común. Una compañía ferrocarrilera de los Estados Unido•, arregló días pasados una colisión que había de veriflMrs~ frente á una estación improvisada y propiamente b mt1zada con el nombre de «Plasta. n Veinticinco mil
P!lrsonas presenciaron l_a colisión. Las máquinas fueron
pintadas con colores brillantes, y la distancia fué cuidad_oF!amente medida, con objeto de que la colisión se verificara en el punto deseado. Las máquinas se precipita-

ron con la fuerza y la velocidad de un torna do, semejan·
do sus pitazos constantes una
música infornal. E, suelo
temblaba al paso de e sos
monstruos que se acercaban
con una velocidad de 50 wi ·
llas por hora. U o momento
después los trenes se encon•
traron produciendo un ruido terrible; l08 carros queda·
ron hecboti mil a~tillas, y las
calderas al nwentar produjeron nna detouación ensordecedora é hicieron 8alir torrentt&gt;S de vap&lt;&gt;r que ocultaron la masa informe á la vista de los espectadores. Con
la fuer:r.a de la PXplosión mucb·•s pesadaF! piezM dti hierro
fueron á cael' á media milla
de distancia dP.l lugar. del
choq11e. F,1é nn verdadero
milagro qne entre la multitud hubit&gt;ra habido tan pocas de~gracias. pues solo re•
snltaron tres muertos y doce
heridos. Las per~onas que
presenciaron est" barbaridad
la recordarán mitiutrlls vivan, y con tceguridad que el
espectáculo no se repetirá.

277

EL MUNDO.

189'1.

PAGINA BLANCA.-

'
¿Por qué va á tí mi pensamiento siempre que veo nevar? También es blanco el sol y no se le parece sin embargo.
¿Será que son tristes la nieve y tu recuerdo?
Ello es que de tal modo os asocio yo en mi mente, que
no parece sino que eres tú la que nievas..... .
M. MENÉNDEZ y PELAYO.

-·-····••c&gt;t••······-

DE BLANCO.

Curiosi1lades.
EL FAKIR DOUMIDO,

Una de las cosas que en la
actualidad lhman más la
atención ea Budapest, donde
según se 8abe, con una brillante Exposición se celebra
,.¡ milenario de Hungl'ía, es
un par de Jakires, de lus cuales se ha hecho gran caso.
Provenientes de Londres,
donde estuvieron siete meses y donde hicieron sus
primeros experimentos de
muerte anticipada, atrayendo
la att&gt;nción y la curiosidad
del público, estuvieron primero enViena,dondelapolicía no permitió el expe rimento; después, por la vía de
Presburgo, fueron á Budapest. Los R dicen~eR fdkires son
estudiantes de Lah&lt;&gt;re y se llaman Bhina s~na Pralap, de
23 años, y Gopal Kricbna de Cawnpnre, nacidos en la
India. Ambos han dormido repetidas veces dnraate
treinta días consecutivo~ en Londrns, y uno de ellos, d
segundo, no contento con dormir en su ataúd de cri-1tal,
ha querido también ser entP.rrado por n'ueve días y medio. Los dos jóvenes indios dicen qne el fenómeno se
produce en ello~ sólo en fuerza de la ~utnsngestión.
El experimento, repetido en B•1dapeFt, tuvo mucho
éxito y atrajo vivamente la curio~idad y la ~.tención del
público.
0

Qué cosa más blanca que cándido lirio?
¿Qué cosa más pura que místico cirio?
¿Qué cosa más casta que tierno azahar?
¿Qué cosa más virgen que leve neblina?
¿Qué cosa más santa qae el ara divina
De gótico altar?

COLISIÓN AL GUSTO.

LUZ ELEOTRICAHasta h'&gt;ra las instalacil)nP.~ hidráulicas h:i.n cr,nstituido el medio más económico de obitiner electricidad para
el alumbrado y otros nso8.
8 ..gú n la prensa ingl,-,-¡a, parPCP. hab'lrse resnelto el problema de producir corrientti~ bast,antt':l para el alnmbrado por medio de pilas, que sieru.lo de alimPntación económica, y de un volúmen sPm&lt;"j'lnte á las qu ➔ el teltlfono
ern plea, ofrecen p&lt;&gt;tencia suficitinte para satisfacer las uec.,sidades domésticas.
S!'gún cálcnll)s de la Asociación de la pr.-.nFa inglesa,
una lámpara incandesce1 t~ de veinte bujías, costará á lo
sumo 1,50 pesetas mt&gt;nsuales; se evitan lus t&gt;foctos de la
interrnpciones gP.nerales del a'umbrado y la iustalacióu
de cables aéreos y subterráneos.
Fabricación. de Hilos de Papel.

Se ha invenlado nn procedimiento q11e permite fabricar
un hilo sin ayuda de fibra9 vegetales, simplernentti por
medio de tiras estrecha~ de •&gt;apel. Este hilo pn!)de em•
p!earse lo mismo que cualquiera otra clase de hilo de lana, lino, etc.
El procedimiento que se emplea es el signiente:
Se teLDpla el papel que se quiere trabajar, en bañ&lt;&gt;s
formados por productos químicos convtinientes Q':le le
dan la ductilidad y tenacidad requeridas. Por med10 &lt;le
una disposición especial, se corta en el sentido de la longitud en forma de cintas estrechas: una vez preparado
de est,e modo, se le impregna de •ma materia que contenga cola, y se arrolla cada cinta en un carrete especial provist,; de agujeros. Cuando t')das las cintas se han colocado en los carretes se someten á la acción del vapor de
modo que éste atraviese el c~rrete desde el inttiiior al
exterior. Se someten á la acción del vapor, con ob¡eto
de que por una parte se disuelva la materia gomosa Y
por otra los productos químicos, con loe que se ha impregnado previamente el papel.
Despues de esta operación se colocan los carretes sobre
un apar.ito de hilar y se tuerce la tira de papel. De este
aparato va el hilo torcido sobre otro de estirar, que fe
compone de dos eatiradoree, uno en la parte de delante
y otro en la de detrá~, entre los cuales hay un par de cilindros recubiertos de productos químicos por loti cuales
pasa el hilo.
Después dti estirado ee hacen pasar todos loe hilos por
un aparato secador, en el cual circula el aire _de_ modo qn_e
los hilos que han de secarse tengan un mov1m1ento o,Cl·
latorio.
Los hilos de papel obtenido~ por este prncedi_miento
pueden tf'jHse y trabajarse lo mismo que cualqmer otra
clase de h1loe de lana, lino, yute, etc.

Botadura del Crlst.oba.1 C:&gt;lon. ':

Una nación que cede el poder absoluto á un hombre,
le da f'I derecho de atreverse á todo y se impone la necesidad de sufrirlo todo.
DE S.e:GUR.

.A UN.A PÁLIDA.
(NEVANDO.)

Aquí dentro, fuego; ahí fuera, nieve...... Así eres tú,
&lt;:omo dijo aquel poeta que también te quiso:
-Fuego en e l corazón, nieve en el rostro..... .
Fuego como é•te, calor de hogar manso, tranquilo, no
enervante como e' del sol de estío que ata el ingenio y
para la fantasía y entraba al par los movimientos del
·cuerpo y del pensamiento: fuego tranquilo del que no
hay qRe temer que suba á incendio, fuego alimentado de
excelsas materias, de troncos generosos que un día tuvieron colores, y cuando _v a no los tienen, privados de alegrarnos con ellos los ojos. se dan en pasto á la llama para
volverá ser útiles y prestarnos abrigo y consuelo ..... .
Tal l:mbiera sido tu amor, estoy seguro. Primero flores,
lne~o luz y calor.
S1 la vieras esta noche, qué bonita, tú, á quien tanto
-guPta la nieve)
Si pudiera yo verla contigo, yo, á quien tanto gua.
tas tú!
Ha caido de repente y dura un momento.
No es la nieve frecuente encanto de los climas, como
en e l mundo son raras las muchachas como tú.
A parece siempre á nuestrm, ojos como espectáculo mrn&lt;:a visto y con la intensidad y la fuerza de un pensamiento nue,o.

Así, á través de uno y otro año, de uno y
otro dolor verdadero y de una y otra ficticia ventura, viene, blanca como la nieve, , u memoria,
á llenar de poético y triste encanto el pensamiento.
Baja ~obre él mansamente, como bajan sobre
el agostado jardín esos copos y le van formando
Psta blanca vestidura que, por ser tan fría, parece que ha de abrigarle y protegerle.
Como es tan raro que nieve, hasta la luna, esta
esquiva, de quien apenas conservábamos memo1-ia. se ba dignado l!alir á verla.
Y la he saludado con la misma alegría. que á
tí, cuando pasado un luto, 3pareces en una fiesta,y pensando en tí, me be puesto á contemplar
el maravilloso espectáculo de sus reflejos sobre la
nieve.
¡Qué luz tan melancólica, tan hermosa! ¡Qué
musa!
La nieve, que E'P t.ri,te, parece sonreír ante las
caricias del astro, como se sonríe tu rostro pálido al sentir sobre sí la lu~ de unós ojos.
Si pudieras verlo tú, á quien tanto guata la
nieve!
Durará un momento, pero la impresión de esta blancura. de esta delicada belleza de la nieve,
vivirá aún largo rato en mis ojos, como en mi
memoria la de tu hermosura, con que me alumbró entre las tinieblas y obscuridades de la
vida. A mí me gusta la nieve porque te guata á
tí, y á tí te gusta porque es blanca.
Y repara que quizá no he dicho una simpleza.
Blancos son tus pensamientos, y tus suefios, y
tu alma, y tu rostro, y blanco tiene que ser todo
lo que te guste, y por ser blanco tiene que gustarte, porque lo blanco es la pureza, lo inmaculado, lo no vulgar; y tú no puedes _encontrar
•
bello nada que no sea así.
En el jardín del mundo, del que sois vosotras las florea-y nosotros pudiéramos eer los árboles, quién el fuer•
te roble, quién el laurel glorioso, quién ¡ayl el ciprés tristísimo-las hay de todos colores y aspectos. Prefiere uno
los claveles porque son alegree; otroe los encuentran vulgares y eligen la roF!a té, por lo triste, por lo aristocrática; hay quieneljcoje los pensamientos por lo que significan, y no se paga de exteriores encantos!.. ....
Pues bien, en ese jardín tú eres la rosa blanca, la que
t.ndos admiran aunque sin atreverse á aspirar en ella, la
que no se discute, la que no admite comparaciones ni rivalidades.
El blanco es la suma de todos los colores, de todas las
bellezas de la vida, por tanto.
La pureza, que es el blanco entre los matices del espíritu, es la suma de todas las virtudes, de todeé los afectos tiernos y generosos.
Vieta á través do tu alma, la vida y la naturaleza humana se transfiguran y se embellecen; bajo ella ocultan
PUB esperanzas la una, su flaqueza y miseria la otra. En
10 cual eres todavía igual que la nieve, que cubre con su
inmaculada alfombra el lodo y el sucio aspecto de la calle
ó el camino.
.
¡Celestemente hermosas sois tú y la nieve!
Parecen estos copoP, pétalos de rosas blancas que alguien se entretiene en deshojar desde allá arri1:)a.
Diríase que ibas tú :á pasar por debajo.
Y eso parece tu rostro; no blanco sino nevado. Pálido,
no oor taita de c;ilor, sino por aobra de blancura..... .
Hermos!'s sois tú y la nieve.

De blancas palomas el aire se puebla;
Con túnica bla.:.ca, tejida de niebla,
Se envuelve á lo lejos feuda1 torreón;
Erguida en el hnerto la trémula acacia,
Al soplo del viento sacude con g, acia
Su níveo pompón!
¿No ves en el monte la nieve que albea?
La torre muy blanca domina la aldea,
Las tiernas ovejas triscando se van;
De cisnes intactos el lago se llena;
Columpia su copa la enhiesta az11cena
Y su ánfora inmensa levanta el volcán.
Entremos al templo; la hostia fulgura;
De nieve parecen las canas del cura,
Vestido con alba de lino sutil;
Cien niñas hermosas ocupan las b"ncas,
Y todas vestidas con túnicas blancas
En ramos ofrecen las flores de .A.bl'i l.
Subamos al coro: la virgen propicia
Escucha los rezos de casta novicía
Y el cristo de mármol expira en la cruz;
Sin mancha se yerguen las velas de cera;
De encaje es la tenue cortina ligera
Que ya transparenta del alba la luz.
Bajemos al campo: tumulto de plumas
Parece el arroyo de blancas espumas
Que quieren, cantando, correr y salear;
Su airosa mantilla de fresca neblina
Terció la montafl.a; !a vela latina
De barca ligera se pierde en el mar.
Ya salta del Íecho la joven hermosa
Y el agua refresca sus hombros dti diosa,
Sue Qrazos ebúrneos, .su cuello gentil;
Cantando y risueña se ci!l.e la enagua,y trémulas brillan las gotas del agua
En su árabe peine de blanco marfil.
¡Oh mármol! ¡Oh nieves! ¡Oh inmensa blancura,
Que esparces doquiera tu casta hermosura!
¡Oh tímida virgen! ¡Oh casta ve~tal!
'l'ú estás en la estátua de eterna belleza;
De tu hálito blando nació la pureza,
¡Al ángel das alas, sudario al mortall
Tú ctlbres al niño que lte~a á la vida,
CoroQas las sienes de fiel pro metida,
Al paje revistes de rico tisú.
¡Qué blancos son, reinas, los mantos de armiño!
¡.Qué blanca· es, ¡oh madré.,! la cuna del nifio!
.(Qué blanca, mi amada, qué blancá eres tú!
En sueños ufanos de amores, contemplo
Alzarse muy blancas las torres de un templo,
Y oculto entre !ir.íos abrirse 110 hogar¡
Y el velo de novia prenderse á tu frente,
Cual nube de gasa que cae lenta.mente
Y viene en.tus b,omb~os su. encaje á posar.
1888.

.

-

-

Sea tu alma como la nieve de las cimas: solitaria, pero
inhollada, excelsa, y por lo mismo blanca: sin recibir
más beso~ qne loa del cielo azul: el azul que es el ideal,
puede besar al blanco, q_ue es la pu1ez.a.

\

�19 NOVIEMBRE,

EL MUNDO.

278

189n.

1

PARA LOS MUERTOS.

LA ISLA DE LA MUERTE.
POR RUBÉN DARÍO.

En qué -país de ensuel'io, en qué fúnebre país de ensue•
fio está la isla sombría? Es en un 1ejano lugar en donde
reina el silencio. El agua no tiene una sola voz en su cristal, ni el viento en sus leves soplos, ni los nPgros árboles
mortuorios en sus hojas, los negros cipreses mortuorios
que semejan agrupados y silenciosos, monjes-fantasmas.
Cavadas en las volcánicas rocas mordidas y rajadas por
el tiempo, se ven, á modo de nichos oscuros, las bocas de
las criptas. en donde bajo el misterioso taciturno cielo,
duermen los muertos. La lámina especular de abajo refleja loe muros de ese solitario palacio de lo Desconocido.
Se acerca en su barca de duelo un mudo enterrador, como en el poema de Tennyéon. ¿Qué pálida princesa di·
funta es conducida á la isla de la muerte? ¿Qué Elena,
qué Ofelia, qué adorada Yolanda? Canto suave, en tono
menor, canto de vaga m'3lodía y de desolación profunda!
Acaso el silencio fuese interrumpido por un errante sollozo, por un suspiro; acaso una visión envuelta en un velo
como de nieve......... Allí e~ donde comienza la posesión
de Peíquis; en esa negrura es donde verás quizá brotar,
pobre soflador, de la obscura larva las alas prestigiosas
de Hipeipila. A tu isla solemne, ¡oh BOAKLIN ! va la reina
Beteabé pálida. Va tambien con un manto de duelo, la
esposa de Mausoleo que pone cenizas en el vino. Ya Hécuba, y, )horrible trance, va silenciosa, mordiendo su aullido, clavando sus dedos en los dolorosos maternalespechoel Va Vénus, sobre su concha tirada por las blancas
palomas, por ver si vaga gimiendo la sombra de Adónis.
Va la tropa in..perial de las sobe, bias porfirogénicas que
amaron el Amor al mismo tiempo que !a Muerte. Ya, en
un esquife divino, con un arcángel por timonel, la Virgen
María, herido el pecho por los siete pul'ialedl

Y es preciso partir! Voy á la sombra:
Allí el olvido reina
Y la humedad devora los tegidos
Y los huesos se hielan!
Ven conmigo á dormir en esta fosa
Que tu pasión encierra,
.
La vida de la tumba es tan tranquila,
Su noche tan eterna! Y vio surgir la palidéz marmorea
Sobre su faz serena,
Y el fulgor apagarse de sus ojos
En las obscuras ruencas;
Sintió los brazos de su amada asirse
A su garganta aeca
Y un beso que en su boca le clavaban
Los Labios de la muerta;
Caér sintióse en pavoroso vértigo,
Al fondo de la huesa,
Y cerrar aquel tálamo sombrio
La lápida de piedra!!. ....... .

MAGNA MATERLa existencia es el mal, y en nuestra vida
E! dolor, enemigo es y tirano,
El pasado, de duelos es arcano,
El porvenir, la esfinge obscurecida.
Por esa eterna ley desconocida
Que nos arrastra al mal con férrea mano,
Es el dantesco sufrimiento humano
Nuestra historia, y la duda nuestra egida.
Nada viene á decirnos la esperanza,
La fe en el alma permanece inerte
Y triste el hombre en el camino avanza!
Y solo tu le acojes, le haces fuerte,
Tú que tienes no mas una balanza,
¡Oh madre universal, oh blanca muerte!

FUNERALES INDIGENAS.
BALADA DE ULTRATUMBA.

MUERTE.
......Y la muerte decía:
Yo soy la encantadora y triste maga,
Que al segar el amor y la alegría
La fiebre del dolor por siempre apaga.
L!\ vida es el eneueflo,
Mas el perpetuo despertar la quiebra;
Y yo vierto en loe ojos el belelio
Que el infinito al infinito enhebra.

Que haya otra vida quieres..... .
Para qué te entristeces porque río!
Yo doy lo que no hallaste en las mujeres!
Soy la consolación para tu hastío!
Que hay otra vida sueñas.....•
¿No ves que de ambición eres el germen?
Tu mal es incurable y me desdeñas!. .....
Dichosos son los que en mis brazos duermen!
Reclínate, ven luego,
Ya vivieie, gozaste y padeciste..... .
Quema mi boca inextinguible fuego,
Anda, ven, estoy triste!
Vivir es florecer en primavera
Y tu ya floreciete! ......es la caída!
No morirás mientras 9-ue yo no muera..... .
Y tu vida es mi vida!

Murió su amada, y con el alma herida
Por la terrible ausencia,
La amortajó, poniendo entre sus manos
Un ramo de azucenas.
Él mismo la condujo al cementerio,
Y en una tumba nueva
Sus esperanzas y sus muertas dichas
Allí enterró con ella.
Y todo lo dejó, eolo en el alma
Se llevaba la pena;
La amargura infinita del que llora
Su soledad inmensa!
Diez noches en la cámara mortuoria
Pasó solo y en vela
Y á la undécima, en horas avanzadas
Llamaron á. en puerta;
-¿Quien á turbar mi religioso llanto
Y mi dolor, se acerca?
-Yo que la paz no gozo de la tumba,
Su amada le contesla!y se adelanta á abrir,-aquí me tienesLe dict&lt; la doncella,
-Tu dolor me levanta del sepulcro,
Tus lágrimas me queman!Él permanece mudo, y ella entonces
Como vision de nieblas,
Con la ruirada en él, viendole siempre,
Silenciosa se alej...
La sigue y alumbrados por la luna,
La llanura atraviesan,
Ella delante de él, como una sombra
En su mortaja envuelta.
lltllegan del lejano cementerio
Ante la obscura verja
Que se abre, y en el campo de las tumbas
Los amantes penetran.
Los cipreces sus sombras recortadas
Arrastran por la tierra,
La blancura apagando de los mármoles
Con una mancha negra.
Ante el sepulcr• nuevo se detiene
La virgen, y se sientan,
Y ella le dice al escuchar un eco
Que doloroso suena:
-No escuchas? Es el canto de los gallos,
Obscuros centinelas
Que de las horas la pesada marcha
En el silencio velan,

19 NOVIEMBRE,

La muerte fué el primer gran dolor de l?, humani1ad:·
hizo volver las pupilas atónitas del hombre á esa región
lejana, lugar más apartado que el remoto término de las
peregrinaciones prehistóricaii. E1 culto á los muertos es
el preludio de las divinidades y de las religiones; en las.
generaciones primitivas antes que los altares se encuentran los monumentos fúnebres; sus dioses no son sino el·
recuerdo de varones ilustres que murieron, divinizados.
á través de los atlos: las viejas hilanderas de leyendas.
La ignorancia, la superstición y el dolor condensan en.
torno del cadáver creencias ·sombrías que fueron causa.
de tantas patéticas ceremonias.
'El alma es hija de la muerte, el deudo no puede con:
cebir que el padre, el hijo, la a macla ó el amigo se disuelvan en la tumba; queda de él algo todavía, algo intangible que se escapó de los despojos transformados en polvo, algo que vive aun venerado en la memoria, algo que·
flota en la noche y puede evocarse, algo que ea como el
individuo moral que no ha sucumbido y que habitando
otras esferas, y al llamamiento de algunos elegidos, se comunica con ellos, sufre y goza, se encarna como e~trs loa
egipcios en un animal más ó menos noble según loe ac·
tos buenos ó malos de su vida aquilatados por un decálogo de la época tan acertado en la calificación de loe hom·
bree como en la dignificación de los irracionales.
Tras preocupaciones consoladoras, la resistencia ácreer·
que todo concluye con el último estertor y la última mirada, la suprema aspiración al má1:1 allá., poblaron y pue blan todavía el campo de la Historia con las leyendas más.
extral'ias.
Nos hablan de ellas las pirámides que fueron tumbas
de reyes; las momias ungidas de olorosos bálsamos, en-vueltas en finísimos sudarios, los objetos familiares y domésticos del difunto, !as inscripciones policromas y glorioeaa, las estátuas y las ceremonias en torno de loa despojos yacentes.
Ya que no la vida cuando menos se prolonga el recuerdo, esa penumbra de otra vida: unos embalsaman, otros
incineran el cadáver, pero embalsamado ó cremado lo
consideran como un viajero. La nigromancia nace del
culto á los cadáveree, que han sido y serán el indescifra-·
ble enigma; de esos cadáveres cuyos misterios se han po ·
dido entrever en los fenómenos complicados de la vida,
pero no en la quietud helada de la muerte. Los pueblos
más dietantes por sus religiones, por su~ costumbres Y
hasta por su asiento, suelen coincidí~ en el mi~mo respeto á los difuntos y en el ritual de sus ceremonias.
Corto espacio es un artículo para reseñarlos ~• habremos de contentarnos con apuntar algunos de nuestros au·
tepaaados indígenas.
Los chichimecos enterr.iban sus cadáveres en las cue-

vas de los montea; pero á medida que se civilizaron adqajrieron loe ritos y costumbres de loe Alcohuas que segulen casi en todo las mismas que los mexicanos de quien ea:bablaremos.
/ ~B miatecos se diferenciaban en algo de los chichimeeos. Muerto uno de sus seiiores aegulan hablando de él
como si estuviese vivo. Ponían frente al cadáver alguno
de sus esclavos, que cuoierto con una máscara, vestía las
ropis de su seflor y por espacio de un día recibía los
mismos honores que aquel. Enterrado el difunto en un
bosque que se suponía ser la puerta del Paraiso, sepultá·
base también al esclavo sacrificado. con las insignias de
su efímera autoridad, ~ero sin cubrirlo de tierra. Ce e ·
braban al año el nac1mientc pero jamás la muerte del
Sel'ior.
Los zapotecas embalsamaban el .;adaver y los mayas,
eegún Orozco y Berra, llorabqn con gran lástima á sus
muertos y se sujetaban á la abstinencia y al ayuno.
Envuelto el difunto en un sudario, llenábanle la hoca
con el maíz molido que llamaban koyem y con las piedras
que usaban como moneda, á fin de que no careciese de
subsistencia en la otra vida. Entt-rrában lo dentro ó fuera
de la casa, que se abandonaba si la familia no era numerosa. Acompal'iaban al difunto como únicos veladores,
sus dioses, sus libros si era sacerdote, sus armas si era
guerrero, y sus hechizos si hechicero. Quemaban á los
señorea y gente principal, depositando las cenizas en
grandes vasij¡is ó en estátuas huecas de barro. A las personas de alta jerarquía quemaban eólo una parte dul cuer•
po, cuyo residuo colocaban en el hueco hecho á una estátua de madera, cubriéndola con la piel del colodrillo
que se quitaba al difunto: tal figura se guardaba entre los
ídolos.
Según Beaumont, los tarascos fueron el más solemne de
los pueblos en sus ceremonias fúnebres. El Sr. Lic. Don
Eduardo Ruiz, en su magnífica obra sobre Michoacán,
describe estas ceremonias extral'ias:
Los funerales del entierro eran adecuados á las distintas clases sociales. Los cronistas refieren de la siguiente
manera los que se tributaban al Rey:
No bien circulaba en el Imperio la noticia de la enfer•
medad del monarca, cuando los reyes aliados y los jefes•
de las poblaciones se apresuraban á acudir á Tzintzuntzan, cargados de presentes y acompal'iados de los médicos más notables de la tierra.
Los patios del palacio se llenaban de nobles, que oían,
llenos de impaciencia, las noticias de la enfermedad del
11:ran seflor; pues que nadie, excepto la familia íntima del
Rey, podía penetrar en el aposento.
La nueva de la muerte del Rey era recibida con grandes aclamaciones de dolor, que partían del palacio, se
repercutían por la ciudad y eran llevadaP en alas del eco
á todos los ámbitos del país.
Desde luego ee escogía la comitiva que había de acompal'iar al soberano en su viaje á la otra vida; siendu de
observar que esta elección se hacía casi siempre entre
multitud de personas que se empellaban á porfía en tener la grandísima honra de ser sacrificadas en la ceremonia fúnebre. El heredero del trono tenía derecho á designar á los que habían de ser sacrificados. ¡Terrible po•
der que le permitía á veces deshacerse de sus,enemigosl
En seguida lavaban el cadáver con aguas aromáticas;
veetíanle en traje de ceremonia, adornábanle con sus mejores alhajas, depositaban á su lado las más valiosas armas y lo colocaban en andas.
Entretanto, los individuos de la servidumbre que había de acompal'iarle, se aseaban y adornaban de la misma manera.
Pero el rito principal de esta ceremonia era el de construir inmediatamente un!l estátua del Rey, cuya obra se
encomendaba á los más hábiles eecultorea del reino, y en
Michoacán los había dignos de nombradía.
Así perpetuaban loa tarascos la memoria de los antepasados.
. El acompal'iamiento del Rey se componía de siete muJeres, una de las cuales había de servirle de esposa y las
demás de esc,avas, y de muchos hombres, uno que era
su proveedor de trajes, otro para sus guirnaldas y ramilletes, un peluquer~, otro guarda-muebles, otro que llevaba sus armas, otro que guardaba las hachas de oro para hacer lel'ia, otro que tenía por oficio portar el quitasol
para hacer sombra al Rey, y una multitud de empleados
para todos loe servicios, siendo digno de referir que tenían que acompaflarle también loe médicos que no habían acertado á curarlo.
Poníanse todos guirnaldas de trébol en la cabeza y pintaban su cuerpo de amarillo, y entre ellos, los músicos
&amp;aflían marchas fúnebres de una melodía impregnada de
dolor.
A la cabeza de la comitiva iban los tres reyes de Hueta!Ilo ó Coyucan, Pátzcuaro y Tzacapu, entonando un
triste cantar en lengua desconocida que sólo ellos col'n•
prendían.
. La procesión salía del palacio á media noche. En el
rnmenso puebl? que marchaba adelante, todos llevaban
hachas encendidas en las manos y los músicos iban taflendo trQmpetas y caracoles horrísonos. Los que habían
de sacrificarse por el Rey iban al frente de las andas que
conducían el cadáver, barrían el camino y guiaban á los
cargadores, v_ol_viendo la vista de tiempo en tiempo hacia
el cadáver, diciendo: «por aquí lUUJ &lt;k venir mira. no pierdas el camino.n Se dirigían al templo maydr de la capital.
en donde estaba preparada una gran pira de lefia olorosa Y de rajas de pino, y después de dar cuatro vueltas con
el cadliver alrededor del túmulo, le poufan encima de él
Y prendían fuego á la hoguera
En este acto sacrfficaban á golpes de maza áloe individuos de l!l comitiva de ultratumba, á quienes embriagaban previamente para que no lamentasen su muerte.
M1entr~s duraba la cremación, los nobles y los sacerdot-es b~ilaban al ?-erredor de la hoguera, entonando
cantos funebres, atizando el fuego y recogiendo cuidadosamente las cenizas del monarca.
Reunidas las cenizas un escultor las amasaba habilmen·

279

EL MUNDO.

18~6.

te, dándoles la forma humana; colocaban PO la cara una
máscara de turqnesae, vestfanle y atavfabanle como si
estuviese vivo, poníanle á la espalda el carcax de oro,
cascabeles del mismo metal en las piernas y á su lado
sus armas y en seguida la comitiva, llevando la efigie sagrada y los cadáveres de sus acompañ '.ntes, tomaba el
camino de la yácata (túmulo ) destinado á guardar sus
restos, la cual estaba destinada á _ervir de templo á Ourf.caneri.
En el interior había esteras, rodelas de oro y plata, flechas, vasos y demás utensilios de plata y barro para el
servicio del rey, tinajas con agua, plumae, mantas, y toda clase de vestimentas para los oficios ó artes de los que
formaban la servidumbre.
La efigie del rey, guardada en rica ánfora de metal ó
de alabastro, se colocaba de modo que el semblante mirase hacia el orii,nte.
Durante los cinco días que seguían al del entierro, se
guardaba el más riguroso luto, sin encenderse fuego en
el hogar, sin hacer ninguna operación de comercio, sin
salir nadie de sus casas, sin hablar en voz alta, reinando
en todas partee el más pavoroso silencio. Solamente en
las noches se reunían los nobles y los SP.cerdotes para
orar en voz baja."
Los mexicanos (1) en nada eran tan supertir.iosos como en eus ceremonias fúnebres. Había maestros para
ellas, maestros que desde luego cortaban muchos pedazos
de papel con loa cuales cubrían al cadaver cuya cabeza
baiiaban con un vaso dP. agua, diciendo que era la que se
tomaba durante la vida. Si el muerto era guerre10, se le
vestía como á Huitzilopochtli; si mercader, como,. Xacatenctli; si artesano, como al protector de su oficio Al
que moría ahogado como á Tlaloc, y al borracho como al
baco azteca que se llamaba Tezcatzoncatl.
Gentes hubo, y Gomara lo dice con razón, que vistieron mejor después de muertos que durante la vida.
Nuestro pueblo bajo, en las postrimerías del siglo, disfraza todavía á sus finados nii'ios con papPI de china sólo que usa la indumentaria cristiana, prefiriendo lo; colores y ropas de San Joeé y de San Antonio.
Ponían al cadáver un jarro de agua entre la ropas y
pedazos de papel, en el que explicaban al cadaver su uso;
e~an todos, salvo conductos para el gran viaje de la eter~1dad: «Con este, decla uno, por ejemplo, pasarás sin peligro por entre los montes que están peleando.n nCon este otro por el camino defendido por la gran serpiente.»
Por el de! cocodrilo Xochil.onal, para los ocho desiertos
para los ocho collados, para el viento agudo y constant~
d.e un lugar llamado Itzehecayan; tan fino que era necesa•
no quemar las ropas, las armas y provisiones del muer«?, para qu~ su calor lo preservase del rigor de aquel
viento ternble.n
Mataban un techichf, especie de perro mexicano para
que _lo acompaflase: le ataban un cordel al cuello para que
pudiera atravesar el profundo río de Chiunahuapan ó de
las nueve aguas.
Al són de ca.ntos fúnebres se quemaba el cadaver, guarda':lan sus cemzas en una olla, y entre ellas una esmeralda ú otra piedra preciosa, que debía servirle de corazón
en la otra vida. Ente~raban la vasi'ja en un lugar orofundo, sobre el cual se hacían oblaciones de pan y vino durante una semana.
.
En las exequias de los reyes el ritual era más solemne
á los vestidos finfeimoa se afladía una urna, en la que s~
guardaba su cabello de cuando era nii'io y el último que
se habfa, cortado, juntos con la simbólica esmeralda. Mataban al esclavo que había cuidado de su oratorio. Mientras se quemaba el cuerpo adornad", se sacrificaban al
pie da la pira á los esclavos y á los seres monstruosos
q_ue habían servido de bufones al rey, para que lo divirtieran en el otro mundo. Con el mismo objeto se inmolaban algunas mujeres, esceptuándose de la cremación
los ahogados y los hidrópicos.
Los mexicanos celebraban, eegun el P. Durán, las fiestas por los muertos en el mes de Agosto; la primera se
llamaba de los 1nuertecil.o•, porque se bacía en honor de
los nifioa; era una preparación para la grande y en ella se
hací.an ofrendas de dinero, cacao, cera, a ves, frutos y
semillas.
Cortaban del bosque un gran palo: le quitaban
la corteza y lo cepillaban para colocarlo á la entrada de la ciudad, donde se recibían los sacerdotes con c.mtos y bailes, ofrendas, comidas y zahumerioe· poníanle
el nombre de Xocotl, lo dejaban veinte düs por tiena,
durante los cuales le hacían la ceremonia de la adoración
que los cristianos hacen á la cruz. Ese día (habla el P.
~urán) hacían los viejos con los niños grandes supersticiones. dando á entender así que no morirían.
;El Xocotl se l~vantaba el día de la fiesta grande y se
erigía en el patio del templo, 1·ematado por un pájaro de
ma~a. h~cíai:i pr,r derribarlo y derribado se llamaba Xocotlhuetzi, caido de Xocotl.
Antes de derriba, lo lo rodeaban de comida y vino Jo
emplumal.an y floreaban. Con los cuerpos pmtado~ y
?rn~dus de plumas ~ojas, llevando en la mano grandes
1dohllos de masa y pifias de la misma, bailaban en torno
del Xocotl. .Todos bebían menos á los que se les prohibía,
porque el hcor era sagrado y sólo desde cierta edad les
estaba permitido apurarlo.
•
Quizá el pan de muerto, que representa una tumba con
una calavera y su X de canillas, sea recuerdo de aquellas
ofrer&gt;'das de masa entre los mexicanos.
La.a of~endas no ter~inaro~ con los indígenas: en la
dommac1ón espaflola, dice lo siguiente un historiador (*)
«El ~ño de 1572 contó el relUoso que tenía á su cargo
la cap11l~ de San José, que habían ofrecido los indios el
Día de Frnados más de 5,000 panes de Castilla 3 ó 4 000
candelas de cera blanca, gran cantidad de galÍinlll! i:nuchoa huevos y la fruta de Castilla y de la tierra qu~ ape·
nas se puede llevar á la reftctoría. n
En nuestros días las ceremonias fúnebres prevalecen
la gente del pueblo pone un altar y presenta su .ofrend~
(1)
(*)

Clavijero.
Mendieta. Historia ecleclástfcalndlana. Cap. XV1I. Libro rv,

adornada con la flor cadavérica del zempazuchitl: creen que
el muerto extrae la substancia de los 9anes y la dulzura.
de las calaveras de azúcar.
Los rituales antiguos se pierden en los tiempos. el funeral es hoy una ceremonia que arreglan agencias con
servidumbre uniformada, tranvías y carrosas desinfectadas.
El culto antiguo es hoy paseo de panteones, feria de
crespones, coronas, candeleros y flores costosas. El dolor
sincero, como el pájaro, busca la soledad para posarse en
la urna de mármol y lanzar su breve elegía en la fiesta
primaveral de los arbustos y los rayos de sol.
La cremación se pone de moda, las urnas se harán para el rico, en oro; para el pobre, en papier maché, y la
electricidad tornará los cuerpos en estátuas galvanoplásticas, á tanto la postura académica ó decadente. . La ~oda asigna plazos fijos al dolor, plazos que las ex1gencrns
sociales disminuyen día á día.
Y nuestros corazones se parecen á lo~ muertos del po~venir: capas metalizadas en cuyo fondo duerme un residuo de ceniza humana.

REQUIEM .....
Oh! Señor Dios de los ejércitos
Eterno Padre, Ete, no Rey;
'
por este mundo que creaste
con la virtud de tu poder
por que dijiste: cela Inz se~»
y á tu palab!a la luz jué;
porque coexistes con el Verbo·
porque contigo el Yerbo es
'
desde los siglos de los siaJos
y sin mai'iana y sin ayet
Requiem eternam dona eis, Domine
et lux perpetua luceat eit !
Oh! Jesucristo; por el frío
De tu pesebre ~e Belem;
por tus angustias en el huerto·
por el vinagre y por la hiel· '
por las espinas y las varas '
con que tus carnes desgarré
y por la cruz en que borraste
tortas las culpas de Israel·
Hijo del hombre, desolado'
trágico Dios, tremendo J~ez:
Requiem eternam dona ei$ Domine
et lux perpetua luceat eis!
Divino Espíritu, Parácleto
Aspiración del gran Iahveh
que unes al Padre con el Hijo
y soia el Uno y sois los Tres:
por la paloma de alas niveae·
por la inviolada doncellez '
de aquella virgen que en su seno
llevó al Mesías Emmanuel ·
por las ardientes len~uas rojas
con que infundiste ciencia y fe
á los discípulos amados
de Jesucristo Nuestro Bien:
Requiem eternam dona ei8, Domine
el, lux perpetua luceat eis!

***

¡Virgenc!tas difuntas: cómo son tristes vuestros despojos!
En las miradas muertas que se desprenden de vuestros ojos
llay algo que suplica, algo que gime, algo que implora;
¿Que esperanza suprema, que a11Jbicionados y hondos amores

Dejó helados la pálida?...... ¡ En vuestros ojos pertubadores
.
Hay algo que ora!
l Oh! 21 acaso la mu.erted~jó in~ompletas vuestras plegarias,
Ponedlas en mis labios; diré las mfas y todas ju11tas
Cruzarán los espacios sin hacer sombra...... ¡oh solitarias
Virgencitas difuntas!

�EL MUNDO.

280

19

NOVIEMBRE,

1896. '

los que anidaban también entre cuadernos de números y
aumentado de un modo nctable. ¡Qué ee yo! se han re- que
se sentían arrojados, por burlas y sarcasmos, y 4ue
producido, 6 han venido de otros lugares, atraidas por la provocaban Ja,¡ cóleras de los emplea:los cumplidos y sequietud y la frescura del corredor. Eotre el refunfuño
rios ... ... Decididamente las aves se adoraban cada vez
(1~ los empleados que dictan cantidades 6 confrontan mimlis. Ya no salían de su rincón; ya casi no cantaban su
nutas, se oyen arrullos tristes, reclamos de amor y bulli· estrofa de amor monótona y lacrimosa: por rareza inteciosos aleteos: arias apasionadas, duos encantadores que
rrumpían el silencio y mis iras.cibles colegas las echaban
acompaña un coro dt! canónigos enronquecidos y sofio- de seguro, en olvido.1 Pero una b!rde, al salir, cometie~
lieotos. Las palomas no pueden vivir sin enamorarse,
grandes delitos: probablemente fiadas en el compa•
todo .-1 día ee cortejan: ellos son galanteadores de oficio; ron
ñerismo, se atrevieron á. pararse en la mesa del Jefe l\
aGrevidos, donjuant!SCos. romá.nticos; ellas son tímidas volar á ras del suelo por todo el salón, 11 volcar tinte;os,
y ti~rnas, con una sencillez voluptuosa y una docilidad á sacudirá. aletazos cuadernos y libros, en un frenético
para las caricias, verc"aderamente conmovedoras. Aman aturdimiento, en una embriaguez alada, cuya causa papara vivir, al aire libre, con unción, con recogimiento,
recía ser algo como un ciego pánico de pájaro asustado.
olvidadas de cuanto les rodea, extiticas, como si estuvie- El ansia de irnos nos impidió enojarnos: la escena se ceeen celebrando el rit.o de un divino culto. ¡Oh, aves de lebró con risas. Las palomas salieron al cabo, hasta paVenus! ... ..... .
rarse l\ lo lejos, en el travesailo de una torre de hierro.
Desde hace muchos días una pareja concibió un caTodos nos fuimos de prisa; digo mal, no todos¡ un vej~te
pricho extrat'l.o: anidar Pn este salón polvoso, sobre la bilioso, una momia egipcia, se quedó á. componer su me-cornisa de un vieio estante, en el hue-coquedejan dos sa, sobre la cual, el tintero derramado había pintado un
montones de expedi~ntes que !!U ben hasta el techo co·
atlas en la blancura del papel.. ....
roo dos columnas de cartón amarillento Una mailana .soberbio
A la mañana siguiente, al penetrar en el salón, noté que,
abrí la vidriera, y é l, el enamorado, se coló de un vuelo
la ventana ya estaba abierta. ¡Qué raro, yo era el que
en la oficina, ealtó de acá para allá, corno buscando un
me ocupaba en eso.. .. .. .
sitio que le conviniese, se paró sobre loe legajos, recorrió siempre
El veje-te, sentado frente 11 su pupitre admirablemenlas estanterfae, y, t-n seguida, volvió l\ salir con una ra•
11111,·
te arreglado, me contó sonriendo la historia: llegó tempidez ibesperada. Regresó acompailado. Venía con él,
apoyó la escalera sobre el estante, subió, hizo una
una bella bem ora, d"' blancura (ragil y luciente, como prano,
trampa de expedientes-una ingeniosa trampa, un vode esp'.!ma de mar en plenilunio; le ensenó el hueco, la
luntario y rápiio derrumbramiento, y abrió la ventana.
obligó á. fuerza. de ttrn11los á que lo escudriíl:m1., le hizo
Después, cuando llegaron JuliP,ta y Romeo, se verificó la
.
juramento@,
la
sedujo
con
la
ardorosa
elocuencia
de
sus
,
catástrofo. Sólo él murió; más atrevido ó más enamorado
reclamos. Ella vaciló en un principio. y al fin cedió á. los entró el primero, y sucumbió en su audacia. Ella h uyó,
ruegos; esponjóse en un estrem~cimiento de deseo, é inimpulsada por el instinto ...... Mi compafiero sonreía:
clinándose, clavó e11 su pecho de nieve el vívido con-1 del
dentro de los vidrios de sus antiparras fosforecían su,
pico. '-- partir de aquel dfa, los dos amantes no cesaron
pupilas vengativas ..... .
de pertlll barnot1 en nuestras laboree : golpeaban los viDe ~ntonces á ~cá. han cesado los arrullos en la Oficina
drios ei la ventana estaba cerrada, picoteaban la persia- de la Estadística Fiscal. Ya no hay palomas en el corre•
na, y cuando abría yo, entrab:10 sin miramientos, como
las han prohibido .
.en país conquistado, á decirse ternezas sobre el viejo es- dor:
Algunas veces, recuerdo á los amantes infortunados y
Cuentos de mi vida.
tante, en el hueco sombrío de los montones de expedienme pongo melancolico á ratos: no me atrevo á. asegurar
•tes. Nos hicimos am gos. ¡Qué guapo era el seductor. y que triste, porque .... ..... ¿qué va á decir el Ministro cuan •
qué bi6n ataviado con su manto de tornasoles á la espal- do sepa que un empleado de la Estadística se pone tri1r
OTRO IDILIO TRAGICO.
·da, como bordado de pedrería, y armiñado el pecho en el
te por la muerte de una paloma?
En la oficina donde estoy empleado, frente por frente ·que brillaba, como un toisón de esmeralda, e l collar de
pluma1
joyantes!
Ella,
toda
blanca,
de
nieve
inhollada,
de mi pupitre ron.oso y de forma arcaica-potro de torment.o de d,iez generaciones de infelices---l se abre una se sentía orgullosa de su príncipe. Cantaba, mirándole,
ventana, hermosa y amplia, que es la repartidora de luz con un ritmo suave, casj imperceptible, como si estuvie•
y de alegría en el salón, hlÍmedo, polvoso y tapizado de ,ee desfallecida de emoción. J!;n las primeras mañanas, me
estanterías ¡ legajos. Desde ella, cada vez que levanto irrité, lo confieso: me distraían con eu alhataca, de alas y
la mirada, puedo ver un corredor cercano, cuyo pretil de de arrullos, aquellos recien casados¡ no ofa bien las cifras
mampostería so'9tiene una línea de macetas. una pared que me dictab1n los escribientes, y equivocaba las sumas
pintada de rpsa en la que se destaca el verde fresco de y las multiplicaciones. Mas llegué á acostumbrarme con
las plantas florecidas, y en lo alto, un pedazo de cielo la ruidosa comp~ñfa. Mientras yo sumÁba, dos y dos 13;on
rasgnñado aquí y alll1 por los alambres del telégrafo y cuatro, ellos, se preguntaban la eterna pregunta: ¿Me
La verdadera modestia no ea aquella qne se conserva
las torres de tierro de los tinacos . Para mí especialmen- •am.as?J ¡Deveras que est.aban locos! ¡eran extravagantes y
en medio de lós elogios, sino la que permanece impas iexquisitoa,
y
buscaban
sensaciones
raras,
nunca
sentidas,
te, la vente.tia es un cuadro animado que no deja de inteble ante los ataque de la maledicencia.
resa.eme. Parece que escogí el sitio ml::ljor y más confor- como los modernos refinados! Tenían espac io, sol, cielo,
flores,
y
preferían
este
salón
triste,
Pse
mueble
apolillado,
me con mi temp~ramento, para vivir si¡;:,tt, horas del día,
entre guarismos. Mi trabajo consiste en formarlos sobre .aquel rincón telar., ñoso y obscuro. Allá, fuera, trasciende
El hombre mM dichol!I0 es aqm,1 que sabe establecer
el papel, á manera de grandes batalloned, y bacerlos evo- á rosas· aquí huele á papel viejo, á. ratones, á p1"'lbreza: el una íntima relación en~re el principio y el fin de@u vida.
corred¿r
~s
un
oedazo
d""
campiña¡
el
salón
es
un
cemenlucionar en ~ee campo blanco, y ejecutar con tal ejército las mlisdiffcilPs maniobras. Doy un toque de atención terio de almas y de legajos. No
y hago marchar las columnas de cifras ...... tsnl tan! en obstante ellos á. juzgar por sus
rnterminable desfile. La labor, en fuerza de monótona..., aspavientos, encontrnban ~¡ nido
ha llegado á eér mecánica y abur ridora; pero es preciso delicioso. Yo pensaba: si fue ran
ganar el pan, y aquí me estoy enconadoijobre expedien- golondrinas, me lo explicaría, pero
tes y cuadernos, ordenando ~lotones de números, ha- palomas!. .....
cie11do largas Sumas y multiplicaciones imposibles, en
Por supuesto que mis coiopaf'i.e-lucha perpetua con estas cantidades cuya significación y ros estaban furiosos: algunos se leresultado no alcanzo, del mismo mvdo que el sargento vantaban irascibles, y con los pluno µuede daree cuenta del plan de campai\a del general.
meros de los escritorios ó con pro·
Ah! si est&lt;.'s números fueran alguna cosa: objetos, moneyectiles de papel asustaban á. Juliedas, bultos; si me dijeran algo al pasar! Pero no: conser- ta y á. Romeo. A la pareja le imporvan su mi~terio, y su rigidez: son. imperturbables, son taba un bledo esta conspiración
abstractos. uno, dos, tres, cuat,ro, cinco ..... .
armada: ¡bah! tenía alas, y cuando
Por eso, la escapatoria de un instante, la repentina fumucho Re fastidiaba con semejan•
ga de este cuartel de operaciones, consuela un poco mi tes demostraciones de descontento,
fantasía. Dejo de ser máquina por segundo~, y torno á ser se iba golpeando el aire enrarecido
hombre: por veloces intermitencias, pienso, y, como el de la oficina, á. seguir, en el pretil
filósofo, me doy cuenta de que existo. De ordinario, n.l en- de piedra, su diálogo shakeeperiatrar por la maiiana en la oficina, ó por la tarde, cuando no. Cerrábamos la ventana; pero á.
se va la luz, y el salón se obscurece hasta impedirme tra- poco, era necesario volverá. abrirla
bajar, tengo más tiempo de que vuele hacia la ventana porque nos asfixiátamog en aquella
alguno que otro sueiio impenitente y terco. A vecee, es atmósfera caqada de mias0111.s y
preciso echar h persiana. porque el sol ea Jh;1y iru-olente guarismos. La ventana ee nuestro
y me arroja á. los ojos, para deslumbrarme, puñados de sue
único medio de ventilación. De
diamantes californianos, y el aire es muy travieso y se modo que los enamorados regrepone l\ jugar con mis papeles. Aveces también me obli- saban con una terquedad irriuaute,
gan mis compafieros de pre&amp;idio á cerrar la vidriera: mis :sobre t.odo, para mis colegas, mid
compafieroe, viejos asmáticos, jóvenes anémicos y algunos viejos cole,i:.s, habituados a no ser
cuarentones egoistas que ya se hicieron el ánimo de pa- interrumpidos en su silencio de
sane la existencia enclavados en sendas sillas. Sin em- tumba ni en su aetit.ud Pedente de
bargo, 11 través di, los vidrios opacos y sucios, sigo, cuan• momias &lt;'gipcias. Cuando el reloj
do quiero, contemplando mi horizonte. Le ponen cristal acatarrado-una antigualla llena
á. la pintura como si fuera un cromo corriente: _pierde al- de polvo como las meeas, los expe.
go de su cará.cter¡ pero todavía se la ve eimpá.tica, ale- dientes y los estantes-edtornuda-gre, sobre todo en tardes de lluvia, cuando los hilos de balas seis, oíase ruido de caJonee
agua tejen en el viento sus caprichosos y. sutiles encajes,
que se cierran, de sillas que ser~•
y !as gotas lcx¡uean y saltan al caer, como si tuviesen vimueven , d6 manos que s~ frotan,
da propia, haciendo mil ruidosas diabluras en los juncos de pies que andlln¡ t:I momento ex•
colgados del muro y en las flores y las hojas de las ma- traordiutt.rio d"' la libert.ad, el mi•
cetas. Mi cuadro tiene muy ¡toco movimiento. Es un pai.- nuto de crisi:1 eu que recobrámoe
E!aje sin figuras. Suelen en un momento aparecer por en- nuestra ac1,ividad y nuestra con tre una mata de claveles 6 tras un penacho de margari- ciencia. Al eeuépi1,o inusitado, las
tas, loe semblantes cetrinos y vulgares de las muchachas palomas se escapaban cuu la aleindígenas que habitan ~n ese pequefto paraiao, plantadó,
gría de los merit.orios, que huyen
para darnos envidia, freote á. nuestro infierno burocrát.i.• Uel encierro, y volaban con tal saco. Pero·e01iian feas las pobrecillas--cabezas de ilustratisfacción q_q_e, en mucbas ocasiociones de viajes 8,1 Africa-qne, eo lugar de aumentar, le nes, mientras cerraba yo la venta•
quitan interés á la composición, y, la vez que en ella se na, las vf p~rderse en el cielo de
presentan, tal parece que algún irreverente y mal inten· ópalo del c1epúsculo.
cionado, emborronó con sepia aquellas figurM groseras
L'\S con&lt;1.ideré camaradaq mías:
con el propósito de deslucir la delicadeza del fondo. En
cambio, cuando uua veintena de palot0as e~ para. en el llegaron 6. imponéreiem"', á sujee·
tionarme-. Gustaba de verlu.e al 1(
DAMAS DISTINGUIDAS DE LA REJPUBLIOA
pretil de piedra y lo atraviesa á. ca.neru y semi vuelos,
SEJORlTA M .UlA Es&amp;IQUETA BRAVO ( De Qaxac&amp;. )
cualquiera al verlo, d1rfa que t-stá. mirando una linda porque encontraba en ellas una
metáfJra
viviente
di:,
mi1:1
\'er.:svs,
acuarela. De buen tiempo á esta parte, la~ palomas han

1 ~ N OVIEMBBE, 1896.

ELMUNDO.

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Gmor 1' alas.

281

�Je.&gt; NOVIEMBRE, 18H6.
282
EL MUNDO.
-===--=============~=============-

LA

19 NOVIEMBRE, 1896.

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 'l.-V(anse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1895.

padre al tiempo de expatriarse, no tenía más que sei~ inagotable de aquella señora, el sobrenombre no se hizo.
ga!\rdar silencio y no dar á conocer sn alegría, y acostado sobre miles de millones que e l suelo le guardaba fiel- años y era un guapo mucha~!:.?, cuyo retrato_ poseía e. un título de odio, sino una patente de generosidad.
En aquella situación, apoteosis de su vida, Gedeón
mente, continuó trabajando como un pobre diablo, de la conde y que sonreía con gracia rnocente. La srnora Mos~ler tomó carifio desde léjos al nif'io abandonado y envió se sintió herido irrómediablemente. Con estoica melanmañana. á la noche.
colía, porque aquel protes,tante tenía un alma ~e héroe,
Durante diez años no tuvo concurrencia alguna. Se dinero á la nodriza que le cuidaba.
.Acaso la juventud y los atractivos del cond~ Jacobo ~o se dió cuenta de que ll)S d1aa de lucha y de traba¡o habían
hizo enviar por Eliphas pulverizadores, excavadores y
tolo el material necesario y al mismo tiempo invitó á su fueron extraños á la ternura que aquella mu¡er, en.ve¡e• sido loa más dichosos y rle que el sueño del reposo aleamigo á que le confiara sus economías. « Daré á usted cida sin hijos, concibió por el semihuerfano. Invest1g~n- gre y pacífico era una ilusión. Después de haber cult;va-.
buena cuenta de ea dinero, le escribla, tenga confianza do bien en el corazón de la austera ¡:;rotestante, ;,quien do su campo y sembrado en él abundantes mieses regaen mí." Eliphas, que tenía cuarenta mil francos, los dió sabe si se hubiera descubierto una tardía eflorecencia de das con su eudor, con sns ),!grimas y con su sangre, la.
sin pedir explicaciones y no pareció que le extrañab.\ el amor hacia aqnel simpático tarambana que tanto ani~a- dura condición humana le hacía sentir el peso de su yu•
no recibir intereses durante varios años. Pensaba que ba la vida del desierto? Nadie pudo sospecharlo y la mis- go cuando no ha~fa que ~8'.cer sino aprov~char los soberMossler debía de hacer importantes negocios á juzgar ma señora Mossler no lo supo jamás, probablemel!te. Sus bios frutos recogidos y vivir opulento y hbre. La muerpor los útiles que pidió, pero no tenía más qu11 vagas no- principios eran demasiado sólidos para que pnd1era co- te se presentaba; ~n cuant? llegase á su obj~to, era preciones respecto del género de trabajo á que se entregaba rrer ni una sombra de peligro. El favor en que tenía al ciso vol ver á partir, para siempre ya. Se resignó, puso á .
conde afectaba la forma de un cariño maternal, hasta el su mujer al corriente de los negocios, le enseñó á dirigirsu compatriota.
Una mañana, después de largos mese~, recibió aviso punto de que Mossler se asombraba viendo la inquietud los, colocó á su lado á Eliphas como guardián incorru9tide que en la casa Pilet y Berger tenía depositada á su que sentía su mujer cuando aqnél tardaba en volver ~e ble y, seguro de que su obra no corría rieegos, una noche
disposición una suma de quinientos mil francos, importe alguna expedición. El honrado Gedeón estaba demasia- 1:e extinguió sin sacudidas, sin sufrimiento, como una
de sus beneficios, y habiendo escrito, estupefacto, para do seguro de su mujer para entrar en desconfianza. Por lámpara que se apaga al soplo de la tormenta. La sef'i?ra
pedir explicaciones, Mossl11r le contestó á vuelta de co- el contrario, se complació en colmar de ~avores al .prote- Mossler qnedó inconsolable, pues sentía por su mando
rreo, al cabo de algunas semanas y como hombre que no tegido de la sef'iora MosslPr. Corno á Ehphas le d1ó una una ternura mezclada de admiración, sentimientos deditiene tiempo de hacer frases: « Las veinte mil libras es- participación en los beneficios, y d conde Chef de Cou• cados reRpecti vamente al hombre y al genial aventurero.
terlinas son el producto de ea comandita de usted. No se trasvió con profunda alegría que con nn poco de valor Le lloró en ~ilencio, cerró su casa, se retiró á su propie-atormente; guardo aún eue cuarenta mil francos, 'iue se y de paciencia, vol vería á Francia más rico que nunca lo dad de la ChJpelle-Sauvigny, y concentró todo el inte•
había sido, pero no se le logró esa dicha; una fiP,bre pal~- rés de sn vida en el hijo de aquel á quien había amado,
reproducirán todavía"·
En llfosslerburgo había ya dos mil almas y, por des• dica que adquirió en los pantanos de Buffelsdorn le am- acaso, en SWl ens11efios.
gracia, no escaso número de europeos, escoria del viejo qniló en pe.cae horas y, á pPsar de los cuidados de la ~eII
mundo, hasta el punto de qne había eido preciso organi- ñora Mossler y de la intervención del excelente médico
zar una milicia para defenderse de los blancos, infinita- de la explotación, murió en la plenitud de sus fuerzas y
El muchacho tenía quince afios y estaba estudiando en
mente más temibles que 10&gt;1 negros. Mossler y su mu¡er de su juventud, suplicando á sus amigos, consternados,
el liceo de Luis el Graude por dec isión de Gadeón Moesno habitaban ya el pueblo, pues se habían establecido en quP no abandonasen al pequeño Valentía.
ler el cual. no habiendo recibido sino una educa~ión muy ·
el interior de las tierras. Eran poseedores de un territorio
Part!ció aue la muerte del conde hacía odiosa la permás grande que tres provincias francesas y vivían no sólo manencia en el Transvaal á la sef'iora Mossler, pues desde eu~aria consideraba la instrucción como el primero decon comodi'.lad sino con lujo. El cultivo había converti- entonces estuvo triste y su debilidad y desmejoramiento los bien~e. La señora Moseler sacaba al joven del_ colegio
do aquella comarca en un verdadero paraíso. Dueño en llegaron á tal punto, que fué preciso que vol viese á Euro- todos loa domingo.: é iba á visitarle cun regularidad toesta época de una inmensa fortuna que no podía menos pa para 1establecer rn ealud. Mossler no quiso deji.rla dos los jueves. No le mimab8'. y le dirigía siempre graves
de aumentar con incalculable rapidez, Moeeler sPguía partir sola y se embarcó con ella. Se instalaron en París discursos qne parecían aburrir soberanamente á Velensiendo el hombre sencillo que en otro tiempo corría en en el magnífico hotel de los Campos Elíseos y entonces tín. Era dificil encontrar un muchacho más bello q.ue el
su carricoche l)Or Tos caminos de .Alsacia para comprar hicieron por primera vez con la casa Pilet y Berger la hijo del Conde Chef de Contras. .Alto, delgado, rubio co•
híerro viejo. Tenía cuarenta y seis años, pero fatigado cuenta de lo que poseían en capitales realizados. En aq\1e- mo su padre, con njos cariciadores y boca sensual adorpor la vida terrible que había soportado al comienzo de lla época la riqueza de Mossler se elevaba á setenta y CID· nada dP blancos dientl's, prometía ser, como fué, uno de
e 1 explota~ión, eataba er.terame,nte canoso. La seño1a co millones, empleados en valores de primer orden en los hombres más seductores de París. Su carácter, aun
Mossler. morena y delgada, conservaba las apariencias Inglaterra, en Francia y en .América. Sus minas de oro no bien formado, s, anunciaba resuelto. Un día el rechonde la ju ventad, á pesar de que tenía tr. inta y nueve años estaban en plena actividad y producían todos los añ?B cho Simeón Golschmidt, de la casa Golschmidt y Baaer,
y de que no había economizado sus fuerzas al lado de su beneficios inmensos. Era dueflo absoluto de ellas, BID un externo que iba á clase Pn coche de dos caballos y con
un laca_l'o para llevarle los libros, quiso hacer el gracioso,
marido.
más accioniBta que su amigo Eliphas Clement á quien
No tenían ningún hijo, pero Gedeón parecía consolar• los cuarenta mil francos producían, próximaroentP, el y al Palir del liceo, donde PI profesor acababa de comentar el re.inado de Enrique IV, preguntó:
se con los absorbentes cuidados de una explotación coloquinientos por ciento anual y esto porque el severo
-Entonces, ¿fué uno de tus antepasados quien ganó
s'll. Tenía veinte minas en plena actividad y los pf-rfec- puritano no quería aceptar más, por encontrar inmoral
la batalla de Contras, cuyo nombre llevas?-No; fué ef
cionamieatos que introducía de momento en momento tanta ganancia.
rev contestó tranquilamente Valentía; pero como m1
en las operaciones de extracción y lavado, aumentaban
Entonces Mossler, que se aproximabaá los sesenta afio~, ab·u'eto había tomado la ciudad, el Bearnés le dijo: «Tienes
el rendimiento de mineral. Era il,iposible calentar las
ganancias y él solo sabía lo que los bancos de Pretoria, juzgó que su actividad sería pronto insuficiente parad~- la ciudad· ~nárdala. Te la d-&gt;Y"· De esto viene mi nombre.
-Está hien ea cuanto á Uoutras; ese apellido le explide Natal y del Cabo giraban á Europa por su cuenta. Por rigir sus inmensos negocios y determinó dividir sus milo demás, la concurrencia empezaba á hacerse seria. El nas en acciones. Bien accnsejado por Federico Clement, ca la batalla. Pero «Chef» parece más bien cosa de cocina ...
Los muchachos habían hecho corro en torno de los dos
país estaba surcado por los buscadores de oro y con gran que dirigía ya casi solo el banco Pilet y Berger, emitió los
frecnencia se libraban combates sangrientos entre las títulos en el mercado de Londres á una libra esterlina. colegiales y una carcajada ruidosa ac~gió el c~iste del rimilicias que escoltaban los convoyes y los salteadores de Esa form!!. de emisión fué una novedad; la fortuna puesta co é importante externo. Valentía miró ásu 1Dterlocutor·
al alcance de todos los bolsillos, aun de los ménos pro· que con la boca hendida hasta las orejas y la na~iz de
caminos que intentaban robarlos.
promotourio, se balanceaba, encan~ado c~n aqu~l ~x1to ¡o•
A. consecuencia de una de estas escaramuzas en el ca- vistoe. El r~sultado fué inmenso. Mossler, que se quedó
mino de Pretoria, los negros llevaron un día á la quinta siendo propietario de la mitad de los títulos, cobró, por pu lar. ~I joven conde ee puso páhdo y BID decir palabrll,
la
otra
mitad,
la
suma
de
ciento
veinticinco
millones
y
pegando antes de amenazar_. que es como se i:iacen esae
un joven extranjero gravemente herido de un tiro en una
pierna. Acogido por los sef'iores Mossler, el herido decla- el antiguo ferretero alsaciano permaneció tan tranquilo fosas aplicó en la cara de Suneón una flor de cmco ho¡~,
ante
aquella
realización
prodigiosa
como
lo
estuvo
en
otro
tar ~agnífica que nunca debió producirla semejante la
ró, cuando recobró el conocimiento, que era francés y
que se llamaba Jacobo conde de Chef de Coutras. Arrui- tiempo antó la ruina y la inminente quiebra. Compró tierra de Can¡an. El heredero de l•&gt;B Golschmidt y Bauer
casas
y
terrenós,
subvencionó
industrias,
empleó
sus
carecogión sus libros esparcid.os por el polvo, se _levantó Y
nado por una vida de disipación se expatrió para no
11rrastrar su miseria por Paria, y en sociedad con un ir- pitales del modo más juicioso y fundó los cimientos de sin más réplicas, desapareció hgero como un ciervo.
una
indestructible
fortuna.
En
seguida,
después
de
llelandés mny poco escrupuloso, formó el proyecto de dediPero la cl\ea Golsch:nidt tenía influencia y no podía tocarse al comercio de aguardientes. Iban ambos escoltan- var el niño Valentía á su mujer, para distraerla, volvió ]erar que se la abofetease en la persona de su descendienal
Transvaal,
queriendo
tener
el
honor
de
enriquecerá
do sns mercancías, cuando el convoy fué atacado al pasar
te. Valentín fué llamado ante el provisor y sufrió una
el río Jacaon. El irlandés se hizo matar valientemente sus accionistas como él mismo se había enriquecido.
reprimenda mayúscula, después de la cual quedó arresDurante dos años todavía trabajó con ardor admirable tado por el resto de la semana. En tal situación le enconsobre sue toneles de alchol, pero los salteadores resultaron los más fuertes y el joven conde fué salvado por al- y en aquellos veinti?uatro mes1;s dió á sus asun~os un tró la señora Moesler cuando, según de costumbre, fué á
gul!-os servidores fielee. Se encontraba, pues, sin ~ecursos impulso que debía de¡arlos florecientes por mucho tiempo, verle el jueves. Encerrado en una celda de dos metros
y srn esperanzas y no le restaoa sino hacerse fihbustero nada más que por 1a fuerza adquirida. Puso al frente de cuadrados, con ventanillo en la puerta, como las de las
ó ~egarse un tiro en la cabeza. ·
todos los servicios hombres adiestrados por él é interesa• prisiones, el joven conde había aceptado filosóficamente
,:fossler le advirtió con mucha calma que todo era pre- dos en Ir empresa, y cansado de vivir solo, á su edad, sn suerte, y copia~a en papel ri~~ado, cien líneas por hoferible á la muerte y que trabajando se ganaba más que volvió á Francia y declaró que no pensaba ir e: ás á. Pre- ra bajo la inspecc1on de un anuguo gendarme llamado
r?bando. Le ofreció en seguida emplearle en la explota- toria, pues dirigiría de léjos los trabajos de la compafifa. Seguín. .Aquella tarea le aburría desesperada~ente, pero
ción, y como el conde Chef de Contras declaró franca- Pero no pareció sino que la activiaad era la ley vital de la cumplía ein murmurar, contento en su interior por ha·
men~e qu1; jamás había empleado sus diez dedos y que, aquel trabajador, hasta t-ntonces incansable, y q •1e
ber obrado como le parecía que debió hacerlo. El gendarfuera de tirar á la perfección y de montar intrépidamen- sus fuerzas debían abandonarle en cuanto permaneciera me convertido en carcelero asomaba de vez en cuand.o
te, ª.º se creia apto para nada, Gedeón le encargó de ins• ocioso. hstalado en eu suntuosa casa de París, MosRler, por el ventan'llo la cabeza canosa y rapada y decía, mi¡,ecc1onar los establecimientos. La tarea no era insigni- que nunca había estado enfermo, se sintió debil y delica- rando á todas partes con ojos terribles:
ncante. .l.' el conde Jacobo tuvo ocasión de probar &amp;us do. Consultó á los mejores médicos y todos estuvieron
-1Coutras, usted no trabaja! ¡Contras, está usted et•·
d.1spos1c1oae~ de caballista por caminos muy poco prac- de acuerdo en declarar que no estaba atacado de ningu- tropeando la me3a con el corGaplumasl
ucables. Se iba por dos ó tres días á veinte ó treinta le- na afección claramente determinada, pero qu11 todos sus
y Valentía, inclinado melancólicamente sobre el paguas de di tancia, la carabina colgada del arzó¡¡ y el 1·e• órganos estaba., cansados . .Aquella máquina, demasiado pel, respondía:
v&lt;&gt;lver dispuesto en las pistoleras, y permanecía en medio caldeada y á la que había exigido tantos eefuerzoe, se
-Ilustre s~guín, déjeme usted en paz. Est?Y en el enue los campamentos de negros. Esta existencia aventa• descomponía en el reposo y se hacía rebelde para su cierro, debajo del tejado. No me pueden enviar más alto .
r.ira le agradaba. Cuando la señora Mossler se apiadaba dueño.
de lo que estoy, como no me pongan en el globo.. .Arrepor la dureza de su suerte, el respondía: «No me compaMossler, que había dado muchas pruebas de un valor gle usted sus papeles y no me enseñe su cara de polizonte.
ú~zca usted; vale más vivir como vivo, libre y en pleno muy sólido, no se dejó abatir y luchó contra la muerte
-¡Contras, usted no respeta á un veterano; usted aca•
aire, qne vegetar en un rincón de provincia siendo como había luchado por la vida. Abrió su casa y dió bará de mala manera!
. .
sul.&gt;p~efecto ó casarse con una cocotte retirada con sus ga- fiestas que han permanecido famosas por su eeplendor.
-¡Seguín usted no tiene miramientos con un prisionancias.
nero·
usted
~cabará
siendo
gendarme,
como
empezó!
Deslumbró á París con su lujo y le asombró con su beneE~ medio de estos caloquios agridulces, la señora Mose•
Su distracción era la caza, en la que sobresalía Jamás ficencia. Hizo construir en Gros-Caill.:m un hospital paee había visto un tirador más seguro· ponía la b~la don- ra seiscientos enfe1·mos y le dotó con bastante esplendi- ler se presentó en el local penitenciario de techo aguarde quería. Mató todos los jaguares qu.? amenazaban los dez para que nunca necesitase recurrir á los fondos dillado desde el cual se extendía la vista, de un lado por
gauados de Moasler é hizo con !aa pieles una alfombra públicos. Compró objetos de arte, que sin él hubieran otro el 'Panteón y la biblioteca de Santa Genov~va Y del
vara el salón que no tenía nada de ordinaria. Cuándo emigrado á .América, é hizo de su hotel un museo. En- otro por el boulevard Saint-Micli.el. Las golondrmas que
toUió_cofianza con sus huéspedes, contó au vida íntima á tonces fuécuando un cronista llamó á la señora Mossler había anidado en las altas chimeneas surcaban piando la
la_ senora_ Mossler. Dijo que había dejado en Francia un la reina del oro, nombre que fué recogido con ironía por ligera .atmósfera. Aquel observatorio hubiera sido encannrño nacido de su union con una mujer clivorciada, que sus envidiosos y con respeto por sus agradecidos; pero tador, para gozarle en libertad y no á través de v1 nta~aehabía ya muerto. El niño, Valentín, reconocido por su como éstos eran los más numerosos, gracias á la cariJad tan rudamente enrejada,. Al ver entrar aquella mu¡er-

•

283

EL MUNDO.

pequeña y delgada y tan sencillamente vestida Seguín la
tomó por un ama de gobierno y en tono meno~ que amable preguntó:
-¿Qué desea usted?
-Verá Valentín Coutras ......
-¿Viene usted tle parte de su familia? Bor.ito mucha
eho tienen ustedes......
La reina del·oro. miró fríamente al anti~uo gendarme,
le entregó el permiso firmado por el previsor y dijo en
tono que no admitía réplica:
'
-Despáchese ust~d¡ no tengo tiempo que perder.
La p_r1erta se abrió. rnstantáneamentey Valentío, prorrumpiendo en un gnto de alegría se arrojó en los brazos de su madre adoptiva.
'
-_vamos á ver, hijo mió, ¿qué has hecho para que te
castiguen tan gravemente?
-Nada. He cascado las liendres á un compañero por
burlarse del nomb~e de mi padre.
-¿Y por eso estás aquí? El profesor me ha dicho que
estabas en rebelión perpetua contra los profesores ... .. .
-Ese es mamarracho de Golrnhmidt que ha ido á quejarse á su padre...... Y como hay un montón de pers0nas
de esa familia en el gobierno, el provisor está boca
abajo......
La sef'iora Mossler habló de otra cosa, pero su fisonomía
cambió y sns palabras S6 hicieron escasas. Habitualmen·
te le irritab~ la injusticia, pero entonces sentía un agudo
tormento viendo á Valentía castigado casi ignominiosa mente por un acto que ella juzgaba legítimo. Al cabo de
un rato se levaat6 y sin informar al joven de !o que pro•
yectaba, le dejó y volvió al gabinete del provisor, el cual
vió á reaparecer con muy mal geeto á la sefiora Mossler, de la qne creía llaberse ya librado. Deseando acabar
en dos palabras, se apoyó en la chimenea.
-¿Cómo es, señor, preguntó la madre adoptiva de Valentín, que me ha dado usted unas razones tan erróneas
eobr., el casfigo en que ha incurrido mi pupilo? .Ahora sé
á que atenerme...... E~e muchacho tenía razón.
El provisor, muy sofocado, replicó con énfasis:
-Entre ias imparciales afirmaciones del maestro y los
relatos intere&amp;ados del alumno, ¿podrá usted, sei'lora, dudar un solo instante?
La sef'iora Mo~sler no respondió. Miró con aire de dis•
gusto á todos lados y dije,:
-Ese sexto piso en que le han encerrado ustedes es
muy cálido...... como que está debajo del tejado. El sitio
es sucio y nauseabundo...... Supongo que pensará usted
hacerle bajar......

-Pero, señora, un castigo merecido debe cumplirse....
La señora Mossler no pareció haber oído. Examinó
por la ventana del patio las construcciones viejas y carcomidas del llDtiguo liceo, y dijo con flema:
-Este colegio es horrible y debe ser mal sano....... En
tiempo de ep1Jemia moriráu aquí los muchachos como
moscas..... Me aan gauas de comprarle para hacerle demoler y edificar uno nuevo ..... .
.Al oir aquel propó3ito fenomenal, el provisor se quedó
aturdido y balbuctó:
-Pero, señora, un edificio del Estado........ La nación
no vende jamás....... No se compran las propiedades del
gobierno......
La dama respondió con placidez:
-::!i quisiera ofrecer solameute dos millones al E3tado
por echar abajo este nido de ratas y reedificarlo decentemente, el asunto no dormiría ...... Valentía de Chef de
Cautras no puede permanecer aquí ni una hora más ..... .
Ruego á ustad que envíe á buscarle; le espero en mi
coche.
Dirigió al provisor un signo imperioso y sin mirar si·
quiera que la seguía, salió del deijpacho dt&gt;jando á aquel
administrador petrificado.
.Al día siguiente Valentía se instaló en la avenida de
los Campos Elíseos y fué enviado como externo al liceo
Condorcet. D&lt;lsde ese día no ab.mdonó ya á la sef'iora
Mossler y la influencia que adquirió sobre ella fué inm• n·
sa. El muchacho era encantador y había en él un cierto
deje de inconstancia que tenía á sn bienhechora en per•
petua alarma. La bueua señora experimentaba la sensación de que nunca era completamente suyo y de que siempre faltaba algo que hacer para estreclur los lazos que le
unían con ella. ~ra como uu!l bel la mariposa q ne se te.
me ver volar, que enseña :ius alas bril lantes, pérfidamente deseosa de hacerse apreciar más y m,is y que á cada
momento se levauta, revolotea, toma una dirección como
si fuese á alej~rse para siempre y acaba al fin poi· quedarse, porque el ¡ardín es rico en suaves y deliciosas flores.
La dama hizo pur él todo gé nt!rO de sacri.ficbs, le col·
mó de favores y se adhirió á el tanto mál!! cuanto más frivolo y casi indiferente lo veía. Jamás se pr~gnntó si no
siendo el más agradecido y el wás tierno de los hombres
podría no tener corazón. Le veía elegai:i,te, espiritual, seductor y, sobre todo, á través de su tnunfante persona,
veía á su padre, al encantador J•cobo, en el cual no había dejado de pensar desde lo más profundo de su ~ér. Valentía probó, por lo demás, desde su más tierna edad
una instintiva malicia. Si hubiera pedido dinero á ¡~

~eñora Moss!er la hubiera, acl8o, hecho entrar en deseonfia?-Za: Los ricos son escamones; cree~ siempre que se
qmere abusar de ellos y están en guard1a. Gracias á esta
vigilancia de sus intereses, los millonarios consiguen pa•
garlas cosas menos caras que los miserables y son mu·
cho menos engai'lados que Pngaf'iadores.
Valentía mostró una i:ldiferencia porel dineroqueen•
cantó á la señora Mo~srer. Aquella mujer, que había parndo. su vidá e~ medio de los rudos buscadGres de oro,
admuó á un mño que parec,a no tener necesidades, gozaba. del lujo sin parecer apreciarle y se mostraba tan
seac1 llo como el más pobre de sus camaradas. Vió en ese
desdén unl\ prueba de nobleza y amó á Valentín por su
des;Jrecio hacia lo qne había sido el único fin de loR esfuerzos de tedos los que ella había conocido. Lo creyó un
muchach.o superior y le agradeció la dicha que de ese modo le proporcionaba.
Cnando Valentín fué mayor, le hizo llamar una mafiana al saloncillo del que surgían las liberalidades ilistribuidas por el Feñor Eliphas, y le dijo, después de hacer•
le sentar á sn lado:
-Mi querido hijo, has llegado á ser un hombre y creo
necesario algunas exp'.icaciones entre nosotros para pre•
cisar nuestra situación. Hasta aquí, has vivido á mi lado
como si fueses mi hijo y, sin embargo, ningún lazo nos
unP, como no sea nuestra voluntad, Tu podrías dejarme
mañana miemo y yo separarme de tí. Ni tú por el daño
material que esto te haría ni yo por el pesar que me pro.
duciría tu partida, podríamos reclamarnos mutuamente
nada. No ignoras que tu padre me recomendó que velase
por tí y bien has visto que he cumplido su encargo lo
mpjor que he podido.
Valentín cogió la mano de su bienhechora, y sin decir
una palabra, la besó con tierno reconocimiento.
La sef'iora Mossler continuó con voz un poco temblona:
-Hoy, que vas á entrar en la vida y á ser responsable
de tus actos y dueño de conducirte como más te plazca
tengo que hacerte una proposición.
'
-Te escucho, mamá querida, respondió el joven con
voz dulce y simpática; pero ¿por qué ese preámbulo tan
grave? ¿Tienes un deseo y dudas que me preste á él?
-¿Y si se tratara de dejartu nombre para tomar el mío?
La cara de Valentíu se puso sombría y no pudo resistir
un gesto de dolorosa sorpresa.

(Continuará).

0

Er Conde Valentín de Chef de Coutraa abrió la puerta y entró en la habitación C:e la Sra. Moasler.

[Véase el pliego anterior l
\

�19 N OVIEMBRE, 1896.

284

LA NOTA DE LA MODA.
l

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•· ' f

TOMOII

MEXICO, DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE DE 1896,

.., ...!·.__, _

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&amp;I amor es más fuerte que la muerte .

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1

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.

'T'raje ae calle para principio ae int1ierno.
En el panteón.-Recuerdo del dia

2

de Noviembre, roR

ALCALDE.

•
NUMEROJ9

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>19 N OVIEMBRE, 1896.

284

LA NOTA DE LA MODA.
l

:··~~

:

•· ' f

TOMOII

MEXICO, DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE DE 1896,

.., ...!·.__, _

··.,-. ,';/&lt;·'

&amp;I amor es más fuerte que la muerte .

•

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1

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.

'T'raje ae calle para principio ae int1ierno.
En el panteón.-Recuerdo del dia

2

de Noviembre, roR

ALCALDE.

•
NUMEROJ9

�\

EL MUNDO.

286
'-'-EL MUNDO."
SEMANARIO ILUSTRADO.

'Teléfono 4.M.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MXXICO.

Toda la correspondencla, debe dirigirse
al Gerente de est.e periódico.

La Bl1Bcrici6n á EL lllUN 00 vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelanti.dos.

N{lmeroe sueltos, 60 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ;cación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.

Y si, pues, éste es el verdadero criterio con que debe
ser medida la revolución de Tuxtepec, y ésta la verdadera medida de los hombres que la acaudillaron, no cabe
que hayamos injuriado á nadie al referirnos á sucesos
qne en modo alguno se encuent1an relacionados con per~onas y hechos consignados en la historh1 de estos últimos vPinte años. Pero la historia de México no comienza
en 1876, y derecho del eecritor PI! estudiarla en sus varios periodos, sin prPjuicios ni ofuscaciones, tal como se
presenta al Pxamen de un criterio sereno y reposado, diciendo de E&gt;lla toda la verdad que de sn estudio se desprE&gt;nda. Y apoyados en este dPrecho hemos ernrito las
palabras que se nos ctln~nra11. Juzguen nuestros lectores
si hemos tenido ó no ra.-.ón.

BBGIBTRADO OOMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•Agentes exclusivos· para los Estados Unidos y Canadá The Spanish American Newspaper Oompany, 136 Liberty St. New York, E. U.»

&lt;!U nueuo :pre.si~ente ;i(.meticnno tJ los interese!í
UIHiC01105.

8 NoVIEMBRE, 1898.

1Ias Qt:u11rttlaJ1J,.

l9olítictt ~rneral.

287

EL MUNDO.

pena ó de faltará la verdad, ó de secundar las miras y hacerse en cierto modo cómplice de Bismarck; no puede satisfacer los resentimiPntos austriacos, porque para es~
también necesitaría· descender de su alto p1o1esto y tocar·
las miserias que se le atribuyen, fundándose en ee-as revelaciones. De :!onde resulta una situación difícil y comprometida, orillada á complicaciones en lo porvenir.

***

¡Cuán cierto es, que muy raras veces se conservan á una
avanzada edad el juicio claro y las concepciones brillantes que pudieron ser patrimonio de juventud airosa y pujante y gloriosa virilidad! Cuán cierto es también que la
pasión y la ira pueden caber en pechos celestiales, y que
aun las almas más bien templadas y los tspíritns más serenos pueden sufrir á las veces obnubilaciones lastimosas
y lamentables eclipses, cuando el prejnic10 y el rencor y
la tristeza del ajeno bien los cubren con sus sombras!
No ha mucho el Grand Old Man, el célebr e l,beral inglés
Mr. Gladstone, aconsejaba á la Gran Bretaña interviniera de modo violento en la crisis armenia, y procurara por·
medio de la fuerza hacer cesar laa atrocidades turcas que al
mundo cristiano escandalizan, aunque encendiera la guerra europea, y la gran conflagración univt'rsal alumbrara
con sus fatídicos resplandores el triun[o de esos arranques dP. lirismo apasionado.
Ahora es la gran personalida:i germánica, el Canciller·
del Rey Conquistador, el que por rencillas trasnochadas y
añejos odiod, descubre secretos que debieran qnedar
ocultos.
Por supuesto, que los arranques de los ilustres ancianos no tendrán notable t, ascendencia. Inglaterra no llegará al último extremo qne la aconsejab:. Gladstone, yAlemania procurará. estrechar sus vínculos con Austria,.
y aproximaree en lo posible á la omnipotente Rusia, re·
mediando en lo posible la mala impresión que produjeran las declaraciones de Bismarck.

El candidato republicano Me Kinley 11.caba de trino·
far en las elecciones americanas. Conocido es del público de nuestro semanario ei programa que sirve de b.ise á la política, que sPrviráde línea de conducta al nuevo
Prt&gt;sidente de la República del Norte.
El triunfo del campeon proteccioni~ta en nada perjudica á los intereses de Mexico, relacionados con la gestión económica de la administración americana. Corno
Se ha pretendido que al referirnos en estas columnas se recordará, Me Kinley es un decidido paladín del taá los «tenebrosos cuartelazo.~ que manchan la historia patria» l6n oro, y esto que, ,í primera vista, parecería perjudicar
-palabras que a..¡_uí quedan escritas y que estamos · dis- á una de las industrias más importantes de nuestro paí.e,
puestos á defender con entera convicción-bemos lanzado no puede causarnos más daños que beneficios ·nos hubieuna injuria al actual ejército, lastimando al propio tiempo se traído la exaltación de Bryan, partidario de la plata.
la reputación de los jefes que acaudillaron la revolución
En el fstado en q11e se encuentra la crisis del metal
de Tuxtepec y de la que emana el presente estado de blanco, ninguna medida artificial podría resolver este
cosas.
problema. LaR fuertes compras realizadas por el Tesoro
Hemos hablado de cuartelazos-pronunciamientos en- Americano, hace años, no sólo no c:)lltribuyeron á recabezados por militares al mando de fuerzas confiadas habilitar el valor de la plata, sino que no fneron obstá* **
por los gobiernos contra los que se produce el movimien- culo á su lenta y prolongada depreciación. Todos los esy tornadizos los diputados franceses, á raíz
to;-y hemos hablado de historia patria, y antes de fijar fuerzo de Bryan por devolver su primitivo precio á este delIaquietos
esplendente triunfo que acaba de obtener el gobierla diferencia enorme que existe entre una revolución co- interesante producto se hubie~en estrellado contra lo no que
preside Mr. Mé lline, con la presencia del Czar en
mo la de Tuxtepec y un cuartelazo, exhibiremos algunos irremediable.
Paría, y la ratificación ante el m"nndo entero de la aliande estos actos, abundantes en el arsenal de nuestra joven
Por otra parte, en las condiciones en que se halla nues- za franco-rusa, ya andan busc!indo la manera de crearle
nacionalidad.
tro comercio exterior, una alza de la plata uo con vendría dificultades, procuran:lo derribar al gabinete que apena&amp;
LéaAe bíen lo que es un cuartelazo:
tanto á nuestros intereses como el beneficio obtenido en
En 1845, á raíz de haber declarado Texas su anexión el pago en oro de las demás mercancías de exportación. tiene seis meses de existencia.
Rencillas ínLimas, pequeñecei tle salón, desaires den l territorio americano, el Gobierno de la nación confía
Y de eeta prima seguirán disfrutando los productores, es- etiqueta,
son los medios que quieren poner en juego; renal general Paredes un fuerte ejército para combatirá los pecie de est-ímulo concedido al trabajo nacion:ll.
insignificantes, pasio11c1 lla➔ cuasi familiares son la
rebeldes; e! Gen~ral Paredes sitúa sus fuerzas convenienNo hay que olvidar que la política de l\fo Kin\Py con- cores
t,emente, invita á otros jefes á su empresa y se pronuncia tribuyó á la inmigración de fnertes capitales Americanos levadura que fermenta ahora ¡,ara provocar una crisis.
Después de las nimias exig~nciaa de lo que se llama
contra el Gobierno t-n la hacienda de la Pila, no lejos de incorporados á industrias, que, como la de fundiciones
Ran Luis Potosi, golpe de mano que lo lleva á la Presi- de metales, han abierto nuevas fuentes de riqueza y pro• «protocolo» en la corte republicana del Elíseo, á que tu-vieron que sujetarse los emp.,radorns r11tios, muchos fun-dencia dP la República.
porcionado labor á numerosos brazo~.
cionarios grand.,s y pequefios, y eutre.e.llo3 uu. buen núEn 1847, en plena guerra con los Estados Unidos, el
i,a victoria del campeón republic11.no debP. por lo tan&lt;teneral Pefla y Barragán, se pronuncia en la Capital, al to, ser considerada como muy favorablti á México y dig- mero de diputados provincianos, ~e h,111 creído lastima·
dos porque no se les invitó debidament,e y no tomaron la.
frente de las fuerzas que el Gobierno ha puesto bajo sus na de todo nuestro beneplácito.
parte que soñaban en todas las cer~1wouias fastuosas de•
órdenes; el cuartelazo no triunfa, pero por espacio de un
la recepciór,. M,·.chos se figuraban en unión de sus burmes, dice un historiador, las calles de México fueron teaguesas familias, codearse y tratar en cnmperhana saiuifa•
tro de toda clase de horrores.
con á los augustos soberanos del gran imperio; y ni versePero la simiente de cuartelazos estalla y fructifica tan
chasqueados en sus modestas aspiraciont'S, se vuelven
pronto como triunfa .,¡ plan de Ayutla; y Don l¡tnacontra el Gobierno que tiene la culpa de todo y procuran,.
cio Vallejo y el capit,an Servín ..n Morelia y Don JnFé
María García, cornan1hnte rnilitar de Oaxaca, y Don Vi- RESmIEN.- Bismarek en evidencia.- Pretendien1lo he- nuevamente ilusos, provocar su caída pvr caneas' tan pe·
Ct\nte Salcedo Pn San .Tnan de Uln 1, inauguran una serir á un miuiKtro, ataca al im¡111rio.- l)ecadeucias de la regrinas.
rie de pronunciamieuto~ que llenau de sombras todo es·
e1lad.- Cl'isis Rin ru6n en el Gobierno francé,i.- La
Vanas esperanzas: su intento primero ha fraca~ado, y
t&gt;lecci6n de Me Kinl11y y la prensa extranjera.-La plata· el voto de censura que se pidió á I!\ Cámara por fúti leste periodo.
He aquí, tomados al azar, PjemploP pabit,antes de los
forma de St. LouiK y la fotura pulitica americana.-Los motivos fué rechazado ya pc,r inru~nsa mayoría.
tenebrosos cuartelazos que 111.11nclum la, histo1·i11! ¿Es posible
No son las conspiraciones de ese género las que pueden
partido~ y 1011 gobiernot1.
11ncontrar Pn ellos n n termino de semi,janza con la revomedrar en los tiempos que alcanza1Uos. Hasta entre loe•
lución de Tuxtepec?
No ha terminad,) todavía, ni es fácil que termine tan fosfóricos franceses, de carácter arrebatado é impulsivo,
La revolución de Tux:tepec no fué no c1.v1rtelazo ni los pronto, la exaltación provocada en la prensa europea por se necesita algo más sólido para tlerribar un ministerio.
hombree que intE&gt;rvi11ieron en ella se aprov~charon de las declaraciones que acaba de hacer un periédico alerlementos algunos Pncomendados á su vigilancia y que mán, órgano caractnizado del príncipe de Bismarck.
***
t,orcieran de su fin; Tuxtepec ha sido ya bastante bien
Los comicios electorales, reunidos el día 3 del actual en
Acababa de pasar la grande y aparatosa recepción del
Pxplicado al público para que nuevamente tratemos de Czar en París; aun resonaban en el aire, con poquísima toda la extensión de la Confederación americana, votaron•
,lar á conocer su expresión y alcance; aquel movimien- gracia para los oídos germánicos, los ecos y el estruendo en su gran mayoría por el candidato republicano, y cont,o, apoyado en nec~sidades que la República 1,ugnaba de las lujosas fiestas, cuando el desairado Canciller de cedieron la investidura de Presidente de la gran Repúpor satisfacer, inspirailo en un amplio programa de pro- Hierro, que á pesar de su grandeza histórica y casi legen- blica al célebre proteccionista de Ohio, William Me·
greso, penetró rápidamente en el país; traía una gran daria, eiente la nostalgia del poder, para herir á los fran- Kinley.
nromesa &lt;I_Ue ha cumplido: la de desarrollar todas las ceses que se enorgullecen y con razón de su alianza con
Si la elección del candidato re publica no es motivo defuerzas activas de la nación, y un&lt;&gt;, noble esperanza rea- el moscovita, para mostrar ante la Europa la refinada as· regocijo
para México, porque favorece sus intereses merlizada: precisamente la de '.lxtinguir todos esos cuartela- tucia de en diplomacia y la pujanza de su gestión internay financieros la continuación del talón or.&gt; en zos que antafio se producían en 1a historia patria. Tux- cio_nal, ~ para marcar á sus sucesores con el estigma de cantiles
los
Estados
Unidos, no sucede lo ..uismo en Jos países .
t,epec fué una revolución naciol'al y cnalquiera que hu- la ineptitud, descubre ante los asombrados gabinetes la europeos, que
recelan y con razón del exajerado protecbiese sido la bandera que enarbolara habría triunfado.
existencia de antiguo tratado que ligaba Rusia y Alema- cionismo que tendrá que desarro1lar el nuevo presidente,
i De tal modo había peuetr.1do en la conciencia popular!
nia. á hurtadillas de las potencias mismas que componían si llega á dar cumplimiento al programa aprobado en la.
la Triple Alianza, y ha durado de 1884 á 1890.
Convención Nacional Republicana que lanzó su candida***
. Ni ~ua obligaciones de C~nciller que le imponían silen- tura y fué aceptado por él al admitirla.
Y si del movimiento revolucion11.rio, pasamos á los homc10,
m
sus
deberes
de
servidor
del
Imperio
que
le
impeBuen testimonio daµ de estos temores los comentabres que en él intervinieron, podemos apreciar todavía
mejor la enorme diferencia que existe entre los viejos dían revelar secretos de Estado, que pudo poseer durante rios que han acompañado á las noticias de la elección.
el
ejercicio
de
sus
funciones,
ni
las
c,msideraciones
del
Organos de la prensa inglesa y alemana, representantts,
pronunciamientos y el acontecimiento político realizado
hace veinte años. Citemos, tat'lbién al azar, algunos patriotismo, nada pudo detenerlo: y con tal de echar en de los pueblos que serían los más perjudicados en casocara á la República Francesa la circunstancia de haberse de restablecerse corregida y aumentada la famosa tarifa
hecho~:
EL MoNDO diario acab1 de recordar qu" en 1867, el ge- ligado con quienes eran ayer aliados de su mortal ene- que lleva el nombre del nuevamente electo, no ocultan
migo, y de hacer patentes las torpezas de Von Caprivi, sus prevenciones ni hacen misterio de sus recelos.
neral Díaz, al frente de un ejército de 60,000 hombres y
Si se huelgan los más del buen sentido-del pueblo ame-~on un préstamo de 500,000 pesos que voluntariamente que no supo conservar la entente ruso-germana que labofacilitó el ~omercio.. hizo entrega no sólo del ejército y el riosamente había establecido su antecesor. nada le im- ricano, manifestado al rechazar á Bryan, que lo habría
adelanto amo también del excedente de la suma mencio- portan las suspicacias que despierta en Austria quA se \la- llevado á muy graves conflictos, y habr1a podido com·
~a á 1:nga~&lt;&gt;, ni los rencores qne recrudece en Francia, prometer seriamente el crédito y el buen nombre de la.
nada y que estab\ .. n sn pnder. l\Incho antes de 1876
el que es ahora Presidente &lt;le la República no había que'. Ill el aislamiento á que expone á A.lemania, que puede ver nación, no pueden menos de lamentnr que el triunfo del
rido aceptar ni el sueldo de general que se le ofrecía no pnr estas imprudenci&amp;s rota la Triple Alia_nza, sin poder talón oro, vaya probablemente aco:::ipa!íado del protec·
ya como militar en cuartel, sino por sub Eervicios ante· l0grar en recompensa restablecer la antt"'Uª harmonía cionismo prometido.
riores prestados á la patria. Por lo demás la revolución entre los dos grandes imperios del norte d; Europa.
Hay otros puntos en el programa republicano á que de. Con razón Guillermo II, en su primer impulso y en su
de I uxtepec fué la que buscó al general Diaz, no fué éste
corresponcler el gobierno que se inau&lt;mrará
en Was·
0
ciego arreb~to, pens6 hasta perseguir ante los tribunales be
quien provocó la revolución.
hing,on en Marzo de 1897, y son los qne ee refieren á la ·
El General Donato Guerra, cuyo recuerdo ha sido jus· al quP. res111tara resp~nsable de las declaraciones graves política internacional de los Estados Unidos. Segú:1 lo•
taD1ente hnnrado en t&gt;stas columnas, antes de alistar- dPI Hamburr,er Nachrichten; con razón la prensa oficial y acordado en la Convención de St. Louis, es voluntad del
se en las filas revolucionarias, hizo entrega de la divi- oficiosa de A.lemania se ha desatado en ataques contra el partido repub icauo manifestar de modo activo, y ei es•
sión que mandab!i y del dinero que poseía, acto muy sig• in~is~re_to C~nci ller, _la francesa ha rechazado con energía preciso _con ostentaciones de fuerza, sus simpatías po~ la
nificativo te\ cumplimiento de su deber como soldado la,rns1d1osa 1mputaci6n del periódico alemán, y la austro- revolución cubana y su interés por los infelices armen103,
hnngara se atreve~ tachar de ilesleales los proced1mien· cruelmente sacrificados por los bárbaros musulmanee.
pundonoroso y digno.
Otros hecho!! de esta naturaleza podríamo3 mencionar, to~ germanos que ahora se &lt;lescutren.
Pero como nosotros cr!lemos que una cosa es el progra·
Y es de tal naturaleza el a~nnto que en v!\nn se le busy acaso ellos figuren en la historia de esta revolnción,
ma de ,un p:irtirlo y otra el de un gobierno constitui~o,
narrada fü,1 mE&gt;nte pol" algunos de los redactores del MuN- ca º':1ª solución ~ecorosa. El Gobierno de B&lt;:!rl(n ,,,, pnP- nJ Stlra Uc1l que l\fo Kinley dé vuelo á sus preferencias-de m afirmar abiertamente, ni desmentir la noticia, so
DO testigos pn::senciales de aquellos acontecimientos.

\tolas tbitorialt,.

8 N OVIF.JfBRE, 1896.

El Sr. Pr"-&gt;ideutt, de la ltepllblica descubriendo la está.&amp;ua del Sr. Géuéral Pu.cuccJ.
protfoccionistas, ni á las exijencias del panido que Jo
ele~ó al poder. Prudentemente y con serena calma, estudiar¡!, los graves_ asuntos de ~atado, y no se ha de guiar
por las pre?cupac!ont-~ y fanatismos de sus partidarios.
No es lo mismo ?1Ecut11· en. el club, que peear la gravedad &lt;l;e los nE&gt;goc10s con la 10mensa respoll!!abilidad que
adquiere el dt'positario del poder, ante el pueblo que Jo
nombró y ante la crítica que o estudia.
X. X. X:.
5 de Noviero bre de 1896.

Es&amp;A&amp;ua del

Sr. General Pacheco, inaugurada en el Panteón de Dolores el 4 del actual.

tarios tan encomiá~ticos y qué llanto tan doloroso el de
la selecta concur~Pncia cuando Don Juan fallecía en Jos
brazos de la subnna del cural
-¡Qué ~is~l Jiciones las de esta nilla ·para el trato! ex•
clamaba e. p111tor en el colmo del entusiasmo.
Don Juan salía con un sombrero cubierto de flo rAs
vestid~ de zamarra y pantalón con botas de un vaquer¿
d_e hacienda comarcana, y en vez de espada, machetón al
c1_nto. Por eso en el cuarto acto, Tenorio daba un soberbio trancazo al Comendador y de un machetazo en la espalda mataba á Don Luis Mejía.
Pero lo que encantaba á los asistentes era la escena en
que Don Juan, arrodillado uelante de la señorita Ulloa
"Don
la reque):&gt;raba á todo su sabor y talante. El maestro muy
Para sacar algunas p1esuntas ánimas del Purgatorio, se conm?VIdo,. entr~ manaza en el pecho y manaza 'sobre
repiuen~a en todos ka !,eatros de esta noble ciudad de un~ silla ba¡a, gr1taba, como si estuviera regañando á Jos
los palacws, ,.1Urante siete días, por la tarde y por la chicos:
"¿No es verdad, arcángel de amor
noche, el drama_ religioso-fantástico de Zorrilla, titulado
Qllt' en esta apartada orla
'
Don Juan Tenorw. N_o sé cu,,,ntos días de indulgencia gam~s pura la luna brla
y se resoira más mejor?"
naremos por haber 01do con calma el drama anual' ad
U8~m cocherorum punti; pero yo creo que cuando nos re-Pero, hombre-le preguntaban-¿por qué dices armitan á purgar nut'stros pPcados. no mucho tiempo ;en- cángel y no 6,ngel, eomo está en la comedia?
drán qut: decir nueetros deudos aquello de
- : Parecen tontos! P0roue arcán.gel es máe que ángel y
yo ere? qun el autor se e4uivocó.
'
"Que Dios las ..aque de penas
0 ciert,o es que esa noche los niflos soñaban con reY las lleve á. descansar."
Despenados quedaremos á la segunda audición y des- suc1_tados y las muchachas cobraban ánimo para sufrir
~as iras de ~us padres, en.arad del amor qne profesaban
pués de una obra así, ¡cualquiera descansa!
'
Por supne8toque no dt"bía hablar mal del Tenirio. El .. 1os señor1tos dE&gt; 111 localidad.
El drama religioso-fantástico de Zorrilla este año
fall"!oso D~n Juan me ha hecho recordar mis felices años
de mfa':1c1a, cuando el maestro de escuela de mi pueblo ~e.llevó otr~ vez á la galería construida en ia ca~a mu~
se consideraba con derecho de pegarme cuatro coscorro- m~1pal de m1 pueblo, en donde me daban sitio previos
nes por_ cada !ección no aprendida ó el Juez de paz pre- seis centavos, valor de la entrada, y varios empellones de
~ndía 1mtrmrme proceso porque me apoderaba de las !os mayas qu~ se reían á mandíbula batiente en los pas-.¡es más patét1coo de la representación
ciruelas del cercado ajPno.
Sí, señor; en mi pueblo se representaba el Tenorio con ElEn el Teatro-Circo, volví á ver al ~aestro de escuela
actor que servía de D. Juan, declamaba:
·
~das las reglas dt&gt;I arte. Dos me8es antes del .? de Noviembre, ya 1 andaban d en movimiento la sobrina '"'
-"-1
sefio
esta aura que vaga llena·
r cura, a esposa e1 pintor, el Juez de Paz 2'?, el
delos sencillos olores '
maestro de _escuela y otros vecinos más ó ménos honrade las (•ampe&amp;lnas· flores
dos y Jabonosos.
q_ue brot:&amp; la orilla amena.
Los 9ancos de la escuela se disponían en forma de taA cada mom~nto me figuraba que el buen sefior bajablado, ¡u~tá~dolos herméticamente; tres sábanas figura- · • ría detl edscenano para darme algunos coscorrones •El
ba? \o mismo la casa de Don Juan á orillas del Guadal- mae~ !º . e escuela_ en pleno D. Ju,,n Tenorio! Los· ~ieJmv1.t, que.el panteón; y la vela de sebo que alumbraba ~O!I visa¡es, _los miamos manazas las mismas b b88
a ventana del cuarto de Dofia Ana de Pantoja ejercía pienso que s1 le preguntan:
'
ar
Y
gespués de luna ~ne.quebraba sus vacilantes ray~s en los
--;-¿Por qué dice usted los sencillos olores de las c
ust&lt;?s de tres chicos convenientemente enjalbegados y
pesrnas?
arode pie sobr~ otros tantos cajones de petróleo.
Responde:
A la sobrma del cura, una señorita picada de viruelas
-· Vaya una prE&gt;gunta! Porque las campesina8
á8
aunque contemporánea de la expedición de Barradas le que las flores .. Yo creo que el autor se equivocó sonm
confiaban el cometido de Dofi.a I11é.1; Don. Juan lo hací~ el
. Para que mis r!!cuerdos no quedaran truncos· en la úlmaestro, y el Comendador el Juez de Paz 2'?
t..ma representación del D. Juan en Arbeu F' •
1 h'
La~ ~eñoritas mejor trajeadas del pueblo, el Presidente
zo de Dúña Inés IY cómo se pare~ía á la sobri~f~8:i&amp;ñ~Mun1c1pal )'. hasta la autoridad eclesiástica asistían á la Cur11. ! Víensu semblante hasta los agujerosd l
• 1 r
repreEentac1ón. i Qué aplausoe tan sonoros, qué comenePIERROT.
as virue as.

Juan Tenorio."

M.A.1-TJFESTACION EN HOl'iOR

DEL SEÑOR GENERAL FA.CHECO.

~l dfa 4 Jel mes en curso, por la mañana, numerosos
am1g?B ~el finado General de Di visión Don Ca1 los Pache·
ca, drr1g1éronse en trenes especiales al P,mteóu de Dolores, cou .,¡ objeto de visitar la tumba del patriota situada en la Rotond:' de :os Hombres Ilnstres.
'
Colocóse. prevtamente frent-e al monumento que am ara los. restos del expresado general, una tienda adornf:ia
con banderas ~e los colores naciouales, en la cual se le·
vautaba la tnbuna, y bajo de ella se instalaron los visitantes, entre los cnales se encontraban los Sres. Gabriel
Mance~a, i.dol~o Díaz Rngama, Andrés Basurto, Sierra
Horca~1tas? Luis G. Rubín, Dr. Peñafiel, Corollel Carl!e
~uagha. Lic. Eduardo Zár~te, Redo, Martínez de Castro
/,v1to J uárez, Ores. Alta mira no y Secundino Sosa .Pedr¿
e a 1le, Montes de Oca y numerosos empleados'
PSocopde~pués de llegados los manifestantes se p;esent6
e l r. residente de la República.
l
credmonia se. inició con una marcha ejecu~..da po~ .ª!1 a e Ingemeros, y concluida, el Sr. General Oíaz
1
1
~ ~ tióse ª\ ponumento y descubrió la estátua en bronce
~
ener~ acheco, obra del 8r. Alciati. Después subió~ la ~nbuna el Sr. Eduardo Zárate, pronunciando un
~omto d iscurso _en elogio del finado. Rabiaron después los
re~. t&gt;. 8 ~undmo Sosa y D. Luis MéndE&gt;z, cuya pieza oratona pud~eron ver nuestros lectore~ en EL MONDO diario
Y e1:1 aegmda el Sr. Gen~ral Dfaz y lvs manifestantes de:
Pº¡8~taron coronas al ~1e d~l monumento, terminande
:s ~ espontánea y cariñosa ceremonia, digna de aquel
quien ee consagró y que era un hombre de talento y de
coraz6n.

tª

Otro pago de $3,000.00, de "La Mutua"
EN GUA DA.LA.JARA..

Guadalajara, Octubre 20 de 1896
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La ·Mt
tuan de Nueva York en México.
Muy señor nuestro:
Hoy hemos recibido por conducto del Banco de Lo
dres YdMéxico y ante el nntario Sr. D. Arcadio t adilla
t~ma, e $3.000,00 (t~es mil pesos fuertes) valor de Ja pófi a ;uf. 661,409 ba¡o la cual estuvo asegurado nuestra
na o ermano el ~r. Cura Don Guadalupe lbarra.
tu~he 1~ presente s1rva para hacer pública nuestra gratitad
hsted q 111e. t~n bondadosamente nos ha facili•
o
o asta rec1b1r la suma antes dicha sin hab
e!ogado gasto alguno ni haber demorado el pag~ qne co~!
!~~rrt.re lo acostumbra eea digna compañía, hl ~ido vio-

¡~

~°Jª

De n~ted afmas. attas. y S. S.-SoL'!O ll&gt; lilAR1u.-R.s FUG10 lllARRA.

�8 NovmMBRE, 1896.

288

EL MUNDO.

8

NOVIEMBRE.

1396.

Gngusfia qumana.

•

¡

f

' ...

Sobre la cúspide de la abrupta roca lad manos ee alzan
y los brazos se retuercen con movimientos de desesperación inñnita; por la eterna escala del dolor humano as•ciende el clamoreo de las víctimas, sube la oración vagoro~a de los que su[ren, marchan en vuelo rápido las an •
.gustiadas estrofas de los heridos en mita€!. del pecho, de
los que agonizan en pleno himno triunfal que canta la
imp.. recedera harmonía de la vida en los espacios.
Allá van, allá van esas almas peregrinas en pos del
ideal perseguido, jamás alcanzado. . ¿Qué locura pavorosa,
,qué suplicante angustia conmueve á esas conciencias ensombrecidas por la duda y despedazadas por el pánico?
Es nna humanidad que siente miedo, nna raza de estremecidos por la desconfianza, un montón de carne humana, palpitante é inquieta, la que se agolpa en la escarpada
cima reclamando su girón de esperanza, su fragmento de
fe en este triste crepúsculo de los espíritus.
El hombre horrorizado del
espectáculo de la lucha, ahíto
de HU fe.itín de sangre, ante,el
-cuadro de desolación que á su
vista se desarrolla, convierte al
cielo eu mirada y pugna por
raEgar el impenetrable velo que
le oculta el eterno misterio;
;golpea la losa de lo desconocí·
do, y frente á la impasible naturaleza se debate en trágica
-convulsión, presa de impotencia
ineana. ¿Qué hay detrás de ese
macizo muro en el que se estrellan las plegarias más uncioeas y
las más atroces blasfemias? Y la
Tabia de romper este secreto y
devürarlo, inflama todas las almas y la queJa convertida en
-doloroso esl-'a@mo, brota de las
entraftas de la especie humana
y se evapora en oler,.das tumultuosas, en rojas llamaradas de
una enorme pira en cuyo fuego
.arde sin consumirse la esperanza.
Y la lucha prosigue. Ca1a Lo:nbrs que triunfa de la vida es
un homicida; cada existencia
,que persiste se forma de la su·
ma de existencias sacrificadas,
-cada combatiente que permane-ce en pie, se sostiene sobre un
tropel de cadáveres. Y los cuerpos se estrechan, y las manos
·se asen, y las miradas se incen·
diaa y el que cae perece y sólo
.se conserva alzad:&gt; el que derri·
ba á los que le rodean. Vivir es
matar, porque matar es defenderse!
Pero ¡ay! que cuando la noche hace caer su neblina obs•cura sobre el campo de batalla,
los combatienles se agrupan al
.aliento de una sola idea, al só·
plo helado de una misma angus·
tia y sobre la abrupta roca tien-den sus brazos suplicantes y agi•tan sus manos trémulas hacia la
prometida tierra cuyos vagos limeamientos no alcnnzan á ver en
•el sereno lago -azul de los cielos.

EL MUNDO.
altar mayor dos cirios por todo alumbrado; no acer~ábamos á di8tinguir las bóvedas, tan dens11 era la obscuridad.
Las pisada~ enérgica!! de los filósofos antigu,:,s resonando
acompasadamente, despertaban todos los ecos dormidos
en las telarafias de los ángulos y en las concavidades de
las bóvedas.
Terminado el desfile y restablecida la quietud, iba á
comenzar el rosario, cuando en medio del silencio eHtalló
una voz metálica, poderosa como campana de rebato, vibrante como clarín de guerra, y se lanzó al espacio, á las
bóvedas, al altar, este grito tremendo y sacrílego: «¡Muera
el Papal» Volvimos la cara, y en medio de la multitud
arrodillada y humillada, vimos de pie, erguida, triunfante, una silueta enorme, cabeza de coloso, espaldas de cícl~pe, ojos de arcángel: ¡Justo Sierra!
Aquel grito nos heló de espanto ¡ erizó de horror nuestros cabellos. Cubierto de sudor frío, mudo de estupor,
trémulo de espanto, contemplaba yo á aquel hombre extraordinario que en su impotencia de adol~scente lanzaba
un reto sacrílego á la autoridad, á la religión, á la fe, á

289
y Riva Palacio, el cual hacía una caricatura sangrienta
lle! Imperio.
Asistieron Maximiliano y Carlota, los altos dignatarios
ce! Imptlrio, las viejas damas de honor, los chambelanes
y la mejor sociedad de ~éxico. En ~edio de la fiesta r
fuera del programa, un ¡oven, Justo Sierra, escaló la tri·
buna y con eu voi sin par, su articulación sonorli é irreprochable, lleno de vida, de juventud, de valor y de entusiasmo comenzó:
Perdonad.me si audaz á este recinto
Do acabais de escuchar voces sonoras,
Vengo, osado, las cuerdas ineonoras
Del laúd á pulsar. Cedí á mi anhelo,
Quise un himno de gloria dedicaros,
l'edí un destello al luminoso cielo;
Bajó la inspiración: vengo á cantaros.
¡Y qué canto! Un himno á la libertad y á la patria, una
protesta contra la usurpación y la tiranía, la epopeya de
nuestro martirio y de nuestras glorias, las e&gt;stentaciones
de nueetras aspiraciones y de
nuestras esperanzas! Justo descolgó de las ramas del saúz la
lira babilónica y la hizo vibrar
de 11atriotismo y de entusiasmo.
·Hizo brotar de nuestros ojos
lágrimas y surgir en nuestros
corazones esperanzas; nos ven•gó de la opresión y nos templó
¡iara la lucha y hay quien atir·ma haber visto brotar de los
ojos incoloros del archiduque y
· rodar por el campo de trigo de
1-u barba de oro, una lágrima
·de rábia 6 de remordimiento.
Desde aquel dfa Justo se reveló t11I como es y tal como estaba llamado á ser: patriota y
liberal, artista y obrero, aposto!
y político y con su intuición de
poeta nos hizo ver clal'O el porvenir:
Sól,, e: tral&gt;ajo y la virtud unidos
Pudran llamar la bendición del cielo,

_

l\L

_,.........

FLORES,

i!os hábitos ae economía.

Frecuentemente oímos exclamar: «¡Nadie quiere ayudarnos!» Es un grito falto de ánimo y de esperanza. A veces ea
un grito de repugnante bajeza,
&lt;f"Specialmente cuando parte de
aquellos que con un poco de abnegación, de sobriedad y de
. ahorro, podrían fácilmente ayudarse á sí mismos.
Muchas personas no han a. prendido toda..,.fa que la victud,
. el saber, la libertad y la prosperidad tienen que nacer de ellas
. mismos. La legislación puede
hacer muy pooo en suiavor: no
puede hacerlos sobrios, inteligentes y exactos. Las principakB miserias de la mayor parte
de los hombres, tienen origen en
cansas ajenas á las actas del
Parlamento.
El pródigo se ríe de la legislación. El ébrio la desafía, y se
--•1110t11••··arroga el derecho de prescindir
de la previsión y de la abnega·COllO CONOCI A JUSTO SIERRA.
ción de sí mismo, echando sobre otros lo vituperable de su
Los Padres Jesuitas acababan
final vileza.
de hacerse cargo de la dirección
Los oradores populacheros,
-del colegio de Sau Ildefonso. La
que reunen «los millones» en
bohemia desarrapada, turbutorno suyo, están muy distanted
lenta é indisciplmada que cons·
del blanco, cuando, en vez de
titufa su población escolar, hatratar de arrastrará la multitud
bía sentido de una manera brusdo oyentes hacia los hábitos de
-ea é inesperada sobre su cuello
frugalidad, templanza y cultura
la mano de hierro de la genpropia, los incitan diciendo:
darmería de sotana á cuya vigi«¡Nadie quiere ayudarnos!»
lancia y solicitud se había conANGUSTIA HUMANA.-Cuadro de Rochegrosse.-(De celebridad europea).
Este grito enferma el al•fiado el gobierno del establecima. Pone de manifiesto una ·
m~ento. No bien llegados, los Jesuitas nos pasaron por todo cuanto conocía de sagrado y de respetahle; de cuyos
•caJas como á los soldados, nos clasificaron como á ejem· labios en vez de la oración brotaba la blasfemia, y cuyos gran igno~ancia de los primeros elementos del bienestar
piares de museo Y nos enjaularon como á fieras. Confi- ojos, lejos de bajarse humillados y contritos, se alzaban personal. La ayuda está en los hombres mismos. Han
nados en nuestros dormitorios, como presidiarios en sus al cielo preftados de ira y de odio. Han pasado treinta nacido para educarse y ayudarse á sí mismos. Deben ha,galeras, no nos atrevíamos á jugar ni á hablar. Un silen- años y aun lo miro e n rnerlib de la capilla, fu lminando cer salir de ahí su propia salvación. Los hombres más
:iio de muerte reinaba en los inmensos patios y en 108 sus rayos como Júpiter. Aqnella noche me in8pir6 horror pobres lo han hecho; ¿por l{Ué no lo han de hacer todos?
interminables corredores; tristes lamparillas de aceite y miedo. casi odio. ¡Quién había de decirme que aquel El espíritu valeroso y que ,,,ira hacia arriba vence
dentro de grandes faroles de vidrio alnwbraban apenas ángel extermibador no era, como no lo ha sido siempre, siempre.
Se ha hecho muy crecido el número de operarios bien
los ángulos, dejando en la ob~curidad las vastas y escue- sino el mejor. el más virtuoso, el más estimado de los
'tas arquerías, bajo las cuales paseaba una que otra sotana hombres! ¡Cómo sospechar en aquel jacobino impío y pagados en este país, que podrían ahorrar y economizar
negra como plumaje de cuervo y brillaban pares de ojos blasfemo al poeta inspirado, al apóstol ferviente, al paci- fácilmente para el adelanto de su bienestar mo!'al, de su
respetabilidad é indepen~ncia, y de su posición en la
-co,no de lechuza.
ficador de almas, que ha vivido derrochando genio y sociedad como hombres y ciudadanos.
Teníamos miedo y frío, yo, sobre todo, para quien sembrando el bien, y que morirá amado y bendecido de
"los tiempos pr69peros" gastan sus ganancias de
-aquella era la primera noche de internado, de soledad en todos! ¡Cómo suponer que aquel volcán en erupción, en nnEn
modo atolondrado, y cuando llegan los tiempos admedio de la multitud, de alejamiento de la familia. Sen- vez de desparramar la desolación y la ruina, había de ve,sos,
en la miseria. No se usa del dinero,
tía u~ nudo en_ la garganta, oprimido el pecho, húmedos ser foco de luz para los espíritus y faro para las concien- si no quesesesumergen
abu~a; y cuando las personas que ganan salalos OJ?s y hubiera de buena gana sollozado y gritado. cias, y cómo admitir que aquel obrero de destrucción rios, df&gt;bieran
contra la ancianidad, 6 para las
.Era p1adoeo y, creyendo encontrar en Ja oración lenitivo había de levantar tantos y tan grandiosos monumentos á necesidades deproveer
una familia que crece, están en muchos
á mi congoja, me puse á rezar. De pronto el taftido lento su propia gloria y á la gloria nacional!
ca@os alimentando á la locura, la disipación, y el vicio.
';f ac?mpastldo de una campana nos llamó á Rosario. Un
~sta revelación la tuve poco después. Era una fiesta No se diga que esta es una pintura exagerada. Basta diJesuita nos formó de doij en dos y nos hizo desfilar por escolar;
fes~ejábamos el santo del director .Artigas y nos rijir la vieta por cualquier vecindad, y ver cuánto se gas-orden de tallas, de menor á mayor, rumbo á la capilla. mo•trábamos
espléndidos. Un salóG profusamente ilnmiy cuán poco se ahorra; qué proporción tau grande de
Loe alumnos más grandes, loe fil6sojos antiguos, como se nado y ricamente decorado; discurso oficial por no re- ta
lo '!anado va á pasar á las tabernas. y cuán poco á los
les llamaba, rebeldes á la disciplina, cerraban la marcha cnerrlo quién; múeica y un sainete de circunstancia~,
-en pelotón desordenado. Entramos á la capilla: sobre el «El Sorteo," escrito con una verba endiablada por Mftteos bancos de ahorro .6 en beneficio de la sociedad!
S.\lILES.

&amp;n busca ae amo y señor.

�290

ULTIMO ECO DEL VIAJE DEL CZAR.
Hemos s~uido paso á paso al empt&gt;rador Nicolás desde su advenimiento al trono hasta la últi111a etapa dt1 su
viaje triunfal por Europa. Hoy que ha n grPeado ya á su
opulenll\ corte del Neva, es tiempo de dejar!,,, que otros
asuntos'nomenos importantes reclaman nuestra atención.
Dam¿s pues la nota po2trera relativa á los jovenes soberanos publicando un hermoso grupo, 1.hl todo reciente qne r~presenta ála Czarina, al pnsidente de la Repúblicr/. Franc€sa y al Czar, y á título de cunOEidad las líneas
q~e van áleerse á cerca de la bermosa emperatriz, tomadas , e un importante periódico europeo. Queda con
esto tnminada nuestra misión informativa.
La Emperat~iz Alejandra Feodorowna-dice ~nrique
Conti que ha sido por muchos años maestro de hteratu·
ra francem de la Czarina-ese ídolo viviente que el pueblo ruso venera prostern'.1-do, es la ~njer más een_cill: del
mundo tímida hasta lo mverosímll y tan sensible que
á la m~nor i!Jlpresióu eus ojos se llenan de lágrimas.

EL MUNDO.
inglés. Su madre era ya muy ingle8a á pesar de estar casada con un Príncipe altiwá.n y llevó á la corte sus hábitos yº"ª gn~tot!¡ 1.-jos de asimiJa,ae las costumbres de su
n1wva paHia, impuso en ella las Huya~.
Tomaba ciempre té, y á menudo en casa de algún compatriota, lo que e-candalizaba á los nobles alemane~. La
gran Duquesa anglomanizó la Corte y metamorfoseó pocu á poco á. Darwstadt en colonia inglesa.
La pérdida de esta princesa fué irreparable para s~
hijas¡ sin embargo, la educación de las princesas continuó inspirada en idénticos principios, pues el Gran Duque y sus bijas, por un piadoso escrúpulo, no quisieron
cambiar t1n nada el programa que había trazado la Gran
Duquesa Alicia.
A partir de esta época, la Reina Victoria se convirtió en
la consejera de a·us nietas, que todos los años acudían á
visitarla al Castillo de Balmoral. A la Czarina y sus her·
manas les encantaban esos viajes á. Escocia, donde ha·
cían infinidad de excursiones á la montaña.
Una de sus diversiones favoritas consistía en los bailes

8

NOVIEMBRE,

1896.

8 N OVIEMRRE, 1896.

CONOCIMIENTOS UTILES.
C11nservación de las maderas en las minas é
incombustibilidad.
Míster Henry Aitkens practica un procedimiento aplicable á toda clase de maderas con tal que estén descortezadas, secas y curadas bajo techado.
Las maderas en estas condiciones se sumergen en un,
baño de agua hirviendo, 6 cuando menos muy caliente..
que contenga sal común y cloruro de magnesio en proporción de siete de sal por uno de cloruro, bajo cuya acción se tiene de uno á dos días, según sus grueFos.
La instalación es sencilla: consiste en una caldera rectang,1lar de palastro de doce milímetros de grueso porseis metros de largo, unos veinte de ancho y noventa.
centímetros de altura montada en un hogar con conductos laterales de humos que terminan en una chimenea.
Se emplea el carbón más inferior y un solo jornalero.
Cuando se extrae la madera del bafio, está reblandecida y no puede maree desdeluego; pero almacenada de punta, ee seca y recobra la fuerza en
pocos días. En las minas de carbón de Nidrie, la duración de
'.as maderas era de diez meseil
por término medio y el dato que
hay hasta ahora es que las piezas preparadas por , ste procedimiento y colocadas en 1893 en
los sitios en que las comunes se
tenían que renovar con más fre·
cucncia, se conservan tao free·
cae como el día en que se colo·
caron.

El antiguo preceptor de la
Emperatriz se muestra en. usiasta por la belleza física de su
augusta diEcípula, y da á conocer fragmPntos de al¡nrnas cartas de la Reina Victoria, la Soberana de Inglaterra, en que
celebra con poéticas frases las
gracias de FU adorada nieta.
Después habla Mr. Conti de
la madre de la EmpHatriz, de
quien dice que era una mujer
superior que á la cultura y á la
grandeza de ideas reunía hermosaR cualidades de corazón.
-.:•-;¡i,¡¡¡I[ --•1111,0hu••Dió ejemplo de las mas grandes
L
.. virtudes y fné nna madre modeLa fabricación dPl azúcar
lo, llena de ternura y educadode remolacha.
ra admirable. Sfl ingPniaba en
preservar á sus hijos del contaConócese el azúcar desde los.
gio de los d~fectc,s de la nobleza
tiempos máH ,emotn~; por lo
alemana, del orgnllo de las premenos e I azúcar de Cll tia. Cuanrrog11tivas, del desdén por los
to al de remolacha fué en 174i
bumildeR, de loA prejuicios de
cuando nn qnímico alemán llacasta y del espfritu estrecho de
mado Nargraff publicó una melos príncipes germánicos. La
moria en la que detallaba las
gran Duquesa de Hesse se roinvestigaciooeA por él hechas,
deaba continuamente de persode las que dedujo la presencia
nas de mérito, sin cuidarse nundel azúcar en la remolacha; este
ca de sus riquezas ni de sus títrabajo fué presentado por su
tulos.
antor á la Academia de CienSu pa~ión por sus hijos, rescias de Berlín. DescubrimiPnto
plandece en las cartas que diritan importante, tardó runcho
gía á la Reina Victoria, lo mis•
tiempo en adquirir notoreidad.
roo que en el cuidado q•rn se
por las dificultades que Nargrllff
tomaba por su educación moral
encontró para llevar á la ¡;rgctiy eu instrucción.
ca lo que en teoría e~taba ya por
Escogía con gran cuidado proél resuelto, fundándose loa que
fesores é institutrices, á quienes
se oponían á que Fe sacara parrecomendaba coro batir la sequetido del descnbrimiento en que
dad del corazón, y no hablar
el jugo de la caña había de ser
nunca de prerrogativas ni de
( y es en realidad) mucho más
grandezas, inculcando á EUS dispu~o que el de la remolacha,
dpnlos el sentimiento del deNargraff había luchado, pero
ber.
la muerte no le permitió termiQuería que sus hijas fuesPn
nar su obra¡ ein embargo, sn diseducadas como todo el mundo,
cípulo Carlos Achard tuvo el hopara que habiendo nacido prinnor de continuar lo p0r el maes•
cesas, mereciesen la dicha de
tro empezado y llevó á la prácsu nacimiento por sus cualidatica la extracción del azúcar dti
des y virtudes.
remolacha.
En estos hermosos principios
Achard estudió especialrnen•
fueron educadas la Uzarina. y
te la remolacha desde el punto
sus hermanas. Y esta sencillez
de vista de sn utilidad para la
llevaba aparejada la disciplina y
fabricación de azúcar, y en 1796la severidad. El programa de la
estableció una fábrica para eneducación y de los estudios, deeayar lo qut1 podía producirse,
terminado hasta en sus más inpublicand•&gt; por la misma épo~ignificantes pormenores por la
ca una obra titulada "La fabriGran Duquesa Alicia, era muy
cación eúropPa de azúcar de reriguroso. Helo aquí:
molacha." Como consecuencia
...as princesas se levantaban
de los trabajos por Achard rea,í las siete, hora ,m que se desalizados, eetabléciéronse varias•
yunaban. Hasta la comida dPI
fábricas en diferentes países,
medio día, Ralvo una hora de
especialmente en Alemania, en
paReo á pie ó á caballo, se entreRusia, en Francia y en Bélgica._
gaban á sus lecciones y eEtuLAS ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS.
Los programa realizados por los
dios, que comprendían la enseWILLIAM l\lc KINLEY.-Presldent.e elect.o.-(Véase nuestra Polltíca General).
eminentes químicos Nargraff y
ñanza elemental, lenguas vi va!',
Achard,
no fueron del agrado de•
música, dibujo, pintura, baile,
los ingleses, qne por aquel entonces ejercían el monopolio
costura, y e lgunas nociones de cocina.
del comercio de azúcares &lt;ie caña. Comenzó entonces la luDespués do, la comida, un paseo en coche ó alguna excha entre la cafia y la remolacha, y ei Alemania fué cuna
cursión, volviendo á Palacio para tomar el té. Después
de la industria azucarera que toma por base el Pegundo
otra vez al trabajo. Una vez por semana se les daba
de dichos productos, Francia debe ser considerada como
asueto.
·
la salvadora de esa misma industria.
Las diversiones sedentarias eran deECartadas del proEn 1811 ordenó el emperador Napoleón, el bloqueo
grama¡ nada de muñecas, sino juguetes científicoE¡ fonócontinental, en virtud del que quedaban cerradas á los·
grafos, teléfonos, fotografía, linternas mágicas y diversiones higiénicas, sports, equitación, canotage, patines, casi campestres, á los que se invitaba á los que vivían azúcares de cafia las fronteras de los países productores
por los alrededores. A la animación de estas tiestaa coo- de remolachas, disponiendo al mismo tiempo qne fueran
bicicleta, etc., etc.
La Czarina es una exc, lente amazona y una intrépida tiibuía la presencia de los hijos del príncipe de Gales, destinadas para el nuevo cultivo 72,000 hectáreas de te•
rreno, distribuyéndose un millón de fri.ncos para estíprimos de las princesas de Hesee.
ciclista.
mulo de los ·cultivadores. Tal régimen prohibitivo, noMr. Conti termina su artículo diciendo:
En cuanto á dinero para el bolsillo, la que es hoy Emduró, sin embargo, mucho tiempo: tuvo su término al
«~ comprenderá ahora por qué la Emperatriz ha queperatriz de Rusia, 1ecibía por semana 12 centavos hasta
rido descansar en Balmoral más tiempo que en ninguna ocurrir la caída del emperador en 1815. Pero ya entonces
la edad de ocho años; 25 centavos hasta loe doce años y
otra parte; la residencia de su augusta abuela le recorda- la nueva industria Podía volar con ala&amp; propias, gracias
50 centavos hasta los diez y seis años.
á los progresos realizados en la fabricación y á los inceA esta edad la Princesa dejó de ser una niña para con- ba los días deliciosos de su adolescencia.
Sin duda, la Emperatriz de Rusia iría á ver el cuarto eames trabajos de algunos hombres de talento.
vertirse en una señorita; dejó su traje corto y ocupaba
Hoy la industria azucarera se diferencía de las demáeya un sitio en la mesa, en loe banquetes solemnes. Ya de soltera que ocupaba con una de sus herma.nas .....
Por todas partes hallaría gratos recuerdos y dulces industrias agrfcolas por su exportación y por el bienesno tenía que acostarse á hora fija ni se veía privada de
asistir á las fiestas de la corte. Pero no por eso se inte- emociones. Por lo mismo ha reservado la Czarina á. tar que proporciona á los que á ella se dedican. A más de
Darmstadt para su última vfaita. Allí deslizó su existP.n· tener ocupados á muchos hombres de ciencia, químicos
rrumpbron los estudios.
Tal fué la educaicón de la Czarina; puede agregarse que cia de niña y de jov.n soltera, y esta última etapa será la y nPgociantes, facilita el pan cotidiano á infinidad de
ubreros agrícolas que, sin ella, "\"eríanse inevitablemente
el medio donde se ofrmó fué un medio verdaderamente mejor, el verdadero oasis de su excursión por Europa.»

•

.
I

r

,

precisados á luchar contra el
hambre en todo tiempo, pero
muy especialmente en el invierno, la más rigurosa estación del
afin.
El cultivo de la remolacha de
azúcar constituve en la actualidad una de las· mejores industrias, pues mientras los linos,
lúpulos y otros textiles sufren
enormes fluctuaciones en sus
precios, no sucede lo mismo con
la remolacha. 1mporta, pues,
no eólo desarrollar este cultivo
en lo posible, si que también
aplicar todos los esfuerzos que
pueden allP~ar~e á la obtención
de un rend1m1ento de dinero
bastante ele.vado. Para llegar á
la consecución de este propósito, hácese necesario eegnir las
reglas de cultivo reconocidas
hoy como indispensables para
obtener á la ve¡; cantidad y cali~
dad del fruto que ha de producir
el az1ícar. Demuestra la expe·
riencia que la calidad de la remolacha ee obtiene sobre todo
por la simiente; como factores
complementarios que obran so·
bre la calidad de la cosecha, de·
ben mPocionaree el modo de
cnltivnrla y las condicionPs clim.?to'óg cae qu.. hayan influido
dnrante el período de vegetación y en el momento de la co·
secha. La cantidad por hectárea
depende. ante todo, del cultivo
que se haya hecho, de la fertili·
dad del suelo, de la naturaleza
del terreno y de las variaciones
atmosféricas que pueden produ cirse 1esde el momento de la
plantación hasta el del arranque. El cultivador debe necesariamente sembrar granos de
gran riqueza, bailándose confirrr.ada Psta nece•idad por la ex·
periencia; porque sembrar !(ranos estériles, sea de lo que fueren, es convertir t1n yermos los
terrenos más productivos.

EL MUNDO.

29t

hoy ó de mañana. Adhemar dice qne la tierra pt!rderá Sil
equilibrio por el pt-so siempre
creciente de los hielos del polo Norte y ha calculando ~1 t.iemmpo que ee neceRitnní. Tenemos '\un para 6.300 años. Sakountala dice que el peso de los
irnbéches es el que hará zozobrar á la tierra. Esto no es exacto porque hace mucho tiempo que hubiera zozobrado.
El Nuevo testamento parecía
anunciar el termino para el año
mil. La exper.iencia ha demostrado que la interpretación era
falsa.
Las gentes de entonces no tuvieron la dulcP. filosofia de los
florentinos de Boccacio, los de
la peste de 1345, que se reunieron para ocupar sus últimas horas amPnazadas por la plaga, en
contar las alegres historias del
Decameron con las cuales se divertía la Fiammeta.
Las descripciones auténticas
&lt;le! año mil son para hacer temblar á. cualquiera. Sería admirable que el teatro no se hubiese
inepirado en ellas; pero el asunto no ha sido feliz y ha proporcionado poco exito á eus dramaturgos, Nada menos que una
opera cómica se ha representado,
basadada en el asunto. Se llama
El Clíio mil; tiene tetra de Melesville y Pablo Foucher y música de Grisar. Fué eetrenada el
23 de Junio de 1837. Los coros
cantaban:
Perdón. perdón. perdón,
Dadno,; la absolución.
Hay aM nn monjP que organiza un falso fin del 11111ntlo y que
hace sonar la trompPta del juicio
final por los ballesteros de vigilancia, para forzar al sefior de
Tancarvilla á concHler franquicias· al pueblo y 1•1 pueblo se
encanta de que haya llegado el
fin del r'!undo: _
-•1110t111•-Porqnl' el fin del mundo
Curación de los sabañones.
lis la libertad!
Consideramos oportuna la
He aquí lo que ae llama totranscripción de la. siguiente
mar las cosas bajo su mejor asreceta para la curación de los
pecto.
sabafiones, molestia muy común
Al fin dfl la pieza, como la
en la estación del afio en que
gente cae en la cuenta de que
nos hallamos:
el mundo no acaba, el actor
BálSll.mo ~at.elll...... 15 grs,
Unguent.o cmno........ 4 ,.
anuncia una fecha ulterior uque
Bálsamo del Pen\....... 10 gota
debe siempre ser, dice el libreEstas subetancias se mezclan
to, el día siguiente al en que se
bien hasta obtener un ungüento
represente la piezm, Hay en essuave y consistente, que se exta ingenio fácil.
tiende sobre un pedazo de tela
A fines del siglo pasado, huLAS. ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS.
de algodón, hilo ó lana, y se
bp tambien un gran fin de
William
J,
Bryan.-Candidal;o
de
los
demócratas,
derrotado.(Véa.se
nuestra
Polltíca
General).
aplica sobre la parte ulcerada,
rnundo h nnnciado á todo bompor mañana y noche.
bo para t1l año de 1800, el
cual dió lugar á una zarzuela. El fin d,l mundo ó el Cometa, por siete autores, que escogieron este número simUN ASUNTO IMPORTANTE
bólico en memoria de los siete brazos del candelero sagrado. Esta pieza fné representacta en 1796 en Parfs. Está llena de bromas fáciles y de alusiones· es nna revista
EL FIN DEL !lUNDO.
nna especie de examen de conciencia co~ música ante ~l
fracaso final y una exhortación á la esperanza. El éxito
Que este planeta ha de acabar de alguna manera ó cuan.
fué muy g~ande: !1aliía en la obra i ngenio_y sal.
do menos que Ia humanidad á quien se Je dió por morada
Todas las religiones anuncian el cataclismo final y no
Ca&lt;la qmen recibía en alfilerazo y tieoftroy el crítico
ha de tener fin, no es cosa de discutirse. Con tal que no
se comprometen mucho con eso por que la ciencia y la del Diario de los debates no se libró del suyo; tenía su
nos toque á nosotr~s _el cataclismo sino á los que vengan
razón t~mbien admiten la certidumbre de esta terrible cláueula en el testamento del protagonista:
después, todos adm1t1mos el fatal é ineludible resultado
conclusión. Desde el Evangelb y la ,_pocalipsis basta
Pero queda en pie una cuestión: ¿Cuándo ha dt: acaba;
Para terminar la lista,
lod Veda~, todo el rnu~do está de acuerdo. Nuestro gloeste mundo?
dejo un moli110 de viento
b/) es mortal y como dice el alcalde de cierta zarzuela
á un famoso periodista.
«ya se ~ará. la t1·istti exptirieucia»
'
que como.él va con el vient.o.
El mismo Sr. Flammarión tiene cuidado de tranquilizar nuestras _alarmas: La desaparición de la tierra según
él, está prevista y no tendrá imponancia alguna. Nuest~o planeta no es contemplado más que por un pfqueñísuno nú1;0ero de estrellas y si dejase de estar en su sitio
apenas s1 el mundo estelar lo notaría.
'
. El universo continuaría brillan~o y moviéndose y la
tierra_ perecería como una pobre diablesa obscura, sin tener 01 un p_erro de pobre que la acompañara en su entierro. Esto d1c_ho co~ perdón de nuestro amor propio.
Tales cons1derac1ones nos traen á la memoria los hermosos versos de !a Leyenda de los siglos y otros que lleva~ por título El Cometa y otros aún que se intitulan el
Aburmo. Al hombre que se enorgullece latiera le dice:
Tu no eres mas que mi gusano.
A _la tierra que se ~lorifica, Saturno le habla con desP!ec10; ~ Saturno altivo, el Sol lo insulta¡ al Sol, Syrio Je
Según las predicciones de algunos videntes debía ser
dice: Oigo hablará un átomo. Franqueamos con el po~ta
el ,2 ~e Octubre último. Sin embargo, el c~pitolio de
toda la escala de las sublimidades, eclipsando la una á la
Was~ungton, la torre Eiffel y San Pedro de Roma eetá.n
. Ln ~oción de nuestra nada y de nuestro fin tan fácil ha
en_ pie; así, pues, nos~ sabe á quién creer: El Angel Ga- otra.. Aldebarán ante arturo, el Zodiaco despnés del Septentr1?n; las Ne~ulo3as interpelando á la Vfa Lactea: d1vert1do á los zarzueleros, así como ha inspirado á ¡08
briel, que fué el que dictó la profecia arriba indicada en
i~ quién hablas tu, pues, copo lejano que pasa•! y Dios ha- poet~e, desde Voltaire basta Musset, desde la Esperanza
Parfs, nos ~a engañado, y Teresita U rrea no dice nad~ 80•
bre el particular.
ciendo callar todo ese murmullo del poi vo celeste' ex- en Dws hasta el Desastre de Lisboa, en que el poeta se moclama:
'
fa de los hombres, uesos pensadores impotentes que su·
Consolémonos, sfa, embargo, con Is- idea- de qne-no so-fren razonando acerca de su sufrimiento:
moa nosotros sol~s los engañados por estas profecías.
¡Me bastar-1,a 3oplar, para hundir todo en las sombras!
Atomos at.ormentados
En todos los tiempos, los habitantes de la tierra han
Esto es hermoso como l_a página de los dos infinitos de
en este montón de cieno,
estado preocupados por daber cómo y cuándo acabará el
á quienes la muerte traga
Pase~)
Y tales especulalac1ones en el espacio nos dan la
g!obo Y las fechas indicadas son tan numerosas q!le ha
y la suerte abofetea."
medida
exacta
de
la
nada
que
nosotros
somos!
sido poco prudente darles fe.
Mas el fin del mundo no es, á lo que parece, cosa de
No fueron tan hermosos como éstos los acentos que el

�8

EL MUNDO.

NOVIEMBRE,

1896.

8 N ,OVIEMRRE, ] 89A.

EL MUNDO.

293

--\!PRESENTACIONES.~

-

SEN ORA

JULIA

D.

Al verla, se P.iensa co,n B •c9-~er: poesía eres tú! Si en sus versos no la hubiera
su her mosuídra criolla ser~a_la d1vrna estrofa de ese canto que á través de los siglo~
1os o os con su mus1ca que e~ un e
rega
· 1o ó un sublime
·
I o d e1 cte
de laanaturaleza.
'
co perd.d
acento
J
ULIA
nombre
único
nació en Yucatá
B.
con q~lE: se conoce á la inspirada autora de ÜONFIDENCU·¡
n. 1en se ad1vma en el fuego qµe irradian sus ojos negros En
1
as reverbera el quemante sol de la costa: sus ojos arden como la ro]~ lJa.
en el ce'ribr~sé ifuu~t;ae!i8c~~~~in~ereno y qu.e fustiga. la sangre con sus rayos, flamea

i

ULT1MO ECO DEL VIAJE DEL CZAR.
N.CuLASII.

M. FELIX FAURE.

·LA CZA.RINA.

(De fot,ogralia hecha en Parls.)

:do del mundo anunciado para el l~ de Octubr~ último,

inspiró á los poetas.
Limitóse todo á algunos dibujos groteecoa, y algunos
versos malos en los cuales Dios Padre canta con música
de una zarzuela:
Reyes y pueblos mercenarios,
desde el Oriente hasta el Poniente,
temblad, oh Justos y pen•ersos,
porque ml trueno formidable
os va ll &lt;lestruir en un momento
desde Montmartro; al Indostán.

Pero bajo de esta forma grosera, la preocupación ea la
misma: la c&lt;Jrtidumbre que tenemos de que acabaremos
pobres y obscuros, entre las constelaciones que continuaran arrojando sus dardoe de oro, indiferentes é ignorantes de nosotros, en medio de la insensible impasibilidad de las cosas. ¿Cuándo se realizará esto? La próxima
fecha anunciada es el jueves 11 de Abril de 1901: pero á
lo que parece, todo quedará como ahora. Por lo demás,
loa que vean ese cataclismo asistirán á un hermoso espectáculo que lea costará caro porque lo pagarán con la
vida. Ninguno querría ePr eterno, ninguno querría renacer, y sin embargo, nadie se preocupa por asistir á la
muerte de la Tierra, y hasta el último instante los hombres dirán y desearán: «Después de nosotros, el fin del
mundo!11

La Enterrada viva.
Los bañistas entraban en el comedor del hotel y se sentaban en sna respectivos sitios.
Loa criados comenzaron á servir muy despacio, á fin
de~ar tiempo á los rezagados, mientras los ya presentes
miraban con interés hacia la puerta siempre que se
abría, movidos por el deseo de contemplar nuevas caras.
Aquella tarde, como todas, esperábamos la llegada de
nuevos huéspedes.
Sólo se presentaron e.os; pero muy extrafios. Un hombre y una mujer: padre é hija.
Dea1e luego me hicieron el efecto de dos personajes
de Edgardo Poe, víctimas de la fatalidad.
El hombre era alto y delgado, tenía la cabeza cana,
demasiado cana para su fisonomía, y su continente ei:a
en extrem!:l grave y reposado.
~ joven tendría á Jo sumo veintir.uatro ai'íolj y era de
baja estatura, muy delgada también : eumaménte hermosa.
Sin duda era ella la que ib.1 á tomar las aguas.
Sentáronee delante de mí, al otro lado de 13 mesa y noté que el padre tenía un movimiento nervioso muy singular.
Siempre qne deseaba coger un objeto cualquiera, su
mano describía una Pspecie de zig zag antes de apoderarse de lo que buscaba.
Noté también que la joven conservaba puesto, para comer, el guante de h mano izquierda.
Cuando nos levantamos de la mesa, me fuí á dar un
paseo por el parque del establecimiento termal.
Hacía mucho calor aquella tarde y busqué un sitio
fresco desde donde. pudiesp, oír sin molestia la música del
Casino, que comenzaba á ejecutar una pieza de ópera.

De pronto noté que venían hacia mí el padre y la hija.
Los saludé, y el l,ombre, deteniéndose de repente, me
preguntó:
-¿Podría usted indicarnos un paheo corto y agradable, perdonándome mi indiscreción?
Acto continuo, les ofrecí acompañarles á un hermoso
valle de las inmediaciones, y desde luego aceptaron mi
propuesta.
Y, naturalmente hablamos de la virtud de las aguas.
-Mi hija- decía el padre- tiene una enfermedad
muy rara. Padece accidentes nerviosos incomprensibles,
y tan pronto se la cree atacada de una enfermedad del
corazón, como de una enfermedad del hígado ó de la médnla. Hoy se atribuye su dolencia al estómago, que es la
gran caldera y el gran regulador del cuerpo.
Esta·ea la causa d&lt;i qtte hayamos venido á este establecimiento.
En seguida recordé las violentas contracciones de en
mano, y le pregunté:
-¿No podría achacarse á la herencia el mal de esa nifia? ¿No padece usted tambien de los nervios?
- ¿Quién, yo? No, señor. Mis nervios están siempre
sosegados,
D,spuée de un instante de silencio, repuso:
-¡ A.y, ya cé! Usted alude al espasmo de mi mano si0 mpre que trato de apoderarme de un objeto. Eso procede
de una emoción terrible que tuve tiempo atrás. Figúrese usted que esa criatura ha sido enterrada vi val
Lancé un grito de sorpresa, y el padre p1osigió en estos términos.
-La aventura es muy sencilla. Jul'eta padecía de ataques al corazón y creíamos que tenía los días contados.
Un día la llevaron á casa, fría, inanimada, muerta. Había perdido el conocimiento en el jardín, y el médico,
llamado á toda prisa, certificó la defunción.
Velé junto á ella un día y dos noches y yo mismo la
amortajé, acompañándola luego hasta el cementerio, don•
de fué sepultada e11 nuestro panteón de familia.
Advierto á usted que tuve el caoricho de que la enterraran con sus alhajas, sus brazaletes, sus collares, sus
sortijas, con todo cuanto yo le había regalado, y con su
primer traje de baile.
Ya puede usted figurarse cuál sería el estado de mi espí-ritu cundo regresé á mi casa. No tenía más que á ella.
pues mi mujer había muerto hacía años. Entré medio loco á mi aposento, sólo, extenuado por el dolor y caí en
una butaca, sin fuerzas para hacer el menor movimiento.
Próspero, mi antiguo ayuda de cámara, que me había
ayudado á vestir á Julieta para su último sueño, e ntró
pausadamente y me dijo:
~¿Desea usted tomar algo, señor?
-No.
- Pues hace usted mal en dejarse abatir de eie modo.
¿Quine usted que le acueste?
-No, déjame en paz.
Y el criado se retiró inmediatamente.
¿Cuántas horas transcurrieron? Lo ignoro. Pero, ¡qué
noche t n horrible la mfa! Hacia frío y ee había apagado
la htmbre de la chimenPa.
·
Y yo estaba allá. sin dormir, sin acostarme, anonadado, con los ojos abiertos y el alma llena de desesperacion.
De pronto sonó con gran estrepito la campana del vestíbulo y mi butaca cru¡ió bajo mi cuerpo. Encendí una

vela, miré el reloj y ví que eran las dos de la madrugada.
¿Quiéu poáíf.l ser á aquella hora?
Volvió á sonar la campana y sospeché que loa criados
no ª"' atrevían á levantarse. Estuve á puoto de preguntar: «¿Quién es?, pero me avergoncé de semejante acto de
debilidad, bajé la escalt,ra y corrí los cerrojus. Confieso
que en aquel mstante tuve miedo. Abrí bruscamente la
vuerta y divisé en la obscuridad una forma bknca, algo
asi coruo un fantasma.
Llel\o de angustia retrocedí, balbuceando:
-¿Quién ......... quién ,s? ........ .
Uua voz contestó.
-Soy yo, pan re mío.
Era mi. hija.
Creí que me había vuelto loco, y ante aqel espectro
que entraba, retrocedí, haciendo i.:on la mano, para ale·
jarlo, ese gesto que usted ha notado en mí hace poco y
que jamás me ha abandonado desde entonces.
--No tengas miedo, papá-decía la aparición-no estoy
muerta. Han queri'1o robarme las sortijas y me han cor•
tado un dedo; pero la circulación de la sapgre me ha de•
vuelto á la vida.
Y noté, en efecto, que estaba cubierta de eangre.
Caí de rodillas sollozando y sin saber que II.H:l pasaba.
Cuando recobré mi serenidad, hice subirá Julieta á
mi cuarto y la senté en mi butaca. Después llaméáPrós•
pero para que encendiera la chimenea, preparase una be·
bida y corriese en busca de socorro.
Entró el criado, vió á mi hija, abrió la bnca en un espasmo de espanto y de terror, y. como herido por el ra·
yo, cayó muerto en el pavimento.
Prófpero fué quien abrió el panteón, mutiló á mi hija
y luego la abandonó en su sepultura. Ya ve usted, caba·
llero, cuán deEgraciados somos 1
Había cerrado · la noche y sentía una especie de te•
rror misterioso al verme entre aquellos seres extrafios.
No sabiendo que decir murmuré:
-¡Qué drama tan horrible!
¿No les parece á ustedes que debemos retirarnos?
El padre y la hija aprobaron mi proposición, y nos di
rigimos apresuradamente al hotel.
Guv DE M,uPASSANT.

El be,;,o enjaulado.

El joven estaba enamorado de la joven y aufría mucho
con motivo de ese amor. No era q11e ella le amase menos,
sino que sus parientes no querían consentir en 6U matri·
mt-nio. Una ocasión qne él la acechaba-era un poco an•
tes de la aurora, cuando el alba vacila al nacer-la vió,
blanca y rubia, en la ventana: miraba el cido pálido de
la mañana y él la veía pálida también; ella, encantada de
esa claridad nueva y creyendo que nadie la observaba,
envió con sus dedos rosados un beso al día. naciente, al
propio tiempo que se despt&gt;rtaba un pajarillo y lanzaba
un·grito, como si este soniao ligero hubiera sido el eco
de aquel b, so tonante. El enamorado vió el beso, oyó el
grit,o rítmico y modulado, siguió al avechucho á través
dll las urnas del bosque y Jo llevó consigo á su cae 1. Abo•
ra, es muy feliz, porque de la mañ~na á la nochti. á to';laa
horas y siempre, oye cantar en su Jaula el beso de la bien
amada.
C.,TULO Mi:NDEZ.

FEBLES

( de Yúcatán ) .

~~

r

~~~~~

::~~P

J¾~~roÚ- J ~

tan ]us versb~ nace.n de sus ojos; su poesia fulgura en su ,,.irada · l ·s luces &lt;iUe brofond; isos ª ismps rnson~a_ble!!, encienden en la altura que impa~ible contempla el
no cifr=~d:, :stros que titilan !°:ego con lumbre consoladora, para el espíritu hnma' L .
. 1 ~romesa de una vida que es paz y de una paz que "'S virtud regocijada
le
~mspiracwn ¿qué es sino l~ mirada reveladora del alma? La estrofa triste s~
iTa!nd sT9-~e en el papel, en los OJOS del poeta; cantan primero el himno é pico las puficia coen {: eo que las trompas de !os soldados libres de Grecia; el arrullo de amor acade las noche:uaazvuÍe~rnura de los o¡os, antes que con la trova dulcísima, perturbadora

µ&amp;;; . d d . ~ !n~a4 /7'1,:,/

°~ ª1
¡81.f

cant~º6
fi al sentir las ardientes miradas de la poetisa yucateca se recuerdan sus
vida
eer sus ca.ntos se i:-ecue~dan sus ojos. Estrofas y miradas vi ven una sola
1
\pa P an en un mismo latido tienen una alma· la inspiración
rd
mad~t: as, como 1.as palm~ras que baten sus ab~nicos de eame;alda, á los perfulor ó cant!~~n d:u~~ ~1rÉi marrnos, se levantan sua estrofas, en las que solloza un do·
0
dolor amargo como la ond~ que muP.re de cansanc10, lánguidamente. en
playa de~conocida cuando gime entre la; cuerdas cte uaa lira, ea un suefio, r el suefio, blanco y
pasa¡ero como la espuma
en que se envuelve la onda lánguida, moribunda,
es un ctolor.
Por eso, el dolor y el
suefio deben ser cantados
por almas tiernas y me·
lancólicas como la maga
de los ojos negros..... .
Cerca de mí, ha pasado
muchas veces. Al escu·
char el rumor de sus pasos, he vuelto el rostro
para contemplar su hermosura.
Ahora que tengo en mis
manos, lejos de mi tierra
querida, sus versos he
vuelto á extasiarme ~n la
admiración de sn belleza.
Se yerguen ante mí las
palmera~ de la costa, aspi.
ro con delicia, anchamente, las bri~as marinas y el
sol idel trópico precipita
en mí;la sangre, del cora•
zón al cerebro.
_Yeo á Julia, y al verla,
pienso con Bt&gt;cquer, nna
vez más: poes!a ere.s tú!

P.

EscALANTE PALMA.

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�8

EL MUNDO.

294

A ••••••

C .ANCION.

Diles tú que conoces mi hisroria,
Que no me aborrezcan,
Que no me maldigan ..... .
De aquel draJLa sangriento y terrible
No he sido el verdugo;
¡He sido la víctima!
Si perdidas están para eiempre
Mis cortas venturas,
Mis páUdaa-dichas;
Si no hav pena que iguale á mi pena,
· Si llevo en el alma
Mortales heridas;
Si mis venas exangües no prestan
Vigor á mi ~u~rpo,
.A.liento á mi vida, •
Si me rindo al dolor, y el cansancio
Sin fuerzas dejóme,
Dobló mis rodillas;
¡.A.y! ¿Por qué con crneldi~d tan constante,
Cobarde y traidora
Me hiere la inquina......t
Si abatida aoblego la frente,
¿Por qué me coronan
De agudas espinas......?
Tú que alzando los velos de mi alma
Has visto su eterna,
Mortal agonía;
'Iú que has visto mi entralía más noble
Hincharse á 1os golpes
De suerte enemiga;
Tú que has visto posarse en mis ojoe
'
De un suelío apacible
La suave caricia,
Y cantando muy bajo y bebiendo
Mis lágrimas tristes,
Quedarme dormida;
Diles tú que conoces mi alma,
¡Que yo les perdono
Mi pena homicida!
Que después de dormirme bebiendo
Las gotas ardientes,
Las lágrimas mías,
Me despierto á la luz de la aurora
Y al cielo se eleva
Mi triste pupila,
Y con ella ferviente plegaria
P&lt;&gt;r t&lt;&gt;dos pidiendo
La paz y ia dicha!

Alma blanca más blanca que el lirio,
Frente blanca,'más blanca que el cirio
Que ilumina el altar del Selíor,
Ya serás por la aurora encendida,
Y a serás sonrosada y herida
Por el rayo de luz de; amor.
Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risa argentina
Junta el albo marfil al clavel,
Y a vereis como un beso os provoca
Cuando Cipres envíe á esa boca
Las abejas sedientas de miel.
Manos blancas como hostias benditas
Que sabéis deshojar margaritas
Junto al fresco rosal del pensil,
Y a diréis la canción del amado
Cuando hiráis el sonoro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.
Ojos bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul.
Cuando lleven las hadas á. Oriente
.A. la bella del bosque durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu cáliz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera sn palio levanta
Y hay un coro de alondras que canta
La canción matinal del amor.
RuBEN DAR10.

JULIA.

VESPERAL.
***

En el ocaso la luz moría
Bordando el cielo de áureos celajes
En donde el iris resplandecía;

. •**
.
Y suspendidos
de los rama¡es,
Los leves hilos de las aralias,

De luz creyéranse finos encajes.
*
* *sonantes calías,
Entre las verdes
Cantaba el viento versos de oro
Balanceando las espadalías!.. ....

*

* *en ráudo coro,
Las golondrinas
Juntas buscaban sus blandos nidos
Dando á los aires cantar sonoro;
*

* * de luz hench.d
Y en los espacios
i os,
Fingían haces de ardientes rosas
Los arreboles estremecidos!. .....
*

* * las mariposa&amp;
.
En 10\:o enjambre
Vivas maralías de sol formaban;
Y eran fugaces piedras preciosas
*
* . b.
Que del zafíreo* zemt
a¡ab an,
En las doradas nieblas ardían,
Y entre las sombras aleteaban!. ....... .

····:····················;····························
** resplandecían
En tanto...... vivos
De los celajes los mil colores, .
Y las montañas la frente hund1an
En un diluvio de resplandores!. .....
RAF~EL MARTINBZ RUBIO.

AUNA RUBIAEn el album de llna mexicana.

Perdona hermosa, pero tengo antojos
De saber si es el sol el que ha fundido
Tu melena triunfal de oro encendido,
Que á. una aurora de Mayo diera enoj~e.
Dime ¿en qué sangre de claveles ro¡oa
El botó~ de tus labios se ha teñido?
¿En qué rayo de luna se han dormido
Las húmedas turquesas de tus ojos?
¿Qué divino cincel ha modelado
El mármol ideal de tu escultura?
Tu pasas, y el deseo enamorado
Se pierde en tu eucarística blancura:
.A.lma que aun al amor no ha despertado,
Maravilloso lirio de hermosura!
VICEJ.~TE ACOSTA..

DIARIO.
Enero 6.-Cada día se robustece má.s y má11 mi convicción: soy el tipo perfecto de un bu~n simple, soí'.íador del
género wertheriano y por ~nacron!smo, romántic~¡ acaso
el último mite de la especie que vive en el mundillo.
Deléitome en locos entusiasmos con libros de heroinas
tísicas y enamorados decadentes, y, para que nada falte
á mi depravación moral, tengo la monomanía de garrapatear versos de esos que, como dice Gautier, hacemos
todoa á la edad en que se estila el juicio corto y los cabellos largos.
Frecuentemente padezco exaltaciones sensuales por
mujeres muerlas en la más remota antigüedad ó concebidas sólo en las imaginaciones de los noveleros.
En la historia de mis impresiones (una funamb1:1Iesca
odisea) han escrito poemas sensacionales la Evangohna de
Longfellow Phriné, Lady Macbeth, Santa Teresa, y tantantas y ta¿tas que como ala&amp;:is vi;1iones de l~zdesfilaron
tenues é invioladas sobre el Tiberiades de mi cráneo para deslumbrarme después con sus fulgenciaa.
Hasta hoy, nin~una dama de las que yo puedo ser no•
vio ó marido· ó amante, ha logrado poseer el secreto de
causar perturbaciones en mi ser.
.
.
He querido aostractamente: á ésta, porque im.agmé
que sus brazos eran los perdidos de la Venus .mutilad~;
á esa, porque las implacables alburas de su piel me hicieron pensar en Ariadna abandonada; á la otra, porque
sus bucles á. la prer~faelista tenían el b:illante negror de
sedelía madeja fabricada por gusanos ¡aponeses, y á las
demás, por sus pupilas de Medusa ó sus rizos de oro pá•
!ido· por rubias porque aureolaban el óvalo seráfico del
rost~o con la m~lena fosfórica de Eapírita.
La mujer ha sido para , , ,í la hembra, y, nunca, nu_n~a,
he llegado á saborear loe deleites de ese amor paradis1a·
co que anida en la cabalía y el alcázar..
. .
Mis ilusiones, florecen solo en las meves de la md1fe-

NOVIEMBRE,

1896.

rencia, viven efímeras y enfermizas el ~reve tiempo que
he podido creerlas imposibles, para morir después al más
debil soplo del hastío.
Sieu,pre he perseguido á la ~spera~za, por que es la
eterna fugitiva, y con frecuencia, escribe en los e:orazones páginas candentes...... , que puede borar una impre·
sión tri vial.
.
.A.mo las rosas con pétalos de terciopelo,. cuand? tiemblan en sus endebles tallos espinosos, las odio en mi mano
porque hacen brotar sangre y se marchitan.
Creo que ser devoto de una bella á la distancia en que
el lente analítico hace inapreciables. ~o~ detalles, es s~~·
tir al amor en su más refinado esqmsit1smo; me horr1pi·
Jan 103 desencantos, prefiero ~ uar á. una fa.Isa bell~za
desde lejos, á saber que las grac13;s de su son~iea las h1z~
una postiza dentadura, que el brillo de los o¡os lo poeti•
zaron unos pincelazos de kohol y el tono sonrosado deia
macerada ¡;;iel es un emplastamiento de coloretes y_polvo
de arroz......
Y
.Marzo 6.-Algunos días el vacío ~e mi alm~ si_n afee·
ciones determinadas, me causa vértigos: veo~• Nuwaua
muy cerca, encrespándose en la noche caótica d~nde,
nawta de lo incognoscible, se aventura más y más mi fan•
tasía......
·¡
.
Siento debilidades propias de la ed.ad sem , mis ca~nes
al tornarse débiles y ex:ang1:1es adqmeren una ~rnanlle~
ictérica que me da apariencias de cadaver, entnstece mi
juventud como alondra en la époc3; inverniz3;, Y, cua!1do
la diatesia llega á l~s recrudescencui:s del penodo álgido,
.caigo inerme y prisionero en las gnsaceas telaralías del
fastidio ..... .
Abril 2.-Quiero acercarme á un fantasi:na indolente y
luminoso que he columbrado entre las opiaceas vaguedades de mis paraísos artificiales.
Es una figura inmaterial q~esigl!-e mis pasos, habla de
amor á. mis oídos y hace huir á mi angel bueno con sus.
gloriosas impudibundeces ..... .
Abril 20.-¡Confusión demonia~al
.
Dijérase que en el bullente microscomo de mi craneo
prodúcese la sangre inflamada de un incendio.
¡Oigo ruido de alas!
.
Estoy seguro que mariposea y v~ela en el. espacio. u.n
suspiro del extramundo ó algún flmdo psíquico propicio
á mis neurosis.
Será porque leo á Hegel y á Swedenbe,g.
Acaso...... Acaso ..... .
.Mayo S.-Pacem summa tenent...... !. ..... !. ..... !
.Mayo 20.-He visto en el escaparate de no sé qué foto•
grafía la imagen de una mujer.
¡Qué pureza de líneas en su perfil!
Debe haberse retratado á. propósito de algún baile. de
fantasía porque viste un caprichoso traje de campeuna;.
falda co~ta enselíando el nacimiento de una pierna delgada, que, según la expresión de Duma~, promete D!)berlo en adelante; hay romancesca nostalgia en sus pupilas, el talle es delicadamente fino, su seno se eleva ~on
la suavidad necesaria para perfilar una curva clásica,
sonríe como deben hacerlo las musas á los inspirados y
en su cuello admirablementii modelado se enroscan varias sartas de cuentas: serán perlas.
Junio s.-¡No hay remedio! .
.
.
Estoy profundamente impresionado de la mc6gmta.
Cada vez que paso por el establecimiento, deténgomeante el cristal y la observo escrupulosamente, ~escubriendo siempre algún encanto nuevo que contribuya
poderosamente á harmoniz.ar ~u.a pedecciont:s.
Mi afecto está lleno de v1rgimdades.
Tengo rubores de colegiala á quien sorprende la pu~rtad y tiemblo como un chiquillo cu~ndo alguna at.revida
idea me acomete en mis contemplaciones á su efigie.
Concurro á los paseos, á los hipodromos, ~¡ teatro, y
entre las mujeres que según Alfonso Karr, mientras más
desnudas mejor vestidas van, no he podido encontr..r
alguna que ee le parezca.
.
Lo infructuoso de mis peEqnisas aumenta peligrosa
mente mi neuropatia, y aunque me siento gravemente
enfermo, no me decido á obedecer el tratamiento d.e un
físico, porque estoy seguro de que hablará. de un n11~ro-.
bio infinitamente pequefio á quien es forzoso extermrnar
arrojandole una batería de píldoras y rectomas de f~r~acio; ademas, mi mal no es de los que cura la_ medicrna,
nace en lo profundo, ha echado muy hondas r:11ces; .a~r~ncarlo es darme la muerte...... y ......... yo quiero vivir.
Ju~io SO- ¡La he visto!
¡Milagrosa epifanía!
.
Es muy rubia; sus 011dulantes cabellos caen en E:spiralee.
doradas sobre los hombros, nimbando su faz asma .c?n
un halo fosforescente y ambarino; es sn frente de nov1c1a,
blanca con la palidez enferma de los lirios que~e mueren
sobre el marmol de las tumbas, digna de guardar como.
arca santa los más grandiosos pensamientos; tiene su carne suave y tierna, transparencias denivosa, es el cuerpo .
esbelto y fragil, las manos pequelíitas cual modelo de e~cultura, son nobilísimas y crueles, como las dE: esas re1;nas que firmaban c~n niveas plnl!'.1ªª• sentencias sanguinarias· más que mu¡er se me antoJa una alma, porque no.
hay e~ sus formas nada que hiera los seutidos ...... i Está.
espiritualizada!
Es rica, pregónanlo á. gritos, lod diamantes de sus sortijas las finísimas blondas y sedas de sus ropas, ... ••·•· •
el fa~sto regio de sus trenes!. ....... .
Agosto 4.-¿Habeis visto á la diva en moda, hollar
sonriente con sus leves pies la alfombra de flores que
arrojan electrizados sus fanáticos?. .....
.
¿Habeisla visto en el escenario ( ese altar dC1nde o_fic1a
su coquetería) tomar el más valioso ~ouquet y. hundir la
roxelana naricita en las corolas, olvidando, rngr_ata,. el
ramillete que en su tímida fragancia lleva la adm1rac1ón
dt&gt; algún sufriente anóni~o, el mM .desdeñado porque es
el mas sincero? ......Así m1 amor es ignorado de l_a que Jo.
inspiró; tiene pudibundeces de vio.Jeta, estremecimientos.de sensitiva miedo á las desfloraciones...... •••
Quiero qu'e pase triur.fante á mi lado sin sospech.ar que •
entre la turba que cuchichea está nn corazón palpitando.
furiosamente por ella ........ .

8

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

Agosto 20.-¡Quisiera saber su nombre! que una sola de
las palabras dulces que prodiga á los que por ella no han
pad&lt;icido, sea para mi solo, que me mire con sus pupilas
de diamante negro!. ....... .
Septiembre 8.-.A.yer entré á la iglesia: no soy creyente
pero venero á los diose€: me gusoan lo!! templos con su
obscuridad contemplativa, sus santas afligidas y sus cirios
crepitantes; las naves sombrosas albergan legiones de
almas con tocas de monja y cruces de abadesas, sus inscripciones latinas, son cristianas teog.rnfas, conjuran leyendas azules sepultadas entre el polvo canoso de los
siglos muertos, el confesionario habla de luchas interi0res, y terrores, y perdones, y conciencias purificadas con
la santa bendición ........ .
Mf amigo el capellán que es un viejecito escualido de
faz hierática, una especie de Vo!taire con sotana, hacía
los preparativos de uua boda que por voto religioso iba
á celebrarse sin boato.
Esperé la ceremonia.
Me siento feliz, cuando Mimi Pinsón está de bodas;
me encantan las novias púdicas con sus velos de crespón, que enclavijan las manos enguantadas, temerosas
y alegres, pensando en los deliquios nupciales que se
acercan.

·········································
·······································
Llegaron los esposos.
t

No distingo el rostro de la prometida, veo sólo una
mancha vaporosa y blanca entre el mar de cabezas ne•
gras que se ajitan .
t,ubo á un banco.
Está radiante de alegrfa¡.A.ngelica criatura!
¡Me vé y se burla!. .. ... ¡Dios mío!. ..... ¡Es ella!
Gimieron mis nervios como las cuerdas de vieja lira
entre ulías de una fiera, y después, no sentí nada...... nada! ...... absolutamente nada.
C1ll.o B. CEBALLos·

J,
1

¡Creedme! Yo soy muy nervioso, espantosamente nervioso, siempre i:) he sido. Mas ¿por qué os empelíáis en
que estoy loco? La enfermedad ha dado mayor importancia á mis sentidos: no los ha destruido m embotado.
Entre todos se distingue, sin ero bargo, el oído, como superior en fineza; yo he oído todas las cosas del cielo y de
la tierra y no pocas del infierno. ¿Cómo, pues, he do estar loco? ¡Atención! Y contemplad con cuanta calma y
cordura puedo contaros mi historia.
No es posible explicar cómo :ne pasó por primera vez;
pero ya que me pasó, no cesó de perseguirme noche y
día. yerd.aderamente no había en ella objeto ni pasión
de mi parte.
Yo quería al pobre viejo: él no me había hecho mal
ninguno: jamás me había insultado; yo no codiciaba su
oro ...... ¡Ah! ¡sí, esto es! uno de sue ojos parecía de buitre; era un ojo azul, apagado y coa un'l catarata. Cada
vez que aquel ojo se fijaba en mí, la sangres~ me helaba;
a~í fué que lentamente y por grados se me puso matar
aqu~l viejo para de este modo librarme de aquel ojo para siempre.
He aquí, pues, la dificultad. Me creeis loco; pues bien,
los locos no saben de nada; ¡pero si me hubierai~ visto!
¡si hubierais visto con qué sagacidad me condujal ¡Con
q~é precaución, con qué previsión y disimule, acometí
mi emprern! Nunca estuve tan amable coa el viejo como
durante la semana que precedió al asesinato. Y cada no•
che, hacia la media, descorría el prest11lo de su puerta y
abría, ¡ob tan suavemente! Y cuando había entreabierto
l? suficiente para. que cupiese i:ni cabeza, introducía una
hnterna sOl'da, bien cerrada, sm dejar que asomase un
rayo de luz; después metía la cabeza; ¡cómo os hubieras
reído de ver cuán distraídamente metía la cabeza! Movíala lentame11te, para no turbar el sueflo del viejo.
Una hora empleaba. cuando menos, en introducir la
cabeza por la Abertura, hasta ver al viejo acostado en su
cama. ¿Un h co habría sido por ventma tan prudente?
Y cuando habla metido toda la cabeza abria la linterna
con precaución, ¡oh, con qué precaución porque rechina•
~a el l!'uzn~ I Abría no má:l lo preciso para que un rayo
imperceptible de luz cayese sobre los ojos del buitre. Re•
petí la operación durante siete interminables noches á
media .noche exactamente; pero como siempre encontrase el OJo ce.r~ado,. no pude 1eali~ar m.i propósito porque
no era el vieJo m1 eterna pesadilla, srno su maldito &lt;'jo.
Cada malíana apenas amanecía, entraba yo resueltamenie á ~u cuarto y le hablaba con desparpajo, llamándole
cordialmente por su nombre, é informándome de cómo
había pasado la noche. Muy listo debía ser el viejo para
sospechar que cada noche, á media noche, le espiaba dura,,te su sueño.
La octava noche redoblé las precauciones para abrir la
puerta. El horario de un reloj se mueve con más VP.locidad que en aquel momento se movía mi mano. Hasta
~uella noche no había yo meditado todo el alcance de
m1s facultades y de mi sagacidad. Apenas podía conte•
ner la sensación qae :ne causaba el triunfo. ¿Pensar que
yo estaba allí, abriendo poco á poco la puerta y que él
no eolí3;ba siquiera ni mis intentos?
'
d Esta idea me arrancó una ligera sonrisa, que él oyó sin
.uda, porque se revolvió súbitamente en la cama como
s1 d~spe.rtate. Creeréis quiza que me retiré, pues no. La
habitación esta~a. tan negra como la pez, según que eran
~e espesas las tmieblas, porque las ventanas estaban cuiadosamente cerradas por miedo á los ladrones. Así
pues, en la inteligencia de que él no podía ver la abertu:
ra de la puerta, continué abriéndola más y más.
Ya había metido la cabeza y principiaba á. abrir la lin:rna, cuando.~i puliar resbaló sobre el hierro de hoja
e lata, y el v1e¡o se rncorporó en la cama gritando:
-¿Quién ar.da ahí?
Quedéme absolutamente inmovil y sin decir una pala-

bra. Durante una hora entera no moví ni un músculo, y
en todo ese tiempo no oí que se volviera á acostar.
Permanecía incorporado y alerta, lo mismo que yo había hecho noches enteras escuchando las arañas en la
pared.
Mas, he aquí que oí un debil gemido y conocí que era
producido por un terror mortal; no era un gemido de do•
lor ó de disgusto, ¡oh, no! era el ruido sordo de una alma
sobrecogida de espanto. Yo conocía bien este ruido: bastantes noches, á media noche en punto, mientras el mundo entero dormía, se había ernapado de mi propio seno,
aumentando con su terrible eco los terrores que me asaltaban. Digo pues, que, que conocía bien aquel ruido. Yo
sabía lo que el viejo estaba pasando y tenía piedad de él,
aunque mi corazón estaba alegre.
Sabía que estala despierto desde que, al oír el primer
ruido, se había aumentado por momentos; había querido
convencerse de que su terror no tenía causa, pero no habfa podido. Habíase dicho á. sí mismo: ¡esto no es más
que el viento que suena en la chimenea, ó un ratón que
corre por el entarimado! Sí, había querido recobrar el
valor con semejantes hipótesis; pero en vano, en vano,
porque la muerte que se acercaba había pasado por delante de é l, envolviendo con su sombra negra á su víctima. La influencia de aquella sombra fúnebre era la que
le hacía adivinar, aunque nada había vieto ni oído, la
presencia de mi cabeza en su hsbitación.
Desp11és de esperar largo tiempo, y con gran paciencia,
sin oír que volviera á acostarse, me resolví á. entreabrir
un poco la linterna, pero tan poco, tan poco que no po•
día eer menos. Abríla, pues, ¡tan suavemente! que fuera
imposible imaginarlo, hasta que al fin un rayo de luz,
pálido como un hilo de arafia penetró por la abertura y
fué á. dar en el ojo del buitre.
Estaba abierto. abierto del todo, y yo apenas le miré,
me encendí en cólera. Le ví clara y distintamente, entero, de un azul empañado y cubierto de un tela horrible,
que me heló habta la médula de los huesos; pP.ro no pude ver ni la cara ni el cuerpo del viejo, porque be había
dirigido el rayo como por instinto, precisamente al sitio
maldito.
.A.hora bien, ¿no os dije que lo que tomáis por locura
no es má.s que un refinamiento de los sentidos? Pues bien,
he aquí que oí un ruido sor:!o, apagado y frecuente, semejante al que haría un reloj envuelto en algodén, y lo
reconocí perfectamente; era el latido del corazón del viejo. Con él creció mi furor, como el coraje del soldado se
exaspera con el redoble del tambor.
Con tu veme, sin embargo, y permanecí inmovil y respirando apenas. Emplee mi esfuerzo en sostener fija la
linterna y el rayo de luz en derechura del ojo. Al mismo
tiempo el latir infernal del corazón era cada vez más
fuerte y más precipitado, y sobre todo más alto. El terror
del viejo debía ser extremo. Estos latidos, dije yo entre
mí, sou cada minuto más fuertes. ¿Me comprendéis bien?
Yo os he dicho qus soy nervioso: por lo tanto aquel ruido tan extrañ'l, en medio de la noche y del medroso sileucio que reinaba en aquella vieja casa, me causaba un
terror irresistible. .A.un pude, sin emba1go, contenerme
durante a lgunos minutos, pero los latidos iban biendo
aun más fuertes. Yo creí que el corazón iba á. reventar·
y he aquí que una nueva angustia se apoderó de mí;
aquel ruido podía ser oído por algún vecino. La hora del
vit-jo habla sonado. Dí un alarid,&gt;, abrí brnecamente la
linterna y me precipité en la habitación. El viejo no dió
un grito, ni ur. solo grito. En un momento le arrojé sobre el entarimado y cargué sobre él con todo el peso
aplastador de la cama. :Entonces sonreí de satisfacción
a i ver tan adelantada mi obra. Durante algunos minutos
latió todavía el corazón con un sonido ahogado, P"ro es.
t;, ya no me atormentó como antes, porque el ruido no
podía ser e~cuchado á través del muro. Al fin, el ruido
cesó; el viejo había ya muerto. Levanté la cama y ei.aminé el cuerpo: estaba rígido é inerte. Púsele la mano
sobre el corazón y la mant11V10 así durante algunos minutos: ninguna pulsación; estaba rígido é inerte. El ojo no
podía atormentarme más.
Si peraistís en crerme loco, vuestra creencia se desva.
necerá cuando os diga los ingeniosos medio~ que emplee
para ocultar el cadáver. La noche avanzaba: yo trabajaba velozmente, pero en silencio. Primeramente le corté la cabeza, desoués los brazos y por último las piernas.
Luego arranqué tres tablas del entarimado, y coloqué debajo aquellos restos, vol viendo á. colocarlas tan habil y
discretamente, que ningún ojo humano-¡niaun el suyo)
-hubiera podido descubrir a lgún indicio sospechoso. No
habla nada que dudar; ni un rastro de sangre; yo había
tenido gran precaución y había puesto una cubeta para
que recibiera toda la sangre. ¡Ah! ¡ah!
Cuando hube concluido estos trabajos, eran las cuatro·
pero estaba tan obsl uro como á. media noche. Daba el re~
loj la hora, cuando llamaron á. la puerta de la calle. Ba·
jé á abrir con el corazón sereno, porque ¿qué tenía yo que
temer? Entraron tres hombres que se me dieron á conocer como agentes de policía. Un vecino había oido un
grito durante la noche, y sospechando alguna desgracia,
había dado aviso á. la oficina de policía, en viEta de lo
cual habían sido enviados aquellos selíores para recono•
cer e! sitio de donde había salido el grito.
Yo me sonreí; porque ¿qué tenía que temer? Saludé á
los agentes y les dije que el grito lo había dado yo en sueños. El viejo, añadí, está de viaje.
Llevé á m\s visitadores por toda la casa y les invité á
que registrafen bien. Por último, los conduje á su habitación, y les enseflé sus tesoros en perfecto orden y seguridad.

En el entusiasmo de mi confianza, llevé sillas á la habitación y supliqué á los agentes quedeecansaran, mien•
tras que yo con la. loca audacia de un completo triunfo
coloqué mi silla sobre el sitio mismo en que estaba escon:
dido el cuerpo de la víctima.
Los agentes estaban satisfechos: mi tranquilidad había
disipado toda sospecha. Yo me enconfraba perfectamen•
te sereno. Sentáronse, pues, y hablaron familiarmente,
alternando yo con igual familiaridad. Pero al cabo deun

295
corto rato conocí que me ponía yo pálido y principié á
desear que se fueran. Sentía mal mi cabeza y me parecía
que me zumbaban los oídos, pero los agentes permanecieron eentados y hablando. El zumbido principió á ser
más precipitado, poco despué~ más perceptible y claro
aún; yo animé entonces la conversaeión y hablé cuanto
pude para desembarazarme de aquella sensación tan tenaz; mas el ruido continuó hasta ser tan claro y determinado que conocí que no estaba en mis oidos.
Sin duda debí pon~rme entonces muy pálido; pero seguí hablando con más rapidez y alzando la voz. El ruido
seguía, sin embargo, en aumento, ¿qué podía yo hacer?
Era un ruido surdo, apagado, frecuente, semejante al que
harfii un reloj envuelto en algodón..... . Yo respiraba trabajosamente¡ loh agentes no oían nada todavía. Aceleré
aú.n más la conversación y hablé con mayor vehemencia;
pero el ruido crecfa sin cesar. Levantéme y disputé sobre
futilezas en alta voz y con una gesticulación violenta: pero el ruido crecfa, crecía cada vez más. ¿Por qué no r¡uerían ir$e? Y o medí el entarimado á ~randes y ruidosos
pasos, como exasperado por las observaciones que los
agentes me hacían; pero el ruido crecía, crecía por gra•
dos. ¡Oh Dios! ¿Qué podía yo hacer? Hablé, pateé v juré, arrastré mi silla y la hice resonar sobre el entarimado; pero el ruido lo dominaba todo y creía indefinid~ mente. Más fuerte, más fuerte ! Siempre má.s fuerte! Y los
hombres continuaban hablando, bromeando y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡ Dios Todopoderosnl no!
no! ellos oían! ¡Sabían, se burlaban de mi espanto! yo lo
creí entonc~s y todavía lo creo. Cualquier cosa hubiera
sido má.s tolerable que eet I burla. Yo no podía soportar
por más tiempo aquellas hipócritas sonrisas: y entretanto
el ruido ¿lo oís? escuchad, más alto? siempre más alto.
Siempre má.8 alto!
·
-¡Miserables! griné. No disimuléis más tiempo! ¡Yo
lo confieso! ¡Arrancar! esa" tablas! ¡Ahí está! ¡Ahí está!
ese es el latido de su horrible corazón!
EDGARDO

P oE.

PARA TI, PRINCESA.
La luz que riela por tus ojos garzos
Y besa tus pupila~, quita de ellas
Esos fulgores que en el cielo elilparsos
Cintilan por la noche: las estrellas.
Los ecos de tu voz el viento ajusta
Con suprema codicia, por ser tuyos,
Y hace con ellos en la sombra augusta
Temas para sus lánguidos murmullos.
Para vestirse el horizonte, arranca
La palidez nivosa de tu frente
Cuando brilla temblando la luz blanca
Que precede á la aurora en el oriente.
Las transparentes tardes del Otoño
Piden la limpidez de tu mirada
Y, si te mira, hierve en el retoño
La savia turbulenta, alborozada.
Cuando quiere reir la primavera
Estudia los arpegios de tu risa; '
¡Oh, si tú no existieras, no existiera
El rumor sugestivo de la brisa!
Y esa trémula brisa que ha besado
La púrpura soberbia de tu boca
Arrebata tu aliento delicado '
Para aromar los lirios, si los toca.
Y los tén.ies acordes de tu frase
Que flotan desmayados y dispersos,
Los ata mi recuerdo y los rehace
Para formar el ritmo de mis versos ..... .
Es por eso que llena de temores
Te vá á buscar mi inspiración escasa,
Cuando tu imagen, derramando flores
Por mi memoria ensombrecida pasa; '
Es por eso que vuelan mis cantares
En redor de tu rubia cabecita
Y mis sueños erigen los altares
Que t,u deidad egregia necesita ........ .
ANTENOR LESCANO.

A ABIGAIL.
Quieres oír una canción sentida ....... . .
¿No ves que oír pesares entristece?
Yo soy la pasionaria de la vida,
Que ignorada florece.
Soy el nómada gaucho de la pampa,
Soy el obscuro remador del polo,
Soy el felláh que en el desierto acampa
Errante, siempre solo.
Sentí todo el placer, y estoy hastiado;
Sentí todo el dolor, y estoy vencid,1.
Del cielo del amor precipitado
Soy el ángel caíJo!
¿Quieres saber por qué mis males crece11?
Has como han hecho los que en mi alma anidan
Que si hoy saben mis penas, se entristtcen .... .. '
Y mafi.ana me olvidan!
RuBÉN M.

CAMP◊s.

�8

EL MUNDO.

296

NOVIEMBRE,

1896.

8

NOVIEMBRE,

1896,

ELMUNOO.

DAMAS DISTINGUIDAS DE LA REPUBLICA.

$rHa. &lt;roncepción . Gtsunso1o.

Con notables disposiciones artísticas en canto y plano.
(DE cmHUAHUA.)

SEMBLANZA-

Cuando caigan las hojas.

Vara mística.

(STECCHETTI.)

El mar azota con blanca Pspuma
LaR pardas rocas del litoral;
El horizonte vasto, se e1,fuma
Con los cendales de espesa bruma
Y el trueno canta la tempestau
Raudo destello que en lu1. aniega,
El rayo agrieta la inmensidad ......
¡La barca es ave que lucha y brPga
Porque zozobra, porque no llega
Donde su nido colgado está!
¡Ay la viajera! Ave perdida
Que al blando nido no ha de tornar!
Resto sin forma, cuerpo sin vida,
La ola·crespa y enfurecida
Sobre la playa la arrojará!

*

* cruento
De los pesares el*goipe
Al alma hiére sin descansar,
Y es fiel imágen el pensamiento
De la negrura del firmamento
Cuando de,carga la tempestad.
Lívidas:flamas que en luz aniegan,
Las esperanzas son al pasar.
Las ilusiones, aves que bregan
Y que zozobran porque no llegan
A donde el nido colgado está)
¡Av la viajna que se derrumba,
Débil, canzada para luchar)
¡Ay la que al rudo golpe sucumba!
En el olvido tendrá su tumba
Que amarga ola le cavará!
E. M.i.QUEO CASTELLANOS.

~cuque!.

Cuando caigan las bojas y tú vayas
Al c ..menterio en busca de mi cruz,
La encontrarás en un rincón b,,milde,
Entre azucenas y argemonia azul.
Prende en tu rubia cabellera de oro
Esas benditas flores de mi amor,
Que en el gra•o silencio de la noche,
Para tí brotarán del corazón.
Esas fl ,res serán aquellos cantos
Que me inspiraste en ilusión feliz ......
Palabras de pa•ión que no te dije,
Pem1amientos de amor qu3 no escribí!
JUAN B. HíJAR y HAltO.

CAMAFEO-

Un florón \&gt;alpitante de pálidas rimas
Que prendido á tu busto de virgen de Faroe,
Deje en la urna de tu alma caricias secretas
Y apacibles albores de ensuefios muy vagos.
Un florón de dolientes estrofas que vibren
Al color de tu bl.anca fpidermis de ral!lo,
Esplendiendo en la curva triunfal de tu seno
Como copo &lt;le nieve en jarrón de alabastro.
Un florón donde tiendan su alita de seda
Los besos que punzan tus labios temblando,
Como dulces abejae que rozan inquietas
El capullo sanguíneo que fingen tus labios.

Artístico cincel grabó en la piedra
El simbólico, extraf\o camafeo:
Los amores de Eurídice y Orfeo
En gruta azul oculta por la hiedra.

Y mis rimas abriendo su pálido broche
En el amplio cojín de tu seno rosado,
Brillarán á la luz de tus místicos ojos
Y al fulgor de tus suefios radiosos y castos.

Un sátiro procaz, que no se arredra,
Mírales con tantálico deeeo,
Y murmuran las playas del Egeo
Los sonoros exámetros de Fedra.

BKIIITO FENTANES.

Entre celajes de oro muere el día;
Entonando canciones voluputosas
Una ninfa desnu1a se perdía

Renovando mis tiernas emociones,
me han probado tus quince primaveras,
que son nuestras postrera.e ilusiones
iguales en frescura á las primeras.

En un bosque de mirtos y de rosas;
Y Diana, por los cármenes venía
Disparando sus flechas luminosas.
LEOPOLDO

Para tí ¡oh mi blanca, mi tímida virgen!
De místicos ojos y seno de mor mol,
Voy ha hacer un florÓil de mis versos
Con alburas de lirios y esencias de nardos.

DfAz.

CAMPOAHOR.

[Grabado en los talleres~de

"EL MUNDO ")

297

�8

EL MUNDO.

NOVIEMRRF,

l8~P.

8

I

1

LA

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 3.-\~;anse nueEtros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

-Sí, prosiguió la sefiora Mossler; mi deseo sería adoptarte por hijo. Lo serías entonces pero te ll~ciarías Mo@e• ·
ler...... Serías, por ese hecho, sumamente rico, porqne te
convertirías en mi legítimo heredero, y aun en el caso de
que me enfadase conti~o, no podría privarte más que de
la mitad de mi herencia......
-Pero ¿de qué me hablas? dijo el conde de CoutraP;
son esas las razones que creee mejores para decidirme?
¿Tan mal me _conoces? &lt;:Jomprendo y aprecio en lo que
valen l.:is car1fiosos motivos que te guían, pero ¿no en·
cuentrae que darme á escoger entre _mi adh~eión al ~ombre de mi padre y el cuidado material de m1 porvemr, es
un poco duro, un poco seco? No estaba preparad? para
tal cosa y realmente me encuentro turbado. Hay, s1 o em ·
bargo en las nieblas de mi espíritu una necesidad que ee
defin~ desde Juego; la de continuar llevando et nombre
que he recibido al nacer.
La sefiora Moaeler enrojeció y eue ojos briilaron. Yoº
l~1_1titud y como queriendo hacerse comprender bun,
fil~:
h
.
-Entonces nada de adopción ...... Nada de erenc1a
asegurada...... Una situación indecisa y precaria. ¿Esto
es lo que tú quieres?
-No creo que hayas pensado aconsejarme otra resolución dijo el joven sin Hamárlá madre esta vez, como tenía por costumbre. Bien sabea hasta qué punto enc~entro honroso y dignamente llevado tu nombre, pero s1 yo
abandonlll!e PI mfo en este mornent.o. me parecería que
renegaba de él por dinero y eeto me repugna.

Pareció qui'! la prueba á que sometía al joven agradaba
á la Señora Mosaler, porque la prolongó algo más de lo
que convenía.
.
.
-Sabea que no tienes nada. Tu padre murió temendo
deudas.
-Sé también que el Señ&lt;&gt;r Moasler las pagó y no lo olvidaré en mi vida.
-Es decir que prefieres llamarte el conde C~ef de Contras y ser pobre á llamarte Moealer y ser el h1¡0 de la fa.
wilia más rica de París......
V.1lentín sonrió y dijo con dulzura:
-Sí, madre mía, si esto no te ofende.
..
La reina del oro se puso aún más grave y d1io:
.
-No me ofendes, antes me complace tu resolución,
porque prueba que mereces el carifio que te he dedicado
y que eres un buen mucbaebo. No oe podría haber prop•ieato Jo que tú acabas de rehusai: ~an cahalleresca~ente á muchos descendientes de fam1haa ducalP@; hubiera
sido difícil escoger entre tantos herederos. Tu conduc~a
no es, pues, la de un espíritu vulgar y ~o has de sufrir
por ella daflo alguno. Lo que uo. me de¡as h!1cer por medio de una adopción, se conseguirá por merl10 de un tes•
tamento. No llevarás mi nombre pero me heredará!! de
todos modos. . ' .
..
• á
Valentín no se defendió tontamente y di¡o con simp •
tica alegría:
-No pnedo impedirte que me colmes de bondl&gt;.des.
De tal modo has tomado esa costumbre desde que estoy
á tu lado, que eso sería nn cambio demasiado brusco. En

cuanto á mí, nunca te podré querer más dE: lo que liequiero sin que en ello teng&lt;J. parte alguna tu r1q~e~a.
Esta' conversación ejerció una influencia decisiva eDt
el porvenir del conde Chef de Coutras y andando el
tiempo, en los malos días, el recu..rdo de su ?ab!\llerescodesintnés sirvió para compensar en el eepíritu de la Señor ~ossler el efecto de las más desastrosas locuras de·
Valentín.
Nada hubo, por otra parte, de artificioso en la res~lución del joven conde. Su negativa se fundó en motivo,
de orgullo que le hacían tener por inadmisible llevar _el
nombre de un aventurero, por rico que este fuera. Sm
despreciará ,a Señora Moesler, hubiera ~ncont.rado muy
desagradable ber su hijo. Aceptaba sus hberahdades como una especie de impuesto establecido sobre su ternu•
ra, pero d~ esto ~ lla~arae Valentín Moesle:-, ha•ía una
inmensa d1atanc1a. Sm sospechar hasta qué p~nto era
hábil conduciéndose con aquel altanero desprec10, obró
impulsado al propio tiempo por su instinto y por su■
preocu p 1ciones.
.
Si hubiera seguido al lado de la Señora Mosaler hubie•
ra acaeo vivido razonablemente como hasta entonces,
pues hasta que fué mayor de edad no cometió ningun_a
extravagancia; pero llegó el momento de hacer el servicio militar y, entregado á sí.mismo en 9'.4~el nuevo ~edio cedió á loa malos conse¡os del fastid10 y del ocioi
.A.d~más, tuvo á eu disposició_n ~emasiado din~ro, c=
cual corrompió todo el regimiento y ~evo_lv1ó to
guarnición. Cuando Valentín tuvo que 1r á mcorporarae

r.

NOVIEMBRE,

1896.

al 30? de cazadores, en Nantes, el Sefior Eliphas dió algunos prudentes consejos á la Sefiora Moasler.
-No dé usted al conde de Coutras más dinero que el
que es conveniente tener en la condición en que va á encontrarse. No pierda usted de vista que va á ser simple
1oldado en un regimiento cuyos oficiales no deben ser,
no son seguramente, muy ricos. Si gasta demasiado, in.omodará á sus jefes; los castigos lloverán sobre él; no le
nrá usted nunca y será objeto de explotación para los
~argentoa, que se convertirán en ~rvidores suyos. Si vi,
Tiéramoe bajo el antiguo régimen, compraría usted el
mando de un regimiento á ese bravo mozo y todo iría á
pedir de boca. El se divertiría en la corte mientras su teniente coronel mandaba las maniobras y el poder del di•
nero se ma11Hestaría en t do su· esplendor. Pero ya no
anceden así las cosa11. Disfrutamos unas leyes democráticas que obligan á todos los franceses á coger el chopo
durante tres ai'ios, ya sean millonarios ó hijos de príncipes, ó proletarios sin un céntimo. Ee el absurdo más
grande que jamás ha consegrado una constitución, pero
la ley es así y nada podemos hacer para cambiarla. Trate usted, pues, de que el joven Valentín sufra uanquila
y sencillamente esta prueba. Cuando vuelva á la vida ci-,,n, le mimará usted cuanto quiera.
La Señora Moaeler convino en esto, pero hizó después
lo que le pareció bien y el joven conde fué el soldado
más ricJ de su reemplazo. Contra todas las previsiones
pesimistas de Eliphas, este exceso de dinero no produjo
al principio funestos resultados para Vaientín, que tuvo
el tacto de no herir las susceptibilidades de sus jefes. Alquiló una buena habitación en la ciudad y tuvo en ella
criados, cabllaos y hasta, con mucha frecuencia, una linda actriz de los Bufos, Laure1,cia .Berthier; pero se condujo con bastante discreción para que fuese posible cerrar
los ojos ante aquellas irregularidades. Obtuvo permisos
siempre que los quiso, gracias al coronel, que había sido
amigo de su padre, y se excusó de hacer ciertos servicios,
gracias á los cabos y sargentos á quienes encantó con sus
obsequios. Pero se fastidiaba soberanamente y, para distraeree, jugó. Se organizaron peligrosas partidas entre
soldados pertenecientes á familias ricas, y todos lo-a momentos del día y de la noche libres de servicio loe pasaban en casa de Valentín gozando de un lujo 1efinado. Se
perdieron sumas importantes, y para evitar recriminaciones de los padres y ~ravea apuros económicos, el conde de Contras prestó dmero á loa maltratados por la •3Uerte é hizo así más facil la disiJ?ación á sus compafíeroe.
Para él no parE&gt;cía que las pérdidas y ganancias tuvieran
importancia alguna. Estaba siempre sonriente, alegre,
animado, y era querido por todos como lo son infaliblemente todos los seres dichosos que aceptan la vida sin
cuidados y afrontan todas las dificultades con la eegu, idad
de que han de resolverse por sí mismas. Se le juzgaba
bueno y,-sin embargo, en cierta ocasión ctió pruebas de
una·insensibilirlad que impresionó penosamente á todos
loe que le rodeaban.
Un cabo de su compaflfa, llamado ~lanpain, estaba en
-Yísperas de dejar el regimiento y proyectaba volver á su
pueblo para casarse con una muchacha á quien amaba.
Contaba neciamente sus proyectos y Valentín se reía de
la sencillez de ambiciones de aquel buen muchacho. Algo uas veces se complacía en hacerle preguntas y en turbarlP con sus reflexiones.
-Blanpain, cuando vuelva usted á su pueblo, ¿qué va
v.sted á hacer?
-Substituiré á mi padre, que ea carpintero.
-¿Y se casará usted?
-¡Oh! sí; no pienso más que en eso...... Hace seis años
que lucho para conseguirlo ...... He~obrado mi premio de
reenganche y este dinero, que ea sagrado, me servirá para poner casa.
Una idea feroz germinó en el cerebro del conde de Con·
iras; la de ganará aquel pobre diablo su pequeño peculio,
ian trabajosamente adquirido y tan cuidadosamente conservado. El mismo día se llevó á eu casa á Blanpain y
después de haberle hecho beber, le acercó á la mesa de
baccarat, en la que sus compafíeros jugaban ya con ardor,
y le dijo:
-Amigo, aquí tiene usted estos sefl.ores; hay entre ellos
algunos que han venido con mil francos y se irán sin un
céntimo. Con un poco de fortuna, todo lo que tienen pasará en un instante de sus bolsillos á loa de uno más dichoso. He aquí una bonita ocasión para decuplicar el
premio del enganche...... Si llegase usted á su país con
una fuerte suma, las cosas irían mejor que si vuelve para ser carpintero. Sería usted un \iombre independiente
y su futura estaría en sus glorias.
-Sí, usted acaba de decirlo; muchos se irán con la
bolsa vacía...... No quisiera yo ser uno de ellos. Tengo
muy poco dinero, pero me basta y no quiero ~rrieegarle...... Por otra parte, no he jugado nunca......
-Es verdad, Blanpain; usted es un muchacho arreglado...... ¡ Loe que nunca han tocado una carta ganan siempre la primera vez .......
Loe pérfidos consejos de Valentín, en complicidad con
el orgullo que turba siempre el fondo de todo corazón
humano, hicieron que al cabo de una hora el muchacho,
aclimatado en aquel medio y excitado por el vino de
Oporto, se dejase arrastrar y arriesgase diez francas que
traía consigo. Por eu desdicha, ganó. Envalentonado,
jugó la ganancia, y al cabo de cinco horas de febriles
emociones, tenía delante de él diez y siete mil francos
ganados á todos los abonados del baccara. Valentín reía
como un loco y preguntaba á Blanpain qué iba á hacer
con aquel •dineral. Este, muy grave después deun acceso
de extraordinaria exaltación, no respondió y se propuso
-Yolver al cuartel.
a consecuencia de esta aventura, Blanpain, cuyo carácter era ordinariamente dulce y tranquilo, se mostró
inquieto y-violento,- como ei aquel dinero mal ganado le
hubiese hecho cambiar bruscamente. Volvió tres días
después á casa del conde de Contras y por ·la tarde empezó por ganar veinte mil francos. Expresó entonces
ideas insensatas qne divirtieron grandemente á todos los
hijos de familia allí reunidos. Poseedor de cuarenta mil

EL MUNDO.
francos, habló de compar una propiedad en su país y de
cultivar las viñas y dedicarse á la cría caballar. No habló más de su prometida, como si la considerase ya un
partido poco ventajoso para él. Vo!vió al cuartel á comer,
obsequió á sus compañeros en la cantina y les dejó asombrados con eue discursos extravagantes, dichos con un
tono de suficiencia que contrastaba con su habitua l modestia. Después de comer volvió á casa del conde de Contras, donde se mostró lastimosamente familiar, no viendo ya diforencia entre él r aquellos jóvf:lnes á quienes no
estaba acostumbrado á mirar como sus iguales.
Valentín, á quien esa metamórfosi~ divertía extraordinariamente, invitó á Blanpain á tutearse y le dijo que le
presentaría en París á la mejor sociedad. Le pintó todos
los placeres que podría proporcionarse por su dinero y le
sirvió ponche con una liberalidad que acabó de poner al
desgraciado fuera de sí. Pensando que no era todavía
bastante rico para figurar como él se proponía, volvió a¡
juego á fin de ai'ladir á eu ganancia, según dijo con confianza estúpida, una veintena de miles de francos. .A. las
once había perdido todo li, ganado y debía, bajo su palabra, el dinero del premio de n,enganche. Vuelto en sí,
anonadado, espantado por la pérdida, Blanpain se levantó, con los ojos saltones, y se puso á !,orar,apoyado en la
chimenea, mientras Valentín, que se proponía regalar a!
cabo el dinero que éste le debía, le asestaba frast-s irónicas.
-Blanpain, amigo mío, ha querido usted ir demasiado
lejos y se ha roto las narices en el camino. Ya no se trata de comprar viñas ni de criar potros, ni si'-luiera de es•
tablecer una carpintería después de haberee casado con
su prometida. Será preciso que pasen aún algunos años
para tener otro premio de reenganche....... Y mientras, la
señorita Clara, ó Manuela, ó Luisa...... ¿Cómo se llama
su novia de usted, Blanpain?
-María, gimió el cabo, á quien daba vueltas la cabeza.
¡Oh! ¡Miserable de mí!.. .... No me queda más que atra•
vesarme con el sable...... .
-No aquí, Blanpain ...... Eso no se hace sobre las alfombras ...... ¡Vea usted, esto es lo que tiene querer ir
demasiado de prisa!. ... Antes de comer era usted rico....
.A.hora está usted pelado..... .A'.si es la vida...... Eai;os aeiiores han vuelto á pescar sn dinero; yo soy el único que
no he recobrado el mío ...
-Usted lo tendrá mañana por la mañana, señor conde...... Me lo guarda el Ci.pitán cajero.
Valentín cogió al cabo por la barbilla y dijo mirándole
á los ojas:
-Guárdate tu dinero, simplón; yo no lo quiero.
-Es de usted, eontestó el cabo con dolorosa obstinación.
-No es mío, puesto que te lo doy, telo regalo, ¿me comprendes?
-Sí, 11ero eso-no-quitirqrre -10- haya perdido, y con él
todo lo qne había ganado.
-¡Ah! Eso es verdad ...... Señores, está chispo como
un trompeta, este Blanpain...... Anda á acostarte, amigo,
y no te calientes la cabeza; no tienes tu ganancia, pero
tampoco t-i enes deudas.
Blanpain se marchó pesadamente y no entró aquella
noche al cuartel. Po:· la mañana se encontró su cadáver
detenido en un pilar del puente de Mantea. Avergonzado
de sí mismo y lleno de desesperación por aquel hermoeo
suefio tan rápidamente desvanecido, no quiso yivir más
y se arrojó al río. Aquella broma, cuyo desenlace fué tan
trágico, puso fin á las partidas diadas de los compafieros
de Valentín. El coronel, informado de todos loa detalles
exactos de aquel triste asunto, adoptó medidas severas
respecto de sus soldados, y el tiempo que el conde de
Contras tuvo que pasar todavía en el servicio, se deslizó
penosamente. Por fin, vió con placer la hora de volverá
casa de la señora Moasler-, y tomó de nuevo posesión d_e
París.
Tenía veinticuatro años, un hermoso nombre, una fi.
gura de príncipe y una buena cara, con lo cual queda dicho que dió prontamente el tono y fué uno de los cu_atro
ó cinco jóvenes que guían á la sociedad parisiense
con su nulidad frívola v ruidosa. Fué recibido en el Jockey y en el círculo cte ia rue Royale; fué asiduo del polo
y del tiro de ~ichón, como todo gerú!,eman que ee estima,
y hasta contribuyó á fundar el Velo-drag, círculo muy
selecto. en el que los ciclistas, machos y hembras, del
gran mundo, ee fusionaron en un galante y reiinado ejercicio de pedalea. Olvidó completamente el regimiento y
á Blanpain, pues la ligereza de su carácter no le permitia
pensar mucho en lo mismo, y la reflexión era para él casi un sufrimiento.
La retirada vida de la señora Moaaler le permitió una
gran libertad. Desde la muerte de su marido, la reina
del oro no había abierto sus salones ni frecuentado la sociedad. Pasaba, todo lo más, tres ó cuatro veladas en la
Opera durante la temporada y eso cuando sus íntimos le
echaban en cara, para perauadirla, el no conocer las novedades. Permanecía muy activa de espíritu, pero algo
perezosa de cuerpo, y se ocupaba con grande asiduidad
de sus obras de beneficencia. Levantada á las ocho de la
mañana, despachaba eu correspondencia, en la que ocupaba dos secretarios, y cuando llegaba el sefior Eliphas,
encontraba el terreno libre de todas las bagatelas que no
merecían ocupar su atención.
Con frecuencia Federico Clement acompafíaba á su padre. Esto sucedía siempre que la casa Pilet y Berger, que
el jovén dirigía, tenía que dar á la aefíora Moasler datos
rentísticos de importancia, pues la gerencia de una fortuna inmensa como la suya, exigía una vigilancia y unos
cuidados incesantes.
Valentín no iba jámáe á verá su madre adoptiva á la
hora de los negocios, se reservaba para el almuerzo y la
comida, durante los cuales la divertía con el relato de lo
que había visto y oído la noche anterior. Entonces mandaba en jefe; nadie hubiera podido contrarrestar su influencia y no dejaba nunca de obtener cuanto deseaba.
Sin dificultad ninguna, la sefiora Mossler había abierto
un créwto al conde de Contrae, y éste enviaba á buscar
dinero, cuando lo necesitaba, á la casa Pilet y Berger ó al

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Banco. No tiraba el dinero y su fausto· estaba regl ' J
tado con mucho orden. El hijo de aquel disipador, parecía por entonces que había de ser muy arreglado, y
mientras no tuvo vicios muy acentuados, su presupuesto
no ofrecía nada alarmante.
Gastaba cuatrocientos ó quinientos mil francos al afio.
Pero, ¿hubiera podido ser otra cosa? La misma señora
Mosaler hubiera deseado más economía? Hay en determinadas situaciones ciertos gastos que no se pueden evitar sin daño del mismo que los economiza. La lllanera
de dar ó de comprar de un conde de Coutras, ad,Qptado
por una sefíora Mossler, no podía ser la del hijo de un
notario ó de un agente de cambio, aun millonario~. Valentín no fué pródigo. Aunque el dinero no le costaba
nada, no lo disipaba. Mientras que no tuvo más causas
de prodigalidad que sus relaciones con Andrea de ·, aillebourg, eu cuadra de carreras y su y acht, · se contuvo dentro de unos límites muy prudentes.
~
Ecnpezó á enloquecerse cuando entabló amistades con
la señora Bourdón. Era la tal esposa de un corredor de
Bolsa. Señorita de la clase rnedia, educada en un convento del modo más modesto, se había casado con un
empleado de un agente ~e cambio, y aqudla rubita con
cara de virgen, que era en el fondo el mismo diablo, á
los diez meses de matrimonio se hizo amiga de Labuesiere, el jefe de su marido. En dos años dejó al agente
de cambio sin que Boordón sospechase Jo más mínimo
y sin que la frente pura ni los ojos de madona de aq11ella buena señora pareciesen obscurecidos por la sombra
de un p ensamiento deshonesto.
A consecuencia del despojo de Labuasiere, que había
interesado á BourJón en sus negocios y le había hecho
ganar mucho dinero, la joven tuvo hotel, coche y trescientos mil francos de alhajas, encerrados en un cofrecillo. Procuró siempre no hacer ruido; su lujo no otraía
las miradas; sus adornos eran siempre de un gusto exquiaíto. E l marido estaba siempre á su lado, atento y
obsequioso. Aquella señora no llamaba la atención más
que por su belleza, que era, en verdad, adorable. Pequefia, pero tan bien formada que parecía alta, atraía la1
miradas con su cutis de nívea blancura, sus ojos de un
azul de zafiro y sus cabellos rubios natura !mente ondulados que formaban en torno de su frente diliciosa corona. Nunca uoca semejante se abrió para ensefíar dientes
tan tentadores. El viejo Bernheimer decía: «Viendo esos
dientes, siente uno ganas de que le muerdan. ,, Ello era
que, cuando sonreía y mostraba aquellas perlae, entre
las cuales aparecía, digna joy a de tal estuche, una lengüecilla de color de rosa, los hombrea se volvían locos.
Como por juego, había hecho gastar á sus amantes sumas inmensas, cuando Valentin de Coutraa la encontró
en una garden-party en casa de la condesa Nuño. Un poco cansado de pasearse ante la colección de Selim y de
consentir que le enseñasen bibelot8 de doscientos mil francos, de una falta de autenticidad escandalosa, bajó al jardín, y en la escalera monumental qu1 en la casa de riquísimo portugués hace competencia á la de la Opera. se
encontró frente á frente con la sefiora Bourdón. Valentm la conocía, CO.LJO todo París, pero nunca había haolade con ella. La joven subía hablando con la marquesa de
Plessy, su amiga íntima, porque, fenómeno int-xplkable aquella mujer, notoriamente infiel á su marido, era
r~cibida en todas partes y recibía, á su vez, la mejor eoCiedad. Va,lentín se apartó sonriendo-¿cómo no sonreír
á un~ mujer tan lin~la?- :&gt;; ella !e miró con sorpresa, com~ s1 nunca le hub1es!l visto, aunque sabía muy bien
quien era. Interrumpió la frase, pareció presa de una
emoción que no podfa;dominar y permaneció inmóvil un
segundo, durante el cual cambió con Valentín una m ·rada que, días después, hizo decir á:la.marquesa de P les~y
hablando de la aventura. «Si no estoy yo allí, cro:o qu~
se saltan al cuello en el acto.»
Ambos se indemnizaron, la semana siguiente, y la señora Bourdón, que había sido t!1n ador~da, amó por priUiera vez. Aquello fué una pasión rabiosa que cambió
de tal modo las costumbres correctae y bien ordenadas
de la hermosa mujer, que el marido se quedó desorientado. No almorzaba ya con él, volvía á casa cuan&lt;lo la
comida estaba ya servida y se mostraba rendida de fa1iga, los párpados lánguidos de placer y loa labios distendidos que casi no podían hablar. Puso en la puerta á
Saint-Guilhin, bajo pretexto de qne la aburría. lo que
no tenía nada de nuevo, porque nunca Saint-Guilhin había hecho ot~a cosa con ninguna mujer, fuera la que fuera.
En vano ariesgó Bourdón algunas indicaciones lamentando sobre to~o el destierro de Saint-Guihin d;I que se
había hec_h&lt;&gt;, ~migo á fuerza de jugar con él al besigue.
Todo fué mutli. Las buenas tradiciones de visitas á señoras respetables, de las tres á las cinco de la tarde en casas de la buena sociedad, de apariciones en palcos bien
afamados de la Opera, todo quedó trastornado. Ahora todo era expediciones á los teatrillos y cenas nocturnas de
las que entran en las costwn bree de la gente de club y de
las mujerzuelas de conducta más que dudosa cos~s que
horrorizaban á _Bou_rdón, hoi:nbre de formae 'y re!lpetuoso con las apariencias, cuya 1mpoi tancia á los ojoe de Ja
galería le era conocida. En todas partea á donde iban
aparecía el conde de Coutras, que se arrellanaba en los
palcos, tomaba el mejor sitio en las cenas y hablaba apenas al marido, le mi, aba por encima del hom uro y Je trataba realment:e sin consideración alguna, como á una
persona á qmen ~e paga. ¡Qué. cambio para Bourdón,
después de los amistosos abseqmos de Labus~iere de la
amistad _famili1;-r ~e Descharmais y de la delicada' política de Samt-Guilhm ¡Con razón le era antipático aquel
muchacho, que había caído como una bomba en medio
de una posición adquirida á fuerza de tacto de paciencia y de arte ~e ,-ivir y que se instalaba, ven~eJor, como
6P paÍS--~nqumack&gt;.
( Continuará.).

�8 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.
'

·----·--·•
--- ____
.,..

----~-·=-~~-=

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.----__.,

CULIACAN (SINALOA )-Calle de Rosales y Teatro "Apolo." -F{tbrica de Hilados " El Coloso."

LAS INUNDACIONES EN SINALO.\.

organizar divertimientos que solazando á nuest ra socie•
dad pudiente, le hicieran más fácil el cumpiimie nto de
la obra carit&gt;1ti va. R esultado de sus loables esfuerzos y
resultado brillaJte fué la Jamaica en Minería que con~regó con extraordinariaR y palpables ventajas para el
fin intentado, al todo México dispuesto siempre á acudir
adonde la caridad lo llama por las frescas y sonrosadas
b ocas de las hermosaa. Nuestro alto clero no
p11rmaneció tampoco indiferente ante las
ciesvalidas víctimas de Sinaloa y al mismo
tiempo que los Gobernadores de los Es~adoe
fit'cundaban y apoyab an la iniciativa del
Centro. trabajando por arbitrarse fondoe
qne ya han empezado á remitir, el Sr. Ar·
zobidpO de México excitaba á me párrocos
á que trabajasen en el wismo ~entido y abría
una suscricióu que promete abundosos frutos.
La pren~a, desdP un principio intentó mover la generosidad innata•de los mexicanos
y cabe á los diarios que se editan en esta
ca.ea haber iniciado ese intento. General y
unán\me ha sido pues el esfuerzo de la caridad, pudiendo decirse que no ha habido grupo social que haya negado una cooperación
eficaz á la magnánima obra de nu~etros filántropos.
Ya se ve por tanto que cuando menos la
lamentable desgracia que abruma á los sinaloenses~ ha dado lugar á un hecho consolador pues que acrisola una vez. más los buenos
sentimientos de nuestros compatriotas.
EL MuNno, empero, tiene una tarea mil.a
qne IJenar, la de su información ilustrad11
del suceso. Esta la inició con algo que 11. él
corresponde: la descripción con abundanci"
de grabados de la Kermesse de Minería y la
prosigue ahora publicando alg1rnas fotogra•
fías de la capital del Estado teatro de loe
La ~uerra de castas en Yucatán.
desmanes del ciclón, puesta de actualidad
.t;L GENERALATO. (Véase el articulo r e lati vo.)
Gene ral Aniceto Dzul.
General Rom!ln Pee.
General José Maria Cauich. merced á una catástrofe tan lamentable.
- ..,..t0t,,,_
Dd primero y del sexto se ignoran los nombres.

dado un sublime pretexto á la caridad para que emprenda su santa peregrinación á través de los hogares de lo~
ricos en d emanda de auxilios para los pobres y ponga en
acción sus múltiples medios de conmover y triunfar.
A penas se supo en esta capital la dolorosa noticia, el
Sr. General Eecobedo, el Sr. Redo y numerosos caballeros de n.u llstra aristocracia, empezaron á arbitrar recur

Algnnas fotografías.
No ha mucho tiempo que publicábamns t'n EL MuNno
algunos grab:idos relativos al cicló n de San Luis. y en las
n,,tas que los acompañaban hacíamos ver cor1 vi vos colo.res la magnitud del deeastre, las pérdidas que
oca~ionara y el aspecto de los edificios destruidos, lamentando de veras tan tremendo
percance. 1Cuán lejos estábamos entonces de
pensar que muy en breve un fenómeno de
semt'jante naturaleza causaría en una importante y fructífora región de nueetro país, desas tres no menos grandes ni menos lamentables que aquellos, y sí más irreparables, J a
qutl no podemos comparar nuestros elementos de riqueza y actividad con los americano, .
.En Eitados Unidos una catástrofe como la
de 8an Luis, bien pnco significa, atendidos
el colosal ~spíritu de empresa, loe elementos
de prosperidad creados, la densidad de la población y otros factores no menos valiosos
que constitnyen la hegemonía de la gran República; en México, el alcance de una catástrofe semejante, significa mucho, ya que
empezamos apenas á sentar las bases de
nuestra prosperidad y riqueza.
Describir las !aetimosas escenas que originó la catástrofe, eerfa tarea inútil y tediosa.
La prensa diaria dió oportunamente noticia
detv.llada de ellas y no sería sugestivo ni
ameno reproducirla: un puerto arrasado; poblaciones destruidas, familias enteras en la
desnudez y la indigencia, buEcando por donde quiera un arrimo protector; víctimas numerosas sepultadas bajo loe eecombros, ahogadas en las salobres aguas del mar invasor
ó en las turbias del candaloso río salido de
madre!...... lo suficiente en fin, para lasti- General N. Ayala.
mar los corazones m..jor armados y los espíritus más serenos.
Empero no hay desgracia por grande que sea, que no sos para las víctimas. El Gobierno por su parte dispuso
muestre entre enR múltiples fases tristes, alguna conso · una regular remisión de fondos, y las más distinguidas
ladora, y la que aflige á nuestros hermanos de Sinaloaha damas de nuestra sociedad trabajaron sin descanso en

/

7

CULIA.CAN (SINA.LO.A .)-&lt;:alle del Co:nerclo.-Calle de Rosales.

Un artesano de pie, es más alto que un cortesano de rodillas.
FRANKLIN.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>•

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M.E XICO, DOMINGO L2 DE JULIO DE 189°

'TOMO:II

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NUMER02

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de la ruem !)rana, desprende
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Paseo por e1 ~osque .
(Dibujo de Leandro Izaguirre,)

�18

12 JULIO, 1896.

EL:UUNDO.
¡;i;EL MUNDO."
SEMANARIO ILUSTRADO.

TniFoNo 434. -~ de las Damas núm. 4.-APARTADo 87 11.
MEXICO.

Toda la correspondencia, debe dlrlginle
al Gerente de este periódico.

La suscrición á. EL }IUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelanti.dos.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ 1 cac:6n.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.

y cuando el salario que se paga á un ho!Dbre ea inferior
á la función qne de él se reclama, la calidad .del prod~o
se ha dti demtiritar necesariamente. A esta circunst_anc1a
se debe que el servicio de la gendarmería sea deficiente.
Así, el sistema que pro~ne_el Sr. 1fa~edo, daría ó no
provechosos resultados á la sociedad, segun llenase las con•
diciones económica-s que lo hace1;1 r(lcomend~ble. .De esta condición depende el buen éxito de la policía preven•
ti va y la seguridad y garantías sociales. •

QfsrtínbnltJs sorialt,.

BKGISTRADO COMO ABTlCULO DE SEGUNDA CLASE.

Se ha producido. en esta última se1;1ana, uno de esos
esc,tudalo,; que revelan el hu,.,or agresivo, resue!tame~te
antisocial, tlti un grnpo de uuestraa cl.aees super1?res: ID·
sultos, g,&gt;lpetr, piswlas que relucen, 0:1sparos, henda;i..... .
toda la mise en sclm.e que nos caracteriza.
Eu ;\léxico una minoría pacífica es la única que vive
tranquilarnente, sin agredirá nadie, ni estar dispues~a á
emprender singular batalla á cada vuelta de una esquma.
Cierto es qne ei los esforzados caballeros que andan á caza de pendencias prosig-uen sus hazañas, la gente sensata corre el rieego de encontrarse á merced de los hom2{
bres demasiado hombres, dispuestos á sostener á cada
1uo1~eato he1oicas aventuras.
Politirn po.sitiu11.
En el caso presente fl e~cándalo tuvo por teatro una
l'asa uon s,mcta, lugar~s en los que d~be ejercerse una viNo hace muchos días un diario de esta ciudad ee en- gilancia más activa, haciendo respo~sables á las dueñas
tregaba con deleitosa fruición á una estadística electoral, de todas la,; culpas que el esclarecimiento de los hechos
tratando de demostrar que la euma de las firmas conte· arroje sobre de ella,; Y decimos esto, porque gen~ra[•
nidaE en un documento apoyando la candidatura dt'I llene meur.e ]a tolerancia quti é.tas manifiestan1 la_ ~mplia h.ral Díaz, en compar~ción con el total de lo,s h~bi(antes b..rtad para abrir las puertas á todos los md1v1du?s, en
de la ReJ¡&gt;ública, equivale á una gota de roc10 d1lu1da en cualquier estado en que se encuentren, es un ad!111:3ble
' una barrica de agua; y ante el resnltado de la falsa rnla· preparativo para escenas como la que la prensa diana ha
ción encontrada entre estos dos términos, batía las pal- deEcrito en eetos días con todos sus detalles.
mas altamente satisfecho de su feliz descubrimiento.
Eu estos locales el consumo de los licores se hace en
N~cesario es destruir este pequeño juegc, de iugenio grande escala; las mismas dueñas de las casas están inexhibido al público con la aparatosa pompa de un in- tereeadas en que se determinen escándalos, seguidos de
flexible hecho anti-democrático: el sufragio universal, en fuertes destrozos, toda vez que el menor objeto estropeala extensión en que lo supone este diario, 1.10 e~iste en do se hace pagar allí al doble.. En una palabra, ha_y un
ninguna parte dl:!Lmundo! El buen colega 1mag111a que positivo interés en que seme¡antes hechos se realicen,
cuando de sufragio se trata, interviene todo el pueblo, y porque ellos son una utilidad más que agregar á los be·
todo el pueblo...... es mucha gente, demasiada gent.. t
neficios del establecimiento.
En materia &lt;le Aufragio, el pueblo, el gran mudo, como
:Si en la historia de la anterior semana una persona de
le llama Emilfo Zola en su reciente «Roma.n no ha llega- buena voluntad se hubiese arrojado á detener los impuldo á ese milagro de actividad política con que suefla el sos ::!e la disputa cortándola en sus preliminares; si anexcelente diario á que nos venimos refiriendo.-Preci'sa- tes de llegará la~ manos, se hubiera separado á los dos
mente, un publicista francés acaba de dará conocer al· contendientes, no se tendría que lamentar la muerte de
gunos curiosos detalles acerca del movimiento electoral una persona, agena comp-letamente á la polémica. No ee
en Francia; después de un siglo de ernarceos democráti- hizo as1 porque jamás en esas casas sale una voz qe alarcos, la proporción de ciudadanos quti ejercitan sus dere- ma, nna'demanda de auxilio á la autoridad; porque con•
chos electorales solo se eleva á una quinta parte de la viene que esas escenas queden ahogadas en el antro, pa•
población total; únicamente se reclutan veinte votos so• ra hacerlas pagar á una tarifa exhorbitante.
bre un grupo de 100 habitantes!
Se necesita desplegar una mayor energía contra las
El sufragio universal se encuentra todavía en la infan- turbulencias ocurridas en esos lugares, tener la mano secia en Europa; ali/, en donde la cuantfa de intereses en vera y, eobre todo, m~strarse inflexible con esa especie
lucha y la apreciación de estos intereses, es superior á de insultadores gratmtos que, al amparo de unas cuantas
los de las nuevas nacionalidades de instituciones repu- copas-¡be!Ja disculpa por cierto!-se complacen en problicanas.-La extensión de la voluntad popular, es un vocará las gentes. Hoy fué en una mancebía, ayer en un
problema que se discute actualme11te, y de los estudios café mañana tal vez en un teatro, más tarde en Iá vía
que se han hecho surge esta verdad indiscutible: el su- púbiica, por capricho, por humorada, por exhibirse ante
fragio universal no es la suma de las voluntades indivi- la admiración popular, como personas de brío y resoduales.
lución.
Ni podría serlo: lo que ocurre en Fiancia sucede también en todos los demás países que se apoyan en la soberanía del pueblo. Repúblicas como las imagina el diario
á que aludimos, no han exi3tido, no existen, no existirán en lugar alguno del planeta. Hay, sí, grupos directores, clases q1ie toman la iniciativa, porciones popula- RESmlEN.-Notas breves.-Ona declaración df'l Emperador Guillermo y un libro de Charles Dilke.-Antinomias
res que t.oman parte en la coea pública, y esos grupos,
eecas clases, esas porciones son las que estampan sus firde las potcnrias.-Proclama de un pre~idente revolnciocionart0.-¿Q,né dicen los soñadores?.
masen un documento lasque amparan candidaturas, mientras el gran mudo permanece en su actitud hierática é indiferente.
Si apartamos la vista de la populosa ciudad de Chicago donde en estos momentos se libra la gran batalla que
La got,a, de rocío que se disuelve en una barrica de agua,
es una gota de anilina dando color á un gran volumen de ha de decidir de la futura gestión financiera en la gran
agua clara.
República del Norte; si nos desatendemos de los grandes
intereses políticos y mercantiles que allí se juegan, y que
af~ctan no sólo al pueblo americano directamente comUn prittter ensal}o ile policía prtuenttua.
prometido en la cuestión electoral, sino al mundo entero
del comercio y de la banca, pendiente de la solución que
Próximas á terminarse las obras de la Penitenciaría,
p::ede darse por el partido democrático á la ~e1:&gt;atida
hemos leído un informe que el Sr. Lic. Miguel S. Mace- cuestión de lll plata, apenas hay en los acontec1m1entos
do acaba de dirigir á la Secretaría de Gobernación, rela- diarios del mundo poiítico, que dan la nota dominante á
tivo á las reformas que es necesaric, introducir en el Có- nuestras crónicas, asunto bastante á entretener la atendigo Penal, para adaptarlo al sistema penitenciario.
ción de nnest,os lect.ores.
No somos de los más entusiastas admiradores de las
**~
P~nitenciarías, cuyos efectos de supuesta regeneración
El reciente lanzamiento al agua del nuevo acorazado
han podido ser rectificados en la práctica; pero creemos alemán «Federico III,» el más formidable de los nuevos
que cualquier régimen de reclusión ea preferible á nues- buques de las imperiales escuadras, dió ocasión al empe·
tra cárcel de Belén, que tiene en su contra el hecho de no
rador Gnillermo para declarar ante el mundo, en el imseguir ningún sistema.
prescindible di~curso que pronunció en la ceremonia,
A reserva de referirnos con mayor amplitud á las re- que está resuelto á engrandecer su marina de guerra, y
formas propuestas, cuando sean elevadas á la categoría excitando el patriotismo del pueblo que gobierna, dijo
de ley, vamos á referirnos á un punto importante que e¡_ue esperaba lo ayudarían todas las cl!ises sociales á coanotamo3 en el trabajo del Sr. MacEdo: la vigilancia, real locarla á la altura del ejército de tierra, tan temido y resy positiva, de los reos que hayan obtenido su libertad petado por su actual organización.
preparatoria.
Entre tanto, un e3taLlieta inglés de gran significación
Como se ve, lo que el informante propone es la creaun pensador que ni se alucina con halagadores
ción de una policía preventiva, encargada, no ya de per- política,
ni se acobarda ante realidades descom,oladoseguir á los delincuentes, sino de anticiparse y prt&gt;caver espejismos,
Sir Charlea Dilke, acaba de publicar un libro en que
la comisión de los delitos.-En Francia y otros países, la áras,
vuelta d~ serias consideraciones sobre el eetado de áiS•
vigilancia que la autoridad ejerce sobre los delincuentes,
!amiento en que ha 1nerido colocarse la Gran :Bretafla, y
despúés de haber éstos extinguido su condena, es muy por virtud de sus tendencias y de su tradicional política
activa, pudiendo seguirse paso á paso la vida del reo,
colonización en toda la redondez de la tierra, llegará
cuando las puertas de la caree! le han sido libremente ádecolocarse
¿n plazo no remoto, frente á frente de Rlil!la,
franqueadas.
y Alemania, unidas en.Jilia!pidable alianza, que á
Ahora bien, para que el sistema de policía preventiva Francia
de :a cuestión egipci~rarán la guerra á la
que propone el Sr. Macedo cumpla en reaiidad el objeto pretexto
primera potencia marítima del mundo.__ Para renllir á tan
á que está destinado, se necesita disponer d., un personal inteligente y activo, y esto no se logrará ai no es do- deegraciado evento, urge Mr. Dilke al gobierno inglés patando al agente con un sueldo que dé derecho para exi- ra que, conservando la nación e! rango que le éOrrél!ponen' el imperio de ·ios mares, ,se mejore y o~ice ei
gir de él un trabajo con;ipetente. El trabajo humano, co- de
ejército de tierra, para ponerlo á la altura de lae lleCeeimo cualquiera otra m ercancía, está sujeto á la ley del valor,
dades en lit terrible competencia que le espera.
«Agentes exclmiivos para los Estados Unidos y Can~dá. The Spanis American Newspaper ~ompany, 136 L1berty St. New York, E. U.n

Motas &lt;!Ebitorialt.s.

µro-µdsito be dtcciont,.

,oiítira general.

Raras é inexplicables contradicciones las que ocurre~ á.
las grandes potenc.i.as en ~tos tiempos de ~ompetenciasinauditas y emulaciones gigantescas.
Inglaterra que sostiene la ma!ioa más poder?ªª ~ue. se
baña en aguas sublunares, aspira~ tener un e¡érc1to ID;~
compatible con en modo de ser social. No comprende u
olvida el estadista inglés que tales cosas pretende que losgrandes ejércitos europeos que abruman con su peso los
presupuestos de las potencias continentales se forman á
favor del servicio obligatorio, y con m~ngua del taller Y
de la alquería que pierden en ese contingente que se lesexige sus fuerzas productoras más lozanas.
.
y el monarca teutón deslumbrado por el brillo esplendoróso de sus ejércitos de tierra, pretende echar sobre los
y a fatigados hombros de sus pueblos el peso de una marina poderosa, capaz de competir por sí sola con la de
Francia, su odiada ri".ª!·
.
.
Si loe partidos quedmgenalte!n~tivamen.te la polft1ca,
británica hacen caso de las predicciones más ó menos fundada de Sir Charles Dilke y se preocupan de sus.tE;~ores si el Reiechtag alemán á quien en breve se_ dmgirá
el Emperador para solicitar los crédito~ necesa!1os á sus
proyectos de grandeza, secunda las miras del ¡oyen Hohenzolern, ya tienen dos grandes pueblos _motivos para gemir bajo las nuevas cargas que ee les imponen. •
Y con estos factores que caen directamente sobre ~l miferable y el dtisvalido ¿quien ha de_ extrañar que_ la ignorancia oprimida y el proletariado sm amparo ru¡a~ á las.
veces en sordas manifestaciones? ¿á q!)i~n extranarán,
repetimos, las soñadas nt~píaf' del socialismo y los sal·
vajes ahullidos del anary,msmo desatentado? ........ .

*

* * ~sombr_o vimos
.
h a poc&lt;&gt;
No con sorpresa, con verdadero
un mensaje comunicado por la Companía Cablegráfica.
Mexicana á la prensa diaria,. en que se '.'-8entaba que el
seflor Cisneros Betancourt, titulado presidente de la República Cubana[?] había expedido una proclama en fa.
vor de un protectorado de los Estados U uiqos y•am~ de
anexiou á)a gran República, cuando e~tuv1era term!Dl\·
da la independencia de la revuelta A1,t1lla.
Si hemos de dar fe á la estupenda noticia-y hay q,ue
creer lo que dice una agencia que á diario nos comumca
nuevas favorables á la causa de los insurrectos--podemosdecir que esta vez se presenta la causa de los rebeldes
desnuda de pompas artificiosas y en ~u espantos'.' des~udez nos muestra las secretas tendencias de los ¡efes ID·
surrectos.
. .
¿Qué dirán á esto los que sueflan.y acarician los hermosos ideales republicanos para seres mcapaces de compren·
derlos?
·
.
¿Qué contestarán los que se creen ofendidos cuando de•
cimos que en aquel terreno sólo pueden f'.&gt;mentar los gér·.
menes mo1 bosos de las cajrerías democráticas, y la levadura de la pandilla y el caudillaje?
. .
Hay que desengañarse: hoy por hoy, lo que conviene
á la infeliz Cuba, es aceptar la autonomía que está para
ofrecer España, cuando haga suficiente ostentación de
sus derechos de soberanía.
X.X.X.
9 de Julio de 1896.
Nuestroos grabados.

PASEO POR EL BO S QUE.
México tiene tres cosas muy bellas: su cielo, sus volcanes y su bosque. El .primero extiende sobre el Valle,
como un pa.l,o real, su inmenso y purísimo azul. Los se·
gundos, yerguen sus moles blancas, perennE:mente ?lan•
cas, ante ese azul diáfano, embelesando la mirada; t1flense de púrpura en los ocasos y d&amp; oro en las auroras, Y
cuando la luna ¡;urge amarillenta del. Ixtlacihuatl, ~ácelo semejarse, según la galana expres1on de Justo S1er~a,
á un gigantesco wausoleo de mármol, alumbrado por 1~roensa antorcha sepulcral. En cuanto al B~qu~, es el 01 do de todas las frescuras y de todos los misterio~; ex~-·
riméntase sir,gular alivio al dejar la atmó~.fera m1asmátl•
ca de la ciudad, é internarse por las ámphas calles, sombreadas por los ahuehuetes, por los euca;iptos y por I.o&amp;
fresnos entre los cuales parlotean descmdados los pá¡a.
ros; y ¡s bello hablar en ese retiro de cosas ti~rnas, de
a more&amp; idos, de esperanzas castru,, De algo seme¡ante h ablarán sin duda esas parej..a que recorren l~ntamente la.
calzada umbrática, y que el pincel de Izagmrre trasladóal cartón.

Haciendo labor ..•...
Las mujeres pueden trabajar en tanto qne el pensa•
miento, como paloma viajera, emigra. No así el hof!lb:e,
obligado á consagrar todas sus energías á la tarea diaria..
He ahí una joven que trabaja y piensa. La sombra deuna sonrisa vaga por eea faz dibujada por ~in.e~! m_aes·
tro. Piensa sí y en cosas muy bellas: en el 1d1ho m1steripeo que, b&amp;jo el hogar-inaugurará la noc~1e; en las sonrisas argentinas del qnembin que se dormirá en sus bra·
zo~, en todo eso que se llama•dicha, tel'nura y amor, y la.
labor avanza maquinalmente. No resultará acaso maestra, pero el tnsueflo no será por eso menos hermoso.

Gna publicación lh1usical.
1\1uy pronto se repartirán los prospectos.
de la que va á editar en esta capital el conocido profesor D. Antonio Cuyás. Sabemos.
que, ameno y variado el nuevo periodico mu-·
sical, llenará el vacío que se nota en nuestra
prensa técnica, y por tanto nos atrevemos á
augurar un buen éxito al futuro colega.

12

JULIO,

1896.

EL MUNDO.

Nuestros (!oncursos ae Zarzuelas.

Muy válido circula el rumor en los círculos militares,
de que para fin&lt;ls del mes.en curso, vendrá á la_ Metrópo•.
li el Sr. General D. Ignacio Escudero, ex-Oficial Mayor
del Ministerio de la Guerra.

~

El día 30 del mes próximo pasado terminó el segundo
plazo concedido á los profesore11 que aspiraron al premio
que ofrecimos para el·autor de la mejor música adapta•
ble al libreto de la zarzuela uSobre el Oceano. n
Hoy tenemos el gusto de anunciar á nuestros lectores
en general y muy particularmente á las p~rsonas intere·
sadas en el concurso, que respondiendo con creces á lo
que esperábamos de nuestra convocatoria, se han pre·
sentado cuatro partituras de otros tantos autores, ocultos bajo las siguientes contraseñas: A. B. C., A. B. G.,
Aroldo, v **""'*F.
Damos las gracias á los que nuevamente nos han favorecido con eu confianza, y les advertimo~ que en breve
publicaremos la decisión del Jurado Calificador.

ESPECTACULOS.La sola nota simpática de la semana ha siqo la 1&gt;,res~~tación en el Arbeu de una nueva Compafl(a mfant1I dirigida por el maestro Anstri. EL domingo, el miércoles y el
jueves, puso en escena la pequefia troupe, Jlarina, Chateau MargaUJ; y la Verbena, sobresaliendo en estas piezas,
en la segunda sobre todo, Delfina Arce, nna tipl_e men~da de lo mejor que se ha visto por acá. El tenorc1to, Lms
Avila, se hizo aplaudir mucho.
Los niños trabajan con discreción y gracia, la Compafiía está bien organizada yes de creerse que atraerá nuestro público.

PERSONAL.
Sr. Don J11sé Ortíz lllonasterio.
Acaba de morir en esta capital el Sr. Coronel D. José
O r ti z Monasterio,
cuyo retrato ilustra
estas líneas.
Era el Sr. Monasterio hermano del
actual distinguido
Comandante de la
Corberta Zaragoza;
educóse como él en
Espafla y prestó útiles servicios á lamarina mexicana y á la
Instrucción Pública
en el acreditado Instituto «Monasterio»
que dirijía.
Lamentamos sinceramente su muer•
te, y enviamos por
ella la expresión de
m¡estra condolencia
al Sr. Brigadier de
Marina, Don Angel
Ortíz Monasterio.
El Sr. Dr. D. Gregorio Mendizábal, ha sido nombrado
Director del Hospital Juárez.
El Sr. Dr. D. Alberto López Hermosa, ha sido nombrado para cubrir la vacante qut.- dejó el Sr. Dr. Vado en
el Hospital de Mujeres Dementes.
Diversas personas que acaban de llegar de las ciudades fronterizas y que tuvieron oportunidad de hablar con
la célebre Teresita Urrea, la Santa de Cabora, dicen que
ésta se ha resuelto por fin venir á México con los :miem·
broa de su familia.

GRAL- D- JOSE M. DE LA VEGA
El martes por la
tarde, el Sr. Presi·
dente de la República firmó en Chapultepec el nombramiento de Brigadier de la Armada Mexi&lt;'ana á favor del Sr. D. José
1\1. de la Vega, gent&gt;ral graduado y
capitán de navfo.
El señor de la V ega ingresó al Colegio Militaren 1869,
ha hecho por rigurosa eHcalasu carrera y ha prestado numerosos servicios á
la Marina Nacio·
nal.

-El Sr. Ministro Limantour se encontraba el jueves
en Nueva York.
En Nuevo Laredo y Laredo Texas fué obsequiado con
banquetea.
El Sr. D. Santiago Méndez, Oficial Mayor del :\Iinisterio de Comunicacione&lt;&gt; y Obra@ Públicas, BC&lt;'mpañado de
su familia, salió en la noche del últimc, sabado, de esta
ciudad para Paso del Norte.
El Sr. D. Matíae Romero estuvo últimamente en Oaxa:xaca y regresó ya esta capital.

El Sr. Porfirio Díaz (hijo'.
Damos el retrato del joven hijo del primer Magistrado
de la Nación que después de concienzudo examen acaba
de obternir s{1 despacho de ingeniero militar, y lt: enviamos nuestra felicitación porque ha visto premiada su
constancia en el estudio, deseándole u11a brillante carrera.

NOTAS DE LA SEMANA
Están haciéndose muy frecuentes ensayos de alumbrado con luz eléctrica en las oficinas de las adminitraciones
general y local de correos, y es casi segnro que. proximamente quedará instalada la iluminación con dicha luz
en esas oficinas.
Ha quedado abierta al servicio público la extensa y
amplia calzada qne une la sextá glorieta del Paseo de la
Reforma con la ciurlad deTacubaya, y se estií.trabajando
con mucha actividad en la que deberá unir la calzada de
la Verónica t la Reforma.
El sabado 4 del corriente, el Lic. D. Alvaro Yarza, en
representación de los herederc,s ne! Sr. D. Amadeo Boun,
presentó al Juzgado 1? de Distrito, demanda en forma
contra la Empresa de Ferrocarriles del Distrito, por los
daiios y perjuicios acasionados á la familia del citado se•
ñor, muerto por un coche del Ferrocarril del Valle.
Eftá casi concluido, y muy pronto quedará al servicio
público el nuevo faro de Salina Cruz, situado en la punta Noroeste de ese puerto. H!l llegado todo el matenal y
se terminó de instalar ya el akjamiento del vigía y la torre de fierro que deberá. sostener el faro.
El lunes á altas horas de la noehe rifleron en una casa
de asignación de Santa Isabel, el Coronel Fernando Poucei y el Lic. Ernesto Enriquez, debido á al~unns provocaciones del primero. Poucel ·y Enriquez d1sparáronse á
lo que se dice sus revólvers y resultaron heridos el Coronel Poucel y Ruperto Orfo;, testigo del lance, que intentó
intervenir. Este último de gravedad. Enriquez huyó,
pero se decía que seríá presentado á la autoridad por su
defensor. Este ha sido el asnnto de la semana.
Efectuose el jurado de Luis Basurto, defraudador del
Banco Hipotecario, y fué condenado á tres años de prisión y mil pesos de multa.
El buque-escuela «Zaragoza,n que hace algunas semanas salió de San Francisco California al mando del Gral.
D. Angel Ortiz Monasterio, se encuentra en la actualidad en Alta Mar, rumbo á Manila, capital de Filipinas.
Muy pronto tocant esas islas, para seguir después su viaje de circunavegación.
El martes se sintió en esta capital, á las 10 y minutos
de la noche, un ligero temblor o~cilatorio.
En Septiembre próximo empezará la construcción del
ferrocarril de Jimenez al Parral, Chihuahua.
En la primera de esas poblaciont&gt;s hay ya una gran can•
tidad de rieles para empezar la obra.
La Compaiiia del Ferrocarril de l\1ichoacán y el Pacífico, que tenía tendida su línea hasta el pueblo de Ocam:po, en el Distrito de Zitácuaro, ha avanzado sutt traba¡os hasta el rancho de Jacuarillo, entre el camino que
conduce de Túxpam á Zitácuaro.
Uno de los fuertes nortee que han soplado en estos últimos dias en Veracruz, . t r ó hasta tocar con un arrecife la draga qoe estaba
·onanJo en las obras que se
están haciendo en el puerto.
La draga, en el percance, enfrió desperfectos de importancia y tal vez haya necesidad de llevarla á Nueva
Orleans para que sea- repuesta. Oíra draga füncionará
entretanto, y de esta segunda se dice que es fabulosa la
cantidad de arena que saca del seno de las aguas.

He aquí el programa con arreglo al cual se efectuará en
esta capital la celebración del 14 de Julio:
.
A las 8 a. m. reunión de todos los miembros de la eoc1edad francesa organizadora de las carreras "Velo--Club•·
Touriste,» ei:{ el Círculo Francés, y partida para el Velódromo.
Las bicicletas estarán adornadas con una cinta tricolor.
A las 8 y media llegada al Velódromo.
Carreras.
Distribución de premios.
En la tarde Kermes en el Elíseo.
Se instalarán en el jardín varias ruedas de la Fortuna
y se reserrnn varias sorpresas á los concurre11te~.
La sociedad coral "Lyre Gau!Qise» ejecutan!. cantos
· patrióticos, así como los himnos nacionales mexicano y
francés.
•.
A las tres y media p. m., distribución de banderas á
los niños, quienes se forma,rán en segui&lt;la en columna.
por pare¡as de niño y niña y se dirigirán oon una mtísica.
al salón destinado al baile.
A las 5 ee elevar!n 6 grandes glc,bos, dos eon los colores franceses y mexicanos y cuatro represeotando un
león, un reloj, un perico y un payaso.
A las 6 y media fuegos art.ificiales compuestos de.4 pie•
zas principales y un eobPrbio bouquet. Una de las piN:as
representará la fachada de la batalla y se simulará el fuego de los asaltantes.
La serie terminará con la iluminación general del
Parque.
Por la noche, á las nueve, gran baile en el Circulo
Francés.
:Benigna de la Parra fué puesta en libertad.
El capitán Rogers, de Texas, aprehendió últimamente
en la estaci6n de Benavides á un hombre llamado Inés
Ruiz, quefué compañero de Catarino Garza. Este hombre probablemente será traído á México, para ser juzgado, pues se va á pedir su extradición.
El miercoles fué suscrito cuatro veces el depósito de
$5.000,000 que se exigía para la formación de uu nuevo
Banco, qne lleva el nombre de «Barreo de Londres y Mé•
xico.»
Está habiendo conferencias en la Secretaría de Gobernación, entre los miembros del Aynntamiento á quienes
toca el asunto y el señor Ministro, sobre el urgente é importante asunto del abastecimiento de agu1 de la Ca¡,i•al.
El miercoles, por la línea del Ferrocarril Mexicano,
llegó á esta cindad una Comisión de comerciantes veracruzanos, compuesta de los Sres. D. José O. Aragón, D.
Juan Benito, D. Alfredo Sierra, D. Ruperto Vera, D. 111.
Pardo, D. B. Valdéz. D. José Ituarte, D. Juan G6mez
y Orejón, D. Adolfo Espinosa, D.. Adrián Carranza, D.
Laureano Alvarez, D. Leopoldo Galezuela, D. S. Serralta,
D. Diego Santa Cruz, D. C. Cos y los Sres. Mirón y Mosquera, alojándose todos en el Hotel de San Carlos.
Dicha Comisión viene á hablar con el señor Presidente de la República, acerca de las dificultades que se han
presentado en el puerto al ponerse en práctica las nuevas leyes hacendadas sobre la importación de efectos extranjeros, y que han originado diferencias entre el gobierno de Veracruz y el Administrador de la Aduana Marí•
tima.
Los sei'íores Ingenieros militares, Coronel D. Adolfo
Obregón y D. Rafael Pacheco, levantarán sobre el baluarte izquierdo del Palacio Nacional, una torre, com.
puesta de un hermoso pedestal y dos cuerpos, destinado
el primero al reloj público y el segundo á la Campana de
la Independencia..
Dícese que esta torrecilla, que será del estilo Renacimiento, fabricada con chiluca y hierro, se inaugurará el
15 del próximo Septiembre.
Se asegura que se trata de adquirir la manzana en que
está el faro de luz eléctrica en el Paseo de la Reforma, ó
eea la de la antigua Penitenciaría, para construir allí el
Palacio en proyecto destinado al Congreso.
El eefior Presbítero Don Agustín Hunt y Olrtés ha.
abierto un orfanatorio en .a calle del Montepío Viejo número 14. El nuevo establecimiento se llama «El Hogar
de los niños pobres,» y ha merecido la aprobación del
Illmo. Sr. Arzobispo Alarcón.
En ese orfanatorio podrán guarei:~rse, cenar y .d ormir gratis los papeleros, billeteros, etc., siempre que se
sujeten al reglamento.

EL SEGURO SOBRlll LA VIDA Y EL FISCO.
«La Mutuan pagó $5,000 al Fisco, por haber renunciado
sus derechos los hered.e ros del asegurado.
.Esta Compañia cnmple siempre las obligaciones lt&gt;gales que contrae.
Con el carácter de represente legal del Fisco del Esta•
do, hoy me fué pagada la póliza número 676,003, por valor de ($6,000) cinco mil pesos, cantidad en que estaba
asegurado en La Mutua" de Nueva York el Sr. Francisco
Regalad,,, quien fué asesinado en la Parrilla el 4 de Abril
de 1895, y declarado heredero de sus bienes el Fisco del
Estado.
Reconocidos por la Compaflfa los derechos del Fieco,
fué pagada la referida póliza con intervención del eelior
Carlos Valle sin dificultad alguna.
Libertad y Constitución. Durango, Junio 22 de 1896.
-El Director de Rentas, JosÉ ÜI.Aru::.-Ss. CARLOS SoM1,um, Drrector General de «La Mutua.»-México.

�12 JuLio, 1896.

EL MUNDO.

20

107 Aniversario de la torna de la Bastilla~

12 Juuo, 1896.

EL MUNDO.

21
$1 &lt;Teniente General I@orrHo.

El 107 aniversario de la toma de la
Bastilla.

Conocidos son los hechos en que ha intervei1ido este
jefe del ejérr.ito español.
.A. raíz de las elecciones al Senado, este cuerpo clt&gt;claró
nula el acta uel Teniente C..eneral Borrero, dando motivo
á que éste, creyendo que el General Martinez Campos había intervenido en el asunto, dirijiera al ex-Capitán General de la Isla de Cnba una carta en laque le pro\'ocaba.
á un duelo.
Pactadaa las condiciones dP. éste, se presentaron las
autoridades militares suspendiendo el acto. Por la intervención de altaa personalidades y aún se dice que de la
misma Reina Regente de España, el desafío no se ha llevado á efecto.
El Teniente General Borrero es un viejo soldado que
ha prest!ldo buenos servicios á su patria.
La personalidad del General l\fartinez Campos es de sobra conocida para que nos detengamos á trazar algunaslíneas biográficas acerca de este personaje.

El martes próximo h~r~ lOí aiios que el pueblo deFrancia, sacudiendo el vieJo y pesa.do yugo de un~ mo
narquía relajada, abriq nuevos honzontes á las n~cwneR
impulsándolas por la moderna vía de la democracia¡ con
tal motivo no estará de más exhumar algunos recuer~os
. históri_cos, y lo hacemos pu~licando fotvg-rafí11:8 de l!ttio_i,
y monumentos áque van .~mdos. Las ~epúbhcas am:mcanas se asocian al regoc1Jo d~ la gloriosa madre. Fiancia, en ese día en que .ie señaló al m?Ando el camrno de
la 1ibertad.

LAS APARICIONES DE TILLY-SUR-SEULLE~~
EL MUNDO habló ya de este curioso asunto extensamente, mas corno ha ocurrido algo nuevo, á saber que la pretendida aparición de la Virgen se ha hecho visible al
pueblo, parécenos oportuno afiadir algunas palabras,
ofreciendo á nuestros lectores una ilustracion más.
Hace poco tiempo una v.ersonaque firmaba con el nombre de Vizconde de Grav1lle, publicó un foil eto intitula«Los Videntes de Tilly-sur-Seulles,» [lugar cercano á
Caen.]
A la cabeza del folleto estaba impresa la profecía hecha en 1839, po't un hombre llamado Vintras, nativo de
Tilly-sur-Seulles, relativa á que en el afio de 1896 habría.
numerosas apariciones.
Vintras fué castigado como herético y murió en Marzo último.
Pocas semanas después, se dijo que se había efectuado una aparición en Tilly sur-Seulles. El folleto fué con-.
denado por la iglesia, y puesto en el índice de los libros
prohibidos; pero la fama de la aparición siguió cundiendo. Un representante de un periódico anglo-americano
que se publica en París, fué enviado á rnvestigar las dichas apariciones de la Virgen, que se decía eran más frecuentes, bajo un álamo, en un campo, en la cumbre de
una pequeña eminencia.
La aparición-dijo este periodista-ha sido vista por
varias gentes.
La forma observada fué la de la Vir~en con tl nifio en
los brazo~.
Millares de gentes dirigiéronse al paraje y muchos se
convencieron de la aparición. Hoy las fotografías del sitio, [una de las cuales publicamos,] se venden por millares.

cama de Maria Ant\)nieta en ~1 Palacio de Fontalnebleau.

PARl.S.
Vistas electro-:fo~g1•áfioas de todo lo
bello, 1na1.•avilloso ·
é 1nte1.•esante de esta famosa :rnetrópoll.

.·

COLUMNA DE ,JULIO EN LA PT,AZA DE LA BASTILLA, •

Este es el título que lleva nn p_rimoroso álbu~ im_preso á todo lnjo, con pasta elegantísima y gu~ cont~en~ una
colección de vistas hechas por el proce_d!m1e11:to 111:dicado
arriba. E,tas han sido preparadas ba¡o la d1r~cc1ón del
fotógrafo especial del Gobierno frai:icés, Mona1eur Adolphus Pepper, y cada cual lleva consigo una hermosa explicación, debida á la elegante pluma del Ho~orable
Monsieur du Taigny, del Departamento exter10r d,i
Francia.
Principia la ohra con un espléndido, retrat&lt;? ~e.Napoleón I· sigue una breve historia de Pana, y se m1c1a después 1~ serie primororn de vistas electro-fotográficas. T~do París desfila ante los ojos del lector, que hac~, _s m
moverse de su asiento el más seductor de los v1a¡es.
Los palacios, la;; plazas,' los i,rincipales edificios, los museos las grandes e~cu !turas y los grandes cuadros, todo
se s~cede, produciendo g1atísimas impresiones.
Constit,uye esta galería el mejor adorno y solaz de un
hogar, perfectamente acabada como está.
Son agentes de la obl'a los Sres. Dobson y Donly.Apartado 332, ó 2~ de Balderas 2.-Mé.x:ico.

MOVDIIENTO ELECTOUAL
EN LOS

.Estados Unidos.
GARRE'l' A. HOBAR'.r.

LOS ANARQUISTAS EN ESPARA,

El atentado de Barcelona.

LOS ANARQUISTAS EN ESPAÑA.
EL .A.TENTADO DE BARCELONA.

BOUDOIR DE MARIA A~'TO:-IIETA JiN EL TRIA.NON, VERSAILLES.

PALACIO:nE VERSAILLLEB,

La fotografía que publicamos hoy, relativa al siniestro
atentado perpetrado en Barcelona, el Jueves de Corpus, está inspirado en el relato de un testigo ocular del
acontecimiento.
He aquí algunas palabras tomadas de la palpitante narración:
,
«Son las nueve de la noche. En una calle estrecha, irregular, caprichosa, que conduce á la iglesia de Santa María del Mar, se agita una ansiosa muchedumbre. Llena
las aceras, el empedrado, se instala en las puertas de las
tiendas, en las que se han colocado taburetes y sillas; lle·
na los balcones y los miradores, que iluminan una profusión de antorchas y de linternas. En las rejas de fierro
se despliegan mantones de Manila de colores chillones
que mañana adornarán los palcos de la Plaza de Toros.
Los balcones ostentan colchas, cortinas, banderolas de
papel, flores artificiales, palmae...... En lo alto, aparece
el cielo profundo, infinito, sembrado de estrellas.
«La procesión del Corpus va á pasar. Se la espera con
impaciencia. Va á acercarse, anunciada ya por las campanas de Santa María del Mar. Un momento después el
sonid•&gt; de las trompetas se mezcla al de las campanas.'
«El cortejo, envuelto en una nube de incienso se adelanta en un desórden que atestigua el cansancio 'general.
«.A. la cabeza el estandarte de la Virgen; en torno de
ella, un grupo de niños, vestidos con los trajes de los
personajes de la Pasión: Jesús, llevando la cruz; San Juan
Bautista en el desierto; una l\:later Dolorosa ...... Luego,
otro grupo de niñas entonando cánticos; peregrinos de
largos hábitos, c~hi1:rtas las cara&amp; con sus cogullas: Y
nuerns nubes de mc1enso, otros estandartes, canastillas
de flor~s artificiales. Ya llega~¡ personal de,Ia parroquia
. pnced1da de una nube de acólitos, cuyas tunicas encarnadas parecen despedir llamas á la luz de los cirios.

«A continuación se adelantan los maceros, solemnes y
graves, clérigos que llevan fanales de plata, sacerdotes
de las parroquias vecinas, con sus amplias casullas, color
de rosa y malva, bordadas de oro. Bajo sedas brillantes,
el cura de Santa María hace oscilar el incensario cubii,rto de pedrerías.
«En este instante reina un solemne silencio. La multitud se arrodilla; las mujeres se persignan, las madres
ele ,an á sus hijos en sus brazos, cual si quiEieran enseñarlos á Dios, para atraer sobre ellos la~ miradas del Altísimo.
«La custodia ha pasado; todos se levantan, los abanicos
se ponen ·en movimiento, y el pueblo admira al Capitán
General de Cataluiia que escolta al Santo Sacramento,
rodeado de su estado mavor.
«Repentinamente, surge un gran resplandor de tierra,
una detonación, un estrépito de vidrieras rotas, un huracán de gritos y lamentos...... Las ventanas sti cierran,
hombres y mujeres se precipitan en el interior de sus casas, el pánico se apodera de la muchedumbre.
«En la calle, las luces que la explosión no ha apagado,
ilnminan despojos sangrientos, cadaveres des6guradoe;
los herido3 se retuercen pidiendo auxilio, ein que nadie
tenga el valor de socorrerlos.
«Una bomba lanzada desde una ventana es la que ha
producido la catástrofe.
«Sin embargo, los sacerdotes han regresado al lugar de
la tragedia é imparten los auxilios espirituales á los moribundos. Muy pronto acuden oficiales, civiles y otras
:pen,onas de todas las clases de la sociedad, que han de¡ado allí pariP.ntes, aP.Jigos ......
«Y en todas partes hácense oír imprecaciones, gemidos, se producen escenas de desesperación infinita, de
dolor supremo» .........
Tal es el cuadro que ha inspirado al dibujante el grabado que ofrecemos en esta misma página á nuestros
abonados.

Publicamos hoy el retrato de Mr. Garret, candidato
para la Vicepresidencia de los EHtados Unidos, proclamado por el partido republicano en la Convención Nacional de St. Louis.

TENIENTE GENERAL BORRK!!O.

Retador del General Martinez Campos.

��24

EL MUNDO.

12 JULIO, 1896.

¡Con el agna, á la temperaY no es maravilla; porque el trabajo mecánico, 6 si se
tura ordinaria, fundir meta- quier-e la energía, nunca se anula, es inalterab1e, y toda
les; con un río, que acaso vie- , la energía de la catarata-quizás cien caballos de vapor
ne de una nevera, crear tem- -está metida, por decido de este modo, entre las dos
peraturas de mil 6 mil qui- puntas de carbón del arco volático, saltando de u.na á. otra
nientos grados; convertir las por Jo atmósfera de carbón volatilizado; y tanta energía
blancas espumas en borboto- en tan apretada faena, ya que no pueda convertirse en
nes hirvientes de metal! ¿No otra cosa, se convierte en centenares de calorías, que prees pretender tales cosas, pre- gonan su potencia interna con los 3,500 grados del tertender, más que lo imposi- mómetro.
ble, lo absurdo?

***

.

■AI.IIRllA AIITIIITIIIR~

***
Un distinguido escritor observa con fundamento, que
la metalurgia tiende á dar un salto atrás, al menos en lo
que á la forma de sus procedimientos se refiere.
En un principio dominaban nuestras clásicas y famosas forjas catalanas. El hogar era pequeño; pero sobre él
se ,anzaba una gran corriente de aire, alimentada precisamente por µna caída de agua.
Había algo de profético en estas nobles forjas catalanas.
No es que la catarata engendrase el calor, que el calor lo
engendraba el combustible; pero, al menos, la fuerza hidráulica contribuía al movimiento de los fuelles y era
causa determinante, si no causa efectiva, de una más viva y reconcentrada combustión.
Después, la metalurgfa ~mple6 altos hornos, cubilotes
coloeales, gigantes de la industria, en cuyas entrañas ardían montañas de hulla.
Pues hoy se marca una tendencia contraria. Parece como que se vuelve á la forja catalana, pero eléctrica. Un
pequeño espacio, hecho de substancia refractaria, y un
arco voltáico, bastan para fundir todos lo.s metales. Sólo
que al fuelle de la forja catalana Je ha sustituido el dinamo; y la caída de agna ya no manda una corriente de aire,
sino que manda ese aire maravilloso que se llama corriente eléctrica.
Por lo demás, bien se comprende que hablamos en términos generales, y sin entrar en pormenores técnicos,
que. harían excesivamente árido nuestro trabajo.

Pues este imposible evidente, este absurd() imaginado,
no solo es ya una posibilidad,
sino que es la réalidad misma; y en Suiza y en otros
~·
puntos hay verdaderas fundiciones en que para nada se
emplea el carbón.
Empléase una de aquellas
soberbias y holgazanas cataratas, que durante siglos y
siglos no habían hecho otra
cosa que correr por las quebradas del monte, lamer en
ocasiones témpanos de hielo,
esponjar sus espumas á los
rayos del sol, ó adornarse á
veces con pedazos del arco
iris como irisadas cintas del
espacio.
Holgazanas y vanidosas
fueron; pero les llegó su hora: ¡ya tienen que trabajar!
Hoy alimentan hornos y
LA CAMPANA COLOCADA EN EL CARRO.
hornillos y crisoles en qne
fundido el 28 de Julio de 1768. Mide 1 metro 77 centíse eleva la temperatura á. 3,000 y 3,500 grados y á 4,000 á
metros desde la orilla de la boca de la campana hasta la
veces; lo cual no había podido conseguirse;quemando carparte superior del contrapeso de madera, 1 metro ó c~nbón.
tímetros de diámetro y, 9 centí[Jlet1os de grueso. Pesa
¿Y cómo se consigue? ¿Cómo se realiza .este prodigio?
150 arrobaF.
¿Cómo, por medio de una masa de agua qu'l cae de cierAl prac~icarse el decenso se le hicieron los honores por
ta elevación, pueden obtenerse temperaturas capaces de
la fuerza dPI ler. Batallón de Guanajnato.
convertir barras de h:e:ro y acero en blanda cera; de
El .Lic. Franciec,, González Caballero hizo entrega de
crear multitud de piedras preciosos por la fusión de sus
la campana á la comisión nombrada por el Sr. Presidenco·nponentes; de volatizar el carbono y hasta de forjar
te quien se dió por recibida, dispuso Bu traslado á-la Es·
cristalitos de diamante?
sación y de allí para la Capital de la República.
Ya queda dicho: por medio del dinamo, que, como
Está depositada en el Museo de Artillería.
tantas veces hemos explicado, no es más que un manojo
de hilos de cobre girando al rededor de un imán ó de un
electro- imán.
APLICACIONES DE LA ELECTRWIDAD.
Aquí está todo el misterio. La catarata se recoge en
una turbina, la turbina hace girar ei dinamo, y toda la
Los grandes decubrimientos traen consigo grandes eorenergía de la marn lfqui'da, al desp.lomarse, se transforpresas, y á veces grandes contradicciones.
ma, ee espiritualiza, por decirlo asf; en suma, se con- •
Es algo de Jo que sucede al descubrir nue, as tierras y
vierte en CMriente eléctrica.
•
nuevos mundos.
Sus ondas, sus espumas, Bus espumarajos en la caída,
¿Qué vegetación tan extrafla! ¡Qué animales tan singusus torbellinos en el fondo, Bus láminas de cristal en lo
.lares! ¡Todo cambia: hasta el cielo! ¡Nuevas estrellas apaalto, sus fria en el eEpacio, su alma, en fin-si la imágen
recen, nunca ·vistas! ¡La estrella polar se hunde en el hoes pern,itida-se ha desprendido de la envolvente materizonte, y desde el horizonte sube la Cruz del Sur!
ria formada de gotas, y del dinamoeale hecha impalpable
A poco que se medite, se cae en la cuenta de que los
e1,encia á que, por darle algún nombre, le llamamos cohombres an:'lan cabeza abajo, si las nuevas regiones son
rriente eléctrico, y por a:poyarló en alguna imágen, supoantípodas de:las nuestras.
nemos que ea la vibración ó movimiento del éter.
A veces diríase qne las leyes de la Naturaleza han camYa tenemos la corriente eléctrica; pero ¿cómo por mebiado por completo.
dio de la corriente eléctrica ee pueden obtener esas eno1·Pues esto mismo_ sucede en la ciencia y en la industria,
mes temperaturas que con la del sol pretenden homcuando se realiza uno de esos descubrimientos que como
brearse si la palabra vale?
Yulgarmente·se dice, hacen época. Tal es, entre ot~os la
*
invención del dinamo.
'
* * pueden reducirse, en suHay muchos sistemas; pero
Supongamos que á uno de los mayores sabios de la an·
ma á. dos fundamentales. O una resistencia grande in ter•
tigüedad _se le hubiese llevado al. pie de una catarata, y
puesta en la corriente, ó un arco voltá.ico en que las pun~e le hubiese propuesto este problema: fundir cualquier
tas de los carbones ee bailen á. gran distancia también, lo
metal, una barra de hierro, por ejemplo, sólo por Ja accual, en el fondo, es oponer una enorme resistencia al
ción de la lámina líquida, que desde su altura caía despaso de la ccrriente.
hecha en espumas.
RECUERDOS DE DOLORES HIDALGO.
Porque la corriente eléctrica al pasar por un conductor
Aeí se llamase Platón, Aristóteles ó Arquímedes ¿qué
cualquiera, va convirtiendo su energía en calor. Por eso Confesionario que pert.eneció al Sr. Curallidalgo y que se encuentra,
m{1S? así se llamase, viniendo á siglos que lindan c¿n los
en la casa que habitó.
á veces, cuando no son bastante gruesos los alambres, ó
nuestro9, Newton ó Leibnitz, diría que ern imposible: y
cuando hay un corto circuito, se enrojecen los conducaunque haciendo un esfuerzo supremo forjara una teoría
tores.
Decimos que la corriente eléctrica puede engendrar
p_ar~ nsolver el problema, tendría el profundo convenSiempre que el agua corre por un cauce liso y regular, temperaturas tnuy snperiores á. la que obtenía la antigua
•C1m1e11to de que jamás tal problema sería práctico.
deslfzase mansamente; y más que agua que corre, pare- metalurgia, y esto en un pequeño espacio; pero no deci •
ce uóa barra de cristal pues- mos máe, ni nos ocupamos de cómo por este método pue~
d~n obtenerse graude0 cantidades de metal en fusión.
ta en un estnche.
Pero si el lecho es irregular, lleno de asperezas y de
***
guijarros y de piedras, blagua
Hablamos, al empezar, de las sorpresas y aun de J0a,
ya no corre con la facilidad asombros que los nuevüs inventos engendran á veces. Y
que antes; cuoca, retrocede, vamos á terminar este artículo con una afirmación estuse retuerce en torbellinos y penda, que si bien hoy es puramente teórica, ¡quién sabe·
se cubre de espumas, como lo qne será en el porvenir!
boca de caballo que tasca el
Yo digo. que no sólo por medio de una catarata, que al
freno que le contiene; y si fin y al cabo es una fuerza, y representa y lleva consigoP.Udil'ramos enwlear termó- muchos caballos de vapor, pueden consPguirse altísimas
met~os bastante sutiles, ve- temperaturas; sino que con el hielo, que es, al parecer,
ríamos que su temperatura masa inerte, que no ei, agua que cae, sino que es agua cony la temperatura del cauce gelada y muerta, que do1,de la dejan &amp;e está, más que
se elevan.
fría, helada; con el hielo, repito, se pueden crear tempePues esto sucede con la elec· raturas capaces de caldear un espacio. Contradicción, al
tricidad.
parecer, estupenda; paradoja_ coi:i ri~etes de ridícula, y
Cuando corre por un alam- que, sin embargo, es verdad md1scut1ble, como probarebre- que es sn cauce-tam- mos cuando llegue la ocasión. Por hoy, como no se trata
bién encuentra : resistencias de nada práctico, dejaremos en suspen~ el problema,
mayores ó menores, según terminando este artículo como Jerónimo Paturot termilos casos; y cuando esta resis- naba su folletín.
tencia es mny g rande y la
¿De quién serfa aquella mano? ¿De quién sería aquella
corriente eléctrica es muy po- cabeza? Que es, en nuestro caso, como decir: ¿de qué moderosa se embravece contra do con el hielo puede elevarse la tem peratura de una ha·
el obstáculo, y lo caldea, y
hitación, siquiera á 20º?
lo enciendP, -y lo funde, y lo
JOSÉ EcrrEGARAo~.
volatiliza; y crea esas temperaturas dignas del sol ó digLA CAMPANA, LAS COMISIONES Y ESCOLTA EN LA l!STACIÓN DE DOLORES BID.ALGO
nas de los abismos geológicos.
; A

25

EL MUNDO.

7

-l

/

J{adenao labor.~u&lt;ruaaro

ae

Roaolfo J-CausleHqner.

[Grabado en los talleres de "EL

MUNDO,"]

�12

EL~UNDO.

Juuo, 18$16.

'-h•h r,.,..... d había avanzado y casi con vergüenza, con un tonoBruscamente, e 1 ª""""
=t;rnn
humilde murmuró:
. ..
• e usted que yo........?
·
-No tengo ni muj~r DI h9oe, ¿qu.1er tía en el cura, todo lleno de rubor y ansioso
La mirada del oficial se 6¡6 con simpa
de respuesta.
.
•
1 capitán dijo por fin:
.
b.
Después de un momento de s1 1e~cio, e d Usted es joven aún... Reflex16ne1o 1en.
_ Es grave eel\or, eso que me pide uS t e ·
.
-Se Jo suplico....... .
,
, scribir. En seguida se levantó y le tendió una
~in responder el capitán, pusose a e
hoja,de papel:
..
d
poner en libertad al llamado Leroy, en lugar de
-Aqm esti\, d1¡0, la or en para

usted.

.
n d·ó·
h
·
•&gt;
y con voz grave y triste, 'l a 1 ·
n honor? Quiere usted estrec ar m1 mane,;
-Quiere usted, 11eñor cura, hacerme u y con movimiento leal y generoso ei,trl'chu
El padre tendió francamente su mano,
. .
)a del atemán.
.
acrificio que sin cuidarse de su d1gmdacl
Después, con paso ligero ( tdnd~e\1~ por
e11cuela 'donde se hallaban encerraf';'
echó á correr), el abate u-gran
\~;gw~earrastraba c~n gran ruido su sable frente, a
los condenados. El carcelero, un u ano,
.
puerta
co
ió
brutalmente
la
hoJa
de papel. PeSi~ dignarse rosponder al ealu&lt;lo ~-e 1 dEtd~re~a de su rostro se atenuó, su alta talla
ro después de haberla leído, la exp,es10l dijo con respeto:
enderezóse y con los dedos en su se iaps ,,
-Entre u~ted, señor.
:u, rand idió al oficial que llamase á Leroy.
Ya en la puerta d.e las aulas, el a~;1te fste apfetó la mano del cura, murmurando:
Aniquilado, ~on lo~ OJO!' lleno~.~e liíg11mas,
-Mi muJer, 1ms pobres h1¡1tos.
.
-Ten valor, amigo mío, eRper~.
.' cin feli rea que se Je había ccnce~1do
y con ci~rtos rodeos, el ~ura h.1~0 FE~riro~1bre e1ft0nces se puso á reíri ~ .bailar, •
gracia, atendiendo á que tema fam1lta. 1 dr le 'calmó. Por fin los dos dmg1éronse
casi loco. Qnerfa correr á eu casa. pero /~o· e
1l ; r
á un Jugar apartado, y el abate Legran
.
-Qu(,date aquí, voy á prevemr á
.mu¡e . ujer de Leroy rodeada de BUS mños
En el fondo del corredor, en nna e ;oza,t ~ ~:diante dEl cu;a se lo dijo todo:
silencio8os, trabajaba, llorando. Pero e ros r
-Está libre!
Sin responder, el padre sonreía.
-Quiero verlo.
-Ya
á venir.
Apenas
dichl\S estas palab ras, e 11101~bre ..v la
• mujer se arrojaron uno en bra_zos del

:'i}

J

r

1
otro. Mejilla contra mt-jilla, y llodralron s1le.~~10Jf¡·~ep~/i1n
el hombre.
_ y 110 le hemos dado á nste a~ graci •
El padre respondió muy co~movido:
\.mense siempre bien. Son ustedes gen-La dicha de ustedes es m1 recompensa. ,

tes honradas.
Estrechó la mano de 1O!.! esposos, a b r azó
• á los niños y volvió apresuradamente ií la
casa de la escuela.
t La deur un viejo soldado de Crimea
En un rincón de la clase, el gnarda-cai~rn~ab: es;oicar::iente su pipa. Cerca .de él,
y de Italia, feroz, con los brar.os cruzadoS,
be a entre las manos parecfa dormir.
Vincent, joven de diez y ocho años, fºn la ~ :do~. Sus exhortadiones y sus fraf!es de
El abate Legrand se senil&gt; ent.re os con en . b El adre tomó á cadi-. uno por
aliento hicieron sollozar al joven; Lardet~r suspira a.
di"o·
un bra;o, y sabie.ndo que nadie se comumca~~dI,:~13!~/~os l~rá el ejemplo, usted
-Es neeesano mantenernos con va1or. ,.
que es un valiente viejo.
?
ntó el guarda-campestre.
-Luego, usted se quedará entre no~ft{ºJ E:pg~ende...... el tiene mujer é hijos ..... .
-Sf, señor, en lugar de I~roy...... use e
.
Enloqnecido pc:,r el entus1asmo, Lardheurbex~lsfyó¿ hubiera podido matar á uno de
-Trueno de Dios! es ueted todo un om re.
esos gorriones..... Sin mis reuómlatbismosh..... b e Después preguntó á Vincent si quería
Sonriendo el padre, cl!-111! a uen om r confesarse. El jov~n consmt1ó en ello.
_ y ueted, Lardear?
-Ah! yo, ya sabe usted que no soy devoto.
-Haga eso por mf.
d , 1 •ó á la eacrietfa: La luz tierna de un
-Vamos· eso le proporcionará gusto?
.
ESPUES de 1,11 misa, el cnra Leg!an .:º vi
vidrios de la única ventan~.
1
cielo deNoviembr~ se filtra~a .~ te~}:~~e~~~cto lamentable con s.u cbal~i-Mucho'.gusto,
améigo
mí1?·6
1
da•cam=&lt;&gt;tre
tirando
de
sus
mangas,
como si
-Pues bien, lo bar , rep 1c e guar
y=• ,
De la@ombra ~~rg16 unt mu¡er.
t o inundado de lágrimas; arro¡oee á ,os
llo anudado ba¡o la bar-ua, y su ros r
quisiera deecargarse de un bb':1rd? pe,so.
habfa obtenido permiso de permanecer ¡¡.
pies del padre y gritó:
Ya de vuelta en,el.pree d1.ter10! \porqu)e 1 e a pidió al sacristán que convocáee á tob e para tomar sus ultimas 1spos1c1ones e ur
d
Lo van ,i fneilar!
1
-A hIBilarl Quién.•·•:···· .
olloz_0 ahogó las palabras á la desventurada. d~s los habitantes del pueblo, á la Iglesia, para las tres de. a tar e ............................ .
-Loe Prusia~os, á m1 m11nd~.~6··!¡~:r:;ente su caliz sobn, una mesa y tomandoen· ·· · · ·Sigui~~·d~.~~ ·~·~~·i:~·;b~~; ·¿~;;p~é~. d~.~·1·~~¡.~ar el abate ~~~r1~atc!Z d~i;a;[i:º;
liny connl1ov1dooesl
b~eºmujer la hizo levantarse.
tre las suyas as man
. ?
'
•
de pan y de ar.ucar, y se fué al corraiedeí s~ casa.z !fe;e~~~~:da eobre su piel gris. El en•.
narices atercio~ladas•
.:..Pero, como ......... thulmar1do. rtos ayer por los franco-tiradoree..... Los prus1a- avanzó hacia él. Hermosa Y fuerte, n a c.ru
6
-Sf, á causa de los u anos mue
.
r.. rodeó con sus brazos el pescuezo de .1:, p~h.n~y ;~:~~1be:~i~!
mi buena bestia!»
y
tibias,
con
la
palma
de
su
mano,
rep1
1en
o.
•·
1
nos han echado euertes esta m.anana ...... ,:. cent Lardeur y mi marfdo......... Sálvelo
Son tres los que van á fusilar......... in
•
usted, sel\or cura.
d
d.6 el ea~erdote con un gesto de deSl\liento.
á
-Pero yo nada. pue o, respon ..1lla ar oyó la frente sobre la mano y ae pueo reRodó una lágnma ¡:or su me¡1 , ,
flexionar.
1 d F racia qne herfaá sus ft:"li¡rreses Y anSu corazón ~e desped:tzab~ al peasar "o~r:r áes~s owjas, por las cuales se prodiga•
te la idea de en impotencia. Nf pod~J ~~ }'ero ¿dt-jaría partir aeí á aquella mu¡er d~eoba sin cesar, abnee;ado has.ta e eacr1 c10.d ? Es fue, za que yo la sal ve á todo precio,"
1
lada que iba á pedirle la vida .de su '!'ari o. •
pensó y di rigiéndose á la mu¡erle d1¡0:
Ten valor, espera!
.
.
d
dirigió á las consiPtoriales doné!P
Quitóse rápidamente las vestiduras @agra as y ªde uhlanosenviadode avanzada. } 1
6
nd
estaba inetaiado el capitán que ma aba un pelo\ ~%e m·ís más lívido i\ medida q11"
rostro naturnln:iente _pálido 1.del cura Leg~~:~~b': entre~•ieia le hacfa tell'!blar de emu•
di&lt;•minnía la d1~tanc1.a. I.a :¡ea d~
Se le introd•Jjo t-n la sala de Fes11.mes del Co11I ,
ci6n, pero PU exaltación ma su timi ez. 1 capit-in firm·iba papeles. Miró fijamente la
11
cejo l\Iunicipal. Sentado a~~ una Je~~~eque te1;1fa dij~ en francés, con una voz bruseu:
cara al padre, y para pre.ve•. irunaeup 1
,
_ Qné quiere usted, sefior?
El cnm balbuc~ó:
. Para los habitantes de esta población ........
.
-\'engo
á. oed1r á usted ......... gracia
.

E

UN1HOMBRE.

.
l

.

s:1:epo,

ª

.l

agd~

Son inocente!'.......
.d 8 d
bominable• respondí(, el capitan ......... Sus t1rad,1•
-La gnerra t1ef!e nece~1
es a
tan d-~ diario una porción de hombres. Hay
res de ustedes, esos improvisados, nos
oblaciones que let! dan hospitalida~!
que acabar co1;1 ellos. Tanto peor para ~
us razones se estrellaban en la 1mplac:iEl padre mtentl1 argumentar, per?d das s impotencia ensayó únicamente salvar
ble lógica del al.e~án. Al fin, convenc1 o e su
••
.
á uno de lo" pris1oner0!'.
.
a Leroy
Tiene tres hijitos y su muJer
-Concédame u1&gt;ted al menos gracia par
· · ··· ·
.

ia:

efltá

itc~ini~~n mostró un gesto de piedad pero respondió sef!alando un papel que esta-

ba sobre fa meea:
T • • arfa á mi deber de soldado. rsted debe
-Las órdenes son formales......... radic:n
Nos han muerto tres uhlanos, nececomprenderme, ~efior, usted que es sacer o ...... •

sitamos tres vfct1mas.
que volverse por donde habfa ido; sin embargo, no
El cum no tení.a ya ma¡ recu:o De&amp; és de haber reconocido algunas notas de conse
movió.
El
sil~~_::iohs~
prto
oºnangar
su·s
dedE: con movimiento de impaciencia.
tabilidad, el cap1 ...n izo r

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12 Juuo, 1896.

i:;11 ternura pe extendia ,í los auiinalefl, HJ@ co111puiieros dt:: soledad y é,;tos, domesticados por ,u e:uraña dulzura, Fe pn:,1a1Ja11 á &gt;US caricias.
Siu trnbargo, la borrica habla e~quivatlo la cabeza y daba vueltas ~1 rededor de su
amo, olfateándolo; aespués ,e \)URO á r.1:buznar.
-Golo11a, qué es lo que quieres? d1¡0 el cura eacando de su sotana un trozo ~e pan.
De pronto, á sus piel! hubo cloqueos y ruido de alas, qn&lt;: llamaron su atención. Inclinóse y gallos y gallinas fueron ti picotear su mano; sus cone¡os no quedaron olvidados.
Al darles salvado, pa.Qábales lentamente los dedoe por la piel de sus redondo~ lomos.
Como la borrica le habfa seguido, el cura le tendi.ó un ~rozo d~ azuc.~r; 1:1 be~tia se pu•
80 á mascarlo moviendo las orejas cnn nna sat1efacc1ón v1e1b.e. S_ll ~Jos redo.ndos y
dulces parecían mirar á su amo con ternura. El abate Legrand e~ srnt1ó sacud1~0 por
un extremecimiento y con la cabeza inclinada y las manos hacia atrál!, volvió á su
jardin.
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lf b d d
Entre los lotes de tierra, brillaban ht~ avemdas hmp1ec1ta.q, a oro ra as e arena
leve: los peralt-s, sin hojas, extendían su11 ramas rt-gulares y paralelas contra el muro
del chiquero tt&gt;chado de paja.
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El padre afiauzó con un mimbr~ una rama rota y, pensativo, contmuó su paseo ií
Jo largo del muro, al rayo dt.-1 mi y ab1ió una puertecita que daba al cau_ipo.
Silencioso bailado en luz y .. n humedad, el plan Ee extendía á lo lt-Jos. Aquf y ah(
•los haces de e~pigas, redonda, como palomares ó Pl'mt'janteR á cabaflae, formaban ca~erfos de paja. A la izquierda un espl'so bosque de hayas enlazaba los bc•sques de abetos que barrian el horizonte.
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Largo ~iempo fijó el padre RUS ojos en aquel pa1sa¡e fam1har como para unpregnaree de él; despu(,s Cl'rró la puerta. Ptro su mirada, franqueand? los muros, Pede~uvoen
el reloj de la iglesia. El pequeño horario avanzaba entre las cifras I y II; el m111utero
había pasado ya de la mitad del cuadrante.
. . .
ul&gt;entro de trel! horas habré muerto, • penFó el abate de pronto, é_ 1n~trntH·amente
cruzó los brazos sobre el pecho, como para protegerlo de las balas. t:ius dedos palpaban su cuerpo sorprendidos de no sentir correr la ~angre.
.
Tres horas más y yn no Pería mas que un cadáver clavado ~n un ataud para ~oda
la eternidad. Presa de una alucinación, el padre creyó oír el ruido Rordo de las pnmerns paletadas de tit•rra wbrt&gt; la madera.
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l\Iorir asf, á )&lt;.,, cuarenta aiio8, en plena Ralud, ~n plena .nda .._. ... ~ra ern pM1 bl~?
Cuantas alegrías humildes le acomp~ñab~n .en su d.1d1&lt;;&gt;sa ex18~encia em de~t-os y sin
ambiciones!: deberes de su fBCerdoc1&lt;?, ahv10 de m1senas, C?trnda_s con su.s co111pañeros, cuidado de sus animales y de su ¡ardfn ...... Ah! porque hub1a co111et1d&lt;? la Ir cu,a
de rncrificarse? Lleno de angu&amp;tia ee lanzó de un golpe á la puerta y la abrió brusca111ente.
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Su mirada siguió con obstinnci6n el Fendero re,·erdec1do por la \11erba, qn_e desde
.-1 pie del muro, t::ntre las l~bor~.•• iba hn8ta la carretera. ~u pensamiento .corna por el
enmino, Ee lanzaba en sl'gmda a través de los bosques P.ºr Penderos conoc1doi,. .Allá !eje~, á algunos kilómetros, ~e encontraba una estación ~e ca111111? ~e fi.-rro. El .Padre
:11·anzó la cabeza; el campo estaba desi.erto !~asta el hon.zonte. _Na?1e le ~·e:fn hu!r; lle;
gurfn á la l'~tación, tomarfa PI tren, se iría leJos, muy leJos, sena hl&gt;re, v1v1rfa, v1v1ría.
Vuelto loco, iba :í. lnn arse, con la cabeza desnuda ...... pero...... y su palabra?..... .
pero...... y Lerov?
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Exhalando Ün sollozo, el abate Legrand empujó la puerta}'. de rodillas en }•erra,
11:\mó en su avnda con toda.~ las fuerzas de, su fe y deen ier, al Critto, que al apro:x 1mar~e
Rn muerte babfa tl'mbién conocido en el jardfn de los olivos, todos los horrores, todoR
loE miedrn!, sudando agua y sangre y agonizando de antemano, y le suplicó que Je asiHt iese hastn el J:in y le mi viece el va.lor.
_
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D,·~puée, fortalecido, comprendiendo que la FOledad y el ensueno le acon,e¡aban
Folo cobardfaP, se apresurú á volverá su casa.
Hechas exactaniente sus cuentaP, clasificados y valuados eus \'alores-alguna~ obligncioneb de ~aminos de. fierro y ~ítnlos de .renta-hizo testamento dando á las gentes
de la comumdad más dignas de rnterés, cien perns, doscientos pePos, una verdadera
fortuna. ~nmerosos f~ligreses recibi1:ron comorec~erdo 1111 .libro, un Cristo; otros ~m
viejo cubierto y por frn, legó su bornea á gentes neas, s11phc1tndoles que no la vendieran nunca á fin' de que no arrastrase miserablemente su vejez por las calles, tirando
de la galer~ de algún forastero.
•
El abate Leitnmd se vistió en seguida; afeito:se con cuidado, se pueo su sotana nueva, sus zapatos éle hebillas y tomó sus guantee.
,
Largo tiempo oró á Dios con fervor, con amor, pidiéndole perdón de sus culpas, y
abandonándose por lo demás á su bondad y misericordia y ií su ju~ticin. Como d~ban
las tree bajó por la et!calera de eu Ca@S. Las nubes obscurecían el cielo cuando abnósu
puerta,'y como hombre prudente, el cura volvió por su paragüas .
La iglesia estaba llena como en las fiestae campanudaP, como en Todos Santos.
Ante la desgracia que abrumaba á la población, los más incrédulos habian ido á
agrupárse al rededor del hombre que repreeentaba la más alta autoridad moral. Yestido de sobrepelliz, el abate atravesó la multitud de fieles y franqueó las gradas del
púlpito y después de haberee santigüado y recogido, habló asf:

MARIA

ANT ONIETA.

Yo alcancé aquel tiempo de ruinas, de horror, de combate sin descaill!o, de odio, de odio y amor á un tiempo;
amor sí; en el fondo de todo corazón palpitaba una sed
irreeifltible de fraternidad y de concordia; l\1. de Saint.rust, ese l\larat de marmol, había iegalado, en un arranque de amor al género humano, su fortuna á lo;; pobre8;
era el tiempo en que Robespiene amaba. Yo alcancé
aquel tiempo; yo ví desmoronarse un mundo, yo sentí
los primeros movimientvs del mundo nuevo en sus panales humildes, bordados por las manos de nuestrae madre~, las pobres mujeres del puPblo. Yo he visto ¡oh! pie•
dad, el vaso de eangre humana apurado por l\llle. de
bombreuil, yo he visto, pálida y pura, en la punta de una
pica, la cabeza de reina de María de Lamballe.
En los eomienzoe, sin embargo, eólo pan y libertad pedíamos; loe que nos negaban el pan de&amp;aparecfan bajo
nuestros pie~. en un momento, en el lodo eneangrentado
de las calles de Parf~. Solfamos levantarlos, yacadavert's,
y algunos infelices que refan con la nervioea ri&amp;&gt; del
hambre, los colgaban de los farol&amp;&gt;. Estallaba entonces
una carcajada gene~!, y jóvenes, vit-jos, niños y mujeree,
nos dábamos las manos y danzábamos frenéticas rondas,
cantando sin cesar el all'gre estribillo de las E:fperanzas
dd hermoso país de Fr.1ncia: g1i ira, gr,, ira, ir., ari,,(ocratn á In la11l1'Tne.

En cambio cuantos nos ofrecfnn la libertad eran nuestro,-; dioses; quitábamoF de las cab.-zas de nuestras mujeres y nuestras hijas las cintas con que se ador11absn los
días de fie~ta y las entrelazábam0t, á las crinea doradas
del cabnllo blanco de l\1. de Lafayette, el libertador de
dos mundos.
¡Ah! tiempo feliz, tiempo bendito de hambre y de misericordia, de frio y de perdón, de mieericol'dia y de
amorl ~uestra bandera flotaba ein ceEar eobre nuestras
cabezas; era la bandera nueva, la bandera de Parfl!, el
uul y el rojo de nuestra Comuna, aprisionando el blanco
de la monarqufa. Habíamos aprendido unas palabra"
muy belllll!, ruuy grandes; un corte~ano que tenía uua

27

EL l\IUNDO.

}Ii~ neridos hermano,· sov muv feli,: al vero~ J'l'nnirlr,,: Pn t:in grnn n1ímero.
Yam~ á p;dir juntos por los -~011Íle11ado,. Se me ha COl!Cedido gracia JJª!:\ U rof ne·
ro no pude obtenerla P!'-~ Lardeur y Yínce!1t; ~o!' he nsto, los 1,e a~1Plldo, .-,um lfltos para morir como cr1st1anoe y como pntnorn..
·t1 . .
Sin o~tentación, con mucha Pimplicídatl, hablú sobre el deber, el eacn c10 ) e.1
amor á la patria.
• 1
1· · b l
r a•
Sus alabras hicieron extremecer á la asamblea. cnyo idea se 1m1\a n &lt;e nrt 111,
rio á lo~ rntere~es mat.t-rialee. Sin embargo, una mnjer h1n1.ÍI un gr:in, gr1to;1ttdlad
dre de Yincent que se dePvanecfs. Sacáronla Í(1~ra y p:ira ocupar IJ a mu I u
"
cual ~nrgían rumores confnPos, el padre annnc10: .
•
•
-Yamos á cantar el oficio de los muerto•; yo diré un versfculo y IM 6 e1ee re. pon
derán
· ¡· "
·1
En ~1 coro vuelto hacia el altar. entonó con
f11PrtP. FI I&gt;c pr•/)1111, :s. 1•,n. ~eg,!1&lt; a.
bendijo 1\ Ja Asamblea y la exhortó, con mucha tl1~11i,L1,I, ,i l.i cal11,a y a la re,;1gnac1ón,
invitando ii torio!&lt; 1L que volvieran á ~u casa y 8e .,1,cl·rnw,11.
Vií,~ele dirijir~e hacia la
escuela, engna 11tado y con sn
paraguas en la mano........ .

UI~

,·oz

... :.ú d¡~·~·ig;; ¡~·~:·e:··1~;- ·¡;;;b¡:
tante~ de la población flllpieron que fil cnm nabía sido
fusilado por los alemanes.
l\lAt:RlcIO Lu11mcn:R.

•
frente inmensa y que, con su junco de Indias de pui!o
de oro, habfa azotado sin piedad las espaldas del clero,
nos hab(a ensenado una palabra mágica: libertad. Cuando este cortesano murió y la Asamblea decretó su apoteosis, llevamos sus restos á nuestro gran templo cívico,
al Panteón, entre el incienso y las flores, y nos arrodillamos delante dP su ataúd y llorando de admiración ensenábamos á nuestras hijos el nombre de Vo//air,.
Pero ese nombre no era el más querido, había otro;
había otro adorado entre todos los nombres de !a tierra,
porque era el de un hermano nue~tro, que hab(a vivido
con noRotr0!&lt;, que habfa tenido, como nosotros, hambre,
que había sido escarnecido, humillado, apedreado; que
había sido lacayo como nosotros y nos había dado nuestro evangelio nuevo, que había predicho el porvenir y
había muerto, olvidado y triste, con la mirada perdida
en la última luz delcrepúeculo. Ese hombl'eerael maestro de nuestros apóstoles, era el maestro de nuestros @autos. Robespierre se descubría al pronunciar su nombre,
8t. ,Just pensaba en la guillotina para vengarle y su recuerdo arrancaba de las profundidades lúgubrt-s del corazón de ::\Iarat una lágrima que apuntaba entre su,; pestañas como una gota de hiel. Aquel Cristo de nuestra
gran rernlución se llamaba Jnan Jacobo Rousseau; de
sus labios habfa bajado esta otra divina palabra: lg11alclad.

Yo me llamaba Pueblo; este nomb110pronnnciadopor la
boca de bronce de )Iirabenu, que parecfa la de la mllEcara
de la tragedia antigua, había berho crujir los tronos, como árbulos delas rafees podridas. Esta palabra, apena,
balbuceada por nuestros padres en los siglos de tormento, de ignorancia, de esc!avitud; apenas deletreada en el
fo11d11 de la tumba social en que Y.Reían, había tomado
con el timbre de la gran voz del tnbuno, el tono de una
tempeHad rebotando entre las cimas de granito de las
monta.i!aia. Desde que esa voz eonó, la monarquía, la nobleza, el clero, el rey, el duque y el obi~p0 se habfan puesto pfüdos para siempre; con esa inmutable palidez iban
á .s•1bir las gradas de la guillotina.
~ólo una mnjer no se había puesto pálida, sólo un roe-

tro ae había encendido de ira y odio; esa mujer divina y
aborrecible se llamaba.lrt r,i,w; eral\,faríaAntonieta. ¡Oh!
dejadme recordar esos días de dolor y redención, eiroa dillt!
de muerte y de inefable gozo, en que Francia, eAcudiendo el del:'garrado manto, el manto ~n que ocho @i~loe de
monarquía habían derramado el vmo de sus org1as perennes se levantaba á la voz de la filosofía y la elocuencia y d~ba su sangre á la resurreción de América y presentaba i;u corazón it todos los p.ueblos, llamándolos sus
hermanos. Dejad que los recuerd~. _Como una visión prodigioRa se dibujan :l mi vi~ta. Alla abajo rugía y cautab.i
París, la grande, la inm,m.sa Parfs que vivía en 11!- c~lle,
que había olvidado el camrnodel hog;1r, q,ue p~rec1a ~1~mpre lista para t:mprender una peregrmac16n BID térn11110,
con el @aco de viaje á la espalda y en las manos la pica,
la pica que iba á abrir á la Revolución las puertas dd
n,undo en Jemmapes.
Como un rellejo de nuestros vértigos, de nuestras aspíracione~, como un eco de aquel mar preñado de tormentas que se llan,ata 1'11rís, se oía sobre nuestras cabezas el murmullo de un ~rupo de gigantes: era. la ..\~amblea :-iacional. En medio de ese grupo, un rugido de león
resonaba en los grandes monlentos; era un antiguo noble, 11n antiguo llbertino,. 1111 antiguo presidiario .que hablaba cnando rn exi~tenc1a de placer se lo permitía; era
lll voz convulsiva del porvenir promulgando la sentencia
de muerte del antiguo régimen; era la palabra de ~lirabeau que envenenaba á la monarqufacon su aliento mientras la~ flores lo envenenaban á él con su perfume. Y
desde que esa palabra estalló, comenzó el estremecimiento dt:l suelo de Fmncia; dura todavía. :Frente á la Aeamblea, frenw, al E,tado llano, brillaba la Corte, P.n derredor del suntuo~o y simétrico Versalles habitado por las
Hombras de todas las grandezas y maculado por las rl'liquias de todas las corrupciones de la vieja Francia. Era
aquel un mundo vestido de ~eda y oro, qué sentía que iba
á morir y vertí:\ en su coga de deleite las últimas gotas
de aromr de la.i;, flores de ,is de la monarquía. To&lt;lo era
elt&gt;gante y delicioeo; los guardias de corps perlnmabun
,us dclicadai:. manos con agua de ámbar, para haeer su

�•
12 Juuo, 1896.

EL MUNDO.
cuarto de centinela en la puerta de la alcoba ~e
la reina; los abates se batían en. duelo; loe ob1a•
po3 firmaban las protestas en contra de la pre•
minencia que se daba en el memut de honor en
Y ersalles á la seBorita de Lorena y loe cardenales se enamoraban de la reina.
Todo era allí artificio, nadie creía en Dios, ni
las mujeres; es ciert,• que una que otra vez
creían en el diablo bajo las especies de Cagliostro ó de l\1esmer. Los padres vendían á sus
hijas los hermanos traficaban con sus hermanas ~ todos los cortesanos aplaudían febrilmente á ·Fígaro que les escupía en el rostro toda su
ignominia.
En el centro de todas eeas figuras de porcelana cuyos perfiles dulces y fatigados se destaca han en el esma1te azul J.e un cielo en cuyo
horizonte hume¡\ba ya la llama del incendio,
estaba sentado un buen hombre robusto y plácido, glotón ~ inofensivo, d~bil y rubieundo:
Luis X\'I, y ¡unto á él, de pie, una hermosa y
altiva mujer, qne entonces se llamaba Madame
T'eto. Algunos empezaban á decirle la austriaca· su uombre de bautismo fué :\Iaría Anto•
nieta archiduquesa de Austria; su nombre de
muerte está. etcrito en el registro de inhumaciones de la Magdalena, helo aquí: Por ~,i ataúd
para la 1•iu,da Capelo, 7 fta_n,·o.~.. Era prec1~0 p3:ra
llamar Capeto á esta mu¡er, v10lar la lu~tor1a;
no importaba. Capeto era el nombre de1 fu.ndador de la monarquía y los dos que expiaron los crímenes de la mona1quía debían llevar el {iombre del fundador, lo que quería decir que en ellos se mataba la institución. Así
al menos lo explicaba un hombre elocuente que
fué el primero que aplicó al último monarca.el
.apellido del primero: este hombre era Camilo
Desmoulin~.
La reina de Francia era bellísima, era, ya lo
dije, odiosamente bel,3:, p~rque así como su lujo insultaba nuestra miseria, así como ous bimquetes en que se repartía l::i escarapela negra de
la contr,1reYolución, insultaban nuestra ham•
bre así su belleza insultaba nuestra fealdad.
¿Q,;é derecho tenía ese mon'struo á la hermosura cuando Teresa, la mujer de Rousseau, había
sido tan fea? Su caballera de oro pálido como
el sol de Alemania, sus ojos azules como el
Danubio, la cm va mórbida de sus labios austriacos, su inl)1aculada frente, su talle de hada, su porte de diosa aérea, suave y pura, todo,
basta las lágrimas que venian á sus ojos cuan-do besaba á sus hijos, todo estaba diciendo claramente la horrible iniquidad que encerraba el
corazón de esa hiena que, para conservar la.tersura de su piel, se bañaba en sangre de mños
recién n·acidos, como nos lo aseguraba Marat,
el amigo del Pueblo, con su acento ronco y sublime.

~amas distin9uidas de

Desde el día que tomamos la Bastilla el terremoto cre,ció; todos los viejos edificios se desmo~onaban; el s~elo
-de Francia se movía como una báscula rnmenrn, y 1mentras nosotros los de abajo subíamos, el rey, la reina, Ver·
salles la corte, descendían rápidamente al abismo. To·
dos h~ían, todos temblaban, todos se miraban despavoridos menos ella. ¡Oh fatal, abominable mujer que acon-sejab~ la resistencia á Luis Capeto, que intrigaba con sus
cortesanes para degollar á nuestros hijos, que aglomeraba el pan en Versalle~ :para ma_tamos de ~u~mbre, que
l1abía jurado el extermm10 de touos los par1s1enses, que
llamaba á su hermano primero y á su so~rino despu~s
-traidora!-para que acabasen con Francia y con la libertad.
¡Con qué gusto la buscamos en Yersalles para insultarla!
Entramosen su alcoba; todo era blanco, limpio, puro, trascendía á. teinplo aque1 cubil de pantera; la sangre de sus
genízaros que se atrevieron á morir sonriendo al pie del
lecho de su sefiora, manchó la cuna de sus hijos. Y ella
los llamaba; Antonieta llamaba con suprema angustia á
sus hijos; la austriaca fingía ser madre buena; ¿para qué?
¿Por qué aquella voz de agonía, J?Or qué aquella desesperación maternal? ¿Qué derecbot1enen los reyes parasentircomo los demás hombres? ¿No son los enemigos de la
humanidad?
Llegó un día épico; la monarquía desapareció con sólo
el rumor de nuestros cantares:

Para un 14 &lt;le Julio.
I

EL MINUE.

;-

De.raso azul vestidas están las bellas damas,
entre tapices llenos de asuntos de \Vatteau;
la reina danza alegre, i;¡us ojos son dos llamas;
habrá litios como ellll, pero más blancos, no.
Para ella el mirto brota las hojas de sus ramas,
para ella el padre Apolo las rimas inventó,
por ella son hermosos los regios oriflamas,
Versalles y el Elíseo, Louvre y Fontainebleau.
Gentil t&gt;l paso mide, su cuello real erguido,
sonriente y desdeñosa su linda boca en flor;
paloma de alabastro que tiene de oro el nido,
Por sólo afán el gozo y el triunfo y el amor,
~l gran reino d~ Francia posee á sus piee rendido:
el pueblo está. ailá abajo y arriba está el Señor.

II

EL LEON.
Un trueno formidable París inmenso llena.
Qué tempestad avanza? qué nube, qué volcán

Nosotws estábamos en el otro extremo de la
báscula, muy altos, dominándolo todo_. A. ese
trono le pusimos un nombre: la gu1llotma;
nuestro pedestal era el cadalso. ~1?-ogamos en
nuestro interior los gérmenes. viciados de_ la
compasión, y el juego 4e1 cuchillo de la. guillotina empezó la renovac1{m de la humamdad, el
A migo del Pueblo era fehz.
Era un día de otoño; la muchedumbre efervescía como el mar en derredor de una roca, en
torno del patíbulo en la plaza de la Revolución . .
Los soldados de la comuna y las calceteras de
1 Robespierre,
bailaban rond~s el! torno de la guillotina. Las picas, aun no hm~ias de la sangre
de Septiembre del año antenor, parecf_an un
bosque agi~ado por el huracá1?. Un grito de
rabia y de implacable furor saha dE: todas las
bocas. Era el día 6 de Octubre; la vmda Capeto iba á morir.
.
Los traidores realistas habían prOp3'.lad_o la
leyenda de su infortunio; referían su d1gmdad
en la hora del peligro, sus adioseb tiernísimos
al rey su desesperación y sus lágri!llas cuando le ~rrebatarnn á su hijo, su resignación santa y dolorosa en la Conser;iería, los ultrajes que
se le habían inferido; hablaban de sus cabellos
&lt;!BCanecidos en pocos días, de su desnudez, de
sus enfermedades, de su hambre, y repetían
yalabras de P~!dón que bahía dej~do como he1·encia ásu.s b1JoS. No, no; eso deb1adeser mentira eso era imposible, nuestros jueces eran
just~s, nuestros municipales eran b~enos, n~,
los realistas querían hacer una má.rt1r 4e la tigre imperial de Austria. !María Antometa tener corazón de esposa, de madre! Mari~ Anto11iéta perdonar! Sueño, locura: los en~m1gos del
pueblo no son hombres, no son mu¡eres, son
monstruos.
La carreta apareció en la gran plaza; la actflnpafiaban las vociferaciones de la rnuchedu~b~e;
silbidos, ultrajes, salivas, lodo, no había ~1 ignominia ni inmundicia que no se arro¡ase á
aquella frente, antes ceñida por la corona. de
ocho siglos de grandeza, hoy por una humilde
cofia de lino blanco que dejaba entrever lo~. cabellos canos cortados brutalmente por la t1¡era
del verdugo. La Veto, con las manos atadas á
la espalda, hacía esfuerzos para perm~necer derecha en vuelta en su estrecho vestido negro.
Cuando vacilaba, la punta de una pica ó de un
sable la sostenía...... Así iba subiendo á su Calvario, decían los realistas.
¡ Maldición! ¿Por qué estaba ?1n serena esa
mujer? Sil cabellera ha encanecido de dolor, es
cierto ...... ¡Bah! que sufra por todo lo que ha
hecho sufrir al pueblo...... Ya llega, ya sube......
Yo era el ayudante del verdugo; yo iba á beber eu sangre. Hela aquí; pone un pie en la.61!calera fatal, vacila, va á caer...... Me prec1p1to á sostenerla. EÍla sonríe y me dice con un acento de
desolación suprema: Gracias, amigo, hermano mío!
¡Yo el hermano de la Austriaca! ¡Yo! Dios mío, sentí
un dolor inmenso en el corazón y permanecí clavado en
aquel luaar fatídico ...... ¿Luego esa fiera podía perdonar?
¿Luego :ra una mujer? Sentía que el vértigo se apoderaba de mí.....,
,
.
. f
Un silencio protundo rodeo un rnstante la g!11llot na,
sólo se percibía el latido del corazón de la multitud. Entonces se escuchó u na voz l1ngelical y triste que .decía:
«Adiós, adiós una vez más, hijos míos, voy á umrme ~
vuestro padre»...... Un grito, un sollozo se escapó de. m1
pecho· corrí hacia el cuchillo fatal exclamando: «¡Dei.ad. la vivir. dejadla vivir, no es la austriaca, es una mu¡er,
es una madre, es mi madre!.·····" La mano del verdu•
go cerró mi boca, aquella mano estaba empapada en sangre, era la rnngre de la pobre mártir..
.
Sofocado por el dolor y por las lágrimas, caí al p1e..de
la guillotina; me figuraba que u°: mundo _oesaba sobre
mis espaldas, y Francia me pareció sumerg1aa en. un lago
de sangre sin riberas. Cuando volví en mí, la muchedumbre se había dispersado, el patíbulo estaba so)o, la noche
profundamente obscura y fría. Levanté los OJOf! y ví una
gran fantasma dominando el cadalso, la Francia, la humanidad, blanca, inmaculada, inmutable: era la estatua
·de la libertad........ .

la República.

$rita. Nardsa {blcguel Novelo.
[DE MERIDA.)

Allons, enfants de la Patrie,
Le jour de gloire ·est anivé ....... ..
Era el himno del Rhin, era el canto de nuestros marselleses era el sublime grito de guerra del 10 de Agm,to.
Un e~tremo de la báeculase había perdido en la sombra para simpre. El trono, la -nobleza, la Igl~eia, todas
las aBejas invenciones de otra edad, todos los mstrume~tos de tortura inventados para el pueblo, todo se redu¡o
á polvo. Un poco de sangre, un poco de humo ......... y el
pasado había vuelto al no ser. Día bendito, yo me arrodillo para adorarte al través de los años; ese día el mundo moderno encont~ó su cuna en los brazos de un pueblo
ebrio con su victoria inmensa.
No, el vencido no era Luis XVI, no era la víctima María Antonieta· el vencido era el pasado; el vencedor el
género huma~o; sentimos eobre 1!ueetras cabezas la mano de Dios que no¡¡ bendecía. Miramos á todos loll puntos del horizonte y vimos Purgir de las tumbas, rle las
hogueras, de los calabozos, de los campos de batalla, de
los templos, de lat1 escuelas, de los laboratorios del pensamiento, de los talleres sepulcrales de los obreros, del
cora~6n de loe siervos de la gleba, del pecho de los encadenados, un grito soberano de emancipación, un infinito clamor triunfal: y aquel rumor ilimitado se concretaba se volvía una armonía divina en una palabra sola,
en e;ta palabra de concordia, de porvenir y de paz: ¡República! La fórmula de la verdad social estaba encoatrada.

sobre la faz del orbe y el alto abismo truena?
qué ráfaga se agita? qué soplo, qué huracán?
El pueblo al fin ha roto su:secular cadena,
con fuerza de torrente, con brazos de titán;
derroca la Bastilla y el ronco clarín suena ·
que anuncia los incendios que el mundo salvarán.
Del trono fr11casado se oye el crujir violento:
el hombre es libre y canta del libre la c~nción,
haciendo conmoverse la Francia en su cimiento.
Rugiente abre sus fauces el león-Revolución,
y baja de la altura como un sagrado viento,
que hace temblar y encrespa las crines del león.

JJJ..

EL OUELLO BLANCO.
La du Ice y real paloma subió á la guillotina,
es cabellera caDa la que opulenta fu.é;
el cuello de azucena feroz verdugo inclina
delante el pueblo todo que el sacrificio ve.
¡Oh Maria Antonietal ¡Cuán otra tu divina
figura en los graciosos compases del minué,
cuando eras un diosa de mano alabastrina,
de labios encendidos y de ligero pie!
El misterioso sino la m¡1jestad humilla,

JUSTO SIERRA.

oh Clovis, oh gran CaFlos, oh hnesos de San Luis!
la tempestad del mundo brotó de la Bastilla,
Como un trop.;I de truenos se despert4'.&gt; en París.
Dios deja que ese cuello lo corte la cuchilla
y que callosas manos ajen la flor de lis.

lY

SUPREMALEX
Sí· Dios lo quiere á veces. La sangre, las matanzasvien~n como una triste y aterradora ley;
señala lo infinito, momentos de venganzas:
rompe la jaula el ~uila, quebranta el yugo e: buey.
Terrible es la tormenta que tráelas acechanzas,
la rabia del rebafio, las. iras de.la.grey;
que pone las cabezas sangrientas en las lanzas,
y•rranca con la vida la púrpura del rey.
.
~ Dios 11&gt; quiere á veces; y envía el cataclismo,
hace brotar del fondo siniestro del abismo
1118 lívidas borrascas, la negra tempestad,
.
Para 9.ue surja en medio de la árdua noche tdg1oa,
como divina enseña, como corona mágica,
tu nimbo coll!ltelado de luz, oh Libertad!
RUBEN DARÍO,

12

JULIO,

1896,

EL;MUNDO.

Croce; fué 'á entregar su trabajo, y los padres Je di!:.ron
como recompenea un ramillete de rosas. También dejó
(lllSTÓRICO)
caer las flores 1Sobre la desnuda tarima, y la blanca Giacinta, su mujer, fué heshojándolas en los platos ,acíos, y
Yoy á referiros una breve y triste historia, y voy á re- cuando ya no hubo más pétalos, dijo al esposo y á los
ferirla porque hoy habrá muchos semblantes risueños hijos:
-en las 'calles, y es bueno que los alegres, los felices se
--Venid: ya esH la cena.
acuerden de que hay algunos, muchos desgraciados. Es
Un instante después moría de hambre.
un episodio del 14 de Julio, pero no del 1-1 de Julio de
La mexicana sí h:ibfa Teunido ya algo más de un franlí8J, sino del 14 de Julio de 1890. Y la heroína e~ una co para pasar el día 1-1. Todos juntos Ealiernn á la calle
paisana nuestra, una hermosa y desventurada mexicana. para que los niños pasC'a!'an. ¡Qué alegría! ¡Qué esplenAh! de ella hablaron mucho los diarios de París hace dos dor!
afios, más que de M:me !turbe y de sus trajes, más que de
Los muchachitos débiles y enfermos, al pasar por fren•
la sefiorita Escandón y su boda. Arsenio Houssaye, ese te á los apar~.dores, decían:
anciano coronado de rosas, le dedicó una página brillan-Mamá, ¿qué hay en el cielo pollo asado?
te una aureóla de oro, como esas que circundan las sie-¿Y jamón?
n~s de los mártires. La piedad la amó un momento, un
-¿ Y pasteles?
momento nada más, porque la pieiad tiene siempre muLa muchacha más grande, la de catorce añ0s, veía con
chísimo que hacer. Y ahora que miro esas banderas, esas tristeza los escaparates de las tiendas de moda. ¡Era herflarnulas, esos gallardetes, símbolos de noble regocijo, mosa y se iba sin que el mundo la hubiera conocido! Tal
pienso en la pobre mexicana que pasó en París el 14 ele vez la pobreci_ta no creía en el "ielo; pero en la muerte
.Ju Iio de 1890.
hospedadora sí. No engañaron sus oídos las músicas de
E~taba casada con un francés que vino á nuestra tierra viento; no engañaron sus vjos los fuegos artificiales; no
cnando la malhadada intervención. Aquí tuvo seis hi- engañaron su imaginación las pro··,esas del cielo. Sí, el
jos ...... ¡Ya sabéis que la pobreza es-muy fecunda! Vivían cohete sube, también 1·esplandeci, . u quiere llegará las
penosamente, y el marido, esperanzado en ~aliar protec- estrellas...... pero en el aire se ap l , . Lo cierto es el arción más ampha en su país,. regresó á Franc1~con su mu- mazón1 es el esqueleto del «castillo,, que en un momento
jt'r y su media docena de criaturas. El era pmtor, deco- fulguro. Y lo cierto es la noche densamente negra.
raba hacía cuadritos de flores y de frutas para comedor,
Ella fué la primera que dijo:
ilum'inaba retratos, y tenía buena voluntad para admitir
-¿Ya nos vamos?
cualquier trabajo honesto. Pero he aquí lo que no baila•
Y los niños más chicos, en coro, repitieron:
ba. ¡ Es tan grande París! ¡Hay en sus calles tanto ruido!
-Sí, papacito, vámonos al cielo.
¡ Es tan difícil percibir allí la voz de un hombre!
En el camino compraron un pan. Tenían más hambre,
Altivo, orgulloso como era, jamás se habría resignado mucha hambre. En su tabuco devoraron aquel pan. El
á poreliosear. La miseria, enamorada sempiterna del orpadre no; no pudo. Lo maelre no; no quiso.
gullo, vino á acompafiarle.
Pero en ese pan babfase empleado hasta el último cénUna noche, agotados ya todos sus recurso8, dijo:
timo. Y para dormir bien, para dormir como ellos que-Es preciso morir.
,
rían; el carbón era indispensable.
Le oyó el más pequefio de sus hijos, y pregunto enton-¡ A.b, no hay cuidado! dijo la mayor. la portera me
ces á la madre:
fía.
-Mamá, ¿qué cosa es morir?
Y salió. Y lo trajo.
,
-)Iorir, hijito, es irse al cielo.
No l,nbo necesidad de que apagaran la vela. También
-¿Y cómo será el cielo? ¿como el mar?
ella se apagó. Ardía el carbón, y su f.vlgor dantescQ, se-.No; el cielo es un jardín en donde hay muchas flo- mejaba un boquete del infierno asomando en la sombra.
res y muchas frutas, y muchos juguetes para los niños. ¿Quién llora? ¿Quién solloza? ¿Quién ee queja? ¿Quién se
-Sí, pero no serán para mL También aquí hay todo retuerce? ¿Quién sofoca blasfemias? ¿Qujén se aho.~a?
eso v nada es mío.
La asfixia se lleva primero al niñito de pecho; amorda_:En el cielo cogen los niños que no son traviesos cuan- za á los más débiles; amarra á los padres paraquepresento quieren,
cien impotentes la agonía de sus hijos; y en medio de es-~famá. ¡vamos al cielo!
te horror y de esta espantosa lucha muda, rasga el silenLa muchachita, que escuchaba atent!l, terció entonces cio la "OZ de la hija mayor:
-en la pltítica:
-¡Ya no! ¡Ya no quiero morir! ¡Padre, perdóname!
-Pero el viaje ha de ser largo, muy largo...... ¡De aquí
al cielo...... !
Al día siguiente un vecino rompió la puerta; dentro es-No. mucho más cómodo y más rápido que el de Mé- taban los cadáveres. Los PI.lean al ai_re, nacen esfuerzos
xico á Francia. Se duerme uno, y cuando despierta, está inauditos...... ¡Todo inútil!
-en el cielo.
¿Verdad que ese cuadro debió ser horrible? La vida in-¿Y allá hay fiestas como la de mañana, con fuegos ventó un castigo, inventó un suplicio que no había soñaactiticiales y con músicas?
do el Dante: ¡La madre estaba viva!
-Todo el año.
¡Ah, éste ~í que excede á todos los tormentos! Ugolino
-Pues iremos.
devora á sus hijos, pero los lleva dentro de sí. Y Ugolino
Y aquellas criaturas, para quienes la tierra era tan du- muere. A aquella madre no le quiso la muerte.
ra. se alborotaron con la idea de ir al cielo.
-¡ ~iorir! ¡Qué hermosa palabra! Sonaba en sus oídos,
¿En dónde está? ¿No se ha aplacado Dios? ¿No ha permido
,como suenan cantando en los de al~unos hombres.
que muera? ¡Santo cielo! cuando asisto á las fiestas de ese
-Pero no nos iremos todavía, di¡o otro de los niños. día, cuando miro reír y j11guetear en la kermesse á tantos
l\laiiana es el 14 de Julio. Quiero ver los fuegos.
niños bien vestidos, pienso en las inocentes criaturas,
Padre y madre cruzaron una mirada suplicante.
que hambrientas y asfixiadas, perecieron hace dos años,
-¡ Esperaremos!
y digo á las almas buenas:
Ca~i habían olvidado ya su hambre con la esperanza
-¡Una caridad por amor de Dios!
-de ir al cielo, y se durmieron soBanelo en rehiletes de es-Señor, ¿en dónde está la probre mexicana? Si vive
trellas y en jugueterías de porcelana blanca, atendidas aún, dale la muerte de limosna!
por ángeles. S6'.o la más chiquita, que no había entendiM. GUTÍÉRREZ Ni.JERA.
•do, dijo con voz desfalleciente:
-~1amá, papá.
Los dos esposos se miraban sin hablar. ¿Cómo esperar
á mai\ana?
-Yo puedo todavía, vendiendo lo último, juntar un
franco. ¡Pedro, quiere Juanito ver !os fuegos!
DOCTOR FRANGESY aguardaron ...... Sería blasfemia escribir: esperaron.
Especialista para la curación
El padre tenía una tablita de flores pintadas que no había podido vender. Iba á regalársela á la buena señora
del est&amp;nquillo. ¡Tal vez Je diera algo!
DZ LAS ENFER!IEDADES DE LA CINTURA.
Muy tempran0 fué. Ya cantaba la fiesta su himno triunPREMIADO CON MEDALLA DE EIONOR
fal en plazas y bulevares.
A poco abríase de nuevo la puerta del tabuco, y el pinPOR EL GOBJERNO FRANGES.
tor entraba de regreso.
-¿Qué te dieron?
&lt;rallejón ael $spíritu Santo núm~ro a.
Aquél, vencido y sin desplegar los labios, dejó caer al
suelo unas cuantas estampas.
EXTRACCION GARANTIZADA DE LA SOLITA.RIA.
-Eso...... para que los niños se diviertan ¿No recor3~ A.Ñ"OS DE PRACTICA..
d.\i., la historia de Scbiavone? Aquel pintor veneciano
t.•rn~ ién tenía mujer, seis hijos y hambre. También era
-soo~: bio. Y pintó no se qué para los padres de la Santa Horas de consulta de 9 á 12 a m y de 3 á 6 p m.

UN 14 DE JULIO.

LUISCLEMENT

29
(Tomado de "El Universal" de la. Ciudad
de México.)

Tratamiento severo de un hou. bre
Por el Dr. A:SSEL310 SEQUEIRA,
Ex-Interno del Hospital General &lt;le Guatemala.

Asistía yo_á un sujeto bastante vigoroso, de
afectado de hepatitis, que pllr un exi111en atento conceptnú localizaela en h zona
aaterior del lrgano secretor üe la Liiis hacía
m'1s de un año.
Permanecían con tinte icté:-ico la piel y lu
escler0ticas, las deyecciones albinas muy irregulares, casi siempre presentaban, como dico
Frerichs en estos casos, &lt;&gt;olor amarillento intenso por la presencia de la bilis más ó ménos
alterada; bilifulvina, colesterina en forma. ele
cstercorina, biliverdina, etc. etc.
El color de la lengua, también ictérico, el
pulso oscilaba. entre 70 y 80 latielos y anunciaba el termómetro poca diferencia en la mar.
ca calorimetra normal.
Era. indudable, á priori, que el diagnóstico
no admitía error y la primera. idea fué la a•
plicación de un moxa y propinar cada cuatro
c1ias nn drástico de píldoras antibiliosas unas
veces y otras un purgante
No se advertía cambio en el mal y el moxa
clió lugar á una llaga superficial sobre el mismo lugar enfermo, que se estuvo curando con
unguento y sa.n6 á loa diez dias.
Permanedendo estacionario el mal con un
cortejo de síntomas, instituí el siguiente tratamiento.
Con un dia. de por medio hice que tomara.
por la noche de cinco á siete Píldoras del Dr.
Rosa y que en seguida. de Je. primera deyeeción consiguiente, se le administrara. sopa sazonada de buena carne de huesos; que toma.
ra después de la cesación del efecto catártico,
una cucharadita ele Polvos de Seltzer en tres
cucharadas de egua aromatizada., que debía.
repetir dos ó tres veces con intérvalo; que el
füa quono tomase las pildoras, tomase vino
viejo generoso para comer y una píldora ferruginosa (Píldoras del Dr. Peck) inmeeliatamen•
te despues de cada almuerzo y comida frugagales; en virtuel de que el paciente se encontraba un poco anémico evide1.1temente.
La mejoría comenzó en breve á establecerse y queriendo comprobar á Jo que era debida
hice euspender el uso cTe las Píldoras de Rosa
y surjía el mal Rin tardanza y con nueva fuer.
za debilitaba al paciente.
Restablecí en su virtud el uso de dichas Píldoras, nc:;:egando alternaelos baños muy rápidos, rnlfurosos y salinos.
Cosa notable; el enfermo eruaciado, anoré•
xico, dispéptico, discrásico se levantó y recuperó prontamente las fuerzas y clespm'is de dos
meses de invierno en este pais intertropical,
siguienelo el tratamiento de referent&gt;ia, él ha
sanado por completo y está en buena salúd, y
es de rigurosa lúgica y justicia atribuir esta.
curación :'das Píldoras de Vida del Dr. Ross.
Naturam Morboruru Curatio1.1es Ostendunt
et M.edicamenti.
M.QS!lya, Nicaragua, Diciembre 10 de 1896.
Dr. ANSELMO SEQUEIRA.
Ex-lnteruv del Hospital General de
Guatemala, Médico forense del Distri•
to de .Masa.y.., Miembro Corresponsnl
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>TOMOll

M EXICO, DOMINGO 15 DE NOVIEMBRE DE 1896.

tan paso ccmpromefiao.

•

NOMS:R020

�EL MUNDO.

302
liliEL MUNDO.''
8Jn!ANARIO ILUBTRADO.

Teléfono 4:U.-Callede Tiburdo núm. 20.-Apartado87 b.
MBXICO.
Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este per!ódlco.

La eascrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelantbdos.
Nó.meroe sueltos, 50 centavos.
. .
A.visos: á razón de $30 plana por cada publ1 cact6n.
Todo pago debe MPr precisamente adelantado.
RBGIBTRADO 00110 ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
•Agentes exclusivos para los Estados Unidos Y Can~·
dá The Spanish American Newepaper ~ompany, 136 Ll·
berty St. New York. E. U.,,

Una triste .erµrrt.encitt.

tá la salvación de la sociedad que la del in1ividuo y que
en caso de un conflicto. todas las energías deben conc.,ntrarse en la conservación del agregado y no &lt;le la unidad.
¿En qué situación se ha encoutr~do basta hace_ poc~ ti
delincuente con respecto de la soc1edart? En la s1tuac10n
menos favorable para los intereses de ésta; ha ~ido el far·
du cuyas necesidades han sido pagadas con la suma de la
riqueza pública, utilizable en empleos provechosos para
el bien común. Cada porción de los recursos privado~, r ..clamados por medio del impuesto, para el so~tenimieutu
de los criminales, representa un esfoerzo inútil de.l aso·
ciado, sin compensación:alguna. Las cantidad..s retuadll.s
del fondo eocial con este objeto, no tienen su contraparlida en el Haber de la cuenta corriente entre el ciudadano
y el Estado.
Aceptando al cr;terio de un criminalista m.oderno, .en
la investigación del concepto jurídico del dehto, prec1.so
eA reconocer que si el delincuente es un deudor de la socte·
dad y el castigo representa el pago de esta deuda, no es
lógico que este pago Pea afectuado por un ac~eedo:, en
forma de r,mta pasada al deudor para Rll subs1stenc1a.No es de moral social reclamar el sacrificio de los eleD1,m•
tos sanos del grnpo para aumder á los nocivos, y si t-ij
ley económica que todo capital Rustraido de sus empleos
productores representa una périida neta para m, pueblo. otra ley dPja establecido que toda energía ga~tada
estérilmente es causa del debilitamiento y la anemia dt,
una colectividad.
La reforma consultacla ~ nuestro poder legislativo, nos
parece, pues, de alta justicia y moralidad, y noeotro~ quisiéramos- en virtud de este principio- ver eF&lt;:rita t'n
la puerta de cada prisión la leyenda que un penahsta modPrno desearía ver grabada en sal ientes caractert-s: Aq11i,
el que no trabaja, no e .me!

En números anteriores nos hemos referido al gigantes·
co sacrificio que eet.i llevando adelante Espafla, al sustraerá ZOO O00hom bree útiles de la productora labor de la
Península' para abonar con partf' de estas vidas la abrasa•
na ti~rra de la perla antillana. Hasta aquí no~ hemos r, ·
ferido á las pérdidas de vidas á las brechas abiertas en tos
ta raza fuert.e y resistente; pero hay toda vía otro orden
de ideas al que puede lle\·arse la cu1&gt;sti~n: el asunto de
intereses, nada desdeñable en la prosperidad y el progre·
so de un pueblo.
¿Cuánto cuedta al tesoro español el sostenimiento de. la
i,ierra de Cuba? Precisamente un periódico de Madrid,
LfJ, Epoca, acaba de proporcion~rn.os instrur:tiV(?S datos
acerca del particular.-«El sosteD1nnento del eJérc1to cues•
ta dice el diario que mencio..amos, siete millones de peso~ mensuales; pero á esta cantidad hay que añadir los
gastos por adquisición de armamentos. pertrechos de g~e·
rra. compra dtl vestuario, envío de refuerzos, co~ducc16n
de fondos1 intereses de las operaciones de crédito, etc.,
etc.; todo lo cual importa dosó tres mi;lonesde pesos .mas
al mes. Nu pueden, por consiguiente, calcularse en siete,
sino en nueve 6 diez, próximamente, los gastos á cansa
de la insurrección, y aun dicha cifra tendrá que elevarse
algo más, á comtcuencia de los últimos envíos de tropaP.,,
Eete presupuebtO es altamente gravoPo y i·epresenta UD
colosal esfuerzo por parte de España. N ...da más admirable que la ene1gía desplegada por esta Nación, pero nada
también más desastroso para sus riquezas nacionales. Terminada la guerra de Cuba, el balance arrojará un triste
saldo en comra del pueblo español, cnyo carácter Puerrero, llenando largos períodos de la historia de la h~m~nidad, ba aido un fuerte obstáculo al t&lt;,tal desenvolnmit&gt;n·
to de aquel suelo.
Los pueblos ban pagado muy caras HUS guerras; aun
los mismos vencedores, hecho el recuento de sus preseas,
sumadas y resumadas sus conquistas, anotadae e n e l haber las partidas de indemnizaciones obtenidas, han en•
contrado que las pérdidas superan con mucho á las ganan·
cias. El espíritu batallador de las naciones se ha ido
111odificando con la creación de iuterePes, y el trabajo sustituyendo á la cooquista, ha enfriado notablemente el
hnpetu de las experimentadas nacionalidades.
Y eEte fenomeno se observa actu~lmente en Europa.
Hace todavía un cuarto de siglo, el amplio escenario del
viejo mundo parecía dispuesto á encerrar la palpit,wte
tragedia de una gran lucha internacional. Los Es~ados,
en el período álgido de irritación, se aprestaban al combate, y tales eran los preliminares del conflicto en perspectiva, que no faltaba pesimista que ya hubieee de ante·
mano rayado alguna formidable potencia del futuro mapa
del orbe civilizsdo. Han trascurrldo los años y ni un so·
lo cafionaz" ha turbado el sereno silencio de los pueblos
que se alzan del ,ado de allá del Atlántico.
¿Y á qué se debe este hecho? Las pasiones no Pe ban
calmado, los rencores no se han extin!(uido, el odio vi·
bra con igual fuerza propulsora; todavía la prensa franceea se enciende en llamaradas de rencores y arroja en la
hoguera de la revancha el combustible de los viejoe recuerdos depresivos; sin embargo, la paz europea no se
alt: ra. ¿Por qué? porque los intereses exigen que esta paz
no sea turbada, porque una triste experiencia ha ens, ña•
do que en la guerra se pierde siempre!
El equilibrio se ha establecido; la gran ley de la harmo·
nía está tal vez pronta á imperar en las modernas nacionalidades, no por el acuerdo universal, no por poética
fraternidad, sino por nece!!idades superiores, por ez:igen·
cias sociales colocadas en nivel más elevado.
Antaño la guerra tenia cuenta; hoy tiene cuentii la paz.
Antes 103 pueblos vivían de la lucha; ahora v1veu del trabajo. E~ta es la enorme rliferencia que eepara una época
de otra, una de otra sociedad, una de otra forma de vida
orgánica.

&lt;!El tn1b11jo µ.enitendarill obligatorio.
Entre la~ ,·arias reformas propuestas últimamente á
artículo~ comtiLucionales. figura el del trahnjo obligatorio
en las prisiones, principio dtl notable justicia social que
merece todo encomio.
Afort.unadarnente han paeado ya los tiempos en los que
un exag.-rad.o .individualismo colocaba al trasngr1&gt;sor de la
ley en co11d1r101ws dA bacn pesar su deli~o sobre la co·
lectivldad. E~ta e~cuela,-que ha llegado á establecer como
fórmula ePta sentencia .amenazadora para loe grupos humanos: ¡Perez1Ja la sociedad, pero sálvese el individuoltiene hoy pO&lt;'o acceso a•m entre las personas de corazón
más tierno. Ahora se sabe demasiado bien que attes es-

15 NOVIEMBRE. 1896.

15

Politira &lt;5.eneral.

1896.

EL '.MUNDO.

altos di¡natarios de la Corte. r"trnidos en suntuoso banquete. 1 Sr. Olney, secretario de Estado en el abinete
de la Casa Blanca, acaba de hacer iaéntica manife•tac·6
y no cabe d~da que, merced á los buenos oficios ·de \ 0~
Estados CJmdos, la disputa inveterada u
año~ apartó á la República del Orinoco deq 1°a pmor tantt(?a
d I Tá
·
d ,
.
E pera nz
~
mes1a, ~ue ar... pronto zan¡ada de modo satisfactorio para las a.tas partes contratantes.
Inglaterra some~e á arbitraje toda la línea di visoria de la
G:uay~na, renuncrn á sus pretensiones que consideraba in
d1scDt1bles,. c~de á la presión que sobre ella ha ejercido¡~
Gr~n Repubh.ca del Norte, y deja á la honorabilidad de
loe J.uec~s árbitros determinar cuáles son ¡08 derechos
terntonos
que á cada cual corre•ponden
en est ric
· t a ¡us· y
ticia.
~

RESU UE~.- La Aliania Frllnco-rusa.- AgitacioneM a¡1:rehivas é incousi~tentes en Fraucia.- Q,11é e~ la revancha.
- Fin del conflicto anglo venezolano.

Mal hace Francia en poner todo su amor y voluntad en
el autócr~ta de todas las Rusias, creyendo confiada que
baj,, su abrigo y protecc ión ha de encontrar el anh¿ladod ..,,¡nite.
En Ht excesivo optimismo, juzga posible arrastrar al
Czar á graves co~plicacionee, comprometerlo en agresivas aventuras, é impulrnrlo á una lucha capaz de humillará lod soldados que se inmortalizaron en Sadow.i. y
en Sedán.
No ve 6 no quiere ver que en las alianzas internacionalt:s, mal que pPsf' á todos los orgullos, St&lt; repite consta1 .~emenu, la fábula dP Esopo, y á la hora del repal'torle utilidades y de la diFtribucióD de ventajas, P.l más
fnnte siempre recl,.111ará paras( la m1&gt;jor parte del botln, fundándose en el indiecutible derecha del quíá n6 minor leo, que ~i ~e pone en tela de juicio, a¡,oyará en el
terrible guia sum fortior.
No ve la República, que ton su liga con RuAia puede serllevada á tomar parte en todos los compromisos lo mismo
pol1ticos qne tinancieros, orillada á todas las diticu ,tades
y .. 610 recibir en recompensa muestras de simpatía
adhesione~ platónicas, hermosas para contemplarse d&amp;
enea, p.,ro poco productivas en esencia y encaminadas
mucho menod á las aspiraciones legítimas del paie.
l\lal hactln los directores de la cosa pública en Franc'a
al ,embrar rencures y desatar odios añejos, pr&lt;'tendien.'."
J ... ilusos, qne la omnipotencia decisiva dA Rn ➔ia y s1t
ii ,fluencia ~ebPrana en losconsPjos emopeos han deservir
¡,a ra humillará Alemania y para lograr el re,catP. del tenitolÍo conqni~taclo por la e11pada vencedora de l\1oltke.
Las imprudentes revelaciones de Biemarck, que ac"•
han de poner en claro la aDtig11a alianza ex1etente entre
lo~ dos grandeR.iml_)erios d1;!Norte, no deben SP.rvirpara.
atizar hondas rivalidades DI para exacerbar heridas q,1.,
Se ha puesto en estos días á diecusión un tema que an• aun sangran después de veinticinco ai'ios, sino para pretaño hatría sido materia de escándalo y que en la actua- caverse contia la posibiliuad de un cambio en las deci•
lidad es posible investigar serenamente, sin convulsiont:s sioues de los poderosos.
Rt:cuérdese cuMadosamente la frase del eminente estani apasionamientos: ¿est.i el Liberalismo íntimamtute hdista Mr. Leroy- Beaulieu, pronunciada poco antes de las,
gado con la DPmocracia?
A nuestro juicio, el error en que ha incurrido una fa.stuosas man(festacioces de.París, y medítestl sin pasión
buena parte de los espíritus que se han ocupad? en esta DI falsos eFpe¡1s1I1os lo que dice el ¡¡;ran economista franmateria, consiste en confundir una forma de gobierno con ce~: «Rusia conservar.t la alianza francesa mientras nos
un procedimient-0 de gobierno. Forma de gobi~ .es la de- ¡ uzgue ricos y fuertes, y dejará de creern(Js fuertes y
mocracia,-como lo es la monarquía;-procedu~tei•~O "ª. el ricos, si no somos prudentee."
Y en verdad sería imprudencia inperdonable, hacerse
liberalismo, que por igual encaja en países de rnst1t11c10agreeor y provocar la guerra europea, cou amenazas y
nes monárquicas que en pueblus de instituciones rep~hlicanas. Asf, se concibe una monarquía en donde el li- denuest.s a\ i~.p~rio Gt,l'mánico.; darían muestras patenberalismo sea prcgrama del poder público- tal suc;,de t ~ tes de poco Ju1c10 los franceses s1 confiados en la alia11za.
Inglaterra-y democracias en las que la libertad haya Bl· moscovita, que muchos en Alemania siguen ponienrlo en
duda, á pesar de las manif;,staciones de simpatía visiblPs
do pr, ,scrita.
en París é indudables en los campos de Cha16ns pretenYa Sumner Maine, en su interesante obra sobre el go•
dí.eran buscar por medios violentos la revancha. '
bierno popular, ha demostrado que las func.oues e11coRegocíjes., en buena h-,ra el pueblo de Carnot y de·
1, endadas al Ejecutivo d.i la Unión America~a por la
Thiel's, de tener á su lado al ruso omnipotente que olvida
Constitución de la República vecina, no son más restric• ~ aparenta olvidar las llamas que envolvieron al Kremti vas que las de un monarca europeo enclavado d~ntro
lm en 1812 y no recuerda ahora Smollenk ni quiere acorde un régimen representativo.-Lo que F rancia conquis- darse de 8evastopol; huélguese cou todall las veras dP. su,
tó por medio de la Revolución, al precio de enormes al.ma apasionada de ".er engrandecida la República v dig•
trastornos sociales, Inglaterra lo había alcanzado antes. sin D1ficada la Democracia en la persona de su ilustre Presitener quP. sufrir, coruo resu,tado, la terrible t1ranía de la dente que ha compartido su humilde autoridad salida de
primera República.
las filas del pueblo con la del sobnano más absoluto de
De tal modo expuesta la cuestión, habrá que convenir Europa, y se ha sentado al lado del augusto representanen que la libertad no es un juego de palabras .v que eu ac- te del derecho divino y he edero de gloria legendaria y
·ción, iPdispensable y benéfica á fa ca,:sa de la humani· secular grandeza; alégrese al contem,J&gt;lar á un crndadano
dad, no se apoya en uua mera fórmula, sino en htchod inve~ido dti altísima representación por voluntad del eopositivos y concretos.
berano anónimo, tratando de igual al Czar y Re1• y J-·ontífiSin embargo, un observador imparcial y tranquilo no ce d,i una gran nación; pero que no pretenda, ·f,rndánd,,.
puede desirupnsionarse de lo que pasa al rededor suyo, se en estas esce.nas que tíeoen mucho de aparatoso y teaya que los fenómenos del ·mundo real constituyen la úoi· tral, que no qu~era hace•se Bgresor y lanzarse arrebatadoca fuente posible de información. Y lo que pasa á su al - contra Alemama, buscando en tremenda lucha, que ha.
red.-dor no da la razón á. la democracia como premisa ne- de asombrar por su grandeza á los siglos veniderus Lallar como eegura 111. i·evancha.
'
cesaria del liberalismo. Todos los hechos que al ejercicio
No debe stor para los hombres sensatos y amanteR leade la soberanía popular !0 refieren, nos ponen de manifiesto que la acción de las mayorías sirve más á la cansa les ?-e la grandez~ de\ pueb!o que canta con Vfctor Hug,&gt;-y d1.scurre con H1p6hto Tame, no debe ser la revancha el
dP. la tiranía que á la de la libe1 tad, y que cada vez que
esta gran fue1 za se pone en movimiento, es utilizada an- rescate de Alsacia y de Lorena y ta humillación del p·ru•
tes en aplaPtar que en trasmitir impulso á las actividades siano. Hay al_go que signi~ca.11!ucho más para la Francia..
huwa11a~. Este es el espectáculo que se desa, rolla á nu..s·
que 1;se desquite so~ado: vemt1cmco años de régio1.. n retra v•sta y del que no podemos preEcindir, porqne para publtca1!0, en cued10 de las tormentas y venciendo todas
el momento actual trabajamos todos y eu el uu,dio con· las 1ene1ll11s que ha opuPPtO la Europa monárquica á Ja
obra de Gambetta y de Favre; la «Marsellesa,, triunfante
temporáneo nos debatimus.
¿Qué e:i, pues, preciso acometer frente á lns peligros cantada ~on frenético entusiasmo en las honras ~únc-bre~
del cernrt@lllO napoleónico y ante el paño mortuorio dede las modernas palpitacionPR del pueblo, ga nnadot y
vehículo del poder público? Ya lo hemos dicho en ame- l~s tradiciones ~rb6nica~ y orleauietas; la potente vitarior artículo: afinar esta maquinaria por la educación, ro- lidad qne ha podido desplegar la nación. saliendo dA enbustecer estos miembros con inyecciones de riqueza pú- tre las sombras espantosas del año terrible, y ostt-ntiíndoblica, trabajo artificial. en l&lt;&gt;s nacionalidades nuevas, obra se al mundo con la corona de su pngreso y la aureola
lenta pero segura, producción dolo,osa peto Je resulta- resplandtcieut., de su r.egeneración...... esa ea larevanc}ia--.
verdadera, ese el desquite, ese e l fruto sano y la enseñan•
dos ~ ficaces.
za natural que debe recogerde de la adversidad pasada
El Estado puede salvar al individuo, cuando en poder,
'
sagacidad, iluRtración y tendencias es superior al núcleo luz y espejo de brillante y I ermoso porvenir.
A ~BE: fin d,eb~an dirigirse los que se llaman órganos de
que lo rodea. Solamente asf, el tutor de hoy podrá. lleop1m6n publica.en l:'ar.ís y no ásembrar hondos rencogar á ser, sin lesiones para la civilización, el tutoreado la
res y des!Jenar od10s afie¡os.
de mañana.
. que hace
***un año estuvo á punto a~
El.gran confhc~o
ocas10n11.r senas d1 ~c:ultadt&gt;s ~ntre los dos grand..s pueblus-.
anglo-rn¡ones, la v1e¡a cuestión de límites entre Venezue-No se puede llegar á tener una democracia hábil, si
la y la Guayana I~g.leea, que fué causa de que el Preéila democracia no consiente en que la tarea que pide de la
habilidad sea hecha por aquellos que la tienen. Una de· dente. Cleveland h1e1era uuevas declaraciones sobre Ja
mocracia tiene bastante que hacer cuando hace falta que doctrt_!la de Monroe, no muy bien acogidas por la Gran
se provea de una aosis suticiente de capacidad mental pa- Bretana, está á punto de darse por terminada, sin qm,
ra realizar su propia tarea, que es de vigilar y de repri- aparezcan ofendidos en los preliminares del arn~lo la.
susceptib.ilidad ingtesa 6 el bu.,n derecho de la republica
mir.-Stuart Jfil.l.
sud amencana.
Hace pocos días, con ocasión de la fiesta que anualmente celeb~a la ciudad de Londres para honrar al nuevoLord Corre.g1dor, el Marq~él!I de S!'lisbury Jo declaró así,
en presencia del cuerpo d1plomático extranjero y dtl Jo,¡.,

NOVIEMBRE,

. Venezuel~ estará representada en este juicio or los
¡uece11 americanos, la Gran Bretaña por dos d P
·
1
¡
d d
.
e sus naetona es, Y e ver a ero árbitro supremo en Ja contienda
ederá el rey. Osc!'r II, s?berano de Suecia y Noruega pru'.
ente_, ~abio é imparcial.
'
~ehc1témonos Jo~. americanos de ver reconocido nues•
tro derecho,. regoc1Jémouos de ver sancionada una vez
más la d(?Ctrma Monroe, en que apoyó Mr. Seward sus
r09lawac1ones á Napoleón III, en favor de Méxi
¡
aciagos días de la .intervenció.n frAncesa; y baga!~se!t~:
porque esa doctrma, ~an orillada á interpretaciones de
todo género, quede siempre en los límites que deben
marcarle el derecho y la justicia.

y

DR. EDUARDO L ICEAGA.-Secretarlo.

X.X.X.

lJ}robl.emas rontemµonínea,.

i

de esta idea tan curiosa, haya asegurado fuera de todo
12 de Noviembre de 1896.
apoyo, su adopción definitiva.
'
.
:A,rtur9.Heulhard, que es un investigador apasionado. al
mismo tiempo que un historiador erudito, ha tenido
El Congreso Médico Panamericano.
siem¡;re un yerdadero .culto por al viejo París, sobre el
cual ha escrito obras bien conocidas de los letrados y ba
La lllesa Directiva.
deseado con verdadera ansia recomtruir para 1900 el
«Pont-au-Change,,, el más viviente el más curioso entre
t&lt;;&gt;dos loa pue~tes de la Ci~é. El veía en esta reconstituc16n ya tan.pmtoresc:1 ~a¡o el pnnto de vista arqueológiC?, un medio muy original de it!trod~cir en la Exposic16n futur~ una secc1611 q•·.e ha sido s1.,mpre olvidada y
m"J conoctd~ hasta el día. Porque el «Pont-au-Change»
f~é. en otro hempo e~ ••alma financiera» de París, con ses
v1e¡as casas de otro tiempo, sus comncios de lioneses de
lombardos, de flor~ntinos, de orientales, de flamen~os,
~te., Y se C?mere1aba con materias de oro y de plata·
1mage1;1 s~ncilla y cuna cierta di las grandes bancas de¡~
actualidad.
Te~~ría~os pues en resum11n u:ia reconstitución como
el 11v1~¡0 Ol1vers» que ha Rido una de las curiosidades de
este siglo.
Pero en el estudio, el proyecto se ha modificildo me
tamorfoseado y agrandado de una manera col ·sal '
•
En tanto que los comercios menos afortunados ·toman
parte en t0das esas manifestaciones tan pacíficas del Cam·
po d~ Marte, uno solo s~ ha absteuido, hasta el día y es
precisamente el más neo, el más interesante y el más
importante, el qu~ los contiene todos y el que los resum~ to\ios: el del dm~r&lt;?. La alta banca no se ha expuesto Jamás los establec1m1entos de crédito, jamás ¡,e han expuesto tarupoco,. la moneda, la Banca de Francia, los
agentes d~ cambio, etc, y eD resumen, esas institucioDR. MANUEL CARll[ONA. Y V ALLE.-Presidente.
nes fi~anc1erat. de todo orden y de todos los rangos, establ.ecidos á traves del mundo, que hacen y dtlshacen las
A res1&gt;na de ocuparnos extensamente de este im or• naciones modernas.
tarufs.uno concurso técnico que se inaugurará mañaEa
f'.orqué ~ues, los hombrP.!! instru(dos y deseosoR de insqlitl 81 ~ duda )1ará época en los analea científicos de nue!- t~mrse no mten.tarínn en 1900 e~ta histf)ri i política y 80.
t1 éd'a1e, publ.1cam(Js hoy loa retratos de los reputados C}al de las relac1.one,s d~l hombre y de1 dinero que no ha
100 • mex1canoa que integran la Mesa Directiva de Ja
~
Sld!) hecha en n!ngun tiempo y en ningún país? ¿No iría
1
L 8 ª!n 1lea,
Y que son los Sres. Dres. ()armona1 Liceaga y
u.mdo acaso un mterés po~ero~o á una exposición finan•
a.:vista, á manera de prólogo de la.r.e seña ilustrada que ~raque mostrase esta historia del dinero caaa día más
r-mos en nuestro p1'6ximo númeio.
gigantesco, las di vers~s fases de ese metal, el eterno draHál la~e ya en esta Capital la inmensa mayoría de los ma y la eterna comedia, las crisis á que ha dado origen
deñore¡ delegados, así del país como de los Estados Uní- esa lucha tremenda de l hombrn y del oro; Jaa evolucioos Y as Amér•cas del Sm; con·ócese el programa con nes del fisco á tra.vés de las edades, el funcionamiento
:rr~gl.o al cual se efectuarán las diversas reuniones y Jas comparado de los impuestos á través de los pue blos el
esis 1,mport!'ntes 9.ue serán discutidas. Todo hac~ creer aparato.de las finanzas públicas de los diversos Estados
que la .c1enc1a denvará valiosos resnltados de esta e
la creación de los valor~s fiduciarios, la historia del mun'.
grt'gaci?n de profesores americanos, y nosotros así Jo ~~= do, en fín, contada con la historia de la plata?
seaino~ ,. Y damos por nuestra parte la bien venida á los
Así es como poco á poco, la reconstitución primitivaes1sta~. n,pr~stándonos, en cumplimiento de nuestra
c.-,;1 n )enodist!ca, á proporcionar á nuestros favore- mente proyectada del yiej? «Pont-au-change,» se ha transf?rmado en una constitución más grandiosa, más instruc. ortes a amp11a Y completa fisonomía del aconteci·
m ten o.
• tiva y ~ás seductora de la «Ciudad del Oro.
.La •Cmdad del Oro,» que será edificada en ,-1 recinto
m1s.~o de la Exposición. constituyendo probablemente
el ~it10 de honor, contendrá forzosamente muchos cuarto1es:
Desde luego lasecci6n de las materias brutas, mostrando d e donde provienen el oro, la plata y el cobre en 1.o
das las épocas, la extracción, el traspor~e, el pesd, hast~

~~t~6

t

l.ra e~posición de

i900 eri

Warís.

30-3
la conversión en. metales puros, el descubrimiento y los
planos de las mmas más conocidas en concurrencia con
el punto.de vista de la.ri.queza de producción, etc, , etc.
Se ver1a, pues, en actividad esas famosas minas de oro
de que se !1abla tanto e~ los prospectos y en el mundo·
ee las vena en explotación con los gambusinos que 19~
descubre!1, loa mgroa que las trabajan, etc., y la visita de
esta sección de la exposición equivaldría en consecue ·
á un. verdadero viaje al Transvaal á .Australia 6 á cnc,i_~
forma.
'
a.1
Este espectáculv ue una tal actualidad y tan cautiva•
dor bastar[a por sí solo para at,raer á París la Europa enter~: .sería mcont.establemente un «clou» que ninguna expos1c16n ha ofrt;c1do basta el presente.
. Luego la sección de aparatos monetarios de todos los
tiempos Y de todos los países, los cuños que sirven para
troquE:lar, las balan~as, las pilas de monédas comparadas
un m1llón en céntimos; en francos en oro•· por fin 1 '
moneda actual y su funcionamient~. Se ea~tivaría verª
daderamente. al público con las monedas de oro y de la:
ta 6 las fracc1o~es basta el milésimo, de 1900, con un ~oníog:ama eepecial qne constituiría uM recuerdo caracte
r StlCO.
.
yendrían en seguida los valores :fiduciarios y de circu lae16n, los orígenes de los b~ncos, los recuerdos de ¡08
Strozzy. J ueggers! de los Médicos, de los Gadagne. de los
Laflitte, de los M1rés, de los Rothscbild, etc., iasgrandes
compai'iías francesas, la calle Quincampoix ¡08 billet
de banco de todas las Naciones el Timbre ~l R · tes
en fin, los aparato~ de fabricació~ de los bill~tes, 1~frr:~:
des dt; los falsos b1lletes, y la organización de Ja Ba,1c d
Francia.
a e
No ~ería por lo demás _la primera vez que la Banca d
Francia, en casos excepcionales fabricaría bille,e f
e
d.e la calle de La Villiere;.en 18i0, por ejemplo,\eue{f
c1eron algunos en las máqumaH Marinoni en el tall d
la calle de Hauteville.
er e

DR. RAF.;EL LAVISTA.-Vicepres!dente.

Las finanzas públicas y privadas estarían re resenta
d.ªªl?1 los re~ratos de los financieros céltbres·~a historia e .mecamsmo del erario de otro tiem O de ah ·
~i: ~lv~dar bun capítulo singularmente inst~ucfivo re~~~•
~ 0 as 0 ras de beneficencia debidas á la finan~a
·
n 1as ca11es tan pintorescas de esta · a d
·
trarían con el sello del tiempo al lado d~Ja! dtis~ en con.
tnale~ de los Banco~ de Estad~, la recon~titució~na:taacpor etapa, de las t iendas flamencas florentinas ' 1· pa
s~s, de 1.os teatros de parada, :le los ~stablecimie!to1onepgl~_Ju~0:, que acentuar!an. el caracter cosmopolit!
.º!1 au _ange Y el movimiento de la antigua v·a
1
ristenstl; se mstalarían al gusto, a gnnas casas de a ª ~.aa!gunas sucursales de los grandes estabiecimiento kºia,
c1eroP, co.n oficinas de cambio y de banca en la s nllnJ0sbe~positort-s Y los visitantes, pe drfan hacer c~::i~ales
a o ea, todas sus operaciones, dar su órdene~ de v en
6 de compra, 6 correspoud.er con sus agentes.
enta.
t Jªl es el plan de esta «Cmdad del Oro » donde loa ·. •
t ador1s encontrarían reunidas todas l;a distraccion:~~1.
? as _as enseñanzas; para el mayor provecho de la . t y
¡ igenc1a }'. de sus ojos.
11, eco!~ ets smgular~ente moderna esta idea tan nueva 0110
sis e en resumir en una sola jornad
t 1
• ·,
fjos la bhistoria política, social, fiscal y fi~:;cfer~ªa~t";°s
os pue 1os, desde el génPsis peno d l a·
" os
pleno desarrollo en la sociedad actial?e mero hal!ta su

i:J

Otro pago de$ 2,651.60, de "La Mutua"
EN MBXlCO.

Mé xico, Noviembre Gde 1896
tu~r._Dpon Carlos SoMmmer, Director General de •La· Mú.
•"
resente.- uy señor mío:
Conforme á la indicación de Ud h
1.
fTc~~. i1:;i':s~!rª1!esc~~~·
pr~~en~lap~!r t/ªJo~: r~~
2
póliza núm 430 3fo. · d
$ · 65 1.BO, importe de la
póliza....... .'...... '... 'sien o por valor de la mencionada
Y ~r devolución d.~.t~d~~· ..1~~..P;~~¡~~;·i~·~~~S 2,000.00
a de ........ ............................... ............ , .. $
65160

~~

BA.RON VON KETT&amp;LER.-liinfstro de Ale mania. en lié f
(VéaSe el a.rt,culo relativo .)
· x co.

.
en junto........... ......... .........$ 2,......,
,,,,1 ~"
uv
1a cua 1 p 61 iza tomó á · f
ñía la señora mi madr:DtEºr en. e~ respetable Con,pa.
Quedo á Ud. y á la Con'i a~famia uen-erode~arváez.
presenta en mi afe mu P
q~e con tanto acierto re6 8
y e~cacia, así c!mo ~J acli:fa~~~tl~Sfºó
. atnciones
Sm otro asunto me repito á las órde~es ·a/i::fa ª;4-uet.
atento S. S.- FIDEKcro NARYÁEz.
• a mo. y

f

�15 NOVIEMBRE, 1896.

,,:D~0::·=========~====15=::N~o~v=IEMB=~RE=,~1~
=;~================~E~L~M:UN~r
30 l
tal vez carece en su nativo s~elo. Y n.a t~-

ralmeote si el certamen excita la curiosidad del extranjero, generaliz~ el conoc-i
miento de cuanto forma el cooJunto armo•
nioso del trabajo guatemalteco, de'!lueetra
que al amparo de la paz y segundad, el
inmigrante honrado encontrará una segunda patria y propaga por el mundo
culto las benéficas condiciones de la naturalez~ centroamericana¡ naturalmente, decimos el Certamen contrib·1ye directamen~ á que al wrmioaree el Ferrocarr~l
Interoceánico, éste dé desde luego lo_s 6p1mos frutos que está llamado á proporcionar.
«Nuestra .l!":xposici6n ofrece no solamente
u11 campo para que los ~efuerzoe del pat~iootiemo obtengan legítimos laureles, sin?
un aliciente para aquellos que en la ~ct~v1dad humana, persiguen fines pecun1ar1os;
además de las recompensas de honor, Guatemala dará otras en dinero y en dispensa
de derechos de importación.
.
«Bajo tales condiciones y en v1_eta de la
innegat&gt;le utilidad que á los expositores reporta siempre todo certamen, tenemos confianza en que nuestra primera ~xpoeici6n
Centro-Americana será favorecida por loe
pueblos que conocen eue pro_pioe intereses
y que, amigos. d~ la fratermdad humana,
quieren contribu u á fortalecer los lazos que
deben ligará !os hombres.n
Más nobles fines no podían p,op~merse
los organizadores, y deseguroun.éx1tohalagador consistente eu mayor umón y mayores elementos de prosperidad en las Amé·
ricas latinas, coronará el generoso esfuerzo.
.t'or nuestra parte, así lo deseamos emcera•
mente. México cultiva cordiales relaciones
con su hermana vecina; el pueblo que se
siente arrastrado á esa fraternidad, guarda
reservada actitud de eepectaci6n porque
espera de allá el movirnie~to que .ha de
fundir á los Jos en comumdad de mtereees. Bien se comprende esa actitud después de las nubes que han cruzado por
nuestro cielo.

GUATEMALA.
SU PROXIMA EXPOSICION,

R~ina Barrios y sn esposa.

EL MUNDO circula ya mucho en la ve-cina República del Sur, donde nuestr~s es•
fuerzos en pro del periodismo D1exicano
son apreciados en su just? valor, y no hallarán extraño, por lo mismo, nuestros.fa•
vorecedoree, qu~ consagremos á eea nación
Jilg,,nae línea!!, ilustradas con )os retratos
del Sr. Presidente Rey na. Barrios y su e~poea y un grabado relativo á la Expos1-ci6n.
.
p .
Don José María Reyoa ~arnos, residente de la Rf\)Ú blica, nac16 en S~n. Mareos el 24 de Diciembre de 1854, as1eh6 en
1871 á las batallas de Retalhuleu y del Cox6n y fué agregado al Estado .~ayor co~o
sargento, prestando sus serv1c1os. en Tierra Blanca, y entra~do en l.a capital el 30
de Junio con la p,éyade .hbertado~a¡ en
1873 aeisti6 á la pacificac16~ de Oriente,
ganando ahí el grado de cap1tá_n.
. .
En las guerras de 1877 y 1885, se di~tm·
guió llevando eu contingente de p:itnota¡
asistió en Amapala á la proclamación del
gobierno del Dr. Soto y en e\ año de 1878,
sesempeñó la Jefatura política y Com.an·
dancia de Armas de Santa Rosa; posteriormente, hasta 1881 fué Jefe del Batallón de
~inea núm. 2 de Guatemala, y más tarde
-primer Jefe del Cuerpo de Artiller1a de la
República, al c1;1a.l dió una compl~ta organización. Ha v1aJado por Alemama, Francia. España y Norte Améri~a. y habla y ~acribe correctamente los 1diomae patrio,
francés é inglés y traduce el alemán. El 16
de Marzo de 1892, tomó posesión de la pre·
eidencia á cuyo alto cargo lo elevó la vo·
Juntad popular.
Entre los trabajos más impo~tantes de
su administración, debemos citar desde
El Sr. Barón Von Keteller.
lnego: el Ferrocarril de: Norte, Puerto Barrios é Ixtapa, las obras de en~anche y embellecimiento al Sur de la Capital, el Cuartel de Artillería, el Instituto d¿ Indígenas,
Entre&amp;• de la condecoración del A&amp;ulla Roja
la casa Presidencial, el Registro de la Proal señor Prealdente de la Repúbllca.
piedad, el cable submar}n~, edificios naPublicamos el retrato del Baron von
cionales en toda la Repu.bhca.¡ leyes co~o
Ketteler, ministro de Alemania en México,
la agraria, militar, de d1vorc10, extranJe•
L.:......:..i..;J;._ ____ _.____ __~ - - - - -- - - - - -....-----',
que el martes último hizo solemne entr~a
ría, inmigración, arreglo .de las deudas, la
al Sr. Gen&lt;lral Díaz, de la condecoración
Exposición Centro Americana, etc.
del Aguila Roja ofrecida al Señor Presiden·
Son hábiles colaboradores del Señor
te por el Kaiso,r Guillermo II.
Rey na Barrios en SUB .altas. tareas adGENERAL:JoSE MARIA REY NA BARRIOS, PRESIDENTE DE I,A. REPUBLICA DE GUATEMALA.
Esta condecoración consiste en una ~1~ministrativas, el Sei'lor L1cenc1ado Manuel
otros lo que'producimos,· despertar el estímul.o en pro del ca. con esmalte blanco y rayos de o1·0 por fondo, y d1v1Estrada Cabrera, Ministro de Goberna7i~n¡ el Señor Cod d
d 1d
atro cuarteles
ronel y Lic. Don Próspero Morales, .M:101stro de la Gue- t,rabaj~ fu¡:~o~j ~~rrfr~:~:tt~º~riv:::~·t~º eª~hf6i:Sá
o~::ac~l centro d~ la .placa un d~ble círculo en el que
:rra· el Sei'lor Don José liaría González, Ministro de Ha- t.Greucahteªmaºiaª di·gnameote invitando á loe pueblos, y con se encuentra el águila real de Prusia con las garras Y la
eiei'i.da·' El Señor• Lic. Don
l Se Jo!"· Muñoz,
D
M Mir:.istro
M de es ecialidad á los pueblos centroamericanos, para una corona d e oro.
á
1
Relaciones Exteriores, e
ñor tc. on anue I ora• flista de civilización y de cultura; tales son, entre otros,
En el segundo círculo se l~e .en. exergo, con etras u•
lee Tovar, Ministro de Fomento Y.el Se~ot. Lic. Don Ma- los provechosos reeultados que en general pod.rá ofrec.er rea~, sobre fondo negro, la d1v1sa,
nuel Cabral Ministro de Instrucción Publica.
1T=
S
et constanter
La esposa' del Presidente de Guatemala, Señora Alge• la ~xposici6n decretada por la Asamblea Naciona ....,_i;IB·
Tr:;~;ela Cruz cuat;o brazos cortando en ángulo agudo
1891
·
es u na
de que la
· locomotora corra sin obs- y formando ocho ramas. T od a'1a C ruz ee v~ esm a ltacta de
ría d e R eyna B arnos,
. hermosa dama. de orígen lat1va
p en
. 8 dea Mayo
el d(a en
6
norte-americano que ha eab1.do. cap~aree las simpatías en tác;loxd~i°Ítlántico
al Pacífico, trayendo la inmigración bl~nco y en .el ce1;1tro se ven, en oro, las cifras W-R, que
la sociedad guatemalteca, d1st10guiándose, sobre todo,
el tráfico ue han de convertir ton poblado nuestroe quieren decir: W1lhem Rex.
.6
por aus obras d~ ~aridad.
.
Ydes·iertos ve\ valiosas fincas nuestras vírgenes selvas.,
En el anverso de la Cruz se lee la fecha de la fundac1 n
Bajo sus ausp1c1os se ha formado una sociedad de se,
d ¡ o d
floras de la cual es Presidenta, con el fin de fundar uu urge que prepareJ?lOS el terreno; Y prepar~r1º'· es reutmr
ªD!n Q~tober 861 •y el total está unido á una banda
·' 1
1
·
er, una s6la localidad cuanto so~os en c1enc1as, ar es,
,
hoep1ta para os ancianos. *
ricultura industria '/ comercio· preparar!.), es dar á de muaré oro y blanco.
E ba
**
~nocer la ~ituaci6n privilegiada de nuestro país, seña•
El Sr. General Oíaz se presentó en el ~Ion d~ m ·
La Exposición Centro-Americana que debe efectuarse lar sus puertos sobre ambos mares y las hermosas vías jadores, á las doce del. ~ía, llev~ndo dt~aJe de et1quetat Y
6
en Guatemala de Marzo á Junio d., 97, fué decretada por terrestres fluviales que los unen¡ prepararlo, es, en fin,
aco!'.Ilpañado de sus m1rustroe, é mme 1atamente pene r
la Asamblea legislativa de esa República el 8 de Mayo de llamar la iit.ención del extranjero, invitarle y ofrtlcerle á dicho salón.el f::lr. von Ketteler, acompaflado del Sr.
1894. El objeto del certamen lo dice á las claras el s\· todos los medbs conducentes para que contemple las General Pradiilo y del Sr. Pacheco.
.
guiente prólogo del Reg.lamento general de la Expo&amp;1- ri uezas naturales de nutlstra República, y calcule ante
Al efectuarse el acto de la entrega, ?amb1áronse afección, que tenemos á la vista:
elqcuadro r1·sueño de la Ex:posición, los mucllos bienes,
tuo.so.s discmsos entre el seflor Presidente y el sei'lor
«Reunir diversos objetos para compararloe¡ aprender
M
t
1 á
lo que ignoramos; mejorar lo que sabe nos; comunicar á )os muchos elementos que entre nosotros hallará, de que
lDIS ro a em n.

Is

ULTIMOS INST.A1'"TES
- D E-

LOS PRIMEROS CAUDILLOS DE LA. INDEPENDENCIA.
El laborio~o escritor D. Luis González Obregón acaba
-de reproducir en un folleto un documenLo deeconocido
-de nuestros historiadores y que muestra con hermosos
-detalles el hnoiemo con que murieron alaun,,s
de los
0
heroes de nuestra Independencia.
Se trata de un relato sincero de Don Pedro Armendá•
riz, soldado que, no obstante haberse contado entre los
verdugos de loe héroee, inició después que se levantase
un monumento á su memoria.
En gracia de lo ~nteresante y breve de la narración,
'&lt;¡Ue de seguro cautivará á nuestros lectores, reproducimos tal documento con su ortografía origina!:
CARTA DEL QUE Sl:'SCRIBE.
Ciudad de Santa-Fee del Nuevo MPjico, 17 de Febrero
de 1822. :. eguado de la Independencia.
SoR h{PRESOR DE "LA ABEJA
POBLANA." ( 1)
Mny sel'ior mio: es demaPiado el carrno que tengo á
V. en consecuencia á que lo
!econozc~ por un COtDplPtO
IDdepend!ente, y decidido
por el bien general de sus semejantes, pues así me '.o han
asegurado .uno ú otro papel,
.que he temdo fortuna de haber habido á las manos de
los que V .. imprime, y llevado del canf'lo, y de lo justo.
me ha parecido acertado dar
le la noticia siguiente, que
puede ser ignore:
El año de ochocientos once, me hallaba en Chihuahua
de .A.yudante de plaza del
Peñor Comandante General
S~lcedo; mi empleo ~ra Temente de presidio, Comandante del segundo escuadron
de Caballerla de reserva, y
vocal de la Junta de Guerra:
como tal sentencié entre
otros á muerte á los señores
Cur~ Don Miguel Hidalgo y
-Costilla, Don Ianacio Allende, Aldama, Ji~énez y Santamaría; fuy el te&lt;1tigo de vista mas iumediato de sns
mue~ee, con motivo á que á
rn1 cuidado se fiaron en cnpilla, hasta que como principal
verdugo los hacia pasar por
las armas: siempre he oido
hablar con variacion de di·cbos señoree acerca de los últimos momentos de su vida
en .té~minoe, que eE'g•m lo~
acnmmao, han creiuo mu
chos que eran heregee, y para sacar de, dudas digo: que
el sefior Hidalgo luego que
llegó á Chihuahua se puso
preso con las autoridades ne&lt;:eearias en el cuartito núme•
ro 1? del Hospital: muy á me~udo se confeeaba. se conduJ0 con le !l)ayor resignacion
y modestia, hasta que llegó
el dia horroroso, en que hallándose en otro calabozo ee
eac6 para ser degradado.
Salió con un garvo y entereza que admiró á todos loe
concu.rrent&lt;is, se presentó y
arrod1ll6 orando con cristiana devoción al frente del Altar que estaba al lado dere-eho de la puerta de la botica: de al!í con hnmildad s,
fué &lt;1:on~e tetaba el jue;
Ecles1áat1co, concluidos tod?s loe pasos de la dt-gradaC1&lt;?º, que con la mie'lla hu•
m1ldad sufrió, se me entregó: 1~ conduje á la capilla
del ml8l~0 Hospital, siendo
ya las diez de la mal'iana (2)
en donde se man tubo ora~do
á ratos, en otros reconciliándose, Yen otros parlando con
1anta entereza, que parecia
d~¡8e_le l!egaba ~l lioásu vida, hasta las nueve de la mañana
d i:igdiente dia, (3 ) qne acompañado de algunos eacerr: 8 , oc~ Poldados armados y ye,, lo condujimos al col al del mismo Ho~pital á un rincon donde le esperaba
t&gt;. eepantoeo vanqu1llo: la marcha ee hizo con todo eilen¡•o: no f~é exo~ado por uingun ecleeiáatico en atencion
4Je lo iba haciendo por sí en un librito que llevaba en
1 erecha f un Crucifijo en la izquierda· llegó como diJe 1bvanqu11!0, di6 á un sacerdote el librito, y sin hablar
a ra, por sí se sentó en el tal sitio en el que fué atad 0 0 ~os portafusiles de loe mollero~, y con una venda
e os OJOS contra el palo, teniendo el Crucifijo en ambas
~ o ;, Y la cara al frente 1e la tropa que distaba forma-

.ª

aªf °
1

vo&lt;~0¡¡~~~eperiódJco en el J..ue se ~licó el Pian de Iguala, por en
( 2) Lunes
.su re
tor y;edltor.
11
\ 3J Martes 30 de J ulio de 1811.

2'.!1~f.,&lt;¡t¿'¿t~~

EXPOSICIÓN CE~TRO AMERICANA DE G UATE:IULA..-FACRADA DXL- EDIFICIO PRINCIPAL.

305

EL MUNDO.
da dos pasos á tres de fondo y á cuat ro de frente: con
arrPglo á lo que previne le hizo fuego la pri ml'ra fi la, t res
de las balas le dieron en el vientre, y la otra en un brazo
que le quebró: el dolor le hizo torcerse un poco el cuer•
p o, por lo que se saf6 la venda de la cabeza y nos clavó
aquellos hermosos ojoe que tenia: en e, ~I estado hice
descargar la segunda fila que le , i6 toda en e l vientre, es•
tando prevenidos que le apuntasen al C()razon: poco estremo hizo, solo sí se le rodaron unas lágrimas muy grue•
eas: aun se mantenia sin siquiera desmerecer en nada
aquella hermosa vista, por lo que le hizo fuego la tercera fila qufl volvió á errar no sacando máa fruto que haberle hecho pedazos el vientre y espalda, quiza sería porque los soldados temblab,m como unos azogados: en este
caso tan apretado y lastimoso, hice que dos so ldados le
dispararan p'&gt;niendo la boca de los cañones sobre el corazon y fué con lo que consiguió el fi n. Lnego se sacó á
la Plaza del frente del H ospital, se puso nna mesa á la
derecha &lt;1e la entrada de la p•1ert.l principal, y sobre ella
uua silla en la que lo sentaron para qt1e lo \'iera PI nú •
blico que cuasi en lo gentoral lloraba aunque t1orbiéndoee

y todos atados á los palos de los molleros con los porta·
fusi es: á una par se le descargaron cuatro tiros á cada
u no por la espalda, y fueron su ficientes para que con
igualdad murieran: á poco se quitaron de los banquillos,
se fueron tendiendo allí sobre una mesa, ex cepto Santa•
marina (sic), les quitaron las cabezas que dt:spués ee sa•
laron, y sus cuerpos se sPpu ltaron en el caJ1po santo, remitiendo con la cabeza del señor Cura Hidalgo las otras
á Guanajuato.
Los mencianados Señores, tubieron excelentes prepa·
raciones para morir, confesándose muchas ocasiones, su
resignación y entereza causaba admiración, principalmente cuando ya fueron encapillRdos: en las veinticuatro horas que duraron en ella fueron exhortados por ellos
mismos en ratos en latín y en otros en castellano, tomaba uno la pa,abra, y así que se cansaba la tomaba otro y
así suresi vamente las veinticuatro horas ecepto el sefior
Allende que aun allí lo trataban los otrob con el mayor
rP.speto: este ú ltimo murió defendiendo por justa la in·
dep.,ndPnci,i. Pn t,.,rminos que antes cuando se le tomaba
su declaración, viéndose tan apreGado por el fiscal, se vio
en la necesidad por su defenea, de tomar la corta plumas
de sobre la meHa y se tirb
tres cortadas al vientre quti
no le cortaron el cuero: ( 6)
Jim enez solo encargaba á eu
muger y un hijito: y Santamaría antes se babia fingido
loco por escapar la vida, pero dt-spnés fu'é admirahle Ht
resignacion y disposicion.
Estos Héroes son dignos cltl
que se perp1·tuen en nuet1•
trae memorias, no solo pur
los conocimientos que nus
acarrearon con haberno11
mostrado el verdadero camino de la libertad, sino que s-,gún sus últimas demostrRcionee murieron tan cristianamente como los mejori,s
cristianos, por cuyas virtudes sírvase V. interesarse á
que por un monumento en
l!hihuahua sean eternizados.
V. dispense esta mi piado•
ea confianza, y disponga dll
la buena voluntad de su affmo. atento, seguro servidor,
y amigo Q. B. S. M.
PEDRO ÁRMENDARIZ.

-••t+t••·La leyenda

DE
LA. MA.RGARITA.

Sm. Algeria de Reyna Ba rr ios.- (Yéase el articulo relativo).

las lágrimas, despues Fe metió adentro, le cortaron
la cabeza que se saló, y el cuerpo ee enterró en el camposanto.
Los cuatro siguientes señ ores nombrados murieron antes que el seño r Cur,1: fneron encapillados juntos en
la mtsma Capilla, y á mi cuidado estuvieron en ella vein·
te y cuatro horas, luego se condujeron atados de los molleros con los portafusiles hasta la plazuela que queda á
espaldas del Hospital dicho, en donde estaban los vanquillos esperándolos: llegaron al frente '1e ellos sl'gnn les
había de tocar; el sel'ior Allende luego que enfrentó al
que debia ocupar, volvió la cara al campo, se levantó la
venda que le cubria los o¡os, est uv&lt;:&gt; mirando toda la gente, se volvió á cubrir la vista, y se dirigió al vanquillo en
donde por sí se sentó; los otros tres fueron.sentados. ( 4 )
(4) D. Juan Aldama, D. MarlanoJiménez y D. Manuel Santa-maña.

En un fondo boscal, rojo
por el otoño, parduzco por la
h ojarasca, gris por el heno
que en mechones colgaba dti
las ramas, agrietadas como hl
momia de un guerrero llena
di, cicatrices¡ en un fondo
obscuro que recortaba lapalidez luminosa de los cielos,
se destacaba apenas un rui
noso castillo. Las piedras parecían cubiertas de canas;
manchones de muEgo ascendían, manchando las j unturas con ese verde sombrío
terciopelo¡ el polvo había
opacado los cristales de la'!
ventanas nunca abiertas; torcíanse los remates de hierro
de los torreones, y el buho
en la comiza, el aguilucho e11
el acantilado, la lagartija e11
la juntura, hablaban de una
de esas mansiones abandonadas, teatro de idilios ocultos ,
modas tragedias, ignorada~
elegias. Brusca hierba, viva,,
floreciente, borraba t-1 deli .
cado contorno de loe baluartes, salpicando de corola~
brillantes el fondo negruzco
de la piedra bañada por la
lluvias, barrida por los vientos, calcinada por los solee.
Había un jardín, una deliciosa maraña dearbuetosconvertidoe en árbolee, exuberante de flores, ebria de vida,
un Parad-0n que ceñía, como
las sienes de un viejo dios ,
con guirnalda de rosas frescas, la mansión vetusta. De
la torre calada de una capilla jamás se desparramó el tli
no de unas campanas, y diríase que aquella habitación
estaba desierta......... Había alguien......... -Ríete, tie•
nes razón ...... -un viejo castellano y su hija. El caetella
no-¿lo has adivinado?-era un hombrón colosal, de mal
carácter, y ella una criatura ideal, frágil, blanca, elegan .
te como los lirios, y como ellos, pura y mística. Ya te
puedes suponer que era de cabellos rubios y ojos azu les.
Llamaremos, si lo quieres, Blanca 6 Aurora á esta interesante reclusa. E lla es la que se pierde en los rincones
más sombríos del jardín, seguida de la dueiia de anteojo.
(5) Bustamante dice, q ue i ndignado Allende "del trato poco at.en to de Abella, en un acceso de furor rompió las espo.sas que t.enla
en las manos. porque tenla grandes fuerzas, y con el pedazo de cadena que qlledó pendiente de una de las esposas, le dfó un fuerte 11olpe
i!. A bella en la cabeza." Alamán reproduce est.e ep isodio en su nota.

�EL MUNDO.

306

15 XovrEMHRE 1896.

15

NoVIEMBKE,

1896.

EL MUNDO.

307

musical y natural, su io~piración noble y levantada, su
originalidad, el sello profundamente personal de sus creacioues y sus tendencias filosóficas, constituían para mí el
más admira bit- conjunto de dotes;y si encontrábamos más
vigoro&amp;o á Si...rra, {Uás fácil á Peza, rnás profundo á Caste116 ninguno á wi juicio, me parecía á la vez tan vigoroso,
tan fácil y tan profundo.
Con el tiempo he discernido que mi preferencia de en·
toncee, si bien exaJerada, no carecía de fundamen&amp;o y de
explicación.
Hay -poetas en quie::ies predomina la fuerza como en
Justo Sierra; otros que se caracterizan de preferencia por
la gracia, como Juan Peza y otros en los qne impera sobre todo el buen gusto como en Gutierrez Nájera. Acuña
á la vez era fuerza, gracia y gusto. "La Ramera" "El
Hambre" "A los mutrtos de la Filahiátrica", son fuertes;

t

"'

~

~

E

Cuando esté Po la caja
quiero que tu ojos,
regando con llanto mi cuerpo presente
me sirvan de hisopo.
'
SRA. AMPARO E. DE CúRRAL.

azules, que hila en rueca; ella, la pensativa vagabunda
que se detiene bajo todos los nidos para oír el canto filornélico; ella, la qne arroja migas á los peces fecundos del
1-stanque, enorme espejo azul encuadrado en la felpa verdosa de los musgos; ella, la que sigue con la vi.ta á la~
multicolores mari9osas y parece decir algo houdamente
triste, con la mirada ingenua y húmeda, á las rosa~ blancas en flor.
Se pasea en la terraza durante los plenilunios, hunde
la mirada sombría en las lontananzas entenebrecidas, y
l:1 estrella que palpita, y el ave que solloza, y el msecto
que zumba. las vocea aisladas de la inmensa serenata que
asciende de los campos bañados en plata luminosa, la
hunden en el vago ensuefio de una languidez virginal, en
ese lento desmayo de las almas, donde también hay una
luz indecisa, un canto que eti levanta...... lo has dicho: el
amor.
..A.l verla triste, el padre-¡padre al fin!- ba depuesto d
sefio adusto, y con voz bronca, pero con llanto en los
r,jos, tomándola eu sus manos, como en las suyas rudas
Hl tosco l,1brador toma una corola delicada le ha pre•
guntado:
-¿Por qué estás triste? ¿por qné sufres? ¿por qué?
Ni la dueña.-..A.rgos wahciosu-ni el confesor, viejo ex•
pe1·to, nadie sabe que en esa alma cn,ció tímido, hace
r,iempo, un afocto, un amor, ...... ¿por quié n?....... por
Raul. ..... ( Raul es nombr:i favorito de hero"s sentimenta•
les) un Raul que, de paso, una noche, pidió hospedaje,
entonó cántigas, la vió lar~amente y la dej6 para i;iempre
envenenada de imposible cariño.
Pero ha jurado no decirlo jamás, ha jurado callar para
Riempre ese nombre y ese amor. ¡Cu\l,nta,i vec"t1 ha esta·
110 á punto de ser sorprendida] Suele hablar sola y pronunciar las letras poco á poco, diríase que son música y
quiere prolongarlas; diríase que tienen sabor y, cerraudu
los ojos, las paladea. Se ha detenido freute á los árboles
&lt;ie cc,rteza secular y con el punzón de oro, ha dibujado
R. R. que convierte eu B. B. y después raepa: escápase
entonces de las ,¡;rietas una gota de savia qu., par.,ce uua
lágrima de ternura de arbol herido. Y lo lla soñado. ¿La
habían oído decir esas frases tiernas? Virgen ignoraute,
no sabe el idioma del amor y lo ha aprendido eu un libro
de misa. ¡Oh Raul mío. dice, á veces, báñame con tu preciosa sangre; Seüor, iuúndame con tu luz; Sdior, fúndeme en tu gloria; cordero purísimo, paloma blanca, ven á
mí. Creen que reza y habla con el ausente. Su iumeoso
pecado es callar al confesor ese $acrilegio de palabra. ¡Oh,
el Demonio, ha tomado una irresistible forma para torturarla! Su padre le ha suplicado.
- Díme; si es un hombre;no importa quién, serás suya;
si ea humilde le daré título; si es pobre le daré tesoros;
~¡ es criminal tú le santificarád. Pero ella, la obstinada,

la orgttllosa, enmudece. Responderá cuando él mismo en
perMona, Vtluga y le pregunte lo que todos ¡ayl le interrügan.
E! fraile le tiende en el confesonario inesperados !azoe;
le dice que es grave culpa ocultar lo que dice la palidez
en su frente, el eterno desmayo soñador en sus ojos el
pliegue grave de sus labios....... y ella solloza pero caiia.
. Y esa virgen blanca y I,JUra, esa virgen flor de inocencia. está condenada por silenciosa á los eternos martirios
de la sombra; pero ha amado tanto que los cielos la perdonan. Murió, ~u rió una noche de Mayo ......... y lo espera todavía baJo la forma de flor, lo espera, martir resignada. Esa flor es la margarita, un corazón de oro,
aureolado de blanca pureza; ella es la flor que se deshoja
para preguntarle sí ó no y jamás dice la verdad. Te conMta cómo has desmentido su afirmación con tu desdén
eterna ne,ación.
'
Tal es el cuento de la margarita.

•**

Ella alegra como blanca risa la sombra de los prados.
Pura estrella de nieve, espera al borde del c'.lmino á las
parejas de enamorados que la cortan como orácu:o....... .
los rostros ju::itos, la mirada ansiosa, arrancan las hojas
sóplanlas, vuelan por el aire como fleeos de nieve.-¿Di'.
ce qne no? Y? lo ves?
.
.
-Pero ¿quién cree á una flor, s1 aquí están mis ojos
que te responden? Dame un b3so.
El poeta, pensativo, la interroga también: dice ella qne
sí, pero el sonríe con tristeza: miente. Y para arraucarle una sílaba la martirizan, le dejau solo el corazón, sin
aureola de pureza.
.
~a t-abes la historia...... ¿Quieres q_ue deshojemos margaritas?

M1rnós.

ROSAS.
El alma rle las niñas que se mueren
De amor sin e~peranza,
E-1 el aroma delicado y puro
Que esconde el cáliz de las rosas blancas.
De la mujer ardiente, apasionafa,
Que mata el dllSenga ño,
Habita el alma rosas encendidas
Su embriagadora esencia derramando.
Y cuando yo me muera, sé de cierto
Que la pobre alma mía
A perfumar irá, de entre las flores,
La de más roja, nacarada tinta!
JULIA.

~o quiero que alumbren
mis restos tawpoco......
Me sobran loa cirios si baB.a mi frente
la luz de tus ojos.

DE ARY RENAN.
Partir ,,.iré esta tarde, en un mar ceniciento,
como tropel de abejas, brillantes y lijeras,
los bergantines de oro, las c.indidas galeras,
de cada fondeadero del golfo, en un momento.
La escuadra iba inclinando con suave modmientoaus mástiles ornados de flores y banderas,
y hacia el venturoso país de :as quimeras
zarpó, sin cojer rizos, puesta la barra al viento.
Ya se perdió á lo lejos cual l)álido espejism0;
nube de rayos llena nos ocultó el abismo
donde el naufragio ejerce sus hórridas venganzas;
y mientras, en la playa, sobre los rotos leños,
lloraba mis deseo~, mis vaga.q esperanzas
que se ha llevado á bordo la flota de mid sueñus.
J U:sTO 81.&amp;RR.\,
Noviembre de 1896.

MIST.ICA ....
F,l Ideal bn~caba...... Para mi vida
Tuve el mág,co trébol de cuatro hojas
Y un esplendor de auroPa. Ya las co11gojas
Se ausentaban del alma, d~ amor herida.
Mas ¡oh, vi1,nto de otoño!, la estremecida
Rama, de sus ver(lores pronto despoj~s,
Y al abismo profundo tremendo arrc,jas
La t'Speranza que muere, la fe pernida.
Hoy, yendo taciturno, triste y aislado
A_hundirme en las regioneR del negro ol\"ido,.
Pisando de los males el turbio cieno,
Ante tu augusta imágen arrodilla,fo,
¡Oh, Diós, en mis angustias so:o te pic1"
Que me ded una dicha: la de ser botno!
F. M. DE 0LA0l'ÍBET •.
Noviembre de 1896.
Deja que miren mi v,jez cans;1da
esoR Pjos risu~iios,
pueH echa, sin quererlo, tu mirada
un reboque al palacio de u,i::1 ,ueiios.

***Como,.toao,
¡Igualdad y miseria!
cuando Dios creó el sol, ¿lo hiw de lodo?
C.-Ml'OAMOR-

RoDULFO FlGUEROA,

SINFON JA.S.

Silba el viento, las nubes se enderezan

Y como cisnes de luciente~ pluwas

0. JOSÉ DE ARPE.

..A.l verlo andar se comprendía que debía tener alas. La
Naturaleza, al crearlo, descuidó lamentablemente sus
cimdiciones de equilibrio. Le dió por base de sustentación dos i:nuñone~ def_ormes, inadecuados á la marcha y
á_ la estación de pie; siempre enfermos y siempre adolor1d?s; No andaba; tropezaba.
Visto de lejos, parecía cojo y de cerca atáxico. No había
para él calzado po~ible y el que ga&amp;taba y apenas toleraba se lo hormaban en una piña.
Incapacitado de caminar en los zarzales y en los pedrega)es de la vida real, tomó su partido y se lanz6 al
espacio, entre las m:: bes, cerca de los astros y se hizo
poeta.
Todo lo q~e su cue~po tenia de torpe y de pesado tenía su espíritu de agtl y de etereo. Era un .:iceequilibrado del cuerpo y no, como todos los poetas, del espíritu. Incapaz su humanidad de subir una escalera su alma en
cambio e~cal~ba á :nenudo el cielo, y for~aban el más
extraord1Dano contraste la reptación tortuc,sa de su marcb9: con el vuelo amplio, rectilíneo y audaz de su inspiración.
. Lo c~nocí muchos aíios antes de eer su amigo. Veíalo
discu_rr1r cayendo y levantando, por los corredores del
col_eg10, con el Nebrija cerrado bajo el brazo y los ojos
abiertos del lado del cielo; pero un 2entimiento de res•
peto me m,.ntenía alejado de é l.
Había leído y admirado su «Ramera,, que nos lo r, ve~ como poeta y no me atrevía á terciar con aquel grane hombre. En aquella época no había para mí nada
nlás ~dmira~le ni prodigioso que un poeta. No pasaba
~!ª BID que mtentara yo. sediento de poesía riwar ó meir u11: verso, y jamás podía conseguirlo.
'
Añhado á todas las Sociedades Literarias de la épjca
veí!l qesfil!lr ante mi vista asombrada toda una pléyad~
fácil, msp1rada, profunda, que versificaba como las aves
cal!tan 6 com~ _las torm~ntas rugen, sin esfuerzo y siu
t t1ga Y de m1 1mpotenc1a nacía no la baja envidia sino
más espontanea y sincera admiración.
..A.cuB.a, especfalmente, me cautivaba. Su versificación

FAUSTO )lOOUEL.

No se me borra er,a impresión grandiosa:
En medio de la sel va gigantesca
Y á la luz indecisa de la roza,
Ví la escena dantesca.
.Al pie de aquellos árboles copudo1
Como negros fantasmas, se agitabau
Los atletas desnudos
Que ardorosos se erguían ó encorvaban;
Mientras que, presas en sus puños rudos,
Las hachas, cual relámpagos, !&gt;rillaban.
¡Con qué rabia el acero
Se clavaba en el tronco endurecido,
Y cada golpe fiero
Cómo el cedro orgulloso y altanero
Lanzaba hondo gemidu!
El furor de las hachas relumbrantes
Se aumentaba .i medida del bochorno,
Y templaban los mozos jadeaut-=,:;
Aqnel ambiente de horno
Haciendo que llovieran .,11 su torno
Granizadas de astillas crepitautts;
Y cuando algún colorn vacilaba
Y por fin con estruendo 1:1e ab..tía,
Agria y desconcertada gritería
Una nube de pájaros formaba
Por el • ido deshecho que caía!. .....
Mientras tanto, el hachazo
Se escuchaba otra ve~, violento y seco,
Resonando del bosque en el r, g,1:r.o,
Repercutido siempre por el ecv;
Y siempre, siempre con la m1swa zañJ,
El acero vibrante
Se encarnizaba con la dura entraña
Y al rodar por el suelo algún giga•1te,
Pavoros~ temblaba la montaña ........ .
Y otra vez la estridente algarabía
Se formaba en la altura,
Y por la brecha enorllle que se abría
Una explosión de luz y de alegría
Llegaba al fondo de la roza ob~cura!

Noviembre de 1896.

Detrás de mi féretro
no quiero curios'Js ......
i En pos del cadáver irá el alma mía
Pensando en tí sólo!

MANUEL ACUÑA.

AL SR. L IC.

I.

Después, á los ¡:ostreros resplandores
Del mismo ardiente Rol que con asomb.-o
Los miró resistir á sus calores,
Se alejaban aquellos gladiadores
Cantando alegres con el hacha :,J hombro.
Por el fulgor crepuscnlar heridosEn la falda del cerro blanqueaban
Del pobre bogar los agrupados nidos;
Y allá, en los claros que á la selva hollaban
Destrozados quedaban
'
Los revueltos montones de vencidos!

Cuando yo me muera
no quiero responsos,
ni el agua bendita que sobre a! cadáver
echan en el hoyo.

[De Hermoslllo.]

LOS TRABAJADOR~:S DEL BOSQ,OE.

II

Trianeras.

SRITA. MARIA RUIZ.

VERSOS PATRIOS.

"La vida del Campo, "A la luna" son grHcioeos y es del
más estupendo buen gusto la melancolía dulcísima de su
último soneto "A un arroyo."
Cuando pude tratarlo y conocerlo, comprendí que el
hombre valía en él tanto como el poet.a. Dulce, afable corazón de ?ro, desprovisto de envidias, incapaz de odios,
no supo SIDO hacerse amar y tuvo el excelso mérito de
hacer enmudecer las envidias que brotaban ante su paso.
No recuerdo haberlo visto encendido de ira, ni hab_er vi~to br?tar de sus labios la ~njuria; rn sátira, pars1mo01osa siempre, era fina y delicada y antes acariciaba
que ofendía y lo amábamos tanto l)Or tiu b.iena índole
cuanto por su incontestable superioridad.
Otra cualidad ineEtimable: jamás protestó contra la miseria, ni se sublevó contra la adversidad, ni hizo á nadie
confidente de sus amarguras ni de sus dolores. Parecía
feliz y aparentaba vivir contento con su suerte· no tenía.
ó lo disimulaba, conciencia de su superioridad, de elll!
métitos y jamás hablaba d J sí mismo,
Que había un drama terrible eu su existencia, que una
henda profunda ~angraba en su corazón; venimos á inferirlo de su trág~ca muerte; pero la víspera aún sonreía
y charlaba como uu niño. Ni una sombra de melancolía
ni un resabio de amargura, ni una lágrima dejaron en:
trever su resolución firme, inquebrantable y va antigua
de morir, ni traicionaron su siniestra idea fija ni sue
soro bríos y tenebrosos orígenes.
Todavía encontró un retruécano para anunciarme su
trágico fin. Habíamos convenido en que me daría escrita de su puño y letra una de sus poesías: Venga usted
mañana-me dijo-y se encontrará «Ante un cadáver. »
Y así fu é en t-fectu, al día siguiente me encontré ante
un cadáver, el suyo.
Pormenor cruel: aquel estoico que murió sonriendo ·110ró s_in cernr_ después de muerto y sus •~e jores amigos' recogieron piadosamente aquellas !~grimas, las p1imeras
acaso que brotaron de sus ojos.
DOCTOR M.
Noviembre ue 1896.

FLORES:

'
Por el espacio á desfilar empiezan '
Bati_endo al aire su plumón de brumas.
_vi~ni,n de ll'jos al feet,n salvaje,
Frng1endo al escalar los horizontes,
Garzas bla!lcas que rizan w plu1Usje
Sobre el mar verdinegro de los lllontes.
ta tempestad desde su enhi.,sta cumbre
Fustiga airada sus corceles broncos
Y agita inquieta su pendón de lumbre
Lanzando al viento sus bran,idos roncos.
El trueno ruge y su clamor simula
La formidable vibración de un grito
Que es el himno de tri u ufo que wotlula
~n sus fauces de sombra el iufinito.
Hiende el espacio·el rebramar violento
Del aquilón que sin cesár galopa
Y ya fingiendo tn su salvaje acento
Grnos marciales de invisiole iropa.
L_! aftosa selva se extremece y cruge
Con alaridos de estridencias hondas
.Ante_ la paz del aquilón que ruge, '
Su himno de muerte en las tu pidas frondae.
Los ramajes se chocan abatidos
Bajo el golpe de rachas qu" ~erpean
Remedando coléricos graznidos
'
De cóndores hambrientos que al€tean.
Y se mueven los árboles inquietos
Entre la bruma que á la tierra altowbra
Semejantes á enormes esquelttus
•
Que se agitan bailando entre la sombra.
La voz del aguacero que retumba
Bajo las fron1fas de la selva umbría
..A.l dilatarse por el éter, zumba
'
Cantando su monótona elegía.
El bosque como un campo de batalla
D?nde luchan indómitos guerreros,
Tiene roncos acentos de metralla
Clamor de gritos y chocar de ace~os.
Y ante esa inmensa confusión de ruidos
Huye la fiera, en su cubil se esconde
Y á la trágica voz de sus aullidos
'
Sólo la voz del huracán responde.
Todo ee fulgor y solojad. Y en tant0
Que~¡ viento agita sus batientes palma~,
Gesticula la sombra del espanto
En el sen,1 aterido de las almas.
Noviembre de 1896.

BENITO F.&amp;NTA:,(ES•.

�EL MUNDO.
LA DICHA.
PoR

obrela cubiertadel fatigado sltamer,'una oleada de juventud, una alegre oleada de vida se arre
melina en tumulto, meci
da rítmicamente por el
vaivén de las aguas. La
inquieta caravana ha 1;&gt;artido, en un vuelo heroico,
dejando detrás de sí, en las tenues lejanías del océano,
sus buenos días felices, la gallarda cruz de la parroquia,
las praderas color de esmeralda, los montes azules, los
blancos cabellos de la madre y las morenas guedejas de
la enamorada. Todo se quedó atrás, todo ee tragó aquel
mónetruo: rubias tardes serenas, pálidas noches estivales, acres alientos de loe bosques, ;ivas impresiones de la
tin-ruca, enlazadas como lianas al espíritn; ecos debandurri11s y besos voraces estallando á través de las rPjas.
¡Ay Madrecita mía! ¡Cómo devoró ei mar aquella presa!
Allá va la estela del navío, disolviéndose en la mvvible
superficie; allá va su alma, miE'ntras la enorma b'&gt;caza
arroJa borbotones de humo negro qua culebrPan en el
aire para desvanec rae en el ala J.iáfana de los c·etos. Y
el quinto, asomado á la barandilla di.,l buque, ve pasar
sus recuerdo~ con las olas; aquella grande, inmensa, le
representa su montal'ia, la altiva, la osada, la que le
quitaba un pedazo de horizonte; la otra, coronada de
copos de espuma, loe ~lmendros e•l flor d,i la huerta; esa,
lenta, ondulada, remeda un campo de trigales, cnando
todavla el sol no ha dorado sus espigas. l Y cuántas lágrimas! cuantos sollozos en el cort!'jo! Adiós! adiosl gritan á loe que se quedan. Adiós! adios! á los que el buque
deja detrás de sí. Y el pobre •uozo siente que ee le cierra
la garganta y su mano convulsa oprime el único amor
que le resta de sus amores perdidos, la sola compafiera
de sus tristezas, la que le babia de la gallarda veleta de
su parroquia, de sus praderas color de esmeralda, de sus
montee azules, de loe blancos cabellos de su madre, v de
las morenas guedejas de la enamorada: la guitárra.
Y el mísero hace vibrar la'! cuerdas del instrumento y
su copla doliente y huérfana-huérfana como él, doliente como su espíritu- parece que le nne ¡,or invisible reguero á los amados ausentes, á los que tal vez ya no volverá á ver en el mundo, á los que abandonó una tarde
de primavera, cuando su novia le pedfa rosas frescas para su cabello y las huertas se las brindaban á millares.
Yel mozo canta alegremente, deja ir su alma en la sonora estrofa que la h élice acompafia con sus chirridos
siniestros.
Una vez allá, en la tierra enemiga, en donde el suelo
vomita fuego y el sol introdnce en las carnes sus rayos
bermejos, le arrancarán la guitarrita de las manos y le
pondrán en ellas un fusil. Le dirán como ee eEgrime el
arma, le ensenarán á n,atar, le harán que ame la sangre;
herirá y matará, sin saber si esos á quienes hiera y mate, tienen como él una madre, y un monte azul y una
enamorada que los espera. ¿Qué sabe él? Le dijeron un
día que hay un girón lejano de patria, separada por
aquel monstruo de movibles escamas; que era preciso
defender aquel pedazo de tierra, y allá va el buen mozo,
dispuesto á bacerel sacrificio de su vida, alegremente,
valerosamente, mientras el m:ir lo devora todo y la negra bocaza arroja negros borbotones de humo.
¿Y por qué no?-Acaso vuelva un día, como él ha visto
que han vuelto otros. ¡Ay! la tez amarillenta, las piernas
vacilantes, las manos descarnadas, los ojos fríos y como
sin mirada los pómul.ls hundidos, el cnerpo encorvado;
acaso lisiado...... Llegará, sí, arrastrandoee, con su licencia terciada á la cintura, en nna bella tarde de primavera, en que los almendros estén en flor en las huertas y
loe prados brinden eue rosas ...... Y así, paso á pasQ, verá
destacarse la gallarda veleta de su parroquia y sus montee azules ...... pero al preguntar por la cabeza de cabellos
blancos, lo llevarán á una cruz que extiende sus brazos
en el cementerio, y al buscar aquellas morenas guedejas
para las que hizo una diadema de flores frescas, se encontrará con un buen hog3r en el que resplandecen unas cabecitas rubias que un hombre fuerte y joven oprime con
sus nervudos brazos, y una mujer que contempla en éxtasis aquel cuadro.
Y entonces, en el silencio de la tarde, surgirá una copla doliente y huérfana-huérfana como él, doliente como eu espíritu-y el pespunteo de una guitarra-queparecerá decir: adiós! adiósl-Adiós! únicos amores de mi
vida! ¡Ay Madrecita de mi almal... ... adiós! adiós! ......

GoY DE 1,hoPA.SSANT.

Era la hora del té, antes de que hubiesen encendido
las luce~.
La qninta dominaba el mar: el sol se hab~a puesto ya,
dejando á su paso un cielo sonrosado y cub1nto de a~enillas de oro, y el Mediterráneo sin una sola arruga, !~so
y reluciE'nte todavía, presentaba el aspecto de una mmensa placa de metal bruñido.
Hablábafe del amor, discutiéndose tan antiguo tema,
y se repetía lo que acerca del asunto se ha dicho ya mil
veces.
La suave melancolía del crepúsculo amortiguaba la rapidez de la frase, y la palabra amor, pronunciada tan
pronto por una voz de hombre, como por: u_na voz de
mujer, revoloteaba por la sala como un paJar1llo ó como
un espíritu d e.conocido.
-¿Se puede amar durante muchos afies seguidos?
-Sí-decían unos.
-No-Afirmaban otros.
Diferenciábanse los casos, fijtibanse límites y se citaban ejemplos pertinentes á la cuestiór..
De pronto uno de los concurrentes, que tenía la vista
fija en el mar• exclamó:
-¿Qué es eijo que ee diviea á lo lejos?
Del fondo dd horizonte surgía una masa gris, enorme
y confuea.
.
Las mujeres se levantaron y contemplaban, sm comprenderlo, aquel fenómeno que no habían visto jamá~.
-¡Es la isla ne Córcegal-exclam(&gt; una voz.-La isla
de Córcega, que puede verse desde aquí dos ó tres veces
al al'io en cienas condiciones atmosféricas.
Distinguíanse vagamente las cimas de las montal'ias, y
todo el mundo estaba asombrado ante aquel fantasma
surgido del mar.
Un caballero anciano, que aun l!IO había pronunciado
ni una sola palabra, murmuró entonces:
-En esa isla que se levanta ante nosotros como para
contestará lo que hace poco decíamos, be visto un ejemplo admirable de un amor constante, de un amor venturorn basta la inverosimilitud.
Helo aquí:

***
Hace cinco años hice un viaje á Córcega, á esa isla más
desconocida para no~otros que América, por más que la
veamos de cuando en cuand&lt;' desde las costas de Francia,
como hoy sucede.
Hacía un mes que viajaba yo por el país con la eensa·
ción de que me bailaba á miles de leguas de Francia.
No hay allí ni fondas ni posadas, ni caminos; viájase
en mulo y se llega penosamente á las cabañas adheridas
al flanco de las montañas que dominan tortuosos abismos, desde donde se oye ascender el continuado rumor,
la voz sorda y profunda dal torrente.
Se llama á las puertas de las casas y se pide asilo por
una noche y de qué vivir hasta el dfa siguiente.
Una tarde, después de diez horas de marcha, IIE'gué á
nna casucha aislada en el fondo de un estrecho valle que
á una legua de distancia se precipitaba en el mar.
La casa eijtaba en medio de un jardín, rodeado de viflae y castafios, que constituían una fortuna admirable en
aquel país tan pobre y abandonado.
La mujer que me recibió era una anciana, severa y limpio por excepción. Un hombre, sentado en una silla de
paja, se levantó para saludarme y volvió á sentarse sin
articular una palabra.
Su compafiera me dijo:
-Dispense u•ted; está sordo y tiene ochenta y dos
anos.
La mujer hablaba el francés de Francia, cosa que me
eorprendió en extremo.
Emonces le pregunta:
-¿No es usted de Córcega?
-No, señor-me respondió-somos del continente; pero hace cincuenth aflos que residimos aquí.
Apoderóee de mí una sensación de angustia al pensar
en aquellos cincuenta af\os transcurridos en aquel sitio
sombrío, tan lejos de las ciudades donde vi ven las gentes.
Llegó un pastor y nos pusimos á comer el único plato
que. se sirvió, compuesto de una espesa sopa en la que
había coles, patatas y tocino.
Terminada la modesta cena, me senté ante la puerta
con el corazón oprimido por la melancolía del triste paisaje que á mis ojos se desarrollaba.
La anciana se me acercó y me dijo, movida sin duda
por la curiosidad innata en el alma de las mujeres.
-¿Viene usted de Francia?
-Si, viajo por el gusto de viajar.
-¿Es usted de París?
-No, soy de Nancy.
En aquel instante me pareció que una emoción extraordinaria agitaba el corazón de aquella mujer, la cual
repitió:
-¿Es usted de Nancy?
-Si, eeilora.
-¿Entonces conocerá usted á la gente del país?
-A todo el mundo.
-¿También á la familia de Sainte-Allaize?
-¡Ya lo creo! Era muy amiga de mi padre.
-.¿Y usted cómo se llama?
Díjele mi n&lt;'mbre y la anciana exclamó:
-Sí, sí; lo recuerdo perfectamente. ¿Y que ha sido de
los Brisemare?
-Todos han muerto.
-¡Ah!.. .... ¿Y ha conocido usted á loe Sirmont?
Mucho. El último de ellos es general.
-Si, Enrique de Sirmont, ya lo sé, mi hermano.
Lleno de sorpresa me pus0 á mirar á la anciana, cuando de pronto me asaltó f'I recuerdo de una antigua historia muy conocida en todo Nancy.
.Aquella mujer había dado Pn su juventud un gran escándalo en la noble Lorena. .La_hermosa y__rica Susan:i

15 NOVIEMBRE, 1896.
15 NOVIEMBRE, 1896.
de Sirmont fué robada por un sargento de húsares deregimiento que man:!aba su padre.
El soldado que había seducido á la hija de su coronel
era un guapo mozo, hijo de labradores, que llevaba coa
mucha elegancia el uniforme.
Susana le amó, sin duda al ver desfilar los escuadrones;
pero nadie ha sabido cómo lograron hablarse y ponerse
de acuerdo. Lo cierto es que cuando el sargento tomó la
l,cencia, desapareció con la muchacha.
Buscaron por todas partee á la pareja fugitiva, sin que
las pesquisas practicadas dieran resultado alguno, y no
se volvió á tener en Nancy la menor nuticia de S11sana,
á qnien todos dieron al fin por muerta.
l Y encontrábala yo allí en aquel siniestro valle!
Entonces, repuse á mi vez:
-Sí, ya recuerdo. Usted es la fel'iorita Susana.
Me manifestó que sí con la cabeza, mientras brotaban
de sus ojos abundantes lágrimas, y á los pocos instantes
me indicó con la mirada al anciano, que seguía inmóvil
en su silla, y me dijo:
-¡Eséll
Y comprendí que Snsana le seguia amando con delirio
y que le veía todavía con sus saducidos ojos.
-¿Y, al menos, ha sido nsted feliz?-le pregunté.
-¡Inmensamente feliz!-me contestó con una voz que
partía del fondo mismo del corazón.-Me b~ hecho la
más dichosa de las mujeres, y no echo de menos nada de
lo que be perdido.
Contemplé á Susana con tristeza, sorprendido por la
fuerza del amor de aquella mujer rica que había e~uido
á aquel hombre, á quien adorab:i. todavía, renunciando
á su brillante porvenir. al lujo y á las comodidades para
convertirse en una pobre y miserable labradora.
No había pensado más que en él, sometida á sus_ sencillas costumbres, sin echar de menos la existencia de
los primeros afies de su juventud.
Aquel hombre babfa sido para ella todo cuanto se d_esea, todo cuanto se suei'ia, todo cuanto se aguarda sm
término conocido.
Aquel hombre había colmado de dicha toda su existencia y nadie hubiera podido en el mundo hacerla tan
feliz como él.
Y partí al rayar el alba, después de haber estrechado
la mano de los dos esposos.

EL MUNDO.

309

t

f

***

El narrador guardó silencio y una mujer dijo:
-Esa Susana tenía un ideal mu!' pobre, necesidades
demasiado primitivas y exigencias demasiado sencillas.
De seguro debía de ser una necia.
Entonces otra mujer Pxclamó:
¿Y eso qué importa? El caso es que fué inmensamente
dichosa.
Y allá, en el fondo del horizonte, hundíase Córcega
entre las sombras de la noche, sumergiéndose lentamente en el mar y borrando eu enorme silueta, que b_abía
snrgido momentos antes r.omo para referir por sí misma.
la historia de los dos amantes que abrigaba en su seno.

°"'.m
Af~~~ ~
~',Pe/'\.)·~~"'.J~

DE LOS "GRITOS OLASIOOS"
La lluvia de mis besos ha caído
F.u su busto de marmo l. Poco á poco,
Entre mis brazos, ébria por el loco
Vértigo del amor, bailó el olvido.
Su boca, roja y húmeda, fué nido
De mis calientes ósculos, y lleno
De amorosos cansancios, me he dormido
Sobre la tibia nieve da su seno.
Pasa, imbécil, y mírame: tu necia
Mirada no me irrita; en los festines
De mi risueíía juventud, un día
Y o b~bf en e~a crátera de oro
El vino del amor...... ¿Quedó una gota?......
Apúrala, que no me das agravios
Aunque orgnlloeo y vano te embeleses.
¿La ves?...... PnPB donde quiera que la beses
Has de b~sar la huella de mis labi....s.
Noviembre de 1896.

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POR EL ARTE.

Se burlaron de mi loe compafleros,
Ganó un.a falla mi lección concisa,
Vi en la faz del maestro surcos fieros,
Y en la taz de la muerta una sonrisa.

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i CMM,...c.&lt;,t....!,. !

Yo que siempre guardé por la belleza
Fanatismos de pobre enamorado,
-Perdonadme le dije con tristeza,
Pero esa operación se me ha olvidado.

e,,

~.

(!c;..t.........,..

El profesor, que la ocasión bendice
De poder explicar algo muy bueno,
A mi se acerca y con placer me dice:
-Hágale us~ed la amputación del seno.

~,:..c..,..-

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~CA--.~(

Ji, ~ ...e-

¡Cuán bermo~a es la muerta! Exbnberante.
Su desnudez sobre la loza brilla;
Yo la contemplv palido y jadeante
Y tiembla entre wis manos la cucbi11a.

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DE RoDULFO FrG OEROA.

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�15 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

r 310

15

t

LA

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 4.-Vfanse nue¡,tros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

Es verdad que para Vatentín la conquista resultaba cara y no podía obtener de ella más contribución que la del

placer, eso sr. abundante. mil veces reproducido, y que
valía lo que costaba. ¡Y de un modo tan nuevo, tan imprevisto! La seiiora Bourdón, jamás había pedido nada
á nadie; tenía el arte de conseguir que se le ofreciese todo,
y cuando aceptaba parecía que era ella la q1ie había otorgado un fqvor. Era, por lo demás, un abismo, en el que
desaparecían las rentas, se fundían las propiedades, y se
huudían las casas sin saberse cómo y sin que jamás resultase lleno. Si Bourdón no hubiese adoptado desde los
primeros momentos la laudable costumbre de guardar
doscientos mil francos al año, para los malos dias que
pudieran venir, hubiera sido imposible averiguar á dónde iba á parar el río de oro que desaguaba en casa de
aqueUa hermosa mujer.
Sin embargo, la señora tenía dos sanguijuelas per~ec·
tamente visibles; le modista y el joyero. Valentín empezó por pagar una cuenta de trescientos sesenta mil francos en casa de Verlet; nada más que la cuenta del año,
pero en la cual figuraba una manteleta ue piel de zorro
gris, de treinta mil francos y unas faldas de sed!\ bordadas de encajes antiguos, á tres mil francos uua. En la joyería no se trató de nada menos que de un crédito ilimitado y en los seis primeros meses de ternura la bonita
señora Bourdón, la amiga íntima de todas las ruarq uesas,
cost.6 al conde de Coutras, próximamente, un millóu
ochocientos mil francos. La eefiora Mossler. avisada por
FP&lt;terico Clement, que veía desaparecer el dinero con rapidez vertiginosa, y por el sefíor Eliphas, que recogía con
inquietud los rumoree de la gente, no se mostraba alar•
mada.
Se divierte el pobre muchacho, dijo. H-3 visto á esa
señora el año pasado en la venta de Saint-Anges. Estab&lt;i
encargada da un puesto con la Sefíora deJessac. Es muy
guapa...... Vendía cuanto deseaba, á los hombres, y al
precio que quería.
-Y continóa haciéndolo, dijo Eliphas.
-Si tuviera usted cuarenta afios menos, sería menos
severo, replicó la Señora Mossler riendo. ¿No ha conoci•
do usted, en sus tiempos, mujeres como la Sefíora Bourdón?
-No, á fe mía.
-Acaso lo deplora usted.
-Ya no.

-¡Ab l Eliphas; estoy Segura de que ha sido usted un
pecador en su juventud. Abo~a se muestra mted mny
puritano, pero ¿qué mérito tiene eso si no se puede obrar
de otra manera?
-Ninguno, en efecto. El conde Valent(n hace bien en
no preocuparse, puesto que usted le absuelve. Es usted
duefia d11 su fortuna y tiene el derecho de hacer de ella
el uso que crea conveniente.
-¿Cr11e usted que me arruinaré?
-¡ Eso es imposible! dijo con orgullo Eliphas. Serían
precisas tres generaciones de condes de Coutras para llegará conseguirlo, y tEO á condición de que jugasen ,\ la
Bolsa...... Entreteniendo señoras Bour&lt;lón, Hería difícil.
-Entonces no escatimemos. Creo, Eliphas, que las
personas muy ricas que hacen e~onoruías, son crio,inales
y dan, en cierto modo, la razón á los socialista;, qne
quieren que todos los capitales vuelvan á la masa común.
U n avaro, que tiene cien mil francos de renta y €610 ga~•
ta veinte mil, daña á la eocit,dad en los ochenta mil frau•
cosque amontona. Si repartiera lo que le €Obra en beneficio del comercio y de las artes, contribuiría poderosamente al aumento de la riqueza pública; a.vndarfa á los
plateros á cincelar hermosas (Jbras, á los joyeros á producir aderezos magníficos y halfa que l•is pintores y el:!cultores decorasen su casa, con lo que el arte uo se limitaría á producir cuadritos de cabal Jete ó estátuas de
sobremesa. Habría menos miseria, más satitfacción y
nadie temería lanzarse á empresas arriesgadas, sabiendo
que era facil encontrar dinero. No critico el ahorro; sé
que en él está la fuerza de un país. Pero la capitalización
á toda costa me hace el efecto de un freno que oprime la
máquina social y contiene todo el esfuerzo de actividad
de un país. Por eso quiuo poner mis actos en consonancia con mis doctrinas y considero como un deber gastar
todo el dinero que puedo.
-Pues lo logra usted lilas mil mai-avillas y el conde
de Coutras no le va en zaga. Pero aun con el género de
existencia que han adoptado ustedes, no lograu devorar
sus rentas ...... El Transvaal produce, él solo, más de lo
que aquí se, gasta. La fortuna de usted es una bola de
nieve.
La Sefiora Mossler se puso triste; apoyó la barbilla en
la mano y se quedó eilencioea. Después de un rato continuó:
- ¡Qué deegracia que Gedeón no vea esta real~ación

de sus suefíosl Allá en Africa me decía: «Querida mía,.
IIPgará momento en que tendremos tanto dinero, que loa&gt;
reyes serán menos ricos que nosotros ...... » ¡Y cuandopienso que aquel hombre no tuvo en sn vida más que
una pasión, la del trabajo, y que sus necesidades eran
tan pocas que jamás ha tenido más que dos platos en su
comida, teniendo el primer cocinero de París, un tunante..
que sacaba, según confesion propia, cuarenta mil francos
al año y que se creía deshonrado porque Mossler parecía
despreciar sus guisos!.. ....
-Pero, usted misma, ¿no es igual á él? ¿Qué necesitarf~ usted para vivir muy tranquila y muy dichosa? Doe m1l franco,i al mes y una casita de cinco habitaciones.
Tiene usted el más rico guardajoyas y los má,i hermesos
encajes de París, y jamás abandona su falda de seda ne- ·
gra ui lleva otra alhaja que el brochecillo que tiene al
cuello.
-E~ el regalo de boda de Gedeón; le he llevado toda
mi vida y quiero morir con él.. .... Cuando me le dió érnmos unos iufelices. Le compró en Estrasburgo en nna de sus expediciones, y me le trajo triunfante...... ¡ Dios
sólo sabe el placer que me proporcionó! Mi padre no me
habfo. permitido nunca ni ponerme aros de oro en las
or~jas. ..... Cuando tu ve esta alhaja, me pasaba los días
mirándomela en el espejo..... . ¡Ohl ¡Qué feliz y uermoso tiempo! Nuestros gustos no estaban estragados, porqueno habíamos dormid,:i sobre montones de oro ..... .
-Ni habían ustedes dado su nombre á una ciudad..... .
-Y vea Ud., Eliphas, no basta tener un presuputsto de
beneficencia, dotar establecimientos caritativos v acudir
á todo lo 41111 es digno de interés y de piedad..... : Es preciso pensar en el porvenir de esta fortuna ..... .
-¡Ya! dijo el viejo ClemAnt. ¡La dinastía!. .... .
-1:'.if. Esa era preocupación constante de Mossler. Con- tinuamente decía: «¿A quién dejaremos lo que ganemos?"
Bien sabe usted lo deagraciado que era por no haber tenido hijos...... No conocemos ningún pariente...... Alg11no;;,
primos lejanos acaso; verdaderos ext, añoe; campesinos
como érámos nosotros...... ¿Qué harían con semejante
fortuna? Dejando á cada uno treinta mil francos de renta.
quedarán locos de alegría...... Pero ¿y el resto?
-Pues bien; el conde de Coutras..... .
-Sí, Valentfn; pero ¿y después?
-No tiene usted más que casarle.
La eeñora de Mossler miró á Elipha con gravedad...

-NOVIEMBRE,

1896.

-Pienso en .el)o. desde hac~ algún tiempo... ... Pero
¿será bastante Juicioso? No tiene más que veinticinco
ai'ios y vea usted lo accesible que es á los placeres. ¿Quién
lucha, además, con esa hermosa trapisondista á quien
ama ahora, para reemplazarla, acaso mafíana con otra
igualmente encantadora?
'
'
-:Habrá q~e buscarle una joven bonita y amable bien
nacida ): ?º r~ca, á la cual se abrirán las puertas de una
gran ex1e.enc1a...... Pero, ante todo, es preciso que á él
le guste.
-Eljaubourg Saint-Germain rebosa de muchachas sin
un céntimo y q~t; se quedan para vestir imágenes. Todas
esas n.)blts fam1has ~e han arruinado por querer sostener su tren...... P,ec1so será que vuelva á abrir mi casa
y que reciba á mis amigos, para que desfilen por aquí todas las señoritas casaderas...... Entonces escogeremos
Eliphas......
'
' -Di?s mío, ~e~?ra; me ha C?stado bastante trabajo el
casar bien á m1 h!Jº, p~ra sentirme inclinado á ocuparm~ d.e casar los .h1Jos de los demás...... Si usted me pide
op1món, se la diré ...... pero nada más. Declino de ante111ano, toda responsabilidad ...... .
A ~ecir ~eraad, estas responsabilidades no parecían
muy mmedlatas, pues el conde de Coutras se encontraba muy poco dispuesto á casarse. Su tiempo se dividía
entre el entres?elo de la Avenida de .Antin, al que la Sefiora Bourdón iba todos los días á las cinco de la tarde
1 e.l Petit-Club, ~n el que jugaba por no aburrirrn y po;
1m1tar á ~us amigos. _Deede que vol vió del regimiento entabló amistad con el ¡oven barón de Croix-Mesnil último ?i~o de una familia q~e ha dado á Francia ge~erales
y mm1stros, y esta relación tuvo por efecto inmediato
el lanzarle en .la peor S!)Ciedad. Hugo de Croix Mesnil,
Itportman apa~1onado y ¡u~ador de profesión, pues el juego !e .proporcionaba los medios necesarios á la existencia
cot1dlana, era concurrente asiduo de los establecimientos .mal afamados, de los restaurants nocturnos y de los
ga11tos m~s sosp~chosos. Su amigo inseparab.e era Fernando Pr1eur, h1¡0 de un contratista de obras públicas
que, para defenderse de los recursos que ae pudieran ejercer contra él. á causa de sus embrollos en el negocio de
los fe_rr'!carnles del Centro, había fundado un periódico,
El Tirailleur, en el que gastó millón y medio de francos
ató al carro de su fortuna á todos loe merodeadores d~
las letras q~e pululan por las calles de París é hizo temblar al Gob1er~o por la.audacia de sus ataques.
Hugo de Cro1x-Meeml, Fernando Prieur y Valentín de
Cvutras formaban una trinidad audaz y ruidosa que bri:
liaba durante el día en las carreras de caballos en los velodromos ó en casa de Maxim' s, y después de' 1~ una de
la madrugada en el Petit-Club, al que aportaban un elemento de animación que turbaba desagradablemente las
costur:nbres de los antiguos socios. Para Hugo de CroixM;esml fué Valentín un salvador caído del cielo. Dependiente desechado en tres ó cuatro grandes casas formidal;le organizador de mi.cos, jugador al que er..; preciso
observar. las manos cuando tallaba en. la banca, el joyen
barón estaba á punto de zozobrar cuando fué salvado por
el conde de Coutrae.
Zalamero y seduct?r por naturaleza, agradó á Valentín,
el cu~l encontró las~1moso que un joven elegante, bien
pare~1do, com~ Cro1x-Mesnil, llegase á ser presa de petardistas de ba¡a estofa 6 un instrumento, para loe filósof~s en emboscada. Le restauró y Rugo se encontró fl.orec1ent_e y or~ullo~o como por encanto. El buscavidas·
h~m11lado é mq~ieto, velvió á adquirir el aplomo del vividor cuyo bols11lo se encuentra bien provisto. Llegó
hasta estar á punto de batirse con Fernando Prieur el
cual, en l?e negro~ momentos de la miseria, había ~ostrad? hacia su amigo de loe días brillantes una indiferencia verdaderamente nauseabunda diciendo que su situación le estaba bien empleada y q~e eso le ensefiaría á
no tratarse con la canalla. Fué precisa la intervención
del conde de Contras para apacigua! la querella y, una
vez arregladas las cosas, los tres amigos se dedicaron en
compañía á correr juergas, que pronto degeneraron en
orgías.
Los.sentidos embotados de aquellos jóvenes exigían refi.nam1entos de una depravación exasperada. La perversidad un poco sád~ca que demostró Valentín en la prueba á que ~omet1ó al pobre Blanpain, reapareció en
extravagancias galantes que espantaron á la Señora
Bour~~n, no ene,miga sin embargo, de cierta amable ex•Centnc1dad. Al llegar un día á la avenida de .Antin encontró á Coutras en compañía de dos muchachas conocidaK ~or el significati yo sobrenombre de «las inseparables»
Y la ¡oven, muy aficionada á las más fantásticas escenas
entre dos, pero nada entre cuatro, se escapó para no
volver.
Valent.ín n? buscó nueva amada y declaró que estaba
extraordmnna~ente cansado de mujeres. .Aquel fué el
J?8río~o más a~1tado y más terrible de su existencia de
hbert100. Se d1~ á beber licores americanos en los cafés,
después de media noche, y se prtsentó varias veces en el
c!ub e1;1 tal esta?-o, que se hubiera pedido su expulsión
e1 hubiera seguido frecuentándolo. No gastaba el dinero
con exajeración. La imposib'lidad de hallar un límite en
que conten~rse, _le desan~maba. Parecía un nadador que
no. se atreviese a sumergirse en aguas desconocidas por
miedo de no encontrar el for do.
La Señora Mossler, muy indiferente cuando se trataba de los gastos de su hijo adoptivo, se manifestó muy
pr~ocupacta cuando se trato dt su condncta y de su moralidad. L~ protestante se despertó y por primera vez se
mostró seriamente descontenta. Estaba al corriente de
los hechos por Eliphas, el cual tenía á sus órdenes una
verdade~a P?licía empleada en su ministerio de buenas
obras.. Sm nrnguna malevoleecia al principio y sólo por
adhes1ó~ á la S.iñora Mossler, el anciano se dejó interrogar Y d1¡0 la verdad, pues, incapaz de mentir, no podía
hacer más que callarse. No lo hizo así y se arrepintió
muy amargamente.
Al r~irarse el conde de Coutras, una mañana según
su costumbre, á casa de su madre adoptiva, la e~contró
ría Y grave, y como no estaba acostumbrado á que se le

EL MUNDO.
pusiera mal gesto, se quejó en seguida con audacia de niño. La Señora Mossler, que parecía esperar la ocasión de
explicarse, enunció en el acto sus quejas.
-Estoy descontento de tí, querido hijo. Tienes una
manera de vivir que me disgusta soberanamente y quiero que lo sepas, porque supongo que tu cariño hacia mí
te ayudará á corregirte.
-No lo dudes, respondió en tono cariñoso Valentín.
Pero ¿de qué me acusas? Es preciso que sepa en qué te
contrarío para no volverá hacerlo más.
-¡Oh! Me contrarías de muchas maneras pero sobre
todo, por tu mala elección de amigos. No te tratas más
que con personas mal reputadas.
-¿Quién te ba dado semejantes informes de mí? ¿Tengo, pues, énemigos á tu lado?
-!fo tienes más enemigo que tú mismo. ¿Crees que
es dificil saber lo que haces? Basta abrir nn periódico....
y no necesito ni comprarlo, porque mé loe envían llenos
de rayas en el párrafo que se refiere á tí. Mira, aquí tiene~ el Gil Rlas de ayer. ..... teHace pocas noches, en el
baile de la Opera, los señoree de Croix-Mesnil, Prieur y
el hermoso Pepitero .... ··" El hermoso P epiJ.ero eres tú según parece; ¿sabes que te han aplicado ese mote? '
-Sí, madre mía; es por las pepitas dA oro ..... .
-¿Y cr~es, que si tuvieras otra conducta, si no frecuentaras contmuamente esos establecimientos inmundos se
permitiría nadie tratarte con esa degradante familiaridad?
-Vamos, madre mía, no exageremos. No tiene nada
de degradante que mis íntimos me llamen Pepitero. Me
agrada gue los periodistas estén algo inclinados á cogerse de m1 brazo...... Pero todo esto es insignificante. Al
duque de Beaufort le llamaban el Rey de los Mercados y
~o desdeñaba de codearse con sus súbditos, lo q•1e no le
impedía ser un gran señor. En cuanto á esos establecimjentos inm~ndo~ de los que me supones concurrente
asiduo...... ¡s1 supieras que sociedad frecuenta la cantina
de la Opera, te quedarías asombrada!
-Lo creo.
-Pues es todo lo que hay en París de muy distinguido
. -Sí, ya sé que hay una especie de delirio de degrada?Ión q~e arrastra á los hombres y á las mujeres de la me ¡or soCied~d á frecuentar sitios en los que no querrían entrar sus criados ...... Es una prueba de genialidad. Pasan
la noche en las tabernas del boulevardexterior, en medio
d.el hu_mo del tabaco y oyendo canciones sucias ó revoluc1onar1as. Sé que la sociedad aristocrática ha preparado
su derrota por en falta de decoro. No espera que la hagan
de.scender por fuerza al nivel común y se precipita ella
misma de cabeza en el arrollo. Ella se retorcerá de rabia
un día, per? esa es cuenta suya y yo no tengo para que
ocuparme amo de tu caso particular en esta general locura. Te querría mejor que los de~ás y te encuentro
peor. Tu!! ~ongéneres van á la taberna por tontería; tú
vas por v1C10. Ellos no hacen más que perder el tiempo·
tú pierdes la razón......
'
-Madre mía..... .
-~e es penoso hablarte así, pero en tu propio interés
debo ir hasta el fin, Tu intemperancia es causa de escán •
dalo; y las personas con quienes vives íntimamente son
las que te han impulsado á ·esa degradación....... Creo,
por tanto, necesario que rompas con ellos.
.
-Te han prevenido contra esos amigos y contra mf.
-Ese Rugo de Croix-Mesnil y ese Fernando Prieurno
son los compafl.eros con quienes quisiera verte....... Uno
de elloa, por lo menos, vive completamente á tus expensa.:.
-He te~ido el placer de hacerle algunos servicios. Pero, ¿eres tu la que me lo echas en cara cuando pasas la
vida buscando á quienes socorrer?
'
-Yo trato de que sean dignos de interés.
- ¡Ah! °;ladre mfa; ¿hay algo más interesante que un
hombre bien nacido, acostumbrado al lujo y que está
amenazado por la miseria?
-Si ese hombre ea laborioso, cambia de exibtencia y
sale adelante..... .
-Eso es difícil de resolver y nada cómodo de ejecutar.
---;-Tu padre lo ha hecho y eso es lo que te ha valido mi
cariño. Nada más conmovedor ni más honroso que el valor de aquel joven que, desterrado á las soledades de
Africa, trat.aba de reconquistar por su trabajo todo lo que
había perdido. Mossler y yo éramos de una raza trabajadora, bestias de carga creadas para las dm:as tareas....... .
Pero el, el conde Jacobo, nacido para la ociosidad, bello
caballo de regalo, educado para la carrera 6 para lá batalla ...... Trabajó, sin. embargo, con nosotros en el campo
de oro, y en él ,1ur1ó ..... Eeto ee lo que nunca olvidaré
y lo que me hace ser tan indulgente para tí...... Pero todo
tiene un límite y no sufriré que tú le traspases.
V~lentín tenía, entre todos sus defectos, una notable
cuaudad; la de saber dominarse y poner á mal tiempo
buena cara. Tenérselas tiesas con la señora Mossler hubiera .sido una grave i?3prudencia, por muy seguro que
estuviese de su ascendiente con ella. Sé dió cuenta clar~mente de que era preciso recoger velas y hacer concesiones, al menos en apariencia, y, adoptada esta resolución. ~a puso por obr~ con toda prontitud.
-Bien sabes que ¡amás te he desobedecido. Estoy
pronto á conformarme con tus deseos y desesperado por
haberte causado un disgusto; esto es solamente lo que ten .
go en cuenta.
-Si haces lo que quiero, todo lo olvidaré. Sólo te pido
que t~ portes raz?nablem~nte y para esto me p~rece necesario que C:lmbies de existencia. ¿Quiéres darme gusto?
-Sí, por Cierto.
-Pues bien; cásate.
Vale.ntín dió un .respingo y dijo sonriendo:
.-1D1ablol Me disparas eso á boca de jarro, sin preve•
mrme....... ¡Vaya una resoh1ci6n!.. ..... Nunca me habías
hablad.o ~e ~so ...... ¡Pero así, tan pronto? No tengo más
que vemt1sé1e años..... .
-Dos más que l!Iossler cuando se casó conmigo.
-Pero él no tenía una madre como tú, que le facilitase
una existencia admirable.

311
-Tu existencia será tan admirable como ahora después
de casado y mucho más regular.
-Pero casarme...... ¿con quién? ¿Me tienes una novia
dispuesta?
-No. Te la buscaré en cuanto estemos de acuerdo.
Valentín respiró, porque entrevió un plazó y ese plazo
era para él el porvenir entero, pues él sabría arreglarse
para salir del callejón en que la sefíora Mossler quería encerrarle,
-¿Tó lo quieres? dijo; pues sea; me casaré. No pensaba abandonar tan pronto mi libertad, pero ya que mi sumisión es una garantía para tí, quiero que estés satisfecha.
-Lo estoy y más de lo que pudiera decirte, pues no
sólo veo realizarse un proyecto en el que siempre he pensado con gusto, Pino que tengo la seguridad de lograr que
tu vida sea digna. D3scuida; te buscaré una joven encan tadora y que no sea rica; tú lo serás por los dos y hasta
por cuatro, pero la quiero perfecta en todos sentidos. Ea
preciso que la ames y que ella te baga honor...... Fía
en mí.
-Eso es lo que siempre he hecho basta ahora y nunca
me ha ido mal. ..... ¿No tenías nada más que mandarme?
-Nada más. Pero está convenido que vas á renunciar
á la absurda existencia que llevas y á desembarazarte de
esos dos individuos.
-Me marcharé esta misma noche á Niza; esta es una
garantía para tí. Haré una pequeña correría en mi barco y volveré purificado de todo, mis yerros. ¿Es esto lo
que deseas?
-Lo mismo.
Como estaba acordado. Valentín partió y dejó en Paría á sus dos camaradas. Al saber éstos su llegada á Niza
le telegrafiaron que iban á reunirse con él; pero Valentín
les respondió en seguida: «Tenéi3, amigos míos tan malas co•tu1;0bres, q?-e habéis logrado compromete'rme. Estoy en N1za precisamente para no veros más. Bebed en
adelante solos vuestros cocktails. Si deseáis envenenaros
fumando virginias, os enviaré algunos paquetes de SanRemo, de contrabando. Puedo todavía hacer eso por vosotros, pero nada más. o~ estrecha las manos CouTa.As
La Naturaleza fría y cambiadiza de Valentín con ~ue
puntas de ferocidad, que daba á sus actos un car;cter particular, se manifestó plenamente en aquel abandono de
sus compafieros. El día antes no se separaba de ellos y
al día siguiente ya no los conocía. No había en él ninguna afectación, nicgún esfuerzo para aquel abandono de
una ccstumbre, ya que no de una amistad· ni siquiera la
peguei'ia emoci~n. que causa la partida &lt;le l~s perQonas con
quienes Be ha vivido algunas semanas; ni siquiera la melanc?Ha de la soledad. El conde de Coutras se había encarrilad? en una via nueva, iba en dirección diferente y
no se cuidaba para nada de los que dejaba detrás de él
No le eran indispensables; hasta le molestaban: Desd~
ese momento, el soberbio egoísmo, que constituía el fondo de su carácter, le indujo á no pensar más en ellos
Y realmente no pensó, mientras surcaba con la q~illa
de Bu precioso yacbt Africa las ondas azules de un mar
admirable en la Riviera deNiza y en el golfo de laNapoule. Un orden ge sensaciones nuevas se apoderó de él yee
preguntaba con sorpresa cómo había podido permanecer
entre las brumas y el fango de Paríe mientras en la costa
de la .Provenza el cielo era tan puro, el sol tan brillante
y la tierra tan coquetamente adorl!ada de verdor y d.}
flores. Estaba muy lejos de pensar en la promesa que había hecho á la aefl.ora Mossler. La olvidó tan fácilmente
como á sus compafieros de Crápula y se dió por comple•
to á su barco, al mar y al espacL-.
Durante este tiempo la sefíora Mossler no se descuidó
De su vida da aventuras le había quedado la costrmbr~
de la activid:id é iba siempre de~eoha á su fín. Además
po~eía en Ehp~as un colabo!ador sin segundo y éste fué
quien descubrió á la sefl.onta Enriqueta de Pierremot.
Severamente educada por una. tía suya entrada en años
y pobre,. la ¡oven no h;abía.temdo otras distracciones que
el estudio y era muy mtehgente, muy instruída y poseía
gran talento musical. Alta, rubia, de aspecto arrogante
un poco grave ~ero sencilla y tierna, Enriqueta no teni~ ·
nada de la bachillera.moderna gue pulula por los salones,
con su gerga masculina, sus aues extravagantes y sus
gustos raro~, .Y que van desde el café concierto á las carreras de b1c1cletas, pasando por los cursos de la Sorbona. Sabía conversar, trabajar y recibir la sociedad. Estab_a emparent~~a con la~ mej~res familias, pero la modestia de su pos~c1ón al mismo tiempo que la vejez de su tía
la tenían ale¡ada del mundo. El señor Clement dijo á la
señora Moesler:
-No encontrará usted para su Valentín nada mejor que la señorita Enriqueta. Es 1?a~t~nte hermosa para hac.erse amar por él y bastante ¡uic1osa para dirigirle. Si
tiene usted la:Suerte de que tome ascendiente sobre él, tie!le u~ted á su hombre con I? que necesita. Valentín es
mtehgente y capaz de apreciar las raras perfecciones de
esa muchacha encantadora, en la que tendrá una compaf'lera como es hoy ~uy difícil encontrarla. No hubiera
yo desea~o otra mu¡er para mi hijo sino hubiese encontrado á m1 nuera. C~and(! ~sted la conozca quedará, prendada de ella. Sus dlspos1c10nes para la música son tan
notable2, que Diemer le pide que vaya á tocar á cuatro
manos con él, y ya.sab~ usted lo delicado que es. Dicen
q.ue canta extraor?-manamente bien, ¡;¡ero no concurre
amo ~ m.uy reducidos círculos sociales. No hay, de seguro, .diez Jóvenes t;n ~arís que valgan lo que ella por Ja
solidez de sus prm~1p10~, la modestia de su aspecto y Ja
cultura de su espíritu.
La señora Mossler escuchó silenciosa á su const-jero y
por fi1;1, -pronunció estas pa!abras que probaban proíun'do
conomm1ento del corazón humano:
-¡Siempre que no sea demasiado perfecta!
Los temores de la sefíora Mossler no parecieron realizarse.. Valen~ín, á su vu~lta á París, fué presentado á la
eefío~1ta Enriqueta de ~1erremot, con la que se puso en
seguiaa de acuerdo. Ammado por su madre adoptiva el
conde de Coutras se propuso agradar y se mostró enc;ntador. Se apoderó de la buena voluntad de la tía y con-

�•

EL MUNDO.
siguió enamorará la joven. Sin esfuerzo y con toda naturalidad se condujo tan perfectamente durante los dos
meses anteriores á su matrimonio, que aún las personas
más prevenidas contra él debieron creerle metamorfoEeado.
.Aquella movilidad de fisonomía y de actitudes, aquella fa,cu ltad de du p licaree, en cierto modo y de representar un personaje completamente opuesto á su verdadera
naturaleza, aquella adaptación de todas sus facultades al
me&lt;lio en que se encontraba momentáneamente, que hacían de Yalentín un actor prodigioso, engañaron ~odas
las miradas y todo9 los juicios. Todo el mundo peneo 9ue
ee había hecho serio y que serla un excelente mand?El mismo lo creyó y ~e propuso de b~ena ~e hacer f~h1,
á aquella amable Enriqueta. El 0111tr1mon10 se realizó,
puPs, bqjo lo~ más dicho~os auspicios.
.
.
L'\ señora ~Ioesler, en el colmo de la alegría, d1~ vem•
tP millones á su bij'l adoptivo y el hot I de la :wemda de
Fiedland Durante seis meses. el conde estuvo verdaderamente· enamorada de Enriqueta. Para un libertino
aco•tumbrado á la señora Bourdón, el amor de Enriqueta e~a una picante novedad. Pero al cabo de medio añ&lt;~,
Pll constancia, jamás muy duradera, se agotó, y el marido volvió á sos ocupaciones de soltero y á sus pla.ceres y
dPj&gt; á la conde~a. no en la soledad, per'! sí reducida. á la
intimidad tranquila y placl':ntera de ami~?ª• qu11 su mteligencia y su buen ~"•'o le h 1b ·a11 C'l nc1l1ado. ~as relacwnes entre loA esposud siguieron siendn públicamente
excelentes, porq•11:1 Valsntín, aunque ;ig~ro ~ incon~tan•
te conservaba cuidadosamente la!! apanenc1as, y s1 Enri4ueta sintió alg•rna penaHUP&lt;? o~ul.tarla con di~nidad.
La señora l\lossler no vió al pnnc1p10 nada más sino que
no tenían ningún hijo.

III
Federico C1ement, de la casa Pillet y Berger. se casó,
un afio antes que el conde de Contras, con la bija de.! ~efior Vavasseur, director y j~fe del personal en el mm1s•
terio de Hacienda. Celina Yavaeseur, educada severtmente nor su padre, hombre de gran ~apacidad,. pero de
espíritu metódico había pasado una ¡uventud sin placeres. El día en qtie le fué presentado al joven Federico
Olement se halló eamamente predispuesta á encontrarle
bello y e~piritual, porque iba á sacarla del triste medio
en que se aburría desde la infancia. Bello y espiritual no
lo era en alto grado el novio, pero sí amable y bueno
cuanto se pudiera desear.
Era, acaso, un poco grave, pero s~n animadver~ión hacia la alegría de los demás. El hábito del traba¡o y la
practica de los negocios, considerados como el o~jeto
1nico de!:, vida, le habían tenido forzosamente aleJado
de los placeres mundanos, pero no los miraba con hosrilidad.
Eu lo físico, era un muchach6n rubio, un poco calvo,
de ojos azules de mirar firme y frío y que juzgaba á un
hombreó un negocio al primer golpe de vista y sin apelación. Inocente en las cuestiontis de sentimiento, como
todos los que no han vivido, era terriblemente práctico
en los asuntos de interés y se había criado un especialidad en los adelant. sal comercio y á la indw.stria. No ponía jamás él en la bolsa: esa clase de especulación no existía para él y rehusaba sistemáticamente ocuparse en las
emisiones á las cuales se le había invitado con gran frecuencia. De!!de que él dirigía la casa de la calle de la Victoire no se había allí trabajado más que en el descuento y
en la banca. Acerca de la moralidad de ciertas empresas
tenía opiniones propias del siglo anterior y que olían á
filosofía ginebrina. E l rigor de sus principios le prohibía
ganar más de lo que él juzgaba bonrauo. Para él los beneficios del dinero no debían ser ilimitados y en una ocasión memorable dió la medida de sus escrúpulos devolviendo á una casa de Saint-Denis una parte del beneficio
que había obtenido en la venta de una partida de cobre
en lingotes, embargada y vendida por él por falta de pago en el plazo establecido. Con todo esto, era imratable
cuando estaba en su derecho ó cuando se trataba de engallarle.
Entre su padre y él existía tal formalidad de caracteres de tendencias y de modo de pensar, que dodí.m babia~ el uno en nombre del otro sin ponerse de acuerdo,
de tal modo estaban seguros de lo que habían de pensar
en determinadas circunstancias. Estos dos hombres un
poco fríos y firmes en su deber hasta desafiar l.i. muerte,
eran dignos descendientes de los que se apoderaron de
Francia con Enrique IV, y cuyo destierro, que L11is XIV
juzgó necesario, aplazó por cierto tiempo la Rovolución

Francesa.

Federico adoraba á su mujer cuyas ideas y cuyos gustos eran muy diferentes de los suyos. La encantadora
Celina Yavasseur, salida de la atmósfera asfixiante en
que su padre la había tenido durante toda su ju~entud,
sacudió con viveza el yugo de las costumbres sencillas en
que había sido criada, y bajo la molestia intencionada de
m tren, supo aprovechar la rica solidez de una fortuna
bien cimentada.
El lujo que deseaba le fué concedido y en poco tiem.po
obtuvo cr,mbios importantes. Cuando Eliphas le hizo
ob110rvar con afectuosa bondad, que arraBtraba á Federico á gastos que él no estaba lejos de calificar de despilfarros, respondió riendo:
-Vamos, querido padre, no roe acuse ustedlde ser par•
tida ria de la Reforma..... .
El anciano abrazó á su nuera, moviendo la cabeza, y
se consoló del dinero gastado pensando que su hijo era
clichoso. Y lo era, en efecto. Su mujer no tenía por él
una ternura apasionada, porque, realmente, no había
n&amp;da en eu persona que pudiera inspirar tales sentimientos: pero le amaba tiernamente á ~ausa de su bondad y
del cariño que veía en él. Le consideraba á sus órdenes,
pero annque segura de su ascendiente, jamás abusó de él.
Los dos primeros años de .su matri~~nio se desl!za_ron
en un dichoso encanto. Tuvieron un h1¡0, cuyo nac1m1e11to entusiasmó i Eliphas y causó alguna envidia á la se•
llora Mossler, y en e ..ta é¡,oca fué cuando se fijó más en
la me11te de la reina del oro la idea de casar á Yalentín.

Entonces comprendió mMi claramente cuán vana era su
fortuna si no tenía ningun heredero á quien transmitírsela en la seguridad de que, después, no iba á parará manos desconocidas y extrañas. Hubiera dado un mundo
porque aquel niño de Federico fuese de Valentín. Pero,
ella, que podía hacer tantas cos!\6 en el mundo, ¿tenía po•
der para cambiar el destino?
La joven señora Clement se encontró naturalmente
en la intimidad de la mujer del conde de Contras en cuanto éste se casó. Enriqueta y Celina tenían próximamente
la misma edad, pero ofrecían en sus personas y en sus
caracteres el más completo contraste. LaseñoraCleruent
era pequeña, morena, viva, alegre. La condesa de Contras era rubia, alta, un tanto grave y muy sentada. Artistas ambas, pero con criterios enteramente opuestos, la
mujer de Federico era muy avanzada y no temía un poco
de intransigencia, mientras que la de Valentín era resueltamente clásica y oponía una razonada resistencia á las
ideas atrevidas. Tenía horror á los detractores sistemáticos y tomó entre ojos al célebre crítico Boismaraut porque se empellaba en hablar mal de Gounod, á quien ella
admiraba.
La eefíora Clement introdujo en el elegante, aristocrático y selecto salón de la condesa Je Coutras un elemen·
to de alegría viviente que modernizó lo que, sin eso, hubiera parecido •rn poco afectado. Ella misma decía riendo: «Yv ablando ún poco todo este Luis XIY11. Fué la
niña mimada de la casa y la seria Enriqueta la trató co·
roo á una hermana pequeña á quien se toleran todos los
caprichos. Y los tenía. Ouando, á eso de las cinco, llegaba á casa de su amiga, el ealón se volvía instantáneamente tumultuoso y 1a animación sucedía á la gravedad.
Tenía el privilegio de desfruncir todo los ceños con su
alegría. Las oersonas de edad la aC'lgían con complaciente sonrisa. Era turbulenta y un poco fantástica, pero sus
fantasías y su agitación estaban envueltas en tal encanto
de candor y de honradez, que nadie pensaba en hablar
mal de ella.
al pr:ncipio se mantuvo en una extremada reserva
respecto al conde de Ooutras. Por muy velados que hubieran sido los conceptos cambiados entre su suegro y su
marido acerca de Valentfn cuando aun estaba soltero, le
habían hecho comprender que éste no gozaba de su estimación, y entre todos los fragmentos de conversación
que había podido oír, formó una opinión según la cual el
hijo adoptivo de !a señora Mossler era una especie de
diablo, del que convenía apartarse con cuidado.
La primera vez que se presentó delante de ella, no le
encontró espantoso. Acababa de regresar de su viaje de
boda y e~taba comiendo de gran ceremonia en casa de la
señora Mossler, cuando entró el ronde de Coutras con
desenvoltura sencilla y elegante. Besó la mano á su madre como hijo respetnoeo, y cuando fué presentado á la
joven, se arregló de manera qae, en tres frases, habló
bien de todos los que etla aruaba. Se atrevió á mirarle
con atención, tranquilizada por esaamabilidai, y vió que
aquella satánica pe1sona era un guapo muchacho, de aire
dulce y político y que se destacaba por sus buenas maneras entre l•)S jóven1:s á quienes ella tenía costumore de
ver.
Habló muchas veces con él y le encontró alegre, nada
pretensioso y con un dejo de descuido y de despego hacia las casas materiales que le daba mucha distinción.
Para ella, que desde la mafiana á la noche no oía hablar
más quP- de negocios y de cifras, fué un placer encontrar
aquel joven qne parecía tener horror á toda preocupación seria y que nunca hablaba más que de art-e, de literatura y de sport. Las facultades de asimilación da Valentía le sirvieron admirablemente en aquel trance,
porque la verdad era que no leía jamás, detestaba las
ex:;iosiciones y se formaba una opinión con dos ó tres
frases de periódico. En materia de sport era otra cosa; en
esto podía dar lecciones.
Viendo que la joven se interesaba por loe secretos de
las carreral:I y que le hacía preguntas acerca de ellas, pro.
puso un día á la mujer de Federico llevarla al hipóJromo
en su mail. Ella exclamó en el acto:
-¡ Pero usted no pienba lo que me proponel ¿Qué diría
mi marido?
-¿Su marido de usted? Vendrá con nosotros. Es la
reumón más grande de la temporada. Todos los drags
salen de la plaza de la Concordia, delante del círcnlo de
la rue Royale. Todo lo que París encierra de elegante y
de chic estará allí. Pondré á usted á mi lado, en el sitio
de honor.
La joven le miró con aire malicioso:
-Dígame usted, preguntó, ¿la scllora Bourdón estará
en el coche?
-No, respondió Valentín sin desconcertars'3; la sefíora
Bourdón no estará allí si usted está.
La mujer de Federico no comprendió bien toda la impertinencia que llevaba envuelta la respuesta, ó afecr.6 no
haberla entendido.
-¡Oh! 1Pobre mujer! No quiero privarla de ese placer...... Llévela usted...... Se dice que no la hace usted
muy dichosa......
-¿Quién ha informado á usted tan bien de mis asun•
tos?
-La voz pública.
-Pues es una voz muy falsa. Hace lo menos tres semanas que estoy reñido con esa sellora..... .
-¡Bueno! ¿Y por qué? Es muy hermosa..... .
-¡Como si no hubiera quien lo es más!.. .... Conque
está convenido, ¿,iene usted?
-No, por cierto. Tiene usted muy mala reputación
para que una pueda presentarse á su lado.
-¿Y si me corrigiese?
-Hágase un hombre razonable......... y veremos........ .
¡Oiga usted, debía usted casarse!
-¡Cómo! ¿También? Mi madre me atormenta sin descanso para que abandone mi libertad. ¿Esto es una conspiración?..... .
-?ara el uso que hace usted de su libertad, debe procurar conservarla......

15

NOVIEMBRE,

1896.

-Habla u~ted de cosas que no sabe. ¿Quiere usted que
la cuente en qué empleo el tiempo?
-¡Oh! No.
Hizo un g"sto de espanto y se escapó como para re(ugiarse al lado de la sefíora Mossler.
Había, pues, entre ellos edesramuzas en las que se añr•
maba su intimidad por la lib~rtad de los conceptos. Una
noche, en casa de la señora Mossler, Valentln se aproximó á la joven y dijo:
-Tengo una noticia que dará usted. Este año podrá
usted asistir á las carreras y montar en mi mail...... Me
caso.
La mujer de Clement se echó á reir.
-Supongo, dijo, que no se habrá usted decidido solamente para llevarme al hipódromo..... .
-Por eso solamente, no. Todo el mundo me atormenta; tengo mil molest.ias; la vida que llevo me aburre, y,
además, tengo gusto en complacer á mi madre.
,
-Haula usted muy juiciosamente. Siempre be creído
que no estaba usted tan gangrenado como se decía.
-Con muchos cuidados, acaso me cure.
-Se procurará. Usted puede contar con numerosas
simpatías.
-Sf; ya lo sé. Las frases v~.cías no faltarán...... Se dirá: «Bonita unión» ...... y después, si las cosas marchan
mal: «¡Era seguro que eso no podía salir bien!" Pero yo,
á todo esto ..... .
-1Oh! usted!...... ¡El interesante mánir! Pero hable•
mos de la novia ...... Esa es la que corre peligro! ¿Se puede saber quién es?
•
-Su suegro de usted es quien la ha descubierto.
-Eso es una excelente garantía.
-Como moralidad, puede ser; pero agrado ..... .
-Mi s11egro tiene muy bl1en gusto; él fué también el
que me de11cubrió á mi.
-Eso me tranquiliza un poco.
-¿Conoce usted la que le des\inan? ¿Ha sido usted
presentado á ella?
-Ayer. Es una mujer muy hermosa, impo·nente, seria
y me parece hecha para mí exactamente lo mismo que
usted para su marido.
-Pues aseguro á usted que yo me entiendo muy bien
con Federico. Hace todo lo q11e yo quiero ..... .
-Pues si yo tengo que hacer todo lo que quiera mi futura mujer, sospecho que no serán siempre cosas de una
extremada jovialidad.
-Será una indiecreción preguntar cómo se llama esa
joven?
-Supongo que conocería usted ese secreto en cuanto
volviese á su casa...... Lo mismo da que sea yo quien se
lo revele. E3 la señorita Enriqueta de Pierremont.
-Es usted más afortunado de lo que merece. La he
encontrado muchas veces en casas de familias amigas....
Es enteramente encantadora........ .
-Entonces, en mi lugar, se casaría usted con ella ... ...
-Sin v.1cilar.
-1Oh! Las mujeres no vacilan jamás para casarse. E l
estado que abandonan es, según parece, tan molesto, que
corren como locas hacia la nueva condición que las emancipa. Pero nosotros, que tenemos todas las ventajas de
la libertad, necesitamos e~tar muy enamorados, muy enfermos, muy arruinadob, ó ser muy obedientes, para
cambiar de existencia. Un hombre solo no tiene porqué
preocuparse; siempre sale adelante. Pero cuando tiene
wujer é hijos, ¡qué responsabilidad y qué carga!
-La señora Moss!er le ayudará á soportarla, dijo Calina sonriendo. Sus medios se lo permiten.
-¡Bah! En loa tiempos que corren ¿se puede eatar seguro de algo? Todos 10s dlas nos explican los socialistas
que, dentro de poco, se apoderarán de todos loe capitales...... El otro día, uno de esos amables reformadores
afirma que en la próxima revolución hay que empezar
por apoderarse del Banco de Francia...... ¿Qué quiere
usted, pues, que pensemos los 9.ue tenemos la debilidad
de no poder vivir sin mucho dmero? Yo, aseguro á usted que no voy al matrimonio como á una fiesta ...... Empezando porque no estoy seguro de ser un buen ma•
rido.
-Si, usted no E'B peor que cualquiera otro, á peaar de
llU cabeza ligera. Y si ama usted á su mujer......
-¡Oh! Dios mio, sí; todo depende de eso. Pero ¡diantre, la sefíorita de Pierremont es demasiado diosa! ¡F.eo
es una Juno!
- Ya se humanizará. Eso es cuenta de usted.
- Verá usted como me está acon11ejando imprudentemente. Palabra de honor; todas las mujeres son casamenteras por naturaleza......Usted no vacila en impulsarme hacia el abismo...... ¡Ouidadol Si no soy feliz, será
preciso que usted me consuele.
-¿Cómo?
- Amándome, todo lo que usted sea capaz de amar.
- Eso no me comprometería á grandes cosas. No tiene
usted idea de lo poco apasionada que soy. Creo que, contra su Juno, iría usted á pe.iir socorro á Minerva.
- ¡Abl ¿Usted también? Entonces creo que haré mejor
marchándome en seguida al Transvaal. ..
La sefiora Mossler, curiosa por aqufllla larga conversación, dejó á uno de sus visitantes con quien estaba hablando; se acercó á la joven y dijo:
- ¿Qué le está contando á usted este loco?
- Que quiere marcharse á los campos de oro como su
padre.
-La sefiora Mossler se puso grave y permaneció un
momento callada. Después dijo con voz dulce, aunque
un poco alterada, dirigiéndose á Valentín:
-¿Tan poco carifío tiene'! hacia los que se interesl!-n
por ti, q_ue piensas en abandonarlos en el momento m18·
mo en que se ocupan de asegurar tn porvenir?
-No, querida madre. Pero tengo empello en no f~ltar
á los cúmpromisos que adquieran por mí y es.to me tiene
inquieto.

15

NOVIEMBRE,

1896.

313

EL MUNDO.

LA NOTA DE LA MODA.
El otollo es la estación me!ancólica y dulce por excelencia. El explendorde
l~s alegres m.añ~nas hace olV1dar los crepúsculos enfermizos y la aproximae1ón del rudo mv1erno se vuelve menos cruel por el perfume que se desprende
en estos mome?tos de las últimas roeas.
Entre la tristeza de los fríos próxi moa y el encanto de los hermosos días que
se van, la natu!al~za se trans~orma y con ella las manifestaciones de la vida. La
Moda no es la ultima en seguir este movimiento y la mujer cuyos lindos bom•
bros a.e extremecea ya con la aprehensión de las brisas invernales, roba á esa
lang~1dez g~neral un en.canto nuevo que alegrará con su nota armoniosa el próximo t!nte gris de los horizontes.
. Este es el secreto de la mujer: permanecer joven y bella cuando todo se mar-chita, conservar su explendor cuando las flores mismas sus hermanas se abaten
y mueren.
Una de las notas características ~e-este otofio de 1896, es el empleo del abrigo antes d~ !a hora oportuna, es decu antes del frío y todas ó casi tudas las elegantes parisienses se proveen ¡a de géneros gruesos en que lo abrigado se disfraza con los adornos del corpillo.
Entre los más genuinos figurines de esta estación, tomamos dos de calle,
uno q~e muestra el frente y otro la E"Bpalda y que se hace de satín negro ó de cachemira. Esta recobra sus fueros con la estación así para trajes de casa como de
paseo Y á la verdad se presta para todas las elegancias.
. ~uy pron~o, o~ lectoras se declarará el reinado de las pieles y la marta, la
z1behna, la chrnch11Ja, etc., lucirán su toison ni veo en vuestros hombres. Disfrutad entl-e tanto de los postreros atractivos del otollo,

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CONOCl!VIIENTOS UTILES.
Jabón antiséptico.

1

Se fabr.ica un jabón antia~ptico mezclando una materia desengrasante con una
substancia ~al, como por e¡emplo, el permanganato de potasa. Este se divide
todo lo posible y se aisla de la masa por medio de una capa protectora.
Esta capa puede estar compuesta de parafina, vaselina, barniz, goma., resi-

\Id.,

,..

...

1

Figurín parisiense con grao bordado y cintura de satén negro.-Para calle.

nas, etc., ó b:en de boratos- silicatos, carbonatoos, óxid&lt;&gt;s, etc. ; por otra parte,
pued., añadirse á la materia desengrasante substancias susceptibles de destruir
los óxidos de manganeso ú otros que procedan de la reducción de los permanganatos ó productos similares. Estos cuerpos pueden ser alcalinos, alcalino-terrosos, ácidoE, ele., mezclados directamente con la masa, ó bien introducidos en
esta, después dé protegerse por un.! capa apropiada.
Para preparar el jabón, se toma la pasta de jabón y se le adiciona una pe•
quefia cantidad de agua que contiene en disolución gelatina y magnecio. Se reblandece por medio del calor.
Ademá~, se pulv~riza finamente el permanganato de potasa, se m11zcla lapa rafina fundida hasta 1mprPgnar toda la masa, y cuando la masa está I n[riada, se
divide finamente y se vierte en la pasta fundida. La pasta se muele en seguida
y se seca por medio de una corriente de aire.
PREPAR.ACION DEL AGUA SEDATIVA.

Este medicamento, de uso tan general en las casas de familia, puede prepararse con suu,a facilidad, observando la fórmula siguiente:
Amon!aeo liquido...................... 60 gramos,
Alcohol alcanforado.................. 10
Sal comtln.................................. 60
Agua.......................................... 1000
,.

La sal c,-.mún se disuelve en el aguii, filtrando luego el líquido y añadiendo
el alcohol alcanforado y el amoniaco.
Como es sabido, el agua sedativa tiene numerosas aplicaciones. En uso externo, se e nplea en friegas ó compresas para lo&amp; dolores de cabeza, contusione!!
y picaduras Je insectos y reptiles. ..i&lt;.;n uso interno obra como estimulante y antipútrido,

LIQUIDO Al'ERITIV0.
Una de las bébidas más higiénicas, entre las numerosas preparaciones i¡ue
se designan con el nombre de tónicos y aperitivos, se obtiene por la aplicación
de la siguiente fórmula::

~~t'fiamarga:::::::::::::::::::::::::

1
~ gra~os.
Ralzdc genciana.,..................... 10
Quina amarilla......................... 10
,.

( Continuará).•
Espalda del mismo figur1n.

Estas sustancias se dejan en maceración en un litro de agua durante tres
días, al cabo de los cuales puede filLrarse el líquido. Para dulcificar la bebida y
hacerla más agradable puede agregársele jarabe de granadas en una cantidad
proporcional á la bebida que se prepare.

�¿Qué más argumentos necesita para a.firmar y probar
su superioridad?
La confesaron sus competidores, le hicieron justicia
sus enemigos, y eu do:mmt&gt;nto púolico la atestiguaron.
No son, pues, de extraí'lar sus rápidos triunfos en estoa últimos afio&amp;, y vemos con placer que donde entra.
no es jamás substituido por otro, á pesar de las mentadas preocupacioaee.
A pesar de sus muchos viajantes y de tener representantes en las principaes capitales del mundo, mucho lequeda aún qne andar, pues una marca no se act_dita en
un día, y poco á poco se vencen las más arraigadas preocupaciones.
VIII
--DE LA--

Consumo.
La exportación del cbampagne en Francia en ·el último quinquenio y de Abril á Abril de cada año, es como
sigut&gt;, st&gt;gtín los datos oficiales de la Cámara de Comercio
de Reims:
Eu 1890-91
. 21.699.111 botellas.
1891-92
1892-93
» 1893-94
" 1894--95
»

19.685,115
16.600,678
17.359,349
16.129,374

»

HORNO Dll LADRILLOS PARA LAS CUEVAS.
DEGoBGE: Condiste en deetapar bruscamente la botella
dejando salir el poso, que es lanzado fuera por la presión
del gas; esta botella pasa entonces al dosificador quien
pone en ella una cantidad determinada de un licor compuesto de vino añejo, cognac y azncar cande, que ha de
ree~plazar al a ucar perdido por la fermentación, pues
no todos los clientes aman loe vinos secos. Con el nombre de vino bruto ( Vin brut) se entregan los champagnes
si R licor alguno, secos, tal como quedan después del simple degorge.
Pasa la botella al encorchador, quien pone un magnífico tapón definitivo, que luego se sujeta con dos bramantes y un alambre 6 con un bozal y un plomo, queda la
bot1::lla terminada, y se sube á una bodega, bajo tierra
también, muy fresca, qut. es el depósito de botellas terminadas.
AUMENTO PROGRESIVO: El creciente desarrollo del mer•
cado de CuAMPAGNE CoooRNIU, por el mayor conocimiento de sus cualidades, trae consigo el engrandecimiento
siempre constante de bodegas y cuevas. Por eso vemos
nnevoe é inmensvs locales cada vez que visitamos el establecimiento, que cuenta hoy con siete inmensas cue•
vas y siete bodegae, una de las cuales mide 96 metros de
longitud por veinte metros de ancho y 7 metros de altura.
Como se ve, la elaboración del champagne no es una
industria, pues no hay cambio de materia, todo lo hace
la tierra, la pulcritud, los locales, el trabajo, las inmensas existencias y el tiempo.
EMBALAJE: A medida que se reciben pediclos, se vuel••
ven á tomar las botellas, subiéndolas á la salas de expedición, donde son adornadas con etiquetas, corbata@, medallones, lacre, hoja metálica, cápauh, y envueltas en
papel fino, y provistas de sus fundas se colocan en cajas
presentadas elegantemente y marcadas al fuego con una
prensa-imprenta apropiada que imprime la marca de la
casa y otros detalles.
Repasando detenidamente las operaciones, resulta que
sólo después de haber pasado las botellas por doscientas
manos distintas, que representan otras tantas operaciones, salen á la luz del día á los tres ó más años de obs•
curidad no interrumpida. ¡Cuántos sufrimientos y cuán. tos detalles se encierran en esa botella de champagne que
1evienta por salirl
Al ver englobados en este establecimiento modelo de
la agricultura más avanzada, la industria más difícil, y el
comercio mád aristocrático, todo dirigido según los últimos adelantos de las ciencias, y en breve iluminado por
la electricidad, nos viene á la mente ijin poder evitarlo
aquella famosa máquina en la que se veían entrar por sus
extremos los rebaños de carneros y salir por el otro trajes hechos de lana, bujías de sebo, y humeantes manjares.
VII.

Pues bien, esta dificultad es tan grande, estas ideas son
tan grandes, está tan obcecado el consumidor espaliol, que
un caráct\'r menos firme que el del Sr. Codorniu hubiese
desistido cien veceR dando el negocio por imposible.
Aquí podemos afirmar una vez más lo que dijimos, que
en la CASA C:onoai&lt;rn se hace todo, desde el principio al
fin, y hemos visto sus die~ bojas de propaganda, los variados carteles _para paredes, cafés y otros sitios, la multitud de cuadros de sus instalaciones, los periódicos extranjeros que le tributan grandes elogio~, y los diplomas
y medallas de varias exposiciones, en las que nunca obtuvo premio inferior á medalla de oro.
Para convencer á loe client,tH acudió á las Exposiciones. A la de Barcelona de 1888, donde obtuvo dos il[eda•
llas de oro y el premio extraordinario del Ministerio de
Fomento al mej"r viticultor y vinicultor de Espaiia.
A la de Vinos Tipos para los mercados extranjeros, del
Instituto Agrícola Catalán de San Isidro en 1892, donde
obtuvo Diploma de honor y de gratitud.
A la de Amberes de 1894, donde se le concedió Medalla
de oro.

A la de Amsterdam de 1895, donde acaba de obtener
Medalla de oro.

A la de Manila en 1895, donde obtuvo el primer pre
mio, 6 sea Gran Diploma de honor, y finalmente, quiso
concurrirá la de Burdeos de 1895, para tapar la boca á
los que creen que sólo en Francia entienden los vinos, y
fué premiado también con Medalla de oro.
Y siempre llevó á ellas sus champagnes y sólo sus
champagnes.

Comercio.
Después de lucha tan heroica para elaborar un magnífico Champagne, de veintirés alios de trabajo rucJo con
tanta abnegación, tanto capital inmovilizado, tanto ~studio, Iacil parecía el triunfo, era de esperar un éxito brillante, pero una nueva contrariedad faltaba, ante la cual
debían rendirse el agricultor y el vinicultor.
La noble y heroica España tiene una preocupación
arraigada, y las preocupaciones son difíciles de vencer.
Aun hay quien cree en duendes.
La preocupación consiste en que está hipnotizada por
las ampulosas afirmaciones de los franceses, está subyu•
gada, abatida, rendida, ante su lenguaje dominador.
Las modas de Erancia, los vinos de Francia, los perfumes de .lt'raucia, la cocina francesa, todo ha de ser bueno.
Esta es nuestra ruina, y Espalia paga y Francia se ríe
de nosotros, y nos trata humillándonos, no como quien
cobra, sino como quien paga.
¡ Pobre España si no muda, si no cobra amor á sus pro•
duetos, si no premia los méritos de sus hijos!

"
"
"
"

que, como se ve, va en disminución qne se acPntuará
más cada año, pues las viñas de la Marne comienzan á.
ser invadidas por la filoxera, y se d1sarrollará más la fabricación con vinos artificiales, que traerán tras sí el
deecrédito.
El consumo de cbampagne en Francia es de cuatro á
ci11co millones de botellas anuales. No teremoa datos
precisos sobre España, pero teniendo en cuenta que no
hoy aquí más que la mit:id de los habitantes que en Francia, que la nación es más pobre, que los champagnes nos
resultan á doble precio, v principalmente que aquí no sebebe vino, no creemos que España consuma más que medio millón de botellas.
Pere se c•n8umirá más en adelante, á medida que el
público se dá cuenta de que á menar precio puede allarchampagne superior á la mayor parte de las clases querecibe de Francia.
Pondrán Cn.urPAGNE ConoRN!U en su mesa los que no
lo bebían, se darán e~te gueto todos los días festivos los
que sólo la usaban en fiestas determinadas, y lo gastarán
á diario los más pudientes, con mayor se0 uridad de pu•
reza y beneficio para la salud pública.

Beiiificiñcia-:
••• ~.Pú.!Jli~I
OIUDAD DE MÉXICO.
&amp;l&amp;ShlSó&amp;\&amp;S&amp;

Bl próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,OOO~
• Terifl.oará en el Pabellón Morlaco.
6 lu trN del&amp; tarde, •1 JuevN
2 DE DICIEMBRE DE 1896.

bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada.
uno, divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.

IX

PREDIOS:
Consejos á los cgnsumidores.

1 Premio da.... $ 1 0,000.••• $ 10,000
1
.,
.,
,, 1 ,ooo.... ,, 1
1
,,
,,
,,
600......
600
1
.,
.,
,,
200......
200
2
.,
.,
.,
100......
200
10
.,
••
.,
50.... ,,
600
25
.,
,.
.,
40...... 1,000
1 00
.,
.,
20.. .... 2,000
:aoo ..
..
..
1 o...... 2,000
2 A prorlmaciones de ll S 1 00¡
una anterior y otra posterior aJ
número prem1ado con los ••••••
• 10.000 •. , ••...•....•..•••••
200
2 Aproximaciones de ll $60; una
anterior y otra posterior al nú•
mero _premiado con los

·ººº

El champagne nada gana en casa del consumidor, pues
ya está terminado, pero puede conservarse la~ tiempo
sin menoscabo, teniendo ciertos cuidados.
·
Más aun, al recibir una caja no es conveniente "-.onsumirlo en seguida, sino dt&gt;jarlo reposar algunos días. \.
Hay que desembalarlo, poner las botellas tendidas).Q.
bre listoues de madera ó de hierro, en cueva seca y fresca.
Prefiérase en general la hoja de estaño en el cuello de
la botella á la cápsula y al lacre.
El lacre es sucio y molesto; la cápsula solo tiene el incoa veniente de que bajo el ia suelen enmohecerse !os corchos; la hoja de estaño, de cualquier color que sea, se
ajusta bien al corcho, lo salva y es cómoda.
Las principales casas ponen hojas metálicas á sus clases superiores ó bien cápsulas.
Es mucho mejor el champagne si es fresco y gana notablemente el puesto en hielo, pero a~ requiere una hora
á lo menos pata enfriar una botella. Frío conserva mucho mt&gt;jor su áeido carbónico y su espuma es más .fina.
Son preferibles las copas largas y estrechas á las planas y
anchas, pues en las primeras se
desarrolla mejor la espuma y se
percibe mejor el bouquet; son las
verdaderas copas de champagne.
La moda está de acuerdo con
la ciencia al pedir que se destape la botella sin explosión, sacando el corcho lentamente; por·
este sistema se pierde menos
ácido carbónico.
Esta moda no tendrá muchos
partidarios entre nuestra gente
alegre, que prefiere la explosión
al champagne.
Al servirlo se ha de verter sobre las paredes de la copa para
que haga poca espuma. La espuma "'ª el gas que se pisrde.
N::, se ha de servir nunca en
los postres, pues se baila des-·
agradable si se co::nió algo dulce
ó frutas; se sirve con el asado y
gana mucho en ello.
Va muy bien para aderezar
fresas, echando wia cantidad
en cada plato ya servido; lo
cubre de hermosa y blanca espuma.
En Inglaterra se generaliza
el champagne brut, ó sea completamente seco y con poca espuma. Esto viene á ser el lujo
más refinado; no t:s usar el
champagne como cbampagne,
sino como vino blanco, y natu•
ralmente resulta un vino blancofinísimo é inimitable.

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Premio principal de ..••.. .,
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Premios de ., 500 ..•... .,
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Premios de ,. 1 00 .••••. ,.
Premios de .,
40 ••••.• .,
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20. .......
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al premio de 8 60,000......•••••. ,
Premios de 8 40, aproximaciones
al premio de 820,000••••• ....... 1
Premios de 1 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. ••••••••••• ,
Terminales de 8 20. que se determinaran por las dos últimas cifras del billete que obtena-a el
_premio mayor de 860,000. ·····•
Terminales de 8 20, que se determinaran por las dos últimas cifras del billete que obtena-a el
premio principal de 820,000.••• ,

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1
6

1O

25

100

280
480
1 00

1 00
1 00

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T99

60,000
20,000
10,000
6,000
6,000
6,000
10,000
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(Guardarse de las Imitaciones y Fals1ficac1ones. -

Sentenc;~ de 8 de Mayo de 1875).

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UNICAMENTE CONTINUARA HAClENDO LAS CONFECCIONES y
Mon.-1.s,. poniéndose§. la disposic,ión de las damas que
que quieran honrarla con su conoanza en la
PRIMERA CALLE DE LAlNDEPENDENCIA
NUMERO 4, EN LOS ALTOS,

(Concluirá.}

BAJADA Á LAS CUEV,i.s.

PATE EPILATOIRE DUSSER

d~truye basta las RAl~ES el YELL9 del rostro de las damas (Barba, Bigolt, etc.), sin
n,ngun pebgro ~ara el culls. SO Años de Eld.to,ym11lar,s de lesUmonios¡¡arantizao la eficacia
de esta p~paracon. (Se ,ende en cajaa, para /a barba, y en 1/2 oajaa para el bigote ligero) Pan
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•

NUMBRO 21

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA ZARZAPARRILLA
DRm AYER
--DEL--

t,

Purifica la Sangre.
"-•"Toda sangre pura es garantia de salud, fuerza y felicidad. La sangre
mala engendra escrófula, chancros, granos, ronchas, floroncos, carbunclos,
úlceras, tumores y otras afecciones peligrosas y molestas. No importa
cuán impura esté la sangre, la Zarzaparrilla del Dr. Ayer la limpia, vitaliza
y enriquece.
Por ccpacio ele medio siglo la superioridad de la Zarzaparrilla del Dr.
Ayer como tónico y depurativo de la sangre, ha sido reconocida en todo
el mundo. Xingún otro remedio está compuesto de ingredientes tan
costosos y con tanto cnidmlo escogidos. :Kingún otro remedio es tan
eficaz para producir un cambio rápido y permanente en la sangre, expeler
los gérmenes de la enfermedad y decaimiento y comunicar

~
.b • «b&lt;1~«lir,,

&lt;@L

e.-

◄b JABON HAM(~~~~!~:if~~~~~o~~s~ DR, ROSA. ~
EL FAMOSO REMEDIO Y PURIFICADOR

•

TOMOil

Jl:L QUB CURA LAS

ERUPCIONES, LLAGAS, ECZEMA, y

bel
&lt;~

•-

• •

MEXICO, DOMINGO 22DE NOVIEMBRE DE 1896.

las Afecciones del Cútis,

que adcmaa de sus efectoa purü!cantes remedia é impide el
Reu matlsmo y la Gota.
t:r'Vénse que eo cada paqoete está impreso Dn RosA Co,n,• NY,
Montclaír, N. J .,'E. o. de A., ein cuyo reqw.sitodeja de ser Jejítimo.

i!as Gfieslas presiaenciales en Puebla.

+b
Doctor francés, . especialista
para la cura ci6n de las enfermedades de la cintura. ;

VXD.A. "Y EN"ElFl.G-1:.A.
y de ningún otro remedio se registran tantas curaciones notables.

BANOS DE LAS DIOSAS,
·~
CABELLOS,,DE LAS NINFAS,
~
CUTIS DE CLEOPATRA,

La
Zarzaparrilla del Dr..Ayer es el depurativo de la sangre más popular y
más abonado &lt;le cuantos existen. De que posee virtudes curativas,
renovadoras y reconstituyentes de que carecen las preparaciones análogas, •
es un heclio admitido desde hace mucho tiempo por los Farmacéuticos a: o
y Médicos principales. Como fortalecedor de las fuerzas vitales y especifico para toda clase de enfermedades de la sangre, la Zarzaparrilla dei
Dr. Ayer no tiene igual. Cura las enfermedades con la remoción de la
causa que las engendra, aviva el apetito, destruye aquella tan conocida
Sensación de Fatiga, pone fuertes á los débiles y vigoriza con sus efectos
sanativos los nervios, tejidos y fibras del cuerpo. Como ha curado á otros
le curará á usted. Téngase la seguridad de que se toma

Premiado con medalla de honor
POR EL GOBIERNO FRANOES&lt;Zallejon ael $spíritu $anfo numero i.
Extracl'ióu garantizada de la Solitaria.
¡Sr, AÑOS DE PRACTICA!
R. A~ DE CONSULTA: De 9 A 12 a.. :m.. Y de 3 A 6-p. :m..

l!}stP periódico está impreso con las tintas fina
de la Casa LORILLEUX y COMP.

París.-U nicos Age_ntes en la Republica:-

La Zarzaparrilla del Dr. Ayer

LEWIS y BLOCK, MÉXICO.

LA UNICA ZARZAPARRILLA

ED.PINAUD

Qae obtuvo los más altos premios en las grandes exposiciones del mundo.
Prepara.da por el Dr. J. O. Ayer y Ca., Lowell, l'4ass., E. U. A.

Las Píldoras del Dr. Ayer son ,.

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Ge11eral )1ucio

W.

)iartínez, Gobernador del Estado.

•

NUMBRO 21

�EL MUNDO.

318

SEMANARIO ILUSTRADO,

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Mll.ICO,

~~

'~~

La suscrición á EL )IUNDO vale $1.2ó centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelanti.dos.

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A visos: á razón de $30 plana por cada publ;cación.

.

1

NOVIEMBRE,

1896.

NOVIEMBRE,

1896.

.EL MUNDO.

319

literario. Fundó el Medical
LIBROS RECIBIDOS
Times, siendo su editor ne
1870 á 1871. Fué méil ico Di ALllANAQUE DE BOORET PARA 1897.
rector de la Exposición C.-11tenaria de 1873, y por este
Raoul MillP, el activo é inteligente jefe de !a casa de
y otros servicios recibió del
Rey de Suecia ·1a condecora- Buuret en México, nos ha remitido su 'lf! Almanaque pa•
ción de Comendador de la ra d afio de 1897. Constituye éste el más amplio y comOrden de San Olaf. Fué un pleto di ectorio que puede desPal'fe. Bonita forirn,, tipogran factor en la fundaci ón grafía limpia, hermosas acuarelas de lzaguirre, Historia
del Museo y Escuela Indus- ilustrada de los principales edificios, el MinistPrioactual,
trial de Artes de Pensilvania. Santoral por orden alfabético .v una reminiscencia nacioEs PrFsidente de la bibliote- nal para cada día del afio. Esto y otras Dinchas cosas
ca pública de Filadelfia, del que sería largo mencionar, hacen del Almanaque Bouret
Instituto Wister, del Museo un libro indispensable en todos los escritorios y en todos
d~ la Universidad y de los los hogaree.
El precio de cada Almanaque es el ínfimo de 50 cen·
Museos de Filadelfia, que for •
man una gran serie de co- ta vos.
lecciones arregladas sobre
harmoniosas v científicas bases. Consiguió el estableciA nuestros lectores.
miento de los bailes anuales
Nos prometemos ofrecerles ·en breve un
de caridad en Filadelfia, que
han realizado tantos bienes bonito obsequio: piezas apropiadas á las trapara las instituciones meridicionales :fiestos de navidad y con arreglo
torias.
Es miembro del Cologio de las copla-J y música populares.
de Médicos, de la Sociedad
Americana de Filosofía y de
Dist.ancias á que pueden oír~e las campanas.
otras ronchas sociedadl:s cien
Sucedió una vez á bordo de un buque, á 100 millas intíficas. Fué Presidente de la glesas de la costa del Brasil (unas 33 leguas espáfíolas),
Sociedad de Médicos Ameri- que en cierto sitio de la cubierta se oía con toda claridad
canos en 1881, y de la Sociede campanas.
'
dad de Climatología Ameri- sonido
Algunos meses después hubo ocasion de averiguar que
cana en 1886. Fué Preeiden- en San Salvador, de Brasil, se había tocado, en el día
te del p1·imer Congreso Médi- anolado, campanas por haberse celebrado una solemco Pan-Americano que se ne fiesta. El sonido, favorecido por un viento suave, hareunió en Washington en .... bía caminado mas de 93 leguas sobre el agua tranquila del
1893. En 1881 recibió el gra- mar, y precisamente un'l de las velas del barco formaba
do de Doctor en levPs de la una concavidad que reunía en un punto dado todos los
Universidad de Laffayette y rayos ú ondas de sonido que hasta allí llegaban muy dien 1888 de la de Princeton. fusos, pero que en el toco que producía se podían oír con
La obra literaria más impor- toda claridad.
tanto del Doctor Pepper ha
sido la edición del sistema
de medicina de autores ameOtro pago de $5,000., de "La Mutua"
erica ..10s, PD la que trabajó
EN P .A.CHUC.A..
de 1885 á 1886. Esta obra tuvo un buen éxito inmediato
Pacimca, Noviembre 11 de 1896.
_ y está _rElconociga_ como la
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de nLa Mumejor autoridad americana tua. »-México.-Muy seíior mío:
en asuntos médicos. Fué sePor conducto de los Sres. Pérez Duarte y C~, y ante el
guida por una obra de texto
Sr. Notario Público D. Austreberto T. Andrade, hoy me
de la práctica de la medicina,
ha sido entregada la suma de $5,000,00 (Cinco mil pt:•
según los maestros america- sos), valor de la póliza núm 765.222, bajo la cual estuvo
nos, que también ed,tó el asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Doctor Pepper, contribuyen- Mejía.
Do_y á usted las debidas gracias por la eficacia con que
do grandemente á la obra
con sus trabajos. Ha publica- ha sido atendido .,ate pago, autorizándolo para. publido, en unión del Dr. Don carlo. -Sn atta. S. S. -Sofía Meita.

(

***
No se pretenda amenguar el mérito de esta acción juzgándola á la luz de los severos principios económicos; no
BBGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
se quiera analizarla en el origen de sus causas impulsi·
11.W
.
vas, tratando de desvirtuar su prístina grandeza, El pue•Agt1ntes exclusivos para loa Estados Unidos y Cana•
blo no razona ni discute cuando se han excitado sus sendá Th.i Bpaniah .American Newspaper Company, 136 Liimientos: hiere ó sal va, abite ó transfiiura, se exalta al
'
bPrty St. New York, E. U.»
heroísmo ó se hundt1 en la miseria, según es la mano que
lo guía ó el aliento que lo inspira.
Podrá ser que el sacrificio enorme qne todas las clases
sociales de la nación esl!&gt;afiola ee han impuesto, extrayendo de la riqueza privada la respetable suma de quinientos millones de pesetas, tenga después contrarios re•
sultados en la riqueza nacional; sucederá que, ad como la.
extraordinaria contribución de sangre debilita al país y
Durante la última semana ha funcionado e l Congres&lt;&gt;
menoscaba sus fu1,uras energías, el empréstito cuantioso
Médico Pan-Americano, severa corporación que eligió hi
cubierto en el interior, y destinado á gastarse no en emciudad de México para celebrar en ella su segunda asampresas productoras sino en ese tonel sin fondo que sellablea. La Capital se ha visto, pues, frecuentada por un
ma la guerra de Cuba, disminuirá notableme¡:¡te la fuernúcleo de personas distinguidas y la prensa y las agrupaza vital del país y provocará en Jo porvenir crieis intencionPR particulares, al par que la Administración pública
sas; pero no hay que hablar de esos temores lejanos al
y el Municipio, se han esforzado en hacer los honores á
que está pose(:!o de entusiasmo, no debe esperarse el ratan honorables huéspedes.
zonamiento sere!lo y frio del que es presa de un arrebato
¿Qué beneficios obtiene la República de esta visita? Desde pasión. y pasión noble y sublime como es el amor sa·
de luego sefialaremos los que resultan del contacto ent1e
gr.arlo de la patria.
nuestros hombres de ciencia nacionales y los quede! exQuédese para los espíritus hoscos y sombríos que en
tranjero han acudido á integrar el Congreso.-..1!:n el terretodo quieren hallar el lado obscuro de las cosas, investigar
no es peculati vo sucede como en el terreno de la I IT'uggle f or
lije: las ideas más aptas son las que triunfan, cuando son 2" CONGRESO MEDICO PAN-AMERICANO.-Cará.tula del programa general. la sombra que pueda proyectar en el porvenir de Espafia
la extracción de esta riqueza que representa más de la.
.iometidas á la discusión y la competencia. Son estas
f\Pambleas como las piedras de toque con las que se descu- era.ta frente á la opinión pública republicana en palpitante mitad del presupuf.llto·ordinario de la nación; nosotrobre la buena ó la mala ley de las opiniones; el crisol t111 y bullicioso combate. Pero como no pueden existir dos en esta vez s.Slo tenemos admiración, y admiración solem
donde se depuran todas las aleaciones, el compendio en opiniones opne•tas, sin que una de ellas I esulte verdade- ne, mezclada de respetuoso sentimiento, ante el patriotisel que se condenenn todot, los esfuerzos particulareP, para ra y la otra equivocada, de este hecho debemos despren- mo de un gran puf blo.
Ojalá y el inmenso sacrificio, encauzado debidamenteformar un cuerpo de doctrina, una generalización amplia der que lo que interesa es conocer la opinión verdadera
y no la opinión pública.
por los directores del país, pueda procurar días máe sey provecboEa.
El público ea suscept.ble de engal'iarse, su corriente renos y horas de tranquilidad á quién tiene ahora tanto&amp;
Pocas oportunidades se ofrecen á nuestros hombres de
estudio para cambiar observaciones y trasmitir experien- desviarse de lo que es recto y sano, su criterio ser influen- ~ o s de angustia y tantas causas de zoz0bra.
cias. -Salvo dos ó tres grupos literarios, en los que menu- ciado por prejuicios de todo orden. Y en este caso; el-tra***
dean las lecturas de poemas, y alguna que otra sociedad lí- bajo de los grupos superiores de la sociedi.d eetriba Pn
Cuando vemos esa tenacidad y persistencia con que li
rica en donde los miembros golpean frenéticamente el transformar esta opinión de cantidad en opinion de cali· la continua circulan especies alarmantes, pronosticando
dad,
por
la
prensa,
por
el
libro,
por
la
tribuna,
por
la
pbno, no podemos presentar centros de deliberación copara día no muy lejano una guerra entre la monarquía.
ensel'ianza, en una palabra.
mo los muchos que en otras partes del mundo contribuDe igual modo que la labor de los que persieten en la e!!pafiola y la república norte-americana, y que al misyen al progreso de la ciencia.
mo tiempo las noticias de fuente oficial no cesan de dar
El aiflamiento es una manifestación del caráter mexi- vida consiste 1:n ajustarse al medio modificándolo, asimis- seguridades
consoladoras de perfecta inteligencia y francano· de individuo á individuo media un abismo que no mo, el esfuerzo de los que han menester de la opinión ca cordialidad entre los gobiernos de las dos naciones
hay ~iencia 9.ue llene. Dos mexicanos pueden conservar pública como condición de vida, debe basarse en la in- amigas, es natural que nos preguntemos qué da ocasión
durante media hora buenas relaciones; tres, ya es más di - terpretación de ella, mejorándola y encauzándola.
t1olaroente así podr&gt;L obtenerse una opinión pública á esas especies, que tienden á sembrar la desconfianza y
fícil; cuatro, se desgarran concienzudamente. El lazo de
el temor por todas partee.
una idea común más elevada-un arte, •ma serie de co· provechosa para los altos fines de la civ;lizaci6n.
El único pret.exto que se da á esos rumores alarmante&amp;
nocimientos, un programa, un fin determinado-no ata
es la guerra de Cub:i y acaso el cambio en el personal adá nuestras dispersas unidades, que se sustraen á todo
ministrativo que en breve se verificará en los Estados U niprincipio de labor solidaria.
12;1 Sefe be la Uación tJ las reuµciones en los dos,
como resultado de las recientes pasadas elecciones,
El Congreso Médico Pan-Americano ha prestado el po(Estnllo .s.
y que dicen, ha de ocasionar necesariamente un cambio
sitivo servicio, no ya de que distinguidas personalidades
en la política que hasta hoy ha seguido esta nación en
mexicanas se hayan acercado á c~ras extranjeras, sino
relaciones con Espai\a.
que también hayan encontrado oportunidad de estable•
Para un observador sagaz, no puede pasar inadvertida sus¿Pei,o
de dónde T)arten esos rumores? quién atiza ese
cer entre sí una comunicación directa.
la intervención que, en las di versas excursiones del Pre- fuego que puede iñceudiar los corazones, y abrasar á los
Otro beneficio ha prestado el Congreso, y éste m~s ge- sidente de la República á los Estados, han tomado clapuehlos en espantoi¡a conflagración?......
neral y espacioso: el de poder exhibir una muestra de ses ae la sociedad totalmente agenas al mundo oficial y
De seguro que no proceden de centros que simpatizan
distinción hacia nuestro país, bastante desconocido en el por lo tanto sueiraídas á toda inflnencia política.
con la causa de Espail.a, por más que cualquiera pueda.
exterior, y que estas reuniones dan ocasión de estudiar.
Ya no se trata de funcionarios públicos ni del ~rupo ver que la zozobra é inquietud que el temor de un con•
He aquí, en breves líneas, condensado el criterio con burocrático local, sino de rPpresentantes de la iniciativa
que debe ser juzgado el Congreso que durante la última privada, en las varias manifestaciones que el capital y el flicto extranjero procuran, han sido causas impulsivas
en la suscripción del empréstito nacional; pues los hosemana ha funcionado t'n la Capital de la República.
trabajo determinan en una.colectividad. Ant.e este hecho rrores de una guerra civil no habrían sido bastantes á.
innegable, repetiremos lo ~ue con motivo análogo hemos con,-encer de la necesidad del inmenso sacrificio que toya expreeado en estas págl1,lae: en los momentos actua- do el pueblo ha consumado, sinó se .tuviera á la vista la.
les, existe un perfecto acuerdo entre los que hemos lla- horrible perspectiva de una guerra internacional.
f n oµinió1t µítbfüa tJ la opiuión uullnllru.
mado elementoB activos del país y el programa desarrollaTampoco pueden nacer esas alarmas exclusivamente
Se ha discutido en estos últimos días acerca del la opi- do por el Jefe de la Nacióu.
del campo cubano, porque si le eran favorables al sem•
Este
movimiento
preouraor
de
una
futura
oríentación
nión pública y de los elementos que entran á determinar
brar la inquietud en las filas enemigas, igual efecto deeste fenómeno social.- La opinión pública es una fuer- política surgida á la creación de Intereses, no debP, como bían tener en el país americano que más ostensiblemente•
arriba
decimos,
pasar
inadvertido
por
cuanto
representa
za, utilizable ó perjudicial, según los caracteres del memanifiesta su simpatía por la causa cubana, y esa inquiedio ambiente en que se desarrolla, según las fuentes de fuPrzas nuevae bien informadas y dirigidas.
tud pndiera llegar al extremo deenagenarle la buena dis-La
obra
del
General
Diaz,
aitamente
benéfica
á
la
acinformación que la producen, porque así como «el valor
posición de sus amigos.
de un Estado no es otra cosa más que el valor de los in• ci6n provechosa de estas fuerzas, se midA por estas manifestaciones
que
se
traducen
por
la
coperac1ón
act'ntuada
***
dividuos que Jo componen,»de igual modo la opiniónpúSucede qufl los apreftos bélicos de Eepafia coincide!'-,
blicu se forma del conjunto de las opiniones privadas ize- de grnpos independientes y eticaceP, en el gran decarrollo
dd
bienestar
y
el
engrandecimiento
nacionalt,s.
con
la
actividad
desplegada
en los centros navales y mi-neradas por el interés, ilustración, nivel moral, etc, etc
litares de los Estados Unidos, y la gran mayoría uel puedominantes en los diversos grupos sociales.
blo americano, que hizo adoptar en las grandes convenEn los pueblos en que los varios factores que informan
ciones de Saint Louis y de Cbicago cláusulas expresivas
las conciencias se pierden en el vacío, la opinión pública
de adhesión y simpatía hacia los iDBurrectos de Cuba,
no aparece, ó si aparece, es en forma nociva y caóLica.
encuentra motivo de regocijo en todo ese aparato bélico•
Es un hecho innegable que tratándose de cuestiones
de política ó que con esta ciencia tengan íntimo enlace, á RF.SUm:.N.-EI empréstito nacional y el plltriotismo eRpa- que despliega la administración, atribuyéndolo á un camñul.-lnaJ?;otable virili1lad del pn•blo.- Lu~ rumores dt'I bio de política internacional en la cuestión antillana, que
cualquiera le es permitido expresar su opinión, ein preconflicto hispanu-auu.,rieano.-S11 eansa.-Su iocunMi~- había de herir la susceptibilidad del patriotismo _espaparación anterior ni preliminares estudios. Al referirñol. De ahí creemo~, más que de otra parte, que vienen
se un auditorio á un problema de álgebra, fisiología-, hil&lt;tencia.-Cuofianza en lo porvenir.
las noticias que contim:amente nos comunica la prensa..
toria ó astronomía, losque ignoran los principios rudimenCuando no cesan de circular rumores alarmante~ anun- diaria; de ahí también proceden, á no dudar, esas I!rotarios de estas ciencias se encuentran dispeneadoa de
emitir un juicio sie-c: pre erróneo. En política ya es dis- ciando la posib1iidad de un rompimiento entre E~paña testaa de cordialidad que sin cesar se cambian los gobiertinto: el primer recién venido puede hacer uso de lapa- y los Estados Unidos; cnar,do el Gobierno que presidii el nos para contrarrestar el mal efecto que pudiéran causar
labra y censurar ó aplaudir los actos más &lt;:OmP.licados _t:lr. Qápovas se siente obliga.rl.o á .acudirá un emprésLito en el ánimo exaltado de loa pueblos, sieº1pre dispues~os
que se ofrecen á la investi~a!!i6n del espíritu lmmíiño.- -- nacional, no habiendo podido realizal' el empréstito ex- á oír las sugestiones de la pasión más que los conseJOB
En virtud de este principio generalmente admitido, se tranjero con la prontitud que requieren las circunstan- del sereno razonamiento.
Y no baya temores de que esa guerra estalle. Aun hay
da patente de opinión pública á todo concepto bueno ó cias, y cuando se palpa la urgente necesidad de hacer un
malo, falso 6 verdadero, exacto ó erróneo, que emane de esfuerzo supremo para aplastar de una vez la insurrección bastante buen sentido en ambos gobiernos para º&lt;? decualquier clase BC'cial, más ó menos numerosa, pero siem- cubana en la canipaña de invierno: ¡qué hermoso es el jarse arrastrar en el espantoso c1mflicto. Ni el Gabinete
pre aispuesta á extremar su criterio. -ruede suceder que espe_~(culo qµe pre§enta el puebl9_es_pafiol l!C!Jdiendoso· conservador ni otro alguno en Esp.,fia son capaces de enen una sociedad, ya en período de progreso económico é lícito al llamamiento de su gobierno y derramando en las volver deliberadamente al país en una guerra desaítrosa,
intelectual. E&gt;i.istan tantas opiniones públicas cuantos in- arcas del Real Tesoro, en inmE-nsa explosión de no des- cuyas_ coDBecuencias nadie puede preveer. Defenderán
tereses se bailen representados; así hemos visto en lse mentido patriotismo, los ricos sus millones, los pobres su basta el último extremo los sagrados de':'ecbos de la narecieates elecciones americanas la opinión pública dtmó- óbolo, y todos el auxilio solicitado! ¡Qué enérgica virili- ción, pero estamos seguros que· sólo acudirán al recurso-

Todo pago debe ser prt&gt;cisamente adelantado.

22

dad se necesita para llevar á cabo ese sacrificio, que es como el remate de los innumerables realizados antes, para.
mantener incólume la integridad del territorio y enhiesta y orgullosa la bandera de '1a Patria, tantas veces acariciada por auras de gloria, santificada por sangre de
mártires y engrandecida por hazanas de héroes!
¡Qué grande se presenta á nuestros ojos ese pueblo que
no oye wás que la voz de la patria angustiada, y se levanta en un sólo y ne&gt;ble movimiento, presto á ofrecer sus
ahorros, como antes ha ofrecido su sangre, como antes
ha derrochado su vida, en bien de la madre común de lose
espafioled!

"EL MUNDO."

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este per!ódlC&lt;'.

22

~ Jn. · nDS ·J
@8
~ Ruic0

11ittJta, tbittJrilllts.

QH Qfongrrso ~ltbirn l,1t1n-1lmtrtcauo.

EL 2'! CONGRESO MEDICO PA}í-AMERICANO.-LA RECKPCION EN EL PALACIO 1IUN1CIPAL.
Adorno dirigido por el Sr. Don Ignacio Bejai;ano.
(Defot.ogroJías hecha$ e 11 nue,;tr08 talleres.)
l. Entrad&amp; al Comedor.-2'! Lá gruta en que~ formó el comerlor.-3? El comedor visto de frente.-4? Lado
derecho áel IIllSmo.-5? Cascada en la gruta.
0

de las ar!Ilae Y al incostrastable patrioti¡,mo del pueblo
q!le gobiernan, cuando hayan agotado todos los medios decorosamente pacíficos y compatibles con el buen
nombre Y el prestigie, nacional.
·
_No s~rá Mr. 01eveland, en las postrimerías de ~u admimstrac1ón, ~¡ que provoq!le el conflicto; y M.c Kinley ten•
&lt;i_rá b~en cuida~o de no maugurar su periodo presiden•01al, smo con vientos de paz y corrientes de calma que
le permitan desarrollar un programa republicano, eminentemente conservador en los momentos actuales.
19 de Novi_embre de 1896.

X. X. X.

El Señor Doctor Guillermo Pepper.

~olítirn &lt;!&amp;rncral.

~ublicamos. su retrato co_m? un homenaje al sabio á
.q!11en cupo la n?nra de presidir el primer Congreso Médico Pan- Amer1c1mo.
El Doctor Peppe:r nac!ó en Filadelfia el 21 de Agosto
de 1843 Y á la e!1ad ~e diez y nueve afios recibió el primer
grado en la umvers1dad de Pensilvania c,bteniendo su
tít~lo de médico en 1864. Fué IPctor de 'anatomía atológ1ca en la Universidad, de 1868 á 1870, de clínica J:édica de 1870 á 1876 y profesor de esta última materia de
~ á-13&amp;7,-éf)Ooa--en que-fué-nombmdo-profesord"e medicma teó:ica y práctica, llenando la vacante del Doctor
~fredo St11le. En 1881 fué elegido Rector de la UniverB\dad que _avanzó notable y rápidamente bajo su direc·
.ción, sufriendo muchas y notables reformas que ser!~ lar¡:to enume~ar y ea premio de las cuales, la Junta
1r~ct~va reEolv1ó le'l'.antarle un~ estatua de bronce en
a b1bhoteca de la Umversidad, siendo subscrito su costo
por sus colegas _universitarios. Además de sus deberes
como rector y sm abandonar la práctica de su profesión
el Doctor Pepper ha continuado regular 11ente su trabaj¿

p

Juan F.Melgs, repetidas ediciones de t 11 obra sobre en.
fermedades de los niños. Entre sus colaboraciones en los
periódicos 6 en los trabajos
de las sociedades, se encuent:a: t&lt;Del trépano y las afecc10nes cerebrales,»18il. «Tratamien o local de las cavernas pulmonares,» 1874. t&lt;lrritación catarral, 1881 «Relación de los manantiales minerales de América,» 1881 .
«Epilepfia,,, 1883. «Tisis en
Pt'nsilvania » 1886.
Tal es el distinguido profesor q~e habiendo presidido
el primer Congreso Médico
Pan Americano celebrado en
Estados Unidos, integró e l
egundo efectuad o en México, d?nde ha sido objeto de •
las simpatías y aprecio de
que por s11s méritos es merecedor.

-···~·"·""·Desde hace seis mil años
así como cae del cielo un~
cierta cantidad de lluvia cada afio, cae del corazón del
hombre cierta cantidad de
lágrimas.
Lacordaire.
DOCTOR

GUILLERMO

PEPPER.'

�EL MUNDO.

320

22

NOVIEMBRE,

1896.

NOVIEMBRE

221896.

F.L MUNDO.

.Esc'.l.do del palco de la Pre ..tde:n.cJa.

\.,

......~

J...

1

UNA ENCANTAIJuRA FIESTA

EN

CHAPULTEF~C

No podrán quejarse de fijo los distinguidos miembros
del Congreso Médico Pan-Americano de la hosi,1~alidad
de nuestro país.
México quiso hacerse merecedor de la honra que se le
dispensaba eligiendo su metrópoli para que en ella se reuniese la importante asamblea y prodigo á sus visitantes
las muestras más expontaneas y sinceras de consideración y aprecio. Puede afirmarse que no hubo corporación importante que no estuviese representada en los festejos de que fueron objeto los congresistas, y las brillantes
y solemnes sesiones del congreso, la recepción en casa
de la Señora Lynch de Camacbo y la fiesta de la Municipalidad no se olvidarán facilmente. Dignas fueron de los
donantes y de los obsequiados. Hubo empero en el cul\•
dro harmónico de lo!! f.istejos, uno que sobrepujó á los
otros en elegancia, en dietinción Y en amenidad, como
place á todos reconocerlo y aunque á él nos referimos en
la crónica completa del segundo Congreso Médico, lo hicimós levemente y atendiendo aólo· á la integridad de

estrellas de flores frescas que se reían por todos sus péta~
loa del invierno y salpicó la arboleda umbrá,ica de farolillos multicolores que luego de anochecido parecían luciérnaga~ presas en ias redes de la sombra.
Desde la entrada el edi6cio mostraba una fisonomía de
fiesta y de animación no acostumbrada. El patio de honor iba. llenándose de carruajes que á medida qne llegaban íbanse colocando ordenadamente en filas por algunos
gendarmes á las órdenes de tres jefes.
El Sr. Presidente y Carmelita recibieron á los congresistas en el Salón Blanco, situado en la parte baja del castillo
y notable por la opulencia de sus tapicerías y decorado.
Vestía Carmelita rico traje negro, que aún lleva luto por
un muerto querido, y mostraba en sus labios esa dulce y
bondadosa sonrisa con que hace a\'in más cautivadora la
magestuosa y atractiva expresión de su rostro. Rodea•
ban á la alta dama su bija política la Srita Luz Díaz, su
hermana la Srita Sofía Rom0 ro Rubio, su prima la Srita
Adela Fernández y las Sritas Dolores y Elena Liceaga,
todas tan airosas y elegantes como aparecen siempre en
nuestras grandes reuniones.
Terminada la presentación los congresistas formaron
grupos y esparciéronee por el palacio dirijiéndose muchos
á las galerías de la planta alta desde donde la vista se recrea y espacfa ante las maravillas del inmenso valle Y
de la enorme ciudad que se reclina sobre sus siempre
verdes praderas.
En el jardín, en uno de los ángulos, la magnífica orquesta de los Vega, desataba sus notas cadenciosas Y en
la Plaza de Armas del castillo alternaba con ella la excelente banda del Estado Mayor. Largo espacio de tiempo permanecieron los congresistas contemplando el admirable panorama del Valle, que semienvuelto en e,
albornoz d-e brumas blancas de una tarde de otofio, dejaba verá trechos la munificencia de su verde 6 el gen•
ti! agrupamiento de sus poblados, que no es para despreciarse por el que no conoce nuestra metrópoli, tan singular perspectiva; y á las cinco de la tar~e sirvióse á los
invitados un opíparo buffet. La mesa se dispuso en h am·
plia galería que ve al oriente del jardín y desde ella seguían disfrutando los ojos del encantador pais:&gt;je. Servían
con amabilidad exquisita á las damas invitadas, los Sres
Feroá.ndez y Gal van, ayudantes del Sr. Presidente.
El aspecto que ofrecía el gran grupo de comensalesera verdaderamente agradable, distinguiéndose por sus
brillantes uniformes los Médicos del Ejército y de la A:rnuestra crónica, p•nponiéndonos consagra1 ,e un sitio es- mada de la Unión Americana.
pecial y más a..uplia resefia después, prop6bito q ne cumCerca de las seis cuando las primeras sombras de la
plimos en estas líneas.
nvche caían densamente sobre el valle, principiaron á
Nuestros lectores habrán comprendido ya que se trata despedirse los congresistas retirándose encantados en_la
de la brillante recepción :&gt;frecida el jueves por el Sr. Pre- reunión Fué está el verdadero 1;l&lt;,u d'or de los feste¡os
sidente de 1~ República y su digna esposa á los congre- efectuados en la semana en honor de nuestros iiustr:3dos
sistas en el Palacio de Chapultepec.
visitantes, y no podía ser de otra manez:a.. P~overbial e_s
En las primeras horas de la tarde, los congresistas en ya en México la hermosa trinidad de• distmc1ón, amabidiez y seis carros especial111 de los ferrucarriles del Dis- lidad y discreción que hacen de Carmelita, aparte del
trito, dirigiéronee al Castillo. hallando las numerosas egregio puesto social que ocupa, la primera da~a de_la
damas que los acompafiaban; elegantes carruajes puestos República y sabido que en todo aquello en qn~ mterv1eá su disposición para que no se fatigasen al ascender la ne pone el sello inconfundible de su elegancia Y savoirrampa que conduce al pintoresco edificio.
faire.
El Castillo de Chapultpec, erguido y majestuoso 1Í pesar
Nuestros lectores hallarán como marco de estas líneas
del peso de toda la gloria de sus leyendas seculares, como su retrato v algunas perspectivas del Castillo. Ahora, solas mujeres hermosas poco necesita para engalanarse. Todo lo J nos resta felicitar al primer Magistrado y á su esposa,
le está bien porque tiene la beldad Bin par de su colina, por haber coronado de tan brillante manera las fiestas _á
la robustez ubérrima y galana verdura de sus ahuehue- que dió Jugar el segundo Congreso Médico Pdn-amer 1•
tes, donde el heno-«las canas de los árboles»-enreda su·
cano.
cabellera gris, y la opulencia de sus mansiones pomposas
y severas, Empero en esta vez el arti~cio unioae á la naturaleza y prendió aquí y ahí festones, medias lunas Y

321

El ta alón, durnnte eldisou.rso del S. Lioeaga.

Vestibul&lt;, &lt;iel Teatro .

Aspecto del Teatro Nacional du.rante. la sesión inaugural el hínes último.
Tomado del natural por, Carloa Alcalde,

Un.trofeo.

�2J NOVIEMBRE, 1896.

F,L l\fUNDO.

322

--

22

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

3Z3

.

.
,~_,,,.

•

.....:.

~'

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-PASEO DEHIDALGO.-EsTATUA DEL GENERAL ZARAGOZA.

L'"s fiestas presidenciales tn Pnebla.
Ayer dieron principio en la Ciudad ~e P11ebl.a las fies·
tas presidenciales, con toda l.a Rolemn_1da~ debida.
Como prólogo de nuestra 111formac1ón 1lustr11da, y en
nuestro afan, de ser oportunos damos á !1ut&gt;stros 11-ctores
cuatro fotografías que repreeentan, la pnmna, al Sr. G0 •
bernador del Estado General ~lucio P. Mar, fo¡,z, la ~ y 3~
los monumentos que van á inauguraree y la cuarta al au ·
tor de lae eetátuas.
A reserva de dar de esae füietae amplia y fiel rE;Sefla en
nuestro próximo número, limitámonos á cone1gnar el
programa conforme al cual se efectuarán:
Día 21 en la mañana. ,Y ~jo la pre~idencia del Señor
G-.neral Don Porfirio D1az, 10augurac1ón de la estatua de
D~n Nicolás Bravo y el H~picio. Por la ta~da l!' colonia
española dara una fiesta en el Frontón ccBet1-Ja1,» por la
noche es el Banquete Oficial en e.1 ealón del. Gimnasio del
colegio del Estado. Antes de la 10augu!ac1ón d~ la estatua colocará el Sefl.or Presidente la -primera piedra del
monume¡¡t:() que el &amp;-tado eri:?e á la Independencill.
Día 22, en la maflana, inauguraci?f! de la estatua de
Don Ignacio Zaragoza en el P9:seo V!eJo, e~cuela ( La.fragua) normal de profesores y g1mnas10.
Día 23 en la mañana, fiesta en el Velódromo y colo•
cación d~ la primera piedra del monnmen.t~ qne la Colonia franceea levanta en el P;:.nteón l\fumc10al del Agua
Azul, para depositar los re_stos de los fr.rnce~eP y mex,1ranoe que murieron en esta cmda~. dura me la wterveuc1ó11.
Todas las agrupaciones, y soe1Pd8;dt-P, laP col~n111e fra11cesa, espafiola y dl:'u1&gt;ís, Pe han nrud~ al Gob1~rno para
celebrar dignawente la llt&gt;gau.a del Prnner ~Iagu,trado d.,
la Nación.

Durante las noches de los días 21, 22 y 23. tant.o P 1
Parque C,n,tral, como toda la ciudad, scerán ilumina1.oe á.
giur,w.
.
E ➔ iududable q11e las fiestas angelopohtanas resultarán
dignas del fiu á que se las destina.

El Cóngreso Médico Pan--.Americano.
En nuestro uumero anterior anunciamos la llegada de
la wayor parte de los médicos que han_ integrado la. im·
portante asamblea reunida en esta capi.al en loe prime·
ros dias de la última semana.
El lunt-s en la mañana llegó el resto de loe congresistas,
desceudiendo en la 1!:,tacióu de Buenavista:
El andén de la estación estaba adornado con festonee,
farolillos venecianos y grupos de banderas de diversas
llaciooalidadeF.
Un simpático grupo de seflorae ')' sefioritas ~peraba
la llegada del tren parl' hacer cariliosa recepción á las
damas americanas que deblan llt-gar.
.
La Comisión la componían las Sras. de L1ceaga Y.de Or·
vañauos, y Srital'. Sara Reyes, De.lores y Elena L1céaga,
y l\1arla Carmen é Isabel Orvafianoe.
La Comisión de ~1édicos para recibirá sus col_eg8:@, la
formabau los doctores Tobías Núñez, Peredo, HmoJosa,
Villagrán, Cícero, Narro, Grande Ampudia, Soriano y
otros.
El tren que conducía á los COD[resist~s llegó á \ae ~ Y
mi1111toe, siendo ealudado por la Banc.a de Artille~1a,
que ~jecutó la obertura América, en la que están reCQplla•
dos los wáe bonitos air&lt;!s norteamericanos.
AL descender del tren las sefl.oras nort.lamericanas fue-

ron obsequiadas con primorosos ramilletes de flor0s ·querecibieron con m1,cho gueto.
Dtsde 111 hora dti 11.-gada del tre~ basta las ocho y cuar•
to fut-ron couducidos los Cougres1stas á sus respectivos
alojamientos.
En la noche del sábado, las familillS de loe congre9istas
fueron ob!lt'qUiadae con una rennión fa_miliar en ia EscuP·_
la de Medicina. Se reunieron 300 médicos y entre ellos 7
doctoras, 1:ntre las cuales dtscolh1baJa Seflora Culberson.
Los mienbros del Comité Di1ectivo Sefl.ores Doctores
Carmona, LicE:aga y Laviijt8;, asis_ti~ron á la fietita;_el pri•
mero pronunció una alocución d1c1endo que el ob¡eto de ·
la reunión había sido poner en contacto á los profesores
de la EFcuela y á los médicos mexicanos en general, con
loe médicos extranjer'ls q11e nos habían htcho la honra.
de asistir al Congreso. Drjo que este Congreso tenía un
carácter muy especial, porque así co~o _par!l los Interna•
cionales celebradc,s en Europa las mv1tac11,nes ha_hían
partido de corporaciones cieni.íficas tanto para el pnmer·
Congreso Pan-A me!ic~no~elebrado en Was~ington, como
para el actual, !ae mv1tac1ones ~8:bían part1do;de los Gobiernos reepect1 vos; concluyó d1c1endo que deeéaba .á los•
Doctores extranjeros, lee fuera grata en perl:Ilan1-nc1a en
México, y al Congreso, cuyos fines son emrnentemente
filantrópicos, éxito completo.
Después de esta aloe;1ción los congrPsistas pasaron á.la
D.rección de la escuela, donde el bujfd se hallaba die-·
pu~to.
.
.
El lunes en la mañana se repartió á los congres1etas Pl
programa de la" ~eeionee elegantemente impreso y del
cual damos un faCbímil.
En la nocl,e en el Teatro Nacional, adornado con sumt&gt;•
goato, se efectuó la sesión inaugural del Congreso, qu.:

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-PASEO DE BRAVO.-EsTATIJA DEL GE.~ERAL NICOLAS bRAVO.

-por primera vez se reunió en Washington, bajo la presidencia del Dortor Pepper, el afio de 1893.
En el vestíbulo del teatro se colocaron guías y coronas
formadas con ojas de laurel y encina.
En el centro del patio se colocó una pirámide truncada que sirvió de pedestal á un busto de Cuauhtémoc.
Una gran corona de laurel cubría el frente d.il pedt-s•
tal. que estaba rodeado de un zócalo cubierto con plant1_1s.
El ence&gt;rnisado, la arquerí1_1 y los ángulos d_el patio,
tambi~n se adornaron con b,oJas de laurel y enema.
Estaba todo el edificio profusamente iluminado.
Penetrando al salón el Teatro ofrecía un aspecto deslumbrador.
Los antepeJhos de las plateas y las columnas de éstas,
e9taban tapizados con flores exquisitas; los de los pale;os
primeros se cubrieron con banderas de todas las nac10nes, y en el palco segundo del centro, dentro de un gran
círculo cubierto con focos d~ luz incandescente de los
colores nacionalas, se colocó una g~an copa de l:!ipócrateiJ;'TmbTema de fa Meaícfüa. ~.También !09 antepechoA de los palcos Fegundos estaban
cubiertos con \;&gt;1mderae de todas las naciones.
En ,el foro 'el aecorado figuraba un bonito salón. A uno
y otro e:x.tremo del foro se pusieron como adorno. monumentos antiguos, y en el fondo un gran calendar:o azte-

ca, á cuyo frente estaban la mesa y los asientos presidenciales.
A ias 8 y 20 minutos, la banda del 16~ Batallón, que dió
la guardia de honor, anunció la llegada del General Díaz,
quien @('! presentó acompañ.ado de los ministros de Relaciones, Justicia, Comunicaciones, Guerra y Fomento, y
de los SreP. doctores Carmona, Lavista, Licéaga, Noriega y BuFtillos.
El Sedor PreFidente-que llevaba la banda tricolor cru•
zada sobre el pecho-ocupó el p~sto de honor, teniendo
á su derecha al Secretario de Justicia é instrucción pú·
blica.
.Al terminar el Himno Nacional con que fué saludado
el General Díaz, este primer magistrado dirigió una corta pero entoeiasta alocución á los Congresistas, dándoles
la bienvenida y deseándoles el mejor éxito en sus trebajos.
La sillería colocada á derecha é izquierda del foro, fué
ocupada por Jos dele_glldo1t._ o.ficil\les y de corporaciones
científicas.
En el patio se hallaban lo, congresistas y sus familias,
y en loe palcos las familias de nuestra sociedad elegante.
Una vez concluida la hermosa obertura "Pique Dame"
!'jecutada por la orquesta del Conservatorio, el Sr. Dr.
D. Eduardo Liceaga, Secntario General del Congreso,

oc':P? la tribuna hacienda un justo efogio del Sr. Doctor
W1ll1am Peper, al cual le cupo la honra de iniciar estos fructíferos congresos.
El orador dió las gracias al Sr. General Díaz, á los Minietros de Estado, al Cómite Internacional que reside en
loe Estados Unidos, al .Ayuntamiento de México á las
corporaciones científicas y á todas las personas q~e han
contribuido con sus tr~bajos 9:1 mPjor éxito del_ Cong:eso
y concluyó dando la bien vemda á los cong,es1stas siendo muy aplaudido. Trae este discurso, ejecutó la o~queeta el Himno Nacional, que fué cantado por alumnas y
alumnos d~l conservatorio y escuchado de pie por la
concurrencia.
Ocupé luego la tribuna el Sr. Or. Carmona y Valle
Presidente del Congreso, el cual habló con abundanci~
de datos de _I~ enseñanza de la Medicina en México y
concluyó d1c1endo que deseaba á log congresistas una
agradable permanencia en México y que esperaba que
e!1 la_próx11~a r¡,unión del Congreso se enriquecería la
c1enc1a médica y aumentaría la t:levada reputación de la
facultad en América, siendo así mismo muy aplaudido.
La música ejecutó después un delicado interínezzo á
continuación, del cual el Sr. Lic. Don José María Gam- ·
boa, leyó una hermosa pieza o~a~ria.
.
Al d1Scurso del Sr. Gamboae1gu1ó el elegante trozo sin-

�~ 2 X CVIBMBRE,

ELMUNW.

324

fueron obsequiados ¡,or el Ayuntamiento los estimables
congresistas.
f
·ó
El Palacio eufrio una encantora tran!'. ormac1 n.
En el veetfbulo de entrada á laR oficmas del Ayunta•
miento 88 formó una serre con hermosas planta~. La es•
calera que da acceeo á aquellas se adornó con banderas,
la~C:Sr. Pepperfué interrumpido con frecuencia por los en trofeos. en la parte superio:· Los p~bellon_ee perte·
ecían á las diversas Repúblicas amencan,as. Estadde
ap~a~º~r~lrfr~~\is~: General Dfaz declaró en nombre
Unidos Veuezuela, Colombia, Ecuador, E'eru; las :8,ep •
del Gobierno, que _quedaba abierto el segundo Congreso blicasCentroamericanas, Uruguay, paraguay, Brasil, et:c·
Médico Pan•Amencano.
.
d 1
El salón de pasos perdidos, contiguo á )a sala de Cab1_l·
El Sr Presidente se retiró á las 10 y 45 mrnutos e .ª
doe quedó elegantemente decorado. El piso lo cubrf ro)
·entre
los
11ausos
de
la
numerosa
concurrencia
be
noc '
.
N .
1
tapJz· )as paredes desaparecían trae una decoración od
y los acordes del 1mno a~10na ·
QP. b~en gusto. La formaban grandes estrellas de gar e* * bailarán ~u estros lectores, nia• en el centro dP dos medias lunas de rosa y table:dª
El grabado que en este pliego
de diversas flores. Formaba plajond al salón un tupi o
les dará idea más completa de esta ~nmPra etapa de la
distinguida asamblea que hemos deecnto. Pasemos ahora follaje.
La Sala de Cabildo no fué adornada con flores para no
á la segunda. *
*
El . martes *efectuose
en 1
Cámara de Diputados, bajo la
Presidencia del Sr. Ministro
Baranda, la eeeión intermedia·
ria del segundo 9&lt;&gt;ng~es?· .
L11 reunión d1ó prmc1p10 á
las ocho y ruin~tos de la no·
che, sit:n&lt;1oel pnmeroen abor·
dar la tribuna el Sr. Dr. Juan
Santos Ferná.ndez, delegado
de la Habana, Cnba, para leer
un estudio importante sobre
la fiebre amarilla.
El Sr. Dr. E. S. Luchape·
lle, de Montreal, Canadá, pronunció un discurso en francés
sobre el mismo asunto, y otro
tanto hizo el Sr, Dr. Wáltter
y W yman, cimjanog_eneral del
Hospital de la Marina de los
Estados U nidos. ;
Muy importantes son l~s tres
trabajos á que nos referimos,
pues en ellos analiza la terri·
ble enfermedad que diezma la
población de nuestras costas,
y que tanto esfue_rzo se ha hecl:io para combatir.
El Sr. D. Rafael Lavista fué
el último que habló disertando con acierto que mereció nu•
tridos aplauso3, sobre la patogenia de la• enfermedades.
LaSecretaríadió lectura á un
pliego en el cual se citaba á
los congrusistaspara una Jun•
ta que nabfa de verificarse en
el Hotel Sanz, -..: la sesión terminó cerca de las once de la
noche.

fónico «Clair de Lunen de Pimentel, y d~s{&gt;ués avanzó
al frente del foro el distinguido Dr. W1~ham i:epper,
uien fué acompaoado 'por los Sre11. Lav1sta, L1céaga,
la11tto y Sierra Méndez expresándose en hermosas pa•

6 1

•

ª

1896.

salpicaban los muros y tre~ g~andPB focos de arco, presentaba hermor.í~i11,u a.¡.,ectn. En el ángulo de la gruta se
despeñaba una ca•caua q ,e al caer formaba un remanso
que corría a1 pie de la gruta.
Esta, como deciruos, servía á. en vez de veAtfbulo á otra
guía destinada para el s!llón dd úuffet. En ésta ~l efecto
era auu más sorpr.,udente. FJrlllaudo una eei?ec1e de pasillo en los cuatro costados de la gruta, se veian estalagmit~ y estalactitas d~ albos tono~. En el fo~do Y entre
los grupos de estalagmitas aparecia )tn gran lienzo en el
que se veía el Ixtac1huatl con la mu;er blanca alu11:1brada.
con focos incandeecentes de color 11zul tenue que simulaban un maravilloso efecto de luna.
La fiesta comenzó á. las ocho y media de la noche y J?O··
co despué, de llegada la concurrencia que fué tan. d~tmguida como numerosa, prendiéronse los f_uegos art1ficrnlee
preparados en obsequio de los congresistW! en la Plaza
de la Constitución.
Terminados loe fuegos, la
banda de caballería que dirige el Sefior Payéu, ~úsose á
t'jecutar hermosas piezas y
cuando la animación era mayor, empezó el bai\e al cual
l!iguió una espléndida cena.
Durante esta el Señor Presideme del Ayuntamiento Don
St:bastián Camacho habló á los
congresistas con discretas palabras QUt: fueron acogidas con
urnchos aplausos. Nuestros
lectures hallarán en otro lugar
varias fotografías relativas á.
esta hermosa fiesta.

El jueves loe congresistas
dett:rminaron el lugar donde
~e verificaría el próximo congreso: en Caracas, capital de la
ltepública de Venezuela en
1899· y en la tarde fueron recibido~ en Chapultepec por el Sr.
Presidente de la Rtipública y su
digna esposa. Los congresistas
se dirigieron á Chapultepec en
vagont:s especiales, poniéndot!e ademiis carruajes á disposición de las Señoras para que
pudieran llegar hasta las puer•
tas del castillo. Este estaba
preciosamente adornado con
guirnaldas, medias !un.a~ y estrellas de flores exqme1tas y
banderas de todo el Oontinen•
te. Había además, así en las
goteras como entre los árboles del bosque, infinidad de farolillos venecianos que ya encendidos daban al pintoresco
lugar un aspecto feerico. En la
esplanada del castillo tocaba
*
* * no ignoran
.
la música:del Estado Mayor y
Nuestros lectores
en el jardín la orquesta de loe
que una comisión distinguida
estuvo encargada de íestejar
Vt'ga.
·
·dos m
· v1·tan t es
Los d.1st1ngui
á las estimables esposas de los
recibieron
con
exquisita
amacongresistas. Aceptó el carg?
bilidad y cortesía á los congrede Presidenta de o&gt;,ata comisistas y á sus familias en el
sión la Sra. ~ Elisa i..ynch de
opulento salón del primer piso.
Camacho, y entre las fiestas
En el jardín se.había di@puEB•
preparadas dispuso una en su
to un espléndido buffet en el
magnífica casa de San Feraancual fueron los invitados dedo la cual se efectuó en la nobidamente atendidos.
cb~ del mismo dia indicado.
Hicieron con Carmelita loe
Uno de nuestros cronistas di·
bonore11 de la casa las Señorice refiriéndose á esta fiesta:
tas Luz Diaz, Sofía Romero
La hermosa casa del señor
Rubio, Adelita Fernández y
Presidente del Ayuntamient?
Eiena y Dolores Liceaga.
fué decorada con gusto exqm·
Entre los delegados extransito, apareciendo por tudas
jeros llamaron la atención por
partes en jarrones de porcesus brillantes uniformes, los
lana y' cristal, preciosas flores
cirujanos del ejército y de la
que embalsamaban suavemen·
armada de loe Estados Unite el ambiente y cuyos pétalos
dos. La encantadora fiesta que
de raso brillaban á. la luz de
de fijo no se olvidará en mulos focos incandescentes.
cho tiempo, terminó á la caída
Las fa1nilias de los delega·
de la tarde.
dos extranjeros y muchas da•
Por último, la noche del juemas de nuestra sociedad ele•
ves se clausuró solemnemente
gante se reunieron en las re·
el segundo Congreso Médico
gias salas, siendo objeto de las
con una sesión eu la Cámar&amp;
más exquisitas atenciones por
parte de la seflora de Camacho.
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-SR. JESUS F. ÜONTRERAS, autor de las estátuas de Bravo y Zaragoza.
de D!putado~. habiendo pronunciando dtecureoe los docA la una de la maílana rei·
naba la mayor animación.
Don Eduardo LicellgR, Don Porfirio Parra, Don
cubrir su elegmtfsim&lt;&gt; decC!rado. En cambio estaba ilu- tores
Gregorio Mendizabal, y el profesor Don Francisco Bus***
No menos solemne que la
sesión inaugural, fué la del minada á giorno con luces rncandescentes en gran profu·
t illos.viernes tuvo verificativo una excurei'6n á Ias.ºbras
miércoles último ó mejor dicho, la serie de sesiones efec- sión.
.
Fue dt'corado igualmente e' ealón de la Secretaría del delElDesngüe
y ayer los congresistas visitaron las pirámituadas ese día.
.,
Ayuntamiento,
que
hace
pendnnt
con
el
de_
entrada
á.
la
A las dos p. m., el Seflor Don Leopoldo B.ltr~ d1~ una
de~ dP San Juan Teotihuacan.
. .
conferencia sobre Antropología en la Escuela Nacional Sala de Cabildos. La dQeorac16n era s~meJante á '!1 .dPI
El .3fündo celebra de todas veras los buenos auep1cioe
de Minería. Habló sobre la simetría del esq~eleto Y crá- primero. El resto de los salones dd E'&gt;1l11cio l\1~1mc1pal hajo los cuales se afectuó el segnndo Congreso Médico
neo indios deecubiertob por él. Habló también del peso no tenía ningún adorno, pero estaban expléndidamenPan•Americano; anhela que sea íecundo en. resultados Y
del cerebro indio y de su calidad, comparado con el eu- te iluminado•.
En cuanto al adorno d e la planta baja, deja!Ilos la pala- 1:nvfa á los distinguidos profesores (!Ue lo .mtegraron su
ropeo. Presentó asímiemo un ídolo que tiene marcadas
saludo más afectuoeo y sus pliicemes más ernceros.
las huellas de la viruela, lo que prueba que esta enfor- bra á uno de nuestro;, compañeros de redacc16 n. .
A la entrada riel pasillo que conduce á las oficrnas del
medad apareció en México actea de la llegada de. l&lt;&gt;s esd .. l Distrito dice y dando "cceso al salón del
pañoles, y tocó. finah:1;1ente, algunos ot!ºª puntos 1mpor• Gnbierno
Los duelos mas tristes no son los que se llevan en el
bu.ffet (el patio donde ee efectúan la&lt;1el,.ccione!l) el_conotantee, siendo al termmar muy aplaudido. .
. .
sombrero.
A las 4 y minutos de la tarde los cong~es1stas _sc-. dtn· cido pintor escenógrafo D. Jesus Herrera y GutJérrez
G. 1'lau.bert.
gieron á la Penitenciaría en carro~ espec1ales, as1st1e_ndo improvisó una hE'rmo•a gruta.
Siguiendo las sinuosidades de las peíla11, fueron colotambién alguna~ sefioras y se-f\Ql'1tae. Muy complacidos
Cada día morimos; el último es el fin de la muerte.
quedaron los visitantes del ebberbio edificio y regresaron cadc1s multitud de fucos incandescentes que producían el
.
de su visita cerca de la~ seis de la tarde. P,¡r la noche, en mejor efecto.
Marimt Ducamp.
La
gruta
eFtaba
colore~da
_c,.,n
d1v~rsos
tonos
muy
te:
el palacio del Ayuntamien~, tuvo i,e_rificati ,·o una de la~
reuniones más hermosas ern duda d e ~ Y cun J.a.q-o.e nues que alumbrados por mil focos rncandescmtee que

22

NOVIEMBRE,

¡SOCORRO!

325

EL MUNDO

1896.

DA.MAS DISTINGUIDAS DE LA. REPUBLICA..

(Traducción para EL MU1"'1)().)

Unos gritos espant.osos surgieron
iel otro lado del río.
Una sefl.ora gruesa con una bata
~olor malva y un quitasol blanco
se agitaba desesperadamente en la
orilla, chillando con todas sus
fuerzas:
-¡Se ahoga! ¡Socorro! ¡Se ahoga!
A esta hora, el barco destinado
.al lavadero se encontraba vacío y
las personas que ocupan las casas
de los alrededores almorzaban pa-0fficamente. A lo largo de las construcciones se abrieron los balcones
y en ellos aparecieron algunos ros:
tros azorados. Un obrero, seguido
de su mujer, acudió al ribazo, en
tanto que el jardinero de los Noury,
-saltando á. un bote, trataba de distinguir alg::, formándose con las
manos una pantalla sobre los ojos.
La eeñora del quitasol, se desesperaba gritando.
-¡Hocorro! ¡Se ahoga! Se ahoga!
-1 Válgame Dios! contestaba el
ja1 dinero, sin moverse del bote, demonches!
Y, repentinamente, púsose encaramado, comenzó á agitarse, os~ ilando sobre el agua, devorado
por una curiosidad anhelante, retenido por un horrible miedo de
abogarse al prestar su auxilio.
El obrero á dos pasos de allí, se•
.~uía las peripecias del drama, prorrumpiendo, con voz sofocada:
-¡Veo la cabeza! ¡tiene cabellos
negrosl ¡Sostente! 1Valor! JÁ.h, qué
de~gracial
Y sin preatar oídos á su mujer
que seafianzabaá.él, se quitó la bluPa y el chaleco, repitiendo cual si
fuese un eco del jardinero:
-iVálgameDios! ¡Vá.lgameDios!
Los gritos de la mujer del otro
lado dd río, se convertían ea desgarradoree; eran ahullidos prolon,gados de angustia, sin palabras,
modulaciones estridentes que cau•
!"aban daño en medio de un paisaje
íre$CO v verde.
Los Ñoury, una familia muy esti!Jlada en el país, se l,abían levantad'&gt; de la mesa, loe pequeftos con
sus baberos atados al cuello y loe
grandes alentando al jardinero:
-1Vamos, Eugenio, vamos!
El obrero batía saltado yaal bote, y con la espalda desnuda, apre•
tándose la hebilla de sus pantalones, repetía burlonamente:
-¡Vamos, Eugenio, vamos!
La mujer del obrero se lamentaba:
-¡No lo dejen ustedes! ¡Sucede
tan pronto una defgracia! ¿Quién
•es el que está allá.? ¿Conoce alguien
(2
á esasefiora?
El Sr. Noury, padre, se había lan.:zado dentro del bote, lo había desamarrado y remaba vigorosamente
hacia la dama, quie!l con los brazos, levantadoe ronca ya á fuerza de gritar, se entregaba á una pantomima
trágica. De pie, tn la proa, el obrero se mantenía pronto
á sumergirse; en su brazo desnudo, aparecía tatuada una
flecha azul; recogido sobre sí mismo, como arqu&lt;!lldo, con
su barba rapacla, sus ojos obscuros y su nariz de perro de
de caza, ofrecía un aspecto de animal inteligente, en
-acecho.
-1Firme! gritó el Sr. Noury, ya vamos!
-1Qué deAgracial elijo el jardinero; la cabeza ha desaparecido. ¡Allíl lllá.s á la izquierda! ¡en donde hierve el
agua!
-¡Plum!
Un ruido sordo y un sac•dimiento de agua; el obrero,
'ncapaz de eepPrar, acababa de sumergirse. Un grito des.garrador partió de la ribera que acababan de dejar; la
mujer del obrero se lamentaba con ademanes doloridos y
·chillidos espantosos:
-¡Juan 1¡ vuel vel ¡vuelve!
Pero Juan nadaba con firmeza, escupiendo el agua; parecía foeteneree con dificultad;_ et- hundía y volvía á la
superficie.
-Hay yerbas, exclamó con voz enfocada.
Di6 unas bracer.aas, murmuró: ¡Válgame Dios! y deeapareció.
-¡ El gancho! ¡El gancho! gritó el Sr. Noury.
Y muy pálido bajo sus cabellos grises, se puso blanco
como eu camisa, al ver con ojos azorados á su jardinero
que sondeaba el agua con el gancho.
La eeflora del quitasol ya no gritarn.. Inmóvil, herida
de estupor, miraba el horrible remolino en donde acababa de desaparecer el obrero. La mujer de éste, en medio
de un grupo compacto, seguía gritando desesperadamentP.:
-¡Juan! ¡vuelve! ¡vuelve!
¡Qué lúgubre se oía este llamamiento dirigido á un ser
-que¡a no volvería! Porque el obrero no parecía, no volvió aparecer!
En vano, Eugenio y el Seflor Noury sondearon el agua

Ell nido abandonado.

Acabo d4'l leer «otro i1ilio trágicon que, tomado de los cuentos de
eu vida, publicó Lui¡¡ G. Urbina en
el M UNDO ilustrado. Es la historia
triste de dos palomas enamoradas,
vfotimas de un emplt'ado irascible..
¿(¿ué palomas no son enamoradas
y que empleado deja de ser irescible? Sin embargo, á cosas tan co•
munes, dá Urbioa agradable novedad, lo cual prueba que entre loe
oficinistas los hay de talento y con
la exoeriencia de unos tortolitos
para hablar de idilios columbinos.
Y o no soy más que un ranchero
- harto lo conocerán los lectores
de estas líneas; pero como presencié cierto episodio en q t•e los persona¡es fueron también un palomo y
una paloma, no puedo resistir al
deseo de narrarlo; ysi Luis Urbina
compara sus pichones á Romeo y
,Julieta, no seré yo menos, ei bien
mi galan tenía algc de Otelo ........ .
p~ro no anticipewos los suceso.:.
¿Para qué ref.irir las ternezas con
~ue mis dos protagonistas se hadan la rueda? Los arrulios enamorados; los besos silenciosos, pero
dulces, aquella ala arrastrándose en
el suelo como si convidase al deleite, las plu o1itas del cuello espon•
jándose á impulsos de la voluptuosidad......'i'
Llegó la época de la pue8ta, como
decimos aquí en el rancho: era de
ver el alboroto con que los dos esposos formaban el nido. ¡Quién
llevaba ramitas secas, pero flexibles, quién recogía de aquí y de allá
filamentos de seda para hacer más
mullido el lecb.1I De cuando en
cuando interrumpfim el trabajo para besare!', ó clavaban los piquitos
en el suelo con toda monería, de•
jando escapar del pecho confidencias de vanidosa esperanza.
Por fin comenzó la incubacion.
La paloma exhalaba ese calor misterioso que fecunda la cría.
El palomo no cabía en sí de gusto; iba y venía, llevando el alimento á su compañera. Pasadas algunas horas, no ee que arrullo del macho indicaba á la hembra que era
ya tiempo de que echara á volar
"
para que descansase de su fatiga.
Ent6nces él la sustituía en el nido
y era de ver su torpeza en acomodar
las alas para cubrir los buevecitos.
Así se alternaban los amr,tes,
cumpliendo el eterno destino de la
reproducción.
Pasaban felices los días.
Una vez, ella regresó muy tarde.
El palomo la esperaba impaciente,
comprendiendo que el calor materno hacía falta á la futura cría. La
paloma exbal6 sus disculpas tradu·
cidas en dulces arrullos, y )a paz
DE HERMOSILLO. SONORA.
se restableció en el hogar.
Al día siguiente volvió la bla..,ca
[Foto¡rafia de Berna l.]
paloma á. emprender su vuelo muy
en el lugar en donde se había sumerjido; E'n vano descen- de mañana, sin escuchar las voces de su esposo que trie tedieron la corriente registrando el río. Uiiiéndoseles otras mente arru!lata como si dijera:
barcas, siguieron buscando; e11 una de el1as la mujer del
«¿Y ya te vas? ¡No es aún de día!»
La paloma no podía ya escucharlo, tan rápido era el
obrero se retorcía las manos sollozando.
-¡Bien se lo había dicho! Pero no ha querido eecu- vuelo con que trasponía el monte cercano.
charme ¡Dios mío! No es posible que se haya ahogado.
Y esta vez también regresó muy tarde-ya el sol bahía
El Señor Noury desalenta'.lo, remó entonces hacia la desaparecido, hundiéndose en los celajes del poniente,
seflora gorda del quitasol, a:empre estupefacta, petrifica- y -exhaló sus disculpas traducidas en dulces arrullos.
da en la orilla. Nadie la conocía, no era de la comarca.
El palomo se levantó, hizo la rueda al nido y á su turCuando estuvo al alcance ne la voz, el Señor Noury, no arrullaba; pero en aquel arrullo había algo de extraquiténdose el sombrero. con aire compungido la dijo:
ño, era como una risa sarcástica. En seguida emprendió
-¡Qué espantosa desgracia! ¡Dos víctiwas en un ins- el vuelo y desapareció trae el 'lercano monte.
tante! ¡Y ese infeliz padrn de familia que se ha sacrifica•
do por salvará la persona!. .....
Y pasaron los días: la paloma permanecía Holitaria, sin
Cortado por el silencio estúpido de la sefiora, pre• atreverse á dej,u el nido, temerosa de que se extinguiese
gunt6:
el calor.
-¿Era alguien de su familia, señora? ¿Acaso su mari•
Por fin. urgida por el hambre y acaso impulsada por
do, su hfjo?
lo~ celos, abrió las alas, hendió el aire y desapareció tras
La señora callaba. El Señor Noury continuó, casi sin del cercano mont ) ,
tener conciencia de sus palabras:
El nido, ya solo, se enfrió poco á poco. Los polluelos
-)Un excelente obrero! De seguro acababa de almor- murieron sin haber nacido.
7.ar y uoa congestión cerebral..... ¡Quizá la mis .... a desgracia ocurrió á su ...... á ese...... al pariente de usted!
Jamás vulvf á. ver en el alero de mi casa la pareja de
La señora respondió:
palomas que se hacían la rueda, que se arrullaban ena-No era pariente mío. ¡Era mi perro!
moradas y que se daban besos silenciosos, pero d•1lces.
Y se alejó rápidamente uo sin oir á la mujer dd obreHabían pasado p!\l'a siempre loe días de felicidad ..... .
ro que aullaba:
X ......
-¡Su perro! ¡Su perro!
En tanto que un murmullo de defaprobación eubfa de
las barcas, deplorandc, la muerte del hombre y maldiciendo al animal ahogado.
No vitupero t.P-nto la p~i6n de los que desean dominar
El Sel'ior Noury exclamó desolado:
siempre, como h, bajeza de los que siempre están dispues•
-¡Si lo hubiéramos sabido!
toe á obedecerá. todo.
TucfDIDES.
p A UL MARGUERITI B.

~ rifa. &amp;loisa (! ouret.

La obediencia í. la autoridad de un jefe absoluto asimila al hombre áloe brutos.
TONTLOTE.

•

�22 Novm11rnRE, 1896.

EL MUNDO.

326

C!aricias lejanas.
_•.... ¡Oh, ef, mi buena amiga, las he eentido! Es~e saIoncito grfs, veteado ~e oro, con. sus muebles ca_pric~o808 y frániJes; lae mariposas vívidas de loe abanicos Japoneses "abiertos sobre la obscura tapicería; la soledad ~
de• rincón que acabamos de dejar y desde donde eonrf~ la inmaculada dentadura del piano, la luz de ceniza
que empapa la vidriera del balcón, la melopea elegiaca
de Ja lluvia, y tu cara fresca de ojos glaucos-ondas dP.l
Adriático-inocentemente curiosos, me llevan 11. la confidencia, me seducen para la plática t(,le á IÍ'te, mi buena,
mi eh·gante a , iga. .Acerca tu rojo taburete-escabel de
paje rubio-junto á mi pesado sitial, y oye las respue~tas que dan mis memorias á tus imprudentes quince
afios.

SOLEDAD.
.t:staba Antonio próximo á cumplir treinta afios, y aun
no había sentido lo que se llama ~n amor. _Y4;1rdad que
desde mozo había sido enamoradizo y mn¡er1ego; pero
entre todos loe recuerdos, que á menudo asaltaban .su memoria df' castos amoríos y groseras aventuras, nmg:uno
le hacía experimentar ese sentimie~t?, mezcla d~ dicha
y p~na, con que ee recuerda la fehc1dad para siempre
perdida; sentimiento análogo ~l que conmueve el. corazón
del expatriado que de im~rov1eo s~rp~endP en tierra ex•
trafta una costumbre, un tipo, un pa1ea¡e que le r~cuerdan
la suya. El veía surgir en su mente tales memoriae C&lt;?mo,
á la yuel~ de 110 viaje, se ven las fo~ra~(ae de loe &lt;1:1veraoe lugarea á donde solo ee va por cur10s1da~ ó capr1c!J~·
La adolescente candorosa y enamorada; la ¡~ven dec1d1da y firme· la voluble coqueta solo con él eum1ea y amante1 y la cáfila de hembras del montón que únicamente
Je e1rvieron para saciar sus más torpes apetitos, nada ha•
blan dicho en aqnel entoncea á su corazón, y ~ada le decfan ahora. Había h.ln hacia unae, por un capricho extrano impoeible de defioir ni rle explicar, hacia aquellas
po; impulsos del amor propio herido, del or.gullo humilla•
do hacia lae otras por entrPtener sus contmuoe vagares.
Mlii ninguna le había llenado el corazón ni fijado Ia voluntad, que eeitu(an sueltos y libree, sin e~~bilidad ni
reposo, como el agua qne cor1 e nor una pendiente. Y á 1.a
@azón comenzaba á echar de menos t-1 calor ~e un sentimiento que fuera alegría de su cor~zón, móvil de rns acciones objeto de su vida. No le había adorado Ltastll entonces' porque se lo habían im¡wdido amores y fiesta•.
Mae cuando todo ello comenzó á faltarle, ó mejor dicho,
á no dar satisfacción á eu espíritu, le 881!-stó la eeqned.ad
inverniza de su alma, y le ator.mentó la idea de que D10e
Je hubiese negado para eu caet1go, como á Satán, la fibra
del amor.
.
Pero nunca ee le encalabrinaron tales 1deae como aqmlla tard~.-A.ún no entraba la primavera; pero Jop árbolea engafiadoe por unos cuantos días de sol esplendoroso
v de aire seco y caliente, hablan con!enzad.o á .florécer.
Bien iban á pagar los deaJichados su 1mpac1&lt;mc1a; pues
d~de la maflana dP aquel día soplaba n.n cortante remueg,1, que había acabado por traer~e co1~e1go eepesae y parclas nieblas que ya entenebrecían el cielo, encapuchaban
1L cima de los montes y comenzllban ai arrlll!trarse por las
J,.janfas del valle. Antonio seguía el eiuuoao sendt:!ro que
circunvalaba una loma, semejando la huellade1!ºª mo~dadura en la corteza de un fruto, y veía á sus p1é~.el dilatado bosque de frutales, salpicado dto _floree ro¡1zas y
blancae que se destacaban en el fondo 10coloro dt1 las
ramas, :iemejante al de la bruma que ee tendía eob~eellas.
AL parque el agobio moral que le CBW!'l~an sus tnste~ae,
eentía deslavados sus miembros y oprimido y angustioso
tll pecho: achaques nerviosos con que siempre le atormentaban loe dlae nublados y tris~s.
Andando. andando, ee distraía con lo que al paso encontraba. Ya era una lavandera, que ~n. el lío de ropa
en la cabeza, bajaba despacito la eecurnd1z~ vereda; y~
un hortelano que cavaba en las eras mmedia~ae; ya u11
zopilote tranquilamente acurrucado en la cima de uu
nogal; ya la hoja seca, aún pendit:!nte del arbol, que l;'ZOtaba la rama al moverse, h~iendo un golpeteo eeme¡aute al que hace el pájaro carvmtero al horadar los tronco@.
De pronto abocó á 11:na calleja, e~pinada y angosta,
que wuw l&amp; parLiculandad, por eu tn8'eza, de aumentarle las suyas, ó matar 8ll8 alegríaa cuando, acaso, acertaba
á pasearlas por aquellos contornos. Formaban los de la
calleja, á un lado, setos de espinoso jun~o, á tuvé3 de
coyo enmarañado ramaje se veían terrenos JDcultos y fruiales encorvados y ramosos; al otro un muro de adobe,
bajo y derrumbado, por cuyo cat)allete asomaban sus ra1Da3 cubiertas de muérdago, m:inzanos y durazneros. A

la mitad de este muro hab!a una J?uerta ruinoea. Las telarafias qne cubrían de arriba aba¡o )os huecos formados
entre las jambas y la madera, prendidas en una y otras,
demostraban que nunca se abría. El suelo d~ la calle estaba cubierto de verdinegros matorros que iban anmentando en profusión y tamal'lo conforme estaban más cerca del seto y el muro. Mucho tiempo hacía que él paseaba
aquella calle de punLa ,¡ cabo, y nunca se habl~ cruzado
con alma viviente. ni escuchado voz ó ladrido en las
huertas vecmae. ¿Ocurriría por allí alguno de esos horrPndos crímenes que tanto impresionan al pueblo y que
dejan como un sello de soledad y tristeza en los lugares
donde se verifican?
.
Aeí pPnsaba, acelerando el and&lt;\r para eahr de las que
le rodeaban y que tanto acrecían laaque llevaba en el al•
ma. IJP pronto apareció a11tesu vist~. saliendo de una de
las umbrosas veredas que á la ca1le¡a confluían, una pareja de recién casados á quien él conocía aunque no trataba. Caminaban despacio. Ella se ap?yaba con abando•
no y confian:i:a en el brazo de su mando, y los do3 COf!·
versaban viva y animadamente. No se revelaba en la m1 ·
rada, en los ~estos, en la actitud de la. joven eea locu.ra
de amor, ardiente y estruendosa, que mvade á lae mu¡eres apasionadas cuando se encuent~an á B?lae con el h_ombre á quien aman, y cuya anormal 10tens1dl;ld presag!a la
l&gt;OCB duración del sentimiento que la motiva. A. pnmera vista ee echaba de ver en ella el cariflo profundo, pero tranquilo y discreto, nacido para durar CCtanto la Vida
durase. El tenía la actitud confiada y eren.a de los que
no sienten las dudas horribles, las vagas tr1stez8:9 y ex•
trañas nostalgias que abruman á otrae almae, ó tienen la
f1,rtaleza suficiente para d11.rlae de mano y conformarse
con lo que la mísera rea!irlad lee ofrece para saciar sus
anhelos.- En ambos vió Antonio la felicidad que él en
vano buscaba. No había que darle vueltas: aquellad dos
almae eran completamente dichosa~. ¡Qué razón tenla
él para asegurarlo? Ñinguna; ni él m1sm? ac~r.taba it ea•
ber porqué lo creía;.era.al modo de una mtu1c1ón que le
daba tan clara conc1enc1a de lo que afirmaba, que no hubiese vacilado en jurar.o.
.
. .
y esa felicidad le hac!a dallo, no por rnin .eent1m1en;o
ele envidia, sino porque la miraba antes~ o¡os y se cre1ll
impotente para alcanzarla. El, en raeum1das cuentas, no
sentía otro afecto que el entlafiable que consagraba 11. las
cosas de su terrollo, al culll le amarraba. con fuertes cadenas Y la naturaleza no comprendía DI por ende pagaba el ~mor que en el fondo de su corazón él la tenía:
l 1alagábale '1oe sentidos con sus colores, c_on sus perfumee,
con euA murmurios; pero ¿n~ hacía lo mismo!!ºº el hortelano que dormía la embr1aguE&gt;z de la manguana ó del
pulque tendido á Ira sombra del nugar, con la cabeza
apoyada en un acirate y la cara cubierta de moscas? El
deseaba algo más del alma, algo más suyo, para él solo
c•Pado y por él solo sentido.
· En estas y en lae otras había llegado á la c11mbre de la
colina que sobresale, monda y escu, ta. d~I. bo~que que la
circuye. Las alturae y lae grandes plaf!1c1es e1em ¡,re le
producían u.na sensación de anon~dam1e11t.o, de rnleda~
y de angustia; mae nunca fué tau 111ten~a como aquella
tarde.
• bl
fl
Parecíale tener metida la cabeza en 1as me as que otaban en el cielo, y qut1 la que cubría las mont11i\a➔ y_ue
formaban el contoroo del v.alle, y comenza~ á agarraree
á los árboles del lejanv lím1te del bosqu.e, iba ltmt~men·
te 88trechandn su enorme circunferencia para cc,¡erle á
él en el centro y llevarle en volandas á Di&lt;&gt;l! sabía qu~ regiones solitarias y lóbrE&gt;gas. D~ pronto aaal~l!l el 101edo
á un ataque cerebral, á un vértigo que le h1c1era rodar
r la pendiente abajo, y apretáudoae la cabeza con am ·
manos para retener algo qn.e quería e~capársele, te~bloroso de piernae y falto de aliento, ech·&gt;. á andar hacia
el caserío que te extendía 11. sus plantas. hn ese m?me&amp;to daban el toctue de oraci6n, solemne y .wda~cóhco,. Y
eu lento campaneo, amortiguad_&lt;&gt; por la d1stanc1a, llego á
sus oídoe, avivando en eu espíritu, por.ºº ~é qué extrafla asociación de ideae, la dolorosa conciencra de la soledad y tristeza de su vida.

ha3

1896.

Jost GARCÍA RoDRÍGURZ.
( Mexicano. )

Fué una viejecita blauca, una viejecita de nieve, encorvada y temblona, de esas que en loe cmmtos del divi•
no Perrault regalan á Cenicienta su chapín de cristal, y
ofrecen un talismán al Príncipe enamorado para que. de
rodi!lae ante el lecho de púrpura, pueda despertará la
Hermosa Durmiente. FiglÍrate que al entrar en el templo, junto á la tallada cancela, á la hora de la primera
misa, me la encontré con su rosario de cuentas colgado
del vestido de pliegues rectos, y su mantón negro, triangularmente erguido sobre la cabeza, como la capucha de
un hábito. Era una mafiana fría color de azucena. Entré con unción, y levanté la pesada cortina verdP, cuan•
do en el mismo instante en que me herían loe reflejos de
los cirios que desde larga distancia picab.:.n la sombra,
sentí la primera caricia, dada en la mejilla por una mano de seda oliente á incienso. Jamás en mi niñez solitaria y hurafia, en mis ocho años de candidez meditativa,
se había posado aeí una mano con tan blanda finura sobre mi rostro. No recordaba haber sido arrullado en
Ja cuna por la canción maternal, ni haber sentido el alPteo de loe ósculos entre loe labios que entreabrió el primer suspiro del sueño. Conservo esta impresión como
una reliquia. Está guardada en la sacristía de la pequefia iglesia, de la iglesia que levanté á la castidad de mis
días blancos, para que alguna vez entren á rezar mis recuerdos y tengan donde esconderse mis maldades. No eé
con precisión cuánto duró aquella caricia, ni lo que me
dijo la anci:lna-algo muy suave y muy alado que se evaporó como una nube;-lo que sí sé, ea que apareció en la
s&lt;&gt;ledad de mi espíritu un-,mgel hecho de ráfagas azule11,
y que,. cuand&lt;? evoco mie memoria~ infanti.les, miro á la
viejecita de meve, encorvada y temblona, ¡unto á la cancela tallada, á la hora de la primera misa ........ .
y al venir el primer encanto, el brote juvenil, saltó P~
caliente surtidor del deseo en la fresca fuente de la vida y sonó el primer beso.
El primer beso lo sentí bajo el pa,io de una arboleda,
mientras el sol caía, como escudo sangri~nto sobre lostrigales luminosos del Poniente.
Una muchacha trémnla decla que me amaba acercando á mi semblante e•1 boca hlÍmeda con jugo de franbnnea. 'IrM un juramento, con los ojos cerrados, ébria con
la rniel voluptuosa que vertían sus sue11os de virgen, me
besó rápidamente.- Experimenté la calentura del rubor q11e subió en llamas haeta eue mejillas de duraznos
en Owflo.
¡ Pero porqué te cuento eso mi bnena amiga!
¿ 'orqué .hacer desfilar ante tus ojos ~lauco~, inocentemente curiosos, la procesióu de las caricias judaicae: loe
abrazos del amigo ingrato, los juramentos de las muj ...
res infieles, la batalla de besos de la orgía, las noches de
plata en que se desfloran las bocas y se desatan los eneuefios? La vida, la desengallada vida que rechaza con
hasdo, ilusiones frágiles y sonrisas faleae, la amarga senda de la vi~a, siempre.J!anchada de oro, aqní y allá, por
got.as - e miel seca, guarda muchos recm?rdoe de placeres ...... Ahondando, la memori.i se encuentran bajo l11
tierra negra de los olvidos, pedazos de caricias, tiesto~
rotos :tondt: florecieron loe. besos. lae rosas blancas, 1111!
camellas IoJae, las margaritas lechosas que deshojamos
sobre los labios de las amantes fugitivae.
¡Oh! sí mi buena a ni~; las he sentido; pero todas ellae
8 e bao quedado en el pórtico: no hay 11ir guna inmaculada· 110n pecadoras que han amado mucho, y que espera11,
ai~ridas d~ frío, junto 11. .las columnas churriguerescas, á
que las de¡en penetrar m1e días castos, en la pequel'la iglesia do!'lde gua~do, como una reliquia, la caridad de la
vil'jec1ta de 01eve que pasó ya la tallada caucela y va á
oír la primera misa ...... La eequila llama alegremente y
Ja maflana ea.tá color de.azucena.
y ahora m.1 .buena amiga, cese 1.aconfidencia: A.leja de
mi peel\do s1t1al tu escabel de pa¡e: te has quedado triste ...... y cua~do se está triste, mirando, como noeotro~,
la Juz de ceniza que empapa la vidrieu del balcón, y
oyendo la f~nebre melopea de la lluvia, ea bueno pensar
en algo inviolado y blancq, como aquella vii-jtcita de nieve, oliente á incienso ........ .
Noviembre de 1896.

22 NoVIfilrnRE, 1896.

Rubén Dario.

no en flor, luminosa como un alba, gentil como la princesa de un cuento azul.

CUENTOS EN PROSA

Cuando Berta. ya alto
divino co~hi:ro, subió á loe
salones por las gradas del ¡ardín, que .1m1taban e_emaraf
dina, todos, la mamá, la prima, los criados, pus1ero.n a
boca en forma de O. Venía ella saltando como un pá¡aro,
con el rostro lleno de púrpura, el seno hermoso y he~cbido1 recibiendo las caricias de una crencha castafia, libre y al deegaire, loe brazos deenu.d_oe hasta e) codo, medio mostrando la malla de sus casi 1mpercept1o)ee venae
azules, los labios ent1-eabiertoe por una eonnsa, como
para emitir una canción.
TodoR exclamaron:-A.leluyal ¡Gloria! ¡Hoeana al !ey
de loe Eeculapios. ¡Fama e~rna áloe gl6b!1los de íc1do
arsenioso y á las duchas trmnfales!. Y mientras Berta
corrió á eu retrete á vestir sus más neos brocados, ae en·
viaron pr1ieentes al vi€'jc de las antiparras de aro~ de ca,
rey, de lne guantee negros, de la calva-1lustre y del cruzado levitón. Y aho,a, oid oh vosotras. madres de las IJ?U·
chachas anémicas como hay algo mejor qne el anémco
y el fierro, para eéo de encender la púrpura de las lindas
mejillas virginales. Y sabreie como no, no fueron los glóbulos; no, no fueron lae duchas; no, no f9e el .farmacéutico, quien devolvió salud y vida á Bdrta, la mfia de loe
ojos color de aceituna, alegre y fresca como una rama de
durazno en flor, luminosa como un alba, gentil como la
princesa de un cuento azul.
·

El País del Sol.
.A vosotras, madree de Isa muchachas anérticas, va esta historia, la historia- de Berta, la niña de loe ojos color
de aceituna, fresca como una rama de durazno en flor,
luminosa como u.na alba, gentil como la princesa de un
cuento azul.
Ya veréis, sanas y respetables selloras, que hay algo
mejor que,.¡ arsénico v el hierro, para encender la púr•
pura de las lindas me.jillae virginales; y, c;¡ue es preciso
abrir la puerta de su ¡aula á vuestras avec1tae encantadores sobre todo, cuando es el tiempo de la primavera y hay
ardor en lae venas y en las savias, y mil átomos de sol
,abejean en los jard1nee, como un enjambre de oro sobre
las rosae abiertas.

***

Cumplidos sus qnince afios, Berta empezó á entristecer en tanto que sus ojos llameantes se rodeaban de ojeras' melancólicas.-Berta, te he comprado dos mui'lecas...
-No lae quiero, mamá ...... -He hecbo traer los Noct,urnoe......-Me duelen los dedos, mamá...... -Entoncee..... .
-Estoy triste, mamll....... -Pues que se llame al Doctor.
Y llegaron las antiparras de aros de c.arey, loe guantes
negros :a calva ilustre y el cruzado levitón.
Ello 'era natural. El desarrollo, la edad...... síntomas
claros, falta de apetito. algo como una opr!leión en el _Pecho, tristeza, punzadas á veces e!'I las sienes, palpitación ...... Ya sabéis; dad á vuestra mña globulos y duchae.
El natamiento!.. ....
Y empezó á curar su melancolía, con glóbulos y duchas, Berta, Ja nifla de los ojos color de aceituna, que
llegó á estar fresca como una !ama de dur~zno en flor,
luminosa como una alba, gentil como la prmcesa de un
cuento azul.

***

A pesar de todo, lae ojeras persistieron, la tristeza continuó,¡
v Berta, pálida como un precioso marfil, llegó
un día lae puertas de la muerte. Todos lloraban por
ella en el palacio, y la sana y sentimental mamtl hubo de
penaar en las palmae blancae del ataúd de lae dnncellae.
Hasta que una mafl.ana la 111.nguida anémica, b,ijó al jar•
dín, sola, y siempre con su vaga atonía melancólica, á la
hora en que el alba ríe. Suspirando erraba sin rumbo,
aquí, allá; y lae flores eataban tristes de verla. Se apoyó
en el zócalo de un fauno soberbio y bizarro, cincelado
por Plaza, que húmedos de rocío sus cabellos de marmol,
ba11abll en luz eu toreo espléndido y desnudo.
Vió un lirio que erguía al azul la pureza de su caliz
blanco, y estiró la mano para cogerlo. No bien había....
Sf, un cuento de hadas, seflorae míae, pero que ya veréis
Eus aplicaciones en una querida realidad,-no bien había
tocado el caliz de la flor, cuando de él surgió de súbito
una hada, en un carro áureo y diminuto, veatida de t&gt;iloe
brillantísimos é impalpables, con eu aderezo dti rocío, su
diadema de perlas y eu varita de plata.
¿Creeis que Berta se amedrentó? Nada de eso. Batió
palmae, alegre, se rear.imó como por encanto, y dijv al
hada:-¿Tú eres la que me qniere tanto en suellos?-Sube-reepondíó el hada. Y como si Berta se hubiese em•
pequefie~ido; de tal modo cupo en la concha del carro de
oro, que hubiera estado holgada sobre el ala corva de un
cisne á flor de agua. Y lae floree, el fauno or~ulloeo, la
luz d 11 día, vieron como en el carro del hada Iba por el
viento, p!ácida y sonriente al sol, Ber'8, la nilla de loa
ojos color de aceituna, fresca como úna rama de duraz-

•

El hada la volvió al jardín del palacio, al jardín donde
cortaba floree envueltas en una oleada de petfumee, que
subía místicamente, á las ramas trémulas, para flotar como el alma errante de los cálices muertos.
.Así fué Berta á vestir eue más ricos brocadOl!, para honra de los glób ..ilos y duchas triullfale1-, llevando roeae en
lae faldas y en las mejillas. *
1Madree de las muchach:s !némicas! os felicito por la
victoria de loe arseniacos é hipofoefitoe del sellor Doctor.
Pero en verdad os digo, ea preciso, en provecho. de lae
lin&amp;:s mejil las virginales, abrir la puerta de su J!'-ula á.
vuestras avecitae tmcantadora~, sobre todo, en el Mempo
de la primavera, cuando hay i.rdor en las yena.s y en las
savias, y mil átomos de sol abejean en los Ja!dmee como
un enjambre de oro sobre las rosas entreabiertas. Para
vuestra&amp; cloróticas, el sol en los cuerpos y en .las almas.
Sí, al palacio del sol, de donde ~uel ven las miias como
Berta, la de los ojos color de aceituna, fresca como un.a
rama de durazno en flor, luminosa como un alba, gentil
como la princesa de un cuento azul.

***

A.sí que Berta se vió en el carro del hada, le preguntó.
-¿Y á dónde m'3 llevae?-Al palacio del sol. Y. desde
luego sintió la niña que su~ lll8D03 se tornab~n ardientes,
y que eu corazoncito le saltaba como henchido de sangre
1mpetuosa.-Oye-siguió la hada-yo soy la buena hada
ae loe sueños de las niñae adole..Q()entee; yo soy la que curo á las cloróticas con sólo llevarlas en mi carro de oro al
palacio del sol, adonde vae tú. Mira, chiquita, cuida de
uo beber tanto el nectar de la danza, y de no desvanecerte en las primeras rápidas alegrías. Ya llegaremo_s,
pronto volverás 11. tu morada. Un minuto ton el palacio
del sol, deja en los cuerpos y en las almas, aiios de fuego
nifta mía.
En verdad estaban en un lindo palacio encantado,
donde parecí~ sentirse el sol en el ambiente. 1Oh, qué
luzl ¡qué incendiosl-Sintió Berta que se Je llenaban loe
pulmones de aire, de campo y de mar, y lae venas de fuego, sintió en el c;,rebro eeparcimieutoe de armonía, y co·
moque el alma se ensanchaba, y como que se ponía ~ás
elástica y tersa su delicada carne de mujer. Luego v1ó,
vió suenos reales, 7 oyó, oyó músicas embriagantes. En
vastas galerías deslumbradoras, llenas de claridad y de
aromae, de sederías y de arom!\8, vió un torbellino de pa·
rejas, arrebatadas por las ondae invisibles y dominantes
de un wals. Vió que otra e tantas anémicas como ella, llegaban p·álidas y entristecidae, r.espiraban. aquel aire, y
luego se arrojaban en brazos de Jóvenes vigorosos y esbeltos; cuyos bozos de oro y finos cabellos brilla.bao á la
luz, y danzaban, danzaban con ellos, en una ardiente es•
trechez, oyendo requiebros misteriosos,. que ~bao al alma,
reapirando de tanto en tanto como háhtod impregnados
de vainilla, de haba de Tonka, de violeta, de canefa, hasta que con fiebre, jadeantes, rendidas, como palomas fatigadas de un largo vuelo; caían sobre cojines de seda, loe
aenos palpitantes, las gargantas sonrosadas, y así eofiando, soi'lando en cosas embriagadorae........ -¡Y ella t~mbiénl cayó al remolino, al maeletrón atrayente, y bailó,
giró, pasó, entre los espasmo!' de un placer agitado; y recordaba entonces que no debía embriagarse tanto con el
vino de la danza, aunque no cesaba de mirar al hermoso
compal'lero, con sus grandes ojos de mirada primaveral.
Y él la arraetra por las vastas galerías, cil'lendo su talle y
hablándola al oído, en la lengua amorosa y rítmica de

***

Le pusíeron la cándida veste
De blondas y raso
Que como última ofrenda amorosa
Le hicieron mis manos.
El sutfl, abundante cabello,
Sedoso y dorado
Y su frente tan bella y tan fiera
De flores ornaron;
Mae sus ojos divinos y dulces
No quiso cerrarlos,
Que á través de la muerte, con ellos
Me estaba llamando!
Ya por fin, vacilante me acerco,
Me acerco á su lado,
Casi tocan su canQida veste
Mis trémulas manos;
Voy á ungir con mis besos amantes
Su pelo dorado
Porque cierre sus ojos divinos
Tan dulces y lánguidos,
Que tal vez mi niflito muy triste
Se quede pensando:
cc¡Cuánto tarda mi madre querida:!
¡Si me habrá olvidado!•
Mérida Noviembre de 1896.
JULÍA.
Aunque te admiro ianto,
perdona, Clara Lengo,
si temiendo afligirte, no te canto,
porque, á la edad que tengo,
Lo que empieza en canción, acaba en llanto.

*

Se que al morir, **
para alcanzar la gloria
limpió su corazón de tu memoria.

*

**
Alegría y tristeza
suelen ser un error de perspectiva,
sobre todo al juntarse en la cabeza
con loe suenos de abajo loe de arriba.
CA.IIPOAHOR.

La actualidad, la atracción del momento, ese frenesí
¡qua ha poseído á París durante el paso del Soberano de
todas las Rusiae, ha cambiado todB!t las imaginaciones y
operado u.na cuasi revoluciól! en lae coeaH de la Moda. La
más pequella insignificancia, el trapo más minúecwo,
máe gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su
sello elavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á lae Mvdas en nuestro
periódico, no nos permite citar aquí loe nombres terminados en ccof» ú uow" de que están erizadae lae innovacio
nea; esta descripción por lo demás no haría aventajar en
nada á nueetrae jóvenes lectoraia, que sin duda preferirán
dejar en todo á las Sl'ita~. llunsinger Hoaa., J! calle de la
ludependeneia 4., el cuidado de darles la explicación y di'3atisfacerlae con su talento y el gusto excepcional queponen en todo lo que hacen.

Andante.

Dolce.

Furiooo.

ifi~

,r

G. M. de Valtuur.

La vida humana se acaba C!lando se logra probarle al
hombre que todo ea vanidad.

~0'-h-A

Ernesto Rtnan.
El recuerdo de loe muertos ea la presencia en la au-Ha~.

Adagio.

~
i
~s ~~f X
,..r

1m ½

El hombre: un efímero que suefia en la eterniaad.

Lacordaire.

e(*

loe vocablo@ apetecibles, de las frasee irisadas y olorosas,
de loe períodos cristalinos y orientales.
Y entonces ella sintió que ~u cnerpo '!( su alma se llenaban deeol, de efluvios poderosos y ae vida. No, no espe•
reis máe!

EN LA O PERA.-MUS1CA CELESTIAL.

Lu.s O. URSINA.

8encia.

327

EL MUNDO.

,.r :,....,,..
,..r-

~ '
Allegrett,o.

~

Pla-no.

Plu mosso.
~

�22 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

328

22

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

329
Polk:á de 51a,lón, por A.. C.

~risa Ofoñal.

Entonces tuvo un ferrocarril muy grande, con carros
muy largos, servido por neg.ras, y como no se olvidaba

Historia para cuando no se llega
aun á los tres años.

PIANO.
Y ailá abajo, el padre y !a madre lloraban sin consuelo ..... .

J

Han de sabu uEtedes que había una vez un niño que
era muy lad1ón.

de su familia, pues á pesar c1e todo era buen hijo, mand6
una caja repleta de lindos corsés de eeda á su madre y
á eus hermana3, para todos !03 días de su vida.

~
~

- - ...____....__
--,.____----=-==::-.
..../,
~

_,,,, -----

__,,-

--

~ . . /....... _,./'-..

_~n1íl___·
---- -----. ----- " .
~

'

Entonces llegó encima del mar, y de pronto cayó al
agua.

......_...

De modo que fué recibido con los brazos abiertos por
su familia cuando volvió á México en un vapor, porque
tampoco había olvidado á su padre, pues le llevaba un
lindo cocodrilo...... empajado.

,

/íb¡.t

' El cual, un dfa vió á un viejo que tenía un hermosísimo paraguas que había pertenecido al Emperador Maxi
miliano,

~

Felizmente no era bestia, y en lugar de ahogarse votvió
al revés su paraguas y tuvo nn barco que ni mandado
hacer.

\(

~
J.._j

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..J -l..

tnn)1~
----

--..r-- -----------

~

;.....,,-

. Inmediatamente se fué al puente donde el viejo se moría de pena y le pidi6 perdón, devolviéndole su paraguas.
Y cuando el viejo murió, le hizo un entierro magnífico.
Y en tanto que el viejo miraoa pasar el agua, el pícaro
m11chachito le cogió su paraguas.

Pero sentía hambre; no habla comido nada, porque las
nubes no son huevos reales. Entonces se quitó una de las
cintas de sus zapatos y con un alfiler hizo un anzuelo y
cogió muchos pececillos muy sabrosos.
Y despuée se hizo magistrado para castigar á todos loa
ladrones.

Pero...... sopla un fuerte viento que se lleva al paraguas y con él al muchachito.

&lt;iroquis rooaQrnos.
A LOS BOHEMIOS

-

Y un día se encontró con una gran ballena, la cual le
dió)a idea de hacerse fabricante de corsés.

No nos llama el recuerdo, sombra leve
Del crepúsculo extinto del pasado,
Muerto que dueru1e ahora sepultado
En un lecho más frío que la nitive.
No amamos el presente, fulgor breve
Que no logra el espí1 itu nublado
Baftar, ni deshacer e1 congelado
Raudal de llanto que en el alma llueve.

Y éeie se vuelve más pequefto que un mosco.

Vamos al pon·enir...... las brumas hienda
El sol mustio 6 ardiente del, mañana,
Y plantemos, hermanos, 1:uestra. tienda
De lo futuro en la exteneión lejana;
Junto al lago que, azul, su ,,leaje extienda
O ante el abismo negro dd Nirvana.
FRANCISCO l\[. DE ÜLAGUIBEL.

Noviembre de 1896.

Entonces todas las gentes decían: ¿Quién es ese muchachito que vuela con un paraguas, tan alto, tan:alto?

Y como jUBtamante llegaba á Estados Unidos, vendió
muchos y ee hizo muy rico.

Ya no leo ni escribo máe. historia
que ver á mi nifiez con mi memoria.
CAID'OAMOII.

ESCRITA PARA LAS LECTORAS DE "EL MUNDO."

�22 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

830

LA.

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
N ú.mero ó.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

" - No ee debe ir al matrimonio tristemente, dijo la se•
ñora Mossler; más vale, entonces, permanecer soltero.
Pero tú serás feliz si ere&amp; juicioso. Ahí tienes á Federico Clement..... .
-¡Oh! replicó con viveza Valentín; ¡que no me hubieras ofrecido casarme con su mujer! ..... .
- Eso es verdaderamente un poco fuerte para mí, dijo
la mujer de Federico, y me escapo para no oír más.
-Trate usted de quedarse viuda, y todo se arreglará.
Yo esperaré ..... .
- ¡ Está loco! dija Celina á la seílora Mossler. Y ee
alejó.
Seis semanas depuée el conde de Coutrae se casaba con
la señorita de Pierremont sin que esto paredera coRtarle
gran trabajo. Su prometida, con eu firtne razón y su sólida inteligencia ee había impuesto á él rapidamente y
Valentín no hubiera jurado que no estaba enamorado de
ella cuando salieron de Saim-Philippe•du-Raule. El viaje
que hicieron á España duró tres semanas durante las
cuales Valentín se aburrió soberanamente. Tal tenía su
ánimo, que los esplendores de Sevilla, de Córdoba y de
Madrid le dejaron muy frío y trajo de su viaje la impresión de que el pueblo eepal'iol era triste, sucio, comía
muy mal y poseía los ferrocarriles más incómodos y más
lentos de Europa. No habló de las mujeres, aunque, en
verdad, había mirado á alguna más que á la condesa dd
otro lado de los Pirineoe, pero tuvo el buen gusto de no
dar su opinión.
Vuelto á París dió un suspiro de eatisfacción, se imtaló en su hotel de la avenida de Friedland y pareció
completamente dichoso. No puso más los pies en el club,
olvido el 1,accara y estableció en su caea una sala de esgrima tan bella y tan cómoda, que llegó á recibir en ella
todas las mañanas, de diez á doce, lo más escogido de

loe tiradores parisienses• Su muj~r ie hizo la ~oncurrencia con su salón, en el que reumó, en poco tiempo, un
drculo artístico y elegante depurado eecrupulosamente y
en el cual era muy envidiable penetrar. Pero loa i:oncurrentes habituales manifestaron redondamente la mten•
ción de permanecer ellos solos y la condesa, á. la que no
gustaba sino la intimidad, se prestó á. su c&lt;1pncho. Muy
pronto no se llamó á su salón más que con el nombre de
«la Capilla Friedland».
El gran sacerdote era Vignot, el ilustre compositor,
que se había constituido en adorador constante de la
seílora de Coutras. Dauziat, el novelista, decía allí misa,
que ayudaba. con asiduidad el genial pintor Ferraud.
Alrededor de estos tres hombres se fueron agrupando
poco á poco otros artistRB, y hasta el célebre actor Baradan no se des".lefió de exhibir allí su gloria, lo que hizo
gritará algunas malas lenguas, que hubieran dado un ojo
de su mejor amiga por ser admitidos en el santuario. Pero ninguno de lo'.! interesados prestó atención á. esas
protestas, y lae personas que tenían ent!ada ~n la casa
siguieron frecuentándola con marcada sat1sfacc1ón..
El mismo Valentin tomó parte en aq11ellas reuniones.
No quería roncho á los literatos y odiaba á los músicos,
pero soportaba bastante bien á. los J!intores. Estuvo
amabilfsimo con todo el mundo y pareció que daba grande importancia á. la:1 comidas artísticas de los sábados.
Es verdad que Enriqueta supo, con muy buen tacto, no
intentar una reproducción de la Abbaye•aux-#oia. No se
dió airee de musa impiradora y no pretendió más que
ser obsequiosa con el talentc&gt;. Recibió con graciosa sen•
cillez y dejó descanear á los artistas para complacer más
á los amigos. Jamás pareció exhibirlos ni ofrecerlos á la
curiosidad social.
En su salón hacia cada cual lo que quería, y mientras

Vignot, que era un maravilloso narrador, contaba eue impresiones de seminario en Roma, pues había pensado·
ser sacerdote antes de componer sus melodías, tan apa•
eionadas; Ferraud dibujaba en el rincón de una mesa y·
Dauziat escribía versos con lapiz. Aquella era una eepe··
cíe de Decamerón, donde cada cual se ocupaba en el pl~cer de todos, pero á condición de esta.r en confianza. .81,
por casualidad, algún extraílo se deshzaba en la reunión
para visitar á. la dut-fla de la casa, todas las buenas \-O•
luntades quedaban en el instante paralizadas y la iner•
cía sucedía al moviento.
Esto se supo prontamente y sólo penetraron ya los íni•
ciados. Los que se quedaban en la puerta ee vengaron
propalando sobre las tendencias estéticas de la c-&gt;~d~a
maldades inofensivas. Pero al cabo de un afio, nadie hacía la menor observación y no se hablaba del cenáculo
de la condesa de Contras más que para lamentar el no
ser admitido en él. Federico Clement y su mujer fu~rou
de los escogidos. El anciano Vignot entabló una «corrien•
te de alma» con la encantadora Celina y aprovechó e.eta
circunstancia para mostra todas sus eeducciones mus1~les. Pasó de Mozart á Wagner, desflorando sus pr?p1as
partiduras y mezclando sus exquisitas interpretaciones
con chispeantes conferencias en las cuales elevaba á. su
auditorio á las más altas cimas del arte. Nadie ha hablado
con tanta fecundidad y riqueza del sublime Don Juan.
Ferraud mismo. que no se avergonzaba de calificar esa
obra maestra de música de clavicordio. se quedaba estu•
pefacto ante aquellas disertaciones. Y cuando el gran
músico, agitando su blanca barba y los ojos llenos de
inspiración, explicaba la significación sim~ólica de l,os
diversos personajes, que forman, con sus diversos do.?·
res, toda 1a escala de la pasión humana, Dauziat detema
sus ensueíloe y concebía dudas sobre la novedad de las-

NOVIEMBRE,

22 1896.

teorías de Wagner. Valentín, por su parte, encontraba
al viejo compositor insoportable. Le trataba comunmen•
te de farsante y se atraía violentos regaños de su mujer
y de Celina. Pero él respondía riendo:
-Ustedes comprenderán, acaso, lo que dice lo que
toca y lo que canta; yo, ni pizca. Creo que hay 'que haber empezado mny pequeño, para que el espíritu se preste
.á esa gimnasia. Ustedes pretenden que las melodías y las
einfonías tíenen un sentido; yo creo que no sou más que
un ruido vano. Lo que salva á. los múslcos es que hay
muy poca gente que comprenda la lengua que habfan, y
t-sos pocos están de acuerdo con ell~ son sus cómplices
para afirmar que eso significa algo. .1!.I día en oue tod~
t&gt;I mundo comprenda la lengua musical, adios·los músicoe. Se sabrá. entonces que ensartan notas unas con
otras y que no les resulta más que una gran incoherencia. Siendo muchacho, me llevó mi madre algunas veces al Conservatorio y, para distraer el fastidio leía en
,;I programa las explicaciones que los compositores dan
á su música. ¡Santo Dios! aquello resultaba todavía más
incomprensible después de ser exrylicado.
-Si, continuó alegremente Celiña; el joven poeta, 1les•
pYés de una escena de celos, vuelve á su casa y se duerme. Suefia que está condenado á. muerte, que le llevan
al cadalso, que le ajecutan y oye su marcha fúnebre .....•
Pues bien, querido conde, eso es un bosquejo que vale
tanto como otro cualquiera..... .
-Bueno, pues oigan ustedes lo que á. mí me dice la
música si ~o tengo la precaución de leer el ar¡:umento.
Un buen cmdadano, después de haber comido bien en el
restaurant, vuelve á. su casa un poco chispo. Enciende
con la bujía las cortinas de la cama y grita¡ fuego! Llegan
los bomberos. Las bombas de vapor dejan oír sus horribles trompetas y suena el Pomatén. Aeeguro á. ustedes
que la música resulta tan tien con este tema como con
el o.tro. ¿Q1;1ieren un tercero? Un rey negro, mientras sus
muJeres ba1l n-la zarabanda......
• - -¡Oh! por Dios, Valentín; va usted á hacerse odioso...
-Me callo. He querido solamente probar que yo también tengo una opinión.
-En realidad, dijo Celina, se le puede á usted perdonar que piense mal, con tal de que piense algo propio.
¡Hay tantos aficionados que manifiestan su entusiasmo
con tanto más calor, cuanto menos comprenden lo que
dicen que admiran! Prefiero un i¡1;norante sincero á. un
fanático de encargo...... Pero Vignot es un hombre de
genio.
-¡Bueno! Pues no hay más que hablar.
~ientras las escaramuzas de Celina y Valentín tuvieron por campo de batalla la música, la joven se entregó
á ellas con toda la franqueza de su n ,turaleza y no sin•
tió la más ligera inquietud. Había en el tono y en las maneras del conde de Contras una familiaridad que excluía
toda idea de j!.'alanterfa. La mayor parte de estas justas
se verificaban delante de Enriqueta. Todo ocurría del
modo más cordial del mundo y, por otra parte, Valentín
era muy atento con su mujer, tenía para ella mil miramientos. y nada hubiera podido hacer pensar que no la
amase tiernamente.
. Durante cerca de dos afioe, la situación siguió sin cambio al~uno notable. Los condes de Contras vivieron co•
mo todas las personas de su clase, algo más inteligen~
temente, acaso, por loe gustos de Enriqueta, y con un
poco más de fausto, á causa de la generosidad de la seflora Mossler. Pero los mismos marcos encuadraban loe miamos lienzos. Delauville, durante le. semana escogida, con
el yacht aparejado para hacer excursiones por el mar; el
castillo de Sauvigny en la época de la caza, y París en la
"atación invernal, interrumpida por un pequeño viaje á.
Cannes, siempre con el. frica en el puerto, á las órdenes
&lt;le BU vropietario.
Ennqueta parecía satisfecha de su suerte y Valentín
estaba alegre y aonrienta, pero aquella felicidad no era
sólida ni segura. No existía entre el marido y la mujer
un vínculo de afecto, ni una conformidad de guetos, ni
un motivo de intereses que les adhirieran indisolublemente. Ella tenía una inteligencia demasiado clara para hacerse ilusiones durante mucho tiempo sobre el valor moral
de su marido, y él era demasiado ligero de cabeza para
apreciar la noble gravedad de su compal'iera. Se amaron
porque eran jóvenes y bellos y se agradaban; pero aquella ternura no pudo exceder en el hombre de la duración
de un capricho ni sobrevivir, en la mujer, á la primera
deetlusió_n. Un hijo hubiera modificado profundamente
la e1tuac1ón; pero Valentín engafi6 á. su mujer demasiado
pronto y ésta se convenció de ello con demasiada evidencia, y, como era orgullosa, dejó á. su marido una libertad
de la que él no tardó en abusar.
Una noche en que Celina asiEtía con su marido á la repreeentación de una obra nueva en el Vaudevüle, hacia
el final del segundo acto vió entrar al conde de Contras
•!n nn palco de proscenio ocupado por una hermosa muJer mor~na que había llamado desde el primer momento
la atención de la nuera de Elipbas. La joven del palco
ee vol".ió distraídamente, como quien no tiene grandes
-cumplimientos que hacer á. un amigo íntimo; ofreció la
mano al recién llegado y volvió á. fijarse en la escena.
Valentín se sentó y se puso á. recorrer la sala con los gemelos. Cuando vió á loe señores Clem&amp;nt bajó vivament~ su catalejo y se trasladó al fondo del palco. Celina sint!Ó que la sangre subía á. su cara y fué agitada por uoa
s1':1gular impaciencia. Sin esperar el final del acto, se in.clmó hacia au maride- y le dijo:
- ¿Has visto al conde?
-Perfectamente.
-¿Quién es esa mujer con quien está?
-La Seflorita Adriana Cora\l, del Teatro de Variedades.
-¿Una actriz?
-A ratos perdidos......
Celina miró á. su marido con asombro.
-¿Cómo es que estás tan bien informado?
-Hija mía, se puede vivir en los negocios y conocer
un poco París. .A.un no siendo un hombre dedicado á. los
placeres, se sabe, sin embargo, lo que pasa en el mundo.
Por otra par~, basta pasearse por las calles para tener

ELMUNDO.
noticias de la Seflorita Corail. Se la ve en loe escaparates de los fotógrafos, de piés, en busto, sentada, acostada,
vestida, desnuda; en todas las actitudes de su vida ha•
bitual.
-¿Y el conde se presenta en público con esa mujer?
-Así parece.
Celina perm&gt;1neció un momento callada, cogió sus ge•
melos y examinó con atención á la grave Adriana. Des•
pués dijo:
-Es excesivamente hermosa.
-Eso no t:B una razón.
-Pero, entonces, ¿es su amada?
-Eso se dice y él lo confirma con sus actos.
-¡Pobre Enriqueta!
-¡Bah! Con la Seil.orita Corail ó con otra, eso tenía que
suceder.
-¿Por qué?
-Porque no se retiene indefinidamente á. un hombre
como el tal Valentín por el encanto de la belleza, el prestigio de la inteligencia ó la nobleza de los eentimientos.
Su capricho necesita el condimento de lo imprevisto, la
sal de la vulgaridad y la pimienta del vicio. Con 1:u mu•
jer el conde de Coutras está. obligado á cierto decoro; tiene que contenerse, que vigilarse. Con la Corail se encuentra á sus anchas y puede desenfrenarse en la orgía
canallesca y estúpida. Los hombres son sucios, hija mía;
esa -es la cuestión.
-Pero tú, Federico, dijo la joven, tú no eres así.
-No se sabe, querida; todo depende de la ocasión.
;-iCl?mo! Múnstruo; ¿serías capaz de semejantes abo•
m1nac1onee?
-No digo que lo sería, pero no afirmo que no, lo que
es muy diferente...... Querida Celina, no se está seguro
de que un hombre no hará tonterías más que cuando está muerto.
-¡Oh! Si das en citarme á. Schopenhauer..... .
-No sé si eso es suyo, pero pudiera serlo.
Algunos días después de es~o. á eso de las tres, pasaba
Cel!na por la av,mida Friedland y entró en casa de su
amiga, á. la que encontró en su saloncillo, con las persianas cerradas y en una eemiobscuridad. La condesa se levantó al ver tmtrar á su amiga y arrojó vivamente el pa•
ílu~lo á un veladorcito que estaba al alcance de su mano.
Cehna creyó ver que aquel movimiento tenía por objeto
01:ult!'r una fotografía y una ca,ta, pero la condesa no le
d1ó tiempo de hacer observaciones y yendo hacia ella
dijo con voz alterada:
'
-¿Qué dichosa cas_ualidad trae á usted por aquí?
-He pregunt.ado s1 estaba usted en casa, me hari dicho
que sí y he subido. ¿Va usted á salir? La llevaré en mi ·
coche..... .
-No; estoy un poco delicada. Me quedo en casa.
'-Pues es verdad; tiene usted la cara alterada...... ¿Le
suc~de á. usted algo de particular?
-No; se J., aseguro,
- Y al decir esto, do@ lágrimas se deslizaron por las
mejillas de Enriqueta.
¡Oh! Vamos á. ver, dijo Celina a.fectuosamente; ¿trata
usted de engafiarme? ¿No me considera su amiga ó no la
inspiro contianza? Hace usted mal en ocultarse de mí.
La allÍva muje.r agitó su rubia cabeza con impaciencia.
-Soy una necia por no haber sabido dominarme mejor. Mis penas son tan personales que no debo cansar
con ellas á nadie. Con!!eso, sí, que son un poco inesperadas y que el golpe q,ie he recibido ha sido muy cruel...
-P.:ro ¿de qué se trata?
Enriqueta fué al veladorcito, cogió la fotografía y la
carta que estaban envueltas en el pañuelo y dijo entregándoselas á Celina:
'
-Tome usted, amiga mía; mire y lea.
Al primer golpe de vista Celina reconoció el retrato de
la Corail. Est~ba vestida con una !arga túnica griega muy
escotada y abierta desde la cad~ra. lo que ?ermitfa admirar un pecho cuyo atrevido relieve estaba centuado por
la harmoniosa actitud de los brazos levantados hasta la
nuca, Y. una. pierna d~ forma exquisita y terminada por
u.n bomto pie. Deba30 se leía: «1driana Corail, de Variedades, en el papel de Hebe.&gt;1
Las dos jóvenes se miraron un instante en silencio
Después Enriqueta sonrió con amargura y dijo:
·
. -;Lea usted ahora. No han querido que me hiciera
11us10nes.
La carta ~ra el anónimo corriente, cobarde y estúpido,
que Jenunc1aba á la condesa las relaciones de su marido
con la enca~t!'dora cóm.ica; baja acción de alguna com•
pal'iera env1d1oea del lu¡o que ella sofiaba sin poderlo lograr; venganz~, acaso, de la desesperación de algún
amante platómco puesto en la calle por .io molestar al
ge1:1eroso Valentí~; veneno en todo caso, que no había
de¡ado de producir sus efectos.
. -Pero, amiga mía, ¿está. usted segura de que esta carta
mnoble no es un tejido de mentiras?
-No; esta carta concuerda con todas mis observaciones y confirma todas mis sospechas. Hace algún tiempo
sus 1;11a~eras y su actitud han cambiado. 'Ienía yo el present1m1ento de que se había interpuesto entre los dos
algo de que no me daba cuenta. Un instinto infalible me
lo ~abía revel~d_o todo antes de esta denuncia y podría
d~ir con 1•rec1s1ón el momento en que empezó mi desdicha. A -pesar ,d~ su deferencia, dP su amabilidad, que
eran las mismas, \alentín me pareció transformado. No
era ya el ho~bre atent? ! afPctuoeo de siempre, sino un
extraño político y eerv1crnl. Ese cambio medió frío en
el corazón desde el primer momento, pero no me daba
cuenta de lo que sucedía. Ahora lo comprendo.
. -¿Y qué va usted á. hacer? ¿A pedirle una satisfacción?
-Nunca, al menos por mi iniciativa. Hay palabras
que me harían enrojecer pronunciándolas delante de él y
que me daría horror oír. No tengo carácter para lamen•
tarme y me daría vergüenza dejarme arrebtitl\r por la cólera. Preñero callarme y aparentar que no sé nada. Acaso de este modo pondré á. salvo mi dignidad y esto es
algo.
-¿Y la eefiora Mossler?
-De ella, eapecialmente, quiero ocultarme: resultaría

331
más afectada que yo misma y es una perfecta mujer, á la
que yo quiero con todo mi corazón. Ha deseado mi dicha; si no ha podido lograrla, no es culpa suya.
-¿Puedo hacer algo en favor de usted?
-Nada más q.ue guardarme el secreto.
Celina &lt;'umphó su palabra y no habló de este asunto ni
á su marido. Pero no se creyó obligada á. la misma direc•
ción respecto de Valentín. Un sábado en que éste pare•
cía soportar con más impaciencia que de costumbre una
larga d;sertación de Baradá.n sobre los deberes del actor
respPcto del público y respecto de sí mismo, Celina se
sentó al !ad'&gt; del conde y le dijo, asestándole sus ojos es·
piritualea:
-¡.No se divierte usted, eh?
-No, francamente. Este buen Baradánque es el hom·
bre más bri liante que conozco cuando interpreta las ideas
de los demás, es el más pesado del mundo cuando expre·
ea las suyas. Es preciso dejar al actor en la escena y no
traerle al salón.
-Si se tratara de una actriz, seria usted más indulgente...... .
-A fe mía, creo que no.
-¡ Vamos! Si viera usted entrar de pronto una actriz
bonita, por ejemplo, la Corail. .....
- Valentín, se volvió y dijo, examinando á la joven:
-¿Y por qué la Corail?
-Porque esa es, me parece, la que usted prefiere.
-¿Y que es lo que hace á. usted creer eso?
La asiduidad de usted con ella.
.'
El conde replicó secamen~e.
-Yo no soy asidito con esa mujer.
-Ent:mces ella lo es con usted.
-No la conozco.
Se miraron un instante sin hablar. Después Calina di•
jo en tono acusador.
-¡Está bonito mentir de ese modo! Le he visto á us•
ted la otra noche, en el Vaudeville, en el proscenio de esa
señora. Si quiere usted que nose le vea, escóndase mejor.
Valent(n se quedó algunos instantes pensativo y dijo
inclinándose Lacia Celina:
Puesto que conoce á la soi'íorita Adriana, ¿ha observa•
do usted cómo se le parece?
La sangre subió á la cara de Celina, que se levantó y
replicó en tono burlón:
-Amigo mfo, no es usted intE.ligente en eso. Yo soy
mucho mejor que ella.
-Es verdad, dijo tranquilamente Coutras; pero á. falta
de original, es algo poseer una buena copia ..... .
La joven no respondió; giró sobre sus talones y se alejó.
Aquella noche el cenáculo se había reunido para una
sesión extraordinaria, pues estaba anunciado un aliciente
que había hecho exactos á. todos los amigos de la seflora
de Coutrae. Un nuevo contertulio debía ~er presentado
que merecía el interés que de antemano se manifestaba
por él. Era el célebre explorador del Bornou, el coronel
Redel, ya ilustre por sus servicios en el Tonkin y en el
Dahomey. En todas partee donde se abría un campo de
batalla, había aparecido Gustavo Redel, Nombrado jefe
de batallóu á los treinta y cuatro años por su heroica de·
fensa de Nam-Bhyn, recibió el grado de Teniente Coronel en el país de Behanzin. Su infatigable ardor guerra•
ro no se acomodaba á. la vida de guarnición y partió des•
tacado al Bornou, donde, después de luchas encarnizadas
con los negros lanzados contra él por las intrigas ingle•
ar.e, dió la vuelta al lago Tehad, exploró el Boghirmi y
trajo documentos de inestimable valor.
Era un hombre de treinta y nueve afios, de mediana
e~tatura! moreno, de aspecto frío pero cara animada por
030s ardientes y profundos, en los que se adivinaba una
alma de héroe. Le presentaba la señora Mossler. Redel
era hijo de la compañera de la infancia de aquella sefiora, emigrada como ella cu~ndo la anexión de la Alsacia, y á la que por mucho tiempo había perdido de vista
El azar de las especulaciones en el Transvaal las habí~
puesto de nuevo en relación y la sefiora Mossler había tenido ocasión de pre~tar algunos servicios á su antigua amiga. La sefiora Redel, muy enferma, vivía de sus rentas
en Ver~~illes, en un antiguo hotel, y hacía economíaspa•
ra BU hlJO.
En el momento en que se presentó en el salón, fué evidente que todos los honores de la velada serían para el
coronel, y 9..ue las estrdlas ordinarias de la señora de
Coutras palidecerían momentáneamente ante aquel astro. La e~beza mar1:ial de Redel curtida por el viento
de los desiertos, su bigote, de un negro azabache, cortando su cara con raego alta~ero, y sus miradas especial•
ment~. llenas de tranquila energía, le conquistaron Ja
atenc1~n. La sefiora Mossler le presentó con la sencillez
qu~ txigía su valía, y el coronel estuvo afable ain afectación y habló á. cada ~no de los artistas presentes como
hombre que eabe apreciar su mérito. Como dijo Baradán
«no tuvo, absolutamente, el aspecto de un recién llegad~
de las montafias de la luna. n La única persona por Ja
cual man.ifést6 f!ialdad, fué el duefio de la casa. ¿Fué circunspección deliberada ó iuvoluntaria timidez? Lo cierto
es que no supo hacer más que inclinarse ante el conde y
murmui:ar algunas vagas palabras. Valentín, oor su part~, t~n hgero, ~an fácil para expresarse con amabilidades
em 1mportanc1a. por su misma vanidad, permaneció
acC!mpaeado y tieso • nfrente del coronel. Baradán, á
qmen Redel.ac:1baba de J?,ace.r loe más vehementes y sinceros cumphm1entos, se mchnó hacia Ferraud y murmuró:
'
-Este no «encaja,. con el «patrón.11
-~o, conteetó el pintor. El uno tiene demasiada superficie y el otro demasiada profundidad. No pueden
concordarse...... Pero, mire usted qué buena cabeza de
soldado.... :. Haré su retrato si 11uiere.
- De uniforme, con todas sus condecoraciones
-¡Oh! )Q!1é i~ea de fin. de acto! No, amigo ~fo: sin
galones m cmta¡os; en traJ~ de explorador~ con m casco
de-corcho........ La tez curtida como un antiguo cuero de
Córdoba d~baJo del casco blanco; ¿bonito contraste, eh?
-Un éxtto seguro! ¡Como el del año en que me retrató
usted de Ruy Bias!
( Continuará) .

�EL MUNDO.

EL MUNDO.

Champagne Codornin.
MONOGRAFIA.
(Concluye.;

Es muy higiénico y los médicos españolee, los franceses, y principalmen~e}los
ingleses, lo recomiendan
ciertas
fiebres, para los estómagos delicados, ¡,ara cortar los vómirns, etc., etc., Y para
uso de personas enclenques; hemos visto en CASA Cooo&amp;Nm unas botellitas de
un cuarto de botella, á fin de que se pueda destapar una en cada comida para una
persona sola.
EH el charnpagne, si el vino es fino de
origen, puro y cmdadoeamente tratado,
estimulante, higiénico y agrnda?l_e; descentraliza la v;da y por la volat1hdad de
su ácido carbónico, la reparte por todo el
cnerpo, la piel se vuelve más sensible, la
imaginación más entusiasta, el corazón

Pª:ª

EMBALAJE Y EXPE
DICl0:S.

OPEBACION DEL
' 'REMCAGE. ' '

1'igura 1.

LA MODA.

•

En la antigüedad el oficio de augur era cieriamente más fácil que en nuestros días. Procuraba menos decepciones atendido á que podía
~jercerse en términos nebulosos, lo cuai vermitia arreglarse facilmente y ne perder la confianza de los adeptos. Actualmente, ¡ay! se exige
de loe revisteros de modas, la claridad y aun la
infalibilidad, lo cual constituye un peligro permanente.
Creíamos de buena fe que habíamos rompido
·por completo con la manga en forma de globo y suponíamos que su existencia, apenas empezada, habría concluido ya. Vanas presunciones: la mavga de globo sigue
imperando. Cierto es, digámoslo desde Juego, que esas
mangas no pertenecen á loa cuerpos 6 corpifios, sino que
están reservadas á ciertos abrigos de grandes dimensio •
nea ( figura l.) E~tos abrigos, creados en vista de los días
.fríos y delas salidas de noche, llevan doble forro, con herOPERACION DEL "DEGORGE"

CtDEGORGE''
ENLA
CUEVA ÜODORN[U.

ELECTRIZACI0N
ENLA
CVEVAlI0NSERRAT,

CoUTlil 'fEBTICAL.

más ardiente, la lengua más loc~az, la
mirada más viva, el rostro más ammado,
el carácter más alegre y bullicioso; ~arece re¡uvenecernos como e l sol de pnma•
vera.
Terminemos estas lfneaq con las pala•
bras de D. Eduardo Abela e n La Ilustra
ci6n Española y Americana de 15 de Octubre de 1894:
«La dama española, dueña siempre de
nuestros destinos, reina y sen.ora de la
voluntad de los españoles en tod as épocas será la que decida e l pleito intentado
por' el vino eepumosc- de_ España. Esta
preferencia puede conducir has~a llegar
á la obra beneficiosa de generalizar_ esta
clase de vino, de snave paladar y hgero
picor, estimulante é nigie:iiico, que por la
acción de su ácido carbónico favorece notablemente la digestión; evitando el uso,
tan generalizado en Madrid, de 1~ aguas
gaseosas, no siempre puras, no sie mpre
limpias y generalmente caras.
Es una obra benéfica q ue debe confla•
damente ponerse en esas m_a~os bl~ncaa
y aristocraticae que con deh c1asos tienen
la espumosa copa del vino champagne,
sin hacer cuenta de que el de igual c_laae,
elaborado en Espafla, puede ser me¡or Y
más barato· sin considerar el que, dác d o' al de nuestra tierra,
·
le preferencia
P~eden
fomentar intereses propios Y legítimos,
haciéndo al parla obra caritativa de generalizar el vino espumoso barato, con gran
utilidad de la higiene para todas nueatraa
clases sociales.
y desde e l momento que la señora 6!'"
pañola sepa que su sencilla preferencia
constituye una obra de esta clase, ¿cóm~
ha de dudar en conseguir un triunf~ m ?
en la historia preclara de sus c~nqu"!: ..
Las obras de caridad y del bien pu .
·
· d 0 su inmarces1 co siempre han mgpira
ble patriotismo.»
,
DR. CASBHRO BRUGUES.
Director del Laboratorio Qui•
mico del Instituto Agrlcola. C&amp;·
tal&amp;.u de San Isidm.

~Á\~

-r-

~;-;~~- - - -.:- :-&gt;

. ....
-

..

---

.~

~-

~

~~ -~

~

( F'igura S).
Ee posible remediar este inconveniente emplt&gt;ando el poi vo de talco.
Uua vez que los guantes están secos, se les da
de nuevo su forma y se frotan-para pulirlos así
t&gt;n cierto modo-con un trozo de lana b:anca,
bien suavizada y cargada de talco en polvo. Se
IPs sacude y se limpian de nuevo para que caiga
t&gt;l polvo q11e se hubiere adherido.

'

'.,

it;_f'

1

- ......,.,_

Fi_gura fJ
5 )

La boga de los cuellos ha disminuido un

La actualidad, la atracción del momento, ese
frenf'sí qua ha poseído á París durante el \laso
del Soberano de todas las Rusias, ha cambiado
toda~ las imaginaciones y operado una cuasi revoluciól! en las cosal! de la Moda. La más peque-

poco.
En los trajes de recepción (figura 4) siguen
privando los colores claroe, con la agri.dabe innovación de los amplios escotes de los cual!'R
parten dos ondas de tul siguiendo la curva del
seno y prendidas á la izouierda del corpiño por
un rosetón de muy buen gusto.
Los cuellos muy cortos, estilo estrella, continúan preponderando debido á su gran sello de elegancia. No
se podría selialarlos empero como
susceptibles de desafiar los rigores
del frío, pero son tan lindos que se
siente el valor de afrontar cou ellos
ia temperatura.
Como epílogo de estas breves notas, nos permitimos señalar á nuestros lecteres el figurín uúmero 3 para traje de nifio; es tan sencillo como
elegante y propio para la estación.
--•111101111,-.-

RECETAS PRACTICAS.
LAVADO DE LOS GUANTES DE PJEL

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(

Córtese en fracciones delgadas 100
gramos dejabón blanco, despuésmuélase en un mortero con cuarentagra•
,-,.
moe de agua llovediza, 20 gramos de
agua de Javel y 8 gramos de amoniaco. (alcali volatil ).
Para emplearlo se pone una pequefla cantfdad en un trozo de franela y se procede como con la leche y
el jabón.
Con una pequefla esponja penetrada de agua pura, se lavan las partes
que se ha:i limpiado con la mezcla y
luego se dejan secar•
Sea cual fuere el método empleado para lavar los guantes de piel glaceada, está comprobado, cuando !a opera-ción se tnmina, que si las manchas no existen ya el glaceado se ha disminuido, cuando no desapareció por completo.

'( K.,,.

.- ~~~tf~- - : --~._
,_._., .

:. ;:_•,;;:~'"!!'~;;;-:::;-:m

( Ff.gura 5. )

ña insignificancia, el trapo más minúsculo, más
gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á las M0das en nuestro periódico, no nos permite citar aquí los nombres terminados en «of»
ú «ow» de que están erizadas
las innovaciones; esta des•
cripción por lo demás no haría aventajaren nada ánuestrasjóveues lectoras, que sin
duda preferirán dejar en todo á las Sl'itas. Hnnsinger

Bnas., l~ calle de laJndepen•

(Figura 4,)

dencia 4., el cuidado de darles la explicación y de satisfacerlas con su talento y el
gusto excepcional que ponen
en todo lo que hacen.

mosa gola ó cuello Médicis, y naturalmente la manga
-debe serdeuna gran amplitud para que al mismo tiempo que protege no maltrate los adornos del corpiño.
Entre las diversas formas de pardessus que nos trae
~ste invierno, la forma de visita parece llamada á un
.gran éxito. C',omo lineas generales, esre modelo ( figu ·
ra 6) se compone de una especie d&lt;.! capa ó pelerina con
mangas ó sin ellas, de terciopelo con grandes bordados y gola ó cuello Médicis. Fácil es darse cuenta de
q_ue ese modelo es á la vez caliente, confortable y gra•
cioso. Se le ve reproducido de maneras muy variadas,
sea en pafios de sastre, sea en géneros de fantasía ó
en terciopelo bordado, según hemos dicho.
La reducción de las mangas ha permitido que se
pongan en vigor de nuevo los vestidos ajustados, y por
lo mismo muy abrigadores, privando con ellos las cha-quetillas bolero y los Jacquets ajustados (figuras 2 y

Los que hemos amado y á
quienes hemos perdido, no
están ya donde estaban, pero están siempre donde estamos.
A lex Dumas.
La vida es una prisión y
una liberación la muerte,
mas en esto, los prisioneros
no temen nada tanto como
la libertad.
( Ff.gura 6. )

G. Jf. Valtour,

�EL CUARTETú SALOMA.

--DEL--

lágrimas, y se derrama al fin,
por todos los instrumentos
del cuarteto, vertiendo el
llanto á raudales. El genio
de Beethoven no guarda consideraciones con el público;
le aplasta, le hace sobreco•
gerse de espanto, le arroja al
rostro en armónicos tonen·
tes todas las amarguras de su
corazón, y al fin, movido á
compaeión, vierte en el alma,
como bálsamo celeste, las
inefables notas del Presto, en
que el grande entre los grandes, tornando sus angustias
en olfmpica serenidad, parece soreirnos en el fondo de
abismos insondablee, con la
inmortal sondea de los dioses.
La música de Beetboven
parece descender de las alturas. en copiosa Jluvia de invisibles llamas que enciende
los corazones. Gime la alada melodía en las primas de
los violines, hace temblar
las cuerdas del alto, y basta
el ventrudo violoncello se
extremece, cual si agitara
sus entrañas de madera, una
• fiebre de amor.
Se abandona la Sala de
conciertos de la calle de Zu leta abrigando la convicción
profunda de que, gracias á
loseefuerzos combiuados de
los Sres. Wagner y Levien y
de una media do!:ena de músicos prendados de rn arte, se
ha logrado hacer viable en
esta capital un espectáculo
rebelde, basta ahora, á todo
trabajo de aclimatación.
FEI.IX GAVITO.

DR. AYER

Existe en la calle de Zuleta un aaloncito blanco, consagrado á los manea de la
música; arca salvadora del
Arte, que sobrenada en esta
terrible inundación de zarzuela por tandas y de ÓPE'Ja
italiana "á bon marché."
Amplia y cómoda eEcalera
da acceso á una minúscula
antesala destinada IÍ. los que
gustamos de encender un cigarro, entre dos n1'meros del
programa, y donde los rezagados pu~d1m escuchar las
clásicas melodías, sin interrumpir con el rumor de sus
pasos, el recogimiento que
reina en la sala dP conciertos. E~ esta de reducidas dimem•io"es, coquetona y sonriente, con sus bhmcas pare•
des coronadas por un friso,
en el qne alegres parvadas
de moflet.udos amordllos,
color de rosa, se persiguen
entre guirnaldas de flores y
atributos musicales. Asientos elegantes y cómodos ocupan gran parte del salón, en
cuyo fondo se eleva un estrado; sirviendo de «locos
operandi11 al hoy ya célebre
,,Cuarteto Saloma,» que en
una de estas últimas noches
ejecutaba su concierto inaugural de la temporada.
La audición comenzó con
uncuartetodeSchubert, obra
póstuma del malogrado compo~itor.
. Un alegro delicioso, desbordante de temas melódiFRANCISCO VELAZQUEZ.
IGNACIO DEL ANGEL.
LUib G. SALOMA.
cos. con los cuales un com•
Al\"TON10 SALOMA.
positor menos pródigo de su
.
talento hubiera escrito toda uua sinfonía; un andante destamente en el Salón de Conciertos por un órgano exincomparable, en que el músico alemán, excediéndose á presivo), la cuerda y el piano.
México, N:.iviembre de 1806.
Hemos tenido ocasión de admir,u en la Srita. Kither
eí propio, alcanza las mismas alturas que los más gran•
Rosales
todas
las
cualidades
de
una
pianista
de
buena
ce·
Como
nota complementaria de estas, daremos algu nos
des maestros; un scberzo retozón, de gran frescura melódatos acerca do los jóvenes que integran el aplaudido
dica, pero inferior, tal vez, á los otros números del cuar• pa; sin vacilar la proclamamos una de las ,,ejores debuteto. y, pQr t'tltimo un "presto" mágico, en el que el tantes que han desfilado por el salón de Wagner y Le·
cuarteto.
Luis G, Saloma comenzó á estudiar en Puebla, cuando
canto modula constantemente, J?Or manera rápida é im- vien y aún subiríamos el diapa3ón de las alab.1nzas al
compararla
con
sus
p
redecesoras,
si
no
huyéramos,
por
su maestro el Sr. Juan Anzures en 1882. Después pasó al
prevista, á través de toda la serie de las tonalidades maConservatorio siendo eu maestro el Sr. José Rivas, obtu·
yore~, produciendo en la imaginación, el mismo efecto sistema, de las comparaciones, odiosas siempre, y á. la
vo dos diplomaa de socio honorario, de miembro de la
qué producen en los ojos, bombas de fuego que estalla- par de odiosas i mpolíticas, tratándc.se del sexo bailo.
Esto no obsta para que reconozc1mo1 en la Srita. R?sa ·
orquesta de dicho estableci miento y primer p remio. Tosen en lluvia de oro fundido, rompiendo con sus trillan•
les u na vigorosa pulsación, gran seguridad de mano al
ca violín 1? Anduvo con lazarzuelacomenzando por vio·
tes resplandores la nocturna obscuridad.
lín 2? hastr llegar á D irector.
Inútil sería extendernos tln elogios de los ejecutantes. herir el teclado y unaescuelacorrectlsi.ma. Creemos adi•
El «Cuarteto Saloma,, alcanza ya una envidiable reputa· vinar en la elegante pianista esa amplitud de estilo, pro Antonio Saloma es discípulo del seflor su hermano¡ ha·
pia
para
la
expresión
de
la~
grandes
frases
cantabiles.
ción, justamente adquirida, en verdad.
ce 10 meses comenzó á estudiar viola.
Para
juzgarla
á
ciencia
cierta,
en
esta
última
cualida&lt;i,
Si admirables son estos por el lujo de perfección con
Ignacio del Angel. Comenzó á estudiar v iolín bajo la
que hacen resaltar los menores detalles, lo son mas, al habría que oirla interpretar la música de algún otru comdirección de su padre el Sr. Silverio del Angel, después
positor;
la
de
Chopín,
por
ejemplo.
Purque
en
cnanto
á
cabo, por la unidad de su estilo, por aquel su afan cona•
con Don Pablo Sánchez (año de 18S5.) Actual mente estante de ligar el fragmento musical, la frase aislada, con la del original y fantástico S1int-S.1ens de ese diabu!u.s
tudia bajo la dirección del Sr. P~dro J. Manzano Profesor
in
musica,
como
le
llama
Cilmilo
B.11laigue,
pintoresca,
el conjunto de la obra.
de Música de Cámara en el Conservatorio.
'
fina
y
nerviosa,
es
música
que
no
canta.
Poseen, sobre todo, tres capitales c1.1alidades de instru·
Francisco Velázquez. Estudió bajo la dirección de su
Le
sesión
terminó
con
el
r¡u.atou.r
op.
74
de
Beethoven,
mentistas: la sobriedad, la precisión y el brío.
padre el Profesor Cosme V Alázquez ( Oaxaca.) Por afic ión
Pero debemos dirigir nuestros sinceros elogios á. una el famoso «cuarteto de las arpas.u
se dedicó á tocar el violoncello. El Sr. Profesor Rafael
No
me
atrevv
á
analizar
esta
colosal
composición,
que
simpátlca pianista, que hizo ·su «debutn la misma noche,
Galindo tomó decidido empello en él y lo ha hecho uno
abruma
y
anonada,
,
que
debiera
oirae
prosternado
de
con un concierto para piano y orquesta de Saint-Sacos.
de sus mejores discípulos. El Seilor Velázquez como con•
hinojos,
como
so
oiría
la
palabra
de
un
Dios.
El
ánimo
pieza de corto original. un tanto macabra, q ue nos recuer·
trabajista, según opinión de algunos maestros, es de pri•
da la famosa Danza de la Muerte del propio sinfonista, y desfallece al escuchar los desgarradores acentos de aque•
mera fuerza, siendo bastante apreciado por el Profesor
lla
alma
heroica,
atribulada
por
el
d.olor;
la
melodía
que
en la que, más que ta inspiración, se admira la maestría
Gino Golisciani.
en
la
introducción
alcanza
la
expreüón
trágica,
se
entercon que se fnnden en una sola, sonoridades tan d isímbolas como son los cobres, las maderas ( representadas mo- nece en el .A.1agio, parece humedecerse con un rocío de

~ de nin~n otro remedio se registran tantas curaciones notables

La
~rzap:nlla del Dr. Ayer es el depurativo de la sangre más popt¡lar y·
m s a nado de cuantos existen. De que posee virtudes curativas,
r enovadoras Y rec~n~tituyentes de que carecen las preparaciones análogas,
es un. heclio. ad_mit1do desde hace mucho tiempo por los Farmacéuticos
Y :Médicos prmc1pales. Como fortalecedor de las fuerzas vitales y especi~co
toda. clas~ de enfermedades de la sangre: la Zarzaparrilla del
r. yer no tiene igual. C_ura las enfermedades con la remoción de la
~ausa ~ue las engendra., a.v,va el apetito, destruve aquella tan conocida
ens~ci6n de Fat ~ga, P?!1ª fuertes á los débiles ); vigoriza con sus efectos
: anativos los nerv10s, teJ1dos y fibras del cuerpo. Como ha curado á otros
e c urará á usted. Téngase la seguridad de que se toma

rra

La Zarzaparrilla del Dr. Ayer
LA UNICA ZARZAPARRILLA

L.l ÜERVECERiA DE ÜDlllUAJWA (E~ CONTROCCIÓN .)

ll:LQO.CURALA8

las Afecciones del Cútis,

&lt;

~

.,,a;,,
~
C{f

~el que ademas de sus efcctoa pnr1flcaDLCS remcdl:i ó Impide el ~
Reomatlamo y la G o ta,
""'•■ls;iil!iii" ar"\'.éa,eqneencadapaqueteeetáimpre!IO DR Rou CoMPANT.
llontcla11, N. J , E. O. de A., eui cuyo requwtodeja de set Jejítimo. 'llilllllíilil~¡f;i.,,

