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                    <text>~H:L/rfM.N

~ermanos.
El, ABOR.U&gt;OREil.

GEREXTEO~

ESPECIFICO

Antivenéreo de Beltran.

'
TOMOD

M EXJC O, DOMINGO Z7 DE DICIEMBRE DE 1896.

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,
~➔~~Concedida

en Mayo de

NO OONTIEKR MERCURIO NI YODURO
El que aubEcribé, prcfEl!Or en Farmaria

,te la .&amp;cuela

-1.e Jltdicina &lt;7,. Mé.mo

?

Oertitlca: que habiendo analizado el

u~\FICAoo

~

"BSPKOtrlCO A~'TIVRNEREO DE BELTR..L'\"

¡SANGRE!

.., ha enoonlrado ea él ninguna eubsiancia nociva al or•
,pobsmo, ni mineralee de ninguna especie¡ au compoeiriGn ea puramen&amp;e vegetal y las. plantae de que eetá com1•1:eet,o aon todu muy aaludablee y muy apropiada&amp; para
~h cmaci6n de laa eníermed:idea de la 'IIBDgre.
.A. pedimento de 108 Sru. Beltrán Hermano,, doy el pre·
fl-ate en México, , 25 de Enero de l&amp;l4.

EL MAS EFICAZ

Que se conoce en l.. República.
56 AROS DE EXITO.

Eeta medicina, además de ser infalible para curar cualquiera enfermedad que tenga por cauaa la impureza dela sangre, ya eea heredada ó contraída, y eapecialioonkt
lu úlceras invtJteradas, tiene la ventaja de no sujetar at
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicaree ,
aoa ocupacionea¡ pudiendo, adem'8, haceJBe la curacióa
en llbaoluta reJerva aun de la penona m'8 allega.da. Su
eficacia y méritos no necesitan eucomianse, pues au aao
constante durante mitl! de medio siglo y su venta oa:la
afio mayor, son claras manifeat.acionee de 101 excelen•
resultados que ae hau obkmido de ella; recomendaci&lt;&gt;aindudablemeñte superior á cualquiera otra.-B&amp;LT&amp;ÁJI,
HKIW.\.1'08•

DEPOSITO:

Ch■,,arrla

Eugenio l. 7O'Ull-3ainl.

19.

A11•ru•o num•ro , • .,_

MEXICO

l). .~CBO PAIIA VP'US POR MENOR, ~ DBL Rzl.oJ1 NUJIBRO

R,

B.UOII.

Mosler, Bowen y Cook,· Sucesor.
(talle ae la Glcalcnia número ~f.
.A.NTES EN LA. LA. Jlel CA.LLE DEL &amp; DE HA.YO NUH. 4.. .

eo ■ pleto

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seaini, de la callti de Plateros número 4, Méx ico, tit:ue 1&amp;
honra de participar ti. ea nnmero3a clientela que ha tra~ladado su salón de Modas para ves,idos, á la calle ót
Santa Isabel N~ 10, adonde recibe órdenes.
ÜORT~ ltl,J:aAXT Z. Y U.E l"LTI:11.A '.IIOOA,

Especlalldad en traje&amp;, pnrn no,·10•-

~el¿branao la Pascua.
D1buJo de carlo8 .Al&lt;-Ol&lt;l~.

•

NID4•º 26

�27

EL MUNDO.

410
''EL

MUND9-''

IIKllAlllAKIO ILUIITIIADO.
hlMHe 4S4.--Calle df Tib1mio n.im. 20.-.Apartado 87 ~.
ICUIOO.
Tocia. la co'"'"""ndenrl■, d•be dirl~
al eerencedeesie perl6dl.co,

:La iroacrici6o , El, MrN DO vule $1. 2.5 centav011 al mee,
oobra por trimePtffll adelanti.doa.
!fw:neroe l!tlt'ltoe, 50 cent-avos.
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Á.TIBOII:, raz6n de Is~ plana por cáda publ;cación.
Todo pa,;o d•lie .-r pl'l'ti~amentl' adel11utad11.
&amp;Ell'TllAI&gt;O COMO ARTICOt,O D ■ SJl:OONDA CLARlL

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cU Tlie Bpanieh American 11ewspa.per Company, 136 Liberiy SLNew York, E. U.,.

1:'11 ¡Jolitirn ilr í¼ltrico rn 18!HL
Al caer como un grano de ar.&gt;ns deeprt&gt;ndido de una
clép@idra para rodar y p&lt;'rdnee en la b i•lori" de loa tiempo!, el Yit'jO afto egonlz11nw, nos dPjll de ~11 pe~o por la
Tida r,11eionfll tma mela lnntino•a, que todavfa 'P""'i•te
en las v8g1tedades de la memoria, ames de eer ub orbióa
por la 81ltnbra que S'ie,·t-e la noche en lcrs e•pacioe. 1Ex•
trallo poder de la coneieocia humano el de •slir al encuentro del pon•i,uir y a1 rancar le s11A ,ecretnPl Pero mAravillo0a facultad la de convertir atrás la mirnda y penetrar en el santuario de los rronerdos, y volverá Yivir em
e:iis~enoia qn!' ya no e~ nue~tra, porqne al apsrtaree de
nueetro lado •e llevó artera.mente algo de no~tros mismos. Y frente l'f!tflB doo sombras que le aalen al l'ncnen,ro: Ja del seutido paeado y la dsl porvenir presentido,
el espíritu, in•troido en esas dos facultades que los Jógi•
cos ha.el'» pre•idir á kldo conocimiento-el acuerdo y la
diferencia-eetabl1&gt;ce sos graode, eínteeis, fnnda sna indeetracti bles premiao~. elabvra sus m,.cizaR generalizaciones, que Pn cuerpo rle ciencia ~on!:tituyen In base del
progrePo en la inacabable, imperecedera ley de la vida
eterna.
Y problemfl de vida era el de e,,t.a joven nacionalidad
hace poco más de nn cuarte de siglo; problema hondo y
fnnd~ment.al, porque en él se entreme1.claban v conÍlln·
día.u por modo di verso y en ca6L1co tropel, factores diefxnboloe y elPmentoe hf'tero({éneoi,, perteaPCientee á un
grupo humano. que en los primeros pw,op de e11 aut.ono•
mía, aparentaba ya loexplicablee debilidades, impenllll·
dae laxitndee, caneancioe extempd'ráneoa, eem1&gt;jante al
héroe del dramaLuriro noruego, herido en plena juventud
por triEte ley heredit.flria. L.i desconsoladom pl'('gnnta
que servia de e:xp!icación al programo pol!Lico colonial:
-,hay en eeta 111vupaci6n medios de existencia propia?
¿es viable e.te nucleo de eéres humunos para realiur los
alt-0s linPs de un Estado?-volvla á rtlllBCer en el fondo de
toda.s Las conciencias y renovaba laP dcdaa en todos los
ánin10P. Pera vislumbrar la tierra prometida, 111 República ha neceait.ado hacer lentamente una latga pertigrioa•
ci6n á través de la~ int.erminables l!Anuras del desierto;
para eoaLraerse á efe inexorable destino Jatalista. la naci6n ha tenido que someten.e 4 duras pmebaa. de !se qne
l1a aurgidn wmp1aday vigoroea;tan ciertotis que para las
eociedadl'6 como para los individuos, pasando por el cri,
sol de la deF¡!;racia, se a.scieude! Y nhoru, cuaodo buenos
ravo~ de sol han rlll!gado el sudario qneantaiio envolvie•
ra los horizontes nacionales, ya tene.woo razóu y ya tenemOB derecho para ocnpsr un J]tleat.o en el concurso que
ha abierto á lOll Estados la Ci vilizaci6n.

Diu ee, como hemoa ya indi&lt;:!ldo, •la agrupacjón de ~
dos loe derechoo contra el p.,hgro de un enemigo comun
que el' llawa la fuer&amp;a: lajuerw. cul derec/,,, rm,tra la Ju,r:11

*

.. *

.

.

Pero eEcrito está que IO!l latino-axner1oanos, rau 11naginati\•11 v aficionada á los altc,s -.uelos d4' la fantasía antA;e
que á la ri·ftexi6n y al au~lisis, han_ d~ procurar la reah•
zación del ensu~ilo de l\Iulas convutiendo en oro todo
cna uf.o tocan. Lógico era su poner q oe tras las palabras
de CleVl'land, el idealiscno ~e Atrope!laraen vehementes
impulaoe, forjando á golpe~ de entusiasmo º!' Congreso
Pon-americano. det!tlnado á dar fnrma práctica á la doctrina l\fonroe. Un gobierno_tomó á_sn cargo 1~ convocaci6n de tal Arnmblea v la diplome.c1a pueo en Juego toda$
!se nrmlll! de en ar!'enRI, repleto rle abnndan•e di11léctica
v copio!lll rect.órici.. Olddáronse los iniciadores de~ provecto q11e loe ínterewe llOD IO!! que ligo.ti á lo~ pueblos, Y
que el cambio de mercancfae ha sido el ':lu" ha '!ngendra&lt;.lo el cambio de idt-aP, ¿Q,w nmncon11101dad_demtereses,
qué 60hd:1ridad ,le lw~l10&lt;1 &lt;l~. ord .. n econótn1c~, qn_é con•
t.~ct.o de riqnezae púbhca~ exIStt- entre las nac10nahdndes
Jntiñ~am ..ricana..? Apenllll no grupo de p_oetas de?S~t'n•
ti~tllll ha rot-0 la~ fronteras purn compartir sus misuciamos y b&lt;'ber en la misma copa el opio de SU!! enaueiloo,
Afectos platónico~, Pimpstía~ idt'ales. comercio de e.iLrojM, tdficoe de ripios: h" aqui ,t r.odo lo q11e ~e redu~ el
material que había de een·ir de b~gazo ti la industria legielativa pan-1m1ericaoa Y con tlllee elen,entos, el proyecto debla iracnFar y [roca~ó.
En bases má,, •61Idae ,., apoyan las rela~iones soste_nl •
dBl! entre Mél&lt;.ico y loe Estados Unidos; nm¡¡una nación
como la nuestra en aptitud de apro,•echAr eeaa corritmtes,
que en forma de prod11cto~ utilizAblee para nueetro progre.;o en aumento, de cap!~!\le~ _incorporados. al trabajo
nacional y en forma tilmb11•n ~e msLruct1voe 11¡emplo_ ¡&gt;a·
r., nuestm nacieute deruocraCJa, no.q llegan de la nac16ncol0Ro. tfo es mucho que en la resolución de ijll8 problemas interiores fijemos allí nuestrAI! mirad11s, ~nando del
carácter de esta re•olnción dt&gt;pende buena Muma de loe
nue~trot!· no es mucho que 111 ca1upaña ell'Ctoral de la
Unión Aniericana baya tenido su reeona~ia en nue~tra
patria, donde, propsgilndose _en ondse, v10nen á repercutir esos rudos encuentros eoc,ales en el acto más tra~cen•
dental de los pneblos regidos por instituciones republicanas.

0

•••

de fo fuerza.•

Han tenido eet.a~ palpitantes tragedias patrias, eetos
giganteecoe esíuenoe para romper las férreas ligaduras
que parecían condenarnoe á lJl quietu.I y el reposo de loa
eneu,ñoe búhdicos, enérgierui reacciones, saccdimientoe
pod.er011os, informad06 y nutridos en la trabajosa labor
de Is lndependenci11 nacional. Ya est-&gt;e protoplaamas de
pueblos, como llamara 11n día Emilio Cl\et.elar á loa gro•
poe dieem i nadoe de este Indo de acá del Atlántico comienzl!.n á intt-grarae; Y" se ~,,. en ellos iniciandÓ e!I.II
labot preliminar que pre India la coneolidacwn de la libertad, como nna !unoión de la ley onivereal de la economla d,; la~ fuerzas; yn loe primeros gérmenes de ideas
sembrads.a por gloriosos ilusoe en el \'Seto tnritorio de
la República, bau 11mpei,ado á eet.tlllar b11jo la tierra que
conserva todavía las huellas de conmociones volcánicas
empapada á trechos de e ingre y agriet.ada por la sed in'.
mens20 del aga" de los &lt;lielos.-AI aalir de la rnda .ncba
que· 11.Bfgnrara eu segunda independencia, la naci6n se
~ penenad.o de la _en¡;rema inj11e~icia de que fuera -victima, Y á la evocación de eue desdiohJis, una idea-madre
una idea de propia conservación, ha anidado en tod~
loe eepíritus Y ha fermentado en todae lae concieocias:
la que, l11nz11da por el Presidente de la :&amp;&gt;.púltlica del
Not1e, ha tomado forma adecuada á nuestras cirennstanciaa hiet.óricas en laa declaraciones contenidas en el mensaje presidencial de 1? de Abril, referentes á la inf.erpretsción de la doctrina llfonroe.
Para nosotros-y lo hemos escrito en eeta~ columnaa
con ocasión de este debate-ninguno de 101! actuales Jefes de &amp;tado del continente americano más autorizado·
para alzar la voz en defema del principio de la li0bet11n!I\ nacional; ninguno co•,io este t&lt;11oldado de la democracia contr:s, la uaup:ici6n extrsnj_era, primero, dellpuéa como Pree1de0Le de una Re-púbbca que recoJociendo loa
derechos age•oe, ae ha hecho acreedora al reconocimiento de @ua derecboe propios,&gt;-La doctrina Monroe Bllf
interpretada, no constituye un acto agreai\'o haci~ ln,,
nacionee de la vieja Europa; no es un cartel de desafío
lansado á la raz. de pueblos a1wgos, no ee traduce en ac•
l.!&gt; alguno que tienda á IIDStraernoe de la eolidaridad que
hga il todos loa Est.adoedeJ mondo civili,ado; no ea eae estr~cho criterio que eepirn .á •~a 't'id.n trulloada 6 incoxnpl.,ta de la tribu primitiva que se inmoviliza en ea terruf!o: la doctrina americana eipreaada por el General

*

DICIEMBRE.

1896.

De ese modo hemoa d:,.do eoloción á ono de los problemaa más arduos y erizados de dificultades con laBc
que aun en países mejor preparadoe que en el nuestro
¡:,ara el ejercicio de la libt!rtád, se ha trop~zado en. el,
funcionamiento del ecíragio pupular.
En tales elementos apoya1a la A.droinieLmción que
comieuza ~us tareas en las postrimerfas del año de JIIDti,
la R~pública eépera poderosa infüu,ncia de nn poder público que ha sabido allanar los .obetáculos que le hansa•
lido al encuemro, y realizar la l1an~forruaci6n de un
grnpo yacente en los últimos peldaill1&amp; de la vida eocial,
para hacer de él una nacionalidad i,n pleno periodo de
desarrollo.

Ha J&gt;Odido ese gigantesc~ o~niem? dilapidar ~ndes
cantidades de riqueza soc111I con la rne11sta~c1ahdad de
nn hijo pródigo; las brechu abiertas 1\ su bienestar son
prontamente reparadas por la colosal tarea emprendida;
la sangre que m"ºª será bien pronto reEtañad!l y en los
propios eleme.ntoe qne determman eue dolenc1a.s, ee e~cuentran Jap fuent.es da su salud, el bálsamo que lo punfica v lo salva. No p.,demoe, no, nosotros someternos á
esa dura pmeba que marchitaría lae primenia floraciones
de nuestra lncipiente prospe,-idad, que, como e~aa plantas
de invernadero, ha menester todavía d.e no ser expuesta
á la intemperi~. A. est11e plllntas tropt?Bles, un brueco
cambio de temperatura las ~ace l11n~U1dl'Cer ~uaod~ to- .
davfa no circuh, en sus arterm~ sulle1ente eavu\ de nd11.
Así como al consumarse la epgunda república francesa
aun flotaban en In caldeada atmósíera tltomoa cüspel"l!03
de: principio revolucionario, difllodido, como dice en
oradc-r contemporáneo, por Tbiera en sus historias_, por
Qui ne~ eu sus disc•ueos, por lleraoger en PUB canciones
y por David en eqs cnadros¡ as( del fondo de nuestra de•
mocracia ~urgían las mal extinguida!! llamBradae de nnes•
t-ro~•incendios ci,.iles, amenazando nuevamtlnte devorarnOll c,:in eu beso de fcego.-Pero ya el pafe ba ea! vad_o
e!B dietaocia que meclía entre laa colectfr1dades hnndldaa en las primeras eta.nas deJa vid.a so:ial, eAtrecha y
míeera y las nacionalidades modernas ll~dss á.eu postrer ~{odo de des,nvolvimiento econ6m,co.
Todavía hace veinti&lt;linco aiios hubieran caido como
una ducha de Bglla fría sobre el cuerpo di' un febricitante
lu aignientes palabras¡ desprendidas del I~f&lt;?rme del General Día,, 11eerca de os actos de su admmistrací6n en
los JlfrfodOE conatitncionales comprentlidos entre 1~ de
Diciembre de J88! y 30 de Noviembre de I89fl:-•Los
pue'Jlos pobres no pueden, en _general, ~ instruiree, ni
moralizan!e' cuando no yacen 1nerte8 ba¡o el yugo del
despotiamo.' viven en lu estériles agitacíonee de la a_nar•
quia; ate:::tos á. las. diflculiades del presente, descn)dllll
preYer las eveutuahd.a dea del porvenir; lea están ce.si por
compli;to vedadas la autonoxnía y la libertad y con mayor
razón la democracia y la República; impotentes ó débiles
contra el enemigo exterior, lo son también contr~el !l»emigo interior; aus gobiero&lt;?B 80D ineets~ies y carobiad1zoe,
inca{)Jlcee de prote¡zer la vida y la.propiedad, y, ó acaban
por ,er absorbidos por un. pueblo po~ros!', 6 se consumen y deeaparecen sin de)ar en la b1st.or1a otra huella
que, á vecee, la.•de 811 miseria y 9118 snírimieotos.•-Estas verdades, expuestas con tant.a valentía y en las qne
encontramos ideas sastentadl\ll en estas columnas, nos
dan :i conocer la clave del movimiento evo1u,i vo iniciad()
pa.ra la República en eetos últi1?3oe alloe. .
Pero si la nación no podla 01 debía arrt!ll'g,\r 80'!_ con•
quistas á !OR embates de una gran _con.m0&lt;:16n política, ,
nnadee~astrl'mendascríeis que las mstLtuc1ooee democráticaR imponen necesariamente á loa pnebloe que por ell~a
se tigen; Bf podía. y lo ha hecho, agi-uparloa que.aoeotroa
bemoe llamado el.-mmtoo &lt;1rlirm, los que repre,,entan lasun:a total de los intereee8 nacionales y basar en ellos le.consolidnci6n del poder poblico. Y esto es lo qne hemos vis-to realizarse. Testimonio de este aserto es el. bat1quete
de Abril orgsoizado par promint!llt.eB peraonahdadeedel
mundo de loe negocios, en honor del General Díaz, manifestación altamen~e significativa, puesto que ella da á.
entender-dec{11moe entoncee--el abeolut-0 acuerdo entre
la ndministrnción pública y los hombree. directa~ente
inte.r8!!sdos en el ensanche de la prospe.ndaa nacional;
rnanife3tacionea repetidas en laa di ver.!88 excursiouee be·
'chae por el Jefe del Estado á variw, "eotidades_ politicas
· del paíe, y en las que eRtae han wmado pa.r te activa, y fae.
tuO!!a.

•*•

Todavía es menester qne estas institnoinnt'B ee ajuuen
á Mest¡ro eetado social, parn ello ªtl ha iniciado ya en
nuePtro C11erpo Legielatt vo uua eeri11 de rPbrmes cons·
tituoionaleg que será sometida á di8c11ei6n en l'I próximo
período parlamentario. LB Constitución de 1857 lué creada en medio de grandes agitacio,,eP pol!LiCIIB, y lo1J hombree qne en ellJI int,enin.iernn, de81Utnbrados por las
crl'acioues de momento, ar~raios por sus nobles im•
pnlsoa, l!11gestionado9 por los grandes ide11lea, hicieren
un código, no adaptable á loe rediu11dos ciudadanos que
en torno suyo se agrupabnn, sino á la medida de héroes,
tales como en eu conciencia loe pr..eentían. Eran adali•
dee de unn gran idea, porta-estandartes de noblea senti•
mient!ls, ~ro perdieron dll Viijta 111 tierra, y al colocar
eua princ1pioe en el cielo, firmaron un pacto de dioses,
no una obra de humanos. Y r.io p11dieron hllcer otra cosa; ha sido menester ona gran suma de hechos agrupados para hacer de ellos una Pímesis severa, y ofrecer sin
hipocresías á la conciencia público, loe puntOti negros
que tnchonnu la deslumbrai.te blancura de nuestra República.
Las reformas que ee i!'ician, y dA lM que ya se ha dade&gt;
cuenta en nuestras columnas, tiendi,_n, unas á concordar
anículoe con'!l.itucionalee qatl par.-cen en abierwi pugna;
o~ras, á reprímir vicios soci"l~s que nos exhibPn coxno
una colectividad en estado permanPnte de agreeión¡ otras,
á ha.cer de nueatro ej,~rcito una inetitnción lf'l?,il y bien
definida, qne no nece,iite de 111 ocu!La c'aza d,:l l1oml,r~,
ei.,mpre expuesta á aer 1rniqui1nda á ~olpes de amparos
v sirviendo de materia prima á politica,itros y leguleyos
para la elaboración de actos sensacionales. Si la na·
ción necesit.a. del ejéroito, qne es nna fnprza con determinados fines dentro del Estado, era tiempo ya de reorganizarlo y robustecerlo con la sanción de la ley y con el
acuerdo de loa cindadanoe.
La leva, que ha sido nn procedi111ientodecivilizar grupos refractarios al progrE'l!o, allegándolos á los centros de
población y poniendo ante ellos un cuadro de nPcesidades eati~feohBS, no pod(a eer, no era nn p•ocedimient.o
justificado de re&lt;1h1tación militar¡ ni los hombree arrancadoe por este medio del centro de loa boPqne~, el mejor
mat.erinl para formar ,m ejército. El servicio miliiar obligatorio es de alta justicia, ¡mee si debere~ tiene ,.J ciudadJmo para con su patria, naturol es que uno dl' !'!!toe primeros deberes sea el de e9tar prepararlo á ddenderl11.
Antano, se necesitaba nnmer&lt;ll'o cuerpo de ejtlrcitn y es,e no bastaba para las necB.l'idsdee de defensa nncional.
Podría ap1icáraéle la íraaede HerodotQ á la l!"ª" falaogt1
pel"'B:· "Son mucboe hombree, pero pocos eold:idoa ,,
El trabajo obligatorio en las pri~iones em 01 r,1 necesidad, ya que sobre los elementos &amp;anos pelll\b:111
Llrdos, yqce del fondo común babia que apau:1.r el valor
de la sub~istencia de ,eres que no devolvían 1&gt;n forma de
productos benéficos los aaorificios para ellos n-clamadoa.
El aentimen¡ali•mo penal ha. hecho ya sn ca.mino; en
el día los únicos que mereceu compaei6n p,ir pu tl;, de
los hombres huxnanitarioe son las víctimas. Dd nq•1í que
la sopr81!i6n de la pena de muerte, por 11n mnrn,mto recomendada por altruistas desconocedores de la verdadera moral social, permanezca todavía en loe codigos y qne
á ella acudan todos loe paíe8!1 ci.,1lizados en s11 tarea de
eliminar los miembros pe1'11icioe0ll del organie1110 colecth·o. Poro la collJ!ervacióo de la pena de mllt'rte no quiere decir qne ella eea aplicable á todos 1()1! 6r&lt;li?ne~ de criminales: la sociedad ha abierto su cuenta cr,rrimle nl a,-.
lito, y en ella va anotando las partidas que le fon favorables 6 adversa•. Se gradúa el delito y se grad1fa la pena: á
tal cantidad rhl rulp11. rqJ r.anti,llltl d.e CJt.•tigo, y dentro de este
crit.erio la creación de penitenciadas, como la q11~ dentro de poco eerií inaugurada en eata capital, e8 n na necesidad ingente recomendada. por todos los criminalistal!I
modernos.
Ya que nue,tros hábitos batalladores nos presentan
ante el mundo como nno de los agregados menos coexistentes .,n el c~ncepto pereonal de la justicia, ya q11e hay
que esperar un ensanche en el concepto de derechos y
deberes, transmitido por la inetrncci6n pública, qne al
meno, podamos contar con eetablecimientos penitenciarios dignos dd un pueblo progresista.

r

"~ºª

..•*

)&lt;otable e.s Is tmn@forma&lt;li6n ocurrida ".TI el pafe en el•
ti:anscurao de este at'l.o en materia financiera.
.-\.penas salvada la crisis que en el afio de 1893 noe puso á 181\ puertas de la bancarrota, y cuando todavía se
experimentaban temores de un desequilibrio fiscal motivado por una fuerte depresión en los impnes\o~; cnandoal terminar el primer año de nivelacjón entre l,ll! gasto&gt;!y loe ingresos pilblicoa, cerrado el afio económioo con un
.i1pm1bil de máe de cinco millones de pesoe, ee banpod,do suprimir lo,i descuentos que pesaban sobre loa eaeldoa
de loe empleados públicos{ particulares, y elaborar un
presupuesto que 1111Ciende cincuent.a mlllonfs, con un
sobrante calculado tímidamente en veinticinco mil peBOII,
y qne indudablemente SllCeoderá. á una surua mucho más
elevada.
Con este programa cierra el afl.o de lS!l(j, uno de los
máe fecundos y provecbo.soa para la patria, qn,i confiada
en sus elementos vitales, eepera yo la claridad del afio.
nuevo, q•e á ~andar esclarecerá. nue!tros horiY.ontes.
CARW:; Di.u DUF6o.

27 Drc,IEM:BRE, 1896.

411

EL MUNDO.

dad profllJlda di' snP f'O~brae invita á las nflex10·
nee nobles, grandes, tierna, y Foil.adoras ..
Y lo que Jo hacP. más
admirable, aparte de lae
ricas flores IitPrariea de
Bll talento pródigo, eon
eue Sf'lltimientos humanos. Frent.e á él hay qoe
dejarse arrebatar y ee i m•
pone grande y amante t.al
como se presenta. Como
un hermano.
MAmo GAllCT.\ KouLY·

POETAS MEXICANOS.
Juan d• Oloa P'eaa.

S11s obras lo revelan. El
re,•ela 8118 obrae.-Leyendo sus et'Uofas ~ll ama al
bombre. - Tratando al
hombre se aman sue es•
trofM.-Es uno de loe po·
coa casos que ofrecen la
literAtnra y la poesía.
En l\íadrid, en París,
en la Habana, cu.ando el
volumen, la hoja peri6dica 6 el álbum, coloca ante oueetroe ojos 6 trae á
CURI08ID1DES
nuestro pensamiento una
de las exquisitas ~ noblemente labradas mapira•
El inventor de la dinami!nciones de Peza, nne,¡tro
anhelo de conocer al poeHan sido tantos y tan'8 es infin.iio. Lo adrniratas la,, explo@ionea de dimOB tal como es, porque
namita ocurridas recienla entrevietB con +'I au,or
temente, quemuchasperde los C&lt;mt-0-, d,l Tl,,gtir no
aonas han llegado á peTha tenido rectificación alsnadirse de que la fabri•
r.1ºª á nuestro retrato
cación de esui poderoso
ideal: generollQ y viril,
e:rplosivo debería abolirawable 'f con fiado. sugesse por la ley . .A menudo
,ivo y digno de todos 109
destruye la vida de aquf'.
besoe que la Rima ha pollos contra quienes ee ha
sado sobre el mármol roempleado, pero ca•i con
111 de su frente bien dila misma !recueocia ha
bujada. LM frases por
prodocido fns tei-ribles
ligeras&lt;t,ne sean en el d ..s-efectoe en contra de loe
cuido de la conversación,
mismos que lo aplican
tienen ritmo y el alma la&amp;
confines sinie~tro•, com,o
eigne prenuida á allas cosucedi6 caa11do Norcross
mo á eee hilo de oro (de
atac6 al oapitaliFta Rnsque habla :Meet) imoosisell Ssge d., N~" \" ork.
Siempre que esta com•
ble
romper.~EI franco forjador de rimas es
poeici6n dl'!&lt;truct.orll. se h"'
lambi6n un cincelador de
empleado con mima malvadas 6 vengati\•as, hay
períodos.
¿Qué es m:\s admirable
un bom brll q 11e re irri.ts,
en Peza, el poetaó el homy ee aflige mtls que ninbre? El ha sido en eoa
g(1n oLTo, porque ea enepoeels.a algo así nomo la ·
migo de todo'acto de vioencamación del arte melencia. EPe hombre ea el
xicano. La edad ha salDr. AlirP&lt;lo Nobel, el inpicado de plata au cab.!geniero sueco que inven&amp;a, pero en el fondo ea el
tó la dinamita. Cuando
mi!mo qne inmortalizó á
Nobel pll~O esta maravilloa,· fuprza al @t&gt;rvicio de
Margot. La patria. el hogar, la libertad de en puela humanidad, sonaba de
blo, la vida con lodos eos
túneles que habían de
espejiexnoe del!lumbrado•
J\briree. ietmoa que corres han traído para el bart-ar, minerales que exdo.su laurel y la diadexna
traer~e de Isa mi ase, y
qne sus cieñes cilie es y
peñascos qne destruir
será siempre verde. Ninpara la construcción
11:una mancba afea el esde poertos eegoroe. No
pleodorde aus concepciopensaba él, por cierto, en
nes, así ea qne entramos
que lo3 hoxnbr~ desespeP.n sns obras oomo en un
rados, la em;&gt;learían !!º
jArdín en donde no se B8•
poner fin á su~ ~rop1as
piran más qne jazmines.
vida~. y los crimmales,
Qoédenee para otros los
en destruir lae ~ienas.
f,,ertes olnree, las eeoaa•
El Doctor ~obel es
e iones provocadoras; noe•
hombre como de 66 silos
otToe, en Pe1.a, preferimos
de edad, de mediana esSRJTA. CLl!:)(E.'H'CN'.\ ~L\Cl.l.~. DE;.r..u,;co.-Fotogral!a de ~lanud Torre1s
tMora y delgado, con ca•
Pl euave aroma del alelí
6 de la azucena.
tos de Byron. El divino cant~• n~ rr 1ydie tienle su m11- ra redonda y c11bierta con nna barba COJ:?1 Y algún tanto
En 1maépoca eicéptica y amarga como la nue,¡tra •en no á I&lt;&gt;. del divino cantor dti M ,rgot.
canosa: ojo• de un azul parduzco, ex.pre~,vn fisonomía Y
que las letra!' se han lanzado al arroyo y encenagado so
maner11s ~u•n.imente alibles y aimpátícas. Pero es al
clámide de luz ea un ejemplo envidiable, una enaef\an•
En Europa y América latin ~ tieM Pdzll a hradr:&gt;rP.s Y mi~m() tiemp ,, modesto, reservado, y trata de no llaza xnartana el' de un poeta sólo poeta querecoje la he- fanáticns. E,i todo• loi círc11loa 'literario• oc,,pau illij ver- mar la atenci6n hacia sí.
b
rencia del ~lma y de la patria, colocándola moy por en- 809 prefere11tes lugares y ~•\lao ,¡i ... mpr ➔ ft&lt;l3J,. Y ~~b &gt;•
Nobel es uno de los pocos inventores que poseen a ~ncima de tod'&gt;!I los fangos de la tierra y cel"l:B de todae zantee de vida en la •Plecc16n. E·1 el At..,11e'l :U 1•lril~i\o
Y en el antigoo Liceo JI iba 1ero fitur"' o&lt;&gt;m 1 ,,bli,{ 1cio1n dl\nte,¡ recarans pecuniarios obtenidos por sns propios
las i.rradiacionee del cielo.
esfuerzo,, puei h11n rendido pingü.es utihdadee su 48f!CD ·
Et poet.a-en el sentido griego de la palabrs-es el sa- impuesta por el mérilo t1n lo• progr~rn 1-; ~n• ml• h~rm'&gt;•
serdote augueto de manos inmaculadas en quien se ~e- sas composiciones, y ea las soirl:e$ lec ,u6.~nu lio l1a 0 ,1 • brimie11to Je 111 dinamita, m preparación de ielatLDB, Y
poeita la gr,.ndeza de todo un pueblo. Peza en M~uco b!Ulas perfomnn los pétalos roj,,s rt~ 11 ,n lah;,,~ o., 11 déci- la pólvora sin humo que lleva su nombre. . 1 no e~ el
único fabricante de es11. clase de nól vora, habiendo sido
1 Afoile.&gt;n
he. logrado'e•e prestigio. Cuando el gru~ alado de en~ es- maa y endecuílabo 3 del Autor d-e
el de..cribrimi.,nto de ella reaultaoo de una mera casualitrofas hiende el aire, todoe los ojo¡,.lo eit'D;Bn seducidos
~ mejore~ periódicos lit11rariri, &lt;l» Cub,: Et Figriro. dad. Un día ni, 1 la observación nn oficial de estadoma·
por el brillo que las alae tienen y por los ¡uego, de lnz LAJin.t,a,w. Eleyrintr, Iluslmci6tl d8 C,tl,·l, e~., se enn 1a•
yor del .,·iército [raocés nue un ejército que hiciera fuego
que matizan el azo!. Se rindb fervoroso culto al poeta Y nan con lae brillantes es.trufas de E'tlzl\, y la ~evera ll•U!·
.,_
b
1
traci6u
Es¡xi/1.Q/r,
y
.-iu~ri.crut'l,
proclama
6.rma
c
"º'&gt;
al
enemig, sin que lar ét ~ismo envue to en una ~u ':
811
ee ealnda al hombre.
.
de
hum,¡
11,•varí.i
la
venta¡a
de
tener
á
sus
contrarios
í&lt;
b
Í
b
La métrica de Peza es impecAble. P;ua él no ~~b,ese garantía para el lector 6 la lectora q,1e ·1sq•ie a,n ro'! a
la vista, ~in reqe)ar sue propias posiciones. Es pr~bable
escrito un Banville un Petit TraiJl. Pero ha ad1vmado en BU.!! satiMdas p~ginas. Y e~to sin ail ,.lir la polér&gt; 3a qne la pólvor¡l sin hnmo resultó :le esLa observación, Y
el libro qoe qniziis no haya leído y no ee desvía una lf. palanca del negocio editorial, qoe h:! bechJ dt1 au noruahor/\ la ,itilig , 11 to las 1118 naci-Jues europeas. Ll r-61vora
nea de loe preceptos del Maestro: Ovidio no hubiese tí- bre un eco pop,ilar.
·
del D &gt;ctor N,)bP.l es hecha de dinamita, ó. la que se agre·
tubeado en coacederle el premio. No le con90PmoB antePeza con Espronceda, Z,¡rrilla, Lopez G,uo(a Y B~- ga la propiedad de la comb~etión lenta. ~mpele los procesorea en la poesía castellana. Puede revelán-ele llD quer,
1a conelelación castellana de este siglo, afiayectiles crm esp:tntosa velocidad .
hermano en rimas: Campoamor; pero en Peza el vnelo diendoforman
el falgor de au brillo si d~ loi. otro,, t.tln grandes
ea mda potente y más alto. Casi. se presiente á Ten- como el; y oon Ancora, Ac•ü'h, ~ájera, \lirón, Príeto y
El D,ctnr es un cosmopolita que habla la mayor parte
oyeon.
,
tanLos otros eolea de primer,i. m¡gnit11d, con,Litoye la d&lt;i la'! IRng•rn.3 eurnpeas con igual facilidad. Su vida es
La nota viril pasa como nn relámpago, pnr la obra radiante pléyade que los ent11~i11%a.~ c~ntempla.,no, adideal. En el invierno vive entre las 6.ores de St. Remo,
-elllta v soñadora de Juan de Dios Peza. La inju•ticia, la mirados y que hacen á un p•teblo H"'ot1rae sa.L1•f.,cho y
en el m~di.,di.a de Francia, trabajando cuando le entra la
oprE'l!lón el relaje.miento moral de un timno arrancan de orgulloso del valer de sus hij'&gt;s, &lt;Unfole á p"B-u de la g111m, en a11 laboratorio. En el ,·erano, busca las sombras
Rn lira d~ oro, aeentOI' que inflaman y eetrem!'C~D- En Iwpública la mayor ejecntoría de nobleza: el talento.
y lo, t.ónicos aire.q (\e la Sniza, ó.hnce un viaje en en yate
de alúmino N',J teoiendo víncuíos de familia, ni eapo,a,
Polonia hobiese eido Kraciuski; en Espana, Qnmtana¡
Pero detrá• del poeta está el hombre qne se arielanta ni hijos, ni m·mceba, como él mismo lo ha declarado, va
en Ct1ba, Heredia. Todae las generosidades palpit~D Pn
y yi,ane ,l sn a b•rlrío, y un día se le encuentra en Pa~fs,
sn alma y todos loe sollozos euspinn en su coraz6n. Et sonrie.,te y tranquilo; su mano franca Y leal, ani,h un
bronce de s11e rim!II\ cae Cundido como de nna urna can- afl'Cto al estrroharae. Coml)1'eod" q 11e s6lo prn·ldn IIPgu y it ¡119 24 hr,l'Bs 6 ml.-1 t.atde, en B~rlín, Viena 6 San Peden te eobre todlll! lae infracciones 11. la jueticia y a! dere- á él almas dignas Y honradas. Y ese e.,co~~o •iecon6 inza ten1borg&lt;l. p JSée una bella ca11a. cerca del Bosque de Boloi'l~ en p &lt;rfA, 1,, cnal es oc•tpada por su único pariente,
cho nni\!el'l!al. !fo cólera ea en ese instante o61era ('le Je- no ha sido eog,1ñado. S,is amigos y atl•nir-tdores Ae Itasús [ quién conoció también las irae y las lágrimas.] En- man legión. Sus frasPa, en la converil8ci6n (ru.ims sa• uo sobrino q·1e ti•me dep,~sito~ de petroleum de inmen,o
len troquele.das, preci•as Y grá~cR~. So c'.'nvAiad?'! ee• valnr en el )hr O.ispio. Los Rothechilds también po,een
tonces el poeta se codea con Victor Rugo.
Pero ao pen~miento l)lal.oido, en lira harmoniosa se dnce, nítido Y ti.-rno en la dioci6n, d,;¡audo adivmar dep6,ito 8 de la rni,rna especie en aquella región, :: esos
magnates han lo'gr.,1&lt;&gt; q11e &amp;e estableciera 110 arancel eo•
aleja pronto de e,;as negrurBB que hacen d.? la ~ierra un eiempre al autor de su olm,.
La impn,eión que recibe el espíritu cuando ee b'.ll!ca y t-e la Francia y la Rusia que permitirá. la entrada en uno
infierno. Ese eielo interior.que el alma encierra nadie lo
esterii ioM mejorqu,, Peza y sns versos son girones de pu- encuentrs á Peza por primera vez, es la de •m paseo por y otro país del aceite, bajo condiciones tan favorables
rísimo a•nl desenreda.dos de :a cuerda de eu lira inimi- nn valle en donde árboles umbrosos arrullan SllS hoja¡ q•1e al firt ex:c!uid.n de esbs merc'.l.do~ el producto de los
·
ablea ¡ 1í riitJJID.llJJUl ~ptodos para ser comparad.os ;,cDll .con majestades dulcemente severas, mientras la severi- E~tado~ Onidos.

--

"ª

F,,.,·,.,~ ,

�27 DrcrnMBRE, 18H6.

EL MUNDO.

412

27 DrclEMl3RE, 189€.

EL :MUKDO

413

Las presentacion~ en este lenguaje especial son eiempre C&lt;fll y nunca ti-\" oy ti preaentarle can el aeilor Tnl.Pret&gt;énterne rrm la eeiiora Cual. Otros dicen: introducir
introdocción, por pre8entar 6 presentaci6n; y as! reeul'.
tan preguntas corno esta que oí en San s~baPtián á un
caballero ooPta• riqueno que tteibfa en .i,u casa por primera vez al Gobernador de In provincia:
-¿Paca?
·
-¿Qué hubo?
-Aqnf está el sei'l.or Gobernador. ¿Quieres que lo introduzca?
~¡YámonoP. v.l.mouosl- le dije á mi o migo. ¡ Yo no
qwero ver e,o!
Ecs&amp;1J10 BLASCO.

obb:88 el Gobernador. Don Pablo García, hizo que los traSJOS avanzaran rápidamente.
JoSe ~~uy6 en tiempo del primer gobierno del Lic.
a,anda Y ea nn .Tardln ameno, dood.i ee pasan
1 aq 1
veladas del verano gozando de verdadero

e~1:Z~ nrosas

PASO DJI LA CALLE DE ZARAGOZA.

Campeche agrade_ce al Sr. Coronel D. Fernando F. La·
~:,Ow!~l~d!er ~uebado. facili~r el tráfico entre la parte
. .danY os
rnos abriendo pasos en la mura.Un •
q ue comci
con las calles de la ciudad.
El pres~nte grabada representa eJ paso abierto en la
p_roJ~ndgaci6n1de la_ calle de Zaragoza que comunica á la
cm.,.. con e barno de Santa Ana.
Otra vez daremos las fotografías de la~ demlÍB.

UN1 .A.M.AZONA CUBANA.
Noh

"d

-

aef en ~ 8 ~c~oej:1!°m;~~a guerra separati•ta de Oaba,

cont.rar ente las filas d 1 ia_s como en las anteriores, enqne sin titubear hacen fr:t~ál~eb!r:s~~j:::;e~ animosos
zonas que comparten c 1
Id
• 'e a erae arnalidadea de las batallas. on 8 so ados las grandes pena-

°

t:Ina de eetas amazonas valeroelS Matilde \ ra
•h.
v arona es la que llo p
•
• g mon...,
- 'En la g~erra asa y r~sentamos á nut&gt;strn• lectores.
tual se preeanl111 c1:n~~~tiª~.~ll ;r/gr~ur'y en la ac~D sus tropas. 1faceo vacilaba en oíreo~eh&gt;
p_uesdto
« En sexo in·I• cnmo .- 1
•
, endien o
la jove~
111 fre~~
electuaHe una acción,
lile balas espaüolas.
e os rneurrecto~ r cayó anto

pú.s~;e

-

..,

RECUERDO DE LAS Fil-:.','!'.\$ PRE;¡{D"E-',CIALES E.'i Gl'.\D.\LAJ.\R,\,-EI Poloo!o y lu l'lu.a ele Arma,; i1uml11a&lt;los é

Aún mayor que su amor IÍ la ciencía 6 su intertl.a por
loa compneptos destrnctoree, ea el anhelo que abriga No·
bel de que reine la paz entre los pueblos. El Doctor pertenect&gt; á la i;.ocieda'd aristocrática que, fundó hace algunos
anos la baroneea de Suttner.-"La Sociedad de los Amigoa de la Paz''-pero no se bate la ilusión de que la humanidad vent un cambio tan radical en una sola genera•
ción.
-No eatoy descontento con el adelanto que ha hecho
el muodo,-dijo el Doctor Nobt,I recientemente en París,
-pero h.iy ciertas reformas que me gustaría mucho ver
estahlecídas, como por ejemplo, t-1 dl;'sarme de los e¡éroí·toe. T..as naciones 1:nropeaa tienen eoldadoe bastaotes,
teadidoa á lo largo de sae lrontt&gt;rnR pa.ra colocar tres
hombree en cnda yarda de espacio. EsLO ~e está haciendo
gr11v~. Lltgar.t el día en que en vez de ir á ~ornar té ó
calé con los amigos, dispondremos que nut-et.ros crialos
se maten unos ú otros, y convertiremoo en e•combros las
ciudades. con nu~etra !lrtillerfn de sitio, y así probaremos
11! mun:!o que enmos "graudee polenciW!."
El horror quP el l)octor Xobel Je tiene á la guerra ha
18!lllltado en parte de la láetima que li, cnuean loP p11fri•
m ientoa de la humanidad, pnes nunqne ee rico, bien eabe él que la miaeri .. existe, comprend,. que Ei lo &lt;¡ne pe
ha ex[&gt;(&gt;ndido eo preparativos para el o¡..eeinato uoi\·er..al, se aplioara á objetos pacfficoe, la raza 1,nmnna pronto lle~aría á una eituación en que lae necrsidades r la
mi2er1a desaparecerían, quedando ~nninad116 para Eiem pre las grandes cu~st.ion!'e Eociológicae.
Aaí, pues, au eoeflo se La rl!ducido á a'go como esto:
Ya que hlly hombres que utáo por la ,g u..rra, eP preciso
hacerle. imposible por los tremendoP golpea q•1e ll~ta bobría de cauBl\r, dando á cada individuo LlD tnPdi,, •~guro
de matar al prógimo sio que éate terga posil.iilida•J de
.,,5capar; crear talee instrumentos de carnicería qne no
hayo ielensa posible. 'Entonces, pme, como opilla el
doctor ee poodrán de acuerdo la.. naciones para que baya
pni; y buena volnntad eotre loa hombres.
¿Tiene razón ó no el inventor de la dinami~e.? Perso•
nas hay que deploran la existf&gt;ncia de 1m agente qne tan
g,aves males ha ocasionado. Pero ¿no si,rfo igu11hnl'nte
bien fundada Is idea de abolir el uso del vapor y de Ja
electricidad,. porque las calderas revientan, los trenes Ee.
descarrilan, loe a,ambres cargados de fluido eléctrico, y
los rápidos trolleyi c.1.u!!lln á. veces grandes estTagOA? Nos
pareee qne por Jae mielllllS razones deberíamos p dirá la
Pro,·idencia le. abolíci6n del ÍUl'go y aún del mismo ~ol.
Ee basu1nte probable que en breve ti~ILpo le sea da&lt;lo
al hombre diBJ&gt;Oner de elementos todavía. más fuerte$
qne los descubiertos haata el día. Están ya conocidos y
la ciencia sJ ocupa en buscar el medio de dominarlos. So
utilización costará iodudablemente algunas vidas; perJ
el mundo habrá de coníeeaT paladlnamen,e que loe hnm•
bree que hacen útiles y dieponibJijs ¡i¡¡tos agemes Fon
bienhechores de la humanide.d.
.J. A. McKs,mrr.

CONVERSACION
Eetoe americanos del Sor tienen un modo de hablnr
que me •acade quicio. ¡Y lo corioso es que muchos de
loa que me hJlblliI1 6 escriben del wodo que ~e verá, son
académico!! correPpondientee de la Eepnñola'
1Ab! si mis buet1oe amigos CaP,ro y Sena.no, Tamayo,
Oampoamor y Cal;l.ele.r les oyeran, habían de «dt~correspondientizarl09 (para uear un término por el estilo de
los que elloe n@an. ;
Don Fulano ea un académico correspondiente.
¿Quién lo •deeacademicorrespondientizará?•
El •deaacademicorrespondientizador ,• etc.

"'

\~n

.\I...\.J .Ut.\.-.~rcu h:VWltuJo p:&gt;r 1a Coh.m iu. .\..m.:rtt•:i.ua

•*•

La 1le:,ada deJ limo. Sr. Plancarte :í Campeche.

pi1,n10.

-No, no lmy idea de la ensal,.da ~ramatical que no 8
Pirven á diario eetoA caballeros y seffor11,R que converean•
( ellos nomen dicen hablar sino nconverear") con nosotros
todOI! los invi,.ruoF.
-¿Cómo f&gt;Bti mi ,,~enora?"
-'.\luy bieu: ;;y ueted, rní amigo?
.-Así, un poco resfriadito; con este tiempo se coge un
reefrfn en P~nída.
-¿Y sn senora de usted?
-¡Recién llega.!
Eeto del orecién" lo aplican á dieetro ,. aioieatro.-,,Racién• estuvimos lmblando de usted, le dPe{an á un aragonés amigo mío, y mi P"isano respondló:-¡Rediezl
"Tengo el honor de adjuntarle un .. jemplar de mi li•
bro,» me escribía un autor de por allá.
Ellos hacen 1m verbo de cualquier cosa y un aubetantirn de cnnlquiera otro.
-¿Qué le ha l)arf&gt;cido á n•t~d la ópf&gt;ra de anoche'? •
. Y d1oe la ee.f'iora á quien ee lo pregnnté:-¡Uua uprec1Qtlura!o
A. loe niños los llaman los •mnco~ito!'," 'lue es palabra
muy dulce. Lo,¡ ¡:,;mientas, en casa de mi amigo X, les
llaman •chiles.,,
-No los coma, no lo~ com'\-me dice un convidadomire que son muy •picoen~.• ¡PicoPos! •
-Mi marido Pe 11',antó rnny •b•,i.voo e~ta mai\ana,decfa una caraqueña amiga mfa.-S;empr~ está peleando.
¿Qué tiPne1&gt;, hombre'/ le dijP.
-• Déja rne In paz • estoy • viole ato" he perdido anoohe
un •plat-al •
-¡.\lire, eel'lor, no pndt' 111enn~ de 11carcajearmel•
E•ia ~ .. nora me com(¡ que había compre.clo en caen de
Wo,th 1111a •pollera• qne aa nna llndacosa, y sus niñne,
cu,11&gt;&lt;!0 :-e ponen colorada~. 11Jicen qne 11'!&lt; da pavo .•
-\\,nga ñ torn,1r-me nioe si,;mpre na boliviano que
suelo t'llcontrar "º el houle•:ard.
-¿A tomar qné"!
-¡A tomH! Y con eEt.o qniere decir 1i beber algo. &amp;te
mismo me 1\COllBPjaba el otro dfa qne no fnese de noch,.
por cierto.e b" ríos, porque me "embromarían.• A mi pri"
mo le embron .aron la otra noche. Y bien averiguado, ee
qne le dieron ui• µAloe nno~ ladrones.
•
En cierta oca~ivu ...e presentaron en un baile á un ae·
flor q 11e m.i o.•j·•:
Eu Am~rica lu Cflnocemos mucho, ~enor. (E~te tratamieuto de Dios ó de Rey me encreepó loe bigotes).
-En todoE los recibos hay verBOR de U9ted, sei'lor.
fLo contento que yo me p1rsel En logar del timbre ó
del sello que se pon• á los recibos en Francia, en aquella
Repúblicl\, se ponen mi~ versos!-exclamaba mi vanidad,
cuando ..-ino á interrumpirme un aruigo y me dijo:
-¡Xo hombre. no ~e b'.l. enterado usted: •reoiho• 8'J uoa
recepción, una eoirée.
¡Adios mi.e ilusiones!
¡Pues y aquella señora dof\a Encarn.'lci6n del Ecuador, q11e al bol~illo de ~n \'eetido le llamaba .\a manero.»
I&gt;e~puée de todo. por all,'i deben decir, donde e mete la
ma110, es una manera! ¡ u eaposo dice, qne le han sacado corla ,,la leva,• y qu~ no vnelv1&gt; ,t encargarle nada á
su •a~tre para que no 11 le [riegue,• E~te mismo fué PI qn..,
me dijo que no comie.se ciert.88 nvll8 porque estaban uchumina,, (es dt-cir, aLrogad~}. ,
-..
Uu mexicano me ~rio1a et mes' pasadn: •VPngo.•e á
comer; tenemos •poz-ole•'.y 1,gombo• y ut1"R •frij"Hto!!• que
Je gusuml.rt. El seiior aquel me quiere hlc.ir • ~C. .... •• pe·
ro oo liBbe qne si me poogo: .,vio!eoto• le doy •dos cortadas. \.erca de mi hacienda hubo «pron'Qncie.," pero a!
jefe le nmnrtiflcaron,, de,an machetazo. S1 llt&gt;go á eer yo
¡lo la•! Ponga en eu periódico que be perdido 110a mancuerna de oro, y 111 ealir lle una •pulquer.la, que hay en
1~ A venida de la Opera.

RECIJEltDO D&amp; L.\l:i l'IE.•TAS l'RF.r«n1-::-cr.\LE, EX •.l'.\D

d1z\'" e.e

·

~mo ~0111 complementaria haremos en
la h111tone. de algunos puntos 1· ,npor•antes
breves
ra~gop
•
de la cíudad.
PALACIO DE GOJJIEl!:SO

Se di vide en tres departame to,, El d
.
.
ocupa l,a Adoana marítima y ~ec ·.
edla 1zqmerda lo
paracio11ee.
eeJ.ta ya e algunas reEl central e.stá ocupado l.)O ¡ H A
.
Tribunales de Justicio y 61 /e
, yunta11,1ento y los
dandn á eatiefac ·6 F é unem&amp;J?te se- compuso qne0
GoberoaJ~r iic. u~i!~~li~~b~~ti~}jrente en tremno
eI?artamen~ de la derecb_e. ea el Pala~io de Gobierra eir¡1::n;1!8f:o~~!rtG:~~•sol dbsi,·oEl-etán la Jefatu•
ee hizo tod
. . . _ra e
•tado. Eo 1868
Pablo García ; 11d!~p~
G,~bernador Lio.
que le eubatituyeron.
r SI O meJorado por los
t
eab(ón de actos es muy amplio Y llena perfectamene e o Jeto á que está destinado.

PºE1eJ

:f:t:;:::eva ?J1

s¡

PL.\ZA DE tA '"UEl'E."IJESC'!A

REt:n:Kl•i&gt; f)F. I.A'i Fil!;;T.Hl PRRR!DE~CIAL'P'!I F.!i :nuDALA.
J A lt.\. - 't 1,munentn h·l·nntndn eu Iru.puato e-.n honor dc-l
~f1or fJcnera.\ Dhu

Nurstras refo1·ma para el año entrante.

:Esta plaza ae empt&gt;z6 11. co-;;
.
modelo que presentó ~l c..i stmu el niln tie 18.38 btljr, el
Y Espinosa. La decidida p~an~6nte l),,n J?aqu/11 t,lolfs
o~cc, n que le d1speoa6 á las

'up;;trn e111pr&lt;'~a e.s ,mlicient&lt;&gt;mente conoci&lt;la y o:amot; creer que excesivamente acreditada, y por lo mismo no j nzgamo~ necMit.ar
tlc rel'lnmos r•&gt;mposos para 1n11ncntur nue;-

tro n0llito. !\la::;" debemos á nueslruR fuyore&lt;'eJorPS una noticia hrevc de 1o c¡ue nos
proponrmnR hacrr, y empezamos por mauifü,,tark-; 1¡ue um"•t ro próximo tomo será. superior á losanterioret-, no sól•) por ht calidad
del pa pcl, dl:'l tipo y &lt;le los gra hado,;, en los
cuale. · se halla r.ín Y&lt;&gt;rd.aderii,., i;orp1·~as, sino
por la elegante noYe&lt;lad que i11troducimos del
obser¡uio ú nuc:,tro,i lector•·s &lt;l.e la Bi/,lioteca
1lii11iut111•a, en la que el texto y la forma serfo "electo::;.
·
'1/ fa~e t&gt;l anuncio que pu hlicamo,-i en la primera p:ígina rle uue8tro quinto pliego.
Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
1-:..,, PACIIUCA.

l'.,c,111c:1, :S ,vif'mbre 11 de 1896.
~r. 11.,11 Curios S,,r11rn1&gt;r, Dirt'Ctor General de •La Mu•
rn,. •-'1i\xic9 -\l11v P1•0or niío:
Pur co,.d11ct.o el~ lo• .;re•. Pérrz Dnllrte y ~. y 11nte eJ
Sr. Xotarin l',ilJ'i,-.o 1,. Anatr .. berto T An,tr11dt-&lt;, hoy me
}13 siJo Plltrpg.1•la (,. euma d" $/í 000,00 (I.Jinco mil ¡&gt;11eos t. val,,r ct.. l.t ¡,óliu núm itl5 :Z:?-2, b.1j,) la cu1l estuvo
a•egnrada mi tinnda madre, la Sra. Maria Guzmán de
Mejía.
DoJ ll usted _las deb"das graoill8 por la elka~ia con
ha sido ateudido eete pagn , antorizándolo_ para publicarlo.--So. atta. S. _8.-Sa/la Jfola.

qn.-

lLXCUEBDO DE LAS FIEST AR Plff!ll nEKCI.AL~ R
~'Ola&amp;C[.U.tJ:S,

"-GICUL.:i:r~~:-rlfST~·~·."±"CO
L&lt;V4""-'00lll
•
Y PllDrU"41UOll.

L,l

CALI.ll l&gt;S S.U F.IUNCUQO l'OR Loa

�EL MUNDO.

27

DICIEMBRE,

1896.

delicioso concierto, habían al culto abeolllto de mis recuerdoe de niflo, por una tranhecho aiempregrata para mi sición lenta y penosa, me traelad:iba, México, al lugar
depositario de mis impresiones de jo,·en.
comzón esa noche bendita.
Aquel era un cuadro diverso. Ya no era la f~mili~; esRecordaba mi pueblo, mi
pueblo querido, cuyos ale· taba entre extraiios¡ pero extralloa que eran mlB aDUgoa,
gres habitantes celebraban á. la bella joven por qmen sentí la vez primera pslpitarmi
corazón enamorado, la familia dulce y buena que procuporfía con bailes, cantos y
modesloe banqu.,tes la No· ró con su cariño atenuar la auaencia de la mía.
Eran 1!111 po,ad.a., con sos inocen~ placeres y con eu
chebuena. Parecía.me ver
aquellae pobreB cat1aeadorna· devoción mundana y bnliiciosa; era la cena d11 Navidad
con sus manjares tradicionales y con sue sabrosas golo•
dascon susNacimitnlo~ y animadas por la alegría de la fa. einaa; era i'lléxico, en 6.D, con ea ~ente cantadora y entu•
ruilia: recordaba la ~queiia siaemada, que l1ormiguea es.a noche en las calles CQTr'ien.
iglesia iluminada, dejando do gallo· con eu Plaza de Armas llena de puestos de dul,er desde el pórt;co el pre- ce@· co.¿ eus portales re~plandl'cientes; con eas dalcer!aa
(J'jU!ceeas que mu~tran en los nparadores iluminados
cioeo Bden, cnriosamente levantadc en 111 altar mayor; con gas, Ún mundo de Juguetl's y dr confiturlll! preciooa.e;
pnrecfame oír los armoni0!;0$ eran los suntuosos palaci06 dnramando por •us vent-.nas
torrentes de luz y de armonía. Era una fieet.u que aun
repique~ q11e resonaban e!1
me caUS11ba vértigo.
l'I ca,u pnn11rio, medio derruilcNACIO :M. A.L·:.HoUlHNO,
do, con ,·ocando á loa fieles
á la míi,11 dt'y•dfo, y aun ei,c~chaba con el cornzón palp1tanl1&gt;, lo dulce voz demi po·
L! }U.VIDA.O EX USA ESQUl~A.
bre y 1·irluoeo padre, excitándonos ,1 mis hermanos y
Al Sr. Lic.. Don VJctorl.aino S.alado A1varez.
, mí t1 erreglnrnos pronto
T
para dirigirnos á la iglesia.,
,1 fln de llegará tiempo; y aun
Aun no cerraban la tienda dll aT,os dos :r.rundoe,• ubi•
Pentía la mano de mi buena cada precisamente eu la l'&amp;qllina (le la calle del ltome·
y sRnta madre tomar la mía ro. Los dependientes no dormitaban como otroe veces,
para conducirme al oficio.
ociosos y canPados, apoyado el codo eu el abollado plati·
Despuée me parecía llegar,
llo de hi p:rbanza y el frijol, t'n tanto que el encargado,
penetrar por entre el gt&gt;n- de lacantrnn, por falta de consnmidoree, echaba un pá•
tío que se precipitaba en la n-aíocon un capitán inválido que rnt,re plática y pl,tica
bumiltle nai-e, svanzar has· Je servía de compaf'lero en una partida de dominó, en I&amp;
ta el pie del presbiterio, r
mesilla inundada de alcohol y de ceniza. Aquella noche
allí anodillarme, admirando del :!J de Diciembre, notlibn~e inusitada animación en •
la hermosura de las imáge- el vecindnrio di,I Romero, tranquilo por lo común á lai,.
nt&gt;s, el portal re!!plsndecien- nueve de l:i noche:
t,e con la e!carcha, el sem •
Ser!nn ceroo de las diez, dPj6 en In ncera an tranvía al
blante risueilo de loe pruto•
,t los últimos pll!lajeros del barrio, cargados de en•
r...,., el lujo deslumbrndor de vapOr
vQltorioe v grande~ pBil11eloe llenoe de frutas ó goloeina&amp;IO!! Rt/11 ~ 1,1au"~, y la ilumi- y aunque ·habfan sonado ya en el cascado reloj de la Bon:&gt;ción espl~ndida del altar. tica lo8 tres caartoa, parecla muy temprano.
Aspiraba con delicia el free•
No había an zag11án cerrado y veíase á lo largo de los.
co y •abroso aroma de las ra- ol&gt;scuros callejones que de la puerta conducían li loa eemas di! pino, y del heno que 11:undos patios de las CBl!I\B de vecindad, ya la línea de los
ee f'nredaba en ellae, que
farolillc,s de papel múetiamente iluminados, 6 allá, en el
cubría el barandal del pres· fondo, la alegre luminaria sobre la cnat Mltaban loa pibitE'rio y que ocultaba el ;iie lluelos que, enrojecidos por el rdlejo pareo!nn festivos
• de loe blandones. Veía des- diablos retozando.
pu{•s aparecer al sacerdote
Vefanee tras las mallas de la.a cortinas las ealaa ilnmirevestido con ea alba bordanadas de las viviendas altas. Sombras chinescas proyecda. con ~u casulla de brocado,
c.lREctnmoo DE 1....s FIESTAS PRE3IDFSCIAL.ffiEN GU.\tl.\LAJAIU
tad!ll! en el visillo, denunciaban una buena concurrenciiL
y f!'gu ido de loa ac6litos, veeKla..,kQ levantado por la wlmtln E,¡pallola.
en casa de Peredo, el escribiente y de Abnecal, el vet.erit.idos de rojo con sobrepelli- naric ...... Y no se había ofdo un solo cántico á lo Jej01!~
LA. NAVIDAD.
ces blanquísimne. Y luego, i1 la voz del celebrante, que una not¡i de las música.s de onerda, el confuso v,cerío de
se elevaba Ponora emre loe devot-0s murmullos del conloa n1ucbachos de alguna l)OSada: probablemente 118 dejacumo, cuar1do coruenzaban á aPcender lBB primeras co·
EN LAS llONTAÑAS.
ba aquello para máa tarde, pues la N}vidad es de lae nolumnaa de iuci.. nso, de aquel incienso recogido en loe ches que deben pasarse de claru en claro.
•
hermOl!oe .Srb,,Jee de mis boaqaee nativos, y que metrafa
1
El Boticario, íaatidiado en apariencia, acabó por salir
El solee ooultaba ya; lae niebla! aecendfan del profun- con su perfume algo como el perfnme de la fofancia, re· del mostrador ni dintel de la puerta. Por lo visto, nadi&amp;
do eeno de los valles; deatacábanee un momento entre aonsban todavía en mis oídos los alegríeimoe eones popu- se enferma la Noche Bnena. y ant· a de la.e doce aqnel esloa Olicuroe bo~queR y 1!'9 negrae gargantas de la cordille- lares con quP loe wnedoree de arpas, de mnndolinat, y de tablecimiento de todo tenía aapecto, menos de expendio
ra, como un rebafio g1gantet1co; d.-epuée a,anzaban con flautas, .aludaban e-1 nacimiento del Salvador. El Gloria de enlad.
Loe enormes globos llenos de agua de color, lan&amp;aban
rapidez hacia lae cumbre~; ee desprendían n1agest;uosae in uulsi,, el'e cántico que la religión cristiana poét.ica•
de IN, 11guda.a copas de loe abetos 6 iban por último á mente ,u pone entouado por ángeles y por nif!os, ncom- un inmóvil relámpago verde brui~a en medio de la calle,
panado
por
alegres
repiques,
por
el
ruido
de
loa
petardos
,
la
intensa luz de loa quinqués•chiepeaban los dorados
envolver la soberbia frenf.e de las rocas, titániCOR guar•
dianesde la montuf'la que habían ó.esafiado allí, durante y por la frpeoa voz de los muchachos de coro, pareoía de loa botes de porcelana correetamen~ alineados, urnas
de rubíes y estalactitas de onix parecían laJ grandes comillares de 11igloa, 111a tempestades del cielo y las agi,a- trasportarmf' con una ilusión encantadora al lado de mi
madre, q11e lloraba de emoción. de mie hermanitoa que
cionea de la tierra.
pas llenas de azúcar candi; adquiría brillo de espejo la
reían,
y
de
mi
padre,
cayo
semblante
1ievero
y
triste,
pa·
piedra artificial del meatrador, y arriba de un aanto el
Los últimos rayos del sol poniente franjeaban de oro
reefa
iluminado
por
la
piedad
religiOl!a.
reloj columpiaba su péndulo rrluciente; en aquel recinto
y de pllrpura estoe enormes turbantes formados por la
niebla, parecían incend:inr las nubes agrupadas en el bo•
aseado, en que nado estaba fuera de lugar, parecía refuUT
rizonte, rielaban débiles en laa aguas trar.quilae del re·
giarse algo grave y tranquilo como la ciencia y sólo inteY
deepués
de
un_
momento
en
que
consagraba
mi
alma
molo lago, temblaban ni retirarse de las l lan,1raa invadirrumpía á la armooía del cuadro, un vago olor de vale•
das ya por la sombra, y deeap..recfan después de iluminar con eu última caricia la oecura cresta de aquella
oleada de pórfido.
Loe postreroa rumorea del día anunciaban por donde
quiera la proximidad del silencio. A lo lejos, en los valles, en las faldas de Iae colinai;, , orillas de los arroyos,
veíanse repo,ando quieta., y silenciosas las vsoadae; loa
ciervos oruzirban como eombrll8 entre loe árbolee, en
busca de 1111a ocnlt.aa guaridas; las ave!' habían entonado
ya BDS himnos de la tarde, y descanaaban en sus lechos
de ram88; en las ro:zm rn encendía la alegre hoguera de
pino, y el viento glacial del invierno comenzaba á agitarse entre lu hojas.
II
La noche ee acercaba tranquila y hermosa: era el 24
de Diciembre, es decir, que pronto la noche de N"avidad
cubrir/a nnestro hemisferio con eu sombra sagra'1a y
1101,"arí• á loa pueblos cri~tianos con BUS alegrfas íoti•
mas. ¿Qnitln que ha nacido cristiano v qne ha o/do renov1:1r ~a.da ano, l'n su inf!lncia, la poé~ica leye11da del
Nac1m1Pnto de ,Jesús no siente en semeJant.e noche avivar~e los mái! tiernos rec11erdos de loe primeros días de
la vida.
Yo ¡ay de mil al penl!llr que me hallaba, en este día
solemne, en medio del eilencio de aqnelloe bo$qu¡-9 ma•
gestuoeOfl, uun en pre&amp;&gt;ncia del magnífico eapt&gt;etác11lo
qoe ie pre•E'Dtaba á mi vieta abeorviendo mis sentidos.
embargadoe pocó há por la admiración qae causa la anblimidad de la n:1toraleza, 110 pude menos que interram•
pir mi dolorOBa meditación, y encer-rándome en 110 reli•
gioso rec,,gimiento, e,oqué todas las dulces y tiernas
memoriae de mis silos j11veoiles. Ellas se despertaron
alegte5 como nn enj~mbre de bollicioea11 avejae y me
tr1ll!p&lt;1rt-1&gt;ron á otro~ twmpoa, á otros lugnrea; ora al seno
de mi lamilia humilde y piadol!ll, era al centro de populoias ciudades, donde el amor, la ami!tad y el placer en
CO)í ~nrrvo L r: L .\ L!.E ¡ 1.D.l. DE: L ILU3TR1SlMO SE!:O R P L.\)í C,\BTE A CAllPEC IIE.-Pil.ActO.DF. Goen»•~O.

27

DICIEllfBltE,

1896.

EL l\IUNDO.

415

han mlls qne unas cnantas
Afuera, la noche plácida contrastaba con el incendio
aceitun11s en la salmuera del de puert.oe y balco11e¡,. En el oscuro fundo de loe cielos,
barril, y era un ir. y venir qué esplendidas eetrellas y qné luna tan clara, tar. lenta,
conHante de galopmas qae ta11 serena, derramaba su reflejo fo~forecente, fingiendo
pedían á grito abierto.
fuegos L!tuoa en loe a1;ulejo5 del cimborrio de IR iglePia,
-MPdio de alcaparras!
recortando llll! corrtctae sombra@ allá de un barandal,
-Favor de un real de chi- aguf de un poste, más lejos de uno cortina olvidada en
les en vinagre.
un balcón.
-Don SantiJigo, échese
En el eilenció ofaner clarísimos loe ruidos, '11 grilerfa
mis slmendrae.
de los muchachos del 7, que rompían la olla a1tn11odo
Un eujeto rt@peta ble olía una atroz al baraca; más lejos, loe acento~ de o.na!etanfa,
i1 grandt'll nar,ces nn Gruyé • 10~ escandalosos J)ilo~ de agua y.,¡ pandno, y á trechoB,
re qne exeudoba grasa, un deJiindose e~cnchar In vaga armonía de un -valse que
enorme queEo rebanado sin adquiría no 11é qné tristeza á eioaa hora•, con aqlllllla lupiedad, colocaba en hondo na, con aqnel silencio, con aqu.,lla eol~dad de la calle
tompeote las dos libras de desierta.
jamón, y la media docena
Por eso quizá . Entitnio Carretones est:iha triste y se rede Alicante.
fugiaba en el dintel dt,una puE&gt;rta, abrigado y friolento,
1C6mo reeonaba el dinero fumando cigarro t.rn~ cignrro y rnlo, poaque habla el
en el cajón del cambio, CÓ· mendigo, dadas las diez, logróMnmovl'r á un transeuntemo patinaban los pelones que le alargó una pesi-ta no so~adn.
iberos de catorce anee, y qué
alegría rPboeaba en loe br1n·
dis de la cantina, en la que
todoe se disputaban el derecho de pagar, Jacint-0Hilváo
el sastre; Figuerolae, el de
la bojalaterfa. y Eustaquio
'frompa, el músico, que ce·
taba violento porqne 1\ las
die:1 habfan citado y )'I\ iban
li sonar, acomodaba bajo el
p/«id 1t cuadros el pabellón
de su instrumento, nn pistón niquelado.
Fael'On haciéndose escaeoe loa transt:untee poce á
poco¡ el primero que cerró
fué el boticario, pero alguien
aeep;nra que tree de sombrero
ancho penetraron al lugar
cargados de botellas, y más
ta1de, por la puerta entornada, fe colaron dos mujeres
de íald11s de percal y tapa'ito.
Dos dtearrapadoe, cayén•
dose de ébrioe, un él y aun
ella, cobijados con la misma
frazada, fueron loe últimos
com pradorea de la tienda.
Espoh·orearon e.n un pnmbnzo cuartilla de afiejo, desmenuzaron un chile en vinagre
y dijeron al perderee en la
sombra:
- /.Pos por qoé no hemos
de celebrar también la Noche
IU' STR!~n!O !&gt;'E:SOR rRA!\CJH'O PlA:NCARTY.-PRJNKR 0111•-ro DJ,CAIIIPF.CllL
Buena?
Cerróee poco deE1pués la de
Y he~fa frío, e,e frío de las noche¡, sin nubes, ese.frío
LA LLEGADA Dfilill,USTRISTMO SEftOR PLANCATJI! A CAMPEC;E!E,-LA CATU&gt;IUI.
•Loe dos Mundos,• y due11o
y dependientes de fieltro y de Navidad qne reclama el hogar caliPnte y alegre.
riana que flotaba en los ámbitos y hacía evocar las más saquito, caminando como &amp;i tnv1 ·ran callos, arrBBtran-Sea por Dio1 ........ , e:xcan ó Eutimio rncudiendo:iu
inoportunas v pedestres imágenes.
do loe piég, se encaminaron ra.mbo á alguna ca1!a en que entumecidas pie1 ana, y al no tene1 tntiio, como otn1e
No escaseaban loe traneeuntea, que ein querer se dete• había [rneca.
....
noches le po~6, lo que acontece á nquelioa q11e Ee hallan
nían frente al escaparate de «Loa dos Mundos,• que seEntonces oyóse melancólico. medroso y largo silbido·
solos, enteramente eoloe, cmrndo il. en alrededor palpi•
gún expresión de una vecina, parecía áacua de oro, un era Eutimi11 Carretonea, el gendarme. que en un crucero,'
tan ecos df fiesta, JlÚEOEe á hacer esos recuerdos, esos
altar, un nacimiento. Habían pintado todo el edificio; jur.to á su linterna, envuelto en su capotón, y en una buobstinados reeuHdo¡, que atrae la tristeza, esas aves qlle
hasta aquella.e eferae sobre las que se reclinaban doa aíl· fanda de estambre rojo y blanco, daba la hora.
contrastan con las golondrinas, porque no boyen, sino
fidee de túnica griega que empu.ñaban al desgaire, resbu¡,can lQdo lo que eP dolor y cuanto es bruma.
II
pectivaménte, el pabellón eapafiol y el mexicano, cuyos
Bien triet!' fS tu Yida Eutimio, en eete México deeco•
pliegues caprh,hosoe cubrían parte del Asia y me•}io con•
. 10h 11oche de N widad! ¡Yo no sé porqué se rnoja11 109
uocido, y sobre todo, en t'fta noche qu11 del ric() al liltitinente americano. AeJ ea que el aparador parUcipó de Ol?f! ouaado se la rPCuerda, y ein &lt;¡uerer, tiembla una lámo deeherecfado •e liga 6. un titimo episodio de la vida.
los brochazos y aparecía embadurnado con un color cie• grima en la punta de la pluma cuando se quieren condenDejaste loa florPcient.-s campos de Guadalnjarapani. velo tirando á verde: colgaban de lo alto triples hlleraa de sar eaa fnti roo, recuerdos en nua Hneal
nirte en busca de tral,ajo aquí, y dl'Ppn~e de no haberte
v_elae -:le colores con su heno correaoondieute, que habfa
En la fiesta del h,¡gar y por eso eri la calle del R'lmecon!ronlado el dueflo de la caea donde servías, te memdo la materia prima más usada para el ornato¡ eobre uo ro se ve(~n. laq vidrieras ilumina&lt;ias y_se escapaba de totiete á gendBrmr.
lecho de dulces, paaaa, nneoea y avellanas, parecían pas- das la.e viviendas un eco de !a alegría mt,rior.
Siempre fueron tn flaco las apariencias, y te sed.ajo un
tear DnO!l bi-reochoa con formas de animales; levant.11.banse los caprichosos envases de distintas formas y colorea
ºde loa vinos y cremas; allá un Emperador Goillermo en
vidrio azul, de busto, encerraba anleete, que tenía salida
por la perilla que cot'onabn el ca.seo; más lejos una column~ de tranaparente vidrio parecía de ambar, gracias 11,I
•licor de Ol'&lt;rn que contenía; 110 faltaba un botellóu de Je rez y hasta un Le6n XII, que por irreepetuoao contraste
era cárcel del embriagante ejenjo.
Una verdadera columnata de latas de conservaa alimen•
ticiaa eub!a ha~l.a el techo, ornada, por supuesto, con recortes y Oores de papel; no omitirem06 al enjuto bacalao,
colipido entre doa diminutos faroles veneciaaoe, ui ,l. loe
illc1tantee picklea en snscárcPles verdee y l&amp;ipr1meB d' Eil•
u en esos codiciados y amplios barrilillos de cristal que
e_nvid.ian lee señoms parn g11ardar el azúcar 6 el.café molido en la despensa; por mero lujo figuraban los duraznoa
en conllE'rva y algo mel'mada se vefa la caja de pasas, roto ya su papel pioado y ba~tante hondo el cromo, efigie
de una manola, en rl lecho de 1118 prensadas 11vaa ........ .
ei!88 pobrea Aolteronae env¡,jecidae y arrugadas de la vid.
Como enorme fruta los quesos de boln, medias lunae
las srgentada,, c,jae de mortadela, juguetee los cajas plateadas del thé qne cenía una banda de papel azul snlpi•
ca~ de gNoglíficOI!_ chinos; todo esto iluminado por ámplro reflf'Ctor, 11dqmda un a•pecto extraiio, .BafiiibMe la
1oz en el oro del coflac de cinco ceros, en la onda verde
del Pil)E'rmint, en f'I rojo de un moscatel probablemente
d_elicio~o ó !'n el crit&gt;tal parfBimo del anisado .....• Proce111ón ordenarla de botellaa it caya cabeza se v2fan el tosco
tarro del c11r11~110 v una obeaa botella de champafta con
au embre:ido eal¡li'cado de oro.
Con razón t •,doe se detenían allf, hasta quedar en el
gran crista.! In huella del vaho de los cariosoa, que hacía!! comentarios y tentadQa por el apetito penetraban en
la tienda, donde no daban a basto; la atmósiera estaba aaliuada de las fu.ertes emanaciones del bacalao; no q11eda•
CON MOl'JYO DE LA. LLEGADA. Dl!.L ILOimllSlllo 811:flOR PLAlíCAB.TK .4 CilLP KCBE.-Loou. M.A.90!110,. y Cv.ur.Tm. lru.u..u..