~~~ ..A;,,~ -Ax,
,¿~stá ud. anémico

ó

debililado?~

TU!I~ VD. EL VINO DE BAGNOLS
SAN JUAN.
11.. vt&gt;nta ~o

to

las la'I Oro11:u.. r1ag y Ca11ll!l lmportatlura11 del Ranu,

----'--

Este periódico está impreso con las tintas finas
rle la Casa LORILLEUX y COMP.
Parí.';.-U nicos A.gentes en la Republica: LEWI S y B LOCK,

~{ Éxrco.

e■e obtuvo los más altos premios en las grandes exposiciones MI • •••·
Preparada por el Dr. 3. O. Aye r y Oa., Lowell, M aaa., E .

,r~,..,,..,...,.,,.,,.,•.,.~,·,,·,,.., , . , ~

u . A.

Las Plldoras del Dr. Ayer son ,_·---~ .

Enfermos del Estómago
Es conveniente convencerse de
1ue el DIGE~TIVO BOJARRIETA. e s
o único positivo, lo único que curtJ
radicalmente las enfermedades del
Aparato Digestivo, y exigir grabado sobre cada. Oblea,, el nomtire DIGESTIVO BOJ ARRIETA.
Dispepsia, Gastralgía y Enteritis crónica~

di
a.i Sin¡tmas: Agrios después de las comidas 6 Aciel v· e es mago, Sed excesiva, Hinchazón 6 Peso en

inientre taspor poco que se coma, Digestiones lentas
6 comp1e
que ~roducen Repugnanci M
~lores de Vientre, Vómitos biliosos y D~eas~~

meas.

Son e~ermedad~ que según enseífan millares d~
pef~&gt;nas bien conocidas y respetables, á quienes se viú
BU ~
dur~~te muchos a1ios y además reconocen emine1¡~1as made!1iclM de varias naciones, sólo se cura n cmriple""' Y r ica ment,e con el

Digestivo Mojarrieta.

VOCALES

Lni6 Terrazas (mexicano.)
Marcos Russeck (polaco.)
Juan Brithingau (americano.)
Ketelseu y Deguetau (alemanes.),
Federico Terrazas (mexicano. ) .

EL FAMOSO REMEDIO y PIIRIFIOAUON

- ; aiil!'íi'ERUPCIONES, LLAGAS, ECZEMA, )

V:a::&gt;.A. -y EN"ER.G-XA.

Presidente, Juan Terrazas (mexicano.)
Tesorero, Enrique C. Cree) (mexican o.}
Gerente, Felipe Suberbie (francés.)

Socros PRINCIPALES.

b

Toda. sangre pura es garantía de salud, fuerza y felicidad La san e
mala engendra escrófula, chancros, granos, ronchas floroncos· ca;buncl';:
úlcer~s, tumores y otras afecciones peligrosas y ~olestas 'N O im r! ·
cuán ~mpura esté la sangre, la Zarzaparrilla del Dr. Ayer la Úmpia vi~iza
y ennquece.
·'
A Por ecp~cio_ ele medio si~lo la superioridad ele la Zarzaparrilla del Dr.
{er co:o 6?.ico ,Y depurativo de la sangre, ha sido reconocida en t-O&lt;lo
e fun º· :Nmgun otro_ remedio está compuesto de ingredientes tan
cos osos Y con t~nto cmdacl_o escogidos. Ningún otro remedio es tan
;:sc~~r~::i;r~~ul~re~I~ camd~ldO rádpido. y ?ermanente en_ la sangre, expeler
rme a y eca1miento y comumcar

DE AomNIS'IRAcr6x:

r.obernador Miguel .A.humada (mexicano.)
F~derico Sisniega ( espafiol.)
Jofé l\1~ Sánchez (mexicano.)
Cdestino Gras (francés.)
Luis Lacoutur (francés.)

◄b J!BOH H°!~~~~:!~~L~~~~v~~~ DR. ROSA.

"-•"-

es de 100 t&lt;melada., diarias producidas por dos máquinas Lindee.
El siguiente es el
Coll"sEJo

BAÑOS DE LAS DIOSAS,
.
CABELLOS.,DE LAS NINFAS,
CUTIS DE CLEOPATRA,

"

Purifica la Sangre.

COMPAÑIA CERVECERA DE CHIHUAHUA-S. ;A.
En la progresista y comercial ciudad
de Chihuahua, acaba de terminarse la
construcción de una nueva fábrica, que á
iniciativa de varios capitalistas mexicanos y extranjeros, se proyectó en Diciembre de 1895. E l Presidente de la Compafifa salió luego á visitar y estudiar los
principales centros y fábricas productoras de cerveza en loe Estados Unidos.
Mandando levantar el plano adecuado á
la maquinaria comprada y á las necesidades todas para la instalación más moderna de una cervecería modelo, á un ingeniero especialista en esa clase de indos ·
trias. En Marzo del presente aiío comenzó
la compai'iía la construcción de su edificio.
:Esta fué llevada á cabo por el ingeniPro
francés E. Esperón y hoy colocan la maquioaria con el objeto de comenzará trabajar el 1? de Enero próximo.
La fábrica está situada en la avenida
Colón, muy cerca de la Estación del Central. Ocupa una extensión de i5 por 45
metros: tiene tres pisos, tres elevadores de
vapor para au mejor y rápido servicio. Su
producción anual será de 75,000 barriles
de á 120 litros. Su fuerza motriz es de 260
caballos de. vapor producidos por tres
motores Corliss. La fabricación del hielo

.&amp;+, ¿lb,, w:lcr:,·- 12:,, .1;:,,
&lt;-b
+L

LA ZARZAPARRILLA

EL MUNDO.

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~n término• baat&amp;nte en(aticoa.
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constante, y todo esto por un precio_ muy 10fenor á lo
que gastarán en otra parte mal aten h~os S,ila, de opera•
ciones estilo moderno y arsenal de rnstrnmeotos com•
pli~;a mayores informes dirigirse á los Ores~ Gu~llermo
Parra, teléfono 443, apartado 682 ( calle de Leon nnm. 9)¡
y Dr. Adrián de Garay, teléfono 13-1-1, apartado 778 (1.
Pila Seca núm. 8.) El D_r. Parr~ e~ Director de \a Com•
pañía de asist,mcia Médica y C1ru3ano &lt;iel Ho~p,ita) Juá•
rez. El Dr. Garay e~ p rofe~or _de Anatomía q011urg1ca en
la Escuela de Medicma y c1ru¡ano del Hospital Juárez y
del Asilo Español.

SE ERIGE EL GRAN JURADO.
EL J lrEZ DE DISTRITO DE QUERÉTARO.

- -D E

El Jueves en la mañana según habíamos anunciado, se
erigió In Cámara de Diputado3 en Gran Jurado, para cono•
cer del proceso instruido por la 2-~ Comisión del mismo,
con motivo de la acusación que varios periodistas de esta
capital formularon en contra del Coronel D. Próspero Ca•
huantzi, Gobernador ·de Tlaxcala, por infracciones, según ellos, á las Leyes de Reforma.
Bajo la Presidencia del Sr. Lic. D. Justino Fernández,
dió principio la sesión á las nueve y media de la mañana
con la lectura de las constancias procesales, que son en
resumen las siguientes:

L A --

Biñificiócia":

MOTIVO DE LA ACUSACIÓN.

•.• ~.Pú~~~I

Como primera const.ancia, obra una carta del Obispo
Camacho dirigida al Tiemp(} en la que hace una resella de
los funerales del Obispo Vargas en Tlaxcala y adjunta
copia de la alocución pronunciada por el Sr. Cahuantzi en
la que éste por sí y por el pueblo da el péEame más een·
t ido al Sr. Camacho por la pérdida tan irreparable sufrida por el clero co.i la muerte
del Obispo de Puebla.

OIUDA.D Dl!I MÉXIOO.
kSbNYSN

Bl prózimo aorteo, con premio
m &amp;yor de

COltPARECJ!N'CIA DE LOS ACUSADORES.

$10,OOO ~
DE D I CI E MB R E

D E

1 8 96•

DECLARACIONES DE PERIODISTAS.

hajo el pl&amp;n siguiente:

El Director dol .1Ionitor Republicano dijo
que el párrafo á ese respecto publicado, lo
había tomado de otros per iódicos, fundán•
dose en esto para la excitativa que hizo al
Gobierno acerca de las infracciones denun•
ciadas.
E, Secretario de redacción de Gil Blas,
D. Francisco Osácar, manifestó Que las no·
ticiae allí publicadas, provenían de una
correspondencia recibida de Tlaxcala.
E l representante de La Voz de JféJ·ico,
D. Trinidad Sánchez Santos, expuso que
las noticias en cuestión las tomó de ml
Bla.~.
D. Victoriano .Agüeros p reeentó la carta
suscrita por el Sr. Cama.cho.
El Sr. Lic. D. Rafael Reyes Spíndola de•
claró que las noticias publicadas en El Jfun·
do y Et lmpaicial, provenían de t elegramas
y corre:ipondencias enviadas por el corres·
ponsal de Tlaxcala.
En su declaración el Sr. Bulnes, dice que
confiesa que se equivocó al asentar en un
artículo pul:&gt;licado en El Jlundo que una
infracción á las Leyes de Reforma ·era la
perpetrada por el Gobernador de Tlaxcala,
pues que en verdad era n tres:
Haber auforizado que sepu ltara n un cadáver en un templo; haber acompafiado al
Obispo Camacho, yendo á su derecha, á
una ceremonia en toda for ma, y h aber pro nunciado u na alocución á n ombre del pue•
blo de Tlaxcala, por ,la muerte del Obispo
Vargas.

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
lUlo, divididos en vigésimo■
d6 á 10 centav;os..

Fondo: $ 28,000.

JU LES ROBI11 &amp; C!

i

. -- ~ PRE lllOS:
1 P r emio de.... $ t 0,000. · · · • 10,000
1
.,
,.
., 1 ,ooo.... ., 1 ·ººº
l
,.
.,
,.
600 .... ,.
600

COGt-!}A~c

200......
100. . .. ,.
60. ... ..
40......
20... . ..
10. •• .••
2 Apr oximaciones d.e t S 1 oo¡
una anterior y otra. posterior a.
admero prenuado con 101 ••••• •
t 10.000 •. , ••••••••.. ••••••••
2 Apr oximacione1 de l. $50¡ una
anterior y otra posterior al nd•
mero p r emiado con l01
1.000••••••••• ••••••••••••••

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2

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1O
5
1 O
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.,
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8

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. . . . Premio■

,ue

,.
.,
,.
..

11.acen u n total de

EDUARDOGÓ:IIKZ IlARO.

Este ee el nombre del joven estudiante de Puebla q11P,
,emitió noticiSll telegráficas y correspondencias para El
I mparcial, único periódico que ha comprobado haber rt1•
cibido datoR directos referentes al entierro del cada ver
del señor Obispo Vargas; fué llamado á declarar ante el

Llamados por la 2~ Sección del Gran Jurado los acusadores para ratificar su acusa·
cióo, algunos de ellos para robustecer ésta,
presentaron recol!tes de periódicos donde
se daba cuenta de la ceremonia fúnebre, de
la inhumación del cadáver del Sr. Vargas
y de la alocucfón mencionada.

- Teri1lcar'- en el Pabellón Morlaco,
&amp; lu tr• de la tarde, el JuevN
!;a

Este funcionario devolvió diligenciado el exhorto que
se le remitió y en el cual consta que el señor Obispo ()a.
macho declaró que no hubo ningún acto religioso del
culto externo, y que el pliego que mandó publicar y le
entregó el Sr. Cahuantzi, no lo llizo con carácter oficial.
En cumplimiento de otro exhorto librado al Juez de
Distrito de Tlaxcala declararon Ag11stío García, Capi ·
tán .A.lvarez, Sargento Ocádiz, gendarme Carpintero y
otros vPcioos citados por los acusadores Cabrera y
Roumagnac. Estos y otros testigos niPgan los hechos
imputados al Sr. Cahuaotzi.

200
200
500
1 ,000
2,000

2,000

200

100
----

a 1 7.700

111 prózimo sorteo, con premio
mayor de

$ G0,000
.. Terifl0&amp;r'- en el Pabellón llorlaoe.
A lu 11 &amp; . m., el Juevea

,.,n

DECLARACIÓN DEL AClºSADO.

No niega haber asistido á los fun erales
del Obispo Vargas, peroafirmaque lo hizo
como particular y no como funcion ario pú ·
blico, que la in hu mación del cadáver se
hizo en una capilla, dependencia del ce•
menterio de Ocl'tlán, y no en n ingún tem •
plo donde se pract ica cu lto, que no pro•
nunció alocución algun a. pues lo que h izc,
fué entregarle un papel al Obispo Camacho,
en el que le daba el pésame por la muerte
del Obispo Vargas, papel timbrad o con su
sello particular.

26 de Noviembre de 1896.
MJo •1 pl&amp;n eiQ'Uiente:
H,111 IILLETES.

FONDO: S 320,011,

J PRECIO DE LOS BILLETES,

Entero•: • 4.00.-Med los: S 2 .00.
Ouartoa: 8 1.0 0 . - Déc imos: 40 oenta.
Vt&amp;'••l moa: 2 0 centa.

PRERI08:

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remlo mayor de....... . .. 1
rem lo pri nci pal de ••.• •. ,.
ramio princi p al de . . ....,.
reml os de S l ,000 ..•• •• ,.
r e m lo• d e ., 5 0 0 .... .. ,.
r emlos de ., 200 . ••• •• ,.
r emlos de .. 1 00 ... .....
remlos de .,
40 . . .... .,
P r emios de .,
~o . • , • •• .,
Premios de 8 60, a.pro:nma e1onu
al premio de 8 60,000. ...... ••••••
Premios de 8 40 aproxlmacione■
&amp;l. premio de 8 2),000. ..... ... •·••
Premio, de t 20, aproximaci onu
al premio de 8 10.000. ........ . . . 1
Terminales de 8 20. que s_e dete~m lnar:ln por la.a dos dlumas CI·
tras del billete que obtena-a el
_premio mayor de 860,000 .. . . •• t
Terminales de 8 20, que s.e deter•
minaran por la.s dos ,Humas ct•
fr.a■ del billete que obtena-a el
premio principal de t 20,000. ••• t

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O

l 00

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T 99
T.9

eo,ooo

1 5.980
1 5.980

•

r

San Francisco n'O.m. ~
U. BASSETTI, Qerente.

Con posterioridad los acusadores presentaron una cir•
cular de un Presidente Municipal de Tla:xcala, en la que
á nombre del Gobernador, se ordenaba la concurrencia
de los habitautes al entierro del Obispo Vargas.
.A petición de los miemos acusadores, fueron examinados varios testigos que declararon haber estado izado el
pabellón á media asta el día del entierro del Obispo Var•
gas y haber salido con traje talar y su cortejo correspon•
diente el Cura de Ocotlán.

Juez de Distrito del Estado de Puebla en cumplimiento
del exhorto que por conducto de la Secretaría de Justicia
libró la~ Sección del Gran Jur~do.
Trat.ibase de aclarar las contrauiccioneP que rePultaron
entre sus uoticias y la dt&gt;claración rendida por el Gobn•
nador Cahuantzi, y del ca1eo supletorio qne ee pl'acticó,
resultó que el Sr. Gómex Haro ratificó sns noticias di•
ciendo que él fue testigo presencial de los hechos que re•
firió.
El Sr. Cahuantzi se sostuvo en su dicho.

DILIGENCHS DS LA DEFENSA.

EL LIC. F. O' REILLY.

NUEYAS PRUEBAS.

45.000

1.7451 1Hlllol qu ucn u Total«■ • • $ 1 78. 154'0
...-Todos loe sorteos est,in bajo !a. v1¡¡-1la.n ~ia
r. cllrección personales del Sr. D. Apolinar Ca.sttlll&amp;o,
ínterventor del Gobierno. y de un emplea do de
Tuorerla Gener&amp;I. de la Nación.

06.cinaa:

CORONEL PRÓSPERO CAB UANTZI,

20,oog
10,00
5,000
6,000
6,000
1 0,000
10,408
G,20

4.000
OOO
2•

'

•

Se refieren á las declaraciones de varios vecinos pro.
minente:1 del Estado y de empleados federales, en que
niegan que se hayan cometido por el Gobernador tales
infrnccioues á las Leyes de Reforma.
El .Administrador de Rentas manifestó que tenía cono•
cimiento de alguna de esas infracciones por las multas
que iogresaron á las cajas del Erario.
Et Presidente Municipal que envió la circulará nom·
bre del Gobernador, de que arriba hab lamoe, en un ca•
reo que tuvo con Cabuantzi, convino con éfte en que lo
había mandado sin su autorización.

Solicitó se practicara una vista de ojos al Camarín del
Santuario de Ocotlán; pero la Sección, fuodllndofe en la
ley, determinó que no era procedente la diligencia por
extemporánea.
EL DICTAUEN.

La Comisión, en resúmen, dice, que no queda en pie
contra el Sr. t.:ahuantzi, más que las aseveraciones del
Sr. Góme~ Haro, que en telegrama dirigió al Imparcial,
porque ninguno de los otros periódicos tuvo datos di•

J u r a d o-~~

rectos; pero que estas aseveraciones están destruidas por
las declaracioues rendidas á este respecto.
El dictámen termina con eeta única proposición:
"El Gobernador del Estado de Tlaxcala, Coronel Prós•
pero Cahuantzi, no es responsable del delito de infrac•
ción á las Leyes de Reforma de que fné acusado."
A la una y media se suspendió la audiencia, para con:•
tinuarla á las tres y media.

Audiencia de la tarde.
Acusación.

Al comenzar la audiencia de la tarde, el SPñor O'Reilly,
representante de los periodistas acusadores, hizo uso de
la palabra, que le fué concedida por el Presidente del
Gran Jurado y de la Cámara, Lic. Don Juetino Fer•
nández.
Su discurso abundó er. figuras galanas, en frases enér•
gica.,, impregnadas en parte de los ardores de la ju ven•
tud, en parte de las nociones que comuni•
can las lecturas de las historias y leyendas
d.i esa generosa Francia que ha derramado á torrentes su sangre por ideales, que
talentos positivos hao llamado sueños ......
y que la experiencia de esa misma nación
y de las que giran en su misma órbita intelectual, va lentamente confirmando que en
realidad lo son.
Un discurso compuesto del panegírico
de las leyes de Reforma, de la heroica 111•
-cha de nuestros pad,·es, (y el Señor O'Reilly,
muy joven comunicaba cierta ternura á esta frase), compuesto de imploraciones á
los hombres actuales para que las cum•
plan, ae elocuentes exhortos á los jóvenes
pár.\ que contiotíeo en su cumplimiento;
es evidente que debía. obtener y obtuvo
caluroso&amp; aplausos de las galerías.
Aquel fué el discurso popular dicho ante
una Cámara, en la que si hay mucho eleme:..to joven, es indudable que prepondera el de los hombrea cansddos por las luchas
de las ideas y de las pasiones, y entre los
cuales se sobrepone la razón serena, iofor•
mada en un vasto deseo de justicia y tal
vt&gt;z de piedad.
El joven abogado eacó todo el par tido
que era posible sacar de las 12omplicadas
constancias del proceoo; el priocipal apoyo
de eus argumentos consistió en la alocuci6n
del I eñor Cahuantzi que públicó el Señor
Obispo de Querétaro eu las columnas de Et
Tiempo, en cuanto á uno d" los principales
capítulos de acusación, esto es, en cuanto
á que el Gobernador de Tlaxcala había
asumido la representacién del puebk que
gobierna, con su carácter oficial, en un
acto de condolencia por la muerte de un
Prí ncipe de la Iglesia, ante la cual, como
particular, pudo revelar los sentimientos
que sinceramente tuviera; pero corno go•
bernant, siempre debió considerar c,)mo
un hecho perfectamente indiferente, da•
das nuestras instituciones en general y
las leyes de Reforma eepecialmeute.
Consideró sofística la distinción estable•
cida por la Comisión Especial del Gran Ju.
rado en su dictamen, entre lo que debía con•
siderarse como templo destinado al cul•
to público, y el lugar en que se habla se•
pnltado el cadaver dél Señor Obispo Yar•
gas, p11es era incuestionable que allí, en e 1
mismo lugar, cuando menos nna vfz al
año, se practican actos del culto católico
con la debida autorización de la autoridad
civil.
En cuanto á la participación del St&gt;ñor
Cahuantú en un acto del culto externo, y
eu consentimiento para qu1:1 el mismo se
levase á efecto, en opinión del orador, no
puede caber duda puesto que así lo revela
la 7Jrensa , lo confirman las declaraciones
dt&gt;I acusado, que no niega tu concul'rencia
á la g,·an procesión formada por sociedades
religio~as y ci dl1-s con sus estandartes, que acompafiaron
por numPr,istts calles de la ciudad de Tlaxcala, ti carro
fúnebre del Prt-lado.
La prensa también reveló que el pabellón naci nal se
hab:a izad•&gt; á media basta en los edificios públicos, que
Pe había formado una valla militar por donde p'\saba la
comitiva fúnebre, y estos hechos constituían ( tras tantas
violaciones sí las leyes dt! Reforma, puesto que son indicio claro de la participación del Estado, del Gobernador
qne es su representaute, en una ceremonia que, según
las mismas leyee, debía ser absolutamente extraña al
Gobernador de un pueblo.
Def"enfii&lt;n.

Habla el Señor Lic. Ind11lecio Sánchez Gavito, defen•
sor del Gobernador de Tlaxcala.
Su diFcurso es eminentemente jurídico, y en él agotó el
asunto; fué mny extenso.
Su exol'dic- fué recibido con visibles muestras de des•
aprobación, pues tal vez, pretendiendo hacer un argu•
mento poleroso, aceptó que el Señor Cahuantzi había
concurrido á ios fuoerales del ObiPpo con su carácter
oficial, pero que no por eso había violado las leyes de Re·
forma,

�29 N OVIEM::SRE, 1896.

EL MUNDO.
de ser de su correspondencia particular, y de. un. modo
enteramente privado; por lo tanto, esto no s1gmfica la
violación de ley alguna.
Deficiente es también la pTueba en lo que se refiere á
la declaración del Sr. Bulne.~. pues la apoya en conceptos
de dos personas cuyos nombres no cita, se reduce, por
otra parte, á asegurar que Pl Gobernador de Tlaxcala violó con sus actos, de un modo segu1·0, las Leyes de Reforma pero sin expreear concretamente cuáles eran eeos
hedhos, ni cuáles las lPyes violadaP.
En resumen, el Sr. Sánchez Gavito mostró con clari~
dad en su extenso discurso, lo deficiente de las pruebas
rendida~, respecto de todos y cada uno de los puntos de
acusación y sus incidentes.

TOMOil

MEXICO, DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE DE 1896.

•

NOMBRO 22

Réplica.

El Sr. O' Reilly ¡,ide de nuevo la palabra, y dice que no
sabe cómo el seflor Defensor trata de presentar al ecusado como un perfecto liberal, cuand.1 es público y notorio que uno de sus hijos, en las fiestas religiosas toc11ba el
violln; pero que tal &lt;'Osa no le extrallaba cuardo el defensor era espafiol, tlaxcalteca el Sr. Cahuantzi, y si los conquistadores se habían servido de ellos para vencer al imperio azteca, hoy se continuaba la obra de los siglos, pa·
gando con la defensa una obra de gratitud, que, por otra
parte, también se encaminaba á destruir de nuevo el imperio azteca, qne tenía por·sólida ba~e las Leyes dA Reforma q·1e en Tlaxcala habían sirio violadas. Que él no
concebía á un católico liberal, pues nn gobernantP que
protestaba guardar y hacer g,1ardar las Leyes de Rdorma, era contradictorio con el católico cuya rdigión le or·
dena violarlas constantemente.
En esta parte de su diPcurso el joven orador arrancó
nutridos ap Iausos á las galerías.
El resto de la peroración, fué una amplificación de los
argumentos ya expuestos para comprobar que las viola
ciones habían existido.
SALYADOR DoNDE.- Miembro de la Comisión del Gran Jurado.

Un gran orador.

Lrc. ALBERTO I:'ALACIO -)fiembro de la Comislóu del Gran Jurado.

Una protesta formidable resonó en los escallos de los
Diputados y t'n las galerfas.
El Sr. Sánchez Gavito:
"Voy á cambiar el orden de mi argumentación, puesto que no es del agrado de la Asamblea 1. que iba á exponer."
.
. .
.
.
Siguió haciendo un análisis mmuc1oso de la prueba pre·
senLadR por los acusadores, toda ella basada en Jos partes
tele-'ráficos recibidos por El Imparcial. putstoque El Monito; tomó sus verehnes dt:1 otros periódicos, según dt-cla·
ración de su Director, idéntica á las del Gil Blu.~, Voz de
Mé.rico, El Tiempo y algún otro, así es que descifrando
todo lo que la prema había dicho, Fólo se encontraba en
ella ver~10nes, más ó menos disfrazadas, de lo que babia
publicado Et Jrnpar.:Jial.
En cuanto al sefior Director de este periódico, manifestó que lo publicado era debido á la pluma de s,1 corresponsal en Tlaxcala, quien Pxaminado por exhorto,
di¡o que sólo Je constaba que había izada nna bandera en
el Curato y en cuanto á la valla militar, había visto formados d~ntro del templo, por donde pa1:ó el cortejo fúnebre, á unos veinte hombres del Ejército.
Este testimonio, el de la prensa, al que tanto valor se
le ha querido dar, resulta ~bsolutamente b~ladí, puesto
que es singular, se reduce al del Imparcial, cuyo corres·
ponsal fué vago en sus escritos, y eri lo qne tienen de
fundamental están desvirtuados por las declaraciones to·
matas á otros funcionarios públicos, jef1,s del Ejército,
de los rurales, etc.
El otro argumento de la acusación ha consistido en el
examen de Jo que se ha llamado alocución del Sr. Ca·
huantzi suponiendo que la había pronunciado al cerrar•
se la tu'mba del Obispo; pero tal suposición ha resulta.d o
ein fundamento, puesto que se demostró que la alocución
le había sido entregada al Obispo de Querétaro, en lacaea del Gobernador, escrita en un pliego que lleva el sello

Pide la palabra el Sr. Lic. D. Luis Ménd~z, q~e también es defensor del acusado. Un profundo s1lenc10 se es·
tablece.
El gran exordio de sn ciscurso es éste: su presE:ncia en
la tribuna· todos E,n t-f,cto. respetan su anc1an1dad, ..u
rectitud n¿toria. y la vasta ilustración de que el juric.on •
sulto ha dado brillantes pruebas durante su noble vida.
Sns palabras son sencillas, pero tienen el don dP incrustarse poderosamente en el corazón y en la inteligencia.
El público estaba muy mal prevenido contra los defensores de la causa Cahuantzi, y sin embargo no hay ni
un seseo por el Sr. Méndez, y sí puede arrancar frecut&gt;n·
tPs aplauPo~, ya cnando hace elocueme .Pª~•gí,ico dP las
L&lt;&gt;yt&gt;s de RPforma, ya cuando rechaza 10d1g11ado la fal&amp;a
de rPspeto á la tumba, á la muerte qne todos los pneblos
bárbaro~ y civilizados, han honra~o, yac.uandocomprne·
baque puede serse liberal, y al ..1swo tiempo eac~rdote
cat.ólico ........ .
El Sr. Méndez levantaba en alas. de nobles idPas el
pensamiento de todos y con soplo bienhechor apagaba.
las paPioneR ........ .
«El hijo del Sr. Cahuantzi tocará el violfn e!l laz ~estas
rPligioeas, pero no será raro que e~ apr.-ciable ¡~ven
O'Reilly baile en los bautismos, Y baile en los velonos.n
«El Sr. Sánchez fiavito, español, vendrá á pa.~arle una
deuda de gratitud al tlaxcalteca; pero aver~uéocese el
Sr. O'Reilly, sí, avergüencese, puesto que él tiene la cara
blanca ........ .
Tales fueron sus últimas palabras.

snstPntaba el ataúd de sándalo, qne gnardaba las cenizas
del Obispo de Pnebla, de ese ilustre varón á quien yo he
levantado en alAA de mi bnmilde palabra. en esta tribuna,
ele PFe hombre que en el Apocalipsis de las creencias. Pe•
ñaló el azul dPl cielo como la patria de l0s corazones ein
ventnra y de las almas deFheredadas. Si levantó los ojos
á h1R im~genes no fué para valnar AU pedrería; sino para
pt-dir misericordia á la angustia humana.

·················································································
'Hace algnnos día, escribí un artículo en El Jmpa1·cir1 l
pobre la captura de unaR monjas en la hacienda de San
Borjll. y la prensa libe al y miR amigo~ creyeron que había dt&gt;foccionado en el campo de mis ideas ...... yo contesto deRde este lngar Fagrado para mí, que si mis escritos pudinan engendrar tales reproches, pert&gt;zcan antt&gt;.s
qne pierda yo, esa in veFtidura qne mis humildes ideas me
han dado en el senti:nieuto público.
Yo no de~enderé nunca el conventículo. Respeto y amo
la purPza de la mujer, y su abstención voluntaria ........ .
La mujer es una grandeza; virgen, es el cielo expléndido, el relicario de nuesfras espe1·anz0&amp;, de nuestras ilu•
Piones; esposa embellece el hogar, y es el vaQo donde de·
positamos el secrl'tO de nuestras adversidades; madre to ·
ca el cielo con la frente; porque el hombre, nacido de mujer, ta poblado de maravillas PI Universo y llevado el
dogma de la libert,ad al corazón de los oprimidos y á los
ob~curoe senos de la conciencia humana.»
A~í, y aun mejor es todo lo demás.
La votac1.ón.

La Co:rn.l@ión.

El Sr. Esteva defiende el dictámen de la Comisión. Su
diFcureo fué metódico, ordenado, rpflt•jó con clarida~ la
elevada actitud que como jueces dt&gt;breron tener sns miembros, aquilatando las pruebas, antes de r~sol verse á fijar
una conclusión condenatoria 6 absolutona.
Manif,-,st6 su profundo amor á las instituciones, y examinó con un crite1io jurídico p!"ofundo, y vasta erudi·
ción las constancias del proceso y los Alemf nto~ de prueba.
Hizo notar qne tanto él como los demás m1embr?s de
la comisión, habían penetrado toda la t.rascendencia del
proceso que ee iniciaba, y que sn res&lt;_&gt;lución. por tanto,
babf.. sidc bija del estudio máR dt&gt;temdo y del mót1 grande deseo de acierto que necesariament,e debía inforrnarRP. en la imparcialidad y en un poderoso sentimiento de
justicia.
La fraee del Señ.or Esteva fué muy correcta.

DPF-pués de loe trámites reglarnen_r,arios, se votó E:n. lo
particular la proposición absolutona de la 1~ Com1s1ón
del Gran Jurado.
Siendo afirmativa la resolución por una mayoría de 153
votos contra 12.

Habla el Sr. Matcos.

J
L lC'. AD.ALBERTO F-&lt;óTE\. A,- ~ embro de la comisión del Gran Jurado. •

El M1mdo diario publicó el discurso íntegro de este notable orador.
¿Qué sostuvo? El abs11rdo de la verdad jnrídica ........ .
¿Cómo? Admirablemente, pro tuci1,ndo exploijiones de
risas, de aplausos, de entusiastas bravos y haPta lágri:nas, po1que hubo bellos ojos de cubanas en los que brillaron como diamanteP montados en azabache ........ .
Queríamos dP-jar al ,lfundo diario todo el tesoro de esas
frases, pero no podemos prescindir de la tentación de
fnriqnecernos con unas pócas:
«Vt-intitrés ai'ios hace qne la Lf&gt;gielatura de Tlaxcala
me invistió con la alta honra de la ciudadanía del Estado. Este suceeo fortalece la acción de mis dtberee, y al
venir á esta tribnna á dt-fonder los fupros de la Constituctón y la Reforma, vindico al pueblo tlaxcalteca que
tantos 8acrificios ha hecho y tanta eangre ha derramado
bn las luchas por la li.bPrtad y á quien la clerecía hace
aparecer en estos momentos como la ciumta de una camá ndula en la sarta de perlas de la Unión Mexicana, y
á propósito de este jurado, como una ~urba de armenios
cr;stianos bajo el yatagan de la barbarie musulmana.
Para juzgarle es necesario apartar la vista de ese grupo,
que como alazán domado, se unció al carro fúnebre que

L1c.:ADOLFO FEXOCHIO.- Presid&lt;:nte de la Comisl(,n del Gran J ura )o.

General -C:,ic:enle Ni,:,a Palacio.
MINISTRO DE MEXICO EN ESPA:5"°A,

t No-v1.e:rn.bre

22 de 1 896,- (De íotogra.fia de los Sres. Torres H erman os.)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1896, Tomo 2, No 21, Noviembre 22</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>La inutil riqueza</name>
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                    <text>29 N OVIEM::SRE, 1896.

EL MUNDO.
de ser de su correspondencia particular, y de. un. modo
enteramente privado; por lo tanto, esto no s1gmfica la
violación de ley alguna.
Deficiente es también la pTueba en lo que se refiere á
la declaración del Sr. Bulne.~. pues la apoya en conceptos
de dos personas cuyos nombres no cita, se reduce, por
otra parte, á asegurar que Pl Gobernador de Tlaxcala violó con sus actos, de un modo segu1·0, las Leyes de Reforma pero sin expreear concretamente cuáles eran eeos
hedhos, ni cuáles las lPyes violadaP.
En resumen, el Sr. Sánchez Gavito mostró con clari~
dad en su extenso discurso, lo deficiente de las pruebas
rendida~, respecto de todos y cada uno de los puntos de
acusación y sus incidentes.

TOMOil

MEXICO, DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE DE 1896.

•

NOMBRO 22

Réplica.

El Sr. O' Reilly ¡,ide de nuevo la palabra, y dice que no
sabe cómo el seflor Defensor trata de presentar al ecusado como un perfecto liberal, cuand.1 es público y notorio que uno de sus hijos, en las fiestas religiosas toc11ba el
violln; pero que tal &lt;'Osa no le extrallaba cuardo el defensor era espafiol, tlaxcalteca el Sr. Cahuantzi, y si los conquistadores se habían servido de ellos para vencer al imperio azteca, hoy se continuaba la obra de los siglos, pa·
gando con la defensa una obra de gratitud, que, por otra
parte, también se encaminaba á destruir de nuevo el imperio azteca, qne tenía por·sólida ba~e las Leyes dA Reforma q·1e en Tlaxcala habían sirio violadas. Que él no
concebía á un católico liberal, pues nn gobernantP que
protestaba guardar y hacer g,1ardar las Leyes de Rdorma, era contradictorio con el católico cuya rdigión le or·
dena violarlas constantemente.
En esta parte de su diPcurso el joven orador arrancó
nutridos ap Iausos á las galerías.
El resto de la peroración, fué una amplificación de los
argumentos ya expuestos para comprobar que las viola
ciones habían existido.
SALYADOR DoNDE.- Miembro de la Comisión del Gran Jurado.

Un gran orador.

Lrc. ALBERTO I:'ALACIO -)fiembro de la Comislóu del Gran Jurado.

Una protesta formidable resonó en los escallos de los
Diputados y t'n las galerfas.
El Sr. Sánchez Gavito:
"Voy á cambiar el orden de mi argumentación, puesto que no es del agrado de la Asamblea 1. que iba á exponer."
.
. .
.
.
Siguió haciendo un análisis mmuc1oso de la prueba pre·
senLadR por los acusadores, toda ella basada en Jos partes
tele-'ráficos recibidos por El Imparcial. putstoque El Monito; tomó sus verehnes dt:1 otros periódicos, según dt-cla·
ración de su Director, idéntica á las del Gil Blu.~, Voz de
Mé.rico, El Tiempo y algún otro, así es que descifrando
todo lo que la prema había dicho, Fólo se encontraba en
ella ver~10nes, más ó menos disfrazadas, de lo que babia
publicado Et Jrnpar.:Jial.
En cuanto al sefior Director de este periódico, manifestó que lo publicado era debido á la pluma de s,1 corresponsal en Tlaxcala, quien Pxaminado por exhorto,
di¡o que sólo Je constaba que había izada nna bandera en
el Curato y en cuanto á la valla militar, había visto formados d~ntro del templo, por donde pa1:ó el cortejo fúnebre, á unos veinte hombres del Ejército.
Este testimonio, el de la prensa, al que tanto valor se
le ha querido dar, resulta ~bsolutamente b~ladí, puesto
que es singular, se reduce al del Imparcial, cuyo corres·
ponsal fué vago en sus escritos, y eri lo qne tienen de
fundamental están desvirtuados por las declaraciones to·
matas á otros funcionarios públicos, jef1,s del Ejército,
de los rurales, etc.
El otro argumento de la acusación ha consistido en el
examen de Jo que se ha llamado alocución del Sr. Ca·
huantzi suponiendo que la había pronunciado al cerrar•
se la tu'mba del Obispo; pero tal suposición ha resulta.d o
ein fundamento, puesto que se demostró que la alocución
le había sido entregada al Obispo de Querétaro, en lacaea del Gobernador, escrita en un pliego que lleva el sello

Pide la palabra el Sr. Lic. D. Luis Ménd~z, q~e también es defensor del acusado. Un profundo s1lenc10 se es·
tablece.
El gran exordio de sn ciscurso es éste: su presE:ncia en
la tribuna· todos E,n t-f,cto. respetan su anc1an1dad, ..u
rectitud n¿toria. y la vasta ilustración de que el juric.on •
sulto ha dado brillantes pruebas durante su noble vida.
Sns palabras son sencillas, pero tienen el don dP incrustarse poderosamente en el corazón y en la inteligencia.
El público estaba muy mal prevenido contra los defensores de la causa Cahuantzi, y sin embargo no hay ni
un seseo por el Sr. Méndez, y sí puede arrancar frecut&gt;n·
tPs aplauPo~, ya cnando hace elocueme .Pª~•gí,ico dP las
L&lt;&gt;yt&gt;s de RPforma, ya cuando rechaza 10d1g11ado la fal&amp;a
de rPspeto á la tumba, á la muerte qne todos los pneblos
bárbaro~ y civilizados, han honra~o, yac.uandocomprne·
baque puede serse liberal, y al ..1swo tiempo eac~rdote
cat.ólico ........ .
El Sr. Méndez levantaba en alas. de nobles idPas el
pensamiento de todos y con soplo bienhechor apagaba.
las paPioneR ........ .
«El hijo del Sr. Cahuantzi tocará el violfn e!l laz ~estas
rPligioeas, pero no será raro que e~ apr.-ciable ¡~ven
O'Reilly baile en los bautismos, Y baile en los velonos.n
«El Sr. Sánchez fiavito, español, vendrá á pa.~arle una
deuda de gratitud al tlaxcalteca; pero aver~uéocese el
Sr. O'Reilly, sí, avergüencese, puesto que él tiene la cara
blanca ........ .
Tales fueron sus últimas palabras.

snstPntaba el ataúd de sándalo, qne gnardaba las cenizas
del Obispo de Pnebla, de ese ilustre varón á quien yo he
levantado en alAA de mi bnmilde palabra. en esta tribuna,
ele PFe hombre que en el Apocalipsis de las creencias. Pe•
ñaló el azul dPl cielo como la patria de l0s corazones ein
ventnra y de las almas deFheredadas. Si levantó los ojos
á h1R im~genes no fué para valnar AU pedrería; sino para
pt-dir misericordia á la angustia humana.

·················································································
'Hace algnnos día, escribí un artículo en El Jmpa1·cir1 l
pobre la captura de unaR monjas en la hacienda de San
Borjll. y la prensa libe al y miR amigo~ creyeron que había dt&gt;foccionado en el campo de mis ideas ...... yo contesto deRde este lngar Fagrado para mí, que si mis escritos pudinan engendrar tales reproches, pert&gt;zcan antt&gt;.s
qne pierda yo, esa in veFtidura qne mis humildes ideas me
han dado en el senti:nieuto público.
Yo no de~enderé nunca el conventículo. Respeto y amo
la purPza de la mujer, y su abstención voluntaria ........ .
La mujer es una grandeza; virgen, es el cielo expléndido, el relicario de nuesfras espe1·anz0&amp;, de nuestras ilu•
Piones; esposa embellece el hogar, y es el vaQo donde de·
positamos el secrl'tO de nuestras adversidades; madre to ·
ca el cielo con la frente; porque el hombre, nacido de mujer, ta poblado de maravillas PI Universo y llevado el
dogma de la libert,ad al corazón de los oprimidos y á los
ob~curoe senos de la conciencia humana.»
A~í, y aun mejor es todo lo demás.
La votac1.ón.

La Co:rn.l@ión.

El Sr. Esteva defiende el dictámen de la Comisión. Su
diFcureo fué metódico, ordenado, rpflt•jó con clarida~ la
elevada actitud que como jueces dt&gt;breron tener sns miembros, aquilatando las pruebas, antes de r~sol verse á fijar
una conclusión condenatoria 6 absolutona.
Manif,-,st6 su profundo amor á las instituciones, y examinó con un crite1io jurídico p!"ofundo, y vasta erudi·
ción las constancias del proceso y los Alemf nto~ de prueba.
Hizo notar qne tanto él como los demás m1embr?s de
la comisión, habían penetrado toda la t.rascendencia del
proceso que ee iniciaba, y que sn res&lt;_&gt;lución. por tanto,
babf.. sidc bija del estudio máR dt&gt;temdo y del mót1 grande deseo de acierto que necesariament,e debía inforrnarRP. en la imparcialidad y en un poderoso sentimiento de
justicia.
La fraee del Señ.or Esteva fué muy correcta.

DPF-pués de loe trámites reglarnen_r,arios, se votó E:n. lo
particular la proposición absolutona de la 1~ Com1s1ón
del Gran Jurado.
Siendo afirmativa la resolución por una mayoría de 153
votos contra 12.

Habla el Sr. Matcos.

J
L lC'. AD.ALBERTO F-&lt;óTE\. A,- ~ embro de la comisión del Gran Jurado. •

El M1mdo diario publicó el discurso íntegro de este notable orador.
¿Qué sostuvo? El abs11rdo de la verdad jnrídica ........ .
¿Cómo? Admirablemente, pro tuci1,ndo exploijiones de
risas, de aplausos, de entusiastas bravos y haPta lágri:nas, po1que hubo bellos ojos de cubanas en los que brillaron como diamanteP montados en azabache ........ .
Queríamos dP-jar al ,lfundo diario todo el tesoro de esas
frases, pero no podemos prescindir de la tentación de
fnriqnecernos con unas pócas:
«Vt-intitrés ai'ios hace qne la Lf&gt;gielatura de Tlaxcala
me invistió con la alta honra de la ciudadanía del Estado. Este suceeo fortalece la acción de mis dtberee, y al
venir á esta tribnna á dt-fonder los fupros de la Constituctón y la Reforma, vindico al pueblo tlaxcalteca que
tantos 8acrificios ha hecho y tanta eangre ha derramado
bn las luchas por la li.bPrtad y á quien la clerecía hace
aparecer en estos momentos como la ciumta de una camá ndula en la sarta de perlas de la Unión Mexicana, y
á propósito de este jurado, como una ~urba de armenios
cr;stianos bajo el yatagan de la barbarie musulmana.
Para juzgarle es necesario apartar la vista de ese grupo,
que como alazán domado, se unció al carro fúnebre que

L1c.:ADOLFO FEXOCHIO.- Presid&lt;:nte de la Comisl(,n del Gran J ura )o.

General -C:,ic:enle Ni,:,a Palacio.
MINISTRO DE MEXICO EN ESPA:5"°A,

t No-v1.e:rn.bre

22 de 1 896,- (De íotogra.fia de los Sres. Torres H erman os.)

�EL MUNDO.

334
1.1.EL MUNDO."
SJDUNA.BJO ILU8TRADO.

Teléfoao 434.-Callede Tibu.rtio núm. 20.-Apartado87 b.
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dá The Spanish American Newspaper Company, 136 Libeny 8'. New York, E. U.»

tiotas ti)itorialts.
¡Es ya por fin un hecho el triste acontecimiento anticipado por la prensa mPxicanal El General D. Vicente
Riva Palacio, Ministro de la República en Espafla, acaba
de fallecer en Madrid, víctiwa de una dolorosa enferme·
dad cuyo génesis y terminación eran ya conocidoe: la no·
ticia, inmediatamente trasmitida, ha causado profunda
sensación.
¿Qué había sido para la Patria esta existencia que aca•
ba de extinguirst? Fué una vida cuyas primeras energías
se gastaron en aquella noble y generosa aventura
emprendida por loe que nos precedieron en la lucha de
la política, en_pro de la libert:ld, la tierra prometida de
aquellos eepíriius batalladores; fué una fuerz.i multifor·
me, proteica, ductil y maleable, l)Ueeta al servicio de una
gran idea; un gladiador apercibido al combate de cada
hora, de cada momento, con la espada, con el puflal, ,
al_filerazos y á mandobles; á plena luz del día y en la tiniebla de la emboEcada. Todas las actividades y todas las
direcciones de la inteligencia ee concentraban en esta
pereonalidad. ilustre. ¡Todas las rebeldías y todos los tu•
multos se agitaban en el fondo de esta conciencia!
No ee cierto que nosotros los que comenzamos á aprovechamos de la obra que nos legara la vieja guardia hagamos
caer ª&lt;?~re eeas memorias el peso de nuestro de'edén. So·
mos b1Joe del pasado y á él le debemos las condiciones
dentro de l~s _1;uales se opera. la actual evolución política.
A tilos se dmJe nuestra gratitud y hacia elloR busca cau·
ce n!leetra admiraci~~: sa~m&lt;?B lo que por la República
reahzaron con prod1g10sa v1tahdad en medio de hoscas
tempesta~es que amenazaban desplomarlos. ¿Cómo tratar
de destruir el baeamento que sostiene al edificio?
Y entre aquellos hombree, con alas de aguila y corazones de león, la figura de Riva Palacio ocupa un prim~r
pueem,:-raza de rebeldes que engendrara un Altamirano
y un Nigromante. De aquellas filas surgió este hombre
que eabía encerrar una epopeya en un epigrama y hacer
d~l zumbido de una avispa el ronco eco de un caílonazo.
Rió hondamente ante las vetustas fórmulas de una política estrecha, y tanto y tan bien rió que á la festiva música de sus carcajadas reepondi6 el ;umor de un pueblo.
Y así en aquel movimiento nacional lo que otros alcanzaron entre las descargas de la fusilería él lo logró en
medio d~ loe irónicos centelléoe _de la pl~ma.
l"ero mnguna lucha más palpitante ninguna que caracteres .más dolorosos revistiera que'aquella en la que
fué preciso romper loe l~z~s que le ataban á su primer
hogar: desgarrar la trad1c1ón, desoír el consejo desbarat~r aquel cerco de carifloa, q~e le estrechaban para acudir en defensa de la Repubhca, de la enemi~a de loe suyos, de e~ d~aposada ideal por quien aceptó valerosamente el aacrific10.
¿Cómo no sentirnos lleno~ de ~dmiración y _de respeto
por esta fig!lra en la que se identifican las aspiraciones y
las tendencias de una época á la que debe la nación todo
lo que es y lo.que vale? ¿Cómo ~ar al olvido y desdeñar
una pereonahdad de tanto relieve en la historia de la
Libertad nacional?
La muerte de Riva Palacio es un intenso dolor para
loe que s~bemos honrar á la Patria en aue más vigorosas
encarnaciones.

2Climentadón tJ 2Cgrirultnra.
La importació1;1, li~re ~e derechos, de maíz americano,
ha salvado á varios ~ietritoe del país~ los peligros del
hambre; en la actualidad se tiene noticias de excelentes
c~has levautada9 en varias zonas de la República,particularmente en el Estado de Jalisco -habiéndonos
por lo ta~to, salvado de la crísis agrícola 'que amenazaba
una pers1et:ente sequía, en los comienzos de la estación
de las Jiu v1as.
Es~a situación ~s demasiado grave para no procurar re·
med1arla, pues ~!entras nuestra agricultura se halle expuesta á esta peligrosa alea, todos los cálculos encaminados á rel!olver problemas económicos nacionales se en
c~entran á merced de ~n~olpe de ~iento que despeja el
cielo de ~ubes. Para ehmmar este unplacable fatalismo
q_ue ee cierne sob_re la l~h&lt;?r.de los campos, será necesario pasar del cultivo pnm1t1vo, que empleamos, a1 cient!jico. EsP d_fa se aho!rará~ muchas fuerzas mal utilizadas
en un t~aba¡o raqufttco y em compensación para la riqueza ptíbhca.
La prod!lcción de loe principales frutos agrícolas, en
todo el pais, los a110s de cosechas normales, es como sigue:

Cebada................... 2.095,660 hectólit,oe.
Maíz ....................... 46.458,810
,,
Frijol...................... :.!. 734,517
Trigo...................... 4.026,92.&gt;
,,
Estos rendimientos son verdaderamente mezquinos, y
representan-ahora que se ha puesto al debate el asunto
de la alimentación nacional-una suma insuficiente para
cubrir la primera de las necesidades individuales: la de
subsistencia en virtud de la reparación de fuerzas· perdidas mediante una nutrición completa.-Lae cantidades
que acabamos de dar, no bastan, en efecto, para atender
á la indeclinable ley de la vida, puesto que de las revela·
doras estadísticas resulta que corresponden por afio y por
habitante las siguientes porciones:
:Maíz ........................................ 348 kilos.
Trigo............................. ........... 32 ,,
Frijcl ....................................... 17 ,,
De donde se deduce-eecribía no hace mychos años un
publicista-que Eólo come pan !a sexta parte delos habitantes de 1a R epública, y que la alimentación diaria media por habitante es de dos libras tres onzas, de la que
hay que rebajar la conPumida por los animales.-Esta
alimentación es por su cantidad y calidad perfectamente
inútil para sostener á una raza fuerte y vigorosa.
En diversos tonos ee ha pedido, en estos últimos tiempos, prott-cción para la agricultura nacionsl, cuando en
realidad los más dignos de ser protegidos son los que la
agricultura pone á ración de hambre. La escaeez no sólo
se experimenta en arios de malas cosechas, sino en todos
los años, y nuestro problema agrícola es un problema fiscal mantenido por una cuota que la admi nietración acude
sabiamente á eliminar cuando las necesidades ptíblicas
lo reclaman.
Esto demuestra que no ee puede proteger á un grupo
social sin perjudicar a otro.-Afortunadawente, la evolución económica del país permitirá algún día poner la
mano-ein grandes t,astornos-en ese último baluarte de
viejos errores pasados que se llama el Arancel de Aduanas y que paulatinamente se ha idt' tocando en el sentido
de la libertad comercial.

29 NOVIEMBRE, 1896.
seguridad á eu imperio? ¿No será vana ilusión que, cons•
neflido por la necesidad, obligado por la fuerza ó aconsejado por el cálculo, ee resuelve el Califa de los Creyentes á cumplir las promesas juradas tantas veces como
con tanta astucia y perfidia quebrantadas?......
Así lo ha anunciado el Mnistro de negocios extranjeros de la República Francesa, ante la Cámara de DiputadO!!. Su declaración ha sido oída con regocijo de propios y extrafloe, y la oposición misma que buscaba un
capítulo de acusación en la débil política desplegada contra la Sublime Puerta por el gabinete que preside Mr.
Méline, ha tenido que declararse esta vez derrotada ante
las terminantes afirmaciones del hábil ministro.
El gobierno francés está, pues, de plácemes por la brillante posición que la alianza con Rusia ha venido á darle en sus relaciones internacionales. Cierto que Aun no
ha podido ser bastante explícito para aununciar ante el
mundo los térrninoe del tratado, pero ee ha declarado y
con ra ón por medio de sus órganos caracterizados en
el i,arlamento, que son prendas seguras de la armonía.
que existe con ::lan Peteraburgo, las palabras del Czar en
l'aríe y sus t!xpresionee en Chalóns.
Y ya se ve todo lo que eso significa cuando á la mágica palabra del embajador francés, la cuestión de Oriente,
tan ocasionada á serias complicaciones y á posibles espantosas catástrofes, se resuelve en pacífica forma y hace sonreír á los hombres de buena voluntad, que ansían
la concordia de las naciones.
Ya s~ ve con qué orgullo se anuncia que Francia está.
dispuesta á soste11er loe discutidos derechos que tiene sobre Egipto, á pesar de las resistencias británicas, ¡x,rque
cuenta ya con el apoyo de eu poderosa aliada la Rusia.
Que eca por la sola influencia de la República ó por
virmd de sus alianzas, ello es que todo anuncia que ya
no oiremos hablar por algún tiempo detlas crueldades de
los kurdos y de las atrocidades de los turco@. pues por·
esta vez, d~bemos creer que loe perseguidos cristianos
armenios han obtenido las garantías que con tanta razón
am b,c1onaban.
Y a era tiempo de que cesaran, estos edcándaloe y de
que el caduco imperio o\omano d~ara de de~honrar la.
civilización europea.

2~ 5

OVIEMBRE,

1896.

olvidar~m lt&gt;e agravios, las tiranía~ y las perfidias que la
de~rmmaron; y al pueblo que atribulado y úprimido su
po romper_las cade11as que !e aherrojaban y la esclavitucl
qu': lo euvllecía, _se da el d1csado de verdugo, erigiendo
en mocentes vícumae, á sus antiguos é inmolados opresor..s.
E&gt;1 cierto qne innumerables crueldades é infinitos crí·
mene~ ruancharon los gloriosos ideales revolucionario~.
Es innegable que las doctrmas humanitarias fueron
holladas por sansculoUe y dee~am_isa~os, pero es ilu•orio
pre-tender que al vaciar eus m~t1tnc1ones una eocitdad
arrollada por un impulEO irre~ietible, en nuevos y apnee'.
tos mo!.des, no se ro~p~ el crisol q~e forjó su primitiva
forma, que ha env"J•c1do conteméndola· ee necPeari..
rec?nocer que cuando el Poder irr811poneable desconoce
Y mega el derecho amparado por la fuerza, la misma fuer•
za. P?r I:1 Ier natural de la reciprocidad y de lse grande~
re1v)nd1cacionee, ha d~ aniquilarlo al fin con su soberanía 1ncontraetablt'; y ee injusto, al evocar el recuerdo d,.
a~s treme!ldos estragos, de eus terribles infamias y sus
villanas vilezas no tr'!er, tambi~n, á la memoria, que esos
hombrPe feroces, ébrios y fanáticos que los cometieron
que _aquellos enfermos-según Taine-eran los mismo~
á qU1E'ues «el fi~co e~traía basta la sangre,, como ha dicho
el. Duque de Sarnt Simón; que eran los que hHbían recibido todos los daños, todas las humillacionee, y todas
las ofensas; que el buen re:¡¡ cuya cabeza cafa en el ca'1al
so, b~bía llamado contra la nación á sus máq impla,·abl,"
enemigos, y que aquella nobleza elt-ganlR. di~tingnidfl v
refinada cuyoP aristocráticos ene! los co, taba la nueva má
quina d~ l,[r. Gillotin, albergaba en Fus 1wchos mncha más
perversión moral que las ma~as frPné&amp;icaR que apostrofa.
ban sus cadáveres...... y á los que habíau de~poseido é in•
sultndo......
La revolución faé el sangriento epílng() prepar11do por
loe monarcas: sólo que como las ola•, al romper el dique
que oponía valladar á su curso iuundan y destrnyew aeí
la ola de laf! pasionFB humanas, al llt-gar el momenkl de
las represalias, pasó los límites de la ju11ticia, satidacien•
do loe rencores ......

*

RESUMEN.-El cesarismo ~ermánico y las prerrogativas
de los mititares.-.Alemania siemprti armada.-Francia y
la cuestión de 0riente.-Preponderancia de Rusia á travé11
de la política francua.-Xicaragua y la República Mayor
dt' Centro América.-Se despeja una incógnita.
Entre las formas que ha tomado el sentimiento público en Alemania para protestar contra la pesadumbre del
cesarismo que abruma; entre las manifestaciones que ha
encontrado para sacudir esa losa del ejército innúmero
que pesa sobre las clases productoras de la sociedad, ee•
tá la discusión que ha provocado en el parlamento contra loe privih-gios de loe militares.
No ha mucho uu oficial del ejército alemán, de esos
que ostentan '!l uniforme como salv,,-eonducto de sus
iniquidades, dió muerte en un café á un infeliz obrero
que había tocado inadvertidament.: las inmaculadas in·
signiae del militar, que s0 dió por oft!niido. El casti~o
dtl culpable no fué ni con mucho proporcional al delito,
y la gente pacífica que á cada paso Btl ve expuesta á las
agresiones poco razonadas y bruscas de los que llevan al
cinto una espada para defender la patria y su~ ins~ituciones, han levantado la voz en la prensa y provocado agrias
diecueiones en el parlamento.
No será el Em.-.erador Guillermo, quien tiene puesto en
amor y eu carifio en su brillante ejércit,, el que cercene
ni una parte de los privilegios con que él y sus predecesores ban distinguido á la clase militar. Dtisde que las
hazanas germánicas sucesivas prepara•on y llevaron á
feliz término la unidad del Imperio; desde que las armas
prusianas se engrandecieron con los despojos de Dinamarca vencida y con la h~emonía alemana que arrebitaronáAustria humillada, y constituyeron tra11 lucha tremenda la nación moderna, fuerte y podero~a, todas han
eido ostentaciones de fuerza y de poder, que ee refl~jan
basta en los actos ruás comunes de la vida social.
~i la sociedad ge-wánica no tuviera el vigor y la ener•
gíade las razas nuevas, ei no deeplPgara en su desarrollo
y evolución natural esa virilidad fecunda que carocteriza
á los organismos modernos, y no la viéram&lt;H distinguirse con 1:mvidiable dietinción en toda~ las eef,ffas á que se
aplica la humana actividad en la obra de la civilización
y del progreso, diríamos que el militarismo co..uo úl·
cera ruín corroía lentamente los miembros del gigante,
y amagaba con amenazas de muerte al coksal Imperio.
Pero no, la Germanía con la adarga embrazada y la lan•
za en la cuja, vela celosa por su sPguridad, y ei no la es
permitido dejar las armas, es porque en lo interior la
acecha el socialismo que nmieg~ de las legendari&amp;R glorias imperiales, y ruge amPnazante contr11, la monarqufa;
y en lo exterior, espían el momento oportuno para ano·
nadarla, razas y pueblos, gentes y naciones, que recelan
de su soberbia gran.deza.
No coaeeguirán nada, pues, los que pretenden menoscabar las prerrogativas del soldado en favor de las clases
civiles. Guillermo II no cejará ante esas pretensiones,
porque no puede retroceder. La acción es 1.ncampamen·
to, y gracias que al redoblar de los atambores y al agudo
toque de los clarines, va encaminándose segura hacia en
indisputable progreso.

***

,. ¿Se1á verdad que lucen ya auroras sonrosadas y días
risuefloe para los infelices cristianos, por tanto tiempo
víctimaa inmoladas á la barbarie musulmana? ¿Será cierto que el Suhán Abdul- Hamid ha consentido por fin en
hacer cesar las escenas de sangre que hicin,m extreme•
cer de horror al mundo civifüado, y que st: uecide á im•
plantar las reformas que dén libertad á sus eubditos y

En vano nos debatíamos t:ecando racional explicación
á la existencia de la República Mayor de Centro América; en vano procurábamos definir satisfactoriamente sus
tendencias y sus aspiraciones.
Habíamos visto tres nacionae inquietas y turbulentas
ligarse en una especie de confederación, ostensiblemente para dar estabilidad y poder á sus exhaustas energías;
pero no las concedíamos vitalidad suficienw, creyendo
que se basaba su alianza en platónicos sueflos y poéticas
concepciones de ~onfraternidad internacional.
Habíamos visto á Nicaragua, Honduras y Salvador,
campo fecundo donde han germinado todos los ddectoe
de nuestra raza y todos los elementos morbosos de n uestro carácter, unirse en aparitincia para desarrollar sus
fuerzas activas y sanas y aplicarlas al progreso común;
pero juzgábamos esa unión vanal, dada la inestabilidad
enfermiza que a4.ueja á los gobiernos de loe pueblos congregados.
Púr fin tabemoe á que atenernos, pues comienzan á
descnbrirse las secretas miras y las ocultas tendencias de
esa República Mayor. Libre Nicaragua de la insurrección
que amenazó la existencia de eu gobierno actual en los
primeros meses del presente afio; sofocada por el General Zelaya la conspiración que en los pasados díae¡uso
en peligro eu azarosa vida; y decidido á perdonar sus
enemigos desarmados por medio de general anmietía,
avisan por telégrafo que acaba de mandar un env'.ado es·
pecial que lo represente en la Dieta Internacional que re•
eide en la ciudad del Salvador. No va en verdad con objeto de afirmar la alianza y consolidar la unión, sino buscando el apoyo de los aliados á fin de poder rescatar por
medio de la violencia un territorio que ocupara CostaRica en l~jana y remota época.
¡Qué tal la unión y fraternidad centro-americanas! Y a
era tiempo que salieran á luz y no estuvieran cubiertas
con mentidos oropeles. ¡Ya convenía que se ostentaran
al mundo en toda su desnudez y no abrigadas con púr •
puras falsas y lujoso ropaje de relumbrón. Bueno es co•
nocer á donde van los fundadores de la República !Ia·
yor de Centro América.
X.X.X.
25 de Noviembre de 1896.

Notas Teatrales.
María Tubau.-Thermidor.-.La. Ope:ra.-Roura.
María Tubau ha abandonado la capital de México.
Tras una temporada fecunda en éxitos artleticoe y pródiga en desastres pecuniarios, ha marchado la elegante
actriz hispana á Guadalajara.
Prou· Frou, una de las joyas más preciadas del moder•
no repertorio francéa, ha sido la obra elegida para hacer
eu presentación al público jalisciense. Gilberta, su pro·
tagonista, es uno de lo ➔ tipos escénicos más diffcilee y ee•
pin:&gt;sos que crear y sostener pueden el talento de un actor y los conocimientos de un artista. La joven alegre,
coqueta, aturdida en los primeros actos, es la mujer amante en el tercero, la esposa adúltera en el e u arto y en el
último la arrepentida pecadora que llora sus pasadas cul•
pae, sus errores y sus extriwíos, y muere al fin, dichosa
y eonriente, entre los brazos del marido ultrajado, de la
ofendida hermana y el agraviado padre, que la perdonan
sus afrentas ...... y después de extrecbar al bijo,~abandonado, que apenas si reconoce en ella á la autorade su
existencia........ .

*

* * de la humanidad, la epoComo todas lae grandes obras
peya redentora que derrocó á la caduca monarqufa fran•
cesa, ha tenido injusto3 y apasionados detractores. Se-

EL MUNDO.

LAS FIESTAS DE PUEBLA.
D:rl-lCUR!!-iOS del sei'l.or Prei.idente de la.

Ro:,públlca.

En el Casino Español.
Seflor Ministro: Señores:
Doy muchas gracias á la simpática celonia eepaflola
de PuPbla, por la eltgancia, buen gusto y buena \'Olunt11d que para obsequiarme ateeoró e11 este tepléndido banqi1ete; y al Duque de A,coe, RU digno y muy disti1 guido
Representante é i11térp1 .. te de eu11 g1::11nosos y el1::v• dos
sentimientos, por las ddicadas frast-R en que, para honrarme, ha vertido toda la berwvolt,ncia con que sus compatriotas cautivan rui gratitud.
Las manifostaciones d., e~tt" género y de esta procedencia de que he sido objeto pn otros .Est11doe; el carácter de
los eepaf'loles naturalmt&gt;nte um1~to~o y franco. y su asimila~ilidad con nuPFtrae cl11~es Pocialt-s reFpt-ctivae, nos
autorizan á pt-nsar qne la C'olonill t'Spafiola no tiene de
f'Xtra11jera i,n México mas qnt&gt; el regi~tro; y ni podf11 ser
de otro modo, tratáudoRe ct .. hombrt'B que VÍ\t'n jumos
en complicado engranllje d .. fa11tilia, que hablan una misma lengua, qut&gt; tit&gt;1,e11 111,as rui~mas costumbreR, 1:na
misma ~argre, y en gPnPral, unas nii~mas cre.. nciae; y
así se explic:1 qne en un tiempo tan corto relativamf'ntt&gt;,
hallan desapart cido entre nosotros laR huellas enconoFas
de una :!eefl~trosa guerra de once ar'\os, como fué la dos
vecPs huoicHgnerra de Inde'&gt;en&lt;lencia; y que ahora, tanto los PFpaño1..s como loe mexicano~, Pxaminando esa
guerra, coa mirada ret rospPcti va y á sangre fría, la consideremos como neceearia rt'alización de lae leyes inelu-

LEGACION UE MEJUCO EN :UA01u o.-El

General Rlv&amp; Palacio en Jl-'!l:l.

FJLO~OFL\. POLITICA.
. Para C?nfagraree á la política se necesita tener sed de
mmortahdad ií lo menos de la que pueden dar loe bombreP. ~u c,11111~cuencia? convjenl? v_ivir y obrar siempre
como s1 Pe d.-b1e11e morir al d1a e1gu1ente;según la manera de ~aer sobre La escena, la historia establece su juicio.
El!a turne en menor aprecio loe servicios hechos en el
pr1wer acto que las faltas cometidas en el último.

•**
Una paeión política sincera es lo que hay de más respetable. en el mund&lt;?. No ee mide por loe honores que se
ha podido recoger smo por la cifra de los eacr1ficios que
se han hecho.
BI amor de un hombre ~e Est,ad&lt;:&gt; por la causa que defiende se reconoce, en la vida publica, en los mismos sig·
110~ _q_ue el amor del p~dre ~ del e11poso en la vida de la
familia. El que ama bien tiene en poco sus sufrimientospersonalee, con tal que estén al amparo de ellos todos los
que le son caros.

***

~~ que afirman que las casas de gobierno son sitios de

delicias, ~terran doblemente, primero porque afirman
una vosa 10exacta! después porque aumentan la multitud de los pretendientes al poder. Si se supiere como es
la v.-rd~d. q111: hay p~os 1mios donde se experimentan
más fat!ga~ é 1_nfortu,mos que en el palacio del Estado, 88
verfa d1~mm_uir el numero &lt;;le los ambiciosos que ee disputan el gob,.-rno y solo aep1rarían á mandar lod que sienten en e~, alu,a la fuerza para hacer muchos eacriücios
por el b1~n del paíe.

LEGACIÓN DE

MEXICO EN MADRlD.- C'asa del General Riva Palnr io
en 1893.

Es lo que Julio Simón ha expresado de es,a manera
adwirable: «En la revolución hay dos revolucioms· la
de la justicia y la de la venganza....... ,,
'
The:rmidor, el drama de Sardou ea, en mi opinión un
ataque inmerecido á esa obra titinica.
'
En cuanto á la forma, el interés dramático de todas sus
escenas, es una gallarda muestra del talento, la habilidad
y maestría del más fecundo-y acaso el más preclaro-de
loe autores franceses contemporaneos.
Su argumento es un interesante episodio de la vida dP
Laboussiere, el simpático comediante tan enaltecido por
Lienart como discutido, y aun negado por la crítica seria
é imparcial.
El autor ee propone elevarlo, y lo consigue, deetacando
duunte todo el drama, su figura noble y generosa sobre
aquella tnrba de foragidos, abyectos y despreciables.
La Opt-ra ha tentado sus reales en los teatros mexicanos.
En el Ñacional y en Orrin ee rinde fervoroso culto al
arte lírico, se tributa constante homenaje á Verdi y Dú•
niz7,eti, á Gnunod y Mascagni.
Ronrn, t-1 joven tenor dramático que en el Nacional ac·
túa, ~" el cantante favorim del público y predilecto de la
crómca.

Otro pagode $5,000., de "La Mutua"
EN P .A.C HUC.A..

Pacimca, Noviembre 11 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.»-l\1éxico - Muy eeflor mío:
Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y ~ . y ~ante el
Sr. Notario Público D. .A.ustreberto T. Andrade, ho7. me
ha sido entregada la suma de S 5.000,00 (Cinco mil pesos), valor de la póliza núm 765 222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Mejía.
Doy á usted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido .;ste pago, autorizándolo para publicarlo.-Sn atta. s.:s.-Soj"ia Mei!a.

LEGACIÓN DE M EXICO EN

MAOR:o.- Despacho del General Rini
Palac io.

dibl,.e que rigen á la naturaleza. En efecto, la evoluci.',n
social en que fueron actores nuestros padrPs y tt-atro
nuestro país, ee desarrolló de una manna titn 11Rtnnd
El amor de la patria es la***
primera virtud de los hom· como lo es que sembrando dinamita se co~echen f'X:
bree de ~s~ado. Todos lo invocan y es cierto, á pesar de plosiones, porquP es muy natural que la gpnerosa y valos ruald1c1entes, que todos están profundamente pene- liente P!'ngre eepañola, y la no menos genno~a y no metrad~s ~e ~l. _La ~esgraciaes que frecuentemente se ha- nos valiente sangre azteca, al cruzar sus!'nrrit&gt;n,Pe en loe
ce dificil d1et10guir entre todos los si,rviciós que pueden c~razonee criolloe, estallaran en ~quella d'gna alti v1 z qne
bacersl? á su partido y loe sacrificios que deben hacerse á hizo á nuestros padres ver como macE1ptable la condición
la patria.
de colonos en que vivía!!. Peros! bien es cierto que disputnron á la madre patria el mahenable derecho de Pjerc~r en propia gobernación, también ee qnP nunca le retiraron, no sólo el respeto, pero ni el cariño qne ee debe
á nna buena madre, puesto que en eu ¡,rimi'r conato de
indPpendencia, le pedían un vástago d« la familia á la
sazón reinante en Eepafla, para ceflir la corona de MéxiC?; Y tambi~n ee cierto que siempre han acogido e!l esta
tierra de Hidalgo á todos loe españolee qne fraternizando con ellos han querido traer el contin~••nf P de eu inteJigen~ia y su trsbaj&lt;! para ayudar á hacerla fructuósa y
que siempre ~plaud1eron y celebraron como pr.-,pias todas sus v1ctor1as y lamentaron sus deegrncÍII@, v lo que
ea más y vale rr.áe qne una ordinaria boepitalidad lrs
han conceptnado dignos de sus hijos, para formar 'con
ellos honradas y mny amables familiaP.
Ahora bien; si toda nuestra evolución ee efPctn nece·
sario de leyes natural~s, ~s también mny natnral que al
llega_r á _nuestro ~onocim1ento esos poderOEo!! imp•tlPOs
de vitalidad nac10nal y elev~do civismo que en e@tos mo~entoe presentan á la madre -patria ante el mundo civilizado, patriota basta el sacrificio como Guzm11n PI Bueno y ~omo el no menos bueno Nicolás Bravo. generosa
y d~smteresada como lea bel la Católica y abnegada y
va!iente como PI Conde de Reusen los Caetill ..jns y Zaragoza en Puebla, exclamamos poseídos de noble orgullo:
¡esos son los nuestros!; ¡he ah( nuestra raza!
Sefiores, yo propongo á ustedes que brindemos por la
prosperidad personal y política de SS. MM. la RPyna Regente y e_l Rey D. Alfonso XIII y porque todos los espa•
flolee r~sidentee e.i:i México, sigan teniendo si&lt;•mpre para
la patria d.e sus b1¡os, tanta consideración y simpatía como ~ratitud. mneciJa _estimación y respeto tenPmns los
mexicanos por la patria de e!loe, ilustre progenitora de
la nuestra.
LEGACIÓN DE

Mu:1co EN )LU&gt;R_ID.-Bibliotcca. d el Gen
lacio en 1893.

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Ri . p .

'a a

En el Panteón Francéa.

Señor Ministro:
Os agradezco muy sinceramente y agradezco tu Socie-

�EL MUNl)&lt;).

:-{36

29 N CVIEMBRE, 1896.

29

NOVIEMBRE,

1896.

337

EL MUNDO.

~as fiestas Presiaenciales en Puebla.
&gt; •

,

LAS FIESTAS PRESJDENCIALF.S EN PUEBLA.-Grupo tomado para EL MUNDO por el Sr. L. liecerril, en casa del Sr. Gobernador del Estado.

dad de Beneficencia FrancePa, 8uiza v B11lga, que contarais conmigo para esta simpática ceremonia,
en que á manera de piadosa re:onciliación de ultratumba preparáis descanso común de eterna paz
á loa bravos veteranos que cumpliendo honradamt&gt;nte con los deberes de su honrosa y noble institución, y siguiendo á sus banderas respectivas como buenos soldados, alcanzaron aquí muerte gloriosa
y el rE&gt;speto nniverrnl.
Vuestra filantrópica Sociedad tendrá seguramente la cooperación de todas las autoridades de esta
República que, como las de Puebia, responderán siempre á sentimientos tan nobles y generosos como
los qne inspiraron, promovieron y pre~iden este solemne acto de vuestro elevado é ilustrado civiemo.
Ojalá que el sagrado monumento cuyo cimiento venimos. á fijar, fuera considerado por las generaciones futur~P. no e61n como merPcida ofrenda de gratitud á los hombres de fuerte volnntad, que ll
mediados del aigl &gt;que fina eesacrificaron aquí al deber, sino también como símbolo de protE&gt;sta que 1011
hombreede la g~neración presente, hiciéramos sobre sus tumba!:', de no volverá cruzar nuestras armas.

\_

,.

LAS

FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA,-Gan1tula del Menú del banquet.e ofrecido
al President.e, por la ciudad de Puebla.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PuEBLA,(-Caratula del ~enú del banquete ofrecido al Presidente por ,la :
Coloni:l. Española.

Ll.egada del tren presidenciál á
HERMOSO ESPECTACULO.

. No ha mucho tiempo, y esto ya !o hemos dicho, el Presidente de la República veíase obligado á permanecer en
la capital, ni más ni menos que el reo político de cierta
categoría á quien se da la ciudacl por cárcel, so pena de
hallará su regreso, en vez de un pueblo entusiasta que
aclama á su jefe, un caudillo ambicioso dueño de las
chusmas y resuelto á hacer variar el curao de los acontecimientos. La tranquilidad del país era -intermitente y
no menos por ende los benéficos alcances del derecho de
gentes. De seguro los más optimistas no auguraban el im ·
perio de una tranquilidad verdadera para breve plazo y
habrían negado hasta la sola probabilidad de un estado
de cosas talcnal lodisf:utamosenlaactualidad. Hoy empero de tal suerte está arraigada en los ánimos la noción clarísima de que hay que conservar la paz á todo costo; aeha
normalizado en modo tal la vida del país encauzada ampliamente en la vía de un adelanto seguro / firme, que
las generacionee presentes gustamos qm1 se noa relate
la época de las revueltas, como si se tratase de una vieja
historia romRntica, cuyos contornoa y proporciones es·
fuma el pasado. El viejo iele de.la República, ajustándose el primero á 1a evolución -por él iniciada, olvida el estruendo de las antiguas bregas, ante el espectáculo nuevo
y cautivador de !" pro&amp;peridad nacional, cuyo incipiente
latido se escucha donde quiera, y con la glo1ia de sus canas asiste al pomposo despertar de un pueblo joven, lle·
n9 de latentes virilidades; ansioso de medir por sí mismo
el alcance de su obra, recorre la inmensa extensión de la
República, siempre para autorizar con su presencia, una
manifestación nueva de adelanto, y en tanto que be pueb_los que recorre lo agasajan y aclaman, souríe tranquilo
sm que la sombra del más mínimo temor embargue sn

l.a estaclón.-(Tomado del natural por nuestro dibujante).

ánimo. La capital le aguarda serena y une sus votos de como se arroja un traje usado y se muestran animadas
en pleno período de prosperidad, hormigueantea de mufelicitación á los votos del país entero.
chedumbre. ostentando sus grandes empresas comercia¡Oh! sí, estamos ya muy lejos de los azares de la reles. Tal Puebla y tal Guadal ajara que muy en breve recivuelta, cuyo relato caus'\ en los espíritus de las nuevas
birá también al Primer Magistrado de la nación.
generacioneE, la impresión de una vieja historia romántica!
Placentero debe ser para este el brillante testimonio
' *
que esas ciudadeb encierran; ellas le .demuestran con la
**
Las fiestas de Puebla han constituido una manifeRta- incontrovertible lógica de loe hechos que su obra ha sido
magna y feliz, difundiendo por donde quiera bienes sía
ción, una prueba má~ de lo que venimos afirmando. Tod?s los Estados aD9ían, si vale decirlo, para la consagra- · cuento, y acreciendo aun más s•.1 estímulo, dan vigor
nuevo á esa energía siempre en vela, á esa energía que
ción de su progreso, la presencia de! que lo inició y lo ha
robustecido, y la ciudad angelopoli:ana, con razones aun · jamás flaquea en el camino que se ha trazado.
más valederas que sus demás hermanas de la nación, de***
Holg.1ría describir aqu( las fiestas angelopolitauae.
bía l;'nhelarla. Ella vió brillar en todo su esplend,or la
Nue~tra tarea no es de información inmediata y además
glona del soldado de la Intervención y de la Reforma;
ya EL MuNoo diario y EL I.tPARCCAL llenaron sus colum•
sus muros veteranos aún conservan huellas del dos de
nas con oportunas y detalladas crónicas: U na ciudad T1er •
Abril. Justo es que ya reconquistada la paz definitiva,
viese también al héroe de ella discurrir por sus hermo- mosa, con fifünomía de fiesta; una multitud entusiasta de
sas avenidas, no ya en son de guerra, á banderas desple- todas las órbitas sociales, testimoniando de una manera
gadas y tambor bati~nte, sino como repres~ntante de estrepitoea,Ia popularidad del General Díaz con sus aclamaciones y vítores jubilosos; iluminaciones féericae que
una nación próspera, que pasa revista á las magnas obras
con vi~rten á. la linJ.a capital poblana en una ascua de oro;
de una paz por él asegu-rada.
Y qué mejor testimonio del alcance de su obra reinauguración de monument'os hermosos y de mE&gt;joras
dentora que el del admirable cambio que registra el
materiales de importancia; manifastaciones de eimpatía
hacia el Jefe de la Nación, provenientes aun de la➔ daGeneral Díaz en las ciudades que viaita. Pocas de la República pueden serle desconocidas; en los tiempos azamas más distinguidas que arojan flores á su paso, de las
rosos de la brega el distinguido jefe, en el activo servido
cuales él en un movimiento de oportuna galantería reco·
je algunas para prenderlas en el ojal de su levita; banque,
de su causa, peregrinó por todo el pa(;¡, que sacudido pOt"
continuada crisis,noh11labaesas treguas en que las naciotes op(paros, ofrecido~. no ya solo por el Gobernador del
Estado y por la Sociedad poblana, sino por las colonias
nes respiran y crean. Mas. cuántas innovaciones halla el
Presidente! Donde él dejó campo3 malditos de simiente
extranjeras que palpan como nosotros los inmensos reperezosa h r,y encuentra ubérrimos sembrados llenos de
sultados de nuestra paz fructífera; frases de afecto y de
aliento...... las múltiples formas, en fin, de un cariño unipromesas y de frutos. Son ciudades modernas las que
visita, que han arrojado airosaJ su aspecto de vetu9tez
versal. Todo esto lo saben nuestros lectores tanto como

�ELMUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDE'.\UALES EX l'L'EBLA.-Arco del .\rnntamiento, con esta inscripción: "El Ayuutamlento de Puebla. al heroe
de la. Paz.-1896."

nosotros y no aventajaríamos por ende nada reproduciendo un relato perfectamente conocido. Sí haremos notar,
porque de notarse es, que los fostejos de que nuestro Presidente ha sido objeto en Puebla, no responden al impulso oficioso de tal 6 cual grupo, de tal 6 cual gremio;
no son el resultado de la voluntad oficial, sino que tienen
el caracter de la popularidad más franca que pueda verse.
Con unanimidad notable, la sociedad entera de Puebla, festejó al jefa de la Nación, representada por todas
sus clases y aun por la i,,men~a mayoría de individuos
de que estas estáu formadas. Fué un movimiento general desimpatfa el que dió á las fiestas su mayor atracti vo:
esa fisonomía especial qne no hubieran podido darles to·
das las gestiones oficiales, porque su ronstitutivo úni•
es la espontaneidad.
Muy pronto luchará con rl recuerdo de estas fiestas el
de las que se preparan en Guada)aj~ra y que con eH_as
competirán en brillo. En tanto llegan y lea consagramos
su especial resella, vaya con estas líneas nuestra felicitación más sincera para el Seilor Gobernador de Puebla
y para la so&lt;liedad angelopolitana por el brillo de los festejos presidenciales.
,

Adán no pretendía formar oraciones, y menos pronunciar discursos. Si gustaba de que Eva se le acercase, ex~endía el brazo en dirección de aquella, y abierta lamano la 11gitaba dos 6 tres veces hacia sí, del mismo modo
q11e ahora se uRa para llamará alguno; si quería que la
mujer se retirase, resbalaba con fuerza la yema de su
pulgar sobre la del dedo que se llama de corazón, y pro-

29

NOVIEMBRE,

&lt;luciendo ese ruido con que se acompallan muchos bailes cuando no se tienen castañuelas, Pila perfectamente
lo entendía; si por alguna cosa se enfadaba con su mujer (necesidad en el matrimonio que no pudo faltar en
el primero), con enarbolar el brazo y apretar el pui'ío,
expresaba muy bien s11s intenciones; y por medios análogos pedía de comer, daba las bnena~ noches cuando se
iba á dormir y los buenos d1as al despertar, y no le faltaba signo para ninguna necesidad de su vida. Pero
Eva no se encontraba á gueto: sentíase parlachina antes
de poder serlo, como dPspnés se sintió pecadora antes de
que existiese e_I pecado; quería conocer los nombres de
todas las cosas, le importasen ó no, cantar en las fiesta&amp;
y escandalizar en las riñas, y á falta de dicciones ensordecía al pobre Adán coa gritos y con palmoteos.
Pensaba ella que sin PI uso de la palabra no significaban el hombre y la mujer co•a mayor que los 1111imales
inferiores, toda vez que éstoe se compr..nden de la misma manera que aquelios por P.ntouces lo hacían, y en sus
mímicas oracionPs rogaba á Dios que le otorgase el ha•
bla para utilizarla en HU obsequio, pnesto que en alabanzas euyas la había de emplf'ar; 1-xponfa como abono de
su rlesPo lo monótono de una vida en que se bacía todo
callandito, y afirmaba que, de prolongaree aqnella mudez, quedaría ijin cumplimirnto la soberana Voluntad
que basta entonces la libertara de la :~ue1te, y no habría más remt!úio que morir, porquti la mujer ó !Jabla 6
revienta.
No atendía Dios aquellas súplicas (El sabría por qué)
y Eva :rn,neutab&lt;\ sus solicitudes; pero como Re pasaban
los dfas sin rernltado para sus ruego~. probó, ein otro
concurso qne el ·de su voluntad, poner nombre á todas las
cosa~, con~truir verbos, expresar adj ~tivos y coorcünar ideas con el único medio dP que d1R1&gt;onía, que era el
Pigno, y á costa dP. traba;o trocóse en telégrafo ll" sefíalee, con tan ext,raño movimiento y tan sin tregua, que
Adán ee mareaba con aquellos discursos, sin comeguir,
no ya imitarlos, sino que entenderlos tampoco.
Viendo, pues, el Señor que el hombre P;nloquecía con
las diabluras de la mujer, porque se paeaba las horas recordando signoR y procurando hacerlos, y embrollándose con la complicación de aquella jerig,mza, y que Eva
contin11abi1 en su propósito de no callar así la ahorcasen,
determinó qne sin tales trabajos se entendieran, y otor•
góles por misericordia un lenguajo sonoro, armónico y
comple~. en el que se decían las cosas como Dios manda, y al pan se le llamaba pan y al vino, vino.
Pero no cayeron por eeto en desuso los escasos signos
con que primero se entendió la pareja, ni los infinitos ya
inventados por la mnjer, aunque con la palabra eran in•
útiles; antt-s Eva Pe obstinó en que habían de unirse á
los vocablos, sin duda para hablar por partida doble; y
a pePar de que Adán, inspirado por Dios, trató de persuadirla, no hnbo manera de que ella obedeciese: tan
orgulloea eetaba con su invento.
Conviniéronee, puee, en que á cada voz, ó por lo menos á carla idea, acompallase un gesto ó maniobra que,
Pegún Eva, Pxcusarfa palabras y facilitaría P.l buen sentido. Así fué, con efecto: la acción correspondiente á cada
frase, no sólo completó el sip:nificado, sino que aumentó
su valor y produjo gran claridad y mayor interés en las
con,ersaciones.
Esto duró muy poco: no más tiempo que PI qna tardaron en pecar: porque apenas comieron del frondoso
manzano y se les cerró el Paraíso. casi se les cerró también el entendimiento, en el que ya penetró muy e,casa
la luz de la razón. Y a~í como el divino man jar no trocó
á J11das en el mismo Jesús, sino que le inclinó más al
pecado por hallarse ya en él, así loa dones celestiales se

. Hablar por hablar.
Eva, la buena amiga de aquella condenada serpiente,
disfrutaba de los mismos dones celestiales que su marido. En la costilla falsa de que ella se formó ( porque nadie duda de que debió ser f · Isa la·costilla) entrP.meti6 la '
Divinidad todas sus dádivas, y la mujer tuvo bermoeu·
ra, habilidad y discreción, de igual modo que el bom·
bre. Una de las más útiles mercedes del Bacedor para
sus hijos en la ~ierra fué la facultad de entenderse, ni,
por medio de la gramátic~ como ahora se usa, ni tampoco con 110 número más ó men{)S grande de dicciones; la
manera con que explicaban sus deseos Eva y Adán fué
mucho más sencilla: algunas seilas, vario~ gestos, diversas actitudes y ciertos gritos; con esto les bastaba para ·
las neceFidades de su vida, muy sencilla también.
Este lenguaje primero que Dios les dió, en el que la lengua no intervenía para nada. se conserva aún entre nosotros como donativo esp{)ntá.neo de los cielos, y todo
hombre 10 sabe sin necesidad de maestro que lo ensefíe,
ni de libros en que se aprenda, ni de diccionario ( digámoslo asf) que lo signifique. Es forma de expresión que
nace al par de la criatura, porque con ella y para ella fué
formada, no ee olvidará nunca, y auxilia poderosamente
y constiiuye á veces el vocablo lo mismo aquí que en
China, mientras la eabiduría loca anda en busca de un
idioma universal cuando sin buscarle le tiene.

1896.

•

LAS FIESTAS PRESIDE~CIALES EX PUEBLA.-.1.dorno de la fuente de Sa!I"Ftancisco.

29

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN P UEBLA.-Adorno en una calle de la ~iudad.

-confundieron en el alma del pecador por no estar desde
tntonces preparada del toJ.o á recibirlos.
. Ya no se aplica,on loH 81gnos de ~va en perfecta re!ac1ón co~ lo_ que la palabra decía, sino que las más &lt;le las
Yeces s1gu1ticaban lo contrario, y un «Dios te guarde,"
ac,ompatia~o de mal gtsto, sonó peor aún que si se dijera:
«li:I demomo te lleve.11
l&gt;ejó, pues, de_sig1,i6.~arse con la voz lo que con ella se
decía,_y no se ~•Jo ya srno lo contra.río de 10 que se pensaba; mterpretose el valor de las frases tomó un mil!IDO
vocabl_o _diferentes sentidoe; y el recelo' de los oyentes y
la mahcia de los 01 adores dieron a l traste con la claridad
_y la pureza del leuguaje divino.
Por eso hoy sólo nos sirven fas palabras para que no
nos entendamos.
LUIS CALVO REV[LLA.

339
ro, y qnP Pn nuestro país está verificándoae ,.hora, al pa•
recn, co11 éxito inmejorable.
Lo qne produjo la impresión de extrañP1.a á que antes
mP. he referido, es la segunda parte del parrafo la cuaH gn nda parte. contenía lo siguiente:
'
«l'.ira la función inaugural prepara una reprise de La
Damn de la8 Camelias con una novedad intur..eante. Todo~ los artistas vestirán con arreglo á la mor!/\ de 1846.•
Y ¿á eso llaman ustedes novedad interesante? Y la ilustré Sarab, artista de ciarísimo entendimiento, ¿concede
importancia á esa niilerfa?
Porque, no lo duden ustedes, eso de que los artietas se
vistan ( como, en efecto, ee han vestido) á la moda de
1846 es una verdadera puerilidad: un alarde afectado y
como afectado ridiculo, de respeto al pormenor á la ~11.
nucia, á lo insignificante.
'
¿Qué bellezas añadirá á la obra de Dumas, hijo obra
que se sostiene hace medio siglo en todos los esce~arios
del mundo, la circunstancia de que loa actores !u.can
frac azul con botón dorado, y las actrices cubran su cabeza con la capota de toldo de tartana?
Esos lujos de exactitud, siempre y por necesidad in•
completos, pueden servir en algunos casos para ocultar
defectos de la obra literaria 6 deficiencias de artistas me•
diocree. Ni la obra de Alejandro Dumas, ni el deeempe~o de ~arab, necesitan seguramente eeos incentivos ant1artíst1cos para lograr favor del público. Quédese ese
afan de deslumbrar al espectador con vistosas decoraciones y c~m in~umentar\a extravagante para obras de eecasa cons1stenc1a, y escr1t-as acaso con el solo propósito de
qu~ ln_zcan sns dotes escenógrafos hábiles, y sus piernas
ba1 lar1 nas hnmosas.
La Dama de las Oameliat, drama pasional, es por eso
mi~mo dtl todos los tiempos y de todos l{)s paílíeS y tant? impresiona exhibido á la moda de 1845, como c'aracter1za&lt;io á la usanza del siglo XVII.
. Cuando el insigne y entusiaPta actor Emilio 1\far10, P~!le en esce~a El Caft y El Si de lasnifla8, El Viejo
y la 1, iña, comedias en que Moratín retrató admirablemente usos y costumbres, preucupaciones y vicios de @u
época. procede con gran acierto y suma cordura haciendo qui: los actort&gt;s vistan los trajes de la época retratada.
J~s sametes del ce)ebérrimo D. .Hamón de la Cruz, y caPI todas las comedias de B~etón, son asimismo cuadros
rle época determinada, en los cuales la circunet,ancia del
tiempo entra por mucho, por casi todo, en la composición.
A. SÁNCllEZ P.l!:REZ.

PUERILIDADES.
He leido en muchos periódicos la agradable la noticia
·dt- que Sarah Bernbardt, la eminente trágica francesa, se
i,_ropone _estrenar muy pronto la aplaudida obra del insigne D. José Echegaray, titulada Mariana.
Lo Cf:lebro por Sara BernharJ.t, q11e seguramente estará admn:able en ese drama: lo celebro por Echegaray
-cuyos trmnfos en el extranjero son triunfos de España'·
Y 10 celebro por 1~ literatura eepaflola, que acrecentará
de ese modo, g~c1~ ~I ~lento i1;1discutible del insigne
dramaturgo, su Junsd1cc16n y su mfluencia.
Pero los diari?s en que leí, hace Ja algunos días, con
.gran conte_ntamient,o mío, esa 11oticia, d.,cían alg&lt;&gt; más
qu~ nada tiene que ver con el drama espafíol y que pro •
a u¡o en mi ánimo impresión de extraf!eza.
. V~ase un párrafo de la noticia que publicaban los per16d1cos á los cuales alt•do.
«S~rab Bernbardt se ocupa actualmente en organizar la
pr6x1m~ ~emporada del teatro de la Reuaieeance, que ha
·de ser dmgldo por ella.11
Nunc~ me ha parecido bien que un actor tenga á su
cargo, sunultáneamente, el desemp.:ño de los papeles que
le corresponden en las obras dramá~icas y la dirección
del teatro en que esas obras hayan de rcpresentar,e. y
cuando el actor no es actor, sino actriz, la cosa me parece
peor todavía.
. Tengo el profundo convencimiento de que las atribuc10nes del c~mico y l~s del director Jel tl'atro son. rle todo en todo, mcompat1~les eu u_na pereonalidad misma.
á Y hallo más determrnada eea rncllmpatibilidad cuando
esas !'los personalidades se une una tercera: la del emP:esano......... Entonces, ent_onces, _cu~ndo empresario y
duecto~ y ~ctor se unen ¡11món casi siempre funes-ta! en
un solo md1 v1duo, es cnaudo pueden decir los amantes de 1
teatro: Nulla es redemptio.
;E11t1éndase que hablo en general y que esta reg'a, lo
mismo que todas, tiene excepcione~.
;Esto no obstante,_ com~ jamás me ha pasado por las
mieutt-wa pr~tensi-On r1dlcula de que estas opiniones
mfas, q11e considero razonables, prevalPciesen sobre las
.~enera1,nente admitidas, me explico y comprendo que
:-ia~b ~~rnb~dt sea. á un tiP-mp? mismo empresaria, y
~m~ra cómica, y duectora (6 directriz) del teatro de la
\ na1s~anre, y e61o me permito, en eon de tímida proes1ta, e11cogPrme de hombros y Jiecir para mi sayo· ¡así
sadrát-llo!
·
b ~ extraiieza! sin em:i&gt;argo, no. reconocía por causa nn
· ec o que he visto realizado vanas veces en el extranje-

LAS FIESTAS P.RESlDE:-iCIALES EN PUEBLl.-Arco levanta1o en la calle.de Zlrago2a.

�'

•
340

29 N OVIEMRRE, 1896.

· EL MUNDO.

29

NOVIEMBRE,

EL 1ffiNDO. •

1896.

1

[as fiesk15 presiaenciales en Fuebla.

El Consul alemán, Sr. Doremberg, entrega al Sr. Presidente una corona de 1aurel ofrecida por las Colonias.
alemana y suiza.

'Q'"onsue1afe . . . . no llores!
cuadro de Retttg Cleslus.

:Hl

�29

29 NOVIEMBRE, 1896.
EL MUNDO
~34~~~==========--=:A:::=~====·================~

t
HISTORIA DE UN PICAFLOR
cuento Invernal.

-¡Ah! sí, mi amable sei\~rita. Tal como usted lo oye,
tms de un jarrón de Pauloma y 11. Peo de ponerse el aol,
parlaban como ninos vivarachos, no se da?an pu&lt;1to d.e
reposo yendo y viniendo de un álamo vecino a. una ht•
guera deshojada y escueta, que esti!. más alta de donde
uett&gt;d ve aquel rosalito, un poco más allá.
¿Qné, quiere usted saber la manera, el có~o y el .por
qué entendemos esas cosas los poetas? ...... Facil cuestión.
Ya. lo sabri!. u~ted después que la refiera eso que le ha
infundido ligeras dudas, y que pasó.tal corno lo cu~oto,
una cosa muy sencilla: la confidencia de un ave baJo el
cielo llZUI.
.
.
Hacía frío. La cordillera estaba. de novia, con su m•
menea corona blanca y su velo de hruma; soplaba un
airecito que calaba. basta los huesos; en·las calles.se oían
ruidos de caballos piafando, de coc~es_, de pitos, de
rapaces pr~goneros que . vendían per1ód1cos, .de tran•
seuntes, ruido de gran ciudad, y pasaban. haciendo re•
sonar los adoquines y las aceras los traba¡adores de ~os•
cos zapatos, que venían del taller: los caballer1tos
enfundad;is en lwengos «paletots• y las damas en!ueltas
en sus abrigos, en sus m!lntos, con las manos metidas en
hirsutos cilíndros de pieles para calentarse. Porque ha•
cía frío, mi amable sell.orita.
.
Pues vamos, á que yo estaba donde usted ~e ha rech•
nado, en este mismo jardín, cerca ~e ese sil.tiro de. mar•
mol cuyos pies hendidos están cubiertos por las ho¡as d'3
la madreselva. Veía caer los chorros brillantes del sur•
tidor sobre la gran taza, y el cielo que se arrebolaba por
la parte de occidente.
De pronto empezaron ellos á garlar. Y lo hacían de lo
lindo como que no sabían que yo les comprendía su gar•
loteo: Ambos eran tornasolados; pequeñitos onix. Die•
ron vuelta por el ¡ardín chillando, Cl!-5\ imperceptiblemente, y Juego en sendas ramas prmc1p1aron su conver•
eación.
-¿Sabes que no me gusta, le dijo el uno al otro, tu
modo de proceder? No es poco el haberte sorpre_ndido
eata mañana cortejando á la hermosa duella del Jardín
vecino, á rieego de romperte el pico y quebrarte la c~be·
za coatra los vidrios de su ventana. ¡Oh! ¿haLráse visto
mayor incauto? Como sigas dejando las flores por las
mujeres te pasará lo mismo que á «Plumas de Oro,• un
primo ~ío más gallardo que tú, de ojos azules; tenía el
traje de tornasol amarillo, que cuando el sol lt arrebola•
ba le hacía parecer ll&amp;ma con ala.
-¿Y qué pasó á tu primo? repuso el otro un tanto
amostazado.
-Escucha, siguió el consejero, tomando un aire más
grave y ladeando la cabecita. Escucha y ecba en tu ~aco.
Era "Plumas de Oro" remozo, moníeimo. 1Qué mono era!
¡ Y au historia!
En esas bellas ciudades llamadas jardines, no había
otro más preferido por las flores. En días de primavera,
cuando las rosas lucían sus mejoree galas ¡con cuánto pla·
cer no recibían en sus pétafos, rojos como una boca free•
ca, el pico de'. pajarillo juguetón y bullicioso! Las "no
me olvides" ee asomaban por las verdes ventanas de sus
palacios de follage y le tiraban á escondidas besos perfu•
mados con la punta de sus estambres; los claveles se es•
treme¿ían si una ala del galán al paso les movía con su
roce· y las violetas, las violetas pudorosas, apartaban un
tani:i su -velo de hojas y eneefl.aban el lindo rostro al mi·
mado picaflorqne volaba rápido, luciendo eu fraquecito de

-Entre las estrellas y las mujeres son éstas las más tep 1u mas pálidas, cortadas por las
tijeras de la naturaleza: Pinaud rribles rivales. ¡ A.quéllas están tan lejos!. .....
-1.hora bien, wi amable sefl.orita, si quiere usted saber
de loe elegantes del boeque,
"Plumas de Oro" era un gran el cómo y el porqné soy sabedor de len.guas d~ p~jaros y
picaronazo......... Vaya ei sabía de flores, míreme usted, que ya se lo dnán mis o¡oe.
cosae.
RuBÉK DARÍO.
Bajo las enramadas, en las
noches de luna cuentan auras
UNA VENGANZA
maliciosas que ellas mismas llevaron en sus giros, quejas, t~La viuda de Pablo Saverini vivía sola con su hijo Annues y apacibles aromas, sub1•
tonio, en una casa pobre, situada sobre los baluartes de
tos y vigorosos aleteos.
Bonifacio.
A ver, ¿quién dice que ·'PluLa ciudad, suspendida sobre el mar, al pie de la monmas de Orll" no era un tunante? tarla, contempla por el estrecho, erizado de escollos, la
Ay! cuánto lo amaban las flores.
costa mas baja de Cerdell.a.
Pues ya verás tú, imprudenEl viento azota constantemente el mar y la pelada coste, lo que le sucedió, que es 1~ t-a, apenas ve&amp;tida de yerba, engolfándose en el estrecho,
que te puede suceder como s1• cuyos bordes aeola sin cesar.
gaA en tus malas inclinacione~.
Los penachos de espuma, adheridos á los 1,egn1zcos piDigo que una mafl.ana de pn- cos de las innumtlrables rocas qull rompen por doquiera
mavera "Plumas de Oro" esta• las olas, ofrecen el aepecto de girones de lienzos que floba tomando el sol. En aquella ti,n y palpitan en la superficie del agua.
eazón bajó al jardín una de esas
~a viuda Saverini vivía con su hijo Antonio y su perra
mujeres que parecen flores Y Capitana, hermoso animal de pelo largo y recio, de gran
que por eso nos encantan. Te- resistencia y acostumbrado á la custodia del ganado.
nía ojns azules como "campi!.•
1,na tarde, á consecuencia de una disputa, Antonio f:anulas " frente como azucena, verini fué muerto traidoramente de nn navajazo por Kilabio~ como copihues, cabellos colás Ravolati, el cual aquella misma noche ganó la isla
como las espigas y en conclu• de Cerdell.a.
sión, ¿paraquédec!r más? "Plu•
Cuando la madre recibió el cadáver de su hijo. que vamaA de Oro" perdió el seso. .
rios vecinos le llevaron, no lloró pero permaneció inmó¡Qué contfouo revolar; qué ir vil á su lado, contemplándole durante largo tiempo.
y venir de un lado á otr~ para
Ex:tendiendo después su arrugada mano sobre el cad,iser visto por la dama r•1b1al
ver, le prometió la i:endetla.
Ah "Plumas de Oro," nosa•
No quiso que nadie la acompañara y se encerró con la
bes !~que estás haciendo ...
perra en la cámara mortuoria.
Desde aquel día las flores se
La anciana derramó entonces abundantes lágrimas, y
quejaron de olvido, algunas se
y dirigiéndose luego al cadaver, exclamó:
marchitaron augustiadae, J no
-Duerme tranquilo, hijo mío, que tu madre te vengasentían placer en que otros de rá. ¡Ya sabes que cumplo siempre mis juramentos!
nuestros compafl.eros lleg11:ran
Antonio Saverini fué enterrado al día siguientt&gt;, y á loa
á beFarle las corolas, y m1en• pocos días nadie se volvió á acordar de él en Bonifacio.
tras tanto el rédomado pícaro
**
toca quetoca las rejas de la ca•
Antonio no había dejado*ni
hermanos, ni primos, ni
ea en que vivía la hermosnra,
hombre alguno que quisiera consagrarse á la vendetta. Sóno se acordaba de los jardines lo su madre pensaba en ella.
ni de la~ olorosas enamora.das......
.
Del otro lado del estrecho veía desde por la maliana
·No es cii:lrto que era un su¡eto azá; perdedizo? Ganas basta la noche un punto blanco en la costa. Era Longote~ía de llegarme á las rejas .por donde él vagaba Y de•
sardo, donde se refugian los bandidos coraos perseguido:!
cirle á pico lleno: caballero pnmo, e3 usted un trapalón,
de cerca y dona.e vivía Nicolás Ravolati.
¿Estamos?
La pobre viuda, al verse sola, enferma y próxima á la
Llegó un día fatal. Ello h'.1.bía de suceder. Yo lo ví con
muerte. no sabía qué hacer para realizar su venganza.
mis propios ojos. MientraJ «P.lumas de 9ro11 revo\aba, la Pero había hecho un juramento ante el cadáver de su hiventana se abrió y apareció riendo la pven rubia. En
jo y no tenía más remedio que cumplirlo.
una de su3 manos blancas como jazmine3, con las palmas
Una tarde, al oir ladrará Capitana, tuvo la madre una
rosadas, en la siniestra, tenía una copa de miel, ¿y en la
idea salvaje y feroz, que maduró durante toda la noche.
otra? A.y, en la otra no tenía nada: «Plumas de Oro11 voló
Al despuntar el alba, se dirigió al patio de su casa y
y aleteando ee puso á chupar la miel en aquel.la C?Pª, co•
ató á la perra con una cadena.
roo lo hacía en los lirios re~ien abierto3. M:1 pnm.o, no
Capitana est,nvo ladrando todo al día y toda la noche,
tornes tiso. r¡ue esta~ b~bien~o tu muerte ...... Y chilla Y signientes, privada de alimento.
chilla y «P1umas de Oro" siempre en la copa.
A la otra mañana llevóle la viuda un lebrillo de agua y
D., ;epente la rubia apri-!ionó al de3{raciado consuma• nada más.
no derecha .....• Entonce~ él chillab\ mis que yo. ~ero
A las veinticuatro horas tenía la perra el pelo erizado
ya era tarde ...... ¡ A.h! "Plumas de Oro» ¿n&lt;;&gt; ~e lo dec1.a?
y tiraba furiosamente de su cadena.
L'.I. ventana se volvió á cerrar, y yo, afl.1g1do,.suphqué
Entonces la Saverini fué en bueca de una buena canti-.
para ver por los vidrios qué era de mi pobre primo. En•
dad de paja, cogió un traje de su marido, que todavía
tonces escuché que......• ¡ D:os de las avt&gt;.sl Entonces es•
guardaba y construyó un maniquí que colocó cerca de Cacuché que la dama decla á otra co!llo ella.:
pitana.
-Mira, mira, le atrapé; ¡qué hndo disecado para el
La cabeza del mui\eco estaba representada por un lío
sombraro .....•
de ropa.
La vi..ja fué á comprar un pedazo de longaniza, y al
vol ver á su casa empezó á azar la á la parrilla, jnnto al sitio donde estaba la perra, que rabiaba desesperadamente,
azuzada más y mi!s por el hambre.
Después, la Saverini rodeó con la longaniza el cuello
del maniquí, y dió suelta á ('api!ana.
De un salto formidable, el anunal asaltó la garganta
del muf'leco y se putlo á destrozarla en busca del codiciado alimento.
La anciana, que contemplaba gozosa aquel especMr ulo, repitió varias veces el experimento con idénticos resu ltados.
El ejercicio duró más de un mes, hasta que la Saverini
logró al fin que la perra, sin estar previamente atada ni
tener hambre, se lanzara á una señal suya sobre el ~uil.eco.
Cuando todo estuvo 11. punto, la anciana se fué 11. confesar; luego se disfrazó de vieio, se dirigió á la playa y
contrató con un pescador sardo el paso del estrecho.
Acompall.ába!a su perra, y llevaba en un eaco una longaniza, que excitaba el apetito del animal, que no había
probado ni agua durante dos días.
Al llegar 11. Longosardo, la Saverini entró en una panadería y preguntó por Nicolás Ravolati, el cual había emprendido de nuevo su antiguo oficio de panadero.
El asesino trabajaba en el fondo de su tienda.
La anciana abrio la puerta y exclamó:
¡Horror!...... Comprendí la espantosa realid!'d ...... Vo-¡Eh,
Nicolás!
lé á reforírselo á las rosas, y entonces, las eepmosas ven·
Ea1e se volvió, y entonces la Saverini, soltando la pegativae, exclamaron como mecidas por el viento:
rra y seflalando á Ravolati, dijo:
-¡Bravo, que lo coja por bribón!
-¡Anda! ¡A.oda!.. ....
Días después, la tirana que asesin6 al infeliz, se pasea•
El animal saltó sobre su víctima, y se agarró al cuello
ba á nuestra vista por los jardines, llevaudo en el som•
del panadero.
.
,
.
brero el cadáver frío de «Plumas de Oro.• Ya lo creo, co•
El iofoHz extendió los brazos, lanzo un gnto y cay6
moque estibamos en moda, ¡cómo que estamos toda•
en tierra, no sin defenderse con extrema tenacidad.
vía!.. ....
Capitana le hizo trizas el pescuezo, y á loe pocos moVamos, ¿has escuchado tú, imprudente, la hi~toria de
mentos Nicolás exnalaba el último suspiro.
mi cuitado primo? Pues no eches en saco roto mis ad ver·
Dos vecinos, sentados á la puerta de sus casas, re.cortencias..... .
daron haber visto salir de la panadería á un anciano
¡Oh! ¡qué triste es la historia de «Picaflor!•
acompai'lado de un perro negro, al que iba dando de coY luego, mi amable sellorita, se fueron volando aquemer durante el cammo.
llos dos pica-flores del álamo á Is. hiBuera, de la higera al
La Saverini regresó á toda prisa á su domicilio, y dnrrosal, y del rosal al espacio.
Y oí que decían las flores en TOZ quedh, tan queda que mió admirablemtonte aquella noche.
Gov DE IlfA.UPr.AsA:-T.
yo solo la oí en aq11el:os imtantea:

NOVIEMBRE,

1896.

LA DUDA.

•

¡Qué cosa tan absurda me parecía el matrimonio!
La palabreja, si se quiere, es rudi1, pero así la aceptaba
entonces mi inteligencia en completo acuerdo con el cora•
zón: tenía veinte afios y en el romance de mis emociones
juveniles no recordaba la alegre all.oranza de un amorío,
desconocía las delicias y penas del noviazgo, y no guar•
daba en estrecha cajita de sándalo, un dimmuto bagsjede
-cartas, ni desconocidos ramillettls de flores difun~as, ni
medallitas de plata con inscripción al reverso y jeroglífl•
-cos de cándido simbolismo en el anverso, ni un ricito
a.ado á listón azul, destefl.ido, y oliente á Ixora, ni un
guante ( vestimenta de mano prócer), ni nu pafiuelo de
blondas ( leyenda de lágrimas ), ni un retrato con dedica•
toria, ni un anillo, ni una reliquia, ni un amuleto, nada.
Nin~uno de esos objetos que en su simplicidad evocan
paseos campestres en tardes de cielo claro, citas misterio•
-sas en cálidas noches primaverales ó dulces querellas de
enamorados, ninguna de esas remembranzas de alegrías
muertas que al viejo roban una lagrima, al joven un es•
tremecimiento y al escéptico una sonrisa, había ilumi•
nado con sus lontananzas de amor mi solitario cuarto de
-soltero.
Era algo romántico.
Lo somos todos en ese períe,do de la existencia en que
la vida es una aurora y la realidad una noche; además,
¿quién no siente extrafios anhelos cu.mdo aun no ha es•
trechado entre sus brazos un gentil y airoso talle de mu•
jer?...... ¿Quién no euefia si no ha bebido la miel de la
dicha en labios iremulantes ó desordenado con mano
avara la guedeja de oro, que, cauda de luz, chorreaba so•
bre el flanco nutrido y blondo de una harmosa?
Creía en el amor, en el mito universal, sin creer en el
-casamiento tal vez porque lefa mucho A Lord Byron y
me acordaba siempre de aqu1lla su expresión ea queafir.
maba que el matrimonio procede del amor como el vina•
gre del vino..... .
Engendré en la fantasía una mujer sin semejante en la
,tierra y nuevo Jason en busca del Toison de Oro, corrí
en la de mi amada del misterio, creyendo encontrarla en•
tre esa muchedumbre de beldades que hormiguea siem•
pre junto al que po~ee buenas tierras de pan llevar y mejores ganas de verlas engullidas á grandes bocados por
.bocas chiquitas.
Viajé.
Ví muchas bellas y 11. los piés de todas me rendí ena•
-m orado.
En mi atolondramiento, semejante á un vértigo, con•
jugué el verbo amar en todos sus tiempos, números y
personas.
Mi corazón, sin purificarse, se transformó al crisol de
.todas las metamórfosis amatorias.
Amé y odié, padecí y fuí feliz, dudé y creí, fuí cobar•
de y temerario, tirano y pordiosero: en mis voltej,.os de
't!altimbanco caí muchas veces con la cabeza hundida en
-el cieno y los piés insultando á los inmPnsos cielos; -:&gt;tras,
-de rodillas pidiendo á loa dioses misericordia, ó á las cor•
-tesanas una migaja de sus viles deleites para saciar por
un momento esa hambre de algo indefinible que m,:1 de•
-voraba.
¡Yo soñaba mucho!
Como el idiota de Ibsen extendía mis flacas manos á
un cielo trivial, y al columbrar el amarillo fulgor del sol
-enfermo, clamaba con voz de niño antojadizo:
-¡:\-!adre!.. .... el sol!.. .... el sol!. .....
No sabía que el que quiera remontarse al astro con
las alas endebles de !caro, debe ineludiblemente eetre•
liarse en la caída.
Compré una finca rural.
Al principio viví como Manfredo, en una torre som•
bría, testigo de mis dudas y diabólicas desesperaciones;
-después. me atrajo la naturaleza y pt&gt;neé en el Junfrau
escalando las reverberantes nieves de los volcanes, esos
monjes blancos que agujere,m las brunas nublazones con
el pico de sus capu~hae; entré á ~as cavernas, pas~aba.ba•
jo las arcadas crfpt1cas que fabrican las aguas cr1staltza.
das, y también me lancé á errar por los bosques, como
410 Hamlet, triste, á la hora en qne el Poi se di!!u lve en
los piélagos de hn y la casta noche enreda sus negros ca•
~ellos en las ramas de los árboles.
Cerca de mi retiro había uu pintoresco chalet, y de él
-era la hada, Genoveva; Genoveva es mi esposa; la quise,
..¿por qué? Lo ignoro aún; estaba sólo, mi cerebro era
algo igual á un nido de murciélagos, los pen~amientos
.que en él bullían eran tor vos como cuervos, elevábanee
-en macabro vuelo hacia un cielo estremecido por el eclip•
ee, sentía frío en el corazón, el ecepticismo me aniquila•
ba y en mi soledad de Prometeo comido por los buitree,
la sonrisa cándida de aquella criatura fue beso de sol,
iulgor auroral, perfume, eeperenza, amor!
La novela de mis locuras acabó en el principio de las
-de los demás, la adoré con todo el ímpetu de mi tempenmento impresionable y tres meses después de conol ~r•
J.., le ofrecí ante el ara del altar, mi nombre, mi fortuea
_y mi corazón.
Al afio de nuestra unión, como prueba de amarme mu•
--cl:.o dióme un niño sonrosado y rubio, cual riente ma•
flan'a de Abril. ¡Si viérais qué bebé tan pillo y tan bar•
hiánl ..... .
Desde entonces, soy feliz, asombrosamente, tanto, quA
..á veces me inquieta la felicidad.
Se me dirá que es extrafl.o que un marido ame á en mu·
jer á los dos afl.os del día de bodas, como quien dice en el
menguante de lo que llaman luna de miel. Ciertamente,
pero como ninguna regla es absoluta, creo contarme entre
las excepciones, ¿por qué no?........ ( se p asea tarareando).
J Qué recue!dos conjura en mi memoria esta musiq uilla!. ..
Un drama, el drama donjuanesco de aquel tiempo, cuan·
do era seductor y ca1avereabaen todas partes; mi ro~mo·
.-ia reconstruye por arte mági~o el arrur....bado kale1dos•
-copio, y veo mujeres, mujeres, ¡ muchas mujareel (re·
..flexionando). El tiempo, eso que. desmenuza e1;1 st&gt;gundos
fa waot:cilla i1lnMM&amp;~le d~-ffl&lt;•J, :es ~1m1.--ierr1blo:, y lat.l!-1

EL MUNDO

343

evolución ...... ¿por qué el dfaque va á llegar será siempre cia la arenilla que de11equilibra el fiel C,..e la balanza, la
go:a de ª"'u" que hace reoosar el recipiente, las a las cárun sarcasmo do:,l que ee fue?..... .
Surge el sol dEll!pués de la sombra, quita al planeta la denas dtlr9lámpago que azot!'ron el espacio a l desgarrar
túnica bordada de estrellas con que la noche lo enca~uzó la nube tempest1103a, conclusión: el derecb.o de lo peqaepara ,•estirle con la suya de ópalo y de grana, muerti ex• f'l.o qua p .&gt;r la ley ev...lutiva del movimiento se une a Jo
pléndido y majestu~o, y nace siempre altigre y bello co· grande y Jo transforma; total: nada!
¿ E'or qué apenarrnti?
.
.
.
mo un ensuefl.o ó una ilu~ión; pero los d(as muertos, e~os
¿Qué tl.i la criatura ante el mfiiuto? .....• Una birbaJa.
que se llevan una página blanca de la v.1da, ó la rúbrica
solemne de un juratnento, ó la sensac1ó~ de un placer de ll"Ua pira el bramante mu.....• !,Pvrque. bay ab.&gt;rreinocente de aquellos que no pagaron débito al ~eci1do, c ioo~nt.&gt;.i en mi pecho dejarJ. 111 LLerra d.i g 1r.4r sobre B11
no resucita!!, naufragan en las ondas eté_reas, call~das, ej.i"/.. ...• ¡ l\fl cólerill la cólera inügnificllnie da:. m.&gt;rl.ll,
del espacio infinito y misterioso! (Con. ansiedad) . ¡81 ?~· ¿~erJ. CA¡Jat de p3rt urbu la p.u ~oldmne. de 103 01e1(?3L..•
diera contenerse la fuga dei tiempo, esa carrera vtirt1g1• ::,i no pjdilmos nad.i e n los d;ist1nos un1 veraale3, s1 sólo
nosi. dtil principio al lin de la vida á la m.ierte!.. ........• somos humildes fantoches que mueve el ac,130.á ~u anto¡ Bah!......... ¡Ineensato ~fán! ( Revol~iend.o unas car~). jo ...... ¿E'.ira qué h1cer melodram&lt;1?.. ...• ¡ E.i nd1cul~t.. ••
¡\..Juatro canas! Famoso corrtio, en me¡ ,r t1e1Dpo, abnr1a• L.i aoej1 y la uorliliga, esas menuuas ol&gt;r&lt;1ras, ¿lldp1ra11
1as c,m ansiedad, c on emoción, poq_ud polnan traerme por venmra á el1fü:ar una B.ibel?...... ¡ N"u l. ..••• ¡ ld:3 la
la ci~a misteriosa de una linda enam&lt;Jrada, !03 reprochea Jey!. ....• La co ncha debe pe6 arde á la r.&gt;ca; e l ala, e1uen•
de otra ol vidada ingratamente!......... ¡ Pero ahora!. .......• der3e aoanico d e plumas, y volar...... ! ¡volar.....•. (cim
f1npet~) ¡ Pero si la razón es impotente! ¡Siempre estad11.¡Qué va á ser!. ...... .• Vé amos las firmas ( r omp&lt;los. sobres) .
¡ lirfgido Canseco 1......... ¡el fastidio31,1 arr,mdatano! ....... . d1 clilv.ida com.&gt; un venablo ell: mi corazón!:····· .l~ué
tué de m i a ltruismo?...... ¿Soy ta1 vez un teórico ncticu¡ A.ridtides B.~rruguete!. .... J el ab:,g..di llo picapleitos!. ... .
¡[nc,msable moscó n!. .......• H e aquí una carta.que no mil Io·?....... ¡Provlema, problema! ( abriendo u na ventana)
parece m uy pro3aica ( tomá,ndol"' por una esquw.a), b u el.e ¡ Q i é tardti tan btilla, tan rubia, tan tibia, ¡adorables crepusculos de otoño! D,jéra3e que las nub~ son los res~ de
á violetas, las letras son muy pequeña~ p&lt;H&lt;!Cen h o~mL·
gas cou dolor de riñones (observJ,ldola), f..,rnun la d1rec• una so berbia He~a~omplios que se derrumb1 en los aires,
ción cinco palabras y ca&lt;la uno tiene dos fa_ltas di-, orto· tis majestuoiameme gr.inde ase .s-&gt;.l qud ~e apaga folgerue
grafía; no hay duda, esta carta es de una mu¡er, y de una y espténdiuo ewbot !ladose en ttmebla impenetrable, _pa,1.0u¡er bonita; véamos la firmi qu.e es, s.ig ~ramdnte, un ra preparar e n una.l borils negras 111 epifanía de 1~ luz,
garabatito muy m o no (abre lu cubierta) . ¡lhll'l! n o está ¡Ob! para comprnnder nuestra 1mpotenc1a y mezqumdad
oasta rtimontar el pen~am1anto á .los ~110~03 que CO·
tirmadal.. ....... ¡ Una incógnita!. ........ Lé imos ........• léa:
mos ......... ( L ee) . ¡No; uo tis posi b1ti, nunca lo creree, mt mienzan á brillar trasponer con la rmagrnac1ón aquella
mujer. Uenoveva eno-añ1mne ¡ veuderma! ¡ tra1c10nar- fr11uj1 carm (uea que ciña las crastas de Jo3 monte,i con
me!.. ....... ¡Con l\fauri~io!. ...... '.. : .\ii mejor am igo!. ......•• di1uema dd rubfod..... .
¡CoutraJte midterioso!
.
.
Grosera 1Djuria de a lgún imbá.:il que á costa m1a quier&lt;!
Aquí ravol vié udose como un. ID:ano¡o de reptiles. las
divertirse. ¡M:e averi;-üenza que haya ~a~1do en m1 cere•
bro, aunque sea por un instante, tan s101astra y h&lt;;&gt; rren· pasione3 más b1jas, los ab.&gt;rrec1m1entos má~ tlaugul.Illr
da idea. ¡No puede ser! ¡no! ¡no! ¡no será!. ........ ¡impo- nos, las env1diai m.is arter"8, y, allí, en el tirm.11!1-eu.so
!lzul, impasible, sin manchas, con toda la tranqu1hdad
sible!
del costno3 la talma, imperturbable, abrumadora, eter¡Sospecha insensata!
na...... ! et~rna en las eternidades .....• !
¿Qué interés podrían tener en atormentarme?
¿Será mdntira?
¿i::lerá cierto?
¡Horrible incertidum]:&gt;re!
¿Mentira?
. .
.
¡Oh! ¡ma!Jíto! ...... 1Maldito el que calumnia...... !
¡Terribles conjeturas!......... ¡Cav1lac1onea de un ciego
en una noche!......... ¡(Jada palabra dé este papel es una
Cmo B. CEBALLoe.
gota de veneno que inyecta mi co~azón. y lo empo.zo.
Noviembre de 1896.
!la......... ( pausa ). Analicemos la s1tuac1ón, tran9ml~•
mente en perfecta calma· arranquemos de la conc1enc1a
contu;bada el manto del ~en tauro Neso, las pasiones son
más perju ciosas que la hidra de Ler_n~: e!iminémo.sl.as,
Aceptado que soy villanamente tra1c1~nado; adm1t1do
también que es mi viejo compinche el dtrecto responsa•
EN UN ALBUM
b1e de esa felonía......... ¿Estoy dE:sho~rado porque la
preocupación social. es decir, la címca h1p:&gt;cr~sía dé una
Cuentan que el fatigado caminante
n:iulti~ud coaligada, marca mi frente con demgrante es·
detiene su camello jacteante
t1gma? ........ .
al divisar en lontananza un huerto;
En qué precepto moral se sustenta esa peregrina ley
y i,t,u~audo en la sombra hospitalaria
quti acnHa al esposo del crimen perpe~rado por su co .....padeva á su profeta una plegaria
fl.era?. ..... ¿No como el romano estoico puedo pregonar
en medio del silencio del desierto.
también:
Martius me ha escupido?
Tu libro es un oásis, Y mis versos,
¿Ahora bien· los llamados culpables lo son realmente?
peregrinos dispersos
Afirmarlo d~ hecho es negar los derechos de lll psico·
que al acep.ar tu generoso abrigo
logia; la carne tiene fueros gene~iacos, til tempe~ament?
recogtsráu el aire que respi~as, .
es déspota; manda y la disyunt1 va es cru,:11: tnunfar u
cantarán el aft:cto que me msp1ras,
obedecerlo.
y cua.udo mueras, worirán contigo!
Vencen los héroes, sucumben los hombres: es lo hu·
ANDRÍ!S A. MATA.
mano.
Cada individuo posee un crite.rio y un instinto Bl!-YOS,
y, esas dos fuerzaa, las pr'mord1ales en el. ser, a! VIDCU·
larse en marital connubio le hace u concebir un~ idea BID·
BALADA D.EL AUU.
guiar y propia de la estimación, resultando de ahí que
tan honrado puedti ser un presidiario como el juez que lo
Cuando llora y se queja el arpa eólica,
mandó á galeras.
Contrista el corazón y lo desgarra;
Además resucitar á Otello en nue.stro tiempo es anaMas no vibra jamás tan me1ancólica
crónico, ¿por qué no decir!(??...... ¡~idículo!....... ~Vale
Como vibra en tus mano&amp; la guitarra,
acaso el podrido embeleso aoc1al la vida de un seme¡ante
aunque él sea el más odioso delos vivie,tes?...... ¡Ah!. .... .
Cuando hieres las cuerdas, se incorporan
¡Maloch existe aún!
Y aleteando las notas se levantan ..... .
A 1:sa voz que vibra en mi interi?r, s~ opone E:I grito
¿Q.ié oi.,,n.,t1? ¿un i,edar?...... pur et10 iloran,
pasional, siento fer01entarse y hervir odt(?B fo_r1I1:1dab les
¿&lt;.¿uién lo iuei,1ra? ¿d amor?... por eso caman.
en el pecho y el deseo de venganza enturbia m1 vista con
Yo te envidio ese dón; es dón del cielo
los pliegues de su inmeusa bander~ n~gra.
.
Que t.e hace traducir en melodía
Me embarga la volupt•1osidad cnm1nosa del mato1de,
'l'us tristezas, si tu alma está de duelo,
ese placer turbio y punzante de los puñales que solo se
Y si gozas también rns alt-grías.
aacia en la sa~gre, ante el cuerpo yacente y frtinte á loe
t,,rrores del rtiwordimiento!
Tu música me encumbra haeh el ensuellol
Y we han llecllo llorar tus notas de oro,
1Venganza!......
.
.
Diríase que en la bóveda so1i•.ar1a de m1 cráneo treme
.A. mí, que hace ya tiempo que no suell.o,
y clamorea una campana que repica 11. muerto.
.
.J.. mí, que hace ya tiewpo que no llorol
¿Debo tener la conviccion de que ella es una m1seraALllKRTO JIKÉNIIZ.
blo:,?
Tixtla, Noviembre de 1896.
¿Creerla inocente?
¿Este papel puede en sana lógica arraigarme el convencimiento ue su falacia?
¡No!...... ¡No!... ... ¡No!. .... .
INQUIETUD.
¿En~nces por qué estas gotas de fuego en mis mejillas?
¿el bronco bramido de mi pecho? ¿1a agitació n que se
¡Cre.1r ó no creer! ¡Fuera la ciuda
apodera de mi ser? ¿la tensión de mis ~ervi."e? ¿la fiebre
Que todas nuestras dichas envenena
q11e caldea mi cabeza? ¿el temblor de mis miembros?..... .
Y á su yugo implacable nos condena
¡Oh! ella me engaña, ¡me engafl.at. ..... ¡Infame!, ...... (&amp;
Mil:lntras crüel al corazón se anuda!
oye un canto de m ujer ) .....• ¡Aduerme a\ niño!. ..... ( br~a
Más vale siempre una conciencia muda
transici611) ........ ¡ Voy á verla, á arro~1llarme á sus pies,
Y al sentimiento religioso agena,
á pedirle perdón por haberme ~trev1do á dndar .de su
O la creyente que en su fe serena
amor ...... ( llega á la puerta y retroced e) ...._. ... ¡No, s1 fue:ie
J)el aguijó n de la impiedad se escuda.
verdad adornaría mi vergütinza con el ridículo, entraría
¡Qué dulce debe ser dejar sin duelo
á prodigarle caricias cuanrlo tal vez ese, el otro, m i ami.Aqueste mundo del dolor morada,
go, se esconde en algtí n mueble; entrando, debilitaría mis
Con la promesa mietica del Cie10,
certidumbres y aseguraría su descaro; no lo haré, si el
hombre cae que sea como los gladiadores....... ¿No es un
O rendir ein temores la jornada,
lncbador?....... (con melancolía ). Ayer estabil a legre, era
Sintiendo solo el infinito anhelo
venturoso, ahora soy dePgraciado, pues bien., esa meta•
De volver al reposo de la Nada!
rnó rfosis que tan sensiblemente pertur~a un organismo
i ,¡;ni fba que Ia ve Ieta q u.. JWU:CBt.a á .m1Blli'.r.te .u.o b.u.eo
1un b ,, ee ha aesvi 1co !Cin1qu ier c of a ! el aire qne arreNrn-ie rubre d, 1896.

y:

�EL MUNDO.

344

29 NOVIEMBRE, 1896.
29

MI SUICIDIO.
-Muerta ella; tendida sin movimiento en el horrible
M,aÚd de barnizada caoba que aún me parecía ver en sus
doradas molduras de antipático bri.llo, ¿qué me restaba
ya en d monde,? En ella u~nfa rui luz, mi ngocijo,, ll!i
íllll!ión, mi delicia toda ......... y desaparecer as1, de suh1•,
to arrebatada en la flor de 811 juventud y de su seductora
.belleza, t'ra tanJo como _dt-cirrne ?~n w~lodiorn v?z, la
voz mógica la -,,oz que vibra en m1 rntenor produciendo
acorde11 dh:ino~: "Pue!l·me ama8, sfgueme."
.
.
¡Seguirla! Sí; na la única rePoluc1ón digna de nu canfio, á la altura de m1 dolor, y que remedu~ría la ete~na
u-isteza á que me co~denaba !ª adorada cnatura: huir á
otras regiones. Seguirla, reunirme con ella, svrprenderl_a
en la otra orilla dd río fúnebre ......... y estrecharl~.d:ehnnte, i-xclarnando: "Aquí estoy: ¿Creías que v1v1ría
sin tí? ~lira corno he ea bido buRcarte y encontrarte y evitar qne
de hov más nos separe poder al·
guno."
Determinado ya á rt&gt;alizar mi ·
propósito, quise llevarlo á cabo
en aquel mismo aposento don·
de ee deslizaran inseneiblemen•
te tantas horas de yentnra, medidas por ,il suave ritmo de nueRtros corazones........ Al entrar,
olvidé la dt-8gnicia. y parec;óme que ella, viva y sonriente?
acudla como otras veces á m1
encuentro, le 'lantando la cortina paia verme más ·pronto, y
dejando irradiar en eus pu_1?ilas
la bien venid~. y en sus meJtllas
el arrebol de la felicidad.-Allí
estaba el amplio eofá donde nos
eentábamo~, tan juntos como Fi
fuese estrechísimo; ali! la chimenea hacia cuya llama tendía
l&lt;&gt;s piece~itos cucoR; y ·ri la cu~l
yo envidioso, losdisputabaabng~~dolos c0n mie manos, donde
cabían holgadamente; allí la butaca dond., seaislabai:n los cor·
tos imrnutes de enfado pueri_l
quedupliraban el pnciode laB
reco11c11iaciones; alH lll.-gorgonade iri~ado vidrio de Salv1ati, con
la'! últimas floret&gt;, ya H'_cas .Y.Páiidae, que PII mano d1Pp~1~1er~
a1t!sticamente para ft:stt-;¡ar llll
-nresencia ..... .
• Y allí, por último. como maravillosa resurecc1ón oel pasado,
inmortalizando su ador11ble forma, ella, ella mi8ma ... es decir,
su retrato, su gran retrato de
cuerpo entero, obra maest-ra del
célebre artista, que la rl;'prese:itaba sentada, vistiéndose uno de
mis trajes prderido~, la Pencilla
y candida bahi de blanca seda
que la envolvía en una nnbe de
eepuma. Y era rn actitud fami•
liar, y eran sus ojos ve.rdes y Ju~
minosos, que me fascrnaban, y
era su boca entreabierta, come&gt;
para exclamar, entre halago y
repren~ión, _el "¡q_ué ~arde _v_1enes!" de la 1mpac1enc1a carmosa· y eran sus brazos redondos,
qu'.e se ceflían á mi cuello como
la ola al tronco del náufrago. y
era en suma, el fidelísimo trasun'to de las lineas y coloree, al
través de los cuales me había
cautivado un alma; figura encantadora que significaba para
mí lo mejor de la existencia.....
Ali(, ante todo cuanto me hablaba de e•Ja y me recordaba
nuestra unión; a!H, al pie del '}Ue
rido retrato, arrodillándome en
el sofá debía vo apretar el gatillo de Ía ruagnítica pistola inglesa de dos cañones-que llevaba
en' su seno el remedio de todos
los males y el pasaje para arribar al puerto donde ella me
aguardaba.-As~ n~ se ~orrarfa
su imagen de mis OJOS m un segundo: los cerraría mirándola,
y vol vería á al,rirlos viéndola, ya no en efigie, eino en espíritu.........
La tarde caía; y como deseaba contempl~r á mi eabor
el retrato al apoyar en mi sién el cañón de la pistola, encendí la lámpara y todas las bujías de los candelabros.
Uno de tres brazos había sobre el •ecret,r de palo de roea
con incrustaciont&gt;s, y al acercar al pábilo el fósforo, se
me ocurrió que allí dentro eetarfan mis cartas, mi retrato los recuerdos de nuestri,. dilatada é íntima historia.
U~ vivaz deseo de releer aquellas páginas, me impulsó á
abrir¡sin dilación el mueble. Es de advertir que yo no po~ía cartas de ella, las que recibía, devolvfalas una vez
leídas, por precaución, por respeto, por caballerosidad.
Pensé que acaeo ella no había tenido valor par:, destruirlas, y que de los cajoncitos del secreter volvería yo áoir
alzarse su voz insinuante y dorada, repitiendo las dulces
frasee que no habían tenido tiempo de grabal'Pe Pn mi
rnemoTia. No vacilé-¿vacilar el que va. á mol'ir?-en
descenejarcon violencia el primoroso mueblecillo. Saltó
en astillas la cubierta.'Y metí la mano febrilmente en los
cajon.:itos, reYolviéudolos ansioso.

Sólo en uno había cartas ....... Los demás los llt&gt;naban
cuentas, joyas, dijecillos, abanicos y pañuelos pe1 fumados.
-El paquete, envnelto en un tro1:o de rica. seda brochada, lo tomé muy despaoió, fo pdlpé como se palpa la cabeza del eér querido antes de dtlpositar en ella un be110,
y acercándome á la !nz me dispuse á leer. Era letra de
ella: eran sus queridas cartas. Y mi espíritu agradecía á
la muerta el dtllicado re.fioautiento de haberlas g"Uardado
allí, co1,10 testimonio de su pasión, como codicilo en que
me legaba su ternura.
Deea\é, desdoblé. emI)f'cé la lectut'll ...... Al pronto creí
recordar las cantantes frases, las apasionadas protestas y
hasta las alu. iones á dt&gt;talles íntimos, de etos que solo pueden conocer dos per.onas en el mund,,. Sto embargo, á la segunda carilla, _u!1 i..&lt;;iefir~ible malestar, un
terror vago, crnzaron por m1 1mag1 nae1ón, come c1 uza la

NOVIEMBRE,

1896.

345

EL MUNDO.

ventura...... señalaban tan exactamente como la 1::rújula
eeñala el polo, 1~ direeción verdadera del corazón que ., o
juzgara orientado haéia--el mío! ¡Mas dolor, más infamiat
De los terribles párrafos, de las páginas surcadas de ren·•
gloncitos de una letra que yo ~ubi~ra reconocido entre
todas las del mundo, saqué en hmp10 que tal i·ez...... ... al
mismo tiempo ...... ó muy poco antes ...... y una voz irónica
gritaba al oido. "iAhora sí.. ..... ¡Ahora sí que debes suicidarte, desdichadolu
Lágrimas de rabia escaldaron mis pu;:&gt;illll'; me coloqué,
según había reeuelto frente al retrato; empufié la pistola, alcé el c11flón ....... y apuntando fríamente, sin prisa,
sin que me temblase el pulso...... con los dos tiros........ .
reventé los dos verdes y lumínicos ojos que me faeciuaban.
EMILIA p ARDO B ,ZAN,

DA.MAS DISTLNGUIDA.S.

El Gorilla.
El Gorilla es el mayor de los
monos ant1opóides. Como estos
artículos no se escriben para
los versados en los conocimien•
tos y términos científicos, rf'•
cordamo11 la definición diciendoqne autropóide quiere decir, á.
i11tit11ción del howbre. Este antropói,le es indígena dela región
~c11atorial del Africa occidental.
Fué t-1 doctor americano Mr. T.
S. Savage, quien por primera
vPz llamó la atención del mundo cit&gt;ntffico sobre este animal,
de~crfbiéndolo el afio de 1847
en Bo ton .Jáurnal of .Yatural
Jlislory. Su ost!'ología la describió el l'rvfosor Jdfries Wyman.
Al principio ee le incluyó en
el mismo genero de chimpanzé,
mono maa inteligente; pero más
tarde, en 1852 y 18~3 se le asignó su gé1,ero propio, habiéndolo hecho el natnralibta francés
1\1. Gt&gt;offroi St. Hil:dre. El Profesor Owen lo denominó T. Savegei, dejando lo en el ~énero chim•
panzé. Du Cbaillu fué &lt;.JI primer
blanco qne mató un gorilla con
sus propias manos. .Al volver ,i
los Estados U nidos en Agosto de
1859. de la región circunvecina
del Río Ga1Joon trajo unos cuan·
tos especimens ó muestras completas del macho ó de la hembra, pellejos y esqueletos en per•
fecto estado de preservación,
que se hallan casi todos en las
colecciones di, Lóndres. El cránP.o del macho el más largo y
más ancho, pero menos pesado
que el dehombre, y la capacidad de la cavidad que contiene
su cerebro es menos de la mi·
tad de la que corresponde á la
C9.vidad de las más inferiores
razas humanae.
El gonlla adulto tiene 5 pies
y 6 pulgadas de alto, su altura
natural, aunque d, @pués d.e
muerto es mayor. Algunos miden de 7 á 9 pies desde el extremo las manos extendida!!.
Du Chailnll tenía un espécimel
que tenía 8 pies, 11 pulgadas en
i-se sentid.&gt;. Su progresión fa.
varita ea en cuatro patas; pero
lleva siempre erguida la cabe•
za y mira siempre hacia adelante. A causa de Ja mayor longitud de eus brazos se inclina
ménoe que el chimpanzé. Los
gorillas se presentan generalmente en grupos de 5, cuatro
hembras y un macho; sin embargo, á los machos viejos se
Jea encuentra á menudo solos.
Aunque viven en la misma vecindad del chimpanzé, no se
t-ratan. Su fuerza es enorme, no
DE ouAYMAs, soNoRA.
sólo en las quijadas, que pueden
aph1star un cañón de escopeta,
[De fotografla de Berna l.)
ainó en las manos y los piéa que
bala por el aire antes de herir. RecLacé la idea, la mal- á la vez en los camino~ emplean para atacar defendije pero volvió, volvió ...... volvióapoyadaen los párra· der~e. Con suma felicidad quiebran los árboles de tres á
fos de la carilla tercera, donde ya hormigueaban raEgos cuatro pulgadas de diámetro. No pasa de ser cuento la
y pormenores imposibles de referirá ~i per~ona y á la idea dP. que llevan un palo en que apoyarse.
historia de mi amor ...... .A. la cuarta carilla, m sombra de
Se diferencian del chimpanzé en que no se lea puede d~·
duda pudo quedarml::: la carta se había eecrito á otro, y rnesticar, pues este, á lo ménos en su juventud, aprecia.
recordaba otro días, otras horas, otros sucesos para mí el buen trato que se le d:¡. Tampoco constr:uyen_, COIJ!O
dt'~conocidos..... .
el chimpanzé, techo en qde cubrirse; y en mtehge!1c1a
Repasé el resto del paquete: recorrí las cartas una por ~on muy inferiores. Es cuento también lo que se ha dicho
una que todavía la esperanza terca me convidaba á asir- de venir á los poblados para llevarrn las negras:
me de un clavo ardienuo; quizá las demlis cartas eran las
Generalmente es mudo. Al atacará su enemigo da un
mías, y sólo aquella se había deslizado en el grupo como grito terrible, que ee oye á gran distancia. A ~os nPgros
aislado momento de una historia vieja y relegada al ol- del interior les gusta mucho la carne del gonlla Y del
vido. Pero al examinar los papelee, al descifrar, frotán- chimpanzé.
dome los ojos, un párrafo aquí y otro acuyá, hube de con•
vencerme: ningun!'- d~ las epíetolas que contenía ~I .Pa·
quete había sido dirigida á mí.. ...... Las que yo rec1b1era
1\firé...... pero no he·vistoen parte alguna
y restituyera con religiosidad, probablemente se encontrl\ban incorporadas á la ceniz de la chimenea; y las que
ir del brazo la dicha y la fortuna.
como nn astro ella hab(a conservado siempre en el ocnl(;AMPOAVOR.
to rincón del secreter, en el aposento testigo de nuetrae

$rifa. Zaltarina ~berri

•

LA

l.NUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 6.-Yéanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

Redel, sentad&lt;&gt; cerca de la condesa, estaba hablando
de su última expedición, pero esta asunto no duró mu-cho tiemv.o, pues por medio de una transición muy hábil cambió pronto de conversación y abandonó aquella
en la cual la señora de Mossler había querido hacerle
brillar. Habló de música con Vignot y emitió con gran
,Sencille¡¡ ideas que encantaron al viejo artista. De un
salto y sin que nadie se lo pidiera, Vignot se apoderó
del piano y se puso á interpretar á Beethoven como él
sabía sentir al gran maestro. Después la conversación se
reanudó, entrecortada por piezas musicales á modo de
comentarios, y el recién llegado se encom.ró colocado,
con toda naturalidad, entre los .fieles de la condesa de
-OOutras, como si les hubiera pertenecido desde la fundación del cenáculo. Se manifestó buen músico y, con un
papel puesto sobre las cuerdas del piano, para amorti•
,guar su vibración, tocó algunos aires africanos de chocante originalidad y en los que parecía que una tropa de
.guerreros, armados de flechas y con sus carcaxea de cuero, danzaban cadenciosamente, para distraer al jefe, entre las palmeras enrojecidas por el sol poniente y sobre
la hierba de los krals.
Redel volvió asiduamente á casa de la condesa. Aquel
-salvaje, que huía del mundo y que no hablaba, al principio, más que de su fastidio de estar en París y de su
deseo de volverse á marchar, se mostró en los salones de
la condesa y aceptó en el ministerio de la Guerra un cargo que debía retenerle en París dos afios por lo menos.
Dió como pretexto que su madre, vieja y enferma, quería tenerle á su lado y dijo que tiempo tendría pa~a recorrer los desiertos cuando se quedase solo en el mundo. Se le escuchó, sin deacutir sus razones, y cada cual
~reyó lo que quiso. Los que siempre pretenden estar bien
mformados supusieron que el ministro quería tener á
Redel en el Estado mayor general, porque veía en él uno
-de los grandes jefes futuros del ejército. Los que pare-

cen no saber nuuca nada se dijeron entre ellos qut&gt; el coronel estaba enamorado apasionadamente de la condesa
de Coutras y que no podía soportar la idea de separarse
de ella.
Enriqueta siguió viviendo con su hermosa serenidad
intelectual, disimuland~ sus penas, si las tenía, poniendo ~uena cara~ sus amigos, amable é indulgente con su
mando Y pareciendo haber restaurado en esta sociedad
moderna, tan agitada y tan febril la ¡ntigua y deliciosa
quietud epicúrea.
'
El conde Valentín volvió á las locuras de su vida de
soltero con t.anto mayor empuje cuanto tnás tiempo se
había abstenido de ellas y más economías de buen juicio había realizado.
.A.caso un incidente que había disipado todo duda entre Celina y él, contribuyó á aquella vuelta á la mala vida. La g~~.rra que se hacían Celin'\ y Valentín con bastant~ fut1,1da!3, para que la joven tuviera el derecho de
contm~ar!a srn comprometerse á sus propios ojos, tomó
en los :0It1mos ~eses un caracter sordamente ofensivo
que hizo reflexiona·á la mujer de Federico. Va no se
creía segura en cuanto á Coutras. El camarada que, buen
muchacho, bromeaba con ella se había convertido en
un pretendi~nte atrevido de p~labras y que sólo esperaba un_a ocasión para pasar á vías de hecho.
Ce_hna comprendió claramente la modificación de intenc.1onea de Valentín y aunque podía acusarse de hab~r Jugado co!1 el fuego uo poco máj tiempo del que hub1e~a conv~mdo, se replegó prudentemente y ya no
arriesgó naaa. Se acabaron las antiguas conversaciones
esc!lramu~as co~teses á propósito de todo. Puso al cond~
á c1e~ta d1stal!c1a, y desde el día en que tuvo la impertinencia de decirla que era amante de la Corail porque se
parecía á ella, no le habló más que delante de todo el
mundo y en alta.voz. Dudó hasta si debería romper toda clase de relaciones con él; pero esto hubiera exigido

explicaciones á su marido, á su suegro y á la sefiora Mosler, y causa~ una nueva pena á la condesa, es decir, escándalo, odios y acaso venganzas por un miserable conc~pto que ~o podía tener consecuencia alguna. Retrocedió, pues, Juzgándolo prudente, pero estuvo tan fría con
Valentfn, que Enriqueta lo notó y preguntó á su amiga.
-No es nada, respondió Celina, El conde me ha contrl;-riado, le he puesto mala cara y él está enfadado conmigo. Ya se le pasará.
Y se le pasó, en efecto. El enfado del conde no duró
muc.hotiemp?. Lejos de eso, Valentín redobló las demostraciones amistosas respecto de la joven. .A.fectó hacerla
confidencias qu~ ella no solicitaba, pero que la divertían
aunque estaba s1~':11Pre á la defensiva y temiendo un~
vuelta á las ho~t1hdades. Jamás le permitía instalarse á
SI?- lado y sus. conversaciones se verificabrn siempre de
pie. Hab(a, sm embargo. un asunto que interesab i mucho á Cel10a y rP.specto del cual, si se hubiera atrevido
hubiera ha~ta estimulado al conde. Una noche, en qu~
el coronel Redel estaba en el salón, muy ocupado en hab.lar con la condesa, Valentín se aproximó á Celina con
ª!re de enfado, y se despidió de ella. La mujer de Federico pareció asombrada.
-¡Cómo! ¿se va usted de su casa teniendo gente en
ella?
-¿Cree usted que habrá quien observe que no estoy?
-La condesa, al menos, lo notará.
-¿Cree usted? Sus ojos están muy bien ocupados en
otra parte.
-¿Qué significan esas palabras?
-Pues nada que no pueda ver usted misma
Y con la mirada sefialó á en mujer y al coro'nel.
---;-iOh! Merecería usted que eso fuera cierto exclamó
Celma.
'
-Muchas gracias.

�EL MUNDO.

29 NOVIEMBRE, 1896.

29 N OVI.ElIBRE, 1896.

El tren de casa, en otro tiempo sencillo y poco en ar-Ha hecho usted todo Jo necesM"io para ello........ Pe- do se firmó la paz en Burdeos era subteniente y el único monía con la magnificencia de aquellos lugares, se conque había quedado vivo d~ todos los oficiales de su comro tiene usted una mnjn demasiado honrada.
pafHa. Su conducta, en todos )03 hechos de armas en que virtió en brillante y bullicioso. Las cuadras se poblaron
-Las mujeres empi ..zan todas por ser honradas.
de caballos, con su correspondiente tropa de mozos y co •
-Excepto las que usted trata, que son bribonas de na- tomó parte, !e valió tantas honrosas menciones, qu" la cheros, y los lacayos del conde de Contras fueron á asomcomisión de revisión de graclos tuvo que respetar la chacimiento.
brar con AU cinismo á los ..:ándidos servidores de la seño-¿Lo dice usted por aquella pobre Adriana Corail? rretera de aquel oficial de diez y siete años.
Desde entonces no hubo compo de batalla en el qne él ra Mossler. Un jefe de cocina se instaló con sus cuatro
Pues está usted E&gt;D un error; ya me importa poco.
i:to estuviera. Hizo todas las campañas y su raro valorre- pinches en las cocinas que sirvieron antaño para regalar
-¿La ha d1&gt;jado usted?
.
al señor de Choise11l cuando iba á visitará la favorita.
-El día siguiente de haberme usted indicado que m1 sult6 acompañado de altas facultades tlcticas. Siendo je· Todas las mañanas iba á París un [urgón con dos caballos
fe de Estado llayor del bizarro Negrier, en el Tonkin,
capricho por ell.i. le di~gustaba.
para buscar las provisiones necesarias á la alimentación
-¡Oh! Usted está loco. ¿Qué me importa á mí que ee salvó al ejército en Lang-Son cuando q11edó fuera de com- de los hué3pedes de la señora .Mossler, y ya es algo aliarregle con eea muchacha ó con otra de ,;u especie? Lo bate el general. V1rnlto á Francia, pidió servir en Argelia mentar un ejército de glotones con los manjares más suque me desagradó fué la inpertinencia de usted y eso es y, cansado allí de la inacción, se apresuró á aceptar una culentos. Satisfecha por tener á su alrededor aquellos
lo que medeaagrada de nuevo. En verdaJ, eu criado debe misión en el cent10 del A.frica. En el tiempo en que se alegres huéspedes, la señora Mossler puso la casa á la disdesarrol!a la presente narración, vi vía en París y aquel
estar mejor 1&gt;ducado que usted.
posición de Valentín. Pero se reservó, sin embargo, al-¡Adiób! Ya está usted otra vez atropellándome...... hombre apasionado del uniforme, con el que se le veía gunas invitaciones y de este modo Redel, á -pesar de la
No tengo suerte con usted. Cualquier cosa que diga ó const.1ntemente, vestía de paisano y hasta no desdeliaba hostilidad del dueño de la casa, pudo instalarse en la
la elegancia. Una mirada de mujer bastó para realizar
que haga, me juzga mal.
Chapelle-Sauvigny. La mujer de Federico era también
-Por que no c1ice usted ni hace más q11e inconve- aquella metamórfosis y para limar las garras del león. de las invitadas por la señora Mosler. Su marido iba á
Iba todos los sábados á l&amp;s reuniones del cenáculo, tomaniencias.
ba parte en las convenaciones estéticas, dibujaba en el París todas las mañana'! á traba.jar en sus negocios y re•
-Buenas noches, señora.
álbum vistas del lago Tchad y escuchaba con recogimien- gresaba. por la noche. Ferraud estaba haciendo el retrato
-¿A.donde va usted?
de la señora Mosler y Vignot componiendo, entre las coto las eonforencias &lt;le Baradán.
-Al círculo. Ese trovador del desierto me fastidia.
Pero encontraba compensaciones en las visitas de la lumnas del templete, á la orilla del lago, la música de su
-Va nsted á ponerse en ridículo. Quédese.
.arde á la Señora Coutras. Allí no veía al marido, «á ese oratorio la Resurecci6n. En cuanto á Valentín, se iba á
-¿Rerá usted buena conmigo?
odioso veleta,, con quien estaba unida la enca'(ltatlora mu- París todos lod día3, en el mail ó en el faitón, después de
-¿Qué es lo que entiende usted por 1&gt;so?
almorzar, y no siempre volvía á comer. A.eso de las seis,
-¡Oh! Poca cosa; darme el derecho de abrirla mi jer que tanta autoridad .había tomado sobre su pensa- el mayordomo sabía por teléfono si el dueño de la casa
miento. Se encontraba á veces solo con ella; podía gozar
corazón.
vol vería ó uó, y cualquiera de las do~ cosas que sucedieee
-Váyase usted al círculo y abra allí eu corazón almo• con cierto exclusiviemo del espectáculo de su gracia y de las horas se deslizaban pacíficas y dichosas.
su
belleza,
y
esto
era
cuanto
él
deseaba.
En
aquel
espírizo de la sala de juego.
tu léal y tierno no había jamás surgido 11na esperanza
Si hubiera sido posible penetrar hasta el fondo de IM
-Me voy.
.
.
Diferentes veces volvió Valentín á hablar con Celma torpe. No pensaba que Enriqneta púdiera pertenecerle couciencias. se hubiera acaso observado que Enriqueta
sobre el asunto, muy nuevo, de la irritación que experi · ni hrcía nada por agrada ria. Se contentaba con admirar- est&gt;lb.i. má,i tranquila cuando su marido no había vuelto
mentaba por la asiduidad de Redel cerca de la condesa y la, compadecerla y adorarla. No admitía que aquella cria- y que los hnéspedes miraban la ausencia del conde con
de la acentuada simpatía qutl ésta expresaba al corone(. tura perfecta pudiese caer y no hubiera querido que de- sonriente filosofía, lo que probaba cuán poco había Jojase de ser honrada ni ann con él mismo. $u propia dicha gr.i.do c.i.ptarae su'! simpatías. Algunas veces, sin embarCelina, un p:&gt;co impacient~, le dijo:
-Deje usted eso ya. Es usted ridículo con sus preven- hubiera sido una defección y el encanto de ser amado na g", permanecía dos ó tres días sin moverse de la Shape·
lle y, pa.ra didtraerae. organizaba expediciones á las qne
ciones. Enriqueta y el corond son dos espíritus puros. hubiera compensado la desilusión de haber podido serlo.
Enterado por sus amigos de la existencia deplorable convidabl á los propietarios de los alrededores. Y entonNo se ocupe usted más de ello~.
que arrastraba el condd, lti despreciaba profundamente ce&amp; empezaba i :as carreras furiosas por las calles del bos•
-Entonces distráigame usted.
y maldecía al destino que, cieio, h1b[I\ unido á semejan- qne, las reg.i.tas en el lago, las comedias imp1'1Jvisadasque
-No sabría.
t.? hombre una mujer como aquel ta. G'lardaba rencor al nunca llegaban á representarse porque el anfitrión se vol -Yo la enseñaré.
Celina le dejó, enfadada, una vez más y no le habló en Señor Eliphas y á la Señora .Mossler, á quienes acusaba vió antes á P.i.rís y suspendía los e~tudios ó daba contra·
ocho días La semana siguiente, l&lt;'ederico Clement y su d-, egoístas por haber ~acrificado á Eoriqueta al deseo de orden en toio3 los proyectos según que tenía el humor
mujer, fueron invitados al palco de la señora Mossler en corregirá Valentín. La mujer de FtiJ.erico le era profun- alegre ó triste, L:&gt;'I días que se quedaba en el campo, se
la Opera, donde se daba la primera r~presentació':1 d_e damente simpática y había hecho una íntiml amistad encerraba durante una hora eón la eefiora Mossler, y la.
Lohengrin. El banquero, que tenía una importante hqu1 · con su marido, pero jamás con uno ni con otro hablab.1 excelente mtijer salía de e3ta conferencia con lM facciodación que terminar, pidió á su padre, que había comi- de la condesa. Su discreción era tan completa que hubie- nes alteradas y pt\ida, como si acabara de sufrir una.
do en en casa, que acompañase á Celina, y prometió ir á ra muerto en el suplicio sin decir un palabr.i. que pudie- prueba. terrible. Eliphas no abría la boca en todo el día
y lanzab.i. miradas indignadas al conde, el cual no pensabuecarJa•á las once. El señor Eliphas, que no estaba ves- ra comprometerá la que adoraba.
Su c•llt,o, por otra parte. era tan resp~tuoso, que la Se- ba más qne en div.irtirse y no tardaba en echará corrertido para ir á la Opera, subió hasta el primer piso con su
nuera, preguntó á la acomodadora si la señora Mossler ñ.ora Mossler no le había notad•&gt; y ninguno de los miem• hacia á París.
H-1cia fin de septiembre. después de uno de esos conestaba allí y asegurado de que PI conde y la condesa de bros del cenáculo había entrado en 1nalicia. Cre(an naContras ocupaban el '(laico, con Vignot, hizo abrir la puer- tural que se amase á la condesa; todos ellos la amaban, ciliábulos entre laseñ'lra Mossler y Valentía del que am.:
desde Vignot con su barba blanc&lt;1 y sus ojos de éxtasis, bos interlocutores salieron, contra su costumbre, la m"\ta, se despidió de la joven y se marchó.
Valentín se levantó para ir á ayudar á Celina á qui- hasta F.irraud, atildado y moderno en su eleg,rnte correc- dre grave y firme y el hijo abatido y alterado, el conde,.
tarse el abrigo en el antepalco vasto y oscuro. En el pal- ción. Fné precisa la intuición perversa de Valentín par.i. presa de una especie de reacción nerviosa y como que•
co la condesa y Vignot hablaban, la orquesta, en su pues- descubrir la pasión en la asiduidad del coronel y algo riendo atur.lirse. mandó preparar caballos para después
to, no esperaba más que la señal de comenzar. El públi· también la iwtintiva antipatfa de aquel inútil desocupa- de almorzar y dispuso una expedición en grupo á visido hacia •m hombre desocupado y productivo. Sin ha- tar los Camanduleases de Saint-Frond, curiosa ruina del
co estaba recogido y atento.
blarse sino lo menos posible; 11buenas tardes,1, «buenas siglo XU. situada entre Senart y Brie-Comte-Rober. fa,.
-Así se hace, venir t!!mprano, dijo Valentíu.
noches», se habían conocido y si. odiaban mutuamente. señora Mossler no quiso ir y Elihpas, que -parecía todo
-La representación vale la pena, respondió Celina, y
Hasta la aparición de Redel, Valentín tuvo por su mu- regocijado, pretextó que su correspondencia le retenía
al mismo tiempo dejó deslharee su abrigo y descubrió
sus finos hombros, más blancos.que.nunca pot el contras· jer muchos miramientos. La engañ!\ba pero era en · en la biblioteca. E11.riqueta pidió una carretela para ella
te que ofrecían con un cuerpo de terciopelo negro. Se pu· cantador con ella; compensación tralicional que reci- y para Vignot; y Redel, Ferraud, Dauziat y la mujer de
so frente al espejo y con la punta de los dedos enderezó ben las mujeres de los maridos infieles. Pero, bruscamen- Fciderico montaron á caballo con el conde.
una pluma de su tocado. Ya se volvía, cuando vió, re- te, cambió de modo de ser. Como si hiciera responsable
Calina tenía blnita figura como amazona y lo sabía.
flejada en el espejo, la cara ardiente del conde que se in- á Enriqueta de los sentimientos que inspiraba al hombre Ferraud era un jinete [!1Bdiano, pero apasionado, y Reclinaba hacia ella. La joven permaneció inmóvil, estu- execrado, la englobó en su odio á R~del. E➔te cambio del aprovechaba la ocasLón de hacer un poco de ejercicio
pefacta, y en el mismo momento sintió que en su espalda, coincidió justamente con el recrudecimiento de sus ten- violento y Re proponía seguir al coche de la sel'iora de
debajo de la nuca, se posaban los labios de Valentín con t9.tivas respecto de Calina y el capricho que le impulsa• Contras. Valentíu podía, pues, fácilmente, si quería, en•
una sedosa caricia de su.bigote. Sin proferir ni un grito, ba hacia ésta acentuaba más y m·is la frialdad que mani.- contrarse á solas con la mujer de Federico, pero no pa8118 dientes se apretaron, cogió el abanico de encima de
festaba con su mujer. En el alejamiento de la vida de recía &lt;luida.rae de tal cosa. Emprendia al trote el camino
Ja consola y con ademán furioso quiso pegar con él al au- París la intensidad de esos stlntimientos era apenas per- del bosque, á la cabeza de la cabalgata, detrás del coc he
daz en la cara, pero el conde paró el golpe y el abanico ceptible aun para los mismos interesados.. Se veían una de su mujer. Embebido en su~ p3nsamientos v muy lú •
ee partió con ruido seco. La oeñora de Coutras y Vignot hora de vez en cuando y er los salones, terreno neutral, gubre, acortó poco á poco la marcha. y se quedó detrás.
volvieron la cabeza, á tiempo que la joven entraba ya con en el que los amigos hacían el efecto de un almoadillado, sus compañeros no quisieron, por poHtica, que -perecieque impedía los rozamientos directo3. Pero, tras de la se que le abandonaban y pusieron sus caballos al paso, á
los dos pedazos de su abanico en la mano.
-¿Qué le sucede á usted, amiga mía? preguntó la con- primavera llegó el verano. La Sel'iora Mossler se marcho excepción de Redel y Ferraud que marchaban -por los laá su posesión de la Cha¡:;elle-S.mvigny, cerca del bo~que dod del camino á las portezuelas del coche. Da11ziat hadesa un poco inquieta.
-El torpe de su marido de usted acaba de poner el pie de Senart, á ori,la del Sena, y próxima la temporada de blab1 con Celina, lo que oc11paba bastante á la joven pala caza, invitó á todos los amigos de Valent(n y de Eori• ra no inquietaras por la visible turbación de Valentín.
sobre mi abanico.
-Usted me permitirá, dijo Valentín con aplomo, en- queta. Allí, puestos los unos en presencia de los otros,
Al llegar al molino de Argentray, el coche tuvo q ue
viarla otro mañ.ana, para reparar mi torpe.a.
su hostilidad debía tomar un peligroso deqarrollo.
atravesar un arroyo. El agua. apenM cubría loR cascos de
El Castillo de la Chapell~Sauv1gny, edific.i.do por la los caballos y el paso se verificó con comodidad, pero es-No; no quiero nada de usted.
-Entonces, dijo la condesa, acepte este mío. Y ofreció seftora de P.:&gt;mpadour, es u::i.a de las m.í.s lujosa3 m Jradas tando ya. O.i.uziat casi al otro lado, el caballo de Calina
á la mujer de Federico un magnífico abanico Luis XV, &lt;ie los alrededores de París. R'ldeado de un puque que se resistió á entrar en la cerriente é hizo retroceder á la
pintado por Boucher y cuyo mérito artístico era ines- forma el centro de nna propiedad de tre5 mil h~táre.i.s,
joven. \Talent(n, que la segufa, gritó á sus compafl.eros:
se eleva en medio de suntuosos jardined, verdes y floritimable.
-Seguid; no hay '()ar.i qué exponerse á un baño de
-Guárdelo usted, amiga mía; muchas gracias, dijo la dos, rodeado de terrap1enes con artísticas escalinatas. Sus pies por este estúpido cabal 10. A doscientos pasós de
joven con alguna aspereza; reparat así las tonterías del tres alas de edificio afectan la form'l. de una herradura y
aquí hay un puentecillo. Nos reuniremos con ustedes en
conde sería incitarle á cometer otras nuevas.
ei,tán oruadas de cornisas coronadas de b1laustres y de
A.rgentray dentro de cinco minutos.
La señ.ora de Contras miró á su amiga, movió roelanfrontones de piedra tallada.
Y remontando la corriente, condujo á Celina á un ¡mencólicamente la cabeza y dijo, repentinamente entristecida:
Por bajo de la esplanada priacip \1 h!l.y un lag'l que co- tecillo rústiro que atravesaba el arroyo, á cuya orilla
-Celina, no debe usted quererme mal por las culpas munica con el Sena y qL1e está alimentado por ma.nantia· unos bueyes rumiaban pesadamente. echados sobre 111
del conde.
verde hierba. Durante este trayecto Valent(n no dirigió•
les. Uuas blancas barquillas permitenaborda.r á una isla
La mujer de Federico sonrió, aunque sus ojos estaban en cuyo centro un templete de columnas sirve de punto
ni una palabra á su C()mpañera y su frente preocupada
llenos de lágrimas, y cogiendo la mano que la condesa le de vista, rodeado de un marco de follaje, y algunod cis· y cargada de nubes indicó que continuaba su fastidio.
ofrecía, contestó:
Celina le seguía, inqL1ieta por aquel mal humor y sintiennes nadan majestuosamente por aquel espejo encantado,
-Tiene usted razón, miqueridaEnriqueta: deme usted en el que se l't!fl.ejan las altas copas de loa árbJlea aecu- do á pesar suyo una profunda lástima hacia aquel hom•
el abanico.
bra que, teniendo cuanto hace falta par.i. ser feliz, pare•
lares.
Aérea, profunda, misteriosa, la orquesta preludiaba ricía complacerse en auyentar la dicha.
La
señora
Mossler
era
muy
aficionada
á
aquella
gran
cas armonías. Las dos mujeres se callaron con recogiTenía grandes moti vos de rencor hacia él, pero casi no
casa
rodeada
del
silencio
de
vastos
terrenoi
p:ic0
frecuen
•
miento; Valentín, detrás de ellas, se recostó en el respaltados. Tan cerca de París que se podía ir en coc!\:i, se 03- se atrevía á coufesar,;¡e q11e no los recordaba, hasta tal
do del sillón y se dispuso á dormir.
punto aquel hombre ejercía sobre ella un flncanto no
taba ali(, como en el fondo de la provincia más lejana.
Hasta qne se casó su hijo adoptivo, la reina del oro pasa- sospechado. Llegaron á A.rgentray sin que Valentfn paIV
reciera advflrtir q1.1e Calina ib1 detrás de él; no había en
Hasta el día en que se le apareció la Señ.ora de Coutras. ba solamente algunas semanas en aque'1a sJledai que
en aquel momento galantería ni casi educación. Alel coronel Redel había vivido solamente para su carrera, ae¡radaba á la naturaleza grave Ele su espíritu, y recib(a él
Era soldado por tcimperamento y no pensaba más que en atlí á Eliphas y á uno ó dos amigos de Valentía á quie- canzaron el coche v el conde permaneció otra vez aparrodlr en su caben los mis sombríos peo·
el ejército ni comprendía safüfacción superior á la de nes éste convidaba en la t~mponda de caza. Con la jo· tado y dejando
Cu.,nd &gt; tle;pron c3rCl d3 S.1,int-Froo1 el c \·
. m"\ndar sus tropas frente al enemigo. Alistado como vo- ven condesa y su corte la animación sucedió prontamen- samientos.
lun.tario á los diez y seis años, hizo toda la campaña en te á la melancolía. Aquellas vastas habitaciones se pobla- lor era tan fuerte, en aquel día del fin de RepUembre, qu3
Vignot pidió hac~ alt.i bljo fil emp.J.rrado de una pJH·
el ejército del Loira y ganó los primeros galones en la ron, las faldas claras animaron el ver.i~ dd lo¡ b Hques,
da para babar y de,ca!B'-lr. L, c;¡niesa hizo sacu na,
b1taila de C0ulmierd. En la retirada de Vendome obtuvo antes desiertos, y la risa de la juventnd, hizo concurren- c~to de provisie1e3 que ib1 fln laza;pd31CJ~h3; y mierr•
la medalla militar; en el Mans el grado de oficial, y cuan- cia al canto de los pájaros.

•

•

tras la moza de la posada ponía las botellas á refrescar
en un culJ? de agl?-a de pozo, ~o el mundo se aplicó al
al!l1uerzo 1°:1prov1sado. _Ya comidos y bebidos y cuando
V1gnot se disponía, el cigarro en la boca á disertar sobre estética musical, comparando las d~griidacioneo de
color de las nubes con los semitonos y cuartos de tono
dijo Ferraud:
'
-Pero ¿y los Camandulenses? ¿No vamos ya á visitarlos? Me habian ustedes prometido una mara villa romana
y me eneelian unas botellas vacía.e..... .
. -:-¿Tiene usted. empalio en (~?. preguntó Valentín, fas·
11d1a&lt;1;0 por l~s discursos del vieJo compositor.
-S1, por cierto.
-¿Y usted, Dauziat?
-Yo también.
-Entónces acompaño á uetedea, dijo Celina. La condesa se q_uedar.i con estos señores que no parecen dispc.estos a moverse ..... .
-¡Oh! no, excl.1mó Vignot. Esto!! momentos están llenos de bemoles; permanezcamos en éxtasis.
Los intré~idos montaron de nueyo y seguidos por no
la~ayo destmado á guar~ar los caballos, se dirigieron,
gmados por el conde, hacia una colina, cubierta de árbolee y en cuya cima estaban las ruinas. Llegaron en un
cuarto de hora y subieron valientemente un abrupto sendero que les condujo á _una puerta maciza que daba acceso al claustro. Los .pilares tall~do• en que se dibujaban
todavía cabezas de diosas, atestiguaban el origen romano del templo. El cristianismo. allí como en otros lu"'ar~s sagradoe,. se había sobrepuesto, al paganismo. '.fos
dioses del Olimpo habían sido expulsados por el Salvador 9-el mundo y los restos de los altares pagan'ls habían
servido para sustentar el tabernáculo.
Los jinetes echaron pie á tierra. Ferraud se sentó en
un c~apitel cubi~rto de muego y se dispuso á dibujar.
Dauz1at pronunció algunas palabras de entusiasmo literario. Valentín y Ce ina quedaron absortos ante.la vista maravillosa que ofrecía el país. La sombra del bosque
~e Sen~rt ondulaba hasta el horizonte limitado por cohnas violáceas. El Sena, bordeado de pueblecillos sembrados en laa anchas llanuras, brillaba como una cinta
de plata. Del camino próximíl subían á través del aire
tranquilo el chirrido de las ruedas de invisibles carretas
y los penetrant~s cascabeles de los caballos. Era aquella
una soledad amma.da, encantadora y muy melancólica.
.A.l cabo de un 1:..stante de soñadora contemplación
Valentín se separó y se puso á pasear por la colina, gol:
peán~ose las botas con el látigo y sin prestar la menor
atención á su compaliera. Después se sentó sobre el césped Y estab~ allí hacia algunos minutos con la cabeza ba•
Ja y las facc10nes contraídas, cuandc, Celina se acercó á
él. Entbnc~s levantó los ojos con expresión de tristeza.
-¿Qué tiene usted? preguntó la joven; desde que le
conozco, esta es la primera vez que la veo tan aburrido
Valentín respondió, no con su ton.) zumbón acostum'.
brado_. ijino muy dulcemente:
-SL; tengo hoy una buena dosis de fastidio.
-¿Negocios con la señora Moseler?
-Y muy serios.
-¿No hace lo que usted quiere?
-No por completo.
-¿Cuestión de dinero·!
- Cuestión de dinero.
-Ella es muy generosa, sin embargo.
-Pero la predisponen contra mí.
-¿Quién?
-$u suegro de usted.
Hub&lt;;&gt; un silencio. Era visible que Valentín tenía en
los labios un río de improperios contra Eliphas y que le
contenía p~r respeto á Celina. .t&lt;:sta se lo agraJeció.
-¿Qué diablos ha hecho usted para que no le basten
loe recursos de que disponEe?
-¡Qué sé yo! Atrocidades; sartas de burradas. Soy
el animal más estúpido de ambos mundos cuando me
pongo á serlo. Y hace ya dos meses que se me va la cabeza.
-El darse usted cue:r.ta de ello es prueba de que se
vuelve más juicioso.
Valentín respondió rudamente:
-No lo crea u&amp;ted; no estoy absolut-amente nada dispuesto á enmendarme.
-¿Quiere usted, entóncee, a:flijir á todos los suyos?
-¿Qué les importa? Nadie me ama.
-¿~etá usted seguro de haber procurado que le amen?
-Bien sabe usted que eso no sir ve de nada. ¿Ha visto
usted alguna v~z que se quiera. á las personas por sus virtudes? A los v1rtu.:.sos se les rnsulta y se les desprecia.
En est~ mu_ndo vale más ser tigre que cordero; por lo menos se 10sp1ra temor.
-Triste privilegio el de bacer sufrir. ¿De modo que es
usted malo? Yo le juzgabi ligero, pero bueno.
_-¿Q~é sé yo lo que soy? Si bubiera sido pobre, si hubiera sido educado con dureza, como hubiera debido serlo d~spués de la mu~rte de mi padre, ee probable que me
hubiera ~ec~o un Joven honrado. Hubiera permanecido en .el e¡érc1to y hecho allí mi carrera, pues no temo
el peligro, no soy mas negado '!ue otro cualquiera y tengo un honroso nombre. Hubiera vivido para ascender·
fiara ganar cruces y estrellas, hubiera sido dichoso. E~
~gar de esto, he sido mimado como un príneipe en med10 de un lujo sin ejem p!o y no teniendo más qu~ concebir un deseo para que fuese realizado. He perdido muy
pron~o la satisfacción de desear antes de obtener, de soñar sm estar seguro de la realización de mi sueño. Me
be eetragado y las satisfacciones en que se funda la dicha del comúi:i de los m0rt:1les, no tienen ya atractivo
P.ara mí. El dmE.ro ha perdido todo su valor; he tenido
siempre la costumbre de arrojarlo á manos llenas. Cuando no tenía más, lo pedía y el manantial era inagotable.
¿~~é es lo que no se puede obtener, en el siglo en 9-ue
v1~mos, ofrecienJ~ sn precio? Todo se vende y es imv.os1.ble, cuando se tiene mucho dmero, conservar ni una
1lus1ón sobre n~da . .A.sí se llega al desprecio de los demás Y de sí mismo, al haftío de todo, al escepticismo
más completo ......

347

EL MUNDO

Yalentín miró á Celina y dijo:
-No.
La joven le siguió como una sonámbula. Dauziat bajó
el primero por la insegura es?alerill~, y mientras. Ce·
lina tanteaba con la punta del pie las pLedrascarcom1das
sintió que Valentín, con diestra mano, quitaba los fragmentos de musgo adheridos al paño de su ~sida; ligero
contacto que la hizo estremecerse; precaución tierna que
la apretó el corazón. ¿De modo que, en adelante, por un
instante de debilidad-porque había abusado de ella, la
había violentado; ella no había consentido.-aquel hombre tendría el derecho de ocuparse de el.la, de tocarla, de
darse aires de duefio? Eso no podía ser; no quería que
fnera. Y á ese pensamiento su cerebro se sentía poseido
de tal furor, que se sentía capaz de un estallido, de un in·
sulto público, de una violencia irrepanble.
Celina iba detrás de Dauziat dando vueltas en su cabeza á estos proyectos locos. Sin embargo, en el fondo de
su alma se h'lcía oir una voz que decía: Bien sabes que lo
que ha sucedido era inevitable. Te amaba, te perseguía
hacía mucho tiempo y tú no lo esquivabas sino lo estrictau,ente necesario para ponerte á salvo deun peligro inmediato y no para cortar de raíz toda tentativa. H~s jugado con el fuego, has sido coqueta y tas caido en el lazo.
Si agana acusación tienes que hacer, es á tí misma. Los
hom breP, bien lo sabes, no tienen ningún escrúpulo y no
se dejan guiar más que por su placer. No podías esperar
ninguna generosidad. ¿De qué te quejas?» Pero á pesar
de estas duras advertencias, Celina continuaba lamentan·
do-¡oh! en carne sometida, eu pudo1 hollado, su orgullo
v Jncido.
Preciso le fué desarrugar la frente é imponer un aspecto sonriente á su cara. L'egaban al eitio en que esperaban
los caballos custodiados por un lacayo. Calina se vió precisada á empapar su pañuelo en el arroyo y lavar ella
misma la herida qua había causado, y ante las miradas
de D.i.uziat, tuvo que di~imular su vergüenza, tragarse su
rabia y afectar dulzura é interés curando á Valentín,
cuando hubiera que1 ido asesinarle y huir en seguida.
-¡Bah! eso no es más que un coscorrón sin gravedad;
no morirá usted de esta, dijo el literato riendo. ·
Montaron á caballo y se volvieron á Argentray, donde
la señora de Contras y sus compañeros charlaban pacíficamente, bajo el emparrado, esperando los excursionistas. Acogieron con tranquilaconmisceración el relato del
conde, cuyo accidente explicado por él mismo perdía todo interés, y como tenían que hacer una larga caminata
para volver á la Chapelle-Sauvigny, emprendieron la
marcha. Por la noche Federico dijo que su mujer tenía
una gran jaqueca y se quedaba en su habitación.
-Eso es lo que tiene correr ácaballotodo el día con un
sol terrible, murmuró el Sr. ~liphas.
La culpa es mía, dijo la condesa. La propuse volver en
el coche con nosotros, y cuando no quiso debí obligarla.
-Puede ser que la señora Clement se alterase demasiado al ver caer al conde, en las ruinas, y levantarse con
la cara ensangrentada, dijo Dauziat.
-¡Ah! ¿mi nuera ha ido á loR Camandulenses?
-Yo también, y Ferraud. Yo soy quien encontró al
Sefior Coutras medio muerto v á la Señora de Clement
casi desmayada.
•
Eliphas lanzó una ojeada á Valentín, que permaneció
impasiole, y repentinamente taciturno, no tomó ya parte en la conversación que Redel sostuvo casi solo. La Señora Mossler había hablado de la guerra y de las empresas de su marido cuando era agente de Gambetta, y el
coronel había descrito el aspecto de aquellos ejércitos de
provincia, hambrientos. tiritando Je frío, á veinte ~,a.
dos bijo cero, con sus delgadas esclavinas de paño, mientra~ que los prusianos, vestidos Cílmo boyardos y hartos
de comer, •e calentaban en el incendio de las aldeas.
Después se habló de la retirada de Vendome con sus comb¡ites de la retaguardia, del cuerpo de ejército del almirante Jaureguiberry, y del viejo marino, trotando en un
caballejo entre sus líneas de tiradores, que se retiraban
dt30:
-Vamos, déjeme usted marcharme. Sea ust.idjuicioso. tranqnilos, intrépido~, imponentes con su incansable
Valentín se había puesto 1,my pálido v sus ojos brilla- firmeza. Federico Clemant preguntó, con aire de desconbfn, La joven ~rató de evadirse por de lante de él; pero fianza, si el país estaba mejor preparado en la actualidad
'\ alentín la cogió y la levantó en sus bnzos. Celina arro- y si la resistencia sería posible, y el coronel dijo, animánjó un grito que él ahogó con loe labios. Sintió á la joven dose:
-Sí. ciertamente; estamos en condiciones de defendergemir y revolverse en desesperada lucha cuando una ancha tal&gt;la ?abierta de líquenes ygr:imíne~ quemadas por nos. Todo dependera de los primeros encuentros. Si teel s?l, ~nt1gua mesa caída en el poi vo, les hizo tropezar- nemos ventajas al principio, estaremos antes en el Rhin
Celrna mtentó todavía desprenderse luchar pedir soco· que los alemanes en Nancy. Si somos vencidos al emperro, pero bajo aquel cielo abrasad~r. en 1~ soledad de zar ...... ¡Ohl entonces la lucha se1á sin cuartel. El alma
aquel lugar pacffic&lt;?, cerca de aq'.1el hermoso joven del francesa está mejor templada que el alma alemana y soque tanto había huido, una especie de locura se apoderó portará bier un gran peso de desastres. Lo ha probado
cte ella y con una embriaguez que indicaba tanto amor en 1871 . Jamás los alemanes hubieran tenido en la derrota la abnegación de semejante esfuerzo. La guerra fo.
como odio, se abandonó.
Cuando ae atrevio á a):&gt;rir_los ojos y se encontró en los tura será de tal modo espantosa, tan mortífera tan abundante_ en ruinas de tüdas clasto~, que no creo q~e nuestros
brazos de Valentín, se 1rgu1ó presa de un terror indeci1
ble. Los dientes apretadm no le permitieron decir una enemigos a soporten mucho tiempo. Y será preciso hacerlo
así.
Será
una guerra de duración, en la que se supalabra, pero una expresión de desesperación se pintó en
su semblante. De pronto se impulsó hacia el vacío hacia cederán los reveses y las victorias. Ahora bien, á los gela muerte, pero Valentía la contuvo y la estrechó con nera les alemanes les costó gran trabajo en 1871 llevar al
fuerza. Ent.?nces, desespera~a. \mpotente, no pudiendo combate unas tropas victoriosas; preguntadles lo quepomatar~e, quiso -~atará su tiránico cómplice y co.,.iendo drían esperar de sus soldados vel'.lcidas ......
-Sí, dijo Federico; el corazón no faltará, eso es sabiuna piedra le hirió con toda su fuerza en la cara. La sando. Pero ¿y el estómago? ¿Se comerá? ¿La intendencia
gre brotó. Valentín no había hecho ni un movimiento y
esperaba el segundo golpe. Pero aquel esfuerzo habfa cumpl;rá su deber que es alimentará las tropas y no haagotado la energ~a ~e Celi_na, que vaciló y apoyada en la cerlas ayunar?
-¡Bah! dijo Redel con de,cuido; los soldados franceses
pared, permaneció mmóvtl, estupefacta por en falta sin
com1;&gt;render lo_que había h~cho hiriendo á. Valentín' que se han batido siempre con el vitontre vacío. En Malplala mu-!'ba sonriendo y se en}ugaba la Hangre de la herida. quet se les acababa de repartir el pan en el momento de
trabarse la acción, y le tiraron para correr más aprisa al
Un rmdo de pasos en las rumas les volvió á la realidad
Era Dauziat que llegaba por el otro extremo de la roton: fuego ...... Esto no quita qne yo encuentre indispensable
da, con mil precauciones porque á cada momento roda· llegado el caso, fusilar al frente de las tropas uno ó do~
de esos señores, para dar exactitud á los demás.
ban 1~~ piedras bajo sus pies.
-¡Ah! Esas cosas no se hacen nunca......
-¡Dios mío! exclamó aproximándase· tiene usted la
-Napoleón no vacilaba en hacerlas y así estaba tan
frente llena de sangre, q,1erido conde.
'
-He caido al subir esa escalera, dijo Valentín. La ee- bien servido.
fiora Clement me ha creído muerto y oor poco se desma-Segurame_nte hay en alguna parte un hombre capaz
ya. He tonido miedo por ella más que· por mí
de hacer el mismo papel, pero faltan las circunstancias
-Bajemos, a~ajo encontrará usted agua f;esca. Poro en las cuales pudiera r~velarse. Para tal planta hace faldebe usted sufrir mucho ......
ta un terreno preparado. Nunca la democracia suspicaz

-Usted no puede, sin embargo, dejar de conocer que
la señora Mossler ba querido hacerle dichoso.
Yalentín prorrumpió en una carcajada nerviosa.
-Ha querido, sobre todo, hacérselo á sí misma...... Lo
que necesitaba era un heredero...... A.segurar b. suerte
de sus millones antes de todo ........ .
-¡Bah! Se los ha dado á us,ed.... ..
-¡Yo no se los pedía! Me ha dado guEtos absuruos,
necesidades imperiosas...... y ahora me niega el poder
satisfacerlas..... .
Celina movió la cabeza sonriendo.
-Vea usted el motivo de ese descontento; le han acortado los víveres por primera vez ...... ¿Qué ha hecho usted para merecer esa penitencia?
-Me acusan de que vivo mal, de que me aparto de mi
mujer...... Como si pudiera hacer otra cosa cuando es ella
la que se separa de mí...... Porque mi mujer no me ama.
No soy de lo:1 que pueden agradarla; hay que tener para
eso un gran talento ó un alma profunda y no es ese mi
género. ¿Sabe usted lo 41ue va á suceder si me dejan colrado enfrente de mis acreedore&amp; y sin poder pagarlos?
Pues venderé mis caballos de carreras y con ese dinero
me marcharé en mi yacht á dar la vuelta al munio y
dejaré plantados á mi mujer, á la señora Mossler, al tipo de Eliphas y :i todo el:;¡énerohumano ...... ¿Quiere usted venir conmigo?
-¡Está usted loco!
-Creo que sí. Pero no e3 culpa mía; he naéido razonable.
-Vuelva ueted á serlo.
-Es muy tarde.
-Con un poco de buena volu11tad ......
-Sería el único que la tuviera.
S11c fisonomía había cambi~do y ya no parecía desanimado y triste, sin•&gt; exhaltado y violento.
-¡Nadie se ocup,1 seriamente de mí! Creen habérmelo
dado todo dándome la riqueza; y la riqueza no es nada;
me doy cuenta de ello y la odio. Hay momentos en que
querría agotar todos esos millonee...... pero es imposible;
volverían á. venir otros tantos de allá. E,o es como un estanque que se le !tena en cuanto se le vacía; no puede usted imaginar ese río éle oro...... Y por algunas miserables
deudas tantas historias .... Eliphas tiene la culpa ...... Me
odia.
Se levantó.
-Venga usted, andemos un poco, ¿quiere usted? Visita·
remos las ruinas que no hemos hecho más que atrave·
sar...... ¿Dónde están Fclrraud y D.i.uziat?
Los llamaron y, de lejos, Ferraud con estó qne estaba
dibujando y que Dauziat le había dejado hacía un instan•
te. Valentín y Celina entraron en el claustro situado sobre el lugar qne antes había ocupado la capilla. Una escalHilla de et:.calonee desconchados daba vueltas 4 un torreón y conilucía á las celdas. Subieron y se encontraron
á ochocientos metros de altura en una pequel'ia rotonda
que daba al dormitario, aun bien conservado, con sus pi·
lares macizos que ya no soportaban la bóveda demolida.
-A.caso no es prudente permanecer aquí, dijo Celina.
-¿Por qué? contestó Valent,ín riendo.
-Puede desprenderse alguna piedra de las paredes.
-La misma piedr.i. las sostienE&gt;. Vea usted cómo sabían los frailes escoger sus moradas. ¿Puede verse sitio
más encantador? El río á sus pies para la pesca; el bosque á su alcanc,il para la caza, y en t"&lt;io alrededor pueblecillos que les pagaban tributo...... ¡Y qué calma! ¡Qué paz!
¡Aquí se vivía! ¿No es verdad?
·
-Renunciando á los bien.es del muudo....... dijo l!l joven sílnriendo.
-Yo renunciaría á todo meno3 á la mujer que amo.
-¡Oh! Cuandíl se tienen tantas, no se tiene ninguna.
-Bien sabe asted qué, en ese caso, no tengo ,uás que
una.
Se aproximó á ella y, al lado de la ventana en ruina,s,
19:.estrechó contra su pecho. Colina quiso rechazarle y

0

�EL MUNDO.
29 NOVIEMBRE, 1896.
348
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y celosa que ahora es dueña del poder, sufrirá que un ge• para acercarse á ella, mas la joven hizo frascasar todos principios en la vida y no tomaba en serio las exageraneral ee ponga en evidencia. Todavía está espantada con sus esfuerzos con un ardor que indicaba cuánto deseaba ciones del moderno escepticismo.
Boulanger. Sería precisa, pues, una guerra para que sur- evitar una entrevista con ¿1, Pero Valentín tenia sobre
Eliphas pensaba como ella y si hubiera sido puesto en
giera un hombre providencial que, en la locura de la ella la superioridad de la audacia y por un movimiento el caso de resolver en asunto tan serio com:&gt; aquel que
victoria producida en el país entero, ee apoderase de la· imprevisto logró bloquearla en un rincón del salón, 6ntre preocupaba á la t eñora Mossler hubiera mostrado igual
dirección de loe negocios. Y aún no es seguro que loe re- dos plantas, que lea ocultaban y una mesa llena de álbu- confianza. Pero su amiga estaba lejos de querer consalpresentantes del pueblo no intentasen derribarle ó supri- mes que impedía llegar hasta ellos. La tuvo allí prisione- tarle semejantes dudas. La hostilidad, ya grande, de su
mirle. Hay todllvfa eetis de las que mataron á Hoche...
ra, pero absolutamente duef!a de sí misma, como lo indi- ministro de la Caridad contra Yalentín, hubiera aumen-Hoche fué, en todo caso, envenenado por loe van- caban la arroganci de su actitud y la palidez nerviosa de tado hasta el punto de hacer imposible toda amistad con
deanos...... •
su semblante. Valentín no perdió el tiempo en preambu- ella. ¿Y qué hubiera sido de la Sef!ora Mossler sin Eli· -También ee h:,. dicho quP fué por Bonaparte.
los y abordando desde Juego la cuestión capital:
phas? Si aquel hombre de negocios admirable dejaba de
La conversación se de3carriló completamente y ee per-Celina, dijo á media voz y como si hablase de cosas prestarle su concurso, ¿cómo iba ella á salir i.delante con
dió en anécdotas poco auténticas. Al levantarse de la indiferentes, ¿por qué ha estado usted cuatro días lejos la administración de sus fundaciones? Diez secretarios,
mesa, Yalentín sintió un verdadero alivio instalándose de mí?
que la embrollarían sus asuntos y la robarían, no podrían
en la sala de fumar, donde pudo recostarse en una butaElla le miró de alto abajo con aire altanero y dijo:
substituir al benévolo distribuidor de sus beneficios.
ca y cerrar los ojos pensando en eu aventura. Su decep-¿Tengo que dará usted cuenta de !o que hago? He
Para cortar J.&gt;Or Jo sano cualquiera intrigacomenzada6
ción hBbfa sido grande al saber que no vería á Celina aquí una pretensión nneva é inesperada.
cualquier capricho nasiente, resolvió llamará Valentín é
aquella misma noche. Estaba ilusionado por la idea de
-Si usted no hubiese huído de mí, no tendría que interrogarle con i,eriedad. Sabía de antemano que le cosencontrarla en el salón, de sentarse á su lado y mirarla, prguntarla. La actitud de usted para conmigo me da el taría caro ser obedecida, pero no importaba esto con tal
respirarla y expresarla, envueltas en palabras ineignifi- derecho de hablarla así.
de obtener el resultado que se proponía. El dinero no era
cantf&gt;s, mil ternezas que ella sola comprendería. La au•
-Ni usted tiene ningún derecho ni yo he huído. La para ella más que un medio de asegurar su autoridad ó su
sencia de la joven le producía una turbación indecible; actitud que tengo es la que conviene.
rnsuficiencia, y ese medio había sido hasta entonces incomo una sensación de vacío; como si ae encontrase sien-¿Quiere usted, pue,;i, tratarme como enemigo?
falible con Valentín. Tranquilizada por esta conclttsi6n
do un extraño entre sus convidados; y sentía una desa-Sí, si trata usted de algún modo de limitar mi li- de sus meditaciones, se levantó, se despidió de sus hués·
nimación profunda, presintiendo que aquel propósito de bertad.
pedes, acostambrados á verla retirarse temprano, y al reevitarle era la primera manifestación de una resiatencia
-Usted, sin embargo, no podrá hacer que lo ocurrido cibir las buenas noches de Valentín, dijo:
que no podía vencer.
no sea un hecho.
-Si tienes intención de ir mañar.a á París, entra á verTodos sus amores, hasta entonces, habían sido fáciles.
-Está. usted en un error; lo haré.
me antes de marcharte; tengo necesidad de hablar contigo.
Tan sólo había conocido Señoras Bourdón que no se deComo hacía cuatro días qu';l la señora Mosaler estaba
A esta declaración tan rotunda y que tomaba más fuerfendían más que para capitular en mejores condiciones. za todavía dicha muy bajo y en tono joval, Valetín se es- eeria con su hijo adoptivo á causa de la terrible liquidaLas repulsas le dejaban asombrado, y acaso no había de- tremeció de cólera y replicó con los dientes apretados:
ción que había pedido y á la cual ella, por primera vez,
11eado tanto á Celina sino porque ésta le tenía á cierta
-¡Cuidado! Usted es mia y nada podrá. hacer que no se había negado, Valentín entrevió en aquella conversadistancia, Pero fuerte ya, después de haberla poseído, la lo !ea. Antes, destruiré todo cuanto nos rodea.
ción su vuelta al favor maternal; y pronto á aprovechar
deseaba con un ardor singular que nunca había sentido
Celina se levantó como impulsada por una fuerza in- las circunstancias, contestó muy amablemente.
y sólo pensaba en el momento de volverla á. ver, de ha- vencible, y dijo, mirándole con sonrisa intrépida:
-Pero, querida mamá, no quiero por nada del mundo
blarla, de hacerla conocer sus deseos y sus esperanzas.
molestarte temprano. Esperaré tus órdenes.
-Ya puede usted empezar.
La VE-lada fué corta. Todos los habitantes de la ca~a esLa sefiora Moesler le miró con complacencia, dulcifiY pasando impasible por delante de él, fue á sentarse
taban cansados por la expedición del día. Valentín se al lado de Señora Mossler. Valentín oyó este fragmento cada en un instante por su amabilidad, y movienao la
retiró pretextando sus contusiones y se encerró en su de diálogo entre las dos mujeres:
cabeza, como incrédula ante aquellas manifestaciones zacuarto.
lameras, dijo:
-¿Qué decía á usted ese loco?
A la mañana siguiente bajó á. eso de las diez y tuvo la
-Bueno; está convenido. Te haré buscaren cuanto es•
-Tonterías, respondió Ceima.
coutmriedad de saber que Calina se había marchado á
té dispuesta. Que duermas bien y trates de trBerme ma-De manera que ha salido usted derrotada ......
París con su m'lrido. Decididamente huía de él y esto le
-No, á. fe mía. No le temo ya. Solamente me cansa un ñana resolucioose juiciosas.
causaba un profundo descontento. Aquel nifio mimado poco.
Tomó el brazo de Eliphas y salió del salón.
•
á quien todo había sonreído, se irritó ante e pudor de
La rabia que se apoderó de Valentín al oír aquella braV
una mujer y no lo comprendió. Necesitaba la satisfac- vata
filé tan violenta, que se levantó para ir hacia Celición de su capricho, en seguida y sin restricciones. No na, pronto
La
habitación
que
ocupaba
la señora Moasler era la de
á cogerla en sus brazoe sin pensar en lo que la Pompadonr; ei estrado &lt;!e balaustres
le cabía e11 la cabeza que una mujer á quien había poseí- debía suceder.
dorados deetinaDió
cuatro
pasos
en
el
aal6n,
como
delido, pensase en resistírsele en adelante, y en la agitación rante y con la cara tan alterada que vi6 los ojos de la jo- do al lecho de la favorita había sido suprimido en tiemde espíritu en que las veleidades de Celina le ponían, ven agrandarse de eRpanto y temblar sus labios. El he- po del senador conde de Berland, bajo el primer imperio.
poco le faltaba para acusarla. de necia. Se prometió tedecoración, debida al pincel de Lancret, era la misma
de que tenía miedo y no le despreciaba tanto como La
ner con ella una explicación de las más terminantes, cho
y consistía en exquisitas pinturas de asuntos p!lijtorilea,
quería
decir,
calmó
repentinamente
la
exasperación
de
aquella misma noche.
Valentín, que pensó: «Ha querido afectar audacia, pero que han sido despu~s reproducidos en ttapices por loe
Pero no tuvo esta satisfacción. La mujer de Federico no está tan segura de sí misma que no pueda llegar un Gobelinoa. Sobre !a chimenea había un reloj y dos jarropermaneció en París con su marido, al que retenía en la momento en que la tenga á mi discreción. ¿Para qué, nes de mármol esculpidos por Caffieri y con guarniciones
de bronce. El mobiliario, compuesto de un ancho silJ6n,
caphal un importante negocio, y tardó cuatro días en pues, perderlo todo en un momento?» Se puso risuei'!.o y
volverá la Chapelle-Sauvigny. Ninguno de los huéspe- en I:igar de lanzarse sobre Celina en actitud violenta, co- dos cómodas de palo de violeta, una mesa de madera ta•
des pudo observar el furor que embargó á Valentín mien- mo su movimiento amenazador podía hacer temer, se liada y dorada y unao cuantas butacas y sillas de tapice•
ría, había sido comprado por la sefiora Mossler en la altras esperó á la joven. Mostró un semblante alegre y al apoxim6 con un aplomo perfecto y dijo:
moneda Bertin y pagado á peso de oro. El piso estaba
oír que la Sef!ora Mossler se extrafiaba de que permane-No se sabe, en realidad, cómo complacerá usted. Es- cubierto con uoa alfombra de la Savonnerie y las venta•
ciese tanto tiempo sin ir á. dar una vuelta por París, contestó con agradable sonrisa que la calma de los campos tá uno serio y se queja usted de que se la aburre. Está nas adornadas con cortinas de color de amaranto de un
tono delicioso.
.
le sentaba á las mil maravillas y que no comprendía có- uno alegre y protesta porque se abusa de su indulgencia.
Me parece que lo mejor sería, para agradarle, no volverA. eso de las diez, la señora Mossler, sentada en el bue•
mo no había goz.1do más de ella hasta entonces.
co de una ventana, estaba mirando á 1011 trabajadores que,
Por fin tuvo la satisfacción de ver que entraba en el se á ocupar más de su persona.
La joven levantó hacia él una mirada suplicante, como embarcados en dos lanchas y bajo las órdenes de un guarpatio del castillo el coche que había ido á buscar á los
diciéndole: sea usted generoso y, en efecto, no se ocupe da, hacían en el estanque una gran saca de peces y lle•
sef!ores de Clement y que bajaba de él, esbelta y ligera
naban con ellos grandes redes. Ferraud y Dauziai, á peaquella á quien esperaba hacía tanto tiempo. La observó' más de mí. Pero Valentín continuó:
-Pero entonces, ¿qué se pensaría de mí? Que era un sar del rocío de la mañana, presenciaban la operación
sin que ella lo notase, desde una ventana de la sala d~
fumar, y vió que no estaba nada cambia:la, que parecía grufi6n, un ser sin galantería. Es, pues, preciso resignar- desde la orilla y gesticulaban gritando á loe pescadores
muy tranquila y que vigilaba con entera calma la l-pera- se á sufrir sus sofiones y portarse como uno cree que d~ confusos consejoe. Bajo el cielo luminoso bordado de li•
ci6n de bajar del coche sus efectos. No quiso, por el be hacerlo, sin tener en cuenta sus caprichos. Así, acaso geras nubes y en aquel marco de veraor ya pálido, el
cuadro resultaba tan animado y pintoresco, que la seño•
pronto, presentarse delante de ella, pensó que su prisa se llegue á desarmar á usted.
Celina volvió á tomar sn aire de provocación:
ra Moasler le hubiera contemplaoo largo rato si la puerta
J&gt;Odría ser mal interpretada y se prometió verla en la ve-Eso
ne
es
probable.
de su cuarto no la hubiera distraído, al abrirse, de aquella
lada. Pero e l tiempo pasó lentamente sin tener en cuen-¡Babi
dijo
él
ligeramente;
yo
corro
el
alour.
¿Qué
divertida ocupación. Valentín entró sonriente.
ta la impaciencia de Valentín, y éste, que llegaba siempre el último al salón, fué aquella noche el primero y puede_sucederme peor que ser tratado como lo soy por
-Estabas mirando los pescadores, madre mía, dijo. Ea
usted.
di6 conversación á su madre, lo que la colmó de gozo,
verdaderamente extraordinaria la cantidad de peeca que
La
Sefiora
Mossler
los
escuchaba
con
asombro:
Lepahay en tus estanques. Han sacado en una hora más de
puee no estaba acostumbrada á semejantes favores.
A.l fin, á las siete se presenté Celina. Fué á besar á la recía descubrir un sentido profundo en aquellas palabras veinte redes repletas, y eso ~ue tiran loe peces J?equefi.oa.••
ligeras.
Los
examinó
con
aienci6n
y
los
vi6
poseídos
de
Sefiora Mossler, dió un ªfretón de manos á la condesa y,
V as á tener comida de vigiha para enviar el viernes á todos tus asilos.
al pasar por delante de \ alentfn, Je tendió la mano que una emoción que su diálogo no explicaba. Las frases
cambiadas
delante
de
ella,
¿tenían,
pues,
undoble
sentiél no sintió estremecerse en la suya. Estaba tan á sus
-He mandado hacer esa destrucción, porque, verdaanchas como si nada hubiese ocurrido. Miró con sus her- do? ¿Celina y Valentín estaban en seria hoaiilidad? ¿Y deros caimanes, los peces grandes han devorado loe bo·
por
qué?
El
carácter
y
las
costumbres
de
su
hijo
adoptimosos ojos á Valentín y éste no vió en ellos ni el más lenitos patos de Barbería que tú ma regalaste y que tanto
ve reflejo de cólera. Lo había ofviñado todo completa y vo ofrecían demasiadas explicaciones y eran éstas bas- me gustaba ver nadar ba¡o mi ventana.
tante
graves
para
que
la
sefi.ora
Mossler,
una
vez
despierprofundamente. El joven sintió nn acceso de furor.
-Yo te traeré otros. Uno de mis amigos, Saini-Gir6n,
«¿Creerá, pensó, que va á escaparse? ¿Imagina que tiene ta su desr.onfianza se contentase con las mzones que le tiene una especie verdaderamente rara. Pi:recen pintad01,
habían
dado
los
dos
antagonistas:
se
propuso,
pues,
obque habérselas con un idiota y que me voy á. dejar aturtan variados y tan vi vos son sus colores.
dir por sus malicias? Va á ver que á mí no se me paga servarles. Tenía un afecto sedo por Celina, y además la
La sefi.ora Moss!er, con el revés de su lánguida mano,
joven
estaba
bajo
sn
techo
y
la
Señora
Mossler
no
podía
con esa moneda; yo la volveré á llevar al punto en que
di6 un golpecito en ta mejilla á su hijo adoptivo, y exa•
admitir
que
un
huésped
no
estuviese
material
y
moralquedó nuestro asunto y no tardaré.11 Después pensó que
minando la seflal roja que tenía en la frente, dijo:
acaso aquel diaimulo no era más que táctica con el obje- mente seguro en aquella casa.
-Has podido desfigurarte al caer y eso hubiera sido
to de despistar acerca de sus sentimientos á las personas
Buscó á Federico Clement y le vi6 en una mesa de fatal, porque ¿que te hubiera quedado si perdías tu belleque loe rodeaban, y que, una vez sola con él, cambiaría whist con su padre y con Ferraud. Asoció en su pensa- za física?
de actitud.
miento aquel ~rave joven, de calvicie precoz, ojos fríos y
Valentín se echó á reir.
Se calmó y aplazó sus resoluciones, limitándose á obs- casi feo, si la mteligencia no hubiera suplido la ingrati- -Siempre me hubiera quedado tu carilio, supongo. Tú,
servará Celina que jamás había estado más bella ni más tud de su cara, y aquella fina, graciosa y seductora Celi- tan buena para loa desgraciados, no ibas á abandonarme
seductora. Una especie de lánguida dulzura parecía im- na. ¿Qué lazo podía unir aquellos dos seres que no supie- porque fuera desagradable á la vista.
plorar en ella indulgencia. Parecía decir: «¿Quién será ra roll)per ~l amor? ¿Estaba hecha para F~erico, siempre
-Yo no pero ¿y las otras mujeres?......
bastante duro, bastante brutal, para atormentará un ser
~upado, s1empr~ en busca de un negocioi aquella pari-Con O-l ocuparme más de ellas, estaría despachado.
como yo, débil y dulce? ¿Quién tendrá ese valor? decid: siense creada umcamente ¡,ara el placer y a alegría?
La sei'!.ora Moaaler examinó á Valentín y, en un tono.
me, vosotros, los que me estáis mirando. Y usted misPor una evolución de su espíritu, la Sefi.ora Mossler que no era el de la broma, contestó:
mo, Vale~tín, ¿cómo pu~e pensarlo?11 Detuvo por dos pene? en Enriquet_a y Valentín.. ¿No exis_tía entre ellos
-Pues bien; debes empezar inmediatamente.
veces la mirada en él y el ¡oven creyó leer en ella súpli- la misma deeeme¡anza? La mu¡er reflexiva, apasinada
El conde trató de escaparse con un chiste.
cas apremiantes. Se puso entonces frío y suspicaz y vol- por el arte, curiosa de sensaciones intelectuales, ¿no era
-¿Así, sin prevenirlas, sin preparación? ¡Las desgravió á todas sus desconfianzas. Pensó que Celina estaba el polo opuesto de aquel marido ligero, entregado á las ciadas! ¡Tú las quieres mal!
representando una comedia para moverle á piedad· no impresiones materiales, gran aficionado á los ejercicios
Al contrario; las quiero bien, 6, mejor dicho, quiero
compre_ndi6 las ai¡gus~i~ que la agitaban y no pensó' en violentos y á los placeres físicos? ¿Había existid'&gt; en . bien á una de ellaa.
el apasionado agradec1m1ento que era capaz de dedicarle aquellos dos matrimonios una equivocación deplorable?
Valentín cambió de actitud presintiendo un rudo aeal·
si se prestaba noblemente á aquel olvido de su falta que ¿Esas dos parejas, tan mal acopladas, prometían para el to. Se sentó al lado de la eeilora Mossler y dijo:
ella dC!'eaba imponerle. Ni por un momento hizo :a causa porvenir tem~estades y ~aufragi_os? _La Seiiora Mossler
-Madre mía no te comprendo. ¿:\le hablabas en serio?
de la joven contra sí mismo ni pensó más que en abusar no permaneció mucho tiempo mqu1.eta. Su conciencia Yo creí que bromeabas.
de la situación en que se encontraba.
-No; no bromeo. Te hablo seriament.e.
proporcionaba á ~u espíritu argumentos morales q11e la
Después de comer, maniobró hábil y pacientemente · tranquilizaban. Reconocía la influencia de los buenos
(Continuará.}

TOMOII

MEXICO, DOMINGO e DE DICIEMBRE DE 1896.

•

NUMBRO 23

•

lEL PRESIDENTE DE LA. REPU.BLICA. :haolendo laprote@tadcle . a
.
[DIBCJO DEJ. ,:\!. VILLA.SA~A],
~ ntc el Congreso, la inaílu.nn del l!del ooi.•íonte.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO.
29 NOVIEMBRE, 1896.
348
===========================================================·~
y celosa que ahora es dueña del poder, sufrirá que un ge• para acercarse á ella, mas la joven hizo frascasar todos principios en la vida y no tomaba en serio las exageraneral ee ponga en evidencia. Todavía está espantada con sus esfuerzos con un ardor que indicaba cuánto deseaba ciones del moderno escepticismo.
Boulanger. Sería precisa, pues, una guerra para que sur- evitar una entrevista con ¿1, Pero Valentín tenia sobre
Eliphas pensaba como ella y si hubiera sido puesto en
giera un hombre providencial que, en la locura de la ella la superioridad de la audacia y por un movimiento el caso de resolver en asunto tan serio com:&gt; aquel que
victoria producida en el país entero, ee apoderase de la· imprevisto logró bloquearla en un rincón del salón, 6ntre preocupaba á la t eñora Mossler hubiera mostrado igual
dirección de loe negocios. Y aún no es seguro que loe re- dos plantas, que lea ocultaban y una mesa llena de álbu- confianza. Pero su amiga estaba lejos de querer consalpresentantes del pueblo no intentasen derribarle ó supri- mes que impedía llegar hasta ellos. La tuvo allí prisione- tarle semejantes dudas. La hostilidad, ya grande, de su
mirle. Hay todllvfa eetis de las que mataron á Hoche...
ra, pero absolutamente duef!a de sí misma, como lo indi- ministro de la Caridad contra Yalentín, hubiera aumen-Hoche fué, en todo caso, envenenado por loe van- caban la arroganci de su actitud y la palidez nerviosa de tado hasta el punto de hacer imposible toda amistad con
deanos...... •
su semblante. Valentín no perdió el tiempo en preambu- ella. ¿Y qué hubiera sido de la Sef!ora Mossler sin Eli· -También ee h:,. dicho quP fué por Bonaparte.
los y abordando desde Juego la cuestión capital:
phas? Si aquel hombre de negocios admirable dejaba de
La conversación se de3carriló completamente y ee per-Celina, dijo á media voz y como si hablase de cosas prestarle su concurso, ¿cómo iba ella á salir i.delante con
dió en anécdotas poco auténticas. Al levantarse de la indiferentes, ¿por qué ha estado usted cuatro días lejos la administración de sus fundaciones? Diez secretarios,
mesa, Yalentín sintió un verdadero alivio instalándose de mí?
que la embrollarían sus asuntos y la robarían, no podrían
en la sala de fumar, donde pudo recostarse en una butaElla le miró de alto abajo con aire altanero y dijo:
substituir al benévolo distribuidor de sus beneficios.
ca y cerrar los ojos pensando en eu aventura. Su decep-¿Tengo que dará usted cuenta de !o que hago? He
Para cortar J.&gt;Or Jo sano cualquiera intrigacomenzada6
ción hBbfa sido grande al saber que no vería á Celina aquí una pretensión nneva é inesperada.
cualquier capricho nasiente, resolvió llamará Valentín é
aquella misma noche. Estaba ilusionado por la idea de
-Si usted no hubiese huído de mí, no tendría que interrogarle con i,eriedad. Sabía de antemano que le cosencontrarla en el salón, de sentarse á su lado y mirarla, prguntarla. La actitud de usted para conmigo me da el taría caro ser obedecida, pero no importaba esto con tal
respirarla y expresarla, envueltas en palabras ineignifi- derecho de hablarla así.
de obtener el resultado que se proponía. El dinero no era
cantf&gt;s, mil ternezas que ella sola comprendería. La au•
-Ni usted tiene ningún derecho ni yo he huído. La para ella más que un medio de asegurar su autoridad ó su
sencia de la joven le producía una turbación indecible; actitud que tengo es la que conviene.
rnsuficiencia, y ese medio había sido hasta entonces incomo una sensación de vacío; como si ae encontrase sien-¿Quiere usted, pue,;i, tratarme como enemigo?
falible con Valentín. Tranquilizada por esta conclttsi6n
do un extraño entre sus convidados; y sentía una desa-Sí, si trata usted de algún modo de limitar mi li- de sus meditaciones, se levantó, se despidió de sus hués·
nimación profunda, presintiendo que aquel propósito de bertad.
pedes, acostambrados á verla retirarse temprano, y al reevitarle era la primera manifestación de una resiatencia
-Usted, sin embargo, no podrá hacer que lo ocurrido cibir las buenas noches de Valentín, dijo:
que no podía vencer.
no sea un hecho.
-Si tienes intención de ir mañar.a á París, entra á verTodos sus amores, hasta entonces, habían sido fáciles.
-Está. usted en un error; lo haré.
me antes de marcharte; tengo necesidad de hablar contigo.
Tan sólo había conocido Señoras Bourdón que no se deComo hacía cuatro días qu';l la señora Mosaler estaba
A esta declaración tan rotunda y que tomaba más fuerfendían más que para capitular en mejores condiciones. za todavía dicha muy bajo y en tono joval, Valetín se es- eeria con su hijo adoptivo á causa de la terrible liquidaLas repulsas le dejaban asombrado, y acaso no había de- tremeció de cólera y replicó con los dientes apretados:
ción que había pedido y á la cual ella, por primera vez,
11eado tanto á Celina sino porque ésta le tenía á cierta
-¡Cuidado! Usted es mia y nada podrá. hacer que no se había negado, Valentín entrevió en aquella conversadistancia, Pero fuerte ya, después de haberla poseído, la lo !ea. Antes, destruiré todo cuanto nos rodea.
ción su vuelta al favor maternal; y pronto á aprovechar
deseaba con un ardor singular que nunca había sentido
Celina se levantó como impulsada por una fuerza in- las circunstancias, contestó muy amablemente.
y sólo pensaba en el momento de volverla á. ver, de ha- vencible, y dijo, mirándole con sonrisa intrépida:
-Pero, querida mamá, no quiero por nada del mundo
blarla, de hacerla conocer sus deseos y sus esperanzas.
molestarte temprano. Esperaré tus órdenes.
-Ya puede usted empezar.
La VE-lada fué corta. Todos los habitantes de la ca~a esLa sefiora Moesler le miró con complacencia, dulcifiY pasando impasible por delante de él, fue á sentarse
taban cansados por la expedición del día. Valentín se al lado de Señora Mossler. Valentín oyó este fragmento cada en un instante por su amabilidad, y movienao la
retiró pretextando sus contusiones y se encerró en su de diálogo entre las dos mujeres:
cabeza, como incrédula ante aquellas manifestaciones zacuarto.
lameras, dijo:
-¿Qué decía á usted ese loco?
A la mañana siguiente bajó á. eso de las diez y tuvo la
-Bueno; está convenido. Te haré buscaren cuanto es•
-Tonterías, respondió Ceima.
coutmriedad de saber que Calina se había marchado á
té dispuesta. Que duermas bien y trates de trBerme ma-De manera que ha salido usted derrotada ......
París con su m'lrido. Decididamente huía de él y esto le
-No, á. fe mía. No le temo ya. Solamente me cansa un ñana resolucioose juiciosas.
causaba un profundo descontento. Aquel nifio mimado poco.
Tomó el brazo de Eliphas y salió del salón.
•
á quien todo había sonreído, se irritó ante e pudor de
La rabia que se apoderó de Valentín al oír aquella braV
una mujer y no lo comprendió. Necesitaba la satisfac- vata
filé tan violenta, que se levantó para ir hacia Celición de su capricho, en seguida y sin restricciones. No na, pronto
La
habitación
que
ocupaba
la señora Moasler era la de
á cogerla en sus brazoe sin pensar en lo que la Pompadonr; ei estrado &lt;!e balaustres
le cabía e11 la cabeza que una mujer á quien había poseí- debía suceder.
dorados deetinaDió
cuatro
pasos
en
el
aal6n,
como
delido, pensase en resistírsele en adelante, y en la agitación rante y con la cara tan alterada que vi6 los ojos de la jo- do al lecho de la favorita había sido suprimido en tiemde espíritu en que las veleidades de Celina le ponían, ven agrandarse de eRpanto y temblar sus labios. El he- po del senador conde de Berland, bajo el primer imperio.
poco le faltaba para acusarla. de necia. Se prometió tedecoración, debida al pincel de Lancret, era la misma
de que tenía miedo y no le despreciaba tanto como La
ner con ella una explicación de las más terminantes, cho
y consistía en exquisitas pinturas de asuntos p!lijtorilea,
quería
decir,
calmó
repentinamente
la
exasperación
de
aquella misma noche.
Valentín, que pensó: «Ha querido afectar audacia, pero que han sido despu~s reproducidos en ttapices por loe
Pero no tuvo esta satisfacción. La mujer de Federico no está tan segura de sí misma que no pueda llegar un Gobelinoa. Sobre !a chimenea había un reloj y dos jarropermaneció en París con su marido, al que retenía en la momento en que la tenga á mi discreción. ¿Para qué, nes de mármol esculpidos por Caffieri y con guarniciones
de bronce. El mobiliario, compuesto de un ancho silJ6n,
caphal un importante negocio, y tardó cuatro días en pues, perderlo todo en un momento?» Se puso risuei'!.o y
volverá la Chapelle-Sauvigny. Ninguno de los huéspe- en I:igar de lanzarse sobre Celina en actitud violenta, co- dos cómodas de palo de violeta, una mesa de madera ta•
des pudo observar el furor que embargó á Valentín mien- mo su movimiento amenazador podía hacer temer, se liada y dorada y unao cuantas butacas y sillas de tapice•
ría, había sido comprado por la sefiora Mossler en la altras esperó á la joven. Mostró un semblante alegre y al apoxim6 con un aplomo perfecto y dijo:
moneda Bertin y pagado á peso de oro. El piso estaba
oír que la Sef!ora Mossler se extrafiaba de que permane-No se sabe, en realidad, cómo complacerá usted. Es- cubierto con uoa alfombra de la Savonnerie y las venta•
ciese tanto tiempo sin ir á. dar una vuelta por París, contestó con agradable sonrisa que la calma de los campos tá uno serio y se queja usted de que se la aburre. Está nas adornadas con cortinas de color de amaranto de un
tono delicioso.
.
le sentaba á las mil maravillas y que no comprendía có- uno alegre y protesta porque se abusa de su indulgencia.
Me parece que lo mejor sería, para agradarle, no volverA. eso de las diez, la señora Mossler, sentada en el bue•
mo no había goz.1do más de ella hasta entonces.
co de una ventana, estaba mirando á 1011 trabajadores que,
Por fin tuvo la satisfacción de ver que entraba en el se á ocupar más de su persona.
La joven levantó hacia él una mirada suplicante, como embarcados en dos lanchas y bajo las órdenes de un guarpatio del castillo el coche que había ido á buscar á los
diciéndole: sea usted generoso y, en efecto, no se ocupe da, hacían en el estanque una gran saca de peces y lle•
sef!ores de Clement y que bajaba de él, esbelta y ligera
naban con ellos grandes redes. Ferraud y Dauziai, á peaquella á quien esperaba hacía tanto tiempo. La observó' más de mí. Pero Valentín continuó:
-Pero entonces, ¿qué se pensaría de mí? Que era un sar del rocío de la mañana, presenciaban la operación
sin que ella lo notase, desde una ventana de la sala d~
fumar, y vió que no estaba nada cambia:la, que parecía grufi6n, un ser sin galantería. Es, pues, preciso resignar- desde la orilla y gesticulaban gritando á loe pescadores
muy tranquila y que vigilaba con entera calma la l-pera- se á sufrir sus sofiones y portarse como uno cree que d~ confusos consejoe. Bajo el cielo luminoso bordado de li•
ci6n de bajar del coche sus efectos. No quiso, por el be hacerlo, sin tener en cuenta sus caprichos. Así, acaso geras nubes y en aquel marco de veraor ya pálido, el
cuadro resultaba tan animado y pintoresco, que la seño•
pronto, presentarse delante de ella, pensó que su prisa se llegue á desarmar á usted.
Celina volvió á tomar sn aire de provocación:
ra Moasler le hubiera contemplaoo largo rato si la puerta
J&gt;Odría ser mal interpretada y se prometió verla en la ve-Eso
ne
es
probable.
de su cuarto no la hubiera distraído, al abrirse, de aquella
lada. Pero e l tiempo pasó lentamente sin tener en cuen-¡Babi
dijo
él
ligeramente;
yo
corro
el
alour.
¿Qué
divertida ocupación. Valentín entró sonriente.
ta la impaciencia de Valentín, y éste, que llegaba siempre el último al salón, fué aquella noche el primero y puede_sucederme peor que ser tratado como lo soy por
-Estabas mirando los pescadores, madre mía, dijo. Ea
usted.
di6 conversación á su madre, lo que la colmó de gozo,
verdaderamente extraordinaria la cantidad de peeca que
La
Sefiora
Mossler
los
escuchaba
con
asombro:
Lepahay en tus estanques. Han sacado en una hora más de
puee no estaba acostumbrada á semejantes favores.
A.l fin, á las siete se presenté Celina. Fué á besar á la recía descubrir un sentido profundo en aquellas palabras veinte redes repletas, y eso ~ue tiran loe peces J?equefi.oa.••
ligeras.
Los
examinó
con
aienci6n
y
los
vi6
poseídos
de
Sefiora Mossler, dió un ªfretón de manos á la condesa y,
V as á tener comida de vigiha para enviar el viernes á todos tus asilos.
al pasar por delante de \ alentfn, Je tendió la mano que una emoción que su diálogo no explicaba. Las frases
cambiadas
delante
de
ella,
¿tenían,
pues,
undoble
sentiél no sintió estremecerse en la suya. Estaba tan á sus
-He mandado hacer esa destrucción, porque, verdaanchas como si nada hubiese ocurrido. Miró con sus her- do? ¿Celina y Valentín estaban en seria hoaiilidad? ¿Y deros caimanes, los peces grandes han devorado loe bo·
por
qué?
El
carácter
y
las
costumbres
de
su
hijo
adoptimosos ojos á Valentín y éste no vió en ellos ni el más lenitos patos de Barbería que tú ma regalaste y que tanto
ve reflejo de cólera. Lo había ofviñado todo completa y vo ofrecían demasiadas explicaciones y eran éstas bas- me gustaba ver nadar ba¡o mi ventana.
tante
graves
para
que
la
sefi.ora
Mossler,
una
vez
despierprofundamente. El joven sintió nn acceso de furor.
-Yo te traeré otros. Uno de mis amigos, Saini-Gir6n,
«¿Creerá, pensó, que va á escaparse? ¿Imagina que tiene ta su desr.onfianza se contentase con las mzones que le tiene una especie verdaderamente rara. Pi:recen pintad01,
habían
dado
los
dos
antagonistas:
se
propuso,
pues,
obque habérselas con un idiota y que me voy á. dejar aturtan variados y tan vi vos son sus colores.
dir por sus malicias? Va á ver que á mí no se me paga servarles. Tenía un afecto sedo por Celina, y además la
La sefi.ora Moss!er, con el revés de su lánguida mano,
joven
estaba
bajo
sn
techo
y
la
Señora
Mossler
no
podía
con esa moneda; yo la volveré á llevar al punto en que
di6 un golpecito en ta mejilla á su hijo adoptivo, y exa•
admitir
que
un
huésped
no
estuviese
material
y
moralquedó nuestro asunto y no tardaré.11 Después pensó que
minando la seflal roja que tenía en la frente, dijo:
acaso aquel diaimulo no era más que táctica con el obje- mente seguro en aquella casa.
-Has podido desfigurarte al caer y eso hubiera sido
to de despistar acerca de sus sentimientos á las personas
Buscó á Federico Clement y le vi6 en una mesa de fatal, porque ¿que te hubiera quedado si perdías tu belleque loe rodeaban, y que, una vez sola con él, cambiaría whist con su padre y con Ferraud. Asoció en su pensa- za física?
de actitud.
miento aquel ~rave joven, de calvicie precoz, ojos fríos y
Valentín se echó á reir.
Se calmó y aplazó sus resoluciones, limitándose á obs- casi feo, si la mteligencia no hubiera suplido la ingrati- -Siempre me hubiera quedado tu carilio, supongo. Tú,
servará Celina que jamás había estado más bella ni más tud de su cara, y aquella fina, graciosa y seductora Celi- tan buena para loa desgraciados, no ibas á abandonarme
seductora. Una especie de lánguida dulzura parecía im- na. ¿Qué lazo podía unir aquellos dos seres que no supie- porque fuera desagradable á la vista.
plorar en ella indulgencia. Parecía decir: «¿Quién será ra roll)per ~l amor? ¿Estaba hecha para F~erico, siempre
-Yo no pero ¿y las otras mujeres?......
bastante duro, bastante brutal, para atormentará un ser
~upado, s1empr~ en busca de un negocioi aquella pari-Con O-l ocuparme más de ellas, estaría despachado.
como yo, débil y dulce? ¿Quién tendrá ese valor? decid: siense creada umcamente ¡,ara el placer y a alegría?
La sei'!.ora Moaaler examinó á Valentín y, en un tono.
me, vosotros, los que me estáis mirando. Y usted misPor una evolución de su espíritu, la Sefi.ora Mossler que no era el de la broma, contestó:
mo, Vale~tín, ¿cómo pu~e pensarlo?11 Detuvo por dos pene? en Enriquet_a y Valentín.. ¿No exis_tía entre ellos
-Pues bien; debes empezar inmediatamente.
veces la mirada en él y el ¡oven creyó leer en ella súpli- la misma deeeme¡anza? La mu¡er reflexiva, apasinada
El conde trató de escaparse con un chiste.
cas apremiantes. Se puso entonces frío y suspicaz y vol- por el arte, curiosa de sensaciones intelectuales, ¿no era
-¿Así, sin prevenirlas, sin preparación? ¡Las desgravió á todas sus desconfianzas. Pensó que Celina estaba el polo opuesto de aquel marido ligero, entregado á las ciadas! ¡Tú las quieres mal!
representando una comedia para moverle á piedad· no impresiones materiales, gran aficionado á los ejercicios
Al contrario; las quiero bien, 6, mejor dicho, quiero
compre_ndi6 las ai¡gus~i~ que la agitaban y no pensó' en violentos y á los placeres físicos? ¿Había existid'&gt; en . bien á una de ellaa.
el apasionado agradec1m1ento que era capaz de dedicarle aquellos dos matrimonios una equivocación deplorable?
Valentín cambió de actitud presintiendo un rudo aeal·
si se prestaba noblemente á aquel olvido de su falta que ¿Esas dos parejas, tan mal acopladas, prometían para el to. Se sentó al lado de la eeilora Mossler y dijo:
ella dC!'eaba imponerle. Ni por un momento hizo :a causa porvenir tem~estades y ~aufragi_os? _La Seiiora Mossler
-Madre mía no te comprendo. ¿:\le hablabas en serio?
de la joven contra sí mismo ni pensó más que en abusar no permaneció mucho tiempo mqu1.eta. Su conciencia Yo creí que bromeabas.
de la situación en que se encontraba.
-No; no bromeo. Te hablo seriament.e.
proporcionaba á ~u espíritu argumentos morales q11e la
Después de comer, maniobró hábil y pacientemente · tranquilizaban. Reconocía la influencia de los buenos
(Continuará.}

TOMOII

MEXICO, DOMINGO e DE DICIEMBRE DE 1896.

•

NUMBRO 23

•

lEL PRESIDENTE DE LA. REPU.BLICA. :haolendo laprote@tadcle . a
.
[DIBCJO DEJ. ,:\!. VILLA.SA~A],
~ ntc el Congreso, la inaílu.nn del l!del ooi.•íonte.

�EL MUNDO.

350
''EL MUNDO.''
BBMANARIO ILUSTRADO,

Teléfono 434.-Calle de Tibnreio núm. 20.-Apartado 87 b.
Hi:uoo.
Toda la correspondencia, debe d1rlglnie
al Gerente de este periódico.

La enecrición á EL MIDWO vale $1.25 centavos al mee,
y ee cobra por trimestres adelanti.dos.

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OOM0 ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

BBGISTRADO

di[entes exclusivos para los Estados Unidos y Cana·

dá Tiie Spanish American Newspaper Company, 136 Liberty ~ - New York, E. U.n

ilota, tbitartalt,.
&lt;fl .quinto ¡¡erioilo µre.sillendal llel &lt;15eneral Día1.
El día l? quedó inaugurado el nuevo periodo administrativo que debe terminar el 30 de Noviembre de 1900,
alto acontecimiento político que no ha pasado en silencio para los interesados en el porvenir de la República.
El General Diaz, después de 16 años de gobierno, comienza su nullva etapa con un espíritu joven y una
sólida energía, firme la cabeza y sereno el ánimo, para
proseguir y dar desarrollo al programa de evolución por
que ha encauzado al país, en medio de serios obstáculos
que se han arrojado á su paso.
El Presidente de la República, caudillo de una revolución triunfante, se encontró al inaugurar su política
con un grupo nacional influenciadc- por una retórica
aparatosa y repleta de ostentación, de la que se había
hecho un cuerpo de doctrina, inflexible como una varilla de acero. Estos rígido•, adormecidos en ene ideales,
autosugestionados por una suerte de misticismo dogmático, pugnaban con toda fórmula que der.ibara s.ue viejos
:ídolos vacilantes, Romper con aquellos procedimientos,
dar un adios postrero á aquelloa métodos-de loe que habían salido, justo ts decirlo, !os primeros alientos de Ji.
bertad-:parecía á estas conciencias algo así como una
profanación, un acto de iebeldía á las formas de Gobierno adaptadas á un pueblo redimido por el esfuerzo y el
carácter de un puiiado de ciudadanos ilustres.
Todavía hace nn cuarto de siglo un liberal estaba obligado á reconocer y aceptar errores que la fuerza de loe
hechos y los golpes sucesivos de la prensa se han encargado de desvanecer. El jacobinismo ha ido cediendo poco á poco su puesto á un soplo vivo de libertad, v á me•
dida que la.~ frases sonoras perdían su encantó se ha
oreado para la nación un sistema de gobierno que, ema·
nando de la verdad, se basa en la interpretación positiva
de nuestro estado social.
Los primitivos auxiliares del General Dfaz quedaron
sorprendidos al ver surgir de entre los épicos cantos de
las tradicionales epopeyas públicas, una fuerza desconocida, apoyada, no en grandilocuencias poéticas, no en
eofistiqueos jurídicos, no en la emoción, no en la inteligencia, eino en las necesidades de una sociedad, á la que
se habían servido los manjares de loe dioses, pero que
jamás había obtenido el alimento de loa hombrea. La
trasformación conmovió hondamente á los caducos po·
liticastros acostumbrados á cegar al público, desde la
tribuna y desde la prensa, con el po1villo de oro de su relampagueante oratoria. Todavía, cuando se arroja á la
crítica popular el balance de nuestro progreso, alguno
de estos espíritus raquíticos, momias acurrucadas en un
sarcófago, escribe en la primera página de un diario:
¡Pero el General Díaz se ha perpetuado en el poder!
Ahí está toda la razón de este criterio político que se
atrevería á renegar de la civilización porque dura mu.cho, que daría con gusto cuatro lustros de paz por el placer de conser rnr sus mitos, que no vacilaría en renegar
de la prosperidad nacional á trueque de seguiT entonando sus himnos sagrados! ¡La Democracia quiere la renovación de los poderes públicos! Y frente á este principio
inalterable, toda la obra del progreso se viene abajo!
Per,o _hay algo más só~ido que Jae declamaciones, algcmás ut1l que el dogmatismo, algo más sano que loe clarinazos jacobinos, 1' este algo es la obligación, patriótica y
de civilización, de ªl&gt;ºYªr un poder público en et que se
compenetran y palpitan todas las necesidades de la República en el actual momento histórico.

¡.$á1ueu.se la.s colonias aunque ¡1ere1can
los httere.se.s!
La~ nacione~ que han buscado en una política de expansión colomal, un apoyo al desenvolvimiento de la
r!queza pública-régimen que sólo ha servido para debihta~ á estos pue)&gt;lo~.~o~ienzan á preguntarse si ya no
es tiempo de exammar friamente el resultado del lujo
de poseer ~uera del natural territorio de la patria grandes extensiones de tierras que no están unidas por intei:es~ ni s~ntimi~ntoe á la metrópoli.-No es Espafia la
un~c~ nación l~s1C&gt;_nada por la política colonial, que ha
exigido el sacrificio de numerosas fuerz,¡s activas s11stra~dat! de la vida nacional; no es el tesoro español el
único que se des'angra ¡,or retener estos lejanos girones
de patria, constantemente dispuestos á crearse una
existencia propia; Francia también ha comenzado á
sentir que el fardo de las colonias es un enorme -peso
ª?n para sus poderoe!\s energías de pueblo rico y floreciente.

6

6

DICIEMBRE, 1896.

En estos momentos, la prGnsa' francesa discute ramo trastable, y nada son ante ella ni las astncias de la diplo
por ramo, el próximo presupuesto de la triunfante Re- macia, ni las nebulosidades de la política. ~e deseaba.
pública Europea, y al llegar al de las colonias, confiesa en Italia que cesaran loa estériles sacrificios hechos pa~
con honrada franqueza que el lujo de la colonización conservar una posesión que sólo costaba dinero y aanl?.'8"
cuesta demasiado caro al contribuyente.- ¿Cuál es, en y lágrimas y vidas, y la paz se ha ajnatado con Menehk,
efecto, la cantidad asignada en el presupuesto para cu• y la Erythrea, que era una colonia mil1t,ar en las apartadas
brir las negaciones coloniales? La cifra es respetable: tierras africanas, se convertirá en colonia civil, 6 se entngará á la insaciable rapacidad británica.
176.300,000 francos, suma en enorme desproporción con
los siete millones á que ascienden los ingresos vertidos
Ya se habla de venta á ***
Inglaterra; un periódico depor las colonias en las rentas públicas.-Hé aquí los efec •
tos alcanzados por esa política artificial y pomp'lsa que Londres ha sido el prim •ro en lanzar la especie, y no es
ha sustituido en los modernos tiempos al batallador es- difícil que trae los cruentos sacrificios que ha costado al
píritu de conquista que ha deegastado la fortaleza de las reino de Humberto su primera a ventura colonial, después
de las sumas invertidas para fundar inmensos cementeviejas sociedades.
.
Ya se explica por qné en España hacomenz'i!.do á reac- rios en las cercat;1ías de Asaowa. y de dejar los insepultos
cionar la opinión en el sentido de vigorizar las vitalida- huesos de los soldados de Baratieri blanqnear bajo un sol
des interiores, por medio de una liga contra la emigración, de fuego en las abrasadas soledades del desierto, se enpor más que ésta dependa en buena parte, sino en RU to- tregue á la Gran Bretaña lo q ne queda de la poca afortu •
talidad, de ineludibles leyes económicas. Ya hay motivo nada posesión.
Nada extraño sería unresultadoRemejante. Ya las despara dar la razón á los Estados Unidos rechazando la
anexión de las ialaH Sandwich, puesto que el protectorado dichas italianas en los campos da Abisinia dieron pretexamericano se traduciría, al final de cuentas, por un au- to á loa ingleses para emprender la expedición al Nilo Sumento en el presupuesto tederal destinado á ejercer una perior, que ha tenido por remate,la caotura de Dongola. Se
acción positiva en el nuevo territorio incorporado.-Pe- habló de ayudará Italia t-n s•1s conflicto~, se pronuncióro contra la invulnerable expresión de los hechos, el por lo bajo la palabra de di~culpa, y para no despertar
criterio popular se obstina en retener las colonias, y has• las suspicacias siempre ausctipti bleq de la.~ potencias euta se han convertido en un asunto de patriotismo las die· ropeas, se habló de escarmientos al fiero Menelik.
Vanas fórmulas, increíbles explicaciones qne apenas
cusiones á que pueden dar origen el reiterado y persia·
tente sacrificio de las naciones enclavadas en la política sirvieron para ocultar el gran proyecto de apoderarse de
colonial. El principio famoso: ¡sálvense los principios, todo el Soudán, prólogo no más da la colosal empresa briaunque perezcan las instituciones! se ha convertido hoy tánica de adueli.!rse del Contineuta NPgro, extendiendoen otro, tan rectilíneo é inflexible como el primero: ¡sál- su esfera de acción desde el Cairo h11,ta el Cabo de las
Tormentas, desde Sierra Leona á las costas de Zanzíbar.
vense las colonias, aunque perezcan loa intereses!
Allá van loa britanos, des¡iertando todas las envidias,
Los ejemplos expuestos puéden ser aprovechadoP por
lo~ publicistas defensores de la desastrosa solución Cuba· y envueltos en su «brillante aislamiento,» pero .firmes y
Jfexicana, que se ha presentado como única para lesionar seguros en la realización de sus aepiracionea.
Si Francia, apoyada en su temida aliada la potente·
á cubanos, espafloles y mexicanos.-Decididamente no
tiene cuenta á pueblo alguno el régimen de expansión Rusia, no se opone á esa marcha iuvasora, y exige comoexterior á costa del empobrecimiento y la anemia de las lo ha ofrecido la evacuación i11mediata del Egipto; si
Alemania, por el natural recelo que ha de despertar esa.
vitalidades interiores.
absorción indefinida, que pone en peligro sus extensas
posesiones africanas; si las potencias todas del continente europeo no detienen en su vue10 á la Inglaterra: ésta.
¡¡etta lle muerte 1J el .sistema µenitendario.
que ya tiene con el Soudán superior la clave de todo el
valle del Nilo, y con sus colonias del litoral y del centro•
Las legislaturas de varios Estados de la Federación se
han dirigido á la Cámara de Diputados, secundando la de Africa, base potente para toda~ sus operaciones, acainiciativa de la de Nuevo León, pidiendo que se reforme bará por sofocar todos los intereses que no sean los auyoeel texto constitucional en el sentido de establecer la pe· propioa, y pOI' ahogar en inmenso y apretado anillo á todos loa qne no obedezcan las tendtincias de la primera.
na de muerte.
No es la primera vez que nos ompamos en este asunto, potencia colonizadora del mundo.
manüestándonos partidarios de esta reforma, aun á ries***
go de lastimar sentimientos, demasiado generalizados,
Por eso vemos con profunda extrai'ieza y hondamPnte·
que rechazan esta pena como anti-humanitaria. Nunca,
es verdad, debe ser causa de regocijo la aplicación de un maravillado~ la nol.icia que da una agencia cablegráfica.
sistema penal, pero el verdadero concepto de los princi- de México, anunciando la posibilidad de una «Umón de·
pios humanitarios tienen su fuente de información en la Pazn entre Inglaterra, Rusia, Fraul'ia y Alemania.
Si no existieran las hondas rivalidades que divid&lt;&gt;n á...
sociedad y no en el individuo.
Según e~te criterio toda unidad que cause datio á los las naciones de la Triple y de la Duple Alianza; si no fuederechos del grupo, es un elemento nocivo y necesario es ran visibles á la consideración de tuuos, los odios tradiacudir á la defensa colectiva, operando una suerte de se- cionales de raza, los rencores fun&lt;l.amentales de organización, los palpitantes clamores d.i venganza reconcenlección artificial.
Pero claro está que la pena de muerte no podría ser trada que apartan á los pueblos que han poeti1.ado el•
adaptable á todos los criminales, y en tal virtud no ve- Rhin con sus leyendas; di no fuera tlé todos conocida la
mos la inconsecuencia que señala un colega, entre el ré- envidia que corroe á las dos poteui:iaa que se disputan\¿,
gimen penitenciario y la aplicación de tal pena. Esto supremacía política sobre los imperios asi~ticos, y se desafían en las tinieblas para obt,ener el i11flujo decisivo
equivaldría á caer de un error en otro.
El régimen penitenciario presta indudablemente gran- sobre los pueblos petrificados del remoto Oriente: bastades servicios á la criminología, y no hay que rechazarlo ría pensar sólo en las dificultad1-s que de un momento á,.
en absoluto. Claro ea que existen delincuentes á quienes otro pueden surgir entre los dueños reconocidos del Conno aprovechará la penitenciaría, en el sentido de la re- tinente africano, para negar enttramente la realización
ese sueño de unión que juzgarn&lt;.,B impnqible.
generación; pero el principio de la regeaeración no sirve deUna
alianza tal que asociara en comuuitfad de i nterede norma en la penalidad moderna. Lo que ésta busca
á la Gran Bretatia que extiende loi, cien brazos de
ea la eliminación absoluta ó relativa del reo, en grado á ses,
Bryareo, á donde quiera que hay un pal,no de terreno,
la cantidad del mal causado.
Por lo demás, l'etablecido el trabajo obligatorio en las baldío; á Rusia que la o¡,one barrera infranqueable en
prisiones, el régimen penitenciario no ofrecerá la des- Persia y en Afganistán corno en China y en Corea; á
ventaja de-que la sociedad trabaje para sostener al delin- Francia que no renuncia loa derechos que cree poseer sobre la tierra de loa Faraones, lo mismo por cuenta de
cuente, puesto que éste cubrirá sus gastos.
La pena de muerte no se opone, pues, al sistema peni • Napule6n que al filo de su ellpada alzó su tienda triunfatenciario, y la contradicción que se ha creído encontrar dora á la sombra de las Pirámides sagradas, que por cuenta de Leasepa, que al golpe de su azadón rompió el dique·
entre uno y otro principio, e~ perfectamente infundada.
que separaba dos mares, y abrió al mnndo el c11mino sofiado á loa países del oro y del marfi 1, y le mostró la.
anhelada ruta á las playas legendarias de 01ir y de
Golconda; y á la adusta Germanía que iría á auxiliará
su enemiga jurada en sus pretensioned de grandeza: una
RESUMES.-La paz ,ntre el rey Hnmberto y l'l negns 3fil- alianza semejante no puede ser tomada á lu serio, porque·
11elik.- La opmión pública triunfante.-Aband11nn de carece de todo fundamento positivo.
Roconciliar las potencias que por cinco lustros han ¡,a·ErythrPa.-S1empre Jnglaterra.-Uoa alianza imposiblt'.
-Enemigos irreconciliables.-Pronnnciamiento en Orn- tado frente á frente, y darlas por lazo de unión á Inglaterra que nunca se compromete, porque tiene bastantegnay.-ErroreM de raza.
habilidad para esquivar todas las responsab1lidadt&gt;e, y
A vuelta de las agitaciones violentas y de los sacudial poderoso imperio moscovita, que hien clara ha manimientos patrióticos que produjera en el parla:n&lt;&gt;nto y en festado su adhesión á la República Francesa, es pretenel pueblo italiano la catástrofe del general Baratieri, der una utopía hermosa pero rayaua del absurdo.
destrozado y roto por las huestes de Menelik en los cam
Si llegara á realizarse ¡qué alivie para los p11ebloe eu·
pos de .Abisinia, la nación ha recobrado su buen sentido ropeosl con qué satisfacción re~piraríau ya libres de la
en el asunto y la tranquili iad serena de su juicio, acep- abrumadora pesadumbre de la paz armada! con qué fruitando lo que en un principio se creía mortificanté para ción verían dedicadas á más ealudable objeto las podeel honor nacional y degradante al brillo de las armas de rosas energías que se consumen en loa innúrner&lt;.,e ejárci•
Italia.
toa y las formidables marina1,1! Significaría la paz univnEl pueblo que clamaba estrepitosamente en Roma y 11al eoiiada por los filántropo•. predicada por los moralisen Florencia, en Nápoles y en Milán, contra un gobier• tas y enseiiada por los filósofos, pero ante la cual se ha.
no que agotaba las fuerzas vivas del país por llevará ca- opuesto la triste realida&lt;I. de las coaai,, la tremenda, la.
bo de~astrosa empresa, tratando de sostener por la vio- implacable strugle for life de los hombres y de los puelencia la inutilidad de la colonia de Erythrea, y el parli.- blos.
mento que derribó con soberbio empuje, ent,re el encono
Hablar de unión y de paz cnando Alemania, temible
y la indignación general, al gabinete de Crispí, á pesar por sus ejércitos, se apresta á acrecentar su marina, impo·
de sus glorias tradicionales y su popular prestigio, rego· tente
ahora para la agresión, y cuando la Gran Bretaña,
cíjanse ahora de ver terminada una guerra por medio de temida por su marina poderosa, se prepara á aumentar
honroso tratado, celebrado por quien, al ascender al po- su ejército, incapaz para la reai11tencia; hablar de paz yder, no quiso asentar en su programa esa fórmula de paz
de concordia, es perderse en las nebulo~idades azules del
que palpitaba en los clamores de la multitud.
en~ueño.
,.
Es que, cuando la opinión pública toma consistencia y
se apoya en las legítimas aspiraciones del país, nada la
**
Otra vez la inquieta sangre lalina, que b ulle en nuea-r, siste: tarde ó temprano se impone con fuerza incon-

DICTEMRRE,

351

EL MUNDO.