�27

41 r.

ThC'IEMBRE,

1896.

417

EL MUNDO.

27 DIOIEMBRE, 1S96.

EL MUNDO.

CURIOSIDADES .
.El primrr corlt~ aulqmóvil en Paria.

•

r

CO:S- ~fOTIVO D~ L.\ LL}:r.A-D.\ DELlLl'S'lJUSlMO ~filOR PL&amp;NCART1' .\ C.\MPECIJll&gt;.-Pu7.4 l'RWCI1'AL.

dfa de revi~ta PI uniforme sznl, el gorro con eup!l.flo de
eol blanco, ll\ r,istnlot!l y lus polaino•; mucho t,e perjndic6, meridional imaginaoióJ1, la IPctnra de lU¡UPllas novelas, en las que netut-0e agentes de-la policía brit!lnica,
aprehendían á un eetmngulador ú á un criminal mister1oso, y t!l., lle,•ado de eee carácter ligero que ser,I 111
rui,na, te •oileate un pvlit,mum de novela. Y te pega~te
ohaaco. Ye en.be~ lo que 8B eso de Pstar@e todo el dfa en
una el!(lnina ,1 manera de gallu, sobre nn pie, ~ufriendo
asoleadas y aguBceros )' teniendo que andar dos calles
para conseguir qn.. Je den á un vieja la~ peeef.lle á. l'einLi•
&lt;:!neo centa.,o~ &lt;'11 la 1 ienda; para enarbolar el garrote eo·
bre doscargador~a que se p¡,gan de ,11ulazoi, y resulta
q11e no ri:llen, aino que eet(n jug=do.
Y en las nocnee, las grandes hazañas se reducen á lla·
mar al orden ,¡ los borrachos Pecandolosoa de una canli·
na, y es raro el caso de oprehender á un homicida que
ha perpebrado un crimen con vulgarúiimaa circnnatan•
cias. Te ha sucedido lo que ea nat.ural¡ exlra!'las el .Ag,u,.
.i:ul. e:rtruflas el jardín de ::ian Pedro. la Otra :Banda, y
sobre todo 1t tus parientes, y eobre tus parient8f!. ,L ...... .
aunque lo niegnee, EnLitnio; ee te conoce á legnae que
tienea desequilibra-lo el cQ¡'azón.
Siempre has sido carilioeo, y por eso ¡pobre novio
_1&gt;r6digol ya que no hijo, en esta uoche no eé por qu6 lill!·
r.áa medfo tristón, t.ecaasa. envidia Román tu amigo, por•
que se fué á bailar al Poent.e Blanco y solía platical't.e
cuando estabae de eerv:icio en la noche. QuiBieras paellr
la Noohe Buena rodeado de loe que amas. y no en ana
e~uina en que sopla el viento, congela el frío y solo .....•
Dé¡ate de imaginaciones y silba¡ que están &amp;mdo hu ho1'118.

Y Eutimio paróte en el crucero y lanzó la nota aguda

y t.r1±mll..la de su silbo.to á lo, cuatro vie,uoe, cogió la linterna y empezó á empujar puerliBa; era inútil llamará loa

para que cerraran loa wguane.s abiertos, porque
en eea noche ninguna caaa se cierra. ¡Qul\ algarabía se
escapaba de todW1ellasal compás de alguna pie1m c¡ue
tocaba ya un pobre aguudor en su arpa, ya una música
de cuerda en forma ó cuando menos no plano.
Veíanse por los \"idrioe pasar á las parej11S, y en nno
la sombra obinesca de dos enamorados. de perfil.
Rl discuUa y el lo lo amenazaba con su abanico; alguien
se asomaba á otTo balcón para tirar la pnnta de un ci1sarro, poniendo en fugo á un grupo de perros que retozaban en medio de la calle, mientras q11e el gato de uno
!onda se l!Sonrr!a ~gado á la pared y desaparecía por el
respiradero de una Bccemria, y en el silencio sólo ee oía
el intermitente cbini¡lo de la luz elktrica, que il.compáe
ee oracaba ó brillaba más intensa y pecdiéndoee de vista e gendarme, campnneando la linterna que enrojecía
los bordee de su copot.Sn al doblar una esquina........ .
Yolvía de nuevo al dintel, cabizbajo y fastidiado, en•
c:endia cigarro tras cigarro y al eecupir reapond.íale el
CIIS8J'08

pndian, IO!! invitados de lascasll!! 11egurameute eetaban
en el comedor: adivinábanee p&lt;'r las vidrieras las sillas
vaoías, en deeorden, ni un solo cohete, ni un solo ra·
mor, basta que. dnda la hora, se 1&gt;scuchaba un lejano
palmoteo, saludando un brindis tal vtr.:
Y Eutimio 11e Pstremooia hastfl. la médula. Llegaba eee
momento en que loe recuerdos ee recrudecen, IR emoción
nos invade por completo y la alegría de los otros contraetu con la tristeza de no eé qué nos embarga; Ee bu•
medecen loe ojos: seTeouerda á la ,,iaJre muerta, al her·
mano ausente, ii la novia, cruel, pero idolatrada, y ....... ,.
se murmura algo ....... ..
Resonaban muy cerca las pieadaedeun caballo, el del
oficial de lo~ l&lt;'endarmes, ee acercó é. Entimio, que aún
con foe ojos húmedoe, la voz descompne~t~ y saludando
militarmente con el garrote, dijo con un na:lo en la gar•
ganta:
·
-1No Liay novedad!

El b.o:rnbre poUttco.

Lo pasado ee horizonte rropio al historiador; lo porvenir al poeta; lo presente a político. Reunidos en una so•
la personalidad estos tres oficios, tienen quecompartil'll8
todos ellos á una entre sí miEmoe y que anol.ane algnno.
Grave peligro colocar al frente de un Estado, hecho
para dirigir lo presente, á un lil6sQfo, quien, acoetom ·
brado á 1:nirar la eternidad inmóvil y á. (JOncebir ideas
11bstrac1.as, que presoinden de toda limitación, npenae
tienen ojos para mirar lo corriente.
~ 1J u filósofo d1lndo ideal nbeoluto á. una generación
atrasada, ee parece d. loca nodriza que dleee al recieo na·
cido, no e11 teta, sino la carne con que s.e nutre un adulto, motando así de hambre al que debieri, nut-rir de vida,
por el empeiio en darle un alimento incompatible con
stta quijad.a.s sin dientes y au estómago ain fuerzas.
Setie1J1bre de ISH6.

Circnla por fin en Pari~ eJ primer coche automóvil 1
tenen.,o,¡ el placer de pre.entar ,1 nuestroe lectores Ja lieouoruís de es1, H,hfculo, dejándolos daeiíos de apreciar eu.
l'Bt,tica esencialmente perfectible. Es llinico aun en eu genero, pero rn lo de adelante hiPió1·ico bajo el punto de
vi~ta de la locomoción ontom6vil.
Cn cochero de fiacre, M. Bique,, l.a aido quien con al
concuc~o flnancii,10 de uu rndnel,l'ial parisiense, :\l. Del~BlioD, tuvo la idea de i.Jace1 ejteutar eAe fincre automóvil por )f. Uoger, constructor bien conocido, y la osocia•
eión de constmot,orea de caches íué la qui&gt; fabricó toda la
cnrrocería del nuevo vehlculo mecánico dtJ ~1. Roger.
.&amp;.tnblecido aef el lad-. histórico, de,oribamos rápidamente el coche en cuestión: pert.eoece al tip&lt;&gt; llamado
fandaulet, que tiene la nrrua de conpé y !a.ndau. Su Ion·
git11d emre perpendiculares extreru:1A ee. de unoa tree
metw, entru, to que un fiac1e con su caballo ocupa máe
de ci nC-O. Si como es de espemrsl.", la aplicación de lo■
ñacree nutoruóvllee &amp;e generaliza, ganarán ::::iucbo Ja¡¡ CÍU·
dalle~ en facilidad de oirc11laciOn.
El coche está. puesto en n10viruiento pOr un motor de
eFei.oia de pet.rol~o de un solo cilindro dispuest-o en la
coja que ocupa la parte -¡,oeterior del vehículo. E•t~ mo•
tor n,cibe una mezcla de :iire y de el\llllcia que prmienen
de 1m carburador. La inll11macióo de lo. rn,•1,cla ea eléctrica. El gss que proviene del cilindro ~e e~capa, detapoée
de s11 tr-abajo á 11n amortígnad&lt;1r y de ahí a t e,,pacio. La
-provisión de eseucia es de 13 litroP; el enfrlaminnto del
cjlindro mot,or eet.á Megur11do por 00 füroB d0 agu.aencenadoe en dos reservarios dil'pueetoe lateralmente en la
cajn.
El vapor proveniente del oilludro ,·a á circnlnr en una
c,unara tubulu colocado horizontalmente eobJ"e el cofre
del motot del vebicalo y produce automáticamente una
oiroolaci6n de aire rápida en el interior de esta cámara tu bu lor lo cual facilita ef eufriawient-0 y J:1 condensación
del vapor producido por el calentamiento del cilindro.
La potencfa del motor que puede llegar á 6 caballos, ee
transmitida á las ruedas rnotricos de atrás por un sil!temo
habil.
·
.Asistimos á los principios de una evolucion cuya importancia no pnede pre\'el'l!e. Las grandeB ciudades mercedes á ella, cambiar:ín completameote de aspecto y ga.
narán ai o duda en facilidades da tránsito.

:-iueva lámpara de incande~ceneia.
I)ice el Ekctrical Eng'itlur que se fabric11n por medio
de uno paeta de amianto higroscópico un nuevo filamento pam hlmparna de incandescencia, el cual, después de
inbricado bajo fo forma de bojae de 0.3 mm. de espesor,
se corta en tiras de ü cm. de ancho que ae impregllil.u de
una solución al 30 por ciento de cloruro de-platino. Luego ee introduce una disolución aatnradadesai amoniaco,
ae seca al aire caliente y se calienta in mediatamente en
una llamo Bunaen1 que transforma la disolución de platino en un11 eapon¡a de platino.
Se impregna entonces de u.na solución al 20 por oiento
de cloruro de magnesio y ée calienta, repitiéndose eete
procedimiento hBl!ta qne la placa ee hayo recubierto de
una capa uniforme de magnesio; finalmente, ee sumerge
en una disolución al 10 por ciento de nitrato de cerha.
EL megneeio proteje al platino, y como que 1811 propiedades de radiación de la I u?. de loe metales de cerita eon
más conaiderablee que lae del carbono, parece que estas
lámparas consmneu una C11ntidad de corriente menoa
considerable.

Las mujeres han perdido más mujeres quij 1118 que loa
hombree han extraviado.
P!P.lUlE \t:BER.
El espíritu revolucionario ee comunica por medio &lt;le
un trabajo obecuro que no puede seguirse: es acaso un
microbio.
Lura, !1110JIEL.
Cuando loe pueblos ee han
mezclado en la guerra ó la
pot, durante siglos, no ha:,
llllO que no tenga en las ve•
nas la Bll ngre de los otros.

•*•

El pensador puede morir
intestado, su sucesión no so
pierde jamás.

eco.

-•J Qué bonit.o debe ser tlBO de est.nr uno coo sus gentes eua amigos, muy divertida! Hace dos ailoe ¡qué
diet1Uto pasamos la Noche .Bnena en caae de mi compadre! iq•té cena, era de lo finol Y ll!!O eí, le metimos á lae
copas que full un gll!lto; y ó eeo de la una estaba yo á.
medioa chiles; nada más me daba vueltas la 1111111; pero
eso 111, no le falté á nadie ní armé ellOondalito, con ser
que P.-tronilo andu;-o muy neciop&lt;&gt;rRosalía, que la se•
guiamos e~a noche por todas partee, y la mny gurvia,
nado.m.S.e se reía de no!!Otro!I.• ¡Pobre Rosalial ¡quién le
había de decir que qlledaba Eutimio pensati rn, cual ei
recordl\Se alguna b il!l.oria delicad , !. ...... .. .A. !os anulla.dores ecos del baile ee mezclaban gritos y rieaa¡ muy clanue ola la voz de alguien que pedía •¡sala, eala!,, y trae
nn bnllicio infemal, lo m(wca más y más frenétwa, en
taMo que de UDa azotea, como unaSAeta de lumbre, con
en cauda de thispae, un cohete disparado rugaba el
cielo de la noche: ¡pum! y caían tre,i ,gotas lrunínosaa,
que 611tremecfan , u.n gato, qne sentado en alta citarilla
miraba de hito en hito el eepléndido disco de la luna.
Iban á dru:_lae doce; todo había callado: 10!! ruidos ae

G. .ll. V ALTOUR.

r

El am&amp;ote engañado piensa en el amor y el matri•
monio, como lOH enfermoa
piensan en so enfermedad,
Ob$ervando la de los otros.

J. H. ROl'~Y.
El porvenir es de loa paeblo! que sabiendo maderar
•WI gastos, b.yan manejado
mejor las íuent.es &lt;le vida de
so ríqueza.
!Roc.'JKB.

E.L Pann:11 OOCl\E AtJTOM&lt;JVIL E&gt;&lt;

•

pAZJS.

LA

INUTIL RIQUEZA.-Po1· Jorge Ohnet.

Número 10.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.
-Y sí le mota á usted?
El coronel respondió muy despacio:
-Ui oficio es desafiar la muerte. Aseguro á usted que
no la tengo miedo; me con:&gt;ee bien. Somos antiguo&amp; ca•
m.aradae. PR.l'l1 un soldado, _qne ha pasado por delante de
la metralla tautas veces Y em pestai'lear, ¿qu/i supone dejarse tirar aun por el más diestro de los adversarios? No
me matará tan c6modomer1te, esté usted eegurs. No tie-LoFÓ.
ne usted idea de Ja íacilidad con que no se acierta al ti-¿Q11ién se lo ha dicho?
.
rar contra un hombre.
-:Mi niarirln, en prim,-r lugar, y después Oehna.
Em:iqoeta permaneció aniquilada, oprimida por la cer-J Cóm,.J ¿lfan coruetido, él esa infamia y ella esa imtidumbre de un desastre, y el coronel, para arrancarla á
prudencia?
. .
-Sí· él ba sido infame ooturalmeote; y ella ha e1do un• sn eombría preooupo.ción, continu6 hablándola y contándola historias, como á los niiios.
prude.°itl'......
•
-Oiga usted; me acuerdo que en el sitio de Tuyen-Por mí c .. uell-, •ftoy ~Pg,iro......
.
, .
-Sr. DeAei&lt;pPrarln ni ,•~r á usted en pehgro, en 110100 Quan, cuando estábamos rodeados, con el comandante
cuidado ha hioio d• [~nd.-rlt&gt;, y en la alte,nati va de com- Dommé, por millares de chinos, un diablo de tártaro iba
promet,-rse 6 dP ab,rndooar á usted, uo ha vacilado y ee á ineultarnoe ante nuestras líneas, i cincuenta pBllos de
l!IEI avs.nzadaa. Estaba prohibido hacer fuego, porque em ha compro111(,t ido ......
pezaban á lalt.or las municiones, y el tunante, envalen-JU.•rmoso corazón! Pero ¿á quién ha hablado?
tonado redobh1ba sus fanfarronadas. El d,a en que el
-A la s.-flnni Mo,~ler.
-¿O., mrido q11~ Pll'.I pobre sefle&gt;ra conoce la miserable cai16n tle Giov11.nnine11i nos anunció la llegada de los que
venían il. libertarnos, el tl!.rtaro vino, más rabioso que
--condt1ct11 de su hi¡o?
nunca, con cara. amenazadora y gritos estridentes, á agi•
- La conocP.
lar delante de hosotros 11na bandera t1mo.rilla bordada
-¿Y q1.é ha hecho?
con llllll cabeza de Ugre. Noest-roe Lira.dores perdieron la
- Le ha llamado á Pll cl\E.8 y le ba rogado, amenazado,
sill cono ..g•1iT nade. Entonces me ha escrito para hacer• p&amp;eiancia y e11viaron á nue&amp;,ro hombre una llo via deba·
me s,iber e11 [moago y para suplicarme que aceche ll Va- fas. El tártaro 110 cayó y volvió á sos gritos, haciendo
lentín y, ai vuPI ve, IP 1u1pida falir esta .coche...... .No ha contoraionee y aullando como un demBDte. Una nueva
vuelto á c,,m..r ...... Eran lu diez cuando solL .... y no descarga le respetó también y él sigui(, con sus danzas
-volverá. h:ista muy tarde, según au costumbre. Ko lengo, y aus injurias. Entonces se mandó cesar el fuego y nuespues, para qné ocupume de él y, _por _otra porte-a es- tro hombre se marohó tranqnilnmente, d•ll!pués de haber
pantoso lo qmi voy é. dt!l)lernr-no pteD!lo más que en servido de blanco á ci.nc11enm tifos, sin recibir ni llna
rozadura. Ya ve oeted que no ee pone eiem¡,r.e llll8 bala
-,J5'ed.
donde ae quiere.
- Ya ve m1ted q11e tengo que pel'!!isLir en mi resolución,
Redel estaba tranquilo y sonriente y Enriqueta se le
1'PUeeiO quti é l pereis.w.
·

-Venmo~, amigo mío, es preciso eer razonable para sí
mismo; he veuido p~ro hacer uno tentativo suprema á
'fin de itnpetlir esP llu~lu .. ,...
-¿Y cómo? pr~gnnt6 Redel, que de pronto se puso
,grave.
.
-Baatal'á qne u~tPd ae pre.ate á ella para que eea_f~c1I.
-Si n•ted ~upii,rn lo ocurndo, no me haría tal pet1c1ón.

representabn en eu salón, contando entre sos amigos la8
peripecias de alg11n11 batalla. Una angustia iodec1ble se
apoderó de su corazón. Le pareció que oía por última vez
su voz vibrante y que ya no le verla máz. Tímidamente
dijo:
-Si eae duelo no ee verificase, e~ría más seguro.
-Sin d11da, pero ¿cómo impedirlo?- Yo he cargado
con todas las culpas, en apariencia, y prefiero mil muertes á presentar al Seiior de Contras excusas q11e no le
debo. "\'a ve usted que todoe sus cálculos son vanos,
que eus tent11ti vas son inútiles y que IBS coaas deben se•
guir su curso.
La juiciosa Enriqueta lo comprendió tan bien, que dejó caer la cabeza aobre el pecho y se echó á llorar no encontrando nada que decir ni o.ro co11su!llo á su dolor
que las Já~rimas. El coronel, sentado á sos piés, casi arrodillado y 1leno de emoción, trataba ful consolarla.
-Yo
lo ruego, sea usted más animosa; me tortura
usted coa su pena. Usted no es culpnble de nada ni tiene
responeabilidad alguna en lo que pa.a.
Enriqneta movi6 la cabe~a como indicaudo que sabía,
por el contrario, que tenía una gran parte, aunque oculta, en lo qoe sucedfa. Redel la comprendió y dijo, bajando :a voz:
.
-.En todo caso, 11Rdie lo sabrá. Nadie aospecbará que
la cólera de ver §. usted tan odiosamente tratada me ha
animado contra el coude. Sí; si yo no hubiera amado á.
usted tan religiol!llmente, no hubiera odiado hu marido.
Pero si muero, habré Pido feliz hasta mi último momen•
to, puesto que está usted a.qní, á mi la.do, tan afectuoea, que esto es mna de lo que prrdicra hnber eol1ado
en mis momentos de Oláa grande ambición. Cese uated
de liorar y déjeme decir In J;o,;,lo mi pensamiento. Estoy
condenado, s11ceda lo que qniern á no ver á lll!ted m'8.
Aoaso eea mejor para m1 desaparecer bruscamente, sentido y llorado por usted, que irme á. arrastrar lejos de

se

�•

-418
aquí una exist-emiia sin objet.o, puesto que se dettli%11ril.
le¡os de ueted. Esto es lo qne mtdito con infinita tri.ateza.
Enriqnet,a le dirigib una mirada desolada.
-¿&amp;-r,I. n~tt!d de~graciado basta ese punt,o si sepsral"l!e
de mi? :-í; jn,go u dolor por el mfo ......... 1,\h! Al venir
nqaí f'@f)t:raba obto,ner de UBled toda.s IM concesionO:l y,
nl e•cncharle, comprend&lt;&gt; que eon imposibles tn un hom•
bre dl' au carácter. Estoy di'se!!pernda y, ein embargo,
no querria que obra~e usted de otra manera. No: ei usted
DO luern tal coruo ea, \al como le admiro y le temo no
wndria yo por usted ........ .
S., detnvo oprimida, indeciEl. Redel cogió su mano é
implorb tímidamente:
-Puede Ulited decirlo ahora, ¡,no e@ \'erdadT
-¡Oh! Ya no hay en mf reaer\"a ni urg11ll0. Sí; Ei usted no foera como es, no le profesaría todo el amor que
ha merecido y que tendrú la ams.rga pena de haber podido darle ........ .
Redel ooj6 la frente hat!ta tocar la mano de Enriquelia,
y pm•terRado ante ella, oom.o delant.e de DiOI':
-1:eudita ,Bea usted, dijo, por el 11ncanto supremo que
me concede. )li corazón e~tá tao lleno de reconocimiento y de 1ern11ri1, que no hay sitio en él para la cólern y el
od10. lT -ted me ha purificado de todos mis malos rnstintOll. Ahora soy de usted, de usted sola. Su predilección me l'le,·a sobre el nivel ds los hombres. :-noeda lo
que,qu!era, puede u~ed éetarcierla de que me ba col•
mado de las delicfas más raras y más pnrRE.
Enriqoet11 qui1-o hablar, suplicar todavía, pero él la.
cerró la boca cot1 ademán acanciador.
-¡Oh! No pronunc:ie oet.ed ni uva palabro. Todo debilitaría mi goc" dh-ino. Est.0Y en el cielo; no me vuelva
oeted á IR tierra. Amo t'. n~tédcomo jawáll mnjer alguna
ha Bido amad.a, y soy dichoso......... \' áyaa~ 1L•ted. déje·
mt', vnelva á au ca~a y rect' por mí; e&amp; todo lo que pido.
r~nriqueta estab!l delante de él, presta á part.ir, tan
pálida, tan tort11rada, con sas hermosos o¡·os n~gros llenos de Mgrimne, tan bermorn, q11e Rede no podía, en
aquel in,tante aupremo apartar de ella su mirada. La joven le dió la mano y él la sintió estremecerse entre la~
soy~~. Los ojos cándido~ de Enriqaet.a despidieron un
fuegoaombrfo, sus labios temblaron yt&gt;xhalando un eo·
lloi11, ee inclinó Pobre tol pecho de Redel y le echó los
brDJ1:oe al cuello, iu~m de ef, loca, entregada, toda suya.
El coronel la separó dulcewentt&gt;, sonrió con ternura, co•
gi6 au encunladorB cabeza con laa msnO!' v dijo, depositando un beeo en lo• hermosos ojos que lloraban por él:
-En el umbral de lo. moerl;tt, no quiero nada de usted
máii que •u alma, Enriqneta. i 110 noe ,·emos mús, no
encontrar,t uet~d eu el fondo do su pensamiento "ino re·
cnerdo@ inmaculados de nueslra ternura, y comprt:nderá
cuánto la he amad&lt;.'.
Acaricí6 con los labios sus rubio@ cabellos y eu frente
altsnera y Bl\bore6 la exqoisit.a et1n•aci6n de tenerla en
ew, bra20,, y de no guardarla en ellos. Después, la acom•
palió hasta ls puerta con fraternal reepeto y la dejó marcharse.
Al dejará ene amigO!I en la calle de 8aint-11onoré, á
eso de 1118 di~z. después de la convereación amenizada
con licores y cignrros que 8i~i6 á la comida, Valent.ín
tomó un coche de plaza y,d 16 ar.den de que le llevase á
la plaza de Anvert'. Allí ee bnj?,, atravee6 el boule,•ard
Roclwcho11rt, se metió en Is calle de Steíokerqoe, &lt;!es·
-pnéf! de cruzar la de Orael y ee éncontr6 en la plaza de
l&gt;aint.·Pierre, en uoaosclll'idad que un pálido rayo de luna dieipab-,¡ por cortoe iastaot.es al fillraree á tra'\'és de
las nubes. Todo era alll eolednd y Rilencio . ...a maea de
la colil)a de ?ttontmann-, coronada por las pesadas construcciones del Sagrado Corazón, ae levantaba vaga y negra. Ni 110 transeunte, ui un guardia. Aquello era un
desiert.o.
El conde tocó en el bolsillo de eu gabálf la c1tlata del
revólver que llevaba siempre para irá aquellos sitios. No
tenía miedo, pero tomaba sus precauciouf'!'. Miró el reloj ¡ eran le,..~ once, y en el eilencio de la noche una campana repitió de léjos la misma hora. Valent{n ee pW!o 11.
pasear, impaciente por la acera; Matilde se retrazaba.
Bajó hasta la cal le de Oree! y, al ll~ar á la esquina vió
á la l11z coo[lll!a de un iarol que por lll oalle de StPinkerq ue llegaba la muchacha con paso rápido. Se arrojó en
sus brazoe, falta de aliento, y dijo:
-Te he h.:cho eeperar......... Me segufan y tenía
mi~do ........ .
--Snpongo que estarás tranquila, ahora qne estás 11. mi
lado.
-Sí, pero lo estaré má, cuando nos encontremos en
nuestra Clll!ll... ., .. ,. ¿t'or qué oo has subido, sencillamente, en lugar de esperarme abajo?
-Por lo mismo que acabas de deei.r ......... Te seguían
y no te ha parecido mal encontrarme aquí ........ .
-Deepachémonos. HAy malos pájaros por aquí esta
noche.
Se cfujgfan hacia la plaza, del brazo, á travét de las tinieblas de la calle, cuando un paso precipitado se oyó
deuósde ellos. Valeutfn sintió que la mano de la muchacha se crispaba en la auya. Matilde no haol6 y aceleró su marcb11, pero el que lee aego!a les iba dando alcance. Valentín cruzó la calle y el otro hi7.o lo mismo.
El coode entonces se paró bajó un farol é bi110 cara, El
hombre que lee perseguía llegó ba.•ta él tambaleándoee.
Llevl\ba una blusa, una gorra y grue!!Oa zapatos. Con la
torpeza de pronunciación propia de los borracho•, dijo:
-¡Toma! ¡La aenoritioga y su eilba.Dtel ¡Tú ereR de•
msaiado barbiana para este espantajo!
Y alart;ó la 1,11ano para coger á )latilde, pero Yalentín
de on golp&lt;1 seco con el brazo y con la pi~rna, le hu.o
caer de nuch9. contra Ja paréd. El hombre se levantó de
un falt, y ya sin apariencia algnna de borrachera,
dijo:
-Eepe ,a no poco, que te voy áarrfglar ......... ¡'Eh! Loa
bnenoe mezo~!
·
A eete grito, apal"ecieron por la esquina de la plaza
tres ho:nbrea, uno de )Oll cualee esta~ vestido de mujer. MaHlde exclamó con ,·ot ahogado:

-¡Sálrate, Valentfnl ;Ee Ra,et! ¡NO!! hao engallado! .•.......
E1 conde oo tuvo tiempo de pedir explicaciooe.a 11. la
muchacha. El hombre vestido de mujer cayó eobre él,
pufla~en mano. Hobo nna corta pelea; nna seca detona·
ción de re,·6h·er, un cuerpo qne cafa en la acera, un grideegarrador: El !aleo borracbodijo:
-Ravet está patas arriba; 1:I silbante tiene lo que neceai,a ...... ¡Loe guiriEI.. .... Cru-;uemos con la chica ..... .
)Iatilde, muda de horror, fue cogida por dos braz,os vigoroso, que la arrancaron de Yalentín, que eetab:i de
pie, pero apoyado en la pared. Una carga de los gmndia.s di~persó la handa en tu tinieblas, Y. en el logar de
la ocurrencia solamente qnednron Ravet, caído de broces
contra el enelo, y el conde, inmóvil, los ojos abiertos Y
fijos y el rev6l\'er en la mano ..... .
A laa siete de la mafiann riguiente, estaba Federico
Clement acabando de ,e,tir8e part&gt; irá caga de Redel,
cuando entró en su cuarto el oE"fior Eliphas. El banqnero,
asombrado de ,·erle nllf tan de maiiana, pregautó á eu
padr~ quP ocnrria, y el d~jo le contestó q11e había sabido
la noche antes, en cru&gt;a de la señora Mossler, que debía
,·erificarse ,m duelo eritre el coronel y el eellor de Contras, y quería ir al terreno para conocer ant.ee P.I resultado. Fedt!rico no t-enía costumbre de oponerse á los deseos
de en padre; pero no pudo, ein embargo, dejar de hacerle notar qne e;io sc;ría una incorrei:ción y que los padrinos del seflor de Couiras podrían oponerse,
-No t.illdrán para qu~. dijn Bliphftl'.
Federico xnirb á su padre con asombro.
-Puedes e~tar tranquilo, aiíadló el ,•íejo; no me ve, rán ...... !\1e q11edart' en ~, cochi.'. Pero quiero estar preseme para ir sin perder momento á informar á la seilora
Mo~sler de lo que pase.
-¿Te :o 11a tnnndndo ells1
-No; pero se alegrará de que lo haga.
Partieron y eran las ocho canlldo entraron en casa del
coronel. Acom¡:mílado por so compañero de escuela el
comandant.e Yalli~s, Redel e~peraba muy tranquilo y
con un aire d., Teaolución qne iinpreeio11ó vivamente á
Federico, va mny coumo"ido. ;Si hubiera oído al coronel, un mómeuto l\ntes, decir l\ sn amigo que estaba resuelto,. no tirar al conde y á e$perar sus tiros, cuál hubiera sjdo su emoci6nl Redel, qne se proponía no rom per con la fl'flora l\Ioa8ler, á fin de volverá verá Enriqueta de vez en cu,rndo al menos, había formado el proytcto de arriesgar Ell vida por ,la satisfacción de su amor.
· La llegada del seilor Eliphas e:s-traM á todos.
-¡Cómo! Fsted, el hombre de la moral y de 111 caridad, dijo Redel riendo, ya á 811,llCÍonar con Sil presencia
estas prácticas ~aoguinari!l!I .... ,.
-Las condeno, créalo neted, declaró Elipbae, pero be
pemndo que mi presencia daría á usteil buena suerte.
La respuesta de su paure el"'.I tan ~ingular, que J.'ederico le mir6 por eeguoda vez con asombro. Pasó por su
mente la idea de que sn padre 110 creía en aq11el d11elo·
pero ¿cómo no creerlo?, los padrinos e~tabau reunidos:
fas armns prontas, el coche esperando. Sin embargo, la
calma del viejo, aquella es~cie de &amp;t&gt;gnridad profética
que había manifestado por dos vecea, parecílli:1 indicar
qne Redel no corría nfogó o pe! igro.
-YamoP; es tiempo, dijo el coms.ndnnt~ Valücres.
Desde oquf á GeoneYilliera tenemos una hora de camino.
- \'amoe, dijo Redel. Y partieron.
Fedel'ico al oír hablar fi Redel de todo ,nenos del objeto
que llevaban en aquel viaje, empezaba ti.encontrar un poco
d&lt;1conlianza. ,,::,i no estuviéramos todoe·veetidos de negro, pensaba, y no sintiera debajo del asiento la caja da
las pistolas, creería que íbamos á casa 6 á almorzar ao el
campo.• Fuera ya d_e me fortificaciones, el coche rodaba
por la carretera, entre dos filas de árboles, y á lo~ dos lados se e:s:tendfan loij campo!! sombríos, baila.dos por una
luz. gris. Al,ljunos carros de hort~anoe ee dirigían bncia
Asuieres. Ni un trabajador en las tierrae. La soledad ero
complPta. A la i:quierda uu ancho mont6n de tierra cubierto de musgo amarillento1 recordaba el reducto de Gen.
nevilliers, qne foé construido en 18i0 para defender la
orilla del Sena y que formaba, melancúlico, un receptáculo á la belud.'\ y 11. la lluvia.
Aquel paieaje vell\do de tristeza pareció á Federico cua•
dro adecuado para \lD acontecimiento trágico. S'.!B temores volvieron y ee figuró aquel coche. vol viendo al paao,
lúgubre, con un muerto tendido eobre loe almohadones
ensangrentados. Levnnt6 con angustia los ojos hacia Redel, que continuaba hablando con la mayor tranquilidad,
y, en el mismo momento, el coche ee detuvo de pronto.
-¿Qué hay, pregum6 Elhipas? ¿Hemos llegado?
-¡Calla! Son los padrinas de nue;-tro adversarsario,
dijo el Oom.andante Vallieres, abriendo la portezuela.
E•oe sei'lores vienen á encontrarnos.
Redel eah.ó vivamente al camino y Eliphas, Federico
y el Oomacdante le imitaron. Prieur y Croix-Mesnil,
que habían,dejado su coche á poca distancia, avan;,;aban
con :iire pesaroso y eolewoe. S11 aotitod pareció tan anor•
mal al Comandante, que exclamó, sin darle casi tiempo
para llllludar:
-¿Ustedes solos, Seftores? ¿Y el Sefior de ,Coutras?
-¡Estamos solos, dijo en tono desolado Prieur, y el l:le·
nor de Contras no vend rál
.:..¿Por qué? ...... preguntó Redel con voz amenazadora.
-Porque está muerto, dijo Croix-Mesnil.
-¡,ruerto!
En lacarr~tera poll'orienta, en aquel paisaje de invierno, bajo aqnel cielo negro y triste, loe amigos de Redel
ee miraron con estupor. , 610 Eliphaa no pestane6. Prieur
afiadió:
-Le han llevado ú en casa, esta mailana, con una pu•
flalada en la e,q&gt;alda,
Al oi r eeto, Federico eintió un desvanecimiento, ante
la convicción de que su padre estt1ba informado del crimen y an~ la sospecl,a de que no la había impedido.
Le cogió del brazo, le llev6 h!ISta la euneta del camino y
dijo con ,az t.emblorosa:

27

27 DrmmmRE, 1896.

ELMUNDO.

-¿Sabías que Oontras seria ase3inado esta noche?
Elipbas le,·antó la cabeza hacia el cielo y respondió
con firmeza:
-Sf, lo eab!a.
-¿ Y hae dejado cometer eee erimen?
-He beeho cuanto dependía d .. mí para ealvar á ese
desgraciado de sí miemo. P.iro yo no soy más que un
hombre y no he podido oblig11rle á entrar en el deber.
Enloncea, he j11zgado en mi conciencia el mal que había
hecho y el que se preparaba á hacer, y le he dejado morir.
En aquella horn trágica, ¿penetró en la mente de Federico ua rayo de luz? ¿Se quebrantó la confianza. ímpt!rturbsble que tenía en eu mujer? Palidt&gt;Ci6, miró á eu pa•
dre con ojos lle11oa de angustia y dijo, apretándole la
mano:
-¿/l qné aludee? ¿Por quG has dido implaoable? ¿Quien
era el amenazado?
-Un hombre de bien, en eu vida, y una majer honra•
da. en su honor ..... .
FPderico btlj6 la cnbeza y no pr1&gt;g11nt6 nada más, En
aqnel momento Rffliel y el Comandante ,allier1:11 ee 88•
paraba u de loe padrinoR de! Sei!.or de Coutras y venían ,¡,
reunirse con eue amigo,.
-Ahí tienen ustedes un pobre diablo, que hll muerto
como había n,•ido, dijo el Coronel con desdeñosa compasión.
-RI. añadió Elipha.q, en el lodo.
-E~te paseo al llirelibre me ha abierto el 11petito. \'oy
á almorzar con . g,1eto, dijo el Comandante Vallieres.
Volvamos á Paría.
La eeiloru \\lolll!l'!r v au Ministro de la Caridad no se
han vuelto á ver. Como babia previsto Elipha~. la muerte de Valent!D rompió para siempre los Ja,,,os de en antigua amistad. 1 nconRolable y, ein embargo, resignada,
pues había dato en aquel !in trágico la irremisible sentencia de la fatalidad, la aef!ora Mossler pPrmanecio encerrada en su casa, cow,agrá11dose con m:l.s pasión que
nunca al alivio de las miaeris9. ~o recibia máe que á Enriqueta y, algunM veeea, al corooel Redto!. Laij dos mujeres pMaron el verano en la Chapelle-8auvigny, donde
permanecieron hasta fin de otofio. Caand1J la nieve extendió rn blanca alforubra eobre las praderns y espolvoreó de blanco loe árb,les del parque, vol vieron á Paría.
Emiq11et.a no quiso coutinnar en la a veo ida de Friedland, ee foé II vivir con la sefi_ora Mossler y fué para ella
11na hija adicta, tierna y tan buena, que nnn noche en
que fas dos estaban al lado df.'I fot&gt;go, perumtivas y me•
lancóliC11!!, la anciana rompió el silencio y dijo:
-)H querida I&lt;;nriqneta, te veo con pena llevar 110a
triste exielt&gt;ncia con una vieja como vo. No haa coooci •
do haeta aqn( la dicha y, ei11 emba,-gó, la mereces como
ninguna mujer del mur.do. Yo aoy responsable de lag
proluodas decepciones y de las cruelBll amarguras que
has sufrido, y quisiera reparar en lo poeihle el mal qne
te he c1msado involuntariamente.
La jovPn juntó las manos en ademán de súplica y dijo,
interrumpiendo ,t la señora i\Ioeslt!r:
-Por Di'os, no te acuses; bien eé hasta qué pu oto eres
excelente l' han sido !alFeadas tns int.enciones. Hemos
llorado 18.5 mismas penaa y sufrido loe miemos dolores.
Eres inocent.e y la vida la sola culpable de nnestros sinsabores.
La anciana '18 quedó un inFtant.e peDBBtiva y como impulsada por lejanos recuerdo~. afllldi6;
-Mossler me díjo UD día: ''TPngo miedo de que sea•
moa ricos. ¿Noe podrá eso eer útil? Pasada cierta cifra,
la fortuna es CO!!&lt;I fantástica y temo que sirva máe para
el mal qt1e para el bien. Dejemos todo esto v volvámo•
á plantar nuestras colee. Con oieo mil· francos de
renta tendremoa mil.e de lo que neoeaitamoA. Lo que exceda de eso será no estorbo y ¿quién sabe? acaao una
fuente de penas." ¡No estaba equivocado!
Se produjo un silencio. La &amp;l'ftora Mosaler eojog6 una
lágrima qne rodaba por su mejilla, y continuó:
-De todos mis dolores, el mayor es ver q11ebrnda tu
existencia y haber contri]:mido á ello. Pero felizmente
eres bastante joven para volverla á empezar. Aquel :1
quien has eido visiblemente destinada te ama y no espe•
ra más que uoa palabra tnya par-a ofrecerte su nombre.
Creo que vacilas en pronunciar eRa palabra por deferencia , mi La he pronunciado, pues, por tí, mi querida
hija¡ es el de:Equite que te doy y que con todo mi corazón
m~ alegro de J&gt;?der darte¡
.
-1Qné, querida madre. BC48t&gt; 9merea ..... .
-Que te cases con Redel, sí, hija mía; lo quiero porque
así asegoro tu dicha y la suya. Le he r.::gado que v,inga
esta noche á hablar conmigt&gt;.
En e~te momento resonó en el silencio del hotel el timbre que aauncio.ba las viaitae.
-¡Ahl estál dijo lo. sailora Mossler.
La puerta ee abrió y el coronel Re adelan!.9 ha.cía las
do$ m11jeree. Bes6 la mano de la señora :Mossler y se in•
clin6 ante Enriqueta,
-Yo preveo que me voy, amigo mío, dijo con indiferencia la reina del oro. A la edad que tengo y para lo
que hago ~.n este mundo, no e~ nna noficio_para trastornarse· pero ha,·aqui una mn¡Pr que no t,ene más que
veint~ anos y á la que el P'l"'enir debe reaervar jn•tae
recompensas. Teog&lt;1 empeñ'? en o[reeérselas yo misma
y quisiera, sin eaperar mil.e ttempo, rW.raela á no hombre
honrado que la ame como ella merece. No creo engailar•
me Redel, peneando qne ern hombre es uet.ed.
El coronel se puso pálido y dirigió 11. Enriqueta una
mirada interrogante. La joven inclinó gravemente la ru·
bia c4beza ~e levantó y faé :l arrodillarse delante de la
seflora ~Io~ale1. Abrazó á la anciana, que temblaba de
emoción, y murmo.r6 con uoa voz que le salla del almn:
-Gracias, madre mía.

°'ºª

FIN.

D10IEMBRE,

1896.

4l9

· EL MUNDO.
Entre eus cabellos caoos!
¡Amor que ennoblece y aaln.
\Ten pronto á mi hogar estrecho,
Que :,a, la miBll del alba
Estáu tocando en mi pecho!

*

**
?.Iie vinjeros pequeftitos,
Mis au~entea adorados,
Los humildes mnertecitos
Á mi cena convidados;
Y a regresan de la misa
Los devotos, los creyentee ..... .
¡Mis amigos, mis ausentes,
.Daos priaa, daos prissl
Dejad ya con planta breYe
Vneatro místico palacio,
Caminando tan dtepacio
Vendn'·is yertos por la nieve!
Mi esperanza qua os desea
Oomo niiia pobrecilla,
En la blanca chimenea
Puso ya la zapatilla.
Oir pienso vuestro paso,
Quiero ver y no we atrevo,
¡Dejad pronto sobre el raso
Mi regalo de nno nuevo!

\

¡~o doblan !as**•
oampanas,
No, que repican!
Plumas de alondra llueven,
No nieve fríal
Díoa ba nacido;
Jea11s no yace muertQ
Que está dormido!

•••

¡Casta ilusión que me alientas!
JSueflo de ilicha sereno,
Si á mi cena te preeent-as,
Seré bueno, seré bueno!
Ya no ,·acilo ni dudo;
No miro mi hogar desierto,
Ni viendo al ni!lo desnudo
Me imagino que está muerto.
Vive; con dL1lce sonnsa,
Entre sencillos pastores,
Ye :l. loa que vaelveo de misa,
Trayéndole mucbas flores.
No pienso con desconsuelo
En loe seres ya perdidos ..... .
;Mie m11ertecitos q11eridos
Estiin cantando en el cielo!
El alba tibia clarea,
Venus en OrieJJte brilla! ..... .
¡ Dejémos la iapotilla
En la blanca chimenea!
ll.IAlWJil, GllTfÉl!Rl:i

N ÜBRA,

LA ADOPCION.

l!!!eil.orlto. Enrlqueto. Airullnr, [d"San Luis Poto-!.]

A MANUEL UPATA VERA.

Acercaos á la mesa,
Mis n•cuerdos, porque os llamo;
ld eulit•11do de la huesa
Mu.-rt~mtos que yo amol
Oosus idae, CO&lt;BI! m.uertas,
llusion a ya perilidns,
Ac.-rl'ROB á mis puertas,
Coeus muntae, cosas Idas!
Jlt! lu eM1a ¡neparada
El ~111611 está vacío,
Cae m11y triste la n('vada,
T.-ngo uiit-do, tengo frío!
Condd11Jos á mi cena,
1\.1 u.. TtAcitoa que yo amo,
Acudid á rui reclamo
Que t-1-ta noche ea Noche Buena.
1'~-tá 3bi('rta wi ventana
Y la lluvia ta Ealpica,
:Mieul.ras 01go la campnna
Q,u, repica.
b111'11 a111igo, pobre hermana,
De n,i C3!á 1.,a ausentea,
V.-nid Lodos tan aprisa
C11n,o ll ~eta hora van á misa
Loa cr;,yentts.
..**que te fn.1@te,
¡l'obre hermana
Si 1ivi1iras todavía,
Cnand, si1iuto mi alma triste,
JI u,ln111s coeas te dirial
J\"1'11, y pronlo, 11e11 ahora!
Cuando 111-gui, la maílaoa
Y á la 111i,a de la aurora
),hu11i, lenta la catn pana,
Tt'rm i nada ya lo cllna,
P11dr1l~ ine, podrál' irte,
Y teudrea,os qne decirte;
¡llnsta la otra Noche Buena!
l'ero uhoia, mi hel'ma.oita,
R.-iua aú,1 la noche obecura,
ll•-jll, pu .. ~, ¡oh muertecita!
To callada sepultura.
Son Jae doce.

* nace;
.
j,*e:súe

Vuelvo el ro~tro al Nacimiento
Y In cera ee deshace
Combatida p ,r el viento.
Nadie cuida á loe pastoree,
Nadie canta villancic:os,
Ni :i la virgen llevan lioree
I,,s ancinuoe y los chicos.
En el heuo blanco y yerto
Está el Dios tt'Ciéu nacido,
Y al mirarlo allí dormido,
l'lfe parece que ea,á muerto.
¡Fe de nii'lo, ,•e11 al punto!
Que tu ,,oz me p11rifique ..... .
Y no viene .v me pregunto:
¿Por qué dobla ese repique?

***

Del árbol en las ramas
:!\lil vd11e arden,
¡Que no tardeo los niños,
Qae no se tllrden !
¿Por qoé no vie-nen
Si aq11( tantoa iaguetea
Y du lees tit"nen?
Esta espada de acero
Para el más grande,
Y soldsdoe dt' plomo
A quienes mande.
Y esta mulleca mbia
Tan bien vestida
Para :n niíla blanca,
Bien de mi \'ida.
Ya ver~is cómo gritan
Los n1ay tra vieeoa,
Y cómo lo, devora
So madre á besos.
Pero e I J\rbol Fe a paga,
füol(uno Ilegal
Y en la Jea ierta a leo ba
Nj au uiño ,.juega!

.=res
.
..
qne venís tan lejos

¡Cón,o nn!lÍan 1·upa~roe cariños
Los qu.e tienen padres viejos
Y no tlenPn hijos lliñoel
1Con qué impaciencia os imploro
Para mezc'ar con míe manos
Yueetroe ricitos de oro
'

DJSde haefo veinte atl.ae, JU8ll Yignol escribía cuentos
en los folletines de los diarios, narraciones en las que
no se ocupaba, como es natural, Bino de asesinatos y de
nifios auetitaidos por otros en sus cunas. Y ciertamente
no era más torpe que aue rivales eo esta especialidad.
Si alguna vez r,.travesáitt por una enfermedad peligrosa¡ Dios os !ibre!-y si no sabéis cbmo llenar 1lla horas de
fastidio de una larga convaleacencia, leed loe .ll'i1terio$ dr
Jlfcuil11101ila1J, qne llO tienen menos de veinticinco mil
lfneas. Allf encoutraréÍ1l todos los ingredientes habituales de edta cocina literaria.
El comienzo es "orprendente, sobre todo cuando aquel
malvado duqne del Castillo Viejo, á la salida de la ópera,
baja al alcantarillado subterráneo, eo donde tiene una
cita con un licenciado del presidio, amigo suyo, quien
debe eil.trPgarle unos papeles que puede.i hacer perder
su reputación ú la hermosa morques.a de las Dos Garitae,
la &lt;mal, por haber cambiado de nodriza, no es la hija de
un Grande de Ea paila, de primera clase, como la cree todo el barrio de Saint 1.iermaiu, sino la de un ebanieta de
la calle Popincourt, en otros tiempos condenado li muerte con motivo de un error judicial, y gnillotiaado, según
la costumbre, en ,·ez del presidiario con el que el duque
tiene esta cita poco confortable y subterránea.
Ya se "eri'l, por este simple ejemplo, que Juan Vignol
conocía perfectamente so oficio.
Sin embargo, el pol[0 hombre no obten fa grandes éxitos; ~ropezaba con mucaos obstáculos para colocar su original y vivfa, por eeta causa, muy mezquinamente. Y es•
to consistía ante todo, !'11 su poca ai¡erte, y después en que
era un modesto, un tímido, que oo sabía abrir11e paso,
recorrer el camino al mo:fo americano.
Naturalmente no bahía hecho sue comienzos literarios
por la novela de folletín. 0oll88rvaba siempre, en el fondo de su escritol'io, pero sin esperanza de darlas á la publicidad, eus dOll obrns juveniles, eecrítae por él en In
época en que conservaba todos sus cabellos y la ambición
del arl.l'. Primero, ei manuscrito de un volumen de ele•
gfas-Ffor,-, d,, un,,io-en donde el poeta se qoej11ba. apasionadamente de las infidelidades de una muchacha que
designaba con el poético nombre de Fragoleta, y á la que
comparaba 11. todas lns enamoradas célebrea, desde la más
remota antigüedad basta nu8-'!tros dlns. La verdad es
qne, en la realidad de los hechos, la inconstante señori •
ta se Hamaba Agata y era obrera en el taller de una florista.. El otro manuacr.ito, más voluminoso, conten111 na
drama terrorífico y medioe,-al, coa este eangrieoto títu •
Jo: Lru ,úaallndorc,¡, y en el cual lOd personajes cubiertos
de chambergos y calzados con alta.,¡ botas, se pasaban recforocamente sos es¡,adas á ~rn vés del cuerpo, en medio
de grandes tiradas lfriCBII,
Por deegracia, loe dramas en vel"l!o na son comestiblee, La•j(ores de ,·uteno no son 1\tile~ ni para ser adere-

�en

DICIEMBRE,

1896.

Club se ase de un barrote de hierro en su cn(da y 11&amp;
desli;a basta el muelle con la agilidad de un mono. Pasado mañana daní de p11118h1das á tres. guardianes del
orden público. ~apero que en esta ooal:llón 108 lectoret,
van r1. tener emoc1ones.
Repeotioamenteel peqnet'iocomienza_ágimotear. Jn~
Vignol di"ertido con rne nuevas lunc,onea, toma el biberón da de beber al m11chacho, notan mal, ¡áfemta!
para Eer la pTimera vez, lnego lo mece y lo c;ue~me.
Pero el novelista no vueh•e ya á so escntono. Qu6da&amp;e allí, pen.eativo, mirando ~ e~ie pobre eér cuya cabeza eAtá en el fondo de la almohada, apretándose las
dos manecillas i;obre su pecho.
Juan \'ignol cae en una 3oloro•a med:taci6n. No ha
muerto del oodo en él aquel poeta qu"' softó eer, cnando
era jov,m. Y ahora recut1rda que m .ñana aerá. Navidad,
y ante esta cuna, piensa en "' nifto qne do_rmfa eobre
paja de orc-, en el establo de B?thleem. El vmo al mun•
do para ordenar á los hombres q11e se ama@en los nnoa
,\ los otros, y allnqne las igle&lt;iilll' en laa que s.e predica ~u
doctrina doade hace dos mil anoe ~err~anez~an en. pie
todavía, los malee causados por la miseria ex1s$8111Uem•
pre.
El nilio mnt.erial y moralmente abandonado, tll ni!lo condenado, por una eRpecie de iatalidad souinl, al vicio y al crimen: he aqnf el libro que es ne•
ce~ario eEcribir, dt'jaudo que en
tíl corran t,)dllt' las caridsdes, toda~ la• terunrM, toda.a las indi·
gnacione~, todllB las cóleras de
su corazón. lle aqnf la novela
qne Jnan Viguol debería hacer,
sí...... ¿Puoen 11né piensa? Juan
Yignol no tiene tulento, nunca
Jo ha tenido. ~:1 lo Pabe dema·
silldo bien. Y si las liÍgrimas lo
ahogan en eete momento, llora
á la v.. zpor el infortunio de e&amp;•
te pobre niño y por su impotencia.
Sin embargo. la puerta ee
abre. Es la tía ..\Tathieu qr1e re·
greaa toda ~ofocada. ¡Oh, esqne
es~á cansada y cad01cal JY qué
roetm más lamentable surcado
de mil ar,11g&lt;1S, rode.1d\l de su
pa.ftuelo de luna!
Y bien, tanto p!!or! El buen
homl&gt;re cedll al deseo que lo
atormenta desde hace algunoe
minutos!
-E.•cm:be ueted, da ~Iathieu,
he pensado durante e•1 ause~·
cia ..... 1!:n 11.1 época en que v1•
yfa mamú, yo ganaba para _loa
dos ...... Bneno! pUt!fl me traigo
á neted con111igo ¿quitlfe us·
ted? ......... Ustetl se ocupará de
los q ueh:i.cere~ de la casa y yo
la ay11d11ré á criar al pequeño.
Y l11 pobre mnjer da un grito,
ee desploma sobre Ulla silla y se
cnbre el ro8tr0 con las wan011;
y como el niño, que se despj~ria
sobre,;altado, se pone tam b111n'
llorar, Ju:m V;gnnl lo toma de
en cuna, Jo mira d., Cl!rc_a y d&amp;poeita en su blanda rne¡tlla un
be.so ya paternal.
Xo es est,\ todo. ¿Sabt,is que
la generosa conducta de Juan
Vigr1olha tenidoparaélaus ven•
taja¡.'7 Comimía, natun,Lmente,
sirviendo lad wi~was clunlaia·
nerías ii su público eapecial;_pero sin emb1.1rgo l1.1y en sn. ultima novela-J::I /,uí'r(ano ,le JJeUe·
,•il/c-yo no h1 qué que no había
en laa utras y que hace s.ollozai:
á lae 1,rríRP.tlll!. 1-:1 tiro uel P,que•
;¡,., Prvlefario h:1 subido y el ea·
critor gana ahora sus vei nticinco c(:nt1mos por línea.
Y ::uín la obra ha sido reproducida pora!gunae hojas de pro•
Yiucia; y cuando hace pocos_(lfaa
J111111 Vignol llegú á la ca¡a de
l11 Socit'tiAd dt! Literatos á ~
brar sus derecho~, tuvo la_ única
alPgría d, su vida de e!!Cntor.
El más ih1stre, el prunero de
los uovelietus de estos tiempoe,
Je di6 un _golpecit.o en la eapal·
da, ante el despacho.
-DJgame eenor Vignol, he
leído dos 6 ~res foUetinee de uaY be sqn( á la anciana contenta! •¡Ah mi bueno, mi ted, en et1toe últimos di11s y be 1&gt;ncomrado en ellos
amable f&lt;'fior Yignoll• E inetslau la cnna cerca del es- mlly bnenae, mny einceraa, muy conmovedoras sobre
·
Mo
critorio del novE&gt;li~ta y la tia MaLhieu sale exhalando ni1ioe.........
Y el pobre hnmbre," ruborizado h!\Sta 1a~ ore1as:- nd~
por lo b•jo bPndiciones. Y ya solo con ol pequefto, el
eBCritor Htl echll á reir socarronamente entre su larga chas gracia~ mi querido ma?etro, contesto halbacea 'b
de placer. Pero ee qne ...... ah1_?rll••···· ... cuando eecn
barba.
·
algo eobre los niños ......... copio dd ,.af,ira/! ....... ..
- t'amoe héme aquí convertido en nodriza.
Y al~¡;re por su bnena acci6n, se instala bajo 'a lám•
Fa.1scs1co C-OPPEL
para y toma la -pluma. Porque dia~tre!-no _hay que
oi ri1arlo moilann temprnno debe envrar á la imprenta
eu foJl,.tf~. Toda la novela ha qnedado modificada con
Ahí, donde falta todo, la naturaleza se encarga de sil·
la rumrrPcción de Rouffe·Tou. Pero aqneUa noche el plirlo todo; Pila hace florecer y re\'erde_cer todos los hun·
cuPntista Pstll de yena.
dimientoe. Tiene la hiedra para las ru10M y el 111nor paSu f'TE'sidieri , precipitndo desde .la segunda _me@eia ra los hombres..
de la Torre Eíffol por otro tuno ele~ant.e, nn v1r,cnnde
que d8"ciende de las Cruzadas y 1D1ambro del Jockey

-Pero ¿cómo? ¿El único colchón delll!~? ........ .
-Es necee:uio ...... Figurese ostedque m1 hermana ~enor, ,-iuda como yo, acaba de caer en cama, Y no,ta_qu1eren en el hoepital á causa de una enfermedad croruca....
y naturalmente debo &amp;)·udarla. lla eido tan b~enu conmigo ...... Me acostare algunos días eobre la paJa. No se
muere uno por eso, ........ Porque cuento dl1iaell!~fiar el
coloh6n cuando reciba mi quincena......... Lo uo1co que
me inquJeta es el pequefio. Necesito cuando menos. nna
hora para ir al Monte d1;, Piedad y á 1a casa de m1 enferma. Siempre f!e Jo dejo á la portera, que ea una buena mujer ......... ¿Pero la ha vi•to usted? ~~ta noche, víspera de Na,-idad, tienen pu cena de familia en la porte·
ría, y á lo~ pmrt.res ya están e_n tono ~e cantar·:.......
¡Vivan los pobres! Juan V¡gnol tume &amp;ni! OJO!! de perro llenos de lágrimas.
.
.
-No hay cuidado, Ha Matl~1eul De¡e uRted la cama
quieta. Yo tengo todavía qmnce francos. Tome ue~
die,: . ....... Y vr1.yase , la casa de eu herma.na ......... En
cu1mto al rorro, l!Avelo usted. á mi. casa. D~erme como
un bieni.v~nturndo· oo me 1mped1rá t.raba¡11r......... Y
ademáe, si ee pone á hacer música......... bueno, no es
tan l)tlsado mecerlo un poco y darle de beber.

,;adaa como ensalada. Era preciso vivir allá arriba, en
Belleville, en un pt,queilo departamento de un qwn\O
piso. Allí habitaba, pues, .Juan V_ignol, ~ c?mpallía de
su madre cril!pada por el reumatismo y gJm1e11do de la
maftana la noche. Para ganar algún dinero-¡~h¡ _muy
pocol-i!I poeta seconvirbó en novelieta popular, a igual
que un pintor entrampado se hace íot6graío.
Dulce y resignado, act1pt6 el o6ci~, -y pu~o en ~I todos
sua sentidos, pero, como &gt;=ª hemos dicho, sm gran re9nJtado. Y eato era natural, ue~puée de todo, porque care•
cía de convicción, de sinceridad, n~ tom.ab~ b~tante'
lo serio sus marquesas bijas de ebametas gu11lotmado~ Y
eue dnques que Ee ¡,aaeabJJl por loe albaftales con abrigo
de pie&gt;1es v corbata blanca.
,.,
El Director del J&gt;¿qi1ei:co l'roktario, en donde Juan.'\ 1gnol publicaba sus bli!t.or,as capacee d~ bac~r dormu de
pie, ltt decía con toda crudeza: •Qner1do mio. se c~noce
que no siente usted nada de esto,,&gt; y no le paga~a stno á
diez céntimos la línea. El pobre muchacho fab1a que era
superior á au groeera tarea, y sofría dando~ men,udo pro•
fondos suspirot. Pero ¿y qaé? Era su ~estmo y para ho.-Oer cocer su escasa pitaoza ~e agotaba mventan&lt;lo aventuras cada vez más extravagantee.
Uno. \'ez, por ejemplo, no hubiese podido pagar dos arrendamientos atrneados y habría eid!)
indudablemente embargado, s1,
en el 1'iltimo extremo, no hnbiu·
ra logrado un anticipo del Dir€C·
tor ctel l'er¡u~,10 l'l'l&gt;letariu, ee·
ducido port-1 asunto de una no·
vela cuya anblltancia en el_ primer f C'lletín, era como sigue:
"'ºº músico de la orqulll!ta del
Ambigú, hijo bastardo, ain saberlo, de un par de Jnglaterr.i,
al volver il su ca,a, des.pués de
la lnnción, encut1ntrn un eequeleto en In C'\jn de su contrabajo.• Bit t'I 7,rói·imo mímtro conlinu«rá.
En tanto que vhió la mam,,
' Juan \'ignol, modelo de_ amor
filial, soportó bastante bten la
,·ida. Pero desde hace dos aftos
que se encontraba tiOlo en el
mundo, eiu parientes, con poeos amigos y con coRtnmbres
caseras, v se aburría enormementll
su piso alto de Ilde,· ille.
-¡Qu~ trabnjo! se decia una
uoclw ,·íepera de Navidad, 811·
biend~ con lentitud sos cinco
11isos porque ee había puesto al•
go as~ático. ¡Qué trabajo! Todavía dicen en el diario que mi
última obrn-.lfo:w, !1 Ou111{•{11iía
-no tiene bastantes p11fia adas.
Serú preciso que resucite á Bm,t/r 1'01\jmm, mi presidiario que
acabo de precipitar. no hace ocho
días de la Torre l,iffel, y que le
facilite víctimas ....... y dei,pués
d1: este rru-go de complao~ncia,
ya verán uot~des corno t!lguen
rehnsándon1e veinticinco centavos por Jlnea ......, ..... ¡ A.h perra
vida!
.,
Al entrar en su habitacmn, experiment{ialgllnOS pequetla11c01!trariedades. Después de una mi•
rada melancólica á su colección
de pipaa, eemejante r1. la d1:l ha·
rém de un sultú.n que ha renun•
ciado r1. este pa,at1empo, Juan
Yignol advirtió que su lumbre,
que babia, sin embargo, cubierto de cenizas antes de salir, se
había apagado por completo. Y
tn \'O necesidad de eneucilll'!!e
l811 manos para encenderla. la
pnrtera le habia preparado mal
la lámpara en ln mailana, y tuvo que cambiarle la rnecL.&lt;1; entonces sol:wieute vió que no tenla l!iuo dos ce1 illos en s11 caja.
-¡Rayos y truenos! exclamó
soltando su juramento favorito.
l'ueaestoy fresco si la lámpara
6 la ln'mbre se vuelvten iJ.apa-•
gar...... Y necesito de ·velarme
para resucitar a I presidiario.
iBoniwi Navid~, entre p9:réntesisl Y cinco pisos que ba¡ar y
subir otra vez por estos cerillos! ......... Pero no! voy á pedir
uno á la ,·ecÍilB.
La vecina ero la tía liatbieu, una pobre vieja, cuya hij11 recientemente aba.ndonada por an marido, babia
m'uerto de parto el me9 de J alio. La criatura t,eoia cinco meses; y la abuela que cosía á máquina, la criaba con
biberón. ¡Cuánta miseria en aquella covacha I El novelista que era un hombre de corazón. había entrado allí
algn~as ,·eets y dejado nna moneda de plata, aunque no
tuviPse rnnchas para él.
-Tunl tan!. ........ Buenas noches, tía Mathien. ¿Me da
usted unos cerilloA?
-Eb ! tía Mé.thieu, ¿qué hace usted a.hf?
-Ya lo ve usted, i:-r. Yignol, respondió la vi_Pja con
voz lacrimoss. Voy r1. llevar esto al ~fon,e de P1Pdad y
ea prreiso que me dé prisa, porque cif'r..-n lea oficinae á
JBB ocho ......... Siempre me darán diez francos ......... Es
¡sna buena, no crea Ul!ted ....... ..

4

•

2i

EL }fUNDO.

420

y

~a llegaaa ael año nuet?o.

º°fo:

°

27 Dwrnmnrn, 1896.

Balada de la .muerte.

EL NIDO DE GORRIONES.
Ancho, hueeoeo, atlético, con los ho nbroa robustos,
las piemne fuertes y el cuerpo encorvado por la edad, era
~I tio R(.que, un campesino llmgonét!, que llevaba con
~ergfa eus setenta y cineo allos y la adminiRtración de
elll! finca- y propiedades, calculiidas por los inteligentes
-del contorno en ciento cincuenta mil duroe; un capital,
diariamente l'igilado por su dueño, que recorría ene tierras sobre un caballejo de mala muerle para inspeccio•
nar y dirigir la siega en Agosto, la vendimia en Septiem•
bre, la si&lt;,mbra en invierno, el esquileo del ganado en
primavera, la recolección de irutas en otofio, y las múltiples faenW! de la ogricultnra en todo tiempo, sin cuí•
darae del calor, ni del frío, ni del aire, ni de la lluvia¡
atravesando uua at.móefera de luego cuando el sol aabrasaba los campos. y una eilbana de hielo cuando la nieve,
cayendo de las nubes, se extendía en forma de m·auoba
monótona deede los má.s hondos repliegues del valle hasta loa mál! altos picachos de la sierra.
Por9.ue el tío .Roqne no quería dejar nada á la inspecci6n a¡ena; la más i11significante semilla pa,aba por en•
tre stis dedos antes de caer sobre la tierra, aquella tierra
13Uya, completamente suya, á la que quería y amaba con
ternuras de abuelo y codicia de amante celoeo; tierra de
la que no se habla separ1.1do nunca y de la que parecía
hijo, y mejor que hijo, producto. A tal extremo se había
compenetrado con ella, por su aspecto, parte integrante
de ella misma.
Su cuerpo achaparrado, duro, lleno de ángulos -y nudo•
sido.des, asemej.ibale á una encina ano~a, dotada por un
-capricho de la Naturaleza de la facultad de transladarse¡
su rostro, corUdo por la intemperie, era del color de la
tierra labrad11, no parec(a sino que 11n solo arado había
hecho los surcos de la una y las arrugas del otro; como
crece entre louurcos lacizañn, desigual, reyuelta y sal{li•
cándolos á trechos, crecía la barba hasta su cabeza puntta•
goda, coronada decabellos blancos, que recordaba los pi•
-cos inacceeibles q11e se er¡,:uíao sobre la montafia, co bier•
tos de nieves perpetuas. El tío Roque era un pedazo del
terr11f10, las raíces de su ~·ida arranc:1ban de él,
:S-i so dineYo, ni sus hljos ( cuatro hombretones ya casados), ni BLB aiíos, ni sus fatigas, fueron bastante r1. ind11cirle al reposo, á la existencia c6moda, al vivir quieto
de un anciano pudiente...... Quebrantlibaae su ealnd con
el rudo trabajo r1. que ven fa entregado desde el amanecer;
algunas noches de invierno una tos seca deagarraba su
pecho: no pocos días de verano sinti6 un abogo, un prin•
-cipio de aefi:x:ia, que le hizo detenerse y buscar apoyo en
el tronco de llil árbol; aconsejóle el médico, multitud de
vect:s, que deecanaaee, que re· ,unciara á la labor diaria;
pero el tfo Roque se encogía de hombros, se burlaba de
-consejos. y de dolencias, y al romper la aurora se bebía
un Yaeo de agnardiente, ensillaba eu caballejo y al cam•
po, á ínepeccionarlo todo, á qae trabajasen los braceros,
tl que produjese la tierra, á que no estropeasen á su querida, la única hembra que había sabido pagarle con usura eus desvelos y eu constancia.
¡El reposo! ¡Entregará manos ajenas el cuidado y con·
servaci6n de lo suyo( valiente locural.. .... ¡No ver sus tierras sino á ratos y como un paeeante más! ¡Cómo si
aquello fuera posible! ...... ¡Como si él, acostumbrado r1.
trabajar sue terrenos y á dirigirlo todo, pudiera resignarse á vivir inactivo, á convertine en espectador, ::t no ver
-c6mo en laa maf!anas Irías del invierno desflora la reja
del arado la tierra húmeda y palpitante, para que lama•
no del sembrador arroje en su seno la simiente fecunda·
-dora; á no contemplar bajo los rayos abrasadores del sol
de Agosto cómo e! trillo desgrana la requemada el!piga
y la horquilla 11.1 recoge y la pala la avienta, para que el
trigo caiga convertido en granizo de oro sobre el ancho
mont6n que cubre la era y qne se eleva en forma de pirá·
mide; quedlll'l!e eu c1111a, bajo la sombra perezosa del empa•
rrado cuando la hoz arranca de la cepa el lozano racimo
v el carro lo traslada al lagar y los mozos lo pisoteu1 en•
t0Illilldo canciones hasta qne, conVf!rlido en mosto, lo
recogen las cubas y fermenta en ellas y de ellas sale trasformado en chori o rojizo que humedece los labios y calienta la sangre; no tomar parte en la recolección de los
frutos, en el esquilo de sus ovejas, en la labor harinera
-de sos molinos, en la confecci6n y refinamiento de en
aceite!.. .... ¿Era eso Jo que querfnn de él? P11~s que no lo
esperaran. El baria eiempre lo mismo, recorriéndolo to•
do, vigilándolo todo. A caballo mientras pudiera tenerse
:firme en la silla; en un car.ro si no pod!a andar. ¡ ~unque
fueee á arastrnel
¿Quién iba á hacerlo si no lo haaín él? ¿Sus hijoe? Tenían que cuidar lo de sus mujeres. ¿Un encargado? Como ei dijéramO!! un ladrón, un tramposo, q11e no podfa
querer 1uás que su provecho. Y él solo quieto, dejándose
Tobar en tllll! propias narices. ¡Que no! ...... ¡En seguida! ...
¡Apartarse de sos t-errones, no ealudo.rlos á todas horas!
¡Cómo iba á intentarlo; si 108 q11erfa tanto; si en verano,.
al irse á acostar, dejaba la ventana abierta para recoger
todoe los l'llmores de la noche, y no cerraba en tiempo
algú.Do las maderas para no desperdiciar ningún rayo de
eol, ninguno; ni siquiera el que 1,e bosqueja en el horizonte al amanecer, sin alubrar casi, como el parpadeo de
unos ojos que ee despiertan!
El que quisiera verle furioso no tenía más que hablarle
de ello.
Muchas \'eceB le habían propneet-0 sus hijos, cada uno
-de por sf y prescindiendo de los otros1 irse á vivir con él,
ayudarlo. Pero el tío Roque se neg6 wempre. Si bubie,sen estado solteros; bueno; con la recua de 111 mujer y de
los chicos no; el casado casa qniere. Saufa que de favorecer á nno se hubieran enfada.do los demás, y bastante se
odiaban al penpar en IIU' eventualidades dP la herencia
futlll'tl, para que af!adiese él leña al luego. :Xi un hijo ni
un adm10istrodor. El uno y el o~ro le habían de robar.
El eolo se bastaba para eu negocio.
Aaf pasaron at\os, y el tío Roque se fue poniendo achacoso y débil; ya no podía montar á caballo; apoyado en
nn bastón de nndoa, recorría sus propiedades y presen•ciaba las faenas del campo con toda la energía de su es-