1896.

cina, no ein haber deeempefiado antes
-tras venas con el ardor imprescindible
con lustre la cátedra de matemátic:ia en
di' la rdza, 1 a provocado el motín y prol¡,. Univoraidad. hasta que non, brado
d ucido la asonada que constelan con luapartador general de met&amp;les en la Caea
ces fatídicas los anales de los pueblos his •
de Moneda, logró conquistar cierta posi pano-americanos.
.
ción modesta, que lo sacó de una 1ex i~tenHoy que la República Argentina y la
cia llena de escaseces y de pereecnciones;
de Chile aparecen decididas á zanjar por
cargo que desempefió más de onct- uiio~,
medios pacíficos las dificultades que las
y con honradez inmaculada, «pm s hahan dividido por cuestión dé fronteras
biendo manejado tan grande cauJal. div Brasil entra en período de reposo,
ce el P. Alzate, ni en su vida, ui dl'R•
Venezuela mira concluido de honroso
pués se ha verificado reclamo que pe, judi modo su conflicto con Inglaterra, y las
ca:&gt;re á su conducta.»
demáa naciones del Sur de América ofreEl Dr. Bartolache murió en México el
cen un cuadro de placentera calma, po9 de Junio de 1790, y Beristáin, dHpués
co en consonancia con su turbulencia
de elogiar su constancia en el estudio df:
inagotable, se deja escuchar el olvidado
la física, de la medicina, de la qu fn,ica,
grito del pronunciamiento en el opulende la botánica, de la aetronomía, dice
to Uruguay.
«que como el Angel de la Piscina," rPmoEl pretexto, la disculpa del revoluciovió en México las aguas de las ci,•11cias
nario poco importan; la promesa de la re-·
para su mayor prospe,.idad y e@plt 11dor.
volución nada significa: es una a;mple
Bartolache fué también en México t-1 inmanifestación de loa defectos orgánicos
troductor del uso del fierro en la tera I éude nuestros pueblos y nada más. Hasta
tica, y al efecto vendían unab pattillas,
pasaríamos en sileucio esta explosión de
preparadas por él.
odios, achaque vulgar de loa pueblos neo •
Bien quisiera llamar siquiera la :itenlatinos. si en esta ocasión no se la hubieción acerca de sus obras; pero es pn ciso
ra visto acompaiiada de escenas de salhablar con preferencia d~ su periúdico,
vajismo, que parecían olvidadRP.
objeto principal de las líneas que ncriAun tienen mucho que trabajar esos
pueblos, si no entran de lleno en el ejer•PLAcA DE ORO GRABADA.-0bsequlo de 1a Colonia española al Seihr Pre,ide11te de la R?p1bll:!a. (v.!a,e; el.:_lar- bo.
Lo comenzó á publicar en la fecha que
cicio de una política positiva; todavía
ticulo relativo.) .
puede leerse en el facsímil, con ti título
verán sus campos talados y sus ciudades
a.e MERCURIO VoLAN'rE. El numero 2 se publicó el m,éralumbradas con los resplandores del incendio, Pi ·no Re
colea 28 de Octubre de 1772; y continnó semanaria mendeciden á cel'l'Rr los oídos á las canciones halagadoras de
te hasta el miércoles 10 de Febrero del aiguieLte aiio de
las Cirsea jacobinas, que les prometen cielos ideales y pa--La honra de haber fundado el periodismo científico en
raísos imaginarios, y loe apartan de las ret&gt;lidades de la México, y tal vei en la América, le cabe al ilustre Padre 1773, en que murió el periódico «de la enfermedad oraitierra donde qm1dan muchos ignorantes que enseñar, Don José Antonio Alza.te, cuyo nombre vive y vivirá naria,» como dijo García Icazbalceta; «la falta de smcri tores.»
mu~hoa m1serablea que socorrer, vicios que corregir y eternameme en nuestra historia.
paa10nea que dominar. Déjense de utopías imposibles
La colección del MERCURIO VOLANTE consta de 16 núme·
Fué él quien estableció el «Diario Littrario,» publicay suefioa nebulosos, y fijénse más bien en las condicio- ción que alcanzó cortísima existencia, pues sólo duró de
roe que forman un volúmen de 128 páginas en 4? comúu
n011 orgánicas de loa ciudadanos.
Marzo á Mayo de 1768: Sin desmayar. empero, continuó y es hoy rarísima. Cada número del MERcuo10 conRtaba
Ea en vano aspirar á la libertad que prometen los de- publicando de Noviembre de 1772 á Enero de 1773, los de 8 páginas, valfa medio real, se imprimía por D. Felipe
magogos, cuando no se ha vencido previamente á sus eter- «Asuntos varios sobre ciencias y artes;11 en seguida las de Zúñiga y Ontiveros, y se expendía frente al portal de
nas enemigas: la ignorancia y la miseria.
«Observaciones sobre la física, historia natural y artes Mercaderes.
útiles.11 y en fin el digno remate de estos cimientos cienEl Mercurio del Dr. Bartolche, se ocupó de varios as.un·
X.X.X.
tíficos, su «Gaceta de Literatura,» que se dió á la estam- tos físicos; pero particularmente de la medicina. Fué,
3 de Diciembre de 1896.
pa dPsde el 15 de Enero de 1788 hasta el 22 de Octubre pues, el primer periódico consagrado á esta ciencia en
de 1795.
México, y en él encontrará quien lo registre, curiosos esLa fama del Padre Alzate traspasó las limitadas fron- tudios acerca de Lo que se debe pensar de la Medicina, vaUna placa de oro.
teras de la Patria, surcó los mares, y corporaciones sabias rios artículos no menos importantes sobre el u.so y abuso
de Europa le contaron -entre sus miembros. Biógrafos del pulq:ue para curar las enfermedades, fnera de otros acer ·
Ofrec~mos á nuestros lectores un grabado que repre•enta diligentes han narrado detalladamente su vida; su retra- ca de higiene y anatomía, y en todos ellos resaltan idt&gt;as
una taneta de ~ro grabada, obeeqmo de la Colonia Espa- to se ha reproducido en diversas obras, y su memoria progresistas que colocan mny alta la just'l reputación
iiola al ~r. P~e•1dente de la Repú~lica, fAlicitifodolo por permanece indeleble en una sociedad que lleva con or- que mereció el Dr. Bartolache á. sus contemporáneos ilustrados. ·
su contmuac1ón al frente de la primera MagiRt,ratura de gullo su preclaro nombre.
la República durante el cuatrienio de 1896 á 1900.
Pero pocos se han ocuEntre los regalos que el Sr. General Díaz ha recibido y
pado en hacer resaltar los
los que se le entrPgarán en breve, ea éste uno de loa m~s altísimos méritos de un
hermosos y significat ivos.
contemporaneo y amigo
del Padre Alzate, á quien
éste tlogió como se mPrecía, llamándole «insigne
literato,n en una época en
CU RIOSIDADES .
que la adulación aun no
había corrompido y abn·
UN RASGO AD M IRABLE.
aado de los epiw.toij. El
augeto á que alud" fué el
C~ando los -prusianos, en la ~uerra de 1870. sitiaron á
die ti nguido guanaj uatt&gt;n•
la cmda&lt;l de Paría, Von Moltke resolvió el formi.dable Fe, Dr. Don José Ignacio
bombardeo, contra el cual 11n vano reclamaron smte Bis- Ba,tolach11, autor del pri mRrck el patriotismo y la diplomacia de Julio Fabre.
mer periódico dedicado
. En esa época, sometido á la suerte de los parisienses, en México á la medicina.
&amp;RE VARIOS 'ASUN'l'
vivía 11ncerrado en loa muros de la capital del mundo
y del cual reproduce hoy
Al célebre compositor francés Ambrosio Thomas, glori~ EL MuNoo, en facsímil.,,
¡t I MEDJC
-0el arte muRical. El autor de Mignon poseía en los aire· la portada del primer nú· dedorea de París un dl!licioao chalet, y estaba convencido wtro.
.
~OI~ BAitTot.:Aatt, 'D(&gt;{ior
de q~e el cafi~n prusiano ó la saña de loa enemigos de su
'# ld4 Rt4J ~11t'fltriulad ~
Bartolache nació en la
patria, destruiría aquel albergue de su genio, donde tan- ciudad
de Guanajnaro, l'l
tas veces le había visitado la inspiración, para que lega·
30 de Marzo de 1739, y
PAPEL ~ERIÓ
ra á la humanidad las admirables composiciones que in- fué
hijo de padrl'a po·
mortalizan su nombre.
brea,
que
como
única
hePasados el dnelo y la humillación de la &lt;&gt;ntrada de los
morll Id, aÍas peáilH!s t 1i1-gomqu_e
le legaron un taalell!anes á la antigna Lutecia, Ambrosio Thumaa ea en· rencia
lento
clarísimo
y
un
amor
S-omniferam sm»pfme m,zn11, tegiNJe1N{ut
~ami1;1ó á las cercanfaH de laciudad, paravercouel dolor
hacia el estudel bien perdido las ruinas de en querida quinta, y cuál constante
Hae_c 11bi1,Jis os11il atriá /(Yl}e nhllfS oh arte
dio.
..
no sería su estupefacción, al conternplat· que el chala es·
Protegido por nno de
t
taha allf, respetarlo, como propiedad inviolable.
Temei:oso. vacilante, IIPgó á las puertas y las abrió, sus paisanos vino á MéxiT • Cllll'lOfp
, r 1l•
•
convi:-ncJdo de que el estrago hal:Jría consumido lo que en co y estudió en el Colegie&gt;
el edificio se contenía. Nuevo motivo de extraodinaria &lt;le San Ildefonso, filosoSlf
.
~
~
,
1
cana
de-·
sus
alas
eorpi:e~a: todo se encontraba en · t&gt;l mismo sitio y en las fía; deRpuéP, teolngía, en
E1 ple i i ~ ~ tt W)C~a.
"'
condiciones Po que Thomas lo dejara. Sólo que en una PI SPmi1111rio rridentino,
l cmpuftaod• 'lit vara eacaacadora,
de lai, mesas halló una tarjeta que decía: El oficial ale- donde obtnvo una tieca
de ~racia por haber arr&amp;
Dec:iendé ttll 11b momCMO hasta la tierra
mán N., Bobrino de Beethoven.
··
'·
i Maia.
Aciuel militar, que llevaba la sangre de una eminencia glado la Biblioteca, y se
~ua1cal, había protegido. por amor á la memoria de su recibió de Doctor en Met10, _la casa de Ambrosio Thomas. Beethoven, ya fn 1a dicina en la Real y Pontum t&gt;a, hacía respttar las propiedades de su compaiiero tificia Universidad. Facil
ha sido á mi pluma enuen arte y gloria.
,
merar sus estudios; pero
Rasgo admirable el del oficial prusiano.
él, ¡cuántos trabajos tn.
UESTP.A AÍ.ér.ica Sctentdonal, csra ~r:in par
vo para l1evarlos á buen
,
/ del mundo,~ co~iable p6C sus ri'lut2aF; ~¡ no loba
El "g:oiemo es sin duda uno de los primeros factores término! ¡cuántas dispn. sido igúl141enre ptr t, 6om:eocia de las ltuas, esto es,
de la vida humana. Sin embargo, el altruismo juega un t~a con los ergotistas y
papel más importante de Jo que se cree, en la conducta peripatéticos de aquelia
de los elltudios l caeocw,,_iltilet,. cuhivadas por s~Uabide los negocios ptíblicos. El hombre está obligado á ab- época! ¡cuánt1s persecutaotcs
, .~ porque no ~
dos siglos i atiedio.
nega~e para sentirse realmente feliz, para estar bien con ciones rastreras y en vialJNl'li.0$ prop:$(1$
llelC.:U ~ S .
vencido de que existe y de que no pasará sobre esta tie- dias innobles, puestas en
juego para contener el di~
rra como una criatura inútil.
que impetuoso de sus
ideas avanzadas!
Se ~amparan las -flores á las ~ujeres: hay error en esBregando con !anáticos
to. Siempre existirá entre ellas esta diferenca; que las y empíricos colegas, con·
sagróse á eJ· ercer la medi- EL PRlll.EB PEII.IÓDICO DE MEDICINA PUBLICADO EN MEXICO.-El original t1ene UDa extensión de 19 por 14
ti.ores son bellas y no lo saben.
· ____, ~ . ·--'centimetros. (Véase el articulo relativo.)

y

Los primeros periódicos-científicos de México.

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~olítica Qitntral.

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...

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.

. 1J

�6

EL MUNDO.

85:l

EL T RA BAJO
¿DEBERA O NO CONSIDERARSE COMO
CASTIGO?
El trabajo, se dice, es un castigo
para la humanidad~ pero desempefiando gran papel en los actos de ella,
vamo~ á ver á la !uz de la razón y
exaru.inándola económicamente, sitiene fundamento la aserción.
Empezaremos por definir: trabajo
es la acción del eepíritu sobre sí mismo y sobre la mat,eria.
Hay en el hombre un principio activo que se deearrolla espontáneamente, innato en el organismo y qµe nos
impele á ejercitar nuestras facultades.
Es tan poderoso, que jamás podríamos
sustraernos á él, porque claramente
se comprende que de él depende nuestra conservación.
Siente nuestra alma una sensación
de gozo indefinido cuando ha dado
cumplimiento á las aepirPciones de
esta actividad que los hombres todos
consideran como un deber; y cuando
guiada por el Ji bre criterio y la inteligencia se efectúa, nos proporciona
una suma de bienestar tal, que se
eclipsan nuestros males y necesidades
y que nosotros aprove~amos con
fruición. El trabajo, se dice, es un castigo: la humanidad equivocada le considera como un deber, siendo la socied'ad tan exigente que desprecia y arroja de su seno á quienes no le rinden
pleito homenaje: empero los deberes
nunca pueden s~r castigos. El trabajo
es un castigo; sin embargo, nos pro•
porciona tranquilidad de conciencia,
SE~ORITA EsPERANZA URBINA. (De Campeche).
goce del espíritu y vehemente deseo
de ejercitarle siempre, conetituyendo
en nosotros, después de su triunfo sobre la ignorancia,
Hoy la posteridad coloca loe mismos lauros sobre las
una segunda naturaleza; pero las penas ro son tan prove•
frentes peneador,1s del P. D. Joeé Antonio Alzate y d:el
chosas que deseemos se perpetúen, ni son tan llevaderas
Dr. D. José Ignacio Bartalache, fundadores del penod1s·
las creamos necesarias.
mo científico en México, en tiempos luctuosos para ellos, que
El trabajo, por último, no puede ni podrá ser nunca
porque lucharon no solo con, la falta de element&lt;:&gt;s mate• castigo, porque está desprovisto de todos y cada uno de
rial~s, sino con lo~que es má~, _con las preocu pac1ones se- loe elementos que constituyen aquél; porque ha pesado
·cul,ues de la época en que v1v1eron. ,
sobre toda la humanidad y en el tra~curso del tiempo y
Luis GoNZÁLXZ OBREGÓN.
sin interrupción: porque no nos causa ningún mal ni
ayuda á efectuar ninguna ~xpiación, P?rque ley como
Diciembre ae 1896.
es, interviene tan directamente en la vida del hombre,
como el aire en la vidr de los animales, como la atracción
en la vida de los astMs; porque lo ejecutó Dios, porque
Notas Teatrales.
vino al mundo cuando el primer rayo de luz se dilató en
la nada. Si lo contrario aseguramod, vendríamos á apoZARZUELA. -- OPERA. -- FREGOLI.
yar un estupendo error históríco, combatido con ventaja
El delicioso idilio de Camprodón y Arrieta,-la popu• por una consecuencia lógica, cayendo ~n u.na disyunt!va
lar .3farina--ha ofrecido ocasión propicia á un nuevo ar- ridícula, dados loe adelantos de la ciencia y la noción
tista mexicano para dar á conocer ante numeroso públi- cuasi religiosa que tenemos d~ nuestro origen.
Y abordando nuevamente la cuestión primitiva preco sus valiosas facultades líricas.
Ísmael Magafia, ta~ es el nombre d~l ca~tante á quien guntamos á los que opinan que el trabajo es un mal ó
nos referimos, es un Joven tenor á qmen e. porvemr re- un caetígo, qué bien ó qué recompensa dió el Creador á
la humanidad sobre la tierra: preJ?untámvs es también
serva merecidos lauros.
Hoy es una risuefia esperanza; mañana será una her- si su conciencia lee acusa de un crimtn tal que merezca
vivan eternal!lente bajo la coyunda; y si siendo Dios
mosa realidad.
Jorge, el amante capitán que busca en los ojos y brazos compasivo, bondadoso y bueno, no es más lógico creer
de Marina faro y puerto en las tempestades de su cora- que como salvación, como un remedio, haya dado á los
zón, fué cantado de hermosa manera P?r E!l debutante, la hombres el trabajo para librarles de las necesidades que
son sus verdaderos males.
noche del miércoles en la escena del Principal.
El público azás galante, acogió cortesmente su la~r
artística alentándole con benévolos aplausos; hasta d1s1parle el temor excesivo de que se hallaba poseído..... .

***

La ópera mexicana que se había trasladad~ á la ciu•
dad augelopolitana, ha tornado á nuestra ~ap1tal.
.
arbeu es templo donde desde el pasad,) Jueves Be rmde fervoroso homenaje á Verdi, Mascagni, León Cavallo y Donnizzeti.
.
.
Una nueva artista, la Srita. Elena Marín, ha podido
admirar esta semana el público mexicano.

***

Acaso á la hora en que estas líneas sean leidas, habrá
ya hecho Frégo~i ~u esperado debut. . . .
.
Anticipar opmiones ó aventurar Ju1cioa, es siempre
prematuro y nunca justificado.
Aguardemos, pues, á que su apar!ción sobre el proscenio del Principal, rectifique ó ratifique la halagajlora
reputación de que viene precedido.
Suprimamos la pena de muerte-bien está-pero que
loe sefiores asesinos comiencen.
ALFONSO K.um.

l 896.

~ DICIEMBRE,

EL MUNDO

1896.

Otro pagode $5,000., de "La Mutua"
EN P.A.CHUCA..

Pacuuca, Noviembre 11 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.»-México. .,..-Muy señor mío:
Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y C\ y. ante el
Sr. Notario Público D. .Austreberto T. Am.lrae1"', hoy me
ha sido entregada la suma de $ 5,000,00 ( Uinco mil pe•
sos) valor de la póliza núm 765,222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
MeJ1a.
!Joy á úeted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido t:ste pago, autorizándolo para ,puolicarlo.-S11 atta. s..s.-Sofi.a Meiía..
GRUPO DEL SE~OR PRF.SIDENT&amp; Y SU COlliT!VA EN LOS l!OJ!ENT03 D&amp; VEIUFICAR3E EL SDfOL.lCR~.

UNA RECETA IMPERIAL
Paseábase una vez de incognito, por calles retiradas
de la ciudad de Viena el Ewpt,rador de Austna, Jirauc1eco José acompañado de un ayudante, cuando tuco.utró
una niila que 10 detuvo, diciéndole que su madre tlStaba
enferma sm auxilio alguno, y su padre en el hospual.
Uonm~vido el Emperador, uijo á la criatura que él era
médico, y pidiéndole las señas de la casa de la enferma,
i;e dirigió allí desoyendo el parecer del ayudante, que te•
mía alguna criminal emboscada c&lt;?ntra la vida dtl 80~r:.1no. La casa era una triste mansión del dolor y la mi~eria. Yacía en un lecho que inspiraba lástima y horror
la pobre ;,nferma. Al examinarla Francisco José, comprtlndió que su enfermedad no era otra?ºªª que hambre,
ese temible flagelo que hace tantas víctimas en la,; gran•
des ciudadae. Tomando un papel, dijo que iba á tscr1b1r
la receta con que se curaría 1a enfenua, y escribió uua
orden para que su t~sorero_particular emrega.ra una su:
ma equivalente á mil dosci"'ntoe francos, la cual i~a a
conht1tuir verdadera riqueza para aquellos deevahdoe,
que jamás habían soñado con poseerla. Entregó el Emperador la orden, encargando que fueran con 1~ receta á
alguna farmacia y dejó unas monedas para satisfacer las
necesidades inmediatas, retirándose después aquel mé·
dico imprnvisado.
Al día siguiente, habiendo salido del hospital ~l. esposo y padre de aquellas infelices, se enteró de la visita uel
suput!titO médico y fué á que le despacharan la receta.
El farmacéutico, al leerla, experimentó extrañeza y pre•
gumó quién les había dado ese papel. Enterado por
1a respuesta, mandó que le fuera señalad~ la tesor erla
p&amp;rticular del Emperador, y á la presentac1óu de la rece•
ta, fué entregada la medicina, consistente en_monedas
de oro, muy contantes y sonantes, cuya _posts1ón ~oro•
bró al infeliz desheredado, que veía lummoso y brilla nte el porvenir de su familia.
Médico famoso, que así curaba de
raíz el mal de .sus enfermos, F rancisco José de Austria, en aquel a rrabal
de Viena, donde firmaba 1a reden~ión
de una familia, era más grande que
en el trono de su palacio, brillando
con el poder de Jefe de un gran I mperio y de miembro de la T riple
Alianza.

El simulacro en Chapingo.

'

EL P UENrE FLOfANTE.-VISTA. T OlUO.l EN LOS .YO&gt;IENTOS DH VISITAR LAS OBRA.S &amp;L S&amp;SO!t
P RF.SIDENTE.

A la hora del Champagne, el attfitrión ofreció, cariño•
ea y respetuosamente, el banquete al Sr. General Díaz,
haciendo recuerdo, como hijo del Colegio Militar, . del
simpático plantel que tan decididamente ha protegido.
BI señor Presidente contestó el brindis con estas lacóaicas palabras: Brindo porque los alumnos del Colegio Militar sean para la Nación lo que la Nación ha sido para
ellos.

L1 prema'diaria informó con precisión del resultado
que tuvo el sim11u\cro v~rifi~ado en tArrenos de la Hacienda de Ch11pingo el 26 del pa9ado Noviembre, por los
alumnos del C.&gt;legio Militar n combinación con Artillería. Zapadores y el 2° Regimiento.
El señor Presidente d ➔ la República. en compañía del
lleñor General B ,rrioz.ibal, con su~ Eitados Mayores respectivos, estuvieron en el campo de maniobras. Pasaron
revi;ta á las tr.&gt;pas, visitaron la fortifi~ación sobre la que
El soldado español en Cuba.
debía simularae el ataque.
.
Los alumnos qne curaaron artillería hicieron Pjercicio
La campaña de Cuba llega á un periodo decisivo en
de tiro al ~!aneo á distancia de 1,000, 2,000 y 3,000 me- que van á ponerse á prueba todas las abnegaciones y totros, con piez3s de batalla y montaña, sistema Bange v das las virilidades. Terminada la tregua forzo$a á que se
·una pieu de mont,aña Mondrag6n, con la que hizo una
vió constreñida la mayor parte de 10s ejércitos ibéricos,
puntuía el señor Pre~idente.
la campaña de invierno se inicia vigorosa. '\Veyler se ha
Examinó el señor Presidente con toda detención loe puesto al frente de sus tropas; háblase de batallas campaaparaLos telefónicos de campaña, y en seguida el pue11te les y el público, las naciones americanas, aguardan anflotante, del que damos un fotograbado.
siosas el deBenlace de la tremenda brega, Hasta hoy, el
J&lt;;n la tienda de campaña del Cuartel General, se sir- · más seguro procedimiento babia sido para el beligerante
vió un lunch al señor General Díaz y demás personas cubano, la guerra en detal, que con tanto éxito ~e ha heque lo acompañaban, y en seguida se colocaron en un cho en nuestro continente y en España misma, y para
punto elevado, al centro del campo de operaciones, des- la cual está tan admirablemente organizado el soldado
de donde se dominaba perfectamente todo él. Damos un hispa!1o-americano. La perpetua sorpresa, el continuado
fotograbado de ese grupo.
catnbio de campamento, la utilización habil del terreno
El simulacro se verificó según lo prevenido en la or- conocido, el desconcierto de la sorpresa, la alianza con el
den del día, y los movimientos de la tropa, con especia• clima mortífero: he i--quí los grandes elementos de éxito.
lidad las compañías de alumnos, fueron hechos con preEn vano el enemigo poderoso destaca fuérzas, forja
cisión y regularidad.
planes y hace alardes de valor. Tras la derrota en vano
Terminado el simulacro, el señor PrAsidente hizo en- buscará despojos y priaioneros: el rival ha desaparecido,
trega del nuevo estandarte al 2° Regimiento y en segui- se ha evaporado como un fantasma, para aparecer de nued~ toda la comitiva acompaM al señor Presidente á Cha• vo más lejos; envuelto en la sombra que ilumina ainies·
pmgo, en cuya finca de cam~o. soberbiamente montada, tramente la llamarada del fusil. Si ha triunfado, sabrá
o~reció el Sr. T,miente Coronel D. Manuel González, pro- aprovecharse .le su victoria y luego vol verá á. perderse en
pietario de ella, un espléndido banquete. Tomaron asien- la sombra. La muerte llega para el soldado desconocedor
to e,n la mesa el Sr. G"'neral Díaz en el lugar de honor, á del terreno, con todo lo imprevisto de la acechanza, con
su frente el Sr. General Berriozabal, y en los asientos tadas las traiciones dd la noche, y la aliada poderosa del
restantes, loe Sres. Teniente Coronel Manuel González y
beligerante, la peste con su tremendo séquito de dolenFer!1ando González, MaJ or Francisco Díaz Rivero, In- cias, consuma la temida labor.
.gemeros Daniel Garza y González Gavito, Capitán BelTiempo:era deque el soldado español, inermeante:lodestrán, TenipntPs del Estado Mayor del señor Presidente, con~ci_do, buspase la lucha franca y· abierta donde la suDel Río, l\Ionwsi nos y Santa Cruz, y Sres. Vu lfrano Váz~er10r1d~d de .I~ disciplina y el exceso numérico cons,qmz, Jefe Político de Texcoco, y Gabriel Villanueva, tituyen mcond1c1onalee ventajas. Para obtenerla ha he.nuestro enviado especial.
cho el supremo esfuerzo, yendo á buscar al solrlado
0

cubano en sus propias madrigm,rae. Mas el esfuerzo hasta hoy ha sido inutil; el beligerante está bien defendido·
hay gargantas inextricables, hay inextricables bosque~
que lo amparan, y hay sobre todo una hábil movilización
que impide toda acción decisiva. Weyler empero no desmaya, lucha y el conflicto no ofrece un resultado defini•
tivo.
Entre tanto seguirán las acciones parciales y nuestro
grabl)do representa una de ellas, en que loe soldados espafioles, en lo más apretado de la refriega han formado
el cuadro, el invencible r.uadro, gran palabra de la táctica moderna: poderosa muralla de pechos y aceros donde
se estrellan todos los impulsos ..... .
Agi:ardemos á que. el porvenir dé su fallo, en la gran
cue~t1ón que se ventila en los ubérrimos campos de la
,_nt1lla.
Es lo único que podemos hacer.

Dos pigmeos.

El hombre de Estado tiene necesidad de dar su confianza á un pequeflo
número de amigos seguros y devotos.
Su vida sería demasiado dura en medio de las tristes máquinaciones de la
política si no sintiese alrededor de sí
algunos corazones fieles. Cuando ha
dado su confianza, no debe retirar!ª
ligeramente. Debe decirse que lladie
en este mundo es perfecto, que por escapar á loe defectos demasiado con~cidos de un amante, se arriesg&amp; á su~ir
los vicios más graves de un extrano.
Salvo el casó de traición comprobada,
es preciso tratar de marchar hasta el
fin de la carrera si abandonar las manos que ee estrechó al principio Y cuyo estrechamiento pareció leal. :El es•
fuerzo mismo que se hace para soportar los errores y las manías que tod~
hombre arrastra consigo, no ~e per~ido· da la costumbre de no irntaree ID
útilmente de las contrariedad.-s que
se encuentran en la vida pública. E l
que quiere obtener demaPi~do d_e loe
hombret- y de las cosn,, se fo• ¡a U!1
ideal que le difgusta d., ,as más eóh·
das realidades.
EUGENIO PrERRI.
S E.&lt;:ORITA A 'CR ELIA B ORQUEZ

353

Es un error creer esa fatal doctrina: no puede ser cas
tigo el aliento del progreso repr_e sentado por esa sobera
na fuerza:
«Que horada las montañas
Y arranca á sus entrailas
Piedras preciosas y metal luciente;
Que en m10l trasforma las pintadas cañas
Y el seco arrollo en bullidor torrente;
Que aprisiona las ondas
Von dobles muros en los anchos puertos,
Y cubre los desiertos
De blancos lirios y de espigas blondas.
Que apaga el rayo del Oliwpo adusto,
Que domina los viPntos y los_ mare~
Y á quien el hombre agradecido y Justo
Alea obeliscos y consagra altares.,,
JERÓNIMO J. RKYNA.

***triunfos escénicos continúa,
En el Nacional la serie de
sin interrupción ni tropiezo alguno.
.
La Africana esa dificilísima creación del gemo de Meyerbeer, ha p~oporcionado á la trouppe un brillantísimo
éxito.
Roura y Rovira- Vasco de Gama y Nelusco-han demostrado cumplidamente, ser al par que cantantes d~
gran valía, actores muy J?-Otables. La romanzaohpara.di80 del primero y la canción de La tempesta por el segundo han sido d~s páginas de gloria en los anales de su carr~ra artística.
Chole Goyzueta es a~reedora á menc.io.n especial. Nuestra simpática compatr10ta rayó á enndlab!e altura ~n la
-protagonista de la obra. Los aplausos, ruidosos y smceros, que con entusiasmo unánime le prodigara e! numeroso auditorio, lo~ recogen e~tas líneas pa~a reiterarlos
como modesta ofrenda á la taunfadora actnz.

DICIEMBRE,

. Exl;1íbense.actualmente en B~r!fn dos ejemplares cunosfeimoe, dignos del país de Lthput. Son dos pigmeos
de 70 centímetros de longitud el uno y de 65 el otro mujer "j hombre re1,pectiv11:mente y de raza de color'. La
mu¡er aparenta unos trernta añ.os, y veinte el hombre.
El grabado que damos los representa al lado de una botella de champagne ......... que no es mucho menor que
ellos!
Para comprobar la pu,reza del azu:t'.re.

d e Hermosillo (Sonora.)
SoLD.u&gt;OS ESP..!SOLE:S FORJIIA:!iDO EL CGADRO.

Se. toman 100 gramos de azufre, y colocado en una cazuehta de porcelana se pone al fuego, y como unicamente se quema el azufre, quedan sin consumirse lP.e· impurezas; se pesa luego ese re~iduo, y se sabe por eB'O el tanto
por ciento de adulteración que lleva.
·
Como á algunos nQ lt:s será fácil pesar 100 gramos por
no te~er esto~ pesos, pueden hacerlo con 100 perdigones
del mismo numero y les dará el mismo resultado Con
esta sencilla operación pueden saber los coeecher~ si lo
que se les vende es azufre puro ó con mezcla.
Deb~ empero, advertirsé, que el azufre tal como se emplea para el azufrado de las vifias contiene si-empre una
P;quefia can~idad de impurezas que _son parte de la gan•
g_ de este mmer~l, y s_e puede apreciar.por persona inteligente cuando dichas impurezae son debidas á la mi~ma
n.aturaleza del azufre ó cuando constituyen una falsifica?ión de loe vendedores. El conocimiento exacto de las
!mpurezas del azufre es lo que debe fijar en una compra
Importante el precio de dicho mineral.

�6 DICIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

854

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PlllNCIPE DE NA.POLF.8,

DOS 1UTRIMONIOS REALE~
EL HEREDERO DE LA CORONA DE ITALrA Y LA PRlNCHSA HELENA DE MONTENEGRO.-EL DUQUE DB ÜRLEANS Y LA
ARCHIDUQUJl:SA MARÍA DOBOTEA.

A lo que parece, la Reina Margarita de Saboya, que no

obstante sus cuarenta y tantos otofioe es aún hermosa y
gallarda, no dejaba de sentir inquietudes del todo maternales en v1Bta de la extrafia conducta de su hijo el
Príncipe de Napolea y heredero de la corona, que no daba trazas, como vulgarmente se dice, de enamorarse de
doncella alguna de lae nacidas en paflales re~ios.
. En vano su !"ugueta madre le propuso vanos partidos
dignos de aspirar á su mano, ya por eu hermosura incuestionable, ya por eue prendas morales. El Príncipe
no ee decidía y á loe apremios de la Reina contestaba
con un: «Ya veremos» problemático, 9,ue nada bueno prometía para la sucesión de la real familia.
Empero el Príncipe no dejaba el asunto para el otro
jueves, por más que las apariencias indicasen lo contrario. Profesando la hermosa y sana idea de que ea una
necedad grande que una testa coronada ee case con una
Razón de Estado, cuando hasta el obrero máe humilde
ee permite el lujo de matrimoniarse por amor, aguardaba
que el rapaz ceguezuelo
le vulnerase el corazón,
y esto no se hizo eepe•
rar. Elena, la hija del
Príncipe de Montenegro, que estuvo hace alglin tiempo en Roma
con motivo de unas
fiestas, era la llamada
á doblegar aquella vo•
!untad. Verla el Príncipe y prendarse de ella
fué todo uno, y cuando, no mucho tiempo
después, la Reina Margarita repetía á su hijo
por vigésima vez las
consabidas palabras, este pudo darle una reeeorona obsequiada por las damas rea- pu~ta más categórica.
llsta.s de Franela á Ja Duquesa
Nomtentaron Humberde 0rleans.
to y Sil augusta esposa
torcer la voluntad del Príncipe. Muy al contrario, regocijáronee con él, que aunque no se trataba de una princesa
cuya in.fluencia pesase en loe destinos europeos, era la
mujer que había acertado á mover el corazón del heredero y esto ya significa mucho, si no para la hegemonía de
nn país, sí para la felicidad de un soberano; así 1&gt;uee el
rey dió parte oficial del matrimonio¡ regocijáronee hondamente los montenegrinos por la honra que lee c•1po en
suerte y previos los requiaik&gt;a del caso, los novios acaban de nniree en la iglesia de Santa María de loe Angeles
en Roma, con asistencia del Re¡ y la Reina y muchos
alto!! dignatarios.

.
***que la bella montenegrina
Cae1. en Ios IWemos
dfae en
unía su suerte al heredero de la corona de Italia, el jef11
de la casa de Orleau.s, el duque Felipe uníase para siempre á la Archiduquesa Mi\ría Dorotea, sobrina de Fran-

cisco José, en una de las más
opulentas residencias de Austria y con asistencia del Rey,
de la Reina de Portugal y de
otros altísimos personajes.
Aquí tumbién, á lo que parece, el amor unió las voluntades. Ea María Dorotea princesa de altas prendas y de no escasa instrucción, de serena y
simpática hermosura y había
desdeflado muchos grandes
partidob, porque no lograban
interesar su corazón. Más que
ellos pudo el duque de Orleans, miembro c:&gt;mo se sabe
de una gran familia, de exte1 ioi agradable, hombre cultíeimo y que sabe el secreto del
sprüfrancés.
La boda como ea de imaginarse tuvo una esplendidez
inenarrable. en la capilla de
Hofburg. y la encantadora
novia fué obsequiada con magníficos presentes. Cuéntanae
entre estos una riquísima corona, ofrenda de las damas
realistas de Francia y un gran
aderezo ofrecido por el duque
de Aumale, de loe cuales damos grabados á nuestros lectores.
Se recordará que EL MUNDO
publicó no ha mucho los retratos de los novios con motivo de sus esponsales y por
lo mismo nos abstenemos de
repetir lo@.
Son estas de que hemos ha•
blado, las bodas más ruidosas
habidas últimame11te en Europa.
-·••tOPt•--·

Bien veo que el hombre perfecciona todo al rededor de sí;
mas no veo que se perfeccione
él úiÍBmO.
Alfo71J3o Karr.

Parecido de familia.
Hace observar Southey, en una carta dirigida á Sir
Brydges, que la edad acentúa el pare~ido d~ la familia,
de tal modo, que hermanos que en la mfancia eran muy
desemejantes, y que lo fueron aun en mucha parte de eu
juventud, se parecían extraor.dinariamente en edad. madura. El mismo observador dice que tenía en su misma
cafa un ejemplo de parecido muy notable con su padre,
mientras que afios atrás no ee le parecía ni aun remotamente.

MUERTA.VIVIENTE.
LA D O RMIDA DE THENELLES •.

Desde la Bella del Bosque durmiente no se había oído
hablar de un caso tan extraño como el de Margarita
Boyen val. A consecuencia de una crisis nerviosa que la
hizo caer sobre el suelo de la casita donde vivía con su
madre, la pobrecilla se durmió inmediatamente que fué
puesta en su lecho y no ha vuelto á despertar.
Han transcurrido desde entonces trece
afi.os cinco meses, y tal es el letargo de la
dormida, que se supone que pasará así toda e11 existencia ein haber recobrado jamás el conocimiento. Un curiosísimo artículo del periodista francés Chincholle,
que apareció estos últimos días en el Jil.
garo de Paría, nos refiere eu visita á Thenellee, pequefia población situada á cinco
ó seis lejtuae de San Quintín en plena Picardía. He aquí este artículo:
Origny-Sainte-Benoitte-Novbre.
Vengo, en fin, de ver á la célebre dormida, la que loe franco-picardee llaman la
marmota porque desde hace trece afios no
se ha logrado despertarla.
La he contemplado largo)iempo: fuí autorizado para examinarla como un médico
habría podido hacerlo.
Ahora bien, ei e1, mi larga vida de pe•
riodieta he sido testigo de muchas cosas,
jamás hubiera esperado asistir á espectáculo semejante y no me repongo aún del
sentimiento extralio, indefinible, profundamente rdligioso que hace experimentar
ese misterio que turba á loe máa sabios.
Pero comencemos por referir las cosas
como han pllllBdo.
El 29 de Mayo de 1883, vivia en Thenelles, pequefi.a población situada á cinco ó
seis leguas de San Quintín, una joven, en•
toncee de diez y nueve alioe de edad, Margarita Boyenval, que, costurera de oficio,
ocupaba con su madre una casita de techo
de paja.
La nifi.a entonces era, según me dicen
los que la han conocido, muy linda, muy
buena moza, alegre y bulliciosa, aunque la
maledicencia la acusaba de haber puesto
fin ilf•galmente á una historia de amor que
amenazaba tener coneecueuciae.

De pronto, un día, tomando el aire cerca de su puerta,
ve á unos gendarmes que parecen dirigirse á su merada.
Cree que la ca.lumnia ha dado sus fruto!!, y que van 'aprehenderla. Lanza un grito y cae presa de una oríeie
nerviosa.
Lo!! gendarmoll! pasan ...... no tenían orden alguna á . ·
eeie respecto. Póne.ie á la joven en su cama; ee duerme,
y desde ese día, aniver,ario de ,u nacimiento, es decir, desde hace trece afi.os cinco meses, no ba despertado.
Se ha hecho todo, loe más grandes médicos han ensayaao loposil&gt;le y lo imposible; loe magne,izadoree mis-moa han recurrido á loe medios más extraotdiaarioe......
La joven se ha convertido en mujl!r, durmiendo.
Para verla, se necesita ir por a linea del Norte á San
Quintín; ahí subir al tren de Guisa y detenerse en Origny-Sainte-Benoitte, de donde Ee put&gt;de ganar á pie Thenellee, un lindo pueblecillo que dl!eciende de un lado, á .
dos kilómetros de la vía férrt-a.
Ese pequef!o rincón de la Picardía ea verdaderamente
adorable, sobre todo en esta época del afio. Entre la bruma que sube del Oi11e se destacan los árboles de esencias.
variadas, de tonos multicolores.
Se cree atravesar un pais11je de Car! Rosa. La ruta única es muy frecuentada.
-Qué hay nn mercado importante por aquí? preguntoá las mujeres que llevan su et-eta bajo del brazo.
-Oh, no. Llevamos de comerá nuestros homb,.ee que-trabajan en la fábrica.
Hay, en efecto, en los alrededores numerosas fábricas.
de azúcar.
Y todas las mujeres á quienes interrogo -ine dicen:
- Va usted á ver á Margarita, de seguro?
Hago que me conduzcan á la casa de la marmota.
Entre dos ventanas estrechas hay una puerta sobre la.
que se abre la única ventana de un tapanco, encima del
cual se yergue el techo de paja.
Detrás de loe vidrios hay cortinas muy blancas, sostenidas por cintas d.i color y cayendo dobre vasos flori~L

t

Mi guía abre una puerta. Siempre desconfiado y temiendo algún chasco, entro rápidamente, atravieso con
precipitación la primera pieza alumbrada por dos ventanas y llego á otra cámara que tiene cuatro metros deprofundidad. Ahí me detengo entre dos lechos, el uno
colocado á mi derecha en ( l sentido de su longitud y el
oko á mi izquierda perpendicularmente.
Sobre el lecho de la derecha está extendida una mujer·
que, por su sólc, aspecto, responde coa demasiada elocuencia á las dudas que habían hecho nacer en mí.
Me inclino con el respeto que debe tenerse ante la.
muerte.
Con la cabeza apoyada en la almohada y loe brazos.
ocultos bajo las sábanas, Margarita Boyenval, muy pá·
lida y con las mejillas hundidas, tiene más bien el aspecto de una muerta que de una dormida.
La boca y loe ojos están cerradoa. Si se le abren é3tos-se ve que están muy hundidos y sólo se perciben dos
globos muy blancos. Las pupilas se han remontado bajolas arcadas eubciliares.
De pie, cerca del lecho, está el contraste indispensable
á todas las cosas: la vida exuberante, que sintetiza la.
Sra. Boyenval madre, una matrona de abultado seno,
menos abultado empero que AU vientre enorme.
Se explica viéndola cómo en otro tiempo Margarit&amp;
era demasiado fuerte. La madre y la hija se parecen.
La una y la otra tienen, al rededor de las mismas faccio•
nea, loe miemos cabellos de un castado vanl!ciano. Perola eeflora Boyenval evoca esas alegres comadree que·
Roybet ha puesto en algunos de sus cuadros, y Ma~rita, bajo su pequefio gorro blauco, con la expreet6n
extática que Ary Scheffer ha puesto á Santa Mónica, tiene el tranquilo y piadoso aepecto de una religiosa. Contemplándola largamente, murmuro:

'r 6 DICIEM13RE, 1896.
355
ELMUNDO.
. . - ----=-============================~===============================-==========-Ea hermosa ......
-Sin embargo, ha envejecido desde que duerme.
-¿Y aemejanteauefio vi·
no de un golpe?
-Ai principio solía tener algunos eobr1-ealtos durante los cuales yo creía
que iba á de~pertaree, pe•
ro el sueno la domaba al
cabo de ciaco ó seis minutos y ahí la tiene usted.
-Usted la nutre á lo que
se dice deslizando una cuchara entre los dientes?
En otro tiempo así lo
hacía, pero desde hace
ocho afios la nutro con lavativas, cuatro veces al día,
á las mismas hora¿. Sin
embargo puede decirse que
ella se ha nutrido de sí mis·
ma. Mire usted.
Y la Seliora Boyen val levantó las ropas. La camisa
dej,.ba adivinar un esqueleto. El vientre estaba hundido, las caderas salientes
como dos puflos.
Los brazos estaban alargados sobre el cuerpo.
Así nna de ene manos.
-¡Oh, qué caliente eetá!
-Sf, yo m ntengo su calor con l11drillos calientes.
Los dedos están roídos y
descarnadoe.
La madre le toma brus•
camente un brazo y lo le·
vanta. El brazo guarda la
posición y la actitud de
amenazar. Lo cubre con las
ropas y sobre eee brazo
que ha permanecido en el
aire aquellas forman una
promiuer cia.
El lecho y las ropas son
de una limpieza extrema.
Se ve que la &amp;-flora Boyen•
val aguarda siempre visitas.
Ea que los más grandes
médicos han · enido aquí y
han traido dE&gt;s¡;;ués á otros.
-Charcot ha venido cuatro veces: la primera, completamente solo y lae otras
con acompaftantes, ¡Ha he·
cho experiencias!. ........ ..
Crouardel tarr bién. Y des•
puée Berillon. Y más tarde gentes de tan lejos que
nadie conocía su idioma.
Yo únicamente esquivo á
loe magnetizadoree ...... Es·
LA
toe bacen demasiado..... .
Por lo demás, el médico de Origny, el doctor Charrier,
viene todos los días. Oh qué quiere usted. Ahora ya na•
da queda que hacer. yo ya no tengo esperanza ......
-¿Quién sabe? Yo he conocido li alguien que permaneció-solo medio día es cierto-en eP\e estado. Le que·
maban los pi•is y no ee movfa. Después, de pronto, se
despertó y refirió que había oido torio lo qne ee había dicho alrededor de él.. .... Acaso su hija de usted nos oye..
Los médicos creen en efecto que durante los primeros
meses pudo oir, pero ahora dicen que los órg11nos -,e,án
ddmaeia9-o débiles......
-Acaso mi amigo gritará esta noche: ¡mamá!

Aderezo obsequiado por

PRJ:SCESA HELE:SA DE :\1 OlITE:SEGRO.

el

duque de Aumnle
0rleans.

A ln

Duquesa de

-Ah, Dios dt'I cido, yo huiría!
Al principio t-1 pecho se levantal,a aún. Ahora la rt&gt;s·
piración no dt-ja mae que una ligera bruma en .,¡ espejo.
Sill embargo, las funci ,nea se cumplen lógicamente. Me
daría vergfü·nza, al recuerdo de la estática figura d.,_ entrar en detall~e demasiado técnicos. Me contentaré con
decir que ese sut-ño á cansa de eu duración es el caso de
catalepsia mas éxtraiio que la medicina hava vieto.
Y en tanto que la madre me babia, veo iiiempre á esa
pobre dormida, preguntándome si no euefia ......

grandes puntales de pino previamente impregnados de
parafina.
Terminada la semideetrucción de los cimientos, el empresario del derribo, eefior Smith, hizo prender fuego
á los soetenes de madern, que ardieron rápidamente,
gracias á la parafina, despidiendo nubes de hu:no negro,
yá loa diez minutos la chimenea emptzó por inclinarse
y terminó por venirbe abajo casi su misma base, como
si se hundit:ra en el suelo ó se plt&gt;gase S&lt;ibre sí misma
á modo de tubos de anteojo, cubriendo sus escombros una
superficie muy rldncida.
Por atrevido que parezca el procedimienot, su resultado lo recomienda, si ~e practica babilmente, para evitar la proyección de esco.. oros á gran distancia y para
simplificar y activar las operaciones semejantes.

La PrincPs... de lhimay y Caraman.
Un telegrama iecibido de París nos hizo saber que la
Princesa de Chimay y Caraman, esposa del Príncipe de
Cbimay, de Bélgica, se había huido con un múeico hún·
garo que acostumbraba tocar en _loe cafés cantantes de
París.
El Príncipe José ba enublado inmediatamente el juicio de divorcio en los tribunal.is de .Bruselas. La Priuceea antes de casarse era sencillamente la sefiorita Clara
Ward, de Detroit, Michigán, Estados Unidos, y se unió
en matrimonio con el Príncipe José en París, en el año
de 1890.
La Princesa al huir con ti ::riúsico abandonó ásu espo·
so y á ene dos niños.
Clara Ward, siendo todavía una niña de escuela, hizo,
en compafiía de la autora de sus día~, uu viaje á Niza.
Allí la conoció el Príncipe, ee enamoró di! ella y el casa·
mien:o se arregló en un abrir y cerrar de ojos.
La ceremonia de la boda fué un gran acontecimiento,
asistió toda la nobleza de París y d1ó la bendición á los
novios el Nuncio Monsefior Ratelli.
El Príncipe de Chimay desciencle de famiiia nobilísi·
ma, y entre sus antecesores ee cuenta á una mujer que se
hizo célebre bajo los nombres tle Mme. Thens.i de Cabarrus, Mme. de Fontenay, Mnw. de Fontenay, Mme.
Tallien, condesa de Caraman y Princee.a de Chiway. Fué
amiga de Mme. Recamier, de Hoche, de Napoleón, y
por su gra11 filantropía se ganó el justo título de «Notre
Dame de Bon Secoure.»
El padre del Príncipe de Chimay fué Ministro de Relaciones Exterioras en Bruselas, y el Príncipd pertenece
á la LE&gt;gación de .Bélgica en París.
♦

............ -

Se llama edad de oro á la época en que el oro era desconocido.
Hay dos cosas que las mujeres no perdonan: los negocios y el euefi.o.
No se viaja por viajar, sino por haber viajado.
¿La di&lt;'ha? Es esa casa con techo de paja cubierto de
musgo y de iris en flor. Es necesario ptrmanectr frente
á ella; si entráis, ya no veis.
PRJNCJ!SA DE CBU(.AY Y CARJ.JUN.

En la amistad todo es común ...... para uno.

Después, al recuerdo de la Bella del bosque durmiente,
me poPgo á pensar que bastaría acaso para que esa otra
bella Fe de@pertaPe que un nuevo príncipe encantador viniese á darle el beso que liberta.
CARLOS CHI~C'HOLLE.

Los poetas nacen en provincia y mueren en París.
El amor nace de nada y ee muere de todo.
El número de escritores es ya innumerable y va é irá
siempre creciendo, porque es el sólo oficio, con el arte de
gobernar, que se atreve uno á ejercer sm haberlo apren·
dido.

&lt;inriosa demolición de una
Chimenea.
En Mancheeter funcionó
basta hace cuatro años u na
fábrica do papel, que fué
i,bandonada despues, y
que so trató de derribar
con los ménos gaste•&amp; po·
siblee. Se comenzó el derribo por la chimenea de
la fábrica con la circunstancia de no emplear andamiaje alguno; y es de
advertir que esta chimenea, de forma de pirámide octagonal, medfa la reepetabte altura de 80 metros, un diámetro de an•
cho y ee calcul11ba su peso
total en 4,000 tonelad'le.
Toda esta mole había de
ser demolida de una vez
y de modo que no apla11tnee loe edificios de las po·
pulosae callee inmediatas
á la fábrica par la parte
Norte, es decir, que había
que dirigir el dt-rrnmba·
miento hácia el único espacio libre de construccio·
nea que se extiende al Sur.
Para conseguir este preciso
resultado se comenzó por
deshacer los cimientos de
la base de la chimenea co•
rraipondiente al lado hácia donde habfa de dirigirse la caída, sosteniendo la
construcción por medio de

lt:U.ERTA·VlVIE:&lt;TE.-LA DORltlDA DE TllENELLE8.

�356

A DICIEMBRE, 1896·

EL MUNDO.

6

DICIEMBRE,

1896.

El cocido de albañil.

Faare nuesfrc que esf~s

en los_cfo les ....

357

EL MUNDO.

-Mi sef!or. que ea el
amo de este palacio, me
manda rogar á ustedes
La casualidad hizo que el prócer se aeomara á la ven- · 1
que tl'ngan la bondad de
tana de su cuarto tocador en el momento en que aquel
suspender un momento
albafiil de la caea en construcción de enfrente se ampasu comida y subirse con
raba á la sombra del palacio para comer. El marqués
todos sus trebejos á alrepantigado en una na·cedora y fumándose un veguero,
morzar con él.
recién salt.ado de la cawa, bostezando á cada insLante,
El albañil y eu esposa
leía con aire aburrido los periódicos de la maiiana y lod
se quedaron atónitos y
diarioM franceEes de la víspera, cuando le llamó la a,en•
tan'a turdidos, que no acerción cualquier ruido de la calle; abrió Ja vidriera y vió
taron ni á responder. Toentonces al jornalero con eu traje blanco y su cara de
do podían esperarlo, in ·
clown embadurnada de yeso, eeutado en la acera y recluso que los echasen de
cc,stado en el muro, mientras la c,)Deorte ext.endía sobre
allí, menos semejante inla losa una vasta servilleta y colocaba encima del .man•
vitación. ¡C6mo! ¡Un títelillo UtJa honda fuente de losa ordinaria, r ibeteada de
tulo, un poderoso, des·
azul, una libreta, dos cucharas de palo y dos vasitos pa·
cendiendo hasta eu mieera el medio cuartilltjo de vino.
1 ia y elevándolos! ¿No so•
ñaban? ¡Sí, soñar! El mayordomo no había aguardado eu asentimiento, y
ya entraba en el portalón
con la fuente del cocido
y ia libreta, mientras otrG
criado, cargaba con el resto del ajuar. Siguióles entonces el matrimonio, sin
atreverse á pisar fuerte
por las magníficas eecaleras de marmol, guiado por
el mayordomo; atr&amp;vesó
varios rnlone~. en que re·
Faltaba muy singular la
figura blanca del obrero
refü•jada en las grandes
lunas, v al cabo se detuvieron 'en 11n amplio co·
mPdor con friso de roble,
sillas de cuero y aparadores cargados de plata antigua. En la rica eetan·
te1 ía ee deacu b~ía una mesa cubiert-a de rico mantel, con un centro abarrotado de flores y tres cubiertos.
El prócer sonriente y
enajenado, les aguardaba
de pie junto á un sillón
de loe preparados para
sentarse á la mesa, y al
verles exclamó:
- Perdonen ustedes el
·
asalto; pero he olido sus
U na curiosidad invencible le ató al prócer á la ventana. garbanzos desde la ventana; yo tengo perdido el estóma·
Requirió, pues, Le Fígaro para fingir que leía y no coar- go, sin apetencia alguna, y depl'Onto, sintiendo ganas de
tar á los comensales con eu atención, y apoyándose en comer unas cuantas cucharadas de su cocido, me be dicho;
el alféizar, les clavó el rabillo del ojo, dispuesto á no ¡puede que estas buenas gentes no se op~ng~n. Ellos.me
perder detalle. Desde luego, aquel amor y compañía del · harán partícipe de eu puchero, y yo les mv1taré á m1 al- ,
jornalero y su costilla, aquella complacencia que se les muerzo. Por eeo·me be tomado la libertad de interrum·
advertía en el rostro por hallarse juntos, le trajo á la pirles.
·
·
mente al ma'rqués la remembranza de su hogar suntuoLa alba1'íila fué la primera que se repuso, y con la noso, pero frfo y desie.rto. Su espoFa y· su hija mayor esta- bleza de corazón peculiar de la artesana madrilefia, reban ya hacía un mes en su villa de Biarritz, donde se reu• plicó.
nía toda la famil ia pasado el verano; su hija menor, la
-¿Y por qué nos hemos de oponer, SPfiorito? ¡Esto es
viuda que vivíá con ellos, hallábase instalada también practicar una obra de caridad y los pobres también las
con sus dos chicos en un hotel de las Arenas, su hijo hacemos cuando podemos!
único, viajaba desde principios de estío detrás de Gue-¡Pues á la mesa ahora mismo!
nita. sin perder ni una corrida del diestro, y él, aguar•
Loe pobres artesanos habían creído que sólo se tratadando á que hubiera cuarto en Sobrón, permanecía solo ba de que aquel señor que decía que no le pedía nada el
en Madrid, entregado á mayordomos y ayudas de cáma· estómago, "e comiera sus ga1 banzos. Pero sentarse á alra y refugiado en el Casino, donde paraba más que en su morzar con él!. ..... Reeistiéronse cuanto les fué posible,
cal!a, huyendo instintivamente de su soledad. Acordóse pero no hubo más remedio que ceder y colocarse ante el
el opulento del almuerzo que le esperaba, sin conversa- pi.a to destinado á cada cual, en tanto que el prócer se
ción, si.n risas, con el periódico apoyado en las copas, sin sonreía viendo eu aturdimiento y eu vergüenza.
otro halago que los lametones de Li1í, la perrilla ratone¡Vaya un hambre que se le había despertado de pronra favorecida de las niñas, que ya se consideraba como to! Sirvióse un plato de garbanzea enorme, pudiendo
de la familia, y por remate, sin apetencia, y se Je escapó afirwarse que se engulló él solo e l cocido, y á 3us huésun suspiro.
pedes hfzoles comer ave, pavo, salmón, una infinidad de
La albail.ila había llenado mientras la fuente de roda- manjarPs desconocidos para ellos :: todo por su alto prejas de pan y volcado luego en el cuenco el amarillo y cio, de los que no habrían soiiado CO'.! catar en su vida.
humeante caldo de un pucherete que sacó de una cesta Algunos les resultaron á sus paladares ineducados en la
y que empapó las rodajas en el acto, empezando todas á cocina escogida, poco agradables. El prócer harto de .,efiflotar, cuidando la mujer de refrenar la tapadera de la namientos, no los probó y engullóse 11n cambio el pepino
vasija, empujada por los garbanzos, de los que alguno crudo de postre de los artesanos. olvidando ante tales exmás atrevido escapó, á pesar de la vigilancia, precipi- celencias culinarias que no volverían á caer en suerte.
tándose en la escudilla.
En E:l almuerzo menudearon las risas, tímidas en el
El incitante perfume del caldado pan subió hasta las matrimonio y fuertes e"\ el anfitrión, con regular asomnarices del prócer y produjo en todo su ser como un ex• bro de los criados, no acostumbrados en su amo átales
tremecimiento delicioso. ¡Qué bien olía! Su estomago, jolgorios; de remate obligó al pobre albafiil á aceptar
averiado por los amargos medicina)eij y por las mostazas cinco duros por vía de indemnización que el infeliz reciincitantes, desabrido é inerte, combatido por la eterna bió con los ojos nublados por las lágrimas y aquella tardispepsia, y no ya inutil para la digestión, sino falto de de los socios del Casino encontraron á su habitualmente
gana, pareció resucitar, y el prócer, que basta odiaba ya hipocondriaco y triste compañero, regocijado y alegre,
al alimento, experimentó un deseo invencible de tomar- bajo los rosados auspicios-lo declaró él mismo- de una
se tres ó cuatro cucharadas de aquella a1omática !!opa. fácil digestión.
Pero, ¿cómo realizar!o? ¿Iba él, un título de Castilla, coY sin embargo, ni el faisán ni el rosbiff tenían mayor
nocido de todo el mundo, á bajarse á la calle·y á se'n tar- virtud que los garbanzos, sino eiue con aquel humilde cose á comer mano á mano con los artesanos, exponiéndose cido de albañil había subido al solitario comedor del arisá que alguien le viera y le cal_ificara de loco? Sólo el es- tócrata una ráfaga de mútua felícidad.-Sencillamente.
pectáculo de un caballero, trascendiendo á la legua á
ALFONSO PÉREZ NIEVA.
aristócratá, trágelándose un cocido en amigable armonía
con un obrero y apoyado en un muro, era bastante para
llamar la atención de los transeuntes. ¿Qué hacer?
Algún dfa, á peear de tus encantos,
El matrimonio habíase engullido mientras la Popa, y
te matará otro á tí cual tú me matas,
después de remojadas las fauces con un trago, libre ya la
que en materia de ingratos y de ingratas,
boca del J&gt;Uchero, precipitábanse en la fuente loe garbanvenimos á salir tantas á tantos.
zos, empujados por dos trocitos de carne y tocino. ¡Pulla
anda, que el cocido no olía peorl ¡Nada! ¡Que se lo iban
El amor es un himno permanente
á comer! El marqués entonces se apartó con un movique, después que enmudece el que lo canta,
miento brusco de la ventana y se entró en su cuarto. A
otra
nueva garganta
poco el albail.il y su mujer veían acercáreelea un mayorlo vuelve 1lTepetir eternamente.
domo de frac, corbata blanca y g r ~ t t u , que encarándose con ellos les deo~:
Ü.AMPOAMOR.

J

LA ULTIMA PALABRA.
No te nieg0 mi amor...... Siempre lloroso
A tus piés me arrojé tendiendo el ala,
¡Sugeto el rudo puiio del coloso
Por la mano suavísima de Onfala!
He apurado el amor basta las heces;·
Que sólo amor tu corazón destila..... .
¡Ante le clava de Hércules á veces
Valen más las tijeras de Dalilal
Lo que brilla y es. sol, como el sol muere;
Brilló mi amor un día y se hizo nada ......
Vencedor ó vencido ¡Dros LO QUIJIBE!
Repetía y repito en mi cruzada.
Como la rosa de Malherbe, un día
Ha vivido el ,.mor de mis amores.
¡Para amor, juventud ó lozanía,
Lo mismo son las a lmas que las floresl
Una ruina eres hoy de mi pasado:
Que el cristal por más terso al fin se quiebra .....•
Flores me diste. sf: ¡pero ha silbado
Debajo de esas flores la culebra!
Tú soñando tus sueiios de grandeza,
Me apartastes á un lado torpe y vana:
Hoy yergues con orgullo la cabE:za
Y con dolor la inclinarás mañana ..... .
Quisiera ser mny grande solamente
Para poder, con infernal ventura,
Preguntarte ei un lauro de mi frente
No vale mucho más que tu hermosura ..... .
Yo tP emplazn, mujer! Desconfiar debes
Del brusco cambio de la suerte impía:
¡ Yo beberé en la copa en que tú bebes,
O tú habrás de beber quizá en la mía..... .
Y hemos de compartir el mismo espacio,
Por esa ley de variación eterna,
Acaso en los sálones de un palacii;&gt;
O acaso en el rincón de una taberna!
Pero vano es que tu pasión me llame:
Ya de mis ojos se rompió la venda..... .
¡No sólo busco un corazón que me ame,
También busco un cerebro que me entienda!
JosÉ S. CrrocANO.

CROQUfS MODERNOS
EROTICA
No castas hermosuras ni rostros de .princesa
Ni ojos en donde brille la luz de la ilusión:
Satánicas beldades, perfiles de faunesa'
Y trágicas pupilas .d e angel en rebelión.
No bocas ideales de t.onrosada fresa
En donde tiemble el ósculo gentil de la pasión:
Boca seneu.al y lúbrica que muerde cuando besa
Con labios encendidos,-flores de,tentación.-:Amorea ardorosos, vibrantes y soberbios
Que hagan alzar el canto sonoro de los nervios,
-Hechos de fibra y fósforo, de médula y de luzy sea nuestra musa como un sucubo pálido

Que ahogue nuestrae vidas en un abrazo cálido
Mientras sucumbe el Suefio clavado en una cruz.

. . F . .M:.

DE OÚOUÍBEL.

Diciembre de 1896.

El Ferrocarril.
Lanzó á los vientos su pendón ae ·fuego,
rasgó, los aires su silbido agudo,
., • ·
su aliento de humo ea eJ· fecundo riego
que aniega.el seno del desierto mudo.
¡Miradlo! va tragando las distancias;
Parece apenas que la tierra toca;
y devorado por febriles ansias,
nubes vomita por su ardiente boca!
¡Miradlo! es el guerrero del presente,·.
el genio armado de la nueva idea;
La luz del porvenir brilla en. su frente,
y sú penacho de vapor ondea.
¡Miradlo! es el centauro det progreso,
es el audaz conquistador ¡:noderno,
está de sangre su pendón· ileso;
au gloria brilla con túlgor eterno;
La barbarie ee esconde- amedrentada
al divisar BU enseña orilladpra, .
corno las sombras de la noche helad\\,
. al centellear un rayo de la auroral
Los tiempos del futuro qui! dormitan
del desierto e'n'las' vírgenes entrañas,
á su acento despiertan y palpitán,
.cua} plllpi.ta el vóJcán en las montañas!
Es del progreso la primera aurora,
que irradia en esta íieira-bendeciaa,
en esta·t ierra eiempz:e vimcedora, .
' en esta t ierra hidrópica de v1da!
Es el acento de la audhcia humana,
que crece, se duplica, se agiganta;
que pone de la vida en la mafiana,
la!f alas del relámpago á su planta!
ÜLEG~RIO

Y.

J:
')

!'

• ••

A~DRADE..

• J

�EL MUNDO.

358
LA LIMOSNA,

6

DICIEMBRE,

18~ 6.

apasionada había ocasionado probablemente ia catástrofe que t~nto me afligía.
.
.
-Eres un bribónl-exclamé funoso.-No te quiero
¡vete!
.
b
.
Le prohibí la entrada en m1 deapac o para siempre, Y
sin rec: rdar que yo mismo había sido otro Pablo, de~la•
ré que los niiios eran inaguantables, torpes y el caet1go
de las familias.
.
Nos sentamos á 1a mesa. Como hacía _falta u_n castigo
ejemplar decidí que Pablo se acostase mmed1atamente
después de comer.
. ..
El nifío, muy digno, no lloró DI d1¡0 una sola palabra.
La comida fué trisLe, pues generalmente Pablo la alegra·
bacon su graci,,sa charla, y aquella v~z se vengó con su
silenci&lt;', resultando nosotros más ~.aat1gad?B que él.
Al llegar á los postr¿s, Pablo di¡o l.ieró1camente á su
madre:-Mamá, bájame.
No tengo hambre; quiero dormir.
.
La madre Jo bajó de la mesa y lo puso en mis brazos.
Yo lo oprimí contra mi pecho, un p~o turbado Y rete•
niéndome para no perdonar demasiado pronto. Después Alicia ee lo llevó á acostar.
N¿ tuve valor para acabar la comida si? él y me fuí al
salón. Allí, en medio del humo de un cigarro, me puse
á pensar en los nii'ioa.
.
No los ca-stigaremos á veces con dema~1~da crn~ldad?
No tienen la edad de razón, y ya los quisiéramos impecables, más sensatos que nosotros mismos. ¡Ah! es que
nosotros somos tan cuerdos?
Esta reflexión me trajo á la memoria ?na pregunta que
un día me dirigió mi bijo:-«Dime, ¿quién es el que nñ.e
á los pa¡;¡ás?«
• h.. ·
Tenía mucha pena por haber dejado á m1 1¡0 sm sus
postres así es que en cuanto mi mujer se puso á bordar
abando'né el s~lón muy subrepticiamente, atrí sin ruido
el armario del comedor y cogí un gran cucurucho de confituras que oculté como pu~e bajo la bata.
Cuando llegué á la alcob1~a de Pa~lo, .ví con desespe·.
ración que ya estaba dormido. Me mchné para beijarlo
dulcemente y ¡cosa extraflal sus mejillas se pegaban á.
TR ANQUILIDAD DE LOS P ADRES,
mis labios.
¡Como que las tenía embadatnfldas de dulce!
• Por la noche, cuando vuelvo de la oficina, Pablo con?•
La madre había tenido la misma idea que yo.
ce inmediatamente mis paeos en la antecámara, Y sm
darme tiempo á que deje el sombrero. y el bastón, se me
¡Oh' ¡las mujeres!.. .... ***
sube por las piernas y secu~lga de. mis hombros, lanzanA ~edia noche, Pablo tnvo una pesadilla, y sentándo·
do alegres gritos que anuncian m1 llegada:-«Aquí está se en la cama nos llamó co? voz aho~ada. Nos l~vantamos precipitadamente cornendo hacia él; nos muó c~n
papá l. .... . Buenos días, papá.11
.
.
E~ un diablillo de cinco aiios, dehcado, y tan travieso, 1:. voz extraviaJa y después, echándose del lado, se ~olv1ó
á dormir. Per&lt;' basta el amanecer su suefio fu~ ag1t~~o.
que trae 1a casa continoamente revuelta.
-Eso es efecto de la emoción de ayer, me d1¡0 Ahc1a.
La habitación no basta para conten~r ~l desorden .de
sus juguetea. Por nn lado yace un pohch1_nela, bocarr1ba
Por la maftana se despertó más pronto que de coatu!Dy sonriendo aún, á pesar de la ancha herida que le abre bre, triste y pálido; su cabeza ardía, su pulso latía vioel craneo· por otro lado se ve un montón de wagonee lentamente,
.
destrozados, como si hubier an chocado dos tr~nes; .más
Muy inquieto mandé llamar el médico.
allá un bo, rego de tres patas que despunta la h ierba imaEste, después de examinarlo, recetó, y apnrado por
nuestras preguntas; acabó ~o~ contestar que n o podía de·
ginaria del euelo. .. .. .
.
Desde la mitad de la escalera le oigo ya restalla~ su cir nada hasta la segunda visita.
látigo sobre el cabo de cartón, bombardear al ene~1go,
-Si11. embargo-añ.adió-espero qu~ n~ será ':ºªª de
conducir Bl asalto á sus solda~oa de plomo,. ~ gntar: cuidado. Trataa de que se levante y s1 veis que ¡nega Y
u¡Victoria!11 Y este alegre estrépito me tranqmhza Y me vuelve á eetar alt&gt;gre y turbulento, como de costumbre,
no me llameis, porque será seflal de que ea~á curado. Un
divierte mientras subo.
Pero cuando las travesuras de Pablo han t!aspasa~o niñ.o que salta y jueg"- está. bueno.
En cuanto se marchó el doctor me de11pedí de Pablociertos límites; cuando su conducta ha merecido _alg11;n
reproche, el mismo peso que tiene sobre eu .conc1enc1a que me parecíl!- muy. abati~o, y recom.endando á la ma,
modera sus ímpetus: en vez de sa.ltar á m1 cuello se dre que me avisara rnmed1atamente s1 ocurría algo graacerca á mí con timidez, con inq111etud, Y se conten- ve me marché lleno de ansiedad.
Siempre me acordaré de aquel día. Me fué imposible
ta con presentarme su frente para que la bese..
Entonces adopto yo un tono severo para pedirle cuen- trabajar r.i un miouto, y cada vez qne el portero me
ta de sus hechos; lo llamo useiiorito Pablo,~ le hablo de anunciaba á alguien, figursbame que me b~sc1.ban á ~anusted y salpicando mi reprimenda de ternbles frasPB, le sa del niño dándome el corazón una ternble sacudida.
A cuanta~ personas entrahan en mi oficina para habla~
prodigo que de no ser bueno, nunca llegará á ser un hom·
de asuntos de la administración, les aaba parte de m1
bre.
.
1
·
b
·
·
El me escucha inmóvil, confuso y con os o¡os a¡o~, Y pena, les rPferfa la aventura del jarrón, mi cólera, el. ca~á veces apenado profundamente su pobre coranzouc1to, tigo demasiado severo, sin duda, la entereza del cb1qu~tín...... Me trataba de estúpido, me acusaba de haber Bl•
amarga's lágrimas inundan 11us pupilas.
Entonces hacemos las paces, porque en aquel momen- ao un Nerón y de tener la culpa de su enfermedad.
to psicológico, estoy más a~urado que él y falta muy poco para que sea yo el que pida perdón.

En aquelloe tiempos, era Nicolás Nerli uno de lo~ más
afamados banqueros de la noble ciudad de Florenc1a.
Trabajaba sin descanso desde la mafiana hasta la no•
-che y prestaba dinero al Emperador y al. Papa, con la
particularidad de que no se lo pre!'taba al diablo, porqu.e
temía siempre hacer malos negocios con el rey de las ti-,
nieblas.
bí
d ·
fücolás Nerli era audaz y desconfiado y ~a ~ a om·
rido no pocas riquezas á costa d~ no pocos rnfehces, por
-cuyo motivo vivía en un palacio en el .que la luz que
Dios creó penetraba tan aó'.o por estrechí!'1mas ventanas.
Ya se sabe que la morada de algunos ricos debe de ser
-como una ciudadela y que los poseedores de fortunas
mal adquiridas están en el caso de defende~ por la fuer·
za lo que b.1n logrado acumular por la aPtuc1a.
.
Sio embargo, Nicolás Nerli hacía gala de su r!queza
por medio de fundaciones piadosas di, verdadera importancia.
.
f·
Había erigido á extramuros un hospital, cayo nao,~-culpido y pintado, representaba las más honrosas acciones de su vida.
.
Además en muestra de gratitud por el dinero que había dado para la terminación de Santa María la Nueva,
1iu retrato figuraba en el coro de la iglesia.
Era aquel hombre uno de los prif!leT?S ciudadan?B. de
la República, y en nada ~abía d1swrnm~o en la opm1ón
de los magistrados la est1ma que á su.a o¡oa se había con&lt;J.Ui,tado por medio de sus gra1;1des nquezas.
Al r~gresar un díaá su palacio más tarde que de costumbre, vióse rodeado ¡,,&lt;&gt;r un numeroso grupo de pobres
medio desnudos que le tendían la mano.
.
Nicolás Nerli procufó alejarlos, apelando á ciertas palabras duras; peré 1~ mendigos, acosa~o~ por el ham·
bre Je estrecharon en un círculo y le p1d1eron pan con
vo-l doliente y llorosa.
.
El banquero ee bajaba ya para coger_unas cuantas p1e·
-draa, cuando vió venir á uno de sus ~nados, que llevaba
en la cabeza una cesta de panes destmados á los dependientes de su casa.
Llamó al criado y repart,ió los panes entre los ~obree.
Después entró en su p¡ilacio, se acostó y se durmió pro·
fundamente.
En su aueñ.o creyó que era y!ctima. de u~ ata9-ue apo·
p lético, y vió junto al lecho á San Miguel, 1lumrnado por
una claridad que de en cuerpo ea!fa.
El arcárgel, con sus balanzas en la mano, cargaba loa
platillos.
Al reconocer Nicolás Nerll en el lado que más pesaba
las innumerables joyas que le hablan sido entregadas en
prenda y el dinero reunido, g~acias al fraud~ y á la ~aura comprendió que iba á morir y que San Miguel le a¡ustaba'las cuentas en aquel momento. .
.
Atento y receloso, exclamó al ~n Nicolás Ne.rh:
-Señor, si colocais en un platillo todas mis ~anan·
-ciaa hacedme la merced de colocar en el otro mis bue·
nas 'obras. No os olvidéis, sobre todo, de la cúpn\a de
Sarita María. la Nueva, ni del hospital que taot,o dinero
me costó.
-No temas que sea. injusto, Nicolás,-conteató el ar·
cángel.-Todo lo tendré presente.
.
Y con sus gloriosas manos colocó en el_Plat11lo deec~rgado la cúpula de Santa Marta y ~l hoep1ta.l con bU fnso
esculpido y pintado. Pero el p lat1\lo n? ba¡aba.
El banquero estaba sumamente mqu1eto.
-Señ.or San Miguel-repuso-buscad algo más ~oda·
vía. No habéis puesto en el platillo ni la pila bautismal
de San Juan ni el púlpito de San Andrés, donde está rep1-esentado al natural el bautismo de Jesucristo. Es esta
una obra que me costó un dineral.
El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hos·
pital en el platillo, que permanecía sin bajar.
La frente de Nicolás Nerli estaba inundada de un sudor frío.
.
-Señ.or arcángel-pce~untó el banquero-¿eata1s segu ·
ro de que vuestras balanzll!' son de buena lf:ly? .
San Miguel le contestó riendo que eran mmeJorablee.
-¡Cómo!-suspiró Nicolás, lívido deterror-¿no pesan
más mis bnenas acciones?
-Ya lo ves-dijo el arcángel-basta ahora, el peso de
tus iniquidades supera al de tus buenas c,bras.
-Según eso-exclamó el florentino-iré en derechura
al infierno.
-No te alarmes todavía, Nicolás-repuso el pesador
celeste-aún no hemos concluido.
Y el bienaventurado San Miguel cogió los panes que
el banquero había dado el día anterior á los po~res. ~e
puso en el pl.ltillo de las buenas obras, que ):iaJó al mstante, mientras el otro subía, y los dos plat1llos quedaron en el fiel de la balanza.
El banquero no daba crédito á Jo que sus ojos veían,
y entonces el glorioso arc~n~el Je ~ijo:
.
.
-Ya lo ves Nicolás; no suves m para el c13lo m para
~I infierno. Vuelve á Florencia, multiplica en la ciudad
la limosna de tus panes de anoche, por tu propia mano,
ein que nadie te vea, y lograrás salvarte.
La misericordia de Dios es infinita y ea capaz basta
de salvará un rico.
Nicolás Nerli se despertó de pronto. Resolvió seguir
~l consejo del arcángel y aumentar su caridad, para en·
trar en el reirro de los cielos.
Durante loe tres años que pasó en la tierra, después de
eu primera muerte, fué piadoso con loe deegraciados y
gran amigo de hacer limosnas.
AN'ATOUO FtuliCE.

•**

Pero la anterior semana el aunto fué mucho más grave. El «señorito Pablo11 ee reconocía .tan culpable! que
ni aun vino á mi encnentro, permaneciendo en un ~m.cón
del comedor, vergonzos.o y temblando como un cnmmal
que aguarda eu sentencia.
.,
-Espero, dijo mi mujer duramente, que por esta vez
lo corregiráe.
.Alicia se ernpeiia en que yo tengo la culpa de que Pa·
blo desobedezca, de que Pablo bea travieso, de que Pablo
lo rompa todo.
-¿Qué sucede? pregunté.
.
.
-Mira exclamó ella abriendo la puerta de m1 gabmete;-mi~. Miré y ví en efecto que. á la izquierda de la
chimenea había un vacío. De dos ¡arrones Japoneses que
adornaban la cornisa, faltaba uno.
-¿Y el otro?
-Roto en mil pedazos.
Aquello me ex~speró. Yo am~ba aquellos vasos como
un niñ.o ama un ¡uguete !argo tiempo deseado. Durante
un mes, habían despertado mi codicia desde el .fl~capa•
rate de un anticuario, y al fin 10s habf_a adqu1~1do, á
fuerza de economizar para reunir el subido prec10 que
por ellos pedían.
En sus paredes gioete fantástico, con el manto flotante y el eable en aito, perseguía desatinadamente á .otro
más peqneñ.o. Yo había inventado una fábula, matizándola cada vez más.
Mi hijo me esc11cbaba sentado en mis rodillas, y su
imaginación seguía sobre el ~acharro en los azulados hoLa belleza como los peces no se conserva bien sino en rizontes de aquellos fantásticos paíees, aquel desenfre·
nado galope á través de los bosques, de los ríos y de l!IB
el hielo.
·
montaftas.
.
Julio Lemaitre.
Algunas vt&gt;cea le había !'orprendid.J !1e P.1e sobre una
silla hablando en voz ba¡a al héroe v1ctonoso, tal vez
La esperanza y: el recuerdo tienen el mismo prisma: impiorando perdón para el fngitivo. y Fi.n duda, a9uel
día, un movimiento bru•co, una atención demasmdo
el alPjamiento.

Negros presentimientos me invadían . . V~í!" á Pablo
enfermo, con una pneumonía, ó una menrng1t1s, ¡qué se
yo! Sofiaba, aoiiaba en las largas noches, pasadas á. su lado en las lágrimas que corren silenciosas cerca de la cabe~era; y oía. á través del .11~ido de la. cucbarit~, removiendo la repugnante med1cma, los tristes gemidos del
pequeñ.ueio... .. .
*
** más y salí de 1a ofi.cIDa
No tuve paciencia para esperar
antes de la hora.
Al pasar por delante del bazar en donde me det~ngo
para comprar juguetes á Pablo, me cargué los bolsillos
de bibelota, y volví á correr como un loco.
En el portal de mi casa tropecé sin excusarme, con
gentes que subían; subí los Pecalonea de cuatro en cn~tro· llegué !Ulte mi puerta. Jadeante, eudoroao y allí, sm
val~r para seguir adelante, me puse á escucha~.
Escuchaba si oia á Pablo ju~, charlar, d~blear en
fin ...... Pero no, nada, un eilen010 completo remaba en
mi ca~a; nn Pilencio que me heló la sangre en las venas.
Abrí y l!Pgó mi mnj 0 r.

'6

DICIEMBRE,

369

EL MUNDO.

18~6.

-Y bienl... ...¿y el nifio?...... Mal, verdad?
Alicia me miro con aire extrafio, que no comprendí
..entonces, y después me dijo:
-Ha roto el otro jarrón!
-¿Dónde está.? ¿Dónde e,.tá?
Lo encontré en el salón, escondido detrás de una butaca lo cogí en mis brazos, lo besé con frenesí, y á través de mis lágrimas que ya no podía retener, le grité en
la misma cara.
-¿Has roto el segundo jarrón, querido mío?
-¿Has roto el segun~o vaso, ang&lt;!\ mío? .
Toma, mon[n, toma ¡uguetes, registra mis bolsilloe;
mira, para tí ¡todo esto para tí!
..
Y como mi mujer me miraba estupefacta, yo le d1¡e
aliviado de mi pena, feliz, completamente feliz:
-Acabaré por creer que la tranquilidad de lo~ padres,
.cousi11~e en tener niños que alboroten mucho, que rom_pan todo cuanto encuentren á. mano.
ENRIQUE MALIN.

cual atribuye madama de Hall un valor extraordinario.
Se trata de una garra J.e león, mo:itada en oro.
«Madame d,i Hall ha ofrecido tres mil francos de recompensa .í la peraona que le presente dich &gt;.objeto.•
-Cuidado J nlián-le dijo ·entonces un amigo que acnbaba de e11tr~r-hi lle1pd" el °:1'&gt;:nento de t~.g~atJia.
-Graci~-dijo de R~, armJando el per1?d1.co como
saliendo Je·•m eMueñ" y enjuJ,ind"se las lagrimas qoe
brotaban de sus ojos.

LA GARRA DEL LEON
El teniente de navío, Julián de Rez, había regre..,ado
,de Cochinchina en mal estado de salud, y cuan&lt;10 despuéa de tres meses de sufrimientos al lalo de. su madr.e
y de su hermana, entró en la convalescencia, experimentaba todavía escalosíríos ala•rmantes.
..
-Vaya usted á pasar el invierno á Pau-le d1¡0 el médico.
d. J d
Y por eso Julián de Rez contemplaba á me 1:l os e
Noviembre, desde su ventana del botel, el sublime pa.norama de los Pirineos.

***

Cierto día en que iba Julián de paseo, quedó sorp~endido al verá Oiga Barbarina entrar en el hotel Gazz1,n,
donde vivía en compañ[a de su wadre.
.
Eran las cinco de la tarde y regresaba de nna partida
de caza en compañ[a de algunos de sus adoradores.
Oiga tomó una taza de té en el veetibulo, saludó á sus
acompañantes y entró en sus habitaciones, azotando su
falda con eu látigo.
Tres d.ías después, Julián de Rez, que no ba~[a cesado
&lt;le decir á BUB conocidos: «¿Quién es esa mu¡er? Estoy
loco por ella, la adoro, etc.," era presentado á tas señoras
,de 8.irbarina y formaba parte del pelotón de amantes de
la hermosa ruea.
Julián de Rez empezó á amar apasion~dam_ente á Oiga,
y el mismo d[a en que f~é present!"do ~l temeote di, navío d1jole Oiga encendumdo un c1garnllo:
....'..¡ Ah! ¿E~ usted ese que está tan enamorado dti mí?
Ds,11pues le estrechó la mano como uu hombre. . .
O gil se burlaba cruelmente .de sus adoradores, s1 bien
dbtinguía únicamente al mar1~0. el cnal,.!"rrastrado por
la violenta pasión que le dommabl, 1~ d1¡0 en el saló :
-Mi licencia de con valescienti, termma dentro de ocho
,días; saldré mañana de Pan para irá pasar uuos días al
lado de mi madre, y embarcarme después en Brest.
-Adiós, pues, y buen viaje-contesto Olga.-Pero voy
.á pedirle á. usted un favor. Dtseo que me regale usted
-esa ~arra de león, montada en oro, que lleva usted como
.dije en la cadena, y que conservaré como recuerdo de
nuestra amistad.
.
Julián se quitó el dije y lo puso~~ manos de la ¡~ven,
~ue lut'go cogió entre las suyas, d1c1éndole con agitado
ac,mtu:
-La amo á usted Oiga; ¿quiere usted ser mi esposa?
O ga retiró sus manos, guardó la garra del leon y se puB" á mirar cara á cara á J ulián.
• -No-le contestó-no . ..... Y sin embargo, es ugted el
primero que me ama y me lo dice de bueua fa; pero por
-eso mismo rechazo la oferta.
-¡Oiga!-exclamó Julián con voz suplicante.
-U1game ustel-repuso ella interru,upiéndole con un
.ad máu-y sepa de una vez la causa de mi ut'gativa. No
me considero digna de usted, ni puedo per·en•!CLr á. una
damilia de la que sólo pueden formar _parte pórsonas bon•
,radas. Si usttd pi&lt;li.;se roi mano á. nu madre, se la nega,ría, porque no es usted un potentado
.
Mi madre ha resuelto casarme con un t.ombre mmen.aamente rico, y en caso contrario...... No dirá usted q.ue
.no tengo experiencia tratándose, COJD? yo, de una mña
,de diez y nueve años. El caso es hornble, pero exacto,
Ya sabe usted ahora porque pasamos el invierno último
-en Niza y el verano en Baden, y porque estamos ahora
-en Pan. Ya sabe usted por qué viajamos como bultos por
Europa, por qué no dormimos más que en h•_)teles y por
,qué comemos siempre en mesa redonda. M1 madre ha
sido casi princesa real y está empe~ada en que s.ea yo ar-chiduquesa a toda costa. Me avergmmz" d" decirlo y de·
-seo que no proteste usted; pero no es posib)e que presente ust.ed á su madre como esposa á una muJer qne, como
yo, lleva t.anto fuego ~n el corazón. Ademá11, yo no le at00
á usted m amo á uad1;,....... El ;.mor es una de las cosas
que me han sido prohibidas. Adiós, Julián, váyase usted sin volverme á decir una palabra. Me dt&gt;ja usted su
ga1r-.1 dfl león, qu me recordará al hombre con quien he
procedido como mujer honrada. No me vuelva usted á
-ver y abandouémonos para siempre ...... ¡Adiós!

*

**
Tres años dtspués, el transporte
de vapor El Cocodrilo,
¡&gt;rucedente del Stinegal, aoah.1ba de hacer escala f'D Ca·
narias para tomar el cJTreo y prosPguía su camino f'n
medio de una noche tempestuosa, cuando el contramaea·
,t,re entró en la cámara de los oficialt'S y dejó sobre la
mesa un paquete de periódicos.
Julián de Rez abrió uno de ellos, procedente de Paría,
y al cabo de pocos instantes leyó las siguientes líneas:
«-,e baila entre nosotros S. l\:I. el rey de Suabia. q11e
viaja de in.!ógnito con el nombre de conde de Au8burgo.
«Al llegar á la estación ocnrrió un incidente de~agra-0.able. La baronfsa de Hall, que acompal'iada de su ma•
-dre la condesa Barbarina, había hf'cho el daje con Su
.Majestad, perdió l l l l &amp; ~ de-eacaao va~ pero -á la

•

Li CARTA.

Cuando Agustín tiraba d~ la campanil!a, la .puerta .de
la caga de buédptides ee abnó, y una muJer!-J•J\'c:~, linda, pobrísimimente vestida de negro,-t1ahó cornendo;
i., atro¡,elló C&lt;illl; se l,rnz6 por los tramos altos de la escalera y desapareció en un mo~ento.
· agustín ije quedó sot'prend1do.
-¡ E:1 Dolorc:sl-se dijo.
F1t.1.NCISOO CoPPÉ■.
Ptlro en aquel instante apareció en la puerta otra mu•
je r, de bastante edad, obesa, colorada, cuyo rost~o se dt:B·
tacaba entre un pañuelo rle cuadros nt&gt;grns y ro¡os...... y
INTERIOR.
viendo á Agustín, exclamó:
.
-¡ Deténgala usted D A\;ustín! ¡Corra usted que se qme•
Como era el instante, dígalo la musa
re t1r.u desde la azotea!
A&lt;,ostín subió á brincos,
Que las rosas trae, que las penas lleva:
-iJesú:1!-ex:clamó la patron11-si no es por este coraLa tri ,teza pasa, ve lada y confusa
zón mío tan leal, ¡c,,taplum! te mata.
La alegría, rosas y azahares nieva.
Ea aquel momento aparecieron en lo alto Ag11stf_n y
Era en nn am:ible nido de soltero,
D olortis, apoyándose ésta en el brazo .dti aquel y cu':?néuDa risas y versos, de placer sonoro,
dose el rostro con el pañuelo, como s1 lad1tir.1 verguenza
Era un inspirado cada caballero,
de vol ver con vida á la casa de huéspedes.
De sueüos azules y vino de oro.
-Pasen ustedes, pa1;eo ustedes que ya ar~eglaré las
cuentas á esta aeñori,,a. Vayr, vaya, qnerer de¡arnos así,
Un rubio decía frases sentenciosa~
sin consideración de ningú11 géuer ), como s1 nad11 nos
Negando y amando las rou~as eternas:
debiera...... N" lo digo por los ocho duros......
Uu bruno dt!cía versos como rosas,
-¡S,i quiere usted C.illar, Doiia Ui1i.1ca! exclamó AgusDd sonante! rimas y palabra~ tiernas.
tín!
l d ..
Los tapices rojos, de doradas listas,
-No lo decía por eso, repito, pero aul!lque o_ 1¡era....
Cubría11 panoplias de pinturas y arma~,
Y cogie!ido dti una man? á la ¡oyen !ti cuuduJo a la eaQud bablab.111 de bella, pasadas conqmstas,
la · la hizo eeutar en el sofa y añadió:
Amantes coloquios y dulces alarmas.
'-¡Así, bija mía, así, llore usted fuerte; desahóguese
usted que eso es bJeno y consuela, Y. todati las h1e1ee de
El verso de fuego de D' Annunzio era
ese corazón se le saldrá11 cou las lágrimas!.. ...... 1Picaros
C,,mo un s6n div1uo que en las saturnales
h ombres malditos sean, que d ..jan á las mujere:1 en lil deGuiara manchadas pieles de pantera,
sesperación ... y sin un cuarto! 1:'&lt;lrnqué esesto,qué es e1 A fi ~dtas soberbias y amores triunfales.
to? ¡D. AgusLío, se me figura que la da un patútügl Lo d1·
E lb.in con manchada~ pieles de pantera
cho. ¡ se ha dt-smayado!
.
.
En efecto Dolores, después de un crís1s nerviosa, ha·
Con tirsos de flores y copas pa~anas,
b[a doblado' la cabeza, reclinándola, sin movimiento, eo·
Las almas de aquellos jóvenes q1ie viera
V tinas en su templo con p1lma:1 hermanas.
bre d resp"ldo del sofá. .
.
Doña C1riaca no nectls1tó pe.l1r socorro porque e3taba
Venus, la celeste reina que adivina
ya r Jdeada de gente. H ,,bia ~ntratlo pri~ero un cur:3,
En las almas, vivas alegrías francas
después un practicante di, .med1cma, tra:1 de éste una vieY que lea confía, por gracia divina
ja, en s~guitla un solteró.n, empltiado eu Lo~tidas, y por
St.1s ab3jas de oro, sus p.1lomas blaucas.
última un jo'7en depend1ei:ite de la !,t1.neraru.i. .
-¡Qué traigan agua y v1oagre-d1¡0 el pract1cante,Y aquellos amantes de la eterna Dila,
¡No debe ser esta mña buenacristiaua! murmuró el cura.
A la dulce música dti la regia rima,
¡ Un. cadaver menos!:-adv1rt1ó el de las poLDpa,s fúne.bres;
Oy,m la palabra de la vast.a I lea .
y ·et solterón no d1J nada ...... p~ro ~e act!rco, llevo eus
Pc&gt;r el compañero que rec1La y mima.
manos al pech,&gt; de la joven, y tanteando eobre el cierre
Y sobre sus frenles q11e acaricia el lauro,
d.:l ve;itido inten tó dtl&gt;!llbrocl.tarla ..... .
y lo hubiera 1.i~cho ai doña Ciriacil no le hubiese dado
Abril pone amable su beso sonoro,
un manotón en sus inquietas m.1uo:1, dici,rndo:
Y llevan gozoBos, sátiro y centauro
La alegría noble del vino de oro.
- ¡ ~30...... la~ s0::floras!
..
Y viendo q 1e de~rás del cura y de la v1~¡a y dP.\ pracRuBÉN DARío.
ticante y del solLero, y d .il em¡&gt;leado fu11ebre, hablan
Octubre de 1896.
entrad¿ los porteros, y lod dtlpónd1e11te:1 de l&lt;is tiiindas
que h.1b[a en la casa, y los vecmo:1 de ta calle. y algunos
transenntes y que al final del pasillo ~e alza\ an ya los
chacós d&lt;J v;rios guardias dti orden púbiico, gritó:
En la "liaría" de lsaacs.
-¡ Af11e1·a! ¡Afuera todo el muüdo! Aquí no ha pasado
nada! ¡ E➔ta señorita no lo hará más, no, señor, yo res¿Un libro? Aquí lo tienes, amor mío:
p ondo de ello!. ..... ¡ L:ngo, largo de aqufl
Y mientras el practicante y el cura con AgaPtín pret:1Ei el triste poema
Q11e en boras m,•lancólicas de ha-tío,
taban auxilio á DJlores, dona Ciriaca limpiaba la casa
Ha hecho rodar mi llanto, ese rocío
de curinsoa, diciendo: ¡ R spft.o al do,nicUio!
Que apaga el corazón cuando Re quema.
V,,lvió á la sala; DJlores se hab[a rt'pueato del accidt-11te· el practicante y el cura ee marcharon, y quedaron
solos Dolore~, Agustín y doña Ciriaca.
Es un ililio de tern'.!ra lleno,
Vaya-dijo ésta-vamos nosotras á su cuarto de nsSu dulce poesía
ted; B'lí, con to.ia calma, podrá usted gtimir desca11,1ar
No vierte ni una gota de veneno;
y r flexionar bi"n sobre el disparate que penijaba lldted
Es un libro bencli~o, un librJ bueno,
hic •r...... ¡Cójase usted de mi brazo y venga conmigo!
La historia de Efraim y de María!
D-lloree ~ti levantó del sofá.
-Pero-aiiadió doña Ciriaca-eupongo qne no se irá
Aquí los goces del amor primero,
ustt&gt;d sin d~cir una palabrita de gratitud á Don Ag,m.fn;
D,}l amor santo y puro,
á no ser por él, á esLas horas estaría usted en la calle he:
De ese amor inmortal y verd'\dero,
Que se arraiga en el alma, duradc:ro,
cha una tortilla.
1.,,, jove11 se pasó el pai'luelo por la cara, enjugando
Como la hiedra en el ruinoso muro.
sus lágrimas y revistiénd91a de dulce Eertmidad:
-Perdóneme usted, Agustín, que me haya olvidado
Aqu( al principio encantos y belleza;
Dllspués, ...... la negra suerte
de agradt&gt;cer á usted una vida que era una carg&lt;l insoportable para mí: al salvárm.-lil ~sted he vuel1,0 a •t:r
A Efraim alejando con dureza,
de~graciada. Mas usted .ha obecl.ec1do á un I oble senti
Y Marfa, ya sola en su tristeza,
mi.-11to y yo debo apr11c1ar ese favor en cuanto vale la
Celebrando aus nupcias con la muerte.
vida para loa que son dichosos...... Quiz~ me resigne á.
la vida, p1wsto que no basta querer w~r1r par.1 matar•e,
¡Abl Nosotros cruzamos entre flores,
nu ·ato q11ti hasia para matar~e es preciso tener snerteLa tlicha nos alegra,
y pues he de vivir, si usted en alg11na de ene dc:Pgraciae
No sentia1os cual edos los dolores,
y tristezas necesita usted una amiga, una b..rmana, yo
Ni rnmpe nueRtros diálogos de amores
1~ r,wg,, que se acuerde dti mí......
El fúnebre gra;r;nar del ave neg•a.
-¡ Ah Dolores!-exclamó el joven.-jIJ,ited no dt-be
11ad11! ¡Si usted eupiera el inmenso placer que me ha pr,,Toma el libro en tL1s manos, amor mío,
porcionado la casnalidad, poniéndome en ocasión d.- ~alToma el triste poema
var á nsted!. ..... ¡Oh, esta vez sí que el bien en sí wieruo
Que, en esas horas lánguidas de hastío
ba 11.-va&lt;io la recompensa!
Q 11izá te baga verter ese ro~ío
-¡Jesús. y qué fnego, Don Agm:Mn!- exclamó doñ•a
Q,.1e apaga e l corazón cuand 1 se queml\l
Ci, iaca. -Todas las cosas las toma usted aa1 !.. .... J Va u,.
JU.AN B DEl,GADO.
ted A morir un día dt&gt; combustión espontáneo!
Diciembre de 1896.
-Y ahora-prosiguió la patrona cambiando de tono y
91,cando de uno de loa b .;l~illoe de RU delantal una cartu,
la devuelvo á usted este papd.ito, que aupong&lt;&gt; 110 habr"
Al decirte hoy adiós. Hortensia mfa,
ya que entregar á ese don ...... don ...... (leyendo) «D-.,n
permite á mi amiat&gt;1.d que te declare
J ac111to Guvantes.11
qne, como el bijo de Sión, &lt;iecía:
Dolores tomó la carta, y fu é á guardarla entre el man•
«le m[ me olvide yo, si te olvidare.•
tón en q ue h1bfa arropado su pecho.
Agustín tendió la mano como para detener á Doloree
Hay quien pasa la vida
y doña C1riaca en su retirada, y dijo con v0z llena dt,
en eeti eterno juego
emoción:
de hacer caerá la mujer, y luego
-Dolores, voy á decir á usted algunas palabras ........•
rehabilitar á la mujer caída.
u~~d no ha repar11do en mí; pero yo be reparado mucho en ustt-d d.-sde que está en esta casa. Ninguno d~
CAHPOAMOll.
sna actos, de-sUB idas y"Venidas, dti sus tritezas, de 8 •• 8
escasecee, de las m~R-1"""'~•1!!- ~ l!U histl na t...

f

�360

EL MUNDO.

paeado deEapercibida para mí; he vieto que evita u~ted
el tratar á los huéspedes, que es usted pobre, que ee uskd buena y que ha prefe1 ido usted morir...... á eer ma1a.
Sus acc1cmee de usted me han impirado deede el primer
día Eirupatía, reepeto; una ttrnurn que yo no ca1ifica1é
con otro non,bre pmque yo miEmo r,o me atrevo á dt'finirla Comprendí dnde el p,imer m• mtnto, que era usttd deFgrach,da; rn tentati\·a de hoy no dt-ja duda de mi
fatal ac1t&gt;Jto, me ha p.-ometido usttd vhir; Enfa para
o•í un etnL0 nmo1dimiento h&amp;bula Fa hado á uFttd la
'l'i•fa Eólo ¡,ara prolongar eue ir,felicidad1 ~; yo tu ge, la
e blignció11 de h2cer á uHtd dicbou.&gt; ...... Ern cartP .... ..H,
@in duda, la cla~e de la hiEtoria de uEte , ¿quit1f' uHed
P&lt;'Jmit;rn E' que la Ita? ¿No Ee ha Jlan,ado UEh d a1,He
mi amiga, n:ii hermana? Pues bien, un sn1'go1 un Lnn ano, tiei e ¡,J dnEcl10 de cuidar, de amyara1 . de p!cMgE&gt;r.
-Bu1-no l'Há usted para protE ger á narlie-le in terru mpió d1,iin Ciriaca.
- ¡ Pe, mítame nsted, permítame usted que la len!-inEiFlió Agmtln con act-nto de bondadoEa fü DJfZa.
DoloHf titub1ó un momento, deFpnés Eacó la carta y
fijó 1os &lt;'ic~ ton t:l E.obre, con inddioible mirada; mirada
dt- dolc r y p1a,;:n, a"lgo así como se mira una lá¡,i'la sobre la cual hay floree.
Por fin c·.xclawó, alargándoeela al joven:
'
-Tóu1ela u~ted, léala usted, puesto que lo deeea y para ello 1nv&lt;'ca sus derechos ......... Y quiera Dios quectespué~ d• l1nb1 ria leído, quiua usted llamarme todavía su
amiga y sn hermánal
Y apo, ándose en el hombro robusto de doila Ciriaca,
ae dirigió lt-ntamente hacia su cuarto.
Agu~tín quedó solo en la sala.
&lt;:erró la I•Ut'rta, pa,a leer sin que nadie le interrumpit're, trfrnulo de emoción, como si aquet;a carta pudit,ra dtcidir deou suerte; rompió el Eobre y JPyó:
•Jaci11t(,:
•Defde uyer no tengo más deeeo que morir. No creas
que me du.¡,ido de la vida con pesar; todo lo contrario:
1:. n,u~1te t-b rui al,gría. Hace díae vine á Madi id rtpufHo ya el niilo t-n el pu"blo. Como una últio1a t&gt;Eperanza y tf'm blando, quirn que le conocieras, por Pi PU vista tt• abla1.daba el corazón, más que mi desventu1a y tus
ncundo~. Pri,ganté por tu aynda de cámara y le dije:
-«Bf.nitr•: traigo el nino para que usted Je vea. y para
que vié, dole usttd le diga lo lJermoso que ee y lo pálido
y tri@te que está.
•fünito me dijo:
-;-•S~iloTita: renuncie usted á toda eEperanza; ¡qné
qmere IIHf'dl Si uEtt&gt;d no fune hija de un zapstero. q1-i•
zás el sHior...... Pe,o ¿c(1mo ha de c:.EarEe con uHed? El
niflo le impc,rtarfa peco; Eabe usted que Drn Jacinto 110
l'f' mi•nahle......-Y !no nfcesita verlt&gt;! ¡le ha viFto ya!
H~ce dos ~ías, al paear~ guiancio, por la casa dona .. yo Je
d1Je qre Y1vía usted, m116, y en un balcón vió que había
un chiquitín de ojos azules y rizos muy rutios.-EFe
mi hijo-e:irclarnó.-Y me dijo al volver:-¿SabeP, BPni•
to que el chiquitín es muy mono y que me place? Pt ro
ya se ve me dijo Benito que dijiste luego-¿dónde iría•
moa á para,? Dolores 110 se contenta menoP que con caftree; deede que fué madre se avergonzó de ser mi que•
ride ...... Si conEiento en reconocerlo, si me Jo traen á
caen. si le V!'O con frecuencia, si me llora y me rfe, yo,
&lt;JtlR tn go el alma tan sm,qil,le, concluiría por...... ef, concluiría por casarme. ¡Jamás!. ..... ¡Sería un e~rándalol
Dolort-s es honrada, relativamente; ¡pero una ribeteadora! ¡,Si ella ,e muriera! Eso lfimplificaría la situación ........ .
huérfano el chiquitín........ : ¡Ah, el chiquitín es una
pt-r la!
•Esto me dijo Benito~ y eabiendo mi pobreza quiPo
darme un billete de cinco duros.-Puede usted tomarlo
Bt-fl•:tira, que eee din.ero no es del amo; es mlo.-¿Qué
me importaba de quien íueee? Sus palabras habían decidido df' mi suerte y de la de Jacintito.
•¡Si elln muriera/-habíae dicho tú.
•Puf-~ bien; cuando leas esta carta ya puedes eer padre
del cl,iquitín •..... Yo, habré muerto. Dios me perdonará.
•He sido mala; pero he sido mala por ignorancia, por
Cl!-r~fio, pcr fa~cinación, uo sé...... Las que no hemos re•
c1b1do .-dnceción aprendemos muy tarae que eélo hubiéral!!cs podido ser felices sieudo buenas.
«Muero contenta, porque sé que tú recogeráP al niflo. ¡Oh, Dios mío! ¡Con qné
gueto moriré para que él viva! ¡Que le
eduqu1-s, que le cuic'lee, que le hagas hombre y que le bogas dichoso! ¡No le eduques para que deshonre- á las pobres y
desdichadAb! ¡Que ee.l honrado para que
pueda creer también que ha sido honrada
su madre!
•Adió~, te envío un beso de perdón y
reza Jacinto, por la que fué- tu

"ª

6 DICIEMBRE, 18\-/6.

LOS L~ORTALES.
lAIITACIÓN DE liOBACIO.

¡Benditos aquellos que con el azada
sustentan sue vidas e viven contentos,
e de cuando en cuando conoecen morada,
e sufren pacientes lae lluvias e vientos)
('a estos non temen los BUE movimientos,
n!n eaben las cosas del tiempo paseado,
mu de las pre~entee se facen cuidado
nin las venideras dó han nascimien~e.
¡B~nditos aquellos que siguen las fieras
con lab grueeeas redes y canes ardidos,
e eaben las trochas e las delanteras,
e fierPn del a1 co en tiempos de bidosl
Ca eEtos por Pafia non son conmovidos
non vana cobdicia los tiene sujeto•, '
non quieren th~soros nin sienten affetoe
nin turban temores sus libres sentidoPI '
¡Benditos aquelloe que, cuando las flores
se 1UUestran al mundo, deeciben las aves
e fnyen las pompas e vanos honores,
'
e ltdo~ escuchan eus cantos süaves!
¡~euditos aqut&gt;llos que en pequei\as naves
siguen los pt:;;cados en pobres traynas,
ca estos non tt-men las hdes marinas
nin cierra sobre ellos fortuna sus lla;esl
EL M~RQUÉS DESANTILLANA.
O,TOS TRISTES.
A LIGEIA..

¡Oh, tu mirada de pasión!. .. quién sabe
que misterios ocultu! Ardiente y viva
un tinte de dolor pone en tu grave '
cabeza de l\linerva ptnsativa.
¡Oh, tu mirada de pasión, fu triste
mirada de mujer que arna y espera
y que el Ot&lt;.fio de la fe resiste
'
como una última flor de prima vera.
¡Oh tu mirada de pasión contriEta!
Es un toq~e de l~z que tiembla y brota,
como débil camb1a:ite de amati6ta
en una estrella pálida y remota.
¡Oh,. tu mirada de pasión !... ¿Qué esconde
de resignado y dulce y afiijido
'
que sólo dt&gt;ja ver el alma dond~
una inmensa piedad hace su nido?
'!DI alma que en tus ojos re~plandece
y tal ternura eobrehurnana toma
'
cuando me ve, que In inmortal parece
que á través de una lágrima ee 'asoma.
Sabes por qné se aPoma si la llamo?
Porque mi duda periinaz se aduerma·
y me dice: ¡oh incrédulo, te amo
'
pero ya ves, estoy triste y eufer~al
¿Qué existenciaP lejanas en mí evocas?
¿Qné Puel'ioQ nebuloeoe, entrevistos
dt&gt; altares áureos, de nevadaQ toca/
vírgenes castas y dolientes Cristoe?'
Rf'cuerdo no ee qué viPja pintura
de cuyo fondo de ideal criPtiano
surge la blanca y míetica fignra'
con el lirio @imbólico en la mano.
¿En q~é obscura y desif'rta galería
ví esa mirada de pasión piadoPa?
¡En qué semblante pálido lncfa
extática, celeste y dolorosa?.....'. ...

l~ERN A1' FLOR.

¡Oh! las rojas iniciale$
que ornais loe ealm.os triunfales
en breviarios y misales;
¡Ohl casullas que al reflejo
de loe cirios, en cortejo
-vais mostrando el oro viejo·
¡Oh! custodias rutilantes '
con topacios y diamantes,
¡ohl copones rebo@antes;
¡Oh! cristales policromos

361

EL MUNDO.

. ..... No sé ... Mírame más: á eso viniste,
de mis nublados sueños mt-nsajtra ..... .
¡Oh, ht mirada de pasión, tu triste
mirada de mujer, que ama y esp&lt;'ra! ..... .
'· Diciembre de 1896.
Lurb G. UaurNA.
LA. VENTA.NA ILU.M:TNADA.

. Era una. noche de la Canfcula, ~mpestucsa y obscura.
luna m estrellas.
Arrojado de su habitación por la inclemencia del calor
y por la fatiga, se ha levantado Lni~ de su butaca, y
despué3 de haber apagado la luz y baj,\Ju sus cuatro pisos, ha cruzado el desierto boulevard y 1,e ha Eentado
ante una llltEa exterior de la cervecería situada dela11te
de su casa.
Tamp, ?º hay fresco en la calle. y la insignificante ráfaga de aue que á wces se le\•anta es caliente como el
alitmto de un erfermo.
Luis cree que máij le hubiera valido no movnse de s11
domicilio, donde habría podido acostarse tranquilamen ·
te y dormirse, olvidando su mísera existencia tan monótona como el itinerario del tranvía que cada' diez minutos pasa por su lado.
Luis es un literatv que jamás ha c,btenido un regular
éxito, Y. q11e ~a cumplido ya tremta y ocho ai'\os, hab1en•
do perd1úo miserable oente su juventud.
Nada de grato y ti,,rno hay en t-us recuerdos y si existen algunos nombrt:s de mujeres en su corazón hao sido
escritos allí como hubieran podido serlu en ~o e8pt-jo
de restaurant.
.A.l levantar la cabeza para apurar la copa que tenía en
la mano, nota L~is .¡ue la ventana del q11i11to pirn de su
ca~a estliba 1luromada Era la unica dt:I edificio y aun
de l~s inmediatos, en que había luz, porque en aqtwlloe
barnos la gimte se acuesta temprano; y como á aq11ella
altura el remate de la~ cadas se pierde en la obscuridad
de la noche, aquella veutaua ilum nada resplandece en
medio de las tinieblas con el brillo reposado y constante
de un faro.
Es~á abierta, pero han ec~ado la cortina blanca, que
se agita _leve~e_nte cuando circula un poco de aire.
-¿Quién v1v1ra aht?-se pr..gunta Luis.
Y en aquel. mo.meuto se si..n&amp;e tao triste, tan abandonado, tao solitario, y la ventana il11minada resplandece
~n s~avemente, que, por un capricho irónico de su imagmac1ón, evoca "'Uestro ho111bre la~ existencias de los Eeres afort.una~o~ que podían vivireu aquella altura.
-¿Quién v1v1r~ ahí?- repitió para sus adentros Lu is.
Tal vez un trab~¡ador como él, un escritor, un poeta. ¡No
ha saludad.o varia- veces en !a .escalera á u!l joven pálido
y mal vestido, .que lleva casi @1e~pre un hbro en lama•
no? ¡Ee este, ll\11 du&lt;;ta. G,rnará por la mañana lo preciso para la subs1stenc1a, consagrando el resto de la jorna.
da al arte y la poesía. Indudablemente aspira á la gloria
pero desea conquistarla por medio de una obra maest~
en la que habrá derramado toda la sinceridad de su alma.
Respeta su pluma como un paladín su espada y tal ve:r
ee hab, á acostado para leer su libro favorito que le a brtt
nuevos é infinitos horizontes.
'
BID

*

•
* * quién puede ocupar esa
-;¿V.1 .F1• no vive
a b f un poeta,
hab1~ac1~n?-se pr~gunta Luis, siempre Ilusionado pcr
el m1s1er1oso atractivo de la ventana iluminada.
1.Unos amante~! Sí, unos amantes para quienes no
existe en el mundo más quP su inagotable deseo y que
no ven más allá de eus enlazadas sombras alumbradas por
la luna.
El habrá ido á comerá caea de algún deudo y ella le
espera palpitante de amor.

.. á en esa casa·?-piensa
***
.-¿Qu1'é o v1v1r
LUIS con loe ojos
fi¡os en la ventana.
¿Po.~ qné no ha de vivir ahí un buen matrimonio con
sus h1¡os? ¿El Otoño con sus frutos?
Hay gentes, ~e ?0razón humilde y resignado, dicho·
eas en el ouIT.1phm1en~o de sns deberes, como los dos
eepoFos á quienes Luis encuentra á veces los doming0&amp;
en aquel barr!o de patriarcales costumbre!".
Son ellos, BID duda, los que moran en aquel quinto piso, alt-gres y satisfechos. E l padre no se
habrá acostado, para enseilar 1a lección
al mayor de sus hijos.
. A peear de su miseria, Luis los envidia, .P~rque po.een grandes tesoros de
sent1m1e11to y comen su modesto cocido
con la virtud por compañera.

*·~.

DOLORJIS.~
-Pero ¿qué estrépito es este?-gritó
Dol'la Ciriaca en el cuartuchín de la joven. -¿Quién quiere echar abajo la puerta?
-:-!Abra 11Sted...... 1Abrá ustedl-cootestó una voz trémula.-¡Soy yo, soy
Agustín!
-¡Jesús! abriré; ¿qu6 paea?
Se abrió la puerta y Agustín se precipitó por ella, con la carta en la mano y los
ojos llenos de lágrimas.
( En aquel zaquiY.amí y en la única silla
que había, estaba sentada Dolores con el
negro pelo deatrenzado, que formaba un
cerco muy triste á su cara de Dolorosa.
tobre sus rodillas y entre.sus brazos descansaba nn niño como de dos sil.os. casi
desnudo, que alargaba sus bracitos.)
-Dolores ¿Quiere ud. oasan¡e conmigo?

6iDICIEMRRE, 1896.

filett•ados de plomos
que brilla.is Lajo los domos·
¡Oh! Di.e8 irw tenebroso '
¡oh! Misrrae lloroso,
'
¡oh! Tedeum.glortoso:
Me perseguís c,rnndo duerm,&gt;
me rodeáis si de,¡pierto·
'
tenéis mi espíritu yera{o
mu.y enfermo...... muy enfermo..... .
casi muerto...... casi muerto..... .

De pronto empieza á llover y Luis se
ve precisado á retirarse.
En la escalera encuentra á la portera
lf\ cual. le dirá quién vela tras de ague:
lla cortma ante la que ha soñado en todas
las venturas que están al alcance de los
pobree: el trabajo, ei amor la familia.
-¿Quién yive en el quin'to piso de esta casa encima de mi babitación?-pregunta Luis á la portera.
. -:-Nadie, señor...... Ahí vivía mi pobre
v1e¡o que debía dos meneuhlidades. Et
amo no se las reclamaba, porque el infeliz iba á cumplir Sf'tenta aflos v un día
de estos debían llevarle á Bicetré. El po•
bre ha muerto esta tarde á las cuatro y la
señora del principal me ha dado co~ que
amortajarle.
Como el desdichado no conocía á nadie, ni tenía parientes ni amigos que le
velaran, he encendido una vela al lado
de su cama. Y p11esto que ya están en
casa todos los inquilinos, voy á subir á.
rezar el rosario junto al cadaver del pobre anciano.

All.\DO NERYO.

F. C.

•

LA

1.NU TIL RIQU EZA.-Por Jorge Óhnet.
Número í·.-Véanse nuestros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

-Entonces explícate, te lo ruego, porque no sé á dónde
Tas á parar.
-¿Serás sincero?
-Contigo lo soy siempre.
-¿Me confesarás la falta cometida y basta la intención
de cometerla?
-Pregúntame.
-Pues bien; he creido notar que, hace algún tiempo,
tus escaramusas hab·tualee con la mujer de Federico tomaban una forma nueva, más viva de tu parte, más irritada de la suya. Me ha parecido que el juego se hacía peligroso por que os exaltabais demasiado, tú, en el sentido
de la galantería, ella en el de la hostilidad; be creído que
~ hacías importuno y he tomado e! partido de advertirte:
lo. Sabes que quiero mucho á Celma y que es grande m1
adhesión á eu familia y por nada del mundo querría que
tuviese que sufrir una mol stia ó una contrariedad de mi
casa. No creo que estés enamorado de ella; os conocéis
hace tanto tiempo, que no hnbieras esperado hasta ahora
para desearla. Siempre habéis sido buenos amigos y si tú
te animas con ella algo más de lo razonable, supongo que
es por efecto de la ociosidad. Los hombres c~mo tú son
imposibles de ocupar en el campo. No tomas m~erés por
nada y cuando no se galopa, no se caza ó no se ¡uega, no
se puede sacar partido de tu presencia. Creo que es por
esto por lo que persigues á Celina, pero esas persecucio·
nes me atormentan y te agradecería que las pusieses término.
Valentín se tomó tiempo para r6flexiooa:r y contestó:
-Me has pedido que sea sincero al responderte; pero
tú, ¿me has preguntado con sinceridad? ¿Me has dicho
todo lo que debías decirme? ¿Me has hecho esas preguu,
tas espontáneamente? ¿Celina no te ha hablado?
Estaba muy inquieto al pronunciar estas palabras y las
aventuraba con grandes prec~ucion~s, p~nsando que con
ellas iba á esclarecer la cuestión. S1 Celma se había quejado á la Sefiora Mossler, de lo que la creía capaz, ~qué
había dicho? ¿Hasta dende había llegado su confesión?
Según que estuviera 6 no, descubierto por ese !ad(?, su
situación sería más 6 menos irave y él tendría necesidad
de poner ó quitar grados, á su franqueza y á su to~o pa~tioo. Espiaba en el semblante de su madre adopti':a el
efecto ql)e pro1ucían sus palabras, pero ésta no mamfeetó ninguna turbación y contestó redondamente:

-Nadie se ha quejado, ni Celioa, ni los demás.
Valeutín respiró y se decidió á negar.
-Me hubiera asombrado mucho lo contrario, dijo, pero hay que esperarlo todo. Así pues ¿eres tú sola laque se
alarma? Confiesa que pudiera quejarme de esa desconfianza. Porque bromeo con esa joven, la única de la casa
que es algo alegre, se me acusa en segnida de los peores
designios. Tienes, realmente, una mala opinión de mí,
madre m ia. Sé que no soy un modelo de cordura y que
te doy con frecuencia ocasión de intervenir en mis asan•
toa; pero si es justo que me castigues por las tonterías
que haya cometido, resulta exagerado regañarme por
adelantado y condenarme por aquellas de quo estoy ino•
cente.
•
-¡ Eh I querido hijo; no se presta más que á los ricos,
respondió la ao:iana con vivacidad, y cuando se ve alzo•
rro dar vueltas en torno de una gallina, no se supone que
lo hace por enseñarla el camino del corral, Has hecho
tales fechorías, que una más no sería grao cosa para tf....
Y tienes tan buena espalda, que me pasma verte protestar porque te cargan un poco más de lo qtie tú quieres....
-No coocib'&gt; que pneden tener de reprensibles mis
bromas con la eenora de Clement.
-Nada más que esto; que á ella le disgustan.
-E~o prueba que son inocentes ......
Su marido acabará por notarlas y se ofenderá.
-¿Y por qué Federico c:ement sería tan rigorista? To·
dos los días se ve un hombre hacer la corte á una mujer
sin que el marido se ofenda. ¿No tienes ojos1 querida ma •
dre, más que para ver el matrimonio del projimo y no lo
que sucede en el mío.
La señora Mosler se mordió los labios, sus ojos se pusieron más negros bajo aus cejas fruncidas y cou voz temblorosa respondió:
-No me ocupo de tu matrimonio porque todo marcha,
en lo que concierne á tu mujer, con una regularidad y
una dignidad que ganarías mucho en imitar. Por ese lado no hay vigilancia alguna que ejercer y sólo se podrían
buscar buenos ejemplos.
-Quisiera saber por qué, dijo V'alentío, pálido de có•
lera con~nida. ¿Cri:es la virtud de Celina más frágil que
la de Enr1queta, ó tienes más confianza en la prudencia
del Coronel Redel que en la mía! ¿Cómo explicarse q.ue
ese extraño goce de inmunidades que rehusas á tu hijo?

¿Consiste en el uniforme? O le crees inofensivo por haber envejecido prematuramente en sus campailas?
-Consiste, sencillamente, en que lo creo un hombre
·honrado.
-¡Buena es esal exclamó el conde prorrumpiendo en
una carcajada. ¿Qué tiene que ver la honradez en ein;e
asunto? ¿Crees que l,¡ honradez ha impedido jaI!lás á nadie apropiarse la mujer del vecino? ¡Ah! iealmente, ma•
dre mía, me buscas una querella sin fundamento. Si el
Señor Elipbas, que supongo es á tus ojos un dechado de
todas las virtudes bíblicas y teologales, concibiera una
pasión senil por una mujer, nada le detendría y se porta.
ría como un simple sátiro; lo que sería repugname'Dte•
¡La honradez! ¡Vaya una garantía que me das! No hay
nada más relativo que la honradez. Hay quien no rob!\·
,da veinte francos á su prójimo y no dud,uía para arrui·
narle en un negocio de intereses. Se puede devolver una
cartera repleta de billetes de b:rnco encontrada en la ca•
lle, y llevarse una bija menor del seno de su familia.
¡Honrado! ¡Buena broma! Todo el mundo es honrado
hasta el día en que deja de serlo. Si yo soy peligroso para Celiaa, qui~iera yo saber porque Redel n9 lo es pará
mi mujer. ¿E-1 porque es tn amigo? La razón será perfec .
ta para tí; para ruí es insuficiente. Una de dos; 6 110 me
atormentas más pGr estas bagatelas, 6 tomo en serio las
miradas lánguidas que ese miltar dirige á mi mujer, y no
tardarás en ver lo que resulta.
La Señora Moealer no había encontrado nunca en Valer tín resistencia á sus deseos y la actitud que tomaba de
repente la asombraba. Pero con su espíritu tranquilo y
lucido no tardó en tomar un partido. Pensó: Si le apr~·
mio ahora mucho, es capaz de tenermelae tieea':l y la situación se pondrá tan violenta que podrá hab'lr uoa ruptura. Hay que evitarla en interés de todoe. Yalentín ~e
refugiará en París y su mujer tendrá que ir á r~unírsele.
Nuestra estancia en el campo se turbará y no faltarán
los comentarios sobre el suceso. Conviene, pues, allanar
las dificultades y para empezar, dulcificar el humor irritado de este muchacho poco razonable. Si tuviera su ca·
ja mejor provista, no vería la vida tan negra y aceptaría
más dócilm'3nte mis observaciones.
-Comprenderás, dijo, qne no tomo en serio lasa'tlenazas. Creo que si tuvieras que ejecutarlas te habías de ver
en grave apuro pues hay personas que inspiran, por lo

�EL MUNDO.

362

6 DICIEMBRE, 1896.

La Setlora 1\foSBler recobró toda su seguridad; miró á me encargo de que él haga todas las concesiones........ .
menos respeto y hay que mirarse mucho más antes de
-¡Ah! No me respondes rotundamente, y cuando asf
su
nuera y dijo con voz tranquila:
atacarlas. No digo que tuviPraR miedo; sé que eres capaz
eludes la cuestión ea que mi marido no te ha dado nin-¿Es también un reéuerao que quieres guardar?
de habértelas con el mismo diablo; pero hay que tener el
-No, madre mía, respondió la condesa sin que su mi- guna seguridad ...... No es él el que desea la reconciliauudor de sus actos y los hay que cuesta t.rabajo el comesino tú, y esto me indica lo que debo esperar. Teterlos porqne se los considera injustos. Tú estás descon- rada ee turbase; este retrato estii destinado á la madre ción,
obedecerá, para captarse tu buena voluntad, pero el catento porqne te be tira&lt;lo un -poco de lás riendas esta se- del coronel.
La Sefiora Mossler tuvo el gusto de saborear aquella riño que me demuestre no 3erá s'ncero; antes de qniace
mana y haceR caPr sobre los demás la irritación que sien·
días habrá vuelto á las andadas, y yo no habré obtenidonoble tranquilidad y dijo después muy despacio:
te&lt;; contra mí. Si vo tuviera tan mal caráctar como tú
-Enriqneta, puede que hubiera sido mejor no empren- por .mi buena voluntad y mi indulgencia sino una humiiríamos ha11ta Pl P·xtremo de enfatiarnos y ¡bonito resulmá@.
tado para los do~!. ........ No te he llamade solamente pa- d~r eee trabajo. Vignot es un viejo, un hombre ilustre, llación
La Sefiora Mos~ler no respondió en seguida, pero sus
ra predicartP moral; tenía también intención dP ofrecerte tu amigo antiguo y hay todas las razones del mundo pa- labios
contenían con trabajo el argumento su!oque necesitas para liquidar tu Pituación. He querido ra explicar el gusto que tienes de hacer esta miniatura. premo trémulos
que, para ella excluía cualquier otro razonamiendejarte na p0C" en el air.e dnranteunos días para que tu- En cuanto á la de Redel, ya es otra cosa.
-¡Qué! madre mía; ¿me vituperas una coea tan senci- to. Por fin no pudo resistir y dijo, con los ojos bril!antes
vieras tiempo ile reflex10nar sobre tn conducta enterade apasionado deseo:
mente torpe. Antes eras más razonable y te contentabas lla y tan natural?
-¡Eh! qué vale todo eso si la reconciliación te propor-No te vitupero, Enriqueta, interrumpió la Señora
con pPdir las sumas qne te ha~ían falta, además de tu
la maternidad. Piénsalo bien, Enriqueta. ¡Un hipem1ión. Ahora contratas empréstitos y te dejas robar Mossler; primero porque no sería justo, y después por- ciona
jo! Un hijo que sería nuestro, que llenaría nuestra vida
l)Or los usureros. Esto Ps lo que me contraría. Tienes ac· que mi cariño hacia tí me lo impediría aun estando en que nos haría prescindir de todo ...... El no nos sen~
tualmente nn -pasivo de tres millones seiscientos mil mi derecho. Pero puedo somi&gt;terte una observación, sin
francos, pegún las cuentas de Eliphas, y estoy segura de vituperartP, y he expresa&lt;lo, con todas las atenuaciones traidor, le educaríamos á nuestro gusto y si era ingratoque no bl\S recibido en dinero contante más de dos mi- posiblt&gt;s, el temor de que nna intimidad demasiado apa- andando el tiempo, nos daría, al menos, la felicidad durante su infancia. Enriqneta mía, sabes que te quiero
lloneR, ¿E~ esto conveniente? nada me ~mporta darte rente con Redel puerta ~er obj..to de críticas.
La condeEa sacL¡dió su rubia cabfza y dijo con sonrisa como si fueras mi verdadera hija; pues bien, me serías
más ó menes dinero todos los afioF; no tienes más que
ci,en veces mas querida si vii&gt;ra .en tus brazos un querualtanPra:
pedirlo· pero no te dejes robar como un simple,
-Bien sabes, q11erida madre. con cnanta deferencia bm blanco y rosado...... ¡Oh! p1én!:'alo, esa es la sola aleVale~tfo, cuya cara Ee había dulcificado paulatinamenacepto todo lo que viene de tí. Si ju1-gas que bago mal, gría que existe para una mujer en el mundo.
te, diio Pn tono más amable:
Ante aq11ella ardiente confesión de sus esperanzas 88•
-1\fochas gracias madre mía. Estaba, en efecto, muy me inclinaré sin disensión. Pern si es otro el que tiene
contrariado por no podPr pagará los prestamistas que me que decir algo de mi conducta desdeñaré su opinión y ere as; ante aquella explosión de egoísmo sublime por ¡0 .
condesa se estremeció. El rubor subió á su
han dado im dinero. T,mía compromisos y era penoso seguiré haciendo lo que me plazca. Tengo por regla ab- sincero,y la
dijo, con voz en la que trataba en vano de apapara mí faltar á ellos. Cuanto más despreciables sean soluta no contrariará !o quP se venera y se quiere y con- frente
gar la indignada vibracion:
esas peraonai,. más creo que se debe exagerar con ellos la siderar nulo el juicio de los demás.
-Madre m(a, tratas de disponer de mí como de las ga-Hija mía, la independencia es muy hermosll, pero
delicadeza. No encontrarme dispuesto, en el momero to
preciso. á pa~ar á esos tunantee, era para mí el colmo de no llevada más allá. de lo qne conviene. Además de mi llinas de tus corrales. Un retoño, no importa cómo ni
persona, con quien aceptas amablemente una gran co• casi con quien, siemp~e que lo ter.gas. En conciencia, no
la humillación.
-¿Tn pensión no es suficiente? ¿Quieres que te la du- munión de sentimiento@, existe tu marido para partici- comprendo la matermdad como tú. Yo la quiero rodeada de lM_~tenciones y de los re!lpetos 11,el padre; pero tepar de los inconvenientes de la crítica.
pliqne?
~
Enriqueta frunció las cejas y dijo, con bastante emo• ner un h1¡0 de un hombre á qurnn desprecio, que habrá
-Te Jo agradecería roncho.
dejado una querida al venir á encontrarme y que me de-Está convenido. 1A.hl Si tú me dieras gueto en una ción esta vez á pesar de eu fuerza de carácter:
-¡Oh! J.,1i marido no es sensible á las cosas qne me jará para buscar otra, me harfa enrojecer como la más•
cosa; si rne presentaras un dfa un heredero de tu nombre, ¡qué caro te lo pauarfa! Podrías ponerle en una ba- conciernen; lo ha probado mu v bien, y le creo indiferen• degradante humillación. ¿Y qué sería ese niño, concebido entre dos caprichos galante@, al salir de una fiesta
lanza y vo ponJríl\ enºPI otro platillo su peso en bille~e te í Jo que yo pueda hacer de bl1eno ó de malo.
-Eso indica una gran amargura y un gran desconten- y no en el recogimiento tierno del amor, sino en la preo:
de mil flancos y af'íadiría todavía los más hermosos br1·
cupación venal de los intereses? Un corazón ligero una
to, hija mía..... .
liante~ qne se pn&lt;l;eran encontrar para la madre.
cabeza vacía y, más tarde, un libertino como su padre
-Muy justificado.
Valentín se echó á reir.
¡ Líbreme Dios de darle la vida! Prefiero permanecer ee:
-¡.Has recibido tan serios agravios?
-Par11 PSO hubiera sido preciso no darme una mujer
-Tu asombro consiste en que nunca me he qi:,ejado. teril, eola, abandonada, á ten•r que llorar un día por haque e_~ sólo espíritu y que no deeciende á la mat~ria. ~i
lnR hijos SP formasen en el cerebro, como le sucedió á Ju · Quería y auiero respetar tu tranquilidad. ¿De que servi- ber producido un desgraciado más.
-¡Oh: dijo la Sefiora Mossler con amargura· me nieniter con Minerva, podría usted contar con Enriqueta. rían, además, mis recriminaciones? La situación no cam- gas
lo qne era la suprema esperanzr de mi vida:
Pero ea una persona demasiado quintaeeenoiada para mí; biaría por eso. Con-:iene, pues, bajo todos aspectos ca-¡Bah! Si quieres absolutamente un nifio, exclamó
no estoy á su altura y se puede apostar que no lo estaré llarse.
La Sefiora Mossler inclinó ~u blanca cab-:iza y reflexio- Enriqueta arrebatada por la cólera, manda al conde de
nunca.
-Me parece. sin embargo, que podrías ocuparte de ella nó durante unos instantes. Del parque subían los gritos Contras que adopte uno. Así te devolverá lo que le has,
de los bateleros ocupados en sacar lae redes, y la activi- dado. P~ro no insistas en hacerme víctima de tus planee
un poco mw. Es joven, encantadora........ .
dad alegro del exterior hacía resaltar el silencio pesado de sucesión. Valgo más que el papel que tratas de impo-Sí. mamá. pero su encanto es frío.
de la habitación y acentuaba el contraste entre la vida nerme y no he entrado en esta casa únicamente para Ja.
L11 Seiiora Mossler movió la cabeza con desilusión.
.....•
-BiPr veo que en la vida no basta cuanto se hace pa- libre y descuidada de los pobros y la existencia llena reproducción
La Sefiora Mossler palideció, las lagrimas acudieron á
ra qne los sucesos ocurran de un modo satisfactorio. Es de sobresaltos de los ricos.
-Sé, dijo la Señora Mossler, que Valentía no ha sido sus ojos y di jo, acercándose á la joven:
urPCiPo contar r.on lo imprevisto, que descompone lo~ me-¿Tan gravemen_te te ?e herido, Enriq1;1e.ta, que mejorP11 ulanes. Uninndo un Joco como tú c;&gt;n esa joven ra- un modelo de cordura y que puedes dirigirle acusaciones
respondes con tal v1olenc1a? No era tal m1 mtención y
zonable, "reí mejorar tu11 disposiciones y volverte más por su ligereza, pero no esperaba encontrarte tan he- te
ruego que me perdones.
juicioso. T,odo ha resultado al revés, y las mismas cuall- rida.
A estas palabras, en las que brillaba la natural bondad·
-Es
que
me
creías
menos
enterada
de
lo
que
ha
hecho.
dades qne había buscado, sirven de obstáculo á mis deDesgraciadamente no me ha dejado ignorar su conducta, de la Señora Mossler, la conde~a sintió disiparHe todo su,
PeoR. Si tP hnbiera escogido una mujer tan frívola como
resentimiento y dijo, a rrojándose en los brazos de aquetó. acaso la hubieras adorado. Empiezo á creer que no pues ha hecho alarde de ella con tan completo olvido de lla generosa mujer:
r.onviene ~xa~erar la prudencia ......... Pero yo hablaré á lo que me debía y se debía á e( mismo, que le he encon-No; no tienes de que exc11sarte. Soy una loca al abanEnriqupta. Puede que, por su parte, sea más severa de trado con mujeres perclidas en pleno día y en los sitios donarme á este arrebato; pero es que, de todos los asunmás
frecuentados
de
P.arís
......
Nunca
he
podido
dudar
lo conveniPnte.
- ¡Oh! Yo no la acuso, madre mía, y me contrariaría que me engaliaba. Me he limitado á cerrarle la puerta tos, este que has abordado es el más penoso para mí. Sébien que negándome á tus deseos, engaño tus espeen extremo que pudiera creer que me he quejado de ella. de mi habitación, -pues soy demasiado orgullosa para muy
y no pago mi deuda hacia tí, que me has cogido-PuedPs estar tranquilo. No diré más de lo que deba. quejarme de sus infidelidades y deJJ?asiado delieada para ranzas
pobre y sin porvenir para pagar mi fecundidad con r iVal•mtfn tomó estas palabras por una despedida. En conformarme á a1ternar con las mu¡eres en cuyo prove- qu~z_as, con lujo. con eleganc~a. No pu~des, sin embargo,
realidad. habiendo conjurado la tempestad que empezó cho me era infiel. He recobrado, pues, mi libertad, y exigir de mí todas las concesiones y nmguna de mi m apor amenazarle y habiendo conseguido las sumas que pe• aunque estoy decidida á uear de ella, reeistiré toda tendía en vano hacía una semana, no tenía que hacer más tativa que tenga por objeto limitármela. Estoy rodeada rid.). No merezco estar á la disposición de tus fantasía&amp;
y an~~ que presta~me á ellas -preferiría alejat que marchara". Se aproximó á la Sefíora Mossler y dijo, de nnos cuantos amigos adictos que me hacen olvidar pasajeras,
con las satisfaccianes del espíritu mis decepciones del me de aquí y v1v1r en. la medianía, pero mdependienteJ
cogién1ola la mano:
corazón. El Señor Redel es de los mej.&gt;res, de los más respetada.
-,.No querías nada más?
Lo que pedía era tan justo y tan noblemente pedido, -,-Olvidemos las co8as desagradables; pero está conve- estimados, y no dirás que es di, los menos estimables; estaba
al hablar as( tan bella, con su pudor sublevado .
niiio q11e me complacerá:! en lo que se refiere á Celina. tú misma me Je has presentado; no veo, pues, qué se que la Señora
Mossler vió perdida sn causa. En el fondd
Valentín no reRpond1ó más que con una inclinación de- puede criticar en nuestras relaciones amistosas, y te pre- de su conciencia
se levantaba una voz que decía: «Esta
frentP; besó la mano á su madre adoptiva y desapare- vengo mny afectuosamente que no toleraré que se enmnjer tiene razón; la has comprado para tu hijo y ea él
ció. La Sefiora Mossler s,n perder tiempo, quiso realizar cuentre en ellas nada reprensible.
-Mi qnerida Enriqueta, nadie piensa en forzar tu vo- quien la ha desdeñado. Nada le debe por lo tanto. ReRu proyecto y se dirigió á la habitación de la condesa. Sená tus !)álculos, abandona tus proyectos; pero no
tada cerca de la ventana, al lado de una mesa, Enriqueta luntad y Valentín no me haba de tí sino para elogiarte. nuncia
hagas á es.;a ¡oven responsable. La causa de tu decepestaba pintando con gran atención una miniatura. Era Soy yo quien se qu.._ja de ese_ !\lejamiento que acauas de ción es el otro. el feroz libertino de corazón helado y caun retrato de Vignot, puesto en un marco azul celeste en explicar con tu claridad habitual y que tanto me comf'l q11e estaban bordadas las notas musicales. La cabeza placería hace_r c..sar. E~ cierto que las_ ~nipas de V_alen- beza vacía.» Y profundamente triste, la Setlora Mosalerde Padre Eterno d~l viejo ma~stro lla..uaba la atención tín para contigo son senas, pero yo, v1e¡a ya y que ¡uzgo se inclinó resi~nada bajo el peso de una nueva p ena y
A su nuera:
por su parPcido. Al ver entrará la Sefiora Mossler, En· fríamente las cosas, no me parece que son imperdona- dijo
-Tienes razón, Eariqueta, soy una egoísta. Jamás me
riqueta dejó su obra y se levantó sonriendo. Estaba vea• bles. A medida que avances en la vida, hija mía, compronunciar palabras semejantes. Vive dichosa,
tida con una bata de seda tornasolada, con adornos de prenderás mejor cuán necesario es mirar con indnlgencia oirás
punto de Venecia. y sus hermosos cabelloa dorados, de á los hombres en general y á los maridos en particular. querida hija, ya que la libertad substituye en tí á la.
naturales ondulaciones, avaloraban su tez rosada y sus Sé que e@ culpable, pero ¿eres tú inocente por completo? dicha.
La condesa ofreció su frente á la anciana y respondióojos negros. Resultaba de ese modo de una bdleza altiva ¿Estás bien segura, hija mía, de no haber sido con él deque daba un poco la razón á su marido cuando hablaba ma;iado indifereate y de haberle dado las alegrías que con ardiente efusión:
-¡Gracias!
de su frío encanto. Más que una simple mortal, parecía él ha querido buscar en olra parte? Bueno es que el esCon su paso silencioso y ligero la Señora Mosele• se
píritu predomine sobre la materia, pero es preciso no ha•
una diosa ó una reina.
cerse demasiado etérea, porque, entonces, el marido, alejó.
-1C6mol querida madre; ¿ya en movimiento?
vive sublimado hasta el cielo, busca á en mujer
A la misma hora, en el terraplén del jardín, al aire li-¡Ohl no eres la primera persona con quien hablo hoy quelanotierra
y, si no la encuentra, se va á buscarla Dios bre y al abrigo de loa indiscr,itos, .i quienes se pod,a Ter
J&gt;')r la mañana, mi hermosa Enriqueta; tu marido acaba en
eabe dónde. En suma, querida mía, de todas estas confi- venir desde lejos, Valentín logro coger sola á Celina, que
de tener conmigo una larga conferencia.
dencias resulta que entre tu marido y tú hay una difeLa condesa no pestafieó. Parecía decidida á no ocupar- rencia que te suplico con insistencia procures hacer había bajado con su marido para ver las peripecias de la.
pesca. Federico se adelantó hasta la orilla del eatanqua
se de lo que se refiriese á Valentín, y la reserva de su acá fin de contemplar los arg;,ntados peces que se agitaban
titud fué tan acentuada, que la Señora Mossler se quedó cesar.
Enriqueta se quedó, á su vez, pensativa. No podía des- en las relucientes mallas, y Celina se sentó, preocupada
algo indecisa. La anciana dió una vuelta por el cuarto y
conocer las buenas intenciones de la S..ñora Mossler y le y triste, junto á la ba:austrada de piedra. Un cálido ra•
dijo, al ver sobre la mesa la miniatura:
repugnaba deEcubrir su pensamiento completo respecto yo de sol entibiaba el aire y la joven, gozando de aqnel
-¡ A.hl Es tu ami~o Vignot ...... ¡Cómo se le parece!. .. .
de Valentín. Prometer una modiñcación en su actitud le dulce calor, miraba distraídamente el espectáculo que se
¿Es un regalo que piensas hacerle?
-No, querida ma:ire; estoy haciendo este retrato para parecía una debilidad y rehusarla un mal proceder. Su ofrecfa á sus ojos, cuando un ruido de pasos le hizo volmí. Quiero conservar un recuerdo muy exacto de este naturaleza leal no se resignó, sin embargo, á un engafio ver la cabeza. Lanzó una exclamación y se puso pálida;
Valentín estaba detrás de ella. La joven hizo un moviy quiso ser franca haPta el fin.
admisable artista.
-Madre mía, si no comprendo mal lo que me acabas miento para alejarse, pero él la cogió familiarmente por
-¿No tienes más que esta miniatura empezada?
Enriqueta abrió un cajón y tomando una hoja de de decir, lo que deseas es que reanude con mi marido el brazo, sonriendo y la obligó á permanecer sentada.
los lazos que él ha roto. ¿Me haces esta petición con su .!.l mismo tiempo dijo:
marfil:
-Cuide usted de no agitar3e mucho; se nos ve desde
·
-Tengo ésta, dijo, del coronel Redel ...... Pero no está · asentimiento?
-Dime g_ue estas dispuesta á una reconciliación y yo todas partes. Prevengo á usted, además, que si trata demás qne b'&gt;~quejat!:i.
0

6

DICIEMBRE,

1896.

-escaparse, la detendré á la fuerza suceda Jo que quiera
Me iratl;\ usted como enemigo; n~ le extrañe que hag~
yo lo mismo.
Celina_ perm~neció at~rrada delante de él fa11.a de aliento, los o¡os vacilantes, lll~J!az de tomar una resolución,
tt:mblando como un pa¡anllo fascinado por una serpiente.
-Es necesario a~solutamente que tengamos cinco minutos de conferencia. A solas no será usted acaso tan
osad~ como delante de testigoa, y en todo' C!'so podré
ex¡:hcarme claramente.
'
La joven contestó con voz ahogada:
-:-¿Pretende usted obligarme á escuchar lo que no
qwero?
-Más aún, Señora; pretendo obligar á usted á responderme.
.
-¿~eré libre de alejarme de usted cuando haya respondiJo?
-Perfectamente.
-:-Entonces pre~unte usted de prisa.
Vatentín mostro una sonrisa zumbona.
-No se puede ~cusar á usted de hipocresía ni de disimular sus 1mpres10nes. Ante tal declaración debía no
tener nada que preguntarla, si estuviera bien' seguro de
que n? se engaña usted á sí misma.
La ¡oven enrojatió de cólera sus labios se crisparon y
con una_fuerza de indignación que la p0nfa fuera de sí
respondió.
'
-¡Oh! no. Soy mur eincera, muy coneciente y estoy
muy segura cuando digo á usted que le desprecio y que
~e execro. Es usted el más miserable, el más vil y el más
msolente de los ho~bres, y si yo pudiera arriesgar mi vi.
da contra la suya, mtentarfa matarle con la más completa alegría.
Después siguió callada, llorando y con el pecho agitado
gor los sollozos, no queriendo rebajarse á reconocer que
abía allí un hombre que acababa de injuriarla.
VI
A consecue~?ia de estos inci.lentes, resultó muy claro
que la expeu1c1on ?ªrupestre de los sefiores de Contras
á la Chapelle-Sauv1gny n~ sería ya muy duradera. Los
seflores de Cleme~t volvieron á París y el conde cesó
completamente de ir al campo. Valentín se instaló en su
casa como solte~o, ~on un solo ayuda de cámara. Comía
ª!1 el club y se limitaba á pedir todas las mañanas notiCJ.aa por teléfono á casa de su madre. Enri;¡_ueta y Jase•
fiora Mossler retuvieron aún por una eemaua á Redel á
Vign?t Y á Ferrand y después se encontraron solas. No
les disgustaba esto, pues sabían cupar bien su tiempo y
~o c~nocían el aburrimiento. Pero la señora Mossler
lllqUJeta por lo que haría Valentín, propuso á su nuer~
el. regreso á París, á fin de octubre. La condesa no tenía
nmguna razón pa1a J?Brmanecer allí, puesto que no iba
al campo por moda m por economfa. El argumento de
que París está dE;Eierto en o~tubre no tenía valor alguno
para. ella, Y vol v1ó á la avenida de Friedland con toda su
e~rvdidumbre, lo que puso fin á la d :liciosa independencia el conde.
Hacía u_n mes que yalentín había olvidado por comple•
to que existía su mu¡er, pero no que no existieran las de
los de.más. En ma_t~ri_a de sentimiento, aquel caballero
rsencial!111:~te p0S\tlVISta, practicaba el sistema del simi•
is cum similibu.s y siempre se había curado una decepción
amorosa cou una nueva aventura, con lo que Je había ido
~rf~ctamente. Hasta entonce&amp; había vivido con la conb~cc1ón. de que una mujer vale tanto como otra y de que
1en mirado, con un poco de imaginacióa 88 consigu~
cd ómodamente olvidar á una infiel en ocho' días al lado
e otra bella de mejor voluntad.
'
d Esta homeopatía del amor fué enérgicamente practica. a por él desde su regreso :i París, y para curarse de Cehna l!!~ puso á punto de envenenarse con una encantadora p~ruana, la sefiora Semaraes, que pagaba la buena
acog.1da que le h!'bfa dispensado el mundo parisiense repartiendo reflexivamente aJ9unos favores. Va!entín, que
era de l~s que po~f~n ~er utiles á la buena extranjera,
~ué acogido con d1st1_nción. Imposible encontrar más lina morena qll:e ~osita Semaraes, por lo que Valentín
creyó, por yemt1c1;1atro horas, que había contraído, no
una fiebre h~era: SIDO un fuerte delirio. Pero, repentina"
ente, c~&gt;ns1dero á la peruana como la grippe y se decla~
r á E.Í mismo :iue era 1mpos1ble ocuparse por más tiempo de aquel br\llante y estúpido papa&lt;&gt;'ayo.
d
.día, Justamente, había encontrado á la mujer
e
er1co, que pasaba en coche por los Campos Elí·
Se fué á ~om~r 31 club, triste como jamás lo estuvo
es _e que nació, y no dijo esta boca es mía durante la
comida.. La facundía de Fleurichamp, un bolsista de
t'eg_1a magotable, no logró arrancarle una sonrisa. Em.uti o en uno de los anchos sillones del salón fumó un
cigarro, Y, como la partida de juego no empe;aba hasta
1as once, se fu~ á h~cer tie1!)pO á los Bufos, donde se ha~a una obra d:i ver~1da s!'lpiconada de mujeres desnudas.
ncontró la pieza maíp1da, la música nula y las cómicas
absolutawente repugnantes. A las doce volvió al círculo
ee puso á tallar sin dar á nadie las buenas noches á J.&gt;B'.
sar &lt;l;e que estaba rod~dc de amigos, sacó en vei~~icmco mmutos ochenta mil francosá los puntos petrificados
Y ~c~ando las fichas en el sombrero, se levantó sin deci~
1&gt;a a ra, después de haber causado aquel desastre.
Po_r la mañan~ se levantó con la cabeza mortificada por
una Jaqueca funoEa y, poco acostumbrado á sufrir se
sentó al lado del balcón, lánguido y disgustado. Su a'yuda dí dámara, James, que tenía toda su confianza y le
serv a ~ un modo muy agradable, se aventuró á reguntar s1 el setlor conde se ser.tía indispuesto y si qu~r(a
dea¡¡dn~s_e, :r Valentín se proporcionó el alivio de llenar . . e .mJurllll! J'. de amenazarle con toda clase de violencias s1 no le de¡aba en paz. El criado desapareció y
un cuarto de hora_ después el conde le llamó con furia
¡ara pregu1;1tarle s1 es~aba l'?()O al no traerle con qué vest lr ;para sal_ir. J~mes, impasible, ensefió á su señor siete
ra¡es see-wdos BID conseguir que eligiese uno· por fin el
octavo obtuvo su aprobación y, á eso de la u~a, Valentfn descendía los Campos Elíseos con el estómago vacío,

6

-\,4:iel
~eod

ELMUNDO.
las piernas débiles, la cabeza embrollada y á pie. Se detuvo en casa de .Mq.xim's, pidió un pedazo de pollo y una
~a de !,é, y reammad? por aquel refrigerio, se dirigió
mconsc1entemente hac1.a la casa de los señores de Clement.
. Ad v_irtió que había llegado antes de darse cuenta de la
dirección en que an_daba, ent~ó y preguntó si la señora
estaba en ca8a y recioía. El criado se alejó. Valentín es•
peraba que 1~ cerraría_n la puert;;, -pero con gran sorpresa ª1!-Yª, f~é mtroduc1do en el salón. Reinaba allí una
sem1oscuridad reposada y Valentín se conmovió ante
aquella tranquilidad y aquella penumbra. Le pa•eció
que todo aquello e~a el medio que conven fa á la delicada
Y. encantadora Ceh!la y se ªl?oderó .de él una especie de
~1erno. re~peto que ¡amás hab1a sentido por ninguna mu1er. S1.m1ó, á poco, el ruido de frescas risas y unas voces
mfant1les; la puerta se abrió y apareció la sefiora de Clement, con su hijo y su hija.
Los tres formaban un grupo de inocencia y de honradez que parecía indisoluble. ¿Cómo separar aquella ma·
dre de aquellos hijos? ¿Quién sería bastante audaz para
co~~rla en medio de ellos? Allí, en aquel terreno de familia Y teniendo por aliados aquellos ángeles de dulce
cara Y blond~ cabAllera, Celina tenía que ser invencible.
Este pensamiento cruzó por la mente de Valentín como
un r!llámpago. Comprendi6 que si le había recibido, lo
habia hecho para mostrarse á él en toda su fuerza y hacerle comprender que prefería á toda pasión por ardiente que fuera, la ternura de sus hijos. Así lo' expresó tan
clar:lmente con su sonrisa triunfante mientras avanzaba
hacia él, que Valentí!1 palideció de' dolor. Con mucl&gt;a
calma Celma lt:.of~ec1~ la mano, por vez primera desde
el día fatal, Y: d1¡0 md1cándole un asiento:
. -Iba á salir, p~~o no he querido perder tan buena ocasión de tener n?t1cias de Enriqueta y de la Refiora Mossler. ¿ Las ha de¡ado usted buenas?
-Me han ~icho _ellas mismas esta mafia na, por teléfon?, que todo iba bien en la Chapelle-Sauvigoy. Todo lo
bien, al menos, que puede ir una casa en la que usted no
está.
Celina sonrió con melancolía.
-¡Oh¡ "(o no no era una hué-;peda muy alegre ...... y
estos quendos pequeños me llamaban á París. Habían
vuelto ~e casa de s~ abuelo y se aburrían sin mí.
La mua, una rubia de t~es años, estaba abrazada á su
mailre Y con sus grandes OJOS azules miraba atentamente
á Valentín. Este le tendió la mano y con aquella voz á
!a que. sabía d_~r, cuando le convenía, tan acariciadoras
m!l.ex1ones, d1¡0:
-¿Q~iere~ venir á darme un beso. bonita?
La mñ_a hizo ~~ ~~vimiento para ir, perQ la contuvo
u~a pres.1ón casi mv1s1ble de las manos de su madre. Al
u•1smo tiempo respondió Celina:
-Es muy huraña...... No se deja acariciar más que por
su ma11:1á y su papá...... ¿Verdad, Ninette?
.
La mñ.a rodeó co1;1 sus bracitos el cuello de su madre
Y, camb1ad~s ,sus ideas por aquella afirmación que le
agradaba, muo á Valentín desde su sitio con un aire de
burlón desafío.
- Veo que es muy vbediente, dijo el conde no sin
amargura. Ama á usted tiernamente, como usted merece
ser amada..... .
Celina n? p~reció notar el doble sentido de la frase pero respondió sm embargo:
'
. -Por eso pro~ura no disgustarme. No se prueba el canfio más que evitando toda pena al que se ama
Valeµtín suspiró y dijo con voz ahogada:
······
-A11uí, en est~ cuadro de vida íntima, es preciso verá
usted para apr.eciarla. Lo_s que no conocen en usted más
que la elegancia· y la gracia que muestra en sociedad no
saben. todo el ~n?anto que hay en usted......
'
Celm~ e~ro¡ec1ó á estas palabras, que no disfrazaban
los aent!m1entos d~. Valentín, y se sintió mal para oírlas
en medio de sus h1¡os.
-Pero, ahora que me ocurre, interrumpió mi marido
debe estar todavía en casa y sentiría segu;amante no
ver á usted.
'
'
La jov~n t~ó C0!3- la mano en el hombro á su hijo.
-Dame), mira si está tu padre en su cuarto y dile que
hay ª°: el sal~n una -persona que le gustará mucho ver.
El n!fio sahó corneado. Hubo un silencio que interr1;1Jllp1ó e l conde diciendo casi en voz baja como á sí
mismo:
'
- ¿~I obstáculo n~ era s1lficiente? ¿Hacía falta ot.ro?
La J?Ven no pareció haber oído. Era evidente que eataba dispuesta á no hacerse cargo de lo que hubiera de
al.armante ó de escabroso en las .frases del conde. 1'.:ste
hizo un ademán de despecho y dijo:
-Pero ¿qué importa, cuando se estii decidido á vencerlo todo?
Aquello era una renova?ión de la declaración de guerra, á la que ella respondió por una mirada de cólera
¡Cómo! Ilpn su c~aosaba amenazarla todavia! ¡Cuand~
había tenido el cmdado de enseñarle cuanto podía hacerle ~omprende~ la loc~~a de su tentativa, persistía en ella!
Se mch_nó hacia su h1¡a y sumergienio sus labios en el
oro páhdo de aquelJa cabecita, preguntó:
-¿Qué se hl;We con los niños desobedientes Ninette?
-Se les castiga.
'
-¿Y si no se enmiendan?
-Se les deja sin postre.
-¿Y ei eso no basta?
-Ento~cea se lee mete en un colegio, como dijiste un
día á Dai:i!el, ~ra que no vean más á su mamita.
-Sí,_ d1¡0 Cehn:i, eso es; obedecer ó salir de la casa.
Y m1~ó tan altivameate á Valentín al formular esta
sentencia, que el conde no pudo dudar de que aquella era
la respuesta á su deeaf!o. Pero le faltó tiempo para responder, porqne Federico Clemententró con Sil hijo El
cond~ se leva~tó para ir al encuentro del banquero ·y puso c~1dado en rnd1car que ya se marchaba porque Ja presen~1a del marido le pareció insoportable.'
D1spelli!e 11,¡ted que le haya distraído un momento de
SllBh n egoc1os, p~ro no he querido marcharme sin estrec. ar1e la mano.
-¿Tan de prisa está usted?

363
-~a sabe usted que no hay gente más ocupada que
los ociosos ..... .
• .A.1 ~abiar estaba examinando á Federico y pensaba: Es
1mpos1ble que ella ame á este áspero y deslucido purita·
no. ¿0611:10 ha de gustarle este experto en contabilidad
que no piensa má!! que en sus liquidaciones? Venctrá un
JJ?0rdento en que la y,:ilveré ácoger á pesar de su resistencia, y qued:irá de~mt1vamente conquistada. De este modo toda la 1mpres1ón favorable del aparato escénico dispuesto P?~ Celina, ~e borró en Valentín, que aacó de
~uelia Vl8ltf;\ resoluciones más osadas fJ.Ue nunca. La mu¡er de Federico lo sospechó porque su semblante se. puso
B?mbrío y ~us. facciones ~elicadas tomaron una expresión de sufnm1ento. Suspiró y cogiendo á su hija como
para su_straerla al contr.cto del conde, -hizo un ade~án de
despedida.
-Ahora que dejo á usted con mi marido me voy porque es la hora ~e J!evar. á paseo á mis hijo~,
'
Valentín se rn.clrnó sm resl?onder y 6iguió con los ojoa
la encantadora s1!11et~ de Celma que se alejaba arreglando su paso al de. la mfia. La puerta se abrió y la joven
madre desapareció en la penumbra de la pieza vecina.
-¿Va uste~ esta noch~ á la Chapelle-Sauvigny? preg.nntó Feqenco por decir algo, porque se encontraba
s1.empr1: violento, delante del conde con el cual no tenía
muna idea comun.
. -No. por cierto, respondió Valentín. Las noches son
mtermrnable!: en el campo. Después de haber jugado una
docena de partidas de piqu_et ó de whist con la sefiora
~ossler, ve uno con angustia que no son más que las
diez. Las señoras se acut&gt;stan y se queda uno solo
compafüa de un cigarro. Es para morirse.
' en
- Y después. el círculo le retiene á usted
-¡Oh! no. M~ aburro allí y, fuera de la~ hora, de e0 _
mer, no voy casi nunc.a.
.-S~ dice, sin embargo, que talla usted bancas extr~ordmarias ..... .
-¡Ba~! historias antiguae...... ¡Eso se acabó!
-¡Me¡or! porque esas antiguas historias afligían á sus
buenos.amigos. Una.persona del nombre yde la valía de
usted tiene cosas me¡ores que hacer que manejar Jas cartas para gan~r ó p~rder sumas que no pueden hace ¡8
más pobre m más neo.
r
La f~en~e del conde se contrajo, pero hizo un esfu
Y cons1gmó.desarrugar el entrecejo.
erzo
-;-iAhl_ ~1ene usted mucha raz?n··· ·:· En adelante no
qmero v1v1r más que para las sat1Bfacc1ones intelectuales
Y morales .... :. Los goces del alma y del cora·.ón, esto es
lo que yo qmero. .... : Iré á los sermones y no me ocuparé
más que de una mu¡er ..... .
-¿La de usted?
-Si es posible. Hasta. la vista, querido. Anuncie usted estos buenos propósitos al señor Eliphas. Si ¡08 cree
le complacerán......
'
- ¿Y por qué no ha de creerlos?
-¡Ah! Es muy excéptico en lo que á mí se refiere
-Pe~o dese!' mu~~o cambiar de opinión.
•
-Ad1óe, adiós, di¡o Valentín alejándoee. La virtuosa
at~ósfera de esta casa obra sobre mí. Siento que me
me¡or~ á marchas forzadas ...... Un poco más y será ya
demasmdo..... .
Se echó á r~i~ y, abrien~o la puerta, bajó lentamente
la escalera, diciéndose: Tienes, amigo, un aspecto de
p_astor echanqo ser~ones que me fastidia hasta lo ¡
.
s1ble. Tu mu¡er me mdemnizará.
mpo
Se hizo 3!1iduo concurrente á los sábadoit de la condesa, que abnó de nuevo su salón á los amigos en cua t
!legó á París. Allí e1:1contraba á Celina, que no podía de~
¡ar bruscamente de ir á casa de Enriqtleta pero v J
tín n_o la hab:aba más que lo preciso para ~o parece:
polít1co. La se~ora Mossler, que seguía con la vista á
Valentín, se de¡ó enga~ar por esas apariencias y ere ó
firinemente que el C!'pncho del conde había pasado ~8
lo que se mostró satisfecha.
'
Valentín, siei'l.pre fiel á su sistema homeopático t
taba de ocupar eu fastidio con distracciones amo:os~:Un día_ en que se paseaba i,or el boulevard, encontró e~
la esquma de la calle de [,epeletier una muchachilla de
belleza. B?rprendente qu~ iba trotando sobre unas botas
muy v1~¡a~ y con una ca¡a de cartón al brazo, y la siguió
P?r cur1~s1dad, pues era una criatura qu., apenas tendría
diez Y s~1s afies y con lf:l más adorable cara de madona
que pudiera sofiar un prntor. La obrera Je condujo á 1a
ca!le qe Ramey, t:n Montmartre, ante una sucia casa de
sel8 pisos, decrépita y l~prosa, en cuya fachada unos tubos de plomo escupían las aguas fétidas de las coc·
La muchacha se metió, con listo meneo de faldas mas.
una puerta Y: se perdió ~n el obscuro corredor, mie~lt~!
Valentín, mirando hacia :lrriba y con los pies en el barro, buscaba en vano el p!SO en que podía vivir Ja enea _
tadora obrera.
n
. No ~e p~tó á o~servar, pues disponía de nn medio de
mvest1gación de rnfalible seguridad. Tomó nota en
de sus tarjetas, del nombre de la calle y del nú~erouda
la casa, y con el bastón debajo del brazo se volvió ai
centro de P~rís. Por la noche, en el círculo, antes de
empezar el ¡~ego, se hablaba de mujeres en l'ln
uefio
gr~po de amigos y el rechoncho Bache!et, para [~n no
e:ustía el placer como no costase de doscientos pesos en
ª?elante, esta~a tratando con calor la importante cuestión de los ba¡os refinados y lujosos, cuando de repente
Valentía, _que había.escuchado la convereación distraí•
damente, mterrumpió á su amigo y dijo:
-En resumen, toda esa argum~ntación consiste en
declar:lr que una fruta pasada, envuelta en encajes es
preferible á 111:1-3 fruta e~ sazón envuelta en un si~ Je
pa~I. Pues bien, se equivoca usted. -a fruta vale por
sí misma; la envoltura no se come. Vea usted hoy ph
El?Contrado u1:1a modistilla que llevaba unos ve'¡nte cén~
timos de vestidos en el cuerpo, unas chanclas en ¡08 pies
que hacía~ ll~rar y una toca de perro sabio en la cabeza
Pues la ch1qwlla era encantadora. Pueden ustedes
:
ner á su lado t?das las Bertas de Fontenoy y todas ~
Andreas de Taillebourg, y ve!án Jo que resultan.
-¡Oh.1 Nuestro noble amigo cae en el amor cana
11ezco.
-

i'.:~

�364

EL:M:UNDO.

6

DICIEMBRE,

1896•

grande era su emoción. Durante algunos segundos ofre•
colación publicó entre sus noticias estas líneas en apa- ció á Enriqueta, desolada, el eepecr.áculo de una vercla-No caigo tal. Os trado7.Co una sensación que he ex·
riencia inofenei vas, pero pérfidas en realidad:
dera agonfa moral.
perimentado, y ee, que la bdlleza lo ee por si sola, sin
11rn salón de luto.-Se dice que el coronel Redel ha
Quedó aterrada al penet.rar bruscamente en aquel al•
ninguna ayuda, y que vuestras pretensiones de elegan· sido designado para el importante cargo de jefe de Esta• ma basta entoncee cerrada y cuyas profundidades podía
cia le son mútiles, por no decir perjudiciales.
do mayor del cuerpo de ocupación del Tonkin. La elec• sondear en aquel momento, y sintió un dolor imprevisoo,
-¿Lg, moza de mesón, entonces?
ción no ha podido aer más acertada, pero ·¡cuánta pena una compasión no sospechada. Al fuego de aquella pasión
-No exageremos.
•
va á causar la partida del brillante oficial en el gan mun- sincera, se estremeció dentro de ella la mujer que nunca
-Oiga usted, Valentín: ¿sabe usted el efecto que me
había amado. DE&gt;jó de verá Redel bajo su aspecto a.coa·
do parit!iense!11
hace·.• ~I de un estragado que busca sensaciones originaEl mismo día, á las seis, se presentó Redel en casa de tumbrade y le pareció, de repente, q11e era otro hombre
les ...... Hace un momento nos hablaba usted de las fru- la condeea, que recibía generalmente á. sus íntimos á la y que s0 manifestaba con otra fisonamía, con otro aire,
taa pasadas; desconHe uated de las verdes.
caída de la t.arde. Introduciendo en el saloncillo que la con otros sentim1entoe. Después de haber permanecido
-Es muy peligroso ese gusLo. Su resultado más fre•
sef'iora de Coutras ocupaba con preferencia, encontró so• sola con él con tanta frecuencia, en el eapacio de algunos
cuente es el chanta9e¡ hay que huir como de ta peste ..... .
la á su amiga, que leía al lado de la alta chimenea de pie- meses, sin más inquietud que si ee hubiese tratado dt&gt; un
-¡Bah! Pero senores, ¿á dónde diablos van usledee á dra e~culpida, en cuyo frente figraba el retrato del conde hermano, se sinti(&gt; entoncee turbada y llena de emoción.
parar? ¿Por qué no me hablan ya de la policía corree• de Contras hecho por Felipe de Cbampaigne. El ancho
Hnbiera sido ya incapaz de disertar sobre la opinión ni
mirador que daba á la avenida de Friedlirnd estaba cu- de analizar la aocieda i, y sentía más deeeos de pedir per•
cional?
-Porque en la posición de usted no se va á. ella. Se bierto con una persiana roja. La alfombra ensordecía el dón á Redel 1&gt;0r haberle afiigidJ que de explicarle por
ruido de los pasos. Los tapices que mostraban en las pa• qué era necesario que sufriese su afücción. Le miró con
paga y se acabó.
-Si no se da con una familia de buenas pereouas de
redes sus eecenas de caza, las maderas de roble barniza· una dulzura que jamás bebía asomado á sus ojos y sin
la9 que no juegan en cuestión de costumbres y os rom- do, el techo, pintado á imitación de Berain, absorvían la duda resultó así mucho más bella ó mucho menos impo•
pen la cabeza para enseñaros á no perEeguir muchachas.
luz de las láooparat y daban á la vasta pieza un recogi • nente, porque el Coronel recobró en seguida el uso de la
-¡Oh! Ya "'nemos aquí la. historia del general ...... El
miento íntimo. Enriqueta, al ver ent.rar al Coronel, le
y dijo bastante inteligiblememe:
asesinato en la cueva de la casita de Chatillón ...... ¡Tie- ofreció la mano, que él besó, y le dijo, indicándole nn palabra
-Jamás tendrá.usted, sen.ora, servidor más fiel que yo.
nen ustedes una imaginnción!
Créame usted: daría sin vacilar mi vida. por evitarla un
sillón:
-Pero, qué, querido ¿va ust.ed á negar los í.&gt;eligros de
-Siéntese usted ahí. ..... Es usted muy misterioso, real- disgusto. Me acusa u~t.ed por no haber querido partir¡
los amores de contrabando? Los periódicos están llenos
mente, y tengo una queja contra usted. ¿Cómo es que,
pues bien, voy á. solicitilr un puesto que roe alejará para
de accidentes que parecen inexplicables. "Coa. mañana viéndole casi todos los dina, sé por los periódicos las no- mucho tiempo. Slcrificaré todas mis alegrías á su tran·
se encuentra en el Sena el cadáver de un hombre elegan- ticias importantes que se le refieren?
quilidad, dichoso por haber podido ofrecerle esta prueba
ie y )ove,, coo las manos atadas y un balazo en la cabeRedel enrojeció coma un niño cogido en falta; miró á
adbesión.
za. ~d sabe que el sei\or X ó Z ...... PdrO ¿quién le ha
la condesa con cierto embarazo y dijo después con voz de.Ante
aquella declaración tan franca, en el pensamien•
echado por el puente abajo después de romp1::rle la. aristo
de
la joven surgieron la doblez y el egoísmo de Valen•
algo
alterada:
tocrática cabeza? Allf tiene udted á Forcioier, que ha si·
-¡A.bl ¿Se refiere usted á esa estupida iudiecreción?...
t{n y se produjo uua terrible comparación eutre aquellos
do fücal; pregúntele ust~d si se descubre, siquiera, la
-~in duda. ¿~o es acaso exa.cta la noticia?
dos 11ombrea. El stintimiento de._la desp1oporci6n entre
cuarta parte de los autores de los crímenes cometidos.
Lo es y no lo es.
la sentencia que había notificado á Redel y las causas
Dirá que no. Pina ser cogido es preciso obrar con com-¿Cómo?
que Ja habfau producido se apoderó de ella rept:nt.rnapleta torpeia ó encontrar un conjunto de circunstancias
-He me ha ofrecido, en efecto, ese cargo, pero yo no mente y creyó ab~urdo y monstruoso ser tan dura para
excepciona.lee. La policía es tan insuficiente ..... .
quien tan poco lo había merecido. Ona extraila y tierna
le he aaeptado.
-Y además no se ocupa más que de los anarquistas.
La condesa levantó la cabeza y dijo, mirando fijamenparcialidad ae manHestó en ella hacia e: generoso iroldaM,
-Y eso muy mal.
pero, demasiado inteligente para no darae cuenta de ese
-Bien ea.ben ustedes que el Goliierno paraliza su ac- te á Redel:
cambio1 eso mi■ mo la llizo juzgar más necesario que non•
-¿Por qué?
ción y que tiene orden de no comprometer nada ..... .
H~ hecho ya la campafl.a en el Tonkin cuando había ca el alejamiento de Redel. No duieo, sin embargo. d&amp;-¡Yayt\ una novedad! Siempre ha ocurrido lo mismo.
allí que batirse. Hoy, ~ una verdad oficial que la paciEn t.iempo do la monarquía había con frecuencia dos ó ficac1ón se ba realizado¡ nada hay, puee, que bacer en la jar sangrar la herida que acababa de producir y se esforzó
en seguida por curarla delicadamente.
tres policías que se contrarrestaban la una á la otra y
colonia. Que se pelee ó que no se pelee, está con venido
-Me ha comprendido usted mal, dijo, ó más bien ha
p_asaban el tit::mpo en cogerse en falta recíprocamente ....
de anteooano que no habrá acciones de guerra ni, por tanEntonce!'!, los e&amp;Cdpa ios de presidio llegaban á generllles to, servicios que hacer ni hecbos brillantes que realizar. exagerado usteJ. mi pensamiento. No se trata de que usted se dest,ierre, ni siquiera que deje usted de visitarme.
en la Guardia Real. .....
El Tonktn resulta, en tales condiciones, una guarnición Extremar las cosas serla dar también materia á lama.eLa convereación, completamente descarrilada, eiguió como o_tra cualquiera, aunque más leJana, menos sana y
yersar:ido sob1~ lugares comunes sin importancia, u los más fastidiosa que las derruis. No he querido, pues, mar- dicencia. ¿Quiere ust.ed que se diga: «El coronel Redel
no va ya á. casa de la Senora de Coutra.s: deben ~atar re•
que \'alt•nt.ín no p1~tó más que una vaga atención. Pe•
gañados?11 No¡ es preciso ser para conmigo como todos
ro de s.quella discusión sobre los retinaruient.os exterio- charme.
E11riqu1tta conr.inuó con la vista fija en el Coronel, que los demás amigos, no distinguirse de ellu~ por ninguna
res y sonre la calidad de las seneaciones, sobrenadó en
bajab.i loa 030s.
exageración dt, eeutiwi~nt.ozi, ser razouablt, y juic1mo.
eu elipfrirn la idea de que lll muchachula de la calle de
-¿~s esa la única razón?
:Meaiante estas coucee.1oues al q.ué dirán, nada. habri\ re-Ram~y no sería, acaso, una conquista ordinaria y vulgar
Rt,Ciel, que no eabía mentir, respondió, sin embargo,
prens1b1e en nu1.:stta. amistad y t.L día en que, muural•
y de que habría en la aventura el atracth·o de lo impre•
eí, pero esa afirmación salió t.rabaJosamente de aus la• m~nte, el ministro le ofr~zca. un pot:.5tO ventajoto usted
visto. ~ promet.ió, pues, enviar á la joven la más ht\bil
bioa.
lo acepta y asunto terminado. Rusta entonce~ nada ha
de las corredoras de galantería.
-):le h~bían hablado de un Coronel Redel, prosigui(&gt;
de
cawbiar.
A la rniswa hora en que Yalentín, con el más desenfala condeHa, que sólo se complacía en las aventuras leja-Sí, replicó Redel con tristeza; tod.:&gt; cambiará. Entre
dado cinismo proEeguía su camino de placeres, la conde- nas, qne r~ziviraba mal en las ciudaóes y que no secónsa de Coutrn~, en @u orgullosa probidad, reflexionaba sid~raba verdad~ramente dichoso sinu en los vastos es- nosotros el velo est.á ya desgarrado y no podré vivir anti,
sus ojos en el misterio de w1s sentimientos. ¡Era tan dul•
eobr~ las obsenaciones que le había hec.ho la señora pacios, E::e Coront:I está muy cambiado.
ce para mí no pensar más que en usted, sin decirla nada,
Mossler y se preguutaba si uo hacía mal recibiendo fa·
Rtodel retipondió con voz tt,mblorosa:
y rdenrlo todo á us'8d, que era el único interéA de mi
miliarm..,nte al coronel Redel. Tenía ya dudas y la segu-Es q11e na envejecido. La civilización le ha recobra·
ridad de su eepfritu estaba turbado. Hasta que se le ha- do y encuentra ahora dulzur:is en la existencia que an- existencial El carácter anónimo de mi ~rnnra era una
bían sen.alado los inconvenientes de la int,imidad con el tes desdefiaba. Ha contraido aw1stad~H que le sería pe.. garantía para mi tranquilidad. Yo peneaba: Jamás la
nuevo amigo, jamás había penEado que nadie pudiera noeo romper y, en fin, tiene su madr" que ee vieja, á la confeaaré que la amo, pero la amaré á. mis ancbas, oscu•
juzgarla reprensible. Una vez advertida, est.ab1 menos que puede perder de un momento á otro y que no quiere ramente, y nadie podra im¡IBdírmelo.
i"ar~ce que m eet.a dicba me era permitido puesto que
segura de la completa inocencia de sus relacioms con dejarle marchar sin que la cierre loe ojos.
los demá.s me la prohiben y la viol~ntan brutalmente al
Redel. Por reservado que sea un hombre, es difícil que
La condesa Ee calló y con su hermosa cabeza inclinada revelar1a ...... Doy á usted mil gracia'!!, sef'iora, por haber
la tnujer no sorprenda loe sentimientos que ha inspirado.
sobre el pecho, se absorbiO en una seria meditación. Al
teni.io el Vi.l.lOr de sobreponerse á esas críticas y á eees
El amor se manifiesta de tan distintos modos, y todos cabo de un instante, suspiró y dijo:
acusaciones ofreciéndome el quedarme, pero eso ya no
tan claros, que el extremado reepeto es tan expresivo co-Mi querido amigo, va usted ó. ponerme en gran apu- e.a posible. Venir á. su casa rodeado de miradaa hostile11,
mo la más a~asi01,ada osadía.
ro, pues ¿qué responderá los argllfflentos que acaba us·
La adoración muda de Redel se bacía comprender co- ted de hacermei' No podría hacerlo má.e que con razonet1 sentirme espit1.do inicuamente, seda un suplicio intolera•
para mi y usted -.o querrá imponérmel~.
mo la más locuaz ternura. Enriqueta le veía, pues, enteinspiradas en mi egoísmo y nunca podre resolverme. ¡Ah! bleEuriqueta
se quedó callada, pensando en aquel rápido
ramente enamorado, pero no se cuidaba de ello¡ todos Sin embargo, si usted partiera, toC1.o estaría arreglado.
cambio de la situación que la impulsaba á retener á Re·
sus contertulios de los sábados lo e~taban ó lo habían esEl Coronel hizo un brusco movimiento.
del cuando é l no queria quedarse. Bu corazón palpitó vi•
tado, pero nunca la cosa había tenido consecuencias. La
-¿.Mi preeencia, dijo, produce á usted alg11na pena?
vamente al verse tan r~epetllda por el que amaba, por
condesa los había curado con ta1as de té y buenas pala•
-Amigo Redel, hay espíritus !_&gt;erversos que ven el aquel hombre que al declararla su tdrnura no eospecbaba
bras, y poco á poco, una sólida amistad babia sucedido mal en todo y están dispuestos á vituperar las acciones
11 eus inútiles ardores. Todos participaban de la misma más inocentes, y otros eepfritus débiles, siempre dispues- que ella pudiera pagiirsela, juzgándola basta ese punto
incapaz de una falta. loteligencia selecta, al dominar ll
suerte y ,,ivían en buena inteligencia. En cuanto á Re•
tos á creerlea, !Je la alianza de esa perversidad y de esa
del, era diferente, porque jamó.e había pedido nada. Se debilidad nace la calumnia, que no respeta ni áloe hom~ la materia, no sin algún despecho, sintió la alegría de en ..
contrar un alma pura, digna de la suya, y s~ encontró di·
contentaba con vivir dentro de la aureola de b mujer
bree leales ni á. las roujeree honradas ..... .
ch osa como no rocordaba haberlo sido jamás. -Todo la se•
amada¡ le bastaba verla, oírla: No era posible por tanto
.La caia marcial de Redel tomó una expresión terrible,
paraba, sin embargo óe Redel y no la apreciaba plen~·
ofrecerle compensaciones, pues no 11abía ocasión de rehu- y con calma más amenazadora que la cólera:
sarle nada.
-A la calumnia se la aplasta, dijo. Bt\Bta mirar frente menta más que en el momento de perderle. Su propio
Desde el momemo en que la Señora. Mossler llamó su
á frente á. los malvados para hacerles retroceder! Y si al- orgullo y su sinceridad se lo aconsejaban, pue~ en la confianza de !aa relaciones cotidianas aquel amor hu~ie~ re·
atención sobre este asunt.o delicado, Enriqueta le atribuguien
se permitiera.
yó una grande importancia, y para una mujer tan inteli·
La condesa levanto la mano y dijo, interrumpiendo al sult.ado vulgar, mientras que agrandado por el aleJam1en·
gente como ella, estudiar una cuestión equivalía á querer
to tomaría un raro valor.
-Sea, dijo¡ parta usted, pero basta entonces no me
resolverla. Pero aquí estaba la dificunltad. ¿Qué resolu- conde:
-¡Babi ¡Ya le tenemos á usted en plena guerra! El pa•
ción tomar y cómo motivarla? Enriqueta babfa dicho ladín no estaba tan cambiado como ueted pretendía ha- abandone. Dewasiado le echaré de menos para querer
.con toda la sinceridad de su altna que no consideraba pe•
ce un momento; ha bastaJo mostrarle loe molinos de que adelante usted el instante de separarnos.
Redel palideció á estas palabras; saboreó toda su dulligroso á Redel y que se sentía segura de sí misma y de
viento prra que embista c1Jntra ellos lanza en ristre, ..... .
él. Pero no era sola¡ existían sus amigos, el mundo, su ¿A quién quiere uete~ partir en dos:&gt; &amp;A. mi suegra, que zu1a, y dijo con profunda welancolfa:
-Es usted muy buena. En vez de castigarme por ha •
marido ..... .
me ha becbo, muy recientemente, observaciones acerca
Era evidente que Yalentín, con un interés cualquiera,
de su asiduidad. para conmigo? ¡A mi marido que, un día ber dicho lo que hubiera debido ocultar, trata usted de
había hecho confidencias á su madre¡ podía en adelante de mala fortuna en el círculo, puede haber expresado su ·consolar mi pena. Tiene usted razón porque es mu~
insistir y resuUar de ello muchas contrariedades para mal bcmor criticando nuee.tra buena amistaá? ....... ¿A.l grande. Basta abol"b habla yo vivido solamente para ~1
ella y para la Sefiora :Mossler, y un peligro serio, acaso,
mundo,-es decir, todos y nadie,-que no puede ver un carrera, sin incertictumbres y viendo claramente .el ooJe-y una gran amargura para Redel. Para el espíritu firme
hombre cerca de una mujer sin sospechar que existe en- to que me guiaba. Hoy, todo es turbación en mi pensa•
de Enriqueta todo asunto claro era sencillo. !So temía la tre ellos alguna vergonzasa intriga? No, querido Coro- miento. Todo lo Judo y t.odo lo confundo. Hastn la nodiscusión, por espinosa que fuera, segura de salir de ella nel¡ no se combate fácilmente tl tos seres vagos, incon- ción de mis deberes se ha debilitado. Me siento cap&amp;&amp;
bonrosawente puesto que no quería nada que no fuese sisten~s, anónimos, que forman lo que se llama la opi• de concesiones que, antes, por nada del mundo hubiera
honroso y bueno; su único cuidado era el de no dil!g'W!Mi corazón está muerto de tri=teza.
d
nión. Aisladamente, no son nada: en conjunto, son una hecho.
Está asted en un momento de abandono que no u·
tar á Redel. Hubiera consentido en sufrir el doble ella masa invencible. Hay que contar con ellos, no hacerles
rará, dijo Enriqueta. Usted recobrará su valor y la firmisma con tal de que el caballeroeo soldado no sufriese.
frente y, sobre todo, no-afect.ar desdén hacia sus eenten· meza
de su espíritu. Los hombres como usted no se deLas reuniones de los eábadoa seguían su curso. Sus
c1ae,
porque
esto
ee
lo
que
menos
perdonan.
concurrentes se habían vuelto á reunir con gusto y era
Redel permaneció silencioso, y haciendo un visible es• j:rn desanimar por mucho tiempo¡ la voluntad, su cua·
raro que no se encontrasen además dos ó tree veces ll la fuerzo para recobrar la posición de sí mismo, pero loses• Jidad dominant.e, viene :i su socorro en el momento el1
s~mana en casas amigas, bien fuera en la de Clement, tremecimientoe de sus músculos le convulsionaban P.} que la necesiwin y les hace sobreponerse á todos los obs~
bien en la de la Señora Mossler, y en las exposiciones,
semblante como un huracán agita un lago. Dos lágrimas táculoe.
en las ventas de caridad, en las repreaentacionea artrsti- brotaron de sus ojos para secarse al instante al calor de
(Continuará.)
caa. El cenaculo era muy conocido en París y ee habla- las.mejil1aa. No se at.revió d. decir palabra, por temor de
ba de él en loa periódicos con gran cortesía.
descnbrirse, pero acaso no hubiera podido hablar, bn
Una mafl.ana, sin embargo, un periódico de gran cir·

fl

DICIEMBRE,

1896.

365

ELMUNDO.

:!-~ira! !1)ira aquella bola de fuego que al hender el es•
pac10 deJa tras de eí, _como cendal finísimo, una estela
de p~at~: es la. me~s~Jei:a de las vírgenes que habitan lo
~zul, viene á inqumr si Belcebú ha agitado sus alas roJas 1:1obre tu palacio de frágiles bambúe11.
¡Oh esbelta, encantadora Gliffnéh! canta, canta! Y
al .par que tu~ dedos de nácar arranquen á la cítara rít·
m1~s cadencias, que tu voz -trino de ruisef'iores-al esparcuse en ondaa perfumadas, rómpa el encanto y ahu•
yente á los fantasmas de luto que han invadido tus ver·
¡eles.

···~~-~~~?:~~~ ¿lo ve~?::::::·
·~~~:
te~tar á sus plantas tus notas, convertidas en perlas,
t~! con. ellas y un brillante arrancado de su cetro, mag·
ní 1c_a gu1i:nalda para cef\ir iu frente inmaculada: las per·
las. simbolizan el poder terreno; el brillante el mágico
«F1at-Lux!,.
'

..

{¡··3e·~·~;:·~¡¡~¡~·ci~··~¡·

··············

;~~:i~iiiii~iiif~!~ui~~=:~:r·w~i:·rrii~~ii

li/:i~
emprender su paseo por la mansión infinita: qué régia
qué esplende'}~, con qué majestad se eleva! Las soro:
bras se han d1s1pado, como visiones fugacee al sentir el
contacto.de su manto; las linfas envían, en' espirales de
dosa, eóh?Os cantares áloe peneiles de Gyrah; las nerey•
as se agitan sonrientes, simulando las formas más be-~s Y caprichm1as¡ y Br_is!', la coque,tuela de ropaje gris,
sa 1a zaml?ona y acaricia el arpa suspendida 1-ntre el
es1 160 ramaJe ...... ¿Oyes? ¡Qué hermosísimo dúo!
EDUARDO

ELOY

.ÁNDBADZ.

SINFONIA
RECUERDO DE LAS FIESTAS DE PUEBLA.-Arco levantado en la Avenida JW\rez.

EL CON DE TOLSTOI •
El gran escritoi: r~s? co1ode Tolstoi, entregado por comteto á su ultram1stu::1smo, á sus contemplaciones moral'B Y á. sus preocupac1on.es socialee, parece que acarició,
no .ha mucho, _el prop6s1to de renunciar á las tareas Jiteranas Y de retirara~ del mundo, engolfándose má.s y má.s
-en la s~ledad y olv1dánd0fle por completo de la aureola
de gloria q~e le rodea d~sd~ hace tantos afi.os, y que de•
'b~ á su ge!3-l0, en la repubhca de las letras. Pero una cosa es pred!car, Y otra poder realizar lo que ae¡redica
En Tolsto1, á pesa~ de sus propósitos, se vuelve re:peti;
aquello del «Ju_ro, J~ro, paler .•.... 11 El puede prescinda de
t?lio lo que ~ 1magme, de todo menos de lo que está ín•
t~mamente hgado 11:, su alma, de lo que constituye la esen•
'Cta de su person~l~dad, de su inclinación irremediable
á pen~r y á escribir, en cuyo abismo cayó y del cual no
-e~ldr~ Ja~á.e, proyect.e lo que proyecte en contra. La in.e•
p1rac16n tIE~ne en él e;arácter de fuerza inextinguible, el
arte narrativo !e fascma y arrastra, la pluma y el papel
eon una tentac1ón perpetua. Contra estas fuerzas no hay
voluntad que v~lga .. To)stoi continuará. escribiendo, es•
ciavo de su. gemo, sm lograr nunca emanciparse de él.
Ahora mismo vemos una prueba de ello. Prop6nese
cruzarse de brazos, refrenar su fantasía y mirar af cielo·
y, en ~(ecto, así co~o de sus primeras abstracciones bro~
tó el hbro Amo y criado, en _medio de su misticismo re•
eente coge la. pluma, se deJa Jlevar por la inspiracfó
--yuelve á la tierra para describir los cuadr0&amp; de la vicÍi
c_on todo el enc~nto de sus mejores tiempos, y traza las
fig~ras y el con3unw 4e una obra magistral, aun no con•
-1?iutda que se den.ommará Domingo, y que parece que
igualará ó sobreP,uJará á la celebérrima novela SonaJ.a de
Kreul.zer, marav1llot1a como pintura realista inmunda e
su d~arrollo, y q_~e, como es sabido; no p~ede ser lsícb
por nmguna fam1ha decente.
En lo que hasta aquí ha tramado Tolstoi para argu~ento de su .nueva obra, según los que conocen las cuar"11llas bosqueJadas, ocurre lo siguiente:
Un caballero distinguido, próximo á caaarsP., constitu•
ye parte del J arado de la Audiencia, en la vista de una
caus~ formada por ro~o á. una mujer joven, degradada
perdida. Durante el 10terr~to~io de la acusada deecJ.
bre el caballero que. aquella 10fehz foé antigua amiga su•
ya, ya que en sus \.tempos de estudiante la conoció durante ~~ período de vacaci~nes, en la casa de campO de
su f~mtha, do~d~, como JeJana parienta, vivía rec ida
haciendo df'l s1rv1e~ta1 ó doncella, ó persona de co~an•
za de la senora prmc1pal. 9turrió lo de siempre, lo del
fu~o y la es~pa. El estudiante fué su novio como suele
dec1~, corr1ero~ eol?s por loe bosques y tropezaron
Volv10 él á la U:mvei:-91dad y q~e~ó ella con su pecado ·
sus co~secuencias, em que recibiera una sola respuesta~
las var!as cartas que mandó á su amigo contándole .su
desgracia.
Ante este?~ recuerdos, al verl¡J, en el banquillo de los
acusados, d1Jo para sí el caballero: •No es ella la que
ndta aquí i.u~gada y envilecida, sino yo, que fuí la ca::¡
de en ~rrli.c1ón.• Y. ~esde aquel momento sólo le preo•
cupa la idea de rehab1htar áaquella mujer. En efect.o después del j~icio e.n .que la joven fué condenada, romp~ con
eu prometida, v1s1ta á. la. presa en la cárcel, y la declara
·que E:Btá dispuesto á sacr1fica~e por ella y á redimirla de
11u nuaerable estado. P~ro el vicio y el cinismo han echa.
do tan hondas raíces en aquel1a mujer, que ella al oirle
11e burla de él y !e ae~ura que no se acuerda de lo que en
su caea le oc~rr1~¡ ni le guarda rencor, ni afecto de ning~n~ claee, m le importa nada cuanoo le dice, y, por con•
e1gu1~nte, Je ordena que la ~eje e!l paz. Aunque el arrepentido ~mprende que es 1mpos1ble reparar el dat5.o y
11ufre ~rr1blemente y se desespera por ello1 insis\e 'en
·cumplir eu deber y acooopafla á Siberia á la condenada
hasta que e,ita termina )a condena.
!-,- E:5te episodie parece q.ue llegan la.e cuartillas de Tola~
Mn, sm que sepan sus aIJl1gos qué rumbo ha de segoiren

dlas oigubientee, ni qué bar,l con la pareja de los pereona¡·ee
o ra. Algunos
á esu
Joe países
d I G a 11Oeguran que. traeladará el escenario
una c
•
e
ian ~Rte amencano, donde fttnJarán
o 1.onn ~uev~ basada en el patrón socialista u
: ~c~si6n qurn!érica y lamemab:e dH una novtila ~a~~
lo 1~ª¡ q~e, ludtend~ ser una obra de arte digna del CO·
ticsio !emol' E; Tolsto!, E!e conv~rLirfa en un recetario ficvulgar:S: iuca utopista, propio de unos propagandistas
R. B.

IDE.A.L.

DE

B.

.En la tarde gris y tri@te
Viste ~I mar de terciopelo
Y el cielo profundo viste
De duelo.
Del abismo se levanta
La queja amarga y sonora·
La onda, cuando el viento' canta
Llora.
'
Lori violines de la bruma
Saludan al sol que muere·
Salmodia la blanca espu~a
Miserere.
•
La armonía el cielo inunda
Y la brisa va á llevar
La canción dnlce y profunda
Del mar.
Del clarín del horizonte
Brota sinfonía rara
Como si la voz del hionte
Vibrara.
Cual si hablase lo invisibl~
Cnal s! fuese el rudo eón
,,
Que diese al viento un terrible
León.
RUlltl'f DABÍO.

------

M?chas gentes en el mundo, semi ere entes
.
d~~t1caa, e nsayan. c_onciliar las nrdsdee ~ue b~:e:1p~eee:
1 o con 1as tradiciones que han olvidai!.o.
n
H. Tain,.

REC'CERDO DE LAS Fll!:~TAS
..
DE PUEBLA.-(Adorno de la calle de l[ercaderes},

�6

EL MUNDO.

366

DICIEMBRE,

1896·

~lermelada de fresa.
Se toma fresca la fruta yse pasa por el tamiz; por cada kil6gramo de pasta, sepone otro de azuoar en un
perol; se cuece á la bolitl&gt;. ti
azucar; se sgrega luego el pu•
ré, y puesta á hervir la mezcla hasta que adquiera la
densidad llamada á la capa
y se encierra en tarros.

LA U0D1.
Como el invinno afirma sos
dominioevla moda-laeter·
na loca-t cha la casa por la
ventana eopretexto de la
nueTa estación, los .figurines
propios de ésta, menudean y
si hemos de seguirlos de cerca, debemos dar á nuestras
lectoras unos tres ó cuatro en
el mes por lo menos para que
anoten ]03 cambios de la en·
i::antadora hada caprichosa.
Dos modelos les damos
hoy, adecuados los dos á la
t:stación y de la más. encantadora factura, como que han
salido de ;as manos de
Worth, el modisto inimitable. El primero ea suma·
mente sencillo: dos rosetones borJ.ados en el corpifto
y adornos de cintas paralelas de terciopelo negro. E!
segundo es más elegante aún
aunque no menos sencillo,
tiene un severo corte y lleva
lindas solapas de pieles.
Ambos son nov(simos y pro·
píos para paseo.
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❖LA

FRATERNAL.~

Compañía de Seguros de Vida y Accidentes.
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·Este aparato consta de los
órganos siguientes:
En el interior de un recipiente ó caja, en forma de
criba ó tamiz compuesta de·
aros fijos por medio de listo•
nea, hay montado un árbol
vertical apoyado en dos travesaños, y giratorio por medio de un manubrio.
En el cubo que forma el
extremo inferior del eje va
montado un disco ó rueda de
paletas.
Este aparato ó conjunto de
órganos va aloj ,do dentro
de un cubo 6 depósito lleno
de agua hasta cierta altura.
Los lisLones antes indicados
se sitúan espaciados á cierta
distancia entre sí, y en la cámara 6 recipiente formado
por esos listones y por el dis ·
oo de ¡_;aletae, se colocan las
patatas ó cuerpos análogos
que limpiar. Se hace girar el
disco de paletas por medio
del manubrio, y como que dichas paletas tienen cierta inclinaciór, chocan contra las
patatas que se hallan direc·
tamente en contacto con
aquellas y éstas últimas i~oTRAJE DE INVIERNO.
tan á su vez con las super10rea.
De este modo todas las patatas, á cualquier altura q~e
se bailan giran sobre sí mismas, y frotando con las vecinas las obligan á girar también. Frotan, puee, unas contra otras y contra los listones, y el agua arrastra fácilmente la tierra y demás impurezas adheridas generalmente á la pulpa Ele los tubérculos, frutos, etc.

Estas son una especie de
confituras en que se han cocido lo bastante el azúcar y
la fruta para que puedan
conservarse sin incon veniente alguno. Las mermeladas
son sanas y refrescantes, y
convienen por tales propiedades á los convalescientes
y á los niños.
)[ermelada de ciruelas
claudias.
Elegidas las ciruelas bien
madnras se les quitan los
huesos; se ponen en una cacerola con tres enartas de su
peso de azucar; se tienen así
durante algunas horas; después se colocan en un perol,
y se cuecen á fuego lento.
Cuando las ciruelas están
deshechas, se pasan por tamíz, se vuelve á poner el puré en el perol y se deja reducir la mermelada á la capa;
se echa en un frasco de boca
ancha; se cubre con un círculo de papel empapado en
aguardiente; después se cubre el tarro con papel fuerte,
sujt!to por un bramante.

TRAJE CERRADO CON ADORNOS DE ClllTA,

Mermelada de manianas.
Se recogen buenas manzanas, se dividen en cuarterones y se mondan; se ponen en una cacerola con un poco
de agua y un pufiado de azúcar molida. Se cuecen tapadas á fuego lento; cuando están cocidas, el lí9-uido debe
encontrarse reducido: se pasan por un tamiz; se vuelve
á poner la pasta en la cacerola con tres cuartas partes de
su peso de azúcar, un :pedacito de vainilla ó de corteza
de limón; se deja reducll' la mermelada, revolviéndola y
sin apretarla demasiado:

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Oficinas de LA FRATERNAL:

MEXICú-Calle ile S. Feli¡le Neri 7. A¡rn.1 ta,lo Postal 7:.11.-MEXICO

Vice Presidente, PASTOR DE CEus.
Vocal, A. PEYTON.
CONSEJO DE VIGILANCIA
F. R. GERNSEY.

NICKEBSflN.

F. B.

McxKRCIIER.

Director General, Eoo. \\".

BROWN.

WESLEY BRADLEY.

SOCIEDAD NACIONAL COOPERATIVA

De Ahorros y Construcción de Casas,
ORGANIZADA C02'""FORME A LAS LEYES DE MEXICO
--Capital subscrito

J

150,000.00--

Se reciben exhibiciones de $1.80 á $ 300.00 mensuales.
Exhibición mensual de $
1.80 valor efectivo al fin de 9~ meses $
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LA CERVEZA FERRUGI:i"A,
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300.00 ))
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)) 50,000.00
Pagado por $50.00 por acción tiene el 6 por ciento de interés por año, pagadero igualmente al contado al fin de
95 J!1eses $10,000.00.
Acciones de venta. Se solicitan agentes.
J}

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))

)1

Dirigirse á EDO. W. BROWN, Director General. Oficina, Banco Hipotecarlo Núm. 5.

RECONSTITUYENTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA.

Se recomienda á los anémicos, á las jóvenes cloróticas,
y á las per~ona~ debilitad,1s por una prolongada perma·
nencia en las re1?iones c.ífida~ ~ m'\:ga.1a;.
De venta en casa de 103 Sres.· E. Dutour y (',omp , Agen·
tes Generales; en el establecimiento de la Sra. \"iuda deGenin y Comp.,~ de Plateros número 3, y en lodos los
principales establecimientos.

Azucara-

Vegetales.

das.

detor.AYER

EL ESTREÑIMIENTO
afecta seriamente los órganos digestivos y asimilativos, in~luso__ los
Riñones, y en este esta.do no pueden extraer de la sanire el ámdo urr~o,
el cual, al ser introducido en el sistema, causa Reumatismo y Neuralgia.

DESARRECLOS

BILIOSOS.

Entre los sintomas indicadores de Bili_osidad h_ay la Na~1sea, Mar_1&gt;os,
Dolor de Cabeza, Flaqueza de Fuerzas, Fiebre, Vista Turb1_a, Amari_llez
de la. Piel, Dolores en el Costado, Espalc!a y J:Iombi:os, Aliento.Fétido,
Lengua Saburrosa Irregularidad en las funciones mtestmales, Vómitos, etc.
C1111.ndo ocurre el Estreñimiento el Tubo Digestivo se afecta Y sohre\'iene Indigestión ó

DISPEPSIA.
La. ~fala Boca, Dolores Gástricos, Dolor ele_ Cabeza, ~&lt;\.cicl~z del
Estómago, .Agrura, Nerviosidad y Depre~ión de Animo son ~y1dencia~ ~e
Dispepsia, enfe.r medad que tanta congoJa causa. Se hallara un Alivio
Seguro para las irregularidades del estómago y demás dolencias consiguientes en las

Píldoras del Dr. Ayer.
Estimulan el estómago,. descar_gan lo~_ intestinos, comunican_ salud
vigorosa al higado entorpecido y a los nnones, . y con sus propiedades
tónicas y laxantes fortifican y purifican todo el sistema.
Preparada por el Dr. J. C. Ayer y Ca., Lowell, Masa., E. U . A.

Con inversiones garantizadas.
Sociedad Anonima.
CAPITAL SOCIAL, $100,000.

Presidente: Serapión Fernández.
Gerente: Dionisio Montes de Oca.

El ahorro es la fortuna del pobre
Y la salvaguardia del rico.

El infortunado que puede dar no es mas que infortunado á medias.
G. 7 ournadé.

CONSEJO DE ADMINISTRAOION
Presidente, H. R.

Puramente

LA CAJA_DE AHORROS.

Ohallemel Laco'Uf'.

La actualidad, la atracción del momento, 1&gt;se frenesí
que ha poseído á París durante el paso del Soberano de
todas las Rusias, ha cambiado toda8 las imaginllciones y
operado una cuasi revolución en las cosa~ de la Moda. La
más pequefia insignificancia, el trapo más minúsculo,
más gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su
sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á las M-,da~ eu nuestro
periódico, no nos permite citar aquí los nombres termi nados en l&lt;OÍP ú «ow,, de que están erizadas las innovaciones; esta descripción por lo demás no haría aventajar en
nada á nuestras jóvenes lectoras, que sin duda preferirán
dejar en todo á las Srita-;. Huosioger Boas., e calle de
la Independencia 4., el cuidado de darles la explicación y
de satisfacerlas con su talento y el gusto excepcional que
ponen en todo lo que hacen.

Son

Se venden en las principales Droguerias y Farmacias.

El Evangelio es la epopeya de los sencillos, un himno
anticipado á la Jerusalem de los miserables.

Mermelada de frutos del Agraeejo.
Se desgranan bayas bien maduras; se echan en agua y
se las hace henir. Después de cinco minutos de ebullición, ee aplasta la pulpa en el agua; se afi.ade un peso
igual de azúcar y se remueve enseguida como en las demás mermeladas.

Son

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11&gt;

.A.pa't'ato doméstico•
pai•a lavar patatas.

:&amp;IERllELADAS.

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rri

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,.,,cxrc...~ .c.-,,~·•'-·',,:

Han sido objeto de los más Altos Honores en las principales Exposiciones
Internacionales, inclusas las de Barcelona y Ch1cago, dos de las , más
recientes. El abono dispensado por. 3:quellas autoridades con caracter
oficial á la.. excelencia y virtudes. med1cm~le~ de las Pildoras del Dr. Ayer.
C&lt;&gt;nfirma el juicio que han merecido del publico en general durante más de
una generación, de que estas Pildoras son las meJores del mundo.

J&gt;

11/fk1,/, l~;t/.

CI

Merm1&gt;lada de frambruesas.
De dos modos se pr.epara
esta mermelada: con pepitas
ó sin ellas. Eu el segundo
caso, se pasa la fruta por el
tamiz y se pone el puré en un
perol, con nn peso igual de
azúcar. y después se reduce
á la capa.
Para obtener la mermelada
con pepitas. se echan las
frambullllas en un perol con
una cantidad de azúcar igual
á tres cuartas partes del peso
de aquellae; Pe aplastan los
frutos con una cuchara; se
cuece la mezcla hasta que se
porga á la capa, sin dejar de
revolverla, y después se coloca en tarros ó vocales.

Las P(LDORAS del Dr. AYER

Molino para nixtamal para hacer toril/las.
Muele toda clase de Cereales a;.,í como Cacao, Carne,
.Azúcar, Chile, etc., etc. Muele mejor, y en la décima parte del tiempo,
que en cualquier otro aparato.
INDISPENSABLE PARA LAS FAMILIAS.
SU MANEJO ES ENTERAMENTE SENCILLO
SIEMPRE SE PUEDE CONSERV.A.R EN PERFRCTO ESTADO DE ASEO,

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quinientos y demiZ puos, cobrando mensualmente treinta centavos por las de $100;
un puo por las de $500 y dos pesos por las de $1,000.
Con tan pequefias exhibiciones esta benéfica Compafiía, favorece por medio de
sus Pólizas el ahorro, con múltiples utilidades en todas las clases sociales, lo que
proporciona asegurar una fuerte suma de dinero, para recibir la de "La caja de allorros" á determinado P,eriodo de tiempo, 6 ántes, según sus estipulaciones.
"La caja de ahorros ' proteje al pobre, presentándole la mejor manera de ahorar, y ofrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequefias inven11ones, pueda obtener una lfran utilidad.
Para comprar las Pólizas de 'La caja de ahorros." ocúrraae á la Oficina Principal, calle de CADENA NUMERO 6, por medio de los Agentes de la Compail.ía, debidamente autorizados.

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el que adema.a de sUB e(ectoa pwiflcantea remedia é impide el
Reumatismo f la Gota.
f;FVéaee qne en cadapaque~e eet.iimpreso DR. _Roa..l CQ~~NY,
:Montciair, N. J., E. O. de A., am cu¡o reqllWtodeJa de eer leJIWll0,

1

o uT I N E

Antiguo v Eficaz. ~ ·

Enfermedad ea efecto, no caur.a •. LleTa en_,
-.luna ■ u origen; llUI manlfestacione11 ■ on el[..

~=

=:::edad~:rc!!~!'J:t!:~er
c~!~:nc:~~:
y•eJocontrarlonlnguna enfermedad puedeaer
mrad•.

uwarner'■ SAFE Oure," funda ■u,i;ran
repataclon flll ese principio, Demue11tra que el.

96 POR CIENTO

•e tod- Iaa enfermedade. proceden de deeó-r•
•ene. en los rltion~• y del hígado 1 y ataca
jfnetamente la ral::r. de la enfermedad, ' Su ■
eomponentes obran directamente "'obre aquel lo•
61-ga.no•, t.anto eomo alimento eomo re■tauro.­
poniéndolos en buenas comliclones de
Nin afejan earermedades y dolorea del ■l1tema

..,, l

paeral.

Para la■ lonnmerable■ dolencia■ eanaada■ por
aafdmlent06l en lo■ rlfioqea, higado y órl!ianoa
11Jiaarl011; para l011 ■ ufrimlento11 de lu muJflre.11,
,....todaatecclon nenloaa y iesarreglo11f1■ico11
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CH. FA V, Perfumista, 9, Ruede la Pa1x, Paris
(Guardarse

de fas Imitaciones y Falsiflcac1ones. - Sentenci&amp; de 8 de Mayo de 1875),

F.UIUCA ESFECIAL de AFEI'l'ES de '1'OCAll0:R por&amp; :!'.6.SEO Y '1'EA'1'It0
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en cbnpew.
ROJO VEGETAL en polvo.
LÁPICES especlnle9 pnro. ennegrecer pestalie.s y cejas.

POLVOSparn empolvar loa cabellos. Blondo, bl::inco,
oro, pinta Y diamante.
BLANCO de PERLA en polvo, blanco, r6seo, Rache!.
POMADA AOJA para los io.btos, en botes Y en rollos.
Los Productos de CH. FA.Y se encuentran en el Mundo entero, en casa de los Principales Perfumistas y Droguistas.

CATARR0j.!eCIGARRILLOS ESPIC
2 fr .Jil
6 el Polvo
ASMA Y[Cajita

Hace crecer el cabeHo

•

DESTRUYE LA CASPA,
Y con su uso el cabell•
a:ris vuelve á tomar su
color primitivo.

TOMOII

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer está

MEXICO, DOMINGO 13 DE DICIEMBRE DE 1896.

NUMBR0!24

!!a Romería él bonof!cio ao Jos españoles qoriaos en (:tuba, ofoctuaaa ol aomingo último on el 'I'it101i_aol.$lisoo.

compuesto de los ingredientes más escogido s. Impide
qlle el cabello se
ponga claro, gris,
marchito 6 rasposo,
conservando su
riqueza.,
,f=":'..~:,.#..:-r,· e x u be .,,
· __ _:· _ rancia y
f:
f
. eolor
""_ _ "'·· ::-.=~· ·_- .. · hasta un
~~."".:~~#~~-~~- __ '· periodo
avanzado de la vida.
.'Y/

'I'

'- ~,~ V1ct1n:..

Cuanto más se usa,1 más rápi•
dos son sus erectos.

1..~

ARANOEL
.

¡ li

~.

,.,' 'I

Medalla de Oro •n la E.posición de Barcelona.
Preparado por el nr. J. c. Ayer y Ca••
Lowell, l\Ja,;s., E. u. A.
t]r"Pilnga~P en J:'"Uardla. C'.OTitra imltacione~ barata'!, El 11omhre de--"AV'er"-fip:ura.
e•1 ht envoltura, y está vacia1o en el cr:ista.I

¡¡_

J. EBPIC, :;!;O, rue Saiut-La:a:ar-e, PARJS, v TOoA• FA'°'MACIAB v

Cabello

del
del Dr. AYER

07\oau ■:RIA&amp;.

r,tda frasco.

1.h.i

FAMOSAS ESTUFAS PARA COCINAR
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los bralos, empléesed l!ll6.f'OBA:. DVSBEB, l,rueJ..J,•Rouneau, parl&amp;,

2. Portada. del "'Coln1ado."
ts. ''La Ron1.erin.-. u

l . D11.lcc.·ri.a.
4. "Salud á los valientes.u

3. ToID.bola..

.6 . ''La.~Trocba .. ''

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>~
~

&amp;J:-._ b

Vigor

DANOS DE LAS DIOSAS,
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CABELLOS,DE LAS NINFAS,
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_.
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Ce!:&gt;

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Y con su uso el cabell•
a:ris vuelve á tomar su
color primitivo.

TOMOII

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer está

MEXICO, DOMINGO 13 DE DICIEMBRE DE 1896.

NUMBR0!24

!!a Romería él bonof!cio ao Jos españoles qoriaos en (:tuba, ofoctuaaa ol aomingo último on el 'I'it101i_aol.$lisoo.

compuesto de los ingredientes más escogido s. Impide
qlle el cabello se
ponga claro, gris,
marchito 6 rasposo,
conservando su
riqueza.,
,f=":'..~:,.#..:-r,· e x u be .,,
· __ _:· _ rancia y
f:
f
. eolor
""_ _ "'·· ::-.=~· ·_- .. · hasta un
~~."".:~~#~~-~~- __ '· periodo
avanzado de la vida.
.'Y/

'I'

'- ~,~ V1ct1n:..

Cuanto más se usa,1 más rápi•
dos son sus erectos.

1..~

ARANOEL
.

¡ li

~.

,.,' 'I

Medalla de Oro •n la E.posición de Barcelona.
Preparado por el nr. J. c. Ayer y Ca••
Lowell, l\Ja,;s., E. u. A.
t]r"Pilnga~P en J:'"Uardla. C'.OTitra imltacione~ barata'!, El 11omhre de--"AV'er"-fip:ura.
e•1 ht envoltura, y está vacia1o en el cr:ista.I

¡¡_

J. EBPIC, :;!;O, rue Saiut-La:a:ar-e, PARJS, v TOoA• FA'°'MACIAB v

Cabello

del
del Dr. AYER

07\oau ■:RIA&amp;.

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APARTADO 189.

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de esla preparacion. (Se ffllde en MJ•a. para h barba.. J eQ 1/2 oaJas para el bigote ligero), Paa
los bralos, empléesed l!ll6.f'OBA:. DVSBEB, l,rueJ..J,•Rouneau, parl&amp;,

2. Portada. del "'Coln1ado."
ts. ''La Ron1.erin.-. u

l . D11.lcc.·ri.a.
4. "Salud á los valientes.u

3. ToID.bola..

.6 . ''La.~Trocba .. ''

�870
EL MUNDO.
13 DICIEMBRE,!1896.
= = = = = = = = = = = = = = ~ = = = = c·~ = = = = = = a = = = = = ~ = = ' = = = =
«EL MUNDO."
8Bl[A.NARIO ILUSTRADO.

Teléfoao 434.-Calle de Tibureio núm. 20.-Apartado 87 b.
MB:x:100.
Toda 1&amp; correspondencia, debe dlr.lgirse
al Gerente de este perlódioo.

La a11BCrici6n á EL MIJNDO vale $1.25 centavos al mee,
y se cobra por trimestres adelántOOoe.
Námeros sueltos, 50 centavos.
Avisos:, razón de $30 plana_por cada publicación.

Todo pago delJé ser·precisa.mente adelantado.
BBGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGlTh'DA CLASE,

e.Agentes exclusiVos para los Estados Unidos y Canadá Tlie Spanish American Newspaper Dom pan y, 136 Liberty St. New York, E . U.11

1.Ca preuisi6u i)e 5Juáre¡.
Bn la última correspondencia de D. Emilio Castelar, v
en el fondo de una robusta parrafada, encontramos estaS
línea.e que reclaman atenta meditación:
uTodav(a se disputan el desvanecido trono de Francia
cuatro pretendientes; los Hannóveres, arrojados de Alemania, y los Barbones, disminuidos por sus propias victorias; no se· conforma ningnno con dee-gracias impues·
tas por el progreso· á su poder y autoridad antiguos; en
cada reinecillo italiano, antaño existente, late una oposición oculta, presidida por dinastías destronadas que no
pueden á. su dee-gracia resignarse y q1~e dPtestan la unidad de Italia; los Karav peniruen á los Miloch en Servia; el príncipe que pueda recoger la corona y el tálamo
de la reinecilla holandesa, puede dar en tierra con la independencia en Holanda; á nosotros nos n1ortifica el cien
veces roto y rei;ihazado por la voluntad nacional Don Carlos, que alguna vez n~s arrojará la guerra civil encima é
inmolará. otra generación españ.ola ...... ),
Es decir 1 que las nacionalidades europeas no sólo llevan en su seno el monstruo de sus ferrflentaciones socialistas1 no únicamente sienten sobre su cabeza la amenaza de palpitantes conflictos internacionales, sino también
ven mnagadas sus instituciones y oscilantes sus gobiernos y en grave riesgo su tranquilidad pi¡blica 1 ante la audaz tentativa de uno de .astas cabecillaR, dispuestos á ha•
cer caer víctimas y provocar tragedias, empobreciendo
territorios y virtiendo á raudales Ja sangre humana, á
trueque de alcanzar un poder que se ofrece con'!taote•
lllente á sus ambiciones.
Y ante la espectativa de tales tragedias, no podemos
nosotros-joven agrupación, que apenas comenzamos á
dar los primeros pasos firmes en el terreno· de la naciocionalidad-dejar de convertir la mirada hacia el pasado,
y exhaltar una vez rná.s aque11a actitud de roca 1 aquella
impasibilidad de esfinge que frente á los cautivos de Querétaro, y en medio de la clamorosa piedad de un grupo
·de compasivos, desplegó aquel hombre de nervios de ace1·0, sereno y reposado, que sobre el patíbulo del Cerro de
la.s Campanas escribió las páginas máe elPcuentes de la
justicia nacional, mirando al porvenir y con la esperanza puesta en las generaciones venideras.'
Todas las súplicas y todas las att1enazas se estrellaron
en aquella voluntad so_steniQ.a1 que, siempre dispuesta al
sacrificio propio, no podfa en extraña al dolor ajeno.
¿Qué hubiera impor~ado una vida ahorrada, cuando ya
,el triunfo de In Rt&gt;plÍ blica se habia realizado?

energías en esa gran obra.
de laborcolectivaquelo coloca á la vanguardia del progreso.
Resuelto el problema po•
Jitico, tódo ha sido reetitui.
do á su normal estado. La
fiebre agitó _momentánea-mente este gigantesco organismo, cuya fuerzu estriba
en la regularidad de lns pulsacionei;. Todo en la Unión
Americana asusta por su
Illagnit"t1d, todo es mons truoso, pero todo también
está sometido á nna regla,
á una norma. á un denomfoador comtín.
Bryant felicitando á l\lac
KiulPy y sometiéndose á
las decisiones populares,
da la medida del espíritu
de este pueblo. De abolen·
go revolucionario, Bryant.
bubifse rechazado la derrota y se habría consagra•
do á la tarea de ,;alvador de
la patria, siendo uno de
tantos regeneradores que la
cosecha de• politicastro ba
arrojado en estos último&amp;tiempos en loe revueltos,
campos de las republicas
cen~ro americanas.
Pero Bryant sabe demasiado bien que en la Unión
Americana, el pueblo es an•
te todo un fiel observadorde los principios de justicia,
y que la fracción derrotada jamás se prestará á vu ¡.
nenr sus" instituciones,
que está.o por encima de
BllB miemos intereses, basey edificio de su poderíoNacional.
¿Y qué re'presenta esta
lucha para los dos partidos.
militantes?
La prensa americana nos.
proporciona curiosos pormenores acerca de la últi ·
Toodoro A. Dehesa, Gobernador reelecto del E;;tadó de Veracruz.
~
ma campaña electoral.
Según la Gorite:mporar11 Review pu~de estimarse en un,
Pero Juárez al suprimir al hombre, suprimía también
millón á 1.500,000 el número de electores que durante la
la idea que lo encarnaba¡ arrebatab'.l. la bandera que pocampaña presidencial han recibido un salario pagado por
dría servirá un partido _para provocar_ nuevas 11:Lchas fu.
la caja de su partido.
turas · quitaba toda oca'31Ón de conmoc1oned ven1der.1s.
A cada nueva campaíla preeidencial 1 los gastos electoY ~hora, cuando los o1ios se han extinguido y lag parales ascienden á mayores rnmas.
siones se han aquietad•&gt;, lo3 que entra 110:1 á la vida púEn 1880, el comité nacional del partido republicano reblica con un gran sentimiento de olvido, podemos mos•
cojió 450,000 pesos por subscripciones. Cuatro años más.
trarnos eternamente gratos á esa augusta sombra, á quien
le hubiera costado menos trabajo ser cowpasi vo que jus- tarde, el total de estae contribuciones Toluntarias llegaron á $500,0CHJ. En 1888 fueron de $800,000 y en 1892 deticiero!
$1.000,000.
A. medida que los intereses se acrecientan, las elec:cio•
nea reclaman más dinero en los Estados Unidos, lo que
prueba que el desarrollo de su riqueza pública sigue una
proporcion vertiginosa.
En estos últimos días hemos visto á tres Secretarios de
Y el sostenimiento de todos estos intereses, el equili Despacho asistirá las discusiones de iniciativas de leyes, brio de estas fuerzas, encontradas á ocasiones, hostiles,
pres~ntadas á 1a Cámara de Diputados por conducto de disímbolas y contradictorias, se halla en la médula de
sus respectivos departamentos.
_
este pueblo cuyos grupos se honran, en respetar el día de
Como los Ministros en México no están suJetos á la
la derrota al enemigo que atacaran la maH.ana de la baacción parlamentaria, la presencia de los Sres. Liman- talla.
tour Baranda y Fern:indez Leal debe considerarse como
Las nacioaes ricas son las que Terdadernmente se ejerun a'cto de consideración hácia la Cámara, ya que ésta no citan en el cumplimiento de la ley.
babia reclamado informe de estos funcionarios .
En las sesiones á que nos referimos, los :Secretarios han
tomado parte activa en el debate, siendo espectadores de
modificaciones int,roducidas por la Cámara á sus iniciativas-como las que eliminaron de la ley de Catastro el
concepto jurídico,-hecho digno de atención, puesto que RESUllEN.-El mensaje •1•1 Presid•nte Cleveland y la cnesrevela un deseo de establecer el acuerdo, previo un tra ti(rn cubana.-Ni tirios ni troyanos qnedan satisfechos. bajo preliminar, entre el poder Ejecutivo y el .LegislaExplo'4ionelil anti-hi-1panas en el Senado americu.no.-La.
tivo.
muerte de Maceo.-¿Heroe ó Cabecilla.
Nuestros viejos parlamentos batalladores habían hecho
dificil cuando no imposible esta inteligencia, ya que las
Con el ansia é impaciencia· con que era esperado el
pa~iones arrojaban á los partidos á los_ ex~remos m~s ra- mensaje del Presidente Cleveland al Congreso americano,
dicales. Esta costumbre del obstrucc10msmo nac10nal, ha sido comenta4o inxiediatarnente por los que pretenha podido servir para que un poder público, ~uertemen- den encauzar la pública opinióu en la prensa del mundo.
te constituido y anheloso de salvar á. la nación de sus civilizado.
tradicionales vicios políticos, haya procurado no expoMalos cálculoe hacían los. que esperaban encontrar un
ner á las pasiones políticas todas aquellas medidas de cambio radical en la política que ha informado una adtrascen.d encia y que un escarceo parlamentario ha podi - ministración en los momentos en que se acerca :t sus posdo muy bien echar por tietra.
trimerías. El gabinete que con tanta habilidad ha sabidoEn la actualidád, las circunstancias han variado y los surtear los escoilos con que ha tropezado ültimamentemiembros que forman las Cámaras parecen más preocu- en sn marcha; que salvó admirablemente la crieis electo •
pados por una legislación útil á la República que por una ral, en verdad sea dicho, más por la sensatez y_ sentido
campaña política. Las funciones de que él poder Legiti- práctico del pueblo que por la ingerencia del poder púlativo fué investido eu el anterior período, indican un blico en la tremenda lucha de los partidos; que en su eledeseo de dará este cuerpo mayores atribuciones en los vada concepción del novísimo monrofsmo americano, ha
futuros problemas políticos y la conducta de los Secreta- logrado imponerlo á la Europa mJnárquica por medio de
rioa de Despacho á que hemos aludido. es otro teetimo- la sumisión de Inglaterra, que ha tenído que someterse al
mo de la importancia especialmente concedida á la Asam- arbitraje temporal, y aun ee prepara al permanente, para.
blea popular en estos tiempos.
hufr da disputas como la de Venezuela, que la orillaban
Del buen juicio desplegado por la Cámara rlependerán á conflictos serios: ese gabit;.tte que ha sido prudente y
muchas de Jas cuestiones de orden público que el porve - cauto en la cuestión cnbanir, y ha procurado conserva_r
nir nos oculta en sus impenetrables velos.
en todo su vigor el mantenimi ·nto de las leyes de neutralidad durante la guerra sin cuartel que arruina la Gran Antilla, y preservarse de las reclamaciones de Ee-paña pot""
el filibusterismo incesante_ de los americanos, no ha podido cambiar su programa en un momento dado, y sa•
El pueblo americano, restañada. !a sangre de las heri- tie-facer las aspiraciones desmedidas de los laborantes
das que el combate electoral ha abierto en sus intereses,
cubanos que simpatizan con la insurrección, ó !as exigen•
reposado y satisfecho, vuelve nuevamente á emplear.sus
cias de los patriotas espaiiole:s, que ·q uisieran ve~ á. los

1.Cos ,fflinistros en d lJ)arlamento.

tlespufs i)e las elecciones.

GencmlJ, mu1::rto en el comtiate de Punta. Brava.

EL MUNJ)(l.

371

1

l9olítira Qííeneral.

Josét_Macro, General dél Ejército Cubanc,, (Vl'ase nuostra Politica

13 DICIElfRRE, 1891\.

LA{ROMERIA ESPASOLA EN EL T°iVOLI DEL{ELISEO.-TROFEO:ooLOCADO A J,A ENTRADA

rebeldes abandonados á. su propia suerte y faltos del au- repi;.esentan, ya se lanzan á las agitadas luchas parlamen
xilio de Dios y de los hombres.
• tarias que hicieron célebre el anterior periodo de ¡:::e~io
Ha satiflfecbo Mr. Cleveland lo que podíasatiafacer: ha
nea; ya llneven uno después de otro numeroso1- prny@c10~1
dejado intacta la serena majestad del. poder soberano no de simple reconocimiento de beligerancia á Jo,. cub.\·
de su nación que no se altera por reclamaciones ni se des- nos sino de declaración de independtmcia de la Repúbli·
vanece por amenazas.
ca de Cuba.
Apenas hablan como con una especie de ~arca'3mn de
los buenos oficios interpuestos por el gobierno ain.:&gt;ricaPinta con los colores de la verdad la situación de Cuno, para hacer cee-ar paaíficamente la tr~ménda h1ch l; se
ba y de· los rebeldes; no cree que exista un gobierno
lanzan á la política de aventuras, y se pretttndt&gt; ~ll tnnn
constituido emanado de la revolución, y por lo mismo
imperativo que l&lt;)s Estados Unidos con toi,,~ s11~ fo¡.,rz l'l
no considera oportuno conceder á los insurrectos loa derechos de beligerancia. Con eso halaga al gobierno y al de mar y tiura tomen posesión de la Isla, h l'!~a que t:l
pueblo espaiiol. Pero teme por lo porvenir; en nombre
del supremo derecho que le Ga la fuerza y de los intPreees americanos amenazados, y de las simpatías manifiestas del pueblo en favor de la insurrección, y de la Bf'gnridad de los Estados Unidos, empefiados en la contienda,
dice que si Espafia llegara á. hacerse imr-otente para restablecer la paz, habría que pensar en una inter ención
directa para hP.cer cesar esos excesos de sangre y de matanza . ...leí halaga á loe que sostienen la causa cubana.
Por esv es que el pasaje más importante en el mensaje
de Cleveland y el que con más ansiedad era esperado en
todo el continente y con más impaciencia comentado
era por los eepafioles 1 ha dejado contentos á pocos y hecho brotar recriminaciones en muchos.
Los rebeldes y sus eimpatizadoies aguardaban de la
moribunda administración algo más que la anodina autonomía que aconseja, para llenar sus aspiraciones. Apenas tienen razón: hnbiérase propuesto al principio de la
lucha, y cuando aun no se !:aabían desatado los odios y
fermentado los rencores; hubiérase propue13to cnando el
suelo no se había empapado en sangre, ni se habían alum•
brado 1oe- hermosos paisajes tropicales de Cuba con los
resplandores del incendio; hubiérase propuesto cuando
el abismo que separa á peninsurnres y antillanos no estaba _tan hond_o, y tal vez la hubieran aceptado los jefes de
la rnsurn cc1ón. HL y cree::nos que es demasiado tarde·
la lucha empo-ñadJ. es de vida ó de muerte, y los que eue~
flan con la patria cubana han pronu_nciado Ja fatídica
frase de ¡ Indepen.den.cia 6 muerte!
Y España qne por su parte está resuelta tambien á todos los sacrificios, no cejará en su empresa· no hablará
de reconciliación y de concesiones, hasta v~r dom,¡dos á
los jefes insurrectos: ¡Cuáatas y cuán tremeridas luchas
Is esperan en esa guerra encarnizada!

•
••

pueblo de Cuba se dé el gobierno y~la constitución pc;lí
tica qne qniera su soberana vohmtad.
Y allá van loe representantes de la Cámara federal de
lós Estados Unidos, estallando en proyectes y haciendo
explo~ión en estrofas elocuentes de oratoria agre.eiva.
No importa que, al solo anuncio de.loe candentes bills,
los fondos americanos bajen en las Boleas europeas; allá
van, armados de tropos de dinamita y dieparaIJdo como
pr yectiles explosivos la1:1 frasea de su elocuencia y las
metáforas de su doctrina Monroe, llevada al último ex -

1.ren1n.

Si la prudencia de Cleveland dejó el campo abierto y

•
••

Pero si Clev~land ha podido conservar la majestad que
le corresp_onde como Jefe de una nación poderosa y fuerte que qmere rPspetar el derecho ageno; si como magistrado responsable de e-ns actos y desde su alta in,•estidura, no ha qne-rido dE&gt;jarse llevdr de rns propias simpatías
por no e;'Cponer al país que gobierna tal ve,¡ á una lucb~
1nternac10nal; los senadores americanos que no son responsables de ninguna de sus opiniones, y tienen qne sostener las convicciones y basta los deseos del pueolo que

•

"LA CASCCA " FO.SDA .

�13 DICIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

GUADALAJARA.
L&amp;S fiestas inaugurales del ferrocarril de Amtra.

LA.ROMERIA ESPA~OLA EN EL TIVOLl DEL. ELISE0-"LA FoB.TUHA," JuEGO.-''EL Couuoo," I'A.LCO .ESCENico.

sin solución el problema cubano ·al gobierno que ha de
inaugurar Me. Kinley en :Marzo próximo; l_oe arrebatos
de los aeuadores, demócratas 6 republicanos, pueden lle·
nar de sombras el porvenir de la Unión Americana, de•
jan do como hf rencia á la futura administración las difiCultades de un conflicto internacional y basta las aventuradas vicisitudes de una guerra.
Necesitan hoy máfl que nunca de toda su prudente sensatez los gabinetes de la Casa Blanca y de Madrid, aquél,
para no dejarse arreba"ar por los entusiasmos cubanos de
loe senadores, y éfte, para sofocar las explosiones de patriotismo qne Df&gt;Cetariamente han de estallar en Eepafia,
como eco obligado ·ae las peroraciones en el Senado americano.

•
••

Imposible cerrar la preaent6 crónica sin decir una palaLra siquiera de la nottcia que acaba de transmitirse á.
la prensa diaiia Fobre la muertf' de Antonio Maceo, jefe
de altísima importancia en ]as filas insur:rectae.
No ha venido con el laconismo ordinario de los men•
sajes telegd ficoP; t uie tal lujo de det-alles y minuciosos
pormenores, que más airven para desvirtuarla1 qutl pa.ra
afumar en el ánimo la convicción y la certi:za.
Sea como fuere, el relato de ese hecho ha producido
relámpagos de tn1m,nda agitación que, como estremecimientos de alegría JIBra unos, como calosfrío de consternación para otros, Lan cruzado por todas partes donde
hay alguien que ee interese en la suerte de España ó en
~l porvenir da Cuba.
Verdadera ó íalFa, con:firmadaó desm1;:,ntida, 1a muerte
de Maceo f'S un acontecimiento que merece detenernos
11.npunto. La de!'&amp;,pa,ición deun hombre que por luengos meses ~e había adue:fiado de la provincia de Pinar
del Río; necesitando la consbrucción de la terrible trocha
y la concentración de Jo más florido del ejército español
en Cuba y haFta de la presencia del Capitán Gene,a1,
tiene que i;;er como un golpé de maza pa1a la cauFa insu•
rrecta. ¡Cuántos L1:1brá que desálentadoF y llenos de :u.guetia, al ,er caer al que era columna y faro en el campo
lli.e los rebeldes, se aparltan desencantados! cuántos que,
irritados por la példida que expnimentan, se lancen
«.esa.tentados y locos, y caigan heritlos E'ntre las fuertes
huestes espafiolas! J_a i,érdida es grande; su influencia
moral y maf'erial Ff' hará t:entir en la dirección que - tomen los asuntoe cubanOP.
Pero si Jos que eiwpatizan con esa causa, tienen razón
en sentir y lamf'ntar la muerte de Maceo, creemos que
tampoco lee falta cmmdo aseguran que la muerte d~ un
hombre no es la muerte de la idea que defendía.
Si por acaso ee confirmara la noticia que comentsmos,
ya tendremos ocaei6n de hablar nuevamente del cabeci·
lla aborrecido que puede ascender al pedestal del héroe.

Hasta hoy ee le llama jefe de chusm&amp;; si por algún evento el éxito coronara el esfuerzo de sus partidarios, la historia tendrfa que alzarlo á la categoría de caodillo.
Así es la historia, ó más bien, así somos los· hombres.

X.X.X.
10 d~ Diciembre de 1896.

'l'ElATRERIAS
Leopoldo Frégoli, el famoso excéntrico que ha merecido aplausos de todos los públicos, obtuvo en su de/,ut un
éxito brillante sobre toda ponderación. Loe cqncurrentee al Teatro Principa), benefactores intachables de las
zarzuelas en un acto, con tangos y vieajee de Obregón,
han aplaudido hat!ta dejarse rojas las manos y se hacen
lenguas de las habilidades del excéntrico.
Vndad que parece cosa de milagro eso de que un solo
hombre cante UD dúo y multiplique su persoua basta el
infinito. En otros tiempos, nadie hubiera quitado á.Frégoli ur,a crtmaci6n en vida, por lo hechicero. Hoy, es
diEtinto: eeae brujerio.s se castigan con ovaciones.
Se transforma el excéntrico con una destreza y una
prontitud que dan la castafía á loe más listos. Y no
e6lo cambia de traje; también muda de rostro y de vozen menos tiemyo que el empleado por cu~lquíer mortal
para quitnrse e sombrero.
Se presenta á usted, en la escena, Frégoli personalmente; como es, con su cara sonriente y sus ojos vivarachos, y todavía no ha concluido usted de enterarse de los
JaFgOS de su fisonomía y ya está el humbre, convertido
en una colegiala ó en un viejo.
El eepectador se queda con la boca abierta y gracias á
que transcurridos algunos minutos, pueda preguntarse:
-¿Y el otro?
Canta con voz de tiple, con voz de bajo, con voz deba rítono, cou voz de tenor¡ y si se lo propusiera, cantaría
con voz de Pardavé.
Sale á la escena, hecho un profesor de música, _par-feota-mente caracterizado con cara de mal humor, y eegri·
miendu á modo de palmeta, un rollo de papele9. No hace m~e que sentarse al piano y ya está saliendo en forma
de jonu rubia y gallarda, por el foro, A recibir una leccciqn de mó.eiea. Y canta la discípula y el maestro canta,
cada uno con au voz natural, si es que Trégoli tiene uua
voz y no una colección como loe órganos de las iglesias.
A .nadif:' asombrará que un hombre maravilloso que
cambia de individuo, tan artísticamente, sea aplaudido
con entuaiasmo. Ese hombre vale poi tod1' una cowpa·
l!íB.

•••

Para oir buena música y á. buenos arti~tas, en el Tea-

tro Nacional. -=.a compallía de ópera, no es, como otras
muchas que hemos oído á prueba de jaqueca: y que noB
costaran un ojo d.., la cara. Después de Michelena, en la
compafiía de ópera todo ha marchado perfectamente.
Cada día se refuerza el cuadro con artistas de la calidad de Angelina Gay, la Sri ta. Riera y he Sres. Roura y
Visconti. Y no cuento á Cbole Goyzueta, porque esa
adelantada cantante está al servicio de la Compañía desde el principio de la temporada.
Exitoa no han eticaseado. Poede asegurarse qué cada
función es un éxito. Africana lo ha sido para CholeGoyzueta; Trovador para la Srita. Riera y el Sr. Roura; A.ido
para la Sra. Gay.
Excepcional verdaderamente, el resultado de las and.
ciones de .Africana.. Esta ópera de Meyerbeer nunca h&amp;.
bía eido representada en México regularmente siq-1iera.
Compañías de ópera en que figuraban notabilidad~s, fracasaron siempre, representando .Africana; artistas consagrados por la fama que quizá en otros teatros cantaran
irreprochablemente La obra, nunca acertaron á cantarla
en los teatros de México. Por esto, el resultado obtenido
por la Compafila de Opera popular, llamó la atención y
ha sido un triunfo para los artistas.
Cierto que no necesitaban de este éxito para ser jussamente alabados. Su@ facultades no comunes hubiera&amp;
triunfado siempre. Para terminar: la Compañia Sotorra
ea buena, bonita y barata. ~o se puede pedir más.

El Sr. D. Teodoro A.. IJebesa.
Como saben nuestros lectores acaba de ser reelooto gobernador de Varacruz pura e1 c•1atrienio constitucional
que principia este mes. Con tal motivo y para continuar
la galería de Jeíee de los Estados quo ht!mos iniciado en
nuestro sc:manario, publicamos el retrato que hallará».
en esta plana nuestros 1-ectorP.s.

Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
EN P.A..CH.UCA....

Pacuuca, Noviembre 11 de 189&amp;.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de 111'\ Mu....
tua.)1-México.-Muy @eñor mío:
Por couducto de los Sree. Pérez Duarte y O'!-, y Rnte e1
Sr. Notario Público D. A.uetreberto T. Andrade, hor. roe
ha sido entregada la suma de $5.000,00 (Cinco mil pt,sos), valot de la póliza núrn 765.222, bajo la cual est;uvo
8SE1,'.Urada mi finada madre, la Sra. María Guz.mán de
lleJía.
D11y á. usted las debidas gracias por la eficacia. oon qne
ha sido atendido t,Ste pago. antorizándolo_ para publicarlo.-811 atta. S._S.-Soji,,a Meií.a.

ti~namente nos precedieron El :!fundo diaTio y El Impar·
C1.al. Nuei:;tros l~torf's saben con qué entusiasmo tan inmenso fué recibido el General Diaz, cómo todas lae clases,
todos .los gremios, t-odos loP grupos-socialeii sA dieron cita en la eet:ición para aclamarlo; el aspecto de viaje
t.riunfal que tuvo la excursión á !.meca; el entusiasmo de
los habitantes de esta ~impática ciudad que et,l;á. por fin
comprendida en la red ferrocarrilera de la República, no
rp.euos grande que el mostrado por li::ie pobladores de
Guadalajara; el baile dado en e1,ta ciudad por las clases
pudientes al General Diaz en un salón soberbio, iluminado pnr todos los eoles de la electricidad y por todas
las estrellas de loq ojoe; los mil agasajns y dewostracio•
nes de que ahí fué objeto ,Jnestro Primer .Magistrado, el
hermoso brindis del Coneul de España Señor Don Justo

Hay en la República una ciudad privileofada: Gttad1.lajara, capital_del_Estado má.s populoso y ~ás fuerte del
Jpaíe.
Es inferior á Mé:x:jco, li. este inmenso hormiguero b~mano dcmde concurren tantas energías, donde se recon-centran tantos esfuerzos, donde se advierte una pugna
tan ~remen~a. e~tre infinitos int?resee que batallan por
la vida;~ mfenor, sí., en población y en extensión, pe·
ro s~per1or en hermosu!a, un_a hermosura especial que
cautiva al transeunte y 10 detiene en sus redes y Jo mima
y lo domefia como Armida á Reinaldo,
En qué consiste tal hermosura?
Gusidalajara DO ae recuesta como México en el
lecho mullido de un valle
magnífico, no cierran su horizonte colosos 11evados: co_mo el Popocatepetl y el Ixtlacibuatl, no .espejenn en
la sabana florida lagos azulee. ni ee apifian en sue
;afueras gigantescos ahuehuetes floridos de le)'endas.
De dónde dimana su belleza?
No se ad vierte en eua
arterias el espectáculo de
una muchedumbre desbordante, á.vida de negocios,
·-que invade todo y cuyo clamor incesante sube al cielo.; no pululan, negros y lucientes, loe trenes aristo-c~·áticoe i no se yerguen formidables los palacios de
mármoles, ni las torres de
sus iglesias rasgan pompo•
sas ehnfinito como prodi,gios de piedra.
Por qué es hermosa, pues?
Ah! su hermosura no es tá en la pompa, Está en la
;gracia. Emana de toda ella
un hálito de poesía. El palio real de un cielo profunda, intensa, infinitamente
..azul, la ampara. Sus calles
limpio.a están flanqueadas
de casas que parecen nidos y que dejan ver á tra1Vés de lus canceles de ~ie·
,;rro patios sevillanos, llenos de macetones -de jazmines y de trinos de pájaros; sus grandes edificios
;son más que todo risuefi.os.
Ríen por todas sus ventana9 ante el sol relampa-gueante, ante el espacio en
que flotan mil puntos de
oro. Sus iglesias convidan
á rezar la oración alegre
,que da gracias por la vida,
no el salmo querellnso que
pide misericordia. Su catedral es blanca gracil y
.
.
.
Uena de júbilo e corazón
~~jt!;¡"~: LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN J ALISCO.-GENERAL LOJS DEL C. CURJEL,

1~ ~~oq~j!1~:,

con todas la9 comodidades apetecibles, está. junto al templo del Santmtrio de Guadalupe, fundada por el filántropo canónigo de aqu"'lla Catedral, D. José del Re(ugi.o Gordoa; el edificio es amplio y bien ventilado, con una apa•
riencia monástica: tiene extenea capilla, ambulatorios,
celdas, varios patios con fuentes, un jardín,- refectorios,
todas las demá1-1 oficinas que reclama un eetaQlecimiento
de esta naturaleza: en los muros de la capilla, hay gran
des pinturas que representan pasajes alusivos al obJeto 1
como la convt&gt;reión de San Pablo, la parábola del Hijo
pródigo, etc. Las otras dos, están, una en San Sebaetian
de Analco, y la otra, en el edificio que en un tiempo se
llamó capilla dt- Jeeús, En varias estaciones del aílo,
grandes grupos de di versas clases de aquella sociedad,
practican con frecuencia estos actos de fervor.
21 son las pJazas que existen en la ciudad, con estos
nombres: de Armas, Catedral, Soledad, Santo domingo,
Santuario, Alameda, Jesús, Universidad, Escobedo, Car•
men, Nueve Esqnin is, .Mexica\tzingo, Aduana, Son
Francisco, San Fernando, Venegas, Analco, San Sebastián, Alcalde, Hospicio y Santa Mónica.
La hermosísima Plaza de Armas, está limitada al N.
por un costado del Sagrario; que ostenta su arquitectura
dórica: al O. por el paJacio de gobierno, de fgual orden
arquitectónico: al S. por el portal Quemado 6 de Quintanar, y al P. por el portal de Bolívar.
Todos esos costados que limit'ln á la plaza, son de muy
bella apariencia, prin_cipalmente el del Sagrario, con un
majestuoso pórtico, ens gra01osae balauetradas, e:ua bientrabajados cornisamentos y la arrogante cúpula que corresponde li la dirección del pórtico, viéndose en segundo término, las elevadas y góticas torres de Catedral, y
por fin, &lt;1tra gallarda cúpula que corresponde al coro de
Ja matriz.
·
Guadalajara fué foil.dada por Nuño de Guzmán, el día
5 de Febrero de 152l, y se le dió este nombre en memoria de la ciudad que en EApaíla se llama así y donde Nufto de Guzmán nació. Compónese ese nombre de dos palabras árabes ll"adiladJara. La ciudad actual eR la tercera
que con el mismo nombre foé trasladada á diversos luga·
res. Hoy es, sin duda, la segunda capital de la República,
no sólo por su población sino por su importancia, pues
alberga en sus muros más de noventa mil almas, y es metrópoli de importantísimo Estado de la Feder:ición.
LA CATEDRAL,

La Catedral de Guadalajara se fundó á instancias del
segundo Obispo de la Diócesis, Don Pedro Ayala, ponien-·
do él i)ersonalmente la primCra piedra el 31 de Julio
de 1616.

El edlficio es bellfsimo y majestuoso, de tres naves y
está limitado al N. por el Palacio Arzobispal, al S. por
uno de los portales, al O. por edificios particulares y al
Poniente por la Plaza principal.
_ ET, HOSPITAL DE BELÉN.
Guar1alajara r{'cuerda con gratitud inmensa el nombre
de ~u Obispo el !Ilmo. Antonio Alcalde, providencia de
la cmdad, y al cual debe ésta innumerables institu(::iones
benéficas. Fué trasladado de} Obispado de Yucatlin al de
Guadalajara, Era originario de Eepafia y de la orden Domínica, cuya promoción vino á hacer época en loe fastos
de aquella ciudad. Con grandíeimoe poderes se presentó
á eu nueva diócesis, perq con más suma de caridad ee
dedicó á bene_ficiar al _público, á lo~ pobres en particular
y _á la humamdad dohente en general. Propicia oportunidad se le presentó al poJCC' tiempo, para ejercer sus filantrópicos instintos. El terrible año de 1786 llamado del
hambre, había comenzado con todo su burior.
~abido que t~l ~alamidad provino de que el año antenor, (lt85J ant1c1pándose las heladas á. la estación,
destruyero,1 todas las sementeras de maíz, preeentá.ndose el hambre de una manera imponente entre la claEe
pobre de toda la Nueva.EiJpafia, cuyo principal alimen~
to lo constituye el maíz. El Seíior Alcalde organizó de
tal !llaneraª': programa para ejercer el bien, que puede
decirse que hizo más que todos los que hubieran querido
hacerlo. Grandísimas sumas empleó en abastecerse de
víveres para loa indigentes: según aparece en su libro de
1';1-emori~s qu~ con respeto hemos hojea.do, gastó eEe af'l.o
ctento di~z mtl pesos a6lo en maíz que repartió gratis li
loe necesitados.
_Pasó el hambre1 pflo su caridad quedó en pie: se ded1o6 entonces con grandísimo afán á muchas mejoras que

:s

r

ro.aculadas. La catedral de México es formidable más
obscura, pesada y melancólica.
'
Se i.~ui? sobre.ídolo~ derrumbados y pareee llevar el
remord1m1ento de su victoria sobre una raza eminente·
men~e religio~a. !-,a catedral de Guadalajara es coqueta,
,gra01osa¡ nos 10v1ta á. loar al Dios bueno que tiñó losc1e!os de azul y los asperjó de soles, que di6 el amor á los
-l~venea y la esperanza á los viejos. La catedral metropohtana es como un adusto pre.ado inmovil {'n su mustia
y grave actitud hierática, la catedral de Goadalajara ee
~omo un_ monago rubicund0 y alegre que rfe agitando el
""Incensano.
Hay.en laci1;1,dad muchos templos y cuando se expan·
de en 10undac1ón rosada la mañana, e.n cada torrecilla
liay una esquila parlanchina que parece clamar aleluya
y en_ cada altar un cura blanco que eleva risueflo la
hostia. El espectáculo de las calles en las primeras horas del día es cautivador. Multitud de ht::r"mosas mu•chac_has de mantón de burato, diríjense al templo con andar mdolente de Reinas; en los mercados bienolientes la
multitud, una multitud que no muestra coooo la de México el repugnante espectáculo de su indigencia. anima
el amplio edificio con barbulla desconcertada; sopla un
au:3 fre~ca que roba aromas á todos los jazmines y las es·
•qmlas siguen ebrias de movimiento extrnmecitmdo el
azul.
_Encantadora es la tapatía, y más que encantadora gra. c10sa corn? todo lo q~e la rodea. Su garbo es incomparable, sus OJOS han sabido conservar uua soberanía indlsputable en la República. No ·hay ojos como los de las
mujeres de la Andalucía de América· cantan estrofas y
atraen madrigales......
'

373

EL MUNDO.

Gober~ador del Estado.

Ft&gt;rnández, cuyo retrato p-qblicamos, la brmante respuesta del Presidente que supo desgranar algnnae flores ante
las hermosas mujeres que le sonreían; todo, todo ese relato de fiestas df, alegría, de cariños y de entusiasino lo
conocen los que nos leen y no debemos repetirlo.
Debemos manifestar, sí, que como en Puebla, el elemento oficial no hito sino dirigir y encauzar el entusiaa·
mo general; y como pub1icacnos numerosos grabados de
edificios, debemos además decir algunas palabras de ellos,
prefiriendo naturalm~nt., ea~ampar algunos datos relati-voi:,.
LA. C}UDAD.

Comit nza á contemplarse mucho antes de _que el viajero llegue al PXLenso valle de Atemajac, pues destacan
las tor~es de C11tedral, de San Francisco, de 8an Felipe,
de San Agustf n, de San Juan de Dios, de la Parroquia de
Jesús; las bellísimas cúpulas del Hospicio y del Sagrario1 y la inmeaea pirámide del Sarcófago del Panteón de
Belén.

Sólo por las distancias á que ee refiere en su estadística el sefior Ingeniero D. Luis Banda, poedeformarseuna
idea muy exacta de la área de la ciudad: estas distancias
son las siguientes: de la garita de S,m P~dro, situada
al O., á la de Zapopan, que está a] P., hay 4 .800 metros;
de la garita de Bueoavista, al N., á la-de Mex:icaltzingo,·
que está al S., 3,570 metros; diámetro medio de la ciudad, 4,235 ni.¡ perímetro ócircuuferencia media, 13,3 O
metros.
Los templos en sel'vicio son 26; el de San José ee magnífico por sus dimensiones, bellísimo por su ornamen•
tación y exquisito en Lodos sus detalles: ee cree quepodrá estrenarse dentro de dos años, y que por su magniTal es la ciü~ad que acaba de engalanarse para recibir. ficencia ocupará el tercer lugar de los templos del Esal primer m~g1strad J de la República y de la cual EL tado.
MuNno pubhca hoy algunas hermosas fotografías que 1e
A.demá.a de los edificios en que existen loe establecihan sido enviadas especialmente por su corresponsal el ro.ientos de inst,r11cción eclesiástica y religiosa, ejerce
*fí.or Lupercio.
jnrisrlicción aquPlla mitra en tres casas de ejercicios eeHablar de es:as fiestas, sería ruda tnre::i., en la que opor- · piritual~s, una dij ellas, C◊nstruida para ese objeto, y

•

D. Ju.st:o Fernáodez del Y11lle, Prellldente de la Cámara de Comercio

de Gua.dalaja.ni. r Consul de E!¡pa.ña.

�•
EL MUNDO.

374
r~lama!&gt;a la ciudad. Por
Pn cuenta se conetruy6 el
hospital de San Miguel de Belén, en 1791, lo
,iliemo que el panteón que
hay en este local, dotando
con esvlendidez al primero. Edificó el Santuario de
la Virgen de Guadalupe y
un colegio para nifill.S pobres llamado uEI Beaterio1 11
dotándolo también con siete manzanas de casas q,ue

famO"!O

mandó C()nstruir.
Quitó el camposanto que
existía en el centro de la
ciudad, en donde hoy es la

plaza de Venegae. Hizo
donaciones cuantiosas á. loe
conventos de monjas de Jef:lÚS :María y Santa Teref:la.
Ministró fuertes sumas para el empedrado de las ca-

llee y la compostura de lo!=!

caminos; y más pródigo fué
aún para proteger la instrucción primaria., á. la cual
consagró siempre sus atenciones más eficaces.
El paso por Jalisco de este hombre extraord1nario,
foé señalado por una bue
lla tan notable de benefi ·
cios á Guadalajara, que han
hecho imperecedera su me·
moria, a] extremo que, un
notable plublicista jalis ·
cien:?e, dice que: &lt;1l.h1adalajara ver.fa con má.s gueto un
monumento nigido á. la
memoria de Fray Antonio
Alcalde, que á. la de todos
loa heroes de la indepen ·
dencia nacional. n
¿Qué monumento !\ su
memoria mejorqueese con •
jnnto de establecimientos
levantados por su munifi ·
cencia, los cuales durante
un siglo han lhnado cum•
plidamente los dee0&lt;'e del
fundador? ¿Qué corona votiva más estimable que las
bendiciones de mil lares de
indigentes que aun siguen
•
.
·
siendo objeto de la subli.LAS FIESTAS PRE~IDENCIALESEN JALfSCO -P~RRT~PRlNCIPAL DEP.A.LACIO.-Fotografia de Luperclo,
me caridad del Señor AlJll3ra EL M1,;Noo.
calde?
Ahora los cuantiosos bienes con que dotó al hospital tos: t-l primero, destinado para el tribu.nal, los juzgad~s
de Belén, uEI Beaterion y varias escuelas de primeras le• de lo criminal, de lo civil y demás oficinas de 18'._ admttras, ya no existen, paearon al dominio de algunos par- nistr~ción de Justicia; el ergundo1 para las celdillas en
que dtben vivir aislados los presos; y el tercero, para los
ticulaTes.
San Miguel de Belén es una intnenea construcción de talleres que fueren Ot'Cesarios. El segundo departamen aspecto grave y sevem, dotada de todos los elementos to contiene ademlis un l.:.zareto y el tocal bastante .Pª~ª
modernos para la atención debida de lo!:! enfermos. Su nn hospital con salas bien ventiladas. Todo el ed1ficto
planta general tiene la forma de un cuadrado, con 350 me- pu~de ampllamentecontene; tres mil docientas perso~as,
Gros por lado, y en la cual se halla el templo, el 'Panteón y hay en él considerable numero de talleres. ~xteriory el hospital, siendo su eituaci6n al extremo N. de la mente tiene el aspecto de una fortaleza y está s1tuado al
poniente de la ciudad.
ciudad.
En el afio de 1792, quedaron terminadas la iglesia y el
EL TEATRO DEGOI.l,A no.
hoepital, p0niéndose desde entonces al servicio público.
La existencia de eníerroos es por término medio de 275
Está consirlerado, y con razón, como el primero de la
calculándose una entrada y salida diaria de diez á doce. RepúhliC:~ Fué edificado en la antigua plaza de San
Los enfermos son auxiliados gratuitamente por un per- Agustín y ·su planta gene1al tiene la forma de un. cuadrisonal competente y basta para que sean recibidos la con- longo de 97 metros de longí1ud por 36..!0 de latitud: en
signación que de ellos se haga por cualquiera de las oficinas
de policía. La junta de Beneficencia Pública paga el presupue1,.to del establecimiento1 y atiende !\ los gastos de
aeeo y reposición del edificio.

13

EL PALACIO DEL GOBIERNO.

Debido á. los esfuerzos del Gobernador de Jalisco, Sr.
Vallarta, se llevó á cabo la obra abandonada por tantos
aflos de la reedificación de Palacio, animado por la e:x:pJo-sión de 1859. En ella se gastaron cuarenta mil pesoa. ~
el Palacio vastísimo edificio, de elegante arqmtectura y
cierra uno de los costados de la Plaza de Armas.
El Salto de Juanacatlán es una. preciosidad natural que·

•

Desde el Gobierno del General Cruz, el Obispo don
Juan Raíz de Cabañ.as, varon eminentemente caritativo,
emprendió la construcción de un ho~picio de pobres, obra
coloaii.L que es hoy legítimo orgullo de Guadalajara. Este
hospicio, edificio vastísímo que se ba!la situado al Oriente do la Ciudad, á ocho cuadras de la plaza de armas y
calle recta del Costado N. de la misma. Fué terminado
por el arquitecto D. Manuel G6mez !barra y l OEtó, únicamente á. la Iglesia, $12,000.
La planta general es U:n paralelógramo, cuya longitud
es de 185 metros por 170 de latitud, la entrada ve al Poniente en dond'3 hay elegantísimo pórtico con coiumnatn. de orden toscano. En su interior el edificio está. dividido en dos departamentos, uno para hombres y otro
-para mujeres, Hubdivididos á. su vez; cuenta 28 patios; su
iglesia ea admirable por 1a sorprendente cúpula que la
corona y tiene la forma de una cruz griega prolongada.
Hasta hace dos af'ios habfa en el departamento de nifl.aa pobres 147, y 12 ancianos que recibían toda clase de
recureos en el estableci niento.
En 1880 había en el orfanatorio 13 niños y 16 niñas,
éstas permanecían hasta la edad de siete años y después
pasaban á sus reapecti vos establecimientos.
En el salón de la cuna había en el año referido 13 nifios expósitos que llevan el apelliao d• Cabañas, el ilustre fundador.
En el departamento de horu brea había en 1880 188 niños que ncibían instrucción primaria y secun~ria y á
quienes se ensefiaban varios oficios.
El plantel continúa rindiendo ópimos frutos.
U

PENiTE"-OIARÍA

Este edificio com,,.nzó l'Í con'!Lruirse el año de 18!3 bajo el ptnyt•d,n y dirección del arquitfcto español 'non
,José R-wióu Cut!\'a~. Esiádividi:lo en tres departamen-

1

LAS FIESTAS PRE'=irDE~CIALES EN JA.tlSCO.-PEl'i'ITENCLUHA.

.13

1896.

altura total hasta la clave de la linternilla que cubre la..
bóveda del salón, es de 22 metros 50 centírqetros. Por sus.
lados N. O. y S. está circundado por altos corredore.s óportales cuya construcción está. separada por ~n calleJón
de 5 metros. La fachada principal está. a! Fomente y las
laterales N. v S. est!tD divididas en tres pisos ornamentados con coluÍnnas y ventanae: ]os dC's primeros que corresponden á los palcos, son de orden corintio, y el tercer
piso que está. dedicado para Hote 1, pertenece al orden
comÍ,uest.o.. El pórtico está.fo~mado por ocho colum_nas
arquitrabadas de orden cormt10, coronadaa por un át1co.
Pasada esta entrada verdaderamente regia, se encuentran
cuatro elegantes portadas don canceles d~ hierro, que dan
acceso á un patio con oorredor oval, en forma de rotonda,
que tiene 10 metros de longitud por 6 metro~ 50 c~ntímetros de latitud, con diez columnas que sostienen igual
número de arcos. A los costados, están: un restaurant,
cantina la entrada á las ePcaleras que conducen á. las
ef!caler~a que conducen á las plateas y palcos y demás
oficinas del teatro. La entrada al salón está. al O. d&lt;&gt;l patió descrito decoradas con columnaq de orden corintio:
entre la ent'.rada y el salón, hay por ambos !ados un _espacio de 9 metros ocupado por el ambulatorio respectivo
y los gabinetes de desahogo para cada platea.
El diámetro mayor del salón es .de 20 metros 60 cent~metros y el menor de 17 metros 9a céntí~uetros: eEtá. ~1vidido en cinco órdenes de palcos sostenidos por groc.10sas columnas de orden compuesto: sobre ellos dei:cansa
la atrevida«&gt;óveda plana construida con piedra póroez y
decorada con una b~llfsima pintura a.! óleo que rt&gt;presenta el canto IV de la Divina Comedia del Dante, t-jecutada· con maestría por Gá.lvez y el insigne pintor jalieci.ense Gernrdo Snárez.
El gran arco del proscenio tiene .15 n;ietros de ancho
por 14 de elevación hasta la parte rnfo_nor de su clave,
está sost.enido por cohimnas de orden comput&gt;tlto y $1ecoraao en su parte inferior oon diez caeetonef! el~ exquisita talla y un bajo relieve que representa el nempo y
las horas: en las pe&lt;'hinas que están sobre el arco, hay
dos famas en actitud de tocar sus trompetaf!, portando
en la mano izquierda coronas de laurel. Un ág11ila coloeal también en relieve de oro, está en la clave, soporta~do entre sus garras la bandera nacional.
Cinco entradas tiene este salón, una al frente y cuatro
laterales · la decoración toda es de estuco, fondo azul, y
las- cornisas, columnas, bases, capiteles, t te., etc., de
blanco y oro.
·
El foro esM. techado con hierro: su lorgitud c-s de 34
metros por 18 de latitud : á eus costados N. y S, -hay amplias galerías de orden toscano y después de ellas, una
serie de gabinetes para los actores.
Sobre una caja acústica están los asientos de la orquesta1 y el subterráneo de ella se prolonga con ascenso hacia
la entrada y por lo mismo,. la colosa! tarima que sin-e de
pavimento queda susceptible de nt velarsP. con el foro
para form~r un inmens0 s1.l6n de cerca de 55 metros.
Todos !os ambulatorios, gabinetes de desahogo y demás dependenciM de este grandioso ~eatro, son cómodas
y bien ventila.ias. El foro tiene una mmensa puerta parn la calle, por la espalda del ~dificio; en el caso de incendio, ka actores y dependientes de escena, tendrán,
una facíl salida, para qne no suceda lo que no h~ mucho
tiempo en París, en el Teatro de la 9pera Có_m1~a,. que
no pudieron salvarse los actores m demás rnd1v1duos
que había en el foro, por cuyo lugar comenzó sus estragos el destructor elemento.

EL JIOSPICfO.

•

DICIEMBRE,

DICIEMBRE,

1896.

•

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES E)l" JALISCO.-PALACIO

DE GOBIERNO.

la comisión de Instrucción Pública. Pereuadi:!o de l_a importancia de] ramo que ee Je confió, ~eede ese d_!a Y con
una constancia imperturbable, no deJÓ detrabaJar porla
inRtrucción.
.
. ·
Inmediatamente aumentó en la capital ee1s E'Fcuelasde
niñM y tres de niños¡ fundó para ambos sexos las -de
San Pedro, Mezquitán, Santa María, Toluqml'a y San
Sebastián.
Siendo después miembro de la Ju!lta. :pepartamental,
hizo el primer plan de ensei'ianza pnmana en el Estado,
y aprobado por el gobierno, se publicó el 28 de Enero de
1839. En este puesto se le preeeJJtó un camp~ más va.~to
para ¡&gt;0ner en acción sus deseos de elevar la rne~rucc1ón
á una altura extraordinaria, cqosigniE'ndo, dt•b1do á su
activi&lt;larl, que en poco tiempo no bubier~ en el Estado
ni un sólo pueblo, aun el má~ pfqueño, sm eecuel~.
Nadie mejor que el Sr. Cot11la conocía toda la impor·
t-ancia de que los maestros. que eervfa~ las eecuelas fu~ran ilust,rados, y á E'Fte cm dado Ee d, b1ó tenerlos en nu·
mero crecido. Los miembros de J9. Junta Departamental por iniciativa del Sr. Ootilla, cedieron sus sueldos
pa;a aumentar el de algunos profdflnres inte!igentes, Pntre otros, D. Julio Meyn, que eneeñaba Caligrafía y Te•
neduría de libros por partid.a doble, á los preceptores.
Más tarde fué nombrado Inspector general de ta instrucción primaria y se proµneo fnndar Una escnela normal de profesare;, comprendiendo qne cada prfceptor
import':lba tanto coi.u? una eF&lt;.mel.a y más que una eecueJa, no debiendo omitirse medio a~guno ¡,ara atender A 1:1
perf eta ilnfltraci6a del proíesora~o. Estos ?esvelos ~1eieron ver la lnz ií. 11n bello t,rabaJo que publicó en 18.Jl,
bajo el título de: uloforme que prest&gt;nta tl In.epec.tor gen~ral de instrncción primaria, á la Junta D1rect1sa de
Estudios dPl Estado de Jalisco.n Loa trastOTnos políticos
de 1852 ocasionaron que este gran pensamiento no se hubiera rf'alizado.
En 1859 tr::idujo é imprimió el .curso de Pf'dagogía de
1\fr. A. Renaú, con que- obseqmó á los profesores, por
cuyo progreso trabajó siempre.
.
. .
Veinte años consagró el Sr. Coulla 111 s~rv1c10 de la
instrucción pública, sin recibir sueldo en mngu_no de los
puettos que ocupó, an.tes de su modE'Ato peculI_o costeó
varias impresiones útiles para los proft&gt;sores y parn los
alumnos y muchas veces .. para estim~1!ar á los niño~, .de
su bolsa salían los pretJHOB que nc1bían por mano del
maestro.
. .,
El rápido progreso que la ensefianza ~dqu1r.10 en este
período, es incalculable, y la fama del Sr. Cotilla se .ex~
tendió por todas pai:te_s. ~n 184.1, ~~ una honrosís1ma
comunicación 1 el M1msterio deJuRticia, por acuerdo del
Presidente de la República, le pedia los rt&gt;;glamen~os por
medio de los cuales babia prosperado la instrucción en
Jalisco rogándole que loe remitiera al Sr. D. Juan Rodrfgue~ Puebla, secretario de la Junta de Instrucción
Pública de México.
Por fin sus enfermedades le hicieron renunciar en
1855 el cafgo de insp€ctor, con sentimiento unánime del
gobierno y de la sociedad.
.
Después de seia años de en~1erro en -a~1 casa, coneagra•
do á disponerse para la !'termdad, rr11~r16 el Sr: Cot1\la,
dejando sus pequeñoa bienes á _lo~. l o:.ires y u~a pens:ón
vitalicia á la persona que lo asistió en los últimt.s anos
de su vida.
Un elPganteescrit?r jaliscien.se, am~¡z~ del Sr. Cotilla:,
dice: uNosotros le vimos nc.b1r el V1á~1co de los moribundos y en nuestro interior deciamos: t(Si eea boca, cerrada por el recogimient,:&gt; se abriera de repente, cantaría como suspira un angel y gem irf~ C?mo cant':\ un m~~tal.n También lo vimos exhalar el ultimo suspiro y d1J1mos: ((dichosos los que mueren aRf: descanse en paz:u
ese día íué el 27 de Octubre de 1861.11
Entre sus papeles se encontró uno que dice: uMi ~pitaflo. Los restos mortales de un pecador arrepentido:
esperan aquí la res.urrección de. la carne,)J.Y después
uComo creo perjudicial á los vivos el entierro de lo.!!!

como sus protPgiclos, al E'xtremn de qnP. cnando llevaron
suprema belleza del agua que" desata ~us crencbas, en á. su casa los blandones impe1·ü\lE&gt;s d1-&gt; f'at,edral, no había
dinero para romprar los cirins qne ch•bfan arder ante f'l
caudal de espnmas.
Para concluir y como nota amen.a de este ~rtículo, pu- cadaver. I..,oQ ahorros de D. Jesús Ca.~tillo, ann antes de
blicamos á continnaci6n algo relativo á. la:_ vida del gran "recibirse de médico tenía algnnl\ client~!a, lloraron eeta
Obispo Alcalde, ta~ v~nerado en Gnadala1ara, y de otros necesidad y Fe pmolearon además en los .gastos del snn·
tuoso entierro qne se propuso hacer á su 1lustie benefacvarones no menos rns1gnes.
.
.
Era tan minucioso para hacer loa benefic10s, t-an am1~0 tor.
Lle"\"Ó R. su útima morada el Sr. A.rtf'aga un inmenso
del pormenor y del detalle, qne fijándose en la t~mdenc1a
que tienen todos los niños á comer alguna ~nlosm~ al sa- séquito, además del invitado para f!US fnnt!ralea: er~n los
lir del Colegio, dej6 una ca'!a con el exclus1yo obJeto de que comían en su casa, eran lof'lo hnérfanos y las v1u~as,
qua.la renta se ·empleara precisamente en b1zc~chos que que llorando, acompañaban hasta el sepulcro á su canta·
deberían distrib11iree todas las tarde~ á las mñ~s .de la tivo bienhechor.
eflcuela pública del Beaterio, al ealir Jel establec1m1ento.
A fines del afio último del siglo pasado, nacía ot.ro
1Qué grande era esa alma ocupándose de pequef'ieces de hombre admirable por su caridad para con los deegrac1ados y por el celo con qne se consagró ~l fomenti0 de la
estP género!
.
. .
Un ascendiente de la esttma\)le f~m1ha Palomar, er:' instrucción pública en el Estado de Jalteco1 era Don Ma~
amigo del ilustre prelaao, y conociendo su desprendi- nuel LópE&gt;z Cotilla. Quedó huérf1;\no de padre C?ando esmiento de cuanto poseía, al E'xtremo de que muchas ve tudiaba Filosofía en el SPminarm de GuadalaJara: esta
ce~ no tenía rO!Ja que ponerse, ac?stumbraba rE'galarle- circunstancia y la de haber perdido la mayor -parte de su
cada af'i.o entre otras \.-'rendas, vanas docenas de pafiue- fortuna en virtud de loa suceisos de 1810, o~as1onaron su
los de fido cambray: una vez 1 habiendo pasado pocos días salida 1el Seminario; sin embargo, en lo pr!vado se condel obsequio, fué á visit-ar!o: lo halló con un fuerte d.ol?r sagró al dibujo y al estudio de las Matemáticas.
de cab8za y que ésta la tenía amarrada con un andraJo
Su vida privada, era nn modelo por _su honradez, J:!Or
despreciable.
.
.
su condact3. para con sn madre, á qmen amaba apasto·
--¿Pero qué clase de t rapo tiene S. I. en la cabe'..a? le nadamente; por eu protección á los desvalidos y por su
preguntó.
.
desprendimiento, al f'xtremo de que poseyendo en ~s -Lo mismo aprieta esta pretma de calzones que cual• pafia un mayorazgo, hi.,.o de él 1~na ab~oluta donación
quiera. otra cosa, conteetó el Sr. A1calde.
de los frutos y de la prnpit&gt;dad al mmedta.to suces?r del
-¿P@ro loa pañuelos en dónde están?
.
vínculo remirciando hnóicanwnt,e á. las comod1dadee
-¡Ah! los pat'iuelos ...... pues ...... ya no recuerdo qu ien que pudo habn dif•frutado con aquella fortuna.
En 1835 fué no·nbrado regidor del Ayuntamiento co11
ee los llevó.
.
s,empre vivió así en la m=seria, s'3 puede dec1t, pues
sus pobres como él !'os llamaba (mis pobres), consumían
hasta el último centavo 11e sus sueldos, y esto que en esa
época eran muy respetables.
Mas tarde apareció el Sr. ~ura de ~ac_o~lco, D. M;anuel
Arteaga, quien en las _parro9-u1as q~es1rv16Jamás quiso co·
brar á. los pobres est1pend10 de nmguna clase, al extre•
mo de que cuando fué promovido!\ un asiento en el coro
de la catedral de Guadalajara, los vecino!tacomodados .d e
Zacoalco le facilitaron coche y recursos para hacer el viaje. Una nz en posesión de su elevado puesto, la_Cfarerúi
ó tesorería de aquel Cabildo, le h!zo un cor_to ant1c1po para comprar los muebles más premsoa del aJuar de su mo•
desta habitacion.
.
. .
Desde luego fué su casa e! punto de_ c1_ta de loa md1 ·
gentes, para los cua!es se disponían d1ariament~ abun•
dantes alimentos. Nuestró amado padre fué testigo una
vez de que á uno de tantos ancianos que comían en su
casa, le envió de la mesa un platillo especial q_ue se le
disponía por el mal estado de su dentadura.
-Señor, ¡por qoé manda usted su plato? le preguntó la
señora que hacía cabeza en la casa.
.
-He visto hoy á. un viejecito que como yo, no tiene
dientes, dijo el Sr. Arteaga.
·
-Es que ya no tenemos poyo para usted.
.
-Eso quiere decir, conteEtó, que mañana .s e d1~p_ondrá.
en mayor cantidad, para ese pobre queéegmrá. vm1endo,
y para mí.
Llegó hasta la dignidad de Dean, con aumento notable
de su sueldo¡ pero en esa proporción aumentó también
sus caridades ya entonces pagaba los lugares de algun?S
huérfanos en 'varios colegios, dió de a!ta en el refecto!lO
de Sll casa !\ nueuos indigentee y hacia otros beneficios
de importancia.
.
El Sr. Arteaga sostuvo la carrera del intelig~nte médico D. Jesús Castillo, que aun vive en Guadal8'.Jara gozando del aprecio y consideración. de aq?ella somedart: e.n la
&lt;:asa de su protector halló Cast1llo, mie_ntras ~ué estudian·
te, ropa, alimentos 1 libros y las cons1derac1ones de un
padre solicito.
LAS FIESTA..$ PRESIDENCIALES E~
Murió el Sr. Arteaga octogenario en 18481 tan pobre
todos conocen y que r..o intentaremos describir. Tiene ia

•

3¡5

EL MUNDO.

•
JAUSJO.-SALTO DE JOA...~ACATLL~.

�EL MUNDO.

376

13

DICIEJ\fBRE,

1896.

Los puestos estaban gráficamente clasificados y aparecían diseminados por los jardines tan variados en sufor·
ma como en sus adornos; pero sí tod~ los adornos estaban arregladoe con esa exquisita delicadeza que solamente p0see el bello sexo.
Los diarios han dado á. conocer durante la semana los
detalles pormenorizados de esta füista de la caridad y
nuestros lectores pueden formarse mejor idea con los fotograbados que hoy publicamos.
Las señoritas vestían los trajes peculiares á cada una
de las Provi11cias y la verdad es que había algunos verdaderamentP. lujosos y de much~ costo.
Lo más granado de la Colonia Española, mezclada con
su numerosa fracción comercial y· un gran número de
compatriotas nuestros, dieron esplendor á la fiesta.
Dignas de mención son las Sras. de Noriega, de Mijares, de Abarca de Hope, viuda de Moreno, de Ar.rutia,
de Roqueñí, de Sierra y Solaun de Onniso, Salas Puente,
de Quintana, de Torno, de Alvarez Díaz, de Do~al, de .
Vega y de Tanco, de Téllez, de Cabrera, de Borrego, y
Sritas. María y Lupe Noriega, Angela, Carlota y María
Barquín, Josefa Roqueiíí, Gabriela de Silva, Sritas. r ardo, Dfaz, Villa de Mora, Zayas, Antuflano, Isaei, Alcorta, Luna, Arroyo, Pontón, Villa, Pastor, Gay, Escandón,
Sobrino, Pefla. Farez, Herrera, Arcaraz, Abarca, Blan•
co, Romero, Hoppe y Meneson, y en general todo el gru•
po encantador, que con gracia y amabilidad desempefla•
ron eu tierna y delicada misión en honor de la caridad.

13 DrnrF.Jlrn R F:. 189R.

377

ELMUNDO.

. . ::r (;:'
v: &gt;'

Fué en li33 cuando obtuvieron los cultivadores en Francia, los primeros ananas.
8t1 consiguió hacerlos madurar en Veraallee, y Luis XV hizoservirloe en su mesa. En
los países cálidos se les prefiere á los mejores frutos de Europa; pero los ananas de
los rnvernaderos no pueden compararse con su perfume y sabor exquisito con los ananas de las indias.
E1 bajo el clima de fuego de los trópicos donde esos frutos se presentan en todo su
esplendor. Hay campos que contienen millares. Todos los sitios les convienen; se desarrollan en lugares escarpados; cerca de los arroyos ó al borde de las fuentes luce el
suave verdor de sus bojas y el suave fruto.
Este fruto facilita la digestión; se prepara con él una bebida espirituosa y espumosa, mezclando su corteza con agua y azúcar; se hace también una excelente ensalada, á la manera de las que se preparan con naranjas, con azúcar y licores fuertes. En loe
países donde el anana es muy abundante, se fabrica un vino por la fermentación de m
j11go; ese producto desconocido para nosotros puede rivalizar con los mejores vinos de
Eipaña por su fragancia y por sus propiedades tónicas: es muy parec'do al Malvaeia y
podría txpedirse en barricas ó en botellas; donde más se fabrica es en las Antillas, y
t!e vende á 2 francos 50 céntimos la botella.
Las largas hojas de anana, abundantes eR fibras blancas y muy fuertes se emplean
en los tt&gt;jidos de géneros delicadísimos, buscados por su brillo y su frescura. La Reunión recibe de la India esta fabricación ya en piezas, ya en pafiuelos. Los conocedores
en tl'jidos se sorprenden al verlos. Se hacen también líneas para la pesca y cuerdas
muy bólidas. Es sensible que la Europa no obtenga aún sino un escaso partido de una
planta tan rica de porvenir.
El aroma del anana es difícil de concentrar. es muy fugaz y se altera con facilidad.
En el J.enguaje de las flores tiene eeta planta el emblema de la perfección.
AGRICULTURA.
LAS SALES DE CAL EN LA Af,IMENTACIÓN DE LAS GALLINAS.

Medalla conmemorativa de La Paz.

LAS FIESTAS PRESIDEXCIALES E:!-. JALISCO.-PANORA)IA DE GUADALAJARA.

muertos, en gavetas, encargo que el entierro de mi cadáver sea en la tierra, es decir, un verdadero entierro.»
Pocos días después de su muerte «El Espejo,» periódi•
coque entonces se publicaba en Guadalajara, decía en
un artículo muy sentido: «El Sr. D. Manuel L. Cotilla
prestó muchos servicios á su patria y en lo particular á
sus semejantes. Prueba de ello es el sentimiento general
y ePpontáneo que ha causado su muerte: el duelo que
han manifestado los sujetos más distinguidos de todos
los colores políticos y el gran cortejo de dos ó tres mil
personas que acompañaron su cadarer hasta el cementerio de Santa Paula. Al depositar sns restos en el lugar
que se le tenía destinado, se oyeron varios sentimentales discursos sobre sus eminentes virtudes y relevantes
servicios, por varios ciudadanos preceptores, estando
presentes á 1a ceremonia una comisión del H. Congreso,
otra de la Junta Directiva de Estudios, otra del I. Ayuntamiento, el cuerpo de profesores de instrucción prima. ria de esta capital, un gran número de niños de todas las
escuelas municipales y particularee y gran parte de los
habitantes de esta ciudad que conocieron al Sr. Cotilla,
admiraron sus virtudes, palparon sus eminentes servicios y quisieron derramar una lágrima de gratitud, ante
el sepulcro de tan eeclarecido ciudadano. Si algún jalisciense merece llamarse benemérito de la patria, es el Sr.
D. Manuel López Cotilla; porque extraño á las disenciones políticas de los partidos, sólo se ocupó en los mejo•
res a~os de su vida, del bien de sus eemejantes.»
Un decreto de la legislatura del Estado, expedido el
mismo día, le declaró benemérito y dispuso que por tres
días llevaran luto por el ilustre finadc-, las autoridades y
demás emph¡ados civiles y militares de Ja::.l;;;is::.c.o~·~--Tal es Guadalajara, tales BUS inatitiícionea, tales sus
hombres eminentes. Baste esta leve reaefla para formarse una idea que sin duda mejorará cuando se contemplen
de cerca las supremas belle:t'as de la Atenas americana.
D. Dionisio Rodríguez fué otro hombre que prodigó
muchos bienes á Guadalajara.
_Fué rico y eeta circunstancia le proporcionó hacer el
bien en mayor escala.
Nació en Guadalajara el día 8 de Abril de 1810, y sus
pa~res se propusieron darle una esmerada educación re·
lig1osa.
Sus estudios los hizo en el Seminario, basta Filosofía,
pasando después á.·la Universidad, en cuyo plantel hizo
su carrera de abogado, obteniendo el título respectivo,
el 23 de Junio de 1835.
·
Nada era tan atractivo para el Sefior Rodríguez, como
el beneficio á la sociedad, y esto lo demostró de una manera elocuente con sus trabajos para conseguir que vinieran al país las Hermanas de la Caridad. Comenzó sus
gestiones en 1850, después de un viaje que hizo á Europa, en donde vió los beneficios que la humanidad desvalida recibía de aquellas admirables mujeres, y estas llegaron á Guadalajara en 1823, viendo el iniciador logrados
sus humanitarios deseos. •
•
Fundada~~ 1864 la !unta d~ Caridad, para atender
con más solicitud á la mstrucc1ón y beneficencia de la
nifiez, fué ~ombradc presidente el Señor Rodríguez, cuyo cargo desempeñó hasta su muerte.
Por fin murió1 como dejan la vida los hombres de al~a elev3:da, resignado con sus dolores y con la mirada
fi¡a en Dios, el día l ? de Mayo de 187i. Del Señor Rodríg~ez ee pueden decir aq~ellas palabras que la Iglesia dedica á les. confesores: «Bien aventurado el varón que es
hallado sm culpa y que no anda tras el oro, ni pone su
esperanz~ eu el dmero y en los tesoros. ¿Quién es éste,
y lo elog:aremo3? porque él ha hecho cosas admirables
en su vida.»
El mundv contemporaneo es un taller de mediocri•
dades.
Pattl Bourget.

LA ROMERIA ESPAÑOLA..

Pluma de Ave del Paraíso, empapada en tinta de oro,
sería necesario em pu fiar, para escribir con ella la cróni•
ca de la simpática. de la brillante fiesta organizada por
un selecto grupo de damas pertl'nPcientea á la Colonia
Espaflola radicada en la antigua capital del Icnperio Az·
teca.
El Sr. D. André~ Toriello fué el comisionado para dirigir el adorno, y á la verdad cumplió su cometido con
arte y gusto.
El Tívoli del Elíseo eetaba vestido de gala: pabellones
e~pañoles y mexicanos fraternalmente enlazados, festones de aromático cedro, flores á millares, lo mismo que
farolillos chinescos y venecianos que por la noche, con
sus variantes luces, daban mayor belleza á squel conjunto verdaderamente encantador.
~l Tívoli representaba á la Península Ibérica porque
allí estaban reunidas todas las Provincias que la forman
indicadas por sus escudos heráldicos respectivos.
El primero que al entrar al Tívoli se destacaba en lujosa cortina de peluche color oro viejo, era el León de
Castilla, que parecía sacudir orgulloso su encrespada me•
lena.

Los alimentos que se Puministran á las gallinas son generalmente insuficientes al
suministro de la cal que necesitan, sobre todo si están sometidas al régimen del galli
nero.
Por los análisis, sabemos que la cáscara de los huevos contiene gran cantidad de
carbona10 de cal, y por tanto cabe preguntar: ¿es en la forma de carbonato que precisa
modificar su alimentación?
E_n la naturaleza el calcáreo ó carbonat? es muy obundante, y las gallinas hacen
del 1msmo gran consumo cuando están en hbestad.
·
Y no obstante, no es indispensable q•1e la cal que se lee suministra, para que puedan producir la cáscara del huevo, sea precisamente en forma de carbonato, p11esto
que, como los molúsculos para secretar su cubierta y los crustáceos para formar su en voltori_o. poseen la facultad de fabricar el calcáreo, mientras la cal en cualquier forma
y el ácido carbónico loe tenga á su disposición.
Dudarfase de que la gallina fuese un químico muy hábil, y no obstante, es un hec~o c_omo lo ~n demostrado loF Sres. Irvine y \Voodhead, en las interesantes expenenc1ae publicadas en la Rel'!(e Scienti.fique, de las cuales vamos á hacer un resumen.
. _Una experiencia consistió en encerrar en un aposento, en el cual no había ni arena
m tierra, algunas gallinas y un galio. Cada ave recibió su correspondiente ración con
determin~d.a cantidad de ~gua destilada y una doús fija de sulfato de cal ó sea )'eso.
que se ad1c1onaba á los ahmento -. Por eRte método, se sabía con exactitud la cantidad
(8 ó 9 _centígramos) de carbonato de ca: introducid.i con los alimentos en el organismo
del ~mmal, carbonato que no hallaban ni en el agua ni en otra parte.
Se quería saber, si en estas condiciones, las aves conseguirían ~I carbonato de cal
del envoltorio de los huevos.

Vamos á referirá. grandes rasgos la historia de la medalla conmemorativa de lri Paz, que va á ser obsequiada
al Sr. Presidente de la República por los Estados de la
Federación.
La idea fué del Sr. Licenciado Melesio Parra, y comunicada á losseñoresGobernadorePde los Estados, laaceptaron con entusiasmo, ofreciendo al autor el contingente
que neoesario fuese para que ia ide.1 se llevara al terreno
de la práctica.
El Sr. Parra ha trabajado con verdadera constancia
hasta ver cumplidos sus deseos.
La medalla, cuyo grabado damos en el Jugar respectivo
ha sido grabada y acuñada por el artista mexicano D.
Eusebio Lezama. Es de oro macis.&gt; con Eólo anverso.
Será colocada la medalla en un estuche, al que irá
acompaflando una tarjeta de oro con la dedicatoria rea•
pectiva.
Tan valioea joya será entregada próximamente por una
gran comisión de Gobernadores de los Estados.
En tan solemne acto llevará la palabra para hacer la
entrega al Sr. Presidente el autor de la idea, Licencl,.do
Melesio Parra.1
El mal puede conducir al bien; sólo la necesidad no engendra más que la necedad.
Ibsen.
Es más facil arrepentirse que perdonar.

Jul,ea Lemaüre.

Vosotros habéis predicado el dogma aosurdo de la igualdad, quP. consiste, no en
elev~i:se _hasta los unos, sino en abatir 11. los otro5; y después hasta os admiráis y pre•
guntá1s rngenuamente: ¿Qué quiere la clase laboriosa? La clase laboriosa quiere simplemente no trabajar.
ALFONSO KABR.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES E\ ,TALISCO.-CATEDRAL DE GUADALAJARA.
De fotografía de Lupercio, para EL Mt'NDO.

CURIOSI DADES.
Las cinco vocales.
Encontrá~do~os hace algunos días en una reunión, un joven propuso á los circunstantes el que 1nd1casen alguna palabra que tuviese las cinco vocales.
Al principio.nadie podía dar solución al problema, y el joven se vió en el caso de
rPvelar sus conoCimientos en este género de entretenimientos, dando la palabra mur•·iélago como unica que poseía, todas las vocales.
Muy luego una sedorita dijo que hab(l!, otras con igual privilegio, y sucesivamente
1,e fueron nombrando por los presentes los vocablos siguientes:
Murciélago
Vulneración
Eufonía
Aceitul'.'o
Escu!l.lido
Estudiosa
Vituperación
Universitario
Emulación
Vinculaciones
Agr icultores
Duodécima
Publicaciones
Regulación
Feudalismo
Terapéutico
Buenos-Aires
Educación
Reva 1unación
Manuelito
Aureliano
Eucalipto
Evaluación
Deucalión
Neurología
Eulogia
Republicano
E L A.NA.NA,

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-HOSPITAL DE SAN MIGUEL DE BELEN.-T.&amp;ES SALAll.-Fotografla de Luperolo
para EL Mmmo.
•

El anana de hoy y el anana de otros tiempos; su descripción, variedades acHmatación y propiedades. Vino, hilo y tejidos de anana.
'
~I ~nana que ~bunda en los merca~osdePai:ís enciei:t,as épocasdelafío, se importa
-de d1strntas eolomas francesas. Con Cinco céntimos obtienen los niñot1 una tajada de
:mana, y se pnede comprar una muy regnlar por un franco; sin embargo hace tres
ó cuatro años que un anana de buena calidad costaba cien francos. Para eatÍefacer á su
esposa que_est.aba_ en cinta, el general !unot,. en esa época gobernador de París, ofreció
-en v:ino Vt&gt;mte lmse_a por unn anana: 1mpos1ble entonces procurárselo, ni aun por ese
prec10.-¡Qué cambio!
Se conocen detalles interesantes respecto á ese fruto justamente renombrado y
que pasa generalmente, por ser el mejor de! mundo.
'
Uomo vegetal el anana E:ª una planta vivaz, espinosa, de ~legante forma, sus hojas
largas, verdes, carnosas y sólidas, rodean un vástago que termrna en una espiga de flores
n_umerosas y violácea6, á las que suceden vainas tan apretadas que parecen no hacer
sino un sólo fruto. Es el tipo de la familia de las bromeliáceas.
El a~ana en su madurez es generalmente de un amarillo dorado· su carne es blan~a, a~anlla ó ro_sada, de un perfume y de un sabor exquisitos qu~ recuerda la fresa
da al 1!1-.ón. Su Jugo es muy refrescante, y posee todas las cualidades necesarias para
calmar las fiebres inflamatorias.
Se conocen algunas variedades dP ananas, de fruto rojo, blanco violeta y negro y
1) hay _que reune todos .esos colores. Hay una clase especial cuyo fruto es muy pequefio
•· n las 1sl_as de la Reumón; su carne es cuanto hay de más exquisito, tiene un gusto muy
llronnnciado á la uva moscatel.
. Para reproducir esta planta basta separar con cuidado el ramo de hojas verdes que
tiene el fruto y enterrarlo.
. Don. Gonzalo Hernández de Oviep.o, gobernador de Santo Domingo en 1535 fué
,quien hizo conocer este excelente frmo á loa botánicos de Europa.
'
Acosta nos hace saber que fné llevado de Sant&amp; Cruz á las Indias Occidentales y á
la Cliina. donde se conocía en 1518. Alg,mo~ autores afirman al contrario que esta
¡&gt;Jauta originaria de la Ind:a, ha sido importada á América.
'

LAS FIBSTAS PRE,II)E:S-CIALES E~ J ALISüO.-lGL"5L(DE:SAN Jon.

�378

EL:MUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.- TEATR0 DEGOLLADO.-Fotografia de Lupercio, para EL Mu1mo.

13

DICIEMBRE, 1896.

13

DICIEMRRE,

1896.

EL MUNDO.

LAS FIBSTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-H0SPIC!O CACA~A,.-FACHADA:PRINC;PAL.-Fotografla.de Lupercio, para EL Muimo.

LAS FmSTAS PRESIDENCIALES EN J ALISCO.-COSTADO SUR DE LA CATEDRAL y PLAZA DE Á.11.IIUS.- Fotogra.fía de Luperoio, para EL :Mmmo.
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-.A.VENIDA. DE SAN Fl!.ANCISOO.-Fotografía de Lupereio, Pllffl,EL MONDO.

379

�13 DrcrnMBRE, 1896.
··' ~ º = = = = = - = = = = = = = - = = ~ ~ = : - = = = = =·= = - = e - = = ~
º80

EL MUNDO.

-¿Le has hahlado de mí?
-No hago otra coea de3de
por la mañana hasta la noche.
El atñorit-o Felipe por aquí, el
Bt'ñoritoFelipeporallit ¡Cuán~ siento-le he dicho cien veces--:,ul' haya tomado un ayuda de cámara! ¡Le servía yo
tan á gu~to!. .. ¡Ese sí que ee
un j,,ven simpático, _guap~ y
cti,tinguido!.. .... ¡ Y s1 supiera
Udted qué talento tiene!. .....
-Para mí, ha jurado no te•
ner otro marido que usted.:
-¿ Y cuándo podré verla?
-P,1séese usted esta tarde,
de tres á cuatro, entre el bou•
Jevard y la plaza Vendome,
junto á los números pares. La
señorita saldrá sola conmigo.
Felipe no pudo ocultar su
alegría y Pxclamó:
-¡Ah, Juana!.. .... ¡Me parece que la amo ya con delirio!
Por la tarde, Felipe, que había invertido una hora en vestirse, difcurría por la calle de
la Paz, por donde pasaron en
poco tiempo máe de veinte
mujeres parecidas á Juan!.
Al fin se presentó 11. donce•
l!a, en compañfa de 1~ más sonrosada y angelical cnatura que
Felipe había ,·isto en su vida.
Juana exclamó enton~es en
tono de sorpresa:
- Buenas tardes, señorito
Felipe.
La señorita sintió una emoción que trató de reprimir;
pero :l!'eli pe no dejó de Rotar
que se había puesto encarna•
da como la grana.
-Yeo, dijo Fdipe, que ha~
renunciado á servirá hombree
mios•
-Sí, señor. Ahora estoy en
casa de l\1adame z...... donde
me hallo pe1 f&lt;ctaruente, por•
que la s.ifinrita es muy buena
para mí. Y á propóaito, ¿no
quería usted mudarse de cuarto? Pues vi,nga usted á ver una
habitación que está para alquilarse en la casa donde vivimos.
-Y ei 111e con viene, ¿áquién
debo dirigirme'/
--A mi ~eñora, la madre de
la señorita que es la p, opietaria.
Felipe ee mudó al día siguiente, y las cosas ocurrieron
con arrr&gt;glo á todo cuanto Juana había previsto.
La doncel la sul'!le casará ve•
ces á su señorita como leparece y con quien se Je antoja.
¡Desdich11do del que inten•
te luchar con tamaña influencia!

tasado por su criada.

Cil'rtP- mafiana dijo F.-lipe á
"
su criada, en t'. 1110111t'11to en
que ésta le e11trab,1 e11 ;u cuarto una taza de té y lo~ perió·
dico~ del día:
-Juana, me fJstidio sobe·
ranamente. l'arl~ me aburre,
Trouville me ellv.,nena Y l\ló
naco me saca de quicio. ·No eé
dónde refugiarme. La soledad
me pesa y c.1sí todas las mnje
res de mi trato me inspiran
una repugnancia invencible.
Hace siete aiios que m,. ~ir·
ves y nadie m~j,)r que tú conoce mi caracter. Nunca he sido injusto 1ii cruel contigl) y
deseo que me contestes con
toda franqueza: ¿Qué harías
en mi lng,u?
Juana era una mujer de muy
buen sentido, que había veni·
do sola á !'arfe á los diecisiete
años, que babia sen,ido en varias casa~ antes de entrar al
eervicio de Felipe, á quien cuidaba con singular esmero y
que conocía la vida y la sociedad cual corresponde á una
doncella de 35 afio~.
•.-,-¿Qué harías en mi lugar?répitió Fdipe.
Juana se encogió de hombros y dijo ,1 ~n amo:
-Mecasa1í1.
-¿A los t1;,111ta y tres años?
-murmuró Fdipe.-Esdemasiado pronto.
-¿~o se considera usted capaz de amar?
-Amaría,- repuso Felipe,
después cie un instante de reflexión - á la mujer que me
obligara á acompafiarla á misa
los domingos. Y á estas fecha~
no he dado todavía con esa
mujer.
-Pues no hay más remedio
que el matrimonio-repuso
,Juana.
-¿Pero con quién quierPs
tú q11e me case? lle vivido
siempre en uua eociedad en
que jam¡ls ha puest-o su plan•
ta una mujer honrada, y esto
e'! un ob-t,ícuh para que yo
pueda carnnne con qnien pudiera con :en irme.
-Puee bi-•n, señorito-dijo
.Juana-yo le casaré á usted.
-¿Tú?
-Nece~ito tres meses de
tiempo. dn1ante los cuales
buecaré d • casa en casa un
buen par ti 111, y cuando lo en•
cuentre, me encargaré dd arreglar el asunte.
Felipe abrió desmesurada•
mente los oj&lt;Js y ~xclamó con
AuRE!.lANO ScIIOLL.
entusiasmo:
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-JARDIN PORFIRIO Duz y PALACIO P'ED1!BAL.-Fotograf1a de Lupercio, para EL:MuNDO•
-Tienes razón, Juana. Sólo
tú p~edes abrir e_se cal_lejón sin paJid~ y serv~r de tema á
Juana no permanecía ~ás all_á de dos días en una caSi hay una edad en que las palabras agrandan nuestras
un hbro qne pnd1er11 titularse: De lainjluenci.a de las don• ea, bastándolt: este espacio de tiempo para conocer á las eensaciones hay una en que las disminuyen.
cellas de labor en el siglo XIX.
personas á qurnnes trataba.
'
Mi l
Al cabo de ocho días, presentóse Juana en el domiciUn día ee presentó radiante de gozo en el_ domicilio de
Hector a ot.
lio de su amo.
Felipe.
-lle een-idn ya en dos casas y no he encontrado na-Ya poseo el tesoro que apetecemos-dijo á su amo.
Las cancione~ de mesa son hechas algunas vecer por
da aprovechable.
-Es un angel, pnro como un manantial, hermoso como
-Díme. ,J 11ana, ¿y si no te salieras con la tuya?
un corazón, dieciocho aflos y trescientos mil francos de babedores de agua, y los epígramas contra el matrimonio
-Pierda ustrd cuidado, seflorito. La cos11. es larga y d?t~. Con eso, y con lo que á usted le queda, hay para por maridos muy buenos.
difícil, pero al fin triunfaremos en toda la línea.
v1v1r muy decentemente.
G. M. Valtour.

CEll&amp;l&lt;,.ERIO :'.\ll'NlCJPAL.-Fotogra!ia de Lup~rcio, para EL :Mt;NDO.

13

DIOIEMBJ.tE,

1896.

1-.

381 ....

EL MUNDO.
palidece cuando un hombre
de frazada se acerca y la llama; no le habla, le pregunta
con loe ojos señalando el
ataúd azul.
-Sí, es ella, mi hija, ella;
sí, se murió.
El canalla mueve la cabeza, y se rasca haciendo un
gesto indefinible, la atrae,
finge que va á llorar y la
abraza en presencia de it&gt;dos
cuando el wagón negro, de
cruz blanca, el wagón mu•
nici;pal comienza á tragar car
ne de pobres, que no tienen
para pagar un entierro, y ahí
va también el cajoncito azul,
sobre el ataúd de la beata
que'murió de insuficiencia
mitral, ahí va mientras ellos
se reconcilian, mientras se
oprimen las manos con
monstruoso afecto; ahí va
la pobre Gualupita sola y
sin flores, mientras el déspo·
ta arraetra á la madre que lo
sigue con el fatalismo animal del bruto golpeado, que
lame la mano que lo hiere.
M1caós.
_,,
Don Juan la ,,e pasar y
murmura: «¡Imposible!»
Los mendigos roban á los
pobres.
Byron.

.......-

ENTIERRO DE POBRES.
El sol como un espejo ustorio de cobre deslumbrador
-calcina las calles solitarias, iriza las burbujas del charco,
esferas de cristal donde se elaboran gérmenes de fiebre;
~l empedrado tiene facetas de onix, las moscas en nube
negra se abaten en una infeliz rata triturada por las rue•
-das de un carro, y á la sombra del alto paredón húmedo
y fungoso de no sé qué fábrica monacal, van llegando
poco á poco ........ .
Primero son tres artesanos de guedejas ensortijadas
11obre la frente y martillo 6 formón al cinto; uno sudando
·como una vasija de agua, otro lívido, con la lividez cadavérica de los tísicos cansados, el último llevando todavía en loa escoriados párpados laa huellas del velorio.
,¿Qué más pueden hacer? conducen á cuestas el cadáver
de un compañero de parranda, de un hombre elástico é
inquebrantable, que resistió todas las faces del alcoholis•
mo sin una protesta ni nna apostasía. Dejan el ataúd
de madera blanca al borde de la banqueta, se secan el
sudor y lanzan una piedra á un perro vagabundo que ee
detieneá oler las junturas de ese lecho de r.obre.
En seguida, y desembocando por el norte, chispea la
caja salpicada de marmaja, conducida por cargadores de
número y seguida por dos señoras de negro, que se enju:gan les ojos: la sobrir,a y la criada de una buena devota
que murió ¿de qué murió? de insuficiencia mitral; después, es la hora de la cita y hay que tomar lugar, una caravana de indígenas escolta, ya no un cajón de tablas
viejas, ya no una caja de madera blanca, sino un miserable envoltorio de esteras y trapos con pretensión de
angarillas, un lío que apesta. un muerto que no tuvo ni
la cal ni el sudario, y siguen llegando los grupos, sigue
poblando el empedrado un nuevo desfile de dolientes con
'flores baratas y secas; las mujeres lloran y pelan naranjas, los hombres fuman ciganos, lloran loa nifios de pe-cho y los de mayor edad rodean, husmean, espían des-confiados á ese infeliz viejo cuya caja no pudo cerrarse
bien y deja asomar un pie rígido y violado. No saben
1o que es la muerte, pero sieriten un miedo nocturno, el
miedo que sigue á los cuentos de aparecidos, pálidos,
pálidos, con ojos de lumbre. Pero ninguno me impresiona como esa mujer que viene sola, esa infeliz mujer es·caldada por las lágrimas, la que ~e abandona á una desesperación de enagenada y con ropas y cabellera desordenadas de bacante, grita, abulia, se bebe dos e:ruesos hilos de lágrimas. y el eollozo y la imprecación ee atrope•
llan en los lábios vibrantes de dolor, y lleva como una
cosa delicada, como una caja de violín, como un bulto
casi, el ataúd pequeflo, el ataúd azul, el ataúd de loa ni·ñoe.
Pobrecita, llega tan mal á la calleja triste, que dos 6
tres oficiosos la c:msuelan sin oono~erla dos ó tres mujeres que le ofrecen el trago de no ~é qué bebida, oculta
bajo los delantales, en una vasija de barro, le dan un gaio de naranja y le advierten que no es bueno llorar en el
;aire. .Agradecida, y con lenguaje incohereute, con esa
verbosidad que es una forma de locura efímera en los
grandes dolores, cuenta en voz alta, lo más alta que puede, sus desventuras, como si cansando sus pulmones
aminorara la deeesperación; cuenta que fué seducida,
cuenta que sus ganancias de planchadora de camisas de
.hombre las entregó al mismo que le produjo la c:catriz
de la sien, con un cincel de cantero y que no se quejó á
la justicia; cuenta que él bebe ruucho; cuenta que al !"l·
cer la niña, la niña que sa llamaba Guadalupe, la mña
que está ahí muerta ( paroxismo de ternura) muerta para no volverla á ver nunca, nunca; él, el hombre causa
de todo, la engafiaba; pero la sonrisa de la chiquita, sus
.primeras pitlabras, su3 gateos, como que la consolaban
del desvío; y el amor de eea inocente, que es angel á es'liae horas, lo volvió bueno, lo volvió un pooo menos vi-ci&lt;Eo, un poco más trabajador; ¡pero ese vicio! ¡ese vicio!
la golpea, la insulta, la roba, ¡y qué_ desgracia es ser mujer, todo se lo perdona, porque se dJTía que el moretón
del golpe ea un signo de pertenencia sobre la carne femenina, blanca ó negra, pero siempre esclava! Y súbito

No insultes el pudor en mi presencia
porque sabes.reír con inocencia;
porque si no mi intrépida mirada
tt&gt; dejará clavada
en !a trémula cruz de tu conciencia.

~

ÜAM::é'OAlllOR.

ADRIAN.A..
Dejé caer el periódico, exclamando con sorpresa dolorosa:
-¡Pero esa pobre .A.driana! Morirae así, del corazón,
casi de repente...... ¡Nadie sabía que padeciera tal enfermedad!
-Yo sí lo sabía-declaró el vizconde de Tresmes,-y
aun sabía más: sabía cuándo y cómo adquirió el padecí•
miento, y es cosa curiosa.
-Entért.noe usted-suplicamos todos; y el vizconde,
que rabiaba siempre por enterar, nos contó la historia
siguiente:
Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara, vivía dichosísima. Los esposos reunían cuanto se requiere para
obtener la felicidad posible en el mundo: salud y amor,
juventud y dinero, que son la salsa ó condimento de los
dos primeros platos, sin él desabridos y amargos á veces.
Faltábales, sin embargo, un heredero, un niflo en quien
mirarse; pero la suerte no había de mostrarse avara en
1&gt;sto, y les envió por fin el rapaz más lindo que pudo sofiar la fantasía de una madre, apasionada y loca ya desde antes de la maternidad, como era Adriana. Al nacer
el chico (á quien pusieron por nombre Ventura, en señal de la que les prometía su nacimiento) Adriana estuvo en grave peligro, y el doctor dedaró que no volvería
á tener sucesión. El delirio con que marido y mujer ama•
ban á su Venturita, fué causa deque oyesen complacidos
el vaticinio del doctor. ¡ Un solo hijo, y todo para él!
¡ Adriana libre ya por siempre de riesgos y trabajos! Tan•
to mejor...... y á vivir y á cuidar el retofio.
Este se crió hermoso y lozano como una rosa. Yo que
no soy nada aficionado á chicos-advirtió sonriendo el
vizconde de Tresmea,-confieso que aquel me hacía muchísima gracia. Aparte ds su lindeza-parecía uno de los
angelitos que pinta Murillo, morenos y de pelo obscuro,
-tenía un no sé qué simpático, una mezcla de inocencia y de picardía, una risa tan fresca, unas accione~ tan
imprevistas y tan originales, unaprecocidad-peronode
esas precocidades empalagosas de chiquillo Fabio y serio
que me revientan. sino la precocidad de un diablillo con
el ingenio celeetial,-que vamos, no había remedio, más
que llevarle j11guetes y dulces, por el gubto de sentarle
un rato sobre las rodi1Ja9.
De la cbifladu!'a de sus padres sería inútil hablar, porque ustedes lo adivinan. Estaban chochitos: no conocían
otro Dios que el tal muñeco. Adriana no se habf,. apar•
tado un instante de su cuna, vigilando á la nodriza,
arrebatándola el pequeño así que acababa de mamar,
vistiéndole. desnudándole, baiiánrlole y guardándole el
sueflo...... Y así que empezó á i'--'teresarse por el mundo
exterior, á tender las manitas y á pedir tochas, lea faltó
tiempo para darle cuanto deseaba y mil objetos más, que
ni se le ocurrían ni podían ocurrírsele. La hermosa casa
antigua con jardín que habitaban 1011 Gomara se llenó de
cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé. Los caballos de
cartón andaban mezclados con loa pájaros vivos; sobre
un ferrocarril mecánico veríais un pulcro galguito de
carne y hueso; el coche tirado por carneros era abando•
nado por una gran caja de soldados autómatas, que hacían el ejercicio...... Crea usted que derrochaban dinero
en semejantes chucherías, y yo J., dije alguna vez á Adria•
na, porque tenia confianza con ella:
-Hija, estais malcriando á este pequeñín ..... .
-Déjale que ee divierta ahora, me contestaba; dema•
aiado rabiará algún dia...... Ojalá pueda ofrecerle siempre lo que le baga dichoso.

El repertorio de los juguetes y sorpresas se agota pron •

to y no sabía ya Adriana qué tlueva emoción dará Ven·

tu~a cuando el cocinero de la casa, que había andado
emb~rcado diez afioa, y conservaba amigotes en todas 18;6
regiones del planeta se descolgó un día regalando al chico un mono. Soy p~o inteligente en Historia Natural1 Y
no me pidan ustedes que clasifique la alimaña; sólo lee
diré que ni era de esos monazos indecorosos y feroces,
que nadie se atreve á tener en las casas, como el 0!3ngután, ni tamp~co de esos titíes engurruminados y frioleros
que se pasan la vida tiritando entre algodón oo rama. .
Más bien era grande que pequeñito; tenía el pela¡e
gris verdoso, y pj hocico de un rojo mate, como el del
hierro o:x:idado; veíase queeetabaen us juventud y fuerza,
y aunque goloso y travieso como toda la gente de su cas,
ta, no era maligno. Inteli,,ente é imitador en sumo _grad':l, no podía hacerse delante de él cosa que no p~rodiasey su agilidad y presteza nos divertían muchísimo; era
cosa de risa verle fingir que fregaba platos ó que rayaba
pan en la cocina; y saltar sobre el lomo de los caballos
para ayudar al lacayo en sus faenas de limpieza.
A pesar de la índole relativamente benigna del mono,
su inquietud y su vivacidad obligaban á tenerlo preso en
una caseta con fuerte cadenilla porque ya dos veces se
había escapado á corretear por árboles y chimeneas;
cuando se le soltaba había que vigilarle, y á Venturita,
que acababa de cumplir loé tres años y que idolatraba en
el mono, era preciso guardarlo también para que no desatase la cadenilla, pues lo hacía con habilidad singular,
U na tarde que había almorzado yo en casa de Gomara
y estábamos tomando café en un cenador del jardín-me
acuerdo como si fuese ahora mismo, porque hay cosas
que impresionan aunque uno no quiera-vimos cruzar co•
mo un rayo al mono; tan como un rayo, que más bien lo
adivinamos que lo vimos. «Adios, ya se ha escapado ese
maldito de cocer» dijo Pedro Gomara levantándose; y,
.Adriana, con sobresalto instintivo, lo primero que exclamó fué «¿dónde estará Ventura.» «Ese lo habrá soltado,
de fijo» respondió Pe1ro que frunció el entrecejo ligeramente. En el mismo instante resonó un agudo chillido
de mujer; un chillido que revelaba tal espanto, que nos
heló la sangre, y voces de hombre, las voces de los criados que nos servían y que corrían hacia el cenador cla•
mando con angustia: «señorito, sefioritos, nos obligaron á
precipitarnos fuera. Adriana nos siguió sin decir palabra: grupo, formado por los sirvieJtes y la desesperada
nifiera, nos rodeó, señalando hacia el tejado de la casa y
allí, al borde de la última de las tejas, sentado en el con·
dueto de zinc que recogía las aguas de lluvia, estaba el
mono ~on el niño en brazos.
,El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse al
zaguárr para subir á las guardillas y salir al tejado; yo pedía ya una escalera pacra intentar el desatino de subir por
ella á la formidable altura de tres pisos, cuando Adriana, muy pálida-¡qué palidez la suya, Dioa!.:..y con los
ojos casi fuera de las órbitas, nos contuvo, murmurando
en voz sorda y cavernosa, una voz que sonaba como si
pásase al través de pasos húmedos.
-Por la Virgen....... quietos...... todos quietoe...... no
se mueva nadie....... Y silencio. no chillar....... no chillar...... hagan como yo...... Quietos ...... ~i le asustamos
lo tira..... .
Sentimos instantáneamente que tenía razón la madre,
y quedamos lo mismo que estátuas. Era el mayor absurdo que intentásemos luchar en agilidad y en vigor, so•
bre un tejado, con un mono. Antt!B qu-i nos acercásemos
estaría al otro extremo del tejado y ei niño estrellado en
el pavimento.
Era preciso jugar aquella horrible partida; aguardar á
que el mono, poreu libre voluntad, se bajase con el niño.
Yo miraba á. Adriana: eu palide1;, por instantes, se convertía en un color azulado, pero no pestañeaba. El mono
nos hacía gestos y muecas estrafalarias, apretando y zarandeando á su presa, y de improviso se oyó distintamen•
te el llanto de la criatura, llamo amarguísimo, de teror;
sin duda acababa de sentir que estaba en peligro, aunque
no le pudiese comprender claramente. La madre tembló
con todo su cuerpo, y el padre, inclinándose hacia oií,
sollozó estas palabras:
-Trésmes, usted que es buen tirador...... Una bala en
la cabeza...... Voy por la carabina.
Idea sin pies ni cabeza, porque aun siendo yo un Guillermo Tell, al matar al mono hacíamos caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme; intervino Adri•na con
un n6 tan enérgico, que su marido se mordió los puf!.os...
Y la madre, terriblewen1'e serena, añadió en seguida:
-Si le miramos nunca bajará...... Hay que retirarse .. .
Hay que esconderse qu,e no nos vea.
Nos recogimos al cenador, desgarramos la pared de enredaderas, y desde allí como se pudo espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes la eituación? ¡Pues estremé1.canse rnáb? Duró veinte minutof. Sí, 103 conté por
mi rt!loj. Eu esos veinte minutos el mono depositó al nii'io en el tej'ldo, le acarició como hal,fa visto hacer á la
niñera, le obligó á pasear cogido de la mano, le aupó sobre la chimenea y le llevó á cuestas, á caballito-un aainete que en otra ocasión nos haría desternillarno».-Durante esos veinte minutos, Pedro anhelaba; á Adriana no
se la oía ni respirar. Por fin, el mono miró hacia abajo,
hizo varios visajes, y cogiendo á Ventura, ee descolgó
rápidamente como un fumámbulo sin cuerda, al jardín ...
Entonces salimos con explosión todos-todós, menos la
madre, que había caído redonda-y el animal, asustado,
soltó al chico ileso y se refugió en su caseta ..... .
. Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías, que no sacaron más que gotas negras, y desde .entonces padeció
aet corazón. Pr.recía que se había repuesto mucho en estos últimos años, pero ¡babi la herida era mortal, y ella
no lo ignoraba......
.
-¿Y qué fné del mono?-preguntamos como chiquillos.
-Tuve yq que pegarle el tiro ...... ¡Si viesen ustedes.
que me daba lástima!-repuso el vizconde.
E.mLIA PARDO BA.ZÁN.

�•

EL:MUNDO.

382

LA

13

DICIEMBRE,

1896.

J.NUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 8.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

,.,. Con frecuencia me he echado en cara, desde que
usted me visita haber contribuido ii retener~e en la
inacción. Usted :i.o es á propósito para nuestras peque•
nas intrigas sociales, porque vale usted más que a~uellos
con quienes tendría que luchar. Lo que ha sucedido no
es cosa nueva. Yo tengo por ust;ed una sincera amistad
que nunca será. desmentida. _Si usted, por_ ~u parte, ha
forzado un poco la_ dosis de s1mp_atía perm1t1da, confiese
quejamlie le he estimulado con w1 coqueter_fa· No le ~cuso
por ello, siu embargo, porque u~ bom~naJe, aun s1en40
excesivo, que viene de usted, tiene e1emp~e _e11 precio
para uua mujer que sabe lo que vale el sent1m1ento. DeJJJ0 usted pue'B la mano; mCreme de frente, y dígame
que me ~rdon~ la pequeii!\ herida que me he visto obligada á. roducirle.
Rede levantó la frente, dió á la condesa una ma1:10
que temblaba demasiado para ser la de un soldado, y sm
atreverse casi á mirarla, balbuceó algunaa vagas p_alabras
y se pronunció en una retirada que no se parec_1ó á. las
que para gloria suya había operado ante_ el enemigo.
VII

1

'

U na tarde á. eso de las eeis, salía Eliphas de una c~a
de la calle del Cuatro de Septiembre, de visitar por sí
mismo á. una familia de pobres vergonzantes que la se·
fiora Mossler le había recomendado, cuando vió que una
obrera encantadora que iba delante de él, subía vivamente en un coche de casino que estaba parado en la esquina de la calle de Luis el_ Grande. Miró m_aquinalmente al interior del coche y vió con estupefacción al conde
de Contras que estrechaba la mano de la joven. En el
mismo momento, el ca:chero fustigó al caballo y el coche
se alejó en dirección de la Bolsa.
Encontrará Valentín corriendo aventuras no era para
asombrar extraordinariamente al Sef\or Eliphas. Pero
aorprenderle con aquella chicuela de tan ínfima condición era. una novedad. Hasta entonces no le había conocido más que queridas de cierta clase, pero la sociedad
le impulsaba, sin duda, á. descender, y def!pués delos encajes y los perfumes de!icad.(?S, caía en el p~rcal y en el
almizcle adulterado, Sin deJar de andar, Ehphas.,pensaba todas estas coeas con una cuidadosa conmisceración
hacia eu antigua amiga. Hacía ya tiempo había previsto
que Contras, no contento con entregarse á todo género
de extravagancias, acabaría por cometer faltas que acarrearían graves consecuencias; pero, impotente para corregirle, estaba decidido á evitar á la Sefioca Moseler In
pena de conocer las locu~as de yalentín: De una vez para siempre había renunciado á mtervemr en los asuntos
d.el conde, más_ que en lo que pudieran referirse á Fede•
rico y á. su muJer.
Hacía muchos meeee le tenía muy inquieto la actitud
del cond~ respecto de Celina. La había encontrado al
principio poco conv~niente y deopués C0':1;1prometed'?ra,
y si no hubiera tevudo atornl:en~ar. á. su h1Jo, le ~ub1era
aconsejado que moder11.se la mtimidad de su muier con
el conde de 0outras. Pero tenía una gran confianza en
la honradez de su nuera y veín diariamente cosas tan
asombrosas en la mejor sociedad, que los manejos de Valentfn podían pasar por inocPntes. Lo único que agrava•
ba la situación E"ra la inmoralidad notoria del personaje.
A simple vista, Eliphas se sentía inclinado á juzgar malas todas las intenciones que aquel pudiera tener. Estaba, pues, aler!,a po_r naturaleza, por experiencia, y tení~
siempre los OJOS fiJOS en lo que ocurría en torno de Cehna. Hubiera podido descansar, por el momento, de su
vigilancia, viendo al conde ocupado por distinta parte,
pero esto no era, á. su entender, suficiente razón para tener confian a, pues para un diletta.nU como el conde, los
contrastes, aun los más acentuados, debían ser muy estimulantes.
La casualidad proporc!onó, sin embargo, al ministro
de la Caridad nuevas pruebae de que Valentín permanecía d1strs(lo con su obrerita. Uno de los agentes deetina(los á descubrir los infortunios ocultos que Eliphas se
complacía en socorrer delicadamente, le contó un día
que se hab(a encontrado de manos á boca oon el conde
de Coutras junto al número 26 U.e la calle de Ramey, en
una de cuyas aceras se paseaba sobre un barro infecto.
A los pocos momentos nna J!reciosa muchacb.a, sin nada
en la cabeza y con delantal negro de obrera, salió á la calle y con muchas precauciones. se reunió con el conde.
Pe~ no había empezado á hablar con él, cuando salió
bruscamente un hombre de un café y con espantosas injurias, abofeteó á. 1~ muchacha que, roja y_ llorando, se
metió en la casa, mientras se producía un v10lento altercado entre aquel hombre y el Se.fior conde de Contrae.
El asunto no duró, por lo demá.e, ni diez segundos, pues
el conde, de un magistral pu.fietazo, echó á. rodar á. su
adversario por el arroyo. El hombre se levantó penosa~
mente y aoompafió la retirad&amp; del Sefl.or de Contras con
amenazas de muerte.
Elipbaa mandó á su emt&gt;leado que guardase un silencio abRoluto eobre este incidente y apuntó con todo cui•
dado el número de la casa y el nombre de la calle. Aquella tarde comió encasa de la Seo.ora Mossler, con sus
hijos, y disfrutó del interesante espectáculo de la entrada del conde de Cout.ras que acompai'i.aba á. su mujer,
irsnquilo, sonriente, sin preocupaciones.
Por primera vez en su vida, el prudente Eliphas pensó
que acaso, en las diveraas perip~ias que ofrece la vida
de un libertino pudiera haber un interés violento. Comparó la existencia tan recta, tan tranquila da su hijo, con
el tempestuoso y devorador destino del con•te y pensó
que el hombre de mundo aventurero vive más que el pacífico padre de familia. Pero entre vivir mucho y vivir
bien 1 qué era preferible? En esto no tuvo dudas y sus

Después de estas palabras, dichas con sincera emoción:.
invariabld principios le dieron en seguida una resel Coront!I saludó á. la seflora .Mosaler, no queriendo darpuesta.
Sin embargo, sorprendió en. sf ~ismo~ durante una ho- le tiempo para replio3:r, y atra\•esandoel salón, fu~.A re?-ra, una benevolencia extra.ordinaria hacia Valentfn. Pen- nirae con el Señor Ehphas que hablaba con su hiJo, sin
só que acru:o no era enteramente ~ponsable de sus dejar de observar á. Valentín. Este, inclinado hacia la.
faltas teniendo en cuenta la herencia, las costumbres, mujer de Federico, había encontrado medio para aislarse
la edhcación, el temperamento, y estuvo t~nt~d? por con ella, en medio de veinte personas, y de obligarla :t.
considerar al joven conde como uno de esos rndiv1duos escucharle, i.o sin resistencia por parte de la joven, cuya
sonrisa, m1i"scara de su impaciencia,. se 3:venía mal co~
dela 1"31,a felina, in!tintivamente feroces, que la naturaleza ha creado para la destrucción de las razas inofen- la palidez de su semblante y con Ja rnqwetud de su m1•
rada.
sivas.
•
·
-El mes que vieno me voy á Niza, decía el conde, y
Una maniobra ~e Vale:1tín.
~ara ac~rcarse ál a ~uJer
de Federico cambió la&amp; d1spos1c1onf:la del Señor Ehphas. desde allí me embarcará en mi buque para irá Egipto.
Al ver al hombre que se había batido á. puñetazos en la Debería usted venir, con 1u marido, q11e según dice, tiene intereses importantes en Alejandría. Le dejaríamos
calle de Ramey, aquella misma mañana, inclinado s~bre allí
y nosotros remontaríamos el Nilo hasta la segunda
el respaldo de un sofá para hablar más de ~erca á. Cel!na,
el viejo puritano sintio evaporarse toda su mdulge~c1a y catarata. A mi mujer le gustaría mucho que fuese usted
ella.
no pensó eino en observar á. aquel galán cuya pehgrosa con
-La condesa no va á Egipto. Me ha cticho que este inactividad conocía. Pero ¿qné podía la sagacidad de Elise quedará en Paría.
phas contra la astucia de Valentfn? Aquella luc!1a era vierno
-Razón rle má.e para que acepte usted mi proposición.
muy desigual. La Sefiora Mossler, quec~nocíam~Jorqu_e Eso
decidiría á J,;nriqueta.
su amigo lo que se podía temer de su h90 adoptivo,. di-Cualquiera diría 4.ue desea usted llevarla.
rigió bacía la ~~nora de _Cl eD?ent sus miradas perepica•
-Seguramenta, si con su presencia consigo la de usted.
ces con mul d1s1mulada mqu1etud. Estaba ya COD?,O so·
-Renuncie usted á semejante cosa.
bre ascuas cuando veía al conde acercai:se á. la Joven,
-Entonces ·se acabó mi viaje. No le emprendía más
porque le parecía que en aquella pereecur1ón tenaz, des· que
por usted. Hubiera sido tan dichoso teniéndola á.
pués de sus advertencias y á. pesar de sus ruegos, había
mi lado, íntimamente, durante algunas se~anasl :····· Bann ultraje á todo cuanto había respetable en ella y alrejo aquel cielo nuevo, en aquel cuadro imprevisto, las
dedor de ella.
.
.
La llegada del coronel Redel dis~raJ? á. la anciana de ideas de usted hubieran, acaso, cambiado, y me hubiera
con más indulgencia.
su vigilancia. La Señora Moseler 1~ v1ó tan ~ombrío Y tratado
-No ea probable. Y en todo caso hubiera sido ir muy
preocupado, que impulsada po~ el smcero canfio que le lejos
para tener esa seguridad ..... .
profesaba le preguntó en aegmda:
-No pido más que int.eotar la experiencia más de cerca.
-¿Qué '1e sucede á. usted, amigo mio? No tiene. usted
Celina bajó la cabeza cou cansancio.
su :fisonomía habitual. ¿Le ocurre alguna contrariedad?
-Pero, conde, sea usted generoso; ahórreme usted esas.
-Mas aún, una verdadera pena. Abandono París para continuas
alusiones á un asunto que me es muy penono vol ver más.
so ...... Usted ve que no tiene nada que esperar de sus t.Pn-Pero ¿por qué?
. .
Tenga la delicadeza de no encarnizarse. MeApenas hecha la Señora Mossler se arrepmt1ó de su tati\•as .......usted,
me tortura ....... Tenga piedad de mí.
pregunta. Pero ~ra ya tarde y la explicación que exigía a.tormenta
Al decir estas palabras1 Celina tenía lágrimas en los.
le fué dada dolorosamente por Redel.
• Parece, dijo con sonriea contraida, gue me ha juzga• ojos.
Valentín no se conmovió y feroz en su sensual egoiedo usted peligroso. No me lo esperaba c1ert.amente, pero
mo, dijo:
la vida tiene esas sorpresas. Un hombre como yo debía,
-¿Por qué lucha usted?....... No soy yo, es usted missin embargo, no ser considerado como un galanteado~ de
ma quien se atormenta.
oficio· as( lo creia al menos, pero veo que me hacía 1lu·
tengo, entonces, el derecho de rechazarle? Ten·
sione~. Se me tiene por peligroso, y es preciso que me ga-¿No
usted cuidado de no obligarme á tomar un partide exaleje. Me alejaré, pues, pero confieso que esto me parece tremo
..... .
muy duro.
•
-¿Y qué puede usted hacer?
Al ver que Enriqueta babia seguido sus conseJos, 1a
-Decírselo á mi marido.
Señor.1 Mossler no se sintió tampoco muy segura de sus
Con irónica mirada Valentín le señaló á Federico que,
derechos. Como aquella, asoció en su pensa~ien~o al
leal Redel con el falso Valentfn y ee preguntó Bl era Justo encorvado con su alta eetatura, escuchaba con atención
lo que su padre le estaba diciendo. Celina vió tan claraafligir al uno para complace! al otro. ¿Ten.ta el conde ne•
mente le ineficac=a del socorro que podía esperar de aqnelcesidad de que se le protegiera? ¿No hab1a, realmente,
buen hombre de apariencia inofensiva; midió tan porun poco de ironía e~ defender .á aq~el seductor de profe·
sión contra tan tímido y cándido rival? Redel compren- completo la diferencia qne existía entre el marido, entredía muy bien lo ridículo de la oposición que se b hacía; gado á. sus negocios, y el amante, entregado á. sus cappia.si lo indicaba su protesta A la señora de M?saler, y ésta cbos, que se escapó de sus labios un suspiro de desaliento.
empezaba á sentir haber turbado loa tranquuos goces del Pero de no encontrarse defondida no se deducía que tuviera que abandonarse. Echó una mirada de desesperacoronel.
hacia el grupo en que estaba su marido. Fedrico,
-Conviene, dijo, no exagerar ni dará las cosas colores ción
abstraído con el Ssilor Eliobas,·no sorprendió la llamada
trágicos ...... ¿Para qué se va usted?
de su mujer.
-¡Oh! Porque así lo quiero! .Al menos, mis penas v~n- angustiosa
-¿Ve usted como la comprende? dijo en tono de burla.
drá.n en provecho de mi carrera. No me encuentro bien Valeotín.
cándida es u~ted al guardarse para un
paseando las calles de París tan sólo por el g11st? _de la homb1e queBuena
le hace tan poco caso.
vida civil. Desde el momento en que no pueda visitar á.
-Me guardaré para mf mi::11na.
usted y á la Sen.ora de Coutras libre y f~miliaimente ~o-¡Clláota dicha perdida!
mo haeta aquí, me aburriré hasta monr y será. preciso
Celina hizo un movimiento para levantarse, no viendo
que me vaya.
.
.
No:usaba ciertamente precauc1qnes para d1sfra;,;;ar su más que este medio para cortar la conversación, y buscó•
pentamiento. Iba derecho á. su obJeto y la p_ureza de sus vagamente á. su alrededor alguien que le sirviera de pre•
texto para dejar aquel sitio. Sus ojos se encontraron con
sentimientos no resultaba por eso menos evidente ...
los de Redel que, apoyadv en la puerta, escuchaba die•
-En un mundo, prosiguió, en que todo es perm1t1do,
en que toñ.o se sufre se excusa y se apruebs 1 bast.a los traído la conversación de negocios del padre y el lujo. Sin
actos más reprochabl~s, n;, hay aevéridad más que para duda fué muy elocuente aque:la mirada, porque el Coroun pobre diablo de soldado que ama ~petuosament~ á nel, sin vacilar, se ad~lantó hacia la joven y dijo incli•
una mujer de virtud perfecta.. Es preciso que me sacrifi- ná.ndose ante ella:
-¿Me llama usted, sefl.ora?
que y me resigne. Pero que uno de ~os buenos mozos
-Sí, Coronel. Me ahog &gt; aq uL. ....
que van á. continuar divirtiéndose á. m1s e~pensR9 no me
-¿Por qué no lo decía usted? dijo Valentín. Podíamos
dé pretexto para incomodarme antes de m1 marcha, porque IEI haré ver claramente que no soy tan cómodo como habernos marchado A habh,r al invernadero. Mi madre
ha hecho poner en él unos mármoles que valen la pena
parece.
de ir á. verlos.
Pero, querido Redel, dijo la Sen.ora Moesler con un
-Pues bien, el Sellor Redel me los ensellará.
principio de inquit1tud, no pr~_tenderá usted pro~ar~e
El conde sonrió, y, en seguida, como si dijes·e la cosa..
que amar á. la mujer de su pr611mo es un acto meritorio.
Hablaba usted hace nn momento de las facilidades y de más natural del mundo, replicó.
Esperen ustedes entonces; voy á. llamar á mi mojer.
las indulgencias de la sociedad; si usted las critica en los
Ya saben cuiinta es su competencia artística. Ella dieer·
demás, no las exija para sL
..
tará. con el Coronel y usted lo escuchará conmigo .... . .
-Redel se inclinó y, ya con toda calma, dt~o:
. .
Redel tuvo un pequefl.o estremecimiento: una llama se
-Tiene usted mucbísuna razón, seilora; mis recriminaciones no tienen fundamento. He empezado por decir encendi6 en eus ojos y abrió la boca para responder;peroque parto; ya ve us~ que no me sublevo y obedezco pa- Celina1 más rápida que él. repuso:
-Decididamente, prefiero retirarme. Corontil, tenga
sivamente.
-Hijo mío, replicó la Sefiora Mossler, me gusta menos usted la amabilidad de llamar á. mi marido ..... .
-Redel
dudó un instante. Su mirada se fijó en Valenlo que me dice u&amp;ted ahora que lo que ~e decía ha.e~ _un
momento. Comprendo bien su oontranedad y participo tía con exl?resión singular:nenteamenazadora, y se morde ella. Soy vieja, ¿quién sabe ai me encontrará. usted_ á dió loe labios como para contener las palabras que quesu regreso? No quisiera, pues, que nos separásemos baJO rían escaparse. Valentín le ex:1 ninaba con insolente
no.a penosa impresión. Vuelva usted á verme: aquí será curiosidad, esperando qu~ se deci~iese ha bablar,_y resulaiempr(-, bien acogido. Es U"'ted 11n hombre de corazón y iaba tan temible, que Cehna temió que se produ1era u~a..
cuando le haya hecho ver el fondo de mi pensamieate, colisión inmed.iata entre aquelios doe homores cnyood10
latente acababa de manifost.arse en un segundo.
me comprenderá usted y me perdonarli..
-Vaya usted, dijo empttje.ndo en U? ademán suplican·
-¡Oh! no tengo nada que perdonP:r Sefiora; siempre ~a
sido usted para mí enteramente benévola. 81 sufro algun te al Coronel que no se resol vía á. ale1arse.
-Ha bech0 usted muy bien en en"Q"iarle, dijo el Condeagravio, no es de ust.ed ciertamente. Créame; tengo para
asted el má.s respetuoso afecto y siempre le conservaré, á Celin!l.. Empieza á atac:irle los nervios vuestro Redel..

13

DICIEMBRE,

1896.

Que se ocupe de mi mujer, pase; no veo inconveniente
en ello. Pero no sufriré que se interponga entre usted

1 yo.

-¿Qué haría usted? preguntó Celina con emoción.
-Proporcionar un asceuso á. un jefe de escuadrón.
- Usted no es malo como quiere parecer.
-¡Más 1 mucho más, cuando se trata de uated 1 contesto
Valent.ín en voz baja. Todo me importará. poco, lo he di·
cho y lo he probado, para ob';enerla ... .. .
Se inclinó ante ella, con afectado respeto, y afiadió voll'iéndose:
-Buenas noches, señora; aquí tiene usted á. su marido.
Se marchó, acompafiada por Federico y por el Sefior
Elipbas, al que dt-jaron en su casa. Una tristeza profunda ee apoderó de e1la. Aqueaa tenacidad del conde, poco
habitual en un hombre tan ligero, la turbaba gravemente y empezaba á. tener miedo. Hasta emonces habfa pensado que sería sitmpre duef\a de sí misma y que defendida por su voluntad y por t-1 cariflo de los suyos 1 sería
inexpugnable. Ya tmpezaba A dudar. Veía á sus aliados naturales poco diestros y mal arruados para protegerla. Con dolorosa emoción, recordaba la actitud amena•
adora de Valentín en presencia de Redel y se decía:
Sería capaz de matar al hombre que le Pstorbase. ¿Podría
suceder que por mi culpa corriese Federico un peligro?n
Se estremeció ante la idea de que las imprndencias del
conde hiciesen necesaria una explicación entre su marido
y ella. J.Qné decir? ¿Cómo hacerle comprender la persecución furioea de que era objero y probarle que no había
hecho nada para íomentar]a·t
Sn suegro, tan formalista, tan riguroso, á. pesar del
afecto sin límites que la había dedicado, era el que más
la aterrorizaba. No tenía indulgencia ni para las senci·
llas ligerezas; bien lo había probado en ruuchas ocasio•
nea con sus crfticae; ¿qué sería cuando se tratase de hechos
serios que pudieran suponer un peligro para su hijo? Y
todo á. causa de aquel execrable Valentín ...... ¿Excecrable. A esta frase de su silencioso monólogo, juzgó nece•
eario interrngarse á. sí misma y precisar, aunque tuviera
qne avergonz:irse A suspropiae miradas, el verdadero estado de su corazón. &amp;Había, siquiera un imtante, amado
á Valentín? El lo afirmaba orgullosamente y aunque ella
Jo había nPgado con rabia, no estaba segura de haber dicho la verdad. ¡Oh! En el presente momento Je odiaba
ciertamente, pero ¿estaba cierta de que no le había gustado durante una hora lo bastante para animarle á. las
imdrudencias quti tan fatal resultado habían tenido?
Evoc6 en su pensamiento la imágen de Valentín y le
vió elegante, cariiloso, con sua ojos azuleH, su bigote rubio, su hermosa figura, su voz acariciadora, tan seductor,
en fin, que no podía tener duda de que le había deseado,
víctima de su carne, que eecapando por un momento al
yugo del espírit,u la bahía hecho traición en un impulso
de voluptuosidad. Tuvo vergüenza de sí misma y le pareció que con aquel ciego instinto que la había entregado ií los abrazos ae un macho, había descendido al nivel
de las bestias. Al mismo tiempo se preguntó con angustia si la ¡,ereecuci6n encarnizada de Valentín podría es•
tar justificada en cierto modo por su primer éxito. Y,
ht cho singular é ilógico en alto grado, el peneamientode
que Oalentín pndiera estar en su derecho deseándola, hique le odiara más mortalmente.
Stis vacilaci9nes cesaron, sus dudas desaparecieron y
decidió resistir A. Valentín, resultase lo que quisiera. Pero no baet.aba esclarecer su pensamiento; era preciso .fijaree en un plan para sustraerseaá. los ataq•1es de aquel
de aquel perseguidor peligroso y que ese plan asegurase
la tranquilidad de Celinb y la seguridad material de los
suyos. Comprendió desde luego qne no podría defendprse sola, le era1 pues, necesario un aleado. Pero ¿cual? Su
marido y su suegro del:íao ser desde luego deshecbados.
¿La Señora Mossler? En la ignorancia en que Celina se
hallaba acerca del paso dado por aquella cerca de Valentín, ¿cómo no desconfiar de la ciega ternura que hacía á. aquella madre esclava de su hijo?
Era, sin embargo, posible que entre un deber y una
afección la Seilora Mossler no dudase. Era puri,ana como el Sefior Eliphas y si la solidez de sus principios se
sobreponían á su indulgencia acaso estaría allí la salvación.
.
Pero las probabilidades de éxito resultaban muy débi•
lee, la infiuenciu del conde se pres~ntaba siempre formidable y Celina retrocedía ante Ja difícil revelación de las
tentativas de que era víctima.
Entonces se le ocurrió la irlea arrieegada de dirigirse á.
la Sefl.ora de Contras. Conocía la .firme razón de la joven,
por haber sido la confidente de bUS desilusiones, y sabía
que era leal, generoea y buena. En tomarla como auxiliar había sólo ventajas y ningún inconveniente. Entre ella y Valentín no existía ya sino. el vínculo social.
Llamada á su socorro por CeJina, no vacilaría en prestarla el más firme apoyo. Quedaba sólo determinar la
medida en que convenía confiarse á ella. ¿Quién obligaba á Celina á decírselo todo? Las pereecuciC'nes de Valen•
tfn eran bastante públicas para que la condesa no tu viese necesidad de pruebas.
A hora avanzad!\ de la noche y mientaas todo dormía
alrededor de ella con pacífico suefl.o, Celinameditaba sobre su grave determinación y cuanto más discutía su
oportunidad, más se afirmaba en la certidumbre de que
era necesaria, Se metió en la cama cuando la mañana
blanqueaba sus balcones y, muy resuelta á ejecutar el
plan que habfa concebido se encontró un poco má.e tranquila.
Al día siguiente, A eso de las cinco, se dirigió it la avenida de Friedland, sabiendo que Enriqueta eataba siempre visible para sue amigos antea de comer. Estaba, pues,
segura de encontrarla en su casa. Su contrariedad fué
grande cuando un lacayo le dijo que la señora condesa
había tenido que salir á las cuatro y no había dejado
órtlenes para la recepción. La mujer de Federico se quedó indecifa, pero el mayordomo, que apareció en aquel
momento, dijo que la seiiora condesa volvería en seguida, porque tenía una cita dada para las seis, y que, si

ELMUNDO.
la señora quería. podría esperarla. Celina convino en
ello Y, conducida por el criado, penetró en el saloncillo
donde la sefior:J de Contras recibía á sus íntimos.
La habitación estaba sombría v el olor amargo de las
orquídeas procedentes de las estufas de Sauvigoy bacía
pesado el aire. C,elina se sentó y permaneció durante
un cuarto de hora oprimida por aquella atmósfera y como aturdida por la semioscuridad. Un ligero ruido de
roce de cortinas la volvió á la realidad y creyendo que
118(!:aba la que estaba esperando, se volvió con la sont'isa
en los labios, pero se quedó petrificada al VPr entrar á.
V:alentín. Este se .acercó con la mano extendida y con
aire pacífico y Celma se repuso en un instante y recobr6
su sangre fría. ¿Qué podía temer en aquel hotel lleno de
criadoe, á dos pasos de la habiración de l1J condesa, cnando bastaría una llamada, un grito, para que viniese cualquiera? Así lo pensó y, arriesgada como siempre, en lugar de ponerse á. la defensiva, se preparó á hacer frente
á.su temible ad~eraario. Por el momento parecía éste
buena persona y, por muy tigre que fueJil, ponía pata de
tercíopelo y escondía las ufi.as.
¡Cómo! ¿Está usted aquí sola? ¡Y no me lo han advertido! Si la casualidad no me trae por aquí, no veo á. usted .........
-¡Gran deegracial
-¡Inmensa! ........ .
-¿Por qué prodigio se encuentra usted en su casa?
-Presentimiento3 de que vendria usted.
-No diga usted tonterías. ¿Sabe usted si su mujer v"en•
drápronto?
-Soy el que menos podría decírselo á. usted ¿Sé yo
nunca lo que hace?
-Porque no quiere usted.
-Seguramente.
-¡_Será usted siempre un marido deplorable?
-Tanto como podría aei un excelente amante.
Celina se puso seria. La conversación tomaba un giro
qne no le gustaba y comprendía que era por su culpa.
Valentín era un hombre con el que no se podía bromear
Y desie su llegada, ,t pesar de las razones que tenia para
desconfiar, estaba jugando con él.
-S11 mujer de usted no vuelve y voy á marcharlDe.
-Usted la esperab:i, ¿luego soy yo quien la estorba?
-Sf.
-Entonces la dejo libre el campo.
-Se lo agradezco á. usted.
.
-Verdaderamente es usted atroz conmigo.
-No hace usted todo lo necesario para excitarme?
-Adiós, entonces.
-Adiós.
Con cara de contrición y una prudente lentitud el conde se aproximó ti. ella y le ofreció la mano. !'ero ~l ir Celina á da:le la suya, trémula y fria, el Conde c,,n un ade•
mán osado y ritp1do, cogió á. la joven por la cintura la le·
vant6 y antes de que pudiera escapársele un grito' apoyó furiosamente la boca en sus labios. Con un bru~co esfuerzo de todo su cuerpo Celina trató de eecapar á aqne•
113: presión, pero ésta se hizo más estrtcha. Incapaz de
gr1~r1 emp.ezando á p~rder la _cabeza y paralizada por
una mexphcable langmdez, deJÓ de resistir. La oscuridad del e~ló.n le parPCia más espesa, el silencio más profundo. Srnt16 que Valentín se la llevaba é hizo un desesperado esfuerzo que la arrancó de los brazos que la
envolvían. De un sólo impulso íué hasta la puerta del
cuarto de Enriqu"ta, se agarró á. ella con fuerza y reuniendo toda su energía, lanzó un grito desesperado.
En este momento sintió que la pueria cedía y al Jan·
zarse p&lt;..1r ella para huir. se encontró cara á cara con el
coronel Redel. Este, muy tranquile, vió de una ojeada al
conde, pálido de furor, y á Celina temblando de espanto.
Se adelantó entre los do~ y, decidi~o á no comprender
nada má.e que lo que qmsieran decirle, saludó sin emoción alguna á Valentín y á. la joven, y dijo:
-Me pareció oir llamar ......... Me había equivocado.
Pero Celina, incapaz de moder&amp;r.!e, respondió indi·
cando al conde con un ademán.
-No, ha oido usted bien cab1llero: el sefior me ha
obligado á. llamar ........ .
Valentín mostró una sonrisa zumbona.
-¡Segunda vez, desde ayer! dijo; parece que con usted
el Sef\or Redel tiene 1a especialidad de lae intervencio•
nes.
Metido en causa cuando él ae esforzaba por desenten•
derse del asunto, el coronel frunció las cejas. Era demasiado cuerdo y demasiado valiente para buscar una querella, pero tenía muchos motivos de animosidad contra
Valentín. Replicó secamente:
-Acaso esto consiste en que con esta sefiora tiene usted la especialidad de las inoportunidades.
El conde se puso repentinamente muy serio, y mirando al corcnel con aire acusador, le dijo:
-&amp;itá. bien, seOormío. Yo procuro tomar las cosas
pacíficamente y usted es el que trata de agriarlas .... .... .
Pero confi2ae usted q.uetrueca los papelee ......... Yo hu·
biera podido asombrarme al verle á usted salir de un
cuarto que forma parte del departamento íntimo de la
condesa ......... Me limito á. bromear dulcemente y usted
trata de ofenderme,
-Redel palideció de cólera viendo á. Valentín cambiar
hábilmente el terreno de la discusi6n y crearle ofensas
donde era tao bueno su derecho.
-;.Soy yo quien ofPnde? exclamó; ¿yo?
-Sf, seilor, contestó Valentín con un tono sarcástico
muy propio para poner al coronel fuera de.sí; uetedapa:
rece, como un diablo que sale de una caja d.,, sorpresa
y afecta creer que ee tiene aq:.ií necesidad de usted. Tod~
eatoes muy ofensivo y si yo no fuera tan concialiador
podría asombrarme macho y l)f'dirle it usted cuentas. '
Antes de que Redel tuviera tiempo de responder, Celina se interpuso entre él y el conde.
-tiH una palabra más, dijo. No consentiré un altercado entre usted y el seilor por mi causa. Pero lo que no
debe oir de la boca de usted lo oirá. de la mía. El que ea
bastante cobarde para hacer violencia á. una mujer, no
merece ser castigado por un hombre. El que miente ba-

383
jamente para ocultar sus vergonzosas acciones, no merece que se haga caso alguno de sus palabras. Señor conde
de Uoutras, es usted un miserable, y si no le basta que
se lo diga en presencia del Señor, puede usted llamar á
sus criados y se lo repetiré delante de ellos.
Este violento apóstrofe no turbó á Valent.ín. Conservó
su sangre írfa y, saludando graciosamente á laque letra•
taba con tanta dureza:
-Palabras de mujer no ofenden, dijo con ligereza. Para darlas un valor es preciso que tengan la aprob'.lción de
alguien á. quien se pueda hacer responsable. Usted, Se~
flora, acaba de cortar, muy poco oportunamente la palabra al St'!f\or Redel, cuando se disponía á decirme su opinión sobre la cuestión que nos divide. Confieso, que hubiera deseado conocerla ......... Y si fuese tiempo todavía ..... .
-Aun es tiempo. dijo fríamente Redel.
-Yo le conjuro á usted &amp; no responder, t&gt;xclamó Ce•
lina.
-Señora, no Ee trata de usted1 interrumpió el Coronel;
demasiado ve usted que 1:1oy yo el interpelado y supongo
que no me cree nsted capai de retroceder delante del Señor. Puesto que le complace saber mi opinión sobre su
conducta, yo tengo el honor de declararle que es de todo
punto conforme con la de usted.
Valentía no hizo un gesto ni cambio de fisonomía, y
dijo en tono de triet+-za:
-¡Ab! Coronel, no puede usted negar ab,&gt;ra que sus
intenciones son verdaderamente hostiles para mf, puesto
que me ofende sin provocación alguna de mi parte, en
mi casa y delante de esta señora.
-Lo niego tanto menos cuanto con más empeño parece usted desearlo.
-~st,á. bien, Coronel, dijo el Conde; en adelante, este
asunto no me atañe. D.:is amigos míos se explicarán con
otros dos de usted.
E inclinándose ante Celina, añadió burlón:
-Reciba usted, seiiora, mis sinceras felicitaciones; es
muy ventajoso ser su amigo.
Hizo á. Redel una iraclinación de cabeza altanera y salió sin añ.a:!.i1 una palabra, después de haber sacado de
la situación to~o el partido que deseaba. Apenas sola
con Redel, Celma c~só de contenerse y, fuera de al, dijo
cogiendo las manos de su defensor:
-¿E!¡.,ta usted loco para haber respondido á las insolencias de eee miserable? 1.No ve usted que lo que quiere es
deshacerse de usted? Es el adversario máB peligroso que
se puede imaginar. Bajo ningún pretexto permitiré un
encuentro ent.re loa dos. ¡Le mataría á. usted!
- Ya trataré yo de impedirlo.
-¿. Y si no lo consigue usted? Por mi causa, ¡ Dios mío!
¡Correr tal peligro por mí, que no soy nada para usted y
que le he comprometido como una loca!
Se retorcía las manos al hablar as1 y sus pálidas mej illas se inundaban de lágrimas.
--Tranquilícese usted1 dijo Redel dulcemente. No, usted no me ha comprendido. Yo me he anticipado á. la
provocación. Usted odia. ¿no es cierto? al b.Jmb!e que
acababa de mostrar con usted tan brutal audacia ..... .
Oelina exclamó con furor:
-¡Oh! Sí, le odio!
-Pues bieo: ¡yo más aún!
-Sí, usted ama á. Enriqueta, dijo Celina sin cuidarse
de disfrazar su pensamiento, y debe odiar á su marid'.&gt;.
Pero tata cuest.ón entre usted y él le se!}ara completamente de la condesa. ¿Cómo podrá usted verla si sobre·
vive?
-De todos modos no la veré más, dijo tristemente Redel. La condesa me ha ordenado que me ausente. Mi
silen.cioso _amor la compi:ometfa, según dicen, y me es
preci~o privar~e de la dicha de su preseucia.
Celrna le miró hasta el fondo del alma y adivinó en
un instante las misteriosas resoluciones de aquel amante
desesperado.
-¡Uh! Usted quiere intentar librarla del conde ... Pero aun ~sí, persigue ust d un imposible ...... La muerte
del marido pondrá entre usted y ella un obstáculo insuperable ...... Arriesga usted su vida sin objeto.
-¿No.son nada, entonces, su d1cba y sa tranquilidad?
'.!'8s~ondi6 Redel gravemente. Está. unida á. un hombre
md1gno que le hace la vida muy dolorosa. ¿No habré hecho algo por ella devolviendolasu liberbad?
-Cállese usted, deegraciado, dijo Celina. No diga usted tales cosas aquí mismo, esta casa ...... ¡Si alguien nos
oyeia! No, lo que usted se propone es irrealizable y, en
todo cae?, basta que yo lo sepa para que me oponga con
todas mis fuerzas.
-Y cómo?
- Ya lo verá usted.
-Sea usted franca por completo y dígamelo.
-Pues bien, avisaré á. Enriqueta.
·
A estas ea.labras la fisonomía del coronel se cubrió de
mortal palidez.
-¿Quiere usted, dijo con voz temblorosa, que parezca
un &lt;:obarde que trata de eludir el peligro? ¡Hacer interve_n1r á la Señora de Coutrasl Realizar ese proyecto es lo
m1Smo que matarme en el acto, pues no sobreviviría á.
semejante humillación.
-Cálmese usted, contestó Celina espantada. No diré
p~eato qu~ me lo prohibe, pero usted tendrá en cuenta
mi angustia y me p10meterá no oponerse á. un arreglo.
-se lo pr.--1meto .... ..
-I.~h!. Demasiado veo que usted juzga imposible una
cone1hac1óo .. ... .
-En efecto. ¿Cómo había de producirse si el eefl.or de
Contras no la desea y yo tampoco?
-Se le obligará. á desearla.
-¿Quién hará ese milagro?
-La ~llora Mossler ..... . Mi marido á quien por fin
será preciso ..... .
Rede.l la miró fijamente y dijo, habland,1 con lent,itud:
-Cmdl:_ usWd_ de no comprometerse inút.ilmente. Nada podrá. 1m.pedir, esté segura, y puede en cambio hacerse á. sí m1s~a y á. loa demás un daño irreparable. No
se aferre á. la idea de que ha sido la ca1,1sa de la explc-

�/
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'

EL MUNDO.

13 DICIEMBRE, 1896.

estas circunstancias, cuando he salvado su tranquilidad_
La Señora Mossler apretó los labios y frunció el entre
Jión que se ha producido; era inevitable que así sucediecejo. Cuando se hablaba del honor de su familia, pensa• con un celo que sólo Dios sabe ... .. .
ra. El conde sólo buscaba una ocasión y yo también.
-¡Nada de discursos! repitió Eliphas. Al grano ..... .
Ambos nos odiamos; los hombrea no nos engafiamos en ba instintivamente en Valentín y sentía una ligera in-Pues bien, eigrano es este. Mi vecino, el honrado Seeste asunto. No está celoso, porque no ama á su mujer, quietud. Aquel era el punto negro de su horizonte y
:ñor Chabassu 1 tiene una hija encantadora y menor de
pero desde el primer momento se produjo entre nosotros siempre estaba temiendo una mala noticia.
quince años ... ...
-¿Qué convienA hacer? dijo á. su confidente.
una antipatía que debía producir este resultado. PrescinAl decir estas palabras, Bouscarés hizo una pausa y
-Cerrará ese hombre la puerta. Si le escuchamos no
da usted, pues, de intervenir en este asunto: haga votos
por mí si mi caue:a le es simpática, pero no trate de dete- será íacil desembarazarse de él. Ya ve usted lo que su- lanzó á Eliphas una mirada significati va. Este no pestaileo. Para conmoverle hacían falta pruebas, convencido
ner la marcho de los acontecimientos, que tienen más cede por haberle recibido una vez.
como estaba de lo que valen las palabras.
-Pero, ¿y si sabe realmente algo importante?
fuerza q ne nosotros.
-Menor de guinea años, repitió el ingeniero.
-Que 10 guarde.
El ruido de un coche que entraba en el patio interrum-Lo he ofdo; adelante, dijo fríamente Eliphas.
-¿Y si no se lo guarda?
pió al coronel. Desde el balcón, vieron entrará. la conde•
-Chabassu posee la prueba de que el conde de Coutraa
Se le envía un comisario de policía. Esos bribones tie•
ea y descender del coche elegante y ligera. Vió que !a
nen eiem pre bastantee pecadillos en la ccmciencia para ha seducido á la muchacha. El conde ha en vhulo á la joestaban mirando y les hizo con la mano un ademán
amistoso. Subió vivamente la escalera y dijo desde la que la intervención de un magistrado sea para ellos de• ven Matilde, en ausencia de Chabassu, una de las Celestinas más conocidas de París, y esta mujer ha cometido
puerta avanzando, con la cara sonrosada por 1a trescura cisiva.
la imprudencia de dejar en casa de mi vecino una tarjeta
-Sea, pero guarde usted sus señas pm: precaución.
del aire:
del señor conde, en la que éste había escrito de su puño
-No estaban puestas en el papel.
-Me han esperado ustedes, amigos míos; les doy las
La Señora Mossler quiso rogar á Eliphas que las hicie• y letra la dirección de la niiia y sus señas ...... No quiero
gracias. Vengó de verá mi pobre Vignot. que esM en•
fermo, y se me ha hecho un poco tarde. Mi visita le ha ra preguntar, pt!ro temió indicar sus inquietudes y se ca- decir á usted todo lo coroprome+edora que es esta connilló. Sin embargo, aunque Eliphas no había encontrado vencia del hijo de la Señora Mossler con la corredora
distraído y me ha retenido más de lo justo, ¿Me diapen•
las sefias en el papel, no le costaba gran trabajo averi- Blanchart para corromper una menor ...... Hay que recosan ustedes, no es verdad?
guarlas, porque tenfa en su casa un archivo muy arde• nocer que este sería un feo negocio. Pero no es eso logra--Hemos pasado el tiempo hablando la señora y yo,
dijo Redel. Pero ya suponíamos que cuando usted tarda• nado en el que todos los mendigos de profesión tenían ve; lm; peligros son más serios.
Eliphas, que esperaba una historia de este género, ha•
su expediente, como los bandidos en la prefectura de
, ba era por alguna buena acción.
policía. No practicaba alln la antropometría, pero no bía escuchado impasible; pero la imprevista conclusión
La condesa amenazó al coronel con el dedo y dijo:
hubiera hecho falta gran esfuerzo para decidirle. Ama- de Bouscarés le causó una sorpresa que no pudo ocultar.
-¡Adulador!
-¡Cómo! ¿Qué peligros más serios puede corr~r el SeSe quitó el abrigo y dijo, empujando la puerta por la ba á. los pobres, pero odiaba á los falsos nec,isitados y con
maravilloso olfato descubría á los farsantes que imploran ñor de C~utras?
que había entrado Redel:
-El más serio de todos, señor; el de la vida.
-Venid á mi taller¡ voy á enseñará usted su retrato la caridad, con lágrimas en los ojos para su pobre mujer
-Usted se burla, amigo mío, dijo Eliphas.
concluido.
moribunda, mientras ésta les espera en la taberna de la
-Nada de eso. Va usted é. darse cu.;,nta de todo en un
El coronel sonrió y repuso, con cierto deje de melan• esquina, dispuesta á brindar con un buen ajenjo á la sainstante. La pequeña Matilde, muchacha honrada hasLa
lud del tonto que paga. el precio del trinquis.
colía:
-Ha hecho usted bien, señora, en despacharse á con•
Al irse á su casa para almorzar, después de haber de- ese momento, es novia de un pariente suyo, joven y vi•
cluirlo.
jado á la Señora Mossltr, pensaba en la confidencia de garoso mancebo de veinticinco años, limpiador de meta•
Aquell&amp; alusión hizo correr un escalofrío por la espal• Bouscarés y, más cuidadoso de lo que había aparentado Jes. La pasión de ese joven por la muchacha es verdadeda de Celina, que al mismo tiempo comparó la tranqui• ante su antigua amiga, se propllso adquirir noticias exac- ramente rabiosa; es verdad que la chiquilla es un milagro
la y digna energía de Redel con su propia inercia. 106· tas sobre la!! relaciones que pudieran existir entre el con- de belleza, capaz de hacer pecar á un santo...... Usted
mol ¡Conociendo el peligro que él afrontaba, iba á dejar• de de Contras y aquel pobre diablo. Acaso no se trataba mismo, señor, no la vería sin quedar turbado ...... La sile expuesto á las implacables venganzas de Valentínl de una vana amenaza hecha á la mujer rica, medio clá- guen por Ja calle y no pasa día sin que algún caballero
Aunque el corone) aseguraba que ella no tenía nada que sico que da siempre resultados con las personas timora. respetable suba hasta aquí, para bajar rodando la escalever en el asunto, comprendía que su furiosa rE!spuesta ha- tas 6 que tienen alguna mancha oculta. Loa del ofu:io le ra, porque el viejo Chabassu no admite chanzas ...... ¡Ea
bía exasperado al conde y que si éste amenazaba peligro• ll~an ((el golpe de sonda.,i Si la persona sondeada da el honor mismo, ese hombre! Pues bien, hace un año ha
samente á Redel era por haberse interpuesto entre eUoR. sefiales de inquietud, es evidente que en el fondo de su decidido dar su hija por mujer á Emilio Ravet, que as(
Había querido demostrar con qué tenacidad la pe'rseguía conciencia hay un rincón misterioso que conviene regis- se Barna el novio de la chica, comprendiendo que sería
y los riesgos que podían correr cuantos pretendieran pro• trar. Por eso, como hombre de experiencia, Eliphas difícil de guardar, en Montmartre, una Venus como su
tegerla. ¡Para debilitar la resisistencia do la mujer que aconsejó la táctica desconcertante de no hacer nada y Matilde, cuando pasase de los diez y seis años. Pero hete
aqui que el otro dia, al volver de su taller, la muchacha
deseaba iba á matar un hombre!
callarse.
Celina sintió un vértigo de espanto. Le pareció que
Pero esto no impedía tomar loa informes necesarios. deja caer ante su padre una cajita de tafilete, de la que
estaba perseguida por un monstruo implacable, que no Llegado á su despacho, el viejo abrió un legajo señalad:&gt; Chabassu se apodera, y en la que encuentra un par de
descansaría hasta hacerla su presa, y se revolvió uontra con la letra B, y buscó el expediente Bouscarés. Le en• pendientes, de brillantes, que valian, lo menos, éeia mil
aquella tiranía y contra aquel peligro. Hizo un movi• contró sin dificultad y le ojeó buscando las señas de su francos ...... No hay que contarle nada sobre esto¡ ea comiento para lanzarse hacia Enriquet,a y contárselo todo, casa. Estas habían sido sucesivamente: cal.Je de las En- rredor de alhajas. Interroga á su bija á pufietazos .....•
pero vió á la joven sentada en la mesa, tan tranquila, en• 'llierges, 17; pasaje Raoul, 2¡ calle Popincourt, 103¡ calla Ella chilla, pero no confiesa ...... y entonces el padre fing ➔ apaciguarse y no habla del asunto, pero encierra á. su
señando á Redel la miniatura rodeada de su marco doraAumaire, 9¡ calle Ramey, 26..... .
do, qne le pareció que no encontraría palabras para tur•
El ministro de la Caridad cerró el expediente. Una hija, advierte á Ravet y se ponen al acecho. No habian
bar aquella serenidad. Y, sin embargo, era preciso hacer luz repentina acababa de esclarecer loa tenebrosos mane- pasado dos días cuando el 8efior conde de Contras se dealgo; cada hora que pasaba aumentaba el peligro.
jos de Bouscarés. ¿No era en la calle Ramey donde el Jaba coger hablando con la chiquilla delante de la ca88.
Su agitación se hizo t!l.n viva, que le fué imposible per- conde habfa sido encontrado en coloquios con aquella El tal Ravet, que estaba emboscado en la taberna, cae so•
manecer más tiempo inactiva enfrente de aquel hombre muchacha á. quien su padre, su hermano ó su amante bré su novia y sobre e! galán, pero en este punto bueno
impasible y de aquella mujer inconsciente. Se levantó y habían obseq.uiado con una bofetada? El chantage se di· es confesar que encuentra la horma de su zapato. porque
en algunas palabras se despidió de su amiga, mientras bojaba con una precisión absoluta y ((el honor de la fa- se retira con un ojo hecho una lástima, como no se había
Redel, que parecía contento, le recordaba su promesa milian deb1a estar amenazado por el individuo que inte- visto en la calle de Ramey, donde hay, sin embargo, escon un gesto silencioso. Celina movió la cabeza como pa• rrumpía las citas del Señor de Contras. ¿Qué tenfa de pecialistas en puñetazos...... Desde ese momento en el
ra echar de sí un pensamiento molesto y estrechando la serio la amenaza y, sobre todo, qué habfa en el fondo de cuarto de al lado se pasa una vida infereal y andan listol
mano de Enriqueta, salió del salón. Se detu.vo un ins- esta asunto? Esto era lo que importaba saber. Era peli- los golpes de la mañana á la noche. La chica quiere eetante en la escalera y, en la confusión de su espíritu, pens6 groso que la Señora Mossler recibiese á Bouscarés, pero caparse con el conde, que encuentra medio de verla no se
un momento en _pre~untar si el conde estaba en casa,
no importaba que el Seflor Eliphas fuese á casa del meri• sabe cómo. Ravet ha jurado que matará.al conde de Cou•
pero rechazó en segmda con horror esa idea.
dional. Iba á ella con tanta frecuencia 6 enviaba sus de- tras, y Chabasau habla de llevar el asunto á los tribun&amp;Salió, despidió su coche y echó á andu, dando vuelta pendientes, que una visita más no podía comprometer á les ...... Yo he conseguido hasta hoy calmar esos exage·
radas ardores. He obtenido de Matilde que se esté tranqui•
en su cabeza calenturienta á mil proyectos contradicto• nada.
la, de Ravetque no haga uso de su pufial y de Chabaeu
rios. Volvía siempre á la certidumbre de que era preciso
Se
puso,
pues,
en
camino
á
eso
de
las
dos,
y
con
su
as•
recurrirá Enriqueta y no á la SeíioraMossler, ni, mucho pecto de empleado de minis~erio, el paraguas bajo el bra• que contemporice ...... Y en este punto'estamos. Si usted
menos, á Eliphas. En cuanto á. dirigirse á. su marido hu- zo, su grueso levitón y su sombrero despeinado, subió la no cree, mi querido y rt:ispetable señor, que he servido
fielmente los intereses de i;ni bienhechora, será para desbiera preferido la muerte. Torturándose HSÍ la cabeza
empinada cuesta de la colina de Montmartre y llegó á la
descendió maquinalmente por elfaubourg Saint-Honoré casa que habitaba Bouscarés. En el estrecho descansillo animarse de impedir catástrofes.
Bomcarés se detuvo, no para tomar aliento, pues hu•
y se encontró, de pronto, ante una oficina de correos. Encuarto piso babia d;:,s puertas. En una se vefa esta in- hiera hablado todavía durante una hora, sino para saber
tró, pidió un telegrama cerrado y, de pies delante de uno del
dicación
escrita
con
yeso:
''Chabassu,
corredor
de
piedras
lo que Elipbae peneaba de su diplomacia. Se colocó en
de los altos pupitres y con la pluma de torcidos puntoH
mojada en el fangoso tintero que sirve á los hombres de finas. De nuevti á once y de tres á seis, tirad con fuerza actitud interrogante y esperó. F;liphas ensefió á. Bousea-de
la
campanilla.''
En
la
otra
había
una
tarjeta
clavada,
rés un semblante tranquilo y ex:.ento de toda impreei6n1
negocios, escribió: ccSe ha producido esta tarde un alter•
cado entre su warido de usted y el coronel Redel. El q~1e contenía estas palabras: ''Bouscarés (Mario), inge• y con acento indiferente dijo:
n1ero."
duelo parece inevüable si usted no se interpone. tJna
-Bueno; ¿y dónde va á parar toda esa charla?
Eliphas golpeó ligeramente con el pnfio de] paraguas la
amiga ee lo advierte. Obre ust.ed pronta y enérgicamen•
-¿Cómo charla?
te.)) No firmó y apenas se fomó el trabajo de desfigurar puerta de Bouscarés. Se oyó el ruido de unas chinelas
-Sí; ese folletín de porteria ...... ¿Piensa usted que me
eu letra. Pegó el telegrama, le pasó á través del ventani• que se arr~tran y apareció el ingeniero en persona, ro- conmueven semej;~ntee historias? Conozco ese género Y
llo de un empleado y salió. U na vez en la calle se sintió deado de una nube de humo de tabaco. Al reconocer al no me dejo coger por la niña pura, ni por el amante cecalmada y pensó: He :prometido al coronel no decir na- sefior Eliphas retiró la pipa de la boca y su cara de abu• loso1 ni por el padre ju.aticiero ...... Toda eso está muy usa-da, :pero no he prometido no escribir. Y, después, poco rrimiento tomó una expresión de obs~quiosá alegría. Se do, amigo, y no se cree ni en provinci~ ..... .
me importa; era preciso advertir á Enriqueta y librar á inclinó profundamente y dijo:
-¡Cómo que no se cree! ¿Quiere usted ver á. la mucha•
-¡Oh! sefior; sírvase usted pasar. No esperaba tan pron• cha? ¿Quiere usted ver al padre? ¿Desea usted que le
Redel. Ahora, veremos qué resulta.
to su visita.
presente á Ravet?
VIII
. -¿Pero us~ la esperaba? replicó con aire de arrogan-¿Con su puñal?
A la hora acostumbrada, la Señora Mossler estaba ocu• cia el seflor Ehphas, penetrando en un comedor y cocina1
-¡Ah! señor; ea usted demasiado incrédulo y Jo sien\o
pada en su saloncillo, con Eliphae, en distribuir las Ji. todo en una pieza, de repugnante suciedad.
por la Señora Mossler ...... ¡Ocurrirá una deegracia!
mosnas diarias, cuando entró un criado y er una bande•
-Creía que mi carta interesaría á. mi generosa proEUphas levantó la frente y fijando la mirada en Bou1j'l de plata entregó al Ministro de la caridad un papel tectora.
carés dijo de pronto:
sucio que tenía trazadas con lapiz algunas l!neas, Eliphas
-La sefiora Mossler no sabe nada de tal carta. La he
-¿Cuánto por evitarla?
tomó la misiva, la leyó, con la indiferencia de la costum- abierto yo, como las demás.
El meridional cambió de actitud y se puso preocupado
bre, y en seguida la arrugó y la echó á la chimenea.
-Pero, siéntese, mi respetable señ.or, dijo Bouscarés y frio.
-¿Qué es'! prEgunt6 la Señora Mossler, ¿una petición presentando á Eliphas una Pilla desfondada.
-Como usted comprenderá, yo no sé lo que habrá. que
de socorros?
-Es inútil. No he de estar más que un im~tante. Ven- ofrecer ..... .
-No, señora; una petición de audiencia.
~o á advertirá uste~, solamente, que ha emprendido un
-No ofrezco nada. Deseo sal:&gt;er, por curiosidad, lu
-¿Tan eolemne?
Juego que puede privarle de filU socorro mensual.. ....... Si
que pudieran producirEe.
.
-Más aú_n; amenazadora y con síntomas d~ chantage. es eso lo que usted se propone, puede empezar por de- exigencias
Bouscarés no respondió á la pregunta de Eliphas, como
-¿De qmén?
cirlo ...... .. .
es regla primordial de estos tratos, y babló de ntra cosa.
-Del hombre á quien usted socorrió contra mi volun-¡ Yo! protestó el meridional; yo, que sólo obro en in•
-El unico tuPdio de impedir un d~senlace trágico, setad, hace unos me1es.
terás de mi bienhechora .. .... Yo, que, por casualidad soy ría alejará. Ravet con su novia.... .. Elloe se casarían en
-¿Cuál? Entre tantos, no es facil.. ....
dueño de un secreto que, sin mi ini;ervenci6n...... '
e] extranjero, si querían .. .... Peró lo importaute es des•
-Un llamado Bouscaréa.
-¡Suprima usted los discursos! interrumpió rudamen•
-Creo recordar; un meridional que habfa hecho no Bé te Eliphas. Sé de qué se trata. ¿Me cree usted tan mal embarazarse de ellos ...... Le aseguro á usted que Ravei
qué descubrimienoos y que iba á. realizar una fortuna en enterado? ¿Soy yo hombre de intimidarse por SUB habla- es capaz de hacer una que sea sonada...... Está herido en
su amor y en su ojo, es decir, en su vanidad, ¡él! ¡Raveil
ocho dfas si se le ayudaba.
durías?
¡el terror del boulevard 0:-nano! ..... .
-Un trapisondista marrullero. Se le ha ayudado y no
-¡Ah! sefl.or, no se trata de mí.. .... No soy máa que mi
-Yo creía que era obrero ...... ¿Se tra~a, pues, de un
ha realizado absolutam-e nte nada, pero anuncia que co- intermediario adict~ .....
ratero nocturno?
·
noce un secreto que interesa al honor de su familia de
-¡Adicto! ¿A. quién?
( Continuará.
usted.
-A mi generosa protectora, de la que espero que en

13

DICIEMBRE,

1896.

La leyeil(la de la Capita Azul d~l Amor.
I
Nació la hermosa niña de cabellos rojos en una maña•
na de l)iciembr~, cuando la nieve caía lenta y virginal.
Hnboenel aire seiialesciertas que anunciaron la misión
dr- iltnor que venía á. cumplir: brilló e! sol, irisando la
blanca nieve; aspiróse en el ambient"' el aroma de las Ji.
h,s y resonó el canto de los pájaroa como en plena prilllll vera.
Vió el día en el fondo de un chiribitil, por humildad
fin duda, para mostrar que sólo deseaba las riqu"zas del
curnz6u. Tuvd por familia á la humanidad er,terl\: sus
brazos eran bastante largos para estrechar al mundo. Lle•
.:rada la edad del u.mor, abandonó la sombra donde se re·
~ogfa, y echó ~ aullar ~or los. caminos, bn~cando baro•
brientos, á. qutenes deJaba alutos con sus unradM.
Era una niña alta y fuerte, de ojos n.;,grns, de boca
bermeja. Su carne, de una palidez mat.e y cubierta de Ji.
gero bello, semejaba blanco terciopelo. Al andar, balan•
ceaba su cuerpo con blaudo ritmo.
Cuando dejó )a paja en que naciera. comprendió que
debía ve:itirse de blondas y de seda. Tenía como único
patrmonio sus dientes blancos y sus mejillas de color de
rosa. Pronto encontró collares de perlai;,, blancos como
sus dientes, basquiñas de color de rosa como sus meji ·
llM.
Ya equipada, ¡qué gozo era el encontrarla en laa sen•
das en las claras mañanas del mes de :Mayo! Su corazón
y s~s labio:! ~ataban abiertos á. todos los transeuntes. Si
vefn. á algún mendigo á la orilla &lt;le! camino, le interrvgaba con una sonrisa. Si se qufjaba de los ardores de
las fiebres ásperas del corazón, su boca le daba una li·
mmrna, y eH el acto aliviaoa I"' miseria del mendigo.
Así es que la conocían todos los pobres de la parro•
quia, y se apiñaban á su puert.a, el:!perando el reparto.
.h:l!a bajaba por ma1iana y tarde, como una Hermana de
la C:lridad, diatri~uyendo sus tesorús de ternura, dando
á c:.tda uno su ración.
Era buena y tierna como el pan blauco. Los pobres
d~ 1a parroquia la bautizaron con el sobrenombre de Oa·
pita azul del amor.
II
Por aquel entonces asoló la comarca 1111a epidemia es•
pantosa. Todos los jóvenes fueron atacados y muchos de
ellos murieron.
Los síntomas del mal eran terribles: El corazón cesa~
ba de latir, la cabeza se despoblaba de !deas, el n~oribun•
do se embrutecía. Los jóvenes, semf'Jántea á. nd(cl!los
manequíes l:!e paseaban con el barcasmo en los labms,
comprand~ corazones en la féria, como los niños compran
caramelos. Cuando el azote hería á algún buen m?zo,
traducfi¡.e en negra triat.;,za, en mortal aesesperaci6n.
Los arti»Las llo,.aban de impotencia delante de sus obras;
loe tunantes, no pudiendo saciar sus ansias1 se tiraban de
cabeza al río.
No hay para qué decir que la he:mosa niña tuvo oca•
sión de distinguirse en circunsta11crns tan graves. Esta•
bleció ambulancias: volaba al lado de los enf('rmoe, se
multiplicaba, cerraba las herida~ con sus labio_s, daba
gracias al cielo por la buena ocasión que la babia depa•
rado.
Fué una verdadera Providencia para los pobres. Sal•
YÓ ú m'lchus. Si de algunos no pudo sanar el cornzón, es
1)orque ¡a no lo t.;,aJan. Su tratamiento ~ra sencillo.
Acaiiciu.ba á los enfermos con eus manos milagrosas, les
hacía entrar en ca'or con en tibio aliento. Nunca pedía
rtcompema. Se arruinaba sin pena: su caridad era in?.gotable. Asf, loe avaros de la época meneaban la cabe•
n al ver que la joven pródiga derrochaba de aquel modo
103 t-P~oro.g de sus gracias. s~ decían unos á otros:
.
-Morirá en un rinc0n: da la eangre de sus venas sm
peear nunca laa gotas.
III
Un día, en efecto, al registrar su corazón, lo encontró
vacío. Se estremeció de terror: no le quedaban más que al•
gunos céntimos de ternura, y la epidemia seguía azotando.
Laniñaseindign6; nopeneabaen la inmen~ fortuna
que habfa d.isipadollJCamente:el punzante agmJÓn de su
caridader3-cadavez más vivo, au.me.mandoel·hozror. de

385

EL MUNDO.
su miseria. ¡Era tan dulce ir
en hueca de los mt ndigos en
las claras mafianas de sol!
¡ Era tan dulce amar y ser
amada! Yahoradebíaocultar
se en la sombra, esperando
á su vez la limosna, que aca·
so nadie le daría.
Por un instante peua6cner·
damente en guardar como
una reliquia los pol'os cénti•
mas que le quedaban é irlos
·gastando con gran prudencia.
Pero le entró tal frío P.n su
aislamiento, que ee lanzó at
campo para calent,arce al sol.
En el camino, en la primera
encrucijada, encontró á un
joven, cuyo corazón se mo•
ría de inanición. Ante eeme•
jante ei-pectáculo cleepertóse
su ardiente caridad. No podía negar sa mii:t&gt;ria. Y, ra·
&lt;liante de. bondad, máS llena
de abnegación que nunca, pu•
so el resto de su corazón en
sus labios, se inclinó dulce·
mente, dió un beeo al joven y
le dijo:
-Ten, he aquí mi última
moneda. Devuélvemela.
IV
El jo,·en se la devolvió.
_
Aquella roismatardeenvió á sus pobres una carta de
despedida, ma11ifestándoles que se vefa obligada á sus·
p~nder sus limosnas. Le quedaba á la querida nifia pre•
cieamente lo neceeario para vivir en honrada medianía
con el Mtimo hambriento á quien había socorrido.
La leyenda de la Copila Azul del Amor carece de moral.
E. ZoLA.

¡VIVA EL REY!
-¿Cuá11to tiempo l:ace qne estáis casado, Vilville?
-Hace seiE meses, señor duque.
En el monte de la Trinidad, donde estaba emplazada
la caballería, el duque de Grammont departía familiar•
mente con el capitán Vilville.
Era la mañana de Fontenoy.
Alzábase el sol sobre el bosque de Berry.
Mr. Grammont, dijo:
-Guardaos, querido Vil vi lle, de que vuestra esposa en•
viude á los seis meses de casada.
El duque sabía perfectamente que su interlocutor estaba enamoradíeimo de su consorte, la sefiora de Mallie•
res.
Los preceptores del rey, los ministros y la gente d?,;
iglesia, habían favorecido este matrimonio, inspir.ulo
por un &amp;mor tan puro como sincero.
El rey había dado de su peculio particular una dote
import,mte á la reciéd casada.
Con estos antecedentes, nada tiene de extraño qne el
capitán contestase la advertencia del duque, diciendo:
-Sefiol' duque, soy de Dios antes que del rey; pero soy
antes dtd rey que de mis amores.
Tenía aun en sas labios fresco el l1ltimo beso que le
dió su esposa al partir á la guerra: había pasado la noche en sus brazos y la pobre esperaba con ansiedad el término de la batalla, paraenviarásuespoao la cruz deSan
Luis, que el rey le había prometido.
La acción estaba próxima y las tropas del rey espera•
ban formadas en línea de ataque, apoyadas sus alas en
Escaut.
Todas las posiciones estaban tomadas por la artillería
y lo.a eoldados iban á batirse en breve.
-Me par:ece-dijo el duque después de un rato de si•
leocio, durante el cnal estuvo ob3ervando al enemigoque el anciano Koenigseck pretende acercarse á Cumberland; pero no estoy seguro de que mi tío. el de Noaillea, note el movimiento. Tomad el mando por un instante, puesto que voy á adyertfrselo.
·
El duque me~ió espuelas {i su caballo y Vilville le si•
guió.con la mirada, viéndole aproximarse al General hablar algunos :nin u tos con él y después abrazarle con' efu.
sión.
Pero cuando el duque regresaba al trote un cafionazo
surgió de las líneas enemiga.e. Una vez disipado el humo
pudo ver Vilville que el duque yacfa en tierra1 mientras
su caballo corría espantado por la llanura.
-Pues sefior-dijo el capitán sorprendido por tan ines•
pera.do accidente-ahora estoy ya en días de ganarme la
cruz.
Sabía que el duque de Grammont había querido librar•
se de la acometida de Det-Tingen y sospechaba que su
valor no f'Ob1epujaba á sus presunciones.
Hacia el medio-dfa, Vilville llegó á suponer que el Ge,
neral le tenía olvidado con toda su caballería.
Koenigseck y Cumberland habían reconcentrado sus
fuerzas, y tanto los ingleses como los alemanes formaban
una densa masa que parecía enfocar el centro del ejército real.
Llevando á cuestas loe cañones franquearon el barranco que les separaba del e•emigo, y de este modo evitaron
el fuego cruzadú de Fontenoy y de Berry.
Las compañías enteras caían muertas á izquierda y á
derecha, pero la columna no retrocedía.
So.a caftanes puestos en batería, amenazab&amp;n los muros
de Fontenoy. PasadA la mañana, Vilville recibi6 laordeu
de cargar con eu caballería contrn los cafiones enemigos
para· hacerles abandonar eus posiciones.
Vil ville arengó á susBOldados al grito de "¡ Viva-el rey!"
EL.e.onde-de éhavannea y el duque de Biron habían re-

cibido la misma orden y partieron á la vez, deteniéndose
a cincuenta pasos del enemigo, que hizo alto al divisarlos.
Como era necesario que una.palabra pusiese término á.
aquella situación, lord Hay, capitán de la caballería inglesa, gritó:
-¡Soldados franceses, disparad cuando gustéis!
-Disparad antes vosotros-contestó el subteniente A.o•
terochf'.
.
Vilville, que eetaba al lado de au jefe, vi6 cómo los soldados enewigvs preparaban sus fusiles para hacer ub fuego certero y previendo que estaba ce1cana la descarga,
se pmo á. ptme:ar instintivamente en su esposa.
De pronto gritó:
-¡Viva el r.;,y!
A esta voz-dada involuntariamente por Vilville a)
abandonar sus meditaciones cayó al rnelo la primera fila
de la caballería fraocesa, victima del fuego de los ad ver•
sariol:!.
-¡Viva ~I rey!-repitió el -valeroso capitán esta vez,
con convencimiento de lo que hacia-y pálido de coraje
lanzóse con los suyos eobre el contrario.
Cuatro horas deepués, ballábase Vikille ante la lil,era
del General Saxe, el cual, á pee:ar de sus graves heridas,
seguia mandando mie11t.rae los médicos le curaban.
-Capitán Vilville-dijo el General-¿cuántos hombres nos quedan?
-Once.
-Entonces estáis f'n libertad. Id á presentaros al rey
de mi parte, y decidle que la jornada ha sido nuestra;
pero que no se olvide de enviarme 10s ocho mil corace•
ros que le custodian. Le encontraréis en un molino, á
las puer'tas de Fontenoy, donde le ha visto Anché hace
una hora.
El rey había abandonado Fontenoy en el momento fin
que los cafiones de Cumberland comenzaban á batir la.
plaza, arrastrando en su retirada el enorme tren de coci·
na y de equipaje que le seguia en la campafía.
Entre tanto, esperaba el resultado de la lucha á una.
media hora del campo de batalla, rodeado de artilleria y
resguardado por no puente que le permitia refugiaree en
Enaut, en caso de una derrota.
Vilville no necesitó consultará Aché cuál era el cami•
no más corto para ir al molino, porque la noche anterior
habia acampado en aquel sitio.
Montado á caballo, franqueaba los barrancos y las al•
turas, y pasaba por encima de loe muertos y de los moribundos.
De repente se presentó ante sus ojos la silueta del molino.
·
,
Vilville galopó hacia ella. Una patrulla de soldados le
salió al encuentro, y pocos pasos después unos cuantoR
camaradas, ansiosos de noticias, le detuvieron; pero ét
contestó:
-¡Servicio del rey!
Y siguió su camino apresuradamente.
Los suizos que montaban la guardia en ]a eecalera creyeron que era un oficial de servicio .Y le ab1itrun paso
saludándole.
¡Qué gozo sentía el capitán al hollar aquellos recintos!
Quer1a entrar inmediatamente en el cuarto del rey y
llawóá la puerta de laci;;,oara real.
-Señor-dijo-es un meneajel'o del General Saxe.
Abrióse inmediatamente la puerta, y ...... ¡ob, estupor?
,,ió á su esposa al lado del monarca.
No, no se babia engañado.
Ern ella, ella, la eefiora de Mallieres, su propia mujer.
La sorpresa no daba lugar á duda, y menos la turba•
ción de la infiel.
Descubrióse entonces el capitán y dijo con temblorosa.
voz:
-Sei'ior, el Genual Sa'xe me ha hecho portador de la.
noticia de la victoria de vuestras armas, y al mismo tiem•
po ruega á vuestra majestad que le envíe los refuerzos
que tenéis á vuestro servicio, para emprender con ellos
la persecución del enemigo.
T~rminada su misión, empuñó la pistola que llevaba
al mntoJ levantóla hacia la sien, disparó y cavó en tierra.
gritando:
·
-¡Viva el rey!
HuGUES LE

Roux.

RISAS
Ríe que ríe; ta rosa
En el capüllo plegada1
Se asoma leve, riendo
Por el botón de esmeralda.
Ríe que ríe; en el lirio
Vierte la riB:l sus gracias,
Y de la flor las despliega
Sobre la copa morada.
Rfe qm!ríe; en el vivo
Clavel de encendidas llamas,
Revienta alegre la risa
En explosiones de grana.
Rfe que ríe; y minando
Bogar á dos por las aguas ......
Suelta su risa tt torrentes
La boca de la granada.
RUBÉX

D .\RÍO.

Pues que tanto te admira
el saber de los viejos,
voy á'darte el.mejor de los con!!ejos:
cree sólo esta verdad: (cTodoes IDentira.it
Es mi fe tan cumplida
que adoro á Dios, aunque medió la vila.
ÜAMPO!MOB.

�386
EL MUNDO.
13 DICIEMBRE, 1896.
==============================~-==================-===-=====Su perfecta nariz delicada
ALBORADA.
DESPI.i:!JRTA!
Causa celo á la Venus de }Iilo.
En su frente de grie~a escu!tura
Puso el lirio su ter,a blancura,
Sus megillas pintó la camelia,
Y en su tierna morada radfa
El pudor virginal d» :\la1ía
Y la dulce tristeza de Ofelia.
DibDjad esa curva elegante
Que traviesa, fugaz y ontlulante
Acaricia sns howbros de seda,
QL1e ~us brazoa de nácar circuye
Y como una culebra que bnye
En su leve cimura se enreda.
E9 su pie de condesa andaluza,
Y su mano patricia que cruza
Con capricho una red azulina,
Mano aerea de Espírita, pnra,
No la iguala el al'miño en blancura,
Ni la tuvo Ana de Austria más fin~.
Cuando ee abre eu boca sonriente,
Blancas perlas del más puro Oriente
Luce en toda fll limpia belltza,
Y cuando anda radiante y airosa,
Com0 un pavo real, orgulloPa,
Ya moviendo la altiva cabfza.
¡Oh pincel, en la mágica tela
Su hermosura divina cincela
Con tus toques v tonos más claro~!
¡Que la mire el ·ab~orto nni1·nao
Escnltada en el marmol d'"l verFo
Y cantada en estrofas de Paros!
E. REBOLLEDO.
Diciembre de 96.

Buscando en mi pesar algún reposo,
Avanzaba incon@ciente. Amanecía
Y á un templo penetré; bajo la fría
Y ancha n~ve quedéme silencioso.
Exangüe el Cristo, en su actitud grandioso,
Revelaba el dolor de su agonía,
Y del madero al pie la 11adre bacfa
:Más patético el cuadro y doloroso.
Ante aquella infinita desventura,
En mi mente surgieron del o! vido
}J is creencias más santas y sencillas;
En hondo sentimiento de ternura
Trocóse mi aflicción y conmovido
Caí, como en mi infancia, de rodillas.
JosE lLl.aíA OcHOA.
Diciembre de 1896.
EN .L.A SOMBRA.

Germina entre este capuz
el ver~o, y sale deepués
como de un vidrio al través
saliera un rayo de luz ..... .
clávenme sobre una cruz,
ei rebus"-n la palestra,
, así en Ja canción siniestra
que escribo hoy potente y bravo,
punto .tíoal será el clavo
que me sujete la diestra!
Querer decif" de redondo
lo que en mi dolo1· se fragua
es así como echar agua
dentro de un tonel sin fondo ..... .
e! dolor cuanto m,ís hon&lt;lo
menos en palabras fiuy,: ........ .
el suplicio no concluye
por miís qne Tántalo brega:
¡el agua, que nunca llega!
¡el fruto, que siempre büye!
¡Oh Insulto: no te levantes ..... .
¡oh Estrofa, signe dormida ........ .
¡la Suerte noee intimida
con signos amenazantes!
ya amenazas no; pmqne antes
que se funda el nuevo cuo.o,
se cicatrice el raegoiio
y vuelva el dardo al carcax,
¡ llt-gará á causarse Ayax
de ti,ner cerrado el puño!.. ...... .
Jos.i!: 8.

¡Oh poetas! ¡oh 1&gt;rtiatas geniales
Que vivís persiguiendo idl,alesl
¡Oh pinceles! ¡oh lira! ¡oh buriles!
Que en el mármol, el lienzo y la rima
Vuestro mágico mímen imprima
Sus correctos y puros perfiles.
Modelad sus profusos cabellos,
Aureola de brunos deEtellos
Que su rostro e ucaríatico bafia;
Y sus ojos de brillo de luna,
Astros negros que vela importuna
Con su sombra la riza pestafia.
Es un cáliz intacto su boca,
Roja y húmeda flor que provoca
A los besos, su cuello un pistilo
De azucena, y en nieve escultada

Fondo: $

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2 Aproximaciones de á $ l. 00;
una anterior y otra postenor al
número premiado con los ..... .
$10.000 .................... $
2 Aproximaciones de á $50; una
anterior y otrn p'J'Sterior al nú•

1 ,00(

2,001
2,00t

t.ArÑP. Pl

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,$60,000
se verificará en el Pabellón Morisco,
á las 11 a.m., el Jueves

24 de Diciembre de 1896.

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El próximo sorteo, con premio
mayor de

t.re!'! tie la.

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345 Premios que hacen un total de $ 1 7. 70&lt;

se verificará en el Pabellón Morisco,

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.

$eÍ~Jgct.~~~.~.~~.~?~........ $

Á. }i¡.f'!

Si entre la bru01a de loe er,euelios
Surge tu imagen y mi alma ve
Lucir tus grandes ojos risueños,
A 1bear tu cutis de rofa thé,
A un sol ardiente,-tus rizos de oro,Las aves blancas de mi ilusión
Tienden las 3Jas y en raudo coro
Yan murmurando: Ninon, Nioon.
Si te contPmplo, sí tu mirada
Como un efluvio crepuscular,
Baiia con tibia luz de alborada
J)e mis tri~tezas el hondo mar,
Las mensajeras de mi ventura,
-Aves azules de mí pasión,Mientrae se rasga la noche obscura
Van repitiendo: Ninon, Ninoo.
Cuando te alejas la sombra avanza
Y un sol mny debil se ve lucir,
El astro limpio de mi esperanza
Que en la tiniebla se va ya á hundir;
Pero aunqne lejos de tu belleza,
Allá en el fondo del corazón,
Las aves negras de mi tristeza
Diceu muy quedo: Xinoo, Ninon ........ .
F. M. DE OLAGUÍBEL.
Diciembre de 1896.

¡Están emponzofiadae mis canciones!
¿No lo han de estar, mi amor?
Tú mataste mis dulces ilusiones
con tósigo traidor.

TEODORO LLORENT.E.

La amo poco, es verdad. Mi alma rendida,

¿á quién dirás que adora?

El que subscribe, profewr en Farmacia de la E.scuela
-de .Medicina de Mfrico

San Francisco núm. 12.

--~ SALCHICHONERIA ALEillANA
DE .GERARDOlMEENEN.
COLISEO NUMERO 9.

MEXICO.
Esta ~casa: t1ene constantemente
un arand•-Y ,arlado aurtldo de tod•
cl ■ ae:de:salch,chon 'f carnea friaa.

?

Certifica: que habien.do analizado el

\)f&lt;\FICAc:::,

.

DE

"ESPJ&lt;:CIFICO AXTIYENEREO DE BELTRAN''
no ha encontrado en él ninguna substancia nociva al organismo, ni minerales de ninguna especie; su composi-0i6n es puramente vegetal y las plantas de que está compuesto son todas muy saludables y muy apropiadas para
la curación de las enfermedades de la sangre.
A pedimento de los Sres. Beltrán IIer manos, doy el pre•
sente en México, á 25 de Enero de 189!.

0

~

LA

¡SANGRE!
1

EL )L\.S EFICAZ

'

Qoe se coooce en 1, República.

•

56 AÑOS DE EXITO.

r.;:.2 oussaint.

-1)(PERRY DAVIS.)
Un remedio ver&lt;l!l.&lt;lero y ee¡¡uro par&amp; toda
claae y &amp;r• dos de enfermedades de !01
intestinos e• el

Esta medicina, además de ser infalible para curar c1ulquiera enfermedad que tenga por causa la impnreza de
la sangre, ya sea heredada ó contraída, y t'specialnwHte
las úlceras invnteradas, tiene la ventaja de no sujetar al
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicar~&lt;! á.
sus ocupaciones; pudiendo, además, bace1rn !a curaci6n
en absoluta reserva aun de la persona más allegada. 8u.
eficacia y méritos no necesitan eucomiaree, pues su nso
constante dnrante más de medio siglo y sn venta cada
año mayor, son claras manifestaciones de los excelentes
resultados que se han obtenido de ella; recomendación
indudablemente superior ,í cualquiera otra.-BELTRÁ!r
ilER)L\NOS.

DEPOSITO: Chavarrla 19.

~~

DES PACIIO PARA YENTAS POR MENOR, ~ DEL RELOJ, NUMERO

8,

.

- --

BAJOS.

CONSEJO DE ADMINIS.TRACION
Presidente, H. R. NrcKERSE&gt;N.

F. B.

McxERcH:m.

Vice Presidente, PASTOR DE CELIS.
Vocal, A. PEYTON.
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F. R. GERNSEY.

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6.00 »
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t'unsadas 1 piquetes el&amp; al&amp;c~a,
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Ap•rtado número 157.

MEXICO

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De Ahorros y Construcción de Casas,

A la muerte, la sola poseedora
de todos Jo3 descansos de la vida.

2:761 Premio: que h~een un '1'o!i!de.. $ 178.560
p-Todos los sorteos est¡\n bajo !a vill'ilancia
y direcci6n persona les del Sr. D. Apohnar Casti !lo,
Interventor del Gi,bierno. v de un empleado &lt;le la
Tesorería General de la ~ación.

r

NO CONTIENE }IERCURIO NI IODURO

*

¡l\Iis canciones están emponzañadas!. .....
¿No lo han de estar, mi bien?
Llevo en el alma eierpee emoscadas;
te llevo á tí también.

Premio principat de ...... ,, 10,000
Premios de $ l ,ooo ...... ., 5,000
Premios de ., 500 ...... ,, 5,000
Premios de ,, 200 ...... ,. 5,000
Premios de ,,
1 oo ...... ., l 0,000
Premios de ,.
40 ..•... ,, l 0,400
Premios de,,
2_0 .. , ... ,, 9,200
Premios de S (1), aproximac10nes
al premio de S 60,000...•....•.•.$
6.000
Premios de 8 40, aproximaciones
al premio de 82~,000..•....•••.• $ 4.000
Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000............ $
2.000
Terminales de S 20. que se dete~minarán por las dos últimas cifras del billete que obtenga el
premio mayor de S 6(),000 ...... s l 5.980
Terminales de 8 20, que se dete~·
minarán por las dos últimas ctfras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000.•••g _2_5.980

Oficinas:

~,~~Concedida en Mayo de

Eugenio

CAXPOA~[OR.

FONDO:

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,

DE HEINE.

t Premio m ...yor de.......... S 60,000

1 Premio de .•.. $10,000.... $ l 0,00&lt;
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10 DE DICJ E~.JBRE DE 1896·

PARA NINON

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medlos: $ 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cents.
Vigésimos: 20 cents.

l
5
1O
25

Antivenéreo de Beltran.

Romanza.

1 Premio principal de ...... ,, 20,000

PREMIOS:

25

80,000 BILLETES.

ESPECIFICO

Dicie01bre de 1806.

PREMIOS:

28,000.

-~-

~s10,ooo

EDl,•.\RD0 1\-iELO Y ANDRADE.

Utl¡JO 6l .l)!t:l,ll 1:&gt;l~ult:H.Ht,;

14,000 Billetes á $ 2.00 cafü
uno, divididos en vigésimo:
de á 10 centavos.

El próximo sorteo, con premio
mayor de

Lluvia de perlas derramó el rocío
En el bello floral de la campifia........ .
Todo respira "amor." y el pecho mío
Te convida ágozar: despierta, niña!

EDUARDO CALCA~º-

bajo el plan siguiente:

GE3.EXTE G.l!:NERAL.

Despierta, nifia ! Con af iin, tu J.uefio,
Busca anhelante tu beldad que adora:
¿Por qué reposas en tranquilo suefio
Sí está incitando á despertar la aurora?

EL TELESCOPIO.

MEDALLON.

ELABORADORES.

A GLIFFNEH.

El a·ma iba peregrina por los caminos de la vida.
Abri6 los ojos y S6 bailó sin patria; abandonada á las
orillas del mundo-proscrita de un hogar ignorado,expósita llena de gemidos que se agita en la sombra y
tiende los brazos á lo desconocido.
La esperanza le dijo en secreto no sé qué palabras misteriosas, que así parecían murmurios de la brisa como
reflejos de la aurora: y levantando su mirada á lo más
alto de los cielos, el alma iba p• regrina ,por los caminos
de la vida.
.Buscaba á Dios.
Subió á la cumbre de las grandezas humanas, y gimió,
porque allí no había sino vanidad y vacío.
Trepó con paso trabajoso y cansado á la cima altísima
de la gloria, y suspiró, porque era sombra.
Ascendió á las alturru, de la riqueza y d deleite, y dee•
falleció, porque todo fué mentirr. que pa~a, ó ficción de
espíritu que queda.
Y andaba triste y peregrina por los caminos de la vida.
Detrás el vacío: á su frente lo infinito.
Un genio cruzó la vida. Hondíaima arruga surcaba eu
frente, quebrado el brillo de sus ojos y pálido el semblante.
Su mirada como lamento: su voz c_omo sollozo. Y la
habló:
-Buscas á Dios?
-Está muy lejos.
-Quieres verlo? Sólo yo puedo dar á tus ojos la lente
maravillosa que aleja las sombras y acerca el infinito.
Hazme tu compafiero y amigo.
El genio tomó una lágrima de sus párpados amortecidos y la puso en sos pupilas............... .
El alma, trémula, palpfoante y reverente, cae de improviso arrodillada ................. .
Sólo detrás de una lágrima se ve á Dios.

CHOCANO.

~~rmanos,

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MEXICO, DOMINGO 20 DE DICIEMBRE DE 1896.

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"La caja de ahurros ' proteje al pobre, presentándole la mejor manera de ahorar, y ofrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequefiae iD•
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Pila Seca núm. 8.) El Dr. P,1rra es Director de la Com ,
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pañía de asistencia Médica y Cirüjano del Hospital Juá
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rez. El Dr. Garay _e~ profe~or _de Anatomía quirúrgfoa en ~
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la Escuela de Med1cma y c1ruJano del Hospital Juárei ,.
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Nuestro folletín.
NU~IEUO DE X AVIDAD

No olYiclamos la promesa cont:raí&lt;la con nuestros lectores,
de darles el folletín que hemos acostumbrado. La circunstanci~ de e:3tar ensayando nuevos métodos de impresión no"han 1mped1clo ofrecérselos tan pronto como hubiéramos deseado; pero EL 1\frxoo cumple siempre sus promegas y un(}
de nuestros próximos número~ llevé:trá «el primer abono» di.}
la deuda.
Llamamos también la atención de nuestros favorecedores
sobre el número extmm·dinario de Navidad, que preparamos, con grandes novedades.

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-INoc~e ~uena," papaHc!
Dibujo de J. M. Villasana.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Higiene de la Cabeza * Belleza de la Cabellera

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NOMBRO 2511

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MEXICO, DOMINGO 20 DE DICIEMBRE DE 1896.

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de nuestros próximos número~ llevé:trá «el primer abono» di.}
la deuda.
Llamamos también la atención de nuestros favorecedores
sobre el número extmm·dinario de Navidad, que preparamos, con grandes novedades.

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-INoc~e ~uena," papaHc!
Dibujo de J. M. Villasana.

�390

EL MUNDO.
8EMA.NARIO ILUSTRADO.

1'eléfono 434.-Calle de Tibnreio núm. 20.-Apartado 87 b.
M:BXICO.
Toda la correspondencia, debe dJrlgirse
al Gerent.e de est.e periódico.

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NAVIDAD.
¡Oh recuerdos hermosos de loe benditos tiempos demi
infancia! ¡oh ilusiones risuefias de mis floridos afios!
Llegáis á mi memoria como bandadas de palomas blancas con la magia de vuestros arrullos, como mariposas
dE' luz que traen en sus alas intangibles el polvillo de
oro del encanto. Llegáis como en dados del hada de los
sueños castos, y á vuestro poder hechiceresco se desentumece mi alma, siente hálitos de primavera, escucha
rumor de besos y estremecimientos de frondas; percibe
carcajadas alegres de niños y aleteos tiernos de aves; y
ya no es el invierno que mata los gérmenes y agota los
ma1Jantiales lo que reina en darredor mío, sino la ju ventud del afio, la etern11, juventud, palpitante de amor y de
vida, en la flor, en el nido y en el hombre.
*
* hogares crietia1ioe es siemLa noche de Navidad en *ioe
pre origen de encantos místicos y de sanas alegrías.
Entre nosotros, donde el aterido invierno apenas pasa
rozando con sus alas las altas cumbres del Popocatepetl
y el Ixtacihuatl, y las cubre con manto de nieve que desciende desde su frente sumergida en la región de los hielos eternos; entre nosotros donde la naturaleza prosigue
sin descanso su obra creadora, apenas sujeta á loe letargos solsticiales de las noches interminables, no tenemos
ese contraste de vida y muerte que ofrecen las estaciones
en los países del Norte.
Por eso adi vinamoe el encanto, pero no sentimos ni
podemos comprender la belleza de las leyendas septentrionales.
Crecidos al amparo de un clima que todo el afio engalana !os campoe, y hace correr presurosa la sangre en las
arterias, como hace brotar floree de todas las simientes
no acertamos á alcanzar toda la poesía que encierra eÍ
cuadro de un nii'io, nacido en humilde pesebre necesitan~o pa~ calentarse del vaho de las bestias, 'para no
morir aterido por las ráfagas heladas q•1e avientan las
pobres aristas de su cuna miserable.

*

Mas si no llegamos á la ~;cepción mística de la fiesta
cristiana, si no tiene para nosotros todos sus encantos, porque la naturaleza de nuestro suelo tropical nos lo impide, sabemos hacer tal derroche de profanos festejos que
la Navidad es tan alegre y regocijada como en los países
del Norte.
Búsquese ent~e ellos la ceremonia de las po8oda8, y no
se encontrará 01 en las pompas con q•1e ee celebra entre
las fllmilias opulentas ni en los sencillos goces que son
el patrimonio de los desheredados.
El rezo devoto, el canto melancólico con que se pide
la posada, la luz amarillenta de los cirios, el aroma pica[.lte de las flores tropicales, todo mudo al
palpitar v_iolento de los coraz:&gt;nee y al soplo de vida, de
amor, de Juventud, que cruza por entre la concurrencia
estremecida, hacen de esta fiesta una de las más característiczs de nuestra sociedad.
Busquen los filósotos la razón de ese consorcio míeticoprofano e~ nuestra educ:1ción religiosa, ~oderada poi' el
carácter picaresco ó relaJada en sus mamfestaciones por
el latir violento de nuestras arterias que llevan más de
un glóbulo de sangre andaluza y morisca.
.A nosotros nos b:ista con sentir esa influencia, y cuando ya cansados en la brega, nos apartamos de esos centros donde la oración devota se interrumpe por el suRpiro y el villancico inocente alterna con el epigrama retozón, queremos siquiera, vivir un mo:nento la vida ficti&lt;iia de los recuerdos.
PEPE.
Diciembre de 1896.

Los envía Dios cargados
De juguetes y de dulces.
Empínate, candorosa,
Y en el hondo eepacio hunde,
Sedienta de mara villas,
Tu mirada. ¿Ves las luces
De los cohetes? Semejan
Chispas de iuvisibles yunques.
Pues bien: allí d0nde hro~r.n
La alegría se difunde,
Y hay nifios buenos que aguardan,
La cita de los querubes.
Ma!' ...... ¿qué viste, virgencita?
;,Qué me sefialae que busque?..... .
Por la calle negra y sola,
Como una aparición fúnebre
Pasa un pilluelo, un mendigo,
No es fantasma, no te asuijtes.
¡Arrapiezo! ¿qué voceas?
Tal vez ninguno te escuche;
¡ Arrapiezo, canta copla~
Que ya vienen los querubes
A dar á IC's niños buenos
Risas, juguetes y dulcas!
Tú no eres bueno, muchacho,
Burbuja de podredumbre;
¿Pero qué sabe eeta niña
Del arroyo en que te pudres?
No tienes la culpa; el vicio
Es tu sostén y tu empuje;
Naciste en el fango, y eres
Flor sin matiz ni perfume.
Candorosa, ve á lo alto:
¡Cuánta nieve hay en las cumbres!
¡Cuánta estrella hay en los cielos!
¡Cuánta blancura en las luces!
Siempre arriba, siempre arriba
La virgen mirada hunde;
Arriba está lo que anhelas:
Angeles, sueños y nubes.
Ojalá, que así, tan pura,
El sombrío mundo cruces,
Que allá arriba están amores,
Ideales y virtudes.
Ño mires !a calle negra
Que puede ser que te asustes;
Y mientras a leg-re aguardas
El cortejo de querubes
Que ha de surcar el espacio
En sus esquifes azules
Cargados de luz, de lirios,
De juguetee y de dulces,
Yo, que llevo en las espaldas
Mi fardo de pesadumbres,
Yo, el desterrado del suefio,
Sin fe, sin amor, sin numen,
Pienso en muchas cosas tristes,
En lo que odia, en lo que sufre;
Pienso en los niños sin madre,
Y en los hogares sin lumbre...... .
LUIS G. URBINA.
Diciembre de 1896.

La Noche Mala del Diablo.

DE "i\11S VERSOS INOCENTES."
DOS NA.VlDA.DES.
PARA UNA NINA.

Noche Buena! ...... Mira el cielo:
¡Qué horizontes tan llzules!
El cristal de las estrellas
Inviolado y limpio luce.
¿VPs, niiia mía? La nieve
Brilla y blanquea en las cumbreo,
Y como cisnes que surcan
Claras linfas, van las nubes.
Abriste el balcón y e8peras
V!lr el milagro: que cruce
Por el aire trasparente
La parvada de querubes.
Tu madre te ha dicho: llegan
Esta noche, no lo dudes;

Pues señor, el Diablo es malísim~ y además muy envidioso.
·
Por envidia, más que por orgullo, le pasó lo que le
. pasó.
No Je bastaban los resplandores de su noble frente: envidiaba la corona de estrellas de su Dios, y la envidia le
secó loa rayos luminosos del argentado nimbo, y encontróse con aquellos áridos cuernos que por toda nna eternidad h.abían de agarrarse al endemoniado cráneo.
No le bastaban las dos hermosas alas blancas, que como dosel de plumas se elevaban sobre sus hombros;qu1-

20

DICIEMBRE,

1896·

so alas de oro y las acercó al aureo foco, con lo cual la~
sacó hPchas carb{m, y teudrá alas negr..is para volar entre las sombras por los sigloe de los siglos.
No le bastaba ~u cielo, quiso subirá cielos más altos, yel espacio ee le puso de reves, de manera que cuandocreía subir á la última esfera, encontróse el pobre diablo
cayendo por el último abismo.
No le bastaba su angélica grandeza y q uiRo crecer más,
crecer mucho, crecer desmesuradamente, llenarlo todo,
tropezar con su Dios y empujarlo hacia la nada: esfuerzoimpotente y ridículo; lo único que se dilató de todo su
sér fué la columna vertebral convertida en rabo de mono.
Y desde entonces anda el mísero por abismos sin fon•
do, con sus cuernos, sus alas negras, su grotesco rabo,
y sus ojos biliosos y recomidos por la envidia.
Todo lo envidia el amor, el bien, la alegría, pero sobre-•
todo lo que le pone mád v-irde de co3tumbre, las ulias,
loa dientes y los ojos, es la Noche Buena.
¡Oh! Esa noche de regocijo, esa noche de los nifios y
de los viejos, de pastorct!los, de zagalas y de reyes magos, de rabeles y pandeNtas, de ramas de pino y nacimientos de cartón; ¡oh! esa noche, es noche de torturas.
in fia y sin nombre para el diablo! A.un en las mismas.
negruras infernales, esa Noche Buena es para Luzbel otra..
mayor negrura.
De modo que se recome de envidia y se chapusa fre•
nético eu la desesperación.
Si asoma la cabeza por una grieta del infierno, y ve la
nieve que por lo regular en el mee ae Diciembre tiende
su mamo de helado armifio por la tierra, se acuerda de
sus perdidas alas que ya no blanquearán nunca y vuelvelas zarpudas manos y arranca á pu!iados su negro y Jus.
tro~o ¡.&gt;lnmaje.
Si ve á los niño~ jugar y á loe viejos reir alrededor deunos pedazos de cartón y de unas tigurillas de barro y
resonar en panderetas y tambores su alegría, la felicidad
de aquellos seres le roe ias entra!ias. ¡Ser felices con tan
poco, cuando él, el angel predilecto del Sefior, no pudo
ser feliz en todo un 0ie!o y gozando de todo un Dios!
Si ve al hijo de María en su pesebre, una desesperación infinita, que es el único infinito de qu.i dispone Luz-bel, penetra su sér hasta loM tuétanos infernales. E l quiso ser grande y se condenó: Dios se hizo pequeño, muy
pequeño, del tamaño de un niño y como no podía ya ser·
otra cosa, fué Salvador, y si hubiera podido ser hubiera
sido más grande que nunca.
Y al llegar á &lt;iste punto dice la leyenda cristi,ma d edonde saco este cuento, si no es que lo hs soñado, que
Luzbel tuvo una idea.
No, lo que es ideas, y sobre todo ideas diabólicae, n o
le hacen falta al diablo.
Hu idea de siempre: igualarse á su Dio8.
Luzbel, va qne no podía te11er su Noche Buena quiso
teuer su ,.Yoche m•,la, 110 la noche de Dios, sino la noche
del diablo: su nacimiento, sus pastores, MU~ reyes: todocomo el nacimiento de la noche buena, pero todo1·ematadammte malo.
Afí es siempre la envidia: siempre carece de originalidad: siemprt&gt; cae ó en la insulsa imitación ó en la grotes-·
ca parodia. ¡ Luzbel parodiando á su Dios con navidadesdel infierno!
Lo pensó y lo pnso por obru: es decir, quiso ponerlopor obra. ¡Pero qué dificultades!
Lo primero era unirse por conjunción misteriosa con
otro sér para dar vida humana al niiío diablo.
Y ¿quién había de ser la madre? Era preciso que en e!J
ser escogido todo fuese sombra, todo impureza, todo peca-do, todo corrupción. Si en él habla un solo ¡,unto de luz,
destello de ternura; si en el proyectaba el bien el más.
tenue rayo, la empresa diábolica era nn fiasco estu pendo,
porque el nifio-diablo resultaba indigno de su padre y·
con levadura de amor.
Y Luzbel se echó porel mundoá buscar alguna muj er,
alguna fiera, algún pedazo de tierra, algún sér totalmente
ptirvereo, en el que pudiera depositar como gérmen, la
mayor negrura de su infernal espíritu.
¡Quién pudiera cantar la diablesca odisea!
A las mujeres renunció bien pronto: ser débil, ser que
llora, cada lágrima es un peligro de redención.
Las fieras con sus garras, su~ dientes, su venenosa sa•
liva, sus repliegues estranguladores y sus egoístas voracidades, le infundieron cierta esperanza, bien presto desvanecid;.. Tienen amores y luego se encari!ian con sus.
hijos. ¿Qué pu11de esperarse, es dticir, qué puede esperar
el Diablo de un ser que ama y que se encarifia, que defiende á otro ser y que por él se sacrifica? Por brutal queese amor sea, por muy poco que dure ese carillo, esa chispa fugaz de amor puede convertirse en incendio uni- ·
versal.
Vió Luzbel en un peñón á la orilla del O~fano á una .
foca muy grande con sn hijuelo al lado. ¡Qué fea era con
su cabeza •• e gato, sus bigotes erizados, sus colmillos salientes y caídos, prolongación del idiotismo de su cabeza, su cnerpo abultado, negro y lustroso, toda ella vientre. y vientre sin igual para un hijo del Diablo!
«No, pues ahí dentro no estaría yo del todo mal»-pen• •
só el imbécil, y se quedó observando.
La foca quería echará su hijuelo al agua y lo empujaba torpemente, pero suavemente, con todo el mimo de·
que una foca es capaz. Y la foquilla traviesa, unas veces
le mordía en el hocico á la mamá y otras veces escapaba.
escurriéndose. Y vuelta á empezar su tarea la foca grande con inagotable paciencia maternal.
De este modo pasaba una hora y otra hora, sin que la.
foca chapuzase á su hijuelo, pero sin incomodarse con
las diabluras de aquel feísimo jirón de sru repugnantes entrafias.
Entre aquellos dos cuerpos negros, lustrosos, con cráneos de idiota feroz pegado á dos sacos grasientos, circulaba no sé qué misteriosa corriente de ternura bestial.
Aquellas, que ni eran aletas ni brazos, hubieran abrazado si hubieran podido.
La esencia sublime del amor, un átomo al menoe, penetraba como diminuta corriente de divino fuego por las,
capas aceitosas de los grotescos monstruo!'.

20 DICIEMBRE, 1896.
El Diablo apartó la vista con enojo, y se fué frenético
buscar por el mundo un pedazo en toda la creación en
que el amor no palpitase.
¡Imposible! ¡Qué torturas sufrió! ¡Las del infierno eran
goces celestiales!
Cae en los surcos de uno y otro campo y siente que la
madre tierra se filtra amorosa en la semilla con juegos
de vida. Quiere huir, ro1.a unas fl.orE's, y el viento le sacude al rostro el fecundo y caliente polen del misterioso
cáliz, levantándole ampolla de quemadura cada granillo.
como si le hubieren rociado CJr&gt; un surtidor de chispas
de abrasado horno. Se mete ciego por la arboleda, y se
detiene en ella encogido de i1orror y lamiéndose la cara
que le eecuese como un demonio. Descanso peligroso,
porque dos ruisefiores se posan en un cuerno, y mandándose suspiros, lamentos y requiebros, ciñen la cabeza del
diablo con guirnaldas de trinos y quejae y esperanzas de
amor.
Se sacude, arranca y escapa, y se hunde en el mar.
¡Pobre diablo! ¡Si el mar fué el primer semillero de la
vida! ¡ Adónde val
La vida es amor y hundirse en las solobres aguas, eternamente cuajadas de vida, es como hundirse ton una inmensa pila de agua bendita, de Jonde diadamente parece que brotan las estrellas como burbujas de luz y que
todos los ocasos envuelven en incendio8 de b ~lle~a.
No, en el mar no encuentra lo que bneca, que por todo
el cuerpo le cosquillean átomos de vida y le cllamuscan
futuros be~os. ¡Fuera! ¡fuera!
Y ya e, de noche y para secarse, como perro que acababa de salir del agua, se revuelca sobre la tierra y sobre
las losas de un cementerio. ¡Ay qué estupidez! el cemen•
terio está lleno de cruces y contra todos tropieza, y todas le hieren, que no parece sino que aquellos lefios san•
tos á. golpes arrvjan al potrervo del sagrado lugar.
Y escapa por los aires trazando círculos inmensos en
vértigo infinito. Pero allí también le persiguen las ale·
grías de la Noche Buena, que desprendidas de la tierra
como incienso de un pebetero, suben por el espacio. Ya
es el grito agudo y regocijado que le taladra los oídos; ya
los palillos de un tambor q11e le redoblan la magullada
piel, ya un pastor fantástico que le frota un cuerno como
carrizo de zambomba, llenándole el infernal cráneo de
roncos estremecimientos; ya son loe tres reyes magos que
vienen volando por entre las nubes y se le montan sobre
el rabo espoleando con espuelas de hielos la peluda cabalgadura; ya es la campana que llama á misa á todos
menos á Luzbel, y cuyas ondas v_lbrantes llegaban .al
diablo y en él rompen como la corriente del río en teJamar diabólico y de él se aiejan diciendo muy por lo bajo:
«á todos, á todos; menos á tí.»
Y Luzbel con delirio y desesperación como jamás sintió, aulla entre nubarrones: «Yo necesito un1noche mala, un nacimiento diabólico, un niño diablo y una madre
para mi hijo.•
.
.
.
'Y los espacios le contestan con voz triste y misteriosa,
ancha como la inmensidad, tenue como luz de estrella:
«pero desdichado, huyes del amor y pides una madre!
¿No veo que pides el mayor de los amore_s?«
•Es verdad,~ dijo Luzbel. Y se envolvió la cabeza en
las alas y hecho una pelota de pluma negra y erizada se
dejó caer en el abismo.
Después de todo buscaba Luzbel una ¡Noche mala d;il
Diablo! y la tuvo; porque mala fué, rematadamente mala
para el diablo, la Noche Buena.
JOSÉ EcHEGARAY.
~

El evangelio de San Perrault.

,.,,

-Entonces, prosiguió Simoncita, después de !1-aber
movido impaciente la rubia cabecita rebosante de ideas,
entonces...... No me acuerdo en qué íbamos.
-lbamos en la parte más interesante del cuento, cuando los tres Marqueses de Carabas fueron, montados en
.camellos á visitar al niño Jesús á su establo.
- ¡Sí, ~í! ¡Cuando los tres Marqueses de Carabas! Pero
tengo que volverá empezar.
-Como quieras, Simoncita.
Y entre tanto que el padre jugaba con e! buen párroco
-su partida de ajedrez; que la m~dre !~fa y qne la ama
-dormitaba junto á la chimenea, S1monc1ta, mfia de cuatro aflos no cumpltdos, para el gato y para mí, oyente de
alma ingenua y especialmente para el primero que había dejado su'puesto en la ceniza del hogar y que habh
venido al lado de la niña á aprobar con su rnm-rum el
interesante relato, Simoncita, dijimos, voldó á ~rincipiar su pasmosa historia, en la cual _mezclaba con rnfantil fantasía el Evangelio y las conseJas de la abuela, los
&lt;iuento azules de la nodriza y las lecciones del buen
cura.
-Mucho frío tenía el niño Jesús dormidito sobre las
pajas de su establo, y sin duda hubiera muerto si el asno
v ti buey no le hubieran participado su calor. ¡l\Iuy pobre se encontraba el niño Jesús!
Pern hé aquí que un hermoso día se oyó un ruido de
trompetas y de música. Eran los tres :\iarquese~ de Carabas que llegaban guiados por la estrella. Muy ricos que
son los Marqueses de Carabas. Regalaron al niño una lat,a de mantequilla, una torta, toda clase cte tPsor~s y un
lindo sombrero de paño rojo pa1a que se defendiese en
.-! verano de los ardores del sol. El niiio Jesús decía:
«Cuando sea grande repartiré mis tesoros á lo~ menesterosos, á fin de que no se vuelvan á VP.r en _la tierra nifios
ni viejos que sufran el frío que yo he sufrido. »
El sefior de aquellas comarcas. un ogro llamado Barba-Azul, tuvo celos del niflo Jesús, y envió en su persecución kombres malos para que lo mataran. Y entonces
María y José montaron al nifio Jesús en el asno y se lo
llevaron lejos, muy lejos, á las montaiias de Egipto, y
entonces.
-¿Y entonces?
.
A.l llegar á este punto la señorita ~imoncita vaciló. El
trabajo de su imaginación y el esfuerzo cerebral ae revelaban por el esfuerzo de la mirada y por el fruncimiento

391

EL MUNDO
del entrecejo. Al fin, después de algunos eegund?s de
esfuerzos. acarició al gato, perfectamente tranqmlo, y
reanudó así t&gt;I hilo de su historia:
-María y José habían dejado á la abuela en la aldea
b causarle RU avanzada edad y de que estaba paralítica.
El niño Jesús se detuvo cerca de un arroyo y se llenó los
olEilálos de guijarros blancos que fué dejando á lo largo
de la ruta. «De ese modo, se decía, hallaré el camino y
podré volverá abrazará mi abuelita.n
Un día en que sus ;,adres dormían y el as~o pach amarrado en un árbol tomó la lata de mantequ1lla, la torta,
se puso el sombre~o rojo y partió.
Después de haber andado mucho, mucho, el niño Jesús encontró en el bosque al compadre lobo, un lobo negro calzado con unas botas, gracias á las cuales cada paso q11e daba corre~oondía á siete leguas de cami~o. ¿A.dónde vas, niño Jesús, con ese lindo sombrero roJo?Voy á llevará mi abuelita e3ta mantequilla y esta torta;
tomé el camino del bosque porque sé que ~e encuentran
en la ruta unos hombres malos enviados por el ogro para matarme.
El lobo quiso devorar al niño Jesús; pero no se atre·
vió porque le tuvo miedo á un le!iador que pasaba armado de su hacha.
La fiera preguntó:-¿Y vive la abuel~ le¡os de este sitio?-Después de aquel molino que se ve allá ahajo en la
primera casa de la aldea.
.
.
.
El lobo partió y desapareció en seguida, gracias á las
botas de siete leguas: el nifio Jesús se alegró al verse
solo.
A pesar de que tenía hambre no quiso el niño Jesús
comerse ni la mantequilla ni la torta, reservadas .á la
abuela; se satisfizo con las fresas recogidas en el césped
y con las moras de los setos. Aqt1el era un alegre besque, bello como un parque. Las a~es cantab;in en todos
los árbQles; hal,ía en él flores, mariposas y lagartos que
hacían crujir las secas hojas.
El nií'ío corrió tras las mariposas, hizo ramilletes y
pretendió atrapará los ágiles lagartos.
Vió también al Príncipe Seductor c~bierto con su v_este color de sol, v á Piel de Burro vestido con su abrigo
color de luna. 'Encontró á las hadas en vía de hacinar
sus cargas de rarnas secas y jugó mucho, mucho, con _los
siete dorados hijos del leñador y de la lefiadora. El mño
Jesús había acabado por olvidarse de la abuela á causa
de tanto entretenimiento.
Cuando cayó en la cuenta, anochecfa; allende el molino, pi.sado el puente de la exclusa, la oscuridad era. coro·
pleta.
El nií'ío Jesús apresuró el paso, pero el compadre lobo
le había cogido la delantera, y ya estaba. instalado en la
casa y recogido en el lecho de la abuel~.
,
.
Tan-tam.-¿Quién es?-Soy yo, el mño Jesus, á quien
quieren matar unos hombres perversos y que os trae de
parte de los eefiores Marqueses de Carabas una torta y
una lata de mantequilla. Vuelve el picaporte y la puer•
ta ........ .
Simoncita no concluyó. Como suele suceder á _los niños después de un trabajo mental prolongado, la mtere·
eante narradora se había adormecido insensiblemerite al
escuchar su propio cuento.
.
Volvió á él, con los ojos ya cerrados y contmnó como
si estuviese sumergida en un vago ensuefio:-Vuelve el
picaporte y la puerta se abrió. A esta frase siguieron
otras incoherentes y seguidas de largas pausas.--«Pon la
torta en el arcón y ven á acostarte conmigo» ...... ~¡ nifio Jesús se desvistió ...... Abuelita, ¡qué grP.ndes ~1enes
los ojos!-Son para verte mejor, hijo mío.-A.buela, ¡qué
grandes tienes los ojos!-¡Son para comerte!
--¿Qué es lo que charla esa chicuela? dijo el cura, que
acababa de recibir jaque mate; ¡como que está mezclan.
de, según creo, la historia del Salvador y la de la Caperucita roja!
-Y entonces, replicó valientemente Simoncita, el lobo se arrojó sobre el niño Jesús y se lo comió!
Después de esta conclusión se durmió con los puños
cerrados; el gato, de un brinco silencioso volvió á su al•
bergue de cenizas.
Y yo dije al buen párroco:
-Los niños ven con claridad y profetizan ó su modo.
¿Está el seiior cura convP.ncino de que efectivamente el
lobo no devorara á Jesús? El trajo á la tierra la paz, y
los hombres se matan unos á otros. El quiso suprimir la
misel'ia y la miseria siguP. reinando. Simoncita tiene razón, sefior cura, el lobo devoró al niño Jesús; esa verdad explica muchas cosas.
PAUL ARENE.

CANTARES DE NAVIDAD.
A mi hPrmana Adela.
Fragmento.

¡Navidad, noche de t&gt;nauefios!
¡Navidad, noche sagrada!
Cada uno de tus cantares
F.'! un pedazo del alma.
Tú llf•gae, y todo el mundo
Re conmueve, se levanta,
Y es nn himno cada acento,
Y un beso cada mirada,
Y cada pecho un nectario
De recnndoa y e~peranzal'.
¡Navidad! flvr del invierno,
Poema cuyas estancias
Conduce de siglo en siglo
El tiempo, mustio, en l'UB alas:
Tu argumento es la leyenda;
Tu escenario está en 1as almae,
Y tu poeta es el pueblo,
QuP. en sus vihuelas te canta!
¡Navidad...... ya son las doce!
Ya te vas...... ya viene el alba!.........

T:.l vez ¡ay! cuando regreses
Ya no escuches mi guitarra!

*

* el bosque;
En Diciembre *muere
Y en la llanura abismada
El invierno tembloroso
Esparce lirios de escarcha;
La ciudad con eus palacios
Parece un nido ,1e garzas,
Y la&amp; casitas del pueblo
Un puño de rosas blancas ........ .
Y el sol se aleja ......... La tarde
Suelta el cabello de nácar,
Y el espacio es una tienda
Con claveles adornada.
La luna-virgen de hieloSe yergue en su azu ' hamaca;
Y en la sierra crece el frío,
Y en la ciudad ...... todo calla! ..... .
Y entonces, como á un conjuro,
Navidad, tú te levantas;
Entretejes tus cabello~
Con heno y flores de Pascua,
Juntas resinas del monte,
Cortas pino en la cañada,
Te cifies el ténue traje
Formado de verde lama,
Y atravesando graciosa
La llanura solitaria,
Sacudes tu pandareta,
Despedazas tu pii'i,ata,
Refrescas los corazr)nes
Con~¡ musgo de tu~ alas,
Y llora el puehln al oírte,
Y Fe arrodilla y te canta! ........ .
¡Navidad! ¡hendita seas!
Reina del invierno, ¡lw8anna! ........ .
Tal vez, ¡ay! cnanrlo retornes
Ya no escuches mi guitarra!

*

* * del sigloE! progreso -dios
Con su mano soberana
Tiende rieles en las cumbres,
Tiende alambres en las aguas.
El r,ensamiento, conquista;
Lo~ fieles dejan el ara,
Y María no halla lirios
DP. su santuario en las gradas!
Sólo tú sigues viviendo,
Navidad, tú nunca cambias,
Y es que tú nos prestas lumbre
Para la invernal velada,
Es que tú nos traes un beso
De las dichas ya pasadas;
¡Es que tú, torcaz de nieve,
Tienes tu nido ea el alma!
¡ Navidad!. ..... ya dió la una!. .... .
Véte ya...... tiende tus alas! ..... .
Tal vez, ¡ay! cuando retornes
Ya no escuches mi gtlÍtarra!
Josil:M. BUSTJLLOS.
México.

UIPORTANTISnIO A LOS LECTORES.
Estamos para concluir el año, y por consiguiente el segundo tomo de El Mundo; deb~mos .pues señalará nuestros numerosos lectores el cammo, siempre de progreso,
que seguiremos en lo porvenir.
La principal dificultad que no hemo3 podido vencer
del todo en este año, es la Je obtener buen papel, y por
eso nos hemos visLo precisados á dar varios números en
papel inferior al q,1e necesita El Mundo; pero creemos
haber vencido, y seguramente que desde el próximo to•
mo, el papel será. supremo aunque nos cueste un sacrificio.
Debemos á. nuestroil abonados el cumplimiento de una.
promeea: el obsequio mensual de una novela. ¡Con culto•
tas creces vamos á pagarla desde el afio entrantel. ..... Hay
que leer el anuncio relativo á las novedades que presentaremos el año entrante en el próximo número. Seguros
estamos de que nos excederemos en bien. de nuestros fa.
vorecedores.

El número de hoy, dedicado especialmente á 1~ Navidad, lo consideramos extraordinario, y por eso repartimos un hermow fotocromo, que hará penda&gt;it, con otro que
obsequiaremos en Enero próximo.
Los dos, en cuadros sencillos, forma-rán
un delicado adorno en el recibidor ó sala de
la casa.
' Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
'•

EN PACHUCA..

Pacirnca, Noviembre 11 de 1800.
. Sr. Don Carlos Sommer, Director General de •La Mutua.»-México.-M:uy señor mío:
. Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y ry., y ante 01
Sr. Notario Público D. .á.ustreberto T. Andrade, iloy me
ha sido entregada la suma dP. $ 5.000,00 ( Cineo mil ptosos), valor de la póliza núm 765.222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Mejía.
Doy á usted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido este pago, autorizándoloJ para publi'f carlo.- Su atta. S._S.-Sofia Meif.a.

�39J

EL MUNDO.

~

20
20 DICIEMBRE, 1896.

DICIEMBRE,

1896.

EL MUNTIO.

PAGINAS DE NAVIDAD~

[a señorHa.

393

�20 DICIEMBRE, 1896,

EL MUNDO.

394
La Noche Buena del poeta . -

I

E mochos años (¡como que yo tenía siete!)
que, al oscurecer de un día de invierno, y des·
puée de rezar las tres .A.ve Marías al toque de
Oraciones me dijo nii padre con voz solemne:
-Pedro: esta no~he no te acostarás á la misma hora
q_ue las gallinas: ya eres grande, y debl&gt;a cenar con iua
padrea y con tus hermanos mayorea.-Esta noche ea Noche B uena.
Nunca olvidaré el regocijo con que escuché tales pala•
bras......................................................................... .

*
¡Dónde está mi n;ñez? * *

La mujer hermosa viene aqní á casarse ó á prostituirse.
La pasiega deshonrada á criar.
El mayorazgo á arruinarse.
El literato por gloria.
El diputado á ser ministro.
El hombre inutil por un empleo.
Y el sabio, el inventor, el cómico, el gigante, el enano;
así el que tiene una rareza en el alma, como el que la
tiene en el cuerpo; lo mismo el mos~ruo de siete brazos
ó de tres narices, que el filósofo de doble vista; el charlatán y el reformador; el que escriba melodías y el que
hace billetes falsos, todos vienen á vivir algún tiempo á
esta inmensa casa de huéspedes.
Los que logran hacerse notar, los que encuentran
quién los compre, los que se enriqnecen á costa de sí
miamos, se tornan en posaderos, en caseros, en dueños
de Madrid, olvidándose del suelo en que nacieran ......
Pero nosotros, los caminantes, los inquilinos, los forasteros, nos damos cuenta eeta aoche de que Madrid es
un vivac, un destierro, una prisión, un purgatorio......
Y por la primera vez en todo el año conocemos que
ni el café, ni el teatro, ni el casino, ni la fonda, ni la ter•
tulia son nuestra casa.!....
Es más; ¡conocemos que nuestra casa no es nuestra
casa!

Paréceme que acabo de contar un sueño.
¡Qué diablo! ¡Ancha ea Castilla!
.
Mi abuela paterna, la que cantó la copla, murió hace
ya mucho tiempo.
En cambio mis hermanos se casan y tienen hijos.
El arpa de mi padre rueda entre los muebles viejos,
rota y descordada.
Yo no ceno en mi casa hace algunas Noches Buenas:
Mi pueblo ha desaparecido en el oceano de mi vida,
***
como islote que ee deja atrás el navegante.
La Casa, aquella mansión tan sagrada para el patriarYo no soy ya aquel Pedro, aquel niño, rquel foco de ca antiguo, para el ciudadano romano, para el señor feuignorancia; de curiosidad y de angustia que penetraba dal, para el árabe; la Casa, arca santa de los penates,
temblando en la existenoia.
templo de la hospitalidad, tronco de la raza. altar de la
Yo eoy ya. ..... nada menos que un hombre, un hab~· familia, ha desaparecido completamente en las capiules
tente de Madrid, que se arrellana cómodamente en la v1• modernas.
da, y se engríe de sn amplia independencia, como solteLa Ca.sa existe todavía en los pueblos de provincia.
ro, como novelista, como voluntario de la orfandad que
En ellos, nuestra casa es casi siempre nuestra......
soy, con patillas, deudas, amores y tratamiento de usEn Madrid, casi siempre es del ca¡,ero.
ted!!!
En provincias, cuando menos, la casa nos alberga vein¡Oh! cuando comparo mi actual libert~d, mi ancho vi• te, treinta, cuarenta años seguidos ......
vir, el inmenso teatro de mis operaciones, mi temprana
En Madrid, se muda de casa todos los meses ó á más
experiencia, mi alma descubierta y templada como un tardar todos los al'los.
piano en noche de concierto, mis atrevimientos, mis am•
En provincias, la fisonomía de la casa siempre ea igual,
biciones y mis desdenes, con aquel rapazuelo que tocaba simpática, cariñosa: envejece con nosotros; nos recuerda
la zambomba hace quince años en un rincón de .A.ndalu• nuestra vida; conserva nuestras huellas ... ...
cía, sonríome por fuera, y hasta lanzó una carcajada, que
considero de buen tono, mientras que mi solitario cora•
zón destila en su lóbrega caverna, procurando que no la
vea nadie, una lágrima pura de infinita melancolía.. ..... .
¡Lágrima santa, que un sello de franqueo lleva al ho•
gar tranquilo donde envejecen mis padres!

por mayor y al por menor, y hasta se alquila en caso necesario?
¡La chimenea francesa! ¡He aquí el símbolo de una.
fa,nilia cortesana! ¡He aquí vuestro hogar, madrileñosr
¡Hogar sujeto á la moda; que se vende cuando está antiguo; que muda de habitación, de calle y de patria: hogar, en fin ( y esto lo dice todo), que se empeña en un
día de apuro!
_
He pasado por una calle, y he oido cantar sobre mi cabeza, entre el ruido de copas y platos y las risns de alegres muchachas, la copla fatídica de mi abuela:
La Noche Buena se viene,
la Noche Buena se vá,
y nosotros nos i remos
y no volveremos m i,,;.

-He ahí (me he dicho ) una casa, un hogar, una alegría, una sopa de almendra y un beau~o, que pudiera.
comprar por tres ó cuatro napoleones.
En esto, me ha pedido limosna una madre q 11e llevaba.
dos niños: uno en brazos, envuelto en su de~hilacbadomantón, y otro más grande, cogido de la maoo.-¡Ambos lloraban, y la madre también!

*

. * pues,
* como dicen
. los muchaConque vamos al negocio;
chos por eeas calles de Dios:
Esta noche es Noche buena
y no es noche de dormir,
que e~tá la Virgen de parto
y á las doce ha de parir.

;.Dónde paearé la noche?
Afortunadamente, puedo escoger.
Y, si no, vPamoe.
Estamos á 24 de Diciembre de 1855-en Madrid.
Conocemos por su nombre á loa mozos de los cafés.
Tratamos tú por tú á los poetas aplaudidoa,-semidiosea, por más eeñae, para los aficionDdos de lugar.
Visitamos los teatros por dentro, y los actores y los
cantantes nos estrechan las manos entre bastidores,
Penetramos en la redaccióu de loa periódico!', y estamos iniciados en la Alquimia que los produce. Hemos
visto los dedos de los cajistas tiznados con el plomo de la
palabra, y los dedos de los escritores tiznados con la tin•
ta de la idea.
Tenemos entrada en una tribuna del Congreso, crédito
en las fondas, tertulias que nos aprecian, sastre que nos
soporta..... .
¡S0mos felices: Nuestra ambición de adolescente está
colmada. Pode...os divertirnos mucho esta noche. He·
mos tomado la tierra, Madrid es país cenquistado. ¡Madrid es nuestra patria! ¡Viva Madrid!
Y vosotros, jóvenes provincianos, que, á la caida de la
tarde, en e! otofio, solitarios y tristes, sacáis á pasear por
el campo vuestros impotentes deseos de venir á la corte;
vosotros, que os sentís poetas, músicos, pintores, orado·
res, y aborrecéis vuestro pueblo, y no hablaia con vuestros padree, y llorais de ambición, y pe!1s.aia en suicida·
ro3 ...... ; vosotros. ...... ¡reventad de env1d1a como yo re•
viento de placer!

*

Han pasado dos horae. * *
Son las nueve de la poche.
Tengo dinero.
¿Dónde cenaré?
Mis amigos, más felices que yo, olvidarán su soledad
en el estruend• de una orgfa.
-«¡La noche es de vino!,1-exclamaban;hace poco rato.
Yo no he querido ser de la partida.-Yo he atravesado
ya sin ahogarme, ese mar rojo de la juventud.
-«La noche es de lágrimas))-les he contestado.
Mis tertulias están en los teatros. Los madrileños ce·
lebran la natividad de Nuestro Sefior Jesucristo oyendo
disparatar á loa comediantee !
Algunas familias, en las q 11e soy extranjero, me han
querido dar la limosna de su calor doméstico, convidán·
dome á comer,-porque ya no cenamos ...... -Pero yo no
he ido; yo no quiero eso; yo busco mi cena pascual, la co•
!ación de Noche buena, mi casa, mi familia, mis tradicio·
nea, mis recuerdos, las antiguas e.legriaa de mi alma ..... .
¡la Religión que me enseñaron cuando niño!

***

¡Ah! Madrid es una posada.
En noches como esta se conoce lo que ea Madrid.
Hay en la corte una pob:ación flotante, heterogenea,
exótica, que pudiera compare.rae á la de los puertos francos, á la de los presidios, á la de las casas de locos.
- Aquí hllren alto todos los viajeros que van de paso al
porvenir, al reino fantástico de la ambición, ó los que
vueiven de la miseria v del crimen ..... .

***

No sé cómo he venido á parar á este café, donde oigo
sonar las doce de la noche, la hora del Nacimiento!
.A.quí, solo, aunque bulle á mi alrededor mucha gente,
he dado en analizar la Tida que llevo desde que abandoné mi casa paterna, y me ha horrorizado por primera
vez esta penosa lucha del poeta en Madrid; lucha en que
sacrifica á una vana ambición tanta paz. tantos afectos.
Y he visto á los vates del siglo XIX convertido3 en
gacetilleros, á la Musa con las tijeras en la mano despedazando sueltos, á los que en otros siglos hubieran cantado la epopeya de la patria, zurcir hoy artículos de fondo
para rehabilitar un partido y ganar cincuenta duros mensuales!.. ....
¡ Pobres hijos de Dios! ¡Pobres poetas!
Dice Antonio Trueba (á quien dedic.&amp;&gt; e3te ~rtículo):
Hall., tantas espinas
en mi jornada.
que ~1 corazón me duele,
me duele el alma!......

¡He aquí mi Xoche-Buena del presente, mi Noche B ue•
na ae hoy!
Luego he tornad;&gt; otra vez la vista á las Noches Buenas
de mi pasado, y, atravesando la distancia con el pensamiento, he visto á mi familia, que en esta hora patética
me echará de menos; á mi madre, extremeciéndose cada
vez que gime el viento en el cañón de la chimenea, como
si aquel gemido pudiese s~r el último de mi vida; á unos
diciendo: «(tal año estaba aquí!"; á otros: «¿dónde estará
ahora?...... ))
¡Ay! ¡no puedo más! ¡Yo os saludo á todos con el al ma, queridos míos! Sí: yo soy un ingrato, un ambicioso,
un mal hermano, un mal hijo...... Pero ¡ay otra vez y a.7
cien mil veces! yo siento en mí una fuerza ~obrenatural
que me lleva hacia adelante y que me dice: «¡tú serás!"
¡Voz de maldición que estoy oyendo desde que yacfa. en
la cuna!!
¿Y qué he de ser yo, desdichado? ¿Qué he de eer?
Y

no!iotros nos iremos,

y no vol veremos miís.

¡Ah! yo no quiero ir me: yo quiero volver: i nmolo de•
masiado en la contienda para no salir victorioso: triunfaré en la vida y triunfaré de la muerte...... ¿No ha de
tener re..:ompensa esta infinita an~uetia de mi alma?
Es muy tarde.
La copla de la difunta sigue revoloteando sobre mi ca·
beza.
La Noche Buena se viene......

En Madrid, se revoca la fachada todos los años bisies•
tos, se visten las babitaéienea con ropa limpia, se venden
los muebles que consagró nuestro contacto.
Allí, nos pertenece todo el edificio: el yerboso patio,
el corral lleno de gallinas, la alegre azotea, el profundo
pozo, terror de los niños, la torre monumental, loa anchos y frescos cenadores ..... .
Aquí, habitamos medio piso, forrado de papel, partido
en tugurios, sin vistas al cielo, pobre de aire, pobre de
luz.
Allí, existe el afecto de la vecindad, término medio
entre la amistad y el parentesco, que enlaza á tolas las
familias de una misma calle... ...
¡Aquí, no conocemos al que hace r:iido sobre nuestro
techo, ni al que be muere detrás del tabiq 11e de nuestra
alcoba, y cuyo estertor nos quita el sueño!
En provincias, todo eq recuerdos, todo amor local: en
un lado, la habitación donde nacimos; en otro, la en que
murió nuestro be1·mano; por una parte, la pieza sin mneblea en que jugábamos cuando niños; por otra el gabinete en que hicimos los primeros versos...... ; y, en un sitio dado, en la cornisa de una cólumna, en un artesonado antiguo, el nido de golondrinas, al cual vienen todos
los años dos fieles esposos, dos pájaros de ,-frica, á criar
una nueva prole..... .
En Madriu, se desc&lt;moce todo eeto.
¿Y la chimenea? ;.Y el hogái-'l ¿Y aquella piedra sacro•
santa, fría en el verano y durante las auPencias caliente
y acariciadora en el invierno,-en aquellas noches felices que ven la reunión de todos los hijos en turno de sus
padres, pues hay vacaciones en el colegio, y los casados
han acudido con sus pequeñúelos, y los ausent'?s, los hijos pródigos, han vuelto al seno de su familia?-¿Y ese
hogar?.. .... decidme....... ¿dónde está ese hogar en las casas de la corte?
¿Será un hogar acaso la chimenea francesa, fábrica de
bronce, marmol ó hierro, que se vende e n lae tiendas al

¡Ah! ¡sí! ¡V~ndrán otras Noches Buenas-me he dicho,
reparando en rñie pocoe años.
Y he pensado en las Xoches Buenas de mi porvenir.
Y he empezado á formar castillos en el aire.
Y me he visto en el seno de una familia venidera, en
el segundo crepúsculo de la vida, cuando ya son frutos
las flores del amor.
Ya se había calmado esta tempestad de amor y lágri•
mas en que zozobro, y mi cabeza reposab~ tranquila en
el regazo de la paciencia, ceñida con las flores melancó·
licas de los últimos y verdaderos amores.
¡ Yo era ya un esposo, un padre, el jefe de una casa, de
una familia!
El fuego de un hogar desconocido ha brillado á lo lejos, y á su vacilante luz he visto á unos seres extraños
que me han hecho palpitar de orgullo.
¡ Eran mis hijos l. ... ..
Entonces he llorado..... .
Y he cerrado los ojos para seg11ir viendo aquella Ólari•
dad rojiza, aquella profética aparición, aquellos seres que
no han nacido ......
La tumba estaba ya muy préxima ...... Mis cabellos
blanqueaban ......
Pero ¿qué importaba ya? :,No dejaba la mitad de mi
alma en -Ia madre de mis hijos? ¿No dejaba la mitad de
mi vida en aquellos hijos de mi amor?
¡Ay! en vano quise reconocer á la esposa que compartía allí conmigo el nnochecer de la existencia ......
La futura compañera que Dios me tenga destinada, esa
desconocida de mi porvenir, me volvía la espalda en
aquel momento.... ..
¡No: no la veíal.. .... Quise buscar un reflejo de sus facciones en el rostro de nuestros hijos, y el hogar empezó
á apagarse.
Y cuando se apagó completamente, yo seguía vién•
dolo ......
¡E!'a que sentía su calor de~tro de mi alma!
Entonces murmuré por última vez:
La Noche-Buena se ,Ta ........•
Y me quedé dormido...... quizá muerto.
Cuando desperté, se babia ido ya Ja Noche-Buena.
Era el primer dia de Pascua.
P EDRO A.. DE ALARCÓN,

20

DICIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

�EL MUNDO.

396

20

DICIEMBRE,

1896.
20

C A p¡R I C H O S.
LA TRAGEDIA DEL JUGUETE.

Ya se ha hecho muy vulgar, y por vulgar nadie se fi~a
en ella la figurilla en yeso, cuyos contornos voy á segun
en un~s cuantas líneas: un nifio de seis á ocho años,
vestido de fantasía, con el jubón y las calzas de malla
tan ceñidas que se embeben en las suaves curvas de aquel
ángel de Tanagra amplificado, se lleva las manos al rostro para ocultar una mueca dolorosa é irascible. En el
momento en que va á tocarse r.on
los pufios loe párpados cerrados,
circuidos de arrugae, lo sorprendió el artista. En pie, y con las
piernas juntas, en una postura
acrobática, el chicuelo inclina la
cabeza, recientemente despojada
del gorro d~ saltimbanco y que
conserva aún en Jo alto de la frente el mechón enharinado. La risr: quedó en esos labios alirrota,
como un colibrí herido sobre la
copa de nácar de una azucena. El
relámpago de la alegría acaba de
cerrar su abanico de luz en ese
semblante de bambino rafaelesco.
Se ven en esa fisonomía, cómicamente apenada, las huellas de
los contentos fugitivos, los últimos besos que la dicha ingenua
estampó en los mofletes del ro·
busto muchacho. Los raEgos todos de la graciosa cara indican
la brusca rapidez del cambio inesperado: se armonizaban de un
modo placentero en aquella faz,
contraída por los cordones tensos de la risa, cuando, urgidos
con violencia por un súbito disgusto, tuvieron que deshacer el
gesto. Nada importó, sin embar·
go, porque están acostumbrados
á las transiciones: sirven á la al·
mita tornátil de un nifio lleno de
caprichos y veleidades. ¿Pero,
por qué tan presto el olímpico
enojo, y el dolor burafio fruncieron aquel ceño infantil y cortaron
las comisuras de aquella boca, con
el áspero trazo de las mejillas dilatadas? ¡Ah, vamos! Abajo, sobre el plinto, cerca de loa pun·
tiagudos chapines, un Pulcbine·
la perniquebrado, con la caeca·
beleada corcoba hundida en el
yeso por la fuerza del golpe, se
carcajea, á todo su sabor-atiriendo bajo la nariz borbónica la bo·
caza desdentada-de la insulea
contrariedad del chiquillo.-¡Torpel-parece decirle.
•
El sol, ríe también entre con·
movido y zumbón, acariciando la
blancura lechosa de la estatua.
-¡No llores, tonto!-le aconseja.
Cuando me detuve hace muchos afios, no recuerdo cómo
.
mo ni en dónde, á ver un momento la figurilla, suf~í una
impresión de refinada melancolía que ahora me viene á
la memoria, evocada. tarde por tarde, frente á los apara·
dores de la calle de Plateros. Lo primero que pensé entonces ante el muchacho, asaltado en pleno goce por la
fatalidad, fué esta frase qne á guisa de caja de listones,
encierra, bien enrollado, un hilo, sutil como una hebra
de luz, de filosofías frívolas y ligeras, de esas de que tan·
to gustamos los contemplativos nerviosos: -El Juguete
se burla!
En efecto: este PulchiLela perniquebrado es simbólico.
Se llama el Amor, se llama la Esperanza, se llama el
Ideal, se llama la Fe, según el caeo. ¿Quién no ha sido alguna vez el niño torpe, la figurilla de yeso. y ~ un des·
cuido, á una falta de tacto, á un aletazo del viento, ~o
ha visto caer el juguete que lo entretenía: una creencia,
una ilusión, un sueiio, todo eso que es una sola coa~, 9-ue
va tomando distintos nom bree, conforme vamos v1 viendo· que en nuestra alcoba infantil es el nimbo del Angel
de'la Guarda, en nuestras locuras juveniles es el r@?1pimiento de gloria del triunfo ó la promt:sa de la novia, y
en el frío lecho de la vejez es el ansia de la caricia amiga y el fúnebre devaneo del reposo? Nos sentíamos felices con ver en nuestros brazos, á la voluntad de nuestros caprichos, una mujer, una riqueza, una convicción,
unan helo. Un instante fuimos amadoa, fuimos podero•
sos fuimos buenos. Y cruzamos el munilo vestidos de
fantasía como el chicuelo. Despertábamos á los ecos
somnolentes con el bullicio de nuestr?e risas, coro alocado de ninfas desnudas. Creímos en el milagro, en la
corona de laurel, en el juramento. Retozábamos con
nuestro Pulchinela, lo sacudíamos con furor para hacer
sonar loe cascabeles, y despertar curiosidades y hacer
brotar envidias. ¡Aquí va-gritábamos-un amante, un
creyente, un poeta! Abrid paso al dichoso!
De improviso-¿cómo fué?-el juguete se nos cayó de
las manos y quedamos en cómica postura, haciendo ante
la muchedumbre, perversamente risueña, la mueca ~oliente é irascible, mientras abajo, en el suelo removido
y lodoso el grotesco mufieco, la esperanza, la ilusión, el
deseo, ~e carcajeaban con la irritante y eterna mofa de las
coeas arn alma!

jugueterías, á las barracas de la Plaza. Mayor, en busca
de la esfera brillante, de la rama de pmo{ de la chuchería de porcelana, del pastor de biscuit, de a piñata, pomposa de oropeles y mofios.
Loa aparadores están más fantásticos que nunca; feéri•
cos multícoloros, y diáfanoe, como los alcázares de loe
~tos de Hadas. A través de los cristales, como á través
de la gasa trasparente del ensueño, se ve11; Jo~ matizados
casfülos de bombones, las montañas de vidrio de las canastillas, los bosques floridos de las vel!is esteáricas. B!ljo
los triunfales arcos de'heno, pasa la abigarrada procesión

de Navidad: la Sagrada Familia con su celeste cus~
dia de ángeles con las alas abiertas y la espada de@nuda; la caravana tarda de los Reyes Magos, junto á la glauca palmera del oasis y la cisterna gris donde abrevan,
lenta y cansadamente, los camellos, la pastoril banda de
zampoñas y flautas surgiendo por entre la nevada del rebafio ó la pensativa vacada; y el delicioso anacronismo,
la encantadora y confuea procesión de los astrólogos egi pcios, de los centuriones romanos y de los príncipes medioevales. Eu el fondo, las vívidas estrellas kaleidoscópicas, las carnes sonrosadas de los querubines, los chalet
suizos, rasgando con los pic0s de sus veletas las marañas
de plata virgen de la escarcha. La imaginación de loe ni•
fios se emoriaga delante de todas estas maravillas, y sus
pupilas beben, incansables, las luces rojas, violetas, azu•
lee y verdes, que flotan, como plumajes de av~s muertas
en un lago sin ondas, en la claridad eléctrica de los escaparates. La chiquillería invade la .A.venida; corre, se
desliza, se escapa, como una bandada de Pulgarcillos,
perdida en el bosque de nuestras piernas.
Este es el mes del frío y de la nieve; no hay bodas en
las techumbres como en Mayo, ni luminosas tragedias
en el cielo como en Agosto. J ulieta no hubiera oído en
estas noches cantar al' ruiseñor bajo la fronda fosforescente del granado, ni Pablo y Virginia hubieran podido
sombrearse bajo la cincelada copa de los fresnos; pero
hay fiestas reales en lo!! corazones nuevos, recepción en
la corte de los espíritus puros, juegos florales y torneos
en las flamantes fantasías. Todo ee hace más nítido y se
purifica en Diciembre: las nubes, las estrellas, los volcanes, y los sueños. Es el mes de lo blanco. Theo labró su
vieja filigrana, su sinjoni.a de argentadas alburas, pensando en una mañana de Invierno. Por eso es el mes de la
infancia y por eso lo escogió Jesús para nacer. Cuanto en
la naturaleza tiene este inviolado matiz se mezcla y se
acaricia. Las brumas 110 tienden á descansar sobre las
nevadas cresterías de la cordillera: las manos de los nietos, acarician las guedejas de canas de los abuelos.
Estos días están destinados á los inocentes regocijos,
Las ambiciones infantiles loquean. Las jugueterías-fastuosas Babilonias-son saqueadas por el sabroeo batallón
de los chicos. Allá van en pelotones desordenados, con
bélicos ademanes, alzando los bracitos agitadores, ento•
**
*
Va!l cinco tardes aue miro ent_rar á un ejército de pe- nando sus extrafl.os himnos guerreros. comp•1e~t-ce da
q~1e!'i.os, aret.ai.-.:i,10, á lOS a,macenes, a .as t1~n.ias, a las ba,~u.:ece y ¡;ritoe...... Jamás se :-iride;:¡: ~owan por asalO

to las fortalezas de bombones, barren las columnas dejan
toches destruyen las barricadas policromas de juguetes
desea~ cuanto miran y quieren abarcarlo. Son ineacia
bles.
Y cuando repartido el botín, e~len con e_J orgull~so
continente del vencedor y la sorr1sa del fehz, los miro
aiejarse escoltados por la satisfecha guardia de honor de
las madres, y, por rara obsesión, no dejo de recordar al
muchacho de yeso, sorprendido por la fatalidad en ple·
no regocijo. ¡Cuánt11,e de estas criaturas harán dentro de
poco la mueca dolorosa é irascible!
¡Tanto esfuerzo gastado, tanta
energíacansada, para que Pulchinela ó Arlequín ó Pierrot caigan
y se rompan!
Yo les ayudo, Jea evito tropiezos, pido con la mirada permiso
á las madres, y me acerco á colocarlos para que ellos embracen
bien sus baratijas. Los ingratos
me miran como á intruso, arrugan el cefio y se resisten. Soy nn
entrometido, un importuno. Por
supuesto que sonrío impasible en
medio de sus cóleras. Siento qua
estoy ejecutando una hermosa acción. ¡ l'obrecillos! Es necesario
prolongarles la dicha del triunfo
y evitarles la amargura dA la caída. Que gocen, qne se harten.
Mañana se olvidarán de .Arlequín y desearán á Colombina.
Nunca es tarde par.i. el deseo. Y
de juguete en juguete llegarán á
ser jóvenes, á ser hombres, ee decir nifios grandes, y entonces sí
es inevitable que .Pulchinela se
les caiga de las roanos, y mientras llor3n angustiados por su intempestiva desgracia, verán cómo
el mufieco perniquebrado - el
Amor, la Esperanza, la Fe-ríe en
el suelo, á todo su sabor de la tor·
pezas y penas del desgraciado.
¡Qué punzante es el sarcasmo con
que nos contemplan los ideales
rotos! Ellos caen inútiles; ya no
podrán divertirnos más; pero
conservan aun caídos, su perpétua é irónica carcajada ante nuestro dolor, nuestra amargura,
nuestro desencanto. En vano lle·
vamos á los ojos, las manos convulsas; en vano pedimos misericordia y consuelo. Nos quedamos solos como la figurilla de yeso. A nuestros pies, destruido
por 01 golpe, yace el amor ingrato, el ensueño desvanecido, el
ideal muerto. No obstante, Pulchinela se carcajea. El juguete
se burla.
Lurs G. URBINA.
Diciembre de 1896.

DICIEMBRE,

1896.

397

EL MUNDO.

~

PAGINAS DE NAVIDAD,_.,...-•\~..,

0•

-""''°"'''·-- •

:d' ~ / -

La ilusión ea la Navidad del alma: trae juQ,uetea be~moaos que
el desengafio rompe.
- ..••••IOI••••-NOCHE-BUENA.

Noche-buena de niño, noche estrellada,
Noche de risas, flores y agua J.1evada,
Noche del pequeñito Dios de I~rael,
Noche del suspirado viejo Noel.
Noche•buena de joven, noche de fiebre,
Noche que olvida al Niño-Dios del peeebre,
Noche dormida en brazos de ardiente hurí,
Noche de Sulamita, de Noemí.
Noche-buena de viejo, noche sin euefio,
Noche perdida en a!as de un vago ensueño,
Noche pasada en vela por recordar,
Noche pasada en vela por suspirar.
Oh nifia mía!
Noche•buena lejana de mi alt&gt;gría,
De labios encarnados de girasol,
De cabellera rubia de haces de sol.
Oh niña mía!
Noche-buena radiosa de mi agonía!
Botoncito hechicero de resedá..... .
Qué lejos de mis ojos te has ido ya!
RoBÉN M.
Diciembre de 1896.

CAMPOS..

FRAGl\IENTO.

El.a~re frío qn.e a~ota nuestros rostros parececomoque
va diciendo á mis 01dos: "¡anda, necio!" La noche va á
ser helada; el aire congelado empaña los cristales· tienta
las hojas del rosal, están ya húmedas como los labios del
niño cuando suelta el ubérrimo seno de la madre· cada
cual se refugia en su casita, donde hay ojos azule~ y cabelleras rubias junto al fuego: esta es la fiesta del bogar
1~ .fiesta del abuel~, la fiesta de la esposa, la fit•sta de Jo~
h1¡os: la cen'.1 patriarcal que reune á todos bajo la tosca
mesa de encmo, es el gran símbolo de la familia creada
por el Evangelio; ¿no oyes los gritos de alf-gría que se es•
capan por las junturas de esa persiana mal cerrada? ¿no
ves laa llamas iqq:µi.etas de las velas, perdidaR, como fuegos fátuos, en el ramaje obscuro del árbol de Ni el? ¡Tristres de aq1~elloa qui' con e n las calles con su gabán abo. tonado, mirando por los ri•equicios de las puertas el fuego de 11n. hogar QUA e3tá de fiesta! ¡Tristes de aquellos
que no tienen un árbol de Noell

***

Qué triste el año que viene!
Qué triste el año que acaba!
Ya se acercan los recuerdos;
Ya se van las esperanzas ........ .

***

¿Ves entre dorada~ i:.r;aa
Sonreir al Nifie .!.,1c,sl
Así rie tu arr.v e nifio
Nacido en ::11 corazón.

f

La noche de Navidad es la noche de las resurrecciones
y de los n•cuerdos. Los niños al dormirse en sus cunas
quedan confiados en el espíritu mieterioeo que bajará
d.urante el suefio para IIPnar de dulces y jugu. tes los botrnee nuevos que han dejado á propósito en la chime·
nea. En .A.lt:mania, lejos de las grandes ciudades
en los pueblos de campf'.sinos y bu!'iueses, las mucha:
chas se asoman a.l son~r las doce tle la noche, al pozo,
cuyas aguas turb1_a s br1llan como una pnpila enferma,
par~ bmcar, trazada en su superficie, la imagen de sus
nov1?ª· La~ aldPanas qn~ vuelven á sus casas, después
de 01r la misa de la media noche, descubren casi siempre
entr~ la obRcur~ ~ronda de loa árboles, el cnerpo blanco
Y ágil de las w1ll1S, que se entregan á un wals interminable.

�T"

20 D!cmMBRE, 1896.

20 DrcIEMHRE, 1896.

398

La misa de Navidad.
-¿Dos cabritos trufados, Garrigú?

-Sí, reverendo padre, dos
cabritos; dos cahritos llenísimos de trufas. Y o mismo be
11yudado á rellenarlos. Su piel,
fuE&gt;rtemente r?etirada, daba traquidos de angustiaal entrar al
hornn.
-Garrigú ...... el sobrepelliz!
¡Dios mío! ¡Yo que deliro por
las trufas! ¿Dos cabritos, eh?
¿Y qné más?
/
- Lo más apetitoso y exqui•
sito. Desde en la mañana nos
hemos ocupado solamente en
desplumar faisane~, pavos y pichones. Una nube de plumas, danzando por el aire, nos
rodeaba constantemente. En seguida vinieron las anguilas las doradas carpas y las truchas.
..'....Truchas, ¿eh? ¿y de qué tamaño?
-¡Inmensas, reverendo padre, enormes!
-¡Dios mío! Si ya parece que las veo!.. .... ¿L!enaste
ya las vinajeras?
-Sí, reverendo padre, pero ese triste vino, no puede
compa]'.arse con el que apuraréis al acabar la misa, en el
castillo. Si viérais en e1 comedor los tarros y ~arrafas
que resplandecen, llenos hasta el borde de exquisito vino. ¡Y la vagilla de plata, las fuentes cinceladas...... y
las flores, loe candelabros!. ..... ¡Nunca, nunca puede haberse saboreado mejor cena! El señor marqués ha invi•
tado á todos loe nobles que habitan en las cercanías; c,iarenta, sin contar al tabelión, llegarán á la mesa. ¡Qué
afortunado sois, mi revendo padre! Sólo de haber sentido el humo de las trufas, su pícaro olor me sigue por doquiera..... .
-¡Vamos, vamos, hijo mío! ¡Dios nos preserve de la
gula, y sobre ~odo en la noche de Navidad! Enciende los
cirios y da el primer toque de misa. Ya falta poco para
la media noche, y es preciso no atrasarse un solo instante.
Sostenían esta plática en una noche de Noel del afio
de gracia de mil seiscientqs y tantos, el reverendo Don
Balaguer, antiguo prior de los Barnabitas, á la sazón capellán neneionado de los altos y poderosos sefioree de
Trinquelag, y su ayudante Garrigú, ó para decirlo mejor,
el que Don Balaguer tomaba por su ayu;lante Garrigú;
pues como más tarde se verá, el diablo había tomado
aquella noche la cara redonda y las facciones indecisas
del joven sacrietau para inducirle en tentación y hacerle cometer el feo pecado de la gula. Así, pues, interín el
que se llamaba Garrigú, (¡hum! ¡hum!) repicaba sin tregua las campanas, despertando los modorros ecos del feuda! castillo, el reverendo terminaba de revePtiree la casulla en la ¡;;equeña eacris~ía, ya algo inquieto por esas
tentaciones gaetrónomicas, y repitiendo para ~us adent.ros, mentalmente:
-¡Dos cabritos trufados! ¡Pavos! ¡Carpas! ¡Truchas!
-Entretanto, el cierzo de la noche se quejaba afuera,
desmoronando en el eepauio la alegre música de las campanas. Poco á poco iban surgiendo de la sombra, en la
árida pendiente de la montai'ia, vagas luces que se iban
aproximando á. la pesada fábrica feudal. Eran las familias de los campesinos que venían á la misa de gallo en
el castillo. Reunidos en grupos de seis ó siete. se encaramaban, cantando, por la ladera pedregosa, guiados por
el padre que, linterna en mano, iba 3lumbrando su camino. Los niños, acurrucándose juntr, á las madres, se
cobijaban C«?n sus holgadas mantas pardas. A pesar de
la hora y á pesar del frío, todo aquel pueblo iba regocijado y alegrísimo, seguro de que, una vez terminados
los oficios, hallarían en la cocina del castillo la mesa que
se seuía todos los años. De cuando en cuando, interrumpiendo la penosa marcha, separábanse los grupos para
dejar el paso libre á alguna carroza, que precedida de
cuatro batid()res, con antorcha en mano, hacía espejear
sus diáfanos cristales heridos por la luna. Instantes después, un obediente mulo, que hacía repiquetear los cascabeles, a~ravesó trotando junto á los aldeanoe. A la luz
de las linternas, circuidas de bruma, los campesinos reconocieron al sefl.or alca:de.
-¡Buenas noches, señor alcalde!
-¡Buenas noches, buenas noches, hijos míos! ·
La noche estaba clara; el frío avivaba el resplandor
movedizo de los astros; el cierzo raspaba duramente el
cutia, y una tenue escarcha, resbalando por los vestidos
sin mojarloR, sembraba como pequeñas cabezas de alfiler
en las pesadas mantas de lana, y conservaba fielmente
la tradición de Navidad, blanca de nieve. Arriba de la
montafl.a aparecía el castillo como el termino de aquella
caminata, con su masa enorme de torres y piñones con
el campan:i,rb de sn capilla gótica, incrustándose ~n el
azul del cielo, y con la m•1chedumbre de impacientes
luces, que pestafiablln, iban y venían agitándose en todas las ventanas, samejantes, sobre el fondo sombrío de
aquella fábrica, á las chispas que corren y se alcanzan en
las cenizas del papel quemado. Pasado el puent!l levadizo y la poterna, era preciso, para entrar á la capilla atravesar el primer patio todo lleno de carrozas, lacayos y
literas, y alumbrado por el fuego de las antorchas y el
rojizo resplandor de la cocina. En aquel patio se oía
constantemente el retintín del asador, el estrépito de las
cacerolas, el choque de loe cristales y la argentería. Todos los preparativos de la cena y el vapor tibio que llegaba á sus olfatos, trascendiendo á carnes bien asadas y
salsas de legumbres olorosas, hacían decir á los campe•
sinos, como al señor capellán, como al alcalde:
- ¡Qué bien vamos á cenar después de misa!

***

¡Drelindín...... LJ.~lin&lt;líu!

Ya comi,mza la primera misa de la media..ºC!che. En
la capilla del castillo, toda una catedral en m1matura, de
arcos entrecruzados y raros enmaderamientos de nogal
que suben por todo lo al~o de los m~ros se han des~~rollado todos los tapices y t-ncend1do . todos loe cmo~.
¡Cuántos devotos! ¡qué multitud de traJes! He aquí primero, arrell ·nados en la esc.ulpida sillería del cor?, á el
alto y poderoso señor de Trmquelag, con su vestid? d_e
tafetán salmón acompañado de 10s nobles señores mv1tados. Un poc¿ más adelante, arrodillada en grandes reclinatorioEt revestidos de espeso terciopelo, oran devotamente la marquesa viuda, con su traje de bro?ado color
de fuego, y la sefiora joven de Trinquelag, pernada con
una torre altísima de encaj~s á la última O'.IOda de !~_corte. Más abajo ee levantan, enlutados, con sus me¡11lae
desprovistas de barba y sus pelucas inconmensurables,
el alcalde Thomás Arnoton y el tabelión waese Amoroy;
dos notas graves extraviadas entre las sedas deslumbrantes v el damasco espolinado. En seguida se destacan
los mayÓrdomos, los pajes, los oicadores, los intendente~, Doña Barba con su manojo de llave~. colgadas de la
cintura por medio de un anillo de brufl.ida plata. Y hasta el fondo, en las bancas para el pueblo, los s1rvi&lt;l1:tes,
los campesinos, lo~ pecheros, eEcoltados todavía por ~na
multitud de marmitones, que en el extremo de la capilla,
junto á la puerta del alto cancel, que á cada rato _abren
y cierran, vienen á oír algún versículo de lC!s o~c10s y á
traer no sé qué vago olor d" cena á aquel la 1gles1a rev~stida de fiesta y cuya atmósfera caldean las llamas roJas
de Ios cirios.
¿Será. la presencia de esos mandiles blancos causa de
las involuntarias distr11ccione~ del oficiante? Lo cierto es
que la pícara campanilla movida por el sac!istán con una
precipitación diabólica, parece que va diciendo con voz
aguda:-¡Vamosl I Vamos! Mientras más pronto reces,
más pronto nos sentaremos á la mesa.-Y el hecho es
qn : cada vez que auena-¡pícara campanal-el capellán
se olvida de la misa para no pensar más q 11e en la cena.
Y se imagina el incesante movimiento que debe haber
en la cocina, loe hornos en donde flamea y choca el fuego de una fragua, el humo que dejan escapar las tapaderas entreabiertas, y á través de ese humo mira dos ca•
britos magníficos, con trufae.
O bien mira pasar hileras de vistosos pajecillos, llevando con prudencia platones circuidos de un humo tentador! entra con ellos al salón ya apercibido para la fiesta
y-¡oh delicia!-he aquí la inmensa mesa, toqa re~plandeciente, ya cargada con los pavos vestidos de sus plumas, los faisanes abriendo sus moradas alas,Jas botellas
color de rubíes, las pirámides de frutos destacándose entre las ramas verdes, y, por último, esos p_es~ados pr&lt;;&gt;digiosos de que tanto había hablado Garr1gu (¡Garr1gó!
¡Garrigú...... l ¡hum ...... !) extendidos sobre un lecho de
hinojo, con sus escamas, nacaradas todavía, como;¡si hubieran salido recientemente de las ondas, y con un ramillete de yerbas olorosas en su nariz de monstruo. Y
era tan viva la visión de todas estas maravillas, que Don
Balaguer pensó por un instante que aquellos platos suculentos estaban ya sen;idoa sobre eJ mantel bordado del
altar, y dos ó tres veces, en vez del dominu• vobiscum dijo el Benidicite. Pero dE&gt;jando á un lado estas ligeras
equivo.;aciones, el pobre padre oficiaba conforme á sus
deberes, sin ealtar una línea ni omitir una genuflexión.
Todo fué así hasta la conclusión de la primera misa.
-¡Y va una!-dijo por fin el capellán con un suspiro
de alivio. Incontinenti, sin perder un minut,o hizo una
sefia al sacristán, ó mejor dicho al que créía que era su
sacristán, para c;,ue llamase á la segunda rnisa.
¡ D1elindínl ¡drelindín!
Y he aquí que empie?.a la segunda misa y con ella el
pecado de Don Balaguer.-«¡ Más aprisa, más aprisa!nle dice con voz tipluda y agria la campana diabólica de
Garrigú, y en esta vez, el oficiante se abandona al dominio de la gul1l, devora las páginas del misal, con la avidez de su apetito sobreexcitado. Frenéticamente se hinca, se levanta, esboza la figura de Jp. cruz, apresura toJos
sus gestoe, todos sus movimientos para acabar más pronto. Apenas golpea su pecho en el Confiteor, cuando extiende loe brazos en el Evangelio. Entre él y el sacristán
se empeña una diabólica carrera. Versículos y respuestas se precipitan, se atropellan. Las palabras pronunciadas á medias, sin E.brir la boca, porque esto hubiera exigido un despilfarro inutil de tiempo, terminan en sílabas
incomprensibles.
Como vendimiadores aprnmiados, que magullan la uva
en )03 barriles, ambos estropfan el latín de la mi~a, despidienfo astillas desquebrajadas del idioma. Y durante
ese vértigo espantoso, la infernal campanilla, repicando
siempre, espolea al desgraciado capellán, como esos cascabeles que se cue:gan á los caballos de posta para hacerlos trotar cosquilleándolos. ¡Imagináos en qué breves
momentos teri;ninaría la misal
-¡Y ya van dos! - murrnuró el reverendo jadeante.
Pero sin dejarse tiempo de respirar, con el rostro flncen•
dido, escurriendo sudor de la espantada frente, bJja temblando lac gradas del altar y ........ .
¡Drelindln! ¡drelindín!
He aquí que empieza la tercera misa.
Unos minutos más, y el comedor se descubre, por fin,
ante sus ojos. Pero ¡ay! á medida que la cena se aproxima, el inft,liz Don Balagaer e.e siente más y m ás movido
por la impaciencia loca de la gala. Las carpas doradas,
los cabritos asadoR están ahí; ya los toca, ya los palpa ....
Los platones humean, los viaos embalsaman, y sacudiendo su cascabel aguijoneante la campanilla, dice sin descaneo:-¡aprisa! ¡aprisa! ¡más aprisa!
¿Pero cómo podría ir má'! aprisa? Sus labios apenas se
mueven; ya no pron'llncia las palabras. De tentación en
tentación, com~nzó por saltar un versículo y ahora salta
dos. La Epístola es demasiado larga y no la acaba. Tartamudea las primera3 palabras del Evangelio. ~u prime
el Paélre nueetro y saluda de lejos el Prefacio. Y así con
brincos y con saltos, se precip1t-a en la falta ei;pnle \do
por Garrigú - ¡vade retro Satanás! --que le secund,\ con
prodigiosa perapicacia, levantándole la casulla, vuhean-

EL MUNDO

do las bojas del misal dos á dos y cuatro á cuatro, derramando las vinajeras y repicaad() endemoniadamente másy más aprisa.
¡Era de vera;, la cara espantadísima de los asistentest
Obligados á seguir, g1üados por la mímica del padre aquella misa, poníanse estos le pie cuando !ns otros se arrodillaban, y en todas laA fa&gt;1es de ¡iqut&gt;I oficio nunca visto,
la muchedumbre se rev,,lví" en las -bu.uc!\s ,con diversas
actitudes. Las estrella de Navidad, qu.. iba avanzandopor el cielo, camino del p~queño eHLablo, palideció de
espanto y de terror.
¡ El padre reza dema~iado aprisa! -dice 11in detenersela marquesa sacudi.;ndo su cofia limp ia y blanca. El alcalde, con sus ante11j,)e de ac..ro cab,1lg&gt;1udo en su na-·
riz, busca inutilruente en en devociun ,río el pasaje quereza el sacerdote. PE-ro, Pn rigor de ver&lt;;laJ, aquellas
buenas gentes, á quit-nt's la esperanza de la cena aguijonea, no se enfadan por la precipitació,i irll'xplicable dela misa, y cuando Don Balagun, con la cara resplande•
ciente, se vuelve al auditori,1 y Pxclanrn ~on todas sus.
fuerzas: Ite, misa est, el coro á una voz di.ce: Deo yratias,
con acento tan limpio, tan alegre, que parece mezcladoy confundido con los priweros brindis de la cena.

***

Cinco minutos dePpués, aquella muchPdumbre, de seflores entran en Ji. grán sala y tomaba asiento en torno dela mesa, presidida por el capellán El ca@t llo, ilumiuado
de arriba á abajo, se poblaba de cantos y carcajadas y
rumores, y el venerable Don Balaguer hundió su tenedoren una ala de capón, abogando sus rem rdimientoe con
el vino del Papa y el sano jugo de las carnes. Tanto comió y bebió el asendereado padre, que por la noche murió de una tremenda aplopegía, sin tie.rnpo para arrepentirse, y en la mafl.ana llegó al cielo,- repercutiendo aún
los cantos de la fiesta.
-¡ Retírate, mal cristiano! le dijeron. Tu falta es sobrado grande para borrar toda uns vida de virtud. Pecaste diciendo indignamente la misa de Navidad. Pues.
bien, en pago, no podrás penetrar al Paraíso sino despuésde rezar tresciontas misas de Navidad, en presencia detodos aquellos que contigo pecaron por tu faltal

..

**

He aquí la verdadera leyenda de Don Balaguer, tal como la relatan en el país de loa olivos. Ahora, el Cll!!tillode Trinquelag no exist'3 ya, pero la capilla se conserva.
aún, erguida y recta, entre el ramillete de encinas verdes que coronan el monte.
El viento golpea y bate la puerta desunida: la yerba.
estorba el suelo, hay nidos 1,n los rincones del altar y en
las aberturas de las ventanas cuyos vidrios han desaparecido desde hace mucho tiempo. Sin embargo, cuentan
que todos los a0os, en la Noche Buena, una luz sobrenatural vaga por las ruinas; y que, yendo camino de la iglesia, los campesinos contemplan aquel espectro de capilla,
iluminado por cirios invisibles, que arden á la intemperie, entre los ventarrones y la nieve. Sonreíd, si os place: pero un vendimiador de la comarca afirma que una.
noche ite Navidad, hallándose en el monte, perdido en
la vecindad de las ruinas, vió........ eriza los cabellos loqua vió. Hasta las once, nada. Todo estaba silencioso,
inmóvil y apagado. Pclro al sonar la media noche, una
campana, olvidada tal vez en el campanario derruido,
una campana vieja, ya caduca, que parecía sonará quince leguas de distancia, tocó á misa. Después, por I apendiente del camino, el infeliz trasnochador vió sombrasindecisas agitándose y linternas opacas que subían. Ya
cerca de las ruinas, voces salidas de gargantas invisibles,
murmuraban: -Buenas noches, sefioi; alcalde.
-Buenas noches, buenas nocheo, hijos míos. Cuandola tropa de fantasmas penetró al interior de la capilla, el
pobre vendimiador, que es bravo mozo, se aproximó de
puntillas á. la puerta, y viendo á través de los maderos.
rotos, presenció un raro espectáculo. Todos los fantasmas que había visto pasar estaban alineados en derredordel coro y en la ruinosa nave, como si hubiese bancas y
sillones todaví... Y había entre ellos grandes damas vesíidas de brocado, con sus cofias de encaje; caballeros repletos de bordados, y labradores de chaquetas floreadas,
tales como debieron usarse en la época remota de nuestros abuelos; todos con aspecto decrépito, amarillo poiviento y fatigado. A cada rato las lechuzas, huéspedes
de la capilla, despertadas por la luz, hacían su ronda en
torno de los cirios, cuya flama subía vaga y erguida comosi ardiese dentro de una gasa. Y era · cosa de ver un
personaje, en cuya nariz acaballetada cabalgaban unosanteojos de acero, moviendo á cada instante su peluca
negra, sobre la Que se había parado una lechuza, batiendo en silencso sus enormes alas.
Allá en el fondo, un viejo de cortíeima estatura, puesto de hinojos en la mitad del coro, meneaba una campana
sin badajo que ya no producia sonido alguno, en tantoque de pie, junto al altar, revestido de una casulla cuyos
dorados estaban ya verdosos, parecía deeir mifa un sacerdote cuya voz no proiucia rumor ninguno. Era Don
Balaguerdiciendo sn tercer misa!
ALFONSO

.J

DAUDET.

¡Ay! ¡Como el cielo te ba dado
gracia, juventud y amor,
cuando te vPn á mi lado
parece que Dios- ya hs echado
sobre mi tumba una fl,,r!
Después que nos han hfCho
viejos la e&lt;Jad y tristes la e~periencia,
Eevarnos dos infiernos en el pecho,
que son el corazón y la conciencia.
CAMPO.U lOR"..

'

f;

Pág~~::T~:IA

:~:!::~as.

L objeto de mi cue nto es demostrar que la meor política es la Einceridad hasta en cuestión
de espectros.
.
Un día fatal recibí una carta de mi tío Franci~co, persona singularmente apreciada por mí y á la
cual manifestaba todas las atenciones indispeneables.
Entre otras, tenía el cuidado de abrir luego sus cartas y
contestarlas inmediatamente, cuando no telegrafiaba. La
presente se h allaba coñcebida en los términos siguientes:
1111:i querido sobrino:
Como te supongo enteramente instalado en tu nueva
casa en C...... pieuso hnrPrre nna visita. Llegaré ahí por
el l ? de Diciembre, si u, cvu\Ítne la ftcha, y permane-

399

· El resto del día lo pasé intranquilo. Cómo satisfacer
los deséllfJle mi típ? Y. pensa'I~que de.9tra man.e ra~e.,,~:: ., ..
dría una gi,:uel decepción para él. Y;::pafa mí, desti;,u
o
mieesper~zas•~ébei;edar.' Sin1mlbargo, no habí otra
.,
alternativa ijlle'eMinghfío.á \a confesión de la verdad.
,...
Después de cenar me encontré más_lijiimado y resolví
escribirá mi tío; en resúmen le decía que t_end,ría mucho placer en verlo para la fecha indica,dá, pero que desgraciadamente no tenia ningún fantasma que ofrecerle,
no precisamente porque hubiera desdeñado:,su recomendaci6n, sino porque el.añtiguo propieta~io.no qneria desprenderse de él sino e·n • co.naiciones que no me cenvenian. Esto era sén~ato,.pnes'sabia los escrúpulos de mi
tio.-en materia ele dinero.- .
Y a más trailquilo me puse á leer el primer per16dico
qnlí me vino á la mano y no hacia mucho tiempo,.muime
.,, _hallaba en tal tarea, cu!Olqo J,Pi 'v!sta cayó sobr~_un párrafo muy extrafio. Así d~ci~:;...:'
tcHemos examinado el magnífico surtido de novedades
de la afamada casa Skofi &amp; Cia., paa-a la.,próxima temporad;i:de Navidad, y debemos felicitar á ~este antiguo
establecimiento. Los espec•-roe y fantasmas' qde vende
son:(te' nuevo tipo y se hallará una notable variedad de
caractéres de sJglll,.!! at:rás y aún contemporáneos.»·
Me limpié"'!oá 0JQ!! cre)lendo engañarme; ¿cómo suponer semejante comercio de espectros y demonios? pero
en fin él anuncio-se hallaba ahí en letras de molde. No
vacilé'.má,s y rompí la carta de mi tio; puesto que quería ún fantasma, lo tendría.
Tomé el último tren que salia para la ciudad de S......
y ál dia siguiente á buena hora me hallaba almorzando
y revisando el directori..:. No me habría sorprendido el
no encontrar la dirección de los Sres. Skofi &amp; Cia., pero
estaba ahí: Calle del Archipiélago núm. 13. Comí precipitadamente y á los pocoa minutos me hallaba reco•
rriendo la calle indicada, en bubca dd número susodicho. No tardé mucl:.o t n distinguirlo; me bastó ver el
rótulo encima d.i la puerta, que decía: tcSkofi &amp; Cia., provedores de fantasmas y espectros.»
Entré sin vacilar, un hombrecillo vivaracho al parecer
turco ó griego me salió al paso. Qué se ofrece, caballero?
me preguntó con amabilidad.
-Deseo un fantasma, contesté atrevidamente,
A la orden, señor. Aquí tiene usted el catálogo, pero
si le parece usted pasaremos á dar un vistazo á las existencias y podrá hacer su elección.
- Sí, así lo prefiero.
En seguida me condujo por un estrecho pas'illo al extremo del cual abrió una puerta; entramos.
¡Vaya un espectáculo congelador! me alegré de que
el Sr. Skofi se hallara conmigo. La pieza estaba alumbrada con gas y replata de sombras y vapores extrafios;
habría como cincuenta individuoa de lo más variados,
pudiendo muy bien dis~inguirse la pared á través de ellos.
Me encontré sob!ecogido y ya iba á tomar la puerta cuando la voz del Sr. 8kofi me detuvo.
No hay temor, no hacen daño. Nada más tenemos
ejemplares inofensivos. Bien señor mío, ( dirigiéndose á
un aristócrata del tiempo de Luis XIV), ¿cómo os encontrais ahora?
Así así, amigo Skofi, contestó con vos cavernosa y sombría, - aunque en mis tiempos gozaba de otras comodidades y compañerc&gt;s más joviales. Después se volvió á mí
saludándome, lo que me heló la sangre, y dijo que de qué
podría servirme. Le contestó que yo deseaba algo más
antiguo, es decir, casi más espantable.
-Lo que sea de s•.1 gusto puede usted indicarlo, medí•
jo el Sr. Skofi.
--·Proseguimos nqestro camino á través de aquellas som •
bras, al principio, por mi parte con mucha reserva, pero
después de unos minutos me introducía en el espectro de
una duqneaa con tan poco miramiento como si fuera una
niebla.
Era aquella una mescolanza singular, no había distinción ninguna y lo mismo conversaba un caballero andante con un lagartijo, que un gendarme hacía el amor á
una princesa alemali.a. El grupo que más me llamó la
atención fué uno formado por una sombra al parecer de
Hernan Cortés y por un pastor protestante.
-Tiene usted una colección muy variada Sr. Skofi, le
dije cuando hubimos pas~ado por todo el cuarto.
-Si señor, lo reconozco. Al presente se haya11 agotadas algo las existencias, pero mi compañero me esoribe
de las Catacumbas que traerá con él algunos caracteres
raros de la antigua nobleza romana y aun espera contratar dos cardenales y un César imperial.
En esos momentos me llamó la atención un hombre
altivo de aspecto severo que se hallaba sentado leyendo
un periodico.
-Eso es mi hombre, exclamé.
- N .im. 432, dijo el Sr. Skofi, consultando su catálogo,
Lord Herbert Tumbril del tiempo de Jorge I, ejecutado
por alta traición. Precio $505.05, por noche $5.06. ¿Pue- do apuntarlo?
Ciertamente. Aquí está mi tarjeta. Deseo que esté en casa
para la noche del 1? de Diciembre. Lo tomo por un mee.
-Espero quede colocado permanentemente. Desea usceré hasta antes de Navidad. Supongo que habrás seguido
mi co~eejo de no elegir caFa alguna que n() t.-nga espan- ted que lleve una cadena?
-Sí y todo lo indispensable.
tos y pienso con plac, r Pn que pronto traba1 é conocimienHice un adelanto al Señor Skofi y salí, enteramente
to con el aparecido d&amp;tu man~ióo.»
La carta cayó dP, rnis manos; al comp rar esta ca~a ol· desahogado y tranquilo, á esperar el 1° de Diciembre.
Llegó la fecha y también mi tío; venía decidido á dividé la recomendación de mi tío, y por ,,tra parte no
vertirse á sus anchas y Juego me preguntó por el fan.
había eepant.os ni espt&gt;ranrn dP que los hnhiera.
lile calé t'i sombrero y Aalf á b11Ac11r á Antonio, mi tasrna.
-Espero que no será un fantasma moderno, me dijo;
criado, que vivía largo t iemro hacía en la casa y que deno hay cosa que más deteste que una sombra contempobía eaber ei habia f'Ppantnp ó no.
ránea. Loe espectros para adquirir su sabor necesitan
-Antonio- le dije-¿hay P-Fpantos &lt;&gt;n ePte lngar?
un siglo lo me nos.
-Qmi ¿qné? Feñor, replicó el otro ruuy asorado, inte- No, querido tío, no en verdail. Es Lord Herbert
rrumpiendo sn tarea.
Tumbril del tiempo de Jorge I. de trágico fin.
- Esp1rn10». ¿Sab..s lo qne es t,n es¡;anLv?
-Tienes suerte, Juan, ¿y cuales son sus costumbres?
-Pues, sefior, no; h!'! oído hablar de una sombra blan-Pues ...... anda de aquí para allá y arrastra ·una ca· ca que se aparece en :M: ...... pero aquí noha lh gado áver
dena.
·•
nirgnna.
- ¿Arrastra una cadena?. preguntó sorprendido mi tío.
. Eso decidía la .ouestiqn, no había eepantoe.

�20

EL MUNDO.

400
· -Sí; creo q ue todos los fantasmas tienen una cadena.