421

EL MUNDO

En la mística noche callada
Una trémula voz desmayada,
A wi oldo, llorando, llegó;
En la mística noclie callada
Una extrafla y doliente balada
Con palabras enfermas cantó:
•Cabecitas cual pálido, lírios
Qne al incierto fuJgor de loa cirios
la medrosa tiniebla eW1alt.ais¡
Cabecitas cual pálidos Hrioe
Que las nocbel! de intensos delirios
En beata q11ietud esperaib;
Ojos turbios de vírgenes muert112,
Ojos de liondae pupilas abiertas
Dilatadas de frío y dolor;
Ojos tlnbios de vírgenes muertas:
¡Ya jamás en las noches de~iertas
Lucirels como estrellas en florl
•Manos láciae de mnertaP amadas
Que teneis las blancuras sagr.tdas
De la costa camelia imperial¡
Man.:&gt;s láciaa de muertas amadas
Que babeia sido en un tiempo, besadas
En la límpida noch.e estival;
·
.Lnbios muertos, que hoy sois de violeta,
¡ Ya no hay besos que alte:en la q.uieta
Contracción que la muerte os dt.-Jó!
pfritu, i&gt;mp•iia•lo 1•n •0~1.\lner y p11'!ear aqnel cuerpo ~ue
se tambaleaba sobre In ~umba. Pero como sus dolencias
le hacían quedarse en ca~a muchos días; come no lograba
inspeccionar o todo, ni los mozos iban tan derechos, ni
lae cosechas producían tanto como antes¡ como esto era
verdad y lo era también que el tío Roque ¡¡at11ba muy enfermo y el trabajo aoabab3 con él. y -u l!lllud tenía nece·
eidad-e11 opinion de loe médicos-de absoluto descauso,
resolvieron slll! hijos obligarle á cambiar de vida, y fueron á verle una noche y hablaron con él. senti\ndoee en
torno del si116n donde sn padre desc!llll!abs y oía eus proposiciones, contrayendo su boca sin dientes y fijando en
ellos ene ojos astutos de campe• ino.
El hijo mayor lué el rncargado de decírselo, y se lo dijo claro, ooo rudeza no desprovista de carino y lealtad.
-¡Padre, usted está inútil!.. ..... 1La vida que lleva no
le sienta bien! Es preciso que descanse usted y que arre·
gle la manera de encargar á &lt;1tro sne negocios.
-¡A otro! Y ¿á inién?-rep111!0 el viejo.
-¡,A un extraño.
-Eeo de ningún 1llodO,ccoutesbnon l011 hijo!! ácoro.
-Entonces, tá quién? ¿A uno de vosotros? ¿.Qaeréis
vosotros tres que se encargue Antonio de las fincas?
Los preguntadoe arrojaron ~obre el presunto favorecí·
do una miradn de rencor y desconfianza, ¡Encargarse
Antonio de t&lt;,do! Para aprovecharse de elb; para quedo.rae con lo mejor. Do ninglrna manera. Preferirían r1. un
cnnlquirra.
Leíruie eeto con tanta claridad en sus ojos, en las frases
ir6nicas y sutiles con que respondieron d. la pregunta de
su padre, gae el viejo les dijo sonriéndose con sonrisa
entre burlona y triste:
-Ya Yeo que eso no os conviene. Lo presumía. Noos
niego tampoco que estoy malo yqne el cnltivo delas tierras no anda tan bien 00010 a!los atrás. ¡Qué remedio! ...
Tendremos paciencia. Yo haré lo que me sea posible.
-No, padre. Usted necesita descansar. Se lo ha dicho
el médico y se lo repctimo@ nosotroe.
-Pues vosotros diréis cómo se arr¡,glll.
-Mire usted, como medio, hay uno.
-¿_Ontíl?
-Cédanos usted las tierrau, repár~laa entre nosotros á
su glll!to; de ese modo nos evit3remoa pleitear por lae
pMticioneB cuando ee muera usted; noEotros cuidaremos
cada nno de su parte, como usted mismo, y neted descansa, viviendo al lado de eus hijos, del que usted desee,
porque todos le queremo:, bien, y nos desviviremos por
complacerle.
-\'amos-dijo el tío Roque con voz 11ervioea-queréi11
here.::.arme en vida.
-¿Nosotros? ........ .
-Sí, no me enfado; es natural que penséis en ello; pero oídme:
,
Cuando vosotros érais muy pequeños cojí en el alero
de ese iejado un 11ido de gorrion81l; me los llevé it caaa;
los puse en una ¡au.a y la dej6 encima de la ventana.
Los padres, que h11b(nn venido detrás de loa .gouiones,
empezaron á dur-vueltas en rededor de aquella careel y
á pfar dolorosamente. .Por fio, uno de ellos se echó á volar, VJlvió á poco rato con un gran-o de trigo en el pico,
-entró en la jan Is, di6 de comer á una de las crías y mient:tas él prauticaba la operación, "e fué el otro gorrión y
volvió también ...... carg3do de trigo ...... en fin. que los
dos padres ma.,tuvieron áloe pajarillos, ni más ni menos qne cuando estaban e11 el alero del tejado.
«Creciecon .as crías, y ~charor ala~; ya revoloteaban
dentro de la jaula; loe padres seguían alimentándolos¡
cuando e11tuvieron los pequeños en dieposició:i de volar
por su cuenta, puse yo unoe espartos con liga delante de
la jaula; hice prisioneros á los padres y d( libertad d. los
hiJos . .A. los padres los encerré. ¿Y 1!3bliie ,•oBOtrOI! loque
pas6?-dljo el tío Roque con 11eento burlón y duro.-Que
lós -p~~res ee murieron de hambre; porque ninguno de
loe h1Jos se ocupó de 1arlee de comer.
-¿Y qué queréis decir con eso? exc1!Ull6 el mavor de
loa hijos.
•
-¡Qué) .Que no despedazaré mí tierra querida :fl!?T vosotros; que os vay11ie á. vuestra Cll88 y que me de¡éis en
la mía. Que no me qllÍero encerrar en la jaula.
Y el Uo Roque, riendo á carcajadas, se metió en su
enarto,

"IOh, Purezas! Dormid vuestro sueiio
En los brazos del último ensueilo
Que turb6 vuestra paz virginal
Y en loa brazos del último eosuefio
¡Esperad la llegada del d•ieño
,\ la cámara blanca nupcial!•

A través de las pnrdns neblinas
Muchas vi~enee ví peregrinas
Que la tráoca Reyna besó;
A través de las pardas neblim:e
Deegranando BllB notas mezquinllll
Lentamente su~ notas perdió......
ÁNTRl';OR l..EscA..'iO,

Diciembre 19 de 1806.

•

PAGINAS 'JE ALBUM.
r.
SU'.RPRISE.

-¿Es bella?, he preguntado.
-Oomo nn jar.mfn.
-¿Es inteligente? ¿Ea illll!trada?
-Hay algo en su st!mblante que recuerda el génio de
Corina, y de sos labios brotan conceptos dignoe de PIA·
ton.
-¿Es l!edactora, gracio!!ll y atractiva?
--Sus pasos son cadencias, sus movimientos ritmos,[.
al contemplarla se sueña en horizontes aurora.les, en ee.
vas perfumad6S, eu palacios de nácar, en cascadas de
perlas.
-¡Ahl entoncP~ he descubiert;o on misterio. Cuando
en estas tardes de Otoño, en la!! penumbras del anoohecer, bajan por la conj11nci6n celestial de los rayos de las
estre1las amiga~, r1. los vergeles cubanos, el Dios cupido,
y el Angel de la Carid11d, ¿sabéis á quien vienen á admirar y , bendecir?
Á. IILLA!!!

II.
SONIU8AS CREP[l;;CrALAR.ES.
A

EvA~GELINA ZAIBli.NA.

Eres-sobrina mía-tan dulce y tierna, tan bella y ruborosa, comi, lae vírgenes dibujadas por lllurillo 6 cantadas por Frédéríc, et artista prodigioso de EL Puoo11.
En el Otmio del aiio y en el invierno de la vida, la pluma suele arrastrarme hacia las oo~as triúes. Hoy, al declinar la tarde, la atmósfera eelá cargada de obscuridades
y de corrientes frías,
A 11esar de ello, me presentaa tu libro de recuerdos fn·
timos, y no quiero empaparlo en lágrimas, ni rodearlo de
sollozos, ni empequeñecerlo con decepcionea, Bino cubrirlo con divinales ea_peranzae, aignas de tu coraz6n sencillo, de tu mente cfarlaima v de tu so:-;nrsA cru:.PUS&lt;'n,AR;
de esa s.onriea de la ,ual decía )Iéoard que ,e siempre
diáfana, como el rayo de la luna que defc:iendeá baliarse
en el ambiente fresco del :ign3 dormida, en el p~rfume
enamorado de las fiores.
Acepta estos ap1111tu como un rocío de consuelos, ya
que, según exclamo.ha Brilland, en la Naturaleza es el
rocío la -ver.illdera yiili,·, 11u1ti11d.
Disculpa á IaJoconda,-pura, peromiateriosa. Continúa
siendo casta, con orgullo, ~o olvides !ns debilidades bumanaB, porque olvidar no e.i perdonar. Ama mucho, ¡,ara
que puedae defeJ)derte del amor. Eota1,. en la manan.a de
la juventud. En torno tuyo, toclo s,,,..¡;,,, lodo canta y mi
mayor anhelo es que jamás te veas obligada á repetir, con
el sublime trnvador &lt;le las inquietudes del alma:
¡,~v~. lncientc sol , &lt;"ampo d e flores,
ca,.,_,,,.¡a¡ c,elo azul, numlls!...... La vida
E., J1orrl ole tragoola entro c,.¡,leruloreol
Al&lt;'DRÉB CLO:Q'l'E

y ÁZQCXZ.

.

�422

EL MllTJ)().

27 DICIEMBRE, 1896--

ANATHEMA SIT.

Sin embargo, soy an poco hada y quiero probarle que•
fuf sensible a tu atención caritativa. En adelante t:iempre que abras la boca para pronunciar una palabra, saldrán de tolla. diamantes y pt::rlae tinas que podrá.a recoger
y que te hadn máe rica que una princen; de aaerte que
si el corazón te lo dice, podrás cnwrte con un príncipe,
porque poseenla una dote suntuo.a¡ circUDhtancia que nopodría diPguetar á ningllDo de los príncipes actuales, cu •
yaa tinanrGas están generalmente en mall,imc, estado.:, Dichas est.11s palabras la vieja desapar~ció y la joven emprendió de nuevo, muy proocupada, el camino de en ca•
ea, no ein haber hablado mucha:: nces en voz alta, para
no decir no.da y simple!llente porexperimentar el (abuloeo privilegio de que la vieja .la bahía invt'ati.io.

Si negare alguno qne f!anta ·M aría,
del Dios paracleto-paloma que albeaconcibió ain mengua de su doncellía,
ana~ma aeul
.Anatema el que recbua lo!' prodigios sin segundo
del botón intacto y úber que da fruto aiendo yelllJl¡
que los vientrea que conozca, como légamo iofeolllldn,
no le brinden 11ioo espurias floracionea .....• aoatemal
Si alguno afirmare qne Crieto divino
por nos pecadores no murió en .Judfa
ni su cuerpo fe!' hostio. ni su sangre vino,
anatema eeal
Aaat.ema los qne ríe11 de oblaciones celestiales
eh que un Dio~ -loco de amoret!--es In víctima suprema¡
que no formen para ellos ni l!U harina loa trigales
ni eus néctares l!Rbro~os loe vrñedoo...... anatema!'

Si alguno dijere que el alma no exli,te,
qne en lo~ craneoe áridos perece la idea,
que la luz no surge trne la sombra trnte,
anatema sea!
Anatema loa que dicen al mortal que temn y áude,
anatema los qne dicen al mortal que dude y tema;
que en la noche de Hlls duelos ni un carilio los escude
ni los bese la eeperanza de loe justoe ...... anatema!
Diciembre de 180/i.
A.YADO XKR\/0.

Las dos hermanos legendarias.

r-"~0

(' \.\..( 2
~~ -º)
,&lt;")

............,..

U11bía una vez (cuando menos yo dejé que me Jo contaran porque no fuí á wrlo), doa hermanas que habitaban con su madre, viuda proba~lemente, (porque no se
dice nua palabra del papá en esta historia) una casita en
nn bosq11e. ~.\unque no faltaban las casas en ese boaqne
.. acaso haya qnien 88 asombre de que tres mujeres sin de:
fc,nsa hubil'l!en tenido el valor de permanecer en medio de
la selva, sobre todo en nna Jpoca en que loa lobos y lo&amp;
jabalíes no andaban torpes y ee ignoraba en su ruavor
parte los neos mlia element.ales de la civilización. Ea" de
creers.e qne ell!lll encontraban Blt pequefio beneficio, sea
qne d1es!-'n do comerá loe lenadoree ó 11ea que eet11viesen
en connivencia con loa merodeadorée y loscont:ra:andis;ae y que au9 cuevBS eirriPeen para celar las mercPncfaa
robadas ó adquiridas con !rande. Este punto hn permanecido obecuro, pero como P.9 perfectamente inút.il para
la int.eligencia de nuestro relato, nos dispeoaaremoa de
c~clareurlo á 9ioruo.
Esas doe hermanas, como sncedediarinmente en nnestras ciadade;, más progretoiatas, no tenían la uoa por la
1Jtra mae que una simpatía mitigada. ~ns relaciones eran
,~xpotáueamente agrltlulces y máa agrias que dulce~.
En primer log_ar la hermana mayor era morena y po·
eo[a un par de OJOS nl'gros capaces de p :nerceloeoalaza•
b:1che y de de~concenar al ébano; en tanto que Jn menor
enorgullecía u.e u na cabellera rubill capaz deponer cau~tlloaoe á los trigos y ojoa azolea de un azul transparente
y límpido que t1vocaba los cieloa &lt;le l\layo v los marea de
Septiembre. Fácilmente comprendt:réis qu·e esas dos hermanas tu ties•n la nna por la otra e~ntimientos á~idos•
lal mayor e.stimaba que no se tenía el derecho de ser t~
insolentemente rubia como en bem1aaa menor y la me•
nor coD!lidera ba como iujurioso ser t.,a 'imprudentemente moren~ como eu hermana mavor.
En otro~ t.érmi no~, e11ta, eefiorltas .,floreetalee,n 11e deLMtaban cordialmente, lo cnal es muy t.rú;te pero tnás
común de ló que ordiuariam~nte se cree.
~\demás sus carac1.eres diferían de una manera tan
cierta y posith·a como el color de eue pnpilas y el tinte
do.i aus cabellos. La mayor, naturaleza espatl.ola, era tao
ardiente, pet.uh1ute y -v~inglE&gt;ra, como la menor, temper1lmeuto ei;ca11di01wo, era. plácida, tranquila y reposada
~o se pasaba caei dfn ~in que las dos hermanas antag~
nic:is no to,•ic_eo la una para la otra palabras vivaa y

"ª

prop6l!itos hiriente@; no ee eabe lo que h•biera paeado
en la.a noches si 110 hnbieern tomado el prudente partido
de conFagrnrlas al Euefio.
Sus di,cuejonea diurnne dtgpnarnban rora vez en que•
rellas caracterizada.• gracia~ íi la int.erl'ención Ealudable
de la mamá. Esta 1íltirua, como puede verse, ¡ay! en 1a
mayor parte de las familias 111odernaP, _no tenia por sus
Jos hijas una predi lecci6u igual; para la mayor que se
le parecía en Jo f(sico no mi;nos que en lo moral, dejaba
ver una \·iva preferencia . ..iaí, todas la8 ,·ecea que intervenía en ene eternos debatll\l tomaba con wui parciali•
dad deplorable el partido de la mayor contra la menor.
Esta, mny eutlcientemente reeign:itla respecto á los f:entimientoe maternalf's ni atm esperaba á que se maniit:atasen; para evitar di~goetos procuraba eclipearse dulcemente ~an luf'go como ofa los paeoR de i;n madre en la
escalera. En una palnbrn, la vida ee !e habla vuelto insoportable; pero la característica de la vida es dejal'l!e
soportar aun por lae personas que la juzgan insopor•
table.

!o!aturalmente, la madre •*•
y la hermano n1nyor hicieron
11oflama con el milagro. Eso no Fe había visto jamáe, diez.
veces se hizo reierir á la joven, con todos los detalles. loe
aconteciruientoe de la mariana, no 8iD haber tt•nido cuidado de colocar anLe ella una iumenFa ce~ta niáa habituada :i ,·erRe llena de putatae que 11: diamautee y de per•
las flnae. Eran aquelllll!, riquezar, incalculoble•: la madre
y la hermana quisieron apouerarsti dt&gt; el.al', pero con
gran decepción de su parte, apenas tocabon la cesta, las
piedras prl'ciosas de,;apancínn como por encanto. Acuearcn á la hermano menor de qne les traía mala suerte,
mas no por eeo dE&gt;jaron de ver deeaporecer, sin poderlo
remediar, innumnables te.eoroa.
Fu.; precieo reflexionar: «Hijo mía, dijo la madre, ea
probable que los diamantes no ee deevane1.can ~ino porque no no!! pertenecen. En sumo, no hay razóu para
que la hnda no t~ haga el mismo preAente qne :í tu hermana. Por qné había de eer ella la prderida? Ya e11bea
to manera do conducirte¡ no te es difícil, pul'P, rnlver
aqn!' de.~parramando perlas linBE; eiltonceR podrás ncogerla~. venderlas y constituirte una dote rnl que nn príncipe te demandti en matrimonio. Xo es per~pectirn que
me diegu~te volverme nu día la suegra de un soherano
auténtico. u
La hermana mayor con ,·ino en todo. - };~perando que
sn hija hablll.!!1• e11 dianm11te11 la madr,~ lmblnba de oroFuése puea In jo,•p.n 11011 rnaflima al bo!!t1ne, ee c,~loc6 eu
el paraje indicado por ~u hermana v el'pe1-f&gt; la b11enaven·
tura de la ,·iej:1.
·
1':~ta, no tard,í en aparecer, vacilante y de~fulleciente
bajo en carga de lelía. La joven ete 1•n•cipi1.6 á eu encuentro y Je ~uplicó quii la dejase ayudarla: uCon muchogus•
to-respondi,i la vieja; ahora eetoy extraordinnrian1t,ntefatigada. El amo q11e me emplea es cruel y exige qJe lle-

*** ee encontraba en una
Un día que la hermana menor
calle del bo~que ocupada e11 recoger cr~i01ples,11 vió venir
á una vieja 10da encorvada b-Jjo el pt:so de ramazones
muertas de que babfa hecho un h11z coosiderabhi, mar•
chaba ptmoeawente, apo¡ada BObre un bast.ón nudoso y
ca:ia ano de .e ns pasos hacía campanear w cabeza ,•aci•
!ante. Su rostro eftaba hollado por 1118 arrugae y sua pobre!! ojos grisas denunciaban una fatiga tal, que loa cora·
iones más seros hubieran moY(dose ti piedad.
Nuestra jo,•en no pndo tolerar Ain emoción la vieta de
11na vPjez tan wiBerable; ee aproximó á la carupel!.ioa y
le dirigió estas palabra@: ~~\ladre mis, soy joven y robaeta, no ~a conveniente que me ocupe de la M.cil labor de
recoger "eimpleP,'' en tanto qne ,·os pen11ie dolorOl!amente para llevar esa cargR¡ indicadme el paraje en 9-ue
debeie depoeitar esta le!ia y en tanto qne buecaie las hierbas en n1i Jugar, yo haré la tarea injusta que se os ha
impuesto; sí, inju11ta, porqne está por encima de las fuer•
ve yo una carga que excede en mucho :1 mis íuPT1.11s. Anzas de una viPja y buena mujer como Vlll'.•
hija mía, me haces 11u eervicio y Dios te lo recom•
La campeeina respondiú: -Hija mía, tienes generosos da,
pensar~...
aentimientoe y yo te probaré qne sé reconocer loe; no h~e
.Aquí 11e trata de Dioe-pens(, la joven. ;;eguramente
obligado á una ingrata. Pero tranquill!!ate: si cazgo mJB
viejas espalda~ con un fardo tan pet'ado, no es porque ee hay error; la otra vieja llevaba 1efia por gn~to: fleta tra•
me obligue; yo misma me he impue~to la tarea. He tra- ba~a porqne ~e lo exije en perra vida; me he eqnivocado;
bajado toda mi vida y me sería penoso convencerme de 901ero traba¡ar para una hada pero no para la primer vieque ya no soy buena para nada. :r-:n t.anto que el cielo ¡a 9ue se me presente: eeto sería estí1pido. Y arrojando
me cooeer\"e fuerzas suficientes para transportar mí lefla á t1Prra las ramas exclamó: ••Buena vieja, no me has midesde en medio del bosque hasta mi cnisita, estaré tran- rado¡ te imaginas acaso ~eri:ímente que yo voy á reveo•
quila v me re.iré de la vejez. No tengas, pues, remordi• · tar por tí sin provecho? Otro día si gasta¡,; lo qne es aho•
ra te comprometo á que vuelva.~ á car¡tar ta lefia sobre
miento!! y continúa buEcando tus simples.
Lua hombroeJ porque BÍllO muy bien podrfa quedarPe ahí
hasta el fin ae los tiempos, 6. menos r1ue le crezcan alas ....
-Te has bnrlndo, pues, de mí, repuso In vieja.
Te peeará, hijita: has nrado abandonando mi Iei1a
porque con ella me caliento. No tardará~ en arrepentirt/.
En adelante no podrás pro[erir una palabra ein qui'! balgan de tn boca víboraa v eapoa. Eeo te enseflarii á burlarte de las hadas, y eÚfriráe tanto más cuanto qne to
hermana menor continuará llo,·ienü.o perlas y diamantes.'•

,,-/~

*

\_\·'½

Á (
-

Todo p~6 com'! el hada fo ha~fa ordenado. Pero-1oh
de·senface unpreneto y además mmorall-Pucedió que la
generosa herrnnnll menor acabó sus días en la mi!!erin
porque á fuerza de haber •secretadon diamantes ,. perla~
no encontró Joyero que quisiese comprárselaP, e·n tanto
que la maligna hermana mavor, acabó loe ~nyos en la
opule!Jcio. ~or!lae á fuerza d_e expectorar sapos y vil.oras, d1ó naCJm1ento á bactrac1oe y á rP1&gt;tiles tan perfec•
cionadoa qne todos loe jardines zoológicos del mllndo se
los diepatabao á -precio de oro.

¡[

. 1
De aa antigua coquda la hermo,urn,
las ganas me qoitú de hacerme cura.
CA~IPOAl!Oll.

27

DICIEM:BRE,

1896.

El epitafio revelador.
¡Yo lo había amado perdidamente! ¿por qué me amó?

F.e extrailo no ,·er en la imaginaei6n sino un solo penea•
miento; en el conzón an sólo deseo, y en la boca un
nombrtl solo: an nombre que se sube ínce,,antemente,
que sale como el agua de I!.laoanti:ll, profnndidadee del
alma que se lll!Oman á loa labios, que se dicen, que ee re·
piten y que se murmuran sin cesar en todas partea á mo•
do de oración.
No contaré nuestra historia. El amor no tiene mils que
una, y siem·pre la wi~mu. La encontré y la amé. lié aquí
todo.
Y yo había vivido dnranta un año con su ternura, en
sus bra.tos, entre sns caricias, en sus miradas, en sus tra·
jee, en sus palabras. envuelto, ligado, aprieionado en todo lo que procedía de ella de un modo tan oompleto que
va no sabía si era de día ó de nacho, si estaba muerto ó
,·ivo, en el viejo mundo 6 en el otro.
Muri6.
.
El c61no, no lo ~é. Yolvió mojada una noche de lluvia
y al día siguiente tosín. To:sió cetca de una &amp;emana y ee
acoRtó.
¿Qué pasó? X o lo sé.
Loe mf•dicos venían, escribían y @e iban.
Trafl\n remedi~; una mujer se loe hscfa beber.
Sus :uanoe estaban calieotee, su frente ardiente y húmeda, su mirada brillantti y tribte.
Yo le hablaba y eils rne respondía. ¿Qué nos dijimos?
No lo eé t:uopoco. Todo lo he olvidado; ¡todo! ¡todo!
~iri6. :'tle acuerdo muy bien de eu débíl sll!pirn, PI
último ténae ~u.,piro.
J.a enf~rma dijo: "jahl• Todo lo comprendl.
No he sabido otra cosa. Nada. Ví un cura, y me habló
de ella, y lloré.
l\le comnltaron ~obre mil cosa!'. Me acuerdo i,in embargo rnny bien del féretro, del ruirlo de los martillazoa
cuando chwaron la tapa. ¡ Dios mío!
La enterrarou. ¡Eoterrada! Ella, en aqnel ag11jero. :\le
escapé. Cnrr(. Camiriil mucho th,mpo pór las calles. Oe8•
pu~a vol\'Í á mi casa. A.I día siguieote hice un viaje.
.Ayer regresé.
Cnando volví ti ver mi coarto, nnestrocuarto, nuestros
muebleP, aqnella cn~u que había qnedado, todo lo que
qoeaa de la vida de un ser despnés de ¡¡n mnerte, me vi
dominado por nn EentimienLo de peear tan violento, que
eetmJ II punto de abrir la ventana y arroJarme á la ca•

lle.

No pudiendo ya vivir cm medio de aquellas C-Osat1, de
aquellas paredes que le habían encerrado, abrigado y que
debían conserrnr en ens inperceptibles hendeduras, mil
átomos de elln, de rn carne y de bU aliento, tomé el soru•
br;,ro para rnlir.
De rPpente, en el momento de llegará la puerta, pMé
por delante del gran e11pejo del vl!eMbolo que ella había
hecho colocar allI para veree de.pil•s á cabeza cada día al
salir, para ver si I.Odo ea tocado estaba bien, si estaba correcta y linda d~.sde las botitas al Rombrero.
Me detuve eufrt&gt;nte de aqnel espejo qde tantas veces la
había reflejado.
Tantas y ta_!ltas veces, que por fuerza había debido
con!!"n·ar ~n 11n:igen.
Allí eRtaba yo de pie, tembloroRo con loa ojos lijos en
el criijtD l. profundo, vacío, pero qne Ía habfa contenido por
entero, po~eido como yo, tau to como mi mirada ap8l!ionada.
Me pareció qlle yo amaba aquel espejo; lo toqué, esta•
ba frío.
¡Oh¡ ¡ loe recuerdo!:'! Espejo doloroso. ea~eju abrasador,
eepej6 vivo, eepejo hornble que hace sufrir todas las torturlls!
¡Felices loa hombres, cuyo corazón, como un espejo
en el qne se deslizan y ~e borran lo~ reflejos, oh·ida todo
lo que ha pasado ante fl, todo lo que ha contemplado,
mirando con dilección Ru amorl ¡Cómo i:-nfrí!
Salí, y á pesar mío, ein saber, sin qnererlo. iuí ni ce·
menterio. En"contré eu tumba eenciltísirna, una cruz de
marmol con estas valabraB~
"Amó, fué amada, v murió,"
¡ALU estaba debajo de la tiura, putrefac¡a! ¡Qué ho•
rror! &amp;&gt;llocé. con la frF-nte tocando eL tierra.
Allí permanecí mucho tiemp.&gt;, runcho. Deepnée me dí
cuenta de que la noche iha cayendo. Entonces un deseo
extrano, loco, un deseo de aroante desesperado se apode•
ró dE&gt; ruí.
Qnise puear la noche cerca de ella, última noche para
llorar sobre s:t tumba. P1•ro me verían y me echarían.
¿Cómo hacer? Me ocurrió una Bt&gt;lncia. Me levanté y
me pu11e á rngar por aquella ciudad de loe deeellperadc.s.
Caminé y caminé. ¡Qué peq11ei\11 ern aquella cindsd ol
lado de la otra en que tié vi ,•él Y sin embar¡w ¡cuánto
más nim.1ero~oe son esos mn!'rto, Qne los vivo11! .Xo hacen
falta C&amp;Eas alla~. callee, mucho eep11cio para las cuatro generaciones que ven la luz, bebiendo al mismo tiempo el
&amp;gaa de Isa fnentee, el ,·lno de ln~ viii:111, y comiendo el
pan de las llauorru,?
Y para todas las generaciones dP. loa muertos, para toda la eHcala de la humanidad bajada haHa nosotros, casi
nado, l1ll campo. La tie1 ra los ..-uel,•e á tomar, el olvido
los borra. ¡A.dios!
En el extremo del cementerio habitado, \'Í repet1tinamente el cement~rio aba ... uonado, en el que los difuntos
viejos acaban de mezclnrae al suelo, en el que las mismas
crucer ee pndren, en el que Fe pondrá mailnna á lo,i recitín venidOl'.
Estii lleno de rosas libres, de cipreses Yigorosoe y negro¡,, un jardín triHe y ~oberbio. alimentado con carne
humana.
Yo el!taba solo, bien solo. Me acurruqué junto á un árbol verde. Jie oculté l'ntre sus ramM espeeaa y l!Ombríaa.
Aguardé embutido al trouco, como llll Jláuirago agarrado á un trozo de baque.
Cuando la noche estuvo negra, muy negra, salí de mi

EL MUNDO. ·
escondite y me p11Be á caminar suavemente, á pe.troa lená pasos sordos, sobre aquella tierra llena de mnertoa.
Yagoé mucho tiempo, mucho. ~o la encontré. Con los
brazos ext,mdidos, loe ojos abiertos, chocando en las
tumbas con las manos, 10!'1 pi.el!, las rodilla!!, el pecho y
hasta la cabeza, caminé sin hallarla.
Tocaba, palpaba como un ciego qua busca 811 camiuo;
palpé piedras, crnces, enrejado~ de hierro, coronas de vidrio, coronas de llores ajadas.
Leía nombre~ con mis dedol', pasándolos por las letras.
¡Qué noche! ¡Qné noche! Ya no la encontraba.
Nada de lona. Yo teuía miedo, no miedo espantosoent.re aqurlloa estrechos senderos, entre aquella línea de
tnmbas.
¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tambas! ¡Siempre tumbael A derecha, á izquierd11 1 ante mf, eu torno mío, por todas par•
tes tumbas!
:i'lle semi sobre una de ellas, pue9 no po Ha ya andar,
de tal modo qut! ae me dob1aban las rodillas.
Oía palpitar mi corazón. Y oís otr11 cosa también. ¿Qné'i
Un ruido confneo, sin nomllre. ¿Estaba en mi alocada
cabeza, en la noche impenetrable 6 b1jo ia tierra mi8terioea, bajo la tierra sembradadecadáveres humano¡;? ~Iiraba á m1 alrededor.
¿CaLioto tiempo estuve 9.!fl No lo eé. &amp;taba paralizado
por el terror; estaba ébrio d11 espaotu, pronto á. ahullar,
pronto ,í morir,
••
De repente me pareció q1le la losa d!I mármol en qne
estaba sentado se movía. ~o había dudo.: se wov(a como
si algtlDll mano la levantara.
D~ un salto mP pnse en la tumba vecina y ví, sí, ví al·
1.arse toda derecha á la pi,.dra de que acababa de separarme y el rnnerro aparPció, un esqueleto de~nudo, que
con su Pspalda eocon·ada la re:hazaba.
Yo ,·efa muy bien, aunque la noche era profunda.
En la cruz purll' lePr:
•Aqn( reposa Santiago Olil'ant, muerto á. la edad de 51

tos,

I\Í\09,ll

u Amaba á lo. rn) oe, fué honrado y bueno y murió en la
paz del Seiior. ••

El muerto lefa tambí..ín lae inqcripciones de las htmbae.
Recogió deepné.a una piedra del camioo, unll piedrccitn
agud11. v ee puso ú raspar con cuidado las palabraR.
Lae bonócompletamente, lentamente, mirando con sus
ojos vacío!! el pnetito en que estnban ~rabadas hacía poco,
v con la punta d!'l hueEo q11e h11bía eido su fndicP, 8€cribió eu letras lnminoeas como esas lfneM que ae trazan en
las paredes con el,extremo dt" on fósforo:
«Aquí reposa Santiugo Olívant, muerto á la edad de 51
ai108,.

t&lt;Apresnró la mnerte de su padre, al que de@eaba heredar; torturó á su mujt!r, robó cuanto pndo y murió mise•
rablemente. •
Cuando hubo neo.hado de escribir, el muerto inmóvil
completó In obra.
Al volverme vf qlle toda!&gt; la~ tnmba.~ est.abao abiertae,
que Lodos los caclá.verea habían salido de ellas; que todos
tawbiéo habían borrndo las mentiras inecrit.as por los parient.e s en la piedra funeraria para eftnblecer la verdad.
Y yo veía que todos habían 1lido los verdngos de sus
prójimos, iracundos, deshoneetos. hipócritas, mentiroso~,
calumniadores, envidiosos; que habían robado, engaiiado,
realizado toda clase de actot1 abowinab1€'s, 11qaPlloe bne·
nos padres, aquellas espo~ fieles, aqnell8ll júvenea ca,q.
tas, aquello@ comerciantes probos. aqnellos hombres y
aquellas mujeree llamadas irreprochables.
Eecribfan todos al mismo tiempo, en el dintel de au vivienda eterna, la cruel, terrible y eauta .erdad qne todo
el mundo ignora ó finge ignorar en la tierra.
Pensé qne ella había d~bido trozarla !'obre su tumba.
Y ein miedo ahora, corriendo en medio de los féretros eotrenbiertoe, en medio de loe cadávere~, en medio de los
esqueletos, fuí hacia ella, seguro dt~ Pncontiarln inme•
diatamente.
Lit reconocí dei;de ll'jos, ein ver su roRtro, en el sudario.
Y Eobre la crnz do mármol en que hacía poco había.
leído:
«Amó, fné o.ruada y ruurió.~
Yí:
~salió un din para engallará su amante, tuvo frío con
la lluvia que caía, y murió. »
Seglio me dijeron después, rne recogieron inanimado á
la madrugada ~iguienie, cerca de una tumba.
GuY IJE lUAUPAss.u,T.