-Y ¿á.qué hora aparece?
- P ues Skofi promi,tió mandarlo á las nueve, contesté
inadvertida mente.
-_¿Qué dices?
-Que á las nueve aparece, repliqué ein vacilar.
-Pues iiobrino, me parece muy metódico tu fant:lsma.
Comprendí que mi tí&lt;&gt; se hallaba diEguetado por lo de la cadena y mi distracción.
Después de cenar, mi tío, más alegre,
me manifestó que aunque no entendía por
_ .quéJlli.ap_¡u-eci&lt;ig .us.l\ha..una_cad.e.l !a.n)o
aver iguaría. Nos hallábamos en eEto, cuando el criado se presentó todo pálido y temb loroso.
-¿Qué te p!lBa, A.ntonio?
Antonio seflalaba la puerta.
Salgo á. ver cual era la causa de su a:;oramiento y miro e l espectáculo má~ raro:
el espectr,, de un car tero se bailaba en el
dintel de la puerta sosteniendo e n una ma·
no su cachucha y una carta y e n la otra
una pesada cadena. En verdad que no esperaba yo á semejante i ndividuo. A¡;&gt;enaa
me vió, me extendió la carta y la iba á
abrir cuando oí la voz de mi tío.
-Sobrino, par~ce que t ienes dos fantasmas en caea.
-Ea un extra de Navidad.
En esos momentos había desaparecido el
cartero.
- P ues déjame ver la fe licitación.
- Tío, ea un asunto particular, dije ya
desesperado.
Salió mi t ío molesto y se metió en su
dor mitorio.
Me dirigí al comedor y me puse á leer la
carta; en r esumen, el Sel'lor Skofi, me decía que Lord T umbrill hab ía tenido un
compromiso para una exhibición de ganado en los antípodas, hacía ocho días, de la
cua l no babía vuelto, y que no teniendo
otro sujeto de q ue disponer me mandaba al
ca rtero.
-Sentí que se hund ía el mundo. B ab ia engafiado á mi tío y no quedaba más
remedio que sufrir las consecuencias. Me
dirigí á mi dormitorio, pero no haría media hora que dormía cuando una tremenda
algazara de voces y ruido de met a l me despt:rtó. Salgo á ver y en e l corredor los espectros de Lord Herbert y e l cartero empef'iaban descomunal bata lla, propinándose i nsultos y golpes. No Eé cómo habría
term inado la pelea, si mi tío no aparece y
h aciendo una sefia á los fantasmas, los llev11 á su cuarto.
~
Por mi parte me retiré al mío, seguro de
q ue ee descubriría la verdad.
A l día siguiente, a penas me vió mi tfo,
me dijo que se marchaba, que no quería est ar más con un sobrino ingrato que le ha·
bía engaií.ado con artículos alquilados.
Después no volví á ver le, pero supe coB
e l tiempo que había alterado su testamen·
to y , por consecuencia, mis esperanzas de
h er edar quedaban por loe suelos.
W . RrnBDON.
Londres, 1892.

~~~
r 0

SANTA CLAUS.
-

·-,.ANT.A. Claua ha emprendido su viaje anual con
la constar,cia perseverante que le es caracter1stica. Los días de Navidad se acercan, y los cbiqui•
•
llos d ejan ver e l regocijo de quien espera á un
amjgo fiel que no puede fa,tar á la cita. Porque Santa
Claus es solamente amigo de los n il\os: los más pequeffos, loa más d ébiles y t iernos, los en fermitos y delicados, esos son los preferidos del viejo consentidor que
trae la mar de juguetes para sus predi lectos. Y los ni ños
n o cesan en su inquietud, esperando con el a lboroso pin t ad o en la cara.
¿Cómo vendrá el carif'ioso anciano esta vez? ¿Bajará de
la montal'la helada, á piA, y agob iado del peso de tanto
y tanto dulce, de tanto y tanto paquete atado con cintas
de colores? ¿Conducirá su carro tirado por un aenito
egipcio, ó r esbalará en su trineo manejando por las riendas su doble cuadriza de rengíferos?
Algún chiquitín le ha visto en sueflos recorriendo trabajosamente la ciudad para recojer de los buzones la correspondencia infantil, y luego detenerse apoyado en el
1ondón, para leer, á la luz de un pico de gas ó de un foco eléctrico, las consabidas pet iciones. ''Yo qu iero un
polichinela," "Yo, aeftor Santa Claus, pido á usted respetuosamente, una caja de música," "A mí me gustaría
un li bro de cuentos de hadas con bonitas estampas de
colores;" y así de este tenor, millares y millares de cartas diminutas donde campean maravillosos eefuerzos
ortográficos en competencia con incipientes arranques
• de pendolista.
El bueno del vif'jo-aseguran los chicos-Paca su f'DOr·
me cartera y anota en interminable lista los antojos á
cumplir; y sacudiéndose los témpanos de su rojo kaftán
y de su gorra de pieles de foca, continúa su marcha de
cmd!¼i en ciudad y de pueblo en pueblo, siempre nona·
genario y encorvado, siemi¡,re rodeado de duedes que le
ayudan á acarrear el ambu,ante almacén de chucherías.
Aunque el tiempo es de perros, Santa Clao3 no pierde su
cara bonachona y sonriente.

Por f'l aspecto, parece un abuelito; pero hay quien diga
que bajo la luenga barba y la cabeza de algodonero, se
oculta una madrti carinoea: ¿quién si no una madre podría pensar en loa huerfanitoe que llenan loa hospicios, ó
en los pobrecitos que pululan por las calles, comerciando
en baratijas para asistir con la escasa ganancia á las madres desamparadas y á los niñ itos que aún duermen en
la cuna?

20

DICIEHBltE,

1896.

EL MUNDO.

E l día de Navidad- por- la-mañan-a - las- - - - gentes, bajo la impresión de un frío 'muy
intenso, p romovían por todas partes u na
especie de música a lgo salvaje, pero que
no carecía de encante, a l a rrancar la nieve
que cubría las aceras, y al arrojarla desde
las azoteas á la calle, en donde caía con
gran co?tenta~iento de los n il'los, á q:iienes hacia gracrn el ver tantos aludes artificiales.
Las tachadas de las caeae par ecía n m uy
negras y las ventanas aun más, á causa del
contraste q ue ofrecían con la capa de nieve compacta y blanca que cubría los techos y aun con la de la calle, por más que
no f stuviese tan virginal, por efecto de los
profundos surcos que en su capa ~uper ior
habían abierto las ruedas de las pePadas
carretee y de :os carruajes. Estos ca rriles
se cruzaban y entrec ruzaban unos por encima de otros, mil y mil veces, en el arroyo de las calles pri ncipa les, fo rmando un
laberinto inexplicable de regueros entremezclados eobre el fango amarillento end urecido en su superficie y d el ag1..a congelada por el frío. El cielo estaba sombrío;
las ca lles más estrechas desaparecían envuelta,, por una espesa bruma que caía im •
p regnada de gotas de agua congeladas, y
cuyos átomos m ás pesados bajaban rápidamente. Pa recía que todas las chimeneas
de la G ran Bretafia estaban encend idas y
P~ _enviaban unas á otras~¡ humo para felicitarse alegremente. N1 Lon dres ni su
clima, tenían nada de agradable. l pesa r
de ello, notábaae en todas p artes un aire
de aleg~ía que el día más h ermoso y el sol
:::náa b rillante se h ubiesen edorzado inútilmente en inspirar.
Efectivamente, los hombres que quitaban la n ieve de los tejados pa recían con·
tantos y de buen humor ; llamábanse de
u na casa á otra, y de vez en cnand o se arroja ba? a legremente una bola de nieve (proyectil en verdad muy inofen si vo ), y se
reían de todo corazón cuando acertaban el
blanco, y más aú n cuando no lo acertaban.
Las tiendas de loa vendedor¡,s de volatería estaban aun entreabiertas, y las de los
fr ut6r os brillaban en todo su esplendor.
Aquí grandes cestas redonda e, y con la tri•
pa llena de exce lentes castaf'iaa, ee desbordaban á la pue rta, como los anchos casa·
eones de los viejos gastrónomos se desgarran bajo el peso de su abdóme n, ó parecían prontas á cae r á la calle, víctimas de
su corpulencia apoplética; allí las cebollas espaf'iolas, rojizas y gruesas, recordaban por su excelente color las mejillas de los fra ilee de
su p ~ís, y a rroja~an desde lo alto de los ebtantea picarescas OJeadas á las ¡óvenea q ue pasaban mirando discretamen te las guirna ldas _de mus~o; a_llí peras y manzanas
a montonadas e n apetitosas pirámides· allí racimos de
u vas que los tenderos h abían te nido la ~te nción delicada
de colgar e n los pu ntos más lla mati110P á fin de que los
entusiastas sintiesen que la bo~a se les' hacía agua y se
r efreecasen grátia al paear ; acullá cestas dti avellanas morenas y gordas, que recordaban con eu perfume los paseos por el bosque, cuando los p iés se hunden en las cap as de hojas secas; los biffin~ de Norfolk con su color
oscu~o que bacía reealtar el dorado de las naranjas y de
los l!mones, los cuales parecían recomenda rse con insistencia por su volumen y su jugoFa apariencia, pa ra que
se los llevasen con su envoltura de papel á fi n de au mentar t-1 lujo d e los p ostres. Hasta los peces de oro y de
p_lata, encerrados en p eceras de cristal junto á los f'xquis1tos frutos, aun cuando pertenf'cen á una raza t,riate y
apática, parecían compren_der,. por !'1uy peces c¡ ue fuesen,
que pasaba a lgo extraordman o, é iban y venían abrien·
do la boca a lrededor de eu pequeño universo en u n estado de agita ción febril.
Y los especieros! oh! loa especieros! Sui-.tie.ndas.se h allaban casi completame nte cerradas, excepto una ó d os
tablas; pero ¡qué coeae se veían á tra,·é1 de estas pequefias lagunas! No era sólo el sonido alegre de loa platillos
de _la bahinza al c hocar contra t&gt;l m, e•rador, ó el c liasqmdo del br~!Dante al sentirse separado del carrete p or
las afiladas t1¡eraa para atar los paquf'tes· ni el ruido inCf'EB!1te dP las cajas de metal blanco que 'rn movían pa1a
servir el thé 6 el moka á los parroquianos· ni el pan)
pan 1 pRn ! sobre el mostrador; ni el aparece¡ y deFaparecer ~"' los bultos en manos de loR dependientes, como loe
cub1lt-tf's en manos de loe prestidigitadores· ni el entremezclado perfume del thé y df'I café tan 'agradable al
ol_fato; ni los secos racimos tan hermo~os y abundantes ;
m las almendras de deslumbraate blancura; ni loe palo1
de canela tan largos y tan rectos· ni las otras deliciosas
especif's; n i lo@ fru tos confitado; envueltos en blancas
capas d e Azúcar canae, y cuya s¿la vista mareaba á los
más indiferentes espectadores.

C..í.RLOS DrcxENS.

401

que Ca!fibia de tipo, Para variar de v e_stido, cuenta con sus c riados; para variar de semblante, sólo cuenta con su h abilidad con su arte La
fama universal de F régoli, la de be únicamen te á eee ~rte.-P1ERBOT'.

guntan en prosa y verso para qué sirve la vida; esos des
medraditoe y pálidos que ª"' consumen antes de crf'cer;
loe que proclaman el imperio del Hachisch, del mo1finismo y de los goces seneualee, ignoran cuánta felicidad
derrama t-n el he&gt;gar el viejo Santa Claus cuando deacitinde por la chimenea en Jas risuef'ias noches de Navidad.
San Francisco de California.
LAURA. MÉNDEZ DE Cux.-.cA.

p A GIN As ·o E NA Yl DAD.
NAZARETH.

:t'

La na,vid ad en Londr es.

Pero por ciertos por menores, no falta quien sostenga
que Santa Claus no pued e ser una mamá: se sabe que aunque á cada chico le satisface el gusto regalándole lo que
pide, es un tanto a dulador y orgulloeo que mientras que
á los hijos de loa p róceres lea llena la casa de dulces ea
cartuchos de rsiso y muñecas vestidas de seda, á la prole
de loa desheredados a penas si le deja ar tículos de juguetería corrien te; y e n h ospita les y hospicios dciscarga carretadas de caballos con las orines a rrancadas, mufiecos
con las 11arices desportilladas y vajillas de China i ncom·
pletas.
La naturaleza .del buen ancia no y su manera especial
de trepará los tejados p ara descolgarse por las cbime·
neas, permanecen en el misterio; nadie sabe cuándo en •
t ra ni cuándo sale, pero se le ve que causa lástima: ateri do de fr(o constantemente aunque se halle re pantigado
al amor de la lumbre, rodeado de s u inagotable montón
de dulces y juguetes.
Yo no recuerdo h aber visto en mi infancia á Santa
Claus, quizá porqu e este amigo d e tas nieves t eme los ri .
gores de los p aíses cálidos; pero allá iban, unos cuantos
días deapué1:1 de la PaPcua, t res reyes que no eran menos
renerosos que Santa Claus, aunque anualmente fueron
escaseando sus visitas hasta llegar á contarse por loP aedos el número de los favorecidos por los r eales hués pedes. ¿Por qué? Dígalo q uiPn sepa la causa. Yo de mí sé
decir que desde que los nif'ios fuman y los adolescentes
juran y se inspi ran en la musa verde de Musset para
cantar los ardores de la juventutl que se desborda, los
Sa ... tos Reyes no vienen á traernos dulces ni r&lt;&gt;galoa; y
deede entonces los euicidios se multiplican llenando de
.iolor á tas familias.
¡Qué lf'jos han q uedado las Poaada3, la alf'gre Noche
Buena y los festejos del último día del año. Las prima·
veras se han sucedido de entonces acá, cada vez más heladas y tristes, y ¡,) recuerd0-de aquellos clementes inviernc,s de la tierra natal, es el único fu¡,go que reanima
el corazón desolado.
Aquellos que en la infancia oc, se han calentado al
baho d~ 1~ Mula y el Bu.,y del ~acimiento; los que no
han u c1b1do los generosos dones de los Reyes Magos ni
levantado al Santo Niiio el día de la Candelaria, merf'cen
ser compadec idos. E sos pobrecitos adolescentes que pre·

DIC,IElIBRE,

189R.

_

('

~~.
........ ~
,

H~y mismo, Nazar_f'th es un asi lo ~f'lic ioso, acaso el ú nico l11gar de
Pal~t111a en do_nde se s1e':1te el alma sol_1viada de la pe@
adumbre que la
a~ob1a en medio df' eea &amp;m p ~r d~eolac16n . Sus vecinos son a mables y
r(PUPf\ oe; Yerdes y frePci:is.lo" ¡ardrnes. A ntonio Martir. a l espirare! siglo
'1, traz? un cua lro dehc10"0 de aqnella co m arca fertilfsima y compa rable, eegun él, al Paraíso. Algnnos valles dPl costadooccidf'ntal j11•tifican
p 1Pn11n1&lt;&gt;nt... la mPncinnaila º "~crin&lt;' ión. 1.n fnf'n te en donilP ant~i'ln con•

,.,
I

LEOPOLDO FREGOLI.
SUS TRANSFORMACIONES.
He leído frases en que se retuercen las palabraa liaciendo muecas. ¡Nunca hubiera creído
,que la mueca misma se retorciera en mil gestos!
El gesto se mofa de las acciones leriae, sti burla
-de la humanidad caricaturándola. Faltaba que el
hombreexplotara las contracciones de los músculos como un recurso artístico; que lo máe espanioeamente ridículo quedara trasformado en bermoeo.
Mllagr_o parece que la mueca resulte un valio80 elemento, un inagotable venero de arte; que
la1 contorsiones de los músculos de la cara ex- ..
preeen ideas, que tengan s~ literatura, especial '
füeratura en que el lengua¡e no hace taita alguna: una literatura ein letois, como quien dice.
Hay un hombre que realice ese portento, hay
un füeuto que escribe con g11Stos en vez de le·
iras, que ha sujetado la música á la contorsión,
que se b 1rla de la burla, que caricatura la cari·
catura y de lo espantosamente ridículo ha hecho
un arte. Eie hombre es Leopoldo Frégoli, el
exn-éntrico italiano.
Cuando a,oma de entre el lienzo rojo su roe·
iro casi cuadrado, sus ojo8 saltan y emprende su
boc1 la da nn de los gestos, encuentra uno la
cenirábans~ la vida y la alegría de la. alde huela, fué destruida; por sue
Iínea del caricaturista hecha carne y hueso, en
~anales agrietad &gt;S sólo corr" agua turbia. Pero la htlrmosura de las muel semblante del excéntrico. La cara de Frégoli
J~res que, á la_ noche, se congregan, esa hermosura ya advertida en el
es como el sombrero de un prestid:gitador: una
e1glo VI y conside rada, en aqual entonces como dádiva de la Virgen Magrao mueca de la cual van s11liendo otras, y otras
ría, cousérva•e po~ mane_ra ªº!~renden te. Ahí se mira, en toda su languiY otras, hasta que la vista del espectador se cand,.z ll~na de grac1a,_el t!Pº . amo. P,ua todos es indudable qUt, ta Virgt-n
■'-', Y aquellos ~estos reproducidos, cual si fueacudía á aquel para¡e diariamente, con el cántaro al hombro, igual que
ran estrellas d1eolventes de un Kaleidoscopio,
sus _ob1c~ras y descoooc1das conterráneae. A.ntonio Mártir observa que Jaa
agobian el cerebro, en cuya pantalla bailan sin
mu¡ere r Judías, deedeilosas eu otras p.1 n~~ p u a coa los crist iauua, en
descanso contorsiones increíbles.
fü difícil de cla1ific11r la habilidad
de Frégoli. ¿Es un
cómico? No, porque
el ~mico interpreta ideas, dando infleiriones de buen
humor á su voz, á
sus ademanes, imita personajes. ¿E~
un cantante? Tam poco, porquee l can•
to rlll!ulta secundario, ameniza los
guit'ioa de loe ojos,
las contracciones de
loe labios, la danza
varia:!íeima, coro.
puesta de mil liguraa, de las carnPs
del rostro. En un
cómico ó e n un can.
~ante resultarían
·• naoportahlf's las
muecas de rost ro
Y de voz con qne
Fré go li se h a ce
aplaudi r. Y es a l
~ismo tiempo. grac1.:iso actor y buen
cantante.
Aplaudan ot ros
el rápido cambio
de t rajes: admirable en el excéntrico
italiano, verdaderamente atlrnirable
~s la rapiiez con

Nazareth eon muy afables. Y, en loe aflos que
corren, el odio religioso es menos vivo ali( que
en los demás lugares.
. Limitado es el horizonte de la vil la; pero, Fil·
hiendo un poco, y en llegando á la altiplanicie
que~omina las caeas más altas, divisase la perspe_ct1va más expléndida. Al Poniente ee de3·
pliegan las hermosas líneas de l Carmelo; terminadas en abrupta aguja que semeja sumef$irec
en el mar. Más allá ee de@tacan la doble cima,
sefiora de Moggedo, y las montai'las de Sichem
con eus santos lugares de la edad patriarcal; los
montee Goboé, formando breve y pintoresco grupo, evocador de los recuerdos halagüef'ioa ó terribles deSulem y de Eudor; el Thaborderedondeada forma, comparado por loa antiguos á un
seno de mujer. Entre el Thabor y la montafia de
Sulem hay una depresi.Sn por la que columbra •
moa el Yalle del Jordán y las altas llanadas de
Per_eagueforman ru:riboal Este, una Hneadesoluc1ón de continuidad. Al Norte, é inclinándose
hacia el mar, las montaflas de Safed ocultan San
Juan de Acre, pero permiten que á la vista se dibuje el lago de Kaifa.
E se fué el horizonte de Jesús. Ese mágico
círculo, cuna del reino de Dioe, fué para él durante años, la cifra y represeniacion del m~ndo
entero.. Su Jida misma n~ tranApuso aquellas
domésticas hndes que en la 1r.fancia le cercaron.
Más allá, por el Norte, ee divisa apenas la Cesá·
rea de Philippo, extremidad de la cordillera del
Hermon que encaja ya en mundo gent{lico; y
por el S~, y tras loa montes menos repuestos
de 8al!lar1a, presentimos mejor que vemos, la Judea triste deseada por el viento quemante de la
abs~racción y de la muerte.
81 alguna vez la cristiandad, con superior conce pto de lo que constituye el respeto á los orfgenes de el,~, quiere reemplazar con auténticos
Sanioe Lugarea los
Santuarios apócrifos y
mezquinos á que la ha
vinculado la piedad de
edades incultas, en e 1
altar de Nazareth erigirá su templo. Allí en
el punto donde el Cristianismo apareció, en
el núcleo irradiante de
la actividad del fundador; alli debiera eri•
g ir la enorme iileeia
abierta á la oración d~
t odos los cristianos.
Allí, allí en la tierra
donde yace n el;carpintero José y millares de
nazarenos olvidados,
cuyos nombres no resonaron jamás fuera
del valle nativo; allí
más bie n que en part~
alguna de la tierra, po drá el filósofo contero.
piar la corriente de los
sucesos humanos, con.
solarse de las repulsas
que á la continua sufren loa más nobles instinto~, y te ner confianza en el divino fin que
persigue la h umanidad , á través de i ncootablea desa lientos y ápeFar de la t riste va
nidlld d e todo.
E R~E,TJ RUAN.

�20

EL:MUNDO.

402

DICIEMBRE, 1896.

,,,,r,.~

1.(
1

\

i

-

------ ... - ___
...

_

....

---~
LA

~

~--

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.

Número 9.-Véanse nuestros números desde el 2b de Octubre de 1896.
-¡Oh! no, por cierto. Solameute que, cuando se es jo•
ven, ¿verdad? se divierte uno, baila, diaputa, se da de
pufietazoe, y el que es fuerte y diestro encuentra siempre
admiradores que le hacen la corte.
-Y admiradoras que le mantienen ...... ¿La joven Ma•
tilde es rebelde á esas prácticas?
-¡La pobre nifia! ¿Qué sabe ella? Es una inocente......
-Que trata tranquilamente sus asuntos con las seiío·
ras 13lancbart......
-El padre es un hombre terrible. Hace diez af'ios que
quiso matará su mujer, en un acceso de cólera y si no se
la quitan de las manos......
. .
-¡Pero, ¡esa gente!. ..... Eso es un presidio
-No pretendo preetintarloe como ángeles....... Por eso
son temibles. Una vez pagada una euma, se estará libre
de ellos, creo, para siempre. Aquí están en la mieeria.
Si se lee facilita pasaje para América, con medios para
establecer un almacen de joyería, en Nueva York, por
ejemplo, quedarán muy reconocidos y no habrá nada que
temer.
-¿Lo han dicho ellos?
-No, no. Digo todo esto por mi cuenta, pero yo conozco el corazón humano. La desgracia da experiencia. Yo,
en su lugar, no vacilaría, y hasta dejaría á la chica quin·
ce días sola en París, como regalo....... ¡Una vez que el
mal estaba hechol.. .... Solamente, añadió con gravedad,
que habría que dar doscientos mil francos.
Una vez aventurada la cifra, miró á Elipbas y le encontró impasible.
-¿Qué ea eso para mi generosa bienhechora? continuó
con calor el meridional. Dejará correr tales peligros á eu
hijo adoptivo por una miseria, por una verdadera pe•
quefü•z?
-¿Cuánto lleva usted en los doscientos mil franc&lt;lt!?
-Y o, seiior, nada absolutamente. Yo no obro miis que
por adhesión á la Seiíora Moealer y para evitarla grandes
penBP.
-Pnes bien, Bouecarés, tranquilícese usted entonces.
La &amp;-iíora Moesler no sabrá siquiera que su hijo está
amenazado. Y como desde aquí me voy á la prefectura
de policía, nada desagradable ocurrirá al eefior conde.
No diré otro tanto de sus amigos de usted si insisten en

su proyecto; me prometo 3ntonces contribuir á su expa- rer.ho á la chimenea, delante de la cual se colocó para.
calentarse las piernas, y pre,,untó:
triación, pno no por los medios que usted aconseja.
-Ha deseado usted hablarme, querida mia. ¿Qué ocuA esta d~claración, Bouscarés permaneció al pronto
como aniquilado, pero volvió á co\f;rar valor y exclamó: rre?
Enriqueta, sin más explicaciones, sacó del cajón de su.
-¡SE'f'ior Eliphas, se iquivoca usted! Va usted á sacar
á eea gente dP sus casillas. ..... ¡La policía! ¡Bonita idea! mesa un papel azul y entregándolo á Valentin, dijo:
-Ocurre esto.
¡Cnandnd.. bíamos ponernos todos de acuerdo para eviEra el telegrama de Celina.
tarla! ¡Todo el mnndo tendrá que sentir si ia policía se
-Un anónimo...... ¿Qué valor tiene esto?
mezcla Pn t-1 rn gocio! ¡Que e11 muy sucio, compréndah)
-El que usted quiera darle declarando si lo que dice·
uPtE'd! Narla de policí.t ...... Eu cuanto haya metido la
es verdadero ó falso.
nariz Pn PI a,111nto, estaremos medrados......
Antes de responder, permitame hacer una pregunto_
-¡R,h! Ya verf'mos.
¿Sospecha de quién puede venir este aviso?
-¡.Tu,.ga t1ijted la vida del sel'lor de Coutras !
-No lo sospecho, lo sé de cierto. El despacho no está
-Usted me toma por un imbécil. Buenas tardes.
:firmado, pero la letra está tan poco disfrazada, que es
Cnando l!Pgaba á la puerta, dijo Bouecarés:
-S,fior Eliphas, si usted odiase al sefior de Coutras y imposible no saber la persona que le ha escrito.
-¿Y esa persona es?......
qniPina dl'shacenae deél, no obraría de otro modo.
-La Seil.ora de Clement.
El acento dP aqnel hombre era tan sincero, que el vieValentín sonrió dulcemente.
jo se estremeció. Aquellas palabras respondían tan sin·
-Yo también lo pensaba.
gnlarmente á su Porda animosidad, que se detuvo un
Enriqueta agitó con impaciencia su bella cabeza y di-instante y entrevió, en el fondo de aquella superchería,
un peligro s ➔rio y real. .,__unque decidido á no capitular, jo, vol viendo á su pregunta:
-Pero lo que dice, ¿es verdadero ó falso?
se propuso tomar medidas de precaución. Salió al des·
-Es la verdad.
cansilto y cnanrlo Pmpezaba á bajar la eecalera, Bousca·
-¿Ha tenido usted un altercado con el coronel Redel?
réa, inclinado sobrP la barandilla, le gritó:
-Sí. Redel me ha ofendido tan gravemente que he te•
-U@tE'd lo Pentirá, pero ya no será tiempo ...... ¿Quiere
nido que exigirle una satisfacción.
usterl qne lil rlPje hal'ta esta noche para reflexionar?
-¿Y qué tiene que ver con todo ~o la sefiora de Cle-No. dijo Eliphas desdf' el piso inferior.
ment?
-;,Quiere usted basta maiíana?
-Estaba presente cuando el coronel me ofendió...... Y
-No.
-Estaré en caea todo el dia por si cambia usted de conoce, por tanto, la cuestión. Por eso ha podido infor•
mar á usted de ella.
opinión.
-¿Con qué objeto? ¿En interés de qnién?
Eliphas no rPsponrlió, porque estaba ya en el portal.
-¡.A.hl querida mia, me pregunta usted más de lo que
Oyó solamente que Bouscarés se quedaba jurando como
sé.
un carretero.
-O m~s de lo que quiere decir.
A la miPma hora llegaba Valentín á la avenida de
-¿Porqué?
Friedland, deFpués de haber almorzado con los dos ami·
-Porque la verdad no le bonraria á usted.
gos que le representaban en el asunto de Redel, cuando
-¡La
verdad! ......... ¡Cómo! ¿Me acusa usted de oculel lacayo de servicio en la antecámara le dijo que la se•
ñora condesa le rogaba que entrase á verla antes de vol- tarla?
-Sí.
verá salir.
-No sé, dijoEnriqueta, lo que ha pasado; nadie me loValentin apareció sonriente, como siempre; se fué de-

20

DICIEMBE.E,

1896.

ha dicho pero estoy de antemano segura de que si el co•
ronel Redel se ha salido con usted, y en la casa de us•
ted., de la reserva y de la moderación que le son habituales, es queusted le ha obligado á ello con sue actos ó con
sus palabras.
-¡Muchas gracias por la buena opinión que tiene usted de mí! Estoy encantado al ver que entre su marido
y un extraf!o, no duda en tomar partido contra mí.
-Conozco al uno y al otro y sé cuál de los dos debe tener razón .
-Soy el ofendido, y esta condición no me será disputada por mi adversario; prueba de que la razón está de
mi parte.
-Eso es una prueba de que ha tenido usted la habilidad de excitar á un hombre· leal y franco, á :fin de reservarse todas las ventajas eligiendo el arma que máe le con•
venga.
·
Valentín sonrió.
-Más vale matar al diablo que ser muertos por él.. ....
-Usted no matará á nadie.
-¿No? ¿Y quién me lo impedirá?
-Yo.
-¡Usted! ¿Cómo?
-Si en est~ instante no se compromete usted á. zanju
el ssunto amistosamente, voy á buscar á su madre y se
lo cuento todo.
Valentín permaneció un momento silencioso y después
dijo, asestando á Enriqueta una mirada insolente:
-¿Ama usted mucho á ese Redel?
El semblante de la joven enrojeció, sus ojos despidieron llamas, y desafiando á su marido con la voz y con la
actitud, col'.ltestó:
- Tengo por él una estimación y un afecto sincero. Es
todo \o que yo hubiera querido que usted ft~ese: digno
y desmteresado. Le respondo de que no de¡aré la vida
de un nombre como él entre las manos de un hombre
como usted.
Valentín hizo slgnos afirmativos y dijo en tono ligero:
-Y hará usted bien, porque, pardiez, no la tendría
muy segura ...... Pero tranquilíce~e ust,ed; no tengo el
menor capricho ele matar á e~e héroe. Que se me dé una
sombra de satisfacción y probaré mi condescendencia
prestándome al arreglo que usted desea. Confesará usted
que no es posible ser más conciliador.
Enriqueta miró á su marido con desconfianza.
-Eso depende de lo que usted entienda por una soro•
bra de satisfacción ...... Precise su pensamiento.
-Voy áasombrar á usted por mi moderación. Nope·
diré nada al coronel Redel.. .... Es un soldado y le supongo puntilloso...... Le dejo, pues, á un lado...... Pero
hay un testigo de la escena, la Sefiora de Clement, y
ouiero que me tenga en buena opinión ...... Necesito que
ella me asegnre que no me juzgi.rá mal si no llevo ade!ante este asunto...... Ueseo verla......Ruéguela usted que
venga, déjenos hablar, y si ella me da buena11 razones
para prescindir de mis agravios, todo habrá terminado.
-¿Por qué no va uRted á su caea?
-¡Oh! Parecería que andaba buscando un arregle-. No.
Es preciso, por la forma, que me haga, al menos, rogar.
-¿Y si ella no quiere prestarse á esa combinación?
.La cara de Vatentín manifestó una resolución impla•
cable.
-Entonces, dijo, no espere usted nada de mí. Sucederá lo que quiere .,vitar.
Emiqueta inclinó la cabeza sobre el pecho y permaneció siienciosa un instante; después dijo con voz entre•
cortada:
-Leo en su pensamiento. Comprendo lo que quiere
obligarme á hacer y enrojezco por usted. Amenazando
~e muerte á un inocente, exige usted que use mi influencia para traerle á esta casa á una mujer que quiere usted
que sea su amada y le huye. Esto es lo que usted quiere, ¿no es cierto? Quiere usted proponerla un trato como
el que á mí misma me propone; la vida de ese hombre,
que probablemente la había defendido, á cambio de su
buena voluntad. ¡Oh! sel'lor conde. ¡Qué corrupción!
¡Qué vergonzosa cobardía!
De sus ojos rodaron lágrimas de vergüenza y de cóle·
ra y quedó aterrada delante de Valentín, que la miraba
con sorna, tan tranquilo ante eu dolor como lo había estado ante su enfado.
-Hay q11e Bi&gt;ber qué es lo que usted quiere, dijo. No
pensará que voy á renunciar á vengarme de un h,lmbre
que me ha humillado y á quien detesto, si no se me ofrece la compensación que pido.
-¿ Y puedo yo obligar á esa desgraciada á obedecerle
á usted? Ella es libre.
-Eso es cuenta de usted. Dígala lo que sea necesario
para que venga.
-¿Tanto la odia usted que quiere forzarla?
-M:e gusta por su misma resistencia.
A estas palabras atroces, la altiva Enriqueta perdió el
val~r. Se vió perdida, á merced de un monstruo que se•
ría mexorable y, débil por primera vez en su vida ex•
clamó torciéndose los brazos con desesperación: '
;--iNo! ¡No obedeceré! ¡No seré cómplice de tal infamia! ¡Pídame la que quiera, pie1·0 no eso!
V~lentín hizo un ademán de descontento y de can•
eanc10:
_-¡Bah! ¿Qué puedo yo pedirá uated? ¡Tantos aspavientos por una cosa tan sencilla! ¿Qué prueba que tenga Y'? tan_ negros proyectos? Procure usted creer que me
h_e d1vert1do con sus escrúpulos y con su ridículo rigo·
rieruo y que rui deseo se reduce sencillamente á enten·
d_erme con la seiíoFa de Clement p..ra llegar á una solución aceptable para mi adversario y para mí. No crea
usted nunca más que aquello que tenga interés en creer.
Y, además, confíe usted en su amiga; ella sabrá sacarla
del apuro. Es una persona un poco caprichoea, pero re·
suelt~, y no se trata ya de su primer encuentro conmigo.
-81 eso es verdad, es usted muy despreciable dicién·
dolo.
. -Supongo que no irá usted á publicarlo en los perió•
die os..... : La cosa ccurrió en Sauvigny. este verano, casi
ante la vista de usted...... ¿Es eso una flor de pureza? ¿La
defenderá usted ahora?

EL MUNDO.
-¡Oh! Dios mío, gimió la joven; ¡es á mí á quien defiendo! ¡Es á mis últimos pudores, á mis supremas ilusiones! ¿Qué he hecho yo, para sufrir pruebas tan duras?
¿Por qué es usted tDn egoísta, tan Qruel? ¿No puede usted
ser como los demás hombres, que son, al menoe, indife·
rentes, inofensivos? ¡Todo lo que usted hace es monstruoso! Pero...... ¡cuidado! Hay una justicia superior que
hiere en el momento en que u,enos se espera ...... No obli·
gue usted á los que tortura á dirigir sus plegarias á esa
justicia......
-¡Bueno! Henos aquí con leyendas y supersticiones
ahora, dijo Valentín andando con aire de fastidio por el
taller. Me va usted á representar el Don Juan: «Arrepiéntete...... ,, Es inútil, hija mía. Estoy decidido á no
cambiar mis planee y todas esas declamaciones me fati·
gan, sin provecho alguno. Resumamos, pues; usted quiere que I&amp; sacrifique un hombre. Yo q•liero que usted me
sacrifique una mujer. Toma y daca. Esta es la operación
despojada de todos los artificios oratorios.
Esta vez Enriqueta recobró todos sus bríos, á la fuerw
del ultraje. Se irguió de un salto, furiosa y soberbia, ante el conde y con el brazo levantado á la altura de su ca·
ra, como si fuese á abofetearle, contestó:
-¡Esta es ya demasiada infamia! Rehuso. ¡Suceda lo
que quiera!
-Como usted guste.
Enriqueta le sefialó la puerta con un ademán:
-A hora, estoy en mi casa; ¡salga usted!
Valentfn se inclinó con tranquila gracia.
-Esto es lo que estaba esperando. Adiós, querida mía;
hace ustei una tontería y se arrepentirá.
Abrió la puerta y desapareció. Una vez sola, la condesa se sentó al lado de la chimenea y, con la cabeza entre
las manos, reflexionó dol0rosamente. La situación era
clara, pero aterradora. La franqueza de Valentin probaba que estaba decidido á no retroceder. Pero ¿era cierto
que babia poseído á Celina? Entonces, una vez cometUa
la falta, ¿por qué la joven se resistía? ¿No venía todo el
mal de aquella resistencia inexplicable y estúpida? Al
pensar esto, Enriqueta no pudo contener un gemido. ¿La
corrupción y la bajeza en que se veía obligada á arrastrarse, la habían ganado hasta el punto de acusará la
desgraciada Celina por no reincidir en su falta? Sus ojos
se habían abierto á la razón y se había arrepentido. ¿Ha·
cí~ falta más? ¡Y era esa vuelta al bien l.:&gt; que creía un
crimen!
El recuerdo de las pruebas que Valentín le había he·
cho sufrir y que, poco á poco, les habían desunido, vino
á su pensamiento. ¿Por qué la amada babia de haber
sido menos sensible ó más acomodaticia que la esposa?
Enriqueta juzgó á Celina más deegraciada que ella misma, pOique sus penas no eran confesables. Pero no bastaba quejarse. Era preciso hacer algo, y ante todo, saber
lo que había ocurrido para deducir una regla de conducta.
. El conde había hablado vagamente de ofensas, sin pre·
c1sar en qué habían consistido. ¿No mentiría? ¿No ven·
dría de él el insulto? En este caso convendría cambiar de
•Orientación y dirigirse á Redel. Enriqueta resolvió to•
mar noticias del único testigo del incidente. Llamó con
viveza y pidió su carruaje. Suponía que Celina, después
de una e8cena tan violt,nta, estaría encerrada en su casa.
No se engafiaba; la encontró, en efecto, pero estaba en•
forma y babia dado orden de no recibir. Esta consigna
no podía detener á Enriqueta que pidió con insistencia
ser anunciada á la Sefiora de Ciernent. Pero en este momento llegó el Sefior Elipbas que venía de visitar á su
nuera, y él allanó todas las dificultades.
-Dejo en este instante á Celina, dijo, y realmente no
está buena, pero se alegrará mucho de ver á usted, estoy
seguro...... Si hubiera previsto su visita hubiera dado or·
den de dejar!!\ entrar. Justamente me hablaba de usted
ahora mismo y me preguntaba si la vería hoy ......
Sin más conversación, la condesa subió y, penetrando
al mismo tiempo que el criado que iba á anunciarla, sor•
prendió á la joven en el abatimiento moral en que estaba sumida desde el día anterior. Una ojeada bastó á las
dos amigas para adivinarse y comprenderse, y las primeras palabras esclarecieron la situación.
-Celina, ¿es usted quien me ha enviado anoche este
telegrama?
·
-1:lí, Enriqueta.
-¿Por qué no me habló usted en vez de escribirme?
-.Porque no pude. Eetaba presente el coronel.
-¿Y qué sucedió entre él y el conde?
Celina palideció y permaneció callada. Había llegado
el momento crítico para ella. Era preciso decir la verdad.
l Y qué verdad! La más humillante para la mujer á quien
tenía que decírsela y para ella misma.
-¡Oh! Hable usted sin reticencias, exclamó la conde·
ea con animación. No tiene usted nada que ocultar; mi
marido me lo ha dicho todo.
A esta revelación repentina la joven prorrumpió en un
ligero grito y cubriéndose el rostro con las manos seque·
~6 como desmayada en el respaldo del sillón, vertiendo
silenciosamente gruesas lá,;¡;rimas que se deslizaban entre
sus dedos temblorosos. Ante aquella desesperación y
aquel silencio, la condesa, movida á compasión y devora·
da de impaciencia, permaneció un momento pensativa,
Y después, no pudiendo dominar el deseo de conocer por
fin los hechos, cogió á Celina por ~1 brazo, descubrió su
cara, y dijo, mirándo!a con autoridad:
-No se trata de llorar. Es preciso explicarnos en pri•
mer lugar y obrar enseguida. No crea usted que tengo ni
13: apariencia siquiera de un sentimiento hostil. Pobre
mfia, usted es una víctima como yo y no puedo hacer
más que compadecerla. Pero el daiio que álas dos se nos
ha hecho es irreparable, mientras que el que se le quiere
hacer á otro, inocente taro bién, puede aún ser impedido.
¿Es usted una criatura ó una mujer? ¿Tiene usted valor
ó no sabe más que gemir? ¿Quiere usted unirse conmigo
para impedir que el conde mate al coronel Redel? Esto
es lo que vengo á preguntarla.
Ante aquellas enérgicas declaraciones, Celina pareció
reanimarse. Dirigió á Enriqueta SUB ojos, aún llenos de
lágrimas, y respondió:

403
-Mande usted; yo obedeceré.
-¿Por qué han regafiado el corosel y el señor de Contras?
-Porque el coronel me defendió contra el conde.
-¡Oh! Bien me lo figuraba. Sí, su cólera contra Redel
no es más que aparente, una comedia más, pero que puede convertirse en drama. Por medio de ese duelo quiere
obligarla á usted......
-¿A qué?
-.A. concederle lo que usted le niega.
-¿Cómo puede usted creerlo?
-¡El me lo ha confesado! ¡Ha oeado confesármelo y
pedirme que fuese intermediaria en ese repugnante convenio! ¡lié aquí el hombre de que se trata! Y es tanto su
poder de corrupción que, por un instante, he pensado
proponérselo á usted. ¡Sí! He deecendido hasta un pen·
samiento tan miserable! ¡Oh! Perdóneme usted, Celina.
No tiene usted que enrojecer delante de mí, porque ese
propósito me ha hecho tan culpable como usted haya
podido serlo.
-No se acuse usted, Enriqueta, ni me juzgue más se·
veramente de lo que merezco. Jamás he cedido á él en·
tiende usted? Si él lo ha dicho, ha mentido. Se me ha
impuesto por la violencia, por medio de una emboscada,
corno un ladrón, y mi horror hacia él es tanto, que preferiría morirá dejarle que se me acercara. ¡Ah! Le ex·
presé con rabia mi repugnancia y mi odio y Redel, que
acababa de librarme de sus manos, confirmó y agravó todas mis palabras. Por eso quiere matarle.
Enriqueta hizo un ademán de desaliento.
- ¡Oh! ¡Qué fatalidad le ha mezclado en todo esto!
-La fatalidad no ha hecho nada. Si el conde ha aprovechado la presencia de Redel para hacer pesar sobre él
la responsabilidad del insulto, el coronel, por su parte,
se ha valido de la ocasión para atacar á su marido de
usted...... Entiéndame bien, á su mando....... No ha sido
comra un hombrn que me ofPndía contra quien se ha
producido violentamente; ha sido contra el conde de
Coutras, cuyo nombre lleva usted y del que es usted mujer. Esta es la verdad.
La condesa se sentó, sombría, y dijo al cabo de algu·
nos segundos:
-Sí, esa es la verdad. Valentin me la ha dejado en·
trever con su audaz cinismo. «Usted quiere que le abandone un hombre; entrégueme en cambio una mujer,,,
Talea fueron !os términos del convenio propuesto. Ha
creído que yo amaba á Redel tanto como él desea á us•
ted y me ha ofrecido asociar nuestras dos pasiones por
un doble adulterio ...... ¡El miserable!
Celina aventuró una ojeada hacia su amiga y, sintiendo renacer su astucia y su curiosidad á medida que re•
cobraba la posesión de sí misma, murmuró:
-¿No ama usted, pues, á Redel?
Enriqueta irguió su altiva frente y asestando á la joven una ardiente mirada, exclamó:
-Si le amara, ¿no habría hecho todo lo posible por
conseguirlo? ¿Estaria yo aquí si no le amase? Sí, le amo
como merece ser amado y sabré defender su vida. Pero,
vamos á ver; usted debe estar informada de lo que pasa;
usted oye o.abiar á su marido, á sus amigos ......... Yo no
he visto á nadie desde ayer; todo el mundo se oculta de
mí.. .... Dígame ¿qué sabe usted?
--Sé que mi mamo tuvo anoche una entrevista con el
coronel y ha salido esta mañana muy temprano ...... Le
he preguntado y me ha respondido evasi vamente que se
trataba de un negocio importante para nuestro amigo...
-Es su padrino, no cabe duda, dijo Enriqueta. Redel
le ha escogido para hacer imposible toda explicación y
evitar que se arregle el asunto...... ¡Y si se bate con Va·
lentin, muere!
-¿Cree usted al conde tan seguro de vencerle?
-¡Oh! Usted conoce bien su sangre fría terrible y sus
fuerzas hercúleas ......... Es valiente, porque es de buena
sangre. Toda la superioridad que pueden dar en un duelo una fria fümeza, unos músculos incaneables y una habilid_ad consumada, la tendrá V_alentin sobre el leal, el
sen!)1llo, el ~on:fiado Redel, que irá _al terreno sin preparación y e s1 desarmado............ 81 se bate, es hombre
muerto.
Casi en voz baja, como hablando consigo misma, Qelina murmuró:
-¿Y si él matase al otro?
-¡Oh! Usted no ve más que una cosa; que la casualidad puede librarla de su perseguidor......... Pero yo no
quiero correr esa eventnalidad. Es preciso impedir ese
duelo; es preciso, ¿me entiende usted?
-¿Y cómo lograrlo?
-¡Eso ea cuenta de usted! Ya que es usted la causa de
todo, busque un medio de arreglar las cosas .........
-¿Aun al precio de mi seguridad, de mi reposo? pre•
guntó vivamente Celina?
-¿Valen esa seguridad y ese reposo lo que van á costar?
-¡.A.h! Es usted muy dura, respondió la joven. No
hay en todo esto más que un criminal; el conde.
-P•1es bien; venga usted conmigo á denunciarle.
-¿A quién?
-A la señora Moesler. Entre todos nosotros, ella decidirá.
-¿Será preciso no ocultarle nada?
-Tome usted consejo de su conciencia.
-Sea, dijo Celina con resolución. Vamos.
Tomó vivamente el sombrero y el abrigo y siguió á la
señora de Coutras.
IX
El señor Elipbas estaba en su despacho contestando
una numerosa correspondencia, cuando entró su criado
para decirle que una joven, que no gueria decir su nom•
bre insistía mucho e!l verle. Todos los dias el Ministro
de 1a Caridad recioia súplicas iguales y eiempre se mostraba accesible á ellas. No había hotnbre másabordablP
por lo wismo que briJlaba en el arte-de desembarazare~
de importunos y de impostores. Los más hostiles los
más tt-naces mendigos de profesion perdían el tie'mpo
con él.

�20
401

EL MUNDO.

-¿Dónde está ese ca.arto?
Un pliegue de deeconfianxt\ arrugó la frente mate de la
joven.
-¡Noaé si decfreeloá uetedl. ..... Pdro sí, el Sefl.or Bous•
seis af'l.oe y bonita como una gloria.
.
Eliphas frunció el entrecejo y u~ vago presentimiento caréa me 1.a dicho que tuviera confianza ...... t.egún él ee
usted un eanto ...... Pues bien, está en la calle de Stein•
Je agitó.
kerque¡ no hay más que atravesar la plaza de Saint-Pie-¿Dónde está.?
rre, se está. allí...... Es un sitio tranquilo y retirado, pero
-La be dejado en la antesala1 sefior. Con ~se mucha•
muy peligroso para Valentín si Ravet anda á. la hudma ...
chas hay que an.dar con cuidado. Acaso es una ladrona.
Conque, vamos, arréglelo usted. Parece que nos iremos
-Llévela usted al cuartito que sabe.
. .
El criado salió y el seiior Eliphas pasó á la habttac16n á ser ricos en el extranjero...... A mí me gusta el movicontigua á su despacho1 completamente desamueblada y miento ...... ¡Me muero por 108 viajesL .....
-¿Oeja:rá usted, entonces1 á Valentín?
en la que el visitante no pod1a tener idea de que estaba
-¡Oh! Yo sé bien que no esto-y con él para toda la vien casa de un rico. En el momento se abrió u.na puerta
da ...... No me hará ninguna gracia no volverle á. ver, pero
y adelantó hacia Elipbas una muchacha morena, asombroeamente bella, vestida con ropa miserable y sin nada ei es para serle útil.. ....
La cara de Matilde expresó una vi va emoción y sus ojos
en la cabeza. Hizo una seca reverencia y dijo mirando
se llenaron de lágrima!. Después dijo con aire resuelto:
al viejo con ojoe descarados:
-Sefior, ea necesario saberse sacrificar por las personas
-¿Ee usted el eeflor Eliphae?
que uno ama...... Y yo respondo á usted de que delante
-Sí, hija mia.
-Pues bien, sef'ior, yo soy MatildeChabassu. Ya com- de mí no toca Ravet á Valentín ... .. .
-¿Qué hará usted?
prenderá. usted lo que me trae.
-¿Qué? sacarle los ojos .... . .
,-No tengo ni la más ligeu idea, pero tome usted una
El viejo se quedó pensativo. A peear de sus prevencio-.
silla y exp1íquese.
EL viejo se colocó de espalda al balcón paTa ver á bue· nea y de su desconfianza veía que aquella muchach.i. dena lua la cara de la visitante, pero vió prontamente que cía la verdad. Se dió cuenta claramente del peligro efecla precaución era inútil porque la joven no tenia malicia tivo que amenazaba al conde de Contras y, queriendo
ante todo evitar á la Sefiora MJss1er nuevas penas, ee dealguna y toda astucia sobraba con ella.
-Sefior, comenzó, acabo ahora mismo de escaparme cidió á. intervenir en aquellas bajas intrigas.
-Bueno, hija mía, dijo¡ voy á. liquidar la situación
de casa de mi padce, ayudada por el sei'ior Bouscar~s.
para venir á contará usted lo que pasa. Hace tres d1as procurando poner á salvo nuestros intereses y la moral.
que estoy encerrada en un desván, sin más alimento que Prométame usted, al menos, enmendarse para el porveoiT.
-¡Oh! señor, si no tuviera una que ver más que con
unos mendrugos sazonados con bofetadas. Basta ya de
ese régimen...... Mire usted, mire, si quiere, cómo me buenas personas como usted, no harfa tontunas. Pero
cuando loa hombrea están siempre, siempre, detrás de una,
han puesto.
,¡cómo quiere usted que resista?
Se deaabrochó el vestido y enseiió un cuello de forma
Elipbas movié la cabeza y miró con láeti-ma á aquella
perfecta, lleno de ..:ardenales, y unos bTazos redondos,
frescos, nacarados, en los que se veian huellas de dedos encantadora niña1 flor parisiense apenas abierta y ya
marchita.
brutales.
-Yoy á volverá casa para decirqueuatedconaient.e ...
-¿Ve usted? Esto no me divierte.
¡Pero, l)Or Dios, no les dé usted chasco, porque después
-Abróchese usted, hija mia, dijo Iriamente Elipbas.
Comprendo que tales relaciones con las personas de su serían ter1ibles!
-Diga uetei á Bouecarés que antes de las seis estaré en
familia son penosas, pero ¿qué be de hacer yo?
-¡Cómo qué hade hacer usted! dijo claramente lamu- la calle de Ramey.
-¡Sin falta! ¿Eh? Porque entonces no doy contraorden
chacba. El senor Bouacarée_dice que usted puede hacerá Valentía
lo todo.
-¿Estaban ustedes citados para esta noche?
Esta respuesta en la que se revelaba de un modo tan
-Sí, y papá ha pescado la carta ...... Como usted comaudaz la intervención de Bouscarée, puso á Elipbaa aún
prende si yo hubiera encontrado aquí oídos de mercader,
más reservado.
-Sí, sefior¡ dice que si usted quiere, papá me tratará le hubiese enviado dos palabras para impedir que fuese .. .
como á una reina y Ravet no pasará el tiempo espiándo- ¡Hubiera corrido gran peligro! Pero una vez que todo se
arregla, podemos despedirnos amablemente.
me ........ .
-¡Bueno! ¡Bueno! No quiero saber nada de eso, dijo
-Dispense usted, interrumpió Elipbas; ¿quién ea ese
Eliphas. Vuelva usted á. su casa y que me espere BoUBRavet?
carée.
La joven miró tranquilamente al viejo y dijo:
-Gracias, eefior, dijo la muchacha.
-Ee mi amante.
Dudó un instante y por fin, en un gra~ioso impulso,
-¿Qué edad tiene usted, hija mía? preguntó Eliphas
saltó al cuello de Elipbae y, antes de que él pudiera desapiadado por a9:uella corrupción ingenua.
La joven Mat1lde tomó una actitud picaresca, sacó de prenderse, le besó en lob dos carrillos: se echó á reír con
su fresca boca una puntita de lengua de color de rosa y aire inocente y se marchó. Detrás de ella salió Elipbas
para irá casa de la Sefiora Mosaler.
con un gesto de pilluelo respondió:
No se creía con derecho á ocultarle la verdad, por do-¡Qué curioso ee usted! ¿Qué le im:nprta mi edad?
-Me asombran los precoces vicios áe usted y trataba lorosa que fuera, y estaba decidido á. provocar medidas
de rigor contra el con ~e. «Es imposible que esto continúe
de explicármelos.
-¡Esa ea buena! Si yo no tuviese á Ravet andaría así, decía mientras seguía su camino; ese malvado va á
arrastrada por todos los hombrea del barrio.... .. Él me deshonrará su madre adoptiva y á todos loa que tienen
hace respeta!', porque ea fuerte. Solamente que ea muy alguna relación con ella, de cerca ó de lejos. Con tal de
celoso y en este momento no me deja vivir á causa de procurarse sensaciones, no retrocederá ante todas las
monstruosidades y el día en que caiga bajo el peso de la
Valentm ........ .
Jey, no habrá dinero ni influencia que puedan salvarle.
-¿Hay también un Yalentiu?
-¡Hombre! Hágase usted el inocente ...... ¡Como si no Pero ¿cómo contenerle?' A un joven se le cortan los vívelo supiera! Usted Je conoce lo mismo que yo y basta di- res y se le obliga á entrar en vereda ...... A un hombre
ce el seflor Bouscarés que es usted de la familia ...... ¡Oh! casado, que tiene una posición social y relaciones, ¿cómo
Yo le quiero mucho á mi Valentin y para que no le su- desembarazarse de él? No se puede bacer una mina bajo
ceda una desgracia vengo á ver á usted. Parece que us- BllB pasos para aniquilarle. ¡Hay un Ravet!. .. ... Se debieted no ha creído al sef\or Bouecarés cuando se lo ha pre- ra dejar hacer á eee perdido y habría sangre, seguramenvenido. Ha hecho usted mal, porque es un buen hom- te ...... ¡Pero qué e1:cándalo entonces! ¡Qué fatal error cobre y IJ'IUy distinguido. Tiene mucho talento, según di- metió esa pob!'e amiga el día en que se echó á cuestas al
cen en la casa, y si tu,iese un poco de dinero ganaria el tal Yalentínl ¡;No tenía heredero? ¡Yaya una desgracia!
Loe que tienen hijos no cesan .d e quejarse, y loe que no
oro y el moro .. ...... .
-¿&amp; él quien envía á usted? preguntó Eliphaa siem- loa tienen ee lamentan también. ¡Contradicción, falta de
lógica; locura!»
pre desconfiado.
Mientra.a pen~aba todo esto, el viejo Jlegó á la avenida
-¡Toma! ¿Quién quiere usted que sea? Yo no conocía
á usted. El señor Bouscaré3 es el que me ha dado las se• de loa Campos Elíseos y entró en el patio del palacio. El
nas de esta casa y el que meha abierto la puerta del des- portero estaba á la puerta de su habitación y saludó al
ván ......... Anda, me dijo, y explica tú misma la situa- Sefior Eliphas con mucho afecto.
-¿La Sen.ora l!oel!.ler no ha salido?
ción al señor Eliphas ......... Si él no te escucha, no hay
-No, e~f\or; la eefiora ba tenido visitas después de alrecurso y bien sabes tú que Ravet matará á traición al
sefior de Contras. Y lo hará, sí, eefior¡ como hay Dios. morzar ...... La Seno~ condesa de Contras y la Sefl.orade
Si es que usted lo desea, bueno. Siga entonces cruzado Clement llegaron juntas las primeras, y ahora acaba de
de brazos con esa pachorra......... Pero entonces me voy entrar el seflor concle ...... Creo que la señora le ha llamado por teléfono.
á decírselo á su mujer, para que no le deje salir ....... .... .
-¡Ah! dijo Eliphas. Pues biel!, .v oy á las ofi~inas ..
Porque si el asunto no se arregla y él asoma la nariz por
Subió por una escalera de eerv1c10 'f, enel primer piso,
Montmartre, ea hombre mue;to.
entró en las oficinas donde ee admimstraba la fortuna de
-¿Usted le ama, cuando tanto le defiende?
-¿Si Je amo? ¡Toma! ¡Vaya una pregunta! Pues ya se la Sen ora Mossler,z. sobre las cuales ejercía Eliphae una acve que le amo. Ea un guapo mozo, y tan generoso ..... . y tiva vigilancia. va.si todos loa días entraba en el despatan valiente...... ¡No se acobardaría delante de diez Ra- cho que tenía desa.inado, contiguo al saloncillo de eu amivet...... Eso es lo que me da miedo...... El otro le espe- ga á fin de despachar con ella el voluminoso correo de
rará con sus amigotes ...... y le apalearán, como á una ga- la 'mendicidad.
llina ...... Señor, si uat-ed puede arreglar el negocio, arréAquel día, saabiPndo que el conde de Contras estal?a con
glelo ........ .
su madre, no se apresuró, vagó un rato por las oficmae y
después abrió la puerta de comunicación de su despacho
- Y si lo arreg 101 ¿qué TB usted á hacer?
-Irme esta noche á buscará :c:.i Yalentin donde yo y entró en la babitaoión particular de la Sei\ora Moasla.
La alfombra amortiguaba el ruido de sus pasos; la puerta
me Bé....•.
se cerró silenciosamente. Eliphas puso el sombrero sobre
-¿Y si no lo arreglo?
-Entonces yo sé lo que tengo que hacer...... Porque un mueble y se preparaba á. eentaree para esperar pacienvolverá caE!a á buscar una tunda .. .... No tengo loa hue- temente, cuando llegó á sus oídos ruido de vocee que venía de la habitación inmediata, separada solamente por
sos l&gt;aetante duros para ofrecerme ese regalo.
una cortina. La Sf'fiora :Mossler y su hijo hablaban con
-¿Y á dónde irá usted?
-A easa de la Señora Blanchart. Una buena mujer que animación y las primeras palabras que llegaron á Eliphas
le interesaron tan vivamente, que ee puso á excucharcon
admite pensionistas ..... .
extrema atención.
-¿De qué conoce usted á esa mujer?
-En resumen , decía l!J. Sf'fiora ~fossler, esa querella no
-Ella ee la que ha alquilado el cuarto donde nos vemos
tiene ninguna cauea seria ni qu 3 se pueda confesar y ea
Valentín y yo.
-¿Ha venido alguna otra. vez esa persona? dijo á su
criado, viejo zorro con un golpe de vista prodigioeo.
-No, eeiior. Ee nueva. F.e una joven de unos diez y

DICIEMBRE,

1896.

ELMUNOO.

405

20 DIOIE1LBRE, · 1896.
preciso que el asunto se arregle. ..... No quieto qne siga.
adelante ..... .
-Eso es fácil de decir, replicó Valentín-cuyo acent.J,
de ordinario dnlce, era pntonces agrio y rabloeo-pero
muy difícil de conseguir...... No ee á mí, que soy el ofendido1 á quitm hay que pedir ese arreglo, sino al Setlor
Redel... .. J
-Eres tú el que ha causado loe primeros malee, contestó viva.mea~ la Setiora Mossler ...... Lo sé.
-¿Quién se lo ha dicho á. usted?
,
Una sombra de vacilación se manifestó en el tono de la
Seiiora Mossler.
-¿Tengo yo necesidad de que nadie me lo diga? Bien
sabea que, hace mucho tiempo estoy enterada de tus malas disposiciones respecto de Redel...... La cosa viene
desde Sauvignj ...... SiPmpre me ha parecido mal esa hostilidad Qe tu parte hacia un hombre á quien estimo y cuya madre es mi amiga ......
-¡Bah! Yo no conozco á. su madre ...... La madre de
ese hombre de cuarenta años no tiiene nada que ver en
este asunto. Con el hijo solamente tengo que habérme•
la.a. Que tenga madre no es suficiente motivo para que
no me dé satisfacción de la ofensa que me ha inferido.
-¿Pero qué oíensa es esa?
-Me ha insultado en los términos más violentos ......
¡Pardiez! ¿Qué quieres? ¡Con lo que me ha dicho hay para matar diez hombres!¿ Y pides que retroceda? No puedo.
-No quieres, sobre todo.
-Seguramente que no quiero ...... ¿Qué pensará.o mis
padrinos?
-¿Prefieres su opinión á la mía?
-La tuya no está bit&gt;n ilustrada. No eabee de lo que se
trata. Y después, ¿qué entienden las mujeres de asuntos
de honor.
La voz de la Sellora Moealer tomó un tono eevero.
-Estás seguro de que en este caso se trata del honor?
--¿Qué eignificará.?
'
-Significa que el honor debería consistir para tí en reparar el mal que has hecho, en vez de procurar agravar•
le. Significa que en tu diferencia con Redel no eres tú
quien tiene la razón. Significa que te he llamado, no para pedirte como un favor que te prestes á un arreglo, sin 1
para mandúrtelo, esa es mi voluntad.
Valentín se echó á reír.
-¡ Eetit bien! ¡ Esto ea gracioso! Me mandas que retroceda ante ese eefi.or que hace la corte á. mi mujer, que
acaeo es su amante ......
-¡Mientes! y sabes que mientes ......
La voz de Valent!n temblé de cólera.
11-Me tratas muy severamente, me parece madre mía.
Mi respeto hacia tí es grande, pero le sometes á peligroea
prueba.
--Si me tu vieras respeto, lo habrías demostrado con tu9
actos. ¿Que valen las palabras? No me bago ilusiones sobre tu hipócrita dulzura. Te he querido mucho, pero has
hecho todo lo posible para apartarme de tí. Ten cuidado,
me has engañado muchas veces, pero no lo conseguirás
hoy. Supones que estoy mal informada y ..;onozco todo
el fondo de este miserable asunto, sé eue secretos resortes y precisamente porque no tengo duda alguna sobre
el papef que repreaentas 1 estoy resuelta á impedirte re•
presentarlo.
-No soy curioso, pero tendría empeH.o de saber cómo
piensas lograrlo.
-Vas á saberlo. Te doy mi palabra, y sabee que nunca
be faltado á ella, de que si orescindes de mi prohibición
no vuelvo á verte en mi vida.
Valentfn pegó con fuena con el pie en el suelo.
-¡No verme! Entonces desea.a que Redel me mate;será
má.s sencillo.
-¡Más sencillo y más justo! Pero no sucederá. Siempre loe malvados como tu, matan á los bombree honrados
como él. Por eso no quiero ese duelo. No eolameme t.e
prohibo balirte, sino te impongo qne desaparezcas durante un afio.
-¿Y á dónde voy? ¿A la trapa?
-No; te metes en tu yacbt y te vas muy lejos, entre el
mar y el cielo, para reflexionar, para enmendarte y sobre
todo, para dejar respirará las víctimas á quienes tort!!ras aquí; tu mujer ...... y la otra.
-¿La otra?
-Sí; la deegraciada á quien persigues con tus indignos
propósitos¡ á la que me habías prometido dejar tranquila
y te obstinas en perseguir.
-¡Perseguir! ...... ¿Qué eabes tó.?
-Ella misma me lo ha dich,&gt;, aquí, hace un instante.
Ella, que ha venido con tu mujer á advertirme, á confesar, á suplicar...... .
Al oir esto, una nuoe pasó ante loa ojos de Eliphas.
Aquel combate de palabras había tomado un desarrollo
tan rápido y tan violento, que el viejo había escuchado
con indignación primero, con estupor después, las explicaciones cambiadas entre Valentín y la Sefiora Moeeler.
En este momento, pd.lido, los ojod turbados, las manos
tremolas, no escuchaba ya y daba vueltas á la última
frase: 11Ha venido con tu mujer á advertirme, á confesar,
á suplicar.n Y despues, acudían á su mente las palabras
del _portero: «La Señora condeea de Contras y la Señora
de Clement llegaron juntas, las primeras ...... » Luego tila
otra» la víctima de Valentín, era su nuera, Ce1ina. Y era
él, ese miserable, e&lt;l;e infame á quien despreciaba, el que
estaba allí, haciendo frente á la Sen.ora Moseler, á su
bienhechora, el que se obstinaba en su feroz proyecto,
el qae contestaba con osadía, en '\"ez de murmurar hu·
mildemente excusas ...... Elipbas se -pasó las manos heladas por la ardorosa frente y lanzó un gemido. En el
mismo instante oyó á Valentía que gritaba con fl1ria:
-¡La amo! ¡La quiero! ¡Nada me impedir&amp; conee-guirla!
El viejo entonces se irguió con repentina enngía.
Avanzó con lento paso, alzó la cortina y mo,-trando á la
Sefiora Mossler y al conde, espantados, eu trému o sem•
blanle:
- Y yo juro á usted, dijo, que no la conseguirá..

-¡Eliphas! exclamó la Sefiora Moaaler. ¿Estaba usted co, salve á Valentín. No olvide que Je ha visto crecer
-¡Ah ! ¡sefior Elipbaa! ¡es osted! le esperaba •. ..... La
abí?
ante sus ojos, que le ha acariciado itiendo niño, que muchacha me ha dicho ..... .
- Sí, sef'iora, sí¡ estaba ah! ... ...
- ¿Está en la casa? preguntó el viejo entrando en el coMossler le querfa y que yo no tengo más que á él. ..... Le
- ¿Tiene usted el vicio de escuchar en las puertas? di- ,raeremos al bien. ¡oh! ¡su arrepentimiento será una medor,
·
jo Valentín tratando de burlarse.
-¡Voló1 la paloma, después de haber depositado su
hermosa ofre11.da que baremos á Dios! ¡El sólo debe he•
Elipbas hizo un movimiento tan violento hacia el con- rir:el ¿Con qué derecho se eubétiOuye usted á él?
rama de 0 livo en la casa paternal dijo el meridional cuo
de, que la anciana se lanzó entre ellos. Pero el viejo se
-Me limito á no desviar su cólera! Si él quiere salvar burda rlegrfa. Se ha marchado á casa de una amiga ......
b abia tranquilizado y sonreía con frialdad.
Su padre no queria otra cosa. En cuantoá Ravel, ha proá vuestró hijo, puede bacerio. Yo me incilnaré ante su
- Sí, seflor conde, escucho en las puertas para saber voluntad.
ttsta'do por fórmula ... .. . t Qué más puede desear ese a11i•
infamias é impedir que se cometan.
-¡ Pero yo, exclamó la sef5.ora Mossler, habré conocido m8.l? Se le pondrá un establecimiento de joyería en Nu~Extendió hacia Valentía un brazo amenazador y a.fla- el peligro ein haber hecho nada para defenderle !
va York, en cuanto llegue. ¿Va, después de esto, ~rec11dió mirándole con sombría energía:
- Yo juego limpio con ueted y la ofrezco una probabi- minar á la peque.na? ¡Se casa, ¿verdact? como 1:1e dice en
-Usted no se batirá.con el coronel Redel, soy yo quien lidad. Trate usted de retener á su hijo á su lado basta algunos contratos matrimoniales; después de ligera falta!
lo asegura, y usted deeaparecerá.
por la mafiana. Si usted lo consigue, Redel estará, pro- ¿Oree que por doscientos mil francos se le va á dar nna
-¿Para ruucbo tiempo? pregunto con sorna el conde. bablemente, muerto por la noche. Celina se verá impul• mujer nuevecita?
-¡Para siempre!
Bouscarés se echó á. reir, encant.ado de su facundia, pe•
aada á. cualquier extremo que ponga en peligro ls dicha
Valentín sint.ió correr por su piel un escalofrío. Pero de mi bijo. Enriqueta arrastrará una miserable existen- ro al verá Eliphas, que estaba ante él mudo y grave, at1
era valiente y quiso conservar una altiva actitud.
cia. Uettd misma será manchada por vergüenzas que no puso de repente ansioso y turbado.
-Ahpra, madre mía, debes estar t1anquila. El Sefior prevee. Pero ese seductor y precioso joven eeguirá vi¿Pero qué tiene usted, señor Eliphas? preguntó; cualElipbas va á librarte de mí. Hasta la vista, madre mía. viendo. Todas esas desdichas como precio de eu vida no quiera diría que los asuntos no marchan á. su gusto. ¿Hay
Caballero, tengo el honor ..... .
serán nada. ¿Verdad? ¿Ea eso lo que usted quiere? Pues algún inconveniente?
Elipbaa respondió con esta sola palabra:
bien, ¡atrévase á. cargar con la responsabilidad!
Hay uno.
--Adiós.
-Elipba@, usted me tortura. Pero su padre, al morir,
-¿rSerio?
-Valentín, volverás, exclamó la Sellara Mossler: no me le confi6 ...... ¡Oh! ¡ Sn padre! .... . .
-Muy serio.
renuncio á convencerte, á apacigua~ ......
-¡Ira de Dios! La combinación ha fracasado?
-Su padre, murió porque quiso s~u'ir siendo un hom-¿Para qué? El Sei'ior Eliphas te responde de mí, dijo bre honrado. Hoy renegaría del hijo que arrastra su
-Sí.
el conde con dureza. ¡Fía en su autoridad!
-Bouecarés se puso pálido y se sentó como si las piernombre por el fango.
Hizo un ademttn irónico de deferencia y ealió.
- -¡Elipbaa, no me abandone usteJ! Es usted miconse• nas se negasen á sostenerlo. Después dijo, i.:.chandoá.Eli
Elipbas y la Sefiora l\foss-ler se quedaron solos y du· jero, mi único amigo ...... ¿Qué_ debo hacer?
phas una mirada de eepanto:
nnte un minuto ee miraron sm hablar. El viejo se dejó
-¡Seflor Eliphas, cuidado, nada detonteríae! N? co -Ya lo be dicho, señora. Guarde usted á su hijo es,a
caer en una butaca y con la frente· inclinada y los brazos noche ...... Sifusted lo consigue, será que la no Providencia noce usted á. esa gente. Si se les da un chasco, anet:gn
colgando parecía aniquilad..:,. Su amiga le cogió la mano quiere que la honradez sea vencida y que el vicio triunfe. moa nuestra piel, usted y yo.
.
y preguntó:
• Señor Bouscarés, dijo el ministro de la Candad, por
-¡Ah! No pu~do dejarle expuesto á esos peligroe ..... ..
- ¿Ha oído usted todo lo que ha dicho?
Voy á tratar de salvarle de los demás y de sí mismo ..... . mí, no temo nada ni á nadie.
-Todo.
•
-¿Y por el conde? prf'guntó el meridionaU
-Inténtelo uster1.
--No crea usted que Celina ... .. .
-El conde eetá en salvo.
La condf'sa 1 febril, llamó á un criado y dijo:
-¡Ni una palabra de explicación! interrumpió Eliphae.
Bouscaré-ii dió un ealto y dijo con furia:
-M.i coche, al momento.
Sé que ella misma ha nnido á pedir socorro contra ese
-¿Eu salvo? Tiene cita esta noche á lae once con la
-Ett.á, enganchado en el patio.
miserable ...... Clnro eii que le aborrece y quiere huirle.
-Adiós, pues, señora dijo el viejo con tristeza. No chiquilla.
No puedo tener hacia ella más que lástima y misericor- nos veremos más, por mi1 v&lt;,luntad si usted logra lo que
-Irá acompafiado.
dia. Es una mujer honrada, una buena madre, y yo la intenta, porque nunca se lo perdonaré; por la suya, si no
Bouscarés miró á Eliphas con seria aten~il,n.
.
vengaré.
-¡Veamos! ¿Qué ju• go ea el de ueted? 81 no le conoc1e•
lo logra, porque la cauuré horror.
.
-¿Cómo?
Se inclinó y salió. Detrás de él la Señora Mosaler bajó se creería. que se habla ueted propuesto exasperar. el
-¿No ha oído usted lo que he dicho? El conde de-Con- impetuosamente la escalera y dijo al lacayo:
odio de loe que amenazan al stti'ior de Contras. Reflexio.trae no se batira y desaparecerá.
ne usted¡ no ea ya tiempo de Bromas ...... esa gente efpl:l·
-Avenida de Friedland, ¡Volando!
La Señora Moseler palideció.
Valentín, encerrado en su sala de fumar con sus anti- ra su dinero ......
-¿Cree usted, Eliphae, que lo que á mí me ha rehuea- guos inseparables Croix-Mesnil y Prieur, discutía las
-Puede usted decirles que !o esperen sentados ......... .
do va á concedereelo á uetud?
Han querido robarnos ...... Pues bien, que desistan.
condiciones de su duelo.
Eliphas se levaut6. Ya no estaba aniquilidado y
-¿gst.á. definitivamente resuelto? dijo Bouecarés con
-La pistola, á veinticinco pasos, fuego á voluntad, de·
caído, Fino imponente y terrible. Miró á. en amiga con cía Prieur. Vas á matarnos ese.artillero como un pichón. una voz en la que se empezaba á traslucir la cólera.
expresión nueva en él y con voz que penetraba hasta el
Definitivamente.
-Trataré de hacerlo.
corazón de la anciana, dijo:
El meridional cambió de actitud. Su dulzona manse-¿Has tirado dura11te este último tiempo? ¿No hae per-En este momento, su voluntad no le pertenf'ce ya.
dumbre desapareció y dijo con insolente rudeza:
dido la puntería?
Está en unas manos más ¡&gt;oderoaaa que las de usted y qne
-Yiejo chocho ¿ea usted el que ha.impedido á la seño-Hace un mee tiro todas las mañanas veinte balas.
las mías. Cuando he vemdo, la casualidad me había he- Nunca be e1:tado més corriente.
ra Moseler aflojar la mosca? Qué le importa á usted qne
cho dueño de su suerte. Podía, á mi arbitrio, salvarle ó
ella nos unte la mano? ¿Lo saca usted desu bolsillo? ¡Va-¿Por ern, entoncee, ¿no has elegido la espada?
perderle. Su baje~3;, su crueldad, su ingratitud, me han
-Querido, dijo Croix-MEanil, Valentía ha htcho bien. ya un grag,uja! 1Ya está usted eecurri_endo el bulto 6 yo
impuesto una dec1e16n. Le he condenado.
Cuando Je quiere un duelo serio, hay que escoger la pis- le daré los QScrúpuloe y la virtud ....... ¡Vamos! Largo de
-¿Usted? exclamó laSefiora Moseler aterrorizada. ¿Us- tola. De este modo no se sale del paso con arañazos en aqui ! El joven barbilindo recibirá not-iciae nuestras .......
ted Eliphas, el más dulce, el más generoso, el más in- loa dedos ......
Eliphae sacud~ó la cabeza como p~ra ech~rfuera t..&gt;dae
du!gente de los hombres? ¿Usted, el amigo de toda la
-¿Qué bacerr..c.e hasta la hora de irse á dormir e6ta no- las injurias que caían sobre él y, ern rephcar, ganó la
vida?
puerta. y se march~ En la escalera oyó los impropflti0!!
che? ¿No nos aeparawos?
-Sí, yo.
-Comeremos juntos y déspués nos separaremos. Me de Bouscarés y basta le pareció que otras dos voc.ee. fuer-¿Y si yo pido á usted que le ealve?
tes y i....UY violentas se mezclaban con la del mer1d1onal.
espera una preciosa mnchacba.
-Me neg'aré, pata evitará usted mayores dolores, más
--¡Cómo! dijo Croix-Mesnil; ¿la víspera de un duelo? Supuso que serían Chabassu y Ravet que expresaban su
pesados remordimientos.
.
descontento.
Eeo hace temblar el brazo y borra el golpe de vi•ta.
-Pero yo puedo prevenirle, ponerle en guardia, de·
-¡Bah! Si supierais ~o que es matilde Chabassu com•
X.
fenderle ....•..
que arrieegué un poco por ella .... .. Ea la
El Coronel Redel sentado ante una mesa, en su cuar•
-¡Oh bondad! ¡Eterno error! Conoce usted los críme· prenárendierllis
mas admirable flor del arrollo queee puede encoatrar .... to acababa de eecribir una carta. Eran las nueve de la.
nee cometidos por ese miserable, y tiPmbla usted por él.
betlttza id~l de la Joconda y el vicio alegre de un pi• n~che y bacía un momento había vuelto del círculo miAhora mismo le amenazaba usted, indignada, y buat.:aba .Iia
llastre de los arrabalee ..... . ¡Qué mezcla!
litar, donde había comido con el C~mandante ValJiere~.
un medio de castigarle, y cuando el castigo está. sobre su
-No se discuten jamás los medios de animarse, amigo
cabeza, procura protegerle. No ignora usted que si se mío. Las seoeacionea son de1"11asiado raras para deadef'iar ct_ue era au padrino, además de Clement, cuando el aon1·
do del timbra turbó el silencio de aquella casa. Redf·I
salva, será para la desdicha de los demás y para la suya.
¿Nos V a.moe?
que h'.\bfa despedido ti. su ordenanza, ~ruzóel ~alón_y fnt&gt;
Yo seré más firme que usted. Soy un hombre honrado, ninguna.
-Vámonoe.
á abrir la l)Uerta. En la escaler.i., débilmente tlummad:\
bien lo sabe usted¡ jamás he hecho daño á nadie y daría
En el mismo momtmto, se abrió la puerta del hotel y por un mechero de .gas v~cilante: esperaba una mujt".r
mi fortuna y mi vida por salvar á. un inocel').te. ¡Pues entró en él al trote largo el cocbe de ll\ eetlora Moesler.
vestida con un ampho abrigo, cubierta con un velo y dibien! Sin una duda en el fondo de mi conciencia, tomo Valentín se acercó á la ventana y exclamó:
fícil de reconocr por otro que no fuera el Coronel. Al verel partido de suprimir ese moni;1truo.
-¡Vamoe, bueno, mi madre! ¡Otra vez viene á. fasti· la arrojó un grito y ofrecié~dole las manos:
.
-Pero usted habla como si dispusiera áe un poder ee• diarme!. ..... Amigos mfos, bajemos parla escalera peque-¿Usted aquí, señora? d1Jo, dudando entre la quietud
creto, como si una orden suya bastase para decidir la vi· fl.a · saldremos por las cuadras ......
da. ó la muerte de un hombre ..... .
y la alegría.
Llamó á su ayucla de cámara y le dijo:
La dama no reapondió; entró, y dirigiéndose hacia ln
-Dispongo, por una hora, de ese poder. Al entrar en
-M.e voy, James; si le preguntan, diga que hace uua habitación alumbrada, atravesó el vestíbulo y el salón y
esta casa, me bastaba pronunciar algunas palabras para hora que he salido.
llegó al gabinete de Redel. Allí, con un ademán tran•
que el conde se salvase. Él mismo se ha perdido. E'"as
y se fué. E&gt;n el vestíbulo, la SeH.ora ?i:Jossler pidió que quilo,
se quitó el abrigo y el velo y mostró el noble y
palabras no las pronunciaré.
la
anuciaeen
á Yalentín, y James el ..ayuda de cámara inEl eem hiante alterado de la señora Mossltr se esclare- glés con flema un tanto irónica, contestó que el señor triste semblante de la Seflora de Contras. Rf'del perma•
ció. Crf'yÓ que empezaba á ver claro en aquel mil:!terio. conde habla salido, haría próximamente una hora, y al necía ante ella, trastornado par la emoción, devorándo la
loe ojos, dudando de su presencia~ loco con aque) :a
-¿Se trata del asunto de que hablaba ese Bouecarée
la sefiora Mossler á dónde había ido, dónde con
dicha iueaperada. La condesa le ofreció la mano y dtJo
e@ta meñana? ¿He:b!a, en efecoo, un peligro para el honor preguntar
podrfa
encontrarle,
el
criado,
impasible,
contestó
que
el
y acaso para la vida de Valent!o? ¿He adivinado? ¡Rba- seflor no había dado ninguna orden y que ignoraba sus con voz grave:
-No he querido que ese duelo se verifique sin haber•
póndamel ¡Infórmeme! ¡Debe usted hacerlo! ese secreto proyectos para la velada.
nos visto. Usted no podía ir á mi casa y no he vacilado
no le pertenece.
Entonces la sefiora "Moesler tuvo la noción espantosa y en venir á. la suya.
El viejo la miró fríamente y dijo con tranquila enerclara de lo irremediable. Sintió peear sobre ella y sobre
-¿Pero no teme u~ted qu~ la hayan espiado, que la h,a•
gfa:
Valentín aquella fatalidad que Eliphas invocaba, y se yan conocido? ...... 81 ~or m1 ca~ea corriese usted algnn
- :~fo r-abrá usted nada.
-¡Oh! ¡Está bien!"Yo encontraré á ese hombre, yo le jozgó impotente para pene~rarla, para combatirla, ~ara peligro mi dt:Sesperac1ón sería mmensa.
arrancarla su víctima. Se v16 enfrente de lo deeconoc1do,
Aqu~I cuidado por su tranquilidad, por su reposo, do·
hart' hablar, yo desharé sus proyectos.
oscuro y amena1.ador. Aniquilada, sin intentar más es• minando toda otra preocupación, conmovió tan proÍUn·
-X o tendrá usted tiempo.
fuera:oe, comprendiendo que nadapo.dría pr~valecerc~n- daroente á Enriqueta, que las lágrimas asomaron á su~
La anciana adoptó un adf'mán soberbio:
tra la sentencia inexorable del destlr'o, ba1ó la eefiorml ojos.
-¡ Por la vida de mi hijo, pagaré cuanto haga falsa!
-¿Dónde? ¿A qui én? ¡No! ¡Toda su riqueza será. im- eecalinata, subió en el coc~e y se volvió á .ªª casa.
-No pensemos e:n mí, dijo. ¿Quién se ocupa además en
Durante este tiempo Ehphas se encamrnaba á Mont- Jo que yo bago? ¿No soy la mujer iaás abandonada? Se
potente! ¡Su irresistible río de oro no servirá de nada.!
-¿Pero quién va á heril á Valentía? exclamó la Sefio• martre Era un hombre metódico y exacto1 que ba~!a las trata de usted, querido y leal amigo, de usted. que arries•
ra Mossler, alterada por la resistencia de Eliphas. ¿U s· cosas c~mo deben hacerse. Había prometido á :Matilde ga tan locamente su vida y á quien quiero defender con·
que iría á llevar respuesta li. BouEcarés antes de las seis, tra todos y con~ra sí mismo.
ted?
-No, señora, ni yo, ni mi hijo, ni nadie á quien usted y á. las 1:eis menea cuarto !.legaba á la calle de Ramey, á
-¡Oh! Yo se lo ruego, exclamó Redel; no nos ocupepie, con el paraguas (debaJo del hrazo. No ten fa el as- mos de eee miserab le asunto¡ ro turbemos esta hora, ts n
conozca ni á. quien él haya hecho dano. Un desconocido,
pecto
de
un
justiciero;
su
cara
era
pacífica.
81;1-bió
la
esun pobre ser, tan desmoralizado como él, pero más expreciosa para mí, con vanos debates. Déjeme usted oh·i&lt;Cueable porque es menos dichoso, ejecutará la sentencia calera infecta y grasienta cuyas paredes sahtroeas su- dar todo lo que no sea la dicha de estar en su preaencill.
daban
gruesas
gotas
de
agua.
Al
llegar
al
quinto
piso,
pronunciada. Agente Ol!CUro cte la fatalidad 1 matará, por¡Qué me habla usted de mi vida! ¡La hubiera dado ci l.'u
que debe matar. Usted quedará sinceramente afligida; llamó encasa de Bouscaréa y, bien porque estuviese can• veces por la alegría que ahora siento!
sado
de
subir
la
escalera;
ó
dominado
por
violentij
emoyo, libre de todo remordimiento. El destino se encarga
ción, tosió con esfuerzo: La puerta ee abrió Y apareció el
( C.,ncluirá) .
de todo.
- Pero usted puede aún perdonar. "El iphae, ee-l:o etrpli- ingc-niero.

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Para mayores informes dirigirse á. los Dres. Guillermo
Parra, teléfono 443, apartado 682 (calle de León núm. 9),
y Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1~
Pila Seca núm. 8.) El Dr. Parra es Director de la Compañía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital Juá.•
rez. El Dr. Garay es profesor de Anatomía qnírúrgica en
la Escuela de Medicina y cirujano del Hospital Juárez y
del Asilo Eapafiol.
I',.,

i8:::::: 2b:228
,000

una anterior y otra postenor al
número premiado con los .....•

DEPARTAMENTO ESP.KCIAL 'PARA ENFERMOS, D.K MEDICINA Y CIR.UJIA.

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••
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imaginaciones y operado una cuasi revolución en las cosa.~ de la Moda. La más'
pequefla insignificaocia1 el trapo más minúsculo, más gracioso y máe coqueW
que .nunca, revela ahora. su. sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgra01adaD:1ent~ muy restrmg1do reservad&lt;? á las M.Jdas en nuestro periódico, no
nos perm1~ citar 1_:LQ.OÍ los nombres. te~mmadoe en o:ob ú «ow)) deque están eri
za.das las rnnovac10nes; esta descr1pc16n por lo demás no haría aventajar en
nada á nuestras jévenes lootoTas, que sin duda preferirán dejar en todo á las
Srita.§. H.unsinger H~as., l! calle de la Independencia 4., el cuidado de darles l&amp;
exphcación y deaatLBfacerlas con su talento y el gusto excepcional que ponen
en todo lo que hacen.

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1 00

260
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Premio principal de . . . •.. .,
Premio principal de, .... ...
Premios de $ 1,000 . .. ... .,
Premios de ,. 500 .... . . .,
Premios de ,. 200 ..•... .,
Premios de .,
1 00 . . .... .,
Premios de ,.
40 ...•.. ,.
Premios de .,
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1 00 Premios de 8

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aproximaciones

al premio de S W,000. . . .. .•••••• 9
1 00 Premios de S 40, aproximaciones
al premio de 82),000..•.•..•••.• s

60,000
20,000
10,000
5,000
5,000
5,000
1 0,000
10,400
9,2 0 0

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2.000
799 Terminales de S 20. que se deter•
minarán por las dos últimas cifras del billete que obteoga el
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799 Terminales de 8 20, que se determinarán por las dos últimas ci·
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GERENTE G5NE&amp;AL.

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Antivenéreo de Beltran.

'
'l'OMOD

M EXICO, DOMINGO 't7 DE DICIEMBRE DE 1896.

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,
~.,~~Concedida en Mayo de
NO CONTIENE MERCURIO NI YODURO

-

--

El que subEcribe, profeEor en Farmacia de la Escuela
dfl Medicina de Jffríco

1

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Certifica: que habiendo analizado el

1

- -

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\.)~\FICAoo

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"ESPf.CIFICO A~TlVENEREO DE BELTR.A:X"
ha encontrado en él ninguna substancia nociva al or;g~nismo, ni minerales de ninguna especie; su composidón es puramºente vegetal y las plantas de que estácom1 1:esto son todas muy saludables y muy apropiadas para
-ia curación de las enfermedades de la sangre.
A pedimento de los Sres. Beltrán ller manos, doy el pre·
u·nte en México, á 25 de Enero de 1894.

¡SANGRE!

DO

1
1

EL MAS EFICAZ

'

Que se conoce en l.. Rep(tblica.
56 Aflos DE EXITO.

Eugenio L ' '.loussainl.

HERMANOS.

DEPOSITO: Chavarrla 19.

-- -

-

Apartado número 157•.

MEXICO

~~

lJll!l!PACBO PABA YENTAI! POR MENOR, ~ DEL RELOJ, NUMERO

8,

Esta medicina, además de ser infalible para curar cual-quiera enfermedad que tenga por causa la impureza dela sangre, ya sea heredada ó contraída, y especialmente
las úlceras inveteradas, tiene la ventaja de no sujetar al·
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicarse á
sus ocupaciones; pudiendo, además, hacerse la curación.
en absoluta re3erva aun de la persona más allegada. S11
eficacia y méritos no necesitan eucomiaree, pues su use&gt;
constante durante más de medio siglo y su venta ca:ia
año mayor, son claras manifestaciones de los excelente&amp;
resultados que se han obtenido de ella¡ recomendaciónindudablemente superior á cualquiera otra.-BELTRÁlC-

.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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          <name>Relación OPAC</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Leopoldo Frégoli</name>
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        <name>Santa Claus</name>
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                    <text>~H:L/rfM.N

~ermanos.
El, ABOR.U&gt;OREil.

GEREXTEO~

ESPECIFICO

Antivenéreo de Beltran.

'
TOMOD

M EXJC O, DOMINGO Z7 DE DICIEMBRE DE 1896.

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,
~➔~~Concedida

en Mayo de

NO OONTIEKR MERCURIO NI YODURO
El que aubEcribé, prcfEl!Or en Farmaria

,te la .&amp;cuela

-1.e Jltdicina &lt;7,. Mé.mo

?

Oertitlca: que habiendo analizado el

u~\FICAoo

~

"BSPKOtrlCO A~'TIVRNEREO DE BELTR..L'\"

¡SANGRE!

.., ha enoonlrado ea él ninguna eubsiancia nociva al or•
,pobsmo, ni mineralee de ninguna especie¡ au compoeiriGn ea puramen&amp;e vegetal y las. plantae de que eetá com1•1:eet,o aon todu muy aaludablee y muy apropiada&amp; para
~h cmaci6n de laa eníermed:idea de la 'IIBDgre.
.A. pedimento de 108 Sru. Beltrán Hermano,, doy el pre·
fl-ate en México, , 25 de Enero de l&amp;l4.

EL MAS EFICAZ

Que se conoce en l.. República.
56 AROS DE EXITO.

Eeta medicina, además de ser infalible para curar cualquiera enfermedad que tenga por cauaa la impureza dela sangre, ya eea heredada ó contraída, y eapecialioonkt
lu úlceras invtJteradas, tiene la ventaja de no sujetar at
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicaree ,
aoa ocupacionea¡ pudiendo, adem'8, haceJBe la curacióa
en llbaoluta reJerva aun de la penona m'8 allega.da. Su
eficacia y méritos no necesitan eucomianse, pues au aao
constante durante mitl! de medio siglo y su venta oa:la
afio mayor, son claras manifeat.acionee de 101 excelen•
resultados que ae hau obkmido de ella; recomendaci&lt;&gt;aindudablemeñte superior á cualquiera otra.-B&amp;LT&amp;ÁJI,
HKIW.\.1'08•

DEPOSITO:

Ch■,,arrla

Eugenio l. 7O'Ull-3ainl.

19.

A11•ru•o num•ro , • .,_

MEXICO

l). .~CBO PAIIA VP'US POR MENOR, ~ DBL Rzl.oJ1 NUJIBRO

R,

B.UOII.

Mosler, Bowen y Cook,· Sucesor.
(talle ae la Glcalcnia número ~f.
.A.NTES EN LA. LA. Jlel CA.LLE DEL &amp; DE HA.YO NUH. 4.. .

eo ■ pleto

Surtido

de las a ramadas cajas de seguridad · • M OSLE R"

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~el¿branao la Pascua.
D1buJo de carlo8 .Al&lt;-Ol&lt;l~.

•

NID4•º 26

�27

EL MUNDO.

410
''EL

MUND9-''

IIKllAlllAKIO ILUIITIIADO.
hlMHe 4S4.--Calle df Tib1mio n.im. 20.-.Apartado 87 ~.
ICUIOO.
Tocia. la co'"'"""ndenrl■, d•be dirl~
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1:'11 ¡Jolitirn ilr í¼ltrico rn 18!HL
Al caer como un grano de ar.&gt;ns deeprt&gt;ndido de una
clép@idra para rodar y p&lt;'rdnee en la b i•lori" de loa tiempo!, el Yit'jO afto egonlz11nw, nos dPjll de ~11 pe~o por la
Tida r,11eionfll tma mela lnntino•a, que todavfa 'P""'i•te
en las v8g1tedades de la memoria, ames de eer ub orbióa
por la 81ltnbra que S'ie,·t-e la noche en lcrs e•pacioe. 1Ex•
trallo poder de la coneieocia humano el de •slir al encuentro del pon•i,uir y a1 rancar le s11A ,ecretnPl Pero mAravillo0a facultad la de convertir atrás la mirnda y penetrar en el santuario de los rronerdos, y volverá Yivir em
e:iis~enoia qn!' ya no e~ nue~tra, porqne al apsrtaree de
nueetro lado •e llevó artera.mente algo de no~tros mismos. Y frente l'f!tflB doo sombras que le aalen al l'ncnen,ro: Ja del seutido paeado y la dsl porvenir presentido,
el espíritu, in•troido en esas dos facultades que los Jógi•
cos ha.el'» pre•idir á kldo conocimiento-el acuerdo y la
diferencia-eetabl1&gt;ce sos graode, eínteeis, fnnda sna indeetracti bles premiao~. elabvra sus m,.cizaR generalizaciones, que Pn cuerpo rle ciencia ~on!:tituyen In base del
progrePo en la inacabable, imperecedera ley de la vida
eterna.
Y problemfl de vida era el de e,,t.a joven nacionalidad
hace poco más de nn cuarte de siglo; problema hondo y
fnnd~ment.al, porque en él se entreme1.claban v conÍlln·
día.u por modo di verso y en ca6L1co tropel, factores diefxnboloe y elPmentoe hf'tero({éneoi,, perteaPCientee á un
grupo humano. que en los primeros pw,op de e11 aut.ono•
mía, aparentaba ya loexplicablee debilidades, impenllll·
dae laxitndee, caneancioe extempd'ráneoa, eem1&gt;jante al
héroe del dramaLuriro noruego, herido en plena juventud
por triEte ley heredit.flria. L.i desconsoladom pl'('gnnta
que servia de e:xp!icación al programo pol!Lico colonial:
-,hay en eeta 111vupaci6n medios de existencia propia?
¿es viable e.te nucleo de eéres humunos para realiur los
alt-0s linPs de un Estado?-volvla á rtlllBCer en el fondo de
toda.s Las conciencias y renovaba laP dcdaa en todos los
ánin10P. Pera vislumbrar la tierra prometida, 111 República ha neceait.ado hacer lentamente una latga pertigrioa•
ci6n á través de la~ int.erminables l!Anuras del desierto;
para eoaLraerse á efe inexorable destino Jatalista. la naci6n ha tenido que someten.e 4 duras pmebaa. de !se qne
l1a aurgidn wmp1aday vigoroea;tan ciertotis que para las
eociedadl'6 como para los individuos, pasando por el cri,
sol de la deF¡!;racia, se a.scieude! Y nhoru, cuaodo buenos
ravo~ de sol han rlll!gado el sudario qneantaiio envolvie•
ra los horizontes nacionales, ya tene.woo razóu y ya tenemOB derecho para ocnpsr un J]tleat.o en el concurso que
ha abierto á lOll Estados la Ci vilizaci6n.

Diu ee, como hemoa ya indi&lt;:!ldo, •la agrupacjón de ~
dos loe derechoo contra el p.,hgro de un enemigo comun
que el' llawa la fuer&amp;a: lajuerw. cul derec/,,, rm,tra la Ju,r:11

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.

.

Pero eEcrito está que IO!l latino-axner1oanos, rau 11naginati\•11 v aficionada á los altc,s -.uelos d4' la fantasía antA;e
que á la ri·ftexi6n y al au~lisis, han_ d~ procurar la reah•
zación del ensu~ilo de l\Iulas convutiendo en oro todo
cna uf.o tocan. Lógico era su poner q oe tras las palabras
de CleVl'land, el idealiscno ~e Atrope!laraen vehementes
impulaoe, forjando á golpe~ de entusiasmo º!' Congreso
Pon-americano. det!tlnado á dar fnrma práctica á la doctrina l\fonroe. Un gobierno_tomó á_sn cargo 1~ convocaci6n de tal Arnmblea v la diplome.c1a pueo en Juego toda$
!se nrmlll! de en ar!'enRI, repleto rle abnndan•e di11léctica
v copio!lll rect.órici.. Olddáronse los iniciadores de~ provecto q11e loe ínterewe llOD IO!! que ligo.ti á lo~ pueblos, Y
que el cambio de mercancfae ha sido el ':lu" ha '!ngendra&lt;.lo el cambio de idt-aP, ¿Q,w nmncon11101dad_demtereses,
qué 60hd:1ridad ,le lw~l10&lt;1 &lt;l~. ord .. n econótn1c~, qn_é con•
t.~ct.o de riqnezae púbhca~ exIStt- entre las nac10nahdndes
Jntiñ~am ..ricana..? Apenllll no grupo de p_oetas de?S~t'n•
ti~tllll ha rot-0 la~ fronteras purn compartir sus misuciamos y b&lt;'ber en la misma copa el opio de SU!! enaueiloo,
Afectos platónico~, Pimpstía~ idt'ales. comercio de e.iLrojM, tdficoe de ripios: h" aqui ,t r.odo lo q11e ~e redu~ el
material que había de een·ir de b~gazo ti la industria legielativa pan-1m1ericaoa Y con tlllee elen,entos, el proyecto debla iracnFar y [roca~ó.
En bases má,, •61Idae ,., apoyan las rela~iones soste_nl •
dBl! entre Mél&lt;.ico y loe Estados Unidos; nm¡¡una nación
como la nuestra en aptitud de apro,•echAr eeaa corritmtes,
que en forma de prod11cto~ utilizAblee para nueetro progre.;o en aumento, de cap!~!\le~ _incorporados. al trabajo
nacional y en forma tilmb11•n ~e msLruct1voe 11¡emplo_ ¡&gt;a·
r., nuestm nacieute deruocraCJa, no.q llegan de la nac16ncol0Ro. tfo es mucho que en la resolución de ijll8 problemas interiores fijemos allí nuestrAI! mirad11s, ~nando del
carácter de esta re•olnción dt&gt;pende buena Muma de loe
nue~trot!· no es mucho que 111 ca1upaña ell'Ctoral de la
Unión Aniericana baya tenido su reeona~ia en nue~tra
patria, donde, propsgilndose _en ondse, v10nen á repercutir esos rudos encuentros eoc,ales en el acto más tra~cen•
dental de los pneblos regidos por instituciones republicanas.

0

•••

de fo fuerza.•

Han tenido eet.a~ palpitantes tragedias patrias, eetos
giganteecoe esíuenoe para romper las férreas ligaduras
que parecían condenarnoe á lJl quietu.I y el reposo de loa
eneu,ñoe búhdicos, enérgierui reacciones, saccdimientoe
pod.er011os, informad06 y nutridos en la trabajosa labor
de Is lndependenci11 nacional. Ya est-&gt;e protoplaamas de
pueblos, como llamara 11n día Emilio Cl\et.elar á loa gro•
poe dieem i nadoe de este Indo de acá del Atlántico comienzl!.n á intt-grarae; Y" se ~,,. en ellos iniciandÓ e!I.II
labot preliminar que pre India la coneolidacwn de la libertad, como nna !unoión de la ley onivereal de la economla d,; la~ fuerzas; yn loe primeros gérmenes de ideas
sembrads.a por gloriosos ilusoe en el \'Seto tnritorio de
la República, bau 11mpei,ado á eet.tlllar b11jo la tierra que
conserva todavía las huellas de conmociones volcánicas
empapada á trechos de e ingre y agriet.ada por la sed in'.
mens20 del aga" de los &lt;lielos.-AI aalir de la rnda .ncba
que· 11.Bfgnrara eu segunda independencia, la naci6n se
~ penenad.o de la _en¡;rema inj11e~icia de que fuera -victima, Y á la evocación de eue desdiohJis, una idea-madre
una idea de propia conservación, ha anidado en tod~
loe eepíritus Y ha fermentado en todae lae concieocias:
la que, l11nz11da por el Presidente de la :&amp;&gt;.púltlica del
Not1e, ha tomado forma adecuada á nuestras cirennstanciaa hiet.óricas en laa declaraciones contenidas en el mensaje presidencial de 1? de Abril, referentes á la inf.erpretsción de la doctrina llfonroe.
Para nosotros-y lo hemos escrito en eeta~ columnaa
con ocasión de este debate-ninguno de 101! actuales Jefes de &amp;tado del continente americano más autorizado·
para alzar la voz en defema del principio de la li0bet11n!I\ nacional; ninguno co•,io este t&lt;11oldado de la democracia contr:s, la uaup:ici6n extrsnj_era, primero, dellpuéa como Pree1de0Le de una Re-púbbca que recoJociendo loa
derechos age•oe, ae ha hecho acreedora al reconocimiento de @ua derecboe propios,&gt;-La doctrina Monroe Bllf
interpretada, no constituye un acto agreai\'o haci~ ln,,
nacionee de la vieja Europa; no es un cartel de desafío
lansado á la raz. de pueblos a1wgos, no ee traduce en ac•
l.!&gt; alguno que tienda á IIDStraernoe de la eolidaridad que
hga il todos loa Est.adoedeJ mondo civili,ado; no ea eae estr~cho criterio que eepirn .á •~a 't'id.n trulloada 6 incoxnpl.,ta de la tribu primitiva que se inmoviliza en ea terruf!o: la doctrina americana eipreaada por el General

*

DICIEMBRE.

1896.

De ese modo hemoa d:,.do eoloción á ono de los problemaa más arduos y erizados de dificultades con laBc
que aun en países mejor preparadoe que en el nuestro
¡:,ara el ejercicio de la libt!rtád, se ha trop~zado en. el,
funcionamiento del ecíragio pupular.
En tales elementos apoya1a la A.droinieLmción que
comieuza ~us tareas en las postrimerfas del año de JIIDti,
la R~pública eépera poderosa infüu,ncia de nn poder público que ha sabido allanar los .obetáculos que le hansa•
lido al encuemro, y realizar la l1an~forruaci6n de un
grnpo yacente en los últimos peldaill1&amp; de la vida eocial,
para hacer de él una nacionalidad i,n pleno periodo de
desarrollo.

Ha J&gt;Odido ese gigantesc~ o~niem? dilapidar ~ndes
cantidades de riqueza soc111I con la rne11sta~c1ahdad de
nn hijo pródigo; las brechu abiertas 1\ su bienestar son
prontamente reparadas por la colosal tarea emprendida;
la sangre que m"ºª será bien pronto reEtañad!l y en los
propios eleme.ntoe qne determman eue dolenc1a.s, ee e~cuentran Jap fuent.es da su salud, el bálsamo que lo punfica v lo salva. No p.,demoe, no, nosotros someternos á
esa dura pmeba que marchitaría lae primenia floraciones
de nuestra lncipiente prospe,-idad, que, como e~aa plantas
de invernadero, ha menester todavía d.e no ser expuesta
á la intemperi~. A. est11e plllntas tropt?Bles, un brueco
cambio de temperatura las ~ace l11n~U1dl'Cer ~uaod~ to- .
davfa no circuh, en sus arterm~ sulle1ente eavu\ de nd11.
Así como al consumarse la epgunda república francesa
aun flotaban en In caldeada atmósíera tltomoa cüspel"l!03
de: principio revolucionario, difllodido, como dice en
oradc-r contemporáneo, por Tbiera en sus historias_, por
Qui ne~ eu sus disc•ueos, por lleraoger en PUB canciones
y por David en eqs cnadros¡ as( del fondo de nuestra de•
mocracia ~urgían las mal extinguida!! llamBradae de nnes•
t-ro~•incendios ci,.iles, amenazando nuevamtlnte devorarnOll c,:in eu beso de fcego.-Pero ya el pafe ba ea! vad_o
e!B dietaocia que meclía entre laa colectfr1dades hnndldaa en las primeras eta.nas deJa vid.a so:ial, eAtrecha y
míeera y las nacionalidades modernas ll~dss á.eu postrer ~{odo de des,nvolvimiento econ6m,co.
Todavía hace veinti&lt;linco aiios hubieran caido como
una ducha de Bglla fría sobre el cuerpo di' un febricitante
lu aignientes palabras¡ desprendidas del I~f&lt;?rme del General Día,, 11eerca de os actos de su admmistrací6n en
los JlfrfodOE conatitncionales comprentlidos entre 1~ de
Diciembre de J88! y 30 de Noviembre de I89fl:-•Los
pue'Jlos pobres no pueden, en _general, ~ instruiree, ni
moralizan!e' cuando no yacen 1nerte8 ba¡o el yugo del
despotiamo.' viven en lu estériles agitacíonee de la a_nar•
quia; ate:::tos á. las. diflculiades del presente, descn)dllll
preYer las eveutuahd.a dea del porvenir; lea están ce.si por
compli;to vedadas la autonoxnía y la libertad y con mayor
razón la democracia y la República; impotentes ó débiles
contra el enemigo exterior, lo son también contr~el !l»emigo interior; aus gobiero&lt;?B 80D ineets~ies y carobiad1zoe,
inca{)Jlcee de prote¡zer la vida y la.propiedad, y, ó acaban
por ,er absorbidos por un. pueblo po~ros!', 6 se consumen y deeaparecen sin de)ar en la b1st.or1a otra huella
que, á vecee, la.•de 811 miseria y 9118 snírimieotos.•-Estas verdades, expuestas con tant.a valentía y en las qne
encontramos ideas sastentadl\ll en estas columnas, nos
dan :i conocer la clave del movimiento evo1u,i vo iniciad()
pa.ra la República en eetos últi1?3oe alloe. .
Pero si la nación no podla 01 debía arrt!ll'g,\r 80'!_ con•
quistas á !OR embates de una gran _con.m0&lt;:16n política, ,
nnadee~astrl'mendascríeis que las mstLtuc1ooee democráticaR imponen necesariamente á loa pnebloe que por ell~a
se tigen; Bf podía. y lo ha hecho, agi-uparloa que.aoeotroa
bemoe llamado el.-mmtoo &lt;1rlirm, los que repre,,entan lasun:a total de los intereee8 nacionales y basar en ellos le.consolidnci6n del poder poblico. Y esto es lo qne hemos vis-to realizarse. Testimonio de este aserto es el. bat1quete
de Abril orgsoizado par promint!llt.eB peraonahdadeedel
mundo de loe negocios, en honor del General Díaz, manifestación altamen~e significativa, puesto que ella da á.
entender-dec{11moe entoncee--el abeolut-0 acuerdo entre
la ndministrnción pública y los hombree. directa~ente
inte.r8!!sdos en el ensanche de la prospe.ndaa nacional;
rnanife3tacionea repetidas en laa di ver.!88 excursiouee be·
'chae por el Jefe del Estado á variw, "eotidades_ politicas
· del paíe, y en las que eRtae han wmado pa.r te activa, y fae.
tuO!!a.

•*•

Todavía es menester qne estas institnoinnt'B ee ajuuen
á Mest¡ro eetado social, parn ello ªtl ha iniciado ya en
nuePtro C11erpo Legielatt vo uua eeri11 de rPbrmes cons·
tituoionaleg que será sometida á di8c11ei6n en l'I próximo
período parlamentario. LB Constitución de 1857 lué creada en medio de grandes agitacio,,eP pol!LiCIIB, y lo1J hombree qne en ellJI int,enin.iernn, de81Utnbrados por las
crl'acioues de momento, ar~raios por sus nobles im•
pnlsoa, l!11gestionado9 por los grandes ide11lea, hicieren
un código, no adaptable á loe rediu11dos ciudadanos que
en torno suyo se agrupabnn, sino á la medida de héroes,
tales como en eu conciencia loe pr..eentían. Eran adali•
dee de unn gran idea, porta-estandartes de noblea senti•
mient!ls, ~ro perdieron dll Viijta 111 tierra, y al colocar
eua princ1pioe en el cielo, firmaron un pacto de dioses,
no una obra de humanos. Y r.io p11dieron hllcer otra cosa; ha sido menester ona gran suma de hechos agrupados para hacer de ellos una Pímesis severa, y ofrecer sin
hipocresías á la conciencia público, loe puntOti negros
que tnchonnu la deslumbrai.te blancura de nuestra República.
Las reformas que ee i!'ician, y dA lM que ya se ha dade&gt;
cuenta en nuestras columnas, tiendi,_n, unas á concordar
anículoe con'!l.itucionalee qatl par.-cen en abierwi pugna;
o~ras, á reprímir vicios soci"l~s que nos exhibPn coxno
una colectividad en estado permanPnte de agreeión¡ otras,
á ha.cer de nueatro ej,~rcito una inetitnción lf'l?,il y bien
definida, qne no nece,iite de 111 ocu!La c'aza d,:l l1oml,r~,
ei.,mpre expuesta á aer 1rniqui1nda á ~olpes de amparos
v sirviendo de materia prima á politica,itros y leguleyos
para la elaboración de actos sensacionales. Si la na·
ción necesit.a. del ejéroito, qne es nna fnprza con determinados fines dentro del Estado, era tiempo ya de reorganizarlo y robustecerlo con la sanción de la ley y con el
acuerdo de loa cindadanoe.
La leva, que ha sido nn procedi111ientodecivilizar grupos refractarios al progrE'l!o, allegándolos á los centros de
población y poniendo ante ellos un cuadro de nPcesidades eati~feohBS, no pod(a eer, no era nn p•ocedimient.o
justificado de re&lt;1h1tación militar¡ ni los hombree arrancadoe por este medio del centro de loa boPqne~, el mejor
mat.erinl para formar ,m ejército. El servicio miliiar obligatorio es de alta justicia, ¡mee si debere~ tiene ,.J ciudadJmo para con su patria, naturol es que uno dl' !'!!toe primeros deberes sea el de e9tar prepararlo á ddenderl11.
Antano, se necesitaba nnmer&lt;ll'o cuerpo de ejtlrcitn y es,e no bastaba para las necB.l'idsdee de defensa nncional.
Podría ap1icáraéle la íraaede HerodotQ á la l!"ª" falaogt1
pel"'B:· "Son mucboe hombree, pero pocos eold:idoa ,,
El trabajo obligatorio en las pri~iones em 01 r,1 necesidad, ya que sobre los elementos &amp;anos pelll\b:111
Llrdos, yqce del fondo común babia que apau:1.r el valor
de la sub~istencia de ,eres que no devolvían 1&gt;n forma de
productos benéficos los aaorificios para ellos n-clamadoa.
El aentimen¡ali•mo penal ha. hecho ya sn ca.mino; en
el día los únicos que mereceu compaei6n p,ir pu tl;, de
los hombres huxnanitarioe son las víctimas. Dd nq•1í que
la sopr81!i6n de la pena de muerte, por 11n mnrn,mto recomendada por altruistas desconocedores de la verdadera moral social, permanezca todavía en loe codigos y qne
á ella acudan todos loe paíe8!1 ci.,1lizados en s11 tarea de
eliminar los miembros pe1'11icioe0ll del organie1110 colecth·o. Poro la collJ!ervacióo de la pena de mllt'rte no quiere decir qne ella eea aplicable á todos 1()1! 6r&lt;li?ne~ de criminales: la sociedad ha abierto su cuenta cr,rrimle nl a,-.
lito, y en ella va anotando las partidas que le fon favorables 6 adversa•. Se gradúa el delito y se grad1fa la pena: á
tal cantidad rhl rulp11. rqJ r.anti,llltl d.e CJt.•tigo, y dentro de este
crit.erio la creación de penitenciadas, como la q11~ dentro de poco eerií inaugurada en eata capital, e8 n na necesidad ingente recomendada. por todos los criminalistal!I
modernos.
Ya que nue,tros hábitos batalladores nos presentan
ante el mundo como nno de los agregados menos coexistentes .,n el c~ncepto pereonal de la justicia, ya q11e hay
que esperar un ensanche en el concepto de derechos y
deberes, transmitido por la inetrncci6n pública, qne al
meno, podamos contar con eetablecimientos penitenciarios dignos dd un pueblo progresista.

r

"~ºª

..•*

)&lt;otable e.s Is tmn@forma&lt;li6n ocurrida ".TI el pafe en el•
ti:anscurao de este at'l.o en materia financiera.
.-\.penas salvada la crisis que en el afio de 1893 noe puso á 181\ puertas de la bancarrota, y cuando todavía se
experimentaban temores de un desequilibrio fiscal motivado por una fuerte depresión en los impnes\o~; cnandoal terminar el primer año de nivelacjón entre l,ll! gasto&gt;!y loe ingresos pilblicoa, cerrado el afio económioo con un
.i1pm1bil de máe de cinco millones de pesoe, ee banpod,do suprimir lo,i descuentos que pesaban sobre loa eaeldoa
de loe empleados públicos{ particulares, y elaborar un
presupuesto que 1111Ciende cincuent.a mlllonfs, con un
sobrante calculado tímidamente en veinticinco mil peBOII,
y qne indudablemente SllCeoderá. á una surua mucho más
elevada.
Con este programa cierra el afl.o de lS!l(j, uno de los
máe fecundos y provecbo.soa para la patria, qn,i confiada
en sus elementos vitales, eepera yo la claridad del afio.
nuevo, q•e á ~andar esclarecerá. nue!tros horiY.ontes.
CARW:; Di.u DUF6o.

27 Drc,IEM:BRE, 1896.

411

EL MUNDO.

dad profllJlda di' snP f'O~brae invita á las nflex10·
nee nobles, grandes, tierna, y Foil.adoras ..
Y lo que Jo hacP. más
admirable, aparte de lae
ricas flores IitPrariea de
Bll talento pródigo, eon
eue Sf'lltimientos humanos. Frent.e á él hay qoe
dejarse arrebatar y ee i m•
pone grande y amante t.al
como se presenta. Como
un hermano.
MAmo GAllCT.\ KouLY·

POETAS MEXICANOS.
Juan d• Oloa P'eaa.

S11s obras lo revelan. El
re,•ela 8118 obrae.-Leyendo sus et'Uofas ~ll ama al
bombre. - Tratando al
hombre se aman sue es•
trofM.-Es uno de loe po·
coa casos que ofrecen la
literAtnra y la poesía.
En l\íadrid, en París,
en la Habana, cu.ando el
volumen, la hoja peri6dica 6 el álbum, coloca ante oueetroe ojos 6 trae á
CURI08ID1DES
nuestro pensamiento una
de las exquisitas ~ noblemente labradas mapira•
El inventor de la dinami!nciones de Peza, nne,¡tro
anhelo de conocer al poeHan sido tantos y tan'8 es infin.iio. Lo adrniratas la,, explo@ionea de dimOB tal como es, porque
namita ocurridas recienla entrevietB con +'I au,or
temente, quemuchasperde los C&lt;mt-0-, d,l Tl,,gtir no
aonas han llegado á peTha tenido rectificación alsnadirse de que la fabri•
r.1ºª á nuestro retrato
cación de esui poderoso
ideal: generollQ y viril,
e:rplosivo debería abolirawable 'f con fiado. sugesse por la ley . .A menudo
,ivo y digno de todos 109
destruye la vida de aquf'.
besoe que la Rima ha pollos contra quienes ee ha
sado sobre el mármol roempleado, pero ca•i con
111 de su frente bien dila misma !recueocia ha
bujada. LM frases por
prodocido fns tei-ribles
ligeras&lt;t,ne sean en el d ..s-efectoe en contra de loe
cuido de la conversación,
mismos que lo aplican
tienen ritmo y el alma la&amp;
confines sinie~tro•, com,o
eigne prenuida á allas cosucedi6 caa11do Norcross
mo á eee hilo de oro (de
atac6 al oapitaliFta Rnsque habla :Meet) imoosisell Ssge d., N~" \" ork.
Siempre que esta com•
ble
romper.~EI franco forjador de rimas es
poeici6n dl'!&lt;truct.orll. se h"'
lambi6n un cincelador de
empleado con mima malvadas 6 vengati\•as, hay
períodos.
¿Qué es m:\s admirable
un bom brll q 11e re irri.ts,
en Peza, el poetaó el homy ee aflige mtls que ninbre? El ha sido en eoa
g(1n oLTo, porque ea enepoeels.a algo así nomo la ·
migo de todo'acto de vioencamación del arte melencia. EPe hombre ea el
xicano. La edad ha salDr. AlirP&lt;lo Nobel, el inpicado de plata au cab.!geniero sueco que inven&amp;a, pero en el fondo ea el
tó la dinamita. Cuando
mi!mo qne inmortalizó á
Nobel pll~O esta maravilloa,· fuprza al @t&gt;rvicio de
Margot. La patria. el hogar, la libertad de en puela humanidad, sonaba de
blo, la vida con lodos eos
túneles que habían de
espejiexnoe del!lumbrado•
J\briree. ietmoa que corres han traído para el bart-ar, minerales que exdo.su laurel y la diadexna
traer~e de Isa mi ase, y
qne sus cieñes cilie es y
peñascos qne destruir
será siempre verde. Ninpara la construcción
11:una mancba afea el esde poertos eegoroe. No
pleodorde aus concepciopensaba él, por cierto, en
nes, así ea qne entramos
que lo3 hoxnbr~ desespeP.n sns obras oomo en un
rados, la em;&gt;learían !!º
jArdín en donde no se B8•
poner fin á su~ ~rop1as
piran más qne jazmines.
vida~. y los crimmales,
Qoédenee para otros los
en destruir lae ~ienas.
f,,ertes olnree, las eeoaa•
El Doctor ~obel es
e iones provocadoras; noe•
hombre como de 66 silos
otToe, en Pe1.a, preferimos
de edad, de mediana esSRJTA. CLl!:)(E.'H'CN'.\ ~L\Cl.l.~. DE;.r..u,;co.-Fotogral!a de ~lanud Torre1s
tMora y delgado, con ca•
Pl euave aroma del alelí
6 de la azucena.
tos de Byron. El divino cant~• n~ rr 1ydie tienle su m11- ra redonda y c11bierta con nna barba COJ:?1 Y algún tanto
En 1maépoca eicéptica y amarga como la nue,¡tra •en no á I&lt;&gt;. del divino cantor dti M ,rgot.
canosa: ojo• de un azul parduzco, ex.pre~,vn fisonomía Y
que las letra!' se han lanzado al arroyo y encenagado so
maner11s ~u•n.imente alibles y aimpátícas. Pero es al
clámide de luz ea un ejemplo envidiable, una enaef\an•
En Europa y América latin ~ tieM Pdzll a hradr:&gt;rP.s Y mi~m() tiemp ,, modesto, reservado, y trata de no llaza xnartana el' de un poeta sólo poeta querecoje la he- fanáticns. E,i todo• loi círc11loa 'literario• oc,,pau illij ver- mar la atenci6n hacia sí.
b
rencia del ~lma y de la patria, colocándola moy por en- 809 prefere11tes lugares y ~•\lao ,¡i ... mpr ➔ ft&lt;l3J,. Y ~~b &gt;•
Nobel es uno de los pocos inventores que poseen a ~ncima de tod'&gt;!I los fangos de la tierra y cel"l:B de todae zantee de vida en la •Plecc16n. E·1 el At..,11e'l :U 1•lril~i\o
Y en el antigoo Liceo JI iba 1ero fitur"' o&lt;&gt;m 1 ,,bli,{ 1cio1n dl\nte,¡ recarans pecuniarios obtenidos por sns propios
las i.rradiacionee del cielo.
esfuerzo,, puei h11n rendido pingü.es utihdadee su 48f!CD ·
Et poet.a-en el sentido griego de la palabrs-es el sa- impuesta por el mérilo t1n lo• progr~rn 1-; ~n• ml• h~rm'&gt;•
serdote augueto de manos inmaculadas en quien se ~e- sas composiciones, y ea las soirl:e$ lec ,u6.~nu lio l1a 0 ,1 • brimie11to Je 111 dinamita, m preparación de ielatLDB, Y
poeita la gr,.ndeza de todo un pueblo. Peza en M~uco b!Ulas perfomnn los pétalos roj,,s rt~ 11 ,n lah;,,~ o., 11 déci- la pólvora sin humo que lleva su nombre. . 1 no e~ el
único fabricante de es11. clase de nól vora, habiendo sido
1 Afoile.&gt;n
he. logrado'e•e prestigio. Cuando el gru~ alado de en~ es- maa y endecuílabo 3 del Autor d-e
el de..cribrimi.,nto de ella reaultaoo de una mera casualitrofas hiende el aire, todoe los ojo¡,.lo eit'D;Bn seducidos
~ mejore~ periódicos lit11rariri, &lt;l» Cub,: Et Figriro. dad. Un día ni, 1 la observación nn oficial de estadoma·
por el brillo que las alae tienen y por los ¡uego, de lnz LAJin.t,a,w. Eleyrintr, Iluslmci6tl d8 C,tl,·l, e~., se enn 1a•
yor del .,·iército [raocés nue un ejército que hiciera fuego
que matizan el azo!. Se rindb fervoroso culto al poeta Y nan con lae brillantes es.trufas de E'tlzl\, y la ~evera ll•U!·
.,_
b
1
traci6u
Es¡xi/1.Q/r,
y
.-iu~ri.crut'l,
proclama
6.rma
c
"º'&gt;
al
enemig, sin que lar ét ~ismo envue to en una ~u ':
811
ee ealnda al hombre.
.
de
hum,¡
11,•varí.i
la
venta¡a
de
tener
á
sus
contrarios
í&lt;
b
Í
b
La métrica de Peza es impecAble. P;ua él no ~~b,ese garantía para el lector 6 la lectora q,1e ·1sq•ie a,n ro'! a
la vista, ~in reqe)ar sue propias posiciones. Es pr~bable
escrito un Banville un Petit TraiJl. Pero ha ad1vmado en BU.!! satiMdas p~ginas. Y e~to sin ail ,.lir la polér&gt; 3a qne la pólvor¡l sin hnmo resultó :le esLa observación, Y
el libro qoe qniziis no haya leído y no ee desvía una lf. palanca del negocio editorial, qoe h:! bechJ dt1 au noruahor/\ la ,itilig , 11 to las 1118 naci-Jues europeas. Ll r-61vora
nea de loe preceptos del Maestro: Ovidio no hubiese tí- bre un eco pop,ilar.
·
del D &gt;ctor N,)bP.l es hecha de dinamita, ó. la que se agre·
tubeado en coacederle el premio. No le con90PmoB antePeza con Espronceda, Z,¡rrilla, Lopez G,uo(a Y B~- ga la propiedad de la comb~etión lenta. ~mpele los procesorea en la poesía castellana. Puede revelán-ele llD quer,
1a conelelación castellana de este siglo, afiayectiles crm esp:tntosa velocidad .
hermano en rimas: Campoamor; pero en Peza el vnelo diendoforman
el falgor de au brillo si d~ loi. otro,, t.tln grandes
ea mda potente y más alto. Casi. se presiente á Ten- como el; y oon Ancora, Ac•ü'h, ~ájera, \lirón, Príeto y
El D,ctnr es un cosmopolita que habla la mayor parte
oyeon.
,
tanLos otros eolea de primer,i. m¡gnit11d, con,Litoye la d&lt;i la'! IRng•rn.3 eurnpeas con igual facilidad. Su vida es
La nota viril pasa como nn relámpago, pnr la obra radiante pléyade que los ent11~i11%a.~ c~ntempla.,no, adideal. En el invierno vive entre las 6.ores de St. Remo,
-elllta v soñadora de Juan de Dios Peza. La inju•ticia, la mirados y que hacen á un p•teblo H"'ot1rae sa.L1•f.,cho y
en el m~di.,di.a de Francia, trabajando cuando le entra la
oprE'l!lón el relaje.miento moral de un timno arrancan de orgulloso del valer de sus hij'&gt;s, &lt;Unfole á p"B-u de la g111m, en a11 laboratorio. En el ,·erano, busca las sombras
Rn lira d~ oro, aeentOI' que inflaman y eetrem!'C~D- En Iwpública la mayor ejecntoría de nobleza: el talento.
y lo, t.ónicos aire.q (\e la Sniza, ó.hnce un viaje en en yate
de alúmino N',J teoiendo víncuíos de familia, ni eapo,a,
Polonia hobiese eido Kraciuski; en Espana, Qnmtana¡
Pero detrá• del poeta está el hombre qne se arielanta ni hijos, ni m·mceba, como él mismo lo ha declarado, va
en Ct1ba, Heredia. Todae las generosidades palpit~D Pn
y yi,ane ,l sn a b•rlrío, y un día se le encuentra en Pa~fs,
sn alma y todos loe sollozos euspinn en su coraz6n. Et sonrie.,te y tranquilo; su mano franca Y leal, ani,h un
bronce de s11e rim!II\ cae Cundido como de nna urna can- afl'Cto al estrroharae. Coml)1'eod" q 11e s6lo prn·ldn IIPgu y it ¡119 24 hr,l'Bs 6 ml.-1 t.atde, en B~rlín, Viena 6 San Peden te eobre todlll! lae infracciones 11. la jueticia y a! dere- á él almas dignas Y honradas. Y ese e.,co~~o •iecon6 inza ten1borg&lt;l. p JSée una bella ca11a. cerca del Bosque de Boloi'l~ en p &lt;rfA, 1,, cnal es oc•tpada por su único pariente,
cho nni\!el'l!al. !fo cólera ea en ese instante o61era ('le Je- no ha sido eog,1ñado. S,is amigos y atl•nir-tdores Ae Itasús [ quién conoció también las irae y las lágrimas.] En- man legión. Sus frasPa, en la converil8ci6n (ru.ims sa• uo sobrino q·1e ti•me dep,~sito~ de petroleum de inmen,o
len troquele.das, preci•as Y grá~cR~. So c'.'nvAiad?'! ee• valnr en el )hr O.ispio. Los Rothechilds también po,een
tonces el poeta se codea con Victor Rugo.
Pero ao pen~miento l)lal.oido, en lira harmoniosa se dnce, nítido Y ti.-rno en la dioci6n, d,;¡audo adivmar dep6,ito 8 de la rni,rna especie en aquella región, :: esos
magnates han lo'gr.,1&lt;&gt; q11e &amp;e estableciera 110 arancel eo•
aleja pronto de e,;as negrurBB que hacen d.? la ~ierra un eiempre al autor de su olm,.
La impn,eión que recibe el espíritu cuando ee b'.ll!ca y t-e la Francia y la Rusia que permitirá. la entrada en uno
infierno. Ese eielo interior.que el alma encierra nadie lo
esterii ioM mejorqu,, Peza y sns versos son girones de pu- encuentrs á Peza por primera vez, es la de •m paseo por y otro país del aceite, bajo condiciones tan favorables
rísimo a•nl desenreda.dos de :a cuerda de eu lira inimi- nn valle en donde árboles umbrosos arrullan SllS hoja¡ q•1e al firt ex:c!uid.n de esbs merc'.l.do~ el producto de los
·
ablea ¡ 1í riitJJID.llJJUl ~ptodos para ser comparad.os ;,cDll .con majestades dulcemente severas, mientras la severi- E~tado~ Onidos.

--

"ª

F,,.,·,.,~ ,

�27 DrcrnMBRE, 18H6.

EL MUNDO.

412

27 DrclEMl3RE, 189€.

EL :MUKDO

413

Las presentacion~ en este lenguaje especial son eiempre C&lt;fll y nunca ti-\" oy ti preaentarle can el aeilor Tnl.Pret&gt;énterne rrm la eeiiora Cual. Otros dicen: introducir
introdocción, por pre8entar 6 presentaci6n; y as! reeul'.
tan preguntas corno esta que oí en San s~baPtián á un
caballero ooPta• riqueno que tteibfa en .i,u casa por primera vez al Gobernador de In provincia:
-¿Paca?
·
-¿Qué hubo?
-Aqnf está el sei'l.or Gobernador. ¿Quieres que lo introduzca?
~¡YámonoP. v.l.mouosl- le dije á mi o migo. ¡ Yo no
qwero ver e,o!
Ecs&amp;1J10 BLASCO.

obb:88 el Gobernador. Don Pablo García, hizo que los traSJOS avanzaran rápidamente.
JoSe ~~uy6 en tiempo del primer gobierno del Lic.
a,anda Y ea nn .Tardln ameno, dood.i ee pasan
1 aq 1
veladas del verano gozando de verdadero

e~1:Z~ nrosas

PASO DJI LA CALLE DE ZARAGOZA.

Campeche agrade_ce al Sr. Coronel D. Fernando F. La·
~:,Ow!~l~d!er ~uebado. facili~r el tráfico entre la parte
. .danY os
rnos abriendo pasos en la mura.Un •
q ue comci
con las calles de la ciudad.
El pres~nte grabada representa eJ paso abierto en la
p_roJ~ndgaci6n1de la_ calle de Zaragoza que comunica á la
cm.,.. con e barno de Santa Ana.
Otra vez daremos las fotografías de la~ demlÍB.

UN1 .A.M.AZONA CUBANA.
Noh

"d

-

aef en ~ 8 ~c~oej:1!°m;~~a guerra separati•ta de Oaba,

cont.rar ente las filas d 1 ia_s como en las anteriores, enqne sin titubear hacen fr:t~ál~eb!r:s~~j:::;e~ animosos
zonas que comparten c 1
Id
• 'e a erae arnalidadea de las batallas. on 8 so ados las grandes pena-

°

t:Ina de eetas amazonas valeroelS Matilde \ ra
•h.
v arona es la que llo p
•
• g mon...,
- 'En la g~erra asa y r~sentamos á nut&gt;strn• lectores.
tual se preeanl111 c1:n~~~tiª~.~ll ;r/gr~ur'y en la ac~D sus tropas. 1faceo vacilaba en oíreo~eh&gt;
p_uesdto
« En sexo in·I• cnmo .- 1
•
, endien o
la jove~
111 fre~~
electuaHe una acción,
lile balas espaüolas.
e os rneurrecto~ r cayó anto

pú.s~;e

-

..,

RECUERDO DE LAS Fil-:.','!'.\$ PRE;¡{D"E-',CIALES E.'i Gl'.\D.\LAJ.\R,\,-EI Poloo!o y lu l'lu.a ele Arma,; i1uml11a&lt;los é

Aún mayor que su amor IÍ la ciencía 6 su intertl.a por
loa compneptos destrnctoree, ea el anhelo que abriga No·
bel de que reine la paz entre los pueblos. El Doctor pertenect&gt; á la i;.ocieda'd aristocrática que, fundó hace algunos
anos la baroneea de Suttner.-"La Sociedad de los Amigoa de la Paz''-pero no se bate la ilusión de que la humanidad vent un cambio tan radical en una sola genera•
ción.
-No eatoy descontento con el adelanto que ha hecho
el muodo,-dijo el Doctor Nobt,I recientemente en París,
-pero h.iy ciertas reformas que me gustaría mucho ver
estahlecídas, como por ejemplo, t-1 dl;'sarme de los e¡éroí·toe. T..as naciones 1:nropeaa tienen eoldadoe bastaotes,
teadidoa á lo largo de sae lrontt&gt;rnR pa.ra colocar tres
hombree en cnda yarda de espacio. EsLO ~e está haciendo
gr11v~. Lltgar.t el día en que en vez de ir á ~ornar té ó
calé con los amigos, dispondremos que nut-et.ros crialos
se maten unos ú otros, y convertiremoo en e•combros las
ciudades. con nu~etra !lrtillerfn de sitio, y así probaremos
11! mun:!o que enmos "graudee polenciW!."
El horror quP el l)octor Xobel Je tiene á la guerra ha
18!lllltado en parte de la láetima que li, cnuean loP p11fri•
m ientoa de la humanidad, pnes nunqne ee rico, bien eabe él que la miaeri .. existe, comprend,. que Ei lo &lt;¡ne pe
ha ex[&gt;(&gt;ndido eo preparativos para el o¡..eeinato uoi\·er..al, se aplioara á objetos pacfficoe, la raza 1,nmnna pronto lle~aría á una eituación en que lae necrsidades r la
mi2er1a desaparecerían, quedando ~nninad116 para Eiem pre las grandes cu~st.ion!'e Eociológicae.
Aaí, pues, au eoeflo se La rl!ducido á a'go como esto:
Ya que hlly hombres que utáo por la ,g u..rra, eP preciso
hacerle. imposible por los tremendoP golpea q•1e ll~ta bobría de cauBl\r, dando á cada individuo LlD tnPdi,, •~guro
de matar al prógimo sio que éate terga posil.iilida•J de
.,,5capar; crear talee instrumentos de carnicería qne no
hayo ielensa posible. 'Entonces, pme, como opilla el
doctor ee poodrán de acuerdo la.. naciones para que baya
pni; y buena volnntad eotre loa hombres.
¿Tiene razón ó no el inventor de la dinami~e.? Perso•
nas hay que deploran la existf&gt;ncia de 1m agente qne tan
g,aves males ha ocasionado. Pero ¿no si,rfo igu11hnl'nte
bien fundada Is idea de abolir el uso del vapor y de Ja
electricidad,. porque las calderas revientan, los trenes Ee.
descarrilan, loe a,ambres cargados de fluido eléctrico, y
los rápidos trolleyi c.1.u!!lln á. veces grandes estTagOA? Nos
pareee qne por Jae mielllllS razones deberíamos p dirá la
Pro,·idencia le. abolíci6n del ÍUl'go y aún del mismo ~ol.
Ee basu1nte probable que en breve ti~ILpo le sea da&lt;lo
al hombre diBJ&gt;Oner de elementos todavía. más fuerte$
qne los descubiertos haata el día. Están ya conocidos y
la ciencia sJ ocupa en buscar el medio de dominarlos. So
utilización costará iodudablemente algunas vidas; perJ
el mundo habrá de coníeeaT paladlnamen,e que loe hnm•
bree que hacen útiles y dieponibJijs ¡i¡¡tos agemes Fon
bienhechores de la humanide.d.
.J. A. McKs,mrr.

CONVERSACION
Eetoe americanos del Sor tienen un modo de hablnr
que me •acade quicio. ¡Y lo corioso es que muchos de
loa que me hJlblliI1 6 escriben del wodo que ~e verá, son
académico!! correPpondientee de la Eepnñola'
1Ab! si mis buet1oe amigos CaP,ro y Sena.no, Tamayo,
Oampoamor y Cal;l.ele.r les oyeran, habían de «dt~correspondientizarl09 (para uear un término por el estilo de
los que elloe n@an. ;
Don Fulano ea un académico correspondiente.
¿Quién lo •deeacademicorrespondientizará?•
El •deaacademicorrespondientizador ,• etc.

"'

\~n

.\I...\.J .Ut.\.-.~rcu h:VWltuJo p:&gt;r 1a Coh.m iu. .\..m.:rtt•:i.ua

•*•

La 1le:,ada deJ limo. Sr. Plancarte :í Campeche.

pi1,n10.

-No, no lmy idea de la ensal,.da ~ramatical que no 8
Pirven á diario eetoA caballeros y seffor11,R que converean•
( ellos nomen dicen hablar sino nconverear") con nosotros
todOI! los invi,.ruoF.
-¿Cómo f&gt;Bti mi ,,~enora?"
-'.\luy bieu: ;;y ueted, rní amigo?
.-Así, un poco resfriadito; con este tiempo se coge un
reefrfn en P~nída.
-¿Y sn senora de usted?
-¡Recién llega.!
Eeto del orecién" lo aplican á dieetro ,. aioieatro.-,,Racién• estuvimos lmblando de usted, le dPe{an á un aragonés amigo mío, y mi P"isano respondló:-¡Rediezl
"Tengo el honor de adjuntarle un .. jemplar de mi li•
bro,» me escribía un autor de por allá.
Ellos hacen 1m verbo de cualquier cosa y un aubetantirn de cnnlquiera otro.
-¿Qué le ha l)arf&gt;cido á n•t~d la ópf&gt;ra de anoche'? •
. Y d1oe la ee.f'iora á quien ee lo pregnnté:-¡Uua uprec1Qtlura!o
A. loe niños los llaman los •mnco~ito!'," 'lue es palabra
muy dulce. Lo,¡ ¡:,;mientas, en casa de mi amigo X, les
llaman •chiles.,,
-No los coma, no lo~ com'\-me dice un convidadomire que son muy •picoen~.• ¡PicoPos! •
-Mi marido Pe 11',antó rnny •b•,i.voo e~ta mai\ana,decfa una caraqueña amiga mfa.-S;empr~ está peleando.
¿Qué tiPne1&gt;, hombre'/ le dijP.
-• Déja rne In paz • estoy • viole ato" he perdido anoohe
un •plat-al •
-¡.\lire, eel'lor, no pndt' 111enn~ de 11carcajearmel•
E•ia ~ .. nora me com(¡ que había compre.clo en caen de
Wo,th 1111a •pollera• qne aa nna llndacosa, y sus niñne,
cu,11&gt;&lt;!0 :-e ponen colorada~. 11Jicen qne 11'!&lt; da pavo .•
-\\,nga ñ torn,1r-me nioe si,;mpre na boliviano que
suelo t'llcontrar "º el houle•:ard.
-¿A tomar qné"!
-¡A tomH! Y con eEt.o qniere decir 1i beber algo. &amp;te
mismo me 1\COllBPjaba el otro dfa qne no fnese de noch,.
por cierto.e b" ríos, porque me "embromarían.• A mi pri"
mo le embron .aron la otra noche. Y bien averiguado, ee
qne le dieron ui• µAloe nno~ ladrones.
•
En cierta oca~ivu ...e presentaron en un baile á un ae·
flor q 11e m.i o.•j·•:
Eu Am~rica lu Cflnocemos mucho, ~enor. (E~te tratamieuto de Dios ó de Rey me encreepó loe bigotes).
-En todoE los recibos hay verBOR de U9ted, sei'lor.
fLo contento que yo me p1rsel En logar del timbre ó
del sello que se pon• á los recibos en Francia, en aquella
Repúblicl\, se ponen mi~ versos!-exclamaba mi vanidad,
cuando ..-ino á interrumpirme un aruigo y me dijo:
-¡Xo hombre. no ~e b'.l. enterado usted: •reoiho• 8'J uoa
recepción, una eoirée.
¡Adios mi.e ilusiones!
¡Pues y aquella señora dof\a Encarn.'lci6n del Ecuador, q11e al bol~illo de ~n \'eetido le llamaba .\a manero.»
I&gt;e~puée de todo. por all,'i deben decir, donde e mete la
ma110, es una manera! ¡ u eaposo dice, qne le han sacado corla ,,la leva,• y qu~ no vnelv1&gt; ,t encargarle nada á
su •a~tre para que no 11 le [riegue,• E~te mismo fué PI qn..,
me dijo que no comie.se ciert.88 nvll8 porque estaban uchumina,, (es dt-cir, aLrogad~}. ,
-..
Uu mexicano me ~rio1a et mes' pasadn: •VPngo.•e á
comer; tenemos •poz-ole•'.y 1,gombo• y ut1"R •frij"Hto!!• que
Je gusuml.rt. El seiior aquel me quiere hlc.ir • ~C. .... •• pe·
ro oo liBbe qne si me poogo: .,vio!eoto• le doy •dos cortadas. \.erca de mi hacienda hubo «pron'Qncie.," pero a!
jefe le nmnrtiflcaron,, de,an machetazo. S1 llt&gt;go á eer yo
¡lo la•! Ponga en eu periódico que be perdido 110a mancuerna de oro, y 111 ealir lle una •pulquer.la, que hay en
1~ A venida de la Opera.

RECIJEltDO D&amp; L.\l:i l'IE.•TAS l'RF.r«n1-::-cr.\LE, EX •.l'.\D

d1z\'" e.e

·

~mo ~0111 complementaria haremos en
la h111tone. de algunos puntos 1· ,npor•antes
breves
ra~gop
•
de la cíudad.
PALACIO DE GOJJIEl!:SO

Se di vide en tres departame to,, El d
.
.
ocupa l,a Adoana marítima y ~ec ·.
edla 1zqmerda lo
paracio11ee.
eeJ.ta ya e algunas reEl central e.stá ocupado l.)O ¡ H A
.
Tribunales de Justicio y 61 /e
, yunta11,1ento y los
dandn á eatiefac ·6 F é unem&amp;J?te se- compuso qne0
GoberoaJ~r iic. u~i!~~li~~b~~ti~}jrente en tremno
eI?artamen~ de la derecb_e. ea el Pala~io de Gobierra eir¡1::n;1!8f:o~~!rtG:~~•sol dbsi,·oEl-etán la Jefatu•
ee hizo tod
. . . _ra e
•tado. Eo 1868
Pablo García ; 11d!~p~
G,~bernador Lio.
que le eubatituyeron.
r SI O meJorado por los
t
eab(ón de actos es muy amplio Y llena perfectamene e o Jeto á que está destinado.

PºE1eJ

:f:t:;:::eva ?J1

s¡

PL.\ZA DE tA '"UEl'E."IJESC'!A

REt:n:Kl•i&gt; f)F. I.A'i Fil!;;T.Hl PRRR!DE~CIAL'P'!I F.!i :nuDALA.
J A lt.\. - 't 1,munentn h·l·nntndn eu Iru.puato e-.n honor dc-l
~f1or fJcnera.\ Dhu

Nurstras refo1·ma para el año entrante.

:Esta plaza ae empt&gt;z6 11. co-;;
.
modelo que presentó ~l c..i stmu el niln tie 18.38 btljr, el
Y Espinosa. La decidida p~an~6nte l),,n J?aqu/11 t,lolfs
o~cc, n que le d1speoa6 á las

'up;;trn e111pr&lt;'~a e.s ,mlicient&lt;&gt;mente conoci&lt;la y o:amot; creer que excesivamente acreditada, y por lo mismo no j nzgamo~ necMit.ar
tlc rel'lnmos r•&gt;mposos para 1n11ncntur nue;-

tro n0llito. !\la::;" debemos á nueslruR fuyore&lt;'eJorPS una noticia hrevc de 1o c¡ue nos
proponrmnR hacrr, y empezamos por mauifü,,tark-; 1¡ue um"•t ro próximo tomo será. superior á losanterioret-, no sól•) por ht calidad
del pa pcl, dl:'l tipo y &lt;le los gra hado,;, en los
cuale. · se halla r.ín Y&lt;&gt;rd.aderii,., i;orp1·~as, sino
por la elegante noYe&lt;lad que i11troducimos del
obser¡uio ú nuc:,tro,i lector•·s &lt;l.e la Bi/,lioteca
1lii11iut111•a, en la que el texto y la forma serfo "electo::;.
·
'1/ fa~e t&gt;l anuncio que pu hlicamo,-i en la primera p:ígina rle uue8tro quinto pliego.
Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
1-:..,, PACIIUCA.

l'.,c,111c:1, :S ,vif'mbre 11 de 1896.
~r. 11.,11 Curios S,,r11rn1&gt;r, Dirt'Ctor General de •La Mu•
rn,. •-'1i\xic9 -\l11v P1•0or niío:
Pur co,.d11ct.o el~ lo• .;re•. Pérrz Dnllrte y ~. y 11nte eJ
Sr. Xotarin l',ilJ'i,-.o 1,. Anatr .. berto T An,tr11dt-&lt;, hoy me
}13 siJo Plltrpg.1•la (,. euma d" $/í 000,00 (I.Jinco mil ¡&gt;11eos t. val,,r ct.. l.t ¡,óliu núm itl5 :Z:?-2, b.1j,) la cu1l estuvo
a•egnrada mi tinnda madre, la Sra. Maria Guzmán de
Mejía.
DoJ ll usted _las deb"das graoill8 por la elka~ia con
ha sido ateudido eete pagn , antorizándolo_ para publicarlo.--So. atta. S. _8.-Sa/la Jfola.

qn.-

lLXCUEBDO DE LAS FIEST AR Plff!ll nEKCI.AL~ R
~'Ola&amp;C[.U.tJ:S,

"-GICUL.:i:r~~:-rlfST~·~·."±"CO
L&lt;V4""-'00lll
•
Y PllDrU"41UOll.

L,l

CALI.ll l&gt;S S.U F.IUNCUQO l'OR Loa

�EL MUNDO.

27

DICIEMBRE,

1896.

delicioso concierto, habían al culto abeolllto de mis recuerdoe de niflo, por una tranhecho aiempregrata para mi sición lenta y penosa, me traelad:iba, México, al lugar
depositario de mis impresiones de jo,·en.
comzón esa noche bendita.
Aquel era un cuadro diverso. Ya no era la f~mili~; esRecordaba mi pueblo, mi
pueblo querido, cuyos ale· taba entre extraiios¡ pero extralloa que eran mlB aDUgoa,
gres habitantes celebraban á. la bella joven por qmen sentí la vez primera pslpitarmi
corazón enamorado, la familia dulce y buena que procuporfía con bailes, cantos y
modesloe banqu.,tes la No· ró con su cariño atenuar la auaencia de la mía.
Eran 1!111 po,ad.a., con sos inocen~ placeres y con eu
chebuena. Parecía.me ver
aquellae pobreB cat1aeadorna· devoción mundana y bnliiciosa; era la cena d11 Navidad
con sus manjares tradicionales y con sue sabrosas golo•
dascon susNacimitnlo~ y animadas por la alegría de la fa. einaa; era i'lléxico, en 6.D, con ea ~ente cantadora y entu•
ruilia: recordaba la ~queiia siaemada, que l1ormiguea es.a noche en las calles CQTr'ien.
iglesia iluminada, dejando do gallo· con eu Plaza de Armas llena de puestos de dul,er desde el pórt;co el pre- ce@· co.¿ eus portales re~plandl'cientes; con eas dalcer!aa
(J'jU!ceeas que mu~tran en los nparadores iluminados
cioeo Bden, cnriosamente levantadc en 111 altar mayor; con gas, Ún mundo de Juguetl's y dr confiturlll! preciooa.e;
pnrecfame oír los armoni0!;0$ eran los suntuosos palaci06 dnramando por •us vent-.nas
torrentes de luz y de armonía. Era una fieet.u que aun
repique~ q11e resonaban e!1
me caUS11ba vértigo.
l'I ca,u pnn11rio, medio derruilcNACIO :M. A.L·:.HoUlHNO,
do, con ,·ocando á loa fieles
á la míi,11 dt'y•dfo, y aun ei,c~chaba con el cornzón palp1tanl1&gt;, lo dulce voz demi po·
L! }U.VIDA.O EX USA ESQUl~A.
bre y 1·irluoeo padre, excitándonos ,1 mis hermanos y
Al Sr. Lic.. Don VJctorl.aino S.alado A1varez.
, mí t1 erreglnrnos pronto
T
para dirigirnos á la iglesia.,
,1 fln de llegará tiempo; y aun
Aun no cerraban la tienda dll aT,os dos :r.rundoe,• ubi•
Pentía la mano de mi buena cada precisamente eu la l'&amp;qllina (le la calle del ltome·
y sRnta madre tomar la mía ro. Los dependientes no dormitaban como otroe veces,
para conducirme al oficio.
ociosos y canPados, apoyado el codo eu el abollado plati·
Despuée me parecía llegar,
llo de hi p:rbanza y el frijol, t'n tanto que el encargado,
penetrar por entre el gt&gt;n- de lacantrnn, por falta de consnmidoree, echaba un pá•
tío que se precipitaba en la n-aíocon un capitán inválido que rnt,re plática y pl,tica
bumiltle nai-e, svanzar has· Je servía de compaf'lero en una partida de dominó, en I&amp;
ta el pie del presbiterio, r
mesilla inundada de alcohol y de ceniza. Aquella noche
allí anodillarme, admirando del :!J de Diciembre, notlibn~e inusitada animación en •
la hermosura de las imáge- el vecindnrio di,I Romero, tranquilo por lo común á lai,.
nt&gt;s, el portal re!!plsndecien- nueve de l:i noche:
t,e con la e!carcha, el sem •
Ser!nn ceroo de las diez, dPj6 en In ncera an tranvía al
blante risueilo de loe pruto•
,t los últimos pll!lajeros del barrio, cargados de en•
r...,., el lujo deslumbrndor de vapOr
vQltorioe v grande~ pBil11eloe llenoe de frutas ó goloeina&amp;IO!! Rt/11 ~ 1,1au"~, y la ilumi- y aunque ·habfan sonado ya en el cascado reloj de la Bon:&gt;ción espl~ndida del altar. tica lo8 tres caartoa, parecla muy temprano.
Aspiraba con delicia el free•
No había an zag11án cerrado y veíase á lo largo de los.
co y •abroso aroma de las ra- ol&gt;scuros callejones que de la puerta conducían li loa eemas di! pino, y del heno que 11:undos patios de las CBl!I\B de vecindad, ya la línea de los
ee f'nredaba en ellae, que
farolillc,s de papel múetiamente iluminados, 6 allá, en el
cubría el barandal del pres· fondo, la alegre luminaria sobre la cnat Mltaban loa pibitE'rio y que ocultaba el ;iie lluelos que, enrojecidos por el rdlejo pareo!nn festivos
• de loe blandones. Veía des- diablos retozando.
pu{•s aparecer al sacerdote
Vefanee tras las mallas de la.a cortinas las ealaa ilnmirevestido con ea alba bordanadas de las viviendas altas. Sombras chinescas proyecda. con ~u casulla de brocado,
c.lREctnmoo DE 1....s FIESTAS PRE3IDFSCIAL.ffiEN GU.\tl.\LAJAIU
tad!ll! en el visillo, denunciaban una buena concurrenciiL
y f!'gu ido de loa ac6litos, veeKla..,kQ levantado por la wlmtln E,¡pallola.
en casa de Peredo, el escribiente y de Abnecal, el vet.erit.idos de rojo con sobrepelli- naric ...... Y no se había ofdo un solo cántico á lo Jej01!~
LA. NAVIDAD.
ces blanquísimne. Y luego, i1 la voz del celebrante, que una not¡i de las música.s de onerda, el confuso v,cerío de
se elevaba Ponora emre loe devot-0s murmullos del conloa n1ucbachos de alguna l)OSada: probablemente 118 dejacumo, cuar1do coruenzaban á aPcender lBB primeras co·
EN LAS llONTAÑAS.
ba aquello para máa tarde, pues la N}vidad es de lae nolumnaa de iuci.. nso, de aquel incienso recogido en loe ches que deben pasarse de claru en claro.
•
hermOl!oe .Srb,,Jee de mis boaqaee nativos, y que metrafa
1
El Boticario, íaatidiado en apariencia, acabó por salir
El solee ooultaba ya; lae niebla! aecendfan del profun- con su perfume algo como el perfnme de la fofancia, re· del mostrador ni dintel de la puerta. Por lo visto, nadi&amp;
do eeno de los valles; deatacábanee un momento entre aonsban todavía en mis oídos los alegríeimoe eones popu- se enferma la Noche Bnena. y ant· a de la.e doce aqnel esloa Olicuroe bo~queR y 1!'9 negrae gargantas de la cordille- lares con quP loe wnedoree de arpas, de mnndolinat, y de tablecimiento de todo tenía aapecto, menos de expendio
ra, como un rebafio g1gantet1co; d.-epuée a,anzaban con flautas, .aludaban e-1 nacimiento del Salvador. El Gloria de enlad.
Loe enormes globos llenos de agua de color, lan&amp;aban
rapidez hacia lae cumbre~; ee desprendían n1agest;uosae in uulsi,, el'e cántico que la religión cristiana poét.ica•
de IN, 11guda.a copas de loe abetos 6 iban por último á mente ,u pone entouado por ángeles y por nif!os, ncom- un inmóvil relámpago verde brui~a en medio de la calle,
panado
por
alegres
repiques,
por
el
ruido
de
loa
petardos
,
la
intensa luz de loa quinqués•chiepeaban los dorados
envolver la soberbia frenf.e de las rocas, titániCOR guar•
dianesde la montuf'la que habían ó.esafiado allí, durante y por la frpeoa voz de los muchachos de coro, pareoía de loa botes de porcelana correetamen~ alineados, urnas
de rubíes y estalactitas de onix parecían laJ grandes comillares de 11igloa, 111a tempestades del cielo y las agi,a- trasportarmf' con una ilusión encantadora al lado de mi
madre, q11e lloraba de emoción. de mie hermanitoa que
cionea de la tierra.
pas llenas de azúcar candi; adquiría brillo de espejo la
reían,
y
de
mi
padre,
cayo
semblante
1ievero
y
triste,
pa·
piedra artificial del meatrador, y arriba de un aanto el
Los últimos rayos del sol poniente franjeaban de oro
reefa
iluminado
por
la
piedad
religiOl!a.
reloj columpiaba su péndulo rrluciente; en aquel recinto
y de pllrpura estoe enormes turbantes formados por la
niebla, parecían incend:inr las nubes agrupadas en el bo•
aseado, en que nado estaba fuera de lugar, parecía refuUT
rizonte, rielaban débiles en laa aguas trar.quilae del re·
giarse algo grave y tranquilo como la ciencia y sólo inteY
deepués
de
un_
momento
en
que
consagraba
mi
alma
molo lago, temblaban ni retirarse de las l lan,1raa invadirrumpía á la armooía del cuadro, un vago olor de vale•
das ya por la sombra, y deeap..recfan después de iluminar con eu última caricia la oecura cresta de aquella
oleada de pórfido.
Loe postreroa rumorea del día anunciaban por donde
quiera la proximidad del silencio. A lo lejos, en los valles, en las faldas de Iae colinai;, , orillas de los arroyos,
veíanse repo,ando quieta., y silenciosas las vsoadae; loa
ciervos oruzirban como eombrll8 entre loe árbolee, en
busca de 1111a ocnlt.aa guaridas; las ave!' habían entonado
ya BDS himnos de la tarde, y descanaaban en sus lechos
de ram88; en las ro:zm rn encendía la alegre hoguera de
pino, y el viento glacial del invierno comenzaba á agitarse entre lu hojas.
II
La noche ee acercaba tranquila y hermosa: era el 24
de Diciembre, es decir, que pronto la noche de N"avidad
cubrir/a nnestro hemisferio con eu sombra sagra'1a y
1101,"arí• á loa pueblos cri~tianos con BUS alegrfas íoti•
mas. ¿Qnitln que ha nacido cristiano v qne ha o/do renov1:1r ~a.da ano, l'n su inf!lncia, la poé~ica leye11da del
Nac1m1Pnto de ,Jesús no siente en semeJant.e noche avivar~e los mái! tiernos rec11erdos de loe primeros días de
la vida.
Yo ¡ay de mil al penl!llr que me hallaba, en este día
solemne, en medio del eilencio de aqnelloe bo$qu¡-9 ma•
gestuoeOfl, uun en pre&amp;&gt;ncia del magnífico eapt&gt;etác11lo
qoe ie pre•E'Dtaba á mi vieta abeorviendo mis sentidos.
embargadoe pocó há por la admiración qae causa la anblimidad de la n:1toraleza, 110 pude menos que interram•
pir mi dolorOBa meditación, y encer-rándome en 110 reli•
gioso rec,,gimiento, e,oqué todas las dulces y tiernas
memoriae de mis silos j11veoiles. Ellas se despertaron
alegte5 como nn enj~mbre de bollicioea11 avejae y me
tr1ll!p&lt;1rt-1&gt;ron á otro~ twmpoa, á otros lugnrea; ora al seno
de mi lamilia humilde y piadol!ll, era al centro de populoias ciudades, donde el amor, la ami!tad y el placer en
CO)í ~nrrvo L r: L .\ L!.E ¡ 1.D.l. DE: L ILU3TR1SlMO SE!:O R P L.\)í C,\BTE A CAllPEC IIE.-Pil.ActO.DF. Goen»•~O.

27

DICIEllfBltE,

1896.

EL l\IUNDO.

415

han mlls qne unas cnantas
Afuera, la noche plácida contrastaba con el incendio
aceitun11s en la salmuera del de puert.oe y balco11e¡,. En el oscuro fundo de loe cielos,
barril, y era un ir. y venir qué esplendidas eetrellas y qné luna tan clara, tar. lenta,
conHante de galopmas qae ta11 serena, derramaba su reflejo fo~forecente, fingiendo
pedían á grito abierto.
fuegos L!tuoa en loe a1;ulejo5 del cimborrio de IR iglePia,
-MPdio de alcaparras!
recortando llll! corrtctae sombra@ allá de un barandal,
-Favor de un real de chi- aguf de un poste, más lejos de uno cortina olvidada en
les en vinagre.
un balcón.
-Don SantiJigo, échese
En el eilenció ofaner clarísimos loe ruidos, '11 grilerfa
mis slmendrae.
de los muchachos del 7, que rompían la olla a1tn11odo
Un eujeto rt@peta ble olía una atroz al baraca; más lejos, loe acento~ de o.na!etanfa,
i1 grandt'll nar,ces nn Gruyé • 10~ escandalosos J)ilo~ de agua y.,¡ pandno, y á trechoB,
re qne exeudoba grasa, un deJiindose e~cnchar In vaga armonía de un -valse que
enorme queEo rebanado sin adquiría no 11é qné tristeza á eioaa hora•, con aqlllllla lupiedad, colocaba en hondo na, con aqnel silencio, con aqu.,lla eol~dad de la calle
tompeote las dos libras de desierta.
jamón, y la media docena
Por eso quizá . Entitnio Carretones est:iha triste y se rede Alicante.
fugiaba en el dintel dt,una puE&gt;rta, abrigado y friolento,
1C6mo reeonaba el dinero fumando cigarro t.rn~ cignrro y rnlo, poaque habla el
en el cajón del cambio, CÓ· mendigo, dadas las diez, logróMnmovl'r á un transeuntemo patinaban los pelones que le alargó una pesi-ta no so~adn.
iberos de catorce anee, y qué
alegría rPboeaba en loe br1n·
dis de la cantina, en la que
todoe se disputaban el derecho de pagar, Jacint-0Hilváo
el sastre; Figuerolae, el de
la bojalaterfa. y Eustaquio
'frompa, el músico, que ce·
taba violento porqne 1\ las
die:1 habfan citado y )'I\ iban
li sonar, acomodaba bajo el
p/«id 1t cuadros el pabellón
de su instrumento, nn pistón niquelado.
Fael'On haciéndose escaeoe loa transt:untee poce á
poco¡ el primero que cerró
fué el boticario, pero alguien
aeep;nra que tree de sombrero
ancho penetraron al lugar
cargados de botellas, y más
ta1de, por la puerta entornada, fe colaron dos mujeres
de íald11s de percal y tapa'ito.
Dos dtearrapadoe, cayén•
dose de ébrioe, un él y aun
ella, cobijados con la misma
frazada, fueron loe últimos
com pradorea de la tienda.
Espoh·orearon e.n un pnmbnzo cuartilla de afiejo, desmenuzaron un chile en vinagre
y dijeron al perderee en la
sombra:
- /.Pos por qoé no hemos
de celebrar también la Noche
IU' STR!~n!O !&gt;'E:SOR rRA!\CJH'O PlA:NCARTY.-PRJNKR 0111•-ro DJ,CAIIIPF.CllL
Buena?
Cerróee poco deE1pués la de
Y he~fa frío, e,e frío de las noche¡, sin nubes, ese.frío
LA LLEGADA Dfilill,USTRISTMO SEftOR PLANCATJI! A CAMPEC;E!E,-LA CATU&gt;IUI.
•Loe dos Mundos,• y due11o
y dependientes de fieltro y de Navidad qne reclama el hogar caliPnte y alegre.
riana que flotaba en los ámbitos y hacía evocar las más saquito, caminando como &amp;i tnv1 ·ran callos, arrBBtran-Sea por Dio1 ........ , e:xcan ó Eutimio rncudiendo:iu
inoportunas v pedestres imágenes.
do loe piég, se encaminaron ra.mbo á alguna ca1!a en que entumecidas pie1 ana, y al no tene1 tntiio, como otn1e
No escaseaban loe traneeuntea, que ein querer se dete• había [rneca.
....
noches le po~6, lo que acontece á nquelioa q11e Ee hallan
nían frente al escaparate de «Loa dos Mundos,• que seEntonces oyóse melancólico. medroso y largo silbido·
solos, enteramente eoloe, cmrndo il. en alrededor palpi•
gún expresión de una vecina, parecía áacua de oro, un era Eutimi11 Carretonea, el gendarme. que en un crucero,'
tan ecos df fiesta, JlÚEOEe á hacer esos recuerdos, esos
altar, un nacimiento. Habían pintado todo el edificio; jur.to á su linterna, envuelto en su capotón, y en una buobstinados reeuHdo¡, que atrae la tristeza, esas aves qlle
hasta aquella.e eferae sobre las que se reclinaban doa aíl· fanda de estambre rojo y blanco, daba la hora.
contrastan con las golondrinas, porque no boyen, sino
fidee de túnica griega que empu.ñaban al desgaire, resbu¡,can lQdo lo que eP dolor y cuanto es bruma.
II
pectivaménte, el pabellón eapafiol y el mexicano, cuyos
Bien triet!' fS tu Yida Eutimio, en eete México deeco•
pliegues caprh,hosoe cubrían parte del Asia y me•}io con•
. 10h 11oche de N widad! ¡Yo no sé porqué se rnoja11 109
uocido, y sobre todo, en t'fta noche qu11 del ric() al liltitinente americano. AeJ ea que el aparador parUcipó de Ol?f! ouaado se la rPCuerda, y ein &lt;¡uerer, tiembla una lámo deeherecfado •e liga 6. un titimo episodio de la vida.
los brochazos y aparecía embadurnado con un color cie• grima en la punta de la pluma cuando se quieren condenDejaste loa florPcient.-s campos de Guadalnjarapani. velo tirando á verde: colgaban de lo alto triples hlleraa de sar eaa fnti roo, recuerdos en nua Hneal
nirte en busca de tral,ajo aquí, y dl'Ppn~e de no haberte
v_elae -:le colores con su heno correaoondieute, que habfa
En la fiesta del h,¡gar y por eso eri la calle del R'lmecon!ronlado el dueflo de la caea donde servías, te memdo la materia prima más usada para el ornato¡ eobre uo ro se ve(~n. laq vidrieras ilumina&lt;ias y_se escapaba de totiete á gendBrmr.
lecho de dulces, paaaa, nneoea y avellanas, parecían pas- das la.e viviendas un eco de !a alegría mt,rior.
Siempre fueron tn flaco las apariencias, y te sed.ajo un
tear DnO!l bi-reochoa con formas de animales; levant.11.banse los caprichosos envases de distintas formas y colorea
ºde loa vinos y cremas; allá un Emperador Goillermo en
vidrio azul, de busto, encerraba anleete, que tenía salida
por la perilla que cot'onabn el ca.seo; más lejos una column~ de tranaparente vidrio parecía de ambar, gracias 11,I
•licor de Ol'&lt;rn que contenía; 110 faltaba un botellóu de Je rez y hasta un Le6n XII, que por irreepetuoao contraste
era cárcel del embriagante ejenjo.
Una verdadera columnata de latas de conservaa alimen•
ticiaa eub!a ha~l.a el techo, ornada, por supuesto, con recortes y Oores de papel; no omitirem06 al enjuto bacalao,
colipido entre doa diminutos faroles veneciaaoe, ui ,l. loe
illc1tantee picklea en snscárcPles verdee y l&amp;ipr1meB d' Eil•
u en esos codiciados y amplios barrilillos de cristal que
e_nvid.ian lee señoms parn g11ardar el azúcar 6 el.café molido en la despensa; por mero lujo figuraban los duraznoa
en conllE'rva y algo mel'mada se vefa la caja de pasas, roto ya su papel pioado y ba~tante hondo el cromo, efigie
de una manola, en rl lecho de 1118 prensadas 11vaa ........ .
ei!88 pobrea Aolteronae env¡,jecidae y arrugadas de la vid.
Como enorme fruta los quesos de boln, medias lunae
las srgentada,, c,jae de mortadela, juguetee los cajas plateadas del thé qne cenía una banda de papel azul snlpi•
ca~ de gNoglíficOI!_ chinos; todo esto iluminado por ámplro reflf'Ctor, 11dqmda un a•pecto extraiio, .BafiiibMe la
1oz en el oro del coflac de cinco ceros, en la onda verde
del Pil)E'rmint, en f'I rojo de un moscatel probablemente
d_elicio~o ó !'n el crit&gt;tal parfBimo del anisado .....• Proce111ón ordenarla de botellaa it caya cabeza se v2fan el tosco
tarro del c11r11~110 v una obeaa botella de champafta con
au embre:ido eal¡li'cado de oro.
Con razón t •,doe se detenían allf, hasta quedar en el
gran crista.! In huella del vaho de los cariosoa, que hacía!! comentarios y tentadQa por el apetito penetraban en
la tienda, donde no daban a basto; la atmósiera estaba aaliuada de las fu.ertes emanaciones del bacalao; no q11eda•
CON MOl'JYO DE LA. LLEGADA. Dl!.L ILOimllSlllo 811:flOR PLAlíCAB.TK .4 CilLP KCBE.-Loou. M.A.90!110,. y Cv.ur.Tm. lru.u..u..

�27

41 r.

ThC'IEMBRE,

1896.

417

EL MUNDO.

27 DIOIEMBRE, 1S96.

EL MUNDO.

CURIOSIDADES .
.El primrr corlt~ aulqmóvil en Paria.

•

r

CO:S- ~fOTIVO D~ L.\ LL}:r.A-D.\ DELlLl'S'lJUSlMO ~filOR PL&amp;NCART1' .\ C.\MPECIJll&gt;.-Pu7.4 l'RWCI1'AL.

dfa de revi~ta PI uniforme sznl, el gorro con eup!l.flo de
eol blanco, ll\ r,istnlot!l y lus polaino•; mucho t,e perjndic6, meridional imaginaoióJ1, la IPctnra de lU¡UPllas novelas, en las que netut-0e agentes de-la policía brit!lnica,
aprehendían á un eetmngulador ú á un criminal mister1oso, y t!l., lle,•ado de eee carácter ligero que ser,I 111
rui,na, te •oileate un pvlit,mum de novela. Y te pega~te
ohaaco. Ye en.be~ lo que 8B eso de Pstar@e todo el dfa en
una el!(lnina ,1 manera de gallu, sobre nn pie, ~ufriendo
asoleadas y aguBceros )' teniendo que andar dos calles
para conseguir qn.. Je den á un vieja la~ peeef.lle á. l'einLi•
&lt;:!neo centa.,o~ &lt;'11 la 1 ienda; para enarbolar el garrote eo·
bre doscargador~a que se p¡,gan de ,11ulazoi, y resulta
q11e no ri:llen, aino que eet(n jug=do.
Y en las nocnee, las grandes hazañas se reducen á lla·
mar al orden ,¡ los borrachos Pecandolosoa de una canli·
na, y es raro el caso de oprehender á un homicida que
ha perpebrado un crimen con vulgarúiimaa circnnatan•
cias. Te ha sucedido lo que ea nat.ural¡ exlra!'las el .Ag,u,.
.i:ul. e:rtruflas el jardín de ::ian Pedro. la Otra :Banda, y
sobre todo 1t tus parientes, y eobre tus parient8f!. ,L ...... .
aunque lo niegnee, EnLitnio; ee te conoce á legnae que
tienea desequilibra-lo el cQ¡'azón.
Siempre has sido carilioeo, y por eso ¡pobre novio
_1&gt;r6digol ya que no hijo, en esta uoche no eé por qu6 lill!·
r.áa medfo tristón, t.ecaasa. envidia Román tu amigo, por•
que se fué á bailar al Poent.e Blanco y solía platical't.e
cuando estabae de eerv:icio en la noche. QuiBieras paellr
la Noohe Buena rodeado de loe que amas. y no en ana
e~uina en que sopla el viento, congela el frío y solo .....•
Dé¡ate de imaginaciones y silba¡ que están &amp;mdo hu ho1'118.

Y Eutimio paróte en el crucero y lanzó la nota aguda

y t.r1±mll..la de su silbo.to á lo, cuatro vie,uoe, cogió la linterna y empezó á empujar puerliBa; era inútil llamará loa

para que cerraran loa wguane.s abiertos, porque
en eea noche ninguna caaa se cierra. ¡Qul\ algarabía se
escapaba de todW1ellasal compás de alguna pie1m c¡ue
tocaba ya un pobre aguudor en su arpa, ya una música
de cuerda en forma ó cuando menos no plano.
Veíanse por los \"idrioe pasar á las parej11S, y en nno
la sombra obinesca de dos enamorados. de perfil.
Rl discuUa y el lo lo amenazaba con su abanico; alguien
se asomaba á otTo balcón para tirar la pnnta de un ci1sarro, poniendo en fugo á un grupo de perros que retozaban en medio de la calle, mientras q11e el gato de uno
!onda se l!Sonrr!a ~gado á la pared y desaparecía por el
respiradero de una Bccemria, y en el silencio sólo ee oía
el intermitente cbini¡lo de la luz elktrica, que il.compáe
ee oracaba ó brillaba más intensa y pecdiéndoee de vista e gendarme, campnneando la linterna que enrojecía
los bordee de su copot.Sn al doblar una esquina........ .
Yolvía de nuevo al dintel, cabizbajo y fastidiado, en•
c:endia cigarro tras cigarro y al eecupir reapond.íale el
CIIS8J'08

pndian, IO!! invitados de lascasll!! 11egurameute eetaban
en el comedor: adivinábanee p&lt;'r las vidrieras las sillas
vaoías, en deeorden, ni un solo cohete, ni un solo ra·
mor, basta que. dnda la hora, se 1&gt;scuchaba un lejano
palmoteo, saludando un brindis tal vtr.:
Y Eutimio 11e Pstremooia hastfl. la médula. Llegaba eee
momento en que loe recuerdos ee recrudecen, IR emoción
nos invade por completo y la alegría de los otros contraetu con la tristeza de no eé qué nos embarga; Ee bu•
medecen loe ojos: seTeouerda á la ,,iaJre muerta, al her·
mano ausente, ii la novia, cruel, pero idolatrada, y ....... ,.
se murmura algo ....... ..
Resonaban muy cerca las pieadaedeun caballo, el del
oficial de lo~ l&lt;'endarmes, ee acercó é. Entimio, que aún
con foe ojos húmedoe, la voz descompne~t~ y saludando
militarmente con el garrote, dijo con un na:lo en la gar•
ganta:
·
-1No Liay novedad!

El b.o:rnbre poUttco.

Lo pasado ee horizonte rropio al historiador; lo porvenir al poeta; lo presente a político. Reunidos en una so•
la personalidad estos tres oficios, tienen quecompartil'll8
todos ellos á una entre sí miEmoe y que anol.ane algnno.
Grave peligro colocar al frente de un Estado, hecho
para dirigir lo presente, á un lil6sQfo, quien, acoetom ·
brado á 1:nirar la eternidad inmóvil y á. (JOncebir ideas
11bstrac1.as, que presoinden de toda limitación, npenae
tienen ojos para mirar lo corriente.
~ 1J u filósofo d1lndo ideal nbeoluto á. una generación
atrasada, ee parece d. loca nodriza que dleee al recieo na·
cido, no e11 teta, sino la carne con que s.e nutre un adulto, motando así de hambre al que debieri, nut-rir de vida,
por el empeiio en darle un alimento incompatible con
stta quijad.a.s sin dientes y au estómago ain fuerzas.
Setie1J1bre de ISH6.

Circnla por fin en Pari~ eJ primer coche automóvil 1
tenen.,o,¡ el placer de pre.entar ,1 nuestroe lectores Ja lieouoruís de es1, H,hfculo, dejándolos daeiíos de apreciar eu.
l'Bt,tica esencialmente perfectible. Es llinico aun en eu genero, pero rn lo de adelante hiPió1·ico bajo el punto de
vi~ta de la locomoción ontom6vil.
Cn cochero de fiacre, M. Bique,, l.a aido quien con al
concuc~o flnancii,10 de uu rndnel,l'ial parisiense, :\l. Del~BlioD, tuvo la idea de i.Jace1 ejteutar eAe fincre automóvil por )f. Uoger, constructor bien conocido, y la osocia•
eión de constmot,orea de caches íué la qui&gt; fabricó toda la
cnrrocería del nuevo vehlculo mecánico dtJ ~1. Roger.
.&amp;.tnblecido aef el lad-. histórico, de,oribamos rápidamente el coche en cuestión: pert.eoece al tip&lt;&gt; llamado
fandaulet, que tiene la nrrua de conpé y !a.ndau. Su Ion·
git11d emre perpendiculares extreru:1A ee. de unoa tree
metw, entru, to que un fiac1e con su caballo ocupa máe
de ci nC-O. Si como es de espemrsl.", la aplicación de lo■
ñacree nutoruóvllee &amp;e generaliza, ganarán ::::iucbo Ja¡¡ CÍU·
dalle~ en facilidad de oirc11laciOn.
El coche está. puesto en n10viruiento pOr un motor de
eFei.oia de pet.rol~o de un solo cilindro dispuest-o en la
coja que ocupa la parte -¡,oeterior del vehículo. E•t~ mo•
tor n,cibe una mezcla de :iire y de el\llllcia que prmienen
de 1m carburador. La inll11macióo de lo. rn,•1,cla ea eléctrica. El gss que proviene del cilindro ~e e~capa, detapoée
de s11 tr-abajo á 11n amortígnad&lt;1r y de ahí a t e,,pacio. La
-provisión de eseucia es de 13 litroP; el enfrlaminnto del
cjlindro mot,or eet.á Megur11do por 00 füroB d0 agu.aencenadoe en dos reservarios dil'pueetoe lateralmente en la
cajn.
El vapor proveniente del oilludro ,·a á circnlnr en una
c,unara tubulu colocado horizontalmente eobJ"e el cofre
del motot del vebicalo y produce automáticamente una
oiroolaci6n de aire rápida en el interior de esta cámara tu bu lor lo cual facilita ef eufriawient-0 y J:1 condensación
del vapor producido por el calentamiento del cilindro.
La potencfa del motor que puede llegar á 6 caballos, ee
transmitida á las ruedas rnotricos de atrás por un sil!temo
habil.
·
.Asistimos á los principios de una evolucion cuya importancia no pnede pre\'el'l!e. Las grandeB ciudades mercedes á ella, cambiar:ín completameote de aspecto y ga.
narán ai o duda en facilidades da tránsito.

:-iueva lámpara de incande~ceneia.
I)ice el Ekctrical Eng'itlur que se fabric11n por medio
de uno paeta de amianto higroscópico un nuevo filamento pam hlmparna de incandescencia, el cual, después de
inbricado bajo fo forma de bojae de 0.3 mm. de espesor,
se corta en tiras de ü cm. de ancho que ae impregllil.u de
una solución al 30 por ciento de cloruro de-platino. Luego ee introduce una disolución aatnradadesai amoniaco,
ae seca al aire caliente y se calienta in mediatamente en
una llamo Bunaen1 que transforma la disolución de platino en un11 eapon¡a de platino.
Se impregna entonces de u.na solución al 20 por oiento
de cloruro de magnesio y ée calienta, repitiéndose eete
procedimiento hBl!ta qne la placa ee hayo recubierto de
una capa uniforme de magnesio; finalmente, ee sumerge
en una disolución al 10 por ciento de nitrato de cerha.
EL megneeio proteje al platino, y como que 1811 propiedades de radiación de la I u?. de loe metales de cerita eon
más conaiderablee que lae del carbono, parece que estas
lámparas consmneu una C11ntidad de corriente menoa
considerable.

Las mujeres han perdido más mujeres quij 1118 que loa
hombree han extraviado.
P!P.lUlE \t:BER.
El espíritu revolucionario ee comunica por medio &lt;le
un trabajo obecuro que no puede seguirse: es acaso un
microbio.
Lura, !1110JIEL.
Cuando loe pueblos ee han
mezclado en la guerra ó la
pot, durante siglos, no ha:,
llllO que no tenga en las ve•
nas la Bll ngre de los otros.

•*•

El pensador puede morir
intestado, su sucesión no so
pierde jamás.

eco.

-•J Qué bonit.o debe ser tlBO de est.nr uno coo sus gentes eua amigos, muy divertida! Hace dos ailoe ¡qué
diet1Uto pasamos la Noche .Bnena en caae de mi compadre! iq•té cena, era de lo finol Y ll!!O eí, le metimos á lae
copas que full un gll!lto; y ó eeo de la una estaba yo á.
medioa chiles; nada más me daba vueltas la 1111111; pero
eso 111, no le falté á nadie ní armé ellOondalito, con ser
que P.-tronilo andu;-o muy neciop&lt;&gt;rRosalía, que la se•
guiamos e~a noche por todas partee, y la mny gurvia,
nado.m.S.e se reía de no!!Otro!I.• ¡Pobre Rosalial ¡quién le
había de decir que qlledaba Eutimio pensati rn, cual ei
recordl\Se alguna b il!l.oria delicad , !. ...... .. .A. !os anulla.dores ecos del baile ee mezclaban gritos y rieaa¡ muy clanue ola la voz de alguien que pedía •¡sala, eala!,, y trae
nn bnllicio infemal, lo m(wca más y más frenétwa, en
taMo que de UDa azotea, como unaSAeta de lumbre, con
en cauda de thispae, un cohete disparado rugaba el
cielo de la noche: ¡pum! y caían tre,i ,gotas lrunínosaa,
que 611tremecfan , u.n gato, qne sentado en alta citarilla
miraba de hito en hito el eepléndido disco de la luna.
Iban á dru:_lae doce; todo había callado: 10!! ruidos ae

G. .ll. V ALTOUR.

r

El am&amp;ote engañado piensa en el amor y el matri•
monio, como lOH enfermoa
piensan en so enfermedad,
Ob$ervando la de los otros.

J. H. ROl'~Y.
El porvenir es de loa paeblo! que sabiendo maderar
•WI gastos, b.yan manejado
mejor las íuent.es &lt;le vida de
so ríqueza.
!Roc.'JKB.

E.L Pann:11 OOCl\E AtJTOM&lt;JVIL E&gt;&lt;

•

pAZJS.

LA

INUTIL RIQUEZA.-Po1· Jorge Ohnet.

Número 10.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.
-Y sí le mota á usted?
El coronel respondió muy despacio:
-Ui oficio es desafiar la muerte. Aseguro á usted que
no la tengo miedo; me con:&gt;ee bien. Somos antiguo&amp; ca•
m.aradae. PR.l'l1 un soldado, _qne ha pasado por delante de
la metralla tautas veces Y em pestai'lear, ¿qu/i supone dejarse tirar aun por el más diestro de los adversarios? No
me matará tan c6modomer1te, esté usted eegurs. No tie-LoFÓ.
ne usted idea de Ja íacilidad con que no se acierta al ti-¿Q11ién se lo ha dicho?
.
rar contra un hombre.
-:Mi niarirln, en prim,-r lugar, y después Oehna.
Em:iqoeta permaneció aniquilada, oprimida por la cer-J Cóm,.J ¿lfan coruetido, él esa infamia y ella esa imtidumbre de un desastre, y el coronel, para arrancarla á
prudencia?
. .
-Sí· él ba sido infame ooturalmeote; y ella ha e1do un• sn eombría preooupo.ción, continu6 hablándola y contándola historias, como á los niiios.
prude.°itl'......
•
-Oiga usted; me acuerdo que en el sitio de Tuyen-Por mí c .. uell-, •ftoy ~Pg,iro......
.
, .
-Sr. DeAei&lt;pPrarln ni ,•~r á usted en pehgro, en 110100 Quan, cuando estábamos rodeados, con el comandante
cuidado ha hioio d• [~nd.-rlt&gt;, y en la alte,nati va de com- Dommé, por millares de chinos, un diablo de tártaro iba
promet,-rse 6 dP ab,rndooar á usted, uo ha vacilado y ee á ineultarnoe ante nuestras líneas, i cincuenta pBllos de
l!IEI avs.nzadaa. Estaba prohibido hacer fuego, porque em ha compro111(,t ido ......
pezaban á lalt.or las municiones, y el tunante, envalen-JU.•rmoso corazón! Pero ¿á quién ha hablado?
tonado redobh1ba sus fanfarronadas. El d,a en que el
-A la s.-flnni Mo,~ler.
-¿O., mrido q11~ Pll'.I pobre sefle&gt;ra conoce la miserable cai16n tle Giov11.nnine11i nos anunció la llegada de los que
venían il. libertarnos, el tl!.rtaro vino, más rabioso que
--condt1ct11 de su hi¡o?
nunca, con cara. amenazadora y gritos estridentes, á agi•
- La conocP.
lar delante de hosotros 11na bandera t1mo.rilla bordada
-¿Y q1.é ha hecho?
con llllll cabeza de Ugre. Noest-roe Lira.dores perdieron la
- Le ha llamado á Pll cl\E.8 y le ba rogado, amenazado,
sill cono ..g•1iT nade. Entonces me ha escrito para hacer• p&amp;eiancia y e11viaron á nue&amp;,ro hombre una llo via deba·
me s,iber e11 [moago y para suplicarme que aceche ll Va- fas. El tártaro 110 cayó y volvió á sos gritos, haciendo
lentín y, ai vuPI ve, IP 1u1pida falir esta .coche...... .No ha contoraionee y aullando como un demBDte. Una nueva
vuelto á c,,m..r ...... Eran lu diez cuando solL .... y no descarga le respetó también y él sigui(, con sus danzas
-volverá. h:ista muy tarde, según au costumbre. Ko lengo, y aus injurias. Entonces se mandó cesar el fuego y nuespues, para qné ocupume de él y, _por _otra porte-a es- tro hombre se marohó tranqnilnmente, d•ll!pués de haber
pantoso lo qmi voy é. dt!l)lernr-no pteD!lo más que en servido de blanco á ci.nc11enm tifos, sin recibir ni llna
rozadura. Ya ve oeted que no ee pone eiem¡,r.e llll8 bala
-,J5'ed.
donde ae quiere.
- Ya ve m1ted q11e tengo que pel'!!isLir en mi resolución,
Redel estaba tranquilo y sonriente y Enriqueta se le
1'PUeeiO quti é l pereis.w.
·

-Venmo~, amigo mío, es preciso eer razonable para sí
mismo; he veuido p~ro hacer uno tentativo suprema á
'fin de itnpetlir esP llu~lu .. ,...
-¿Y cómo? pr~gnnt6 Redel, que de pronto se puso
,grave.
.
-Baatal'á qne u~tPd ae pre.ate á ella para que eea_f~c1I.
-Si n•ted ~upii,rn lo ocurndo, no me haría tal pet1c1ón.

representabn en eu salón, contando entre sos amigos la8
peripecias de alg11n11 batalla. Una angustia iodec1ble se
apoderó de su corazón. Le pareció que oía por última vez
su voz vibrante y que ya no le verla máz. Tímidamente
dijo:
-Si eae duelo no ee verificase, e~ría más seguro.
-Sin d11da, pero ¿cómo impedirlo?- Yo he cargado
con todas las culpas, en apariencia, y prefiero mil muertes á presentar al Seiior de Contras excusas q11e no le
debo. "\'a ve usted que todoe sus cálculos son vanos,
que eus tent11ti vas son inútiles y que IBS coaas deben se•
guir su curso.
La juiciosa Enriqueta lo comprendió tan bien, que dejó caer la cabeza aobre el pecho y se echó á llorar no encontrando nada que decir ni o.ro co11su!llo á su dolor
que las Já~rimas. El coronel, sentado á sos piés, casi arrodillado y 1leno de emoción, trataba ful consolarla.
-Yo
lo ruego, sea usted más animosa; me tortura
usted coa su pena. Usted no es culpnble de nada ni tiene
responeabilidad alguna en lo que pa.a.
Enriqneta movi6 la cabe~a como indicaudo que sabía,
por el contrario, que tenía una gran parte, aunque oculta, en lo qoe sucedfa. Redel la comprendió y dijo, bajando :a voz:
.
-.En todo caso, 11Rdie lo sabrá. Nadie aospecbará que
la cólera de ver §. usted tan odiosamente tratada me ha
animado contra el coude. Sí; si yo no hubiera amado á.
usted tan religiol!llmente, no hubiera odiado hu marido.
Pero si muero, habré Pido feliz hasta mi último momen•
to, puesto que está usted a.qní, á mi la.do, tan afectuoea, que esto es mna de lo que prrdicra hnber eol1ado
en mis momentos de Oláa grande ambición. Cese uated
de liorar y déjeme decir In J;o,;,lo mi pensamiento. Estoy
condenado, s11ceda lo que qniern á no ver á lll!ted m'8.
Aoaso eea mejor para m1 desaparecer bruscamente, sentido y llorado por usted, que irme á. arrastrar lejos de

se

�•

-418
aquí una exist-emiia sin objet.o, puesto que se dettli%11ril.
le¡os de ueted. Esto es lo qne mtdito con infinita tri.ateza.
Enriqnet,a le dirigib una mirada desolada.
-¿&amp;-r,I. n~tt!d de~graciado basta ese punt,o si sepsral"l!e
de mi? :-í; jn,go u dolor por el mfo ......... 1,\h! Al venir
nqaí f'@f)t:raba obto,ner de UBled toda.s IM concesionO:l y,
nl e•cncharle, comprend&lt;&gt; que eon imposibles tn un hom•
bre dl' au carácter. Estoy di'se!!pernda y, ein embargo,
no querria que obra~e usted de otra manera. No: ei usted
DO luern tal coruo ea, \al como le admiro y le temo no
wndria yo por usted ........ .
S., detnvo oprimida, indeciEl. Redel cogió su mano é
implorb tímidamente:
-Puede Ulited decirlo ahora, ¡,no e@ \'erdadT
-¡Oh! Ya no hay en mf reaer\"a ni urg11ll0. Sí; Ei usted no foera como es, no le profesaría todo el amor que
ha merecido y que tendrú la ams.rga pena de haber podido darle ........ .
Redel ooj6 la frente hat!ta tocar la mano de Enriquelia,
y pm•terRado ante ella, oom.o delant.e de DiOI':
-1:eudita ,Bea usted, dijo, por el 11ncanto supremo que
me concede. )li corazón e~tá tao lleno de reconocimiento y de 1ern11ri1, que no hay sitio en él para la cólern y el
od10. lT -ted me ha purificado de todos mis malos rnstintOll. Ahora soy de usted, de usted sola. Su predilección me l'le,·a sobre el nivel ds los hombres. :-noeda lo
que,qu!era, puede u~ed éetarcierla de que me ba col•
mado de las delicfas más raras y más pnrRE.
Enriqoet11 qui1-o hablar, suplicar todavía, pero él la.
cerró la boca cot1 ademán acanciador.
-¡Oh! No pronunc:ie oet.ed ni uva palabro. Todo debilitaría mi goc" dh-ino. Est.0Y en el cielo; no me vuelva
oeted á IR tierra. Amo t'. n~tédcomo jawáll mnjer alguna
ha Bido amad.a, y soy dichoso......... \' áyaa~ 1L•ted. déje·
mt', vnelva á au ca~a y rect' por mí; e&amp; todo lo que pido.
r~nriqueta estab!l delante de él, presta á part.ir, tan
pálida, tan tort11rada, con sas hermosos o¡·os n~gros llenos de Mgrimne, tan bermorn, q11e Rede no podía, en
aquel in,tante aupremo apartar de ella su mirada. La joven le dió la mano y él la sintió estremecerse entre la~
soy~~. Los ojos cándido~ de Enriqaet.a despidieron un
fuegoaombrfo, sus labios temblaron yt&gt;xhalando un eo·
lloi11, ee inclinó Pobre tol pecho de Redel y le echó los
brDJ1:oe al cuello, iu~m de ef, loca, entregada, toda suya.
El coronel la separó dulcewentt&gt;, sonrió con ternura, co•
gi6 au encunladorB cabeza con laa msnO!' v dijo, depositando un beeo en lo• hermosos ojos que lloraban por él:
-En el umbral de lo. moerl;tt, no quiero nada de usted
máii que •u alma, Enriqneta. i 110 noe ,·emos mús, no
encontrar,t uet~d eu el fondo do su pensamiento "ino re·
cnerdo@ inmaculados de nueslra ternura, y comprt:nderá
cuánto la he amad&lt;.'.
Acaricí6 con los labios sus rubio@ cabellos y eu frente
altsnera y Bl\bore6 la exqoisit.a et1n•aci6n de tenerla en
ew, bra20,, y de no guardarla en ellos. Después, la acom•
palió hasta ls puerta con fraternal reepeto y la dejó marcharse.
Al dejará ene amigO!I en la calle de 8aint-11onoré, á
eso de 1118 di~z. después de la convereación amenizada
con licores y cignrros que 8i~i6 á la comida, Valent.ín
tomó un coche de plaza y,d 16 ar.den de que le llevase á
la plaza de Anvert'. Allí ee bnj?,, atravee6 el boule,•ard
Roclwcho11rt, se metió en Is calle de Steíokerqoe, &lt;!es·
-pnéf! de cruzar la de Orael y ee éncontr6 en la plaza de
l&gt;aint.·Pierre, en uoaosclll'idad que un pálido rayo de luna dieipab-,¡ por cortoe iastaot.es al fillraree á tra'\'és de
las nubes. Todo era alll eolednd y Rilencio . ...a maea de
la colil)a de ?ttontmann-, coronada por las pesadas construcciones del Sagrado Corazón, ae levantaba vaga y negra. Ni 110 transeunte, ui un guardia. Aquello era un
desiert.o.
El conde tocó en el bolsillo de eu gabálf la c1tlata del
revólver que llevaba siempre para irá aquellos sitios. No
tenía miedo, pero tomaba sus precauciouf'!'. Miró el reloj ¡ eran le,..~ once, y en el eilencio de la noche una campana repitió de léjos la misma hora. Valent{n ee pW!o 11.
pasear, impaciente por la acera; Matilde se retrazaba.
Bajó hasta la cal le de Oree! y, al ll~ar á la esquina vió
á la l11z coo[lll!a de un iarol que por lll oalle de StPinkerq ue llegaba la muchacha con paso rápido. Se arrojó en
sus brazoe, falta de aliento, y dijo:
-Te he h.:cho eeperar......... Me segufan y tenía
mi~do ........ .
--Snpongo que estarás tranquila, ahora qne estás 11. mi
lado.
-Sí, pero lo estaré má, cuando nos encontremos en
nuestra Clll!ll... ., .. ,. ¿t'or qué oo has subido, sencillamente, en lugar de esperarme abajo?
-Por lo mismo que acabas de deei.r ......... Te seguían
y no te ha parecido mal encontrarme aquí ........ .
-Deepachémonos. HAy malos pájaros por aquí esta
noche.
Se cfujgfan hacia la plaza, del brazo, á travét de las tinieblas de la calle, cuando un paso precipitado se oyó
deuósde ellos. Valeutfn sintió que la mano de la muchacha se crispaba en la auya. Matilde no haol6 y aceleró su marcb11, pero el que lee aego!a les iba dando alcance. Valentín cruzó la calle y el otro hi7.o lo mismo.
El coode entonces se paró bajó un farol é bi110 cara, El
hombre que lee perseguía llegó ba.•ta él tambaleándoee.
Llevl\ba una blusa, una gorra y grue!!Oa zapatos. Con la
torpeza de pronunciación propia de los borracho•, dijo:
-¡Toma! ¡La aenoritioga y su eilba.Dtel ¡Tú ereR de•
msaiado barbiana para este espantajo!
Y alart;ó la 1,11ano para coger á )latilde, pero Yalentín
de on golp&lt;1 seco con el brazo y con la pi~rna, le hu.o
caer de nuch9. contra Ja paréd. El hombre se levantó de
un falt, y ya sin apariencia algnna de borrachera,
dijo:
-Eepe ,a no poco, que te voy áarrfglar ......... ¡'Eh! Loa
bnenoe mezo~!
·
A eete grito, apal"ecieron por la esquina de la plaza
tres ho:nbrea, uno de )Oll cualee esta~ vestido de mujer. MaHlde exclamó con ,·ot ahogado:

-¡Sálrate, Valentfnl ;Ee Ra,et! ¡NO!! hao engallado! .•.......
E1 conde oo tuvo tiempo de pedir explicaciooe.a 11. la
muchacha. El hombre vestido de mujer cayó eobre él,
pufla~en mano. Hobo nna corta pelea; nna seca detona·
ción de re,·6h·er, un cuerpo qne cafa en la acera, un grideegarrador: El !aleo borracbodijo:
-Ravet está patas arriba; 1:I silbante tiene lo que neceai,a ...... ¡Loe guiriEI.. .... Cru-;uemos con la chica ..... .
)Iatilde, muda de horror, fue cogida por dos braz,os vigoroso, que la arrancaron de Yalentín, que eetab:i de
pie, pero apoyado en la pared. Una carga de los gmndia.s di~persó la handa en tu tinieblas, Y. en el logar de
la ocurrencia solamente qnednron Ravet, caído de broces
contra el enelo, y el conde, inmóvil, los ojos abiertos Y
fijos y el rev6l\'er en la mano ..... .
A laa siete de la mafiann riguiente, estaba Federico
Clement acabando de ,e,tir8e part&gt; irá caga de Redel,
cuando entró en su cuarto el oE"fior Eliphas. El banqnero,
asombrado de ,·erle nllf tan de maiiana, pregautó á eu
padr~ quP ocnrria, y el d~jo le contestó q11e había sabido
la noche antes, en cru&gt;a de la señora Mossler, que debía
,·erificarse ,m duelo eritre el coronel y el eellor de Contras, y quería ir al terreno para conocer ant.ee P.I resultado. Fedt!rico no t-enía costumbre de oponerse á los deseos
de en padre; pero no pudo, ein embargo, dejar de hacerle notar qne e;io sc;ría una incorrei:ción y que los padrinos del seflor de Couiras podrían oponerse,
-No t.illdrán para qu~. dijn Bliphftl'.
Federico xnirb á su padre con asombro.
-Puedes e~tar tranquilo, aiíadló el ,•íejo; no me ve, rán ...... !\1e q11edart' en ~, cochi.'. Pero quiero estar preseme para ir sin perder momento á informar á la seilora
Mo~sler de lo que pase.
-¿Te :o 11a tnnndndo ells1
-No; pero se alegrará de que lo haga.
Partieron y eran las ocho canlldo entraron en casa del
coronel. Acom¡:mílado por so compañero de escuela el
comandant.e Yalli~s, Redel e~peraba muy tranquilo y
con un aire d., Teaolución qne iinpreeio11ó vivamente á
Federico, va mny coumo"ido. ;Si hubiera oído al coronel, un mómeuto l\ntes, decir l\ sn amigo que estaba resuelto,. no tirar al conde y á e$perar sus tiros, cuál hubiera sjdo su emoci6nl Redel, qne se proponía no rom per con la fl'flora l\Ioa8ler, á fin de volverá verá Enriqueta de vez en cu,rndo al menos, había formado el proytcto de arriesgar Ell vida por ,la satisfacción de su amor.
· La llegada del seilor Eliphas e:s-traM á todos.
-¡Cómo! Fsted, el hombre de la moral y de 111 caridad, dijo Redel riendo, ya á 811,llCÍonar con Sil presencia
estas prácticas ~aoguinari!l!I .... ,.
-Las condeno, créalo neted, declaró Elipbae, pero be
pemndo que mi presencia daría á usteil buena suerte.
La respuesta de su paure el"'.I tan ~ingular, que J.'ederico le mir6 por eeguoda vez con asombro. Pasó por su
mente la idea de que sn padre 110 creía en aq11el d11elo·
pero ¿cómo no creerlo?, los padrinos e~tabau reunidos:
fas armns prontas, el coche esperando. Sin embargo, la
calma del viejo, aquella es~cie de &amp;t&gt;gnridad profética
que había manifestado por dos vecea, parecílli:1 indicar
qne Redel no corría nfogó o pe! igro.
-YamoP; es tiempo, dijo el coms.ndnnt~ Valücres.
Desde oquf á GeoneYilliera tenemos una hora de camino.
- \'amoe, dijo Redel. Y partieron.
Fedel'ico al oír hablar fi Redel de todo ,nenos del objeto
que llevaban en aquel viaje, empezaba ti.encontrar un poco
d&lt;1conlianza. ,,::,i no estuviéramos todoe·veetidos de negro, pensaba, y no sintiera debajo del asiento la caja da
las pistolas, creería que íbamos á casa 6 á almorzar ao el
campo.• Fuera ya d_e me fortificaciones, el coche rodaba
por la carretera, entre dos filas de árboles, y á lo~ dos lados se e:s:tendfan loij campo!! sombríos, baila.dos por una
luz. gris. Al,ljunos carros de hort~anoe ee dirigían bncia
Asuieres. Ni un trabajador en las tierrae. La soledad ero
complPta. A la i:quierda uu ancho mont6n de tierra cubierto de musgo amarillento1 recordaba el reducto de Gen.
nevilliers, qne foé construido en 18i0 para defender la
orilla del Sena y que formaba, melancúlico, un receptáculo á la belud.'\ y 11. la lluvia.
Aquel paieaje vell\do de tristeza pareció á Federico cua•
dro adecuado para \lD acontecimiento trágico. S'.!B temores volvieron y ee figuró aquel coche. vol viendo al paao,
lúgubre, con un muerto tendido eobre loe almohadones
ensangrentados. Levnnt6 con angustia los ojos hacia Redel, que continuaba hablando con la mayor tranquilidad,
y, en el mismo momento, el coche ee detuvo de pronto.
-¿Qué hay, pregum6 Elhipas? ¿Hemos llegado?
-¡Calla! Son los padrinas de nue;-tro adversarsario,
dijo el Oom.andante Vallieres, abriendo la portezuela.
E•oe sei'lores vienen á encontrarnos.
Redel eah.ó vivamente al camino y Eliphas, Federico
y el Oomacdante le imitaron. Prieur y Croix-Mesnil,
que habían,dejado su coche á poca distancia, avan;,;aban
con :iire pesaroso y eolewoe. S11 aotitod pareció tan anor•
mal al Comandante, que exclamó, sin darle casi tiempo
para llllludar:
-¿Ustedes solos, Seftores? ¿Y el Sefior de ,Coutras?
-¡Estamos solos, dijo en tono desolado Prieur, y el l:le·
nor de Contras no vend rál
.:..¿Por qué? ...... preguntó Redel con voz amenazadora.
-Porque está muerto, dijo Croix-Mesnil.
-¡,ruerto!
En lacarr~tera poll'orienta, en aquel paisaje de invierno, bajo aqnel cielo negro y triste, loe amigos de Redel
ee miraron con estupor. , 610 Eliphaa no pestane6. Prieur
afiadió:
-Le han llevado ú en casa, esta mailana, con una pu•
flalada en la e,q&gt;alda,
Al oi r eeto, Federico eintió un desvanecimiento, ante
la convicción de que su padre estt1ba informado del crimen y an~ la sospecl,a de que no la había impedido.
Le cogió del brazo, le llev6 h!ISta la euneta del camino y
dijo con ,az t.emblorosa:

27

27 DrmmmRE, 1896.

ELMUNDO.

-¿Sabías que Oontras seria ase3inado esta noche?
Elipbas le,·antó la cabeza hacia el cielo y respondió
con firmeza:
-Sf, lo eab!a.
-¿ Y hae dejado cometer eee erimen?
-He beeho cuanto dependía d .. mí para ealvar á ese
desgraciado de sí miemo. P.iro yo no soy más que un
hombre y no he podido oblig11rle á entrar en el deber.
Enloncea, he j11zgado en mi conciencia el mal que había
hecho y el que se preparaba á hacer, y le he dejado morir.
En aquella horn trágica, ¿penetró en la mente de Federico ua rayo de luz? ¿Se quebrantó la confianza. ímpt!rturbsble que tenía en eu mujer? Palidt&gt;Ci6, miró á eu pa•
dre con ojos lle11oa de angustia y dijo, apretándole la
mano:
-¿/l qné aludee? ¿Por quG has dido implaoable? ¿Quien
era el amenazado?
-Un hombre de bien, en eu vida, y una majer honra•
da. en su honor ..... .
FPderico btlj6 la cnbeza y no pr1&gt;g11nt6 nada más, En
aqnel momento Rffliel y el Comandante ,allier1:11 ee 88•
paraba u de loe padrinoR de! Sei!.or de Coutras y venían ,¡,
reunirse con eue amigo,.
-Ahí tienen ustedes un pobre diablo, que hll muerto
como había n,•ido, dijo el Coronel con desdeñosa compasión.
-RI. añadió Elipha.q, en el lodo.
-E~te paseo al llirelibre me ha abierto el 11petito. \'oy
á almorzar con . g,1eto, dijo el Comandante Vallieres.
Volvamos á Paría.
La eeiloru \\lolll!l'!r v au Ministro de la Caridad no se
han vuelto á ver. Como babia previsto Elipha~. la muerte de Valent!D rompió para siempre los Ja,,,os de en antigua amistad. 1 nconRolable y, ein embargo, resignada,
pues había dato en aquel !in trágico la irremisible sentencia de la fatalidad, la aef!ora Mossler pPrmanecio encerrada en su casa, cow,agrá11dose con m:l.s pasión que
nunca al alivio de las miaeris9. ~o recibia máe que á Enriqueta y, algunM veeea, al corooel Redto!. Laij dos mujeres pMaron el verano en la Chapelle-8auvigny, donde
permanecieron hasta fin de otofio. Caand1J la nieve extendió rn blanca alforubra eobre las praderns y espolvoreó de blanco loe árb,les del parque, vol vieron á Paría.
Emiq11et.a no quiso coutinnar en la a veo ida de Friedland, ee foé II vivir con la sefi_ora Mossler y fué para ella
11na hija adicta, tierna y tan buena, que nnn noche en
que fas dos estaban al lado df.'I fot&gt;go, perumtivas y me•
lancóliC11!!, la anciana rompió el silencio y dijo:
-)H querida I&lt;;nriqneta, te veo con pena llevar 110a
triste exielt&gt;ncia con una vieja como vo. No haa coooci •
do haeta aqn( la dicha y, ei11 emba,-gó, la mereces como
ninguna mujer del mur.do. Yo aoy responsable de lag
proluodas decepciones y de las cruelBll amarguras que
has sufrido, y quisiera reparar en lo poeihle el mal qne
te he c1msado involuntariamente.
La jovPn juntó las manos en ademán de súplica y dijo,
interrumpiendo ,t la señora i\Ioeslt!r:
-Por Di'os, no te acuses; bien eé hasta qué pu oto eres
excelente l' han sido !alFeadas tns int.enciones. Hemos
llorado 18.5 mismas penaa y sufrido loe miemos dolores.
Eres inocent.e y la vida la sola culpable de nnestros sinsabores.
La anciana '18 quedó un inFtant.e peDBBtiva y como impulsada por lejanos recuerdo~. afllldi6;
-Mossler me díjo UD día: ''TPngo miedo de que sea•
moa ricos. ¿Noe podrá eso eer útil? Pasada cierta cifra,
la fortuna es CO!!&lt;I fantástica y temo que sirva máe para
el mal qt1e para el bien. Dejemos todo esto v volvámo•
á plantar nuestras colee. Con oieo mil· francos de
renta tendremoa mil.e de lo que neoeaitamoA. Lo que exceda de eso será no estorbo y ¿quién sabe? acaao una
fuente de penas." ¡No estaba equivocado!
Se produjo un silencio. La &amp;l'ftora Mosaler eojog6 una
lágrima qne rodaba por su mejilla, y continuó:
-De todos mis dolores, el mayor es ver q11ebrnda tu
existencia y haber contri]:mido á ello. Pero felizmente
eres bastante joven para volverla á empezar. Aquel :1
quien has eido visiblemente destinada te ama y no espe•
ra más que uoa palabra tnya par-a ofrecerte su nombre.
Creo que vacilas en pronunciar eRa palabra por deferencia , mi La he pronunciado, pues, por tí, mi querida
hija¡ es el de:Equite que te doy y que con todo mi corazón
m~ alegro de J&gt;?der darte¡
.
-1Qné, querida madre. BC48t&gt; 9merea ..... .
-Que te cases con Redel, sí, hija mía; lo quiero porque
así asegoro tu dicha y la suya. Le he r.::gado que v,inga
esta noche á hablar conmigt&gt;.
En e~te momento resonó en el silencio del hotel el timbre que aauncio.ba las viaitae.
-¡Ahl estál dijo lo. sailora Mossler.
La puerta ee abrió y el coronel Re adelan!.9 ha.cía las
do$ m11jeree. Bes6 la mano de la señora :Mossler y se in•
clin6 ante Enriqueta,
-Yo preveo que me voy, amigo mío, dijo con indiferencia la reina del oro. A la edad que tengo y para lo
que hago ~.n este mundo, no e~ nna noficio_para trastornarse· pero ha,·aqui una mn¡Pr que no t,ene más que
veint~ anos y á la que el P'l"'enir debe reaervar jn•tae
recompensas. Teog&lt;1 empeñ'? en o[reeérselas yo misma
y quisiera, sin eaperar mil.e ttempo, rW.raela á no hombre
honrado que la ame como ella merece. No creo engailar•
me Redel, peneando qne ern hombre es uet.ed.
El coronel se puso pálido y dirigió 11. Enriqueta una
mirada interrogante. La joven inclinó gravemente la ru·
bia c4beza ~e levantó y faé :l arrodillarse delante de la
seflora ~Io~ale1. Abrazó á la anciana, que temblaba de
emoción, y murmo.r6 con uoa voz que le salla del almn:
-Gracias, madre mía.

°'ºª

FIN.

D10IEMBRE,

1896.

4l9

· EL MUNDO.
Entre eus cabellos caoos!
¡Amor que ennoblece y aaln.
\Ten pronto á mi hogar estrecho,
Que :,a, la miBll del alba
Estáu tocando en mi pecho!

*

**
?.Iie vinjeros pequeftitos,
Mis au~entea adorados,
Los humildes mnertecitos
Á mi cena convidados;
Y a regresan de la misa
Los devotos, los creyentee ..... .
¡Mis amigos, mis ausentes,
.Daos priaa, daos prissl
Dejad ya con planta breYe
Vneatro místico palacio,
Caminando tan dtepacio
Vendn'·is yertos por la nieve!
Mi esperanza qua os desea
Oomo niiia pobrecilla,
En la blanca chimenea
Puso ya la zapatilla.
Oir pienso vuestro paso,
Quiero ver y no we atrevo,
¡Dejad pronto sobre el raso
Mi regalo de nno nuevo!

\

¡~o doblan !as**•
oampanas,
No, que repican!
Plumas de alondra llueven,
No nieve fríal
Díoa ba nacido;
Jea11s no yace muertQ
Que está dormido!

•••

¡Casta ilusión que me alientas!
JSueflo de ilicha sereno,
Si á mi cena te preeent-as,
Seré bueno, seré bueno!
Ya no ,·acilo ni dudo;
No miro mi hogar desierto,
Ni viendo al ni!lo desnudo
Me imagino que está muerto.
Vive; con dL1lce sonnsa,
Entre sencillos pastores,
Ye :l. loa que vaelveo de misa,
Trayéndole mucbas flores.
No pienso con desconsuelo
En loe seres ya perdidos ..... .
;Mie m11ertecitos q11eridos
Estiin cantando en el cielo!
El alba tibia clarea,
Venus en OrieJJte brilla! ..... .
¡ Dejémos la iapotilla
En la blanca chimenea!
ll.IAlWJil, GllTfÉl!Rl:i

N ÜBRA,

LA ADOPCION.

l!!!eil.orlto. Enrlqueto. Airullnr, [d"San Luis Poto-!.]

A MANUEL UPATA VERA.

Acercaos á la mesa,
Mis n•cuerdos, porque os llamo;
ld eulit•11do de la huesa
Mu.-rt~mtos que yo amol
Oosus idae, CO&lt;BI! m.uertas,
llusion a ya perilidns,
Ac.-rl'ROB á mis puertas,
Coeus muntae, cosas Idas!
Jlt! lu eM1a ¡neparada
El ~111611 está vacío,
Cae m11y triste la n('vada,
T.-ngo uiit-do, tengo frío!
Condd11Jos á mi cena,
1\.1 u.. TtAcitoa que yo amo,
Acudid á rui reclamo
Que t-1-ta noche ea Noche Buena.
1'~-tá 3bi('rta wi ventana
Y la lluvia ta Ealpica,
:Mieul.ras 01go la campnna
Q,u, repica.
b111'11 a111igo, pobre hermana,
De n,i C3!á 1.,a ausentea,
V.-nid Lodos tan aprisa
C11n,o ll ~eta hora van á misa
Loa cr;,yentts.
..**que te fn.1@te,
¡l'obre hermana
Si 1ivi1iras todavía,
Cnand, si1iuto mi alma triste,
JI u,ln111s coeas te dirial
J\"1'11, y pronlo, 11e11 ahora!
Cuando 111-gui, la maílaoa
Y á la 111i,a de la aurora
),hu11i, lenta la catn pana,
Tt'rm i nada ya lo cllna,
P11dr1l~ ine, podrál' irte,
Y teudrea,os qne decirte;
¡llnsta la otra Noche Buena!
l'ero uhoia, mi hel'ma.oita,
R.-iua aú,1 la noche obecura,
ll•-jll, pu .. ~, ¡oh muertecita!
To callada sepultura.
Son Jae doce.

* nace;
.
j,*e:súe

Vuelvo el ro~tro al Nacimiento
Y In cera ee deshace
Combatida p ,r el viento.
Nadie cuida á loe pastoree,
Nadie canta villancic:os,
Ni :i la virgen llevan lioree
I,,s ancinuoe y los chicos.
En el heuo blanco y yerto
Está el Dios tt'Ciéu nacido,
Y al mirarlo allí dormido,
l'lfe parece que ea,á muerto.
¡Fe de nii'lo, ,•e11 al punto!
Que tu ,,oz me p11rifique ..... .
Y no viene .v me pregunto:
¿Por qué dobla ese repique?

***

Del árbol en las ramas
:!\lil vd11e arden,
¡Que no tardeo los niños,
Qae no se tllrden !
¿Por qoé no vie-nen
Si aq11( tantoa iaguetea
Y du lees tit"nen?
Esta espada de acero
Para el más grande,
Y soldsdoe dt' plomo
A quienes mande.
Y esta mulleca mbia
Tan bien vestida
Para :n niíla blanca,
Bien de mi \'ida.
Ya ver~is cómo gritan
Los n1ay tra vieeoa,
Y cómo lo, devora
So madre á besos.
Pero e I J\rbol Fe a paga,
füol(uno Ilegal
Y en la Jea ierta a leo ba
Nj au uiño ,.juega!

.=res
.
..
qne venís tan lejos

¡Cón,o nn!lÍan 1·upa~roe cariños
Los qu.e tienen padres viejos
Y no tlenPn hijos lliñoel
1Con qué impaciencia os imploro
Para mezc'ar con míe manos
Yueetroe ricitos de oro
'

DJSde haefo veinte atl.ae, JU8ll Yignol escribía cuentos
en los folletines de los diarios, narraciones en las que
no se ocupaba, como es natural, Bino de asesinatos y de
nifios auetitaidos por otros en sus cunas. Y ciertamente
no era más torpe que aue rivales eo esta especialidad.
Si alguna vez r,.travesáitt por una enfermedad peligrosa¡ Dios os !ibre!-y si no sabéis cbmo llenar 1lla horas de
fastidio de una larga convaleacencia, leed loe .ll'i1terio$ dr
Jlfcuil11101ila1J, qne llO tienen menos de veinticinco mil
lfneas. Allf encoutraréÍ1l todos los ingredientes habituales de edta cocina literaria.
El comienzo es "orprendente, sobre todo cuando aquel
malvado duqne del Castillo Viejo, á la salida de la ópera,
baja al alcantarillado subterráneo, eo donde tiene una
cita con un licenciado del presidio, amigo suyo, quien
debe eil.trPgarle unos papeles que puede.i hacer perder
su reputación ú la hermosa morques.a de las Dos Garitae,
la &lt;mal, por haber cambiado de nodriza, no es la hija de
un Grande de Ea paila, de primera clase, como la cree todo el barrio de Saint 1.iermaiu, sino la de un ebanieta de
la calle Popincourt, en otros tiempos condenado li muerte con motivo de un error judicial, y gnillotiaado, según
la costumbre, en ,·ez del presidiario con el que el duque
tiene esta cita poco confortable y subterránea.
Ya se "eri'l, por este simple ejemplo, que Juan Vignol
conocía perfectamente so oficio.
Sin embargo, el pol[0 hombre no obten fa grandes éxitos; ~ropezaba con mucaos obstáculos para colocar su original y vivfa, por eeta causa, muy mezquinamente. Y es•
to consistía ante todo, !'11 su poca ai¡erte, y después en que
era un modesto, un tímido, que oo sabía abrir11e paso,
recorrer el camino al mo:fo americano.
Naturalmente no bahía hecho sue comienzos literarios
por la novela de folletín. 0oll88rvaba siempre, en el fondo de su escritol'io, pero sin esperanza de darlas á la publicidad, eus dOll obrns juveniles, eecrítae por él en In
época en que conservaba todos sus cabellos y la ambición
del arl.l'. Primero, ei manuscrito de un volumen de ele•
gfas-Ffor,-, d,, un,,io-en donde el poeta se qoej11ba. apasionadamente de las infidelidades de una muchacha que
designaba con el poético nombre de Fragoleta, y á la que
comparaba 11. todas lns enamoradas célebrea, desde la más
remota antigüedad basta nu8-'!tros dlns. La verdad es
qne, en la realidad de los hechos, la inconstante señori •
ta se Hamaba Agata y era obrera en el taller de una florista.. El otro manuacr.ito, más voluminoso, conten111 na
drama terrorífico y medioe,-al, coa este eangrieoto títu •
Jo: Lru ,úaallndorc,¡, y en el cual lOd personajes cubiertos
de chambergos y calzados con alta.,¡ botas, se pasaban recforocamente sos es¡,adas á ~rn vés del cuerpo, en medio
de grandes tiradas lfriCBII,
Por deegracia, loe dramas en vel"l!o na son comestiblee, La•j(ores de ,·uteno no son 1\tile~ ni para ser adere-

�en

DICIEMBRE,

1896.

Club se ase de un barrote de hierro en su cn(da y 11&amp;
desli;a basta el muelle con la agilidad de un mono. Pasado mañana daní de p11118h1das á tres. guardianes del
orden público. ~apero que en esta ooal:llón 108 lectoret,
van r1. tener emoc1ones.
Repeotioamenteel peqnet'iocomienza_ágimotear. Jn~
Vignol di"ertido con rne nuevas lunc,onea, toma el biberón da de beber al m11chacho, notan mal, ¡áfemta!
para Eer la pTimera vez, lnego lo mece y lo c;ue~me.
Pero el novelista no vueh•e ya á so escntono. Qu6da&amp;e allí, pen.eativo, mirando ~ e~ie pobre eér cuya cabeza eAtá en el fondo de la almohada, apretándose las
dos manecillas i;obre su pecho.
Juan \'ignol cae en una 3oloro•a med:taci6n. No ha
muerto del oodo en él aquel poeta qu"' softó eer, cnando
era jov,m. Y ahora recut1rda que m .ñana aerá. Navidad,
y ante esta cuna, piensa en "' nifto qne do_rmfa eobre
paja de orc-, en el establo de B?thleem. El vmo al mun•
do para ordenar á los hombres q11e se ama@en los nnoa
,\ los otros, y allnqne las igle&lt;iilll' en laa que s.e predica ~u
doctrina doade hace dos mil anoe ~err~anez~an en. pie
todavía, los malee causados por la miseria ex1s$8111Uem•
pre.
El nilio mnt.erial y moralmente abandonado, tll ni!lo condenado, por una eRpecie de iatalidad souinl, al vicio y al crimen: he aqnf el libro que es ne•
ce~ario eEcribir, dt'jaudo que en
tíl corran t,)dllt' las caridsdes, toda~ la• terunrM, toda.a las indi·
gnacione~, todllB las cóleras de
su corazón. lle aqnf la novela
qne Jnan Viguol debería hacer,
sí...... ¿Puoen 11né piensa? Juan
Yignol no tiene tulento, nunca
Jo ha tenido. ~:1 lo Pabe dema·
silldo bien. Y si las liÍgrimas lo
ahogan en eete momento, llora
á la v.. zpor el infortunio de e&amp;•
te pobre niño y por su impotencia.
Sin embargo. la puerta ee
abre. Es la tía ..\Tathieu qr1e re·
greaa toda ~ofocada. ¡Oh, esqne
es~á cansada y cad01cal JY qué
roetm más lamentable surcado
de mil ar,11g&lt;1S, rode.1d\l de su
pa.ftuelo de luna!
Y bien, tanto p!!or! El buen
homl&gt;re cedll al deseo que lo
atormenta desde hace algunoe
minutos!
-E.•cm:be ueted, da ~Iathieu,
he pensado durante e•1 ause~·
cia ..... 1!:n 11.1 época en que v1•
yfa mamú, yo ganaba para _loa
dos ...... Bneno! pUt!fl me traigo
á neted con111igo ¿quitlfe us·
ted? ......... Ustetl se ocupará de
los q ueh:i.cere~ de la casa y yo
la ay11d11ré á criar al pequeño.
Y l11 pobre mnjer da un grito,
ee desploma sobre Ulla silla y se
cnbre el ro8tr0 con las wan011;
y como el niño, que se despj~ria
sobre,;altado, se pone tam b111n'
llorar, Ju:m V;gnnl lo toma de
en cuna, Jo mira d., Cl!rc_a y d&amp;poeita en su blanda rne¡tlla un
be.so ya paternal.
Xo es est,\ todo. ¿Sabt,is que
la generosa conducta de Juan
Vigr1olha tenidoparaélaus ven•
taja¡.'7 Comimía, natun,Lmente,
sirviendo lad wi~was clunlaia·
nerías ii su público eapecial;_pero sin emb1.1rgo l1.1y en sn. ultima novela-J::I /,uí'r(ano ,le JJeUe·
,•il/c-yo no h1 qué que no había
en laa utras y que hace s.ollozai:
á lae 1,rríRP.tlll!. 1-:1 tiro uel P,que•
;¡,., Prvlefario h:1 subido y el ea·
critor gana ahora sus vei nticinco c(:nt1mos por línea.
Y ::uín la obra ha sido reproducida pora!gunae hojas de pro•
Yiucia; y cuando hace pocos_(lfaa
J111111 Vignol llegú á la ca¡a de
l11 Socit'tiAd dt! Literatos á ~
brar sus derecho~, tuvo la_ única
alPgría d, su vida de e!!Cntor.
El más ih1stre, el prunero de
los uovelietus de estos tiempoe,
Je di6 un _golpecit.o en la eapal·
da, ante el despacho.
-DJgame eenor Vignol, he
leído dos 6 ~res foUetinee de uaY be sqn( á la anciana contenta! •¡Ah mi bueno, mi ted, en et1toe últimos di11s y be 1&gt;ncomrado en ellos
amable f&lt;'fior Yignoll• E inetslau la cnna cerca del es- mlly bnenae, mny einceraa, muy conmovedoras sobre
·
Mo
critorio del novE&gt;li~ta y la tia MaLhieu sale exhalando ni1ioe.........
Y el pobre hnmbre," ruborizado h!\Sta 1a~ ore1as:- nd~
por lo b•jo bPndiciones. Y ya solo con ol pequefto, el
eBCritor Htl echll á reir socarronamente entre su larga chas gracia~ mi querido ma?etro, contesto halbacea 'b
de placer. Pero ee qne ...... ah1_?rll••···· ... cuando eecn
barba.
·
algo eobre los niños ......... copio dd ,.af,ira/! ....... ..
- t'amoe héme aquí convertido en nodriza.
Y al~¡;re por su bnena acci6n, se instala bajo 'a lám•
Fa.1scs1co C-OPPEL
para y toma la -pluma. Porque dia~tre!-no _hay que
oi ri1arlo moilann temprnno debe envrar á la imprenta
eu foJl,.tf~. Toda la novela ha qnedado modificada con
Ahí, donde falta todo, la naturaleza se encarga de sil·
la rumrrPcción de Rouffe·Tou. Pero aqneUa noche el plirlo todo; Pila hace florecer y re\'erde_cer todos los hun·
cuPntista Pstll de yena.
dimientoe. Tiene la hiedra para las ru10M y el 111nor paSu f'TE'sidieri , precipitndo desde .la segunda _me@eia ra los hombres..
de la Torre Eíffol por otro tuno ele~ant.e, nn v1r,cnnde
que d8"ciende de las Cruzadas y 1D1ambro del Jockey

-Pero ¿cómo? ¿El único colchón delll!~? ........ .
-Es necee:uio ...... Figurese ostedque m1 hermana ~enor, ,-iuda como yo, acaba de caer en cama, Y no,ta_qu1eren en el hoepital á causa de una enfermedad croruca....
y naturalmente debo &amp;)·udarla. lla eido tan b~enu conmigo ...... Me acostare algunos días eobre la paJa. No se
muere uno por eso, ........ Porque cuento dl1iaell!~fiar el
coloh6n cuando reciba mi quincena......... Lo uo1co que
me inquJeta es el pequefio. Necesito cuando menos. nna
hora para ir al Monte d1;, Piedad y á 1a casa de m1 enferma. Siempre f!e Jo dejo á la portera, que ea una buena mujer ......... ¿Pero la ha vi•to usted? ~~ta noche, víspera de Na,-idad, tienen pu cena de familia en la porte·
ría, y á lo~ pmrt.res ya están e_n tono ~e cantar·:.......
¡Vivan los pobres! Juan V¡gnol tume &amp;ni! OJO!! de perro llenos de lágrimas.
.
.
-No hay cuidado, Ha Matl~1eul De¡e uRted la cama
quieta. Yo tengo todavía qmnce francos. Tome ue~
die,: . ....... Y vr1.yase , la casa de eu herma.na ......... En
cu1mto al rorro, l!Avelo usted. á mi. casa. D~erme como
un bieni.v~nturndo· oo me 1mped1rá t.raba¡11r......... Y
ademáe, si ee pone á hacer música......... bueno, no es
tan l)tlsado mecerlo un poco y darle de beber.

,;adaa como ensalada. Era preciso vivir allá arriba, en
Belleville, en un pt,queilo departamento de un qwn\O
piso. Allí habitaba, pues, .Juan V_ignol, ~ c?mpallía de
su madre cril!pada por el reumatismo y gJm1e11do de la
maftana la noche. Para ganar algún dinero-¡~h¡ _muy
pocol-i!I poeta seconvirbó en novelieta popular, a igual
que un pintor entrampado se hace íot6graío.
Dulce y resignado, act1pt6 el o6ci~, -y pu~o en ~I todos
sua sentidos, pero, como &gt;=ª hemos dicho, sm gran re9nJtado. Y eato era natural, ue~puée de todo, porque care•
cía de convicción, de sinceridad, n~ tom.ab~ b~tante'
lo serio sus marquesas bijas de ebametas gu11lotmado~ Y
eue dnques que Ee ¡,aaeabJJl por loe albaftales con abrigo
de pie&gt;1es v corbata blanca.
,.,
El Director del J&gt;¿qi1ei:co l'roktario, en donde Juan.'\ 1gnol publicaba sus bli!t.or,as capacee d~ bac~r dormu de
pie, ltt decía con toda crudeza: •Qner1do mio. se c~noce
que no siente usted nada de esto,,&gt; y no le paga~a stno á
diez céntimos la línea. El pobre muchacho fab1a que era
superior á au groeera tarea, y sofría dando~ men,udo pro•
fondos suspirot. Pero ¿y qaé? Era su ~estmo y para ho.-Oer cocer su escasa pitaoza ~e agotaba mventan&lt;lo aventuras cada vez más extravagantee.
Uno. \'ez, por ejemplo, no hubiese podido pagar dos arrendamientos atrneados y habría eid!)
indudablemente embargado, s1,
en el 1'iltimo extremo, no hnbiu·
ra logrado un anticipo del Dir€C·
tor ctel l'er¡u~,10 l'l'l&gt;letariu, ee·
ducido port-1 asunto de una no·
vela cuya anblltancia en el_ primer f C'lletín, era como sigue:
"'ºº músico de la orqulll!ta del
Ambigú, hijo bastardo, ain saberlo, de un par de Jnglaterr.i,
al volver il su ca,a, des.pués de
la lnnción, encut1ntrn un eequeleto en In C'\jn de su contrabajo.• Bit t'I 7,rói·imo mímtro conlinu«rá.
En tanto que vhió la mam,,
' Juan \'ignol, modelo de_ amor
filial, soportó bastante bten la
,·ida. Pero desde hace dos aftos
que se encontraba tiOlo en el
mundo, eiu parientes, con poeos amigos y con coRtnmbres
caseras, v se aburría enormementll
su piso alto de Ilde,· ille.
-¡Qu~ trabnjo! se decia una
uoclw ,·íepera de Navidad, 811·
biend~ con lentitud sos cinco
11isos porque ee había puesto al•
go as~ático. ¡Qué trabajo! Todavía dicen en el diario que mi
última obrn-.lfo:w, !1 Ou111{•{11iía
-no tiene bastantes p11fia adas.
Serú preciso que resucite á Bm,t/r 1'01\jmm, mi presidiario que
acabo de precipitar. no hace ocho
días de la Torre l,iffel, y que le
facilite víctimas ....... y dei,pués
d1: este rru-go de complao~ncia,
ya verán uot~des corno t!lguen
rehnsándon1e veinticinco centavos por Jlnea ......, ..... ¡ A.h perra
vida!
.,
Al entrar en su habitacmn, experiment{ialgllnOS pequetla11c01!trariedades. Después de una mi•
rada melancólica á su colección
de pipaa, eemejante r1. la d1:l ha·
rém de un sultú.n que ha renun•
ciado r1. este pa,at1empo, Juan
Yignol advirtió que su lumbre,
que babia, sin embargo, cubierto de cenizas antes de salir, se
había apagado por completo. Y
tn \'O necesidad de eneucilll'!!e
l811 manos para encenderla. la
pnrtera le habia preparado mal
la lámpara en ln mailana, y tuvo que cambiarle la rnecL.&lt;1; entonces sol:wieute vió que no tenla l!iuo dos ce1 illos en s11 caja.
-¡Rayos y truenos! exclamó
soltando su juramento favorito.
l'ueaestoy fresco si la lámpara
6 la ln'mbre se vuelvten iJ.apa-•
gar...... Y necesito de ·velarme
para resucitar a I presidiario.
iBoniwi Navid~, entre p9:réntesisl Y cinco pisos que ba¡ar y
subir otra vez por estos cerillos! ......... Pero no! voy á pedir
uno á la ,·ecÍilB.
La vecina ero la tía liatbieu, una pobre vieja, cuya hij11 recientemente aba.ndonada por an marido, babia
m'uerto de parto el me9 de J alio. La criatura t,eoia cinco meses; y la abuela que cosía á máquina, la criaba con
biberón. ¡Cuánta miseria en aquella covacha I El novelista que era un hombre de corazón. había entrado allí
algn~as ,·eets y dejado nna moneda de plata, aunque no
tuviPse rnnchas para él.
-Tunl tan!. ........ Buenas noches, tía Mathien. ¿Me da
usted unos cerilloA?
-Eb ! tía Mé.thieu, ¿qué hace usted a.hf?
-Ya lo ve usted, i:-r. Yignol, respondió la vi_Pja con
voz lacrimoss. Voy r1. llevar esto al ~fon,e de P1Pdad y
ea prreiso que me dé prisa, porque cif'r..-n lea oficinae á
JBB ocho ......... Siempre me darán diez francos ......... Es
¡sna buena, no crea Ul!ted ....... ..

4

•

2i

EL }fUNDO.

420

y

~a llegaaa ael año nuet?o.

º°fo:

°

27 Dwrnmnrn, 1896.

Balada de la .muerte.

EL NIDO DE GORRIONES.
Ancho, hueeoeo, atlético, con los ho nbroa robustos,
las piemne fuertes y el cuerpo encorvado por la edad, era
~I tio R(.que, un campesino llmgonét!, que llevaba con
~ergfa eus setenta y cineo allos y la adminiRtración de
elll! finca- y propiedades, calculiidas por los inteligentes
-del contorno en ciento cincuenta mil duroe; un capital,
diariamente l'igilado por su dueño, que recorría ene tierras sobre un caballejo de mala muerle para inspeccio•
nar y dirigir la siega en Agosto, la vendimia en Septiem•
bre, la si&lt;,mbra en invierno, el esquileo del ganado en
primavera, la recolección de irutas en otofio, y las múltiples faenW! de la ogricultnra en todo tiempo, sin cuí•
darae del calor, ni del frío, ni del aire, ni de la lluvia¡
atravesando uua at.móefera de luego cuando el sol aabrasaba los campos. y una eilbana de hielo cuando la nieve,
cayendo de las nubes, se extendía en forma de m·auoba
monótona deede los má.s hondos repliegues del valle hasta loa mál! altos picachos de la sierra.
Por9.ue el tío .Roqne no quería dejar nada á la inspecci6n a¡ena; la más i11significante semilla pa,aba por en•
tre stis dedos antes de caer sobre la tierra, aquella tierra
13Uya, completamente suya, á la que quería y amaba con
ternuras de abuelo y codicia de amante celoeo; tierra de
la que no se habla separ1.1do nunca y de la que parecía
hijo, y mejor que hijo, producto. A tal extremo se había
compenetrado con ella, por su aspecto, parte integrante
de ella misma.
Su cuerpo achaparrado, duro, lleno de ángulos -y nudo•
sido.des, asemej.ibale á una encina ano~a, dotada por un
-capricho de la Naturaleza de la facultad de transladarse¡
su rostro, corUdo por la intemperie, era del color de la
tierra labrad11, no parec(a sino que 11n solo arado había
hecho los surcos de la una y las arrugas del otro; como
crece entre louurcos lacizañn, desigual, reyuelta y sal{li•
cándolos á trechos, crecía la barba hasta su cabeza puntta•
goda, coronada decabellos blancos, que recordaba los pi•
-cos inacceeibles q11e se er¡,:uíao sobre la montafia, co bier•
tos de nieves perpetuas. El tío Roque era un pedazo del
terr11f10, las raíces de su ~·ida arranc:1ban de él,
:S-i so dineYo, ni sus hljos ( cuatro hombretones ya casados), ni BLB aiíos, ni sus fatigas, fueron bastante r1. ind11cirle al reposo, á la existencia c6moda, al vivir quieto
de un anciano pudiente...... Quebrantlibaae su ealnd con
el rudo trabajo r1. que ven fa entregado desde el amanecer;
algunas noches de invierno una tos seca deagarraba su
pecho: no pocos días de verano sinti6 un abogo, un prin•
-cipio de aefi:x:ia, que le hizo detenerse y buscar apoyo en
el tronco de llil árbol; aconsejóle el médico, multitud de
vect:s, que deecanaaee, que re· ,unciara á la labor diaria;
pero el tfo Roque se encogía de hombros, se burlaba de
-consejos. y de dolencias, y al romper la aurora se bebía
un Yaeo de agnardiente, ensillaba eu caballejo y al cam•
po, á ínepeccionarlo todo, á qae trabajasen los braceros,
tl que produjese la tierra, á que no estropeasen á su querida, la única hembra que había sabido pagarle con usura eus desvelos y eu constancia.
¡El reposo! ¡Entregará manos ajenas el cuidado y con·
servaci6n de lo suyo( valiente locural.. .... ¡No ver sus tierras sino á ratos y como un paeeante más! ¡Cómo si
aquello fuera posible! ...... ¡Como si él, acostumbrado r1.
trabajar sue terrenos y á dirigirlo todo, pudiera resignarse á vivir inactivo, á convertine en espectador, ::t no ver
-c6mo en laa maf!anas Irías del invierno desflora la reja
del arado la tierra húmeda y palpitante, para que lama•
no del sembrador arroje en su seno la simiente fecunda·
-dora; á no contemplar bajo los rayos abrasadores del sol
de Agosto cómo e! trillo desgrana la requemada el!piga
y la horquilla 11.1 recoge y la pala la avienta, para que el
trigo caiga convertido en granizo de oro sobre el ancho
mont6n que cubre la era y qne se eleva en forma de pirá·
mide; quedlll'l!e eu c1111a, bajo la sombra perezosa del empa•
rrado cuando la hoz arranca de la cepa el lozano racimo
v el carro lo traslada al lagar y los mozos lo pisoteu1 en•
t0Illilldo canciones hasta qne, conVf!rlido en mosto, lo
recogen las cubas y fermenta en ellas y de ellas sale trasformado en chori o rojizo que humedece los labios y calienta la sangre; no tomar parte en la recolección de los
frutos, en el esquilo de sus ovejas, en la labor harinera
-de sos molinos, en la confecci6n y refinamiento de en
aceite!.. .... ¿Era eso Jo que querfnn de él? P11~s que no lo
esperaran. El baria eiempre lo mismo, recorriéndolo to•
do, vigilándolo todo. A caballo mientras pudiera tenerse
:firme en la silla; en un car.ro si no pod!a andar. ¡ ~unque
fueee á arastrnel
¿Quién iba á hacerlo si no lo haaín él? ¿Sus hijoe? Tenían que cuidar lo de sus mujeres. ¿Un encargado? Como ei dijéramO!! un ladrón, un tramposo, q11e no podfa
querer 1uás que su provecho. Y él solo quieto, dejándose
Tobar en tllll! propias narices. ¡Que no! ...... ¡En seguida! ...
¡Apartarse de sos t-errones, no ealudo.rlos á todas horas!
¡Cómo iba á intentarlo; si 108 q11erfa tanto; si en verano,.
al irse á acostar, dejaba la ventana abierta para recoger
todoe los l'llmores de la noche, y no cerraba en tiempo
algú.Do las maderas para no desperdiciar ningún rayo de
eol, ninguno; ni siquiera el que 1,e bosqueja en el horizonte al amanecer, sin alubrar casi, como el parpadeo de
unos ojos que ee despiertan!
El que quisiera verle furioso no tenía más que hablarle
de ello.
Muchas \'eceB le habían propneet-0 sus hijos, cada uno
-de por sf y prescindiendo de los otros1 irse á vivir con él,
ayudarlo. Pero el tío Roque se neg6 wempre. Si bubie,sen estado solteros; bueno; con la recua de 111 mujer y de
los chicos no; el casado casa qniere. Saufa que de favorecer á nno se hubieran enfada.do los demás, y bastante se
odiaban al penpar en IIU' eventualidades dP la herencia
futlll'tl, para que af!adiese él leña al luego. :Xi un hijo ni
un adm10istrodor. El uno y el o~ro le habían de robar.
El eolo se bastaba para eu negocio.
Aaf pasaron at\os, y el tío Roque se fue poniendo achacoso y débil; ya no podía montar á caballo; apoyado en
nn bastón de nndoa, recorría sus propiedades y presen•ciaba las faenas del campo con toda la energía de su es-

421

EL MUNDO

En la mística noche callada
Una trémula voz desmayada,
A wi oldo, llorando, llegó;
En la mística noclie callada
Una extrafla y doliente balada
Con palabras enfermas cantó:
•Cabecitas cual pálido, lírios
Qne al incierto fuJgor de loa cirios
la medrosa tiniebla eW1alt.ais¡
Cabecitas cual pálidos Hrioe
Que las nocbel! de intensos delirios
En beata q11ietud esperaib;
Ojos turbios de vírgenes muert112,
Ojos de liondae pupilas abiertas
Dilatadas de frío y dolor;
Ojos tlnbios de vírgenes muertas:
¡Ya jamás en las noches de~iertas
Lucirels como estrellas en florl
•Manos láciae de mnertaP amadas
Que teneis las blancuras sagr.tdas
De la costa camelia imperial¡
Man.:&gt;s láciaa de muertas amadas
Que babeia sido en un tiempo, besadas
En la límpida noch.e estival;
·
.Lnbios muertos, que hoy sois de violeta,
¡ Ya no hay besos que alte:en la q.uieta
Contracción que la muerte os dt.-Jó!
pfritu, i&gt;mp•iia•lo 1•n •0~1.\lner y p11'!ear aqnel cuerpo ~ue
se tambaleaba sobre In ~umba. Pero como sus dolencias
le hacían quedarse en ca~a muchos días; come no lograba
inspeccionar o todo, ni los mozos iban tan derechos, ni
lae cosechas producían tanto como antes¡ como esto era
verdad y lo era también que el tío Roque ¡¡at11ba muy enfermo y el trabajo aoabab3 con él. y -u l!lllud tenía nece·
eidad-e11 opinion de loe médicos-de absoluto descauso,
resolvieron slll! hijos obligarle á cambiar de vida, y fueron á verle una noche y hablaron con él. senti\ndoee en
torno del si116n donde sn padre desc!llll!abs y oía eus proposiciones, contrayendo su boca sin dientes y fijando en
ellos ene ojos astutos de campe• ino.
El hijo mayor lué el rncargado de decírselo, y se lo dijo claro, ooo rudeza no desprovista de carino y lealtad.
-¡Padre, usted está inútil!.. ..... 1La vida que lleva no
le sienta bien! Es preciso que descanse usted y que arre·
gle la manera de encargar á &lt;1tro sne negocios.
-¡A otro! Y ¿á inién?-rep111!0 el viejo.
-¡,A un extraño.
-Eeo de ningún 1llodO,ccoutesbnon l011 hijo!! ácoro.
-Entonces, tá quién? ¿A uno de vosotros? ¿.Qaeréis
vosotros tres que se encargue Antonio de las fincas?
Los preguntadoe arrojaron ~obre el presunto favorecí·
do una miradn de rencor y desconfianza, ¡Encargarse
Antonio de t&lt;,do! Para aprovecharse de elb; para quedo.rae con lo mejor. Do ninglrna manera. Preferirían r1. un
cnnlquirra.
Leíruie eeto con tanta claridad en sus ojos, en las frases
ir6nicas y sutiles con que respondieron d. la pregunta de
su padre, gae el viejo les dijo sonriéndose con sonrisa
entre burlona y triste:
-Ya Yeo que eso no os conviene. Lo presumía. Noos
niego tampoco que estoy malo yqne el cnltivo delas tierras no anda tan bien 00010 a!los atrás. ¡Qué remedio! ...
Tendremos paciencia. Yo haré lo que me sea posible.
-No, padre. Usted necesita descansar. Se lo ha dicho
el médico y se lo repctimo@ nosotroe.
-Pues vosotros diréis cómo se arr¡,glll.
-Mire usted, como medio, hay uno.
-¿_Ontíl?
-Cédanos usted las tierrau, repár~laa entre nosotros á
su glll!to; de ese modo nos evit3remoa pleitear por lae
pMticioneB cuando ee muera usted; noEotros cuidaremos
cada nno de su parte, como usted mismo, y neted descansa, viviendo al lado de eus hijos, del que usted desee,
porque todos le queremo:, bien, y nos desviviremos por
complacerle.
-\'amos-dijo el tío Roque con voz 11ervioea-queréi11
here.::.arme en vida.
-¿Nosotros? ........ .
-Sí, no me enfado; es natural que penséis en ello; pero oídme:
,
Cuando vosotros érais muy pequeños cojí en el alero
de ese iejado un 11ido de gorrion81l; me los llevé it caaa;
los puse en una ¡au.a y la dej6 encima de la ventana.
Los padres, que h11b(nn venido detrás de loa .gouiones,
empezaron á dur-vueltas en rededor de aquella careel y
á pfar dolorosamente. .Por fio, uno de ellos se echó á volar, VJlvió á poco rato con un gran-o de trigo en el pico,
-entró en la jan Is, di6 de comer á una de las crías y mient:tas él prauticaba la operación, "e fué el otro gorrión y
volvió también ...... carg3do de trigo ...... en fin. que los
dos padres ma.,tuvieron áloe pajarillos, ni más ni menos qne cuando estaban e11 el alero del tejado.
«Creciecon .as crías, y ~charor ala~; ya revoloteaban
dentro de la jaula; loe padres seguían alimentándolos¡
cuando e11tuvieron los pequeños en dieposició:i de volar
por su cuenta, puse yo unoe espartos con liga delante de
la jaula; hice prisioneros á los padres y d( libertad d. los
hiJos . .A. los padres los encerré. ¿Y 1!3bliie ,•oBOtrOI! loque
pas6?-dljo el tío Roque con 11eento burlón y duro.-Que
lós -p~~res ee murieron de hambre; porque ninguno de
loe h1Jos se ocupó de 1arlee de comer.
-¿Y qué queréis decir con eso? exc1!Ull6 el mavor de
loa hijos.
•
-¡Qué) .Que no despedazaré mí tierra querida :fl!?T vosotros; que os vay11ie á. vuestra Cll88 y que me de¡éis en
la mía. Que no me qllÍero encerrar en la jaula.
Y el Uo Roque, riendo á carcajadas, se metió en su
enarto,

"IOh, Purezas! Dormid vuestro sueiio
En los brazos del último ensueilo
Que turb6 vuestra paz virginal
Y en loa brazos del último eosuefio
¡Esperad la llegada del d•ieño
,\ la cámara blanca nupcial!•

A través de las pnrdns neblinas
Muchas vi~enee ví peregrinas
Que la tráoca Reyna besó;
A través de las pardas neblim:e
Deegranando BllB notas mezquinllll
Lentamente su~ notas perdió......
ÁNTRl';OR l..EscA..'iO,

Diciembre 19 de 1806.

•

PAGINAS 'JE ALBUM.
r.
SU'.RPRISE.

-¿Es bella?, he preguntado.
-Oomo nn jar.mfn.
-¿Es inteligente? ¿Ea illll!trada?
-Hay algo en su st!mblante que recuerda el génio de
Corina, y de sos labios brotan conceptos dignoe de PIA·
ton.
-¿Es l!edactora, gracio!!ll y atractiva?
--Sus pasos son cadencias, sus movimientos ritmos,[.
al contemplarla se sueña en horizontes aurora.les, en ee.
vas perfumad6S, eu palacios de nácar, en cascadas de
perlas.
-¡Ahl entoncP~ he descubiert;o on misterio. Cuando
en estas tardes de Otoño, en la!! penumbras del anoohecer, bajan por la conj11nci6n celestial de los rayos de las
estre1las amiga~, r1. los vergeles cubanos, el Dios cupido,
y el Angel de la Carid11d, ¿sabéis á quien vienen á admirar y , bendecir?
Á. IILLA!!!

II.
SONIU8AS CREP[l;;CrALAR.ES.
A

EvA~GELINA ZAIBli.NA.

Eres-sobrina mía-tan dulce y tierna, tan bella y ruborosa, comi, lae vírgenes dibujadas por lllurillo 6 cantadas por Frédéríc, et artista prodigioso de EL Puoo11.
En el Otmio del aiio y en el invierno de la vida, la pluma suele arrastrarme hacia las oo~as triúes. Hoy, al declinar la tarde, la atmósfera eelá cargada de obscuridades
y de corrientes frías,
A 11esar de ello, me presentaa tu libro de recuerdos fn·
timos, y no quiero empaparlo en lágrimas, ni rodearlo de
sollozos, ni empequeñecerlo con decepcionea, Bino cubrirlo con divinales ea_peranzae, aignas de tu coraz6n sencillo, de tu mente cfarlaima v de tu so:-;nrsA cru:.PUS&lt;'n,AR;
de esa s.onriea de la ,ual decía )Iéoard que ,e siempre
diáfana, como el rayo de la luna que defc:iendeá baliarse
en el ambiente fresco del :ign3 dormida, en el p~rfume
enamorado de las fiores.
Acepta estos ap1111tu como un rocío de consuelos, ya
que, según exclamo.ha Brilland, en la Naturaleza es el
rocío la -ver.illdera yiili,·, 11u1ti11d.
Disculpa á IaJoconda,-pura, peromiateriosa. Continúa
siendo casta, con orgullo, ~o olvides !ns debilidades bumanaB, porque olvidar no e.i perdonar. Ama mucho, ¡,ara
que puedae defeJ)derte del amor. Eota1,. en la manan.a de
la juventud. En torno tuyo, toclo s,,,..¡;,,, lodo canta y mi
mayor anhelo es que jamás te veas obligada á repetir, con
el sublime trnvador &lt;le las inquietudes del alma:
¡,~v~. lncientc sol , &lt;"ampo d e flores,
ca,.,_,,,.¡a¡ c,elo azul, numlls!...... La vida
E., J1orrl ole tragoola entro c,.¡,leruloreol
Al&lt;'DRÉB CLO:Q'l'E

y ÁZQCXZ.

.

�422

EL MllTJ)().

27 DICIEMBRE, 1896--

ANATHEMA SIT.

Sin embargo, soy an poco hada y quiero probarle que•
fuf sensible a tu atención caritativa. En adelante t:iempre que abras la boca para pronunciar una palabra, saldrán de tolla. diamantes y pt::rlae tinas que podrá.a recoger
y que te hadn máe rica que una princen; de aaerte que
si el corazón te lo dice, podrás cnwrte con un príncipe,
porque poseenla una dote suntuo.a¡ circUDhtancia que nopodría diPguetar á ningllDo de los príncipes actuales, cu •
yaa tinanrGas están generalmente en mall,imc, estado.:, Dichas est.11s palabras la vieja desapar~ció y la joven emprendió de nuevo, muy proocupada, el camino de en ca•
ea, no ein haber hablado mucha:: nces en voz alta, para
no decir no.da y simple!llente porexperimentar el (abuloeo privilegio de que la vieja .la bahía invt'ati.io.

Si negare alguno qne f!anta ·M aría,
del Dios paracleto-paloma que albeaconcibió ain mengua de su doncellía,
ana~ma aeul
.Anatema el que recbua lo!' prodigios sin segundo
del botón intacto y úber que da fruto aiendo yelllJl¡
que los vientrea que conozca, como légamo iofeolllldn,
no le brinden 11ioo espurias floracionea .....• aoatemal
Si alguno afirmare qne Crieto divino
por nos pecadores no murió en .Judfa
ni su cuerpo fe!' hostio. ni su sangre vino,
anatema eeal
Aaat.ema los qne ríe11 de oblaciones celestiales
eh que un Dio~ -loco de amoret!--es In víctima suprema¡
que no formen para ellos ni l!U harina loa trigales
ni eus néctares l!Rbro~os loe vrñedoo...... anatema!'

Si alguno dijere que el alma no exli,te,
qne en lo~ craneoe áridos perece la idea,
que la luz no surge trne la sombra trnte,
anatema sea!
Anatema loa que dicen al mortal que temn y áude,
anatema los qne dicen al mortal que dude y tema;
que en la noche de Hlls duelos ni un carilio los escude
ni los bese la eeperanza de loe justoe ...... anatema!
Diciembre de 180/i.
A.YADO XKR\/0.

Las dos hermanos legendarias.

r-"~0

(' \.\..( 2
~~ -º)
,&lt;")

............,..

U11bía una vez (cuando menos yo dejé que me Jo contaran porque no fuí á wrlo), doa hermanas que habitaban con su madre, viuda proba~lemente, (porque no se
dice nua palabra del papá en esta historia) una casita en
nn bosq11e. ~.\unque no faltaban las casas en ese boaqne
.. acaso haya qnien 88 asombre de que tres mujeres sin de:
fc,nsa hubil'l!en tenido el valor de permanecer en medio de
la selva, sobre todo en nna Jpoca en que loa lobos y lo&amp;
jabalíes no andaban torpes y ee ignoraba en su ruavor
parte los neos mlia element.ales de la civilización. Ea" de
creers.e qne ell!lll encontraban Blt pequefio beneficio, sea
qne d1es!-'n do comerá loe lenadoree ó 11ea que eet11viesen
en connivencia con loa merodeadorée y loscont:ra:andis;ae y que au9 cuevBS eirriPeen para celar las mercPncfaa
robadas ó adquiridas con !rande. Este punto hn permanecido obecuro, pero como P.9 perfectamente inút.il para
la int.eligencia de nuestro relato, nos dispeoaaremoa de
c~clareurlo á 9ioruo.
Esas doe hermanas, como sncedediarinmente en nnestras ciadade;, más progretoiatas, no tenían la uoa por la
1Jtra mae que una simpatía mitigada. ~ns relaciones eran
,~xpotáueamente agrltlulces y máa agrias que dulce~.
En primer log_ar la hermana mayor era morena y po·
eo[a un par de OJOS nl'gros capaces de p :nerceloeoalaza•
b:1che y de de~concenar al ébano; en tanto que Jn menor
enorgullecía u.e u na cabellera rubill capaz deponer cau~tlloaoe á los trigos y ojoa azolea de un azul transparente
y límpido que t1vocaba los cieloa &lt;le l\layo v los marea de
Septiembre. Fácilmente comprendt:réis qu·e esas dos hermanas tu ties•n la nna por la otra e~ntimientos á~idos•
lal mayor e.stimaba que no se tenía el derecho de ser t~
insolentemente rubia como en bem1aaa menor y la me•
nor coD!lidera ba como iujurioso ser t.,a 'imprudentemente moren~ como eu hermana mavor.
En otro~ t.érmi no~, e11ta, eefiorltas .,floreetalee,n 11e deLMtaban cordialmente, lo cnal es muy t.rú;te pero tnás
común de ló que ordiuariam~nte se cree.
~\demás sus carac1.eres diferían de una manera tan
cierta y posith·a como el color de eue pnpilas y el tinte
do.i aus cabellos. La mayor, naturaleza espatl.ola, era tao
ardiente, pet.uh1ute y -v~inglE&gt;ra, como la menor, temper1lmeuto ei;ca11di01wo, era. plácida, tranquila y reposada
~o se pasaba caei dfn ~in que las dos hermanas antag~
nic:is no to,•ic_eo la una para la otra palabras vivaa y

"ª

prop6l!itos hiriente@; no ee eabe lo que h•biera paeado
en la.a noches si 110 hnbieern tomado el prudente partido
de conFagrnrlas al Euefio.
Sus di,cuejonea diurnne dtgpnarnban rora vez en que•
rellas caracterizada.• gracia~ íi la int.erl'ención Ealudable
de la mamá. Esta 1íltirua, como puede verse, ¡ay! en 1a
mayor parte de las familias 111odernaP, _no tenia por sus
Jos hijas una predi lecci6u igual; para la mayor que se
le parecía en Jo f(sico no mi;nos que en lo moral, dejaba
ver una \·iva preferencia . ..iaí, todas la8 ,·ecea que intervenía en ene eternos debatll\l tomaba con wui parciali•
dad deplorable el partido de la mayor contra la menor.
Esta, mny eutlcientemente reeign:itla respecto á los f:entimientoe maternalf's ni atm esperaba á que se maniit:atasen; para evitar di~goetos procuraba eclipearse dulcemente ~an luf'go como ofa los paeoR de i;n madre en la
escalera. En una palnbrn, la vida ee !e habla vuelto insoportable; pero la característica de la vida es dejal'l!e
soportar aun por lae personas que la juzgan insopor•
table.

!o!aturalmente, la madre •*•
y la hermano n1nyor hicieron
11oflama con el milagro. Eso no Fe había visto jamáe, diez.
veces se hizo reierir á la joven, con todos los detalles. loe
aconteciruientoe de la mariana, no 8iD haber tt•nido cuidado de colocar anLe ella una iumenFa ce~ta niáa habituada :i ,·erRe llena de putatae que 11: diamautee y de per•
las flnae. Eran aquelllll!, riquezar, incalculoble•: la madre
y la hermana quisieron apouerarsti dt&gt; el.al', pero con
gran decepción de su parte, apenas tocabon la cesta, las
piedras prl'ciosas de,;apancínn como por encanto. Acuearcn á la hermano menor de qne les traía mala suerte,
mas no por eeo dE&gt;jaron de ver deeaporecer, sin poderlo
remediar, innumnables te.eoroa.
Fu.; precieo reflexionar: «Hijo mía, dijo la madre, ea
probable que los diamantes no ee deevane1.can ~ino porque no no!! pertenecen. En sumo, no hay razóu para
que la hnda no t~ haga el mismo preAente qne :í tu hermana. Por qné había de eer ella la prderida? Ya e11bea
to manera do conducirte¡ no te es difícil, pul'P, rnlver
aqn!' de.~parramando perlas linBE; eiltonceR podrás ncogerla~. venderlas y constituirte una dote rnl que nn príncipe te demandti en matrimonio. Xo es per~pectirn que
me diegu~te volverme nu día la suegra de un soherano
auténtico. u
La hermana mayor con ,·ino en todo. - };~perando que
sn hija hablll.!!1• e11 dianm11te11 la madr,~ lmblnba de oroFuése puea In jo,•p.n 11011 rnaflima al bo!!t1ne, ee c,~loc6 eu
el paraje indicado por ~u hermana v el'pe1-f&gt; la b11enaven·
tura de la ,·iej:1.
·
1':~ta, no tard,í en aparecer, vacilante y de~fulleciente
bajo en carga de lelía. La joven ete 1•n•cipi1.6 á eu encuentro y Je ~uplicó quii la dejase ayudarla: uCon muchogus•
to-respondi,i la vieja; ahora eetoy extraordinnrian1t,ntefatigada. El amo q11e me emplea es cruel y exige qJe lle-

*** ee encontraba en una
Un día que la hermana menor
calle del bo~que ocupada e11 recoger cr~i01ples,11 vió venir
á una vieja 10da encorvada b-Jjo el pt:so de ramazones
muertas de que babfa hecho un h11z coosiderabhi, mar•
chaba ptmoeawente, apo¡ada BObre un bast.ón nudoso y
ca:ia ano de .e ns pasos hacía campanear w cabeza ,•aci•
!ante. Su rostro eftaba hollado por 1118 arrugae y sua pobre!! ojos grisas denunciaban una fatiga tal, que loa cora·
iones más seros hubieran moY(dose ti piedad.
Nuestra jo,•en no pndo tolerar Ain emoción la vieta de
11na vPjez tan wiBerable; ee aproximó á la carupel!.ioa y
le dirigió estas palabra@: ~~\ladre mis, soy joven y robaeta, no ~a conveniente que me ocupe de la M.cil labor de
recoger "eimpleP,'' en tanto qne ,·os pen11ie dolorOl!amente para llevar esa cargR¡ indicadme el paraje en 9-ue
debeie depoeitar esta le!ia y en tanto qne buecaie las hierbas en n1i Jugar, yo haré la tarea injusta que se os ha
impuesto; sí, inju11ta, porqne está por encima de las fuer•
ve yo una carga que excede en mucho :1 mis íuPT1.11s. Anzas de una viPja y buena mujer como Vlll'.•
hija mía, me haces 11u eervicio y Dios te lo recom•
La campeeina respondiú: -Hija mía, tienes generosos da,
pensar~...
aentimientoe y yo te probaré qne sé reconocer loe; no h~e
.Aquí 11e trata de Dioe-pens(, la joven. ;;eguramente
obligado á una ingrata. Pero tranquill!!ate: si cazgo mJB
viejas espalda~ con un fardo tan pet'ado, no es porque ee hay error; la otra vieja llevaba 1efia por gn~to: fleta tra•
me obligue; yo misma me he impue~to la tarea. He tra- ba~a porqne ~e lo exije en perra vida; me he eqnivocado;
bajado toda mi vida y me sería penoso convencerme de 901ero traba¡ar para una hada pero no para la primer vieque ya no soy buena para nada. :r-:n t.anto que el cielo ¡a 9ue se me presente: eeto sería estí1pido. Y arrojando
me cooeer\"e fuerzas suficientes para transportar mí lefla á t1Prra las ramas exclamó: ••Buena vieja, no me has midesde en medio del bosque hasta mi cnisita, estaré tran- rado¡ te imaginas acaso ~eri:ímente que yo voy á reveo•
quila v me re.iré de la vejez. No tengas, pues, remordi• · tar por tí sin provecho? Otro día si gasta¡,; lo qne es aho•
ra te comprometo á que vuelva.~ á car¡tar ta lefia sobre
miento!! y continúa buEcando tus simples.
Lua hombroeJ porque BÍllO muy bien podrfa quedarPe ahí
hasta el fin ae los tiempos, 6. menos r1ue le crezcan alas ....
-Te has bnrlndo, pues, de mí, repuso In vieja.
Te peeará, hijita: has nrado abandonando mi Iei1a
porque con ella me caliento. No tardará~ en arrepentirt/.
En adelante no podrás pro[erir una palabra ein qui'! balgan de tn boca víboraa v eapoa. Eeo te enseflarii á burlarte de las hadas, y eÚfriráe tanto más cuanto qne to
hermana menor continuará llo,·ienü.o perlas y diamantes.'•

,,-/~

*

\_\·'½

Á (
-

Todo p~6 com'! el hada fo ha~fa ordenado. Pero-1oh
de·senface unpreneto y además mmorall-Pucedió que la
generosa herrnnnll menor acabó sus días en la mi!!erin
porque á fuerza de haber •secretadon diamantes ,. perla~
no encontró Joyero que quisiese comprárselaP, e·n tanto
que la maligna hermana mavor, acabó loe ~nyos en la
opule!Jcio. ~or!lae á fuerza d_e expectorar sapos y vil.oras, d1ó naCJm1ento á bactrac1oe y á rP1&gt;tiles tan perfec•
cionadoa qne todos loe jardines zoológicos del mllndo se
los diepatabao á -precio de oro.

¡[

. 1
De aa antigua coquda la hermo,urn,
las ganas me qoitú de hacerme cura.
CA~IPOAl!Oll.

27

DICIEM:BRE,

1896.

El epitafio revelador.
¡Yo lo había amado perdidamente! ¿por qué me amó?

F.e extrailo no ,·er en la imaginaei6n sino un solo penea•
miento; en el conzón an sólo deseo, y en la boca un
nombrtl solo: an nombre que se sube ínce,,antemente,
que sale como el agua de I!.laoanti:ll, profnndidadee del
alma que se lll!Oman á loa labios, que se dicen, que ee re·
piten y que se murmuran sin cesar en todas partea á mo•
do de oración.
No contaré nuestra historia. El amor no tiene mils que
una, y siem·pre la wi~mu. La encontré y la amé. lié aquí
todo.
Y yo había vivido dnranta un año con su ternura, en
sus bra.tos, entre sns caricias, en sus miradas, en sus tra·
jee, en sus palabras. envuelto, ligado, aprieionado en todo lo que procedía de ella de un modo tan oompleto que
va no sabía si era de día ó de nacho, si estaba muerto ó
,·ivo, en el viejo mundo 6 en el otro.
Muri6.
.
El c61no, no lo ~é. Yolvió mojada una noche de lluvia
y al día siguiente tosín. To:sió cetca de una &amp;emana y ee
acoRtó.
¿Qué pasó? X o lo sé.
Loe mf•dicos venían, escribían y @e iban.
Trafl\n remedi~; una mujer se loe hscfa beber.
Sus :uanoe estaban calieotee, su frente ardiente y húmeda, su mirada brillantti y tribte.
Yo le hablaba y eils rne respondía. ¿Qué nos dijimos?
No lo eé t:uopoco. Todo lo he olvidado; ¡todo! ¡todo!
~iri6. :'tle acuerdo muy bien de eu débíl sll!pirn, PI
último ténae ~u.,piro.
J.a enf~rma dijo: "jahl• Todo lo comprendl.
No he sabido otra cosa. Nada. Ví un cura, y me habló
de ella, y lloré.
l\le comnltaron ~obre mil cosa!'. Me acuerdo i,in embargo rnny bien del féretro, del ruirlo de los martillazoa
cuando chwaron la tapa. ¡ Dios mío!
La enterrarou. ¡Eoterrada! Ella, en aqnel ag11jero. :\le
escapé. Cnrr(. Camiriil mucho th,mpo pór las calles. Oe8•
pu~a vol\'Í á mi casa. A.I día siguieote hice un viaje.
.Ayer regresé.
Cnando volví ti ver mi coarto, nnestrocuarto, nuestros
muebleP, aqnella cn~u que había qnedado, todo lo que
qoeaa de la vida de un ser despnés de ¡¡n mnerte, me vi
dominado por nn EentimienLo de peear tan violento, que
eetmJ II punto de abrir la ventana y arroJarme á la ca•

lle.

No pudiendo ya vivir cm medio de aquellas C-Osat1, de
aquellas paredes que le habían encerrado, abrigado y que
debían conserrnr en ens inperceptibles hendeduras, mil
átomos de elln, de rn carne y de bU aliento, tomé el soru•
br;,ro para rnlir.
De rPpente, en el momento de llegará la puerta, pMé
por delante del gran e11pejo del vl!eMbolo que ella había
hecho colocar allI para veree de.pil•s á cabeza cada día al
salir, para ver si I.Odo ea tocado estaba bien, si estaba correcta y linda d~.sde las botitas al Rombrero.
Me detuve eufrt&gt;nte de aqnel espejo qde tantas veces la
había reflejado.
Tantas y ta_!ltas veces, que por fuerza había debido
con!!"n·ar ~n 11n:igen.
Allí eRtaba yo de pie, tembloroRo con loa ojos lijos en
el criijtD l. profundo, vacío, pero qne Ía habfa contenido por
entero, po~eido como yo, tau to como mi mirada ap8l!ionada.
Me pareció qlle yo amaba aquel espejo; lo toqué, esta•
ba frío.
¡Oh¡ ¡ loe recuerdo!:'! Espejo doloroso. ea~eju abrasador,
eepej6 vivo, eepejo hornble que hace sufrir todas las torturlls!
¡Felices loa hombres, cuyo corazón, como un espejo
en el qne se deslizan y ~e borran lo~ reflejos, oh·ida todo
lo que ha pasado ante fl, todo lo que ha contemplado,
mirando con dilección Ru amorl ¡Cómo i:-nfrí!
Salí, y á pesar mío, ein saber, sin qnererlo. iuí ni ce·
menterio. En"contré eu tumba eenciltísirna, una cruz de
marmol con estas valabraB~
"Amó, fué amada, v murió,"
¡ALU estaba debajo de la tiura, putrefac¡a! ¡Qué ho•
rror! &amp;&gt;llocé. con la frF-nte tocando eL tierra.
Allí permanecí mucho tiemp.&gt;, runcho. Deepnée me dí
cuenta de que la noche iha cayendo. Entonces un deseo
extrano, loco, un deseo de aroante desesperado se apode•
ró dE&gt; ruí.
Qnise puear la noche cerca de ella, última noche para
llorar sobre s:t tumba. P1•ro me verían y me echarían.
¿Cómo hacer? Me ocurrió una Bt&gt;lncia. Me levanté y
me pu11e á rngar por aquella ciudad de loe deeellperadc.s.
Caminé y caminé. ¡Qué peq11ei\11 ern aquella cindsd ol
lado de la otra en que tié vi ,•él Y sin embar¡w ¡cuánto
más nim.1ero~oe son esos mn!'rto, Qne los vivo11! .Xo hacen
falta C&amp;Eas alla~. callee, mucho eep11cio para las cuatro generaciones que ven la luz, bebiendo al mismo tiempo el
&amp;gaa de Isa fnentee, el ,·lno de ln~ viii:111, y comiendo el
pan de las llauorru,?
Y para todas las generaciones dP. loa muertos, para toda la eHcala de la humanidad bajada haHa nosotros, casi
nado, l1ll campo. La tie1 ra los ..-uel,•e á tomar, el olvido
los borra. ¡A.dios!
En el extremo del cementerio habitado, \'Í repet1tinamente el cement~rio aba ... uonado, en el que los difuntos
viejos acaban de mezclnrae al suelo, en el que las mismas
crucer ee pndren, en el que Fe pondrá mailnna á lo,i recitín venidOl'.
Estii lleno de rosas libres, de cipreses Yigorosoe y negro¡,, un jardín triHe y ~oberbio. alimentado con carne
humana.
Yo el!taba solo, bien solo. Me acurruqué junto á un árbol verde. Jie oculté l'ntre sus ramM espeeaa y l!Ombríaa.
Aguardé embutido al trouco, como llll Jláuirago agarrado á un trozo de baque.
Cuando la noche estuvo negra, muy negra, salí de mi

EL MUNDO. ·
escondite y me p11Be á caminar suavemente, á pe.troa lená pasos sordos, sobre aquella tierra llena de mnertoa.
Yagoé mucho tiempo, mucho. ~o la encontré. Con los
brazos ext,mdidos, loe ojos abiertos, chocando en las
tumbas con las manos, 10!'1 pi.el!, las rodilla!!, el pecho y
hasta la cabeza, caminé sin hallarla.
Tocaba, palpaba como un ciego qua busca 811 camiuo;
palpé piedras, crnces, enrejado~ de hierro, coronas de vidrio, coronas de llores ajadas.
Leía nombre~ con mis dedol', pasándolos por las letras.
¡Qué noche! ¡Qné noche! Ya no la encontraba.
Nada de lona. Yo teuía miedo, no miedo espantosoent.re aqurlloa estrechos senderos, entre aquella línea de
tnmbas.
¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tambas! ¡Siempre tumbael A derecha, á izquierd11 1 ante mf, eu torno mío, por todas par•
tes tumbas!
:i'lle semi sobre una de ellas, pue9 no po Ha ya andar,
de tal modo qut! ae me dob1aban las rodillas.
Oía palpitar mi corazón. Y oís otr11 cosa también. ¿Qné'i
Un ruido confneo, sin nomllre. ¿Estaba en mi alocada
cabeza, en la noche impenetrable 6 b1jo ia tierra mi8terioea, bajo la tierra sembradadecadáveres humano¡;? ~Iiraba á m1 alrededor.
¿CaLioto tiempo estuve 9.!fl No lo eé. &amp;taba paralizado
por el terror; estaba ébrio d11 espaotu, pronto á. ahullar,
pronto ,í morir,
••
De repente me pareció q1le la losa d!I mármol en qne
estaba sentado se movía. ~o había dudo.: se wov(a como
si algtlDll mano la levantara.
D~ un salto mP pnse en la tumba vecina y ví, sí, ví al·
1.arse toda derecha á la pi,.dra de que acababa de separarme y el rnnerro aparPció, un esqueleto de~nudo, que
con su Pspalda eocon·ada la re:hazaba.
Yo ,·efa muy bien, aunque la noche era profunda.
En la cruz purll' lePr:
•Aqn( reposa Santiago Olil'ant, muerto á. la edad de 51

tos,

I\Í\09,ll

u Amaba á lo. rn) oe, fué honrado y bueno y murió en la
paz del Seiior. ••

El muerto lefa tambí..ín lae inqcripciones de las htmbae.
Recogió deepné.a una piedra del camioo, unll piedrccitn
agud11. v ee puso ú raspar con cuidado las palabraR.
Lae bonócompletamente, lentamente, mirando con sus
ojos vacío!! el pnetito en que estnban ~rabadas hacía poco,
v con la punta d!'l hueEo q11e h11bía eido su fndicP, 8€cribió eu letras lnminoeas como esas lfneM que ae trazan en
las paredes con el,extremo dt" on fósforo:
«Aquí reposa Santiugo Olívant, muerto á la edad de 51
ai108,.

t&lt;Apresnró la mnerte de su padre, al que de@eaba heredar; torturó á su mujt!r, robó cuanto pndo y murió mise•
rablemente. •
Cuando hubo neo.hado de escribir, el muerto inmóvil
completó In obra.
Al volverme vf qlle toda!&gt; la~ tnmba.~ est.abao abiertae,
que Lodos los caclá.verea habían salido de ellas; que todos
tawbiéo habían borrndo las mentiras inecrit.as por los parient.e s en la piedra funeraria para eftnblecer la verdad.
Y yo veía que todos habían 1lido los verdngos de sus
prójimos, iracundos, deshoneetos. hipócritas, mentiroso~,
calumniadores, envidiosos; que habían robado, engaiiado,
realizado toda clase de actot1 abowinab1€'s, 11qaPlloe bne·
nos padres, aquellas espo~ fieles, aqnell8ll júvenea ca,q.
tas, aquello@ comerciantes probos. aqnellos hombres y
aquellas mujeree llamadas irreprochables.
Eecribfan todos al mismo tiempo, en el dintel de au vivienda eterna, la cruel, terrible y eauta .erdad qne todo
el mundo ignora ó finge ignorar en la tierra.
Pensé qne ella había d~bido trozarla !'obre su tumba.
Y ein miedo ahora, corriendo en medio de los féretros eotrenbiertoe, en medio de loe cadávere~, en medio de los
esqueletos, fuí hacia ella, seguro dt~ Pncontiarln inme•
diatamente.
Lit reconocí dei;de ll'jos, ein ver su roRtro, en el sudario.
Y Eobre la crnz do mármol en que hacía poco había.
leído:
«Amó, fné o.ruada y ruurió.~
Yí:
~salió un din para engallará su amante, tuvo frío con
la lluvia que caía, y murió. »
Seglio me dijeron después, rne recogieron inanimado á
la madrugada ~iguienie, cerca de una tumba.
GuY IJE lUAUPAss.u,T.

LA GUITARRA
Ramooa del Cabo era viuda de ItOEendo Tercias, cabe,
de carabineros, muchos allos, allá. en Andalucía; después
l11br:1dor. en calida l de colono, en eu tierra; un valle
muy verde y algo sombrío de la wontsila ~tnriana. Ro•
11endo había trn(do de Andalncía tuda la 9al que había
podido, qua era poca. porq11e á él Pe le pPgabau mal las
cosas de más alla de Plljart!s. Era t.,onachón, callado, muy
amigo del ordt-n y de la autor.idad y de las tradicioneé;
volvió de Andalucía con el nmmo acento de Piñola que
había llevado, y tan poco gracioso como faé. Pero eso
no quitaba que le llamasen el andaluz, ni qne cllllJldo
habla rmdr:d1n, labranza de vecindad grntuit.a, pero con
lo comida por cuenta del . beneficiado, "e le ~ase una y
otra vez que cantara eantare11 el.e por allá, c11e1 ca~i de la
tierra del moro. R1J?eodo no cantaba; decía que no ba•
bía aprendido; y si le apuraban, se levantaba con sn ración y salía á comerla á la r¡t.&lt;í11tana.
La misma Ramona. creía qae su Rosendo era pájaro
mudo, que no había aprendido cantares por el mundo

423
adelante. No recótdaba haberle uído coeae de aquellB.8'
que le pedían, ni á solas.
Pero nació Pepín, cua11do e I Cabo ó el Andaluz ya empezaba á ser vie¡o; y ea padre, que al volver del trabajo
al obecnrecer, la cogía en bra?.oe, e11 cuello, y ee sentaba
á zarandéarJe, delante de la puerta del corral de las vacas, muy por bajo, y como con cierta vergueuza, le cantaba, caEi al oído, cantares aodalnces, eiempre triste11, y
trasformados por el asturiano rdractario en monótono
arrastrador ae cndenciaP, prolongadas y eefumadas, al
ueo de sus montanas. Resultaba d.e aq111clla me1.cla nna
.Andalucía sin sol, peco no sía poesía. Hu.mona sorprendía á ,iu marido en aquellas R&lt;wdadr~ melódicas de eus
recuerdos ,t,idaluca, pero no le decfa nada; y, de eoslPyo
contemph,ba al chiqnitín, de ojos l'oiiadoree, que n,ira•
ba á su padre embobado, como si el cantar le hipnotizara dulcemente.
Ello filé que á loe tres añoP, Fepín, desnndo de medio
cuerpo ahojo, y de medio cuerpo arriba no mny vestido,
ee eentab:i sobre el eetiercol de la r¡ui11t111u, y cantaba, con
precisa imitación, al eetilo de ru seflor padre.
De..de entonces se empezó ,1 ajar la atención de la fa.
milia en el nrlc '!"~ p1111íf! el cliico pura coaaa de voi "
o.ido. El señor cura de la -parroc¡.uin ovó C&amp;JJW!r ti Pepe
cnando éste tenía seis aliu9, y di Jo que él, que tocaba bruatante bien el órgano, afirmaba que el chico podía ser
buen músico si le cuidaban la e lici6n.
ll.oRendo volvió un día de In ferfa con una ~uitarra y,
con gran asombra de lfalllona, f8 puso á tocar con algu•
na torpeza de mano, pero con ~mti(lo. Y en los ratos de
ocio que bien eabe Dios que eran pocol!, se empeñó en
dar lecciones á rn hijo. ~:~pectácnlo más extraiio no lo
habfa habido 'por aquella Lit:rra. l'n aldeano de aquellos
valles con la gui~nrm en los brazos, era algc, mrnca ,•iato.
Claro ek! qu1;1 Roseudo, qne FPgu[a siendo lila so~o como siempre, no daba explicazionee á nadiP. ni con~entfa
que le oyeran lo,s vPcinos cnntar y tocar. Si Je rnrpren•
dian en tal recreo, luego dejaba libre el put!st.o y se alejaba murmurando. Ni :1 Runona ni á nadíe babl6 jamás
de aquellas coeas que.eentfa car,t:\ndole airea andaluces
á su hijo y oyéndolt: á Pepín r,:petirlos con una vo.1 tri:1te, llena de lágrill)as, como la suva..
· .-\ los ocho al1os Pepe tocab:i todo lo qne Mbía rn padre; y lo t.ocaba mucho mrjor, con m,(s expresión 1• lln1pieza. Ramona entonces empezó á participar d11I encau.
to¡ y mientras iba y ,·tmfa por el honeo, atareada eon
BU'I quehaceres de matrona de aldea, ofa enibeléPadn al
m1ísico chiquitín, qne buscab¡¡ lo!! rincone!I obi;curoia para t!nsayar, creyéndose solo, nue,•ns melodía~ quo el iba
inven~ando &lt;&gt; combi\1:indo. Se habí~ hecho 0111y amigo
del gaitero del pneb ~• qne le adm1r:\b:1. Y lial.iía queverlos á lo~ dos deba¡o de la ¡1¡mrta entre pr90Uu$, coust.iu1ido~ en academia fllarwómc:1, imit:1ndo~e muiu·amente
El gaitero gu~ría que la gai~ tocase CO!)lO una. gaita:
rrn, y _E'epín 1m1taba con la g111tana la gaita. El intento
del ga1tero era vana empresa: Pepía solla '&lt;'encer grandes
dificultades. Sí; la guitarra ns~nriaua de Hoaendo y Pepfn tenía algo de gaita: lo que le comunical&gt;ao de su alma padreé hijo, que erau, como las nieblas dP s11 mon.
tafia, e~píritus de suave melancolla, sin brillo, no sin
poesía; de ensueños callados, comJ cantelo~o~.
RoPendo no pudo pree.,nciar los mayore~ prog•esos
mnsiculeA de su hijo porque le rno.tó nna vaca, wá¡¡ pacífica qne él, de una cornada, ab~olotameute ir1m/,,nt,,ri11
Fu? al corral; la vaca e~tab:i w1ridr1, el Cabo le ei;t~ba
prepar1'nuo la cena, ella creyó qne era otra co,a, volvió
la cabe:ta, asuBtada ...... y mutó t1l amo. Como e~te accidente l!e VPU algunos.
Por mucho tiempo e~tuvo la guitarra col!iada en e.l harreo, sin qne Pepfn, que y~ enbía qllercr 11. su padre y
maestro, se atrev1~ra á pedirle e t conrnelo de lo~ tristes
sooe3 para acompailar su dolor y el de J!U madre.

i&lt;/*

Iba crtciendo el rapaz y con él su aficiún á la m1ísica,
á la triste s.&gt;lm• t.odo. Como diría Cnmpoamor, a/,,,~aha
el(/ /JQ1·d,ll1 ,·11 1-0 se,u,iblt. Era pálido, delgado de pocae
palabr:is como su_padre. No ee animaba más que cantan•
do al son de la gu1turm1&gt;o1as crndulu:us, historias de amo•
res, nostalgfa~ del amo!'. mnterno. f!;¡ tenía manre· pero
á s.u modo, cada ,~z qne el cantar lrnblaba de la 'madr;
aoeente, de la madre muerta, Pepín trrul«d'I rl u~vo...... ,
ee acordaba de su padre, que era pora él como una ma•
dre también. Parecía qne no, y el Cabo tan callado y al
par&lt;:cer apático, llcwd,a , ,, cu~a. Se conocfa ohora ~n el
c,rcí'!. Ramona, qne era act:va, menos tncituroa, jamás
hubiera soepeclmdo que su Rosendo fuera t:in importan•
te en el ruando, como veia ahora, que le echaba de me•
nos. c'?n un d0lor como de ahogo.
.!!;J 1enóme110 t.'ll ~uy ~eneral. _Esos .espfrilus suaves,
pacíficos, de poco historia, que viven e1n ruido, cuando
se van del muo~o se convierten 1-n gritos coostnntea del
dolor de anstncrn pa,a loa seres m:1s ego!atru;, á quienes
amJ&gt;nrllraban con sn bondad, en paciencia, eu suavidad
car1ilosa y sin demostracionel! aparatoeas. &amp;l les olvida
mal á eeos mansos que i&gt;e llevan coneigo toda su bien•
a venturanza.
La gmtarra, q11e en los primeros meses de duelo Ramo~a prohi_bió !}Ue se toc~ra, llegó á ser C-Omo una' evo•
cac1ón mM1ca. Como quien cumple ritoe de u:i culto
primitivo d+J la religión familiar, hijo y madre ~e juntaban para tocar y oír, N'Spectitamente, la guitarra que
Rosendo había tmído de la feria. Los caotart e ·andaluces, que un andaluz no reconocería, les parecfnn la voz
del difunto que se comunicaba aeí con ellol!.
Pero además la 11adre estaba orgullosa de las facultades de su hijo para la múeica. Varias personas 1,eritae
habían confirm.1do el dictlÍmen del párroco. Pepín podfa
ser un bnen ml4ico, ei se le educaba el oído v la voz No
ae eabe cómo, ee fueron abandonando poco á poco loe proyec_toa de enseiianzn artística formal, metódica.
::-.o dejaba deber un dogma en la casa, hasta en toda la
parroquia, que l'epe el Cabo cantabo como un ang ¡ y bacía ha~lar y llorar, sobre todo llorar, á la guitarra; pero
ello fue que la educación musical se fué aplazando, y Pe•

�424
Pfn invoque aprender las labores' del campo como cada
liijo de vecino.
•
Signió tocando de alicióa, pero nada máa.
Lo peor no [ué eso. LO peor fuó que 6. lob quince allos
:Pepe no nparent.aba m{i.s de doce 6 Lrece, y II los diez y
nueve segltfa flacucho; pequello, débil, como criado á la
sombra. l siarupre tristón. eoñador de peuas. Loe cría•
dos tenían que hacer.lo qoe era superior á Ja,¡ [nenas de
Pepe; la ,·n,ieria, co11 esta carga, no daba lo bastante para
vivir; en los anos da mala cosecha R"mon:i. del Cabo tenla qne empeilat'l!e. ~o se quejaba, lltl ch1ro; pero el mal
estaba en que Pep(n no :servia parJ la labranza, y otros
que venínn é. enpli r 110 trabljo se comían gran parL~ de
la escasa hacienda. Esto deseeperaba al músiCQ, que ea•
bfa ruejor que nadie cnán radical era eu inepti,ud de labrador.
Para colmo de males, Pepe se ensmor6 como se ena•
moran loa tristes taciturno~, l'Olladorea y enfermizos, con
alma y vida; con iuerza y conetaocia. Y casi fuá peor lo
que á él le llenó de alegría; que Remedios del Capellán,
,s obrim, di' un clérigo pobre. u~ hizo caso, le corespondi6
porque era más fino en el querer que otros de la afdea, y
porque l~nfa aq11ella vo~ y aquel wodo de decir Lernezas
\ristea con In guitarra. Fueron noyios. Y como eran fieles ambos, buenos, serio~, firmes en sus amores, aquel
noviazgo pronw oleó á matrimonio.
Parecían marido y mujer que no podían Jnntarae por
pobrea. La bod:\ t1ra lo mi• natural.. .. .- pero Ramonn y
-e l Capellán ~o consenLfan aquella /flcrm1. Se iban á juntar dos miserias. Cnanrlo vinieran loa hijos ¿qué iba á. pa·
ear allJ? fü,medio,. y Pepe ae resignaban: comprendfan
que su pobr~za, el 1,oc;o art.e de él par i el c~mpo, los se·
pamba. Pero eeguían 11iendo novfoa, annq ue li ciert-a die.
ta.ocia, con relacione! eemi--clandestinaa. Xo se negaban
del todo, pero se procuraba no e.xbibirlas. Asf son ronchas Yeces los amaros de gente l)Obre, fiel y razonable.
Libre del een-icio militar, por la ley, Pepín tuvo un
día la idea de i•nfr~ I""" 11/yo, de no eer una carga para en madre; sentó plaza en nn batallón de volumarios
qne mny pronto debía salir para Cuba, donde la goerra
y la tiebre ardían.
Había \'ist.o en Is capital de la provincia á los reclntaa
hacer el ejercicio. Con aq11ello podía él. Loa había ali(
tan pálidos, tan trist.on~, tan desmedrados como él. Para irá morir alié. lejos, Dios sabía dónde, no se necesita•
ban tantas fuerzas como para llevar la yunta, cargar C.'\·
rroe yerba, etc., etc. El íusil pesaba poco, en el hospital
lo mismo ognan'8rfn él penas qnc el mrui esforzado. Po•
dr[a sufrir dolortll! como el mismísimo San.eón.
Ramona y Remedios protestaron, gritaron, rogaron,
lloraron; todo inútll. Llegó el dfa de embarC.1r, y allá Iué
Pepe detiapareciendo mar adelant-e entre la bruma y en•
ue la n&lt;&gt;ehe que ee abría en el horizonte como una boca
del abismo. l:iobre cubiertn había brolllll, alegría, más ó
menos afectada; eonal&gt;an guitarros y caetaflu,.lns ..•... La
gait.arra de Pepe con ~I iba, pero mnda por a.hora. Remedios la había adornado con cintas coloradas, de color
de san~re. Pep!n, cuando la pena le ahogaba, besaba, á
escondidas laa cinta que había manoseado füimedios.
Ramona guardó los billett&gt;s de B;\nco y las monedas de
plata que le dejó Pepe como ijj íneran reliquias. Lo m.iamo Lizo Remedios con un roaario y un guardapelo muy
pulidos que le entregt, su novic,. De lo que osó, eu cuanto vin? el Liempo. íué del papel de cartas, perfumado y
&lt;:on d1bu¡os, que le regaló Pepín para que en tan primorosas hojas le escribiera.
·
Y el volunt.ario ruin, enclenque, no mal recluta. einti6
como una muerte en vida cuando perdió de vistá aquellas montanas, que le tragó el mar; aquellaa que 61 abandonabá porno poder ~acarle á 111 tierra querida, á cada
instante mlie querida, el pan que nene en las entrafias.

•*

.

27

EL MUNDO.

Fueron y vinieron cartas. &amp;medica y Ramonn entendían muy mal qné era aquello de la trocha, y lo de estar
destacado. De lo qne no hablaba Pepe era de fnego, de
balas, de bayonetas, pero debía de padecer mUoho. Los
soldados, muchas veces, márl necesitan drtudes de santos que de héroee. Por el mayor enemigo era una cosa invisi_ble, y que tenía un nombre que apenas se podía repetu-: '!º s/; q,,t,.... :. paN&lt;li,;,,., deofa R~mona con t.error.
RemediOI! ~ra may devota, pero muy ignorante, á pesar
de ser parienta de un capellán; en eu opinión, contra
.aquellos malet1, que tanto tenían de martirio lo mejor
era encomendarse á Dios; y lo q.ue debía hace; Pepe era
pedir permillo para llegarae á v1eitaret Santo Sepulcro de
Jeruaalem, que debía de estar por allí cerca ya qne ta
Habana estaba tan lejos. Y para ella todo Lo' lejano era
camino de Tierra Santa.
Pep!n no entró en fuego hasta qne entró en el hospital y 1&lt;? n_bra.aó la fiebre. _Le curaba un médico que tenía
q_ne asistir á otros doscientos. Es decir no le caraba
porque por lo visto aquello no tenis cura.'
'
Desde el Hospital, sin mejorar de vel"lll!, al barco. Iba
á desembaacar en Santander. Yenia con otro soldado de
la misma parroquia que regresaba menos malo y podía
valerse, y hll8t.a co.idar del pobre Pepe.
Lae mujeres fueron sabiendo poco á poco todo lo qne
bncedi6 por el camino. Pepfn murió á los cuatro dfae de
navegación . .Al agua. ¿Qué remedio? Claro que dejó encargado ti. PachJn, su co.npafiero, que t.odo su haber ee
lee entregara 1Í tllat. El haber de P-,pe era, un baul que
oompr6 en Cnba, con ropa y ~!ganas coeillne de regalo;
unos cuantos pesos ...... y la gmtsrra.
Pachfn era. mny lionrado, pero algo to1 pe de mollera. :So se !abe lo que foé; acaso medió un timo; de todas manerss, á poder de lrut pobres mujeruecaa no
lll'g6 rop~ no llegó el baul, ni los peeos; no llegó IJláa
que la gwtarra. En vez de las cintas rojas que le había
puesto Remedioa, la guit-arra vafa m:inchae aegrMcaa de
eangre del hospital: traía las cuerdas rotas· venfa ·muerta, ein alma. Remedioe lloró sobro el pobre'instramento ·
1.a madre de Pepfn ae abraz{, á In gnitarra, sollozando;
muda por la pena.
De tanto amor, no quedaba más qne aqnello.
Hubo que eepararae; cada coal á su casa ...•.... ¿ Quién

lle.aba In guitarra? Remedios, dentro del corazón creía
eu derecho euperior 1t todos ei hubieºr an venido el haul y
el dinero, para la madre debfan ser; pero la guitarra la
illl&gt;lión, 1i:i música, _la ~fa, debían ser para el amor, pn·
~ la novia. Esto sintió ella, pero no hizo máe que sue•
p1ra_r,. sollozar;.~aando !{amona, mirándola, con ojos de
Jaatic1a seca, d1Jo:
-.&amp;l-0, lo llevo yo, ¡porque no me qnedaba otra cosa
del mio Pepe.

•"•

PasaroA días, Ramona supo que Remedios sentía en el
alma no guardar ningún recuerdo de Pepe· prenda que
le hubiera acompnl!ado lntimamente hasta '1a hora de la
muerte. No babia más que la gnitarra...... en que las dos
veía.n algo del alma del mísero ,·oln otario.
La viuda luchaba........ sentía impulsos de entregar el
único recuerdo ,1 la fiel amante ...... Pero ¿y ella? ¿06mo
quedarse tan sola? Aquél pedazo de madera era 1.·osa del
Cabo, cota del hijo, ¡q11ién se decid.fa li entregarlo[
Malas lenguas empezaron á decir, irin fundamento, qne
no faltaban mozos queeutraban enCBl!adel Capellán con
ánimo de ir consolando á Remedios, si tanto podían.
Ramoua sentía cierta corupan(a en el amor de Reme·
dios li p.,pe difonto; mien~ms le fnera fiel le parecía á la
11;1n.dre que oigo del ui¡·o quedaba por acá.' 1Pobre Pepín,
Bl quedo yo sola para lorarlel pensaba ella.
Y nna tarde, sacando lnerzns de flaqut ""'• pues el dolor la babia hecho decrépita, de repente casi, se fué paeo
trae paeo,. perezosa y mal h11mora~a. á casa del Capellán,
con la gn1~arm, asf, como amorta¡ada, debajo del brazo.
Y ent!Ó !n la ~lcoba de la casta Remedios, y eobre el
lecho. ,•1rgmal am duda, de la novia siempre fiel de Pe•
pln,__Ramo!la dej(1 caer In guitarra, qno se quejó nn poco.
Y d1¡0 la viuda, con voz úepera, sin querer:
-P,m,i/r, ; y lrni90/;: eso. Si ?"i~ al mfo Pepe, guárda·
lo ...... míralo l@B loe dlae ...... y r,zau po'l'a!ma.
Y sali_ó al caetsilar. Oscurecía. A loa paeos s~ detnvo.
Encendió yesca, rchl, un 7.ri/11, esto es, ua cigarríllo de
papel mny grneso, v chupó con fuerza. El !ttego ilnminó u1;1 momento el rostro avellanado, hnerndo, largo,
enérgu:o; ea~re las arrugas como de roble efloso, hahfll
una expreaióu de Dr,lo-rosa caduca, más digna por est.o de
lwitima.
Luchaba con algo que eentfa en la garganta. Dos l~gri·
mas Je ~ruaron á los ojos; y, entonces, pudo respirar.
Y lee di¡o á la noche negra, y al bosque sin hojae, encoglendo loe hombros:
-Yo, pa acordarme del mio ./iu hasta q_ue Dios me lla·
me na su co11pairu 1 non necesito de mu,•up1eM
0LABÍN.

DIOIEJ[BRE,

1896.

una hacienda de la costa. A propósito doy 8!1tos detalles,
pues no ea remoto que esta mal narrada historieta llegue
li caer en manos de loe béroes que aún viven, y que serán
los primeros en no dejar.me meniir.
Corría el ailo de J 74. Hasia este rincón del mundo
llegaban entonces loa revueltos y embravecidos oleaj011
de aquella tempestad formidable que se desencadenó en
todos los ámbitos de.la República. La rabiosa epidemia
de las pasiones políticas también nos contagióánoaotroa1
di6 al u-aste con nuesna vida patriarcal y aPncilla y s1
allá en el ;r,krfor nuestros probombree daban batallas
campales, nosotros por acá noB entendíamos á grit.oe y á
l!Orobrerazos, cuando no á garrot.azo limpio. En el seno
mismo de la familia aurgfan ln~ diFcensiones: el hijo mavor era lrrdi,la v el menor pr&gt;rjiri.&lt;ta, v ahí tienen ustedes
il la pobre hermana elabor,rndo cigarros de ¡)Bpel blanco
para el eefonado campeón del Seiíor Lerdo. y de papel
amsrillo pnTR el heróico defensor del General Dfaz, porque así lo exigfan las dietincioneP de partido.
Pero basta de digresiones, y que hable naestro valiente
negro.
«Entonces trabajaba vo en 111 bajera(]) como 7n111ll'ro (2)
de mi amo Don Gerónímo. Un día nos reunió á todos
los mo&amp;os (3) de la hacienda y nos dijo que era necesario ir al pelear contra loe pronunciados; ellos deoínn que
JX1reg, y nosotros deb!amos r~pondarlea que non,~, porque
éramOti más hombreci~ Nos armó de nneetros mache·
tea de trabajo y de alganas escoDetae, y deEpnés que aprendimos lo que quería decir: w,lta á la tl1•rtd1a y i-udta ó la
iz1¡11imla, cosa que, la verdad sea dicha, no dejó de costamos algún trabajito, nos pu,iimos en marcha á incor•
pornrnos con dos eenoree compadrea de mi pa~rón que lo
esperaban, con en gente también, en un lugar con venido
deantemuno. Cuando nos reunimos formábamos un total de treinta y cinco howbrPS.•
•Se Orgllonizó la tropa y 6. mí me nombraron tambor.
Es verdad que en aquel ttemt,o ya habla yo perdido mi
brazo, pero, á pes:\r de eso, creo que mi amo se había
fijado desde antes en mi peri;ona, pnea, aunoue me esté
mal el decirlo, lBB JlOches de Pasen" hacía yo primoree
con an pedazo de cuero tenso y bien asegurado á la boca d" un c•ntaro viejo. Caminamos dos días sin que oca•
• rrieae nada de panicular, y al tercero encontramos al
enemigo. 1Ah patrón! Era macha Ll. gente que teníamos
delante, y á mí me entró un endemoniado temblor en
todo el cnerpo. Sin esperar mlls, l'Ché á correr como un
venado. Recuerdo que Don Ohomo me gritó, furio@o, qne
era yo un ain vergüenza y un 11mm (-1) maldioo, perjno
11t-endf razon~ y seguí corriendo. .Al verme huir, los
C&lt;??JPBileroe hicieron lo mismo y los compadree tam•
b1~n ......... •
•Hacía tres días que andaba por el boPqne muriéndome de hambre. Dd noche me acercaba á las rancherías
pero en todas partee habla pro111.inciado• y el solo recuerdo de ellos me pon fa loe pelos da punta. Por fin llegué é.
Map88t(&gt;pec. Mafiosa.mente me acerqué á una casita de
las orillas del pueblo, y una buena mujer .me informó
que ,os únicos forastero~ que tenfan eran mm jefee: loa
derrotados. Oonsideré lo furioeoe qne estarían contra
mf por haber sido la caOSll princip:i.l de en. derrota, consideré la paliz.1 qae me darían si tenla la deegmcia de
caer en sus manos, '/ consideré, por último, el m1edazo
que ae '8ndrían encima ......... El hambre me apnraba y
tomé una resolución violenta. Terciéme el tambor, qne
no lo babia abandonado, y encomendándome al santo
de mi devoción, entré por la cnlle principal del pueblo,
repiqueLeando una nutrida marcha con toda la !uerza de
eete brazo que Dlos me ha dejado. Oí carreras de caba·
llos en tod!ll! direcciones, ladridos de perros, cacareos de
gallinas, exclamaciones de muieres allu~tadizas y gritoa
de chiouillos medrosos, un alboroto infernal, aeilor amo
Cuando llegué á la plllza no había una sola alma en laa
callee del pueblo."
De9pués, cuando pasó el melote, supe lo que había sucedido. Los pacfficos vecinos creyeron de buena le que
eran Ice pro,,,,ncimlo• los que llegaban. Loe amos estaban
h0$pedados en la capa del efior .Alcalde. Almorzaban á
esa hora, y cnando oytron el tambor, corrieron á un co•
bert11-o cel'Cllno en donde lo~ caballos almorzaban tambi~n ao~Pgadament~ su raci6n de zacate. l'.no de los prófugos montó con tal violencia, qne
á caer, de cab~a,
al lodo opuesto de la cabalgadura, el otro martirizaba á
talonazefs al pobre animal, batallando p,ir hacerlo andar
atado como e.taba á un horcón; 01 úl~imo -recibió un par
de coces al querer montar por el lado criador (5) á no retinto ¡,ajar,..,,.,, (ti), y IIBf, ,.,. pel" y sin sombrero, echaron
á .;orrer los tres compadres como almas que se lleva
el diabio ...... •
•Desde entonces abandoné aquellos lngares y por nada
de este mundo les doy cara á mis antiguos jefes. Sé que
n11nca me han de perdonar esta chanza, y eetoy sega.ro
también de que ei alguno de ellos me coge, no me suelta
vivo.•

Iu,..

RoDULl'O F1GUKBOA.

Diciembre de 1896.
Ol
(~l
!:ti
[41

LaCoolu.
Enca.rc'lldo de medir lo.s tareas.

l'&lt;OnWI ltdeudadOll.

Manco.

\f&gt;) tn.rll) de,.~,cht,, opuCJ!.lo nl de montar.
(6¡ .\&gt;nstAdl..,_

CUENTOS DE LA TIERRUCA.
1Los PRoM:.scunus i
Lo que paso , releTlr tiene el métlto de eer lti.E:tórico.
~e lo contó el mismo protagonista de 011te episodio: Ull
ne&amp;ro milp,-ro ( 1) á quien, por más s~ilaa, le falta el bra·
zo izquierdo que ee lo comió un trapiche, una vez que,
con una fuerte dósia de chica (2) encuna, molla cal'ia en
de J&gt;."e!erencla. trabaja en la,, labramaa.
11}~J P&lt;&gt;lln que
de Clllla fermenw.da.
,\g1l&amp;

A todo ser creado
le gusta, como á Dios, ser mny amado.

No puedo VI!? con ánimo sereno
Boriae, cual tó., tan pu.rae y apacibles;
pues juzgo, como hay Dios, menoe temibles
l.aa l3orjas del pull al y Jel veneno.
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; ~ con eu profusa tnagnitlceocia una d1, 1118 rnás
umbro.a,, •\'Íll11s" de Beaulieu, la Roser.lie. 1•ropiednd de
la iamilin La Freniere. Los almendroe, 8in llorecer to&lt;laYfa, de,,pliegan ~llij ramilletes de hojus ,·erd,,s, pero
Qos al~rohigos acaban de abrir.;it, y ,ua lloracionl!B se
lranepare11f11n, aqal y ullá, cowo un hnmo rosado, á
tral'?;; del íollage tt-nue de loe olivos.-Rajo aa pnbe11,,n de ro•ale~, que ~e nlza delante de la casa, l:'18 trff
;;etioritns La Freniere han l'enldo á eentan;e, deepués dél
•lunch• de las cuatro.
L·1 uiay,,r de ellas, Eva, tiene eo In mano un libro en·
,-n1e'1ieno, y ee balancea indolentemente en una 111ece-

dora, con hi cabeza ecl,ada ~obre el re~paldo, y loa pies
:i-umtÍndO!!el~, lrn~tn i,l tobillo, por debajo del VeHtido
de cnchemira blanca. &amp;ta actitud, llen·a de nbaudono,
realza ,·entajo;aruente La lJer1uosnra, y11 un poco en estado d., madurez, dt! snB veinticuatro al\os: au talle esbel•
to, la ~nave ondulación del seno, la redondez del cuello
hien unido á w1os hombros caidos, el delicado modelo
de una cabeza melindrosn, de nbuudantes cabellos casta00!', riz&lt;isos, y grandes ojat1 fijos en la aterciopelada bó·
veda del pabellúu, y en los que el cielo azul parece ri,fle·
janie cou tintt!fl casi color de violHa.
La segunda, Xancy, tres anos másjm•en, es una rubia,
alta, robusta, fornida como un muchacho, de \eZ clara,
de p11pilas azoradas de niüa y cobllllos ligeramente tor•
cidQS en un peqnefio nudo. Sentada á borcajadas en una
silln de mimbree, está ocupada en esculpir con un corta•
plumas el puño de un bastón de mndem de naranjo, un

bastón sólido con :mnndurn de hierru, destinado á las
excul'!iones de laa 111011taOae.
La últiwa de las treij, .\lado Teress., es toda,Ca lo que
los alemaneij llaman un •back-llecb." Delgada, esbelto.,
cuenta quince ni1o•. p~ro no se le darían catorce .. L:l cabeza es lindli, expr~aiYa, con masas de cabellos ornuros
cayendo en bucle~ w1brt1 su.s débiles eepaldas. Los ojos
de color caetaíío, orlatlo.s de largas pest.nnas, tienen una
mirada melancólica, que hace recordará 'lligncfu ,wflnndo en Italia.• E;t,I dl!lócuidadmnente ve6Lida, con un traje de eeJ.i p:i.Qada, de falda demMiado corta, que deja
ver más de lo razonable unns piernas finos. que cubren
á medilla unos botine.s amarilla,,. Con la aguja en la mirno, se o~upa en cambiar la cinta de un sombrero de paja
clara.
Por encima de ras mucbnchas, lagroE11s, que ascienden
por el pabellón, ~e abren en abundancia: rosas Niel, do

�2

-====,.===,,.....,=---==-=,------==-"'=-----======
ew;,rme boton de un m:irillo dt nzu(ro. rosa, azalrn•
nadn c:,lor Je n buicoqnl'. l~nl.u:is con 1rulllreo de mena "e-0rul dt• un bl neo de nieve. t'n Bt&gt;g11ndo P be11,\n, apoyudo perpendtculnrmen~ al que .for";1 v tfbn•
lo
¡,rol9ngn en toda la cxLen116n d 1 ¡ardm, y al e mo Ju,. te e nndite de rn11u111 tlorldM,
di&amp;tln~o el
n&amp;nl tlll\'e del ll ditern1noo, qne se extiende h lll loa
olh11ree
Ja pen(nsnl de n .loan, !itaada en frent
d lleaulfoo.

i:

e,,

====~E:;;L~M;;.UN;;.;·~l;:..)O~.=--,,:--=,:c=-=--==== ___ _

5

JULIO. H~~ G.

mltln en el /loül ,t,, P,1ra, ,•n lngnr de • rnos cono.lena&lt;ln.
- 1 •enlll.'. Hu·•
al guiea,lo ti • cnrnero Y .l IOtl ra, ioli de •""
d ías en i08qt1 1 cocl11a r. tema abnrn, eob(&gt;mnamen•
la
te; estoy en uno de esoe dina y de buena gunn me dec •

-E· m. qü linda: enc:uaadom, res~~dlú f.va en
•
.
,_ 1 ·º "onocí en I
aunct\ln. en tlo11de
,ure de mie11gencw..
- ~
lll!"lmii chica, ,. ¡¡ pe,¡ar de sns ulllneffl! s. I•
em como '' 1
•
,11jee, todo el mundo In qu...rfa ........ .
-En
caso, no tendn( sino prcsentar.; • paro atrapar

-raría en vacacionGt.........

wi marido ........ IYllyn nna suerte! ...... .

__ ,-.u rida, replicó dcsd fioenmente E,-a. ere11 de.n :u,. la·
do---..
el na ....••••• T n ll(lei ncia. lan n esf.amO!! u1,·1t~•
das ,t comer en ca de loe Maruvorno••••• Ali( te desqu1d 1
~rá d la.e malas comidas de ca •- ·· El duel\o e "
.,-illa• Olirnpla un artista y! mmu, eon l'xqui•itos.
-Es verdad,·=rosenin cesarlo pre1mntaree con nutra•
guantes H11ma11tes ••••.• Al Sr. ,fsr 11 .-erno
J·e nu vo ,. con ,..
•
le g t qu se ponga una guapa cuando'" t!. fil Cl\!8.. •••
; lfaa ol&gt;5en'!Mlo qn • El nbri(-ram, una cuenta d,• l&gt;d&lt;_ Y
•Jlal;n- de loe beneficios qu obtenemos de la•\• 111n 1in,.
•
J¡
1 n 1lrfkrtl
¡,ia y loe gaaios qut• no~ OCll/'Wna, lt'tl! r amc,v ,
_..,,, sí, e· res 111111 mu,ihncha prácticn, ya lo abcm=
-.- ·o me gusta que me eng11Den, e.so es todo.........
y registn', en su.a bol ill&lt;lf, de 1~ qua •ncó uu cu, de.rno

•

d
¡ td:i•
t•n-~ ¡;-m
pbel
eg d•
..,. bri de mar mo,·I{, las rama.,
del pabellón. trayendo I mid ' «le rnodas Y ~~ca es
,_ la~ que pa.'illban por, I camino, drbn¡od •I tE&gt;rr.t•
10ft "'':'
d
d hojudas JloYieron obre PI c11 ..11.,
u. P.,talos e rosa~
d
e-

y d busto d EVR, qnc eegufn balance! 11 o,c en 80 m
La íimllia I FrenlE&gt;re. originaria de la Lul iana, cstil
dom. I.oe acu1i6 Ung11idamente, exten~16 etl.9
hermoCll"!DÜ'&gt;
d
I
Mldicad hnc mlis de veí11tenn02en In l!oe rnie. I.n~ dos
~~ brazos,• reepiró
¡,or un mom._ento e aire
.... ·.
_ y del'¡&gt;nés sigt11&lt;J en t.ono coufidencwl
lwnnana• m nor hnn 1111Cido oquí: 1-:va, únicamente, nnolorei&lt; marmo,,
•
·
d
c1 en • ·ueva Orl~na, lo que ee conoce en a llt'~a
-Aq11í, •'"'ffi nosotnlS,
la madre
urn ya un•
h.. crcoqne
Hny
en 1 mn
nlre&lt;lcdore
indo! r.cia de criolln. El padre, Hi=do La h&lt;'mere,
matrlmnnio ¡iara 11 1¡a ........ .
' - L' .mn d jóreues soltero~ umigo, nnestroe. qn.
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Dl'(tOCiOI! industrial~, dirije en Parl.l! una
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f brll'.J de apnratos frigoríflcoe.. llluy nb! rt-0 en ene e•nnrtenecen
,t la \"iej noblru de N iza, Y
qni
• •
,·pecnlsdon y 1ambi~u en &amp;118 placer&lt;: ' uo h ce lno_brepecho que I! dcseu uno para \'iolel.lL
ves r, irr..gularcs npariciont&gt;l! ,m In Roeeraii,. ~lega lile!!·
-h rmanos .,int-P nEI exclam6 ·aney. ¿Cr_~•.
v. un lápiz y comen7.Ó ' l'f!Cribir.
- i. ,&lt;AJ:&gt;
1'
o·
1
peradanw111e y parte dl.ll u1I mo modo. I)e t1,.mpo en
U?
Y&lt;,
¡,o•tarfn
por
\'id
.........
muer
-'!lira, ahí ticn,11 el bnhrnce
;.Pero en •• •• ···
1,1 d Xizn no ei.•
t ,cmpn, ,·é 9 1 rg1r entro los naranjoe Y lae pal!neml! u.
es el mayor, Ira bel"{'(lado el Utulo...... or e•
olla eetntnra do yankee robui;io, en 0llbt'ta fntehgen~ de
A
IUrJlestarfa p()r llamnr e oonde!'a, y ln,--go, es un guapo
alPg,... ,,jne ní'gros, 1111 Rncha barro, cfllor de snl Y p1~•~0 •
muchncl,o moreno, enérgico, un hombre, en fin •.•••..•
tn, 1• c1 1.a11ute 11n11 semana ee oyen en la CllS:I~ 1 t.llCP oeio- l'or un excelente nlmuen:o, con
Al nombro do -=aint-l'ou ' ,laría Ter 'q11f', han:i en•
·d
buen humor. Elltoe on días de ne•tn pnrn 18!
d'muTt, /uié-f!ru•, rham¡••!l'•~,Jícotoo ces no lmb!a prestR&lt;lo sino un d ~bil oído á la oonvern,e
odrt&gt;e
1'('!!, ,t :,!., !mocos por penionu. ....••
t.r
J6\"Pnl!!I. La comiiente y las mima, CQn t :\ 1 r11•
2:; lmncos Eaci 6n de ,ue bermnn , l!!VIUI , 111, cabcu y ,;e pu o ll l"'!lidad oon,o p11r11 ind!mmiz:trl:ie dtt !\U! larga~ nusendllf.
cuchar con eerla atonci6n.
r
l.a. 1ievu ñ comerá La R
rrn '~nar 4 Monte-Cario;
.• ,._,_
n
-:-e•¡ 11:p
l,;;v ,F',,u, \'idal es on hombre, en tanto que
,
y lut&gt;go, una bermO!l\ maf\nnh, se e'l"Bde p,'.r algunos ~m:'
¡
1n
,.
ndem.,
,
un
11
1
lwrru:um mt!UM. llonorato, ca un
• •
n
l).,j:1 á la ra. La rrenlere, nnn amer1c11na del 1'i or- 1~ Po,· un pnr de guantee de eis botonifio ,•nclenqu • lento y miope d espíritu, ocupndo e
n
.................................
•·••·
••.•
tc, ·ncti\11, rnq11irt:1 y pnktiCll, el manejo inte:1or de la
12 lrnncos IIIIOIICIOl.'1
.
.
_, n ....
•ober prcsentane nnte 1:, g~ntf'
tonter ru, ...
., .
ltOl!erail' y la educaci6n de las muchachas. • 0 ('8 oto z: Por nn corpino nne.-o. quo un crin,lo
\ r-•
,v.,.•,r dP es'° • yo, " 11t1
11
r
t.orpo
ha.eta
hacer
orar
......
·••
"
wrpe amenn.:a echará perder.•••..
liO
beuda La menuda ,:;ra. 1.... !' renforo t ene que
vez npost..uía por Jfonc&gt;rato. l~n primer lugar, !''l e~fn
una pre
.
. 1 l l . di e- 8'? Por el futidio de tener por wcino de
trabDjar mucho para Jirigic In C8!!ll, l'lgi ar•
¡ar n
,
•
._ deque se re1petc 811 placerdecol~cc10·
mo1 to, ' eon ..., 1
• •
t .
mei;a ,1, nlgún noble eslmnje.ro, ya
!librar lo doo preaupul'lltO!! y eubv~rur con una
TOF,!'qll
,
•
J
f•
•
.
n•\la
d
do
nn
r
ean11g- • \"iolet.a le condnc1ril
• a su an1••J •••
maduro,
,i
11nien
cree
éélibe.
renta al pago de las ilU!t1t trices,, de 09 pro esoDh-•·i:ma
.•-,_¡ •
Con el otro, tendrá que ser IÚ!tll y c:1m1nnr d~re1: 10, in
con el que ee coquetea fracamen•
ttt d" m11alca y, M&gt;bre todo, de les mo&lt;l,etn&amp; y costnre, .. dlLI tiene la monomanía de io,, Y1nj!'!I y qne,
ie, y que, ,1, la l1ora del ca!,\ !e
contar que 1
,
del
ha
ni
Fn verdad, no se wta. El mlÚ! evidenle resitl•
dn
l!D
capricho,
arrastrarla ,t 11n mu;
a rn
Ta.!!:4
•
•
pode
pn&gt;J!l'uta á unn au eeilora••••...••... (Con,·encíonnl) ee¡¡
do do u atareada exil!teucla, es q11e no tiene uem
• . 18 obligaría tt 11 campnr hnjo 11nn tlendn,
_ ___ _
l'olo • orie,
la
· ra de
::upnne en la educnci6n del!Us hijW!. E~n, • ·•n.r,y Y ::'llll•
á acOEtan! en el camarote de un barco y
prn:nr '.
TOT.\L. •••••••••••••.
ria Tercaa hnn crecido t!. la buena de Dios, ümcamente
í2 ínrncos todos IDA plllcerea socia.lea •....•.•• Yid11l ea an~on1.11~1() y
gui. das por eus caprlch011 y 1!118 impnll!QII.
f tútico· tiene obre la condici6n de las mu¡eres 11ie119
-Ya Vet!, la cuenta arroja un Fnldo d .. pérdida.
ln"IS dos mayores nbusan de liaría Terei;a, :\ 111 q_ne tra;Pncast,ell~no d, la Edl\d l\ledin, y trat.uría 11 lnmya corno
-¡ 'ltJXJ:i,1g/ exclama Eva alzando los boiobr011 .....
tan como' nicienta, y la explotan d1:eenrada01l'nt • Ln
•-lides ....._qfvn
una cspec1e d e G r..,...-•v resignada ...... 1lluchas
iomnn en p ~ tamo ti.ti eemanarloe, t: por todo ~º• la vida.e el placer d.- preBCaciar el ~rlanlo de Marfa TerllSI,
gmclaaL...
....
· J
JS"l!!n.11 • lis• •!Ombreros ufndos, sne n,et1doe d tellldo:i, de presentada en libertad como un 1&gt;ro.digio, ante hl cremn
-\'a ·a en gracl ! la interrnmpU, )forfa Tere~a, p,ca :i.
1 qn11 la pobre ,;clima aaca partido, t!. dura• pena•, nrro-- 11" 111 sociedad dt1 ~in y del e ·tranJero.
hnbl.as Jbien de &amp;111 nm ¡g01, •••••...•.. F'I
' "~
~ • Vid I e IUU\"
•
-Ya bee que la ml'i1lca rne aburre, nnn conndo la
glánd,.\Ol! como pnE'de, con ayuda üe la reca1DJ1rera. laoenr-·
pn"•
buwo,
muy..
•~,
i - lo bnce roncho c:ruio ...... ..
e¡ne ejecute e11 de la íarn ilia. •.•..... E~ cnnnt.o 4 la crema
. •r- a no tiene jamlle la alegría de lle,'11r un
,
Miren á la muco•a. nwzcl,in,.o•e
n11 .,,.
J t\50mbre\ • ti1 1O adOT'l\ll,......
• ~
ro nne'l"o, ni la 8lltief11Ceión de Cfeoger un trs e ~" gu: do la -.iedad de X iza y del extran¡ero, ¡1,uml •.••.••.• á
uzgar
t!.
llll'
personnal
¿Pienros t.•\I \'l'Z casarte con ,.J •••
J
,. CC!! esti nn J)C)('O mer. lada.
~
l•tc de de&amp;ochoe que de antemano la han abnrn•
n -•]Oh!¿.\ quién 11e Je ocurre 1..•.••• pro·U!!ltó !II11ría T,•ré•
to.
• h
b
d &amp;n
-El r, Mam,·erno, por l!U !ltuaci6n ¡,ol[tlca, es~:t o~hdo yn, ,!, fuerza de hnbt'rloe ,·isto en 1011 om ro
•
mboridnd!&gt;ltl. ¿Acuo qu rría él t!. una muchacha co•
que obedec1e• ,gndo ti. abrir a11s ~alones ,t mucha gente; pem_ los 111,·1tn• B8,
1,ermanae. Con cate trat.o ' una muchlll'bn
"~tam1.&gt;nte es quo m • pnrecéis inju•tns con los
.d
rtldo
moyo~....... .,,,
dOII de I jué,·ea eetAn eecogitlOl' entre lo me¡or, Y conl.-r.1' maloe in11tin•oe. se hubie.ee riip1 amen~ conve • .
• lnL-Pone.
d
agria v enddiollll. Por fortuna, :\larín Tem!ll tume l!llnls que loe Maruverno son los m amaLI d 10!! an.Eva airo loe hombroe y concluy6 con tono que no n •
II
el
co-:0, 0 • tierna abn..aada, nunca se manffil'!lta co- :tltrionee .•••••••
1uen
•- •
•
...
•
¡ d
• t
-De acuerdo: el marido ee un perfecto caball 0 ro Y la mltlll replica:
qneta y mue ho m •11()8 egoi ta. la m1\ len la
• IC· n~ue a e
_ y bien, yo no querrlll ni ti uno ni ,i otro. ~ bllm espiritual, hut111a, indnlgeme, 11 ~ el cxcca~.
t.odo. Excepciooalmenh• dotlllla, t.oca el ,·10 n con nna mujer
•~na
I'tJnl no tienen fo r ..
, , y adeo1's • no son sulk1e11temen•
--Con
todo.
replicó la pclmogénita, loe ju~ws de•~ •viº6
y
un
sentimiento
que
call111
M&lt;&gt;mbro
enc.onmir
~p-1n
.d
te
dceorntÍ\"0'!.
•
lla• ()limpia 2 011 muy conocidos.......... L."\ nri tncrac1a de
en una n1·n a de qnince alloe·• 4 pet!llr des~ ,,·esLI
, 09 cor.
-Eres dillcil üe eontent.Pr, replicó irónu:n-nente :i.n•
• 'iza md.s ent._¡nuda, llevá ahí li. 1u.s hiJ •.•. I.n pniob~
tot! ,. UI! corpill011 \'ncogicl05, ob~lem•n en publico \:1at08
cv· por lllJÍI q_ue tteas lo qm• se IIAma o~11 •guapa chl•
ue· con~rarfoo notablemenle 11 Eva y , ·ancy. En, 110- es qoe 11lllfiann \'ialeta Cast.cllar hará en pnmern npar••
••
1113 qaizú de,nasilUlo tu preetiglo .•••.•.•••.• Te
ca,• exnge
I
q,1,t
q todo, no """"rta
que sn hermnnilla mono_pollee
brc·
•~r~
1 '1e cióa.
ulvidn lle que nosotrua t.amp&lt;&gt;eo tenemos ortunn, y .
t llar
-Como 11ristocrar.ia, J.'fl mucho.. • El abuelo
- mod o Ia a nci6n -Je loe bombtt· 8óbrc
este
. , . qu ent'S
t
en eEte pals IMj(,\·ene,, ein d&lt;.•t.e ~n ,·atore■ mal couza•
• ar ºXclusiVl\m
01,e, y le t&gt;el1n 1ron1;:111w11 e \'endí11 ncelte.
pretend .!! rern
~
l'~ l.1 •01nch:1cltn
-Es ~iblr; pero I Cn~-tellar t1~ne11 inilloDf.&gt;11, YYio- do•.
lo
deen carn 1111 ta1• nlo d •"=rani.a.
''b'"
-Prec • mente porqu • no tengo doit-, e~ por qne
.
Preoc11¡,:1· la mú8ka la leva Eobre b llerru, muy 10•t ll'ffl roude!n cuando 111 tleeee.
eeo casarm(• Drlll..ttntement.e y con muchn nque.1.11
. ..••••edªlllt&gt;
-¡ Pa-.liral c&lt;m e11 fort11na, In h~tm a \·iol,-tn, ahns
~: d• laa peq~efiecu de 1a ,-id~ dfori11, linci., 1111 rr,1111Co!IOZCO v !{, que jam,ti. me llCOl!tumbrnr{a a la m
i:1·
ele h ilaa,
•Flor de ~iia,• p11ede comprar nn mnrc¡u,'.-,. y nuu 1111 dc1•
do t"llC.'l nta d o, t?D do nde como en I cn~nlo
•
;
A•
1· qtlª nrunr mi~ tllas 4¡ 1alendo con 10! ¡,ro•
u
" ...• •
e convierten"" túmcne color uu ol.
qur, ei (a bi II lo tiene ...... !,o que me Porprtmd.., t•s que 111a.
1!U8 \"PB t .d
1 08 a¡·ado
·-···• • _
udo en los m&lt;m,.. de lns comidas Y pnv;in•
\ =uOr , "'• 1
f •J
la 61,norn c.,l!te.l:ir lmya renrrnciado &amp; 11u11char por MIi
d
•le ,. utl, . wmo nn t,rn pobre mamá, pre cnr n
pro¡,ia cuenta. y ee decid."I 1' conf •-:ir :ti pñblle11 qm• tiene
om eomo novicin
'
entr:ir
rn l:i .\111nc1"6 o····· p ero tengo fo en
En tanto qn laa tn::"8 hcrmn
p("rmnm:c;en eil 1:,Cio- una ltij d , vcintc ol\o...
ll• ,. ,0 ,. n,•reuadida qu,- on dfa ü otro pC!C!l·
tre
-,Ah! J'ª bf11 .•.....•• a ha tenidnta11 jo1·1,n' ..... 4 lo• 1111 t'fi
• •
• , r
r do1' Y
,A .. -cv l111ce, olr, en dlrecc1ou d.- \ 1llt •
sas, un r11111ur 1eJ+l-n
r el mnrido de J111• sneiios. ;' y l1er010!a po . •
. · esn
¡ 1\ O!' •.,... y lo ~nenia
ú todo c•I c¡m• q111rre o!rlo.
~
1 ca, v c,mienu. 4 • prosin 111 r e, eultec rindo por d wct
'11 el c:ipfmlo uc cu lidadea fíeica~ no Eóy muy éX1¡:;~nte.
rai~
~b·d . mnv pronto, detr.l de Ln n~enm•, E.ur• l'reciumeutc porque •Flor de :--17.ll le cstorb:i, es por lo
11
1
·o pediré para ml prometido ni In gullardín de ntmóo.
agu
08
•
• •
•
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llrt'Cé hajo la
que
desea
caEUrla
.•••.....
Xo
ea
mny
ogrndnble
!'ª~una
,w un t n·u, con 11 n r111do de trueno, l
P
~¡
las virtudea de Gr ndison, t'• imagino quo con p:,cten·
Yi-lda co,¡ueta y llena de aspiniclone, tener 111111 Ju¡a tan
bó\'Clla del tontl de F.z. •
cia v habilid11d encontrure rui ideal. un ¡;1110 eeii~r m1•
-¡El t.ren de las cinco! !OSpira •MCy, echando e 1 • liudn A su I do.
•
1 ¡· ·
· bello p11lm1to.
_ rero C!I acaso tan lindn? murmuró .·ancy, morl&lt;•n· llnnnrlo ií «111hm uó11111re a o ir1tar m,
cia atrás, para examinur el efecto d II b:l~tóu, en el que
-,
~
!
contat.6
nl&lt;"gremente
•
·ancy.
En .cuanto á mi¡
de rv•rro·
lta efil:U1p,.do un a -bcu
.,..
' 1pnp5 1uv1 e aquí, do la cabe1.,: nqu{ re I brican reputaciones de hcnn08tlrn
poco
me importa que el mañdo CA do, mtlvo, con ti
nos lievar{ ' MontP-Carlo, y \endrlamo! u11n buena co- 4 poco COll\ó.

f,,,,.

?'

.

,,¡.

5 Juuo, 1896.

fUNDO.

que nu• proporcione un hogar confortable y me deje vi•
,·irá mi albedrío.

-~o las comprendo, s ntre, i~ ,l decir Marín Teresa,
l'!!cancl.Alizada. lle ca
di:!
k&gt; lo que ún diciendo•••
Yo eé detil'QII que n,, me casaría nunca ai no ÍDl'!le con el
'hombre á qui&lt;'n qni iua.
""u 1,fmitl prol.ei!ta 11 • inru diat.am1•nto ahogada por
y loa Ell.l'Ct\Smoa dft sn dos benut.U!IS.
-Qnífrea callarte, inocente! 1;u11rda 111, P.ermone~ para
t·1 muiieea.

IR!! rl!!

-llo aquí, nnadi6 iníniC!lu1ento Eva, el dc·plorable
..Cec1-0 de h1s novelas inglta.:18 de la@ qnt1 se llt'na-.... Yo
har:qoe m11n.á w- prl)hibo n.s lc-&lt;;turn que te pervierten
el gueto y el juicio.
)Jarfn Te.re5ll e voh·iú como una nbaj irritada. y fijlln•
do en eue hermana una miradu inclign11da:
-)J[s lecturas , len mlÚ! que llll! de net.e1les, replio{,;
cnandlJ 111 nos, no echan ,i per!ler el corazón.
Luego. em·olviendo en 111 delantal Bll •nec
íre- de
ro~ura y 811 sombrero. di6 media vuelta y ,~ ene:unin6
r.ipida1nent1• hacia e I hal,itaci(,n.

El 8C•l ya oblfeuo. arroja myO!! m.ts irnprrgll!l:io• de color t!. tnw de 111 v,•rclnni do lo., pabell,.ne11. Dt-1 flanco
cle la montana baja una sornbra ,·io!eta, im-ndiendo 109
boeqnes de olivo,, en tanto r¡ue, (1.11 Indo del mar, una
luz temblorosa bana con un tinte ,le oro t•l a1.11I de la., li•
¡:l'r&amp;s ola!!. Xancy cierrn su coriaplum1111, lo ~nanla en
u boleíllo, y de pie, npoyacln en el hn•tón, mim con
loe oj09 entrecerrados ,i En1, que e pone !U Pombrero y
..:1 alfiler de ca bo.-w.
-T.-ngo ¡¡a111u1 cl111111b1r hu~ta loo &lt;'110/r•l 1,,nii1m•. ¿,!,?
acompafla8?
-Gntcin , prom••lí á la Sm. Mnrnvuno y i1 ~11 •obrinn orr&lt;&gt;glar con ul
el programa d In lil.'sl.a ,Je ma llana.
Me voy á la ,,i/la Olimpin. E.~tr, m,• eel'l'ir,1 üe pa,eo ante, de la comidll.

-Sr, obscrv6 bnrlo11ame11te E,·a, y como .,1 yat~ ,1,.1
barón 8pieler est.á a.ncladoen el p11erto ele l-.1n .luan. lendnúi la probabiiidod de l!DContrar al hidalga bE'rnt ~•&gt;,
:i quien tus ojos hn.n seducido, y de e le mndo 1n11tarj&gt;.
dos pájaros con una sola pedrada .••.•. UuicamPnte '"" ct1Í•
dado, porque tienes 111111 terrible rival en la ruleta dP.
?tlonte Cario.
-Querida mfA, responrliú E&gt;·n, mirando ,i Xancr do
•oelayo, yo no t.e embmmo cou motivo de tn~ gasmo11erilll!, pnrn cngawzar al ,·ii,jo príuci¡,o ~iruaco ...•.• Imita

111i roserva y deja al bar6n l'pielN en paz ..... .
Y dicho, t..~, ae e111pi11ó obre l:\ pnntn tle Jo pie , cor•
tt, una roen 'iel del follaji-, la prendi6 l•n sn cint11r611, y
1 lt'gO, con la 5ereniJnd de 1111 animal elegante, eon•cien•
t · de 811 impecnble bellez , se nlejt'., lentrunenl e por el
1•nbell6a lnnndaJo de 811!, en direceiún del oc{·nno enro,ie:ido.

lI
l·:i. ju H'l!. La ,·illa ~laru,·1 rno l,11 abir,tn, cuan grPqc)C'!
...... sn, ,·erjas de hierro forjado; lO!! 1,rrabi da co~cabelr•
~•111oros, IOII COChl'8 de nlq11iler, lo. l,mdfwA l1111hm,loe de
lil.umn ee eucNlen á lo largo üe la ¡;ran cRII,• d., ilrboles
•i•lll•&gt;Ell. entre las "11h•ia,i roja•. ht~ polygala~ y los li111n11e•
1·u~ en flor. I.oa Cl\rraaje,, Fe ddienen, uno dl"l!¡1111!• de otro,
•h·b.nte del 'l"eetlbulo de dubll' e,calinoto ele nuir111ol, en
,1, nde dos lacay09 de liurt'B mBrrón, :1l,n-n l [IOrll'JUe
l•e. El Yt'Stíbulo da acc,'Po &amp;! nna amplia terraza, plnnla•
,LI dte cipl'Cl't:J!, qlle precede 4 la J1abi111ci,,o :, n&lt;eorta en
.. , c1elo la bl:lncora Je •u urq11i&amp;ec111ra it liana. Oons•
lrnidn en la cre~ta de la colina. la \'illa Oiimriü domina
a 111 r.-z l•I pueblecito de8nn ,Tun y 111 co&gt;1u d1tl llunllien;
in.id allá do Jn,i pla11oe horizomalc3 u,•
cedri,,. y lll~ pi••UII, 14 mirMae recrea e,, nn nidio paie:1Je I MÍÜmo;
1-.11 nna rnú ica arrulladora, lns olas ci;p11111111t~ ""' ~11\'llan contra loe cantiles r00111lo,o d,• 1111 cnmino de
ufa.·meroa que rodea eJ p:irqnr, y mú 11:1 l!I .Medit&lt;irrú1:eo, cun cinlilacionea diuroontinns. extientlc su ,·lll!ta lla•
11nr:1 Ct•rdlea. cortada 11. In dereehs. por la p •oírumla ~t.
llotpice, llena de eombrfos pin011 y limitada il la izquier•
tla por l:is montallas de la Ct,ted'azur, empolradll! de nna
lnz de plat.a, hendidas aquí y allí por grandes 80mbru
vloláce:u, y C!!Calonnodo en pert1pcc1.i va ~W! promontorio.•,
en cuya extremlda:f el cabo Iartln :perfila n pnnta bosCO&amp;n., y Hordigbern sus Cll!aS rosada8 y vnpor ·ae.

'°"

•

n las dCl'! dr la 111rdc y el nlmneno ha conclnido. Loe
El • r. Bautüit.-i .Marnverno se mul&amp;iplicn coru(I ('11:i,
romenwle-. '1el jueves comienzan 4 reunin&lt;e en el gran ea• p,•ro con una cordiwidad mwr b~cadn y n1en09 difu~a.
Ión, b:illailo 4 treehos por
zonas nu~ del eol, deco- Ee an l!f&gt;pt.:agenario, l!C(".O, a\'isado y rob:l!to, muy COTrt"C•
mdo cou tnpicerlas antiguas, y en donde, ncimn de los t,:, y m-iy cuidndo~o . .'us C!'j11$. negras ann y tupida., re
Cri os, nmorcilloa rnbicund s, ¡1intados al ÍreECo, baila• unen por enci,us dtJ sos doe ojn&amp; negrOI!, de mirad."\ enér·
ban una nle¡n-e ronda ea el fondo el azul daro. Ix, rnn• gic:i. ~u n!IMll tiene In nri1tta fin.a¡ ene labios firrru:, d.tnna~ opuen:i,, ábrense, obre on pai,¡:¡je completamente sonrí8ll ligeramente chocarrrra, acuean al hombre d, ddi•
di!tlni.o. l'or 1A IIDII &amp;C d cnbre una fuga df! mar azul,
do II ir icmpre adt-lante y á qnlen los 1'.SCrúpul d,· ~1'11con el animado , pect~culo de la• lanche~ pe.-ca&lt;lome y
slblerfa nn han detenido j11n111s en eu mn.rchn 11•cend,•11lOll yntes anclado &lt;'11 el peqat'.fto puerto de Nin ,1 us n.
te. Ha rCJ1liuidn grnnd _ 11egoci09 indo•tr,:i
en In.
l&gt;or la otra e eu1re1· un boscajt! d oli\"I)!!, eombn"anrlo glnterra, e ha enrhuecldo, y d pr.,~ ha vuelto 4 ,u par~
Wrdl!I! Jlr1ld0!', ralpicado~ ele anémonas rojas y &lt;¡ne evOCá
natal, donJe po 1.-e una hrrmo,;11 íortunn territorial. y ,Ion•
la idt'a d., 1111 antiguo y ~agrado boeq'le, l&lt;L-cuenu,do 1•or d,,, ll peJ!llr ti,, su edad. espera hncerse nombrnr •nn,lor
J&gt;~liJa~ ap,tricioneF. de 11i11fns.
en In, próxima el~ccio11e;,. !'ara reafüar et!~e 1ilth110
la multitud de invitados tleorden cnmpnl'f!to, y
sueno ambiciO!!&lt;I, y no ,por jng r 4 lh-ee11 {&gt; por amor
rPnne,·a en parte 011 cada estaci(m ¡ ))ero d pe~ar u,• E'l'1l8
ni arte, obrt&gt; todo~ los ;uc,·es ~ns puertas lrn11ca111e11t-t' y
mod1fic."leíones nnunles. con,.., ..n 1'11 e•eneia la mi@mn d á lo,s conviJ.:irlo,, elegido con eag:1cldad, los ,ncnlen·
fi.onomía original y los mismos grupos Mlracterí ticos.
tos nlmuer•os lllabad'l5 por Evn LA Frcniere.
Ahí, codean los persouaj,'e nouibl~ de !a oocie&lt;lad loj,O d,15
¡&gt;08os .\li1Tu1·crno .. on !ec11ndados fn -n tare:i
cal y los elementos mú,·il.- de la colonia extran)em. Los
f'(lr una eobrína de treinta an , In .·ra. "" tlircllc•, q11e
foncionario• de la adminiAtrnció11. 1111! c,tlcial~ de las
vino ií l1Rb11ar ul l:1tl,) de ellos d!' p11 ,l lmber,w l!t"pa•
gunmicionffl! de las cercanf· y 1:imhién el Jll'r!Onnl equírndo tempe,tu
mente de sa tnllrldo. l'..-qoenu. more•
,·('Co de lo~ n,h-ene&lt;lizo,, veniJ rl,: .:-.iz.1 ú dr: )Jnnt.e Carun, \'irnrnchn, con 11n cnsco tle cab llo• negrus y :ilr••vi.
io. TAl! grande dama~ 1111~11ticas e• WP'Lcliu, con a,·en&lt;hs ojoe fo•forll!ICentes, rnny e.~bt'lt..'I, muy co111111, ic111 h·a,
turem.•, cnyos nombre y títul,,, eon t.nn dudos,,e C&lt;'•ioo
'~.1bina de l,irelle l'l'prese~i.a en la ,·ill:i Olin1pia ttl matiz
loe nldu,•, que l1,s d:111 una apariencia d,• j11w11111d •. in
fin de si,¡I", com pondli,nte á lu caliJn&lt;l 1l nd
,te cier1•mblrg11, e•• mundü dislmbólo no ,;e me~clu •ino en 111
ta~ catP¡;,1rfa., de iul'itado _ qne han 11cali1&lt;10 por irtil•
eupi,rficiP, ¡,ue, ,¡ne ni cabo dt! un enarto d11 hora ee p11P•
tra1110 ,.11 el &lt;&gt;alón de lrn, ínrn ,·..-rno.
de obs,r1-arque re opera una 11elecci6n. En e111l:1 riucón
A í, In jME&gt;n Lú eP.peciahnente enC3rgada de rf'C bir ,
ee forman pe111enos
,Ir&amp; m,is hn,OI! entre
que la
e¡o rxtranjerus y de im¡u•dir q:11i la sociedn,1 ~t•l~rt;1 •l~I
cordial amcniJad de loF dudio• d11 la CMn, qn,: r,rodigRn
j11,,1•i,, l"• ponga e~trictanwnt en c1111r1mtcn11: l'"rtine
por todM park! Ínllk•a dti bit-n1·cniJa, grnduíudolng ,in
.. n la ophlon Jel p,ilftico n,111ti ~n l\Iarn.-erru,. "&lt;'nnn•
embargü, "·gnu la ruuyot 6 11,enc,r r,.,.pt.,tal,ili&lt;lad d., CD•
d" ae admite il hu gent.-e en eae11 de uno, e" llt·b~ ú los
da in1·ít11Jo. l1.,¡,¡;~ dd piano, loe Cntiwu~ de la c:IPA, jóotr(l8 y á ,r mi@1no la focult.a,J &lt;le ,;npor,..r q11ij t.it'u.-11 tov.,,w,. de nmbos FIIXo • coq11c1t•nn ,•, murmnrnn. La~ jf,.
do •·I gr11do d,· rtlllpet.1bilid111I reqnerhla.•
,·ene!, toJae con 1rnj, cllll"Ol!, cnchicltean detnl&amp; de los
En el momento 3c-tual. 111 "ra •.. bim, do Girelle está
nl&gt;:u1iCOf'. disllngni6m.lt e entre ~ne \·OC&lt;-11 snsnrmntee lll
ocupa·ill en t~•mir :11 rededor dl'I piano ,lo11dt1 se halla
ri•n bo11uclw1111 de :-;ancy La Frcuicre y •·l ti111bre más
una r1rt11,,,., J,: ;lliu, .¡ IRi jj,·en ~ q•JC dt'hen &lt;'jl-cut11r 11n
agndn de E1·a, quien ec prodiga r al cad:1 momenu, atra•
coro di! I" J:o1nn ,/~ · dxz,
l'I snlón cun la co11tl11nza de q11i.,11 e encuentra en
E11 un orden harmontoso, c;,•i ktdns linclas y ,·ei;ti,lll•
e•1 ca.qu.
cnn trnjt'! dE&gt; 11rlma,·era. ee alinean en emicfro 110 y
Teniendo por principio Rer amnblecon t.odo PI mundo,
e ,eran la ,enal de 111 . rn. de &lt;..iirelle, 1111e, 111 frente do
,·isit.aeadn gmpo snc ,. irnment,• Yésela di•tribulr aprecllw ,'COn an rollo de mtl-ica en la mnno, 11 na 11111 fun.
ton.,, de 111:1110 ,i lo repre1:entn11t,• d., In nüblt•zn regiocion d director dt! or1¡11e~tn. Con un tono an'°ritario,
nal. q,w 8e m1111tie11en 11n lejos de In pue•ta y q11e pueden
el ~r.•\1arun.&gt;rno impone silencio y las voces Ireacats coconoce?Fe iacilmente, los hombres por ~11 tt-z cnn ida y •n
mienun 4 ~u~urmr nMe la gran n~amblea atenta.
talante 1·ústico. la~ muj&lt;'res por Fn ucent.o rneridioual y
L:i· ,·oct,, ,on preci8llS y agrndubtes; el conjunttJ et I!.'!·
~UF .. ,,,.tido! ¡\ la moda d • la e~r.ación nntepa-atl.&amp;. ~lari•
ti•lic.u,rio y, Jei,pn,~ de
ejecoci(111 d1!1 coro. n¡,luw;OI!
po~l'a c.lln al 1·ededor a~ IOII ollci:lles uniformndos qui!
imlnlgellL~~ h11lag1111 el amor ¡,m¡,io de lu~ j6nme cr,ris.
convenian gra,·enienw di., ¡,i.-, 1'11 111edio del •alún y lea
ta,. lt!!tnc·nan ann 111.s última• palm!Ula!! cuundo 1111 oyn.
dÜ;pen@a •U! SUR\"efl 11onri81l8; cle!!pu,:~ ,-a 11 hacer cerem,,- d,, de c!,n; ra 11111mci., :
nio~M reve1·encias ,¡ las persona, principales de lus colo-L:i 1,i1orn y IR sci\orit:i de C&amp;11tellar!
niae extranj1·rrui, lw/i,,,. y grandt!l! cl11qnt,1:a, que la ~!'fiorn
Inmediatamente se didtrae la atEnciúu de las cantaut.es
)laru,·i,rno ha ine1.ni.\do en mng!'11tn~.. os ~il,1,n1, , ír.--J1te
para fijars;, eo las q11, lh,gun.
d. pni!ll],)S h,·rm&lt;lllOI! y en loa sitios de honor.
!.a •nora Uistell11r e,- un11 riibia ya marchita, pero que
Frt•nte al único grupo de in.-itadoe (le origen dudorn,
ha con~er1·11do cierto :llre juvenil y ,·oporo•o r1ue esaje•
pllF,1 eeqni\•a, dPllddloea, recogit'ndo cun In mano, con
r.1 uo usnndo mál! que trojes di! muchnchn. Milaneea
mo,·lmiento de ecn11itiva, ••~ í.alth~ de eeda, como 11nm
de origen, ,·lucl:i desde hace cinco nl\&lt;,18, tt ne aan, d. peno cont.aminsrlllB. La extremicLid del i;all,n eet.1 eeparad:i
r d., &lt;118 c1111re11ts, grandes prelenslon • de agradar. y
de nn peristilo qu,11·e hacia los parterre , por grandes
en 11rnbicij11 se cifra en pasar por hormunn dt1 611 hija,
cri~Lale. ~in madern. Entre las colu111na de e!ta roton1'11 traj~ :uul cek,te 4 mil ray~, con &lt;'Rll&lt;lte cuadra.Jo,
da •xterior, ¡101pliat coruna de a id,1 roja lnterc&lt;1ptan loe
d&lt;')a ·er nn:i plel blanca. l 'na ancha cintn de terciom1·0 ti ••na~in io lll'&lt;li ·nt~!S de un ol primaveral. E;.as tep~•lo nzul, oculta los plieg11.,a ue un cuello enflaquecido.
1~ flvlantee, ya aí-,lpan con '" n sombra variable los grn•
~ 1e oj , de p11pila., pequei'las, re ull"ln grantle!! con auxiJ&gt;O! c,,parcid, , ya hacen llo.-er sobre dio. manchu de
lio d.il Kuhl y u11,11er,,so rizo• de oro p:llido, for111ando
luz. H,-g1í11 1 caprichos de estile int-errnitencil\l! lnn1i110•
bucle.• BI r~dedor de su frente. le dan el 11•• pcctode una
ens, 11: perciben loe abnnicoe que palpitan COIII'&gt; :ilu, d., •
mufieca cnyu 11wjilla~ hubi " dej:ido ,lescolonda~ la
m11ripo•n;aqní y allí 11na lindaCJbeim ,,merge di, la pe- llu vi11.
n11mbm ,. • • mne!'tra en pl,·110 eol; n!pidrw rel.t111pago,,
\"íoldta Cn.•tcllar es n1bi.1 como •1 maclro, pero ahí. e
hacen ci~tilar lo, bordad•&gt;e de los nniíurme~. fi.1mear los
u,:aba d parecido. U• talln 111edi,11111, flexible, ondul11njoyelPS rle dinmantCI!, cambiar di! color los rt:!rnolinos df!
te, con lwrm?!!'-"! hombros y un pecho de 1111 wodt!lo muy
la,; l'd .. naa telas de mati
suaves. Y.-~ nn placer entre
puro, tiene tn vimientos !len , d gmcia y 111111 aen•nl•
aquello• j,wgos d,• luz, l"llr 11gir.ar,1• di,.erol.nrnenw la 111(,.
ciad 1•irgi1111l que lncr: µen,ru 1•11 el nlba Je nna J,ermf)l!a
,·il tlg11m d, la nma de fa rn• . Id efülm ~foruvt!rno. pe•
111ailnnJ1 tl,, etltÍO •. :u b!oud cab~ll- _ncre,pad01,, forqm•nn, regordeta, sencillamente ,·estida cuo un tr.1je dt!
man Rencilla11wntc 11111tgrue a trenza que reLit-ne nnn flt'Í·
J'll80 negro cuyO!i lneng
plit'glle agrandan 811 estatura,
neu, üe carey. El tejido dte 110 pj,il blanca tiene algo de
tiene una p."llabra amable para cada uno. Ilermo-;.o~ caniarmvr : ,.,,~ labiod abicrt , d" roju carnncion , 11relx•lloa blanco~ encuaJran su rostro que(l(•rmanecc Írt&gt;.SCo,
e11t.an cuanau rPpu 1111110 e•pecle d« cnudorKCnRual. y
y en el cual, 106 límpidos ojos azules, Is nariz espiritual,
euaudr, ooríen, nn ligero Riri, de burln en los eslremoe
la boca de bueno! labio onrien1ee, penen como un ful.
de la, comi~11ra• . ..;u grandes oj,,s estdn, como ,m boca.
gor prim:wcml. La setiom Maru ,·erno po,-,w t"s.'1 ex pre•
b:iiindos rlP un11 E0ile&lt;lom placid!'J: pt1r doud pa..van, 4
1&lt;i6n de índnl¡:;ento bondad qne bnbs;-te C(Jmo un encan.
oc ione!, rúpidoa ful;:un.-, d1• ,-~• te' l., wr;11111• l!t-tlfj11t-0 en las mnjl.'re1l qnc han vivido la viJ:i del coraz.6n.
e ea Pila Ull!I original p,•rsoualidau, ¡....ru uu E&lt;: F!lbría
0

r.',,,,,,

,r

,·i \

'ª

�EL .MUNDO.

4
decir con preeil!i6n lo que h:iy en el fondo de esa alma
Yeladn. s ..,bre e,as pupilas de 1111 azul grimeo, ,·agn. nn
mi8terio encantador. como 10'! tran~parl'nll'!l rnpore so•
bre la super6cie de nn lago. Trtl c•lRl •e •'xhibe en la
ireeca expan,i(rn de sn• ,·einte níio,, \'iotew. Ca;,tellar
m~rece el ,.obrenombre de •Flor de Niza,, que ~e le da en
la inti111idl\d ¡ tiene el ntercfopelndo, el perfume y la ti•
bia palidez de la• roslll! eabrOJ1as nacidas e::i Abril, en eee
¡,ni~ del $ol y del placer.

Cill!i inmediata:uente después de la aparición de In.•
se,,ora,i Ca,r..itar, el ugier anunció :i lqs s.eflore• \.ida! y
1fo norato de :,;,ünt-l'ons, y los dos hermanos fueron á saludar ,i !a se11ora ;l[arnrnrno, en tant,J q11e ella ,e ocnp,l&gt;a en coloc.ir ,¡ loa recién !leg.tdos. \'id,\I "1! el tipo del
g~ntil-hombrn de Xiza, que ha ,•iato ti mundo y ~e ha
de•oojado, \·iaj:mdo, de la rusticidad y de la i&gt;x11h~ranciu
nnt.ivas. E, moreno, más bien delgado. s6litlamentecon•tituido. Su barba, negra y rizada, harmoniza con 811 tez
act&gt;itunada: 8U voz es sua,·e y bien tío, l&gt;rada.. ~us ojos,
&lt;:olor cnfi;, 1111 poco bun:lidos, tienen esa sedncciún pecllliar dt&gt; ln,; gentes que han \'inj:ido inucho, y cnyns pupilas se han embebido del ardor de lo, ~ules y del color de
IOti pal!es que han \·isitado. J,03 pliegnes verticales de la
frente, por encima de la raíz de la narir. aguilefla, denotan enérgic:1 volnatad. Tiene el ge3to ~obrio, la~ maneras
gra,·es y corteses de un gran s!!J1or espaiiol.
i;n l1erma110 Ho11orato es mny di,tinto, de tal suerte
diierente, que no se les creería de la misma sangre. El re1rar.o que h'!. hecho de él 1&lt;:1•a La Frenier~, a•rnqne un poco exagerado, es perfec~amenle exacto. A los \·eintiocho
aílos, l!onor.ito de &amp;lin~-Pons pareced~ más edndquesu
hermano maynr. End.-ble y euoorl'ado, tiene los cabello8
claros á intervalos, la barba mnlhecha y un tinte de papel m:ll!cado. .su cuerpo llllcO, tlota en nn chale&lt;:o y una
levita deeeminarieta. Este traje ridículo, unido :i la des•
graciada elección de una corbata de 11n azul de pizarm, le
bacía parecerse á un comerciant.e al pormenor, endomin•
gado. FnfOBe á esto eu timidez y amaneramiento, su pa.
h1bra vacilante y au gesto neryioso. En su faz triste, úulcamenie los ojOI' atenuaban la fealdad de las facciones:
dos ojos osc11ros mllv salientes, pero ti~rno~, que tenían
la pacieute dulzura de los ojos de un buen peri-o.

.

.

J..s duración del intermedio ocasionado por nqoella doble llegada de visita&amp;, excita al Sr. '.\Iarn\'erno, el cual
l:!e cuida de que 110 ee ÍllStidíen sos invitados, y rl'clnma
la continuaciúu del programa mosica\. l•:utonces J:1 @t&gt;nora Maruverno se ,·ueh·e amablemente hacia \'ioleUL Castellar:
-Qnerida niiia, la dice, sé que tiene usted 1Lna voz om•
eanLadora y me ha prometido cantar en mi casa. ¿Ha
traído nsted música?
-sr, sei'lora, "ºY á blll!carla ..... .
Con su fle:xible andar se desliza entre loa grnpo~ masculinos, deeaparece en el salón c:intiguo y ,·u,¡I ve muy
pronto, trayendo 1111a página de m(tsica mami.,crita, qt•~
coloca eobre el pupitre, murmurando una recouwudación
al acompaifante.
De pie, en el lingnlo del piano, vlll!tirla con un modesto
truje gris, comienza á ca.uLar una copln, con una ,·oz ale•
grey clara, terminado el cuál, los oyentes se mimn al
principio admirados y decepéionndo,.
Se trata dl' nna migar canci6n de ~ir.a, bien conocida
en la calle de Francia y en toda la vieja ci11dad. en simple
,·ondel qrie lod niños cantan "cuando vuelve Mayo,• ante
la1 eonri"11l! de la prima\'era, y ese rústico canto ¡,opular,
&lt;li~usta á las h~rmosas damas habitllada:s tt las wúsicn.~
i,abias, 11 los trinos complicados de las C'irtw,sa.; de la Ó¡&gt;e•
r.l; pero en su manera expresi de cantar, Yioleta Cast..,llar pone tantas cosas inesperadas ¡¡ara los asistentes;
,11 "º' es tan tl~xible, tiene notas tan 1.ibilll!, tan :r.alameins, tan alt&gt;gre$, que desde la segunda copla la sorpresa
st&gt; l,ruec:i. en nn simpático interés.
O,, (l!!e cnnto á los oye~tes la sensación de la prima,·era
m~ridional, cnn sa e'-uberancia de rosal', ellli olorea de
Yinletas y de llores de naranjo.
l.ae •ílab:is 111113icalea del Jijlfois rle la canción, vu11la11
ut&gt; sou; illbios como golondritllll! que se ciernen en el pro•
fondo 112111 del rielo, por encima de uu mar de azur. 1':COS
&lt;lees&amp; al~,gría popular de Niza, q11echiepea como un moa-

"ª

ó Juuo, 1~96.

cate! e!!p•tmOl!o, evocan la alegría de los festines rú.stico~
b.1jrJ los emparrados encapullodoe, el libre rnelode las cancinne,; de lilayo; 1, caricia de Las serenatas resonando dnrnnte las noches iluminadas por la danza de Jaa luciérnegas, &lt;-1 sabor dt- los besos en pleno~ labio5, bajo lo~ olivos.
Ese m:m:mtial de franca pot'i,Ía del terr1111o, se di!o nde
d~ pronto, en m,;dio de nquelln sociedad refina® y e~tra•
gada, reir-,f!Ca los cora7.onea cumo ta ch11·idnd de ta ma•
fiana que ptinetro bru•camente en una tlllla de b:i.ile, ar·
dil•nle y llena de hu artificial. Aú.n aquellos qne no
comprenden la lt!tra, se maral'illao y los bra,·os e~allan.
Las gentes del país se conmueven m,ís directamenw; ese
i.riunío de una de ,,us canciones J&gt;&lt;Jloi.,-, los halaga.
Entre los más conmovidos y expansil'os, se di~ingue
Honornto de, aint-Pon~. La admiración le hace oh•idar
su timidez. C&lt;;m el cuerpo inclinado hncin adelante y los
oj,)S dei;mensuradam1U1te abiert-08, batepnlmas. Tan abstraído rstit, que ad\"ierte de pronto que lo&amp; otroe loan
cesadodt-aplaudir y qne él l'8 el único que manifiesta su
entusiasmo. Entonces, mboriulndose, turbado, baja la
cabeza y va~lv!l il la sombra como nn carneo! á su concha.
Tocúle su turno á Mula Teresa.
Yestida con su trajecillocolor de lila de fald'ls medio
cortas, los ensortijado@ cal.ellos cayéndole en bucles al
rededor de la e•palda, IOc! delgados brazos surgiendo de
la amplia manga abllllonada, fné tt colocarse delante del
piano, y con 1111 brusco 1UO\'imien1,0, hfzo,e para atrás su
cabellera. euji,t6 su violln contra su l1o~l&gt;ro y, en tanto qne el acorn¡¡ailunu, dejab1 oír algunos acordlll!, atac6
con exraordin11.rio brío las primeras notas de la ,,zigeonertanz »
La extrai\a melodía comenzó á ascender como un que•
jido, y muy pronto llenó el salón con sua eo11oridades.
Bajo el arco de la niña, el violín cantaba con yoz encantadora.
Con ei cuello inclinado, la cabeznechada hncia adelante y los ojos impregnadoa de brillantes fulgores, María
Teresa parecía no Yer ya los objetos que la rodeaban, y
tocaba eusim ismada, cual si se eacontra~e sola en el [oudo de un bo.sque.
La ejecución, aunque muy hábil, no aparentaba el me•
nor eJ![uerzo. L118 notas más penetrantes, los suspiros más

tiernoe, lae fmses m:l.s complicadas, iban snliendo de su
arco, tan natmalmente como lae rosas de un rosal.
Por de;;gracia, el mundano auditorio !,a gnstado ya too&amp;
sa resen·a de entusiasmo y se mneslra cli~trafdo.
Las P.elloras se dtldic.in a estudiar los tocados de ene
wcinas y cochichean detrás de slll! abanicos; llli! seilor'tas se dejan hacer la corte, dengosa.-. y coquet11el11S, p .. r
los oficiales, que l!e inclinan &amp;obre sns espalda•.
f:e respira nuevamente en el salón nna atmósfera de
banalidad y de indiferencia de buen tono.
Asf, á pesar del talento de la eiecutante, la fa!La dA
atención ee ha hecho casi general, y la pie•a termina cm
medio de discretas mue!&lt;tras de aprobación.
En tanto que la joven guarda el instrnmento en un~
cnja almohadillada, dos persona.o, únicamente, llegan ,¡
íelicitula: \'i0Jet11 Castellar y Yiclnl de Sninl•Pons.
:Flor de Xiza besa con efusión las mejillas de María Tt&gt;•
resa; '\"idal, posando familiarmente su mano morena ele
ilrnbe sobre el hombro de la much:chuela, la dice con
YOZ expresi\'a:
-¡Bra,·o Teresiaa\ Ha tocado usted con toda su alma.
Es pr~'Ciso que esos viejos bueno&amp; mor.os y esaa coquet.-is
no tengnn nhora oídO!!, para que no la hayan ap:audido
con mayor entusiumo.
-¿De ,·era.•'' ¿Le ba gustado á usted? respondió )laría
Teresa cuyos ojoa se iluminaron. Bueno, at)Bdi6, puea eso
me basta.
- í al usted tambi(,n, seflorita, continuó \'ldal, volviéndo~e á \'ioleta Cil8t~llar; á usted tambié.1 tengo qne
dirigir mis [elicitacionea ......... 8u canción del •Ruisellor•
me Ita traído 111 cora1.60 una ráfaga de jul'entod. ¿$al,.,
usted que ha demostrado un verdadero valor al permn•
necer siendo una hija de ~iza en medí o de todos eelul!
cosmopolltaa?
,
Uoasonrisa tina se dealiz6 en los lnbios de la joven; delineo una rápida re,·erencia y replicó con su tono tran•
quilo:
-.Xo es g111.D. mérilo ......... Prometí cantar, y como no
sé sino aires del país, fue preciso que esoojiese uno de
ellos entre rui r~pertorio ........ .

J 2 ,J ULI01 1896.

EL MUNDO.

5

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( l·onti111wní.)

---

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-~~=::t::..r;;.:;,-j_""s,:-

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~ ..,LOR DE NIZA
POR ANDRES THE:URJET.
('J:'ruducldo c8pc&lt;•loltncntc 1&gt;ora ••.El Mundu."';-Dustraolouc8bccha.s en nuoet-rostallcres,

N1ím. 2.-Yéase el ú!tiruo número.
Entre tanto, llll movimiento general se había producido
Liget'll y m.1.s jo,·c,n que nunca, la Sra. Caetellar se lan•
en el ealon. Todoe esLaban C&amp;Madoa de música, cnnl!lldos
za d1:l br.uo dti un capit,ín di;! b.ttallón de lo3 Alpes.
de inmovilidad; habla llegado la hor.i en que se org,mi&amp;l•
La :;ra. dt&gt; üírelles arrastra II en vez al pr!ncipe Kabala partida de brincos eema,1.a.ria, y ,í uua sella) del ¡.:r.
menskí. Ser1oras Y Eei'loritas tienen sus cab.tlleroa ex.Mant\'erno, se retiraron loa sillone3 y lns eilllll! ú. lo largo
cepto María Teresa y Violeta, que se quedan olvid~das
'
de Isa paredee, para dejar eitio á los luil:1ri11ee. t:na ,•ie• • cerca del 8r. de Saint-Pon!.
ju ee sentó frente al piano Y· ¡,ri ncipiú á tocar lln regocija&amp;te contempl.i, u1oa p;ir una, á tod118 l&amp;a parejas que se
do,, aire de dan.za.
deslizan por el pavimento, levantando aJ compá5 las
Eva 1,J Freniereee apodera del bJ1·6n 8pieler-un auEpiernas, y loeg11 á las dos ab.1ndonadaa, y, brlll!camen•
te, pregnntl!. :i Violeta:
lria.co alto, con grandee pat.illa.i! rubi.¡.s, mirad.l turbia
y mejillas e 11pedrad.as de granos;-le hace un 1raa nú•
-Dispense usted, ¿pero no es sa mamá la '-!ªª l,aila
allí?
mero de zalamerías para que él ª"' de:ida á ser su comp:ií'lero; }' por último lo atr;ipa, triun[almeute.
-Ella mi.ni&gt;.a, reapoode ~lor de Niza, con ana sonrisa.

iunil'a, que dibuja unos hoyueloe en sD.B mejillas.
-Ahl wnrmara \'idat, ahora las mamás son las ·que
bailan, en tanto que 8118 hija• bordan ......... ¡El mlllldo
al revég! ......... Sefloritas, no puedo ser su cabaJrero, por•
que no entiendo una silaba de estos bailesamericanoe;...•
pero lae invito ......... á dar una vuelta por el jardín, en
donde respiraremos mejor que aquí y podremOfl hablar
, nuestras anchas ........ .
Y loe tres se evadieron detrá8 de 1~ barrera de •mokiuyi
y levitas negras, atrave~aron el vestíbulo, y de3paéa ba·
jaron la eEcalioata.
La tarde tibia moria. El sol iluminaba con nn euave
tinte color de roea la cúspide de las montatlas de E.za y

�6
de la Tarbia, La brisa del mar habla caído, ni nn aoplo
mo,ia el lollllie Iu~troso de los limonero;; ni las cinU1S de
IM sah·ia@ y los gern11eoe rojo!.
Un :elleocio períamado reina en lo, jardines AOlii.ario•.
Los nes re embosc:m por una larga n,•enida de lindero,o
ealr,icadoa con profoaiún de grandeii ,·iolel.as rul!llS, }'
en cuya exlremidad se ve a,,11 lenr el Oceann.
\'idal de í-llln~ P.ifü abrn la marcl,n, teniendo ¡mter•
nalmente 111 mano de )forfa TercY y hablando coa ella·
oon familíaridnd: Ylolern Oastellar los sigue ti corta dis•
tanci&lt;1, examinaudo el llSpecto varoall de Vida!, visLo por
la espalda,
I..a cintura bien rnoddnda en eu ,,chaquetle,, 1u11l oo.cnro, los hombto\ cnaclmdo~, el cuello de mo,·imientos libree, la cabeza cubierii1 por un lleltrecillo que deja Yer
le. 1111cu to&gt;Utdl', y los t•abellos cortados en forma de cepillo, el primogénito de lo~ Saint Poas se le aparece como la emanación d~ estn naturaleza robusta y generosa
que se m&amp;nillesta en t-Orno snyo.
&amp;,,pecha ,·ng:1.,n,mte que s11 madre de!'ea cnsarla con
uuo de los dos hermnn,1s: pero Yiolet.a ha decidido inwriormenw ,111e e6lo ~1 mayor es un candidato serio. Xo
tiene para el mo:nor sino 11na dt'l!denosa indiferencia;
Yidal, por lo contrario, la· interesa y la atrae. Dlce!e
para 8111' adentros qne estaría orgnlloim de ser su mujer.
En secreto, su cornzón se inclina ya dulcemente hacia
él, y se pregunia: ¿!,e gastan\'/
Y, COUédente de ~u indieculible .hermos11ra, con la certeza de la ju ,·entud que no duda de nada, se responde:
¿Y por quó no?
L&lt;:! parece que vé cnminar delante de ella á su propio
defltino y !e itlente Ion conmovida t,omo Psiquis tratando de conocer ni misterioeodios á quien ee le reserva por

12 Juuo, 1896.

EL MUNDO.
esmaltaban cwidros de cl¡veles. En un myo de sol, las .!:!oreP, blaDcas, cnrmes!es, nmarill~, color do carne abrían
BtlB ~talos rfa0608 y recortadoo. Un olor ,le claYo ema•
m1.ba de eflta pro!usil,n de plantas en plena floración .
-¡Oh, quG hermosos clav~le¡¡I eirnlamó la seflorita
Castellar. Es mi flor predilecta ..... ¿Podrécojer algunos~
-Hum! cont.eetó \'id.al, crno que M est.!. perinitido..... ,
El Sr. ::"ltaruverno es m11y celo¡io d,• sus coleccione,¡, y el
j11Tdinero cuenta los claveles mat.n por muta.
-Tanto peor, porque ~e me ant-0jan, y dPsde el mo·
mento en que "" íruto prohibido, la tentación es mayor
todavía.
-¡Oh! Oh! mnrmnró el Sr. de :'laint Pon", "º tanto
que,e nnían los pliegue, de t11 frente. \"amo~, aguarde
Wlt~¡ agregó tocando á Yioletl\ en el brazo; quiero, cuan·
do menos, dejar en paz "u conciencia y cargar con el pecado.
Y se arrodilló á orilla del t·•rndrr,, cogió una docena de
clan,les de colore.~ ,·ariados y se lv~ ofreció á la joven,
cuyOI! ojoe tuvieron corno una sonrisa. Parecín encnotada al ver realizado eu d~eeo, y mil,¡ aún, por hab11r Ím·
puleado A \'id.al ll Her eu cómplice. Este había i&lt;lo ,1 reunirse con .Mnr!a Terel'a, que durante este tiempo, se detÜYo, bajo los olivoA, ti hacer un ramillete de anémonas
silvestres.
-UMt,e.l es máij r:,zonnble, Teresi,, la dijo alegremente,
r se contenta con llores qne están 11 disposición de to•
dos ......... Y bien, para recompensarlo de ,m di~1·eción,
la iavito á mere11dar ~n la Reeene, pasado mañana, y
luiré que oiga usted algunas cauciones napolitanM .......
¿Le conviene'!
-¡Oh, 8eflor Yidall replicó la muchacha, encantada,
ya lo cri,o ......... Deede el l'Íaje de papá, 110 he sido muy
feliz en el capítulo de la• distracciones, y ¡me gustan tan•
to las cancionvs napolitanas!
-.Aaunto arregludo; Honorato y yo iremo,; á buscarla,
el sa.bado, 11 la Reeemie .........
Qu¡¡dóse un '"omento penl!Btivo, y l11ego, volviéndose
hacia Violeta, que IU'piraba sensualmente el ramo decla•
velee, afladió:
-Si la eeiiorita C'lll!tel1ar quiere 8er de los nuestros, la
p:irtida eera1 completa.
Con mucho placer, respondió Flor de Xiza, pero ....... ..
yo no soy enter11mente duei'!n de mi persona ......... Si mi
madre .........
-Bueno, mal'lana iré á in\'itar á la mamá de usted.
Los olh·os y los pinos prolongnban, poco á poco, las
sombras de sus copas, y, allá lejoe, el mar se empapaba
de tintes de tlZul pálido, 8111picados de oro viejo. En lontananza se l1acía olr el ch.irrido de unas ruedas ~odanclo
sobre la arena.
Ern la l1ora en que loe salones de la .,.illa•• Olimpie. ee
iban quedacdo desiertos. Repentinamente, desde lo a1to
de la terraza, resonó una ,·oz de timbre agudo de soprano:
-¡Yioletal ¡Violeta! ¿En dónde eatás?
-1\Il madre me llama ......... ¿Vtimonos? dijo la jo,en á
Yidul.
Yacll(, un momento, y después, tendiéndole la mono:
-Adi6s, sellar, y grncia9, exclam6.
-Hasta el sabado, repitió Saint Poru1, en tanto que
ella, recogiéndose laa Caldas, se lanzó apresuradarne,,tti
en dir¡,cción de ]a "villa• ...... ,..

\'e rano á lo~ habitantes de :N'iim, y en el in \'ierno, enc:intnba ú. los ingleses ntlcionados A las excursiontll! ti&lt;!

caza Y pesc:1.

P&lt;!ro aquel al\o no se había preaent.ndo ningún inqni•
lino, y la viud!\ j11zgó m.is económico iostaiaree en ella
deede los comienzos de la primavera. El anticipado verane. lo. permiti.", eu•pel}der su, recepciones de la cnlle de
S.ta Francisco de Paula y vivir m,ls aencillnmen~e, obu,niendo los beneficios de las distracciones que la o!rec!nn
la vecindad de lo;¡ 'Maruyerno . .Adem.ts, uu moti,·o mis
!!erio había. en e•t.a ocasión, determinado á la seilora Cas·
tellnr :1 dejar Xiza, anticipadamente.
Ln. •\•illa• de lo~ Lentiscos no estaba separada del •vlllino,, de la Fouiin, perteneciente á loa Saint Pons, ~i110
por un cenLenar de meiros. Este •Yillino• y alguna~ hec·
táreas de olivart,seaparcidas en terrenoddel cabo Ferrat,
constituían la única fortuna W!rritoria.1 de los dos hermanOI!. Pero ei en\n pobres en dinero, lo~ Saint Pon~
pertenecían tl l.1 m.ís a11téntica y ti la m,\s nnLlgna nobletlll del país. E,La.b:m emp1uenta.doa rica y brillantt••
mente,
La sel!ora t'll.l:lellar tenía dos •desiderata:• ca.ar prontamente á su hija., cou el fin de poder, á su ,·ez, ~enlizar
,más fácilmente un eegnudo mMrimonio; y CMarln en l.1
sociedad nrist&lt;&gt;crát:ca, para crearse por sí mi.stllll b11ena:;
relaciones, lo que halagaba su vanidnd de buena burgue,;a.
No se fijaba en el dinero. puesto que \'ieletn posefa.
heredada de en padre, una bonita fortuno; pero des1:uba.
que su hija entrase en una familia noble y qne In introdnj~e, á en l11do, en un mundo que, h!\llta entonces, hnbín estado cerrado para ella. Conlqoierad., los Saint Pon!!
pod!a realizar e•te euefio ambicioPo.
:,e preocupaba muy poco, por otra parte, de que Cue~e
espoi!O.
el pri111ogénito 6 el segundo de los hermanoe; lo que la.
interesaba er11 que Yioleta fueee oondel!a,f&gt;vizcoud..sa en
-Senorit11 Castellnr, dice de pront.o Yidlll, volviéndoültimo caso, para ro1.tll'8e con Ita Ai!premont, loe 8al111.
se ¿en dónde aprendió lli!ted EU canción del •Rui,ellor'!•
•leannet, lo.~ Spinetta de ColomotA, y otroH hidalgos de la.
-La conocía hace mucho tiempo ...... l\1uy niña In oía
vieja cepa de Niza. Y en an vanidoo" egoi.sr.Jo, oo fe pre•
ce.ntar todns ias ma!lnnll8 11 loa vendedores de flortrl! de
guntabn ~i uno ú otro de eetos partidos aetía del gusto de
la calle de 8an Francisco de Paula, bojo nuestras venta•
Yioletn y ei la joven profesaba la misma indiferencia quenae. El afio 1\ltimo, ,í mi r.cgreeo de la A~anci6n, la maje:
ella en materia de elección de m:trido.
de nnl!l!tro jardinero de loa Lentiscos medió la letra ....••
Conquistar uu Saint Pone, le parecía el punto esencial
Yo ta anoté, compuse, bien ó mal, cOlllO pude, un acomy aún ei la hubiese preguntad.o en 1&gt;pinión, Tlonornto hn·
pal\amiento ...... y esto es todo.
brfa sido el preferido, porque lo estimaba mál! maleable
-¿~o ha ealido usted nunca d~ 1nza?
que Vidal.
-a·o, Ael\or, en :Niza he nacido, me educaron en elcou
Sin embnrgo, el regreso do este último había aún ePti•
vento, l11ego regresé á clll'll y en ella me he quedado.
mnlado eu ardiente deseo de llegará nne. pronta conclu••
-Bueno, pues es ustro 11n11 bija de Niza, de sangre
sión. Así, desde su inRtalación en los Lehtiscos, manpura. Le. eepecie se hace cmln dla más rara .•.•.. ¿Y quie•
tenía con 101j huéspedes de la Fouan relaciones diplo•
re UBted á au tierra?
máticas de buena vecindad. ,
-La encuentro muy hermosa...... La quiero por in&amp;•
.Al dia siguiente de ll'A encuentro con los Saint rons, en
tinto, aunque no tengo muchos puntos de compara•
la ,·illa Olimpia, ,ioletll se despertó alegre.
ción ...... Usted, que ee un viajero infatigable, puede á lo
La mnflana, muy límpida, prometía un di.a t.nn radioEocomo el de la \'lspera; el mar resonaba melodiosamente
menoa compararla al otroe Jugares y admirurla como inabajo de las rceas; se veían salir las barcas, nna después
teligente ........ .
,_SI. ........ cada ,·ez que vengo á ella, le encuentro un
de otra, del puerro de San Juan; desplegar aus blancas
velae; luego, correr medio inclinada.~, eobre lae olae de un
encanto que no hallo en ninguna oua parle.
-Entoncea por qué la dt:ja usLed7 exclamó Yioleta
azul diamantino.
•
con un asomo ele burla.
En frente, la COSW! de Beaulieu extendía la vnriedad de.
-Porque los extranjeros me In echan á perder...... Me
sue ,villll.!!,• expnrcidas en la verdura, en medio de IU!'-·
horrorizan los coemopolitwi qua ClWil aqaf como nubes
rubiail hojn.q de olivos y esbeltos ramos de palmeras.
de langosw. Lum~nto el tiempo en que Xizn no ee ex·
Atrás, las montailas tef!idaa de un color de malva y de
tendía sino h~ta Paíll{,n y m1eetra propia alegría noa
violeta pe flncadenaban hannonioi;amente, entre sus onblll!tnba, sin que nos vi~emoa obligados á l\lezclar en ella
dulaciones :iterciopcladas, se distinguían ,·agamente lae
III
el vino :id11lterado de loa placeres exóticos. ¿AcRSO le
construcciones ~arracenJlil de Eza y los perfiles de lae ca•
gusta á usteu la .ociedad que hemos dejado allá arribo?
81\~ de la Turbi11.
-.·o sé ........ Ee la primera ,·er.que la veo ......... Estoy
•\1 reipirar IM 1'0888 dAI Inrclln, Violeta ae sentía feli~.
La •\·ill:10 de loe Lentiscos, propiedad de loe Castellar,
como un bai\ista que mira él mar d,r.¡de el cbrredor de se hallaba situada más allá de '1n alde.a de San Jnan, á ¿~:ra In influencia dees41\ clarn muilana 6 el recuerdo dr.
loe ba11oe r ie pregunta; ¿:\[e arroju•.• .:so me arrojo? ......
su triunfo en laca'!ll delos '.\Iar:.véruo, lo que la ca11saba
medio camino de la t.orre Snint Hospiee.
Yi afición, muyor ó meuor, d. la fOCiedad, dependerá de
1':di6cada en medio de bo:;quecí!IOI! de pinos y coronan- esta íélicidad int~rior, fresca como el agna virgen de 0110.
1118 gentes que me rodean ....... y en quienes tc,,ga con• do un grupo de rocae cortauns á pico, eUBpendín ~n8 jar- fuente? ........ .
Todo ..e mezclaba, evidentemente, en la compoi!ición
!lanza.
dines, en forma de carniza voiada, por encima del :",fo.
de en alegría; pero también había en esta otro precioso
· -¿Realm&lt;'nte?
ditemneo, en frente de lns montañas d., Beaulieu.
Y los ojos lumínoFos de Vida! se lijaron con curio., íGeneralmente IR eel\ora en~t.ellar, qoe, no ob:;tnute eu~ elemento, oculto como una pepita de oro fina en la!! prodad en lod de su imerlocutora; parecía un poco impacien- gustos mundanOE', pOl!e!a nn ePpírim práctico y sabia ha- lundid.'ldes di:' este rnndal de pl-r. A fuerza de inclite al no poder leer nada claro en 1118 m i:;Leriosos pupilas cer bien HllB cuentas, la alquilaba durante el invierno ,\ nnrre cnrio~11mente eobre esta agua misteriosa, la joveu
grises de la joven.
loa ~tranj~ que acudían á pa!!lll' en nq11ell11 comnl"CII había visto en el fondo la imagen de Yidal de l:'a.int Pone.
Yoh•ialo á ver cubierto con su sombrerillo do! fieltro ,fo
-8!, proeigui6 ella aonriendo; siento dentro de mí la
la e8t.ació11 de los frio'!, é iba á habitarla tn los mel!&lt;'s de
alll!! estrechas, pisand,1 con planta resuelta la aren:,. de l.1
facultad de eer m11y bnena ó muy mala, según lain!luen. Junio y Julio.
cia que sufra ........ .
Aquella parte de la península, orientada hacia el Xortti o.venida limitada pór las ,·loletas rusns; luego, ae lo rQ•
Dieron vnelbl: á un bo..,squecillo de oll voa y continaa- y balladA por la bri5a. fresca del mar, ofrecía una doble presentaba arrodillado ante el nlailro de cla,•f"lcs mulliron la marcha. á tru,és de nn jardín, cuya tiena rojiza vent.:ija: en la época de los cnlottl!, servía de ~lal"ÍÓn de coloree, tendiéndolo el ramo de ll.ires con aroma de cl.1rn.

12 J uuo, 1896.
Aquello:, claveles los había puesto ella cnidadoP11t11en'te, la víspera, en un vaso de agua, )' por la manahn loe
prendi!'., en su corpil'io de lana blanco. :--,1 perfnme penetrante la acariciaba voluptu09amente el olfato.
De pronto, la causa de esta íelicidad, q tte brotaba dentro de ella, ee le apllreció con to&lt;.lo su resplandeciente
claridad: era. feliz porque Yidnl la había imitado á co•
mer en la Reserve.
Pero ¿y qné? t.nmbién había inYitado á Moría Teresa, y
aon antes qne á ella.
¿Qué tenía, pues, de extraordinoriament~ halagadora
esta invit.acióo, que \'ioleta compnrtín con la pequeña
La Freniere?
En realidad, l\Iada Tereiaa no er:1 más qne una ni,1a á
loe ojoe del conde de Haint Pon1¡ ¡.pero acaso tendria ella
n1isma mayor importancia para él'/
En el espíritu de este hombre que habfa posado de los
treinta niíos y que había visto t.a.ntas personas -y tantas
cosas ¿exist.ía una diferencia sen~ible emre uno mucha•
cha de quince aiios y otra de veinti;? ¡),o las trataba á
las dos con la misma paternal indulgencia'/........ .

EL ~IUNDO.
eu cuerpo en vuelto en la ligera caricia. de In" aromáticas
v~getaeiones.
Caminaba de eete modo, ~in pensar en nada, dejándose
arrullar por el ritmo del mar, dichosa en medio de un~
beatitud puramente animal.

7
-¡Qué original ea su historht! dijo Yiol!'ta.
•Y se qnedó mirando la mnr re~plandeciente y la nmci•
za torre redonda, y por m~s qne hacía, no podía dejnr de
penear en In entrevi~ta de la falsa duque~a y del galante .
corsario.
In,·olnntariamenw ~e representaba á Occhiali con las
facciones enérgicas de Vida! de ::-aii1t Pons. Cna nga.
sonrisa retozaba en 8UE labio~, fornurndo lloy.uéloa en sús
mejilllU',
-Péro, replicó Honorato, alen1:tdo por la respueetn de
In joYen, hay en esta historia puntos qno com·iene diln•

Muy pronto abandonó el lindero de los pinoa y \lomen•
zó á subir un ribazo, en el qué noas viejas bigneral! enla•
%aban sus rama.«. &amp;te abt·upto sendero condncla al antiguo fuertt: piamontés, del que no quedaba ya sino una
torre yentruda.
A lcanzn ba ya la plataforma, cubierta de ci&gt;sped, deade
cidar.
donde ~e dominan In bahía de Beao.lien, las montailas de
-¿Cuáles? dijo \'iolet.a, pensando EÍ mpre en !a dnma
\'illafraaca y el Mediterraneo, hru;tn la &lt;:xlremidad del de honor.
-Primero, sería m11y in~rt-nnt" saber con exacli111d
cabo Bordigheru.
Por un in~tante •e cletnvo ,í tuuiar :1liento, y regocijar en qné. punto de la escarpado costa pndo dcsembarcnr
su mirado. con la dl't'lumbradora cn11t .. mplación dd pni- Occhiali.
-¡Bahl exclam~ elh, contrnrindn.
1,aje que ante ella ee extentlfa-,•l •1111r color de zafiro, 1as
Ln importancia que parecín atribuir Honornto á eHe
recortad11rn~ plai,-nd11• de la cn•tn, la• cim:is color de lila
detalle
insignilicante, le pan-ció como indicio de un eep!·
y de nieve de las montal1aB-cna11tlo la cin,bradn puerta
'
ritu
ru!n,
y volvió ,¡ caer en 811 iudiférenc-ia.
de le. torre se entrenbdo. y eobre In obscuro sombra del
-Ya
encontré
el tiitio; es allá, eu una pequeña rnda
pórtico se destacó, e11 pleno sol, ladelgadasil11etu de Ilo•
arenoso; pro,;igui6 con un aire de triunfo el menor de los
Su orgnllo seeuble\'6 repentinamente ante la idea de qne norato de i-:aiut-Pow.
Saint l'ons. Quiero enseillÍrs~la. ¿1:ustn 118led?
podía eer puesta por Yidal a.l propio nivel que oqnella
~o le fué n~ce~m io al recien llegado mucho ti ..mpopa-\·amCII!, ~nspirú ella con reaignacit,n.
colegiala de vestido corto, y tratú ele e:.'tplicnree ingenio- ra ad vcrtir que no &gt;11 hallaba. HOlu. El \'estido blancc. de
J\ajnr&lt;m en p!eno sol por 11n "''ndero de cabras.
samente loa derechos que podía tener paro una preíe· la Pel\orita Castt-llar, formaba una mancha re~plnnde•
Honornto la guiaba hnda la playa 11renosa. donde el
rencia especial.
ciente en la tuyida copa de una hig11era qne la Eerv!a c1e mur iba ú morir en ondulaciones susurrnntei,,
Ante todo, ,. idal no estt1ba de modo alg1mo obligado á
fondo.
-A1¡11I tiene uHt-d, dijo él, el ancón donde úcchinli y
incluirla en ll\ inviti\::ión. Si babia procedido de otm
El primer movimiento del joven fm\ ocnlt.aTSe en loe st1 gente pudieron atracar sin en viaLOe.
manera, íué, sin d11dl\, porq1ie nna excnrHión con la se• tiniebla~ de la b6veda; pero luego, desp11ésde haberse coPero ella no lo oía y caminaba distraída sobre In arnna
llorita La Frenitire por toda compañía, le pareció 11n mo• locado Hls lentes de ,·idrios obscuros en sns ojo• qnegui•
tivo da placer bastanti, me1.,tuino y pensó que sería e:ii:, i\:tbn ein cesar, reconoci6 á Violeta en la pt:rsona que lo ll\icá.:lea, mirando con preocnpacióu infantil las bw:llas
C6lente 1a gregar á la partida onn compnl\era más agra- había tnrbado. y entoncl!!! se dtcidió á snlir ,1 ij~ encuen- que dejabun su~ menudos pies.
En el ijilencio de In plnyn Rolitaria, p/,lo se oía el ru•
dable.
tro.
mor
de Jss olal' y el murmullo musical de la brisa, rom ·
Adem:'u,, ¿no a.e 11abín arrieiogado e1 selior de Saint Pone
Acercóse, ealndú torpemente, y en tanto que la joven piéndose á trav(-s de los piuares.
tl incurrir en el diegusLo del l-r, .Maru,·eruo al forml\r contesiabn á su saludo con nna sonrisa enigmática:
llonornto se había quitado sue lentel! de vidrios azulee
aqael ramo de claveles, y no era hta también unn muel!•
-Dispense u,ted, eel1orit-a, ninrmnró, no ...... In había y guardádolos cnidndosa.mente en el bolsillo del chaleco.
tra de especial aleuci6n?
conocido al principio...... Es ...... (•e una sorpresa ......
Con mirada t(midn, seguía la elegante si lnetn blanca
Estas meditaciones oc11paron la imeginaoión de Yioleta
:So en~ontrando el calificath·o que buBcaba, terminó Sil de la dei'ulriu.1 C..stellnr, y se cavaba el cerebro pnra enhuta la hc•rn del almuerzo. En la mesa, á la que acudió di&amp;curso con un gesto ner\'ioso.
contnir en él algúu otro tema de eovert'uci6n.
á sentarse so ~Adre con un descuicb1do vestido de ma.-Cna sorpr!&gt;tia agradable, concluyó Yioleta, qae tuvo
nesgué$ de un laborioso registro, alladió por lin:
llana, no se habló de otra cosa ei110 de la fiesta de loe Ma- liíetima de su timidez,
-Yi·lal debe ir hoy mismo ú ver II la aefiora Castellar
rnverno.
-1Es usted demasiado buena, exolawt'i llonornto, en- ,. hablarla de la excursión Jo mnnana ........ .
La viuda había guard.'\dO !!US·encajee rizndoa en la caja ludándol&amp; de nuevo. Y ......... ¿\·iene ueted á menudo á
· -¿El sel'ior Vidal piensa permanecer macho tiempo
de los días de guln. Envuelta en una bata mny ajada, la paeeal'!!e á Saint..Hospice?
todavía en la Fouan?
Sra. CMtellar aparee/a, con la cara mal lavada todavfa
-Algunas vl'Cea. ;,Y oeted?
-¡Oh!...... con \"ida! no se ,abe nada nunca ...... lne1de lo~ cuitladosJI! menj urges de la víspera, y el cerebro
-Yo? ......... Todos los d/1111 ......... Uogo oqní in,·estiga- pt!radame11te hace su mnleta, me da un abrazo, y se vu. por
poco limpio también de las quimerae de que ae había cionee nrqueol6gicM, con objeto de ......... 11n estudio que
algunos meses.
llenado.
1
dedico ii ......... la Sociedad de Letras de ~iza.
-¿Se nburre tal \'~Zen 11! cua?.
Durante el almuerzo, no habló sino de su triunfo y de
-¿8~rA posible?
-Xo ......... Xo es que se aburra mucho conmigo; pero
las felicitaciones y cumplidos de qne habla sido objeto.
-Sí, sefiorit:1. Se trata de determinar un punto hi.stó• se encuentra poco á RUS anchM, delllnei~o inacti YO en la
-Verdaderamente, decía, bajando, como nna pollae- rico muy importante ...·...... Sin duda ha de conocer UB· Fonan ..... ~-· Xo eabe, como yo, tomar interés en QCupala, sus ojos de piirpadOll arrugados, verdaderamente, to- ted los sUCe!OJ que se yerifirnron en éste sitio, en In Gpo- ciones sedentarias ......... Somos dos espúi~wi muy ....... ..
dos estos hijos de los Al pes, son uno11 locos. :So me que- ca en qne Filiberto Manuel de :4nboyn Yigilaba la construc- 111uy.........
·
rúm dejar; todos me pidiéron permieo para venir.á ealu• ción de esta torre?
-Di8tintos, sugirió Yioleta con impaciencia.
darme en los Lentiscos. Por fortuna, el ptinaipe Kamena-¡Dios 01fo! no! confesó ella con una complet.a indiíe·
-Ello es ......... Xo~ queremos tiernamente, pero no teki me arrancó de sos brazos y me llevó al b11jf,I. Baila- rencia.
nemos el mismo modo de @entir ......... El menor cambio
mos juntos toda la noche, y la senara de Girelle estaba
-Paee bueno, una noche, el duque !né sorprendido eu mis c~tumbres basta parn que me dé jaqueca ....... . Y
Yerde de celo8, Hasta el mismo Honorato de 1¼tint-Pons por nnos corsarios al mando de un renegado de Gfoovn,
ll él, le cau~a horror la regularidad ......... ~eceeita, todos
Rali6 de en abstracci6a, creyéndO!!e obligado 4 venir ,t fo. llamado Occhiali, y sólo pudo escapnn;e merced ,t In adhe- loP día!!, algo imprevisto, algo que lo conmueva y lo halicitar me por tu talento de cautunte ......... Tu voz ha sión de dos de sus hidalgo¡,, que quedaron prisioneros. gn sa.ir de ~í mismo.
eau8ado en él una viva impresión. ¿Pero, pnr qné escojis- Entre parént.e~i~, uno de estos valientes caballero~ ee 11a·
-iA. dónde fué 0/SLe in\·itrno?
tes 01!&amp; antigualla del Ruieellor·/ ¿~o podías haber 1,lt'jido ma.b\ Maurici,, \'idal de S1\int Pom,, y íutl uno de miij
-Desp\¡~a de pasar el otono en el Tirol, se uirigió á
en tu repertorio algo menos vulgar? ......... Xo vale la pe• anll'ce~orea. Ya ~e ueted, eeilorita, qne estoy personal- Vent'cfa.
na haberme nrrninndo 11n lecciones de canto, ¡¡j no eres mente interesado en estudiar este problerna histórico ......
-¿Y estuvo mucho tieupo allí?
capnz de ~jecotnr nn trozo de ópera ....... ..
-Hasta Marzo ........ TifnCl por \"enecia unn afición de
Para salvar ,l. loe cn.itívosde las garras de Occhiali, fu~
Mole,ita por esta charla int.erminable, \'ioleta se li• indi;penpable entrar en nEgocineionea con el pirata, y qne yo no participo ......... Esta ci11dnd rodeada de agua,
mitnba ,1 mover la cabeza, sin n,;;ponder una !'alabrn. aquí et! donde la aventu.m se hizo resgorn. Occhiali e:.'ti- debe ser un 11ido dt reun'lBLismo~, y yo no qui.!!iera verCuando e.u madre se levantó de la ml.'~a, se aprovechó de gfa, para. devolver 1Uoe prisioneros, un re~cnte de dos mil me en ella ni ea pinturn ......... Pero á \"ida! le gusta e~t.'\
la hora q11e Jet.a consagraba á l.'\ siesta, para pasear sus eecudc.s de oro; pero ponfa además por condición, que la vida de vagabundo en la." lagnnns. Ya hacealgun&lt;,e ailoa
eusuei1os íuern de los jardine8.
duquesa en pi'rsona se l9s entrl.'gara y le permití"~ bt!- que pasa loa indemoe en \"enecia.
Ex~rirn;;ntaba In nece~idntl de caminar ,t tra,·és de los sar su blanca mano.
Yioletu tenia en la ¡rnnta de los labios un.a pregunta
can,pos, pum sacudir el mal humor pro\'C,cado por las
Al llegar aquí, Hononu.o se p11so rt•jc&gt; come los géranios que hnl.,iern de;ieado dirigirle.
Iri volitlade~ dti In l!t't1ora 011.tellar.
Un escrúpulo la detenía, el temor de cometer alguna
recién abiertos que •e vela~ á poca dí~tancin en el hneco
En íreme de la •villa,, un bo~q11e cnbrfa !ns dos ver- d., unR roen.
íncorrecci61;, 6 cuando ménos, de pas11r por indiscreta.
tieutl.'s de ·a·penínsnla, elevándose E'n una cuesta sua\'e
-Figúrese usted., seí\orita, coutinnó, las vacilacionea
Hnbiera deseado saber ei Vida! no sería IU'ralltrado á vihasta llegará la nmsn de roca!! dt• la forre ~int-Hospice. de la doqu, ~a, ante h~ idea de hallarae (rente á frente de ,·~r luera del país por algún interés de un orden puraLa joven se hundió en plena mnleza, re,pirundo el olor e.que! cor,;nrio sin ley ni llíoe. Se trntú di, hac.,r nneV0M • mente sentimental.
de resina mezclado A lo~ exhalaciones m:irinaa. Camina- am·glo•; pero Occbiali '!º cejaba nn sola punto en sos
Al eecuchar á Honorato, llllbíala ocurrido la ide:i. de
ba á la ventura; la tierra, bpizada de pü111; de pino, cru- pret('n.l!iones, Ent.-Onces se recurrió 1l una ariimaiia: se que un romántico afecto podría muy bien atraerá \'ida!
jía bajo sus pies; matorrales de mirtoe Bilvestrei¡ y de ee• sustituyó ú la duquesa por una dama de honor, q11e se le cada inviernu ll la cindad de los Duxe,i. Caldeába1e en
piuoe le eubían hasta la,¡ caderae, rozándole los brazoe.
pareciera, y fué esta última In que permant&gt;ció toda una imaginación, y un violento dese,i, muy femenino, se apoCon incon~&lt;;iente voluptuosidad se cornplacfn en sentir aocue á EOlas-con el coreario ....... ..
deraba 4e ella· hacer hablar l\l hermano menor.

��10 JULIO, 189~.

EL MU::-.iDO.

10
ladas en una DlC'S:l rF&lt;londn, no IE&gt;jos de la pequclia or•
que&amp;ta quil. desde !!l m~dio.tfn l1a;;t.a. las cinco de lo. tnrde, ejecaw para los cli,mt...~ un conciento, en qu~ loF niree del yals altemnn con !ru, canciones po_p ulares l~li111rne.
Esta orqurua eftaba con,puP~ta d d08 violine~, de nn
contrabajo, d" una flauta ~· de g11Ílarrn~. Des cantore:, de
corhnia~ clara,, fmokings )' pant.alones n.-·gros, llamaban
aobre todo la ntenci6n y formaban la~ ilelicil\8 del 1111dítorio: uno &lt;le ello,;, pt&gt;qnef,o, rubio, con la ca~a peluda "
rape, Ja• orejas s,dit-nle•, l:.tS mE&gt;jillo~ lnmpiíilli!, de boca
.ntreYid11 y de ••jos cllispeantPB de malicie; 1•1 otra, muy
moreno, bi~otudo, con ¡,upilaR rdocientl•ij y dient-es mny
}¡\ :\nC09.
Cantaban csnc.ionee y b,irrarola~ y la,, acompm1aban
con mlmjca, que duba 11mrn\'illo,n mo,·ilidad á sus facci,mes, con pet11fa11ciny In lento d,1 g•,st-icnlndore~, de nna
gracia cómica irreeistibl.-. A\_11mae vece~. arrn~trad011 por
d ritmo .. ndiahla.do d1• In l1•tm, se zarandeaban ·y h11c!s.u
cabr;olas, ral!C'lrnio In gmt.nrra.
l'onfan tnnta iurnginación, nna alP@TÍ!I tan infantil, en
sn tarl'a, que más parecfrm r.nmar parte en la Jiestn para
atorilirse pura En propia s:1tisfacci611.
La ee1'1.ora C•stellar Lomaba po•turas de éxtasiE; balnncenlla dulcemente rn cabi!za rizada. y lle\'aba el comp:18
con eu aoanico.
l\larín T.-l'l'l!ll, con 10!! ojos brillantes, aplnndía estrepito&amp;arnente, .. n t1mto que uua loca .risa sacndí:i sue bom•
bros. lr:lgilllS y EO~ riz&lt;ll!! oscuroe.
\"idal Re uh-ertfll con In alegria de fil umiguita. En
cuant.o ,\ Honorato, que na entendía gmn COl!ll de mÍlsica
y d quien esta, gracPjada!' di;;tralan muy poco, a61o ee
di\·ertía me&lt;liam1menw, }' no miraba más qnt&gt; á Yioleta.
Esta, con eu tn,je de lana blanca, en el talle del c110I se
11hrian unas cla,·eh•a rc,jO&gt;l, e!!Cllchaba, de codos eobre la
inern d., m:lr,11111 y la llllrba apoyada en la mano. Los
contornOP. de BU~ hombros y de su talle flexible, ae t\CU•
,aban cou inflexiones vol11ptoosns, bajo ta luz diíuea de
:n tienda.
SE&gt;gún c•l carácter jO\·inl 6 zalamero, zumb6n 6 l\pnsionadu de la másica, 6\11! pupila. grises ~e encendían ó se
,·elnban.
Las wéloilín~ it.31innae le sng&lt;&gt;rfan visiones sonrientes
(, melancólicus, curas imágenes ee re8ejnban en ,ue pupilll!! de col()rt'l! cr11,,bia111e~.
Los drn, cantort•s acabn bun de inicÍAT una canción Vt&gt;·
neciann bien c~1nocld11:

En una mc,ia vi,ciaa, 1111 grupo de hcmbre~ y de F&lt;•uor~ que aeabab.o de instalaree, interpeló a 1 canwr di' Jo,
mOl!rnchoo n&lt;&gt;gros y de lo• diente~ blancos. Los reci~n
venidos penell&lt;'cúm á la flor y nni.a dl' la colonir. ru~a y
entr&lt;: ello&lt;, Yioleta distingui/j la eleg1111te cabeza y lo~
ojQ, color de ncn·m del príncipe Kamen•ki. Uabínnpedido champagne y en t.i.ntoq"ct'I mozo la serda, el príncipe pu~o ,·einLe franoOfl en la numo dt•I ;músico oapolitano y hi dijo:
- E~l..'U! eei\orn desearían qne canta•e u~teJ. o:,.¡,¡¡.

Los dn, napolitan011 habfao tenninado ya eu cnnci.'.ín y
lnM úll.ima;¡ \'Ít.Jracione., de las guitarras se habían extin-

clitnu'11.,

tienda.
En el horizonte, teiiido yade rosa, Tn penfn~nla rle :san
,Tmrn, con rr.lie,·es tuás precisos, dest-0ca!1a ent&gt;grt'Cida,
eu prolongada gmpa que tcrminaba, como burdn e:&lt;cr.,_
cencia, la r..choncba torre •le S11int Uo~¡,ict&gt;.
Desde la terra,n ya silenciosa se percibían máF diatlntameote los rumores esparcid&lt;lfl en la bnhía: los chas11nidos de lns olas ni herir las rocas, la caida cadencioi:a de-.
las ramM, lo.~ reclamos lle loe peticadc,re8 en el pnertrcillo, y loe lej11nos tintineos de In campana qne anunciaba.
alguna ceremonia religiosa.
\'ioleta permant&gt;eia de codos soim, el m6r111ol de l;1.
mesa, con las mirndas·vu&lt;.&gt;lta~ li-1ci11 t•I mar y corno bi¡,noti1,ada por los, relampagueos di:unantinos d{') ngua.
Tenfn aun en los oidos 11&lt;:l zala111~ras i,11:l.,, de la C,111r•61, d,· //4 '~Í"·' y la repetfn para ~i cmuo u na mú~ica
armlludora,

,,Yieni, la barcn i• pronhl ...... :.. •

--Oh! \'tneciu; exclam6 la eefürra Cruitellnr, p&lt;•11ienilo
loe ojos en bla11co y arreilartán&lt;lo.,e en su eilla, cuánta poe·
Ffa t La PlllZII du&amp;in 1\ló.rcos, con s11e joyeros. y BllR aimscP..
ne~ decrist.alería, los aarbet.es del calé Flori1m, las e:xpediciouca encautadol'lll! al Lido ...... &amp;ta roú~ica me recner•
da mi~ primeros años de matrimonio ......... ,·.,neci11! ......
¡Cómo dt'll\'nrm vol vH y enco11trar la tierna r al~gre ,·ida
de otrOl! tiempos! ......
Uun irónica rnoripa \'ng6 por los labios de \"ida 1, y Yiole!A hi1.o nn le,•p mo,'imiento de liomlirO!' . .El Hrtificial
,·ntn,insmo de ,u madre, la e.1u:itnba los Til'rvios como
una nota folPa y lu turbal.Ja en medio dt 811 ensuel\o.
J~n tanto qn~ 1oa mii~ic(,a cantaban an barcnrolll, ella
inlllginr,\JJi oira Yl•necia bien di~ti111a:-l.a Yent'cia prt'forida de Yidal¡-ve!nse con~¡ dl"l!)izAndosesobre lns ,•er•lt!s lagunW! eilencio~a~. y BUS oj06, agrandados por el hr.rnaie, ¡,arec/an rellej11r lodo un enjambre de góndolna il11111inadaa y ll~nqs de cnntos.
Levantó la cabt-1.a y en mirada encontró la del condt.
,1-, Raint l'om•. l.oe njos o~uros y atentos de \'ida! fe
,letu,·ieron en l~ ~uJ·OI!, y pcr nn mnment.o aquella~ tloe
i-i.preeivas miradas se í11ndiera11 la nnn i-n la otr.1, como
Fi tratasen de leer sos mmuos pe~~amienl011; dt'l-pués el
cvnde, ¡,rimero quo ella, L3jú sus párpadae de color
¡,lomizo y pnreoi&lt;, abrnrbersl' en una cónuernptación inh,rior. Los visit.nnl-es iban llt&gt;gando en grupos, la terma En aquella hora en que la clientela .de la R.'Serva
&lt;'S má&gt;! mrnwrosa, oiause las 1'1"l(}aa de lo, coch,ejj rechi11ar sobre fa arena. del patio y piafar loe caballos. A cada. instante emergían de la •veranda• pnrejas que. bmcaban un eitio vacío en el balcón.
Lolil músico;,, de bueu humor !l caw;a de onn colecta
Irnct.l10,a. templalnn de nuevo Elll! inairumemoe.

F.ra é~i.a nna cancioncita roen mny en boga. entrl' 10!!
parroquiano~ de la H~Eer.-e y á cnyo aire hnbfan adaptado loo cnntores pal11bra~ iranoefas.
El ,,¡,1,w,o d,· lo,, dient-t,~ blancos ee inclin6, con nna
ob,1-qniom sonrisa; ilespn.SH fu~,! buscar IÍ ~u catnal'llda
el rnbio de lus on,j.18 larga. y los do,, acompailados por
Jo¡¡ otros ejecntant"~· comenzaron la Omd611 de /fJ~ njo~:
1JI, &lt;1t!lit11üR vj,,i 11tffrúll &lt;Ú 1,rnyuida ¡,r, 1iat/o,,

()_¡011
Ujvs

I["·

,,.,,,¡ /ic-01n,

""~ d&lt;feii• ,mbriagmlóe,

'i"' aduro 1111wfHJ

l""louo m1.b aw, ........ .
lldlo~ ojoi lu11hu1os en dias ti,· ,fo'Jui1:t,.d:
CüN11' por .f,m.dl) ni(í.gi.1•r1 '11, itim1t m,1,rm1·ridrt•
l'ir RUlt ¡,rrlu,uli1ladr.1i ~•r,lí (,Ira, r w.i rula,
1· mi almo 11,·r1 leré
Por 1&lt;er ¡., /la Ql'I hfm111~n
Qne io1lct 1ue d• t't,tti

1~•l corca:cín ltiml;i/·nJ·

"

1·,, m, ;mpo,·far, ua.tjn mi&amp; ,lirtl4 (U_• ret·(t1.'.s,
.\'i l,u ,111uir11&lt;0 lúgrím,tk rtrlidu.x ta11l&lt;1-11 'rru.1¡
Lo ,,,., 111, ,,..,. lot !,ad&lt;&gt;&amp;
De ,1 urhi 6 d, &lt;Jl,grfri,

Lo 11&lt; ofr,·rido á ,·s&lt;&gt;R u io.&lt; ado1·a1fo1;.
La tonndn con la cual los do~ múeiccs cantaban esta,,
palabras, tt-nfa un ¡,:,;t.raf'io carácter de J&gt;tl,ión ac.ariciadorn y ealvaje. E.staba llena de sollozos con dejos de melosa ternnrn, con repeiiciones de frases tri&amp;f.t&gt;~, cuya lánguida r.,ouoton ía producla In een~aci611 de e8lll! grande~ espirale~ de agua qnP giran lentamente en rededor
de n n remolí no.
Aqu.,l)a qnerellosa caricia de la mí,¡ma !mee musical,
«&gt;i"TCÍU p'lCO á poc.o en el alma una amoro~a íaac,inaéión.
Oe,,(le 111.• primeras nou1s, Yioleta e:xperiment;ó el eu,lx•le,,o de uqut-1 Yol11pt110l'o e¡,canto. De nnevu s11s ojos
wla.dl'&gt;8, fijúr&lt;&gt;nse en los de Yidal.
Furti\'l\meut.e, dl~imulando su mirada bajo laa Cl'ja~
[nmcidae, e!itoéliaba el tibio matiz de aquellns pupilas
proíundaP. cuyo ir's est.nba ~alpicado de punto• di, oro.
En e~os ojoe de profundidades huninosaP, .-efa tran~parentane Encesivamente la• cualidades y los dt&gt;fectoe
de ese hon,bre qne eetaba en cftmit,o de ~er su héroe;
la fineza y la (!ignidad lle\'adns hasta una eepecif&gt; de
Bal\'agiemo ferot¡ mia fuer?.a de volnnilld que l!Pgaba,
cuando era preciso, hm,ta la dureza: máE' todo ei,to ar.empemdo por nna 8enaibilidB.d tierna y una generoeídad
c,1 bu.lit re fea.
.\ mediila q11e hacía eetae observaciones, Violt&gt;la een•
tía creeer su admiración pnr Yidal )" como en la cnncioncita rnPa. aclwrtía en aqnet!oe ojos profundo~ el iintln
qu .. atrnfa ~n alma y la chíepa que iba á quemarle el corazl,n.
&amp;taba abFortn de tal snerLe qne todo lo que pa.&lt;abn al:rededor tle ello. le ibn 11iendo indiferente.
Ko tenía couuiencio alguna de 1,er 11 au vez objeto de
ll!H\ ntención y de una exaltación nn,llogaR.
•
~" ,·ela hrs ojos enternecidos de Honorato, rijos en en
¡&gt;&lt;&gt;1·,onn y ll\'enlnriindoee á sorprend,•r el misterio de bUP
oj,,s grial'!! \'i:ladOP.
La!! palo.br1111 di! la romanio p;recíe.n liaber despertado
la imellgencia udonnecida del menor de lo~ Sruntl'ons.
~as pnpila.~ húmedaa ~e volvlan ob!ltinadnmtnLe hacia
el blanco rOl!tro de la Sritn. Castellar.
!l,lirúbaul11 con el fervor de un de\"f,LO en éxt11~í,¡ ante
una iuuig~n ·ennta.
So admir11ci(,11 mostrábaae con tal ingenuidad que Yidal y la ~ertora Caatellnr la notaron desde luego.
l~'I viuda no oculto su impresión; en cuanto nt conde de
Saint T'ons, más reser\'ado y duerio de sí mÚ!mo, marufest.6 únicamente su sorpresa con una ir.quieta sonrisa rápi•
dnmeot,e reprin,ida.

guido.
Ya lo, grupoa se aclaraban; OÍB8&lt;' en el jardín la ,•oz.
del huji&lt;'r lla,oom!o á los cocherus,
·
lino á uuo los coches tomal,1111 l'I camino ue Mont.,c~rlo: '\"\'Íaseles muy pronto, en medio de 1111n pol\'Ureda de
oro, rodar sobre In rnUI que costea la pt.'qneila A frica.
• El sol descendía hacín los olí ,·ores dd cnbo 1""1rat y
slll! rayos oblicno~ ,.,mpurpumban lns mú,iles lo11a~ do la

Lo 'JW "'f &lt;lm los l,,;id'J8
JI,• dw'1r. /1 rl( 11(,gr!ri,
[,1.1 /,e 11/r,eil/O rf •'/IIS Ojf&gt;3 at/or,iJu/1, .....

-Ea? Violeta, no 'yienee? ...... Ya :.os vamos!
Robresaltóse la interpelada 111 oír lns agudas inflexiones de la voz maternal.
-Ya! rnnrmnró, qué Já!;tima!
Yoll·ieron ú acomadaree en la barca que lo., h11bfa 11,,.
,·ado J' Ct)ndujeron nueyamente ,t ~tar[:i. Tert,eo liastn la
playa de la H~•ser&lt;lie.
De 11ue,·o la b.1rcn atnwes6 lentamente la bahía lnrni,
nosa.
Sdatada en la proa, [rent.e de Vida!, que remaba, \'iolet.n, ddando qne el agoa mojase una de eu,e man~ y con
los ojfl~ medie cerrtldoa, consideraba á Lrav,:s de sus P""·
tallas '" ti¡¡nra \'Íril del remero, bal'lada por la luz roea&lt;ln
ael sol roniente.
Flor de :Si?.a permanecía silencioba. llnicanwnte l:1
Bl'ilora Cu~ellar hacía el gaet.o de la conversuci6n; M"'rín T.,resa no agotaba el wma d" lo agradable de est.a ••delicioBll" tarde, y maniieat.áhaae ,¡ Hon ra~ 1rna amabilidud -,xajernda.
Al llegar al puerto de San Juan, l~B dos herm!IIJO!!acom ¡,afiaron á las seiiorftll hast.a. la \ erj4 del jardín &lt;le
los Lenti,coa.
Lt1 seflora Castellar inaistmpara quii se quedasen á comer y llouorato se disponía á contestar aflrmativame11•
t?, cuando \"idal se adelantó, y, co1·~11dole la pnlabra,
formuló nna negativa oorré.:ta, pero firme.
Una vez que se encontraron eolo~, el conde de &amp;lintPona paa6 el brazó debajo del de su hermano mep0r, y, t&gt;n
lugnr de dirijitHe directamente á la Fou,ín, se encamiui'.&gt;con 111 ú lo largo del bo,¡q1:1ecillo de pinos, hacÍJI la pla_ya
c1 ..1ierta.
-E~t:.J~señoras son muy amables, obserYÓ para em•
prender conver8aci6n.
-Muy um~ble!!, replico Uonorato. La ~Iiorita Yioletn e8 realimente encantadora y en madre nos colma de·
~gal!llj,'l!' ......... Pero ¿¡,or quú no qnisiat,e ncept.ar-sn in\'i•
t:.ción ~ coroer7
-Porqne hoy ciertas invitacio11es, queaceplarlas, eqni\'Rle 1\ un compromiso táciLo, y antes de comprometernos
hasta lo último, deseaba hablar contigo beriame11te.
-¡,De qné ee tTIIWI, pues? preguntó el hermanó menor,
volviendo hacia \' idal 8llH ojos extremadament,e abierto!,
-DtJ un mHtrimonlo, sr,gún creo...... Yasnhes, mi buen
hermano, que nuestro_~ negocios no marchan muy bi~n.
La Folt1án está l,ipo~cada en mi1s de Jo que vnle; cualquier IJUlliana de ést!ll! nos rnmo~ á ver obligado~ 4 liquidar ]a¡¡ tierrns que han permnnecido inJi\'i~as entrl! lo•
dos, y será nna operación deeagradnble, porque lfllcnt 1111
descrédit.o ¡,ara nuestro nombre ........ Yo r.111Jr·•i,io,mpri:
bien ,·éndmne ú .-ivir al extranjero,11 algún rinrón obs,
cura'. ~n el que encontl'llréla tajad11 y la cubiert• ........ .
0

19 J uuo,

1896.

EL MU~TDO.

No tengo necesitlaJ.es, y deede hace mncbo tiempo he sa de un nil'lo mimado ......... Pera tienes razón, soy no
adoptado In. divii:,a. Tll,i /Je,i,, ihi pfllria; pero para t.í, que
loco ...... lile aturdo, me extnn·fo, ~in saber solame11t.e
tienes gustoi&lt; caseros y te baii aficionado á tos costnm- Ei seré de ~n agrado ...... y eiento que nunca me atreveré
bres, á tus libro~. á tus relaciones con tus colega$ de la á pregnutárnelo......
'
Sociedad de letras, nn cambio de vida y de medio, sería
-En cuanto á ésto, yo ~ lo que hacer...... 8enl to heun pesar mny graude. ¿No e,, \'erdad?
raldo y, en caso de una negath-a, no tenrlráa ln mortlfi•
-;Dioe míol -exclamtÍ Honomto asnHado, solamente cación de recibirla cara á cara ...... í ahorn, ramos á ca·
.de perumrlo, siento frío en la médula de los hnesos.
en ...... La \'iej,1 'felisn debe consumirse en la cocina es-Y ein embargo, es preci~o p1&gt;nearlo ...... Pren.•o el mo- perándonos ...... Vamns á comer...... Tienes t,oda la nomento ea que, para ~eguir \'iviemlo aqol, te 1·11~ á \'er che pal"8 pensar y si rnailanas persistes en tn idea, iré d
-0liiigado á solicitar un empleo, algo como una r1'cep1,0rfa. los Lentiecos á pedir parn tf In mano de la señorita Ca.e•
-0 una ruiminístmción de rentas mnnicipal,:-~. Pero, adt!- t.ellar.
más deqlle no me parece bien que un ~a.int-Pnflll ae con•
vierta en un oficinist.a, ea poco probahle que el gobierno
y
actual no:; conceua fiUS úwores, en ra1.6n de nuestr.uo opiniones religiosas y políticas ......... En esta sit.unción, nn
Yioleta era m □ y estricta en,,! cnmplimiento de ,ms dematrimonio rico podrlB únicamente poner en orden beres religiosos y nsíst!n cou aurua r ..gnlnridad á, las cerenueatros negocio,; y de\"Oh·ernos un !J•illo del "qne tene- monia$ de¡ domingo.
mos nec.-&gt;!idad. En e~te pafs ~e e11cuent.ran, de tiempo en
A I dín. siguiente de su excursi611 ,i la Reserve, oyó mi,
tiempo, buen número de herederos q\l.b no Fe runlestarlan sn mayor en In parroquia de ~ ,luan, que domina el
al oírse llamar coude~a.i. y que, eio vacilar, cambiarían puerta, deijt.'\cándo~e, completameut,e blanca, sobre la
eo~ millones por un título ...... Sin ir más ll'jos, conozco,
verdura de los oli,·artt.
,t a.lgnnos pasos de aquí, ú una viuda que cnl!llrfa ,í e11 hiPero aquella mnflatm, mientras que In~ vocee gnogoja en el:!ta.~ condicione~ ......
sae de los acólitos y de lo!! cllantr"s entonaban el t;lo,·i&lt;1,
--;.La ,ei\om Castellar? exclam(; TTonorato. ¿Crees7., .• su penaami®to ~e encontraha muy l11jos.
-Esioy con,·encido du ello...... Me lo lm d~jado comSus ajoR no leía o el d"vooionario entreabierto fobre sus
pren aer, y es(-0 e8 lo q11e te ,~xpliC'\ ella atenciont&gt;R ha- rodillas, sino que contemplaban por el p6rtico abicrtl) el
cia nosotros ........ Ya expl1eeto el asunto, hermano, se mar ealpicado de diamantes que se exumdfa re~pland,..
trata de tomarse el pu.ll!o y pr~gunt4lrnos si nos dPjarín- cient.e hnsi.a la cost:\ de Reanlien.
mos peECar en la red.
Su espíritu, atrustrado por loa yÍ\'oces recuerdos dt: la
-Pero, objetó Honorato, cuyo rost;ro pálidfl t&gt;xpres:iba víspera, erraba sobre la@ ol:\8 b~iladae por el soló en las
una \'ivaangll,tin y cuya voz temblaba, en tí es, sin du- orillas de Isa wrraziu; de la Reserve.
da en qnien se han fijado, y tú eres quien debes decidir
Sus oídos no escuchaban la salmodia del evangelio; toAi.. .......
davía resouaban en ellos lae [rasea de las canciones na-¿A. w'1, ..... Te olvidaa c¡ue no tengo vocación para el politanas:
matrimonio. ~o, quiero mucho mi libertad; soy domnu¡Oh ardientes ojos negroo, de languide~ bañados! ...... •
siado salvaje, ó detlllll!fudo egoú;ta, como qaierae, para
Vol vía á Yer á \'idal de ~aiut Pons apoyado en los copen1!4r. en tomar estado......... Adem(u,, poseo 1111 orgullo dO!', bajo la blonda luz de la üenda de cutí, 6 ya remantonto, ~;¡gurameute mal lundndo, pero, "n fin, q11e me do vigor()Snmente en ír1:nte de ella, en tanto q11e la barrepugnaría casarme con una muchacha tnllcho m,ls rica ca se deafomba sob:-e la bahía cubiert.a de púrpura por el
que yo ......... A tí te toca, pues, ei no tienes iguales preo- sol en en ocaso.
cupaciones, pesar el pro y el contra, y resolver ......... En
Hecordabn sus ádemanes, sus inflexiones de voz, los
cuanto á la 11enora Castellar, no tiene prefercncina, á lo menores detalles de su fisonomía original, y se complaque supongo, y aceptará ,i 1mo 1\ oLro con los ojos cerra- cía en d an,llisis de los rasgos expresivo~ de su roetro;
dos ...... \'amoe ¿te sientes de la fuerza de contrn.cr ma- trataba de sorpreuuer en elloi, h1s re,•elnciones de su catrimonio con la seil.oríta Violeta Castellar?...... ¿Te gusta? rácter, de adivinar, siguiendo las lineas dt:1 eate rostro
-Ah! prorrumpió Honorato con un acPnto apasiona• enérgico, el S\llltimiento Intimo de \"ido 1, y, sobre todo,
do, ¡me parece adorable!
lo que pensaba de ella.
-¡Oh) jOhl exclamó Vida!, mirando ,i BU hermano en
.La frente enérgicn tenía algo de dura, pero los raslos ojo.,; ya había yo sospechado algo al ver el modo con gos firrues de la boca ~e anavizaban con una eonrim Ueque obsen·abas hace paco tl la joven, y por eso he queri- uá de bondad; los ajos obscuros, ¡&gt;rofumios, atracth·oe,
do !Jablar contigo, ant...,s de que fuésemos más lejo~ ........ s\ncerOI!, reflejaban un almo lt&gt;al.
¿A si, la hermosura de la seilorita Flor de :Niza te ha trasAlgllnn,¡ veces había sorprendido esta negra mirada lija
tornado la cabeza?
en ella, y se preguntaba, con un temblor interior, si esta
-¡ La quiero ...... como un bruto ...... como un loco ...... observaci6n persistente sería caurnda por unn curiosidad
En tanro que departfan de este modo entre el lindero banal ó por una secreta 8illlpatfo.
del 1:Josque de pinos y In playa arenosa'. el c,epúsc•llo
i Estaba tan orgullosa al interesar este coraz(m vicafa; el sol ~e habla sumerjido en el Mediterráneo, y en
ril, bacía el que ae sentín irresistiblemenw arrastrada!
el sitio en que acababa de dosap,uecer, ee amontonaban ¡Deseaba con tanto ardor ocaporlo por encero, que solauubecillus de un color de rosa muy vivo en el fondo de mente á la idea de la r!llllización posible de en quimera,
n n n1.nl pálido.
una voluotuosa angUBtia la eofocnba!
El innr, de un tono de turquesa verdosa, tomaba, al
Cuando se desea algo violentmnente, se ijiente una inacercar~e á la tierra, matices de ópalo.
clinado á persuadirse que este de~P.O es de un orden tan
El ngna morfa en 111 arena con susurros aeml'jantes ,í excepcionnl, que debe ser necesa riamenb satisfecho. Se
un sW11·e cant-0 de sir=.
ha acariciado con tanta conat.ancia este deseo, se han aliA la• tiltimas claridades de la tarde, Yida.l examinaba
mentado can tal minuciosidad las probabititlndea de ro
la wt-~quina silueta de •u hermano, s11s hombros eiotre- reallzución, ee las ha tan temerariameuteelimínado, que
chos, su rostro seco, sus ojoe húmedos en los que la cuando te acerca la hora decisi\"a, se ha puesto ye el cerpasión y la ansiedad hacían aparecer una claridad do· co y marcha uno á la gaerra con la convicción de que ll&lt;I
luroi~.
s,• pu.•d,, ser vencido.
P&lt;&gt;r parLe euya, uo podía ~IJRlraerse á un escrúpulo y
J, fuerza de concentmr todas llll~ facultades en e I misun11 ti.,tna comp:l.\;ión, ante la idea ele la peligrosa aven•
mo invasor deseo, \'ioleta Cai!t-ellur había llegado á el't..!
tura en que Honorato &amp;e había arr¿jado.
m{Ptico estado. de alma, e'n el qne,,í la tiebrede la incerti-Hubiera preferida verte menoe ~namorado y más dumbre, Figne unu maravillosa eegruidad. Sufría eeta
11ereno, diio gravemente...... Ten cuidado, herlllAilo, esta alucinación interua, que da á nuestros snei\o,¡ la consis•
Violeta Ca~tellar es muy •eductora y me explico que te tencia de la realidad.
haya hucbizado ...... ¿Pero crees que sea ella la mujer que
Al salir de la ceremonia, se detuvo un momento en· el
te c1111,•iene'/ ¿piensas que loa gustoe de nm bo, y eua ca• atrio de la iglesia, tratando de 1•er si, entre los fit&gt;les que
racteres simpnticen?....... &amp;ta muchacha ti~e en los se agolpaban en el pórtico, descubría la enérgica silueta
ojo,¡ algo impenetrable que me causa inquietud...... He- del conde de Saint-Pons; luego, de~pnée de cambiar aleflexiona bien antes de doblegarte :l. un yugó que- podría gres 1illludos c&lt;;&gt;n algunos vecinos-de los ahededaree, bajó
pesarte máJ; tarde ...... pero demaeÍlldo tarde!
la escalinata y se enc.'\min6 lentamente bacía el muelle,
-¡La quiero! exclamó Honorato con la voz quejumbro- qut e! sol iluminaba haeta cegar.

11
Doscientos pa.~oa ~eparaban á pena¡¡ la iglesia de San
J unn de la uí/fa de los Lentiscos.
Hizo el trayecto aín preoipitar11e, esperando siempre
di6tinguir ,1t Vida! en un recvdo del eamino.
Pno no ,.;6, entre los extensO!i oli\'area qne es(endían
SUE rubio, ramajes por encima de la tierra tapiz'lda de
verde, sino alguua.• excelentes mujeres, con 1:'!IS enagnll!!
encamada,, que regresaban .,t paso vivo :i eus casa•, esparcidas en el follaje .
.Aunane muy cmólico, y de una .~oci1edad que pens11ba
bien, el primogénito de loa Baint-1'011s, se habrfn contentndo indudablemente, con olr un,1 misa de pri 111ern hora .
Al enlr.lr en IOH J.Amtisco~, encontró, eu c:•mhio, in~talada ,t la ~eiiora Custellnr, qne se hablo cau,biado su
viejo peinador matinal por 1.,11 ,·estido de Ealir de colores ohillone~.
La \'ioda tenla la mirada bril!at1te y 11na sonri~a de
júbilo en los labio,.
-Llegae :1 bueu tiempo! exclam6 á ,·oce,, al ""r :l s11
híja, ¡Hay noved.-idee!
-¿Qué ~ucede?. murmuró Yioleta admira1n.
-Antes de nado, 110 te quedes ah! plnnt-ada como 1111
árbol, y ven á sentarte cerca d11 mí. ..... Figlírate qtwdes•
de illl! diez de la maiiana He encoutmba aqní \'i&lt;lnl de
8aint-P1&gt;11s, eolicitnndo nnn t&gt;ntreviarn.
-¿Será cierto? balbuceó la jo\·en.
8entía qu.e lo~ labin~ se le ponfon írioa ,Y que el corazón ntennaLa SUR lt1tido?.
-Ya compreud~rús mí eorpreso ...... Xo estaba ni Yestida ni peinada, porque no aguardaba 111111 ,·iHita tan de
inafüma ...... Corro á mi tocador, llnruo á Fi;ibtlrta y me
arreglo apreauradnmente ......... l)ebo haber ~atado mal
1&gt;erjeilacln hasta dar miedo ......... Pero, en fin, :esto no
es. lo i111-ere~ante. Blljo al saU,n en donde rue encneotro
li \1d.il en mom~nroe dll ejecutar un ,al&lt;, de tambor en
las vidrieras. )fo snplica que lo dí,penst: poT presentarse
en la ca,;n á no.a hora tan insensata, y de imp•oviso, sin
advert-t'ncia preliminar, me explica el objeto de su vieit&lt;i ...... ¿yu adivinas·?
-Xo, mamil, no, reepondi6 Violeta llip(icritamente,
mientras aus mejillas se enrajecfan.
Con la afluencia de la sangre, unll a)Fgre embriaguez
le subía á la cabeza.
¿Así, pues, Blll! deseos iban á. realízarsll? ¡Vidal la qu"r!a! Xo l-t'nia ya ninguna decepción que sufrir.
No obstante, en mtldio del regocijo que resonnlia en
elln, experiment.6 un ligero ext.-emecimiento de t.emor,
ante la idea de una realización tan súbita .y completa de
ena sueíloR,
-X o te hagas la inocente...... Ya soepechaa perfecta•
mente de qué se trata. ..... Míe lelicitacionea q11erid11: Ne►
hru; tardado mucho tiempo!. ..... El conde de Saint Pons
ha venido á pedirme tn mano ..... .
-¿Y ,qué bas Teepooclido? replicó Flor dt. Niza crnzándose loe brazos sobre el pecho, como pn.ra ocultar suR l'i\'1111 palpitaciones.
-Xnturo.lmente, le manifel!lé cuán encantada y halagada me &amp;entía can su petición; luego, para cu1nplir con
188 fórmulas, prometí coosnltarte en CUADk&gt; llegarlll! ......
Se fué, dándome la;i gracias, y afladiendo que \'l!ndría•
esta misn,a turdl' á ~aber tn respuesta ...... Aquí para nosotTRs, yo sabía ya á que atenerme y habrfo podido hacé?'l:!ela. saber...... P_orque supongo que no vaci1114 un eo•
lo momento ..... .
-Xa, mamd, nepondió Yiolet.a con voz firme en la
qne sonaba una nota de triunfo; \'ida! de Saint Pons me
ngrndn y me consideran\ muy íelii ei~ndo su ...,.posa.
-;,Vide!?...... ¡P~ro si no ee trata de Vidal! exclamó
la \'iudn. Acaso, olviM decirte que el conde pide tu
mnno, no para él, síoo para sn hermano llononuo ........ .
'-¡lionorato! repitió Fiar de Niza con estupor, po·
níéndase tan blanca como las rotma BanksilUl que ae,
abrían en las \"entaaaa.
Se había levantado bruscamente y arrojaba it su madre una mirada 111::nn de desolación y reproche.
-¿Eb? sí, llonorutol. •.• ¿Por qu,' me mil'lll! con - .
cara azorada? ...... Honomt.o está enamorado de tí ....••
Haní u.n exceleute mariilo, y, en úfümo nrulliBí~, ~erá&amp;
vizcondesa ...... lo qu.e no _dejo de 11er bonito!
-¡Xo seré nada, porque no me caearé con Honoratol
tlecln.ró coléricameme In R.rita. C!l,l!tellar.
-¿Y porqué'/
-Porque no me agrada. ..... Porque no soy una mujer
que se caae con uu hombre á quien 110 quiere.

�12
-¡Qué tonteria! ...... ¿Es posible que seas t11nnec.iamen-

te romdntica~
-: Romántica, ó no, no quiero á Ilonomto'.
Con la frente arragRd11 y la mirada trágica, fonnnlaba
,i;11 declaración en ,·oz ~pera.
La ECliora Cutcllar la miró de soslayo y tuyo miedo.do
6U irritaci,m.
Oomprendí6 qne !t.l había obstinatlo y rt&gt;~ord6 que
~ll~nrlo Yioletn era uinn no~ obtenía nada de ella lu~h.1ndo frenwá frente contra su obstlnnciün.
&amp;gunrd!. muy bien 9e exns¡;,,rnrla y juzgó ruás prudente f.oma r P&gt; usuuto de lado.
-Como gustes ......... eres dnena de tLI voluntad, ....... .
l'ero ptmníteme que te diga qtw prooeull!' como unacriatnra ......... Oierto qne \"ida! es más aprc•pósito para agra&lt;br r que hnfagnria más tu amor propio; pero priruernn,~nt~.(-1 no se proocupa de matrimoni09 1 J' luego, nun en
el caso de qne cambiase de pn r('Ccr, ;,;,ería por eso un par1 do ngradable? l,o dudo m{!cho .•. , •. F'.,,; autoritnrio, mt•.
tr.&gt;.niganfr, egoieta. Có.n él nQ realizarías todos hll! deseoe, pobre hija mfa! llientnt$ que con llom,rnto .......••
-¡1 lonorato! intermmpVi éllu del!deiiQ8amentt-. F.F. feo,
de e~píritu estrccl,o y ridíct~lo ...... )."o quien¡ unírru"' to&lt;i:i In vidaii 1111 ser que me repugnada.
-{¿neridn, tienes ideas de otro m1111do y de otros tiem·.
¡,o~.... ,. ¡Eid,i,e una hermosa edad en la 1¡11e ya 110 scc:,.sa una por amor! Lo importautc, para una muchacha, es
~ncontrar un marido con 1ma poeicióu brillante, que le
traiga una l111ena fortuna ó un hermoso titulo......... Tú
t•res rica, y solamente te falta un nombre. Se te o(rnce
•rno, n,tt&lt;,ntiN, que ha de.abrirte las puerta~ n1ns hennéticnmentc cerradas, y lo re.nea.~ tontamente.
-;Gracias! me costaría den,nsiado caro.
-¡.'iernpru fra~eE! ...... 'fén In bondad, ¡,or un 1nome.nto, de nbnndonar el pal11 de las quimeras y t-xaminar las
eosasoon los iniemOli ojoe que todo~ . .,, .. ~lirn :i tu :ilrede- .
dor• .,En donde -ves esos llllltriu,,,nior; pnr inclinación?....
.¿.\caso )"adia G11g11ine ha ,·aciladq un minuto en unirse
con el ,•fojo conde .de Solies-.Aubagn.-, qne tiene eeseuta
y ocho alios c11111plidos? ¡_Tal Yet ~ilvia La Gun·ig-ue se
nrrepicnt{l de hnber escogido por l'Bpo~o al barouc'illo de
Oarnoule~, tnerto·y mal\co~ ...... Por lo contrario, siempre e;,t,í de fie~tn y IIC consiclern ent-,rmi1ente f.-Jiz ...... Y
tu a:-nign E\·a La Freni••re ;,érees que torcería el gesto ~i
ÍJJeae pedida JlOr el bar.Su :,;pieler, I&gt;&lt;'r má.s que t&lt;?nga la
n,pntacií,u de pasan,e la@ nochee tn l11 ruleta ó en el Ca·
sino .Mnssena'! -···· Querida mía, esa es la vida, el'a! .....
En loa mejores matrimonios loe n.suntoe de s,.mtimient,o
son accesorios ......... Es nece..ario tomar nn parlÍdo........ .
Y coutinnó por mncho tiempo ~n ert« tono, tratando,
¡,or medio del contagio del ejei11plo, de modificar, poco l'i.
poco, In rebelde rnluntad de en hija.
La at:lc,\ba p&lt;;r su lado debil, tratando de herir su amor
propio, de excitar 911 orgullo, ~•on el objeto de 1le,·11rla 11
acept11r, por despecho, unn solución qne la repugnab:I.
-En •frn, ngregÍ&gt; ,t modo de conclufií,n, prrJnto '"•'6 lÍ ser
mayor de eclad, \· te d€'jo 111 res1iomabilidad lle tus actoa,
de igual modo que moli\'nr tu nfg,uirn 4 Yidal, cuando
,1st" \·enga. Confiad;1 en tu buen ·sentido ya cusi me l,:ibfa
comprometido en nomlir~ tuyo, y me poneB en 111111 situación may ,·iolentn ...... Á tt te toe., 8:tlir de ella como
puedas ...... Yo 1110 la\"o lils mano~ ...... TTnicnmenté tengo que dar~ un co11sejo: procura que no adi\i1,e, ni r:n
to upect.o. 1,i en 111 lt!ngusje, •¡ni, tiene, 1111 capricho pur
~l. y que tu respuesta habrln sido muy dietíntu ei (•I se
J,obilll!e presentado ...... \'idnl ea Mtuo como tocos los
eg•&gt;!~tn.~; !'$ prt-Ciíl&lt;&gt; que no salgll de éasn con la conviccif,n de haber oLi;enido una victoria en un asunto en el
que su hermano obtn\'o una d&lt;'rrota ...... Derrocharía en
,-anidad á cxpemma tuyas y la sociedad ae reirlll á grandes carcajadas ......... }-;r¡ lugar tuyo, yo me casarfa con
llonorato, n11nqu.e no foese ,ino para hncer \·er á e~te caballero que pued1, una paear$e ein fl y qm.• por falta dtJ
l]n monje no se cii;rm Ju n1Jadín .........
~o 1-,gró \·encerl.1, pero lo.. dej~ mortiticadn, 1lena de
acritud y Lnrbaeión.
A hnorz~ron y como la di,;cu~ión no podla prc-_guir d,;Jante de l\)s crin.los, se limitarou li un cambio a'. frases
b:mllle!I.
1
Yiolet,a a¡,enn, comi,5 y, dee,m6s de los postrl!S, se retiró á s.: piezQ, en donde pudo, por fin, abandonarse¡¡.
bremen1e ,t sn dolor y med·i~~¡: la extensl(m de eu desWJtre.

EL MUNDO.
¡Con &lt;Jllé rnpidez; había sido brutalml!nte precipitada
desde l:i. al~uro de 808 sueliOP.!
,Al aentfo adolorida, atrozmente. e.ngniílldn, y, l!in embargo, no podía creer qne todo hobie~e acabado.
:;u orgullo su rebelaba contra la idea de que el hombre
,t quien de!!de el primer momento babfaentYeg11do euconu6n, 11 la hubiese hed10 cnso.
Puesta de codos sobre la mesa, con las llHl no• en loe
caoollos, registraba sus íntimnM prof,mdidndee para hacerse cargo del miserable llstado de en ulmn.
Durante el tiempo qne duró s11 descuidada infancia,
1·i,·i6 mrry solitaria y en PU .aiRlamiento, se había acostnmbrutlo á reconcentrarse dentro de s.r mÍllma y exnminiu·s1: minncíosamente.
· En 11q11el fflomento, cuando comenz,, á nnaliiar ens
!'l'nSJldones, ee qued,i a•ustada al ratificar el poderío que
d atractivo de Yidal ejercfa sobr.. de ella.
·
¡Lo quería! :'\o se trataba de un romántico capricho de
colegiala;ern un impulso apasionado, en el q1le todas las
vanidades, todas las ~pimcione, y todos los deseos de
su .corazón femenino, entraban como elemcnoos.
F..ste hidalgo a.ut.orit.aiio, ell'ganti, y un poco salvaje, le
encantaba por su sinceridad, su independt:ncia de t'.tipÍ•
rita, por la originalidad de Mll caracler y taru bién por s11
robu~ta y vuronil hermoeurs;-porque ella no se precia•
"ba do ~er nn e~pfríLtt puro: dt'sde el fondo ele la ,·i VIIZ y
,'irglnal •Flor de. "iza• si.: exhalaba 1111 perfume de sen•
snalismo ~ntil. ,\ Yeces sentía que el caprichr&gt;so úálit.o lá
envoh·fa y la embriagaba.
\'iolet11 se coníesab11 il. sí misma la futuzn d" B11l:1 pa•
sión, y al pTopio tit:mpo, se rebelaba c~ntra la idea de
que en primera iforaci6n de amor e~tuvieHe condenada ú
una t.cmpraun muerLt'.

26
19

JULIO,

JULIO,

1896.

13

EL ~fUNDO.

18~6.

~fo se resignaba .t admitir la ¡•osibilidad de un naufragio tan completo. ~obrenaclaba en ella una espcranz11, ,.,.
mt-jsnte it una última pave,a tiotaado en nn maragitadu.
Pensaba t-r. qne·\'i.:Jnl tle, aiut--Pon~ iba ó volrnr á lu!J
Lentiecl)S. dentro de muy brc\·e plaro, que ee enc,;ntrarh
ásola., con él y que toda,·ía leqoe.daba una debil prolabilidnd de ,educirh y conqui!mrlo en eeta entreyfota dl!•
cisin.
Violetn Cnst-t&gt;llaJ"6e dirigió aliocador con la fl'bril e,rn 1tncifiu de aqneHas sentenciadas ó moerte del tierup" d,·I
terror, qne 8t' ndorualJan al ~alir del tribuual rerolncinuario para estar seductorna haets en lna gntdas del en-•
d11lso.
Queda estar bella, at.rllcth·a, sednctora.
Se puso nua bata azul clara, r¡ne harmonir.alm:,. m:1111villa con su c:lbellern rul.iia, la blancura de su ~7. y e11
ojos cerúleo,:.
Para marcar más la tonalidad un poco tit•rna di! a.u traje, Bl' prendi{1 en el t'~cot,e 11n ramo de geranic,~; lul'go ~t
plll!o 11 ei;pernr, estremecida, la llt-gada de \"ida!.
.\11:t, como¡\ las tres, sonó la campanilla del en,erjado,
_v un criado vino á anunci:irlaque&lt;ll couüe de::-aínt-Pons
acababa dt- llegar.
Lenta.mente y ~sforzá.ndose por recobl'Br toda so sangre fría, ba.j6 la e.ecalera, y p:llida, con ojo~ de color d-,
tempestad, ~ntró si enl&lt;',n donde Yidal estaba de pie, CH·
ca de I piano.
:-,e cree qne en los crepúeculos ardorosos del eetín, ci~ri.as flores~ e1wuelven "n nn halo fosíoreF.cente que 1,~
da un lirillo mi~terioeo. La pnsi6n ponla tamhi,ln um,
fosforescencia al rededor Je lo~ ojos de Yioleta Castellar
y hncfa su tinte rnáa resplandeciente.

( Cv11tini,ttr6. l

FLORDE NI ZA
POR ANDRES THEURJET.
(T1 •o.duclda es¡&gt;oc1a.1';11ente paro. "El Mu.n.do."J-Ilu,-,t.rnolon.esheohns en nuestros talle.res.

Núm. -l.-Y,anse nue!!troe números desde el 5 de Jalio de JROO.

.A..I verla, el conde de Saint-Pons no pudo esquh'llr un
movimiento de adroiraci6n, y por una especie de choque
en retrocesG, tuvo miedo por llonorato. Se extremeci6,
pensando en su inexperiencia y en los riesgos que corrfa
el poseedor de aquel pro\·ocativo tesoro de belleza.
-Bnenos dlns, sefiorita Yioleta, dijo adelantándose
I.Jacin lajovao. ¡Cuánto me alegro de poder platic11r un
momento 1l eolas oon usted!

Y la tendió la mano, que ella apretó con un movim iento convulsivo, y se!l.n.lando un sillón á Yidal se eentó t'i
corta distancia.
El fué derecho al WJun~.
-La mamá de usted ha debido informarla ya de la
comisión que desempeño.
-SI ee!lor, y le confieso que me ha sorprendido mn•
cho. Crea usted que no esperaba 1wa proposición de es-

ta n11turaleza ...... en•&gt;re todo, yiniendo de una pereoua
que apena• me conoce.
-)fo ee necesita mucho tiempo para enamorarse, li lo
que parece .....• ¿Sabe usted lo que es el rayo? preguntó
en son de broma.
Ettt.a pregunta y este tono de cbaoi.a aumentaron 111
nerviosidad de Yioleta.
-No dejo de saberlo, replicó con una Eonri~n enigmática.

�14

i6

EL MUNDO.

-Pues bien, el nl)'O no deja a!. lo; hombree ni un mo- na de despecho, se acordó del coneejo de eu madre y remento pam la retlexión . .Basta una mirada y queda uno sol vi{¡ seguirlo.
prl!~o, sin pode~ ya ja1rub desprender...... Por lo menos.
;Se se11tfa inflamada del repentino deseo de desquit:iraaí supongo que el! el amor, porque nunca me he visto ~e, aunque tuviese q11a haceTSe mde dallo á sí mismfl que
en ~emejante&lt;! ca.eo, .•••
á lo, demá.•! El miM.eriOl'O demonio que de ella se hahía
- .. í, murmuró Vio)i,ta contrariada. E~ usted inrn!neapoderado, le eugiriú la idea de que c!IS&amp;lld0&amp;e con Ho·
rable. Se conoce á primera vista.
norato \·ivirín en proxi111ídad íntima con est.e df~delioso
Había en la vo1. de Yioleta Cilst.ellar tal acento de de- Yidal, á quien quería, ~in embargo, á pesar de todo...... .
ealfo, i,n sus ojoa tal claridad pro\·ocativa, qu" cau~nron
.\lz,S la cabez.a y mirando á rn interlocutor con aire de
en Vida! una viva inqnietud.
l\"to:
l~'l miró 1ljnment-e¡ pero élla sci;tuvo estl\ mirada y ee
-Xo sei1er, repiicó.• ·o 80 ha engaiindo ueted y me
echó á reír, dirigii}ndole, á tra,·é.! dé su., p,,ftafllll!, nna ci,nsidero muy honrada entrando eu eu familia ...... Ya
ojt&gt;ada tierna 6 irónico, 11 la ver..
que ha uido U8ted por ~u hermano un abogado tau eloAquel loo njo;, acariciadores impregnodOEt de malicia, pa- cuente, puede d..cirlt1 que coneie11to en ~er sn esposn.
recían decir: •Ya bn.~la de Honorat-0, .... ; ni usted ni yo
Fijando por un momento sus ojos lumino,;os en lns , ....
lo hemoa tomado á lo et.!rio ...... Hablemos de nosotros, y
ladas pupilas de Flor de ~iza, \'ida) trataba .. n rnno dt.!
veamoe lo que hay en el fondo de naestroe comzones, lo adh·innr In que pal!llba eu el fondo del alrua d~ la j,i,·cn.
-¡Oh! respondió con 11 n rulem,fo de desco1n lianza, pre•
que será de mayor interés ..... ····"
&amp;l.InPjante teniati\•a de al!&lt;lucciún, que le endereznbn
fiero que Pea uoled misma la quo, •e lo amincie. Se contan directamente, l!Obr~altó al sei'lor de Sain~• PonA.
iiderant muy í.-liz al eacucharlo de ,;m, propioe labios.
-¿Se le hnbr,\ ocurrido á ei&gt;ta muchacha Lan rllrs co-¿P~rn estii aquí? preg1111L6 ella con unn \"Or. rr11.mo• ~.,.
quetear ahora conmigo? dijo para eus a&lt;:lentrqs.
gura, nmiptntlda 1111 tanto d., ~u impnlso.
Y pflrs. anlicipanae ,t t.oda tn.11la inteligencin, respo11dió
-Lo hi, clejndo delant~ de la verja. t-n d&lt;&gt;nde ~e i.mpacasi Mn dur~a;
cil'nta¡ p.-ro voy á bn!!C,trlo......
-:ifo, no goy invulnerable¡ pero poseo la prndencia de
Y atrnvee6 le11tnmt.!nLe el jardln, y al [ranqnear el e11un hombrosensato ..... , En alguno~ Clll'Os, no hay otro ca- \'erjado, distinguió ú. su her1n:rno eu el ,linut:rn del bo~mino sino el dA la fuga ...... C11111ulo el cielo amenar.u t.or• c¡ ne d., pi no~.
menta, no ¡¡gpero el relámpago, eino que hago la maietn
Con la cab,•za b:1ja y In c~palda inclinadd, Honornto se
y parto.
paseaba en un e~Lrl.'cho espacio, arrnllando su irnpaJien-¿AC8l'o será esto lo qne ha ues))l'rtado EU nflcibnú los cin con los .-onido, del estridente ll'i',rto/.ü d.: la.• cig,nras.
,·iaje$?
Teui11 el color más ob~c11ro y l:t'l facciones m,,s arragn•
-Quizái! .... ,. Prefiero mi libertad á todo, Es egoísmo, das qnt&gt; de costu,nbre.
Ee dice, pero ¿qu~ quiere u•ttJd? Así estoy hecho y no su
-Hennnno, -,xclnm6 Yidal yendo hncia e1 r poni~11puede uno volv.,r á hncer ...... Pero no se tn1ta de mi; se dole 111 mano en &lt;'i hombro, hemos gnnado la b3tnlh1 y
trnt.n de mi hermano HoMroto .....• La mnmádemted ha te casará.ti cfln la se1lorita Ca.~tellar.
debido decirla cuán enamorado eat.i..
-¡Ah, mi qnaridu Yidal! Ya ara tiempc,! ...... Comen-lfam,! me ha dicho ....•.....
zaba á dese~perarme! ......
-Y usted ha sido tan amable que me ha otorga&lt;l.o es1a
Y semej11nt.e á 11n11 ligera arruga que corriera @obre l11
entrevista; la doy las gracilll! ...... Quiero 111ucho á mi snperficie de un lago, una débil sonrim se desli1.ó en sne
hermano; es el 1ínico afecto serio qne tengo en el mun- ojo~ y en su,; labio~.
do. Permít.ame, pues, qne le hable de él. l'fted lo cono-\'amos! Cflnte,,t,6 Vida!, rltur 11¡1, como dic;:11 los ince poco, me lo acaba do conf&lt;!ear hace un momento ....•. g1Nei . .\cut"rdute de c¡ne eres 1111 i:aint-Pons y que honDéjeme que ee lo dó á conocer mejor y la informe de to- ras mucho,\ ll:&lt;ta hija de un comi,rcinnte en aceite ni dar·
do lo q11e vale. Bajo una apariencia debil y un exterior In In mano.
1&gt;000 brillante, oculta un corazón de primem, generoso,
Y lo arnuitró al jardín de lo~ Lentiscos.
de unu delicadeza y de una seneibilidad esqui~it-ns. Des·
Al 1mcontrarae cercu de la puertu del 8lllún, le murmn·
&lt;le iliertos lll'pt'Ctos ee 1111 nii\o d.,bil y torpe, que será ró al oí,lo:
precÍ!io g11iar, alentar, aruoldar á. los osos del mundo; pe-¡Yt\rgnet.e, pnrdie1.! ...... Xo pongas la cara de- recibir
ro no es un nii\o mimado, y por la que ti. él Be una, tt'II· una merceJ, cuando á tí es á quien deben dar lus gradrá 8iempre una adhesión, un aíecto, un reconocimien- cia!'., ....
to ein lfmite•. ¿~ siente uawd capaz de e&lt;'r la mujer
Lut•go, lo empnjí, ,t In pieza y se quedó di~cretamenle
ar;ianre, la iniciadflr&amp;, la que le imparta la educ3ción quo fnern.
tanloo necel!itu? Conaúltese usted ac..rca de eele punto,
Al \'er entrar ,1 Honorato, \'ioleta se puRo mny páliua.
con tolla sinceridad, antes de adquiría· un comprr.m,i~o
Pur su parte, el menor de los Saint-Pone l1abía perdi&lt;lE-finlti\·o. Esta eetraila eeneibilidad, que ea la cunlidad do nuevamente el mínimum de aplomo q11~ le habían
dominante de Honorato, lo pr~di~pone ú. ,ufrir mucho, dadu las alent,,dorns palabras de pu hermano.
en caao de que no encontrara en R\1 matrimonio la eimBalbnce(, ,:on torp,,,-,a:
patfa qne le e!' tan necesaria como el pan cotidiano...... .
-Sefloritn, nslt.!d ha maniiestndo el deseo dP ... .,.
Si u ~ Jo hiciera de¡,graciado, no se lo perdonaría nun•
-SI, i.;t.enumpi6 precipitadamente \'ioletu, le promeca, eeilorital
tí,¡ su hel'mano ser In espooa de usted. ........ He aquf mi
-DÍBpt~nseme, intemm1pi(1 sarcásticamente \'ioletn, n1ano,
pero habla usted de este mnt.rimonio como si fu.e,,e )ª
-Alt~ró,wla la voz, y con una doloroea dnlzura, ter•
una CO!III. arregl:uln y hasta me impone condiciflneb!.. ... . minó;
)le parece qua los papeles ¡¡e han trocado, ligerameutt&gt; ... .
-Haré todo lo posible porque usted ~en feliz.
\'idal hizo un mo\'iruiento.
~~t~ modo de prometer la dicha, no era en nirdnd muy
-Perdone U,;téd ...... Pero la ~cffora Cal!tellnr me res- expre,irn; ~in embargo, Honorato se sint.iú conmo\'ido y
pondió en tal Iorrna que me dejó creer qne eetnba cinta alt-grl'.
del asentimiento de llljl,ed ...... ¿:\le he engaliado? ailadió
'us ojo~ m 0 1anc(,licos se ih1minaron como las rnntD.nll!l
Irinment.e. En tal cnao, lo sentir,• mucho por mi pobre dtt nna t"8~9., en la que se prepara una 6est.a.
Honora10, J no me queda sino expresarla mi Eentimien-¡Felir-! exclamó, lo ~oy ya, lo soy .........
t-0 y ..•.....••
Y como la emooi.'.,n le cortase In palabra, ex pre..ó ~11
E;ie touo de glacial'correceión fué el último gol¡&gt;e da· gr:uituu e.st rech:mdo In mano de J,, !eilorit.n Castl'lbr y
do ú \' lolet~.
cubil.'ncfola de besos.
No tu,·o h1 fnen.a de llern.r md-. lejn~ rn quimér-im tenEn t:111t" q11e él se inclinab.1 sobrtt s11 "'""" helacL1,
tati vn. ;.C-011 411,• objl'UJ? Ya sabfa ahora JI qué nt.11, r;c
,-,,,lt'tll 11,iraba ¡,orla nmt11n11 I\I c1111&lt;le 8.. iut-Poue, pa•
Te!'peeto de In~ St'lltirnil'ntna de Yidul.
senndo ni lado de la Heflorn (;1l!lt.ellur.
El tono d,·spreci:lti\"o con que hnb/a hablado dP ~n
Trujo trietementetl su memoria IR tarde aquel In, en
amor, sn ace1.to de frialdad personal, el cuidado con que qnt.!, ~n la llorida avenida i.le l11 uvilla. Olimpia, Yidnlc11prucuri&gt; colocarse fuem de tod11 discusión, demo ·tr-.ib:w 111in:100 &lt;l.,Jante de ella, prúxiqio tl. lllllrfo Teret&lt;a, y r~cor,ckuamente q11e j~rnils había peru;ndo en la •eilurita Cns- dú q ne se había preguntado si nn se rin él el o~u&lt;lo comtellar y que le era en absoluto indiíere111e,
pail-,ro d&lt;! cuyo brazo emprenderla el camino de la vid:t.
¿Se podía 6nf1ir por 1rnie tiemp•&gt; 1111 deel.'ngallo mbs
¡Ay! Sn hermoso ,:uei\o no Labíadnrauo mucholiempo
cruel, nna decepción más humiliunt..?. ,., Irritada, '.le- y su suerte calaba irre\•ocable1nenle definida........ .

JULIO,

1896.

Sn de&lt;:tino ~e encontraba en adelante unido 111 mísero
per-.onaje, qne en aquel mflmento le besaba. la mano ..... .
llna secret.ll nngu~tin la hizfl temblar en el interior dtrn !!f'r, y más alli\ del jardín, bsilado por el sol. sn mira,.
da tij:1 dist.ir,g•tiú. comn nn desolador e!'!)f'jis1110, In ima.
g.-n de ,u propill inft!licidc1&lt;l nnida 1, la dti llonorato de
&lt;:aint,. Pone.

!SEGUNDA P.\.H.TE.

l

\'i&lt;,lern hnbi"m qut&gt;riJo retanlar indoflnidamente el
~rrible plazo del matrimonio; pero es~o uo entr;iba en
los c llculos de IT,rnoruto. impnci,mte por po•eer comple1a111ente ii la qne le hal&gt;fa pro111etido ser su mujer, ni en
!,,e de la o~iiorita C11~tellnr, que temía el fastidio y los
rit!&gt;'gO~ dt: lo~ n~1·iazgos muy prolongados y tt.!ufa ¡;riea.
de r.-cQnqui~tnr lo m.í/ pronto poEiule la libre disposición
desu perriona. ,·ulal Ln1ul&gt;ié11, deReando partir ínmt.!dín•
t.n1m·11te d.ipue., que hubieRt! serddo de te,;tigo r1. &amp;u hermann, i11~i$tla p:Lr,l que se proc~dies-e lo miis pronto posible ,1 h1 eer.,mooi.J. nupcial. Dd suert-e que á de8pecho
del •ttpilrsticioso proloquio prnvenzal: «Bodas de )layo,
bodas morUlles," ~1 rnalri111unio se ñjó p11111. el 1;; de :\layo.
En el i 111,ervaln. el pens:11nient.o de \'iolcta se diot.raj11
forzos1u11ent1• por llld lndi~pensable• preparalivoM: vi•itas
p:1ra dar p11rt" &lt;l.el ~uc1esfl, elecciún de la r.'l.naeLilla dt! bod11. e•tacio1u!s múllipl"" t!ll cnsa dl• las coetureras y los
joyero~ del m'lelle :'.\Iasséna. Trarnba ella, por lo d&lt;:tná~,
de 11turJirse., y las prc~entuciunea á !ns familiaP. ari8LO·
cráticrua emparentadas de lejou ó de cerea con los Saint1'011~, no la dt&gt;jaban tiempo pu.ra ent.rt&gt;gar,,e .. n,tlexiones
desconsoladaP. Ha.bí1111se instalado en .\.izn, donde debía
ten11r lugar el matrimonio. Los díus ocup:tban•t.! en visitas ú la• tienda•; lnA nocli~P, en couúdns do b'81a entre
loP parientes y amigos Una aemann ant.l'S de In boda, loe
pe,·iódicoij nicenseij empezaron á llenar sus columnas cc,n
la ennm~1·,1ciún de lo~ ri•galos ofrecidOl! á la novia, lae
clescripcione• de los trajes y loJ detalJ¡-e anticipados sobre ln bendici{m nupcial qne daría en la iglesia de ~an
Francisco de Paula )fonseilor Pianznno, ob~po de fiion
i,, ¡xuti&amp;,,,.
El día t.an impacientemente esperado p&lt;lr unos., tnn poco deseado por Yioleta, ll,ogó p,,r fin, y desde las tliez de
la mnn11Dn, In~ campanas de la p:trroquia lhmaron el barrio de alegre~ tintineos.
El c111uino dd hotel 0.ietellar ú 1-au Francisco, apenas
tiene cien pM0P de longitud.
Om ostentación, la sei\ora Cnst.ellar lo bahía hechosembrar de pln.nt38 florida•, que las medas de los coche~
y los ¡wzullait de los caballo~ aplruatnb,,n al paso y qui.!
exhalaban olores morib~ndos. MM blanca aún qne sns
velos y su t.raje de 1'1180, ~'lor de :S-iza, cuando pllBo el pie
sobre el ntrio cubierto de rosns y respiró el aroma de las
cor,,las, vió en i&gt;llna un emblema, dt.! los nsesinoe de sn
propio conm&gt;tt, y foé pref!a de un extremecimitnto al
entmr á In iglesin repl!'ta de ct1ri011oe, en tanto que t•I órgano gemía una ma1·cha triunfal .......
D.isnnés de la mi:ia y lJ carga dtl fastidiOSllS !,!licitaciones en l11 s:icriatía, un snnt110,o alrnnerzo reunió en f,011•
don-Ho11«:; ú. los esposo•, lo• testigo• y los parientes más
próximos. B,tas e,ipeeies de comid.is ofici11les no tienen
at.ractivoo, siuo para los indiforente8 cuyn alegría de encargo, •in·e para enma,c:1rar la ngit.aciúu 11ervios;1 y la.
fatiga de los principales interesados. Cuando se pa,;ó ú..
un Palón veeino dondd se habla ~n11id&lt;l el café, la tlespo~ada se 111,1ro,·echó de la coyuntnra para ~qnivarse con,
llooorato. Tenían prisa por cambiar u.u trajll, porqne debfau inslalOrrie l,1 mi;u1a tar,le i,u la uvilla• de los l,entisC1.),.1 pne."'tn H su dis¡&gt;0".6iciJ11 por la sefiora Catst~llar, ~n
tanto qne se arrt&gt;ilaba n 11 \J1!'111eño hotel, :1 lquilado en el
bul~,-ar C'arabd~el. E11 l11 antec.1mnr.i se les nniú \'iclal,
q11e il&gt;:i tnmbiéu ,¡partir,¡ Ja,¡ cuar.ro paro el Tyrol.
-Ue aq,1í el instiut,. de la dll&gt;!peditl,1, dij, \'uLJl bruscamente: creo que baremo• bien en dtspeJirnos 3quí.
-Por qué·: protestt. [1,rnnr.,to; nosutroe vart.ireu,os en•
el mÍJ!•no lren qut wi, y ue h.tehu uu IIUi ~Ppar;1rem0l!
haHa !kaulieu.
-Sunee, no quiel'oímpe&lt;lir ,u lr'e•&lt;Í·l#r; por otra parte, apos1.aria JI qu~ no l'St:lr.io uateJes füt.os, y como DO•
quiero perd~1· el twn ele Italia, mtl.9 va.le ucscaruos recí,
pro~amenta buen \'iaje y buen éxito...... .

26

JULIO,

1896.

EL MUNDO.

15

Besó tiernamente á llonorato; después, volviéndose ti. do s11 •villa," donde est3remoe C&lt;.1mpletament.e solos, bien
Decíase que más nllri ee extendían otras playas bai1neu cunada, le dijo:
lejos del mundo, y donde podré testificar á usted toda da.a por el oleaje, otras moles recortad.as, ot.ras puntas en
-Permít.nme usted besarla también, querida niila.
que se encendían faros y que Vida! paseaba sucesivamenmi ternura.
-Ya empieza! pensó Flor de .·iza con un impercepti- te á lo largo de ella.•, en el tren que lo llevaba hacia Gé-Entonce¡¡ ...... es un adi6s, murmuró Violeta entre
ble extremecimient-0.
-dientes.
nova ..... .
-Querida Violeta, prosiguió, deme usted sil mano.
-Mi querida Violet.a, murmuró de nnevo Honora to,
Asió las manos de Vidnl y letendió su rOl!tro, perocon
Ella le abandonó una mano inerte que él estrechó en- ¿no teme ueted constiparse? El aire es fresco y la hu meuna vivacidad tal, que los lobios del conde, en vez de
dad del mar nos cae sobre las eapaldae ....... ..
posaree en R\18 mejilla~, desfloraron sus ojos entrecerrn- tre 8118 dedos tebricitantes.
Permítame que ponga en ella nn beso, que le expresaLos músicos 110 habían callado. Yioleta dejó el apoyo
dos. Extremecióse ella ante esta caricia impremeditada
rá á usted toda mi grniiLuu, todo ......•
del balcón y ,·olvió ti. la pieza, dejándose eaer sobre un
y se irguió para que no se notase su turb11ci6n.
Fné interrumpido por un mur11urio de invisibles gui• cana~.
-No, hasta luego! respondió él, hasta el aiio próxi.Al mismo tiempo, Honor:ito se arrodillaba tl.suspieF, y
mo ...... Yo hago votos por la dicha de usted y le reco- tarrae, y de pronto vocee de hombres, muy puras, entoLodo tembloroso, iniciaba una Cflnle~i6n de su onriño innaron en coro una barcarola.
miendo la de mi hermano ....... ..
-F..!'cucbe usted! exclamó Violeta conmovida y sor- menso, que le llenaba el alma, intentando hacerla sentir
Separároliae bmecameute y un coupé recondujo á loe
prendida,
es deliciosa esta música en la noche ......... Ea como él, envfllyerla en el efliH'io ele su cariiio; roas ella,
esposos al hotel Castellar. Tal cnnl Jo habla pre\"isto Yieaqui l"a, iumó\'il, 110 le oía; su pensamiento e~taba tlln
que
usted
tuvo
In idea de esta serenata?
dal. llegaron retardados y
pudieron tomar sino el tren
-~o, confesó humildemente. debe St.!r una última ga· lejos ........ .
de las seis.
-SiénteE" UtJted, dijo por fin, casi con acritnd ...... no
En la estación de Beaulieu los esperaba un coche que !antería de Vidal. .....EI nos ba enviado esos guitarristas
me
agradan las ternuras exceai \'11.1!.
de
.Menton
.•....•
Sé
que
él
los
hacia.
venir
algunae
velos llevó hasta los Lentiscos. La proximidad comenzaba
Obedeció
él y •e ~entó ú su lado.
ces
á
la
Fouan
para
so
propio
placer
y
que
los
trataba
para ellos.
Veíanse
sna
ojos húmedos brillar en la noche, y con
como
ó.
camaradas
........
.
Todo atnrdido aún por !ns emociones de la maiiana.
Ella retiro In mano qne él rozaba tfmidame;te con 8118 voz enronquecida, murmuraba palabras entrecortadas
Honorato DO hallaba hada que decir. 'En aque·l foi,d.au
de suspiros:
deei:ubierto, la vecindad del cochero impedta su expan- lnbioP.
-Ya lo ve a@ted. yo hago lo que usted qui~re ...... Per-Su herruano ha adivinado mi gueto por los aires
sión; contentábase con estrecharse contra 80 mujer y
popa lares italianos. Esos cantores tienen voces qua lle- dón si la he ofendido inconscie11t-emente. S(,y un salrespirar el olor de ens Vef!tidos.
gan al corazón....... Yo quiero que aenn tan bien trata- vaje é ignoro eso que en el mund&lt;' se 11:..ma buenas mauePor aa parte Violeta pensaba con angustin en lae evendos en loa Lent.l,,cos como en la l~ouan ...... Tenga nsted rae ......... pero la quiero á usted tan sincerrunente, tan
tualidades de aquella primer velacla pasada en compnllia
la bondad de decir al mayordomo qne les dé una buena apasionadamente ...... Si no hnbiern podido tener:!. 112te&lt;.I
de lll¡uel muchacho miserable y amanerado que era sa
coloción.
por mujer, creo que me hubiera vuelto loco ......... No la
marido ante la ley y ante la iglesia, y cnyo solo contacto
Honornto cumplió dócilmente con esta pre\•enoión. pido á usted que me ame, sel'fa exigir mnchfl y ueted no
provocaba en ella un exuemecimienlo de repngnancia.
CUAndo se lné, Yioleta p1\sooe de codos en el balcón y podría......... t'nicomente la suplico que me permita
Y no es que temiese de su parte exigencias d,;1i111aiado bebió con delicia aquella melodía que se exhalaba disquererla, que me soporte cerca da usted, que no rechnimperiosas ni abuso alguM de la autoridad marital de cretamente de los obacuros lotes del jardin.
ce mi cnriilo ........ .
que úl se cre!a inve.tido. Sentíase ella sobrado íuerte
Hnmedeciéronse sus ojos al pensamiento de Vida!
Habíase arrodillado de nuevo y daba riendA auel!a al
y duefla de sí misma para mantenerlo reepetuoeo é ilu- qne la habla dispuesto aquella sorpresa, y que ahora ca•
caudal, reducido, por lo dem,ls, de sns frases de ternura,
pont.!r eu voluntad.
minaba lejos de ella, en la dirección á las playas geno- de sus miradas húmeda.~, de eue sonrisas cnriiiosas.
Pero ese hombre la amaba con una obstinación infanvesne.
Violeta, conmovida involantarinmeMe por la humiltil y ella sentía teclio de antemano de las adoraciones torSucedfnnse los airee, á las veces triste$, alegres otras, dad de aquel discurso, s• no queriendo responder con
pes, de lati obsesiones halagüeilas, de las wiseral.lles es- y r1. oca~iOn(•a lánguidfl@, y la jo\"en epperimentaba una
una dureza demasiado significativa, re~olvió t.ratarlo con
cennq de.ternura que iba á veree obligada á sufrir. De- angustia pnnznnte y eío embargo, muy dulce. Había aún
oarii!osa piedad, y le suplicó;
cíaee que ese primer /,il&lt;' ,) tllr serfa seguido de diae igual- algo de in personalídJld de ese cruel Yidnl en aquella mú-J&gt;or favor no prosiga ......... Estoy horriblemente d,\.
mente perndos, de veladae igualmente insoportablee, y sica.
bil y fatigada, y le suplico que me permita retirarm1, r1.
que e~to sería uef, siempre, siempre...... Entonces sentía
Al pensar cuan divionruente bella hubiernsido aquella
mis habit:iciones.
nauserui d6 h11•ida. Trataba de aturdirse, de hipnotizarse, nocne de Mayo~i en lugar de ll&lt;lDorsto hubiese tenido por
Honorato sintió qne una inmensa oleada de trist.eza J.,
fijando hasta el deslumbramiento sus ojos sobre las poi• eFposo el mayor de los f:aint Pone, In anbian los sollozos in vadfa el alma.
vareda8 doradas qel camino, sobre la oblicua irradinción ú. la garganta y, mentalmente, imaginaba ln alegría ,·o·
:Xo le querill, pues ......... Este triste convencimiento
del sol en el m3r. Deseaba c¡ne el dia 110 acabase, que el Juptuoea de apoyarse con \'ida! en aquel 111ismo balcón, le mataba. Ah! él ¡¡o esperaba ciertamente una corres·
coche no llegase j,un:ís ti. los lentiscos.
de oír las palnbras de amor, acariciar sus oídos al mismo pondencia apMionada á ese amor inlinito qlle hacia \'ioLlegó no obi&lt;tante con gT&amp;n satiefucción de Honorato tiempo que un brazo afectuoso rodeara su cuello. Lasen- leta le bahía impul11ndo, á esa ternura incontr:i.rreetable
que contaba con la i 11Li midad bien dil!creta de la .,,ma,• saci6n del fraternal beso del conde, pos,tndose sobre sus que :i ella le unfa. Ptldir tal cosa, babrfa sidfl pedir decon In alegria de la ceno, pam adquirir de nuevo suaplo• ojoa en la antecámara del L&lt;,,ul1m-llo1111e, volvióle fortí- masiauo, pero cuando menos, ee creía con derecho it 110
mo y triunfar de su timidez. Fueron recibid&lt;&gt;a por un sima, casi real y por un m'.lmento tuvo la aluoiuación de poco de carhio compasivo: á que, sin tolerancia amisto•
ujier discrel&lt;&gt; y una n:camarera comedid:,, contratados que se eucuntroba ó su lado ........ .
ea Sl' recibiesen sue demost.raci&lt;&gt;nee de nmor, y encontm•
pata el eenicic• de los Tl'Cién caFadoe merced ,t la solici •
-Su encargo está cumplido, mmmuró ll sus espaldas ba á su adorada fría, !int.iendo tedio nnticiplldo de aq nern&lt;.I de la Sro. Cru.tell.r.
111 voY. mul segura de Hunoral-0; los músicos de usl.ed se lla unión, deseando el alejamiento de él!
•
nin tratados como príncipes ........ .
Media hora deepnés, lavadoa del polvo del camino y
Tritite amor el suyo; triste ilusibn In qu" le habfa alenElla se extremeció sin vpl\•er la cabeza, sin hablar, con tado sugestiomíndole co11 la eeperanza de que na din se
ya freecoe, encontriiron~e en al comedor donde fa cenn
loe e.iperaba eobre una mesa florida. Ahí aún la pre!!en- los ojos pero.idos en la contempiaci6u de la mar obscura haría amar de Violeta, á fuerza de abnegación y de tucia de los criadOB que il.lan y venían al rededor de ellos y de las montaflae de Bea.ulieu sobre llls cnalee parecían mua, con un amor semi-jante al que llenaba su espfri~u.
intimidó á HoMrato de Saint Pone. Uabr/a querido danzar Jae estr(:llas.
l'or qué no? peoeabo••\caso una eolichud perpetua,
Honornto se hubla aproximado y trntabn de aair de una devoción continua no 11c11barían por hallar eco en
deapachnrloe y alc'rvir él mismo ti. eu mujer; pero en el
mome11t.o lle manifosLar esta veleidad, una !alea ver- nuevo la mano que \'ioleta le habia indulgentement-e aquel e~pfrita noble y lleno de fuego? Sí, ain duda. El
gGenza, el teiuor de que se riel!en de él, le retu\·ieron y abandonado; pero &lt;Jurante su ausencia, no rival qne es- amor cuando llega ó. ln inlemidnd con que ella eeutfa totaba muy lejos de suponer, habia tomado su eitio y lo do i&lt;? vence: consume todos loe hio,loe, pulveriza todos loa
no osó despedirlos.
Violeta, al contrario, sintiéndOfe más á sa gusto en su ocupaba victorio~amente.
obi&gt;táculos ......
La joven para impedir tod!L nueva tentativa de intimiMás ahora aquel las consolndoros reflexione~ no le a lenpropia casa, y tranqniliznda por el vaivén de las gentes
dtl servicio, rerulqnirfa poco á poco lasungre fría y espe• dad, cruzaba enérgicAmente sus brazos contra eu pecho. taban ya. Presentía en 181! miradBI! duras de 611 amad,a
l'n poco aturditlo, m11ntti1•&lt;&gt;ee él á eapu.Jdna de ella, dan- un desamor eterno y, sollozando casi, exclamó;
raba con menos a1111i.,daJ la l.iora inevitable del tíiu: á Mlt.
-Usted, cu.ando accedió ó ser mi eepo$a me promePor fin Jevnntárunse Je la mesa; HonoraLo ofreció el do como compensaci6n 11 eus ojos el regalo de aquellas
brazo á eu mujer y emraron al ealóu, cuyas vent.aoas 0e:idblee lineaF del cuerpo de \'iol .. ta, vagamente entre- tió hacer todo lo posible para que yo fuese dichoso y
ahora ........ .
abiertas, comunicaban cou nn balc~,n Yolado sobre el vietae á la cl,iridad de las eatrellns.
mar.
-Sí, sí, reepondió ella con desaliento: lo haré todo ..... .
Con el cuello inclinado, Honorato contemplaba como
Lila cortinas, baja.s, los aislaban del re.to de In casa.
:ihls ahora permítame que me reLire ...... i;atoy muerta
en extaeis aquellaflguro.eiegante, JleJ:Ja de flexibilidades,
El creptí~calo b, bí.1 lltgado con sus in8inuant!:l! com • que inmovil ante la noche primaveral, eamergíaee en la de cansancio, y le estrechó friamente la mano.
Así, lamentablemente, sin placer y sin ternura pesó
plicidnd.es, eas últ.imoa empurpurawieutos del cielo, ene m11da contemplación d&amp; 8lll• bellezl\!!, dejando que el esmurmurios de olas amodorrada~, SUB primeras ap11ricio- píritu vagase lejos, muy lejos.....• y Honorat-0 sentía que aquella primera noche de bodas, ú la cual Eiguieron otras
noches igualmente tristes, reeigmuiae :r 4istimoeaP, al sinee do estrellas sonrientes. Honorato, aun cnando fuese s11 admiración aumeutaba.
guiente
de las cuales, se despertaban, él eon un diPgneto
poco sensible,¡ 111s bellezas naturat~d, juzgú, sin embarLa múoica de las rncea y de !ne guitarras duraba aun,
go, que el encanto de nquellna veladas d., primavera le pero mtÍl! á la sordinn, más lejana, como si los músico&amp; al amargo, ella con una decepción mtis amsrga aún.
Por oíegameute enamorado que ei;Lavie,;e, Honorato
servirían de auxiliar y condujo á Yioleta al baleó u.
retirarse, hubiesen temido romper súbitamente el enno tardó en adquirir la conciencia de la falta de amor de
-Qué hermOl!a noche! s11Spiró él eou voz alt.erada. canto.
Ella nos promete una sucesión de días espléndidos pará
Violeta continuaba :fijando sU8 ojos húmedos en la pnn• 11u esposa y de lu absol11ta impotencia en que se encon•
nue&amp;tra permanencia en el e.ampo ...... Yo e;il.oy muy re- ta de llordighera que, completamente lejana, avanzaba trabn pnrs conquistar su coraz6n, obstinadamente cewnocido á la seüora BU IDAdre, por L.:ibernos abandonarrado.
yaporosa en '1a mar.

"º

�EL MUNDO.

16
.A.divinaba con v:ig11ed:1d que entre Yioleta y él se interponfa una espeeiede ob!!Láculo moral, la rivalidad de
una idea exlraila, y no ae eentla con baetanto autoridad
ní cr,n bastnnte energía para combatir á este fantnsma
intnngible y ~ub;tituirae á él.
Reconocfa que habla hecho rnny mal, de .. de un principio, dejándo•e otorgar por compui6n él sentimiento
qut- hubil•ra debi,jr, hacer despertar ella ron su prestigió
de enamorado. Pero débil de caract('r cnant,1 lo era físicamente, se atemorizab .. ante la lucha ~• se desalentó
muy pronto. Adem!Íl1, al Igual que t.&lt;&gt;dos los d.lbiles y
tímidos, se reeoucentmb11 dentro -de sí miemo al menor
choque, como una sensith•J, ob1mdoná.ndose á robiet.'lS
de niiio enformo.
Cnando ae diú cuenta d~ laij muda~ repulsiones de \'ioleta, 8U car11cter se agri6, r oin explicaci,'\n, sin recrimi•
naciont'f!, ocultando eu humillaci6n y sus ~uirirnientos,
se !!llCerró en uu n.íslawiento feroz, dul que Flor de Xiza
no trnt&lt;'.• de hocerlc Falir.
Y de este ruodo, poco á poco, se abrió entre lo~ esposos una sima que fué ensauch:índo,e, ó. medida que ee acn•
saba.n las mieantropfaa del 11110 y las repugnancine de la
otra.
llonorato 1,abía imaginado, al ¡,ri 11cipio, q11e Pu mujer
llega.ría it experimentar remordi..tuiento~ y acuilida por
sf niisma ,¡ arrancarle ,l., su melancolfa; pero Violeta permanooió impasible y el lago de indiferencia q1w los , .. pamlr., extendió m.i~ y m.\s sus aguM adormecedoras.
Entonct'8 ~I st' empared.'i en su cuarto de tmbajo, en
mlid.io dij loa librog viejoa qne lrnbfa hecho traer ele la
Fouán, y t-rató de dietrae1'!le de F.Us pBl!a.res domér'licos
abPorhiéndose en minucio~os_ detalles do estadística local
r de cronología, que él ll:11naba •808 eetudiús hiat,,ricos.•
Al c:iho de un mes, los esposos no se 1•eflln sino á las
horas de IM comidas.
En un ¡,rincipio, la. joven aceptó con eatisfacci,~n este
modo de vi\"ir que la. libertal,:\ de las liip(icritiis obliga·
ciones de un matrimoni,:, por conveniencia, d1n·olvi,Sndo•
la Clllli su libertad de 8Qltera.
Se npro\·echó de ella para vol verá etts costumbres de
otroo tiempo~, formándo,-e la ih1si611 de que era todavin
Yioleta Ca.~tellar.
En 11\S a1.ulea mañana, de Junio, eu tanto que llonornto, inclinndn sobre sus pnpele~, anotaba cilr.u¡ 6 con•
sultabn ,·iejoe volúmenes, Flor de !ii1.a se fogaba, como
en diat! pasados, del jardin de los Lentiscos é /ha,¡eá errar
á lo largo dtil triar 6 bajo los olivares de f,!an Jna1L
Pero no podía consen·ar su~ ilusiones mnch&lt;&gt; tí~mpo,
los menoreij incidentes la recordaban d11rameute las tristezas de su estado actual y el cambio que el matrimonio
había introducido en su destino.
Autailo en sus perezosas excursiones á tra,·éa de los
boeqnee, lle\'aba con ella una nidada d11 espern11zas y de
sueiios qne tomab:l libremtente su vuelo más allá de los
árboles y del mar; ahora el campo de sus espemn1.as y
de sus fantasías se encontraba estrechamente limit,udo
por un alto muro contra el que iban t!. estrella,-.:., sns
alas.
:;u d~ino se había determinado, el camino de en vida rigi:rosamente trazado, un camino mon61ono \' sin
accidente, en el que podfa elegir 6 caminar al lado
un
compoftero qne le era ine&lt;&gt;portable, ó arnuitraree, con el
corazún vl\cfo, eo una árida soledad.
Una mun:ma, había ido ti gental'!le con uu libro en las
extre111idade11 de una umbrosa plataforma que domina la
bahía de Bealieo y en la que ae descubre el lugar en qne
se a.Jz11ba un castillo, arra.s.'ldo ha.:fA alg•mos eiglo~.
Con exc.,pci6n de un riuc6n eo que se elevan rústicos
paredones sobre pedazos de b6veda medio de,plomadaa,
y en donde estrechas l"entanas se adornan con roaarios
de tomates afillnzados á los alft&gt;ízares, lus orillas de esta
plataforma aparecen casi corl.adas á pico, por encima de
una ruina de jardines y viiledos.
El terreno sembrndo d~ montículos, en los que crece
una yerba ruda y rara, e!'tá plantado de nudosos olirns
de copas grises, 11 través de los cuales se distinguen laa
aguas del llfed iternfoeo.
En dlrecci6n de San JW1n, entre follajes dfc encin~
verdes, laureles y ci9resee, ee dejan entrever las dorada.~
paredes de una ruina rnmaoa y la fachada de 11.D&amp; 1·ifla
color de rosa.
Cuando la bri,¡a del mar murmnraen los llrbolt:e, cnando la luz inllllda de tintes aterciopelados las cimas de lea

montañas que cierran el hori,;onte, surge en este p1·0mo11torio la ilueión de uo pa.i@aje antiguo.
~iolet-a babia gustado eieU1pre '\'l'nir d sofiar eobre es•
te obsen·at&lt;&gt;rio predilepto, en la tibia atmúsfora de las
claras m:iiianas de prima ntrn.
Ague! dfa In~ avei; gorgeahan, las cigarras parloteabnu
en toe troncos de los ¡,inos; á los rayos re.~laudecientes
del sol, el aire caldeado parecía ondular sig¡ti~ndo el ritmo de e~tas mú,icas de ¡,:ljarop y di! iusect-0e.
\'ioletn ee había tendido sobre la yerba y las plantas
aromáticas, hoJladn• por el 1)(',o de eu cnerpo, exhalaban eu torno de ell:L fnigancias de salvias y romeros.
,\lgunnf! cabra~ e8calaban las faldas pedrego,as, esmaltando nno de (05 ladoP de la plataformn,
J\ló~ qne nunca, ante esta Umpida maftana, en frente
de est.'19 colinas de una gracia un poco severa, I)l'TO de
un rolor t:1n suave, se de,,pertó en ella In conciencia del
contraste entre 1111 desencanto Intimo r el regocijo de ea•
te paiEaje idllico.
Parucla que 1!e respiraba amor en el aliento de las
planta..~ y en In briea del mar. En medio de esta ex1.'tbera alegría sentfa m:ls cruelmente el peso de su soledad.
En la ,·entana de una de la~ construcciones reag11ar1Jadas de contmfuertes del viejo castillo arruinado, se ele·
\'Ó la voz de una mujer:
-¡Doria! Ten cuidado de las cabras y no te myas ,t correr por los campo~.
Al propfo tiempo, de un alt-0 macizo de euforbio~, vi6
surgir Yioleta., ,¡ plena luz. aquella Doris á quien acababan de hablar,
Ern una muchacha como de veinte aiios, de cabellos
¡iegro~, le'"antados sobre la frente en forma de casco, de
mejillas tostadas, ojos brillantee y boca ampliamente
abíert.a!.'n la que relucía unadoble hilerade b\ancoedien•
tes.
Tenla el busto encerrado en un:i blusa de lnn:i encarnada y su falda color de ro8a cou JJ.o-res, muy corta, dl'S•
hilachadn por In parle baja, dejaba al dei,cubierto Í!u11
pierna;¡ y sus pies desnudos.
Sin cuidarse paro nada de IIIS yerbas eJapino,rns y de loe
piedras ogudns, corría por las oriJln.q de la plataiorma
para im¡x&gt;dir :i !ns cabras que bajasen por las abruptas
pendientes; l.'19 lll\tm1ba dllltd;iles nornbrel! estraiios.

26

JULIO,

1896.

2 ÁGOSTO. 1896.

17

EL MUNDO.

Las amenazaba con la,¡ manos, ee hacía á un lado para
evitar Stll! cornadas, y luego, bruscamence, se revolcaba
en la yerba con grandeR carcajadas y permanecía ali l
tendida, con una brizna de salvia en toa labios.
De nuevo nr, adormecedor silencio reinaba bajo loe rayps brillantes. del sol, y el trémolo de las cigarra,; volvía
d. comenzar en los troncos reeinmus de los pinos.
En medio de eeta arrulladora mú,,ica unida al calor de
la atmósfera, Yioleta ee dejaba apoderar, poco á poco, de
un ligero @opor y ya estaba ~uruergidaen un ~uet1o t( medL.'l!l, en el q11e le parecfa oír el sonido de una flauta rlÍI!·
tica.
E~ta melodía escuchada entre sueños se hizo muy pronto t.an perceptible y t.an ~onora, que acabó por deRpertarln.
Entonce, ~e dió ct1ent.a de que su suelio no era sino la
prolongaci6n de nna senrnción en realidad percibid.a.
-Una ,·oz acn.riciadora subía de los huecos de las rocas,
y con gran sorpresa, la joven advirtió qne esta voz cantaba la popular canción del R11i#f'HDr, aqnel ronde! Utn
conocido en .'iiza que l11 había valido, en la casa de loe
l\Inruverno, los cnmplimentos de ,idal.
Entonces, inclinándose por encima de la cornisa, distinguí(, á un muchacho como de \'einte :tiios, cubierto
con un sombrero de paja en forma de campana, y ve!!ti•
do únic.'\ment~ con una cttmisa y un pa11tal6n ele driLatt·
geto á In~ cadera~ por un cinturón.
Estaba ocul1'&gt;·rn un grupo de mirto!! ~ih-estres y cantaba, á plenos pulmoues, como un himno á Eros.
Al sonido de esta canción, Doria ee bahía incorporado
y se balanceub11 como uoa amapola en su talla.
La c:mcióo lanzada á toda \'01. bajo 10!! encino3, era,
indudablemente, w,a. eeñal.
La muchacha se eeperez6 con inaolencia, ealtó entre
l.ae piedras que rodaron y ee eeq11iY6 á través de las
roca@.
Yio'cta vi6 sn cabeza y su blusa roja desliiaree en•
tre los accidentes del paienje, y poco después, el rumor
de 1111 be,.o la hizo saber qne loe enamorados se h:ibfa.n
reunido bnjo las encinas verdes.

de

FLORDENIZA
POR ANDRES THEURIET.
(Trnd uclda e&amp;pcolnlmen1:e pnrn ••El l\1 undo. ·•)-Yl UF!traoloneshe&lt;ihns en nuest:ro,i tallere•.

Núm. 6.-Yéanse nuetitros númel'O!l deéde el 5 de Julio de 1896.
Ocultos entre los matorrales como doe palomas en so
nido, cambiaban breves palabras entrecortadas de silencio~.
LaR cahrru!, ya familiarizada&amp;, probablemente, con esta pareja, ha.b{an seguido á eu cuidadora.
Balta.bnn, una después de otra, por encima de la cor·
nisa, corrian en libt&gt;rtad con diecretoe balidOI! y la duro
pezoila de sus pat.M ttsonaba en las rie&lt;lr s.
Una larga medía hora transcurrió durante la cwnl la re-

l'lora de Saint Pons permaneció con el corazón p1lpitante y los oídos en acecbo, completamente dominada -por el
mil!f.erio de este rústico dúo de amor.
El sol a.s~ndfa por encima del mar bordado de lelltejnell\8. Los mstorrales, Isa cimu de los cipr- y de las
enci.naa ee plateaban bajo los rayoe que caían en lfnea rt'Cta y el círculo de lae mont.ailAS se esfumaban en la lluvia
de un polvillo d~ luz azulada.
La campana de la iglesia del!gl"anó eue ecoe, anUllcian-

do la oración de medio día, y, al mismo tiempo, la vo:a
ágria de la mujer, que ya se había dejado oír, se elevó
del fondo de la casucha:
-¡Eh DoTisl ¿Ylu cabras?
Hobo un ligero extremecimiento entre loe mirtos sitvePtree y Doria surgió bruscamente de la enramada. Escaló la plataforma y volvió á aparecer m:ls encarnada que
BU blwia.
Seguida de las cabrae, que saltaban, atra ve~6 d t.odo co-

��9 AoosTo, 1896.

20

2

EL MUNDO.

AGOSTO,

EL MUNDO.

1896.

21
•

-Y ei no se 4eja couveJ1cer, ei rehni&lt;a? ........ .
-Entonces, querida mía, daren,os un golpe de Esta-

do ..• Yo vendré 4 llom1.rte y en sns burbas saldri~ con•
migo. Ya verlis que excelente rodiig6n seré ...... Tti in•
traduciré en nuestro e!rculo de amigo,i y no te fastidial'lls, te respondo de ello! ...... Conozco en hombres y en
mujeres la flor y náUl tle la colonia extranjera y medikl
pars ee:te Invierno una serie de peouefias fie@tas de las
cuales ea hablar, en todo el lil.óml: bailes d~ traje!!,

euadros vh·os, comed_iae d.eealón, piqne--niquea...... Yo
quiero que en. esa atmósfera de placer te ensanchee plenament.e, como una deel11mbradora •Flor de Niiau que
el'l!S. ••.••• Francsmente, exclamó arrastrando á Yioleta
h!ICia un t'l!pejo, una berrno@a muchacha como ttí, no
ee ha'hecho para languidecer en 1111a cueva ...... Yo te
BILC&amp;ré i luz, yó, en un medio e11 que serás f~tl'jada,
mimada, admirada•...•. Ee cosa convenida, ¿verdad? y
tu me autorizas á .IP'rebatarte á ta marido.
Ün relámpllgo de deeconflamia pasó por IO!! ojos vela•
doe de la aeftoT11. de Saint, Pona.
~ munnlll'Ó, in~ntalo!
--l&gt;erfec:wuilente y para comenzar te llevo maJ\ana á
comer conmigo en pdit-romih!. Ponte 1:Íonita, porque tenclreínol ahI al príucipe Kamén8ld, lady Snowdrop, loe
Soliee-Aubllpe y dos 6 tres periodiel.88.
Violeta la aoompat16 hasta la antecámaT11. donde el
Jaeayo ·ia pw,o eobre laa eapaldaa una pelliza del Thi·
1-. Envuelta en el largo y aedoeo abrigo blauco, Eva
pieler, con ,su cabeoita adamada con una minñaeula capota de marabá tenra el aire de una hada burloun y

poco desarrolladas, abría di&gt;11me1mradamente 11ue ojilloe
azules. llenos de perversa-curiosidad, al escuchar ú Fo.nberi qne la deslizaba al oído dos ó ire9frru,esarrie~g11dli@,
yaet&gt;gunibale qm~. en sucalldadde herética, se ,·ería obli•
gada á besar 108 pies desnudos del padre prior á fin de
obtener permiso de enirar áJa iglesin.
Detrás de ellos, Nadia de &amp;&gt;lies-A11bagne frt'fca, re•
donda, apetitosa, como un &lt;l11m,:11n, caminab:i un tanto
sofocada ni lado del pintor )fario J..¡&gt;grand.
Al llegar de París 1l l'tfont.e•C1ulo, con objeto de abrir 1-l
Exposición de pinturas, Legrand se habfo. qued11do allí
para hacer e! retrato del anciano o onde de S&lt;llies- A11 bng•
ne, y, sobre todo, para coquetear con l!II jQ\'en esposn.
En tnntc que duro la subida, no dejalYd de cont~mph1r el
pecho redondo y palpit.ante de su compaiiera, y felicita•
ba 11.Nadia acerca de las perf~ciones plllstiom1 de sn blll!•
to. J..a morena seiiora de Soliee-Aubagne reía, bajando
eocarronameute los ojos.
La última pareja, la que fermu.ba In retag1mrdia, est.'lba
constitnída por el príncipe K1'menski y Yioleta de Sain~
Pone.
Desde aqa,.lla tarde de Octubre en qne Eva Spieler la
encontró en su salón desierto, sola, encerrada y dispuesta
4 un acceso de locura, Flor de Niza se hablatransJignrado
notablemente.
Eva había obt-enido de Honornt.o 11na victoria completa. El marido, RSaltado de improviso, se babia primeramente encerra.Jo en un obf!tinado :mutismo, limitándose
á eVBl!Ívne respuestas. Pero la baronesa Spieler había sabido herirlo en lugar sensible: deepnés de una hábil nJu.

sión 1í la redonda fortuna que Yioleta C«l!tel!ar había lle-vado 111 IIllltrimonío, dióle á comprendf,r que eiota hij11ela
pro,110rcionaba :i la jo,-en el derecho de \'ivir según eue
guat-0s y ~n poRición ..
Jlonorato, ln~tiu,ndo en 1,u dignidad y en ro orgullo de
hidalgo pobre, se mordió los labioE y contestó @ecamente:
-La¡,efiora e.le Saint-Püns ts libre de gastar su dinero
y vh·ir ñ su albedrío. Tolt:re usted, sin embargo, q11e yo
110 participe de ens pl~cercs y qne le di!je la responeab!lidad de en~ actos.
Y á re11gl1111 ~guido, ee l,abía encerrado nue,·amen•
te en •tno e.le sua t•OÜdOI! inf,rntilee, en tanto que la baroneBa Spieler se apoderaba ,·ictoriM~mente de Flor de

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).jz.n.

Yioleta se d~quitaba ahora con usura de los prirueros
meses ,fo su matrimonio, pasado~ en la reclusión ¡ en el
tedio.
.f:3ta agua trn.11qnila ~e había repentinamente removido; ahora ee agitaba esp11rciéndose con estrépito fuera de
su cauce.
Al ver la repentina exhnberancia de sus caprichos, ·e1
ardor que desplegaba en l•H phlceree organizadOt! paracelebrnr su aparición en el mundo, la fecunda imaginacióu
con que inventaba cada día emociones nuevas, no se ha•
brfa reconocido ya á la joven phi.cid.a y reconcentrada en
sí mi~m •, qne e~cnchah,-i con 'lparente indiferencia lllil
mercnrialPs de In .. ef\oro.de $:únt-,J eannet y las malignidades de la sei\orita de Colc,mal'I!.

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( Crmti11 ,iará. )

temadora.
-'Valorl~jo, beaando ti la aeilora de Saint Pons, y
mallan&amp; nos lallicamoa!... ......

m
~ eapitd1f1.ej1rd, del 2? batallón alpiuo, en traje de
l!XOUT8lónleta-~ de pai'lo escocés, lmirl:ab(,&lt;'l,r.rx,

blua c1e tela gris gorra blanca,-fu~ el primer&lt;, que ba·
j6 di,! enorme 1,,-,icsk qile acababa de parlln!e dclaniti de la
pWaforma de Un&amp; poa¡t,da.J'ÚIIUCL
-Beftoraa, exclamó dirigiéndoae :l las cuatro jóvenes
que reían, aglsiindoae en el lmeriordel velúculo, aqn! r.e,.
mirla« camino de cochee¡ áhora, ser, precieo qne suban
u"8dee , pie hasta Lag~¡ a¡,enae rtondra\n q_ue andar un
cuarto dé hora, y deede aquí pueden ver loe jardines del
IIIOIUlflerio•.• :.• : ••
~ 1- lDUI&lt;!, ayndólas j salir del breuk, una despuét de ot.ra,
Loe hombrea hablan ecbaclo ya pieá tierT11.y l!llCndían
aae piernas ento.mecl.du por dOII horas de inmovilidad.
En tome de IOII ueuraionime, loe coetadO!! pedn-goeoa
élel valle de la Trinidad V-iccor se esirechaban, coronadoe
de delgadoe pino, ailveeU'el!¡ ante elloe, un centenar de
'msroa ~ aniba, al conyento d\l Nuestra Se.llora de LairW alzaba en un clelomayuul su grisácea conetrucclón
caadnda, n campanario cubierto de una ~bumbre
pan\iapda y 8IJII ~,embradoe en eep,smoeu tena..., en donde, al lado '!le IQ1ciprea811 florecían los aunen•
droe, blancoec1&gt;1npl8'iuntlme i\ loe rayoa de un sel de

.r

•

!'-i

1úno.

Xay pron&amp;o toda la buda ae deeparram6 alegremenie
, lo largo del • ~ de cabras que coeteabll. el lecho rocslloeo de an ~ en 41,p nn hilo de agua caía en
caMWJjl)u, bariede mA\orral('II; eepin011 y matu de li·
riolviol~
Sobre 118 ¡mdu de ea&amp;e verde montecillo ee inban las
pareju: laa corll8I faldu claras, la confnai6n de loa corpilloa-de coloréll dvQI, la ,-anidad de loe aombrero11, grandel y redondos, oon gnlrlláldae primaverales, laa notas
enaroadae y amarillu de IOI! parasoles, MOCllbll.u el coaaro de un viaje plante, Ci&amp;eria.
Eva Spieler, ror.agau~ y en plena belleza, abría puo
, la marcha, apoyada en el brazo del capit.án Lejard.
Faube~, el periodista veterano que, en el segundo im•
perio, hábfa gozado de una reputación europea dé espiritual bromista y que aún divertía con sue 1!18lidae humoTiñicaa á la sociedad coemopoll&amp;a de Nh:a, eecoltaba 4 lady Snowdrop.
Eeta, delgada como nn mncbachuelo, veat.ida con un
,raje entallado que oprimb sn seno lil!o y sue caderas

FLORDENIZA
, POR ANDRES THEURJET.
(Traducida espoclahnonte para "El !Hundo ••¡-nust.rª~ione h
•

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ec.,

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·

as en nuestros talleres

Núm. ll.-,éanse nnestroe números deede el 5 de Julio de 1896.

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Nunca se hubiese podido cambiar de piel más rápidamente y arrojar lejos de sí las muletas: La sei'lora de Saint,.
Pone se había convertido en una semana en la proft1túmal
/,,_•iwty á la moda, en la eoberana de lae fiel!tas de Niza.
Su nombre aparecía todos los días en las crónicas de
ecoe mun.dAnoe publicadve por la prensa. Se daban mi•
nucioeos detalles de su~ tocados, ee alaba!:&gt;a BU audaz originalidad, lle ento1nban loas á su talento de cantante y
de actriz; loe peri6dicoe se hacían líricos al hab:ar de s119
•ojos aofladorea y sus hombros lilialea.•

Se la veía en todas partes: en las carrt1raa de caballos
en el Tennis Club, en lae representaciones de Monte-Car~
lo Y de la Opera 11:nnicipal, en donde ten fa s11 palco. Con
excepción del lunes, que recibía en la calle de Carabacel
á lo mejor da la sociedad mundana y bulliciosa, ae encontraba eiempra foera de su casa.
Hubiéraae d}cho que trataba de recobrar en peqnelias
monedas de placer, la suma de dicha que en vano había
~dido al amor. 8e permi~fa 1-88 m'8 eM:abrosae incoueecuenciae; desafiaba aarcál!ticamenteel qué dirán, y arras-

•

traba á 1118 más oaada@ correriae á las dam8! y á los cab&amp;ller~ de su intimidad. Se aeegurabaquedurante las fiestas del Carnaval, al salir de una maecarada, había ido á
cenar con sus amigos, al R,1&lt;t,wra11t hmwai, proxima de
J_uliana de Domfront y Cristina de G11rg~, ~ que habia
EJU rnbor tocado su copa en la de u110. de estas dos cortesanas de moda.
A ella íué, naturalmente, á quien le ocuni6 la idea de
ee~a peregrinación galante al Mona,terio de Laghet.
Habfala parecí.fo ingeni080 pasear á. SU8 amigoe y sus

�9

EL MUNDO.
Deepués de un nito tn la abovedada lh•nda en donde el
coquettr íns á tr:1\· to de loa clilnstros poblad01! de conlepadre
Cipriano v...ndin ro~ariue y me,fallM, mezclando á
eionarios, d los qu acud!an l0t: peregrino ú 11rrodillarst!
1,119 o{('rui; comercia le,, conEide~ctm,e~ polltica y tlm.y hacer peniu-ncia.
dns cont n, los re,·olacionnrios, la b.inda so lan2ó po1· el
Debían comer en la pnsndn qne se encuentra !r nte al
con,e11to, jntcrnaree d pie en lB Turbia y desde allí, re- el'¡;undo \'estftnlo, y al deFembocar t&gt;II el atrio, BP dt:tu·
\'O ante un placa de mnrmol negro, e,npotrada en la pagreear á .Monte-Cario por el camino de hierro funico.lar.
red, y en la que ~e leía, gnibR,la en estilo lapidnrh,, una
~Oonlleee asted, decía Violeta ni príncipe Kameneki,
, r¡ne caminaba eolicitamcnt.e á pu Indo, contieeo nste&lt;l qne larga iJ1cri¡,ci6n italiaua:
he tenido WJa feliz ocurrencia y qne el'ta "xcursíón camQ11i
pestre re•nltJ\ verdaderamente encanradom ........ .
La maltirvz ,Trl 6 ,o,1r:o JB.;!1
El joven eslavo, de esbelto cnerp&lt;.&gt;, apa@ionndo y die11CARLO Al.ttERTO
tro, nJihibase la punta de un dedo en eu bigote rubio y fijan•
Lmciatí
i
t:&lt;ll11pi fu/ali di 1\·00·,mi
do en so compañera una aznl minida arrulladora, la re•·
•
Soitara, i~1Mt" t~•tlanl'" ...
pondiú con una voz ligeramente gangoi;a.
(jui
~señora, cualquier pa!!eo al lado suyo l't.'Sulta encanta•
PianAe h cnmmuni ~t·ia[)~tr,·
dor, y por mita que el camino ~ea en extremo pedregQSo,
E
111,hand""ª'"lo
c-0/T,. ¡,r,sn,w. r I~1lii,
e~ una delicia subirlo con nsted, y todavía será más de•
.Ye rm:t·mnm,,nc.lcu'n i dr$li.I1i
licioeo ei acept.ara mi brazo.
, ll J&gt;afrodt,i&lt;&gt; d,[1., J'ergin,· i\fo,lr,.
-Gracina, prlnci~. me gusta tener en libertad mis
monmientos, y adem1íe, he obser\'ado que cada \'eZ que
-¿Qué significa ~sto·t prfgnnt,6 Violéta al capitán l.ehe aceptado sn brazo, ha abo~ado ueted para estrecharjard.
me el mío mis de lo razonable.
-&amp;!ta.placa ha Eido conPagrada á la memoria del re,y
-¡A.y! Ea el único modo que me queda de expresar mi
CarlOll·Alberto. ~puée de la derrota de Novara, cuya
ternura, ya que Wlt.ed me prohibe hablarla de ella.
[echa aparece, :?6 de Marzo de l!W·), el mooarca pw-ú ~11
-¿Para qné? Las declaraciones de &amp;mor son necesaria
última noche en tierra italiana, l'n el mo11aijterio dt! Logy tontamente banales ......... u~ted miemo, Knmenehet; comulgó aqd y partió paro. su destierro voluntario,
ki, cuando habla sin esa preocupación, es interesante y
deBpués de halll'r abdicado en favor de \ícwr Manuel.
hasta ei-piritn&amp;l; pero tan luego como le ocurre \'Olver d
La explicación del capiuln habla puest-o 1l. todos scrioo.
las andadM, se h11ee neted estúpido .•....... No me tenga
Sus ojoe contemplaban 11111 paredes grisen del com·ento
rencor sl le impiJo expreenr tan necias vulgaridades.
y el am;ter,, rnlle que domina el monte Ag,-1.
-¿Entonces, no cree neted en el amor'/
La imagen de aquel rey cabnllere,co, arrodillado en la
-81, pero pienso qne es una Horrara que no nace en
soledad del claoetro y bebiendo en él con resignación el
los caminos carreteros.
-Gracias por la comparación ...... En fin, ¿no cree us- caliz de la derrota, pasaba delante de sus mirada.e y melancólicas relll'xionee snbíAn á ene cabezll!! ligerae.
ted que la quiero?
-¡Pobre príncipe! auspir6 la seneible Nadia de :,olies
Lo miró de soelayo y sonrió irónicamen'e.
Aubagne.
-Creo que le gneto, lo que es muy distinto.
-Abdicar, dijo fl pintor, es ley qne se nos impone ú
-Llámelo usted con el nombre que guste, pero dígame
todoe, en cierto del!Ceneo de la vida¡ abdicar á tiempo, es
lo q ae es preciso hacer para pgradarilL
la B&amp;biduría de loe reye •.........
-¡Oh! Sería precieo reallzar set.os heroicoe, inespera-Y puede asted anndír, continuó Fauhert, r¡ae ei,ln
dos, inverosfmilea.....• Por ejemplo, cuando nOII enconve&amp;
se habla puesto realmente grave, que es tambi.--11 la
tremos allá arriba, pedir un padre franci8C8no y confe•
sabiduría de loe artistas y de las mujeres...... Sl, agregú
sanie ...... Quizú entoncea me viera yo tentada de comegninando los ojos detrae de sus párpados enrujecido~, sus
ter alguna locura .•••.• por imitaci6n!
--..'.:e burla~ siempre! ......... Ya sabe qne soy cis- tristes ojoe en lc.,s q11e flotaba, con el recuerdo de los
triu11ío11 de otróll tiempos, el CSD88ncio de las mismas alemático.
-¿Y qué? .•...• Ael reeallaría más l.'jemplar., .... Por lo grías repetidas haeta la saciedad; 11(, renunciar antes de
demils, yn hemoe llegallo, y precisamente veo á un fran- que es~é noo camado y ridículo, cesar de producir antes
de 4ae el público eet.é ahíto de nuestras obras, retirarcisoano bajo el pórtico ...... ¡Coneúlteee ol!tedl
Habían llegado en efecto á la plataforma que se extien- se de la escena antes de las primeras arrugas y los pri ·
merOll desdene11, esto es lo que debemoe hacer todOB .....•
de anti.' 188 doe posadna y el monasterio.
Ya las primeraa parejas se internaban por loeclauatroe, y Jo que, sin embargo, no h.acemoel
Violeta de Saint Pons lo eEencbaba con un reflejo de
guiadae por Fanbert que ae habla improvieado ('icerone.
Laa part)dea de la capilla, loe tabiques y las b6vedall de irritación en 101! ojoe y un pllegneaarcáetico en los labioel
-¡ Abdlcarl peueaba, cuando se siente venir la ,·ejez y
ambos veat.íbnloe lMIDli circulares, ae hallaban cubiertaa
de aencillaa ofrendas que recordaban los milagros reali- la saciedad, sea! Pero experimentar 8Bta necesidad en el
dintel de la ju,•entud ea inicuo ........ .
zadoe por la Virgen.
Tal era EU suerte, no obstante .•.•.. ¡,No había abdicado
.Algunos peregrinoo habían 1uanile11t.ado lll1 gratitud poT
:medio de riCOII regal011: corazonea de oro macú:o, coronu ya SUB e11peranu,, de amor y bebido prematuramente el
engarzadas de piedras finne; otro11-máe pobres ó mcn08 calis de loe amargos desalientoe?
Sus miradas, deseucantadBB, tan pronto erraban hacia
agradecidoe--i!e ~1ablan limitado :t colgar modestamente
de los muros inútiles muletzui 6 manos y pies módeladoe el fondo de la garganta pedregoea cnyos delgados olivares ilumiuaba el eol con un gris roeáceo, tan pronto aeen cera.
En medio de un arco, entre empoh·adas estampas y
cendlan hacia la árida desnodez de l111! colinas, en donde,
pequeilaa embarcaciones, el pintor ee!lal6 á Bue compa• de e11pncio á eepacio, la esbelta eilueta de un pino se desf\er&lt;&gt;11, un011 botines de mujer, dOB sapatitos de terciopelo
tacaba sobre el a.zul del alelo.
granate bordadoe de oro, de altos taconea, y tan diminn•
Se preg1rntnba extremecida a.i BU exietencia e81.arín cont-0!! qne .ié1,dolos se pensaba sin querer en loe lir,doe piedenada ó otras obdicacioneB más crueles t.oda\"ía, y si,
cesllóol! que debieron ocuparlos.
como Carlos Alberto, subirla nn dia este escarpado cal-Hoto ,irtmgeJ eeclam{, Lndy Snowdrop.
vnrio para ir, antel! del destierro, á depositar 8UB postre-...4¾.&gt;norae y S{'l!ores, dijo graYemeote .Faubert con to- ras iln&amp;ioneH ll lo,i pin.utas de la virgen de Laghet ..... .
no de ,.,r,ro»c, el rol-O que ueledes contemplan y que les
Do nnevo un ímpetu de rebeldía la conmovía ...... Si el
parece tan mnnclano cuant-0 inesperado, CR la oÍl"(&gt;ndn de porrnflir era dudoso, tenía cuando menoa el prese11te en
una liermoea y honrada dama: la condel!a Raroni. Es· eue manos ...... ¿Por qué no apro,·ecb:u lna horas que !al·
w z-spatill1111 de Cenicienta han tenido su papel en nna t.aban pnra extinguir el plazo y tomar parte en 10! plaa,·~ntura galant&lt;-, y para dar grnciat al cielo, cuya gra• C:,..ffi! y en lns P112iont'a de tJSte mnndo? ........ .
cioea intervención la libertú de 1m gra,·e eecándalo, 1A
-Sefloree, intem1mpi6, nada tan mal sano como·filo·
condvsa ofreció humildemente :l. Nuestra Eeilora de Lag- eofar en aynnl\$.,.... Me patt'ce que deberíamos almon:a.r
Jiet el cuerpo del delito.
y tomar fuon:as para snbir hRl!l4 la Turbia ...... ;:;iganme
-¡Oh! ind,cd! murmur6 lndy ~nowdrop, /10,11 •/1!J("l:inp! los s~ru-at.c,sl
-¿La pArece d ll8ted .-xlrailo·:· replicó Hencillamente la
La siguieron 'lodos, tan cADsados parecían de --haber
.1,ellora ele Jolie&amp;-.1.uhagne¡ yo encuentro todo ello mor peru;Anecido e"ríos por tanto tiempo, y ee instalaron rui;o:it ural y hobi!/',e hecho otro uin10.
dosiunen\e bajo el eenndor de la poenda.

.A.GO~TO,

1896.

l..'\ barotwsa , pieler maniíestó qne se encargarla de
1~. llabia traído s11 máP perfumado ..-i-&lt;1-J.iz!,om, y en tanto q11e se qnitaban !06 pasteles y los M1,dwichs, corrh\ ~
IA cocina, se nrrnbujú en un delantal blanco, y oons:igr6ei, concienr.udamenle ,t \'igilar la ebullición del ogua qne
mnrmurnba en una tetera eu.•pendida encima de. una candela de encino verde.
Ev1t l'!'taba encantada de hacer el papel de ama de c,asa; pero cuando YOI viú á aparecer, con fa.q m~jil!as encnrnmlas, loe cabeUos re\'oloteándole en el aire y hubo llenado en redondo !na tazas, aiotieron qne su té sabía horriblemente á humo, y por unanimidad ee declar,, intu•
wable.
Por fortuna el vino de AI'Li del hostelero era exquisito,
y 1:slo 1110,cat,, dorado quechi~penbn en loe rn~os, los com•
pensó awp)illmente. Una bnlliciosa a]~grla f'e ele.-ab:i.
del ci,nador. .Las copas y las risas r.-eonal-an, mientras
qne en 101! alrededores los aldeanvs agrupados, eepiauan
con ojos rnaliciosoe á aquellos sefiores de ademanes lltre•
vidoe y tí eqnellns hennosas damns q11e tomaban por cort.e11anB.i-l., ....... .

Acababan de dar las cuatro en el reloj del convento.
LM par&lt;'jas et desparramaban de nuevo por el camino
qne conduce ,í In Tnrbia. E,·a Spieler &lt;'harla con el capi•
Lfo Lej.ud. Ln morena y de~cocada scllora de Solies-Au·
b!lgne M, apoya más tiernamente en el brnzo ele Mario
Legnmd. L.'ldy Snowdrop, de piernBB 11.ac.."\8 é infatigables, l!C ~ien.ta en cnclillae y se pone ,í hacer un ramillete
de 111,.,.,,.¡u.,,; abandona muy pronto al \•iejo Fauhert, qmt
n&gt;nuncia ti seguirla y se va dando zancadas b:-,jo l~a rayos del sol pcmient-e.
Cuando ae encuentra solo consigo mismo, d antiguo
,ividor piérrle fiOJo eu brío; 51111 faccione1! se alteran, anda
cou paeo YBCilante y cae en una eepantO!!a trieteu.
El príncipe Kameneki se acerca á Violeta, que camina
solitaria:
-1..!I co~ta es larga, insinúa socarronamente, ¿quisiera
asted nceptnr mi brazo?
-¡Siempre la mÍftma canción! cont.e!lta ella contrariada. ¡,Me trae uet,ed el certificado de confesión?
-No, respondió en el miKmo tono; prefiero confol!arme con nP.l,ed. Me permite que In abra mi coraz.So?
-jDioe me libre! l\ie daTla mucho miedo enredarme
allf con lasenora de Girelle ...... ¿No ee de ella el coraz.in
de usted? ......... Se me fignrarla que iba á trasegar en ..1
cajón donde guarda eus misi \'al! amoroana.
-Mal~Yoln! ......... Bien eabe usted que ya no la voo.
-Ent.oncee ¿ya no le gnsta at usted?
-Ya no existe para mí; la he bastado á usted aparecer en mi camino, para borrar absolutamente lwn.a la.
sombra de en recuerdo.
-Esto significa, en buenas palabra&amp;, que un clavo saca otro clavo ......... ¿Sabe usted que no las tengo t.odait
conmigo?
-¡Ohl usted ea otra C06d muy distinta)
-sr ......... yo? Llamo la atención por la novedad; soy
la flor cnyo perlume no ee ha desvanecido, el fruto qu"
pende ele la rama, ya maduro, y qne nadie bu. tocado ...•.•
.Adivino las variaciones de net,ed sobre nn téma qne 1.,
es tan agradable, ¿Por qm• quiere usted que me arriua•
gne á correr la misma euert.e qne la señora de Girellc?
-l'orque, exclamó el príncipe poni~ndo~e eerio y co1&gt;
11D resplandor más tierno en sus ojos azules; no l!8 1111e11pricho lo que usted 1ne inepira, sino amor, un amur en•
traft.able y p roíundo ......... ¿!-lecesita Ul!ted pruebas? S.•}"
libr .., p&lt;&gt;..eo nna mediana fortuna en RWLia, d.Í\'1írcie-i...usted de su marido y la prometo hacerla mi espos:1.
Su acento era apasionado y sincero. Violeta se •iuti ·,
conmo1·ida con eu8 palabras y dulcificó nn tanto nu w1•
mda.
-¿01 vida neted, dijo, qne entre nosotros no se ro,np
el matrimonio sino por In muerte de uno de los cú11y11•
ges? .Ade.m:ls, somoe cat.6licos, querido amigo, y 110 ~-1mitimos el divorcio ......... Y luego ...... y luego (con ge,..
to de niña malcriada J 1&lt;1e. baat.a con la experi~nciB q,,.,.
tengo del matrimonio.
Los ojO!! de! jo,·en expresaron un aaombro mezclad,,
de tristeza y deseoe.
-¡~le deéeepua u~ted! murmu.ró! ~~ué bo¡;o eHLtm•
~es?
-Vuelva UBt.ed con la senora de Girelle. Tiene el h.-•
bito de e,;as coe~, y será con W!ted mny indul¡;ell\.,.

9

AGOSTO,

1896.

-¡Pero si ya no la quiero!
-¿Entonces la ha ouerido usted alguna vez? Creí que
había aido sólo un cnpricbo.
-¡Dios mío! Era un afecto externo, á Flor de epider·
miB, si me atrevo á decirlo llllÍ. Ve.'l ust.ed, 8abina tiene
el diablo en el cuerpo, ee muy talamera, muy seductora....
-¿De veme? replicó Violeta con la vo~ alt~mdn, y un
relámpago pasó por SW! oj&lt;J8 grif!es.
Después, continuó muy animada, casi con tierna en•
tonación:
-t::et.ed me hn prometido confesarse conmigo; puee
uien, cuéntemelo todo. Dígame usted cómo comenzaron
sue amores y cómo terminaron.
La misma curiosidad pu111,ante que antee la. impulsaba &amp; espiar los n\sücos amores de Doris y ea mú~co, la
11tormentaba en eee momento y la excitaba ,t provocar
IM confidencias de Kamenski,
H11y en todo hombre un fondo de fatuidad que cualquiera mujer intelígent.e puede con facilidn&lt;l explot1&gt;r.
Parte por \'anidad, parte también porque pieusa despertar así el deseo del pecado en el corazón dormido de
In eeilora de Saint-Pons, el joven eslavo se deja arrancar poco á poco hasta loe cletalles de sus int,imidad~e con
la eeñora de Girelle.
Ha logrado tomar el brazo de Violeta y In cou\'ersación
la interesa tan vi\'amente, qoe no Be opone il ello. Estrechamente unidos, cnai tocándose las cabezas, van por
las calles de la Turbia, pnenn inad,·ertltl:lmente debajo
de la torre de Aagusto yie unen á aue coi.1pbñeros cercs
ya de 1~ estaci6n del funicular.
Nadie se detiene en la terraza para n&lt;lmirar 10!! ptnto•
reecos recortes de la costa, ni las montafins niv011a.• que
se escalonan por encima de \'intinilla, ni la regia majestad del mar empurpurado por el sol poniente.
Todos está~ saturados de pai@ajes; el espect,ículo de
las bellezns naturales loe hace indiferentes, y se apres11m11 ,i subir al primer tren que regresa á ~Ionte Cario.
A eu llegada, mientras el capitán y ful.menski se apre•
auran á ap&amp;rtar una mesa y pedir l'\ comida, las eefioras,
acompafiadna de Mario Legrand y de Fau bert, \,In á dar
una vuelta por el juego.
En lne sal \8, en donde los sofoca un olor acre de ema.n11eionE'8 homanll6, ee ve Botar nn polvo impalpable bajo
la luz de las J,imparas.
Lna mesaa eetdn rodeadas de trip!ee filas de j11gadores.
En confusa barahunda resuena el ro ido de monedas mezclado al repique de las bolas rodando en la ruleta y se·
guidos de la voz ronca y maquinal gurrupil'II que anuncia el número.
I..adY, Showdrop y la seflora Solie11-Aobagne, que son
eupersticioeaa, apuewtan un luis al rei11ti1&lt;ri1, fecha de la
enLrada de Carlos Alberto al convento de Laght, mientrae que Violeta y Eva van en busca del barón de Spieler.
Por fin lo encuentran eentado i1 una mesa del centro,
apo~tando febrilmente á la columna del 82.
Eva Jo toca en el hombro con el extremo de e11 mano
enguantada; él se vuelve nerviOBamente, 9115 ojos gris08
reconocen il en mujer, y una mueca de deBBgrado contrae
BllS labiOI! pálidoe que, como un paréntesis, encuadran
Bll.8 palillas rubiu.
-¿Qué haces ah!? pregunta Ja baronesa.
-Déjame, gritó con impaciencia; me \'88 :1 eepantar la
,suerte.
Rueda la bola y sale el 36.
-¡Ya vee lo que te decía! grufi6 él volviéndola las espalda!!.
-Ya sebes, replicó Eva impertnrbable, qne coruemoe
en el Grat,d lfoi&lt;l . .Allá ooe encontrará&amp;, si re acuerdas
de nosotras.
La con ven;oción de los dos recién caeados, terminó des•
puée de est.aa breves palalira.!.
Violeta, canPadrl y loca, se l!Cnt&lt;'i en el diván central y
le.a palmerna, cnyBB ramae empolvadas han sido tel!tigoB
de tao Yariados lances, ,'"Bu á presenciar ahora una Eerie
de meditaciones desconocidas para. ellns.
La seilora de ~aint-Pons, indiferente :1 cn,into la rodea,
cierro los ojo,, se reconcentra eu sí misma y Ye desarrollanie el cammo blancuzco de la Turbia, donde, herido
por el sol poniente, el prfocipe Kamen.ski, elegante y artero, la murmuru confidencialmente al oído la historia
de e-us relaciones con Sabina Girelle, tan zalawem y t.aH
eeduck&gt;ra,

EL MUNDO.
Con un amargo dejo de trist.eza, la B!&lt;carba el cora1.6n
el torcedor de los celos. Se compara mentalmente con
Sabina, y encnentra con íntima Mtiefaceíón que posee
una indiscutible superioridad sobre la que la ha precedido en el corazón del príncipe, a1ín juzgada puramente
destle el punto de \'Íl!ta del extedor y del aparato.
Está convencida de que, l3i lo pr..,tendiem, podría atar
11! joven Kameneki c.on cadenas más firmes y dnraderll!!.
Pero ¿á qué aepira·1
Según eu costumbre, sondea \'alientemente el fondo de
su corazón y en él descubre nn germen minúsc11lo, como
el embrión de un de-co, de emociones no s.en~iila&gt;!..
¿ror qué no había de dejar que e;e obscuro germen se
desarrollara libremente? ¿Por qué ae había de detener
ante escr1\p11!oe quaá la, otras no a9ustan?
1
~o haría ni mú~ ni menos de lo que ellae hacen. Por lo
pronto, la maledicencia no ha de respetarla en esa sociedad donde b.aenrrado, y donde nadie resiste 11 la~ t.entaciones y á los caprichos.
llasta ahora ee ha limitado á inocentes coqueteos, y sin
embargo, indudablemente ya le se.iialnn un amante.
Si corre los mismoa riesgos que 8118 amigas. e~ jnl'to
que se aproveche de los beneficios de en sitnacion, que
satisfaga intrépidement.e aa deseo de emocione~ nuevos,
y que apure hasta el fin, sino la alegría de amar, por lo
menos lt\ \·oh1ptnosidad de ~er amada.
Con verdadt&gt;ra ob,,esión, la imagen de Kamenski, elegante, 7,alamern y solicitada por toda~ la,, mujere~, se
yergue ante sns ojoe, y lrnll sonrisa misteriosa e.e dibuja
en sos labios.
-¿Q11é. al1cede, Yioleta, te eeth riendo con los ángeles?.. .... ¿\'ienes? Ya eon lae siete.
Flor de Xiza, estremeciéndose, abre loa ojo~. Eva está
cerca de ella, yatráe se ven Mario l..egrand, L,,dy :Snowdrop y ::,;'adía, que In sefialnn btirlouamente al _periodista
Taubert. Este la toma del bra:r.o y todos ae dirigen 11!
atrio.
Media hora deepué11, la banda ee encuentra en uno de
los salones del Graud Hot,l, al rededor de una mees
oblonga, cuyo mantel está salpicado de florea. Lna rosas
de Niel y los usrcisOP, después los nnrdoe y IBB ,ioletn,¡,
los claveles y las madreael\'11!!, regocijan la vieta con la
gracia de sua talloe gráciles y la harmoniosa gama de sus
colores dillCretamente fnndidoe al resplandor de.las luces.
Un perfume suave y embriagador se exhalaba de eua
corolas esparcidas al eca.~o.
El barón Spieler ba faltado á la cita, pero decidleron
que no se le eeperar!a y nadie parece lamentar en ansen-

cia.
El mmií, diee~rnmente arreglado por Kamenski y I.egrand, es il l., vez sustancioso y exq11i6ito.
En lae garrafas helada.e, el SparHi119 Mo.•&lt;lle, alternando con el R11·rl,rrr. Las mesas de los tres salones están ocupadas; lae e&amp;pel!as alto1n brae apagan los pnaos de los ,miitres ti' /tot,l.
Al extremo de las piezas y separada por biombos lumin08-08, una orquesta de zlugaros ejecuta rordiú y valses.
La música, una veces snlvajemente fogo53, otras hlnguidamente Ppasionada, llega por soplos lejanos; los acordes, o(doe como en s11eñoa, afiaden nn l'Xtraflo sazón
e;;;ótico á la embriaguez de los vinos espnmosoe y de las
flores esparcidos.
·
Las mejillas de la~ s~norae Re encienden; sus ojoa toman
un brillo fosforeecent"; sus risas tienen enton11eionespro•
\•oeati VllS. Sólo la cara de Lndy Snowdrop, amarillenta
como la de un papagayo, permanece imp!ISiblementen..•
mlitica.

)lario, estimulado por lo esquhlto de loe manja,u,
aventuro. gobre el amor y el artll paradojas brillant.es, qne
contesta el pr(ncipe Kamenski.
El jo\'en eslavo ha advertido que el tono elegia.co y eentiment.al no le farnrecía en llU n~gocio y ha cambiado de
tácLíca.
Platica ahora con cierto abandono é. la vez familiar y
alti-rn. 811 bnmorismo, medio astuto, cáuslico y lleno de
imágenes, poético con sus puntas de per~eraidad, ejerce
en loe convidedoe, y principalmente en lae mujere~, una
especial seduccjóo.
'
A cada momento \"ioleta P.e fijnen él y lo e;;cucha, mascullando una [lor con los dientes. El velo de bruma que
eclipsaba ~us ojos griaet!, se dt!dmnece poco ii poco, y ya
dirije ol príncipe una ~onriea alentadorn.

23
Se sirvieron lt,s postrH.
Fauber~ que quiere tnmbi~n tener ~u parte de oración,.
emprende una de sue ordinariW! tarells: se le\•anta, y co1r
gra\'ednd briMnic11, pronuncia on brindie campnesto de-"
sílabas incoheremes, pero qne por la mímici\ y las ent&lt;••
naciones prndeutemente elegidae, i111ita con socarro,~eria
espiritual los ,1,;-,:ch que los ingleBes acostumbran ·en ~n••
banqnt&gt;tes oficiales.
Animndo por los aplanaos que e~tnllan, sigue con un
brindis alemán, dentro del mismo estilo y con la misma,.
serie de onomatopeyas. Gt!~Llcula con tal arte la pedante·
pt&gt;sadez, el ~nfasis estirado, el senlimentali.mo lloro~oclel teutón, qne cnalqniera creeria e~tar oyendo ,t un pro•
fesor de Bona y de Heidelberg orengnndo á su~ colfg:te·
t:n una ceremonia univen-itaria.
t:'1111 exploei6n de rie.ae premia al orador, y con la ayn•
Ja det rl,,,mpag,1, sube la alegria á Sll m1ie alto rliopaoÚ!l
y una racha de locnra smta á aquellaa cnbezas excitadas.
L.~s ,ocra se eleYan, las 111irada~ ee buecnn. Eva Spill•
ler lnnza un puiindo de roeas á In cara dE-1 cnpiti1n L,,¡¡rand, qne conteEta con un manojo decla\'eles.
A poco entra u tl. saco en los llores de mantel¡ los mudos, laa anémonas y los clavelt:a Be cruzan por encima,le
In m~sn, y aquello es un comuat~ de ilorei, en toda regla.
A fa1·or de este uimulto la señoTa de 8aint Pona tomn
el ramo ele ,•ioletas qne ma.qcullaba y lo arroja bruscamente,\ Knmemki en mitad del pecho ........ .
Es tarde, los salones eet.í.n casi desiertos y rnn i1 tomnr
el café al 11ire libre.
La noche está tibia y azul; el cielo hormig'.lt&gt;tl &lt;le ~sLrellas y la bnnda muy alegre corre á lo largo ele los jaTdines
i,mbal•amados.
Mnrío L~grand toma del brazo á F1111bert y lo felicita
cordialment.ll por so buen éxito.
-;.Se burla usted? replica el periodista con tono enli-e
lisonjendo y mohíno ¿O'.nno puede neted creer, u,;ted, nn
verdadero artista, que doy algún valor á eeo1 jng1ietes
paRndos de moda? Me avergüenzo de' ellos cuando eetoy
solo. Pero bah! mi rl!f!Oluciúu está t-oruada y prccuro hacer mi oficio de payn.l!O y sirvo ,t eatas locas, dh•ereiones
qne están á. la altura de eu gusto y de su escBl!o entendi1.1..dtmto. : No tiene usted idea de su l'l!lética! Acaba 11Sted
de oír aus converaacionea¡ ea un montón 11.t, · oropel, in•
consistente y hueeo; eRpllJlla para hacer bnrbujt\S. Sns
espíritus corren parrjas con el medio en qne 1·iven. Vaya
usted á su casa y verá de cerca en elegancia y su lujo engallador. Todo es allí decoratív:., y aparatoso; el marmol
eti emico, loa emulros de maestros son infectas copi1111 ita•
lianas, el mobiliario de pacotilla y loe t,ihi'/()f3 f11l@os parecen sacadoe de un bazar de ocasión y 1\ "ªº e.-t.íu de~• i ·
nados, al bazar! Y además de esto, lamonomaníu ficticio,
la habladuría insaciable de gentes que solo tratan del buen
parecer y de engrandecerse mutuamente por vario,i arLÍ·
flcioe. Podría deciree que ln coloración subida del mt&gt;dio
día excita los cerebros y los conduce á ~•xagerar el valor
do 1118 peraonna y 1811 cosas. Es necel!lll'io, ámigo mío, oo
ver l'!!n sociedad &amp;ino de prisa y á dlawmci.a, como los
fref;(;os italianoe con que decoran eus villas los senorea
de ~i2a......
'
Llegó la hora de t-0mar el tren de Niza y los Pxcnrsioniet.aa ee dirijieron por parl'jlll! á la estación, :i. travé• de
loe jardines cuyos camellones de plantas rnra~, por miedo á las escarchas nocturnne, estnhau cuiJadosameate
cubiertos con lona embread:\.
Kamenaki tomó el brazo de la el'ilora de &amp;ii11, Pone y
poco á poco se (neron quedando atrá,.
El enamorado pl'lncipe, que vive t'II )lunle Cario y Ye
acercarae con temor el woment.o dti lu ije¡¡umcipn, no
quiere despedirse de Yiolet11 sin i;alJi:r dtfiuiti ramenl&lt;l
,, qu; atenerse.
--UNtedsal&gt;e, murmuró, qne guardé car1ílo,u.111eute su
ramillet.e. Permitame c,·eer que nu lo dehu sulome1,te ,,
la casualidad.
Flor de :S:za pensaba que la culocab,1 en ,ituncióu dt!
dar un paso peligroso y "" primer muvi 111i.,11Lo iusUuti\'o
fué de resroccder, pero t-Od,wfa .-stuba bajo la iufluencin
de las excitnciones del banquet~.
Lo tibio de la noche, el mist.erio de los jardín~~ qui,
at.ravesaba apoyada en los brnzos clt1oq111:I jn\'en, la u,ú.
aíca de una orquesta instala&lt;ln en la terraza ~ la.galería
Carlos HI, la inclinaban á moslr-,1,-,,e clemente hllcia el
ena"llonldo, coya \·oz arrullatlora acariciub1 rns oídos.

�-.·01&gt;rofood1Cemoe nada, repllcól.aclirUcamente. ¿Tic•
nen~ mi• violet.aS? G~rdel11s.
-Pero ¿dlgamo w.ted iqniera que con ~l fiol'et! que
la han dAdo l!1l nombre, me llcwu tamblt!n algo de au conu6nT
-Pide ust.:d demasiado ...... Y llegamos , la tnci611
y el eiuo poco aprop6!1t.a para semejantes oonfidenclae.
-LA ruego que me indiqao un din, una horu en que
¡IOdamoa llablnr tranqullllmeni.e.
-Los lunll!, en mi Cll!!:l1 me bailará 11eted siempre á
us6rdenes.
-~!, exclnmó monitlcndo y dej1111do el brazo d Yiole•
ta; con e, mont.6n de tontería d u ,·iai1Jl8,
Y lnego, nrrebatándOIIC la LOmú la, dos manos que a pre•
ap11.5ionndamenteen la sombra.
-;o, continuó, quiero una hom qoc · pam mí 1!01o,
y no permitiré que ~ted ee ,·aya, untes q11e me In hnyu

9

EL MUNOO.

24
0011901:i,

y

rlbió en la capa de polvo:

eoe carnctéres.

nio• en grue-

AGOSTO,

1896.

J6 .AGOSTO, 1896.

ELMUNDO-

-E la terc ra vi&gt;z qnt! ,-engo á tu casa, sin te.ner el
gueto de encontrarla, dijo la condesa.
-Yiolet.'\, respondió él aturdido, lamenl.llrá vivamente que usted n•) In haya encoutrado.
-¿Lo crees7 l'ue!I no lo parece, porqn~ no ee apteitura
á pagum la., ,·islws. , \!ncho (18
tn mu.Jerl
-~í, suspirv él, con frecuencia eattl íncrn de CIWI,
-¿1 w pareee conveniente que la vea por todas par-

El regne I del 13c. yo la sorprendii'.&gt; cuando terminaba
esta opcmcl ,n.
-El eeftOr niega 4 la eeno1a qne tenp la bond:ld de
pnur á la bibliotecn.
Hijo mío, pregunu',
rcástic:imente la eeflom de
.~atnt.Jeannei, ¿cuánto glltlll9 aqu!?
te$ eln ti?
-Ochc11ta francos al m
IIOJiorn conde,ia.
-Ya le he hecho ~ obser\"11ción, pero inñtilm nt.e.
-Y bien, tunante, to aador c1i&gt;~t11 bien caro , mi 80ra.ra tener pu, he pref.,rido confiarla II una amiga, mebrino..... · lira la coneol11, nlll nnie lo qu pienso yo d
jor qne acompanarln ti Clllll\ de gentes que me CAstldi11n.
ta n·icio.
-Te acornad fácilmente. 1~ lá!\iw que la sociedad
,, guida del criado corrido, ae dirlgi6 h:icla 1A blb 1ioi
no
proceda como tú.
ca y entró en ella eilencioeamenl.t'.
-¿Qm~ qniere u;;tcd d~&gt;eir? pregunt6 Jlono"llto ruboriC..•1-cn de 1rna vent.nnn, ante una mem d trabajo, llena
de r.ontl'llscllll!!, de legaj0&amp; y de libro!, Jlonornto
in· ,: nd
-Qui~ro d..clr qnP. tu lnlta de pre\"ieiún y tn debili·
clhmba, &lt;'nvuclto, extremecldo de írio, ,·n 110,1 bata obe•
dad, han tenido clecl.o8 deplorable!!, y cotnlenUI! ynáeer
cul'11 que le enyejec13, dándole la •e111ejanzn de nn (rulle.
J&gt;rmnetido
1.,n se.11om de ~aint.JCl\nnet conlt•mpl6, nlzanclo loa puto d~ h1 murmuración.
F.eta Tiolencia sacudió voluptu mente il In •eflora de
-T'.. ro tia .........
hombros, ta ¡;run hnbltación autrtem, tnpit.nda de libr06,
i11t Pons y con.una voz tan dnlc" como el gusorro d,• la
1, q erido sobrino, la voz g nrrnl d&lt;1 la ciudad.
y á ea eobrino pálido y arrn ado, que ee levantab pcua
mÚ!ica, que saepimba á los Hl)S, m allá d loe árboles
acost111nbro -ponenne entre la padi1 y ta paren, ·peenlirl11 al encuentro.
•
n'8J)Ondló:
ro el honor de la familia, al cual me dello anle todo, me
-llut!11oe
dlas,
tfa,
inurmur!,
Hon rnto. ¡Qué foliz \'i-E'.&amp;4 uat.ed in90p0rtable. E.!lnn1 n mi en.ea el martPs
obliga ahora a\ Yl!nccr lo&lt;ln mis r pngnnncln~ ..... Clllln•
ci,trc cinco y 10!1! ..... ¡\'ayl\' /.' t.! uated con tenlo? Y ~itat ¿Como c•tá Ul!ted?
dn se me ha chillado en lae orejlll!: ••como Tlllll&lt;le el ma-Buenos día.•, Ilonomto, buenOI! díns ...... No te pre•
ahora bhi me usted la mano.
rido l!O¡,ortar esos ,l ,•foa?•, he respondido ul e~ilor de
gnnto
por la eflora de " io1,}'oll.l!, porque como ha eali•
[.le\'6 u u man d ngnantad:18 6 loa lnbios y e••
• 'lllut. Pon• na&lt;la l!She y me 1,e lmpu • w el dt:ber de aiJTlr•
dt&gt;, en pongo que ~e t!ncm•ntr11 perftctument.e.
w b&lt;.11ó locamente.
lfonoraw a,Jelaut6 un sillón, donde IRBeilorn d aiot• lt• loa ojos,
Cmrndo llegaron eolr.cndOl! ni unJén, ,.¡ ucn ya cst.ab:\
,ll.'wtnet se inetal.'.o m:igLtrnhuente, mienlrlll! que c-1 \"oln la taci6n y tomaron los a~iento~ ¡,or nenlto.
l·.11 m ,&lt;!10 d I· confu11U,n, e lnn.znn tápidna deepedí• ,·la li su sitio. 4 110 ui3I d • trnrojo.
d ú Kamemki y t!e ootoenn rnlirlecb011 en IOII ae\entoe
del "ag,'.,n ya completaml'nte ocnpado.

,o

F.n en vitjo 1,, ¡d,. .. de color rArmdlta, la cond
de
'nio t Jennoet hnbfn s:slido de su s\·illnadc f'an l~rto\0111(,
y era ar1'118tr11da por d cabo.llOII da pt-t;lldOI! caeeOI!, qu
ni trote corl,o Ju hnclnn rodar por la a,·cnidn de a11 '1an•
rício .
.ugaida y olemne, ,. stlda de negro, cubill1'ta c-on un
1;ombrero empennchado, de lormn noti¡i;na, sostenlu sn
, "~t1tJ•ftl• como nru,. espnda y su eac.o de terciopt!lo como
11na balanu, IL!leml!j4ndO!e , una rígida Themia bajada
4\el limpo parn pronnnclnr nnaeentencill inapelable.
;u frente orgull05ll se encontraba cargad11 de nul&gt;e!, ba•
jo 10$ oJoe brillantt-11 !alguraban amenazndorea reh\mp• •
¡¡os, 111! meJillaa se le enrojecían de an11 tlr1uoea inillg•
11nci6n y su labio bigotudo se arquraba como t&gt;Ara lau•
zar DD11 reqnleh&lt;,ria.
flin entrar en la a Yen ida de la estación, el lrmdo.u, dan•
do bl'U8Cllmente una vuella, la lu¡uierda ganó la calle
de Caral,acel y
detnvo ante la casa de loe
iot Pon~.
ApoyadA en el brazo de eu criadCI, 111 c&lt;&gt;ndesa bajó ma•
jestaoumenie del ,·ehículo, montadoaobrealtos reaortt!s,
aubi6 @In eer anunciada por el timbre la aaave rampa que
conducll\ á la termu y en trando como na huracán en,_,¡
vmtlbolo, aorpreodió al lacayo agradablemente ocupado
en abrazará la reeamarera, que hoy6 4 todo correr.
-A tal ama, t.ales criada&amp;! marmur6 la eeñora para l\lB
adenil'OII; y luego con eu mas dura roz int.errogó al delin•
cuente que se inclinaba ante ella, con la cara 90('.llrrond y
azonula:
-¿La eellora de :-aint, Pon, no ha d estar en casa, In•
dudablemente?
-."o, 11el1ora condesa; la senora vizcondeu ha 11111ido.
-Buenol bueno!...... Pero nsi aobrino debe e,,tar en caea. ..... Avíaele a ■ted y digame d paenl puede reclbl rme.
Y pasó por delante del tuno, tadsv!a no repu to d la
ll(lrprellll, atraveeó la anL&lt;.--la, empujó 111 puerta del es Ión
y, votvi ndose, anadl6 imperiOl!llmente:
-¡\·aya usted!
En las habitaciones del piso balo todo DCUmlba la incuria de loe crladD!:, abandonad011 compleuwente á au
antojo. l,oe eiH011 pcnnanec1an aún en los mi1moe lu•
glll'ée en que fueron ile¡adoa la noche de la última recepción~ 1 lunes. Marchit.ns y oh-idadas en loe jarrooet!,
11111 floree e.xhalab:m 110 olor rancio. , •o e l,abfa dAdo ni
011 plumer.uo.
La !L,f!om. de lnt.-Jennnet x min6 el mannol de 011:1

FLOR DE NIZ.é~
POR A N DRES THEUR/ET.
(T rnd u c lda 011 p e clnhne11.tc
pnra " E l 1'tundo ... )-TIUat:rnolon ehcolu\.&amp; o n
.

n u ot!ltro ■

ta ll oro8•

~dm. 7.-Yéanae naeetroe oúmeJ'Of! deede el .ó de Julio de 1690.
- Por Dioe, ¿de qné ae trata. tía?grít.6 Honoratocon IA8
ÍJCCiones al'8rudas por dolorosa ansiedad.
-To muje1 eet.á en ,•lae de pel1ler ao repntnción v tn
,·11¡,eru de J&gt;(lr&lt;lcrlo ~o, abf!olutamente todo, c;e;po y
alma, lo que ancederá muy pronw i,l no la ponea en orden. 1-'recu,mta una sociedad ain principio , l!!ÍD morali·
.Iad Y eln escróp11l011; tiene por diaria corupaflia ti una
loca come, la ,;e!lorn .,plcler, , mnjeffl! equfrocaa como
Lady i,;nowdrop, 6, la chiquilla Solie11-A11w¡;ne, áutiltr.as,
-'ge1ttessin ,11lor ,~id.la qni~n g•~ di, d6nde. :;e arrui.

na gutaudo en t.ocad0t1 extra,•agantee y compromu,o ao
fortuna, que es algo tuya, puesto qae ere!l el administrador. ¿&amp;bes lo que 1Upe ayer tardl'? Qae d.,be diez mil
íranCO!I á la modíirta, diez milá Ja C01Jturera, mil quinientos
, la Oorista de San Juan y muehodioero 4 todocl m11ndo.
Tu caaa e&amp;U abandonada 4 los criadoo 'y 10 ,-e de arriba#.
abajo un abandono, nna incurÍJl, de que acabo de t.ener
pruebas hace un momento. Eotre tanto, Lú &lt;le nada te
cuidM, á mula atiendes, y no ve, que ei eigue ei;ta eiicaodal0f3 manera de -rh·ir, si durP un poco más eaw d r-

den, eerá el deshonor y la minad,) lo,, dos.
Cuando hnboconc1niito con ~rllgicoadem:1n Cl!ta pri
raparte de eu requieitorla, la eenora de. ·alnt-.Juaone::
dHu~·o para respirar y eaL11di11r el eled.o producido en
611
eobnoo,
• El_d~rnci11do !l,inoraLO ec hal,fa qnetlado como quien
n Tia1ones; conlf'mplaba á 811 tia con oj()S como de náu,
trago fü~lad~, se morJ/a ''" l1tbios Y eedaarticnlabfl loa
dedot en mov1mientoe ton rn li!i vo
-¡Oh, tfaL ..... balbuceó trabajosamente. En verdad

�26

16 Aoosro, 1896.

EL MUNDO.

que estoy confuso, mucho mt'll08 por la re\'elación de esoe
del!órdenea en loe g1111t.os, que por la gravedad de los dtlllvíoe de conducta atribuidos á Yioleta. Pero, en fin, las
acusncion~ de ruted "ºn, me parece...... un poco vagas .. .
Eiipero ..... en fin ...•.• creo que se las han exagerado.
-¡Ah! repuso la conde8a un poco mortificada, ¿preten,;1ee que ponga yo loa pnuto~ sobre la.a i0&lt;1? Puu bien, aqnf
tienes algo más concreto: el otro día In eenorn de SaintPone lia e1!candalizai.lo de modo cruel á loR reveren&lt;los
padree de. 'uestra ::,enora de Laghet, lle,'tlndo en !!11
q uir.o á la. capilla y á los cl:iuetro3, une. bnndn de jó,·enes
cnyo aspecto era incon,·eniente y lo~ propósit-08 ~ncrflego•. En el último Carnaval llevó sn audacia haeta ir á
cenar i la fonda, confundiéndose con lns m,le desvergoniadaa 1nujerzu1-la~. Roqncbillere lo ha sabido por algunas persona~ de su conocimiento que ee encontraban allf,
y no podían creer lo que ,·eían con sus ojod.
-¡Dios tufo! snspiró Honorar.o, ¿ea posible·!
-Hay nlgo peor t-0da,·fa, replicó la implacable acnwdora. Tu runjer no etJ com.enl!\ con aparLal'll&amp; de su caBD.
llennrse de d~ndas y exponer su repuuición. Se deja ' cortejar por un alocado, nn tal príncipe Kamensld, con quien
,;e In \'0 por todas parte~.
-¿Knwensk ¡·:
Honorato ee había pue8t-0 pillido y le temblaban loe labios. 8e ac,¡rdaba perfectamente de haber visto al prfncire en caua de loe ~nrm·erno, y al recuerdo del joven ruBo, Plegante, Reducrrir y robnsto, los celoB Ae le cla,'llron
en mitad del col'82ón como una hoja de acero.
Lanzó una mirada t.errible á la eefiora de Saint Jeannet, y la dijo con voz sofocada:
-¡Querida tfa, i.enga usted mucho cuidado! Pes3 uet~
bien sus palabraP!.. ..•. ;.;¡ lo q11e acaba ueteJ de decirme
es cierto, no vacilaré un puuto:.iré inmediatamente á abofetear II ese millerable, y en cuanto á en cómplice, yo ......
-Escúchame tranquilamente primero, interrumpió la
condesa.
Mentalmente comparaba al príncipe, que era de p1·i mt1m laerza en todos 106 tjercicios corporales, con aquel débil y tort,e llonorato, que en su vidahabfamanejadouna
pi~tola 6 un florete, y este desventajoso p.iralelo la inclinaba á una solución más pacllinl.
-:fo se traLR, continuó, de dar un et&gt;eándalo en plÍ blico. l'!aldrfns el ~or librado y te cubriría., de ridfoulo.
Adernáe, entiéndelo bien, no creo q11e tu mujer sea, eu el
fondo, culpable. .Aunque ha sido muy mal educada, la
creo&lt;lemasiado altim y orgullosa para tener un amante.
rero las apariénciaa la condenan y eeto ya es mucllo. Es
tiempo de qDl' recobres tu autoridad y que la lnb!es como
marido. Sobre todo, nnda de ruido ni de eecil.ndelo; la ropa aucia ae lava en C8l!ll. Haz venir nquí á la senara de
i-aint-Pons, y aou autoridad solemne coll\•é11ce!a de aue
faltae. !:li no te ~ientes con el coruón ba~tante luerte ó
con la mano b1111tante ,•jgnrt1f!3, aquí estamos nosotroE para ayo.darte. Celebraremos contigo un consuju de fa1Di•
!ia, delante del cual tendril que comparecer la deecarriada y hacer el propósito da enmiende.
Esta idea deaentarse ert una espl.-cie de tribunal familiar y notificar ella misma el veredicto de aquel jurado,
sazonándo!o con una acre amonest.aoión, hacfa BODl'llírde
011 modo particular ti. la señora de Aaint•Jeannet.
El papel de justiciera li,¡onjeaba su mal humor y sua
priucipioe ll.lltoriLari&lt;.:a.
Además, habría expe-rimentado fntirua eatiefacción en
abatk el orgullo d~ aquella joven, cuyu bellezu uasperaba 8115 rencorea de t11r,u¡ca.
·
-¿Quiere,;, ru1adió, que seila!emos el dí..? Convocaré ,l
Hoquebillere, al primo Darberis y á Catalina de Colo•
mare.

e,~

-Xc,, gritó Honorato aauet11do, yo me basto A m( mismo para esta tnreJl. Qnerida tía, me hace falta e~tar eolo.
IHgame nsted ía,·or de dejarme para pon1,r !!D orden mis
ideas. El golpe habido &lt;kmiu.iado rudo.
Y apretfodoro In cabeza con 188 mauO!!, comenzó ,t sollozar sordamente-.
-¡Pobre hijo mío'. dijo la C-Oodel!a le\11ntándo8e. Nada
de sensiblerías. Aprende,\ ser hombre. Pien:aa que eres
responeab!e delante de Dioe del alma de tn espo8a y que
debes hacer r~petar el honor de tu nombre. Impón tu
vo!uotnd áesn locuela y hszlaaodarderecho. Porúltima
ve,~ si necesita&amp; de txti ayuda, una palabra y me tendrás
á tu lado. Ahora valor, y buenas t.ardes. Inútil 88 que

quiera,; acompanarme. Conozco bien el ca.mi.no y sabré
1:ncontrnr á mi gente.
Ella ealió magestuosa y él quedóse estremecido, ante
la pnert.a cerrada.
Las palabras de su tía le 2umbabao en loe oídos; la.,
piernas le flaqneab!u,, y se encontraba en el estado de un
hombre que acaba de sentir temblar la titi1·ra bajo eus
pies, y á qoien paraliza el temor de una sacudida mucho
más ,. iolenta.
Dió algunos paaoe vncilante,; en la e8paoio,a pieza, que
ibll ya ensombreciendo i,I crepúsculo y llenando de brumas los irieoe y los rincon~$.
A la caída progresiva y kmta de aquella obscuridad grie:icea, tenía cuncieueia m,is cierta de su aislaDliento y su
miioeria.
Aun cuando no hubiera querido dejarlo sospechar ,t la
~ef\ora de Saint-J.,annet, presentía hacía tiempo que sus
debilidades respect.o t1 Yio!eta, tendrían funeRt.n~ consecuencillB; 1!61o que, como todos los débiles, ee figuraba
que tapllndoae loa ofdos y los ojos, retardnda la ei;pantosa cat&lt;i.strofe, Y sin embargo, ~st.n bablu venido, y más
desast1'08a de lo que ee la había imaginado.
Ya no se trat.nba ahora de losde.eórdeoee en sn cruia. de
la vi~ disipada de sn mujer, gastadora y am.ojadiza¡ su
honor de marido estaba amellllzndo; Violeta alentaba los
Cortejos a!!i iuos y el amor de otro hombre.
A la eo!a idead" que un extraño gozara al lado de su
mujer de e8llS menud,mciU8 familiares que á él le habían
eido rehtl88dna tan duramente, Honoreto grilnba dt: dolor y de celo~. Se decía que aq11ella inclinación databa
quizJs de m,\a lejos, de antes del mBtrimonío y que, sin
duda. el recuerdo de aquel príncipe Kamenski, era !oque
se hAb/a interpuesr.o entre Yioleta y él desde 11, primera
noche de boda. Y en esr.os momentos se veían constantemente y compartían las mismas dulz11ra.s!
En esns reuniones mundanas que tantas ocasionesoírecen á las intimidades culpables, oon la complicidad de
nn medio Jieolnto y demasiado tolerante, la caíJa pa.r ecía Inevitable. C11alquier día sucumbiría Violeta, si es
4110 no había sucumbido ya!. ...... ..
Honorato se detenía aquí bruscamente, y cm rstremecimiento ner ..ioao lo 11t1cudfa de la cabe,a á los pies, y
nua contracción ang11s~iosn le atenaieab.i el cor:\z.ju como
en una crisis de nr.gina de pecho.....•
La biblioteca se había ent1:nebrecido comple~amente;
laa \'idrieras de la ventana formaban !Ólo como una mancha lechosa en la ob:Jcuridad. En medio de t!Mtas negraa
proíundidades, le mezquina silueta d11 Houorntc se movfa
lentamente y apenas distinta.
Se dirigió 11 tientas al sillón y se sentó agobiado de dolor.
En rn ct-rebro, donde las ideas se 11gitab1n confos111nente, llabí;\ tantas sombras como en la sala de e~tudlo.
¿Qn~ hacer? Yioleta iba ,¡ entrar de nn moment.o ,l
otro para cambiar de traje, porque comía fuera d,i casa.
y además era día de abono en In ópera.
·
¿Seguiría los consejos de la sellara de Saiut.Jeannet?
¿La mandaría llam-u A la biblioteca, y di&gt;,poés de reprocñ11r!a con frase dura •u conducta, la daría orddodeq11edarse en casa? ....... ..
Pero sólo á La ide11 de esta conversaci6o, se estremecía
,·iolentamente y un sudor frio le humedecía las eiene!.
Su debilidad de eBpíritu le quitaba toda volunt!Ul eoérgic.'l ~· le aconsejaba términoe medios cobardes.
En sos anteriores discusiones Eiempre habla cedido,
retrocediendo aute la lucha y con la conciencia di, en
iuíerioridad moral, de s11 falta de pres~igio como marido.
8in embargo, la hora eru decisil·a y er-o1 preciso olJrar
re•uelt.nmente, ó tcSigna.reeá una caída humillante,,¡ una
Yergonzoza abdicación.
Trataba de reanimar,¡e, de erg11ir.e, pen..oando en su
dignidad ultrajrula, en su liouor comprometido, en 811
nombre expuesto al ridícnlo. Sí, la haría comparecer; la
expondría sus justos moth•og de re&gt;!entimieot.0, la haría
ruborizar de sus locuras, y la inUmnr/a enérglca-nenLe IR
orden de volverá la senda del deber.
;.Enérgicamente? ¡A.y! ¿DJnde acodiríll á tomar ei!B
Yictoriosa energía? ~o la encontrab:\ ni en so palabra vacilantl!, ni en sus ademanes torpes, ni en en dtlbil corazón!
A la primera mirnda caída de lae pupilaa cambiant.es
de Violeta, perdería todaeu eangrefr[a, t.odaeu presencia

de ánimo. Suponiendo que llegara á dominal'l!e, y á decirla: •quiero,, ¿qué sucederfa ei ella se encaprichaba y
obstinada en su locura, rehu~aba doblegorse y lo amenazah.l con ruido•o rompimiento'! ........ .
¡Ah! !o sulJía de nntemann. F, i era el que se doblegaría,
el que retrocedería ante rl extr~mo de una separación,
porque lo. amaba á pesar de ,me desprecios, de ens friald!ld.es y de st1s falta,; '&gt;Orqut! preferfa sufrir por ella antes que perderl;1 plr;J. siempre.
Pe0Pru1do en esLe dl'oeol11ce po~ible, en nn cltercado
con su esposa, era pre"3 lle nn terror de 11h10; ae le oprimía el cor:\z6n.
h:1medt&gt;cfan sus ojos y senL!n que sus
rBSolociones s~d~elizabrn Mili? el ng11.1 ,m un vaso roto.
¡Sí, ,-¡,fa¡ t-enr. razón en otro ti~mpo! Violeto. Castellar habla de ht!Ohízarlo y él 110 ten(a lu~ tamalioa pura
luchar contra l•llnl
Y se acordaba de la~ p·l:ibra. tle •n humano, de In&amp;
ad,·ertencins qui! le habin prodig11d,1 aquella noohe, .i la
sombra de 1111 bo,que de pino,, mit,11trac el mar iba á ~xpirar sobrt.! la arena con e11s11rros ¡ arl•cidoti á canloij de
sirenas.
De improl'i,o, en su l'l:!1ebro tlceor le11ado brilló un resplandor como un faro e11 medio de la nQche. /.Por qué no
recnrrir :t \'idal'! ...... t1 le ha\Jía servido de iutermtuinrio
para pedir In n,nno de Y1ole111, la cnno::la mejor que él y
subi:I hablar co11 las mujereF. ~,a el jefo de la familia y
poseía la autoridad que &lt;l11n 1111a n,lnnt.nd Jirine y rt'Cta,
1111 espíritu superior y d lrnto ~ocinl. Su intervt:nci6n
mol.,starla meaos it Flor d11 :'.\ü.1 qne 13 mediacit,n intrusa de los otros mii,niliro~ d.., la fomili11. Respetaría el
runor propio de la jo,·en, y .,,·itaríu entre loa eeposc,s esOB
mutuos reproches qne ne:, brn ai,·111 pre por oíensas irrep11rables.
Yi&lt;lal con su tacto, su g~unoeitlai.l y &amp;u energía eerfa
al mismo tiempo un árbitro u,·ero y '.In podi,r&lt;&gt;so pacificador. ¿Cómo Ilonorat-0 nó había pe nudo desde el principio en Eolicitar la aymfa de sn he1111:1110?
La coEa era tanto má!i facíl de reali?.ar cuanto qne, halldndose \'ida! actnahneule en J&lt;'lorl!ncia, podía acudir 'Niza veinticuatro horas dcs¡mée de hab~r recibido una
carta 11n poco apremiante.
Honorato decidió escribire&amp;ta carta inmediatamente, y
hs~ta la llegad:&amp; tle au hi,1111a110 r¡,1t.Jar rePpecto á Yioleta en el cas., de-"""' quo "'"" bt'/Lu.,,,.
&amp;te expt:tlienle líijo11je11b;1, 11"""• s11 debilidad, en alto
grado le concedía algu ""~ &lt;lías d~ ..,pera antes de la explicación Et1 prema y ~aLi,i.icía ~W! tl luurc~, dt-jando tranquila eu coociencia.
Llum6 á un criado q11e trujera lnC&lt;'s, y tllu pronto como e,turn la l,liupara enci,ntli&lt;la, "" si,m-0 ante su escritorio, ma.sculló un momento el poruip!uma y escribió
lut-go la ca1·1a ~iguii,ute, á lua n,c,·s interrumpida por
paw;as meditabumins y dolorogo• tiUSpirm,:

ª"

0

•Mi querido hermano:
•A pesar de que no nos escriui.noij ni á menudo ni lar·
gamente, •é cnúnto rue quien,,,, y con cuúota seguridad
puedo contar contigo! Así, pue¡,, no \·n, ilo en 11cudir á
tu lid cariilo, porque tengo gr:111 uec.,siJnd de tu au.xilio.
•Soy mny dl'8gr11cia,lo, ¡ VidJl.11 y d~egracwdo por caua.
mín. Pi,ro antt-9 de decirte ~, nuxilio que de tí eepero.
debo l.iaet-rte una ,;incera confoHiÍlu, y es ésÍa: Record&amp;•
nla con q11é insillten.:ia t,e eupliquéque fue,es mi ab&lt;'gado
ante la ·ra. Cnste!lar y q11é pl'i~a w.i daba por con,·ertir•
me en s,1 yem,¡, ú dlll'pl!Cbo de tu~ t.1:mor,s y de tus objeciones aíectuoEUs. SalJt.s rau,bi,:n, con qué palpitacio•
D"8 d .. alfgrf¿ conduj., si n!t:1r á In mujer que había escogido, p&lt;&gt;rqne la amaha epwionndiune•,te. ¡Ay, amigo
mío! .Mi ah•g•la h.1 sido cort~ y pu111.11ntt:s deeengafloa
la hau ~•·guido. T.-nía.s rezón: cnn:cíu. yo de los tamano,
para crumrmecun \'io!.,ta Castellar. Loa hombres como yo,
cuya debilidad 1norn! et! ig ,ul á ~11 debilidad físíca, no deberían nunca pensar en e-1 uu1trimonio. DE'l!de la primera noche comencé rual; me había imagiLado qu11 basto.tia
amar ar&lt;lient.ementu á una 11,ujer para eei- amado por
ella. Xo sospecha ta que la explosión del amor más ardo•
roso resulta ineficaz si no está uuida al dóu de agradar.
lle cn.m!ado á \"ioceta con mi ternura de=iado humilde, Y solamente .i. aufatiga ó :1 eu compaei6n la deboesu
moei,tra.@ de cariiloqne no son deliciosas sino cuando son.
concedidas en virtud de un impu!sode! cora1.6n. M.i mu•
jer no me ha perdonado este wo1•imienk&gt; de com~i6n,

16 Aoosro, 1896.
yo he hecho otro tanto con su desdeilosa condescende.n•
&lt;:ia, y nuestros mutuos rencores han abierto entre los dos
nn abiamo. Herido en mi amor propio, me he aislado,
dejando á Yioleta que !anguideci011e en la soledad.
•Entregada á e! misma, se ha cansado más pronto de
sil aislamiento que yo de mi enfado, y ha buscado die·
tracciones fuera de su casa. Ha freeuentado la sociedad
abigarrada de la colonia extranjera; se ha lanzado en ella
como un torbellino, y ha perdido la cabeza. Se ha hecho
mlia disipada y má,¡ excéntrica que las aventureras y IBS
!ocaa que la acomprulnn. Ya adivinas el resultado de este
nuevo género de vida: el bogar desierto; la casa entregada á l011 criados; las prodigalidadea desproporcionadas y
las deudas. A la primera observación, me cerró la boca,
dicifodome que ern libre de gruita-r á su albedrío el dine•
ro que había aportado al matrimonio. Lastimado porest.a respuesta ofensi\•a, resolví en un principio sufrir en
silencio; pero sus excentricidades hacen ahora demll8iado
ruido, y no pnedo callar por más tiempo.
u Esta miserable sociedad cosmopolita me la ha robBdo en
cuerpo y alma. La han \'tlelto loca, la han mimado, alentado, basta llegar á las m!L! rnidosas a~•enturas ..... .No creo
q11e todavía haya llegado hasta el extremo de ol\-idaree
de sus deberes; pero está 0ll una pendiente fatal y me
hace d~aciado. Sufro, Yidal, sufro como un condenado, porque la quiero á pesar de todo, la quiero como el
primer dia . .A las amargurlll! de un amor uo comprendido, :1 las torturas rle loe celos, se une la rabia de no po·
der hacer nada para cambiar lll!t.e estado de cosas. La
veo que se pierde, y tengo la conciencia de mi incapacidad para salvarla. Lloro de vergüenza, penaando que me
faltan energía y autoridad pllrlL obligará la infeliz á volver por el camino recto.
•En esta angustia, querido hermano, mi querido hermano mayor, no tengo esperanza sino en tí. Tú conoces
la ,·ida, eres fuerte y sagaz, tierno y enérgico; únicament~ tú puedes eah•arme y conducirá la senda del deber
eeta alma. extraviada. ¡Socorro, Yidal, ven pronto! Toma el primer tren, y acude directamente A mi casa. Te
espero como una providencia. Apresúrate; cada dia lle
tardanza hace más peligroen, más irremediable, quizás,
la situación de tu pobre llermano menor que tristemente
te abraza.
Hoxo11..,'!o."
Cnando J¡ubo cerrado la carta, Honorat.o, envuelto en
un abrigo viejo, con el sombrero de fieltro hundido hasta los o¡oe, cerri6 á llevarla al correo, con objeto de tener
la certidumbre de que sa!drla aquella misma noche.
Por uu moment.o la mantn\'o soapendida encim:1 del
buzón, luego la hin1.ó en la abertura.
Y rozando lu" paredes, corriendo en la calle pob!aclu de
tinieb!ai,, como un la.dr6n qnc se oculta, entró furtivamente en la caea, y fné A refugiarse en su bibli.oteca.
• Sé dejó caer si.u respiración en un sitial, en tanto que
afuera oía un ruido de ruedas deslizándose sobre el em•
baldosado, y luego la voz enronquecida del cochero, llamando al conserje para que llbriese la.e verjas al ,x,11p11
de la eefiorn de S11int-Pom1.
TERCERA l"A.RTE.

Tres dills delJ])uéa, como á las siete de la tarde, bajaba
Yidal de Saint Pone del tren de Géno\'a y se hacía conducir á la calle de Qirabace!. Se habfa put'ato en camino
sin a,•isar á nadie, pretiriendo llegar intempestivamente
á la casa de su herm11no y dan!e cuenta mejor de la situación.
Desde que echó pie A tierra quedó desagradablemente
impresionado. El portero no ee encontraba en au pieza;
ni en el piso bajo, ni en el primero de la casa brillaba una
luz¡ en cambio el gaa flameaba en loe :iótanO!! di, la servidumbre, y ti juzgar por el rumor de la ,•ajiJ!a, acompaf\ada de risll3 ma.'!Culiuai, y temenioas que ascendían de
las ventanas de la cocina, no se debían aburrir mucho
allí.
\'idal tuvo necesidad de t-ocar tres veces el botón an·
tes de que ee d&lt;.&gt;Cidieeen á. cont.est.ar al sonido del timbre
eléctrico.
Por último la puerta del vestíbulo íué abierta por aquel
millillo lacayo que había irritado la bilis de la aeflora de
Saint-Jeannet.

ELMUNDO.

27

-Ah! ¡ru¡&gt;O'llt'J! murmuró ir.ónic:amente Vida!. ¿Y no
El tuno, con lne ojos inflamados y la boca mal limpiada todavía, midió con una mirada cínica al importUDo has hecho ninguna observación á tu eapo~a, que ha abandonado de este modo au Clllla y eu marido?
que venía ,¡ molestarlo á miud de la cena.
-¡Dios mio! Xo he juzgado prudente decirla nada an-¿La eenora de Saintr-Pons? preguntó Yidal.
tes
de tu llegada ...... lle preferido eepe~rte para dar nn
El criado qne jamás había visto al primogénito de loa
gran
golpe ......
Saint-Pons, conservaba la. hoja de la puerta entreabierta,
-Voya! l'llo has reservado el pa!)el de hermano terriy respondió con tono malhumorado:
ble ...... Muchaa gracias!
-La sel'iora vizcondesa no está en CMa y el eenor viz-Perdóname, querido Yidal, reconozco que he hecho
conde no recibe á nadie á esta hom.
mal
y mi cobardía debe causarte lá8tiwn ...... Pero qué? ..... .
-l.Iam uua excepción con su hermano ...... Soy el con•
de Saint-Pona ...... Lamento mucho, aiiadi6 sarcástica- Me siento tan torpe, tan deprimido! ...... He tenido miemente Vida!. intennmpir!o á usted. en su comida, pero do de ceder, echándolo á perder todo ...... ;\lira, cuando
me ve con sus hecbicerne ojo• grise~, pierdo lo cabeza,
me conducir!\ al lado demi hermano, y pronto! ...... Des•
balbuceo, y d"jo que se me escape11 ta.lea tonteríl\8 ......
pués har:1 usted que tomen el equipaje que he dejado alhi
-Mi boen hl!rmano, te encuentras en peor ~itnnción
abajo, en el coche...... Yamos, estoy á sus órdenes.
Dominado por el tono en.;rgico del recién llegado y no de lo que presun:íu ....... ¿No comprendes, de~graciado,
sabiendo con qnién teula q11e entendél'l!Clas, el criado se que cada nu.,vo acto de debilidad te hntá bajar más y
inclinó obsequiosamente y encnminó á Vidnl hacia la más en su eoLimación•t Los ni11o,; mimados no sienten
biblioteca, cuya puerta abrió, después de haber tvcado cariilo hacia los padtea que los conaienten¡ las ruojeres
proceden de igual modo con loe 1n:1ridoe demasiado incon discreción.
En un rincón de la pieza ilwninnda por uua sola lám- dulgentes ...... Los desprecian á medida que ellos concepara, lronorato cenaba eolita.riamente en una mesilla co• den, y se atreven entonces á cometer las moyonis loculocada cerca de su escritorio. La modesta luz, atenuada . rus ...... ¿A di'.mde has llegado con tu &amp;istema de bPnevomás todnvfa por una pnmalla, dejaba en una melancóli- lencia'I Todo, en tu ca.~a, se lo lle,•a la corriente. Tu muca sombfll el resto de la biblioteca, concentrando toda jer deserta dt.i su hogar, tue criado~ entran á saco, en tansu claridad en el pálido semblante de Ilonomto y el ex- to que, relegado en 1111 rincón, cen11• como un desgracia•
do, en el extremo de una mesa ...... Cuando, hace un mot.remo del mantel en donde se había pue!'to el cnbierto.
El menor de los Saint,-Pons levantó la cabeza, se puso mento, he visto todo esto, me l,11 ~ubido el rubor t'. la
frente, y me Lte arrepeutido mortulrneme de haber inlos lentes)' reconociendo á su hermano:
tervenido
en este maldito matrimouio! ....... ..
-Ah! exclamó, querido Vidnl, qué bien llegado!
Trngó algunos bocados, vació de un tn1go el vaso deviY luego, dirigiéndose al criado:
-Hagn usted snbir el equipaje de mi hermano y pre- no, y rechazando su plato:
-Y ahora ¿qué vt\8 á hacer? exclamo. Me esperabas papá.re!e una habitación cerca de la mla...... Que tmigau
ra
dar un gran golpe; muy bien: pero es necesJ1rio eaber,
otro cubierto, y salga usted en seguida.
además
cómo has pensado proceder y hasta dónde quiere,;
Cuando estuvieron solos, Honorato se arrojó al cuello
que lleguen lo.s cosas!
de su hermano y lo abrazó conv11l!ivamente.
-Yo había pensado, dijo tfmidnmente Ilonornto,
-¡Cuán bueno eres en haber venido! ba\bnce6. Yo no
que
consentirías en l.iab!ar á Violeta, en hacerla "er el
dudaba, por lo demáe, de tf, y te aguardaba con impacamino peligropo 1::n donde se ha arrie@g'!do ...... Creo que
ciencia.
tn autoridad bastan! para hacerla volver hacia la e~nda
Y ida!, al devolverle su abrazo, había fruncido las cejas.
del deber ........ .
Contemplaba con aire de diegusto aquel pobre alum-¡llnm! ...... Eso es muy delicado y te engallas tal vez
brado, aqne,lla mesa descuidadamente ser"ida, e::i:travia~
acerca
de la eficacia de mi intervención. Supón que Vioda en la amplia pieza lle11a de tinieblas.
leta,
mal
aconsejada, ó contenta de su nui,va vida, me
-¡Pobre hermano míol murmuró.
manda i!. paseo, ¿estás decidido á llegar basta el ext?emo,
La eorpreea y la c6:era le cortaban la palabra. Al cabo
y separarte de ella?
de un instante, continuó:
-N61 exclamó con temor el desventurado, n6I eeo nó!
-¿!caao cenas á menudo de un modo tan fúnebre?
-Y
sin erobargo, rt-plicó Vitlal impacieute, no puedes
Honorato moYió tristemente la cabeza, y lnego, como
permanecer
eternamente en la falsa eituación en que te
la puerta se volvía,\ abrir, se llevó precipitadamente un
encuent11J.a. Es necesario qne tu mujer Ee someta l, que la
41.edo á loH labios.
El criado eutr6 de nue,·o, trnyendo un aegUDdo cubier- dejes ...... ~ o hay otro remedio.
-¿No te he dicho que la quiero á pee.ar de e.us !altas?...
to y un plato de tagliiui11i que, con un troio de jamón,
Si
la pierdo, me volveré loco y seré más deegraciado cien
constituía todo el mrmí.
veeee que hoy.
-Esto está lúgubre! dijo Yidal con su tono de mando.
Vida! alzó los hombros y se levantó brUBcamente.
Encie11da usted otra !ámparn.
-Si
hneta ese punto estás fanatizado, uo hay más sino
El e:r\'iente obedeció, en tanto que 1,I conde se paRearesignarse
y df'jar rodar la11 cosas ......... Pero entonces, te
ba con iwpacfoncia por la pieza ob.curn. Cuando la sepregw:¡to,
por
qué me bae becho venir de Florencia?
gunda lán1para estu\'O enceutlida, Yidnl agregó con su
R~inaron entre IOB dos algunos minutos de profundo
misma ,·oz imper&amp;LÍ\'8!
-Ahora, ,Jfjenoa UBted. í'a lo llamaremos si lo nece- silencio, int~rrl.llnpido únicamel}te por los p118os del hermano mayor que se paseaba malhumorado en la bibliocito.mos.
teca.
Cuando la pnerta E0 hubo cerrado, atrajo eilenciosaDe pronto, en 111 amplia pie.za a.lumbrada á medias, ee
meote hacia él el plato de lngliari11i, sirvió á en hermano
dejó oir la vo1: quejumbroea de Honorato como el lameny después se llenó su pinto:
-11.,rmano, suspiró Ilonomto, vas il ce11ar bien mez- to de uoa criatura enferma:
-Te lo suplico, Yidal, no me abandones ......... ! No te
quínament-e.
-No te preocupes por mí¡ no tengo hambre ...... Todo tengo siuo ii tí en el mnndol.. .... Eu medio de mis anguslo que desde hace un cuarto de hora esto:" viendo. me ha tias c&lt;.ontn.bacoutigo como con una providencia ..... . ¿Quéquitado el apetito....... Ante todo ¿en dónde está tn va IÍ. ser de wí, si rebmas ayudarme? ...... ¡á..h Dios m:Co!
¡Dios mío!.. .... soy muy desdichado! ..... .
wnjer?
Lloraba con la Irentt! oculta entre ambas man O!!. Los
-En Saa Juan, e11 casn de los M:iruverno.
espasmos
de IIUS dolie::itee sollozos traspasaban á. Yidal;
-¿Se ltnn eepara&lt;lo ustedes (fügustadoe?
reaonaban
en SUB oídos como el rumor de un eco que @e
-Nó; nuestrne relaciones conlinúan siendo las mismas ...... ni mejores ni peores ...... Anteayer, me B\1isó que propagase en la bóveda de un puente, evocando tierno!!
había sido in,·ihtda á pBtar nr.os días en la l'il/a Olim- recuerdos.
El hermano mayor 1·olvía á ver áHonorato niiio, aconpia...... Debe repre8entarse nll( no sé qué comedia en la
gojándO«e
por un juguete roto, lo volvía á enco11trar en
que ella tiene un papel. La llurnabnn pare el ensayo geel
patio
del
colegio, en Mónaco, perseguido por camaraneral.
das deseosos de jugarle una mala paaada y ar.rojándo..ecu-¿Y esta ausencia"ª,! durar mucho tiempo?
-No eé; la reprel!eJltnción debe efectuar&amp;e esta noche bierto de lágrim&amp;s en loe brazos de su hermano como en
y supongo que Yio!eta rt&gt;gre~11r-.i dentro de dos ó tres un refugio seguro ....... ..
¿Por qué no había de continuar hoy m papel de prodías ......

�28
tector, como en otros tiempos? ¿Por qué retirarle la mano
en el n1omento en que el infeliz s.i encontra.b a, más qoe
110noa l!in amparo, tnás que nunca víct.ima de m debilidad y de lllB durezas de la vida?... ...... Si .e n aquel lna·
t.snte Honorato suíria cruelmente !l ca118l1 de on matrimonio mal B\'enido ¿i.o era Yidal en parte reepom,able
de aquellos anfrimantos? ¿Acaso no había procedido con
alguna insuetancialid.ad al consentir en la unión de dos
eerei, que no fueron creadoe para entenderse? ........ .
Se echabe. en cara au egoíamo y su acritud; luego e..ts116 denlro de él un rno'o•imiento de cóleni contra aquella
\"ioleta Castellar que tan cruelmente atormentaba ii su
hermano, y juróse haC('r entrar en rBzón á la rebelde criatura, qu11 tan pronto había dado al oh•ido •lll! prometa~.
\'olvw~e con presteza hacia llonorato, lo tomó gua,•e·
mente por los hombros, y ahradndolo: ,
-~o llores herwano mío, le dijo. ¿Quien habla deobandooarte? ¿:',o estoy aquí, por lo comrario, para auxiliarte
y sostenert.e? ...... \'amos á yer ¿no acnbo• de decirme que
tll m11jer repre~;,nta eet.a noche una comedia 1m ca~n de
los 1\Iaru v~rno·?
-Sí, In representación estaba anunciada para esta noclte.
-E,pera, calculú \•idal escando so reloj; ,·an á dar las
nneve ...... ?i~esito cuarenta y cinco minutos psrn irá
E~n J unn, treinta ¡,ara cambiar de trajo ...... .Así, puedo
lls,gar all:í á lru; diez y cuarto. \'eré á tu esposa tan pronto como deje la escena y te ¡1romcto trll.erl11 aquí antl!ll de
las doc,·,
-¿llará!! &lt;'HO tú, mi buen \'idnl? murmuró el hermano
menor e11jugándoae l&lt;J~ ojo! y conl'emplando al oLro con
ndmiraci6o,
-Lo haré .......... {. c11audo meno~ lo intPntaré todo por
alcanzarlo ...... Llama ú tu criado paro que me conduzca
á mi habitación y- em·fn111e á buscar un buen carruaje....
Ah! como es oeceEnrio prevtierlo todo, ordena que lle\·en
al carruaje uno de los abrigof! de Yiolt&gt;ta r nna manto. de
\ iaje bnsL11nte grue,;a.
-Hennano m!o, ruurmurú \. ida! salt,lndolll ni cuello,
me sah-aa J¡¡ vida!
)ledia liora despn:,, \"idal; de frac y corbata blanca,
entraba nue\·amenle en lo. biblioteca.
-El coche eslá füt&lt;&gt;, le dlir&gt; sn l1ermauo.
-Yaya, 110 perdámos tiempo ...... lluenna noches, her•
mano; no te impacieute.s y confla en mf.
m vehículo lo E'sperab11 abajo de la rompa. P~spué~ de
al,QtonBN&lt;e su abrigo y enceader un cigarrc, Yidal dió
ortlen al cxhero: •San Jaau, t•UI" Olimpia; aprisn.!"
Partieron. El carruaje atran'l!Ó rápidamente Paillón,
cost.e6 ,.¡ puerto y 8Ubió el camino de Montborún.
La noche estaba tibia; el cielo límpido y eernbrado de
estrellas. Eu la sombro transparente se vela el blanco camino suependído ¡,or encl ma de las roc!l!!, r m,is allil, en
el fondo, el tnar, en donde punzaban las luces móviles
de los fnroe de Antibes y del cabo Ferrot.
Hundido en un riric6n del coche, íumab3 Yidal preguntá.ndose como se arreglaría para arrebatar á Yioleta,
en plena :!!esta, decidi~ndola á que lo siguilltie. Se había
comprometido un poco al prometer ll su hermano este
pronto régl'E'.SO de la O\feja extraviada. Ante todo, había
pretendido eert'nar á Honomto, pero aliora le era preciso pll88r revista !l los medios que tenla ante eí para e\"1tar no Ha.,,co deplorable.
-¿Qué e•pecie de mujer Yoy á encont.rar? se decía para sue adentroS, r volví• á ver con el r~uerdo ála enigm:ltica y encantadora joven que habla conocide&gt; UD afio
ántes.
En verdad sus ojos color gris de acero ocultaban algo
que lo inquietaba. Pero á pes!Lr de esa impenetrabilidad
de eu mirJda, pareda tao ingenua. tau natural, tan poco
i ,ifü:iooada de h malaria contagio.a en que se agit.-i.ba por
primera vez!
¿C6mo podo cambiar y corromperse en tan poco tiempo? ¿Cómo? Ah, Dios mío! era mujer, y por lo mismo ma•
rm·illommente apta para sufrir la inftuencin del medio
ambieat., ........ .
Y idal fué e.! primero en reir!e de la inCOlll!iJ:i~aclo. (de
su W30mbro, rllCOrdando CJn quéfacilidad!;lnaoampesi!!a
cualquiera, saüda apenas de su aldea, unn vez lanzada en
el t&lt;,rb~lli no, llega á da.r se el aplomo, la el\gancia y el
aira de gl'!UI ~eüora. ¿Necealtaría m.1.6 tiempo llnll mujer
honrada para tomar el .aspecto y hu .aflciones de 111111 ao•Cii:d.ld ~uC,,.oca?

16 .A.oosTo, 1896.

EL MUNDO.
f!e JIC!Ord6 también de las palabras que ~e le escapa~n
á Flor de Niza junto á loe c:amellonee de claveles de los
Maruverno:-,,Siento en mí lo. fncultad de hacerme muy
buena ó muy perveran, eet:ún la influencia que reciba. • '
Desde entonces Yidal había d~confui.do de ella á canea de esta declaraci6a. Iloy tenía impaciencia por apre•
ciar hasta dónde ee había pervertido aquella jo\fen, bajo
la det.etltable influencia de stUI amistades.
-Si 1:l mal no existe más que en 111·suJ&gt;'!rficie, se decía,
eer i facil obtener la CW11Ci6n. Pero ei el \·irne ha contaminado todo el organiemo, ¡cuiint&lt;• lo siento por mi po·
bre hennnno! ...... &amp;,gún mis recuerdo~, "Violeta me parecía tan "olnntario,n. como reconcentrada. Eu nnturn•
le¡;;as eemejaates, nada es superJloia;; la pasión qne laa
inYade, perturba el alma l1asta sus más intimas profundidades. En fin, pronto lo ,,eremos ........ .
Y lo iba ó. \'er pronto, en efecto, porque ya ee acercaba
al tkrmino de su ,·iaje.
Los persiRtentee perfumes de los naranjos en flor y de
lo,, matorrales rozados por las ruedas y la cubierta del carrnaje, indicaban que había lraspMado In verja de la rilla
y que rodaba por la avenida. principal.
Yidal distinguió luces fugitivas entre el follajp ; lnego
\'ÍÓ, al dar la última vuelta, desplege.rae anlc su \'Í•ta la
iacltoda del gmn palacio, proíoumente iluminado y proyectando ii tro,·é~ de lae amplias ventana.~ toda ona irradiación !osforesceote sobre los jardinee sombrfo~.
Nuweroaos trenes se estacionaban en el lado de IM caballerizas; grupo9 de cocheros se de~partamaban bacien
do rui~o por divewui partee. Al apeanie, Yidal supo por
uno de ellos que 111..iorn se penetraba al palacio por la rotonda exterior cuyos intercolumnios se habían tran~formado cm bastidores.
Co~t.eó In terraza, y no sin trabajo, se deslizú por entre
las profundas masas ne ci\!!acns negma hast.a la últi m11 fi.
la de Isa aillas ocupada A por lus seflora.•.
Cnnado le pasó el deelumbran1iento que le cauBftrn el
pe.so brusco de la sombra:\ la plena claridad, Yidal not6
m!ÚI allá de los fil.as movedizas de lw; e,,pectador115 entraje de baile, un teatrilo al fondo, eu la parte de! salón que
comunicaba con el !'E'sto de laa lmbiro.ciones; y del otro
lodo de la rampa, reeplnndeciente y cubierta de flores,
distinguió loa per¡¡onajt&gt;a qne ~e moví~n en escena.
Hacía liempO que la representación había comenzado.
Yiendo á la ligera un programa que bondado~arnenLe le
prest,l, un yec;ioo, \'ida! supo el Lltulo de la pieza que se
ponía en escena ,,Cnpricho11 de Mariana."
La escena representaba 111111 caUe de Xlipolee, con un
ernparrado de host.ería á la izonierda y en (rente In casa
del juez Claudio. Oot.nvio-el príncipe Kamenski-con
justillo color de ro a, bordado de plata, hablaba con un

AG!~TO,

1896.

29
EL :MONDO.
--========== =.==~ =======================

'
!~cayo. Se oyó entre bastidore~ el repique de una campana de igll'Si.a y, luego en la sala, resonó un aplauso general saludando la entrado. de Violeta de Saint-Pone, A
quien ee había confiado el papel de Mariana.
Sé adelantó con loa ojos bajos, llevando en la ruano en.
devocionario. Su traje y su tocado estaban copiados de
una de las figura~ de la Pri,ria rna de llot~icelli. La ena•
gua de largos pliegues, ligeramente recogida de un lado,
era de brocado de seda blanca bordada de rosas. La cbaque~a, e.ecotada en redondo, adornada con ramilletes de
cla\'elesenc:irnadoe descubría ru.uplinmente el cuelío y nna
parte del seno. Los cabellos rizados camn en tirabuzones,
cubriendo las orejas y las mejillas.
Oct.a \·io, coa vo?. un poco gangosa interpelaba á 3Iariana. Entre los dos, el diálogo ee cnnaba \'ivo y animado.
.\mi.los parecfnn plenamente posesic,nadoR del cnrácter
de loR pen¡onajes, y desempenaban en papel con tant&amp; lDás
naturalidad, cuanto que la exq11i~ita prosa de ~Ias~et lea
servía admirablemente para expresar sus propiO!! sentimiento!!.
El prlncípe Krunenski Rl'guía siempre euamomdo de
Yioleta, pero sue eaperanza8 hablan qnedado casi en el
mismo estado q11e en el día de la excnr~i(w á Lllghet.
Un momente, en \·erdad, la senora de 8aint Pons, por
curiosidad&lt;&gt; por osadía, Lu,·o la veleidad di' abandonarse;
pero al día signieote, al examinarse á fondo, se lrn.bía reprochado su capricho de la ví~pem.
Pronto ae rehizo. El principe, cuando acudió á la cita
indicada, e61o encontró 'á una seilora perfectament11 dnefla de eí misma, dispuesta aan á coquetear, p~ro decidida
á no llevar !ns co;;as más adelante.
Kameneki 110 se desalentó por tun poco y se dedic{, á reeol.rar el terreno perdido.
Halagadora unas vece8, deadeñat&gt;n otras, Flor de Niza
no .sentfa cm su corazón eHe no sé qué, que arrastra á la
mujer, á cederá lo~ arrebat,os de una verdadera pasión.
E □ los instantes en que IR adoración empalagosa de Ka.meoeki la llrgaba :í lo \'ivo, uno. de~contianza de él y de
sí mi;mn, 11n térror ~úbito la defendlan cnntra uaas ca•
ricias deOUlttiado stiductorae. Tratal,a entoncee de desviar
el peligro, moflindosi. de la, pasión de su enamorado.
Ouando lo veía más conmovido, miil! elocuente, arrebatador, procuraba rechazarlo con punzante!! burlas, 6 con
una aíect.'\ci6n de indi!erenci:1.
Cpntrlll"iado ¡1orque no se t.omaba á lo serio su amor,
el príncipe, qoe no era tonto, replicaba con etipiritual vi\'acidad ,1 lo broma lll«! nLrevida; se punzaban mutuamente.
Renovadas sin cesar e~tn~ e!fcammuzas, daban por resu1tado la sobreexcitación de ambos, y ener\'ándolos ha.cían la @ituaci6n más delicada y peligrosa.
• ( Conri,murá.)

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30

7

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FLORDENIZA
POR ANDRES THEURIET.
(T.raduc1da eepeclalnient:e para "El M ...1.ndo ... )-D lll!l'tr&amp;Olone"-' hechas en nue.. troor talleres.

Núm. 8.-Yéanse nuestros números desde el 6 de Jolio de 1890,
Da auer~ que en aquel pequeno escenario de lo. 11ifla
'()limpia. Kamenski, bajo el traje de Oetin·io, decl'll con
perfect.a sinceridad:
•Yuestra. nodriza ha vertido en \'UeBtros labios generol!Jlmente la leche de la indiferencia¡ aún guardáis en la
boca algnnM gotas que humedecen TIJeatraa pahibras.. ....
No podéi!! ni amar ni aborrecer, y sois, !lfarinna, como
lae roaaa de Bmgala, 11in espinas y sin perfumee.•
Y enand•&gt; Yioleta, con loe ojos púdicament.e "eladoa y
'la boca desdeflosa, exclamaba:

.

,,¿Qué;eaen último resultado la mujer? El entretenimien-

to de un i astan~ una fr.i!gil copa que se acerca 4 los labios )' Ee arroja por sobre el bombro. La mujer ¡ babi un
adminículo inJu:l!cient~! ¿No puede deci1'8e al encontrar
A alguna: Ah( va el vencido de uo dfa? Sólo nn colegial
en talee materias, bajaría ante ella loe ojos, diciéndose
muy bajo:
-A.111 va, quizá.a, la felicidad de una vida entera y la
dejo puar.
lnfu.ndia ella tal acento de l!IU'Clll!mo y de ver ]ad 11. sns

palabras, que el auditorio la escuchaba extasiado.
OI1111e mu.rmnrar por todas partes:
-¡Es nno. maravilla! Represent.a oomo una comedianta consumada!
Y todos aplaudíao ti rabiar.
De en medio del grupo, en que permanecía inad..'f/rti•
do, Vid11I no apartaba loe ojos de aquella admirable euoamaci6n de Mariana. E:ncontraba il \'ioleta muy bella.
y comprendía mejor el encanto que ésta ejercía eohle el
den-enturado Hooorat.o.

���EL MUNDO.

34
Todo le 1 nttctu Jigcro, nlaorn que Et' npcjllbn en el l;n1-

io de\ idAI.
III

,·¡

Tr,
r n:i d r = m, ju~ e ·:u,lo,
'ct.-i, \' .. li•
,fa de d.iro. y C6 1 rn, · ml,rrro c. ¡1rim:l\·cr:1, ·1,,11 ido
ni cCJr¡,iai un r.m i lelt d r'&gt;!;l' 11:;t11r:ilcQ &lt;'ntr:1L1 CO'llO
un rnyo d so: en l:i ullJliot~, n dom.le 11 nuratc, y Y1•
dat In ~¡..-tnblu í.Jmnr: lo ci,r"lrrtll •
-, n r,., dij j ,n lnwnt , 1 1:nc r,quf t rnc•trn di
po~j 1",n.
.\\·ni.:..(. ,,:,.el 1 , d • l1c n.1:11: •, hizo 11:i pi. c·ul.Cm
rc1·e1Tnci:1 y ~gr&lt; g~:
- .11111D\'11

me ha q11i111Jo rmc:lio IÍ~mlJQ ,•••.• ¿r.'I

del ti,;:to ele n~trdl'f\'/
-I:u 's cr.clr lnl;im, rcspor 1i,; 1J inar.ito. .
O giú I m:11;, ,fo E I i-,mj, r, ec inc'ln!,, y r,o~ó en el:a
J~r~nrnrnt ua ' U .
01.! 1•1 ni C'lrt .to de too,,.¡ ro Yid:ilea j 1r1. mtl.q
Ec,·cr-1 .........11 •l,'C' 11 tetl, ecfior, ~ho kv,;r:ido a6 rndlrlc y

m · cnc,1 ulr-l 11- !ed snllcicnhnnente enciln"
-V,•I modo 111ás r11°rírc10, 1't'plic6 ñ rn v 7. el eOJ1d1 : el
ramilktr
ne o un p!):o ,i,tos p:uu d lugar á donde
,·nm~, pcr:i rl ¡ll1c1&gt;lo ~. 'i1.n nmn llll! flor, y hl quedan
,¡ 11 d tun i,ien que los cs¡mctadorl.'s de In 1'&lt;1,i611 nodo
pcidr.1n decir.

Tk11tl n rn ltn d In ifl,1 Oli'Ilpin, Violeta de SalntI\,119 cumplln ,. lientcmcnte la, ¡,romc.."!IS hechas á f.11
cnliado.
LA nocl,e mismn de im vndln sfl omclib ti. la op&lt;'r&amp;cl6n
ruls clclirndn y pcnom: la rPConcilinción con r;u mnrido.
P&lt;1r lo dfmás, f'Ete último, dema!!iado foliz con el (.xito
n1camndo JH;r \'idal,
rn!'ll!tró grn •roso.
• "i slqnkra 1ll'jó 11 flor de Nlza I enojo dt1 íorm11l:it
trn neto de cont.rici6n, y le C!'rró In LOCA con efaE.i6n El
ptibr mnnc Lo no&lt; 1nb:l lnn irritado y elntténdf')8c a¡;rn•
decido n11lc o&lt;¡•ll'lle. 1·c pcnliun eumie16n, ncogln á !mizos
abiertos 4 la lt!j. ¡wódig:i.
~\I aig11ic11t • din, 1 E !iorn de S.'llni l\me d6llll carln
lllnnl'il &amp; l u cnna lo pnm ponl'r L'n decuelún Jns reformns
proytctndu y In mg1111izzndón ,te II JJU YII r-xi lenci:i.
\"ida! cornu 1.nlia limplnndo la casa y reduciendo el
personal de 1(18 dom6i1ico ,¡ non cocinem, on laC11yo y
unn &lt;ktnccll:i.
Drj \Jll ti su cargo ul dcse:nbrol'nr !ne cnenl:ie, y :iqoi-

dar 41, ,a pronicdort•e,
Por un. Jlllrt~, \'lolN f.rtte.t.lnbn la prm,:inilJad del
tiempo de l'dl'cua r:ira eu~¡1endt•r eus lu11et!, relum.1t toda
ln\'it:11:lí,n y t'crnmm [lU rtn á su• artigu &gt;:1c-.1m11rndll!de
holgririo,
I.n con ígna &lt;'rll 1111¡,!:imlJkmenL&lt;' r ¡;pelnda por un nnelmLfu 11:imndo de :,&lt;au-.l11An y l"l'II·
pondíu Ei11 d~tinci611 at c111111tns ,·isiw fil pl'escn111lx111:
l.n Hfior&lt;-l c!ilá lndi!_pncet.a y no puede recibir.
El ¡iríacipo Knmr•i,tki. dt•f¡,lleB do ÍT,útíl&lt;-s tentulÍl'll~
clc~rn1pci.'..1, tuvo c¡ue b:ltin&lt;i ,•n rt'ltr lln, y I· mi ID1!.
Ern f-:;nl'I r ~ ¡ ~Ellr de su lu.sistuncin, uo c,111~!guit, rrnn•

"º ¡&gt;011ero que Yhl:11

c¡u, r la,. rjn 11\ iln:idam •111.C &lt;:lm:dn.
\ iolt·ln ac~ptnb:i todo con ¡rerlllt'tn rl'tiignnciúo 11 la qoe
co11tribuf11 ¡,odcro 111cnlc el de,C•l de ngrndnr nl oondC'.
Le p:irecfu Ucll) dul~ romper con •ns 11,.\~ queridos
li:íb,10~ ren11ncl11r 11. los rdinnrnf nto~ de tocador, 4 o,
1riu1 fos de i.ertul1:i, ron tal de routentnr ñ nr¡nel Ee,·cro
\"idal, quo o hnbfa tornndo en cons, jcrn ) amigo.
¿&lt;lutl recc,idlld tt•nía t&gt;II nh rn &lt;le ruidotos plnccr _
p ..'lrn dicll, cr Ell l,nEtf,,•
füs1nbn la ¡!re ene in &lt;fo Yid.'\I p:1r11 !ter.ar d() encnnl , y
de eol rns lnrg~ dfne, ¡mm n'lge,nr l11- pc-~:id:úi liorna de
1n l:itd&lt;-'
Oliedcclrndo ñ tu• c:u~rnci:le, d jt.a.:lc e ¡;uínr _por ,•,1 y
pro ,rnro• &lt;-'u4n dic:tz 1~ ra HU cc11cun;o, coulla clln
~-11 qtuHu mig,1 11rolo11g11r. .s ¡,crmnnc1,cla (; . .' iz:i, en
qnc qn,z:b 110 ,e cconlllrla m'I! &lt;le, ,:ijar.
·¡ se ponía i Jwmar ~iq11im1 ,1 don " ilí11 al pnmr
nq11cllt1 ir,umiJad. do d en dfo uda I urecl.m , tnáa ¡m,~

eiL -.1.

Je pt 'igroEo hu\Ji ra &lt;'ni re nq - 1 cur. .Jo en) n
mí,u, da tn11to la l111'ttgil'&gt;11 ~ nquel 111t1r.d e¡ ~ r. ClOm·
¡,rcu:.lía tnu 1, 1bg· •JS:I Lnlll~lorn, !:1(111 1 ro ll 1nducl li
i-eíltxi..n nlg•rnn.
Fe (mll&lt;·ga n á 1;,-1r rn aquel.a e.u,.6~f,¡rn c!emc nlP, Ea•
borrardo: ar, c1b! e:,;••• r~i e I m. , cu qn~ cada
~1.0 ec 1u f'1J.b1 ,._ tif,
o e 1 EU tucllc..
1..o

íJllt!

Go:r..'lb:i c,m nqnel:a vidn como con bs trbiO! días ,le
ot1&gt;üo, tnn clu r , tan igu le•, tan tra-quilos, que se lle•
¡¡a 4 J)l?nurqi,e no 1t bar'n m1•1C!J
11 norato se enlÍ-' edi11c..11io d ,·erúrnmnjer t:in concilind 1m y n is.i, t:in d',c I J Pns gn•t cal'en.&gt;!.
\"idal sontfn 5ccrctnn 11tc Cl'&gt;n'llovido dll la obcdil"nci:\ d su e ~ .icl y. l.1'" z, d&lt; btdo ,1 l. couJi.1•ui mt midad dctcnbrín l'II di,\ á 1'1a mQnwrto c•1:iliündes 111'3
m,18 f •d lllOr gr::ct;u..
lío podf:I mcn q 1 :11ribni!'Eo to in In glorL. de tnñ r-5·
pidn conwrel:,n, y 1 11:nor pr 1,io ~ ertln n¡,,'T:id.ible-

=·

ltle"nto l;nlogndo.
~ :no l. , madres qu • tienen md! marc:i,1" predilcccl..ín
por I hij,, d í1oiles tl cd~r, ntn:1b:i m-!s .111q 1elln nm:iblc C-OqllCÍII •In e,1yo nrrfpl.'nLlmi IHO lanl,fa llíOYQC!ldo.
::-in dnne caerh1, á n nfccto p11mm&lt;'nl ír:ilcrnni
íb'.lto !11~1cl:1ndo une. incllnación m:18 vi\"11 li ndmil',,r l::i
uellcin de Yioleta, 1111 dl?!leo m~ nrclreut de I1•1~crla

111n11r l:1 nu- vn Ndewnefa q'JI! lo hnllín imprie!!.to.
ll:cf qc ti eí rniwio qu• tlcspuf,• de nrrnnclr d In st'!io
rn de i's:li11~·P&lt;1re de lll!! di•ip3ci 1,es mund!l.nns, dehfo í,t•
cim,.rlé I,\ trnris;c•'..in d, tm:i vida d e:strepitosO!! p!ncs11!9 4 Olr.1 por fu !'%3 1&gt;1,t:inlt .\15!1 y mo'lÓIOIUI,
Con 1m cmpcCi de q'l, se m:irnvill, b:t su i-gofemo, in•
gtr•iálJ:ise en encontmrp:ir11 l:l j ven di. Lmccioncs cnp:i•
ces d intere,nrla, procuro 11llo ni mi ln'l ticm¡10 ndnplnr•
l!lll al c..1r:icter roh'nje y tí los hnbilos de reposo de llononto,
1~11 es.te orden d i,ll'as, tr.itnl,a de des:porUrlc gusto
;por In&amp; fie&gt;fl:is populures y In~ cercm'&gt;nins esr~cinles del
pueblo de Xiza.
Tal ¡¡énern d dlver•ionc-s cru á prop(1:!lto p:\r:i agra•
dará llonomto q'le esinb1 pr,.. p:,.rando un estudio hiit.6
rico ,le lu tr:idic:one~ y el l:is costumbres de la nntlgun
Niza.
,
Ad n, , H~ 1 flgumlia 11 YiJnl que foicÍllml A \•ioletn
en 111€ bcll Zll! y usos origint!.l s de II pro,,1 cb, logr:ir!A
inspirurl:i mejor, j11n1n111&lt;'n~e oon d nm,¡r 4 l.i licrrn nn·
tal, el odio n ,. n soci,,darl com1opolh:1 t1 qno aturdido•
lltt'nte se ltnbí 1111.Ud..l.
Día por din nlían I tr,1 en bu.;c..'l ele un ~llio nne\'o,
d nlg(m villorrio pinlol'C5C!lmente ei1m1Jo; dual cual
peregrionci6n curl~::i.
Aqu,•I juens e:1nto se h,bínn f rm:1do el proyecto d•
neistlr junto~ r. u,m roprcsent.'ICl6n de In •rJJ!ión
El put:lblo de S,za tiene dos r;ran•l e íll'slne rcliglosa~
•oehe ny n:i y l' •ocn.
An,b:is 1~ sil'Vl'II, 110 eC,I,, p. ra m:111Hc~:..,r sns aei:.tl•
mienl0311indosos. ,,no l.llmbi n p:im llsíncer sn gnst
p'lr las proce,si ue!, l.\!l coJTet'Ílll! y lo~ (&gt;'9(lCCL,icn'o,.
"oclt li,.1en. con e·1s pes bres, E'19 naci,nlentos den !~o. dc,11de ijtl rq&gt;reiu11a, E&lt;'nc1llos mi~l.ério.1, eom jan•
Les á los de rn l•d,\d u,cdm, la 1'4\lCUR c~u 8\1!1 rt"prcsentll•
e iunel! de, la l 'a ión.
n 1rantc In semau11 E:ima, no hay m, trutro hnouo 1,i
mnln, que no el ti ws 11b n:u.fos n'lll p1e;r,, • cada de los
rcl111os ,1rnngfüco,. L'II que EO-Cclebn rl dnun:i del &lt;,úl·
gol.nen it..,liano (¡ en fr. ucés pora~tor~~ d, carne ~- h.ic••
o y t11mb1{n 11or simple@ tít~s ó nut6m:1Ut!,
El tcntroqne \'idlll hnbfnelrgidn r,lm 1: ,·u hu c•1f,ad:i y !t &amp;u h~ruuno, era. u-: 1 mú h•1mihle@, de cnracter
0Dlt•111111cnte local, cuyos cmpr('s:irius ~r:in 16re1,l'8 de :.1
ciudad \'lf'ja.
Alll
repr &lt;tnttbn 1:1 Pi11,lt'i11cndi:1I ~pnwlnci.1 d·
Niza y 10!! p r o::.ajc;, em11 i.111 ilncos mca.1111Col'.
llnjo 111 delo d., tru:nnn e:inta, m:.r ~ rulo Je grun•
dc::i 1 uh s IJll\ncne, los tre · inL-l&gt;ons orui11r•&gt;n lenta•
1nentc el tray cto dl'I boultmud
rnb:lcd ul muelle dt!I
l'i:cnk \"il'j&lt;J.

1extremo lle 1111 estrecho e:111(,J.jn cerrado, ee nbría
l'l rnlón d Bplct..kulo ::il Jils d I píso de l:i. calle.
Ln_ dc.-comcione,, eran por tod , ~tremo ex igaa~.
Entre I p:1n: L'E encalnd:is, ve! • i II
n•intcna d.:
b:incos de mnd •m, en el ciclo nlgnnn gnirn:i tl.is de pal I d~ chi1111 nzul y bl;rnc.i COll\'ergfnn b:,.cb el ccnlro en
dcmdr. 1!&lt;1 bn.!UICeaL:1 un:i IAmparb de petroleo.
..\ b c.ntmda h.J,1~n min nicsn con nn::i b:1nlll'JS dcstlnad:i li rtcibir d prcc de 111 cntl'¡1.
y CElo era lod ,.
r~ ei;cenn enfirfonl mrnt nito p:11,1 c¡u
y
m1u¡ui1ti!ta. vi:..tl•es n ru&lt;Jl'enu tms nnn c•irtin:,, C!!t.!lba
ne I '• '.Tl~111c1,l d l1'"11lllU e n un cu:11l ro de i.:.us o 1¡nClldu e fl¡; c,11 \t' , rtil. •..1t&lt;s. El n'lm 11).n auditorio

b-

G SEPrnrunt.t, 1898.
pre•entnln tnriuda~ muostms ,fo 111 pCJblnci6n de In ciu•
d.i.3 ooti¡;ua.
.Allí podían ,-e-rso p~sc. dorcsd 1 pocrto, jo\'l!ncitoecon
10! c:iue'los su lto!, j6\·en de bigote lUlclcnte, chle12cl011
d r&lt;1jll! mrjill,u, m11tron:13 con 111 cría en brazos.
Entre aqnellos CfIIE:Ct •lorce, \·1 al y Honor~t.o con
,m¡¡ ~e J! y , iol t:I em l!tl clrganUI i.rn] desüedan nn
poc ,, y nto-,r.e• compre adió l:t jo,·¡¡n porqnó hauía criU~do u cunad&lt;&gt; l rnmlllct a rtrE:11! con qne había
adoro,1do su corp1no.
::;'.u cml,:irgo, como tod
oj esl IJ:m atent08 111 te•
lvu que C'lbrln l:l C'&amp;ccn:1 1 r.adae parí, mit!ntcs en llllo, y
por otra p:irte, el pueblo ele • ·;,.n C3 l\mnble y ntento; nadie p•rcció ¡mlll! inquietnnm coa 1 ¡,rosencia ill' ~oellos
c,"tn1'io~.
D g-.1ibrri L'ls que co:nponfnn lod'l I orq•1&lt;:sla 1 e¡c·
cutaron nua ,1:ir.,h:i rélig1o!ll y 1m alzó el tcM:i 6 In cm•
lrndll tic Jernerl~i.o y d ~ tus flisc:ípulos en Jerusnlén.
Ins coroB u,cond1dos dtb,}? cntODlTOll el Gl ,, a iJi U•
e,l

i,.

E•lu ennto llnno, ,~ IJ. wz nk¡¡rc y grn,·o, c:rtn h:irmoniznc,(,n d \"QCC,'! ,·ibrnutcs, fr:111c:is, y cllrna, que pare•
elnn rn'ir do b p;¡red, pro;lncla.n una i,npresíún d~ IJ Eiu•
ecr:i y p&lt;'.11etrnnt-e.
I-:n :iqucl .1 pobre ub !,1ja, S(.lbrc nqucl C!CC11nrio ru•
dimc•nl:irlo, entro nquelfos obrcr&lt;l! \'estldos con sn ropo
de trulJ:tJn, ¡ort'cfn correr un soplo b!I.Jlico.
Jlo..&gt;b nl.í, m h qne In! dce.&gt;mciones de nn teatro nrtt3ticnmcnte mo,·illo, In llu!ió, de Jcsú! de ~unrot, pc11!lllt1·0 y dul:o, c:unlnnndo sobro su nmo 4 los r:tyos de un
sol ponlE:nlc, por 111!1 c.'lllcs d ,lcnunlén cubicrl.lu de 1iallllll! y do rnmt\ d olh·o, mientms los llombres y laa rnujeres lo zco!t b1n srlt.'lndo:
"Ilo,:i11n n.l liijJ d" D.1viil! ho 0 aoa en lo mAa prolnnd&lt;J
de I e! ,,., ''
1,a nqnl'I teatro primitn·o, con eoncill&lt;'i. l'xlt·em:i de me•
t'li()~, los actor~ impro\'i . d onc1ntr.1lnr, por iu tinto
el :Irte 11&lt;- conm1Jrcr C&gt;II re'igio?o c•'re:,iccimlento &lt;-1 a!m'l e!ementn1 do lo csp~-0l:tdl)rCS.
~ntndo en b odr.?mlJ d lle 011 banco, rgnín Ilonorato oon Jllelic111os::i ntr.nci ·,n lo, menores a •t11lles de
lar;, uci611 y I • peripccl del dr.unn; la trnlcl(,a de Jo•
d•e, In Oenn, In noch;) en t)l U,terto de los Olh·os, el pre•
i.orlo de roncio Plinto ......
Anotaba Al111rt·,dillas líl• oriiin:i!e 1ocnciollíl3 del diálogo y lusi..'I los iudignpcl011!'l! inl.i11tilee del nu iltor!o que
injurl:ib:i II Jnda.q lscnrlol.e.
Uctr.is de GI, Vid:il y Yaoletn et&gt; inleres:ibnn t:mto en
1 s llsouomíns expr ivw de lo~ c•pl'cl:idorcs, comocn loa
:1du11111nes nngnlo,O!!, en In mímic:i sobri de 11'8 m11/icl'Qe.
Flor d Siu tenu en los ojos y en los labhs HU! más
limpid:u, sonnsu.
,\qnel CIP!!C~áculo popubr des;icrL:ibl en ella recuerdos de In in ínncia y tnrnbi ·n obscuus n!minll!Cenci:l!l nr..I•
YÍC:t!!..

Lt1 puec; q11e cu exl tenclas nutcriorcs hnLfn r~iuiilo
ya irnpre 1011 e id"nUcos y comparti,Jo lo, &amp;cncil! goces fo :1&lt;¡•1cl p(iblic·i tle pe;catl,1rcs y nlircrc~.
Ll com) el eludido t' cennrlo de 111 Pa~:ón• so hnbfa
tr:iatulLiJo, e •i ln vnri:1r, de gencr,1cil,n en ¡;encrnciún,
n,f, durnute nnos y olios, lna mo:ion
QDO euccn•
d[an l&lt;ll! qo~ de lo, oyeut[' de hoy, hnbr!un d••bido n¡;ilar
nntiguameme el corar.ón d~ nun I rga serie de cspccuidor 1IC:l:lp r ;cldo , cnLrc lo; qne prousblemcntc. cont •
b:in nntep:i~mlos do \'ioletn.
I 'COrJ.1bnque81111bu loOastel!Ar hnbía nacido y con1C11zr,do tu forlnna en el bari IQ del pul'rto.
•nLfa d re¡iente qn PU \'Íeja sangre nieensc corrfa m:18
nrilie.ntc porans venns y eo avh·ab:i 811 TCcOn()dmient,, ha•
ch \'i:1111 q•te In h11.bf.1 procnrado C!:IS('nfncion 111la 110 ex•
¡ en mcutudo.

· s ·•1 .Un. ldiz nl eneont rare á e11 l.1do y ni ndi rioa r qnc
t-n nc¡ne.l mi6mo inHante, e.mre nc¡uellúl! pobres ¡,;irrol'S
dc1mudll!, hajo IICJUelln. 111.mpnm l111mo311, Ell! pen..-:unlen•
tos, aue lmprea.onC:'s y su.,; prcdileccionee El' compcudrn•
bn'.l h11nn6l!icamcntc.
J~ut-rctanto el d!llJllll wcabn á fll íll~
L11 C!Ct!nll d 1 0.11\'llrlo h:ibf:lnrrnnc:iifogril08 d t(:rtor
y lúgrl1111e llblllldante Jll nuditorio.
El último cnadro, el qae repr(-sllfllnb:I 111 lt 'llllrrecciun,
ter1111r. • en m Jio d b.s nlcluya1, de loe cori!t-ns y los
11plau.•o de: pñblico.
J.n o, los mprN nos egit:iron u ror.J j-1 en la que
elida :islstcnte depositó EU óbolo.

EL MUNDO.

85

Empujndos par la ololda de capcet~,lores, 1~ !Saint L1·g1i, hd1-::¡n estrechnc.1llejuela,rn c1y11 CBquinn
l'vos llegar.:in á 1.1 cntrnth del ca1lej(., 1 y qaedáron l!Dr·
nbrfa á \"fa pública -us ulmncen
bo\"edadoa nn deprendidos ni lmlbrso b:1jo la de.3lll"nbr.111tc luz 11.!I rumi· • p,,sito &lt;lo ,·inos.
lle bal!. de¡ de l!OI.
t'n:i '"inn sos•eni,ln por dos pértig:is, formaba Eobre 1
..;:on lns C'Jlltro, dijo Honor:ito consull4ndo su reloj;
puerta enr,•jad:i, eeilicln de, b:trrotes, nna l'5pccfo d tonel,
dejo 4 ll!lcdes p:ua dirigirme á l:i Sociedad de Lel.rn:;,. ....
en l'!ondo se entremczclnb:111 nno_ E!lrmienws ,·ne n reI'roe!gnn el pa~co; yn nos reuniremos aL'\ noche en cnsa
~~
.

u

Cn:indo C'¡lledtiron solo~. VIIUll y ,·iolcta ee mimroo nn
momento indccls01.
-,;,\ déinde des® nated ir? preguntó el conde tí l!ll cn-

flada.
-Dvnd.c nsted g~tc.

.En el interior, á In írc~carn de nn l!Ótauo, •eet-llban los
barriles !llpcl'IJueatos contm lns p:ircdl'l!, tmpt ¡;Milos de
un olor á vino.
Vida) pldró Nli l1irrlwrp 1k Cipro y ¡r.is~~•e!!.
I.cs sir1•iero11 en gruet;as cop:is c•I Chipre do purÍllwe

B 1 ,los boaqueci los ncari~i:idos por los oblicuos rayos
del ol poniente, c:intaban los risuefiores.
L: flornci6n ro;-a de los t!rbolee de Jnden, foa tiraos de
13.l! H!as se coníon!nn enlrv el duro follaje meltltico do las
eocillllS ,·erdes y los r.6 121.loiqmOnlesdo los agavcs.
~\q11elln mezcln do graci:1 y d.i mdez¡¡, de \"fgelllelones
de•nrrollndas nmelleme1,t.e y de feroces plantas espino•
w, parec!:i como un símbolo &lt;l I c.;tndo del nfm::i do Yí-

dal.
Toüavfn imprt'l!ionado ¡ior l:i rl'penLlna revelnciún, era
prl'!!:I de sentim,cnLos muy complexo.: Wl!l inquietud
t&lt;Jm)?i?atnosn, una pied:id l!nternecida, nnn ~conlia111.a
eri1:ad11 de púas Y,tnmbién nna melancolía .0l11pi11~. e
espnrcían por él como onda tibill y r,;,11 ftll.
-(iueridA mín, replicó oprimiendo m:11! estrechame11te
el brazo de ,·iolcl-:I, me siento desolado de que mi ergue1hd, mir ltn do pre,isión, hnynn producido esta equil'o•
cación íun i, ...... A fuen:u du vivir 111.110 conmigo miamu
Y de desconfinr &lt;lo todo nrr~b:ito do eutnsin.smo, me he
conrertidoen un oso muy poco eentlmentnl. llace un
ano eet.:ilxl yo 11 cien k,gWla do suponer que llllted pcmmnl en mí......... Pt•rd6n me mi estupidez ...- .... A 11ora
qao la conor.co mejor y qne e~ touo lo 11110 usted vnle, me
siento t.enl.ndQ do d,c!r á mi ,·ez. como l11 buena muj!'r
que nos servia el Yiuo de Chipre~ •;Quó Msllmal•
Alzó ella In c:nbez:i y ,·olvi6 lmcin .'JI ens ojos tiernnruente.

-¿Qaiero ~ted qne '°"lvamo.9 i\ la ciudnd? ....... ·o me rtsinOl!o.
rlisgustarln mostrnr rt ll5t d nlgunos rir.cones c111:i0!:os,
Mientras Yioletn dnh:1 mordiJaa nl pn,101 y so hnque sin d!i&lt;l;i no C(,noce.
medl'Cía
con sensualidad los lnbíoe en t•I licor generoso,
- Ynmos ...... sigo á usted con lo oJos cerrados ......
l:i r:1tron::i, nna 11lta lignrbna, J1ombruna, de Cllrn n•goY m, eíecLo, lo hul;icr:i ue¡;uldo h!l!!ln In cn,nbre del
cijndn, exnminab:i curiosnmentl! :1 lll llntln &lt;lama y ni c:i]ilontc Cal\·o, !1 nlU bubicm él desendo 11,-v,nln..
billlero de hermoso rostro y de corteses lllllileru, y co.
Liger:i, al\'grc, feliz &lt;le rozar con m br.izo el do \'idlll,
rrfa
una eonrisa por ~u nnchn boca d de11t11da.
openns p1rcofa pis:ir la ticrrn.
Qnando
\"idnl p~gú el gast.o, dijo elln con lamiliori·e perdieron de nuc,o en el d&amp;ialo de calles nec •nd ... ndnd it.:11in11a, dirigiendo ,i la pnrejn non mirn·ln plncentes, empcdmdns de "ncha.s h:udoS!lS, demnei do odrc- tcrn:
che.al, p:irn que lo c:irrn:ijcs pndie.sen tr.rnsitnr por ella!,
lo cwil rhbl mis 81.'t,'llri.hd á 811 excnreión.
-No; replicó nlt&gt;gremenk• ~Joint-Pons, cuilndo y cuEn nquellns c.11lcs eorubrln,, ¡,:ir¡,cidns d largo9 y eolilb•dn.
t:iri011 pnsiUol!, l. s e:isa,, el1m1n muy nltas sru: f. chadn.
-¡Ali! .., .. quú lcistimn!
¡;risCll 6 nmnrilleut:1.9, tllladmtln dr• muaerc,sns v,m11111iLoo ncornpanú h:i!la In. pt1ert:i 1 y loo salulló con el Ea•
llAs, eobre I cnales, nnn nn¡¡oela foj:i de cielo nzul apaIndo hnbitual üe loo d&lt;l :'\Iza:
Aquella miradns húmedn!, c1ue tenían el enc:into de
rece ent.re Jns cnprichoons rccortiltlOJras de los techos en
-,\diós! ..... l'asenr bien!
la~ lloreA dcep11&amp; do hi lluvin, ae fnndi.eroo en 1118 de \'I·
declive.
-:lle siento m&lt;&gt;jor, nJinu6 Violeta, el yino &lt;l Chipre d I y le llenaron de pcligro!!D emoción.
Los dm pn5enntcs l!O compl:ld:w con 1:n pinwreecn
me
reconforta 'Y me eirnto cnpa:: p:ira 11ndnr hn~t.ll mnnn-Por fin, dilo ella Slll!pimndo, somos buenos amigos
Eor¡:rcroe qac ti.cada !netnule Ec ,fncucntrnn cu 111 vi,•jn
na ...... Di vertido alto hicimos en lo.s uodegna de l!.'!11 bue- y !!t'g11iremos sit!ndolo ¿no es \'erdad1.. ... .Me trnt.ara 11!Niis.
ted como camarada )' tendrá co111IanE:1 en mí?
Di 1·criianso con el ~-spectácnlo cfo los ro pus colgndus de nn majerl
-~í, esto roo ha recorcudo 11. Yenecio, que tiene un es-Lo promcr.u.
·
gnnch y q11e eular.ab:in, n.11:i arrlb:i, á IOl! rayos del sol,
tablecimiento ecmejnnte en In callu de Yallar0&amp;a, on
-Pnra comenzar, dígnme usted ei es1á contento con
sus flotantes hilocl108 multlcolori'S.
donde t-1 Chipro es exqnisito.
lllis progresos y me encuentra uetrd mejoracla
Acá y allit, dehuuc de oll "!!e le\-nutnb:in antiguos pnIban aublendo }'a 14! gra1fa~ que IIPgnb:in hll!tn la ram-Extrnordinnriamcnte...... Ilnstn confesare que admi•
lncios ele bnlconoe Cl!tulpid•~, oc11pndo! ahor.1 por comerp:i del casi illo.
ro e11 doéilicfad y 1,11 prudciicia.
ciantes al wr menor, cuyos znp:itos I dotu.&gt;S rnyub!ln P""
- -¿';o llj6 11&amp;lf•d, agl't'gú Ylolela, con ie.~ mejilllls ligel'l\-J&gt; puéa d \'ermo 6 f!ll mel!!l tan ditipada y t.an fr.í•
Endurucnte las c,calerns de 111:lrmol
rnentc sonro~ndu, en qt1!l In \'f.mdedom nos tomó por .re- ,•ola n In C:l!!l de los 1'lnniver.no, ino le ha ocurrido á
A lo largo de los piso~ bajo~ abo\'elUltlo?, alguims tiau•
cién &lt;!Al!ados?
,nEted l.1 id ~ que cr:i el único hombre cn_paz de operar
das bosteznb;in por su2 anchas pnerw, d&lt;'jando llegar las
-¿ Y no le demgrndó :t usted? interrC1gó él tonriendo,
esta convcn116n?...... ,No lm podiclo usted adivinar qué
mim'.lllll á todn !llliisfacci6n hn ta In 111riedad de "foctos de,
--Xo,
Tt'plic6
cll11
bnjlllldo los ojoP; pero me hn dejado
inllucncin 1.1:nla sobre mí desde lin much'l?
BU~ arwazoae!: baratlll,•s replel,()! de cobres vh•joe¡ carpe.nse.th11 ...... llfe acordé de qne bien pudo C!to b:iber su-• 'o...... tengo muy poca confianzn en mí mismo para
niceríll.l! en cl,&gt;nlle las rnlllll9 de n:ir:injo con frui.a c,o)gn.
cedido ...... Y cu:mdo In itnlinnn nnndió: •Qué Jástimnl•
~er l.nn preeen~uusn.
bau entre trozos u,! CllrnP. anngrie11t11; pnnnderfas en cuhnbfn dentro do mí una 1-oi BOrda que repitió como nn
· l~ 11s1.td demnaiado modesto! cuchlch&lt;&gt;l• elln, pero
yo fondo se dh-i~nb:t In llnmn dlnznntc del hom&lt;),
eco la mifma &lt;¡\1t'ja.
tan bajo, que pallo él op11rentar no hnberlo oído ......
A cadn boenc:111,, les a;:iltnb:t á lo. vista 1111:i nue,n sor-:.Q11'1 qni.,re usted &lt;lE cír? exebunú él con lurbn¡:i6n.
il ncio d m1c1·1&gt;.
presa.
~ confidencia tnu inc~pemda de Violeto lo EOrprendm
Ya era n na c.1llt'juela Et!(';lrpaJa, en dunde 1mn fll::i de
Yi,fal sentfa el brazo de flor de •"iza temblar obre el
ei ngnlnrment-e.
pcnitcnt.es 111;nle~ trrpai,a ltael:i nlgun convento¡ ya nnl\
uyo, }" ú peenr do c!tn modestia de que ella J lncnlpabn,
A !u eorpresa ae merclnba la lisonjera e.1tisfac:ci6n que no podía dl'j:lr de 6Cl\Lir cowplnc ncia en pensar sobre In
p!az:i trinngulnr cou so mcrc:l'lo de ,erlus y 1m fuente Je
nl«&gt;gres rnniclorc~, en do11rle los ,·cnd¡,doras h1 rnlJan el e.l hombre m.b inltusible e:i:perim~ntn ie111pre ni eaber coníe i6u &lt;1t1c, 11cnbali1 do hncerfo Violeta.
P"..SCndo; más h•j'&gt;S, el pór1íco 1le un:i i¡;lesin do r2tilo •ro-- que bn Bido distinguitlo por una mujer bonit:i.
En eu nlmu a.,condla como ann el1:ive claridad de albornd:i.
-Dios rufo! coutiuuú elln, con~on·nndo su metro obs•
coco,• d11ndoeutrnd:1 á un:i nt1\'e dornuda &lt;lo telas roj:i•,
tlnnd~mcutc inclinnilo; nhorn qae ~·a no h11y remedio
.::ihorenlm l11 re1·elaci6n &lt;le J1q11clla t.emorn femenina
C!!lrellr.dn d,, ciri0$ y rurn.'.lrosa de dt!VOl.oa arr,1,1ill11do.•.
Aquel Juevcs ;'Jnlo torh In poblaci/,11 !t.'\bl en la en• pueuo confel!llrlo ......... Durauto trea dfo,, trPa d/llB Rola• qne inrndin l!:!.Íbitamento la rn,Jiosa tnrde de primnvern.
mente ra¡! ...... he creído...... he espero&lt;lo que .,J
lntlle.
,-;u : ::iltnd ee crispnbn, ularm:lbase su conciencia, yeiu
l,os homLres, rechonchos, ntcz11dos, bigotudos, :ilgu- l'on- con qnlen ib:i á ca~:mne era WJled ...... Cuando vino cmh:1rgo, nquell:i floración inesperadn uh11l11bn un pernos calndn la b;)in:1 catalan:1, EC ngolplb:m cu Jn.3 cncn1CEted 11 [lcdirmc para...... ~u hermano, el golpe lué muv fume tnn exr¡,Jhito, que se l!ntrvga.bn a! rC!pirnrlo ilvhln•
.
cij:i.d.ss, y lnnZAblD entre gcsto1 exprcsir ! 001101115 cnrca- ruuo.
mente.
jadas.
YiJ41, rofoc:i&lt;lo y conmoviuo /i In vez, fruncía 111! coIlobían lll"g:i.do h_wi In pfataformn. pl:u1t-11d.-i do e11ciI'11rrnda! de cbiCOl! ehilllib..'ln cm mcdío de In c:i!le; las jas,
uns, que rs el puado culmioAnle d\ 1 p:iseo.
,·erdulcraa cocinab.'\11 ni nlre libro; s.Jlaa mujenuela.!, ,1
-,.Por qui(, dij,&gt; con se\·eri1lnd, no l1nbl6 tJsted entonLn nLran'l!nro11 y fueron á ponerse de codos en el paúld;u dudOSás, tl!! cabd(og negro!, ¡,einaüoe h:.ci.'I 11trá! ceB?..... I'or qué no me conlesC, usted entont(!S que nci,p•
rnpc~o que dominn In n~iorn y In vieja ciu:iud,
ú rizados sobre l:i frente, recu,,pdA eu l,1 columna de ni• tnb!\ á Hooorato contrn El! voluntnd'
FJ sol .e ponín ir~ el macizo del Es~rel, y ea dl'Clinng1fo pC,rtico, hncían CJ.l::eta, con I homl,ros resg,1ard11¿l'or qnM...... Porqníl la docepcir.u y el de•pc:ho me ción enrojedn b5 nn!Jeclt .11 ncumulad11s, mdl:indo como
dos ll:tjo el cft!ll d lnn:i enrmce!.
ahogJb:in ...... Y lul'((o, cl1~&lt;10 t•I mo,nento ,en que le ern nurcola en oi rielo ,·enloso, mientras el mar muv tranYid.if y VloleL:l tlIBcurrI:tn loLrúpicbmente á trn,·l•3 ti~
á u ted 1d liereu~, ¿')11.t me importaba lo demás?
• quilo loo tcmando 1.:n color de Tino.
·
In marnnn de c:ill, mcrcida,; 6 abrnpl:ls, de donde l!O
-Per,, en fin. ropurn él conín11dido, yo no podfa ndiAl 11orte, un triple :u16tc-:itro de montnl1:l.!, de nrÍs&amp;a.9
1:xlmlalµ11 fuertt'S o!oree de epccila y pe ~:ido.
1·lnar nada .... , i ni men?l me hubiem usted indic:iclo.... nendns y col;
nborregndas, sembmd35 de Clll! do
..:in e111b1rg'&gt;, en ciert-O momento \"IJnl oot6 que 811 el yu hu!&gt;iern nbido!
cnmpo color de roBll, se t.endfa ci1 torno do Xixa.
co,11 p:ifü•ro nnJ:ib:i con menos solLurn y p..'llldccfa ligo•
Ella l!ll.t:mlió 111 e bezil, y con ;onrl,:i nmnrg-J ¡,leg{i los
Mbre loe t&lt;eho~ de tejn ó do piznrm, necendlnu hnm:i-

r.imcnt.e.
-¿Qué tiene U!lc11 In pr¡,gnnl6. l'.irccc ustml cansda.
-Ah! rcsp,rndiC, ella Je&amp;e11ifo1lose; no eé ti hi deh~ it
In cnrn1111tll, al sof do Abril ú 4 ln prh':ici~11 do mi té de
c1:atro; pero mi, tiento rn poco atnrditln.
-1:...pcr u kd, COnl.'~Co nqu[ un: tienda en llond~
venden \'inc,s de C.ttcio y de ft11lia. El sitio no e11 uada
c(,modo, p ro cunmlo 60 Hllle del tc:ilro d la Pllliún, no
tiene 11110 d recho .i ~trn.ne dcacooteutadizo ..... To• m11rá :stt.'CI 1111 poco do Chipre con un pasteh,lo, ¡ l!L

.J~

reanim:mt

:nbfos:

-\'amll!', rellc:rionc u•t.oo ........ ¿l'odfn yo, ona joren,
dcclnrar 11 usted mi pr terencin"..... Y nd~mllt, acui-rdcEe n~ted ...... no ce moslrnb:1, muy nlentn&lt;lor' T,mfu u~ted
uu mod d~ fiogÍf!'e el insensible; ec bnrlab:i u~tcd tan
o•plritn:ilmcntc de los ru111&gt;a y ue lo~ ennmor:icloa?••• Corup1t.Jnl1,\ yo t.amb in q¡¡o ni un l!Ólo mlnut0 h:ib!a pen~atlo t:!!ted en mi! ...... en üa, yn esU hecho, ¡ de n:11b Eirwu 'as l!lmt&gt;11lllcioue ---·
-Si, munnurú él sobrinmente..•.. ea irreparable.
Oayú cl l!ileucio entre unn y otro, mientr11g rcmontab u a.e e:illee de verdes úbol~11 del c1millo.

rccl:i9 azulndll.l! y ~, .!11ydw, resounb:i en los lef:mos eam¡mnnrio~.

Yiokta y \1&lt;.lnl, r.in haubfl!C, contemp!ab:tn el lllllr
bi!rmrjlll!, 1:ie Hncn~ pur115 tle l:is monlnllne, In ciudad vnporoea; escuch:iban los chasquiJos del4 C:1SC11da quedescolg~l.1."1 ú s11s pies sus corLin:I!! de agua, Eemejnntee, al
dcuznn:e, 4 In~ hol'!I!! de fa ,·id!I que corren y corren to•
dal!, IJUenns Y n)alu, con la misma p1,1cicu rrgularidoll.
- I&gt;rgame usted, preguutó brtIScnml!nte la jorco, ¡nunca ha t&gt;!tndo u ted ennmornü·"
- ·r, u.n:i \-ez, y In experiencia nomo e:i.l!ó bien•• ,... pur
calp" mí:1..

�18 S•i'Jb.m, 1896.

87

EL MUNpo.

--.,;6n.

n m
y
de lll hermauo; mny mlafeoho tatnbi6n de ta .-16n de
la 8óoiedld de 1-ra,. e.:i. donde había leído 1U1a memona toltn Ju Am1N .da Cinúf., y en .donde •1111 oolegaa
le ~'1&amp;11 fellctt.1o ca:u-~

t.iicl611

DUlq

um,i.booa.
Lea pilabraa de III benaano aonaban en 1m oídoa ~
mo 1UD1bido.ele aUAbla OODiau,,
Vloleia, porel contml"', blí.- 4 impuible, cJD es:•

4léio.
~114 tnevereme 1ron·a le bacía mat
~roebliblee el coaít, bllberb autor.&amp;lllo e
modo con eu pr:&gt;pla debillcJü; é llldtgniln 'lote r

�38

13 SEPTIE&gt;lllRE, 1896.

EL MUNDO.

A eu vez, pretextó una 111íbit.a latip, ge despidió lle Niza, pe11sando en el deaencanto y la decepción qne i~
lla cioroplicidad cruel, cansA.base di!gusto i aí mismo.
á verse obligado 4 caru;n.rle por segunda vez.
Habfn emprendido el rescate de aquella o\·eja, la la· Honorato y subió á a.u apo&amp;ento.
¿QuJén sino fJ era el verdadero C!llpable?
L'na veir encerrado a!U, sintió primero una 11enirnci6n
rende ,·ol,·erla á su.a deberes, y ee.hac{a o&amp;mplice deeu
El,
ciertamente él lo era.
pecado! ........ .
de afüio.
Con
eu experiencia de la vida y eu hil,bito de EO!lleterComo se dt'!!poja uno de un vestido demasiado pteado,
Su~ ojo. encolerizadoé se alzaban bacia In Beflorn de
f:aint-Pon~, como pru-a manifef!tarle su indignació~ y pudo aligem1'8e de la opre11i6n que lo angustiaba y des- lo t,odo- á un frfo y sonenido razonamiento. hubiera debido pre,·er laa t-enlneio.nei. inevitables y prevenir el dettnudafl!(! el alma.
llUB mir&amp;daB se euoontrarun un momento.
No era de lo~ qoe se engofta.n 4 sí mi11m0!!, y ee enlre- 11.rrollo ú que b:ibf11.n ~ucumbido s.mbo!I.
A la irradiación de aquella&amp; pupilas griBes, vuelt..u B\Í.•
La. falta, en realidad, no ero. aún más que venial, pero
bit:i.mente tiernas y acnriciadonla; al Mpécto dt aquelloe gó con t.ada einceridftd á un examen de conciencia.
Yidal
no dejab~ dsver c.\aroy noerei11, en loe Ll,.moresqu&amp;
El
primer
dteto
de
eu
i!lepecei611
moral
rué
un
prolabiOlil, rojO!I ll\~D por lUB betoe, la cóll:rlL de Yidal ea di1e
detienen
á medio =ino.
fundo
desaliento.
tipuba.
Los besoa ya gustados traer!an otros, y así, insengi..
Su lealtad, ru deHaaden, ru r,nergfa, de que tan orU,:cordabo la penetrante dul:m.&gt;u de lila conlidenciae
blem1mte, llegnrfan ha&amp;ta el e:i:;treU10 de su pasión.
murmuradas entre 106 4.rbolee del castillo, lne delicias gullOl!o (•i;t.aba, t.odo ello babfB rodado como una rama
l\lafl"!lllfl al \·t:.r de nue,·o el cuerpo eabe!Lo, ID atractiva.
verde
uroj!lda
al
lodo
del
c4mino
y
jt:,:pne&amp;ta
á
las
pisadel rt&gt;grno, 111 hora del crepúfcttlo, el éxtMi11 e.xperimen•
belleza
de Yioleta y SUB ojos encant.ndort!i! y llenos deea-das
de
hombres
y
1ulima\es.
taifo ni ,e.! talón al rodear cor, l!ll!! b.razoe la cintura de
El, que lrnbía acudido para restablecer el orden y la riciM, ree.istir!a mal á la te11taciión.
Yiolda, y de nnevo se le iba la cabeza.
Se conocía bien. A pesar de i,u aire de reserva y au dll·
respetabilidad 1;:n cae11 de su hermano, asestaba precis:\·
lfabf1t t.erminado la comida, y Honora.to continuaba.
reza
premeditada, era tierno y Rpw!ionado.
ment-e
el
golpe,
más
~r1:ible
al
honor
y
a!
repoi.o
de
llodil"ertando.
Conocía
t:imbi¡ln i!. su cuii.ada y aB acordaba de lo que
norai.o.
.La een.ora de Saín-Pone declaró que ~e ee-ntía iatigada
habfa dlcl10 junto á la cascada:
Desgarraba traidoramente 11quel pobre guii'lnpo ele fe&lt;fo! paseo, y se despidió par11 reiirnrse t'i sus habitaCÍl)llell,
aLa pMióu Yi:rdadem no tiene ni fnlsa \'ergüenza n¡
licidad de qne JIU hermano menor t&gt;stabll tan cont.enl.o.
ITonot'lllll le bel!ó la roano y Je dió J11a l&gt;uenaa nocbee.
Hacía el peor pl'lpel y el nuh Ignominioso: el J.d man· prudencia timornta.,
Terminada eefa formalídad con~·11gal, Flor dE' ~in ~e
El nue,•o encuentro traerla consigo inevitable:nente 111
,•nlvil&gt; hflCin. Yjdal, que ee m11.nten.ía aparte en ln pe11um• datario lnfü,l, el de médici&gt; felón que so pret,exto de
cnrar al enfermo, lo enrenl'.na cada dfo á peque11aa irremediable caída, y adiós hoc.or y felicidad de BonoLe tendil, ignalniente una mano, que IO!! labios dt1 Ho- dOE!iS.
La i1onradez · de \"idal es rebelo.ha á la idea de aquel
¡,Cómo habría podido llegará tal grado de olu!!.C~cifui
norato no bahfan t.ocado, íY tembló á \11 co.lurom mtricil'.
vergouzoso
deaeu!ace.
y
de
\·illllnfa?
........
.
de aquella c.JJid11 pre1lón que p!\recfa npoderare.i de toAquella. uocihe 11e 8entía atin bastante du~o de afmiaEEcrut.n.be,
sn
memorin,
ee
remontnha
con
el
penaamien•
da Y! pe.nona.
-Haetamañana! murmuró ln joven tiernamente y ie to hMta trff ,seninn1u; antes y deBcubría poco d poco la mo -pera impedir iremejante dl&gt;SWltre.
Era preciso totJar una resolución eni!-rgicia y ejecutarla
.huelh1 de fo.r~ivoa (li'~oe, de ligeras cobardfll!!, de tími•
alejó.
sin
dt&gt;mora.
dol!'
compromi!!Os
que
le
habían
enciwlinado
\eutamente
Caandoquednron sol0,1!, los dos hermanos 110 dirigie•
Uab!a
juiga,do siempre q\te en eemejaute ca,o no exi.a•
poi'
la
tiei,dn
del
pe&lt;':tdo.
Ton liacia la terr1u.a, sobre la cual 11c abrla una puerlu
tía máe que un sólo remedio: la fuga.
¿:So había mfr!do, dced« el pdmer momento, con de·
ventana.~• ambo!! pu11téronsede codos e:n la balaustmdn.
Tomó eeta determínncii6n.
D9jo su vista dei&gt;eend!.a en a.nave pendiente d jardín maSiada complacencia el encanto de Yiolet.a?
¿'No ec había mo~lrado de1nru;iado :ndulgente y dem.a•
Como su marcha debla electuaree lo mJls riipid11mente
ba.i;t:1 la verja \•e Inda d« jru:mioC!l y mndr1.,o&lt;eh·tls.
posible, e11 decir, la mafü1nn 1nisma del dfa siguiente, le
Má1:1 a!JA, loe pUtanosde la u.venida entrecruiaban 1119. ,jado familiar en lug11.r de tralarh1 aeveramente?
Se !lCOrdó del regre110 en el l:mdú durnnte aquella no• CJJle.l}a el Uen1po matsdal de preparar su rei.nsr.a.lación
lnr¡;lls hojo.15, ai1iando, por decirlo al!i, nqudla l'illn.
A tal !Jora, por lo dt,mia, la calle esUt,b:l, casi defierta cihe tibia, al Indo de su eeductorn cuftad~ J lrui eenmcio- inmedíata en F!urencia.
.Por lo demú, ese viaje brusco ti un país lejano le bu•
ne.s que Je ltabía11 lnguidecido.
y 2ólo turbaba 111. tranquilidad de la noche el tardo ffi..
¿No debía haberle puesto sobre sC aquel deefalleci· biel'a parecido extrall.o é. inexplicaWe á RonoraOO.
dM de rnroe carruajes,
PodCa 111 menoe refugiarse momsntaneamente en la
JTonorato encendi4 un cigarro r recobró t-Odn su ex• miento puramente carnal é im1pirnrl.: un te,nor pru•
Fm.1,tn,
y n\lI preparar deaeansadnmcnte eu aepnrtleión
dente?
1.au!iU1n.
Pero
no,
demMiado
eegnro
de
eí
IOÚ!lll.O,
l.11\lagado
en
definitiva.
-?ili buen Yidal, uCllarunba, me siento completamen•
l!U a:::::ior propio, cedie11do á una necia ternura, 11e Uabfo
Sin l'l!'fü,:ionar más, reunió en una ligel'i\ maleta loe
te lefü! ..... .
''Cuando piemio que hace ~Mo 11n mes, me11entía aqu! 1 dejado miniar, l,abía ace,pt:i.do el peligrOlio papel de con· objetos m,l.:! indi~peoeab\es y luego l!l!cribi6 4 su herlllA·
en e~le mi!!mo lugar, ton miserable, tan abr.udou(ldo: rejero y n1tntor, forjáudoae illll!io11e&amp; sobre ~u fuerza de 110 el bil!ete 11iguiente:
mmndo 1ne Muerdo con qué sentimiento de deprei;,i6n resistemi,in.
•:\Ii querido bermnno:
I-Iabfaoll'idado el ,iej'&gt; proYerbio espaiiol: •El bow{!!Cllchnba el mido d1:1 loe coobes en In calle, nie pareee
«Sti. me ohid6 decirte o.noche qn&amp; babr.a recibido 110\i•
bre C8 hlego, IR m11jer e8 topa, ,·iene el diablo y wpla.~
cQJllO que despierto de una pel!adilla. Todl)hCl cambiado
cills d.., ln Fouún y qae rol preseucia alU es indlspeoaa•
Ilabfo dis.frni:ado bajo e! bello ,iombre de nrnhltad fra·
.\J1or11 me levant¡o con el cioraz6n ligero, me pongo á tra.
ble por algún tiempo.
bajar si11 preooupaciones y fos df&amp;I:! me parecen demal!ia• ternal h1 sorda Mrncción que le !'.lrl'lllltrab!\ hnciá Yioleui.
,,TLJ sabea que Cfitoy eroprendlendu impi)rl,a,ntes trll
El tnto famili:u de todo~ los dfaa le h11bfa l"f!l"elado
dooortol!.
baj0-9 en aquel lugar.
inse11siblemente la gracia, la comunicativa 11ensibilldnd,
"Goao 1•erdnderamente de lo. ,,rna. Se me óírece tl\!
,,El mae~tro de obrsa reclama mi presencia y me be
cual la de!!e11oba; las mnñanBll ocnp11das en eeiudi0:8, las la belleia dominadora de la mujer.
.re1!uelto il partir mni'iaon para San Juno.
La 11.miHad 11e babia co1werüdo en ternura, la terRum
tardes paBadas entre mi mujttr, q11e ha 1-uelw á ser cari•
•E:i:;cú~aioe con tu et1po~a y eodame el reato ds mi
fiO!!a, y tú ctue h1111 regres.ado al nl,lo; enbroea~ CQnYerm· l1nbfa11e cnmbiado en un eeutimie1Ho mil~ tiro y 11u soliequipnje.
cioo(lj! p,ntre tres personaa por lua nocbllt.' ...... .Jamful ha- citud ¡~r loa int.ereses de. Honorato l.!abí11.4uedado rele, lgnoro aU11 cuantos dle.e durar,i mi all!encin, pero no
gado al tercer término.
bía nmoicionado felicidad mayOJ'.
le inquieta por n1f; soy acitivo y ba.r,i de mxlo di'! esW
Aquella uu·de, durante el p.~~eo en el cas~illo, cu:mrlo
.Y ena. felicidad, amigo mío, á tí i,i 1.n ae:bo, tú eree
me u!lú. lo menea posible.
r¡uién me 111 bn devutlto, ee ob!!equio tuyo. Ha¡¡ puesto Yiolet.a !ti bahía coníeudo que le am:lbft ya ante11 de ca□ aslll. la vi!l.tl. Te abr.iz:i.
orden nntvamente en mi cmm. y restllblecido la buena sarse con sU: hermano, en lugar dl' cierrar la boca de la
Ytni\.L.•
1nreligeneia e11 mi hogar. Has tido mi sa.l;ndor, mi pro- jO"f&lt;'ll, y acab:tr t.erminani.emente con tnn peligrOl!a con·
,•erl!ación,
ee
hnbf~
entreg(lQO
ii
inútilee
latnl:'ntacio11es
Fe
mttlú
á
1::1
camn,
apenrui
duruii6
y
se
levantó
ni ra1·ide.ocia!., ...... .
yar el dJa.
•~o puede!!, puea, ni imngloar cuán lleno de gmtimd que i.micionabnn eu debilidad.
Tan pronto !!orno loecrllld0-9e.stuvieron en pie, se escapó
Juntoa hablan jngado con !a llama f ee halifan que113.cía tl tengo mi oom6n. No lamento m:is que una cosin ruido, entrt&gt;gó al nyuda. de d.m:i.ra el billete destinado
1111., y ea el Ber inc11pa1. de ro011trt1.rte huta qué punto te mado 10! dedoe.
El amor, que nuncu se eroca en \"lino, se les l1abfaapa· á en herumno y se dirigió !igeramonte al Pueute Nuevo'
e11tpy agradecido! ........ .
en donde pamba el ómnibus de San Jnan.
recido, arrojándolos il. !a una en bt!UOB del ot-ru.
..Te qnerla cuando ern desdichado; ahora, la felicidae.
C na bon1 d011puéa, descendía hacía el pequef.iQ puerta
¿Quá haría él ahora?
inJande may.or fuerza, más 1udien1,eca!or á roi ef~to..... .
Su pensrunient.o !e toml) indn!gentements hnc.fn Yin• y 11e encnmionll:t bajo loa olivares eon dirección t1. la
'fe quiero oon lódll. mi alma, hermauol
Cogió la mano de Yidal y luego loeetrcchó contrnsn pe- Jeta qoeá aquel!ns horas., aún profondamenw conruo;í, }~ouán.
Enconlr6 el viejo dominio pat.ernalen, el eetado en qne
da Por aquella bru!lCA exp!oeiór, apaqiouada., maboreabaein
cho co11 la eíueión de un nino.
Cada una de aquelhw conmo,·idns palabra, ee cilavaba dudn la primera etuOrlllg11e1.1 sin t•xperimentar ni et!CrÚ· lo habla dejado 1,&lt;] allo anterior, tomó nuévnmen.te poae•
ei.'111 ele ~u antiguo BpollOUto de paredl!S enCD.ladas y sen•
tomo una ei&gt;pina en el_cora:Wn del hermano mayor.
pul09 ni remordimíimtm!.
LIL jnzgabn infinitame??.te menó!! culpable qne él y cillO!I mnebles rñ~tic-ot&lt;.
Aquella n:pl\llaión de ternura de que el conde !le senCuando corri6 1115 persian;u;, largo tieuipo csrradaa, pa•
C!l.!!.i la alHOl\•Lo,.
ü, tan poco digno, le cau,,;ab1 nn m11.le111ar indecible.
radar 11n poc:o de aire y eol á la pieza hllrnedn, \"ió bajo
Eo efecto ;cuánta!! excmnui no podia inn~ar ella!
.!.I oír á Honore.to regocij11rse de U11a dicha cuya. iluso•
ria eolid~1 conocía Yida1 mejor qne 111tdie, vol da á nn
Prim~ro, !u torpeta11 de Honorn·o, su ma.Lrimonio iin de él la vieja Mrin cu11.drada de agua ,erdoéa, la calle
lado la cabeza y no respondía eino oon turbad,ie -pro· amor, BU ju,·entud1!olit11,ria y aobre Loo.o aquel ,·irginRI cubiertn de yerba en donde loe limoneros alt.uoabancon
test.a:;,.
aleé\.o que Vida! no lmbta adh•inado, nquellt1. u,rnura an• ]119 roerui .Su/r&lt;JM.
Profunda piedad y d~~radora nngwitia lo oprimían.
tttrior á la época de w matrimonio, secretamente guar•
Lo~ gallos cantaba.u en el fondo de 10! gallineros; lot
~o balJabn el momeruo de poner término á aqu_ella tor• dada en el foudo fü1 eu corazón y que IE'gltimaba á 101 dora~nos en plena fbraci6n alegraban con 11u pohoreo
1nm, ~P ~oh~tra~"'"' Á aq,wlla. gratitud de!!bordnnte que oj".»l de la j&gt;JvNt l1t p11sVm á qnencah11ba de nb~nd,i1•:n•sfll r.JS8.. In verdura oscnrecida de lOII prados
·e 1:eu~la,lt:n•1¡J1,,.z:J.
Ei coud .... H: Ft'l,!fa r•••nf'tl'll&lt;lo clt ¡iit&gt;&lt;lud í&gt;"r Flor dl'
El n u,gimi.-nr.o ~- 1:1 ~n"nid11d C:e 1¡ut-1 rincón ilt'-Cftm-

....

"''°·

EL MUNDO.

31 SEPTIBill!RE, 1896.
Po contrastaban casi cruelmeute con el dt'l!orden de ideas
de \.idnl y lt\ agitaClión que en ru pec.ho albergaba.
Más lejo~, por sobre los oli vag b.líladQI! de pacífica luz,
Ja,g almenas de In ri!W. de 10!:I .Le.ntiW1$ ee dibujaban l:O·
brn el mar uzul.
Blaspect.o de IQ. antigua morad.a de Flo:r de :Siza, vol•
,·ió eu pensamienOO h11eía los hahitnutee de la ea.lle Ca•

rabacel.
HS3ta. eaE' mom('rtt-0, fa precipita~io'.ln de la marcha, la
violencia qM se lw.bfo hecho para huir taÚ r,'lpída.mente,
le h11bían impedido i11quieta~~e del efo.cw producid.o eo·
bre Ylo!et.n por l!\1 brosc., det..ern1illflción.
PeN en aq_ue.lla soledad ll.i1l•11cioea, entre aq11ellns :fr•
bole;i y n1uellos sendel'QB q_ue le l111bh1ban de ln joven,
80 operaba una evolución eu él.
Experimentaba, 110 el dolor de ll.u sacrificio, ll.L-o un
aentimiento de ~ierna solicitud por nqul.'11:t d. quien flCA·
babn de sacrittcar.
En eaoa momentoa, eetarin dC$pierUl Bin duda; procederJ'n trnm:¡_uilaroent.e II EU loil,lt,, hu,go dei:eenderfa con
In cer~idun1bre de encontrará Yidid 4 la me.&gt;a p11r11 el
deaayuuo.
L¡¡, víepern, ni dejarle, Je habfa murmurado, con km
imperturbable conf!amm:
¡Hü¡,a mañana!
Cuando le comunicJ1r11 Houorato !n. i.JJe!l:peradn nue,•11
¿cn,í!ea serÍl.ln eue re.fie:ii:io11b?
¿C,jUJ.o interpreUtrin din nquel ml.&gt;!terioso r11·-0eedimient-0 de batil'!le en retirada'I
i,\·erta e.n ello e.im¡.&gt;lll.men'W un 11,cto lll' ni.lar 6 el deseo
ele. ..-sea par por medio de is fog11 {[ m111 caidu inevit.Bble?....
En edte caso, era de ternen,t- que t'&gt;'t.i idea, lej05 de
calmcu- á \'io eu1 1 la irrirnnt profubclii111e11te y la hiciera
tonsiJertl.L' la ri,&gt;peutina ml\rchn r1;1mo evidente demoetra•
ci(m del amor q11e habia ine-pirndu.
Y eot0Me11, \·1tl'ltn más nud8z por !!~a tácita coníi!ei6n
dedebilh:llld, serla capu, de coucisrtocou el en e:11:tremo
conlll\du Honor11t.o, ele nmir á sacar dt la .Foúan á ¡;u Cll·
nado .
Saint-Pone se es~remcei(, al pens-ami~nto dt&gt;. Y!.'rla Rpa,
recer lllltes del auochecer bujo los oliYos de J::11u Juan.
Lo..go refle,:ion6 tm que em o,a:ullu1&lt;a.
!,;]poniendo que 3dh·ínR.ae 111 verd:,dern cao~a de su ÍU·
ga, E"I seutimi~nto de la Jignid:,d y to! amor propio la re•
tendrían en 'Ni%n.
Preferirfa eufrír 4 e:xponene á una nue\·I\ muestra de
desd(ln.
~e la tlguró de pront-o doJoro~ameute humillada, de.
ee~per11da qnizli.!!. y s:e le conmo\·ió ('l cor117(m.
Heprocb6s-eel haOOr eido demasiado dnro, dema~iado
ymmt.o en alarmanie¡ poco faltó para que no ~e mirase
ridfculameot-e presuntuoso por ht10er tomrulo um d. Jo trñ•
giconn:'I mani!.;stación de tllrnnr:t, un poco viva 11in duda
,. f•ttl'll de las conveni~ncin", pero que no implicaba ne·
ceaar!ainente intenciouee eul pablee .
&amp;! acnf!'.6 de dar neciamem.e u.n:i gr&amp;Y'ld.'ld peligf'O!a á
uu mero atnrdimient-o.
Cnrioso seria si 111,1 intempC'!'tiva precipitación irrit.nba
&gt;'i Yiotet;tt., exM:peril.ndola f. impn!~;tndo!a á entn.-garse nue,·anwnte d las di11ipacionea del inderno y ae vengab:i. en
111&lt;11M~otl~I ab1t1d1n1 en que Yida\ 1ad,,jaba.
~.\qnelJOJ! pen~amleuw comradJct.orioe se eutreme~cla•
han chocándOf!e nn&lt;J!!•eontra otros en el cerebro del con•
de, durante el frugal slmueno q11e !e preparó la nrnjer
del campe,iino ene.lrgado dt'I c11ltivo del dominio.
Cuando hobo terminado de nlmonar, fné á rumiar eus
pe.rpltgidadee luera y á p,l!lear por el calllpo, ú. ln an:11t.ul'I\ .
El ailencio profondo del cámpo (era el de Yi('rnes
8.:i1uo:) lit dulzurfl dtil cielo Rembrado de nubes blaueas- y
algrl(lonadili!, la culcnn dd m,ir ter30 y !ecboso, el paii,aíe
1·irgi1ia110 en medio del c1m! pa~aba, adormeciaro11 e.us
agitaciones é i11clin:i.mu BU t:l!l"piritu hncla un blBudo en•
l:iUl'IIO.
n.~rrió el muro de loe Lentiseoa y cnntempló á tra•
véii del tM'erjafü,1 el jardín desnt-t&gt;ndido en donde 1119 TOeas ,Je .\bril rlor~e/au en CO!llpleto abandono;
F.,1 aquellos oaminos recorridos t!\nl~ ,·ece&amp; en com•
paiiía de Ilonorato y de Violeta, en tiempo de loe es-pon•
eald, la sombro enca.nu.dom de Flor de ~iza vagaba ó. eu
ludo.
Pero uo era ya la jo1·en, reservada aún y enigmática,
1:\ q,1e se evocaba en su recue.rdo: era la mujer tmnl!for.
mada por el mat,rimonio, la dulce y sednctora criatura
&lt;! H• 11:ibfal tenhlu In l'i~¡,1.•1'8 \'11 sns br,,t••s.

Tolvfala á ver ya revestida. con su traje l,eaMal de la
,,ciada en casa de Ma.r1werno: los br-.izoa deg:nu_doe, !nmi•
nasos los ojos, el blanco pl\Cho eng11irnaldado de clavel&amp;&gt;; ya !!el! aparee/a con su traje prima verJ.! del Jue\•ee
Sant.o, encerrado el bust.o en pálido c,irpiíl.¡¡ de r,1yll.!I CO·
lor malva, cuya tela 2edoeil exhalaba un pe[lt"Lr,1nte per•
fome de ,·erbena.
Bajo cunlquier:i forma que 11e le moitr:1.ee, le p:i.reo:fa
mcts wm..adora qu¡,, nanea.
Voh·iase para mir'.lf la vüla de los L~oti,iCOS de pel'!lia•
na.s corridas.
Aquella cua cierrarh ero c:omo el 11ímbolo de eu propio
destino cierrado al amor y en dóude no entraría ya la
únic~ pen!.ona qne hubiera podido esparcir en su torno
la alegría _Y el encanto.
C.OIDO melnncólico rebafio, lo!! dolores Be apretaban en
~u rededor: dolorl.!ll de la OC!ll!ión lallida, de. ternurlUI no
adiviURdas ,i tiempo, de la hora parn siempre Pa!lada eu
qul' \·iolt,ta hubiern podido p~nen~erle it'gitimnmenk:.
Doloree tambián de una resolución demasi,1dt1 heroiet\•
mente tomada y q_ne nada remediarla. d13 aquella siLna·
ciún excepcional.
Pi&gt;neando en r¡ne la Srn. de Sa.in~Pons podría en 1111
arreb11,1.0 d~ deepecho nrrr&gt;jarse Oll'a vez en mediQ dit
la sc,ciedad de donde él la hab!n sacado, y que por
vengania ú hastío c1arf11 al príncipe K!!.menski ó áctml•
quiera.otroaqnel e.mor que él h,tbia reh11l!.lldo, \'hl.ll ss
sentf:t im·adido de negra tri~teza y sordos celo¡¡.
Fn cambio @llbito se operab11 en til.
Deseaba yanhora. que sus suposiciones de la maílana
2e reali1.aaen r qne \"i(¡Jein se decidieaeá venir á sorpren•
derle para lh:sílr~elo de nuevo 4 Nll'-a aq11ella mi,imn
noche.
Impnl~n.do por 11nn e¡,-pemnn quimérica, ro1vió preci•
pitn&amp;!mente hncia San J1.1nn, Manió hnst.:.i. las primeraa
e."U!na de la aldea y He prl'glm~aba ti cadn vuelt.a del camino 11.i no surgiría de pront.o uu carruaje colli.luoieudo á au
hermano y li. sn culla.d.11. R la Fou(rn ........ .
De
en c11nu1lo1 entr~ ,ma nuOO de poh•o, aparecía
un landii en el camino ll~no de sol y ento11ce11 el corazón
de Vid:.i.! latit1 precipitadamente.
Pt1snbn el carruaje, lle,·irndo lrncia SJn Juan á n!g:ún
grupo de extranjeros que iban ÍlCQ1Mr al hot,el Victnria
ó{&lt;. ."1,lini.-Hospicio, y !.!I conde ex{)ll.rhnentaba un brtüCO
deecont.ent.o.
Avtirgorumdo de su debilidad y para evitarle todo pre•
texto¡¡ @u rid!cnla eit:peeta1iva, 14m6 el eendero de Jns
saminant-ee á pie que sigue á lo lurgo del mar, en di·
reeciún ú Beanlitu.
A 11{ .no podía 1·er ya et camino de Si.za, ni [orjarse C!!·
t,lrilee ilu~ionEI!.
Cnmi116 co'l m~~ ea!m11, tratnndo de no pt,11sar m:lB,
hipnotüándole ni ruido de In@ ollle que c.hoenb,i.u c,:.mtra
l:la rocfle.
Como pasáse 1,ajo !ns t,err117,as de la ,·ill« Olimpia, oyó
que ee abr'la un:1 pul.'.rt:~ y vulviéndn!e, eeenciontr6 !rente á frenM con In seliora ~Wruverno, que b.1j11b.l loe e11•
calones con prteipitllCióo.
Al punto notó Vid~l la nlteraoión del semblante ordi•
nariamente enmble ~· riweño de la buena sefiom.
Su tiut-e b~bfa ¡mlidecido, susojOll t ,rtaban húmedos y
le iemb!nbun IOll labioe.
-Ah! ea n~ted, 8,,.i11t·Po11~, murmuró con \"ot entrecortada. ¿Tambil•n UMed ,,¡1, allá? ¡Q.a(i le parece 1\ usi.ed&lt;1ué
de~gracia!
El conde la rnirV con aire de sorpresa y nltty inquieto.
-Pt!rdón, &amp;!iiorn, rep11110. U..:t,ed pan:ce muy conmo'"id.s .••••• ¿QnJ es lo gue pn¡;a?
-Córuo ¿no lo sab~ usted? ...... El pobre La l~renilirs ba
mue.rt.n.
-¡Ricardo! excl11.mó Yiaal, pa\efüciendo á su vei:.
-Sf, mueri.o i!Úbilamt&gt;nte, haee una hora,. .... Acahan
:le durme la eapautosa noticia ...... Precigiment.e Ba.utittia había s;1lido cou el coche ...... Me he pue.it.o el pdmer
sombrero que tuve á D'lano y corro á la lh.seraie, al 1.,,do
de esas deedichadas mujtJrea que pierden la cabeza.
-La acompano á lll!tt&gt;d, dijo Vida! conster11adC1.
Le ofrl.!Ci6 el bm,.,o y !le alejaron r.ipidainent.e hacia
B!\ltlieu. Yaeii C3.1.I1in.:,., la sei'lora Maru1•eroo refirió lo
que ~nbfa.
-Rioordo La Frenii:re estaba en la lfoseraie de3de ha•
c{a algunos dfas. Ayer llciv6 á N!lncy y á Marra Tetesa
al teatro de Mone&amp;Carlo y cenaron al~remente. Se di_e..
1) 1 In II pntl hy pt1a ra,:'.1&gt;, dnp1l@dtl 11hn:frn· ••...•

,·et

39
En el momento en que alzaba la maleta para dársela •·
criad,,, se dzj6 eaer, quej.1.nd!)8a de un do!or agudo y cin.co milmtoti W'l!pués todo hnbiancabado...... ¿No ee horrible?
-¿CA ruptura de unn nmmri~ma? •.....•..
-Ea la opinión del inHieoque llegó de!!pué~ de OOtt·
rrida la mnllrt.e .....• L1 .FrenWre 1mfrfa fr&lt;:leuentemeni..t
deaórdene&amp; en la r&lt;!gi&lt;ln del coraz.-'.m, y :'ldem!~. aunque
eso -no lo dt&gt;j"'3e 1·er, tenía difi~uJt111les de dinero, sus neg1cios eoLab.un embro1\ado;¡; IM inc('.ietudes morn\e9 han
inlluído 11in duda en el pro_gre;¡o de ln enfermedad.
-¡Pob!'l' D.ck! 1111~pfró Saint.-P,me.
-Oh ell rep!ic6 la seliora de ~foruverno! Pero no es 'él ,i q,1ien cu1up'\dezci1 ml;i, ..•.. Prev,:io una 11nc~si6n muy
di6Jtü,osa .....• H.1y grJ.nlc'! d~n Ll~, y probiib!eineu~ habrá ne::l:!gid id de vender ](I R ,ser.,io pal'l\ p·1g:1.r intt&gt;rases
á lo'l m•1chos acreedores ....... ¿(¡ 1é ser..\, s11 medio de
tan~o! embrollos. de tre! d~dieh11:.I.M muji&gt;l'e. q1Je e;i~n
muy ajenas de esperar s,s,uiejame Üi;!.!ta&amp;\.re?
~F.,liz.meot.e, tienen alg111os buenos nmig,13 en. torno
,nyo.
-Ay! dijQ la b·Jena m11jt&gt;r mo-oi~ndo la C!l.beia. u~ted
a.'lba, como yo, lo qlte J!&gt;;igan II ser loe buf'no, ao1ig09
cnando la d,Hgrs:ia eotr,1, en nna e 1,a ...... E11 e,te país,
snbre to:lo, In, amistadef! eon mriy auperftcfale~! tfo ~
p'.lrlen condolencia, n.ds 6 ut~noa sinee.r,1&gt;. l11~g•1 sesien•
te pronto la foUga de IM l:ígrim 11', y cada qaieu vuel'78
pronto lÍ eu, negocios y ,l. Bllll p!oct&gt;res...•.. E I lo qus lttl8
concierne, '.\hruverno y ro, hnrernos lo ¡1,,~ible por suayizar lfl tran!licióo, pero no por eso ser,\ ui ;ooll inevitable In ruiua...... ...
·
A la idea Wl nq11el lag 1-re!I m11jt1re,, ayer :1.(1n rodetul:w
de todas las aparienciál! de nnn \·ida. ,1~ hijo r red.u•
eidll! dentro de poco 11. C:\recer dtt fo nece.~ari•l, q,u"1.l.:~ron.
tri!~wenoo tacitar.003 y a~.:ibuon el traye~m ~ilenoiosamente.
En Jo1jnr.lin!!!de la Rl~er,,ie. nadie h&lt;1hi~ra p:l.iiJo
adi1·in11r la de~gracie qne scabnb.1 de dt•~ca.rgMse 110bre
los. rnoradnree de aquella cn~a.
Los ro~a\es, baJ\adol ele &amp;01, 0st.ent.ab:io glorioimnumte
b, ¡:rof11slM1 de SUB flor~/1.
Bajo el corredor, halJ(a dh·ereo1 objetos el!parcidos s(),,,
bre la mes:i y las sillAA: l!bflll! entrenbiert-0!!, cna&lt;l1:1ruoe
d~ música, mq_uetas ¡nra j11eg-:is dt, pelota, hab!ab:i.n de
una mRfi:rna. ¡,:igadJi .iu ru1d11S&lt;)I eniretenimleoto.s y dulceq jnegoa.
}'"'ro luego que ae p.!!nP~ralm en el interi,:,r o.le. la eiisa, se
&amp;t:'nlfo yR pL'E!ar unaMmó,for'a de dnelo.
Un lúnebre olor H:11ico irnpr~~nab:i el aire.
r..os criados ntaread.J11 iban y venian, ensordeciendo
su~ J')ll!(IS y exogerando au11 earai&gt; const.-ruad:LB".
,.ida\, de~pt1éa de ltaceue !\1111nciar, elgui,i ,i !a ~eilora
1,lam~erno ,t la piez:i ,•11 dom.le la ~eüora de L:t l~l'l;lui~re
e1-taba en compaliia de Xancy.
Ifab!an en1•in.do á toda pri~a ,!. 1whmr ,\ la blronasa de
S¡¡lt&gt;ll.'r; pero como est,a,ba en u oa exéursil)n Uü rcCl'OO, no
se la eneontró tin la ca~I\.
&amp;&gt;ntadn en una sil!!\, con lo'l brazo3 enti:i.do,i, Nancy
nbrfa cuan grandts ertlu ~11s ojlffl de nifia, eu loll que se
leía niae es~upor qne dl'Sohteión.
La ,inda, postrada eu una rh•ü~~•lo11g•.1r. sucudíll la ca.beza entre ene manos y puecíll enlocl'11,cida.
Se lel·ant6 un poco pam recibirá la eeilor'.l Maruverno..
y de~puós, ni verá \"iJal qn.; había aidu el m1,jor amigo,
del difunto, Jau1-ó u c1 ¡;rir.o quejoso y vol 1'16 a caer presa
de una crfsie nMviou.
Sll.int• Pone se retiró di,crel:1.mente, dej,\nd1J á fa desolada mujer ni cuidado de lns seíloral! qna J,i. rode.alnn BOUcitamenle y pa.eó á la cáman~ mortuoria.
A pemr de 111,l!•persil\lla!I, un r11yo de ~ul se ñltmba en
la ¡lí;,&gt;za y ei1p:1rcla mu\ luz diinaa.
Ricia.rdo La. l~reni~re yacía cobre e! k-cho cou un c111cillj&lt;'.I e1,lre las mao~.
Su pálid'o y eimp,hico ro~trn con loa -piirp::iilos eermdo!, t&lt;.'nía la sereuid..11 que itnpriiue la um~nc en 111.11 fac•
cio1we de lo'J qne ha tl)Z.1do, cowo sí uibolo Jt.!.I i;uprtmo
reposo dt: que \·an ,l: go:tn.
Medio aCfllllt:tda á. tra,·t'i del lecho, !\luía Tc.reea, eaeo,.
dj¡]¡l,. JJl')r fuertes Mllt,Ml15, poSILbJ ln bxa ctl IIIS n\l\11011 de
ll!U padre, y parecía adherirGS á él éOmJ vur.1 reten.:de toda\·fn en eete. mundo.
El ruido de loa p!l.303 d~ Vilal In hiM t:aLrernccer y ~
vnh'if1 [Prn,;mente, cnmo irritada d ! que l:1 di,trcje.;¡euds
1111 fi tinl •lfffaper ci.'n.

�EL MUNDO.

....~---,.... -

Bia emllup; lorma\a . . . .pa.$.a.l lliliiim1o. .....
to,, ;w ..... .--. . . ,,...,,. ...,., ,.,_.

........ kiil
►.

~-.....-..-....lillllll;

1Jliliít..~ t
lliila~~
;jiiaiallefara ladlft\ren•
ea p,9famla; y én ella•
piM.

~

•

Nllilbr, podo_., pensaba-en ~1a.

p

eom-

Jáili&amp;,Jl'.ljta~--

lol......,

1o. . . . . . . . ~a._.., ofreóía, lamldM1a lle

~.,,..,.ere••

;. . . . . .

"',,..
•t•la11111Q111dll~~

~ 11a ~

mgillalpclr - ~

de

�EL MUNDO.

42
A pesar del ~I que ncariciabn eu cráneo cah·o, perruanec!a con la cabeza deseubierta; elll! pirpadoa pleg:idos
,·el11ban sue ojos uaturalmente apagados; stlll lnrglll! patillns .rubia:; dallan cierto nire deplorable &amp; su rostro flemático.
Al encaminar~o con paso ceremonioso á la cabeza del
cortejo, el barón meilitaba en lae molestias de aqnella
muerte ines-p&lt;:r:ida y en lll!l eventualidades, amenazado·
ras para sn bolsillo, que~" pre~entarían Bin duda, d. can•
~a de Is de&amp;1pariclón del jefe de la familia La Freni~re.
En el ca;o mny probable en que la suceeión fuese ruinosa, él no podrla, •in herir las conYeniencias, n: perjudicar su propia n:•spetabilidad, dejar en la mi ería d. su
suegra y 11. 505 en fiadas.
Esta obli¡,,acilin de atend~r 6. mujeres habituad:ls al lujo y al bienestnr, contribuía sensiblemente á alargar sus
facciones y á darles nn sello de gra,·edad apenada que
los asistent.es interpretaban como la expréaión de un do•
lor reconcentrado.
Marn,·erno iba penRnndo en l:i.s próximas cleccionlll! al
Senado y en l:i reFonRncia del di•cuTeo que pronunciorfa
dentro de nn momento onte .,.J féretro del diiunto.
Sólo Yidal pen~aba en su amigo muerto y acnlfa en el
fondo de ~u cora,,6n unn tristeza verdade-.-a.
Ln pec¡U!'fia iglesia de Beanlieu er:1 demasiado estrecha
para recibir aquella multit11d de concurrentes.
Mnchos sil q11edaron fuera y de ello se nprovechoron.
los nuoe para e.•qnimraP, los otros para ir á eepernr el
fin de la ceremonia, bajo el emparrado de In Re~er..-a, cuya verja se abría precisamente enfrente.
'.\Jíentras el órgano acmnpai1aba con ene modulaciones
sollozante11 el tra.•porte del ata1íd, Vida! ocupaba uno de
los asientos rc,,ervadOB á la familia.
En el momento en que se pamba para inclinarse ante
el catafalco, eHrel1ndo &lt;le cirios, de donde ee exbaloba
un perfurnr. de floree moribundas mezclado al olor do la
cera fundida, advirtió, no sin eetremecerse de inquietud,
d. su hermano y rt su amada en el fondo de la nave.
·
Habían llegado retardados y se abrían pBl!o difícilmente á tr:n-cs de la concurrencia.
Snin~Pons habla supuesto q11e Yiolet:i. no podrfa dejar de pree,mtan,e en el en~ierro de Ricardo La Freniere,
pero se había figurado qne gracias á la multitud hallaría
medio de evit.ar coalqnier encuentro.
Ahora, la posibilidad de elndíree le parecía menos evi·
dente.
Honorato y 511 mujer hablan logrado avanzar hBJ:ta el
crncero, en donde •e- mantenían en pie, no lejos de
''ídal.
Los ojos •lel conde eran invenciblemente al.raídos hacia
el pilar junto al que e.etahn Flor dll Niza.
En cnanto ,1, ella, hojeaba distraídamente su devociúnario y á tra,·és de las llamas humeantes de IOB cirios,
Vidnl1listingnfa aquel eednctor semblante, cuya blancura resaltaba más por lo npgro de eu traje de duelo.
Hubo un momento en que sns mirada!¡ ee encontraron
y la lenta caricia de los ojOI! grisee de la joven pareci,, significar d. Saintc-Pons que no habfnacudido d. Beaulieu máa
que para verle.
De nuevo ee ~nUó oprimido de BI1guetia á In idea de
que era ya inevitable una entreYieul.
l'ío se !!ngallaba Vida!: Violeta contaba con que el ser•
vicio ftí nebre del pobre Ricardo le proporcionaría ocasión de ..oJver á encontrar nl [ngili..-o y de pedirle razón
de su brusca partida.
Aqnelln fuga la había ca\tllado contrariedad, pero ni la
habfo 80rprendido ni irritado.
Co11ocln lo bastant;e á Vidal para que no la admiraran
loe cornbates que tlllCudirfan sn alma.
Sabfa que era detnlll!iado escrupuloso y ilemaaindo leal,
pam q•1e no pre\'.iem la energía con que resistiría rt la
atracción que ella ejerciera eobre él.
Por el conLrario, le eeLimaba m'8 por la rectitud y delícade1.a que mostral&gt;a alej!Úldose de ella y por eeto le
amaba con m,18 paeión.
En aquellareeoloci6nsúbit.amentetomada, veín la prueba de la i11f111Pncia que ejercía enél.
i huía de ella, era porque la amaba y temfa que sucumbiera á la tentación.
A tal idea exp&lt;!rimentaba l:i. joven llllA alegría que lo
ilumi1111ba todo á l!D Alrededor y la impedía considerar
las cosa~ desde P.U verdadero pllllto de 'listli.
Por lo demá!i, penetrada ya de la moral más que in-

duJgente del medio tan libre en que había vivido todo el
invierno, y no sintiendo por Honorat.o má.q que una. ironica conmiseración, no la deienían ni los mismos escrúpulos ni los mismos remordimientos que á ,ida!,
A sus ojlli!, el tr&amp;11POrte que la habís arrojado en bra,.os
de sn cm1ado, y había unido sus labios, oo era más qne la
mrni!.,etación de 1m afecto muy ti&lt;,rno, sin cnlpaoles in•
tencione:.
Yivfa en la atmó~fera deliciofia del amor que comienza.
H,íllabase en &lt;'S:l primem hora en que t-0do es límpido
y yirginal como el alboréar de la mal\ana, en que las
emocionee de In carne eon inconcíeotes y como ilumin:ida- por las puras emociones dtJI nlma.
Xo ~e preocupaba po•qne nq•1cl estado durara siemprP.,
ni pcnl!'lhll en qne IIP@Pos ;-,¡Is impetuo~oe pudieron turbar aqu&gt;!lla ijeal corriente de ternnra.
Amaba, era feliz amando y nada le importaba lo
demás.
En aq11el momento, miPntms las plegnriae e11bfan con
el incienso, en torno del féretro, el gota de vi,·ir cantaba
en ella y an~ ojos b11.5C11b:m 101; do \'ida! para endarle nlgo :i~í o:imo un eco de nqnel c.íntico interior .......•.
El ~acerdote hnbfa saimodindo el tlltiwo R,,¡,1ir11C&lt;t1 in

pace.
La multitud relluyú hacia el pórtico f el c.&gt;rtejo, volviéndose á formar con menos orden, subió el camino del
cementerio enf.re declives en donde florecían grandes geraneos rojos,
Las ruedae del carro chirriaban sobre la calzada reciont.ement,e empPdrada.
8scudido por loe mo..-imientos, el atahnd oscilaba con
en Cl\rga de flores.
A.vanzáblll!e lentamente sobre la vertiente bañada de
sol, y los hombres se enjuban la frente húmeda.
Por último, llega1on.
El carruaje de duelo de las La Freuitre habílL tomado
la delanteni.
Cuando el cort11jo Jli,gó al lugar en donde ee abría la
fo~a, el grupo de las tTes hermanll!l ~e deet.acaba negramente sobre lns tumbas de m,l,rmol blanco.
Maria Tere,,a, :1 la vista del ataúd que depositaban á lo
lar¡¡o de lo abierta eepnltnra, se sintió mal y tuvieron que
retirarla.
Entre tanto, Marnverno con la cabeza descubierta, agi ·
tando unas hojna de papel con la mane sin guante, co•
menzaba con ,·oz eonora el discurso que había prep;uado laborio~amente y que eeperaba ,·erlo reproducido en
los 1)0riódicos del dfa Riguiente.
El ll11jo de su elocuencia parecfa inagotable á los oyentes á quienes ei sol leB qnemaba la e,pulda r ln nnca.
Acogieron con un murmullo de aprobación y de bienestar In patética peroración del fin~! y en segnida loa gr11pos se dümminaron.
Mochos asistentes, yol\"iendo de p•isa á su carruaje
{ueron d. acabar el día á Monte Cario y con las nubes de
polvo levantadas -por los caballos, voló de sus ligeros ce•
rebros el recuerdo del muerto.
Yidal quedó pronto solo con il1 familia, cerca de la fo.
ea en donde loe paletadas de tierra roja cubrieron presta·
mente el ata1íd.
Todo estaba conolnido.
Snludó al bar{,n Spieler, estrechó la mano de Era y de
~ancy y se dispuso á a.Jejaree.
Al franquear la reja, 1)0rcibiú d. Honorato y á Yioleta
1ue le eepiaban, on pie cerca de su land6.
Habla contado algún tanto, con que IOI! dQ8 esposoP no
viéndole ,·olwr, hubieran ya tomado el camino de Xiza.
Ahora no podía ya evitarlo.
Se adelant.6 con pMo firme y pre.sentó yaliente.mente
la paz al enemigo.
-Y bien deeertor, comenzó Honorato estrechándol~ la
mano, ¿es así como nos abandonas?
Violeta ee había acercado á su yez y tclldía la mano rt
su cni'lado.
-¡Córuol dijo Vidal eefordndo~e por tomar en tono
deseniac1ado, ¿aún no se habían marchado ustedes? ........ .
F.11 mucha amabilidad haberme esperado al eol.
-Teníamos erupeflo, reapondió Flor de Niza con acento irónico, en recibir noticias de usted ...... Como la mC'ntalia no venía á nosotros, hemo, ido hacia la mont.al!a.
--'-En Jin, ogregú Honornto ¿están termin~dos eiioe fam08os 'traoojos? ...... ¿Vol ,·ede pronto?
--·o sé, replicó el con evaah·::. Los carpinteros la

20

8:EPTIEJlBRE,

1896.

han emprendido con el techo y se cntregadnn ,1 la holganza si no esto viese ali(.
-Pero, objetó Yioleta. con aire de inc1edu!id.ad,supongo que los carpinteros no trabajarán por las noches?..... ~
~o podrfa rutoo venirse á cenar y oi dormirá ~iza?
-:~fo, declaró él con firmeza, no insistan ustedes ........ .
Ell~ le miró nn poco turbada por la energía d,• aqcella re,,puel!ta negati\·11, y luego agregó B11rcásticame11te:
-'En ese caso, nosotros vendremoi 1\ ,·erlo.
-Sí, añodió Ilonorato, te re.ien-am,:,e nnn rnrpresa..,.
-¡Qué ocurrencia! protest-0 Yidal inquieto, bien sabes
que la Fonán no es habitable para 1111 matrimonio jonn.
Pienso que no tendran ustedes la intención de instalarse·
allí?
-En la F&lt;.11:fo, no! repuso Violeta lanzándole una
ojeada maliciosa; pero sí muy cerc.i, en los l,entiscos ..... ,
Como nos ha abandonado usted tan pfonmmente, no 81!·
t:1 nsted al corriente de nada ...... Sepa usted, pues, que
mi madre está de ,•uelta y que h"mos hecho las pacee.
Ln liemos proltletido pnsnr unos días en loA T,entiscos,
en donde ha vuel~ ella á poner su!:' cuartele,¡ de prima-

,·era.
El rostro de Yidal se había obscnrecidl),
-Diríase que esto lo contrnrin! prosiguió ella con u11
tono en qne se tran~lncía al pnr que un reproche, una
vaga amenaza .....• Xo per~i6ta asted, pnes, t-n su mal
!.tumor úcTeeremoaquP nos ocnlfa .Jgún terrible secreto ...... Ea todo caso, ~eremo~ Sllg v,•cinos de nqnf á poco
y nuestra primero visita •erá para uneJ ...... ¡Ilastamuy
pronto!
Y s11bi6 al carruaje sin voh·er;;e á mirarlP.
Honorato abmi6 rt su hermano, repitiendo dócilmente:
-8í, basta muy pronto!
Se sentó, en seguida, al lado de su mujer y partió el
land6.
Ya había de!&lt;apnrecido tn1~ la cun-a de la rampa.
Se ofa el trotar de los caballos resonando mát&gt; y m:ls,
sordnn1ente en L'l carretera, y Yidal permanecía inmó,11
cerca de 10!! geranios bailadoA de sol.
Se entristecfa y se irritaba de la ineficacia de sns ealuerzoo para alzar una barrera entre él y la seíiom d&amp;Saint-Pons.
Contra lo qne él esperaba, Violeta no parecfll hnber-·
c01nprendido los seri09 motivo~ de su conducta, 6 si los
había adivinado, no los tomaba ~n consideración.
~o quería ella ver el peligro, no apreciaba los senti •
mientas de 1..altnd y de honor q11e insl,igaban .1 su cuila•
do ti de¡¡empefiar el tonto papel de .T º"~·
¿Qué 8Ucedería si se instalaba ella en los LentÍE.cO!' y
si Honorato, que no eabfa ,,er nada ni sospechar unda,
se obstinaba en en ceguedad?•.....
La sitnación se tornaba á cada instante más peligrol!ll.
Yidal, al pie del moro, se preguntaba con angustia
qt1é partido tomaría entre aquelle. mujer apasio ada, capaz de entn,garse á las mayores imprudencil\8 y aquel
marido sumergido en una engaíladora SE'guridad?, .....
¿Abrirle loe ojos á Ilonorato?.. ,...
Eso no era ni generoso ni pmdente, y adeuuls, el remedio serfa peor que la enfermedad.
¿Esperar la ocru,ión de una entrevÍllta con la set1ora de
"8int-Pons y tratar de hacerla entrar en raT-ón?..... .
El éiüto parecía muy dudoso.
Además de que en semejantes circunstaneiae, el papel'
de razonador es soberanamente rid!colo, no se ftabn mucho Vida! de SllS propias ÍUt!rzaE.
Era hombre, y cerca de aquella criatura tan Eeductora,,
hacia In cual ee sentfa secretnmenLe arrastrado, terufa
carecer de la fortaleza y sangre fría necei:arias.
Bastaría un accidente, un moviruient.o d11 senaibilido.d
para que su debilidad quedaao de.cubierta, y en t.UI c~so
la calda serla tanto más pronta cuanto mt1s émptfto,a.
hubiera sido al principiQ la resistencia,
El único remedio verdaderamente 60bemno era b
fuga.
Era preciso partir silenciosamente, interponer cente·
nare~ de leguM entre él y l6 mujer de su hermano,
"Pero tampocoest.o le era posible hacer.
Ln muerte de Ricardo La Freniere hacía momentanea
mente impracticable aqu1:l l!Rl1"a.dor l)l0yeclo.
En el t.o!stamento, redactado un nno anti!!!, instituía el
difunto al ~de Saint,.Pom; ejecat&lt;ir de ~us úMma~ ,·oluntadee, suplicándole que ayudase con eu nmistad á 11u
,·iudll y su,, hljo@,

20

SEPTIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

43

'\'ida! no podía., sin ser tachado de egoísmo y de infil. simo hacer más, pero desgraciadamente no eoy liltre pa1In fulgor muy tierno, pero más serio, balil1b1 sus granferencin, traicionar la confianza de un amigo y eyadirse ra obraré. mi arbitrio. Creo, sin embargo, , poder afirmar des ojos garzos.
Había desaparecido la. ndolescente para ceder el pueeto
de nn deber tanto más imperi_oeo, cuanto que el porvenir que el barón no ;-aeilarli e;:i ofrecerá mi madre nna habide la sef\orn La Freniere, y de Maria Teresa eohre todo,
á una esbeltn joven, perfectamente formada y encantatación en nuestra l'illa de l\1ontbor6n ....... ..
dora con la severa sencillez de su traje de duelo.
parecía gravemente compromPtido.
La señora La Freniere volvió hacia su hija mayor su
M1entr111 repoanba todas estas díficnltadee en sn cere- Tostro enel que aún se Yefan los párpados hinchados de
Se enjugó los ojos llenos de lágrimas y alzando hacia
bro adolorido, ee encaminaba el conde d. pie al pueblo de lágrimas, y respondió con voz débil:
el conde una mirada confiada, murmuró:
-Ohl señor Vida], desearfn convel"l'ar nn lllC'mento
San Juan.
-Te doy las gTaciae. qaerida, pero he tomado ya otras
Seguía lenta y tristemente el sendero de los aduaneros,
con o!lted ...... ¿quiere usted que demos unn vuelta por el
disposiciones. Al ,eigniente día de nuestra desgracia, Mr
á orillM del mar que murmuraba con suave mnnsedum· legra.fié á mi hermana, que habita en Nueva York, y su jardín?
bre.
Se inclinó él en seftal de aquiescencia y le ofreció el
r~pnesta no ee ha hecho e5¡&gt;erar. Por telegrama me inYidal dirigía ans miradas distraídamente hacia fa azubrazo.
vita ,1, que vaya á instalarme á su CMa con mie hijas y
lad11 superficie del medit.errtlneo, bncin la coloreada ende- esto ea Jo que haré tan luego cowo pueda elllir de BeanCuando estuvieron Juera, bnjo la enramoda que se prona de montafia.• de la coeLa, á la movediza verdura de lieu. :\H herman1,1 el! rica, me ama mucho y gracias á ella,
longaba asta oril!ns del mar, María Teresa se detuvo.
l,ls oli Yos bru1aJo~ de eol, como buPcando q11ien le diese ~ancy y Maria Tere~a podrfan allá casarse ventaj08ll-SC!!or de Saint Pam,, comenzó á decir ella; cuando
un consejo ó nna inRpiraci6n.
vivía mi padre, usted era muy J,ueno conmigo, y ahora
mente .......•.
Pero en el desarreglo de nuestra propia naturaleza, el
que él ha partido ...... pnra eiempre, usted es el único
Durante toda esta con,-enmción, )lnría Tere~a tenla los
mundo exte·ior perman~e c1 nelmente impasible.
amigo q11e mequeda. El amaba rtusted mucho y usted J.,
ojos obstinadamente fijos en la!! Y'lrd urae del jardín.
El mar pru~eguía «n canción indiferente, lns montañas
~o ~e podía ver su rostro, pero se adi..-inaba en el es- amaba igualmente. :lle parece que encuentro en ueted
ee expolvoreaban racliosnmente al sol, los olivos eegn!an
tremecimiento de soa hombros, que llorab11 silenciosa- algo de lo qne había en él y ea lo que me anima i, pedirmoviendo desc\Jidadament;¡ sus ram!l.s y parecf:in deciTle
le un constljo ...... Me siento t.an desorientada, tán inexmente.
á Vida!:
perta,
tan sola!... ... Tengo tanta necesidad de que me
En cuanto á .·oncy, tan luego como en madre hubo
•¡Nada podtomos!n
gafen
y
lo obtengo tan poco!
acabado de hnblar, se paró y dijo sin deteMree, con
Y la Ju mi nasa pa7. de In~ cosas no hac(a eiuo exasperar
La
voz
húmeda de la joven ascendía como una plegllacento firme y resnelto:
la angn~tin de aquella alma atribulada.
-:María., :lfarfa Teresa acompat1nrá á usted solamente, ria bajo laij l)almel'UI! de la terraza' y sue hermosos "jos
JI
porque yo estoy resuelta á no expatriarme ...... Ayer el sinceros se voh·fan hacia \"ida\ con una expresión de
En el salón de la l:oseraie, la sef!ora La Freniere, sus
príncipe NirBECo me ha pedido una entrevista y me ha confümt.a que le conmovió:
hijns y en~ amigoH, se e11contrBhl\n reunidos en una es-Querida nifla, respondió él, tiene u~t.ed raz(m en condirigido una proposición de matrimonio qne ncepté ..... ..
pecie de con@Pjo de familia.
tar coll'nigo y estoy enteramente á su disposici6n.-DíEl príncipe y yo estamos comprometidos y nos casarePor primera vez, desde hacía ocho días, había salido
game ns~d lo que la inquil'la y trataré de aconsejarla.
mos tnn luego como usted baya dado su conaentimien•
la vi11d11 de su habitación y ee ha!Jfn sentado en un largo
como lo hubiera hecho mi pobre Hicardo ...... tAs111,ta
t-0 ...... Espero que no me lo negará. usted. ,erdad?
canapé, entre la b:uone,m 8pieler y llfar(a Teresa.
Al o!r el nombre del viejo príncipe Nirasco, la señora rt usted la perspectiva de esa partida para la América?
Nancr se hallaba un poco apartada y pareeía sumida
-Si ...... confesó ella, yo no qui~íera salir de Beaulieu
l\lnru..-erno no había podido reprimir un gest-0 de desen tétrica meditación.
en donde he nncido y que tanto amo.
aprobnci6n.
En frente, delante de una mesa cubierta de papeles,
Sus ojos hú.me~os abrasaron con miradu amiga el cie:\timba con espanto á aanella rosaganLe y fresca joven
:\{aru,·erno corumltabn una hoja borroneada de cifras y
lo,
el mnr diamantino, las montai'tas eefumada~ y cooLi-.
de veintidos afio,¡ qne hablaba de casarse con un eeptua•
co1wer~aba en voz baja con Yidal de aint--Pone.
nuó
reprimiendo~ sollozo en la garganta:
genario como de la cosa m:!s natural del mundo.
El bar,'.,n Spieler ee había excusndo, vero la buena eeflo-Aquí
es donde he vivido con ml padre; aqu! es don-¿E•o piens0.8, Nancy? exclnmó la viuda, Yisibtemenra :Man1vemo no había acompai'lado ásu marido, se había
de
él
ha
muerto
...... ~o tendré fuerzas jamás para abante contrariada. El pr!ncipe ~iraeco tiene cincuenta nlloe
colocado j,rnto rt María Teresa, ti quien le había tomado
donar
este
rincón
de tierra en donde el reposa y en donmás que t(tl
una mano q ne guardaba afectuosamente entre las suyas.
de he pasado tan hermosas boros á su lado ...... Si me ex-Me place que así sea, replic6 terminantemente NanPor las vent.anae abiertas enviaba el jardín á la pie?.a
patriara, sería como una pobre planta arrancada que no
cy; me ofrece una posi11i6n honorable y prefiero caearme
en~ombrecida por los trajes de loto, eua olores de primacon ~¡ á \'Ívir como parienta pobre á expensas de urm p11ede ya i!Char ralees en ninguna parte..... .
vera y lo~ gorjeos de 108 alegres pajnTilloe.
-Pero su madre me parece resuelta á partir...... ¿Tentía desoonocida que me deeagradarli y ti la que tengo muBfütieta ~ 1oru ,,erno, rlespués de toser para limpiarse
dría nsted la intención de separarse de ella?
chas probabilidades de de!!Bgradar igualmente.
la voi, so aseguró IB!l gafas y comenzó á habla.r en estos
Permaneció un in,;ta.nte silenciosa y como ..-acilante, y
La sefiora La Frenii're alzaba loa hombros y Yidal mitérioino6:
luego
afladi6:
raha d.laseñora.Uarovemocon un movimiento poco apro-•Seiiorne, el conde de Saint-Pone y yo hemos pasado
-Sellor
Yidal, vo"y .t hablarle á usted con el corazón
batorio.
la i;emana en disponE'r la sucesión de nuestro pobre amiabi.,rto
....
Ciertamente
le tengo prof~ndo afecto á mi ma-Nancy tiene razón, dijo Eva Rpieler sofocando nn
go Ricardo.
bostezo, yo le apruebo que tome m11rido, por maduro qne dre, pero sé que no le soy indiapensable. Allá encontrará
Con gran pesar de nneatra parte, nos encontromos fren•
sea, antes qt1e someterse á la férula de parientes extra- elln de nuevo sus hábitos de la ininncia, amigos, á su herte de un;¡, situación mala y creemos de nuestro deber pollos ...... Mamó, estoy cierla, no Re opondrá á un matri- mana ...... Se acostumbrará pronto ánoverme. Xole karé
nerla en &lt;:onocimiento de ustedes desde lnego ........ .
monio que asegura le. independencia de sn hija y que la falta, en tanto que il mí me faltará todo si ,·oy á vi viT
El activo se compone únicament.e de la rilla de la Rodescarga al mismo tiempo de
gran reaponsabilidad. entre extraflos...... No, no tengo valor para irme á lo
Eemie y del mobiliario que la guarnece; no menciono, si-Obl ciertamente, protestó la viodaqoe aborrec/a lBB desconocido!
no por simp,e formalidad, la frtbrica de "Parla de que el
-Sin embargo, usted no puede vivir eol&gt;1, Teresita;ver•
discusiones; no abrigo la intención de contrariar ó. Nandifunto era mero locatario y cnyo material no le pertedad
es que tendría usted á 808 hermanas...... Pero, créacy ...... Es libre y se baila en edad de saber lo que leconnecía.
me
usted
suponiendo que consieI?tan en recogerla, no devenga mil.e.
La ó/fo, comprendiendo las dependenciBS y el mobi-¡Que sea en buena hora! agregó irónicamente el se- be usted contar macho en en solicitud ...... Son demasialiBTio, puede ~aler unos trescientos mi! francos, y de heflor Maruverno metiéndose las gafas en la bol~a del cha- do personales, nv tienen sus mismos gustos y no deseacho tenemos ya un compmdor que consentiría en tomarleco; y nhom que todo está Bl'reglado ásatis!acción gene- ría yo para ll!lted q11e fnese á. adquirir los de ellas.
la en esta suma ...... pero la propiedad está gmbadn de
-Oh! no cuento con ellas, protestó Turfa Teresu, su
hipotecas hasta doecientos mil franooe y las deu&lt;ias de ral, creo que podemos levantar la sesión ......... .
modo
de vivir no me agradaría ...... No, yo había pema:-alndó, se despidi6 y salió con la. seflora Maruyerno á
eecritnras, gastos jodi&lt;:iales, etc., se elevarán d. unos
do en otra cosa y 80bre eeo deseo consultar á llllted ......
quien la viada ncompnñ6 hastu el carruaje.
ochenta mil. ....... .
Yidnl 111 miraba con sorpresa y se preguntaba con inEva Spieler y Nancy aprovecharon el moment-0 para
:-;i nstede,i ee resnelven á vender, cosa que les aeollllequietad á dónde iría á. parar.
retirarse
j=las.
jamos, quedará á la sucesión una ~ama de veinte mil
La ja,•en prosiguió:
La baronesa subió á la habitación de 80 hermana d. fin
francos, á lo más ........ .
-Me
va á juzgar oated muy presuntuosa! ...... pero, en
Permftaseme indacir á los herederos á que cedan, bon- de interrt&gt;gll.rle acerca de su brueco matrimonio q11e pi•
fin,
soy
buena múPica y me conceden cierto talento como
dadosamente á so madre lo que lee corresponde, que por caba extraordinariamente au curiosidad.
yiolinista. Pues bien, hab(a pensado en utilizar ese taUna
ve1,
solo
con
liaría
Teresa
Vida!,
le
estrecbóami8lo demás, 1.,s sería insuficiente para Yi\"ir ...... Y con este
lento y en gannr mi ,'ida en Niza, dando lecciones de
moti va, lamentamos la an~encia del se!!or Barón Spieler toeamente las manos:
acompaftainiento
........ .
-Y usted. dijo, mi pobre Teresita, ¿qué será de usted
que seria .,1 único que pudiera darnos algunas luce6 res-¡Cómo!
interrumpió
el Conde, ¿daría oated leccior,es
pecto de las medidas que debieran tomarae para ll8egu- en medio de todo esto?. ..•.. Veo que han consult.ndo rt topor
las
casas?
rar el porvenir en lo que respecta á la. eeftora La Freni~ do el mundo, except.o á UBtei.
Al mismo tiempo examinaba con afectuoso imerés il la
-Quiero, replicó ella gravemente, vivir de mi_ trare y sus do~ hijas menores ......... •
bajo.........
¿No ea más bonroso que permanecer e11 la
joven
y
ae
maravillaba
de
la
rápida
traneformación
que
Eet.a alusión á su marido det!J)t'rL6 la at~nción de Eva
0&lt;aosidad y §. cai-go de los demá.,?
Spieler, que hasta ent.onces h.ab(n escachado muy dis- se habla operado en ella en un ano.
-¡Pobre bija mía! est.o es insensato! ......... PrimeraTiabín perdido eu delicadeza gracil del OOl:'k-_Mh.
• traidamentt- el discu.t110 del Sr. ;llaruveruo.
mente
á la edad de usted, no p11ede quedar sol4l, y desS11
talle
se
había
ahtrgado
y
el
hU!to
se
le
habla
desAlzó su bonita cabeza, adornada con una capotita nepaés,
no
808pecha las miserias del oficio que llllted quiere
arrollado.
gra cuyos larg08 creq&gt;onte hablan sido ya ajustados de
Sas abundantes cabellos obscuros, ant.dadoa en gruesas emprender ......... sí, usted es excelente música, extraormodo qae cayesen elegantemente hacia atrás.
guedejas, daban á su rostro más lleno una expresión me- dinaria violinistll,; pero la amable acogida que se ha be,
-En cuanto á mi parte, en eso6 veinte mil francos,
cl10 d. su talento de aficionada, se -0ambiada en dtlllcondijo, la cedo con la mejor voluntad. ..... De.searfa mucbí- nos juvenil.

""ª

�27

44
fianza cuando tratara de sacar partido de ese taleoc.o
para la ganar In \·ida ..... ,.. TendNI. usted, además, que
luchar contra una comp,,tencia sin piedad. NÍI.a estii
llena de artistas que ee disputan l!\6 leociones. La oferta
es superior·, la demanda ......... Usted no anpondr,i que
los alumnos acndirá.n en m11ss desde el principio .... ,., ..
Será. preciso e~perar largo tiempo la clientela, y entretanto, ,\cómo ykir! usted?
-Ya había reO,,xionado en todo eso, l'e8pondió ella
con toda calma: me habla dicho que si umed aprobaba
ml proyecto, ,orfa usted balltl\nte bneno para facilitarme
w ejecución .. ....... Desde luego le habría rogado que me
buscase en .·,111 Juan un cuarto, en casa de alguna.e perao1111S honradas y respetables que me eirvieran de sombra ......... Xo soy ni de"contentadizs ni animada, ocupo
poco Jugar r creo que mis hmlspedes no tendrían por
qué quejar,;i, de mí...... Además, esperaba que gracias á
las relacioneF de UEted en la arist-ocracia de Niw, podría
procurarme atgunos buenos discípulo~ para comenzar....•
Xo me forjo ilusiones ace1ca de los encantos del otlcili&gt;,
pero ya otras lo han hecho n.ntes que yo; estoy dispuesta
ú soportar muclias co~as con tal que llegue ti ganar bon•
rada y 111odefflam1&lt;nt-e mi pan. Querer es poder y me
sienLo cap:u. 111! qnerer con firmeza, sobre todo, Eri putido
contar con la ami~tad de usted.
Yidal esonchaba con admiración.
firmeza ele vohmlad, la madurez de juicío de aque•
lla niüa de diir;; y seis aílOH, tie la hac{an núo más ErimIM°l

pática.

Le oonmo,·in eneontrnr ea ella tanto bue11 sentido y
espontll.Ile.idnd, tan ,·ah,roso modo de mirar la ,,ida, juntamente con una gracia t.an ingenua y tan confiada P.ere•
nidad.
AJ mismo tiempo se sentla tra~pasado de com:pasi6°u
al pensar en la, miserables oecepciones, eu loa peligros
! que iba á lanzan;e tan impe~UOijlUllen.tll María Ten-sa.
-Y bien, preguntó ella, alzando l1aci11 él sus ojos síncaros y co111enznndu á sentiri,e í.nti.midada por s11 aílencio,
¿cuál es la opiniC,n de oated?
-JIU opinión es, repuso el conde, que tan \'alientes
intenciones mereeen examinarse detenidamente ........ .
\'oy A pensarlo eat.a noche y le prometo á usted que
ID!'-fiaua por lo. ma11an,i. lo diré francamente lo que
pienso.
Ln faz entristecida de ~arfo Teresa se iluminó y la joven iendió eu• n,nnos al amigo de su padre.
-G rncias, e;eñor \' icLt,l, esperaré á neted mu iiana ..... .
P11ro ¿no l'!l verdad, agregó con infantil entonación, que
dirá usted que Lengo raión y no me ddará lle\'ar lejos de
todo Jo que amo? ........ ,
-Yeremoe, replicó él con gra\'e ,onri~a. Hasta ruailaua, Tercaital..., ..
La atrajo hacia él y la besó paternalmente en la frente.
-Es usted mm \'aliente muchacha, murmuró, v la
quiero mucho.
•
Se ~apararon y Yidal se dirigió pensatil·o hacia el camino de San Juan.

20

EL MUNDO.
Siete días habían pasado desde an corta entrevista con
Ilonorato y Yiolet.a.
De eupouer que esta última penñst1ese en su proyecto
de ,eraneo, su llegada á loe Lentíetieos se bacín inminente.
Cada \'e7. que ,Tidal viol\'la á. su casa temblaba temien•
do encontrarse en el111 ,i sn hermano y á su cunada.
Aquella misma noche la vista de 1a fachada color de
rosa de la vi lla, despertó sus temores no momento ador•
mecidos, y le volvió al estado de angul!ti.a que enfría desde la maílana del entierro.
Franqueó el wnbral de ea casa eintieodo on estremecimiento nervioso, y nn ee tranquilizó hasta que no supo
que nadie habla ido á preguntar por él.
Sin embargo, su agitación Yol,ió, y toJÚ! fuerte, cuando
vi6 desde las ventanas de su habitación los techos de IQ.
quinta de loi; LentiRcos,
Púsose á pensar en la eventualidad de la llegada de
Violeta, en los riesgos de la lucha qae podía volver áempezar de 110 momento á otro.
El menor rumor de puos ó do voce.a que ascendiese
del fondo Jel vestíbulo sonoro, le bacfl\ estremecer y le
CBlll!a ba fiebre.
No pndo soportar largo tiempo aquella enervante
aprensión, y pw·a librarse de su ruale~iar, dt•j,í de nuev6
flU habitación y se fué á vagar al campo libro.
Atra\'tll!Ó el bosque de eabinos que borda. la ribera meridional de la penínsnla, y se dirigió haoin San Hospicio.
Caminaba sin v-er nada, pell88ndo alternativamente y
con la misma inquietud, en los aveutunldos proyectos de
la pobre J\Ia~ía Tere.'!B y en el dolor1Jso amor de Flor de
Xiza.
Le in\'adla la tristeza á medida qne pensab1 ou,in mal
ordenada eatl11a vidn, entregada ti los poore, azares.
Cuando llegó á la platn{orrua dti In torre not.6 que el

SEPTIEMBRE,

SEPTIEMBRE,

45

EL MUNDO.

1896.

1896

aspecto del cielo ae habfu. modificado brngcamente.
Bien qoe ine.~eu las seis apenas, la luz tenía ya a1p e
crepnscu hir.
Una cortina de brmnn fuliginosa se extendía hacia el
Sur, y el)lediterr:tneo l-0maba los mismos tonos plomizos;
de suerte qne en el horizonte, el mar y la nube se conlnndían por completo.
Sobre aquel fondo de una tonalidad sorda, una vela solitaria ponía ú.nicamente una mancha blanca, mientras
qne al Poniente lns mor:ta!la~ d"1 Estere! 11e destacaban
vigorosamente como masas color de tinta.
.\l Oriente, por el contrario, una luz difusa se traDHparentaba á. través de la nube, coloreaba las costas y la sá•
hana de agua con gris lechosa, permitía distinguir cla•
ramente la punta de Bordighera.
En un campo contiguo al terraplén de la 'T'orre, doa
campesin011 cavaban l\presuro.damt,nte la tierra alrededor
de las cepas torcidas de on pequeüo vil\edo.
El choque met,tlico de In~ picaa l!obre el suelo guijoeo
turbaba solamente el silencio profundo de aquel paisaje

r

..:

!

I

/

adormecido.
.\ \'eces los dos campesinos levantaban In eapalda en•
encon·adn. y entregándose á una contemplnción calnl'o~a,

1•olvfa11 los ojos hacia el mi"mo punto del ciclo.
lnstinti\'amente lru; miradas de \'icbil signiuon la miB•
mn dirección.
8obre los bosques de pinos, á mucl1a altura, centenares y centenares de estorninos se cernían, eemejant.es ,i un
enorme y 1101'--oriento enjambre de abejn.s.
Ya giraban perfectamente visible~; ya se enruergían en
la bruma y reaparecían en masas, dllt'graoándose en aegnida poco á puw.
El revoloteo eilenc.ioso.de aquelh1s ave~ d~ paso, la calma tr,!gica y la triP.teza íeroz de aquel paisaje crepueca( C011ti111uuá.]

¡_
1

r

•· .

,,&lt;;r, se repetía, es una 1·aliente joven y eerfa cruel aban•
donarla!"
C',omprendíu que temiera Ju jo\'en deHterrarse á un país
en donde todo le sería ertrai\o.
Sabia que á p~aar de sus serias cualidadeM de seiiora de
caea, la señora La .Frenit.re había de~cnidado invo•
luntariamente la educación de sus hija,¡ y que éstas no le
ha.rían mucha falta en el nue,·o 1rnme que eligiera.
Excusaba, pues, A .María Teresa, de que sintiese repug•
nancía por aquel viaje á Nne,·a York.
Pero por otra porte, le espantaba verá nquella nida
entregada á. l!Í misma en mtid io de los peligros de la eociedad de =-:ita y obligada ,i emprender, para ,ivir, un
oilcio lleno de riegos y sinsabores.
"Para arr._.glarlo todo, pensaba, serfo preciw que se ca•
e ira. Se neces..iL:nfl que un hombre honrado se enamo•
r&amp;.qe de ella y ee l•mpeilara en hacerla feliz ...... Y quedaría recompensado, porq oe )Iaría Teresa se ha puesto
encantadora. ..... ¡Qué irrisión! ·u~ doe hermanas, que no
nlen loq11e-ella, h1n encontmdo maridos, y esta adomble
1úlia se \'eftl condenada á vestir Eantoe ...... .. ¡Qué de~gtaeln!»

:!,Iuy eonmo\'ldo con la enternecedora situación de su
amignitn, &amp;int- Po11s olvidaba EUS propias preocupa-

&lt;:ionee.

F LORDE

NIZA

POR ANDRES THEURIET.

i• .~

(Trdouolda espeolabnente para. "El :Hu.ndo.")-Ilustra.olonesheobas en nuestros talleres.

\~,~j
..::;:•.t·--..r.....

Núm. 12.-Yéanee nuestros nú.meros desde el 5 de Julio de 18ll6.
1or, rn nrmonizaban con el estado da ánimo de Yldal.
n~ pronto, súbitamente Je sacó de sn érlasis contem1'1, ¡.i\·o e1frú frú de noa falda sobre él césped, i la Yez
&lt;tlll! 11 1t irlinico timbre de voz le liizo estremecer:
-1 la•ta qne encuentro á nsled l.... .... ,
\"o'.\· iÍJs~ Í' l con precipitación.
Y io ll'l:1 i.le Saiot-l'ons estaba j unro á él, ligeramente
l!oíocada.

El tinte rosado de eo.s mejill:ia y la¡igitnei6n de su pecho bajo la 1111ave tela del corpiño, traicionaban la precipitación con que había. ascendido la montaiia.
Yidal hizo un violento es.fuerzo sobre sí wismo, y pu•
do decir con voz may tranquila al parecer:
-Buenos tardea, sei'lora . .. ..: ¿C6mo supo uste:l qne me
encontrab :\ agu i?
- '.lluy eencillo ... Llegamos esta tarde á los Lentiscos y

11uestra primer visita fué para UBted. En la Fouán nos di·
jeron que l!l!laba paaeándo~e por la playa; seguí el miamo
camino, y be tenido la idea de su.bir histaSan Hospicio.,·
-¿Y Honorato?
-Lo dej ~ al laio de la vieja Thelisa, pero estad, con
nosotro antes de media hora. ........ .
Yaciló ella un momento, r agregó luego con entonnción snrcástica:

�27 SEPTIEBRE, 1896.
EL MUNDO.
46
==-=============================================================

nr
yo~? ......... Ya nunca bormrá nated, \'ida!, la huell.s de
Tranqnil!cese ueted, nue~tra conversación ti solas no
Desde las nueve de 1a mai'lana eiguienle, ~!arfa Tere~:\
será lnrga ...... Perrnftnme aprovecharla,. al menos pam aquellos btS-Os ...... Lo que sucedió aquella noche puede
esperaba en el jard!n de la Roseraie la prometida yisita.
pedirle uua brt-vto explicación ..... . ¡,Por q•Jt' partió usted suct!der otra ,·e:,;, ........ YamOP, no hay que jurar nada!
de \'ida!.
-Y yo. protestó él con energía, le prometo 6. neted que
tan precipitndameni.e d~pué.,, ..... de lo que habla pBBR·
r;mpalidecidru! por la pena y la ansiedad, sus mejillas
obMlT&lt;Í de modo de no tener que reprocharme una nueva
do er,tre nosotroe, la tarde de la P&lt;mlm!
tenían el tono mate de 103 j11zmines y ens ojOll lije--Le escribí ti. Honorato y él le l.i:ibrá mO!ltrado i. usted
falta.
-Sí, ya lo Fé! repuso elln, burlona; el srBD recur!kl, la ramente circuidos parecían dilatl\do&amp; p&lt;&gt;r la fiebre de la
la carta.
-Sí, ya sé, replicó la jo,·en nerviooamente......... Los fuga ...... Pero no He net-ed en eF.o!
el!pera.
peones qne bahía que vigilar ...... l'sted me jazga wtan.Apoyábaee de codo~ en la comiza de la terrru:a espianAl mismo tiempo le em·oJ..-ra con una mirada apasiote inteligente ¿no e~ Yt&gt;rdad? para suponer qne me ba en- nada y casi provocath·a.
do la venida de Snint-P?ns y s11s miradas inquietas eecugUlado e ·lJ pretext-0...... ::,;ada de e11ganoe, @e lo supliPara no sufrir de nuevo el atmct h·o de aquellas pupilas drii1aban unas veces el camino polvoroso y ot.ras la SU•
co: ...... Cuando usted me ha oprimido contm eu corru:óu grises imprt'g'. □ ndas de amor, &amp;ünt•Pone se puso rígido,
perdcie brillante de la uabfa.
y me ha be~ado ...... de un modo m11y di~tinto de como se irritó contra el mi~mo y prorrumpió con c{,lera:
I.ae brumas de la víspera se habían dir.iparlo y la atee lwFa ,luna cnfladn, iPra mnnifestnción de ternura ó so-No té á qué rne reeolnsré; pero le jnro :i. usted que mósfera, l!mpida de nuevo, permitía distingo ir !ns me•
lnme11te un jnPKo·!...... Un j,wgo crntl, en est.e caso, por- pondré entre nOl;útroe 1111 obstáculo tal, qne ni usted ni ¡¡ores relieves de la co~ta de San Juan.
qne pt'rd! en ,H ...... UEted e~taba convencid,¡ de que yo yo podnmoa íranq11enrluJ ........ .
)íarfa Teresa vió nna \'ela hlB11ca que Aalía del ppqaele amaba, puesto que hnbta tenido la debilidad de confeAl acabar de pronunciar eetns palabl'lll', la delgada si- flo puerto y &amp;e dirigí.1 en línea recta haciii Beaulieu.
aá~lo, yu u~ted demaQiado serio para nobauer pell~ado lueta de eu hermano surgió al borde de 111 plataforma.
Poco á pocó, la embarcación se aproximó.
en que yo interpretarla eue be80e como un comrromi-Ah! aq,ú 1!€tiln uetede!!? .,xclamó Honoratocorriendo
La joven pudo ver, al fin, al lado del pescador qn~ mn•
eo ...... ¿Por qué, entonces, h11yó usted al dín siguiente? hacia ellos, temía no llPgar á encontrarlO!! ......
niobraba, nna silueta negra, cuyo hÓlo 88pooto le latió.
.r:1 momento tf'mido habla llegado y se trataba ahora,
Se detuvo sorprendido de la animación y al mismo el corazón.
para Yidal, de en!rir aquella prueba, ein dejaree enterne- tiempo del eobresalt-0 de loij dos interlocutores, cuyaconUn cuarto de hora después, la barca atracó casi ,mfrencer.
te
de la Roseraie.
ver,.ación
acababa
de
interrumpir.
Espanbdo ante la eobr,excitaci6n de Violeta, miraba
Yidal salt-0 ligeramente sobre el muelle y franqueó con,
Por
primera
vez
sospechó
ooafueamente
que
pasaba
almaquinalmente en torno suyo y se fentfa tranquilizado
,lgil pa~o la calzada que le separaba de Je. verja.
por la presencia de loe dos campe!!inos, que cavaban, á go mieterioso y anormal, y de prouLO se sintió m,úi intiMoría Tere11a había bajado á l!ll enooentro y pronto sn•
midado
que
ellos.
un centenar de pasos de ali r.
Entre aqnf."110!! trefl personajes hubo un momento de ab- bieron ju ni.os la eitcalera que condnc/a á la telTI\ZR.
AqaellOI! hombres le pareclan una salvngnardie, una
soluto silencio, durante '11 cual se percibía claramente
Yidal también llevaba las facciones alteradBB y la pa•
especie de garantía contra las debilidadee (l&lt;)@iull!S.
el
ruido
de
los
arodos,
cayendo
á
inten'lllos
regulares
en
lidPz
pref!tllba al color de an cara nn tinte aceitunado.
Entouces respondió con ml!s seguridad:
Un
fulgor a lave,; enérgico y enternecido brillaln en•
fc]
eu1:lo
pedregoeo.
-¿Quiere usted que le hable francamente? ......... Pues
-A prop(1sito, comenzó por fin torpemente dirigiénsus ojos, en loe que se lefa la gravt!dad conmo\'ida dé un,
yoy á hacerlo ...... Sf; aquella tarde cedí á un arrebato,
doee ,l su hermano, Violeta t2 habrá dicho que almorzahombre que está resuelto 6. 11n acto decillivo ein di~imuá nn impuleo de locura, de que pido humilaemente per•
remos
mañana
en
tu
cash?
......
larse lae eerias responeabiliclades q11e tal acto entrall.a.
dón ...... En mi calidad de bomure, debiera habfrme doSe
detuvo
de
nuevo,
adivinando
en
la
cara
sorprendi-Gracias por haber venido tan pronto! dijo liaría Te•
mi1111do y no cometer un acto ofeneiYo para mi herma•
resa tendiéndole la mano.
no .••... y para usted ...... Cuando tuve conciencia de mi da de Yldal. que no sabía una palabro de aquel proyecto.
-~o, dijo brevemente la sef\orade Saint-Pons, he queGuardó él en la euya durante todo el ascenso aquella.
culpa, el mal estaba hecho, pero dependía de m! el no
rido
dejarte
el
placer
de
BDonciarle
á
tu
hermano
esta
manecita
que temblaba y no la soltó sino hasta qne esagregar nutvae falt88 á la primera ...... ,.. por esta razón
tuvieron
bajo
hll! palmas de la terraza.
sorpresa.
hu!.
-!fo
te
moleat,ee
en
lo
JllWI
mínimo,
agregó
Ilonorato,
Ent6ncea
reclittó
la eapalda en el muro, á pesar de In
Una irónica sonrisa crispó loa labios d., la jo,·en.
instancias u.e la joven que le indicaba un lugar en el ban·
-Entonces, exclamó, usted se imsginaba que una vez no senimos ni exigentes ni descont.entadizo~ ...... Par lo
aquí ceearia todo peligro, y que, deepués de dicir me,, ru.l- demá@, yo mismo he dispuesto el 111.,mrl con Thelisn ....... . co rústico en e 1 que se hnbla sentado.
- . •o, dijo, le doy á neted IBR gracias, prefiero perma·
Pnrante elite tiempo, Vida! se habla repuesto, y sin
1'ª• todo había acabado'? •. ,...... Yidal, ¿me ama usted?
necer
en pitl ........ .
mirar
á
\~ioleta.,
re8pondió:
Ella se apróximaba á él con las manoa tendidas
Se
detuvo
un momento para recogerse, y continn6 luego~
-YP
encantará
ser
el
antltri()n,
con
tal
de
que
se
muesUn geeto de su cnf\ado la detuY&lt;&gt;.
-Querida
nilla, he pensado m11cho en usted desde ayer
tren
ustedes
indulgentes
......
Pero
no
\'ayan
1ll!tedes
á
la
Con nn brusco mo,·imiento de cabeza le sef!alaba , los
y,
mucho
he
reflexionado en el proyecto de que me
Fohnán
antes
de
las
las
doce,
porque
tengo
necesidad
de
doe trabajadores que habían int.el'1'tlmpido su trabajo, y
irá
la
Roseraie,
en
la
matlana
y
me
será
impo;iible
YOI·
habló.""""
apoyados en au barreta miraban curiosamenre.
-Usted lo desaprueba, interrumpió ella; lo adivino en.
vf."r temprano ......... .
-Seré sincero hast.a el fin, replicó él; sí, amo ti ruted! .. ,
Tomaron lo~ tres el camino de los Lentiscos y no cam ·
SU Bspt'Ct.o.
8i hubiera yo podido saber hace un afio lo que nsted pen-So lo c~11snro; revela un corazón altivo y una alma
saba y lo que usted "alfa, hubiera eido el primero en biaron en el trayecto más que alguna~ p~labras insignivalerosa;
pero sí me parece tan laudable y conmovedor,
ficantes.
ofrecerle el compartir mi vida, y creo que bubiésemoe
peraisto t'll creerlo poco práctico, máe bien peligroso, y
Cuando llE-garon ,t la verja, Honorato quiso detener á
vivido felices junto!! ......... He sido un ciego, y ahora que
su hermano 6. comer, pero este se defendió con vh•acidal:
no puedo aconsejarle á 1ll!ted que lo siga.
he abierto loa ojoe, es demasiado tarde.
Mar/a Tllreea bajaba la cabe~ y 8118 laoioe temblaban
-Xo, le dijo, tengo que trabajar esta noche...... Tl1 &gt;m·
Sacudió ella la cabeza, recorrió con mirada e.u,ltada
bes,
además,
que
la
eeñora
Oastelar
y
yo
no
simpatÍY.ll•
como
los dtl alguien que va á llorar.
el mar brumoso, el cit,lo negro y los pájaros atorbellina-Xose
de8coneuele t11ted, Te1esita, oontinúó Vid.al
moe
mucho
y
nos
molestaríamos
mutuamente.
dos, y murmuró en seguida:
-VamOR, Palvoje, no insistiré! dijollonorato empujan- con tono más tierno. Si mi alooto se opomi , que fomen-Dewuiado tarde! ......... ¿Por q11é? ......... Usted sabe
te yo e11s ilnsiones, quiero sin embargo, intentarlo todo.
qne le amo y oonfieea que me ama ......... El amor ea una do la verja.
Ant.ea
de
seguirle,
Viole~
tendió
la
mano
á
stl
coila•
para que no !IS vea. usted obligada , expatriarse
dicha dem&amp;11iado rara, para que no ee goce de ellaá pesar
A Izó ella hacia él sus oj08 pref\adoe de lágrimas y le•
de todo ...... Cuando se ama, Yidal, no ex.ieten obetiicull)8 do diciéndole con acento de reto:
dirigió una interogaoión árida y muda.
-Hasta mailanal
imuperables...... Como dicen los ingletee: •En donde hay
-HBl!ta mailana, repuso i,l con t,ono flr01e, como para
-Hay un medio de B!!egumr su indeper.dencia y 811
voluntad, ali{ está el camino.
bieneH1ar
material, sin condenarla al destierro.
significarle
que
aceptaba
el
desafío.
-Ohl exclamó Yidal con repulsión ••
-Oh ¡dígamelo nsted! gritó ella juntando las manos ....
Y se separaron.
L:i mir6 ee,·emmente y prosigoi6 con anargw-a:
\~Ida! con~inu/i pBBeándose solo h11Sta la caída del cre- ¿cuál señor Vida!?
-Ea posible que se ,azone a,f en la sociedad en donde
púsculo.
ptu11) usted el invierno; pero en la nuestra ...... e.o la mía,
-CB1'anne ...... aqní.
::,;o entró á In Fohuán sino hasl.a que habla cerr.1~0 la
no tenemos lns llli&amp;mae indulgenciB.l!. Honorato es mi
Movió ella la cabeza desalentada y asomó su semblanhermano; ~i le e11gB.11áee tan odioeamente, me deiopre- noche, ceuó rapi,fam,mte, y deeprréa de dar instrucciote una sonrisa incrédula.
nes para el alwuerzo del dla siguientf.", se retiró á su liaciaríK 11 m! mismo, y el despn.«:io mataría al amor.
-¡Ayl murmuro, su proyecto me parece at\n menos·
bit.acilm.
0 Q11ién habla Je engaií:1r ni de mentir? reepondió ella
realizable que el mío., .... Pobre como aoy, las gent.ee que
Durante largot.iempo, 'l'helisa, que dormía en .,¡ riso p11dieran agradarme no me querdan ...... y en cuanto haalth·ument.e. Yo no tengo, lo mism• que usted, el menor
dt'flt'O Je degradarnoH de esa füerte ...... Pero, agregó en uajo, cerca de la cocina, oyó sobro su cabeza los p:1,0:1 dti cer un matrimonio semejante al de mis bermalllll!, jamtl!!!'
en rnz m:ts baja, hay otroa medios....... llay la fuga. .... . eu amo que se agita golpeando el piso de la pieza.
-l'sied me conoce bastante para estar conYencida de
Era la marcha de un hombre que necesita morir pan:L qne yo no le aconsejaría dar BU mano sin su corazón ..... _
hay ...... el dinero ........ .
-~o por eso ddatla mi hermn.no de ser traicionado y ¡¡eguir In sucesión precipiw.da de sus pensamiento~.
No, no ee trata de un vividor, gastado como el barón
.A. intervalos ae detenía, como si ee le hubiesi, inter- Spieler. ni de nn viejo coruo el príncipe Nirat'oo..... El
aLrozmeme infelii&lt;, ......... ·o, eso jamás!
l.n misma amarga ronri,m reapareció en los labios de pue11to ali,ina ebjeción; luego \'()lr(a á su l0J1to é i~rro&amp;rido qoc le propongo á usted ....... ..
flor de Niza, y wirando_:i an cuñado ñjamente eu los mimwle pru;eo
-Que usted me propone! ......exclamó ella estupefacta..
Dru-ú aquello hasta cerca de media noche.
ojos, replicó eu tono de deealfo:
-SI.. .... el marido en cues~ión, sin ser un jov8JI, aún
P&lt;1r último la marcha se hizo más lenta; ce,ió del todo
no llega á loe cuare11t3 a.ilos ........ .
-No pronuncie ueted esa palabra •¡jlllllás?. y no esté
-¡Ah! ........ .
tan seguro de ei mismo ........ . ..\ EU regreso de Florencia y prom,o meinó un profundo ei!encio en la vieja morada
Fijaba\ ella en él sus grnndes ojos puros, en donde e&amp;huuiera n t-ed pénSlldo, que uua noch., me es~arfa de la Fol11w1.
n{a nna creciente .orprt:.sa mezclada de inquietud.
entre eue bra~s y que wb labios 1:e a;ioy~ en b bU•

27

SEPTIEMBRE,

1896.

ELMUNDO.

47

Nueva angustia se a-pod~ró de él, nl pensar que Re haque permanecer en la Fou:1n hoy hasta acabar el dfa; pe-bía
hecho responsable de la íelicidad de aquella ni.lla.
apasionadamente amado, tiene el corazón bastante ar- ro mañana "endré á pasar con usted la tarde ...... Maflana,
•El
pasado ha pasado, 68 rlijo, ahora se Lrrta de no desditnte para mostrarle§. W!ted un grande afecto Y, para Teresita, y todoe loa demás días ...... Pero hoy mi herma·
mayar. Bastante es ya haber turbado h existencia de
no
y
mi
cnf\ada
almuetza.n
en
caso
y
tengo
que
hablar
ganar el suyo.
Flor de Niza y de tu hermano, para que tu cob:uJía haga
largamente con ellos ...... Escúseme usted!
Yidal había pronunciado estas últiml\8 palabras con
-Ea usted verdaderamente demasiado bueno en excu- una tercera víctima inocente ......... •
más animación.
La barca continuaba vagando 'hasta que al fin !ué á atra.-\ medida que hablaba, la fisonomía de María Teresa. earee ..... . Yo no ·qaiem quitarle de su tiempo, mtls que
car
al pie del muelle de San Juan.
las horas en que no esté ocupado ......... Además, estoy
0e i]uminabn y el rubor le n,¡cendia á la.~ mejillas.
,,altó
\'ida! á tierra y marcb6 á. paso resudto hacia la
-Su fortuna no es coneiderable ...... á lo más para una tan contenta, que yo misma tttngv neceeid3.d, "ntes de
verja
de
la Fouán .
verle
otra
vez,
de
habituarme
á
mi
dicha
.........
Voy
á
pa,nodeata con.modidad; pero sabe cuán sencillos son loe
Cllllndo hubo ascendido la calzada de limoneros Y In
sar
el
resto
del
d!a
preguntándome
si
soy
yo,
l\Iarfa
Te·
,:uat.oe de asted, lo vnleroea que es y está persuadido de
escalera de In terraza, descubrió bajo loa oli ,us á Hono-1.ne á pePar de sus eRcasas rentas, podrá asegurarle una resa, quien ha sidoescogidaporelcondedeSaint---Pons! .. •
rato ,, á eu mujer.
txistencia apacible y leriz ...... Agregaré que es de buena 'Bien puedo confeenrlo ahora, hace nf!oa que amaba á
Co~o el tiempo estaba tibio, Theliea b.abfa dispuesto
familia que -pBSa por espirito serio y hombre cortée ...... usted en secreto. ~o se lo descubría á nadie, porque t~la
mel!a luera, e ,t.re los 1hbole•, cuyas bojas movedizas
-Dice 11Bted, se atrevió ella ú murmnrar, muy coruno• nia muchísimo miedo de que me tratasen dl'I loca y de or•
hacían !101,er manchas de oro sorbe el blanco rnnntel.
gullosa ......... Me parecía nsred ton lejos de mí, tan fuera
Jida, qne vive aqul'!
Violeta, para oolmar eu inquietud nervio~a y ocultar EU
-Espere usted ...... .Antes de dt'l!ignarlo más claramen• de mi alcance, á la altura de las estrellas! A.hora la es•
turbación,
ayudaba á la ~irviente ñ poner la mesa.
te. debo manifestar que él no intenta absolutamente pen- trella baja hlll'ta mí y me siento deslumbrada ........ .
Cuando ae acercó Saint-Pon!, le tendió silenciosamen•
Yidal
escn.::haba,
ent.ernecido,
las
cándidas
efusiones
ear en la determinación de ust-ed y que cuando lo conozte una mano helada.
c~, si experimenta la menor vacilación, de~ea que ningin de aquel corazón amante y ee reprochaba no ser bastan- Ya lo ves, dijo Honorato, estamos instalados como
te
dÍl(tlo
de
aquel
afecto
tan
puro.
tr,mor de apenarle, ninguna consideración de convenienen
nueetra cnl!ll ......... Te esperábamos con impaciencia
-Teree.ita la dijo sonriendo ó inclinando bacf• ella la
~ias influya para nada en la voluntad de n.eted.
porque nos morimos de hambre!
cabeza,
no
me
pon¡ra
Ullted
demasiado
altv,
110 sea que la
-¿Su nombre? ualbuce6 ella tu:rbaC:a.
Pusiéronse tt la mesa, pero á pesar de la afirmación del
decepción sea grande ......... Veame usted tal cual eoy:
-¿No loadivinaueted?
hermano menor, ningrino de elloa parecía con apetito f!
un
fiel
amigo
de
en
padre,
deseoso
de
amarla
y
de
baeer-Pero ......... sei'lor Vida!, yo 110 sé .....• yo creo ..... .
hiciE"ron poco honor al almuerzo de The.lisa.
-Querida niila, el marido que le propongo á usted...... la leliz ...... Hasta mañana, querida niftnl
Ilonorato mismo no comía sino á medill!i Y parecía
Saltó la barca, que se deslizó lentamente á lo largo de la
,,y yo!
atormentado
por nna preocupación penosa.
bahía.
-Usted, eei\or de Saint-Ponsl
\'ida! nd l'irti6 eu fisonomía entristecida y por primera
Moría
Teresa
permanecía
en
pie
y
seguía
con
los
ojos
El lindo rostro de Ma.r!a Teresa se había iluminado, le
vez le 1-ino 11, la mente, qne la extraiia manera de ser de
orillaban los ojos, juntaba las manos, como en éxta- la embarcación que saltaba á ;os choques de las olas.
'Violeta
hubiera podido despertar una sospecha en el alYidnl agitó el sombrero; bru~camente la joven llevánfie ........ .
ma
inquieta
de sn hermano.
-Yo, respondió el conde ruborizándose á su vez ...... dose la mano á lo~ labios le envi6 nn belio, y Jnego aver.Aquel pensamiento lo alarmó y le afirmó más en !U ingonzada
de
aquella
demostración
demasiada
vi1·a,
huyó
¡e, que tengo la ambición un poco presuntuosa de llegar
tención de poner prontamente térrniuo á esa situación
J ser el compaf\ero de su vida...... Quisiera ser para ns- hacía el camino y desapareció bajo el p6rticr, de la terraza.
cada vez mil.e peligrOFa y eqnl\•oca.
De
codos
á
la
orilla
de
la
barca,
&amp;\int-Ponsmimbacon
t..,cl nn guía y al mismo tieml)O un 1&gt;migo sbnegado y seEn torno de aquella mesa abundantemente servida, en
guro ...... A.hora, U'Bted eabe nueetrae condicionee...... No pesar ensancharse la ce.padeagua azul que le separaba de
medio
del campo bañado de sol, bajo aquello~ árboles, tí
.:onsulte más que á sn corazón y dígame ei á pesar de loa la Roseraie .
través de los cnnles se contemplaban pednzos de masa
CoUBultó
s11
reloj
y
vió
que
eran
más
de
las
once.
1·einte afiOH que tengo más que usted, mi -proposición no
Tres cuartos de hora faltaban solamente para que llega- azul, una frialdad ineólita paralizalia la expB11ci6n de los
la asusta!
tres comensalee, tan unidos deordinario y tan familiarEst.aba ella tan confundida, tan emocionada, que la era se á !-lanJuan y se encontrase con eue huéspedea.
mente
comunicativos.
Habla salido por la mañana valientemente re1uelto á
impo!!ible articular nna palabra ........ .
La
conversación
se arrastraba entre lángoidns banali•
Yidal, de eapaldas contra el muro, !a contemplaba con elevar entre Violeta y él aquella infranqueable barrera
dadee.
de
que
le
había
hablado
la
víspeTa.
cxi,reai6n de melancólica ternura.
A peaar de su~ esínerzos por parecer alegres y jovial~P,
Acababa de ejecutar la primera parte de su tarea, pero
-Vacila nsted? murmuró.
los tres parecían hablar, no para cambiar sus peneamien•
-Oh! no, setlor Vidal! exclamó ella. Me siento tanor- presentía que le [altaba la más e!!Cabrosa.
tos, sino únicamente para disimuln.r sus íntiruas preoc:i•
Su compromiso con Turía Teresn quedaba cerrado.
gnllosa...... tan leliz, que el gozo me corta la palabra ..... .
paciones.
Tenla
conciencia
de
baberae
portado
como
hombre
.\hl si mi pobre padre estuviera aún cou noaotrosl
Da vez en cnan:lo, Violeta, chwnnd.:&gt; nna mirada anhonrado.
Le teadi6 las manos y él la tom6 dulcemente en sus
siosa
en el roet.ro de Yidal, tratab\ de adivinar 188 reso•
l',e
eentla
capáz
de
dar
á
la
hija
de
Ricardo
la
felicidad
brazos y la besó en la [rente.
-Mi querida Tereeita, elijo gravemente, trataré de que y el afecto que mPrecfa; pero ahora era preciso anunciar h1cionee que hubiera tomnclo y la natural~za tle aquel
su resolución irrevocable á Flor deNiza, y preciso tam- obst:lcnln qne intentaba elevar entre ambo~.
110 se arrepienta uated jamás de su determ:nación ........ ..
Destle la noche de la víspera, la a1ue1111z:\ de Saint• Pone
Quiere usted que vayamos ti dar parte il la Sefiora La Fre- bién hacerlo en presencia de Honorato.
no le salía del cuerpo, y 11 fuerza de rdlexionar había
Penosa y delicada era la empresa.
ni,•re? ...... Ser/a d,i desear qne nos viese caaados antes de
La notillcaci6n debla formuJar,¡e de tal modoqne el ma- acaba lo por perdnodirse de que el ob,t,lculo en cuP..sti6n
partir para ~neva York.
debía eer algún l~jano vinje, tal vez sencillamente uno
La olreció el brru:o, y loe doe lentamente, bajo las enra- rido no advirtieae nada, y sin embargo era necesario que
brusca vuelta á Florencia ó á Yenecia.
fuese
b88tant.e
categórica
para
quitar
toda
ilusión
,
la
mBdas cargadas de rO!II!, se dirigieron al salón á donde
Recordaba la teor[a del conde sobre la necesidad de la
i.nfeliz
Violeta.
JaSeiiora LaFrenicre, prevenida de la visita matilna\ de
fllga,
único remedio eficaz en aquel caso.
A
la
idea
del
golpe
que
iba!
darla,
Vidnl
experirnflnSaint-Pone, se apresuró á bajar.
Mientras más ahondaba en esa dirección, más Yeroeímil
La viuda, tranquilizada reepecto á la suerte de Nancy, taba un sentimi0J1todeoonmiseraciún y una penetrante
le parec!a t~l hipóte~ie.
y estimnlada por la perspectiva de su próxima vuelta á triswza.
Con la impetuosidad que daba ella á todas en~ dl'ter·
Reflexionaba
con
el
corazón
oprimido
en
la
injusta
in·
América, babia recobrado ya su actividad y humor bamino.cione@,
inmerlialamcnte imaginó burlar loR c.llculo~
felicidad
que
se
abate
sobre
ciertal\
vidll8
humanB!I.
bitnal.
de su cuñado, tornando la delantera é inculcánclule á. HoSi un Bl1o ant.es hubiese él BBbido conocer mejor á la
Tan luE'gO como Vida! le bobo dicho que deseaba canorato la idea de p:isar la prinmvern y eJ verar.o viasarae con María Teresa, que ésta coneent!a en ello y que eeilorito Cal!tellor, si ee hubiese mostrnd'l menos alti. vo,
jando.
no eepera ban máe que la autorización materna, la eefto· menos egoístamente ciego , cuanto pasnba á su rededor,
De este modo pasarla el golpe y ee procurarla In oporra La 1,'reni.lre Ealto al cuello del conde y le beeó las \'ioleia habría recibido la prnpoeición de matrimonio
tnnid11d
de encontrar á Yictal en Italia 6 en Clllllquiern
dirigida
aquella
mrulana
á
)lnrla
Ten,¡a.
dos mejillas.
Hnbiérru&gt;e ,mprimido entonces toda una fatal serie de otra parte.
-Ah! exclamó, gracina, mi querido i::iaint-PoUB! ..... .
~Ii hija eerá ciertamente ietz con usted y ratifico con ale- faltlll' y clt: dolores en germen.
Este último no Jlúdía naturalmente ocnltarle á eu her•
Honorato habría sufrido al principio, pero poco , po- mano el lugar donde se instalaro, y costase lo q11ecostnse,
gria en compromiso ......... A !abado Dios sea! exclamó con
sencilla explo~ión de ego/smo anglo-americano, en m11dio co se hubiese couformado.
ya ha.llar/a ella el medio de reunlrsele.
Violeta no hubiera ,-iet.o fu juyenlnd irremedillble.J.e mi duelo, me dagmndee consuelos! _.\hora qne~ancy
.A.ventura llena de rieegos era esta y llena de alJlrosas
y MaTfa TereH están eetablecidoe, poilié p-0r fin gozar mente destruidA por una facesi6n de desencantos, ni su complicaciones; pero Violeta había llegado á on grado de
y ida hubiera sido tan cruelmente trnnc11da.
&lt;le un reposo bien merecido! ....... ..
eobreexcitaci6u en que nada le parecía imposible.
¿Y él, Vidal, habr/a sido m,ls felii:? ........ .
Quedó com·enido que los dos matrimonios se celebra811 pasión, irritada por lo~ obstáculos que encontrab~.
¿Hubiera sabido mantenerse á la altura ele aquella pa· la bacía perder el st&gt;ntido de la realidad.
rían lo más pronto posib:e, á .fin de q-:?e la b11eDa sefiora
sión que babia sabido inspirar y q11e más tarde debía e!!l)lldieee en seguida partir para Nueva York.
Cuando, después de haber ser\•ido el caf~, ThelÍ.Sl\ qe
Se despidió Juego Vida!, y Marfll Teresa le acompafió 11lllnr tan tempe;;toosamente? ........ .
hubo retirado á la cocina, \'ioleta alzó bruscawenk, Id
~Yo! siempre yo! ee dijo con irritación; ¿no coUBeguir~ cabeza peneativa y con las narices dilatadas &amp;.Spiró ilvi•
basta el dique en donde la embarcación eetaba amanad:i.
.Antes de atravesar el camino, los dos novios se bab{An llegar ti desprenderme un momento de esta egoísta preo- &lt;lamente el aire freeco de la hriea del mar.
dado su primer bt!!o baj;, el pórtico del jardín, y In joven cupación? ......... •
un momento ~uvo los ojos fijos en nn ag11jero ht&gt;cho
apoyando la cabeza en el hombro del conde le había dicho:
u pensamiento se YOIYió hacia aquella dulce, amante eu el follaje, por el cu:il se descubr!a on rincón de la ba-Noe veremos pronto, ¡,no ee verdad?
y aincern 'lllarfn Teresa, que depositaba en él toda mconhía, y á lo lejos el penacho humeante de un yate !)lle
-Lo más pronto que puedn ...... ProbablemeDte tendré fiann.
partía á todo 1·apor hacia Italia.
-Le digo á usted, p1·osigaió, que sin que pretenda ser

�48
- ¿S::ibes t-n qué pienso? dijo dirigit-ndo:;e á Hononúo;
pieneo en que á mi edad no he ei;i;ado mde allá de Oannf!l:!
ó de 1.font,e Cario, y me vienen deseos de ver pnfses desconocid . Esta ee la estación en qae todo el mundo se
\'ll. Niza se pone in•oportnble. ••...· ¿Por qué no hemo"
d,: bacn nosotros como Los demás y pasarnos el verano
, ·iajan&lt;lo'•.••..
-¿Hé'.' exclam6 llonorato, cuyos guei.-Os eas1;&gt;.ros se re, Piaron á t!•"tll propo!!ici6n de vida nómada...•.• ¿D · d6nüc k viene, qnerlda, tnn repentin.amenu.1 e~e deseo de
Yiajar?
-~o lo et&lt;, repuso ehn con su enigmática sonrien; ein
duda del deseo que hay en no~otros: de romper la monotonía de In vida ordinaria, de ver coea.g aun no ,·ietas y
ex);K!rimentar aens:asiones nue...-ns y nue\·na emociones.
-Es singular; :l mf jamtb me han acudido e~oe deseoe...... l&gt;ormir en camas de posada!&gt;, comer en mesa
redonda, rodar en ÍL•rrocarril, son placer~ que no he
apreciado nunca .....• )le parecen intinitnmente más mon(,tonoe que la existencia c6rnoda que llevamoe aquí.. ....
¿, ·o crees tú lo mismo, Yidal'/
El conde miró i1 eu cullsda y a11 ¡¡orprendió e-·traol'Cl,nariamente ante la expresión singnlar de mi fJPonomfa.
.Aquel repentino capricho de ,·iaj!lr le puso en gunrdia,
y con intuitiva pen&gt;picncia Ley{. clarament.é en vi pensa•
mieut.o de Vio!eta.
aldivin6 que creía haber encontrado nn prettlxto para
Fegnido, en caso de que él se dccidit~e á huir, y al motJ1ento resolvió alenULrln en s\l~ proyectoli de excursión
leja.na.
-1 lh! yo, re pondió á Honorato, tengo ideas que ya
tú c;,noc~ ...... Soy :imante de yiajes y correría por
montaiius y por valles...... Xo puedo, pues, sino aprobar
d d1:seu dt! m mujer...... Xo hay que ser demn!iindo
egofeta, querido hermano. I'il".nsa en que durante todo
ese i1l\"i1:mo, Yioleta se ha habituado á nna vida activa.
l'oesto qui! por agradarte hn. renunciado ,t las disLraccioll(,B ruido a.s y , eus gost.oll Rocialee, ha lll'gndo tu Yez
nhorn de ncriflcarla algunos de tn,; hábitos domé8ticoo....
Rs deber tuyo eutwi:i;ar laa trnnsacciones y agregaré que
un cambio de régimen no podría dejar de ser muy pro,·echoso á loe dos ......
-¿Lo ctePs asf!
F:atoy H-guro de ello...... ,\.dviertt&gt;, ad~mrui, que u11a
aasenci:i nn poco prolongada permitirá romper radical•
mente ,. sin deacortcafo con esa soci1:1do.d coamopolito
&lt;1ue Yi~ll'ta no puede frecuentar ya.
-Es verdad, :repuso Ilonorato ponMndoee pensatÍY0.
-"Ninguno de 11s\ede11 conoc.e la Italia ...... ¿Por qué no
6e aprovechan de la primave111 para ,·i@itar flor1'ncia y
Yenecia?...... ::\Iarchnrfan 111 Tirol durant · el vernno y en
la hLcirm 1nala irían á invernar en Corló 6 en l'nlcrwo.
~ ¡Hum! murmuró Jlonorato espantado; eer&gt;in nmcba&amp;
ciudades y nos q11it.arán demasiado tiempo...... Siu emLargo, lrui razones que me dat. son . serins, y como dices,
es precieo 110 ser egoftrto...... ·¡ Violeta persiste, pul'I!, en
ene idelll! .••..•
-Segur.unent.e! exclamó ella con Jo;¡ ojos ext.r11ordinariamente brílluntea; Florencia, Yenecia, el 'Iirol, Palernio; es demasiado her111060 mi proyecto, para que renuncie á él. ..... Segnire111oe ea it..inera~io, Yidal, ¡,ero con
una condición ..... .
-;.Cuál? pregw1t-0 el conde con el corazón repenünaU1ente oprimido.
Ju.tgaba que el momento terrible se acercab!l, el inetanttl en qu~ había que asestar el golpe, y,¡ pesar de sua
rl!!'oluciout!S, se sentía. dominado por tierno movimiento
de piedad.
-Que usted nos 11cowpafie, dijo Flor de Nfaa. O~ted
conoce tau bien todos loa país~, qul' nos ea del todo indi.pensaWc......
Al escuchar estll propoeici6n, Honorato vol\'i•~ á po•
nerse inquieto.
'ua ojos hóroedos miraban altemat.hnmente á su mujer y á •u hermano con doloro mirada.
Una multitud de peuow aoapech118 cruzaban por su
cerebro con fulgurante rapide:i:, ,q ue súbitamente Bll había
llenado de sombro.
Pensaba:
•¿Será capaz de aceptar? y si 11Cepta ¿lo hace 1ínica.mente, causa del interés que me tiene? ¿."o experi•
wentn más bien, t!. su Yez, el peligrOBO encanto de Yiolet-a, como lo experiroento yo miemo? En las nat11rnlezas
emá noblee hay lugar p.'lra I tentación y la debilidad?

EL MUNDO.
El noto peca eiet.e veces ni día, y la estreche. intimidad
q11e ee la establecido entre mi mujer y Yidal h:i podido
hncer nacer un seniimiento rnú!! vivo qne lll ee11cill11 y
bonestn amimd. D ~pn(,,; de haber !'llirido la htdiferen•
cia de Yioleta ¿estaré expuesto ti ~ufrir-y curu1to mát.
cruelmentel-la t-rnici6n de mi propio hermano? ...... •
--Oye , \'id.al: bo.lbuceó temeros.1roente, ¿cree. quepo•
drá,, acornpa.na.rnos?
-Lo de!!(laria con toda el almo, pero me es imp!)!Oible.
-¿Impo~ibie?...... prorruinpi6 la joven, ¿por qué?..... .
¿.·o ea uat.ed libre?
-:-;o, no lo eoy desde estn mai1ana......... ;\fo ,·ay 1t
cnsar.
•
-¡Vsted.l dijo ella enfocada.
Y lo miraba iucn-dulamente, eeperando a11n que se
trataría de una iiimple bromn.
Pero .e11s ojos encontraron la mirad.a entriel-ecida y firme de \'id.al, y adivinó que era aquella una resoluci6n
impl:u:ab~e.
Entoncei; un desvanecimiento se apoderó de olla; lo.
parecía que eu cornzon .s e rompía, crey6 que iba á morir
bajo aquel golpe tan brutalmente ns88tado, y cel"l'Ó loa
ojOI!, bendiciendo aquella muerte que la libertaba de tan
bumillant~ y bárbara tortura ......
Ayl ee engafiabll: el dolor no mata tan pronto.
La horrible herida la exponía sólo á descubrir eu de•
bilidad á loe ojos de en verdugo.
Xo quiso darle este espec~úculo.
~u orgullo la bi1.o recobmrse, y trn!' un violento esflterzo panl no desfallec('r, apoyó pe~adam1mte los codos en
la mesa y ocultó en sus manos la parte inferior du 11u
rosLro.
-Te ,·ae á casar túl exclamó á ea vez Honorato desconcertado; ¿y co,1 qni6n t.&amp; CM~'!
-Con :María Teresn La Frcnii:re...... Somoa prometi•
dos desde eatn maflann, ó iba ti dar á ustedes la noticia
en el momento en que eurgi6 la cuestión del futuro viaje
que proyectan.

27

SEPTIIDfBRE,

1896.

4

ÜCTOilRE,

J )1(1,

EL MUNDO.

49

-Xo ncab~ mi P.orpresa, repetía Honorato; tú, nn f \il
terón empedernirlo!
- - i, Y", 116r106 Yicfal ...... He reflexionado inncho y
be roconocido que hacía mal en permanecer i!Olt-cro......
l:"n c:Jlibe-, agregó con energía ~ignificativa, es nn ~.~,
inútil, f,1nest-0 a1 e! mismo y á los dem4s; lo he alherl.idu
desde hace alg1ín tiempo -, he reaulelto acabar con e,.1
vid. de egoista...... En su tef;tamento, Ricardo L'l Frc·•
ni.-re me habfn recomendado ú su ,·inda y 4 eu~ hij11~.
Ew e'ltá casada, ,:ano~ e prometida del Príncipe Nira •co, y la •eñora La rrenicre pieusa pa.rtir pronto p, rn
Nue,·a York...... María TereF.11 illa ri qnedáree ~ola 4 lt1
die.z y eis años ...•. Me b&lt;: dicho q11e no poclín ~l'r para
ella UD apoyo p,:isiule, si no era haciéndola rni e"po,a.
Y.o. he oírecido casarme con !.!lln, .\[arfa Tere1,a 1111 cousentido, y nos casaremos notes de un mes, sin ruido, m uy
eenci !lamente.
- ~li querido hermano. e-xclamú Uoaorato, yn ~ereur, ;
tienes un valiente corazón y haii obrado COlllO Yerdadero
Saintrl'une...... ¡Déjame qlle te abrace!
Y se arrojú en brazo, dl' t&lt;U hl'rmnno mayor.
Flor de .Niza e• había. pue~Lo en pie, eapantbl!alllent"
pálida.
-¡Todn mis felicitaciones! mnrmnr6 entre CMentcs.
Perfectamente hecho!
Con geiato nen·io~o consultó su lindo relojito, prend ido
á eu co1·,iilo.
-La~ dos yal ...... He prometido á mi madre acom1iaílarla y DO puedo hacerla esperar... ,.. Di,péuseme......
liasLn luego!
La jl")VE"n ~e nlc&gt;jú precipiu\dnmeute y la rieron entrar en
la calzada de limoneros.
Ronornto la miraba huír y movía In cabeza.
-Perdona su braaca :,ialida, le dijo 1\ Yidsl, l'l!iá mny
nerl'ioFa de~de hnce Yarios di,ui .........
con pena CJllú
vuelve '1 ea caprichoso humor de antes ......
Saint-l'om permanecía ellencioso.

,·eo

( ~11cluirá.)

FLOR DE NIZ.A
POR A N DRES THEURIET.
(Tnulu.olda e!o'peciabucnte 1nu ·a "El lU u ndo
). úUL

T enía conciencia de la desol adcra agonía que causalr.l ti
aquella desdichada mujer.
SenLínso ,u1gn0tind11mc11te conmol"ido en eu corazón ,.

en t-odo su ecr.

.

•-\quella adorable criat~tn á quien acab.'lbn de herir

•

•·&gt;-nn ..-•~ c1one
Lic~

h

1

e c1.aE1cnnu.ci:;t1.·o s t nUcrc.-.

1;,,-Yé!inse nuestros n11meroa dej,de el 5 cll' Julio de ISOO.

mor La !mente, le lrnbfo dado su priml'ro y ferviente auior.
El t a1ubien ln hnbfa amado, un mom,mto, cu !ndo la
tuvo c onmo,·icla y temblorosa en sus brnzoe.
~ientras elln se alejaba desfallecida, él sentía despertar.e de~ ternura y seg11ía con los ojos llenos ae pie-

dad y de pena la fag:i de&gt; Y ioleln entre bs lim.o:1eros
Hubiera querido corre1 tras ella; oprimirla coutra su

pecho, enjugar con fraterno.le~ bc~os las ldgri mas que q u~
mabau sus mt'jillas ......
Pero un deber impl'rio~o le tenía cla,·ado en su sitio.

�EL .MU.NW.

60

4

ÜCTUBRB,

l~~-

Pero no obstante qae temía 131! emociones p e ~ de
bierta de eepu mn blanca. y ahond&amp;reé luego en profundos • la deepedida, no pudo rehuir la obligacién de acampanar
Se babia jll!'alo no desf.1.1\ecH 'I ee sen~ía conl eoado
y blancos torbellinc,e.
á 80 heri:o11no y á eu cuñada á \a estacibo, y fa~ á reunfrá practicar hast.'\ el fin su cruel ope~i~n.
.
Pensó que no tendría más que arroja":e al vac(o pa~a e~les á los Lenfücos después dol almuerzo.
--¿Sabes dtl qué tengo miedo? contm110 Honora to, de desaparecer p!11'11 tiempre bajo las olas agitadas y dorn:11r
Por lo demás, la señora CasM!l.lar debía acompañnr
qne se canee de11u bondad y vuelva á la\! and.ida!! el pr6-- con eterno eueflo sobre un lecho de arena Y de algas.; .
hasto. Bes.u lieu á su yerno y &amp; f!U hija, r eelimaba que la
ximo invierno.. ...
. .
El ·vértigo del abismo In in,·adía ya, pero cuando qui- pr~eencia y la fri\'ola cLarla de la l!eñora, servirían de
-Rn,Sn ds m ís para peui!!tir en el proyecto de na¡c so franquear la b.1laui:,trada, la paralizó d terror.
deri\'a\iyo á la ansiOl!a inquietud de las últimas horas de
de que bablábamo~ hace un moment,o ...... En 1.u logar
Terui6 ensr el golpé, ca..r sobre las puntas agudas de
espera.
partiría yo lo mlis pronto posible, •
las rocns, en lng'ir de sepultan;e en el mar.
.
Todo eftaba listo.
-Sin duda...... pero puesto que te casas, no podl'mos
'Iu\'0 la visión de su cuerpo tendido entre las p1edrll.!!,
La viuda, con tmje blanco y rosa; Violeta, con cubre
dejarte antes de la ceremonia.
mutilado, f:mgrando, e:i.:puesto á todllll las miradas y su poi vo azul, entran á la barca que se bal~ba al pie de
-Note inquietes por mí ...... á cauea del duelo de la carne sintió repugnanciu á aquellll muerte.
las rocas de la 61/a, y que deben manejar Honora~ y
Freniilre nos casnremOI! en la mi\s e;;tricta intimidad ......
D~jú .,1 balcóu y ~" n,íugió de,;olada y 11.:n&amp; de horror
\'ida!.
Parte, p~e~, sin remordimiento!!, yei me atiendes, lo roa! en el rincón más obscuro de su pieza......
Flvr de Siza se sienta al lnd.o de eu madre, frente á
pronto po1ible será. lo mejor.
. .
PueEto que el temor de sufrir la espantnba ii tal grado Honoro.to, que tom:i. pose.sión de los remos, en tanto que
-Pllea bien, pasa porcas:i. mai\ana, ant.es de ir a Be:m- v la hacía retroceder ante la muerte, no !P. quedaba ya
Vida! se enca~a del timón.
lieau, y te dire to que haya,oos decidido......
.
~á.s c1ue un medio de desap:lTec~r
Con sil traj11 obscuro y bajo su gran sombrero n~gro
•
· lo s olivos
En tant.o
q11e ellos coovel"!!ab au •·=lº
•
'. VioleEra prec:so hufr lejos, e:i.patnarse.:··-guarnecido de Jlorecit.att, el rostro de la joven ap,•uece de
ta:llegaba á. lo.s Lentiseoe, en medio de un rndec1ble deSe itnponía imperiosamente el deet1e~ro.
una blancura. de m1.1rmol, y sus ojos gri.les brillaban con
sorden moral.
.
~o se senthl con fuerzas p3Ta presenciar aquel odioso
un fulgor febril.
F&lt;!lizmente para ella eu madre había eahdo ya.
.
matrimonio.
Permanece taciturna; si.In tese que teme dejar nd.i vinar,
La casa estabJ. eolilaria y pudo encernm1e en su bab1taNo qoerfasufrir el suplicio de oír hablllr de los deeposi babia, los l!Ollozos que se anudan en su garganta.
ción sin hnblar ii. nadie.
,
sorios de \'ida! y ,,eral novio salir todas las ma!\anas paFelizmente la eeilora Castellar está de vena, y su lo·t arrancó j!!I sombrero qne arrojó lejos de Bl Y se puso
ra la Roseraie en donde pasaría. JargaP horas al lado de
cuacidad dispensa á loe d$!máe de pronunciar u na palabra.
de rodilla! contra su lecho.
Maria Teresa.
Et cielo ofrece á la \·ista un azul aterciopelado.
Se soiocaba y no podfa 1lorar.
.
No; prefería destroza.rae el cora,.óa dP. . mi ~~lo golpe,
El mar, liso como un espejo, relli.•ja no azul inmacuLa pa,ecia que una mano de hierro la apretaba IMs1epartír le, mds pronto posible y no volver ¡amas .......,,
ne~ y c¡•ie sn coraión ae había convertido en un bloque
)la.ría Teresa amaba ó. Vidal ...... ¿Podía no am1.1rle ....... lado.
Aquí y nllf, ni paso de la barca, remolinos adin.mantade hielo.
.
.A. esta id ..a, di~ rienda suelta á sos lágrimas.
tados cintilan al sol.
La pieza en que ac11b1\u de refuiiarse era precisamenSus ojos ~e llenaron de agna, lloró abundan~ment~ y
En !renw, las montañas, delineá:ndooe á la luz, ostente su apasent-0 de doncel'.a, aquel en que un o.no antes poco á poco aqne\lae bienhecborae lágritn3S la d1stend1e•
tan sus m~as lilasealpicndaa de polvo de plata.
bab[o. recibido el primer golpe de Vida\.
ron los crispados nervios.
La brisa trae á oleadas el olor de .los nnranjos y de los
E;ta vez la l.J.erida era mJis profunda y la agonía mlis
I'aenron mucbns horas
limoneros, ve.stidos de azahar, que creceuen los jardines
11tro1..
Ei sol poniente alumbró con eu lui;ob\~cua la desgarr~de la quinta 1&lt;O'.impia.,,
El año anterior al saber qne querían casar In con llono- doru desesper1.1ción y l:\s úlfüuas sacudida¡¡ de aqutlla
Diríase que el cielo, la tierra y el mar, se ban concerrato había sufrido, sobre todo, por la c.úda &lt;le ene suenlrna mortalmente l1erid:1.......
tado para acrecer el dolor de la despedida.
flo~,' pero le qnedaba mm V:.\gll e. peranza.
g., oyó en el vestíbulo la \'0Z de Honorato, que e:itra_ba,
La barca ee encamina lentamente sobre la cerúlea suHoy todo estaba lastimado, todo sangraba.. .
Violeta se levantó precipitadamente, se secó los o¡os,
Despué:; de haber tocado con su m !no la íelmdad, des- se lavó eon agua fría el rostro trastornado, Y bnjí, resu~J- perficie¡ pero por lentamente que marche, se aproxima
sm embargo, y abrevia la distancia entre ella y la costa
; de h·''·er
gU6tado nn momento la suprema alegría
pue~
úV
•
t~ li inmolaree, á. romper el último hilo que la unía au11
de Beaulieu.
de sl'ntir~e amada, le era p,·ecLqo eufrir 11011 torturn aphcpn Yidal.. .......
Ya se descubren claramente los ramílletea de palmecada con 'birb:\r0 refinamiento por aquel miemo qne la
ras
que se yerguen sobre las terrazas, las rOC3ll rojizas y
llabía deslumbrado con ese goce ....... ..
A la mañana sigu'ient.e, cuando el conde de S11int-Pona, la rm1n,lá de la Reserva.
Oh! qué cruelmente ingenioso había aido en la elección
La seftora Castellar consulta un minúsculo reloj, ensegún Jo babia prometido, entró áloe Leutiscoa, le introdel medio destinado á separarlos para. aietnprel. ..... •· •
No era posible qne amase á aquella María Teres~; no la dujeron al salón, en donde se hallaban ya su hermano Y gastado eu el macizo brazalete que adorna en pm1o, y
dice:
babia bcc;icado mis que p1r.1 elevar entre ello~ 110 muro
su cuñada.
-Llegamos con adelan~o, y tenemos todavía nws de
Yatllt9 maletas estaban eeparcidas en el netíbulo, Y
inlmqueable.
una
hora la~ antes de que pase el tren ......... Prop0ngo
encontró
;i
Honoruto
en
vías
de
hojear
un
B
..
deker,
Y lo hab(a conseguid,•!
Yiolet-a se eentía impotente para impedir aquel matl'i- mieotr,,s que Violeta, sentada á un pequeño e~critorio, emplear el tiempo que nOll queda, tomando el lw,ch
en In Reserva.
monio cuyo brusco arreglo indicaba en Yidal la inten• escribía apresuradamente.
-Eij buena idea, dijo Honorato aprobando; me agracióa preconcebida de arrancar de s11 propio corazón un
_:-; 0 s sorprendes en plenos preparath-m, exclam~ el
da,
t.nnto más, cuanto que comeremos mal en Vintíruille
menor
de
los
Saint-Pone;
partiremos
pasado
maf!.ana,
¡ueamor qne juzgaba culpable.
y non~ diegutará tomar un bocado antes de partir. ¿No
Le había ella. amenazado con separarse de l!onorsto, é vee, por el exprese de las cuatro!
inmediatamente había tratado él de reemplazar coa un
-Si, agregó Yioleta, sin alzar lo~ ojos de s11 papel; he es y1,rdad, Yioletn?
-Como gul!teb, murmuró la seílora de Saint,.Pone; peobstáculo más sólido el que ella meditaba destruir.
reflexionado en nuestra convel1!ación de ayer, Ycomo UB•
;.Qué podía intentar aún contra aquella voluntad tao ted, he penfado, que cuando se toma una resolución, es ro el temblor de sus labi011, el est..remecimiento qne corre
por sllil hombros, hacen temer &amp; Vida! qua eBa eslación
duramente expresada? .........
preciso ejecuta1 la sin dar tiempO á pemarlo ....... ..
en la Reseva, despierte en ella dolorosos recuerdos.
No la quedaba ya más recurao que abdicar y sufrir....
Se delu\'O un momento y se vohió hacia su cuiiado.
Quiaiera evitar aquella inútil prueba.
Repentinamente, como eeae percepciones extrannmen\'ida! estaba muy pifüdo; pero ea slll! ojos se lefa una
La ve ya tan desalentada, tan llena de desesperación
te clnras que se tienen en plena fiebre, 'se preEentó á voluntad inflexible.
!!ll imaginación el recuerdo del monasterio de :r..,ghet.
-Es más prudente ¿no es verdad? afladió lajo~en con ante la separación que se aproxima, qne ee 6iente invaYió coa penetrante lncidez los muros del convento ir- aspereia, y usted nos dist&gt;eneará qutl no asistamos á ...... dido de una piedad tierna, y se ingenia en provocar obgniéndose en el de.sien.o de un valle pedregoso, el campa• PU maLrimonio.
jeciones.
De~graciadamente tropieza á la vez; con el capr:cho de
nario deetacándose sobre el cielo azul, la fachada bnilada
-No sólo los excuso, respondió él con firmeza, sino
de sol en donde resaltaba sobre negro la placa co11111emo- que felicito su decisión ...... Hay circunstancias en qne la seflo1a de Castellar, encantada de lucir su vestido, y
tJ1ti va de la abdicación de Carlos Alberto.
no ee debe vacilar jamáe, y eeto sucede en loe casos de lo terquedad de llonorat.o qne se apega á aquel:a idea,
Se ,,e obligado ti ceder y abordan á la estrecha playa,
Se acordó del presentimiento que la había entristecido maroha y de separación ...... Hay que precipitarse ....... ..
que dominan las te/razas del restaurant.
á. la lectura de aquella inscripción melancólica.
cueste lo que cueste.
Recordó haberse preguntado con a_ngustia ai en vida esy como si hll biese temido deseo brir la secreta emoción
Como el 11.iio anterior, la Reserva eatit llena de gente,
taría destinada á 11.bdica.ciones más dolorosas aún Y si no que le apoflaleaba, ee apr~ur6 á despedirte, prometienBajo l1.1 ti~da. de tela, los mozos,lcon ciisaca negra y cormcenderia algnna \·ei ella á un ca.l\'ari0 más árido ....... .. do acompai1arloe el día de la partida á la estación de bata blanca, se apresuran obseqniosamente al rededor de
Ese dia de desgracia bab!a lle¡¡ado.
las meeas, casi todas ocupadae.
Beaulieu.
Después de su locuxa del invierno último, despufs de
TI
.Aunque la estlición está ya muy av1.1nzada, la conculna hol'll8 más breree aún en que el amor había parecido
rrencia es numeroea y elf'gante.
Ha
llegado
el
día
de
la
marcha.
nacer para ella, era preciao renunciar 4 todo y, á los veinEn una de Lss extremidades, Tioleta reconoce la banDesde por la maflana, loe eq•üpajes se habían mandado
tidós años, hundirse en las tinieblas de la noche, muy 1~
dada
alegre de sus amigos de antee:-i'l príncipe Kaá la estación, á donde los Saint-Pone peneaban dirigirse
jos de los paraísos apenas entre•:ietos.. ....... .
melll!ki,
la seflora Je Girelle, la peqneíla &amp;-lics-Aubagne,
Hubo un momento en que pensó termínarlo todo dan- por la tarde, atravesando la bahía, á fin de ocupar más
lady Snowdrop y el capitán Lejard.
agradablemente
1118
horas
pesadas
y
enervantes
que
predo un brnsco salto á la mu.,rte.
Eva La Freniilre, retenida en su CBl!a por su recienta
Se precipitó hacia la ventana y pasó al balcón que ceden á la salida.
duelo,
es la única que falta á la fieeta.
Yidal estuvo invi.Bible basta el último momento.
avanzaba encima del mar.
Como
el ano anterior, t..mbi.ln los músicos tooe.n sus
Juzgó que lo más prudente era evitar Loda event1ialiA unos veinte pies. bajo de ella, veía el agua lanzare~ al
Yalees
más
arrebatadores, entrecort.:idos por dúos popo•
am'to de las rPredee rf"jiza!! de l1.1 roca, ,·oh·er á caer cu- dad de una nueva con vereación con Yioleta.

4

Ü&lt;.,'TU.8.HE, ];)l:Jtj,

lares, qne 10$ doa ca.i.toree napolitanos acompru1an con
su música y su verbí. acostumbrada;
Hayan momeutofn ~ue le parece á Flor de Niza que
el tiempo no l1a marchado, que &amp;Ódo lo q11e ha sucedido
sólo fué una horroró!!ll pesadill.i, y se ha.!la de nuevo en la
época feliz en que ~eeía todJí su libertad y todas sus es•
penunas.
//
El cuadro es el miamo,
/
En torno, aquel.lA mesa en que está sentada, la acompaO.an los mi~moe ro/ros familmree---excepto uno, ¡ay!...
liaría Teresa-y i;,fu sola reflexión basta para acab.u
con su brev1- ílu~n, colocando de nuevo, ante 8118 ojos,
la dura, la ine:ibrable reatidad.
En tanto ~ loa violines, clarinetes y goitarras eUBpiran los úlloitnos compases del vals de la QQirina, escucha
ella maqninalmente d volar de las notas sonorru. y el rumor dé las conv~reaciones.
Se figura que es como una muerta que vuelve á aeietir
ú lns alegrías y á la~ agitaciones de los supervivientes.
Esi:a mú~ica de fiesta, esta alegríll ligera y pronto evaporada como la espuma del champague, le parecen de improviso vacfrui, ficticias, estériles,
Pienaaque no hay en la vida m.ís qne una cosa buena
y ,,erdadera:-amar sincera y profuu:lamente á on hombre, sobre cuyo corllzóa se puede repo;111r con dignidad y
.:alma;-touo lo dem!Úl, no ee mil.a que hWDo ........ .
Y esta delicia pura, eeta única. alegría del amor comP artido, ro lae conocerá. ella jamas!
E:;tá muerta para las únicas alegría'! humanas, que valen la pena de ser saboreadas!

•**
T realmente, en medio de aquella ruidosa alegría, tiene el aapedo da nna muerta.
s~s mejillas, pálidas como los lirios tronchados; sus entrecer.rados párpados, sus labios adelgazado~ y su nariz
a.til11Ja, la dan la. expresión de un rostro que la vida acaba de abandonar.
Vidal sient-e piedad del dolor que sulre, y trata de dis•
traerla habl&amp;ndo del viaje á Italia.
-¿ffas trazado ya tu itinerario? le pregunta á ffoaorato. ¿En dónde piensas de~enerte?
-Visitaremos primero á Florencia, reepondi6 é3te, saborean.lo su té, y luego nos instalaremos en Venecia.
-En Yenecia! exclama la señora Ca:!tellar; alójense
lllltedes en el Gran lllJl,:l, en. el antig110 pa.!ncio Terro;
allí se ve la mejor sociedad .........
-No soy de su opinión, seilora mía, replico Vidal, y
aconsejo á sus hijos que alquilen una habitación amue•
blada en el Gran Canal. E,tarán con más libertad y podrán comer en donde mejor les parezca ...... Hay na pe•
queno restaurant que les recomiendo, y que está situado
en la Mercería. Es un Jugar íntimo qllll les a.gradará.....•
Cuántas veces be almorzado allí, en la pieza del fondo,
mirando las góndolo.s deeliza.rse:SObre el agua ob,curecida,
entre dos negras fachadas de ventanas, en donde florecen
claveles rojos!.. ....
Violeta le escucha como en un sueflo.
Ve allá en lontananza, bajo la bruma, á lu vieja ciudad
de los Duxes, y le parece que jamás tendrá faenas de Hegar hasta ella.
La penetra una hoja aguda en el corazón, á la idea de
que antes de aquella noche, se hallará lejos de los objetos familiares y de los rostros amigos que la rodean.
No p11ede creer en esta cruel y bárbara separación.
o.ot1S ojos ae abren de súbito para contemplar el paisaje
amado que va á abandonar, para penetrar.se de él y llenr coneigo los menores detalles.
Aquella larga mirada de degpedia.a circular la causa un
inmenso dolor, y con Ealvaje refioamieuto trata de wírir
más aún.
Cuando uno de los cautautea, en vías de hacer la colecta ae acerca á la mesa, le deslíza nna moneda de oro y le
pide la Cimcíá11 delos ojos.
El napolitano, de blanca dentadura, Je responde con
una amplia sonrisa de aquiescencia; luego vuelve junto
á la. orquesta, é indica con su gn.itarra los primeros compllllll:l de la dulce melodla.
De pronto, bajo la tienda bailada de sol, lae dos vocee
l!Ullvel! de los can$antes entonaron 1a primera copla:
Oh ardientes ojos negros de langnidez preíladoe
Ojos que cual licores, nos dejáis Hnbriagados
•
tljos que adoro mucho
'

EL .MUNDO.
Y temo más aún......
B.illos ojos hallaios en días de inquietud:
Como por fondo mágico de sima adormecida,
Por BUS profundidades seo.U atraer mi vida
y mi alml.l perderé
Por ver la llama hermosa
Qoe lenta me devora
El corazón también.
Ya no me importan nada mis dílll! de rev-t!l!es,
Ni las amargas lágrima~ vertidas tantas veces;
Lo qne me den 109 hados
De duelo ó dP, alegría
Lo be ofrecido á eiios ojos adorados.
La triste canción llena de sollo:i;os, con sui repeticio-

Gl
una úlLima mira..ia de desesperación el mar y la costa de
San Juan¡ lnego, maquinal, pasivamente, sigue á sus
compafieros y atraviel!a la iierandá. sin ver siquiera el r;mpo &lt;le sos antiguos amigoe-Kamell6ki, la seilora de Soli~s-Aubagne, lady Snowdrop-que la eep,an al paso y
comentan malignamente su palidez y lo.alteración deeue
facciones.
Ascienden ahora en silencio 1.. rampa que conduce ó. la
estación.
• Cuando Uegan, se hs dado la sefial de la llegada del
tren.
Yidal, para ocupar en algo su imaginación, se encinga
de comprar 10!1 boletos y registrar el equipaje.
Apenas ha satisfecho estas formali,des, cuando hega
el tren con formidable rapidez.
A última hora, In señora Castellar &amp;e resuelve á acompañar :t los viajeros hasta )Ic&gt;ute-Carlo, en donde ternunará la velada.

n"5 llenas de zalamera ternnra, snbe como un encanto
en el aire laminoso.
•~
- d
. d
• .
Oh! pe oet. ra n..,
y engana. ora mag1B e esa, ml1S1ca~
oídas ba tiempo en las e.il.aciones felices, y q ne resuenan
de pronto á nuestros oídos durante los días del iufortu- • Honomto abraza á sn hermano y llega luego el inetan&amp;e
niol......
temido, en que Vid.al debe despedirse de su cufiad&amp;.
Ellas 009 dan un instante la ilasión querida de lo! g&gt;•
Honora.to y la viada han eubido yaal vagón. El Conde
ces difilntos, luego nos hacen sentir, con implacable dureY Flor de Niza ben permanecido eoloa cerca de la porteza, la amargura de las renunciaciones, el duelo de lo qoe
z11ela abierta Y sos miradaa se crnzan.
no volverá ya nunca.
-Valor! murmuró Vida), tendiéndole ln mano á la
E~ como una oleada de sol aparecida brevemente en la.
joven.
bruma y que ee desvanece, dejando 80 lugar á una nos'C'n eeg110do más y la hubieran traicionado 8118 fuerzas,
tálgica niebla, cuya bnmsdad helada 003 peoetra eu el
Y se hubiera arrojado sollozando en los brazos del qne
corazón.........
bn.bfa despedazado su comzón.
,
Pero han dado la señal de mal-cha; el cond11ctor empn•
Flor de Niza se h:i.bía puesto de codo1 en el p1rapeto
ja vivamente á Violeta, obligándola á entrar en el ,•agón,
de la terraza, coa el rostro v11elto hacia el mar, pnra qne
cierra brutalmente la port-ezue\a y ni siq11iera le dl'ja
no Je vie.sen los ojos húmedos de lágrimas.
tiempo de decir u Adiós !11
A travé3 de estas lágrimrui, mira el círculo de verdura
que se redoniea muellem~nte hasta la extremidad de la
El tren parte con su rnhiosa premura, y algunos instantes después se hunde bajo el túnel de Ju Peq11eña Afrípeniosula de San Hospicio.
Todo el poema trágico y duJce de 811 javentud, estl
ca ...... y lentamente, coa una angustia que le sofoca el
pecho, Vidal ee dirige hacia la Roseraie.
contenido en los repliegues de aquellas colinas bajas, on•
•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• .. •••u••• .. •••••••;••
dulosss. c'.lbiertas de pinos y de olivos.
Y.
Allá, lejos la quinta «O!impia", alarga su fachada de
marmol y su terraza plantada de cipreces.
Lt Seilora (le, :iinl-Pnn., al f'midr. f"icud &lt;k Sni&gt;.t-j'om, m
En frente, el &lt;nodesto campanario de la iglesia ae yerl,i &lt;¡ui11t,1 de la Fuuári, E,",m Jwm de Vi/lajranoo, .Alpu
gue sobre el pequeilo puerto adormecido.
.ltfal'itimCM.
L'&gt;S Lentisco,¡ y la Fou.án, ee descubren como minú~•Venecia, 23 de )!ayo de 1_89....
culas nuncbl!l, color de rosi!., en las verduras d~slnmSé
que
va
usted
.t
casarse
el día 2:; y he querido que
brantee.
recibiese
esta
carta
la
víspera
de sn matrimonio-no para
lfás lejos, San Uospicio levanta su torre ma«iza, como
que
perturbe,
ni
como
queja
ni
como reproche, la bon
marcando el límite de aquel rincón de tierra. en que Vioen que va usted á pertenecerá otra, sino para que Je Ueleta ha amado ........ .
:'.'II.ts allá est:1 lo del!conocido, las lejanías brnmosas é ve·Ja expresión de apasionada ternura de una pobre extraviada que lo amará Qiempre á pesar de todo.
indecisas del destierro.
Su mirada ee Vllelve con -aspanto, y se desvía desesperadamente bacia la deelumb.rMorasuperficie de la hahía.
El cielo, de un azul exquisito, desciende como una clricia vol11ptuosa sobre las cúspides boscosaa de las montallae; el mar llamea; abajo de la Reserrn, encima de :aa
olas azules con frnnjll9 de espuma, dos m~riposae blancas se persiguen amorosamente.
Toio aquel p~is~je encantador se ensancha en 11na inmensa sonrisa.
Guanh una irónica impasibilidad frente á. la agonía de
1n joven, y piensa ella qne mi.flln.a, cuando e, halle lejos, aquel paisaje tendrá. !As mismas sonrisas, los mismo~
colores de fiesta.
Aquel rincón de tierra es·Ja imagen reducida de toda
la costa azur, ea donde los extranjeros, sin cesar renovados, \•an y vienen, siembran en los senderos floridos sus
alegrías y sus penas, y luego desapiarecen sin turbar la
impasible serenidad de la nata.raleza.
Y es también el s!mbolo de la sociedad cosmopolita
acampada en las ciudades del litoral, aquella Canci6n de
fot ojua, con eu melodía. ardiente, voloptu()!!a y trii:te, que
expresa bien las pasiones azarosas, loe placeres perturbados y el vértigo sensaal......
Oh ardientes ojoe negros de languidez preftados,
Ojos que cwü licores, :nos dejáis embriagados,
Ojos que adoro mucho
Y temo más aún ......
Bellos ojos hallados en días de inquietud.

..

**

-Vamos, mi querida Violeta, exclama Honorato, ea la
hora ......... Apenlle nos queda tiempo para llegará la estación.
SJ.cude la joven dolorosamente la caben, abran con

Cuando nos separamos, pudo usted haber crel(lo que
partía con incurable rencor dentro del corazón, y no
quiero qne comience usted su nueva existencia con ningím resabio do inquietud ó amargura ......
No, Yidal; mi dolor es inou.rable, pero yo no conaeno
ningún resentimiento.
He comprendido la repentina determinación que le
impulsaba al matrimonio como hacia un refugio y séqne
ha debido s11úir bastante, porque ha. habido una hora en
que usted me amó de veras, y que le ba sido preciso recurrir á un valor cruel para levantar este obstáculo entre
nosotros.
Yo no hubiera tenido ese valor si hubiese sido Vida!;
pero me he dado bien cuenta de que nuestro~ dos caracteres son absolutamente diferentes
En usted, Ja raión domina á todos los sentimientos; y
yo coloco la pasión por sobre todo.
Ella me po.see en cuerpo y alma, y todavía ahora, pene-ando en UBted, la siento 1¡11e me abrasa y que me trítun
el corazón.
Por ser su.ya, Vid.al, hubier1.1~isoteado toda chse de
consideracionef!, de honor y respetabilidad; y por ei&gt;to tt0T
tan profundamente. desdichada, porque ei.periment-0 la
necesidad de clamar á usted desde el fondo de mi desventura y de mi abandono .
Oh! qué agonía la que !lllfrf en la terraza de la Reserva! tOialil que jamás conozca usted nada semejante!
Todo lo qr.e veía, todo lo que sonaba en torno mío, en
como un peso más agregado á la agobiadora cruz que llevaba á cuestas......
iY aquel crepúsculo en el vagón, mientras el tren me
llevaba más lejo11, siempre má.e lejos de usted y de mi
querido San Juan.
Me mord!a los labios para no eEtallar en ~ollozos, por-

�BRE,

que bu l,1:rllillUJ c,,Lllba allí, [rentt: de mí, y, por wrnum

¿ ""~ me uab:a prometido á mí misma, no d"'jatle adi•
,·iuar nada.
D,lrmimos en Génova y pasamos el día siguiente allí.
Jt[e dejó llev11r al Acqua .:-ola, 11. San Lorenzo, á loe pa·
tacios de la vla Garibaldi y me violentaba para aparenur
que hallaba interé11 en el!llll C08a!!.••••• era preciso, puesto
que yo bahía deeeado haef:f ti viajd, .....
Jgual enplicio en }'lorencia, pero mil!! largo y m'8 ineoportable aún, porque babfll más obras mael!trus que
admirar.
)tiraba yo sin ver y admiraba con los lablos.
llilbía dejado en 5au Junn mi entusiasmo y mi gusto.
llí 1ínica al~ría eta errar por las calles por donde ueled había debido pasar. y bu~cnr entre los alojamiento&amp;
4e Lirngarmo, la caPa en ,¡11e u~ted hubiese habi~do.
Abora nO!i tit-ne ust.ed en Venecia, y en esta ciudad
que usted am~, mi pena es acaso máe amarga todavía,
porque comprendo aquí mejor que en otra parte, lo que
hubiera podido eer mi vida y lo que ya nunca podm

eer.
Oh! maldecidos errores del dettinol
Si hace un año, en lugar de C88arme con su hermano,
me hubiese 11sted pedido, qué delicioso hubiera sido vi9ir aquíl
.
Sólo usted hubiera. podido hacer de mí una verdadera
mujer y deearrollar lo que ha~de bueno en mí.
Con uated la pobre Fior de Niza hubiera podido abrinie
, la claridad y al amor.
Me repito esto á todas horas del día, y en medio de esta
ciud\d mágica, Lan armoniosamente creada para que
paedan aaborear loa amantes lo que hay de mlÚ! Intimo y
aqnieito en el placer de vivir, me siento más soliwia
dn y miserable. ·
Babitamoe en el Gnm Canal, en un rincón del palacio
antiguo, cuyo piso bajo lo adorna un emparrado.
BonorKtv pua largas horas en las bibliotecas y loa
mnaeoe; yo permanezco sola pensando en U8led.
Cuando aalgo, lóe nnmerOl!Otl detalles del exterior me
ftCUerdan ou'-nto ee iniereaaba 11eted eu ellos y con qué
emcan'4&gt; me loe pintaba.
En la mafia.na, cuando atravieso el f"ampo que se extiende inís el palacio, el patio resuena oon el ruido de
ehanelos de las mujeres qne ,iencn á llenar en cántaro
al poao.
Bajo loa pórticos, los aldeanos, desembnrcadoa de la

1896.

tierra firmf", euienden sus cestna llenas de nardoe que dad del crepús~ulo, en aq11f'I hermoso iewpo en que sen
e&amp;parce la priuiaver.i.
tia su afect.o envolv1:rme má!I y más tiemamente y en que
Un movimiento inatintivome impulea l. comprar un yo me e;;iorzaba por huceni'ie mt-jor! •......
ramillete para prendérmelo al corpil!o, y al punto me
Son mucho!!, allora, log pr9yecws de :reiormn, inútiles
digo: o¿Parn qné?• y pi.so adelante.
las hermosas resolucione,o!.....,
Todas las alt&gt;grías de Yenecia son para mí como estas
Y mis veintidÓ3 aílos han sido con4enado3 yo á la
cestas de nardos.
muerte, cuando me q1iedan toda'lfa largos y numerosos
El encanto de las flores, la poesía del agna y dP los aüos de juvent11d que vivir! ......... ,
viejos palacios, la fiesta de loa color~s. L'\ alegría de esas
¿Cémo los emplearé ahor.1 que se me h:i retirado la
I
multitudes qn~ ee codean por la noche alreledor de lrui mano qne me sostenía?
mú~lc::e en h plaza de &amp;in :'l[arcoB, nada de todo eet&lt;, me
¡.\.y~ ¿se lo confernré á usted?., .......
conmt1e\·e, porqu~ lo que habría dado :i todo vida y sabor,
Presiento que seré mlÚ! que nu11co. juguea,¡. de los aconse La alejado de mí para 11ierupre.
tecimiE&gt;ntoe.
Las ilnsiones, los ardores, los pensamiento.s generosos
)IenUrfn si le prometiese !egnir ~iendo la mlljer seria
que me apartaban de la tierra, cunnd.:i en otro tiempo é impecable que usted l'oilo.ba.
vagaba alegre por los c:uupos de nnrcisos de nuestra p~
Me conozco¡ no teng,1 tenlperamento para la resignanínaula, todo me abandona ahora.
ción y par,1 la rirtud por o.mor ,t la virtud misma.
Loe siento 1111.lir de mi conu-ón como de una casa en rui·
Lo bnbiera t,enido para agradar 1i usteJ, pero ahora
naa; los veo como se van y se pierden como esas góndo- que hemos llegado á serextraiio3 el uno para el otro, dilas iluminadas y cantantes que seguía ayer con la vista go comu cuando los nardos iP.ira qué?..... .
en el Gran Canal y que deeeparecfan una tras otra en el
La sociedad que he conocido:en Niza,'puedo·enconLraln
recodo de una lognna obilcura.- Aún mis trf!,nsportes de eu YeneciR, en Nápoles 6 eu Palermo¡ lo.a disipaciones
piedad me cansan y se vuelven ca4&amp; vez más raros!. ..... á que 11sted me ha arrebatado, se apoderarán nnemmenHubo un momento en que quise buscarla devoción pa- te de mí alguna vez y quizás me dejaré arra~trar......
ra desechar de mi espíritu la rebeldía que siento que ruEn ese mundo no enLregaré jamas mí coraz.;n, porque
ge eordamente dentro de mí.
usted lo poseé mín y nadie n11ts que usted lo poseerá; peUna maiiana, impul::!ada por eldeaeodeencontrar con- ro le pediré á lll!e m1m lo lo que puede darme; el medio
suelo en lae prácticas piadosas, fuí á la iglesia de San Za- de aturdirme y de olvidar mi pena ........ .
nípolo.
Odiosas palabras son las mías y á usted le lastimará el
Me esforzaba en despertar de nuevo en mí la fe y el ferque
las diga; pero de todas mis cualidades de antee, la
vor que tenía de niü!l.
única
que he coneervndo intacta, es la franqueza, y usLa na,•e·principal ea taba solitaria, silencio~a y obecura.
Con sue magníficas tumbas en d,&gt;nde dlll!rinen los du• ted es el único hombre q11e pudiera tener derecho á mi
completa y sincera confesión.
xea, antes gloriosos y soberbios, hoy aniquilados y olviAhora, Yidal, adios!...... y una s\'ipHca ntín!•.•...
dados casi, la iglesia invitaba á 18.11 rneJi~acionet&gt;, ni caeti·
Csted que tan d11ra.rnente ha rechazado mi amor, no
go de la carne, á la humildad de corazón y me sentía imrechace el de@eo de una mt1erta, p11est.o que Flor de Niza
pulsada á arrodillarme en el fondo de un confesionario
el! 11hora una muert.a para usted!
entrevisto en la sombra.
Le suplicó qttecuando ee haya casado, busque usted
Repentinamente, nlÍentraa vagaba en busca de un iacerdote y al ntraveear la capilla del Rosario, descubrí un un pret.e::ir::to para ealir de ~iza ........ .
Algún día tendré que volver allá fatalmente ...•.•
adorable bajo relieve que representaba la vida de NnesAbórreme, siquiera, la tortura de verle gozar con otra
tro Senor.
Al punto me acordó de las sencillas escenas del teatro una felicidad que me ha negado........ )' que le deseo á pede la Pasi611, en la vfojn ::S-iz:a, y todas mis ideas de pie- ear de todo.
dad y de penitencia se desvanecieron.
\"JOLET.\,»
Ya no pensé sino en usted, en nuestro paseo por el vie•
Fin de Flor do :Slzn.
jo castillo, en aquel regreso tan dulce, 1í la eemi-obecuri-

....,..ec:.o ~,.._ -""'~•co

-PA.~

"'C.L MUNDO"' POt J . A:-;.,._~Ye"-•

GE.NERA!t D. P0RFIRI0 DIA.Z,
~E: LA F OTOGRAl'IA

-FO NOO
RICARDO COVARRUBIAS

BUSTAMN_T E- PREMIJlDA .

,ese)

l

•

�6.!
taue bU l.1,rwau..1 ljO:Laba allí, freotte de mí, y, por wmui;a

tierra firm.-, extienden sus cestas
esparce la pri1JJavera.
viuar nada.
Un movimiento inaUntivo me i
Dormimo! en Génova y puawoe el día siguiente allí.
ramille!Al para prendérmelo al cor
Me dejé llevar al Acqua Sola, li San Loren110, á loe pa· • digo: .-¿Para qué?n y p¡.so adelnute.
lacios de la vía Garibaldi y me violenLaba para aparentar
Toda■ las alegrías de Yenecia ao t
t¡ue bailaba interés en f'8lll! coeas....•• era preciso, puesto ceetas de nardos.
QUe yo había dtteado haetr 1.-l viajl-1. .....
El encanto de las floree, la poee
Jg11al euplicio en Florencia, pero más largo y mú in- viejoe palacios, la fiesta de loe col
eoponable aún, porque había m411 obras maestras que multitudes qne ee codean por la n
admirar.
múeic::.1 en b plaza de San Marcos,
)tiraba yo ein ver y admiraba con 106 labioe.
conmueve, porque lo que habría da
Il11bía dejado en San Juan mi entusiasmo y mi gul!t.o. ee ha alejado de mí para aiempre.
lli única alegría eb errar por las callee por donde usLas ilusionee, loe ardores, los pe
led había debido plll!ar. y buecar entre loe alojamiento&amp; que me apartaban de la t.ierra, cu
61 Lunprmo, la oál!a en que uet.ed hubiese habi~o.
vagaba alegre por los campos de n
Ahora noe, t.jene usted en Venecia, y en esta ciudad nínBU.la, todo me abandona ahora.
,¡ue uated ama, mi pena es acaso mú amarga todavía,
Loe siento ealir de mi coruón co
porque comprendo aquí mejor que en oira parte, lo que
nas; loe veo como se van y se pierd
bbiera podido ser mi vida y lo que ya nunca podrá las iluminadas y cantantes que aeg
en el Gran Canal y que deaeparecí
Oh! maJdeoidoe errorea del dedinol
reoodo de una laguna obacura.- A
Bi hace UD afio, en Iogar de cau.rme con 10 hermano, piedad me cansan y ae vuelven ca
me bubleee oned pedido, qué delicioeo hubiera 11ido viHubo un momento en que quiae b
-.ir aqoll
ra deaecbar de mi espíritu la rebeldía e
1
Sólo ueted hubiera podidb hacer de mí una verdadera ge aordam1m$8 dentro de mf.
•ujer y desarrollar lo que ha~ de bueno en mi
•
Una maftana, impnlaada por eldel!eol
Oola oeted la pobre Fior de NI.Ja hubiera podido abrirse euelo en la&amp; práoticaa piadoaas, fuí á la
nfpoio.
, la claridad y al amor.

i uPsed, me habfa prome~ido á mf misma, no dejarle adi-

....

Jle repito~ , &amp;odas hora■ del dia1 y en medio de eeta
eiadlld malgioa, tan armonioeamenMi creada para que
pattlan aaborear loe aman• lo que hay de mú ínLimo y
aqawto en el placer de vivir, me aiento más aolitaria
a6n 7 milerable.
Bahitamoe en el Gran Canal, en un rincón del palacio
ami¡ao, cuyo ¡,tao bajo lo adorna UD emparrado.
HonoN"1 pua largas boraa en lae blblio&amp;ecaa y loe
a118e01; yo permanezco aola penando en uaed.
Oaaado atJ¡ó, lóe númel'óaOI detalle■ del uterior me
ft!Ceerdu oún&amp;c&gt; ae mtereeaba oeied en elloe y con qué
aioaalo me loe pintaba.
En la ma!laaa, euando atravieeo el O:impo •que ae ex•
tieDde ,rila el palacio, el patio reaoena oon el ruido de
ehanelot de lu lii"ujeres que vienen á llenar 10 c4ntaro
.i po&amp;o.
llaj~ loe p6nlcoe, loa aldeanos, deeembarcadoe de la

Me esforzaba en deapertar de noevo en
vor que tenía de nin!'.
La nave-principal eetabaeolitaria. silel\
Con sna magníficas tumbas en d,&gt;nde «:
xee, a,iiea glorlOIOS y aoberbioe, hoy ani.
dados cul, la igleeia inviMlba á lae meditll
go de la carne, , la humildad de corazón l
pnlaada á arrodillarme en el fondo de u~
entreviaio en la sombra.

Repentinamente, mientraa vagaba en :
cerdote y al atraveear la capilla del Roear
adorable bajo relieve que repreeentaba 1~
tro Sellor.
Al punto me acordé de Ju sencillas eeu
de la Pa~i,fa, en la vieja Ni.za, y todas mis
dad y de penitencia 1e deevaneeieron .
Ya no pensé Bino en IJ8ted, en nuestro pu
jo castillo, en aquel regreso tan dulce, lila~

\

-t-teC:-t-10 l!,Nt. h \ ~ C O ..PA~

""~ L MU"DO"" POlt ,J. • -~t't'l!!flt.; ..

GENE~ D. P0RFIRI9 BIA~
-

-FONDO
RICARDO COVAt RÚ

(o~¡v.

l'OTOGRAl'IA

l!USTA,..NTE- PltEMIAOA -

,ase)

•

�ó.!

J&lt;.:L MUNVU.
u

üerra lirmP, e:.:tienden ce■ taa llenaa de nardo&amp; que
eeparce la prlwavera.
Un movimien&amp;o inMin,ivo me imp1Jl• , comprar un
,rioar uda.
l).Jaaimos en Génova y paumoe el dfa siguiente allí. r■mlllet.e para prendérmelo al corpiAo. y al pun&amp;o me
lle dejé llevar al Acqua So'-, , Sen Lorenao, , loe pa· · digo: •¿Para qué?• y pe.so adelau&amp;e.
lacioe de la Tia Garibaldi y me violentaba para • ~ l a r
Toda■ laa alegría&amp; de Venecia eon para mf como esm
. . . hallaba ínteré8 en eaas ooeae...... era preelao, pueao
41'18Yº había det!eado baeer t-1 viajtl ....••
J¡pa1 1nplicio en Florencia, pero mú largo y IDÚ! ina,ponable aún, porque habfa m'8 obra■ ~ r u que
41ae bU l.unw111.J t111Laba allí, frentt, de mí, y, por &amp;ernnra
&amp; 11Pred, me habla promdido, mf misma, no dejarle adi•

mmirar.
)tiraba yo ein ver y admiraba con loe iabioe.
B11bía df'jado en San Juan mi enioeiumo y mi guao.
lli áirlea alf'l(l'ía eta errar por laa callee por donde uaW había debido puar. y baecar en,re 1m alejamieo'°9
41e Lungarmo, la - en que uated bnbiele habi\ado.
Ahora noe ~ne um,d en Veneeia, y en e8'a oiadad
. - nned ~ . mi pena l'II acaao JÚII amarp t.odavía,
, . . . . comprendo aquí !Mjor que en ova parte, lo que
lmbiera podido 18r mi vida y lo qae ,a mmca podn

....

Ohl maldfeid01 eno'NI del cleülnol
8l 1'1ce 1lll aao, en lapr de caaarme Gil hermano,
- lanblNe lll(ed pedido, qué ~iciOIO hubiera aido vi-

w aqull

•

86lo uted bu~ ¡MiC1ldb hacer de m(

verdadera
• • 7 cJearrollu lo 41J41 haAde bueno en mí.
•
Cala lllle4 la pobre Fklli'«é la habMra podidoabrirae
olarkla4 7 al amor.
11118

,1a

,Jrerepbo.-O*t:odllhonlldeld&amp;, yenmediodeeela
creac1a pua que
~ •bolear lo■ amantea lo que hay de mú fmlmo y
~ en el placer de "1m1 me aiemo 111'8 IIOlliarla

~ _..., lul VIDODloament'I

...., .............

PaNtaem • el Gran Cual, en ua rino6n del ¡ialaolo

IÍIÍlll'IO, cayejtiioba,lo loaclorna un empurado,
BODOrlillJ pua lalpi hona en lu blbliQ&amp;eoaa y loe

-;yo,e,maneaooaola~• -ed.
OlllallC1á -.l¡á; lclll DilllHINll!CII de&amp;allea del ederior me
UD a•dp·aúnto ae ln&amp;enlll,a a8'ed en; elJoe 'f 00D qo4
•• , ..... - . lo■ pbtahl.
&amp;a la mellent, eando Ura'fielo el Ontpo que ■e u:•
. . . .,_ el,-.,lo, el
reeaena ron el ruido de
■hlí ■tJoe de liia anjene qae vienen , llenar 111 cwitmo

.....

.j.j, Jaa ~

""°

loe alcleuoe, deaembarcadoe 4e la

.FONDO

RICARDO COVARRUBIAS

dad del erepúuulo, en -.nel hermoso Jempo en que aen
\fa a.t\ afee$() envolverme~ y m'-8 tlefamente y en que

yo me eefotzaba por haee~e 111ejor! .....•.
~n mucboe, ahora, los p~yelllol de forma, ind,Ue■
lu hermo■a11 reaolucionee! ..... ,
Y mis veinlid6t años han a¡_do co,nienadoe ya i1 la
muerte, cuando me quedan ~
y numel'OIOII

~ U111A1Qtud-Au,

•

=.:_:.¡;,:.::...o.¡.--•

�EL AR]N.IXJ.
. -.... ~ wcaba alll, frente de mi, 1, por wrnma
• ..-.., 111t1hab!&amp;~do i 181 miltma, aod$,i'lel4i•

waaruda.

Jle,_
._..ele•

tien-a 4flllf", e s ~ ea ceetu llenu de nan1Mqa,
•parce la prlmaYera.
Ua morim&amp;mlo inmnliYO me impulea , oom,-. 1111
ramillek para pa-eacM.melo al ~ y al pmto me
i1flo: ey.Plláqa6111, puo ~
Toclu Jaa alegra de Venecia ama~ mi como . .

&amp;nalmoe ea Góo'I'&amp;., .,...._ er cVá ~ • -111.
lleftr al.Acqoa:SO~ ,a.a~ l Jc.¡,aTia Garlbaldl~.e:riOleaWIIII paraapllt'lll&amp;a,:
~llllllaba 1-"V8 ... --······ en. pNCJac,,,.. ..... de ......
llallfa4el!eWo i....r el 'ffajel••• _.
Bl.....,cle•.8oiw, la poilla del .-1 dlt ioe
l i á o e a ~ pere mú luJO 1
Ja. -~~Ja . . . . u.teoJoiñ!e,1&amp;...,r,.11e . .
,a111111,1111n--. fOIIIGe liáhfii. lble obrar ..._.... c¡ue · malt#u&amp;II qu¡e
ele Jaa
1 tToa•uh:)llasa4&amp;8an__,D'íllac1ttodo811eme
lha ffl' 1.iamil'abl COA ICll ~
~pon¡-.loq,eNabrlac1Jido410do'tfda7 ....,

•10

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.....

4UJ;&amp;mlaa

..
...........

•--.""·

-~por•~--~

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,'balear ....
..a

dad ctel erepda.sulo, en
U..-,i allc&amp;o eavolver-~~
:,o,meeefonab&amp; por baoe

Sola smich&amp;e, ahora, los DIID1rMllóOII

l a ~ reeolueionee!.....
Y mia vebUid61 dos hart;-. ...,~¡p4&amp;:
muerte, cauclo me qaedau
alloa de jumaklclqqe rivir! .•,••.•.•
¿C.m~
lot ~ ahora qoe
•I
maao qae me eoilte1ila'
1A,! :¿ee lo ,cm,-nU ~ ?.......,.
beeleoloqaearf ID•·• DQIIOa:..:::~~~íall:~ -

~_,.ft. ._¡p

€0MP.Affn.E.NF&gt;e EL. B.ESAYuN0.

7-erJ . . . . . .

I

(

(o&amp;&amp;. NATU114L_)
J . WIS ltfQUENA, ~E•
l!N l!I. CDNCUJtS0 ~OTOM•-co ~ CON 111 ~

fOTOMArlA Dfl LIC.

-•

""' ~L MUNDO"./

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�DetE, ll:S96.
-·-....:..:;-='-=-==-=== ====-== -=== ===-=========== =""F'-== = ,~-==
==
que bU l,crwnu.&gt; .,.1,u1,m allí, írenh: de mi, )', por \f'rnura

i 11,ted, me hab!a promeiido ll mí miarna, no dl•jarle adj.
vit,ar nada.
D nnimo., en Gé.nova y paaamoe el día eígnil'n~ allí.
Me de,jé lit.ar al .!\cqua !:iota, ti San l,oreoao, , foa pa·
laeí!JS de la vla Gnribaldi y 1ne \"iolenLaba para nparent.ar
~ue hallaba Interés er, t't!U COl!ll! ...... era pl't'Ciso, puesto
c¡1.eyo había dtt ado haei:r t-1 vlaj1c!.... ..
Jgual eupllcio en Horencia, ¡1e,ro múe largo y 111'8 inllOporlal.Jle aún, porque babf:i mú obru waea~raa que
admirar.
.Miraba y11 sin ,·er y a&lt;lmirabn con l011 labioe.
Uabía df'jado en Ñln Ju.·rn mi l'lltueiMmo y 11,i gn!to.
lli única a!l'gría eta errar por 1118 callee por donde W!·
W habín debido J&gt;&amp;!Br, y b1m-:ir Pntre los alejamientos
4e Lungarrno, la Clll!B en que lll!ted hubiese habitado.
Ahora 0011 liene ll!led en Venecia. y en esta ciudad
c¡ae uated am~. mi pena Pll aC3Bo mJ1a amarga toda\•ía,
porque comprendo aquí ml'jor que en olra parte, lo que
hubiera podido ser mi vida y lo que ya nunca podrá

•r.

Ohl maldecidoe errores del dl!l!tinol
Si hace un ano, en lugsr de CMllrme con so hénnano,
- hubll'Be w,ted pedido, qué dellciOIO hubiera sido vi-.ir aqull
Sólo utted hubiera podido hacer de mí una ,·erdadera
aojer y deearrollar lo que ha7. de bueuo en mi.
Oon uat.ed la pobre F;Ol' de. ·1ia hubiera podido abrirse
, la claridad y al amor.
lle repit.o ee&amp;Q , toda horae del día, y en medio de eeta
clud.\d. mlglca, tao armonioeAmenwi creada para que
p!Hdan tabort&gt;ar loe amanW!tl lo que hay de mú fnlimo y
aquleito en el placer de \;vlr, me eient.o mü aolitaria
dn y mieérable.
llabitamoe en el e ,ran Canal, en un rincón del palacio
nli¡no, curo pl110 bajo lo adorna un emparrado.
Honol'l\w pas largas horas en lu bibliot.ecaa y loe
auae&lt;le; yo permanezco sola pennndo en neted.
Cuando aalgo, loe numeroeoe detalles del exterior me
ftClaerdan odnt.o se Interesaba 11ined en elloe y con qu6
encanlo me loe pintaba.
En la manana, ouando atravieso el G11mpo que se exlieode '11111 el palado, el patio resuena con el ruido de
ehanelos de l8IJ mujer-ea qne l"ienen á llenar eu cántaro
al poso.
Bajo loe p6nieoe, loa aldeanos, deaembarcadoe de la

ilerra tirnw, "xtienden soe ceetas llcr.M w, nardae que
csparoe la priuia,·era.

Un mo\"imlento insUntivo me impu! á compMU' un
l'llmilietu paro prenMnnelo al corpillo, y al puo&amp;Q me
digo: •~Para qué?• y p..eo adelaor.e.
TodBl! lu al&lt;'gl'fl15 d Venecia son p:1rn mí como eetas
c.. tru, de nardos.

El enca11CQ de las O res, In poesía del agua y di' loe
viejOI! palnci011, In llesl4 de loa colores, 1s al,:iría de ee:is
mnliitudes qne ee codean por la noche alreJedor de las
músic::e en b plun de &amp;n Marcoe, nada de todo celó me
conrnneni, port¡n,; lo que habría dauo al todo ,·Ida y sabor,
ee ha altjado ile mí pata eiempre.
la iln lonts, loe nrdores, lo! pensamientos generosos
que me apartaban de In til!l'ra, connd,, en olro tiempo
ngaha nll-cre por Jo campoe de narci!oe de nuestra p!!r1ful!U.la, lodo me abandona ahora.
!.os siento aalir de mí coru6n como de uon casa en rui•
nas; loa veo como ae van y se pierdt&gt;n como esa~ góndolu iluminadas y cantantes que 8t'~Ca ayer con la viata
l'n el Gran Canal y que deeeparecfan una traa otra en el
recodo de una logirna obacura.- .Alin 111ie transportes de
piedad me cansan y l!8 vuelven cada 1-ez más ral'09! ......
Hubo un momento en qoe quise b11scarla de roción para deee,;har de mi eapíri~n la rebeldía que aient.o que ru•
ge i,ordanum~ dentro de mf.
Una mallana, impolsadn por el deeeo de encontrar con11uelo en las prácticas piadoeRI!, luí á la i¡;le@in de San Zanfpolo.
Me eelorzaba en despertar de nuevo eo ruf la fe y el fer.
vor qoe wnía de niti:l.

La nave·principal ecJtaboeolitaria, sllencioen y ob@curn.