LA GUITARRA
Ramooa del Cabo era viuda de ItOEendo Tercias, cabe,
de carabineros, muchos allos, allá. en Andalucía; después
l11br:1dor. en calida l de colono, en eu tierra; un valle
muy verde y algo sombrío de la wontsila ~tnriana. Ro•
11endo había trn(do de Andalncía tuda la 9al que había
podido, qua era poca. porq11e á él Pe le pPgabau mal las
cosas de más alla de Plljart!s. Era t.,onachón, callado, muy
amigo del ordt-n y de la autor.idad y de las tradicioneé;
volvió de Andalucía con el nmmo acento de Piñola que
había llevado, y tan poco gracioso como faé. Pero eso
no quitaba que le llamasen el andaluz, ni qne cllllJldo
habla rmdr:d1n, labranza de vecindad grntuit.a, pero con
lo comida por cuenta del . beneficiado, "e le ~ase una y
otra vez que cantara eantare11 el.e por allá, c11e1 ca~i de la
tierra del moro. R1J?eodo no cantaba; decía que no ba•
bía aprendido; y si le apuraban, se levantaba con sn ración y salía á comerla á la r¡t.&lt;í11tana.
La misma Ramona. creía qae su Rosendo era pájaro
mudo, que no había aprendido cantares por el mundo

423
adelante. No recótdaba haberle uído coeae de aquellB.8'
que le pedían, ni á solas.
Pero nació Pepín, cua11do e I Cabo ó el Andaluz ya empezaba á ser vie¡o; y ea padre, que al volver del trabajo
al obecnrecer, la cogía en bra?.oe, e11 cuello, y ee sentaba
á zarandéarJe, delante de la puerta del corral de las vacas, muy por bajo, y como con cierta vergueuza, le cantaba, caEi al oído, cantares aodalnces, eiempre triste11, y
trasformados por el asturiano rdractario en monótono
arrastrador ae cndenciaP, prolongadas y eefumadas, al
ueo de sus montanas. Resultaba d.e aq111clla me1.cla nna
.Andalucía sin sol, peco no sía poesía. Hu.mona sorprendía á ,iu marido en aquellas R&lt;wdadr~ melódicas de eus
recuerdos ,t,idaluca, pero no le decfa nada; y, de eoslPyo
contemph,ba al chiqnitín, de ojos l'oiiadoree, que n,ira•
ba á su padre embobado, como si el cantar le hipnotizara dulcemente.
Ello filé que á loe tres añoP, Fepín, desnndo de medio
cuerpo ahojo, y de medio cuerpo arriba no mny vestido,
ee eentab:i sobre el eetiercol de la r¡ui11t111u, y cantaba, con
precisa imitación, al eetilo de ru seflor padre.
De..de entonces se empezó ,1 ajar la atención de la fa.
milia en el nrlc '!"~ p1111íf! el cliico pura coaaa de voi "
o.ido. El señor cura de la -parroc¡.uin ovó C&amp;JJW!r ti Pepe
cnando éste tenía seis aliu9, y di Jo que él, que tocaba bruatante bien el órgano, afirmaba que el chico podía ser
buen músico si le cuidaban la e lici6n.
ll.oRendo volvió un día de In ferfa con una ~uitarra y,
con gran asombra de lfalllona, f8 puso á tocar con algu•
na torpeza de mano, pero con ~mti(lo. Y en los ratos de
ocio que bien eabe Dios que eran pocol!, se empeñó en
dar lecciones á rn hijo. ~:~pectácnlo más extraiio no lo
habfa habido 'por aquella Lit:rra. l'n aldeano de aquellos
valles con la gui~nrm en los brazos, era algc, mrnca ,•iato.
Claro ek! qu1;1 Roseudo, qne FPgu[a siendo lila so~o como siempre, no daba explicazionee á nadiP. ni con~entfa
que le oyeran lo,s vPcinos cnntar y tocar. Si Je rnrpren•
dian en tal recreo, luego dejaba libre el put!st.o y se alejaba murmurando. Ni :1 Runona ni á nadíe babl6 jamás
de aquellas coeas que.eentfa car,t:\ndole airea andaluces
á su hijo y oyéndolt: á Pepín r,:petirlos con una vo.1 tri:1te, llena de lágrill)as, como la suva..
· .-\ los ocho al1os Pepe tocab:i todo lo qne Mbía rn padre; y lo t.ocaba mucho mrjor, con m,(s expresión 1• lln1pieza. Ramona entonces empezó á participar d11I encau.
to¡ y mientras iba y ,·tmfa por el honeo, atareada eon
BU'I quehaceres de matrona de aldea, ofa enibeléPadn al
m1ísico chiquitín, qne buscab¡¡ lo!! rincone!I obi;curoia para t!nsayar, creyéndose solo, nue,•ns melodía~ quo el iba
inven~ando &lt;&gt; combi\1:indo. Se habí~ hecho 0111y amigo
del gaitero del pneb ~• qne le adm1r:\b:1. Y lial.iía queverlos á lo~ dos deba¡o de la ¡1¡mrta entre pr90Uu$, coust.iu1ido~ en academia fllarwómc:1, imit:1ndo~e muiu·amente
El gaitero gu~ría que la gai~ tocase CO!)lO una. gaita:
rrn, y _E'epín 1m1taba con la g111tana la gaita. El intento
del ga1tero era vana empresa: Pepía solla '&lt;'encer grandes
dificultades. Sí; la guitarra ns~nriaua de Hoaendo y Pepfn tenía algo de gaita: lo que le comunical&gt;ao de su alma padreé hijo, que erau, como las nieblas dP s11 mon.
tafia, e~píritus de suave melancolla, sin brillo, no sin
poesía; de ensueños callados, comJ cantelo~o~.
RoPendo no pudo pree.,nciar los mayore~ prog•esos
mnsiculeA de su hijo porque le rno.tó nna vaca, wá¡¡ pacífica qne él, de una cornada, ab~olotameute ir1m/,,nt,,ri11
Fu? al corral; la vaca e~tab:i w1ridr1, el Cabo le ei;t~ba
prepar1'nuo la cena, ella creyó qne era otra co,a, volvió
la cabe:ta, asuBtada ...... y mutó t1l amo. Como e~te accidente l!e VPU algunos.
Por mucho tiempo e~tuvo la guitarra col!iada en e.l harreo, sin qne Pepfn, que y~ enbía qllercr 11. su padre y
maestro, se atrev1~ra á pedirle e t conrnelo de lo~ tristes
sooe3 para acompailar su dolor y el de J!U madre.

i&lt;/*

Iba crtciendo el rapaz y con él su aficiún á la m1ísica,
á la triste s.&gt;lm• t.odo. Como diría Cnmpoamor, a/,,,~aha
el(/ /JQ1·d,ll1 ,·11 1-0 se,u,iblt. Era pálido, delgado de pocae
palabr:is como su_padre. No ee animaba más que cantan•
do al son de la gu1turm1&gt;o1as crndulu:us, historias de amo•
res, nostalgfa~ del amo!'. mnterno. f!;¡ tenía manre· pero
á s.u modo, cada ,~z qne el cantar lrnblaba de la 'madr;
aoeente, de la madre muerta, Pepín trrul«d'I rl u~vo...... ,
ee acordaba de su padre, que era pora él como una ma•
dre también. Parecía qne no, y el Cabo tan callado y al
par&lt;:cer apático, llcwd,a , ,, cu~a. Se conocfa ohora ~n el
c,rcí'!. Ramona, qne era act:va, menos tncituroa, jamás
hubiera soepeclmdo que su Rosendo fuera t:in importan•
te en el ruando, como veia ahora, que le echaba de me•
nos. c'?n un d0lor como de ahogo.
.!!;J 1enóme110 t.'ll ~uy ~eneral. _Esos .espfrilus suaves,
pacíficos, de poco historia, que viven e1n ruido, cuando
se van del muo~o se convierten 1-n gritos coostnntea del
dolor de anstncrn pa,a loa seres m:1s ego!atru;, á quienes
amJ&gt;nrllraban con sn bondad, en paciencia, eu suavidad
car1ilosa y sin demostracionel! aparatoeas. &amp;l les olvida
mal á eeos mansos que i&gt;e llevan coneigo toda su bien•
a venturanza.
La gmtarra, q11e en los primeros meses de duelo Ramo~a prohi_bió !}Ue se toc~ra, llegó á ser C-Omo una' evo•
cac1ón mM1ca. Como quien cumple ritoe de u:i culto
primitivo d+J la religión familiar, hijo y madre ~e juntaban para tocar y oír, N'Spectitamente, la guitarra que
Rosendo había tmído de la feria. Los caotart e ·andaluces, que un andaluz no reconocería, les parecfnn la voz
del difunto que se comunicaba aeí con ellol!.
Pero además la 11adre estaba orgullosa de las facultades de su hijo para la múeica. Varias personas 1,eritae
habían confirm.1do el dictlÍmen del párroco. Pepín podfa
ser un bnen ml4ico, ei se le educaba el oído v la voz No
ae eabe cómo, ee fueron abandonando poco á poco loe proyec_toa de enseiianzn artística formal, metódica.
::-.o dejaba deber un dogma en la casa, hasta en toda la
parroquia, que l'epe el Cabo cantabo como un ang ¡ y bacía ha~lar y llorar, sobre todo llorar, á la guitarra; pero
ello fue que la educación musical se fué aplazando, y Pe•

�424
Pfn invoque aprender las labores' del campo como cada
liijo de vecino.
•
Signió tocando de alicióa, pero nada máa.
Lo peor no [ué eso. LO peor fuó que 6. lob quince allos
:Pepe no nparent.aba m{i.s de doce 6 Lrece, y II los diez y
nueve segltfa flacucho; pequello, débil, como criado á la
sombra. l siarupre tristón. eoñador de peuas. Loe cría•
dos tenían que hacer.lo qoe era superior á Ja,¡ [nenas de
Pepe; la ,·n,ieria, co11 esta carga, no daba lo bastante para
vivir; en los anos da mala cosecha R"mon:i. del Cabo tenla qne empeilat'l!e. ~o se quejaba, lltl ch1ro; pero el mal
estaba en que Pep(n no :servia parJ la labranza, y otros
que venínn é. enpli r 110 trabljo se comían gran parL~ de
la escasa hacienda. Esto deseeperaba al músiCQ, que ea•
bfa ruejor que nadie cnán radical era eu inepti,ud de labrador.
Para colmo de males, Pepe se ensmor6 como se ena•
moran loa tristes taciturno~, l'Olladorea y enfermizos, con
alma y vida; con iuerza y conetaocia. Y casi fuá peor lo
que á él le llenó de alegría; que Remedios del Capellán,
,s obrim, di' un clérigo pobre. u~ hizo caso, le corespondi6
porque era más fino en el querer que otros de la afdea, y
porque l~nfa aq11ella vo~ y aquel wodo de decir Lernezas
\ristea con In guitarra. Fueron noyios. Y como eran fieles ambos, buenos, serio~, firmes en sus amores, aquel
noviazgo pronw oleó á matrimonio.
Parecían marido y mujer que no podían Jnntarae por
pobrea. La bod:\ t1ra lo mi• natural.. .. .- pero Ramonn y
-e l Capellán ~o consenLfan aquella /flcrm1. Se iban á juntar dos miserias. Cnanrlo vinieran loa hijos ¿qué iba á. pa·
ear allJ? fü,medio,. y Pepe ae resignaban: comprendfan
que su pobr~za, el 1,oc;o art.e de él par i el c~mpo, los se·
pamba. Pero eeguían 11iendo novfoa, annq ue li ciert-a die.
ta.ocia, con relacione! eemi--clandestinaa. Xo se negaban
del todo, pero se procuraba no e.xbibirlas. Asf son ronchas Yeces los amaros de gente l)Obre, fiel y razonable.
Libre del een-icio militar, por la ley, Pepín tuvo un
día la idea de i•nfr~ I""" 11/yo, de no eer una carga para en madre; sentó plaza en nn batallón de volumarios
qne mny pronto debía salir para Cuba, donde la goerra
y la tiebre ardían.
Había \'ist.o en Is capital de la provincia á los reclntaa
hacer el ejercicio. Con aq11ello podía él. Loa había ali(
tan pálidos, tan trist.on~, tan desmedrados como él. Para irá morir alié. lejos, Dios sabía dónde, no se necesita•
ban tantas fuerzas como para llevar la yunta, cargar C.'\·
rroe yerba, etc., etc. El íusil pesaba poco, en el hospital
lo mismo ognan'8rfn él penas qnc el mrui esforzado. Po•
dr[a sufrir dolortll! como el mismísimo San.eón.
Ramona y Remedios protestaron, gritaron, rogaron,
lloraron; todo inútll. Llegó el dfa de embarC.1r, y allá Iué
Pepe detiapareciendo mar adelant-e entre la bruma y en•
ue la n&lt;&gt;ehe que ee abría en el horizonte como una boca
del abismo. l:iobre cubiertn había brolllll, alegría, más ó
menos afectada; eonal&gt;an guitarros y caetaflu,.lns ..•... La
gait.arra de Pepe con ~I iba, pero mnda por a.hora. Remedios la había adornado con cintas coloradas, de color
de san~re. Pep!n, cuando la pena le ahogaba, besaba, á
escondidas laa cinta que había manoseado füimedios.
Ramona guardó los billett&gt;s de B;\nco y las monedas de
plata que le dejó Pepe como ijj íneran reliquias. Lo m.iamo Lizo Remedios con un roaario y un guardapelo muy
pulidos que le entregt, su novic,. De lo que osó, eu cuanto vin? el Liempo. íué del papel de cartas, perfumado y
&lt;:on d1bu¡os, que le regaló Pepín para que en tan primorosas hojas le escribiera.
·
Y el volunt.ario ruin, enclenque, no mal recluta. einti6
como una muerte en vida cuando perdió de vistá aquellas montanas, que le tragó el mar; aquellaa que 61 abandonabá porno poder ~acarle á 111 tierra querida, á cada
instante mlie querida, el pan que nene en las entrafias.

•*

.

27

EL MUNDO.

Fueron y vinieron cartas. &amp;medica y Ramonn entendían muy mal qné era aquello de la trocha, y lo de estar
destacado. De lo qne no hablaba Pepe era de fnego, de
balas, de bayonetas, pero debía de padecer mUoho. Los
soldados, muchas veces, márl necesitan drtudes de santos que de héroee. Por el mayor enemigo era una cosa invisi_ble, y que tenía un nombre que apenas se podía repetu-: '!º s/; q,,t,.... :. paN&lt;li,;,,., deofa R~mona con t.error.
RemediOI! ~ra may devota, pero muy ignorante, á pesar
de ser parienta de un capellán; en eu opinión, contra
.aquellos malet1, que tanto tenían de martirio lo mejor
era encomendarse á Dios; y lo q.ue debía hace; Pepe era
pedir permillo para llegarae á v1eitaret Santo Sepulcro de
Jeruaalem, que debía de estar por allí cerca ya qne ta
Habana estaba tan lejos. Y para ella todo Lo' lejano era
camino de Tierra Santa.
Pep!n no entró en fuego hasta qne entró en el hospital y 1&lt;? n_bra.aó la fiebre. _Le curaba un médico que tenía
q_ne asistir á otros doscientos. Es decir no le caraba
porque por lo visto aquello no tenis cura.'
'
Desde el Hospital, sin mejorar de vel"lll!, al barco. Iba
á desembaacar en Santander. Yenia con otro soldado de
la misma parroquia que regresaba menos malo y podía
valerse, y hll8t.a co.idar del pobre Pepe.
Lae mujeres fueron sabiendo poco á poco todo lo qne
bncedi6 por el camino. Pepfn murió á los cuatro dfae de
navegación . .Al agua. ¿Qué remedio? Claro que dejó encargado ti. PachJn, su co.npafiero, que t.odo su haber ee
lee entregara 1Í tllat. El haber de P-,pe era, un baul que
oompr6 en Cnba, con ropa y ~!ganas coeillne de regalo;
unos cuantos pesos ...... y la gmtsrra.
Pachfn era. mny lionrado, pero algo to1 pe de mollera. :So se !abe lo que foé; acaso medió un timo; de todas manerss, á poder de lrut pobres mujeruecaa no
lll'g6 rop~ no llegó el baul, ni los peeos; no llegó IJláa
que la gwtarra. En vez de las cintas rojas que le había
puesto Remedioa, la guit-arra vafa m:inchae aegrMcaa de
eangre del hospital: traía las cuerdas rotas· venfa ·muerta, ein alma. Remedioe lloró sobro el pobre'instramento ·
1.a madre de Pepfn ae abraz{, á In gnitarra, sollozando;
muda por la pena.
De tanto amor, no quedaba más qne aqnello.
Hubo que eepararae; cada coal á su casa ...•.... ¿ Quién

lle.aba In guitarra? Remedios, dentro del corazón creía
eu derecho euperior 1t todos ei hubieºr an venido el haul y
el dinero, para la madre debfan ser; pero la guitarra la
illl&gt;lión, 1i:i música, _la ~fa, debían ser para el amor, pn·
~ la novia. Esto sintió ella, pero no hizo máe que sue•
p1ra_r,. sollozar;.~aando !{amona, mirándola, con ojos de
Jaatic1a seca, d1Jo:
-.&amp;l-0, lo llevo yo, ¡porque no me qnedaba otra cosa
del mio Pepe.

•"•

PasaroA días, Ramona supo que Remedios sentía en el
alma no guardar ningún recuerdo de Pepe· prenda que
le hubiera acompnl!ado lntimamente hasta '1a hora de la
muerte. No babia más que la gnitarra...... en que las dos
veía.n algo del alma del mísero ,·oln otario.
La viuda luchaba........ sentía impulsos de entregar el
único recuerdo ,1 la fiel amante ...... Pero ¿y ella? ¿06mo
quedarse tan sola? Aquél pedazo de madera era 1.·osa del
Cabo, cota del hijo, ¡q11ién se decid.fa li entregarlo[
Malas lenguas empezaron á decir, irin fundamento, qne
no faltaban mozos queeutraban enCBl!adel Capellán con
ánimo de ir consolando á Remedios, si tanto podían.
Ramoua sentía cierta corupan(a en el amor de Reme·
dios li p.,pe difonto; mien~ms le fnera fiel le parecía á la
11;1n.dre que oigo del ui¡·o quedaba por acá.' 1Pobre Pepín,
Bl quedo yo sola para lorarlel pensaba ella.
Y nna tarde, sacando lnerzns de flaqut ""'• pues el dolor la babia hecho decrépita, de repente casi, se fué paeo
trae paeo,. perezosa y mal h11mora~a. á casa del Capellán,
con la gn1~arm, asf, como amorta¡ada, debajo del brazo.
Y ent!Ó !n la ~lcoba de la casta Remedios, y eobre el
lecho. ,•1rgmal am duda, de la novia siempre fiel de Pe•
pln,__Ramo!la dej(1 caer In guitarra, qno se quejó nn poco.
Y d1¡0 la viuda, con voz úepera, sin querer:
-P,m,i/r, ; y lrni90/;: eso. Si ?"i~ al mfo Pepe, guárda·
lo ...... míralo l@B loe dlae ...... y r,zau po'l'a!ma.
Y sali_ó al caetsilar. Oscurecía. A loa paeos s~ detnvo.
Encendió yesca, rchl, un 7.ri/11, esto es, ua cigarríllo de
papel mny grneso, v chupó con fuerza. El !ttego ilnminó u1;1 momento el rostro avellanado, hnerndo, largo,
enérgu:o; ea~re las arrugas como de roble efloso, hahfll
una expreaióu de Dr,lo-rosa caduca, más digna por est.o de
lwitima.
Luchaba con algo que eentfa en la garganta. Dos l~gri·
mas Je ~ruaron á los ojos; y, entonces, pudo respirar.
Y lee di¡o á la noche negra, y al bosque sin hojae, encoglendo loe hombros:
-Yo, pa acordarme del mio ./iu hasta q_ue Dios me lla·
me na su co11pairu 1 non necesito de mu,•up1eM
0LABÍN.

DIOIEJ[BRE,

1896.

una hacienda de la costa. A propósito doy 8!1tos detalles,
pues no ea remoto que esta mal narrada historieta llegue
li caer en manos de loe béroes que aún viven, y que serán
los primeros en no dejar.me meniir.
Corría el ailo de J 74. Hasia este rincón del mundo
llegaban entonces loa revueltos y embravecidos oleaj011
de aquella tempestad formidable que se desencadenó en
todos los ámbitos de.la República. La rabiosa epidemia
de las pasiones políticas también nos contagióánoaotroa1
di6 al u-aste con nuesna vida patriarcal y aPncilla y s1
allá en el ;r,krfor nuestros probombree daban batallas
campales, nosotros por acá noB entendíamos á grit.oe y á
l!Orobrerazos, cuando no á garrot.azo limpio. En el seno
mismo de la familia aurgfan ln~ diFcensiones: el hijo mavor era lrrdi,la v el menor pr&gt;rjiri.&lt;ta, v ahí tienen ustedes
il la pobre hermana elabor,rndo cigarros de ¡)Bpel blanco
para el eefonado campeón del Seiíor Lerdo. y de papel
amsrillo pnTR el heróico defensor del General Dfaz, porque así lo exigfan las dietincioneP de partido.
Pero basta de digresiones, y que hable naestro valiente
negro.
«Entonces trabajaba vo en 111 bajera(]) como 7n111ll'ro (2)
de mi amo Don Gerónímo. Un día nos reunió á todos
los mo&amp;os (3) de la hacienda y nos dijo que era necesario ir al pelear contra loe pronunciados; ellos deoínn que
JX1reg, y nosotros deb!amos r~pondarlea que non,~, porque
éramOti más hombreci~ Nos armó de nneetros mache·
tea de trabajo y de alganas escoDetae, y deEpnés que aprendimos lo que quería decir: w,lta á la tl1•rtd1a y i-udta ó la
iz1¡11imla, cosa que, la verdad sea dicha, no dejó de costamos algún trabajito, nos pu,iimos en marcha á incor•
pornrnos con dos eenoree compadrea de mi pa~rón que lo
esperaban, con en gente también, en un lugar con venido
deantemuno. Cuando nos reunimos formábamos un total de treinta y cinco howbrPS.•
•Se Orgllonizó la tropa y 6. mí me nombraron tambor.
Es verdad que en aquel ttemt,o ya habla yo perdido mi
brazo, pero, á pes:\r de eso, creo que mi amo se había
fijado desde antes en mi peri;ona, pnea, aunoue me esté
mal el decirlo, lBB JlOches de Pasen" hacía yo primoree
con an pedazo de cuero tenso y bien asegurado á la boca d" un c•ntaro viejo. Caminamos dos días sin que oca•
• rrieae nada de panicular, y al tercero encontramos al
enemigo. 1Ah patrón! Era macha Ll. gente que teníamos
delante, y á mí me entró un endemoniado temblor en
todo el cnerpo. Sin esperar mlls, l'Ché á correr como un
venado. Recuerdo que Don Ohomo me gritó, furio@o, qne
era yo un ain vergüenza y un 11mm (-1) maldioo, perjno
11t-endf razon~ y seguí corriendo. .Al verme huir, los
C&lt;??JPBileroe hicieron lo mismo y los compadree tam•
b1~n ......... •
•Hacía tres días que andaba por el boPqne muriéndome de hambre. Dd noche me acercaba á las rancherías
pero en todas partee habla pro111.inciado• y el solo recuerdo de ellos me pon fa loe pelos da punta. Por fin llegué é.
Map88t(&gt;pec. Mafiosa.mente me acerqué á una casita de
las orillas del pueblo, y una buena mujer .me informó
que ,os únicos forastero~ que tenfan eran mm jefee: loa
derrotados. Oonsideré lo furioeoe qne estarían contra
mf por haber sido la caOSll princip:i.l de en. derrota, consideré la paliz.1 qae me darían si tenla la deegmcia de
caer en sus manos, '/ consideré, por último, el m1edazo
que ae '8ndrían encima ......... El hambre me apnraba y
tomé una resolución violenta. Terciéme el tambor, qne
no lo babia abandonado, y encomendándome al santo
de mi devoción, entré por la cnlle principal del pueblo,
repiqueLeando una nutrida marcha con toda la !uerza de
eete brazo que Dlos me ha dejado. Oí carreras de caba·
llos en tod!ll! direcciones, ladridos de perros, cacareos de
gallinas, exclamaciones de muieres allu~tadizas y gritoa
de chiouillos medrosos, un alboroto infernal, aeilor amo
Cuando llegué á la plllza no había una sola alma en laa
callee del pueblo."
De9pués, cuando pasó el melote, supe lo que había sucedido. Los pacfficos vecinos creyeron de buena le que
eran Ice pro,,,,ncimlo• los que llegaban. Loe amos estaban
h0$pedados en la capa del efior .Alcalde. Almorzaban á
esa hora, y cnando oytron el tambor, corrieron á un co•
bert11-o cel'Cllno en donde lo~ caballos almorzaban tambi~n ao~Pgadament~ su raci6n de zacate. l'.no de los prófugos montó con tal violencia, qne
á caer, de cab~a,
al lodo opuesto de la cabalgadura, el otro martirizaba á
talonazefs al pobre animal, batallando p,ir hacerlo andar
atado como e.taba á un horcón; 01 úl~imo -recibió un par
de coces al querer montar por el lado criador (5) á no retinto ¡,ajar,..,,.,, (ti), y IIBf, ,.,. pel" y sin sombrero, echaron
á .;orrer los tres compadres como almas que se lleva
el diabio ...... •
•Desde entonces abandoné aquellos lngares y por nada
de este mundo les doy cara á mis antiguos jefes. Sé que
n11nca me han de perdonar esta chanza, y eetoy sega.ro
también de que ei alguno de ellos me coge, no me suelta
vivo.•

Iu,..

RoDULl'O F1GUKBOA.

Diciembre de 1896.
Ol
(~l
!:ti
[41

LaCoolu.
Enca.rc'lldo de medir lo.s tareas.

l'&lt;OnWI ltdeudadOll.

Manco.

\f&gt;) tn.rll) de,.~,cht,, opuCJ!.lo nl de montar.
(6¡ .\&gt;nstAdl..,_

CUENTOS DE LA TIERRUCA.
1Los PRoM:.scunus i
Lo que paso , releTlr tiene el métlto de eer lti.E:tórico.
~e lo contó el mismo protagonista de 011te episodio: Ull
ne&amp;ro milp,-ro ( 1) á quien, por más s~ilaa, le falta el bra·
zo izquierdo que ee lo comió un trapiche, una vez que,
con una fuerte dósia de chica (2) encuna, molla cal'ia en
de J&gt;."e!erencla. trabaja en la,, labramaa.
11}~J P&lt;&gt;lln que
de Clllla fermenw.da.
,\g1l&amp;

A todo ser creado
le gusta, como á Dios, ser mny amado.

No puedo VI!? con ánimo sereno
Boriae, cual tó., tan pu.rae y apacibles;
pues juzgo, como hay Dios, menoe temibles
l.aa l3orjas del pull al y Jel veneno.
ÜA)(l'OilCOB.

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11

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Dfr1&amp;1rsc á EDO. BltOW•t W' .. D1.-cct.or Ctn,.-.- ••

H.

&amp;HERER. SAl.VADORDKLA

Fur..-r&amp;. J • .\l.

FRASSER.

5,(X)(}.()t)

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franela extra mediamanµa.

CONSEJO DE ADMINISTRACION

SOCIEDAD NACIONAL COOPERATIVA

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, gas largas.

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CAMISAS DE FRANELA

PreeidenMi, B. R N1cirEJ1sos.
Vice Preeide.8te, P.-11Toa
Tesorero, Jo. Y A. llE:&lt;DRY.
Director:General, Eno. W. BROI\');

D

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c~mteas de dia
CamiaH de dla
CamisH hahillée• 1Cami••• hab!Jl6a■
J1trn· :.1111futrte1..uclto1
dapolam fino ,uello~
nuJapolnm. ra.:-o cuclmuv bue:na calidtd.
y puños 1era.
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JUNTA DE CONSEJEROS
Lle. CL/.~'DTO

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m•- ¡

m••,

a.n &amp;r• n de y i,arlad o surti d o d• t o d a

lllHL comienzn. La,; últimas nífogas de ~fnrw

'-A.§'f:• •e han calm~do, y Ju primaYem d., :-;iza adoran

; ~ con eu profusa tnagnitlceocia una d1, 1118 rnás
umbro.a,, •\'Íll11s" de Beaulieu, la Roser.lie. 1•ropiednd de
la iamilin La Freniere. Los almendroe, 8in llorecer to&lt;laYfa, de,,pliegan ~llij ramilletes de hojus ,·erd,,s, pero
Qos al~rohigos acaban de abrir.;it, y ,ua lloracionl!B se
lranepare11f11n, aqal y ullá, cowo un hnmo rosado, á
tral'?;; del íollage tt-nue de loe olivos.-Rajo aa pnbe11,,n de ro•ale~, que ~e nlza delante de la casa, l:'18 trff
;;etioritns La Freniere han l'enldo á eentan;e, deepués dél
•lunch• de las cuatro.
L·1 uiay,,r de ellas, Eva, tiene eo In mano un libro en·
,-n1e'1ieno, y ee balancea indolentemente en una 111ece-

dora, con hi cabeza ecl,ada ~obre el re~paldo, y loa pies
:i-umtÍndO!!el~, lrn~tn i,l tobillo, por debajo del VeHtido
de cnchemira blanca. &amp;ta actitud, llen·a de nbaudono,
realza ,·entajo;aruente La lJer1uosnra, y11 un poco en estado d., madurez, dt! snB veinticuatro al\os: au talle esbel•
to, la ~nave ondulación del seno, la redondez del cuello
hien unido á w1os hombros caidos, el delicado modelo
de una cabeza melindrosn, de nbuudantes cabellos casta00!', riz&lt;isos, y grandes ojat1 fijos en la aterciopelada bó·
veda del pabellúu, y en los que el cielo azul parece ri,fle·
janie cou tintt!fl casi color de violHa.
La segunda, Xancy, tres anos másjm•en, es una rubia,
alta, robusta, fornida como un muchacho, de \eZ clara,
de p11pilas azoradas de niüa y cobllllos ligeramente tor•
cidQS en un peqnefio nudo. Sentada á borcajadas en una
silln de mimbree, está ocupada en esculpir con un corta•
plumas el puño de un bastón de mndem de naranjo, un

bastón sólido con :mnndurn de hierru, destinado á las
excul'!iones de laa 111011taOae.
La últiwa de las treij, .\lado Teress., es toda,Ca lo que
los alemaneij llaman un •back-llecb." Delgada, esbelto.,
cuenta quince ni1o•. p~ro no se le darían catorce .. L:l cabeza es lindli, expr~aiYa, con masas de cabellos ornuros
cayendo en bucle~ w1brt1 su.s débiles eepaldas. Los ojos
de color caetaíío, orlatlo.s de largas pest.nnas, tienen una
mirada melancólica, que hace recordará 'lligncfu ,wflnndo en Italia.• E;t,I dl!lócuidadmnente ve6Lida, con un traje de eeJ.i p:i.Qada, de falda demMiado corta, que deja
ver más de lo razonable unns piernas finos. que cubren
á medilla unos botine.s amarilla,,. Con la aguja en la mirno, se o~upa en cambiar la cinta de un sombrero de paja
clara.
Por encima de ras mucbnchas, lagroE11s, que ascienden
por el pabellón, ~e abren en abundancia: rosas Niel, do

�2

-====,.===,,.....,=---==-=,------==-"'=-----======
ew;,rme boton de un m:irillo dt nzu(ro. rosa, azalrn•
nadn c:,lor Je n buicoqnl'. l~nl.u:is con 1rulllreo de mena "e-0rul dt• un bl neo de nieve. t'n Bt&gt;g11ndo P be11,\n, apoyudo perpendtculnrmen~ al que .for";1 v tfbn•
lo
¡,rol9ngn en toda la cxLen116n d 1 ¡ardm, y al e mo Ju,. te e nndite de rn11u111 tlorldM,
di&amp;tln~o el
n&amp;nl tlll\'e del ll ditern1noo, qne se extiende h lll loa
olh11ree
Ja pen(nsnl de n .loan, !itaada en frent
d lleaulfoo.

i:

e,,

====~E:;;L~M;;.UN;;.;·~l;:..)O~.=--,,:--=,:c=-=--==== ___ _

5

JULIO. H~~ G.

mltln en el /loül ,t,, P,1ra, ,•n lngnr de • rnos cono.lena&lt;ln.
- 1 •enlll.'. Hu·•
al guiea,lo ti • cnrnero Y .l IOtl ra, ioli de •""
d ías en i08qt1 1 cocl11a r. tema abnrn, eob(&gt;mnamen•
la
te; estoy en uno de esoe dina y de buena gunn me dec •

-E· m. qü linda: enc:uaadom, res~~dlú f.va en
•
.
,_ 1 ·º "onocí en I
aunct\ln. en tlo11de
,ure de mie11gencw..
- ~
lll!"lmii chica, ,. ¡¡ pe,¡ar de sns ulllneffl! s. I•
em como '' 1
•
,11jee, todo el mundo In qu...rfa ........ .
-En
caso, no tendn( sino prcsentar.; • paro atrapar

-raría en vacacionGt.........

wi marido ........ IYllyn nna suerte! ...... .

__ ,-.u rida, replicó dcsd fioenmente E,-a. ere11 de.n :u,. la·
do---..
el na ....••••• T n ll(lei ncia. lan n esf.amO!! u1,·1t~•
das ,t comer en ca de loe Maruvorno••••• Ali( te desqu1d 1
~rá d la.e malas comidas de ca •- ·· El duel\o e "
.,-illa• Olirnpla un artista y! mmu, eon l'xqui•itos.
-Es verdad,·=rosenin cesarlo pre1mntaree con nutra•
guantes H11ma11tes ••••.• Al Sr. ,fsr 11 .-erno
J·e nu vo ,. con ,..
•
le g t qu se ponga una guapa cuando'" t!. fil Cl\!8.. •••
; lfaa ol&gt;5en'!Mlo qn • El nbri(-ram, una cuenta d,• l&gt;d&lt;_ Y
•Jlal;n- de loe beneficios qu obtenemos de la•\• 111n 1in,.
•
J¡
1 n 1lrfkrtl
¡,ia y loe gaaios qut• no~ OCll/'Wna, lt'tl! r amc,v ,
_..,,, sí, e· res 111111 mu,ihncha prácticn, ya lo abcm=
-.- ·o me gusta que me eng11Den, e.so es todo.........
y registn', en su.a bol ill&lt;lf, de 1~ qua •ncó uu cu, de.rno