Con sua magnífica! tumbas en d,mde duermen loe duxea, ante. glorioeos y soberbios, hoy aniquiladoe y olvidados caai, 111 igleaia Invitaba 4 lae meditaciones, al caetigo de la carne, 4 la hnmildild de corni(m y me seoUa impulsada 4 arrodillarme en el fondo de u11 coo{eslonario
entre\·iew en la eombra.
Repentinamente, mientraa vagabR en bnsca de un ,a.
cerdo~ y al atra,·eear la capilla del lloeario, deecubrl un
adorable bajo relieve qoo repreeeotalu la vida de Xnes-

tro Senor.
A I punto me acord6 de laa sencillas escenas del teatro
de la l'&lt;ui611, en la ,;('jn Xim, y todas mis ideas de pie•
dad~· de penil.('ncia ae desvanecieron.
Ya no pen!é elno en ns~, en n11ee1.ro J)beo por l'I Yiejo castillo, en aquel regreso tan dulc!', ti la aeml•obecuri•

d.ld del crepúoJUlo, en 44,1,I hermoso 'empo en que aen
tea &amp;A afecto en,·olvermem:1 y máe tle r.smentey en que
yo me íorzal por hacl•r111e mejorl ••1, •••
::Con m11ch011, ah•lra, los pr yec1os de ireformn, indtilee
las hennoeus reaoluciont!! !. ••••
Y mi veintiMu n11os hnn "{do codenadoa y:i. á la
mnerte, cuando me quedan toii4 fa largos y nuwel'O!!os
anos de juventud que vh·ir!........ .

¿C(&gt;mQ los emplroré ahor.i que ~e ma hn ret Ir.ido la
mano
' qne me sosten raft,
¡ y! l,se lo confofaré 4 uated? ........ .
Presiento que e~ más que n1111C11 juguel,! de los acoo•
teciml ntoa,
MenUrla 11i le prometiese epgnir deudo la n'1\jer ~ria
é impecable que u ted l!Oilaba.
Me conozco; nu tengo lt&gt;mperamemo pam In l'ef!lgna.
c:ón y pan, 111 vlrrnd por a111or :l la ,·irtud mism:L
J.-:, hubiera tenido para ngratlnr 4 uateJ, pt•ro nbora
que he111Q lll'gacJv ,l aerextr11no3 el uno p:irn el otro, digo cnmo cimndo lo~ nardo ,!P.ira qué? ......
La socieda&lt;l que he conocido:en. "lzn/puedo'encontrala
en Yeuecil\ 1 eu .'idpolei, ó en Pal~rmo; las dieipaciooee
a( q11e usted me ha arrebatado, se apodernr-.ln nue\-nmen•
t.e de mfalgana vez: y qoi&amp;:la me dejaré arra~trar ......

En ese mundo no entrpgaré jamB8 mí corn.zún, porque
nsted lo poeE'é adn nadie mde que o '8d lo poseeril; pe•
ro le pediré úes man lo lo que puede darme; el medio
de aturdirme y tle oh·idar mi pena ........ .

r

( &gt;di,&gt;1111 palabrns son las mfae y tl ullted le la!!timaril el
que las diga; pero de toLIM mis cualidades d aut~, la
1ínica qne he co1111•rvado intacta, 4lCI la franqueza, y usted es el 1ínlco hombre qne pudiem tener derecho 4 mi
completa y 1dnc,.ra eoofeel6n.
.~hora, \'fdat, adios! ... , .. y una sY!pllca aún!••••..
Usted que tan duramenlll ha rechazado mi amor, no
recl,ace t!I deeeo di.! una muerta, plll'll'&lt;&gt; q11e Flor de Nin
es al,ora una muerta para uste:l!

Le 8Uplicú que cll.lUldo se · baya casndo, busque usted
un pretexw para salir de Niz:n .........
Algún día tendré que ,·oh·er a114 fatalmente ••.•.•
Ali6rreme, siquiera, la tortura de \'erle gozar con olra
UllJl felicidad que me ha negado.~ ..... y que le de,eo 4 peear de todo.
\'101.F.TA.•

'I·•ln do Flor do.

f'

-FONDO
RICARDO COVA RUBIAS

·rzo ,

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Banco Internacional é Hipotecario de México.
Gir os por Cable,
Depósitos,
Descuentos,
Cobros de letras, Cup ones etc., Cambios sobre e l Extranjero,
Ca-rtas Circular es de Crédito, Créditos en cuenta coi•rle:n.te.

''EL AZTEG¡

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efectuando el Banco su préstamo en Bonos Hlpote c • rl o s, con interés de 6 por 100, Y siendo potes
tlvo para el deudor redlmll' el S • ldo del capital en cualquier tiempo y con Bon o s Hl pot ecarlNs. xi te
Respetuosamente se llama la atención del público hacia la importancia \le estos Bono,s.
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por doble v• lor d e .,¡uél.
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El Banco facilitará toda. clase de Informes escritos, relativos á. las diversas operac ones e su ms
,
Aquien lo solicite en sus otlcmas.

TOMOII

M .EXICO, DOMINGO .L9 DE JULIO DE 1896.

Cajero,

Presidente,

JoAQUI N DE TRUEBA.

J osÉ DE TERESA y MIRANDA.

18 DE JULIO DE 1896.
C I UDAD DE MEXICO
TELEFONO. NUll. 38.

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Director Gen~al: Enrique Arag6n.
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NO T BNBN COKPETBNCIA EN LA REPÚBLICA, POR LAS RAZONBS SIGUIIIINT.118:

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tú expida p6liz.aa de .A.ccidentea y de Viajes por Ferrocarril.

L

BEN ITO JUAREZ.

NUMER03

�19 Juuo, 1896.

EL MUNDO.

34

,l. una
BEIU.NARJO ILUSTRADO,
DLivoNo

434. -2~ de las Damas núm. 4,-APARTADO 87 B.
MEXICO,

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este periódico.

La euecrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres. adelantndos.
Números sueltos, 50 centavos.
A.vi.sos: á razón de $30 plana por cada publ•cac:ón.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•AgentPs exclusivos para los Estados Unidos y Cana-

dá. The Spanis American Newspaper Company, 136 Li~
berty St. New York, E. U.»

'

-.ota, é!Ebitorhtlt,.
18 bt JJttlfo.
Cada año el pneblo mexicano, inspirado en santos y
legítimos eentimientos, va ante la tumba del gran patricio de Guelatao á ofrecer en míetica oblación las flor!)!!
de su gratitud y el homenaje de su admiración al plebeyo sublim.i, que como en fantástico espPjismo crece y se
agiganta á medida que el tiempo nos aleja de él y· 110s lo
muestra en su prfFtina grandeza.
Al acercarnos nosotros á depositar nuestra ofrenda snbre el marmol que guarda sus despojos venerados, no llegamos con la devoción acendrada, 1ayana en ciego fanatismo, del correligionario y el amigo que participaron de
la cruenta lucha y ee culmeron con el polvo de aqnellos
combatPs de titanes en épocas pasadas; no nos aguijonea
tampoco la emulación de otros días que en franca y
abierta competencia pudo separará los que rodearon al
repútlico; ni mucho menos, venimos con el amargo dejo
de la derrota, que aun llevan en su corazón los vencidos
en Calpulálpam y los desengañados en el Cerro de las
Campanas.
Nacidos ayer, cuando el fragor de la batalla había paeado y no había en el viento cánticos de guerra, ni se
percibía ya el olor picante de la pólvora, llegados, cuando sólo se oía, allá á Jo lejos, los últimos estruendos de
deshechas tempestadeR, y en las almas germinaba la concordiit en lugar de las fermentaciones de odio y arrebatos de rencQr, nuestro espíritu está más sereno, y por
ende, capaz de juzgar la altura gigantesca del heroe, la
soberana grandeza del caudillo, la inmaculadá figura de
gobernante.
Y mientras más nos detenemos á contemplarla, nos
convencemos más de su perdurable significación en nuestra historia política.
·
Juárez terminó la obra que le correspondía en el desenvolvimiento de la República, y puede d~ecansar satisfecho en su tálamo de flores que la admiración riega y la
gratitud con;;agra. Nosotros, si queremos hacernos diguos de su grandeza, tratemos de continuar la tarea, perfeccionando la obra del Reformador y adaptándola á las
nuevas faaei1 de nuestra natural evoluci:'ón.

bama.

No son gotas de rocío las que hoy ~alpic9:n las florl:s
frescas: son lágrimas.-Allá, en el vieJo cast1I lo que mira al cielo1 arriba de las eneltas cabelleras de los ahuehuetes la fiesta uo abre sus notlU' :uatizada0 , no inunda
el sol tan alegremente como én otros días la tibia mañann: es que háy un ·1ugar vacío en la serena morad!1, una
rruma de duelo en la alma clara. Quien tanto bien ha
derramado, parecía estar escudada C?Ontra el mal. Los
desheredados de la vida, los que la piedad de los buenos
ha redimido del 'sufrimiento, como que formaran con sus
espíritus una barrera infranqueable P?r donde n&lt;? pe1!etrase el dolor humano.--Y de improviso, en el silencio,
la hada negra penetra en el palacio de la had~ l)lanca y
la hiere traidoramente.-.Por es9 jloy .no eal'?1can got,as
de rocío las flores frescas: son lágrimas; por eso nuestra
félicitación, tardía y pobre, no Jlpga al viejo castill9 que
mira al cielo en mE'dio de la fiesta que abre al ePpac10 sns
n0tas matizada~. Hay bruma de duelo en la serena morada, hay menos flechazos de lnz en los rayo~ con que el
eol iounda la tibia mañana. NuE'stro homena¡e á la espoea
del señor Presidente de la República, va circuido de una
orla negra. ¡Qt1e la noble señora acepte nuedtro reepetut&gt;so ealudo!

remos que pesa más si el oro ó la plata, aunque sea en la.
proporción de uno á diez y Peis. .
.
.
Entre tanto, ¡qué admirable _s1tuac1ón la de México,
que contempla con interés crec1ehte el fin de esa lu_cha.
gigantesca! Quien quiera que triunfe saldrá favc,rec1~0.
Ba sabido colocarse en una base tan firme, y tan sabiamente adaptada á sus legítimos y genuinos intereses, que
á todo evento en la marcha mercantil y financiera en
cualesquier circunstancias de la ge~tión monPtari:' en la
Unión Americana, nada padece m la hará desviarse de
su rumbo definido

,o(tti,a genrral.
RESIJllEN.-El programa de los demó('ratas en la C, nvención de Chicago.--Atentado contra el Preijidt"ntede Francia

Como io habiamo3 anunciado, la ola creciente y gigantesca de los partidarios de la plata barrió con poderoso
empuje fa Convención nacional democrática de Chicago.
A vuelta. de varias declaraciones de canícter eminentemente político que forman y han formado el credo del
partido démóc1ata, y qt~e se refieren á llls libertades c&lt;;mstitucionales del penearu1E&gt;nto, de la prenFa y de la conciencia· tras de ciertas manifestaciones encaminadas á reforzar1l,1, soberanía de los Estados contra las excesivas tendencias de la centralización de todo poder; sobre algunos
punt,c,s prácticos dirigidos á efE'cto de desterrar los empleos vitalicios en la administración pública, el progra•
ma aprobado en la Convención y que forma por decirlo aef
el patrón á que habrán de sujetarse los tlegidos dE'I pueblo, según el criterio de la mayoría de los congrPgados en
Chicago, se distingue principalmente por su plan financiero y por el modo cerno resuelve la cuestión monetaria
en la vecina· república.
Restablecimiento de la plata como monecla legal, libre
acuñación del metal blanco, :í igual del oro, en la proporción de uno á diez y seis; restablecimiento en nomtre de
la ley del poder adquisitivo del metal ahora depreciado,
pudienao tener circulación forzosa en su valor representativo en las deudas públicas y privadas: son las bases
de las soluciones en la cuestión monetaria.
Prohibición al gobierno de emitir bonos con intere@rs
en tiempo de -paz, y condenación de arreglos con sindicatos financieros que supeditan después al poder público
y lo esclavizan y ponen á merced de los agiotistas y lo
obligan á sE'guir la política de un monometalismo forzado: son los puntos salientes en el plan financiero.
Rebaja de tarifas hasta reducirlas á lo neceeario, á las
necesidades publicas, y prohibición de todo impuesto que
no sea reclamado con urgencia por la misma necesidad:
tal es el eje de su política administrativa.
Una declaración cuasi platónica de simpatía por los rebeldes cubanos, una abierta oposición á la intervención
Se acaban de verificar las elecciones generales en toda del gobierno federal en los asunto9 interiores de los Esla República, con la ausencia de ese púeblo ideal, intelitados, y á una eE'gunda reelección de Mr. Clev.eland y de
gente y virtuoso, con que sueñan los románticos de la cualesquiera de sus sucesores: completan lo más impormás pnra Democracia.-¡Coincidencia extraña y prove- tante de la plataforma democrática.
chosa! Al mismo tiempo, los grupos populares de lagran
Halagando de ese modo los intereses de los Estados de
nación del Norte se aprestan á la lucha, convirtiend() el Occidente y del Sur; concentrando en su redeior los dis•
paUadíum de la cosa pública en un mercado al aire libre persas elementos del Centro y del Nordeste que no puen el que el tripotage, el tráfico ruidoso de los votos, el dieron afiliarse bajo las banderas de Mc• .Kinley; unienlicor, los dollars, los golpes y los discur!!os corren como do y apretando bajo el credo democrático las fuerzas más
un licor embriagante. ¿En dónde está esa conciencia co- poderosas del llamado Partido del Pueblo, no es raro VE'r
lectiva, limpia y serena, osada y luminosa, materia pri- que hoy se alcen orgullosos los demócratas y se pavoma de ese supremo hecho que se llama la soberanía po- neen confiados en los comicios de Noviembre que le&amp; da1
pular?
ntn el dt-finitivo triunfo.
En los comicios luchan las ambiciones, combaten las
¿Y á dónde van esos partidos? á dónde arrastran á Pse
concupiscencias, se agitan las avaricias...... los aJb"s sen- put-blo viril y vigoroso eso~ directoreP de la política, puntimientos, las levantadas aspiraciones, los nobles desE'os zados, aguijoneados y feb1iles por la sagrada hambl'e del
sollados por alg1rnos publicistas, ciegos voluntarios que oro, que dijo el poPta'i'
no quieren observar lo que pasa Pn torno snyo, todo ese
Allá, donde se alzan loA campamentos republicanos, la
programa de virtudes y heroismos en acción, permanece prtipoqdera11cia del capital extranjti)ro, 1:\ inmensa pesasin reallzar!!e.
.
dumbre de los tenedores de bonos del Estado, rabiosos
Pero si ese pueblo ideal, esa gran masa anónima no ha por mantener el talón NO, y ebrios ya al soñar en un protomado parte en las elecciones; ai esas escenas y ¡sos eA- teccionismo '.lesmedido; acá, del lado de los demócratas,
cándalos, esas prevaricaciones y esos tumultos con que la influencia no corta ni mezquina de los mineros de Cose da á co~ocer la voluntad nacional en otros países, no lorado y de Nevada, la no escasa ni ruín ni avarienta mase uan registrado en la semana que acaba de tranecnrrir
no de los cultivadores de la tierra pn las fértiles vegas
los elementos vigorosr,s, los activos, los que en todo tiem~ del !llisisipí yen las vastas llanuras df&gt; California y Aripo han iniciado el progreso y de los que han surgido to- zona, peusai,do ya en la evolución forzada del metal
das nuestras libertades p1íblicas, sí han prestado su apo- blanco y en Pl libre cambio qne favon,ciendo sus indusyo firme y sólido á la candidatura triunfante.
trie que necesitan de materias primae, facilitan la. expor1Jn publicista ha demostrado que en México, como en tación de sns productos. De aqnel lado, oro y gnPrra de
todo país del planeta, todo gobierno que lesiona intere- tarifas; de este plata, hasta hacer reventar las arcas de
ses, cae invariablemente, y que cada acto popular ba si- todas las tesorerías, y un gobierno con rib!'tes de libredo un acto liquidatario de un insostenible estado econó- cambista, pero ·c on tendencias marcadas al individualismico. El acuerdo entre los grandes intereses generales y
mo de los Estados, y por ende resbalando en una penla política de una administración, pePa más en la suerte &lt;1iE'nte socialista.
de un país que los votos arrancados á C')pas de wiske11 y
La Fuerte está echada: Frente al fnerte Me. Kinley campu!lados de monedas por un leade:r orador del partido peón de las tarifas altas, y ya célebre por su famosa ley,
proteccionista amE'ricano, que subordinará á sus apetitos e~tá William Jennins Bryan, atleta de la palabra, vellcela prosperidad de su patria.
dor en el ougilato del pensamiento, coronado en Chicago
:Mientras esa soberanía popular no se encuentre fun- con los laureles del trilmfo, gracias á su álerza incompadada en criterio más sano y en sentimientos más altos
rable en el bo.~ de la retórica. -Que decidan los vot.anteii
será preciso aceptar esa forma de tulPla 1•oltmtmia, qne E'~ Pn la~ nrnas electnralt&gt;s del pr6icimo NoviembrP. RsM. ,í,
la qne ha dotado á la uación de prosperidad y bienestar.
remate la dir.;ccióu de la gran República del Xorte. Ye-

1ras tlr.c.cionts.

*

La celebración del 14 de juiio en la capit,al de la Rerública Francesa con ese lujo de entnFiaemo y derroche
de patriotismo c~n que cada a_ño se ~eJ.,bra pn_r, los hijos
de Thiers y de Sadi Carnot, d1~ mot•)".º y oca0 1on á ~na
nueYa manifestación de neurosis pohtica, de P11agenac1ón
mental sncialista contra la casi anguFta pel'l'o11a del Presidente Faure. Un loco un desequilibrado, nn soñador
en ideales imposibles, 'un ll11mado En~Pnio Fra~cisco,
hizo fuego con mano aleve cont,ra_P! pruner \'lng!stradode la República, cuando éste se dmgfa en &lt;'arrua¡e descubierto á presenciar la revista milit-ar en los campos de
Long-Champs.
Afortunadamente el Pr!'sidente salió ileso, y el desgraciado accidente sólo sirvi~ para que la m\1ltitud, _frenética y delirante, prorrumpie:a en E'PtrUPJJd~sa mamfestación gritanJo vivas á Francia, á la Repnbhca Y á Mr.
Faure' v para que los jefes de las nacionee amigas, y aun
de las'iío amigas, hicieran presPntes á la nación sus congratulaciones por el pasado incijente.
.
.
¡Qué obFcuros génesis tendran eeas mamfeetac1ones
morbosas de extravíos mental~s! A qué podrán ob_edecer PFas manías de grandeza, qne bnscnn la celebndad
en el crfmen .ruidoso y resouante! ¡Quién eabel pero no
PB ni pnede ser engendro mnamente polítir.o, PI crfmen
de Pse géuero, que arma la diestra ~e los Oaserio Santo,
y arroja bombas mortífens ,í los pies _de los potentad~s
de la tierra. Raro y espantoso especunen de pato logia.
social.

X.X.X.

16 de Jnlio de 1896.

Nuestros Grabados.

"EXPEOTATIVA" ......
Composición y Dibujo de M artlnez Carrión.

La pompa de jabón! he ahí un hermos() eimbolismo.
Un grupo de chicuelos, en el dibujo Je MartínPz Carrión,
aguarda, con esa ansiedad curiorn de los niño~, qne surja
del tubo que uno de ellos mantiene aplicado á su boca,
la deslumbrante esfera irisada que henderá los aires, vestida de todos los colores y estallar&lt;t pnr fin, Pin dejar
huella de su paso. Como ese grupo de niños, laj11ventud,
qué digo! la humanidad entera, mantiénPse Pn éxtasis
ante esa otra pompa de jabón que Pe llama iln~ión, que
surge también vestida de íris, qne hiende también, como
globo de cristal el espacio, }'. que se disn, 1ve en el éter
sin dejar hnella. Después viene otra y otra nHÍs tarde,
hasta que surge la última. .A ésta mirámoPla temblando:
va con ella nuestro postrer esfuerzo, con PI la va nuestra.
postrer esperanza...... Se desvanecer~ tambié1,? ~í, el g lobo de luz se balancea un momento, a1rnso, y In, go se deshace. Trás él, suele irse el último aliento del hon1bre.

BUENA MANO.
Composición y Dibujo de L~andro Izaguirre.

Es indndnble que las peluquerías conPtitnyén, á pesar
de la habilidad de los «artistas,»-como pomposamente
se llaman entre sí nuestros peluqueros-un purgatorio
para las mejillas delicadas: el ca116nquesalta, el poro ir ritado que suda sangre, el cauterio del alcohol, son los di•
versos potros de tormento de ese purgatorio.
Pero en todos los tormentos hay grados y quien deseehacerse acreedor á un lugar distinguido en PI martirologio, que vaya á una peluquería de fegundo ordPn, y verá
rFproducirse en su persona, la actitud y el gPPto de la.
figura principal del dibujo de Izagnirre; jnzgamos qne ni
Diocleciano pudo inventar un tormento stini .. jante al quecauEa una navaja dura, como dice la jerga del oficio.
Qnien, ante un instrumento de martirio semPjante,
permanezca impasible, merece que lo canonicl.'n,

"CINERARIA."
POR D. ANTONIO Ct;Y.ÁS,

Nos permitimos llamar la atención de nuPRfros lectores sobre la página musical que con el tftnlo de estas lineas publicamos en la 4~ página Je E1. !\luNno, página
cuyo autor es el profesor Sr. D. A,,tonio Cuyás, completamente inédita y compuesta exprof~so para la fecha que·
se conmemora.

Nuestro folletín.
Recordamoc: á nuestros lectores qce no,
obstante el pliego excedente de
FLOR DE NIZ.A.
que acompañamos á cada número de "EL.
l\1 UNDO," seguiremos repartiendo mensual-mente las ciento veintiocho páginas.
del fullet:n acostumbrado.

19 JULIO, 1896.

35

EL ~fUNDO.

NUESTRO CONCURSO DE ZARZUELAS.
Aun cuando, según dijimos, tenemos yaen nuestro poder la~ partituras de la zarzuela Sobre el Océano hemos
creído oportuno reservarlas hasta que se les una'n las de
la zar~uela Por ttn(t Deu~a, co_n el fin de enviar unas y
o_tr~s Juntas al Jurado D1ctail!mador, lo cual nos permitJra hacer saber á todos los mteresados cuáles son las
partituras premiadas.
PrPvia esta indicación, no extrañarán los autores de
la múoica de Sobre el O·énno que se retarde por breves
días la noticia del resultado final del concurso.

ESPECTACULO~A~nradill'!s se han de wr hoy los que se dedican en
1\Iéxico á la rngrata_ tarea de escribir crónicas y rPSPña'i
teatral~s. El material no es abundante ni mucho mcnoF.
El hor1z_on~e est.l lleno do pro1nt&gt;sas: :\Iaggi qne vol verá
acaso, S1em que nos traerá en el invierno un buen cnadro de ópera; pero el porvenir no da asnnto para crónicas y los acontecimientos teatrales del presente como el
romano brillan por Pll ausencia.
'
Las tandas,. los d~amas terroríficos del teatro Hidalgo
y la zarzuela mfantil del Arbeu, t·oila tout!
De vez en cuando, recibimos con placer el anuncio de
una audición de música de cámara ea el elegaute salón
de los Si:es. Wagner y Levi~n, que es hoy por hoy el único refugio del a~te_ en México, más salvo esas excepcionales veladas, v1y1 nos.en plena vulgaridad artística.
La Compañía mfant1l del Arbeu agrada al público· la
pequeña troupe se porta bien, hace lo que puede más ~ee
e~pectáculo que á duras penas podría calificarse'de artíshco por más que sea agradable, no basta. N"ecesitamos
buena música y buen drnma ...... aunque sea para hacer
quebrará quienes nos los proporcionen!

***

~ á propósito de Música de Cámara, el miércoles se
venficó el octavo c_oncierto de la serie que se está dando
en el !'lmacén musical de los Sres Wagner y Levien, ya
menc1o_nado. En él tomaron parte el distingnido pianista me~cano, D. Carlos Meneses, los Sres. Saloma, primer violín; y del An~el, segundo violín; R. Galindo Y. F.
Velázquez, vi?loncehstas, y N. Palomo y J. Carrillo,
maestros de viola; _formando el conjunto un magnífica
orquesta. La señorita Amparo Pardo, dPbittó en el mencionado ~oncierto. Es discípula aventajada del Sr. }fenet!es, y orJUnda de Veracruz.

PERSONAL.
El Sr. Abad Plancarte, restablecido ya de eus males
p_arti6 en compañía de Don Pedro Escnd"lro, para la Ha~
c1enda de este señor, donde permanecerá varias semanas.
El Illmo. Sr. Amézquita, Obiepo de Tabasco, ha sido
nombrado Teólogo consultor del Arzobi&amp;pado Qe México
en el próximo concilio provincial mexicano.
'
~e encuentra en esta ca pita! el Illmo Sr. Arzobispo de
M1choacán, Dr. lJ. José Ignacio Arciga
Está alojado en la casa de D. Tir!!o Sanz, en San Cosme.

COCHE EN QC:E JUARBZ HlZO SU PEREGRINACIÓN Á PASO DEL NORTE, EXISTEl&lt;TE EN EL MUSEO NACIONAL,

Ha quedado definitivamente eetat&gt;lecida en el Arsenal
de Veracru7, situado en la fortaleza de Ulúa la escuela
para maquinistas navales, bajo la dirección del Coronel
D. Flaviano Paliza.

Los cantineros de la capital, con motivo del cambio
rentístico, pusiéronse de acuerdo para aumentar á quince centavos el valor de las copas.

El día~ del corriente se dió principio en Tampico á la
construcción del muelle, clavándose la primera estaca.
Dirige los trabajos el Ingeniero A. A. Robinson.

FranciEco Mallen, Cónsul de México en el Paso Texas
llegó á esta capital y tuvo una entrevista con E'i seño~
Presidente de la República, la cual versó acerca de ,a
presa internacional construida entre el Paso Texas y Paso
del Norte.

La ~iedad de_ Ingen_ieros y Arquitectos celebró el
lunes ultimo el amversario de su fundación.
En la ciudad de Córdoba, Yeracruz, se ha formado una
compañía con el objeto de introducir el agua potable.
Han quedado concluidas las restauraciones de ornato
que hace como un mes se comenzaron en el Palacio Nacional, ~n !a escalera que está á la entrada principal del
gran edificio.
En la actualidad se están haciendo reetauraciones de
or~ato, en los corredores de la planta baja de dicho Palacio.

NOTAS DE LA SEMANA

~gún recie_ntes datos, ya á formarse una congregación
d_e 1~p_ortanc1a en_ el antiguo rancho del Huachicil, Jurisdicción de la Villa de A.rteaga, Coahuila.
Esta comarca posee muy b11euos terrenos para el criadero y la agricul~ura, circunstancias muy faTorables para
que progrese rápidamente la nueva congrE&gt;gacion.

B_n uno d~ _los baluartes del Palacio Nacional, dos ingemei:os_ m1htares van á construir una torrecilla estilo
rE:nac1m1ento! en la cual se colocará la campana de la
Libertad, recientemente traída de Dolores Hidalgo.

El Sr. Lic. D. Matfas Romero partió para el Istmo de
Tehuantepec, á visitar sns plantaciones de café.
~ acompañan el Sr. Ministro de Guatemala y el Sr.
M1mstro del Salvador.

Sigue efectuándose, minuciosamente, la entrega á la
n_ueva compañía _de Ferrocarriles dPl Distrito, del matenal rodante de dichos Ferrocarriles.

. Murió en Veracruz el apreciable jurisconsulto D. Francisco (_,onzález Llorca, á la temprana edad de 30" añoc.
Reciban sus allegados nuestro péEi:.me.

La comisión del comercio de Veracrm;, que vino 1íltima~ente á. esta ca~ital con el fin de hablar con el señor
Presidente de. las d1ficultad_es que han su_rgido en aquel
pnert-9, á ca~a d!&gt;I nu_evo sistema rentístico, conferencih
con dicho pruner Mag1str:vlo, retirándose complaci&lt;la, en
espera del pronto arreglo del asunto que originó su viaje.

Co_nócense ya las li~ta~ complet~s tie los Diputados que
fungirán durante el biemo que se rnaugnra. La candidatura del Sr. Gral. Díaz para ocupar la primera m11 istra9 tetura en el pr?~imo cu!ltrienio cunstitucional, segun
legramas _rec1b1dos, triunfó en toda la extensión del país.
Los co!eg1os el~c_torales de _la capital, para felicitarlo por
este tnunfo, h1c1éronle obJeto de una manifestación en
Chapult~pec, en la cual lllevó la palabra el Sr. Do~dé,
respondiendo, conmovido, el Sr. Gral. Dfaz.

En la hacienda del Hoyo, inmt&gt;diata :t esta capital se
declaró e! lunes un in?endio que hizo muchos destro~os.
Las pérdidas son considerables.
El Ayuntamiento ha rescindido el contrato celebrado
con los Sres. Chon~_al y compañía para el abastecimiento
de agua de esta capital.
He aquí l~ lista de las personas qne el martf's fueron
~lectrs. Magistrados de. la Suprema Corte de Justicia d
la ~ación:
e
5? _Propietario.-Lic. P11denciano DorantPP.
Pnmer supernumerario.- Lic. Manuel García Mén.dE'z.
2'.'-Sr. Julio Zárate.
3?-Lic. Andrés Horcasit.'ls.
4?-Lic.-Eduardo Novoa.
Los colegios electorales ee vieron poco concurridos.
llfodificado y adi~ionado, es ya lfy en Michoacán el
contrato que el Gobierno de aquella Entidad federativa
celebró con P! Sr. Lni,i Si liceo, para la c.,Jouización de
terreno~ particulares para la compra-venta, adjudicación
Y colom~a.c1!'m de los que pertenezcan al Gobierno y á
los mumc1pios.
El miércoles últi_m_o se efectuó en la ColPgiata de Guadalupe la fiesta religiosa de la Diócesis de Querétaro ante numerosos romeros.
'

Continúan practicándose diligencias importantes en el
asunto Pouc~l-Enrfquez. Este último no se ha presentado á la autoridad, y se cree que se halla fuera de la capita). ½ muerte de RupP,rto Ortíz ha añadido nuevas comp_hcac1ones al asunto. Poucel sigue mejorando de sus hendas.
Miguel_ Fernando ~ca~a, convicto de ei&lt;tafa y que se había refng1ado en Paria, fué extraído de Pq uella capital y
se ha reanudado el proceso que se le seguía.
Con motivo de la inauguración de nna eFcnela en el
p_ue?lo de Ticu~an_, dist~ito de ~uadal, pe Hidalgo, se
s1rv1ó el m~rtes ultimo, d1a de la maugnración, un banquete en dicho pueblo, al cual concurrieron más de 60
per_sona~, encontrándose entre el lao lo~ Sres. Dr. Luis E.
Ru1z, D1re~t?r de Instrucción pública y D. Eduardo Yelázquee;, Y1s1tador de prefecturas.
Ha salido de esta capital el l'éi'ior Con•nl GPneral de
los Est:;1dos Uoidos en México, GenPral Cr1ttende11 rumbo s¡J l'.orte, acompañado de su familia.
'
Terminato!l en San Juan del Rio las fiestas que anualm~nte se verifican y que esta vez estuvieron muy concurri~as, agra~ndo so?re tod() la expnsición de productos
agnco1as, mrneros é mdustriales del Distrito.

El miércoles en la mañana fué aprE&gt;hendido en su casa
habitación de esta capital el Sr. Chas L. Me. Carth y, por
el jefe de la po_licía resE:r~ada Sr. Oc~mpo. Dícese que este arresto se hizo á pet1c1ón del Gobierno de los EEtados
Unidos que acusa á Me. Carthy de haber malversado fondos fec.erales i,n Nueva York.
El Sr. Ministro de Gobernación se ocupa actualmente
en estudiar, artículo por artfcul0, el nuevo proyecto de
reglamento de pulquerías presentado por el Sr. Visitador
de Prefecturas D. Eduardo Velázquez y tan luego como
haya sido aprobada se pondrá en vigor.
Dícese que la Enpre~ión de la E'ección &lt;'e Correos en e
M~fl;isterio de Comunicacfones está resuelta, y que la comisión de_ r~forma~ al Código. estudia la manera de arregla~ definitivamente la sección del ramo y otros puntos
de mterés.
El jefe de esa s~ción D. José Jacinto Jiménez, ocupaní.
otro puesto con iguales emolumento~. Los demás empleados que no cesan se repartirán en las otras secciones.
Sa acaba de publicar un cuadro dA la criminalidad en
México que compr~nde de 1885 á 1895, y en el que leemos
que durante ese ~iempo se. aprehendió á 341,421 hombres Y 107,202 mu¡eres; la cifra de cad,íveres asciende ,í,
3,170, de los cuales fueron 186 de suicidas.
Según el cuadro, ha habido 1,117 abusos de confianza
estafa y f!3ude; 62 incendios; 1,483 homicidios; 106 en~
v_enenam1~!1tos; 433 adulte_rios; 13,438 robos; 95,876 les~o~es y rm_~s; 281,002 ebrios escandalosos; 133 infanticidios y 1,3Jo estupros y raptos.
El jue_ves,. el Sr. Pr~sidente de la República conc13dió
u_na aud1~nc1a á los miembros de la excu1 ~ión norteamericana H1ll, compuesta de personas prominentes de Texas.

Otro pago de $1,250 de "La Mutua."
Toluca, Jnlio 7 de 1896
Sr. Don Carlos Sommer, Director general de «La Úutua.»
l\Iéxico.
Muy señor mío:
Ag_radeci~~ á la_etic_acia de vd. para el p::go de la Póli~a 11umer? 092,8-11 ~a¡o .!ª cua_t, en e~a estuvo asegurado
a favor mrn y de mis h1¡os m1 fiuado esporn el Sr Dou
C11le~o_Yfio Vieyra ( Q. E. l'. D. )
·
D1r1Jo á vd. la ptedente manifestando para conocimien~ de todos los que la presente vieren, que hoy ante el
~r. D. Juan N. l:(omero, Notario Público, he r~cibido d.-1
l:&gt;~. Dar10 Valdés, B~n~?ero dE: esa ycmpañía, t:n eFla
Cmdad la suma de ($1,l!a0.80 mil dosc1eutu~ ciueuruta ¡, 0 .

so~, ochenta reutavos.

Siendo por importe del Seguro................ 1,000 oo
Y P?r la devolución de premios que vagú
m1 finado esposo ................................ .
2,'50 80
.

$

1200 80

, _Qnedo 1g11almente agra&lt;lecifa al Sr. D. Euuardv Caeso
, 1llalvaz:o Agente especial de d:cha Co11,pañfa por su
cooperación para llevar á cabo el levantamiento de pruebas de muerte y _pago del Seguro.
De vd. afectísimo v S. S.-Por la señora mi madre y
her.nanos, V1c ~XTE , ·rEYnA.

�19

EL MUNDO.

36

JULIO,

1896.

]9

JULIO,

1896.

EL MUNDO.
37
-===========e=============== = == = ========~-·Inauguración de un monumento á
Guillermo l.

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MASCARILLA DEL LIC. D. BE:',lTO JCAREZ, EXISTEXTE EN EL MF14EO XAClO~AL.

í}louimienfo tlcttorai cu los CC:.stabo.s Uoibo.s.
Publicamos hoy los retratos de los principales competidores en la compaña electoral del campo democrático:
el de Mr. William Jennins Bryan y el de Mr. Richard P.
Bland.
· La Convención naciónal democrática de los Estados
Unidos, reunida en Chicago la semana pasada, ofrecfa nada menos que dieciséis aspirantes á la candidatura de la
presidencia.
Yiejos encanecidos en las luchas políticas; serndos senadores, machuchos hombres públicos, dignos de haber
ocupado gobiernos de importantes Estados, hábiles financieros, partidarios del metal blanco, y hastá prófugos
del partido republicano,. se presentaban ante el imponente meeting de los demócratas, con la esperanza de ser designados para la candidatura del 1dto puesto por los de-

fensores de la libre acuñación de la plata, pero nadie tenía las probabilidades que l\Ir. Bland.
1
í entre todos ellos un joven fogoso y atrevido, un simple ex-diputado y senador en agraz, dos veces derrotado
por los republicanos, fué el elegido. William Jennine
Bryan, hoy elevado sobre el pavés, supo dominar al auditorio por elocuente discurso, en defensa de la plataforma ó programa democrático, y aunCJ,ue ocupaba el
cuarto ó quinto lugar en el primer escrutmio, al tercero,
la ola del entusiasmo subía y subía: avasalladora y al
quinto, era aclamado por unanimidad, aun por los mismos que hacía un momento se le c,ponfan y habían sido
subyugados por aquella elocuencia un tanto socialista de
última hora.
Los adictos á Mr. Bland, el que obtuvo más sufragios
en los primeros esctutinios, tuvieron que amainar velas,
y hoy son los más celosos defensores del elegido por la
Convención.

El dia 18 de Junio último, efectnose en Alema11ia la
inauguración de un monumento elevado á la memona de
Guillermo I,
Loa gastos de este monumento eleváronse á la suma de
más de un millón de marcos y fueron cubiertos por las
su~criciones de las asociaciones de antiguos militares. J&lt;'ué
erigido en la cima del KiffhUJuser, montaña poetizada
por la leye?.da de Federico Barb!lrroja.
El emperador asístió á la ceremoni.. con los representantes soberanos de todos 111s Estados alemanes, entre
los &lt;males se hallaba el rey de Wurtenberg y los grandes
duques de Saxe-\\'eimar y de Baden.
Diez y seis mil asociaciones de antiguos militares, estaban represe1,tadas.
·
El emperador llegó al medio día de la fecha indicada,
al monumento, y fué act.gido con entusiasmo por la multitud y por los antiguos militares que formaban valla.
Dirigiose con los otros soberanos á. la plataforma del
pórtico.
·
Ahí el general Spit1:, presidente del comité del monumento, le dió las gracias por haber asistido á la ceremonia, y le testificó la fidelidad de log antiguos soldados.
El profesor \Vestphal, capitán de la réserva, pronunció en seguida el discurso de inaugul'ación.
Discurso del rmpnarlor Onillermo IL
' El emperador Guillermo II, respondió en los siguientes términos:
·
11Experimento una alegre emoción al encontrarme en
medio de vosotros, con los augustos soberanos confederados, para inaugurar el monumento que centenares de millares de antiguos soldados de todas l~s partes de Alemania, han consagrado, merced á una cooperación unánime, á la memoria de m i augnsto abuelo, Su Majestad
el emperador y rey Guillermo I, sobre esta montal1a rodeada de recuerdo'! del tiempo pasado.
La~inauguración de este monumento, es el digno epílogo de la@ fiestas conmemorativas de las victorias de la
gran guerra.
Yo doy las gracias á todos aquellos que han imaginado, favorecido 6 realizado esta obra incomparable, y en
primer li1gar al serenísimo soberano que ee dignó colo•
carla bajo su protección esoecial. Yo sé que el recuerdo
del gran emperador es guardado religiosamente hasta el
último suspiro por aquellos á quienes les fué dado eeguir
sus esti.ndartes victoriosos y exponer con él su vida por
!a unidad de nuestra cara patria.
Et monumento aquí erigido es un símbolo imperecedero de ese sentimiento, pero le está asignado aún un
papel uiás elevado y más noble: él deberá. ser para l:lS
generaciones futuras una exhortación á permanecer uni·
das y á. ser fieles y devotas del soberano y del país; á es•
t.ar firmemente unidas á aquel que ha hecho la grandeza
de la patria, á poner el honor de Alemania por encima
de todas las liga~ de la tierra.
Si el espíritu que ha creado este monumento permanece vivaz t n el pueblo alemán, gracias á la bendición

$1 {l!}ot,imiento $le.dor al en los Sstaaos Uniaos.

\

1/.

?/

....

'

\\·TJ.1.TA)[ ,TE'S~l~R BRYAN.

Rl:::IlA !l.D P. B LAND,

Candldau, del partido demcc,1Uico á la pr&lt;~idencia •l~ los Estado~ [ n idos.

Competido r de Brya n en la can1}'8Í\e. clectoral r'e'. fmnpo c"emocrí.tico.

�19

EL MUNDO.

JULIO,

1896.

11

APLICACION INDUSTRIAL DE LOS RAYOS X.

del Todo Poderoso qne yo imploro, la patria afrontará,
con una cot1fianza inquebrantable, todas las tempestades
que el porvenir pueda reservarle y la vista del monumento elevado hoy como un símbolo, producirá los efectos
esperado~ por los fundadores de la obra. .
Con una verdader a satisfacción he recibido el nuevo
juramento de fidelid1\d de mis antiguos soldad?9. ~o sé
que su divisa: Con Dios por el empetado,· y eJ, 1mpmo no
es una palabra vac!a ~e sentid?·
. .
.
I'ueda este sentmuento amruar siempre á la.a asociacionee de antiguos militare11 y ·perpetnar;:e hasta el !ná~
apar-tado porvenir, propagándose po~ tocia la nación.
Pueda el pueblo alemán no C\lrecer ¡~má11 de h~m~res
que igualen por sn fidelidad. su espíntu ~e s~cnfic10 Y
sn patriotismo, á los que han servido ba¡o las órde~es
del gran emperador, y á los cuales de tal suerre l~a sido
dado contribuirá la realización de la obra de sn vida: el
restablecimiento del imperio alemán. Dios lo quiera!»

Fuera da loa experimentos de laboratorio, las nuevas
propiedades de las radiaciones de los tubos de Crookes
tan m~ist~lmente reveladas .P?r el profesor Rontgen,
no hab1an sido hasta ahora ut1hzadas más que para inwstigaciones de osteo!ogfa ó para indicaciones quirúr·
gicas en extremo interesantes. Ahora se ha propuesto la
:1plicaci?n de los rayos Rontgen para comprobar la ho11!og;eue1dad de las planchas 1nehílicas y para el reconoc1m1ento de la naturaleza de los objetos, opacos para los
rayos X, encerrados en una caja sellada.
Sabido es también que esos rayos permiten distinguir
con la mayor facilidad los diamantes ialsos de ios verdaderos, que reeu:tan tranMparentes éstos y opacos aquellos.
Un periódico técnico londinense, la Electrical Re1•1iev.·,
proponE: que se utilicen los rayos X para examinar las
111atalac1ones interiores de las canalizaciones eiéctricas.
Sin abrir las moldura.q y sin quitar las partes aisladoras
de los h1los, los rayos X permitirán apreciar el grueso de
los hil.os,. las ju;ituras. y sus imperfocciones·: se podrá saher as1m1smo s1 los hilos están ó no soldados, s1 las Ugaduras están ó no enrolladas regularmente, etc.
Ya se comprenderá que esta aplicación no tendría nada de práctica si hubiera qne tomar cada vez una sombra
1·adiográfica por medie de una placa sensible; por esto lo
11!ejor es utiliz~r las propiedades fluorescentes del platinocianuro de bario: este cuerpo, finamenw pnlveriz ido en
un m,&gt;rtero de ágata, se pone en suspensión en un mucílago ó en colodión normal y se extie11de en gruesa capa
• obre un cartón bristol bastante espeso. E1 papel asf pre·
Jlarado se hace fluorescente y bajo ,a influencia de los ra~·os X dá imágenes instantáneas muy clarmi de los obj~tós
interpuestos entre él y la ampolla: ésta debe ser cubierta
con un palio ó un papel negro y el cartón debe colocarse
de manera que la cara no cubierta de platino·cianuro mire á la ampolla. El observador se coloca al ovo lado del
bristol como si quisiera ver la ampolla al través del cartón. La limpieza de la imágen así obtenida, depende del
estado del tubo de Crookes y d~ la distancia del cartón á
la ampolla. La fluorescencia desaparece con la excitación
Je! tubo, y el cartón fluorescente sirve indefinidamente
para los experimentos qutt, presentados de esta suerte
son más econ·ómicos, sorprendentes, rápidos y variados:
q·:e con el procedimiento de las placas sensibles, útil solamente cuando se trata de conservar las imágenes obtenidas.
·
Si hemos de dar crédito á un telegrama dirigido hace
poco desde Nueva York por Edisson á lord Kelvin de Glas
cow, el tungstato éle cal cristalizado produce efectos fluore~~enteH mucho más intensos que el platino-cianuro de
bano.-M.

***

Ofrecemos á nuestr&lt;'s lectores nna fotograff:i del monumento y la legendaria montaña en que está colocado.
EL NAID'RAGIO

DEL "ORUMMON D-CASTLE. t&gt;

•

De cuando en cuando como para demostrarnos· que el
mar ese giua11te eterna~ente indomable, no duerme, llega á nosot~os, estremeciéndonos, la noticia del extrago
causado por sus iras. No hace dos afias aun, EL MuND0 daba á sus lectores 1~ noticia detallada del horroroso
naufragi.:, del (;olima, hermoso vapor de la Compañía
«La Mala,n del Pacífico, ocurrido en nuestras aguas occidentales. Hoy deberemos eslabonar á aqueUa hi~toria
lamentable, una historia más: la del naufragio del Drumimmd-Castle, magnífico vapor mercante de una Compañía inglesa.
Y no será, nó, la última catástrofe: el mar, el rebelde
perpetuo, no descansa.
Los raros v1aJeros que en la primavera no temen tomar el vapor postal del Conquet, que se dirige á las islas sorpréndense mucho del gran número de vapores de
qu~ á toda hora del dia y de la noche está poblado el
horizonte.
Todos lo3 buques que entran á la Mancha, van en efecto á buscar en esa roca, centinela avanzada del antiguo
continente, un punto de tregua, indispeusable, que les
permita reconocer su situación y proseguir con fijeza su
destino.
De ahí 35e vagar constante de humos ligeros, de estrellas rojas ó verdes, que apenas entrevistas parecen huir
como espantadas y desaparecer en la bruma ...... Oh! la
bruma...... ella es, más que la tempestad, la enemiga de
los navegantes en esos parajes. Solapada y silenciosa, corre, se extiende, se espeea al rededor del buque momentos antes seguro de su ruta. En vano mugen las sirenas!
en vano los faros eléctricos proyectan sus fulgores deslumbrantes. Ni el sonido ni la luz pueden.atravesar aquella cortina de sombra. Ya nadie canta á bordo la vuelta
á la patria. Los más enérgicos se sienten ahogados por
tnortal angustia ante el peligro, tanto más inquietante,
cuanto que ninguna lucha es posible. El Fromveur está
muy cerca, el From1,eur, ese estrecho ó canal que se extiende entre la isla y la costa, erizado de rocas agudas y
cortantes, invisibles, á flor de agua, donde espantosascorrientee levantan aun cuando el mar esté tranquilo, olas
gigantescas.
El buque des\'iado poco á poco de su ruta, que ya no
puede rectificar, es arrastrado, y súbitamente se produce
el choque fatal, el espantoso desgarramiento del casco
ventrudo, el deslizamiento rápido ó lento, pero siempre
segnro por el agua negra q11e sofoca los gritos de la desesperación con la vida. Y cuando la bruma se remonta á
las nubes, el Fromveur aparece impasible...... Unicamente, nllá en el fóndo, las vergas del buqne desaparecido,
han all.adido nueva&lt;ocrnces al cementerio en q ue yacen
tantos restos acumulados desde hace siglos!

YIAJE!AL ,POLO NORTE E~ GLOBO.

•

.

t

1

L'l alegría del regreso.-El camino

cu la muerte.

l\foy pronto, dentro da unas cuantas horas, iba á dis•
tingui r~e la costa inglesa. La espectación 'hacía que permaneciesen snbre el p11ente numerosos pasajeros y para
hacer agra.dables las últimas hora.'! de travesía, ~e habia
organi1..ado en lunch y un baile, aun cuando el calor era sofocante.
·

EL «DRUMMOND-CASTLEn EN LOS MOMENTOS DEL NAUFRAGIO.

MONUMENTO 11:RIGIDO) GUILLERMO l. EN KIFFH&lt;EUSBR.

El «D,•u,rirn?nd-C&lt;ntle.»:La tripulaci6njffos pasajero$.
El martes 16 de Junio, á e~o de las once y media de la
nache, el vapor Dru,nmond Ca.stle, de laCompafiía•Correo
de Londres, 3cababa &lt;le reconocer los fuegos Ouess'\nl.
Ese gran atea1ner de 30&gt; pies de largo 7. de 3,663 toneladas, dejó á Capetown el 28 de Mayo ultimo, en camino
para Londres, con escalas en Delagoa, Nata.!, East--London, Port Elisabethy Las Palmas. Llevabacienhombres
de tripulación, y tenía por oficiales: á Pearce, capitán·
Brown y Wayman, primeros oficiales; Hisck@, oficml se:
gundo, Ellis, oficial terceró, el doctor Tallen, médico· Elbro, contramaestre; Eyre, primer mecánico; Holmes' segundo mecánico; Beattle, tercer mecánico; Mac Alpine
c•tart,n mecánico y Palmar, quinto mecánico.
'
El Drummon.d-Castle llevaba además como doscientos
pasaj~ros, colonos y plant:.dores de té. Entre ellos se encontrnban algnnos soldados ó secuaces de Jameson ·re·
cienternente implicados en los acontecimientos del A.frica del Sur, condenados y agraciados por el presidente
Krngl'r.
La 111ayor parte de los colonos llevab:in á sus famfüas·
la'I mnjere@ y los nil'ios eran numerosos á bordo, y n~
damos la lista de los ¡,asajeros por ser fastidiosa para
nueetros lectores que los desconocen.

39

EL 1'iUNDO.

19.Juuo, 1896.

Caía una lluvia fina, pero muy nutrida, q~e obsourecía
un poco los fuegos de la costa, haciendo necesaria. una
extrema prud:mcia. Está comprobado que la velocidad
del steamer era, sin embargo entonces, de 15 á 16 nudos,
lo que en circunstPncias semejantes parece excesivo y
· hasta temerario. ¿Cómo aconteció que el capitán del
Drumnwnd- Gastle se hubiese a. venturado por el Fromveur
en lugar de pasar ,l lo largo de OueEsant, como la pru•
dencia y el camino que debía seguir lo exig,an?
He aquí lo qne ning.ún marinero pudo explicarse ,por·
que los fuegoM del Creac'h y del Stijf SP. habían percibido
sin duda alguna apeear de la lluvia y si t:se movimiento
erróneo se había ya cometido era facil rectificarlo. Se ha
hecho una suposición acaso ligera. Se ha dicho que el regreso á la patria fué demasiado festejado ..... .
La verdari, no se conocerá jamás.
.
Los sobrevivientes de la catástrofe, quedaron demasiado trastornadas.por el terrible drama al cual asistieron,
para que hayan conservado una noción exacta de los hechos, y hay en sus relatos contradicciones que no permiten admitir la versión de unos mejor que la de otros.
De cual ¡uier modo que sea la culpa, si la hay, fué pa•
gada muy caro ..... .. ,.
Sobre las roc(l8 verdes. El naufragio.
A las doce menoq cinco minutos de la noche, en el momento en que eu el puente el regocijo llegaba al colmo,
una conmoción violenta acompafiada. de un ruido aterrorizador, derribó á marinos y pasajeros, en medio defardos trastornados y de l&amp; arboladura que se hundía.
El Dru.mino11d-Castle a&lt;'1tb1tba de arrojarse sobre las rocas verde3, [en breton Koc' h-Jfrlen] el!!ollos peligrosos

que se encuentran entre las islas de OueSljant y de Mele!ie
y cuyos )?icos se descubren apenas cuando la m 3rea baJa.
Inmediatamente el buque comenzó á agujerearse en la
popa; pero el capitán Pearce, creyendo qt:.e podría contar
con los tabiques aatancados de que el b uque estaba provisto, mandó aue se diera contra máquina para salir á flote. Desde lo alto del puente gritó á la. tripulación que
permaneciese en su puesto y á los pasajeros q ue condervasen ~ sangre fria.
Intentase botar á las lanchas ¡;,ero no se pudo lograr.
Entonces, ante la muerte inminente, el desorden fué
completo. Los ~asajeros enloquecidos se llamaba!l,. se
buscaban con gritos de tenor. Las madres se precipita·
ban en los camarotes para morir cuando menos. cou sus
hijos que apaciblemente dormían.
•
Bruscanient-e el steamer cayó comoun·plomo á una.profnndidad de cincuenta metros y los sobrevivientes mterrogados algunas horas después de su desembarque,. hablaban del horror que sucedió á los desgarradores gritos,
del silencio mortal que cayó sobre las olas que se cerraban sobre su presa, eu tanto que la corriente lo! a rrastraba á ellos mismos con los restos á los cuales se afian•
zaban desesperadamente.
Los sobrevivientes. Siete horas sobre una ta·,za.

Los habitantes de las islas, los guarda-far06, los vigías
semaf.óricos, no tuvieron conocimiento alguno del nau•
fragio que se efectuaba á algunos cables de la costa.
Hasta el dia siguiente á las siete de la mafiana, los pes·
cadores de Meléne que iban á ver sus redes, encontraron
arrastrados á lo largo á los dos marineros James Wood Y

William Godbolt que hab1an logrado mantenerse sobre
un fragmento de escotiUa á pesar de los calambres que los
paralizaban.
Eu tanto que los marinos de la Coro1ta de Maria salvava~ á los náufragos despojándose de sus vestido8 para cubrirlos, otros pescadores percibían :i un pasajero Charlie .M:ackar, al cual un aparato de •.mlvamento at~do sobre las arca.a, sostenía completamente desvanecido soore
~¡ abismo. A fuerza de cuidados ee le reanimó.

Las corrientes los arrastraron entonces ya á lo largo
donde vagaron algunas semanas, ya á 1~ pl~as de 1~
costa Noroeste de Finietere. Los remolcadoréé, los torpederos y numerosas barcas exploran los eecollos y cada día se hacen nuevos descubrimientos. Pero r:iuchos
?uerpos permanecerán en el abismo y no reaparecerán
Jamás.
Ea tierra bendita.

Los cadáveres recogidos.

Para aquellos que han reaparecido, las poblaciones de
las islas han tenido la más grande piedad.
Los muertos, envueltos en gruesas lonl,lll, por falta de
ata0:aes, son velados al fulg'?r de humildes cirios, por los
habitantes de Ouessant, dolidos ante el dulce y pensativo rostro de las viudas futuras.
Loa campos.de margaritas salvijjes, de perfume amargo de crisantemas, que alegran aquí y aUá; las rocas
desoladas, han proporcionado blancas coronas á los pequefiuelos babys, -á las jóvenes mÜ!ses, cuyos despojos ha
devuelto PI .Fromveur.
Los enterradores y los cargadores son pescadores ro.dos, que en las tempel!tades disputan al mar su presa, y
cuya tumba, maflana acaso, lamerán las olas.
A.1te toda la parroqnia reunida, en la pequel'ia iglesia
sacudida por los vientos furiosos, el venerable cura de
Ouessant, bendijo antes de darles su último adiós, á esos
pobres náufragos de otro culto. herlI!anoe de dolor á
quienes tantas familias desesperada.a lloran, allá, lejos,
del otro lado de la Mancha.
.

La flotilla de los ~scadores de las islas bien pronto
reunida ~da, no deüia encontrar más que c'adáveres. Ent re los primeros que fueron &lt;iescubiertoe se encontra!Ja
M Téllez, 2'? oficial, cuyo corazón latía a~n débilmente
pero que no pudo. ser vuelto á la vida; -después un niñ~
.a.e un afi_o; una ni.lia de tre&amp; afios, cuyo padre; propietario de mmas de diamante en el Cabo, fué reconocido más
tarde; una hermosa joven, Miss. Freda .Mgee cuya opulenta cabellera rubia flotaba sobre las olas ~orno la de
-Ofelia......... D.ispués muchos desconocidos.
Casi todos estus desgraciados habi9.n tenido tiempo de
rod~r á. S? cintura el a¡:-ar:1to de salvamento que p nen
á d1spos1c1ón de cada pasaJero las compafiias de n.avega-ción. Pero tal aparato, del cual esperaban la salud no
hizo sino prolongar su agonía, porque los golpes de ~ar
pasando sobre ellos, los habían asfixiado. Algunos W:
nían el rostro y las manes r.scoriados, sin duda por el
-choque contra las rocas, á las cuales habían intentado
~n \'ano encaramarse.
C.1dá'\leres más numerosos fneron encontrados durante
:algunos diai!, cr1a:1Llu l,1 ut&gt;.compo,ició11 cvmenzú su obra.

":::c)J_.~

En E'i ~alón de sesiones de la Sociedad de Geoloafa y
Geografía de Estockolmo, se ha celebrado últiman~ente
una reunión en favor de la expedición polar en globo
proyectada por M. Andrée. En ella ha dado éste cuent~
de lo adelanr.ados que lleva sus preparativos de viaje.
Por lo qu,. respecta al globo, están ya terminados los trl's
pi!!OS del cobertizo en que se le debe conservar hasta la
partida, y en brevé. lo estará el generador de gas hidrógeno. El vaporcito la Virgen, se halla · terminado en el
dock de Gothemburgo: este pequeño barco es de palastro, puedP. llevar tres personas y 600 kilógramos de pro- ·
visiones y se dobl_!\, de suert~ que se le puede izar á las
redes del &lt;;írculo &lt;1el globo. Se ha constru(do una cocina
en la cnal se puede calentar los víveres á diez metros d~
distancia del suelo de la barquilla. La expedición saldrá
de Gothemburgo el 7 de Junio y llegará á Spitzberg el 17
ó 18. Per~ á partir de este momento, ~I. Andrée no puede pre_decir lo que sucederá: no sabe s1 podrá continuar
su via¡e en globo ó tendrá que hacerlo en barco ó trineo.
Los instrumentos científicos que llevará la expedición
soo: tres sextantes, un horizonte artificial de mercurio
dos crQnómetros, dos crono3copios, cartas m31?nética;
aproximativas de la región inexplorada, una brújula especial, un psicrómetro, un actinómetro de Arago, nueve
brújulas, un anemómetro, tres anteojos, dos aparatos fotográficos, un E&lt;lectrómetro, un aparato para recoger bacterias y otro para analizar el agua.
SEB.VIClO AEREO DE CORREOS.

Se acaban de unir la isla de la Magd1lena y el puerto
de Cagliari, es decir, las extremidadeP Norte y Sur de
Cerdeña, con la costa de Italia, por medio de un servicio
de correos...... de palomas mensajPras. La distancia entre Roma y la Magdalena es de 270 kilómetros, que los
pichones recorren en un espacio de 4 horas 50 minutos.
La velocidad media, es, pues, de 45 kilómetros por hora.

El salario de los marinos que descubrieron la Amérit',a.
. Un economis~a ha llegado á descJ?brir las hojas de re¡nst~o de la flotilla de Colón. Las cifras que se ·desprenden.de estos documentos son verdaderamente curiosas
Los marineros, según su clase, ganaban de dQs á tres pe:
sos, por mes, más la alimentación; los capitanes de las
carabelas 16 pesos mensuales y los alimentos. Cristóbal
Colón, con el grado de almirante, tenía un sueldo anual
de 320 pesos.
No ea muy caro, si se tiene en cuenta el descabrimiento de .Améri_ca. Verda_d es que hay que tener en cuenta
t~rub1én el valor del d1oero en el siglo XV en co:nparac1ón con el actual.

�19 J ULlt &gt;, 1~00.

EL MUN,DO.

40

~1~9~J:,,;;UL~I~O~,~18~9~6·~=============~E~L~MU~;,:,N,;,;;;D~O~.~===============

EL 14· DE JULIO ::)E 1896.

LAS SOLTERONAS.
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&amp;l (rasino ~rancés en la noclte ael 1~ ae ,Sulio ae 18')~.
[Tomado del natural por Leandro Izaguirre,]

EL 14 DE JULIO.
EN EL CIRCULO FRANCES.
T'rovervial es ya el espiritual buen humor de los nobles
hijos de la gloriosa Francia y nadie extrañará por lo mis•
moque la celebración del 14 de Julio en esta capital haya.estado por demás animada y encantadora. Ahí donde
hay un grupo de franceees, ahí está la Francia y los que
forman la prósp&lt; ra. colonia de esta capital, nnidos íntimamente como están, no podían meno3 c' e dará su gran
fiesta el brillo que me!'ecía.

Todos los establecimientos franceses, que son muchos,
y algunos mexicanos, engalanáronse vistosamente el mar•
tes último, sobresaliendo por su adorno «El Palacio de
Hierro,» «El Puerto de-Veracmz,» «Las Novedades,» «El
Gran Orientaln y la «Ciudad de Londres.»
La Kermesse efectuada en el Tívoli del Elíseo estuvo
animadísima. La entrada del Tívoli estaba adorn,lda con
mucbo gusto llovía conffelli de todas partes y la concurrencia era muy nuineroea. Nuestros lectores conocieron
á su dtibido tiempo el programa. Baste añadir que se amplió con lucimiento en todas sus partee.

El baile efectuadÓ en la noche en el Casíno Francés
[del exterior del cual damos un grabado] fué el brillante
remate de los regocijos del día.
La alegria sentó sus reales en los hermosos salon€B pa·
rano abandonarlos sino con las últimas ;,ombrae de la
noche. Inicio~e la fiesta con los viriles y conmovedores
acordes de la :'.\Iareelleea y prosiguió encantadora hasta el

fi.n.

4L_

Ntwstro~ pl;ícerr es r. l 1 laborins, 1olonia F1 ancesa, por
el b.ien éxito tle su l atriótica celebración.

..

O.NOCI, hace muchos años, tree solterooM, á qnienes se llam:iba en su pueb)o
las señoritas Griftóo. Parecían, aun cuando hubiese entre ellas nna diferencia
notable de edad, haber hecho el mismo día, en tiempos m11y lejJnos, una silenciosa entrada en la vida. Parecía asimismo-de tal sueree estaban emparedadas en sus costumbres y de tal suerte er.111 ne~esaria'! cada una á Jas otra;¡ dos-que
deberían morir el mismo día y á la mism~ h'&gt;ra, después de haber, como de costumbre puesto en orden su casa, limpiado sus muebles y cepillado su ropa.
'Yo recuerdo que me quisieron. L'.ls m'&gt;lesté muy frec.ientem~nte, cuando entraba
á sn casa, haciendo cabriolas como un gato que m~rodéa, por la ven~ana d~ la planta
baja. Y me agrada recordar, sobre todo, con cierta pena mezclada aun de piedad y de
bur a afectuosa, que era la señorita Nina la más desgraciada de las tres hermana~: persona nerviosa y tímida, humilde y meticu.osa basta el exces_o, á la cuál me compla~~a
en atormentar. B.1stábame deslizarme detrás de ella de puntillas, lo cual se me fac1htaba porque era distraída y un poco sorda, y después, bruscamente, en voz alta, llamarla p¿r su nombre. Yolvíase hacia mí lanzando un grito, levantando los brazos con un
sobresalto de h'lrror, que daba á su semblante lll ex:presión más per&lt;'gri~a, hacié11d_ome reír. Ptiro la señorita Nina no sabía enfadarae. No hay manera dti pmtar su resignada mansedumbre, cuando menéaba la cabeza dulcemente, y decía: «Kstos muchachos!.. .... » sin sonreírse como yo lo hago á la sombra de ese recuerdo. Entonces, la
señorita Luisa, la más vieja, me amenazaba, pero sin convicción, con la1 tenazasó con
el atizador. L1 señorita Clara, la menor, ensayaba una reprimenda severa. Yo peclfa
hipócritamente un perdón siempre acordado. Se hacía la paz y me sei:itaba cerc!l de_
ellas en un taburete, frente al fuego. Una de ellas refería entonces, haciendo al m1s~o
tiempo ovillos. candorosas historias que m~ encantabln, porque tenían las buenas viejas una a1ma ingenua é. infantil, que las ªl?rox:imaba á los nift~s,
Yivfan de su traba¡o, bordando y haciendo punto de media todo el d1a, y de 1;rna
renta miserable que les arrojaba coJ soberbia un hermano qu~ tenían, el cual era neo.
Trozo de pan necesario y duramente adquirido con humillaci"ne~, periódicas como
los trismestres de su pensión. En la intimidad, cuando estaban solas, y á puerta cerrada, las tres hermanas osaban confiarse ~u pensalniento. Acusaban á su he~ml!'no de
orgullo; decían que ellas no pedían más qu.i amarlo, pero qu~ eso era muy d1f!c1I; que
él jamás había sido bueno con ellas, como ellas lo habrían !l!do para con él s1 D10s le
hnbiese dejado póbre y á ellas las lrnbiese hecho ricas, pero que Dios h:1-bía hecho que
los cuatro naciesen de la misma madre.-Ante los extrafios, al contrano, hablaban de
aquel glorioso hermano con respetuosa altivez..
.
.
.
Et iba á verlas cuatro veces por año y se rngemaban para tratarle bien. Presidía
en sn mesa, se dejaba ser,ir coi:no un nabab, examinaba todo y todo lo.censurab:i-: la
c,11nida, que había costado muy cara, la ropa, que ya encontraba demasiado humilde,
ya demasiado rfoa. Después, ya al partir, magestuoso, apaciguado, un poco_ menos ce•
ñudo, dignábase humanizarse y decirles algunas palabras amables, al subir~ su Jan·
dau, pesado, tirado por dos caballos bien nutridos que conducía ¡¡n cochero hmchado
dt- toda la grandeza de su amo. Y las tres herwanas, desde el umbr~l de su pu~rta
mirapan, con un eu~piro de envidia sin hiel el tren que deEcendía, ale¡ándose rápidamente por el camino.
Su vida era humilde y retirada. Oían todas las mañanas su misa, cocinaban ellas
mismas y pai-a comer como para don.uir encerrábanse con dos vueltas de llave. En la
sala enladrillada donde se instalaban dura11te \argae hqras, para trabaj.ar, miraban de:
trás de las corti1Ías á los campesinos qne iban al pueblo, los coches y los caballos: ~i
al"una comadre pMaba, atraíanla hábilmente para interrogarla sin demostrar cunos1d;~d, con finezas de diplomático, porque gustaban de saber noticias. Y las reciblan de
tolas pe,rtes sin tener intimidad~s con. nadie, discreción bien conocida q~e les valía
confidencias con las cuales se sentía halagada su vnnidad. St1 catacteríst1ca era una
timidez temerosa y una prudencia proverbial. En un tiempo les .aconteció mezcla~e
neciamente en los chismes del pueblo. Pero su hermano, advertido de ello, le~ d1¡0
. redondamente que á la primera reincidencia les quitaría sin J.&gt;iedad la mesada, misera•
ble hilillo de agua en que bebían la gota necesaria para su existencia. Y la lección ha·
bía sido tan dura, que con gran terror cosieron sus labios y cerraron sus puertas para
todo el resto de sus días.
Clara era el espíritu fuerte, la ama indiscutible de la casa. Ella era quien reglamentaba las compras, escribía las cuatro ó cinco cartas que se escribían cada ali~ y
pr.-sidía en los raros debates de familia. Nina aprobaba·, convenía en todo. Lmsa
aconsejaba. Esta era flaca, rugosa y, vagamente, su faz, bajo sus cabellos grises recordaba la de un viejo barbndo.
Nioa tenía. gruesas y burdas facciones, una cara parecida al mascarón de una
fuente.
Jamás he sabido si esas pobres mujeres pensaban en algo cuando trabajaban, ni ~i
alguna de ellas podía tener en propiedad una idea que no fuese de las otras dos. Su vida era como un humilde péndulo de tres cuadrantes, cuyas agujas marcaban la misma hora y giraban en un círculo igual sin detenerse ni
apresurarse bajo su delgado
vidrio. Oomo su casa, su c~
rt&gt;bro estaba amueblado, mutati.~ ,nmandis,_..de-·muebles
vitijos y -mézquinos, pero
apropiados á sus destinos y
apreciados por sn Targo uso.
Los pensamientosfiltrábanse
gota á gota y cuando yo las
oía hablar entre sí en tanto
que movían la aguja, parecfame ver caer de sus palabras una nube de cenizas
grises cuya monotonía adormecía.
Ahora bien, aun cuando
pareciese tan vieja como sus
dos hermanas, la señorita
Clara había sido joven, en
un tiempo-iy milagro!-había amado, esperado y sufrido.
En tiempos lejanos había pasado por G ...... un receptor de contribuciones. No
dejó recuerdos muy precisos en el Pspíritu de aquellos que le conocieron. Llamábase
José Boro y no permaneció mucho tiempo en el pueblo.
B&lt;?ro no era ni grande, ni pequeño, ni he1·moso, ni feo ni natla. Su faz, su talla y
S!} actitud, parecían pertenecerá todo el mundo. En lo moral, lo mismo que en lo físico, no tenía fisonomía alguna especial, cualidad ó defecto, Yicio ó manía en él á la
cu1l pudiera basarse un inicio. una ant-ipatía ó una amistad. Era nn hombre.de temperamento tranquilo, de un apacible buen humor, de una int,..Ji¡?.,ncia orcii naria ni
franco por completo, ni por completo reePr\'lldo, dti una honradt&gt;?. de b·m·..go. Seguía
tranquilamente su carrera, ni mejor ni máA m I que muchos otros y marchaba con un
paso no menoq tranquilo á lo largo del camino de. la vida.
Boro.conoció á la señorita Clara. ParPc..-qne no era fea entonces. T,rnía veinticinco
años, cierta frescura, y una apetitosa robustez.

¿Cómo ese ~uncionariocumpl ido,
cu y as opinio 1es
eran razona oles,
los juicios siempre
medidos, la c,n·
ducta de una prudente cordura, cometió la inconcebible locura de enamorarse de una
muchacha sin dote?
Nada hay que responderá ésto sino que lo inverosímil puede llPgar.. En el pueblo y en tres leguas á la redonda Ilo_había en aquel momento otra señ~l'"!ta. _casadera.
Boro tikn pobre como ella y no temendo más que su empleo para v1v1r, _se encontrab~ fastidiado de vivir solo, y de comer solo. Por estas .ra~ones qms.o tomar
mujer pues era un severo moralista, al cual una salu~able t1m1dez 11abía preservado de las pasiones. Pidió la mano de Clara, que se la d1ó de todo corazón, y tan sorprendida cuanto conmovida, t~n asustada cuanto embelesada, la pol;&gt;re muchacha se
derritió en lágrimas y le amo bien pronto con toda su alma.

***
Cuando yo era niño, y mi tía Emilia en las tardes estivales se paseaba en nuestro
jardín yo le preguntaba algnnas veces:
-Dime pronto, tía E111ilia, que pájaro es el que canta.tan bien, allá lejos, del otro
lado del vivero, sobre el rosal, cerca del muro?
.
Ella escuchaba, movía la cabeza y me re~pondía sonriendo: .
.
-Debe ser el ruiseñor, porque ya _en el tiempo en que yo era ¡nyen hacía su mdo
ahí todos los años. ~:eta noche, si el tiempo. está bueno, canta1,l b~¡o nuestros balcones. Pero tu, tú no lo oyes todavía porque duermes y yo, yo no lo oigo ya porque eoy
vieja.
.
.
? Q p1"é n
Dónde está el hombre dónde la h1imilde C!'latura
que no h a o ído a 1 ruuiefior
dé nosotros pnede volv;rse hacia su j11ventud sin eucontrnr una dti eeas horas en que
todas nuestros pensamientos cantab~n como pájaros en~motados, en que ap~nas tocaban la tierra,&gt;' en que nuestro espír.1tu se halla~a embriagado; en que hab1a al re~edor de nosót'ros como un perfu-me ligero de oxiacanto extendido sobre nuestra ex_1stencia? Que beJl11 es nuestra vida mtilancólica bajo esas fala~es fi.,res de Mayo! . Oh ¡oven esperanza, hada preQtigiosa! La dicha-, el amor, !a.gloria, t?do parece fácil, _todo
· es séguro. 1,os n1ás hérmosos auefio~ ,de las m_usit~. d1VI?as, se 1lumma·n, ~n r~d1osos
espejismos. Nobles rostros nos.sonnen! ~ rntehgenc1a más obtusa se 1lumma, se
· abre temblorosa y el corazón brmca, henchido de ternura, ante todas las .alegrías de
la vida.
·
y esto es lo más luminoso de la dicha. Y el q11e ha encontradonna de e~as horas,
· puéde moril', porque ya ha vivido.'-Glara amaba y eotaba· loca. En~el;humilde Jardín
de.su víña el rniseñor había•ido á posarse, y desde la mañana hasta la t11rde, la pobre
muchacba'lo escuchaba perdida de amor. Ya no vivía más que para ofrb, y c:ontaba
Jaa botas {&gt;0r sull cantos. Clara se abandonaba sin reserva á esta dicha sin medida, que
se iba para no volver.
.
..
: Nina tenía más de treinta años, y Luisa cerca de cuarenta, cuando se dec1d1ó el. matrimonio. Muchos años hacía que vivían ~olas en aquella casa: su heredad y su umver. so y eran para cada una las otras dos, toda la familia.
·
' Como su padre había muerto y su hermano estaba lejos, la señori.ta Luisa se había
enc_ontrado á l&lt;'i!! veinte años con que debía ser la madre am_orosa y tierna de RUS dos
· huérfanas. No se sabía á cual de las trPs amaba con más profunda dilección. Si había
alguna que fuese má~ mimada, era preci~:imente Clara, edu?ada por sns dos hermanas
mayores. Sin embargo, ahora.no se regoc1¡ab!ln éstas de la d1c?a d!l su ber':llana menor.
Se necesitaría el arte sutil de Lamb, su ironía y su estud10 m1croscóp1co de los reflejos movimientos del alma, para enconLrar y tocar con ~I dedo el punt? jusi.o en que
el egoísmo comienza y el puro aft,Cto acaba. Habían ~nido ellas en su a1slam1ento ene
~ horas de ensnefto taciturno.
Había momentos de fast1d10 en que huían. la una de la
otra porque les venían p!;!nsamientoa de esos que se guardan en lo más profundo de sí
mísmo como en urna querida y melancólica. El porvenir estaba cerrado para ellas, así
·como el pasado estaba vacío. Sin embargo ~u corazón se arrullaba algu!las veces con ensueflos tlmidos, se llenaba de vagas languideces, se abandonaba á tristes ternuras, y
una imposible esperanza ~travesaba sus almas candorosas.

***
Cuando Boro después de la entrevista decisiva hubo salido de la casita, Clara fue•
se á la vent~na q~e daba á la calle y apartó las cortinas á fin de seguirle largo tiempo
con la mirada. Aturdida por la dicha se preguntaba si aquello era posible y si en realidad se trataba de ella.
El había l1egado como pretendiente y se había despedido como novio formal. Ella
oía su voz como en un suefto, seguíalo admirando como si estuviese ahí, y aun cuando
osó apenas mirarle, sn rostro y su coJttinente grave, su enternecimiento, loa menores
detalles de el traje que llevaba en aquella solemne ocasión, quedaron fijos en su memo•
ria dPslumbrada.
Había recibido de él un beso, el beso de los desposorios, el primero...... Cuando se
encontró de nuevo con sus hermanas, radiosa y con los ojos llenos de lágrimas, saltó
al cuello de Luisa que ·se dej6 abrazar friamente.
Admiraéla entonces, volviose hacia Nina, pero Nina ·habj'a desaparecido. Ilabfa
huido al jardín, refugio acostumbrado de sns penas y lloraba calientes lágrimas, haciendo para descargo de su conciencia, votos doloridos aunque sinceros por la dicha de
la hermana infiel.
Celosa&amp;!, ..... Se habrian a~ijido si se les hubiese revelado que en efecto un celo in.consciente se agitaba en sus pobres corazones. Dd una manera obscura se hacían jus.ticia y enc,optrabaa natural en el fondo, 1ue Boro, cuando iba á verlas no tuviese atenciones delicadas, palabras y ojos tiernos sino para la hermana menor. Eso era natural
pero cruel: Porque nos sentimos lastima•los con la dicha de los otros cuando 11osot1os
no somos dichosos; y ellas decíause para sí qne ño tendrían fortuna semejante y que-

�42

EL MUNDO.

19 JULIO, HS~6.

-Y cuando la he dicho que examine, que reflexione bien, que e11pere ¡me ha respondido de un modo!. ....... .
-Nada se le puede.~ecir.. ¡Le salta á una á la cara como un gallol
-1Clara! ¡Clara I d1Jo L1;11sa con amargura, deseo que no tengas nada que sufrir.
Así es como pagan á una, Nma!. .. ... ¡Elevarla como lo hemos hecho, sacrificarse por
una ingrata! ¡Ya se da importancia de sefioral
-No, dijo Nina enojada, todavía no es seño~.

***
.Ni.na no creía expresarse tan bien! Una tarde de Mayo, Boro estaba sentado con su
novia ¡unt.o á la ven~ana que daba á la. calle. Hablaban del porvenir, arreglaban con
el p1:m~am1ento su vida y por Ja centésima vez Boro exponía lo que era y lo que valía,
es decir, su fortuna y sus esperanzas. Hablaba de sus buenos billetes y de su segu,opr9~reso, de algunas ec~nomías qu~ ba~ía hecho y de un tío viejo, rico y solterón á
qmen acabab'\ de anunciar su matr1momo. Este tío de seguro les haría un buen regalo de bodas y dejaría algo al morir.
. En aqu~llos .momen~os se presentó el car~ro. Vió á Boro y le tendió un cartapaC!O con la d1recc.1ón es~r1ta en letra desconocida. Boro rompió el sobre con n€gligeucia, pero de súbito se mmutó y Clara lo contempló con tierna inquietud. El rostro del
l~ctor se había p:.est? descolorido .por una fuerte .emoción, las ventanas de su nariz se
dilataban y ell: sus OJOS opacos brillaba una clandad desconocida. El papel temblaba
en su mano cnspada.
-¿Qué es? ¿qué sucede? ¿alguna des~racia? preguntó ella.
. -No, no, no! gritó él con fE:rocidad mconscie!lte· ¡Un vaso de agua, por amor de
Dios! ¡Me ahogo! ¡Una desgracia!.. .... Al contrario...... El!.. .... él ha muerto!
-¿Quién, seíior?
'
-M.i tío, y creo...... sí, se dice que tal vez lo herede.
¿De veras? replicó Clara. ¡Pobre seflor! Se acordó de usted, antes de morir. Voy
á ~e?:ar mucho por el descanso de su alma. Pero...... ¿le ha dejado á usted algo?
-Tod~, !l'ruñó Boro, y desapareció como un loco, dejando su sombrero.
La no~1cm se confirmó. ~oro herP;daba.. El tío, ya encerrado en el ataud, debidamen.te rociado de agua bend!ta, cambiaba sus vastos dominios, los trigos, las viñas, el
cast1!lo sec?la1:, los. bosq~es 1¡i-ualmente se.cull;'res, que pocas horas antes poseía, por la
prop1ed'.1d md1_scut1ble é mahenable de seis pies cuadrados de tierra negra, rodeada de
1JDa -verJa de lrierro. E~ sus· sueiios-más fantásticos Boro, el sobrino querido, á quien
se esperaba para el entierro, nunca había aguardado semejante suerte. Esa fortuna tan
grande, venía á caerle en la cabeza de una manera tan ruda é imprevista que pocofaltó para aturdirlo.
·
El tío,. á quien.ºº habia v.isto veinte veces en su vida, solitario misántropo á quien
creía.~amaco, ego1sta de qmen no había recibido nada más qne buenos consejos y
l:&gt;end1c1ones gan~osas, aquel ~ombre.venerado babia elegido á Boro como único heredero, de prefenc1a á otros vem~ par.1entes que. lo habían cuidado con importuna ternura_. El b~en tío era hombre rngemoso. Hab1a sospechado que las atenciones de sus
sobrmos ol! !1 un poco á sepulturero.
La noticia estalló c9mo una ~omba. Desde la maflana la sabían dos ó tres personas; en la tarde no ~abia en la ciudad muchacho de escuela que no supiese que el se•
flor receptor ~r~ millonario. Los perros callejeros debían al encontrarse repetir fil
asunto en. su 1di?!Dª• de ~a~ manera habí~ rodado en las conversaciones de sus dueflos.
Las _seflor1tas G1;mon rec1b1eron más de cmcuenta visitas¡ todas abrazaban á Clara con
efusiones de an;Hstad que ella tuvo el buen tino de no creer sinceras.
.
. i:S:38ta sus hermanas eran de verse! Clara se hacía gran seflora y comenzaban á.
hsonJearla. Cu~ndo se encontraron solas, Luisa dijo á Nina:
-Es una dicha para. nosotras, y como es muy grande para ella, me regocijo de todo corazón. Pe!o ¿has 01do cómo habla? No son aires de seflora. Va tomando el aspecto de una prmcesa.

Clara era muy feliz.-Y en tanto que esta se e~capaba á PU cuarto, loca de alegría, li·
gera como una alondra, Lnirn puso en silencio la mesa. Nina entró de nuevo. Tenia los
ojos enrojecidos, lo que la ponía más fea aún. Al encontrarse sus miradas, ambas se
comprendieron y se abrazaron en silencio.
Cuando su primer alPgria se calmó un poco, Clara advirtió que estaba sola para saborearla. Al principio se afligió, después se indignó é hizo ver su indignación á sus
hermanas. Entonces la desconfianza reinó en la casa; con su acomraflamiento de secretos que se cuchichea entre aliadas, con las palabras de doble sentido y las reflexiones agri-dulces.
·
·
11.-- ~
Ya La Rochefoucauld ha tratado de investigar si es por ellas ó por nosotros mismos, por lo que amamos á nuestras gentes más all~gadas. No hay más que un padre,
no hay, sobre todo mas que una madre y rar.os amantes acaso, que vayan más allá de
las mezquind~des de la vida1 llevados _po~ alguna abnegación heroica y que sean capaces
de hacer sonriendo el sangriento sacrificio de su corazón.-Ellas lo halirian becho si hubiese sido pr~iso_. -Y: aún_parecíaies por momentos que consumaban, sin decir una palabra, ese sac~1fic10 Jlueono, pero resentían una a1,¡arga _pena que se reflejaba sobré su
rostr~. Clar:a iba á abandon3:rlas. Y qué sería de ellas srn aquella ingrata necesaria á
P11 ex1stenc1a? Cómo normahzar de nuevo sus hábitos trr.stornados por su abandóno?
Y como vivir en aquella casa que sin ella se convertiría en un desierto?
La amistad de las dos abandonadas se volvió inmediatamente más estrecha. Ocupábanse ellas de los quehaceres domésticos y se bacian, en voz baja interminables confidenci~. -Y Clara, herida por aqnel!a exclusión, afectaba tomar su partido con una Ji.
ge.reza md1ferente que á sn vez las hería en lo mas vivo.
Boro iba á verla todos los dias; sentábase en la salita donde babia corrido la vida
de las tres hermanas, y hablaban con un tono apacible. Boro carecía de elocuencia:
par!!- élla era ?na alma humilde y dulce, de inteligencia mediana y de estrecha imaginsción. ¡No importa! No hay dos ma.neras de amar.
--:-Perman~ían solo~, con las p_uertas abiertas. Ella oía Ji.abiar á su novio y le respondia con tímidas sonrisas, ruborizándose hasta los cabellos cuando Luisa ó Nina entrahau para salir inmediatamente y vigilar con disimulo, porque la seflorita Luisa se
había metido en la.cabeza la idea de que había que vigilará a&lt;1uellos enamorados que
su deber de madre era no perderlos nunca de vista.
'
Un día dijo á Nina:
-He 9-quí á nuestra hermQ.na que se casa. Vale tanto como decir que se caso, pues
to que nos abandon.irá dentro de un mes.
-Yo no lo ~ubiera creído de ella! respondió Nina ingenuamente.
-~ué necesidad tenía de casar~e? Nosotras la queremos tanto, vi vimos aquí tan
tranquilas!.. ....... Y luego convino en ell0, si11 reflexionar cinco minutos, sin consultarnos á nosotras, sus hermanas mayores ......... en fin!
Nina era un eco fiel. Repitió, pues, como sú hermana:
-En fin!
·
-Nos. vamos á qaed_ar, .pue~,. solas! se dijeron con las lágrimas en los ojos.-Y bien,
¡que sea dichosa! Oye, s1gmó Lmsa abrazando á Ja otra; prométeme que no harás nunca lo que ella! promé•eme que no te casarás!
Niua lo prometió llorando, podía ciertamente prometerlo, y continuaron queján•
dose.
- Bu Boro! á ver, con la mano en el corazón, ¿cómo ln encuentras tú, Nina?
-Yo ......... qué sé, parece ser hombre muy cumplido.
-Y? nada tengo que decir contra él, añ~ió. Luisa co~ to_no dead4:;ñoso. Co_nvengo
!'n qt~e tiene buenas maneras. Pero las apar1enc1as nada significaµ, m1 pobre Nma.' Lo
rnter10r ee lo que hay que conocer, ¿y lo conocemos nosotras acaso? Es una feliz con no
casarsl'. Hay tantos matrimonios oue dan miedo. En otros tiempos yo nada diría.
Eran todos pru&lt;lentl&gt;", más discretos! pero el mum}o ha cambiado mucho. Esos seil.oritos dP. hoy todoP son falsos.
-Todos son falsos, repiiió el eco.

***
Entre .tanto, Boro no ~s~ribía. C_lara no había recibido sino pocas palabras eriz~das de cifras en que anuncmba o~c1alwente la gloriosa hexencia. Ya hacia qui11ctt
dms que esperaba una carta más tierna y más larga, una verdadera carta de novi&lt;&gt;
ausente. Soñaba en ~I~ desde la maflana hasta la noche, y aunque tuviese poca fan·
tasía se recreaba ant1c1padamente en las frases enamoradas de EU prometido. Dict11 b:~ •
hast~ las frases_ más pequeil.as de la carta esperada y se ruborizaba de sus propios ¡wnsam1entos: .Pe.o la carta no llega~a. Dura1:1te a.lgunos dias la esperó con pacienc·ia;
&lt;lespues vm1erone~ aso~br?, la tnsteza, la mqu1etud, los mil tormentos de la espna.
Clara ~e puso nerviosa é 1rntable. 1:!na noche a.l lev3:ntarse de la mesa, Luirn la dijo:
-¡Pobre h~rmaaa .mía! Ya lo t1eneR demasrndo rico...... para tf.
Y esta lección la h1~0 estremecer. Tuvo entonces un acceso de desaliento tal, que
creyó que lo babia perdido todo. 'Deseaba acabar, caer enferma morir! El era tan rico y ella tan pobre)
'
¡Qué muchacha tan humilde! t~n indigna de él! ¡ni siquiera bonita! ¿Dónde estará
la compañe~a df: este ~ombre supenor? Porque la característica del amor verdadnP,
es la adoración 1dol~tnca. Medía estremeci~a la altura que . los separaba y se aturdía
reco1:cta1:1do la embriaguez que le había ocasionado la herencia. ¡Ay Dios! ¿Por qué n&lt;&gt;
segma siendo pobre? Y luego se reprochaba suspirando este pensamiento Egoísta._ l;'c&gt;nsa~ en su alma grande, en su noble co~azón, en la inaudita generosidad que había.
temdo al amarla, se acusaba de calnmnmrlo por sus temores y se indignaba por su.¼
sobresaltos.
Por fin, le escribió Clara.
Su carta, poco hábil, era casi
el~nente a.e ternura y de inqmetud. Diez largos días tardó la respuepta, durante los
cuales la infeliz se sentía morir.. ~lara no tenía fuerza para 1rr1tarse, y en su desolaci~n silencioea, no comía, dorm1_a poco, y comenzaba á langmdecer. Las quimeras más
~ombrí~s de la angustia, lo
1ruprev1sto, la enfermedad, la -=!11uert~. todo lo po&lt;1ib1e y lo
.
imposible, mal combatidos por esperanzas breves chocaban en su imaginición en fer•
ma como lú.gubres pesadillas.
. Por enc1~a de todo esto se sentía roida por aquella reflexión de su hermana imP0s1ble de sahr de .su cerebro: que se habia vuelto demasiado rico p·ara casara~ con
e a, )'. por el fantasma de un abandono ridículo y desesperante. Le parecía que la luz
si/ 1e¡a~a l~nt-amente de ella y que dia á día, hora por hora, Fe sentía hundida en un,
a ismo e 1.mplacable soledad.. Por último un día, que, ·cansada de sufrir, se eentíá
tra1.mla, á fuerza de laxitud y de abandono, en una tarde dé estío cuyo esplenl oh~en 10nal se cubría P.ara ~lla, para ella sola, de-pálida languidez, un aldabonazo
izo es~remecer: apareció Nma y la entregó en silenció una carta que Clara tomó
0
~
un ~1to de loca alegría y luego de terror. ¡Era de él! Clara rompió el sobre y dese as rnmeras palabras se transformó en una estatua. Boro la escribía ex.ponía en
Sºca1 meas, llenas de noble tristeza, que se veía obligado á recobrar su 'biberta&lt;l que
evo vía á Clara la suya y hacia Vl?f~s P?r su di(:ba. Alegaba la iormal y últim~ sagrada v_olun~ad de su tío. No ternuno; d16 un gnto desgarrador, giró sobre sí misma
Y rodó 1nammada por el pavimento.
*
~ntre tanto, el Sr. Boro entraba en pis:sión de su papel de castellano. :&amp;&lt;-corría
~s t1er1as, ordenaba cortes de madera, oía las noticias de los gnardas y se aprovechaa de. 1~ buenas bodegas del difunto. Quizás pensaba en la abandonada, con vagos remord1m1entos. A las veces creía ver sus ojos llenos de lágrimas, fijE&gt;s en él ~on tula ter-

:fál!
ª

1

19 JULIO, HS~6.

nura que lo avergonzába, y su p~nsamiento se apartaba á realidades más agradables.
Otras creía de buena fe, aparte de toda fatuidad, que Clara se consolaría pronto.
Hay traiciones difíciles de denunciar de vi va voz, asesinatos imposibles de cometer cuando la víctima está aún palpitante, que por el correo no significan nada. Boro
pertenecía á esa raza de hombres, muy sensibles al mal que reciben, que se persuaden
con toda ingenuidad de que la 1..iayor parte de los peESres de los otros son exagerados
ó quiméricos, indignos de las gentes razonables é imposibles de tomarse en serio.
Al grito que la desgraciada dió, acudieron sus dos hermanas, la encontraron desvanecida, rígida y fría como una muerta. No queriendo dar á los vecinos el espectáculo de aquella desesperación, la tomaron, una por los hombros y otra por las piernas, y
la llevaron, cc,mo pudieron, al cuarto de Nina, situado en el piso ba¡o.
Después de haber tratado en vano de reanimarla y de haberla llamado entre sollozos con las palabras más tiernas, Nina salió apresurada y regres6 á poco con t&gt;l médico,
que movió la cabeza con ademán indeciso. Cu~ndo Clara volvió en sí, tenía la cabeza
aruiente, brillaban SUB ojos con un brillo febril y comenzó á delirar. Entonces Nina y
Luisa la cuidaron con admirable solicitud. Una madre no se siente más inquieta, no se
inclina con mayor ternura ni con más pacientf&gt;s cuidados como los de aquellas pobr.es
criaturas á la cabecera de sn hermana moribunda. Porque su enfermedad era de mnerte. Después de accesos de furioso delirio, cayó en un sueño pesado, del que sólo salia
por momentos para abrir los ojos azorarlos. Cuando la enferma se despertab-\ así, siempre veia á su alrededor dos caras feas, bañadas de lágrimas, flacas y consumidas por .a
fatiga, porque allí eetaban eiempre sus hermanas, relevándose para velarla. Al verlas,
se babia dicho que eran dos sombras que el terror, la piedad y la angustia animaban
todavía,
Un dia se despertó completamente. ¿Dónde estaba y qué la sucedía? ¿Por qué Nina
y Luisa lloraban al verla, con las ll.)anos juntas, como si acabase de salir por favor divino de un peligro desconocido? No lo sabía, no podia comprenderlo. Se aentia débil,
tan débil, que le parecia qne la vida se le escapaba; pero en esta laxitud, Clara seutia
un bienestar extrallo, y aquel pensamiento no la asustaba. Cerró los párpados, hizo un
('@fuerzo para recordar, y al volver el recuerdo no la llevó otra vez al dólor. ~o sufría
ni de cuerpo ni de alma; pero experimentaba una especie de aniquilamiento resignado
con dejos de dulzura. Cuando volvió á abrir los ojos, vió distintamente á sus dos tieles
compafleras que la sonreían á traYés de sus lágrimas, y ella también tuvo mm pálida
sonrisa. A poro les pudo tender los brazos, en donde las reunió sollozan ces ttn el mismo abrazo.silencioso. Después se durmió de nuevo, teniendo entre PUS n,anoe la de su
hermana la mayor. Entonces Nina, con precauciones ir.finitas, salió de puntillas, y

COBARDIA.

~t
~Jl

43

EL MUNDO.

dos hombres abandonaron la pieza. Et médico, alegre en manera alguna
impr.esion~do de los sufrimientos de otro-tantos veía ar{ diario y desde hat- cía tanto tiempo, que ya no se apiadaba de las miserias bumanas;-Jorge, en-... corvado y con la frente llena de sombra.
Y~ en el descanso de !a eEcalera, crexendo que ella no podía oírle, el joven hizo la
angust10Ea pregunta:
- Y bien, doctor?
- Y bien, amigo mío.. .... ya nada queda que hacer.
-.Tamás voh·erá á andar?
-.TamáP, ni á moverse tampoco.
. -Oh! !)ios 111ío. ba.l.buceó él desesperado, esto es imposible...... Usted, de quien se
nt.an c 11rac10nes marav11loeas, nada puede? ..... .
-No, nada.
-Oh, Dios mfo, repitió .
. , El doctor hizo un gesto dudoso, que podía traducirse comQ muestra de conmiserac1on, y con su f,::rnqueza rnda de sabio, di~paró !'l tíltimo golpe:
-Todavfas1 se mantuviese aeí! Pero la ¡,arálisis sube, ya lo s11be usted. Llegará á
la lengua, después al cerebro, y de la compaflera de su existecia no quedará nada· Matt,ria qne vive, he ahí todo.
'
·
.~or¡z_e se pasó la mano por la frente, como para arroj&lt;lf de suespí,;tn la abominable
precl1cc1,m. En cnanto al doctor, en tanto que consultaba su reloj aqadió:
- No es la vida muy alegre que digamos; hay que tener valor'. ..... Conque, buenas
noches!
Y bajó rápidamente la escalera.
Por un inst'.1nte, .J?rge, q_'l~Ó tan tur~ado, que no oeaba volverá la pieza, temiendo que eu emoción h1c1ese ad1vmar á Mat1lde el irrevocable diagnóstico. Después decidié,,dofe, abrió la puerta.
'
Sentada en pesada actitud sobre su silla, con aquella carne de nervios muertos cor~nada por una cabeza ~uy pálida que llarecía haber rocogid~ t&lt;;&gt;da la vida del ~rga:m;mo, dando á cada pliegue, á cada relieve del rostro un moV1m1ento una fisonomía
la p,Lralftica le esperaba.
'
'
No le prE'guntó nada. Unicamente le miró con fijeza con sus ojos enormes, agrandados bajo la impresión deI dolor.
Entonce11, sintiendo él que no iba á poder, si ella le interrogaba, disimularle la ver-

Luisa, sin retirar su mano, se sentó en el sillón, donde bacía,doltmeses que velaba día
y~

•

Cuando Clara se levantó por la primera vez y pudo, en bra os de sus amigas, bajó
la escalera, vacilando sobre sus piernas, y se encontró sentada en la mesa en que había
caído desmayada. Parecíala que en dos meses había vivido más de veinte aiiod, que sus
esponsales, la traición y el desengaño que estuvieron á punto de costarle la vida, eran
acontecimientos que habían ocurrido bacía mucho tiempo, casi hundidos en el olvido.
Parecíale que su jnventud había muerto, que había sido sepultada. Pidió un espejo y se miró con sorpresa, pero sin pena, encontrándose vieja. Estaba delgada, los cabellos le caían sobre la frente marcada de precoces arrugas. ¡Solterona! Esta palabra
se alzó repentinamente sobre su cabeza como una sentencia del destino, y experimentó
el deseo de envejecer más todavía, de convertirae bruscamente en 11na anciana, en virtud de una mágica metamórfosis, una octogenaria adormecida en pequeños, pero plácidos pensamientos.
Fué á sentarse junto al fuego sostenida por Luisa y Nina. Llovía. . Era un domingo
de otoño, la hora d.a las vísperas, la iglesia de la ciudad llamaba á los fieles con su campana de timbre poderoso, cuyas solemnes vibraciones se prolongaban. en el espacio,
de~de lo alto de la torre. Su espíritu se elevó allá, muy alto; oró y se sinUó regenerado.
La tarde se desvanecía y la calle estaba triste y silenciosa. Como la luz de la habitación,
como la juventud de su cuerpo, el dolor se retiraba de su alma, no dejando en ella sino
un tranquilo adormPcimiento. Sus esperanzas por siempre muertas y sus dblorosos recuerdos, se cubrían lentamente de cenizas. Y sn monótona vida se hizo semejartte á la
pieza de paredes desnudas, con ladrillos fríos y ventanas entrecerradai¡, en la que yo
jugué cerca de treint-a años más tarde.
Luego, las trt-s no tuvieron sino una sola voluntad y una alma 1ínica. Vivieron una
existencia siempre semejAnte, siempre resignada, sin placeres, pero también sin grandes tristezas. La Providencia soberana que equilibra los bienes y los mal e~, dispensa á
los mísnos destinos sus recogimieotoa.tranqnilos. Y además, ¿al que tiene ojos, qué
importan la pequéñez y la humildad de la vida7 En cualquier alma la vi.la lo tiene
todo, con su atractivo profundo y solemne, con las invisibles flores de ternura y adhe.
sión que forman la dignidad y la hermosúra. Las tres se amaron hasta el último mo
mento, y la muerte fué para ellas clemente: no se se extinguieron. al mismo tiempo·
pero se sigttieron tan de cerca, que el viaje de la primera pareció preparar los otros dos·'
CARLOS

DE

BoP.oEu.

dad, y q ne en Iugar de reconfortarla con la esperanza, presa de la pena, lloraría con
ella¡ Eeparando la cortina de la vidriera, pegó su frente al vidrio húmedo, viendo obstinadamente las lozas del patio, viejas lozas abolladas completamente, entre las cuales
crecía una hierba mal sana, que ante la amenazante lluvia, parecía ensanGharse.
-Jorge!
Al oír su voz, sobrnsaltóse lleno de miedo. Hundido en su pena, había acabad)
por olvidará la víctima bien amada.
-Querida mía?
-Jorge, repitió élla con voz grave.-¿Qoé dijo el médico?
Jorge balbuceó:
-El médico, el médico, pues...... nada ...... que con cuidado, tus fuerzas ..... .
-Estás mintiendo!
·
-No...... no...... ¿por qué?
-Apruximóse á ella, tomóle las manos, y hablándole muy cerca del rostro, le dijo:
-No hay que asustarse...... ya sabea ........ .
-Es inútil, le interrumpió ella. ·Todo lo he oído: jamás, jamás curaré, y llegará un
día en que mi lengua......
·
No pud;) continuar. Inclinó la cabeza y se puso á llorar silenciosamente. AquPllo
había acabado. No sanaría. Hasta entonces había e~perado, persuadiéndose de que la
parálisis qne una mañana, súbitamente la había herido, cedería ante la ciencia, qi¡e tornaría la vida á ens miembros y que resurgiría la antigua existencia, aquella existencia
de diez a1ios en 1ue habían vivido el uno al lado del otro, sin abandonarse, por decirlo
así, jamás; corriendo. siempre del brazo, como niflos alegres, por la ciudad en el invier•
no y por el campo en el verano. Ya aquello había concluido, irrevocablemente.
En el paroxim-0 de su dolor, en medio de sollozos, exclamó:
-Ob! Dios mío, quién hubiera creído que nuestra hiAtoria acabaría así!
-Querida mía; te ruPgo que no tedesconeueles, le dijo él suplicante. El médico se
engalla; sanará!: porque lo queremos, y la voluntad de dos seres, dtbe dominará la na
turaleza.
Con nn ei;fllerzo que le crispó la faz-tan coni;iderable era-intentó la enferma llevarse las manos á las mejillas, que le qnemabau las lágrimas. Pero ante la imposibililidad dP levantar los brazos más arriba del cuello, desalentada de ante mano, so'lozó:
-No, no, ya lo ves; esto ha concluido Lfmpiame la cara!
El, tomó su pañuelo, y suavemente limpió aquellos ojos adorados, en los cuáles se
había mirado tantas veces. Después, lleno de bondad, inclinando el cuerpo, enlazó con
sus brazos aquella J?Obre cabeza desolada, arrullándola con palabras tiernas, sui;urradas
dulcemente, acariciadoras.
-No te dePconsueles1 le deéfa; yo te quiero y te querré siempre. ¿Te acuerdas..... ?
Te lo he jurado, te lo he Jurado!.. ....
E inclinándose más, le cerró los ojos humedl'cidos eón un beso.
-Ah I snapiró ella¡ si la muerte pudiese sorprendernos así! ..... .
-La muerte! dijo él extremeciéndóse; ¿luego deseas morir?
-Sí; querría que juntos, de un mismo go!pe, nos hiriera la muerte.
-¿.Por qué?
-Yo ya no 8-0y más que un cerebro. Pronto, no seré más que carne que vive. li:ntonces, fatalmentt&gt;, ya no me querr.is; en tllnto que en :a otra vida, podríamos proseguir nuestros eueños de teruura.... Te acuerdas q,1e me prometiste amarme siempre? Yo
me acuerdo qne juraste no sobrevivirme. Si yo muriese, mantendrías tu promesa?
El la mi•·ó un poco asustado, i nconseíentemente rebelado ante la idea de que pudiese interrumpirse el curso de su existencia. Pno, en una visión rápida, se dió cuenta de
que muerta ella, se quedaría la casa vac;ía, helada, y respondié, convencido:
-Si; si tú murieras me mataría.
-Gracias, gracirs.
Y en un trasporte de fe juntáronee sus·manos, y eus ojos, sus ojos agrandados por
el dolor. eleváron~e al cielo, en tanto que sns labios murmuraban una plegaria:
-Sef'lor, Seflor, ten piedad de mi amorosa pena, y haz que el mismo viento de
muerte nos dt&gt;rribe á los dos.
Pero la ventana se Pntreabrió; un soplo perfumado de florescencias primaverales
!~11 llevó, traídos sin duda del balcón vecino, risas de gentes felices que cambiaban besos
tiernos.
8e miraron llenos de desei,peración, avivada su pena por la alpgrfa de otros. Ellos
también babíao sido felicl's; ellos también habían cambiado caricias locas. Poro esofné
en otro tiempo. Ahora ~1 cuerpo flojo de Matilde, mostr:ibaae horribie en su inmovilidad, quitándoles toda idea de. alegría. Entonces vínoles la idea, muy precisa, de que
con 9-quella esperanza de curac16n, huída, aquella esperanza que les permitía creer en
el porvenir, la vida iba á ser espantos'.l para ellos.
De nuevo, Mat1lde se echó á llorar. Fatalment-e, aun cuando él la rodease de solicitudes que jamás parecían fatigarle, estando el sacrificio continuo por encima de las
fuerzas l,umanas, acabaría Jorge por cansarse de ser enfermero y la abandonaría.
En el mundo encontraría mujeres jó,·enes que le sonriesen y le agradasen• las amaría y olvidaría, quizás no á la amiga de otro tiempo que había ocupado un Íugar tan
ímportante en eu vida, pero sí á la enferma que, clavada en un sillón, era ya sólo una
cabeza sobre un cuerpo muerto. Y esta idea era tan dolorosa para su corazón de amante que latía vibrante y celoso, que casi gritó:
-)lorir! matarnos los dos!

�] 9 JULIO, 18~6.

EL MUNDO.

44

-Qué dice~?
-Si fué~emos los enamorados de otro tiempo, los dos nos ,mataríamos.
El hizo un gesto de repnlsión.
-Matarnos!
-La vida en adelante no será para nosotros más que, sufrimiento; esta es la última alegría que nos queda. Oh! Jorge, Jorge, si tu quisieras, nos iríamos para siem•
pre ahora que tenemos aún el recuerdo de las dichas muertas. No esperemos la hora de los disgustos y de los desfallecimientos ......... Oh! Jorge, Jorge, si tu quisieras ........ .
Decía ésto con una exaltación tan convincente que él, á pesar de su miedo, SP.
preguntó si tendría razón. Algunas veces sentía, aunque su delicadeza y su hoRradez se rebelasen, aproxímarse las cobardías, los deseos de irse, de huir de aquel cuadro melancólico y ~ria de hospital, de aquella atmósfera penosa de dolor perpeLuo, y
encontrando sus o¡os un alegre rayo de Elbl, que llegaba después de la lluvia y hermoseaba el patio, vínole la idea de que debía sentirse uno bien allá afuera, con el rostro
acariciado por el aire suave, y se preguntó si un dia su horror á la enferma, su necesidad de libertad no le dominarían de una manera tan imperiosa que le hiciesen abandonar á la desgraciada en su horrible inmovilidad, para correr con otras por las ca·
!les animadas ó por el campo florido! Oh! eso sería malo, cobarde, indigno de el.. ....
Pero no teniendo la conviccióp de que no sucedería .y oyendo á Matilde repetir: «Ah!
Jorge, Jorge, si tu quisieras morir, sería esta nuestra postrer alegría!» él murmuró
muy bajo, como temiendo oírlo él mismo:
·
-Sí qui&amp;o.
La faz de la enferma púsose radiante, y Je pareció que por su cuerpo inerte corría
un extremeciroiento bienhechor. Esa era la victoria última y suprema de su amor. Casi cadaver triunfaba aún! Y para no dejará Jorge tiempo de reflexionar, ordenó:
-Ahí, en el cajón, está la caja de pistolas ........ .

MORIBUND.A.
Yo tengo una celda ruinosa y callada,
Tan n..gra y tau honda, que allí solo existe
Mi alma, la páliJa enferma enlutada .
Que busca la sombra porque ama lo triste.
Allí, los dolores, cual tristes hambrientos,
J!;ucienden sus torvas pupilas huraí'ías,
D~jando tan sólo despo¡os sangrientos
D&lt;J seres amados y cosas extrañas.
Y mi alma, la buena, la blanca enfermita
Levanta sus tristes miradas inciertas,
Sintiend., la honda nostalgia infinita
Del sutlño que duermen las vírgenes muertas.

..

•,,.

El obedeció, sin excitación, pero de prisa, como con rnied•1 á aqnP-lla vida anormal, teniendo la convicción de que sólo ese acto detin'ltivo ltl illlpt-diría cometer la fa.
tal cobardía.
Ya con las armas, dijo valerosamente la enferma:
-Mát:&gt;-me, después te matas tú.
.
Espantóse él anre eEta idea. No debía pedirle eso; disparar sobre ella ...... jamás. Mejor renunciaba.
-Entonces juntos, quieres?
-Sí
Y decidido, queriendo acabar cuanto antes con aquellos preparativos que amenguaban la intensidad del acto que querían realizar, pu8o una de las armas en la mano de
su esposa, con el cañón vuelto hacia su pecho, y retrocedió dos pasos, febrilmente, preguntando:
-Estás lista?
Después, sin esperar respuesta, ansioso por terminar, disparó. Cayó como una
masa, con la sien derecha destrozada, á los pies de la para! ítica, salpicándola de sangre. Ella, con el brazo levantado, lista para disparar, permaneció atontada ante el acto realizado.
Desde la silla donde descansaba su carne de nervios muertos, mirab!l al de~graciado debatirse girnit&gt;ndo, en los horrores de ia agonía, sin que sus ojos pudiesen dt-jar de
ver el espantoso espectáculo que seguían con doloroso encarnizamiento.
Cuando ~l suicida dejó de moverse, ella, que le había impulsarlo al cumplim iento
de aquel acto supremo, sintió que toda su carne se rebelaba Snfrir como él, extrernecerse como él en espasmos dolorosos......... no, no! eso era horrible!
Y_ olvidando su vida mísera de para1ítica, su cuerpo inerte, la lengua y el cerebro,
que bien pronto se atrofiarían; abriendo los dedos, dejó caer la pistola.
DANIEL Rico.

.Los sueños febriles, las hondas miserias
Y elabora, con ellos los gritos
Que, á veces, revientan
Como un largo clamor, cuando el viento
Huyendo atontado se arrastra ó se estrella,
Y por eso mi espíritu hastiado
Se anima y despierta
Al sentir que las sombras invaden
En ronda gigante mis negras ideas,
El conoce el lenguaje sombrío
Que dicen las nieblas,
El comprende la voz de las sombras
Y sabe loa gritos que flotan en ellas;
El recibe los ásperos besos,
Las rudas ternezas

De esos seres deformes que cruzan
Las sombras nocturnas de tropae inmensas.
¡Pobres seres! Engendros malsanos
De muchas demencias,
Concepciones absurdas que viven
Una vida fictiqia, parcial, incompleta ..... .
Ya es de nochj!; ya puedo reírme
Con risa siniestra,
Y esperar que las sombras invadan
En ronda gigante mis locas ideas.
ANT.11:NOR LESCANO.

Julio de 1896.

Pero hay una reina de rara belleza
Que cuida de mi a lma la senda sombría;.
Y quedo le dice: yo soy la tristeza
Y tú eres la amada, ia enferma, hija mía,
Yo soy la enlutada, la musa doliente
Q11e sueña en lejanas comarcas brumosas,
La pálida virgen que enreda á su frente
Guirnaldas marchitas dtl anémicas rosas.
L'\ eterna implacable se acerca á quitarte
Dll tod:i.s tus penas el trágicQ peso ....... .:.
La noche desciende...... ya puedes llevarte
La fü¡r enfermiza de mi último beso.
BENITO FE!i.TANFS.

Cosamaloapan, Julio de 1896.

LA SAN DCNGA.
Cuando en la calma de la noche quieta
Triste y doliente la Sandunga gims,
D n sus pi ro en mi pPcho se reprime
Y siento de llorar ansia secreta.
¡Cómo en notas sentidas interpreta
Esta angustia infinita que me oprime:
E l que escribió esa música sublime
Fué un gran compositor y un gran poeta!
Cuando se llegue el suspirado día
En que con dedo compasirn y yerto,
Cierre por fin mis ojos la agonía;
La Sandunga.toe.id: si no despierto
Al qut.&gt;joso rumor de esa armonía,
Dejad1ue descansai· que estaré muerto! ......
RODULFQ F!GU.&amp;ROA.

Julio de 1896.

ASONANCIAS.
Ya es de noche: ya van por el cielo
Lhirosas y trémulas,
Como uu coro de vírgenes blancas
Q11e llora la muerte del sol, las estrellas;
Y a es de noche: las vírgenes duermen
Los sueños despiertan,
'
Y en sus castos oídos dtlBtilan
Rumores de beso::1 y ardientes demencias·
Ya el amante se fué; sus palabras,
'
Tan sólo, se quedan
E·,g•rndrando tenaces visiones
Que oesan. con besos que manchan y queman;
Lus mendigos, cansados, se arrojan
En su honda miseria
Y se agitan sintiendo en el alma
El rudo ch 1squido de inútil blasfemia,
Mientras van vacilando en la sombra
Y en ella tropiezan
Al impulso potente del vértigo
Que deja ell sus sienes la pálida anemia.

io·h·:. "i.~. ;;~~¡~~ ·¿~. ~;; ·~·~;;~·. ~oo~i~· .................
Las vocf"s dispersas,
Los suspiros ardientes que pasan
Quemando á su paso las bocas abiertas
Los aullirloq del viento, qu"' ha visto '
Angmtias inmensas
Y la voz de las sombras que envuelven

A. PO CAL IPT.I:CA.
Y juró por El que vive en los
siglos de los siglos, que el tiem·
po no ser~ más........ .

. ..... Y ví las sombras de los que fueron
En sus Fepulcros, y así clamaron:
'
uAy de loR vientres que concibieron!
.A y de. los senos que amamantaron!»
uLa noche asperja los cielos de oro,
Mas cada estrella del negro manto,
Es una gota de nuestro lloro........ .
¿Verdad que hay muchas? Lloramod tanto!"
«Ay de loa seres que se quisieron
Y en mala hora nos~ngendraron!
Ay de /o.~ vientres que concibieron 1
Ay de los senos que mrurmantaron!»

*

Huí angustiado, lleno de horrores·
Pero la turba conmigo huía
'
Y con sollozos desgarradores
Su ritornello feroz seguía:
"AY de los seres que se quisieron
Y eu mala horn nos engendraron!
A 11 de los 1'ientres que concibieron!
Ay de los senos que amamantaron!»

*

... Y he aquí los astros,-chispas de fraguas
Del viejo Cosmos-que descendían,
Y al apagarse sobre las agua~,
En hiel y absintio las convertían.
Y á loa fantasmas su voz unieron
Los Siete truenos, extremecieron
El infinito y así clamaron:
«¡ Ay de los vientres que coneibiRron!
~.11 de lo.~ senos que amamanta.ron!»
Julio de 1896.
Al!ADO NERVO.

19 JULIO, 1896.

45

EL MUNDO.

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�1n .TULio, 1896.

EL MUNDO.

46

19 Juuo, 189fi.

EL MrTNOO.

Tomado de "El r1dversal" de la c iudad de ~ éxico.

47

&lt;raza ingeniosa.

Purúúmn del Rincón,
Marzo 20 de 1896.
1'm: SYDXEY Ross Co.,
New York.
Muy Señores mios:
Con gusto les suminl!tro á. Vdes.
dos casos que se han curado con sud
Pildoras de Vida del Dr. Rose.
La Seño1·a. Maria Rodriguez de 52
años de edad y de un temperame.'lto
l ,ilioso, padecia un dolor hepático q uo
la ponia de muerte y habiendo ya.
agotado toda la ciencia médica me
resolví á. recetarle las Píldoras dt 1
Dr. Rcss con lo que ha sido curadu.
enteramente y el dolor que ya hacia
mRs de 10 afies padecía.
La Señorita Francisca Hernández
·vino á verme para recetarla pues
. -.
...
sufria una gast:!'itis intestínal acompañade. de neuralgia aguda. Recono- · ·
cida por mi, no solo encontré estas
enferinedades, sino tambien un deo
arreglo en el hígado y le hice tcmar===cc=========-=======--"--==~===~=========-=======;,,:...'===='=============~===a===-'==========="
4 pildoras diaria con las que á la
CRE~IA ROSADA
fecha esta buena y sana por lo quo
d:ce que las Píldoras de Vida del Dr.
Rosa són milagrosas y no cesa de
pregonar sus virtudes curativas.
DOCTOR FRANGESDe V des, Afmo y S.S.
PARA LAS DAl\IAS.
Especialista para la cu.ración
DR. JUAN B. ZAMARRONL
No más vejez!!
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2.

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misma combinación, en esta última toda la parte de atrás
es de seda fl.c-reada. Los demás detalles del traje pueden
fácilmente apreciarlos nuestras artistas lectoras.
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dci eatín, que así en la blusa como en. la falda termina en
puntas bordadas, están arregladas dos órdenes de blondas,
nna que completa graciosamente los picos de la falda, y
la otra lQs de la blusa; ésta va ajustada á la cintura por
un gran lazo de raso.
El figurín n? 3 t-s un elegante traje de calle. La falda
casi lisa, de muselina ó eeda, con dibujo sencillo, tien~
nn hermoso bordado en la orla. El cuerpo lleva, rnbre
fondo de satín, un coselete bordado con orla de tul.
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Dispepsia, Gastralgía y Enteritis crónicas

TOMOII

M EXICO, DOMINGO 26 DE JULIO DE 1896.

con sus síntomas: Agrios des-pués de las comida..&lt;; ó Aci-'
dos del estómago, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso en
el Vientre por poco que se coma, Digestiones lentas
ó incompletas que producen Rt:&gt;pugnancia, Mareos
Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas eró~
nicas.
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personas bien conocidas y respetable.,, á quienes se viú
sufrir durante muchos años y además reconocen eminencias médicars de varias naciones,.sólo se curan completa y radicalmente con el

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NUMER04

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo, 1896, Tomo 2, No 3, Julio 19</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>.Pectoral de Cereza

EDUARDO AGU/RRE.
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del Dr. AYER
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Dispepsia, Gastralgía y Enteritis crónicas

TOMOII

M EXICO, DOMINGO 26 DE JULIO DE 1896.

con sus síntomas: Agrios des-pués de las comida..&lt;; ó Aci-'
dos del estómago, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso en
el Vientre por poco que se coma, Digestiones lentas
ó incompletas que producen Rt:&gt;pugnancia, Mareos
Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas eró~
nicas.
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personas bien conocidas y respetable.,, á quienes se viú
sufrir durante muchos años y además reconocen eminencias médicars de varias naciones,.sólo se curan completa y radicalmente con el

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ae los cisnes.

•

NUMER04

�26

EL MUNDO.

50
''EL MUNDO."
SEMANARIO ILUSTRADO.

TllLilroNo

434. -~ de las Damas núm. 4.-APARTADO 87 B.
MEXICO.

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este periódico.

La euscrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelant,,,dos.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ1 cac:6n.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.

BBGI.STRADO OOJIIO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Can~dá. The Spanis American Newspaper ~ompany, 136 L1-

berty St. New York, E. U.»

~o-tas &lt;!Ebitorialts.
fa inmigración tJ 1a .compdtnda
nl trabajo nacional.
Con motivo deun proyecto de inmigración de colonos
japoneses, se han vuelto á repetir todos los viejos argumentos que una parte de la prensa ha venido ofreciendo
hace mucho tiempo, para oponerse á la importación de
mercancía humana en la República, siempre que esta mer·
cancía, no reuna las elevadas condiciones morales, intelectuales y estéticas soñadas por algunos publicistas.
Pero en el presente caso nos ha llamado la atención
que se designe á los hijos del Japón con un despreciativo
desden en los momentos en que el mundo civilizado ha
quedado sorprendido ante los progresos realizados por
este simpático país, uno de los que más rápidamente ha
caminadoá sn desarrollo.-¿Cómo explicarnos que se les
llame raza apática, ignorante y poco apta para el progreso moral y material del país?
¡Apático, poco apto y desprovisto de inteligencia, un
pueblo cuya industria hace temer á la Inglaterra que Je
sean arrebatados los mercados de consumo del ExtremoOriente; que cuenta desde 1888 setenta y tres mil telares,
que dispone de fábricas tan bien montadas como cualquiera de Europa y en el cultivo del algodón se ha proporcionado la materia prima indispensable para su floreciente industrialismo! ¡Y esto se llama una inmigración
nociva! Por Dios, no nos pongamos en ridículol ·
¿Se desea que entremos á un exarr.en entre el estado social, económico, intelectual del Japón y México...... ?No;
ovitemos ealir mal parados al compararnos con estos apáticos, ignorantes y nocivos inmigrantes!
Pero hay otro argumento que se hace valer para rechazará los japoneses.-El escaso jornal que se harían pagar
estos colonos, que establecería una competencia ruinosa
á los trabajadores nacionales. Este argumento de la competencia que el trabajo extranjero viene á hacer al nacional, cada vez que un obrero pasa la frontera, es una embotada arma del arsenal proteccionista.
En virtud de este criterio, un grupo parlamentario proponfa en Francia, hace treo ó cuatro años, que se gravara
la importación de cada cabeza de obrero, al igual que se
gravan las cabezas de ganado en el arancel de aduanaij.
Además ¿es cierto que los salarios de los trabajadores
japoneses son inferiores á los nuestros? La prensa t!UTO•
pea habla de la baratura del jornal en el Japón, pero hay
que tener en cuenta que los publicistas de Europa se refieren á los ealarios del viejo mundo, mucho más elevados
que los que se pagan en nuestro país.
Nuestros salarios son tan mezquinos que no hay que tener miedo á una competencia, cuando todos sabemos que
la cantidad recibida por nuestros braceros no llega a~ límite preciso de las más apremiantes necesidades.
En materia de inmigración es indispensable qne nos
despojemos de prejuicios, que como el de la competenria
al trabajo nacional barfan reír- grandemente á todos los
iniciados en las enseña.-.zas de la ciencia económica. ¿Porqué no piden de una vt•z estos periodistas que se prohiba
la. importación de la.e mercancías extranjeras, ya qne su
introducción se traduce en último análisis, en una competencia al trabajo nacional? ¡El sistema prohibicionista!
aquí lo que se llama coadyuvar al progreso moral y material del pais !

1.Ca retiraba 11e los Die~ ~lil.
Con gran sorpresa hemos leído que el «Grupo Reformista y Constitucional» se ha abstenido de tomar parte
activa el último 18 de Julio, en la manifedtación organizada á la memoria de D. Benito Juárez, como una prote•ta contra los avances del clericalismo.-Esta resolución, en efecto, resulta rel'lida contra todo principio de
lógica, y nos exhibe al Grupo en cuestión, como totalm.inte desprovisto de las características que distiuguen
á todos los grupos políticos.
,
En el supuesto de que el partido clerical procurara el
mayor eneanche en su ePfera de acción, lo racional habrfa sido que el Grupo Reformista protestara acudiendo
á la tumba del Benemérito; pero protestar absteniéndose, francamente es una forma de protesta que nadie había descubierto hasta ahora.
Esta protesta es una anti-protesta, y la resolución no
merece, en verdad, que se felicite al Grupo por su ingenio.
Kosotros sabíamos que todo grupo que se organiza tiene el deber ineludible de luchar contra loa grupos contrarios; pero un grupo que en el momento de entrar en
el combate, deserta del campo de batalla, no vale la pena de tomarse á lo Sf'rio.
Si esa conducta hubiesE'n obAervado los hombreR dE' la
Reforma, México no tendrfa libertades y los eefiores del

Grupo--platónico--Constitucionalieta-e?ntemplativo,. no
habrían necesidad de buscar subterfug10s ¡:_ara exphcar
su falta de acometividad política, su ausencia. de _resol_ución, su visible ankilosis pública.-Lo&amp; const1tuc1onallstae y los sostenedores de la Reforma, no se declararon
vencidos por los avances dei clericalismo; tenían en fren•
te á la mayoría del país Y. arr~straron la _ll!Cha¡ no.se encerraron en esa actitud h1erát1ca, de fak1nsmo oriental,
como los que pretenden hoy pasar por hijos suyoe, herederos de su temple y de su idea.
¿Qué se habían imaginado los señores del Grupo ponstitucional Reformista? ¿Que bastaba que se reumeran,
una vez cada quince díae, á leerse actas de adhesión, para que el bando contrario se declarase derrotado? El partido clerical lucha y está en su derecho; el Grupo es~áen
el suyo saliendo al encue~tro de las f~1erzas enemigas.
¿Qué otro objeto tendría, s1 no, la creación de este grupo?
¡La protesta en la abstención! Decid~dawente el ~rupo
ha decidido desagruparse á toda prisa. Le enviamos
nuest!'o más sentido pésame.

JJ(ouimienttJ peritJbístico.
En estos últimos días se ha observado un nuevo impulso en la prensa, encaminado á dotará las pur1icaciones periodísticas de visibles mejoras en su servicio general.-Este movimiento responde á la acentuada demanda que los grupos lectores hacen del producto, y que,
lenta pero incesantemente, se va dejando sentir en el país.
La verdad es que las emprel:!as periodísticas han variado notablemente en su modo de eér, de hace algunos años
á esta parte. Antaño, para lanzar un periódico solo hacía
falta la suma de seis pesos, valor en aquella fecha de una
resma de papel, para el primer número; una imprenta
que se co11tentara con la promesa de pago futuro; un
aviso, arrancado quién sabe por que procedimientos, y
una buena dosis de audacia. Con estos elementos se
hacía un periódico, de vida efíme_ra, l~chando á salto d_e
mata, sin esperanzas en el porvemr, m plan preconcebido en ijll corta existencia.
Hoy un periódico e~ una empresa mercantil. como cualquiera otra; se organiza capital, se llevan libros de contabilidad, se hacen cortes de caja: se procede, en una pa·
labra, como en todo negocio serio y sólidamente cimen•
tado.
Todavía hace poco tiempo, asentar que un periódico':ª
un negocio, era incurrir en las iras de un grupo de pubhcistas que se indignaban ante la idea de que la sa~rada
función del pensamiento pudiera traducirse en ~1se!a•
bles operaciones de aritmética. Para éstos, el pen6d1co
escapaba á las leyes g.,nerales de la economía, que pre·
siden de igual modo á los hechos morales que á los materiales.
Cuando el primer diario tuvo la osadía de de~lararse
empresa mercantil, todos sus colegas lanzaron una elocuente protesta, condenando este criteri_o de neg~cian~e apl_i ·
cado á una sntil y pura manifestación de la mteh_ge~c1a
humana. ¡ Vender un periódico, arrendar. un pen~d1co!
ideas que se rozaban con la mísera escona de la tierra,
que, sin embargo, es donde habitamos.
En la actualidad estamos de acuerdo en que una empresa periodfstica es una propiedad, como cualquiera
otra y que, por ende, se halla sugeta á la misma for_ma
de funcionalidad que las demás prvpiedades. ~ste criterio positivo es el que, á nuestro_en~ender, ha impulsado
á los empresarios de tales negoc1ac1ones á dar mayor ensanche á sus labores.
En est&gt;1 lucha, el ptíblico será indudablemente el favorecido, hecho sociol6gico de ~ran. importan~ia, pue~to
que ofrecerá nuevos alicientes á la intelectualidad nac10nal, que comienza á salir de las obscuras nie_bl~s en que
se ha debatido. Nosotros celebramos el mov1m1ento periodíRtico á que aludimos, esperando qn!=l sn acción se
rE&gt;flejará provechosamente en el porvemr de la República.

~olftic11 gentrttl.
RESmlEN.-Un príncipe chino en las eorks europeas,¿Qué aprenderá ?-¿Qué le enseñarán?
Recorre en la actnalidad las principalE&gt;s capitales europeas un estadista del imperio chino, nn encumbrado
representante de la raza mongólica, soli_citado por unos,
agasajados por otros y por todos tan traido y tan llevado,
que parecen concentrarse en él las miradas de los políticos
del viPjo mundo.
El príncipe Li-Hnng Chang. venido á tierras occidentales con motivo de la coronación del Czar, desempel'la á
maravilla su papel de prudente observador, va estudiando lOn paciencia y con cautela, examinando cuanto forma esa flamante civilización de que tanto Re ufanan los
quP se creen ley y PSpPjo de la grandeza h 111Dana.
Tratado con la munificencia imperial que se desplegabi,, en Mo~cow y Pe_tersburio con ~otiv~ de las fiestas de
Nirolás II, y atend1do,i,1&gt;gu_n las ex1genc1as de su elevada
misión, sn estancia en Rusia fué bastante á despertar las
suspicacias y envidias de las potencias, que ven con celo
y contemplan con_reconcentrado rencor la posibili,da_d de
la alianza ruso-cluna de que tanto se ha hablado ult1mamente.
Todo ha sido á mayor honra y gloria del político chino, porque el E&gt;mperador Guillermo se deshizo en cumplidos y caravanas hacia él; las puertas de los palacios se
abrían á su paso, como por medio de mágicos encantos; los puentes levadizos de los castillos y fortalezas,
caían á su presencia, como si el amarillo hombre de Estado fuera capitaneando numerosos ejércitos; toda la Alemania uolft.ica y oficial se apresnraba á festejar al huésped oriental, y ,í, hacerle llevaderas y agradables sus ar-

JULIO,

1896.

duas tareas de viajero que estudia nne".as nacioI_Jes_ y
c•istumbres nuevas. Hasta el adusto_ C:'nc11ler de~ 1erro,
apartado voluntariament~ de la~ ac11v1d'.'~es pal_P1tante~
en el gobierno del imperio, se dignó_ rt&lt;c1b1r á ~1-Hung:Chang y conferenciur con él en fnt11na f'ntrev1sta, quitando una hora á las pocas que le ?,ejan libres sus ª?~aques y sus. tardías a~cio!1es de flor1culLur en sus pos1c10nes históricas de Friedriesruhe.
..
No quiere ser menos para el representante del_ h1¡0 del
Cielo el Gobierno que preside el l\farqués de Saherury, y
por eso ya lo invita cortesmente á qne pase corta pero
provechosa temporada en los pala?ios de la_ Reina Victoria, donde se discutirá lo que hu b1ere de cier~o sobre la
cesión de Puerto-Arturo á los astutos moscovitas y sobre
la prolongación del fnrocarril transibPriano, á través de
territorio chino hasta llegará los confines de la Mamlchuria y á Ladivostock lugarejo insignificante, convertido hoy en plaza fuerte; y atalava. inPxpugnable de las
ambiciones rusas en el extremo Ór1entt&gt;.
. .
Y allá irá Li-I!ung-Chang, luego que acabe de rec1b1r
los agasajoP que le han preparado en París y i!!ls contornos los franceses, entusiastas admirado~es y abados. adictos de la política de Petersburgo; allá 1r~, li las r1be1M
del brumoso Támesis, cuando haya termmado su estudio
de ese pueblo que hormiguea en las márgenes del Sen:1,
grande hasta en su extravío; allá irá cnando haya completado su estudie, de un país que se tranefignra con
Thiers v Sadi Carnot y se envilece con Rarnchol Y Eugenio Francisco.
.
Si como aseguran los periódicos euro~o!!, que á d_ta·
rio fatigan sus prensas con notas relat1,·as al polítu.'0
chino, es éste en realidad un hombre de seso cal?az de
comprender y de abarcar el fondo de las cosas á pnmern
vista á pesar de los oropeles con que se las rodea ante t-1
extranjero que por primera vez las cohtPmp}a, ¡qué fructífera enseñanza va á recoger en su excn r~1on ! Con qué
ojos habrá podido ver esa grandeza que deslumbra en la~
cortes europeas, y .raspando, ra&amp;pando un w•co, se habr.i
asombrado al descubrir las úlceras que hondamente roe11
esos viejos organismos caducos!
. .
Mucho tendrá que aprender, en su vm¡•&gt;, mucho 9ue
enseñar en su regreso al patrio suelo. Pero tenga cuHlado de no llevar á su remoto país los gérmenes qne fermentan y cavan abismoa. lentamente en lo hondo de l.1s
naciones.
.
Será tan astuto Li-Hung-Chang y capaz cfo convertll'·
se en apóstol, y predicaren la_ corte de Pekín nuevos ru111·
bos y aoctri~as, ante un gob1~rno y nnos cortesanos ~~e
parecen petrificados por los siglos que foeron? Alcanzará su influencia al grado de deshelar aquellos hombre~,
con una chispa de modernismo?
Quién sabe! pero si lo lograra, si llegara á enderezar la
proa de la nave del Estado envuelta en hielos seculart&gt;s,
hacia el derrotero que marca la civilización occidental,
si tomando nuevas y provechosas enseñanz~ de sus •:ecientes cri:.eles desastres, aprenden'de sus vecmos los Japoneses que en poco tiempo han P?Wdo alcan:r.ar tan estupendo desarrollo...... llegaría el tiempo en que ~se pueblo atrasado y ruin, pero innumerable en sus hab1tant~P.'
rebasaría sus límites naturales, y se de•·ramaría á las 01 ·
denes de algún Gengis Kan futuro en tt&gt;mible. avalanch_:1al Sur y al Occidente, donde encontraría fértiles campiñas y dilatados campos donde leva11t11r su moved1r.:i
tienda. Afortunadamente nosotros no habremos de pn•senciar la nueva invasión de los moni¡;ol ..!l: están muylejos ellos y aun muy apartados de la fu~rza que los pudiera impulsar.
X.X.X.
Julio 23 de 1896.

Nuestros Grabados
La amiga de los Cisnes.
Viene á nuestra memoria, al ver el her1:11oso grabad~ á
que sirve de título el mismo de estas lmeas, el mag1~tral Blason de Ruben Darío:
El olímpico cisne de nieve,
Con el ágata rosa del pico,
Lustra el ala eucarística y breve
Que abre al sol como casto abanico.
En la forma de un brazo de lira
, O del asa de una ánfora griega
Es su cuello divino, que inspira
Como prora ideal que navega.

ii~ct -~¡¡:;~~·;¡: ·¡~;~¡~~~~ -~~~iii~; ........ ..
Dioses son de un país hal~gneño.»
Hay en efecto algo de di vino en el cisne. ¿De_qué. paí~
vienen esos blancos moradores de las aguas cr1stalma~.
Ah! del país de lo bello! Son tan hermosos, son tanga·
llardos, son tan blanco_s!
.
Que mucho que la hnda ¡oven que pasa las ~oras calurosas del estío al borde del estanque, los mime y lo:t
ami'!
El la también vino de un país halagueño: del paf~ de
la infa.ncia encantada, de las playas doradas de la mñ-•1.
tranquila, y va hacia otro paíe más bello aun: el dl•b,
amor!

EL 14 DE J.ULIO EN PUEBLA.
Con singnlar pompa y entusiasmo celebróse en 1~ he1·mosa y culta ciudad angelopolitana el 14 de Julio de·
1896.

El programa fué escogido, figurando en. él todo lo que
podía hacer amena y animada la celebración. ror la ~uañana carreras en tandem y á pie, con prem1~s, lu1osa.
Kérdiesse para niño~ 'f nil'las! juego del árbol1 ¡nfgo t ..r~
jetero carreras en b1c1cleta, ¡nego del cuero mflado, ca
rrera; en burro•, batalla de confettis y serpentinas, ad..
judicándose primorosos objetos á. los vencedores-

26

JULIO,

1896.

EL MUNDO.

Por la tarde, nuevas carreras en bicicleta, sobre un
pie, con sacos, y kérme&amp;e infantil, adjudicándose nuevos premios
La kérmesse resultó ,mcantadora y damos á nuestros
lectores, para que se formen idea de ella, dos fotografías
,que representan grupos de los niños que asistieron, algunos con primorosos trajes de fantasía.
Como recuerdo de tan bella celebración, diose á la estampa un folleto, el1&gt;gantemente impreso, con carátula á
,•arias tintaA, el cual contiene artfculos y poesías dedicados ,í, Francia.

NOTAS DE LA SEMANA

"TENTACION."

Los comerciantes de Tampico han elevado un ocurso
al Gobernador del Estado de Tamaulipas, pidiéndole la
abolición del juego en dicho puerto, asegurándole que lo
que pierda el Gobierno por no conceder más licencias
para el juego, le será compensado con el aumento en las
contribuciones sobre la propiedad.

[Cuadro de Blaas.J

Blaas es el pintor de las líneas de perfección ideal.
D.i su pincel surgen los rostros de hermosa serenidad
·olímpica, los bustos que «cantan la canción de la curva,»
de la curva que según un poeta
e.s la oración de la hermosura.
Alguna vez, falta en los rostros de sus caballeros y sus
madonas la suavidad de la expresión, la fisonomía blanda que es como una alma externa, según d' Annunzio,
una alma visible y prodigiosa; ,ero el contorno es muy
bello.
,
En esta vez empero, Blaas ha logrado aprisionar laex·
presión en los divinos rostros de las dos doncellas meridionales que intentan orar en tanto que Fausto aguarda,
fijando sus ojos negros en los ojos de terciopelo de la doncel la que en primer término aparece. El grupo agrada
por la s11prema harmonía del conjunto y de las formas y
hace pensar en la eterna seducción humana.........

~na publicación lbluskal.
Muy pronto se repartirán los prospectos
de la que va á editar en esta capital el conocido profesor D. Antonio Cuyás. Sabemos
que, ameno y variado el nuevo periódico musical, llenará el vacío que ~e nota en nuestra
prensa técnica, y por tanto nos atrevemos á
augurar un buen éxito al futuro colega.
Con el presente número recibirán
nuestros abonados las 128 páginas
de novela correspondientes al pre•
sente mes.

Estímanse en más de cuatro mil pesos los productos de
las fiestas del 14 de Julio en la eapital, y ese dinero se
destina á un colegio francls que la colonia inaugurará muy
pronto.
Debe haber llegado á esta capital, ó estar muy próximo á llegar, el Sr. Ministro Ramson, de regreso de Estados Unidos.

Cipriano Hernández, el cabecilla de la insurrección de
Tomóchic, que fué traído de Paso del Norte á esta ciudad el 10 del corriente, va á ser enviado á Yucatán por
orden del señor Presidente de la República. Hernández
es un hombre alto y fornido y es un magnífico tirador.
Va á servir en el Ejército que opera en Yucatán.
El Sr. Cesáreo Poma, Encargado de Negocios del Reino de Italia, partirá el día 26 del corriente para loB Estados Unidos, á un viaje de recreo.
El telégrafo comunica que el día 20 del presente ocurrió un temblor en Tehuantepec. La oscilación fué corta
y ligera.
Hasta el día 23, 53 de los Colegios Electorales que se
instalaron últimamente en los Estados, han enviado á
la Capital de la República actas privadas, levantadas
después de hecha 1a elección del 13 de Julio en curs'l,
en las que los principales electores felicitan al sel'lor General D. Porfirio Díaz, por haber sido reelecto Supremo
Magistrado de la Nación.
Esas actas se están coleccionando y serán entregadas
próximamente al señor &lt;~eneral Díaz, corno un testimonio de afecto de los electores que las firman.
Sábese que la Casa de Correos de México no tiene ya
local bastante para sus oficinas, en razón de que todos
sus departamentos van necesitando más amplitud por la
multiplicación de ms labores.
La única parte de dicha casa que no esta ocupada por
las oficinas postales, son dos pequeños cuartos de un entresuelo, donde se ~uardan en depósito judicial los muebles que pertenecieron á la habitación del finado D. Lino Nava.

ESPEOTAOULOS.

El martes en la tarde se unieron en matrimonio, en el
Consulado americano de esta Capital William T. Malthy y Kate S. Sulhian, ambos de raza negra. Ofició en
la ceremonia el Rev. Dr. N. C. Evans.
Es el primer matrimonio de gente de color que se efectúa en esta Capital. Apadrinó á los novios Mr. Crittenden, Consul general de los Estados Unidos.

Ultímamente hubo un concierto musical en el salón
del Hotel del Jardín. En ese concierto tomaron parte los
l•ianistas D. Gregorio Inostrosa, jalisciense, y D. Manuel
Magro, oaxaquefio, y la Sra. Mayo Rhodes y el Sr. Marcdu Peña.

Han comenzado con gran actividad los trabajos para
la construcción de un gran hospi•al civil que se erigirá
en esta ciudad, en terrenos de la Colonia Hidalgo, y cuyo costo no bajará de $800,000. El edificio completo constará de veinticinco edificios parciales.

La compañía de zarzuela Vigil-Penoti, trabaja aetualmeute en el Teatro Guerrero de Puebla.

En Bruselas, capital del Reino de Bélgica, obtuvo la
Srita. Julia Hidalgo, de 18 años de edad, natural de la
Baja Cali(ornia, después de un brillante Pxamen en el
Conservatorio de Música, al que concurrieron más de
cien alumnas de lo más florido de aquella sociedad, el
primer premio por sus notables conocimientos en el ar•
pa, la más alta distinción que la dan nueve directores de
los diferentes conservatorios de Europa, y el premio que
otorga S. M. la Reina, cuando, como en d presente caso, además del primer premio obtienen las alumnas la
alta distinción de los profesores más notables del mundo.
La Srita. Hidalgo es hija de acomodada familia de la
Baja Californ;a, y ha vivido muchos años en el puerto
de Mazatlán, de donde se tr'lsladó á Belgica haciendo i; 1H
sus estudios en E-1 arpa, bajo la dirección de Mr. Meerloo,
el más notable arpista del mun,:lo.

Dentro de breves días trabajará en el Circo Orrin la
troupe lírica, dirigida por el tenor cómico D. Carlos Peyres, de la cual hablamos oportnnamente. La com{&gt;añía
cuenta con actores y actrices que han sido muy elogiados
por la prenMa de las Américas del Sur.
El domingo último, en los salones del Profeser A. de
Roever Lysle, l::!an Andrés 17. hubo una agradable velada musical, en la cual tomó parte la distinguida pianista
Elena Padilla, ejecutando trozos de Chopfn, Tlaomé Popper, Langer y Margarin. Los Sres. Luis G. Rocha Arturo Rosado Fuentes, Rafael M. González y la Srita. Rosario Peza, contribuyeron también al lucimiento de la fiesta, con buenas ejecuciones los primeros y con un número de canto la última.
Dícese que el empresario Sr. Castilla, ha logrado contratará la inimitable Concha Martínez, para el ArLeu
pagá~dole mil qui,,ientos pesos oro cada mes, y qu~
próximamente vendrá.
De ser cierta la noticia, ya pueden regocijarse los enamorados de lo flamenco.

Se han publicado ya las bases para el Concilio Provincial que deberá celebrarse en esta capital. Han llegado
algunos prelados, y entre ellos podemos contar al !limo.
Sr. Pagaza, Obispo de Veracruz.
El Sr. D. Matias Romero, debía salir en estos días para
los Estados Unidos, haciendo escala en algunas ciudades
de la República.

Para el l? de Septiembre próximo, anúnciase que comenzara á trabajar en el Nacional la Compañía Espanola
de D. Zeferino Palencia, en la que figura la reputada ac:
triz, Sra. María Tubau.
Son empresarios de esta compañía los Sres. Arcaraz.

Sábese que las autoridades locales de Tantoyuca, Veracruz, telegrafiaron al Gobernador del Estado, suplieándole que con toda urgencia gestione la libre introducción
del mafz á aquella localidad, pues se han dado ya casos
de muertos de hambre y la miseria es espantosa.

PERSONAL.

El Ingeniero Severiano Galicia y D. Pedro Carranza
hállanee presos, por creérseles responsables de los disturbios de Papantla. Dícese que hay más de cien complicados. El Sr. Halicia ha publicado una carta abierta en los
periódico@, dirigida al Sr. Dehesa, Gobernador de Vera~ru7:, y trata en ella de sincerarse, pidiendo se le haga
¡ust1c1a.

Encuéntrase en esta capital el Sr. Gobernador de Coahuila.
Llegó asimismo el Sr. I. Murota, Consul general del
.Tapón en nuestra República, y habla de la conveniencia
de estrechar y afirmar los lazos comerciales entre el Imperio del Japón y México.
Se ha sabido en esta capital que el sefior ministro Lim:3ntour llegó con toda felicidad á Nueya York y que el
clima de E. U. ha sido propicio á sus males. '

En el canal de Chalco se verificarán las próxima!! regatas del «Lacke Side Club,» el día 15 de Agosto, y para ese
día vendrán á México los miembros del «Club de Regatas Yeracruzanas» que regatearán con los del «take SideClub » Estas regatas prometen estar muy lucidas y las
precidirá el Gral. Escobedo, Presidente del Club citado.

f)1
Próximamente se unirán en matrimonio, la hermosits
Srita. Eva CeballoB y el Sr. Ingeniero Capitán de Estado t•
~Iavor, D. Gaspar Martínez Ceballos. Uua vez efectuado •
el matrimonio, los novios partirán para San Juan Bautis\,
ta de Tabasco.
'•
En Nuevo-León han caído por fin abundantes lluvias,
y los hacendados están muy conwntos prometiéndose
magníficas cosechas.
Noticias de Oaxaca, dicen asimismo que han caído
abundantes lluvias en todo el Estado y que las cosechas
están salvadlu¡.
Sábese que en Yucatán el henequt! ha bajado mucho en
la actualidad, y que varias casas de Estados Unidos se

han aprovechado de esta coyuntura para hacer grandes
pedidos.
No faltó periódico que hiciese correr el rumor de la
pérdida de la Corbeta Zaragoza. Esto és absolutamente
lalso. La Corbeta Zaragoza, á estas fi,chas, debe estar
cerca de Manila.
Se han comenzado ya los 'trabajos de construcción del
ramal que el Ferrocarril Central r.idx:ican&gt; tenderii de Laredo, Durango, á San Pedro de las Colonias, Coahuila, y
dentro de pocos días, la compañía del mencionado ferrocarril, hará que se dé principio á la construcción del ramal que, partiendo de Jiménez, llegará al Parral, Coahuila.
Falleció en París últimamente, la Srita. Elena Pérez.
Su muerte ha sido muy s,mtida en ~ootarrey, de cuya sociedad era muy apreciada la finada.
Desde principios de este mes se ha desarrollado el tifo
en la prisión de Belén, de una man.,ra alarmante.
Se han concluído ya los trabajos del camino de fierro
entre Guadalajara y Ameca. Este tramo abarca 100 kilómetros, que constituyen uno de los ramales más importantes del Ferrocarril Central.
Créese que la inauguración de dicho ramal, se verificará el primero de Octubre próximo.
Se sabe que más de treinta delegados de las Repúblicas
americanas vendrán á l\Iéx:ico, con el objeto de instalar •
el Congredo que debe ocuparse de la interpretación, debida á la doctrina Monroe.
Algunos diarios han dado cuenta, que ante el Sr. Juez
2? de lo Civil, se ha pedido la nulidad del testar.iento del
filántropo D. Simón Lara, fundador de la Colonia americana en México, Tal demanda de nulidad se funda, según la parte demandante, en que D. Simpn Lara, desde
pocos días antes de la fecha en que aparece otorgado el
testamento, tenía perturbadas las facultades mentales.
El Sr. Presidente de la República y el Sr. Gral. Rincón
Gallardo, fueron el jueves último á visitar lad obras del
desagüe.
Después de breve permanencia entre nosotros, salió
por la vía del Central, rumbo á Nueva York, el Sr. J.
Guelfreire, Cónsul de México en La Plata, República
Argentina.
Estará en la Metrópoli americana varias semanas, y
de allí partirá para la Argentina.
Por noticias recibidas en esta ciudad Re sab.l que esU
construyéndose en Jojutla, E1tado de Morelos, un elegante edificio, con todas las comodidade3 que requiere el
uso á que ~e destina, y en el cual se instalará un hospital de caridad fornentado por multitud de personas filántropas y por el Ayuntamit!nto local.
Dicho hospital se inau~urará luego que se terminen la~
obras de construcción del edificio.
Se ha enviado de esta capital, con destino á Jojutla,
una excelente tubería de fierro que se hizo venir de lo~
Estados Unidos para emplearla en la introducción de
agua potable en dicha población del Estado de Morelos.
El Gobernador del Estado Sr. Coronel D. Manuel Alarcón, ha cubierto con dinero de su propiedad particular
los gastos que originó la adquisición de la referida tuoorla.
Se dice que se han clausurado en la ciudad de Tequila
las principales fábricas de vino mezcal, por no poder resistir lo elevado de lod impuestos.
Dieciocho familias, con sus instrumentos agrícolas, llegaron á Laredo últimamente. Vienen de varios puntos
de Texas, de paso para el Estado de Michoacán, donde
,•an á establecerse en terrenos que les proporciona el Gobierno mexicano.
Dícese que el sumario de la causa del General Delgado
se terminará á fines de este mes y que dicho General será juzgado po,· el Jurado militar en los primeros dias del
mes entrante.
El martes último la uSociedad de San Andrés» dió u1,a
velada literaria y musical, en honor del poeta escocés
Roberto Burns, muerto hace cien años. Esta fiesta se
efectuó en el salón de sesiones de la calle de San Juan
de Letrán, espléndidamente decorado y alumbrado.
De Chihuahua dicen que en Santa Rosalía, hace pocos
dias, cayó un aereolito produciendo espantoso estruendo;
destrny6 la ca~a de llR minero y mató dos niños, enterrándolos á gran profundidad bajo la tierra.

�26 JULIO, 1896.

EL MUNDO.

52
Prosiguen aún las diligencias de la autoridad en el
asunto Poucel-Enriquez. La presentación voluntaria del
joven Ernesto Endquez 11. la autoridad, ha facilitado las
investigaciones judiciales.
Según dijimos, al hacerse la autopsía del cadáver del
infortunado Ortiz, por no estar presente el juez, se eeparó
la vertebra en que estaba incrustada la bala, para et&lt;traer1:1e esta ilespués con las formalidades del caso. Ahora bien
extraida la bala, se ha hallado que su peso es casi igual
-al de las de la 1&gt;istola recogida á Poucel, en tanto que se
diferencía bastante del de las balas de la pistola de En·
riquez. Ya informaremos de todo lo qne de aquí pueda
derivarse.
La festivad del Carmen, en San Angel, efectuose el domingo último con mucho lucimiento.
Se presentan no pocas dificultades para que la urna que
se halla en la cripta del altar de los Reyes, en Catedral,
y donde estuvieron depositados por espacio de setenta
años los restos de loe primeros caudillos de la Independencia, sea trasladada al l\Ius~o Nacional el próximo dia
30, como lo solicitó la Sociedad Mutualista uMiguel Hidalgo y Costilla.»
Como el Lic. José López l\foctezuma ha sido nombrado
PromotQr Fiscal del Juzgado del Distrito de Tamaulipas,
se cree que no obtenga el puesto de Jnez de Distrito de
Toluca por más que figure en la terna.
· La secretaría de comunicaciones estudia la manera de
evitar.que el avance de las aguas esté destruyendo el
puerto de Manzanillo, cuya ciudad cada día va reduciéndose considerablemente.

·INFORMACIONES.
NUEVO SISTEMA PARA OBTENER FOTOGRAFIAS.

Acaba de inventarse en Berlín una gran máquina destinada á fabricar.fotografías en papel, por el procedimiento del bromuro de plata. En cada una de sus ruedas se
reproduce instantaneamente un gran número de fo~ografias en rollos de papel contínuo: este papel, al desenvolverse, pasa primero por una máquina de exposición,
en la que se somete el cliché á una lu:; artificial, á razón
de uno ó dos segundos por cada cincuenta centímetros.
La tira de papel pasa después á una máquina de desarrollo, donde peFmanece en el baño revelador, durante un
corto período de tiempo: deEpués pasa á un lavado, luego
al bailo fijador, en seguida á otro lavado, por último al
aparato de seca.
La máquina en cuestión produce un kilómetro más, de
pruebas al dia, de modo que una fabricación mecánica de
este género, puede hacer competencia á las tiradas hechas
por la más poderosa prensa tipográfica conocida.
El sistema es aplicable también á los grabados para li·
bros y catálogos: igualmente en la multiplicación cte pruebas fotográficas.
Esta máquina ha empezado á funcionar en Schoenber
con resultados esplendentes y se cHa el ejemplo de un
fabricante de telas inglesas, que ha pedido diez kilómetros de una fotografía de regulares proporciones, en la
cual aparecen más de siete mil cabezas de empleados en
los talleres de Inglaterra.
UN ARBOL CONVERTIDO EN PERIÓDICO EN

145 MINUTOS.

La revista húngara Centralblalt fiir OeBterreich- Ungarischr Pap~r Industrie, relata el curioso experimento siguiente:
El 17 de .Abril último se practicó en la fábrica de papel y pastas de madera de Elsenthal, propiedad de los
Sres. Menzel &amp; Compaftía, un experimPnto muy interesante encaminado á averiguar en cuánto tiempo se podría transformar un arbol, sin cortar todavía, en papel
de madera, y este último en un periódico terminando y
listo para ser repartido á los lectores. Esta prueba ha demostrado la rapidez de trabajo que se alcanza con ayuda
de aparatos prácticos y en condiciones favorables.

A presencia de los propietarios de la fábrica y de un
notario encargado de certificar la exactitud de la experiencia, ee cortaron tres árbolell de un bosque próximo
al establecimiento, á laR eieie y treinta y cinco minutos
de la mañana; estos árboles fueron transportados á la fá,
brica y cortados en pedazos de 50 centímetros; después
descortezados y rajados; luego elevados, por medio de un
ascensor, á los cinco aparatos desfibradores de la fábrica;
la pasta de madera prod11cida por estas máquinas pasó á
las pilas donde se mezcla con los ingredientes necesarios;
y de ellas á la máauina de hacer papel. A las nueve y
treinta y cuatro minutos se terminaba la primera hoja
de papel, habiendo durado toda la operación una hora y
cincuenta y nueve minutos.
Los propietarios de la fábrica, acompaftados del notario se dirigieron después, llevando consigo unas cuantas
bojas de papel recien hecho, á una imprenta distante
unos cuatro kilómetros, recogiendo á las diez de la mañana un ejemplar del periódico impreso en dichas hojas.
De modo que habían trascurrido dos horas y i·einte y
cinco minutoR desde el momento en que se empezó á cortar el árbol en el bosque, hasta en el que se comenzó la
lectura del periódico impreso en las fibras de la madera.
Y es de advertir que durante las operaciones se produjeron varios entorpecimientos é interrupciones fáciles
de evitar para otra vez, y á no mediar se hubieran gana•
do unos veinte minutos más.
IDENTIFICACIÓN DE MALHECHORES
POR MEDIO DE LA FOTOGRAFIA.

El Dr. Jeserich, inventor de la «fotografía criminal,»
relató recientemente unos casos muy curiosos referentes
al descubrimiento de malhechores por medio de este método de indentificación. Fué asesinada una mujer en la
Silesia superior, y las 8ospechaa recayeron sobre el marido y un compañero suyo. Dieron estos principio á una
serie de recriminaciones mutuas, quedando así planteada la cuestión á ¿cu.al de los dos'! Harto difícil era •esolverla, pues que se habían encontrado cabellos pegados
en los vestidos de los dos. Con todo, se decidió, al fin,
mediante la fotografía. Los cabellos fotografiados bajo
un lente fuerte, demostraron que el hallado en la ropa del
marido era de la cabeza de la víctima, mientras el que
se encontró en los vestidos del otro correspondía á si, propia cabellera.
La fotografía ha sido de inmensa importancia para el
descubrimiento de falsificaciones de escrituras, pues por
medio de ella se potentizan las menores diferenciae en el
color de las tintas, e l punto exacto en que se cambiaron
plumas y las distinciones en la forma de las letras. Se ci •
ta el caso de un fa!sificador de buena familia quien cambió el valor de un cheque de $1,200 en $20,200. Sn primera intensión fué anteponer tan solo el número 2, pero,
después de haberlo bec,ho, notó que había dejado demasiado espacio entre el 2 y el l; trató de remediar esto cambiando el 1 en O y aumentó el grosor de los otros ceros
para hacerlos corresponder al que él hizo. Tomada una
fotografía grande del cheque contra hecho, se veían claramente las falsificaciones indicadas.
UN NUEYO GLOBO DIRIGIBLE.

Este nuevo globo dirigible ea debido á Zeppeln, oficial
de caballería del ejército alemán. La barquilla está unida por un bastidor rígido y lleva bajo forma de aeroplanos alas motoree, colocadas delante, y direc~oras atrás.
Estas alas las acciona un motor de aluminio extremadamente ligero. El nuevo globo puede elevarse-hasta 1.100
metro~, y su fuerza ascencional pasa de 1,900 kilógramos. Xo sólo por medio de un timón muy ingenioso se
le puede dirigir facilfsimamente aun contra el viento,
sino que el aerostato puede subir ó ba¡ar sin que se arroje lastre ó pierda gas, únicamente cambiando la posición
y por consiguiente el centro de gravedad d~ la barquilla.
Según lab experiencias hechaq, la velocidad de traslación
vertical del globo alcanza fácilmente doce metros por segundo, ó sea algo más de cuarenta y tres kilómetros por
hora. El principal mérito del aparato consiste. en que
puede mantenerse en el aire siete días y medio sin interrupción.

20 ,f UJ.JO, 1896.

53

EL MUNDO.

DESTRUCCIÓN DK ÁRBOLES POR LOS ALAMBRES ELECTRIC08,

'Escuadra española de instrucción.

La co!QCación de alambres eléctricos en las poblaciones y en los campos puede destruir muchos árbole!!, pues
se ha observado que todos los que tienen el follaje cruzado por alambres, se han aeeado casi invariablemente por
los efectos de la corriente eléctrica.
Se ha notado, además, que la muerte de !(la árboles 118
verifica casi siempre después de un temporal de aguas,
por ser las hojas mojadas buenos conductores eléctricoe
que llevan la corriente de los alambres á los árboles. En
algunos casos este efecto se ha producido por alambree
que se suponían aislados; pero cuyo fono se ha raído por
el rozamiento de las ramas al ser movidas por el aire.
Queda probado que la de•trucción de los árboles 118
debe á la electricidad; por el hecho de que en muchísimos casos, durante una tempestad, loe árboles en contacto con los alambres eléctricos perecieron en una hora
mientras que los que eetaban á corta distancia de die~
alambres, quedaron ilesos.
EL BARCO MÁS RÁPIDO DEL MUNDO:

Lo es, hasta nueva orden, el torpedero llamado Le Forban, construido el año pasado por el Sr. Normand en el
Havre, que ha dado en las pruebas una velocidad de 31
nudos, ó sea 57.4 kilómetros por hora. Este torpedero,
cuyo peso en orden de marcha es de 127 toneladas, desarrolla la enorme potencia indicada de 4,000 cabalios á la
presión de 15 kílógramos por centímetro cuadrado. El
casco y los aparatos pesan 46 toneladas; !a maquinaria 64·
el carbón ocho; las municiones y torpedos cuatro; la tri=
pulación, el agua potable, la instalación eléctrica y 101
víveres, cinco. El peso de la maquinaria, que repreeenta
exactamente la mitad del desplazamiento, no excede d&amp;
16 kilógramos por caballo indicado. El consumo de car•
bón á gran velocidad, es de 700 gramos por es balio-hora,
y á pequeiia no pasa de 500.
La velocidad angular del motor de triple expansión, e11
de 365 vueltas por minuto. Estas cifras represenwm fl
máximum conocido de velocidad y de potencia especffica para torpederos de 100 á li50 ,oneladas, y difícílmen~
serán sobrepujadas con los actuales procedimientos d&amp;
producción de fuerza motriz por el vapor.

Otro pago de $ 17, 690 de " La Mutua"
EN DUBA.:XGO.

Importe del s~uro y dividendeis pagados por "La Mutua» al Sr. D. Pedro Escárzaga, de Durango.
Durango, Julio 13 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director gen!"ral de "La Mu•
tua,» Compañía de Seguros sobre la Yida, de Nueva
York.
México.
Muy señor mío de toda mi consideración:
Altamente complacido por la manera pronta y e¡¡:pedi•
ta con que fué pagada por la Compañía que usted dignamente representa, la póliza número 325,0-10, que por va•
lor de $15,000 tomó el Sr. D. Manuel Rodríguez Ayon en
favor de su esposa la Sra. Doña Domitilia Martinez de
Rodríguez, y cuyo valor de $15,000, juntamente con l&lt;A
di videndos respectivos, por valor de $2,690, me ha sido
pagado íntegramente por la casa banquera de esa Com•
pafiía en esta ciudad, en mi carácter de tutor de la niña
Eladia Rodríguez y Martinez, albacea de la testamenta•
ría del Sr. D.· Manuel Rodri~uez Ay6n y del intestado de
la Sra. Doña Domitila Martmez de Rodriguez, no vacilo
en hacer esta manifestación para que usted haga el uso
que Je parezca conveniente, á fin de que se conozca una
vez más la buena fe con que esa Compaiiía sabe cumplir
sus pactos y compromisos.
No debo concluir ésta sin dejar consignado en ella mi
a~rado, para satisfacción de esa CompaiHa, por la acti•
v1dad y eficacia de su agente el Sr. D. Carlos Valle, en
el arr~glo de los_ reguisitos necesarios para el pago de la
menc10nada póhza.
De usted con toda consideración afectísimo y muy
atento seguro servidor.-P1mao EscÁRZAGA.

INFANTA MARIA TERESA.

OQUENDO.

VIZCAYA.

DESTRUCTOR.

ALFONSO Xlll.

PELAYO.

MARINA DE GUERRA AMERICANA
2.

El 14 de Julio en P u e bla .

GRUPO DE

mRos EN LA KERlIESSE INFANTIL EFECTUAD.1

EN LA CIUDAD =ANGELOPOLITANA.

[Foil!. de Lorenzo Booerrll, enviadas por nuestro Agente eu esa. ciudad.J

J

l.

(;RIJCERO «XEWARK•

2.

BUQUE DE GUERRA «INDIANA.»

3.

MONITOR CITERROB.»

4.

BUQUE DE GIJERRA UOREGON.n

�54

ELMUNDO.

26

JULIO,

1896.
26

La defensa de las costas Americanas.
MODELOS DIVERSOS DE CAÑONES Y PROYECTILES.

CA~ON DE 7 PULGADAS,

RIFLE DE

8 PULGADAS.

RIFLE DE

12 PULGADAS.

PROYEC'fILES y CARTU::Bos.

RIFLE DE

12

RIFLE DE

PULGADAS.

8 PULGADAS.

JULIO,

1896.

:Monumento á Carnot.

clamando y defendiendo la
libre é ilimitada acuñación
de la plata.
W. J. Bryan, hoy candidato y bandera de los demócratas, fué el héroe de la füista: con su palabra elocuente
y su ademán resuelto, esclayfaó á su auditorio, que fué
preso de inmenso entueíasmo
y tumultuoso frenesí al escuchar al joven tribuno de
Salero.

Para perpetuar el recuerdo del viaJe del Presidente
Carnot al :Este de Franciael primer viaje emprendido
por un Jefe de Estado francés á los departamentos de
la frontera, desde la guerra
franco-alemana,-y el de su
entrevista con el GranDuque
Conetantino, ido expreaamen
te de Contrexeville para saludara! inolvidable Presidente
en nombre de S. 1\1. el Emperador da Rusia, decidióse
elevar un monumento que
acaba de inaugurarse en Nancy, y del cual damos un gra1,ado á nuestros lectores.
Dicto monumento se elevó á la entrada de la calle
Leopoldo, en la Plaza Carnot.
L'\ obra consiste en una pirámide de 10 metros de altura, en la medianía de la cual
se destaca en un medallón
encuadrado por ran:;.os de
laurel, el busto en bronce del
Presidente Carnot. Encima.
dos figuras alegóricas, igualmente en bronce, de tres metros de altura: dos mujeres
tiernamente enlazadas, simbolizan laalianza franco rusa.
Las placas de marmol fijadas
en los cuatro lados de la.
pirámide, llevan inscripciones conmemorativas. En el
lado principal, se lee:
.
.AlPresidente(Jarnot, la Lorcna
En el costado opuesto:
Este monumento ha sido erigido á iniciativa del comercio
deNancy,por 28,000smcricion,,s y 867 subvenciones de comunas.
Una de las placas laterales,
lleva esta inserí pción:
El 6 de Junio de 1892, el
GranI&gt;uque Cvnstinode Ru,ia,
vino á saludar á Nancy al
Pre.~idmte Carnot.
ta cuarta y última placa,
lleva el nombre de las comunas que suscribieron el monumento.
Ernesto Carno&amp;, Diputado,
tepresentó en la inanguración á la familia del ilustre
Presidente.
·

Edmnndo de Gonconrt.

llONU:MENTO Á

Como Pn números anteriores hemos habla&lt;io de esta
imponente reunión de los demócratas americanos en la

ESCUADRA ESPAÑOLA DE INSTRUCCION.
Ofrecemos hoy un grabado de la escuadra española de
instrucción, que la forman aeie buques: la Infanta María
Teresa, Oquendo, Vizcaya, Destructor, Alfonso XIII y Pelayo.
De un periódico español extraemos los siguientes datos relativos á estas embarcaciones:
El acorazadoPelayo, el mayor de todos ellos, tiene 9,800
toneladas y 16 millas de andar, 26 cañones y 12 ametralladoras.
Oqwmdo, Infanta María Teresa y Vizcaya, 7,000 toneladas, 20 cañones y 10 ametralladoras.
Alfonso XIII, 4,826 tonela&lt;1as, 11 callones y 8 ametralladoras.
El De$truct,or, es un crucero torpedero de 368 tonelada@,
5 cañonea y 6 ametralladoras.
Como ea sabido, loa Ayuntamientos de Barcelona y Seví lla, han estado en tratos para adquirir dos nuevos barcos de 6,800 toneladas y una velocidad de 20 millas por
hora.

í!ct $scuaara Gmerkana ael Gttlántko.
Por ser de oportunidad, damos también á n:.estros lectores
algunos datos de la armada que loa Estados Unidos poseen
en el Atlántico del Norte, :\BÍ como de los poderosos meel íos de defensa con que cuentan para sus costas. Estas
notas ilustradas, harán «pendant» á las que sobre la marina española publicamos arriba.
Pocas veces los habitantes de la nación del Norte han
tenido oportunidad de ver reunidos sus buques de. guerra, pues la numerosa flota de Estados Unidos, compuesta de hermosos y nuevos cruceros y acorazados, surca
perpetuamente los marea patrios y extranjeros.
Empero, últimamente los habitantes de Nueva York y
puntos cercanos, pudieron contemplará sus anchas la escuadra Americana del Atlántico.
Compónese ésta de los siguientes buques de los qua publicamos alguuos grabados:
El «New- York,» b~que almirante, verdaderamente formidable, el cual estuvo en las fiestas de Kiel, Diatínguese no solo por su poder y resietencia sino por la elegancia de su construcción.

MECANISMO PARA LA RETROCARGA. DEL MISMO.

Sigue el «Indiana,» verdadera ciudadela flotante, con
diez y seis cañonea poderosos.
. .
.
Viene luego el «Newark, que se d1strngue por sus aptitudes para la navegación en los más revoltosos marea.
Vienen en segui1a el «Cincinnati,» y el «Montgomery,»
poderosos y ligeros, el Monitor «Terror:» de formidable
armamento, y por último el «Oregón,» hgero y hermoso.
Todos estos buques son completamente nuevos, y se
denominan por el color de sus cascos, la escuadra blanca.
Ahora digamos algo sobre

La defensa de las costas.
Dando á nuestros lectores algunos grabados que representan el armamento que poseen los Estados Unidos para la defensa de sus costas.
Todos los modelos son modernos y obedecen á los últimos adelantos científicos en materia de cañonea.
Como se sabe la lucha entre el cafi&lt;m y la coraza ha
sido una1lucha prolongada y homérica, lucha que, fantaseándola, describió Julio Verne en los Quinientos millones de la princesq,.
Enemigos naturales, el catión y la cora~a, fortificábanse proporcionalmente. Aumentaba el c~hbre y la fuerza
de un propectil? Pues aumentaba asf mismo el epesor de
la coraza.
Y así seguía la proporción, amenazando llegar á lo
absurdo.
Había cañonea cuyos proyectiles alcanzaban una tonelada de peso, capaces Je reducirá polvo un buque, y había corazas de treinta pulgadas de eepesor para los buques.
.
Y los primeros, unidos á las segunqas, retardaban y hacían penoPísima la marcha de los ouques de guerra y
hacía:n estorbosa su defensa. Llegó á suceJer que en un bu
que de guerra, combatido por las olas, se desmontase un
cañón y con su enorme pesadumbre destruyese el puente y aun ayudase al mar en su siniestra tarea de hacer
zozobrar el barco.
Por fin un día los meeánicos acabaron por comprender que ni eran iiecesarios tamaños cationes, ni pr~ieas
tales corazas: un fusil caliÓn de ocho pulgadas de diámetro, provisto de un proyectil de regular longitud, tenía
un alcance mucho mayor q,ue un cafión de.veinte pulgadas provisto de un proyectil levemente cómco.
Por su parte los fabricantes de corazas cayeron en la
cuenta de que tales y cuales ruezclas de metales ofrecían

GUILLERMO I.

Esta.tila ecuestre del Emperador

La Convención Democrática de Chicago.

RIFLE DE 5 PULGADAS.

55

EL MUNDO.

populo~a y opulenta ciudad de Chicago, hoy publicamos
un grabado que dará una ide11 del aspecto general del
salón donde tuvo lugar la Convención en 1()1, momentos
en que los oradores arrebataban á las multitudes, pro-

El cable nos ha anunciado
la muerte de Edmundo de
Goncourt, acaecida cuando
el gran literato llegaba á los
74 años.
El gran literato, sí; con él
pierde Francia, nuestra glorio3a madre intelectual, á
uno de esos hombrea que
e o n j u s t i c i a s e II aman
irreemplazables: Pan! Yerlaine, Alejandro Dumas, Julio
Simon, Arsenio Houssaye y
Edmundo de Goncourt, estrellas de primera magnitud,
bao enlutado en estos últimos meses con su ausencia
eterna á la gran patria.
No viene á la memoria el
nombre d~ Edmundo sin que
se piense en Julio, su infortunado hermano; pues su íntima unión, el completo maridaje de sus· espíritus, la
identidad de sus tendencias,
hicieron de esos dos grandes hombrea una encantadora
dualidad, mu y semejante
á la que constituían el gran
Adolfo:Becqer y su he~mano Feliciano, pero máe, intensa y notable aun.
Se dice los Goncourt como
se decía Castor y Polux, Pílades y Oreijtes. Julio almo·
rir dejó trunca la existencia
de Edmundo de la cual era
hermoso '.complemento.
Edrn undo nacióen Nanc y, en
1822 y J ~lio en París en 1830
y deede ~liy templ'l\nO hicie·
ron patente el raro fenómeno de dos cerebros gemelos:
unas eran sus tendencill.S li•
teral'ias y artísticas, unos eus
gustos y unos sus procedimientos, de tál suerte que fférfa
imp(sible determinar, analizando los n•1merosoe ·Jibros
qnti juntos escribieron,. cual es. el contingente llevado
por cada uno.á la labor común.

:MORTERO DE 12 PULGADAS.

resistencia suma pudiendo ofrecer una economía en el'
espesor y en vez de aquellos inmensos muros de 20 y SO,
pulgadas, construyéronse láminas de diez con igual , esultado.
La evolución fué rápida y hoy por hoy tenemos canonea de gran longitud pero de poqtúsimo peso y cora1.as,
relativamente ligeras.
Constrúyenae los cañones, de acero bien templado de
leves paredes, de alambre enrollado en espiral y aun de
cuero protegido; de suerte que con un peso mínimo ee
ohtiene una resistencia poco común y un alcance notable.
A estas nuevas rectificaciones y otras muchas que seda.
largo enumerar, obedece el armamento que poseen loa Estados Unidos para la defensa de sus costas, y sus buqnes
y los grabados que pubUcamos 110 son sino de loe t1¡,ossalientes y más dignos de estndiar.

Monumento á Guillermo l.
En nuestro número anterior hablamos de la solem ne
dedicación del monumento levantado al Emperador y
Rey Guillermo I por los antiguos soldados del Imperio
Alemán y describimos la solemne ceremonia, así como•
el monumento que es inmeneo y del cual dimos una fo.
tograf(a general.
·
Hoy aliadimos á esta un grabado que' representa la estatua ecuestre del emperador, obra de arte que atestiguará á los futuros soldados alemanes el amor que profesaron al viejo caudillo y soberano, los soldados que con éf
fueron á la victoria.

MONUMENTO A BISMARCK.
Alemania que amó tanto á su vete1·ano emperador Gui llermo, no podía echar en olvido al que con él hizo la
unidad del Imperio, y ha manifestado su admiración al
Canciller de hierro elevánd0le monumentos varioP. El másreciente, que se elevará en breve en Berlin, llevará com(l ·
digno coronamiento la admirable esiatua de Bismarck,.
cuyo grabado ofrecemos á nuestros lectores.

111.ONGMENTO

J.

SADI CARNOT EN NANCY.

lfON tlMEN':0 Á Bl8)Hl!CK lt"' BRRI.IS.

[Se erigirá por suscricióD nacional.]

�26 J uuo. 1i&lt;~R.

EL MUNDO.

•

26

JULIO,

1896.

se necesitaba satisfacer las

exigencias de Inglaterra y de
Holanda que contaban ir,umerables súbditos musulmanes y que reclamaban para
ellos muchos miramientos.
No fué sino hasta 1878,
cuando se nombró por fin
uaa comisión para explorar
las costas de la Arabia, des
de Obock hasta Confoudah
y dt&gt;scubrir d pnnto más fa.
vorable al eHablecimiento
c1...1 la1.areto más considerable del 11m11d".
l:le¡i:ún el i11forme de dici1a
cornitiión, la isla de Camarán
la que parece reunir todas
las condiciones apetecibles.
En esta isla se ba instalado
,.J lazar~to de Sinope, del que
acompañamos una vista en
11ueetrati columnas.
Como es bien sabido, el
cólera es una epidemia que
se ha ga~tado en estos últimos años, y las invasiones
recientes en Europa han hecho menus estr,igos de lo que
~e temía.- El cable nos ha
dicho que se han dado algunos casos en la Isla de (Juba, entre el ejército español,
EDMUNDO Y .JUJ.J() nE GONCOURT.
sin que la noticia se halla
(EnJS:-:&gt;3.)
confirmado oficialmente.
En México hemos tenido
Ambos fueron grandes revolucionarios en materia de
dos invasiones de cólera cauarte, y despreciando las viejas tradicionPs contribuyeron sando graves t&gt;stragoa. En la
ºpoderosísimamente á encauz,ir por novídirnos y brillan- actualidad no es de presutes rumbos la moderna litPratnra.
mir que el temible huesped
Distinguiéronse como coloristas admirables y como es- arribe á nuestras co8tas. Pentilistas soberbios.
samos que loa casos á q11e
Julio murió en la
alude el despacho de la Hafuerza de la edad,
bana, llegado á r sta capital
cuando prometía
hace pocos días, se refiere
expléndidas m\\d11más bien á. víctimas de co·
reces y el alma de
lumna, que frecuentemente
· su hermano quedó
se registran en aquella Andesde entonces patilla.
ra siempre jamás
La comarca uel cólera la
contristada, · como
terrible zona azotada por la
n n gran espíritu
enfermPdml se encuentra en
viudo.
Oriente; allí e~tá el foco de
Aun produjó emiMeccióo; allí la incubadora
pero Edmm,do mudel espanto8o mal. - Por eso
cbos libros y ha
Jos trabajoa para contrarresmuerto á su vez vitarlo se encne11tran en esa
goro~::, y poten te
parte del mundo.
magüer su ancianidad.

"ª

DOS AMORES.

LA CONVEN'.CIÓN DEMOCRÁTICA DECBIOAGO.

Primer victoria de los partidarios de la ,plata libre.

_ _ ,,ttOt,111, - • -

EL COLERA
EN ORIENTE.

Desde la conferencia sanitaria efectuada en ConsEDlITTJNDO DE GONCOURT.
tantinopla en 1865, es decir, desdé hac.i más de treinta
años, las potencias europeas se ocupan en dPtenPr la marcha del cólera y en defenderse de su invasión. Desde que
se habló de la cuestión, al Gobierno otomano incumbió
la tarea de vigilará los peregrinos javaneses, indios, persas, etc., que fuesen de la Meca y pudiesen contammar
á sus correligionarios de Europa.
Se buscó desde luego un sitio propio para internar, de
dos á die:,; días á. una masa considerable de inclividuos
destinados á aglomerarse provisionalmente en las condiciones higiénicas más deplorables.
La cuestión del tratámiento de toilm, f'Síl~ gentes, en PI
curso de las cuarentena~ era nn pnnto delicado, porque

Nuevos experimentos para producir bají11imas temperaturas.
Mr. Char les Olsyewski, quien pretende haber practicado la liquefacción del oxígeno antes que el profesor Dewar, aseVPra que ha alcanzado, por medio del nitrógeno
solidificado. á nroducir la temperatura más baja que hast,a ahora se ha ·obtenido, es á. saber, 225 grados bajo cero.
Durante uno de sus di•cursoa sobre las propiedades del
oxígeno, el profeeor Dewar logró producir en presencia
de su auuitor io, un frío intenso que bajó hasta 180 gradoa
de congelación. Lo consiguió, bañando con una esponja
saturada de oxígeno en estado líquido, un globo de vi-

•

drio, en el cual se había producido el vacío por medio
del mercurio. Demostró que con la misma sustancia
día helar el alcohol, el más difícil de todos los lfqui
de solidificar y que tan intenso era el frío, qu.e e l sólido
no ardía cna ndo se trataba de encenderlo. P robó que 118
pod!a separar del oxígeno en estado líquido, una espec·
de nieve de ácido carbónico, pasando aquél por papel
cante. El oxígeno Rnjeto á la presión ordinaria atmOld
rica, hierve II los 180gradosbajocero. Quitando porcom
pleto la presión. se produce un frío de más de 200 grad
e~ cn&amp;I es sufoiente pata licuar en torno al aparato de
drio qne contiene el oxígeno, el aire del cuarto.

EL CÓLEIIA EX ORH:~Tll.

l as vl~itas sanitarias en Sinopc.

Pt'disteiP, adorable sefiora, una ~o velilla objetiva y entera mente imper,;onal, de aquellas en q,ueel autor no encaja el escalpelo d~l _análisis en su prop10 corazón, que son
por los demás vividas y el observador las copiaparadisipar el hastío de a:guna beldad, que, cual vos, se siente
&lt;l;esgraciada, _justawente porque posee lo que para ser feliz t-S necesario.
.
Y o, traigo á vuestro estrado algo mejor que la historieta: traigo uu cuento dP amor, una aventura juvenil que
naufragó en candente mar de sangre, la biografía de cuatro serea que pudiendo esperar la codiciada dicha, fueron
siempre d&lt;'sgraciados.
En el drama que á su pesar representaron mis personajes, flota el mal sobre la atmósfera de sus pasiones com ·
b~stlonadas1 aletea como pájaro siniestro, exhalando rfsp1dos graznidos y devora las entrañas de sus inconscientes víctimas, gangrenándvlas con los venenos incurables
del odio.
Y no es que ellos fue~en capaces de albergar en su pecho algún perverso instinto.
¡ Muy al contrario!
Eran buenos, poseían sentimientos nobles y se amaban
tiernamente, pero loa sucesos, el acaso, 6 como se llame
á ese poder misterioso y fatal que decide de los destinos humanos, produjo en sus organismos una complicada laboración psicológica que al desequilibrarlos causó consecuentemente el desenlace lamentable de mi historia.
. Eran ell~s dos íntimos amigos, ambos estudiaban jur1sprudenc1a y su edad fluctuaba entre loa veinte y los
veintitrés años.
El cutis perlático y emfermizo de Gerardo (el mayor]
denunciaba el beso maligno de los vientos cos'teños· en sus
pupilas muy negras y dilatadas adivinábase un te:i.peramento apasionado y bilioso, aunque en sus modales correctos y casi estudiados se veía al hombre seguro de sí
mismo, al que ha subordinado los ímpetus del corazón á
los fueros de la inteligencia aún á costa de sacrificios casi heroicos. ·
Había extrafia regularidad en s_ua fa&lt;:0iones, por más
que en ellas no se observase la uruform1dad artística de
una cabeza de estudio.
f i su nariz ~ra de puro cor~ griego, la curva de la pro•
m111ente barba era romana; s1 en loa ojos se lefa la sensualidad y _el romanticis!Ilo, en sus 18:bioa_blancos, delgados, volttmauos, unos dientes de mu¡er hacian bullir ent re el 1~lo bigotillo un gesto hel~do y ·sin animación,
esa sonnsa que como ósculo de muerte estampa el escepticismo el! el rostro de !os que sufrieron ó creyeron mucho.
De A.dnan s61o os diré que era un joven boquirrubio y
de aspecto casi af.-minado.
Yestid a l andrajoso Ariel con levita y sombrero de seda y lo ven~is pinti\)arado.
Un cariño muy ~rncero unía con estrechos vínculos á
los muchachos y á fé que era bien rara esa amistad entre
dos temperamentos completamente diversos como los de
aquellos inseparables compinches.
Gerardo er_a ateo, escéptico,. holgazán, pendenciero y
bebedor de a¡en¡o; gastaba el tiempo y el dinero como un
nabab sus riquews, y lo despreciaba todo por que era
grnn conocedor de la maldad humana y sabía muy bien
que un egoísmo feroz es siempre el movil de todas las
buenas ó malas acciones de los hombrea.
Un día, despuét1 de eomer fuerte y beber bien con un
tabaco en la boca y las manos metidas en los bol¡illos del
pantalón, vagaban los amigos por las calles sin rumbo
tijo, fastidiándose é imaginando tonterías. '
Ü&lt;?mo la ociosi~ad concibe siempre tod,)E loa malos pensannentos, ocurnóseá los paseantes lo que ocurrirse podría á dos varone!l cuyas edades sumadas no alcanzaban
la mitad de una ceuturia.
¡Enamorar mujeres!
Y como lo pensaron lo hicieron.
Ya los_ teueis en busca p.el vellocino de oro, hablando
recio, mirando á _las señoras audazmente y á. los c,iballeros con arrogancia.
Pero ninguna de las madonas vistas encarnaba el duple.r del ideal soñado.
'
Esta era rolliza y fea como la sobrina de un sochantre
de abadía, la otra escuálida lo mismo que un ranacuajo
momific,ido eu frasco de vidrio para empolvarse eu las
vitrinas de en naturalista maniático, y, feas las demás
muy !t:as, de "una foaldad espectral, capaces de hace;
claudicar todas las caballerías del ínclito Quijada.
Convengo con"-º~, señora, e~ que los galanteadores
eran u1_1 tanto i:i111·1titas en cuestJo~ea de belleza plástica,
pero, bien sabP1s q:!e en este l\léuco., donde todo resulta
cursi, es wás f,icil -tropezar con mil honeFtas beldades
q(1e con una svla que pueda honradamente' titularse bo:
mta.
Como si la casualidad ee empeñase en poner á dura
prueba la d~teru1i11ación adoptada por los atolondrados
cuando estaban más tristes y dispuestos casi á renuncia~
ásns propósitos, pasaron á su lado cual fugaz exhalación
dos enlutadas.

ELliUNDO.
Casi siempre la mujer amada en su primera aparición,
esplende ant.e la visivnaria pupila de su predestinado,
breve y trémula como esos fúlgidos meteores que macu. bn un instante el onix de la noche para esfnm¡¡rse y morir después en la tiniebla.
Por muy vulgar que sea un hombre, la bella entrevista
derrepente, es la que con más vi veza ha de hei·ir su ima· ginac1ón por más que ella esté atrofiada ya por el vicio ó
el indife1·entismo de la experiencia.
, .-¡Son muy lindas! exclamaron á una voz -los fa!!tidiados y lanzada al viei,to esa vulgar exclamación, corrieron
tras las fugitivas.
,5iguiéronlas, observando la curva graciosa de los talles
que ceñidos por las varillas del corsé dibujaban un perfil
de lira, el arranque del combo seno perdido er. una golilla de blondas, el rítmico balanceó de la cadera, la media que con disimulo apareció al vadear la calleó frente
•á una mondadura de naranja, y todas esas nimiedades
que ligadas entre si forman los capítulos de las novelas
inverosímiles que inventamos los hombrea cuando estamos cerca de una mujer de la que no hemos visto una
carta con faltas de ortograífa.
Habían las parejas caminado tres ó cuatro calles cuando las perseguidas á quienes seguramente· disgustaba el
galanteo, detuvieron un rlacre de alquiler que á la sazón
pasaba, subieron á él dandr, al automedonte una dirección que los curiosos no escucharon, y recostadas en los
mugríentos cojines del armatoste aquel, desaparecieron
muy en breve.
Los ojeadores se miraron (perdonad el símil] como dos
podt'ncos ante cuya vista hubiese pasado un gazapo al
que no pudieran dar alcance.
Y al leér un mismo pensamiento en sus miradas amainaron velas exclamando con mal disimulado despecho:
-¡Qué lástima!
Y no pensaron más en la aventuta.
Por su parte las damiselas olvidaron también muy pronto á los impertinentes y allí quedarían las cosas s1 acon~imientos imprevistos no se hubiesen encargado de contmuar la empezada novela hasta desenlazarla en trágico
final.
·
Ya es tiempo, sefiora, de que disculpe una falta de gaJanteria que cometí presentandoos primero á loa hombrea
que á las muchachas.
Maclovia y Camila eran sus nombres, tenían por dote
dos ó tres fincas urbanas bien rentadas, de sólida construcción y limpias de hipotecas.
Eran ~ermanas, y huérfanas de un prestamista trapacero y cierta excelente matrona cuya existencia fué un
tormento ~ontim¡ado al lado de su avaricioso cónyuge.
En Cam1la había una hermosura potente y tropical.
Esbelta, de formas robustas, con pelo sonrosado y velloso como un durazno en sazón, ojos verdes trágicos
preñados de tempestades, boca sensual, ademanes prO:
vocantes, era como el poema de la carne, u,1a de esas bellezas que son muchas veces la perdición de sus amantes
porque hablan solo á los sentidos.
Para ella todo era grande.
En su fogoso temperamento no existieron nunca los
tér_minos medi_os, y, sus pasiones, lo mismo que sus
odios, fueron siempre arrebatadas.
Sentía inati~tivamente el coquetismo y sabía esgrimir
e~a arma formidable con la maestría de una mujer experimentada, adoraba la intrfga que se viste con el ropaje
de arlequín para ocultar pasiones de esa~ que al desencadenarse forjan como Vulcano en sus f,11.,nas
las tllmpes0
tades del espfritu.
'
Ve~tía con una elegancia que se hacía lla1uativa por lo
estu~1ada y alhaja1?3 con sortijas sus manos que E!ran pequefiltas, ducales, mglesas y amarfiladas como las de Lady Macbeth.
Cuando bailaba un vals de Strausa lo hacía con abandono de bayadera, vela:-odo sus pupilas de Medusa tras el
parpado oriental, inflamando las movientes fosas de la
helénica nariz, sonriendo al bailador en suprema voluptuoaid~d y excitándole con las blancuras de sus brazos
descubiertos.
Burlábase de 1~ socieda~ y aceptaba los privilegios que
ella le daba ~cat1mando siempre loa que podría exigirle.
¡Rara mu¡er!
Nunca tuvo un rasgo de sensibilidad.
Deade pequefiuela ft1:é orgullosa y mP.leante, aprendía
malhumorada las lecc1ones, era el terror de sus condiscípulas, hacía preguntas alarmantes á las profesorás y
acompañada de dos 6 tres granujas, trepaba á los arbus}
tos del jardín para robar las cerezas.
Siendo ya mujer y avanzado.ese período de la vida en
que las necesidades de. un temperamento femenino adq_uieren tod~ su fuerz~ haciendo eata!l~r vigorosas floraciones, Cam1la sustrá¡ose á la ley comun y por inexplicable fenómeno fué indiferente á galanteos y amorfos banales.
Aunque en el fondo solo era una joven inexperta cuya
alma no había lacerado. aún el golpe de un deaengaiio,
enfermábala el cansancio de loa que han apurado loa goces hasta el eaciamiento.
Allá en las nebulosidades de su mente, perseguía cierto
ideal un tanto extravagante y si no entregó su cora:,;ón á.
ninguno de los que hasta entonces habian eolicitado sus
afectos era porque aquel doncel pai:adisiaco entrevistó entre las brumas de su imaginación no habia caído á sus
plantas .para erguirse triunfador después.
Maclovia fué siemore el contraste-de su hermana.
Era muy rubia, pequeñita, con piel de una blancura
mate y hermosos ojos color de v ioleta.
.Tenían sus modales dt niña el encanto virginal de esas
colegialas que dejan con e l recuerdo de sus castos abandonos el perfume de una flor que nunca se marchita aunque envejezca el corazón.
Era eterea como Espírita, y, acaso, igual á 1A enamorada de Mallivert, conocía los secretos del extramundo ó
por mistagógica encarnación estaba en la tierra como estrella caida del firmamf'nto.
Diríwe que solo un debil soplo de vida animaba aquel
c~erpecillo que tenía la fragilidad de las cosas exquisitas.

51
Sentía el Pspiritualismo con todo el refinamiento de sn
alma sensible y se conmovía hasta el llanto ante esas noches de plenilunio en que la luna vierte tenue. polvillo
de plata y lo tamiza en los jardines blanqueando las !Jo·
jas que modulan monótonas melopeas ugitándose en el
brazo fornido de los olmos.
Sentía especial predilección por loa gatos, esos animalitos meditabundos y molondros que cuidan• su tocado
con proligidad señoril, beben leche de vacas haciendo
muecas encantadoras y les agrada roer un pernil de conejo chamuscando sus bigotes de plata- en el re1,coldo de
la cocina.
Amaba á los felinos porque son amigos del que sufre y
tienen un lado fantástico que ha intrigado siempre á loa
espíritus verdaderamente artistas.
. En efecto, señora, los gatos son tan fantásticos y s:igeati vos como el cuervo; hay los negros con piel ate!'ciopelada y pupilas de topacio que dan serenata á los Yecinos riñendo en los tejados y á las horas calladas corretean en macabro cortejo confundiéndose con !ns lechuzas, loa gnomos; y todos los duendes de la sombra.
Poseen el sensualismo sibarítico de los perfumes, huelen un pompon de acacias ensanchando las fosas de su
naricitaRoxelan~, y, un frascodellang-Ilang los sumerge en somnolencia de náyade embriagada en ambrosía.
Roncan sobre los cojines de la .chaiR.~e--1ongue acomp_nñando con su monótono run-run el nocturno de Choprn
que toca al piano la niña de la casa;.hacen tela.a de amfia con las bolas de hilo de la quintafü,na y si están de
buen humor deEgarran con sus uñas como garfios de ágata la Ó.ltima novela de Daudet ó el devocionario en cuyas
páginas se confund.i con efigies de santos y amuletos.bendecidos la florecilla que llevó al ojal de su gabán algún
mozalvete barbilindo ó el plieguecillo en que declara eua
empeños amatorios.
La gata es camarada de los niños que retozan en la alfombra, ahuyenta los ratones que acobardan á la solterita y se hace ovillo en su regazo cuando agobiada por el
primer dolor soba su lomo arqueado con las manoa •bizantinas.
Acompaña en eu soledad al abuelito, lame con la lengua erizada de puas su tarantulesca mano y entibia cariñosa aquellos pies, que la humedad de la huesa empieza á helar.
· ¡Y las gatas muertas!
¿Habeislae visto, rígidas, muy blancas como pascuales
corderitos? ........ .
¿No os ha conmovido ese duelo en que Pierrot canturrea responsos y sollozan enternecidas la menuda tropa
y las muñecas? ........ .
¿\'erdad que es muy amarga la lágrima que rueda en
el querubinesco rostro de Bebé cuando no encuentra en
la albean te cunita á esa compañera inseparable. de sueños?
JLas gatas muertas!
Maclovia tenía también otros amores.
Su canario trovador, el tiesto de gardenias y un librito
de oraciones.
Cuando los camaradas fueron presentados á las doncellas en una de esas reuniones en que se inician loa conocimientos superficiales, procuraron á toda costa intimar
su amistad.
Sin trabajo consiguieron que las hermanas les admitiesen en su modesto salón y ein dificultad también lograron inspirarles J¡&gt;rofunda simpatía.
Loe sucesos cammaban perfectamente -porque las mozas al percibh'Be de que eran por sus· vi111tantes cortejadas, hicieron una elección en completo acuerdo con el
capricho de loa intrusos.
.
El amor hizo vibrar aquellas almas vírgenes con el trinll de sus primeras canciones y á. solas, al deshojar una
floró contemplando el celaje que se esfuma en el piélago
ambarino del ocaso, Maclovia y Camilasacudidas por un
mismo estremecimiento, pronunciaban dos uombres en
voz baja:
·
-Gerardo!
-Adrián!
Los amadores declararon su pasión á las damiselas, cada uno en formas apropiadas á su carácter.
~
Adrian, tembloroso y conmovido, habló de una dicha
codiciada, largo tiempo entrevista en mucha~ lontananzas de oro y realizada en la enferma hermosura de Maclovia.
•
Gerardo, con palabras rebuscadas y frases de sombrío
colorido que envolvían en sus ampulotios periodos terribles ironías y atrevimientos, habló de lo que él llamaba
su cariño.
Cuando Maclovia escuchó al excelente Adrián que
casi llorando le ofrecía su vida, tendióle la manecita eruociouada.
Camila al ver de hinojos al fiero Gerardo, rió de muy
buena gana y acomodándose en un canapé como para
gozar mejor del espectáculo, dijo á su adorador: ·
-Expliquéme vd. como me ama.
•
Otro cualquiera, httl&gt;iera tomado el sombrero y marchádose incontinente á. su casa, pero mi estudiante estllba ya doblegado y se quedó porque sabía muy bien que
el hombre que se arrodilla ante una dama debe levantarse siempre vencedor.
Camila, arrebatada p0r 1-a elocuencia de la oración, fas- •
cinada por la luz que chispeaba en las pupila~ de Gerardo, sati8fechasu v,inidal mujeril ante lacaidade ese gran
rebelde, inclinó hasta él sn gallardo cuerpo sonriéndole:
Desde entonces las hermavas se engalanaban coquetamente para esperar la tertulia de sus novios.
Hnbo giras campestres, paseos á la sombra de los chopos y excursiones por agua en ios días primaverales.
Floreció el idi lío y en un periodo de tres meses, la existencia de aquellos cuatro séres deelizose mecida en los
blandos brazos de la esperanza.
·
Fenecida aq,uella embriaguez de la primera impresión
Maclovia s..ntiase aún dichosa porque en au·tierno cora:
zón solo podía imponerse una exigencia: amar.
Camila en cambio padecía en silen..:io y su aprecio por
Geranio se conyertía paulatinamente en odio.

�' 58
Con la sagacidad de ia coqueta que ve á su lado á un
hombre con bastantes atractivos pura ser querido basta. .
la locura, á fuerza de estudiar laboriosamente y sondear
aquel extrafio temperamento no sin ímprobos trabajos
acabó por comprender qtle su novio no la estimaría nun• ca y que lo que ella creyó pasión por un momento, era
solo un antoJo que la ultrajaba en su decoro.
A todas las mujores les agrada que sus encantos despterten anhelos, pero siempre quieren que en el fondo
de aquel deseo exista un algún respeto aunque sea porción dosimétrica y solo lo indispensable para 110 a,larmar
en recato.
Camila, desengaflada, pues, de Ricardo, comenzó á fi.
jar su atención en Adrián de quien se babia formado una
opinión por -cierto bien mezquina, y con gran sorpresa
encontró en el .prometido de Maclovia todas las cualidades que en el suyo babia extrañado.
Y lo amó de una manera insensata, con una de esas pasiones impetuosas que solo buscan su objeto y para llegar á él Jo arrollan todo.
Cuando Gerardo llegaba eP la noche y ponía en las manos de Camila un buqué de rosas blancas, tomábalo ella.
con desprecio, arrojábalo en cualesquier mueble y pre·
textando enfermedad se retiraba á su alcoba en el mo·
merito.
·
El joven creyendo comprender los desdenes de aquella
mujer antes tan fogosa, pensaba, afirmándose, en su pedante filosofía:
•
-¡Bab,.como todas! Buen mentecato sería si creyese
en las mujeres.
Puede tanto la presunción, que muchas veces, sugestionados por ella, afirmamos lo contrario de lo sentido.
Eso justamente le ocurrió á Gerardo.
·
Cuando dejó de acordarse de Camila, frunciendo el en•trecejo y sin saber por qué, pensó en.Maclovia.
Desde e1,e día, huyó la tranquilidad de aquel hogar.
Maclovia y Adrián se abandonaban á su ventura, sin
eospechar .las amarguras que tortnraban á sus amigos,
avivando con su inocente amor la flama de aquellas t~as,
que muy en breve destruirían su afecto basta dejarlo en
cenizas convertido.
¡lneensatQs!
Dormían en el crater de un volcán que humeaba; los
celos más einiestros ya bramaban en las entrañaª de sus
víctimas, y la erupción pasional iba á vomitar sus odios
hasta volver cobrizo y tempestuoso aquel cielo límpido
y sin nubes, donae aleteaban las mariposas de sus sueño~.
·
Un día dirigiose Adrián al tocador de su amada, y al
franquear la puerta, retrocedió espantado. Había visto á
Gerardo. á los pies de la doncella.
En el paroxismo de la cólera aproximose al desleal, y
sin lograrcontenersf', le abofetoó de una manera ignomi"
nioea.
El insultado irguió su aventajada estatura, sonrió des•
preciativamente, descalzose un guante, y, después de Jan•
zar\o al rostro del furioso, saludó cortesmente y se alejó.
Siguió un inEtante de silencio que el loco Adrián interrumpió, diciendo á la inocente niña:
-No sabía que había entregado mi corazón á. una coqueta.
Fué injusto, ciertamente, pero estaba celoso, y la injusticia siempre ha sido la razón de los celos.
La gravedad de la ofensa hizo el encuentro inminente,
y después de acalorada discusión, decidieron los testigos
de los contrincantes que se verificaría, acabadas de firmar
las actas.
Fué elegido como sitio para el drama una pequeña planicie, sobre la que.descansaba un cementerio.

26

EL MUNDO.
A la hora convenida presentáronse allí loe adversarios,
y sus padrinos procedieron en el acto á. los preliminares
del delito.
Era una noch"l tempestuosa.
Llovía copiosamente, y bajo la copa de los sauces que
lloraban azotados por el ábrego, cruzaron sus espadas los
que ya no eran amigos.
Nada más siniestro que aquel cm1dro.
El trueno, esa blasfemia de Luzbel, retumbaba entre
las nubes, á la vez que la efímera luz de los relámpagos
arrancaba facetas policromas á loe vidrios del bardal, ó
encendía cloróticas nebulas sobre el mármol de las tumbas.
Los cipreccs movíanse lentamente como interminable
procesión de encapuchados frailes, y familias de buhos
revolaban sobre las cruces, agujereando las tinieblas con
sus fosfóricas pupilas.
Después de una lucha encarnizada y breve, uno de los
peleantes rodó á la maleza ensangrentado.
¡Adrián!
Con presteza acercáronse al caído los galenos, y sólo
pudieron certificar que estaba mul rto.
La punta del estoque había destrozado uno de sus ojos,
haciendo estragos terribles en el cráneo.
Aplacada que fué la consternación dominante en los
autores de la tragedia, dir;giéronse á una berlina que
~postada cerca del lugar, les aguardaba para conducirles
de retorno á la ciuélad.
Gerardo, ante la disyuntiva de regresar en el vehículo
acompañando al cadáver de sn víctima ó marcharse ápie
sorportando las iracundias de la tormenta, prefirió lo último, no obstante que sentía la fiebre encender corrien·
tes de lum t&gt;re en sus arterias.
Descendió la eminencia en veloz carrera, tropezando
con las pedrezuelas que rodaban las corrientes y dejando
fragmentos de sus vestidos en las puntas de los magueyes, que extendían sus pencas como pugnando por obstruirle el paso.
Al romper la aurora, cuando la fatiga había agotado ya
sus fuerzas por completo, columbró la capital envuelta en
las blanquísimas brumas matinales.
.l&lt;}n el cielo, velado por densa nublazón, desgarraba el
sol la tela opaca de las nubes, arrojando tupida lluvia de
sa~tas y una lfvida Claridad iluminaba las vetustas casas,
cuyas paredes manchaban con caprichosas estalagmitas,
las aguas llovedizas que chorreaban por las canales est, opeadas.
La campana de la ruinosa capilla cercana llamaba á misa hasta desgañitarse, y por la abertura de su entreabierta punta de roble, ésta tragaba á las beatas, que todavía
soñolientBé, llegaban con su grasiento libro de rezos en
la mano.
Ante aquel sencillo espectáculo, Gerardo sintió de imp~oyiso la necE:sidad de ser bueno; causole profunda envidia la paz de esas almas sanas, que por costumbre iban
á orar ya ante el ara de la Virgen milagrosa.
Llamó á la huída fe, deseoso de guarecerse bajo sus misericordiosas alas.
Quería caer á los pies de un sacerdote para con su augusta interseción, alcanzare! perdón de Aquel que puede
perdonarlo todo.
¡Perdón!
Necesitaba ungir su ser hundido en el pecado con ese
óleo santo que sólo pueden ministrar las almas' impecables.
¡A_h, no! La ?alm~ q~e des~a~a no podría ganarla ante
el tribunal pe01~enc1ar10; el v1eJo cu,aera impotente para darle tanto bien; la clemencia sólo podría redimirlo
brotando de los labios de Maclovia, la casta criatura cu:
yos ideales había tronchado
en flor, ella, sólo. ella, podría ahogar con su angélica
V&lt;'Z los gritos de remordimiento que como ciegos buitreb aleteaban en los antros
de su espíritu.
1
Dirijiose al hogar de las
atribuladas jóvenes, gesticulando como un maniático
y sin preocuparle las bromas
de los transeuntee, que se
burlaban de él creyéndole
demente.
Llegó.
Abrió las puertas audaz·
. mente, y corrió á la alcoba
donde había pasado sus mejores días.
No era ya el pequeño retrete donde las muchachas
hablaban de amor á los amigos; había cirios que chispeaban, paños negros, rumor de plegarias, la calma
imponente de la estancia
mortuoria ...... y ...... ¡¡una
muerl.a!I
Maclovia.
¿De qué había perecido la
inocente niña?
De nada.
De lo que mueren las mariposas, las aves y las flores.
Camila, vestida de luto,
contemplaba abatida á la
blanca muertecita; no lloraba; su dolor era mudo
intenso, abrumador, d~
aquellos que no pueden deshacerse en lágrimas, porque
J.'
se ban agazapado en lo profundo del corazón para morderlo sin descanso.
Gerardo y Camila se mif'raron con t'lrror.

7

j

u

JULIO,

1896.
26

¡.Eran ellos ,.esponsables de aquellas vidas agostadas al
primer estallido de una ilusión? .... .... .
¡Eran ellos re!oponsables de aquellas vidas agostadas al
primer eetallido de una ilusi6n!
¿Unirían su existencia en fatal contubernio para su-·
frir en comunión las atnargurae de su delito?
¡Unirían sus existencias en fatal contubernio para sufrir en comunión.las amarguras de su delito!
Se abrazaron.
Perecfalee que el angel de la muerte estaba a!lf, y desplegando sus alas negrae, oficiaba en el trágico esponsal
de i!UB destinos.
Y después........ .
Tenéis razón, distinguida señora, es muy tarde ya; m i
relato tiene inverosimilitudes de aquellas que no puede
perdonar una pe1sona de buen gusto, y además, si llPg:1se yo al fin, llenaría de sueños tristes vuetra bonita cabt'za.
Crno B. CKBALLOs.
Julio de 96.

SUEÑ0S.
decir, que ¿tú cree~ que es cierto?-dijo Gabriea-¿no es un sueño simplemente lo que me acabas de contar?
-Ea perfectamente cierto,-respondi6 Magdalena,-mamá lo ha hecho.
-¿Tu mamá?
-Cierto. Ella ha visto á papá.
' Gabriela se puso á reír con todas sus ganas.
-Tú siempre ríes cuando te hablo de cosas eerias
-Psh ......... después de todo, se puede hacer la expe riencia. Ha de ser muy bonito ver una á su futuro ma.rido en UR es¡;ejo.
Esta conversación sostenían en el jardín del convento
de.................. una tarde de primavera, dos hermosas
jóvenes. Abrazadas por la cintura y casi rozando sus preciosas cabezas, pasaban sin direccion, lentamente y hablando muy quedo como si temieran ser sorprendid:is
por algún ser oculto entre el follaje.
La tarde declinaba. El crepúsculo comenzaba á dibnjar sus tintas rojas en el horizonte y el semicírculo de
plata de la lnna se distinguía entre algunas nubecillas en
el espacio.
.
-Entremos,-dijo Gabriela cuando llegaron al dintel
de la puerta que daba acceso al interior del convento, pero explfcame antes lo que hay que hacer.
-Es muy sencillo. ¿Tienes un espejo?
-Sí.
-Pues bien, en el momento de acostarte, lo colocarás
entre tu oreja y la almohada. Rezarás cinco Padre n uestro y cinco Ave María, antes de poner el segundo pie en
la cama, es decir, hincada una rodilla en el colchón y e)
otro pie en el suelo. Entonces dirás ......... pero sin reír,
porque si te ríes no verás nada....... .. .
-No tengas cuidado, no reiré.
-Tú repetirás esto:
«Ohl astro mío, hacedme ver en mi reposo
Al hombre que ha de ser mi esposo.»
-¿Comprendes?
-¿Y lo veré?
-Asi lo espero. Mamá vió á papá.
Al entrar·a1 dormitorio, las dos eBtaban muy preocn·
padas. Un momento antes, la religiosa encargada de la
vigilancia les había dicho:
-De donde venís, señoritas?
-De la capilla,-dijo resueltamente Gabriela.
La religiosa no insistió y las dos jóvenes, felices con ha. berse librado tan bien de la superiora, se dirigieron á su
alcoba, por cuya ventana se dietingufa al astro de la noche, ,i quien iban á. dirigir pocos momentos después su.
plegaria.
Aun no habían concluido de desalojar de sus cuerpos
la ropa qué las envolvía y ya la hermana había pasado
dos veces cerca de ellas, leyendo un libro de oraciones
y dirigiendo furtivas miradas en cumplimiento de sus deberes.
Las dos camas estaban muy cerca una de la otra y cuando comprendieron que la religiosa se había alejado, selevantaron trémulas y provista!! de sus respectivos t alismanes pusieron en obra lo pactado.
La aurora del siguiente dia las encontró ya despiertas_
-¡Magdalenal
-¡Gabriela!
-¿Lo viste?
-Sí.
-Yo también.
-¿Como era?
En un movimiento, las dos se incorporaron en el lechoy se miraron fijamente.
-El mío, es un oficial de dragones-dijo Gabriela.
-El mio también!
-Entonces vamos á casarnos con dos hermanos.
- ¿Y como era el tuyo?
-Alto, moreno, de ojos negros.
-Pnes el mio lo mismo!
-Ah!
Solamente que el mío llevaba un moño negro de crespón en el brazo.
-Probablemente estará de luto cuando pida tu mano,
observó Gabriela.
-Yo pienso colocar mi pequeño espejo todas las noches,-repuso Magdalena riendo-y as.f podré contero piar·
á mi dragón. Sin embargo, te diré que hubiera preferido
el uniforme azul. Ese traje de los dragones no me gu,ta
y luego, el casco me da miedo.
Entonces, querida, puede ser que otra noche veas eltraje azul. Yo sé que puede uno tener muchos maridC's..
-¿Como?

JULIO,

1896.

BL MUNDO.

-El otro día, en C'IU!a de mamá, eatuvo de visita una
bermosa joven, y c11a11do se retiró, oí ct.ecir que acababa
de casarse de nu.. ,·o porque había divorciado.
-¿Y qué f'i&lt; t'S• •?
-Quien eabt&gt;. Xosotras también divorciaremos algún
día y podemos tener como ella muchos maridos.
-El tercero ~erá un artillero-dijo Gabriela riendo con
.gana.
JI
Han pa~ado dos aii&lt;&gt;s.
Un_a mañana &lt;le primavera, una eeiiora, la madre de
·Gabnela, se prPeentó a: convento acompañada de un joven, el cual llernba el traje de capitán de dragones.
Después de laH ceremonias de rf'glamento, pa~aron á un
pequeño salón y cuando Gabriela se presrntó, la señora
dijo ,¡ su hija:
-He venido á presentarte á tn primo Gaepar, que acab'.' de llegar de.América y su primer visita nos la ha de• drcado.
L:' educanda levantó sns hermosos ojos hada el joven
oficial y saludó llena de rul,or á su primo, que le tendió
la mano apresuradamente.
. Al principio, Gabriela, sea por lo inesperado de la visita, ó sea por las costumbres austeras que llevaba en el
convento, no fijó su atención en el rPcién llegado; pero
poco á poco y sin querer, empezó á fijar su mirada en él
de una manera extraña, y reconociendo al fin, en todas
sus formas, la visión de la almohada, exclamó interiormente:
-Es el retrato que ví en el espejo!
Después de-un rato de conver.;iación, sobre la ausencia
larga del capitán, sus viajes, etc., dijo Gabriela:
-:-1\Ie permiteréis, primQ mío, presentaros á mi buena
amiga y compañera Magdalena?
-Con mucho gueto, liabriela.
Y una vez fuera del salón, comenzó á llamarla~
-:Magdalena! ~Iagdalenal
Esta, que se encontraba entretenida en un jut&gt;go muy
~n bo~a entre las edu?andas, consistente- en unag pequenas piedras que combmaban á su manera, apenas si había escuchado el llamamiento. Cuando Gabriela se acercó y la enteró del objeto que la traía, tomáronse del brazo, dirigiéndose ambas al lugar donde las espeyaban.
l\Iagdalena no pudo contener un grito ligero de sorpresa, al encontrarse frente al pariente de su amiga.
-Te presento á mi primo Gaspar, capitán dedrag,mes
dijo Gabriela,
'
Apenas pudo aquélla contestar unas cuantas frases de
cort1;sfa, y llevando después á su co:npañera á cierta distancia de los demás, dijo á Gabriela:
-Es mi marido!.. .... ¡El del espejo! No le falta más que
~I moño de crespón.

ROJO.
Sus primeras canciones cuando niño
TPnfan la pureza del armiño
'
Y la. albura del mármol de Garrara.
Campánulas de efímera existencia
Evaporóse su fragante esencia
'
Como la mirra en derredor del ara.
Adoles~ente aún, sintió que ruda
En su alma virgen se ensañó la duda
Madrastra indigna del t.lolor. Enton~s
\:1s~i6 !a estrofa con crespón de luto '
1 rmdió á sus creeocias &lt;ll tributo
Q,1e á un muerto rinden los o.olientes bronces.
__Xo es poeta ~el siglo quien no lucha,
• 1'i I eu pesar olvida cuando escucha

Q11e la jueticia á combatir le llama.
Acompañadle á que su triunfo selle
Y al himno triste, femenil y muell~
Suceda el canto que la edad reclam~.

El himno rojo, 1a candente est1·ofa
Del poder de los déspotas se mofa '
Y :i sus legione áulicae golpea.
Que el pueblo cantos encendidos vibre
Y n?ble y grande y generoso y libre, '
.Arbitro e.-,.celso de los mundos sea!
0

A.

MATA.

ALA MUERTE.
'.\ladre mfa: rendido, fatigado,
Cun el alma JlorMa y afligida
Enfermo_ de tristeza y abrum;do
l\,r el peso infinito de la vida,
Llt-go hasta tí; la sombra me circunda
Y me penetra de humedades frias
Qne llt-gan á los huesos· la ola inmunda
Ha empapado mis pobr~s alegrías;
La ola inmunda del negro eiacepticismo
Que me enseñó, al bafiarme con su lodo,
A dndar, como dudo de mí mismo,
i Ue todo, Madre mía, sí, de todo!
Y la duda es artera; cuando brilla
fé, como_ una estrella, en mi desierto,
J.11 alma quiere creer y se arrodilla
Y mi razón me grita: ¡Alza, no es cierto!

L:

Durante algunos ina!antes se examinaron los dos, y por
fin Magdalena tomó á la nilia entre sus brazos, abraz.indola locamente entre los sollozos que ahogaban eu curazón.

Ill

H •n tran¡;,currido cinco aíios.
Gabriela s&amp; separó del convento para casarPe con su' primo Gaepar. y fué durante corto tiempo lu más feliz de las
mujeres. l\:lurió, dt-jando una niña de cuatro años.
l\1enos afortunada que su amiga, Magdalena no se ha
casado y vive al lado de su madre, la viuda de un financiero de Estado.
La muerte de una amiga tan querida para élla, la afligi6 tanto, que no tuvo valor para mi ,·er á piear la casa
de Gabriela.
En cuanto á él, tan lnego como enviudó, pnao á su pequeña hija al lado d, una anciana, amiga antigua de eu
familia, y pidió al M;nisterio formar parte de una expedición !ejaua quePstaba organizándose en esos días, y de
cuyo vrnJe 110 pensaba vol ver más. La pérdida de eu compañera amada abri6 en su corazón una herida difícil de
eicatrizar, y pocos días después partió.
Un año había transcurrido desde que Gaspar abandonó
su hogar, y sin embargo, á pesar de sus esperanzas, regresó de nuevo.
Su primera visita fne para la tumba de su esposa y esta práctica se propuso Et-guirla.
Una mañana. llevando de la mano á su hija, ee dirigió
con élla á su acostumbrada visita.
El día se presentaba expléndido. Entre ias ramas de
los cipreses qne formaban las avenidas del cementerio,
los pajaritos dPjaban oír @ns gorgeos y la fresca brisa per•
fumaba el ambiente. La pareja seguía una calzada solitaria, y ni una palabra cambiada entre el padre y la hija
interrumpía la profunda tristt&gt;za del capitán, mientras
m,fa se acercaban á la tumba deseada.
Por fin se detuvieron. Esta vez el sepn lcro estaba adornado con flores frescaP, por lo quesecQmprendíaque una
mano amiga las acababa de colocar. En efecto, una mujer arrodillada oraba ali(.
Oyendo pasos, la descoMcida levantó la cabeza, y al
encontrarse frente á Gaspar, su semblante palideció.
-Magdalena!
-Gaspar!
Nada extraño qne Magdalen11, al encontrarse por primera vez después de mucho tiempo, se impresionara de
tal modo. Esta vez veía al capitán de dragones, y en s11
uniform~ aparecía el famaeo mQflO de cresp6n negro que
había visto en sueños Su pensamiento voló al jardín, á
su amiga, la conversación con ésta, y por último, el pron6stico del espejo.
•

Condenado ádndar, soy hosco y rudo,
Tengo aeco de la vida, y me condena
A vivir entre náuseas, porqne dudo
De ella por mala y ruín, d~ tí por buena!
No hay un sol de esperanza que me alumbre
En mi larga jornada. Sólo y triste
.Me he hundido en un fangal de podredumbre
Al buscar la verdad, donde no existe.
'
Y el huracán fmbravecido zumba
En el revuelto m 1r de mi conciencia.
MientraR cae mi matRria en una tumba
O mi espf1itn cae en la demencia.
Estoy solo y cansado por el tedio
Qne arrastro por el mundo todavía·
;Mi nostalgia no tiene más remedí¿
Que caer en tue brazos, madre mía!
ANTENOR LESCANO.

TOQUES.

Surja el verso ignescente, el verso rojo
El que traduce el comprimido enojo
'
D,; los que sufren y sus penas callan.
¿,fo mirais que á los pueblos vilipendian?
.Pues broten esos cánticos que incendian
Y como un trueno tempestuoso estallan!

ANDRES

-No pnede ser! Es .el mío! Dí que te has equivocado.
Y n_erviosas, casi irritadas, se separaron las dos amigas,
llevando, por la primera vez en eu vida, cierto sentimiento de repulsión.

59

Como alboradas son tus sonrojos,
Cmno las noches tus grandes ojos
Cnal tus ojeras la tarde gri~;
'
T1111 trenzas, negras, cual mi fortuna
Tus carm•s blancas como la iuna
T11s labiQs r"jos como el carmín.
Awl dt'I cielo tiene tu elm11,
Tu talle tiene compás de palma
Y tus miradas rayos de sol;
Son tns snR pi ros cual tiernas bri~as
Como !as lluvias son tus sonrisas
En el desiert.o de nuestro amor ........ .
Ron golondrinas, tus anchas cejas
Y tu~ pt&gt;stañas gór,icas rejas,
DQnde tus niñas amando 1&gt;et"iin;
Girando en torno, de dicha ansiosa,
Tal vez mi alma cual mariposa
Sus m11€tias a!as se quemará.........
Ron tus caricias, juegos de niiio,
Tacto de rosas, color de armii'io,
Q11e hay en tus curvas de pn bf'rtad;
Y son los bfsos que hay en tu boca,
Cnal oro oculto bajo la roca,
Como las perlas que engendra el mar.
Tu pensamiento nublado y sol().
Es cual la ignota rPgión del Polo
Donde ha encallado mi barca azul;
)fi pensamiento, de vuelo aleve
\'ive cual oso sobre la nieve
'
De aquel imperio de sombra y luz.
Dame tus bedos, dame tus ojos,
Tus negros rizos y tus sonrojos;
Tu alma de cielo, por mi pasión ......
Yen á mi alcoba de amor eecreto;
¡Para cantarte como un poeta
Para copiarte como un pintor!
F.ED.&amp;RICO LARRASAGA.

Magdalena encontraba, ó más bien procuraba encontrará la hija de su amiga todos los días en el paseo, que
su sirvienta le daba diariamente. Tom,füala de la mauo,
luego la sentaba en sus rodiilas, y acariciándola con ternura, le contaba muchas historias, hasta que sonaba la
horn en que era preciso abandonarla.
Rosa, que así se llamaba la hija de Gaspar, adoraba á
Magdalena.
Por su parte, Gaspar, desde el encuentro con Magdalena en el cementPrio, no pensaba más que en ella.
Una mañaua Maglalena, dirigiéndose á paso más pre•
cipitado que t&gt;l tle costumbre, al lugar de la entre1·ista
con sn pequeña amiga, porque hacía dos días que una ligera indbposición le había interrumpido su cotidiano
pa•eo. Al lJ. gar, Rosita no estaba sola con la sirvienta,
también Gas¡,ar estaba allí, pensativo, inmóvil, de pie,
mientras su hija Pe entretenía en jugar con las hojas secas esparcidas por el suelo.
Cuando él se apercibió de la lle,ada de Magdalena, corrió á su encuentro, y tendiéndol!l la mano, Je preguntó:
-Mi buena amiga, ¿ha estado usted enferma? Rosa ha.
extrañado á usted y ha llorado.
Magdalena bajb la cabeza.
Gaspar le ofreció el brazo. Magdalena apoyó ligeramente su diminuta mano en el brazo del capitán y su
vista se nubl6.
·
Rosa corría delante de ellos, y las bojas que caían de
los árboles, parecían ir formando una alfombra á su~ pies,
Gaepar miró á Magdalena sin poder articular pálabra,
por no encontrar frases bastante capaces para exponer sus
sentimientos. La dicha que sentía á su lado lo eml,riagaba, y no pensiiba ya más que en poseerá }Iagdalena.
El m?mento llegó en que era preciso separarse, ~- como
é!la retll'ara su mano del br,lzo de Gaspar, el moño de
crespón que acaso la mano de la felicidad había prendido mal aquel día, se fué trás la mano de Magdalena y
cayó al suelo.
-¡Mi duelo ha conclnido!-exclamó Gas par al ver caer
su insignia de luto. Si queréis, Magdalena, podemos todavía ser rtichosos, y yo adoraré tanto á la segunda madre de mi Rosa como á. la primera.
Un mes después las bodas de Gaspar y Magdalena se
cel~braban con mucha pompa, y ahora son loe dos muy
felices.
Esta vez P,) a~tro había dicho la verdad.

B. T.

ROl\lANTICA.
Sufro con mis quejidos melancólicos
Y mi tristeza pálida;
Con mis sneños fantiíFticos
Y mi canción nostálgica......
Sufro cuando la briFa sopla tétrica
Sobre la rama e~cuálida;
Cuando el apleen insólito
Como un p1íjaro negro abr1&gt; las alas........ .
Sufro cuando el invierno frío .y lóbrego
Yiette en llovizna hlnguida
Gotas que ru_edan frígidas
Como un tropel de lágrimas.
Y sufro cuando el sol dulce y magnífico,
Vierte su lumbre mágica
Y cuando el viento rítmico
Canta un epitalamio t-n la enramada........ .
El astro re.v con en mirar espléndido .
Pinta una fre11te plácida.
Pinte. la frente artística
De mi gentil romántica
Y sus fulgores dúlcidos
Aumentan mi nostalgia
_
Y el invierno me muestra frío y lóbrego
Con su llovizna ltíngnida
De gotas que caen frígidas
Como un tropel de lágrimas,
Todo lo falso y tétrico
ne m: gentil amada
Todo lo negro y hígubre
De ~quella cabecita mn romántica ........ .
A. Gooox.

SU NACIMCE:NTO.
Más bella fué aquel alba: despedía
sus tibias flechas de cristal lumbroso
rompiendo el cortinaje nebuloso
que la sombra en Ori~nte suspendía.
M,\s linda aqnella aurora: sonreía
con amable puJor; era glorioso
marfil ~u frente; manto esplendoroso
la crencha que sus formas envolvía.
l\Iáij fúlgido aquel sol; su fa7, luciente
animaba al poder de s11 destello
repuesto campo y cristalina fuente ..... .
Por eso en mi adorada todo es bello:
regio sol, su beldad; alba, su frente;
crencha sutil de aurora, su cabello.
JosÉ I.

XoYKl.o,

�.

60

EL MUNDO.

26

JULIO,

1896.

---,=-,======================================~==Sarta innoble y convulsa de toreros!
Y al mirar otra vez que nuevo brío
LlHa en cada embestida mi coraja,
¡Cómo iba á proclamar aquel gent,ío
Como ejemplo de indómito y bravío
A este toro 1:alvaje!u

26 Juuo. 1~~~ ·

EL MUNDO.

IV
«Una vez quise verá mis hermanos
Que al hombre dan su denigrante ofrenda,
Y descendí á los llanos
Y á los abiertos campos de la hacienda;
Y los pobres esclavos en parvadas
Echaron á correr despavoridos
Cuando en aquellas pampas dilatadas
Resonaron triunfantes mis bramidos.
LIPgaron los vaqueros; todavía
:Me figuro escuchar los alaridos
De aq,tella siu igudl carnicería: •
Reculé algunos pasos, levantada
Llevaba entonces la cabeza fiera,
Y así qne los tnt,dí con la mirada
1\1e doblegué, emprendiendo la carrera ..... .
Ni eiquiera el consuelo
De desatar las reatas alcanzaron;
A mi erupuje violento, por el suelo
L;is ginetes rodaron;
Y una vez entablada la batalla
No dejé satisfechos mis rencores
Hasta que la canalla
El espacio aturdió con sus clamores~········
••• J • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

. .... . ... . .. .. .................. ,... ..............................
Así que mis antojos ví cumplidos,
Regresé á miR montañas
Trayendo entre las astas, retnrcidos,
Loó frag1111mtu~ de entrañas .... ·····"
y
«Aquí están mis dominios, aquí mando
Como rey absoluto,
·
Aqní están mis vasallos aguardando
La hora suprema del mortal tributo.
Aquí en las pequeñeces de la tierra,
Lleno de inmensa cólera medito,
Y una hermosa becerra
En la qne toda m"i afección ee encierra,
Me la1t1e la ceniz mientras dormito;
Y libre y soberano, sin el yugo
Que envilece á mi pobres compañeros,
He llegado á imperar donde me plugo,
Sin tener por mi pa1·te otro verdugo
Que mis instintos fieros!,,

YI

·$1.foro sah,aje.
I
«Mi buena madre, en prenda
Dl:l su :1,mor tan profundo como cierto,
Cuando entré de esta vida t,n la contienda,
Abandonó las pampas de la hacienda
Y se vino al desierto.
Aquí, bajo las sel vas ignoradas,
Sus ubres dilatadas,
Libres de ese tributo vergonzoso
Que en la ordeña las deja miserables,
Esprimieron su néctar delicioso
En mis belfos sedientoe é insaciabies.
Lleno de vida respiré este ambiente
D.onde el hombre raq,tltico se ahoga.
Soy audaz, soy valiente,
Jamás el polvo se posó en mi frente
Ni en mi erguido testuz la infame soga.
Mi afán de rey á dominar aspira
Cuanto mi vista en derredor abarca,
Y en fe de que mi aserto no es mentira,
Nadie en mis ancas mira
La i~nominiosa huella de la m.arca;
Nadie ve en mis orejas el odioso
Rastro que deja la señal profunda,
Ni en mi cuello soberbio y musculoso
La infame cicatriz de la coyunda;
Y libre y soberano, sin el yugo
Que.envilece á rois tristes colllpañeros,
No tengo más verdugo
Que mis instintos fieros.»
II
«En horas de quietud, cuando sofoca
El sol en cuanto forma mis gobiernos,
Me ocupo en afilar contra una roca
Mis acerados cuernos;
Y si queréis sabJr lo que yo haría
Con estas armas de que estoy ufano,
Qne os lo cuente el jaguar que el otro día
lJ¿spanzurré de u11 golpe soberano.
~l vino il de!!afiarme: silencioso
Rascaba un arenal con mis pezuñas,
Cuando llegr, traidor y cauteloso,
Dió el miserable un salto prodigioso
Y en las· espaldas me cla,,ó las uñas.
Mi instinto cruel de luchadcr se excit3
Al sentir que su garra se me entierra,
Me sacudo con cólera inaudita
Y ló arrojo por tierra!
Y ciego le embestí: cuando el bandido
Quiso escapar de mi furor deshecho,
Tenía en e! vientre hundido
Hasta el remate mi pitón derecho!. ........»

III
«Oh! si por un momento
En medio de la arena me encontrara
De ese circo sangriento
De que un buey azorado y sin aliento,
Las horribles escenas me contara[
Un solo, un solo instante
Para ganarme entonces bastaría
Los ¡hurras! de la turba delirante.
¡Con qué rabia infinita vengaría
Las penas de los muertos compañeros,
Con qué saña en mis cuernos formaría

Cuando así el toro alzado discurría,
Haciendo retemblar con su rugido
La selva que tranq11ilo recorría,
Con el rifle tendido,
A lo lejos un hombre se veía.
Resonó una explosión que la.. montan.as
Con formidable estruendo repitieron,
Y las bravas hazañas
Del tiraao del bosque concluyeron.
RoDULFO FIGUBROA.

Julio de 1896.

.,

Tenfadón ....
[Grabado en los talleres de "EL MUNDO,"]

61

�26

ELMUNDO.

62

Qúiero morir cuando al nacer la aurora
Su clara lumbre sobre el mundo vierte,
Cuando por vez postrera me despierte
La caricia del sol abrasadora.
Quiero al finalizar mi última hora,
Cuando me invada el hielo de la muerte,
t entir que se doblega el cuerpo inerte
Inundado de luz deslumbradora.
Morir entonces! cuando el sol naciente
Con su fecundo resplandor ahuyente
De la fúnebre noche la fristeza ......
Cuando radiante de hermosura y vida,
Al cerrarme los ojos me despida
Con un canto de amor Naturaleza!

EL MISTERIO DEL ALMA,
¿De qué sombra ó qué luz hemos nacido?
¿Qué penumbra alcanzamos?
Vi,ni"1os de un misterio impenetrable......
Hacia un místico vamos ....... ..
Débilf'!I avecillas, que arrastradas
Por huracán violento,
Creemos lltivar rumbo; y siempre vamos......
A voluntad del viento.
Barqnillas cuya caña nos gobierna
En la rauda corriente,
Y pretendiendo huir de los escollos,
Los bu~camos de frente.
Haces de claridad que espera ansiosa,

ULTIMA RIMA,
Yo he soñado en mis lúgubres noches,
En mis noches tristes de penas y lágrimas,
Con un beso de amor imposible
Sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Yo no quiero el deleite que enerva,
El deleite jadeante que abrasa,
Y me causan hastío infinito

IAcabáramos!
-¡Señor cura, sel'ior cura,
onsuele usté mi aflicción,
que es inmensa la amargura
que aflige á mi corazón.
¡Hombre! ¿qué es ello?
-Una co~a
que me angustia y rue desvela:
¡que se ha escapado mi espo11a
con el maestro de escut&gt;la!
-¡Cómo, es posible? ¿Han huído?
-Sí sefior, y no les hallo!
¡Ayer al anochecido
se fueron e11 mi caballo!
Tal decepción imprevista
de horrible dolor me llena.
¡No es posible que resista
el sufrimiento y la pena!
-Pero ¿cómo fué?
-Es el.caso,
señor cura, muy sencillo:
la estaba dar&gt;do rep81!o
de gramática el muy pillo,
y aprovechando con mafia
semejantes aficiones
va el granuja y me la engaña.
¡No eran malas las lecciones!
Sin saber cuindo ni cómo
huyeron, en día aciago.
Y ahora ¿qué partido tomo?
¿qué hago señor cura, qué hagv?
-No debes amilanarte
que tiene ~rreglo el asunto.
A la autoridad da parte
y la detendrán al punto.
•\
Como á tal medio se acuda
el tiempo 110 se malgasta.
- F.e un partido. sin duda,
pero no basta, no basta.
-¿No quieres, por su cinismo
dar publicidad al lance?
'
Vete en su busca tú mismo
hasta que l~s des alcance.
-Es la idea más segura
y es un partide discreto·
mas, la verdad, señor c~ra
no me llena por completo. '
-Pues hijo, yo aunque quisiera
no me ocurre otra coea.
Ya te he dicho la manera
de dar alcance á tu eeposa.
Como otre,s medios no veo
te áejo obrar, y me cayo.
-¿Pero si sólo deseo
que me manden mi caballo!
N.A. ÜORTÉS.

Tomado del "Universal" de la Ciudad de México.

Tequila, Mexico.
Marzo 23 de 1896.
Muy Sefí.oresmios:
Con bastante satisfacción mia y en
provecho de la humanidad manifiesto
a V des. que habiendo fracasado las
medicinas ordinarias en varios enfermos afectados de catarro de las vias
biliares manifestados por tinte ictérico de le. piel, de las conjuntiv~s y
arrojando mucho. biEs por la. orina. ;
he hecho uso y con buen éxito de las
Pildoras de Vida del Dr. Rm;s despues
de algunas tentaivas de otro género
y me he queda.do asombrado del
pronto y buen \'esulta.do.
· De Vdes Afmo. y 3S.
DR. .E. MORALES.

Pain•Klller
-lJJ,;-

(PERRY DAVIS.)
Un remedio veraaúero y •~¡¡uro pura toda
clase y gudos de enformedudt• dtt lo•
inteetinob e" t&gt;1

Pain•Klller

(MATA-DOLOR.)
Esto e11 verdll.d, y no •e putde expresar
en términos b&amp;8tante enraticoa.
Es un suave, seguro y pronto reme.lío

Cal&amp;mbres. Escalofrío,
C61ico,
Disenteria,
Cólera,
Dolor ele Nervios,
'l'os,
Dolor ele Dientes,
B,~sfriadoa, ltellin.t.tismo,
B,ab&amp;elilla,
F1e'lire Malaria.,
l'unsadas y .piquetes ele ala.cranes,
cient.opies '1 animales ponzonosos.
T ner1e en ca8&amp;. tJuu.rl.lur,_, contra 1~
e
• . eij Comprar ,oio ttl purol!:&lt;1 venta en wll.,.s ¡,._, Dro

~¡';!!~"TI~'t!S.
gu~rt

,ll

y .Botica~.

Luis Clemen.t,

1896.

Los prismas en que estalle;
Y paea confundida en las tinieblas
Sin que esos prismas halle.
Moléculas perdidas en la sombra,
En perpetuo combate;
Por alcanzar la ráfaga dorada
De sol qne nos retrate.
Burbujas de jabón que hacia el espacio
Leves nos elevamos,
SabiPndo que en la altura está la muerte,
Que al subir, estallamos.
Aspiración eterna de lo grande;
Tendencia á lo pequel'io;
Enjendro de ilusión y de materia¡
De realidad y sueño ........ .
E3 miRterio la cu na...... y del sepulcro
Es misterio la calma,
Y se va...... burbujeando entre misterios,
El mi8terio del alma........ .
Lurs E. N ERVO.
Julio de 1896.

Los labios sensuales que besan y manchan.
Oh mi amado! ¡mi amado imposible!
Mi novio soñado de dulce mirada,
Cuando tú con tus labios me beses
Bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias;
Dame el beso soñado en mis noches,
En mis noches tIÍstes de penas y lágrimas
IJ 1e me deje una estrella en los labios
Y un tenue perfume de nardo en el alma!
JUANA BORRERO.

VORREY, MORIR ••••

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NUMER05

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EDUARDO AGUIRRE.

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~uien fuera él. ... !
[Composición y dibujo de Carlos Alcalde.]

•

NUMER05

�2

EL MUNDO.

66
"EL MUNDO.''
SJDLANARIO ILUSTRADO.

TKLBFONo

434. -2~ de las Damas núm. 4.-APARTADO 87 B.
MEXICO.

Toda la correspondencia, debe dlrlgin,e
&amp;l Gerente de este periódico.

La suFcrición á ELM0ND0 vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelant:.dos.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ1 cac:6n.

Todo pago deb~ Sf'r precisamente adelantado.

RRGISTR.~DO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Can~dá. The Spanis American Newspaper Company, 136 Liberty St. New York, E. U.n

\lota, (f~ itorialt,.
í11, ft,tiuib1t~t, nadottttl.cs
tJ el tr,1bajo lle la Reµftbltrn.

ío; asunto; jullidales lJ la libertall lle la pren;a.
Un pequeño incidente suscitado en eetos 1ltimos días
con motivo de un proceso pendiente d_e solución, ha_ pu~sto al debate el siguiente tema: ¿Es lícito á un p~r1~d1co
ocuparse en un asunto que se encuE:ntra sub JUdice Y
emitir opiniones?
. .
.
Generalmente se ha pensado y dicho con 1~s1~t_enc1a,
que la prensa no está autorizada á externar JUICJOb en
materia de negocios judiciales, en tanto que sobre ellos
no n,cae la sanción legal. Se ha invocado repetid~mente
Ja teoría, de que si un reo no ha ¡&gt;asado por el cnsoldel
jurado, no hay derecho para exa~mar, sN_s actos en las
columnas del periodismo; el escritor r .1bhco está, pues,
obligado á guardar silencio, en tanto que el acto social no
se traduzca en actf/ jurídico. Para nosotros nada más erróneo que eee concepto.
.
.
Creemos que la prensa-al igual de los cuerpos científicos-se halla en sn más perfecta libertad y en su más
amplio nerech , para estudiar_ cualq~ier hecho que, d_e
algún modo se roce con la vida social, con los m1~lt1ples elementos que entran en juego en una agrnpac1óa.
Todavía más: puede suceder que la solución jurídica no
esté de acuerdo con la opinión de cualquier ciuda~ano,
sea éste peric.dista, profesor, j~ris_consulto ó cantmero,
y entonces este cantinero, este ¡ur1sconsu~to, este profesor ó este periodista, puede propal_ar su idea en ?ontra
de la solución jurídica, por cualqmera de los med!os de
publicidad que tiene á su alcance: mostrador, tnbuna,
cátedra, ó páginas de un periódico. .
.,
Y es que, como acabamos de ?-ec1r, en toda cuest1on
jurídica va entrañada una cuestión social, y dentro . &lt;3:e
este orden de ideas todos tenemos facultad para emitir
pareceres.
.
.
Se nos dirá que un periódico puede extraviar la opinión pública, y esta opi~ión extr~vi3:d~, causar. un
mal grave, torciendo la acción de la 3ust1cm, de~poJá~dola de la serena frialdad de que debe. estar mvest~da. Aparte de que estos peligros son fácilmente esqm·
vados por todo juez hábil y de conciencia, diremos que
eliminar una libertad en previsión del mal empleo que
de ella pueda hacerse, no nos parece una doctrina sólida.
Esta influencia que un periódico pueda tener sob~e ~n
grupo de la sociedad, depende del mejor _6. peor cr1teno
del grupo, que, al ser informado de la opm1_ón de un periódico, está en aptitud di! analizar sus escritos, aceptando los que le parezcan buenos y rechazando los que no
respondan á su modo de pensar.
, .
. . .
Una publicación no representa, en ultimo anáhs1s, smo
la expreeión de las ideas de un núcleo de personas, Y los
que temen que la expresión de estas ideas llegue.á extraviar conciencias, se encuentran á dos pasos _del más furioso adversario de la libertad del pensamumt~. P3:ra
nosotros, lo repetimos, esa teoría que se nos exhibe diariamente de que la prensa no tiene el derecho de tratar
los procesos que se encuentran .sub judice, no está apoyada en ninguna base positiva.
.
La prensa eetá en su puesto a! ocuparse _en cualqmer
asunto que constituya una IIJateria de est11~10, y l~s cuestiones jurídicas figuran actualmente en pn~era h~ea en
lasfnnciones detodo hombre que pretende 1~vest1gar el
medio que la rodea, partiebdo de hechos par t!culares para presentar después sus indicaciones sociol6g1cas.

Hace poco más de un afio sostuvimos ~n est~s columnas el pensamiento de sus~ender la mam~estac1ón anual
del 18 de Julio, para orgam;a~ una fiesta, mdudable_mente más Incida cada cuatro o cmco años, á la memona del
Benemérito d~ América. Nuestra idea no tiende en mo·
do alguno ,í. desteri:ar el culto que el partido )ibera! profern al gran Tefo1·m1sta; tratándose de D. Bemto Juárez,
nosotros st&gt;remos los pl'Ímeros en hacer perdurar w memoria t&gt;n el corazón de los mexicanos.
Por de¡.aracia cada festividad nacional se traduce en
una pérdida del trabajo de la República, ya de por sí
bastante mezquino. Muy justo nos parece honrar á
nuestros inmortales, pero no vemos razón de honrarlos
dejando de trabajar. Todavía el. jueves último tuvi_mos
otro dia fo~tivo-el aniversario de la muarte de Hidalgo-y si se aumenta el número de estas efemérides, la
labor general habrá necesariamen~ de resentirse de _e~tos altoe hechos, en mitad del cammo de la product1v1dad mexicana.
Para suprimir las festividades _religiosas, los \iberales
hemos tenido una razón económica, que es preciso conservar siem ¡.,re de nuestra parte. Pero si sustituimos un
día perdido por otro de h lganza, el saldo de cuenta no
arrojará una partida á favor del país.
Juz"an,os que uno de los medios de enaltecer nues•
tras giorias pasadas, es acTecentar la prosperidad y el
biene~tar mwionales, cooperar al mayor ensanche de la
riqueza pública, ya que ésta es la piedra fundamental de
todas las libertades y el origen de todos los progresos.
El obrero qne deserta del taller y se refugia en la taberna, no h rnra á ningún.héroe ni enaltece ningún ~echo épico. .Añadiendo una partícula más á la producción
sirve mejor 11 su patria.
Hubo una época en que la Iglesia cercen?.ba al tralajo
de la Repüblica una cuarta parte de su volúmen anual.
Los economistas han estimado que esta cantidad de fuerza desperdiciarla significaba algunos días de hambre para las claseR iufPriores, y el hambre ha sido el gran enemigo de la RepÍlblica.
Ya que por fortuna vamos saliendo del triste estado
económico en que hemos permanecido durante algunos
centenares de años; cuando se acentúa una visible mejorla en nuestra fatigosa indolencia nacional, no busquemos un motivo para volverá los tristes tiempos en que el
pretexto de re,·erenciar á Dio8 servía para empobrecer,
degradar y envilecerá los hombres.
Conmemoremos nuestros grandes hechos patrios, haciéndonos dignos de los que nos precedieron, por la labor
y por la constancia, los dos formidables motores de las
modernas nacionalidades.

Un tt!innitJ misteriostJ.
La curiosidad pública se pregunta qué ha pasado en el
silencioso, pero presentido combate, entre el vieitador
del Vaticano y el Padre Plancarte, abad de Guadalupe y
obispo dt&gt; Con~tanza in partibus.
El drama, oculto en espesas nieblas, ha tenido, según
la opinión gener,d, un desenlace funesto para el restaurador de la Colegiata, que en eeta · 1ucha, en medio del
más profundo sigilo, ha sido vencido por su flamante adversario. Se a,egnra que el resultado de este formidable
encuentro ha sido la suspensión del Sr. Plancarte de su
alto cargo du abad de la Colegiata, y todavía más, de la
dignidad episcopal con que había sido investido.
¿Qué puede haber de cierto en estos rumores? Lo único
cierto es qne el Padre Plancarte, después de una grave
enfermedad. ha salido de México á cambiar de aires, tal
vez porque los de esta ciudad eran para él nocivos.
Toda esta historia se agita en el misterio, se debate en
Jaobscuridad. y de ella sólo llegan ecos como de una
tempestad IPjana.
l\lonseiior Averardi ¿comienza, pues, á ejercitar sus
funciones de Delegado del Papa? ¿Ha comenzado, según
la frase del 1',1tlre Coloma, á barrer para adentro?...... Esto es lo que 10s acontecimientos se encargarán de probar.
Lo que sí esbl fuera de duda es que el Visitador Pontificio no ha tratado de emprender la supuesta campaña anti-reformista que había profetizado un perióctico extranjero, eeguramente por haber encontrado una barrera infranqneable á sns propósitos.
En la esfera de acción en que Moneeñor A verardi parece comenzar, hay aacho campo donde funcionar con
excelente éxito,

AGOSTO,

1896.

ilustre Mr. Bryan, pa~ece no aceptar !ª cooperación ~e
)os populistas en el trmnfo de su candidatura; renunc1~
ó parece renunciar t~n valiosa ay_uda y están ei;i vfsperas
dequedarsesin candidato los últimos convenc10nales deSt. Louis.
.
.
Misteriosa é inexplicable parece e_sa renuncia, por_c¡ueno satisface pensar que la haya motivado la dete11mnaci6n de los populistas de ex?luir á ~fr. S_ewall, el ca_ndidato democrático para la V1cepres1~e~cia, de las listasde sus elegidos. Pero ella parece ex1st1r y pronto habre mos de saber cuando la comisión nombrada en Chicago
vaya á Lincoin á festejar á su e:andidato, ei éste acepta ó
no definitivamente la cooperación de las filas populistas.

***

El Dr. Jamesson, el célebr~ caudillo de_l l~vantamiento
sud-africano contra las autoridades constituidas de la República del Transv:ial; el activo a~ente de Cecilio Rh,)des
y de la Compañía mglesa del Afnca Austral, que á hnes
del pasado año se alzó en armas, y estuvo á punto dt&gt; 1ar
al traste con el gobierno de Krueger, á no haber sufndo
terrible y sangrienta derrota en los c3:mpos de Joahn~sburgo, acaba de seT juzgado y sentenciado con s_us v,nn•
cipales cómplices por tr)bun~J com_pete!lte _Teumdo a este efecto en la metrópoli del 1mper10 bnM.n1co.
Benigna y suave como J:ia sido la sentencia de algunos
meses de prisión pronunciada contra los culpables, prue•
ba una vez más que la Gran Bretaña sabe ante todo cubrir las fórmulas y procura ser g_ala1;1-temcnte co_rrecta en
lo exterior aun contra sus propios mtereses. Si la Com·
paiiía del A.frica Austral es una Sociedad autorizad_a po~
el Estado y recenocida _legalmente en sus ~endencrns_; s1
el gobierno de la Coloma del Cabo, dependiente en c1er•
to modo del poder c~n~ra', ha obrado de a~u~rdo con la
Compañía que summ1straba los fondoe, y s1 el ~r. Jamesson y socios, 1,0 eran más que a~entes secunda~10s de
1
las altas miras inglesas en el Contrnente .Negro,
a cualquiera extrañará, como á nosotros nos ha extrañado, ver
que se condene á los acusados, siqnier se les imponga
una reclusión temporal, que tal vez IH? se llevará á cabo, á individuos que juzgados e_n los tnbunales de Pr~toria habrían merecido sentencia de muerte por el deh•
to de alta traición coutra las instituciones del Transvaal.
Con la perspectiva de tanta _lenidad en los tribunales
ingleses el alma del levantamiento, el rey del oro, encarnación del genio británico en el Africa del Sur, el _caballero Cecilio Rbodes, primer ministro de la Colo~rn ~el
Cabo en aquel entonces y Presidente de la Co11;1p_a?fa m•
cohada en el asunto, va pretende someterse á 3u1c10 y espera tranquilo su sentencia. No así el jefe del gobierno
en Cape-Town: en eu olímpica grandeza rechaza toda ingerencia judicial en aquella algarada, y acusa de apócrifos los tdegramas que le fueron ocupados al Dr. Jamesson en la noche de Joahnesburgo.
El episodio de que ha_bla~os, no será un motivo sl!fi•
ciente para que la política mglesa, en toda la extensión
del Africa, mude un momento de rumbo.
Allá van sua huestes vencedoras en el camino do Don•
gola· aHá llueven regimientos y batallones sobre las insurr~ctos matabeles, y si como aconseja un periódico i nglés Lord Salisbun· se reeuelve á efectuar vigoroea osLentación de la fuerza del Imperio Británico en el t&gt;xtremoSur, á hacer una demostración naval de importancia en
las aguas africanas, 1~ ~scuadra ':olante, qne sólo reunida en Plymouth, sirvió en la pnmavera pasada á acallar las murmuraciones euroveas, servirá ahora para
aclarar todos los nubarrones, s1 es que no desata la tormenta, y señalará de una vez la decisión que tiene la.
Gran Bretaña de extender la influencia de su poder, des•
RESUllEN.-La Co11venrion Nacional del Partido tlrl Pueblo de el Cabo de Buena-Esperanza hasta la desembocaduen la ciudad de St. Louis.-Sus tendencias y su posible de- ra del Nilo.
X. X. X .
sencanto.-Jucios y sentencia de los invasore&lt;1 del Trans· 30 de Julio do 189G.

,alítica gtntral.

vaal.-La política inglesa en el Continente Negro.
Por fin terminó ya la agitación preparatoria de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.
A la Convención republicana de St. Lonis, que dejó marcado su programa con la aceptación incondir.ional del talón oro y las atrevidas declaraciones que marc~ban una
política más vigorosa, casi agresiva, en las relaciones extranjeras, siguió la democrática de Chicago, notable yor
el inesperado nombramiento de l\Ir. Bryan para candidato y su adhesión fanática á la libre acuñación de plata
e~ la proporción de uno á diez y seis con el oro, para restablecer el valor legal del metal blanco en todas las transaccionos mercantiles y financieras.
Hoy tenemos que referirnos á la Convención nacio~al
del que se llama asi mismo Partido del Pueblo,_ reumda
también en St. Louis, Missouri, la semana anterior. Tras
largas y alborotadas disc~siones, donde ~o faltaron E;S:ls
eecenas ruidosas y frenéticas que caractenzan los meetmg,
americanos; tras acaloradas sesiones donde los fuertes lucían los puños y los elocuentes se d~e bordaba~. en es ten·
tóreas frases, se produjo una especie de exc1s1ón en. el
partido populista, porque unos pretendían. sosLener mcondicionalmente el programa y los candidatos dem~cráticos, y otros argüían en favor de _un J?rog_rama genmnamente populista, que conservara hmp1a, inmaculada,
la personalidad dei partido, sin que se perdiera y confundiese t'n las ondas de la Democracia.
Al lado de la convención populista, se celebró la del
pattido de la plata. Ambas se perdieron en disquisiciones
económicas en defensa de la plata; las dos se l~n~aron á
lucubraciones políticas de marcado sabor soc1ahsta1 Y
juntas proclamaron como candidato al elegido de Ch1cago. al enfant gáté de los demócratas, al fogoso orado_r y
esforzado campeón del bimetalismo, \Villiam Je11nmgs
Bryan.
Pero qué desencanto para los que militan en los
filas del Partido del Puebln! El elegido de los demócratas
y á quien se le comunicará solemnemente el pr~grama
aprobado y la candidatura proclamada, en 10s primeros
días de .Agosto, ante la multitud democrática, congregada en los jardines de la Plaza )Hdisson de X ueva York, el

Nuestros Grabados
iQuién fuera él!
( Oümposición y dibujo de Curios Alcalde.)

La Alameda es el umbrío y poético escenario de cien novelas que han sucedido, suceden y sucederán.
.
Ahí se refugia el estudiante un si es 110 es románticoque trata de mitigar las durezas patológicas con la poesía que se difunde por el solitari? paseo; ~hí acude la colegiala, que hace una escapatoria para 1r á la cita conel novio· ahí va el anciano que busca el silencio para pe_nsar en l~s dias idos, y ahi por último, en la banca de piedra ó hierro, bajo los fresnos que chorrean sombr,i, bus·
ca nido momentáneo la gentil pareja de recien caF~dos.
No hablan; sit-nten la voluptuosidad del si!Pncio; dé3anse·
imprt&gt;gnar del encanto que aletea en su rededor ..._. ..... Y
en tanto, el vecino, joven también y acaso descepc1ona~odel amor, hácese el distraído contemplando la gran pa¡a•
rera, para no verá esa otra pareja de pájaros que cantaná duo la ventura del amor, acaso vedada para él. ....... .

LA BATALLA DE FIRKET.
Lentamente pero con firme paso marcha la exped\ción·
anglo-egipcia, que ha de volver al Jedive sus antiguas·
posesiones del Sudán, y que extenderá la britá11ica in·.
fluencia hasta las fuentes del sagrado Nilo, preparando nsí
el camino para extender la línea trascontinental, que ha
de unir la ciudad del Cabo y la antigua corte de los Faraones.
Lentamente, pero con esa seguridad que preside todaslas expediciones y todas las tentativas inglrBas, av:=inzan•
hacia Dongola las fuerzas que manda el Ueneral l\.etch·
ner.
Nada influyó ni pudo influir en sus tendencinP !ns p~o-testas de las potencias unidas que pretendiern }'r_anc!ar
apoyada en su fiel aliada la Rusia; nada, las ¡,red1cac1o•
nes de los fanáticos mahdistos congregados para recha-

2

AGOSTO,

1896.

zar la extraña intervención; ni la bandera 'l"erde del Profeta, enarbolada por el Sultán de Jartoum, convocando á
los creyentes para una guerra santa contra lus enemigos
jurados de 1a Media Luna.
Seguros de eu fuerza y fir~es en sus posiciones, van
poco á poco adelantando hacia el corazón del país invadid&lt;&gt;.
Primero en Wadi-Halfa y Akasheh, después en la temida batalla Firket, allá van las huestes sudaneEas los batallones egipcios y loB regimientos británicc,s cu'.briéndose de gloria, y señalando su paso con ruidosos triunfos.
Dejan cubierta la retaguardia con fuert.es guarniciones
que se orondrán á. toda intentona de rebelión en los in~
digenas; tienden los rieles que acortarán las distancias y
han de unir ·wadi-Halfa 1\ Dongola, y van al prestigiar la
autoridad del Jedive, prestigianJo tres veces más el nombre británico.
. Todo anuncia h:ista_ ahora, que á menos que surjan
mexperadas compl1cac1ones de parte de las potencias interesadas en oponerse á la perdurabilidad de la preponderancia británica en Egipto, á menos que Rusia haga
más efectiva la cuasi platónica alianza-hasta h'&gt;y~ue
la une á la República Francesa, y se decida á apoyar
con voz de aliento los pretendidos derechos de Francia
al p1:otectorado egipcio, las cosas seguirán por el mismo
cammo que han tomado, y la siempre codiciosa Inglate•
rra marchará á redondear eus posesiones africanas.
Nuestro grabado representa una vista general del campo de batalla de Firket, la más notable de todas las Que
han tenido lugar en la campaña del ~ilo Superior.

EL!i.UNDO.

67

HARRIET BEECHER STOWE.
El día 1? del mes en curso pasó á mejor vid~, en Esta,
dos 'Gnidos, la ilustre dama cuyo n-Jmbre sirve de título
á estas línea~. autora de «Uncle Tom's Cabin,11 [La Cabaiíct del tío Tom] obra universalmeute conocida y célebre porque fué uno de los elementos, acaso el más poderoso, que conmovió los ánimos en Norte América, pro•
ducieudo la tremenda conflagración que se llamó Guerra
antiesclavista, la cual produjo la manumición completa
de los esclavos de la Unión.
Leídas estas líneas, nadie extrañará que consagremos
á lo ilustre muerta un sitio pri,ferente en nuestras columna~, y que para que nuestros lectores den á su obra toda.
la importancia que se merece, reproduzcamos algo de lo
que de esa obra escribió, á raíz de la muerte de la autora, el elegante literato Bolet Peraza:

"Un bigote prematuro."
[Composición y Dibujo de Martlncz Carrión.J

Es intencionado ese ligero esbozo de una travesura infantil, muy vulgar, como que la renuevan todas las nuevas generaciones, pero siempre venturosa por la hilaridad
que despierta.
El dibujo, á los que fuimos escolar~ nos arranca una
sonrisa, á los que lo son aún, una franca carcajada.
\

ESPEOTAOULOSMaggi ha sid_o muy bien recib~do en ~axaca y trabaja
ahí, á lo que dicen personas recién venidas con envidiable éxito. No es difícil que volvamos á verlo en Máxico.
Pronto tendremos en Bucareli un nuevo Frontón que
lle:ar~ el nombr!l d~ uFiesta Alegre,» y para el cuaÍ habra, sm duda, publico, pues es proverbial el entusiasmo
que en México se ha despertado por los pelotaris. 1'~ste
espect~culo ~ue~e considerarse ya como perpetuo en es•
ta capital. D1fíc1lmente, en efecto, preecindirían los amateurs del nuevo sport de su diversión favorita.
La Compañía Infantil continúa trabajando con éxito
en el Arbeu, tres ó cuatro veces por semana.
En el Circo Orrin ha estado dando conferencias científicas el nifío Emilio Rouuinot, á quien los programas denominan uniil.o sabio.,.
La noche del juev~s púsose en escena en el Hidalgo un
drama de autor mexicano: La Sombra por Alejandro Cuevas. Ya nos ocuparemos de esa obra.

PERSONAL.
Llegó á esta ciudad, de regreso de los Estados Unidos
el Sr. Matt W. Ramson, Ministro de aquella nación en
nuestra República.
El Sr. Ministro Limantour, muy mejorado de sus males, regresará dentro de breves días á esta capital de los
Estados U nidos.
'
Acaba ~e obtener en Oaxaca su título de médico, des·
:pués de ~1gnros? examen en el que demostró su talento é
ms~rucc1ón, el ¡oven D. Gildardo Gómez. Nos envió la
tés1s que con tal motivo presentó al Jurado tésis que versa so~re \a higiene en la c_iudad de Oaxac~ y que es un
t!·aba30 bien pensado, me3orescrito y de indiscutible uti·
hdad.
Feli~itamos afectuosamente al nuevo médico, haciendo
los me¡ores votos por su prosperidad.
. El miérc~les último en la noche, y por la vía del Nacional, J?art1ó para los Estados Unidos el Sr. Lic. D. Rosendo Pmeda, acompañado del Sr. Lic. D. Eutimio Cervantes.
Nnmer?s_íeimos amigos. fueron á despedirá ambos esti·
mables via3eros á la estación. El viaje del Sr. Pineda es
d~ mero recreo, más no sería di~~i,l que con esta oportunidad desempeflase algnna com1s1on del Gobierno.
.Falleció _en Tol?c~ la Sra. Y.' Tirsa Gonzalez de Aragon
vmda del ilustre ¡unsconsulto D. Prisciliano )Iaria Diaz
Gonzalez.

Murió en el Hospital Ju,frez, víctima del tifo, Luis
Basurto, excajero del banco hipotecario, que hi-..bía sido
condenado á larga prisión como reo de desfalco.
Han pasado por Laredo, con dirección á las poblaciones del interior de nuestra República, varios trnnes cargados de maíz, para aliviar las necesidades de los pueblos en que se han perdido las cosechas.
El l\Iarshall Ware, de los Estados Unidos y el teniente
Tellez del Ejército mexicano, llegaron á Laredo travendo prisioneros á Inés Ruiz y á Juan Duque, que figuraron como cabecillas en la pasada revuelta provocada por
Garza. El Gobierno mexicano pid:ó su extradición á los
E~tados Unidos, la Gua! fué concedida por el Gobierno
de la vecina República.
.
Es muy probable que el dia 1.5 del próximo Septiembre se inaugure el jardin de la plazuela de Santo Domingo, que llevará el nombre de la corregidora de Querétaro
Doña Josefa Ortiz de Dominguez. Está ya concluido el
pedestal en que se alzará la estatua de la heroína y solo
se espera que el escultor Sr. Contreras entregue dicha estatua para inaugurar el jardín.
Próximamente vendrán á México e! Conde y la Condesa de Calcinera. La Condesa es á lo que se dice una
distinguida artista y periodista inteligente que firma con
el seudónimo de ilfaría Rous.~d.

"F lores de Agosto "
Jfientra., haya ro.•as ...... decía en un pTimoroso cuento
D'~ Emilia Pardo Bazán, dejando suspensa esta exclamación que expresa tanto......
Mientras haya flores, y una mujer hermosa que las cor•
te, que se embriague con sus perfumes, diremos nosotros
parodiando á Becquer, habrá poP.•í11.
I..as flores son los versos q1,t el prado r&lt;mta al sol......
dijo un poeta.
Y la joven, la hermosa joven del grabado, va en busca
de esos versos rudos, primitivos, de esos versos dela madre naturaleza: la gran poetiza, para formar con ellos un
ramillete que será un poema .....

El dia 30, aniversario de la muerte del Padre de la In·
dependencia Nacional, celebrose con la rnlemnidad de
costumbre, efectuada esta vez en el teatro Circo-Orrin.

La colonización mormona está haciendo rápidos progresos en Chihuahua. 5,000 mormones ha v establecidos
en las colonias de San José y de Hidalgo · En esta última se está construyendo una presa que regará 50,000
ac-es de terreno y que estará conclllida el año entrante.
En este año se espera la llegada de 100 familias escandinavas.
llARR!ltTREF,CHER STOWE

Autora del "La. caba.iía. de TioTom," muerta el 1&gt;" del presente.

. «Harriet:-dice este tra~ hablar de [la familia y educación de !a ilustre da_ma-e~_cu?haba atenta, interesada y
conmovida las relaciones dianas de los crueles tratamiento3 que.:;:recibían los esclavos; y llegó hasta presenciar
cómo su padre, tan venerable, y su esposo. tan austero,
y su hermano Hcmrry, tan recto ciudadano, se hicieron
una ocasión encubridores de un esclavo que al Canadá
huía del látigo de los capataces inhumanos arrostrando
aquello~ ejerr_iplar1:~ varones el castigo de ia ley por su
revolucionaria acc1on, antes que entregar la víctima á
sus verdugos, aquella propiedad ya lacerada á su dueño
para que se rematase á vergazos. Estas escenas de sierV?B prófugos_ se hacían más y m~s frecuentes á pro por•
c1ón que las ideas de emanctpac1ón cundían á medida
que los crueles esclavistas se exacerbaban,
á medida
~ue sobre los IJ?fseros esclavos caía_~ má, y m:ts pesada é
mhumana la diestra del amo salva¡1zado por la soberbia
y la codicia.
Uno de esos_ episodios d~ infelices fugitivos sirvió de
asunto á Harnet para su inmortal novela. La escribió
más con lágrimas que con tinta, y aquellas páginas hermosas de ternura y compasión, profundas e.:i la idea sublime que iba á propagar, elocuentes por los tonos y el
colorido de_ las elegías y de l&lt;;&gt;s cuadros que en ellos resuenai: y viven, fu_!'lron publicadas por la primera vez en
la sección de folletm de un papel de escasa circuiación
"The National Era,11 editado alht por los años de 1851
52. La novela, dada así á retazos, leída por escaso 1,úmero de gentes, ni le produjo ásu escritora ruásque unos
300 p~aos, ni le acarreó al principio fama alguna. Mas á
un editor de Boston se le ocurrió ponerla en forma de libro, la dió al público en ese nuevo aspecto y poco des·
pués se -yendfa medio millón de ejemplare;, y el nombre
de Harnet Beecher Stowe andaba e~ todos los labios, y
en t?(los_los hogares corrían las lágnmas leyendo la triste h1stor1a '.le los edclavos, y en los pechos republicanos,
en los cerebros de los filósofos, en las almas cristianas se
condensaba aquella tempestad que se llamó ""uerra del
Sur," tras de la cual apareció lavada con aangr; la mancha vergo~zosa de la gran República; la Esclavitud deshonrosa é mfame.»
Duerma en paz la gran benefactora de los míseros es·
clav?s, y que las bendiciones de éstos sean la perpetua
o~c1ón que en rededor de su tumba surja y se levante al
cielo.

y

y

NOTAS DE LA SEMANA
El as_unto Pon_cel_Enriquez sigue su curso, sin que ha·

J'.ª habido 1:13ás m~1dente nuevo que la concesión de la

h_bertad ba30 caución de $L5,000 al Sr. Lic. Ernesto Enrique~. El Sr._Lic. D. Gumersindo Enriquez, padre del
antenor, publicó una carta en el Gil Blas suplicando á
la P!ensa que ;10 se ~cupe más del asunto para no pre·
ven1r en nmgun sentido al público.
El Sr. Administrador General de Correos salió últimaLI!e;11te de la capi_tal por la vía del Central, con el fin de
V181tar algunas ciudades del Interior.
_Severiano Galicia, presunto responsable de los distur•
b1os de Pa_pa~tla, fué enviado á Veracruz, consignado al
Juez de Distrito de aquel puerto.
Hanse acumulad? más r.cusaciones contra el general
Delgado y el snmano de su causa sigue abierto.
Espérase en estos dias en la capital al general Escudero de regreso de Sinaloa.

Fué aprehendido en esta capital Luis Méndez, quien
raptó en Mayo del año en curso y en Ocatlán á la joven
Altagracia Romo.
Los periódicos diarios de esta capital han exagerado
mucho la importancia del suceso, acreciendo así inconscientemente la culpabilidad del raptor. La verdad del
caso, según fidedignos informes es que el joven l\Iéndez
fué autorizado por su novia para raptarla y que no hubo
violencia alguna contra ella. Además reparó Sll falta ca•
sándose civilmente en Michoacá.n y por lo tanto la gravedad del caso resulta bien disminuida.
En el pueblo de Tepozothfo, Distrito de Cuernavaca,
Estado de Morelos, se erigirá un bonito mouumento pa·
ra conmemorar el nqtable descubrimiento de la llamada
Pfrámide del Tepozteco, que se llevó á término con motivo de la reunión en México del II Congreso Internacional de americanistas.
El Sr. General D. Pedro Rincón Gallardo á mediados
de la semana pre~en~ó sn renuncia al elevado cargo de
Gobernador del D1stnto Federal que desempeñaba y esta renuncia le fué aceptada por el Sr. Presidente de la
República. El Sr. Rincón Gallardo debió. entregar ese
Gobierno el dia 1? de Agosto, es decir ayer. Hasta la hora en que esto escribimos no se sabe quien lo sustituirá
aunque oficios~mente se mencionan varios nombres. El
señor ex-gobernador, partirá en Saptiembre para Europa. Entre tanto hará una visita á sus haciendas del Interior.
La corbeta Zaragoza irá definitivamente al Japón. Ultimamente arribó á las islas Hawaii y en Honolulu el almirante :Monasterio y el capitán Pozo fueron pre~enta·
dos al Presidente Dole en Palacio, donde se les hizo cordial acogida.
El Sr. Monasterio dió á bordo del Zaragoza una recepción que estuvo muy concurrida.
El Sr. Francisco Espinosa, de San Francisco Californ_ia, Secretar_io p~rticular de Mr. But~er, uno de los principales prop1etanos de los ferrocarriles del Distrito, ha
venido á esta ciudad para estudiar si es posible utilizar
una caida de aglla para impiantar el sistema de tracción
eléctrica.
El Sr. Gennal D. Antonio Gayón ha cesado en sus
funciones de Jefe del Departamento de Caballería y ha
pasado á Per magistrado supernumerario de la Suprema
Corte de Justicia Militar. El lugar del Sr. Gayón será
ocupado por el Sr. General D. José María l\Iier que antes
era magistrado de la Suprema Corte Militar.
El Dr. D. Eduardo Licea.ga, Presidente del Consejo de
Salubridad, ha dirigido á un periódico la siguiente carta:
11Impuesto del artículo publicado hoy en su acreditado
diario bajo el título: «El cólera en la Isla de Cuba. Graves amenazas para )léxico,» debo decir á u.,ted que tan
luego como el Con~ejo Sllperior de Salubridad tuvo conocimiento de las noticias cablegráficas relativas al cólera en
aqnella Isla, dirigió por telégrafo una circulará sus d'.llegados en los puertos del Golfo, ordenándoles la más l'stricta vigilancia con las procedencias de la misma Isla, y
además, por el conducto debido, pidió que la Secretaría
de Relaciones adquiriPra informes del Cónsul de México
en la Habana, acerca de la exactitud de tan alarmante
noticia.
•
. Como usted_ se servirá ver por lo expuesto, las indicaciones conten!da_s en el citado artículo han sido ejecutadas con antenondad y oportunamente, y al público se le
dará el debido conocimiento, tan lDego como se tengan
informes exactos sobre el particular.,.

�EL MUNDO.

68
Lo:-. grandes artistas.
CIIOPIS ISTlllO.
1[ Mathia~, el eminente profesor del Conser,·a~o-rio dti París, discípulo d:e Chopí!1? ha referido recientemi:,11te á un cront8ta pans1ense algu·
nas anécdotas uel gran. maettro polaco que cn:ti·
rnos dignH~ de ~er referidas. .
Una noche-dice :II. :llath1~s-habfa gran re:
cepciónen cas:l de la condesa X ...... ~1.enti:ar, u
en el salón á un joven de P?rte d1st1ngmdo Y
á quien los concurrenteA prodigaban toda _su~rtt'
de atenciones :era Thalberg, el fawo~o pianista
que gozáb.1 de reputación europea. «Sr. Tbalberg,
t0qne usted algo,• «Sr. Thalberg, _acceda usted _ii
nuestros megos. • Thalberg accedió á tales pet1•
ciones y se &lt;.lispoura il pulAar. las teol~ de un
magnífico Erard, cuando un cnado anunció_: «:\la·
dame Jorge S,md, ~I. Chopín ... Todas las miradas
se Yolvieron hncia los quti entrab~)I en aquel mo·
mento. Encambio yo tenía los OJOS IJJos en Thalberg
y por la expre.•ión de su _rostro co1_npre11dí que &amp;e
sentía viYami&gt;nte contranado: fácil ern compren·
der porqné. Thalbl•rg era el polo opuesto d~ qho•
pfn; las piezas que tocaba carecían de sent1m1e11•
to \' Aolo ei;tauan compue~tas _1;iara poner de m_a•
nifiei;to la admirable pertt:cc1on de su mecams•
1110• Como Thalberg i:1º ignoraba lo poco que
&lt;·~timaba Chopín et'ta c,ase de obras, !1~ le gustaba afrontar la crítica de aque_l .mus1co, más
grande que él y !!uyo &lt;.les~én ad1\·111aba al trnvés de su exquisita cortesia; po.r esta razón hu•
biera querido lernntar~e del piano, prro se lo
vedaba su pundonor, y así no turn más reme·
dio que tocar, ejecutando. HI fantasía s~bre motÍ\'0S de l&gt;o11 ./11a11 ~on cierta coqu~tena y c&lt;;&gt;n
una limpieza y brío 1.ncomparables. Chopín-ann
me parece estarlo v1enuo-e,.cuchábale apoyad_o
en la chimenea. Cuando Thalberg hubo ternunado, Cho,&gt;ín, en m~dio de !ln~ tempestad~~ a_plausos, adelantóse hacia el piami:;ta y le dmg19 al•
gunas fra~es laudatoria~: 1:halberg estr~cho ~u
mano, púso~e e.xtra&lt;;&gt;rdmanam~nte ~eno, ba¡ó
los ojos y se mchnó sin pronunciar. una palabra.
Aquel silencio traducía el pensarmento de Thalberg y quería decir: ,,).1e a\'~rguenz? de que me
aclamen á mí que no s~y smo un i:irt,w~o delante de vos que sois un artista. de genio..... :''
Chopfn-aflade )1. Math1as-era seus1ble, ex•
cesivamente impre¡¡ionable, dotado, como les SU•
cede 1bnuchosgrandes artistas, de una inteligen•
cía profe,!Íonal que. se concentraba sobre .un objeto único y se mamfeslaba poco al extenor.
Desde el punto de vista sentimental, Chopín era
su mamen te celoso, de cara!!ter,arreba!año y ffi';JY
exclusivo en sus afectoe: nmguo capncho le d1~trajo de su amor enfermizo ii Jorge Sand, y mientras duraron eus relaciones le guardó fidelidad
absoluta.
Daba lecciones por necesidad y no pocaR veces por el
gusto sólo de ensenar. Los edit&lt;;&gt;res ~e música )e ofrecían
por sus mejores piezas una retr1bnc1ón , 1:11ezqmna quera·
ra~ vece, excedía de 500 francos. Su gemo estaba en J&gt;Ugua con las costumbres del vulgo, que adoraba la musica
italiana y que no r.dmitía otra cosa en ma.teria de arte
musical: las gentes veían en él á un excéntrico y se burlaban de él como más tarde se han burlado de Berlioz, de
Wagner, de César Frank y en una palabra de todos los
innovadores.
De estas burlas, consoláb.ile la admiración de algunos
que le hicieron objeto de un culto apasionado: mientras
en todas partes reinaban los favoritos de la moda, los ejecutantes m~ravillosos como Thalberg y Stannaty, Cho•
pín fué el rey, y casi pudiera decirse el dios de unas po•
cas damás del gran mundo, en cuyos ¡¡alones sentíase aliviado del dolor que le causaba ver en los demás del:leonocido su talento. El mismo Liszt le hacía sombl'a, y Cho•
pío, aunque le profesaba un cari~o verdaderamente
fraternal, no podía menos que entristecerse comparan•
do los triunfo&amp; que obtenían las obras de aquél, con
el mediano éxito que lograban las suyas. Sus rivale3, ein
embargo, reconocían lo mucho que valía y rendían tributo á su superioridad.
Una notable eecritora francesa, Mme. Girardin, describe en los siguientes términos la última audición que
Chopín dió de sus obras en París, con ocas!ón de un concierto en que tomó parte l\Ule. O'Meara, discípula suya:
•Chopín estaba allí, asistiendo al triunfo de su discí•
pula, y todo el mundo se preguntaba: ¿Le oiremos? El
hecho es que, para sus admiradores apasionados, ver á
Chopín toda la noche alrededor de un piano y no oírle
tocar, era el suplicio de Tándalo. La dueña de la casa tu•
vo compasión de nosotros; fué indiscreta, y Chopín tocó
y cantó sus más deliciosas melodías, cuyos caprichos se•
guimos con nuestro pensamiento, y á cu:yas notas poníamos las palabras que nos parecían más aJustadas al canto. Eramos una veintena de aficionados sinceros, de veréladeros creyentes, y no perdíamos ni una nota ni dejábamos de apreciar la más insignificante expresión de una
fmse: era aquel un concierto íntimo, serio, tal como nos
gusta: no se trataba del músico qn~ ejecuta las piezas con•
tratadas y desaparece, sino de un talento hermoso, aca•
parado, acosado, atormentado sin ePcrúpuios y miramien.
tos, á quien se pedía que repitiese los trozos preferidos, 7
que lleno de gracia y de car1da:i, repetía la frase predilecta para que todos pudiésemos fijarla clara y precisa
en nuE:stra memoria y .icariciar su recuerdo mucho tiempo. Una sen.ora le decía: 11Porfavor, toque usted ese hermoso nocturno dedicado á la señoritia Stirling, al que hemos dado el nombre de peligroso,• y Chopín sonreía y
tocaba el nocturno fatal. •Yo-exclamaba otra-quisiera
oír una sola vez, tocada por usted, aquella mazurca tan
triste y tan encantadora,• y el maestro sonreía y tocaba
la deliciosa mazurca. Las más astutas, daban un rodeo
para llegar al fin que se proponían: •Estoy estudiando la

2

AGOSTO, 1896.

mujeres de aquella raza, creen ellas que&lt; 1mareerá suyo, y que figurarán en primera línea corno
figuran en el 1tport de la caza. e n el cricket t-n el
football y en el. ciclismo. Los escolar,:s de Ox.
ford y d e C:uubridge 110 monopolizarán las lieatas nacionales de las regatas como hasta aquí, sino que muy en breve habrán de dejar paso á lae
animosas tripulantes de las lanchas ferue uinas.
El aire del mar curte la piel, d,índola marcado tinte moreno, grave defecto para la bd lt-za eapir.itual de las.hi~as del Xorte; pero no es t&gt;st-0 preferible al nac1m1ento y deearrollo de la giba que
poco á poco produce la bicicleta? Una m~rena
con ojos azules y cabello gris t'S una preciosidad
en el mar y en la tierra; una gibosa es un esperpento en plena luz y á ob~curas. Yiajar sobre cu.
bierta en calidad de curiosas, para recrearse contemplando los paisajes de la costa, los magicoe
cuadros crepu~culares ó el cielo estrellado, bien
ataviadas con elegantes trajes y protectores ve.
los, resguard!indose en lo posibte del sol v de la
brisa fuerte para no perder la finura dei cúti,
esto se queda para las mujeres de ayer. La 1114 :
rinrra de hoy, la marina, si es más ¡.,ropio el término, expone al viento, al sol á lan&lt;-blina y á 108
chubascos su rostro varonil y sus torneados brazo!", y, á cambio de encontrartie con la piel toe•
tada y curtida después de algunos Yiajes, siente
su musculatura más fuerte, su circulación máa
viv!l., más potente su estómago, más despE&gt;jado su
ánimo, y entnn·é para su existencia física mú
ámplios horizontes, tan amplios como los del
Oceano en que reEpira y trabaja. No lmy tporl
como el del mar para fortalecer y desarrollar la
naturaleza femenina. Y por disfrutar de él, ¿qué
impo1tan la finura y transparencia de la epidermis, si al fin, bajo la morena patina con que la
atmósfera la recubre y meteoriza, a.&lt;oman los sonrosados colores de la sangre ardiente y sana, que
las brisas del mar purifican en los pulmones?
Salud de hierro, resistencia incomparable, vieta penetrante, valor y deci&amp;ión en el t-~pfritu, todo
esto se adquiere en pleno mar y lejos del amor.
Así lo enti~nden las asociaciones del l..adi.a's
J"arl,ti119 Clul,, y nada tiene de extraflo que, movidas por el impulso de estas ideas, se hayan
puesto á flote, emancipándose de las mberias de
la tierra y de la tiranía de los hombres. En la
escuadra femenina, las tripulaciones se harán por
estado: de solteras y casadas, sin mezcla entre sí,
con barcos insumngibles; de viudas, con buqnee
de velas, cebo de corsario; y de mot/11,,-s e,1 lau· ó
~
suegras, con seguro en la Bq11itatirn, ya que no ee
-..:...----~- ~ - - - - - - - - -sabe por qué causa providencial ó misteriosa la
mayor parte de las embarcaciones que ellas tripu$ra. manuela roorgaao
Rh,as.
lan se van á pique, aunque las sumerjan en acei•
te. T!!l vez sea porque, con apariencias de calDE TEPll'.
ma, condensan en sí mismas loe gérmenes de la
( Fot. de Herrera.)
borrasca, como dijo San Jerónimo en su carta
.
á Heliodoro: «••••••intu.• i11el11.•um e.,t pl'l·ieulllm;
gran sonata que empieza por esa hermosa marcha fúne• rntu.•
est hosli11; lranguillit&lt;M xta t~mpe.,tas e8l;• ó tal vez sea
bre, y quisiera Eaber á qué compás he de tocar e l final,» porque en el final de la vida todo parece quee~tá próxiy el gran pianista sonreía maliciO!lamente y tocaba el mo,
como el mar parece que limita cvn el cielo cuando la
final de la maravillopa sonata fúaebre, una de sus más
tierra ha desaparecido, según lo expuso muy bien el Ta•
grandiosas composicionE's.
&amp;so en la Jeru.•alem, canto X\', estrofa 2-l:
El piano en que toca Chapfn SI'! metamorfm,ea¡ los so11Fugitte son le terre e lidi tutti,
nidos que de él se esc11pan, on acordl's desconocidos, noDe !'onda il Ciel; del Ciel l'onda é coufineu
tas que quizás ee han so!!ado, pero que no se han oído
Sea por lo que quiera, es probado, y si no !cómo había•
nunca; sólo hay una voz en la n!lturale1.a q~e la~ recuer- mos
de vivir en paz!, que en las Jfotltrrs Íll lall''B Ya;-hting
da: la' nota triste dt·l ruiseñor, que e11 el sile~e10 de la
no se salva ni una rata, por lo cual, según el acuerdo to•
noche exhala una y otra vez su melodiosa que¡a ...
mado en la asamblea de marinas ó marineras de Cowee,
las suegras van á ser excluidas del Ladir.,'x Club, como lo
han sido los hombrea.
EL DOlllSIO DEJ, ll..\ll POR LAS )l[JERES.

H}amas dist,n9uidas de la República.

ae

UNA PUBLICACIO::N MUSICAL.

Falt~bales á las mujeres apoderarse del último elemento en que no dominaban. En la tierra, después de ser seMuy pronto se repartirán los prospE&gt;ctos de la que va
floras y reinas, se han hecho ciudadanas.; en el fuego, no á editar en esta capit.al el conocido profesor Don Antonio
hay fue~o superior al suyo, con el. cual t1.enen al mun~o Cuyás. Sabemos que, ameno y variAdo e l n uevo periódi•
convertido en un infierno; en el aire, eab1do es que nadie co musical, llenará el vacío que se nota en nuestra prenpuede disputarles la primacía, según lo rezan aquell~ co· sa técnica, y por tanto nos atrevemos á augurar un buen
plw; t.:niversalmente cantadas y que en castellano dicen: éxito al futuro colega.
«Yo me enamoré del aire,
Del aire de una mujer,
Como la mujer es aire,
Otro pago de $17,690 de " La Mutua"
En el airemequedé.
EN DURANGO.
Me han dicho que tú has dicho
Que soy variable;
Durango, Julio 13 de 1896.
Si yo soy la veleta,
Sr. Don Carlos Sommer, Director geni&gt;ral de «La MuTú eres el aire.•
tua,» Compafüa de Seguros sobre la Vida, de Nueva
Pues bien, ahora se van á apoderar ~el ag~1a. ~ sello- York.-México.
ras ingleEas acaban de fundar el Lc.dr.u's lachtmg Club,
Muy seflor mío de toda mi consideración:
el Club de las regatas femeninas, compuesto exclusivaAltamente complacido por la manera pronta y expedimente de mujen&gt;s, con prohibición ~b~oluta~e &lt;JUe figu- ta con que fué pagada por la Compafüa que usted dignare en la sociedad, ni á bordo, ni en tierra, mngui:i hom- mente representa, la póliza número 325,04-0, que por va•
bre. El pensamiento no ha brotado por generación cx- lor de $15,000 tomó el Sr. D. l\Ianuel Rodríguez Ayon en
pontánea, cual Furgen mu lti_tud de capric.h?S femen i- favor de su eeposa la Sra. Dona Domitila Martinez de
11os, sino que, como suele dE&gt;c1rse, se ha admitido y plan- Rodriguez, y cuyo valor de $15,000, juntamente con los
teado después de maduro examen.
dividendos respectivos, por valor de $2,690, me ha sido
H:lce ya alguno~ aflos que · las faldas han conseguido pagado íntegr&lt;imente por la casa banquera de esa Com•
diversOl! premios en l1s regatas inglesas, y al lograrlo se panía en esta ciudad, en mi carácter de tutor de la niffa
han hecho muy populared algunas arist~ráticas d~mas, Elodia Rodríguez y Martinez, albacea de la te.~tamentacomo mi~tre.qs Schenlt-y, H•Jgnes. Ohphant, Bntten, ría del Sr. D. Mauuel Rodri~uez ..\.y(m y del intestado de
Bud~ton Rt&gt;ad, y como las mies Hammersley y Cox. No la Sra. Dofla Domitila Mart1nez de Rodríguez, no vacilo
han aspirado sólo á divertirse, á luchar y vencer reman- en hacer esta manifestación para que usted baga el U80
do, sino que ex1sten ya en Inglaterra capitanas de bar~o, que le parezca conveniente, á fin d~ que se conozca u~a
sin capitán por aup11esto, que después de largos estudios vez máe la buena fe con que esa Compaflía sabe cumplir
y rudas pruebas en pleno mar y en tormentosos mar~, sus pactos y compromisos.
han conseguido obtener su tftulo de Board of trade ur!iNo debo concluir ésta sin dejar consignado en ella mi
ficat, for prnfirimry 11aii9ation, como ocurre con lady Cl11f- a~rado, para satisfacción de esa Compaf!!a, por la actitord de Chudteigh, capitana de su ya1te de 350 tc:,nela~as, vidad y eficacia de su agente el Sr. D. Carlos Valle, en
con el cual ha recorrido los mares de Europa, d1spomén- el arreglo de los requisitos ne&lt;:el:!arios para el pago de la
dosl' ahora á recorrer los de Oriente. Otras dos seflori- mencionada póliza.
•
tas obtendrán muy tiront.o análogos diploma~.
De UBted con toda consideración afectísimo· y muy
Con ecitos antecedentes, y con el espiritu firme de las atento seguro servidor.-P1:oao EsclRZAGA,

2

AGOSTO,

1896.

l&lt;~L l\lUNI&gt;O.

•Costumbres curiosas

ese dt&gt;slmubrnnte espectáculo, hubiéraee cn•ido contemplar las extenea! theorías de
jó\·ene~ griegas, cuyo dulce
. recuerdo no" han cc-nservado
los bajos relieves antiguo¡¡ y
estatuas de Tanagra.
Cuando Ft!bo fué llevado
-hacía el citllo sin dudaen mrdio de • torrentes de
fuego," los cantos hímnicos
de sus adeptos, 1as fanfarrias de trompas, resonaron
alegres y jubilo~as. Esta fué
la seflal para los fuegos de
artificio. Lo" cohetei sucedieron ú los cohetee, las bom.
has est~llaron: el templo, el
lago, los praáos, fueron literalmeute iuundados de una
liuda de luz ante la cual
los cisnes se as118taron. El
rnmo final de luces resplandeció J)or fin, (, hi?.o «palidecer as e trellas.» Terminó esta reunión tan admirablemente organizada, orde·
nada con gueto tal, tras el últi1110 fulgor de los fuegos, y
todo~ retiráron8e recordando
aquellas fie~tas suntnosas de
qne fnó te~tigo el gran sii?lo
europeo, el siglo deLuisXI \'.

EN EL EXTRU/JERO.

J,i Re&lt;/11 de la• A&lt;'rtria,. datla

rn d Bo,q,v de /JQ[qn[a J)l)r
el Omdc II la Cundau
d.e Ca•l&lt;llanr.

En uno de nnestroP pa~a•
dos números, iniciamos con
~¡ títn lo general de l"'o~tumlnaci,rw~rudcl utranjero, una
sección, que por su amenidad,
l!upusi1110;, que agradaría mucho á nne~tros lectores. Propu8ímonoP eneota nnevnsección, ofrecer una fisonomía
fiel del cosmopolita mundo
moderno, con toda su pompa, su&amp; deslumbradora~ grandezas y sus dh·er,os ai&lt;pecto~,
proporcionadoR á las diver•
:;a¡, CO!'tumbreP.
Hoy publicamos el s&lt;&gt;gnntlo artículo de esn sección,
dando á nuestro, lectores la
descripción ilnstrada dt&gt; un:\
espléndida fiesta, que inspira
en la actualidad centt&gt;nnres
de artícu loe á lo~ revisteros
europeos: la Fit8111 de l&lt;r:1, le,,.
rías ofrecida en el Bo,q•1e de
Bolonin, de París, po~ nn no•
ble y an _e,posn, no por u111\
corporación corno Pe pnede
creer viHta sn magnificencia.
EsquPen ti e.i.:trnnjerobn v pn
ra esos alardes nabab~, ·que
en nuestroi\Iéxicocr&lt;'erfamos
:.'\Iontecristos no\·eleacos.
Refiriéndo~e á e~a lie,111
dice un cronista: •T~ co~de:
Aa de CuRtellane ha hecho
qne bendigan su nombre todos loa pobres de ParfR ( :i be·
neficio de ello~ se dió). El
espectácnlo, el m:ís delicioso
y artístico de les espectáculOF, fu(, oni. visión de Jap maravillas del tiempo de Luis

-••lo,tm--

La Escuadra Francesa
G-AT,A:-0.T.E:UIA~

1:-&lt;TERNACI0li'ALES.

XI\'.

Escogioae para escenario
del deslmnbrador diYeriimiento, ofrecido por lo.~ opulen i.oa conde-'! ya d1choP, á sus
amigoR, un islote del Bosque
d.e Bolonia, de eae legendario ~que, donde se dan de
diario cita tantas grandezas
europelll!, y que loe am, r·canos conocemos á travC-s del
le!lte. fantát&lt;tico de las descr1pc10neP no\'I ln;cas . Un
gu8to perfecto, un ,.¡,¡,. neta·
1'!ente franc(~ había presidido á !a organizacjón de Ja
fiesta, y ~ta debía resultar
como resultó deslumbradora.
Desde luego. el escenario
~taba admirablemente escogido.
H~y en t;l Bosque un lindo rinconcito, m1~ lindo aún
que el parajeunivert?almente
co~ocido con e l nombre de
«Tiro de Palomas,• que se
transforma en invierno en
Oirctilo dt Patinr1dort~ y que
se llama en estío I::l '0írr-11lo
de ln., Arada~. E.,ta transformación forma un encantador
~ntraste. ~n Enero y Febrero, el lago que Jame ahí los
Cí"spedes laCJ~s, ~ruécase en una superficie nítida, pulí•
me'!tada,. luciente, por donde se deslizan airo•aR y fan.
histic,e cien beldades parisienses, ruma, alemanas, ent~¡,gadas c~&gt;n afán a! placer del patín. En eetfo la decorac!~n cambia por completo: el lago hincha con vol11pt110s1 ad @ns mansas aguas, brillan los céspedes con el rocío
d~ la mafiana, y todo canta en derredor la canción de la
vida. !&gt;, estos recursos de la naturaleza los organizadores umeron loB del arte y la fiesta, en una harmoníacom•
pleta de arte y naturaleza, desarrnlió su hermoeo pro•
grama.
Lo,i invitados, después de haber atrave~ado una larga
galer ía-vestíbulos, doude numerosos ugiere11, de librea
blanca Y oro formabau valla descu!:iriendo sus cabezas
empo:vadaa, llegaban á un e~lón lleno de flore~. Ahf, el
c~&gt;n.de Y la condlll!a de Castellane estaban de pie para re•
c1b1rles.
'
{!no de nuestros grabados nos proporciona la vista ex1enor de eee salón, alumbrado por arañas de luz eléctri•
ca, t:mbalsamado por las roRas, tapizado de .Peda blanca,
F.~lp1cado de oro. Había por donde quiera flores, cuyos
V!V08 C&lt;;&gt;lores reflejaban los múltiple;, crista le~ de grandes
d1mens1ones.
Del Falón, á donde más tarde volvían ya, para bailar,
;va l)ara comer en un bo11ffet suntuosamente servido, 101!
lll\'ltados plll!aban á los prados.
•
un t&gt;Fpectáculo deslumb~or seofrecíaásnri fioe.
E 1Ahf,
peqneño lago extendía á sus pies sus aguas dorm:das
tiobre les cunli&gt;s bogaba una larga galera: el TJucemauro;
lle\·ando una orqut-,tu que, alternando con otra música
ocnlta en.tre lo~ árboles, paseaba sus dulces melodíaB.
Doce cisne~. elt-gantes y fieros. df'81idbanEe sobre las
aguas, en medio de los delfine::1 i&gt;illlnlaJos aquí y ahí.

69

LA l'l&amp;~TA DE ••LAS ACACIAS.,,

El lago y el templo antiguo.

Hacia la derecha levantábanse unas rni nas. ¿Ruinas? dir.in ustedes. Sí, ruinas: una c11Ra coustruida á medias
que ofuscaba todas las miradas. Fueron llamados los
decoradores, y c"n sus telas y sus pinceles, transformaron aquella construcción desagradable en una aparición
fantá,.tica.
En el otro borde del lago se elevaba un templo anti•
guo. Daban acceso á él dos e8caleras altas y largas (uno
de nuestros grabados lo representa.)
·
Low coros de la ópera colocados &lt;letras de las columnatas del templo. cantaban trozos de Haendel, de Rameau,
de Gluck, de Bach, y el cuerpo de baile del mismo teatro, á ~u isa dedi vertimiento, representó «La apoteosis del
dios febo,, ( véase el grabado relativo) y al contemplar

f

LA P'I.ESTA DE

«LAS

ACACIA~.»

'1tJ talón de rcce¡:,clon.

La vi,iu\ de la escnaura
franceFn al puerto de la Cornfla, ha ~ido en estos últimos
días el gran acontecimiento
en E~pañ:i. E~peraba Ir. her•
moFa capital gallega á sus vi.
sitant('s, engalanadacon bandera~ e,paflolas y franceeas
enlazadas.
.\1 llegar la escuadra, á cu.
rn frente venia el acorazado
Ílorhr, al mando del almirante Rt&gt;gnault, fné saludada
con una salva dti :.n caiionuzos.
Muchos vaporcitos y boti&gt;s,
en los que iban comhio, ei
populares y algnnas autondades se dirigieron á los bnrcos franceseH, disparando por
el camino bomb;,s y cohe.
tH:1. Una de estas embarcaciones llevaba una ro tísica, la
que al llegar junto á la escuadra tocó la 1la1'8ellesa.
Los Yivas á Francia eran
muchos y ei;truendosos, respondiendo los marinos con
vivas á E~paña. )fuchfeimas
personas subieron á bordo,
siendo recibida~ por el almirante Rt&gt;gnault de Premesnil
y lo!! jefes y oficiales á sus
órdenes.
Por la noche la ciudad apareció iluminada, y la escua•
dra encendió tambien luces
eléctricas. El espectáculo era
bellísimo sobre toJa ponderación.
8i grmde fué el entusiasmo de los coru11eses,el primer
&lt;lía, mayor fué el segundo. A bordo del D11pw¡ de Um~
falleció un marinero, y su entierro fué ocasión' é:e nue\•aa
manifeHlaciones. Le presidió el Ayuntamiento, quien,
ademite, le dedicó una bonita corona. A la fúnebre ceremonia acudió una inmensa muchedumbre.
Mayor significación tuvo el banquete dado á bordo del
buque almirante. El Gobernador y el Alcalde brindaron
por Fraucia y por que se estrecharan las relaciones entre
eeta nación y Espana, hablando en términos harto expresivos. El almirante Regnault lo hizo tambien en forma muy sentida. Después hubo baile acudiendo más de
1,000 personas, entre ellas las más distinguidas señoras y
señoritas de la ciudad. Puede decirse, empleando un giro
corriente, que toda la Coruña visitó la escuadra.
Al zarpar la escuadra repitióse la manifestación de simpatfa. La bahía eFtaba cuajada de barquitos y vaporci1108 engalanados con banderas. El Almirante dejó al Alcalde un pliego cerrado, rogándole no lo abriese hasta
volverá tierra. Así se hizo, y entonces se Yió que conte•
nía una afectuosísima despedida.
A la una de la tarde 8alió la escuadra para el Ferro),
rompiendo la marcha el acorazado lloche, poderoso buque de más de 10,000 toneladas, uno de los mejoreA de la
Armada francesa.
)lucho ha comentado la prensa espanola estas manifestaciones de mutun eimpatía, no faltando periú&lt;.lico que
haya visto en ellas i&gt;J deseo de una alianza entre J&lt;Jt; gobiernos de los doe pueblos.
De todos modos la visita de la escuadra francesa al
puer~ de la Corulla ha. l!f.rvido para estimnlHr 1~ ~entimientos de cordialidad por parte de dos nacimws que
anta!lo se miraban con alguna prevención que iieude en
la actualidad á deenpa1ecer.

�70

2

EL MUNDO.

¿DE DONDE VIENE
. EL COLERA.'l

Ya han llegado á su destino las grandes peregrinaci9nes que los árabes acostumbran hacer todos los años,
para cu¡nplir uno de los preceptos que más recomienda
Mahoma y q.ue es quizús el
que mayor mfluencia ejerce
en el ánimo de los secuaces
del islamismo.'
Desde principios del mes
de Abril hast• el HdeJunio,
en que principió la Pa.,c11a di,
Al- kd&gt;ir, conocida vulgarmE&gt;nte &lt;'Qn el nombre de Posc11a del rar11uo, las cara\'a·
nas de mahometanos qne se
organizan para ir á la Meca
son innumerables.
De llarruecos, del centro
de Africa, de la India, de la
China, y más especialmente
del Cairo y de Damasco, de
todas partes acuden mahometanos á ver el antiguo templo de la Kaaba. Hay ai\os
que la peregrinación llega á
:!00,000 almas.
El viaje que hacen los peregrinos para cumplir eete
p1ecepto religioso es larguísimo, lleno de penalid,1 lea) y
fatigas, expuesto á todo género de contratiempos y cau •
sa para muchos de su muerte
LA FIE;;TA DE «LAS ACACIAS.ll
por,:p1e á las fatigas de un
viaje penosísimo se unen la
Apoteosis de Febo.
peste, el cóléra y otra porimpresiones religiosas y políticas; las iniciativas que más
ción de enfermedades contagiosas que se desarrollan encLtadran y son m,ls con,·enientes para el desenvolvimientre los peregrinos.
to de su religión son acogidas con entusiasmo indescripA pesar de todo ello, el número de éstos aumenta cada
tible entre-los musulmanes.
añn, y más aún la fe religi0sa con que verifican la pereCuando la peregrinación termina; cada uno lleva al
grinación.
S nto y bueno para ellos, que los que profesan la reli- •punto de su partida la Eemilla de las nuevas ideas y de
los nuevos planes desarrollados en el interior de la
gión del Alcorán se dediquen con fo y entusiasmo á esKaaba.
tas v otras P.rácticas de en culto: lo que no se puede mirar con indiferencia, es las consecuencias que esas peregriPero en el orden físico son más inmediatos y más tangibles los malE'S que produce la peregrinación á la Meca.
na.:iones producen.
"Cnas son de orden político; otras afectan á la salud de•
El cólera E&gt;S un azote constante que tenemos todos los
aflos como consecuencia de ella; y á pesar de las innutodas las naciones.
•
Según el Alcorán, todos los que profesan la religión de
merables víctimas que ocasiona, y no obstante los queMahoma son hermal)OB, y la peregrinac:ón á la ~leca es
brantos que al comercio de las naciones atacadas produuna esp~ie de recuerdo entre ellos de que eea confraterce, pasa uno y otro año, y se olvida ese mal hasta que al
nidad existe y es indestructible. Cuando los peregrinos
siguiente vuelve á sorprender su repentina aparición.
se reunen en el interior de su fllrooso templo, donde no
i::Jon ya innumerabhs los casos de cólera ocurridos en
puede entrar ningún cristiano, se comunican entre sí sus
di,ferentes puntos del mar Rojo, en el Egipto, en ?.!arrue-

AGOSTO,

1896.

cos y en algunos puertos de
Europa, hasta el punto de
que la cuestión sanitaria ee
hoy una de las de preferenie
atención para muchas naciones, y ha dado origen á algunas medidas preventivas. ·
De Calcuta es de donde viene principalmente ese azote porque allí el cólera es permanente, debido á la coatum breque tienen los natu-.
rales de la India inglesa de
exponer sus enfermos én lae
orH!as del Ganges, río ~
ellos sagrado, con objeto de
que obtengan su complet.ac~
ración. Con esto ocurre IQ
que es natural: llega la hora.
de la marea, y el agua, al
t:ubir, recoge á todos loa enfermos que están deposita•
do~ en las orillas, los arraetra
con su corriente, y va dejando cadáveres en todos sus ia. lotes. Los cadáveres flotan•
tes se descomponen, las ave1
de rapiña se ceban en elloe¡
y de esta bárbara costum
bre, á que los individuos qu
la practican llaman la verdadera religión, nace la peate, el cóler:. y toda clase
enfermedades contagiosa&amp;
que los mahometanos que van
á la ~1eca esparcen por todo
el mundo.
"Algunas vecef han inten~
do los ingleses hacer &lt;lesa
recer tan bárbaracostumb
pero las dificultades de
den interior que esto les originaba han sido causa de q
desistan de su idea.
Los ingleses llevan á sus colonias un espíritu eminen•
temente mercantil, y sin duda anteponen el logro de ao,
aspiraciones comerciales á las ideas de civilización qa&amp;
ninguna nación culta debe abandonar.
Si las naciones de En ropa no se ponen de C'lmún acu~
do para evitar la propagación de estos males, el cóle
será y continuará siendo un azote que tendrá la Euro
pendiente .,obre su cabeza, y de Europa la terrible
fenmdad podría pasar muy fácilmente á América. E
realidad, las peregrinaciones de los árabes son un co
tante amago á la salubridad del mundo entero.

2 AGO~TO, 1896.
EL MUNDO.
71
======================================,,;,,=;;,,,,;,,=============================
BISMARCK Y LI-HUNG-CHANG.
~rno r~feriamos en la semana anterior, el célebre estadista ch1n11 v11 actualmente de corte en corte vieitandv
la \·it"ja eurupa, y aprovechándose al parecer de lai, eneeJ1~11z..~ que ¡., proporcionan su observación prudente y su
larga ¡.,nícti~a en los a,¡untos de su país.
lloy ~ubhcamos un grabado que representa al príncipe de Bismarck, al creador de la unidad germánica y al
poderos? vim::y del Petchilf, campE.-ón esforzado de la
mo&lt;lermznción del celeste imoerio. Figura nuestro grabado el i:nomento, ~n q_ue los :!os altos próceres, se halla11 reumdos en Fr1edr1cheruhe, durante la visita que el
encnmbrado chiuo hizo al célebre Canciller alemán.
l'otr más que be quiera, es imposible dejar de hacer un
paralelo entre esos dos hombres públicos de tanta notoriedad, que por modo diverso y por tan apartados caminúe han influido tan ericazmente en la marcha de sus
respectivos países. Al verlos unidos en íntima entrevista acaden al pensamiento los recuerdos de la vida de
Bi~marck, larga y laboriosa, pero consagrada por entero
á la realización de un hermoso ideal: la formación de una
patria alemana, fuerte y vigorosa bajo la ealv~uardia de
los Hohenzollern, herederO!! de las glorias legendarias de
Federico Barbarroja. Y no se crea que el caudillo occi_de11tal eale maltrecho en la comparación.
Li Hung-Chang, como Bismarck ha dedicado también
toda su vida al servicio de una causa; dar estabilidad y
fuerza al poder central del caduco imperio chino, v sin
reparar en los medios, ha marchado constantemente á
su objeto. Como al Canciller de Hierro no le preocupan
los gemidos de Polonia e;;claviznda, ni las protestas de
Dinamarca despojada, ni !ns huodllaciones de Austria
privada de su hl-gemonía, ni loe rencores de Francia vencida, así al Yirrey del Petchilf no le escuecen ni turban
la tranquilidad de sus sueño~, las sombras de millar.,s de
infelices prisioneros, infamemente degollados en SonTcheon, á pesar de Jas enérgicas protestas del General
tiordon, revresentaate de la alianza brit,inica que les había prometido dejar su vida á salvo.
Tampoco hac.-n mella en su corazón templado en las
f!\11grientas luchas, los alaridos;de•garradores de loe muEulmanes ,·encidos, en Occidente y como los famiticoe
1\ieu-Fei, destrozados al filo de la espada en el Norte.
En estas hecatombes, dignas de dejar mancha impeI"ecedera en la historia de· aquellos pueblos se trataba de
insurrecciones atrevidas, de rebeldías atolondradas con~ra el ~der comtituid&lt;? y contr_a I:i omnipotencia del HiJO clel Cielo; y er11 preciso reprumr!as con mano airada.
El _Emperador perdonó al sanguinario caudillo, y lo
preanó colmándolo de honores, y concediéndole su im1&gt;erial confianza. La Historia tendrá tal ,•ez que perdonarlo porque supo alcanzar éxito en sus hazaflas.
Extraf\o personaje el que pretendemos bosquejar á
:grandes raegos. ~acido de las capas eociales inferiores,
ha podido por el solo esfuerzo de su voluntad elevarse á
la tnvidiable y encumbrada posición del imperio chino.
Nada, lo ha retenido en eu carrera triunfal, y paso á
paso ha obtenido loe honores y distinciones con que lo
seflalan en su país.
. Con babi! y astuta mafia supo despistará los diplomáticos franceses presentándose como el ami~o cariñoso de
la República durante la guerra del Tonkm, y después
de aquella desastrosa campana, tan llena de gloria como
escasa de provecho para las armas francesas logró el há•
bil estadista que las cosas quedaran como ~taban antes
de rompel'lle las hoetilidadee, y que Mr. Ferry retirara
sus,exigencias de unacua~tioea indemnización de guerra.
hntonces fué "Cuando L1-Hung-Chang alcanzó er máximum de su prestigio en la corte de Pekin; y cuando disponiendo de la confianza del soberano se dedicó á la ár&lt;lua tarea de militarizar el imperio.
No tuvo tiempo de desarrollar todos sus planes· apenas logró fortificar y poner en estado de defensa P~erto.Arturo y Wey-H~-Wey, y comenzó la organización del
ejército.
Loe japoneses se habían adelantado á sus designios, y
-cuando eatalló la guerra de 1894, hallaron al irr.perio
-desarmado.

DRILLASTI! RECEPCIÓN DE LA COlfPASIA DE AR':ILLERIA DE BOSTON, E. l'. ES MARLBOROt:GH IIOT:!IE,
POR EL PRINCIPE DE GALES,

Taimado como pocos, el ast11to caudillo no agnardó la
derrota qne preveía, y más que por mentidos diegnstos
del Empt'rador, por propia voluntad se separó de la dirección de lo~ negocios, ll tiempo oportuno, para no
amenguar Sh colosal prestigio.
Este hombre extraño, símbolo de la grandeza china y
emblema de sns gro,3eros errores tiene dos aRoectO!l contrarios y paradójicos; como viejo tronc•&gt; hunde sne'rafces
en el suelo inm?vil y '!listerioeo ~e la chinesra a1itigüedad; pero tamb1en extiende ó quiere sus ramos ve,d~8 en
pleno modnnismo europeo.
Yiaja con su ;;taud y le gnsta tener en sus habitaciones aves de canto y tórtolas arrulladoras: este es el chino del pasado, el chino del país quimérico de los pagodos ventrndos, de loe lacos multicolores y de los ventu·
rinoe de oro.
Die&lt;:ute _con los sabios y los diplomáticos, asiste á las
experiencias de los hombree de ciencia, intriga á la Europa entera, que lo contempla absorta: ese es el chino del
porvenir, el chino que llevando á sn patria el Recreto de
la fuerza que encuentra en los iwperic-s occidentales
puede levantar innúmeras IE&gt;giones que rompan lasco:
rroídaR murallas que las gnardan.
Ya ~e ve, pue11. 9uE&gt; no es t3n disímbolo el paralelo en=
tre B1Rmarck y Li-Hung-Chang que se ven en nuestro
grabarlo.
La Cumpañía de Artillería de Boston.

LI-IIUXG-&lt;.:IIANG Y El, l'Z:INCIPE BU\l!ARCK.
FIIA:-.ca Y ESPASA.-LA COIIU~.\.-LA ESCU.\lllU Ffl.1"-CES • ríEL i-01:n; FONlJE.IDA EX l.A D,UIIA,

Por primera vez en la vida, Londres ha abierto ene
br&lt;1~0!l ¡,ara e,,tr..char en ellos A un •ejército invasor.• La
antigua y Honorable Compañí&gt;1 ne ·Artillerfa de Boeton
cruza t-1 At),í11tico y se halla ahora entre los inglese11, si~
l\al?er Cfü!Pado la más ligera perturbación en el Reino
t;mdo. Est.a compañía fué fundada ha..:e doscientos cincuenta ai'los,en tit•mpoe que se batallaba dura y continuamente.. No está c~mpuesta de soldados de simulacro, y si
la ocae16u ee ofreciese, pelearía como buena, siguiendo el

ejemplo de sus predecesores en la guerra civil de América. •
El proyecto de que esta compaflía visitase ,á Inglaterra, era ya ~nti11:uo: hac~ ~os ai'loe y m~io que- surgió, y
el fin prrnc,pal de los vmtantes es pred1caT en el Reino
Unido el estahlecimiento de un tratado de arbitraje pam
todos los asuntos qne puedan ofrecerse entre los pneblos
que hablan el inglés.
La recepción hecha á los brillantes soldados fué cordial y carií1o~a. La reina los recibió en Windsor y el
Príncipe de Gales les pasó revist'a en Mallborough:
Detenolón de lo~ trenes en la areno..

El accidente ocurrido en la estación férrea de Montparnaese, en París en el cual no ·saltó todo el tren á la
calle gracias á la resistencia ofrecida á las ruedas por el
suelo arenoso del anden, ha sugerido á un profesor de
Dresde la idea de dE&gt;tener con arena los trenes cuando
entran sin f1eno en las estaciones.
, El procedimiento se reduce á amortiguar la velocidad
de be trenes ó vagones sueltos, haciendo que pasen las
ruedas á una waEa de arena de 5 á 13 centímetros de espe~or.
El ~isterua se i:nsayó orimeramente en E&gt;l final de una
estación de térmrno y después en una e~Iacibn intnmedia, por medio de una aguja que em·ió el t,~u á toda velo;idad á una vía act'esoria enarenada.
Loe res_ultados f1~ero_n df~ibivos. No~e produjo parada
brusca, smo una ~1smrn'lc1ón gradual &lt;l1&gt; Ye!ocidad sin
que los.vagones hger011 tuviet,en t~11de1.ci11 á le\'anÍarse
entre los pesados.
La resistencia ofrecida por la arena aumenta con el espesor de la capa y sobre todo, con la rapidez de la marcha del tren.

�2

72

EL l\JUNDU.

AGOSTO,

1896.

2 A GOSTO, 1896.

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o
!CROQUIS MODERNOS.
TARDE GRIS.

,

.

Llneve...... la sombra ext.iende su clámide enlutada,
La calle PStá cubierta por el nt&gt;¡zruzco cieno,
Y ahogRndo de la lluvia la fú nebre b'llada,
En lo lejano se oye el redoblar del trueno.
¡Oh, trif'te pensativa, oh, taciturna amada!
Deñme 1:u, morbideces de rosa de tu seno
El bienh...chor mara2mo, y vierta tu mirada
Sobre mi vida inquieta su hipnótico veneno.
Qniero, bPbiendo el hatchis de tus sombríos ojos,
El opio de tn nuca y el de tus labios rojos,
Mirando como albéa tu pálida hermoirnra,
Rodar hasta el ahi mo sin fondo del olvido,
Mien• ras la llnvh entona su canto adormecido
Sobre la masa negra de la ciudad obscura...... .
FRAYC!~CO iJ. DB: ÜLAGUIREI,.
Agosto de 90.
0

EL MUNDO.

73

�EL MUNDO.

74

'l.

Aaowr0, 1896.

2

Un episodio terrible.

...

1896.

EL MUNDO.

sentí COIJ!0 1-!n desgar~miento inte~ior y fu( presa de una gran piedad.
El anadió en segu!da co1:1 la m1Sma voz blanda y lejana: «A menoe que _detrás del
bloc ~ya......,, Repentmamente, con un movimiento brusco se levantó á medias como
galvamzado. Con un gesto ~re.ve me hizo sigilo de que gua;dase silencio, apagó la vela,
Y.en el horror n~ro de las t1meblas, espesadas al rededor de nosotros, inmóvile8, rete•
mendo nuestro aliento, con los músculos y los nervios distendidos como resortes escu-

I

CIA ocho dias que estábam~~=cuei~. 'Nos :iiojábamos en las casas de I: ,
ciudad; mi compañía estaba mstálJ.da en uoa i·illa, cerca del a~ueduct~.
La mayor parte de los arcos inferiores del acueduc~o habían sido c.ub1ertns
con morillos. En algunos que tenfan un. lado tapiado y el ot.ro cubierto ¡ -or
una palizada, ac~mpaban las fuerzas móvil,:s de Saone--et-L01re. Uno. de lo~
arcos había quedado libre para el paso de /as t!opas y de \os ton.eles lleno[ de -¡&gt;1edr11s;
Jas faginas estaban colocadas á derecha é 1zqmerda para 1mp.edir el a~ceso en ca~o de
alerta. Afuera, para defender las aproxima?iones, había atrmcheram1entos de t1eria
v estacadas. Los·móviles estaban de g11ard1a.
.
·
·
Yo estaba con Lasalle, de mi Mmpañía, un ~ravo y sólido muchacho. Era de Ar•
cueil y debíamos ju!ltos ir ÍI hacer un recon.ocim1ento en unas grandes canteras aba_n·
donadas que se extienden en un largo radio en los alrededores, y tratar de recoger ,,1.
gunos bongos.
En aquel tiempo de penuria, un plato de hongos conve!tfase en un regalo ?e r_ey •
Uno de nuestros camaradas se había procui:ado, gracias á. no se que sort1Ieg1"~,
un cuarto de libra de manteca para los ochenta v1~ntres hambn~n~os de que se. con,·
po11ía la compat'íía. Poco era, pero no por eso 1eJa~a de coust1tu1r ~n C?rol~no tnn
apetitoso como raro de los sabrosos honges entrevistos en nuestra 1magmac1ón Y Je
los cuales esperábadios hacer una ámplia cosecha.
. .
Por la mañana habíamos roído un pedazo de femur de ca~allo v1eJo, del cual pendían trozos de carne quemados ó casi crudos. Habíase le añadido ~n poco de ar1 oz agna•
do con sal y con este sumario almuerzo rociado de, un vaso &lt;!e v11;10, u~a taza de raíé
Jiaero y una gota de aguardiente tu~rce tripas, hab1amos part1~0 sm decir una palabra
d; nuestra expedición, Lasalle y yo, en busca del deseado plat1llo.
Eran como las tres de la tarde. Las canteras ee abrían .á alg~nos centenares a~
metros del ecueducto, en un npliegueque empezaba á corta distancia de las avanzada,;
prusianas.
.
d
• d áI d
Se corría el rie~go de atrapar algunas balas del enemigo yen. o demasia o a ••~·
cubierta, pero Lasalle, hijo del país, con.ocía á fondo \a topog.ra.f1a de los luga~e~ y sabia
la existencia de una entrada donde podiamos llegar, map1-rc1b1dos del enemigo.
.
Hacía un frío de todos los diablos. La nieve endurecida, rojiza y mezclada de t1e·
rra era de un blanco sucio, matizado aquí y allá por el relieve sombrío de un surco,
rot~ por alguna valla de espinas ó por un arbol aislado.
. .
•
En algunos siti.os brillaba el relámpa_go de un aguazal, de un ll;ihllC! ae agua, b~l_11dos. Del cielo páhdo caían fulgores déb1leP, alu,mbrando con refleJOS tiernos el ~errt&gt;·
no, apezonado y at6rmentado, los caminos hendidos por las profundas huellas de¡adas
por las ruedas de los cañom,s.
•
El frío era intenso; el aire helado, inmóvil, tangible po-r decirlo así, parecía co1no
paralizado. Cortaba materialmente la. faz, lacerab~ las manos, .penetraba los hue8o~,
con una agudeza tal que se creía expemnentar la picante se1;1sac1ón de.una 9-uemadu, H.
Reinaba por doquiera una gran calma y á veces en med10 de ese silencio que ob, ..sionaba algun arbol matado por el frio, se hendía de lo alto á lo bajo, con el ruido seco de u~ fuetazo; de~prendfnse una parte y volví~ .á reinar aquel silencio de muerte.
De cuando en cuando un cañonazo agudo, hiriente, lanzaba su nota breve y rnet,í•
Jica, golpeaba el aire y se extinguía súbitamente, como estrangulado por el rigor de la
atmbsfera.
A intervalos regulares, en la distancia, una detonación sorda, potente, prolongada,
parecida á la queja for~ida ble y 1.ejana de una bestia monstru.o5a, .estallaba repH ·
cutiendo al rodar en el aue con sonidos sofocados y de nuevo el s1lenc10 pesaba en la
calma glacial.
Eran las baterías prusianas que tiraban sobre París, la explosión de las cóleraH
acumuladas de un pueblo, ayudadas por los Krupp, esos gigantes de ace:o y de :6erro,
aullando su feroz canto de guerra, lloviendo su tromba de fierro sobre la ilustre crndad.
Era el enemigo; el enemigo obstinado é implacable, encarnizado en su obra de destruc·
ción y á cada minuto, con una precisión rigurosa, el temible huracán se abatía sobre
la ciudad,
Detrás de nosotros se perfilaba netamente la extensa línea rígida del acueducto
qne nos ocultaba al pueblo y á nuestra derecha, un poco hacia atl"ás, la temible silueta poco á poco, ante la in perturbable tianqu;lidad de las calles, es~a obs11~ión i rritant:edel fuerte de los Hautes-Bruyeres, entonces silencioso; frente á nosotros se distinguían
desapareció. Ya no tuve como él más que una sola preocupación: la de descubr1rfacilmente los atrincheramientos prusianos, en las tierras frescamente removidas, deshongos.
ba
tacándose lo negro sobre la blancura lívida del suelo.
.
Veníamos de atravesar un estrecho corredor qué, me decía Lasalle, desemboca .
Habiamos encendido nuestras pipas, sin decirnos nada; con las facciones consumi- en una encrucijada la rga y espaciosa, la cual debía llevarnos á nuestro punto d~ partidas la faz barrosa, las carnes tajadas por el hielo, encorvando las espaldas, seguíamos da. Habíamos encontrado grandes dificultades para seguir.lo. Un derrumbe reciente la
la parte baja de una rampa qne nos sustraía á la ~ista y á los tiros del enemigo. Algu- había vuelto casi impracticable; los bloques, ape1;as detemdos. ~n el techo, pendía~ de
nos.miautos de~pués alcanzamos la correntera y nos detuvimos ante una abertura muy una manera tan agresiva, que avanzando se tema la perce~c1C!n netamente defimda,
elevada, bajo la cual desaparecimos. Estábamos en las canteras.
insoportablemente enervante de que una nada, un extremec1m 1ento del suelo, un eco
Yo enfilé el pasadizo siguiendo á Lasalle, que había encendido una vela. Ese de 1a· voz la más lig1,ra conmoción, bastarían para provocar su caída.
.
pasadizo de dimensiones y de formas muy irregulares, se alargaba, con torcimientos
Ento'nces vendría la muerte, la muerte inevitable, brutal, del ?uey que cae baJo el
bruscos describiendo emboscadas ingeniosamente compliéadas, ó redondeandose en peso de la masa, si esta nos tocaba, y si no, la muerte lenta, hon1ble, en un se\&gt;ulcr&lt;&gt;
blanda~ curvas, atravesadas por otras vías que se entrecruzaban hasta el infinito.
piedra, presas de los horrores del b¡¡mbre y de la sed, la .larga y cruel agon.1a, en
Ya esos pasajes median dos metros de altura, ya se a;argaban hasta tres ó cuatro de
medio á.el espanto de las tinieblas, del hombre enterrado vivo, á menos de evJtar el
metros; después, de pronto se estrechaban, la bóveda se deprimía, las paredes se aprosuplicio alojándose en la cabeza una bala de revólver.
.
ximaban y se necei1itaba inclinarse para pasar, no pudiendo avanzarse de frente. .
Voh-er por ese camin.o hubiera sido una i~posibilidad casi absoluta.
En algunos parajes !os desprendimientos habían obstruido la vía y era preciso
Habíamos apenas sahdo de aquel paso pehgroso, cuando Lasalle, tan dueño regutenderse boca abajo y resbalará través de los escombros y franquear el estrecho paso
de sí mismo, se paró en firme clavand? sus p_ies en el suel~.
que comunicaba los dos trozos del ramal. Algunas veces se caía e1;1 una esI?aciosa ~n- larmente
Había una concentración de terror en sus 0Jos, taimadamente fiJOB trente de él, Y
crucijada de cerca de cuatro metros de altura, á donde convergían cmco ó seis arterias.
trastornada, una eetupefacción. dolorosa.
.
.,
La roca formaba el techo de esos pasajes; los bloques de piedra superpuestos Y en suYfisonomía
o seguí la dirección de su mirada y experimenté una violenta conmoc1on;. n&lt;? haapenas apareados, constituían las paredes laterales, sosteniendo e l esfuerzo de la bó· bía ya paso la bóveda se deprimía y los !:!loquea superpuestos se levantaban, h m1tan•
veda. y daban á. esas zanjas cubiertas una apariencia de regularidad.
De cada lado en los corrillos más largos, corrían paralelamentt&gt; á los muros bancos do complet~mente el camino que debía llevarnos á otra salida de las canteras.
El se aproximó y examinó el .obstáculo. La bó.veda al derrumbarse se hab ía roto·
de arena, mezclados de tierra y mantenidos por piedres enfiladas. Ah( crecían hon- en mil
pedazos, que amasándose 1rregularmente ap!lábanse al aza;, mostrando b ruscas
gos que cortábamos y deslizábamos en nuestras bolsas. Hacía un calor dulce que nos salientes
y curvas profundas. Uno de esos bloques, el de más aba¡o, no tocaba d .sueloenvolvía y después del frío de afuera tlXperimentábamos una indecible alegría en de- sino por un lado; el otro, semilevantado, permanecía apoyado sobre algunas p1ed~sjarnos penet1·ar por ese aire tibio, acariciador y delicado como un plumon. Nuestras que lo mantenían en un equilibrio tan incierto, tan amenazador, que un ligero m0!1•
articulaciones rígidas se ablandaban, nuestros miembros ya flexibles, adquirían de miento una sola piedra desprendida del montón, habría bastado para que el andam1a•
nuevo su elasticidad.
Poco á poco, á ese bienestar sucedió una especie de debilitamiento irresistible. je impr~visado se desunii,se, arrastrando en su caida al bloc, privado 11s.í de todo soNos sentíamos presas de un deseo inmoderado de dejarnos caer sobre aquella arena porte. Tal cual estaba, dejaba en su inclinación una estrecha abertur~ t ria.ngular, ~ufi•
fina, de extendernos cuan largos éramos y de dormir indefinidamentú. Fué preciso lu- cientemente ancha apenas para que un hombre, arrastrándoee, pud1e~e 11nroduc1.rse.
char contra este entorpecimiento repentino que 110s invadía, originado por el aire ape- Pero ¿á dónde conducía? El hundimiento había debido producirFe en cierta extensión ,.
nas renovado por los pozos que en ciertos parajes partían de una de las galerías para y pc,día con razón suponerse que otros montones de rocas continuaban más allá. En
irá abrirse afuera, al nivel del suelo. En el orificio las antiguas truchas fuera de uso suma las probabilidades de pasar eran tao aleatorias, tan llenas de imprevisiones, que
se pudrían en su sitio. De lo alto á lo bajo de los pozos, varios mástiles provistos de se podía considerar como virtualmente im?osible escapará través de aquella muralla
'
escalones, atravesaban toda su extensión, apoyados contra las paredes y parecían á ~p~~
Lasalle se había inclinado y permanecía en cuclillas frente á la abertura, con una.
primera vista ofrecer una posibilidad de obtener la salida; vero la mayor parte de esos
postes estaban en un estado tal de vejez, con los escalones tan carcomidos, que cuando vela en la mano. Hizo un movimiento como para penetrar; pero se detuvo y permaneno se rompían al tocarlos constituían para al que intentase escalarlos la grave amena- ció en la misma posición; únicamente inclinó la cabeza sobre et pecho.
Cuando me aproximé á él, vi que todo su cuerpo temblaba y me dijo con voz sorda.
za de romperle el cuello. Por lo demás, muchas de esas escalas primitivas no llega]?an
de un timbre extraño, como si hablase :para sí mismo: «Ha habido un derrumbe, la
sino á algunos metros de la boca de los pozos.
ruta está tapada.,,
Nosotros nos habíamos quitado nuestros capotes y los habiamos depositado en
Su voz en aquel momento tenía una entonación particular; era débil, amortiguada, .
una oquedad parll tomarlos á la vuelta. De tal manera era sofocante el calor.
Yo había tenido al principio cierta aprensión al avanzar por esos fúnebres corri- pero enunciada con claridad, aunque articulada con trabajo y parecía venir de muy .le•
llos. Lasalle por su parte no mostraba la menor vacilación, parecía muy á gusto en jos. Expresaba una angustia tal, un desaliento tan completo, que yo temblé sacudido
.
.
al fondo de aquel laberinto y se aventuraba con sorprendente aplomo por los zig-zags por un gran extremecimiento.
-¡Obstruida! repitió Lasalle maquinalmente. Y hubo en estas tres sílabas una ID·
de aquellas innumerables callejuelas. No teniendo como él el hábito de permanecer en
tensidad de sufrimiento tan vibrante, q_ue Xº permanecí in~óvil, incapaz de pronun•·
los eubterraneos, yo experimentaba la influencia del medio.
Sufría esa ansiedad opresora de lo desconocido, esa sensación de malestar, vaga, ciar una palabra, de hacer un gesto, a01q111lado. Frente á la mmensa desesperació n .deé
esa inqniet-nd ind&lt;•finible, pero punzante que hostiga constantemente, estado de alma aquel hombre, cuya audacia fría conocía yo, cuya bravura había comprobado, olv1d
particular qne es singularmente penoso, especie de postración dolorosa de nuestra vo- un instante nuestra po~ición desesperada. Aquel desfallecimiento inexplicable e!1 un
luntad ante un peligro inasible, invisible, pero que sin embarge, se adivina. Después: ser de aima tan bit&gt;n templada, me conmovió en todas las fibras de mi individualidad ;.

AGOSTO,

~~

'

En aquel momento un rumor apartado, confuso, apenas perceptible, llegaba á nosotros. ~pués faé un murmullo d~ voces, un pataleo de hombres en marcha. El grupo
s~ aproximaba, acentuábase el ruido, los sonidos se düundian, el suelo, hollado, martillado por una ~nda numerosa, temblaba, y piedras pequeilas se desprendían de los
rouros y caían á tierra. •
1
. Arrodillado~,. con los revól vera en la mano, esperábamos ahogados por una angus•
tia muda. Pr?du¡ose entonces, detrás de nosotros, un ruido sordo, prolongado, seguido
de una sacudida que quebrantó fuertemente el suelo y algunas piedras rodaron hasta
nosotros. Un ~udor f~ío perturba nuestras frentes.
. -Ahora s1 está bien.cortada nuestra retirada, estamos tapiados, dijo Lasalle en voz
baJa; detrás de nosotros. ,a galería se ha hundido y ielante tenemos á los prusianos.
Esta vez su entonación era firme, formulada con mucha precisión. Continuó:-Hay
un ramal 4!1e se ab!e á nuestra derecha, pero está ob!itruído en sus tres cuartas partes,
Y. además, ignoro s1 desei:nboca en un pozo ó se comunica con otros corredores más pract1c~bles. Puede ser tam~1~n que los prusianos, asustados por el hundimiento, no osen
arriesgarse á pasar, adm1t1endo que el camino esté libre detrás de ese agujero y ruelvan sobre sus pasos, esto no tardaremos en saberlo.
El murmullo que acabábamos de oír recomenzaba· ahora era un bullimiento ind~scriptible; rozamiento de cuerpos á lo largo de las pa~edes, los, crujimientos de las
piedras desplazadas, el tintineo de las armas golpeando los muros, apartando los es•
com1;&gt;ros. De cuando en ct1ando, un juramento, enérgic1mente formulado, estallaba
dominando el tumulto. Se daba alguno orden la banda pasaba. Ya una luz vacilante
cercaba de una aureóla pálida los bordes del agujero.
-La ruta estaba
libre, murmuróLasalle.
.,..,.¡
Se oía el ruido de
las respiraciones fa.
tigosas. Acres emana ci o n e s se desprendían de aquellos hombres sudt&gt;rosos;un relente in·
sípido se escapaba
de sus trajes im·
pregnados de toda
clase de ol9res de

guerra, de tabaco, de cuadra, y se

..

tiltraban á través del estrecho orificio hasta nosotros.
. A cada instante el agujero flameaba con una luz más viva. De
pronto surgió una mano teniendo
una candela, á e11ta siguió un brazo, y por fin una cabeza coronada
por un casco, apareció: La llama
n-&gt;s.alumbraba por completo á Lasalle y á iní, y los cobres del casco cintilaban. Una gran sombra,
violenta, muy alargada, trazaba so•
bre la bóveda una larga banda ne·
gra, móvil, contorneada de una macera· peregrina.
,,El hombre nos apercibió. Jamás
olvidaré la expresión de estupefacción, de espantoso horror que súbitamente defcompuso sus facciones.
La boca torcida en un horribleictus
sobre su faz que se había puesto pálida, con una palidez terrosa, los ojos
abiertos y fijos, las pupilas desmesuradamente rl.ilatadas, oprimiendo la candela que tenía entre sus cledos crispados, per•
manecía ahí como petrificado ante nuestros dos revólvers que le apuntaban.
Permaneció a.si un largo minuto. Después, un grito salvaje, un aullido de fiera,
un ladrido, surgió de su garganta, grito de terror, de impotencia, de rabia, de una in-tensidad sobrehumana, que nos hizo extremecernos basta la médula de los huesos. Inmediatamerte después, ensayó un brusco movimiento de retroceso, pero su codo movió violentamente y desplazó una de las piedras que servían de apoyo al bloc sobre el
-cual se encontraba, y la enorme masacalcárea osciló un segundo y cayó sobre él !entamen-te. Entonces las facciones del miserable se deformaron, un sufrimiento indecible contra•
jo su faz, oíase el crujirniento de sus huesos que se rompían y su cuerpo se recogió sobre
sl mi~mo. En un esfuerzo convulsivo, levantó la cabeza, sus labios hicieron una muéca sobre sus dientes atrozmente apretados, un brillo repentino iluminó sus pupilas que
luego tornaron á velarse, y una gruesa lágrima turbia se detuvo en el lagrimal de su
pupila izquierda, y su cabeza cayó inerte con el casco. Había muerto. Un hilo de sangre
salía de debajo de la roca, manchando de púrpura la blancura de las piedras, y surcaba
-con sus surcos bermejos el polvo de los escombros.
El brazo permanecía tendido, con una rigidez amenazadora y entre los dedos criapados la candela continuaba ardiendo. De cuando en cuando una gota de sebo rodaba
á. lo largo de las falanges y se fijaba mostrando sobre la mano su delgado relieve.
-Requiescat in pace! dijo Lasalle con una sonrisa extraña. Después de él.. ...... .
DOl!Otros.

75

Al grito terrible lanzado por el infeliz, prodújose un gran silencio entre los pru- ·
sianos; después, tras vanas tentativas por desprenderá su camarada, partieron, de· ' .•
jando dos soldados para custodiar al cadáver.
Nosotros oíamos á esos dos hablar en voz baja.
Lasalle, encendiendo de nuevo nuestra vela en la del muerto, me dijo: «muchacho,
no hay que vacilar, es preciso que nos metamos por donde vinimos, cueste lu que
cueste (y me mostraba el pasadizo que permanecía libre); es nuestra única probabi•
lidad de salud, nuestra sola puerta de escape...... si es que n!)s queda alguna. Pasaremos ó no pasaremos; ensayemos, sin embargo, pasar. Siempre habrá tiempo de hacer
una intentona de última hora." Y mostrándome su revólver, ai'iadió: «En todo casf)
podremos abreviar los tedios de nuestra soledad si se prolonga demasiado."
Dicho esto y tomando la delantera penetró en el peligroso canal. Con una perfecta sangre fría y una tranquilidad admirable, tanteaba el terreno, sondeaba las
aberturas, escrutaba el equilibrio de los bloques. Había readquirido su calma y tomaba de nuevo posesión de sí mismo. La encrucijada estaba muy obstruida y extremadamente elevada y pa1ecía ser una hendidura resultante del desprendimiento de las
rocas, más que una galería tallada por la mano del hombre. Su altura alcanzaba hasta
cinco ó seis metros y frecuentemente menos. Pero los amontonamientos de escombros subían algunas veces hasta la cima y era preciso escalar penosamente esos taludes
movibles, salvar sus crestas y descender con todo género de minuciosas precauciones,
la pendiente opuesta. Frecuentemente la bóveda descendía hasta el suelo, de tal suerte,
que se veía uno obli~ado á deslizarse entre los escombros, temiendo perpetuamente el
desprendimient,J de 10s bloques, que de un momento á otro podían aplastarnos. Un
movimiento un poco brusco de nuestras rodillas, un golpe de hombros ó de codos,
mal aventurado, un impulso imprudente...... podía desprender una piedra y queda·
riamos enterrados para siempre.
El aire rarificado era mefítico y pesado; la humedad penetrante y malsana.
Tuvimos que detenerno,i un momento, porque ya no podíamos más. Lasalle consultó su reloj: eran las nueve; á las siete habíamos entrado en aquel conducto infernal;
así, pues, hacía dos horas que errábamos en aquellas catacumbas, y nada nos indicaba
que estuviésemos cerca de una salida cualquiera. Para colmo de desgracia, nuestra vela estaba enteramente consumida; arrojó una llama azulada y se extinguió; un segundo
aún la mecha ardió con un fulgor rojo, apenas visible, carbonoso, y las tinieblas fueron completas, opacas, fétidas.
Entonces un inmenso desaliento se apoderó de mí, una gran lasitud de espíritu.
Experimenté una necesidad imperiosa, irresistible, de permanecer ahí donde estaba;
no tuve conciencia de nada, sino del deseo de un reposo inmediato, absoluto y que
siempre durase.
Lasalle me tomó rudamente del brazo, me levantó, y con voz dura me dijo: «Vamos! levántate! Marchemos.,, Y seguí pasivamente trastavillando detrás de él. Andaba.
automáticamente, sin saberlo, embrutecido.
Nos quedaban algunos cerillos, de loe cuales nos servíamos en los pasos difíciles.
Traíamos dos periódicos, los desgarramos é hicimos mechas con ellos; su flama duraba
algunos segundos, se deslizaba por las paredes lisas, desflorando los amontonamientos
de piedras amparados por las anfractuosidades; sombras fantásticas danzaban alrededor de nosotros, y la noche, la horrible noche, volvía con el tétrico silencio.
Se encendió el úhimo cerillo, el último pedazo de papel, y entonces, delirantes,
furiosos, nos internamos en In. sombra..... .
La alucinación comenzó; el pensamiento del prusiano yacente, aplastado por la
roca, hostigaba nuestro cerebro. Nos parecía sentir eu cadaver aplanado frente á nosotros tratando de impedirnos el paso con sus manos crispadas. Perseguidos por la atroz
visión, proseguíamos, siempre infatigables, feroces, huroneando en el espesor de las
tinieblas. Bajo nuestros pies, las piedras rodaban con estruendo v nos heríamos las cabezas en las aristas de las rocas; nuestras manos se ensangrentaban, desgarradas por
los filos agudos de las piedras. Desaparecíamos en agujeros talmente exiguos, que nuestros cuerpos podían apenas introducirse, y después de esfuerzos inusitados, llegábamos
al otro lado, empapados de suJ.or, sofocados, estenuados. Después tornaba el obstáculo maldito, la interminable iucha recomenzaba, é íbamos hacia adelante exasperados,
sin aliento, con una tenacidad de bruto impulsado por el ardiente deseo de vivir.
En un momento dado, la atmósfera fué menos densa, después casi fresca. Entró
en nosotros la esperanza y redoblamos nuestras fuerzas.
Nos llegaban bocanadas de aire, cargadas de olores acres de plantas; debíamos de
estar cerca de un pozo, de un agujero cualquiera que comunicase con el exterior.
Ante certidumbre tal, apoderóse de nosotros una alegría inconmensurable. Kos
lanzamos hacia adelante, locos, aullando como bestias que huyen de la muerte horrible; aspirando á plenos pulmones las fuertes emanaciones que llegaban de arriba. De
pronto apareció un hilo de luz ......... el alba de la libertad. Entonces empezó una carrera salvaje, desordenada; una sucesión de brincos extravagantes para llegar álaabertura tan ávidamente deseada.
Era un pozo, arriba se recortaba su círculo luminoso; el cielo ......... el aire ......... la
vida!
Durante algunos minutos permanecimos abatidos, jadeantes, sucumbiendo bajo el
exceso de la fatiga y de la dicha.
·
Habiaroos ad vertido la presencia de una escala. Lasalle había examinado el mástil; podía soportarnos; algunos escalones estaban aún en su sitio y además las paredes
del pozo estaban acribilladas de agujeros, vrovenientes de la caída de las piedras arrancadas de sus alveolos por las lluvias y las rntemperies y que yacían en el fondo. Gracias á esos agujeros se podía, ayudándose del mástil, álcanzM la altura.
La madera podrida era de una consistencia blanda, espon josa y como cubierta de
una sustancia vizcosa sobre la cual no podían afirmarse los codos y las rodillas. Para
no resbalar era preciso estrechar el mástil con un esfuerzo continuado y poderoso.
Bajo el peso de nuestro cuerpo, el poste enlamado se mecía con crujimientos de mal
au~urio; á cada momento teníamos miedo de verlo romperse y dt- ser precipitadod al
abismo.
·
Era aquel un laborioso trabajo; nos asíamos al palo con contorsiones de mono~,
nos afirmábamos á las viejas estacas fijadas al muro, en las cuales los dedos entraban
como en una pasta blanda, de tal suerte la podredumbre era cowpleta. Nos asíamos
de todo, de la menor arista, de la menor hierba, de la menor estaca. De cuando en
cuando, al in!!ujo de una @acudida un poco ,·iva, el mástil oscilaba gimiendo; cedía un
escalón bajo la mano ó bajo el pie y entonces se resbalaba uno alg,mos metros, y vuelta al trabajo para recon1uistar el camino perdido.
Por encima de nosotros se percibía siempre el círculo azul sembrado de estrellas y
la luna, muy blanca, muy pálida, brillando con un fulgor frío de acero pulido. El frío
debía ser intenso afuera.
Frecuentemente nos deteníamos, aniquilados y escuchábamos en la sombra. Sofocados, bañados en sudor, muertos de cansancio, nos oprimíamos las manos y nuestros
corazones latían con golpes redoblados; después, la lenta ascensión, la dolorosa jornada recomenzaba.
Uno de los tr2vesaños sobre el cual Lasalle reposaba, se rompi6 repentina y rui·
dosamente y mi compañero hubiera sido infalilrl.emente lanzado al vacío si con una
agilidad de clown no hubiese, en un decir JesúP, asido la esca.la á la cual se afianzó. El
mástil vibró, tembló en todas sus piezas y por fin adquirio su posición rectilínea. Algunas piedras arrancadas de las paredes por la conmoción, cayeron con estrépito. Por
prudencia nos detuvimos; Lasalle estrangulaba el mastil; yo tenía un pie sobre una
piedra saliente y el otro en un agujero; me sostenía con las manos de un pedazo de fierro lleno de orín, fijado al muro. Oon la cabeza levantada, permanecimos inmóviles.
Bruscamente una sombra cortó el círculo de luz y una forma humana apareció en
el orificio.
Era un bávaro: lo reconocimos en su morrión de crines; se le había puesto ahí de
centinela ......... Estabamos frente de las avanzadas prusianas. El ruido de la estaca rota y la caída de las piedras había llamado su atención, y trataba de dar!e cuenta de
aquella cosa insólita. Nosotros guardábamos una inmovilidad de estátua. Se inclinó
inquieto con los ojos muy abiertos, escudriñando las sombras, y con el dedo sobre• el
gatillo de su fusil. No vió, sin embargo, nada, no supuso nada; empujó con un pie una
piedra del tamai'io del brocal, que nos rozó al pasar; la oyó caer y se alejó.

�•
2

EL MUNDO.

76

AGOSTO,

1896,
2

No había más que un partido qua tomar: salir de allí 1o más rápidaménte posible,
saltar de improviso sobre el centinela, y evitando servirnos de nuestros rev61 vere para
no dar la alarma á la posta vecioa, extrangularlo; después correr á grandes zancadas.
Un último y silencioso esfuerzo no·s había llevado Casi al nivel ·del·hrocal;colooado.
al ras de la tierra, cuando una piedra de apoyo, sobre la cual me afirmaba, cedió y rodó
retemblando, L9.salle~ c.on un pie sbbre un .escalón, y el .otro.sobre unas salientea de la
pared, con la ro.a no izquierda apoyada en el mástil, mantenía en la ·derecha su · revólver, con el brazo extendido dispuesto á todo. Yo estaba más bajo que él, pegado al muro, afirIIlándome con los pies y con loa codos. Una emoción punzante nos contr~ía la
garganta. Nos quedamos inmóviles y silenciosos, seguros de que el centinela, una vez
1mesto e,n guarQia por el.primer ruido, iría á investigal' el pozo, menos sumariamente
que la vez prime¡a.
La espectat.iva no fué larga. Unos pasos firmes y rápidos resonaron pesadamente1
vibr6 el euelo y, la silueta sombría del soldado se mostr6. Inclinóse como antes, un poco más sin eIQb.arg-0, de manera que la cabeza y una parte de los hombros estaban frente al v~cío, y mir6. Esta vez desconfió 1 inquietóse y. permaneció inclinado, ansioso, es·
erutando 1a'opacidad de las tinieblas, sondeando la abertura negra con la punta de su
bayoneta. Sus ojos brillaban con un brillo extraordinario en la sombra que_pfoyectaba
sobre ell;Os la viséra de su casco; pesaba sobre él una opresión. Tenía la intuición de
que babia un peligro ahí cerca, en aquel agujero, acechándole, y breves extremecimientos nerviosos plegaban sus facciones duramente acentuadas.
Se ma;ntertí&amp; justamente por encima de nosotros y miraba al ·otro lado del pozo; después, lentamente bajó los ojos en dirección de sus pies. Advirtió entonces algo? Distinguió nuestras figuras en la sombra? Vió lucir el rev.ólver de Lasa lle? ........ .
Súbitamente su faz atezada tomó una expresión de ferocidad espantosa; el hombre
se afirmó .y Jleyóee el fuejl al hombro. Re.tembló una detonación; oí un grito terrible,
vi una forma humana agitar un momento los brazos en el vacío; después una masa
blanda pasó rápida ,como una Visión á nuestro lado y se estrelló allá abajo con un eco
sordo. Era el cadáver del bávaro. Lasalle le había descargado en pleno corazón su revólver.
_
.
De un s.alto estuvimos fuera del pozo. La luna estaba oculta detrás de una nube,

&lt;.

¡Oh vir.,en mía! Yo siento
Que en nuestras ansias palpita
La foz de un sol que gravita.
En el alto firmamento,
En donde tiene su asiento
El ídolo inmaterial
De ese amor espiritual,
Sobre el que tu alma y la mía
Baten su ala nocbP, y día
.En torno de un mismo ideal.

(Yen su mano dejé una moneda)
córre, que tal vez tu madre
Extenuada por hambre, te espe¡a.n
Suspirando, la triste mendiga,
&lt;,Ay .. .... ! en mí nadie piensa en la tierran ..... .
Murmuró, y en las piedras lodosas
Sollozando cayó ...... ¡Era huérfana!
n¿Qué te has hecho, Dios santo, Dios bueno?
Que esta pobre criatura no muera
En el fango&gt;&gt; exclamé, y conmovido,
Sentí frio en el alma y vergüenza
De ser casi dichoso en el mundo,
De tener una choza siquiera!

«1Córre,

MENDIGA,

•

EL MUNDO.

JORGE MONTBARO.

t De Stcchetti,)

Virgen mía: en ·la penumbra
De mi espíritu, se inflama
Un 'acento que te llama
Y tin resplandor que te alumbra.
En mis ,nochea se vislumbi-a
' A.lgo Inmenso que a~etea,
Que canta y qne parpadea.
Ante el radioso fulg,,r
De·ese chispazo de amor
Que en mi alma relampaguea.

1896.

los vaporee velaban el fulgor de las estrellas, y en la oscuridad gris y fría se levantaba
distinta la silueta de los Hautes-Bruyeree.
.
Orientándonos con el fuerte, nos precipit~mos á 1:aso ~e carga del lado de Arcueil,
cuando á veinte·pasoS' de nosotros Une. voz gr1t6: c(QUién v1ve?n
La patrulla bá.vara acudía á todo correr.
«Tiéndete bocabajo,n me dijo Lasalle alargándose en un foso:
Un resplandor iluminó la noche y silbaron las balas sobre nosotros con el estruendo de una explosióp.
.
.
.
.
Repentinamelite frente á nosotros se encendió en la oscuridad una !mea de fuego·
los franceses, creyéndose atacados, tini:ban sobre toda la lint.!a .. Inmedia!amente uná
segundra. linea fulgurante brilló en medio de la noche, y una fus1lérfa rab10~a empezó
de ,los dos ladoi::; los prusianos imaginándose que los franceee~hacían una sahda, abrían
el fuego de sus-trincheras.
·
· -Apresmémonos, dijo Lasalle, y prot{'gidos por el foso corrimos sobre el hielo
entre los dos taludes. De cuando en cuando una bala silbaba en un diapaSón mú~
agudo, hacía ealtar un mogote de cesped endurecido que nos cubría de tierra, hería el
hielo é ibaá r0mper las ramas que coronaban el talud. Algunas veces el foso cesaba
pc,r completo, cortado por un camino; un sendero entonces pasábamos rápidamente,
expuestos al doble fuego; después vol \1famos á replegarnos en el foso. Y esto duraba
ya minutos, minutos que eran hórae ........ .
, En un recodo, hacia la derecha, el foeo de1:cendía bruscamente, en rápida pendiente y las balas pa8aban mhs arriba. Un instante después estábaµios en la cementeta, por completo al abrigo, á la entrada de las nefastas canteras que iban á ser nuestra
tumba, y Lasalle fué á-buscar nuestros capotes. Esperamos algún tiempo, hasta que la
ÍUijilería se. calmó un poco, y veinte- minutos más tarde, estábamos en nuestras trincberás, no sin que nos hubiesen zumbado en los oídos algunas balas perdidas del t-nemjgo. antes de que hubiéramos podido hacernos reconocer de los otros. Y siempre en
la lejanía, en la aureola de su siniestra lumbre, dominando todos los otros ruidos, retemblaba monótono, feroz, inexorable, el rugido formidable de los ;Krupp bombardeando la heróica ciudad.
·

P ARAFR.ASIS.

AMOROSAS.

AGOSTO.

Terminado el fostín, sofiolien to,
Por las calles vagaba al -acaso1
Cuando hallé arrodillada á. una niña
Que vestía rasgados harapos.
Y con voz temblorosa pedía, ,
Alargando la escuálida mano,
En ·el nombre del Dios de los cielos,
De pan negro, siquiera un pedazo.
¡Oh, infeliz! exclamé: utoma, toman

JUAN ANTONIO 8oLÓRZANO.

i!,a caricatura en el e~franjero.

UNA CARICATURA YANKEEYUNARESPUESTAESPAÑOLA:
EL TIO SAMUEL A.L l'EQ.uESO ESPAÑOL:

-Muchacho, lo mejor que puedes hacer, es darme esc¡,uro; las criaturas no fuman.
[ Copia exacta de una

carioo.tura del periódico "Ju&lt;lge" de N. Y.]

Nimbada de luz te meces
En'. las ondas de mis 1:méños,
;y; entre mis vagos ensuefios
' Como un astro resplandeces.
En mié penas apareces
Como un angel bienhechor,
Y en mis horas de dolor
Y eternas melancolías,
Me alientan tus alegrías
Y me consuela tu amor.
Etel!'. ·el' himno que canta
El corazón que te adora,
La plegaria arrulladora
Que en mis labios se levanta.
Eres perfume en la planta
Y estrella en el firmawento,
Onda sutil en el viento
Y aI'r..,bol en eJ celaje,
Eres"ave en ellollaje
Y' estrofa en mi pensamiento.
BENITO FENTA N~.

Cosamalo3van, Julio de 1896.

1.1-HU~G-CHANG,

Ilustre personaje chino envilL&lt;lo á. Europa. !1.obse.rvar los usos y cos..
tumbres, adopta la bicicleta. Envio el diseno de ella!i. Pekin, donde
se fabrican todas en la actualidad conformo al modelo.
[TOMADO DEL NATURAL.]

Gflores ae Glgosto.
EL ESPAXOL AL TIO SAlH:EL:

-:::tia.estro, si te lo quieres fumar, teudrJ.s que quemarte el hocico. [Contrafuci6n de "La Gam]Jana de Gr(lfia"¡

[Grabado en los talleres de "EL MUNDO,"]

77

�2

EL MUNDO.

78

AGOSTO,

1896.
2 Aco::-'To, 1896.

ARTURO.

Tomado de •El Universal•
de la ciudad de Mihico

Al trnyé,;; de los espacio&amp; ct.t·clnrcs,

Marzo 20 de 1896.
Tu SYDNn Boas Co.,
New York.

Nos lisonjeamos con frecnr ncia de qne @:ibemOll dar•
nos cuenta, siquiera ~ea v:ig11, ,le laH c&gt;1ntidad1•s de uui:
choe guarismoe, cuando las ,·emos eecritt1~, ¡iero por 1111
parte, confieso paladinamente qne cuando t-~cncho a\ lr,11
astrónomos echar cifras, me co11fu11dn. Annro nwl~ al
través de los cielotr, á razón de Wi.000 111illa!i por hum.
Figúrese ahom 1111 viaje de 4. i28 000 llli 1!1111 t-11 1111, d_ia !, •
l:le tardaría menoe de dos 11,innt0:1 en 1r di:e ~k:oco a
Londres, si tuviéramos un vehículo que amlnvitst: con
tal rapidez.
Pot3í.a d, los niímerQ.9,
La distancia de Arturo A In tit-rra, Peg,ín el l&gt;r. Gnillemin, es 11.500,000 vi,ces la,it-11ml ,l 1111..,Ho pla11e~a, ó "':ª•
en númel'Os redondo~, 1,0l,V.500 00) U(\U,OOOJe 1111lla•, distancia que no alcanzamo1:1 a; co111pre1ider. Tod,,s ,ahe111ue
que la luz var!a en fuerza, ~n mzón tnven,a al C!t:\drado
de las distancias. Ahora bien, se eabe por e~tudws concienzudos, que la fuerza de la luz que recibirnos en la tierra de Arturo, es una veintt: billoné~im1\ parte de la que
proviene del sol. TeniE'ndo pre,ente la ley de la inten~i•
dad de la luz, se calcula facil111ente qne al retir-a11'e el
sol de nosotros á una distancia 1-10 000 wceH 111nyor
que la qne guarda actualmente, 1 ..ciuii-ia111os aproximadamente, en tal caso, ti-. ntn lm1 como ahora nos lh•ga de
Arturo. Pero la luz &lt;le PPt-e astro tieue qt1E' atnH"E'Far
11.ólX) 000 veces tantaH milla~ como las qntl no• ~l'par:m
del eoÍ, y divi&lt;liéndO!'e e~te mímer~l ¡ior 140,000, hallamos el cocieute 82, qn.. puede cons1&lt;lerar,e como la relación dE"I diámetro de Arturo al dt-1 Fol.
Qllcúlase en 8S(.i,000 millas el diámetro del ~ni, _debiendo ser. por lo tant-0, el del otro aetro, c11Pa de
il.000,000de millaB, en cir~unferencia 22-1,000,000 y+-11 ,·olt1men 551 000 veces el del centro de nu,-~tro si8te11111 planetario. S~poniendo que ~ada porción &lt;ltl la super lic_ie de
un astro brillara con la misma fuerza q111:&gt; 1111 11rPa igual
del otro la luz que brota de Arturo •ería 1&gt;,72-1 mayor
qu'! con:o la quP. expide el Rey de nnePtro_ cielo, po~~lll~
la superficie varía como el cuadrado dt-1 duhnetro.. S1 E'I
sol cambiara l11ga1ea con el otro a~\ro, éste cubriría h~
mitad del espacio que llamamos cielo y la vida 9ue r~quiere las condicionE'S actnales, sería del todo 1mp01'•·
ble y deeapar.ecer!a instantáneamente ( en unión de nueetro'globo) víctima del exceso de luz y calor.
¡ llacia Arturo!

79

De llnportnnclo. públlon.

León. Guanajuato,

El Rey de los soles,-Jnsl&gt;,Ilificancia de nuestro ,lstcma oolar, Calcutos a-ombllll!OS.-VlaJ(&gt;'- de millones de al'lo,.-Pmgreso de las
cortrella.~-Humantdatle,i ,otn,es.-::-ubc, de \'IIIO!CS.-1.a nue,-..
Crania.

Si nuestra nave sideral comE'nzara á hacer velas hacia
la encendida mole de que venimos hablando (CO!,a que
· sucedería sin la celosa atracción solar y de otros cuerpos
celestes), grandioso á la v~rdad sería el espectáculo que
@e presentara á nuestr()8 OJOS aeom bmdo@. Cna nJo se reduJera la distancia de la estrella gigante á algo menos de
8 000.000 000 de millas, la luz proveniente de ella igualaría á la &lt;¡ue viena,del sol á un número de miilas 1111 poco
mayor que la cent.ésima parte del mencionado. A un tre•
cho como el queaepara Neptuno del sol, ya sería inaguantable el calor; cnand-&gt; la distancia quedara reducida á la
que exiete entre Jupiter y el centro de nl1ePtro sistema
planetario, la terrible energía de la radiación incendiaría loe boeques, wmarfa los mares en vapor, se derretiría luego la coetra terrestre y antes de aproximarnos á
una distancia equivalente al radio de la órbita terrestre,
nuestro globo se habría convertido en gaE!
Sin duiia. Art.uro es el rey de las estrellas; y aún nuestro B-OI, á pesar de ser tan grande y tan bril ante, si llegase á caer en la srdiente f~fera de aquel gigante de
los cieloe, perdería au unidad l1m1ímca y desaparecería
inmediatamente.
,
Quizá•, para dar cuenta postrera de nuef!tro extinto
luminar, aparecería en la superficie -de Arturo una mancha brillante que no tardaría en desaparecer, causada por
el vapor que de las ardientes regiones superiores de la
fotoesfera arrastraría el ijOJ en su caída.
Bien vale la ;:,ena de que noll detengamos un momento
para considerar los efectoe de la atracción gigant.e!'ca de
un cuerpo como Arturo. En el sol la fuerza de gravedad
ea 27 veces mayor que en la superficie de la tierra, pero
en Arturo, suponiendo la misma densidad media, sería
2,200 veces superior. AJ!! es que, un hombre que pesara
200 libras en la tierra, si fuestl trasportado á Arturo. convertiríase, bajo irn -propio enorme peso de 440,000 libras,
en una mancha de materia protoplásmica aplanada, antes a\Ín que loe fuegoe de la inconmeneurable ornaza
estelar pudieran convertirle en tenuísimo rayo de sol, que
irf11 á vagar por loe espacios y á convertirse en ellos en
materia c6e:nica, ó si se quiere, en materia primera en la
formaeibn futura de otr38 mundos.
f:i dable nos fnera lanzar un proyectil de un caf\6n
Armstrong con dirección á la lejana estrella, y suponiendo que con!!E'rvara su velocidad inicial, tardaría nada
menos que 161.000,000 de atloe en llevar al lejano astro
noticias de nue@tro microscópico planeta. Se ha calcula•
do que el nú111ero de millas recorridas por todos los trem-s &lt;le loe E,itadoe Unidos en 1895, montó á 650.000,000.
Ahora bien,
Esto r.~ cq11ifale11/"
A tres viajes y"inedio alrE'dedor del B-OI; pero para hacer
11110 30/0 aln&gt;df'dor de Arturo y suponiendo en unP. sola
lfnt-a loe 650.000 000 de millas de loe ferrocarriles americanos, sería preciso, para terminar el viaje, recorriendo · cada año tan tremenda aistancia, nada menos que
l.f,45,:384 años.
Si supusiéramos ahora que un pulpo hubiese nacido en
la misma fecha que Julio (',esar, éeto E'P, en 12 de .Junio100 A. C., con un tent4cnlo de l,009,500,000,000,000 millas de largo, y el mismo dia de su nacimie)tto hubiese
tocado con la t:i:tremidad del tentáculo, la ff.rvida superficie de Arturo, preci:!aría que pasasen alguuc.s miles

EL MUNDO.

Muy Señores mios y amigos:
Tengo la satisfacción de manifestarles que desde que conocí eue Píldoras de Vida del Dr. Roee las he
eatado ueándo diariamente en m1
consulta, en tcidoe los casos de constipación obstinada, de deearneglos
gastro-inteetinales ocasionados por
dispepsias producidas por falta de
secreción biliar, siempre con seguro
éxito; pues no ha habido una persoLa
qua 110 haya sentido, cuando ménos;
una mejoria marcada de su enfermedad, habiendolas numeroe&amp;«J que han
cundo radicalmente.
Laa neo tambien frecuentemente
como purgante en dóeia de 4 á g
píldoras, según la edad del paciente
y he podido observar que eón un
purgante inofenaivo, seguro y que
no deja tras si, loe funestos resultados
que es coman vsr después de la adminiat.ración de tantos otros purgantes.
En este mi establecimiento de
farmacia tienen regular consumo &amp;us
Píldoras del Dr. Ro88 y creo que en
Tiata de sus efectos crecerá dia á.
dia su demanda.
Felicito á Vdes, por el gran éxito
que han tenido con la feliz preparación y loe autorizo para hacer de
esta carta el 1180 que V des, deseen complaciéndome en honor de la verdad
y en beneficio de la humanidad
doliente dán dolea mi opinión de una
m&amp;Dera expon tán.ea.
Soy d9 V des, afmo, S. S.

Da. ANTONIO D. M.A.RTINEZ

CREMA ROSADA

En 1879 en Rochestcr, N. Y. y obedeciendo A una necesidad oobl!ca, ee empezó de una manera modesta la elaboración de un descubrimiento ctentlflco, heehO el allo anterior, el cual ha revoluc!onado
el tratamiento de la enfermedad Brlght y todu la., demAs fol'ID&amp;.9 de
enfermedades de rillones asl como tambll·n las del hlgado y de tas,
eelioru. Tan grande (u~ el ~.,:llo que elita pre)l&amp;raclón obtu\'o dcs-po.és de dada 11. conocer al fl'1bllco, que bien pronto hubo necesidad
de hacer ne. \'eees mayor la capacidad del laboratorio, -&lt;tupllcarla

nnevameDte, y en 1883 hubo neoesldad de construir un edificio d&lt;'
piedra Y la1rlllo A pn1cba de fuego, de lilct.e pllos lH x 10,, ples, ¡ara
poder contener denll'O de (11 el laboratorio y suJ! dependencia.•.
En 18Sl se abrieron laboratorios en Londres. Inglaterra: 'I'oront.o,
Oni:.: Y Frank(ort, Alemania: en 1885 en Melboume, .Au.,tralla; y en
1S86 en Kreuzllngen, S&lt;ñm; y Dunedln, Nnc,-a Zelandla todos los
cualCI! cslén .en activo trahaJo.
'
Ha.&lt;ta ahora .M.~x!oo y el l'Ur de América han sido dc.sculdados Jl()r
la 11encllla razón de que todas nuestra., energtas estaban reclamai!M
Y ocui-,tas en otras dire&lt;'done•. :Má~ debido ahora 11. nuevos arreglo,¡, este gran benefru•tor de la humanidad se podrá. proeurar il e•tos
~ - d('8de ca.•. Una medicina ,¡ue ha efee.tuado una serle no Interrumpida de éxitos en todo, los continentes del mundo, no puede
fallar ~ul. Se adapta e,pcellllmcute á los )'.lalSt'S calurosos ..,omo se
ha e.-fdenclado 1,on 8U éxito en AU•tral!a, India y et Sur de Aírlca.
Testlmónlos que prueban las ,1rtudes notahlcs de la C'l:JU. !,JtGURA
DE WABSl:R-. ac han dado ¡,or m!llan,,¡ por eminentes hombres y notables scftores tle todas ¡artes riel mundo. Entre ellos podemos mc•nclonar Oovemor Atrnrd, S\"racu.se. X. Y.; R. A. Guun .M. D pr.'$1dente del Colegio rl~ llledid~a de lo-• btado,. Unidos én X. Y'.:
Robeson, M. R. G., , . J. L. K. Q. C. l., Lonrlre•: Lord de Bla~uiere
l-',Prlngtleld, Crawctey, su.sscx, Inglaterra: Sir Wm. \'. Gui;c, El.moré
&lt;:ourt, Oloucc.«ter, Inglaterra; Ma1, Gen. A. Elrlcrton, Ttun Cbapcl,
Plymouth, Inglaterra; F.I. Hon. C. Stewart, LL. I&gt;., A&lt;'lcavedcr House
.Alton, ltants, ln¡,:Jat,,rra; Muy Re\'. Dcan Mahone_' \ Penrlth Xc,;
~uth Wales; llon, &lt;leo. Tom, Ip,,wtch, (lueensland: Atcalde Thoina,
i;.:ul!y, .s apler, :-.ue\'a Z(-Jundla; Re..-. J. E. Ranµkln, D. D., LL. IJ.,
presidente de ta_ t;nlwrsldarl Howard, \l'ashtngton, EstadOll 1·rndos;
l&gt;r. M. Beyer, Wu~zburg, Alemania; l!dward Wfüon, D. D., LL. D.,
Obispo de la Iglesia rle Inglaterra, Otawa, canai'IA.
Pedid á ..-ue,tro fnrmBC'(,ut!oo la CrRA l'EGt!RA DE WAnSER y si no
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México.-San Andrés núm. 17-México.

_Syrac11se

Las Bicicletas
Un bigote

SYRA.CUSE""

prematuro.

[Dibtjo de J. Martioez Carrión.)
de años antes de que la ,eneación de la quemadura llegase hasta la circunvolución cerebral,)• por lo tamo pudiera tener conciencia de E'lla, suponiendo que la qen~ación camina, con 11na Vtllocidad Htlmejante á la de 111 luz,
esto es, 186,000 millas por segundo.
.
En cuanto á si e,tos phnet11s se hallan~ no habitados,
cuestión 011 que Pin duda J&gt;E'l'llla11t-cerá irr_eet,luta para
siempre. Pero sabernos ya, merced al estml10 de e11 co11~posición eepPctroecópics, qne en caso de hallarse. l1nb1tados sns criaturas deben de Eer de todo punto diferentes d~ las que pueblan la tierra.
. .
::-;'uestro sol pertenece á cierto orden de ePtrell~!!. S1r!o
á otro y Arturo á otro orden diferente; pero, existe, sm
embargo, una progrPsión de un orde1~ á ot_ro. No nos es
dable afirmar que el sol ha permanecido ~•empre y permanecerá donde ahora le ve1110.,. T,mdrá qui! ann,~utar
su intensidad calorífica ó enfriartre. Piendo mitR probaule
lo primero. ~irio, ó la estrella del C'an, poEee mavor cantic.ad de calórico qne el POI, como que 110 se halla, como
este rodeado con envoltura deoea de vaporee absorbentes, 'que pro~blemente consisten en hierro y otro~ me·
talE's, reducidos al estado gaseoso por la .tremenda intensidad calorífica del rutilantP a~tro camcular. Por otra
parte Arturo poPt'e irn11 nube de vupores mucho más
den~ y profunda que laque rode-.l P,( sol. Al mismo tie111-

po hay indicaciones patentee de un calor intenso latente
bajo aquellas masas de vapores; as( es que si el'! un hl'ch&lt;&gt;
que el progreso de los soles se verifica en una eacala ascendente de capacidad calorífica, es muy probable que
Arturo se ir.!. desprendiendo poco á poco de esoe vapore11, qne hoy por hoy oscurecen el resplanrlor de 11u luz,
haciéndola aparecer de la misma intensidad que la que
nos viene de Sirio. Documentos históricos testifican que
en un tiempo fué Sirio nna estrella roja, (ni más ni me•
nos que Arturo lo es en lo presente) pero parece que Femejante color ha ido desvaneciéndose J.&gt;OCº á poco, con•
virtiéndosP en estrella blanca, y al propio tiempo que 1111
color ha cambiado ha aumentado proporcionalmente la.
inteneidad de su luz.
Al desprenderse de su envoltura vaporOl!B, ha aumen•
t-ado necesariamente su fuerza calorífica, y es de prt't!ll•
mirse que igual cambio deberá ocurrir en nueetro sol y
dem~s e~trellas que se hallen en las propias condiciones.
Puede haber algún peligro en estos cambios que inre•
Panternente van verificándose en las estrellas, y 1011 cua•
les ponen de manifieeto el progreEoo de loe aole11, en queno se prPsta atención alguna á las uxigencias de la vida
en los planetas que giran en torno de ello~. Y porten•
tos semt&gt;jantes prestan altísimo interés al estudio de In
astronomía en nuestros diae.

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Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas eró
nicas.
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personas bien conocidas y respetable,;, á quienes se ·
sufrir duri-inte 1nuclws años y además reconocen e
nencias médicas de varias naciones, sólo se curan
pleta y radicalmente con el

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•

NUMER0[6

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>EDUARDO AGUIRRE.

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•

NUMER0[6

�EL MUNDO.

82

9

AGOSTO,

1896.
=9=A=G=O!'-=T=º'=1=8=9=6·=============~E~L~i~1~U~N~D~0~.~== = = = = == ========~8_3_

Pronto dentro de menos de uno 1-abrá completado seó con el premio que alcanza el oro sobre nuestra moneda senta añ~s de reinado, y lo probable es que si tiene deci""EL MUNDO."
corriente, verdadera prima para los exportadore~.
retirarse á. una de sus residencias regias, apartándo
SEMANABIO ILUSTRADO.
Los platónicos aámiradores de la gran República ~el dido
se de los negocios públicos para siempre, no lleve á cabo
Norte-y
no
son
pocos
entre
nuestros
a,nateu_r.,
economis'rELBFONo 434. - ~ de las Damas núm. 4,-APABTADO 87 :e.
tas y dilldanli políticos-no ven en la cuestión electoral su decisión antes de asistir á las lujosas fiestas que se la
MÉXICO.
de los Estados Unidos más qne un asunto de nombres, y preparan c¿n este motivo, y que eclipsarán á no dudar
Toda la. correspondencia, debe dirigirse
esplendentes del jubileo que tuvieron lugar en 1887.
vemos por nhf rabiosos partidario~ de Me Kinley, por- JasEs
al Gerente de este periódico.
tan sólida la Constitución de la nnción inglesa, está
que es el candidato del partido repnblicano, al que supo·
asentada sobre tan firmes bases, y tiene tan hondas raínen
ideas
más
avanzadas
en
su programa; a~í como no
La euecrición á EL l'IIUN DO vale $1.25 centavos al mes, faltan entusiastas dPvotos de Mr. Bryan, campeón esfor- ces en las costumbres de las clases sociales y en los int.e-y se cobra por trimestres adelant.-dos.
zado de h s demócratas, porque lo creen llamado á rei- reses todos del pueblo entero, que nada alterará la marNúmeros sueltos, 50 centavos.
vindicar los derechos sacrosantos de los EPtados, porque cha regular del Estado, aun cuando sea cierto el anun1
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ cac:ón.
lo
juzgan como la encarnación viva de la más pura liber- ciado y trascendental a~to de la ab~icación. La .augusta
Todo pago debe s1&gt;r precisamente adelantado.
tad;
y hasta se pueden encontrar algunos soñadores que señora elegirá, como dicen, el castillo de Osborne, como
REGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
se afilian, mentalmente por supuesto, en Pl partido del rn residencia habitual; allí se verá por temporadas rodeada de su numerosa descendencia, nota alegre, poé«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Cana- Pueb'o porque delimn con los clamores de la,; masas po- tica gama de risas inocentes y colores sanos, que a lu1npulares,
y
ya
se
figuran
el
advenimiento
de
una
nueva
era
dá. The Spanis American Newspaper ~ompany, 136 Lique saque de sn abyección al proletario, nw&lt;liante los brará las sombrías claridades y esplendores griseQ de un
berty St. New York, E . U.»
milagros del socialismo, del radicalismo y de111{i.s i.~mos lujoso y opulento crepúsc1;1lo. Si la R~ina Victoria se retira de Ja escena polít1ca, s1 llega á abdicar la soberanía de
de esa jaez.
Juzgada desde eFe punto de ,ista la política america- eu dilatado y poderoso imperio, pronto habremos de prena, poco interés tiene en verdad; pei·o que se atienda á senciar la mllgnffica puesta de i::n sol esplendoroso, el ocalos engendros económicos y financieros que trae consigo, so purpurado entre ascuas de oro, d1; un aet:-;: de primera
*
y se podrá notar 1ue allí más qne en ninguna otra parte magnitud.
palpita lo que nos es más caro y lo que más importa sa·* lo
* bajo en los círculos diploTambién
se
murmura
por
ber á los que creen que la marcha de un pueblo no· demáticos
y
se
anuncia
como
cierta
la abdicación de otro sopende tanto de las frases huecas de los demagogos, como
Casi nos vemos obligados á tratar prematuramente de
berano el rey Jorge de Grecia.
.
de
las
decisiones
maduras
&lt;le
los
negociantes.
la aparición de un nuevo d1ario en la prensa de México.
Ale~án de orígen, ruso de religión, y ,emi oriental por
Afortunadamente para México, su posición actual, enTodos nuestros colegas han dado la noticia de nuestros cauzada sPguramente en una vía de progreso económi- sus súbdito~, el monarca helénico, ha fluctuado siempre
propósitos, comentándolos á su manera y haciendo espe- co y positivo, no puede variar ni ser influida de modo entre las fuerzas opuestas, que á la continua lo han solicial mención de que el nuevo periódico estará de acuercitado. Sus propias convicciones y su educación lo han
do con la marcha de la actual administración. Nosotros trascende'ntal por los cambios experimentados en nues- empujtido á modernizar eu re;ino, encauzándole en la copoderosa vecina del Norte.
no Jo habíamos anunciado, porque nos pareció prematu- traRace
algunos años cuando la caída brnsca de la plata rriente que arras:ra á las naciones europeas, y para elecro hablar de un proyecto cuya realización se llevaría á
ocasionó
uu pánico inconcebible en nuestros comercian- trizará su pueblo y despertar en él las muertas energías
cabo después de 1lgu11os meses, y al cual proyecto no le
de su leyenda y de su historia, ha pretendido despertar
dába.mos la importancia que nuestros compañeros de pe- tes y banqueros, todos temían la bancarrota pública Y má~ de una vez el recuerdo de sus pasadas glorias. Te.do en
panicular,
todos
veían
con
estremecimientos
de
honor
riodismo han tenido la bondad de darle y que nosotros
aquella depreciación que empobrecía al paíb y Jo ponla vano, sus conatos todos se han estrellado en la afeminaagradecemos muy sinceramente.
ción oriental que alcanzar , bajo el dominio de los muEn efecto: tenemos el ;propósito de publicar antes de al borde de hondo abismo, donde se estrellaría, arrastrado sul rnanes.
por
aqueila
ola
gigante.
dos meses un nuevo diario, que si no viene á llenar un
Llevado por sus simpatías de familia hacia los alemaEn aquella época y en tales circunetancias, nuestra voz
vacío en la prensa de México, porque hay suficientes y
nes, ha querido poner en manos del poderoso Hohenzofué
casi
la
única
que
se
alzó
para
predecir
que
lejos
de
muy buenos periódicos, sí se presentará humildemente
llern la 1-1uerte Cle su reino y confü.do con exceso en la incon los elementos que tiene, á la gran lucha por la vida ser un n;ial, sería una bendición del cielo para México la lluencia ge1·mánica, para la solución del confücto turcobaja
de
la
plata.
El
tiempo
ha
venido
á
darnos
la
razón,
· y con ideales honrados y patrióticos, como los que cree·
y por nosotros y nuestras profecías responden industrias enropeo que ha de dilatar las fronteras de Grecia. Tammoa ha.ber sostenido siempre.
bien por esta parte sns esperanzas ha11 sido defraudadas;
La prensa, al anunciarnos de un modo tan fastuoso co- nacientes que han debido implantarse y otras viejas y ol- pues aunque animadas de las mt&gt;jores intenciones, laa povidadas
que
han
tomado
poderoso
impulso,
merced
á
mo Jo ha hecho, ha tomado la forma del ataque aun antencias continentales no se deciden todavía á dar el tiro
tes de que hubiéramos decidido completamente la apa- nuestro peso de plata, cotizado á cincuenta centavos en de gracia al moribundo imperio otomano, y aun tendrá
loe
mercados
europeos.
rición de dicpo diario. Su punto principal ha sido señaYa no existen ó van desapareciendo de seguro esas que esperar muchos añc,s el gobiern de la península helar al periódico como gobiernieta, creyendo que así Je da
preocupaciones
y pn•jnicioe; ya no nos asustamos con la lénica, para recojer la parte que le señalen en el reparto
muerte antes de haber comenzado su publicación¡ como
alza
ó
baja
del
metal
blanco. La experiencia nos ha en- del botín.
si ignorara, tanto ella como el público, que los periodisPrueba de que sus esperanzas é ilusiones son m uy pretas que hoy manejamos este semanario somos los mie- señado, más que á nosotros personalmente, á nuestros maturas, es que ahora el rey Jorge se ve casi constreñicentros
productores,
qué
maravillosa
actividad
puede
des
mos que fundamos El Unfoersal, y tanto este periódico,
do por ias circunstancias, á descender del trono, por ha.
como aquel, en nuestras manos han tenido siempre como plegarse con un peso de á cincuenta centavos.
ber ayudado frauca y abiertamente á los insurrectos de
Por
eso
se
sigue
con
interés,
pero
sin
zozobra
m
temo·
programa político apoyar racionalmente la marcha adCreta, qne pretenden que la hermosa isla entre á formar
res
la
contienda
monetaria
y
financiera
entre
republicaministrativa de nueetro país, creyendo que a!lí cumplen
parte del reino griego.
nos y demócratas en los Estados Unidos.
con uu deber pat1 iótico.
Y como qniera que los médicos diplomáticos y enferDe cualquier lado que se decida la cuestión ei:i loe ~oDespués de sus ataques á las tendencias políticas del
meros políticos que cuidan al augusto enfermo que sellamicios
de
Noviembre,
no
puede
afectar
nuestra
e1tuac16n
periódico, aun antes de conocerk,, han manifestado granma Turquía europea; no han decidido aún ad ministrarle
.
dísimos temores por la parte financiera de sus empresas, que e&amp; envidiable.
Me Kinley, favoreciendo el talón oro y las ~arifas altas la extrema-unción, el monarca aquivo, que se ha permicreyendo que nosotros lanzaríamos un nuevo periódico
tido la libertad de obrar contra las prescripciones facultaal público con el exclusivo objeto de hacer desaparecer sobre nuestros productos, favorecerá tamb1é11 nuestra tivas, tiene que abandonar su puesto y resignarlo en favor
á todos ó la mayor parte de loe existentes. Si ·tal fuera producción como hasta ahora, y hará más elevados nues- del Duque de E.:iparta, para evitará su heredero dificult-a.
.
nuestra intención, jamás habríamos pensado mayor des- tros precios de venta.
Bryan, defendiendo la plata y promet1end 1 reba¡a po- des más serias en Jo porvenir.
atino: un periódic.'.&gt; que en largos años ha sabido conquisY aquí creemos ver la acción del tercer influjo que ha
tarse lectores, aun cuando la empresa que Jo maneje lo sible ~n los derechos de importación, aumentará así el llevado al pobre monarca por opuestos y revueltos camiabandone á su propia suerte, seguirá viviendo todavía poder adquisitivo de nuestrq princip:i l artículo, la pla_ta, nos; aquí creemos que anda la mano del moscovita, que,
por muchos años, por el prestigio adquirido con anterio- disminuirá indirecta1nente nuestros gastos de producción ansioso de conservar su preponderancia sobre el Bósforo,
ridad. Convencidos como estamos de este aforismo pe- por el abaratamiento relativo de la maquinaria qne se que le pertenece por derecho de herencia, seg 6.n el testa•
ri()duitico, no podemos pensar en hacer desaperecer nin- podrá comprar con plata, y aumentará la demanda de mento de Pedro el GraPde, no quiere qqe nad ie sin su
guno de los periódicos existentes; y más aún, no ha en- nuestros productos, que podrán hacerse más baratos, Y autocrático consentimiento toque á Turquía; aquí se nos
.
trado en nuestros propósitos hacer competencia á nin- pagados á más a lto precio.
Definan, pues, los americanos la situación P?lít1ca de antC1ja ver la influencia decisiva de San Petersburgo, queguno de ellos.
no permite que se arranque un girón de la capa otomana,
Nuestro principal objeto es lanzar un periódico más la gra.1 República á su talante y voluntad. México, la ve- ántee que él se haya envuelto en sus opulentos pliegues.
moderno que los que existen, y resistir la competencia rá tranquilamente, porque espera mantenerse firme en el
Si el rey Jorge se retira, en buen lío deja metido á su
camino que ha emprendido.
que loe fuertes, l0e que llevan muchos años de vivir y
sucesor. Puedan la juventcd y buen criterio del Príncipe
tienen establecido ya su crédito, nos declaren, como ts
Constantino, desenredar ese embrollo al ascender al tronatural; com~etencia que resistiremos poniendo en juego
no de sus mayores.
nuestro traba¡o, nuestras economías de muchos años,
_X. X . X.
nuestra práctica periodística y todas las armas de buena
6 de agosto de 1896.
ley que estén á nuestro alcanc.,.
Creemos, pues, quo la empresa del nuevo diariv no RESUll EN.-Abdicación de la Reina Victoria.-Ni aun ese
puede tener fines más nobles, y es~moe st-guros de que
acontecimiento conmovería á Jnglaterra.-El RPy Jorge
sus resul~ados serán e!'t_isfactorios.. Y tan e~ así, que sólo
de Grecia y su posible retiro.-llnsiones que se van.
al anuncio de su apanc1ón ha habido gran movimiento
Del Argus de California, fecha de Junio, traducimo&amp;
en la prensa de México, al grado de que las rdormae y
lo siguiente:
mejora!! que se ~~n. hecho! y otras que se t ienen prepa•
Acaba de anunciarnos la prensa diaria de información,
«Nuestra República hermana.-Nuestra vecina Repúbliradas en los per10d1cos existentes, de dos meses á esta en su seccián de noticias extranjeras, que corre mny vá•
p9:r~, nos han obliga1o á cambiar _del todo nuestro pri- lido el rumor, en la corte de Londres, de qne la Reina Vic ca hermana, México. verificará elecciones presidenciales
m1t1yo proyecto y ponernos en actitud de buena sompe- toria. soberaua de la Gran Bretaña é Irlanda y Empera- el mee próximo.
El suceso se llevará á efecto sin las conmociones de
tenc1a.
triz de las Indias, abdicar,í. muy pronto en favor de su
Sepan, por tanto, los lectores de EL MuNoo que antes hijo primogénito el Príncipe Alberto Eduardo de Gales. una campaña como la que nosotros inauguramos para.
de dos meses lanzaremos un diario que corre;á buena ó
No es la primera vez que tales versionet! han circulado Noviembre, porque en México todas las clases de la so•
mala suerte; pero que será diario de gran trabajo, y que con más ó menos fundamento; pero hoy !as dan mayor ciedad, todos los elementos populares están fijos en el
en nuestros propósitos entra poderlo ofrecer en condicio- verosimilitud las consideraciones de la avanzada edad bom bre más extraordinario que el país ha producido des•
nes muy favorables a_l ~ú1?1ico en general, y ~uy especial- de la augusta eei'iora, juntamente con los achaques y al- de su conquista por los españoles.
1nente, con señalada d1.•tmc16n, en cuanto ú dichas condi- ternativas de su quebrantada salud; y aunque es cierto
En l?s 20 año~ que lleva de gobernará México (salvo
ciones, para loe suscritores que han sostenido este ee· que en Inglaterra los monarcas reinan pero no gobier- un per10do) el ilustre General Dfaz se han realizado tamanario.
nan, no deja de ser un serio obstáculo á la marcha natu- les carnb~os y tan favorables, que Ía nacion ha pasado
ral de la complicada política inglesa, esa matrona vene- de una vida obscura y sin tranquilidad á la categoría de
rable, que si domina é imoera como única soberana en el los más prósperos países de la tierra. Esta metamórfosie
í}léfirn nntc ln µolitica amcrimna.
corazón de sns millones de súbditos, no puede, aunque t~n no~able se ha operado bajo la sabia y enérgica admiquisiera, tomar en los negocios del imperio, sino con mstrac16n de un ?ombre superior, cuya rectitud de caPor más que se esfuercen algunos espíritus indiferen- grande esfuerzo y sumo trabajo, la parte que la corres- r~cter, poderosa mtele,ct~alidad y amor al país en que nates y apocados en apartar con desdén la vista de la con- ponde según la Constitución.
ció, lo colocan sobre e, mvel de sus paisanos. El Gene•
tienda política americana, donde en estos momentos se
Cierto que en el complexo mecanismo que constituye ral Díaz, cuyo parecido físico y moral con el célebre es·
juega el porvenir del país, no podemos dejar de contem- el gobierno de sus dilatados dominios tiene agentes ca- tadista búlgaro Stambuloff es muv grande aunque ya
plar con interés las peripecias porque va atravesande la· paces, segundas manos diestras y vigorosas que toman á está en el último tercio de la vida; está ba;tante fuerte·
lucha entre demócratas y republicanos.
su cargo la ardua tarea de dirigir el Estado, pero comv todavía para resistir las duras labores del Gobierno, y su
Toda VPZ que nuestro principal mercado está más allá ella quisiera hoy que los años han nevado en su cabeza permanencia en el poder es una garantía de pa¡r, y de pro·
del Río Bravo del N'orte, no es, no puede ser extra- y paralizado su actividad, ser lo que era en los risueños greso para nuestra República hermana, y de seguridad
ño ú México, saber á qué atenerse, y preveer si sus pro- dias de fü hermosa juventud, es natural que sienta algo para los capitales extranjeros que se ocupan en el des•
ductos le serán pagados en el depreciado metal blanco, de desaliento como consecuencia de sus años fatigados.
arrollo de las riquezas de México.

~olas C!Ebitorittlts.

1,1triobistno.---Un nurtrtJ biario.

l901ítica gen.eral.

~ético .en ti .ertrattjtrtJ.

El pueblo amPricano que no ve con celos ni em·idia pJ
progreso d': )lt\xico, ad111ira las grandes cualidades de
Dfaz, y ,·e 1gual1uentt; cou gnbto bu permanencia en el
poder, J?ºr&lt;tue el ilu~trc l1u111or1: de Estado representa todo~ los 1ntt;reses, LOda~ las secc10nes de su país y todos
los e!enwnu,s de traba¡o. A su poderosa iniciativa debe
México. e11tre otros muchos adelantc,s once mil millas
de ferrocarril, cua.renta mil de telégraí¿~. el mejoramiento ele los pu~rtoH: el desagüe del lindo Yalle de :1\Iéxico,
la_ expl?tac1on rum~ra en m~yor escala, el orden admimstratl vo, la creación_ de nuevas industrias, el crédito y
b 11en nombre de l\I~x1co en el extranjero, y Jo que noso~ros n?, hemos podido conseguir en loe 1íltimos años, la
m velacmn de )os gastos con las entradas; bajo la base de
la plata, el pais ha adelantado maravillosamente eQpecialm~~te en_ los últimos cinco aflos. Cuando el ~ra~cel
::\Iac I....111ley impuso un derecho á los metales muchos
de los ~efinadores amer_ican?s se aprovecha;on Je la
opo_rtumdad, y hoy ~éx1co tiene tan grandes, modernas
Y bien mont!'das haciendas de beneficio como este país.
Por estar baJa la base de plata, el espíritu manufactnre1·0 se ha despenado como no lo dice la historia en épocas anteriores. Hace quince años, cuando la plata valía
2.1:!~ ce?ta\·os_ e~ oro la onza fina, los manufactureros
de México se l11111taban á fabricar mantas crudas sombreros, sillas de montar, cigarros, azúcar trigueña: arneses y zarapee. Ahora con la plata á 6i centavos en oro la
onza, se fabrican además de los !),rtículoe anteriores, géneros ue lana, de algodón, blancos y pintados, frazadas,
alf?mb_ras, botas y z&amp;:patos, muebles, ropa hecha, maqu111ana, ?erveza, vmos, jabonés, carruajes, wagones,
vela~, harma, conservas y pastas alimenticias y otros
muchos artículos.
Esto no es Aorprendente cuando consideramos que una
onza de plata compra la misma cantidad de trigo ruaíz
a!godón, azúcar, tabaco, manteca, etc., product~s de 1~
t1e1 ra, que cnando esa onza valía. tanto como el doble en
oro. Loe únicos artíc~los que son más caros bajo el talón de plata, son los importados de los países regidos por
el patrón de oro. Tal parece que la diferencia de valor
entre uno y otro metal, produce el efecto de un arancel
protector, más eficaz en _sus efectos que el pintado en loe
sueños d~ los más entusiastas proteccionistas de los Est~~os Umdoij, y su profeta Mac Kinley. Esta es unacueet~on que nuestro~ manufacture•oe debíera.n considerar senamente;, especialmente como oue un pequeño tráfico de
export~ción ha comenzado á establecerse con otros pafaes regidos por la plata en sus transacciones v México
podrá más tarde rivalizar con nosotros en sus 'm·anufactura3 y comercio exterior. De cualquier manera simpatizamos con su progreso y su hábil Gobierno.

*

Al p•~ bit.car este artícul(?,*lo* hacemos con el deliberado
propos1to de que sea el pnmero de una serie que prepa~amo8, para dar ,í. conocerá nu~stros lectores la campana. el1;ctoral de los Estados Umdos, cuyos preparati,·os
pr1nc1pales y tn•mendas luchas de oferta y demanda de
rotos !J delegndo:~ hemos presenciado últimamente.
~~uchaa 1ln~11&gt;ues habremos de tronchar, muchos es•
pe¡1smos tend1 emoe que deevanecer especial mente de entre aq11ello~ que á dist_ancia_ ~e prosttrnau ante el oropel
engaña~or de la polft1ca militante americana.
?'a_mb1én nos rn~virá esta serie para dar á conocer la
opm16n tan espec:al que en aquella nación se han formado del General Díaz.

N u estros Grabados

CONTEMPLACION.
9omo una p~ut,ba más de las excelsitudes á que llega
el 1d~al del artista, véase el primoroso grabado á que nos
refPnmoe.
X,&gt; e~ posible pedir más pureza ,t la expresión y más
corr~cc1ón á la lmea. T1en1; esa doncella, cuyos ojos de
te1c1(?pel? se abr~n ante lo mfinito del ensueño, una co·
rrecc16n 1dPal. Piensa uno en !a belleza impasible y suprema de Jnuo...... E l arrobamiento da á las fisonomfas
toq_ues divine.e, sin ~Iterarlas porque no las arranca á su
seriedad cont~mpl_at1va. El éxtasis no tiene sonrisas, ni
pliega los labios 111 hace relampaguear los ojos. Presta el
encaf!tO de la estat1!a s1;rena. Por esto, esa doncella s11m~rg1da ~n la _med1_tac1ónapacible y honda, viendo sin
rn1r¡,_r la mdec1ea le¡anÍll, es más bella que si mostrase la
~?.nrbe1ea tentadora de Venus ó la angustiosa expresiún de
J.'10

•

propiedad era un desierto, y para hacerlo productivo,
fué preciso enganchar más de doscientos hombres, no
sól~ para los trabajos del campo, sino también y muy es·
pec1almente, para defenderse de las temibles invaciones
de los indios.
Así y merced .i su notable perseverancia logró formar
]11s Hdas. de San Juan Nepomuceno. San ()arios, San
Fernando ( hoy \"illa Lerdo) y Santa Rosa. En 1844, fundó una fábrica de tegidrni de algodón ( la primera qne hubo en la frontera; en 1849, fundó á inmediaciones de Durango una ferrería, (la primera también en la Frontera.)
En 1&amp;12, pobló la parte de laa inmew as y fertilísimas
llanuras de Tlahualilo, en donde á fuerza de sacrificios
forruú tres _6 cuatro ran_ch'?s para cría de ganado, que fueron deetrmdos por los 111d10s. :No por eso desmav6: animábalo el noble fin de colonizar erns terrenos ·y ya en
edad avanzada, par.i lograrlo, vendió á. ínfimo precio y
á plaz?s (argos, grandes e~ten➔ ionPI' á la Compañía Agrícola L1m1tada de Tlahuahlo y regaló á la Compañía d.,J
Central el terreno necesario para su. vía: 100 kilómetros!
Tal fué á grandPe rasgos el fundador de esa cuantiosa
herencia, que poseen numerosos v~atagos entre los cuales se cuenta la Sra. Doña Angela Floree, esposa del señor Gobernador de Durango.
Ahora bie~ el Sr. Inge(tiero Don Domingo Arárnburo,
cuyo retrato ilustra así mismo estas lineas, fué encargado
por la casa Flores de IIPYar á cabo la repartición de los
ya dichos terrenos de Tlahnalilo, en los cuales se en·
cuentra la famosa laguna del mismo nombre, y se uni6
pi,ra sus trab»jos al Sr. lngPniero Daniel Va!lejo. Puso
con él manos á la obra y según el minucioso informe pre•
sentado por el Sr. Arámburo. grande es el valor de di·
chos terrenos, los cuales hábilmente explotados da1·án
exoléndidos resultados.
Para sus trabajos el Sr. Arámburo se sirvió con muv
buen éxito, en algunas partes que requerldn detalles dél
auto taquigrafómetro del cual e,¡ inventor, y los eefíon•s
Flores quedaron mny complacidos de la habilidad cnn
que efectuó la difícil tarea del plano v el reparto. Eu
atención á ésto, en Dnrango se le han eñcomendado nue•
vos trabajos, entre ellos el estudio y construcción de la
ent.ubación del agua.
Felicitamos al Sr. Arámburo deseando que el éxito alcanzado lo estimule.
NUESTROS CONCURSOS.

En el número de la sP:nana anterior no p11dimns dar
la noticia referente al último concurso musical, porque
esperábamos á última hora recibir algunas zarzuelas que
nos estaban anunciadas. Con toña oportunidad se presentaron al despacho de «El Mundo» cinco obras correspondientes al libreto Por una Deuda. firm,1do~ con
loP peeudónimos s'guientee: Nihil, ¡Sur.mm/ A. JI. R., P.
L G. y J. R. C'.
Tanto eFtos trabajos como loe cuatro presentados para
el libreto Sobre el Océano, serán entrtgados en la semana
entrante al Jurado para que decida de los dos concurso¡,,
y una vez obtenidas las zarzuelas que designe el Jurarlo
dignas de premio, las presentaremos todas á la niej11r
q&lt;&gt;mpañfa de Zar,mela que actúe en la capital. No lo hicimos antes, porque estábamoa seguros de que el viaje
del Sr. Arcaraz á Europa, había sido para mejorar sn
compaiiía, como seguramente lo hará.

al ¡iortador por la suma de mil pesos; y hahiend11 fallecido en la. noche del 28 de Julio último, el día 30 del mismo se presentó á la Dirección el portador de la Póliza respectiva, acompañada del certificado de Jefun&lt;'ión. Ba~tó
esto para que que dt&gt;sde luego se cubriesen al Sefior Don
,'\n~?n}o S:.enz de Sic\li!' l~H mil perns referidos, que rP·
c1b10 ,~ su entera eat1ftacc1ón, otorgando el recibo del
caso.
De lo _expuesto surgen dos importantes apreciacionee:
una, la mcomparable prontitud Cl)ll que paga su~ 1ie~go~ .
La Fraterna!; y la otra, que expidiendo póli?:PS bnjo una
forma especial la cual da caracter de beneficiado al portador, los contratos celebrados adquieren la fuerza de un
ch,.r¡ur, y por consigniente se eliminan en Jo ab~oluto las
tnmitaciones dispendiosas y moratorias.
Es digna de encomio esta Institución netam&lt;·nte Xacional, qu~ por sn laboriosidad y honradez ha &lt;'""quietado prest1g10 y alcanzado un progreso verdade1 a11,e11te notable.

PERSONAL.
MR. J. H. MEYER.

Damos el retrato de este caballero que acahn de prePentar su renuncia al a lto cargo de Gerente del B meo Internacional_ Hipotec~rio de esta capital, para nct&gt;ptar, ,í. lo
qnP ee dice, el m1emo cal'go en el Banco de Zacateca~.
)Ir. llfoyer es bien conocido y popular, ee¡,.,cialmente
entre las pei:sonas qu~ tenían negocios _en el 11 ipotecario,
y su separación será smceramente sentida, en &lt;•I sentido
de los negocios. P_or su parte, la Colonia amPricana pierde uno de sus me¡ores encantos con la partida de la linda sposa de JI.Ir. Meyer.
Este contribuyó poderosamente á la popularidarl del
Banco entre loe americanos, y estaba unido á la neg&lt;'cia·
ción d ..sde Marzo de 1890, pocos meses después de la
reorganización de ésta.
En México ha~ía estado ya Mr. Me.ver. de lSH á 18i9,
rlese1:ipeñando d1 verAos cargos. En 18i!) fué á X ueva
York, de donde volvió en 1888, radicáudose de nuevo
entre nosotros.
No hay para que decir cuán útil eerá el contingente
qne Mr. M~yer prestará. en su nuevo cargo de Gerente
del Banco de Zacatecas.
0

Por te)egrama ~ecibido en é~ta ciudad, se sabe qne el
Rei'lor M1n1stl'O 1..,1mantour, sahó últimamente de Nueva
York á Naragauset, dedo?de regresó poco después áN'ne"ª Yor½, afirmando el 1:n1smo telt&gt;g1ama qne la ealud del
sefior Lunantour va meioranda de dia en día.
Re encllfmtra en esta car,ital el seflor Yizconde de Cornely, procedente de Enropa.

E1 domingo tí.ltimo murió en su residencia de Mixcoac
la Rra. D~ üuadal_npe Santa-A nnade Castro. Era hija del
gPneral D. Antomo Lopez de Santa-Anna Presidente que
fué de la República.
'
El dia 3 de Septiembre próximo, se verificará probable"!~nte el matrimonio de la distinguida Srita. Sara Diaz
V 1vanco, con el Sr. D. Pedro Rincón Gallardo hijo.

*

**
En cuanto al concurR0 fotográfico,
con pena manifestamos á loe interesados qne no obstante nuestros esfuerzos
para llevará cabo la Exposiéión que habíamos indicado,
nos vemoP en el caso de desistir de esa idea, porque Pn
el Casino Nacional, en donde con tan buena voluntad S"
nos ofreció local, han Pstado y Pstán en reparaciones dPI
e?ificio, y Fe nos imposibilita organizar dicha Expoeimón_ en los salones que nos cf'dieron; y com'l sería inconvemente rttardat por más tiempo la decisión de este
concurso, la semana entrante nos harán el favor los señores jurados de designar cuáles son las obras fotográficas
que mere(,#!n premioP, y en el próximo número nuestros
lt&gt;ctores tendrán conocimiento cabal del resnltado de este
asunto.
LA FRATERNAL
P;rg,, ~us Pólizas en 2-! horas.
El Sr. D. LuiF BaFnrto ee aFPguró en )farzo del presente afio en dicha Compañía, bajo un plan de Plazo fijo

Ot ro pago de $5,000 de "La M utua."
Guadalajara, Junio 16 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director general de «La )fo.
tua ...
México.
-:\Iny señor mío:
Con intervención del Inspector de esta Compafiía el
Sr. Don Guiller~o Peake, y por conducto del Banco de
Lon4=1r1&gt;s y México, en ésta, lre recibido en esta fec:ha la
cantidad _de l~5,000) cinco mil p•sos, como importe total
de la _Póhza numero 469,328, bajo la cual estuvo aeegurado mi finado padre el Sr. Don Comado Izábal suplico á
vd_. ~cepte para sí envie á la dirección en N~eva York
m1 smcer_o agrad~c1miento por la eficacia con que se ha
pagado_ dicha Póln;a, después de levantadas las pruebas
que exige el arreglo del asunto. Deseo que sirva de estímulo en favor del Seguro Sobre la Vida en la ant.igua,
honorable y podi¡iroea Compañía «La Mutua» de Xueva
York.
Quedo de vd. su atento y S. S.-FRANn~co IúnAr,
IR1ARTE, albasea testamentario de Conrado Izábal.

r

Los t errenos de Tlahuali lo.
sr nr,·rs10N.
En otra parte pnblicamos el plano detalla&lt;ln
de los terrenos de Tlahualilo y de D. Pedrote, d.-1
Estado de Durango, pertenecientes á la cuantiosa testamentaría del acaudalado Sr. D. Juan :Flores, del mencionado Estado.
El Sr. Floree, cuyo retrato publicamos en otro
lugar, fué el fundador de e~a ópima herencia
que hoy a~aba de deslindarse y repal'til'se, y aH
por lo cunoso de la agrnpaci6n de eFos terrt:l•
nos que son de tanto porvenir para Durangn,
como por. ~ratarse de u1!0.de los jefes de autig?as familias más prestigiadas de üurango. parecenos oportuno dar algunos datos biográfico&gt;',
que mue~tran lo que valen la energía y la pP,1severanc1a para la consecución de las grandes
fortunas.
El Sr. D . .Tuan N. Flore~ nació en la ciudad de
~uraogc, en Julio de li9i, y murió en su hacienda deAvilésen Diciembre de 1886.
En 1836 comprí, la hacienda de Ramos y San
Juan de Cas~ {del Estado) y trató desde Juego
de cr~ar fiac1endas y laoorfos de algodón, caña
de azucar y cereales. Mas podía decirse que su

L
SR. -le A:-- FI.ORF-&lt;.;,

SR.

J. H. :\1 EYER,

ING.

nomxoo An.,,rnr~o.

�9

l':L MUNDO.

84
Un monumentoá Pio IX en Jamain.
Probableme nte pocos de nne8t10s IE-ctore:=: Fa·
ben que en la H.epública )!exicana. en las ritineñas playl's ct.. l lago de_Chapala, e~i,t"' un hteri110so pueblPcillo denonnnado Jawalll.
En el b111' ri tiempo riejo, como dicen los franceses el camino carretero que conducía de Guadalaj~ra á La Barca, bordeaba ese. pueblecillo, y
los pasajeros que yiajaban'"'n las 111onumen~ales
diligencias, solían detenerse Pn él por bre\'e tiempo, contemplando embelesados l_a ext_ensión azul
de la laguna inmensa. El rnporc1to Libertad, que
de una manera tan trágica SP perdió en Ocotlán,
sumiendo en la más t&gt;Spantosa ·desolación á innumerables fami lías de Guadalajara, solía así
mismo desen,barcar en Jamain á alegres turi.Jas
de excursionistas, que ponían en movimiento al
pueblo. Hoy, el ramal del l&lt;'Prrocarril Central
que comunica á la Snltana de Occidente con lrapuato, deja á buena distancia al portezuelo, y
apenas si se detienen en éste los grandes pango!'
trnjineros que hacen comercio de peECado y sandías, en las riberas de la laguna.
Ahora bien, en ese cortijo ignorado, en ern aldehuela que lamen y arrullan las. ond~s del Cha·
pala1 únicas conocedoras de su h1stor1a, hay algo
que 1lama pode1·oeamente la atención dé tal ó
cnal turista extraviado, Y este algo, P~ nada menos que un monumento ......... á 1:'fo IX.
¿Por qué azares fné á erigirse en ese aparta~o
rincón de México un m0numento á la memona
del Pontífice de la Imnaculadal La historia es bien
sencilla:
' de Jamain, de cuyonombreno nos
Un buen cura
acordamos, un humilde abate que poseía al~unos
bien.es de fortuna y qne era grande admirador
del Papa del Sillabus, resolvió, allá por lae J&gt;OS·
trimerías del reinado de dicho Pontífice, er1g1rle un monumento en el pueblo donde 1esempeñaba la cura de almas, y sin vacilar, puso manos á la obra. Naturalmente .se procuraría que el
monumento fuese digno de aquel á quien se dedicaba, y el proyecto fué discutido á. sus solas
por el buen cura. ¿:',1armolJ Era demasiado carn.
¿Piedra? No se prestaba mucho para los adornos ...... El cura q·_ería que el monumento fuese
muy historiado, y tráH madurfsimas reflexione~,
optó por el barrn. El ·barro abunda: es blando,
maleable, dúctil y se p!·esta á todas las formas y
á todos los adornos.
Acumulóse, pues, barro del más fino y se dió prinejpio
á la obra, que trás prolongadas labores quedó conchuda.
El monumento resultó cilíndrico, con grandes estatuas en
nichos próximos á sn base, representando á los doce apóstoles, con grecas y alicatados á más no poder, y helo_ ahí
recortando su grande y extraña mole en el az_ul del c1e!o,
y apareciéndose á lo lejos como una gran pieza de aJedrez de manufactura japonesa, pulicta por todas partes
hasta relampaguear, pues se enjarró de la mej@r manera posible, y consistente á pesar de la fragilidad de sus 1'?a•
teriales, pues mul!hos años han paeado por él, respetandolo dªbidamente. Corónalo una estatua de buen tamaño del Pontífice.
Quien había de decir á.este Pontífice Mhimo de feliz
y p1a memoria que en Jawain se perpetuaría ella con un
monumento, que quedará probablemente en pie cuando,
después de luengos años de rei~ado descien_da á su vez á
la eternidad el sucesor hoy glonoso, León XIII!

1-

)[ONU~IENTO Á. PIO JX EN ,J Uf A IN.

LAS YICTHIAS DE UN NAUFRAGIO.
En el mar todo es inesperado. La embarcación que ayer
dejó la costa bajo un cielo sonriente y que resbalaba por
un piélago de lápiz-lazuli, hoy, en brega con los vientos
que se avalanzan al cordaje)' con la~ olas qu_e barren la
cubierta, flota entre dos abismos á cual más espantoso,
que abren sus fauces negras para engullirla.
Ese titán que se llama Océano, magüer su potencia colosal, es cobarde; procede por sorpresas; a1:&gt;re vórtices inmensos, después de mostrar el bruñido espe¡o de sus aguas;
antes de ahogar, sonrié, con la sonrisa engañadora de
Otelo.
Es el eterno salvaje. En vano la civilización corre por
los nervios de caucho del cable, á través de sus aguas, llevando á todas part~s la palabra de progreso y redención.
En vano el vapor corta esas aguas con su quilla y se empenacha de hu 1110: él mar no se ctomestica, es el eterno
rebelde, y no hay día que paBe sin llevar consigo r ecuerdo de alguna de sus hazañas.

AGOSTO,

umÍ),

Relatemos la última, habida en nuestras costas.
El Oaxaca, trasporte de guerra de nnestra marina hallábase fondeado frente á S.ln E.mito, en
110 1.:iar quieto y blando, luciendo su casco recién
pintado v recién bautizado también con nuevo
nombre· pues sabido es que ha pasado por una
transfo;mación curiosa; era buqne mercante y
se llamaba Al1andro y surcaba las aguas del Norte· mas cuando se cristalizaban los rumores de
u~a guerra con Guatemala, él, el pacífico buque
abarrotado siempre de mercancías, sint.ió que el
patriotismo se le subía á la cabeza, y sin más
ni más alistóse en las filas de la armada. Naturalmente 'un cambio semejante, requC;ría asfmismo
una total variación de nombre, y el Alejandro se
convirtió en Oaxaca, ganando en el cambio, pues
de «individuo» pasó á «Estado;» pero 110 di vague•
mos; de~íamos que el Oaxaca se hallaba frente á
s~n Bemto,
.
Parte de la tripulación, al mando del 2? Ca•
pitán, G. Miranda, salió con un bote á hacer un
reconocimiento, acercándose á la costa que se
perfilaba vigorosamente dorada por el sol. El boce avanzaba rápidamente, guiado con aplomo por
los tripulantes, y rompiendo con airoso movimiento las ondas, que formaban bouquels de espuma.
Las rompientes, no lejos, CC'ronadas de blanquísimas grecas, dPjaban oír ese rumor tan conocido d.i los marinos, que denuncia un peligro
fácil de desafiar. El bote pronto llegó :í ellas, presentando su delgada quilla á las olas. Para salir
ileso de una rompiente, es indispensable esta maniobra muy bella por cierto.
l\Ias'1ay! del atrevido esquife, si por algún ar.cidente presenta un flanco á la onda pérfida que
viene. Esta lo arrolla á su paso, haciéndolo girar vertiginosamente, sin que los tripulantes, sorprendidos, acierten á tomar prúvidencia alguna.
Tal sucedió al bote del Oaraca. Un movimien.
to que presentó á una ola, un flanco, he ahí to·
do: el bote se volcó rápidamente y siguió rodando entre la marejada, hecho pedazos é impulsa•
do siempre...... Los tripulantes quedaron por un
momento á merced del «enemigo,,, Más recobrados pronto de su sor¡:iresa, empezaron á luchar
con él intentando ganar b costa á nado. La costa era'Ia salvación, más, ¡cuántos e1due~zos inútiles! la distancia ganada, perdíase en un momtnto merced á ungolped"' la marejada; era pre·ciso conquistar aquel p:é ago movedizo palmo á
palmo, ó perecer. La fatiga empez~ba, los brazos apenas
podían moverse, el vapor estaba le¡os ...... .
Y el cielo impasible y puro..... .
Cu:1ntos segundos de esos que parecen siglos, duró ~ata
lucha encarnizada entre el elemento artero y los tripulantes? Solo la angustia pudiera contarlos...... Por fi~ un
esfuerzo desesperado tuvo éxito y los nadadores rechnáronse muPrtos de fatiga so'bre la playa. Después se encaminaron para Tapachula, de donde el teniente Miranda
telegrafió á San B,rnito, dando cuenta de lo ocurrido al
ler. contador J. González.
Publicamos, con sus nombres respectivos, el grupo de
n í.ufra,.os en camino para Tapachula.
De fijo mantendrán toda su ·vida el recuerdo de aquella
desesperada lucha.
UNA PUBLICACION MUSICAL.--Muy pronto se repartirán los
prospect,os de la que va á editar en esta CHpital el conocido profesor
D. Antonio Cuyás. Sabe~os que, ameno y ,,,:,.nado el nuevo periódico musical llenará. el vac10 que se nota en nuestra prensa toonlca, Y
por taut:i
atrevemos á augurar un buen éxito al futuro colega.

nos

I~as victimas de un n.aufrag·io.

l. Contramaestre J. Ge:mllez.

2. Cabo Cañón .T. B:i.utist'.l..
~- Marinero ile 1" A. Noriega.
7. Cabo marde 1" F. Contreras.

Diaz. 5. Cabo mar de 1" B. Beniz.
ler. Teniente G. Miranda.

4. Marineru de 1&lt;11 ,T.

s.

6. MarineroC:e 2"

Fa'. lo I:uf.no.

9

AGOSTO,

1896.

ÉL MUNDO.

..

85

Detrás del príncipe Kung y también de prejuicios, cuidadoso del fin y as&lt;\z indife
c:i.rgado de honores y de rente para los medios, trató con Inglaterra, tomándole
liños, cansado del ejercicio hombree y armas para ahogar la rebelión en la sangre,
del poder, veía, en efecto, lanzando sobre sus Taiping al futuro héroe del S~dat~,
~nrgir un hombre nueYo: Gerrdon, en las manos del cual puso el mando del «eJérc1Li-Hung-Chang, llamado, to siempre victorioso ,, Si se Je reprochó que se apropiaba
según creía, á altos desti- 8US éxitos, que se apoderaba de sus victorias y que en sus
nos. Anson Burlingame no informes habilmente redactados se presentaba como el
~e equivocaba tampoco en p cificador del Imperio y el salvador del trono,Jiay que
sus apreciaciones de los con\'enir también en que tuvo su parte en el éxito y en
hombres. Poco tiempo des- que no se mostró ayaro ni de honores ni de dinero fren ·
pu~s de haber dicho aqu~- te á frente del hombre escogido por él y que un dia, exasllascosas, moríasúbitamen- perado por su falta de lealtad, lo buscaba para rompe, le
1e, sin haber concluido sn la cabeza.
l&lt;'ué al dia siguiente de la victoria decisiva deFoochmd.
tarea, el príncipe Kung se
retiraba, y Li-Hung Chang El Generalísimo de los Taiping, el intrépido y Yiejo Moh"'ahg, guarecido en su ciudad como una fiera en su cule sucedía.
«Las torres se miden por bil, sucumbía bajo los golpes de sus capitanes, á quienes
qnerfa arrastrar á un golpe supremo y sin esperanza.
FU sombra y los grandPs
hombres por el número de Muerto él, capitularon ellos ante el asalto furioso de Gor~us enemigos,n dice un vie- don que les ofrecía perdonarles la vida. Pero Li-Ilungj0 pro,·erbio chino. La to- Chang, como gobernador general de las provincias del
rre es alta y proyecta una Kiang, no se consideraba ligado por la palabra de Gorpombra espesa; Li-Hung- dun, en tanto que el no la hubiera ratificado. La muerte
Chang tiene muchos envi- ri.e los jefes rebeldes podía solo apaciguar las alarmas d_e
•·im,os y hubo un momen- la corte imperial, aterrorizar á los rebeldes y elevar á L1to en que faltó poco para lluug-Chang á la realización del poder y de la fortuna.
Por orden suya, los jefes vencidos fueron degollados,
que lo derribaran. Modesy el virrey vencedor, escapando á la legítima có'era de
10 eFcri bano de la provincia
de Han-Wei, el virrey del su capitán, se apresuró á abandonar su tienda, á la cual
Petchili se había converti- Gordon, con el revólver en la mano, llegaba algunas hodo en hombre poderoso y ras después á pedirle cuenta de su perjurio.
Sin piedad, Li-Hung-Chang, tampoco tenía rencores.
temido cuya voluntad se imponía á m~s de trernientos Había pre isto la indignación de Gordon y se había ~usEntrada de Li-Hung-Chang á París.
mil lonPs de seres humanos. traido á sus efectos; pero rindió un brillante homena¡e á.
Dei,graciadamente su des· su valor y á su capacidad militar, recompensó con largracia no (ué sino pasajera. Levantóse tan grande como gueza á sus oficiales y sus soldados, y jamás comprendió
antes para apa-ecer en un nuevo teatro, representar la por qué Gordon rehusaba desdeñosamente el millón que
China en el extranjero, y de virrey convertirse en em- había pedido á Pekín y obtenido para él.
Cuando, quince años más tarde, Gordon, llamado para
bajadol'.
En él, el pasado explica el presente y los antecesores conjurar la guerra que estaba á punto de estallar entre el
Su recepción en el EUsco.
al descendiente. En las facciones afinadas, en la movili- Imperio y Rusia, volvió á China, Li-Hung-Chang lo esInterro.,.ado sobre aquello que más le llama la atención dad de la mirada y la impasibilidad sonriente de la faz; peraba en Tien-Tsin, y a\ verlo, lo estrechó en sus bra€n Europ; Li-Hung-Cbang debe haberse visto tentado en la lentitud calculada de la palabra y la discreta corte- zos. Gordon mismo no volvió á ver sin cierta emoción al
mucha!'! v~es á responder: «Verme en ella.» Ni en loe sía de la atención, el diplomático se revela y el hombre compañero de los días sombríos y de los grandee éxitos.
principios de su sorprendente carrera, ni en el apogeo de de Eitado se afirma. Su fisonom (a altiva, sus labios finos, Entre semejantes hombres, la vida es muy corta para
su potencia, ni en la hora de su pasajera desgracia, el su frente plegada, sus pupilas velando la agudeza de los rencores eternos, y ambos tenían algo mejor que hacer,
hombre de Estado, al cual ~e ha llamado el Bismarck de ojos, su fisonomía mos_trando_ lss huellas ~e un in~esante que evocar un penoso incidente del pasado. El porvenir
trabajo, de un pensamiento siempre despierto y siempre se ensombrecía de nuevo, y los dos vencedores de los
fa China y que fué y es el Tabuis Cunctator, podía prever el srngnlar concurso de circunstancias que haría de él contenido. dicen el poderoso esfuerzo de ese cerebro que Taipings;se concertaron para asegurar la paz.
el embajador de China cerca de las potencias occidenta- prPside aún en los destinos del Imperio.
Los prudentes consejos y el apoyo de Gordon ayndaEg de la raza conquistador!\, su estatura lo indica; el ron á Li-Hung-Chang á hacer prevaler en opinión e!! la
les, y q11t&gt;, arracándolo á su hierática inmovilidad le lle,·aría, al declinar sus años, á visitar esa Europa cuyos es- cnerpo seco y nervioso, cubierto por su luenga túnica de corte imperial y llevaron al más alto grado la potencia y
fuerzos deecubría hace ya tanto tiempo su diplomacia cau- eeda, lleva, sin encorvarse, el peso de los años y el farrl,1 el crédito de aquel áquien un d(a había querido matar.
de los negocios; su sobriedad es proverbial, y de todo lo
telosa y sabia.
Si este hombre de Estado no ha suprimido como el
Aparece él en estecimdro nuevo, C()mo el últim() repre- que la vida puede ofrecerá un hombre, no ama mas que maestro que lo educó á todos sus enemigos, si éstos dee- •
1-entante de nn orden de cosas y dti ideas, que se derrum- el poder, desdeñando todo lo que únicam,ente constituye pués lograron altera,. !a confianza que le inspiraba al emban por en base. Flexible y astuto, hfüil para adaptarse el placer.
perador y arrojar sobre él en parte el mal éxito de !agueEn los principios de su vida política tuvo una bue- rra de Corea, Li-Hung-Chang, ha dado buena cuenta de
,l las circunstancias, es el lazo de unión entre lo que fné
v lo que será; personifica al Celeste Imperio de otro tiem- na escuela, la de TBang-Kwo-Fun, al cual debía suceder las acusaciont,s que se le hicieran, y el modesto escrii&gt;•), evolucionando hacia los destinos nuevos, 1í. los cuales un dia como virrey de Nankin y que murió sin dejar nn bano de Han-Wei es y será, en la historia del Celefte
intentaba dirigirse desde 1856, impulsando hacia afuera enemigo, «habiéndolos suprimido todos durante su vida,» Imperio en el siglo diecinueve, uno de los tipos caracteinnumerables emigrantes.
RPgún decía. Así lo hizo también á lo qne se dice Li- rísticos de su raza y de su tiempo. Fatalista, se inclina
Cuando en 1841 In~laterra rompía á cañonazos las puer- Hung-Chang, en cierta medida y con procedimientos ante los hechos, accidentes pasajeros, ante la fnerza, que
tas de China y laobhgaba á salir de su aislamiento;cuan- menos violentos. Llegi.do en una época de transición eran- tiene su tiempo; ante Europa que la posee. Sufre los tra!lo en 18.'&gt;ü Fritncia é Ioglaterra bombardeaban á Cantón le pl'ecisos mayores manejos y además el destino le re- ta,jos qne ella le impone; estudia las causas de su fuerza
-é impo11ia11 al Emperador Hian-Toungel tratado de Tien- servaba rudas pruebas.
material, sus instrumentos y sus armas. El tiene de su
Tsi n, 11 i 1«glaterrani Francia supusieron que por esas puerEnropa forzaba la entrada del Pei-Hoy, la rebelión de parte el número, y su raza prolífica entre todas no mueP&lt;t.as hunJiuas, la raza de los hijos de Han iba á desbor- los Taipings amenazaba con engullir en un espantoso ca- tra aún aíntoma alguno de agotamiellto. Tiene, para é l,
darse sobre el mundo y que habían abierto camino á un taclismo !a dinastía Mandchone. Se afirmó en fa diploma- PI tiempo: China desafía á los siglos y lo que él no pueda
formidable exodo. Al principio nada indicaba esto. Chi- cia nPgociando con Europa. Aprendió la guerra en la 1.'S
hncer lo harán sus eucesores. Afable y cortés ante los
na se mueve con msjestuosa lentitud; las idets nuevas pe- cuela de Gordon. Espíritu delicado, librP de efcnípulos diplomáticos europeos, espera, observa, escucha, éonven
netran di[ícilmente en esa ma9a enorme que comprende
-casi una tercera parte del género humano. Extiéndese
poco á poco sin prisa; se diría que al revés de los Estados
~uropeos, impacientes del presente porquP. dudan del
porvenir, la China. confiada en sus sesentasiglosdeexistencia, en su inagotable fecundidad, se cree apenas en su
madurez, no prevé su decadencia, y paciente por que se
juzga eterna, ei-pera todo del tiempo que á ella sola la ha
dejado en el olvido.
No por ser pacífico y legitimado por los tratados, el
-exodo chino, fué menos inquietante. Abierta á la e1mgra-ción, la China se reveló dtsde 1865, como un factor nuevo. factor económico, personificado por la mano de :,bra
barata, invadiendo la Oceanía, la Malasia, la América v
las Antillas, y haciendo al obrero de la raza blanca, la
111,LS temible de las competencias. Los Estados Unidos
. ,se conmovieron, Europa se inqu ietó y en el Congreso de
Berlin, el con~e Schouvolof, representante de Rusia, seíialó el peligro á la atención de sus colegas.
J!;n esta época 11e discutió mucho el problema que debía resolverse con el concurso de las grandes potencias,
-tomando parte en esta discusión Anson Burlingame, embajador de China en Europa. Americano de nacimiento,
oficial distinguido, Anson Burlingame había representa do un papel importante en la guerra de secesión. Diplomático inteligente, acreditado por el Gabinete de Washington cerca de la corte de Pekin, se había ganado la
-confianza del príncipe Kung, entonces regente del Imperio y con la autorización de su gobierno, había aceptado la misión de representar á China cerca de las potencias extranjeras. Un tratamiento de príncipe, los pode,:-es más extenso~, los tí'tulos diplomáticos más elevados,
compensaban !as dificultades que una tarea semejante
traía consigo. El sentía el peligro fijando sus ojos en el
porvenir con inquietud, previendo el dia en que los Estados Unidos y Europa se dar1an cuenta de la imprudencia con la cual se impuso al Celeste Imperio tratados ct1yas consecuencias no se habían medido. •Es tiempo de
acab&lt;\r, decía Anson Burlingame, con la pretendida impotencia de la China y también con la pretendida infe•·ioridad de los hombres del Estado Chino. Valen tanto
-como loe nuestros y conozco en las clases 1,ecnnd:ll'ias,
.alg•mos cuya inquietante ambición está servida por un
• nro talento.»
Rl!CXPCIÓN DE LI·Hl!NG-CHANG EN EL PALACIO DEL ELISEO.

�F6

9

EL MUNDO.

AGOSTO,

1896.

9

AGOSTO,

..

La tnsurreolon

insurección ifo C!reta.
cido como el sabio de que
EN LA ISLA DE CRETA
«las verdades que menos ee
gusta oír, son lae que se tiene
Ya otra vez y en otras secmás interés en saber,» y en
ciones de nuestro semanasu e-acepticismo, no posee
rio, nos hemos ocupado en
más que una convicción: que
dará conocer á nuestros aboChina es eterna, que el resto
nados las diversas fases porpasará, pero que ella no paque va pasando la insu_rrE;C·
eará.
ción de los cretenseF cristiaAsí, en su fuero interno.
nos contra el dominio fanáticon qué conmiseración, ese
co del Sultán de Turquía.
hombre de Estado, filósúfo
Hoy para ilus~rar aconte7i ·
y sabio, asiático y fatalista,
miento de tal importancia,
debe juzgará !os europeos
que preocupa á las veces las
siempre agitadosy ocupad~s
cancillerías europeas y á sus
siempre! Como todos los chitaimados diplomáticos, punos de alto rango, no pueblicamos varios grabados queden tener para Ja,¡ artes, las
se refieren á la revuelta isla.
costumbres, la filosofía y la
de Creta.
religión de Europa más que
Hacia la parte superior del
una indiferencia que disimugrabado puede verse una visla bajo las hiperbólicas fórta:general de la ciudad de
mulas de la política orienCandfa, capital her_rnosa y
tal. Unicamente las ciencias
floreciente en otros tiempos,
europeas Je interesan y su,i
y hoy debatida y decadente
agentes en Europa tienen por
bajo el filo de la espada Musmisión sobre todo seguir sus
límica. Cuando Creta estaba.
progresos. Esencialmente
en poder de la República dt!
observadores, comprenden
Venecia e~ta capital era el
pronto y retienen bien las
e1.1po1·io' del comercio, y al
cosas; aprenden jugando y
:;.,-•
afluir dentro de sus muros
,t-•¡ ·]
uno de ellos decía un día no
las riquezas de remotos paísin una inflexión de orgnses y los productos de remolloso desdén: «nuestra ci v1litos climas, ahf se concentra·
zación es tan vieja, nuestros
ba tambien una parte de la
,._ ______.
antepasados han acumulado
actividad ci~ntffica, artística
tantos hechos, desr.ubrimien·
é industrial de la egregia natos y observaciones que en
ción que se engrandeció en
Europa más que aprender lo
1. Vista. general de la ciudad de Oandia.
2. E.~tatna romanadeSt:rozada por los turcos.
.
San Marcos y se inmortalizó
que ignoraba, me parece reExcitación popu ar en Retimo (t la vista de un buque ingl~~4. Oam¡,amento turco cerca de Ret,mo.
en Lepan to.
cordar lo que había olvidado»
carnación
viviente
del
pasado,
tomar
en
sus
manos
la
diHoy
es
apenas
la
hermom
Candía, triste sombra de su
Ni las victorias del Japón, ni el hundimiento aparente
glorioso pasado.
. .
del prestigio militar ue China, conquistado en la guerr!l rección de la evolución del mañana.
Tal es el retrato moral del hombre que, después de haA la derecha está representada como rehqu1a de una
contra los Tai:pings bastan á alterar la confianza de L1Hung-Chang en el porvenir de un imperio, sobre_el ~ual ber recorrido varias cortes europeas, ha lleg:ido á París, pasada civilización y grandeza de_ Creta, el fragment~ coparecen no haber pasado los siglos, y cuya v1tahdad a! foco de la ilustración y de_!~ ciencia, y c~1; las cere- losal de hermosa estátua romámca, dlstrozada po. los
asombrosa ha resistido tantas otras ·pruebas. Lo qu~ será rnonias de estilo, ha sido rec1b1do por el PreslOente de la fanáticos mahometanos.
Los siguientes de la parte infnior de nuestro grabado,
ese imperio no puede aún en~reve_rse; lo qu~ anuncia, es República Francesa.
Nuestros lectores habrán venido, por dicho retrato, ~n nos ofrecen dos ebcenas en las Ct'rcanías de la CJuda~ deun factor importante en la ~1stor1a eco:nórruca dd munconocimiento, de lo que significa en Europa la presencia Retimo, que ha servido de refu~ío á los turcos per,egmdo&amp;
do y un peligro en un próximo porvemr.
El Japón ha despertado en esa_ polvareda de hombres de ese hombre misterioso, y no extrañarán que le .baya- por los insurrectos, merced al ~uerte destaca,nentoque !:L.
el instinto de la solidaridad nac10nal; les ha rernlado lo mos consagrado un sitio preferente en nuestl'o semana- guarnece. A un lado está una vista general dl'l c3:m{?ame11.
tr turco, tomada desde la A.owpolis, ó fnerte pri1:c1pal en
que pueden la disciplina, la ciencia y la uniun._ Con el J~lo alto de la ciudad; y al otro se ve al pueblo a~1garrad.,
pón como aliada ó contra el Japón como enemiga, la Chi- no.
lanzándose al muelle del puerto, para ve~ en agitad~ ~x ·
na no tardará en reaccionar, y no es uno de los menores
citación la llegada de un buque de guerra inglés, el Sybdle
aJ&lt;ombros de nuest,ro tiempo verá Li-Hung-Chang, la en'

... ..

~os postrimerías

ae

un reinaao.

a

____·•~

87

EL1úUNDO.

1896.

que se creía llevaría oportunos auxilios.
Los cretern,es saludaron al representante del poder británico, creyendo que viene
como centinela avanzado de uua intervención más eficaz, en favor de los cristianos.
Vana esperanza! la lucha sigue más encarnizada cada día, y si algo logran los cristianos, lo deberán á sus propios esfuerzos óal
auxilio que abierta y francamente reciben
de Grecia, y de ningún modo á la acción
de las potencias europeas, que hoy con la
insurrección de Creta, como ayer con las
matanzas de Armenia, parecen indiferent&lt;'s á las gemidos de los que padecen la bárbara opresión de Abdul-Hamid.
_,,.,,uf011•••-___,J

LAS POSTRDIERIAS DE UN ltElUDO.
Cuando hace poco, en el pasado mes,
asistió la Reina Victoria á su palacio de
Buckingham, con motivo del casamiento
de su nieta la princesa Mande de Gales con
el príncipe Carlos de Dinamarca, algún
repórter, de esos que nunca faltan en ocasiones tan solemnes, y andan á caza de la
palabra furtiva que puede comprometer,
oyó decir á S. M. B.: «Ser,\ esta mi última
estancia en la capital de mi imperio.»
Si es ó no ciert-a, no &amp;abremos averiguarlo, pero la frase transmitida con la velocidad del relámpago, ha d.ido la vuelta al
mundo y es comentada hoy en los círculos :financieros y políticos de ambos hemisferios.
Ya se discute la popularidad del Príncipe
de Gale:s y se aquilatan sus cualidades y defectos; ya se forman pronósticos sombríos
sobre la quebrantada salud de la Reina. y
se hacen fúnebres cálculos sobre su avanzada edad.
El tiempo se encargará de dar la razón
ó de desengañar al astuto repórter.
Entre tanto, nosotros, que nos vemos
obligados por nuestra tarea, á dar á conocer en tiempo oportuno la nota ilustrada
de los principales acontecimientos del mun ·
do, del universo civilizado, publicamos hoy
un grabado que representa una parte de
las fi~stas en el palacio de Bukingham,
con motivo de las regias bodas áque nos
referíamos hace un momento.
El dibujante sorprendió una escena animada en el Garden Pa;·(y de la Reina: allí
se ven al Príncipe y á la Princesa de Gales, futuros saberanos del gran Imperio
Británico, haciendo los honores del palacio con esa exquisita corrección de la etiqueta inglesa. Los jardines del histórico
castillo despliegan un lnjo primaveral, y por
entre sus macizos follajes y sus cultivados
y graciosos parterres, dedilan lo&amp; miembros más conspicuos de la aristocracia,
únicos admitidoR á tan e~cngidas fiest.~e.
Nuestro grabado da idea cabal del con·
.fort y del espiendente hijo que allí se desplegaron, de ta animación seria y de la alegría correcta
que reinaron entre las estiradas /odie.~ y los apuestos gentlemen, flor y uata de la corte de Saint-James.

ESTATUA DE JUANA DE ARCO E~ RE!.MS

Inaugurada el 15 de Julio último.

Estatua de Juana de A:roo.

El Presidente de la República francesa, Mr. Félix Faure, inauguró en Reims, el 15 de Julio último una estatua
de Juana de Arco, muy hermosa, debida á l\I. Paul Dubois, y cuya fotografía damos en lugar preferente á nuestros lectores.
La historia de este monumento es la siguiente:
En 1886, la Academia de Reims resolvió erigir una estatua á la doncella de Orleans y con tal :fin se abrió una
suscrición nacional. Los veinte mil pesos que se necesitaban para el monumento fueron rápidamente reunidos,
pero la estatua no estuvo terminada sino hasta hace algunos días. ::\1. Paul Dubois, con una rara conciencia,
corrigió muchas veces su Juana de Arco, que jamás encontraba suficientemente conforme al ideal por el soñado.
La estatua fe levanta sobre un pedestal erigido sobre
el sitio del Parvis-Notre-Dame.
Este pedestal lleva en un !ad.; la inscripción siguiente:
A Juana de Arco.
Reims.
Francia .
,
Suscrición nacional abierta por la Academia deReims.
1886-1896.

Y en la faz opuesta:
17 Julio 1429.

M

.

La fiesta se celebró en la Escuela de Aplicación y fué
presidida por los generales Monfort y Allard; á ella asistieron todos los oficiales francos de la guarnición; y
adornados los cuatro lados del patio principal, y convenientemente dispuestos, dieron cabida á hermosas seño·
ritas, que en traje de gala eran el ornato mejor de aquella multitud patrióticamente alegre, caldeada por un sol
estival.
La primera y más importante parte del programa consistió en la presentación de todos los estandartes del Regimiento conducidos por alféreces vestidos con el uniforme de la época á que cada insignia pertenecía; los encargados de desplegar aquellas reliquias venerandas tan disímbolas, y de tan diferentes épocas, pues ~l más antiguo se remontaba á 166-!, en el reinado de Lms XIV. y el
más moderno es de 1868, del tiempo de Napoleón III, llenaron maravillosamente su cometido, ejecutando varias
evoluciones muy apreciadas de los inteligentes. Esta es
la escena que representa nuestro grabado.
El resto del día se dedicó á maniobras de todo el Regimiento, y á ejercicios de fuerza y de agilidad entre los oficiales y sargentos. La fiesta terminó con un banquete íntimo dedicado á la tropa, y organizado á expensas de
los jefes.
Fiesta animada y agradable la de Fontaineblean, que
recordará á la Europa entera, que si los súbditos del Emperador Guillermo se ufanan con sus laureles reciente~lde
Metz y de Sedán, de Gravelotes y Saint Privat, los franceses, que no oh·idan po,que no quieren ó no pueden ?1vidar su derrota, guardan con amor el recuerdo bendito
de snF! glorias inmarcesibles, y esperan ver lucir el sol
que alurubró los frescos lauros de \Vagram y de Jena.

Bien merece este homenaje la heroica virgen salvadora
de Francia.

Aniversario de la batalla de Wagram
EN FONT.AINEBLEA.U.
Como para responderá esa serie de fitstas con que los
alemanes han venido celebrando desde hace un año sus
triunfos sobre el segundo Imperio francés en los años de
18í0 y 1871. el 7? Regimiento de Dragones de la Repúbliea, de guarnicion en Fontaineblean, buscó una fecha gloriosa para las armas nacionales, recordó la memorable
batalla de Wagram. y organizó alegre festival eldia 6 del
mes próximo pasado.
Ga,den Party de la I:eina en el Palacio de Buchin~ham.

AL POLO NORTE EN GLOBO.
Una excursión arriesgada.

El señor Andreé, el arriesgado aeronauta y sabio sueco, y sus compañeros el doctor Ekholm y el señor'Strindberg, se han embarcado en su gran globo, en el punto
más septentrional del 8pitzberg, con la esperanza de llega, al Polo Norte, 6 cuando menos, á un punto cercano
á el.
Teniendo en cuenta los preparativos delicados hechos
por el señor Andrée, se puede creer que tendrá mejor
éxito que el viajero Nansen.

El seflor Andrée alimentaba desde hace
muchos años la irlea d1- 1Ji,gar en globo al
Polo Norte. En 18iü, haciendo un Yil1j_e a través del Atlántico, llamó su atención la
regularidad de los vientos alisios, )'. pensó
en la posibilidad de hacer largos vm¡es en
globo, principalmente ~e Europa á _América cruzando el Atlántico. Pero la 1mpo•
~ibiiidad de reunir tanto dinero para em·
preea semejante, hizo que no sa preocupara de su proyecto, sino hastaT 1892, cu~ndo
el buen é:;;:ito alcanzado por Noi-densk¡odl,
y las exploraciones de otros sabios suecos
en las regiones árticas, excitaron al señor
Andrée á llevar á cabo su idea de llegar en
globo á la región polar.
Hasta esa época sus estudios sobre aerostación habf.m sido casi teóricos; pero desde luego comenzó á reunir la práctica á la
teoría. Empezó por hacer algunos viajes
con el aeronauta noruego Cetti, y sns experimentos en la n~v~~ación at&gt;rea, le convencieron de la pos1b1hda~ de llegar al Po. lo por medio de embarcac10nes aereas. El
barón Nordenskjold, célebre explorador ártico, le'ayudó ampliamente proporcionándole dinero. El señor Andrée d1¡0 que. le
bastarían 7 220 libras, y desde luego hizo
un contrato con el señor Lachambre, constructor parisiense, para la fabricación de nn
globo por valor Je 2,000 libras.
El globo, ya concluido, tiene "!5 pies de
altura desde la boca basta el vértice, ó sean
97 pies deede el v~rtice hast:i !a base de la
canastilla, donde irán los v1a¡eros durante su viaje por los aires. Los dos tercios
superiores del globo están hechas de tres
cubiertas de seda mas gruesa.
Las cubiertas están unidas firmemente
unas con otras por medio de capas de barniz y tanto el interior como el exterior del
globo eet.á cubierto por dos capas de barniz.
La red que envuelve al globo está hecha
de henequen italiano, de cinco milímetros
de diámetro. El globo no tiene válvula en
el vértice, como sucede generalmente, sino
que tiene dos colocadas diametralmente en
la zona ecuatorial, y una en el apéndice.
Esta última es automática y tiene por objeto evitar la entrada del aire al globo. Se
abre con una presión equivalente á diez
milímetros de agua, y deja oalir el gas superfluo. Las cuerdas que cuelgan de la red
y que sostienen el anillo de donde pende la
canastilla son en número de cuarenta y
ocho.
En el espacio comprendido entre el apéndice del globo y el anillo wn la.e provisiones un bote, y tres velas que-al ser extendid;s presentarán al viento una i;.nperficie
de 80 pies cuadrados. Por medio de eFtas
velas el señor Andrée cree conseguir mantenerfe á una altura máxima, ~ob1·e tierra,
de 150 pies, ámenos que los accidentes del
terreno le obliguen á elevars1&lt;.
La canastilla es de forma circular: tiene
cinco pies de profundidad y seis pies y medio de diámetro. Solamente hay eepacio para qne nna
persona se entregue cómodamente al suefl_o, las otras dos
tienen que permanecer en_ el «observato!1º," así llamada
la parte que queda inmediatamente arriba de la canastilla. Encima del anillo ya mencionado, hay otro donde van colocados los bar6metros, termómetros, ee~ta11te,
altazimut anemómetro, un instrumento para determinar •
la dirección y velocidad de las ~!1bes, otro para apreciar
la intensidad de la luz solar, bru¡nlas, nn magnetómetro,
un teodolito dos cámaras fotográficas; en suma, todos los
instrumento~ y aparatos necesarios pa_ra ob~erva_piones
astronómicae, geográficas y meteorológicas.
Diremos algo de las pe~sonas- q!1e compo11en la excursión. Es un terceto admHable. El_ Dr. Elkolm, el mayor
de todos es un hombre de unos cmcuenta años de edad.
Es fornido de mediana estatura,. de frente ancha y despejada. E~ doctor en ciencias y uno de los meteorologistae más distinguidos de Europa.
El Sr. Andrée es ingeniero, y desempeña el puesto de
·inspector general en la Real Oficina de P!!-ten~s, de Suecia. Es un hombre muy alto-pa~a de ~e1s p1es_:--de :1nchas espaldas y hercú\ea musculatma; tiene nanz ~~mlefia y ojos azules de mirar penetran~, su cabello y_bigote
son rubios. Es muy reservado y recibe á los extranos con
ceño adusto.
El más joven de l~s ".iajeros e~ el Sr. Nils Stri11dbei:g.
No tiene más que vernt1cuatro anos de edad, y se ha d1d·
tinguido ya como profesor de filosofía en el Instituto de
Ciencias de Stockolmo.
El Sr. Andrée es muy rápido en sus contestaciones.
-¿Qué haría usted si por desgracia el globo cayera en
e: agua?
-Ahogarme-contestó el sabio con la mayor naturalidad.
El Sr. A.ndrée tiene esperanzas de que el viaje sea feliz, y su único temor consiste en que si llueve y el agua
se congela so!&gt;re el globo, éste aumenta de peso y desciende sin remedio.
•
. El Dr. Ekholm cree que si las circ11nsta11cias son fayorablee, podrán caminar de 12 á 15 millas por hora, P1;1·
·diendo por lo tanto llegar al polo en el trascurso de seis
. días. El Sr. Andrée, considerando las más desfavora-bles
circunstancias, espera llegar ·al polo en tres semanas.
Teniendo en cuenta la dirección de los vientos domi. nantes en las regiones polares, bien pudiera ser que el
globo descendiera en Siberia, Cabo Barro\v, ó en el estrecho de Behring. En caso dtl descender en la parte sep-

�..
EL MUNDO.

9

AGOSTO,

1896.

tentrional de la Groelandia, los viajeros tendrán q~epermanecer allí much-l tiempo, y alimentarse con los productos de la caz:..
•
Muy dignos de buen éxito son estos arriesgados exploradores, que no temen sacrificar sn vida en aras de la
ciencia.

PAGINA GRIEGA .
ODAS IlREVEt,,,;.
A Lydia.

¿A cuantos engañaron tus promesas
Oh Circe habilidosa? Cuantos, dime,
Tus rojos labios de coral mordieron?
Cuantos de tus burlados amadores
Como propicias víctimas murieron?
Yo ee que todo cuanto dices, Lydia,
Es calculada red engañadora,
Que no hubo en el mundo más perfidia,
Ni mar, cerulea ninfa, más traidora.
Pero disfrute yo de tus ha'.agos,
Y sienta de tu boca estremecida
La caliente humedad cuando me beeas,
Y mientan en buena hora tus promeeas,
Aunque me cueHe el despertar la vida.

Vercl.i es un filántropo.

El célebre compositor italiano Guiseppi Verdi ha logrado acumular una gran fortuna, gran parte de la cual
dedica al alivio de los snfrimientos de la humanidad.
Hace pocos afios fundó un hospital para gente pobre
&lt;&gt;n su ciudad natal, Yi:lanova.
Verdi llegó últimamente al Gran Hotel de Milán donde acostumbra pasar los meses de Junio y Julio, y poco
después de su llegada depositó en el Banco del Populo
400,000 liras, á cuenta de 1.000,000 que dedica para la
construcción de una casa para músicos ancianos y neceútados. Se llamará. «Casa ripo.qo per gil artisi di mus!ca.»
E l lugar escogido para la construcción del edificio se
halla en la parte más sana de Milán y tiene una extensión de 4,500 metros cuadrados. La casa tendrá ·dos pisos, debiendo construirse un gran jardín en el centro.
Podrá dar alojamiento á 200 personas, y tendrá un gran
salón para conciertos. La obra, ya comenzada, tendr,1
término dentro de un año, y se gastará en ella un millón
de liras.
Se calcula que los gastos anuales ascenderán á 150,000
liras, cantidad que será también dada por el maestro
Verdi.

.,• ~- :. .-~---.
:

~

ANIVERSARIO DE LA BATllLL\ DE WAGRAM EN FONTAINEBLEAU.
f

caídas, y la baratura, pues por unos cuantos duros se
puede comprar una aceleradÓra, lo cual la pone al alc3nce de todo el mundo. Sus preconizadores anuncian que
este será la bicicleta de la gente pobTe y de la gente que
vive en el campo.

La semana próxima pasada debe haberse verificado en
la calle 129 de la ciudad de Nueva York la prueba del
nuevo tranvía de aire comprimido. T-,m pronto como la
«Compañía Americana de aire comprimido» tenga en corriente su maquinaria será necesario modificar los carros
para el servicio de pasajeros. Los carros correrán en la
linea de la calle 125 y después entrarán á las lineas de la
parte a lta de la ciudad. La Compañía cree conveniente
hacer por ahora las pruebas en las lineas de poco tráfico·
El nuevo carro solo difiere de los comunmente usados
en que tiene dos pies menos de longitud, y en la forma
UNA MESA FIN DE SIGLO.
del motor. 'El conductor va en la p lataforma delantera y
puede manejar una palanca para imprimir movimiento,
Lo primero que llamó mi atención á mi llegada á N
otra para detenerlo, un garrote de aire compr imido y una
válvula. Esta es toda la maquinaria visible y ocupa es- · vá York fué la ausencia de camas en las casas habitac'
nea.
pacio reducido.
-«¿Dónde dormirá la gente?»-pensaba yo, y á la
máquinas de aire comprimido y los tanques de ai·
da de la tarde pude ver, no sin sorpresa, qne los Ji
re caliente son subterraneos, y el aire comprimido á rarós, y los tocadores, y los guarda-ropas se volvían
zón de 2,000 libras por p11lgada cuadrada, es enviado á
exactamente como en las comedias de magia.
los depósitos de los carros desde la oficina central. DesLos néoyorkinoe, que tanto se desesperan al tener
pnés paaa por los tanq_ues de aire caliente, donde la tem.
peratura e s de 350
ti-ansportar sus muebles al mudar de casa están eu
grados, siendo la pre•
tallos con un mueble que combina la utilidad de una
sión de 150 libras. E;n
sa ~on el confort de una cama.
esos tanques ei aire
Las viviendas de las casas de Nueva York tienen e
que se ha enfriado
tos tan reducidos que un mueble como el ú ltimame
por el exceso de preinventado tiene que ser recibido con aplauso general.
sión recibe una exEl inventor ha obtenido ya la patente respectiva.
pansión súbita, y enmueble colocado en el centro del cuarto presenta el
tonces se dirige á las
pecto de una mesa común y corriente. E n el moro
máquinas para obrar
deseado la tapa se levanta, gira al rededor de unas
exactamente como
gras, aparecen dos pa~as y queda el colchón á d
vapor de agua.
bierto.
Cada uno de los
No puede liaber mueble más cómodo.
tanques ha sido sometido á u na presión
exagerada de 4,000
,-' -- ------ -------·
-- -----------libras por pulgada
cuadrada; pero al ser
aplicado á los carros
el aire solo tendrá
una preeión máxima
de 2,000 libras.

Las

EL GLOBO DE.Y. .I.J;DRÉE.

OTRO RIVAL DE LA BICICLETA.
Ya tiene la bicicleta otro enemigo, que es nada menos
que su propio progenitor.
La bicicleta nació de una maquinilla llamada celerifére
en Francia y hobbyhorse en Inglaterra, que hizo las delicias de los jóvenes nada menos que á fines del siglo pasado y que mereció los honores de la caricatura.
El celerifére ó la aceleradora era algo parecida á una
bicicleta, de mimbres y madera y sin pedales. Se montaba en ella, se empujaba dando en el suelo alternativamente con el pb derecho y con el izquierdo, y cuando se
había adquirido velocidad se aprovechaba dejando que la
máquina corriera sola mientras le durase el movimiento
impulsivo; en las cuestas abajo no había que molestarse
sino en contener de vez en cuando la rapidez de la marcha. Con estos artefactos se podían hacer jornadas muy
largas á razón de 9 á 10 kilómetros por hora y ain gran
cansancio.
Tal es la máqu:na que se ha sacado hoy del olvido; pero aplidndola los rayos de alambre á las medas, los juegos de bolitas á los ejes y los pneumáticos á las yantas,
con lo cual ·se multiplica de una manera formidable la
rapidez de la acelerad0ra.
Ventajas de ésta: que no se necesita aprendizaje para
montar en ella; qne son poco menos que imposibles las

MANt' EL GUTIÉRREZ NÁ,IEIU.

-~~~,

Tranví as de a ire com pri m ido.

•

89

EL MUNDO.

VELA DEL GLOBO ANDREE.

.

.

'

!@ajo reliew.
Rey de Samos, Polícrates, discurre
,con lujuria despótica, sonriendo;
y mientras danzan ménades impuras
y i.legres cantan cortesanos ebrios,
:al tañido de péctides y cftaras,
Polfcrates se abraza: al pensamiento '
-de enrojecer con sangre de sus áulicos
fas trasparentes aguas del Egeo.
Surge de la onda de fragante vino
vapor que crece y se condensa presto
-(&gt;n la atmósfHa tibia y luminosa.
$emejando una oréade que al peplo
-de etérea gasa revelar. concede
&lt;Sécretas líneas y contornos griegos.
Era la musa ardiente y soñadora
del inspirado lírico de Theos;
,agita el tirso de temprana yedrri,
,entona el himno voluptuoso á Eros,
y el ditirambo que á gozar excita,
,consagra al hijo del pastor Sileno.
Mal ceñida la rústica diadema
-de mirthos enlazados con renuevos
•de pámpanos ubérrimos, Polícrates
,siente que estallan en vibrantes beeos
los himnos de la musa anacreóntica;
.'Y vencido al instante por el sueño
no supo del festín.
Una hetaira
,acaricia en la comba de su seno
la cabeza del déspota.
l\Iañana
lhabrá de despertar; no así el intento
-de enrojecer con sangre de sus áulicos
das trasparentes aguas del Egeo.
ANDRES A. M.ITA.

La ConnieDl.oración.
ESPECTROS EPlCOS.

¿A donde con los griegos melenudos
'Va por el golfo insigne tanta nave?
Al compás de la tibia, que en agudos
tonos imita la canción clel ave,
.himno de acentos bélicos y rudos
suena confuso y .grave.
¿Es el Pean?-Guerreros espolones
:amagan en las proras eeculpidas;
y la flota triunfal lleva ifestones
,de rosas y reláwpagos de egidas,
:y-argenta de espumosos borbotones
las olas dividiuas.
El sol entre arreboles resplandece,
,como broquel de oro que á in1isti nto
J)ios vestido de ¡púrpura guarnece;
y el húmedo 01,istal, á trechos pinto
,de .re.flé-jos de mórice, parfce
,en iSaqgre persa aún tinto.
:SALVADOR Dr,1,zlf,roos.

�..
9

EL MUNDO.

90

AGOSTO,

1896.

que había valido. Es que se rebelaba contra toda decadencia. Pertenecía á esos atletas del peneamiento, qne
una vez en la brega, no la dejan ni aun para morir.
La reacción debía venir, sin embargo, una reacción tremenda para aquel organismo infatigable.
Era una noche de trabajo. Marindotti se había instalado en su estudio, tras la íntima conversación de sobremesa con su adorada Constanza. Fué en vano q ue insistiese ella en pedirle que dejara aquel t-rabajo febril, y
viendo la inutilidad de en súplica, instalóse junto á la
mesa en que su amado trabajaba y se puso á leer. Dnrante muchas horas vió correr vertiii;inoeamente aquella.
pluma sobre el papel. Por fin Marindotti la abandonó,
mas al ponerse de pie, fue presa de espantoso desvanecimiento. Sintió como si un choque interior le mach acase
el cerebro; extendió los brazos, lanzó un grito y cayó inanimado sobre el tapiz.

- -••••IO-ln•u--

Y bien, doctor.
Era esta la trigésima vez en dos días que Constanza,
confinada á la habitación de Marindotti, dirigía la misma pregunta, semiahogada por la angustia, al doctor
Varsier, sin obtener otra respuesta que un vago movimiento de cabeza.
Esta vez el médico, que estaba encorvado sobre el lecho del enfermo, se irguió lentamente, enjugó su frente
empapada de sudor, arregló los pnños de su camisa, dió
orden al practicante que le ayudaba de que empacase la
pila eléctrica y los diferentes aparatos esparcidos en la
cámara, y acercándose á Constanza, tomó entre las suyassus manos.
-Y bien?-repitió ella desfalleciente.
-Y bien, mi pobre amiga-respondió él con su brnsquedad habitual de acento-vivirá, pero esto es tod o. La.
parálisis es completa y los desórdenes cerebrales muy
graves para que pueda recobrar enteramente la palabra,
la sensibilidad y el movimiento.
-Ob! pero esto es horrible!
-Sí, y valdría más para él que no volviese del todo en
razón.
·
-Oh! pero qué ,1sa usted decir?
El médico sonrió tristemente, sin responder.
- Y ya no hay nada que hacer?
-Nada. Todo lo que podía intentarse, lo he ensayado
desde hace dos días, sin obtener resu ltado alguno. ¡Qué
quiere usted! Yo se lo había advertido, cargó demasiado
su máquina.
-Nada que hacer, ¡oh Dios!-repetía Constanza aterrada.
-.Duerme-interrumpió el doctor, y por el momento
no tiene necesidad de nada; así, pues, me voy, porque
otros enfermos me reclaman. Quiere usted que se quede el practicante mientras vuelvo?
Ella rehusó; no quería verá nadie cerca de su en·
fermo.
El doctor Je indicó entonces el régimen sencillo que debía seguir y la dejó sola en la gran cámara silenciosa, que
el maestro ya no debía recorrer más.
Estremeciéndose toda, atravesó ella la distancia que la
separaba del enfermo, en medio de la tiuia media luz de
la estancia, y llegó de puntillas a l pie del lecho en que reposaba Marindotti, apenas cambiado eu la apariencia,
con el cuerpo alargado, la fisonomía tran quila, un poco
más _pálida que de ordinario y el pecho levantado por una
resp1rac!ón débil, pero regular. Después, inclinándo~e
dulcemente, púsose á contemplarlo á través de un velo
de lágrimas.
¡Dios santo! cómo, en su reposo, a,arecía aún el mi&amp;mo. Que leves eran las huellas que mostraba, del mal
que le había herido! Acaso no era éste tan gra ve como

Muy instruida, sin esa dulzura y eea modestia que.pueden llegará la vulgaridad; dotada de un. tacto _exqms1to,
de un juicio sereno y recto, de un espíritu serio y firme,
unión de Marindotti y de Constanza, se re- Constanza era acatso la sola mujer capaz de comprender
montaba á unos veinte afias.
bien á Marindot.ti, de penetrará fondo aquell:1- naturaleza
E n tal tiempo, aquel maest.ro de la estética ardiE&gt;nte, entueiasta, cuyas facultades de primer .º!d1:n,
taba muy lejos aun del umvtrsal renombre sobreexitadas por la lucha, buscaban aun eu eqmhbno.
que obtuvo deepués.
Sin sobrE&gt;ponerse á él, Fin t,atar siquiera de darse imPoco conocido del público, excep?ión hech a d.e un pe- portancia, había sabido, ün embargo, !odearle de esa inquen.o círculo de íntimos que apreciaba.n en su ¡us.to v19:- finidad de pequeñeces que son tan preciosas para un hom·
lor la ex t~nsión de su saber y la magnitud de su mte.i- bre de vida interior, y asociarse á sus trabajos, ayudarle
gencia; muy discutido de los letrados, á lo~ cuales des- en sus investigaciones, sostenerlo en sus esfuerzos; y adconcertaban á la vez los arrebatos de su estilo y el atre· quiriendo poco á poco una influencia intelectual muy
vimiento de sus tendencias, acababa de. obtener, con grande sobre él, suavizar la aridez de sus estudios, temgrandes trabajos una cátedra en un Colegio, donde su.s perar la exuberancia de su estilo, profundizar en fin y
lecciones provocaban frecuentes tempestades, y &amp;.bsorv1- purificar su talento, como había profundizado y purido por la lucha. y además 3:islado, _pues no tenía por toda ticado, al captárselas, todas las fnentes de su corazón.
familia más que algunos primos Je¡anos, que moraban en
~farindotti, por su parte, ee había entregado con voel fondo de st1 provincia, había pas~do de _loe cu.arenta lupt uosidad á aquella pasión que lo envolvía, á aquella
.,¡ 0 conocer ninglma de las dulzuras üe la vida, nmguna
pasión radiosa que transfiguraba su vida; que bien lejos
de las seducciones del amor; cuando, en un estío, en el
de fatigarlo ó de desviarlo de su camino lo impregnaba
campo, en casa de unos amigos, había encontrado á de luz y de fuerza al fundirse á él; que hacía sus horas
Constanza.
. .
trabajo tan fel ices como sus horas de amor y le daba
Ella se encontraba á la sazón en todo el florec1m1en- de
la indecible alegría de poder pensar muy alto, á toda hoto de sus veinticinco años, libre, independiente y hermo- ra, sin cesar de ser comprendido, por alto que se elevase.
sa con esa radiosa hermosura que sobrepasa la. del cuerTanto amor y tanta abnegación, no quedaban sin rep~ y la bace olvidar.
.
Premiábala él con una ternura tan fiel, que
A.penas se vieron, quedaron prendados: él de la graCia compensa.
penetrante de una naturaleza elegida? que no tenia n?· no debía desmentirse jamás; con una confianza de toción de su propio valer, ella, del brillo de la potencia dos los instantes, con una necesidad de aprobación llevael escrúpulo.
iutelectual que explendía en rededor de él; y cedie!'do da- hasta
Ves?-le decía Marindotti-no eree solamente mi insá una atracción irresistible, se habían entregado el uno
piradora y mi juez; eres una conciencia en que yo me exa-ál otro, sin poder de~ir cual de los dos había comenzado mino bien. mejor que en la mía, donde me siento vi:í aroin- y dado los primeros pasos.
' Y, cosa rara, aquel lazo. tan rápidamente anudado,. no brar hasta las fibras más recónditas. Preferiría ser conl1abía traído para ello!&gt;, al revés de tantos lazos seme¡an· denado, burlado, vilipendiado por el universo entero,
t.es ni decepciones, ni penalidades. A.l contrario, se ha- antes que herido por tí.
Y como una prueba de que no existía una idea que no
brí~ dicho que cada dia, al pasar por ellos los unía m~s,
como si loe mismos contrastes de sus caracteres, b11b1e· le expusiese, apenas germinaba en su cerebro, una manera de ver que no sometiese á su aprobación, no había
sen sido hechos de la mejor manera par a fundirse.
discurso, una conferencia, un artículo, que ella no coEn aquella época Mariudott! 1?abía a lquilado, en el úl- un
timo piso de uno de los m:\s v1e¡os hoteles del muelle de nociese la primeia, todavía brillante con el fuego de
inspiración.
Orleans, un departamento muy vasto para él, pero con la Se
podría decir que bacía gala de someter á su· juicio
Jnz con aire, silencioso y muy á propósito para el reco· todos
los tesoros de su inteligencia, antes de entregarlos
gi~iento y el estudio. Desde sus ventanas, abiertas al
sol de medio dia, la vista abrazaba. toda la extem11ón del al púbiico bajo una forma cualauiera, y ella apreciaba
Rena desde el puente de Charenton ha~ta el traveeero de de tal suerte este homenaje delicado y la hacía gozar de
deliciosa manera, que solía exclamar:
:N"ue~tra Señora; y por encima del extenso .moar~ ~ovil tan-Me
halagas demasiado, y ei para mí prodigas lo medel río un conjnnto de colort&gt;s verdes y gnees, limitado
en parte por los altos relieves de Saint Etienne del mon- jor de tu talento, ¿qué quedará para los otros?
Qué podían significar en aquel hogar IPs dificultades
te y del Panteón y que llegaba por la otra basta las umde la vida, ante aquellas íntimas satisfacciones?
brías indefinidas del Jar&lt;Hn de Plantas.
Una cosa, sin embargo, inquietabaá Constanza: el con-A. Co.;stanza la sedujo, desde luego, la calma lumino·a de aquel departamento elevado, casi aereo, á donde centrado ardor casi febril, con que Marindotti, empeñano llegaban de fuera, más que rayos de sol, pájaros, har• do en aumentar su renombre, trabajaba, no dándose ni
monías confusas de coloreR y de sonidos y cuyaS'altae ha- un momento de reposo,
Temía que aquella labor encarnizada acabase por altebitaciones llenas de luz, decoradas hacia el fin del siglo
pasado, conservaban en los dorados, frescos aún, de sus rar su salud. Algunas veces creía descubrir en la afectaartesones y de sus entrepaflos, como una sonrisa del pa- ción con que erguía él su cuerpo de atleta, en su palabra más nerviosa, en la expresión de sus ojos, huellas
sado.
.
Había ido ella á instalarse ahí desde que fué mujer de de esfuerzo y de fatiga; mas en vano le suplicaba que no
Marindotti, llevando consigo lo que mejor podía acomo- se prodigase tanto; él confiado en su nativa robustez, que
darle: tapicerías antigua¡¡ de amortiguados matices, ob· jamás lo había.traicionado, desdeñoso por temperamento
jetos de arte poco numerosos, pero de purísimo gusto, como por hábito, de todo reposo, sonreía y seguía trabaplantas fecundas y espesas, y desde entonces había co• jando, algunas veces toda la noche.
Y es que su espíritu vigoroso no podía doblegarse anroenzado para ellos una exi~tencia aparte, de retiro é
te la idea de valer, al acercarse la ,ejez, menos de lo
intiwidad completo~, que tenía un raro encanto.

r

9

AGm,To,

decía el doctor! A.caso se había equivocado. ¿Era posible
que aquel cuerpo querido, reclinado blandamente en el
blanco lecho, fuese ya únicamente una masa inerte que
debía permanecer clavada ahí?
Por fin el enfermo abrió los ojos, esos ojos que ella amaba tanto, donde estaba habituada á leer por entero el
pensamiento y que jamás se volvían á ella, sin hacerla
Rentir la impresión de una caricia; los abriú, murmurando
coa voz que parecía un quejido, palabras ininteligibles,
y ella, que se había inclinado más hacia él, retrocedió repentinamente, herida hasta el fondo del corazón por una
inexorable realidad, escrita en el fondo de aquellas pupilas vagas y claras, en que la chispa divina se había
extinguido.
¡A.y! el doctor había dicho la verdad! Un !Ser inconsciente, una pobre pavesa humana, he aquí lo que resta·
ba de )farindotti, lo único que el mundo vería en adelante! En un segundo de lucidez desganadora, comprendió ella todo lo quo la catástrofe tenia ele horrible y de
irremediable, y presa de una inmenrn piedad, de una indecible desolación, abatió, sollozando, su cabeza sobre el
lecho.
Sollozó mucho tiempo, con los labios pegados á lae manos frías de )I I rindotti, que permanecían inerte" bajo sus
labios, con la frente pegada ,l su pecho, que ya no ten!a
para ella eco alguno; repasando ur,a oleada de recuerdos:
todo lo que aquel hombre había sido para ella, todo lo que
Je había debido de alegría y de orgullo, diciéndose con
' desesperación, que ya no podía hacer nada por aquel que
le era tan caro; eon una pena más grande aun que la que
Je producía su dicha muerta, consiJeró la rles,·entura sin
nombre que hacía de aquel maPstro tan querido y respetado por todos, un objeto digno de compasión.
¡De compasión! ¡Qué huhiese dicho él, tan orgulloso, al
saber que ese era el sólf) sentimiento que po•d ía ya des•
peitar!
El exceso de su dolor la hizo erguirse de nuevo y recorrer á grandes paFoe la estancia, restregando una con
otra sus manos y repitiéndose con desesperación:
-¡Oh! Si el supiese lo que pasa, pr1:,ferjría morir.
De pronto percibió, olvidado sobre una consola, por el
practicante sin :!uda, un pomo casi lleno de atropina, de
.1a cual Vareier debió dar al enfermo " , loe pri111eros
momentos, y un pensamiento súbito la hizo estremecerse:
la muerte libertadora que invocaba para ;'.1arindotti, &lt;S·
taba ahí, encerrada en aquel menudo frasco. Qne el en·
fermo ab~orviese solamente la mitad y se salvaba de su
dePgracia ...... para siempre.
Este pensamiento de libertad la hirió de tal suerte, que
se apoderó del fraRquito.
.
.
.
.
Si en aquel momento l\farrndotti le hub1e~e gntado:
«dámela n le habría tendid;; sin vtcilar el frasco. Mas
¡ay! ningnna orden debía surgir de loR labios balbucien·
tes del maestro· estaba sola, y en adelante, tenía que pensar por él y por ~í. Entonces, presa de um~ ellloci6n inexplicable, púsose á interrogar su conciencia, aquella con·
ciencia á la cnal su amado había llamado tautae veces.
El aniquilado, reducido á la nada, sin que ¡;ndiese obrar
¿q~é haría? ¿Ella, tenía derecho de di~poner de la vida
de él? ¿No era acaso hasta un g_eber hacPrlo., h.abiendo
iiido para él todo lo que era? ¿No eiaaquel el ultimo ser·
vicio que podía haceile? ¿La úl~ima prui,ba que podía
&lt;.larle?

Ol

ELMUNDO.

1896.

los ojos errantes del paralítico encontiaron los suyos. La
reconoció y un fulgor más vivo alumbró aquella wirada,
y su voz incierta intentó pronuncjar el nomb~ de Constanza.
-¡Oh! Dios, exclamó ella, invadida por un soplo de locura, acaso no está todo perdido!
Y con desesperado arranque se arrojó sobre él, hablándole, abrazándolo, oprimiéndolo contra su pecho, como ei
intentase comunicarle su vida, galvanizarlo, resucitarlo.
Tiempo perdido. ¡ay! Alcabo de algunos minutos, con
el alma hecha pedazos, aniquilada, tuvo que aflojar aquel
lazo sin haber obtenido un movimiento, ni una frase
distinta.
¿Comprendió el paralítico aqut-1 esfuerzo supremo? ¿Tuvo conciencia de la inutilidad de la lucha y de los lazos
amorosos que intentaban anudar su talento y su cuerpo?
Sus miradas, que se iluminaran un instante. abatiéronse
hacia él mismo y luego ee levantaron hacia Constanza,
llenas de de una expresión tal de súplica, que á la joven
le pareció recibir, en plena conciencia, la sentencia que
esperaba. Sus manos ceearon de temblar; recogió el po·
roo que había caído á los pies del lecho y lo destapó.
-¿Es bueno? balbuce6él al verlo, vuelto ya á su inconsciE&gt;nte impasibilidad.
-Sí, respondió ella, es bueno, es la libertad.
Y dejando un beso apasionado en la frente del enfermo, le vació el pomo entero en la boca.
PABLO

Dus.

acaricia con sus velludas manos el cuerpo de la nubil,
exclamando:
-¡Hija mía!

IV

ISOLDA.
Estrella de la tarde, que brillas en
occidente, que levantas sobre la.s nnhes tu brillante cabeza y te adelantas
majestuo,;a tl. lo largo de la colina, ¿que
miras á través de los árboles-?
CANTOS DE Q8S,IAN.

l

~i&gt;

I

L mar hirviente v enfurecido azotaba con sus on·
das glaucas y enérespadas, los peñascos del volcán, que, emergiendo de las lenguas de agua que
lamían las arenillas de la playa, elevaba su pun·
tiagudo crater coronado por tenue airón de humo hacia
las nubes que flotaban bajo el cielo siempre sombrío y
negruzco de aquella ignota latitud.
Escondida entre carcomidas peñas, recargada en los
pichachos de musgosOl! cantiles, casi derruida, rodeada
de una vegetación raquítica é inculta, apuntalada por leprosos tro11coe. nidos de lae aveR car..:iceras; abandonada
y casi oculta entre espinosos zarzales, estaba h choza del
pescador.
Allí solo se esruchaba el aleteo de los aleiones que al
declinar el sol invernal revoloteaban gritando en los islotes que surgían del reverberante espejo de las aguas, el
sempiterno llorar del aire zalobre que murmuraba palabras y queiasno inteligibles, al azotarse en las vertientes
y, el bronco rnajestuo•o rebramar de las g;gantesondas
que al golpt'ar c:in sus tumbos la playa, se desbarataban
en caprichosas grecas de burbujeante espuma ........ .
En lontananza, flotando cabi entre las enhiestas copas
de los grandes olmos queeim,altaban el vallec:illo, veíase
la colina en cuya suave pendiente se desbandaban como
parvada de av.ts blancfü1 las casitas del villorrio.
Había veteranos bohíos con su techumbre de paja ennegrecida por todas la~ torwl'nta@, pt-queñas huE'ttas, mi·
croscópicos viñedo¡,, pintorescos collados donde floreaban
los rosales, hol'talizas y he..edadei! 1:,n cuyos euhi..-stos palomares arrullaban las hembras á sus crías cubij.rndolas
bajo el alón tornai;olado. .. . . . .. .
·
En la cumbre de la ewninencia. y casi á la altura del
campanario, elevaba el castillo señorial sus son1bdos y
rígidos m,1ros, en cuya medio arrumada torre del homenaje ond11laba siempre al antojo dP. los vientoe la invisi·
ble bandera del castellano de San Martín.
II

Creyó sentir que sí, que
debía hacerlo, y sin embargo y á pesar de su
exaltación, vaciló.
Un discreto golpe dado
,, la puerta, la sobresaltó!
Eran amigos del maestro,
Pran sus discípulos, una
&lt;lel~ación del Instituto,
que iba á pedir noticias y
que insistía en entrar.
Apresurase á decirles que
)farindotti no quería recibir á nadie y, cerrada
la puerta, volvió cerca del
lecho, pensando de nuevo en aquel la resolución tremenda:
No, no¡ ningunos ojos más que los suyos debían ver al
maestro amado, reducido á la impotencia i!Obre su lecho _
de miseria; ninguno de aquellos que se habían inclinado ante su elocuencia y su saber, le insultarían ahora con
sus miradas de piedad.
Ninguno podría decir que el sabio, no había muerto
grande é intacto. Como se inclinase de nueve, sobre él,

Osear es el más apuPsto doncel de la comarca, sus vest idos son !01&lt; 111,ís fastuosos, Pxpléndida la pitanza de su
burgo enmc.,hecido y lt&gt;gendario, garridas las meznadas
que conduce victorioso á mil vandálicas empresas¡ tiene
su rostro paradi,iaca ht-rmosura, es su Yalor el más indomable, sus caba!lts los más ligeros, su janría las más robusta y la más bra,•a, 1;us monteros, los más audaces y
valientes.
Nadie como Osear espera con tan estoica calma la acometida de la fiera á quien l,an robado ~ns hijuelos, nadie
como él cla rn con tanta destreza el venablo ti aidor en el
c.Hazóu del león, que acosado sacude su opulenta melena
en la enramada nlllbría, narlie como él, es amado por las
bellas, teruido por los luchadores, y eu:;alzado 1:,n las románticas cancione!! de los troveros.
III
Al atard~cer, cuando Febo se desmaya blandamente, y
el fulgor dmrno apaga e~fnmándola entre aluviones de
sombra su polícroma claridad, á la hora en que se llenan
las cavernas y grazna el hubo erizando su plumaje n1•gro,
cuando suena el silbo vibrante del grillo y la tiniebla 11)
envu_elve ~odo en su crespón opaco, _!solda, la virgen de
los o¡os tnstes y melena blonda, la mña de la blanca túni·
ca y la tez enferma, corre cual gentil gacela, y ágil trepa
sobre un bazáltico peñon avanzado al océano, esperando
el retorno del l'Usente pescador.
Oyese el monótono golpear del remo, colúmbrase como
el ala de un cisne.la vela henchida de la frágil embardación
hiende la atmóFfera Ri lente el tco dP. una canción rn ui:
na, encalla la barca de abeto, y al ~altar el vit-jo á tierra

Arriba Selene en plenilúnio. ·
Las estrellas lloviendo la noche en tupido aguacero de
luz, y las nubes, esas algas del espacio, eimulando tocas
de novicias, legiones de almas, monstruos apocalípticos,
estrambóticos japonismos y pesadillas de Joco ........ .
.A.bajo todo en calma.
El bosque columpiando indolente los ramajes de me
viejas arboledas, la cuadriga noctívaga de los lobos; asolando la campiña con horrísono alarido, y el viento, ensayando sus perennes sonatas en los cam¡,os.
En lo más sombroso, rumor de besos, ia mano de un
barón estrechando un talle de Nereida...... un suspiro... !
la soledad ......... !
Después, la trar.quilidad infinita del olvido, las hojas
volando en inquieto torbellino y el Pire impregnado en
las emanaciones oceánica~, acariciando la frente tibia de
una niña que tiembla y que llora.

V
¿Porqué !solda está triste?
¿Porqué los frondosos arboles encalvecieron arrojando
al suelo su arrogante cabellera de hojas verdes, y el mar
brama levantando montañas dJ absintio y espumas?..

···i;;"i'~;¡¡;;;Í&gt;;g~·~g~1;tó·¡~~·~¡~·¡~~·~~~-~~~-;¡~~~~-a.~i~;;;:
bre, retumbó el trueno sacudiendo tenebl'osas nublazones, y, los luceros, las púpilas de loe ángeles, se encoJieron hasta hundirse en lo negro lentamente.
La barquilla del pescador bregaba en la marea.
El viejo fatigado y sintiendo fenecer los seniles vigorPs
que le alentaban, enr.endió el fanal amarillento y agitando sus brazos de tritón oraba y blasfemaba llamando á esa
tierra codiciada que veía envuelta en la bruma de infor(lles lejanfas.

VI
Cuan.do el n:1-nta peleaba co~ las ondas, !solda, poseída del. 111consc1ente so.nambu.hsmo &lt;;J.e aquellos á quien ta
sugestiona un pensamJt,nto fi¡o corrió hacia el mar y ex tendiendo sus brazos al vacio arrojoee á él desesperada.

. La resaca iracunda y sonante cubrió con sns líquidos
rizos e l cuerpo de una mujer, lo meció, columpiólo, basta arrollarlo en sus cuencas y después lo sum.ergi6 en el
p1of11Rdo abismo.
¡Un cuerpo al mar!
¿.Qué es?
El dolor que ee prende á las alas de la muerte una lágrima conver·t!da en veneno .que quiere evapor;rse y ser
perfume, la tristeza, esa mariposa negra, ansiosa de abrasarse en la claridad de alguna luz desconocida la desesperación qn~ se arroja fr~nética á la esfinge bu~cando en
su regazo fno, el fin, el descanso ó el sut&lt;ño innoble de
las cosas que no sienten.

VII
La borrasca huyó.
Aquietose la snp~r~cie del Océano basta semejar inmensa piii:ca de obs1d1ana á la que bruñían con deslun1brante bnllantez los rayos de la luna que cual buriles de
plata resbalaban sobre ella.
El peecador vió una mancha blanca que flotaba sobre
el agua, acercose...... ¡una mujer!. ..... ¿era sirena 6 fantasma?...... ¿realidad ó visión de sus pupilas?...... ¡quien ·
sabe!.. .... ¡acaso algún naufragio!.. ....
Y venciendo todas las supersticiones de marino c¡ne
bailaban macabra ronda en su cerebro, echó al fondo &lt;le
la barca el cadáver que había visto.
Arribó al 1!,n :í. la orilla y llevando á cuestas su rígida
carga encamrn.&lt;;&gt;se á la caseta gritando alborozado:
-¡!solda_., h1¡a mía, hE: sal.vado á una mujer!
La mans10n estaba sol1tana y solo el eco respondió.

VIII

.

···································································· ....
························································•·······... ·..···········

Al einiestro resplandor de un hachón de brea acercó el
pescador el rostro hermoso y H,·ido de la desconocida,

�EL MUNDO.
revolvió los desordenados y aureos bucles que lo cubrían,
tocó los labios cárdenos ...... ¡Después!...... exhaló una
carcajada, sarcástica, horrible, es~antosa !... ••· cayo?
¿·Qué vería el viejo que desfallecido al suelo
.

IX
Suenan las trompas conen los perros, dobléganse los
arbustos que azota el 'vendaba], relinchan galopan~o los
eorceles, gritan y blasfeman los Il:l~nteros, y, e.l ciervo,
acosadó por una algarabía de maldiciones y ladrid_os ••····
corre...... ¡corre!. ..... rompiendo ramas se~as, trillando
sembrados, brincando setos y salvandos abismos.

X
Arriba Selene en plenilunio.
.
Las estrellas lloviendo la noche en _tup1~0 aguacero de
Juz, y, las nubes, eeas algae del espacio, simulando ~ocas
de novicias legiones de almas, monstruos apocalípticos,
estrambóti¿os japonismos y pesadillas de loco!.. ....
Abajo todo en calma.
.
El bosque columpirndo indolente los rama¡es de sus
viejas arboledas, la cuadriga noctívaga d~ los lobo~ asolando la campiña con su horrísono alarido y el viento
e11sayando sus perennes sonatas en los campos.
Orno B. CEBALLOS.
Agoeto de 96.

EL MUDO .

'r~
,i✓_'

.

í N asuntos de guerra-dij? Carlos-no hay que

hablar mal de los campeamos.
.
-Lo mismo creo-contestó Pedro Nevot, sm _
fí'?"'A..~abandonar la chimenea, á_cuyo lado estaba.-No
!tacé mucho tiempo que tuve ocasión de convencerme de
nt!, d1J!ante el año terrible, hubo coraz?nes frl;lnceses
~ 11 ~ Iae!'eron lo mismo bajo la blusa que ba¡o el umforme.
Los ocho ó diez circunstantes formaron corro alr~edor de Pedro Nevot, y uno de elloij exclamó:
.
-¿Una h istoria? Cuéntela usted.
-Héla aquí contestó Pedro:
«Estaba yo el año pasado en los Yo.egos, en ca~a del 1;11édico Dubreil antiguo compañero mio de colegio, Y cierto dia, desp~és de comer, salimos de paseo, cuando de
ronto oímos ruido de pasos desde el umbral.
.
p -¡Calla!-Dijo Dubreil-¡el cartero! Espérame un mstante, porque tengo que darle una carta.
Y volvió á entrar en la casa.
. . ,
Miré al recién l1egndo, el cual 10clmo ligeramente la
cabeza para saludarme.
..
Entonces me acerqué á él y le d1¡e:
..
-¿Está usted muy ca·nsado?
.
E l cartero se sonrió, llevóse dos dedos á la boca, Y agitó la cabeza.
T

~

Esta vea lo comprendí todo.
-¿E'! usted mudo?-le prt&gt;gunté. .
la
En aquel momento volv\ó l)ubreil con su· carta. en
mano (.)orno había oído m1 pregunta, me contestó. .
-l::ií el pobreJnan Barrotes mudo. Pero eso no le1mpide prestar muy buenos serv:icios, porque sabe leer Y
escribir y oye todo cuanto se dice.
-Pero no es mudo de nacimiento, puesto que no es
sordo.
la carEl cartero se sonrió y alargó la mano para coger
ta que Dubreil le daba.
.
-Ya sé-repuso el médico dirigiéndose á J~an-que
no te agr.ida oír contar tu historia. Anda con D10s, Y no
te detengas po.- mí.
.
.
El ca,·tero saludó nuevamente y se ale¡ó á toda pr1i·.
Entonces Dubreil se asió de mi brazo, y he aquí la istoria que me refirió dura!ite nuestro paseo:

9

AGOSTO,

1896.

Al día siguiente, al rayar el.alba, ~allábanse Barro~ '1
su hijo en la plaza del pueblo mmediato.
Los dos estaban inmóviles y pálidos, con la cabezadea-cubierta.
.
*
**
El pelotón de soldados qu.e de~ía fusilarlos, se bab(a
-Juan Barrot-roe dijo-tenía quince años cuando la situado á veinte pasos de distancia.
Detrás del cordón que formaban otras tropas, agrol)i,
guerra; vivía en una casuch':' aislada, con su padre Y un
base la muchedumbre, que rugía de ira y desesperación.
hermano mayor llamado Lms. .
.d
Juan continuaba silencioso, sin contestar á las pregon
Juan demasiado joven para b~t1rse, habíl;l permaneci o
al lado del autor de sus dias, mientras Lms se batía por tas del oficial quién, media hora antes, le había ínter
gado en vano; á solas en la alcaidía.
la patria.
ó ¡
¡·
ta
&lt;Jomo conocedor del país, se consagr ~ a pe 1grosa Después, condujeron al chíco á la plaza para que .vi
rea de llevar despachos por entre las lrneas. alem~nae,
á su padre y á su hermano, amenazados de muerte mm
que separaban el ejé~cito de Metz del res~ de Francia. _ d iata.
Los prusianos tuvieron una confidencia acerca de~ ca
El oficial volvió á preguntarle:
so y resolvieron capturará Luis, el cual, segú~ con¡etu-¿Quieres hablar?
-¡No!-rospondió el muchacho.
ras, debía visitar á su padre durante sus ~xcu~s10nes.
y el hecho ocurrió tal como lo habían 1magmado.
Hubo un momento de horrible silencio,
U na noche mientras Luis hablaba con su padre en la el oficial dijo en su lenguaje:
cocina, que ~~taba á obs~nras, oyéronse pasos en el ex-¡Preparen! ........ .
terior, y el ruido de terribles culatazos en la P.uer~a.
Y luego añadió, dirigiéndose á Juan:
Padreé hijo se estrecharon las manos en silencio, con-¿Quieres liablar ó no?
·
Los labios del niño no se movieron; pero se notó en B1l
siderándose perdidos:
.
Dé pronto Luis llamó á su hermano en V()Z ba¡a.
rostro un movimiento brusco y una expresión de ang1111o
-Oye, JuÍm-le dijo-sal por el establo y corre á ocul- tia indefinible.
Salió de su garganta un agudo grito de .dolor , y el po..
tar esto en el campo.
Al misr.io tiempo le dió uno~ papeles que llevaba es- bre muchacho estuvo á punto de caer e!l tierra.
.
El oficial se acercó á él, creyendo que iba á b rotar 1.a veJlo
condidos en el pecl¡o de la camisa.
Cogiolos el muchacho y salió como una centella.
dad de los labios del n_iño; pero lo que brotó fué una ola
En aquel instante cedió la puerta y entraron ocho eol- de sangre.
El oficial retrocedió presuroso, al notar que tenía sobre
dados alemanes, revólver en roano.
Registraron á Luis; pero nada le encontraron.
el pecho de su uniforme una mancha roja, y qne en aqu
-¿Dónde están 10s despachos que llevabas?-le p re- instante caía en el suelo algo informe, extraño y delmie,
guntó el oficial que mandaba á los soldados.
é
mo color.
-¿Qué despachos?-dijo Luis Barrot.-No sé de qu
Juan, haciendo un supremo esfuerzo, se hab ía c?rta
la
lengua con sus dientes de lobo, y la había a rroJado ,
roe hablais.
.
d 1
•
-¡Mientes ...... Hay que registrar1o to o ...... .
la cara de su verdugo.
·
En aquel momento se presentaron otros do.i soldados,
-¡Fuegol-gritó el oficial loco de ira.
que tenían á Juan sujeto por los brazos.
.
Oyóse una terrible descarga.
Habían quedado de guardia fuera de _la casa, Y. vieron
Juan cayó en tierra sin sentido, al mismo
al muchacho, cuyas manos estaban cubiertas d_e tierra.
Barrot y Luis exhalaban. ei ~!timo sus~.iro.
.
Se apoderaron de él y le presentaron al oficial, e l cual
- Y ahí tienes la exphcac1ón-roe d1¡0 Dubred-de
qué es mudo nuestro cartero.
le dijo:
-¿Dónde has enterrado esos papeles?
JosÉ MoNTBT.
El chico no contestó.

UN MATRIMONIO FIN DE ~IGLO.

En la ciudad de Oaxaca acaba de unirse en dulce lazo
-estilo gacetilla-una enamorada pareja: él, ex-Romeo
de 102 inviernos, y ella, J ulieta de 85 á 90 otofios. Damos
hoy en nueetras columnas los retratos de los recién casa-dos, á quienes deseamos bodas de oro, en prueba de que
la humanidad no degenera, como pretendon ciertos filósofos del género pesimista.
Como dato de interés-económico-agregaremos que
los desposados ejercen-ignoramos si con éxi~o ó sin élla profesión de limosneros. Esta circunstancia elimina la
idea de que uno de los doe novios haya sido impulsado por
el vil metal. Necesario es creer en el refrá.1: contigo pan
y cebolla.
Después de estos antecedentes, hay que exclamar con
el poeta:
¡Oh amor, eterno amor! alma del mundo!

A LAS MADRES DE FAMILIA.
PE SIMISMO.

Si olvidaran los dos los agravios?
Si la ofensa de ayer olvidaran?
Si se unieran ansiosos los labios
Y los eenos muy juntos temblaran !

A veces cuando veo que no es naua
La grand~za más alta de la vi~a, .
Raegar quiero las.vendas de 111! herida
Y bajo el firme pie quebrar m1 espada.

······························ ········································· .

¡Oh! Génio de someras, potencia malvada
Que empañas la aurora con fúnebre velo
Y te gozas en ver separada
.
La abeja del cáliz, la estrella del cielo ,

A veces c;uando tras de la jomada
Veo que hasta el estímulo st; ~!vida,
Admiro el aud,i,; paeo del smc1da
Conqúi~tádor de· la verdad callada..... .

En el nombre de aquellos amantes
Que en la dicha no hallaron abrigo,.
Por sus a lmas obscuras y errantes
¡Oh infernal potestad te maldigo!

Veo siempre por eso indiferente
Al héroe que su diestra hunde en la brasa
Y al que defiende con su diestra un puente;
Que ante la ley que lo sojuzga todo,
¡No ee mérito el dejar cuando se pasa
Estampadas las huellas sobre el lodo!
JosÉ

s.

Te maldigo por esas dos luces
Que extinguiste en sus yertos regazos.
Por esas dos tumbas.... por esas dos cruces
Que se miran y se abren los brazos!
JosÉ Ju,!.N TABL ADA,
Agosto de 1896.

ÜHOCANO.

DEL "FLORILEGIO."

PESADILLA.

Si el reguero de pólen dorado
Ve caer en la flor desmayada,
Ella suefia en q!le viene el amado
Y en que besa su frente inclinada.

ACUARELA ANDALUZA.

En los marmoreos patios do mi Sevilla,
mientras el sol las calles dora y retuesta,
entre el sopor pasado de roja siesta
depone mi muchacho peina y mantilla.

Si la luna con aureos destellos
Sobre el lúgubre cielo fulgura,
El la mira soltar sus cabellos
Y ofrecerle su blanca hermosura.
Ella escucha su voz en la ardiente
Vibración del voraz mediodía
Y en la queja del bosque doliente,
Que se arrastra en la noche sombría!

El cree ver irradiar su mirada
En el fuego del negro diamante,
En la gota de lluvia irisada,
En la estrella perdida y ~rrante ........ .

93

EL:MUNDO.
_:Oye-repui,o el alemán ¿ese es tu padre.. .... y e-.
tu hermano? ¿No es verda~?
_
.
Juan rei,pondió por med1_0 de una ~enal afirmativa.
-Pues bien; si no me ~ices dóud., t-~tá11 lrn1 ¡&gt;apeles,
los dos serán fusilados. 81 hablas, les s~lva1é la vida.
El niño censultó á su padre con la mirada.
-Juan-exclamó el aneiano-aunque nos
!ante de tí, no hables.
Y el muchacho contestó:
-Así lo haré.
..
-¡Pues, hasta mañana!-dijo el oficial con ademán co,.
lérico.

Bajo el toldo flotante la fuente brilla
derramando sus gotas en Fnn de fiesta,
y la mujer escucha la mars.i orqnf'_s ta
entornando los ojos que el sueño humilla.
Ella tiembla de horror porque ha visto.
Que e11 el ara dettemplo sa·grado
Re deshace la iinagen del Cristo
Y aparece la faz del amado..... .

Sueña que, junto al murn quelaaprision.a, -un rondador cautivo de en ¡~rsona
dice frasee galantes á su figura;

El medita en sus senos que albean,
Ella eueña en su rostro sombrío,
Los dos se aman, los dosª"' desean ·
Y están lejos, muy lejos, Dios mío!

Y que yo la interrogo con mis miradas
y hay tras la reja gritos y cuchilladas
por ganar la llaudera de su hermosura.
SALVADOR Ru:&amp;oA.

Cuenta un médico francés que en sus diversas expediciones por Argelia quedó asombrado de encontrar tan
pocos enfermos de la nariz, de las orejas y de la garganta entre los indígenas del país.
Puede también notarse que los mamíferos, á excepción
de los perroe de caza, raras veces son atacados de esas
afecciones.
Ciertamente existe una causa para que esas enfermeda·
des sean más frecuentes entre los individuos de nuestra raza que entre los moros, grandes y pequeños.
He aquí la causa: el árabe y el indio acuestan á sus hijos recien nacidos sobre una inanta y los cubren con ro·
pas muy ligeras. Se debe ésto á que los habitantes de las
zonas tropicales, vense obligadoe á acostarse así para luchar contra el calor, evitando los lechos de pluma y las

ropas mullidas que tanto pe1iudican á las clases acomodadas. Resulta de ahí que lo mismo el niño que el adul·
10 en aquellas comarcas, obligados á acostarse en un lecho •luro, lo hacen de lado y no sobre el dorso, no siendo cómoda esta última postura sino en una •cau1a muy
b landa.
Hay que examinar lo que sucede entonces. Si el niño
i,e acuesta b0ca arriba, y durante la noche secreta alguna~ mucosidades, éstas se deslizar~n á la garganta, y obstruyendo las vías aéreas, dificultarán un tanto la libre
entrada del aire á los pulmor,es; mientrns que si se acuesta de la~o, las mucosidades quedarán en la nariz y mny
facilmente podrán expulsarse por la maílana.
Cuando una persona es atacada de un fuerte catarro, ee
le ponen los labios rojos, congestionados, con pequeñas
nnpciones y como agrietados·por la presencia de las mucosidades que escurren de la .nariz; estas mismas mucosidades, cuando caen á la garganta, la irritan, y de ahí
qne las enfermedades del oído se desarrollen con facilidad, y lo mismo puede decirse de las afecciones -:le la
parte posterior de las fosas nasales.
Si se quiere evitar que los niños padezcan de la garganta, de la nariz y de los ofdc,s, oblfgneseles, pues, á
acostarse de lado, habituándolos á las camas duras.
La posición que toma el niOo, cuando se acuesta boca
arriba, no sólo es anti-higiénica pcrque expone ,t las enfermedades que hemos mencionado, sino también porque
siendo foco favorable á la respiración, disminuye realmente la cantidad de aire absorbido y predispone á las
enfermedades constitucionales.
Cualquiera puede hacer la experiencia siguiente: Para
evitar que una persona ronque, basta darle una ligera; sacudida; el menor cambio de postura en la mayor parte
de los casos, hace cesar el ronquido, porque las fosas naeales que se encontraban obstrufdas por la campanilla
que cae por sn propio peso al fondo de la garganta en la
posición señalada, cambia de lugar cuando el que duerme se pone de lado, las vías aéreas quedan libres y ya no
tiene necesidad de respirar con b boca abierta, que es la
circunstancia común que produce el ronquido.
Los grabados que publicarnos explican muy bien que
es lo que provoca el ronquido y, sobre todo, como puede
evitarse el respirar al dormir, con la boca abierta.
La figura segunda, que
representa una cabeza erguida, nos muestra la gran
distancia que hay entre
la campanilla y el fondo
de la garganta, en esa postura.
L'\ figura número 3 que
es una cabeza acostada,
nos indica cómo la mis-.
roa campanilla, arrastrada por la gravedad, casi
se pega al fondo de lagarganta, dejando m·uy poco
espacio al aire en la res·
piración nasal. Por lo con·
trario, si el individuo se
acuesta de lado, teórica-

FIG.

FW.

1.-POSlURAS VICIOSAS QUE TO)!AN PARA DORMIR
LOS POBRES.

mente la campanilla no tiene tendencias á inclinar6e más
hacia adelante que hacia atrás y la respiración nasal es
tan f.ícil como en la posición erguida.
Es preciso, pnes, recomendar á las madres que hagan
cada vez más dura la cun.1 de sus hijos, para evitar que
duerman con la boca abierta y en consecuencia rrspir&amp;n
mejor y se dernrrollen más de prisa.
Madres de familia, no más ternuras inútiles, vuestros
hijos dormirán lo mismo, cuando se hayan acostumbrado á una cama dura, que en el lecho más mullido.
Para corroborar nue~tros consejos, representamos tarobien en la figura primera, las posturas viciosas y antihigiénicas que deben evitarse y que toman loe infelices
faltos de abrigo y de hogar, que duermen más bien donde
pueden que donde quieren.

Recordamo"l á nuestros lectores q t?e no
obstante el pliego excedente de
"FLOR DE NIZA"

que acompañamos á cada número de "EL
MuNDO," seguiremos repartiendo mensualmente las ciento veintiocho páginas
del folletín acostumbrado.

2.-cqRTE QUE RRPRE~ENTA LA CAhKZA
XROUIDA.

FIG.

3.-CORTE QUE REPRESENTA LA CABEZA
.ACOSTADA BOCA ARRIBA.
3

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�94

EL MUNDO.

$l AGOSTO,

1896.
9

AGOSTO,

1896.

EL MUNDO.
I

EL COCHE TRICICLO .

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El ideal de conseguir un vehículo que reuniera las ven tajas del velocípedo y del coche mecánico sin los inconvenientes que uno y otro tienen, se ha visto al fin realizado.
Le Petil Jot1rnal, que viene siguiendo con mucho interés !;is progresos verdaderamente prácticos que se realizan para llegar al coche del porvenir, barato, sin caballos y rápido, anuncia !a invención con mucho entusiasmo,
Se ve desde luego que el coche-ciclo es en realidad un
velocípedo mecánico, con sitio para dos personas, que
tiene sobre la bicicleta la ventaja de la estabilidad y de
no obligar al esfuerzo personal, y sobre el coche mecáui-

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fuerza, funciona sin agua y sin electricidad por la introducción un poco elemental de la esencia en un quemador de tipo especial. Para evitar el caldeamiento el inventor ha ideado unas aletas que mueve el aire como en
los ventiladores. Por último, el motor no produce ruido,
ni humo, ni olor. La velocidad es de 20 á 25 kilómetros
por hora y los movimientos mny suaves.

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siempre he visto coronados mis
esfuerzos con el mejor éxito. Me
suscribo do V des. Afmo Atto y S. S.
Dn. VICENTE HERRERA.

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co, la de que ocupa muchísimo menos sitio qne éstt&gt;, y
por lo tanto se le puede meter en cualquier parte y gasta mucho menos; si en el disefio parece tan largo es porque el coche-ciclo es muy bajo; pero la verdad es que entre la rueda de atrás y las de adelante no hay mayor distancia que entre las ruedas de nn biciclo.
Es poco mayor que un triciclo ordinario y además de
los dos asientos tiene sitio para un equipaje modesto. El
peso total del cochHiclo es de 160 kilógramos. Tiene la
armadura de tubos de acero y las yantas de las ruedas
están protegidas por pneumáticos de cautchuc, cuyas
paredes miden dos centímetros de grueso á fin de evitar
PI peligro de los pinchazos. La rueda de atrás es la única accionada por el motor; las dos de delante estiln enlazadas por los aparatos de gobierno. Esta disposición a~egura gran estabilidad al coche en las vueltas; la est3bi-

Tomado de «El Universal»
de la ciudad de Me deo.

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05

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NUMER07

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1896, Tomo 2, No 6, Agosto 9</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Banco Internacional é Hipotecario de }léxico.

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_
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TOMOII

M.E XICO, l&gt;Ol\flNGO 16 l&gt;E AGOSTO DE I HHñ

i.qulen lo soltclt.e en susoflcma.s.
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•

NUMER07

�EL MUNDO.

98

16 AGOSTO, 1896.

Hugo v á Alfredo . de Mnsset; mientras la opulenta patria dé Coudé y de .Buonaparte no recobre sus fronteras
naturales.•
u· d
b
SEMANARIO ILUSTBADO.
Inútil intento pensar que se reconc 1en o~ pue _l~
Hay en la vida de las nac:ones recuerdos y leyendas
impregnadas de santa poesía, de dulce encanto, que los á quieuee se;:iara una derrota, Sedán, á qmenes d1 v11'BLDONO 434. - ~ de las Damas núm. 4.-APABTADO 87 :s.
pueblo, conservan en lo más eagr:"~º de B? corazon. En d.eu algunos kilómetros cuadrados. de ~erreno arrebatad_oe
• :WCXICO.
vano la crítica racional y el escept1c1s~o fr10 y calculador, por la fuerza de las armas del terntorw francés, Y á qu1e•
Toda la correspondencia, debe dirigirse
pero desprovisto de sentimiento estético, tratan de arran- nes aparta una ruda imposición, el tratade de 10 de Mayo
al Gerente de este periódico.
carloE; en vano procuran coi~vencer d~ e~os erro~es: se de 1871.
·
lp
'd
Podrían, quizá, el soberano de _Aleman_ia .Y e res1 enLa snscrici6n á EL !lUN 00 vale $1.25 centavos al mes, perpt&gt;túan á tra\'és del esp~c10 y d~l tie111go, po1que el
te
Faure,
á
favor
de
la
astuta
diplomacia
rnglesa,
hasta
puebl
,,
¡
agado
más
de
las
1mngmac10n~s
que
lo
recrean
Y
y se cobra por trimestrt:s adelant..dos.
del movimiento apasionado que lo sublrn~a, y á las veces llegará un avenimiento, aunque lo creemos muy remoNúmeros sueltos, 50 centavos.
. .
es i111pulso creador, que de los razonamientos que con- to; pero el pueblo francés, que hoy se.cree más que nunAvisos: á razón de $30 plana por cada publ•cac:6n.
vencen, se adhiere á. aquellos con la espontaneidad ~el ca vigoroso y fuerte, el pueblo que d16 la sangre de_sne
Todo pago debe sPr precisamente adelantado.
que anhela goces sencillo~, se adhiere á ellos con plácida venas en los campos de batalla para rechazar la agres16~1,
REGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
adhesión con inocente c11lto y llE'ga á transformarlos en y después coutribuyó con el ~hor~o del J!Obr~J sudor cie
algo tien;o y delicado, q11e cunstituye parte de su mez- su frente, para pagar la cuantiosa rndemmzacion_ de gue•
rra, ese pueblo nu olvida porque no puede olv1_dar , no
«Agentes exclusivos para los Estados Unidos Y Can~- quino bagaje de seutimhmto abstracto.
En buena hon1 que 1,e intente arrebatar el ~nor que perdona porque no quiere pei:donar, y por lo m1sruo no
dá. The Spanis American Newspaper ~ompany, 136 L1perjudica, la ob,e,i:m qne. cori:ompe, la _memon~ que de- se acomodaría á tal1::a aven~m1ent?s·
.
berty St. New York, E. U.n
Los radicales que en sene no m~errump1da y en CTegrada· pero pretender ext111gt11r lo senc1ll0, lo mucente,
ciente
poderío
han
dirigido
la
polít1c~
france~a
serían loe
lo puio y bel lu de la leyenda popular, es 1:1dem,í's de tarea
ingrata y hasta iwpía, colllo un refinamiento dsl cruel- primeros en rechazarlos, y aun \os mismos \1be~ales roo- .
dt-rados que ahora gobiernan, smo son ,Part1dar1os de. la
dad.
'6n d e revancha agresiva, tam~oc? se con~ormanan con la polí~1ca
¿Qué daño ocasiona en Sniza creer en la trad'ici.
Gniliermo Tell, que encarna el sen_tim_iento de Pl:tnacon de un hu,uillante avemm1ento, sm obtener la derogación
:Utt
ttt
las galas de la leyenc;a? en qné per¡udica 1t Espana soñar del tratado de Francfort que arrebatara á Francia la Al•
con ~u Yirgen de Covad&lt;&gt;ngt1, Jonde une en amoro~o con- sacia y la ~orena.
La República del Ecuador con vocó;á tofü1s_ las nacio_nes sorcio, religión y patria'? ¿Có_mo puede ser contrana á los
Ah! y no es que nosotros. no deseemo_s; ~o es que nos•
latino-americanas para un congreso que debiera reumrse lPgítimos interesPs de Fraucta la leyenda hermosa de la otros viéramos con malos o¡os el a~vemmiento de la paz
el día diez del corriente en esta ciudad, y_ al cu1:1l t!~ le se- Doncella de Orlean,?
y la amistacl franca entre dos naciones que en sí llevan
.
ñaló el título de «Panamericano,» y el ob¡e~~ pr111c1eal de
Dejadlo~, dejadlos con sus dulces arrobamien_tos, no los gérmenes y los frutos de la_ c~l.tur~,más avanzada y la
fij \r exactamente y de una manera defio!tl va la rn~er- les quitéis sus poéticos encant?s á lss gentes senci\las;_ no hen,ncia de la más refinada C1v1hzac1011. ¡Qué hermoso
pretación que los países convocados debieran dat· a la pretendáis hacer un páramo mfecnndo del corazon lim- sería ver que por mediación de la Gran Bretaña, maesdoctrina Moroe. México acordó, naturalmente, conceder pio donde pueden germinai: serni)las_ de bi~n, no les ro· tra del moderno parlamentarismo, llegaran :í reconcilia~la hospitalidad á los dele~:"dos de los país_es ~entro y_sud béis sus creencias que á nadie per¡udican, sm darles algo se y á extinguir los rencores que los separ~n, la gran Geramericanos, y hasta mamtestó su ag~adecnm~uto poi ha- firme y sólido en que se apoyen _sns ilflpuls?s generosos.
manía que uos enseñó con la Reforma el libre ~xamen, y
berse designado este pais para reumón tan importante.
Esta, reflexiones nos han vemdo á las mientes, al ver la noble Francia que nos legó con la Revolución los de•
Pero sucedió que las naciones más poderosas del contt- la estéril y poco grata tarea que se_ han impuP~t~ algun~s rechos del hombre!.......... Qué bel'o sería contemplar
nente no aceptaron la idea de dicho congreso, y por ~ou• periódicos, que qnieren desacreditar l_a trad1c1on mex1• en las postrimerías úel siglo que amenaza concluir con
siguiente al reunirse el lunes dl:l esta semana los miem- cana de la Vir¡1;en de Guadalupe, y aspiran á auyentar e l una conflagración universal, entre el estruendo horrísobros del ' «Panamericano,n sólo se vieron representados recuerdo patriótico que va vinculado en la Ca!'Ilpana de no de las t:spadas y el estampido pavoroso de las ameCentro América y el Ecuador. J?esde luego_ no pncoutra- la Independencia. Pia~"BO creyente 6 escéptico d~sar- tralladoras el abrazo fraternal de dos grandes pueblos,
ron qué caracter darle á esta p1:1mera reunión, ~~eR al- mado, no habrá un mexicano qne al ver la vtner~da ima- olvidando ~us odios pasados y desvaneciendo sus renciguno de los concurrentes _no quiso que se le llamai_aJun- gen no recuerde la5 huestes capitaneadas por t:l mmortal llas, y trabajando de comuno en la obra santa del huta Previa, y hasta propusieron que se declarara disuelta Cura de Oolore~, y que al oír la lengua de bronc~ de mano p1ogreso!
poi· falta de quorum.
aquella eagrada reliquia, traída últ!mamente á la C~p1_tal,
Pero hoy por hoy,_ debem~s considerar que. además de
l\Iéxico también nombró sus representantes, y no po- no se electrice y se sienta conmovido con estremecimien- las dificultades políticas, existen las emulac10~es de ra•
día menos, desde el momento que había aceptado dar tos apocalípticos, recordando ó fingiendo que aquella za las rivalidades de iu~ereses, las competencias econó•
ho~pitalidad á los de otr_os paí~es, y el ~r. Mm1stro_ de campana fué la voz que despertó de su letargo á todo un micas, que ahondan el abismo mád y ~ás,. y dilatarán
Relaciones presidió la pr1mera ¡unta, y d_1¡0 desde luego continente.
por mucho tiempo la a uhelada reconc1l1ac160, y excla. .
qne dudaba mucho que el Congreso pudiera lleva~ á caSi esas creencias á nadie perjndican; si esos sen~u!1ien- mamos con el poeta: ¡ Lástimci grande que no sea verdad
bo los altos fines que se propon ía, pur la abstención de tos consE'rvan en el .pueblo la po~tica l)nion de religión Y tanta belleza!
algunas repúblicas, algunas de ellas muy poderoeas Y patria, dPjadlos crecer, no desyanezcá1s de los corazones
X.X.X.
esencialmente interesadas en el asunto; por tanto, se no- esos impulsos nobles, no _se~uéis con mano aleve esa fuen ·
Agosto 12 de 1896.
ta á primera vista, que México ha aceptado por m_era cor- te de belleza sana y patriotismo puro.
tesía pues sólo Centro América y el Ecuador t uvieron fé
en 1~ resolución de los delegador.
Nuest ros Grabados
Por nuestra parte, y á este fin se dirige nues~ra not_a
editorial no creemos absolutamente en la eficacia de diEl verano .
cho congreso, porque si la resolución fuer.a dada en sentido favorable á la manera como se. ha mterp_re~~o la RESUllEN.-Proyectado avenimiento entre Francia Y AleEs
cautivadora
la
alegoría
del verano que ocupa hoy
doct.rina 1.onroe en los Estados Umdos, era mutll demania.-Dificultades que á. él se oponen.- El putblo fran- la primera pági na de nuestro semanario.
clararlo por un congreso, pues que de hecho aquella ;"ª·
cé~ lo rechazar ía.
E l estío también tiene su belleza, por más, oh lindas
ci6n ha asentado su jurisp rudencia; y si era contrana á
lectoras que á veces os dé tedio, y merece que se le per•
la manera de pensar de los americanos, aun cuando h 11·
Con cuánta extrañern hemos visto la noticia public!lda
hieran concurrido las naciones más ~uertes, come la A:r- ultimarnente por la prensa diaria, relativa~ una pos1bl_e sonifique en u na mujer tan bella. Es el tiempo en que
geotina y Chile, se ha~ría constgu!do poco por la d !B· i nteligencia entre el Emperador de Al,emama y el Pres~- la ciga~ra, que por cantar se olvila de proveer sus grataucia y los pocos med10s de comu111cac1ón de que se d is · dente de la Rep.íblica Francesa! Se dice en ella que Gu~- neros, entona su uniforme estribillo; es el tiempo e n que
pone e n todo el continente sud amer icano_ para I?&lt;?ver llermo II, por el i°;t~rmedio de su au~usta abuela la Rei- la fecundante lluvia despierta á la savia y la hnc~ que
tropas y elementos en el caso de sostener d~cha opm1?':1· na Victoria h a sohc1tado una entrevtsta de Mr. F,mre, extienda sus damasinas alfombras en el campo; es e1 tiem•
Ninguna nación de las convocadas acudió en aux1l10 que tendrá 'lugar en el palacio d~ 0d~rne, para arreglar po en que la naturaleza vive una vida intensa, por mü
de \'enezuela en el último conflicto con Inglat.erra, Y no entre los jefes de las dos potenc1ae nvales de la Europa que parezca que desfallecida se adormece; es el t iem¡,o
h'- bieran podido hacerlo por los vocos recursos de _que Centr al la mane ra cómo p ueda presentarse el monarca en que hay más rumorar de arroyos y más a rrullos ile
disponen p,ua tamaí'i~ emp_resa; solo los Es~dos Umdos teutón ~n la gran exposición umversal de París, el afio palomaP, tan blancas como la que va á buscar los labios de,
la linda doncella, que pide con volwptuosidad al abani
fovorecieron á ese pa1s, y ª ! qu_eremos i:1º sonar, no d1,be1900, sin despertar los resentimientos j~stos ~el pue- el suave frescor de sus alas de seda y yergue airosa 81l
mos olvidar lo que en política mternacronal ha asentado de
b lo francés, y sin causar escandalosas mamfestac1ones an- cuerpo escultórico, con la serena magestad de una reina
este periódico: «La ley más fuerte ~s la de 1~ f?-erza.»
Así, puea, este congreso panamericano se lrnntará á pu• te los representantes congregados de los pueblos todos hermosa...... .. .
la tierra.
blicar tres 6 cuatro folletos de sus delegad?s,. for!Dando deApenas
podemos creer que tales especies se lancen á la
un libro que ocupará l~gar m~ 6 menos d1stmgmdo en faz del mundo cuando todavía no se han extinguido los
Monseñor el Pulque.
las bibliotecas de los d1plomát1cos.
ecos de lae fi~tas con que el Imperio Germánico, al celeEn
México
h
ay un imposible: suprimir las rifias fre,
brar su unificación bajo la diplomacia de Bismarck y la
cuentes entre el pueblo, ese pueblo que en i,u juicio
espada de Moltke, celebraba hace poco l!i humillación ~e tan apacible y tranquilo, pern que apenas ha in~erido al
Francia y su derrota y el desmembramiento de su terri- gunas medidas de pulque, conviérLese en la bestia irrita:
torio.
Si aun resuenan en el aire las aclamacionea de la mul- ble, en la incontrarrestable bestia, que no conser va 111
Una vez por toda8 titula «El Partido Liberal» ..i un d?- titud
el instinto de la propia conservación.
y loe himnos triunfales que fatigaron los vientos en aun
El gran remedio para este mal. sería la supresión d
lorido artículo que publica, en el cual lanza amarg~ que¡a Sedán y en Metz, en Francfort y en Berlín,. ~l descubrir
como si se sintiera bien herido por sus adver~anos: en monumentos y coronar estatuas que se erigieron, par a pulque, mas aquí radica precieamente el imposible.
esto está el verdadero triunfo de los que no siro patizan eternizar en el corazón de los alemanes lob recuerdos de pulque es no sólo la bebida, sino el toxico nacional
con su programa, y nada más ~neo• veniente, aunque nada sus triunfos y hacerlos caer de rodillas "n la apoteosis excelencia. Está probado que nuestro pueblo gasta
más ingenuo, que haber mamfeét-&lt;l? su dolo~.
.
de la fuerza; frescas están también y aun no han perdi- término medio las dos terceras partes de su jornal e
Recuerde el colega que nuestros mismos amigos., ¡ ~gan- do su perfume las flores con que los franceses han coro- agua, y la otra tercera parte en alimentos. E l cargado
do de la próxima aparición de 11EL M;UND0,11 ~iano, nos nado la estatua de Estrasburgo, en señal de protesta que se pasara el día con unas cuantas tortillas, n o p
han llamado mercachifles, despreciables editores, de elocuente; redivivo está el recuerdo de la afrenta, y ape· cindiría de la cantidad de bebida normal diaria, y así 1
quienes lo~ hombres d~ ,valer y de talento, de~en apar- sarde los cinco lustros que h&lt;&gt;.n pasado, sangr&gt;lndo está demás miembros del pueblo. Ya se ve, pues, que hayal
se para evitar la confus1on entre lo alto y lo ba¡o de la es- Ta herida y en todo su encono el rencor que guarda Fran- go más importante que comer para nuestro pueblo, y es
algo es la santa med,da.
cala del periodiamo.
¿Qué debe hacerse? ¿Despreciar ó atender esta clase de cia desde las duras condiciones que tuvo que aceptar de la
Suele suceder emtiero, en tratándose de ciertas ca
altivez
de
sus
orgullosos
vencedores.
.
ataoues? Eata es cuestión para nosotros resuelta y_a por
¿Qué significan, si no, las fiestas de Fontameblea~ á- zas fuerte~, que la cantidad de pulque necesaria para p .
indicación del mismo público, que nunca se mamfiesta qne nos referíamos en número pasado, y la celebra.c1ón ducir excitación, es tan grande, que no bastaría á adq01
más descontento, que cnan~~ ~e le obliga_á l~er _ataques del aniversario de la batalla de Wagram? A qné o~edece rirla el escaso haber de que ee dispone. Entonces queda
y defensas, qne en vez de dmg1rse á _las mstituc1~mee, á esa aproximación á Rusia en estrecha Y. apret:"da ahanz~, un supremo recurso: mezclar al pulque un poco derefi.
Jas ideas, á los razonamientos, sól? tienen por ob¡eto he•
qne por encima de los pue~los gPnnámcoe, t i~nde á ur:nr especie de aguardiente retuerce tripas, que en su c"nsoreto
rir personalidades á qnien~s se o_d1a más 6. menos. .
con el pulque produce efectos endiablados. El pulque
Pierda cuidado "El Partido Liberal ;11 • bie? acreditad? dos naciones poderosas, y ¡untarlas ~n cowum~ad ~e m- vuelve pele6n, y escenas como las que ha soprendido
tereses
como
las
ha
ligado
en
comunidad
de
aspiraciones?
está como leal al Sr. Gral. Díaz, yZnadie piensa en qmdónde va esa fuerte cadena franco-rnsa que procura lápiz de Martínez Carrión, producénse á cada paso.
tarl~ su pnesto de órgano ministerial_ caracte.-iz~do, que A
El puí'ial de ancha hoja sale á relurir y la sangre
rodear
las unidades que constituyen la Triple Alianza, Y
ha conservado y conservará mucho tiempo, segun lo deconstreiiirlas entre sus férreos é inquebrantables esla- rre: sangre de compañeros, sangre de hermanob que
clara en el mismo artículo.
.
tienen motivo para odiarse y que mariana si aun co
En cuanto al nuevo diario que nosotros publiquemos? bones?........ .
van un soplo de vida, se arrepentirán de un delito 4
Vana
tarea
prPtender
hablar
de
ioteligenci~
entre
también pierda cuidado, porq~e no nos apartare!llos m
los condujo al homicidio y al c ida'so!
Alemania
y
Francia,
mientras
no
se
hable
de
la
&lt;1.evoluuna línea de la conducta que siempre hemos segmdo coLa escena por lo demá,; es fiel y frecuente, tan~, 4
mo periodistas desde hace diez años, en que por fortuna ción de la Alsacia y la Lorena¡ mi~ntras estén mud!1ff las constituye el mal diario en esta ciudad de los Palacios.
hadas
del
Rbin
francés
que
rnsp1raron
á
Lamartme,
á
ó por desgracia abrazamos la profesión.

16

AGOSTO,

1896.

El Ferrocarril Central ha traslado sus ofici•
nas de San Luis Potosí á Cárdenas, que se halla á las dos terceras p.1rtes del camino entre
8an Luis Potosí y Tampico.

ía, trni&gt;ieitJnts :¡itJµult1rt.s.

''EL MUNDO."

~tJftt, QEMtorhtlrs.

(fümgrr~.o inttrnadonal

tlltrirn.

llic. Rafael Rebollar.
NG:EVO GOBERNADOR D:EL DISTRITO FED:ERAL.

E l n uevo Gobe rnador del D istrito.
El viernes antepasado, el señor Presidente de la República nombró al Sr. Lic. D. Rafael Rebollar Gobernador
del Distrito Federal, en sustitución del Sr. D. Pedro Rincón Gallardo.
El Sr. Islas y Bustamante, Secretario de dicho gobierno, renunció su cargo, y aun no se le nombra un sus•
tituto.

Notas d e l a S eD1.ana.
Se ha dado principio en Tampico á las importantes
obras del canal que comunicará los ríos Támesis y Pánuco.
Se han suspendido los trabajos de la Exp&lt;&gt;sici6n porque aún r¡o se ha firmado el contrato respectivo con el
Gobierno, pues se espera para firmarlo el regreso del sefl.or Ministro Limaotour.
El reprt!sentante de la Compañía, Sr. Do8 Pasos, no
desmaya, y espera llevar á t:uen término los trabajos.
El martea protestó el señor General Don Antonio Ga•
y6n, como Magistrado de la Suprema Corte de Justicia
Militar, puesto que, como saben nuestros lectores, ocupa
e l eefior General Gayón desde que cesó de ser Jefe del
Departamento de Caballería.
La Empresa de los Ferrocarriles del Distrito ha negado la demanda entablada por los herederos del sefl.or
A.madeo Bonn, y últiroamente se ha abierto á prueba el
juicio por e l término que señala la ley.
Sabe un colega que por disposición del señor Presidente de la República, el dia 14 del entrante Septiembre es el designado para transladar la campana de la Independencia del l\1useo de Artillería, donde está depositada, á donde será colocada provisionalmente.
Se hacen grandeb preparativos para organizar la fiesta
ese dia; entre otros sabemos que se arreglará un carro
alegórico en el que será llevada la campana.
El Ferrocarril Central trata de utilizar el agua del Pánuco para usos industriales. A cincuenta millas arriba de
Tampico hará una toma de agua, para aprovechar su caí,
da en Tampico.
En el curso del mes entrante tendrán lugar dos almer
nedas públicas, de fincas valiosas, en las oficinas del
Banco Internacional Hipotecario.
La primera se verificará el dia 4, poniéndose en remate la hacienda del Bravo, ubicada en .l\Iaravatío, Estado
de Michoacán, cuya hacienda vale $150,000, y la segunda tendrá lugar el dia 7, rematándose la hacienda del
Torreón, del Partido de Yudé, Durango, valuada en
$200,000.

De conformidad con la convocatoria respectiva, el día
23 del mes en curso se abrirá el Concilio Provincial de la
Archidiócesis de México, presidiendo el acto el Illmo.
Señor Arzobispo Dr. D. Próspero María A.larc6n, y con
asistencia del Delegado Apostólico, monseñor Averardi.
Todas las Comisiones han terminado ya los trabajos
que se les encomendaron.

99

EL MUNDO.

Exposieion en Guatemsla.-Señor Directorde
EL MUNDO.

La Asamblea Nacional de la República de Guatemala,
en decreto de 8 de Mayo de 189-!, dispuso que se celebrara en la capital uua Exposieiórreentro Americana que
Varios alemanes residentes en esta ciurlad deberá inaugurarse el 15 de Marzo próximo_ de lb97.
El Comit.é Central nombrado por el Gobierno para la
tratan de dar próximamente un suntuoso baile.
ejecución del Decreto citado y para organizar todo lo reRumóraee en Ciudad Juárez que tres mexi- lativo á la Exposición, teniendo en cuenta todos lt"S el~canos raptaron en Chihuahua á tres americanas mentos y medios de que dispone Guatemala y los sentimientos de fraternidad universal que ésta profesa, acorcasadas.
dó establecer una sección extranjera en la que deben
El Zócalo de Puebla está recibiendo un nuevo figurar los expositores de otras naciones; é inició ante el
Gobierno la idea de que como una muestra de cortesía se
pavimento de mármol blanco.
participase á los pueblos amigos de Guatemala, manifestándoles €.1 agrado con que se vería figurar en dicha SecLa Colonia Suiza, de Puebla, dió el domin- ción extranjera los productos de la ciencia, de la agriculgo último una fiesta agradable en dicha ciudad, tura, de la industria y del comercio de cada una de ellas.
en conmemoración del 65? aniversario de la funEn Ab.ril del año en curso, obedeciendo 1\ iustrucciodación de la Confederación Suiza. En la ma- nes de mi Gobierno, cumplí con el grato deber de amisiiana di6 la Colonia un banquete en el restau- tad y cortesía, de invitar al Gobierno de los Estados Unirant «l\1agloire,» al cual asistieran, entre otras dos Mexicanos, que ettoy seguro aceptad. mi invitación;
personas, los Sres. Gral. D. Mucio P. Martínez, pero como se aproxima la época en que debe inaugurarse
D. DelfCn Sánchez y D. Leopoldo Gavito. En
aquel certámen, he querido anticiparme por medio de
la tarde concurrieron las principal as familias de estas lineas, que suplico á usted se sirva hacer publicar
Puebla á los jardines de la Cervecería Alemana, en las columnas de su importante periódico, á invipor invitación de dicha Colonia, donde hubo un tar individualmente, como en efecto lo verifico, á los
gran baile y juegos.
Centros Científicos, á los agricultores, industrialer, comerciantes, etc., de México, para que concurran á la ExEl 14 del presentedi6 principio la feria anual posición.
de Huamantla y terminará el 2! del mismo.
Tengo el honor de acompañará usted un ejemplar del
Reglamento General, del que si no fuera demasiado exiEl domingo murió en el Hospital Juárez, el gir, agradecería sinceramente se puhlicara lo más esenreo Ricardo Domínguez, acusado de abuso de cial, para conocimiento de los Expositores que deseen
confianza. Se contagió de tifo en Belén.
concurrir.
En la Legación y Consulado General de Guatemala,
:Muy poco trabajo de excavación falta para instalados en la calzada de la Reforma número -!, se suterminar com¡,letamentc e: gran canal de irri- ministran todos los datos y pormenores que á este res·
gación, que desde hace tietnpo se está constru- pecto solitaren los interesados.
yendo en el Río Yaqui.
Anticipando á usted muy cumplidas gracias por este
Se cree que tal obra estará concluida para an- señalado servicio, que espero merecer de la bondad de
tl's que termine la actual estación de aguas.
usted, me suscribo atentamente su servidor afectísimo. EMILIO DE L:&amp;ÓN.
Los trabajos del Teatro que ee está construyendo en Zacatecas, se prosiguen con actividad.
Ese coliseo será de positivo ornato para aquel\lodelo de sombrero-casco para el Ej~rtito Mexicano.
lla ciudad y seaseguraque se inanguraráel prói;:imo 16 de Septiembre, así como el monumento
dedicado al Genera! Gouzález Ortega.
El Dr. Antonio Casillas, mayor del cuerpo de sanidad
Militar, acaba de mostrarnos un sombrero-casco que ha
Según telegrama recibido últimamente, fuéasaltado el ideado y que pretende proponer antti la Secretaría de GueBanco Internacional de Nogales, Arizona, por seis ban- rra para que si lo tiene á bien se sirva adoptarlo como redidos bien armados y montados. Los empleados del Ban- glamentario en el Ej~rcito.
.
co repelieron con valor á los asaltantes, y uno de los diEl sombrero, que tiene la figura de un casco; con v1Serectores del eEtablecimiento fué gravemente herido en la ras anterior, posterior y late,ales, se asemeja mucho al
refriega. Los bandidos tuvieron que retirarse sin haber que usan los ejércitos coloniales europeos, pero difiere de
conseguido su objeto.
él :por el material que lo compone, pues está hecho de un
tejido recio de palma real, que le da bastante resistencia
E l Sr. Coronel Ahumada, Gobernador de Chihuahua, y completamente impermeable por medio de una capa de
ha ido á CiudadJuarez á poner la primer piedra de un barniz gris que lo cubre.
nuevo edificio que se destma para escuela pública.
Como se puede ver por el grabado que acompaña estas
líneas, y que está tomado dt: una fotografía del soldado
Mr. J. A. Robertson llegó á México, procefümte de de las Compañías de Ambulancia, Aurelio Cano, el casco
Monterrey. Viene á arreglar algunos asuntos relativos al sienta muy bien con el uniforme reglamentario, y no
cambio de tracción en los tranvías de dicha ciudad de desdice de la apostura y aire marcial que comunica el anMonterrey.
ti-higiénico chaco.
A nuestro juico, y ~Pgún las doctrinas que expone con
.l\.fr. Robertson quiere ser el primero que en la Rev.ública establezca la tracción E!léctrica en los ferrocarriles abundante ciencia el Dr. Casillas, el nuevo casco llena
urbanos y dispone de dos millones de pesos para la obra, perfectamente las condiciones de un abrigo para la cabede los cuales ha empleado una parte en la compra de los za del soldado, y si no tiene la necesaria resistencia para
defenderla, se adapta mejor á nuestus necesidades, y evitranvías de Monterrey.
tará muchos ma!es en las pesadas marchas de nuestros
cuerpos á través de unas comarcas y ba¡o un cielo tropicalPs.
Ojalá y después de estudiarlo BE' realice la mt&gt;jora que
inicia el Dr. Casillas, á quien desde ahora felicitamos por
Muy pronto se repartirán los prospectos su loable intento y su fructuoso estudio.

tana publicación {b)us k al.

de la que va á editar en esta capital el conocido profesor D . Antonio Cuyás. Sabemos
que, ameno y variado el nuevo periódico musical, llenará el vacío que rn nota en nuestra
prensa técnica, y por tanto nos atrevemos á
augurar un buen éxito al futuro colega.
Otro pago de $11,042 d e "La Mutua"
EN PUEBLA.

Puebla, Jnlio 25 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director general de uLa Mutua.,.
México.
Muy estimado señor y amigo:
En esta fecha, el banquero de «La Mutua» en esta ciudad, Sr. D. Manuel Thomás y Terán, entregó á los hijos
del Sr. D. Joaqnin Gordillo, muerto no ha mucho, la suma de once mil cuarenta y El.os pesos ochenta centavos,
valor del seguro........................................ $ 10,000 00
y devolución de premios. .......... .... ..... ...... 1,042 80
Total. .....................................$ 11,042 80
tomado por el referido Sr. Gordillo en 11La Mutua de Nueva York,» de que es usted digno Director.
Debo, por ser la verdad, manifestar que en cuanto usted tuvo conoámiento del asunto, se violentó el pago, y
que esta carta es una manifestación sincera de gratitud,
tanto para la Compaiifa que sabe cumplir sus compromisos, como para usted, pudiendo hacer de ella el uso que
más le convenga en beneficio de sus intereses.
Protesto á usted una vez más mi aprecio y consideración, como su afectísimo amigo y M. S. S.-Por los beneficiarios.-Lrc. MIGUEL JBIBNEZ LABORA.

�100

EL MUNDO.

Reconstrucción de la C?'atedral
DE JALAPA,

Proyecto del Sr. Barón de Catllá
Damos hoy á nuestros lectores algunas fotogafías del proyecto de reconstrucción de la iglesia catedral de la capital de Yeracruz, el cual
ha empezado ya á ponerse en práctica por su
autor el ingeniero Barón de Catllá.
Tdtase en esta reconstrucción de dar un sello
uniforme y artístico á lo que es hoy un conjunto in harmónico, haciendo de la cateJral de
Jalapa, poco airosa y nada artística, un templo
gótico:-el primero que existirá en ~léxico donde ya no alcan:,;amos la explendorosa arquitectura de los siglos doce, trece, catorce y
quince, de indiscutible belleza.
Para que nuestrús lectores so formen
una idea de lo que se llevará á cabo en
este templo, tornaremos los siguientes
datos de una descripción recientemente publicada.
Desde luego nos detendremos en la
fachada, de la cual acompanamos una
fotograf fa.
Sobre la escalinata actual se adelantará el nartex, de piedra calada, que recordará los delicados ¡rabajos de los picapedreros del siglo XII. Sobre el nartex nna galería practicable que descansará en los con traíuertes laterales, y que
será del más puro estilo gótico del si. glo X\', acn~ará la existencia del coro.
Sobre la galerfa el rosetón, un encaje
de piedra esmaltado de vidrios de colores iri~ará el pavimento del coro.
Toda e8ta parte de la obra, será rematada por tres estátuas colosales, protegida la del centro-que será la de Jesí1s bendiciendo al mundo-por un templete de estilo gótico florido.
Este cut-rpo principal de la fachada
se adelantará á las alas laterales del
edificio.
En la parte inferior, á los lados del
nartex, acompaflan al mismo dos ventanas gemelas románico ojivales. Robre
la de la derecha, rompiendo apenas la uniformidad del muro, y contrastando con la profusión de calados
de la parte central, irá un medallón coronado por una figura que representará el Tiempo señalando un relox.
Sobre la ventana de la derecha
irá otro medallón que dos ángeles coronan y que llevará la inscripción dedicatoria del templo,
con las armas de la ciudad.
Las figuras del Tiempo y de los
ángeles comenzarán por fino bajo relieve para terminar en ronde

enlazar.1 la finísima columna que dividirá las
ventanas, formando así las columnas, 19 8 curvas
y contracurvas de los arcos y la ornamentación
de las ventanas un conjunto lleno de harmonía
al que imprimirán un caracter medioeval completo, grandes vitrinas de colores, en las que serán pintados santos Je tamaño natural dibujados
con sobriedad y en la actitud extática peculiar
de la época.
El ropaje que vestirá esta riqueza-dice el informe á que arriba nos referimos-será digno de
ella. Ancho friso de oro, esculpido en bajo relieve, correrá á la altura de loe capiteles de lascolumnas superiores y al nivel de las bases de las
columnillas de las ventanas. Los pAfl.os serán decorados con medias tintas frfas realzadas con oro
y de ello se destacarán por claro, en suave mancha, testas de querubines.
Las colum,:as, archivoltas y cruceros conservarán el color de loe
sillares.
Todos los capiteles serán bronceados y de los superiores arrancariín nerviaciones que di \' idirán la
bóveda en panos que serán exornados con ricas tintas realzadas
con floreados góticoe.

*

Cada uno de *los* diez altares de
las naves laterales será decorado
de di versa manera, pero conservando el mismo estilo. Es decir,
que tendrán todos los matices,
desde el romántico-bizantino hasta el ojival más puro. Así secum•
plirá el precepto de los arq uitectos de la edad media: conservar
la unidad en la variedad.
El ingeniero sabe que hay personas piado~as qutt se proponen

costear la decoración de una altar cada 1lll&amp;
ellas y ha querido d ejarles el derecho de
ger, dentro de los estilos mencionadoe el
mejor les plazca. Los proyectos serán' fo
dos, siguiendo las indicaciones de los do
Bajo el portico interior que precedeJi
nave mayor, irá el mauauleo del Sr. p
exquisita factura, por más que á los ve
nos, que aman mucho á su ilustre prelado.
les agrade, exclusivamente «porque no q
pensar en que su pastor dormirá un dfa
siempre aun cuando sea bajo el mármol de
rrara," el cual servirá para la conatruccl6a
sepulcral monumento. Este ostentará una
gótica, en cuyo interior se verá la estatua
cente del prelado, semicubierta por rico
en su fondo un bajo relieve alegórico.
La cúpula central estará di vid ida por
ciones bronceadas que destacarán por
sobre un fondo de oro mate, en ·
do con floreados góticos. Entre estos
grandes pinturas naturales rep
do escenas de la vida de la Virgen.
Ré~tanos hablar del áb~ide, que.
decorado como la b6veda centml y
ostentará en hemeciclo los sitialee de:
coros alto y bajo.
Estos estarán tallados con sumo
nogal, y sobre el coro extende1'8a
mismo una primorosa galerfa de n
liado con aplicaciones de bronce y
mol.
La balaustrada será de estilo gótioomadera con grandes escudos de bro
bre paramentos de marmol: colo
también de marmol surgirán de la
lauatrada sosteniendo arcos de
punto. En los intercolumnios que
narán en su parte superior por areo
contracurva estarán pintados loa
apóstoles sobre fondo de oro.
La galería será practicable.
En el fondo del hemiciclo irá una
pilla central que servirá de Camarín.
bre el altar gótico, hecho de
bronce y maderas preciosas, se lena
sin tocarlo, el ricQ te~plete dentro
cual irá la imagen de la Purfsima,
na del templo. Una gloria con ae
y querubines sostendrá en t:1 aire
templete. Cuatro columnas salo
de marmol, acordonadas de bronce,
tendrán el casquete. Sobre éste
ángeles con los emblemas de la v·
las rosas y las lises. La espiga que
nará el templete estará sostenida pór
viaciones aéreas.
A los lados en la parte eu
del Camarín, se abrirán ven
góticas cerradas por vitrinas de
lores, que enviando la luz sobre
templete, lo harán resaltar
sobre el fondo obscuro y mat.e,
ciéndolo aparecer como eu@pe
do en el aire.
Tal es á grandes rasgos la
cripción de ese templo que 1101'
primero y único en la Repúbl
obra de arte que deberemos al
pfritu emprendedor y arti!ia
ilustre prelado que rige hoy la
ceeis de Yeracruz.
Los hispano americanos, conq
tados en •.rna época en que ya
alardes de la piedad no levanta
esos inmensos editlcios llenos
detálles primorosos de ornamen
mentación y que cuadraban
bien con· el espíritu tristemente
ligio~o de los siglos medioe, n~
demos concebir, sino hemos VII
do por Europa, la belleza sup_
del arte gótico, netamente c
no y único en su género.
Las obras de reconet
ción de que hemos ha
do, comenzaron el 23
"::.
Juniocongrsn eolemni
.,,. y no pasarli mucho tiem
•·- sin que las veamos con
...,¡¡.Qiu•••IL...---~;,:,.,$'" cluidas.

l6

ÁGOSTO,

1896.

EL MUNDO.

ll&amp;TAI.L&amp; O&amp; l,.\S :SA\'&amp;'I

co y llamaremos sobre él desd(, ahora la atención del públko, puee nos creemos en el deber de interesarnos en el
progreso del pais y más aún en el progrese, de la arquitt&gt;cturs, arte que crea las formas que llenan las necesidades de un pue,,lo, expresando en cultura y revela además
sus tradicione.s en sus monumentos.
Xos aFPgnran qne Jlevnr á cabo una obra arquitectóni ·
ca que reproduzca las bellezas del arte ojival, ea árdua
tan·a que ofrpce tan serias dillcultadee, que hasta en los
países mi{s ricos y más civilizados es Clll!i imposible llegar á la feli:,; realizacivn de un monumento gótico de la
importancia de loa de la edad media; y que la catedral de
JalaP.a será una parodia de nqnellas catedrales; siendo
sensible. pnrqne, con ideas múe modestas, se hubiera
convertido facilmente en una bella iglesia haciendo \"I\·
ler sus formas primitivas, por medio de una decoración
en la que ca be toda suntuosidad y todo arte.
Como se ve, damos á nuestros lectores el pro y el contra de la cuestión. Ellos con ~u buen criterio y en Yista
del artículo que ofrecemos, se formarán un juicio exacto
de aquella.

irm

boue.

Cierra esta fachada un cornisa.
miento elegante y sencillo, de per
files góticos, que en los extremos
y parte superior de los contrafuertes, termina en gárgolas, representando cocodrilos alados.
Las torres serán dos y estarán
divididas en tres cuerpos. Base,
cuerpo principal con ventanas con
cruceros coronados por una galería octogonal, gótico - bizantina
con reminiscencias orientales, y
un tercer cuerpo rematado por
esbelta flecha, admirablemente
encajada en él.
La puerta principal
mostrará profusión de
artísticos detalles, que
sería largo en numerar.
En cuanto á las na\'es, el proyecto es el
siguiente: Convertiráse á las pilastras en haces de e•beltas columnas y los arcos de me•
dio punto en ojivales á
cuyas coñtracurvae se

DOS MATRIMONIOS REALES.
EL l&gt;U~UE DE OTU,EA:SS Y I,A DUQUESA MARÍA DOROTEA

Con fecha 15 de Julio el ~ran maestro de ceremonias
del archiduquP José, anunció oficialmente á la C-Orr1spl)11denda d(' B11dape$l, loe eeponH&amp;les de su hija la archi-

duquesa María Dorotea Amelia con el duque de Orleahll,
jefe de la caen real de Francia. De un corresponsal pa-

REC'OS!!TRUCCIÓN OE LA CATEDRAi, l•R JAl,APA.

Absldc, Com y templete de la Purfsima.

.ALGO MAS SOBRE LA RECONSTRUCCION
DE LA CATEDRAL DE JALAl'A.

OPINIONES AUTORIZADAS.

LA RECO:SSTRC'(.'('IÓ:S DE LA CATEDRAL DE JALAPA.

Proyecto de

101

rachada.

CAPILLA Ih"TERIOR.

Hasta aquí hPmos publicado la de,,cripción detallada
del nuevo proyecto, ajustándonos, BPgún hemos dicho,
á nn informe qne sobre eee proyecto se ha publicado en
•La Yoz de la Yerdad• y •El Univennl.» «El Mundo• @e
re..en·a 1111 opinion propia en lo relativo á la conveniencia Je! estilo que va á emplearse, mae á fuer de imparciales, damos á continuación un extracto de la opinión que
acerca de la obra tienen formadada muchos de los principales ingenieros y arquitectos de esta capital y que sin
duda servirá para ilustrar ei asunto.
Las mencionadas personas aseguran que el estilo ojival
que piensa emplearse, no ea el adecuado para la ejecución
de esas obras, pues requiere para ser tratado con pureza
y con arte en una catedral, el gasto de enormes sumas y
el concurso de artesanos habilleimoe qne no abundan en
el país; además, c-:&gt;mo estilo, está perfectamente caracterizado por un sistema de construcción que no es ni pndo ser el empleado por nuestroe arauitectos de la dominación espafiola; y soiamente, al intentar convertir en
gótica una iglesia de medianu proporciones y de formas
romanas, más ó menos decadentes, como son casi todas las
nuestras, se obtendrá un efecto de aparato teatml qne no
~uadra-á fa aereridnd graudiOBa y eolemne que debe reinar en un templo.
Eñu opinione¡¡ que hoy pnblicamos, van á ser tratadas concienzudj\mente en un artículo razonado y científi-

PBOYECTO DE JUUSOI.EO DEL ILLll.O, SR. P.\QAZA.

�l02

EL!lfUNDO.

16 Aoos~, 1896.
=1=6=A=GO=S=T=º''=1=8=96=·====s=========~E~L~MUN~:;:,,DO~~-=================!QL
tud que despidió á. los novios;,
que se dirigieron á. Norfolk
en excursión de luna de
miel.

de quiera se veían trofeos en que los colores de Dinamar-

ca alternaban con los de Inglr..terra.
Bendijo á. los novios el Arzobispo de Canterbury al
cual ayudaron en la ceremonia loe Obispos de Londr~ y
Wfochester, y terminada la ceremonia la reina besó á la
novia y al novio, y la comitiro regresó al palacio donde
se efectuaron las solemnidades tradicionales.
'
Nuestros lectores hallará.o en otro lugar una ilustración de esta fiesta real.

El Emperador del Japón y sn lteredero.
No hay dinastía monárquica en el mundo mas antigua
que la del Japón. El Emperador actual, cuyo nombre es
Mutsu Hito, que quiere decir ubombre pacífico,» nació el
3 de Noviembre de 1852.
':.llfil
En ese tiempo los monarcaR japoneses viv.fan en Kyoto
y eran llamados 11Mikad!f.» Este nombre significa uentrada honorable&gt;) ó usublime puerta,11 una idea asociada
con el título de los Faraones de Egipto.
Todos loe Mikadoe, con excepcilm del actual, vivieron
en Kfoto, 6 muy cerca de esta antigua capital, q.ue cele•
bró e afio próximo pasado el 1,100 aniversario de eu fundación.
Muten Hito nació en Kyoto, y ocupa el 121? lugar en la
dinastía del gran ._mperio, El dfa 10 de Noviembre de
1860, fué nombrado presunto heredero de la corona.
Por espacio de siete años quedó sometido á la tutela de
sus padres y maestros, y el 13 de Febrero de 1867 llegó á
ser Mikado, á. causa de la muerte de su padre.
En los países occidentales los monarcas son coronados
y las ceremonias de la coronación son verdaderamente
grandiosas, como acaba de paear en Rusia con los czares.
Pero en la tierra del Sol Naciente no hay corona ni cetro,
no obstante lo cual las (lue acompafian á la ascensión al
trono, son en alto grado significativas y eolemnes.
En el Imperio del Japón se da el nombre de joyas dela
corona á estos tres emblemas sagrados de autoridad: un
espejo, una esfera y uua espada. :Estos objetos son los
mismos que usaron los monarcas hace mucho centenares
de anos, y el vulgo cree que fueron traídos del cielo hace
más de 2,500 afios, cuando los antecesores de la raza de
mikadoa descendieron de las nubes á la elevada montafia de Satsuma, de donde partieron para el Norte, conquistando todo el archipiélago, subyugando á. los aborigenes y fundando la capital en Nara y después en Kyoto.
Cuando, en 1868, el emperador niño fué llevado á lasagrada capilla del palacio para recibir la antigua espada de
dos filos, el espejo en forma de estrella y la esferadecristal-todo lo cnal estaba guardado en una caja de brocado
y oro -fué saludado como el sucesor de los monarcas baJados del cielo. Al subir este niño al trono, comenzó una
era llamada uMéijin ósea uluminosa paz.n
En 1869 se casó con la Emperatriz Haruko, y cambió
su residencia de Kyoto á. Yedo, la cual quedó como capital. Yedoquiere decir upuerta de la bahía,u pero desde
entonces se llamó Tokyo, que significa ucapital deoriente.n
El Emperador vestía lujoso traje de seda blanca y encarnada; en los días de audiencia, cubría su real cabeza
.con un bonete de seda negrl} que ienía un gran penacho
de hilos de oro. En el trono veíaee nn sillón encaTnado,
&lt;myos brazos terminaban en unas cabezas de león de oro
rnaciso, las cuales eran emblema de la antigua conquista
de Corea por la Emperatriz Jinku.
Ahora todo ha cambiado. El Emperador usa un traje
parecido al de los reyes y emperadores de Europa. La
Emperatriz y las damas de la corte siguen exactamente
la moda de París.

-r=

Los oficiales del ejército y de la armada y los emplea•
dos del gobierno visten á. la europea, lo mismo que grau
parte de todas las clases sociales.
De doce hijos que ha tenido el Emperador-cinco ninos y siete niñas-solv uno vive, que es ahora el heredero del trono.
El nombre del heredero es «Yoshi Hito, Haru no miya» que quiere decir literalmente uhombre bueno, del
templo de la primavera.11
Nació el 31 de Agosto de 1879, en el mismo día y mea
en que nació Guillermina, la nifla reina de Holanda, pero un· ano después. Esta coincidencia es digna de ser
mencionada por el hecho de que mientras el Japón s:e
mantuvo alejado del mundo-de 1620 á.1868-los holandeses eran los úniCl'IS que tenían permiso para residir en
el Jap6n y tener relaciones comerciales con él.
El Emperador toma el mayor cuidado en la educación
de su hijo, quiere que sea modesto y humilde y le disgusta mucho que alguién alabe al heredero y le halague
su vanidad ú orgullo. Se dedica al estudio de las lenguas,
de las cie1icias físicas y matemáticas, recibe instrucción
militar y hace ejercicios de sport.
El Emperador insiste mucho en que su hijC' conozca
bien sus obligaciones militares, y cuando encuentra á. un
capitán, á. un mayor, coronel ó general, le hace el saludo
de ordenanza como un subalterno cualquiera.
En la escuela y en la calle usa el traje civil sin distintivo alguno, y solo en loa días de fiestas oficiales se pone
el uniforme.
El heredero pertenece á. la guardia imperial, cuyo distintivo especial es una faja roja al rededor de la gorra.
El ro}O es el color imperial en el Jap6n, así como en China lo es el amarillo.
Durante la última guerra con China, el Emperador estuvo muy ocupado dirigiendo 'as operaciones y viviendo
la mayor parte del tiempo en Hiroshiwa, as( ea que el
joven hert·dero df'jó de verá. su padre por muchos meses.
Sin embargo Yrn~hi Hito en esa época aprendió mucho relativo á. China y á Oorea, y está, por lo tanto, mejor preparado para gobernar bien el imperio, cuando le
toque ascender al trono de aquel lejano país 9.ue ya tiene
derecho para figurar entre las naciones civihzadas de la
tierra.

La Exposición Unniversal de Paris de 1900.
De concurso en concurso, progresivamente, la '.Exposición de 1900 sale del caos de las concepciones iniciales,
mal definidas, voluntariamente indecisas. El concurso de
los palacios de loe campos Elíseos acaba de concluirse y de
ser juzgado y desd" ahora puede uno formarse una idea de
lo que será. el a~to exterior de la Exposición: el verdadero elemento de( éxito.
La idea primordial, la idell directriz fué de una simplicidad extrema: Hacerla. má3 grand,. que la dt 1889! Esta era
más americano que artístico. Chicago no tenía otro programa. Poco importaba: un ingeniero-de esos que no
dudan de nada,-Mr. Picard, y un arquitecto, M. B::&gt;uvard, autor del domo central de 1889, propusieron un
emplazamiento tan inmenso como dívidiJ.o y dislocado.
uNo vaci1eis 1 dijeron al salir del campo de Marte y de
la explanada¡ franquead los puentes, invadid los Campos
Elfeeosn, y llenos de confianza esperaron el resultado de
sus exortaciones.
Su confianza estaba justificada. Ant1:1 el espacio que tenían que llenar, los 1rtistas-grandes artistas en sumayor parte-que se decidieron á arrostrar las dificultades
de este primer concurso, se rompieron la cabeza, aplicándose, ingeniándose, razonando ......... Los franceses, al
decir de los ingleses, son un pueblo de arquitectos. Sea,
pero de arquitectos que razonan. La prueba de que el razonamiento entre eeos arquitectos modernos domina á. la
imaginación, es que en la ocurrencia, todos hijos de la
misma educación, herederos de las mismas repugnancias,
encontraron la misma excusa á la vulgaridad del progra-

EXPOSTCIÓ~ DE P.ARIS EN

1900.

Proyecto de Palacio menor. [Primer premio.]

ma yankee que 11e les imponía. Todos comprendieron quela ribt'ra der~cha del H1ma, dt-jabft. demasiado ígnorados
á. los Inválidos cuya bdleza ndmirnblt&gt; tenía nE'ce-~idad d,t
un dia nuevo, de una perspecc.ira inédita. uAbrmnos una
avenida.11 exclamaron á. coro los concnrrentt-,.;.
Y la cuestión quedó resuelta. Los arqnitecto~, concurrent~s, entre los cuales ncaba de hacerse una t;,l~cción,.
debían sin embargo tener en cuenta lo siguiente:
1? .Acusar bien la linea. de perepectiva de la via nueva.
á fin de evitar que formase tres trozos disparatados: la explanada, el puente, 111 avenida.
'P. Construir palacios cuyo estilo convenga á construcciones definitivas.
·
3? Tener en cuenta que estas constrccione.s, para quecontribuyan :1 la belleza de la Exposición, fü:ber;ín lucir,
adoptar un aep,t"Cto triunfal, una fisonomia de J1eeta..
4? Observar un programa de distribución interior, lleno,
de exigencias. Superficies artísticas y superficies mundana1:1, salas de exposición y de concierto, pista 1e concursos hípicos, restaurant, etc.
Digumos desde luego que nuestros arquitectos, cuyoe,
planos están aclualme11te expuestos en el palacio de la.
Industria, hanf, ne ido con honor todas estas dificultades.
Desgraciada nte el proyecto de cada uno es incompleto. Para el ran Palacio principalmente, ee necesitará tomar de unos de los concurrentes los elementos olvidados pqr el ((parti-prien de los otros, y en el plan definitivo que falta estudiar, figurarán únicamente las mejorespartes de cada una de las composiciones premiadas sin
perjuicio de combinaciones nuevas. Damos á. nuestros lec~
torea una copia del proyecto de M. Louvet [uno de los más
hermosos para el Gran Palacio] y otra copia del de M. Gerault para un palacio pequeño. Ambos obtuvieron primer
premio f 15,000 y 6,000 Cs. respectivamente en el concurso.

IIUESOS PARA J!JL CELESTE Il\IPERIO.
DESANFRANCISCO A IIONG•KOXG.

Los restos de todos los chinos que mueren en los F.atados Unidos son enviados al Celeste Imperio para ser
inhumados. Los empacan en grandes cajas y los embarcan en San Francisco, poniendo sobre cada caja la marca
,,huesos de pescados,)! que pagan $20 por tonelada. Este
engan.o es con objeto de evadir las reglas de Js.s Compañías de vapores que hacen pagar por el Lraneporte de un
muerto lo mismo que por un vivo.
Casi todos los chinos que llegan á. los Estados Unidos
quedan al cuidado de las 11Seis Compafifas," y firman nn
contrato que garantiza el envío de eus restos á su país
natal.
No hay un vapor que salga de San Francisco que no
lle"e chinos enfermos que esperan vivir lo bastante para
llegar á su tierra. Las uSeie Compaflías&gt;1 tienen á su vez
un contrato para que si algún chino muere á. bordo no
sea el cadáver arrojado al mar. La Compañía proporciona el ataud, el cada ver es embalsamado y colocado en la.
bodega, y entre los otros pasajeros chinos y los marineros-que casi todos aon también desc,ndientes de Con•
fucio-pagan los gafltos.
Cuando el buque llega á Hong-kong los ataudes se entregan al Hospital Jung \Vah cuyo administrador los pasa á. los parientes de los muertos.
Casi no hay u::i chino residente en lo~ Estados Unidos,
que no esté registrado en el Hospital de Jung ,vab y en
las nSeis CompafHas» de San Francisco.

EL TRABAJO DE LAS ABEJAS.
Un escritor de la Rerue des &amp;ie.nces Naiur1&gt;lle8 1 hace el
siguiente cálculo con relación al trabajo hecho por una
abeja.:
Durante el buen tiempo, una obrera puede visitar de
40 á 80 flores, en seis 6 diez excursiones, y colectar un
grano de nectar. Eu caso de que visite de 2CN) á. 400 flores
recogerá 5 granos.
En oircuuetancias favorables recogerá 15 granos en un
periodo de ló dias, así es que necesitará. algunos afl.oa
para fabricar una libra de miel, la cual llenará cerca de
3,000 celdillas.
Un colmenar contiene de 20,000 á. 30,000 abejas, la mitad de las cuales prepara la miel, quedando la otra mitad
encargada del cuidado del colmenar y de la colonia. En
un dia. bueno 16,000 á. 20,000 obreras, podrán en unos 10
viajes explorar alguno!! cientos de millares de plantas.
Hay que considerar además que el terreno sea favorable
para la preparación de la miel y que las plantas más ricas en nectar se encuentren cerca &lt;lel colmenar.
Un colmenar habitado por 30,000abejas, puede, por Jo
tanto, r~ibir, en condiciones favorables, cerca de dos.libras i:le miel al dia.

J
EXPOSICIÓN UNH"ERSAL DE PARJS EN

EL MA.TRIMO?l.'10 DEL.A.. PRINCESA MAL'D DE GALES.-Salide:,de los novlos para Norfolk.

• J

•

1900.

Proyecto_del Palacio mayor. [ler. Premio.]

•

�106

.

EL MUNDO.

EL TELECTROSCOPIO.

EL TEJ-.ECTROSCOPIO.
IYÁGENES Á. TRAVES DE UN ALAMBRE.

¿Se ha resuelto el problema de «verá través de un alambre,» es decir, de irasmitir imágenes por medio de la elect1·icidad? Esta es ahora la cuestión que interesa más 6
mPnoa al mundo científico.
l'or largo tiempo hombres eminentes en la ciencia, co. mo el Profesor Graham, E. J . Houston y otros, han predicho que algún día se prodra trasmitir imágenes por un
alambre, con la facilidad con que se trasmiten los eonidos.
De Suecia y California nos llegan simultáneamente noticias de que el problema parece resuelto. No tenemos
porm~nores" del aparato del inventor que es un médico
l)rommente en Europa; sólo sabemos que ha obtenido
buen éxito.
El Dr. Frank M. Close, de Oakland, California no ha
tenido inconveniente en dar al público algunos 'detalles
de su aparato, al cual ha bautizado con el nombre de «tel~troscopio,» ó sea aparato para ver á distancia por medio de la electricidad.
El aparato consta de dos cajas comanicadas por medio
deun alambre. Una de las caja&amp; et1 el receptor y la otro
es el transmisor. En frente del receptor 11e. coloca una lámina de turmalina ó de espato dt: Islandia frente á la
qne se sitúa el ojo del observador.
'
Detrás de la abertura del transmisor se coloca una vela
encendida, y por medio de una ingeniosa combinación
eléctrica-que es precisamente el secrt:to del Dr. Closela perso:&gt;a colocada en el receptor ve inmediatamente la
imá~en de la vela. Si ee quita del receptor la placa de turmalina, deja de percibirse la imágen· de la vela aunque
ésta continúe en el transmisor.
El Dr. Close, para dar la explicación de fenómeno
C&lt;?tnpara éstfa C?~ el de la transmisión del sonido por me~
dio de la electricidad. Cuando se habla en la bocina de
un tf:léfono y una persona colocada á gran distancia y
prov1Bta de un receptor oye la voz, el fenómeno no es
más que el res~ltado de 1~ modi~caciones experimentadae por la 4?0men~ l!l~ctrica al vibrar la delgada lámiM
del transmisor, vibraciones que ae reproducen exactamente en la lámina del receptor.
Las relaciones de semejanza en la propagación de la luz
el calor, e_l sonido y la elec_tricidad sori tan íntimas, qu~
comparativamente es sencillo convertir un ogente en otro
y luego volverle sus propiedades primitivas. Todavía
wás: Un agente fíaico puede substituirá otro. Por ejemplo, un. rayo de luz solar, puede dernmpeiiar exactamente el m1smo papel que un alambre telefónico.
El Profesor Graham Bell, ha construido un maravilloso instrumento, por medio del cual se puede hablar á
t:avés•de 1;1n rayo de luz ~otar, pues-ha logrado hacer sensible las vibraciones lumrnosas, de la mi8ma manera que
,.e hacen sensibles las ondas eléctricas para roprod.ucir el sonido á gran distancia.

A hora bien, cuando , ~ v i
un objeto, es porqne sus diferentes pal'tt:a absorben y
refl~jan de un modo especial
los rayos luminosos, . lo que
da al objeto su color propio,
val mismo tiempo las celdiilas dPI cerebro reciben una
i:..erie de impresiones que, so1s
breponiéndose unas á ot,ras,
-- ·'"'-;~~f -;:-.... -~
clan una idea ó imágen mén•
1
tal de lo q_ue se ve. .Ouaudo
~e ve un objeto en un espejo
110 hay más diferencia, sino
que las ondas luminosas que
"ªn á impresiona1· el cetebrn, proceden de la imágen
reflejada en el cristal y no
dt:l cuerpo directamente.
Ahora suponiendo qne , la
imagen de un objeto reflejada en un espejo, pudiera pro·
ducir vibraciones en un alambre eléctrico, como una on ·
da sonora produce en la delgada lámina de un transmisor telefónico, sería posible,
colocando un aparato conveniente en la otra estación,
reproducir el procedimiento
y obtener sob1·e un segundo
espejo ó pantalla las vibraciones excitadas en la primera estación y se podría ver á
trayés de un alambre tal como se babia por él. En otras
palabras sería posible transmitir i1mlgenes sensibles á
una distancia inconcebible.
Convencido el Dr. Glose de
los antiguos experimentos de
Yogel y otros que prueban
la existencia en los rayos de
luz blanca de rayos invisibles dotados de propiedades
térmicas y químicas, buscó
ingenic,samente y encontró
experimentalmente la exis•
tencia de rayos eléctricos y
magnéticcs.
De este dePcnbrimiento tué
de donde le vino la idea de
in ventar algo para transmitir
· imágenes electricamente.
De una manera general el
aparato se parece mucho al
teléfono.
Consta en pocas palabras de una aguja imantada guardada en una caja y en comunicación por medio de un
alambre, con otra aguja colocada en otra caja igua!. Por
medio de cierta combinación, una vela ú otra luz colocada frente á ,a abertura de una de las cajas excita una corriente ó más bién una serie de vibraciQnes, que sor. transmitidas á la otra aguja y convertidas en su forma origiginal. Interponiendo un prisma la luz se reproduce.
«Me inclino á creer, dice el Dr. Olose, que los rayos
Rrentgcn ó rayos X y los que yo he descubierto, si no son
idénticos, á lo mene,s se parecen mucho, y tengo confian•
za en poder perfeccionar un aparato para la transmisión
de las imágenes con la misma facilidad con que se transmite la palabra.11 ·
Por supuesto que actualmente el aparato no está pe:r[ecto, y tiene que pasar al¡:tún tiempo para que el telectroacopio sea de uso práctico. Pero si ahora no se obLien~ buen
éxito, siquiera se habrá marcado el camino pa1 a que otros
resuelvan el problema, y que llegue el día en que al hablar por teléfono de San Francisco á Nueva York, no sólo se escuche la voz, sino que también se vea la fisonomía
de la persona con quien se babia.
El Dr. Close, un hombre de unos 56 años de edad, ha
dedicado toda su vida al estudio de la ciencia. Uno de
sus trabajos más brillantes fué Un mapa del planeta Marte que hizo durante su permanehcia en Europa, en compañía de Camilo Flammarión y del Dr. Pictet.

16

AGOSTO,

t

1896.

16

AGOSTO,

1896.

ASONANCIAS.

EL FONENDOSCOPIO.

¡Qué triste es el camino! ¡Con qué te&lt;li"
Cruzo en tinieblas por la selva obscnra!
¡Soy un pájaro negro que levanta
Su grito.de dolor entre las tumbas!
Yo he pedido sus frases á la muerte
Para cantar con ellas. Es mi mnea
El angel de las sombras; el que siega
Las cabecitas rubias;
Mi lira es nn fragmento separado
De un antig110 ataúd; ~ólo se pulsa
Para arrancar los trémulos cantares
Que las sombras escuchan
Y qne vuelan con alas fatigadas,
Enfermos de peear. Rara y absurda
Mi pobre inspiración lleva en los ojos
El brillo d~una extraña calentura,
Mis frases tienen algo del crnjido
De cráneos que se estrellan, y son rudas
Porque viven del hálito salvsje
Que respiran las tumbas.
Mi prometida es pálida; su nombre
Hace flaquear las energías robu. tas.
Cuando, entre las tinieblas, me visita,
El viento negro de la noche atrnlla.
Al desposarnos cantarán las sombra::i
Un lento epitalamio. A nuestras nupcias
Irán los co11vidados silenciosos,
Con negras vestiduras;
La cámara nupcial qne nos espera
Es muy estrecha y húmeda,
Apenas ei podré dormir inmóvil
Y con las manos juntas.
Será el primer idilio de mi vida
Y también el postrero. Las orugas
Serán indispensables invitadas
Al banquete de carne. Y cuando surjan
Las primeras estrellas temblorosas
La noche de mis bodas, en la obscura
Y negra estancia entregaré mi frente
A los glaciales besos de mi musa.

Los Doctores Bozzi y Ilianchi, de Italia, han inventado una máquina maravillosa, por medio de la cnal s&amp;
puede oír hasta el ruido imperceptible producido por Jo~
movimientos de los párpados. El aparato se llama el
«Fonendoscopio. »
.
. L~ nueva ~ara~illa serv!rá pa~a que ~os médicos y los
cirn¡anos ev1denc1sn la ex1stenc1a de ciertas enfer·medades que se revelan por el sonido. Cuando el asunto esté
bien estudiado, los médicos pod.nín formar una clave que
indique el sonido especial de cada enfermedad conocida
y el fonendoscopio descubrirá inmediatamente el sonid~
relativo. 8e asegura qne no habrá error en el diagnóstico
de las enfermedades qne se presten á este examen.
El delicado instrnmento, que debe ser manejado con
las mayores precauciom·t, consiste en una caja circular
de metal reluciente. En nna de sus caras hay dos aberturas donde se insertan unos tubitos de goma, cada uno
de los cuales termina en unas piezas de t:bonita que han
de introducirse en los oído~, tal como lo representa el
grabado. La otra cara de la caj,, tiene nna laminita muy
delgada y sensible, qne vibra con la mayor facilidad. La
lámina, estando b11jo la acción del aire comprimido que
hay den~ro ~e la caja, es tan sen~ible, que la respiración
más débil vibra dentro de la ca¡a, propagándose la vibración dentro de los tub()s, hasta la membrana del tímpano de la-persona que escucha.
Y no solamente puede percibir el ~onido, sino que su
intensidad se multiplica en el trayecto y IIE&gt;ga al oído con
notable fuerza. Pasando suavemente los dedos sobre la
!Amina, se escucha un ruido semf'jante al trotar de muchos corceles. así es que pn-eds oírse el pestañear de una
persona ó el aliento ru,ís delicado.
Para qne un médico pueda localizar una enfermedad
hay una ingenio~a combinación, que consiste en un se:
gundo disco unido al primE&gt;ro por mPdio de un cilindro
de cauclrn vnlcanizado, lo que permite aumentar grandemente la area de auscultación.

Yo canto con las frases incoherentes
Que me enseñó la angustia;
Mi pobre inspiración lleva en los ojos
El brillo de una extraña calentura;
Mis palabras remedan el crujido
De huesos que se rompen, y son rudas
Porque viven del hálito salvaje
Quii respiran las tumbas.
ANTENOR LESCA~•··
Agosto de 1896.

T.RAGICA.
Quiero rolar perdido en la penU'rnbra
Que al trasponer el Eter dilatado,
Fcn·me, al fulgo1· del astro que te alumbra,
Tu cuerpo, en el zafir transfigurado.
Quiero volar muy cerca de lit lado,
Más allá de los cielos que vislumbra
La mente del poeta iluminado
Que en misteriosos éxtasis se encumbra.

EL FONE~DOSCOPIO DE LOS DOCTORES BOZZI Y :SIANCHI.

El cilindro unido al in•trnmento, tiene unas dos pulgadas de longitud; p~ro hay otros cilindros más largos,
que se u~an para investigar en las cavidades naturales.
Si uno de estos cilindros se introduce en la boca, se pue•
de oír el movimieto de deglución y la caída del velo del
paladar.
U@ado el instrumento en combinación con el micrófo•
no, se pueden oír á gran distancia las palpitaciones irregulares de un corazón enfermo ó el silbido de un t ubo
bronquial afectado.
El mstrumento puede tener distintos tubitos, para que
muchas personas puedan oír á ia vez, y quizá será la uní·
ca manera de conFeguir quti dos ó tres doctoree estén de
acuerdo en sus opiniones.

Y en el beso que estalle de repente
Al juntar para siempre nuestras boca.~
Con un rapto que dure eternamente,

De lo Ideal obedeciendo al rito,
Como ofrendaá los dioses qne tú invocas
Lanzar el corazón á lo infinito !
BALBINO DÁVALOS.

Agosto de 96.

LA. TORRE MAS ELEVA:QA..

LOS

HABITANTES DE CHICAGO VAN

A TENER UN NUEVO

JlO'l'IVO

DESDE LA SOMBRA

DE ORGULLO.

La Torre de Eiffel y hasta la Torre de Babel no son
nada comparadab con la torre que va á construir el eeflor
D. R. Proctor en la ciudad reina del anchuroso Michigán.
.
El sitio escogido para la construcción está limitado por
las calles Harrison, Congrese, Loomis y Throop. El seflor Proctor deseaba construir la torre á orillas del Lago,
pero no le fué posible encontrar un sitio á propósito.
La grandiosa construcción, que estará terminada para
mediados del ano entrante, tendrá 1;150 pies de altura
sin contar la estructura eubterranea. La Torre de Eifl.ei
resultará 200 pies más pequefia que la de Proctar; ésta
costará $800,000 y tendrá siete pisos, el priemero de loa
cuales quedará á 225 pies del suelo.

Recordamo"I á nuestros lectores qt'e no
obstante el pliego excedente de
"FLOR DE NIZA."

T.ELECrJ!OSCOPIO DEL DOCTOR CLOBE,

105

ELMUNDO.

que acompafiamos á cada número de "EL
MuNno," seguiremos repartiendo mensualmentelas ciento veintiocho páginas
del folletín acostumbrado. .

Hnbo en mi alma infinitas ternurae,
Ideales de ca8ta purf&gt;za;
Sensaciones sin nombre, amarguras
Y temores de ignota tristeza;
Me mostraban mis sueños f~brile8,
En polícroma y ancha paleta,
Palideces de antiguos perfiles
Impregnados de anemia dti aEceta,
Y semblantes austeros y graves
Q.ue al impulso del vértigo inmenso,
Levantaban la vnz en las naves
Trae el velo sutil del incienso;
Hubo má9: en celeste parvada
Los ensueiios sus alas movían
Y ante mi alma creyente, extasiada,
Panoramas de luz extendían,
Y en auroras inmensas v blancas
Se engolfaba mi espíritu, oyendo
Cantos llenos de fe, risas francas
En acorde sublime !'nbiendo
Hasta un cieln eFmaltadn de cruces
Que fulgore!I Ct'gantt'!' vertían
Y en el cual, como mística~ luces
de su altar, las eFtrella" nrdían ......
...... Y ~intiendo caE&gt;r en mi frente
La mirada de Dios, fuí de hinojos

A empapar mi oración balbuciente
En la vívida luz de sus ojos......
¡,Y hoy? La noche sin luz ni alborada,
La carente de estrellas y aurora;
¡Hoy mi fe vacilante y cansada
Se ba acostado á morir...... ya no implora!
¿Qué huracán me ba soplado al abi$tnO
¿Dónde estoy agitándome en vano?
¿Quién la lni1 qne brillaba en mí mismo
Extinguió con su aliento malsano'!
¡ Yo tu ve ala.•, Señor, yo era bneno!
Y hoy mis noches son n,alas...... muy malas.
¡Ahora bueco r,aído en el ci~no,
Con angustia ind~cible, mis ala~!
¡Oh, Señor, mi esperanza te nombra
Y te encuentras ausente tin mis luchas;
¡Hoy mi fe, que se E&gt;xtingue en la sombra,
No te sabe llamar, 6 no escuchas!
Hoy mi espíritu enfe•·mo y cobr,rtle
En su queja suprema reincide,
¡Ya mafia.na, tal vez, será tarde
Para darle la luz que te pide!
¡Amar mucho, Seiior, no es ultraje!
No te ofendo: ¡Da vida á mi ruego!
Ve mi angustia: ¡es la angustia salvaje
Del que ha visto la luz y está ciego!
.ANTENOR LESCANO,
Agosto de 1896.

[Á

UN CABALLERO MEDIOEVAL.)

En la fina raiz de su alba pluma
Luce joyel espléndido el sombrero.
Y en chorrera blanquísima desciende
De blonda de Bruselas ancho cuello;
De sus hombros de atleta, pende airosa
Capa bordada en rico terciopelo,
Y a~oma en todo el traje la cuchilla
Labrada en oro sobre raso nfgro.
De régio talabarte á un lado pende
Hoja flexible de grabado acero
En cuya cruz se incrustan más diamanlf'S
Que 0ftenta en noche de verano el cielo.
Hermoso, noble, inteligente y rico,
¿Cómo tan solo y triste el caballero
Al pie de esa ventana que á eus voceA
Responde solo con glacial silencio.... ?
Vibrante de pasión y de amarguraº
Sn voz se exhala del doliente pecho
Y oprimida 1:. frente entre las manos
Se queda á instantes por el llanto ciego.
«¡úh cruel! ¡Oh cruel a::::iada mía
Decidme en qqé se fundan vuestros celos!
¡Partidme el co,azón si os be burlado,
l\Ias romped este fúnebre silencio!»
Nunca la dama respondió á sus voce~:
La aurora, al penetrar á su aposento
Muerta la bailó, teniendo de su amante
La imagen apretada snbre el pecho.
Y por fuera ya rígido y helado
Y sin color los labios entreabiertos,
Al pie de la ventana de la hermosa,
En s•1 espada clavado, el caballero.
JL'LIA.

Mérida, Agosto de 1896.

RITORNELLO.
Mi amor entre la, sombras muriendo está de frin;
Cruza,-bohemio errante,-la noche del dolor,·
Y, presa de un siniestro y torvo desvarío,
Perl:'igue de tus ojos el claro resplandor.
Pero en mi cielo triste qne obscureció el hastío,
Apagan tu.s pupilas su trémulo fulgor
Y vaga el pensamiento sin rumbo en el vacío..... .
Entre las sombras negras muriendo está de frío
Mi amor!
Te llama mi ansia loca.... ¿ Vendrá@, ensueflo mio?....
Te husco entre las trágicas tinieblas del dolor...... ·
La noche está muy triste, el cielo está muy frío,
Pero te anhela, presa de un t9rvo desvarío,
Mi amor!
FRANCISCO M. DE ÜLAGUIBEf,.
Agosto de 1806.

�106

•

EL MUNDO.

· -Hace tres semanas que
no lo he visto y le dará mu•
cho gusto. Y ya la dejo por•
que tengo l)riRa por llegar.
Y se alejo co!l el bebé suspendido de su c~ello, a~ras·
trando por el lo;.o un g1rón
de m ropa dei;garrada.
En la parte de la calle en
qt1e daba el sol, habíase formado un grupo de mujeres
que hacían labor. Y ahí la
viuda se encontró á Xanina,
que miraba curiosamente
el puesto de uu vendedor
de caramelos que ~e calentaba al sol con los ojos medio
cerrados.
-¡Xanioa! por qué estás
aqní? qué haces?
La niíia corrió áencontrar
á su madre muy alegre, y
Je respondió:
-Hoy no hay trabajo. La
patrona está de fiesta y nos
ha dejado salir á todM. Su
novio la ll"va al campo.
- Yamos á ver á Pepin;
dijo la viuda tomando á la
niíia de la mano.
Hacía mucho frío, pero el
cielo estaba claro y el cami110 seco. La pequefl.uela golpeaba de cuando en cuando
~ r el suelo con sus pies para calentarse, afianzándose con
SIN VERLO .....
una mano á las faldas de su madre que le cubrían los
dedos. La otra mano la había ocultado en un pliegue de
su chal.
. . 1 \,
•
-Está muy lejos? preguntó la chiquilla.
-Allá, en .el fondo, ¿ves aquellos árboles? allá está.
~ 0!\10 en este mundo el que piensa en sus nego-Cuán lejos! murmuró la pequefl.uela.
.
cios y pone cada cosa en su Jugar es proclamado
Llegaron por fin rendidas; la chiquilla no podía más.
"
prudente, la viuda Carmela, deepués de la muer, te de Selletta, barrendero que en primer lugar Al buscar la eecalera principal del asilo, vieron una ven·
habia sido cochero simón y más tarde poseido un co- dedora de manzanas que les dijo:
-Cómprenme nii'las, les doy tres muy gordas por dos
mercio de comestibles, encerró á su chiquillo en el Asilo
de los pobra, envió á su chiquilla á un taller de costuras centavos.
-Díi;¡ame, le preguntó la viuda, qu; podré llevárselas
v no guardó consigo en la casa más que al recién nacido
que le chupaba la vida, pegado todJ el santo dia á su se- á mi hiJo allá arriba?
-Claro que sí, s;,n manzanas y no bombas de dinami•
110 marcLito; la mayor parte de los vecinos-y casi todos
eran de edad-dijeron que había hecho bien ya que su ta. Tómelas.
-Yo las llevo, dijo la chiquilla. . .
.
marido la había dejado desolada y sin recursos. Los otros,
La viuda pngó los dos centavos y s1gu1eron su cammo.
m,ís reducidos en número, y se contaban ent,e ellos las
rnamáA, muy jóvenes y de fecha reciente, que comenza- Ya en el patio, no sabían á dónde dirigirse. Las puertas
ban con su primer maternidad á concentrar todo su amor eran numerosas y la escalera ee prolongaba.
-Es aquí? p·eguntó la niíla.
.
en su primogenitura, dijeron que los niftos eran la son-Más alto todavía...... no sé ...... esperemos á alguien
ri~a de la casa y que se necesitaba tener un corazón muy
que nos lo diga.
.
duro para apartarlos y un valor...... oh! un valor..... .
Oyeron en la escalera una voz de hombre que se aproxi-¿Cómo hace usted para quedarse sola?-decfa á la
viuda, Anunciata Fusco, una rabia regordeta que lleva- maba cantando:
ba prendido al cuello un baml,ino rubio y regordete como
l,[e han dicho que Bcppo sr Jué á la guerra ... .. .
ella.
. -Pero dígame usted que habría podido hacer yo con
Y de pronto a,areció un joven con las manos en las
tres angelitos en mi casa? Sin nada menos que tres bo- bolsas y un registro debajo del brazo. Cuando llegó al
cas. Y, adem¡i8, Nanina, ya lo sabe usted, sale en la último peldaflo, la viuda le preguntó:
tarde de su taller y por la noche me hace compafl.ía;
-Por dónde se va para hablarle á un niílo? Tengo aquí
aprende el oficio, comienza á ser grandecit.a. En cuanto á mi hijo..... .
á Pepin...... usted dice que...... allá ...... eu el A.silo..... .
-Madruga usted mucho, buena mujer. El locutorio no
110 va bien la cosa...... verdad?
está todavía abierto. Pero puede ser que a dejen ve~ á
La otra respondió.
eu hijo· suba usted más arriba, á la pitza del secretario.
-Oiga usted, yo no habría tenido el valor...... Ya us-Bd dónde está? pregunt6 tímidamente la viuda.
ted no lo ve ni él la ve á usted...... ¿qué sucedería si ca-En el segundo piso, primer puerta á la derecha, en
yese enfermo?
el fondo del corredor.
-Cómo! luego ueted no sabe nada? Si ahí está como
Y al alejarse el joven, repitió aún:
en su casa., nada le falta ...... Ahl es cierto, afladió con 188
-En el segundo piso, primer puerta á la derecha. En·
]~grimas en los ojos: Yo no había pensado en que podría tendió usted?
enfermarse; pero ahí tienen médicos y medicinas; y si
-Sí seílor, gracias, que Dios se lo pague...... ·
acontece que caiga enfermo, Dios no lo quiera!-me lo
El secretario era un hombre muy avanzado en edad,
dirán.
un señor de binoclo de oro y de gran sortija en el fndi-Y o creo que no se lo dirán á usted, afirmó gravemen- ce. Estaba sentado frente á su wesa y firmaba algunos
te la Fusco acariciando á su mocosillo, como para decir papeles que un empleado le presentaba.
á Carmela: Este, ya lo ve usted, yo lo guardo para mí,
-¿Quiénes son ustedes? qué quieren? dijo el viej.:i,
puesto que soy su madre, y no saldrá jamás de su casa. apartando la vista de sus papeles y examinando á la viuLa viuda volvió á la suya, y fué corriendo á besar á da y á su hijo.
fil pequtfl.uelo, que dormía en su cuna, con tal ímpetu,
.La viuda no sabía qué contestar.
que lo hizo de8pertar sobresaltado. El pequet'luelo se
-Soy Carmela Selletta, eeflor, quisiera ver si era posiechó á llorar.
·
ble...... tengo un hijo ...... de siete años ...... se llama Jo-Corazón mío, díjole ella, cállate, vamo3, cállate. sé Selletta.
.-\.hora mismo iremos á ver á Pepin.
-Dios mío! no es aquí, respondió el viejo, á donde hay
El invierno había IIE'gado de un golpe, con días obs- que venir, no está usted en el locutorio. ¡Dios mío! oh
curoe y fríos. La casa de Selletta oprimía el corazón, to- sa~ta paciencial
da envuelta en la obscuridad. Desde la entrada se perci-Excelencia, dispensadme, murmuró la pobre mujer,
bía el catre contra el muro, cuya desnudes gris dejaba mortificada, me habían dicho...... encontré en la escalever el papel hecho girones. La humedad penetraba has- ra á un joven que me indicó la puerta ........ .
ta loe hueHos; ahf faé donde Selletta perdió la salud.
-Pues no es aquf, no es aquí, insistió el anciano; adeLa viuda envolvió lo mejor que pudo á su chiquillo, más, amiga mía, no ee hora de pláticas.
púsose sobre los hombros el chal negro que había serviLa mujer quedó como clavada.
do de abrigo á 8U hijo en la cuna. Buscó la llave de la
-¿Cómo dijo usted que se llama su hijo? continuó despuerta. La encontró en la ceniza fría del brasero, por- pués con la voz un tanto dulce.
que se había servido de ella para atizar el fuego.
-Pepin ...... José Selletta.
-\'amo~ á \"er á P&lt;!pin, repetía al chicuelo al cerrar
-1\Iazzia, si está ahí Larisa, dijo dirigiéndose á un
la puerta.
slr\'ase usted consultar los archivos, y há ·
La calle estrecl,a, animada por vendedores ambulan- empleado,
usted de ese nii1o. Y envielo usted, continuó, ,ol·
tes y por las idas y venidas de los vecinos, parecía ale- blele
viéndose á la viuda, sería mejor me lo mandara aquí.
gre.
.
-Cómo se llama el niño? preguntó Mazzia á la viuda.
-Dónde va usted? preguntó á la viuda una vf:cina; va
-J,)sé 8elldta.
usted á gozar del sol?
El empleado desaparecib tras un cortinaje.
-Vamos á verá Pepin, dijo Carmela poniéndose la
El viejecito se acomodó bien los anteojos en su nariz,
llave en la bolsa.
ee sopló lae manos con fruición, y colocó sobre su eiscri-Peppino...... quién es?
torio una tabaquera de plata.
-l'eprn mi hijo, el que puse en la escuela del asilo
Nanina había recobrado su valor y se aproximó á la
de los pobres, pues cuando murió Selletta (á quien Dios
guarde en su gloria) me recomendó que lo pusiera. Me me1&lt;a, contemplando con ojos de curiosidad el gran tintlecía: Hay que colocarlo ahí, porque aprt!nderá uu ofi. tero dorado, donde dos tigurillas Postenían trabajosamE'nte una colnmnita para col0&lt;:ar el portaplumas.
cío y no qnit11r:í á los otros el pan Je la boca.
La mirada asombrada dtt la niíia pasaba del tintero al
- Y rn ucteJ ií. \"erlo?
prenMa papelea de cristal, en el que podía verse en vivos

16 AGOSTO, 1896.
colores, la basflica de San Pedr.:&gt; con su alta cúpula, la
plaza del Pueblo, y la ~ente de paReo.
-Siéntese usted, di¡o de repente el anciano, después
de haberse sonado escandalosamente; tómese una silla, la
que está en aquel rincón, eso; puede ueted sentarse ahora.
Abrió RU tabaquera, tomó un enorme polvo, y extendiendo los brazos sobre la me8a:
-.A.hl Dios de paz y de amor! exclamó.
Y luego volviéndose:
..
.
-¿Qué tiene usted en los brazos? d1¡0 guiñando loe
ojos bajo lo~ espejuelos.
La viuda levantó un extremo del pañolón, y descubrió al chiquitín que dormía tranquilamente, con una
manecita sobre el pecho.
-Un bebé? dijo sonriendo. ¡Qué gra!)ioso! Es el hijo
de usted?
-Sí, sefl.or.
.Nanina se había acercado para enviar á su hermanito,
quitándose ~e eee modo de las contemplacion~ ~así extitticas del trntero, y alargó una m11110 para acanc1arlo.
-Chit! dijo el viejo, á media voz, déjalo tú; _¿no vea
que se despertaní? Tápelo, usted, señora; ¡pobrecito!
?&gt;fazzia apareció bajo las cortinas impaEible.
-¿Qué hav? dijo e: anciano.
-Si el se,ior secretario, contestó ?&gt;Iazzia. quiere venir
un momento........ .
-¿Qué sucede?
Y se levantó apoyando las manos en los brazos del si•
llón, y buscando en la bolsa el gran pai1uelo de hierbae.
Y ya en marcha repetía:
:_¿Qué sucede, :'1Iazzi11•?
Cuando el secretario estu,·o cerca de él, ~[azi1ia dejó
caer la cortina que los ocultó.
-Ahora va á venir Pepín, dijo la viuda á Xanina.
-¿Va á venir ahora? repitió la nifl.a á media voz.
La viuda contestó por ~eíias que sí.
Los otros dos, entre tanto, cuchicheaban detrás de 1aa
cortinas, sin que se pudiera entender lo que decían.
Repentinamente el viejo apareció de nuevo. Parecía
muy turbado y venía lentameute, con la mirada fija en
la viuda. Se dt:tuvo cerca de la mesa, to!lió d0s ó tres Ye•
ces y le aijo:
-Escuche usted mi buena amiga.
La viuda se había lernntado, empujando hacia atr.ia
su silla.
-Escuche, no se puede hablará e.sta hora á los nifl.oe.
Ya se lo había dich0, viene usted muy temprano y á esta hora...... los niños..... .
Se interrumpió; la Yiuda le miraba.
-.Mazzia, ai1adió brufcamente, dirigiéndose al empleado.-Ayúdeme usted á decirle ....... ..
-El chico está dando eu lección, re~pondió ~razzia secamt'ute. Y se puso á mirar por la ventana.
-Eso e.Q, dijo el viejo aliviado de un gran peeo; está
dando su lección, aquí el re~lamento es severo ........ .
La viuda tuvo un movimiento de angustia. Estrechó
más fuerte contra eu pecho al bebé y se quedó ahí, de
pie, esperando aún, esperando aún ........ .
-Pero esto es imposible, murmuró al fin tímidamt!nte.
-Así lo creo, dijo el viejo, seguramente es imposible.
Usted es su madre no es eso?
·
-Sí sefl.or yo soy su madrE'.
-Imposible, mi buena amiga, repetía él preocup11do;
como haremos? Debía usted volver...... Eso es, vuelva uated el lunes que es dia de audiencia, verdad Mazzia?
Mazzia miraba hacia afuera. No oyó la pregunta y no
respondió.
La viuda se ruborizó y tcariciando lentamente á Nanina, dijo:
-Perdóneme usted; yo le había traído...... yo querí\
dejarle...... estas mansanas ...... usted 1,a de dispensarme.
-Déjelas aquí, dijo el viejo.
La pequeíluela había ya puesto dos sobre la mesa, al
lado del hermoso tint~ro. La viuda tomó la tercera y la
puso al lado .de las otras murmuran:io:
-Perdóneme set'lor esta libertad; e&amp;ta es para usted.

16

AGO!:&gt;TO,

1896.

EL AiUNDO.

-Gracias, dijo él dulcemente.
-Volvtréel luaes?
-Sí, sí, el lunes, eso el'!. :'.\o venga us•
ted aquí. H.íblele al director; él sabrá
dt-eirle......
•
La viuda le tomó la mano que t"l ext•ndía para acariciar á 11'. chiquilla y
qui30 be:,ár.sela.
-Oh! exclamó él casi espantado, no
hnga u~ted e~o, mi buena amiga........ .
Adiós ......... Adió:; ......... buen día.
~.1liPron y el viejecito se quedó.de pie
jnnto á la puerta. Oill el rumor de los
p:isos de la viuda que se alejaba, y la voz
dé I&gt;\ niila que la interrogaba.
:llazzia se colocó de nuern frente á él
y dispuso los papeles para las firmas.
Hubo un momento dt: silencio.
El secretario sacudía melancólicamente la cabeza.
-El director le dirá el lunes, murmu•
rJ, que su hijo ha muerto. Yo, loque,es
yo no se lo digo ..... .
Y cuando hubo limpiado sus lentes,
los acomodó ~obre su naríz, sopló luego
sus manos para calentarfas, y cogiendo
de nuevo la pluma exclamó:
-Ah, señor Dio,! Bnen Dios de paz
y de amor!. ........ qué infelices son los
pobres......... Deme usted los papeles
lfazzia.
SALVADOR DE Guco~10.

107.

HISTORIAS D.~ MI PUEBLO.
EX POS DE UX IDEAL.

¡ Oh mis bellas lectoras desconocidas!
no me me llameis indiscreto ni mucho
menos imprudente, porque me atreva á
po1,er en descubieTto la vida de una antigua amiga mía á quien quise mucho,
porque pertenecía á la honorable familia Domínguez, que por aquel entonces era una de las que figuraban en primera línea entre la sociedad distinguida de mi pueblo natal.
Era una familia de mujeres: dos de
ellas, rita r. Guadalupe, habían tenido la
desr'licha, ó tal vez la felicidad, de quedarse solteronas, por no habérseles prestado allá en sus ailos de florida juventud un buen partido que llenase las
aspiraciones de sus sueflos. Solo Dofl.a
Edu wigis, la hermana mayor, fué casada con un bizarro coronel de artillería,
que murio en los últimos combates librados en nuestro suelo, con motivo de
la funesta intervención francesa. Como
primer y unico retoño de su efímera vida matrimonial, había quedado á Doíla Eduwigis una graciosa pequeíluela,
en quien las tías y la madre ponían toda su atención y sus cuidados para hacer dtl ella. eegún la gráfica expresión
de Dofl.a Eduwigis, una joya valiosa de
la Pociedad y de la familia.
Aunque pobres, las Domínguez vivían honradamente con lee productos
de sus labores de mano, y con una pequeila mensualidad que recibían del
unico hermano que les quedaba, empleado en una fuerte casa comercial de
Yeracruz. La vida de estas mujeres estaba regida por 10s principios más sa11011 de fa moral y por los preceptos más augustos del catolicismo; sus constumbres, vaciadas en el estrecho molde de las costumbres piadosas y sencillas que normaran
la vida de sus abuelos. Y nunca la mano tentadora del
demonio, como ellas decían, las hubiera hecho quebrantar las leyes en que d011cansaba el programa unifor~~ de los deberes y obligaciones que les imponían la religión y la moral. .
Cuando los lazos de la amistad me unieron áesta buena
familia, de quien no quedan vestigios en nuestro suelo,
no tenían otra preocupación que la de encaminará Elenita, la hija única de Doíla Eduwigis, por el recto camino
de la Yirtud y darle una educación esmerada, como la
ID~jor herencia que pudieran legarle para hacerla acreedora al respeto de la sociedad en que vivía, y digna también de algún butm partido que se le presentase pidiéndole su corazón y fU mano.
Las tías y la madre de EleDJta, en su atln de despertar
en el espíritu de la pequeñuela la desconfianza en todo
aquello que se relaciona con el amor y las lisonjas de los
hombres, depositaban, sin darse cuenta, los gérmenes de
de.~gracia~ futuras en aquella almita naciente, en donde
~penas alboreaban las tenues claridades de una belleza en
embrión. Elenita creció alent'lda por el soplo de esa vida
mística y uniforme, vida de penitencias y oraciones, en
que vivieron las piadosas solteron~ y la muy respetable
Voila Eduwigis, que Dios tenga en el reino de los cielos.
Cuando la amistad me relacionó con la familia Domíngoez, Elenita no era ya lanit'la que soílara con los juegos
mfantiles y los cándidos entretenimientos en que se dese!1 voeh·en CD!} SU veleidades y caprichos los días bullic1ogos de la mñez. El sol de una nueva vida empezaba á
or_ear sn frente de virgencita púber, cantándole con notail
t~1unfales el himno de la juventud y deotejiendo en el
diáfano cristal de sus pensamientos, la ~uirnalda az11lada
d~ los sueños y el beso caqto de !ns rub1ai ilusiones. EleDita despertuba á la vida del nrnor. Sentía esa necesidad
&lt;le amar que el corazón reclama, cuando la juventud ~e

Al cumplir veinte ailos ee sintió en
la plenitud de sus dichas. AmabaáJuan
un buen muchacho de envidiable posi·
ción social; un joven de muchas luces
y muchas esperanzaH pañl el porvenir,
á quien como eq natural, lo aceptó con
gusto la familia Dornfngnez, como un
buen partido que mi,. tarde haría la felicidad de Elena. Juan realizaba loa altos idealeH de su amada, y co1110 un há• bil buzo del corazón de la mujer, ~ondeó
aquella alma sensible y comprendió sus
mi8teriO!I. Los do~ se amaron mucho y
• Elena era feliz. ::iin embargo, la vida del
amor no pudo suetraerla de aquel retraimiento de la vida 8ocial, consagrada tan sólo al cumplimiento de sus obligaciones doméstica8 encerrad~s en el círculo de la" labores de ,nano y dtJ las prácticas religiosas.
Obedeciendo á 1111; ioclinaciones de su
carácter sociable y festiYO, Juan trató
siempre de modificar en algo el curso
de e~a Yida mfotica y monúton'.lmente
uniforme de su amada; ¡K•ro contrariado por la \"Olnntad infl..xible de Doña
Eduwigis y las tías sol,l'ron:is, todos
suq esfuerzo~ fneron imítile~, y las obsen·acione~ tan repetidas y tan justas
que llegó ¡t hacerle á Elena, fueron moti\·o de frecuente, di,g,1~to, entre la familia; diegust.,sqne con el tiempo vinieron á ~char por tierra aquel paraiFO de
amor incen~ado de BUE'ños en que loe
dos amantes creveron vivir una vida
de eterna felicidad.
Los escrúpulos exagerados de Elena
y su familia fueron la cau~ de un temprano rompimiento que vino á obscurece•· con su bocanada de sombras las
brillanteces azu!eB de aquel cielo de
amor que prendiera sus besos de luz en
las dos almas apai;ionadas.
L'.&gt;s aílos fueron pasando. Elena llegó á olvidar por eompleto la existencia
fugaz de sus primeros malogrados amores, y en el aislamiento cenobítico de
su vida, veía con un sentimiento, mezda de pesar y de envidia, qU( casi todas sus conternporánE'as se casaban, y
que ella, no ob,tante la rectitud de sus
costnmbres y el refinamiento de su educación, avanzaba ráJ?idamente, y muy
á pe~ar suyo, al ándo desierto de la
vida de soltera que tanto preocupa á
las mujeres. Er. toncts ~e operó en su
vida y en su modo de sér una transformación completa, un cambio radical.
Cumplia veintisiete afl.os y era casi natural que se preocupara seriamente por
los dei;tino de su vida, Entraba á la edad
de las desesperantes reflexiones sobre el
matrimonio; edad en que el frío raciocinio juega un papel importante en las
lides del corazón.
Elena trató de exhibiree en todas
partes: asistía á bailes, 1t teatros y paseos campePtres; buscaba la sociedad,
amaba el bullicio y hada del adorno de
su cuerpo. el arma poderosa que eegrimiera con habilidad para avasallar loe
corazones indiferente.Q.
Tres aílos después de vivir esta vida
de premeditados entusiasmo~, que pudiéramos llamar de artificio y prestidigitación; de~pués de tantos d!'iroches de
sociabilidad alentada por el cálculo, Elena pisaba los umbrales de la vida matrimonial y huía
del bullicio de la socie:lad para consagrar~e en el silencio
del hogar á lo" preparatiyos de sus desposorios con un
advenedizo capitalista de apariencias deHlurn brantes, que
por aquel entonces vino á adicarse en nuestro suelo.
Para Elena, el porvenir se dilataba en horizontes luminosos. La pompa con que se celebró este matrimonio
ruidoso, constituía u11 nuevo timbre de orgullo para la
familia Domínguez, que se sentía felfa y satiPfecha ante
la vida fastuosa que el marido amante le proporcionaría
á Elena, á quien Doíla Eduwigis llamó con motivo de este matrimonio: •la gloria de la familia Domínguez......... .

la República.

$ra. (!oncQpdon $uarQz aQ F)Qon.
(me

MÉRIDA)

nos llega acariciándoros con sus promeeas engaílosaa,
empapadas en ráfagas de luz y e11 reflejos de vagas esperanzas.
Criad:1 desde sus primeros años lejos del buillicio social, respirando el míst:co ambiente de una educación saturada de religiosidad y de añejas preocupaciones enerventes, sin tener la libertad de frecuentar el teatro, las
tertulias, ni ningún género de diversiones, donde sus
oídos pudiesen sentir la dale ; explosión de la frase galante, ni la mirada rnaiiciosa y expresiva de algún joven
enamorado, Elenita era una alma pura, una extr•ña flor
de invernadero de asustadiza;¡ timideces de mar:poea que
vivía, desbordándose en voluptuoims lozanías de juventud, con el "ª'1Q y castí,-imo anhelo del amor, pero sin
···s1~~·;.~;;~~-ci~¡;~·¿~··d~··1~··¡;~¡¡¡~·~-i:~~·&amp;;dM·d~·E¡~·~~;
sentir en su pudico corazón los arrebatos de la fiebre pa- y cuando ésta se hallaba más preocupada con los cuidasional.
dos de su primer alurn bramiento, el yerno.de Dofta EduwiElenita, la belleza oculta. como la llamaban sus admi- gis, el eHposo capitalista, era enviado á Guaymas por las
radores, era una alma sencilla llena de exquisiteces y ro- autoridades de mi pueblo, corno reo de estafa, que había
manticismos. Había leído In historia de ECrain y de Ma- dispuesto de una suma cuantiosa en loe últimos dfas del
ría, cononcfa la Grazieladt! Lamartine, y envidiando las corto periodo en que :!esempeíl6 la Administración de la
dichas de Julieta, soílaba con un amor ideal que tuviera Aduana marítima de aquel puerto.
,
susurros de besos castos y ei,tremecimientos de alas níY como único patrimonio que Elena pudiera recibir
Yeas; soñaba en amantes rubios que despertaran en eu
de su marido, le quedó una enfermiza criatura: entrañaalma la luz de vagos ensuei1os, a1rebujados hasta entonble fruto de su fastuosa vida matrimonial.
ces en la niebla de sus ca~tidadt:!s virginale!!.
Be::SITO F.11:NT.~Nll8.
En los p&lt;?COS enamorados que ~e atrevieron dirigirse á
Cosamaloapan, Agosto de 18H6.
Elena solicitando las dichas de au amor, sólo halló la ex presión ampulosa y necia de corazones vulgare¡,, de almas cursis y vacías que no podían impresionarla, ni muLA CODORNIZ.
cho menos comprenderla. Prefería vivir alimentada por
el sueño sublime de un amor ficticio, y no por la grotesI~ra un verano; vi\•ía yo entonces con mi padre en
ca reelidad de un amor vulgar.
una ciudad de la Rusia meridional.
¿Sería Elena una belleza predel!tinada á cruzlil' por la
A nuestro alrededor, á 1Luchru&gt; leg11as de distancia, no
vida sin rnntir el roce de las &amp;las del amor? No; faé más
había más que eRtepas.
bien una exqni~ita flor extrnfta, que hasta los diez y nueNi bosque ni arr•&gt;\·os: ,·alles poco profundoR, alfombrave años vió pasar las ro~adas primaveras de su juventud,
dos de ramajes tle ,·erdura aquí y allá, extendíanee sesin hallar una alma qne aspir.i.se 110 perfume y comprenmPjantes á serpientes verdes.
diera el secreto de sus sueilo~.
J.li padre era un cazador de pura sangre; así que sus

�,.rTn1.TDÜ
':,
·=

~108
~ = = = = = = = = = = = = = = = = =EL ..uu.n

16 ÁG-OSTO, 1896.

= = = = = = = = = = = = = == ==Mi padre me aseguró que el macho '88
Jo llevó á. otro sitio; un momento después
le vimos salir de una zarza; mi padre no
le tiró, y yo peneé:
-¡Papá no es malo!
¡Y cosa singular! de8~e entonces mi pasión por la caza se enfrió y no volví á pensar en el fusil prometido.
Mucho tiempo después fuí 1\ cazar con
amigos; era la caza de perdiz por el reclamo
ví llegar al pobre macho enamorado y cantándole á su amada, y cuando se puso á tiro,
dí una palmada y se marchó: m1 compaftero se puso furioso.
Has echado á perder nuestra caza-me
decía.
Pero desde aquel día, matar, verter sangre se me hace odioso.
!VAN TouRGGll:NEFF.

trabajos se lo permitían, cogía el fusil, se
ponía, su morral, silbaba al viejo Tesoro y
se marchaba á. cazar codornicee 6 perdices.
A menudo me dejaba acompañarle en
estas cacerías, y poniéndome loco de contento, metía mi panta16n dentro de las polainas, echaba mi cantimplora á. la espal ·
da y ya me parecía que era un verdadero
cazador.
El sudor me inundaba, la arena se me
metía en los zapatos, pero yo no sentía la
fatiga y no me separaba de mi padre ni un
paso.
·
Cada vez que sonaba un tiro y el áuima·
lito caía, daba yo un salto exhalando gd·
tos de placer.
Et pájaro herido se debatía agitando sm;
alas, ya en la yerba, ya en boca de Tesoro;
su sangre corda, y yo estaba encantad,,,
sin experimentar el menor sentimiento.
Cuánto hubiera dado yo mismo por matar así perdices y codornices!
Pero mi madre me había dicho que no
tendría fusil hasta la edad de 12 años y
aun hHbía que espen.r.
Un día salí de casa con mi padre y Tesoro, que, como siempre iba delante, se puso en acecho; de pronto, casi debajo de
sus narices, saltó una codorniz; el perm
corrió tras t'lla y mi padre no se atrevió á
tirar por temor de alcanzar á éste.
De pronto lo ví dar un salto, coger la codorniz y traérsela á mi padre. Este .la co ·
gió y la puso sobre su mano boca arriba;
yo me prPcipité hncia él y le dije:
-¿Qué tiene? ¿Eetá herida?
-~o-me dijo-pero debe tener el nirlo
cerca y hace como que está herida para q 11e
el perro, pensando que la cogeríafácilmtn•
te, la siguiera.
-¿Y por qué hace eso?
-Con objeto de alejar al perro de P11R
pequpf'ios, después de lo cual se hubitr,1
marchado de un vuelo; pero esta vez le ha
salido mal la cuenta, porque Tesoro la ha
cogido.
-Entonces, no está herida?
·
-No...... pero vivirá poco ... ... porque el
perro debe haberla lastimado.
Me acerqué para ver la codorniz de CH·
ca; estaba inmóvil sobre la palma de lama·
no de mi padre: su cabeza colgaba, su oju
negro me miraba de costado y de pronto Die
entró una gran lástima.
Parecíame que el pobre animalito me miraba y pensaba:-¿Por qué me matan? ¿No
he cumplido con mi deber? Yo intentaba
salvará mis hijitos y llevar al perro lejod
de ellos y me ha cogido. ¡Pobre de mf! ¡Et•
to no es justo! No; esto no es justo!
-¡Papal Puede ser que no se muera!dije yo acariciando la cabeza del pajarito.
~i padre me dijo:
-No! mira y verás como se muere. Sus
patitas se estiraron, todo su cuerpo se estremeció y sus ojitos se cerraron.
Yo me eché á llorar.
-¿Qué te pasa?-me dijo mi padre.
-Tengo pena...... le respondí. Ella ha
cumplido con su deber y se le mató. ¡Eso
no es justo!
-Haquerido jugar al más astuto, dijo mi
padre-pero Tesoro ha sabido má.s que ella.
Mi fadre quise meter la codorniz en 1 1
morra ; pero yo le rogué que me la diera.

16 Aoosro, 1896.

EL MUNDO.

LA.. NOTA DE LA l"-1:0DAº

Tres Artistas.
Dijimos en su oportunidad á nnestroq lectores, que en el Circo Orrin trabajaría en
combinación cc,n la compaftía de zanmela
de los Sres. Arcaraz, la Opera Popular. El
af'io antepasado, esta simpática troupe ~ir.o
las delicias de la buena btuguesía mPx1ca11a, dando una larga serie de funciont&gt;s en
el Teatro Circo de Villamil, á. donde ahora
vi::elve.
A la sazón el Sr. Sieni ocupaba el Nacio- •
na\ y se entabló e~tre ambas empre~~ª una
rl'ñida coinpetencia, en la 9-ue_ no eah6_ mal
librada la Popular, pues s1 bien es c1&lt;&gt;rt•&gt;
que la compañía del Coliseo de Yt-rgará
contaba cnn artistas de reputación europe-a,
la Opera Popular, que se pres~ntaba mndes•
tamente, ofrecfa un conjunto homogenl'o
y armónico, estudiaba con empeño, y ade•
más proporcionaba música barata.
.Hoy retorna ¡¡ México, trayendo entre
eu personal algunos de los artistas que nos
visitaron en 94 y otros nnevoe; se estrenó
til sabado y dt'jó muy buenas impreEionps
en el público.
.
.
Chole Goyzueta, nuestra antigua y siempre predilecta conocida, forma con la Srn.
Fons de CalvPra y la Sra. Polaco Drog, un
trío que sin duda se hará aplaudir mucho,
fuugiendo la primera y la sfgunda como soprano ligeras y la Sra. Drog como mezzo
soprano contralto.
.
Damos los retratos de las tree como pr1•
mera página del carnet artístico de esta
temporada.
María Tubau, la distinguida actriz que
llegará. en breve, nos dará asunto para al·
guna de las páginas subsecuentes.
EN UN ABANICO.

Ala leve y temblorosa:
¿serás tú la mariposa
que hasta un seno amante vaya?
Ala leve y temblorosa:
sé la blanca mariposa
que en en el cáliz de la rosa
se desmaya ........ .
Josi;: JUAN

TABLADA,

Sra. Soleaaa Gov:zueta.
La puse entre mis manos, y la calentaba con el alienl(),
esperando que reviviera; pero no se movió m_ás.
- Pierdes el tiempo, amigo mío; no la resuc1tarás.
Y le levantaba despacito la cabeza cogida por el pico;
pero así qu.e la soltaba se volvía á caer.
- Papá, ¿quien alimentará sus hijitos?
. No te inquiete-a por eso-dijo mi padre-por que los
criará el macho. Pero espera...... Mira á Tesoro que se
pone en acecho. ¿Será. el nido?...... ¡Justamente e-s él!
Efectivamente, sobre. los tallos de yerba, á dos paso~
del hocico del perro, ví cuatro codornicitas, que se estrechaban unas con otras con el cuello t-xtendido. Ya te nían algunas plumas; ;61o las colas las tenían aún muy
corta8.
¡Papá! ¡papá!-grité yo-¡llama á Tesoro, que los va:\
matar también!
Mi padre llamó al perro; fué á sentarse un poco más lr_jos, y se puso á almorzar. Pero yo n:e quedé c~rca del nido rehuPando comer; saqué del bols1ll0 un panuelo y metí la codorniz ......
-¿Me regalas la codorniz?
-Si la quieres, ..... Pero qué vas á hacer?
- Voy á enterrárla.
-¿A enterrarla?
~Sí, al lado de su nido; dame tu cuchillo para que ca. ve la foea.
Mi padre buscó su cuchillo y me lo dio sin decir pala·
bra; me use á. escarbar la sepultura: luego besé la co_dorniz en e pecho y la coloqué en el fondo del aguJero,
echándole tierra hasta nivelarlo.
Después corté una ramita, é hice una cruz, atándola con
UDa h1erba y puse esta cruz sobre la tumba. .
..
Cuatro ó cinco dias de~pués volvíamos al mismo s1~10.
El sitio de la tumba me lo indicó la cruz; pero el mdo
estaba vacío.

1

Sra. S!uisa Cfons ae (rah,cr.-i.

J
Sra. Polaco Drcg.

Traje ae not'ia ae

la Princesa OOaúa•, ae Gales.

109

�16 AGOSTO, 1896.
•

EL MUNDO.

11-0

,. Al aproximarse eada nu eva estación, cuántas lindas cabezas, finas.
y ele¡mntes no se preocupan de ella. Pieusan en el cambio de sus.
to&lt;'ados, en va riar ese arsenal gracioso, que debe._sl nó embellecerlas,
preswrles cuando menos la decoración que com~ene á su belleza.
Pem tranquilizaos, ama bles lectora.•.
Ya hemos teuido la feliz ocasión de recomendaros á las

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16 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

' (Tomado de "El Universal" de la Ciudad
de México.)

111

Una prueba :Cotográfica.

Tratamiento sévero de un hombre
Por el Dr. A..'iSELMO SEQUEIRA,
Ex-Interno del Hoapltal General de Guatemala.

ASistía yo á un sujeto ba-stante vigoroso, do
.86 años, afecta.do de hepatitis, que por un c:s.C.ruen atento conceptué localizada. en la. zono.
anterior del órgano i;ecretor de la. bilis hací.l
m:í.s de un año.
Permanecían con tinte icM:d co la. piel y In~
escleróticas, las deyecciones al binas muy irregulares, ca.si siempre presentaban, como dicu
Frerichs en estos casos, eolor amarillento intenso por la presencia. de la bilis más ó méno~
alterada.; biliinlvina., colesterina en forma. do
estercorina., biliverdina, etc, etc.
El color de la lengua, también ictérico, tl
pulso oscilaba entre 70 y 80 latidos y anunciaba. el termómetro poca. diferencia. en la mar.
ca cnlorimetra normal.
Era indudable, 6. priori, que el diagnóstico
no admitía error y la primero. ideo. fuú la I\•
plicación de un moxa y propinar cada cuatro
días un drástico de píldoras antibiliosns unl\s
veces y otras un purgante
No se advertía cambio en el mal y el mox:i
dió lugar á una liaga superficial sobre el mismo lugar enfermo, que se estuvo curando cou
unguen to y sanó á los diez días.
Permanedendo estacionario el mal con nn
cortejo de síntomas, instituí el siguiente trabmiento.
Con un día de por medio hice qne ti:&gt;mara
por la noche de cinco á siete Pildoras del Dr.
Rosa y que en seguida. de la primera deyeeción consiguiente, se le nclministrarn. sopa sazonada de buena carne de huesos; que tomara después de la. cesaciún del efecto catártico,
una cucharadita. de Polvos de Seltzer en tres
cucharadas de agua aromatizado., que debía.
repetir dos 6 tres veces con inMrvnlo; que el
llía que no tomase )as piklorns, tomase vino
l'icjo generoso para comer y una. píldora ferruginosa (Píldoras del Dr. P eck) inmediatnmen·
te despues de cado. almuerzo y comiüa frngago.les; en virtucl de que el paciente se encontraba nn poco anémico evideutemente.
La mejoría comenzó en breve á establecerse y queriendo compro bar á lo que era debida
hice euspender el uso de las Píldoras de Ross
y surjfa el mal Rin tardanza y con nuevo. fuerza debilitaba al paciente.
Restablecí en su virtud el uso de dichas Pfldoras, agregando alternados baños muy rápidos, eulfurosos y salinos.
Cosa notable; el enfermo ewaciaclo, anoré•
xico, dispéptico, discrásico se levantó y recuperó prontamente las fuerzas y desput':s de dos
meses de invierno en este pais intertropical,
siguiendo el tratamiento ele referenda, t':l ha
sanado por completo y está en bt:ena salúd, y
es de rigurosa lúgica y justicia atribuir esta.
curación {das Píldoras de Vida del Dr. Ross.
Naturam l\1orl&gt;orum Curn.tiones Ostendlllli
e\ Medica.mentí.
Me.saya, Nicaragua, Diciembre 10 de 1896.
Dr. ANSELMO 8EQUEIB.A..
Ex-lnteruo del Hospital General de
Gnateme.Ja, Médico forense del Distrito de Masay.. , Miembro Corresponsal
de la Sao.dad Clínicos de Francia:' etc.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Zarzaparrill~

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NUMEROB

�23 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

114
~~EL MUNDO.''
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RLiroNo 434. -~ de las Damas núm. 4.-APAl!'l'ADO 87 B.
UXIOO.

Toda la correspondencia, debe dirlgln¡e
al Gerente de este periódico.

La suscrición á EL lllUND0 vale $1..25 centavos al mes,
y ee cobra por trimestres adelanti.dos.
Números sueltos, 50 centavos.
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Todo pago debe ser precisamente adelantado.
REGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGITh"DA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Can~
dá. The Sganis American Newspaper ~ompany, 136 L1berty St. New York, E. U.u

~otas &lt;lt~ itorial.es.
Al revisar los últituoi, ejemp18res de la prensa americana que han llegado á buestra mesa de trabajo. no h~·
mos podido menos de r.:cordar el concepto.que de la misi6n ilel periodista ha expresado un escritor ha pocos
días: «La consecuencia natural de semejante absurda manera de concebir el periodismo, es la muerte de éste considerado como elemento intelectual, de propaganda y de
enseñanza popular, con cuyo caracte.r .~ª ~restado tan
eminentes servicio¡¡ ,i, la causa de la civihzac1ón...... n Los
periódicos americanos á que uos referimos, pueden responder en nombre de la causa de Ja civilización.
Como fieras hambrientas se han lanzado estos elemento.~ intelectuale-~ y de e1mñanza popular contra la per~onalidad de Mr. Bryan, el flamant~ c:1ndidato á la Pre.s1d~ncia de la República. Ya no se dmgen apóstrofes, smo msultos· ya no se arrojan reproches, sino infamia::. La caricat~a se apodera del joven leader y lo representa como
un héroe de encrucijada, como un bandolero de la ~eor
especie, digno de la horca. Ei:i ~na de nuestras págmas
reproducimos una de estas espmtualPs tllRl'ñanza!l con que
el lápiz del elemeiúo intelectual se complace en atacar al
novel candidato: Bryan aparece armado de un puñal y
á sus pies yace la patria her_ida ~e ~uerte por ~u mano;
al pie del grabado hay una mscripción: ¡el asesmo! ¿Son
estas armas políticas? ¿Constituyen medios lícitos en la
contienda de la cosa pública? ¿Hasta dónde 1&gt;stá permitido á un elemento de la cau.sa de la civilizaci6n emplear
tales procedimientos?
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¡Y todavía si fuese la pasión política, el odio de partido la intol~rancia de grupo lo que motivara tales clesro~nesl Pero no! Puíiados de dollars arrojados á estos
hacedores de prosa nauseabunda y de canallescos gra•
bados por el partido hostil á Bryan, comunican movimiento á esta máquina que, semejante al carro del ídoio
del Indostán, va aplastando víctimas bajo sus pesadas
ruedas. ¿Y este sería el elemento de tnseñanza intelectual
que presta tan eminentes servicios á la causa de la civili-

zaci6n1 ..... .

Asentar en abstracto que la prensa es un elemento de
progreso, una tribuna, una cátedra, desde donde el sacerdote periodístico esparce su sacrosanta doctrina, es
hablar sin conocer el periodismo. ¿A qué prensa se refiere el escritor á que aludimos? ¿A la que resultó complicada en el escándalo de Panamá? ¡Pues fué toda la pren•
ea de Francia! ¿A qué periodistas? ¿A los que fueron llevados á los tribunales con motivo del asunto del peti.t sucrier? ¿A. lo$ que llaman a!lesino á Mr. Bryan?.......... ¿A
cuáles?......
Bajemos al ídolo de su pedestal. En el periodismo, como en todal! las órdenes de actividad intelectual,-pero
en ésta más que en ningúna otn,-solo hay una cualidad
que haga respetable al hombre que dispone de una pluma: la honmdez. Pero esta cualidad es propiedP.d del hombre, no de l!I especie; pertenece al individuo, no al grupo.
Un periodista honrado puede, en efecto, ser un elemento para la causa del progrese; un periodista que no sea
honrado hará más mal á una sociedad que el peor de loe
delincuentes.
Por fortuna, el periodismo mexicano, en el que existen
elementos impuros que lo desprestigian y lo de¡.,recian,
no ha llegado aún á ese grado de perversión moral que vemos imperar en la prensa americana, que no desdefla en
devorar buenos pedazos de ese esplén'dido banquete de
más de quinientos millones de pesos gastados por los partidarios de Mac Kinley en C!lbrir de ignomima al candidato Bryan, nota transmitida por los mismos periódicos de
la gran República!

¡JJmplacables!
El martes (1ltimo registró la prensa diaria un conato de
descarrilamiento en la línea del Ferrocarri! Mexicano,
sin desgracias personales. Los autores de esta jugarreta
anti-civilizadora, fueron capturados y puestos á disposición de la justicia.
Ahora bien, los cul'&gt;ables deben ser juzgados con arreglo á Ja ley de suspensión de garantías para esta orden de
delitos; pero como entre loq pa~ajeroq dt&lt;! tren se encontraba el Gobernador del Estado de P11ebla, sería posible
que algún espíritu filantrópico y Cllritativo tratara de in-

clinar al Sr. M:artínez á ejercitar sus sentimientos hu:
manitarioa.
En tal supuesto, el Sr. Gobernador debe rechazar t?-l.1
sugestión de esta índole, recordando que no era él la uru•
ca persona á quien iba dirigida el daño, y q,ue por lo ta~to no tiene el derecho de mostrarse compasivo con las vidas agen"\8.
La compasión del Sr. Martínez censtituiría una conculcación de las garantías sociales. :i:,a piedad, en cie~s
casos, es la forma más impía de perJud1car á la colectividad.

Qfl nuttJ.lJ ®obenmbor bel tli,trito.
.A.l referirno., al nombramiento del Sr. Rebollar, sólo
empleamos, la Bemana pasada, breves frases, contrayéndonos á la noticia antes que al comentario. La exaltación del Sr. Rebollar al importante puesto público que
hoy ocupa, tiene sin embargo su significación, y á ésta
debemos atender, como hemos hecho siempre que se .h"·
tratado de alguna nueva personalidad lanzada á la nda
pública.
El Sr. Rebollar es joven y es civil, lo que ya por sí sólo
constituyeunainnovaciónen el tradicional programa. E~a
vieja creencia que las cualidades de disciplina y s:..bord1nación pertenecían exclusivament1, :,J grupo militar, y
que todo elemento civil llevaba imbíbito ese gérmen de
rebeldía de que han surgido los politicastros. Este criterio se ha ido modificando, y en la actualidad se reconoce
que esas cualidades, necesarias en la política actual, son
patrimonio de igual modo de los hombres civiles que militares.
El nuevo Gobernador del Distrito no pertenece por
abolengo, herencia, tradición ó rutina, á ninguna clase
privilegiada de la so::iedad, y no entra por lo tanto con
los prejuicios ni con las sugestiones impueEtas por un alto medio, y que, al romper los muros del hogar, amenazan infiltrarse en la política.
.A.demás, el Sr. Rebollar es liberal, es honrado y es inteligente, una trinidad de dotes que lo hacen recomendable para el puesto con que ha sido favorecido.

ítJ.s último, micrabtos.
Hace toda\'ía menos de un cuarto de siglo, México se
hallaba dividido en pequeflas satrapías, al frente de cada una de las cuales se encontraba un coronel más ó menos improvisado: un Lozada, un Timouio Andrade, seflor
feudal dueflo de vidas y haciendas. Estos minúsculos bajalatos, estos aduares informes, se perpetuaban por herencia, y la familia dominadora, la casta privilegiada, la
dinastía triunfante, se conservaba enhiesta y osada, como
un amago constante á todos los derechos y una montafla de granito suspendida sobre todas las libertades,
Se ha necesitado que un poder superior, generado por
todos los intereses sociales, cimentado en las necesidades
de la Nación, inteligente y apto, haya venido á aplastar
á esta gusanera en la que se revolcaban ambiciones y
odios, voracidades cínicas é impurezas sanguinarias. Lo
qne ayer se obten/a por transacciont!s de habilidosa complacencia, en virtud de vacilantes acomodamientos y de
necesidades superiores, huy es posible realizarlo ya por
senderos más abiertos, por caminos menos tortuosoa é in•
extricables.
Y al lado de este ensanche del poder público, la muerte, la gran purificadora, ha realizado su función benéfica en
la Repúbhca, limpiando el snrco de mala simiente, asfixiando á los últimos microbios, producto de una descomposición sociai, 1&gt;n la que ya penetran buenos soplos
de aire puro v ealudable.
Expres~mos ePtas ideas, en vista de las constantes defunciones d11 caciques que en estos días hemos leído en
la prensa de la "República.

ll1lt1lític11 gen.eral.
RESUlIEN.-Víaje del Emperador de Rusia.-Su importancia y significación.-A travé~ de la Europa.-Es señal de
paz ó toque de alarma?
Aunque es seguro que habrá de producir rivalidades
agrias y mal sofocadas envidias, ya está decidido el viaje
del Czar á las principales cortes europeas. Por mucho
tiempo se había. pensado en esa eJ:cursion y los que
se dicen bien informados de las secretas aspiraciones del
gabinete de San Petersburgo, nos han hablado de Yacilacionee y perplejidades en el joven soberano, antes de decidirse á su gira transcontinental, que tiene apariencias
de ser recreativa, pero que influirá á no dudar de modo
efica1, en la política obscura y enigmática que hoy preside las decisiom s de todas las potencias.
Después de visitar Copenhague, d;inde. ea llevado Nicolás ll por atracción de familia y vínculos estrechos de
la sangre; después de regocijar su corazón y sustentar su
entendimiento con la contemplación de la corte del Rey
Cristián, ese anciano venerable, ese patriarca augusto,
que solo sobrevi ve á su muerta. grandeza y á eu pasada
gloria, al calor -:Je un hogar dulce y tranquilo, donde
llueven las bendiciones del cielo, como para compersarlo de las amarguras que llovieron sobre su pueblo humillado y roto en los campos de Holstéin; después de
reposar breve plazo en el seno de su familia, y olvidar
un momento las munificencias de Moscow, al dulce arrullo de cantos de niflos y gorgeos de aves congregados á la
sombra del auciano monarca...... á donde se dirigirá el
antócrata moecovita? qué visitará primero: ¿Berlín ó París? ¿querrá estrechar la mano de su angusto primo el orgulloso Hohenzollern y saborear .las fastuosidades de la

metrópoli imperial, antes que saludar á Mr. Faure, de
honrada apariencia burguesa y de noble sencillez repu- '
blicana?
Quien sabe! Pero no es difícil suponer que este punto
que á priwera vista parece de mera etiqueta, ha tenido y
debe tener en la mente del Czar, la consideración y la illlportancia que se merece.
Sea real y sincera la alianza franco.rusa como la suponen los· amantes de las glorias republicanas y los sofladores del anhelado desquite, ó platónica y acomodaticia como preten~en que sea los partidarios de la Triple.A.lianza
y los adoradores del derecho que emana de la fatalidad
de los hechos consumados, existe ó parece existir esa liga q11e une en comunidad de in_tereses y aspira~iones á
dos Estados poderosos, por enci~a de eus _propios enemigos, y no es cosa tan de poca importanc~a para comprometerla y convertirla en humo, por motivos de pura
cortesía.
Alemania cuenta con que la primera visita será para
ella y que para ser más significativa su presencia, el Empe~dor de Rusia asistirá á las mani&lt;?bras de otoño del
ejército germano, en tanto que Francia, por _su parte, ee
prepara á recibir de modo magnífico á su ilustre huésped, y dada la susceptibilidad del genio francés, que silbó al difunto Alfonso XII en las calles de París, por ser
coronel honorario de un Regimiento de Hulanos, no se
dispondría á s~mejantes derroches de lujo y esplendo~,
si sospechara siquiera que se quedaba en seiundo térm1no en la alta consideración del prócer á qmen tratan de
festejar.
Germanía tiene como el derecho de primacía por la na•
turaleza de 1,us instituciones, por la gloria militar que
irradió en la aurora de su constitución como imperio moderno· por su fuerza militar que asombra y maravilla á
cuant~s la contemplan; Francia es acreed?r'.1 ~ que se la
dé la prioridad, si no por el abrazo qu1:1 se 1ruc1ó en Cronstadt y se consumó en Tolón, sí porque ha sabido aflojar
pródiga munificentes los ~ordones de su bolsa y ha ~cudido una y otra vez á cubrir con creces los empréstitos
rusos.
Cierto que para el Czar tiene que ser deslumbrador el
estado floreciente del imperio alemán, hoy en el apogeo
de su grandezq., pero debe considerar qué potencia vital,
qué energía extraordinaria radica en la República francesa que á la vuelta de cinco lustros, después del año terrib"le ha sabido colocarse á la asombrosa altura que alcanz~ en la actualidad.
Difícil decidirse entre estas dos atracciones que lo solicitan. .A.cercarse á Guillermo es prenda segura de paz,
porque nadie se atrevería con la Triple Alianza, amparada por el coloso del Norte, y todo .s eguiría en el statu guo
que impol!-e la paz armada. ~r ~hrectamente á París, ea
anuncio a1 no de pronto rompimiento por lo menos sí de
la amenaza y sabresa!to constante en que han viv\do las
potencias, por los temores de la general conflagración.
Hoy como ayer, la suerte de la Europa está al arbitrio
y en poder del Autócrata del Neva.
En los pliegues de su n:ianto 111_!~ª como el dios ~e la
leyenda helénica, los matices del ms y la.e fulguraciones
de la tormenta. Que decida su omnipotente majestad.

X.X. X .
Agosto 20 de 1896.
~

A nuestros lectores .

~

Ya en p,·ensa el pliego de la novela FLOR DEI N(ZA
correspondiente á este número, sufrieron grandes imperfecciones los grab_ados, dific,i~es d~ repon~ en un
dia · 7&gt;0r eso no pudimos repartir dicho pliego, qite
rep~ndremos muy en breve, sustitugéndolo con las
páginas de novela correspondiente.~ á este mes, ofreciendo que con el primer núrnero de Septie:mbre da·
remos las ciento y tantas páginas que completm·án
la obra.
Acaban de llegar nuestra.~ prensas francesas para
el semanario y con motivo del cambio de instalación
que estamos haciendo en estos días, están sufriendo
algunas interrupciones nuestros trabajos. Pedimos
excusas á nue.~tros lectores, seguros de que los compensaremos con creces.

CONCURSOS
Están trabajando los señorea jurados para seflalar los
premios en nuestros concursos musicales y fotogrñfico.
No podemos urgir la resolución, por que su trabajo está siendo concienzudo, pero estamos st-guros de que en la
semana quedará resuelto.

Con el presente número recibirán
nuestros abonados las 128 páginas
de novela correspondientes al pre•
sente mes.
Pastas para los tomos de "El Hundo."
Como negocio absolutamente propio, el Sr. D. Pablo
Ledesma ha hecho fabricar unas hermosas pastas en rojo y oro,

23 AGOSTO, 1896.
Notas de la Sem.ana.
Los delegados al Congreso Pan-americano reuni-dos en México, publicarán en breve un m~nifiesto
en que se expresarán las razones por las que dicho
,congreso dejará de celebrarse.

Calle de Tiburcio núm. 20.

~amas Jistinguidas de la República.

Dícese que el Sr. Lic. D. Rafael Rebollar Gobernador del Distrito Federal, tiene el ánimo de suprimir el juego ~e azar E_ln la capital lle la República y
para consegmr su obJeto, está estudiando la forma
en que hará la iniciativa, que no solo abarcará la
clausura de casas de juego de baraja y ruleta sino
también la regtamenlación de apuestas en carre;as de
caballos, bicicletas y juegos de pelotaris.

El Gobernador del Distrito ha recibido una solicitud firmada por multitud de personas, en la que
se pide reglamente el uso de los organillos, plaga
que tarde y noche aqueja á los vecinos de esta Capital.
En esa solicitud se menciona un decreso expedido hace algunos afios por el Gobierno, en el que se
ordena á la policía perseguir á esos tocadores de
organillo como vagos pbrniciosos.

La Secretaría de Comunicaciones se ha ser,•ido ce-

der al Estado de Michoacán, para fomento de sus
línea.a 1elegráficas, tres mil se~ecientos cincuenta y
un ktlógramos de alambre y mil cuatrocientos aisladores.
. Dícese que tos ~sesinos del poeta ciego D. Austac10 Zepeda, en Michoacán, han dado también muerte ~n «La Me1,qui~era,». :.\J unicipio de .A.yo el Chico,
Jahsco, á Don Fehpe Villanueva, é hirieron á su esposa é hijo, así como á un mozo.

El próximo 16 de Septiembre se iMug...rará la presa construida en T!almanalco, Distrito de Chalco, la
cual es propiedad de los Sres. Robertson.

El miércoles en la maflana salieron de Belen rumbo al Valle Nacional, treinta rateros.
'
Fuer n conducidos á la Estación de Buena vista
en el vagón llamado el «Diablo» y custodiados por el
Sr. Miguel Cabrera y varios de sus policias.

El Sr. D. Ignacio de la Torre trata de llevar á cabo la construcción del Ferrocarril de San Marcos á

Tezintlán.

En la corrida de toros verificad.a el domingo en la
plaia de DuFango, un toro cogió al banderillero Cárlos L6pez «El Manchado. u
El asta del toro le entró por la ingle izquierda y
penetrando al abdomen destrozó órganos interesantes, rompiendo por último una costilla. El banderillero murió al dia siguiente.

El martes de la semana actual hubo •ma preciosa soirée
muaica', en la casa de la inteligente pianista, Srita. Elena
Padilla.
S~ tocó un cuarteto d11 Weber para piano violín, viola
y.violoncello,. y. un trío h~rrnosísimo de Lachner para
piano y dos v10hnes. Los eJecutantes fueron la Srita. Padilla y los Sres. Rocha, Posada y Cuadra.
El aplaudido clarinetista, D. Lorenzo Santibafiez ejecutó dos pieza&amp; que fueron muy aplaudidas.
'
La concurrencia, numerosa y distinguida, abandonó
aquel templo del arte después de la una de la mafiana.

Ya, á lo que se dice, están fijados en las esquinas los
C:1rtelones anunciando la venida de Maggi. El gran art ista llegará á esta ciudad en los últimos días del mes
para abrir su última y corta temporada el 1~ de Septiem'.
bre. Deseando que sea escuchado su CompalHa por el
mayor número. de personas, antes de regresará su patria,
ha yuesto precios d, abono verdaderamente económicos
Y a alcance de todas las fortunas.
Maggi presentará en el abono que va á abrir, un nuevo
repertorio que ha preparado en los últimos meses.
Es ?-e advertir que esta es la última temporada que
traba¡ará en México. Al concluirla se dirigirá á Yucatán, para de ahí emprender el regreso á Italia.
Han comenzado á llevar~e á cabo en el balcón del centro en el Palacio Nacional, las ob.:-as para instalar la Campana de la Independencia.
Esta es la mejor prueba de q1ie ha quedado fuera de
dud:i,. la autenticidad de esa reliqia histórica.
Dmge los trabajos, el Teniente Coronel D. Gilberto
Luna, Dir~.tor de la Maestran1,a, y dichas obras, que van
á ser prov1s1onales, consistirán en dos ménsulas de hierro, con sus pies de gallo y PUS chumaceras.
Aot_es de comenzarse las obras, se pesó. la Campana,
obteméndose un peso de 782 kilógramos. Se ha calculado que las obras que están efectuándose, pueden wostener un peso de dos mil kilos.
En el Estado de Yeracru;¡; las siembras prometen buenos resultados.
á dEl Sr. Don Federico Grandover partió para Zacatecas,
d onde_ va á terminar la decoración interior del teatro
e esa ciudad, que ha costado $2ó0,000.
El Cónsul General de los Estados Unidos, Mr. Critten•
&lt;'l~n. está trabajando en un informe que enviará á su Go~ler~o Y que versará sobre el comercio de la República
ex1cana desde 1880 hasta el presente.
fi Var~l\8. personas que llevan amistad íntima &lt;ion el se-

or M:m1stro ~e Hacienda, Lic. Don José I. Limantour,
hian dispuesto 1r á encontrarlo, en tren especial, hasta la
rontera del Norte.

A las siete de la mañana del martes llegó por el
Ferrocarril Central el Sr. General D. 1 annel González Cosío, acompañado de su muy estimable familia.
Como saben nuestros lectores, el señor l\Iinitro se
encontraba en Querétaro desde el sabado 15 próximo pasado.

El martes incendióse uno de los departamentos
de la negociación denominada Compañía Destiladora; funcionaron ocho bombas, siendo de éstas, seis
del Cuerpo de Bomberos y dos de la fábrica incendiada. También funcionó, con muy buen éxito, un
pluviómetro fijo de vapor.
Las pérdidas fueron muy considerables. La negociación estaba asegurada.

El martes salió de Nueva York para México el
1:1eflor Ministro de Hacienda Lic. D. Joeé Ives Limantour, pero como no hace el viaje directo sino
que regresa deteniéndose en diversos puiitOB' i.rribará á nuestra l\1etrópoli hasta fin del mes en ~urso.

Salió de esta ciudad para la de Nueva York el Sr.
D. Adolfo Bülfer, Cónsul General de México en Londres.
El Sr. Büller se embarcará en Nueva York para
dirigirse á Inglaterra.

115

El Congreso Obrero de la República invitó al Rr.
Lic. D. Rafael Rebollar, para que presidiera la solemnidad que en honor del ilustre Cuauhtémoc se
verificó el 21 del actual, á las doce de la mañana, en
la glorieta del Paseo de la Reforma, en donde se o~tenta la estatua del heroe.

Ha circulado muy válido el rumor de que van á
hacerse muchas y muy notables bajas en el arancel de
.Aduanas.

qUE VENDE A.. $2 7~.

La11 recomendamos á los interesados, advirtiendo que
los pedidos deben hacerse á dicho Sr. Ledesma,

EL l\fUNDO.

$rita. &lt;!onsuelo C-Fenodtio.
DE OAXACA.

[ De fotografía del Sr. Salas .A.rgüelles.]

El Sr. IugeniP.ro Do!! Ignacio G 1rfias, Administrador
General de Correos, por prescripción del médico aue le
ha asistido en la enf81"medad que ie aqueja, va á pasar
una temporada á Mixcoac, donde ya tomó casa en la calle de la Campana.
Ne- obstante la estación de lluvias, se procede con mucha actividad en los trabajo, de la línea férrea de México á Acapulco por Cuernavaca.
Simultáneamente se trabaja de Tres Marías á Cuernavaca y de Puente de Ix:tla á Cuerna vaca, para que luego
que los trenes lleguen á. la capital del Estado de Morelos,
puedan prolongar su marcha hacia el Sur, quedando inaugurada la linea hasta Puente delxtla.
El jueves comenzó á circuh,r en la ciudad de Puebla
un manifiesto del seflor General Don Manuel Santibáfiez,
en el que se dirige á Jos pneblos de aquel Estado, diciéndoles que acepta su candidatura para Gobernador del
mismo en el próximo periodo constitucional.
El lunes último fueron entregadas al Sr. Tomás Me
Lean, Administrador de la nueva Empresa de los Ft&gt;rrocarríles del Distrito, todas las pre-piedades de la antigua
Compañía.
Por ahora no l1Rbrá cambios en la planta de empleados que cominuarn,1 como hasta aquí, conservando á los
que por su antigüeuad y buenos servicios son verdaderamente útiles á 1a Compa.ñía.
Una de las primeras medidas-que se plantearán á la
mayor breved,,d posible-es el arreglo de los itinerario~,
aumento de viajP11 y au rnt&gt;nto de coches, y al efecto ya
pidió el Sr. ).[e Luan á los l!:~tados U ,1iJos nuevos coches
de los llamados ufmperi&gt;¼l.-s,» es decir, con »siento~ e11 el
techo y de una forma parecida á los ómnibuR¡ la parte
de arriba, del imperial, está abierta y es propia para el
verano.
La nueva Admini~tración piensa extender sus lit1eas
hasta Xochiruilco con el fin de transportar los productos
de aquella región.
El tren que regresaba á esta Capital trayendo á bordo
al Sr. General l\lena y al Gobernador de Pnebla, estnvo
á punto de descarrilar, accidente que , iba á ser causado
por cinco individuos que pusieron piedras en la vía.
~os cinco fueron aprehendidos, y serán juzgados por
la ley de suspensión de garantías.
El rniérco!P!' á las nueve de la maflana, por la línea del
Ferrocarril Ct&gt;utral. en el tren ordinario de pasajeros,
partió p1ml Xu.-va York el joven Capitán del Cuerpo de
Ingeni1:1rofl, U. Porfirio Díaz, quien, como ya lo saben
nuestro8 lt:ctores, \'a á I nglarerra á perft'cciouar sus estudios.

R~lativo al asalto de la Aduana de Nogales, hase
publicado lo siguiente con fecha 14 del actual:
«La Aduan.l ha sido asaltada por varios bandidos
qt1e fueron rechazados, dejando ocho muertos y un
prisionero. Nosotros tuvimos cinco muertos y tin
herido. Por el correo pormenores.»
«Cerca de setenta yaquis asaltaron la Aduana mexicana, donde esperaran hallar gran cantidad de dinero. El asalto fué el miércoles 12 á las cuatro de la
maflana. Pero con antel"Íoridad el dinero había sido
trasladado ií otra casa, mientras se hacían algunas reparaciones en la Aduana. Frente á ésta había cuatro
guardas, y sobre ,illos hicieron fuego primeramente
los indios, matando á dos de los celadores; los otros
corrieron hacia el interior del edificio y cerraron perfectamente la puerta.
«El destacamento de Arizona se puso inmediatamentn
sobre las armas, y en general se armaron todos los veoi.
nos. Inmediatamente comenzó el ataque á los indios, qu-,
muy pronto se vieron rodeados de una multitud de gente armada, por lo cual se vieron precisados á huir.
El Banco Nacional ha recibido de la .A.dministración
de Rentas Municipales, la suma de $55,000, por cuenta
del tercer trimestre del pago drl Ewpréstito Municipal.
El mismo Banco ha enviado á Londres, 36,090 libras
esterlin8!', para cub~ir el cupón que se vence en Septiembre próximo.
La Sllprema Corte de Justicia de la Unión ha resuelto,
después de revisar el amparo que concedió el Juez 1? du
Distrito de esta Capital al Lic. D. Francisco Espinosa
quien se encuentra encausado por el delito de abuso d~
confianza, que es de revocarse y se revoca la determinación del inferior, y se notifique al interesado que la justicia federal no lo ampara ni proteje contra los actos de
que se queja.

PERSONAL.
Er, SR. DR. D. Luni CARRIÓN.-Pnblicamos el retrato
del Dr. D. Lnis Carrión, que falleció en Jalapa el 14 de
Junio próximo pasado á la avanzada
edad de 80 años.
El 27 de Octubre de
1836serecibió de médico-cirujano en 1a
Facultad de México.
Ptirteneció á varias
Asociaciones cient.íficas d e 1a Re p ú •
blica.
. Prestó á la patria
importantes servi•
cios en días aciagos,
en s11 puesto de médico militar desempeñado durante 40
años en e! Cuerpo
Médico del ejército·
después sirvió, en Jo~
últimos años de ~11
vida, en la Comisión
Geográfica exploraL..._
dora.
J?urante PI largo
.
.
.
periodo en qne Pir·
v1ó, 1&gt;n el CuPrpo l\Iérl1co, contribuyó á su organi✓.aciún
y mejora, en medio de las azarosas circunstancias de 1-'
época.

~-- ~--_¡

�Horas de ensueño.
Quien no ha pasado por eeas horas en
que_Ja vida se suspende en todo el organismo, para encontrarse solo en el esplritu :f en qu_e el_. espíritu se sumerge
en el piélago sm riberas del ideal! Horas de ensueño llamamos á eeas horas
divinas de que nos habla con su lenguaje mudo la mirada de eea hermosu1 a
griega, de eea regia beldad antigua tra~ladada al lienzo por habilísimo pinc1·l.
Descanea su brazo, prodigio de la curda sobre el ánfora envuelta en la luz ti•
bia del riauefio sol de Helos su espíritu
tscala excelsas diafanidadee'. .....
No la despertéis.

IDamas distinsuidas de la República.

LA ARMADA INVENCIBLE.
Ah~ra que tanto Fe habla de guerras
marítimas y se consultan las estadíHicaa navales, no deja de tener curiosidad el eBtado de la Armada Espaíiola In-vencible, cuyo fin desastroso por la tempestad es de111asiaJo conocido.
«E'STADO DEL ARMAMENTO MARÍTIMO
DE FELIPE U CONTRA INGIATERKA EN

1588.

Las Castillas di~ron: 13 galeones, 1, íOO
soldados, 300 piezas de artillería; D.
Diego Floree de Téllez , comandante.
Andaluc~a dió: 10 galeonee, un patache,
100 marrn~roa, 2,400 soldados, 260 pie
zas de artillería; D. Pedro Valdéa comandante. Vizcaya dió: 10 galton~e 4
pataches, íOO marinero~, 200 soldad~e,
250 piezas de artillería; D. Juan Martln~z deRecalde, comandante. Guipúzcoa
d1ó 10 gall'c,nee, 7 pataches1 700 mariIl:eroa, 2,000 s?ldados, 280 piezaa de artillería; D. Miguel de Oquendo comandante. Portugal dió: 10 galeon'es 2 na-·
víoa de tramporte, 3,000boldados' 1 300
mai:ineros, 350 piezas de artillerfa. 'La
Italia, compuesta de Nápoles, Sicilia Milán y algunos príncipes de ella, dió: 10
galeones, 800 marineros. 2,000 soldados
310 piezas de artillería, Martín de Bre'.
tendona, comandante. Además acudieron: 4 galeazas de Nápoles con: 900 esc~avos, 400 m_arineroa, 110 piezas de artillería; D. D1fgo Medrano comandante. 4 galeazas de .Nápolea ~n 1 300 esclavos, 400 marineros, 800 soldados 200
piezae deartil1ería; D. Diego M011¿ada,
comandante. 32 pataches con 550 marin_eros, 400 soldados, 180 piezas de artillería; D. Antonio Hurtado de Mendoza, comandante. 10 barcos rnmeros
para el servicio de los grandes navíos.
El total, con el resto de la Armada era
de 150 navíos, 22,000 soldados 1 500voluntarios, 5,800 marineros 3 200 piezas
de artillería, 2,500 esclavo;. 'La Armada que Su Majestad tenía en pie, era
compuesta de 23 navíos de guerra. Su
comandante ó almirante, D. Juan Lóp_ez de Medina, ea losquetenía: 700marmeros, 3,200 soldadob, 400 piezas de artillería, qne con los demás propios del Rey, componían:
60 galeone8, en los que babia 12 que se llamaban J os
Apóstoles. Cada galeaza tenia 300 remeros ó forzados. Esta Armada llevaba cinco terdoa eapai'iolea, que eran loa
verdes, amarillos, azules, colorados y blancos, mandados
por D. Diego Pimentel, D. Francisco de Toledo, D. A.Ion·
so de Luzán, D. Nicolás de Lira y D. Agustín Mexia.
Cada tercio tenía 32 compañías. Además de los cinco
tercios, había dos de portugueses. El Vicario general de
la ArmaJa era D. Martín de Alanzón. Había embarcados 6 obispos, 210 capellanes, 100 médicos ó cirujanos y
60 boticarios. El Duque de Medina se llamaba D. Luis
Ponce, y era su Almirante D. Juan Martínez de Recalde.
El Duque montaba el na do San Martín que era el mismo
que montaba antes el Marqués de Santa Cruz, y en el
que este Marqués había ganado la famosa batalla contra
los franceses en las i~las Terceras. D. Diego Pimentel
montaba el navío San ,lfateo. D. Francisco &lt;1e Toledo, el
San FelipP. D. Alanzo de Luzán, el San Pedro. D. Nicolás de Lira, el San Bartolomé. Y D. Agustín Mexfa, el
San Simón. De municiones de guerra llevaban: 120,000
balas de cañón de todos calibi·ea; 4,500 quintales de cuerda mecha¡ 7,000 moequetes y arcabuces; 10,000 partesanas; muchaA culebrinas y cañonee reforzados; 3,000
quintales de pólvora; con todos los utensilios, como cabrias, etc., para la artillería. De municiones de boca llevaba: 160,030 quintales de bizcocho; 460 sacos de harina;
1,600 toneles de vino; 7,500 quintales de queso; 300 toneles de vinagre; 500.000 quintales de habas; 2,000
quintale!&lt; de aceite; 400 quintales de arroz, y el agua correspondiente. Lillternae, hachones, farolee, lona ó cotonía, pez. canfora y plomo. Costaba esta Armada, en tocio, 30,000 ducados al día, y contenía 32,000 hombres
efectivos.»
UN A

23 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

116

PUil~ICA.CION MUSICAL.

Muy pronto se repartirán loa prospectos de la que va
á editar en esta capital el &lt;:onocido profesor D. Antonio
Cuyás. Sabemos que, ameno y variado el nuevo periódico musical llenará el vacío que se nota en nuestra pre1 s-1
' técnica, y por tanto nos atrevemos á augurar un buen
éxito al futuro colega.

La troupe de Maggi es una de las más
completas que ha llegado á tierra mexicana; el conjunto de las piezas puestas en
escena ea bastante acabado, y sin embar•
go, las dos temporadas han sido poco fa.
vorecidas. ¿Por qt'.lé? Se dice que la razón
de esta sin razón es el desconocimiento
del idioma. Pero señores por Dios! si el
arte no tiene idioma especial! Si no se·
siente en castellano, ni se si.ente en inglés,
ni se siente en italiano: el sentimiento
es cosmopolita. Y sino que lo diga Emannel, y que lo diga Coquelin, y que lo diga Sotorra-que recita en catalán.
Las auras del coliseo de San Felipe sean
para el inteligente actor italiano máa saludables que las que sopfan para nuestra
primer sala de espectáculos.
Por el momento, los únicos aires saludables son loa que corren en el Circo Orrin.
La Compañía de ópera popular ha merecido desde el p•imer momento la buena.
voluntad del público.Cierto es que hay
ahí artistas discretos-la Fons, Chole Goyzuéta, Ventura y Sotorra.
Y si á esto se añade uoa batuta hábil,
como la del aei'ior Julián, se tendrán vt-ladas muy agradables. El Campanone quP.
nos sirvieron la noche Jel martes no fué·
de lo mejor. La Sra. Fons, que en Rigoletto hizo una Gilda discretísima, no EL,
mostró tan feliz en la obra de Mazzn.
Ventura correcto, pero frío. Sotorra eufermo. Solamente el Sr. Hernández se su po nzarzuelar aquella noche.
Es verdad que para zarzuela, ahí eP
tá el invencible Principal. Y no es que
la Compai'ifa Arcaraz carezca de lunare,.
Ahí está, por ejemplo ......
Y además hay allí otro lunar auténtico: el que tiene 111 Srita. Rusquella e n hi
garganta.
Pero...... ahí me las den todas, comodecía el alcalde del cuento.
ÜBERON.

El. hoJUbre izquierdo,

$Tita. (!lotilae Gtcosta.
[DE TAPAOHULA.]

irttirtrhts.

Don Mauro Requejo era u1a hombre iz-•
quierdo. Creo que no necesito decir máe.
¿Lo habéis entendido? Pues me explicaré
mejor. ¿Ha sido la Naturaleza ó es la cos·
tumbre quien ha dispuesto que una mi-·
tad del cuerpo humano se distinga pl r
sn habilidad y )a otra mitad por su torpeza? Una de nuestras manos es inepta
para la escritura, y en los trabajos mecánicos sólo sirve para ayudar -á. su experta
compañera, la derecha. Esta hace todo
lo importante; en el piano ejecuta la melodía, en el violín lleva el arco, que es la
expresión, en la esgrima maneja la espada, en la náutica el timón, en la pintura
el pincel, es la que abofetea en las disputas, la que hace la señ~.l de la cruz en 1·1
rezo y la que castiga el pecho en la peni•
tencia. Iguales disposiciones tiene el pie ·
derecho_¡ si algo eminente :r, extraordina•
rio ha &lt;1e hacerse en el baile, ea ind 11da·
ble que lo hará el pie derecho; él ea tam•
bién el que salta en la fuga, el que golpea la t ierra con
ira en la desesperación, el que ahuyenta al perr o atrevido, el que aplasta al sucio reptil, el que sir ve de ariete·
para atacar á un despreciable enemigo que no merece ser
herido por delante. Esta superioridad mecánica, muscular y nerviosa de las extremidades derechas, se extiende·
á todo el organismo: cuando estamos perplejos sin saber·
qué dirección tomar, si el cuerpo se abandona á su instinto, se inclinará hacia la derecha, y lo&amp; ojos buscarán,
la derecha como un oriente desconocido. Al mismo tiempo que en el iado izquierdo todo es torpeza, todo subor•
dinación, todo ineptitud: cuanto hace por sí resulta toicido, y su inferioridad es tan notoria que ni aun en desarrollo puede igualar al otro lado. La mitad de todo hom- ·
bre es generalmente más pequeña que la otra; para equi ·
librarlas, sin duda, se dispuso que el corazon ocupara el,
costad() izquierdo.
B. PÉREZ GALDÓS,

Ya han aparecido
er las esquinas de la
apacible y burguesa
capital de la República grandes cartelones anunciando el
feliz advenimiento
de María Alvarez
Tuba u, 1a elegante
actriz espai'iola. El
cav. Maggi anuncia
su reaparición en .Arbeu, el próximo 1~
de Septiembre; todo
lo cual unido á los
ebpectáculosque hay
en explotación da un
Otro pago de $1,048.31 de "La M utua"
total de cuatro ComEN HUAMA.i.~TLA.
pafiías: una dramática italiana, u na español a, una de ópe"La Mutua de Nueva York," en Huamantlla, Estado de Tla.xcala.
ra pol)ular y la de Excelencia de su forma de SEGURO denominada CON DEVOLUCIO!I D~'
tradicional é impe- PREMIOS.
Huamantla, Agosto 14 de 1896
recedera zar z u e la.
Sr. D. carios Sommer, Director general de "La Mutua" de Xew
Confesemos que son
muchas Compafiías York en esta República.
México.
PEDRO VENTURA,
para nuestro modesMuy distLsguido seilor mio:
to
pjblico.
El
se
Bañtono de la Opera. Popular.
Cumple á mi gratitud dirigirle la presente para manifestarle que
contenta con poco: ante el Sr. Lle D. Agustin Maldonado, Juez de 1os Instancia de esr.e
Distrito,
el Agente ll'r. Antonio A. Ntljera, su enviado especial, ha e'\·
con nna tandita semanaria tiene para sus escasas nece- tregádome
y recibido yo á. mi entera sstisfacción, los UN MIL CUAsidades. En cuanto al a1 te. ...... que informe el Sr. Mag- RENTA Y OCHO
PESOS TREINTA y UN CENTAVOS [1,018.31 cs.] importe
gi. Diez mil buenos, contantes y sonantes pesos depre- de la póliza número 721,932, que en esa poderosa Compailia el seilor
mi
fina.do
esposo
H. Ruiz y Moreno des,gnándom" su
ciados lleva perdi&lt;10s el infatigable actor en sus campa• beneficiarla, tomóSr.enD.21Ansdmo
de Octubre llltlmo.
fiasen ePta ciudad. En su tournée por los Estados, YuAquella cantidad fórmanla $1,000 valor original del Seguro, más
catáu y Oaxaca han sido propicios al artista. Esto depri- $48 31 valor delos premios que pagó mi cita.do esJ&gt;O-so, y que esaCompail1a me devuelve con la Integridad y eficacia que le son peculiares
mirá un tauto nuestro orgnllo cortesano. En su tenaz hacia
todos los asegurados. Por ésto, honorable señor Director, conlucha.contra el desvío del público, ha habido noches oue s!Rnole
en la presente pe.ra su publicidad, si lo juzga conveniente,
el trinnfo a1tíatico se ha encontrado en razón indirecta m1A votos de gratitud hacia usted y hacia esa grandiosa Institución
de
Seguros
Mutua'' á quien bendiclré siempre juntamente con la
del financiero. Recuerdo qne la noche de Los Apareci- memoria de"La
mi previsor esposo.
dos ser, candaron en la c.. 111aLl11ría de nuestro gran TeaCumpie A mi deber entregar para su cancelación la referida póliza,
tro Nacion11l algo así comn cuarenta y tres pt'EOS 18 cen- y suscnbirme de usted respetuosamente s. S.-CARLOTA L. DJ!: RUIZ-ta ,·m. ¡ ~:" \'t&gt;rdad que se t ratuba dtl u;trenu de una obra -Me consta el acto referido en la carta que ant.ecede.
Huamantla, Agosto 14 de 1896.-A. MALDONADO.
de autor deiocouocido en :U, ideo!

23 AGOSTO, 1896.

117

EL MUNDO.

LOS AMOTINADOS DE VILLA ALTA,
A instigaciones de algunos deEcontentos y con pretexto
de la nueva Ley de Haci, nda, ioiciose en :Marzo último
en Tlacolula, utia sedición que alarmó á todo el Estad:&gt; de
Oaxaca,y deque y:. tienen conocimiento nuestros lectores.
A la intentona de Tlacolula, respondieron con trie te eco
los sucesos de Zimatlán en que fueron víctimas de las
desenfrenadas turbas dos hijos del Jef0 Político Sr. .Per·
(ecto Nieto y algunos soldados del 3er. Regimiento; fueron
incendiados los edificios públicos y donde á no dudar bubiéranse lamentado mayores desgracias sin la heroica resistencia que con nueve hombres dotados á veinte cartuchos por plaza, hizo durante toda la noche el Teniente Tomás Torreblanca contra más de 2,000 indios, si armados heterogeneamente, no por ello menos desenfrenados y salvajes como C?n mengua de la civilización demostraron en sus hornbles fechorías.
Abiertas aún las tumbas de los asesinados en Zimathín,
los sediciosos cayeron sobre J uq uila, robando y matando
á mansalva, y sin encontrar dique que contrarrestara el
empuje sangriento de aquellas hienas que corrian insaciables en busca de nuevas vlctiwas que inmolar, de nuevos mártires que conducir al sacrificio en holocausto de
sua desenfrenadadas pasiones.
El Jefe Político, el Presidente l\Iunicipal, el Juez, el
Telegrafista y algunos'particulares é indefensas señoras,
sucumbieron acribillados de heridas y honiblemente
mutilados, á la sed de sangre de la chusma asaltante y
lo~ cadáveres fueron quemados en montón en la plaza
principal de Juquila, mientras á salto de mata corrían en
busca de seguro asilo, á través de las montañas, aquellos
pacíficos vecinos que lograron e~capar á la horrible matanza y áquienes por usar calzado y pantalón, consideraban
como enemigos los implacables .~ans-c11lottes de la última
revuelta
Satisfechos sus criminales instintos en Juquila, lanzáronse los sediciosos sobre Jamiitepec, pero apercibidos
para su defen@a los costei'ios, dirigidos por su valiente
Jefe Político D. Cristobal Palacios, ayudados á poco por
fuerzas del 4? Batallón, lograron diseminará los desalmados, no sin hacer algunas importantes aprehensiones.
A iaiz de los sucesos de Juquila y cuando la especta•
ción pública estaba pendiente de las ocurrencias del Sur
del Estado, en Villa Alta distrito siempre pacífico de la
FUENTJ;J HISTORICA EN LA CIUDAD DE CHIAPA DE CORZO,
Sierr~ y sin que tomaran parte loa indios de Sierra de
.
.
Juárez, estalló un motin mejor organizado, aunque
con 1g~al_ pretexto, titulándose uno General, otros _Coroneles y repartiendo á diestra y smiestra grandes gerarquías, asumen los faacmerosos la soberanía en el Dis•
trito, desaparecen las autoridades y quedan fungiendo como tales, con nombramento del General de Brigada, los principales cabecillas de la asonada.
No podía el Gobierno permanecer inactivo en vista de tales sucesos; y en efecto
con inquebrantable energía emprendió la persecución de los instigadores de la asona: •
da, lo6 ran!1o ~prehenderlo¡¡¡_y some~iéndolc,s á _los tribunales correspondientes.
· El activo ¡uez del distrito de Villa Alta, Lic. Ismael Colmenares ha dado término
ya al proci:so que incoara contra loa cabecillas y principales cómplices (cuyos retratos publicamos) y dado su fallo, conde,1ando á penas de doce á veinte afias á cada
uno de lús jefes y subalternos de la revuelta.
La ci~dad de Chi9:pa de Corzo, cabecera de Departamento en el Estado de Chiapas, la pruuera población quefund~ron los espai'io_les _en aquella lejana zona, fué erigida por Re~I cednla de 1527, en capital de la provmcia de uLas Chiapas» dependiente
de la Capitanía lieneral de Guatemala.
A_sentada en la marg~n derecha del caudaloso Grijalva, sus recursos naturales son
cu~ntiosos ~omo proporc1on~dos por las_fért!les vegas del rio, solo comparables por la
ex,~uoe~anc1a de su vegetación, y ~rom1scmdad de cosechas, con las del famoso Generalife, cmturón de plata de la mágica Alhambra y fecundador infatiaable de los cármenes ~e la snl ana de Oriente, la simp,ítica Granada.
"
Ch1a.pa, ~una del ~reclaro D. Angel A_l_bino Corzo, Gobernador que fué de aquel
Estado y qmzá ~I mas notabl!l de sns h1Jos, cuenta en la actualidad ocho mil habitan~a. La población presenta r1suefio aspecto y el_caTácter de sus moradores, franco,
~~1110 y alegre, como los de nuestros pueblo~ situados en zona más que templada
mc1ta á permanecer algunos días en la histórica ciudad.
'
En sus cer~anfas descúbrense importantes vestigios de construccionea anteriores á
13: época colonrn\ y a~u queda por explorar uEl Sumidero,» cortadura de una profundidad mayor de trescientos metros, por la qne se precipita el rio y á las que valien~mente se arr?jaron con sus mujeres, hijos y riquezas, los moradores de la población
mdígena ~e Chiapa, antes que caer en manos de los españoles capitaneados por Diego
de Mazanego~, fundador más tarde de San Cristobal Ciudad Real en el Valle de
Jovel.
'
Entre las antigüedades históric_as más notables en aquella aiudad, ocupa el primer
lugar la fuente,_ cuyo grabado J?Ubhcamos, que afecta forma de corona imperial y débeae á Fray ~odr1go d~ León, quien en 1762 ctió cima á su obra, proyectada poi· el mismo entendido arquitecto pocos años antes.
El material em1;&gt;lea&lt;io en la construcción es ladritlo rojo de cottaistencia incalculable, y que parece vitrificado, obtenido en las inmediaciones de Chiapa. Las caprichosas molduras y remates ~el histórico ~onnmento en cuyo centro se halla una fuente
d~ unos 10 metros de d1:,imetro, que sirve para el abasto de la ciudad, son tambien del
mumo barro que l~s ladl'lll'?s y consér•·ase en perfe~to estado, apesar de que el mo•
numento cuenta ciento tremta y cuatro afios de existencia.
. El torreón que se Yé á. la izquierda del grabado, contiene una escalera que permite el acceso á la azotea del edificio, desde donde se disfruta del espléndido panorama que ofrece las pintorescas cercanias de la ciudad Capital del Estado también durante 1~ adcr~iuistración del patriota ~eneral D. J. Pantaleón_ ~ominguez.
'
. C~•apa tiene Ta honra de habt;r sido el centro del plebiscito que se formó para
discutir desp1!és de la consumación de nuestra Independencia, la anexión de aquel
Estado á l\~éx1co y _en el que por notable mayoría de votos se resolvió agr':'garse á Ja
confederación mexicana.

~uriosidades de @Me:&gt;&lt;.ico y el e:&gt;&lt;.tranjero.
Una fuente histór ica.

Un prodigio de equ ili b rio.
- - ~· -

~

E_l gr.ibadn q1!e pn h_licamos, es la más exacta reproducción fotográfica de una pagod a existente en B1rrm1n1:1.
A ~e~ir verdad, no posee las colosales proporciones ni el fastuoso lujo de ornaII?entación qn~ !'~ admir~ en las_grandes pagodas de Rangoon, l\Iandalav ó Bangkok
smo qne su principal mérito cons1.Ste en el lugar en que está ubicada. ºComo 80 ve'
~rgueee sobre_ una enor11:e roca de fo~ma casi esférica, que sitnada en la cima de nn~
taoáit~a Y ca~i desprendida de su as1~nto, _parece i1u_spendida sobre el valle y pronr ar t:n e) torrente que á sus pies ru¡e, al arro¡arse en una sima.
i Un_ tunsta rngl~s que ha contemplado tan arriesgada construcción, define así Ja
mpÍesión de entneiasmo que le cau~ara: uEs un gigantesco signo de admiración con
que os hombrea han puntuallo la obra de la naturaleza y de Dios.
'
UN PRODIGIO DE EQUILIBRIO.

�EL MUNDO.

.l18

ras obscuras, provistas de
objetivos cuyos obturadores se levantaban á intervalos regulares por aparato¡¡ ingeniosos que mo·
yfa la electricidad. Des·
de esa época, el célebre
· fisiólogo :Mr. Marey ha
venido útilizando la cronofotografía para el estudio de la locomociún animal, del vuelo de las
a ves y otros fenómenos fisiológicos.
Estos y otros autores
que en el asunto sa han
ocupado, se dedicaron todos á obtener pruebas sucesivas en número restringido, haciendo la descomposición ó el análisis
EL SAC'EROOTE PERIODiSTICO.- (Y &lt;"•a~e nuestro e&lt;litorial.)
del movimiento, pruebas
qúe estu :;,iaban después y c:&gt;mparaban separadam¡mte.
La causa hállase hoy en revisión en la Suprema Corte
Pero se consideraba como un problema difícil de 1eeolde Justicia de aquel Estado, y espérase la conñrmaciún
ver la reconstitucion de la Rintesis del movimiento. Las
de 'as sentencias, no ob~tante figurar entre los condenados algunos adolespentes, ·á juzgar por los retratoe.
tentativas de los experimentadores á este fin encaminaEs necesario que las autoridades del Estado de 0.1xaca dlls, consistían solamente en la recomposición de veiI:tsean inexorables con los asesinos y perturbadores del or- ticinco á treinta pruebas.
J\Juy recientemente, Edisson ha logrado realizar esta
den público y más aún con los instigadores de tanta
tropelía como allí se ha cometido, persuadidas de que, síntesis por medio del aparato que llama kinetoscopio,
si la indiada salvaje ha sido el brazo ejecutor, el cere- y en. el que, los espectadores, aislados, pueden ver larbro en que germinó tan vandálica idea lo forman los gas series de pruebas fotográficas, sucediéndose á cortfsitinterillos y caciques de los pueblos, audaces al concebir mos intervalos, representando escenas animadas muy cuy ocultos cobardemente á la hora de levantar la salva- riosas. con duración de cerca de treinta segundo~.
Pero animada de movimiento continuo la banda pelicu ·
je bandera de rebelión.
lar donde están pintadas esas escenas, para dar una impresión perfecta, no debe verse cada prueba sino duranLa novedad del día en México.
te un tiempo muy corto, que apenas llega á unos diez milésimos de segundo.
EL CIXE;\fATOGRAFO DE LlThfiERE.
En tales condiciones, la iluminación es muy débil, se
necesit-a un objetivo muy luminoso, las escenas tienen
El aparato de los Sres. Lumiere, que acaba de exhi- poca amplitud en profundidad, se destacan s0bre un
birse con buen éxito en esta Capital, es una admirable fondo obscuro, y lo o:ienos eon necesarias treinta prueaplicación de la cro.nojotografia, que maravilla por su pre- bas por segundo para dar á la retina una impresión concisión y sencillez.
tíuua.
A poco que la fotografía había progresado lo bastante
El cinematógrafo no tiene estos inconvenientes: dismipara producir pruebas instaritáneas, los sabios se propu- nuye áquince el número de pruebas por segundo; se puesieron emplearla con el objeto de fijar escenas fugitivas,
de contemplar por muchas personas á la vez, proyectanque luego pudieran ser objeto de estudio y de medita• do en una pantalla escenas animadas que duran más de
ción; así es como en 1874, Janssen se sirvió de su revól- un minuto; la amplitud á la cual pueden apreciarse los
ver fotográfico para la observación del paso de Venus objetos, no es limitada, y puede repr1-sentarse la animapor el disco del sol, y M:uybrigde, de San Francisco Ca- ción de las calles y las plazas públicas con todos los delifornia, obtuvo en la misma epoca series de fotografías talles de la realidad.
de objetos en movimiento, por medio de cuarenta cámaYamos á procurar dará nuestros lectores una d,:scrip-

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~- __.:¡___---'-~d...___,..._.:......,_._..-...:.:..;.~-......--:-LOS REVOLTOSOS DE OA..i:ACA,

23

AGOSTO,

1896

ción breve del aparato de loe Sres. Lumiere y de su íuncionamiento ingenioso.
La banda p&amp;licular, en la cual están fijas las imágenes
con la apariencia de fotografías ordinarias, tiene quince
metros de largo y tres centfmetros dt ancho. De ambos
lados hay perforados agujeros equidistantes, que corresponden á,cada imagen.
Las di versas pruebas obtenidas á intervalos de un quinceavo de segundo, son rigurosamente semejantes, de
modo que si se superponen dos imágenes cualesquiera,
las partes que representen objetos inmóviles coincidirán
exactamente, y las que representen objetos movibles tendrán posiciones cuya diferencia equivaldrá al movimiento efectuado en los momentos de obtener ~as pruebas.
La banda en rol lada sobre sí misma y encerrada en una
caja por encima del aparato, está sostenida por una especie de carrete metálico, sale por una abertnra, desciende
verticalmente, rodea un segundo carrete, sube, pasa por
encima de otro carrete y va á enrollarse en él. El movimiento de la banda se obtiene por un manubrio que a.
~avor de un ingenioso sistema de multiplicación y de engranajes se comunica á los carretes y á los tallos metálicos que los sostienen, y á un tambor de doble disco.
El ingenioso y complicado mecanismo del aparato hace que la banda al desenrrollarse vaya á presentar una

EL GENEltALÍ811[0 P. MORALES Y SU ESTADO MAYOR

imagen delante de una abertura cada quinceavo de se•
gundo; esta abertur.1 e~ atral'esada por un haz luminoso
de poderosa ioten~idad, que por un juego de lentes, proyecta la imagen real aumentada hasta el tamaño natural
en una pantalla transparente, donde puede ser observada
por espectadores colocados en dos salones contiguos; los
unos, los que está.nen el mismo salón que el aparato, podrán percibir por reflexión la imagen proyectada, los
otros, los del departamento vecino, la verán á través de
la pantalla, pero todos con la ilusión de un cuadro vivo.
Si al pasar las imágenes por delante de la abertura que
las ilumina eiguier&lt;\n un movimiento no interrumpido,
las figuras proyectadas en la pantalla participarían de
ese movimiento que el ojo del espectador no podría.
seguir, pues apenas habría tiempo para impresionar la
retina. Por eso el mecanismo está dispuesto de modo
que la película no se maltrate en la excursión que tiene
que efectuar pur las partes principales del aparato, Y
arreglado con tanta precisión, que la banda y las imágenes que lleva_quechm inmóviles durante los dos tercios
del tiempo; tll otro tercio se emplea en la progresión de
dicha banda, durante este intervalo se interrumpe la
proyección de rayos luminosos, y mediante la persistencia de las impresiones en la retina, que dura un vigésimo
de segundo, el ojo percibe una serie de impresiones lumin.&gt;sas, que le causan la perfecta ilusión de cuerpos en
movimiento, por la prodigio•a y bien calculada celeri•
dad con que se suceden las impresiones, sin darse cuenta
de las intermitencias de la luz, por lo mismo que han
quedado y no han podido interrumpirse las impreJiones
que persisten. Pasando la luz durante dos tercios del
' iempo total no eenecesita de un alumbrado muy fuerte.

2:3

AGOSTO,

1896.

El mismo aparato sirve para obtener
las pruebas negativas y positivas, recibiendo en la banda sensibilizada las imágenes que se deseen, por medio de un objetivo ordinario de fotografía, y lográndose así obte.,er hasta novecientas pruebas
por minuto del cuadro más animado y
más lleno de movimianto y vida que se
pueda imaginar.
El aparato Lumiere será un recurso precioso para el estudio de los movimientos
por medio de la fotografía. No sólo podremes apreciarlos en sus detalles más delicados y sus distintos períodos, sino que
podremos multiplicarlos a voluntad, graduarlos, dividirlos y prolongarlos; y como
la velocidad del aparato depende de la
mano que se aplica al manubrio, está á
nuestro alcance al reccnstituir el movimiento, al hacer sus síntesis, efectuarlo
con la lentitud que se desee según el objeto de estudio.
Como ilustraciones de eeta sucinta descripción, acompaflamos estas Hneas de un
grabado, que esjae-símile de ana banda
de pruebas fotográfic¡¡s, obtenidas por el
cinematógrafo; representa el almuerzo de
un niflo, acompañado de sus cariflosos
padres. Las imágenes deben verse de iz•
quierda á derecha, para formarse idea de
la sucesión de los movimientos.
También publicamos otro grabado que
representa al Sr. Lumiere, obteniendo
1&gt;ruebas negativas por medio de su proce·
di miento.
In\'itados la semana pasada por el Sr.
Ingeniero Don Fi,rnando Ferrari Pérez,
asistimos á la prim3ra sesión de cinematógrafo que en la capital se daba, y que·
damos altamente complacidos. ¡Qué ilu•
sión tan perfecta! qué hermosas vistas se
desplegaban ante nuestros ojos admirados, con la vida y movimiento de la realidad!
Felicitamos al Sr. Ferrari, porqueJ ha
,sabido arreglar un edpectitculo digno de
un pueblo culto.

EL MUNDO.

119
Afortunadamente, pudo levantarse y
correr hácia su casa lo más de prisa que
se lo permitió el sobresalto y el quebrantamiento general de cuerpo que ~ufrfa;
la mano con que tenía la cuerda de la
cometa fué la parte. de su cuerpo más castigada: las primeras íalanjes de los dedos
estaban acardenaladas, como po~ la equimósie de una fuerte contusión, y las eegundas quemadas y cubiertas de ampollas; otras lesiones sufrió el niño, pero fueron efecto de la caida y leves todas ellas.
La cuerda quedó quemada basta el mismo
ovillo. .A.viso á los muchachos juiciosos y
á los padres de los que no lo son.

~1'~
Lo que se puede ver d,sde un globo.
Las observaciones desde los globos cautivos son más fáciles en la mar que en
tierra adentro, á causa de la mayor uniformidad de las corrientes atmosféricas,
sometidas en tierra á los cambios bruscos
que se prouuces por causas diversas.
Algunas experiencias hechas en plena
mar con globos cautivos, han demostrado que desde la altura de 400 m~tros no
es posible ver el fondo del mar, en profundidades que permiten verlo desde la
superficie del agua. Con una luz favorable se pueden observa~ perfectamente bajos de rocas ó de arena en profundidades
de s1&gt;is á siete metros, pudiendo verlos en
fondos hasta de 11 metros, cuando los bancos son muy extensos y de color claro.
En la guerra, los globos cautivos pueden, en ocasiones, ser útilmente usados
para 1·econocer las entradas de los puertos desconocidos y fijar con precisión la
situación de las fuertes baterías ú otras
defensas.

El lllarcado eléctrico de papeles y telas.

Según parece, se emplea. este procedimiento en Boston. La materia que se ha
de marcar, que puede ser cualquier maLA :-;OVEDAD DEL DÍA EN MEXlCO.- EL CINEMOTÓGRAFO LUMIÉRE.
teria parecida á un tejido, se humedece
con bastante oportunidad para sustraerse á la temible con un Hq•1ido buen conductor de la electricidad, por
EL DELEGADO DEL E31PERADOR DE CHINA
VIAJA CON SU ATAUD.
descarga. Hallándose la cometa á unos cien metros de ejemplo, agua, y se coloca sobre una placa metálica unialtura, y mojada, lo mismo que el hilo por la lluvia, ~e da á un polo de un generador de electricidad: se escribe
Li-Hung,--Chang se preparó contra toda emergencia produjo una descarga en la nube, siguiendo el hilo de la
entonces sobre la mat,eria que se ha de marcar, con un
de vida ó de muerte, cuando salió de Pekín para asistir cometa gran parte del fluido que fué á herir al niño, hapunzón metálico unido al otro polo del generador de ele.:iá la coronación del Czar de Rusia, en Moscow.
ciendole dar varias vueltas sobre sí mismo y deepidiéndo · tridad. Cuando la corriente atraviesa el papel ó la tela,
Li-Hung-Chang no solo se hizo acompañar por un mé- lo ácuatro metros de di3taocia.
se produce una acción electrolítica, la cual hace deposidico y por setenta y nueve personas de comitiva, sino
tar sobre la tela partículas de metal que siguen las líneas
que lleva entre su equipaje un ataud para recibir su catrazadas por el punzón.
dáver en caso de que muera durante la misión que le fué
Si la escritura no queda bastante visible, se moja la
&lt;:onfiada.
materia con un reactivo que pueda hacerla aparecer. En
El ataud es lo más lujoso que se pueda imaginar, está
lngar de un punzón E:S posible emplear un timbre 6 un
interiormente forrado de seda, y decorado en el exterior
rodillo grabado para la impresión continua. Parece que
con figuras de oro y con piedras preciosas. Costó 13,000
el platino da buenos resultados con agua pura.
libras. Dos de los acompaflantes de Lino tienen otra mi·
sión que cuidar del ataud durante toJo el viaje.
Ayuno durante un afto.
Tan pronto como Li-Hung-Chang llega á una ciudad
Y se aloja en un hotel, el ataud es colocado en un cuarto
No vamos á hablar de un competidor de Suooi. Nininmediato al ocupado por el estadista.
gún hombre sería capaz de pasar un afio entero sin proEl ataud está. en una caja, fuera del alcance de toda
bar bocado ni trago alguno, como lo ha hecho velis nolis
mirada indiscreta, y lo que de él ee sabe se debe á una.
una culebra ·iperina que ha servido de anima vili para
descripción que apareció últimamente en un periódico
los experimentos del Sr. Galien Mingaud.
ruso.
El reptil fué encerrado
una jaula el 15 de Julio de
1895, y allí vivió, sin comer ni beber, hasta el 20 de Julio
de 1896, en que murió de hambre. Un año y cinco días
Diversión peligrosa.
de ayuno absoluto. Al ser colocada en la jaula, medía la
culebra 58 centímetros de longitud y pesaba 54 gramos;
Lo es la de echar cometas en dias tempestuosos y de
depuée de muerta, midió 60 centímetros y pesó 37 gra1!llo puede dar fe un niflo de trece afl.os, residente en
mos; es decir, que en un afio creció 2 centímetros y per·Cateau, pueblecito próximo á Cambrai.
dió 17 gramos de peso.
Estepequeflo imitador de Franklin tuvo la impruden•
Además cambió tres veces de piel: en Agosto, en Oc-cia de remontar una cometa en un dia de tormenta; y
tubre yen Mayo. Que los ofidianos ayunan largo tiemp",
,aunque se apresuraba á recoger el hilo cuando sonaban
es cosa sabida. Pero es posible que nunca se haya obserlos primeros truenos y empezaba el chaparrón, no lo hizo
M. LUMIÉRE TO.MANDO NEGATIVAS.
do un ayuno tan prolongado en la culebra viperina.

en

�120

23

EL MUNDO.

que despunte el día, le bic:eron notar con gran sorpresa suya, y por espacio de varios días, que algunps
rnuebles del comed.:;r no guardaban, al amanecer, la ml8ma disposición en que los dejaban á la hora de acostarse.
Y la preocupación de esta idea, unida á la observación
t;NA SOXAMBt;LA.
sencill'i y siJJ malicia que una de las criadas se acercó á
hacerle cnn motivo de los ruidos ext,rru1o3 y frecuentes
/:,
i'i:E:un-día de campo, en UD festival sencillo. Ce- qne se dejaban oír en la casa á horas muy avanzadas de
lebrábamos el matrimonio de un antiguo cama- de la noche, despertó vivamente su curiosidad y puso
rada de colegio, con la hija de un rico comer- alerta el eapfritu de Eugenio, que en plena luna de
miel, se vió atacado por rudos sacudimientos de inquieciante de esta ¡,laza.
El tu,tch fué espléndido; se brindó par la felicidad de tudes y zozobras. En su alma sentía nuevamente el lade los celos.
los nuevos esposos, y, después del almuerzo transcurrie- tigazo
Mientras Lupe y la criada llenas de espanto, hablaban
ron rápidas las horas, amenizadas por el canto y por el
baile. El rubio champagne cantaba su canción de júbilo, de duendes y aparecidos con una candidez infantil, repunzando en los espíritus de aquel conjunto abigarrado, montándose á causas eobrenaturales para hallar la explicación de aquel misterio, Eugenio se indignaba sorprencon el ritmo al.-gre de sus burbujas locas.
Se lu1blaba de muchas cosas. Las conversaciones de ca- dido ante el enigma que se escondía á sus ojos y que
da gmpo giraban sobre distintos asuntos: uno11, comen- según él, se debía á la presencia de aigún hombre que
taban la animación de aquella fiesta; otros, se engolfaban intentaba manchar la honra de su mujer y pisotear su
en el piélago rernelto de discusiones de resabios filosófi- honor penetrando á sus habitaciones en horas avanza·
cos, y los más se entretenían ante el cuadro femenino, das de la noche.
No obstante que en su espíritu se alzaba la efervescenarrancando d,.l florilegio multicolor de sus sueños la frase galante di&gt; facetas diamantinas, ó el juramento de amor cia de una cólera rugiente, Eugenio aparentaba delante
medio escondido bajo el ropaje sutil de algún giro de sa- de Lupe la mayor tranquilidad y despreocupación, ti-abor epigramático. Los menos entusiastas, nos apartamos tando siempre de alejar los temores de su tímida esposa,
de la reunión en busca de aires más frescos y oxigena- á la que llegó á tra1;quilizar diciéndole que no temiera
dos. :N"os instalamos en el portal de la quinta, junto al nada; que esos ruidos y ese cambio que se notaba en los
enverjado, donde las enredaderas se desenvolvían en muebles del comedor, eran producidos por los saltos y
plieguPs caprichorns de verdura, en cortinajes de esme- carreras de algún felino hambriento que á esas horas se
ralda, que aumentaban la frescura del aire que llegaba á entregaba á sus cacerías nocturnas.
En nada culpaba Eugenio á su muJer con motivo de
nosotros en bocanadas sutiles. Allí fumábamos y charlábamos de mil tonterías que nos hacían reír; de pueriii- este negro misterio que tanto Je preocupó y en el que
daJes sugeridas ante el bullicio y la animación de la con- veía oculta la ruindad de algún hombre que profanaba
currencia que se revolvía en el modesto saloncito de la el santuario de su felicidad. Estaba convencido de las
quinta, haciendo derroches de frases rebuscadas y de ri- · valiosas prendas morales que adornaban á Lupe, y por
sas que fingían charloteos de paja1·e1·a alborotada. Y allí, lo tanto no había razones para que la hubiese culpado
·
en el mismo sitio del agreste portal donde nos hallába- en algo.
Cierta noche que Eugenio salió de su casa con el premos instalados formando corrillo, hacíamos comentarios
inofem i ,·os de la animación de aquella fieeta; veíamos la texto de arreglar un asunto de urgencia con un amigo
dicha y la alfg1·ía reflejándose en el semhiante de los des- que lo esperaba en los portales del hotel principal de la
poeados, y recordábamos las mil historias tristes de tan- población, se anduvo, como se dice vulgarmente, dando
tos matrimoni0s que, creyéndose felicee, han visto nau- tiempo al tiempo, mientras sonaba en el reloj la hora
fragar repentinamente sus dichas, en la onda negra de un que él había escogido para sorprender y castigar al infame malhechor que lo burlaba protegido por la sombra.
trágico desenlace.
Las dos de la mañana serían, cuando Eugenio se enca¡Con qné amargo entusiasmo y rectitud de juicio discurrió eneea vez el doctorcito, como llamábamos á Luis, minaba á su casa con la idea premeditada de entrará
sobre las veleidades de la fortuna y las ironías punzantes ~lla, no por la puerta de la sala, sino por las tapias del
de la vida! Sus reflexiones, hechas con un deja de infini- Jardín.
Con la agitación nerviosa que se experimenta en situata amargura y acompañadas siempre de una gran fuerza
de razonamiento, entrañaban una serie descarnada de ciones tan críticas como la en que Eugenio se hallaba, y
dolorosas realidadee, á las que dió más fuerza con 1~. na- tomando todas las precaucio~es que el caso requería, se
rración de una historia, referente á la vida de un matri- encaramó á los muros y luegc, descendió sigilosamente
monio feliz, tronchado en flor por la man'l espeluznante dirigiendo á todos lados miradas escudriñadoras. Dió algunos pasos hacia el comedor y lo primero que se ofrede una desgracia sin nombre.
Todos guardamos silencio, y Luis, encendiendo un ció á su vista, fué la opaca silueta de un cuerpo blanco
nuevo cigarrillo, principio de esta manera la narración que se movía entre la sombra.
Ante aquel cuadro abrumador Eugenio sintió en su ser
de su historia.
·
el paroxi¡;mo de una cólera rugiente; echó mano violenEn un barrio, no muy céntrico de la Villa, pero en un tamente al revolver que traía á la cintura, y acercándose
Jugar rieueñamepte pintoresco por la abundancia de su más á la visión que tenía ante sus ojos, gritó una frase
vegetación, se alzaba con graciosa coquetería, como un insultante al mismo tiempo que disparó sobre su presa,
nido de palomas, la portada de un edificio de elegante á la que vi6 caer al suelo como herida por un rayo.
Con la inmensa satisfacción del triunfo; con la vehescncille1., que contrastaba con las casas vecinas de cons•
trucción antigua, que tanto se distir.guen por su severa mencia que produjo en su sér la realización de la vensolidez y por su aspecto sombrío. Ese gallardo edificio, ganza justa, corrió con avidez sobre su víctima, y al trana el mdo amoroso de una linda pareja matrimonial. tar de reconocerla por las facciones de su rostro, retroEugenio y Guadalupe, quedespuésdecinco años de amo- cedió lleno de espanto; volvió á arrojarse sobre ella, y
res llenos de contrariedades é inquietudes, disfrutaban en la agitación tremenda de su inconciencia, estrechó
en completa calma las dichas dulcísimas de la luna de con desesperación, al cadáver, entre sus brazos dejando oír la explosión de uba inmensa carcajada. '
miel.
BENITO F¡¡;NTANEl:l.
Eugenio, que fué siempre un fiel amante, fué también
un gran celoso; pero esos celos, que tanto contribuyeron
Cosamaloapan, Agosto de 1896.
:i hacer más tormentosa y dilatada la vida de sus amores
con Guadalupe, dejaron de aguijonear aquel espíritu fogoso en el corto período de su vida matrimonial en la
ARIETA.
que fué siempre bueno, y en la que sólo tenía haiagos y
dulzuras para la mujer á quien había elegido por comToda tú eres divina,
pal'iera digna de su vida. Uomo esposo, fué un correcto
Toda tú eres hermosa,
ejem-piar ~e bondades, un ~iego enamorado de su compa¡Oh estrella adamantina!
.ñera, á quien veía, en medio de su hondo excepticiemo
¡Oh exhuberante rosa!
por la vida, &lt;'omo la única creencia, como la hermosa
Los cetros soberanos,
realidad que iluminara con las diafanidades de su amor
Las joyas imperiales,
y sus virtudes, las tinieblas que envolvieran á su espínSon adornos muy vanos
tu descreído.
En tus pálidas manos,
Eugenio nunca envidió, ni podía envidiar, la dicha de
En tus manos reales.
loe demás; porque en Lupe, como el cariñosamente la
U na coraza de oro
nombraba, tenía el manantial fecundo de todas las diCuajada de diamantes,
chas que la existencia le había negado siempre.
No guardará el tesoro
Lupe era una belleza física y moral, vaciada en el mol-El pálido tesorode_ del. car~cter de Sil esposo; e1 a fiel reflejo de sus ideas
De tus senos amantes.
é mchnac1ones, y nunca, en el corto período de su vida
¿A tus pálidas sienes
matrimonial, surgieron esos disturbio!:! y contrariedades
Quién dará una corona?
que eng~ndran los pensamientos opuestos y lo~ gusto;
Son muy puras tus sienes,
antagómcos. En esto descansaba la inmensa felicidad d"
¡Oh virgen! y ya tienes
los dos.
Un nimbo de madona!
La discreta vigilancia que ejercía coninuamente Pobre
Toda tú eres divina,
los pasos de su mujer, no obedecía á ningiin género de
Toda tú eres hermosa,
desconfianza que Lupe le inspirase, sino á la justa des
Aurora que ilumina!
confianza de los hombre~, á sus maldades y perfidias
Azucena olorosa!
.
que tanto temía como pusiese temerá las garras punY palpita en tus ojos
zantes de un chacal enfurecido. Eugenio era un eterno
El esplendor del día,
predispuesto con la sociedad, de la que se había formaY riegan armonía
do ~l .concepto más bajo y despreciable. Y esta predisTus tibios labios rojos ........ .
pos1c1ón y .desconfianza que llegó á sentir más horidáSi tu pie de alabastro
~ente arraigada durante su vida matrimonial, fué el móPisara alguna estrella,
v1 l poderoso que en mucho contribuyó á precipitarlo á
Y o llegaría hasta el astro
la Pima negra de su desgracia.
Para besar su hnella.
Eugenio tenía fé ciega en su mujer. Todo Jo sabía de
Toda tú eres divina,
~!la, menos qu~ fuese sonámbul~ Y Lupe, por desgracia,
Toda tú eres hermosa,
1gno~ab~ también e~e secreto misterioso de su vida. Por
Oh perla cristalina!
lo mismo, los dos v1.vfan tranquilos bajo el cielo infinitaOh flor esplendorosa.
men~e a1.ul de sns ~1chas y sus sueños. Pero las circunstancia de haber sido Eugenio uno de esos individuos
Jost JUAN TABLADA.
que duermen poco, y afectos á levantarse m~cho ante_s
Agosto de 1896.

AGOSTO,

1896.

23 AGOSTO, 1896.

Los .degenerados.

~

~ Auna cinta al vestido femenino para agn,gar uua.
moda en todo se mete. No Je basta quitar hoy-

~ pluma al sombrero, ni alargar las levitas para

f ~ reducir los pantalones, ni rntroducir ¡,alabras

de un idioma en otro, ni hacer que las gentes se q11eden
con tamaña boca abierta en presencia de un -¡.,elotari
fornido; tan aficionada es aquella reina y señora á la8 camisas de once varas, que la emprende con los mis1uos
achaques de la pobrecita huP.lanidad y, cuando menos se
piensa, ahi va uno nuevo.
De repente, se pondrán de moda los lobanillos y veremos á un señvr de esos que llevan en la cara hermanitoscarnales del Popocatepetl, haciendo gala de su enfermedad y dispensando miradas protectoras á los transeumee,
como quien dice:
-Ustedes no tienen este magnífico bulto sobre el ojoderecho.
Hace algun tiempo estuvo de moda la tenia. Los jóvenes de bigotes mejor atuzadoe, las damas más dietingnidas, los poetae más inspirados, los políticos más emiu.-ntes, se creían unos cualquieras si no sentían las ievolu•
ciones del bicho en sus intestinos.
Las pci·sonas bien conservadas que comían con moderación y que no sufrían mareos, eran vistas, así, sobre el
hombre, por las débiles pero capaces de tragarse de golpe, media docena de costillas á la milanesa.
Pasó,-como todo pasa-la tenia, gracias á la competencia de sus enemigos, los especialititas que ofrecían extraerla mediante algunas cucbaradas de elixires más ó
menos infalibles. Pero la moda se ha servido poner otra
el'.!fermedad sobre el tapete: Ahora todos somos neuróticos. Es decir, el lujo estriba en perder el juicio.
Un muchacho que no tenga los ojos hundidos y la cabeza como nido de codorniz y que no derrame amargaslágrimas en los torqs considerando la triste suerte de una
raza que recibe pares al cuarteo y volapi¿s en detrimento-.
de la familia vacuna, podrá ser un buen muchacho, y
agraciado, pero carece del quid divinum: la degeneración.
-Si vieras que novia tan linda tiene Fulanito!
-¿Y qué?
-Además de que su padre explota el maguey, ella es
neurótica.
-¿Neurótica?
Sí, hombre, degenerada. No hace lo mismo que hacen
las otras; á la hora de comer, duerme; de dormir, se ba·
ña, y de bañarse come. Llora oyendo «La Verbena de 1~
Paloma" y se ríe en el «Miserere del Trovador.i, Es un&amp;
chica especial.
Y si en lugar de ser chica es chico ¿quién lo aguant ?
La calle no le basta: se siente superior al Sursum, y piensa mal de las personas pacíficas á quienes encuentra al
paso.
-A este le faltan los signos característicos de la degeneración. ¡Un alma de Dios! ¡Pobre! Si le preocupara como á mí, el cambio de desenlace en «El Baile de Luis
Alonso» ......... Si pensara en la conveniencia artística qne
existe en que Luis Alonso le infiera, al final, una puí\atada á su mujer en el bajo vientre...... Esa señora? Da lástima. )Qué buen color el suyo! Se conoce que pasa uua
vida puramente animal. No ha sentido en sus fibras nerviosas la vibración de la «Serenata de Schubert, ni ha respira?º su espíritu la brisa amarilla de la nostalgia verde.
Ese¡oven? ¡Qué cara tan vulgarota!.. .... No ha oído laca·
den.cia del.rojo y del negro, ni ha palpado la músicawag•
neriana, m ha paladeado los versos deJean Richepín. ¡Noestán enfermos, luego son unos infeliceia !
Me presentaron, el otro dia, á una señorita:
-Novio, nunca he tenido. Mi pasión es el estudio. El
mes pasado, me hizo el amor un joven esplendido. Oh,
señor; no se figura qué ternezas tan azules, qué celos tan
nacarados, qué amores tan kaleidoscópicos los suyos! Mis-·
experimentos resultaron mrgníficos. Ese joven fué para·
mí un laboratorio ambulante, pero papá se empeñó en
que 6 se casaba conmigo, 6 se iba con la música á otra
parte, y-)'.a lo ve usted-me dejó plantada, con mi anál~s1s á medias. Hvy, me estudio. He obtenido ya conclus10nes asombrosas. De repente, mi alma se pone pálida:
la cruza una melancolía; otras veces, glauca: una esperanza; otras, zarca: una ilusión; si huele á incienso ó á
casulla nueva, debo ir á misa; si se abre como un abanico
chino, quiero ir al teatro ......... Todo en mí se revela por
colores, olores y músicas...... Ya Jo sé: cuando mi .alma.
entone el Requ.iern de Mozart ó una jaculatoria de la no·
vena de las ámmas benditas, sonará mi última hora.
Lo malo es que la degeneración se ha vuelto buen ne•
gocio para los enfermos y amenaza constante para lossanos.
Cantaban en el «Principal" á mis oídos y paciencia un
coro de Los Brigant;s.
-Señor, me dijo un caballero que, por su traje, parecía un agente de una agencia funeraria-¿me hace el fa•
vor de sus anteojos?
-Con mucho gusto.
Aca~ada la tanda, se levantó el caballero y, como quien
no.quiere la cosa, se llevó mis anteojos. Me disponía á
ex1g.írselos, cuando un amigo me detµvo por los faldonesdel Jacquet.
-¿A. donde vas? ¡Cuidado! Tendrías un diegusto. ~o·
ves que es un degenerado?
"! porqt~e el señor aquél est.i enfermo y yo sano, perdí
mis anteoJos.
P. EsCALANTE p ALMA.
Nuestra alma ve de a'.lmiracióu suspensa
que el campo todo el Creador inciensa,
y juzga con encanto verdadero
que es una orquesta inmensa
la gran palpitación del mundo entero.
CAMPOA~IOR.

DE V~.AJR.

l

mañ.ana estaba fría y nublada.
El Cielo, color de plomo, interceptaba los deeados rayos del sol, en una densa sábana de
nubes tempestuosas.
Faltaban cinco minutos pan. que saliera el tren de Ja
mañana.
Había en los andenes inusitado trajín
~legaban fornidos mozos de cuerda c~rgando grandes
baulee ó pesados fardos con mercancías; Jos empleados
corrían atareados dando 6r~enes ó recibiéndolas, á gritos
de sargento, y en el .venta~1llo del expendio de billetes,
se rmontona.b~ una 1mpac1ente multitud que vociferaba
y metía .b!ilhc1osa zambra, pugnando por obtener el boleto cod1c1ado.
La locomotora, inmóvil, _arrojaba ¡_&gt;or los escapes y en
chorros de vapor b.lanquecmo, la fatigada respiración de
sus pulmones de hierro.
Sonó un :&gt;ita1.o, y todos los pasajeros se precipitaron
atropelladamente á los vagones.
Y o? un~ de los primeros, instaléme cómodamente en el
amplio asiento; sub! las solapa~ de mi paletó, escondí la
ca~z~ entre l&lt;;&gt;s al!Il1donados p1 7os del cuello inglés, de.,pues, mtroduJe :mis manos ateridas por la baja temperatura en _los bolsillos df:l pantalón, ');, dejando vagar el
pe!3sam1ento á la ':'lansión ce las quimeras, envidié por
primera vez á los msoportables fumadores.
Estaba solo.
El aire seco y helado del Norte, barría una lluvia fría
y menuda que empe1.aba á caer.
Las ~otitas de agu.a se estrellaban en los cristales de las
ventam.llas, produciendo un monótono y acompasado
tamborileo.
Cerré )os oj~s, deseando inútilmente recobrar el sueño
que la !lf?lenc1a del m~lbadado viaje me había robado y
me fastidiaba antes de tiempo, pensando en el aburrimiento de ~oce h?ras de carrera en un día tan triste, sin un
buen hbro !11 c.:impañ.eros con quienes matar el tiempo en
sabroso palique.
Cofi estrépito abrióse la puertecilla, y apareció un seilor grueso y colorado como uu canónigo, condnciendo á
remolque obesa matrona, adornada como nna banderilla
y con fisonomía más apoplética que la de su caballero la
cual, llevaba á su vez, á remolque también, un perri::o' de
Puebla, que á suponer por la torpeza con que caminaba
debía e~tar ciego ó .ser más miope que su dueña que da~
á la sazon pruebas mconcusas de eu defecto visual, echando sobre el mío su cuerpo elefantino.
Cuan~o es~uvo instalada aquella pareja que seguram~nte se unió seis lustros atrás, la dama preguntó á su acompailante, acomodándose en la ternilla los gruesos queved~s de. oro y desdoblando un periódicfo cou chocante pars1moma:
-¿Ya es la hora, Bonifacio?
A
~! pregun~ado hundió la manaza de carretero en el amphs~mo bols11lo de su chaleco, extrayendo de él nn gran
reloJ de pla~a sus~ndicto al ojal por grosera cadena, y
después de mspecc1onar la carátula respondió á su consorte:
'
-Faltan dos.
La vieja suspiró, y el condenado animalejo como á un
muc~acho .á quie~ secontradice, empezó á tie'rrear como
lechon recién nacido, porque ella q•1ería á viva fuerza
acurrucarlo en su regazo.
Y o suspiré lastimosamente.
~f!!pectiva de :..n concierto canino me horripilaba.
1Decididamente era Pquel un día de oerros!
Sonó~¡ metálico repiqueteo de una campana, y entre
los p111:a¡eros rezagados, subió al departamento que yo
ocupaba, una señora. ·
¡Sola!
¡Elegante!
¡Joven!
¡Bella!
A.l abrir la. puerta, manif-6 indecisión, y, después de
va_c1lar un mstante, quizás ilaspirándole confianza mi
taimado aspecto, ocupó el lugar precisamente frontero al
que yo tenía.
Un '!_elillo moteado de lunares negros, sutil como tela
de ai;ana, cubría su rostro en transparente antifáz, y sus
cabe.los obscuros, de tono azulado y peinados de una
manera extraña, sostenían con largo alfiler japonés el
so~breril.lo de crespón gris adornado con pasamanería y
pá¡aros d1eecados.
Su vestido era de gruesa tela color de acero, adornado
-profusamente con pesados alamares y flecos negros y ostE:ntaba en el pecho una guarnición de abalor:os t~n tupida, ?orno la que llevaría en su basquiña la más bailadora ma¡a de Andalucía.
d Su. mano era pequeñ~ y s.uiJta á estrechísimo guante
e p1~l de Suecia; el pie, digno de la mano, y calzado
tan a¡ustadamente como ella.
Era de esas mujeres que avasallan los corazones, porque
11ev~n en su hermosura el cetro del amor.
C1rcuíl;l-el fleco de sus arremangadas pestafias un halo
yronunc1adamente violáceo, y una palidl'z de. fatiga ó en~rmedad, hacía más interesante la ni&gt;vada albura de su
piel, que antojál;aseme de alabastro alumbrado interiormente por nn rayo clorótico de luna.
Aq_uella b~ldad, ó había pasado una noche de amor, ó
lloró .como gimen las m~dres cuando sus niños, extiendend1o los brazos al buen Dios, entregan el espíritu al angel de
aguarda.
d Hízome creer lo primero, el continente dominador y la
efl!um_b~nte heJ"mosura de mi compañera.
té lin s1lb1do agudo, prolongado, estridente, deshecho en
nue 7auda de vapor que desgarró una ráfaga de aire,
anunc1? por poetrera vez que el tren se ponía en marcha.
Mov1éron~~ las lucientes ruedas de la humeante locomotora, cru¡1eron los topes, golpeáronse las cadenas, los
e&amp;JTo~ rodaron lentamente sobre lois carriles, y principia-

!-8

EL MUNDO.
mos á caminar con una velocidad que crecía á medida
que de la est.ación nos alejábamJs.
'
,
Yo, apare!)tabamirar el camino, y lo que en realidad
veía, era la 1ma~en de la viajera reflejada por común fenómeno de espe¡ismo en el cristal de la ventanilla.
¡El tren corría, volaba!
U!S ~rbolet1 que crecían á los lados de la vía, pasaban en
vert1gmos:1 fuga en sentido inverso al que seguía el convoy; la;s mmens~ llanuras, esmaltadas por silvestres
margantas ó amarillas flores de nabo, giraban alrededor
d.e nosotros, y algunas veces, el ruido producido por el
silbato dP! vapor, hacía volver la cabeza á alguna vaca
de ~ran cornamenta, que masticaba filosóficamente unas
espigas de zacatón.
La desconocida observaba con fijeza los durmientes de
madera que, tendidos Pimétricament.e en el terraplén, se
unían y se ae paraban como los anillos de una gran serpiente apocal.íptica, 6 los palos, que enterrados en el suelo de
cualeeau1er manera, sostenían en sus aisladores de vidrio
largos hi!~s teli&gt;gríificos,. en los qne se balanceaban comadreando a,gunas bohemias golondrina~.
Pasábamos puentes de fierro, que á los J¡,jos semejaban
grandes ratoneras de alambre; subíamos la mole atrevida
de u_n cerro para dejarla atrás y perderla de vista algunos mstantes de~puéP1 ó bien bajába~os peligrosa rampa,
escuchand~ en s1lenc1oso respeto el mtermitente resuello
de la máqurna.
En la"' faldas de las colinas 6 abrigadas ai repecho de
escarpada montaña, veíanse las casitas de los pueblecillos, r?deando carifiosas las negruzcas torres de los campananos, las verdinegras arboledas ó los plantíos de cafia, ostei;itando en su opulencia tropical los lujos de una
naturaleza fecunda, potente y casi viigen.
. Habíanse. dormido nuestros compal'ieros y roncaban á
pierna tendida como dos buenos burgueses.
. I:,a pereza de los viejos, nos colocaba en la elocuente
mtumdad de dos personas jóvenes, de distinto sexo, que
no s~ conocen, y están mny solas en una de esas horas
sent!mentale~ en qne las confidencias aletean como entu!111das avec1tae, porqnetose el viejo invierno y el cielo
gr1saceo llora muchas lágrimas de nieYe..... .
;La dama, quizá mortificada ó cohibida por mi proxi~1dad .\que yo procuraba fuese 11) menos sospechosa) suspiró tnstemente, y aparentando cansancio entrecerró los
párpados procurando dormitar.
¡Cuán linda estaba!
Sentí impu.lsos de arrodillarm.e ante ella, oprimir su
talle entre mis manm,, besar mil veces su entreabierta
boca, y decirle al desflorar mis besos:
-Abra usted loi, ojos, porque tengt' el alma á obscuras!
. 4cal!o me reciba con un.a sonrisa, pensaba yo, y una
ms1gmficante complacencia de esta señora vale más que
las caricias de todas.
Como comprendereis, mi imaginación viajaba y máe
lejos que el ferrocarril.
'
Pasall?os la estación de V ...... y en el trayecto de esa á
la .que sigue, había tocado ya con mi pie el menudo de
m1 compañera.
. Cor_ifieso ingei.uamente que lo hice en completa inconsc1enc1a de lo que me pasaba; la cercana vecindad de aquella beldad estremecía mi~ 11:ervios, enloquecfame y me
exaltabl;l- hasta las d.esvanac1ones de la locura; sus ojos
habían myectado m1 sangre de no sé qué hatchis voluptuoso, y sentía una violenta necesidad de ponerme en
contacto con ella de algún modo.
Si notó el deaorden i-n que había revueltc&gt; mi espíritu,
tuvo el talento de no aparentarlo demostrándose alarmada por loe pecaminosos pensamientos que como cohetes
e!'tallaban en mi mente.
Detúvos~ el .tren en un apeadero y bajaron los dormilones provmc1anos.
¡Quedamos solos!
Lleve la mano á mi pecho.
Latía el corazón furiosamente.
Cada minuto que transcurría, preguntábame acobardado:
-:\!e atrevo?
-No! respondía severamente mi timidez de novato en
amatorias lides, que crecía á medida que se obsecaban y
agrandaban mis deseos.
v_eí,a elevarse blan~amente el seno de la incógnita,
excitaban me las morb1deees de su cuello, el ricito de pelo que en la albeante nuca traveseaba, y ¡sus labios! aquellos pét~l?s de lis que para tel'iirse en rubí esperaban eólo
una car1C1a.
Mi situación se hacía á cada momento insostenible.
Estaba enfermo.
Movíame nerviosamente en el asiento, tosía como un
~u~rculos~, cantur_reaba óperas no oídas y varias veces
mchné hacia la taciturna el cuerpo, ¡•ara decirle seguramente una tontería.
1Empecé á andar!
Si.n duda Clailll,'endió ella mis padecimientos, porque
haciendo un regio ademán me dirigió la palabra:
-Joven.
Aquél sustantivo me hizo daño; comprendí que mis
veintidoe a~os mal representados eran la causa de que
aq.uella mu¡er no. u~~ tomase á lo serio, y sacrificando á
mi tonta suscepttb1hdad la cortesía, aparenté una distracción que robó á la prójima benévola sonrisa.
Hubo un la1go periodo de silencio.
Rompiólo al fin la dama, exclamándo con solícita benev~lt,ncia:
-Caballero.
-Reñora...... 6 ...... señorita!
-Señora.
Caravana de cortesano.
-Si no le molesto..... .
-De ningún modo.
-Diga usted ...... ¿estamos cerca de la próxima estación?
-A ella llegamos.
-Es verdad.
Calló un instante.

121
-;En ese lugar debo recibir un bulto, una petaquilla....
¿tuv1eJ"a us~ed h bondad de recogerla en la plataforma?
-Con m1 l "mores.
-Allí veo al sirviente que la trae.
Salí, Y un hombre de sospechoso talante me entregó
una cesta de junco americano.
Aqu~lla petaca, para sus dimensiones pesaba quizá
demasiado.
'
~demás, noté al tomarla un ligero estremecimiento interior.
Sosteniéndola con precaución me acerqué á la dama, y
al ~ol~carla á su lado volví á sentir en la mano la secreta
ag1taci~n, á la vez que escuchaba un lamento débil como
un vagido.
· Entonces lo comprendí todo.
Cual ,&gt;tro Moisés, en la cesta estaba un niño
Aparenté ignorar _mi descubri~iento, y 1~ prójima,
completamente enganada, me tendió con expansión las
manos:
-Grac)as, si&gt;ñor, tantas gracias!
He ol l'!da~o lo qne r~s~on?í.
.
A.que! 111c1dente t~n insigmficante revolvía mi imaginación, de suyo aficionada á forjar tragedias de las cosas
más vulgares.
Atravesábamos un gran tajo practicado en la vertiante
de escarpada :y rocal~osa 1~ontaña; á lo lejos veíase, en el
repecho de .ánda em1nenc1a, cubierta de sombríos pinares, nn llgn¡ero obscuro y redondo, como la guarida de
una fiera.
!~a miste_ri~sa q!-le con febril atención observaba el can:imo, al d1st10gmr aquella mancha negra entre las amarillentas rocas, me preguntó indiferentemente:
-Es aquello un túnel?
-Sí señora.
-Es muy largo?
-St&gt; atraviésa en un minuto ...... algo más.
-¿Y es muvobscnro?
-Como la ñoche.
-¡Ah!
Intentó abrir la ventana.
Adelanteme á sus deseos con la abrumadora solicitud
del hom~re qu.~ quiere agradará una bella.
-Gracias, d1Jo de u~a manera nerviosa.
. Entró u~a bocanada de aire fresco, que revolvió atrevido los bucles de sus cabellos.
Tomó el cesto con presteza y Jo co'ocó cuidadosamente
en su regazo.
En ese. momento el. ferrocarril taladraba el túnel como
una eerp1entb que se mtroduce en su nido
Volví hacia atrás la cabe1.a, y ella, creyindome distraído, le~antó la tapa de ll;l- famosa petaca y besó con furor
la !u.b1a cabeza de un 01ño que sonreía entre pafiales exquisitos.
Llegamos á la mitad del túnel.

... ~"¡"·,;~· j~;;;~~t~ ·¡i¿¡ ·¡;;q;;~fi~:·:.-.-:.:·;;::::::.--¡"i"~~g~Í ::::::::: ·~¡
rmdo e:xtral'io que producía su cuerpecillo al estrellarse
en la piedras del terraplén.

:.. ~i"_~~i;;P~~.~;;~~;g¡~.;;;¡ .i.~t~iig~;;~¡"~· ~;;· ¡;·~. ·~t~;;i~"a"~i
1d1otlsmo, pob!?se m1 mente de macabras visiones, y com&lt;;&gt; en Uf!ª vas1¡a se mueven los infusorios del vinagre,
ll.lil hor~ugueaba!J e.n las celdillas de mi craneo muchos
pensamientos crm11nales ........ .
. Se?tf que de lo más oculto de mi eér rnrgía nna rebelión rnmens.a, que la cólera, el perdurable dragón, se retorcía 1:n mis en~ral'ias ~!"rojando espumarajos de rabia,
oí el gnto de 19: rnocenc1a, que pedía venganza, y sin saber por qué, mis manos SP. crisparon, ansiosas de estrangular un cuello de alabastro......
·

... j ",i~gó.¡~· ¡;;~ ·;¡~¡~~t~;;;~~i~: ......................................

Bnsqué el cesto.
¡Había desaparecido!
. El _hor~endo drama, no fué un parto de mi enferma
1magrnac1ón, era. verdad.._. ... la delincuente estaba allí•.•.
el .cuerpo del dehto asper¡aba en sangre la tierra del camrno!
¡Delatarla!
Para qué?
Aqnel eepí:itu ensombr~cido en la maldad, no podría
llor9r las glorificantes lágnm'.ls del sufrimiento.
Hay corazones de acero, que nunca combustionan las
afecciones del alma, por que están forjados por Satán en
las fraguas del Averno............................................... .

i ¡~·~-i~¡~·.;;.-,·;;

...iii~é
~~~~~"r"~.~~~· ~·~· g~~~¡~ "ci~ "a"~ ;;~~-~=i;·.
servando un fértil valle entre cuyas arboledas se deslizaba el tren.
-Hermoso paisaje, me dijo.
-Muy bello, en verdad.
Media hora de silencio, sólo interrumpido por el ruido
de los carros al rod.ar sobre las férreas paralelas.
Al llegar al térnuno del viaje inc!inéme hacia mi compañera haciendo un saludo, al que ella no contestó; creyen~o entonces que no me había visto, repetí mi ceremoma.
La misma indiferencia.
Acerquéme un poco para decirle algo, y ví sus ojos
fijos y vidriados.
Se había desmayado.
Cmo B. CEBALLOs.
.Agosto de 1896.

4

EPITAFIO
Es página dd libro de la muerte
esta losa sombría! ...... .
¿Qué escribirán
los huérfanos eu ella?
.
U n poema mmortal---¡Ay madre mía!-...
Agosto de 1896.

Josll: M. BcsTILLos.

�122

23

EL .MUNDO.

AGOSTO,

1896,

23

AGOSTO,

1896.

EL.HUNDO.

La esquila volt¡jéa, tintineando. Ha soltado la lengua, porque es dia de fiesta, la
buena comadre emparedada; y ahoga con su estruendo la batahola de lo!! gorriones
plebeyos que campan por sus respetos en los techos clareados.
En la vereda culebreante que conduce al convento, hormiguean los fieles que van
á misa: muchas aldeanas endomingadas, haciendo crugir su rebozo de 1::olita tramado,
que huele á hilaza crudl\.

MEXICO INDUSTRIAL.

***

Hoy que estamos ciertos de que EL Mu;,mo circula bastante fuera de nuestro país,
nos proponemos publicar en algunos números, viEtas de las principales casas inclnstriales dti la República, para ayudar en lo posible á que los extranjeros tengan cabal
concepto de nuestro estado de progreso. Creemos que esta es obligación de todo periódico mexicano, que tenga la oportunidad de ser leído fuera de México. Comenzamos, dando á conocer una de las más antiguas imprentas.
Es esta la casa de los Seftores Francisco Diaz de León Suce~ores, la cual fué fundada hace 39 años, habiéndose establecido en 1892 la Sociedad .\.nónima que bny la
posee.
Los talleres de la Sociedad Anónima Francisco Diaz de León l'iucesores se encuen•
tran establecidos en.la esquina de las calles de San Juan de Letrán y Rebeldes, y están
en su totalidad formados, movidos y disr-uestos con elementos, capitales y eneigías
exclusivamente nacionales.
Con el fiu de fomentar esa Sociedad Anónima, el Sr. Díaz de León aumentó sus
m1iquinas, qu~ ya de por sí eran abundantes y formó así magníficos talleres, cuyas
fotografías ilustran estas notas.
Podemos mencionar entre dichas labores, las siguientes: todo género de impresio.

Jfosr¡ueta ha improvisado un caballete con P.yuda de un armatoste viejo, en un

·. ~
t

,

RRIBA un derroche de terciopelo azul.
~ Abajo toda la gama del verde, un verde vicoso que va desde el acero de los
~
~~isauces
«acribillados por el sol,» hasta el matiz negruzco de la arboleda que re ·
.,..~ corta la lejanía indecisa.
Los magueyes cenicientos, combando sus trian'gulares pencas dentadas, antójansele
á la fantasía ultra-caprichosa del poeta, coronas de melenudos reyes colosos, regadas
en el campo despué1, de una vieja lucha épica, y los arados rotos que aquí y abf yacen
atravesados en los surcos, fémures de trogloditas, exhumados por el tiempo.
El .Ajusco dibuja, allá lejos, su cresta caprichosa, en el fondo tímidamente azul del
cielo¡ rey es y señor de la st&gt;rraaía que, rompiéndose á intervalos, deja que la mirada
se aventure por extensas zonas del plan redondeado por el horizonte.
El con \·ento de Churubusco yergue sus muros veteranos que el Cuarenta y siete
asperjó de plomo, en medio del paisaje: aquí la torrecilla ,,con su caperuza roja,» ahí
la bóveda con su birrete leproso¡ patios en ruinas, que limitan portales obscuros, estancias manchadas á,-trechos.de a:mlejos: mosaicos rudimentarios en que árboles oblon·
goe, muestran constelaciones informes de frutos¡ corrillos sombríos con estrechas ventana., de palomar y desgarbadas puertae en cuyos dinteles hay sentencias bíblicas¡ escaleras semiderruidas, con amplios descansos y en los lienzos que los limitan, grandes cuadros murales donde lo vago y apagado de las tintas acrece lo macabro de los
rostros perfilados de ascetas que oran ó agonizan, hacen milagros ó se transfiguran.
Muchas parásitas en los patios, entre las lajas húmedas, y rompiendo la uniformi,dad melancólica de su verde enfermizo, maravillas de oro, margaritas silvestres y flores de calabaza.

ASONANCIAS.
Hay aL ún episodio de mi vida,
Episodio infeliz, naturalmente,
Qne en su admirable sencillez ostenta
La sencillez siniestra de la muerte;
Es una triste historia. ¡Oh, sí, bien triste!
Y ea vulgar: un carifio que se muere,
Una hoguera sofiada que no arde,
Un lirio enfermo á quien mató la nieve.

·························································
«P~nsando
en t(, mis ojos han mirado
"El semblante huesoso de la muerte,
,,Su descarnada boca se reía
«Con risa inmóvil. Instintivamente
«He mirado la vida y he sentido
11Un extraf\o terror: la ví perderse
«En la nocue sin fin, mientras reía
«La descarnada boca de la muerte.11

~:i~~:i·?~~i~~~~jf~f·;~~~:···

-Y no ha salido aún.-Sentí la angustia
Desgarrándome el alma con los dientes,
Y como si la mano de un cada ver
Tenaz á mi garganta se adhiriese
En un supremo t-Sfuerzo. Ella decía
Con voz vivificada por la fiebre:
"Tú vas á prometerme que, si acaso
"La muerte me acaricia, serás fuerte
«Y sabrás conservar, con mi recuerdo
«Tu vida de 'dolor, para quererme
••Como me quieres hoy, cuando la tierra
,,Humedecida por tu llanto, enjendre
••Floraciones salvajes con los jugos
VINO LEGITI:M:O DE UVA..

patio: el más enmalezado y quieto.
Desde el sitio escogido, se columbra una ala de la planta alta del edKicio, una sección de dombo y un flanco de torre; después ...... mucho azul.
El sargento que cuida del hospital anexo al convento y que, ol\'idado de las leyes
de Reforma, duerme ahí, bajo el mismo techo que el padre cura; un dieguino pequefiin, perennemente risueño bajo la escarcha de sus cabellos; el Fargento, alto, atezado,
maduro, de bonachones ojos bovinos. tiene los pinceles de .:\Io~queta, la artista caei
impuber, de tez de un moreno leve, ojos de obsidiana y flexibilidades infinitamente
harmónicas.
Ella es la sola nota juvenil y lozana en el ambiente impregnado de un ascetismo
arcaico y melancólico del recinto..... , Oh, sí! en el ambiente impregnado de un aace•
tierno arcaico y melancólico del recinto, ella es la sola nota juvenil y lozana ....... ..
No lejos, el maestro, un acuarelista italiano de oscuras pupilas soñadoras y ensor•
tijada cabellera romántica cuyo castaño umbrío rompen algnnas hebras blancas, sigue
con la mirada el camino del pincel travieso que ora deja un toque de luz sobre un fQn•
do cromo, ora delinea una cornisa, ora deslíe un azul demasiado vivo ó poni~ la mancha
negra de una ventana sobre la zona blanca y granujienta del papel.
La mano de falanjea prolongadas-mano patricia!-de la arLista, camina segura.
El paisaje se desprende, con encantadora indecisión á las veces, á las veces neto y preciso: el maestro hace un gesto de satisfacción y el sargento una 1~ueca de ingenuo
asombro.
Diría algo si el italino no estuviese ahí.. .... algo que le retow
por brotará los gruesos labios etíopes ........ .
De pronto el maestro se aleja para estudiar una perspectiva. El sargento entoncea
estalla. Sus brazos subrayan la frase con movimiento de aspas de molino:
-Nif\a-dice, en tono que preti&gt;nde ser confidencial-pos naté ha de dispensar, pero
eso (y señala con énfasis el boceto)-eso ...... nada tiene que pedirle al .1füter.
RI pincel echa á correr nerviosamente, á través del paisaje esquiciado.
¡Qué sargento este!
La frase ha caido en gracia á la artista, cuya garganta deja oír el leve campanilleo
de plata de una risa á la sordina.
•El mi.~lfr sigue estudiando su perspectiva: troppo bel/.a! troppo bella!
Y en rededor, en el claro-obscuro Je los portales, las sombras de los buenOJI frailes pensativos, sonríen ........ .
AMADO NERVO.

Agosto de 96.

«Que hayan brotado de mi cuerpo inerte,,
...... ¿Y después? Una antorcha que se apaga,
Un lirio muy enfermo que se muere,
Una luz que se va, y en las pupilas
Deja un asombro intenso.... para siempre....
•

¿Lo recuerdas, mi virgen? Desde entone.es
Tu cuerpo está dormido; pero vienes
Para inyectarme con tus besos mu.irtos
Ese extrafio calor que me sostiene '
En rui lenta agonía. Yo sé que llegas
Cabalgando en los hilos transparentes
De los rayos de luna, á levantarme
Cuando mi alma decae y desfallece.
Sé también que me quieres todavía,
Que son míos tus ensuefios, como siempre,
Y que me esperas, ·para amarme mucho
En el tálamo inmenso de la muerte.
Y .... ya lo ves, el tiempo, el insaciable
Devorador de vidas, el que extiende
Los licores opacos del olvido
En los tristes recuerdos transparentes,
No ha podido, en su esfuerzo continuado
Enturbiar tu memoria; inútilmente
Se empef\a en alejarte, y ni un detalle
De tu recuerdo inmaculado mueve.
Loa días de mi existencia solitaria
Al ir huyendo, en rápidos tropeles,
Dejan en las arrugas de mi rostro
La huella de sus dedos; pero siempre,
Hoy, como ayer, ,11is ojos te acarician,
Y las últimas lágrimas que tienen
Evaporan en torno de tu imagen
Como una ofrenda póstuma y perenne.

Champagne Codorn1u.

Mi religión es tu inmortal cariño;
Sagrada réligión que me promete
Entregarte á mi loca idolatría
En el tálamo inmenso de la muerte.

........................................................ .

Ya pronto, virgen mía, nos veremos;

Mi corazón, cansado, se extremece
Cuando pienso que pronto serás mía,
¡Completamente mía.... y para siempre!

Agosto de 1896.

.A~'TENOB LESOANO.

!SIEMPRE!
través del abismo y de la cima,
pesar de la cima y del abismo,
Me persigue tu imágen tentadora
Como un bello espejismo,
Yo quisieraolvidarte...... Y. no...... no puedo.....•
No puedo ahogar deseos ni visiones,
¡No vive quien mató dentro del alma
Eneueftos é ilusiones 1
Y soy para tu awor ¡dicha imposible,
y son tuyas fé y alma..... .... ¡desdichadas!
y amo tus ojos, seductores ojos,
Aunque sean para otro tus miradas!
Perdóname...... no me odies ...... se elocuente
Para quien se contenta con tu alianza..... .
¡Quiero poder leer en tus pupila@
¡Que existe la esperanza!
E. MAQUEO CASTELLANOS.
Agosto de 1896.
.A

.A

123

FACHADA DEL liSl'AbLECDtlll:1n'O,

UN:A. PIANISTA EMINENTE.
En vida acaba de recibir grandes honores, la artista
•eminente lady Hallé, viuda del gran pianista sir Carlos
Hallé, cuya pérdida lamentaron no hace mucho tiempo
loe entusiastas partidarios de la música eelecta en la Gran
Bretafta. Como Clara Schnmann, fué lady Hallé aman.
t(sima. companera y colaboradora de su:marido, y con él
recorrió muchos países para compartir los ruidosos triunfos que obtuvieron. Como Clara Schumann, ha llegado
lady Hallé á se~ una ~espetable veterana en el arte; y
ahora, al cumphr los emcuenta afio~ de su ingreso en la
-&lt;'.arrera musical, al llegar el momento de sus bodas de
·oro con el pent11grama, la aristocracia inglesa ha hecho
un elocuente alarde de admiración y respeto hacia ella.
En breves días se recogió por subscripción una suma de
·ocho mil duros. Sus admiradores, reunidos en llfarlborough-:House, bajo la presidencia del Príncipe de Gales,
1~ rnv1aron con una delicada misiva, un cofrecillo de oro
cmcelado y guarnecido de turquesas, que encerraba un
·-cheque de 2,500 duros y el título de propiedad de una
finca, hotel y jardines que han adquirido para ella en
·1:reviso, en la Italia del Norte. A.sí obsequia la arietocra·c1a del buen gusto y de la inteligencia á las compafieras
d? loe grandes artistas, á las artistas inspiradas, de limpia Y ~onesta vida y de envidiable fama, á las que en
?tros tiempos ha debido la complacencia de saborear las
mcomparables delicias de la música exquisita. Así se
honra .á sí misma la sociedad culta, no consintiendo que
loe art1Stas, al llegar al periodo triste de la vejez, en que
iodo es soledad y penuria, vivan y mueran olvidados y
sin el decoroso amparo que, por el recuerdo de S'lS ex·cepcionales cualidades, merecen.
DEPARTAMENTO DE CAJAS,

nes tipográficas y litográficas, encuadernación, rayados,
ilustraciones y cromos.
Los talleres están divididos hábilmente en grupos que
regentean hombres entendidos.
Cuatro anos lleva ya de estableci:la esta Sociedad, y no
obstante que los negocios en general han atravesado por
crfsis penosas, que exigen actividades sumas para contrarrestarse la laboriosidad, honradez é inteligencia de
los socios que tienen la gerencia del establecimiento, unidas al favor del público, han logrado que el crédito de
la negociación aumente cada dia más y más y que por
ende, los beneficios logrados cada ano, permitan la repartición de un dividendo regulará los accionistas.
Creemos que esta casa y otras del mismo género que ee
han fundado en la República, y que merced á eu laboriosidad Y empefio ban lo1rado perfeccionar sus trabajos,
bastarían ya para satisfacer ventajosamente todos loe pedidos nacionales, con ventaja positiva en el costo, sobre
10s que se hacen en el extranjero.

SAN SEDUR:NI DE NOYA (Espafla,)

La casa Díaz de León Suce,or, en su prolongada pr:ictica, ha merecido ya muchos elogios de impresore.;; de
nota del extranj,iro, pudiéndos,.. mencionar entre ellod ,.
los sefiores J. Johnson de Filadelfia y á notable:1 ilupreeores de .Alemania y Francia. Además, en va1·ia~ exposiciones nacionales y extranjeras han obtenido lo~ trabajos de la cuestionada casa, menciones honoríficas y tnEJ•
dallas de oro, plata y bronce.

PRE~IIO EXTRAORDL-.,AUIO del )llnlst,erio de Fomento al mejor viticultor y vlnlcultor de España (lti&amp;l.)
DOS MEDALJ..AS DE ORO en la Exposición de Barcelona (1888.]
DlPLO~I.\. DE no::s-on Y GRATITUD del Imtituto Agrícola Catallin de san Isidro, en la de Vino:; Tipos para los mercados extranjeros (18'.l'.l.]
Medalla de oro en la rle .Amberes 1~. }
Medalla de oro en la de Amsrerdam 18'.):;.
Represen tan te en la República Mexicana:
Medalla de oro en Jade Burdeos 1895.
·
Gran DI ploma de honorenladeMaullalS'.l5.
CALLETANO FELIU-Calle de Tlburcionúmcro2 y San A¡¡ustln número 1. [Apartado.588.]
Dl!SPACBO.

De los talleres y oficin:ie del establecimiento han Ealido empleados hábiles muy solicitados, que han lle,·ado á

�124

EL MUNDO.

23

AGOSTO,

1896.

•

TOMO:II

M.EXICO, DOMINGO 30 DE AGOSTO DE 189fl

•

NUMlllR09

SALÓN DE PBEZ-SAS Y ENCUADERNACIÓN.

muchas partes de la República no despreciable contingente para el adelanto tipográfico.
Para concluir, daremos los nombres d.e las personas que
forman el Consejo de Administración de la Sociedad y
de sus principales ~mpleados:
.
Presidente y primer vocal, Sr. Gabriel Rodríguez y
Cosfo.
Segundo vocal,' Sr. Pedro J. Peniche.

Tercer vocal, Sr. José S. Ponce de León.
Comisario, Sr. Juan Aguilar Vera.
Director de la tipo~rafí~ y e~cargado1 ~r.. Ignacio Guerrero á quien por @u rnt1:Jhgenc1a y labonos1dad, se debe
en g~n parte el rápido progreso del _establecimiento.
Director de la litografía, 8r. H. Iriarte.
La casa Díaz de León Sucesores es un testimonio más
de lo que puede obtener la perei~vf:rancia en el trabajo y
constituye un modelo.que debe mutar!e.

Su Majestad el Periodista.
(FRAGMENTO )

Hay un artículo de Alejandro
DumM (hijo) qne es una obra
maestra de inteción y de agudeza: el periodista pinta á maravilla los decaimientos y las tristezas y combates de ese pobre sér,
sujeto á los caprichos de un tirano q11e tiene cien cabezas y
cien bocas, y cuya tornadiza ad•
miración gira tan rá.pidamente
corno las ruletas. Nada le pertenece, nada es suyo: e] público
Je paga para saber los pormenores de su vida, las intimidades
de su pensamiento.
Y es preciso que todas las mañanas, como todas las noches,
el actor entretenga al público,
le hagareír611orar, segun lo pi•
de la situación, aun cuando el
desaliento le entumezca ó la tristeza anuble en cerebro.
F,s preciso que 1 consecuente
con su p!ipel, dogmatice en el
gran editorial 6 culebree en la
traviesa gacetilla¡ el cajista Je
aguarda, los prensistab. esperan,
las letras de plomo Je llaman
desde sus celdillas, y el lector
exige el pan de la curiosidad y
la bebida del escándalo. Es la
bestia que gira eternamente en
el arrastre 6 en la noria. Cnando eetá vieja, enferma ó fati~ada, la dejan perecer en un rm•
eón.
No hay suplicio ninguno comparable al que padece el perio•
dista. El carpintero, el sastre 6

¿Quién posee la ciencia encblopédica bastante para.
ser un perfecto pniodista? En Europa, el trabajo intelecreglas de su arte; pero el periodista tiene que ser no sotual se distribuyó couforme á las aJ)titudes y saber de
lamente el lwmo duplex de que habla el latino, eino el
cada uno. Este dieerta sobre la polít1ca, ebe examina las
hombre qne, como los dioses del Walahlha, pueden parr.nestionea económicas, aquel juzga las obras literarias.
tirse en mil pedazos y quedar enteros. Ayer fué economisNinguno invade los duminios de otro, cada cual tieneeua
ta, hoy es teólogo, mafia.na será. hebraizante ó tahonero.
posesiones perfectamente deslindadas, y es filósofo, 6 críEs necesario que sepa como se hace el bupn pan, y cuático, 6 político, ó tinanciero, 6 estratégico, 6 jurisconsulles son las leyes de la evoluc:üón; no hay ciencia que no
esté obligadoá conocer, ni arte cuyos secretos deban ser to, ó médico, 6 poeta. Entre nosotros no sucede así: el pe. riodista es uno y es diez mil. Es preciso que resuelva la.
ignorados por su ent'.mdimiento.
crÍ!iis económica y que tenga recetas para P:anar los cat.aLa misma pluma con que anoche dibujó la crónica del
rros;_ que anuncie si lloverá al siguiente día y que indibaile ó del teatro. le servirá para trazar ahora un artícuque los medios oportunos para combatir la filoxera. EHta
lo sobre ferrocarriles ó sobre bancos. Y todo esto sin que
p_aamosa ciencia enciclopédica fué posible en los felices
la premura del tiempo le permita abrir un libro 6 contiempos de Pico de la Mirando la. A medida que las ciensultar un diccionario: ¡al coche! ¡al coche! los pasajeros
cia se han ido desarrollando y extendiendo, se han hese atropellan, las maletas se abren 6 se caen, los brazos
cho imposibles esas grandes generalizaciones. Estamos
se desnudan, el silbato suena y el tren parte sin aguaren la época de los especialistas. Sólo el periodista tiene
dar ni una hora, ni un minuto.
por fuerza que conocer, siquiera superficialmente, la escala
toda de ]os conocimientos humanos. Sólo él tiene que ser
músico y poeta, arquitecto y
arqueólogo, pintor y médico.

el pintor, pueden conformarse con conocer principios y

MANUXL GUTIERREZ N.ÁJERA.

~
LA MUJER-

DEPARTAMENTO DE LITOGR.AFIA,

La mujer que no ha Eido
educada solamente parae:er un
adorne, 6 un objeto de lujo, la
mujer que ha sido suficiente
mente inatruida para convertirse en la compañ.era. útil, y
en caso dado, la colaboradora
del marido, que ha de~anolla•
do su inteligencia por medio
de una educación sólida; que
ha sabido atraer á. sí amigos,
por el encanto de su espíritu y
por la delicadeza de su cora•
zón; que ha sabido componer
un salón, del eual es la verdadera soberana¡ la mujer, que
ha sabido ser el p:rimer médico y la primera imtitutriz de
su hijo, que ha eabido dirigir
. ese gran roinisterio que se lla•
ma el hogar doméstico y representar ese papel tan complejo
de esposa, de madre y de mu•
jer de mundo, esa es la mujer
q·ue afirma su verdadera superforidad, ea la que nos dará.
mujeres que lo sean verdadera•
mente, ejerciendo una autori·
dad sólida y durable, y adquiriendo de nuevo en la sociedad una inflnencia que casi.
babíall penlhio.

'

Nemeo 1 _9.ulieta.
De la colección de grupos del Lic. Requena, premiada con medalla de oro en el conc:irso fotogr.Hico de "EL MUNDO "
[Grabauo en ks talleres d•"EL MUNDO,")

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>124

EL MUNDO.

23

AGOSTO,

1896.

•

TOMO:II

M.EXICO, DOMINGO 30 DE AGOSTO DE 189fl

•

NUMlllR09

SALÓN DE PBEZ-SAS Y ENCUADERNACIÓN.

muchas partes de la República no despreciable contingente para el adelanto tipográfico.
Para concluir, daremos los nombres d.e las personas que
forman el Consejo de Administración de la Sociedad y
de sus principales ~mpleados:
.
Presidente y primer vocal, Sr. Gabriel Rodríguez y
Cosfo.
Segundo vocal,' Sr. Pedro J. Peniche.

Tercer vocal, Sr. José S. Ponce de León.
Comisario, Sr. Juan Aguilar Vera.
Director de la tipo~rafí~ y e~cargado1 ~r.. Ignacio Guerrero á quien por @u rnt1:Jhgenc1a y labonos1dad, se debe
en g~n parte el rápido progreso del _establecimiento.
Director de la litografía, 8r. H. Iriarte.
La casa Díaz de León Sucesores es un testimonio más
de lo que puede obtener la perei~vf:rancia en el trabajo y
constituye un modelo.que debe mutar!e.

Su Majestad el Periodista.
(FRAGMENTO )

Hay un artículo de Alejandro
DumM (hijo) qne es una obra
maestra de inteción y de agudeza: el periodista pinta á maravilla los decaimientos y las tristezas y combates de ese pobre sér,
sujeto á los caprichos de un tirano q11e tiene cien cabezas y
cien bocas, y cuya tornadiza ad•
miración gira tan rá.pidamente
corno las ruletas. Nada le pertenece, nada es suyo: e] público
Je paga para saber los pormenores de su vida, las intimidades
de su pensamiento.
Y es preciso que todas las mañanas, como todas las noches,
el actor entretenga al público,
le hagareír611orar, segun lo pi•
de la situación, aun cuando el
desaliento le entumezca ó la tristeza anuble en cerebro.
F,s preciso que 1 consecuente
con su p!ipel, dogmatice en el
gran editorial 6 culebree en la
traviesa gacetilla¡ el cajista Je
aguarda, los prensistab. esperan,
las letras de plomo Je llaman
desde sus celdillas, y el lector
exige el pan de la curiosidad y
la bebida del escándalo. Es la
bestia que gira eternamente en
el arrastre 6 en la noria. Cnando eetá vieja, enferma ó fati~ada, la dejan perecer en un rm•
eón.
No hay suplicio ninguno comparable al que padece el perio•
dista. El carpintero, el sastre 6

¿Quién posee la ciencia encblopédica bastante para.
ser un perfecto pniodista? En Europa, el trabajo intelecreglas de su arte; pero el periodista tiene que ser no sotual se distribuyó couforme á las aJ)titudes y saber de
lamente el lwmo duplex de que habla el latino, eino el
cada uno. Este dieerta sobre la polít1ca, ebe examina las
hombre qne, como los dioses del Walahlha, pueden parr.nestionea económicas, aquel juzga las obras literarias.
tirse en mil pedazos y quedar enteros. Ayer fué economisNinguno invade los duminios de otro, cada cual tieneeua
ta, hoy es teólogo, mafia.na será. hebraizante ó tahonero.
posesiones perfectamente deslindadas, y es filósofo, 6 críEs necesario que sepa como se hace el bupn pan, y cuático, 6 político, ó tinanciero, 6 estratégico, 6 jurisconsulles son las leyes de la evoluc:üón; no hay ciencia que no
esté obligadoá conocer, ni arte cuyos secretos deban ser to, ó médico, 6 poeta. Entre nosotros no sucede así: el pe. riodista es uno y es diez mil. Es preciso que resuelva la.
ignorados por su ent'.mdimiento.
crÍ!iis económica y que tenga recetas para P:anar los cat.aLa misma pluma con que anoche dibujó la crónica del
rros;_ que anuncie si lloverá al siguiente día y que indibaile ó del teatro. le servirá para trazar ahora un artícuque los medios oportunos para combatir la filoxera. EHta
lo sobre ferrocarriles ó sobre bancos. Y todo esto sin que
p_aamosa ciencia enciclopédica fué posible en los felices
la premura del tiempo le permita abrir un libro 6 contiempos de Pico de la Mirando la. A medida que las ciensultar un diccionario: ¡al coche! ¡al coche! los pasajeros
cia se han ido desarrollando y extendiendo, se han hese atropellan, las maletas se abren 6 se caen, los brazos
cho imposibles esas grandes generalizaciones. Estamos
se desnudan, el silbato suena y el tren parte sin aguaren la época de los especialistas. Sólo el periodista tiene
dar ni una hora, ni un minuto.
por fuerza que conocer, siquiera superficialmente, la escala
toda de ]os conocimientos humanos. Sólo él tiene que ser
músico y poeta, arquitecto y
arqueólogo, pintor y médico.

el pintor, pueden conformarse con conocer principios y

MANUXL GUTIERREZ N.ÁJERA.

~
LA MUJER-

DEPARTAMENTO DE LITOGR.AFIA,

La mujer que no ha Eido
educada solamente parae:er un
adorne, 6 un objeto de lujo, la
mujer que ha sido suficiente
mente inatruida para convertirse en la compañ.era. útil, y
en caso dado, la colaboradora
del marido, que ha de~anolla•
do su inteligencia por medio
de una educación sólida; que
ha sabido atraer á. sí amigos,
por el encanto de su espíritu y
por la delicadeza de su cora•
zón; que ha sabido componer
un salón, del eual es la verdadera soberana¡ la mujer, que
ha sabido ser el p:rimer médico y la primera imtitutriz de
su hijo, que ha eabido dirigir
. ese gran roinisterio que se lla•
ma el hogar doméstico y representar ese papel tan complejo
de esposa, de madre y de mu•
jer de mundo, esa es la mujer
q·ue afirma su verdadera superforidad, ea la que nos dará.
mujeres que lo sean verdadera•
mente, ejerciendo una autori·
dad sólida y durable, y adquiriendo de nuevo en la sociedad una inflnencia que casi.
babíall penlhio.

'

Nemeo 1 _9.ulieta.
De la colección de grupos del Lic. Requena, premiada con medalla de oro en el conc:irso fotogr.Hico de "EL MUNDO "
[Grabauo en ks talleres d•"EL MUNDO,")

�•

30

EL MUNDO.

126

AGOSTO,

1896.

pul:"b\c, ei::paünl nbriguPmos ..-ierios tem~res para lo porvíctimas cansadas pol'los paíl!escon quienes ha
la
\'enir. s~ t.ra.ta. J~ la 1:11t.uac1ón august10sa de laa fuian.. EL MUNDO."
República, sería indispeneableqnell.l lOOode h,s origma
zas eepaliolui!.
. .
8D.ANJ.Bl0 ILUSTRADO.
por la guerra del 47, pu!!iera las cau!!adas po_r Eapa~a en ís
No en vano un te~oro q~e en poqu1s1mas y contadae,
T•léfono434.-Calle de Tiborcio nlim. 20.-Apartado 87 b. época de la lndepenJencia y lae qu~ FrancmcaUJ:iO al pa
ocasiones ba llt•g:ulo il 1:"QU~l.1.~rar su~ _gastos y á suprimirduraflte la intervención.
r siqniera en ~• pa pt&gt;I ~,1s dt:fo:1t trad1c1~mal_ea, se ve obli-•
JIOXIOO.
Y de est.e modo México se vería obligado á sostene
ga&lt;lo á cubrir el pri::supuesto extraordrnario de una camToda la coneepÓndencia, debe dirigtn¡e
su odio contra est1.s naciones, viviendo en un E:9tado dde paña costosa; no ;•n \'~n~. un erarib al qu_~ se priva de UD&amp;.
al Gerente de este periódico.
guerra permanente, de paroxismo iracnndo, de ira per u- de sus rentas .ma~ µ111gut'S se ve pr~1sado á atenderá
rabie que se sueederia de generación en generación como gastos no previstos q11e vacía~ las ca1as: el resultado ha
La saecrición á EL MUNDO vale $1.25 centavoa al mes, un !egttdo siniestro.
.
.
. ·
sido el que por natll'·al y preciso orden de las coaas de-.
T ee cobra por trimestres adelanthdoe.
Afortunadamente para la humani&lt;lad. f'fU\ actitud im- bía de sobrevenir.
Números sueltos 50 cent.avos.
placable no se sostiene, y t::l tiempo, ese búlrnmo de tod_os
Limitados 101:-1 r~cursos que la producción proporciona.·
AvisOB: á razón de $30 plana por cada publicac:hn.
]os dolore@, se enc1uga dé Ferenar lo~ esp_fritus, de aq~tetar los áuimos, de encauzar las conc1euc1us por senderos á. las reales arca"', por viruid del estado de guerra· caai.
Todo pago debe ser. precisamente adelantado.
agotado el iD.anantia l que en la revuelta Antilla 'daba
menos tortuosos.
B.BGIBTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE,
E11 preciso ser más serenm~ en el 1&gt;jercicio d_e !1ues~ra no escasa renta á la metrópoli; recargado el ordinarioconducta rmcial si desea1nos tRner un puesto distinguido presnpuesto con la suma de mií.s de treinta millooea de,
pesetas, que exige el sost,enin.iento de las fuerzas de mar•Altentes exclusivos para los Estados Unidos y Cana- en la escala de la vida ci vi\izada.
y tierra que operan en Cuba; cercenadas ultra-económidá. 'the S~ia American Newspaper ~ompany, 136 Licamente las partida!:! de, loe gui:;tos comunes, no adscritq.
berty St. New York, E. u.)I
i\. los Ministerios de la Guerra y de las Colonias, el gopolítiCtl µ05itiu11.
bierno que prei:ide tl Sr. Cánovas se ha ,•isto impulBad.o
para allegar nuevos recursos, ií celebrar contratos oneroaoat
-Todo hombre político tiene do~ repntacione8.
.
'
-Cesad de 1:.1er el escfavo de un partido, y 0::1 converti~ ';lUe salvan por de pronto la angustiada situación.
. El Banco de Espafta, snpt-na de tocar á las puertas de,
réis en el d~ertor.
íos amigos. q los pueslos pí1blicos.
-Entre artversarios políticos, de la previsión se. hace la bancarrota, no podía ni puede ayudar al Gobierno, dia.,
minuyendo sus existtincias en metálico y aumentando,
á menudo nn crímPn.
Es un gastado tema el de acusar á los gobiernos de fa-·
-La verdadera habilidad, es el cumplimiento del de- locamente su circulación fiduciaria; !os establecimiento&amp;
de crédito extranjeroe, validos de la situación, han e:r.ivorecer á los a,niqos llevá.ndolos á. los put&gt;st&lt;;i8 pú.blicoo.
h"
Sobre eeta'mater1a se ha derramado mucha tinta y se se- ber.
-El periódico es la t&gt;Pcuela d~ la ambición; la 1st9- gido garantías fabulosas, y como quiera que el elemento.
oficial, ha remado constantemente tratar con los insuguirá. derramando, probablemente.
ria ea la escuela de la política.
No hace todavía un afio que el Mundo recogía el editorrectos mientras se hallen en est.ado de guerra, se ha visto.
Juuo S1MóN.
rial de nn colega, en el que se hacía uso de razonamientos
obligado á empeñar sos o::iAs cnantiosaa rentas, las del
parecidos á. los que hoy se abandona otro diario de la C~tabaco y de las mina.'i de Almadén, para t~mer un mopitnl. ¿Por qué la aJministración aprovecha los elemento;;
mento de respirO.
amigo~ en loR puestos públicos? Y ahora como entonces,
Dábil, estéril é infructuoso sacrificio, porque los poc01
coniee.ta. f'I ]fundo á. este reproche dirijido, n_o á. este gomillones que proporcionara. la. casa de Rostchild, p1011~
bierno sino á los gobiernos de todas las naciones del ordesaparecerán en ese tnuel de las Danaidea, que se llama
be: Po~que ''jamás hemos visto una administración que RES~JIKX-E,paña y la On•rra d• Cúba.-Difienlla\le• fi. la guerra de Cuba.
l}Prmanezca en el poder sin una mayoría de amigos en
na.nciera11.-Serios tPmor"i;i en lo pnr\'f'nir.-Que debe
Lo que hace, pues, penosa la situación de la madre F,elos puestos públicmi: en el parlamento: en las oficinas, en
hacer el gobierno de la MetrOpoli.-Xue!th'us deseos.
pafia, no es la insurrección que acaba de estallar en Fien las cátedra~.-St: recurre á los a1mgoa, porque estos
se f'ncuentran interesados en sostener al gobierno, y la
¡Con cnánta pena habremos de consignar que la revo· lipinas, á lo que se dice, por artimañas de los japonesee,
anglosajonos del Extremo Oriente; no eij la posibi•
primera ne.cesidad de todo gobierno es subsistir." ......, .
lución cubana. despnés de die7, y ocho meees de fiera _lu- esos
¿A quienes, pues, se llevaría li los puestos pubhcos?
cha que ha em~angrentado la tierm ant,illana y convertido lid.ad de una guerra con los Estados Unidos, dePastroea yº
hemos preguntado. ¿A los enemigos? ¿A aquellos-á quientos en yermos loe:a hermosoR ve1geles indi,:ino!'I, signe en .1a ocasionada á. eventos espantosos imposibles de preveer;:
convendría minar y destruir !a obra administrativa? ¿Qué misma t.ri!'lt,f' Pitnación á qne' nos referíamos Pn ant~rJO- no esel carlismo, que se despereza y sacude su melenadepartido político, que gobierno procede de esta suerte? res crónica!'! Como Fi funan estereotipada!'! lflR n~t1c1as cirios é incensarios, que á las veces se convierten en cavolvemos á interrogar.
que recibe la preni::a diaria, como si fnf'ran clichéa á l~s f\ones y fusiles; ni la República que se agita y espía la.
Pero se nos cita el ejemplo de los Estados Unidos. En que se c~m bia la fecha y la ley enda, sólo SP ven repf'tt- ocasión para derrocar la monarquía secular: nada de eso,
la República del Norte, se nos dice, "en donde el pueblo cinnf's lamentables ~dP lo qne Fe d1&gt;cía cnando e l General con ser tan grave, nOR preocupa y llena de temores para.
dtlSempefta un papel activo en la política, en donde la ,verln tomó el mando de los realt"s ejércitos que operan lo porvenir. Es la dificultad de conseguir dinero para te,..
das las necesidades presentes y las emergencias posiblett
1.·oluntad popular se poyecWl eficazmente sobre_ las deci~io- en Cuba.
nes del Gobierno, y en donde éste es. emanación efectiva
El gobierno col?ninl, más ó 11'.PnoR d~tenido ei:i sn_s futuras lo que tiene que prnducir meditaciones muy
de aquella. el jm,oritiAmo no puede ~11e_drar y los interesespií- operaciones por virtnd de la estación llnvJopa que 1m_p1- serias en los encargados de velar por la vida y el bienes.
blicos y el 7&gt;ien procomunal son el ob;etwo de todo acto guber- de los grandeR mo"imientos estratégicofl, no ha podido tarde la hidalga nación española.
El porvenir del país está. en sus manos; estudie y ananamQttal."
encontrar ocaeión de destruir f'n batalla campal los foer¡Parece mentira que se ei-criban semejantes inexacti- zas insurrectas que operan en toda la Pxten1:.1i6n del terri- lice sin pasión ni prejuicios el señor _Cánovas del Cutillo
tudes! ¿Que en los Estados Unidos no medra el fm•orüis• torio, ni menos impedir que los patriot,aR separatistas Tf:- la situación poJ'que atraviesa la tierra gloriosa de Reca•
mo y que los gobiernos se inspiran en el bien procomu- ciban á. la continua cuantiosos auxilios en armHA, mum- redo y S. Fernando~ y vea si es posible, aun sacrificandonal? ¿Pues qué otra co~a es el programa adop~ado por los cion0!'l de gunra y soldados, procedentRR rlP las coetas un poco de la negra honrilla, tratar con los parciales de
partidarios de Mac K1oley, de~tmado, prectsamente, á americanM. donde los Jaborantf'~ y simpati.,.ad&lt;,res de la :Máximo GómPz y Antonio Maceo, antes que por falt.a det
vil metal, peligre la integridad del ;éino y hasta las sefavorerer á. lo~ grandt"s sen.ores feudales de la industria causa de la independencia trahfljan sin cesar, para proamericana.? Favoritisnw que pocas naciones podrán exhi- veer con i,nagotable munificencia á loR qne en la mn.ni- guridades de la dinastía.
birlo á. tal grado.
.
gna defienden con tesón la ensei'l.a de la u Estrella Solita·
Bien sabe él que puede contar con el nunca deementi•
Conocido es el pueblo que toma parte en la contienda ria.»
·do patriotismo del pueblo, capaz de los más heroicosépolítica de la Uni6.n. Ya s~ s~be cómo luchan los partiCierto es que diariament.e se publican noticias dP dPrro- inaudit.os sacrificios.
dos americanos.-No, no es cierto que el pueblo sea el que taR parciales de los insurrectos; qne, á la mnPrtf'! de .José
Antes que continuar en esa lucha tenaz que se prolon• ·
cubra en los Eatndos Unidos, los puestmi públicos. Allí, Maceo, hermano del eegnndo en jefe del Ejército insucomo 'en tod'ls partes del mun"do, los gobiernos soa los rrecto, ha seguido la de Zayas, otro de los principales en ga indefinida.mente, que el pUeblo declare, por medio de
que acuden á cu~rir estlos puestos e~tre los suyos, que lAA filas separatistas, y que si hubiéramos de i=nmar las ene legítimos representantes, si está como el gobierno denecesariamente tienen que ser .sus amigos. Y tal ensanche cifras de muertos enemigos. según los partes de batalla cidido á gastar la última peseta y mandar el último solse da en la nación vecina testa facultad, qne aun cargos rendidos por oficiales f'spafiole11. resultarfa una cifra fa- dado á defender. el patrio suelo en los campos de Cuba.
Hace tiempo qoe lo venimos repitiendo: es necesario
pertenecientes ii un~ fnnción adruif!istra~i ta son otorga- bulosa: es verdad que Antonio Maceo e11tá. limitwfo á la
dOf! ¡t individuos afihadoa en t&gt;l partido trrnnfante. ¡Has- provincia dei Pinar del Río, det.enirlo poi- la trorha, y que dar autonómía real y efectiva_ á la revuelta Colonia ¡Ojata ios porteros de los ministerios remudan la facrión de- ni l\1Áximo Gómez ni Calixto García. Qne ot&gt;Prnn en las lá. sea tiempo todavía!
m6cuta cuando sucede á la republicana!-Y precisamen- nrOvincias de Oriente están en P01:.1ibilidad dP darle auxiX.X.X.
te esta renovación en el personal de la política es la gran lio y efectuar nueva concentreción. como pndiPron hacer28
de
agosto
de
1896.
razón que presentan los demócrat.as pur Bang, que quie- lo con pasmosa celeridad y concertados movimientos á
ren que todos los ciudadanos vayan interviniendo por fines del p!lsado afio; hay que confesar también one no
tnrno en la cosa pública. He aqní lo que pasa en est-A han logrado todavía los qne eueffan con la República CuResultado de nuestro concurso MnsicaJ.
planeta. Cnando la comunicación con Marte permi• bana tomar posesión de alguna ciudad 6 puerto de imta adquirir datos acerca de lo que ocurre en aquel astro, por♦ ancia y pers~uidos sin deecanso ó scechados por los
tal vez 103 refractario11 de la poi ítica positiva tengan ba- regimiento'! castellanos no se dan ellos tampoco, un m~México, Agosto 27 de 1896.- Señor Director de Ei.
se m1s sólida en que apoyar sus palabras Entre ·tanto, mento de reposo. Pero la insurrf'cción está en pié: ]as
MUNoo.-Presente.-a.1uy Señor nueEitro:
bueno es referirnos á lo que ocurre en la Tierra.
ene~fas desplegadas por eus corifeos cobran á cada moComisionados como tuvimos el gusto de ~erlo por Ud.
mento nuevos bríos y el comercio paralizado, las fnentes para designar la partitura acreedora al premio en el sede riqueza segadas. la ágricult,nrafalta de brazos, los in- gundo concurso mu~ical convocado por el semanario qne
genios. las hacienñas convertirlas ~n montoneR de hu- dirige, hemos examinado detenidamente las cuatro par•
~t
meante~ vaveR&amp;R. tienPn á la infeliz Antilla. Pn lamenta- tituras escritas sobre el libreto titulado nSobre el Océan9»ble est.ado. y dejan á. Espaf'la falt.a de los elementos pe- y acordamos adjudicar el mencionado premio al autor
Un estimAble colP.ga-el defensor más constante de una cuniarios que la Isla revuelta debía proporcionar para que firma**** *T. entendiendo que es la obra que espolítica anti-americana-acaba de publicar un artículo, 1011 li(astos de la campaña.
tá mejor escrita de las que revisamos aunque, como ea
r('Cordando al _.lfaican Herald laa víctimas de México en
Y en tanto que la revolución aparece más difícil de do- natural, no sea una obra perfecta.
nuestra lncha de hace cerca de medio siglo contra los meffar y que los recursoe propios y ext.raffo@ l]pgan en
· Suplicamos á VJ. que en las columnas de eu aprecia.
inexhaustos raudales á poder de los fautorea dP. la indeE,tados Unidos del Norte.
Permítanos nuestro cofrade que le digamos que las na- pendencia cubana, la madre patria se agota y fatiga en ble periódico envíe nuestra felicitación ú. los demás conciones modernas no conservan esos viejos odios, y q_ue ñ~esperados esfuerzos; ve perecer en los camoos, al file:, currentes, porque aun cuando hubo un&amp;. obra superior'
ya se han dado al olvido aquellos arraigados antagonis- de los machetes insurrectos, ]a flor de sus hijos queridos. las de ellos eon detomaraeeu consideración, pues revelan
mos. EsM hogueras se han extinguido y de ellas sólo res- ó los mira vol vE'lr á sus bogares enémicos y enfermizos, á. muy buenas aptitudes y gran empeño en el trabajo.
Creemos hab1:1r cumplido con nuestro deber y damos A
ta un puñado de cenizas que un gran hábito de eolidari- ca.usa del mortífero clima de la pantanvsa manigua y la
da.d--dentro de las modernas necesidades sociales-se ha abrasada costa; mira con dolor que aquel patriotismo cua- Vd. las gracil!B por la honrosa comisión para la cual sesi espartano qne despedía á. los primeros batallonf's en ha servido designarnos.
enca~do de dispersar.
Sus afectísimos, ate11t.os y SS. SS.-Gustavo de M:_ada.
Recientemente hemos visto que una escuadra fransesa las costas peninsul,ues, al embarcarse para la sinnpre fiel,
toca it u u puerto de EspaB&amp;, y loa habitantes, sin acordar- entre aclamaciones de entusiasmo y cánticos triunfa.lee, Campos: - [Rúbrica].- -Antonio Cuyáa. -[Rúbrica]
se de que aquellos hombrea pertenecen á. la rat:a de loa ee ha convertido alg,ma vez en sentimiento hostil, y hae- Modesto Julián •....:....[Rúbriea.J.•
invasores de 1802, organizan brillantes festividades, el ta se ha necesitado de la intervención de la fuerza atmaabierto el sobre correspondiente, se halló que la firma.
recibimiento raya en los límites de lo frenético, y los ad- da, para evitar ó Aofocar las ab\erta~ protestas y las mal ***** T1 amparaba el nombre del Sr. D. Francisco de P.
versarios de antaño se confunden en un fuerte y frater- comprimidas anej11s de aquelloR mismos que ayer nada Lemus de Morelia. quien tiene á su disposición el pre-nal abrazo. Nin~(m periodista estampó en la prensa los m1h1 Pran voz de alfento y prenda de eeperanza á los bi- mio á qne se hizo acreedor, en nuestra.a oficinas.
.
nombres de Dao1z y Velarde, que habrían aparecido co- sonOR s•I fados.
Participamos á nuestros lectores que la semana próximola leyenda del fest!n bíblico en el banqueta de la CoPero hay m~s t;rnfa\Tía, hav algo o\)c:¡cnro y fatídico que ma eabre111os el re.3ulh.do del 3? y último concurso.
f'nlW'lmbrPce con tintes tenebroRos el horiwn~P polít.ico
rnfl.a.
Adem~s, -para- ser consecuente el colega con el princi- de Espaifat y hace que ann loR que siempre bemof.l cnn-·
pio de reavivar esos rencores pasados con los nombres de fiado en la poderoea vitalidad y patriótica energía del

&amp;0

AG&lt;)STO,

1896.

ELMUNOO.

lu~~ªªd fa

"R omeo
•

Los sefiores Jurados que se sirvieron dicta.minar en el
Concureo abierto por EL l\frsoo, concedieren medalla.de
oro ii la colección de grupos del Sr. Lic. Requena. la cual
está expuesta en las oficinae de nnPstro periódico. Supuesto este fallo, natural es que publiquemos algtinos de
1°1:.1 grupos, y tomamos dos &amp;cogidos ni azar. 11R011ieo y
Julietw, y «El consentido (U la .Abnelita.u El Sr. Requena no
e~ un fotógrafo de profesión, es un amateur, y se ha de-·
dtcado al estudio de grupos infantiles.
En nuestros próximos númeroe, darPmos también á
conocer algunas de las otras obras premiadas en nuestro
Concurso.

•

Concurso f"otográ.fico.

:Ptrlítictt !ltllttttL

~n t,ttt~tJ

JESl'S ARl::(;HIGA.

NUEtiTROS GRABADOS
Orquesta Típica Oaxaqueña.
Una de las particularidades mtis sefialadas en Oaxaca
ee el entusiasmo con que jóvenes y señoritas se dedican
al estudio de la música, afición orgánica por decirlo así
que se extiende hasta los pueblos más insignificantee.
Ni hay J?Ueblo sin banda de música, ni BE::iiorita que no
toque el piano discretame11te cuando menoe, y como es
natural, dadas estab buenas disposiciones artísticas, facilmente se organizan veladas y conciertos públicos,
Piempre con un fin benéfico, como el que tuvo lugar el
Domingo 15 del corriente Pn el Teatro Juarez á. beneficio de las conferencias de San Yicente de Paul.
· A la demanda caritativa, acude prPsuroso el pueblo
oaxa.quefio y llena lna localidades del J uarez, tanto más,
Pi como en la noche á qne nos r1&gt;ferimos toma parte en el
festival la di va Sra. Ochoa de Miranda "t la Orquesta Típica-que dirije la Srita. Mercedes Rey, maugura sus trabajos públicamente.
Un completo éxito obtnvo el grupo de sei\oritaa que
componen la Orqut&gt;eta Típicn ( cuyo grupo publicamos J y á quienes enviam~ nuestros más cariñosos plácemes, por sus trabajos y caritativos sentimientos.
El teatro vióse tan concurrido, que el Ilmo. 8r. Guillow, hubo de ocupar un puesto en el palco de Sr. Gobernador del Estado.
~
Lae Srita1:.1. que forman la Orquesta Típica Oaxaqueña,
son las siguientes:
.
===:::;
Octavia Barrundia. Rosa Larrañaga., Dolores Romero, María Hinriche, María Zorrilla, Rosa Gavito, María Gavito, Cá.rmen Rufz, Mercedes Gavito, Ana Hinrichs. María Soto Cavero, Isabel Rendón, El vira Par~
do, Rosario Butrón, Luz Hernández, Herlinda Perez
Montafio, Mies EnriquetaN., Julia Sodi, Trinidad CajiJa, Luz Barrundia, Lnz Rendón. Directora y Profesora,
Mercedes Rey, Elena Sodi, María Hernández, María So·
to Carrasquedo, Saru Sodi y Guadalupe Baigts.

:=:

gn.errit p.erman.ent.e.

•

y Julieta" y "El consentido de
la Abuelita."

A la ·convocatoria que para el concurso fotográfico J1i1.0
EL l\fuNDO eo Enero del corriente aHo, han rtspondido
muchos artista.A y amateursde la República, contribuyendo así á que el éxito del certamen, superara á. cuanto bubiérnmos podido imaginai no~. ·
El importante ramo científi'co-industrial llamarlo á
concur~o, ha obtenido en el país el más alto gndo de
perfección, y prueba palpable de ello hemos tenido en
laa novecienta~ treinta y sietf'I fot(lgraffas, que sobrtl divetEos asnntoi:1, rt:mitieron á la junta artística cincuenta.
y cna.tro opoeitores, cny&gt;1A obras por la limpié.za df' ejecución y clari&lt;l~d de detallee, merecieron los más sincerOR elogios dPI jurado.
LJ?s SrPA. I!1geni1&gt;:o Fernando F~rrari Pérez, Dr. Angel
Gav1f'io IglPFJas y diputado Franc1sco Palencia, personas
competentísimae en asuntos fotográficos fueron los desi(?nados parn jnt&gt;Ct"S del concurso.
'
&amp;:is horaq in virt.ieron en _el examen de los trabajos sometidos á concurso y cons1dPrando qne· dado el mérito
de D;mchos de ellos Pran insuficientes los premios que en
la. convocatoriH. se sPñalaban, acordaron. obrando co·1 ent.f'rJ\ libertad é indéoendPncia. y con el beneplácito de
E•. MONDO, hacn la clasificación de obras y expositores
dignos de premio, y que la suerte.designara á. quien debiera adjudicarse Ja rf'RpPctiva medalla, otorgando á los
demás concu~nntes clasi_ficados en prjm_er lugar, diploma qnP O&lt;'.red1te PI premio que obtuvieran por sus bien
acR bada1:1 fotagraffas.
•
También en vie,tH; de la bellPZfl y perf@cción de IBA pruebaA pre1:,1entadas, dispuso el Jurado acordar p1Pmio5 dis~n~os para 11Retratos y grupos,n considerados en un solo
rncnio en la convocatoria.
He aquí la decisión del jurado:

Galería de GoEernantes.
. EL Murrno se propone pnblicar en sus páginas loa retratos de los Gobernantt-S de la República, para que d~
este modo loa coleccionadores de nut-stro semanario tengan en sus tomos la série de personalidades que han intervenido en la política actual
Hoy damos los retratos dP- los Sres Aréchiga, Mercado
y A.humada, GobernadoreR últimamente reelectos de los
Estados de Zacatecas, Micboaciin y Chihuahua, y ofrecemos compl~tar la galería, ií. medida que se ofrezca la
oportunidad de hacer las restantes presentaciones.

ic.A.. de-R. Lysle, único métnclo r1fpido racional, anglo•
americano para. aprender el idioma inglés y el es¡¡,aflol,
en tres meses sm maestro.» Todos los que en México.se
han dedícadn al estudio del inglée, han t-enirlo oporturJldad de apreciar las ventajas de este método, que no vacilamos en recomendar á nuei;tros lectores.

N ota:s de la Semana •
Según anunciamos oportnnamentP, .ayer. en el Tívoli
del Eliseo, fuéleoírecido al Sr. )linii:;tro de Just~ia, Lic.
D. Joaquin Baranda, por numnosoa de sus amigos y
compaf\eros profesionales, un banquetf', al cnal concurrieron unos doscientos invitacToe. Notable fué la animación y el agrll.do que presidieron en este ágape, testimonio de las simpatías sinceras con que cuenta el Sr. Ba.1
randa; muchas copal!I se levantaron por su salud; el obsequiado habló en limpio y galano estilo, y le reFpondieron num~rosos de sus amigos con votos cariñosos por su
felicidad .
.
Los Sre1:.1. Moel er Bowen y Cook sucesores. agentes de
las afamadas cajas de seguridad Mosler, se sirven participamos que han trasladado el local de FU importante
negociación, de la:~ del'5 de Mayo número 4, á. la calle
de la Alcaicería número 27.
·
Sépanlo los numerosoe clien.tes de la mencionada caea.

•

RETRATOS.

GRUPOS.

Gran prem:io. Medalla de oro.-Núm~ro 17. Sr. Lic. José Luis RE&gt;quena, d~ México.
,'ygundo J,remio.-Número 22. Sr. Eduardo Berna] de
Hermosillo, Sonora.
'
VISTAS Y MONUMENTOS.
Primer premio.-Número 28. Sr. Lic. A. Arroyo de
,Anda. Guadalajara. Medalla de plata.
Número 11. .Sr. Lorenzo Becerril de Puebla. Diploma.
8. ,, Ignacio Romero, de Campeche. J)i ploma~'
&amp;gundo premio.-Número 8.-Sr. M. Romero Ibáñ&lt;'Z
de Oaxaca. Medalla de bronce.
'
Número 2.-Sr. M. M. A~ilar, de Zacatecas. Diploma.
. Tercer premio.-Número l. Sr. Emilio Leal, de GuaP.a•
Juato.
Número 7. Sr. J. P. Chá.vez, de México.

INTBBIORES.

INSTA.li-TANltAS.

Primrr premio.-Medalla de plata. Número 6. Sr. Dr.
F. T,. Ort.iz, de León.
,Snn.mdo pre11tio.-Medalla de broace. Número 14 Sr.
C. H. BarriE&gt;rP.. de Guadafajara.
·.
Nómero 12. Sr. Dr. Armeudáriz, de México.
CieNTÍFICAS,

_ Prim.n- µre-mio-Medalla de plata. Número lfl. ~res. J.
....abadjé F:ucs. por sus fotografías á través de cuerpos opacos.
&amp;gundo prnnio.-Medalla de bronce. Núiuero 12. Sr.
Dr. Arruendáriz por microfótoJ?raffas.
TerN'r pre111io.-Diploma. Número 8. Sr. ll-. Romero
Ibáflez por microfc,tografías.
E$TBF.F.OSCÓPICA~.

&amp;gundo premio.-Número 50. Sr. C. Spino Barros, de
,México. Medalla de b1once.
Próximamente enviaremos á los agraciados los diplo.
mas y medallas y daremos publicidad á muci\,as de Ja1:1 fotografías del concurso.

•

Libros recibidos.

Priml!T premio.-Número 15. Sres. Torres hermanos,
de México. Dipk,ma.
Número 4. Sres. Méndez hermanos, de San Luis Potosí. Medalla de plata.
Número 16. Sr. F. Bustamante. df&gt; Pn~bla. Diplom~.
Segundo premio.-Número 9. Sr. J. M. A.guilur de Zacat.Pcas. Mf'dalla dF• bronce.
·
Número 3. Sr. Ignacio Romero, de Campeche. Di~
plnma.
·
TerCl!T prem.io.-Número 10. Sr. M. de la Flor de San
Juan Bautilólta Tabasco.
'
Número 13. Srt's. S. Olmos, de Morelia.

Primer premio.-Número 11. Sr. Lorenzo Becerril de
Puebla. Medalla de plata.
'

~JIGLEL ,\Jlr)IADA

127

ARISTEO :MERCADO.

El sabado último, en la-casa del $r. D. LucfanoCobian
efectuóso una audición musical. de lo más ameno y va~
riado que podía esperarae. La Sra. Guadalupe:8. de Cobian, cantó algo de Otello, con Aotable maestría. El trío
Pérez•Rivas obtuvo muchos triunfos. La Srita. Esther
Mañón cantó con notable expresión algo de Traiiata y
el Sr. Profesor D. Antoni.J Cuyás cautivó al audito~io
con algunas piezas magistralmente ejecutadas en pian¿
y ji?Uitarra.
Fué aqueila una encantadora soirée musical.

Otro pago de $1,048.31 de "La Mutua"
EN UUAM.A...~TLA.
"La. 1.lutua de Nueva. York," cu Hnamn.ntlla, Estado de Tla.:xca.J&amp;
Exceleucta de su forma.de SEO URO denominada CON DE\'OLUClON oii
PRElDOll.

Huamantla, Agosto U de 1800
Sr. D. C&amp;rlQS Sommer, Director general de "La Mutua." de Ye,,.

York en est.a. Repúb11ca..
Muy dfsti~lido seilor mio:

México.

Cumple á mi gro.titud. diri~rle la presente para manlfe.'lt.n.rle qu8
a:1;1te el Sr. Lle D. Aglli,-ti.n llaldomdo, Juez de I = lnslAllCla de C:bte
DIBtrlto, el Agente .sr. Antonio.A. Xéjera, !&lt;U envladoe:-;pecial, hae,.tregá.dome y 1eclbldo yo é. mi entera i:atMacción. los u~ :"l[IL cuA.REl\.'TA. Y OCHO PESOS TREINTA. Y UN CE;&lt;;TA\'OS [l,Ocl$.31 cs.] import.e
de ln. póliza m\mero 721,m, que en esa poderosa COmpailia el 1:11:llor
mi finarlo e ~ Sr. D • .Allildmo ll. Rui: .11 Moreno de:-1¡.;ruindome su

beneficiarla., tomó en 21 de O,:tubre último.
Aquellacanddad fónhanla. $1,000 valor ori¡zinal del Seguro máa
8-'18 31 valor de los pre.mios que pagó mi c.Hndo esJlO!'O, y que e~·eomP8ñia. me devneh·e con la. integrldru:l. y eficada. que le son peculiares
hacln. todoo J0t; lkguradrni. Por &amp;-to, honorable sellor Dlre&lt;.'tor con~ole en la prci;ente para su publicidad. si lo j~a conveniente
1lll8 vote'.)!! de gratitud hacia usted y bacía esa grandio!&lt;A InstituclórÍ.
de Seguros "La·Mutua·' !\quien bendicirislempre junt.nmente con la
memorle. de mi previsor espo:,;o.
Cumpie á mi deber entregar pe.ra su cancelación la referida pó\11.a
Y i:;u."&lt;·r1bl_rmede u.c;te&lt;l r_e.!\petuotmmente S. S.-CA.RLOTA L. o.s: Rnz'.
-Me consta. el acto referido en la Cárta que antecede.
Huama.not I' '8(t1:«Jl!V apl~.-A. l!A.LDu:.:.H)IJ •

�•

EL MUNDO.

El consentiJo de la a bu el ita

30

AGOSTO,

30

189~.

AGOSTO,

1896.

•

c.~nDENAL SAN FELlCE DE ACQUAVELLA, arzobispo de Ná¡&gt;Clles.
candidato del Rey Humberto.

De la colección de grnpos del l¡ic. Requena, pi·emiada con medalla de oro en el concurso _fotográfico de "EL l\lUNDO."
[Grabado en los talleres de «EL MUNDO.]

•
.

.

¿QUIEN SERA EL FUTURO PAPA?
Nada hay más triste que el{fin de nn reinado. Los corte•
sanos no solicitan ya los favores de un .poder cuya du~ción no lee ine°pira confianza, y por. inexorable f~tahdad de la naturaleza humana sa prohlbe á. los anc1a.uos
h;1ceree nup,•os amigos.
•
1~ón Xlll sufre la ley común. Lo~ eeplendores de un
pnntificado que ha sabido hacerglor1oeo á fuerza de geni,1 político, no podrían ilusionarlo respect.~ á. loa presagios qne se acumulan alrededor de él. Ha vu1to def:lapar,•cer uno á, uno los fiel~ colaboradores que, -para darle
pruebas de una devoción personal exent. de ~do c1Uculo ,. dQ toda previsión, no esperaron ti qi.Te se mstalase en
el \"aticano.
El cardenal Laurenzi, que durante 32 años ~abía
sido sn vicario general efl Perusa¡ monseñor Rotelh, que
había ef'cnndado con una inteligencia tan. nnffll)lP. _loe
p.-oyect0e de la política pontificia en Fnmc1a y en Orien-

te; ruomeflor Boccalli, E:l confidente m~ íntim~ Y más
seguro de toe secretos del maestro, han e1~0 beridoe por
la muerte en cortos intt-rvalos: los peregrinos no son más
Que un recuerdo. Por último, el cardE:nal Joseph? ese
hermano tan tiernamente amado, á. quten la Providencia parecía haber conse1vado ~erca del Papa co0;0 un testimonio viviente de la, longevidad de los Pecc11 ha sucumbido á. su vez al peeo de los afios.
El vacío @e ha. hecho poco á P_?C&lt;;&gt;1 y el Santo Padre se
encuentra aislado durante esta ':ll~una y dolorosa etapa,
en que es tan necesario á los v~e1os tener . .a.l~dedor. de
sí amigos fieles que con sus piadosos art1fic_1oe les impidan al decli~ar la vida 1aper~ibirse demaa1a~o de los
anhel~ impacientes, que despierta una sucesión sobrado lenta para iniciarse.
No creería uno-sin embargo es la verdad-que los que
rodean m~vicario de Jesucristo, AOn los que le ,ecu~rdan,

129

EL MUNDO.

'

sin cesar, la ley taiat cuyas inexorables ex~genciash:
ejercen temprano 6 tarde, sobre todas las cr1aturaa
maoas. D.el palacio apostólico es de donde part~n l,aa_!.t
ticias alarmantes, en -que la más insignificante rnd 1s ~
ción del Santo Padre, se eleva á. la altura de una gr&amp;fl
enfermedad.........
n11
Un decreto del Papa S!maco, prohibe, bajo las pe
más severas, c,tratar de la elecci6o del futuro Pontífice
vida y i sabiendasdeeupredeceso_r ..» Eate monumento egislativo se distingue por su pre'\-'1s1ón y es venerabl~
su antigüedad. Sij remonta, en efecto, al af\o de gracia
499 y trabajaría uno mucbo para encontrar en el _cuerpo
del' dercho canónico, uua disposición que haya Sido~
novada más de una. vez. Detgraciadamente le.a leyes
prudentes, son las máe frecuentemente violadas.
á 4
Cuando un cambio de reino comienza á aparec~r
menos próximo, ninguna decretal ·puedQ im¡,edu 4. OI

r

i:

mi

-cardenales que cambien ideas respecto á. un acontecimiento, que constituye el único objet.o de sus preocupaciones. De hecho1 el Cónclave está abierto¡ no le falta
más que la vuelta. de llave. Los papabili son designados,
los papeggianti se ponen en obra, y si no se puede aún
prever con una certidumbre abt.oluta los resultados de la
batalla, se sabe cuando menos en qué terreno y entre cuáles adversarios se librará.
Bajo el pontificado de Pío IX, el SacN Colegio hab(a
-conservado sus tradiciones aristocráticas; aunque la fami lia de los condes Mastal-Ferreti ~stu viera lejos de distiugltiree por el brillo y la antigüedad de sus orígenes, el
Papa gustaba de rodearse de grandes señores. Se sentía
orgulloso de contar, entre los m1ts altos dignatarios de la
1... 1eeia, á. nn Bonap.i.rte, un S~hwa.rzemb:rgen, un Ho.:ard, un Hoheplohe. .Bajo su reinado, los hombres más
ilustres de Italia: los Borromeo, los Riario-Sforz&amp;, loe Altieri Chigi, Vitelleski, A.ntici Mattei, estabJn inscritos
en la lil:!ta de loa cardenalea.
Le6n XlII no ha maniíestado la misma predilección
que su antecesor por loa prelados con título. L1. alta arist.acracia europea no estará representada en el -~ncla,·e,
sino por.el cardena l Hohenlohe, que se halla_'sm rnfluen,cia y sin crédito. El card,mal Bonaparte, que acaba de
morir, se había, desde hace varios afios, e:ondenado á. un
retraimiento absoluto. El patriciado romano ha desaparecido completamente del Senado de la Iglesia.
Las fawilias históricas del No rte.Y del Centro de Italia hau dejado de dar corno en loa tiea.n¡,os pasados, un
numeroso contingente al ministerio eclesiástico. Las~~ovincias meridionales son la sola re_gión donde los h1Joa
'menores de las casas ducales 6 reales, todavía PacP.n canera en las órdenes sagradas. Pero excepcióu hecha del
pequeflo grupo nt1politano, la gran mayoría de los c::ardeualea italianos, pertenecen á la burguesía. ínfima y pe-quei\a. Algunos de entre ellos han teuido un origen completamente pldbeyo. El cardenal Ferrieri y el carde?~¡
13.ntolini, que1 cuando vivían ocuparon un puesto pr1v1lt&gt;giado en loe consejos de la Santa Sede, tenían p~r padres, el primero á un criado y el segundo á. un carnicero.
Los cardenales Martinell i, Simeoni, Masotti, Massaia,
·eran igualmente de un origen muy modesto1 ):' ~l que en
-e1 próximo cónclave parece tener m,is probab1hdades de
ser electo¡ Monseñor Parocchi es bijo de un molinero.
Sin embargo ~s de notarse que durante los últimos
atlos, el númerÓ de cardenales de origen puramente democrático, ha disminuido un poco.
.
En la fracción italiana del Sacro Colegio, una preponderancia casi exclusiva pel'tenece á la clase media que ha
1hecho la unidad política de la península, sacando prove-cho de ella¡ puesto que hay ~ocos cardenales que º? ten,gan en su familia uno ó vanos empleados del gobierno.
Así ee explican las tendencias que se manifiestan en
los conciliábulos secretos donde son discutidos los títulos de numerosos candidatos á. la sucesión de León XIII.
Obliga.dos á. optar entre sus. deberes hacia la Iglesia,
-que se haría incapaz de llenar su misión en el mundo
á_ partir del día en que el Papado hecbosiervo, se_c~nvirttl!se en un instrumento políti.;:o del cual loa Qll~letros
del Quirinal usarían á su antojo, y su liga á una dmastía
nacional que es el símbolo de la unidad y de la gran~eza
de liU patria, los miembros italianos del Sacro Colegio se
·di video en dos campos. Los unos sacrifican, no sin pena,
sus sentimientos íntimos de hombrea y de ciudadanos á
los intereses supremos de )a religión; loa &lt;.?trnF. se esfuer·
zan en conciliar de la mejor manera sus Jurameni(?S de
sacerdotes cou sus simpatías personales por el gobierno
del rey Humberto y el deseo de no perjudicar el porve•
nir administ.rativ~ de los funcionarios á los cuales estú.n
1.1uidos por lazos de parentesco estrecho.
Los dos partidos, en presencia uno df•l otro, parecen
·disponer de un núuiero de \"otoJ:C cu11i igual; pero los detfensores d:e la ind~peudeucia &lt;le. la Santa Sede tienen so-

CARDENAL PAROCCHT, obispo de Albano y Vicario general de s. s.
Candidato de los Independientes.

bre sus adversarios la superioridad de la disciplina. No
reconocen otro jefe que el cardenal Pa.rocchi, en tanto
que existen profundas divisiones entre los conciliadores
d outr(lnce. Unos esperan obtener del Quirinal las condiciones más favorables, votando por el candidato de
Austria y de Alemania; otro3 preferirían resignarse á una
capitulación pura y simple,, dando sus sufragios al candidato del Rey; otr,lB 1 en fin, piensan, que sería más há.bil hacer triunfar al candidato de la Reina.
Desde que una enfermedad incurable hizo desaparecer
al ·cardenal Mónaco la V .1.lleta dP la lista de los papabili,
el partido de la independencia no tuvo solamente la ventaja de no ser debilitado por ninguna división interior¡
tuvo también la bueua fortuna de abrigarse á la sombra
de un !1,0mbre uni erealmeute conocido del episcopado
extranJero.
El cardenal Mermillod decía á los eclesiásticos que estaban de paso en Roma: «No olvidéis SQbre toJo irá ver
al cardenal Parocchi, es e! porvenir!» Se asegura que León
XIII, informado de este prop63ito, dej6 discretamente
sorprender aua. sentimientos íntimos, d1ciendo al antiguo
obispo de Ginebra, con un dejo de melancolía: «Ah! os
agradezco que hayáis venido á. ver al pasado,11
Las previsiones del difunto cardenal Mermillod se remontan á una decena de años y h:rn sido confirmadas por
los acontecimientos: Monsef\or Parocchi ha llegado á ser
el personaje más considerado del Sacro Colegio, el Papa
de mañana.
Sus adversarios más declarados se ven obligados á. ha•
cerle justicia. Su fuerza y energía lo han hecho llegar á
los escalones más elevados de la gerarqu(a eclesiástica.
Su nacimiento no le permitió entrará. la Academia de
loa Eclesiá8licos Noble.s y hacer carrera en las nunciaturas,
después de haber completado sus ,¡;studioa en el colegio
Capranica. Hijo de un molinero de los alrededores de
Mantua, foé educido en el seminario dioce3ano, y es acaso el solo cardenal itsliano que baya sido cura aotes de
ser obispo. Pero para ocupar un sitio de relieve en el
clero de la península, no tuvo necesidad de es~rar á que
el P11pa lo hubiese educado en el episcopado. El cura de
San Gervasio de Mautua, pasab11, con justa razón por el
predicador más notable de Ir.alia. Había tomado á Bossuet y Lacordaire por modelos, y aunque estaba obligado
&amp; hacer más de una concesión, á las exigencia.a de un auditorio habituado á las redundancias enfáticas de la cátedra it.aliana, se encuentra algunas veces en sus sermo·
nes un reflejo de la elocuencia de los grandes oradores
franceses .
Un soplo de indiscutible potencia circula a través de
la arenga de la be..,dición que dirigió, en 1867, ((al mag~
nánimo rey Víctor Manuel, al Gobieruo 1 á. las Cámaras,
á la sociedad civil, á la Italia1 tierra de los héroes y patria de los santos. »
Después, este movimiento oratorio le fné reprochado
muchas veces al antiguo cura de San Gervaaio. Sus enemigos lo llaman ahora 1tJanus QuadrifroRa» y lo acusan
de haberse convertido en uno de los más intl'atable.!
adverearios de toda reconciliación entre el Vaticano y el
Quirinal, después de habe!° prodigado su.a bendiciones
entusiastas al soberano que bab(a hecho la unidad de
It.alia.
Esto es fácil de explicar: en el fondo de su conciencia
de sacerdote, Monsenor Parocchi no ha podido perdonar
á la dinastía de Saboya, que haya confiscado el dominio
temporal del Papado. Llamado á la silla episcopal de Pavía, ha luchado p:ilmo á palmo contr¡1, las autoridades civiles; promovido má.s tarde al arzobispado de Bolonia,
tuvo con el prefecto de Ja provincia y el consejo municipal de la ciudad debates ruidosos que le hicieron rehusar el exequatur.
Los ardores delicados de uno de los prelados que habían protestado con la mnyor energía y pérseverancia
contra la entrada de l11s tropas italiauaE en Roma, se han

CARDENAL SERAPINO YANNt'l'ELI.I, obü;po de Fmnscatl.

Candidato de In. Triple AJfo.uza.

amortiguado poco á poco bajo la influencia de los afios.
Una permanencia prolongada en el palacio della &amp;::rtfa
ensefló al cardenal ,·icario el arte de manejar á los hombres y de tener en cuenta los acontecimientos. Sin consentir jamRs en abdicación alguna de principios, Monee. f\or Parocchi ha sabido esquivar, con un tacto tan tmperior á. toda. elogio, los conflictos que parecían inevitables
· en la administración de una diócesis, en que el incidente
más fútil en apari&lt;'ncia puede llevar de nuevo al estado
álgido las dificultades de la cuestión rom·aµa. Gracias á
la extrema moderación, de que el más hábil de loa colaboradores de León XIII ha dado pruebas en la cuestión de la~ peregrinaciones, fué sofocn.da en su germen
una de las crisis más peligrosas, y si las elecciones municipale8 de la Ciudad Eterna han dado diversas veces
. resultados de que los partidarios de la Santa Sede no deben estar deseo u ten tos, es porque,:el Cardenal Yicario no
ha sido completamente extraño á la elección de los candidatos.
:\J. Parocchi ejerce desde hace doce años con honor y
éxito funciones de las cuales se fatigó en el espacio de
once meses .!U predecesor, el cardenal Móuaco la \?alletta. Roma es la diócesis más dificil de administrar que
exista en el globo.
Un clero secular más dispuesto á. enfeudarse á. la fortuna de los papabili que á ejercer el ministerio sacerdotal
con el celo deseable; órdenes religiosas de origen extranjero, expulsadas de su patri.1- é idlle á refugiarse á. la sombra del Vaticano¡ padres arrancados á sus diócesis por
gobiernos perseguidores y reducidos 1i. la mendicidad en
sotana; al lado de estos infortunios dignos del más alto
interés, una bohemia eclesiástica llegada de. todos )os
puntos de la cristiandad, miserias sin número que aliviar
con recursos reducidcs, 11fü\ estricta disciplina qne mantener, sin hacerllamamientoalguno al brazo seculllr: tales
sf)n las dificultades de una taren en que el sucesor del
cardenal Mónaco la Valletta ha logrado contentará. todo el mundo y al Santo Padre.
El Cardenal-Vicario no se ha limitado ú. dar la medida
de sus talentos administrativos. En muchas ocasiones lta
demostrado una clarividencia y un espíritu político, que
han sido justificadcs por los hechos. Ningun miembro
del Sacro Colegio se pronunció más vigorosamente contni
la quimera de una inteligencia con Alemania, que sedujo
durante algunos meses la imaginación de León XIII. E~ta ctivergencia de vistas causó ciert~ frialdades entre tll
P~pa y uno de sus má~ devotos auxiliares; pero un dia
vmo en que las brutahdades del conde Herbert von Bhsmnrck, dieron sobrada raz6n á. la sagacidad previsora de
Monseñor Parocchi.
El antiguo cura de San Gervasio ha visto el Austria
en obra, en la ·época ea que ésta perseguía al clero de
Mantua, y Alemani.\ 1 que acaba de llevar al rango de los
semidioses al hombre del Kulturkamp", le inspira au1 1
menoR confianza; por otra parte, las vejaciones de toda
natural~a con que los representantes de la autoridatl civil lo han abrevado, en Pdvía y en Bolonia, no le han d_,-jado ilusión alguna sobre lo que quiere el gobierno italiano. Instruido por su propia experiencia, el cardenal}&gt;.~rocchi no v~ salud sino en la independencia del Papad"
y quiere eYitar á todo precio que, hajo el sucesor de
XIII el Vaticano se convierta en una oficina separada &lt;.le
las cancillerías de Viena y de Berlín 6 un anexo del ministerio de Cultos del reino de Italia. Para escapar 1í
este doble peligro, el catolicismo no tiene más que u11
medio,.~ inspirare&amp;; en la etimología de su nombre y 81-"t
una rehg16n extendida sobre toda Ja superficie del mundo, en lu~-ar de servir de instrumento á. una combinación
diplomá~1ca 6 de dejarse confiscar en provecho de una
sola nación.
Monseflor Parocchi parece comprender Ja necesidad de
volverá la Iglesia el carácter de universalidad que tenía
durante loa primeros siglos &lt;le eu. existencia, y ee el BOio

Le6,;

�30 AGOSTO, 18Vf$.

b:L M UNI&gt;U.

30

AGOSTú . 1 H\'f\

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J
Obsei•vatorio de los seño1.•es Ca.lmngn.e y VeJ.•.1nan.t.

, EL GRAN DESGUBR-HIIEN'l'O DEL-SfüLO X1X.
El Planeta l\'larte.
CARDE.NAL CAPECELATfü). ,\rzob:spo ele

&lt;:arma.

Canelidato de fa Reina )fargarita,

miembro italiano del Racro Coif'gio que mantenga r~laciones const.antPs con los carderrnle-s E'Xtranjeros. lfoni:;eñor J\1nmillod y Mom.eñor Lavigerie le tenfan t&gt;n altísima estima y le habían en algún modo designado á la

elección del íuturo Cónclave.
A falta de sus in.fluencias que hubiesen sido todopodeTOliBB, pero que de@graciadamente han cesado de existir,
ee asf'gura qne el Cardenal-Vicario podrá. contar con el
concurso de Mom•eñor Langenuix, arzobi@po de Reims y
de Monseñor Gibbons, arzobispo de Baltimore, cuyas
icleas sobre la necesidad de una aproximación entre la
Jglesia y el pueblo son bien conocidas.
Patricio por sus gustos y sus cirfgenes, León XIII ha
hecho con la democracia una alianza de razón más que
de inclinación; ningún antecedente de familia, ni prejuicio de educación 6 de nacimiento, alejan por el contrario
al hijo del molinero de Mantna de las nuevas capas socialts, de cuyas aspirnciones ha participado y cuyo poder
conoce. Si la ProvidPncia lo llama a~ solio de San Pedro, sabrá hacer del Papado una fuerza social, más que
una potencia diplomática.
Los adversarios de l\fonseflor Parocchi se ven obligados á rendir homenaje á sn erudición. Su cerebro eR una
enciclopedia· moderna. El Cardenal Vicario es el único
miembro del Sacro Colegio que tiene ideas netas sobre
)as cuestiones que eFtán á la orden del día. Su palabra
dulce y un poco lenta, es de una corrección irreprochable. Nacido en una de las regiones del Norte de la península donde la vieja raza céltica ha quedado casi pura, eee
lombardo habla el francé~ y el italiano con igual elegancia; no tiene solamente dos lenguas, tiene casi dos patrias.
A 'Primera vifita, el contrru:te es notable f'nt,re el Papa
y el Cardenal Yicario. En tanto que I.P.ói:i XIII se asemeja á una de esas aparicione~ ilf'gadas de lo alto y desprendidas de eu envoltura carnal, monseñor Parocchi,
con sus espaldas robmtas, sns ojos vivos. su rostro lleno
de líneas vigorosqs y regulares, produce la impresión de
una grandeza menos mística acaso, pero má~ humana. Si
se separan los ojos dt&gt;I tro~o ps,ntirlcal, con trabajo se
encuentra en el Sacro Ct.,leg10 una ca'qeza que parezca
mejor hecha para lleva1· un día la tiara, que la suya.
No es un misterio para nadie que loa votos de la Triple
Alianza, los tiene todos el cardenal Serafina Yannutelli.
Aun cuan~o _se_a de una pie~ad sólida y aun un poco llevado al m1et1c1smo, el candidato de Alemania y Austria
f'B nn diplomá.tico, más bien que un Facerdote. DPspués
de haber sido secretario de monseí'íor Meglia en México
y en l\.Iuryich, &lt;lelegado apostó!ico e11 el Ecuad11r y el Perú, nunc10 en Brusehe y en Viena, ha hecho f'n realidad
sus ensayos en el ministerio sacerdotal, á la edad de cinCl?,en~ Y ~res años, ~n calidad de cardenal obispo de la
d1óces1~ de Fraec11t1, donde no permanece cai::i nunca.
Por cerca qnP. est.é de la residencia epi@copal, prefine vivir en Roma. á fin de frecuentar má1-1 fácilmente los sa]ones aristocráticos, donde ni) desdeña loa éxitos mundanos.
Su hermano, ti cardenal \'focenzo Yannutf&gt;lli, ha hecho
igu_almente su can;era rn 1.a diplom~cia.. De!Pgado apost6hco en ConstantrnClpla, 111ternunc10 en el Brasil, nuncio en Lisboa, se ha distinguido por la flexibilidad de su
talento, la elegancia de PUS maneras, y no bay en el Sacro
Colegio un príncipe de Ja Iglesia que sea más buscado
p:ir la alta soeiedad romana.
Con menos brillo en la convenmción y menos facilidad
~n sus actitudes qne sn joven hermano el mayor de los
Vannutelli, el cardenal Serafino, ha ~~hido h2cers.e una
repnWción de piedad, que le permite lanzar su candidatura .. El car~enal \~incenzo, se coloca gustoso en segundo
térmmo, de~ando que su hermano aspire, y aun trabaja
por la elección de éste, la cual le aseguraría un Fitio preponderante en el Sacro Colegio, durante el próximo pon-

Y LA COJIUXICACION A TRAVES DE LOS ESPACIOS.
CARDENAL A:SGEL BIANCRT. Obispo de Pnlestriria.
Cundidato neutro.

t.ificado. Añadamos qne si .el nombre del obispo de Frasca.ti hubiera de ~alir victorioso del Cónclave, no habría
sido él por cierto el verdadero Papa, y su hermano no
f'jercería más que una medianf¡;iima influencia: el hom•
breque hnbiera conducido á su antojo la barca.de San Pedro, habría sido el difun•o cardenal Galimberti.
El antiguo nuncio apostólico de Viena, fué el agente
de la TripleAliam\a. Dos vec s fué enviado en misión
extraordinariaá. Berlín, y supo conciliar las buenaR gracias de M. deBismark y del Emperador Guillermo II La
maledicencia de las sacristías se dió un curso demasiado
libra á eus expensas.
Muy diestro; mny insinuante, monseñor Galimberti,
supo captarse las amabilidadPs de León XII[, halagando
sus gustos por la prensa. Fundó el Journal de Rome, que
ábandonó á poco para pasar al Mor,iteur de Rome, hoja
alemana, publicada en francés. El fué quien preparó
de mano maestra la ruidosa desgracia del cardenal Pitra,
desnaturalizando las intenciones del partido que no creía
en la eficacia dt- una alianza entre la Santa St!de y Alemania.
DnraJttetodo el período enqneel punto de apoyo de la
política pontifical estaba en Berlín, el diplomático que
había nf'gociado con l\L de BiEmarck la suspensión del
Kulturkampf y obtenido que la Cuestión de las Carolinas
se sometiese al arbitraje del Papa, gozó de altísimo
favor. Desde lofó\ incidentes que marcaron la visita ·de
Guillermo II y del conde Herbert de Bismarck, el cardenal Galim berti perdi6 la mayor parte de su antiguo crédi•
to, y el cardenal Ra,mpolla logró, sin gran pena, burlar
las tentativas demasiado ·frecuentes, que hacía.el antiguo
amigo personal de Bismarck, para encitar malas inteligencias entre París y el Vaticano, y llevarse al Santo Padre con el girón de la Triple Alianza.
Por haber defendido con demasiado celo los intereses
del gobierno de Berlín, el representante casi titulado
de Alemania en el próximo Cónclave, comprometió el
éxito de su protegido. El cardenal Serafina Vannutelli pierde cada día terreno. Al rehusar el arzobispaclo de
Bolonia, manifestó demasiado, el deEeo de vigilar por sí
mismo, todos lo.&lt;: días, á los amigos con cuyos sufragios
cuenta. Esta actitud ha producido la peor impresión en
el Santo Padre y en toda la fracción del Sacro Colegio,
que J.10 está enteramente enfeudada á Alemania. Un cardenal tiene ·el derecho de aspirar á la tiara, pero no debe mostrarlo muy ostensiblemente.
Mas si l.&gt;s primeros escrutinios no dejan á la Triple
Alianza, ilusión alguna sobre la suerte que espera á su
protf'gido Serafino Vannulett1, no vacilará en ligarse con
otro candidato; la primera y la última palabra de toda su
política en el próxim&lt;., Cónclave, será impedir la elección
del cardenal Parocchi.
Con exc~pción del pequeñísimo grupo de cai-denales
que se unió :'i. laforLunade los hermanos Vannuttelli, la.
mayor parte d~ los mie,mbros italianos del Sacro.Colegio,
los más llevados á. una r-econciliación con el Quirinal, desearían en el fondo de su corazón librarse de la tutela austro-alemana.
Su sueño eerfa hacer del Papado una fuerza nacional que
persiguiese en el interior una obra de paz en provecho
de la dinastía de Sa boya, y defendiese en el exterior los
intereses de Italia.
El Quirinal podría considerar !n cuestión romana co·
mo iesueltaj si l\Ionst-ñorde San Felice fuese llamado á la
sucesión de León XIII. El arzobispo de N á.poles está unido al soberano por el recuerdo del peligro afrontaio en
común.
·
Durant~ el cólera de lli184, ambos se expusieron á la ter~ible epidemia, con una intrepidez que l).izo la admirac16n de ~uropR.. DeFde esta época, el cardenal de San Felice, cuyo nombramiento fué acogido en un principio muy
favorablemente i:or los.legitimistas napolitanos, Ee ha

C..U:DENAL EE LOS .JF~'JUITAS )[O:S8 t:~OI!. MAZELL.\.

Candidato de los Jcsui:as.

·convertido en uno de los más derntos partida-rios de la.
casa de Sabaya.
No hay en Italia prelado qnti i,ea 1nás popular.
La rigurosa aueteridad de sn viJa, la extrt:ma simplicidad de sus gustos y por encima de totlo, el! caridr,d, quees inagotable, hao hecho de él el ídolo de los napolitanos.
l\fas estas virtudes qne han hecho la popularictad. de~
Anobispo, serán precisame1~te una canea de df'bi lida,d
para el candidato al Papado. Monseflor de San Felice es
un hombre de primer movüniento. Un dia olvida la reserva que conviene ásu alLa situación y no teme comprometerse en una luch"' electoral y mañana ee sientft presa.
de escrúpulos de monje l\.Ionsefior Dusmet, arzobh1pode
Catania y l\fonsellor di Rende, Arzobispo de Bldnavente,
antiguo nuncio de París, parecen cieciJilios á. sus!ener !a
CJ.ndidatura de Monseñor de San Felice; per-0 á ptasar de,
la influencia que ejercen en el grupo de cardenales napolitanos, no lograrán llevar al trono de San Pedro á un pa.
pa cuya política estaría sujeta ú. br11scos sobresaltos. Así'
pués, es de presumirse qne el arzobispo de Nápoleb será
~l primero en comprender la n~eeidad de apart,arse de,
la lucha, á fin de dejar el terreno libre al Cardenal Capecelatro.
Este es el candidato de la Reina. Es arzobispo de Capua, más no se duerme en las delicias de su diócesis. Di-fícil sería (lescubrir en el epiecopado italiano nn prelado
más laborio~o y un escritor más fecundo. Su Vida de Sm.
Catalina de Sena ha obtenido un grandísimo éxito y su
Doctrina Católica pasa. p'1r ser una obra maestra. Este libro ha snscitadoen Italia un m.:ivimiento de renacimien•
to religioso, semejante al que La Fe de ntw,tro., Padres del
Cardenal Gibbrms, hizo nacer en el nuevo mundo.
El cardenal Capecelatro pasa con razón por ser el miem•
bro más erudito del Sacro Colegio; des¡més de la muerte
de Monseñor Pitra, no se ha encontrádo ningún compPtidor que p111 da disputarle las funcione!&gt; de bibliotecario.
de la Santa Iglesia romana. No hay más qne una voz en
el clero italiano, para rendir homensje, 1m solam•:mte á.
su ciencia, sino ,í la pureza de su vida y á la afabilidad
de su carácter. El arzobispo de Capua _es un santo, pero.
es al mismo tiempo un diplomático. Hermano del director general de Correos del reino de Italia, mantiene relaciones en el mundo de los altos funcionarios del Quirinal; confesor titulado de la reina, es el sólo miembro del
Sacro Colegio que ~in atraer la atención del mundo diplomático pueda anudar negociaciones con la Corte. El
con.;urso que le prestarán los cardenales de Ruggiero y
Guarino, le asegurará. los votos d.el grupo napo1itano, al
mismo tiempo que el Quirinal usar1í dP. toda su influen•
cia parn reunir sobre le\ cabeza del candidat,o de la Reina.
los s11fragioi; de todos aquellos de los cardenales del norte y del centro de la península que son devotos de la dinastía.
Restan aún por mencimmrse, el cardenal I\fazella, can didato de los jesuita!&gt;, y entre los candidatos ueutros á.
Monseñor Biauchi, obispo de Palestina.
También hay que tP.Jier en cnenta para la f'lección, la
influemia que t-jerza la predicción del monje l\falaqnías,
que anuncia un ignis ardens después del lumen in ccelo, representado por el cometa del bl::1son de los Pecci. Para.
facilitar la reali1,ación de esta profecía, el cardenal Svampa, arzobispo de Bolonia, ha tenido cuidado de hacer tia.mear un sol e.obre sus armas ........ .
De todas suertes, el Cónclave nos reserva muchas sorpresas parla refiida oposición de los partidos y la multiplicidad de los candidatos.
farece, empero, que los intereses mismos de la Iglesia
exigen que el futuro Papa sea escogido entre eea part~
del Sacro Colegio que repre:senta las vif'jas y .fieras tradiciones de ese pontificado romano, qne pt-rmanecP, ~ pesarde todo, como la más augu~t.a replesentación de la autoridad aquí abajo.

la Luna y del Sol, y la experiencia demostró que no existía ninguna influencia atmosférica. De aquí inferimos
que en virtud de nna causa df'sconocida, Marte emitía·
menos rayos lilicos que luminoeos, hecho que nos llamó Ja
atención.))

Decididamente M. Brunetiel'e ha procedido con demasiada precipitación al declararqne la ciencia ha her.hu bancarrota. Todavía nos queda algo que anotar en la historia
de los deecnbrímientos de este fin de siglo .. Y entre est.e
algo figura en primera lfnea el acontecimiente á que el
ccFigaro Ilustradon se acaba de referir en su último número. ¡Como que sé trata nada menos que de comuriicaci6n interplanetaria! Sí, el Espacio ha hablado! La vida de
nuestro globo no se halla ya aislada; la Tierra acaba de
recibir, y ha comprendido, el mensaje que le dirije desde
su Tnjizo disco el planeta Marte.
Antes de referirnos al hecho, necesita.moa dar ,í nuestros lectores algunos ,fatos preliminaree. Nadie ignora
•~ue hay ray.os de luz invisibles, cuya existencia ha sido

(1Como soy muy miope-continúa l\1r. Calmagne-observé, al mirar las pruebas muy de cerca, algunos puntos
ó lineamientos de un rojo más -vivo que el r~sto del mapa de Marte; con una lente de trescientos diámetros de
aumento viinos figuras confusas 1ue no tenían equivalente en ninguna carta conocida del planeta. Deseosos de
explicar esta anomaHa, pedimos luego á Ginebra un microscopio de seiscientos diámetros. Armados de nuestro
instrumento, estudiamos de nuevo las imágenes, que aparecían mny vagas todavía para poderlas definir.
Esperamos la noche para comenzar de nuevo nuestras
operaciones; Marte cerca del cenit resplandecía ruaravilloeamente como un rubí pálido. Eran cerca de las once
cuando acabamos de obtener las pruebas. Nos retiramcs

comprobada por su acción química sobre ciertas substancias. Ahora bien, el Sr. Calmagne, un gran sabio de Lila,
demostró en 1891 que, merced á urtnuevo cuerpo simple,
el lilium, 1~ gama de estos rayos invh:iibles se extiende 1í
mayor distantancia de lo que se pen@aba. Con ayuda de
un segundo cuerpo, el liliuro de hidr-ígeno, ha llegad') á.
obtener pruebas fotográficas de un color rojizo. Después
de este descubrimiento, el Sr. Calrnagneconstruyó lentes
de liliumque refraétan rayos lUicos, como los lentes de
criatal refractan rayos luminosos. El estudio de las pro·
piedades de estos lentes, lo llevó á. intentar algunas investigaciones astronómicas. Halló en el Sr. Yer.r:nant, célebre astrónomo de Cambrai, á quien se deben originales
descubrimientos sobre la constitución de las nebulosas,
un excelente colaborador. Con lentes de lilium unidos á
}os telescopios o'r dinarios, los señores Calmagne y Yermant han logrado resolvPr algunas cuei;:tiones obccuras.
Hasia ahora sus observacion.es se habían dirigido especialmente al Sol, la Luna, Júpiter y Marte. Con respecto á este último planeta acaban de publicar una Feneacional memor:ia que establece un hecho positivo sobre las
com 11nicaciones de planeta á planeta. De dicho trabijo
extractamos las líneas que siguen:
1
•Dnrante toda esta quincena nos hemos ocupado en tomar fotografias de Marte, tanto sobre placas ordinarias
como por medio del liliuro de hidrógeno. Estas últimas
no nos satisfacían, eran más pálidas, más indecisas que
las comunes; hecho tanto más notable cuanto que las fo.
to~rafías solares y lunareQ, obtenidas pos este procedinnento, son tan sensfüles y tan claras como las que se
obtienen con el gelatino-bromurode plata.
. Para convencernos de que el estado de la atmósfera no
intervenía, tomamos alguna.a imíigenes comparativas de

al interior Jel observatorio, y después de habn dispneFto
to~o con el mayor cuidado, proyectamos un foco d~ lu1;
eléctrica 80bre el campo de la imagen sometida al Pxamen:
nuestro asombro, nuestra emoción foeron extraordinarios. Es cierto que esperábamos algún Ueecnbri111ient.o,
pero el qne la fortuna nos ofrecía, sobrepujaba ,t todas
nuestras previsiones á todas nueetn1s esperanza.ci.. Era
nada menos que la aparición de cuatro figuras geométricas, como pueden verse en e~ grabado adjunto.
Se apoderó de mi un temblor nervioso-dice Mr. c.~1rnagne-Yermant, inmóvil, pálido y fascinado, no pudo
contener las lágrimas; apenas pudimos balbucear algunas palabras¡ y sin embargo, 1a casualidad n N!
entregaba el secreto de la
vida interplanetaria, el h, cho más conmovedor v m1í"'
grandioi;o en la hh::to;ia du
la Ciencia.
Vermant lloraba comn
un niño y me estrecha b:t
nerviosamente entre s n.,
brazos; mi emoción no er;1
menos que la suya; tn vi:q:ios, sin embargo, bastante sangre fría para tomar
nuevas fotogro.fias por medio del liliuro y encerrarlas en cajas de cuarz-.:,. l\.fe
acordaré eternamente de
las horas que pasamos en
nuestro pequeño observatorio.

Así pues, nos decíamos, los habitantes de Marte ee han
anticipado á los de la Tierra para establecr commiicacionea interplanetariruz, y han comenzado, como muchos sabios lo habían presentido, por señales tomadas de.la m:ís
sencilla, de la más universal de laeciencias. Y para qne
no pudiese haber ningnna duda sobre la naturaleza de
estos signoe, han trazado cuatro figuras característica!'I •·n
el mismo orden en que nuestros geómetras las hubh•i;:pn
transcrito: el triángulo, el círculo, con la indicación dt l
radio, la elipse, con la de los dos ejes y los dos focoF, y la
parábola, con la del foco, la directriz y el eje de simetrín.
Unicamente que, en lugar de determinar sus sefiales por
medio de luces vü:,ible,s á nuestra vista, las han dt:!ter111inado con focos en que o:l.ominan los rayos lilicos, que t10
podemos percibir.n
((¿Hnbntqne concluir de ::i.qui qirn los habitantes de Mnrte tienen el órgano de la visión, constituido de tal modo
que no utilicen sino los rayos qne obran sqbre el liliun,
de hidrógeno? ó bien eu visión abarca un campo de rayos luminosos más Pxtens ,; qne la nuestra? En la prime•
ra hipótesis se explica facilmente qne no hayan podido
emplear otra8 señales que las que para ellos eran visib!es;
en la segunda se comprende que calcularon que los rayos
luminosos de nuestro prisma no nos llegarían nunca, 1::11
tanto que los rayos invisibles qne impresionan el lüiuro
atravesarían mejor el espacio. Ta: vez de sigl() en i:iglo, de generación en generación, .han ensay.ado diferentes comunicaciones, ó bien han e~cogido los rayos lilicos, precieamentr porque tienen el podn de hacer e1&lt;tas
sei'íales mds resplandecientes que las reflejadas por su
planeta.ii
110tros muchos problemas se derivan de nuestro t.ei::cubrimiento, y pasamos la noche entera en enumflarlos.
La vida nos parecL nueva en un mundo nuevo, lleno de
una juventud maravillosa, de una beatitud, de una fraternidad infinita. De tiempo en tiempo, uno de nosotros
miraba á través del telesc:opio. ¡Cuán diferente eeta mi1·ada de la que arrojábamos cuando no teníamos la Cf'rtidumbre de las analogías e1,tre los seres separados por la
inmensidad! Pensábamos en lo porvenir, en ~odo lo que
en germen llevaba aquella noche. ¿Quién podría medir la
actividad que va á. dará la investigáción y á la voluntad
humana este renuevo de confianza y de optimismo? quiE"n
pretenderá. que no va á abrirse para el hombre una era de
fe, y que á las aspiraciones que se cristalizan en cultos

no responderá por fin una afirmación positiva? Lo que
puede creerse sin temeridad es que la ciencia, ia filosofia,
la soci1ilogía, desarrotiarán necesariamente nociones ho\"
embrionaria¡;,, y qne el entusiasmo de esta realizació:,
creará amplias corrientes de fuerza nueva en la viria él •
nuestro planeta. Bai,ta este sólo hecho: el hombre con1t1•
ce á un hermano en el nniver'rn para derivar de él invi~i •
bles facultades de renacimiento pan la humanidad.u

�30 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

132

TERESA {;.RREA.

Teresa Urrea.
La Santa de Cabora es una personalidad demasiado conocida-histérica y políticamente-en la República, para
que nos veamos obligados á r1&gt;ferirnos á los hechos qnG
la han dado renombre. T&lt;1resita Un-ea pertenecé en cuerpo
á la psicopatía, y en alma~ los discípulos de Allan Kardec.
Con estos elementos, la g,inta de Cabora 110 hubiese pasado
· de su estado de nt1urastenia aguda,-para el que se recomiendan los baños fríos-si el fanatismo de una masa humana no hubiera encontrado en la joven desequilibrada
.felices disposicioues para la santidad.
El resultado de esta autosugestión ya lo conocen nuestr_.,a lector.es,.y por si lo ignoran, los rt&gt;m1timos al artículo
del Mundo en qne se dan breves pormenores sobre el asalto
cte la Aduana de·Nogales.-Ahora bien, y este es un punto
qne no ha .sido puesto en claro-¿laSanta de Cabora proced10 en este drama por sugestión propia ó fué acaso un
in~trumento movido por otros santos menos preúcupados
en 11Suntos celestes y má~ cerca de la miserable tierra?
Hay qnien sostiene qne Teresa Urrea jamás ha pensado
en alterar la paz públicJ., que es de temperamento pacífico, que no es mirrobia-que diri:i, algtí.neditorialista del
,1.lfo.ndo. En tal supuesto, el nombre de la Santa sonorense solo habría servido para embaucar á unos deegraciados ignorantes.-De todos modos, el hecho es que la
U rrea se encuentra desterrada hoy en los Estados U nidos, y que más feliz qne_su émulo y congénere Zúñiga y
Miranda ha de habtlrse consolado de sus desventums
presentes con las visiones extáticas, sobrenaturales y peris,piritales hijas de su temperañ1ento.
La santa sostiene correspondencia á través del tiempo
y el espacio con los prohombres del espiritismo mexicano
que la tienen en mucha eRtimacióu. Esta comunicación
ha de ser altamente benéfica para el espiritismo fep.eral
qt1e anda un poco de capa caída, puesto que en las .iltimas elecciones de Diputados al Congreso de la Unión, se
ahogaron dos de sus más caracterizados represent,mtes.
D¿cididamente no tiene cuenta ser espiritista en la Federación. Hay qne irse á Chiapas, caballeros! Allí existe
el espiritismo oficial, laico y obligatorio.

rieron gravem.ente al gendarme Enrique Peña, y unos indios que salieron detrás o.e un furgón, se apoderaron del
gendarme Cándido San do val, quien pocos momentos después logró escapárseles y se incorporó á su jefe.
El Comandante Fenochio, reducida su fuerza á cuatro
hombres, comprendió que no podía desalojar al enemigo
de la Aduana, y llevando la carabina y pistola de su gendarme que creyó muerto, se retiró por la derecha en
buen orden, cubriéndose con la casa del Sr. Biester.
A este rudo ataque se siguió un silencio que se prolon·
gó por más de una hora, hasta los primeros alborea de la
mañana en que el d!a comenzó á aclarar y la refriega empezó de nuevo ayudada por todo el vecindario que se portó con positiva muestra de valor.
Cuando el Comandante notó que el fuego del enemigo
comenzaba á debilitarse, cambió rápidamente su po~ición, logrando batir al enemigo con facilidad.
Terminado ya el combate y reconocida la parte de población donde se libró, como á las 9 de mañana del día
13, varios ciudadanos siguieron la huella del enemigo,
dividiéndosé e11 dos grupos, que fueron so1 prendidos por
una descarga de los perseguidos, del todo inesperada, y
que causó la muerte de dos compañeros.
Entonces, entre uno y otro bando, cruzáronse 20 ó 30
tiros; mas los de la comisión viéronse obligados, á pesar
de su arrojo, á retroceder, pues el enemigo era umy su
perior en número.
A las cinco y tres cuartos de la tarde regresaba esta co•
misión, con los ctwrpos de aquellos dos ciudadanos que
tan buenos servicio~ habían prestado á. la sociedad y á
la patria.
Luego que pasó el combate se dieron órdenes para que
ealiera un tren especial de Guay mas con la fuerza federal; pero comprendiendo el Comandante, Sr. Fenochio,
que este no podía llegar á Nogales sino hasta el día si•
guiente, ordenó que inmediatamente saliera un tren ex•
preso de este lugar para l\fagdaiem•. Dicho tren regresó
á las 6 30 p. m. trayendo 30 gendarmes y 3! nacionales
mandados por el T1:miente Coronel Emilio Kosterlitzky.
Esta medida foé ealvadora porque en los momentos e11
que desembarcaba esta fuerza, loa vigías anunciaban la
· presencia de varios grupos de indios t1n las lomas del poniente de Nogales, que provablemente hubieran intentado un segundo ataque.
El clía 13 )legaron al lado americanQ algunas compañías americanas compuestas de soldados de caballería é
infantería en número como de 150 hombres procedente3
del Fuerte Huachuca.
A las cinco de la tarde del propio día 13 llegó un tren
expreso trayendo 45 hombres del 5? R¡,gimient , y el día
14 llegaron en el tren ordinario 3 oficiales y 40 infantes
del lí? Batallón.
Toda esta fuerza ha estado á las órdenes del Sr. Comandante Fenochio.
. Tal es la historia del asalto, hecha á grandes rasgos.
Nuestra fotografía muestra los indios que sucumbieron
en el ataque á la población, ataque en el cual perecieron
tambieu tres de los defensores.

Mas alta que la torre de Eiffel.
Se ha comprado ya en la ciudad de Chicago el terreno
para cor struir una torre má~ alta que laf·,mosa construida
por Eiffel con motivo de la EKposicion celebrr.da en París en 1889.
La base de la torre t,mdrá una extensión de 326 pies
cuadrados. Los arcos de arranque tendrán 200 pies de luz
y 200 pies de flecha. Estos arcos eoportan el primer piso,
el cual podrá contener cómocfamente 22,000 personas.
El segundo piso estará á 225 pies del suelo y á los 450
se encontrará una plataforuia, cuya altura puede compararse á la de la Gran Pirámidf&gt; de Egipto 6 á la del monumento de Wáshington. A 675 pies del suelo quedará

el tercer piso, y el cuarto se elevará á 1.000 pies sobre el
suelo. De este piso partirán escaleras que conducirán á la
cima de la maravillosa estructura.
Habrá 34 elevadores par~ los visitante.,, elevadores que
serán movidos por elecLricidad.
En la construcción dt&gt; esta torre se seguirá el IIÚl!mo
plan que en la torre Eiffol.
En el último piso qne vendrá á quedar á. unos 1.150
pies del suelo se eAtabli-cná uua Pstación meteorológica
queprestaní importantísimos i:.ervicios. En el resto de la
estructura habrá reAt aurantA, cafés, teatros. y todo estará durante la noche, brillantemente iluminado con llll
eléctrica.

AGOSTO,

1896.

133

EL:MUNI&gt;O.

Pagina 1Vlediceval.
$n (?l álbum ae una aama.
. PRDIERA PÁGINA.

-Sefiora: ya está abierta
La ará.big~ ventana!
Abrirla me ordenaste
Y presto obedec.í.Ahora ya qae inunde
La luz de la mañana
Tu camarín de raso,
Tu alcoba de sultana ....... ~.
El paje se retira,
Tus órdenes cumplí.
No impiden ya las altas
Vidrieras de colores
Que á tu retrete lleguen
Las almas de las flores,
Los cantos ele las aves,
Los eco3 del laúd;
De tu soberbio alcázar
La paerta ya está franca
Al viejo peregrino,
A la novicia blanca,
Al trovador errante
Que de su lira arranca
¡Mil himn&lt;Js armoniosos
D~ eterna juventud!

TORRE DE 1,150 PIES DE ALTURA.

La torre de Eiffel costó $1.200,000, y la de Chica¡ o cot
tará $800,000.
En lugares apropiados habrá estudios para artistas, illleres de fotografía, bafios. peluquería, oficinas telegráftCal'I y telefónicas.
Una de las cosas curiosas en esta torre será que, com•
primiendo un botón eléctrico, se izará automáticamenr.e
la bandera en el asta que hay en la cima de la misma. y
después moviendo un conmutador, se aniará el pabellón
de las estrellas.
Re ha formado un sindicato con capitalistas de Chicaan
y Nueva York, para alquilar y adm:nistrar la torre JlOf.
un período de diez afíos, á. contar del momento de su wrminación.
Lo~ ingenieros asrgnran que la torre quedará concluida
por el verano del año entrante.

*

* *que publicamos, es uno de
El retrato de Ttiresa U rrea
los últimos. Está hecho en los Estados Unidos y la santa
no aparece con los cabel los sueltos y los ojos en blanco, sino antes bi,m con toda la apariencia de una Mis.s, aunque
no sea p¡ecisamente Jfi.~s H~lliet. Lo cierto es que los viajes son de alta y civilizadora conveniencia. Hasta para
los santos.

S.lré, si tú lo quieres,
Su heraldo vocinglero,
Y te diré los nombres
De cada caballero
Que el puente levadizo
pretenda atravesar;
Con mi clarín de plata
'Te anunciaré si llega
El príncipe de a.tenas
En su carroza griega,
-O el arrogante y rudo,
Rodrigo de Vivar.
. Que llegt1en á admirarte
"tus huéspedes, señora:
El mago de Cfrcasia,
L!l reina de Bassora,
El opulento obispo
Y el pálido prbr;
Yo sólo abrí las puerta~
Y preparé la entrada:
l'or el rastrillo, al noble;
Por la ventana, al Hada;
Y por la azul escala,
De seda recamada,
.¡Al verso que te busca,
Cual joven trovador!
Alcázar es tu álbum:
Sus altos torreones
Habitan golondrinas
Y rondan lo'l halcones ........ .
El agorero bubo
-Jamás reposa allf!
De gasa plateada
Revfstelos la luna,
Y cuando el sol despierta,
Dorando la laguna,
Lea prende de los hombros
·un manto carmesí.

EL ASALTO ALA ADUANA DE NOGALES.
D~mos á nnestros lectores una fotografía que muestra
los cadáveres de siete de los asaltantes de la Aduana de
Nogales; hecho de que ya tienen conocimiento. No ha
faltado quien intente hacer recaer la responsabilidad de
tal asalto en Teresita U rrea, más esta aserción es del todo falsa. L'l santa de Cabora no ha tenido intervención
alguna en el asunto.
He aqu! la historia del asalto, con sus principales detalles:.
El d!a 12 del mes en curso, favorecidos por la sombra,
alg11nos individuos acercáron2e á las puertas de Nogales
é iniciaron un nutrido tiroteo.
El comandante de la 3~ Zona de la Gendarmería Fiscal, D: Juan Fenochio, fué avisadv por su asistente Migu~l Flores q~ habían pasado por la calle del Arizpe, á
espaldas de La residencia del Sr. Comandante, como 50
hombres disparando tiros y dando alaridos. _
Inmediatamente el Sr. Oomandant-t':-sali6 de su casa con
su ayudante, su asistente y -1 gendarmes, dirigiéndose al
edificio de la Aduana nue··a, ocupada ya por los asaltantes;y rompió el fuego sobre ellos al grito de ¡ viva el Supremo Gobierno! ¡viva la Gendarmería Fiscal!
Se acercó hasta 60 metros del enemigo, en donde le hi-

30

Y er. los marmóreos patios
Rebullen los vafallos,
Y piafan orgullosos
Los árabes caballo~,
Y brillan los estoques
y duerme el arcabuz;
Por verá las meninas
Esfnérz:inse los p~jt'a,
Y agitárn"e la3 plumas
Y tiembla u los encajes,
MUERTOS EN EL,ASALTO DE LA ADL"ANA DE NOGALES.

Y en los bordados áureos
De. los lupientes trajes
Se trne,can en diamantes
Los á.omos ele luz.

.Asoma á tu ventana:
contempla los jardines,
Los bosques de naranjos,
Los húmedos jazmines
En cuyas hojas calma
Su sed el ruiseñor;
E l chorro de la fuente
Que cae desalentado,
Llorando y ya sin fuerzas,
cual pobre enamorado
Que en vano subir quiso
.Adonde está su amor.
¡Verás cómo se alegran
En sus peqneño, nidos
Los pájaros canoros
Que estaban entumidos,
Y piensan, si los miras,
que empieza á amanecer;
Verás como te busca
La inquieta maripoea
Y oirás cómo, volando,
Te dice qne eres rosa
Y aunque la riiia ➔ mucho,
Por terca y CJ prich usa,
Verás co1110 t,unpuco
La pued~s conv..:ucer.

iCantllcl en ri&gt;la~ hojas,
Oh pájaros po.-1:is!
¡Venid aqní á esconderos,

Oh tímidas violetas!
¡Oh príncipPs y bardos,
En el castiilo entrad!
i Abierta quedó, alondras,
La arábiga ventana!
1Viaj~ras golondrinas,
Ya apunta la mañaua!
'-~enid y eo estas torres
E-b•ltas anidad.

El P"ie ee retira;
Ko eueuan en la alfombra
Sus pasos, y se;nira
Rn Yi1cilante sombra
C'ruzar los gobelinos
D.-1 gótico eal6n;
Dc&gt;spués se al.-ja y huye
Por el jardín callado........ .
¡ Oh ruiseñor que cantas
~n el gentil granado,
. _ .... Ya brillan los luceros:
P1·eludia tu canción!
1883.
l\f ANl"EI. Gl:TIÉRREZ

NÁJERA.

�134

EL ~1UNDO.

30 AGOS ro, Hm6.

muerte fué volviendo con todo género de p,ecauciones de ancianos sacerdotes vestidos con mantos nE&gt;gros, adornados en los hombros con ~guras horroro~as de fuertes
la cara.'
Lo que Yió acabó de dar la tel'rible puñalada á aq!lel colores· largas cabelleras husutas coro11aban bus estrehombre, per~ no con c•1chillo ~i cor~nte alguco, amo chas fr~ntes, y con las ma~os tintas en eaug.,e ofrecían
flores á Iztaccihoatl, la mu¡er blanca, la mu¡er pura, la
con lo inexperado del caso y Jo 1mrrev1stó del suce;so.
Las uñas que tenían afianzado a hombre, los millares inmaculada, venida de un país muy lejano.
pnés de haber E'stado en la tertulia del tfo Pe- de reaistentes uñrur que le sujetaban, eran los millares de
La virgen era ruás blanca que las nieves, su turgente
dro, hombre pudiente del lugar, relatando ~l púas de un zarzal donde, al pasar Derribahombres para su seno levantaba la tela que lo cubría, su ca~l.lera al caer
amor de la lumbre lances estnpendoR de su vi- casa, engancbóse el vuelo de la capa que lo envolvía.
sobre la espalda parecía una catarata de t101eblas estreda, de los que siempre, sin E'xcepción al.guna,
Una vergüenza harto trasnochada ~eemplazó e~ el ros- llándose en una roca de alabastro, sus ojos despedían deshabía salido triunfador y, por E'I contrario, vencidos y tro del valiente, con el color de la vida, el mustio Y té- tellos de luz que inspiraban adoración, las líneas de su
humillados los que habían terciado con él en PUB con_- trico de la mnerte.
rostro y las formas de su cuerpo como el color de su cutiendas, el valeroso cuarentón, llamado por apodo Derritis y de sus cabellos, eran diferente.a ~ .todos los de la_s
oohombres, emprende la vuelta á su hogar, que allá deotras mujeres. Al andar parecía una v1S1Ón que se deslitrás de una mPdrosa cañada y de algunos obscuros ma- ·.. H~-j: ~~;~·h·~~··hé~~~~ ·~¡;;~·~¡·a~·~¡ ·~~~~·t~· ·~~·. ~~i~. ~i: zara por la yerba, sin.producir ruido alguno.
da, que ante la gente se tragan al mopa•~undi. Y que sótorrales se divisa.
Quedó Popocatepetl enamorado de Iztaccihuatl ¡ fué
Las sombras de la noche han sobresaltado E'n divE&gt;rsas lo se dejan sujetar y vencer por la agresiva uña de una
entonces cuando sintió nacer en su corazón esa fiebre
ocasiones su e~píritu, no porgue su valor no sea tiin po• zarza.
que mata de goce y de dolor alternativos, llamada amor.
sitivo y verdadero como ha demo@trado él misPJo ni relaSALVADOR RUEDA.
Pero ese amor tenía que permanecer enc~rrado en el
tar los principales lances de su vida, Pino porgne la hora
corazón y no salir de él jamás, pue~ Iztacc1h?atl era la
es va impropia de qne anden aérea humanow á descamDiosa de la pm:eza y aquel que pns1ese sus o¡os. en ella
pado y por afiadidura se dice. 1mtre la gente dP.I pueblo,
IIOLOCAUSTO.
debía ser castigado por los sacerdotes con la pérdida de la
que ~nda suelta una partida dispuesta á rol-arle la C'apa
vida y su cuerpo serviría de alimento á las fieras_.
al inocP.nte que á deshora tenga la ocurr,mcia de llevarla
Por ePta cruz te juro que eres mi diosa,
Esto lo sabía Popocatepetl y por eso se ret1r? á ~u
sobre los hombros.
Tú la virgen de vaga pupila umbrosa;
cbinampa, para morir víctima de su amor en el s!lenc10
Parándose algnnas veces de firme y otras indagando,
Por esta cruz te juro que ~ae de se,r mía,
y el olvido.
.
con la mano en la coz de la pistola gne lleva en la cintu ·
Tu la virgen de vaga pupila umbna!
Pasaban los días y el hombre c~to no salía de su retira, qné género de sombra fingió la luz de ia luna en las
ro
donde
era
torturado
por
ta
pasión.
pizarras, Derrümhornbres ha sentido repetifias veces PI esTu E&gt;res la cruz amante que abre sus brazos,
A veces el suefío se apoderaba de él y cuando empecalofrío, no diré del miedo, incapaz de albergarse en l)e·
Yo, la hiedra que tiE&gt;nde sus tiemos lazos
zaba á reponerse en el descanso, despertaba s0br~saltado
cho tan fuerte, pero s( una emoción de RorprePa y pobre-Esclava enamorada de tu ternura,
creyendo tener junto á sí el cuerpo de su amada ideal.
salto. No son para menos laR fantasías que eu los árboles
Apasionada eterna de tn hermosura.
La fiebre iba consumiendo sus ca:i:n~s nrni;culosas ~fr
y piedras del campo bosqueja noche t.an vaga y mE'rlroPa.
Así estaré en mi vida· siempre á tu lado
guerl'ero; de nada le serv.ían las ~edICmaH que sus sirAl llegará la cañada, Derribahombres, como quiPn ha
Y moriré en tus brazos ~rucificado!
vientes le ministraban, DI los cariñosos consudus d~ su
llegado al paso más peligroso de un camino, sácase la pisJosÉ Jt:AN TABLADA.
amorosa madre.
tola del cinto, monta el gatillo en al)Prcibimiento de su
Agosto de 96.
persona, y Pe interna en la calle orlada de zarzales que
***
hay antPR de salir de la hondonada, para ganar la vereUna noche la Reina de plata-la luna-custodiada por
da que lleva al pueblo. Las ánimaP empiPzan á sonar E'n
sus siervos de oro, iluminaba el valle.
VENITE, ADOREMUS.
squel momento. ¡Las ánimas! ea decir, el toque dPdicaLa chinampa, sembrada de rojas amapolas y olorosos
do á la memoria de lúa muertos, la oración qne las camizquizochitls, albergaba al hombre casto, á: Popo&lt;:a~epetl,
(
DE
«MÍSTICAS»)
panas pronuncian por las almas gne Pe retuercen en llaque sentado en una piedra, imploraba al _cielo pidiéndoAdoremos las carnes de marfile~,
mas del porgatorio. El prestigio fantáRtico que la tradile remedio á su mal. De pronto obscur~c1ó el hr,mamenAdoremos los rostros de perfiles
ción ha dado á ese lamento Ele las iglesias, encontró eco,
to una bandada de tecolotes, las aves de mal agu.,ro q.ue
Arcaicos: aristócrata preRéa;
por esta vez. en el corazón del valiente, y dió entrada en
predicen muerte. Describieron los pájaros agortorOR vanos
Las frentes de oro pálido bañadas,
PU imaginación á los mil cuP.ntos que inspira el toque de
círculos en el espacio, y despué~ se perdiero!1 e1,tre las
Las manos de fala11ges prolongadas
ánimas, y á las fábulas más inverosímiles.
negras nubes que se ~b~n ext1e.ndo e? el firm, monto.
DQnde la sangre prócer azulea.
¿Era un principio dP miedo J" que sentía? ¡.Era recelo
Eran enviadas por Hmtz1lopoxtl1, el Dios de la guerra y
de verse perdido Pn Rit:o semejante, en el cual contaban
el exterminio, para castigar el femenino dulur del gueVenid. adorewos
vurias personas habérAeles aparecido traPgoP, duendes,
El arcano Ideal, com,afíeros.
rrero apasionado.
brujas ó ladrones que atPntaron contra sus vidas?
Popocatepetl se sintió eniermo; esas aves le habían preAunque as( fuera, ¿qué bruja habría de atreverse con
Adoremos las almas siempre hurañas,
dicho desgracia inminente.····: Ca:yó dt&gt;~mayaclo sobre las
1? ¿.Qué duende ni qnP demonio habían dP noner duda
Las almas silenciosas, las extrañas,
rojas amapolas y los olorosos 1zqmzoch1tl~.
lin alma tan bien forjada sobre el yunque del que salen
Que jamás en amores se difunden.
El rocío hizo volverá la vida al hombre casto, y á poco
0Qq héroPs?
Almas- urnas de inmensos desconsuelos,
le sacó de sus medit.tciones un canto lúgubre que se acerSin embargo, sacó la pistola, como hP dicho. y PxtenQue intactas se remontan á los cielos
caba cada vez más.
·
&lt;lió el brazo armado, por aquellas lobregueces de que esO intactas en el cócito se hunden.
Luego apareció una chalupa cortando las aguas del lataba lleno el camino.
go. seguida de otras pequeñas.
Venid, adoremos
A Derribflhornbres le blanqueaba nn l)OCO e' rostro, y
En la grande iban los sacerdotes e~lutados y postrados
El árcano Ideal, compafieros.
veíase eRa blancura á la dudosa luz del astro dP la noche.
de hinojos ante el cuerpo de una mn¡er muy blanca, que
Un ruido bronco, rápido. qne apenaR se notó. ya hareposaba en un lecho de yolozochitls y otras flores ar~Adoremos los ojos dilatados
bíase extinguido, sobresaltó dP 1~n modo m~s hondo al
mosas, en las que parecía irradiar la d1 vinidad de CuathCual piélagos de sombras, impregnados
caminante: era un cuerPO de culebra que dE&gt;slizó su serie
cue, la Diosa de las flores.
De claridades diáfanas i astrales;
de curvas por debajo de los zarzales v los maPtranzos.
Los ojos que abrillanta el histerismo,
Popocatepetl se puso en pie impulsado por el l)re@enLas caml)anas daban su penúltimo doblP, sn l)enúltimo
Los ojos que en el día son abismo,
1·t1P¡!'O porque Dios sacara purificados algunos espíritus
timiento, para ver á la que entraba en la región. del desdPl fuego.
Los ojos que en la noche son fanales.
canso· un frío sudor bañó a.: frente y para l'US o¡os la no•
De pronto, Pra copa evidente, le cogieron dP. los vuelos
che s~ quedó sin estrellas......... Iztaccihuatl era la muerVenid
adoremos
dP. la capa áDerrif,ahnmbre•. lo clavaron al sitio por donta!. .....
El
árcano
Ideal,
compañeros.
de pasaba. y el valiP.nte di6 de golpe en el p~roxismo.
Después se oía lejano el cantode los sacerdotes, diciendo~
-Soltadme, benditas ánimas ó quienP.s aeáis,-dijo al«Murió Iztaccihuatl, la virgen blanca y pura; no manOh poetas, Pxcelsos amadorE's
go re¡;uesto;-yo voy tranquilo para mi casa, yo no quiecharon sus carnes besos infernales.
Del arcano Ideal, dominadores
ro meterme con nadie ni buscar ningnna de,•gracia.
«Dioses recibidla en vuestro seno y sentadla en trono
De la forma rebelde, laboremos
Forcejó un poco, y viendo que no le soltaban. subieron
divino p~es va á vosotros limpia de toda impureza.
Por reconstruir los góticos altares,
los grados de frío dP sus venas; pasó su rostro del blanco
«Ell~ nos enseñó amar el bien y á enaltecerla castidad.
I luego, á sus i,enumbras tutelares,
al azulado, y añadió con sequedad tal de lengua que ape«Dioses, tened en vuestra gracia á la mujer más pura,
Venid, adoremos.
nas SP le E&gt;ntendfan las palabras:
á la Virgen _blanca...... n
•
, •
AMADO N ERVO,
-¡Por Dios, por la Virgen, por todos los santos, solY el canto se apagaba á medida que el corteJO se iba
Agosto de 1896.
tadme! Me espera mi mujer, me esperan mis hijos: yo
alejando.
cumpliré la penitencia qne me manden, pero dE&gt;jadme ir.
Popocatepbtl sintió desgarra~o el corazón, como si ser•
Y las uñas qne agarraban los pliegues del pafio, clavápiPnte enroscada en él le mordiera.
banse más y más y parecían querer dejar la capa hecha
De l)TOnto se lanzó al lago y nadó, nadó mucho, y Tlatrizas.
l.ra leyenda de los \?oLanes.
loc, el Dios del agua, compadecido de tan~o dolor, ~co~
Figurándose Dorribahombres que aquello acaso sería
la distancia, y Popocatepetl llegó en seguida á la cuspide
justo castigo á las bolas que había estado soltando en cadel monte en que depositaban el cuerpo de la Virgen
sa del tío Pedro empPzó á deshacer la sarta de embustes,
TRADICIÓN AZTECA.
blanca.
y salió por e~tá canción entre castafietev de dientes y
El hombre casto quedó en pie, con los brazos cruzados,
atragantamientos de espanto:
(Para El .Mundo.]
junto al cuerpo ú.e Iztaccihuatl. Y después quE: el fúne-Es mentira t.odo lo que dije. benditas ánima~. menbre cortE'jo se retuó, Popocatepetl se lanzó haCia el cuer·
tira cnanto hablé, yo no be hecho nada en mi vida, Rino
po anhelado y lo besó infinitas veces con frenesí. Eran
t.Pmblar de miedo ante el vuelo de una mosca. ¿Cómo
estos los primeros besos que daban sus labios.
iba yo á haberme tragado el mundo? ¡Mentira, mentira
POCATEPETL, el hombre ca~to ~ ~dorador de
Signi6 besando el cuerpo amado, y le parecía que con·
todo! Lo que digo ahora eR lo cierto, lo que digo al vero bello había perdido su tranqmhdad; ya no cada ósculo le de vol vía la vida.
me elfeste trance. ¡Por misericordia divina, dejadme ir
uedab;
en
éxtasis
an_te
~l
cielo
~strellado
en
las
El Di s de los infiernos, \,iclanteutli, al ver la profaá mi casa!
oches apacibles del mv1erno, m su dulce y me- nación cometida por Popocatepetl, lanzó sob~e él un .fleLa pistola habíasele caído de la mano; la faja. con la lancólica voz
se
oía
en
las
selvas,
alternando
con
el
cancha que hiriéndole la frente, le arrebató la vida, hac1énbrega que el hombre traía, habfasele deslizado de la cintura y habíase ido enroscando á las piernas, y también to de los zensontlis, ni su fuerte macana hacía estra- dol¿ caer á los pies de Iztaccihuatl.
gos
en
las
huestes
E&gt;nemigas,
pues
la
man_o
que
la
mam
Después quiso apoderarse del pecador para torturarse clavaban en ellas las uñas feroces: el hombre estaba
jara estaba ocupada en contener los latidos acelerados lo eternamente en las llamas, pero sólo pudo levantar el
cogido l)OI' todo su cnerpo.
del
corazón.
cuerpo pues el corazón, lugar que gllarda todo lú que esDándole á la parola, más muerto que vivo, echandc,
Popocatepetl vivía triste en su florida chinampa, sin bueno 'quedó á las planta,. de la Virgen.
fnera de su boca más frases llorosas que un titiribundi
Ent~nces, el Dios enfurecido, cubrió el cuerpo de la.
arroja de sus labios varas de cinta, estuvo el infeliz toda salir de ella. Lloraba con~inuarnent.e y oraba par~ que
la :.oche, unas veces recurriendo á la persecución, otras Tezcatlipoca, el Dios del Cielo, volviera ~nte ,m~ o¡os la mujer mancillada y el corazón que la había adorado,
imágen de una mujer divina que habfa visto en mstante de nieves, que nunca se derretirán.
á las demandas suplicantes. nunca á los modos de fuertan corto como el que tarda una estrella candente en
za, por no agramr la sitnación en que se hallaba.
Jadeante, con el r;;stro hundido por tac continuadas atravesar el espacio.
El tiempo, que todo lo borra, ha respetado el cnerpo*
emac)ones, páli~o, con una palidez cadavérica, extenuado,
Iztaccihuatl, la Virgen blanca, haciéndola montana.
* que los vientos del Norte de
mustio, amaneció en lo hondo de la cañada, sin atreverEra una tarde del tiempo* en
inaccesible para el hombre y el corazón de PoJ?ocatepetl,
se á vol ver la cara hacia sus enemigos, que ni ante la luz tuestan las frondas y después las arrancan de lrs ramas,
en el que sigue inextinguible el fuego de la pasión eterna.
del día salían corriendo y dejando su presa.
llevándolas qnién sabe donde.
R. D'E ZAYAS E~mQuEz (Jnnior).
En semejante situación, renniéi todas las partícula., de
PopocatepE&gt;tl paseaba por nn bo~q11P di' ahnebuetes
valor que le quedaban, cou~ider6 que, de l)asar alguiPn contemplando los ce)ajes color d.f' ÓJ?alo que el sol ba- Agosto de 1896.
por aquel sitio, había de exponerse á la vargüenza de ha- 'bía dejado por el Pomente, la región a donde va todo lo
ber caído un hombre como él en la ratonera. y muy len- que muere.
tamente y cerno si hubiera de ballar detrás de sí á la
Un cortejo estorbó el paso del hombre casto, formado

30

..AGOSTO,

Gn i,alienfe.

Ufü6.

EL MUNno:· '·

1

135

•

PRESENTACIONES.

Fotografi.a instantánea

JuAQUIN BLBNGro.

Al gelatino•-bromoro de ,,olapock.

días llevaba de permanencia en Campecb e,
cnando fuí presentado una noche y en la mesa redo11da de un hotel, al Dr. Joaquín B lengio, poeta
qne ya me era conocido por algunoss sonetos de él
que había leíao.
J)oR

Guido es un gentleman que hace las delicias de
las mondaines, de las demi-mondaines, y aún de
las in.•tantanées, quienes hallan muy cuco el
modo irresistible con que Guido flirtea con ellas.
Este éterMljeune homme es 3ñuso y verde cor....o un roble y fué sucesivam.__nte li6n, dandy,
houdiné, S1.1perchic, pschutteu.r, !flan y soireux.
Es ahora sportman y clubman, SE'gún' }a. !!Stación,
y á pesar de sus afias no rt'llllllCia á la luntt~
gomme, ni á la high lije, y sigue eiendo la great
al/racti6n de todos los jire o'clock tea y de las
soirée.s todas del mundo select.
Sus perfumes favoritos son la vera viole/ta,
el ki.~IJ me quick y el foin coupé: cerca de su elegante pRyché, sobre un precioso mueble en tieu.r
chene hallareis siempre, junte:&gt; de l' eau. de Lubi11,
el koh'l con que Guido

Blengio alcanza ya las últimas etapas de la vida,
pero está fuerte y ostenta los buenos colores de lasa-

Juci; rn rostro es franco y risueño; en el ligero plieg11Ps que se dibuja á veces en sus labios, se me antojó encontrar la sonrisa volteriana, desdeñosa y
cáustica.

No olvido aún el mal rato que me procuró aquel
poet¡¡ de cabeza encanecida, d~ traje severo y lleno de pulcritud, de aspecto de médico de provincia francesa.
Después de las fórmulas sociales que siguen á una
presentaci6n, el Dr. Blengio, dando á su fisonomía
el sello severo de un juE&gt;z, me interrogó:
~¿No ha venido usted antes á la costa?
A mi respuesta, su gesto cambió para tornarse
,ombría casi trágico, y con tono reposado, frío, hiriente, comenzó á decir:
-Pues debe usted marcharse y que sea mañana
mismo; está usted en capilla; á ustE&gt;n le dará el vó•
mito y, la muerte oca~ionada por él, es horrible y
deseeperante, vea usted ......
Y siguió pintando aqnE&gt;lla »gonía' tremenda, haciendo resaltar los detalles con colores sombríos y
11terradores. Fuera efecto de su palabra, bien del
asombró que me causara aquella profecía que de
improviso me salía al paso, los cierto es que yo
comencé á sentir ciert9 caiosfrío que recorría mi
cuerpo y que mis cabellos se erizaban, y tuve, á
que negarlo, miedo, pero horrible, á la muerte.
Si Blengio hubiera sido joven, le hubiera tomado por el siniestro Hamlet cuando dice: «t·ete, i-ete
á unconvento.n
No esperé más; me despt:dí con precipitnción y
me dirigí á mi cuarto, resuelto en aquel primer momento
lino ealir, aunque tenía que ir al teatro donde se estrenaba
un arreglo á la escena espafiola de la Ca vallería Rusticana, hech6 por mí, y con el firme propósito además de
marcharme en el primer vapor que tocara el puerto.
¿Pero á los veintidós años qué pena echa raíces, qué
preocupación no se disipa al punto?
Ya solo entre los cuatro muros de mi cuarto me reí del
augurio; tomé mi sombrero y me eché á la calle, sintiendo casi odio por el Dr. Blengio, animosidad que como
/ni miedo, pasó los dos miP.utos al olvido.
'
Después traté al Sr. Blengio varias veces, y no volví á
acordarme de la mala impresión que recibí al conocerle.
.Blengio nació el 16 de Noviembre de 1834, y se recibió de Médico de la Facultad de París, en el afio de 1862.
Sus versos, algunos damasiado valiePtes, y éstos ¡,er~necientes á su juventud, han circulado por mucho
tiempo en las hojas periódicas.
Adorador ferviente del soneto, á él ha consagrádose
de preferencia, con buen éxito.
Véase el siguiente:

:á

A NAPOLEON III.
De Francia la magnífica belleza
Nos repugna llevar en la memoria,
Porque han manchado su brillante historia
Tu infamia, tu perfidia, tu bajeza.
'
De qué le sirve eu marcial fiereza?
De qué le vale ya tanta victoria,
Si tantos siglos de esplendente gloria
Ha borrado en cinco años la tol'peza?
Al mundo de Cortés y de Pi?.arro
Tú mismo ven, conquistador del Sena;
Ven, Sesostris, á uncimos á tu carro·
u
'
~,o saques más tus víctimas de Viena;
Ven ...... y bailarás un W ellington bfaarro,
Un Warteloo hallarás y un Santa Hele11a.
1867.

Blengio ha sido últimamente nombrado acadé::!'.lico de

1
~ lengua y honrado y aplaud:do por sus méritos litera-

rios. Consagra su vida á las atenciones de su profesión y
á los dulces trasportes del arte.
h Ageno á todo lo que signifique vanidades y pompas,

nyede la popularidad y el aplauso.
A la fecha, guarda en su alma junto con las glorias y el
:planso conquietados, los recuerdos de cuando todavía la
uerza Y el vigor de la vida llenaban su corazón de ilusiones Y ardimiento, y cuando no blanqueaba su cabeza el
pofro del camino dela rida, que dijo Longfellow.

)J. LAH~AS.J.GA

PoRTt:GAr,.

Joaquin Illenglo.

A LOS CAMPECHANOS
En un golpe que forma su delicia,
Altivo un pueblo la cervfa asoma,
La humildad del esclavo nunca toma
Para hablar al poder y á la justicia.
No adula ni defiende la injusticia,
Por más que el pan de la miseria coma;
Valiente en el combate es como Roma,
Atrevido en el mar como Fenicia.
Su afán es ser hospitalario y noble;
En el triunfo es magnánimo y clementE&gt;;
En la desgracia imperturbable y mudo:
Su proverbial lealtad nada hay que·doble;
Su orgullo todo ee ser independiente ......
Ese pueblo eres tú. Y o te saludo.
1867.
J. BLEl'GIO.
A la ,señorita Carolina Trueba.
EN SU MUERTE.

Xo olvidaré mi fa comprometida
De visitarte en la postrer morada
Cuando durmierE&gt;s en la fosa helada
El sueño intl:lrminable de la vida.
Al cementerio iré, m11jrr querida,
Como quien va á carnpifia embalsamada,
Porque es urna de aromas perfumada
De una virgen la tulllba bendecida.
Iré ...... porqne también eon lenitivos
De mis pesares los sepulcros yertos,
Que no hallando placeres positivos
En este mundo, sino males ciE&gt;rtos,
LE'jos de la mirada de los vivos
Soy más feliz hablaudo con los rnue1-to~.
1868.
J. BLE~tilO.

LERMAAI pie de verde y plácida colina,
Y á la orilla de un mar siempre espumoso,
Un pueblecillo alegre y delicioso
En bals,ímico lecho se reclina.
Allí habita el candor, la paz domina;
Allí, lejos del mundo ponzoño1&lt;0,
En su ambiente pacífico y radioso
Todo al placer el cora?.ón inclina.
De aspecto encantador es sn paisaje;
De Nereida y Napea su hermosura;
De flores y de conchas su ropaje..... .
Yo quiero para colmo de ventura,
A la sombra vivir de su follaje,
Y en su arena cavar mi sepultura.
1885.
J. BLE~GIO.