•

d
¡ td:i•
t•n-~ ¡;-m
pbel
eg d•
..,. bri de mar mo,·I{, las rama.,
del pabellón. trayendo I mid ' «le rnodas Y ~~ca es
,_ la~ que pa.'illban por, I camino, drbn¡od •I tE&gt;rr.t•
10ft "'':'
d
d hojudas JloYieron obre PI c11 ..11.,
u. P.,talos e rosa~
d
e-

y d busto d EVR, qnc eegufn balance! 11 o,c en 80 m
La íimllia I FrenlE&gt;re. originaria de la Lul iana, cstil
dom. I.oe acu1i6 Ung11idamente, exten~16 etl.9
hermoCll"!DÜ'&gt;
d
I
Mldicad hnc mlis de veí11tenn02en In l!oe rnie. I.n~ dos
~~ brazos,• reepiró
¡,or un mom._ento e aire
.... ·.
_ y del'¡&gt;nés sigt11&lt;J en t.ono coufidencwl
lwnnana• m nor hnn 1111Cido oquí: 1-:va, únicamente, nnolorei&lt; marmo,,
•
·
d
c1 en • ·ueva Orl~na, lo que ee conoce en a llt'~a
-Aq11í, •'"'ffi nosotnlS,
la madre
urn ya un•
h.. crcoqne
Hny
en 1 mn
nlre&lt;lcdore
indo! r.cia de criolln. El padre, Hi=do La h&lt;'mere,
matrlmnnio ¡iara 11 1¡a ........ .
' - L' .mn d jóreues soltero~ umigo, nnestroe. qn.
lantado I
Dl'(tOCiOI! industrial~, dirije en Parl.l! una
en .... , ..,
,
••
d
·énes •~
f brll'.J de apnratos frigoríflcoe.. llluy nb! rt-0 en ene e•nnrtenecen
,t la \"iej noblru de N iza, Y
qni
• •
,·pecnlsdon y 1ambi~u en &amp;118 placer&lt;: ' uo h ce lno_brepecho que I! dcseu uno para \'iolel.lL
ves r, irr..gularcs npariciont&gt;l! ,m In Roeeraii,. ~lega lile!!·
-h rmanos .,int-P nEI exclam6 ·aney. ¿Cr_~•.
v. un lápiz y comen7.Ó ' l'f!Cribir.
- i. ,&lt;AJ:&gt;
1'
o·
1
peradanw111e y parte dl.ll u1I mo modo. I)e t1,.mpo en
U?
Y&lt;,
¡,o•tarfn
por
\'id
.........
muer
-'!lira, ahí ticn,11 el bnhrnce
;.Pero en •• •• ···
1,1 d Xizn no ei.•
t ,cmpn, ,·é 9 1 rg1r entro los naranjoe Y lae pal!neml! u.
es el mayor, Ira bel"{'(lado el Utulo...... or e•
olla eetntnra do yankee robui;io, en 0llbt'ta fntehgen~ de
A
IUrJlestarfa p()r llamnr e oonde!'a, y ln,--go, es un guapo
alPg,... ,,jne ní'gros, 1111 Rncha barro, cfllor de snl Y p1~•~0 •
muchncl,o moreno, enérgico, un hombre, en fin •.•••..•
tn, 1• c1 1.a11ute 11n11 semana ee oyen en la CllS:I~ 1 t.llCP oeio- l'or un excelente nlmuen:o, con
Al nombro do -=aint-l'ou ' ,laría Ter 'q11f', han:i en•
·d
buen humor. Elltoe on días de ne•tn pnrn 18!
d'muTt, /uié-f!ru•, rham¡••!l'•~,Jícotoo ces no lmb!a prestR&lt;lo sino un d ~bil oído á la oonvern,e
odrt&gt;e
1'('!!, ,t :,!., !mocos por penionu. ....••
t.r
J6\"Pnl!!I. La comiiente y las mima, CQn t :\ 1 r11•
2:; lmncos Eaci 6n de ,ue bermnn , l!!VIUI , 111, cabcu y ,;e pu o ll l"'!lidad oon,o p11r11 ind!mmiz:trl:ie dtt !\U! larga~ nusendllf.
cuchar con eerla atonci6n.
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l.a. 1ievu ñ comerá La R
rrn '~nar 4 Monte-Cario;
.• ,._,_
n
-:-e•¡ 11:p
l,;;v ,F',,u, \'idal es on hombre, en tanto que
,
y lut&gt;go, una bermO!l\ maf\nnh, se e'l"Bde p,'.r algunos ~m:'
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lwrru:um mt!UM. llonorato, ca un
• •
n
l).,j:1 á la ra. La rrenlere, nnn amer1c11na del 1'i or- 1~ Po,· un pnr de guantee de eis botonifio ,•nclenqu • lento y miope d espíritu, ocupndo e
n
.................................
•·••·
••.•
tc, ·ncti\11, rnq11irt:1 y pnktiCll, el manejo inte:1or de la
12 lrnncos IIIIOIICIOl.'1
.
.
_, n ....
•ober prcsentane nnte 1:, g~ntf'
tonter ru, ...
., .
ltOl!erail' y la educaci6n de las muchachas. • 0 ('8 oto z: Por nn corpino nne.-o. quo un crin,lo
\ r-•
,v.,.•,r dP es'° • yo, " 11t1
11
r
t.orpo
ha.eta
hacer
orar
......
·••
"
wrpe amenn.:a echará perder.•••..
liO
beuda La menuda ,:;ra. 1.... !' renforo t ene que
vez npost..uía por Jfonc&gt;rato. l~n primer lugar, !''l e~fn
una pre
.
. 1 l l . di e- 8'? Por el futidio de tener por wcino de
trabDjar mucho para Jirigic In C8!!ll, l'lgi ar•
¡ar n
,
•
._ deque se re1petc 811 placerdecol~cc10·
mo1 to, ' eon ..., 1
• •
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mei;a ,1, nlgún noble eslmnje.ro, ya
!librar lo doo preaupul'lltO!! y eubv~rur con una
TOF,!'qll
,
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n•\la
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ean11g- • \"iolet.a le condnc1ril
• a su an1••J •••
maduro,
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11nien
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renta al pago de las ilU!t1t trices,, de 09 pro esoDh-•·i:ma
.•-,_¡ •
Con el otro, tendrá que ser IÚ!tll y c:1m1nnr d~re1: 10, in
con el que ee coquetea fracamen•
ttt d" m11alca y, M&gt;bre todo, de les mo&lt;l,etn&amp; y costnre, .. dlLI tiene la monomanía de io,, Y1nj!'!I y qne,
ie, y que, ,1, la l1ora del ca!,\ !e
contar que 1
,
del
ha
ni
Fn verdad, no se wta. El mlÚ! evidenle resitl•
dn
l!D
capricho,
arrastrarla ,t 11n mu;
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Ta.!!:4
•
•
pode
pn&gt;J!l'uta á unn au eeilora••••...••... (Con,·encíonnl) ee¡¡
do do u atareada exil!teucla, es q11e no tiene uem
• . 18 obligaría tt 11 campnr hnjo 11nn tlendn,
_ ___ _
l'olo • orie,
la
· ra de
::upnne en la educnci6n del!Us hijW!. E~n, • ·•n.r,y Y ::'llll•
á acOEtan! en el camarote de un barco y
prn:nr '.
TOT.\L. •••••••••••••.
ria Tercaa hnn crecido t!. la buena de Dios, ümcamente
í2 ínrncos todos IDA plllcerea socia.lea •....•.•• Yid11l ea an~on1.11~1() y
gui. das por eus caprlch011 y 1!118 impnll!QII.
f tútico· tiene obre la condici6n de las mu¡eres 11ie119
-Ya Vet!, la cuenta arroja un Fnldo d .. pérdida.
ln"IS dos mayores nbusan de liaría Terei;a, :\ 111 q_ne tra;Pncast,ell~no d, la Edl\d l\ledin, y trat.uría 11 lnmya corno
-¡ 'ltJXJ:i,1g/ exclama Eva alzando los boiobr011 .....
tan como' nicienta, y la explotan d1:eenrada01l'nt • Ln
•-lides ....._qfvn
una cspec1e d e G r..,...-•v resignada ...... 1lluchas
iomnn en p ~ tamo ti.ti eemanarloe, t: por todo ~º• la vida.e el placer d.- preBCaciar el ~rlanlo de Marfa TerllSI,
gmclaaL...
....
· J
JS"l!!n.11 • lis• •!Ombreros ufndos, sne n,et1doe d tellldo:i, de presentada en libertad como un 1&gt;ro.digio, ante hl cremn
-\'a ·a en gracl ! la interrnmpU, )forfa Tere~a, p,ca :i.
1 qn11 la pobre ,;clima aaca partido, t!. dura• pena•, nrro-- 11" 111 sociedad dt1 ~in y del e ·tranJero.
hnbl.as Jbien de &amp;111 nm ¡g01, •••••...•.. F'I
' "~
~ • Vid I e IUU\"
•
-Ya bee que la ml'i1lca rne aburre, nnn conndo la
glánd,.\Ol! como pnE'de, con ayuda üe la reca1DJ1rera. laoenr-·
pn"•
buwo,
muy..
•~,
i - lo bnce roncho c:ruio ...... ..
e¡ne ejecute e11 de la íarn ilia. •.•..... E~ cnnnt.o 4 la crema
. •r- a no tiene jamlle la alegría de lle,'11r un
,
Miren á la muco•a. nwzcl,in,.o•e
n11 .,,.
J t\50mbre\ • ti1 1O adOT'l\ll,......
• ~
ro nne'l"o, ni la 8lltief11Ceión de Cfeoger un trs e ~" gu: do la -.iedad de X iza y del extran¡ero, ¡1,uml •.••.••.• á
uzgar
t!.
llll'
personnal
¿Pienros t.•\I \'l'Z casarte con ,.J •••
J
,. CC!! esti nn J)C)('O mer. lada.
~
l•tc de de&amp;ochoe que de antemano la han abnrn•
n -•]Oh!¿.\ quién 11e Je ocurre 1..•.••• pro·U!!ltó !II11ría T,•ré•
to.
• h
b
d &amp;n
-El r, Mam,·erno, por l!U !ltuaci6n ¡,ol[tlca, es~:t o~hdo yn, ,!, fuerza de hnbt'rloe ,·isto en 1011 om ro
•
mboridnd!&gt;ltl. ¿Acuo qu rría él t!. una muchacha co•
que obedec1e• ,gndo ti. abrir a11s ~alones ,t mucha gente; pem_ los 111,·1tn• B8,
1,ermanae. Con cate trat.o ' una muchlll'bn
"~tam1.&gt;nte es quo m • pnrecéis inju•tns con los
.d
rtldo
moyo~....... .,,,
dOII de I jué,·ea eetAn eecogitlOl' entre lo me¡or, Y conl.-r.1' maloe in11tin•oe. se hubie.ee riip1 amen~ conve • .
• lnL-Pone.
d
agria v enddiollll. Por fortuna, :\larín Tem!ll tume l!llnls que loe Maruverno son los m amaLI d 10!! an.Eva airo loe hombroe y concluy6 con tono que no n •
II
el
co-:0, 0 • tierna abn..aada, nunca se manffil'!lta co- :tltrionee .•••••••
1uen
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-De acuerdo: el marido ee un perfecto caball 0 ro Y la mltlll replica:
qneta y mue ho m •11()8 egoi ta. la m1\ len la
• IC· n~ue a e
_ y bien, yo no querrlll ni ti uno ni ,i otro. ~ bllm espiritual, hut111a, indnlgeme, 11 ~ el cxcca~.
t.odo. Excepciooalmenh• dotlllla, t.oca el ,·10 n con nna mujer
•~na
I'tJnl no tienen fo r ..
, , y adeo1's • no son sulk1e11temen•
--Con
todo.
replicó la pclmogénita, loe ju~ws de•~ •viº6
y
un
sentimiento
que
call111
M&lt;&gt;mbro
enc.onmir
~p-1n
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te
dceorntÍ\"0'!.
•
lla• ()limpia 2 011 muy conocidos.......... L."\ nri tncrac1a de
en una n1·n a de qnince alloe·• 4 pet!llr des~ ,,·esLI
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-Eres dillcil üe eontent.Pr, replicó irónu:n-nente :i.n•
• 'iza md.s ent._¡nuda, llevá ahí li. 1u.s hiJ •.•. I.n pniob~
tot! ,. UI! corpill011 \'ncogicl05, ob~lem•n en publico \:1at08
cv· por lllJÍI q_ue tteas lo qm• se IIAma o~11 •guapa chl•
ue· con~rarfoo notablemenle 11 Eva y , ·ancy. En, 110- es qoe 11lllfiann \'ialeta Cast.cllar hará en pnmern npar••
••
1113 qaizú de,nasilUlo tu preetiglo .•••.•.•••.• Te
ca,• exnge
I
q,1,t
q todo, no """"rta
que sn hermnnilla mono_pollee
brc·
•~r~
1 '1e cióa.
ulvidn lle que nosotrua t.amp&lt;&gt;eo tenemos ortunn, y .
t llar
-Como 11ristocrar.ia, J.'fl mucho.. • El abuelo
- mod o Ia a nci6n -Je loe bombtt· 8óbrc
este
. , . qu ent'S
t
en eEte pals IMj(,\·ene,, ein d&lt;.•t.e ~n ,·atore■ mal couza•
• ar ºXclusiVl\m
01,e, y le t&gt;el1n 1ron1;:111w11 e \'endí11 ncelte.
pretend .!! rern
~
l'~ l.1 •01nch:1cltn
-Es ~iblr; pero I Cn~-tellar t1~ne11 inilloDf.&gt;11, YYio- do•.
lo
deen carn 1111 ta1• nlo d •"=rani.a.
''b'"
-Prec • mente porqu • no tengo doit-, e~ por qne
.
Preoc11¡,:1· la mú8ka la leva Eobre b llerru, muy 10•t ll'ffl roude!n cuando 111 tleeee.
eeo casarm(• Drlll..ttntement.e y con muchn nque.1.11
. ..••••edªlllt&gt;
-¡ Pa-.liral c&lt;m e11 fort11na, In h~tm a \·iol,-tn, ahns
~: d• laa peq~efiecu de 1a ,-id~ dfori11, linci., 1111 rr,1111Co!IOZCO v !{, que jam,ti. me llCOl!tumbrnr{a a la m
i:1·
ele h ilaa,
•Flor de ~iia,• p11ede comprar nn mnrc¡u,'.-,. y nuu 1111 dc1•
do t"llC.'l nta d o, t?D do nde como en I cn~nlo
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1· qtlª nrunr mi~ tllas 4¡ 1alendo con 10! ¡,ro•
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e convierten"" túmcne color uu ol.
qur, ei (a bi II lo tiene ...... !,o que me Porprtmd.., t•s que 111a.
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udo en los m&lt;m,.. de lns comidas Y pnv;in•
\ =uOr , "'• 1
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la 61,norn c.,l!te.l:ir lmya renrrnciado &amp; 11u11char por MIi
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•le ,. utl, . wmo nn t,rn pobre mamá, pre cnr n
pro¡,ia cuenta. y ee decid."I 1' conf •-:ir :ti pñblle11 qm• tiene
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En tanto qn laa tn::"8 hcrmn
p("rmnm:c;en eil 1:,Cio- una ltij d , vcintc ol\o...
ll• ,. ,0 ,. n,•reuadida qu,- on dfa ü otro pC!C!l·
tre
-,Ah! J'ª bf11 .•.....•• a ha tenidnta11 jo1·1,n' ..... 4 lo• 1111 t'fi
• •
• , r
r do1' Y
,A .. -cv l111ce, olr, en dlrecc1ou d.- \ 1llt •
sas, un r11111ur 1eJ+l-n
r el mnrido de J111• sneiios. ;' y l1er010!a po . •
. · esn
¡ 1\ O!' •.,... y lo ~nenia
ú todo c•I c¡m• q111rre o!rlo.
~
1 ca, v c,mienu. 4 • prosin 111 r e, eultec rindo por d wct
'11 el c:ipfmlo uc cu lidadea fíeica~ no Eóy muy éX1¡:;~nte.
rai~
~b·d . mnv pronto, detr.l de Ln n~enm•, E.ur• l'reciumeutc porque •Flor de :--17.ll le cstorb:i, es por lo
11
1
·o pediré para ml prometido ni In gullardín de ntmóo.
agu
08
•
• •
•
•d
llrt'Cé hajo la
que
desea
caEUrla
.•••.....
Xo
ea
mny
ogrndnble
!'ª~una
,w un t n·u, con 11 n r111do de trueno, l
P
~¡
las virtudea de Gr ndison, t'• imagino quo con p:,cten·
Yi-lda co,¡ueta y llena de aspiniclone, tener 111111 Ju¡a tan
bó\'Clla del tontl de F.z. •
cia v habilid11d encontrure rui ideal. un ¡;1110 eeii~r m1•
-¡El t.ren de las cinco! !OSpira •MCy, echando e 1 • liudn A su I do.
•
1 ¡· ·
· bello p11lm1to.
_ rero C!I acaso tan lindn? murmuró .·ancy, morl&lt;•n· llnnnrlo ií «111hm uó11111re a o ir1tar m,
cia atrás, para examinur el efecto d II b:l~tóu, en el que
-,
~
!
contat.6
nl&lt;"gremente
•
·ancy.
En .cuanto á mi¡
de rv•rro·
lta efil:U1p,.do un a -bcu
.,..
' 1pnp5 1uv1 e aquí, do la cabe1.,: nqu{ re I brican reputaciones de hcnn08tlrn
poco
me importa que el mañdo CA do, mtlvo, con ti
nos lievar{ ' MontP-Carlo, y \endrlamo! u11n buena co- 4 poco COll\ó.

f,,,,.

?'

.

,,¡.

5 Juuo, 1896.

fUNDO.

que nu• proporcione un hogar confortable y me deje vi•
,·irá mi albedrío.

-~o las comprendo, s ntre, i~ ,l decir Marín Teresa,
l'!!cancl.Alizada. lle ca
di:!
k&gt; lo que ún diciendo•••
Yo eé detil'QII que n,, me casaría nunca ai no ÍDl'!le con el
'hombre á qui&lt;'n qni iua.
""u 1,fmitl prol.ei!ta 11 • inru diat.am1•nto ahogada por
y loa Ell.l'Ct\Smoa dft sn dos benut.U!IS.
-Qnífrea callarte, inocente! 1;u11rda 111, P.ermone~ para
t·1 muiieea.

IR!! rl!!

-llo aquí, nnadi6 iníniC!lu1ento Eva, el dc·plorable
..Cec1-0 de h1s novelas inglta.:18 de la@ qnt1 se llt'na-.... Yo
har:qoe m11n.á w- prl)hibo n.s lc-&lt;;turn que te pervierten
el gueto y el juicio.
)Jarfn Te.re5ll e voh·iú como una nbaj irritada. y fijlln•
do en eue hermana una miradu inclign11da:
-)J[s lecturas , len mlÚ! que llll! de net.e1les, replio{,;
cnandlJ 111 nos, no echan ,i per!ler el corazón.
Luego. em·olviendo en 111 delantal Bll •nec
íre- de
ro~ura y 811 sombrero. di6 media vuelta y ,~ ene:unin6
r.ipida1nent1• hacia e I hal,itaci(,n.

El 8C•l ya oblfeuo. arroja myO!! m.ts irnprrgll!l:io• de color t!. tnw de 111 v,•rclnni do lo., pabell,.ne11. Dt-1 flanco
cle la montana baja una sornbra ,·io!eta, im-ndiendo 109
boeqnes de olivo,, en tanto r¡ue, (1.11 Indo del mar, una
luz temblorosa bana con un tinte ,le oro t•l a1.11I de la., li•
¡:l'r&amp;s ola!!. Xancy cierrn su coriaplum1111, lo ~nanla en
u boleíllo, y de pie, npoyacln en el hn•tón, mim con
loe oj09 entrecerrados ,i En1, que e pone !U Pombrero y
..:1 alfiler de ca bo.-w.
-T.-ngo ¡¡a111u1 cl111111b1r hu~ta loo &lt;'110/r•l 1,,nii1m•. ¿,!,?
acompafla8?
-Gntcin , prom••lí á la Sm. Mnrnvuno y i1 ~11 •obrinn orr&lt;&gt;glar con ul
el programa d In lil.'sl.a ,Je ma llana.
Me voy á la ,,i/la Olimpin. E.~tr, m,• eel'l'ir,1 üe pa,eo ante, de la comidll.

-Sr, obscrv6 bnrlo11ame11te E,·a, y como .,1 yat~ ,1,.1
barón 8pieler est.á a.ncladoen el p11erto ele l-.1n .luan. lendnúi la probabiiidod de l!DContrar al hidalga bE'rnt ~•&gt;,
:i quien tus ojos hn.n seducido, y de e le mndo 1n11tarj&gt;.
dos pájaros con una sola pedrada .••.•. UuicamPnte '"" ct1Í•
dado, porque tienes 111111 terrible rival en la ruleta dP.
?tlonte Cario.
-Querida mfA, responrliú E&gt;·n, mirando ,i Xancr do
•oelayo, yo no t.e embmmo cou motivo de tn~ gasmo11erilll!, pnrn cngawzar al ,·ii,jo príuci¡,o ~iruaco ...•.• Imita

111i roserva y deja al bar6n l'pielN en paz ..... .
Y dicho, t..~, ae e111pi11ó obre l:\ pnntn tle Jo pie , cor•
tt, una roen 'iel del follaji-, la prendi6 l•n sn cint11r611, y
1 lt'gO, con la 5ereniJnd de 1111 animal elegante, eon•cien•
t · de 811 impecnble bellez , se nlejt'., lentrunenl e por el
1•nbell6a lnnndaJo de 811!, en direceiún del oc{·nno enro,ie:ido.

lI
l·:i. ju H'l!. La ,·illa ~laru,·1 rno l,11 abir,tn, cuan grPqc)C'!
...... sn, ,·erjas de hierro forjado; lO!! 1,rrabi da co~cabelr•
~•111oros, IOII COChl'8 de nlq11iler, lo. l,mdfwA l1111hm,loe de
lil.umn ee eucNlen á lo largo üe la ¡;ran cRII,• d., ilrboles
•i•lll•&gt;Ell. entre las "11h•ia,i roja•. ht~ polygala~ y los li111n11e•
1·u~ en flor. I.oa Cl\rraaje,, Fe ddienen, uno dl"l!¡1111!• de otro,
•h·b.nte del 'l"eetlbulo de dubll' e,calinoto ele nuir111ol, en
,1, nde dos lacay09 de liurt'B mBrrón, :1l,n-n l [IOrll'JUe
l•e. El Yt'Stíbulo da acc,'Po &amp;! nna amplia terraza, plnnla•
,LI dte cipl'Cl't:J!, qlle precede 4 la J1abi111ci,,o :, n&lt;eorta en
.. , c1elo la bl:lncora Je •u urq11i&amp;ec111ra it liana. Oons•
lrnidn en la cre~ta de la colina. la \'illa Oiimriü domina
a 111 r.-z l•I pueblecito de8nn ,Tun y 111 co&gt;1u d1tl llunllien;
in.id allá do Jn,i pla11oe horizomalc3 u,•
cedri,,. y lll~ pi••UII, 14 mirMae recrea e,, nn nidio paie:1Je I MÍÜmo;
1-.11 nna rnú ica arrulladora, lns olas ci;p11111111t~ ""' ~11\'llan contra loe cantiles r00111lo,o d,• 1111 cnmino de
ufa.·meroa que rodea eJ p:irqnr, y mú 11:1 l!I .Medit&lt;irrú1:eo, cun cinlilacionea diuroontinns. extientlc su ,·lll!ta lla•
11nr:1 Ct•rdlea. cortada 11. In dereehs. por la p •oírumla ~t.
llotpice, llena de eombrfos pin011 y limitada il la izquier•
tla por l:is montallas de la Ct,ted'azur, empolradll! de nna
lnz de plat.a, hendidas aquí y allí por grandes 80mbru
vloláce:u, y C!!Calonnodo en pert1pcc1.i va ~W! promontorio.•,
en cuya extremlda:f el cabo Iartln :perfila n pnnta bosCO&amp;n., y Hordigbern sus Cll!aS rosada8 y vnpor ·ae.

'°"

•

n las dCl'! dr la 111rdc y el nlmneno ha conclnido. Loe
El • r. Bautüit.-i .Marnverno se mul&amp;iplicn coru(I ('11:i,
romenwle-. '1el jueves comienzan 4 reunin&lt;e en el gran ea• p,•ro con una cordiwidad mwr b~cadn y n1en09 difu~a.
Ión, b:illailo 4 treehos por
zonas nu~ del eol, deco- Ee an l!f&gt;pt.:agenario, l!C(".O, a\'isado y rob:l!to, muy COTrt"C•
mdo cou tnpicerlas antiguas, y en donde, ncimn de los t,:, y m-iy cuidndo~o . .'us C!'j11$. negras ann y tupida., re
Cri os, nmorcilloa rnbicund s, ¡1intados al ÍreECo, baila• unen por enci,us dtJ sos doe ojn&amp; negrOI!, de mirad."\ enér·
ban una nle¡n-e ronda ea el fondo el azul daro. Ix, rnn• gic:i. ~u n!IMll tiene In nri1tta fin.a¡ ene labios firrru:, d.tnna~ opuen:i,, ábrense, obre on pai,¡:¡je completamente sonrí8ll ligeramente chocarrrra, acuean al hombre d, ddi•
di!tlni.o. l'or 1A IIDII &amp;C d cnbre una fuga df! mar azul,
do II ir icmpre adt-lante y á qnlen los 1'.SCrúpul d,· ~1'11con el animado , pect~culo de la• lanche~ pe.-ca&lt;lome y
slblerfa nn han detenido j11n111s en eu mn.rchn 11•cend,•11lOll yntes anclado &lt;'11 el peqat'.fto puerto de Nin ,1 us n.
te. Ha rCJ1liuidn grnnd _ 11egoci09 indo•tr,:i
en In.
l&gt;or la otra e eu1re1· un boscajt! d oli\"I)!!, eombn"anrlo glnterra, e ha enrhuecldo, y d pr.,~ ha vuelto 4 ,u par~
Wrdl!I! Jlr1ld0!', ralpicado~ ele anémonas rojas y &lt;¡ne evOCá
natal, donJe po 1.-e una hrrmo,;11 íortunn territorial. y ,Ion•
la idt'a d., 1111 antiguo y ~agrado boeq'le, l&lt;L-cuenu,do 1•or d,,, ll peJ!llr ti,, su edad. espera hncerse nombrnr •nn,lor
J&gt;~liJa~ ap,tricioneF. de 11i11fns.
en In, próxima el~ccio11e;,. !'ara reafüar et!~e 1ilth110
la multitud de invitados tleorden cnmpnl'f!to, y
sueno ambiciO!!&lt;I, y no ,por jng r 4 lh-ee11 {&gt; por amor
rPnne,·a en parte 011 cada estaci(m ¡ ))ero d pe~ar u,• E'l'1l8
ni arte, obrt&gt; todo~ los ;uc,·es ~ns puertas lrn11ca111e11t-t' y
mod1fic."leíones nnunles. con,.., ..n 1'11 e•eneia la mi@mn d á lo,s conviJ.:irlo,, elegido con eag:1cldad, los ,ncnlen·
fi.onomía original y los mismos grupos Mlracterí ticos.
tos nlmuer•os lllabad'l5 por Evn LA Frcniere.
Ahí, codean los persouaj,'e nouibl~ de !a oocie&lt;lad loj,O d,15
¡&gt;08os .\li1Tu1·crno .. on !ec11ndados fn -n tare:i
cal y los elementos mú,·il.- de la colonia extran)em. Los
f'(lr una eobrína de treinta an , In .·ra. "" tlircllc•, q11e
foncionario• de la adminiAtrnció11. 1111! c,tlcial~ de las
vino ií l1Rb11ar ul l:1tl,) de ellos d!' p11 ,l lmber,w l!t"pa•
gunmicionffl! de las cercanf· y 1:imhién el Jll'r!Onnl equírndo tempe,tu
mente de sa tnllrldo. l'..-qoenu. more•
,·('Co de lo~ n,h-ene&lt;lizo,, veniJ rl,: .:-.iz.1 ú dr: )Jnnt.e Carun, \'irnrnchn, con 11n cnsco tle cab llo• negrus y :ilr••vi.
io. TAl! grande dama~ 1111~11ticas e• WP'Lcliu, con a,·en&lt;hs ojoe fo•forll!ICentes, rnny e.~bt'lt..'I, muy co111111, ic111 h·a,
turem.•, cnyos nombre y títul,,, eon t.nn dudos,,e C&lt;'•ioo
'~.1bina de l,irelle l'l'prese~i.a en la ,·ill:i Olin1pia ttl matiz
loe nldu,•, que l1,s d:111 una apariencia d,• j11w11111d •. in
fin de si,¡I", com pondli,nte á lu caliJn&lt;l 1l nd
,te cier1•mblrg11, e•• mundü dislmbólo no ,;e me~clu •ino en 111
ta~ catP¡;,1rfa., de iul'itado _ qne han 11cali1&lt;10 por irtil•
eupi,rficiP, ¡,ue, ,¡ne ni cabo dt! un enarto d11 hora ee p11P•
tra1110 ,.11 el &lt;&gt;alón de lrn, ínrn ,·..-rno.
de obs,r1-arque re opera una 11elecci6n. En e111l:1 riucón
A í, In jME&gt;n Lú eP.peciahnente enC3rgada de rf'C bir ,
ee forman pe111enos
,Ir&amp; m,is hn,OI! entre
que la
e¡o rxtranjerus y de im¡u•dir q:11i la sociedn,1 ~t•l~rt;1 •l~I
cordial amcniJad de loF dudio• d11 la CMn, qn,: r,rodigRn
j11,,1•i,, l"• ponga e~trictanwnt en c1111r1mtcn11: l'"rtine
por todM park! Ínllk•a dti bit-n1·cniJa, grnduíudolng ,in
.. n la ophlon Jel p,ilftico n,111ti ~n l\Iarn.-erru,. "&lt;'nnn•
embargü, "·gnu la ruuyot 6 11,enc,r r,.,.pt.,tal,ili&lt;lad d., CD•
d" ae admite il hu gent.-e en eae11 de uno, e" llt·b~ ú los
da in1·ít11Jo. l1.,¡,¡;~ dd piano, loe Cntiwu~ de la c:IPA, jóotr(l8 y á ,r mi@1no la focult.a,J &lt;le ,;npor,..r q11ij t.it'u.-11 tov.,,w,. de nmbos FIIXo • coq11c1t•nn ,•, murmnrnn. La~ jf,.
do •·I gr11do d,· rtlllpet.1bilid111I reqnerhla.•
,·ene!, toJae con 1rnj, cllll"Ol!, cnchicltean detnl&amp; de los
En el momento 3c-tual. 111 "ra •.. bim, do Girelle está
nl&gt;:u1iCOf'. disllngni6m.lt e entre ~ne \·OC&lt;-11 snsnrmntee lll
ocupa·ill en t~•mir :11 rededor dl'I piano ,lo11dt1 se halla
ri•n bo11uclw1111 de :-;ancy La Frcuicre y •·l ti111bre más
una r1rt11,,,., J,: ;lliu, .¡ IRi jj,·en ~ q•JC dt'hen &lt;'jl-cut11r 11n
agndn de E1·a, quien ec prodiga r al cad:1 momenu, atra•
coro di! I" J:o1nn ,/~ · dxz,
l'I snlón cun la co11tl11nza de q11i.,11 e encuentra en
E11 un orden harmontoso, c;,•i ktdns linclas y ,·ei;ti,lll•
e•1 ca.qu.
cnn trnjt'! dE&gt; 11rlma,·era. ee alinean en emicfro 110 y
Teniendo por principio Rer amnblecon t.odo PI mundo,
e ,eran la ,enal de 111 . rn. de &lt;..iirelle, 1111e, 111 frente do
,·isit.aeadn gmpo snc ,. irnment,• Yésela di•tribulr aprecllw ,'COn an rollo de mtl-ica en la mnno, 11 na 11111 fun.
ton.,, de 111:1110 ,i lo repre1:entn11t,• d., In nüblt•zn regiocion d director dt! or1¡11e~tn. Con un tono an'°ritario,
nal. q,w 8e m1111tie11en 11n lejos de In pue•ta y q11e pueden
el ~r.•\1arun.&gt;rno impone silencio y las voces Ireacats coconoce?Fe iacilmente, los hombres por ~11 tt-z cnn ida y •n
mienun 4 ~u~urmr nMe la gran n~amblea atenta.
talante 1·ústico. la~ muj&lt;'res por Fn ucent.o rneridioual y
L:i· ,·oct,, ,on preci8llS y agrndubtes; el conjunttJ et I!.'!·
~UF .. ,,,.tido! ¡\ la moda d • la e~r.ación nntepa-atl.&amp;. ~lari•
ti•lic.u,rio y, Jei,pn,~ de
ejecoci(111 d1!1 coro. n¡,luw;OI!
po~l'a c.lln al 1·ededor a~ IOII ollci:lles uniformndos qui!
imlnlgellL~~ h11lag1111 el amor ¡,m¡,io de lu~ j6nme cr,ris.
convenian gra,·enienw di., ¡,i.-, 1'11 111edio del •alún y lea
ta,. lt!!tnc·nan ann 111.s última• palm!Ula!! cuundo 1111 oyn.
dÜ;pen@a •U! SUR\"efl 11onri81l8; cle!!pu,:~ ,-a 11 hacer cerem,,- d,, de c!,n; ra 11111mci., :
nio~M reve1·encias ,¡ las persona, principales de lus colo-L:i 1,i1orn y IR sci\orit:i de C&amp;11tellar!
niae extranj1·rrui, lw/i,,,. y grandt!l! cl11qnt,1:a, que la ~!'fiorn
Inmediatamente se didtrae la atEnciúu de las cantaut.es
)laru,·i,rno ha ine1.ni.\do en mng!'11tn~.. os ~il,1,n1, , ír.--J1te
para fijars;, eo las q11, lh,gun.
d. pni!ll],)S h,·rm&lt;lllOI! y en loa sitios de honor.
!.a •nora Uistell11r e,- un11 riibia ya marchita, pero que
Frt•nte al único grupo de in.-itadoe (le origen dudorn,
ha con~er1·11do cierto :llre juvenil y ,·oporo•o r1ue esaje•
pllF,1 eeqni\•a, dPllddloea, recogit'ndo cun In mano, con
r.1 uo usnndo mál! que trojes di! muchnchn. Milaneea
mo,·lmiento de ecn11itiva, ••~ í.alth~ de eeda, como 11nm
de origen, ,·lucl:i desde hace cinco nl\&lt;,18, tt ne aan, d. peno cont.aminsrlllB. La extremicLid del i;all,n eet.1 eeparad:i
r d., &lt;118 c1111re11ts, grandes prelenslon • de agradar. y
de nn peristilo qu,11·e hacia los parterre , por grandes
en 11rnbicij11 se cifra en pasar por hormunn dt1 611 hija,
cri~Lale. ~in madern. Entre las colu111na de e!ta roton1'11 traj~ :uul cek,te 4 mil ray~, con &lt;'Rll&lt;lte cuadra.Jo,
da •xterior, ¡101pliat coruna de a id,1 roja lnterc&lt;1ptan loe
d&lt;')a ·er nn:i plel blanca. l 'na ancha cintn de terciom1·0 ti ••na~in io lll'&lt;li ·nt~!S de un ol primaveral. E;.as tep~•lo nzul, oculta los plieg11.,a ue un cuello enflaquecido.
1~ flvlantee, ya aí-,lpan con '" n sombra variable los grn•
~ 1e oj , de p11pila., pequei'las, re ull"ln grantle!! con auxiJ&gt;O! c,,parcid, , ya hacen llo.-er sobre dio. manchu de
lio d.il Kuhl y u11,11er,,so rizo• de oro p:llido, for111ando
luz. H,-g1í11 1 caprichos de estile int-errnitencil\l! lnn1i110•
bucle.• BI r~dedor de su frente. le dan el 11•• pcctode una
ens, 11: perciben loe abnnicoe que palpitan COIII'&gt; :ilu, d., •
mufieca cnyu 11wjilla~ hubi " dej:ido ,lescolonda~ la
m11ripo•n;aqní y allí 11na lindaCJbeim ,,merge di, la pe- llu vi11.
n11mbm ,. • • mne!'tra en pl,·110 eol; n!pidrw rel.t111pago,,
\"íoldta Cn.•tcllar es n1bi.1 como •1 maclro, pero ahí. e
hacen ci~tilar lo, bordad•&gt;e de los nniíurme~. fi.1mear los
u,:aba d parecido. U• talln 111edi,11111, flexible, ondul11njoyelPS rle dinmantCI!, cambiar di! color los rt:!rnolinos df!
te, con lwrm?!!'-"! hombros y un pecho de 1111 wodt!lo muy
la,; l'd .. naa telas de mati
suaves. Y.-~ nn placer entre
puro, tiene tn vimientos !len , d gmcia y 111111 aen•nl•
aquello• j,wgos d,• luz, l"llr 11gir.ar,1• di,.erol.nrnenw la 111(,.
ciad 1•irgi1111l que lncr: µen,ru 1•11 el nlba Je nna J,ermf)l!a
,·il tlg11m d, la nma de fa rn• . Id efülm ~foruvt!rno. pe•
111ailnnJ1 tl,, etltÍO •. :u b!oud cab~ll- _ncre,pad01,, forqm•nn, regordeta, sencillamente ,·estida cuo un tr.1je dt!
man Rencilla11wntc 11111tgrue a trenza que reLit-ne nnn flt'Í·
J'll80 negro cuyO!i lneng
plit'glle agrandan 811 estatura,
neu, üe carey. El tejido dte 110 pj,il blanca tiene algo de
tiene una p."llabra amable para cada uno. Ilermo-;.o~ caniarmvr : ,.,,~ labiod abicrt , d" roju carnncion , 11relx•lloa blanco~ encuaJran su rostro que(l(•rmanecc Írt&gt;.SCo,
e11t.an cuanau rPpu 1111110 e•pecle d« cnudorKCnRual. y
y en el cual, 106 límpidos ojos azules, Is nariz espiritual,
euaudr, ooríen, nn ligero Riri, de burln en los eslremoe
la boca de bueno! labio onrien1ee, penen como un ful.
de la, comi~11ra• . ..;u grandes oj,,s estdn, como ,m boca.
gor prim:wcml. La setiom Maru ,·erno po,-,w t"s.'1 ex pre•
b:iiindos rlP un11 E0ile&lt;lom placid!'J: pt1r doud pa..van, 4
1&lt;i6n de índnl¡:;ento bondad qne bnbs;-te C(Jmo un encan.
oc ione!, rúpidoa ful;:un.-, d1• ,-~• te' l., wr;11111• l!t-tlfj11t-0 en las mnjl.'re1l qnc han vivido la viJ:i del coraz.6n.
e ea Pila Ull!I original p,•rsoualidau, ¡....ru uu E&lt;: F!lbría
0

r.',,,,,,

,r

,·i \

'ª

�EL .MUNDO.

4
decir con preeil!i6n lo que h:iy en el fondo de esa alma
Yeladn. s ..,bre e,as pupilas de 1111 azul grimeo, ,·agn. nn
mi8terio encantador. como 10'! tran~parl'nll'!l rnpore so•
bre la super6cie de nn lago. Trtl c•lRl •e •'xhibe en la
ireeca expan,i(rn de sn• ,·einte níio,, \'iotew. Ca;,tellar
m~rece el ,.obrenombre de •Flor de Niza,, que ~e le da en
la inti111idl\d ¡ tiene el ntercfopelndo, el perfume y la ti•
bia palidez de la• roslll! eabrOJ1as nacidas e::i Abril, en eee
¡,ni~ del $ol y del placer.

Cill!i inmediata:uente después de la aparición de In.•
se,,ora,i Ca,r..itar, el ugier anunció :i lqs s.eflore• \.ida! y
1fo norato de :,;,ünt-l'ons, y los dos hermanos fueron á saludar ,i !a se11ora ;l[arnrnrno, en tant,J q11e ella ,e ocnp,l&gt;a en coloc.ir ,¡ loa recién !leg.tdos. \'id,\I "1! el tipo del
g~ntil-hombrn de Xiza, que ha ,•iato ti mundo y ~e ha
de•oojado, \·iaj:mdo, de la rusticidad y de la i&gt;x11h~ranciu
nnt.ivas. E, moreno, más bien delgado. s6litlamentecon•tituido. Su barba, negra y rizada, harmoniza con 811 tez
act&gt;itunada: 8U voz es sua,·e y bien tío, l&gt;rada.. ~us ojos,
&lt;:olor cnfi;, 1111 poco bun:lidos, tienen esa sedncciún pecllliar dt&gt; ln,; gentes que han \'inj:ido inucho, y cnyns pupilas se han embebido del ardor de lo, ~ules y del color de
IOti pal!es que han \·isitado. J,03 pliegnes verticales de la
frente, por encima de la raíz de la narir. aguilefla, denotan enérgic:1 volnatad. Tiene el ge3to ~obrio, la~ maneras
gra,·es y corteses de un gran s!!J1or espaiiol.
i;n l1erma110 Ho11orato es mny di,tinto, de tal suerte
diierente, que no se les creería de la misma sangre. El re1rar.o que h'!. hecho de él 1&lt;:1•a La Frenier~, a•rnqne un poco exagerado, es perfec~amenle exacto. A los \·eintiocho
aílos, l!onor.ito de &amp;lin~-Pons pareced~ más edndquesu
hermano maynr. End.-ble y euoorl'ado, tiene los cabello8
claros á intervalos, la barba mnlhecha y un tinte de papel m:ll!cado. .su cuerpo llllcO, tlota en nn chale&lt;:o y una
levita deeeminarieta. Este traje ridículo, unido :i la des•
graciada elección de una corbata de 11n azul de pizarm, le
bacía parecerse á un comerciant.e al pormenor, endomin•
gado. FnfOBe á esto eu timidez y amaneramiento, su pa.
h1bra vacilante y au gesto neryioso. En su faz triste, úulcamenie los ojOI' atenuaban la fealdad de las facciones:
dos ojos osc11ros mllv salientes, pero ti~rno~, que tenían
la pacieute dulzura de los ojos de un buen peri-o.