Répare des ans l'irréparable outrage.
Su delicado estómago sólo consiente pátés de
foie gras y champogne froppé.
Es rico y afortunado y para cumplir con las
exigencias de la moda, frecuenta el tapis cei·t y
pierde al bacara con mucho sansfai;6n.
Una de las principales preocupaciones de este
san.~ souci es su toilette. Vedlo en invierno 1!111mitouflé en inmenso ulster que oculta el smoking
ó el sif.ffet d' ébene, en verano, revestido del paletot mastic ó de la redingote noi$elle último cri de
la demiere mode.
Sus jacquettes salen de la mejor casa, y la irreprochable coupe de sus pantalones á la husardl',
trahissmt la marca del mejor faiseur.
Es dilettante y tiene su baignoire ó su griUÍ'
en todos los t.eatros chics.
Unos dicen que es un raté, otros un Jaiseur
d' embarras, aquellos que tiene galette, estos que
no tiene le rond, y todos envidian al vieux beaut
choyé por las damas. Porque, eso sí, este hombre tan fin de siecle y oue no carece d'e.sprit, es el enfau,
gáté de todas las reuniones adonde con su audacia (audaces Jortunajuvat) es la coqueluche del bello sexo.
Su chez soi está lleno de mil bil,elc,ts, amorosos recuerdos d'amourettes d'unjour con sefioras y stiio1·itas comme
ilfaut.
En resumen, Guido es el modelo del viurnr di primo
cartello for ever.

***

¿Habéis comprendido, caro ltctor, las ante1iores lineas?
Je ne comprend pas, dice vd., y yo contesta1é que I o
estáis á la hauleur y que no lo puedo rewediar, ni trataré de hacerlo porque pertenezco al grnpo llawa~u de lus
jemenmoquiste.~.

***

Sin embargo. permitidrue, antes de tHminar. daros
el análisis qufo,ico u.e la placa al gelatino-b1011,uru ue
volapück, muy en boga en nuestr0s días:
Francés.................................... 500 palal&gt;,a~;
Inglés....................................... 300
Italiano.................................... 200
Latín.................... .......!.......... 100
Otros idio,nas ............. .!... ... ... ... 100
,,
Galicismos................................ 20 gramus;
Castellano................................. alguuai, guLa8.
Re\·ol ved el todo, sen·e.~ chaud y all rigth.
l\lu1u.,0FF.

AL TUNAL.
Tunal, Tunal, cuando en la linfa pura
:Mi hermosa nifia refrei;cars,i quiera,
y en tu espejo en que el cielu l'toVerbera
Hunda su cuerpo de sin par blaucui:.i
Quita la espina, la pi:edra dum
'·
Y todo aquello que su pla11ta hitra,
Y adormece tus aguas u.e 1Ua11tora
Que pueda en ellas juguettar olg•1ra.
Ve si su pecho por wi auwr µa lpita,
110 u,itoJJLd
Díle que la idolatro y d11lcto111e1,1A:;
Si de placer en ~u cri&amp;tal l:ie agiLa.
En su boca rosada y pequeiiita;
Un b eso dale de mi amc;r anlitoute.

Y si su labio por mi bien

Agosto de 96.

COXbT.l~TI~O.

~nvirtiendo f'n virtud la hi¡¡ocrecfa,
y a¡uscando laR lt-yt&gt;s ,i 1:11 g11Hu.
como muchos fa11ático,- de hoy dia
para ser mál:i bribóa tiuje Eer'juijtO.

�RO AoosTo,"1896.

136

if
L n 01•qne~ta Típl'"'ª de OaxoHn . -[Véaseel articulo "~uestrosgrabados.")

LA NUEVA BERLINA.
EXPLICACIÓN DEL BAILE.

¡

,1\',I

!t

Creemos curiosa y útil la siguiente explicación de un
baile muy en boga en la actualidad en Europa:
Primera parte.-(ler. compas. )-El caballero teniendo
en su mano derecha la izquierda de la dama, marca un
paso de poi ka con el pie izquierdo. La sef\ora hace e
mismo movimiento partiendo naturalmente con el pie
derecho.
El caballero coloca su mano libre sobre la cadera y
la señora detiene su Vt!Stido.
(2? compas. )-:Si1lta11do ligeramente sobre el pie apoyado, pá8ase el pie uerecho, de I ante· del izquierdo, vertical la tibia y l.i roJillil bien saliente (ler tiempo del 2?
con1pás.)
Levantando de 11nevo el piu izquierdo, colócase el derecho en la misma po~idóu indicada arriba t2? tiempo del
2'.' compás.)
En otros términos estos son dos movimientos sobre la
punta del pie. La dama hará los mismos movimientos
con el pie contrario.
3? y 4~ compases.-Caballero y dama giran cambiando
de mano, y comienzan el mismo movimiento en sentido
opuesto, el caballero con el pie derecho, la dama con el
izqnio,rdo.
t:iegunda parte (5'.' y 6'.' compases. )-Colocándose como
para todas las danzas el cabullero, seguido de EU compañera da dos pasos h?cia la izquierda del caballero t5'.'
compas¡) t-jecútase en seguida uu paso de polka para el
6'.' C&lt;1Ulpll:!,
( 7~ y 8? compases. )-Los mismos movimientos hacia
el btdo opuesto.
t:i" comiuúa á vohrntad.

!,i ,/

\":, I .. ,,j;t, • 1.,.,

\í j',1\~i!~,~(1,/.

,. t, i

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PA.RA. UNA r:-.cJ~US.\..
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8i al papar t-1 umbral ,1., la Pxi~,.,ncia,
no encIwntr.1s .t t,n matlre allí,
lwnd iciPndo la c~u~a de su an,"•ncia.
llan1a ,í e:!ta pue,·ta y la ha!Jar..is uqnf.
vt&gt;~ q&lt;w

¿:5--c-::7:?¡
3

***
Sip111pre v,wla mi mente
á bn~car el Elén d.- tns ,11nores,
como consta11remen1e
se vuelven hrcia el sol algunas flores.
C., )t ro \)to R.

4

f

�138

30 Aoosro, 1896.

EL MUNDO.
LA CREACIO N DEL HOMBRE.

Teoría nueva, segun
' el general Gedeon
' Sa ntz·bartez
- que d..
z.¡o recien
· tementt.,. " ..... . La bicicleta es una máquina que realiza el ideal.... . .

El 1 ~ deÍ próximo Septiembre transladaré el Almacén de Cajas y Muebles de la~ ~ del 5 de Mayo núm. 4, al nueyo edificio.
6nfre las callQS ad ~ ae roavo v Jé)lafQl"OS,
En donde ofrezco á mi clientela un completo surtido de las afamadas Caj as de Seguridad MOSLER

Su motor es justamente la pierna lwma,w, que parece ha.her sido construida expre.~anunte Fara el pedal.·····"

.

Mosler Bowen y Cook, Sucesores.

C ON TRA IN C EN 1 &gt;I O .

C O N T RA R O B O Y

.

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Libre·ros con cristales, Afuares de cuero para despacl10s, Máquinas para e;crilir y de111í.s 111ueóle.~ para oficinas.

·i~v¿;i. ~
Ahora bien, el sexto dla, el Sellor Dios se dljo: "Creo que me falta
IUlll algo que crear........."

I~a niúquinn. para e s c ribir H Ei,.;m i1h -Pren1.ier . ...
UNICO A GEN TE E N LA JtEPUllLICA P ARA LAS CELEBREt, B I CICLl.;'l'AS " CLl •~~LA X i&gt; ."

El más completo surtido de accesorios para Bicicletas.
Dicho ésto exclamó: "Que laa bicicletas eean!"

Y las blclcleta.s fueron!. ........
El Creador admiró su obra ¡qué bien acatada! ......que curva., tuerca, por; todas
peda~ est~,ho!...... "Toma! si sobre el!&lt;l8 pedales puS1e.&lt;e yo a guna co~......... .

~rte•.

...

PRE :\110 EXTRAORDIN ARTO del Mlnlswrio de Fomento al mtjor viticultor y ,•lnl cultor de E,polla (18--;$.)
D O"l M E J&gt;ALJ..A S DE
en la Exposición de Barctlona [l&gt;&lt;'lS.J
lHP L O ::\I.'1. J )J-; HO'\'O R Y GRAT ITUD del In1Ututo Agrlcola Catallln de San JslJro, en la de \"lur"' Tipo,; p&amp;"a los mercados extranjeros [1892.J
Meda lla de oro en la de Ambere, l~I. }
Med• Ha d e oro en la d•· Am,terdam 18\'5.
Itepr esentunt,· e n l u •~opú b U c n. ~:Cc x loo.na:

o no

Medalla de oro enlad~ Burdeosl~.5.
Gran DI ploma de honor~n lude ~Jaulla l~'Vi.

Y el Seflor Dlo8 creo }08 piest.•....._

A los ples, el Gran Mec-ánlco adaptó la.s pierna,; ll las piernas, los
f émure,.....• t 101! fémlllff...... todoloqueseneceslta para sentarse......

Entonces la serpiente acercose y ru.surró al oldo del Gran Constructor: " Pon algo de ..-arledad ...... para poder, de.•pués, reconocerlos. .. .'

tYJ.. .-.....;~\~
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&lt;
,..j~ ➔-\

~r}•}:::i (!;l',..J
,:'

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•

. __ .

1

//.

" Y el tlmfn no "1rve de nada!"
Rápidamente le~ añadió manos y brazos.
JI

La ser¡,lente se mezcló aun en el asunto: "Pónles cabezas, hombre!......" "Xo cr~ quesaldr!an bien?"

~½'t&gt;
~
.
--..::
""

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¼.,.~

----@&gt; -

.

"Vamos, qu e las cabeaas sean~
, ..... " Y la.• cabeza:; fueron.

Y Adan y ETa fueron c·reado.'- "Dlvert1os.-&lt;lljo el Seflor; haced excun.iont~ y tened cuidado de vueat,s neumáticas."

--.

1
-:'-.....=-- ,_ .
~

--

Pero llegó la serplent.e-it.nlmal muy astuto-los engalló, y paffr

(Tomado de Rl TiPmpo de la Ciudad de

e

RAS
]LD o
~

D e 1n~po r t ~ l o . pública.

l\léxic,,.)

I'urísíma. del Rincón,
Marzo 20 de 1896.
1im BYDNEY Ross Co.,
New York.
Muy Señores mios :
Con gusto les summetro á Vdes.
dos casos que se h an curado con su&lt;:1
Pildoras de Vida del Dr. Ros!!.
La Señora Maria R odriguez de 62
afioa de edad y de un tempe1ame~to
t.ilioao, padecia. un dolor hepático qu e
la ponia. de muerte y habiendo ya.
agotado toda lo. ciencia médica me
resolví á r ecetarle las Píldoraa d~l
Dr. Reas con lo que ha. sido curada.
enteramente y d dolor que ya hacia
mRa de 10 afies padecia.
La Scíior1ta F ran cisca Hernández
Tino á verme paza r eceta.ria puEs
nfria una gast?itis intestínal acompafiada, de neuralgia ag uda. Reconocida por mi, no solo encontró estas
enfermedades, sino tambien un des
arreglo en el h ígado y le hice t emar
4 pildoras diaria con las que á. la
fecha está. buena y sana por lo que
dfoe que las P íldoras de Vida del Dr.
Rosa són milagl'Osas y no cesa de
pregonar sus virtudes curo.livas.
De Vde11, Afmo y S.S.
Da. J UAN B. ZA.MARRONJ.

CA LLETANO FELI U-Callé ,1~ T,bu,,.¡:, 11\lmtro~ y !'nn Agusttn n1\mero J. [Apartado 588.J

s;o en Rochestcr,
N. Y. ymodesta
obedeciendo
A una ncce&lt;;fdad
P\\bll•
caEn
. ..e1empezó
de una mnnera
la elaboro!'lón
ue un descu•
brltnl~nto l'lentlfko, hecho el allo amcrlor, ti cual ha J't&gt;Yoluclonarlo
el tratamknto de la enfermedad llrl¡cht y todas lo., demás formo., t1,,
enfermedllrlcs de rlilones a.,1 l'flmo titmbf(·n las del h!gado y de las
sei\ora, Tan ¡:ronde fué el éxlro que esra preparación obtuvo de,.
pu,,, de dl\◄la 1\ con ocer al p1\bllco. que bien 1•ronto hubo nl'Cl'sldtul
de hn&lt;'er tre-wce, ma)·or la capiwltlad del lal,01atorlo, d111,lf&lt;'arla
nuHamente, ,. en IAAS hut,o ne.,e,ldad de con,tmlr un &lt;'dltll'!o du
pfrdrn )' In lrlllo II prul'l,n di' fuego. &lt;le siete ¡,l,os 1.1~ x 108 r.h•s. pa,n

•

porter &lt;'OHtt!ner chmt ro dt• (•1 el Jabo1 utnr10 v '-U!&lt;,1, dttpenctl'DC ª"~
J-:n 18-~ "'abrieron lal,orntorln, en Londn--. Jn~latcrra: Tomnto.

Ont.: ,. Fraukfnrt. AlemHn1u: en 1&amp;,, en ~lclhourne, Australfa: y en
18M c·u K rt•uzllng,•n , Rui?.a: y Dunedln, Nueva Zt!landla, todos 1&lt;,b
cunle, esuln en a&lt;-tlm traha)o.
Hn,1a ahora México y el !"urde .\mérlca hnn sido deS&lt;'uidadns por
In. st.•ncilla razón de que todas nue:-trn..... enPrJtiU.\;, e!'.tahan reclumada~
y rwupnda, en otras dlrecclolll·s. )fás dehlrlo ahora!\ nuevo.« am..~
gto'.'o, c~b:' gnu1 ~ncftwtor de In humnntdnd ~• JY'dn\ procurur A e.c::to..i
p..1,.., des,1.. ('f\SU. t:nn medklna qu,• ha Ckl'luatlo una serr, no in•
ter• \Impida d,• éxitos en todo, los (·nntlnentes del mundo. no pued.,
fnllnr aqul. "e adapta "'Jll'&lt;·lnlmcnte 1\ lo, ¡ abes ealuros0s ('()ffiO se
ha c,·,denC'lndo con ,u éxito 1·n A1t,tralia, I ndia,. el Sur de Afrl&lt;&gt;a.
Testimonio, que p ru1•han lM \"lrtudcs nn111hles de ln (;UIIA S&gt;:GI RA
DE ".AR..'"rH. ~e hun dndfl por mil1:nc .. por t-1nf11e11w .. humbre:; ,- no-t,,b1t, ~flore, de 1 Ma~ pertn• dt•1 muudo. 1-:11trl.. f•llo-; ,memo.. m~n~
clonar 1;ovcrnor Ah·ord. S)"tll&lt;'USC. "· Y.: 11. A. Gnnn, M.o.. we~I•
den!&lt;• d d Colc•lo de ) f1•&lt;llcll11L rle 10, K-ru,l, ,s l ' nfrlos en N . Y: Wm.
Rnl)l",(111, ''· R. r.. $. l. L. K Q C. r., Lo11,tn.--: L&lt;,rd de Bla,,,tiere,
Sprlnl(field, Crawel&lt;')". !&lt;u,...,.x. lnglatt'rru: !&lt;Ir Wm. \'. &lt;:ulse, El more
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PIImouth, Jn!!'lat&lt;•rra: El. Ron . C. Stewart. LJ.. D., Ackaved,•r House.··Allnn. Huncs. lll!!'ltlterrt1: Muy fü,,. l'&gt;t'nn )'ahr,nt&gt;\', P~11rlth. Xew
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Jaqueca yDesarregIQS deI Est6magoJ
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sOn pUr3ffle0fe Vegef31es,
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Son azucaradast
Son purgantes.

Nadie debi&gt; estar sin un pomito de
las Plldoras del Dr. Ayer, _para pode_r
tomar una pequeñ:i d!JSI~, á l~s pnmnos slntomas de mc!1gest1ón, Y
evitar asl un sinnúmero de enfermedades.

Ent&lt;lnces el Scilor se puso rojo de iza! Hl.to arrojar Alos delincuentes del Vdódromo &lt;k deliciall y para ru ca.'!tl¡,o creó la azl.andrw.!

Antiguo v Eficaz. ~,

~';a'/eº:.~~dad•;:rc!~:!'f:~:•!~t-r' c-:~:n
&lt;":~1~: :!d!

vd~ locon trarfonln"uno. r níf'rmt'dad puede ae r
i-urnda, " \\"arn~r '1 e, \ F t-; (:ure." fu nda ■a •r•D
1 cpulaelon eo eae ¡trlnt,lplo. Demueatro que el.
9$ POR CIE~ TO
tod o■ la s en ferm.-d,.dea p rot,cden
den ,·■ r n loa rlí\on t&gt;• y del hiac:ado,

d"

de deaúr-

y a taca
dlr ecta m«--nte la r ab. d e la enít-rmedad. Sua
&lt;"01t1p o n t"Dtraobra o ,11r t'NDln t."Dlt:,tiObrcaqu~lloo
&lt;;r~auo.., tauto &lt;-orno o linw n to &lt;-omo rreta ur o .
d o r . y ponl é ndo Jo,.. en l,ucnort eon d l&lt;"IOoN do
oolud oleJan enfermc-dadca )" dolc.rco del •latema

l f' Uf'r al.
Par a la1fnnumerob le,,1dole n rfn,.&lt;"au1ada1p o r
fo• r 1t101w1, hl;.:hdO ")' óraauoM
u ri n a rio•; par a loe 1 u rt1011t-.n t o1 de 1a t1 majt"rtt-11,
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Lowell, M aaa., E . U. A.
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M.E XICO, DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE DE 1896.

TOMOII

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padecimiento, y aunque no haya cedido á otro tratamiento, el euto es tan seguro, que no tenemos mconvemente en Garantizar el especifico, pues ha sido analizado y~&lt;loptado por las eminencias facultativas de Europa y de esta capital. Es el más poderoso de los Digestivos para estima.lar y restablecer las funciones del estóm11.go.
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De paseo.
·
• , c1.1 el concurso fotográfico de EL M t1Noo.]
[Fotografia de Méndez Hermanos~
de !:can Luis_Potosi , ¡iremmc:n

[G,o:ia:!a en les talleres de "EL MUNDO "J

NUMl!lROlO

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1896, Tomo 2, No 9, Agosto 30</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
''A LFONSO REYES''
f ó~oo k l CARDO _COVARRUSIAS

.-

TOM9 l .

MEXICO, ENERO 3 DE IS97.

S!a limosma

ae Gtño Nun,o.

-i&gt;lbujo de J. :u. -Vllla-,.onn.

FtlNDO
RICARDO COVt\FlRUBIAS

..

�•
EL MUNDO

a

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

3

EL MUNDO

DOMINGO ' 3 DE ENERO DE 1897

=====----====-==~-=~
"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MEXIOO

Toda la correFpondencia que se relacione con la Re•
iacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Raf'ael Reyes Spíndola.
Toda' la corref'IJOndencia que se rt&gt; Jacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La sub8cripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mee, y se cohrn por trimestt•s adelantados.
Números F11eltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $.'30 plana por cada publicaC'iún.
Todo pago debe ser -precisamente adelantado.
IÚ:OJ!rrRADO

cmm ARTi(TJ.O DE SE(;{XD.\ CL.\SE.

«Agentes exclnRivos para los Estados rnidos y C:rnad,t
The Spanish Arncric:m Newspaper C'ompany, 1:16 Liberty St. New York, E. r.»

}htlfti!tt ®.cnerttl..
Al hundirse un año en la noche sombría de la eterni·
dad, creemos generalment&lt;' que hemo~ wncido una etapa
del camino. ,. CMi jnzgando inkrnunpida la snceFión de
los aconcecimient-0s E'n el espacio y en el tiempo, nos detenemos nn mom('nto á contemplarlos como si hnbiera
soluciones de continnidad en el curso incesante de los
días v de los siglo~. Es que, impotentes para abarcar en
una sola mimrla lo pasadoqne se aleja presmoso, lo presente que Fe desvanece como un soplo. y lo porvenir que
no nos pC&gt;rtE'nece. nos fingimos esa,; di\'isiones para que
nuestra limitada int&lt;&gt;ligencia se alivie, como el fatigado
caminante Feñala Fus jornadas cabe la fuente sonora ó en
el risueño oasis que han de dar de!'C.'\nso y cpnsuelo :t
1us miE'mbros qne han quebrantado las asperezas de la
sierra ó los ardoreR enervantes del deRiC'rto. Es que, acosados por el miFterio que ten&lt;&gt;mos delante, y envuelt-0s
por la sombra que dejamos atr,ís, abandonados por el
a¡¡er que huye, y atrnídos con magnética fascinación por
el mañ,ma y Fil!' espejismos seductores, queremos un pun•
to de repoiso µara coordinar nuestros 1'C'&lt;.'uerdos y en ellos
fundar nuestra is predRione!', las más vece!'&lt; inconsiFtentes
y fi-Jgiles, como rreacionefl m,ís bien de la fantasía arre·
batada que•del criterio sano y reposado.

...
*
t'\.* *

Una-nube negra de tormenta se cernía sobre el ,·iejo
mundo y reMmpagos de tempeFtad alumbraban con cárdenos fulgores los horizontes americanos, cuando lució la
primera aurora del año que hoy termina.
,La concurrencia vital que coloca frente 1í frente pueblos
y nacionC'8, por virtud de eFa serie de luchais infiniL'\Fque
por ley implacable han de dar la victoria :í los m,íR aptos
y conceder la supr&lt;'macfa ,í lo!' más fuertes, era ignahnente manifie1&gt;ta en t~da la ext('nflión de la Europa civilizada,
v que en el Asia legendaria en el' Africa abierta ,í todas
laR ambicionei;:.
Cuba R!lcndida por volcárnca erupci(m buscando su independencia y libertad, Venezuela refugiada tra.q la doctrina "Monroe. para p-0der reFistir á Ja.q pretensiones brit:ínicaF, y ERtados T"nidos amparando á la República flndamericana bajo la.egida dC' su diplomacia, daban ocasión
,í que los ánimos se inquietaran, al comenzar el año do
18!l6.

Hondos"clamores de dolor atronando los aires, rumores
snbterr.íneos anunciando eRtremecimientos genesiacos:
esa era la herencia legada al mnndo civilizado. Hambriena de ideal&lt;&gt;s nuevos, anhelnnte de consnelo en la suprema angu~tia que la aflie;e, d&lt;&gt;?eosa dC' C'ncontrar alivio ií
l:i. infinita rl.olencia qne la ag-obia y claridad en las den"ªs tinif'hlaR que la cercan, la humanidad alzaba a ver sus
manos dolientes al cielo, buscando sus íd,,:os rotos y sus
dio~es c.'\frlo~.
Hoy nada en el con¡unt-0 ha podido cambiar. La reli·
gión con !'lns aue;ustmi mi;.:terios, la filosofía con sus Jnminozas f'ns&lt;&gt;ñanza!'I, la ciencia con sus aRotnbrosasconquiRtlR, al art{' con sn'I bellísimnc; creaciones, la poesía con
"ªs inefabl&lt;-&gt;~ ternnms, no han podido darla en la bre\'e
&lt;lnraci,m rle nn afio los conRnelos que no lograron en 'la
inroenFa:cadena de los siglos paRados.
~

,. .,,

guesía explotadora, de un cesarismo armi"(?otente; obli¡r,idos á sostener sobre sus hombros el comJ;&gt;li~do andamiaje de la paz armada, que man_ti~nen las rivahda~es d.~ los
poderosos y los rencores tradicionales; constreñidos ayer
perecerá sus hijos asfixiados en_ el taller q?e el capital
explota, envenenados en la mma subterranea que ha
abierto la codicia, ó marchitos en el cuartel que ha multiplicado la venganza; ¿.i dónd~ vo~verán lo~ ojos angus•
tiados1 cuando sientan el corazon sm creencias, y lamente sin ideales? á dónde querrán dirigir la_planta vacila1;1te,
errantes peregrinos, donde alzarán la tienda movediza,
si ven extinto el fuego sagrndo de los altares, rot-0s. Y des•
ligados los lazos de la familia, y helado y en ceruzas el
amor patrio ...... ?
.
¡Ah! ves tanta la angustia infinita de esas agrupac!O·
nes sociale~. fa1&gt; hondo su dolor y tan devora~ora sn
aflicción al contemplarse y comprender,-e ca_l'!)om1das de
podredumbre por arriba_ y roídas de, corr~pcu!n por aba•
jo, que no ha faltado qmen declare a la c1e1;1cm en bancarrota achacándola todos los male~. y eqmvocando sus
fines q~e ~e dirigen todo~ al conocimiento, atribuyéndola
hecho:, y consecuencias que no son de rn dominio.

***

Y all:í van esas mít&lt;eras agrnpacione~ Fociales e~fermas
de decadencia. en medio de su grnndeza, hendas de
muerte, en medio de sm; pa,;mosos triunfos; alhí van, os•
tentando sns vestiduras de ptírpum cubierta~ de oro y
pedrería deslumbrante, pPro ,í t.nwés de las cuales se descubren las tílceras qne la devoran y los achaques que la,;
debilitan, los males que las amenazan, frutos naturales
de su estado de progreso, que si ha servido para. el . de,;em·ovimiento dt' su;; fuerzas activas y para la difl'renciación evolutirn de ,-us elementos. por ley ineludible ha
dado naciment-0 también ,t producciones morbosas que
110 se ven en los organismos jíiwnes, donde hi ·avía nue;
va lleva. :í las sociedades que atraviesan las prim.eras etapas d&lt;? su evoluciún. oleadas de sentimientos puros y corriente~ de aspiraciones noble!'. capaces de ahogar en
germe~ los producctos del egoísmo y los engendros. de
las pa~1ones t-0rpcs.
AJl,í van, desgraciadamente, confiadas en que una catás·
trofe de e,-a.s que conmueven ,í la humanidad, esperando
que una general conflagración, un fiero cataclif&lt;mo, de
esos que sacuden las ba.ses y fundamentos de la sociedad,
las hagan salir de ese estado do turbación enfermiza, que
ha de ser pasajero como las grandes crisis de la humanidad.
f
¿Qniéncs caer.ín en el tremendo juicio? ¿Qni,~nC's ser.ín
derribados en las convul~iones apocalípticas de e~a metamorfosiR? ...... ¡Quien sabt•! pero ha de 8er terrible ese cna•
dro de desolación y de ruina, que habremos de presenciar
en no lejano día.

*

* *por los odios tmdicionale::;
Devorada Europa, no tanto
que han dividido ,í las razas que la pueblan, cuanto por
la ruda concurrencia vital qne se hacen en las diver:a!ls
regionef; de la humana acti\'idad; amenazada de un crecimiento de "den;;idad dernógrafica muy superior al que
puede sn~tentar Rll estrecho territorio: no s6lo son los añejos rencores no sati,,fechos, ni las injuria,:i enwjecidas no
ven¡mdas aún, lo que la haC&lt;' aparecer com0 sobre la cima de nn volc,in príixiino ,t entr-a.r en erupci,rn. Form:tda por Est,idos que no alcanzan todos el mi,=,rno grado de
cultura, ni han corrido con iguales sacrificios los periodos de su evoluciún, ni Ee han constituido sobre las mismas ba~e~, las in-&lt;tituciones difieren y las competencia-;
de nación ,í uaciún se ahornfan en ol orden político, como se agigantan en el econ{unico :v social.
Por c~o nada consie;ue en favor de la paz europea esa
marcha triunfal del Czar omnipotente ,í tr-av~s de las capitales. que lo reciban en medio de festejos y lo aclam'\n
en medio de las pompas y entusiasmo de los pueblos. Todos comprenden la supremacía del aut6crata moscovita;
todos saben que en los pliegues de su mant-0 imperial
lleva ocultos auras de paz y rayos de exterminio; pero
por lo mismo que la diplomacia lo acecha y la astucia lo
rodea, parn obtener cada cual en ijll provecho los fiivores
de su omnipotencia, vuelve ,í sus palacios de San Peter~burgo. deflpués de presenciar cauto y pmdente las maníestaciones de Breslau v las ostentaciones de Chalons.
En vano se han rcnñido congresos y se ha,n celebrado
concilios de sabio,; y filántropos para resolver el problema social y para desatar el nudo de la paz armada: sus
notables a:-piraciones han sido estériles, sus resolucione!I
no han encontrado eco en las esferas del poder, y su voz
se ha ahogado por las aclamaciones de mnúmeros ejércitos, dispuestos ,tentrar en combate, sin~ular ála primera
señal de alarma y á la primera explosión del rencor que
los ha levantado.

***

&lt;.,uanrlo al salir el mundo d&lt;&gt; la edad antigua, al empuXi i,iquiera el problema turco que ha recla,¡nado por dos
ie asolarlor de los pneblos j!;ermánicos. se encontrfi, entre años la atención del mundo cil'ilizado ha alcanzado t-0los escombro" de ar¡nel inmenso cataclismo, hechas peda- davfa satisfactorio desenlace, ni lo obtend.r,í tal vez en
r.os las tC'ogonías, derribado!! lo!' Partenones v vacfos to- breve plazo.
nos los Olimpos. pudo á la voz de los apóstoles desnudos•
La crueldad del ~ultán ha corrido parejas con sn a~t-nv ne loi;: :rnacoretas hambrient.os que predicaban la auste- cia refinada, y su tolerancia rayana de la complicidad ha
ridad y en!'t&gt;ñabnn el martirio de la materia, ir :t bn.,car igualado en m:ís de una oc.'l.~ión á la barbarie ciega y al
••n los rlesiertos v &lt;&gt;I ascetismo la realización míl'tica de la , salvaje fanatismo de los que no se han hartado con la
idea cristiana que lo arrullaba en ensueños ultra-t.errá- sangre de los míseros armenioB. ·
queos.
Como si bastaran ,í reivimlirar lo!S Ílll'ros de la civili?.aCuando abnimado nor la pe~ndumbre del antiguo régi- ción concnlcadn~ por la perfidia ,. el oclio rdi&lt;&gt;io~0 )a-.
men. Yeía al sier\'o ile la gleba perecer al peso de las aris- ~rotest~s p!:ít&lt;:&gt;n_ic.t-&lt; de las_potenéia~ y la.:; not:1s~dipl~m·ítocracias, martiri:i:arlo por los privilegios, r agobiado uor t1cas de los m1mst.ros, nadie :,e ha atrevido .i ~ofocar con
tl)das las e-:,rplotacion&lt;&gt;s, pudo el mundo mode: •10 ~entir~e férrea mano esos esc;índalM, nadie hao::1atlo poner lamacomo regenerado por las candentes llama.s de ia Revolu- no sacrílega s?bre el hijo del Profeta, ni ha habi&lt;lo quien
ción Francesa que almnbraban los derech0s del hombre
pre~nda arro¡a~ del suelo europeo esa mezquina .sr,111',m
p_udo c0nfiar en las promesai;: de los jarobinos que annn: de n_,,1.i .sril,rl' la t11'rm, que mancha con sns tini(•blas v f'srmban,una nueva ley, clicts'\da como la. lry antigua entre ca~n~ce con sn pre~encia las claridad~s de la ci vilizaciún
los relampngos y tmenos de las iras populares estallando cristiana.
Pn ~ganwsc.-i exp)Mii,!1, de odios acumulados en Riglos de
Es que tod0s se inclinan ,í una inbn·encii',n armqu.a
,;erndumhrp v ah\'C'C'&lt;'1nn.
pero nadie quiere tomar sobre si la re,ponsabilidacl ile 111~
Pero agobiácln~ lnc n'lPblo~ de ese mundoqne fué 1 con conflict-0 9-ne habrfa d_e oc~1!-rir á la ]~ora del rep.irt, d·J
la peF'ada carga el(, un f&lt;·ndalismo anticuado, de una bur- los despo¡o.s y la d1~tnbnc1&lt;Jn del botin; es que el m:sJra-

ble Abdul Hamid que comprende las disidencias q_ue
apartan y los odios que dividen á las grandes potencias
que lo amenanzan, confia en su astucia solapada, sé deja llevar de ciego fatalismo y dilata y transfiere indefinidamente el cum-¡&gt;limiento de sus promesa.'!.
Y la sanrge crrstiana vuelve á empapar la tierra europea, y los lamentos de lM víctimas vuelven ,í formar concierto doloroso, y el m;sero Sult.in ii vivir y .l. perpetuarse
en el poder por la comp \SÍ ín que inspira á unos, el asco
de otros y los recelos de todos.

-----------

***

El A frica, tierra fecunda donde se han d'ldo cita todas
las ambiciones y donde se han acumulado todas las
concupiscencias, es todavía hoy como era ayer causa de
temores y motivo de sobresaltos par-a la -¡&gt;az universal.
Allí la Gran.Bretaña que aspira al dommio de !continente, desencadena odio~ y desata tempestades con su expedición del Soud.in y sieml;Jra rencores y engendra nuevas rivalidades con las tendencias de Cecillo Rhode8'
á quien proteje sin embozo. La l'ruz británica que ha,
de extender sus formidables brazos desde Alejandría al
Cabo de Buena Esperanza. y desde Mombaza y Zanzíbar á la desembocadura del Gambia v las costas de Sierra
Leona, tiene construidas ya sus estribaciones primeras.
Allí Alemania, soñando con un imperio colonial, que
sirva de esc~pe al exceso de ,;u poblacif1n. Allí Italia, humillada µorlas hordas ·del fiero Menelik. Allí Francia,
olvidando sus tmdiciones republicanas y sembrando rn
)fadaga~car el exkrminio por medio de aventuras que la
debilitan, yaspinmd0 en vano á la posesión de Egipto, que
con~erva Inglaterra en nombre de Gordon, annque,la !~pública Jo pretenda en nombre de Napoleón de Lesseps.
Allí, en fin, todos los que arrastrados por la neCE&gt;l'&lt;idad, urgidos por la ambici.'m ó aguijoneados por la fiebre colonial que los aco~a, tratan de ~erlos primeros ocupantesd&lt;~
ese innlC'nso territorio abierto .i la ciencia para que lo PX', plore y ,í la civilización para que convierta la.'3 agregaciones prot-0plásmicas de sus pueblos en i,ociedades diferenciadas, capace,; de evolucionar y de entrar de lleno en el
conci&lt;&gt;rto de las naciones.
Pero para que llegue ese anhelado. día, ¡cu,'lntos choques, qué tremendas competencias ha de presenciar antes
la humanidad que trabaja en la obra inacabable del progreso!

1

.*
**

América, por su apartamiento natural y su particular
organización no forma parte de ese cuadro donde, si hay
ráfaga.&lt;i resplandecientes de luz, acabamos de sorprender
el lado de sus tenebrosas sombras.
Al proclamar ante el mundo su doctrina Monroe qm,sostiene Cle,"eland y que predica Díoz, se ha puesto fuera
del alcance de esas ambiciones, y protegida por la fuerza
de su derecho propio, se ostenta resuelta á defenderse con
el derecho de s11 fuerza. L:i vieja Europa monárquica ha
tenido que inclinarse ante esta magestad, y la solución
final que ha tenido el conflicto anglo-yenezolano es prueba inequívoca de que no somos vi~tos ya con el desdén de
los pasados días; ya no se nos considera valdío~, expues•
tos ií la conquista de los aventureros y :i la rapacidad de
las Ol'adía~. Ya somos dtleños legítimos y no hay quien
se atrev¡\ á disputarnos la posesiún del territorio que no"
pertenece, y est.í a salvo de hoy en m,ís de agresiones in¡ustas y pretensiones audaces.
Ojal í se consolide esa unidad continental conservándo•
se incúlumes las unidades nacionales, y la Am(&gt;rica republicana y libre y prósper-a y felíz, siga siendo la tierra
prometda á donde se convierten con asombro los ojos do
los pueblos fatigados en busca de una tierra virgen, libres
de los achaques que aflijen ¡Í las civilizaciones cadllca~.
No importa que, nacidos ayer, a:í.n sintamos los estremecimientos que sacuden á. los mundos en vía de formación; no importa que las influencias atávicas muestrt:n
acá v alhi sus morbosos engendros, y todavía se manifiesten las inquietudes dolorosas y la.'3 alucinaciones engaña- .
dora.s que afligen á los pueblos jóvenes. Hay en nosotro~
vitalidad suficiente para evolucionar en sano desarrollo;
hay poderosa.'3 energías que nos libren de vicios ingénitos
y nos impulsen á corregir los errores tradicionales.
;.;f.Ahí están los E~tados Unidos y )Iéxico al ~forre, y bue•
na parte de las repúblicas del Sur que, dispuestos los
primeros por su admirable estructura social, y resueltas
las segundos á olvidar sus hábitos de raza y sus defectos
de educ.'\ción, y decididas á emprender nuevos caminos de
paz y de progreso, dan testimonio irrefutable de la potente fuerza que poseemos para mostrarnos al mundo dignos
de nue~tro deFtino y acreedores al papel q ne nos toca des•
empeñar en el concierto universal.
Felices si logramo.s con~rvar el fruto de una expcrirncia dolorosa.
Dn. CoxsTA.XCIO PE~A. lDrÁQUEZ.
31 de Diciembre de 1896.

NUESTRO OBSEQUIO DE ANO NUEVO·
Llamamos la atenci~n de nuestros lectores sobre el nuevo cromo que acompañamos,
á nue4ro número de hoy y que será como el
prólogo de Jo:-; obsequios que en el nuevo
año nos proponemos hacerle~, entre los cúale::; se cuentan los doce iomo.-; de la BrnLIO-·
TECA MINIATURA.

El Transporte "Oaxaca" en el Varaúero Nacional de Guaymas.

"CLARO-OBSCURO."
De ·ciro B. Ceballos.

Patriciado Liríco.

Yo había soñado con cuatro libros, de esos para la biblioteca íntima, para el librero que est.í junto al lecho,
en la alcoba, al alcance de la mano y que guarda los tomos queridos; los que despiertan en el espíritu fatigado
de la trivial literatura. que nos inunda, invade y rodea,
, sensaciones ha mucho tiempo dormidas, senthnientos
acurrucados en lo m,is oculto, en Jo más hondo, en lo
más inviolado.
Serían esos cuatro libros, de factura extraña, un si es no
es arcaica, breves, m,ís pletóricos de exóticas eFencias: el
Oro y 11egro de Paq,uito Olaguíbel, el Fforil~giu de Juan
Tablada, la colecc1ón de versos de Balbino D,tvalos y
el Claro-obscuro de Ceballos.
Oro y negro: un eleiante. C?f~ de laca ~ oro, joye~o de
lises hechos de amatistas hturg1cas, topamos misteriosos
y esmeraldas episcopales: una pedrería elegantemente
taciturna.
El Florilegio: un baudeleriano · haz de flores enferma~,
de aroma penetrante y exquisito, muy semejantes á_ las
&lt;J,;Je la mano larga y amarfilada de la marquesa ~e\ ~1glo
X:\11I dejó en su libro de horas exornad~ de m1cmles
rojas y estrellas de plata; flores de todos los mvernaderos
patricios, hechas para el corpiño de terciopelo de la gran
duquesa ó para el ojal de la casaca del Rey Sol.
Lós versos de Balbino: desdeñosos señores de talante
altivo, vestidos de negro frac irreprochable, Brummels
de buena cepa,_ Lanznns caballerescos con S!,1-S puntos de
filósofos peS1m11-t.'l.!!, des~mnadores de ma~ngales_finos y
religiosos observantes ae la forma gentil, donairosa y
grave. Príncipes de Rohan de la literatura.
Claro-ob.•curo: atleta rndo, de grande mirada abierta, de
amplio torax é hinchados bíceps, que desprendería una
estrella del saten brillante de la noche y no recogería una
florecilla matizada, por miedo A deshojarla; prosa bien
constituida con mucha sangre de glóbulos ricoit, con nervios complicados y vibrantes y vigor de pugil; un_ gran
burgrave de florida testa, que ama el cáliz henchido de
tockay real, y no el cristal bohemio en que hace visajes
tétricos el ajenjo.
.
Cuatro libros ......... y acaso uno desp~és, con la lit~mtura exquisitamente anéu1ica y estragada de un ruño
que crecerá mucho: Bernardo qout&lt;?--· qinco libroJ, ~inco petalos de una mra flor de h~ d1i:i,,tst1ca y hernldica:
cinco hoja.&lt;i de un trébol kabalfstico, 1mpre~uado de prestigio oriental; cinco artist~ q~ntae~enciados que !yo
.cóngregaría bajo esta denommac10n:
«Patriciado lírico.~
•
8ofl.at&gt;a con esos libros.
Y lleg,í A mí el pewíltimo: y vibN hiriente y limpia'la
diana en la torre señori:\l de mi burgo. ¿Vendr.ín los
otro'!? 1Av! quien !!:\be; m'\'! qué importa después de todo si los que los leerctn ya los conocen, los aman 'y los
recuerdan?

•* -

vi CL \R() ()B'lCUR'&gt; V

**

h-ill ~ en ~l to·h" h" impnrffr.a'I
del or.&gt; vir"'fln v t'l h~ 1'" vi,.ilid'\ie'l ilel H •ra11le;¡ niño.
En J0q eqcrit.0rf'~ h-1.v qie'llwe al~o fem:lnin'&gt;: fibra&lt;! de·
licarh,; v vihrítiles q•1e "" estreme~n :í toi'.t« Jaq -iur,vi
de h vi,h; en Ciro B. C,lnllos n•1 exi,:ten e,·i-i fibra~:
moldearía iarron~s f'tru'l&lt;"~~. no p0rcelana9 de 8fl\Te!'. En
la cuna le dió la leche de su~ pechos robustos el natur.l•

lismo desnud0 v libre: la leche de lo~ fuertes. Tolst-0i, el
conde formidable ~· Zola, ol inmen~ri demoledor, fueron
sus progenitore;.:; amó :i Gautier por la vi 1•eza retadora
de los matices de su paleta; no sabe, pues, de esas tonalidade~ media;i en que se funden (connubio de luz!) las
zonas del arco-iri~. Su numen va del contmste al contraste: de la altura ,t la sima.
A pesar del vigor de su cerebro, Ceballos no ha encauzado a(m su eRtilo v sus tendencias por un canee definí•
tivo; es \'ersátil con la yer;.:atilidad de los númenes adolescentes: la frase lo seduce, el exotismo lo de,..lnmbra y
sufre el alma de su prosa del atayío heterogéneo con que
la viste,
F,íltale adernáA observaciím; no ~abe hacer hablar :t
sus hijos; préstales nn verbo t-0do suyo: sobrado pompo~o
6 sobrado rudo; más apenas ha traspnesto la linde de los
veinte años.... .. il fun son cl11'mi1t: hL~ madureces de su
otoño eAtar,in henchidaA de jugo, prsar.ín en los ramajes
y atraer.ín .i las aves del cielo.
Esperemos ,t que rl Yerba se haga carne y luz y medula......esperemos.
·
Y soñai:é entre tanto en los otros cuatro amigos que
acaso llamen un día ¡t mi parca biblioteca, todos enfermizos, próceres t-0clofl, todos hechos para lo;; lt~illla !/ .•ei.&lt;1
del viejo Barbey...... Soñaré en e;.:e A1trióado lítim, unico
que despierta mi» fibras y aceler-,1, mi pulso y sabe b1ticar
como el arquero habil el nndo de mis nervio!':! pttra herir
allí produciendo la convulRióri. voluptuosa que anuncia
al arte nuevo, al arte )Ie:-:ías, al arte Rey!
~UDONERVO.
Diciembre de 1896.
UN FII.,A1'IENTO DE CARBON.

Ya el título es extraño.
Hav, v .todo el mundo conoce, filamentos de cáñamo,
filamentos de algodón, filamentos, en suma, de diversos
jegidos vegetales.
¡Pero 1111 fil111,u•11/o de cn,·ú611! ¿Qué quiere decir esto? ¿y
para qué sirve?
¿Y quién para mientes en engendro t.an baladí, dado
que exista, y cuyo nombre, en todo caso, má~ que otra
cosa parece un atrevimi&lt;&gt;nt-0 de la gramtítica y una impropiedad del lengnaje? ¡El carbón en filamentos!
Todo el mundo conoce el C.'\rb/in; pero lo ha visto, y se
lo figura en forma de ma~a, más ú menol'compacta; como
el carbón de encina que viene del monte: como el carbón
de piedra, arrancado á pedazos del fondo de una ruina.
Pero, ¿,quién ha visto ni dónde i;c encuentra un filamento de mrh611 en el ¡;eno de la naturaleza, á pesar desertan
pródiga en a~ombros y aun en caprichosas combinaciones?
En la naturaleza podrá no encontrar~e. ó se encontrartí
difícilmente, porque á pesar de rer tan rica y t.an poderosa, no tiene el ingenio sublime del hombre. Es la natura•
leza un rico torpe 11 ,rutinario: siempre lo mismo.
Jam:ls la naturaleza ha fabricado una locomotora ni un
dinamo: habd mina.'&gt; de carbón y de hierro; pero no hay
minas de donde se saquen ya fabrirados dinamos y JOC-Omotoras. La acciún directriz, la furrza combinatoria, la
luz divina del espíritu humano son neceFarias para reali•
zar los portento&gt;&lt; de la ciencia Y dr la i nrlnRtria.
·rn./ih1111mlo d, rarMu procede de un filamento vegrt.al
ordinario; por ejemplo, de nna fihra de bambú. de nna
mecha de algodón, de nna e~pecic de cinta UL' papel, qrn.:

celnlorn es al fin y al cabo, y por lo tanto de origen vegetal.
Si estas :fibras se colocan en nn molde de metal y se som&lt;'t~n al fue~o, ee carbonizan, es decir, todo lo que noes
tarb&lt;m, el hidrógeno, pongo por caso, se ra, y no queda ·
m:ís que un hilillo de moléCt1las de l'arbono. A esto es t lo
que llamamos filamento de carbón.
Que, por lo aemás, puede obtenerse de muchas manerns, y hasta del carbón directamente, sin pasar por las
fibras vegetales,
Pero nqestro objeto no es explicar los procedimientos
que emplea la industria para obtener filapientos.
· Rúlo nos proponemos un fin :filosófico-científico, dig:lmoslo así. Sólo nos proponemoe,·repito, ponerant,e nuestra vista un hilillo de ¡mraculas de carli6u y quedarnos en
meditación profunda delante del insignificante y ruin y
negruzco sér. ¡Un hilo de carbón! ¡Para qué sirve! voh·emos á preguntar.
Es que á. veces los seres m:ls insignificantes, más ruine!!,
más despreciables, son por lo menos gérinenes de sublimes grandezas y de luces maravillosas.
•
Cruzad el campo y ved sobre el terruño un pobre labrador, tosco, prosaico, sucio; tierra cuajada y ama~ada
con sudor; un grado m,í~ alt-0, sólo un ~rado, que las bestias qúe trabajan junto ,í él ó que van delante; un último
y modestísinio escalón en la e6cala zoológica que empie•
za por el homo .wrµinui y !&lt;igue bajando. ·
Ene!' ¿quién sabe? Quiza en ese rudo y to~co y, embrutecido sér est:í el gérmen diYino de un gran artista, de un
gran poeta, de un hombre de Estado, de un sabio, de un
general victorioso, de un gran inventor. Él fué tosco carbón vegetal, negruzca masa que rodó por aquel surco,
que sus bueyes arañaron en la tierra con la uña del arado; pero su hijo ó su nieto recoger.in en el .robusto Í\ sutil cerebro, flor de aquel campo los resplandores de la idea
y las palpitaciones del e~pír1tu humano.
· Que aquella fibra yegetal la carbonice la sociedad con
su fuego y la electrice &lt;!on sus corrientes y brotarán torrent.es de luz.
Purs eso hace el fi[m,11·11/0 de cmb6n.
Pero con su cuenta y razón brilla. .
•
Si se le pone en la at-mÍ&gt;sfera, en contacto con el aire, y
se hace pasar por el hilillo de carbÍ&gt;n una corriente eléctrica, arde sí y luce breves instantes, pero pronto el oxígeno atmo~ffrico lo ro11x11.me: el carbón se quema: su luz
se apa.,.aa: su vida es breve: sus re;;plandores efímeros,
)fas si se le protege con una e11mfreute cri~talina y dentro del espacio protegido se hace el vacío, sigue ardiendo
días v días, meses y meses, qlúzá ochocientas horaF, quizá miís: ltu·c _,¡ no .•e cm,.,,,111e, o se commme it la larga.
Así el sér humano, así la más noble inteli~encia, el cerebro más poderoso. Si se etntrega ¡t la acción corrosiva
del medio ambiente, si so deja quemar por el oxígeno do
-las pasiones que le rodean, pronto es triste silencio, fría
cemza, fúnebre sombra. Es forzoso que algo puro, cri~talino, una coraz,t transparente le proteja; que á él llegue
la vibración etérea, no la acción combustible; murallas
protectoras cristalizadas: pase por ellas lo que pueda ser
luz, !,)O pase lo que ha de ser humo; fórjelas la idea del
deber y el amor al bien.
Todo esto es explicar por símbolos del orden moral
una de las más portentosas maravillas de nuestro siglo,
tan Fencilla como prodigiosa.
A saber: la lámpara d1• inraiulescenóa.
Y en rigor ya la hemos descrito: un globo de cru:tal,
en cuyo interior se hace el vacío, un vacío casi perfecto,
y en el cual se coloca un filamento de carbón.
Por un extremo del filamento entra la corriente elC&gt;ctrica, por el otro sale, y al pasar por el hilo de carb6n lo
hace vibrar y lo ilumina. :No m,íH.
Lo ilumina, I&gt;orquo la luz nb es m,ís que vibración del
eta, comunicat a al eter por los cuerpos vibrantes, cuando
la rapidez de las vibraciones es suficientemente elevada:
como el sonido es la vibración comunicada al aire por el
cuerpo ~onoro.
E,:ta es la explicación que da la ciencia, y la realiclacl
sed de este modo, ó de este modo podrá ser simbolizada.
La verdad es que nosotros no conocemos las cosas corno
ellas son, porque no estamos dentro de ellas y con ella;,
confundido~, sino por los símbolos que despiertan en nue~tro cerebro.
Pero, ¿cómo la corriente eléctrica hace vibrar las partículas del hilo de carbón?
Válgame otra imagen, que sobre símbolos é imágenes
trabaja la imaginación y funcionan las potencias intelectuales: sobre rl'presentaciones de las cosas, dicen los aut-0res de psico-fü&lt;ica.
.
Cuando un arrovnelo de poquísima profundidad corre
por un lecho lleno de piedrecitas, ¿no es cierto que al
choc.'\r con estas se cubre de blancas e,soumas la corriente?
,
Pues algo así sucede cuando la corriente eléctrica pasa
pQr el hilo de carbón, cuyas moléculas son como las piedrecillas del fondo, en el ejemplo precedente, Sólo que
aquí la fuerza de la corriente es tan grande, que las moléculas vibran y engendran la luz, viene á ser como la luminosa espuma de aquel arroyuelo eléctrico.
Y si la comparación no vale por sí, val!? al menos como medio mnemotécnico para fijar el fenomeno en la m&lt;:moria.
De suerte que hav .una diferencia radical entre las lámparas que se llamañ de urco-voltáico y las hímparas de i11cande.•cmcia.
En a,¡vella-•, el carbón, que es una barra rclath·amente
grue~a dividida en dos trozos, 6 mejor dicho, dos barra!-,
vibran al aire libre y el otdgeno las quema y las barra~
se consumen.
En htns, es decir, en las de incandescencia, el hilillo
de carbón vibra en el ,·acío y no ~e quema ni se conswne,
ó se consume lentament&lt;'.
Y hé aquí como nada, por humilde que ~ea y despreciable que nos parezca, es despreciable, ni en rigor humilde. ¡en hilillo de carhr'm! ¡Qu(&gt; nrgro, qué ruin!
¡l'n filamento de carblln! ¡Hilacha carbonizada!
f.:i una hilacha vale tan pQCo ¡cu:ínto menos yaldr.icuando e,.t(· rcd1wi1la
. á carht,n!
~

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897
- - --=-~

EL MUNDO
4

de treinta ailos de asiduo concurrente á lª
casa de la calle de Valverde, se ve obligado á prc~idir una jnnta, es Tamayo y Baus,
el Secretario perpetuo de la Corpora·
ciún, quien, por lo bajo le indica las pr.íc·
ticas reglamentarias :í que ha de cet'l1n;c.
Ca~poamor es de los pocos hom}ires
que viven content~1s con ser lo que son y
que nada aro bicionan. Hecuerdo que cuan·
do rehusó el título de Castilla, con grandeza de España, con que el Gobierno creyó honr.ir al egregio poeta dijo, justiciera·
mente, un diario de l\ludrid:-Nos explic.1mos que para honrar un grande se le
dieran los t1tutos de Campoamor; pero
darle á Campoamor el título de grande
l;t•ría un ycrdadero colmo. Camponmor
cst:í p11r encima dtl todo lo grande, y tod_o se puede engrandecer, menos su gloria.
Xo ha faltado quien pretendiera crear
algo a...í como antag&lt;mi!&lt;IDO entre Núiiez
de Arce y Clunp,1amor1 como si eso, llámese rivalidad ó antagonismo, fuera posible entre do,- astros qutl brillan con luz
¡,ropin y que giran en órbita distinta. Don
Hamí111 encontr:i recientemente la o:portnnidad de npla.,tar :í los que lo cons1dernban capaz ele mezquimlad envidiosai
c~cribiendo este preciow autógrafo en e
al bum con que los literatos cspat1oles aga~ajaron, en el día de su ,Htimo cumplea·
fios, al poeta del Vi:rtiyo v de Rni11w11do

J&gt;ue,- 1•,&lt;:\ hilar}rn negra ¡tlsJuz!~¡Luz aclmir.1blc que hnll.'\ de-de la mod('sta vivienda ch•l nwnt•titn\l al palado del m:i.g·
nak!
Con 1,í/oduu couwrtiilas 1•n rarb~m !'C
alnmbrn h•i)' el g~nero humano.
E-. qm• en el unh•ef:',1 no existe lo n1i11,
ni lo d,·,predable. ;-(,Jo e- ruin lt, que l':-·
M ¡,,,,, ,,.;,, porque entonce~ ,e confundt•
'con la 11mla.
Pero lo que 1aá...; r1d11 no~ parezca, como
F(l ugite, como ,;e mneva, como trabaje, no
con agitaciím tle-onlenada que se tlestruyn á si mi,.ma, sino &lt;'un ci;a ordenadaagi-·
• tllciún &lt;tlll' ~e llama ri/,mr; que en l'I ;iustnunent"mu-ícal es 11n11r,11ía, y en eteres
luz, V l'll literatura l'l' llama
en el
ccl'('bro ncompaiia al ¡,emiar, y en· e l mar
e...; oll't¡j•, y en foH e:-p.H•in" celestes e~ eter• m\ tmyactoríu elíptica; e~o, repito ,que
i:e no~ antoja llltÍS ,·11i11, engendmr.í '{11z v
IITIIIOIIÍf/1' )" ~'l&lt;t_rojall )' ]lell_'lllllJÍ(llitNl y t,/t'ajrs
y,/, m&lt;,,. 11111kl,·11s ¡ot ,u!,n,·t111 t•n las profundi&lt;ln&lt;lc, de los ciclo&gt;&lt;,
.\"o exbt..• lo ruin: cxisti• lo p~n•zo:-o.
Exi~to /11 ~11111hr;,, &lt;¡U!.! es la i,111111l'ilid"tl
clt•I eter¡,,yel1&lt;i/nwio qm• es la i111,wri/i,/,1,/
del air,•¡ y el Hue,i" e', In muntr, quo Hm In
;,,,,,,,,.¡¡¡,¡,,,/ dl'I pe11sa111iP11to.
Tom:1ll carb',11 y l ' ' negro, feo, sucio,
i;rnnbr,1 cuajada, n.•cucnlo infamt• de las
tinit•bL1s clt• 1111 abbmo; hacl•d que pa~c
J&gt;Or él In ('Orriénte t•léctrica y vibrar.í y

r,r~tJ, \"

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F&lt;'l'~Í luz.

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•

-

De pie, en actitud reverente y sombrero en mano, dcoo habh1r,c del hombre

que encarna en sí la doble realeza del 1;ah1•r v del tal&lt;•nto.
Cuando IIPgué :\ )fadrid ,-e hallaba Don
'!'ollas 1•sta,- co&gt;-a.• y otras mucha pienso
)larcdino l\lenénde:r. y Pelayo, el cerebro
c1uu11lo n,o lucir una Límpamde int·an1le111,ís enciclop~dieo tfo la E,-paila eontemf'Cencia, y en ella el filame11tu de carbJn
JIOr.ínea, veraneando en :-antandér. Los
hecho luz.
t re!-&lt; ú cuatro me~t•s q uc pasa en ~u tierra
_f.í,,,·'.1 f,,·i/1011/t que llnje no sé qué signos
11al::ll 1 son 11:1mél ¡.,,. día,;_ídicl•s dt• f'll exis1111,-teno➔O•.
tencia. a\.llí tiene "u ca,a y su biblioteca,
l'orqne ya ha~ta la luz ,-e ha espiritua:\ h1 t¡uc, i;egún afirman lo,- que la han vilizado, si \'alP la palabm.
i:it:1do1 ,s~lo hi de U.inov:~" puede a.~pirar
Ya m• t'" hogm•ra alPgn•, J&gt;ero hnmc,,-n:
a t•ntiiblar la compct-encrn. ::iantnnd1•r es
ma.sa y volumt•n dc luz ~· fuego.
l'l tímioo que el 1&gt;r1d\'1xi,o cerebro de llon
Ya no P&gt;&lt; tosca\' volumiun,a mecha mal
)farceliuo necc1-ita para trabajar &lt;lumnolitmw y carbonizada, c¡ue con el pfüilo
te Jo.,; ocho mese~ que l'ft.Í obligado á re,i(•st1 hal'i1•mln ,,scarnio de sí misma.
tli r en la capital del reino.
•
Ya no 1•,; mt&gt;chero &lt;le !{ª" rernlido &lt;'11
Que nuestro amigo, en )Iadrid, no se
ahiert~, abanieo; pem mm•n 1zan1lo con la
tiene por un vecino i:;ino por mi. huesped,
expln,iím :í cada instnnte.
lo pmPba el que habita en una modesta
.\"o f-&gt;! ní rol11111r11, ,ii ,.,,,,, i:,'iri,· d,, /11;: es
!onda de h\ ralle del An'n:11.
''''" ltiu•,1, no 1l~lÍ~ quP ,,,,,, ltw'rr, que no da
Diiít'ilmente se l•ncontmr..í un Iiwrato
humo, quo casi no da ealnr.
"'-,...__ ..,,_ _
---::, m(IS l:ibnri_oso qne :Men,1ndcz y Pclayo.
La geomct_rfa de· !ª luz ~1· ,·,1 ~implifical•:~crihe cada aiio por lo nwno,- un libro;
mlo: sn var1Pda1I se ,11 l'On1lc11,ando NI
Srita. Elena .:&gt;rtee;a· (de Tapa;hula. ]
n:dactn extcmlt)~ informes :sobre asuntos
u na u nidaii c:ula vez 111:í:s bri llantR..
á él encc1111cnla1los p. ir Ju;; cuatro .\.endemias :t que per.Jc,,(EcnEG.\11.\Y.
v gric~o. lo:-- t;txtuninailnn-~ !":(• ocuparon ,•n t•lo~iar ~u ro- t{!11&lt;.•t•t•; da lecciones cu la Univen;idnd; concurre á. la» i:;ehu_sJcz. su \1Crspi1·acÍI\ tle vi:-t.a ~- ;.u np:ud~za de oí~lo. Jfo• Hiotit·H del i'-rnado; va al t&lt;•atro, :í tertulia.~, á paseo; :í tofirw111lo,1• 11 c,te t•xamcu 1lt•1•ta J)on Hamon: Lo!-&lt; Jl'~mlas do aticndt• y para t,.,&lt;lo tiene tiemp•&gt;, hasta para leer
lmsl'ab:m unte t,,.10 t'i ho111hn·. p,.,,-pu~,-. :-i lt',- c·onvenía, cuanto d1• nuevo é interesante se publica en Europa y
RECUERDOSDEESPAXA
Por Ricardo Palma.
harían el ,-aoio. el 1,olda&lt;lo, PI predicador ú el come- Amí-rica. El hombre es de una actividad que parece indiante.
verosímil.
ESBOZOS.
Tr:1t,índnsc ,Jt, la exi,-t(.'ncia dt• Dios, dice Campoumor
I~í:-icamcnte no luce una organizacion robusta ,-:á prueque (•l no ransti su 1·1•1-cbru hul'cando razom•:- ni argumen(' \~{ PO.\MOR.
to~: qne (•! croe en llio:-, ¡10rqttl' ~í. Eso,¡,. &lt;li,cutir ,í ]lios ba tic fatigas; pero bajo apariencias dclirnda.~, ·su orgaQuien pa-amln por In !.,'arrcm de San .Jcr:mimo, en hls ,-e hizo par:i Jo,; holgazmws qm· no ticn\·n \'ll que ocu- nismo es t1m privilegiado como su inteligencia. De mediana estatura, delgado./ p..ílido, en sus ojoM que· son
última.~ hora...; ilt• mui lnr&lt;l,• 11,• invierno, Pntr,! en la libre1&gt;an~P.
hermoso:; y en la sercniaad de su mirada, be retlcja su
ría de Feruando Ft\ 110 podr.í mt•110, d,• fijare&lt;• en nn anJ~studiú dos ailo:- medicina y l:\ deje'&gt;, pon¡ue no act•rta- gran espíritu. Cu:mdo yo lo conoeí, acababa ~l de cum~iano dt&gt; ojos azule:; y c·alx1l\o c·:111111 cara. ancha y r.'.!¡.(nciba :í explkarsi• la worfa tlel e:-tornudo. He tlpdicti otros plir trerntn y seis años, reproi:;entando tl,Lad inferior á la
Jada, enc..rracla cntn• patilla"' bl:tnca.", gon:lura Ütl eani'1tlo" uiios tí la jurisprmlencia, y \a,- l'andcctas lo hicieron qne le asigna l'lu fe de bautismo. •
11i~n. que vi,-ui d,· g:lb.Ín tic piek~. y ú 1¡uicn rodean, t\':-·
bo,-tczar y aburrin;c.
l'na cmilitlad que embelesa en )Ienéndez y Pelayo es
pet:ímlolc y 111i111:imlolo m·ns,1 m:í~ que :í un monarc:L los
.\lguien le dijo una tanle almlieudn :í sn focn11tlidad .su mode"tia, no dirc; si réal ó simulada. Desde el primer
cort&lt;'snno&gt;&lt;, mucho:; li&lt;' los liter-.itos qm• hoy dan honra :í
poética: hay que reconocer en nstcd, Sciior Don Hamún, momento en qtw e&lt;mH•n&lt;ais con (,1 os trata con exquisita
las letra., t·spailol:\,;. Ese t un venembll! como simp.~tico v
el mí•ritn tic la lnborio,-ida,l; traba1a u,-tl'd ba~tantc. Pues llaneza, º" in,;pim confianza, di~cute tranquilamente y
queTi&lt;lo ancian11 e,- I&gt;on Homún de Campoamor.
•
est.i u:-ted t~ni\'ocado; porqutl la hija del capataz de mi
Entre lo!&lt; má.-; a.,icluo" ,lt• los que forman hi tcrtuli:\ hat·it•nda, ,í quien hicieron creer lo que m;tcd pien~a, ex- i:;in dognultizar, y dista mucho de acalorarse, como Tavefpertina del creador de lt1&gt;1 Do/11r11,,, se Vll :í )Ianuel dt'l damú al concx•omm;-;.:\.ntla! ¿,Cómo dicen que el !-Cilor mayo Y Ban~, ('liando~ le contradice. ~o pert('nece Don
::\fan·elino ,í la &gt;'llCta de los infalibles, y sabe ~er toleranJ&gt;al:icio, el poeta lle la~ clii,peant,.•s agudeza.'i¡ á En:(enio
trah,1ja mucho·: ¡Y no i-e puede agachar!
C(&gt;n los hombre!-' y uon sus doctrinas y opiniones por
~11(&gt;:;, el aplaudido autor th•l Snd11 yonli111w, cuy:\ candiCampoamoc po:-ee nna tortuna que le permite• vivir con te
ab,-unlas que ella,- liéan. El no habría condenado á Gadatura para la n1cant,.• de Zurill:\ en la Aradt•mia :eatrohol,znm y sin ¡,reoc11¡&gt;an-c ,!el mañana. Le e:; del todo in·
t·inaron, con calor á qne no 1·orre,pomli{1 el éxito, ~ "iiiez
.
dif,•n•nte el qm• ,e r,• Pbren (¡ no tratados sobre propiedad lileo.
~o rreo :í ::\Icní-ndt•1. y Pt•layo posccd0r de gnmdes cuade ~\rce, Castro Sermno, Taim\yo y Campoamor; Jo,;~
l_iternria e~tre 1•'.spaiia y las l!ep·.'iblica&gt;&lt; ameril'anas; pues
omtoriiL•, tÍ pet-ar de lo tacil y correcto de su paA lcal:í Galian11, el es(·ritor qne, en lo~ versos'llc ~11 libr,l
1·1 rn&gt; se cnula tlt- reclamar de lo, editore" de sns ubm, de- lidades
labra. }LiK qtw hombre de fantasía es hombre de criterio
Ka/, iduxm¡,io y en sn~ artículos l'll pro:ll\, sobre to,lo, luce
rechos ~ll' au_tor. Rus ami~o~pue1lcn n.•imprimircnanto&lt;-1 l'laro y ~en•no, y :-nbru todo de mn\' singular y admirapor lo. especialidad de la forma humorística, y de q ,Jicn
ha c,cnto, sm quP ,... ,•nnje pon¡ue ha van ol\·ida,lo soliciValera aspira á hacer un ac:ulémico; Ricardo do la Ve-~a.
·
tar s11 aq nies,:euria. ( 'olabora t•n la ¡-;,,,,a,;,, Jlml, r11" t·on ble pcrcq&gt;eión c:;tl-tica.
el tan ju,;tnmente popular isainetcro; P,,ña y Goiii, \'icen•
:-us ll1w111r11tl11~, nada 1ná~ que p&lt;&gt;r cariilo á p,,¡w L.ízaro.
te (',olorndo, X1warrek•, Pin:\ Dmnínguez, ,1oa9.uín DiccnEn una palabr:1 1 ,•s Pi único e,;crltor dt• fama ,í quien su
OTRO PAGO DE$ 5,000 oo DE "LA MUTUA"
tn, 10,- Sepúlveda, el C',oncl,· de la,- ~a,·:\s y chez íi doco
EN GUANAJUATO.
pluma no prollm-e dint'ro.
cHcritore8 más. Ctist~lt\r y ¡,;(i¡¡ez ele Arce no deH,leñan ir,
Iloy non Ramún tributa culto :í la pere1.a~ Ya no lee
de vez en cuando, :í ~olazaN· en la librería de FJ, oven&lt;;u:umjn:it-0 :t rn dP Dicitlmbre de 1800.
ni cstudiu. Dic-1• q1w á :'.\fonéndt•z 1\•laYo ll' tiene pncodo contaT chn~arrillo:; :í Don Ramón, que es el reg.,cijo
t-,r. D. Carlos :-ommer Director General de "La )Iutua."
me,!dado qne ka .Y estudh• por 101:1 do~. ':I..o que en Es¡m)léxico.
hecho homhn'.
fia ignore :'.\fan·ehno, aiiatlt•, tle &gt;&lt;egnro q1w nn hay t•spa• . La librería de Murillo, en la calle de .\.lcnl.í, es tnmbii:n,
fiol t¡ue lo :-epa. ¿A qn{- fatigarme·: ( 'irnndo me hac,\ falta
:'\In,· •t•iior mío:
&lt;lc,-pué~ di' las cinco de }a t;1n.le: otro centro de gente de
llur m,· ha t&lt;idn pagacfa la suma dt' cinco lllil pesos
aprender algo H' lo pn,¡tnnt-0 al 1-&gt;1bio por excelencia, Y
]1,tra.o.;. l\lenéndez y· Pclayo, Barhieri, Catalina, Zarago:r.a,
trabajo hecho. Por :'.\lené11dc1. l\•Jayo tit•nc Campo;1nuir ($:1,&lt;XlO) importe dt• la p',liza nÍlm. :.lH-\\l~:.l bajo la cual
Colmciro, el padre l'ita, .Jilué1wz de la Espada, Fern.inestaba a,e¡?11nulo mi fin:uln hijo liuilll'rino (-loorne.
adoración.
·
dcz Duro y otros aca,lémico~ de la Ili~torindeparten allí
J,a actividad~- t'licaria t·on que ha exl)l'tlitado lasprueY e;ae conver,-1\d.or, tan pl.ícido y variado en l:l t('rtulia
l\'po~mcnte, 1:1in la animación y ha...;ta el bullicio de
de la Carrera de $a11 ,len',nimo, t·s otro hombn• rn 1:i~ ~e- !'."'' tl,• mt~•·.r.te el :-r. n. _1,:nrique }ley1:nbl•rg, Agente de
los tertulio:! de la cam•ra. d,· ~n Jer.'.mimo. No es raro
La )l11tua eu e~ta &lt;':l¡ntal y la prontitud con que se me
sionl'" de• la AcndPmia Espaiiola. Xo :1hfl.' fa l&gt;&lt;K·a ,iuo
,•ncontrnr en e.-ie círculo de gente gravti á C.ínova.~, á ~ilha ht•cho 1•! pago, confirman tll :merecido crédito de que
pl\r.l decir •i ú ,, í, cuan.to 1'11 nna vot,11·i.',11 es i111&lt;•rrol{:Ulo.
•·vela, :i l'idnl, y al man:¡ué" de la Vega de Armijo.
l'an•ce que hnbit&gt;m h1•cho ,,,t,, dE&gt; ,ilenci11. :-:i por cnit'T- ;¡nza es:i benetica y pc:xlem,;a institución que u~wd dignal'ampoamor hizo ~u" primeros e,tudios tlll un colt•gio
•
me&lt;lad del Conde de Ghe~w·ó de l)ün .\ureliano 1,·,•m.tn- mente rupre:&lt;enta en Ctita Repúbli~
deje,m1ta.&lt;;; pero sedisgu,;tóde ello:sporqucen un examen,
De vd. atto. s. s.. -L. GOEllNJt.
dez Uucrra á quien sigue en antigCe,lad, puei; cuenta m.í~
en que el alumno soñaba lucir por sm; auelantos en latín
lt1R

EL MUNDO

-- ==

T,rnto I\U menta la glori&amp; su estl\tura
Quti ,, ese genio glgaut.e,
l..c llamarnn el grnnd~. alll\ en la attur&amp;,
sh111&lt;.,,,pearc, Ano,to, Caldtirón y Dllnte.

Tomad carbono, azol', hidrógcno,'oxíge110 y pol·o,- cuerpos m,b en mínirnas eantitlades, y hit•n poco yaJ,lr.í to'1o dio.
]'ero c,nnl)im\&lt;l\o dt• C'icrto modo, colocadlo Pn l'l l't•ntro 111' esa U!-'ombro,-a lárnpan\ 111• inr.ah,le-cenciu, que ,-1• llama cen··
lirn hmnnno, haced que pase la corrientt•
(•,-piritnal pc,r la:- hilarha,- de In mafl\ v
la ver,~is iluminar,;t• con lo~ ,., "í,f,1111!,,rc11
,fr

DOM1NGO 3 DE ENERO DE 1897

•

-----

~

-

&lt;

~n iailio ae pobre.
Dibujo de Martinez Co.rrlón.

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

6

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

.

*

LOS HUEVOS FRESCOS
Cuento Alegre.

Como tú, como yo, como
Luis XIV y como el d!f~nto
Toupinel, el señor.Jerommo
Gautrelle tenía dos cai:as Y
se hallaba bien con las dos.
Todas las mañana!' se
arrancaba al legítim? a~to
de la señom Eufemm (,autrelle abandonaba hts alturas d~ 8 u quinta don?-e la
paz de su hogar !'e abri~ba
ba·o los muros de ladnllos
relract.arios v se dirigía á la.
capital por el tn;n de 8 h. 4 7
ro: que llegaba a las 12, momento preciso en que Jerónimo se encontraba con Ida
(la otra).
Id.'l. se ve~tfa entonces con
una toilet.te discreta; la. pareja se instalaba en un coche de sitio (sus 8,400francos de sueldo perI!litfan al
jefe de Jo Contencioso este
lujo) y cada noche, esperando ¡1; 1 mañana épico, el
señor Gautrelle hacia arr~.
. te ml
~~ssJiÍll~~!:tl Sríta~ I~tiqse loJ1;!f~ú!~~:1iiiE~
á la estación de San Lázaro Y
ra. . . .
1
pe~~!t
h~b~ós~bhl:;:~!:a.:~~:;~g·la hipocreta
eocial y desenvolYirriient? hbre de sul
y
1i°1ga-azr;
doblP se inflamaba alternativamente a ca or e o

ti!

~!

J

yr, a81

i~i

al ~cendi¡°3e1
~t;:/{~í~~~ Rugo, su culpable dicha
í¡n30: afos y nada la había turbado, cuando una
~n
tarde la Srita. Ida ,.0 mprome~ó al Sr. Gautrelle á
~u':t llevase el día siguiente media docena de blan-

quiW~!édico la había sujetado á un régimen (la neur~=
. ! 1 fatiga' la anemia!) y ordenaba huevo~ frescos, pe
:1\os\spendedores del barrio no le proporc10naban miis

el sobre la frescura exquisi~ de los huevos 9-ue la c~in~m les babia servi~o. Al oir ésto, una so~r1s.a ma~ma:
él"1 alargó silencrosamente la boca de Je1ommo, Y fué
goce que declaró á su cónyuge quP, a.pesar de sus
treinta años estaba tan fresca &lt;:Orno los ~ue:·9s ...... d . _
Des ués como á eso de las cmco de la rn.rna.na, e¡au
do / jFufemia que ~ustase de un reposo muy b1e~ ~nado
el
Gautrelle bajo al jardín y ..i:ienetró subre_Pticm~ente al gallinero, hizo su prov1s1011 ......... y toda la s.ie;-ta
s coro afieros de oficina se l?reguntaron que trainan
bolsis del sobretodo de Jeronimo pue se ahuecaban
con redondeces sospechosas.
. , ,
Cuando á eso de las cuatro de la tar~e depositó a los
·é de Ida su media docena de huevos ~rreprochables, e~
~c~nocimiento de la jóven no tuvo línntes; ~auto fué as1
que al Sr. Jerónnno se lepasó el tren y llef.l:Ó á su casa
con hora y media de retardo.

;al ii
S~.

f:S

·X-

Pasó sinie;~ente la semana, durante la cual el Sr.
Gautrelle se abstuvo de yer
á Ida y pudo así comproba~·
que no le era posible vinr
sin ella y que desde que n~
la veía en nada apreciaba m
su piP,a de eSJ?Uma,. ni s~ perro m su mu¡er, ru el 24. to- ·
mo' de su novela.........En su
injusta ira odiaba á la Sra.
Gautrelle ( que por su pai.:te
aplaudía ingenuamente la fecundidad de RUS ponedoras,)
y hacía amargas reflecciones
• sobre las alegrías ridículamente insuficientes del hombre que suelen depender ·
hasta de unos viles hueyos
fresco~.
El sábado síguíen~, cuando se dirigía, al ~lir de s~1
oficina, á la estacion, meditando sobre las desconsoladoras desproporciones de l?~
efectos v de las causa~, se dio
uu fuerte golpe en la rodilla
contra uno de esos puestos
ambulantes que los expendedores colocan en el borde de las aceras.
. .
«Todas son desgracias en este mundo,n clamó, y 3:l mchnarse para reconocer el obstáculo tropezaron sus OJOS con
este letrero: «Huevos frescos del día," que, como el maná
:i los hebreos, lo llenó de gozo.
.
«He aquí la solución,,-ex:clamó alegre°:l?nte el Jefe ie
lo Contencioso y en un decir Jesús camb10 una pieza e
cuatro centavos por una media docena. de aquellos ~uevos providenciales; cuya frescura no vaciló en garantizarle, impúdicamente, el expendedor. .
. .
Vuelto ~í su casa con su paq_uete bien disimulado en 1a
bolsa de sn 11UU'jerland, J erómmo Gautrel]e mostró du~nte la comida w1a alegría infauti]: Eufemia no recon?c1a á
aquel alegre marido y se regoci¡aba de poseerlo as,, tan
vibrante y bienhumorad.o.

l

~'

,,

ue huevos hueros é Itla contaba con la amabilidad de

innuevecitos.
Jeronimito que le lle\·aría del campo un~s grande~ Y
Diciendo e~to, la cnca:n~dor3: criatura ale¡aba con su manecita d C'ran~o ad1mmstrat1Yo del Sr. Gautre1trefe de lo contencio~o en la A. C. EJ;. F., prometió
todo lo que Ida quiso y partió con el corazun lleno de esperanzas en vag-as .recompensas.
.
.
Ma.'l ay! lainvestigaci'ún ele las prun~ras !!3USas Y d~Jo~
primeros principios pue~e parecer casi un J.uego ~e mno~
en comparación de media docena de huc,?s fr~scos for:
zosos. Después de haber vagado dos horas. a tra, é~ ele la:,
callejas de su. c,ol,.mia, clesp1~és do haber sido_Yíctmm ~~~
escepticismo 1romco de dos o tres honestosexpend~dorc ,_
de blan9,uillos que acon-ieron su demanda con sonrisas de
compru,íon, y del tmnq"'uilo ci~ism,o de todos ~os o~ros que
le juraron por sn honor qne ¡amas habían \ emhdo huevos frescos, el :-:r. Gautrellc volví.6 desolad? á su co~yugal do_l!lícílío. Al día siguiente, Ida lo acog16 con acritud
y le d1¡0:
·
y ·
-No ei; por tn bella cam por lo que te qmero.1 :ii me
relrn,-,:1!:! ese pequef10 gu"tº··;···
. .
El 8r. Gautrelle se enredo en explicaciones d~sesperad.a,:I. b'n yano intentó consolarla, en vano mqstr" nua galantería agresiva; tuvo que volverse ú su ca,a desolado Y
¡;in esper~rn7.a.
•
d
Jm;tmucut~ ci,a noche·, en tant-o que pl~bcaban es~re mesa, la Sra. Uantrclle atrajo la atencion de rn man-

j

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~;,'A,

~~~~l1~'111\I
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§

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1/-.....

contencioso aventuró ante los barruntos de tempestad
deshecha, una sonrisa tímida.
-Sr. Gautrelle, esclamó bruscamente Eu.femía, usted
me oculta algo.
-Yo ocultarle algo? pero estás loca mi quPrida Eufemia..... .
-Entonces que significa est-0? preguntó la e~posa irritada abriendo sus mane citas en las que había dos hueyos
cuya corteza llevaba esta den uncía.dora inscripción con
lapíz azul: cuatto centavo~.
-Que quieres que te responda, elijo el Sr. Gautrelle
aplastado por la evidencia, veo el hecho pero no lo comprendo ..... .

mtr

jándose caer sobre
•las rodillas del Macbiavelo de su esposo. ¡Pobrecito
mío! ¡Y yo que lo
cafomniaba! ¡Qué
bestia soy Di?B san
to! ¡Como si esas
m11jerzuelas se
contentasen con
huevos frescos ..... .
Estaba loca!
El Sr. Gautrelle
triunfaba modestamente. Ella le
miró con sus hermosos ojos húmedos y convulsa aún
por los sollozos le
preguntó:
"•Terónímo, mi
.Teronimito, ¿me
perdonas?
El jefe de lo contencioso no respondió sino estrechando contra su pecho
á la coniiadísima
Eufemfa. Y 1;oda
confusa en medio
de sureconocínÜen
t-0, la Sra. Gautrelle comprencli6 que
CRtaba perdonada.

"Eu fico!"
Estas dos palabras dichas en el
idioma de Til'admles, fijaron un día
la estabilidad de
un imperio. ¡En
qué insignificancias suele estribar
:t veces el porvenir
de las naciones!
H,unvroN.

\1

Pa8ªt

-·

f I \'
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***

Al día siguiente, muy de mañana, Jeróni~o bajó al corral con su paquete de «huevos fresc?s del d1a,» Y los sustituyó á media docena de los acabaditos de poner.
Orgulloso del éxito deslizó su hurto. en. la bolsa de su
macferland v subió de nuevo á su hab1tac1ón.
.
A la hora el.el almuerzo, frente á f~nte de su mu¡er ~o-da fresca y linda con su vaporoso peii:ador, el Sr. Gau~1,elle se exaltaba silenciosamente á la idea de la :ecepc1011
ue le esperaba en la casa de Ida, cuando fué m~rrnm-qido en su ensueño por un grito agudo de Enferma que
icababa de hundir su naricita en la cáscara de un huevo.
-Pero esto es espantos~lamaba-este ~uevo está:_po-drido, completamente podndo, y lo acerco á las nances
de su esposo.
.
l h , era
El Rr Gautrelle debió convemr en que e
ue'- o
perfe~t~meute nausea~~1do. Eufe~ia se puso funosal
al acompañará la estacion á su mand~, qu~ le.as.egu¡-a a
ue se retardaría uu poco porqt~e ~ba a asistir
un
§anquete dado por w1a Aociedad tec.ruca_ para ,Protest~
contra la supuesta bancarrota de la. c1enc~a, ~otó con so1 presa que J erónímo lleYaba un abrigo de m.v1erno ~
del calo1· sofocante. El Sr. Gautrelle se vió precisa o 1
pondemr la frialdad de las noches.
'
. d
La aleo-ría de Ida ante los seis huevos fué demasia o
demostr~ti~a para hacerle ol\i_dar todo: La muchacha
declaró que no había hombre mas cumplido en el mundo•
el ·efe de lo contencioso fué el más q.ichoso de los m?:fulesl felicitándose de haber encontL-ado por fin el eqmhbrío de sus dichas par-alelas.

* después,
*
Algunos días
cuando el Sr. Gautrelle, al fin
de la comida conyugal se
preparaba á pasará su gabinete de trabajo, para fum~r
su J?Ípa leyendo el tomo vigésimo cuarto de los Jfüterios
del Pueblo, Eufcmia, con un
gesto .gentilmente autoritario le ordenó que se s~nta~e
y con voz llena de misterio
le dijo:
--Jerónimo, creo que nos
han robado.
-Que nos han robado? Y
quién, Dios mio?
,
.
-Lo ignoro, replico la vi·,
gilante esposa, pero es seguro que, desde hace tres días
la criada no recoge más que
~
dos huevos cada mañana, en
lugar de siete ú ocho que teníamos en otro tiempo..... .
Esto no es natural.
-Pero hija-se atrevió á
decir el culpable y astuto
Gautrelle,-sí no recogemos
tantos huevos como antes,
***
La visita matinal al gallinero se renova~a diariamente
será porque las gallinas ya
y el Sr. Gautrelle vivía confiado en su ardid, cuando una,
no ponen..... .
Esta explicación, sin emJ:mrgo, no pareció
convencer tí Eufemia que movió la cabeza sin
replicar sí bien
es cierto que por la mañana el Sr. Gautrelle
no se atrevió á bajar al jardin por temor
de despertar nuevas sospechas. Así que,
cuando llegó á la casa de Ida con las i:1an~s
vacías y el corazón lleno de. amor, fue r~c1bido como lo sería un escritor naturah~ta
por la. Academia Francesa. Ida, decepcionada no quiso oirlo. Para colmo de desgi-acía, el doctor O. que f\té á hacer!e . una
vísít-a, gruñó en _prese!1cia. de J eron11~1?,
prediciendo á la m~ócil cliente. que s1 se
obstinaba en no segmr sus conse.Jo,s, norE;spondía ele nada. Después se re~1ro, no sm
haber prescrito de nuevo un régunen au~tero: «v sobre todo, huevos frescos, mueb.os
hue;os frescos!" clamaba su voz profes1011al en la escalem.
-;,Ya lo ves, Jerónimo? ¿ya lo -:es?
-Bien lo veo, ¿pero como quieres que
me• proporcione huev~s. frescos ahora q1.1:e
mi mujer se ha apercibido de la desaparición?
,
-E~n no es cuenta mía. A.rreglate como
puedas súlo que sí no hay huevos frescos, •
no hay amor ¿eh? ¿lo entiendes?
tarde al volverá su ca.sa, con el corazón lleno todo do·
El Sr. Gautrelle quiso protestar á lo menos,por ge:;tos, Ida r;conquütada, distinguió á su mujer, 9,ue, apoy~daen
pero la escena. fué tormentosa. Ida. l~• reco~o su calva, la barrera ele! jardín lo esperaba en 3-?titud h?st1l, con
su vientre, y el Sr. Gautrelle s~ ret1r0 maldiciendo.
las narices palpitantes y 1as cejas fruncidas. El Jefe de 1o--

-~
;._ :;:.~!

',

7

Al pie de una eminencia de frente lenmtacla
que hiende por su altura la bówda infinita,
despliega el verde mant-o la fértil hondonada
con el sereno aspecto de un lago que dormita.
Sobre una cortadura de dpida vertiente,
cercana de la cumbre que altiYa la. cororn1,
se yenme una cabaña muy pobre, pero ril•nk,
en cuyo techo el cielo las nubes amontona.
Airosas nubecillas errantes y sii1 senda
agrúpanse formando como azuloso grumo,
y del hogar que m1ima la rústica viYienda
asciende por los aíres en hélices el humo.
De abajo, desde lejos, enlaza aquel retiro
al valle esplendoroso tendido en horizontt\
la línea de una senda que con incierto giro
escala por las faldas el término del mont&lt;•.
Cruzando las pi-aderafi, ribazo¡, r repc•cl1os
que en trazos desiguales diseña la :Xatura,
el á$pero camino conMmplase por trecho~
corno una roja sierpe dormida l'ntre yerdurn.
Abajo por el valle sin quiebras~• sin ln111á~.
las cúpu'las de un templo de góticas arcada~
parecen en lo blancas dos cándidaR pa!om:1~
entre árboles espesos al par acurrucada~.
)Iás lejos una sombra de azul monotonía
encumbre con sus slibanas el horizonte vag, ,,
y míranse las chozas allá en la lejanía,
así como albos cisnes dii:ipersos en un lago.
En tanto que sin orden sus techos ag!onwra,
en medio ,í la verdura, la soñolienta villa.
formando los mil cortes de una ,íspera cantera
que de rojizo pórfido con los esmaltes lwilla.

~
Pasillo en prosa.

El pasillo, señora, hermosa niña es como un lento y rosado valR. Yea usted cómo aquellos dos enamorados pueden llevar el compás en medio de la mii8 ardiente conversación. El dice que los lindos ojof&lt; de una mujer valen
por todos los astros, y los lindos labios por todas las
rosas.
Como ella quiere demostrar lo contrario, le mira con
los bellísimos ojos suyos, le sonríe con sus inefabk•s labios, que son en un t-odo iguales á aquellos con que la Reñorita Abril dió el primer beso al caballero de Mayo. El
pasillo, sel1ora, hermosa niña, es como un lento y rosado yals.

***

***

-Ah! no lo cmnprenfü, n~t('(l? replid la Sra. Gautrelle,
con la voz ya falsa por la8 l,ígrima~. Pues bien, yo temo
comprenderlo ...... Hace quince días Yengo notando que
los huevos tienen nn gu~to in~oportable y annqne usted
&lt;l.í.ga lo que quiera la CO&amp;'l eF C'lara. Quien me prueba que
uo e;; usted quien se lleva lo¡:: hue,·os fre8cos :t ese París
{aquí la Sra. G.autrelle most.r6 con el puño la silueta lejana de la Torre Eiffel) y para dar;:e!os aquien, á quien?..... .
tt mujercilla~ probablemente..... .
Esta insinuación acabó en i;ollozos; el Sr. Gautrelle comprendió que Fólo un golpe de audacia podía salvar la situación y atrayendo á su corazón á la pobrecill:1. que resistía su abrazo, le dijo:
-Eocucha, qucridn, voy á confrsártelo todo.
-Ah! gimió la Sra. Gautrelle, lo babia adíYinatlo, me
engañabas...... y lo confiesas ...... ~í, lo confü·sa8!
-Pero d(&gt;jame.cxplicart('-suplicú el jefe de lo contencioso, cuya voz se vol da temblorosa v _¡wr,aua~íva........ .
Pues bien, sí, soy yo quien trae los hi1e\·o:s que encuentras tan malos. Te veía tan trisk de~de qu&lt;• la;; gallinas
no ponían que quise consolarte á todo precio. De~de en-.
tonccs, tarde por tarde, compró en Parí,; huevo~ c1ue pongo en la mal1ana en el gallinero y e;,1:-0 á riesgo de atrapar
un reuma. Tú has interpretado mal esta atención-añadió amargamente:-- y me acusas de una infamia...... .Ah!
me haces muy desgraciado!
Y Jerónimo se dejó caer sobre un banco, llevfodose el
pañuelo á los ojos, perfectamente secos.
«jTtí has hecho eso!-exclam6 la gentil Eufem.ia, de-

Opaca transparencia dífúndese en el .cielo:
bajando por las faldas de montes y colmas
la brisa desparrama su gris y tenue velo
en forma de inconsútil y diáfana cortina.
Natura sus cendales recoge con pereza;
sus miembros ateridos entre la bruma esboza
y sólo un pico escueto sepulta la cabeza
en el difuso pliegue de nube quP lo emboza.

A tJ'NA BOGOTANA

¡Oh! sí, sí. La fuerza de una pasión es mayor por infinitas veces, que el empuje de ese enorme y poderoso Tequendama. ¿Usted conoce la catarata? Dicen que sus
aguas saltan de un un clima á. otro. Que allá abajo hay
palmas y flores; qne allá arriba, en la roca que conoció
las espuelas de Bolívar; hace frío. ¡Que delicia estar allá
abajo, dos que se quieran! La soberana armonía de fa, uaturaleza pondría un palio augusto y soberbio al idilio. Al
ruido del salto no se oirían los besos. ¡Idilio solitario y
magnífico! Sabe usted, señora, que tengo deseos de que
se casen dos amables solteros, al comenzar á florecer los.
naranjos? Efraín Isaacs con Edda Pombo. ¡Qué envidiable pareja! ¿Está usted agitada?...... El pasillo, Reñora,
hermosa niña, es como un lento y rosado vals.

.·

PAISAJE DE ENERO

-En cuanto las heridas alas de mi pegaRo me lo permit.an-¡beridas, ay, por dolores hondos y flechas implacables!-iré señora, :t la vía !actea, á cortar un licio de los jai·dínes que cuidan las vírgenes del paraíso. Al pasar por la
estrella de Venus cortaré una roRa, en Rírio un clavel, y
en fa enfermiza y pálida Setene una adelfa. El ramo se lo
daré ií una gallarda y pura mujer que todavía no haya
amado. La rosa y el clavel le darán su perfume despertador ele ansias secretas. El lirio será comparable tí Rn alma
cándida y casta. En la adelfa pondré el diamante de una
lágrima, para que sea ella ofrenda de mi esperanza ........ .
Bien se conversa al compiís de esta blanda música. El pasillo, señora, hermosa nuia, es como un lento y rosado
val!'.
·

*
**

Conqu&lt;&gt; i;e rn'! Feliz, muy feliz viaje! Así sucede en la
vida...... el alba que abrP los ojos en una diana de liras,
dura un mopwnto: jlliclwso el monje que oyó por largos
siglos cantar al miS&lt;'fior de la lPyenda! Adio,-., golondri11a; aclios. paloma........ ¡]&gt;ero, ¿,quiere hacernw nn favor?
Cuando llegue mtecl á ~u giganteRco Tequrndama, deshoje, á mi memoria, la flor que lleve en rn corpiño, y arrójela en las locas ei,pnma", que all:l abajo, sobre las rocas,
junto á las palmas, hacen temblar su iri::;........ El pa~illo,
srñora. hermosa niña.. el" como n-n lent-0 y roi-ado Y:\ll-'.
R um';~ D.\1t10.

f

EN INVIERNO.
NOCHE DE LUNA.

Es una noche fría en que el vientecillo besa á cada momento nuestro rostro. La luna se pasea majestuosa poi· el
cielo, escoltada por millares de luceros; y un porpétuo
enamorado de los llenos de luna, lánza~e á la calle.
No ha caminado-mucho cuando so encuentra con nn
recíntc, construido, tal vez, para que las diosas del amor
vengan allí ,t traer á los corazones rocío ·vivificador y los
enamorados querubes re~alen á las bellas con coloraciones celestes para sus mejillas.
Es un largo patio sembrado de roi,ales, margaritas, geranios, claveles, jazmines, y de todo lo que en ri~s plantas posee nuestm flora; y allá y acií como guardianes de
lós peños arbustos, la selva colosal de tupido y verde ramaje¡ el cedro·alto como el del Líbano y el pino del Norte, el perpetuo subidor, el que nunca se cansa de escalar
los aires para lucir allá arriba en su débil punta. que á impulsos del viento se mueve suavei.nente como la espiga rubia del trigo.
Los altos muros del jardín, los árboles corpulentos y el
color verde obscuro de los arbust-os, hace que algo asf como claridad de vesperLíno crepúsculo invada aquel bellísimo lugar. En distintos puntos, bancos de madera, kioskos primorosos en los que la enredadera parcha ha entrelazado sus largas guías y para regalo de los ojos de lo~
paseantes ha dejado colgar caprichosamente hermoRas
combas de verde claro, tan lindasytan bien formadas como las de una amazona helénica.
En una lagunilla del centro en que .J?Ol' el día pint.ados
ánades toman su baño y hacen ejercicios de natación, la
luz de la luna cae de lleno; y una :r,rofu:sión de myo~ luminosos viene á refugiarse á la pupila del cau,inank de la
luna llena. Por el lado del Oeste, entre el claro que dt•jan
las mmas de la ceiba, recibe toda la luz amarillenta dl'l
astro de las noches; y mudando de lugar, á pequeiios pasos, estableciéndose corto tiempo en ellos, va la luz ele la
luna perdiendo dimensión y al chocar con el vl'rcle obscuro &lt;le las hojas, forma millares &lt;ll' estrellitas qnc alegran
el alma, y que cayendo l'n el suelo producen sornbnis caprichosa8 y fugaces.
Xi los pasos de lo~ caminante,-, ni la alg1lzara de la.s
gentes alegres, ni la música del organillo q1w recr¡rr&lt;• lai&lt;
callPs de la población, nada llega hai,ra aquel rinc'&gt;n dt•liciorn; y el caminante de ):1,-; noches de luna signe 1,;olitario y l'rrante, recibiendo en la~ m ejillas 6,culos mil rlt,1
airecillo helado, sofümclo con las coHas bt'lla~, ,í mil leguas dt' di,.tancia del m1rndo, st&gt;ntfodose en los banto&gt;',
ai,,pirando el aroma ele las rosa,, tronchando 1111 cbn,1,
tan blanco como L'l.B enorme;; masas que el viejo inYierno
forma allá en las regiones polares, y el cual ha de morir
en el pecho de su amada; recogiendo en diversos µuntos
hojas de todos los matices con que hacer un capullo; le-

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

, 8
vantandu la vi!'ta pam alcanzar la alta punta del J?ino
que lanza rítmicamente á la luz de la luna como queriendo dibt1jar en el centro de ella alguna de las hermosas
cosas que ha nsto ad en la tierra, y el roble, gigante
dormido, que apenas mueve sus hojas, y el cedro que descansa impasible esperando la mano del artífice que ha de
sacar de su carne el sinnúmero de artef¡u:tos.
l mpa.'-ible, sin fat.iga al parecer, continúa su paso, luciendo rosas en el ojal, las manos cargadas de colores,
recibit•11do á cada momento caricias heladas, hasta que
ya cansado se entra en un kiosko á dormir sueño feliz y
:1 esperar que el señor de la mañana y la multitud de avecillas cauoras que en la ceiba reposan, vengan á darle su
~aludo matinal, concluyendo así con aquellas horas pasa&lt;hlll en bm7.08 ele las haclas.
AXGEL C. RIV.\S.

AZUL Y GRIS

Bajo un ca,taiio en toda florescencia, bajo el amp~·:o
ele Wl cielo turquí que se teñía de sangre al morir el sol,
he be~ado en la boca 1í mi amada.
!Oh! .\1 chocarse los labios tembloros, llenos de fuego,
se ha producido algo como un rumor de alas_que se baten
presurosas ...... .. .
-Me amas?
-Te amo!
En íntima phltica, los ojos de ella que se clavan persistentes y serenos en los míos, mi mano que juega con
las suyas, mórbidas, suaves ...... Así, así pasamos la tarde, hasta que vino la noche, negra, tétrica; hasta que en
el cielo, en soberbia eA--plosión, se encendieron las rosas
de oro. Ella se despidió de mí:
-Adií,,-;!
-Adiós!
Y se perdió entre los árboles, y yo, triste, meditabundo, bn,qu(, consuelo en el fondo de mi cuarto, donde,
dentro dl'~ rico cuadro luce el lienzo el busto de mi
amacla... .. .

***

¡Oh niña!dl' los ojos verdes! ¡Oh niña de las mejillas:de
rosa! ¡Oh niña de los labios de frambuesa! Dónde estás?
lle abierto mi balcón t ras lare:as horas de dolor tras
largas honi..,; nostálgicas en que te llorado y pens~o en
tí. Con los ojo~ fijos en lo profundo del cielo obscuro be
busradn rntre el titilar de las estrellas la luz de tus ojos
de gacela. Dónde estás? Estoy sufriendo por tu ausencia.
Niña mfa, musa mía; te busco eu todo y no te encuentro en naua. Para tí es mi verso sideral, para tí mi prosa
llena ,te 1·iqnezas. Por qué huyes? Vienes?..... .
-"Oll, niño! No la busqueis! Es inútil. Ella era tu
mus¡i. llien! ~ ha ido. Ha volado mientras dabas tu
mnoT á otra mujer que no era ella. Tuvo celos y se venga de tí buscando otro amante ..... ....... Desde hoy tu estrofa sideral, tu prosa llena de facetas ricas, se tornarán
pfüdas y enfermizas........... .
Y la voz se ha callado, he (cerrado el balcón y desde
&lt;mtoncei, guardo avaro, en el fontlo del pecho, el poco de
amor quP me queda.
ARTURO A. A~rnROGI.

(rxÉPIT.A.)
De "El Jardín de la Muerte."

Llegu(,. La luz be~-aba
la, flon's.rojas y los blancos lirios..... .

··ii~g~~i..n~t~;~·e"i· p~;~:~~~·P~º· ·········
y

YÍ

ut; jardín de lágrimas cubierto;

yo cre1 que eran gotas ele rocío,

pero eran ¡Oh, Dios mío!
gotn~ de llanto que caído habían
en la tumba de un muerto.
Lll'gné, ...... toqué muy quedo ........ .
Iba en busca de un sfr que quise mucho;
y la!" puertas del triste cementerio
abriéronBe, dejándome perdido
entre las frías sombras del misterio
á que llaman olvido.

............................................................
' de Dolores 1893.
)léxico, Pant&lt;-ón

~Jt.6.:.::"~.!~•~j1.6.:.::"~.!~
"$.

l~goísta y falaz, siempre he creído ·
que el velo te pondrás de desposada
tan pura como el día en que has nacido
má,; pura con el alma desflorada.
'

EL ZAPATO BLANCO.

LAS CANA.STAS

...... Registrando, sin saber por qué en el fondo de una
Ent,re hacer un pequeño servicio que se olvida pron~
ó un grave claño que deja honda huella en la memona gaveta he encontrado, entre otros objetos ajados y mardel perjudicado, elegid. Os contaré lo que me pasó ~ chitos un diminuto zapato de satín blanco. Unzapatotarde de invierno con un pobre hombre llamado Yass1e- dije, c~mo esos que las i_nujeres acostumbran llevará los
lich. Os juro que yo soy bueno, soy un bue~ padre de fa- bailes, arqueado, monís1mo, adorable. Se le supondría un
milia mas es en días que hay sol sobre este cielo brumoso. escarpín de marquesa ó el calzado hechicero que perdió
Oh 1~ bruma me mata y me hace malo. Si yo fuera sa- una noche entre dos minués la bella Cenicienta. La blancerdote, en verano rendiría culto á Dios ':( en invierno ~ ca seda había t0mado en el cofre los tonos del ámbar,
diablo· en invierno le amo, siento que se mtroduce en nn á igual de esas antiguas telas que pertenecieron á nuesser, estruja mi espíritu y avfra mis malos instintos, en tros abuelos y que exbumanos de vez en cuando de los
invierno me siento nihilista y me creo capaz de ser ladrón profundos baúles.
y asesino; moral~ente lo soy, amo lo ~ojo, y lo afi}ado y
***
punzante me ena¡enan. Cuando empiezan las primeras
Es una historia feliz la de este zapatito blanco! Los deheladas mi mujer me dice:
talles acuden á mi memoria uno á uno con su encanto
-Marcof, padrecito mío, las malas ideas comienzan á nostálgico. Lo que voy á referiros aconteció en una nopintarse en tu cara. ·Mira, no te alejes de la estufa porque che de invierno; debíamos asistirá un baile en casa de la
el fríu te hace malo........ .
l\ficheli ne.
Decía que iba á contaros una historia y ya lo olvidaba. condesa
Nos habíamos entretenido basta el último momento
Escuchaudme:
saboreando el gozo de estar juntos en una habitación herIba yo una t~de, por un puente muy e!ltrecho,co.n .mi méticamente cerrada, en la que ardían los tizones, se
pipa en los labios. Un carretero sordo llamado V as1elich marchitaban los ramilletes de violetas y las lámparas iluse~uía el mismo camino que yo y conducía en su carro minaban cada objeto con una vaga claridad amarillenta.
vemte canastas de pescado de d-i.íerentes dueños que le Es tan delicioso charlar así en las horas avanzadas en que
habían encargado las llevara al mercado para la ,enta París al fin duerme y en las que á penas se oye el monódel siguiente día. El carro á causa de la cun,atura del tono roclar de los fiacres!
puente se inclinaba hacia el borde de este, pero no había
No pensábamos en la invitaci(m aceptada por mero
peligro de que putlicra caerse al río, pnes eI pretil era suficientemente alto para impedir la caída. Con todo, hu- cumplimiento. 1\li adorada se había sentado en mis robiera querido clarle un susto al buen Yassielieh. Creeme dillas y apoyaba en mi ho1nbro su cabeza despeinada.
que que no ~oy malo, pero lo deseaba con toda mi alma, Charlábamos. Charlábamos. Ah! los bellos proyectos,
y aunque fuera algo más que susto, como por ejemplo, los deseos, las promesas que se sucedían i nterrumpidas
enviarle con carretón, caballo y canast.'\S al río, lo hubie- pór largas tre~uas de besos, por ri~as alegres, y esas palara hecho con mucho gusto. ¡Y el pobre Vassielich jamás bras, ¡esas palabras, siempre las mismas, que se repiten
me había hecho claño y era un buen hombre! Yo iba un sin motivo cuando se ama! El reloj daba las horas y se
poco más atrás ele la carreta. De repente la cuerda que burlaba. Nosotros no las oíamos adonnecidos por ese ensujetaba las canastas se rompió 6 desató. A fe que sentí torpecimiento inevitable que nos sujeta en la tibhi paz
un yuelco de gozo ·en el corazón. E l puente es largo y es- del hogar cuando son elos, completamente solos!
Pero ,í media noche fué necesario decidirnos y p&lt;'BRar
trecho, la carreta caminaba despacio y saltando mucho;
y del centro ÍI los bordes del puente hay una inclinación en la partida. Un gesto ele fastidio i;;e dibujaba en lo!&lt; labios murmuradores de mi amada. Bostezaba desesperabastante sensible.
A loR pocos momentos ¡pum! una de las canastas cayó damente y nada ei, tan contagioso como un bostew de
al pn•til del puente y ele allí se precipitó al río. La vícaer, mujer bonita, e~pecialmente cuando no se tiene el menor
y una voz muy débil me nmrmuró aquí dentro algo así deseo de trajearse de etiqueta ni de ir {L fastidiarse ducomo: «avisa á ese infeliz carretero que su carga se ,a al rante largas horas en un salón. Pero qué pretexto enconrio» pero e l invierno me gritaba más alto: «cállate, ¿no es trar para decir "no" cuando está hecha la toilete y hacurioso ver caer veinte canastas una tras otra como una beis jurado á vuestra mejor amiga que no tendrfai~ la
manada de carneros?" Y la verdad es que preferí esto. más leve jaqueca en el.momento supremo? ..... .
-si yo hubiera sabido! ...... cxclamó ella suspiramlo 1fo
Cierto que Yassidich_ iba á sufrir mucho con su de¡:gracia,
pero ¿.y á mí qur me ünporta eso? ¿Perdía yo algo con la pesar.
-~o volver.In á. cojernos más! dije yo en YOZ baja.
desgraci,i de VaRsielich'/ No, al contrario, ganaba la diMi adorada se extendió sobre la silla de extensi[,n. y
versión durante el paso del puent.c que tiene más de cien
metros. Ya os lo be dicho: el invierno babia muv fuerte cariño.samen_te, rncalc~ndo las p3:lab~s, me preguntú:
-Dime! S1 no llamaramos 1t D1orusia, serías tan galanen mí. Callé y yf caer la segunda canasta y luego la tercera y la enarta y la quint,a y otras muchaia. Sólo cuatro te que me calzaras tú mismo mis zapatos de baile?........ .
Cojí en mis manos ~us pequños piés. Ella reía burlfocanastas poco car&lt;r.1da.-; no quisieron seguir el camino de
sus compañeras. El pobre Vasl"ielich como era un poco dose á boca llena de mi torpeza y envia11do á rodar hacia
sordo no oía l'I ruido delicioso que hacían las canasta~ al el fondo de la alcoba, con un movimiento travieso el zaromper la suprrficic ele! rio fragmcnt,ínclofa en chorro de pato blanco. Este juego duró largo tiempo, y, por último,
espuma. El caballo adYirtiú mejor que Vassielich lo que cuando el zapato estuvo calzado, aquello fué otro asunto.
pa.~aba, pne!" al ii.cntir la c'.l.rreta menos pesada apuró el Su pié bailaba la gamite en aquella prisión espaciof'aen
paso. Cuantlo acabamo~ el puente corrí hacia la carreta. demasía. Y la querida coqueta se desolaba rebusamlo salir así. Luego, como para seducirnos miís aún, el :perfume
-Eh, Ya."~ielich, ainigo mio.
de las violetas volviáse por momentos más embrii1~ador,
-Qué qu.iercs? Tengo prisa........ .
-Ay padrecito, ya no la tengas porque voy á comuni- las lámparas cubiertas por las grandes pantall-as coJoT de
rosa e1wolvían el cuarto en esa media luz mistesiosa tle
carte una cle~gracia.
las alcobas y la tibieza de la atmósfera impregHaba nues-¡Dios de Dios! Ha muerto lvanowna, mi mujer?
tro !'ér y nos dejaba sin fuerzas.
-;i!o, te juro que es-algo peor.
-Ila muerto el Czar?
Ella me había atraído poco á poco á su lado sobre el es-:Xo, hombre, así 1·eventaras!
trecho mueble..... .
-Habla, habla.
-No vayamos, ¿quiéres? Estamos tan bien. Suplicaba
-Bueno, detén el carro porque es grave la noticia que ella.
voy ¡Í darte........ .
Y se bailó sin nosotros aquella noche en casa de la Con-Pero va á anochecer pront&lt;:&gt; y tengo prisa por llegar desa, quien no nos lo perdonó jam")is.
á la ciudad que clista aún dos verstas ..... .
*** como una sagrada reliquia
-No la tengas.
Yo apreté contra mis labios
-¿Porqué?
el querido y diminuto zapato blanco, reliquia santa don-,.&lt;;encillamente, porque el señor río se ha enguillado de queda algo de una dicha que no existe.
una traR otra las canastas de pescado, sov testigo ocultar.
RENÉ ]'.IJ.AIZEllOY.
Vassielich volvió vivamente el rostro·y al asecrnrarse
de su desastre se puso pálido como un cadáver. Después
enrojeció y se puso á dar de gritos desesperados. Apeóse
de la carreta y se asomó al río.
-Eh, amigo, -piensas ver los lmeoos que han hecho en
tus canastas al agujerar el río? Y a se taparon.
Vassielich se puso á llorar. No tenía dinero con qué·
pagar; le embargarían sus casas; lvanowna y sus hijos
sufrirían la miseria y si no alcanzaban á pagarlo todo, le
meterían á la cárcel. ¡Y el invierno era tan crudo!
FAT1JM.
Creí que le entrara la tentación de arrojarse de cabeza
al río. Si lo hacía, quizá su caballo se animara á hacer lo
mismo, y si no, le habría obligado. Pero el muy necio de
Vernal la mafiana. Nimbada de brwnaa
V assielicb se contentaba con llorar amargamente. Su eserigen al lejos los montes sus·crestas;
tupidez me dió cólera.
trinando las aves alisan sus plumas,
-Pude avisarte, padrecito, desde que se cayó la primey forman sus trinos alegres orquestas.
ra canasta. Mas ¿para qué? Mañana habrías olvidado el
pequeño favor que te había hecho. Cuando Ivanowna y
~ul está el cielo; la mar sosegada.
tus hijos estén llorando y te lleven á la carcel os acordaYa hsta la góndola aguarda á sus dueños .
réis de mí. }le maldeciréis· no importa.
'
En ella se embarcan amado y amada,
Va.ssielich no me rospoudió; aturdido como estaba con
el bardo y la musa que inspira sus sueños.
su desgracia no me atendía ó no me oía: no hacía sino
Tendidas las velas, la góndola parte
llorar. Yu me encogí de hombros y continué mi camino
rasgando ligera la lámina verde.
fumando mi pipa.
Va en busca del máp;ico imperio del .A.rte
¡Qué diablo! El sitio de los peces es el agua y no las
y e~ la amplia, temblante llanura se pierde ..... .
canastas! He restablecido el equilibrio de la naturaleza.
CLEMID.'TE

p ALMA.

*

~, lector,
* *por tu conciencia,
Cunoceras,
que allf donde hay amor, no hay inocencia.

.

***

La amé el año pasado
y ya hace un siglo, ó dos, que la be olvidado.
CAMPOA.MOR,

uQuieh sabe de dolor, todo lo sabe!,,
Decididamente, los sábios más ilustres de la humanidad, deben hallarse entre los volunta rioa de nuestros cuarteles.
G. GARCÍA fu.MEIJl'ON.

¿Hallólo?...... Una noche de luto, sin rumbo
la góndola, en medio de un mar foriniclable,
deshechas las vela.s1 en lúgubre tumbo
hundióla del Odio 1a ola implacable!
DABIO fuRRERA.

DOMINGO 3 DE E°NERO DE 1897
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EL MUNDO

9

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EL MUNDO

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

- - -

--- -

~

Prodújose un gran tumulto, to~as las ~opas se tendie- de lobo; oy0 entonces un gemido en un rincón de la es
ron hácia Bernarda, todas las m1radas, 1mpryg~adas d: tancia.
-Quién ;:e queja? pn•gun_t:, el p!tdre M~teo.
.
afecto, y todas las sonrisas, .l}enas .de reconocumento, se
-8..ñor eov vo-c:ontt•st, una voz lastnnera de mu1er,
dirio-ieron á ella. Y respondrn sencillamente:
aqní 1~1e tienl'·n °l'SOS rnalrnt~os, que ~e quieren matar ~e~--"liracias señor Eustaquio, gracias á todos.
y ct~ndo' volvió ú sentarse, &lt;l:ijo á la rubitn de los Pre- pués que me hay.1 pne~to_bw,n con.Dios. ¡Esto es una 1111quidatl! Padn', por i\Iaria Santísima, por la ~angre da-chasse, vecina suya, á su prefenda:
Cristo ~ue~tro 8Jíior, por los pechos que lo criaron, pa•
-Yo no sé hablar, naturalmente. .
.
.
y la niña abriendo sus grandes OJOS admirados, se re- dre, s ',h-erne vd!
-Hija y ¡c0mo podré yo salvarte? respondió el padre
co;;tó en ell~ y la dió un beso.
Pero el F:r. Bigot, joven, se había levantado, á su tur- llfateo ¿qué puedo yo sólo contra tres hombres, armados
no v acarició por un momento su barba ~dosa; era un y sin ~ouciencia?
-En primer lugar desáteme vd., dijo acongojada h
jo,:en abogado de talento, muy dulce, con OJOS de un azul
mujer.
· 1 d., ,
soñador.
, .
d. • · /. Be
El padre :\Iateo se puso á tientas, y como D10s e 10 a
-Ahora, dijo, tengo una.suplica que mgir a rnarda. Deseo que nos proporcione U? gran )1onor: E&gt;spe~- entender á desatar los nudos de las cuerdas que le ata-mos-y sonrió á su esposa-un qumto beb~ el mes próxi- ban ,t aq~ella infeliz las manos y los piés; pero 1:staban
mo. F:uplico á usted, •Bernarda, que c01is1enta en ser la apretados y no se vcfa, y el tiempo volaba como s1 un toro corriese tras él.
madrina de este niño.
.
Llamaron á la puerta.
Resonaron entusiastas aplausos; pero la pobre.anciana,
-No ha despachado vd...... padre? preguntó uno de los.
dei;pre,·enida, porque e,¡to no es_taba en el progra~a como
el brindiA annal, no sabía en donde ocultarse; pusose ro- hombre~.
-¡Cá! no dar prisa, contestó el padre, que ten~a el coja, després p,ílida, con unas grandes ganas de llorar.
-Cosa hecha, ¿no es verdad, Bernarda? 1-:sted ser:í la nt7.Ón puesto, pero no acertab_a como salvará aquella inmadrina de Jn;mito-á menos que sea Juamta. Todo el feliz que temblaba como una azogada y lloraba como una
fuente.
mundo ~e lo pide.
-Qué hacemos? decía el pobre señor, condolido y asom-•
y un amistoso coro encareció estas i:ialabra~; aun los
mismos criados, halagados, dando al ol,·ido sus celos, mo- brado.
Como las mujeres son ~apacc.s de discurrir tretas has!a
vían las cabezas.
.
con un pie en el hovo, discurrió ésta esconderse debaJo
-F:í señor Enrique, dijo débilmente Bernarda.
- y' yo seré el padrino! exclamó el bueno del doctor de la capa del padre.)fateo, que como ya dije, era un hom(~onín, gozoso y rejm·ene~ido. D_emc usted la mano, co- bron que no cabía por la puerta.
-:\lal medio es-dijo su merced;-pero á no haber otro,
madre v ved usted qué bien .hacemos las co~as.
-¡oh·! balbuceó la anciana; y enternecida, pen1&lt;ando en preciso es valerse de él, y salga el sol por Anteqnera.
Púsose cerca de la puerta llevando á la mujer debajo do·
toda su vida pasada, en sus dolores, pensando .en su ~d:td
EN EL PRIMER DIA DEL AÑO.
avanzada, en que un día ya no estaría hom-ada.Y íes~Ja- su capa..... .
-Acaba wl., padre?-preguntaban los desalmados.
da en aquel lugar tom6 en sus brazos á su rubita vecma
-Acabé,--contestó el padre.Mateo al que no le llegaba
~inguna familia más unida q~1e la familia Rigot_.. Com- v ~brazándola lo~mente, con desesperación, se fundió en
la camisa al cuerpo.
,
.
,
ponfase de la bisabuela, Sra. Bigot R;~zon~, su h,1J&lt;?, Sr. una oleada de sollozos amargos y dulces, á la ver..
-F:eñor, no me desampare Yd. -gemia la muJer, m,isc
13i"ot la mujer de éste y sus tres h1Jos. Ei;tos ultimas,
muerta que Yh-a.
un°h~mbre y dos mujeres, estaban cm:ados y á su vez te-¡Calla! encomiéndate al Seíior de los Desamparado~
nían hijos. Incluyendo, pues, á estos tres matrif!1onios,y sea lo que Dios qt~iera-ro1:i.t&lt;'staba éste.
.
cl 8r. y la Sra. Bigot, jóvenes, el Sr. y la 8m. Rigourd, y
-¡A wndar~e y ligero!-dl¡eron los hombres, volvienel Sr. y la Sra. de Prechas~e,-ran dieciocho á ht mesa,
do á cubrirle los ojo~; r crrrando la puerta co1_1 llave,
el día primero del año, y contando a.l qoctor Gonfn, un
bajaron lo~ tres custodiando al padre, no f.uese q ne mtentaviejo ~go de la casa, se llegaba. á checmue~·e. .
. .
se quitarse la yeuda y conocer el para¡e en que se haPero el número siempre era ve1n.te, y la y1gé~~ma 1nnllaban.
tada no era otra que la anciana Bernarda, la antigua donDespués de dar las mismas vueltas y revueltas, se hacella de la Sra. Blgot-Rezons, la bisabuela. Sus servicios
llaron en la cal le dt&gt; H:m Francisco; entonces los tres echa&lt;le veinticinco años, su adhesión á toda prueba, hacían
DE HEINE
ron á correr ,. desaparecieron como por ensalm J.
que, en aquel dfa, se la 3:dmitiese en la comida de famiApenas ~e hubieron ido, cuando le dijo el padre ,t la
lia. Y se sostenía muy bien, completamente derecha, con
En las mejillas de mi amada vive'.
mujer:
su vestido negro, muy sencillo, y casi monástico, su vieja
verano abrasador,
-Ea, 'ahora, hija mía, pon los pies en polvorosa, y vecabeza de campesina, de pómulos arrugado~, como manen tanto que el imie-rno, el frio invierno
donde te escondes. que Yo no pnedo llevarte al convento.
zanas sonrosadas, dentro de un gorro de tul negro. Vervive en su cor-azón.
No me de~ la~ gl'aéias, sino á Dios que te ha libraclo; 1m•
dad es que se sentía un poco cortada, y que no desplegaMas luego, espero en Dio~, en sus mejillas
te detengas, que aquellos foragidos conforme se hallen
ba los labios, por más que se le dirigiese continuamente,
un día no lejano
con ,iue voló el pájaro, yan ií venir á alcanzarme.
con bondad, la palabra; pero la. anciana se ocupaba de
el invierno esta.rá, y en su alma pura
Dicho est,o, ella echó ,í correr, y el padre en tres zanca,;us preferidos, una fresca rubita de la familia Prechasse,
habitará el verano.
das se planti 6.cú en su convento. Conforme entr:i se fu í
y un mofletudo de los Bigot, jovenet', entre los cuales, y
á la celda del padre guarclián y le cont6 cuanto le había
por un sentimiento delicado, la habían colocado.
pasado, aiiadiendo que aqnella gente de cierto vendría al
La coinida tocaba, á su fin;-preciso es decir que esto
cOJwento á preguntar por él.
acontecía desde la fundación de la vieja familia Bigot, y
No bien lo hul)o dicho, cuando se oyú llamará Ll p:tC'rta.
por más que parezca complicado 1 os ase~uro que todo el
El guardián fné el que bajó y se presentó.
mundo se encontraba alü muy oien ;-1a comida, pues,
-¿Qué se ofrece, caballeros? preguntó.
llamaba ií su fin; se había tomado una sopa de puré, un
-Acá venimo~, contestaron, en busca del parlrc )late ,,
pescado nQrmando, un filete de ternera, guisantes, el tra:¡ue estaba ahora poco confesando á una mujer.
dicional pavo trufado, una ensalada, un pastel de fram-:N"o hay tal: el pa&lt;lre }lateo no ha confesado esta n Jbuesas, y se escanciaba el el champagn,,, estando las demás copas agmpadas en fila, por tamaños, llenas de vino
che á ninguna mujer.
-¿Que no? ¡pues si se la ha traído aquí por 111 ~~ s(':hs!
derl-füm, Chambertin y Chateaux-lllarganx.
CUEXTO POPULAR.
-¿Qu6 f-Stáis diciendo, deslenguados? ¡U1u mujcr al
El Sr. Bigot, padre, un hombre alto y graw, tomó
Hay en uno de los pueblos de Andalucía que al.za sus com·ento! ¿cúmo se entiende, quitar de esa m tnera la esla copa; establecióse muy luego un completo silencio,
merced á los enérgicos ch11ts y ií las palmadas que las ma- blancas casas bajo un cielo que crió Dios, sólo .para cobi- timación al padre :\fateo é infamar al conYenh?
mt,s aplicaron á los niños en las manos; y todas las lnira- jará España, desde Despeñaperros hasta la ciudad que
-:~fo, no señor, no lo decimos con esa intenci.;n, ~in.,das i,e convirtieron sobre la anciana sirvienta, quien lle- defendió Guzman el Bueno, un convento abandonado co- que..... .
-¿Sino qué? preguntó cada vez miis enojado el guarna de confusión, pero comprendiendo que no tenía razón mo todos, ~acias al progre.~o de la.~ ruina.~, situado ~ob~e
de ruborizal'!'e, fijaba sus ojos, á través de la mesa, en una elevación del terreno, al fin de una ancha y solitaria dián. ¿Qué motivo honrado puede acaso haberpara traer
una de las criaturas, en la pequeiia Renata Rigourd, con calle, á la que dió su nombre San Francisco, y es hoy, más de noche una mujer al convento?
esas 1niradas tiernas y serias, de una hermo~ura son- propiamente que nunca, la última casa del lugar. Eleva
-Bien te dije yo, murmuró el uno, que esto no era coriente y algo fatigada, que tienen ciertas mujeres del el convento su grandiosa puerta hacia al pueblo y eA--tien- sa natuml, sino milagrosa.
de su huerta en el campo.
pueblo.
·
-Sí, se dijo el otro: esto es obra de Dios ó del diablo.
Hubo en estas huertas muchas palmeras, hay ancianos
Un soplo de simpatía flotaba en torno suyo, se fijaba
-Del diablo no, porque no se mete á impedir lo que le
en su rostro-¡debía haber sido muy bella y sufrido mu- que las recuerdan; pero sólo quedan dos, unidas. como tiene cuenta.
cho !-bajaba á lo largo de sus espaldas encormdas por hermanas. Hubo en el convento muchos religiosos; pero
-Id con Dios, mal hablados, dijo en voz campanuda
veinticinco años de una servidumbre digna é irreproclrn- ya no queda sino uno sólo. Las palmas se apoyan una en el guardián, y guardaos de acercaros ií los conventos con
blc, y se hacía prcceptible en sus mano~, unas manos de la otm: el religioso eu la caridad de los fieles. Todos los malos fines; ni tendáis lazos, ni levantéis calumnias á sus
trabajo y de obediencia, surcadas de cicatrice,:, hincha- martes viene ií decir una misa en aquella magnífica igle- pacíficos moradores, que como el padre Mateo, descansan
das, echadas á perder, muy encarnadas, pero muy lim- sia abandonada, que ya no tiene campana para llamar á tranquilamente en su celda; que nuestro Santo Patrono
pia~, y que tenía el orgulloso instinto de no pretender los fieles.
vele sobre no,;otros.
ocultar bajo los manteles.
Cuentan las crónicas antiguas que en aquellos tiempos
-1fo te quede duda, dijo el más encogido de los tres,
Así, pues, el Sr. Bigot se levantó con la copa en la ma- en que el convento hallábasc ocupado por monjes, que- ha sido el iniFtnO Ran Francisco que ha venido con nos-•
no; á su lado, la bisabuela con una sonrisa en su amplio dábase todas las noches un padre velando por si lo re- otros para Falvar con un Inilagro á aquella mujer.
semblante pálido que generalmente no sonreía ya, hizo querían. Una noche que le tocú la vez á un padre muy
-Padre )fateo, dijo el ·guardián cuando se hubieron
un movimiento con la cabeza á su anciana, á su fiel sir- conocido y bien visto en el pueblo, que se llamaba el pa- ido, se han sobrecogido mucho y os han tomado por S,u1
vienta, como para alentarla, y con su medida voz de ma- dre Mateo, vinieron á llamar tres hombres á la portería, Francisco. )lás vale asf, pues son gentes telnibles yestfü1
gistrado dijo muy sencillamente:
requiriendo á un religioso para que fuese ú auxiliará uu fnrio~os.
-a\.ntes de beber al nuevo año y á las egperanzas de di- hombre que se estaba muriendo.
-Mucho me homau, contestó el padre Mateo; pero.
cha que puede traemos, creo que tenemos que hacer un
El portero avisó al padre Mateo, que bajó al instante.
deme V. P. permiso para marcharme esta madrugada á
brindis: hay entre nosotros una anciana, una fervorosa Pero apenas se había cerrado la puerta del convento, 108 un puerto de mar, y de allí, en el primer barco que salga,
amiga, diría casi una parienta nuestra. (Bernarda, en tres hombres le dijeron que era preciso que á buenas ó á las Indias, no sea que piensen mejor y me cuelguen á
efecto, hacía recordará una tía pobre de provincia). Du- ámalas dejara vendarse los ojos. .Al padre le hizo aquello mí el inilagro de Ran Fr-ancisco.
rante veinticinco años ha rodeado de cuidados á nuestra una gracia como si le sacaran las muelas; pero ¿qué había
F. CABALLERO.
madre (y se volvió á la bisabuela) ha hecho bailará lnis de hacer el santo varan sino agach3:r las orejas? porque
dos hermanas y á mí sobre sus rodillas, y ahora consagra. aunque er-a un mocetón como un trinquete, y tenía bues~ ternura á nuestros hij.os: por vosotros hablo, chiqui- nos puños para defenderse, aquellos er-an tres, em gente
tines míos; un día, sabre1s cuán buena, noble y desinte- del bronce, y venía armada.
resada se ha mostrado Bernarda, qué ejemplo de sencilla
Además, tampoco podía su merced desatender á su iniprobidad y de fidelidad ha dado. Y por esto, Bernarda, nisterio, y sólo Dios sabía cuales eran las intenciones de
bebo á. la salud de usted y le ruego que alet&gt; su copa con los que la llamaban. Así fué que se dejó vendar y dijo:
nosotros. Todo el mundo, aquí, quien• ,í n~tl•d y la res- ¡A Roma por todo!
peta. Pennítame que la desee que. corno basta ahora, se
:Kadic puede 1mber las calles que le hicieron andar, por
coneerw animosa. y fuerte, y decirla que un día beber,¡ esta me entro, por esta otra me salgo, hasta que- llegaron
Terne á las ill.llliones;
ust-t•tl, así lo espero, á la salud, no solamente &lt;le e::;tas á un casucho, lo subieron por una escalera, lo empujaron
que es peor la ilusión que las pasi&lt;;mes.
J1e.atnra, que hn visto nacer, sino á la de los hijo,; de sus en un cuarto y ~ encerraron.
C ,UI.POAMOR.
rijios!
Quit6se la venda pero todo ~~-taba obscuro como boca

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MU?-lDO

PRELUDIO DE INVIERNO.
A Manuel Gutiérrez Nájera.

á Rosa.lía, la garrida muchacha de los tiempos de Sant-a
.Anna,yero en qué estado!

Sus piernas estaban báldadas, su cabellera blanca había desaparecido casi, y s-'&gt;lo er.i. un copo de nieve sobre
su cabeza venerable. .Apanas me record:&gt;, y después de
platicar un _P,OCO de los tiempos que habían hu,do, me
despedí haciéndole un pequeño regalo ...... Su corazón se
abrió á cariños apagados y muertos, bien se veía ésto en
sus ojos que brillaban de alegría, y no hallando cómo
obsequiarme, volvió los ojos y señalando un pequeño(altar de Belén, me dijo gozosamente:
-¿Te acuerdas?
¡Oh, sí! Allí estaba el ~iño Dios de Rayas1 en su Jecho
de pajas, con sus ojos pensatiYos y su bracito pidiendo
un cuello amigo para estrecharlo ..... .
La anciana se arrastró penosamente, lo bajó con su mano trémula y haciendo que me inclinara, lo puso en mis
brazos ........ .
Entonces sentí algo inexplicable en tni cor-azon; un paisaje que aparec;a. al volar las. brumas que se habían acumulado sobre m1 alma prec1ta ...... algo que me sacudía
hasta lo m1is hondo ele mi sér y_me derrumbaba al golpe
espantoso de Jo invisible..... .
El paisaje de mi niñez apareció radiante y vívido y al
sentir el .abrazo sagrado que tantas veces me había' dado
la felicidad, una voz dulcisíma arrullaba en mi alma con
arrullo de palomas:
-Tú eras bueno y eras humilde, no eras ambicioso ni
la maldad te había manch'.1do ...... ¿Por qué te has olvidado de IJ?f?...... Ya ves ci.ue siempre, en cualqtúermomento
de tu vida, soy tu ~mugo, porque mi inocencia no sabe
nada de lo que me has ofendido ...... tu comzún E's un abrevadero de pesares porque )",e .ha faltado mi abra.za &lt;le año
nuevo...... y~ ves como la uruca felicidad_consi~te.:._en volver_á ser muo ..... .

&lt;Jomo reina viuda, su crespón inmenso
La enlutada noche por el cielo extiende,
Y la luna, enferma, tras el velo denso
De pluviales nubes de la mar asciende.
8obre la baranda del balcón marmóreo
Reclinado, sólo, el poeta medita;
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Con sus recias alas sollozando agita.
Su flotante clámide al lejos la bruma
Desenvuelve en Yagos, nostálgicos limbos
Y fosforescente, vibrátil, la espuma
Nimba el oleaje con argénteos nimbos.
Febril el poeta siente en la cabeza
De insomne nenrósis la caricia cálida,
É imprime en su alma la musa Tristeza
El doliente beso de su boca pálida.
Y sombríos versos su cerebro labra.,
Donde las ideas simulan espectros
Que bailasen danza trágica, macabra,
Al compás de extraños y siniestros plectros.
¡Ah la alegre musa de las ilusiones
Que el cerebro enflora con azules sueños!
Ella ya no rima triunfante canciones!
Ya no pinta cnadros de tintes risueños!
Ya, oh triste poeta de los versos negros,
Ante los altares del amor no invocas
El bendito beso de dulces alegros
Que unían dos almas al unir dos bocas!. .....
La enlutada avanza, y al balcón marmóreo,
Solitario, insomne, el poeta medita,
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Can sus recias alas sollozando agita
DARio HERRERA.

11

la guija, hace locas
-Yirntas del agua.

El alma revive,
y el sol elabora con rayos de oro
la flor en la rama.

*

* * de colores
Su muestrario
despliega la mariposa,
y por el verde capullo
asoma, vi va, la rosa.
***

Rondan las abejas los frescos rosales;
echan sus penachos los cañaverales;
dejan los reptiles su sueüo tranquilo,
y baja la araña pendiente del hilo.

***

Inquieta y movible,
pequeña y rédonda,
es duende del agua
la b(irbuja loca.
El iris la pinta,
el aire la sopla,
su origen la crea
pupila graciosa.
Es punto de randa,
lunar de la toca,
brillante movible
que tiembla y que flota.
Borda las ori!las,
engarna la roca,
las florns salpica,
y el musgo corona.
Dejadla que brinque,
dejadla que corra,
la idea del agua,
la búrbuja loca.

*

* el
* estanque,
El pez en
deshecho el duro hielo
desliza bajo el agua
su góndola de fuego.

***

De fimbrias vistosas recámase el prado;
El lirio enarbola su hisopo morado;
enredan las zarzas sus velos obscuro,:,
y van las madreselvas sobre los muros.

***

E L ABR AZO DE AÑO NUEVO

Había en el hogar que abrigó mi infancia, bajo cuyas
alas me acogí como un polluelo abandonado en la noche
de la vida, una anciana que había sido hermosa en su juventu~, que había brillado entre la garzonía de los buenos tiempos de Santa Auna, que había sido cortejada
por brillan_tes jóveu~s ci.ue ahom sorbían su rapé en las
frescas mananas de mv1erno, rodeados de sus nietos.
Recuerdo vagamente que Rosalía, á quien nosotros llamábamos la madrina Rosa, tehfa una sonrisa de luz en
sus ojos que eran a(m hermosos, y una trenza de nieve
que hacía palidecer de envidia á las muchachas.
Pero la pobre no tenía más...... ¡ah, sí! poseía un tesoro, un amuleto sagrado que quitaba de su corazón los pesares como un sueño bienhechor. Todos los años Rosa
ponía su «nacimiento,» su po1ial de Belén donde ;costaba un Niño Dios adorablemente hermoso, el Niño Dios de
Rayas, que en lejanos tiempos había sido el encanto del
rico mineral guaaajuatenre.
Era un Niíio Dios que había sido esculpido maravillosamente por un artista ignorado, en una actitud de supremo consueloi cuando lo cogíamos en brazos como á
los niños pequeños, su bracito ebúrneo quedaba sobre
nue~tro cu~ll?, ap~isio!Jándonos en un abrazo que 11uestra mfant1l imagmaci6n tenía por celestial. Ese Niño
Dios era la única joya de la madrina Rosa, y por eso, como una prueba augusta de su cariño, todos los días primero,i del año nos llamaba á nosotros los niñosnadamás
á ~os de corazón puro t alma límpida, y bajando al Niñ~
D10s de su lecho de paJas lo ponía en nuestros brazos sellaba ~~estra alianza con él por medio de esa encantlidora ~·ic1a, y luego nos daba un puñado de caramelos y
colaciones, con el orgullo de habernos hecho dichosos
por todo el ai1o..... .
Los tiempos volaron, lni corazón se abrió al amor y al
mal, lni espíritu se ennegreció con la nublazón horrible
de la duda, mis esperanzas tendieron el vuelo..... .
Y con el ahna enferma emigré á otras regiones y perdí·
los últimos destellos de amor que había salvado.
Después de diez años vol\'í al hogar querido y lo hallé
:triste, porq_u~ lasp~iones habían despertado en los corazones que yo había dejado niños..... .
Volví á htúr acaso para siempre· la lucha me llamaba
con gritos fatídicos y atronadores yo cerré mi corazón
á las viejas afecciones y desaparecí......
'
-Cuando pases por Guanajuato, haz una visita á lamadrina Rosa.
Prometí hacerlo, y apenas llegué á la orgullosa ciudad
corrí por una callej~ela de Tepetapa, pregunté, inquirí,
con el corazón palpitante llamé á una pue1tecita hulnilde. Entré y en la unica pieza que era alcoba y sala, hallé

y

y

Sobre los hombros gr,íciles cayeron blancas pieles;
la parda golondrina marchúse á otras regiones.
Policroma paleta no tiene ya Cibeles
ni los castaños bojas, ni fre~as los gorriones.
.Aliento gris del Norte ya emlxu1a el manto azureo
y las nudosas r-ailllls como cara es blancos
reflejan débil rayo de opaco sol purpúreo
que en la penumbra deJa los cincelados banco~.
Sobre el asfalto y teja y plomos y pizarra
la nieve lenta cae. Ya la paciente hormiga
triunfó de In travie~a, monótona cigarra.
Hambriento aulla el lobo \" el pobre un pan mendiga.
Llegó el augu~to abuelo ·de los cabello~ canos,
con sus awles pieles y sus harapos negro!:'.
En su capullo sueñan con alas los gusanos
y el ruiseñor prepara sns místicos alegrns.
Ya sobre el glauco vidrio de linfas que se duermen
surcos de plata deja la audaz patinadora.
El fecundante polen y el impalpable germen
no vibran en e viento que gemebundo llora.
Las cárdenas ojeras y los semblantes pálidos
son de ese cuadro tintas, son de ese cuadro arpegios.
En su rincón oscuro ya gimen los inválidos
y se embriaga Yenus en los festines regios.

···:.;¡·¡~-~~~;:~~t~·p:Üid~·a.~·¡;;~·~~¡~;·¿j~~······················
por el desierto campo va en vu1:-ca de su leña.
Aunque los piés desnudós se hie1·e en los abrojos
sobre la nieve avanza: la pobrecita sueña.
De: pron~ se detiene. No hay nadie que la escuche;
Suplica-pide y llora-No hay nadie que responda.
Sobre ~l sudario frío de virginal peluche
sus lágrimas parecen diamantes de Golconda.
i. .Al fin rendida cae. Sucumbe la materia
y la paloma blanca va en busca de su nido. .
¡Cuán triste es el invj.erno! ¡Cuán triste es la lniseria!
¡Cuán fría es la nieve! ¡la nieve del oh.ido!
Emn:s-ro O. P..c1.LACI0.

El ave humann, la golondrina,
se cuela, sin permi~o por las ventanas;
lanza píos ~nnoros ba¡o los techos,
ruido de abanicos forman sus alas.
Recostado en 1&lt;11 cuna la mira el niño,
que tr-as su vuelo errante la vist:i vaga;
á la madre le pide que la detenga
y ella finge ademanes para alcanzarla.

**·*
La que llevó lazo azul,
vuelve con lazo de. grana:
¡Es el querido recuerdo
de otros seres y otra patria!
***

Forma la lluvia sus chasquidos huecos,
desfleca el aguacero su cortina,
y una línea de Rol rubia y divina
brilla y tra~pasa los brillantes flecos.
Alzando el agua susurrantes ecos,
imita en el rosal su carntina;
el i·umor de llls trompas en la encina
y ecos de caja en los arbuBtos secos. '
Cubre el agua los términos distantes·
Abril baña sus tintas y colorns,
'
para lucirlos luego más r-adiantes.
Joyas son los capullos y las flores,
y de un tropel de chispas de diamantes
los empiedra la luz con sus fulgores.

***

Estación hermoSa',
dulce primavera,
¡á tu impulso florecen las almas
y es nido de amores la tierra!
E&gt;"TlO.

Doctor es el higo chumbo,
estudia ciencia de espinas
y en el ilustre birrete
'
le sale borla amarilla.

***

El t~onco echa sus gomas del sol al rojo:brillo;
la abeJa unta en las flores sus patas de runarillo ·
la rana da en la peíia, dejando el agua rota
'
y tiempla el grillo negro su lira de una uo~.

***

SINFONIA DEL AÑO
Fragmentos.
PRIMAVERA

El germen re,ive
y horada la tierra;
el cesped despunta.
y el suelo recama;
las bardas de hojas
deshacen sus brotes
mostrando en sus puntas
La.s lilas moradas.
Cepillo de piedra

Pendiente entre flor y flor
de un hilo leve de araña
el gusano se columpia '
como un mecedor de plata.
Sueña en la esfer-a redonda
de la teñida manzana
que habrá de darle m~ a,;ilo
entre su carne aromad.a.

.,.

**
Tit-nden las palmeras

sus arcos flotante:;
como laberint-0 '
de columnas árabes.
Sus mil abanicos
refrescai1 el aire

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

12

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

•

PLUMAS Y LAPICES.

•

•

.

EL MUNDO

I

Te "º tresIPlumas en el carcaj de cris~l de Bo~~mia.
. que ~rillanta el escritorio de nogal ?ubierto de diJes y
erfumado por las violetas que trae mi buena ama.
p Una es de acero, otra de oro,..amarilla como el ala del
canario y la blanca es de ave taJada por el am.a~o. .
La de acero escribe los artícul,os rudos J'. obh~ados del
periodismo en las horas de hast10 de la existencia, horaa
grises en qne la ley del ~rabajo hace inclinar la frente para llenar deberes contra1dos.
Escribe con tinta.
Escribe con hícl.
Escribe con sangre!

a.~ .gi~:

·á.~·

· ..i,~ ~~~··¡;;~~{¿~;·pi~;;~· a.~·~¡~. t;~¡~;;i¿~:· ·~·i·~
rias literari~, que la amo y la acaricio .coruo á. la co~pañera en las tenaces batallas del pensa~1entq Y. de la idea;
ella traza los libros en cnyo. fondo vierte 1~ fantasía ~alentnrienta, los colores ya vivos,. ya sombnos de la vi.da
real, y aspira á conmover la sociedad provocando la 1!ª
santa del presente para ganar los galardones del porvemr.
Sí! yo q1úero viv~r para despn~s!
La amarilla, escribe con la savia del cerebro roba\1do !a
vitalidad del amor material con el hielo de la eJt..-penenc1a
que paraliz:¡, las fogosidades del alma.
Ella trabaja!
Y la blanca!
La de paloma, qne modula cantos en la copa ~ecedo~
de los sauces esa suavecita pluma que resbala sm rechinar sobre el papel como la de acero_, ni mostr.ándose ~ura
como la de oro; esa viene del carca¡, entre nns nerviosos
dedos, cuando escribo al amado; cuando recuerdo la .Patria á mis hermanos; cuando el alma llora en pobre r.una
de mal perueñados
versos, los más de ellos escou~dos
0
tras la gasa de nombres ficticios, por mí .sola conoci?-os
en el torbellino de los vivos, porque son cipreses y epita•
ti.os puestos sobre el cadáver de los recuerdos!
Mi suave y nevada pluma.
.
.,
Imagen de la Felicidad; de la Resiguac10n; de la Espe1·anza! es decir: ayer. hoy, mañana!. .....
Ella le ha dicho al amado todos los secretos grandes y
¡equeños, aprensiones y niñerías, angus~ias y, con.g&lt;!jas.
Y él ha sonreído tal vez!. ..... ¿Qué sonrisa mas divma?
l\Ii nevada :pluma, la de pal?ma,. escribe ahora con el
jugo del corazon que asoma cristalmo y tembloroso á la
pestaña ora con la núel encerrada en el cáliz de las amapolas, beleño del alma que al alma vá!
Oh mi blanca pluma! Yo la enristro como el gladiador
1·omano qne se lanza a la arena, repitiendo con el poeta:
«Hay plumajes que cruzan el pantano. Y no se manchan.
ll'Ii plumaje es de esos!»

···N;·¡;;;j;¿;t~·;¡~¿·i~~·i~;~~~~·~;~¡~h·b;i¿·¡~·i:¡é~:;;;q~~·~i
escritor pisa, si la pisad.a es firme!!
II.

Tres lápices gmirda la zapatilla de lana, puesta á la derecha sobre el escritorio de nogal, sostenida por dos angelito~ de rostro radiante y risueños ojos.
.
Rojo, como la flor del granado, como los ke~1:5 de loa
soldados de mi patria; es el primero y echa tarJaduras y
hace raya;; sobre los periódicos que leo y marco en la faena del periodismo.
Señala transcripciones qúe enrojecen algunas mejillas -,
azotan algunos rostros; y el lápiz rojo vuelve á. la zapatilla de l?orcelami.

•
Sra. Mercedes Barajas de Diez Gutiérez ( de San Luis Potosí).

y arrullan la siesta
con ruidos vibrantes.
En los verdes bosques
simulan encajes
y templos soberbios
y selvas de alfanjes.
Alzándose enhiestaa
en rocas distantes,
se entienden, y besan
por medio del aire.
Vigilan el amplio
desierto gigante,
y velan el sueño
gozoso de 1 árabe.
A la carabana
dan sombra inefable,
y oyen del serrallo
las zambras brillantes.
La esfinge coronan
con palio flotante,
¡y á Cristo celebran
del templo en las naves!

***

En el intenso rayo de lintas foscas
bailan sus rigodones las pardas moscas;
sacuden y apalean, batiendo el ala,
los átomos que, viva, mueve la escala.
Una mosca se cierile y otra se agita;
otm en el rayo de oro se precipita;
ésta zumba, da vueltas y se alboroza,
y aquella que la sigue sús alas roza.
El aire caprichoso la cinta orea
y en ver el raro baile se rigodea,
hilsta que hace, soplando loco y sin tino,
con chispas, sol y °¡oscas un remolino.

* de llamas
Rendida al* mar
que baja de la altura,
la sombra busca todo,
la sombra y la frescura.
Y sólo los lagartos
se asoman al boquete,
vestidos con casaca
del siglo diez¡ siete.

**

Brillan los relámpagos,
la tormenta,
brulan los granizos
en las chimeneas;
el chubasco alegre
de redondas ~rlas
pica en los cristales,
bota en las monteras,
vibra en las campanas
y el campo apedrea.
Unas formán tímpano
sonando en las teJas,
otras por las ramas
del arbusto ruedan.
Allá va el chubasco
de crugientes perlas,
haciendo al ganado
correr por la vega,
dejando tan sólo
tras sí como estela,
el acre perfume
que exhala la tierra.
~

~-**

Sacude el tridente
la parva en la era;
la paja se huye
y el grano se queda.
Al revés sucede
con alma y materia;
el cuerpo sucumbe
y el alma se 1;.1cva.

*
d e una espiga,
.
Sus élitros moYiendo,* colg-ada
preside la ciuarra.sus fiesta6 estivales;
11u canto no ~onoce fa lánguida fatiga
y son en la natura. sus ecos inmortales.
Su voz cascada y bella madura los racimos
templados en la tierra del sol por los calores;
y tiñe de los frutos espléndidos y opíruos
la _piel iluminada de vívidos colores.
Es ella la que canta la música qne escribe
el rayo del estío sobre la fuente rota; .
.
es la que entre las frondas y los rama¡ea vive,
es_el verano ardiente metido en una nota.
SALV.ADOR RUEOA'

*

** hago las anotaciones marCon el azul, simp,ítico lápiz!
ginales en los libros que leo y él me acomfaña durante
largas horas del día y de la noche junto a atril de lec-

tura.

Trabaja el hipiz azul cuando las campanillas florecen
en la maceta y se alegra el corazón.
;. Sus rayas, puestas aquí y allí, se muestran como girones de cielo detr.ís de las viajeras nubes que se amontonan, se esparcen y se van.
Ay! azul fué la sortija que el amado puso en mi dedo!
He visto que de azul se engalana la aurora al nacer
Azules han sido los más queridos sueños de mi vida.
Por Cllo amo mi lápiz azul!

***
Barnizado por fuera tiene el cora-

El tercero, es negro.
zón de carboncillo.
Tétrico, pero simpático.
Con él hago la lista de la lavandera y rubrico los recibos del carbón y del cocinero.
¡Pobre lápiz!
Negación de colores ausencia de luz.
Mas, él es obediente y callado, marca el aseo de la casa y la vida de la familia.
:Mi lápiz negro es el mejor.

III
¡Plumas y lápices!
¡Ay! Yo que amado tanto y qne tanto he sufrido; pido
al Destino que, al llevarse la juventud, me deje mi lápiz
negro y mi pluma blanca.
.._ ¡Quiero ahogar recuerdos!. .....
CLORINDA

l\1ATTO DE TuR~ER.

A todo va la inmensidad unida,
si entre el ser y no ser media un instante
tiene el Jlllnto presente de la vida
un infiruto atrás y otro delante.
CAMPOA.HOR.

EL SIMBOLO DEL INMORTAL ESPOSO.

Cuento de Invierno,

I
El no la había visto durante la eternidad ele cuatro
ru1os que habían transcurrido lentos y amargos después
del matrimonio. No había querido encontrarla en tanto
que ella pertenía al otro, al que l.t había tomado muy be·
-lla, á los dieciocho años, virgen..... .
La última vez que vió sus ojos negros y oyó su voz du lee, fué la víspera del matrimonio, cuando los fríos tlc
Enero. Hacía una simple visita, al azar, Yiajando, y como nadie le babia advertido, se sorprendió mucho de
(lncontrar en el viejo castillo una reunión nwnerosa y
mezclada de amigos é invitados.
Recordaba ahom su dolor mundano de entonces; palabras vacías y gestos convencionales en Jugar de poder
abandonarse al sufrimiento que le invadía, febricitante
y agudo. Los padres de la joven reunidos en nna terraza
sombreada1 después del almuer.lo, consideraban su llegada con mquietud, porque estaban informados de sus
sentimientos y con miradas amables lo despedían dulcemente.
A pesar de esto, permaneció más de lo que convenía á
fin de verla. Y ella apareció con la alegría en sus movimientos y el orgullo en sus ojos,-la alegría y el orgullo
de la desposada. Se aproximó á él sin asombro, como si
le esperase y le present.S al marido del día siguiente, un
desconocido que le saludó fríamente y luego yolvió el ros•
tro á otra parte.
Ella llevaba una toilette rebuscada y se mantuvo cerca
del otro inconscientemente.
Eso le hllb.ahecho mal, á él que llegaba sin saber nada,
con recuerdos y con una esperanza, y partió muy triste,
perdiendo todas sus creencias.
El visitante había vuelto todos los años, cuando los fríos
&lt;le Enero, para encontrar las sensaciones llenas de
frescura que cantaban aun en él. La vieja abuela que va•
gaba en la soledad en tanto que los otros habitantes del
antiguo castillo halLbanse diseminados en villa, de placer, la vieja abuela que lo comprendía, le hablaba de ella y
le mostraba retratos que él no se cansaba de ver.
Cuando part.a no podia evitar YOlYer la cab&lt;'za para mimr una Yez más las torrecillas engnimaldadas de yedra y
el jardín en que la joven le había ofrecido una rosa blan•
ca cierta tarde á la hom del crepúswlo..... .
Se llamaban Arme! é lvona: nombres de novela y de
poesía que han tenido nna influencia misteriosa sobre la
Yida y que son frecuentemente retratos que se parecen.
IJ.
·-i\.rmel, elegante joven de treinta afios, esperaba, pues,
en el gran salón sombrío del castillo romántico; volvía,
&lt;"Orno todos los afíos, ,t la peregrinación de sus primeros
pensamientos; pero esta vez iba por fin ii encontrará su
amiga. Iba ,t encontrarla con traje de viuda, porque había recibido una carta de duelo, con la letra trémula de
la abuela sobre la cubierta encuadrada de ne!ITo.
Y e,l:&gt;eraba aún, como en otro tiempo, o!via'.-indo el matrimomo en sus ideas de soñador; por que no tenía en su
mente la imagen de e.~o; porque no había visto á Ivona
cuando era la mujer del otro; porque no había sufrido con
la realidad; porque había vivido de la frescura de sus re•
cuerdos, en la juventud de su alma, en el aislamiento de
su indepen.dencia de hombre libre.

De suerte que en la oleada de sus ensueños, ese rnatri•
monio se volvía al~o inmaterial, algo no real, cuya amargura se caracteri7,aoa solamentf por el cuidado que él to·
rnaba de no pensar en ello.
Un paisaje claro aparecía entre los pesados cortinajes
de las altas ventanas estrechas, con mucha luz blanca y
el debil sol d!é' Enero.
Arme! respiraba el aire frío de los campos que se insinuaba entre el moviliario solemne del salón. Estaba sentado frente á las ventanas, en el rinc6n deun canapé de tapicería severa que le traía recuerdos enternecedores. Sus
ilusiones volvían ahora qne iba á verla de nuevo y pensaba qne acaso, como antes del matrimonio, se sentaría
en el otro rincón del canapé.
Como buscase con los ojos el retrato de la joven, el re•
trato de la viuda, notó cerca de sí, en el mármol ~is de
una pequefia mesa redonda, nn estuche &lt;le pergammo co•
lor de marfil, cifrado con iniciales entremezcladas, que
tom6 y abrió, encontrando dos retratos gemelos: el de
Ivona y el de el otro-con una mirada fría.
III
Oyó un crujido de sedas y ella entró mostrando su sencillo traje negro de viuda joven, con el rostro empalidecido, la fisonomía fatigada, el andar lento.
El se levantó bruscamente, teniendo en la mano torpemente el estuche de pergami,no que no supo poner en su
sitio. Ella vió eso y le cansó una impresión inopinada.
La aproximación de esos jóvenes que se amaban acaso
tanto el uno como el otro, era tan conforme á las leyes de
la naturaleza y estaba tan bien en el orden de las cosas,
que se encontraban, después de cuatro años de separación,
como seres que deMan volverse á ver.
Sin fórmulas triviales y sin frases, se cogieron las manos un instante y se colocaron en los dos rincones del canapé de tapicería, á distancia. Antes de hablar, él contemplaba á la mujer convertida en madre, con una beldad
diferente y la mirada más profunda; y ella le contemplaba también, pero sobre todo para saber si la encontraba
cambiada, si la estimaba menos linda.
El la contemplaba y se entristecía porque no era ya la
joven que hab,a dejado un día·la víspera del matrimonio. Después de los vagos ensuefios, encontrábase frente
de la realidad brutal. Se sentía languidecer observando
que las formas vacilantes cuya visión fon(a aún, mny :pura, estaban animadas de una vida nueva, de una vida
extrafia ...... y sorprendía un pensamiento profano en los
ojos agr¡¡ndados de la mujer.
Como era morena y bien desarrollada, y su persona y
su ros.tro tenían un caracter apasionado, esas cosas
acentuaban más aún, de suerte que ~ufría mucho.
-Qué ha hecho usted durante este tiempo? preguntó
ella Rencillarnente, con una voz blanda que él no le co11ocía.
)fas como continuase hablando, aquella voz blanda turbaba extrañamente al jqven¡ veía de otra suerte aquello
que al principio le había afligido y una sensación p 5rfida
se apoderaba de su voluntad.
Respondía sin pensar, con palabras que significaban
que no había cesado de amarla. S.'.&gt;lo que ella parecía no
oirlo, y, muy femenina, desviaba la conversación, en un
.ff.irt involuntario, para llevarla á las pláticas que habían
tenido .otras veces.
Decía con su v-iz bla nd:l cosas lindas y encantadoras

se

Sin embargo, Armel se ponía más. y más ~riste porq,ue no
reconocía ya las ideas ingenuas é irreflexivas de la Joven,
q ue era tan amablemente crédula y no encontraba ya su
naturaleza im~ulsiva, abnegada y .gei:erosa. ~abla~a ella,
hermosa é insmuante y evocaba 1mugenes 11npreS1onantes; pero él sentía en todo esto la educaci.ún del otro, del
que la había tomado para formarla á su imagen y semejanza y la poseía hoy todayía-después de s~ i:nuerte.
El hombre de mirada fria le había transnut1do una segó.uda naturaleza, preciosa y disimulada, que razonaba y
:;e contenía; una naturaleza ficticia, que sobrevivía al esposo. Este se· había asimilado sn mujer, dejándole una
huella t-enaz, de suerte qne era aun el otro quien pensaba
y hablaba en ella. Las contradicciones de la viuda parecían ser lá rebelión del marido contra el intruso y el desacuerdo de la converBacióu representaba el símbolo de una
lucha entre los dos riYales.
En su melancolía, Arme! dijo á Ivona:
-Usted no es ya la misma ..... .
El hizo un ge¡,:to de renunciación.
Entonces ella tuyo la intuición del sufrimiento del joYen y dúcil, se aplicó á ponerse en comnnión de pensamiento con él. .
.
Esta era para Armel .una esperanz~ de quitárs.ela al otro
Y de volYer insen~iblemente á su amiga á su primera natnraleza, expansiva y entu$iasta, que se aliaba t~nbién
á la suya, en otro tiempo, cuando se ca~entaban ¡m1~s
al mismo sol de imierno, bañando sus miradas en las mmacnladas blancuras del paisaje ........ .
Permanecían $entados, en una semi-intimidad1 E:n los
dos ángulos del canapé, ante la~ altas ventanás abierta,
qne dejaban entrar un poco de mre al departamento ausstero.
Arme! oía hablará Ivona, y como mútuamente re~n•tían el eITor ele aquel matrimonio y él hubiera que:1do
rehabilitarla de haberlo desdeñado, le pregunté cl\s1 en
voz baja: .
-¿Por qué hizo usted eso?
Ella respondó:
-Yo no sabfa ..... .
La languidez de f'us ojos profundamente negros decía
lo demás y el joYen que se ctesesperabaá.la idea brutald.e
la realidad irremediable, que imaginaba locamente la visión del pri111er abrazo....... cobardemente se echó á llorar.
Er1tonces ella comprenu.ió el pensamiento que lo ~esolaba y se arrojó generosamente en sus brazos, angustiada, cony u lsa, para consolarle y .rara ser perdonada. A b.an•
donáronse á largos abrazo,aapaSionados y cerraron los OJOS,
olvidando el pa:"ado, olvidándolo todo para amar y ser
amados..... .
Cuando se abismaban en la eiusión de su ternura, en•
tr.'.&gt;, saltando, 1111 nifio, por la puerta abierta del jardín.
-¡)Iamá! ¡mamá! exclamó riendo.
.
Y ella desprendióse de él, sobresaltada, muy pálida,
trastornada, en tanto que Armel quedaba con la muerte
en el alma.
El niño se detuvo asombrado, inquieto, vacilante y quedúse núrando obstinadamente á aquel extranjero qne
usurpaba su puesto al lado de su madre y á quie~ él no
conocía. Y durante el silencio sólo se oía el suspiro del
Yientecillo le,e de invierno en el jardín.
El joven y la dama permanecían inmoviles, com:o unos
culpables á quienes se SOrJ?rende injraganti.
-¡:Mamá! gritó aun el mño, irritado.
Y repitió:
-¡Es mi mamá.!
Lanz61SC hacia ella y en tanto que Ivona la besaba furio:;i.mente y la estrechaba contm sn seno, toda ~.?nmovida, dominada toda por el amor maternal, la mna obserrnba al joven y parecía desafiarlo con sus ojos azules.
Volviendo de su ensneño1 Arme! notó como se parecía
la hija al padre v encontro en aquella maligna mirada
que se le clavaba· en el rost,ro, la mirada fría del es:poso
que le había tomado á su novia para formarla á su imagen; la mirada del muerto cuya alma animaba aún á la
viuda y re,ivía en la niña; la mirada del prirne:ro del inmortal r,,po.;o.
En tanto las campana¡; de la aldea sonaban el angelus de
medio día que tintineaba alegrernentc--y Arme! comprendió que la vida le llamaba á. otra parte, ,i él, elegante
joven de treinta afios.
ROBERTO CAZIN.
CROQUIS DE ENERO.

Era un mocetón de seis pies de alto y manazas hercúleas. Se llamll,ba Miguel y vendía flores en uno de los
boulevares. Varias veces prendióme en el ojal del jacquet, pálido crisantemo 6 escarlata flor de terciopelo.
Entre el I\),Ontón de mujeres elegantes, envueltas en
pieles, que husmeaban los rasos de los escaparates, emergía la voz chillona del vendedor de flores.
Frente á su puesto, una vitrina incitaba con sus sombreros de colores, sns plumas y sus frascos de aguas de
escandalosas etiquetas, y en el centro un busto de cera
giraba mostrando el último y ridículo peinado de moda.
Miguel adoraba ese busto. Por runchos años saludaba
todas las mañanas á su novia virgen, que en vueltas eternas, enseñaba ya la nuca donde caían miles de rizos de
oro, ó la frente blanca donde morían bucles color de sol.
Sentía celos cuando la chicuela del mostrador enredaba ó deshacía los cabellos, enseñando las miles de vueltas ,l la vanidosa parroquiana.
1\Iiguel vivía en los suburbios de un barrio bajo, y bien
de mañanita, en el crudo amanecer de invierno, resbalando sobre la nieve 6 desafiando el aire del polo, llegaba
el primero á la ancha acera para saludar temprano á su
amada insensible, que en su giro, miraba vagamente con
sns ojos sin luz y sonreía tristemente con sus labios de
cera coloreados de bermellón.
Un amanecer muy frío, Miguel sintió que una bocanada de aire le corría J?Or el pecho, y ardiendo en :fiebre, y
con ún dolor agudísimo en la espalda, vociferaba, brin-

I

�EL MUNDO

14

dando á las damas el gajo de diez centavos d_onde t.emblaban las violetas y sonrosaban los claveles. .
.
Y Jleaó una tarde en que las pocas personas que circulaban huían de la nieve, la cual blanqueaba los te chos y
empaí\aba los cri1-tales; )ligue! respirimdo apenas, gruñendo bajo la bufanda escoce,a, ofrecía.sus flores con _los
ojos cerrados por la fiebre, el andar vacilante y t.emblon,
recostado á la vidriera donde la bella cabeza de cera, el
divino busto, de facciones finas y ojos rasgados, parecía
en una sonrisa, coquetear con el único tnmseunte de la
ancha acera.
Llegó la noche lfvida, pfü~a.
.
La nieve formaba montec1llos y '.\I1guel clesploma~o
veía cubrirse sus piernas de motitas blancas, con los OJOS
desmesuradamente abiertos, fijos l'll el busto, que. en su
delirio creía tener cerca, balbuceando frases ard.ientes,
dialogando con la m uda amada, y así solo, tranqup.o, fué
muriendo, mientras que el busto de cem Fe~uía guando,
de1,cubriendo ya la nuca donde caían los rizos colqr de
sol ó la frente b la nca donde donnían los bucles color_de
luz.

*

Y o acompañaba el cadáv:r*de un amigo Yiejo, el~ miFmo día en qne l\Iiguel rodó á la fosa de los pobres; y la
vuelta detenido en la cantina donde los cocheros calientan su; miembros congelados, ví al conductor clE;l carro
donde fué Miguel, alzar su copa de a)cohol y vaciarla en
la boca enor me, murmurando sarc,isucamente:
-Eh, copero, á la salud del pobre muerto!

:i

FRA:-C'IRC"O

G

\HC'.\

C1s:-ER0~.

LA FLECHA, EL ALA Y E L CORAZON,
( Sobr~ un pensamiento de Catulo Mendez).

Tuvo una apuesta mi hech iceramniga,
la de gentil belleza;
es una apuesta extmfüt
q ue la ingrata ganú. Nada mitiga
desde entonces la fúnebre triBteza
que tenaz por doquiera me acompaña.
Un arquero decfa:-En este m undo
nada existe más raudo q ue mi flecha:
en menos de un segundo
atraviesa el espacio velozmente
y al b lanco llega rápida, derecha.
¿Hay algo, por ventura, más ligero?Asf dijo el arquero
y m i amiga sonriose alegremente.
Dijo una golondrina:-Bajo el cielo,
bajo ese cielo de un azul profundo,
donde e l astro ful~ura.
brillante, envuelto en lummosas galas,
nada iguala á m i vuelo,
al vuelo raudo de mis negr-as alas
que atraviesan en menos de un segundo
de un extremo l1asta el otro la llanura.A.sí repuso el ave,
y alzó los h ombros desdeñosa, grave,
1ni amiga, la ele explén dida hermosura.
- ¡Pues qué! dijo el arquero,
¿algo á mi flecha en rapidez iguala?
¿qué existe que mi flecha más li~ero?
-¡Pues qué! también la golondnna agrega,
¿algo existe más rápido que el ala
que con el viento ;i su destino llega?
-Sí, respondió mi amiga sonriente,
mi d ulce amiga-sueño del poetahay algo m,ís veloz que la saeta,
más r,ipido que el ala en el ambiente.
Apostaron. Partió rauda la flecha,
partió dpida el a la,
veloz como la bala,
veloz como los vientos silbadores
que en las ramas entonan triste endecha;
pero antes que la flecha vibradom
el blanco hubiese herido
con lúgubre silbido,
y mucho antes que el ala voladora
rozara. sin esfue rzo ni fatiga
de• la pradera las fragrantes flore;,,
c•l corazón de mi hechicera ainiga
volado había en pos de otros amores.
C .\llLOS ÚRTIZ.

DOMINGO 3 DE ENEROrDE 1897

Nuestro rey D. Felipe Ill tiene en mucho su dictamen.
-Pues en los Trinitarios Descalzos de la calle de San
.Al comenzar el siglo XVII, la calle que hoy, se llai:na Agustín hay un joven qne no ha de valer menos con el
del _frp Jfaria. se llamaba calle de l Barranco: aun á prm- t iempo. Lee en el pensamiento de los demiís como en u11
cipios del si~lo pasado existía en la de la Esperanza una · libro.
-¿C6mo se llama?
ima«en de ~uestra Señora. de este título, colocada por ~l
-Fray Tomás de la Virgen.
ven;rable siervo de Dios fray Simón de Rojas, Y q~e dió
-La verdad es que hay mucha gente mala, pero t:unnombre á esa calle. Cuando aquel sant-0 varón .vmo ,t
1[adricl reinaba ya Felipe III y el lupanar que existía en bién hay ·en nuestro tiempo muchos santos.
-¡Ya se llevan el cuadro! Dicen que es prodi~ioso.
~1 Barrlnco estaba convertido en la callej11:ela de la Rosa.
-Es una grandísima desvergüenza-respondio una vieLos vecinos del Barranco, en unión del virtuoso fundador de la Congregación de Esclavos del Dul~ Nombre de ja-esa mala mujer se había h echo retratar en carnes vi)Iaría, pusieron bajo el patronato de la ' 1rgen aquella vas.
-¡El nifio se ba salvado!-g_r:itó una mujer asom.índo~e
calle, para hacerla perder su malafa!?ª• colocando estampas del Ave María en sus puedas, é rngresando en .la her- á ht ventana.-Yitor al padre .Kojas.
-Yitor al santo-repetían las gentes.-Yitor, vitor!
mandad en que era obligatorio á los cofrades decir Ave
)faría ,e'tenta y &lt;los veces diarias, y servirse de aquella
~Entre tanto. en uno de los extremos de aque l trope l
salutación siempre que se encontraban. El venerable Ro• de gentes forcejeaban dos hombres; uno ya anciano, vesjas fué el autor de aquella reforma en las costumbres:. t-0- tido pobreme nte, de rostro noble, nariz aguileña y fo~nte
do )Iadrid, desde el Consejo de Castilla y el .Ayunt_a~1en- despejada, oprimía la ma110 derecha de un arrogante joto hru,ta el pueblo que derribó la,: puertas de la Tn1;ndad, ven, impidiéndole qne saca,:e la espada.
pira hacer reliquias con. los hábitos del Padre R;o¡as, el
-Dejadme, ¡vive DioS:!..,....:decía el joven- ese cuadro que
día de su mue1te, le tuvieron por santo: y los ve.cmos del se han llevado es mío, y á cuchilladas han de dcvuh•¿rbarrio del .Ave ) l a ría, le consagraron un,~ calle que sella- melo.
1mt de San Simón en honor suyo: es decir, le proclama-Sólo sé que váis á desenvainar la espada contrn un
ron santo ciento diez a ños antes ele que Roma 1~ declara- trinitario, y no ha de ser; he sido cautivo, y ellos ma resFe venerable: tuvo gran influep~ia el ilust~ valhsoletano:
cataron.
~u con,ejo pe,:ó mucho eu el ,mnno c~e Feh~ I~I para la
-Pues eYitad con la otra mano que saque mi daga.
expulsión de los moriscos, y en el rc1~ado s~gmente p~ra
-Eso ya no podré h acer; la otra mano me la estr~peaimpedir la boda de la hermana de :fel1pe I\ con el pn'.1- ron los turdos en Lepanto.
.
cipe de Gales, luego Carlos I, á qmen s.us vasallos cortaEl pintor, ya sosegaclo, miró con curiosidad al anciano,
ron la cabeza.
y dijo:
I
-Os doy las gracias por haber contenido mi arrpbatn;
_\.unque la calle del , lre .Jfrida estaba ya purificada con pero no pude contenerme cnanclo me contaron lo quepasu título no transitaban por ella todavía carrozas elegan- sa. Sabed que esa Yenus que me arrebatan es mi me)or
tes, togados con garnacha, ni hidalgas serYidas por un pintura.
tropel de pajes al uso de la époc_a; era Cll;lle basta~te con-El paclre Rojas sólo aprecia el arte piadoso; sm: p¿1b
currida por archeros, mozos de sill~, frailes mendica1.1~s, samientos vuelan por encima de nosotros.
laca~·os con libreas de felpa y terciopelo, soldados v1e¡os
- ¿También pintáis?
con la ropa acuchillada por los flamencos y los sastres,
-Pinto con la pluma; acaso hab3is oído hablar ele un
pícaros de cocina y caballcrns del milagro. De _vez e1! librejo mío intitulado El ingenioso hid&lt;ilgo don (¿11ijote de lii
cuando atravesaban alg unas buenas mozas, que iban a Jf mu·luc.
callejear en vneltas en sus mantos, y dejaba1;1 ver en tre el
-Luego sois ) lig ue! Cerl'antes? M.uy buenos ratos os
embozo ó l ucían e n la cabeza, un Agnns Dei, 6 cruz, 6 a l- debo.
gún otro capricho con guarnición de esmeraldas y d ia- Pnes pag,ídrnelos, no re,:catando e l cuadru por la
mantes· ó beatas jóvenes, qne sólo apartaban la vista de l ft1crza, sino p or la i nd ustria. Y pronto; antes que el PJ.rosario 'para fij_arla en un galán; ó viejas con hábitos d.e d re Rojas lo destruya.
estameña que, desamparadas de la carne, habían ofreci-¿Tendd valor"?
do al Señor sns esqueletos.
.
-Oíd-dijo tomando a l pintor por un brnzo y ap::trtínXo se Yeían cle~cle la calle en las moclestas casas, m los dole ele aquellos sitios-oíd lo que me dijo su reverencia,
trofeos mil itares, ca.seos, petos, lanzas y arcabuces q uE: hablándome un d(a del Quijote. El arte que no f'e dedic,1
adornaban en otros barrios los palacios de los nobles; m
á Dio!', no pasa ele l as esferas inferiores. lle leido u n c:1los tapices de Bruselas y cnadros italianos y fl ame ncos, pítulo del Quijote y admiro vuestro estilo; pero quem:ul
que pagaban á peso de oro los indianos; sino hnmilcles esa obra frívola y mundana y escribid libros clevotos.
colgadu ras de tafetán, en las más ricas, estampas de Fant os ó im,lgenes de bulto, y en las más de ellas, fraguas,
-III.
bancos de carpintero, telares y patios con emparrado, en
El convento ele la-Tri nidad estaba entonces en reparaclonde h ilaban y cosían las vecinas. Sólo en alg nna que
otra casa ro veían , atisbando por las celosías y enrejados, ción: los muros i nteriores se habían desmoronado, y rota
ricos espejos, escritorios, vitrma.s en que br ilfa.ban la p la- la clausura, se comunicaba el convento con las casas i nta, y el oro, v pabellones de rizadas telas florentinas.
mediat.c•ts. En la misma noche de los sucesos anteriores, e l
Un grupo de gente apareció por la calle de la )lagdale- pintor Vicente Carducho esperaba, en compafi fa de otw
na, rodeando á un fraile t rinitario, q ue avanzaba con di- embozado, e n el patio de una casa contigua, dispuesto :t
ficultad entre los que le besaban la mano ó le pedían ben- t raspasar el m uro, aún de escasa altura, que le separab:t
del com·ento.
diciones.
- Padre Simón-decían unos-reparta rosarios y estam- ¿Decís que está el cuadro en la p arte de ht izquiercla'!
- Sí: en aquel rincón. ¿Entramos'? llace w1 buen ratll
pitas.
· -Padre Rojas-repetían otros-que estoy en ayunas. q ue se acabaron los maitines y la comunidad estará ya re-Lea, p or caridad, el E vangelio á esta criat ura que es- cogida.
t á. enferma.
-Quedad aquí: yo basto para descolgar el lienzo, sepa-A mí, á mí primero-repetía llorando u na h ermosí- rarle con la daga y a rrollarle: m i calzado es m uy fino y
sima mujer con el traje descompuesto y suelta la eeclosa mulie ha de sentirme. Yos me guardaréis la salicla.
cabellera: ¡mi pobre hijo se está ahogando!
Dicho esto, traspasó el muro, y apoyilndose e nla paree!
-Sí, sí; á. ella pr imero-dijeron todas las madres em- del clauHtro, marchó á tientas hacia mia imagen alumbrapujando a l religioso hacia una casa i nmediata, m odesta da por una lámpara ele acC'ite. Cerca de ella distin uía un
9 ser e l
en la fachada. pero que dejaba ver e n su interior moldu- cuadro sin colgar y nielto ele! revés, que reconocio
ras de ébano y dorados. El fraile entró, seguido de otro suyo por lo nuevo del lienzo y la armadu ra. E l artista se
compañero, pero retrocedió a l momento hacia la puerta. detuvo para cerciorar~e de la soledad del cla ustro: luego
-¡A.ve :\Iaría! No h e de entrar-dijo-mientras no q ue- sad la daga y avanz6 de p untillas hasta tocar su tesoro
men afltes ese cuadro.
con la mano; entonces se persignó delante de la ima 0 én v
- ¿C6mo he de quemarle si no es m ío?-respoml ió la su~ r odíllas flaquearon ele terror. H abía oido un su~piro ·
mujer con desesperación.
m uy cerca, como desde una a ltura, y no se atrevía .t a lzar
-lle visto vuestra cara, vuestro cabello y niestra i m- los ojos; cuando se determinó :1 levantarlos, cayó ele ropureza en esa pintura desvergonzada.
dillas aterrado. 1In fraile, sujeto en una cruz e levada é
-¡Oh ! Que mi hijo se muere..... .
i~climtda sobre la pared, gemía y le miraba tristemente.
-Dios quiere salmr á este ángel, arrancándole de esta Solo después ele un buen rato y ele.haberse encomendado
casa. No le mata su enfermedad sino la desnudez tle su á Dios, pudo reconocer en el fraile al Padre Simón de R::imadre en ese lienzo. Marchémonos, fray Bartolomé.
jas.
-Xo, no-dijo la mujer arrodillándos-yo vivo ele mis
-¿.f¿ué hacéis así?-le dijo.
pecados, y u11 pintor me pagó para que le siniese de mopenit.encia portf-respondió el fraile-parn q ue
delo; esa Yenus n o me perrenece, pero vo la echo de m i tu-llago
mano, creada pam Rervir á Dios, no sin·a al denonio.
casa y os la ent rego; vos habréis de de,:olversela.
Aquellas pálabra.~ atmjeron al lego R1.rtolomJ, que e,:- Que tapen e~e liens.o deshonesto-dijo el Pad re Sirt punto de pedir isocorro, al encontrar un hombre
món á fray Bartolomé-y lo lleven ,t la Trinidad. ¿Quien tuvo
ante la crnz.
es el pintor?
-Descolgadme ya-dijo el Padre Simón.
-Yicente Carducho.
El leao-~esató las muñecas y tobillos del prelado, c.1r-¡Cúmo! ¿El pintor de cámara? ¿El hermano del virtuoso Bartolomé? ('ubran la pintura de modo que nadie denos éhmchados por el peso del cuerpo y la presiím d~
pueda verla y que la lleven aJ·claustro bajo. Y o respondo los cordeles. E l Padre i,imón se arrodilló con trabajo.
- Dad ,i este hidalgo las &lt;;!.isciplinas-dijo descubriendo
de ella ante str autor. Y ahora entremos á pedir á Dios la
salud de ese niño, si le conviene. ¡Ave l\faría! ¡A.ve la espalda-y que me castigue con ellas: he prometido 1·ecibir. cien azotes d iarios hasta que queme esa figtH'&lt;\ q uc
~Iaría!
hapmtado.
·
II
El pintor rehusó el manojo de cordeles.
-Azotadme vos, fray Bartolomé.
La gente esperaba en la calle con gran curiosidad,
- radre, ya habeis sufrido much o.
agolpada á la puerta de la caFa.
- .\.zotadme por obediencia, dijo con firmeza frav :-si-¿Creéis que sanar,l al niño el tri nitario?-decía un
món.
•
zapatero á. una vecina.
-No que nó; ha resucitado muertos y, entre otros, diEl leg'? ~esc'.1-rgo'.J los cordeles sobre la espalda acribi lh1.cen que á su médico..
.
da del truutano. Pero Carducho le arrancó las discipli-Sin embargo, yo qne la madre, hubiera llamaclo á nas.
Mariana de Jesús, la 1rn' rcenaria; plantó u :u rama seca
.-Padre ~1ío-lc dijo-prometo no pintar sin o cn:tllros
de oliva en rn huerta .d e la plaza de Santa B írbara, des.- piado~o.s, s~ me petm1tís conservar ese lienzo.
pués de bendecirla, y se hizo un ftrbol. Por algo la con-Siga rn1 pemtencia-dijo el fraile.
sultan las señoras ele la corte.
-Nunca-exclamó el pintor besándole la n1u10- le:;-¿Creéis que .al Padre Simón no le piden consejoF? tru.icl esa Venus: no puedo resistir este espect.í.::~ilo.

DOM I NGO 3 DE ENERO DE 1897

EI. SACRIFICIO D E VENUS

EL MUNDO

El lego descolgó la. lámpara, sacó el cuadro al patio, y
aplicándole la flama,lasllamas se a~eraron de la pintura. Yic¡¡nte Carducho, pálido y casi lloroso, veia arder el
cuadro: al resplandor de aquel incendio viú por última
wz la Yenus de q'ue esperaba eterna fama.
Parccióle que se despedía sonriendo y que un coro de
amorcillo~ volando por encima de las cruces del convento, la espemba para conducirla á las esferas donde Ganimedes sirve e l néctar á los dioses, ó hasta la concha don. de Y ~nus se columpia sobre el agua en el archipiélago de
ürecia.
JosÉ FERNÁNDEZ BR_E:llÓN.
ACU AREI,AS DE E NERO.

Tarde ele invierno.
E l cielo, plomizo, cobreado de franjas blanquecinas,
derrama una claridad turbia, dudosa, inquietante. En el
oriente Fe extiencle la curva policroma del arco-iris; ha-

cia el Gccidente, salpicaduras de escarlata y de violeta
subido revelan el ocaso del sol.
El mar, gris. crespo, flordelizado de esl?nma, semeja
una inmensa pizarra rugosa, donde un gemo formidable
hubiese trazado con tinta de perlas caracteres misteriosos.
L a playa, extensa, solitaria, con su superficie blonda
mojada por el recie nte flujo. Sobre la arena un bote volteado dibuja su lomo bruno, brillante de limo.
Allá, ep. el linde de la arena, á. la entrada de µn bosque, se alza una choza de paja, con paredes de barro rojizo. Un viejo moreno de cabellos y barba de armiño,
vestido de gruesa tela azul; está sentado á la puerta de la
casucha, bajo el dintel, sobre una troza de madera, fumando en una pipa de yeso. Cerca del viejo un muchacho adolescente, flaco y desmelenado, zurce una red de
pescar que se agruma :í. sus pies. En el interior sombreado de la choza, en un rincón del piso terroso, resplandecen, como luminosas manchas de sangre, las brasas de un
fogón.

La tarde declina. El muchacho zurce v canta monótonamente; el viejo fuma, signiendo con la vista el h umo
de la pipa, que asciende p or el aire en círculo~ cándido~.
El muchacho :
- Papá, ¿la comida?
.
-Sí, ya es h ora.
Se levanta el zurcidor flaco y desmelenado, r arga sobre
sus hombros la red y entra en la casa; el viejo, solo ya,
continúa fumando.
En tanto, el crepúsculo se extingue; cie lo y mar vélanse con tetricas brumas, y la sombra cae, cae r.ípiclamente,
en copos espeso~. Los contornos de la caiaa se e~fuminan;
e} cuerpo del viejo se borra, quedando sólo visible su cabeza, en que albean los cabellos y la barba de armiño.
Y en el hueco cuadrado y sombrío de la puerta, aquella
cabeza de nieve se destaca vigorosament&lt;', cual si hubiera. sido pincelada sobre un clarobscuro rembrancltesco.
D .\RÍO IlERllERA.

E l amor {1 los niños y á las flores,
!'on amoreR tan dignos de los cielos
que Ron tal vez los únicos amoreR
&lt;¡ne nnnca dan á los amanteH celos.
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Este peri6dico está impreso con las tintas fonas
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Paris.-Unicos Agentes en la Republica:LBWIS y BLOCK, MÉXICO.
D&amp;L ■ ATURAL, POR

J.

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VILLASA ■ A.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ciro B. Ceballos</name>
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        <name>Croquis de enero</name>
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        <name>Familia Rigot</name>
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        <name>Filamento de carbón</name>
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        <name>Los huevos frescos</name>
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        <name>Preludio de invierno</name>
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        <name>Recuerdos de España</name>
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Guillermo Priet.:-. i· el i ael actual.
cnc:rotografia de Torre:. hcrma llOl!I.)

fYé ,u1c ;u u estro] urticulo_ c~1torJnl.)

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�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO ~E 0897

"EL ldVNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
ll.ÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Relia.cción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes 8pindota.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ~r dirigida al
Gerente, Lle. Fausto noguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $_1.25 centavos al
mes, y ee cobra -por trimestes adelantados.
NúmeroP. eueltfl!&gt;. 50 centavoez.
Avisos: á razón de $30 plana por cada· publicación.

aquí, dada la tendencia de los espíritui:, no gozan de
crédito.
De aquí dependne en la m:1yor parte 1le los e-a~•)!!,
esos arrebatos explotados por la p,dri11ta11t reinn•1t.e
en españoles y mexicanos, puedan ftlciltaente U~¡¡;e11lr.1r
en un conflicto que todos lamentaríamos.
Nunca como ahora se hace indispensable una gran dü-

eis de sangre fría.
En vista. del estado de ánimos, debe hacerse el e.'1Crifi cio de obtener halagadoras victorias tras i~ empeñadas
polémicas. En este asunto la razón 1a tendrá e.iempre el
más correcto.

Todo pa110 debe acr "precisamente adelanUdo.
Ri:GJSTRAOO COXO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLA.~E.

l{(tttts

ti\itorittlt;.

&lt;!5nilltrmo ll)rido.

gantes~a entre enrontradas concupiscencias y contrariasdoctrimH', el co111batt-- 8angriento entre fuerzas y activid:11h•~ po,l,•ro!la!I que parecían irreconciliables ti.perpetuidad; lio~, la nniúu Je todos loe ciudadanos y la liga pa~
c.fiea Je lus eleml'..!ntO!~ más disímbolos, para acatar la autorid:1J supr~m:i, y prestarlJ. cada cual su contingente.
unos aceierando y otros retardando la m:ucha resuelta.
en loe comicios, pero cada cual en su puesto en el admirable mecanismo del complicado aparato gubernamental.
Ayer la pasiün y el prt'juicio, el odio y el rencor, empw.jados A podero~3 lucha y ocasionados á choques espanto¡;os; hoy ln calma tranquila, la fría serenidad rindiendo
pleito homenaje al elegido del pueblo, sometiéndose de
grado ú. la voluntad, mnnifiesta entre relámpagos y true•
nos en la hermos:1 tempeF-tad de los c'omicioe.
¡Puebb viril y grande el que así combate con energía.
republicana, y esgrime todas las armas de su vital c,mstitncióL1 plutocr.'itica en los días de discusi611, en las ho•
ras del sufragio, para eeguir después, sin asomo de domédtica~ rencillas, sin resabios de las pasadas luchas,
majestu\JSO y altivo en el c.lesa.rrollo interminable de su
soberana grandeza!

•*•

Acaba de apartarse de nuestro lado una de la~ figuras
Y no esperemos que la. a,¡lwinistraci.ón que hoy se ina.u•
n:~ui¡,z genuinamente oacionale1,i, una personalidad distingur,\ cumpla en t,xlas sus partee el programa de la Conguida c¡ue viene il compendiar el caráctor, el espíritu, el
vención S.1cional Rtpublicann, dictado en las horas de
modo de ser de toda "una ~poca. Con Gnillermo Prieto
exitaci:m política, cuando los cerebros caldeados al rQjo
desaparece, en efecto, un pedazo de vida naciona 1, de
en la. anitn ,d.i discusión. trataban de deslumbrar
esa vidaque, con sus vicios y sus virtudes, sus triztezas y
con la. pompa de sus declaraciones.
sus glorias, sus entusiasmos y sus depresiones, ha aniCon una prndenC'ia. aEtuta, el candidato elegi&lt;lo que_hoy
mado y resumido la típica leyenda patria.
se coloca en la primera magistratura de la gran nación
¿Quíén no conoce en la Repll blica la historia de esta
americana, aceptó el puesto que ee le ofrecía, pero nunexistencia? ¿Quién ignora loe títulos que amparaban á.
ca se comprometió explícitamente á. seguir al pie de la
Guillermo Prieto para ocupar un logar predilecto en el
letra las decisiones lanza.das en el calor de la refriega por
corazón de loe mexicanos? Rodeaba al ilustre anciano
los convencionales de Chicago. Conocidos como enm sus
una como aureola formada por la gratit.ud y el carino po·
ideales políticos, reputado ya ante la nación entera como
pular. Iba él de este modo protegido, á semejanza del
el paladín de un programa emine11.temente econ~m1ico,
héroe de Horacio, por una triple coraza. de afectos, que
basado en laR consideraciones del proteccionismo más radical, quiso lle Kiuley que así lo aceptaran. Y ai,;í, sin
la muerte ha, por fin, hecho pedazos.
Los hombres que sobreviven á eu tiempo y logran
sin compromisos previos, sin recibir condieoneA de nadie,
conser\"arintact.a y de una sola pieza su personalidad, es
sin escuchar insinuaciones de ninguno, sin
proque poseen dotes superiores. Guillermo Prieto, en quien
mesas es como ha ascendido al poder.
se traslucía un iigero dejo de amargura hacia las nuevas
Esto no significa qne su adminiet.ración vaya á. camigeneraciones, supo, sin embargo, darJas la mano y forti nar sin rumbo fijo. Si alguien se deja penetrar fácilmen•
Ge neral Gu a d alu p e L6 p ez,
ficarlas. ¿'Qué importaba que la~ idea, hubieran sufrido
te en sus planee y propósitos, es sin duda el célebree8taJefe d e la s ~ Zon a Milita r. ten Gu a d alaja ra el
actual.
una transformación completa, cuando la conciencia nadista de Ohio.
cional había tendido un puente entre el porvenir y el
No seguirá la política agresiva que en las relaciones con
palado, entre la realidad y la esperanza?
las potencias extl"'.-\njcras le aconsejaban los republicanos
De aqne1lossoftadores entusiastas, de aqoellos espíride la Con\'t;&gt;nciú11; probablemente, desatendiendo á la&amp;
tus apasionados, de aquellas alr;nas desbordantes de iiea• RESU MEN. -Mc Kin ley en e l pod er.- La exalt a c 16 n de
ardientes i;imp,1ti,1s que han manifestado loe partidarios
ayer y la p a c ifica c oncord ia d e h oy. -EI p r o1rama
les, somos hijos nosotroe. A elloe lee corresponde un pri·
que lo eligieron, y eiu fijarse platónicamente en la tremenrepubli can o d ' Ch icaco y la n uevaadmlnlatrac l6n .
-La doctrina d e Mon ro e y el protecc ionismo. mer puesto en la historia de nuestra jovea. nacionalidad;
d1\ lucha que ha.::e dos ai)os Eacude con eetremecimientosPaz de nom bre y c u crra de tarifaa.-EI p o rveni r de
para elloS ee toda la gloria y todos los honores. Hombre3
Ue volc,í.n los C.'\mpos antillanos, no ha de tender la. maMCxi co.
de lucha y hombres de emoci6n 1 sirvieron á s11 ca•1s:\
no i'L los tenaces insurrectos de Cuba¡ vera con gran ea•
c9n· la espada y con la lira, con el lamento de .Job y 1a
tieiacciün
qu~el trat.ado de arbitraje permanente con In·
Si con profundo interés Bf'guimos el ano paeado los moimprecación de Isaíae, con la serenidad del martir y la
vimientos de la poHtica americana, preparJndose á. deter- glaterrJ. ponga á los Estados Unidos al abrigo de formi energía del guerrero.
minar por el ejercicio del sufnigio, el más eolemne de lL,8 dable choqu~ entre &lt;los poderoea.s naciones; dejará en el
A. este heróico grupo perteneció Prieto, y más que nin·
olvido, ó porlo menos no irá. á.desenterrar del poh·o deactos en los pueblos democráticos, disponi~ndose á fü,fi
guno otro contribuyó á. e!parcir el credo de la democra·
nir por medio de las urnas electorales la marcha admi- los ar.:hi vos para renovarla: la debatida doctrina )fon roe,
cia, disponiendo de eee aparato laminoeo y -vibrante que
nistrativa en el nuevo periodo presidencial que hoy tan sujeta á. provocar conflictos como ocasionada á des•
le ponía en comunicación con la conciencia popular: su
pertar envidias y rencores¡ no pretenderá., como lo !:!vlla•
se inaugura; si nos fijamos con singular atención en el
poesía naéional,.eedesbordante deentnsiaemo, ingenua y rumbo que tomaban los partidos, las fuerzas que desple· ban sus defensores, que la Unión americana ee entrome·
burlona, haciendo del chiste una epopeya y convirtiendo
gaban y los programas que discutían, y vimos cuidadosa- ta en la politica europea, favoreciéndo armenio8 perse·
cada harapo en un pabellón de victoria; poesía que sale
mente cómo se iba formando la pública opinión en el guidos 6 amparando cretenses insurrectos, exponi¿udosede lo hondo de esepu~blo, que ee mira en ella como los club, en el meeting y en las grandes convenciones nacioJ· á dificult.ades que lo aparten de sus propósitos.
Pero si en su p'Jlitica extranjera activa dejad fatis{eastros en la móvil onda de los lagos.
nales, á favor de las fuerzas vivas y de las clases direc·
Guillermo Prieto vivirá eternamente en la memoria de
chas
las aspiracionl!s pacifi:.!as Je la nación, es segur\\, es
toras de la nación, á impulso de los grandes intereses
los mexiéano!: su nombre será conservado como una reindudable
qu~ inaugurar.í. una guerra, mis_íormiJable
puestos en juego, del poderoso ahento democrático que
liquia legada por la Libertad á. las nuevas generacíon es agitó todos los espíritus y despertó las latentes energías quizá. que la que s~ hace al resplandor fatídico de 101:1 disnacionales. ¡Hagamos un alto ao1emne en el b~rJ~ d~ esparos y al ei,truentl•&gt; ruidoso de los callones: la guerra depolíticae de un pueblo que vive sólo de su riqueza y su
te amado !!epulcro!
trabajo, ajeno en general á. los ensuefiee herma.sos y be- las tarifas, c,.mtr&lt;\ todo aquel que se quiera oponer á las
llas utopías que seducen á otros: no debemos, aho- ~xigencias de un pu:-blo compuesto de setent!t. millone.3
ra que comenzad á poneti!e en práctica el resulta- de estómagos aco&amp;tutnbrados á. uo.a substanciosa y nutriti ·
do de esa agitación, dejar de del.licar uno mirada á. la ad- va alimentaciúu.
Esa será. la poíllica republiC'ana que ha de conmover i1.
ministración republicana que hoy ·e ntra .i funcionar bajo
En estos días y con motivo de un hecho desagradable
la vieja Europa..
la dirección del célebrd campt..'t'.111 dd proteccionismo,
ocurrido en Puebla1 y en el que intervinieron unos súb ·
AfortunaJa1nente para )I~•xico, su admirable situaci..':,n
·wmiam
E.
)fo
Kinley.
rl i l,o!I ri~ Es pafia, ha tratado la prensa diaria de los elemen•
lo
pone al a:npan.&gt; Je csas_conmociones. y lejos de temer
••
tos que cons\itnyen la base de las relaciones entre mexiLo primero que d-:isde luego llama nuestra atenci.Jn y
por su creciente bienestar, mira confiado esos uuerns de·
caei nos asombra, á. nosotros inquietos latino@ acoi;tum- rroteros, que 1í. hl postre nos ponen en condiciones de concanos y españolee.
bmQos á escuchar m,is las Eugestiones de la paeióu, .i. aten- tinuar sin zozobras nuestro progreso iniciado ya con firLa colonia española representa una p1r~ irnp'lrtante
en la explotación de la.riqueza na~iooal y por ~'.I a~li~·iUad der más las insinuaciones seUuctoras dd partido, es yer mez~, al abrigo rni:!mo du ese proteccionismo americano ..
la absoluta sumisión de todo un pueblo tí. las: decisior:es
y sus energías ha sabilo collqui,;tart.e un:\ po::ici:m q:1e
X.X. X.
eancionadas
de las mayorías. Ayt!r la agitación en masa,
la enaltece. Hay, es Yerdad, entre aliuno3 de sus miero•
4
de
llirzo
de
!S:li.
el choque formidable de ir.U.-re&amp;-e opucetm=, l:l lucha gi •
bro~, re~t'ls de idea~, qne si tienen razón en Sll patria,

"ªºªª

11'0Htica QiJtneral.

Qfa;µañolts lJ 11trrirntt1J!i.

coqueteado para saber coquetear, y ei ha sido esposa fiel
y leal ni conocerá ni podrá. interpretar los arrebatos, los
terrores, los remordimientos del amor desleal. Con meAnimado debate se sostiene en estos días en la prensa
nos razón aún podrá. llenar su delicada misión si han aniparisiense, respecto á la delicada cuestión de saber si la pudado en su corazón ]as blancas palomas de h:s virtudes
reza y la inocencia son compatibles con la profesión de
femeninas y no las víboras de las malas pasione.-11. Cuanartista dramá.tica. No versa la discusión so!.:&gt;re loe pelido una mujer no ha hecho otra cosa qne suspirar y songros que corre entre bastidores la virtud femenina, ni soreír, cuando no ha sof\ado más sueños que los de Graciebre las tentaciones que dimanan de la ficción del amor,
la, ni experimentado otros anhelos que los de Oíelia, ni
del remedo de la galantería de las caricias y frases ardienentrevisto otros horizontes que loe del velo sobre el altar,
tes en el escenario y del trato de los Don Juan y de los
le están vedadas las frivolidades de Frou•Frou, las pasioLovelace fuera del teatro. Tampoco está á. diecrisión si es
nes de Lucrecia y las venganzas de la Tol!ca;eetá fuera de
ó no una neceeidad para la actriz el recurrir á la galantecuadro en el teatro moderno y1 madura para fundar un
ría para bastará las cuantiosas exigencias del desenfrehogar honrado, fecundo y feliz 1 está tierna y verde aún
nado lujo de trajee, joyas y atavfos que impoqe la escena
para fundar nna escuela dramá.t.ica 6 interpretar no permoderna, que imperiosamente exige el público, y que no
sonaje del teatro actual. Pero que esa mujer llegue :í. vibastan ti. cubrir los honorarios, por suntuosoe que sean,
vir, que engafie al marido, que se escape del tibio hogar
de que se goza en la privilegiada profesión. Sobre estas
para cenar en alegre compafiía; que su amante mate en
materias hay estudios serios, y Alejandro Dumáa, hijo,
duelo al marido, que la justicia le arrebate á. sus hijos 1
pronunció la última y siniestra palabra levantando el oroque escale el calvario de todos los dolores y baje á. la lepel que cubría la úlcera. Que él con la 11Dama de las Ca•
trina de todas las degradaciones, y entonces, y sólo e.-nnieliBkl," había contribuido á gangrenar.
tonces ser1í. artista, podrá. pisa'r con aplomo el escenario,
La cuestión palpitante y actual es diferente 1 m:is prohabrá en ella materia prima para representar los per·
funda y menos circunstancial Que las otras y de cuya sosonajea; con el vicio habrán llegado hasta su espíritu la
luc16n está pendiente el público
¿La pureza y la
luz, y hasta su corazón el fuego del genio y Sardou y Zoinocencia de la actriz, pueden permitirle la expresión
la é Ibeen habrán encontrado la intérprete ideal de sus
perf~ta y completa de las pasiones, de las tempestades,
El teatro contemporaneo•*•
ya es otra cosa .. C.:,mo todo el obras y la representación viva, palpitante y sincera de
de loe ímpetus qne el drama moderno pone continuamen- arte de nuestros días, como la pintura, la escultura, la litesus personajes.
te en acción? ¿Ee poeible la interpretación en el teatro
ratura y hasta la música1 propende á la imitación de lo real.
Así como ant.iguamente se fingían en cartón los leones
de las inquietudes de la mujer adúltera, t ipo favorito del Aboca eu objetivo fotográfico sobre los hombre&lt;i, lascoy panter.i.s del Circo Romano, cuando las necesidades del
drama contemporáneo; de las volubilidades de la coqueta, sas y los sucesos, y saca clichés sorprendentes de exacti•
teatro imponían su presentación al público, y hoy se al•
de los éxtasis y transportes de la mujer e:namorad.a, cuan- tud, impregnados de \"ida efectiva, palpitantes de emoquila.o las fieras reales y efectivas del Jardín de Planta!!;
do se tienen la conciencia limpia y el alma inmaculada,
ción verdadera. Ya. no .~n mufiecas descarnada'3, ni ma. así el mezquino teatro antiguo llevaba á las virgeúes á re•
cuando no se conoce del amor sino la apariencia, y cuando
nequies automáticos loe que desfilan sobre el escenario,
pret'entar prostitutas, y ya es tiempo de que esa conven ·
~e es tan sólo un teórico de la mú intensa de las pasio- son hombrea reales y verdaderos con todo el conjunto
ción acabe. Los fueros del ante teatral moderno reclaman
nes? ¿O ee, por el contrario, indispensable haber vivido,
complexo de sus múltiples atributos; ya no son tési s es- que cada personaje encarne en un profesional de la claEe
haber amado realmente, haber apurado hasta las heces el
colásticas las que desenvuelven en figuras de retórica correspondiente.
·
caliz de hiel yde ambrosía, queee llama una pasión, pata ante el espectador, Bino amalgamas de suceeos 1 de episoTal es el alegato; no hemos disimulado ni su apariencia
aírontarel fuego de la rampa, para poderprel!entaral púbJi. dios históricos ó biográficos. Los personajes viven y
seductora ni mitigaclo'Su fuerza intrinseea. Yeamoe ahocola ·imágen viva y palpitante de la pasión· sentida y vi- sienten, pertenecen á su raza y á eu medio, hablan el
ra la r{&gt;plica y la refutación. Ese modo de razonar, no sóvida, sus ansias, eua trances, sus delirios y sus tormentos? lenguaje de todo el mundo, viven la vida general, dialolo produce escá.ndalo y casi provoca nauseas, sería esto lo
Est.a última opinión tiende á. prevalecer. Directores de gan como financieros ó como cocheros, respiran la misde menos, bien que triste, si el argumento fuera sólido y
teatro, dramaturgos, artistas y pensadores, consultados ma atmósfera y se nutren de los mismos jugos que la
la conclusión verdadera. Inclinaríamos resignados la caal efecto, han opinado en ese sentido y Claretie, Zola,
humanidad. La intriga se burla del tiempo y del espacio; beza si estuviera demostrado que es una fatalidad humaC09uelin Cadet y otl'08 muchos, afirman excá.tedra, que los sucesos se desenvuelven en todos los contmentes; las
na el que sólo por el camino del vicio se llegue á la met.a
hay incompatibilidad radical y absoluta entre la pureza acciones se mezclan y atropellan como en el mundo real .
del
arte dramático .Pero, lejos de ser válido, el arg\lmeny la inocencia y las manifestaciones elevadas y supremas
La imitacilm exacta y pl'eCiea va hasta el extremo; la to es vicioso y conduce al mayor de loe abeurdoe.
del arte dramitico. Para aoatener e:!ta tésis, se citan pre- in Jumenta.ria se inspira en la ar4ucología y en el üabiEl principio, si es verdadero, tiene que ser general¡ si
cedentes, se invocan textoe, ae exponen los ueos y cos- nete de las Estampa,; se mandan hacer el pufial 6 el
vale
para una pasión, el amor impuro, va!e para todas las
tumbres. Zola, consultado á. ese respecto, estudia la
de veneno del modelo auténtico y adecuado; lae
cuestión en todos aus aspectos, y después de meditarla Joyas, los accesurios y el moviliario son objeto &lt;le los demás, y ei ee prueba que la mujer necesita para repremucho, y de extenderse en considerandos de todas cla- más profundos y detenidos estudios; las decoraciones re- sentar haber sentido y experimentsdo personalmente las
pasiones y ejecutado los actos que las provocan 6 que aon
eee, acaba diciendo: 11¿Pero á qué ocuM_rnoe de estudiar producen ex8ctamente :os panoramas, las perspectivas,
su natural consecuencia se hab1' demostrado que el
la pureza de las actrices, si no ha de presentarse el casof»
loe accidentes del paisaje en cuyo seno ae supone pasan
hombre está. en el mismo caso. Veamos á cuanto desatiy se cita, por último la frase de Agust.ioa Brohan á una
loe sucesos.
no conduce esa opinión. Desde luego, si una mujer noea
aspirant.eal tablado: 11Tienes mucho talen~o, no hay duEn estas condicionC's autores y actores v1aJan, descimadre, no podrá representar la ternura, la abnegación, el
da; pero te"ea&amp;orba tu iooeenci&amp;.•
fran manuscritos, estudian psicología, filosoífa é hiato •
sacrificio maternal; luego toda actriz neceaita ser madre
ria¡ observan personalmente; visitan, vestidos de frac,
•*
necesita igualmente haber tenido hennanoa y h-berlo;
De aer real y efectiva eea incompatibilidad, resultaría
los palacios y concurren, revestidos de blusa, á laa ta•
amado
y haber conocido y venerado á sus padreepara repre•
un hecho completamente deeconaolador, el de que el bernas y áloe tugurios.
En loe hospitales observan las ansias del agonizante, sentar los papeles que le exigen estas diversas especies
ejercicio de una de laa artes más nobles y elevadas, y una
los hipos precursores de la muerte, las demacraciones de de afectos. Esto esfacil de allanar. Peroentoncee¿quién
de las más características del siglo XL-X.. trae aparejado
la, tisis, las convulsiones de la histeria y las actitudes de podr.í representar el papel de Fedra? ¿Es de suponeree
neceaariamente el vicio, y de que no podrá. admirarde en
la
catalepsia. En loe anfiteatros estudian la facies cada- ni por un momento que la Ristori ó la Pezzana, ó lta•
el escenario un talenW femenino, aia que quede el rea.vérica, la rigidez de la muerte. Con loB grandes médicos chel 6 Sara Bernardht hayan sentido esa pasióii repugbio de que aquel genio es pura y simplemente una munante y antinatural por en propio padie? ¿O vamos áad•
aprenden á distinguir el asma brónquica de la cardiaca.
jer perdida.
¿En quá puede fundarse opinión -tan desconsoladora? El corazón humano loestudiau en el mundo y en la so- mitir que Fedra no ha tenido intérprete, contn la opiPues en consideraciones de un card.Cter profundo y cuya ciedad, frecuentan todas las clases sociales, se codean nión uná.nime de la crítica universal? ¿Si la artista ha de
!.Olidez no puede ponerse en duda. El teatro antiguo yel igualmente eun los magnates y con los obreros, con representar el tipo de una infanticida, necesita haber daarte dramá.tico correspondiente, eran eeencialmente artifi- la virtud y con el vicio, con la riqueza y la miseria, des- do 1;0uerte á sus hijos ó haber experimentado impulsos
hacia ~an nefando crí~en? ~as mujeres qu~ matan¡ deben
ciales y convencionales.. Paeiones decorativas, personajeJ tilan de todo el basurero humano, como un elixir, todo tener
1Dtérp!'8tes a&amp;eSmos; 1nM:rpretee ebnos, las mujeres
inventados, lenguaje especial, estilo declamatorio y dia- lo que la vida tiene de típico, de característico y lo sir- que beben; 1Dtérpretee ladrones, las mujeres que roban.
Loe hombres están en el mismo caso. Para representar
ll-ctico, la regla de las tres unidades: la de acción, que ven al público en forma de drama 6 de novela.
á un banqu,ero hab_ría qu~ ser millonario)'." jugar á la bolsimplificaba la intriga; la de tiempo, que forzaba los
Desde este momento, nada má.e natural que exigir del
sa. Napoleon sertt 1mpos1ble en el teatro smo lo interpreacontecimientos y precipitaba los sucesos; la de lu- artista que para representar un papel, haya vivido la !\'i- ta el General Saussier por lo menos y como para repre·
gar, que reducía á su más simple expresión la mise en da del personaje; que haya experimentado sus mis~as sentar monarcas se necesita haber reinado, sólo las te!ltas
coronadas podrán interpretará. Luis XI ó á. Enrique IV,
~,.;.11e; la proscripción de las pasiones bajas y de loe pa.si.ones, corrido los mismos riesgos, profesado sus mis- y en las p~ertas de los teatros habrá. que poner camiones que digan 1,Se necesitan asesinos,1 y en ninguna par·
personajes vulgares, hacían de las tragedias de Racine y
mas ideas. Y siendo este;, así, no hay lugar en el teatro
te representará el drama meojr que en los presidios.
de Corneille, modelos del género, verdaderas [.Q{IA acom- moderno para la inocencia y la pureza de Jas mujeres.
Ante tanto y tan colosal absurdo los más fervientes
pasadas y majestuosas en las que, como dice Taine: 11perpartidarios?e la d~scabellada tésis ti~nen que I'Ctroceder,
*
** moderoo, de toda prefe- y ante la disyun~1ya de negar la posibilidad del teatro
eonajes de cartón, sentados en aillones clásicos, discu•
La mujer figura en el teatro
tendrán quead.m1t1r que son compatibles la pureza y el
tían cuestiones generales, en un salón abstracto.n Nada rencia, como coqueta y como aJúJtera. Para traducir en talento dramát1~ y que se puede á. la vez admirará. una
de preciso ni de concrete, ideas generales en vez de per- ace_ntos :erdaderos, en actitudes apropiadas, en gesticu- mnger como artista consetvando el derecho de respetarla
sonajes vivientes¡ todos los pormenores característicos Jac16~ vigorosa, las pasiones que el teatro le atribuye, como dama.
enprimidoe. Julio César no es un hombre, es la idea im- neces1t-a haberlas experimentado. Le es forzoso haber

LA PUREZA V EL ARTE DRAMATICO

1......,.•.

peri.al; Bruto no tiene sangre ni carne, es el principio
democrá.tico; un grupo sin carácter ni tipo definido, representa al pueblo; á. cualquiera, á todos, á. ninguno.
Como decoración, un pórtico ó un jardín; como mobiliario, unas banquetas forradas de sarga roja¡ como indu·
menta.ria, la peluca empolnda para los actores y el peplum y el.velo para las actrices.
l:'n teatro de este gJnero no exige ni impone al actor
la obsen·ación de la&amp; pasiones, ni dP- los caractéres, ni de
lae actitudes, ni de la gesticulación humana. Ciertas en·
tonaciones de pacotilla para la indignación, la ternura ó
la ira; a~titudes copiadas del Museo Vaticano; ademanes
calcados de los altos dignatarios del Estado, ó de la nobleza, 6 del rey mismo; gemidos mitigados y aprendidos
por imitaciún del director de e9Cena; explosiones de pól·
vora mo1ada encauzadas en el bien parecer; grupos excé•
micos imitados de Rafael: tal es el arte dramático que
exige el teatro clásico. Claramente se comprende que la
m,í.s inocente petisionista del Sagrado Corazón pueda represent,arcon éxito las Cleopatras, como lasJimenae de la
tragedia clásica. Para morir como ~Iitrídates 6 como Julio
Céear mueren en ese teatro, bastan tan sólo un buen
maestro y muchos ensayos, y no se necesita ni la ob-Jervación directa, ni menos aún 1a experimentacion en materia de dolores ni de pasiones reales.

!rasco

,

�EL MUNDO

=

....

DA.MAS MEXICANAS

COMO SALVO GUILLERMO PRIETO
AJUAREZ

Mis compañeros quedaron en el
despacho del !:lr.. Juárez, y yo salía
con mis í1tiles de escribir ea la mano.
Estaba remudándose la guardia,
había sóldados de uno y otro lado
· de la puerta: por la p1\rte de la ca-·
lle; al entrar yo en el.zaguán, para
salir, se volvian dentro d~él los soldados: t'i. mi me pareéi6, no sé por
qué, que eran arrollad«;&gt;~ 'por una
paTtida de mulas 6 de ganado, que
solía pasar por allí: me embutí roa·
terialmente en -la pared y me co·
loquétraa la puerta; pero volví los
ojos para .el patio, y vi, ensangrentado y en adet,nan espantoso,
al soldado que custodiaba la pieza:
grit:.os, mueras, tropel y confusion
horrible, envoh-ieron aquel espacio.
El lugar en que yo eRtaba parado era la entrada 1'i. u nade las oficinas del Estado; allí íuí arrebata·
do, á. la vez que se cerraban wdas las Yentanas y la puerta, quedando como en el fondo de un 1'i8•
pulcro.
Por la calle, por las puertas, por
el patio, por todas partes, los ruidos eran horribles; oíanse tiros en
todas direccioneP, se derribaban
muebles, haciéndo estrépito al
despedazarse, y las tinieblas en que
estaba hundido exageraban 1í mi
mente lo que acontecía " me representaban escenas que.felizmente no eran cil'rtas.
En la confusión horrible en que
me hallaba, ví que alguno de los
que estaban encerrados conmigo
en aquel antro, salía para la calle
impunemente: yo no me atreví á
hacerlo, pendiente de la suerte de
mis amigos, tí quienes creí inmolados al desenfreno de la soldadesca feroz.
.
Los gritos, los ruidos, los tiros,
el rumor de la multitud, se oían
en el interior del Palacio. Como
pude, y tentaleando, me acerqué á
la puerta del salón en que roe hallaba y daba al patio, apliqué el ojo
á la cerradura de aquella puerta, y
vi el tumulto, el caos más espan~
toso: los soldados y parte del populacho corrían en todas direccione!;, disparando sus armas; de las
azoteas de :palacio á lüd corredores
cnh:i.n 1 ó meJor dicho, se descolgaban aislados, en racimos, en grupos,
los presos de la cárcel co.ntigua,
con los cabellos alborotados, los
vestidos hechos pedazos, blandiendo puilales, revoleando como ar•
roa terrible sus mismos grillos.
En el centro del patio de Palacio,
había algunos que me parecían jefes, y un clérigo de aspecto fe-

DOIIIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

r

~EL MUNDO

149

=-=~-===-==

subyugaba, que desbara~b9'. erpeligro, que lo tema á m1sp1es ..... .
Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije ... .. .
A medida que mi voz sonaba, la
actitud de los soldados cambia~
ba ...... un vfojo de barbas canas
que tenía enfrente, y con quien me
encaré dici(,ndole, «¿quiéren san~re? ¡b{,banse la mía ...... !11 alzó el
t11sil, lus otros hicieron lo mis- •
mo ...... Entonces] vitoree á Jalisco.
Los soldados 11oraban, prote0 tando que no nos matarían y as1
se retiraron como por encanto ..... .
Bravo sepuso de nuest~ lado. .
J uárez se abrazó de mi...... mis
campaneros me rodeaban, llamándome su salvador y salYador de
la Reforma ......... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimae.
GL:lLLER'.llO PRIETO.

Nuestro grabado suplementario
y el 2~ tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura.••

Acompafiamos á. ef:lte número de
nuestro Semanario un precioso grabo.do á. colores: 1cLa Reina del Carnaval* y el 2° tomo de nuestra Bi·
blioteca Miniatura, conteniendo
hermosas páginas de lectura, de
cuya amenidad é interés respon•
demos á nuestros lectores, á. quie•
nea esperamos complacerán mucho
ambos obsequios.
OTRO PAGO DE $5,000 DE
"LA MUTUA"

EN1MEXICO.

--,
México, Febrero~2 de 1897.
fieflor D. Carlos :SOmmer Director
general de ·'La Mutua."-Presente.
Muy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de mani!estar públicamente eJ pago de las
pólizas de seguro, me es grato ha&lt;.!er cons~ por la presente, que
hoy, en la oticina d1;, i(La Mutua..
del digno cargo d~ usted, recibí
ante el Notario, Sr. Lic. D. Diego Baz, la suma de ($5,000.00) cinco mil pesos, imporw de la póliza
ó certificado cte seguro numero
3t32,934 que á mi favor solicito de
esa Compañia mi esposo el Sr.
D. José 1\1. Pérez 1üvera..
&amp;toy muy agradecida por las
atenciones que uel personal de esa
Compaf\ia y de u..eted. he recibido
con el motivo expreaado, y quedo
de usted afma., atenta y S. S. Rosario O. de Pi:rez Rivera.

roz ...... .

Algunosmein~tar.Jná huir; á mí
medió vergüenza abandonará. mis
amigos. Luché por abrir la puer•
ta ...... la cerraba una aldaba, que
después de algún esfuerzo cedió: la puerta se abrió y
yo me dirigí al grupo en que estaban los jefes del motín
.\ uno de ellos le dije que yo era Guillermo Prieto, l\.1ini1't.ro de lhcienda, y que quería seguir la suerte del Sr.
,Ju,lrez.
Apenas p1 (nuncié aquellas palabras, cuando me sentí
atropellado, herido en la cabeza y en el rostro, empujado
y con\"ertidoen objeto de la ira de aquellas furias ..... .
Desgarrado el vestido, lastimado, en situación la más
deplorable, llegué á la presencia de los señores J uárez y
Ocampo. Juárez se conmovió profundamente¡ Ocampo me
1·econvino por no haberme escapado; !?.ero hondamente
impresionado po'r i:¡ue me honraba con,.tierno cariffo.
Apenas recuerdo, despu(•s de los muchos an.os que han
transcurrido, las peraonas que me rodeaban.
Tango muy presente el salón del Tribunal de J uaticia,
sus columnas, su dosel en el fondo. Estoy viendo en el
cuartito de la izquierda del dosel á. León Guzmán, á
Ocampo1 á Cendejas junto á Fermín Gómez Farfas; á
Gregario Medina y su bljo, frente á la puertecita del cuarto; á Suárez Pizarro, aislado y tranquilo¡ a.l general Refo¡zio Gonzltlez Si!pliendo al Sefl.or J uárez.
Re había anunciado qu.e nos fusilarían dentro de una
hora. Algunos, como Ocampo, escribían sm disposiciones. El Sefior Jnárez ee paseaba silencioso, con invero•
símil tranquilidad: yo salía lt la puerta á ver lo que
ocurría.
En el patio la gritería era eaf,antosa.
En las calles, el $eiior Degol ado, el General Díaz de
Oaxaca, Cruz Abedo y otras personas que no recuerdo1
~ntre ellas un médico Malina, verdaderamente heroico,
se organizaban en San Francisco, de donde ae desprendió al fin una oolumna para recobrar Palacio y liber-

DOMINGO 7 O€ MARZ DE 1891

Señorita Elisa Corona.

El jefe del motín, al ver la ix&gt;lumna en las puertas de
Palacio, dió orden para que fusilaran á. los prisioneros.
Eramos ochenta por todos.
Una compañía del 5'? se encargo) de aquella orden b1rbara.
Une. voz tremenda, salida de una cara que desapareció
como una visión, dijo: 11Yienen á fusilarlos,it
Los presos se refugiaron al cuarto en qne estab'.l el 8eftor .Tuárez; unos se arrimaron á las paredes, los otros como que pretendían parapetarse con las puertas y con las
mesas.
El Señor Juárez avanzó á la puerta; yo estaba á su espalda.
Los soldados entraron al salón ...... arrollándolo todo:
á su frente venía un joven moreno, de ojos negros como
relámpagos: era Pera.za. Corría de uno á otro extremo,
con pistola en mano, un joyen de cabellos rubios: era
l\Ioret. Y formaba en aquella vanguardia Don Filomeno
Bravo, Gobernador de Colima después.
· Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente á la puerta del cuarto...... y ein más espera, y sin Ra}:)er quién daba las voces de mando. oímos
distintamente: «¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen!
¡Apunte•!,1 ..... .
Como tengo dicho, el Sefior Juárez estaba en la puerta
del cuarto: á la voz de 1,apunten,n ee asió del pestillo de
la puerta, hizo atrás su cabeza y esperó ..... .
Loe rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba á J uárez ...... yo no sé ...
ae at&gt;Oderó de mí algo de vértigo ó de eo.aa de que no me
pueao dar cuenta ...... Rápido como el pensamiento, tomé al Seilor Juárez de la ropa, lo pueé á mi espalda, lo
cubrí con mi cuerpo ...... abrí mis brazos ...... y abogando
la voz de «fuego11 que tronaba en aquel instante, grité:
tarnos.
A eee amago aullaban materialmente nuestros apre- •¡Levanten esas armas! ¡los valientes no sseeinan!~...... y
hablé, hablé yo no sé qué: yo no sé qué hablaba en m1,
hensores: los gritos, las carrerrs, ·el ®rrat de laa puertas,
Jo nut.rido del fuego de fusilería y artillería, eran indes- que me ponía alto y l)Oderoso, y ,·eia, entre una nube de
sangre pequefl.o todo 1o que me rodeaba¡ eentía que lo
crip\ibles.

e "la: Caja de Ahorros.••

Nos es grato dará conocer al público el rer,umen ~ae
los Boletines números 4 y.~. en los que la naci('nte institución que encabeza estas líneas, informa acerca de sus
operaciones correspondientes á. los meses de Diciembre
y Enero último.
EL número de pólizas expedidas hasta el 31 de Enero,
eran las siguientes:
l ~ Serie 8,86.'3 por valor de $ 300,300
:?~
,,
3,56i
,,
,, l.7S:l,500
:l.'
"
5,342
/1
11 2.342.(.100
17,772

$ 4.521,800

En igual fecha la reserva ascendía á. $7,253 72.
Durante los meses de Enero y Febrero se han amortizado las siguientes pólizas:
1! Serie números 6, 8, 5, 10,12 1 i 1 1-l, por valor de$ 700
2~ Serie números 4, 3, H, S por valor de.............. 2,000
3~ Serie números 4, 3, O por valor de.................. :11000
Total ............ $ 5,iOO
Sumas amortizadas antes............ 3,400

Total amortizado hasta el 12 de Febrero .......... $ !\100

Los pagos han sido todos hechos por medio del Notario -público, Lic. D. Rafael Párez Gallardo, quien ha ex•
pedido los certificados correspondientes.
Dichos certificados así como los recibos de los tened.o-res de pólizas, eat.án PO la oficina de la Compai'i.i'.a, calle
de Vergara número 12, á disposición de cualquier per3o•
na que desee cerciorarse de su autenticidad.

El Polo Norte.-EI "fram" entre los hielos.

EL POLO NORTE
CONFERENCIAS DEL DOCTOR NANSEN

El Doctor Nansen ha sido en est:os días. el asuo~o de
-todas las conversaciones en el Re1Qo Umdo. Los rngleses muéstranae un si es no e~ orgullosos, porque según palabras del audaz explorador, uno hubiera logrado nada,
sin los derroteros que los expedicionarios ingleses de
varias épocas le habían marcado de antemano.n
Raza de audaces es la escandinava, que, viviendo en
Yecindad con la eterna esfinge de hielo, no se da punto
de reposo en perseguir su secreto. De ahí las continua·
das tentativas que n? son
parte á. impedir los mil pe·
ligros, los arcanos riesgos
-que acechan por todas par•
tes al navegante.
El Doctor Xansen no se
sustrae á la influencia ambiente, y aun e~ más PT?Picio á. ella. Sabio Y -!llª"n?,
temprano sintió con 10tens1 ·
dad mayor que muchos otros,
el afán de reeol\·er el eterno
problema. Su biog~afí_a, en
breves raBgos, es la s1gmente:
J..lega ahora Fridtjo. :Saneen ti 37 af\os. A los 19 rngi:e·
s6 á la l .. oi veri;üdad de Cnstianía con la intención dede•
dicarse especialmente al. estudio rle h\ zoolog{a. Temenclo Peto p1&gt;r fin, ingresó en
IS~:! á luA vapores noruegos
de los mures de Spitzbt-rgen
y ~corrió !ó!ucesivamente las
co~t.as de Islandia Y (-iN:M¡n·
Jandia. A su regreso .ué
uombni.dn Director del Mu•
seo de Historia ~ atural ep
I',ergen, y t"n 1s.~s, de~pu1·s
de rt&gt;-eihir sn g1ado de Doc·
tor en filoF-ufia, ~e em~a;CÓ
con e:u íamotia exped1c1ón
de Groenlandil\ que fué deA·
crita en un volúmen publicado hace seis años. A rn
vuelta permaneció en su ca@a
tlurante no per[odo en qnt,
por nombra.miento dl:'I c:ouierno fué Director dd :'-11!·
seo de Anatomfa comparativa, en lar niYersidad de Cristanía.

feren~ias relativas á. su viaje en la 8)cied.1d R~al d,i lioo
graíia. y ha Eido objeto de mil atenciones, no st \u de
parte del mundo científi~, sino de la noblez~. L., Sociedad en cuestión agrac16lo con su gran premio Cll! medalla de oro qne le fué entregada en el City Hal1,. p,,r el
Pnncipe de· (,is.les, enmedio de las de01ostracio11t:~ dt,
aplauso de la alta sociedad inglesa. Xotable era 1·1 as·
pect.o que preseutaba el salón la noche de esa et~t.regu.
memorable, y sigtJifica~ivas las muestra~ de aprec111 re·
cibidas por el sabio. Tiene ~ate una muJer encant:u.l.ora!
q 11e con estoicismo verdaderamente noruego, aguardo
eu regreso_d_urante tres añ~s, ~n que nadie daba nvticia."i
profundd.:
El Doctor Nansen fué á. Londres con el fin de dar con- suyas ' repitiendo con com·1cc1ón
-El vol\"er.i.
Es además padre d~· un.\
angelical cri,1tura, y le e11bra11
las comhleracion~s sot.:rn.le~
y_los mt-&lt;,l;o¡;, de subeisteucia.
Y sin embargo, deja au ho·
gar paru lanzarse áformid.e.·
bles aventura'\ geográficaH~
Singular y poJeruso esp1ri¡u
el escandinavo que se nos
aparee~ á tnl\·l's Uel trem11n•
do vieJo lb3cn .....

Pero la tendencia del explorador eta fuerte en él,
y cuando la Asamblea noruega votó un crédito para
costear una expedición al Polo Xorte, él aceptó con
ngrado. En 1892, el Doctor Nam~en acab5 1~ constr~1cción del famoso buque 11Fram,• '/ en 24 de Juho de ~8.)3,
salió con doce compaderos, iniciando la larga y pehgrosa serie de aventuras, que concluyero., basta el ?tono
del ano último. Cómo se salvó de la muerte gracias al
feliz encuentro de la expedición Jackson Harmworth,
será. capítulo de la historia contemporánea.

•
••

•••

El Polo Norte.-EI sol de media noche.

Describir lo que vió el audaz noruego durante su larg l
expedición, sería digna tare.1.
de un poeta de numen pt•·
deroao. l:iautier hubiera hallado en las blancas prnJ, ·
rus polar~s la realización d~
su inmortal Siflfoni,a e11 Bla11 ·
e,, Jlo!lor; hubiera encontra•
do al tia.da blan::a que la in~piró; Alarcún eec'ri1,0 hubi1·ra una nue\·a. J/,xlorin tMXmdiWH"a, y .Tu-lio 'Verne imaginado una nueva novela.
U no de nueetros grabadnii
represeuta una escena Polar:
El sol de media noche...... .
¿El eol de media noche?
-Rí, incomparable lector;\.
rsted sabe deflde la escul!·
la, que en determinada ép,J·
ca del año, en las regioneii pt.&gt;lares no ee pone el ~l. Ifay
días que dnran meses, ~ro
no diasradiantf"S, inundados
de clalidad y dé calor, como lvs q11e nsted cnntempla
t'U ee~ valle de bendición
de donde nunca se va la pri-

�EL MUNDO

·-·,
·~

~

~

-.~

Docto(Nanscn.

mavera., ainodfas misteriosos semi-alumbrados l¡&gt;Or el astro opaco que describe una curva sobre el horizonte y
une á veces los crepúsculos con las auroras.
Imagínese usted un pafsaje blanco, de un blanco irritante, inmaculado, implacable, feroz ..... . Arriba, un cielo gris, de un gris uniforme. A lo lejos un ~lobo rojizo
que parece enfermo ..... . Un barco aprisionado por enormes masas de hielos. Algunas siluetas se mueven como
algo de e:xtramunde en la infinit,a sóledad del paiEaje ....
Finja usted luego muchas luces; la luz rosada de la anrura, 1a cárdena luz del crepúsculo, la refracción de los hielos ...... y por .fin que extienda en el horizonte su abanico
de llamas una aurora boreal! Qué paisaje tan hermoso
verdad? Creeríamos estar en Selene la pálida, ante una
pomposa naturaleza muerta ..... .
Oh linda amiga mía; usted que ha pa!:!ado muchas na·
vida.des en la tibia sala iluminada donde el piano canta
y campanillean las risas infantiles; oiga como describe
el noruego las noches buenas de su destierro:
-Llegó, dice, el veinticuatro de Diciembr6 de 9-i y nos
aprestamos mis diez compañeros y yo á celebrar los
Christmaa. Una nube de tristeza empafiaba lossemblan•
tes . .Aquellos hombres de hierro, inquebranta,bles Ftiem•
pre, pensaban hoy en el jubiloso movimiento de Christiania, en las amplias calles invadidas por la multitud
regocijada, en los cafés de donde escapan llamaradas de,
gas y gritos alegre~, y, sobre todo, en el Saloncito tibio
donde se adereza el pavo, donde esparce husmos sabrosos la salchicha, y van y vienen la esposa de cofia blanca
y los niflos alegres. Escogimos algo de lo mejor de nues•
tras provisiones; cone:ervaa y vinos. El Fram yacía muellemente sobre los hielos, y para alegrarlo, improvisa•
moa en los mástiles farolillos de varios colores. El frío
era tremendo, nuestras pieles apenas bastaban á guarecernos un poco de él. En el cielo brillaban como diamantes pá.lidos algunas. estrellas, en la sábana blanca
que nos rodeaba, ni un rumor fuera del gruñid{) leja•
no de los osos, ni un movimiento, e:alvo el de las fo.
esa que penosamente se arrastraban sobre los témpano!':
Cenamos y bebimos á. la salud del lejano hogar, y cuando terminaba nuestro ágape modesto, una aurora boreal
desplegaba, como serpentrna misteriosa, su tela sonrosa•
da en el horizonte!
Verdad que esa descripción es una balada de las nieves? Que prestigio tienen para nosotros esos países de lo
blanco, para nosotros que coTitemplamos los abanicos de
las palmeras y los azahares perfumados!

y las costmn hres funerarias
de la secta indja de loe Parsis á. la cual pertenecen la
m~yorfa de los habitantes de
Bombay. Estos, según dijimos no entierran sue: muertos, 'sino que depositan los
cadáveres en las famosa.e Htorres del silencio,u una de las
cuales, en su parte interior,
reproduce nueetro grabado,
't
con tal fidelidad, que nos ex•
cusa entrar en Iargasdeecripciones. Apenas la familia ha
dejado el cada.ver en la pila
correspondeinte, numeroeas
bandadas de buitres ee arrojan sobre el muerto y dejan
de él solamente la oeamenta
pelada que á poco tiempo
pasa ai pozo central, dejando
el sitio vacante para otro
cadpver. Lae eroanacionee de
estas i&lt;torrrs del silencio))
eon, como puede suponerse1
causa constante de imalubridad y peligro manifieeto
en tiempos de epidemia.
La ciudad de B&lt;mhay.
y eeto lo expresamos también , contaba ha\'.e unos
cuantos meEes la rep.petable
suma de ocho cientos mil ha•
bit.ante!:!. Hoy, merced á las
defunciones y á la emigración, ha quedado reducida á
la mitad. Los pobladores fe
desbandan llenos de terror.
Como si el tnmendo note
de la peste no baetara, el
hambre reina también en la
India y las escenas de dernlación que se contemplan,
son verdaderamente laati masas. Uno de nueetros grabados represenU\ una de
· ellas, en que una turba de
hambrientos ee lanza sobre
algunos víveres.
Los ingleses procuran remediar males semejantes en
cuanto¡meden, pero su tarea
es débil ante la magnitud
de los desaetres.
Los precios de los granos
~on mu y crecidos en los mercados locales y el Gobier110
británico, para proporcinarlos brinda trabajo á todos los
que se le presentan; pero aun hay un n6:J:?ero excesivo de
habitantes que por enfermedad y deb1h~ad suma, no
pueden desempeñar tarea alguna, y éstos arrá~transe en
los caminos, agrúpanse á las pnt·rtas de las ciudades y

DOMINGO 7 DE MA11ZO DE ,a97

ofrecen J?Or donde quiera el espectá.culo de~garrador de
su miseria. En sólo una semana, según cifras qne tenemos á la vista, los ingleses propürcionaron la subqist.en•
cia á dos millones y medio de mdividuos: 1.254,000 en
h1s provincias del Noroeste; 327,000 en la PresiLlf"ncia de
Bombey; 339,000 en Bengala; 97,000 en el Pu.njab; 28,oo:&gt;
en las provincias centrales; 2ó,OOO en Rajputana; 69 en
los territorios_de la India r.entral, y algunos más en la
Presidencia de Madrás y Burma. Por fortuna las lluvias
empiezan á declararse v el precio de los granos tiendeá declinar.
•

.DO ■ UIGO

7 DE MARZ.O DE ,a97

EL MUNDO

•

.

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, ...

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~·.··
"&gt;,.,

·.

'.

Nansen indi c ando la ruta que sigui6 en-su expedición. ante la Sociedad Real de· Geografía,
de Londres.

Lo que sí no cesará, es la causade la terrible epidl'mia,
que, como decimos, se atribuye á. la manera de entcrrilr
sus muertos, que tienen los parsis.

Notas é impresiones.

La tradición de la revolución es como una mina quesus fieles guardianes hablan siempre he haC'er sah a'r.
G. M. VAT,TOl:lt.

••

• los padres son,
Las necedades de
perdidas para los hijo~¡ cada generación hace las su~·as.
}"e(lerico I l.

•
••

En todo país las costumbrt&gt;sson.
inferiores á. la moral que predican las reJigiones ó las filosoftas.
Gabi·iel Compafr('.

•••

Evolución: Ci)mplaciente i:;in6nimo de variación.
·

.

.•.

Más se hiere á los amigos por·
la moderación en el elogio, que á
los enemigos por el exceso en la.
crítica.
G. M. raZtour.

•*•

La verdad domina todo; no se·
la desprecia impunemente. Solo,
ella presta servicios definitivos ..
Berihelol.

*
••

La verdad en el caracteres la
sinceridad, la verdad en el ingenio es la naturalidad.
Félix Himún.

***

Nuestros jueces absuelven al·
borracho que golpea, hiere y mata: en la actualidad el vicio exeu~
sa al crimen.
G. M. rallour.

•
••

Si los gastos continúan como
hasta hoy, vendrá. un dfa en que
los franceses no serán más qne nn,
pueblo de me11digos ante una fila.
de cuarteles.

*••

Torre del silencio en Bombay.

Gambefla.

No es el remedio de la miseria.
avivar los odios.
Las plagas de la lndia.-Torre del Silencio en Bombay. (I nterior. )

0oNBE DE fiAl'S.S.XYI.LLE.

,

-;.

' t.

Las plagas de la India.

Ls higienistas, que con tanta razón se preocupan de la
peste que aflige este invierno 1i los habitantes de la India
mglesa, estiman como una de las cauaas indudables de
tanto estrago, la falta de higiene en toda aquella región

.

'

.

'

,,
.

�l52

EL MUNOO

DOMINGO 7 OE MARZO DE 181,7

,53

EL MUNDO

DOMIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN MEXICO -Por Oh·cra.
LÁ. CAR.C.AJADA

En el cementerio que rodea Ja iglesia, eiempre fresco~
lleno de dores, y dorado por el eol, yi una muchacha le
diez y siete anos, aún no cumplido@, apoyada sobre una
tumba y riendo á. carcajada tendida.
No ea posible imaginar nada máe hermoso que aquella
.criatura. angelical, esbelta, agraciada, con sus cabellos
rubios, DO muy largos, sus ojos' eentellaDtes y sus labiOB
de coral.
•
Pero me di@guetaba que no dejase de reir, porque DO
está bien e80 de most.rar a1egría junto 1t lae tumbas . donyacen los muertos.
Ji.fo acerqué y no pude resistir á la tentación de hablarle en estos términos:
-Hace usted mal en reírse, eenorita. Estoy seguro de
que no ha conocido usted siquiera al qne descansa bajo
t&gt;s&amp; losa.
-¿Qué no le he cenocido?-dijo la joven.-¿Qué no le
he conocido? Era mi n01.·io, que me adoraba con delirio
y á quien yo corres_p&lt;mdia con pasión. Mi felicidad era la.
1.-uya; corrían pareJas nuestras esperanzas, y cuando mi
amado murió, ere! morir yo también.
-Pero el caso es que usted se ríe-repuse yo.
-¡Ah!-contestó la doncella.-Me río para rendir un
tributo á. mis recuerdos de ventura.
-¡Xo comprendo! ..... .
-Cuando vivía, estribaba su mc.yor goce en verme
alegre y contenta, y si me pusieseá. llorat sobre su tumba,
estoy eegurade que habría de producirle un profundísimo pesar.
CATDLLE i\bSDD;.

LA OR.ACION

Yo que amo la existP.ncia por el goce de mirarte,
Por la dicha de quererte, por la gloria de ~sarte;
Yo que adoro lo qne t;oca,e y_ bendigo lo que pisa~:
Diera todos mis deleites, diera todas mis sonri!.la3
Si pudiera efl tus momentos pesarosos consolarte.

Gratas memorias del hogar paterno,
Que aciLrician mi mente cuumorada,
Yoluptuosae c11.:'acione:i del prosc.;_to,
Fragantes com¡&gt; Jloreij de m1 patria! Venid conmigo lÍ. la. colioa trh,--te
Por arrebole8 pálidos bronceada,
Y escucharéis el cant-0 Jaetimero
Que inspira la onlcióu al extranjero.

Que no llueva en el obscuro firmamento de tus ojos,
En el búcaro de flore!!, es mentira., no hay abr,1jos:
Oh, estrellita de mis oie-los y sirent1. de mis mares:
Tú no sabes los enojos que me causan tu~ pesare:J.
Tú no sabes los pesares que me cansan tus enojos.
ARTt:.R1)

L.

Rentado allí¡ sobre la piedra grande
Que va escalando la espinosa ,:arza,
Sobre mis manos mi cabeza débil
Melancólicamente reclinada,
Miro la noche que de orienti:, impulen
~ )bre lo3 cielos su luctuosa gasa,
Y ~cucho del lejano campanario
El són, en roi paraje solitario.
Acentos quejumbroMs de la tarde,
Snapiroe que venís de la monUlüa.
Los balidos trayendo del rebafio,
Con los cantares que el labriego ensaya;
Rumor confm:.o de aonora fuente,
Helado cierzo qne silbando pasas ......
Me alivia vuestra fúnebre armonía,
Murmullos que al morir modula el dio.

C.\ST.\~_\JlES,

)larzo de 1897.

CANCION

Alma blanca, mh blanca q11e el lirio,
Frente blanca, más blanC·\ que el cirio
Que ilumina el altar del ~~í\or,
Ya serás por la aurora encendida,
Ya serás sonroij8cJ_a v herida
Por el rayo de luz dél amor.

OfJ.me, ¡oh sol! tu Jí,:ida lumbrera
13añe desde las cumbres azuladas,
Cual la antorcha de un féretro los valle~
Donde las sombras de la noche vagan,
La espuma argente del lejano río,
Del templo abandonado la cruz parda,
~[ient.ras llegando la tiniebla impura
Te arroja su enlutada vestidura

Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risl\ argentina
Junta el albo marfil al clavel!
Ya veréis cómo un beso os provoca
Cuando Cipres envié á eM boca
Las abejas sedient.ui de miel.

VIE:NDOLA Ll.,OR.AR.

¿Por qué Hueve en el obscuro firmamento de tus ojos?
¿En el búcaro de flores encontraste los abrojos?
¡Ob! estrellita de mis cielos y sirena de mis mares:
'fl1 no sabes los enojos que me causan tus pesares,
Tu no sabes los pesares que me causan tus enojos!
¿Qu_é irlron de niebla esfuma tus azules perapc.--ctiYas?
¿Qué mfernal caricia. agoi-ta tus fragantes siempre vi vas?
¿Qu6 reproche palidece tu ideal color de rOf!a?
;.Es la duda, eee fant.ssma, esa nube tempestuosa
Que atraviesa por el cielo de la, frentes pensativas?

c,r-

Yo no quiero que en lbs nidoP del jardín de tus amores
Haya tórtolas enfermai y dolientes ruisef'iores;
Cuando sufres y 1a iJJclina'! me parece tu cabeza
lna estrora de Lord Byron emoapada de tristeza:
jlo no quiero que tú sufra.~! ... ¡ Yo no quiero que tú llores!

En vano busco los hermosos eit.ios
Do las tardes pasaron de mi infancia,
Donde á la luz del arrebol lujoso
Las sencillas leyenda!! me contaran:
No escucho la cast.ruera melodiosa
Del labriego al volverá. su cabaña,
El cuerno del pastor, ni los graznidos
Dd aves que buscan su:J ocultos nidos.

)[aoo~ blanca..~ como hostias benditas
Que sa~is deshojar margaritas
Junto al fresco ro'lal del pensil,
Ya daréis la canci6n del amad()
Cuando hiráis el son()ro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.

Hora de arrobamiento doloroso,
Indiferente al lloro que derrama
Rn silencio ante tí la desventura,
En él tu vela de crespón empapas;
Toma también el llanto de mis ojos, Y á saludarte volveré mana.na,
Sobre el negro peñón de la colina
O entre los cardos de la triste rllina.

Ojós bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul,
Cuando lleven las harlas á Oriente
A la bella del bm!que durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu c:.Uiz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera su palio levanta
Y hay un cor.&gt; de alondras que canta
La canción matinal del amor.
Rt'BÉS D.\RÍO.

JORGE lsAAC!:!.

,
Aunque véque la engai\an con frecuencia,
No se quiere curar de su inocencia.
C.Ul'.POA.)(0.R.

�EL MUNDO

154

AMOR INSUl,SO
Se conocieron siendo todavía mny jóvenee.
Desde el primer instante atrájolos una viva aii'.l11?atía;
pero nunca lograron ver prosperar sus deseos,. debido á
la tenaz policía materna que á. ella perseguía y á. la suceptibilidad quijotesf'.a de él.
.
La primera :floración del amor que había de conaurmrlea toéla una vida, fué desde muy temprano asperjada
por las lágrimas.
.
Su idilio era misterioso y mudo, con el mutismo cobarde que se posesiona siempre de las grandes afecciones.
Cortábanlo á.grandes intervalos viajes veraniegos 6 enojos originados, ya por una mirada grave, ya porque él
observó con pecaminosa insist.encia á. otra mujer 6 ella
fué perseguida por cualqnier mentecato; ora porque pasó él por los lugares donde acostumbraba encontrarla y
no la vió; ora porque un día pluvioso se asomó ella al
balcón en un momeato triste y no pasAba él por la calle.
t~l Cuando se columbraban en algún lugar, su fugaz vistazo era un simpático saludo.
Ella parecía decir:
fi '-Ha dormido poco ó le aniquila algún dolor interno;
si, debe ser de loe que sufren solos¡ la tristeza tiene una
fisonomía cuyas demacraciones solo perciben todos los
que han padecido alguna vez..... Esos ojos de mirada
torva, su semblante sañudo, la mueca desdeñosa, me lo
dicen claramente;•¿será pobre?
Por su parte, divagaba al contemplarla él:
· -Yot.e quiero; un!} voz si~ilosa me dice aq,uí dentro que
me estás predee-tinad.a y debes unir tu destmo al mío con
cadenas inrompibles; junto á tí mi existencia sería paradisiaca; muchas noches cuando me hace temblar el frío
de la soledad, reconstruyo poco á poco el cuadro imaginado: una casita blanca en el campo, arriba mucho azul,
abajo primavera¡ los dos muy solos nos besaríamos bajo
el emparrado, contemplaríamos la muerte del sol en los
crepúsculos campestres; al llegar la noche sentiríamos el
pavor del .Angelu., al oír tremer broncamente los cobres
del campanario; después la cena, un ágape de enamrn-ados, laego ull!l visita á los pobres dd t.ohío y por último

el descanso, pensando en un nit\o rubio y blanco como tú.
Otras veces se veían en el teatro, y sus observaciones peregrinaban en el desbocado Hipógrifo de las congeturas:
-¿Seré un simple?...... ¿Cómo pude colegir las opulen·
..;ias de esta nifia ......... ese vestido ne acusa á la heredera la tela es barata, su confección deja mucho que de-se~r las flores del·sombrero se han ajado y veo en todo
su c~ntinente no sé qué desgaire de mal tono ...... ¡parece distraída!. ..... ¿será. to!lta? ...... creo que sí, porque se
ríe de las simplicidades de este Talma de la legua.
Ella cavilaba al ma•riposear de su abanico:
-Xo es un hombre vulgar; me enrunara su elegancia
por lo severa y soberbia; sus modales son impertinentes,
pero de una altivez muy di@tingui':1-a ...... ¡parece un burlón de gran tamaflo!. ..... ¿tendrá. dinero?......... probablemente· la miseria y el orgullo no han podido nunca desposa~ ...... ¡me está mirando!. ..... ¡Dios D?ío y con qué
fijeza! ...... quisiera corresponder á e~ m1~da, hacerle
comprender de algún modo que me simpatiza¡ pero no,
es mal visto creería. que soy coqueta...... procnraré estu•
diarlo con e'1 rabillo del ojo ...... ¡Así!. ..... Al disimulo ... .
Oiras veces se encontraban el uno frente al otro y la
idea que incubaba en su pensamiento era idén~ica:
-¿Quié-n será?
Y sucedía también con frecuencia que al verse pasaban
de largo como dos viejos camaradas que. por conocerse
mucho no tienen ya nada nuevo que decirse.
-El.
,
-Ella.
Sus vidas por un largo periodo de tiempo se deslizaron
sin accidentes acariciaodo u.na esperanza que acaso porque estaha lejos lo, hacía dichosoe.
Maria estaba segura de que Lociano n.1:1nca se vería
impresionado por los encantos de otra muJer que no fuera ella.
El, con una candidez, impropia de varón, ~aba incondicionalmente en la fidelidad de eu desconocida.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovió
ceniza muchos in'\"iernos y hojas de rosa otros tantos ve·
ranos.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

Tornóse María seria y hura ña por parecerle el racato
llevado al puri~"anismo, la. meJor prenda de u_na mujer_
discreta, y Luciano, o[end1do por lo que supoma un desdén inmerecido fué hosco y brutal con la doncella.
¡Singular [enómeno: mientras más empeño ponían los
dos en convencerse íbtimamente de la antipatía que se
manifestaban, más omnipotente y grandioso se revela■a
en sus corazonel' el carifio; llegaron it odiarse de una manera estúpida, porque los amores cuanto más grandes,
más próximos al aborrecimiento está.o¡ sus miradas, aquellas miradas que se besaron voluptuosas y tiernas en otros
bellos días, JI cruzarse, chispeaban como puntas de espadas, eran algo semejantes al reto provocado por una injuria inolvidable.
Concurrieron cierta vez á. un baile, y él, después de infinitas vacilaciones decidióse á solicitar un vals de su
enemiga¡ ella por toda respuesta extendió tr.é mula y vacilante la etiqueta. Luciano apuntó su nombre con letras
incomprensibles, y después de D?uchas ceremonias lrív?las viéronse estrechados por furioso abrazo y confundido~ en el turbión de los bailantee.
La imprevista emoción de aquel encuentw, entorpeció sus sentidos embotando la sensibilidad de los dos en
una atonía que ee acercaba mucho al idiotismo; el joven,
que no era tonto, dijo aquella noche todas las patochadas que podría decir decir un cretino de bue•
na cepa desperdició ridículamente la oportunidad que
el acasd le deparaba; no osó estiecbar un poco el talle
que r;e quebraba entre sus brazos, ni ella supo alentarh
a las licencias que en el caso especial en que se encontra•
ban, hubieran sido lícitas por atrevidas que íuesen.
Al despedirse sus manos se estrecharon bruscamente.
Fué todo.
En poder de Luciano habla quedado como prenda inestimable, un guante de l\Iana, que conserrnba el perfumd de su manecita imperial, y en el que las arrugas no
conseguían deshacer el modulado impr1::so por los dedos
á la cabritilla.
Fue el amuleto del maniático, lo guardaba siempre
junto al pecho creyendo en su nunia igualada locura que
al poseer esa baaatela de Maria fa llevaba siempre consigo y se encontr:ba junto á ella escuchando alelado el aureo campanillear de sus rie~B inocentes.
. ..
Su pasión se quintaesenció en el egoísmo y prmc1p1ó á
padecer los celos insensatof.l del amante sin ventura, odió
ferozmente a las hermanas de su amada, á. su mamá, esa
señora enluta.da con perfil de cariátide que siempre la
acompafiaba1 á sus amigas, á los nécios que ~a saludaban, y á todos aquellos seres que merecer pudieran alguna manifestación amable de la joven.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovi6
ceniza muchos inviernos y hojas de rosa,otros tantos veranos....
Luciano y }faria asistían á. la agonía de su juventud;
en las más secretas reftexiones, apareciá.seles el cadáver
de su amor, y frente á él, aentfanse abrumados por
toda la vergüenza de la simplicidad al comprender que
si no les tocó una parte de dicha en el terrestre abrojal
era por que se rez~!ºº en la car~ra haciendo pompas
de jabón y deeperd1c1ando oportumdades que sólo en raras ocasiones se presentan al mortal.
El ímpetu que vivificara sus afectos juveniles estaba
ya debilitado por la edad, el fuego sagrado de apagaba
lentamente en sus corazones y el épico entusiasmo de la
edad moza, había cedido sus trofeos á la torpe displicen cia de los años ..... .
Los hilos de lino que se espiraleaban en sus cabelleras
eran los dolores que extrangularon las maripoeas dor_adas de la ilusión, difuntas y enterradas ya en el oear10
de sus recuerdos.
En sus arterias no correrá más la sangre encandescida
por las fiebres interiores, porque.-amadores líricos-en·
cendieron piras al Amor Humano y no supieron coronar
de pám_panos sus frentes......
.
Es tnste sentir la aproximación de la Exterminadora
Taciturna cuando aun no se han aburado los labios con
el quemante vino del deleite!
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida llovió ce•
niza muchos inviernos y hojae de rosa otros tantos ve·
ranos ..... .
Los amantes esquivaban mútuamente su presencia,
com¡,rendiendo que sus fisonomías serían en el futuro,
una implacable burla del pasado.
¿Se debe amar cuando la calenda de las pa·siones ha disecado los músculos y el rostrd es sólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más incóg_nito del alma?
¿La atracción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á travás de las distancias y las corporeas metamórfosis
cuando se ha plantificado en lag más sensibles placas de
lamente?
¿No?
¡Sí!
La airacción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á través de las distancias y las corporeas metamórfisis
cusndo se ha plantificado en las más sensibles placas de
la mente.
Podrá estallar la lujuriosa poma en el terreno reque-mS:do por las lavas de cien cataclismos.
Se debe amar cuando la calenda de las pasiones ha disecado los músculos 1 el rostro es eólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más in•
cógnito del alma
¿Qué importa que el tiem_Po1 ese viejo alado de la barba florida haya llovido cemza muchos inviern~ y hojas
de rosa otrns tantos veranos? ..... .
Luciano y María, ancianos ya, mortificados por la co~sunción y el reuma, sintiendo el frío de una vejez soli~
taria y la necesidad de algún amor comprendieron q_ueen el período trágico de preparar ei bagage del matenal
embeleco para consignarlo á. las •entrafl.as de la madre
tierra, debian acoplarse santificando en santa unión el
martirologio de su vida; pero en ese momento solemne
un pudor infantil que fué su última timidez, los separó
hasta que marcharon claudicantes á. la sombra ..... .
llarzo de 97.
Crao B. CEB-'LIAS. -

D!)M INGO 7 DE MARZ DE 1897

Permaneció inmóvil, con el brazo izquierdo tendido
á lo largo del cuerpo y el derecho apoyaao en el alfeizar

de la ventana de Ja ~uardilla. Había cesado la lluvia,
pero el cielo estaba a.un cubierto por deueas nubes de color de plomo. Allá abajo, en la calle, todo era luz y alegría. Los faróles del aluwbrado público y los mecheros
de las tiendas enviaban á las alturas oleada'! de resplandores¡ al ruido de los earruaje8 y el que producía la muchedumbre taconeando fuertemente sobre las losas de
las aceras, uníanse el eco de canciones alegres y los gritol!; de los vendedores de periódicos y baratijas: de los
balcones de un piso segundo salfa un raudal de notas cancanescas, arrancadas al piano por los há.biles dedos de un
futuro Rubinatein ......... Allá arriba, en el espacio ineon·
mensurable, todo era eombra y tristeza. Las compactas
nubes, impulsadas por viento huracanado, pasaban velo·
-0es, atrol)ellándose, como pelotones de un ejército que
huye á. la desbandada, y formando en sus mil capricho•
sas combinaciones, .6guras extrañas de gigantescos monstruos.
Raimundo miró al cielo, miró á la tierra y recordó su
pasado. e~ el que había también luces-muy pocas: las
de la11 1luSiones-y sombras-mucbas1 las de la realidad.
Recordó su pasado ...... El pueblo que le vió nacer y en
el cual había vivido hasta que vino á. la corte; sus estudios de segunda enseñanza interrumpidos p1 r la muerte de sus padres; su triste, su penosa existencia al lado
.de un hermano de su madre, de aquel vjejo avaro que
gozaba fama de rico y que se negó rotundantemente á
que el huérfano continuara sus estudios.
Y si únicamente hubiese tenido que sufrir esta mjustifioada oposición ... .. . Pero no fué esto solo: el huérfano
vióse precisado á apurar basta las heces la copa de la humillación y el sufrimiento. Su tío no perdonaba ocasión
de martirizarle, no se cuidaba ni mucho ni poco de renovar sus destrozadas ropae, su mugriento sombrero, sns
botas torcidas y agujereadas. Su tío solfa decirle con
frecuencia: «¡Holgazan, vete al campo y coje un azadón,
ei quieree comer! ¡que equivocado estás si crees que tengo obli~i6n de mantener á sefloritos ganduleE!n
Y llarmundo sufría en silencio aquellos brutales insultos; se retiraba al cuarto más obscuro de la casa, y pasábase allí las horas llorandó, maldiciendo su delicada naturaleza y la educación que había recibido: esas dos cosas
que hacían de él un sér rnservible para el trabajo cor-

poral.

¿Y luego? .._. rranscurrieron tresaifos .Y c.onsiguió una
plaza de eacnb1ente en· el Juzgado, retnbwda con doce
pesos al mes. Entregaba once á. su tío y el peeo reetante
lo invertía.en comestibles que devoraba ansioso todas las
nocQ.es al encerrarse en su habitación, porque el infeliz
jamás pudo satisfacer por completo las exigencias de su

estómago.

Fué entonces cuando empezó á sentir un afán de glo- ·
ria creciente, avasalledor. El sentimiento de lo bello
inundaba su alma de artista, de poeta, de sér privilegiado que olvida en sus locoil devaneos lo material para
pensar en lo intangible. ;Oh, qué ratos tan deliciosos
aquellos en que podía sustraerse á las miserias, d. las impurezas de la realidad y dejar que vagara su espíritu en
una atmósfera de luz sonrosada y deslumbradora! En tan
hermosos sueftos, las amarguras y privaciones del presente desaparecieron por completo de su imaginación y eran
reemplazadas por fa felicidad de un porvenir que brillaba ant.e sus OJOS con todos los bellos colores del arcoiris
Aquellas ilusione~ halagüeflas, engendradoras de una
.alta fiebre intelectual, dieron el resultado consiguient,e.
Raimundo rompió la cadena que le tenía sumido en la
más insufrible de las esclavitudes y ee presentó en la capital, en ese gffi!l- palenque do.n~e rifien ~n _batallas encarnizadas las virtudes y los VICIOS, la fil.Ben&amp; y la opu•
lencia las ambiciones nobles y las ambiciones mezquioas, 1~ lealtad y la apostasía 1 el talento y el descaro.

... y· ·t~é 'ci~~¿~~-·. ü~·~. a.~·~~~ d~·;~~t~S ·&lt;¡-~~·¡;;~·a.~~~·~~
,el espfrit11 dél que las sufre, primero temor, después pá.-

EL MUNDO

155

nico y, por último, de~aliento; una de esas derrotas que cierran el camino de la esperanza y que
colocan ante los turbios
ojos del caminante la palabra ¡atra.,.' escrita con
caracteres de fuego sóbre
un fondo negro oomo el
de insondable abismo.
Y el huérfano veía la
en~rgica palabra, el mandato imperioso, aIJá arriba, en
el espacio lóbrego sureedo por gigantescas masas de
vapores ...... Hubo un momento en que le pareció que él
formaba parte del tropel de nubes que corrían empujadas
por el huracán sin Eaber
cuál sería la •duración del
termino de su viaje.
Nubes que ruedan por
el espacio arrastradas por
unafuerza euperior, irre•
sistible...... y luces que
caen vencidas en la lucha
por la existencia.......... .
Hay entre unas y otras
exacta semejanza. Piér·
dense aquellas de vista
tráa el horizonte; desaparecen estas del palen•
que social. ¿A dónde han
ido? ¿Quién eabe ni á
quién le importa.?.......... .
~Iientras hay a oleadas de
luz que deslumbre1 y voces alegree y acordes y ar•
moniosas qne impidan
oír el grito de angustia
del infeliz vencido ........ .
T0)1A8 C.\llACllO.

Y fervo~ ante el blanco ea~rario
A suplicarte mi amor se arrodilla.

lle acuso, puesto á tus pies, ¡oh mi Diosa!
Como una tierna plegaria repito.
Que de mi sueíio tu imagen radi orn
Miro surgir, y tu nombre beudito,
En mis insomnies, con voz temblvroea.
Que de tu templo al un:ibrnl, taciturna,
Llora en silencio la pobre almti miti,
Y melancólica virgen nocturna ,
Te va á. dejar de la rima en la urna .
Mis peueamientos: la triste ele-gia.
Escucha, ¡oh pálid,a y tris-te princesa!
Esta pasión tanto tiempo callada.
Y abre tus húmedos labios de frt&gt;ea
Para que cum.Plas la grata pro11 eea
Que hizo á. m1 amor tu apacible mirada.
Mas Ei es un suefi.o no más la ,·entura.
De ser tu esclavo y amarte de hinojos,
Si no ha de eer para mí tu ternura,
Si he de olvidar mi infinita amargura
Yiendo la dicha en tus lánguidos ojoe,
Sellara, el búle-amo dulce derrama
De tu perdón en mi pecho que te ama,
Y contemplando tu regia belleza,
Ante tus pies, abrasado en la Jhma
De mi pasión, moriré sin tristeza.
EFRÉN REB01.LF.DO.

Marzo de 1899.

PRE:DE:STINADA

Está tu rostro transparente y flébil
De tus muertas virtudes ante el túmulo,
Y tu sonrisa-cual lamento débilFlota de tus recuerdos sobre- el cúmulo.

SUR LA BRECHE

,

*

. la herencia atroz,
* * era
' el estigma
Era
Cumplido; al fin, como un conjuro mágico;
Y-descifrado el oprobioso e.nigma¿A qnien sorprende el desenlace trágico?

I
Si vivir es luchar,-cuando la pluma
vibra en la mano del poeta ardiente,
debe el poeta levantar su frente
y sacudir el miedo que le abru~a ..... .
Si escribir es luchar,-laglona suma
es azotar al crítico insolente;
que al estallar la ola prepotente
cubra su sien en delicada espuma ........ .
Re,·iente el verso al roce de la chispa:
y zumbe de la gloria de las palmas
con el tenaz zumbido dela avispa ..... .
Que por la ley eterna de las cosas,
y por la ley eterna de las almas,
¡los versos sin espinas no son rosas!

•*•

Aún tus blancas inocencias duermen
En el nido sin luz de tu modeetia';
Tornando en sangre el clande~tino gérmen
Habló en la sangre la iracundia be~tia.

*

*••

¿Tu calma te condena ó te prestigia?
¿Te entristece tu mal ó de él te alegras!
¿Acaso tu alma atravesó la estigia
Sin enlodarse con sus ondas negras?

II
Para vengar mis íntimos agravios
lucharé con el mundo, cuando el mundo
me arroje ese desdén torpe é inmundo
conque ¡infeliz de mí! manchó áloe sabios ...
B:Ultame del dolor estos resabios
para sentirmeexcéptico profundo¡
y saber desplomarme moribuado,
con la frase de Bruto entre loe labios: á virtud
-Yirtud, necio: eres un nombre ..... .
gritaré flajelando altivo y loco
el espíritu crédulo del hombre ..... .
Y envuelto en mi bandera ensangrentada,
he de irme muriendo poco á poco,
¡con la mano en el puiio de la espada!. .....
III
Hoy, ¡oh mundo brutal! mi alma te mira
con lástima y desprecio¡ que tú mismo
vas á ocultarte al fondo del abismo,
aun impotente en medio de tu ira ........ .
El sacro fuego que á ca•tar me inspira
resistirá tus soplos de egoísmo:
No insult.Ps mi doliente excepticismo1
no profanes el culto de mi lira! ........ .
¡Vano es que quieras apagar mi fuego!
tenaz y altivo,-al modo de aquel griego,
ya que nunca tu aplauso me concedes,
...... Saldré á encontrar el carro del destino,
y arrojándome en medio del camino,
gritaré á toda voz:-Pasa, si puedes!
JC&gt;sE S. CnocANO,

CONFI.TE:OR

Si acañciar un sueño es delito,
Si es un pecado est,e amor infinito
Que aquí en mi fiel corazón vive opreso,
Caigo átu planta Ymurmuro contrito:
¡Oh Diosa mía! yo á tí me confieso.
Pequé. y co"ntigo me acuso turbado
Que tu recuerdo querido he guardado
En mi memoria cual santo awuleto,
Y que 1uil veces mi pena he calmado
Con el placer de adorarte en secreto.
Que te he formado en mi pecho un santuario
Do la esperanza, inmortal lampad.ario,
Vierte su luz, do la fé siempre brilla.

.

** en vano
Nubló la carne tu razónt
ContenPr el impulso pretendiste
Y, al fin, al sucio fondo del pantano
Como una rosa tropical caiste.
•

*** desequilibrio
Si un profundo y fatal
Ha encarnado en tu cér, desde su origen,_
¿Cómo han de merecer torpe ludibrio
Las inconscientes faltas que te afiijen?
*

*
¿Qué culpa tiene el* hurac:in
violento
Que azota al valle, con estruendo ronco,
Si cae-herido al soplo de su alientoDel roble hospedador el viejo tronco?

•
••

Y sin embargo, ¡oh pecadoras buenas!
Desesperad del anhelado puerto:
¡Hay en el mundo muchas :\Iagdalenas
Pero Jesús, el redentor ......... hamuerto!
M. Bou,gos CAcno.
liarzo de 1897.

ORIGEN DEL NOMBBE DE ALGUNAS FLORES

'

La J11~ia tomó su nombre de Leonardo Fucb, un sabio
botánico alemán.
La begonia, fué llamada así en honor de M. Begón, bo•
túnico h:ancés.
Jazmín es corrupción de la palabra árabeysmim.
El vlttmbngo se llama así, porque los médicos antiguos
suponian que era eficaz para curar el tnvenenamienc.o
por plomo.
El nombre de la lila ea casi igual al que esta flor tie-ne
en persa?
Atthea procede de una palabra griega que significa c,curar.»
La dalia tomó su nombrd de un célebre botánico sueco,
Andrés Dahl, que fué discípulo de Lineo.
El amariti.8 fué llamado así en honor de la ninfa de ea· te nombre cuya historia refiere Yirgilio.
Cuenta Ovidio que un joven bien parecido llamado
...Yarcüo se convirtió en la flor que lleva su nombre.
Lirio Ee deriva de la palabra célica li, que significa
blanco. Esta flor ha sido considerada siempre como em•
blema de la pureza.
Pedro Magno), Profesor de Medicina en la Universidad
de :Uontpelier, Francia, dió su nombre á la magnolia.
El adoni.~ tomó su nombre ~del hermoso joven de so
nombni, muerto en una cacería.
Desde wuy antiguos tiempos se ha considerado &amp;l pensam.ie11to com un emblema de recuerdos cariI1osos.

�EL MUNDO

OOMIN/;0 7 DE MARZO DE 1&amp;~7

¡

¡,:

-Con quién hablo?
-Libertad!-gente de paz!
-Viva México!
-Quienes son ustedes'?
- l' n soldado y su galleta.
Que entren, respondió Peri•
co Nieto desde adentro-y cierra Pedro por que va á empezar el conce"rtante de Tronos y
Potestades.

,

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·r:..:·
) ..

I

157

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 0897

•••

Y heaquícomprobado, concluyó el diablete rascándose la
cola, que un casado vale por
doa .!-Olterones ......
-No quiere usted á los célibes.
-Porque los conozco. Ovando vea. usted. en un .laridou á.
una vieja de bigote marcial y
fa!deri l lo al ranto, santigüese
usted Cumplido. Yestirií. desedas al falderillo y no dará. &amp;gua
al gallo de la paF-ión. EEO!.I cincuentones qne llenan el vacío
de eu corazón vano con hipotecas de casas, pericos de colima, perrillos de Chihuahua
y paliques con clérigos, son
rnaloe, amigo Cumplido... La
vida que no ee vive un poquillo
para I&lt; s dem:ís, es nociva, crimina I á. inútil.
- Y usted dice eso! proferíusted. un enemigo de la humanidad? Yamos, es usted un
pobre diablo.
-Amigo, desengáfieee uet.ed,
hoy por hoy hasta el diablo es
un ente vulgar .

*••):-

EL DANTE E:N MEXTCO.-El esposo de sl mfsmo.

.ll;I. DANTE: JJ;N 111:E;XICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTISÚA,)

Y érase que se era un individuo de aspecto duro, ventrudo, qne de la manera más infeliz llevaba un mal pergefio de mujer y á quien un aatanacillo trnvieso y otro que
no lo era menos ponían como nuevo-pues era un viejoentre las risotadas de un grupo de diablejos espectadores.
No me fué prnciso inquirir que mala persona era aqueUa: un letrero prendido al hombro y Otro donde dijimos,
lo explicaban claramente: uEl eapoeo de sí mismo n ea decir, PI ególatra, el egoísta, el que ha hecho de su~ comodidades, -de su bienestar, un culto.

Campoamor en una de sus más bellas doloras, explica cómo el hombre casado empieza por amar sobre todas Iaa·cosas á. la mujer, continúa por querer más que
á. su cónyuge á su hijo, y concluye por amaree á sí mismo
más que_ á eua hijo~ y á a.u c~nyuge; pero este -postrer egoísmo ha sido prece~tdo e1quiera por abnegaciones, y
no se pena en el mfierno, porque el amor antiguo,
anticip.ada_mente lo redimió. El figurón que yo tenía
ant,e mte OJOS, de tan eriraña manera vestido y penado, era un solte~ón ( casta de víboras) que. pagaba
cal"O~uautoadorac16n, su egoísmo y su sequedad de
espíritu ..... .
-¡Ay de los célibes! exclamó un Belial de enroscada cola, qne mascaba chicle no lejos de mí. Sabe
usted, aíladi61 entre nuestros vecinos los· del Paraíso, se tiene por hombre de pro al caeado.
-Pero hombre, si h~y algunos matrimonios que....
vale más no hablar del asunto.
-Con todo y eso patrón, un mal marido,. cuenta
m~ ant.e el Amo que dos solteros y para probarle
m1 aserto, allá va una hietorieta,
-Suéltela usted, hombre, pero no maeque chicle,
que parece usted galleta.
-Entre galletas anda precisamente la cosa-respondió. Oiga usted:
Acertaron tt llegará las puertas del parniso un soldado y una monja, jóvenes ambos y no mal encarados. La monja que se había anticipado al recluta
llev~ba ya un buen plantón enel sardinel de la puerta smlo~rar mas que \rn .-aquí no entran la!:linútifes, •
Pf?nunciando entre sorbo y sorbo de jarabe balsám1co, por San Pedro, y le refirió sus cuitas al soldado:
-¡A.y! mi alma, exclamó éste, pues si á usted
que es una palomita sin hiel que se aplicó saraban
d:1s en pemtencia toda la vida no la dejan entrar
qué eeráá mi, triguefia de mis entrete1ai:?
'
. -Pero qué ha hecho usted? preguntó la monja, deJando ver una mueca de púdica alarma?"
-La mar de cosas. Yo florecí en :\léxico en la époc.a de las_ 1du~as i~testinasn ( que eran verdaderos c6hcos de mvagrnación) y me pronuncié con diez generales .Y luego contra loe diez, robé tlacos de haber á. mt compañía, introduje tripas al cuartel y dfa
lo que era de otros para los onomásticos del jefe.
-Pues ahí es 1;1ada, ¿y ahora que hacemos?
-Tengo nna idea exclamó el soldado 1 dándose
una pH-lmada en la frente como todos los héroes de
las non~la.."1 \Ylr entregas, v 8in más decir tomó en
sus brazos á la 1.. blata y 5e la echo al hombro como
si fuera fasíl 1 tras de lo cual llamó con garbo á la des•
veneijada puerta del edén.
Abrió Pedrito, que d.e glutial una sopa · de chocola,3, y en~ar.tndose con el intruso preguntó.

~

1111111111// u:

Aún debía encontrar motivo de asombro aquél día. Al
regresar al rentro porque era. tarde, encontré
en el recodo del camino el más peregrino
grupo: uno de la Comparsa infernal extraía á
tirabuzón, la entraña principal de un viejo
verde que fué el Don Juan averiado-pero
rico y dadivoso-de todos los salones.
·
-A7, amigo, en punto á tirjos verdes se yo más que usted. "'\ áyase por Plateros y verá ...

(Continuará.)

A tí, ducha en amor, yn te da risa
una loca de atar como Eloisa.
CAMPO.A.MOR.

J

EL DANTE EN '.\fEXICO.-En la tierra.

LA LINTERNA

Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento;
Le lleva el santo eacramento
A un moribundo á. la taberna.
Ante su paso, una cisterna
Finge un bostezo descontento.
Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento.
Mas en la opaca noche eterna
Súbita estrella, en un momento,
Rueda del alto firmamento
Y hace las veces de linterna
Entre la zarza y la caverna.
MAURICE ROLLINAT.

BALBI:-.0 D.\Y.\LOS.

:\Iarzo de 1897.

W~lJ:~~
SU.ll;ÑOS

De mi alma haré una gota de rocío
Para regar con ella tu corola;
Haré un sublime altar del pecho mío
Y en ese· altar te adoraré á tí sola.
Bri11ará en las tinieblas de mi suerte,
La luz de eol de tu mirar divino¡
Será un períune para tí mi mnerte
Y mi vida una flor de tu camino.
Te creí realidad y eres fulgente
Ilusión de mis días halagüefios;
Te vf, Sefiora, y coroné tu frente
Con el lampo inmortal de mis ensuefios.

•

·:,..

Ven, dejemos el lecho del proscrito,
Del mundo impuro, que tu planta toca,
Ven conmigo¡ yo haré .del infinito
U na copa de amor para tu boca.

;

L; triste noche plegará sus velos
Y tu voz en mi lira de poeta
Agregará al cTe·deum .. de los cielos
El mtígico nocturno de J ulieta.

..

• •

0

EL D AXTE E..", MEXICO.-Dentro de poco tiempo.

¡Feliz si en tu semblante 1,1,ún vetu esposo
la materia en estado luminoso!
C.-nrPO. \M OK..

. .~

1/

Ven, yo te amo¡ la lur. que tú destellas
Será. mi eternidad, y en santa calma
Tú buscarás 1i Dios en las estrP\la~. '
Y yo ló encontraré dentro de tu alma.
Jn-4TO Srnnn.\.

Aspiré á. verte un dfa,
pero dePpnPR de verte
corno dijo .Jesús, Dolores rola,
"mi alma quedó triste haeta la muerte. "

. -:'". ~1'-:.,

HILDA.-}Jo,;,ela por 6auaara ae °0ind.-Núm. 3.
~

,•• r ;

V

~údada me falt.aba una sesión para completar el estu.,¿uo d~ la Caldera, que había emprendido. Raul y yo re$)lviwoa ponernos á la tarea desde el día siguiente.
.Así, puéa, á la mañana siguiente, :i la hora acostumbra-

'

.

.~

da, estábamos sentados en el mismo sitio, en donde ha•
biamos asistido al rasgo de fuerza llevado á cabo por
Ililda.
Esta no tardó en aparecer. Si Raul ae había resuelto,
en virtud de la conversación que habíamos tenido Ja vfaper:l, á precipitar los acontecimientos y á. hablar á la

•

joven de sus sentimientos amorosos, en ésta se veía aquel
día algo q¡¡e parecía indicar que también había tomado
una resolución, que había formado un proyecto cuya naturaleza era difícil adivinar.
:Maniíesta,ba un aire agitado y nervioso que no le era
habitual¡ su mirada tenía algo de más profundo y hasta

�EL MUNDO

•

DDMINGD 7 DE MARZD DE 1897

~¿Qué es le, que ustéd piensa de rrii sue.üo, me pregun
una expresión de gravedad, que su encantadora sonrisa cuestion, tenga ueted entendido, de una vez por todas, tó ella?
que profeso mucha amistad y estimación á Raul, pero
no era capaz de disimular por completo.
Entregado por entero á lo que acababa de saber y á. la
nada que pueda parecerse al amor. Si usted no estuviera
Sinembargo,estabajovial como siempre, y aun aquepesadumbre
que por ello resentía, no había yo escuchalla mañana se mostró más amigable que lo de costumbre tan cegado por el amor paternal, continuó con un tono do las últimas palabras de Hilda sino distraidamente, con
de deepecho, usted habría podido observar esto desde
,con Raul.
el sentimiento vago y confuso de qne re trataba únicaCuando le dije que empezábamos á pensar en nuestra hace tiemoo 1 y, habiéndolo .observado, usted jam:is ha- mente de una tentativa de coqueter:a, tanto más odiosa.
partida, ella me pidió como favor especial que le hfoiera bría alimentado la esperanza de que IIilda de Hammar- cuanto que seguía inmediatamente :i la declaración tan
hielm pudiera consentir alguna vez en casarse con el hi un pequeño estudio en tinta de china del pórtico del casjo
de usted, por cualquiera consideración que pudiera ser. categórica, que echaba por tierra las esperanzas de Tiaul
tillo que estaba del lado norte, es decir, en la fachada
y las mías.
Y ahora, permítame, para cambiar de tema, qne le reopue2ta á aquella en que nos encontrábamos.
~Nunca he dado á los sueños ninguna importancia,
cuerde que mi pregunta ha quedado sin respuesta. L~ contesté, dando principio á recoger mis efectos, poque
- Este será un recuerdo &amp;e ustedes que me traerá á la
memoria las agradables horas ch trabajo que hemos pa- repetiré: ¿Cómo es que usted que sabe defender tan elo- estaba demasiado agitado para continuar pi atando y me
cuentemente la causa de la~ personas casaderas, Iiunca
disponía :í retirarme.
sado juntos, dijo etla.
ha contraído u:;ted nuevo3 víncul11s? ¿Ninguna mujer,
-SJñor de La.guiéres, repuso la joven al cabo de un
Como el ornato y el dibujo de arquitectura eran predesde la que usted perdió, ha hecho latir su corazón? rato ¿alguna vez se le ocurrió á usted, en el cuno de su
cisamente los ramos á que Raul se había dedicado, es¿Así, pues, ninguna mujer existe que pueda inspirarle viudedad, que usted y su hijo hubieran podido enam &gt;·
peciri \mente durante el invierno, lo designé como más
amor? ¿O quizás, sintiéndose usted tan superior .í las de- raree de la misma mujer?
califi.ud') que yo, para aquel gBnero de trabajo, y la jobilidades de eete mundo, ha hecho un pacto con la musa
-Jamás, contesté secamente.
ven, volviéndose hacia él, le preiuntó si tenía buena vode las bellas artes y le ha jurado que jamás se dejará dis-¿Pero si eso hubiese sucedido, qué había usted he·
lunt:\d para ejecutarle aquel trabajo.
traer del culto que le ha consagrado, por un amor á mucho?
-Cm muchísimo gusto, señorita, contest6 el joven.
Ella bajaba la cabeza al pronunciar aquellas palabns y
jer terrestre? Un día me contó ustied que su amor paterReunió inmediatamente sus efectos y partieron juntos
nal babia sido una especie de preservativo contra el aparentaba eetar muy ocupada en reunir algunas bri.,mas
para el paraje desde donde Hilda deseab:i. que se hiciera
otro. ¡Yaya! ¿Acaso no vemos adonde quiera que dirija- de yerb:i. que arrancaba una ,tuna con una precipitación
el estudio.
mos los ojos, ejemplos que nos manifiestan que hacen febril. Aquella preciosa mano blanca, de dedos finos y
Al cabo de un rato, ella volvi6 sola y se sentó al laaristocráticos, que tanto había yo esperado ver entre las
buenas migas juntos?
do mío.
Si hubiese estado menos absorto por la idea de la de· de Raul, hacia cintilar el diamante del dedo anular con
-¿Ha com3nzado R1.ul su bo3q•1ejo? la dije.
sesperación que no dejaría de apoderarae de mi hijo tanta vivacidad que pare"ía que salían chispas Ue la
-Está en"pleno trabajo y más ab3orto en su asunto de
cuando le refiriese las palabras decisivas de la joven, hayerba.
lo que nunca he estado yo en presencia de= su caballete,
-Si eso hubiese ocurrido, nadie lo habría sabido-dije
bría notado la amargura y la vehemencia con que fueron
contestó ella.
yo-Jamás me habría interpuesto como un obstáculo papronunciadas
aque1las
irónicas
palabras.
-Esto consis!ie en que le h'.l. tom'.\do gu3to al encargo,
Fuera lo que fuese, las burlas ae Hilda me volvieron
ra la felicidad de mi hijo.
contesté.
en mi v me hicieron ver que estaba pr5ximo á hacerme
Ella levantó la cabeza:
-¿Y por carifio á vuestro hijo, señor de V:1gieres, us·
ridícu~~; sin que por ello ganase algo la causa de Raul.
-¿Pero ei el objeto del amor de ustedes dos hubiese
ted, viudo á los veintitres años, no ha querido volver á.
-Tiene usted razón, señorita, contesté. Debería haber amado al padre y no al hijo?
ca.sa.rae? me preguntó ella de repente. ¿S~ría pqsible que
conocido á usted lo bastante para saber que usted, la
La voz que había yo escuchado la víspera durante mi
el amor paternal llevara á cabo tales sacrificios?
hada de ese río pérfido y de esa roca insensible y cruel,
pa~eo
solitario, esa voz que sólo el aspecto triste y cabiz-Yo no comprendo lo que este sacrificio pueda tener
debe tener en buena proporción los elementos que entran bajo de Raul pudo hacer c.\l.lar, se hizo oír de nuevo. Senpara usted de extraordinario, contesté, casi lastimado,
en la composición de los objetos con los cuales usted se tí ruborizarme y puse los ojo3 en Hilda. Sus mejillas hapor el tono en que se m~ hacía la pregunta; cesaría realidentifica. ¡Empresa vana es intentar evocar en usted bían palidecido y su ansiosa respiración por sí sola me
menoo de serlo, si mteJ c·rno~ier.i. m ~jor á. mi hijo, si use:entimientos que no es posible que experimente! ¡Sería habría hecho comprenJ.er la importancia que ella daba á
ted supiese qué corJ.7..Jn t.m abnegado, tan ... .. .
lo mismo que pedir á ese río que cesará de correr 6 á esa mi contestación, ei su mirada intensa y la expresión de
-De ninguna manera pongo en duda que ~l posea to ·
das las cualidades posibles, interrumpíó ella con tono ee- roca que derramara lágrimas por las víctimas que ha he- sus labios entreabiertos no me lo hubiesen reve,ado pa·
eo. Sé per.fectamenlie que es un joven apreciable en to• cho! Así, pues, con permiso de usted y para no perder el tenteruente.
¡Y como estaba hermosa, exponiéndome su corazón
do3 conceptos; he tenido tiempo sobrado para convencer- tiempo, vuelvo á mi trabajo, sin contestará las pregunme de ello, y creo que conozco al hijo de usted casi tanto tas que usted me hace y que consideraría simplemente con menoscabo de todas las conveniencias! Sus mejillas
como sarcasmos bien merecidos que no exigen contesta- encendidas, su mir.ida chispeante y como agrandada, pacomo usted mismo.
ción.
recían manifestar lo que costaba ,t la altanera Hilda de
-Pues bien, señorita Rilda, usted debe saber,· en tal
-Muy bien, señor de Laguit!res, replicó ella sonriendo, Hamroarihelm humillarse hasta el punto de ofrecer su
caso, que el muchach1J la am1 vivamente, dije yo, decihasta que ví que volvía usted á ser el mismo que he co- amor á un hombre que no se lo demandaba.
dido á aprovechar aquella ocasión para hablar un poco
nocido. ¡Cuánto más prefiero las respuestas incisivas de
Ella estaba apoyada en una de sus manos, con la trenen favor de Raul y tratar de averiguar si él podía tener
usted á las melosidades sentimentales de los jóvenes á. la za medio deshechá de sus cabellos negros que caían en
alguna probabilidad de hacerse aceptar por la joven.
-Yo sé que él me ama, coi-itestó ella sencillamente; si moda! ¿)fe permite usted que le cuente lo que la hada cascada'de sus hombros sobre su pecho. Tenía el rostro
tiene la intención de pedir mi m!lnO, usted podría prestar- de ese río, supuesto que así me llama, sofió la última no- vuelto hacia arriba y su mirada audazmente ñja en rn í.
le un servicio de amigo y excusarle un paso cuyo resulta• che? Soñé que amaba á. un oso, continuó sin esperar res- En aquel caluroso día del estío, ella iba vestida con un
traje blanco que dejaba libres los antebrazos y el cuello,
do le seríá muy desagraiable, dándole á entender que puesta, un bueno y corpulento animal, que no quería
comprender que yo lo amaba y que sólo respondía con
que un cálido ru.bor acab~ba de invadir como si todo su
mis sentimientos h!:Lcia él no son de ninguna manera los
patadas y grufi.idos á todas mis caricia@. Era extraordi · ser protestase contra el atrevimiento de sus palabras. Yo
que él querría. lfe parece que he demostrado suficientenariamente distraído mi oso, perv yo tenía la persuación veía que todo su cuerpo estaba temblando por el es fuer~
mente, en estos últimos días, que nada tenía él que espe•
zo que hacía para contener su agitación.
rnr. añadió con un tono duro y recargando la voz sobre de que sí lograba separarlo del objeto de su distracción,
no permanecería por más tiempo insensible tí.mis encan·
Un segundo de vacilación, y yo quedaría vencido.
esta última expresión.
Al decir: ((Hilda, yo te amo, sé mía)) yo la hacía feliz.
Yo me había impresionado tan dolorosamenlie el día tos y que había de hacer de él lo que quisiese. Así, pues,
-¿Y yo? ...... Oh! yo sentía que el amor sería aún para
anterior por el estado de sombría desesperación en que resolví hacerle sufrir una dolorosa opei-ación que me lo
ha.bí1\ encontrado á Raul y del cambio físico que aquel entregaría sumiso y abnegado. Me lo llevé un dia álu ro- mí muy dulce. Ahí estaba, muy próximo á. penetrar,. Y
muy pronto,me hallaría invadido y domefiado.
fatal ;\mor le había acarreado, que aquellas palabras me ca de la hada1 terreno en el cual, siendo la hada del río,
Pero, en aquel momento supremo, la imagen de mi pocau'3:tron un vivísi.mo dolor. A pesar de todo, él había estaba yo dotada de una fuerza extraordinaria. Luché con
coniervado alguna e3peranza, sus últimas palabras no me él, lo derribé y le perforé la. nariz, por la cual pasé un bre hijo no me abandonó. Al amar a aquella mujer, agrehabían dejado duda alguna.sobre este particular. Las pala- anillo. El expresó su dolor con lastimeros gritos; en se• gaba á la desesperación de Raul los tormentos de los cebras que Hilda acablb:l dJ oronunciar, sonaban como el guida la herida se f ué cicatrizando poco á poco y cesó los y del odio. ¡Raul tal vez me habría odiadol Esta idea.
doble fúnebre de todas nue3tras esperanzas, las mías y de hacerlo sufrir. Rntonces pasé una cuerda por aquel fué para mí como el dique que detiene el torrente é imanillo y presto mi oso fué todo mío, y en lo !¡ucesivo ee pide la inundación.
las de él.
La sangre, que á. mí me parecía que había abandonado
-¿Pero por qué no podría usted amará mi pobre mu- manifestó el más tierno, el mis amante yel m.ís feliz de
mi semblanlie, refluyó con fuerza. Me desvié y respondí
chacho? le dije, quizás un p&gt;CO aturdido, y movido úni- los osos
Sorprendido del tono profético de aqueilas pa.labras con un tono tranquilo y resuelto:
camente por ese sentimieoto que nos impulsa á defender
que
no sé por qqé me causaron desagradable impresión,
-Yo no habría correspondido á ese amor.
palmo á palmo un terreno que sabemos que esta perdido.
Hubo un momento de silencio1 du,rante el cual no me
Todo p:t.rece ma'nife3tar que él es el marido que usted ne- involuntariamente volví la cara hacia mi interlocutora.
cesitaría, y tiene todas las cualidades que deberían com· Ella alzó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. El atrevía á mirarla. Yo sufría por ella, sentiaque debía excalo.r habitual de sus ojos se había cambiado en un ma- perimentar, aunque quizás en menor grado, lo que Raul
placeros.
-Señor de LaguiCres, el oficio de corredor de amores tiz glauco como ciertos reflejos del río y parecía que bri- iba á. sufrir y adem,'is los t.ormentos qu_e su altivéz y un
es indigno de ~ exclamó ella sonriéndose. Cerrando llaban con una llama singular que podía indicar la pa· temperamento nervioso debían causarle bajo el latigazo
de la humillación y del amor propio herido.
los ojos, creería uuo estar oyendú á una tia vieja tratan- sión, pero también quizás la locura.
No obstante, aquella extraf'ia expresión no dur0 n;iás
Y tales tormentos no debían ser bagatelas en aquella.
do de acreditará su sobrino. Realmente lo veo á usted
en un papel tan nuevo y que tan mal le sienta, que me que un instante, y casi inmediatamente recobró ella su joven de sentimientos romancescos y exaltados, habitua•
da :i hacer lo que se le antojaba, colmada de todo.q los
cue&lt;Jt.i -trabajo reconocerlo ~á usted. · Para terminar esta ñsonom.ía habitual.

DDMINGD ? DE MARZO DE

,asn

bienes de la fortuna, tanto como dé los de la naturaleza.
Pero era demasiado dueña de sí misma y demasiado
mujer de mundo para dejarse influenciar en apariencia
por la confusión y la perplejidad. El penoso silP.ncio que
siguió á mis palabras, no duró más que brevísimo ra0,
lo preciso para permitirle qne se repusiera, y con su aire
jovial y la sonrisa en los labios dijo irónicamente:
-¡Es usted verdaderamente sublime, señor de la Lagniéres!
-Y hasta podría usted decir que he salvado el paso
que separa lo sublime de lo ridiculo, dije para mis adentros, porque á pesar de todo, y aunque no hubiera siquiera permitido al amor paternal que entrase en lucha con
el otro, sentía dentro de mí algo de ese sentimiento doloroso de desgarramiento que produce el sacrificio y al
que siguen los remordimientos.
Después de esto, le tendí la mano en signo de despedida,
como todOs los días lo hacía, sin decirle sin embargo que
era mi intt:nción no volverá verla.
Estaba resuelto á llevarme á Raul al día siguiente sin
'pretexto alguno. Ya no había para él en aquellos sitios
más que nuevos sufrimiéntos que esperar. Y yo corría
un grave peligro.
Sin embargo, por más que hice por dar á mis faccio nes su habitual expresión, sentí que mis ojos se humedecían, y observé que una lágrima brillaba en los de ella,
pero una lágrima que ee quedaba en el fondo, y que ella
no permitió que se asomase á -los párpados. Ella debió
adivinar mi pensamiento, porque me dijo:
-A.dios, señor de Lagniéres, ó más bien hasta la vista,
porque usted volverá á verme.

YI
Yolví directamente al hotel, y me puse á esperar con
impaciencia á Raul. Tenía yo el presentimiento de que
él hablaría esa misma mañana ú Hilda, y me puse á. pen·
sar que después de todo \'alía más que así fuese, y que
escuchara su sentencia de labios de aque·lla misma.
f'.tra esperarlo, me occrpé en poner en orden nuestros
efectos, y empecé á empacar.
El llegó clerepente, y entró á nuestro aposento con el
paso precipitado de un hombre que viene .i buscar un
objeto olvidado y mostróse muy sorprendido de encontrarme allí. En efecto ,t esa hora estábamos por lo
común casí siempra ausentes, ocupados en trabajar al
aire libre, seajuntos1 sea separadamente, ó en excu.rsiones de exploración en busca de moti vos de estudio.
-~!Ya por aquí, padre mío! Yo te creía en el Boren,
conclnyendo tu estudio de rosales.
Yo me lo quedé mirando ávidamente. No tenía de
nioglina manera el aspecto de un hombre que acaba de
sufrir un desaire de la mujer amada. Tampoco le veía
yo con ese aspecto sombrío y desesperado con el cual lo
vf¡lía yo volver del castillo casi diariamente . .Al contrario, más bien parecía contento, aunque su, aire preocupa·
do y cierta agitación febril mostrasen hasta la evidencia
que había habido alguua explicación entre los dos.
Como ante!! lo he dicho desde que el caracter de Raul
se había formado yse había transformado en un hombre,
las relaciones que nos unían habían sido más bien las de
dos buenos amigos íntimos y carifiosos. Nunca teníamos nada oculto el uno para el otro: él conocía todo mi
pasado, y yo conocía, no solo el suyo, sino también todos
sus pensamientos. Cada alegría, cada disgusto que acon tecía al uno, era inmediatamente comunicado al otro y
compartido con él.
-¡Y bien! Raul, le dije bruscamente, ¿Has hablado
con Hilda?
-Ya le hablé, me contesto, y lejos de repelerme deñnitivamente, como nos lo esper:Ibamos,_ me ha pedido algunos dias de reflexión.
Esto se hallaba tan lejos de lo que n1e esperaba, que la
sorpresa me dejó mudo por algunos instantes.
Sin embargo, mirándolo con más atención 1 ví inmedial&gt;3mente que él trataba de ocultarme algo. Sin hacerme ninguna ilusión respecto de lo que podían ser los sentimientos de Hilda para con él, ví inmediatamente una
mira torcida en esta esperanza que la joven le había dejado y su inesperada respuesta no me pareció en con.
sonancia con la conversación que conmigo había tenido.
Tomé entonces á Raul por la mano, y, abligándolo á
que se sentara al lado mío1 le participé todo lo que ella
me había dicho. Le dije todo ..... . exepto que ella amaba á otro y que este otro era su padre mismo.

EL MUNDO

Habría temido, al hacerlo, despertar sus celos, habría
temblado si me enajenaba el cariño de mi hijo único, de
aquel por quien yo viviría únicamente ........... .
¡Ay de mí! ¡Cuánto me he arepentido de esos temores! Xo ocultándole nada, desc~briendole toda la verdad, quizá él habria podido amarme men(."181 pero habría
quedado mejor persuadido de que aquella pérfida mujer, al
hacerle esperar su a.mor sin condición, solo quería su pérdida. Habría comprendido que ella no lo consideraba
sino como un obstáculo por suprimir, ó quizfls únicamen·
te como el mejor instTumento de su venganza.
El me contestó inmediatamente que, como su conversación había tenido lugar despues de mi partida, podía
ser muy bién que antes de venir á verlo ella hubiese hecho reflexiones cuyo resultado le habría sido m¡ís favorable, y que él no quería todavía abandonar toda esperanza. El se daba cuenta perfecta, me dijo, de lo que se deducía de mi relato, y también de lo que ella le había dicho. Así, pues, si ella consentía finalmente en casarse
con él, era porque tenía otro móvil distinto del amor.
Sin embargo, estaba tan seguro de hacerce amar en lo
sucesiv&lt;.,, que estaba dispuesto á aceptar todas sus condiciones, resuelto á todo para obtener su mano.

,

El pobre muchacho estaba tan poco -acostumbrado :í
ocultarme nada, que yo le arranqué, por decirlo, así á pedazos toda la verdad. Sin embargo, me obligó ú que le
prometiera antes de contar todo, que yo no me opondría
1-Í. su proyecto si él me comunicaba la condición que la
joven había puesto para otorgar su mano. Esperaba yo
tanpoco lo que iba á.decirme que se lo prometí, con la
condición de que yo quedara bien convencido de la imposibilidad para él de llegar á la realización de sus deseos de otro modo cualquiera, y de que lo que fuese áser
nada tuviese de reprensible óque pusiese su \'ida en peligro.
A esto me contestó que amaba tanto á Hi!da, que el
mayor peligro que pudiera amenazar sus días, em tener
que renunciar á ella, y los signos exteriores del mal que
lo devoraba, eran tan visibles que acentuaban enérgicamente sus palabrns.
He aqui, pues, lo que le hice decir.
Hilda después de haberse separado de mi lado, se ha•
bía reunido con él y se babia mostrado tan afectuosa y
tan amable 1 que él por último se había encontrado con
ánimos para decirle qu~ la amaba y para solicitar su
mano.
Ella le contestó inmediatamente lo que me había dicho, es decir que le profesaba mucha estimación y amistad, pero no amor. Sin embargo, como en ella no mostraba que quisiese hacer de aquella objeción un obsticulo insuperable, él estuvo más elocuente y persuasivo,
mientras que ella aparentaba dejarse conmover poco á
poco. Le habló en seguida de su madre, le refirió lo que
ya sabemoe, que la baronesa probablemente se había precipitado voluntariamente al escollo fatal para dar término á una existencia intolerable.
Después agregó, en la forma de confidencia íntima,
que la aya inglesa, antes de morir, babia rendido esta
declaración: una recamarera de la baronesa, que había
visto á ésta en la roca de la hada pocos minutos antes de
su desaparición en el remolino fatal, había observado distintamente que ella hacia el ademán de una persona que
arroja algún objeto al estanque conocido con el nombre
del Espejo de la hada. Este objeto, según el dicho de la
aya, debia ser uoa cajita sellada_ ó un frasco que contenía un papel en el cual la pobre mujer escribió sus 111timas instrucciones á su hija y algunas revelaciones sobre su marido, pero que ella había juzgadó en sus últimos momentos ó presa quizá; de vacilaciones ó de escrúpulos, no deber publicar. En consecuencia, la baronesa se
babia decidido á ocultar aquel documento en un paraje
en donde, sin condenarlo del todo al olvido, sería muy
difícil llegar.
-Para encontrar y retirar ese objeto, dijo Hilda, es
por lo que, dos veces antes de la llCgada de ustedes á estos parajes, he afrontado los riesgos de la Caldera, pero
inutilmente. Y sin embargo, la caja sellada allí está, visible en el fondo del estanque, pero hay un objeto tan
horroroso que habría que tocar para llegará la caja, que
nunca he tenido el vafor para hundir mi brazo en el
agua. Usted, Rau1, conoce mi carácter un poco roman•
cesco, añadió la pérfida sonriéndose, y así es que no le
extrañará que le diga que el que quieiese obt.enermi ma-

no aumentaría mucho sus -probabilidades de lograrlo
trayéndome esa caja.
El pobre muchacho se había declarado inmediatamen•
te dispuesto á hacer la tentativa, y la joven había fingido explicar muy detalladamente la maniobra que se
tendría que ejecutar para llegar hasta el centro del esco•
llo con las mejores probabilidades de éxito.
El efecto que este relato produjo en mí, antes es para
imaginado que para descrito. El proyecto de aquella mujer se me apareció en toda su atrocidad, yel sueño que ella
me había contado y que yo había escuchado distraídamente, como una impertinente charla, vínome derepente á la memoria con una singular claridad. Era una alegoría profética y una amenaza lo que aquella singulir
mujer se disponía á poner eu pn'tctica con un ingenio
yerdaderamente diabólico.
Déjase enteder que yo eetaba absolutamente resuelto á
impedir que Raul ejecutase aquella insensata tentativa, aun cuando tuviese que emplear la fuerza.
:Xo había tren para la capital antes de las ocho. Tomé
inmediatamente la resolución de partir con mi hijo en
aquel tren, y 1 como no nos quedaba mií.s que una noche
que paear en aquel lugar, me prometí no perder de vista
á mi pobre loco, aunque parnÉe toda la noche en vela.
La pasamos en efecto platicando y razonando. Yo le
expuse con tanta calma, como la pude afectar, las pocas
probabilidades de éxito que tenía consigo por no tener
ninguna experiencia de la manera de proceder para navegar en aquel río. Yo le hice ver que uoa mujer capaz de imponer semejantes pruebas, jugando con la vida
del hombre que la amaba, no podía ser más que una mujer sin corazón é indigna de ser amada; que aun logrando traerle el objeto en cuestión nada lo autorizaba á
creer que ella le otorgase rn mano.
Apelé ~n seguida á mi afecto paternal, recordándole-que
él era el único sér que para mí representaba á la familia
y la ventura ·en est.e mundo. ¿Tendría corazón para exponer así sus días con rÍeiigOde emponzoñar el resto de la
exístencia que yo tendría aun que pasar aqu[ abajo?
Hablé por mucho tiempo, y con una emoción tan ere•
ciente, que acabé por conmoverlo.
Yo me reprochaba amargamente el haber dejado que
las cosas llegasen á ese punto. El sentimiento de la desgracia que podía herirme me había invadido por entero,
comunicando un calor y un acento de perimación á mis
palabras que acabaron por hacerlo llorar.
Se echó á. mis brazos y dE:claró por último que renunciaba á su funesto proyecto.
Era media noche, yo lo obligué entonces á que se acos tara, cosa que ejecutó cuando le di la seguridad de que
yo no tardaifa en hacer lo mismo.
·
l\!e ocupé t,Qdavfa algunos instantes en nuestro equipa·
je. A poco, el rumor regular de su respiración me aseguró
de que se había dormido. Yo mismo estaba fatigado y
me arrojé v.estido en mi cama, prometiéndome velar muy
bien hasta la salida del día á mi pobre hijo, hechizado
por una hada maléfica, como á. mí mismo me decía contemplándolo en snencio. )Ie parecía que se había vuelto niñ.o. Al menos yo sentía por él, en aquellos momentos,
ese sentimiento que más bien se parece al amor maternal, formado de ternura emocionada, con el cual se mira
en la cuna al nifiito que se ha tenido en una esposa muy
amada. Yo no tenía suefio, á lo menos según me lo parecía. Exitado y agitado como estaba, me habría parecido
imposible dormir.
Y sin embargo, así sucedió. ~Ie dormí profundamente
y tu ve un espantoso ensueño!
Estaba sentado en la roca de la hada. Hilda estaba á
mi lado, rodeándome con sus brazos el cuello. En torno
del escollo, cuyo abordaje parecían custodiar, velase com(' un círculo arremolinado de horrorosos cadáveres.
De repente ví aparecer, fuera de aquel circulo á. Raul
embarcado en el bajelillo azul. Hacía violento~ esfue/
zos para salva1 el círculo fatal y llegarse hasta mí.
Yo quise tenderle las manos y dirigirle palabras de estímulo, pero en aquel mismo instante, mi compafiera me
enlazó tan estrechamente, que no pude hacer un sólo
movimento.
Yí que el pequeño esqui-fe hacía un supremo esfuerzo
para pasar el obstáculo 1 pero el remolino se apoderó de
él, y Raul y la barca quedaron devot'Rdos, mientras que
la hada cruel, que me retenía en su poder, murmuraba á
mi oído: «Está consumada la operación, tu corazón cesará de estar distra!'.do, serás mío para siempre.))

�Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

�EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

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MÉXJOO

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Rt&lt;JISTRADO 00\10 ARTÍCULO DE SEGU?.'DA CLASE.

Qfota~hitirn sinir5tra.
Se está comentando por laprer sa a·aria un horripilante
hecho social: el ahmento del homicidio en la ciudad df'!
Yéxico. Las estadísticas que con este motivo se han pu•
blicado, demuestran de un modo indifcutible que la ca•
pital de la República ea una de las poblaciones más cri•
minales del mundo. La relación entre la criminalidad
homicida de París y la de México, es de u1to á trrir1A1, ]!
seis. Esta relación es enorme y debe sériamente preocu•
parnos.
El profesor Sighele de la Uuiversidad de Piza ha da·
do á la estampa un instructiv.,, trabajo sobre la crimiDA ·
lidad de Artena, aldea italiana, considerada como una
gusanera de delincuentes. En comparación con la.:i demás
comarcas de Italia, Artena arroja. en efecto. un notable
coeficiente de criminalidad. Aeaí, mientras todo el reino
da un término medio annal de R38 homicidios por cada
100,000 habitantes, la aldea citada no proporciona menos

l

_J·
Señor Cipríano Gu errero.
(üandidato al Gobierno de Durango.)

de 52.50 por cada 100.000. Esta cifra parece al Profesor
Sighele en extremo alarmante y llama la atención sobre
esta localidad infesta.da por el delito.
Y bien, este promedio resulta insignificante junto al
contingente que el homicidio nos ofrece en el Distrito
Federal, en donde el término medio es de ciento ocho por
cada grupo de 100.000 habitantes. Cómo llamaría el Profosor Sighele á este grupo humanoJ cuya delicia parece
ser degollarse concienzudamente?
Cuando una sociedad arroja perfiles tan negros, es que
el mal se encuentra dentro de los elementos que la constituyen, que corre por su red arterial, qoo punza dolorosamente en cada celdilla del organismo. La extirpación
del cancer no se logra entonces con una ley, ni las convulsiones sociales desaparecen con un decreto; enton•
ces hay que mirar más hondo, que escudrifiar más profundamente, sirviéndose de los hechos para hacer una
desoladora inferencia. Y los hechos está.u allí á nuestra
disposición, como materia prima, palpitante y terrible,
de un a.te ato análisis.
Precisamente en los momentos en qne se debatía este
obscuro problema del homicídio, la prensa. de información nos ha.cía saber que en una de las calles de la capi•
tal un de!:conocido asesinaba bárbaramente á un transeunte, porque éste le había negado un cigarro. ¿No es
esta una re velación aterradora de un estado social?
Un pensador ilustre ha dicho que el delincuente no es
sino el instrumento de un crimen preparado por la

sociedad. En el fondo de ella están loa fermentos de esta
descomposición. La parte sana y útil, representada por
el Estado, ha salido al encuentro de esta oleada negra, Y
ha necho lo que en todas las naciones del mundo: se
considera eficaz para redimir conciencias: abrir escuelas Y
favorecer el desarrollo de los elemeutos económicos. En
esta acción combinada está la solución de la siniestra dolencia cayo diagnóstico nos ha revelado la estadística.

QH compaiirrismo rn la prrnsa.
SP ha invocado constantemente en las discusiones pf'I·
riodísticas, comp(l11erisrrw. Esta hf'lrmosa palabra ba sido
rimada por los gacetilleros novicios y ha servido de escudo á. un grupo de vividores que se han aprovechado de
la prensa para sus fines particulares.
En virtud de este principio, existe en el periodismo
una solidaridad obligatoria, una responsabilidad mt'ítua,
una mosoneria neceearia, que estrecha á todas las con•
ciencias-la del hombre honrado como la del cowloti.ero
del periodismo-á vestir una túnica de Neso, de la qne
nadie que eegrime una pluma podría desprenderse sin
arrancarse pedazos de su propia carne.
Esta te.aria es insostenible: el compuñerismo, tal como eae
pret.ende reclamar de la prensa, ese compañ.. rurm.,-, fundado en culpables amistades, en tolerancias vergonzosas, en
sumisiones abyecta!'!, no existe en ningua profeeión, en
gremio alguno, y más se asemeja-dentro del criterio que
lo sostiene-á nna complicidad repugnante que á un sen·
ti miento basado en la franca y lib~ investigación de los·
actos, que debe normar las relaciones entre los hombres
honrados.
Diremos más todavía: mientras existan en la prensa nacional periodistas que se sirvan del vehículo de la hoja
impresa para denigrar á. otros periodistas, el decantfl.do
compañmsmo constituye un sarcasmo irrisorio que dudamos mucho que sea aceptado por los escarnecidos.
El compaivri8mo se explica entre personas de una mis•
roa condición social, de una misma educación y que se
guarden las mismas consideracion~s. ¿Pero se encuentra
la prensa de México· en estas circunstancias?
Esa marca def(ihrica con que se quiere sellará. todos los
espíritu~, es un yugo oprobioso é intolerable queestiem·
po ya de despedazar.-El tompafferismo .en la prensa representa la peor y más humillante de las tiranías, impuesta por el más tenaz y arraigado de los prejuicios sociales.

DOMINGO ,4 DE MARZO DE 1897

brutal soldadesca romana y dispersados á los cuatro vientos al soplo devastador de los adoradores del Cor.in. Y
vimos renacer sus glorias y brotar aua tradiciones de entre aquel montón de ruinas venerables á la humanidad
entera.
Los bosques sagrados resuenan otra. vez con la risa alegre y juguetQna de ninfas y gnomos de luz, y se deja escuchar el canto no olvidado de Pan y de Dyonisos; las
ondas del Alfeo y las aguas del Eurotas fingen de nuevo
cofl sus arenas de oro y algas movedizas, cuerpos de driadas y formas de silfos; parece que de nuevo los dioses se
mezclan con los mertales y que ·1a tierra inmortal de la
eterna belleza convida á las naciones á beber en el vaso
desbordante de poesía, donde apagaron su sed las generaciones que fueron. Mas ¡ay! que si la madre común de
los helenos que extendió su influencia soberana desde
las remotas playas heladas de la Cólquida hasta las abra
sadas regiones de la Tebaida, y desde las riberas del sagrado Gar ges hasta las rocas abruptas de la fenicia Gadee, pudo cobrar su libertad, aun quedan muchos de sus
hijos gimiendo bajo la coyunda impía que á sangre y fue go les ataron las hordas de Bayareto y las hueetes de Solimán. Todavía entre otros muchos que llevan en su frente la marca imborrable de su divino origen, el pueblo
cretense sufre los vilipendios de la dominación muslímica.
No faltan en.sus anales ni los heroismos de los snlio tas que en la terrible danza ,te lu muerte se arrojan á un
abismo con sus hijos en los brazos por no caer en poder
de los albaneses, ni las hazañas de los canarísque luchan
desesperados por la auhelada libertad.
No faltan en sus esfuerzos sobre humanos hechos glo~
riosos que los acreditan ú. los ojos del mundo que los
contempla absorto, como dignos de su raza de:titanes y
merecedores de la grandeza de su estirpe, vinculada en
la historia de sus insurrecciones. Menos afortunados que
sus predecesores del Atica y del Peloponeso, los creten•
ses han pe learlo sin esperanza y sucumbido en su demanda por·vírtud del que se llama concierto européo.
No lograron nada en la guerra de independencia de ...
1822, que creó la nacionalidad griega; nada en las rnbse•
cuentes insurrecciones y nada con las promesas de las
potencias que aparentan socorrerlos.
Han visto con asombro constituirse los Estados balkánicos, arrebatados al territorio de sus opresores¡ han presenciado una y otra vez el desmembramiento del caduco
Imperio de los Califas, donde cada uno de los poderosos
congregados en la tarea de librar á Europa de ese cuerpo
podrido, infecto y carcomido de gusanos que se llama
4

· {11 i~rn lfürral.
Con motivo de los acontecimientos de Creta, la prensa
ha comenzada á interesarse por la suerte de esta isla que
lucha hace más de setenta ai'ios, por sacudir la dura do•
minación musulmana, y de la prensa ha pasado al pÚ·
blico una corriente de simpatía hacia el territorio rebelde.
Es que en nuestro pafs se manifiesta un movimiento
favorable á las ideas liberales y de independencia, y á
todo pueblo que lucha por soslenerlas. Todavia, es cierto, el verdadero concepto de la libertad no ha llegado ú
penetrar en todas las clases, pero la tendencia existre muy
marcada de uno á. otro extremo del país.
Hemos dicho en más de una ocasión que el pueblo mexicano no se encuentra todavia á la altura de sus intituciones; pero también hemos manifestado que toda ley
tiene un carácter educativo, este caracter ha ido pene•
trando poco á poco en la colectividad. Aún en las clases
inferiores-masa inerte que ha servido de materia de explotación it los viejos odios de los viejos partidos ant&amp;gónicos-se advierte este impulso perceptible cada vez que
se presenta la oportunidad de externar sus opiniones.
La. educación completará y perfeccionará estas ideas
que hoy se agitan informes, pera que acaso en día no lejano tomen una dirección más util y conveniente para la
causa liberal de la República.

cruzada se organiza por loe poderoSOB de la tierra, se concierta una liga despiadada que hace olvidar los místicos
horrores de la Santa Alianza, y no es para socorrer al debil, ni para consolar al opreso pam lo que se congregan
-escuadras, y se levantan ejércitos y se enarbolan estandartes: estremezcámonos de santa indigoaci6n, todo ese
aparato bélico y ese clamoreo es con el objéto de defender al infame Sultán que abito de sangre y de matanza
de cristianos en el Asia menor, en Creta y en las calles
mismas de su imperial ciudad, olvida en las delicias del
Harem, la historia inicua de sus crímenes de lesa civi•
lización.
Las naciones se congregan por medio de sus representantes en las aguas de Canea, pam oponer la égida pro•
tectora de sus acorazados á los golpes que asesta el heroismo helénico al miserable otomano; se juntan en conciliábulos y discuten en confabulaciones, no el modo de
extirpar para siempre de Euroya esa úlcera corrompida
que se llama por un sarcasmo mconcebible la Sombra ík
Dios sobre la tierra, sino la manera de evitar que un rey
digno de los tiempos legendarios, capaz de sostener en
sus robustos brazos la espada de Leónidas ó de blandir
la lanza de Filopemén, se apodere con buen derecho de
esa isla infeliz, que ha manifestado abiertamente el deseo de constituir parte del reino helénico.
Y el Pireo es amenazado con los cafiones de las potencias, y las santas playas de la divina Hélade se miran en
el riesgo de verse profanadas por la planta de loe que se
llaman defensores del helenicismo.
Incomprensibles secretos de la diplomaci:i.! obscurida•
des tenebrosas de los gabinetes. QU1eren la paz, quieren
prolongar con su poder una vida miserable que se acaba;
quieren galvanizar un cadáver que ya apesta. Y como los
Estados balkánícos se aprestan á recoger su parte de bo•
tín, y se temen levantamíéntos en Macedoma, insurrecciones en Albania y rebeldías en Rumelia, esperan, ilusos, conservar una paz que se desvanece, y sostener con
mistificaciones que todos reprueban el artificioso andamiaje en que se asienta la ruin existencia del imperio
otomano.
Asustadizas las potenciss ante la perspectiva de una
guerra universal, menos costosa quiza que la abrumadora paz armada, ponen el veto á la anexión de Creta, y le
oponen como un consuelo mezquino la prornésa de una
autonomía, menos consistente quizá que las reformas tanveces convertidas en humo y pavesas.
No import.a: los que luch9,n por su libertad é independencia, tarde ó temprano alcanzan el anhelado triunfo; y
los cretenses, que hoy parecen los proscritos de Europa
y los cristianos griegos que en sublime arrebato se aprestan á morir por sus hermanos} llegarán á la soñada meta de verse cobijados por el mismo estandarte que el rey
Jorge tremola ya en los &lt;lesfiladeroR de la Tesalia.
El grito del oprimido sube al fin al cielo en contra del
opresor, y los asesinos de Trebizonda ydeEstambul, los
tígres carniceros de sangrientas fauces, hartos de carne
humana en Armenia y en Creta, se verá.n muy pronto
expulsados, no sólo de la patria del justo Minos y del
astuto Dédalo, sino también de toda tierra donde pueda
fructificar la idea grandiosa de la civilización occidental.
Ya es tiempo de borrar esa mancha que salpica de lodo
el mapa de la culta Europa.
X.X.X.
Marzo 11 de 1897'.

'ªª

deveras. Como estaba desnudo, desperté helado, á la
vista de Mongomery, que es una gran ciudad pintorescamente asomada á orillas de una gran barranca en cayo
tondo corre el Alabama.-Costeamos esa barranca, pasamos el río, corrimos á todo correr por entre bosques
que nos hacían suspirar de envidia (¿en la mesa central
hay otro bosque que ese bosque de museo que se llama: el
bosque de Chapult.epec?) atravesamos plantíos de maíz
perfectamente ordenados, saludamos las consabidas casitas de madera pintada y entramos en la estación de
Atlanta.
í***
Malo; el jefe de nuestra caravana, que ve mal, quiso penetrar de prisa en la estación en el ro.omento en que el
guarda vía, que era un agente de policia á la vez, bacía
seña á los traunsentesde que se detuvieran. lo que ni vió ni
podí.a ver nuestro compañero¡ entonces el agente lo empuja bruscamente, el mexicano, como era natural, le dió
un bastonazo é instantaneamente se sintió asido de la
mano y encerrado el puño en una cadeneta de fierro; el
viejo polic~w.1,n estaba furioso y quería llevar á su ofen ·
sor á un puesto de policia. Un amable truchimánqaepor
ahí andaba, explicó al agente que su prisionero no veía
bien y que eramos espaiíoles: nAhl dijeron los ojos del funcionario, con razón entonces; los españoles no saben lo
que es la policía.n Y nos dejó en paz refunfui'iando. El
Estado entre los sajones, dicen los teoristas de derecho
público, no es más que un juez y un gendarme. ¡Pero
qué gendarme!
.
Malo, dijimos al entrar; peor, exclamamos al mata.lar•
nos en el Hotel, abriendo un telegrama del consul mexicano en N. Orleans: dos ó tres horas antes había muerto
el Sr. Romero Rubio.-Grande y dolorosa fué mi sorpre·
sa; pensó en un grupo de cordiales amigos míos que le
eran profundamente adictos; pensé en su familia desolada, pensé en la mujer, noble entre todas, que fué la com•
pañera de su vida y algo así como la inmacuiada vestal
del ara doméstica. El distinguido muerto era mi amigo
también ¿de quién no lo era? Era la amabilidad misma,
la exquisita aunque un poco difusa amabilidad social de
México, traducida en la sonrisa, estereotipada, por decir·
lo así, en sus labios. No, no em un comparsa en la comedia seria de nuestra política, era un actor; la experiencia le había dado, ya en los años maduros, una aptitud
singular para conocer á los hombres, facultad política de
· primer orden. Hombre de ambición y de placer, amaba
la lucha, el combate era para et una voluptuosidad y, á
pesar de es.o, sabía ser tolerante y conciliador, por bene•
valencia y no por miedo, por que ese gran epicure1Sta
era un valiente y si creía poco, creia firmemente. En suma, la historia, que se ocupará de él, la historia en medio
de sus severidades tendrá. en cuenta que Romero Rubio,
fué la personificación de la burguesía mundana de México, con sus defectos y sus cualidad~, sus intrepideces y
sus indolencias, sus comp1acencias y sus audacias, en el
grupo de hombres de temple superior que nos dió la Re ·
forma.-Y pensando en ésto iba yo por las calles de la Ca•
pital del Estado de Georgia, muy alineadas, muy amplias, muy bien servida_s por los tranvi.as, á encomendar
al hilo telegráfico mi péfflme al Presidente y á su familia; y pensando en ésto me dirigí al Hotel en que estaba
alojado mi antiguo y fraternal compañero de colegio Car•
los Diez Gutiérrez.

EN T I E RRA V A NKEE
NOTAS A TOOO VAPOR
A NEW - YORK POR ATLANTA

1!}alítica &lt;Thtneral.
La insurrec ción de Creta y la cuestió n de Orie n te:.

Imposible apartar la vista de ese cuadro de heroísmo
que se desenvuelYe en una isla legendaria, bañada por
las ondas azules del mar del Archipiélago!
Un pueblo pequeño, en cuya ascendencia se cuen•
tan los héroes y los semidioses de la Fábula, pero sobre
el cual han llovido todos los horrores de la implacable
Némesis, se debate en angustia suprema por sacudir el
yugo ominoso que le impusiera en días de duelo, hace
más de dos siglos, la barbarie y el fanatismo de los otomanos. Una y cien veces ese pueblo que parece proscrito
por la deidad crnel que en la teogonía helénica preside
los destinos de los hombres y de los dioses, ha iotent&amp;do romper sus cadenas y arrojarlas al rostro de sus ver•
dugos ó convertirlas en espadas para luchar por su li·
bertad. Todo en vano: su viril esfuerzo se ha estrellado
contra la fuerza inexorable que le han deparado de con·
auno sus crueles señores y sus despiadados amigos.
Pudo la magna Grecia resucitar al estruendo de los ca·
ñones que atronaba.nen Navarino y aparecer ante el mundo transfigurada y soberana al ensalmo mágico de la.
poesia caballeresca• del mártir de Missoloughi; pudo recoger y embrazar el olvidado escudo de Palas Athenea y
ostentarse bajo el pórtico derruido del Pa.rtenón, coronada con las rosa&lt;\ de sus canéforas y la sagrada encina de
los bosques de Dodona; pudimos admirar por la acción
voluntaria y concertada de Rusia, Inglaterra. y Francia
en el primer tercio de la presente centuria. al pueblo inmortal de Salamina y de Platea. regenerado y libre, entrando al ejercicio de sus derechos pulverizados por la

EL MUNDO

DOMIIIGO 14 OE MARZO DE 1897

Do n Francisc o Góm e:z: Palac i o.
(Ce.ndldat.o al Gobierno de Dnrango.)

Turquía, ha ido tomando su parte de botín; han visto desgajarse, la Moldavia y la Valaquia, la Herzegovina y la
Bosnia y hasta la mezquina Rumelia, y ellos no han podido hallar una mano que se tienda en su favor para sacarlos del hondo abismo de la esclavitud.
¡Pobre Creta!
Sus gritos de angustia no han encontrado eco ensu desolación, y Hécub.1 infeliz ha visto degollados en su presencia á sus hijos más queridos, Laoconte maldecido, la
sierpe del fanatismo musulmán, los ha ahogado en sus
apretados anillos ante el ara de sus altares que no había
profanado; y miserable Prometeo, se ve atado con cadePas de diamante á la roca del martirio, mientras el bui•
tre de la tiranía roe sus entrañas que sin cesar renacen,
al influjo mágico de su heroismo inagotable.
Y cuando tras largas lucha~ y tremendos combares, en
que la victoria ha estado más del la'1o del opresor1 tras
prolongadas vigilias en que ha acariciado el suefio rmposible de su libertad, ha hallado en su camino la figur:t
caballeresca del rey Jorge que como el Teseo de Ja antigüedad pret,ende libertar á la nueva Ariadna de las garras
de su señor; que como los heroes medioevales se apoya
no más en Dios y su derecho pani. hacerse el campeón de
los que lloran, de los qne gim 3n y trabajan; una nueva

Apretones de manos, since~os y cariñosos ha1Jta luego11,
campanadas, humo, y vamos ya á todo E-sea.pe; el arco de
la ki,ée se dibuja en la noche por la inmensa guirnalda
de los faros eléctricos que el rio reproduce y deshace en
temblores diamantinos. Losjt:rrl/8 continuan su tráfico y
cuajados de farolillos, parecen góndolas colosales que se
bal!1-ncean ~obre el Mississipi que duerme con una respiración de mño. -Calor sofocante, enfermador africano1 capaz, si durase, de convertirlo á uno en n~· y ese calor
pega?o á las alfombras, á los terciopelos, á ]~ serlas del
glt;eptng car, es desesperante. Salimos al balcón de nuestro
carro q~e era el último de una larga serie y abrimos los
ventamllos: un hombre estaba escondido en la escalerilhl; el conductor nos dijo que estos viajeros clandestinos
suelen establecerse en los techos y aun abajo, en los
trucks de los carros¡ aquel incognito dió un brinco y se
puso en S4lvo en la vfa.-Una nube de polvo arenoso nos
hizo entrar; los dobles cristales de las ventanillas apenas
guarecían el interior del dormitorio: una hora duró aquel
tormento; pudimos entonces observar la negra y espesa
veget~ción que bordaba la vía; todo ello lodoso, pantano•
so, miasmático; el miasma se convirtió en una nubP. de
mosq11itos, peor que las de México; una de esas que envuelven y saturan las casas del noroeste de Tenoxtitlan
en Agosto es una bendición, comparada con la que estaba llevando á. cabo la succión de nuestra sangre y de
nuestro sueño; esta nube deJmoecos era bíblica. Pasó-todo pasa-sólo el calor reinaba en la tierra· sólo la luna.
-en el cielo. -Cruzamos por lagunas ó estua;ios que bgrdan esta comarca bajísima sobre largos puentes de esta•
cas que, en el agua inmóvil, parecían cepillos colocados
por las cerdas sobre una mesa de acero. Más allá de Mobila ( en donde hay un colegio de jesuitas en que se han
-educado en }a. virtud tantos jóvenes mexicanos, como
Pe~e Echeverría). me invadió 110 el sueño, sino una es•
pec1e de sopor fatigoso de que me sacó la algarabía infer•
nal de u.na murga de diablos, en forma de ciudadanos
negros ~ ci1;1dadanas negras que_ en la estación H (¿no
era en L1bena?) celebraban el arribo feliz de un candidato para presidente municipal de la ciudad cercana. Bajó
el candidato muy tieso, muy digno, muy necrro• no
aquella escena nome pareció ridícula· en ml&amp;O'Oitia (est&amp;~
ba muriéndome de cal or ) sorprendí s~ fado trágico y dantesco, y esa pesadilla n p ri1ri me trajo el suefio, un sueño

•
••

Estas ciudades americanas, que come, Atlanta, tienen
apenas medio siglo de vida, empezaron por unas cuantas habitaciones de palo, pero luego en su nucleo van ad quiriendo robustez y el palo es reemplazado por la piedra
y surgen á compás del desenvolvimiento de los recursos
agrícolas de la comarca ó de la situación topográfi~a de
la población, en la encrucijada de varias vías naturales
( ambas cosas se realizan en Atlanta) los grandes edifi•
cios, el capitolio de piedra blanca1 la Universidad de
granito y ladrillo, el hotel monumental de ocho ó diez
pisos con grandes fachadas decoradas de columnas ciclópicas, y revestidos de sillares perfectamente tallados é
imperfectamente pulimentados, (lo que suele ser feo, pero fuerte y da, por ende, una especie de formidable mas•
culinidad á las construcciones) hoteles en cuyos- halls
vastísimos y confortables se da cita, para conversar, to •
da la sociedad de negocios de la ciudad, entre el Rata.u·
ram y el bar; las calles se alinean, iguales unas á otras
por las casas que las bordean, por los coches que las surcan, por la gente que las transita compuesta de seres que
se muevan velozmente como á impulsos de un mecanisinterior, que llevan en el rostro marcada la seriedad,
la preocupación, el ensimismamiento de quien está á pique de perder la fortuna ó la vida si llega cuando la manecilla del reloj haya pasado de un punto fatal. Yme ex•
plica el sillón americano, ese sillón de cuero ó de rotín
compuesto de pequeños lechos para las piernas, para las
nalgas, para las espaldas, para los brazos, para el cuello,
para los zapato!:!, para los sombreros;. esos sillones de que
no quisieramo~ los gordos levantarnos nunca, sillones
ideales, digo, reales, con la más cómoda de las realidades, y que permiten á ese terrible judío errante de su
casa, que se llama el pueblo americano, descansar tanto
en cinco minutos, como un emperador asirio descansaba
en una noche.
*·. *
. Para irá la Exposición-tiene Atlanta su exposición na•
cional, que no es una feria del mundo como la de Chica•
go, porque Atlanta tendrá doscientos mil habitantes
cuando Chicago tenga dos millones, lo que no tardará
mucho, pero que sí será muy concurrida-para irá. la Exposición. decía yo, hay q11e recorrer seisó siete kilóme tros, por un terreno en parte ondulante y quebrado. Se
llega, se paga yse entra por un torno que gira con sólo
que el que se coloque en una de sus secciones eche á.
andar. A un lado de la entrada un boceto de barracas y
sobre una estaca un letrero: m u:ica.,, viUage-:muy bien,
ahí habr.í dentro de unos días mole y tortillas y tamales
que algllnos vankees diC'='U que son muy de su gusto;
sospecho que é:.to es mera urbanidad internacional.

m•

-En In cuenca de un laguito artificial rodeado de fina
arena y de un cesped bien peinado -Y joyante como
una franja de seda verde, se levantan los edificios de la
Exposición, unos caei al nive~ del agua, otros en la
falda de las pequeñas lomas mrcunstantes. Todo muy
bien dispuesto, con cierto 1ujo de arena fina en las
calzadas, y de faroles elegant.es y de bancos muy cómodos y de platabanda.a d~ flores y de arbolillos
muy lustrosos y frescos. Visitamos el departamento
de labore.a de mujeres (más inferior á. lo que a9.ui
puede presentan:e ) y los de muebles, de carruaJee,
de maquinaria; el palacio de la electricidad, el pabellón
chino, el japonés, etc. De todo esto tenemos muestras en
las tiendas americanas de México¡ la exposición nuestra
aun no estaba organizada, pero estaba en muy buenas
manos. Sentados al borde de la rampa que rodea por un
lado el lago y sube al departamento del gobierno fede~
ral está.u l~s edificios de algunos,E~tados: algo semejante
á 1~ que las fotografías de la feria de Chicago nos dieron
á conocer.
Bajamos al lago, formado por dos vasos elegantes uni ·
dos bajo un p11entecillo de buen gusto¡ .uno de l.os dos va•
sos tiene en el centro una fuente con vistosos Juegos de
agua.-Unas chalupas de nogal, barnizadas como un
mueble de salón, y movidas eléctricamente, giran en de·
rredor de aquel doble estanque conduciendo viajeros¡ entramos en una de ellas y pasamos un rato delicioso; todos los edificios de la exposición se veían en derredor,
con sus fachadas pintorescas y J?resuntuosas, desde el
templo de las Bellas artes allá arnba, con eus inmensas
escalinatas y sus pórticos griegos de yeso, basta la falsa.
porcelana del kiosko chino. Allá al frente la mar y todos
los baques de guerra de los Estados Unido!:', sombríos,
torvos, con sus torres de hierro y sus cañones gigantescos y sus torpederos á uno y otro lado, 6 sus mallas &lt;le
hierro tendidas en derredor, para cortar el paso á los tor·
pedos enemigos. Sí, ...... sí, ... ...todo eso estaba allí, pero
pintado en unos enormes tablones que prolongaban la
perspectiva del lago y que remataban la exposíción en
algo así como un mirífico anuncio de circo.
En nuestro paseo tuvimos el gusto de recoger á bordo
al Gobe}rnador de San Luis Potosí, apuesto y campecha·
no como siempre, que, acompañado de algunos amigos y
de los comisarios de la Exposición, visitaba los edificios.
Pronto lo perdimos; una chalupa en qne navegaban al·
gunas elegantes y amables señoras de Atlanta nos abordó y en un santiamen lo hicieron trasbordarse á su b~rquilla, y á fuerza de amabilidades y sonrisas lo retuvieron cautivo, en compañ.ía de un intérprete, hombre muy
acrradable por cierto. Díaz Gutiérrez quiso arrastrarme
cÚnsigo, pero resuelto como estaba tt pou.r ca.us,. á. no
ocuparme en la gente, sino en el país, me resistí y le
dije wtfos.
La iluminación del lago, de los edificios, de los árboles,
fué un espectáculo encantador de veras; todo Sd refleJaba en el agua, que parecía hervir en diamantes y zafirus,
y las notas de las músicas instaladas aqui y allá, convertían aquellas multiplicadas sensacion1::s, _en cierta ine•
fable emoción de placer y melancolía.

•
••

Volvimos en la mañana siguiente, deseá.)Jamos ver el
departamento de Bellas artes. Desde la monumental escalinata que parecía tajada en ,la rbisrba colina con sus
magníficas balaustradas, sus está.tuM de piedra artificial;
desde el pórtico de simili•mármol que la corona, se do·
mina todo el contorno de la exposición¡ mO.cha luz, gran
cielo de día de fiesta aereo, los celajes como velos de tul
transparente y sin color. Detrá.s del p6rtico un vestíbulo;
es el salón de e~cultura. Muy bien. Los dos marinos gigantescoe, eebeltos y arrogantes que llamaron la atención en Chica~o, ahí están, en yeso. Admiramos un bus to de viejo, mmucioso, pero concienzudo y real á maravilla; Ull Falstaff de barro, soberbio de veras, tratado á.
grande1:1 planos, en la manera franca y atrevida de nuestro Jesús Contreras, y guardande en la pasta cocida la
huella cla1a del l!lic y del dedo inodelador.-En derredor
del salón de escultura, los salones de pintura; primorosas acuarelas, dibujos que, vistos de prisa, parecen muy
buenos y algunas espléndidas telas; muchas de estilo
primitivo, pero involuntariamente modernizado y ama·
nerado por ende; en suma el artificial pre-rafaelismo de
la escuela inglesa, que causa la impresión de un arte falso, pero seductor como ninguno.
No sólo los imita:dores del semi-bisantinisme de los primitiv,s están aquí representados, hay también impresionistas; de ellos son estas pequeñ.as telas, sin dibujo y
sin colorido, tratadas por 111edio de un pincel cargado con
todos los colores de la caja, que manchan Pin orden aparente; pero vistas de lejos y en cierto ángulo, hacen esta•
llar ante los ojos un conjunto de objetos que procuran la
sensación misma de la unidad ó hacen creer en ella; esto
no es pintura, es prestidigitación óptica al oleo. ¡Cosa
singular! Ví allí unos paisajes de árboles morados sobre
estanques blancos en que nadaban flores azules, que era
lo más irreal que puede concebirse; aquello parecia un
paisaje de ensueño, pero hacía sofiar. Sin embargo, ha ·
bía pintura de veras, en esa improvisada pinacoteca. Un
bautizo de San Juan de Faircbild pasmoso de relieve y
de verdad, aunque de colorido convencional;estonosparece al menos á los que estamos acostumbrados á una luz
muy cálida, pero menos matizad.ora que la de las regiones
frías v húmedas. Una danza de nifiosde Mad. DénvoutBretou. pintada (corno todo lo de esta bija de un gran ar
tista) con la intención de traducir la realidad y no de
parafrasearla; aquellas cabecitas de oro y rosa en relación
con el tono verde del prado, producen un efecto sabroso
de plenitud, de vida y de verdad. U na gran tela firmada
¡oh! ¡extrañeza! Madeleine Lemaire; ignoraba que la in•
comparable acuarelieta de L'abbé Co,,~tantin pintara al
aceite c-on tanto brío. Aunque bien visto, el cuadro resul ·
ta por la suave trasparencia de las tintas, algo así oomo
una tela pintada al oleo. con procedimientos de acuarela.
Es nna Ofelia, en escorzo, con la cabeza en el primer
plano y en el último los desnudos pies de campesina fia•
ca, que viene Tesbalando en su marco de yerbas locas
4

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 18g7

y de flores multicolores, por una corriente d.i!ifana y negra, el rfo de la muerte. La impresión total es embargadora; intensa la sinfonla del colorido, aunque compue1::ta.
con pocas notas de la. gama cromática, pero esas notas r~corre n todos los tonos, desde el alto hasta el Velado y sordo; y aunque la tonalidad es azulosa, no resulta fría; la
muerta vive. ¿Pero es de Lemaireel cuadro? Muchos bobos, yo de ellos, contemplan largamente· un cuadro de
Checa: [',,a "Mau1na11uia. Nosécuantasobjeciones pueden
haceroe al colorido, al dibujo, á la arqueología &amp;el compositor, aunque ya hoy puede restaurarse sin un sólo
anacronismo una galera y un ciréo romano, desde la estola de las vei!tales hasta las acróstolas de los barcos en lucha sobre el improvisado lago. Lo que sé es que toda
aquella masa enormesti movía, Insolas, las velas, los combatieotes feroces, los espectadores más feroces que los
combatientes, todo, pero todo como presa de un vértigo
convulsivo. t-,o!o el tmpuatrn- está inmovil, impasible,
inconmovible como una institución, fastidiado como un
dios. lTn hallazgo este contraste.
-Se nos va el tiempo, apenas tenemos el neces'U'Íu para lh•gar al hotel, tomar algo y marchar.
-Pero hay mucho que ver aquí todavía .......
- Bueno, pues nos alcanzar:ts en .\'ueva York.-Partí.

DAMAS

LA CUESTION CRETENSE.

: En _eetos momentos, el mundo entero tiene fijos sus
d1lata~os por el aso~bro, e_n la cien vaces gloriosa
y legendana ma~re Grema, y as1ete con doloroso interés
á un drama her01co cuyos actores puede1.1 sucumbir de
un momento á otro bajo la aplastante omnipotencia de
los colosos europeos.
.
La historia de este drama es tan 6Cncilla como conmovedora: Hace runchos anos que un hermoso país de va.
l_i~ntes, )a iela de Creta, cuyo mapa damos en otro lugar,
.gune baJo. el poder a~olutista de los turcos. La tiranía
de la media luna ha sido ahí, tan ominosa é insoporta·
ble á las veces que eee pueblo se ha levantado en armas
-contra sos opresores y entonces las escenas terribles
de asesina~os y matanzas _cometido@ por éetos, ha cla~ado· al c1e_lo._ Las _poten.mas europeas que anhelan hace
tiempo suprmm al 1mpt'rio otomano del mapa de Europa, no tanto para volver por los fueros de la civilizncion
y de la humanidad ultrnjadas1 sino para repartirse fos giro~es de _esa tierr~ vasta y hermosa, cohibidas pvr su política sutil de gabmete y por la misma promiscuidad de
sus deseos, limitáronse entonces á pedir al saltan las reformas que los creten@es legit1mamente pedían y el soltan las prometió y una paz siempre momentan'ea volvió
OJOS

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::_r:} :::,1

Amaneció: las poblaciones, la9 ciudades, las estaciones
con sus grandes letreros en los salones de espera: wai.lm!J
room for wlute people, se su'c edfan con cierta rapidez. En
los bOsques, en los campos, en las ciudades, tlorecía el
mu.mcio, la flor postrera de la naturaleza americana, profanándolo todo con sus enormes cartelea abigarrados y
-sus letras hechas para ser leídtis :í seis leguas J.e distancia: /lohh, Ca¡¡toria, 1lluü, 1Yulri11,1, be aqm los ejempla1es
más notables de esta flora de cart.ón pint.ido. ¿SerJ. éste
el objeto último de la actividad dee:,te gran pueblo? In. ventar anuncios, poner anuncios, propagar anuncios. Eso
parece: las ciudades, que son aglomeraciones de paloma•
Seriora Julia Schmidtleln de:Bermejillo. (Fotografia Valleto.)
res, ¿titrnenotro objeto que mostrar anuncios en las veot!mas, en les tej,,dos, en las chim~neas? Un amigo mío,
hombre de empresa, agricultor entendido, premiado en
americano, me decía que muy frecuentemente la inven- muy bien, p:&gt;r.:¡ue las chim~nea:i de las casas no humean,
di versas expo3iciones, y benefactor de los pobres. Resición del anuncio precede á la de la co.m anunciada! ¡-Oh! ni hay g¿.nte-eu las avén idas: es domingo.
L0s barcoi llenau él río, 103 coches eléctricos pasan dió en Estados Unidos, en otro tiempo, siendo miembro
tierra del h•.w ib«.'l, bendita seas!
com) crust:tcaos fant.istic,H por las calles; la impresión de nuestra Legación, y en la capital de la Repúbltca, deEntre treinta anuncios de .,..Vutrina y c~t?ria divisa- de la grandeza de ests.ciudad es formidable, los btokx ro• dicó gran parte de sus energías al periodismo y al magismos esfumado. la !Jiiw~t,i, de la cúpula del C.lpitolio de jizos, se extién:ien ha3ta el horizonte y escalan el cielo.
terio.
""asbington 1 en una niebla tan ténue, que p.irecia un Ctlpulas, torres, chimeneas inveros(milmente altas, de
El sefior G0mez Palacio, tiene en la actualidad cuasimple d&lt;!slustramiento del cristal bruñido del cielo. En fá.bries.3 mudas, r¿.m1tes monumentales, puentes de
renta y cuatro afios.
el fondo de una avenida erig(a el ObelUJCo su piramidión fierro por donde quiera, eso es lo que resalta en aquel
El señor Don Cipriano Guerrero, hermano de la inspi•
de granito. Y seguimos. Una ciudad intensamente coló- océano arquite"ctural. Nue-Mo tren corre furiosamente rada poetisa Dolores Guerrero, e" también hombre de valer
. rada, pero enorme; con grandes manchas verdes de árbo• ·media hor.1, · para en otra estación y Filadelfia sigue, si• y de energía, que ha servido á. la políti..:a de Durango en
les aqui. y allí: dos, trest cinco, ochocientos, mil alina- gue, sin t(;rmtno.
varias épocas, mostrando siempre un nf)ble desinterés y
mient.os de casas coloraaas; las manzanas, diré block1J1 de
Salim()s p )r fin; continúa de un lado de otro la pro- teniendo como solo punto de mira el bien de su pahoy en mis, muy estrechas\,como cajas de puros de 30 6 cesión de pJblaciones y cas.i.s; llegamos Jeuey-City: es tria.
40 varas de alto, p.iradas so .re uno de sus lados peque- la misma ciudaride siempre, lo que hemo3 visto en todas
El señor Guerrero nació en 1844, contando por lo misños, y cuajadas de ventanas de arriba abajo, con sendas partes.
mo en la act.ualidad cincuenta y dos años.
persi¡¡,nas verdes. U nas cuantas puertas de campanarios,
.TomarooS' el.far_l¡, bogamos en dirección de un hacinaAmbos caballeros son muy apreciados de la sociedad
por entre los tejados¡ eso es Baltimore. Hasta luego.
miento indefinido, que llega basta donde llega la vista,
de Dnrango que ha sabido aquilatar sus relevantes mé·
He aquí las selvas de Pcmsilvania; hijas ó nietas de con~trucciones que manchan el cielo puro; todo eso rit.os.
de las que encontró el gran cuákero Guillermo Peno. acaba delante de nó:mtros en una punta; á ella nos vaSon magníficas; aqui la lucha entre el bosque y el ·mos acercando. LQ que nos fija é h1pnotiza, es una cúpuOTRO PAGO DE$ 10,000 DE "LA MUTUA,.
campo cultivado ha terminado por una transacción. la de de cobre dorado. muy alta ¿qué es esto, un templo,
Los árboles, dorados ya por los primeros besos gla• una torre? Es la. cúpula de la caqa del JVorlr.t, roe dijo el
EN TAPACHULA.
ciales de la estación, empiezan á no ser verdes, son amigo que nos había recibido. Y elj,rry atracó en NueRecibí de ciThe Mutual Life Insurance Company of
rojoij y amarillos1 parecen flores inmensas. Un pue- · va York.
,
New York la suma de {$10.00000) diez mil pesos plata
blito pintorescamente desbarrancado allí enfrente de
Jc~To Srn1uu.
del cui"io mexicano én pago total de cuantos derechos se
las riberas del Susquehanna; más allá, á. la dereMarzo de 1897.
derivan de la póliza núm. 566,701 bajo la cual y á. mi facha, las playas de la bahía del llm•re de Gru.cia, lleno de
vor estuvo asegurado mi finado esposo D. Agustín Escogracia, es cierto. Pasamos el rio: debajo de nosotros los
bar. y para la debida constancia, en mi car.í.cter de bevaporcitos surcaban lentos y airosos. Más allá, \\'ehnCANDIDATOS Al GOBIERNO DE DURANGO
neficiara nombrada en la póliza, extiendo el presente reington, una ciudad fiibrica; después Cbester, y desde
cibo en la misma póliza que devuelvo á laCompafiía para
aquí laa lineas férreas, admirableruente construidas, se
multiplican y coll\·ergen hacia una formidable esv.lanaE notro lugar publicamos Jos retratos de los Sef\ores Don s11 rancelación en Tapachula á 15 de Febrero de 1897.C,1ruu11 H,. de Escobar.
da literalmente pavimentada de vías fé rreas, .A..rnba de Francisco Gomez Palacio y Dm Cipriano Guerr~ro, per•
noaotTos pasan otros trenes como sobre teclados de gi- sonalidades ambas muy prePti_g.iadas, á quienes la. opiLuis G. )layen, E~cribano público del Estado Libre y
gantescos pianos; el aliento de las chimeneas, los pitazos, nión pública señala como candidatos al gobierno del EsSobdrano de Chiapas, certLfico que fué puesta en mi pre•
el campaneo incesant.e, forman en nuestro sensorio una tado de Durango.
especie de telón de fondo obscmo, tramado de acero y de
El Seflor Palacio, es hijo de Don Francisco del mismo sencia la firma de la señora Dofla Carmen E. de Escobar,
humo. A.bajo de nosotros hay otra estación mayor y más apellido, Benemérito del Est.ado y que desempefió altos por ella misma.
Tapachula, Febrero 15 de mil ochocientos noventa y
cruzada de líneas férreas! que la que atravesamos.¡ á su puestos en el país. Ha prestado el valioso auxilio de su
nivel se extienden las ca les sin fin de Filadelfia; ae ven. cooperación á la marcha administrativa del Estado¡ es siete.-Luia G. Mayen.

l

165

generoso, estaba que las potencias europeas pondrían nn
veto á Jas iniquidades de los turcos y admitirían la anex•
ción siquiera fuese provisoria de Creta á Grecia¡ pero las
potencias europeas piensan de otra suerte. Ante la cuestib11
capital de su.inestable equilibrio, nada vale Ja agonía de
un pueblo. Ay del que tome la inicia.ti va para desmembrar
á Turquía: el oso rm,.o, el jabalí germano1 Leviatan y el gn•
llo galo, se contemplan y callan. Impedir la acción iuopinada de Grecia era el sólo camino posible y Europa para no perder un problemático pedazo de tierrá. nefanda
en Torstuía, para no dar un choque al edificio de s11 política dificil, hizo camm común con los turcos..... .
Sus buques de guerra arra@arán á Candia y á Canea y
reducirán acasoá pol,·o, la trunca maravilla del Partenon.
Grecia que es el arte, la inteligencia; Grecia que es en estos momentos la humanidad; perecerá acaso, y el rny
Jorge como un nuevo Temírtocles irá á. pedir hospitali
dad á un enemigo lejano, después de haber asistido heroicamente á la agonía de su reino y á la ruina de rn
casa.
Tal sucederá si la decisión inapelable de lae potencias
no varía · mas entretanto, ¡qué sublime tragedia la que Ee
desarrol 1a en las playas doradas, donde habitaron los
dioses y ee hicieron marmol! y cómo levanta ras simpa•
tías del_unive~o, ese hombre que ha dicho á la orgullosa ommpotenc1a europea:

La Heroicidad del debil.

A pique estuvimos de perder el tren, unos entramo~

en unos wagones, en otros los demás¡ nos reunimos pur
fin y partimos hacia la Carolina meridional dejando :í.
Atlanta, la puerta del S,,r, comu la llaman los georgianos.
Con devoradora velocidad ealváb.imos una en pos de otm
las ~linas erizadas de espléndidos bosques de coníferas
que forman aquí las ondulaciones más bajas de los Apalaches y me dormi narcotizado.peramkn sUc11tire lu'M'. Al
despertar poco después, escuchando el ruido de los trenes
que pasaban y pasaban como visiones espectrales de reptiles antediln\'ianos. El rumor de las campanas de las máquinas, llegaba vertiginosa,nente· tocando un doble frenético y en el instante se perdía en un grito trtígico como
si se lo tragara un rezumadero del viento. Aquella rica CO·
marca que alumbraba Ja luna:
eRe nenvf,tr de pluta
t tt el lago de la noche,
había sido testigo de la postrera lucha, de la suprema,
en la guerra de Sece,1;ión. Aquí se babia preparado el dPseulace del drama¡ aquí Sherman después de haber traldo su
ejército desde el valle del Mississipí á. Atlanta por el ca.·
mino de fierro que él mismo const.rufa, había efectuado
• En marcha napoleónica hasta Saranah en la costa del
' Atllmtico y había subido deshaciendo canlinos é incen•
diando poblaciones, para impedirá los separatistas 1ehacerse, basta Richmond, en donde Grant tenía acorralado
al general Lee, como una jauría á un león: llegado Sher·
man, el león tuvo que rendirse. Aquí se jugó en esta formidable campaña el destino de la República americana
y del imperio mexicano. 1,Señores, decía Maximiliano ú
tres 6 cuatro de sus Cone:ejeros de Estado, con el parte de
la toma de Richmond en la mano, el imperio está ven&lt;::ido.»

t EL MUNDO

MEXICANAS

Príncipe Nicolás.

á. loa ánimos después de las t-remendas convulsiones de guerras sin cuartel.
Pero las reformas no vinieron nunca cual
se esperaban y si fueron en auge siempre las
tropelías de los turcos1 hasta hacer imposible la situación de la vejada isla. Esta tornó
á. levantarse en armas enarbolando la bandera de la libertad, y las escenas de terror,
imperan de nuevo en el sangriento campo
donde no sólo se veD.tila la cuestión de nacionalidad. y de autonomía, sino que luchan
á muerte, sm tregua y ain cuartel dos credos religiosos: el .I!;vangelio yel Korá.n, Ctis•
'to _y Mahoma.
Escalaron los insurrectos cretenses sns al•
tas montañas, coronaron sus profundos desfiladeros; sus mujeres y sus hijas desbandaron ·por todas partes, huyendo del al•
fanje sarraceno, deE!piadado y cobarde y no
hubo región del país donde no llamease la
lumbre del vivac, ni recóndita guarida donde no se ocultase uoa familia pere:eguida ó
acechase al enemigo un patriota resuelto.
?ero ¡ay! los insurgentes, los vejados1 los
justos oontendientes del derecho son pocos
ante la formidable avalancha musl1mica
que pasa como las antiguas tropas de elefantea cartagineses, dejando en su camino
arroyos de 11angre y mierubros palpitantes.
Los creten1es, que proclamaban su
anexión á Grecia como único medio de salvación, sucumbían sin remedio, ante la
cautelo1:1a impasibilidad del oso ruso 1 cuya
zarpada poderosa bastaría áaniquilar la.Su·
blimePuerta, ante el Leviatan inglés, sefl.or
de los mares, 11.nte el jabalí alemán de poderosos colmillos y ante el gallo de Galia
de recios espolones ......... .
En tan angustiosas circunstancias dejóse
oir una voz, y ee&amp;. voz no era la del joven
Czar omuipotente, no era la del Kaiser gimnasta y guerrero, ni la cascada de Lord t-:aliabury, ni tampoco Jaque ha cantado Ja
l\laniellesa en las callea de París. Era la
voz de un rey pequeño, humilde y pobre,
que ha poco hacía resurgir el explendor de
las olimpiadas gloriosas en el standium prestigit: do donde sucumbió el guerrero del\Iara•
ton. Bete rey no tiene más que dos millones de ,•aE=alloe y tres hijos heroiCOSj no
posee flotas poderosas ni ejércitos innumeros; pero debil y toda su voz llena de reproches se oyó en el Continente porque h~·

blabaen nombre del derecho y en nombre de la humanidad.
Puesto que un pueblo de heroes sucumbía ante la faz
inconmov1bl~ de la Europa "ivilizada, y puesto que esa
Europa ommpotente, como las vestales senudas inclinaba el dedo ...... permitiendo á. los victimarios musulmanes rematar su obra odiosa, él, el pequen.o, el debil saldría. á. la defensa del ,oprimido.........
'
Y Grecia movilizó sus tropas, alistó su flotilla de torpederos que puso á. las órdenes del príncipe Jorge, y est!ecbando en fraternal abrazo á su hermana opresa, sahó con ella á. la mitad del camino y gritó al muaulman
carnicero y á. la Europa formidable .
¡ Pasa 8i puedes.'
Ro el criterio popular llevado siempre de lo noble. y

Duque de Espart..

-Yo soy más grande que tú, porque
soy noble y buenoT

•••

El Príncipe Jor¡:c.

La familia real de Grecia hacia la que el
mundo enterovuelveahora sus miradas no
es una de las viejas dinastías de Euro~ El
re_y _Jorge I nacido en Copenbague el 24 d(,
Diciembre de 1845, hijo de Christian IX.
rey de Dinamarca, tenía dieciocho afiot
cuando fué llamado, por el voto de la Aaam.
blea Nacional griega, á ocupar el trono dt•
los belenos1 en virtud del protocolo firmad&lt;,
el 5 de Junio en Londres, por las tres gran
des potencias protectoras: Francia, Inglate
rra y RtJ.sia. El 27 de Junio, era declarad.1,
Mayor por la Asamblea Nacional, y comenzó á reinar el 30 de Octubre de 1863.
Había servido antes de su advenimiento
al trono, en eJ regimiento de infanteríaJru.
sa del Neva, del cual es ahora coronel· du
rante eu estancia en San Petersburg~, S&lt;·
e_n amor6 de _la gran duquesa 01~ Constan
tmona, nacida en 1851, y. con la. cual ee casó en 1869EI príncipe here tero nacido de estematri•
monio el 21 de Julio de 18ü8, lleva el nombre y el título de Constantino,duque de JIA3
parta; se casó en Atenas, el 27 de Octubre
d~ 1889, con la pr~nceea Sofía de Prusia, 11actda el 1-1 de JuDJo de 1870 y católica gdega desde el 2 de Mayo de 1891.
De este nacimiento nació el priocipt" Jor
ge (1 O Julio de 1800) en el castillo de Dee,-Jia, cerca de Atenas, propiedad que habite.
actualmente el P.rincipe heredero.
. El segundo hijo del rey de Grecia, príncil&gt;E: Jorge, nacido en Córfú, en 18U9, t s
cap1tá.n de navío en la marina helénica· eu
hermano menor, príncipe Nicolas, n~cido en A:-tenas en 187_2, llev.a en el ejército
las f!1nc1ones de capitán de artillería. La
partida del príncipe Jorge para Creta le ha
da~o de la noche á. la mafiana u■a p&lt;)pular1dad muy grande en su país y diríamos
una celebridad casi universal. '
_H~ aqui la silueta que traza él de un pe•
n6d.1_co europeo:
1
• T1ene veintisiete aHos y es uno
de los
má.s hermosos hombres de la Hélade como l_os guerrerüs antiguos esculpido; en
los fr1sosdel Parthenon.
Grande, sólido, ejercitado en todos los
sports, acaso también en 1¡1, palestra, est.i

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 189T

EL MUNDO

166

DOMINGO 14 DE MARZO DE

,11.0~

Fl. MUNnO

escuad_ras, siguiendo ~ 1-lidra.
y al Mi K adi en su camrno hacia el Sur y operando un nuevo
d€sembarque sea cerca tl.e•
Sphakia, sea en loa alrededores de Se1ino-Kasteli, sitiado,
ya por los cretenses.

dotado de una fuerza:'maravillosa, y los súbiitos de su padre
le llaman con admiración alhle·
ticos.prinkys (el prfncipe atléti•
co. ) No lleva barba para mayor
semejanza con los antiguos; es
robio, de grandes ojos azules
y frecuentemente á su paso
por las calles de Atenas, aparecen discretamente hermosos
ojos negros en las ventanas semi-cerradas.
Marino de corazón, ha seguido los cursos de 1a escuela naval y ha obtenido regularmente sus grados, aunque con rapiqez. Es capitán de fragata,
comandando la primera división de la defenE!a móvil.
El príncipe beredero de Grecia, duque de Esparta, ( el
Dioda(]W!, como ee dice ahí) es
muy amado, muy apreciado
por sus sólidas cualidades; el

actnal de la escena. Los sucesos en que enreda sUBargumentos Sardou, son una imitación exacta de la forma
que los sucesos aná logos siguen en la realidad; pero ~ta
semejanza es sólo en lo superficial, en lo más somero P.e
la forma: la verdad de estas ficciones dram~í.ticas no está
más que en el modo de las apariencias, y aún falta mucho
para que el interés que sólo puede nacer ante la contemplación de la vida humana ·representada, se produza en el ·
público, cansado ya del hermoso juego de las tablas, donde sólo se ofrece al espectador una convencional trabazón
de sucesos que, por artística combinación de fingidascua·
lidades, produce en breve cu!l,dro ·una especie de microcosmos, :representativa de mucha más vida y realidad de
las que cabrían naturalmente en tan estrechos iímites de
espacio y tiempo, si todo aquello sucediera en el mundo
real. Si eEto se nota en el teatro de Sardou, que, en lo
que se refiere á la verosimilidad del movimiento escénico
y de las fonnas de la acción, es quizá el. que más se acerca á las exigencias de la realidad, ¿qué diremos de los demás autores que, dando una importancia, ó exclusiva 6
predominante, á los distintos elementos del drama, ora
al carácter, ora á la elección moral ó la tésis filosófica
y jurídica, tienen tan eecaso esmero al inventar la trama
de su fábula 1 y menos aún al darle la vida, la forma dra•
mática? Dumás, por ejemplo, es hoy el gran lJ).flestro de
cuantos entienden que el teatro puede Ser escuela de tras·
cendentales filosofías. palenque, como el Agora ó el Foro, de cuestiones de Derecho civil ó Economía política.
Para Dumás el argumento es un pretexto para la tesis;
cualquier ocasión, cualquier hora, cualquier sitio le sirven para hacer hablará sus personajes del a,sunto que él
tenía entre ceja y ceja. Cada personaje, por ajeno que su
carácter propio sea á. todo discureo de probanza, va ex•
poniendo algo de lo que el autor piensa acerca del punto
de debat,e que traía preocupado á París por aquel enton·
cee: sea el divorcio, la situación eocial de la mujer extraviada, 6..... .la cuestión de Oriente. Nifios, ancianos, menestrales, pordioseros, cómicos 6 potentados, todo el mundo tiene en los dramas de Dumas algo que decir á la rnciedad para que no sé olvidA: y al efecto, se lo dice siempre con ingeniosa frase, en que la paradoja, la antítesiF!,
la hipérbole 6 el popular retruécano sirven para dorar la
píldora que ha de tragar el respetable público, representante de la sociedad entera cerca de Alejaodro Dumás.
Esta censura que escribió Zola en otros términos, es
justa; y así, el teatro de Dumas se acerca á la .""epresentación de la realidad aún menos que el de Sardou. Los
caracteres, las relaciones de éstos y los móviles porque
obran, están mejor estudiados, con más verdad y máa
profundamente, en el teatro de Dumas que en el de Sardou; pero ese teatro, como tal, como imitación de la vida en forma dramática representable, es más falso que el
de Sardou y más que PI de Scribe: lo convencional entra
por más, la abstracción se proclama, ó tácticamente se reconoce ser legítimo resorte del dramaturgo; el_ artificio
de la acción es más transparente, la ilusión menor, y todo esto hace que ante obras de este género, el público se
crea enfrente de un mundo aparte, que no es el suyo, que
tiene leyes especiales de tiempo, espacio y combinación
de sucesos: leyes que es preciso conocer de antemano pa•
rano pasmarse al ver tanto prodigio de casos fortuítos
que desempeñan providencial destino, y para poder interesarse con la suerte de aquellos comediantes disfrazados de personajes que en realidad no existea en ningu.na
parte. No, no existen, porque conocemos á runchos que
tienen aquel carácter, que obrarían así en tal caso, pero
que se diferencian de todo lo demás, porque éstos son
hombres y aquéllos son personajes de Alejandro Dumás;·
es difícil verlos y no acordarse de la primera página del
drama, que dice: «Personajes ...... Actares (fl.tP han creado

-11,t0a11-

Refraccione8 extraordinarias.
Conocidas con el n~mbre
de Hada Mor&amp;ana.
[l'ta se-=nuesiro grabado.]

M. Forel, el sabio profesor de

Laueanna, ha llamado la atención sobre las diferentes re•
fracciones que se rproducen en
la Puperficie de los Iag:os, y una
de las más extraordinarias de-las cuales, observada desde hace mucho tiempo en el estrecho de Mesina, es conocida.
con el nombre de Hada Mor-

príncipe Jorge es quizá,má.s ·po-

gana.

{)Ular, por sus ímpetus,su buen
humor y su vida externa.u

Está, de una. manera p:eneral, caracterizada por el hecho de que los objetcis situados sobre la ribera opuesta
del lago, parecen siJ;1gularmente estirados en el sentido vertical¡ las rocas, los muros, lascasas, parecen transformadas
en• inmensas construcciones,
de las cuales los itali-anos han
hecho los palacios del Hada·

*

A. las notas* *que damos en
otra parte sobre la insurrección cretense, y á los grabados
de Creta y de Canea, punto de
concf'ntración de las íuerzas
navales y militares puestas en
movimiento, nos. parece útil
flñadir una carta para recordar
Mm'gano.
•
:í nuestros lectores la situación
Los Hada Morgana son1 un fep:eografica y la configur;ición.
nómeno extremadamente inde esa isla.
estable y que no dura, en gene•
Los griegos que hasta aqnf
ral, más que unos cuantos mi~
obedeciendo las sugestiones de
nutos.
Europa, habían prestado á. sus
Cuando cesa, el objeto, cucompatriotas de Creta socorros
yas dimensiones verticales espuramente oficiosos, han entaban tanagrandadas, tomafre•
viado oficialmente dos acorazacuentemente proporciones exdos, el Hidra·y el Psara, seis
tremadamente reducidas. Cotorpederos, una corbeta y cuamo M. Forel lo ha comprobatro trasportes, de los cuales el
do, los Hada Morgana no ocuMi Kadi ha llegado el último á
-pan más que .un segmento-li, las aguas cretenses. Han desmitado y perpetuamente varia-embarcado en la bahía de Koble del horizonte; inuy cerca de
lvmbari y desde el convento de
ello a •Be producen frecuenteGonia, el coronel Yassos ha de
mente refracciones de un orden
cretado en nombre de rey de
completamente diferente. Y&lt;&gt;
Jí)s helenos, la ocupación de la
no los he observado en el lago•
isla, especificando que «proLéman sino en tiempos tranmetía proteger la vida, el hoquilos y cuando la temperatunor y los bienes de todos los
ra del aire es notablemente
habitantes de la isla sin distinmás caliente que la del lago;.
ción de religión.»
marzo, abril y mayo son los;
Francia, Rusia. Inglaterra,
meses en que tales fenómenos
Italia, y Austria Hungría, disson más bellos. Reproducimos
ponen en las proximid'ades de
en el grabado adjunto una foCanea de nueve acorazados,
1,0grafía que fué hecha por los
diez crac.eros y tres torpederos~
Sefinres Picard de la Cllauxssin contar con los refuerzos
de-fonds, á fines de 1890, y que(tUe están enviando.
nos muestra un efecto de miraLa cuestión cretense,-lnsurgentes de Creta haciendo fuego á una columna turcaL~s montañas.
Los periódicos europeos di·
--_..
Je obtenido con una barca socen · que aun cuando se senEl resto de la isla escapa á su acción y el bloqueo total bre el lago Leman. Se notará la desproporción de la8'
tiría uno tentado á creer que el proceder de los griegos
es una locura, quien así pensara.. no conocería la auda· es imposible. Asf, de una parte es probable que los in- velas del verdadero buque y de su imagen. Cuando se tocia prudente de ese pueblo. Todo lo que pueden hacer surgentes tomarán sucesivamente las plazas importantes mó la fotografía, el cielo estaba un poco nublado.
M:uchos eabios, entre los cuales citaré á Humboldt,
las potencias es ocupar las ciudades de la costa _Septen- y arrojarán de eJ-las á las guarniciones turcas. En cuanto
Woltmsnn, Charles, Dufour, han hablado de los Fataa
á la flota griega, bien podría evitar un conflicto con las
-trional, 6 sea la Canea, Retimo, Candfa y Sitio.

estos papeles.u

LEOPOLDO AJ.AS (Clarín.)

La cuestión cretense.-lnsurgentes encendiendo señales en los montes.

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K.lometre~

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Mapa de la Jala de Creta.

Morgana; -pero hasta el presente no se ha dado, que yo
eepa, explicación satisfactoria, porque en el caso en que
el aire ee más caliente que el agua del lago, observamos,
ya loe Hada ;Morgana, ya, y esto es lo más frecuente, el
miraje conocido con el nombre de míraje sobre agua jr'la
y que ha sido muy bien estudiado por Bravais, en este último miraje los objetivos apartados tienen eus dimensiones verticales reducidas. Parece singular que lae mismas
condiciones térmicas pueüan dar nacimiento á dos mirajes diametralmente opueát.os. He aquí cómo creo poder
explicar eeta anomalía aparente.
Observando muchas veces loe Hada Morgauacon una luneta poderoea, he testificado que, como en realidad, los
objetos no ee agrandan eino que se producen muchas imá·
gene~ superpuestas del mismo objeto? que son ya directas,
ya enrevesadas. He contado hasta cmco, como esas imá.genes están en general, muy aproximadas, y aún á veces
tocándoee unas á las o\ras, es muy dificil separarlas á la
simple vieta y producen la ilusión de un objeto agrandado. Algunas veces una parte solamente del objeto, da nacimiento á imágenes múltiples. Aef, yo be vjsto frecuen·
temente barcas con dos espolones: las velas no presentaban nada de extraordinario; algunos instantes después
no quedaba más que un espolón y las velas parecían gigantescas.
Parece resultar de estas observaciones que los Hnda
Morgana no son mas que un miraje de imágenes múltiples.
El análisis metálico puede por lo demus dar cuenta de
los hecho!! observados.
En su noticia sobre el miraje, Bre.vais demuestra laposibilidad de tres \mágen~, enel caso enque~U:Ba--cap&amp;d&amp;
aire caliente vaya á superponerse más ó menos bruscamente á una capa de aire frío y cuando la calma subsecuente de la atmósfera permite á esas dos capas subsistir
algún tiempo en su estado.» Pero eeas son precisamente
las condiciones que se llenan durante la aparición de laa
HadaMorqana, puesto que, como lo he dicho más arriba,
es necesario para que el fenómeno se produzca, que el aire

esté muy tranquilo y notablemente más caliente ~que el
agua. Esta existencia de tres imágenes no es más que UD
caso particularmente simple de las Hada Morgana. Yo he
ensayado explicar el análisis, la producción de cinco imágenes que yo he observado, pero me he detenido por la
complicación de los cálculos.
Bravais muestra también, cómo, en el caso de tres imá~enes, ciertas pQ.rtes solamente de UD objeto, dan lugar á
imágenes múltiples: este fenómeno se-produce igualmente, como se ha visto.
Por último, si se reflexiona que dos capas de aire de
densidades muy diferentes no pueden permanecer largo
tiempo superpuestas, la una á la otra sin mezclarse, se
dará. uno fácilmente cuenta de la instabilidad del fenómeno y se comprenderá por qué los Hada Mvrgana y el
miraje sobre agua fria pueden sucederse tan rápidamente
en la misma región del lago.

PAGINAS DE; AR.TE;
EL TEATRO FRANCES CONTEMPORANEO

SARDOU Y DUMAS

Hay un teatro contemporáneo, el francés, que algo tiene de lo que el nuevo drama necesita; pero que por vicio
inveterado y de herencia en todos los teatros latinos, no
puede, si continúa con los dogmas de su tradición, llegar
á las condiciones necesarias de una obra dramática digna
del tiempo.
En las obras de Sardo u y de Dumá s; se ve la vida

Una barca sobre el lago Léman.-Efecto de espe•
jismo.

�EL MUNDO

pOMINGO ,4 • Ol MAltZO OE •&amp;91

r

DD■ l ■GO

,4 Dt MARZO Dt 111117

BL MUNDO

&amp;n la fuente.

�DO■ l■N

, DOMINGO 14 DE MARZO DE 189?

BL MUNDO

170

in,•eroeimilee y ·decreY.do que einC1lea1a cocodrilos eeco
gfdos entre loe más sensibles del Nilo, airJesen s~ fune ...
ralee y llon.aen en cadencia; un prfnet~ de Hungría
acababa, por despecho de ser rehUBad.01 de ccal'l8 con
une; bailarina cuya reputación no era menoa ligen que,
lae guas azul~ y I088daa que flotaban alrededor de ID
cuerpo; por úlmno, doe condes y algunOR viscondee, aetevaronee, nueve chambelanes y cienM&gt; diez y ocho enudianlel ( de derecho, medicina y_ aón de &amp;eologla) oe morían de amor por ella Bin remedio. 1A Bella ~m'iauecia
impaaible ~ d o 4 ID prlncipe encan'8dor, y el viejo rey conlmuaba ganando á an cbambelan •-nnade
aln experimentar la menor oorpreea de eu vena inago'.
lable.

..

•**

la pnnoesa tenla el Mbilo, en laa lardee de enio. de ¡,aeearae en el parque del t..Wlo. Bajo el cielo claro y hor-mlgneante de eolrella•, eradelicioao relardane ul oen,a
de loa parlerrell y de loa ,,bolea.
Y be aquí qne uDa noche, en hmo que lllOOrrfa la ca·
lle principal an llnamen'8 81llll'8Dllda que oo llé eicuchaba piada algnnL vló levan- an'8 ella 1111111101Dbn pisada y luerle.
-Qoi~n eolá ahl'I exclamó L4 B,11111, qalfn e,ü abl?&gt;
. Pero ninguna vos reepondló, la bermooa prinaelll, ein$16 B01amen'8 doo bnzoo vellndoa y potenlel al rededOI
Je en cuello. ·
.Oh! Dioo mio-murmuró; aoy m'!'!""I B, una bealalo
Era en efecto una enorme beatia, de piel -eedoa 1:aaa.... &amp;lrecbaba á la princeoa Bin hllcerle dalló, mente.
•Acaao eo una boMia eDamonda de mí• 'D81116 ¡.,..
dialamenle la pñ noeoa. Y
oe -u:,mquilfs6.
Eo$a ideo en al nada lenla de lllamla, paell!&gt; que Lfli.:.
Batia, deepoéade habAroolooado nnap,1111 ~
'8 aobre kle lahloo de la pri-lemann
-1&amp;1 palabrae llenaa de ..nlido. •Yo ll9rteneJ9o al""animal; no lo probaré pero 101 hombreo 7 todlll!lolll ralillM dipoe de fe oa lo aaegtl?&amp;ñ'!, y
me A!""la, porque yo oa "'I'º como 6ingml
ea

1,,.

T..?::.-

am6Jamú.•
la vos era melodloaa, la Plla--,erftun,-la 7 ~

ye,.'

onrioaa, en lugar de oenfü el maigo brmal
ella el !ria delioaclo. Pero LJ Bella no 11e ~ en
delalle¡ ~DO que oe ain,i6 mi,y_
\ia lan ni nata I formidable hubiera
ID
111 hermooura. bula el JM!n'8 de Ir, e ~
4_ hacerle en ~rmlnoa eipblklaloo, 111111 deá1I tffn ,,...
monada.

• I&amp;

t:he~~.:,;=

14 H

JU. IID!IDO

IIAII&amp; 11&amp; ~

-

alguna .... copiaroe•no babéia vialO,
. como enceale lompo,
en la pupila de una jo,en virgen .
que ea de ..,. padree y 1111 hogar e ~ ?

l
A11' en la AuYemla, oaal oculta enk'e tao nubeo, habla
una chOBa babllada por una mujer y un nlllo de clnoo
alloe.

Rioardd oe llamaba el llillo 7 :'lbrla m mad!e.
.
AmbOB oanofan de lo máo .....-rio; -1-n tao no•
obee abrazado• a!11_11t&amp;loaamen'8: &amp;l frío era lnlenoo 7 no
'8nfaa oon qué ahripqe; '8Dlan hambre r lat fallaba ua
mlaarable ~ de pan, ,
la madN .......,. meclend&lt;&gt; al hijo;
oanlaba oon
TOS doloriaa; ID caldo era UD himno fa.oerario; Ull ¡ayl
ilel alma; Hlenaado por el bambra, el nlllo
ceMlia el canio de la maire; lae &amp;lnlebtao lo
-:ool'flan tocl,,, '/ oa!a 1t. nleft y aullaba el lobo en 811
-madrlguen,.
.
l'u6 eUlempo: la mama. oe lnolluba 1-jo el peao de
· loa 'f el nlllo cftlOfa á eu llldo, como crece la verde
rama ja•lo al oaroomido
lUeízd&lt;&gt; '8nia 111111 lllarmola á la que bab!a enaellado
mil lliaClu 7 11ue ballt.ndo al 16n de-piado orpniJlq, léeprnporol!laaba el a,llleBIO, •
. J.A mildm 111 8.n m11rl6 t el nillo al aolo cogió 811
~ '/ IU IDakatmnlO 1 abandon6 la oaballL
-Yllp,lldo llf)r 1\111 lllOúallali hacía ballar 4 811
711. . .olo UepDa lt. noebe 110 '8Dla m4a leoho
ni m la oarlclauú arrwlo, que el
. - , .:' - '
1tlrqirdelaellerao á lolejoe.

pan&gt;

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uonco.

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üinlrDo,
l::t!•Mo
-. i.. ~ nnbea•
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• ,;e-: batfa 11,ll &amp;fo IDlenoo;

JI~• la ~ 111 rfclda ma-

~• rc:iolpi:.,...,. ~
!In, qae dejaba
« !~ kll lilllmóe._ vlbraa en la

_,¡¡.,...

............, ....,_,.do,
nadie •ifa' el lafalla.,. bambre, tenla
Y oon - n o ~ ~ ua:que dalla, l a ~ -.

,_

t,¡alen'ldc,a aólodad.

¡ilérnaa 7 oay6

n -

¡ ¡anri6a.

....~o,¡-+•········.......................

Y-'°•en"'""'""•""

Si '911881n alma ha podido
an'8lo pu-,,
aenUdo babd tambiéa goce Inefable
á1 no haber periorbado
la oahna de la !neme o,iolalina •
áqnéhrinaabaam~
la aeln OOD &amp;IDO?, ni la pu dÓloe
del corao6n laoamo
de la lnooan'8 joYen, de IDO padra■
O'l"llo noble y de 811 h&lt;&gt;PII encanto!

;.rban como 4 inlrnlo viellanle de

)Jabla111111no 111111~ qne era hermooa como el

4fa;eraUDniábermooaqneeldla, porqueeeleúl\imono
ele caando en cuao4o, de levan- grie
1'_1Rlviolo,_en""'° que la pñD088&amp; oe levanlaba siempre

"'Cptbe

~,-ie.
Ella JWh&gt;ówai.mfa

-.~lle

p o r ~ ' an 'fiejorey,muy perepil&gt;aba.toilu 8118 . - e n ·jugar pokar oon
118-iietan' elle 6111mo no ncilaba en portier • - . - lle cioda oinoo; 111 ee que el viejo rey enoonlraba,
al pobr el dl'l81ildo"de eae Jaegoe y al cbambelao
,1muiQtrl$M!de 8118 fanclonailoe.
B1 lt. pnD088&amp; oe hubiera Gallo , BU real padre para g:ne
~ en médúe8ol6n, babrfa llevado elgrap chúcO;
-111111pr!nceanomenoeaneadaqae bormooaymuy
i tiempo, IOm6 el IIBltiio de dlriglne por 11 milma, ro·
clé6le ele ......,..,1.e loe 1114' U - aprendi6eldibQ\O,
plm6 en pottelana, ejecm6 n i - brillamee y oe con,nr¡¡c, en nn,..... de la •ocali-i6n.
Oaando hubo lllqalrldo $ocl¡ie 1M perfeccioneo, locluai •
....._1Jtm6 '- 111 padli, '1 le babl6 en eo1e 1....,..¡e,
hermooaoomo el ella,- eo cooa.oon..,nlda; '8n·
1111 7D aola mú """lldadee 4"" IOdu tao mocbachu del
reÍÍIO ¡ . - Qa6 ~ bilcar de. ml?•
~ I l'l!lll&lt;liidl6 dllUllidomenle el viejo 1ey.
-Ah! eao eo $oda lo ln'8rean'8 que '8néia quo propynaunet
~I
'-'llell.rilll, I R ~ Oonquo _,,.., eb? y sin ras6nl P!Rll"" no Nn6ia la menor razón para caaarme. Reeponded......
.
-Tengo 111111 ru6n u:celen'8 y eo _ , He llegado ,
kle - • 7 alloe. Tú \ieneo vein'8; eoMi• en la
• edad en que lle tao majeree; yo, _,y en la edad
en qoe nno tao deja; no qalero dejarle 101&amp; y abandonada
• •u eale 11111ndo, e n - que me lamo á conocer el °'ro.
Ene doncella, eree nóbil; no fallan por ahl prlnoipeo he•
n,clerQo; eerú reina; eao 1ormará parle de ,u carrora, y
• no pc,dria rehDBUlo.
·
· ~ n peidón . . - , m e ~ eer reina, peto no ser
la mu¡er de nn rey que me ~ - Aceptaré el malriioónlo IR • preeenla 1-jo un upeclo eeduclOr: lind01
ojoo, labloa llnoa, diacnnce liernoa f elepnle aa¡,ecl&lt;&gt;;
pero oa preTengo que no me casaré 11no en esu condi•
clones; quiero ~ á mi amo.
-BaeD!)J boeno, dijo el viejo rey, obrarás, WanM&gt;j'?;
no has le1ao mncbaa novelas y no semo que hagas nece·
dadee. Pero ai qnieree darme guolO deepacha pronlo. Por
ahora es preciso que te deje; mi cbambebin me eepera
hace \iflmpo y como-~ mú jugador que hU cartas, me te'!10 que haga ~na bilis y se ponga mb amarillo que los

-

.-r

•••

"'"'''·

limones.
Dicho esto, el viejo rey dirigióse á la cámara vecina

y ganó la pan1da.

•
••
Cuando se mpo en el mundo
.que la

prioceea, la que
era llamada L,,•JJdl,a, estaba deeeosa de contraer justas
y RUiituosae nupcia!I, todos lo9 príncipes, duques, seftoree, ee rascaron simultáneamente la oreja derecha, y.

-¿Dó•

fa~-•

,

m

la lnna, oomo ho■$1■ oe eleva en el Orlenlol; la8 llaa, como UCrlmaa oe lllOID8D en el cielo; lao olaa, como
qlieju, eollolim en laa pla,- Y la lnna 11.no 18 eleva, 7
tao el&amp;reltao qm, lloran y !u o1aB que lll8plnln, ¡qaé-°"'I
OOOI 110D, lino Plepriaol
IV
BI e8urió de tao llora■, el mormullo de 101 b,e¡1191¡ el
-DIO de la lira, ta,, ......... del poela, el hamo de loo
t-ioo; In qne -,Ira, IOdo lo que aolto.a y &amp;o•
qae eepera. IOdi&gt; lo qne • nrdad, y ■mor 1 gloria,
•ete111á Dice: todo eol'leprial

:i:

. ..,........
'-~~e~delaba-=t..

......, aol de l a ~ y aajapla¡
elal-1, la~ylatJONU!
~ m lieMDioa f11UtL.
•

¡Ah, q~ rlaa"' . . . . , lllellOlpncJ¡o
la eocie&lt;WI, que-elé.. biqano ~
á MI lalea Ylilnd '1 bOIIQÍ' ~ ·

&gt;odm

El cielo de aquella larde en eapl4ndido, imponen'8: en
el horlaollle llbi:uado de lnmenoo 19Jo. 11e 4iat&gt;lomaban
loe _,,,,broa de un mandq incendiado la Tfapera.
~ lt. noehe, eDlri mil aml¡oo alO&amp;lé de la

ución.

•
••

.

-¡Oh! onánlO ,iempo he ngado lejoe,-é, lncban·
4o con la fatalidad empellada en retardar el ownpli•
mienlO de mi m• ardlen'8 deleo; siempre ta recneido
ha,i4o el ideal, el alma de ooru6n qae le peneoe. Ven, dime que me mnobo, que.,. nadil podri,
IIOllMU"OI en la vida!
~ • - . -'fflima, la rnb)a cabes&amp; '" lnolin6 aobre
mi homht,,¡ deepnéa nn beao de fnego nnl6 n-raa
almaa.
.uf, en dnl- coloqnloe de amor, de promeaaa quo oon_ . lae lipimaa de A:lke, oorrleron tao iw-......
lndndahlamenle, niDgón morlal ha aldo má dlchoao
que :,o en 8IOI JDOlll8llkllp 11Upremoe. Juro que u:la'8 la
felicidad,
.
Quisá el dJa oe ooercabL
-Tengo eed, dije, deoeolOmar abro qne refreaque mi
p,pnla; la lli,bre me lnftde: ...,., , _ ,
•
-¡Aqnl no hay aguo; ftJ&amp; 4 IOlnarla i m oaAI me grl•
'6 nna voa eolenlOrea.
LA PLEGARIA
Abrl 101 ojos proluadamen'8 uutado, 7 vi delan'8 nn
lodivldno lonado en _,..ób611 ,peme íalraba elapel .
lallar...... Era un Gcmfiffl J; ta - ·
•
No aolamen'8 lieae ánplea el cielo,- también hay nn
-yt ,.....nw. ¡Qué , . t,o,,;r ¡,1.11ee
d6•
anplenelooruón;elangeldel ooru6nee la Plepria.
de ei,W?
•
¡Ay! .lOnúlo habla deliiadol
'
11
Al
1&amp;1tr. del Oafé. ml edOl'J!'! IIO;P!!do ~ r "''" ,...,_
Al _ , la larde hay eipllmu que oe quiebran en Ju beu penll6 el ~lúllbrlo y éll en ilerla:
olu. h•r nubea que • dlafar¡lait en el eier y rayo,, 4J18 mó 7 me d4DOllii6 en el l ' i ~
.. - - D e n lo a!IO. F.aaesplllDIII, , .... Dllbee; y
Buenoo dlaL·
9101 rayoa, ¿qué Olra OOOI aon, lino ple¡pmu'I
VtmoalpíJe.

¿Qnlén oaad decir q,w t a , ! , ~
Ml 1188- eepleadQr 1 kl■udll
cubren una al1111&gt; 81J1illadora, lrta,
nido de la tnlei6n J la la,....nt

inurmuramn , coro; "Dlablo!t!• La prinoeaa oonaitufa
nn admirable parlldo; en primer ¼ugar era de una bellesa radianle, de una belleza tal que cerca de ella, d&lt;,llaa y mujeree gaa(llll pu,,ofan ie&amp;B, de \in'8 anémico 7 de
ojoe •In luz; en ,egnndo lnpr ~ temlOrioa tan IOI que la8 ren'81 11.ubi-n bailado para la manulenc16n
de m,1 puebloa; -por 61\imo, era indudable que 811 marido no oe laalidlarla Jamáe. porque lll llllenlO '8nfa doneo
maravilloaoa de am!lea y de riilela; lldemAa &amp;ooala ni•
- brlllanlea y oe excedla 1 11 milma en lt. vocallTolee coneideraeionee explican qae 4 l"Utir de elle
momenlO la _capital del reino de 1A Bdlu vleoe aeud1r
prlncipeo aegllid01 de noollaB · deelumbramee, eelloree
qne conduelan un ,ren labnl~~ ~lanee y emirel - -palladoa de elefan'81 7 de bayaw,rae.
Diéro111e lleelaB estnordlnariu en que ~
lluéepede1 diapu'4ronee el lujo y rivalizaron enlllllgÍ!l!I• ·
cl6n. La prl11C8111 asiRió , ee1o1 rel!GCIJoo oon nna pme,¡1&amp; Indiferencia y cuando 811 padre fe OÚJI~ gue deletml·
naae algo, eeoogiendo en,re tanlOI dioünpidOI oandldalOI, reepondi6:
.
-Me. apena no poder aliu IMiellce""'; pero nin•
gano de 8IOI oe11oree ha eabido ~ Tod/31
·aon genlel 1in lnlerea; 10n nécloa qno cleoeal1 mla ble·
nea y mi corona; no hay uno, lo he comprobado, que me
baya mirado de o,ra manara que como 4 uaa meroancla
de precio. Pl98ero no cuarme 4 oer la oompallera, por
no decir la eeolava, de uno de eaoe rldlcnloo mamarra·
choe. Esperad, mi qnarldo padre, '8ned ~ a ; __,
vendrá el fam010 prlnclpe encanlador; en IOdo caao, para malar el $iempo . y oonoolaroe lendréll litlDlpre , , , _
lro chambelán; acaao eelé, de lanlO -raroo, en a¡onfa,
mu no ba d&amp; eolar difuDlo alln.

encanlada dei·.

Neoeel~ alannoo inllan$91 y annoé luego hacia ella.
-El cielo, la dije, 18 abn, delanle de mil ojoe. ,Porprl·
mera'Y9S.,,.
·
-SI, por primen no, repi\ió levanUndoee y wndl6n·
d&lt;&gt;me oilrlll- la mano de marllf, la eolllllaDOia noa

hLIP■ TuEBA.

LA 81LI.A Y. 1A BESTIA

811

,~

cledoll ~..
lamumoiaq,'8

:icm'lo¡ 11B iuldo

•J6

~

detlenaliilbrelu

tmllfk\

'.eJble•nn llruole¡n-

■ 1 do an llank,,
M.LÍIIIIQIIOD'.nor.

Noo JIIOPODWDOI leáejar el ú!IO faYOnble de nn Jan- de amor. nn S, mil - ~ c o n anhelo ln4nllO.
X. llbacicmes .. l1108dleron oondemuiada lreoaeaeta•
lt. ooa.......&amp;6n ex-1va, onimailfllm•
elevó al
mejor grado deentaef:emo;el pnnnme-,,,;,-denrllami•
~ 4 cada paoo
can:ajadae, pilOI de
lJ:uM;I• a-.,ia: baalamol nn mido do mil demonloo.
Jll e■beoa era DD votoin, la oen$la , pnnlD de eelellar·
enravladOI ......- ~ la lm en lbÍ
.
. -joll ....neotanoo q• piaban en •priobOIIB
NOCloaee; Indo
rico muebla]e del (Jalé :oobNba é1l
derreclor m!o; :,o m181DO -.bfa-nder de mi Ji,reo- •
aal -bllida&lt;L laa plernaa oe i...i.tan , _ _ el pe., de nn can,bro donile aa ogllaba la '8mpeelad.
En M oon la copa rebOBante del oltampallr, en la ma•
no, gril6, miB ami8"I' •Porellal Por la rabia - ·
~ me eaparal• SI, beWmoa lodoa por Alicel ";8"

.=,

•rooaa

es:-

Y mi lD8IIO ~mola llév6 , loa labioll la birvlen'8 bebi-

"':'.;:e'.:;

U DO á uni&gt;, 101 prlnclpee deepechad01, oe ..iraron,
muy hendoa en BU amor propio y enfadad01 de haber becho 1!111'°' considerablee sin el máB ligero pro~o. Su
única ooneolaclón filé, para cada 11no, haber eldo recba- .
rado como IOOOB loo olroe. y no haber vlMO preferencia
por nadie. Ra¡¡reeabaD aviD81'a40B del carácler y la ODI·
nlóD que ahora lenfan de la princeaa, le era,_ mnoho
menoo favorable que el dia de su llegada. AdmirAbanoe
de que eo la hubi- llamado La &amp;114, como si fuele la
10la mnchacha bermoea de la "\ierr&amp;; enimaban 111 talen~
k&gt; vulgar, au conversación sin brillo, aua ap&amp;itodee llricu comunes; no tenla más que 81l8 im,ortan'88 riquezu; ··:«Y, bien1 ···oea 'Iºª
reepeclo 4 eellB la ideo de los prelendienlel DO babia va- di~ un di&amp; ila pnboesa, deopuéa de un dóo amorooo,
riado; persistían en jmgarla con complacencia, y habrian el 1,oven eenor, que acaban de de•P'!larae de eu oabeza experimen'8do un placer sincero en adjudicárselaa.
de,.oeo ytenfa enire 109 mll.llOBSO diafru per!!imado.
La prlnceBI ee burlaba de !u hablillM y rumoreo ma:-i Ah! respondió L'l. Bf!l.li,, decepcionada. Esto ea ho,.•
licioeos aobre en conduela y BU caracter; abfa que ata mble! Mae na hnbiP"' valido ser bestia que flngirlo. Yo-•
d,,maeiado bella y demaaiado buena para hacer la alegría estaba del tod.o decidida á. acordaros mi mano cuando voe
del hombre que amara y eaLe pensamiento baetaba á me o~~Mie vuestra pata. Pero ahora .. , .. .-... Todos mil
mantener en sus labios una eonnsa maraviHosa. Sin em- c~mphm1e!}to8 para vuestra piel, querido mío¡ lo hicí..,
bargo suspiraba un poco, el príncipe encanUdOI' se bacía . tieis muy b1en.1J
esperar demasiado,
Y se faé á encontrar á su padre, que acababa de ganar·
Pasó un ano. IA Bella permanecía insensible; no obs- so o,~ partida de pókar.
tante, un rey de Eitipto acababa de malaf'l!e por amor á
RoHÁN Cooixs.
ella, después de ha~r cometido cierto número de locuras

·;~·;;;¡;;·~--~·;;;;;¿~

·~

(111: Elm.■ DK Voe.)

Yo amo la■ beH■e lloree que DO han .ido
toaallaporlamano
de mdle; 7 me p■re'l8 9ae ee BU eeencia
mnobo má ..,.. oaanclc&gt;
no _,.,..i,,a. Olllénlanoe aáD ergnidaa
· aobnt 811 prODlo tallo.
Dejad tao """"' al ñ,eál f - l e ;
• deDIIO 80 • nido amado,
dejad loe paiarllloa que oe arrollen,
_dejad en pu loe ooraronee oHt&lt;Jo.
¿En alguna ooaal6n no habéie '8Dido
·
COIO0 un eapejo el claro
y profundo raudal de limpia fuente
onyo recodo blando
seln apacible oon amor eombrea?
·
vuee1ra:imagen acaso

~-,hrela mea demirmoL
Vtmonoe, leedije, y ..U .... mi tan.laempaa6 , ,.._
&amp;ar por l'l!ldoneo - - : ..8:ria-; nep.roa ea OOD•
falo uopof no e é - vilioDell Impalpable-. movléndoae ffllipnOIIB; semi alao da ignoloa oomp,ílleroo de la
~ que liaban....,. 7 ltrrOjaban IUllft freeoor oobre
D1l8 · - oálidaL

Jw,Qr.llmiM,

"°"

d a ; ~ ~ t a o ~ el vallo da baoarú rod6 ea
Al!, pnee, onando La. Iksli4 andas ta:oo elaéevlialenwde poa8I' aohre el de ta priJlOl!IIII""
do, La. 1kUa jnzgó lnoponunu enfadmee y ..., •
•
oe deJ6 hacer,,Y onando dlp que oe dej6 ~ . entlendÓ
'l"" oe_1o volvió.
Eale .,. original proalgnió por mnobaa nocbel• La. JI,;
11a eolaba muy enamorado de La B~~faé 'la no le&amp;igo y có:l"'!de eeoenaa
con,
moredorao; 1181111
que el jardín oe casa 4 veoeo oon el
eorral ...... LJ Bella qae babia re¡,huado dellilatloaamen·
'8, loa hombreo 1 eno hom:.:\:¡ lltl!rla muy :oolnnlariamente, LJ Be,oo y á sr•d•dee ..................: ...

1Rle, di-lelir, qne el IDdlldi&gt; ~
noveelllD~déblouey!IÍ'IJ
el blae6n da mil lriun!oec~p,#

• Y OODMIDl'kl l""I!&lt;)' la Jo,en rabia, ¡ la bl.... - uva, ohjelo ele mis euuelloel Oún bella - b a con 811
llojll bala lila, inclinada -,Jm, una peqaella - ,. meditando delanle de tao ))llalnaa del libro predileclO: taeepe1&amp; cabellera dorada, ea¡iarclda por aobre loo hombroo, cn'brla 1aa ■obarblaa lonnaa del pecho; 111 llna upalilla de
Ferry dejaba , la vlBla la media color de carne, que oprimfa lae tomeedaa panlOrrlllae.
.
¡Jamú babia vino nada mú arrebalador· lenla delanla hermoanra •11 lll1KlÍleelaci6n eopléndi&lt;Ía, lenladoral
En mi analedad, dudaba si era ella realmen'8 6 '81 vez
un Ideal, una fanlalla, la exoeloa creac16n de un alma de
poelll! ...... Abl 11,-era ella: yo oa lo ........,.
El ealón eelába bailado de una !ns pálida, oomnolientu1 de, lOB enormea cuadloe ae dMteeeban penonajee 10mhn01 en ademán de eocuchar el diálog&lt;! de amor qno iba
4 empesa!'F· Por una ventana enve&amp;blena, el aire agita,.
ba el cqrmlaje qne el ~jo del frenle repródncla en forma de mODHrno ébno; loa amorcillos del cielo.raeo-me

A UL'l'llaTU■U
lfo e1 m -1ie ala lln, helal1a, lntrfe,
Loqaeme~en\~...-.
8lnci el m i - de ........ dolóteo
Do laaban brazo , biuo -ricia , maene.
Dl01 qnlto 11■11 an v e l o ~
Y enél ~ Uvldoo---,
~ el o a b é ~ ~,:;:¡"" hóu,,,.
Ah! qae oi el hombre Bin dnlclr .muriera

o ..... DO dnloe lecho en n,¡ palaoloa

Tn fu ..1ee1e y m Inmortal a...,;;;¡.:'
la humanidad oe 1Dléldan enlera·
Y la $lern, lin alml\, en IOd
l!ooarl snoda, ababdonada,

Ti

CAB1.o8

1

A.

SAL.lVBIBY,

'°

BeWn! pira el"•mor no hay imposibles.
Lo mleiñó qne las palmu
á vecee nuestnu1 almas
se encarnan , dillanciaa i11crelblea.

•
••
Te morlaa por él, pero ee lo cierlO

·
que pas6 \iempo y liempo, y no te bu moerlO.
OAJl1"0A.110&amp;.

�DOMINGO 14 D"E MARZO D"E 18~7

EL MUNDO

172

EL D.L~TE EN :MEXICO.-Los discurserq,;.

E;[, DANTE; .E;N M.E;XICO

VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTINfA.)

Un tranvía de los ferrocarriles del Distrito me condujo
con parsimonia y seso á las oficinas de Satanás. La Yerdad es que aquel agitado viaje, comiendo en malas fondas--que esto ni en el Infierno mejora-y durmiendo en
lechos más problemáticos que loe de los grandes hoteles
de México, me tenía calenturiento y débil.
Anhelaba un poco de reposo y conversaciones amenas
con el patrón de aquellas regiones, que, á pesar de su aspecto vulgar, debe saber mucho, por viejo si nó por dia·
b10, 6 por diablo si nó por viejo.
-Tan pronto 'de vuelta, Don Matías? Qué ha visto us ted de bueno por ahí?
-Diré á usted, los suplicios que he presenciado tienen
más de cómico que de trágico.
-:--Seguimos en esto el espíritu nacional.
-Cómo el espíritu nacional!
-Es claro, Don Matías, cuándo ha visto usted que los
mexicanos tomen algo á lo serio?
Es un pueblo de Qromistas. Porque no me negará mted
que hasta sus pronunciamientos y cuartelazos han sido
bromas de muy mal gusto ........ . ¿Qué toma á. lo serio eea
gente? vamos á ver: ¿La Religión? Pero si no saben ni
lo que creen, Cumplido. Se va á misa lo mismo que á una
logia masónica, por fantochada, por vanidad ó por costumbre... .... Se habla de política por monomanía y se
trabaja maquinalmente, por necesidad. ¿Dónde están los
hombres de convicción? No me vaya usted á decir que en
el peri(!dismo porque le pongo una lavativa de jabón ..... .
¡E! penod.ismo! ¡Bueno eslá el periodismo!. ..... Se habla
mucho, pero mucho de los grandes problemas sociales. y
e_stos Be: gastan de puro viejos sin que un pseudo-editoriahsta amerte á resolverlos¡ se defienden ideas descabelladas, por capricho, por necedad ...... ni siquiera por rnteré~ propio, porque para el chantage, sépalo, Cumplido de
IDIB entretelas, se necesita talento; se inventan mentiras
burdas, se calumnia neciamente al compañero cuando
gana más, et voila tout. Ese es su periodismo de ustedes ...
¡Y_qué ge1_1te recluta) -.A.~tes se decía: 1cEstudiante perdulano, sacristán 6 boticario, u hoy hasta los sacristanes y
los perpetradores de carmelitanas son periodistas líricoembusteros-mmtimentales ...... Los I\Ue escriben algo que
pueda leerse son pocos y tienen que defenderse de una jau-

EL DANTH: E.r."l" "hIEXICO.-Los licenchulos.

{"Íade sietf:mesinos, que ladran á. to_:lo lo que es levita limpia y sentido comun ...... ¡Uff, amigo, uff!. ... . .
Y Satanás estornudó.
-Yenga usted, continuó, venga usted por aquí cerca y
verá el suplicio á que he condenado á todos los. habladores, á los que gastan la palabra en infiernitos, á los que,
desde una tribuna, desde un periódico ó desde una cáte·
dra, pronuncian apotegmas fantástico@ 6 necedades sentimentales.
Y cogiéndome por el brazo me llevó en un santiamén á. un salón donde muchos individuos alineados
frente á otros tantos fonógrafos de bocina, escuchaban
sin cesar sns propias arengas_.
Allí estaban los patrioteros que excitan al popul~cho
con estúpidas palabr.ts altisonantes, en las fi~stas cívicas;
allí se hallaban los par;amentaris1,a~ en embrió~, q~e P!edican jacobinismos del terror, ahora que las mstituc10·
nes se basan en la conciencia del país y no se bnmbolean
con el airecillo que agita, al pasar, una sotana; ahí
se encontraban los. que tras de ca,fa banq11ete infligen
vilipendios !mngrientos á. la palabra, para adular las orejas de 110 magnate; ahí se veían lo,3 poetas melenudos
que asaltan Jas tribunas para rim~r majaderías. de c:t-jón,
ante una multitud que no sabe m qué es patria, m qué
es libertad ni qué es derecho; allí 1 por último, penaban
los frailes presuntuosos que envo lvieron en. metáforas,
recortaron con Plipses y estiraron con paradoJas, la palabra de verdad, para proporcionar frívolo pasto á esa aristocracia romántica que exige para ir á los templos que
el gendarme retire á la gentuza, porque apesta y lleva
rotos los vestidos ...... allí está.han todos los que han be ·
cho del verbo infiernitos de pólvora y luces de artificio,
cariacontecidos y gestosos, con e~pción de D_o~ Joaquin Redo, que escuchaba con deleite la repet1món de
sus brindis pintorescos, echando sólo de menos los cal•
dos respectivos ..... .
-Venga usted, venga usted, exclamó de 1;1uevo el jefe,
y empujando una puerta, me mostró en la cintura de una
roca, al borde de un precipicio, á una.~ cuantas docenas
de amordazados.
Estos, me dijo, son abogaios, chicaneros y parlanchines, sofistiqueros y ladinos; aquí están todos los que pro•
ba.ron que lo blanco era. negro, los que desde la barra de
la acusación lanzaron anatemas contra reos inocentes por
lucir la fuerza de eu facund(a y la energla de sus após·
trofes; los que desde la barra de la defensa, voc iferaron.
sincf)nvicción en bien de un pillo q11e les pagaba mucho;
los agentes del MinU,terio público queexpect&lt;?r:iro1;1 foimidables requ1s1torias con•
tracien pobres diablos,
con el único fin de que el
Ministro se dijt:se:
-uEste muchacho es
de provechan ...... todos,
en fin, todos los que en
nombre de la elocuencia
y en virtud de la ambición, conculcaron los
fueros del derecho, los
fueros d.el deber, los fueros de la conciencia!

•••
departalD.ento

EL DANTE EN MEXICO.-Los a.utores de medicinas de patente.

De un
inmediato llegaba. á ruí
un rumor como de fuen•
te surtida porgruesa linfa de agua. Satanás leyó
en mi rostro la curiosi dad, ymurmur6:
-Los envenenadores!
Venga usted á verlos.
Y fuimos.
En amplia corriente de
agua se debatían, bañados por grueso chorro
de .... medicinas de patente! los intoxicadores
de la humanidad. Los
médicos de todas las épocas. Del espacio llovían
píldoras, .pastillas, cápsu.-

las, y de un ~ran·canal de hierro, emuleionee, aceites,
ungüentos, vmos, emplastos, cuanto la fantaaia ha inventado para explotar, intoxicámtola impunefllente, á la
humanidad.
Nunca un castigo me parecio má.~ idóneo que aquel,
presa de una exaltación impropia de mi carácter flemático, exclamé:
-Rabiad por los siglos de los siglos!, descomp'lnedores de estóma~oe, altt:radores de bílis, envenenadores de
sangre, casta infame de forjadores de píldoras homicidas y de dinamitas higiénicas que habéis· causado· más
males que la P.i1.z Europea ... Ribiad por siempre!» Trás la
cual antífona, Satanás y yo tomamos una taza de choco-

r

late.

( Continuará.)

ETERNAS.

Quedóse para siempre
vagando mi tristeza
dentro del alma herida
por un dolor aleve:
,
como un huérfano aroma
de virginal pureza,
cual pájaro que agita
sus alas en la nieve.
La musa de mis versos
tornó la faz soro brfa
y altiva desde entonces
mis dudas no consuela:
huyó de mis estrofas
la trémula harmonía
y su himno apasionado
no canta Filomela ..... .
De mis recuerdos gratos
al mágico conjuro,
surgieron de la sombra
mis cándidos amores:
y ví tu rostro de ángel
tan pálido y tan puro,
cubierto por las rosas
de tímidos pudores.
Y al sol de tus pupilas
hermosas y eerenas
que el llanto de la ausencia
tal vez obscureció,
tornóse en blanca aurora
la noche de mis penas,
se fueron los pesares,
mas la tristeza no!

Y ha sido desde entonces
mi ilulce compafiera,
de todos mis ensueños
y mi dolor testigo:
y así dentro del alma
mis novias, cuando muera,
al fondo del sepulcro
podréis bájar conmigo!
J89i.

F. Tiraorna.

Háblame más ...... y más ...... que tus acentos
me saquen de este abismo;
el dia en que no salga de mí mismo
se me van á comer mis pensamientos.
CAMPOAJlOS.

DOMINGO 14 DE MARZO OE 18.a-,

EL MUNDO

'73

-Tenías un complot preparado contra tonce!=, á falta de su persona, tenía nna reserva de buenas
mi, decía, cuando lleno de confianza yo p'.llabr&lt;l..~, de buenos consejos, de afectnnsas demostram(dirigía· á casa de ella para tomar una cione!:',
Ganó una reputación de bondad, de criterio y de pntinocente taza de té.
La Señora Fourneron eRcuchaba levan- dencia· se convirtió enel oráculo de los unof", la pro\"itando los hombros y amenazando con el dencia1de los o·tros y una autoridad para todo?. Pero la
casa que amaba con predilección, la casa donde reinaba
dedtt al recalcitrante.
-Paearás el trago, le decía. De m:is le- como autór.rata, era lade su sobrino Fernando ])uvernoy.
Ahí la hacía de bienhechora. No había casado ella á
jos he llevado á otros al pie del altar.
Fernando? :So fué merced á sus enérgicas reprimendas
Y en voz baja añadía:
-¿No ves ú Fernando lo feliz que vi ve como rompió él con París donde vivía, el diablo sólo sa-,
be cómo? Xo se encontrú, gracias ¡1 ella, á Elena de Aucon su Elena?
-Feliz, feliz, repetía Jacobo; no me bian en su camino?
Elena de Aubian, huérfana, ·educaba. con maternal ;'8r·
opongo á ello, pero recuerde usted que
los hebreos se dejaron de la roano celeste nura á un hermano menor que ella algunos año~; acaso
y echaron de menos las cebollas de Egip- habría rehusado casarse para consagrarse á él, si una ire•
sis.ti ble vocación de marino no se hubiese revelado en el
to.
Entonces la Sel1.ora Fourneron se en· adolescente y si Fernando no la hubiese dicho:
fada.ba no admitiendo que se tuviese la
-Mi casa será siempre la suya si usted me hace }agra•
mellor duda sobre la felicidad de las unio- cia de aceptarla. Felipe encontrará en mí un amigo, un
nes que ella había aconsejado.
verdadero hermano.
Casar á los unos, bautizar á los otros,
Bajo la influencia de la tía Fourneron, deseaba él apaenterrar ú estos, ver nacer á aquelloe,
sionadamente serle agradable á Elena, encontrándola coconstituía para ella un círculo de ocu· mo la encontraba tan linda, con sus ojos de un azul propacionesexquisitas que parientes y amifundo, sus ligeros cabellos de oro pálido, su alta talla gra•
gos estaban obligados á proporcionarle. ciosa y fragil; y sobre todo, tan sencilla, tan dulce, tan reElla escogiá. los lutos y la ropa para el posada, euemiga de lc,s caprichos, de las intrigas y de las
futuro niflo, ella discutía con la comadro- grandes _pasiones.
r a ó con el enterrador, enloquecía á los
Elena vaciló largo tiempo, dudando de sí misma, te•
médicos con interrogaciones múltiples y miendo no saber retener en la tranquila vida del hogar
no había proyecto de matrimonio del cual doméstico á ese parisiense recientemente convertido.
no recibiese la confidencia, ni un enamoPor fin, después de largas indecisiones cedió y no tuvo
rado que no implorase su socorro; sabía motivos para arrepentirce. Era plenamente feliz desde
la cifra de las dotes, la edad de los padres hacía dos años, cuando dió á. luz una niña.
en linea directa y en línea colateral.
El día en cuestión, era, pues, día Ce bautizo.
Cuando desees casarte, acude il la tía
La t'ia Fourneron, resollando recio, atareada, corría de
J'ourneron.
una pieza á la otra, abría los grandes armarios, sacando
Ese incorregible bromista de Jacobo porcelanas de Saxe, les crista.les y la vieja argentería.
parodiaba así los mandamientosdeDios,
Por donde quiera reinaba la agitación, la zambra inhecon gran escándalo de las piadosas se- rente á esa clase de fiestas, pero, en la cámara de la joven
ii.oritas de Lezines¡ pero qué podían las madre, todo estaba tranquilo y silencioso.
bromas 6 las buenas palabras contra una
De codos sobre sus blancas almohadas, mhabaellacon
influencia tan bien establecidai
una ternura infinita al bebé, todo envuelto en linos yenLos bromistas ·estaban con Jacobo, los cajes1 que dormía á puiío cerrado, en su cuna.
serios con la señora. Fourneron. Ella
Por la v·entana abierta, entraban 1a brisa de Abril y los
1
aconsejab3i dirigía y juzgaba én último olotes de la primavera.
Elena aspiraba con ;aelicia ese aire embalsamado. rnn.
caso.
En otro tiempo había sido casada, rica · emoción de alegría inundaba su corazón: ¡Ah! cuán fácil
y joven¡ las bancarrotas se llevaron la for- es·ser feliz y qué dulce es la diéha!
PRIMERA PARTE.
tuna, la enfermedad al marido; los años, la juventud; sóLa sombra de una tristeza pasó por sus ojos: tres meAquella mañana, la Señora Fourneron se sentia extre- lo los gustos por el derroche y el lujo permanecieron. $es transcurridos ya desde el nacimiento de la querida
Esos gustos, ella no podía satisfacerlos sino en casa de pequeñuela y aun permanecfa, ella, ]a madre, condenada
madamente dich0€a .
Hacía que preparasen la mesa para la comida del bau- otro; en casa de otro solamente, volvía á . encontrar las . á la reclusión y al reposo.
comidas suculentas, los caballos, los coches¡ pero para
1 ismo, conferenciaba. con la cocinera, amonestaba á las
La ceremonia del bautizo había debido ser diferida
j\Jvenes sirvientas, dirigía toélas las coeas á su antojo en sentarse á esas mesas ricamente servidas1 para montar para esperar, con la8 vacaciones de Pascua1 la llegada
la casa de su sobrino, el pintor :Fernando Duvernoy.
ií. esos trenes, comprendió bien que necesitaba. e.rea.rae de•
del padrino, ese hermano tan amad!), ese Felípe de Au ·
- j :--;ueetra buena tía Fourneron! ¡ Eea excelente tía
rechos: esos derechos fueron los buenos oficios.
bian, retenido por los estudios de la escuela naval. Oh!
To oficiosidad convirtiúse para ella en una profesión sobre este pullto ella se mostró firme, resistiendo :'i. fas
Fourneron!
Así exclamaban, en un concierto universal de a.laba.n- Iucrati va; se hizo oficiosa como se hace uno abogado ó lobjecíories de a madrina, la Srita. Aglaé de Lezines1 y á
z::i.s, no solamente sobrinoe, sobrinM, primos y primas,
médico.
las observaciones de la tía Fourniron. No, Do cedería;
«Usted no piensa jamás en sí misma, buena tía ]:'ourt-ino los amigos, los enemigos, los extrafioe, la ciudad
era preciso que Felipe sacase de pila á la. preciosa chide Pontarlier toda entera. Porque era de notoreidad pú- nerón; usted se olvida de sí misma por los otros, decían quilla. Además, eeperaba estar de pie, curada¡ esperaba
blica que la Sefiora. Fourneron: se mostraba para tea.os las gentes de corta vista. Modérese usted, porqu.e se seguir á la i'glesia al dulce cortejo y tomar su· parte y s•
Rmigable, oficiosd, maternal, como decía ese pícaro bro- mata.n
sitio en aquella. cara reunión dE:&gt; familia.
Ella.-nó se.moderaba en efecto, sino en las ocaaionee· e:e:
rnista de Jacobo de SommereF, que no le perdonaba que ·
Ahora bien, Felipe había llegado la víspera; el bau~i•
que un pariente pobre la llamaba á su socorro; pero enbubieEe por tres veces pretendido casarlo.

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

174

zo debía celebrarse dentro de algunos instantes, pero la
voluntad del viejo médico la retenía aún en su lecho ó
en su chai.ae-longue,

- :-fo, no, mi querida enferma, seria ut1a imprudencia;
usted no puede aún ni salir ni andar.
Y de aquel arresto inexorable, era de lo que la joven
madre se entristecía.
En aquel momento un golpe muy ligero hirió la puerta. Una voz níaacalina que se suavizaba al suplicar, murmuró:

Tafilbién hizo fracasar la perapiciacia de la señora
Fourneron y realmente creía en su curación próxima, aún
cuil.ndo sus fuerzas tardasen en volver más de 10 que había supuesto.
Un poco de anemia, había dicho el médi.co.
Esta palabra tan dulce de anemia, que oculta cosas tan
graves, adormecía las inquietudes y arrullaban las ilusiones de todos los que la anu:1.ba.
Por fin un día pudo levantarse y apoyada en el brazo
de Felipe dtscender al jardín.

-¿Puedo entrar?
-Sí, sí, dijo ella vivamente, con un rayo de alegría en
los ojos¡ entra, Felipe.
l""n joven de dieciseis años que llevabr el traje de los
educandos de la Escuela naval, penetró al cuarto, de puntillas¡ tenía entre sus brazos un enorme haz de lilas.
-Las he cortado para tí, Elena, ¿las quieres?
Y como se aproximase al lecho, ,ua le tomó la cabeza entre las marn~s, y mirándole hasta el fondo de los
ojos:
-La querrás mucho, le dijo, no es verdad?
-¿A quién? preguntó él sorprendido.
Ella le indicó con un gesto á la niña.
-Ciertamente la amaré, pues que es tu hija y va á ser
mi ahijada. A propósito, ¿qué nombre le pondremos? Te
has decidido por alguno? El tiempo urge. Aglaé, como
tu prima Lezines,_ su santa madrina, ó Fllipina, como yo,
su indigno padrino? ¡Dos nombres muy feos! Pobre chi·
quilla. Un nombre feo es como una etiqueta grosera que
le colocan á uno sobre la frente. Yo amo los nombres de
flores: Rosa1 Margarita; 6 más bien, pues que es bautizada en el tiempo de las lilas, si quieres, Elena, la llama1-emoe Lila.
Ella dijo sonriendo debilmente:
-Lila es lindo¡ ¿pero qué dirá nuestra tia Lezines?
No hay Santa Lila en el Paraíso.
-Bah! Santa .A.glaé y San Felipe bastarán para la protección celeste; déjame llenar con ella mi primer deber
de padrino, que es el de pone1·le en la frente una linda
,etiqueta, elegante y perfumada.
-¿Y la querrás? ¿no serás celoso?
-No seré celoso, aunque bien comprendo que va á robarme una parte de tu cariño; la más grande, la mejor¡
la amaré en tí, te amaré en ella. Bendigo á Dios porque
te envió á esa niñita en el momento en que tu hijo grande va á partir.
Después, viendo el terror maternal que pasaba por los
&lt;&gt;]os de la recien parida1 y reprochándose la emoción que
le causaba:
-Oh! exclamó, esta partida es bien lejana; no pensemos en ella¡ pensemos más bien en hacer aceptar á la
madrina el lindo nombre de Lila.

DOMINGO 14 DE MARZ DE 1897

quienes la ternura fraternal sea la afección dominante:
Elena era de estas.
Ese niño á quien había ,,isto crecer cerca de ella, le era
caro infinitamente, y ahora que se convertía en hombre,
se sentía orgullosa de él, orgullosa de sus brillantes estudios de oficial de marina, de su belleza, de su audacia,
de la franqueza de su mirada, de su conversación alegre.
Le parecía ver revivir {!,l padre tan largo tiempo llorado.
Ciertamente amaba con ternura á su marido que no la
contrariaba jamás y no la comprendía¡ per.o adoraba á.

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II
l.l'ué llamada Lila, no en las fuentes bautismales acaso,
-pero en la intimidad del ho~r.
Yanamente la madrina, la señorita de Lezin.e, insistió
para que el nombre de Aglaé fuese preferido¡ todos los
,otros miembros de la familia se ligaron contra ella, sobre todo M. Duvern.oy, que amando como artista todas
las cosas que salieran de lo trivial, pronunció como Ultima rrttio que el nombre de Lila le agradaba.
-Quiero dibujarle-dijo-armas parlantes.
En efecto, cuando se decoró la camarita que la joven
madre llena de gozo organizaba al lado de la suya, para
iustalar al niño, el artista pintó sobre las blancas tapicerías, sobre las maderas, en todas partes, graciosos r~mos
de lilas.
Complacíase en esta tarea de la que Elena se mo!ffra.ba
.reconocida.
El tiempo de las vacaciones pasó para Felipe, ese afio,
&lt;:orno pasan las horas benditas de las cuales se guarda to•
da la vida un recuerdo conmovedor.
Aun cuando la convalescencia de la enferma fuese larga
y algunas veces el viejo doctor tuviese sobre la frente un
pliegue cuidadoso, nadie pensaba en inquietarse. Elena
permanecía sonriente y á las preguntas de su marido y
de su hermano, respondía invariablemente:
-Voy muy bien, ae los aseguro á ustedes; me cuido
por exceso de precaución; siento que cada día vuelven mis
fuerzas; pero como soy muy prudente, no me muevo
aun.
Esto es todo.
Los dos hombres se dejaron engañar.

ces de hacer reventar de envidia á Pantagruel de Gargantua.
«Tu me estimas demasiado, Eegún lo espero mi querido
muchacho, para pensar que es de mis bodas de lo que
se trata. ¡No! ¡No! Yo he tenido la fortuna de despistar
haeta hoy loa satánicos complots de la tía Fourneron.
c,Buenas luchas me ha hecho; el otro día me hizo acorrerla porque había caído de un coche¡ como comprenderás, no cayó sola; iba con ella una viuda encantadora, pero no me rendí¡ el expediente, de verdadera ópera comica, es ya demasiado viejo.
u Yo resisto á. la viuda y resistiré á todas las huríes del
profeta si me piden que las lleve :.t la alcaldía.
11Ese funcionario del Estado civil á quien yo venero
sinceramente, me hace el efecto de un jarro de agua fría
luego que una mujer me habla deél.
uOh! esa _tía Fourneron! La casamentera rabiosa! Dios
padre hará bien en prohibirle la entrada al paraíso, si desea, como se afirma, que los hombres permanezcamos
célibes.
uAsí, pués, no es de mí de quieri se trata, sino de un
amigo mío, llamado Leódice Martín. Se casa en Brest con
una de sus primas; debe poseer tambien alguna tía contra las maniobras de la cual no supo guardarse y me ha
pedido que sea su gar(Jon d'hon_neur.
c,Con una imprudencia indigna de mi edad, instado mucho, he consentido. Parece que ese:: puesto glorioso de
[J(irro1t d'honneur encuentra dificilmente candidatos. El
celibatario se haca raro con esta m.anía que tienen todos
de casarse; con la leche en los labios. Los reiractarios1 los
que desatan todas las redes en que se les envuelve, si no
se en.san con la mano derecha, se casan con la izquierda.
La libertad nada gana con eso. En suma, el infortunado
se encontraba en grande apuro y acudió á mi solicitud.
uEs un gentil muchacl10, muy chic, muy hiyh lije, uno
de mis m,is agradables conocimientos en el mudo parisiense. Yo quería complacerlo, agrad9.rlo, y prometí lo
que quirn.
11;:.;i. mipequeño, prometí:el acontecimiento era aún
muy lejano; se cree neciamente que lo lejano no llegará;
además1 yo soy de aquellos que no detestan los proyectos, que adoran los viajes en perspectiva y que, llegado
el momento ...... En fin, si hay que oír la confesión entera de tu viejo y respetable primo, te diré que tengo en
estos instantes una aventura imprevista cuyas probabilidades no quiero abandonar¡ los aueentes siempre pierden, ya lo sabes.
11Por solícito que sea yo, ya compranderás que no voy á
.atravesar la Francia cuando la caza está abierta, cuando ......... cuando ......... cuando te11go mejores coRas que
hacer aquL ....... ¡demonio!
uPílades. en ocurrencia semejante, no hubiese hecho
por Orestes más de lo que yo hago en este momento; él
le hubiera escrito á su pequeño Felipe:
e&lt;Ocupa mi lugar, esto, casi no te molestará; hazme el
,servicio de acompafiar á la vicaría y al Registro áedeimbécil que se deja casar. Acaso te diviertas, acaso te adjudiquen una seílorita de honor aceptable, que responderá.
modestamente á tus ensayos de conversación: uSí señor¡
no sefior1 0 enrrojeciendo mucho de su atrevimiento. A
tu edad, se debe amar aún á esas pollitas, pero para un
viejo zorro como yo .. ...... . que pobres liebres!
Envíame rápidamente tu consentimiento, espero que
no tendrás el corazón demasiado desnaturalizado para
J"ebul!;ar 1i un pariente apenado, esa prueba de respetuosa
deferencia.
uTe eetrecba la mano.
J AOOBO

Las vacaciones del joven marino iban á espirar¡ unos
días más y se iría¡ dos aflos más que pasaría sobre el buque escuela y luego haría su primer viaje marítimo. Entonces vendrían las largas separaciones y las angustias
mortales!
¡Cómo sentía ella en ese momento toda la magnitud
de eu ternura y el amor-casi como el que profesaba á su
hija, por aquel joven que partía!
Ciertas muj_eres han nacido para ser madres, otras para esposas, otras para ~ante&amp;¡ aquellas sacrifican el hijo al marido; estas el marido al amante. Hay l)OG~ para

Felipe qae la C.&gt;ntrariaba frecuentemente y la comprendía siempre.
El tiempo de la escuela naval transcurrió para Felipe
ain incidentes notables.
Esperaba con impaciencia la orden de su primer em ..
barque, cuando recibió de Jacobo de Sommeres la carta
siguiente:

1,M.i viejo Felipe:
u¿Te agradaría ser gar~ d' honrumrJ ¿Sí?Pues no tienes
más que decir una palabra; te prometo unas bodas capa•

DE SmDlER&amp;s.11

P. S.-A propósito, en tu casa van bien, tu ahijada
balbucea y aun cuando su vocabulario sea reducido1 no
por eso se admira uno menos de la elocuencia de sus día-cursos. Su padre la adora tanto que se vuelve idiota.n
Por el correo siguiente Felipe respondió:
((Mi querido Jacobo:
uEstoy por completo á vuestra disposición y feliz por
presWlr á vuestro amigo el ligerísimo servicio que reclama.is de mf.
11Deseo también prestaros ese servicio á vos personalmente, cuando la hora del \riunfo de la tía Fourneron
haya sonado, y esa hora eonará sin duda alguna.
«En cuanto á las sefloritas de honor que responden enf"Ojeciendo: nsí eeilor, no eeñor,l) censtituyen en la hora

EL MUNDO

presente, como los plesiosaurios antidiluvianos, una especie perdida. Las jóvenes de nuestro tiempo eon sabias y amigas de disertar, capaces de ponernos en aprietos, de los cuales no c;iem pre salimos bien.
«Si yo encuentro en el fondo de la vieja Bretaña á la
ingenua de las antiguas novelas, bendeciré mi buena estrella, y me caearé y ,ros seréis mi gart;on d lzonnmr.
&lt;&lt;Esperando esto, quedo todo vuestro: enviad á vuestro
amigo.. T~ndr..i buena acogida.
FELIPE.&gt;1
La visita de S tn 1\.fut(n no se hizo esperar y la inteligencia fué rápida ent1 e los dos jóvenes.
-Os estoy muy agradecido Señor de A,ubian, del servicio que consentís en prestarme.
Parece que nada vale ese servicio y sin embargo, entre
mis numerosos amigos ninguno ha tenido la abnegación
de venir ú. fastidiarse durante cuatro 6 cinco días.
Los amig._is pariE=ienses, mi querido Seiior de Aubian,
son unos famosos cobardes; si les proponeis que ós sigan
illás allá del café Riche ó el BJsque, desertan. Es cierto
que los amigos de provincia no son más valerosos. Yo tenía la promesa de vuestro primo de Sommeres¡ pero él,
cuando menos, si falta á última hora, proporciona un
reemplazo y yo no pierdo en el cambio. No lamento,
pues, á los malos amigos que me han engañado y mesentiré muy orgullorn de presentaros á mi noviayá.mi futuro suegro. ¿Sabéis que me caso con mi prima? ¡Oh! un
matrimonio de conveniencias de familia: no soy roman·
cesco. Además, conozco á Valeria desde la infancia· ella
es dulce, sencilla, buena bija. Yo no amo á las mujere~
complicadas, y vos? Solo que os pido para todos mucha
indulgencia. ¡Ah, no son brillantes! Han vivido siempre
en provincia. El tío l\-fartín 1 todo ocupado con sus nego~
cios, que á fé mía prosperan ........ .

Ideas a.bsurdas de muchacha.! Desgraciadamente mi
tío, por otros motivos, se ha declarado contm mi. Ama
su i•it[(i y tiene placer en recibir ahí á sus invitadoE.
En suma, querido sefior, si os dignais el lunes próximo tom,ar el camino de fierro y descender en la estación
de San Thegonnec, encontrareis un coche y á vuestro
servidor que os esperarán.
Se levantó y despuee de haber una vez más dado las
gracias á Felipe, un poco más calurosamente ,de lo que
las &lt;"ircunstancias lo exigían, se despidió.
Felipe de Aubian a la Señora Elena D1n•mwy en Pontarlier.
ttMi querida hermanita.
Alea Jacta e1,t, que quiere decir en buen francés que voy
á ser gar,ón d' hann'!ur de un señor á quien no conozco.
ttTu debes tener por Jacobo la explicación de eete
enigma. El me despacha :i uno de sus amigos, un guapo
muchacho de veintiséis aii.os, muy chic, muy elegante,
demasiado elegante y demasiado chic neas: muy adulador también, el cual me abordo, y me habla poco menos
en este lenguaje:
¡ Eh/ Buenos dí.a.s .~n1or Cuervo,
Q11í: guapo e1stá usted.

Qué buen mozo me paree,'.

Yo no tenía en mi pico un queso 1 pero hubiera podido
tenerlo sin inconveniente alguno, porque el diablo ,me
lleve Ei roe dejó hablar una p3labra.
«Vino luego una tentativa para de1:lumbra1me con la
enumeración de sus hermosas relaciones en ese mundc
donde no penetramos nosotros, los pobres as.pirantillos
de marina, destinados á vivir como salvajes en lejanos
países. Yiendo que no me producía deslumbramiento
ni envidia, cambió de gama y entonó un himno en honor
Aquí M. Mar ti n hizo una pausa, se frotó las manos una
de la prosperidad de la casa Martín. "C"n poco más y
contra la otra, hizo sonar su lengun contra sus dientes y ·
me hubiera hecho palpar la cifra de la dote, pero no camiró á su auditor, esperando sorprender en sus ojos alrece de finura y bruscamente se interrumpió.
gun signo de envidia. Pero no vió smo la política resignación dde un hombre que escucha una historia &lt;lema·
siado larga, en la cual no toma gran interés.
-He &lt;libido fastidiaros con todos estos detalles de fami:ia; pero vamos á vivir como amigos, casi como hermanos, durante algunos dias1 y es conveniente que nos
conozcamos bien. Vos, señor de Aubian, vos sois de
aquellos áquienes se adivina de una ojeada¡ la carrera que
habéis abrazado tiene pordivisa: itlfonor, lrabajo, intrepidez.u
Basta vero$ para comprender que no faltareis á:esLadivisa. Pero nosotros, gente de fiinanzas, gente de bolsa,
somos más dificiles de penetrar. He aquí por qué, puesto
que me haceis el honor de asistirá mi matrimonio, procuro explicarme con vos.
Yo soy lo que el mundo llama un buen muchacho, pero soy tambien un hombre honrado en todas las acepciones de la palabra. La mano presta siempre á estrechar la
de un amigo ó á cruzar la espada con un adversario¡ (todos lo saben y me hacen justicia.
Ah! yo he teni~o de esas r.uestiones de amor y de esas
cuestiones de hónor! En fin, todo eso ha pasado, me or•
deno, puesto qus me caso.
Dios mío, es fuerza que os prevenga: Yaleria no es una
hermosa¡ algunos os dirán que yo be sido tentado por los
bellos ojos de su dote, pero me desolaría que me juzgase
mal un hombre por quien tengo tanta simpatía y tanta
estima.

Me caso por dar gusto á mi padre, en primer lugar y
en segundo para estrechar los lazos que unen la casa
l1artín de París á la casa Martín de Brest; pero me caso,
sobre todo, porque Valeria me ama: tiene por mí una
adoración tan vi va, tan profunda, que la pobre muchacha se moriría de seguro si yo la desdeñase. Hablo con
un hombre de honor, vos me comprendéis, caballero.

Y ahora lo he dicho todo. Mi matrimonio se efectuará
dentro de ocho días; se celebrará en el campo, e~ Keroech, donde mi suegro ha hec'1o construir una villa.
Yo hubiera preferid,&gt; á Erest; habría i.iJo mas cómodo
para todo el mundo, no es wrdad? Pero no han querido
ceder á este respecto.
Mi di[unta tía está ooterrada en el cementerio de Keroech y le parece á Yaleria que su madre, desde el fondo
de su tumba. nos bendecirá.

11:~t-~~~1
..,4,

-ª~,

'"':&amp;; -

v
):,-..

uEntonces se mostró buen muchacho, dedic{rndose á.
los intereses de la familia, casándose con una prima por
que tiene por él una vi va afección.
nY bien, que te diré yo, hermana! Ese señor no me
agrada y he lamentado haber consentido en servirle &lt;le
gar,ou d' h011:new·.
uEn fin, acabaré como he comenzado: la suerte esLi
echada., y es demaciado tarde para desdecirme.
1&lt;Pongo á. los pies de mi querida reinecita Lila tocla la
admiración de su padrino:

Felipe.11

( O,,itin'-"'rá)

�EL MUNDO

-

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DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

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í!a nota ae la moaa.
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capota parisienses.

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ae flores.-'larro

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ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 11, Marzo 14</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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