.

.

J..s duración del intermedio ocasionado por nqoella doble llegada de visita&amp;, excita al Sr. '.\Iarn\'erno, el cual
l:!e cuida de que 110 ee ÍllStidíen sos invitados, y rl'clnma
la continuaciúu del programa mosica\. l•:utonces J:1 @t&gt;nora Maruverno se ,·ueh·e amablemente hacia \'ioleUL Castellar:
-Qnerida niiia, la dice, sé que tiene usted 1Lna voz om•
eanLadora y me ha prometido cantar en mi casa. ¿Ha
traído nsted música?
-sr, sei'lora, "ºY á blll!carla ..... .
Con su fle:xible andar se desliza entre loa grnpo~ masculinos, deeaparece en el salón c:intiguo y ,·u,¡I ve muy
pronto, trayendo 1111a página de m(tsica mami.,crita, qt•~
coloca eobre el pupitre, murmurando una recouwudación
al acompaifante.
De pie, en el lingnlo del piano, vlll!tirla con un modesto
truje gris, comienza á ca.uLar una copln, con una ,·oz ale•
grey clara, terminado el cuál, los oyentes se mimn al
principio admirados y decepéionndo,.
Se trata dl' nna migar canci6n de ~ir.a, bien conocida
en la calle de Francia y en toda la vieja ci11dad. en simple
,·ondel qrie lod niños cantan "cuando vuelve Mayo,• ante
la1 eonri"11l! de la prima\'era, y ese rústico canto ¡,opular,
&lt;li~usta á las h~rmosas damas habitllada:s tt las wúsicn.~
i,abias, 11 los trinos complicados de las C'irtw,sa.; de la Ó¡&gt;e•
r.l; pero en su manera expresi de cantar, Yioleta Cast..,llar pone tantas cosas inesperadas ¡¡ara los asistentes;
,11 "º' es tan tl~xible, tiene notas tan 1.ibilll!, tan :r.alameins, tan alt&gt;gre$, que desde la segunda copla la sorpresa
st&gt; l,ruec:i. en nn simpático interés.
O,, (l!!e cnnto á los oye~tes la sensación de la prima,·era
m~ridional, cnn sa e'-uberancia de rosal', ellli olorea de
Yinletas y de llores de naranjo.
l.ae •ílab:is 111113icalea del Jijlfois rle la canción, vu11la11
ut&gt; sou; illbios como golondritllll! que se ciernen en el pro•
fondo 112111 del rielo, por encima de uu mar de azur. 1':COS
&lt;lees&amp; al~,gría popular de Niza, q11echiepea como un moa-

"ª

ó Juuo, 1~96.

cate! e!!p•tmOl!o, evocan la alegría de los festines rú.stico~
b.1jrJ los emparrados encapullodoe, el libre rnelode las cancinne,; de lilayo; 1, caricia de Las serenatas resonando dnrnnte las noches iluminadas por la danza de Jaa luciérnegas, &lt;-1 sabor dt- los besos en pleno~ labio5, bajo lo~ olivos.
Ese m:m:mtial de franca pot'i,Ía del terr1111o, se di!o nde
d~ pronto, en m,;dio de nquelln sociedad refina® y e~tra•
gada, reir-,f!Ca los cora7.onea cumo ta ch11·idnd de ta ma•
fiana que ptinetro bru•camente en una tlllla de b:i.ile, ar·
dil•nle y llena de hu artificial. Aú.n aquellos qne no
comprenden la lt!tra, se maral'illao y los bra,·os e~allan.
Las gentes del país se conmueven m,ís directamenw; ese
i.riunío de una de ,,us canciones J&gt;&lt;Jloi.,-, los halaga.
Entre los más conmovidos y expansil'os, se di~ingue
Honornto de, aint-Pon~. La admiración le hace oh•idar
su timidez. C&lt;;m el cuerpo inclinado hncin adelante y los
oj,)S dei;mensuradam1U1te abiert-08, batepnlmas. Tan abstraído rstit, que ad\"ierte de pronto que lo&amp; otroe loan
cesadodt-aplaudir y qne él l'8 el único que manifiesta su
entusiasmo. Entonces, mboriulndose, turbado, baja la
cabeza y va~lv!l il la sombra como nn carneo! á su concha.
Tocúle su turno á Mula Teresa.
Yestida con su trajecillocolor de lila de fald'ls medio
cortas, los ensortijado@ cal.ellos cayéndole en bucles al
rededor de la e•palda, IOc! delgados brazos surgiendo de
la amplia manga abllllonada, fné tt colocarse delante del
piano, y con 1111 brusco 1UO\'imien1,0, hfzo,e para atrás su
cabellera. euji,t6 su violln contra su l1o~l&gt;ro y, en tanto qne el acorn¡¡ailunu, dejab1 oír algunos acordlll!, atac6
con exraordin11.rio brío las primeras notas de la ,,zigeonertanz »
La extrai\a melodía comenzó á ascender como un que•
jido, y muy pronto llenó el salón con sua eo11oridades.
Bajo el arco de la niña, el violín cantaba con yoz encantadora.
Con ei cuello inclinado, la cabeznechada hncia adelante y los ojos impregnadoa de brillantes fulgores, María
Teresa parecía no Yer ya los objetos que la rodeaban, y
tocaba eusim ismada, cual si se eacontra~e sola en el [oudo de un bo.sque.
La ejecución, aunque muy hábil, no aparentaba el me•
nor eJ![uerzo. L118 notas más penetrantes, los suspiros más

tiernoe, lae fmses m:l.s complicadas, iban snliendo de su
arco, tan natmalmente como lae rosas de un rosal.
Por de;;gracia, el mundano auditorio !,a gnstado ya too&amp;
sa resen·a de entusiasmo y se mneslra cli~trafdo.
Las P.elloras se dtldic.in a estudiar los tocados de ene
wcinas y cochichean detrás de slll! abanicos; llli! seilor'tas se dejan hacer la corte, dengosa.-. y coquet11el11S, p .. r
los oficiales, que l!e inclinan &amp;obre sns espalda•.
f:e respira nuevamente en el salón nna atmósfera de
banalidad y de indiferencia de buen tono.
Asf, á pesar del talento de la eiecutante, la fa!La dA
atención ee ha hecho casi general, y la pie•a termina cm
medio de discretas mue!&lt;tras de aprobación.
En tanto que la joven guarda el instrnmento en un~
cnja almohadillada, dos persona.o, únicamente, llegan ,¡
íelicitula: \'i0Jet11 Castellar y Yiclnl de Sninl•Pons.
:Flor de Xiza besa con efusión las mejillas de María Tt&gt;•
resa; '\"idal, posando familiarmente su mano morena ele
ilrnbe sobre el hombro de la much:chuela, la dice con
YOZ expresi\'a:
-¡Bra,·o Teresiaa\ Ha tocado usted con toda su alma.
Es pr~'Ciso que esos viejos bueno&amp; mor.os y esaa coquet.-is
no tengnn nhora oídO!!, para que no la hayan ap:audido
con mayor entusiumo.
-¿De ,·era.•'' ¿Le ba gustado á usted? respondió )laría
Teresa cuyos ojoa se iluminaron. Bueno, at)Bdi6, puea eso
me basta.
- í al usted tambi(,n, seflorita, continuó \'ldal, volviéndo~e á \'ioleta Cil8t~llar; á usted tambié.1 tengo qne
dirigir mis [elicitacionea ......... 8u canción del •Ruisellor•
me Ita traído 111 cora1.60 una ráfaga de jul'entod. ¿$al,.,
usted que ha demostrado un verdadero valor al permn•
necer siendo una hija de ~iza en medí o de todos eelul!
cosmopolltaa?
,
Uoasonrisa tina se dealiz6 en los lnbios de la joven; delineo una rápida re,·erencia y replicó con su tono tran•
quilo:
-.Xo es g111.D. mérilo ......... Prometí cantar, y como no
sé sino aires del país, fue preciso que esoojiese uno de
ellos entre rui r~pertorio ........ .

J 2 ,J ULI01 1896.

EL MUNDO.

5

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( l·onti111wní.)

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~ ..,LOR DE NIZA
POR ANDRES THE:URJET.
('J:'ruducldo c8pc&lt;•loltncntc 1&gt;ora ••.El Mundu."';-Dustraolouc8bccha.s en nuoet-rostallcres,

N1ím. 2.-Yéase el ú!tiruo número.
Entre tanto, llll movimiento general se había producido
Liget'll y m.1.s jo,·c,n que nunca, la Sra. Caetellar se lan•
en el ealon. Todoe esLaban C&amp;Madoa de música, cnnl!lldos
za d1:l br.uo dti un capit,ín di;! b.ttallón de lo3 Alpes.
de inmovilidad; habla llegado la hor.i en que se org,mi&amp;l•
La :;ra. dt&gt; üírelles arrastra II en vez al pr!ncipe Kabala partida de brincos eema,1.a.ria, y ,í uua sella) del ¡.:r.
menskí. Ser1oras Y Eei'loritas tienen sus cab.tlleroa ex.Mant\'erno, se retiraron loa sillone3 y lns eilllll! ú. lo largo
cepto María Teresa y Violeta, que se quedan olvid~das
'
de Isa paredee, para dejar eitio á los luil:1ri11ee. t:na ,•ie• • cerca del 8r. de Saint-Pon!.
ju ee sentó frente al piano Y· ¡,ri ncipiú á tocar lln regocija&amp;te contempl.i, u1oa p;ir una, á tod118 l&amp;a parejas que se
do,, aire de dan.za.
deslizan por el pavimento, levantando aJ compá5 las
Eva 1,J Freniereee apodera del bJ1·6n 8pieler-un auEpiernas, y loeg11 á las dos ab.1ndonadaa, y, brlll!camen•
te, pregnntl!. :i Violeta:
lria.co alto, con grandee pat.illa.i! rubi.¡.s, mirad.l turbia
y mejillas e 11pedrad.as de granos;-le hace un 1raa nú•
-Dispense usted, ¿pero no es sa mamá la '-!ªª l,aila
allí?
mero de zalamerías para que él ª"' de:ida á ser su comp:ií'lero; }' por último lo atr;ipa, triun[almeute.
-Ella mi.ni&gt;.a, reapoode ~lor de Niza, con ana sonrisa.

iunil'a, que dibuja unos hoyueloe en sD.B mejillas.
-Ahl wnrmara \'idat, ahora las mamás son las ·que
bailan, en tanto que 8118 hija• bordan ......... ¡El mlllldo
al revég! ......... Sefloritas, no puedo ser su cabaJrero, por•
que no entiendo una silaba de estos bailesamericanoe;...•
pero lae invito ......... á dar una vuelta por el jardín, en
donde respiraremos mejor que aquí y podremOfl hablar
, nuestras anchas ........ .
Y loe tres se evadieron detrá8 de 1~ barrera de •mokiuyi
y levitas negras, atrave~aron el vestíbulo, y de3paéa ba·
jaron la eEcalioata.
La tarde tibia moria. El sol iluminaba con nn euave
tinte color de roea la cúspide de las montatlas de E.za y

�6
de la Tarbia, La brisa del mar habla caído, ni nn aoplo
mo,ia el lollllie Iu~troso de los limonero;; ni las cinU1S de
IM sah·ia@ y los gern11eoe rojo!.
Un :elleocio períamado reina en lo, jardines AOlii.ario•.
Los nes re embosc:m por una larga n,•enida de lindero,o
ealr,icadoa con profoaiún de grandeii ,·iolel.as rul!llS, }'
en cuya exlremidad se ve a,,11 lenr el Oceann.
\'idal de í-llln~ P.ifü abrn la marcl,n, teniendo ¡mter•
nalmente 111 mano de )forfa TercY y hablando coa ella·
oon familíaridnd: Ylolern Oastellar los sigue ti corta dis•
tanci&lt;1, examinaudo el llSpecto varoall de Vida!, visLo por
la espalda,
I..a cintura bien rnoddnda en eu ,,chaquetle,, 1u11l oo.cnro, los hombto\ cnaclmdo~, el cuello de mo,·imientos libree, la cabeza cubierii1 por un lleltrecillo que deja Yer
le. 1111cu to&gt;Utdl', y los t•abellos cortados en forma de cepillo, el primogénito de lo~ Saint Poas se le aparece como la emanación d~ estn naturaleza robusta y generosa
que se m&amp;nillesta en t-Orno snyo.
&amp;,,pecha ,·ng:1.,n,mte que s11 madre de!'ea cnsarla con
uuo de los dos hermnn,1s: pero Yiolet.a ha decidido inwriormenw ,111e e6lo ~1 mayor es un candidato serio. Xo
tiene para el mo:nor sino 11na dt'l!denosa indiferencia;
Yidal, por lo contrario, la· interesa y la atrae. Dlce!e
para 8111' adentros qne estaría orgnlloim de ser su mujer.
En secreto, su cornzón se inclina ya dulcemente hacia
él, y se pregunia: ¿!,e gastan\'/
Y, COUédente de ~u indieculible .hermos11ra, con la certeza de la ju ,·entud que no duda de nada, se responde:
¿Y por quó no?
L&lt;:! parece que vé cnminar delante de ella á su propio
defltino y !e itlente Ion conmovida t,omo Psiquis tratando de conocer ni misterioeodios á quien ee le reserva por

12 Juuo, 1896.

EL MUNDO.
esmaltaban cwidros de cl¡veles. En un myo de sol, las .!:!oreP, blaDcas, cnrmes!es, nmarill~, color do carne abrían
BtlB ~talos rfa0608 y recortadoo. Un olor ,le claYo ema•
m1.ba de eflta pro!usil,n de plantas en plena floración .
-¡Oh, quG hermosos clav~le¡¡I eirnlamó la seflorita
Castellar. Es mi flor predilecta ..... ¿Podrécojer algunos~
-Hum! cont.eetó \'id.al, crno que M est.!. perinitido..... ,
El Sr. ::"ltaruverno es m11y celo¡io d,• sus coleccione,¡, y el
j11Tdinero cuenta los claveles mat.n por muta.
-Tanto peor, porque ~e me ant-0jan, y dPsde el mo·
mento en que "" íruto prohibido, la tentación es mayor
todavía.
-¡Oh! Oh! mnrmnró el Sr. de :'laint Pon", "º tanto
que,e nnían los pliegue, de t11 frente. \"amo~, aguarde
Wlt~¡ agregó tocando á Yioletl\ en el brazo; quiero, cuan·
do menos, dejar en paz "u conciencia y cargar con el pecado.
Y se arrodilló á orilla del t·•rndrr,, cogió una docena de
clan,les de colore.~ ,·ariados y se lv~ ofreció á la joven,
cuyOI! ojoe tuvieron corno una sonrisa. Parecín encnotada al ver realizado eu d~eeo, y mil,¡ aún, por hab11r Ím·
puleado A \'id.al ll Her eu cómplice. Este había i&lt;lo ,1 reunirse con .Mnr!a Terel'a, que durante este tiempo, se detÜYo, bajo los olivoA, ti hacer un ramillete de anémonas
silvestres.
-UMt,e.l es máij r:,zonnble, Teresi,, la dijo alegremente,
r se contenta con llores qne están 11 disposición de to•
dos ......... Y bien, para recompensarlo de ,m di~1·eción,
la iavito á mere11dar ~n la Reeene, pasado mañana, y
luiré que oiga usted algunas cauciones napolitanM .......
¿Le conviene'!
-¡Oh, 8eflor Yidall replicó la muchacha, encantada,
ya lo cri,o ......... Deede el l'Íaje de papá, 110 he sido muy
feliz en el capítulo de la• distracciones, y ¡me gustan tan•
to las cancionvs napolitanas!
-.Aaunto arregludo; Honorato y yo iremo,; á buscarla,
el sa.bado, 11 la Reeemie .........
Qu¡¡dóse un '"omento penl!Btivo, y l11ego, volviéndose
hacia Violeta, que IU'piraba sensualmente el ramo decla•
velee, afladió:
-Si la eeiiorita C'lll!tel1ar quiere 8er de los nuestros, la
p:irtida eera1 completa.
Con mucho placer, respondió Flor de Xiza, pero ....... ..
yo no soy enter11mente duei'!n de mi persona ......... Si mi
madre .........
-Bueno, mal'lana iré á in\'itar á la mamá de usted.
Los olh·os y los pinos prolongnban, poco á poco, las
sombras de sus copas, y, allá lejoe, el mar se empapaba
de tintes de tlZul pálido, 8111picados de oro viejo. En lontananza se l1acía olr el ch.irrido de unas ruedas ~odanclo
sobre la arena.
Ern la l1ora en que loe salones de la .,.illa•• Olimpie. ee
iban quedacdo desiertos. Repentinamente, desde lo a1to
de la terraza, resonó una ,·oz de timbre agudo de soprano:
-¡Yioletal ¡Violeta! ¿En dónde eatás?
-1\Il madre me llama ......... ¿Vtimonos? dijo la jo,en á
Yidul.
Yacll(, un momento, y después, tendiéndole la mono:
-Adi6s, sellar, y grncia9, exclam6.
-Hasta el sabado, repitió Saint Poru1, en tanto que
ella, recogiéndose laa Caldas, se lanzó apresuradarne,,tti
en dir¡,cción de ]a "villa• ...... ,..

\'e rano á lo~ habitantes de :N'iim, y en el in \'ierno, enc:intnba ú. los ingleses ntlcionados A las excursiontll! ti&lt;!

caza Y pesc:1.

P&lt;!ro aquel al\o no se había preaent.ndo ningún inqni•
lino, y la viud!\ j11zgó m.is económico iostaiaree en ella
deede los comienzos de la primavera. El anticipado verane. lo. permiti.", eu•pel}der su, recepciones de la cnlle de
S.ta Francisco de Paula y vivir m,ls aencillnmen~e, obu,niendo los beneficios de las distracciones que la o!rec!nn
la vecindad de lo;¡ 'Maruyerno . .Adem.ts, uu moti,·o mis
!!erio había. en e•t.a ocasión, determinado á la seilora Cas·
tellnr :1 dejar Xiza, anticipadamente.
Ln. •\•illa• de lo~ Lentiscos no estaba separada del •vlllino,, de la Fouiin, perteneciente á loa Saint Pons, ~i110
por un cenLenar de meiros. Este •Yillino• y alguna~ hec·
táreas de olivart,seaparcidas en terrenoddel cabo Ferrat,
constituían la única fortuna W!rritoria.1 de los dos hermanOI!. Pero ei en\n pobres en dinero, lo~ Saint Pon~
pertenecían tl l.1 m.ís a11téntica y ti la m,\s nnLlgna nobletlll del país. E,La.b:m emp1uenta.doa rica y brillantt••
mente,
La sel!ora t'll.l:lellar tenía dos •desiderata:• ca.ar prontamente á su hija., cou el fin de poder, á su ,·ez, ~enlizar
,más fácilmente un eegnudo mMrimonio; y CMarln en l.1
sociedad nrist&lt;&gt;crát:ca, para crearse por sí mi.stllll b11ena:;
relaciones, lo que halagaba su vanidnd de buena burgue,;a.
No se fijaba en el dinero. puesto que \'ieletn posefa.
heredada de en padre, una bonita fortuno; pero des1:uba.
que su hija entrase en una familia noble y qne In introdnj~e, á en l11do, en un mundo que, h!\llta entonces, hnbín estado cerrado para ella. Conlqoierad., los Saint Pon!!
pod!a realizar e•te euefio ambicioPo.
:,e preocupaba muy poco, por otra parte, de que Cue~e
espoi!O.
el pri111ogénito 6 el segundo de los hermanoe; lo que la.
interesaba er11 que Yioleta fueee oondel!a,f&gt;vizcoud..sa en
-Senorit11 Castellnr, dice de pront.o Yidlll, volviéndoültimo caso, para ro1.tll'8e con Ita Ai!premont, loe 8al111.
se ¿en dónde aprendió lli!ted EU canción del •Rui,ellor'!•
•leannet, lo.~ Spinetta de ColomotA, y otroH hidalgos de la.
-La conocía hace mucho tiempo ...... l\1uy niña In oía
vieja cepa de Niza. Y en an vanidoo" egoi.sr.Jo, oo fe pre•
ce.ntar todns ias ma!lnnll8 11 loa vendedores de flortrl! de
guntabn ~i uno ú otro de eetos partidos aetía del gusto de
la calle de 8an Francisco de Paula, bojo nuestras venta•
Yioletn y ei la joven profesaba la misma indiferencia quenae. El afio 1\ltimo, ,í mi r.cgreeo de la A~anci6n, la maje:
ella en materia de elección de m:trido.
de nnl!l!tro jardinero de loa Lentiscos medió la letra ....••
Conquistar uu Saint Pone, le parecía el punto esencial
Yo ta anoté, compuse, bien ó mal, cOlllO pude, un acomy aún ei la hubiese preguntad.o en 1&gt;pinión, Tlonornto hn·
pal\amiento ...... y esto es todo.
brfa sido el preferido, porque lo estimaba mál! maleable
-¿~o ha ealido usted nunca d~ 1nza?
que Vidal.
-a·o, Ael\or, en :Niza he nacido, me educaron en elcou
Sin embnrgo, el regreso do este último había aún ePti•
vento, l11ego regresé á clll'll y en ella me he quedado.
mnlado eu ardiente deseo de llegará nne. pronta conclu••
-Bueno, pues es ustro 11n11 bija de Niza, de sangre
sión. Así, desde su inRtalación en los Lehtiscos, manpura. Le. eepecie se hace cmln dla más rara .•.•.. ¿Y quie•
tenía con 101j huéspedes de la Fouan relaciones diplo•
re UBted á au tierra?
máticas de buena vecindad. ,
-La encuentro muy hermosa...... La quiero por in&amp;•
.Al dia siguiente de ll'A encuentro con los Saint rons, en
tinto, aunque no tengo muchos puntos de compara•
la ,·illa Olimpia, ,ioletll se despertó alegre.
ción ...... Usted, que ee un viajero infatigable, puede á lo
La mnflana, muy límpida, prometía un di.a t.nn radioEocomo el de la \'lspera; el mar resonaba melodiosamente
menoa compararla al otroe Jugares y admirurla como inabajo de las rceas; se veían salir las barcas, nna después
teligente ........ .
,_SI. ........ cada ,·ez que vengo á ella, le encuentro un
de otra, del puerro de San Juan; desplegar aus blancas
velae; luego, correr medio inclinada.~, eobre lae olae de un
encanto que no hallo en ninguna oua parle.
-Entoncea por qué la dt:ja usLed7 exclamó Yioleta
azul diamantino.
•
con un asomo ele burla.
En frente, la COSW! de Beaulieu extendía la vnriedad de.
-Porque los extranjeros me In echan á perder...... Me
sue ,villll.!!,• expnrcidas en la verdura, en medio de IU!'-·
horrorizan los coemopolitwi qua ClWil aqaf como nubes
rubiail hojn.q de olivos y esbeltos ramos de palmeras.
de langosw. Lum~nto el tiempo en que Xizn no ee ex·
Atrás, las montailas tef!idaa de un color de malva y de
tendía sino h~ta Paíll{,n y m1eetra propia alegría noa
violeta pe flncadenaban hannonioi;amente, entre sus onblll!tnba, sin que nos vi~emoa obligados á l\lezclar en ella
dulaciones :iterciopcladas, se distinguían ,·agamente lae
III
el vino :id11lterado de loa placeres exóticos. ¿AcRSO le
construcciones ~arracenJlil de Eza y los perfiles de lae ca•
gusta á usteu la .ociedad que hemos dejado allá arribo?
81\~ de la Turbi11.
-.·o sé ........ Ee la primera ,·er.que la veo ......... Estoy
•\1 reipirar IM 1'0888 dAI Inrclln, Violeta ae sentía feli~.
La •\·ill:10 de loe Lentiscos, propiedad de loe Castellar,
como un bai\ista que mira él mar d,r.¡de el cbrredor de se hallaba situada más allá de '1n alde.a de San Jnan, á ¿~:ra In influencia dees41\ clarn muilana 6 el recuerdo dr.
loe ba11oe r ie pregunta; ¿:\[e arroju•.• .:so me arrojo? ......
su triunfo en laca'!ll delos '.\Iar:.véruo, lo que la ca11saba
medio camino de la t.orre Snint Hospiee.
Yi afición, muyor ó meuor, d. la fOCiedad, dependerá de
1':di6cada en medio de bo:;quecí!IOI! de pinos y coronan- esta íélicidad int~rior, fresca como el agna virgen de 0110.
1118 gentes que me rodean ....... y en quienes tc,,ga con• do un grupo de rocae cortauns á pico, eUBpendín ~n8 jar- fuente? ........ .
Todo ..e mezclaba, evidentemente, en la compoi!ición
!lanza.
dines, en forma de carniza voiada, por encima del :",fo.
de en alegría; pero también había en esta otro precioso
· -¿Realm&lt;'nte?
ditemneo, en frente de lns montañas d., Beaulieu.
Y los ojos lumínoFos de Vida! se lijaron con curio., íGeneralmente IR eel\ora en~t.ellar, qoe, no ob:;tnute eu~ elemento, oculto como una pepita de oro fina en la!! prodad en lod de su imerlocutora; parecía un poco impacien- gustos mundanOE', pOl!e!a nn ePpírim práctico y sabia ha- lundid.'ldes di:' este rnndal de pl-r. A fuerza de inclite al no poder leer nada claro en 1118 m i:;Leriosos pupilas cer bien HllB cuentas, la alquilaba durante el invierno ,\ nnrre cnrio~11mente eobre esta agua misteriosa, la joveu
grises de la joven.
loa ~tranj~ que acudían á pa!!lll' en nq11ell11 comnl"CII había visto en el fondo la imagen de Yidal de l:'a.int Pone.
Yoh•ialo á ver cubierto con su sombrerillo do! fieltro ,fo
-8!, proeigui6 ella aonriendo; siento dentro de mí la
la e8t.ació11 de los frio'!, é iba á habitarla tn los mel!&lt;'s de
alll!! estrechas, pisand,1 con planta resuelta la aren:,. de l.1
facultad de eer m11y bnena ó muy mala, según lain!luen. Junio y Julio.
cia que sufra ........ .
Aquella parte de la península, orientada hacia el Xortti o.venida limitada pór las ,·loletas rusns; luego, ae lo rQ•
Dieron vnelbl: á un bo..,squecillo de oll voa y continaa- y balladA por la bri5a. fresca del mar, ofrecía una doble presentaba arrodillado ante el nlailro de cla,•f"lcs mulliron la marcha. á tru,és de nn jardín, cuya tiena rojiza vent.:ija: en la época de los cnlottl!, servía de ~lal"ÍÓn de coloree, tendiéndolo el ramo de ll.ires con aroma de cl.1rn.

12 J uuo, 1896.
Aquello:, claveles los había puesto ella cnidadoP11t11en'te, la víspera, en un vaso de agua, )' por la manahn loe
prendi!'., en su corpil'io de lana blanco. :--,1 perfnme penetrante la acariciaba voluptu09amente el olfato.
De pronto, la causa de esta íelicidad, q tte brotaba dentro de ella, ee le apllreció con to&lt;.lo su resplandeciente
claridad: era. feliz porque Yidnl la había imitado á co•
mer en la Reserve.
Pero ¿y qné? t.nmbién había inYitado á Moría Teresa, y
aon antes qne á ella.
¿Qué tenía, pues, de extraordinoriament~ halagadora
esta invit.acióo, que \'ioleta compnrtín con la pequeña
La Freniere?
En realidad, l\Iada Tereiaa no er:1 más qne una ni,1a á
loe ojoe del conde de Haint Pon1¡ ¡.pero acaso tendria ella
n1isma mayor importancia para él'/
En el espíritu de este hombre que habfa posado de los
treinta niíos y que había visto t.a.ntas personas -y tantas
cosas ¿exist.ía una diferencia sen~ible emre uno mucha•
cha de quince aiios y otra de veinti;? ¡),o las trataba á
las dos con la misma paternal indulgencia'/........ .

EL ~IUNDO.
eu cuerpo en vuelto en la ligera caricia. de In" aromáticas
v~getaeiones.
Caminaba de eete modo, ~in pensar en nada, dejándose
arrullar por el ritmo del mar, dichosa en medio de un~
beatitud puramente animal.

7
-¡Qué original ea su historht! dijo Yiol!'ta.
•Y se qnedó mirando la mnr re~plandeciente y la nmci•
za torre redonda, y por m~s qne hacía, no podía dejnr de
penear en In entrevi~ta de la falsa duque~a y del galante .
corsario.
In,·olnntariamenw ~e representaba á Occhiali con las
facciones enérgicas de Vida! de ::-aii1t Pons. Cna nga.
sonrisa retozaba en 8UE labio~, fornurndo lloy.uéloa en sús
mejilllU',
-Péro, replicó Honorato, alen1:tdo por la respueetn de
In joYen, hay en esta historia puntos qno com·iene diln•

Muy pronto abandonó el lindero de los pinoa y \lomen•
zó á subir un ribazo, en el qué noas viejas bigneral! enla•
%aban sus rama.«. &amp;te abt·upto sendero condncla al antiguo fuertt: piamontés, del que no quedaba ya sino una
torre yentruda.
A lcanzn ba ya la plataforma, cubierta de ci&gt;sped, deade
cidar.
donde ~e dominan In bahía de Beao.lien, las montailas de
-¿Cuáles? dijo \'iolet.a, pensando EÍ mpre en !a dnma
\'illafraaca y el Mediterraneo, hru;tn la &lt;:xlremidad del de honor.
-Primero, sería m11y in~rt-nnt" saber con exacli111d
cabo Bordigheru.
Por un in~tante •e cletnvo ,í tuuiar :1liento, y regocijar en qné. punto de la escarpado costa pndo dcsembarcnr
su mirado. con la dl't'lumbradora cn11t .. mplación dd pni- Occhiali.
-¡Bahl exclam~ elh, contrnrindn.
1,aje que ante ella ee extentlfa-,•l •1111r color de zafiro, 1as
Ln importancia que parecín atribuir Honornto á eHe
recortad11rn~ plai,-nd11• de la cn•tn, la• cim:is color de lila
detalle
insignilicante, le pan-ció como indicio de un eep!·
y de nieve de las montal1aB-cna11tlo la cin,bradn puerta
'
ritu
ru!n,
y volvió ,¡ caer en 811 iudiférenc-ia.
de le. torre se entrenbdo. y eobre In obscuro sombra del
-Ya
encontré
el tiitio; es allá, eu una pequeña rnda
pórtico se destacó, e11 pleno sol, ladelgadasil11etu de Ilo•
arenoso; pro,;igui6 con un aire de triunfo el menor de los
Su orgnllo seeuble\'6 repentinamente ante la idea de qne norato de i-:aiut-Pow.
Saint l'ons. Quiero enseillÍrs~la. ¿1:ustn 118led?
podía eer puesta por Yidal a.l propio nivel que oqnella
~o le fué n~ce~m io al recien llegado mucho ti ..mpopa-\·amCII!, ~nspirú ella con reaignacit,n.
colegiala de vestido corto, y tratú ele e:.'tplicnree ingenio- ra ad vcrtir que no &gt;11 hallaba. HOlu. El \'estido blancc. de
J\ajnr&lt;m en p!eno sol por 11n "''ndero de cabras.
samente loa derechos que podía tener paro una preíe· la Pel\orita Castt-llar, formaba una mancha re~plnnde•
Honornto la guiaba hnda la playa 11renosa. donde el
rencia especial.
ciente en la tuyida copa de una hig11era qne la Eerv!a c1e mur iba ú morir en ondulaciones susurrnntei,,
Ante todo, ,. idal no estt1ba de modo alg1mo obligado á
fondo.
-A1¡11I tiene uHt-d, dijo él, el ancón donde úcchinli y
incluirla en ll\ inviti\::ión. Si babia procedido de otm
El primer movimiento del joven fm\ ocnlt.aTSe en loe st1 gente pudieron atracar sin en viaLOe.
manera, íué, sin d11dl\, porq1ie nna excnrHión con la se• tiniebla~ de la b6veda; pero luego, desp11ésde haberse coPero ella no lo oía y caminaba distraída sobre In arnna
llorita La Frenitire por toda compañía, le pareció 11n mo• locado Hls lentes de ,·idrios obscuros en sns ojo• qnegui•
tivo da placer bastanti, me1.,tuino y pensó que sería e:ii:, i\:tbn ein cesar, reconoci6 á Violeta en la pt:rsona que lo ll\icá.:lea, mirando con preocnpacióu infantil las bw:llas
C6lente 1a gregar á la partida onn compnl\era más agra- había tnrbado. y entoncl!!! se dtcidió á snlir ,1 ij~ encuen- que dejabun su~ menudos pies.
En el ijilencio de In plnyn Rolitaria, p/,lo se oía el ru•
dable.
tro.
mor
de Jss olal' y el murmullo musical de la brisa, rom ·
Adem:'u,, ¿no a.e 11abín arrieiogado e1 selior de Saint Pone
Acercóse, ealndú torpemente, y en tanto que la joven piéndose á trav(-s de los piuares.
tl incurrir en el diegusLo del l-r, .Maru,·eruo al forml\r contesiabn á su saludo con nna sonrisa enigmática:
llonornto se había quitado sue lentel! de vidrios azulee
aqael ramo de claveles, y no era hta también unn muel!•
-Dispense u,ted, eel1orit-a, ninrmnró, no ...... In había y guardádolos cnidndosa.mente en el bolsillo del chaleco.
tra de especial aleuci6n?
conocido al principio...... Es ...... (•e una sorpresa ......
Con mirada t(midn, seguía la elegante si lnetn blanca
Estas meditaciones oc11paron la imeginaoión de Yioleta
:So en~ontrando el calificath·o que buBcaba, terminó Sil de la dei'ulriu.1 C..stellnr, y se cavaba el cerebro pnra enhuta la hc•rn del almuerzo. En la mesa, á la que acudió di&amp;curso con un gesto ner\'ioso.
contnir en él algúu otro tema de eovert'uci6n.
á sentarse so ~Adre con un descuicb1do vestido de ma.-Cna sorpr!&gt;tia agradable, concluyó Yioleta, qae tuvo
nesgué$ de un laborioso registro, alladió por lin:
llana, no se habló de otra cosa ei110 de la fiesta de loe Ma- liíetima de su timidez,
-Yi·lal debe ir hoy mismo ú ver II la aefiora Castellar
rnverno.
-1Es usted demasiado buena, exolawt'i llonornto, en- ,. hablarla de la excursión Jo mnnana ........ .
La viuda había guard.'\dO !!US·encajee rizndoa en la caja ludándol&amp; de nuevo. Y ......... ¿\·iene ueted á menudo á
· -¿El sel'ior Vidal piensa permanecer macho tiempo
de los días de guln. Envuelta en una bata mny ajada, la paeeal'!!e á Saint..Hospice?
todavía en la Fouan?
Sra. CMtellar aparee/a, con la cara mal lavada todavfa
-Algunas vl'Cea. ;,Y oeted?
-¡Oh!...... con \"ida! no se ,abe nada nunca ...... lne1de lo~ cuitladosJI! menj urges de la víspera, y el cerebro
-Yo? ......... Todos los d/1111 ......... Uogo oqní in,·estiga- pt!radame11te hace su mnleta, me da un abrazo, y se vu. por
poco limpio también de las quimerae de que ae había cionee nrqueol6gicM, con objeto de ......... 11n estudio que
algunos meses.
llenado.
1
dedico ii ......... la Sociedad de Letras de ~iza.
-¿Se nburre tal \'~Zen 11! cua?.
Durante el almuerzo, no habló sino de su triunfo y de
-¿8~rA posible?
-Xo ......... Xo es que se aburra mucho conmigo; pero
las felicitaciones y cumplidos de qne habla sido objeto.
-Sí, sefiorit:1. Se trata de determinar un punto hi.stó• se encuentra poco á RUS anchM, delllnei~o inacti YO en la
-Verdaderamente, decía, bajando, como nna pollae- rico muy importante ...·...... Sin duda ha de conocer UB· Fonan ..... ~-· Xo eabe, como yo, tomar interés en QCupala, sus ojos de piirpadOll arrugados, verdaderamente, to- ted los sUCe!OJ que se yerifirnron en éste sitio, en In Gpo- ciones sedentarias ......... Somos dos espúi~wi muy ....... ..
dos estos hijos de los Al pes, son uno11 locos. :So me que- ca en qne Filiberto Manuel de :4nboyn Yigilaba la construc- 111uy.........
·
rúm dejar; todos me pidiéron permieo para venir.á ealu• ción de esta torre?
-Di8tintos, sugirió Yioleta con impaciencia.
darme en los Lentiscos. Por fortuna, el ptinaipe Kamena-¡Dios 01fo! no! confesó ella con una complet.a indiíe·
-Ello es ......... Xo~ queremos tiernamente, pero no teki me arrancó de sos brazos y me llevó al b11jf,I. Baila- rencia.
nemos el mismo modo de @entir ......... El menor cambio
mos juntos toda la noche, y la senara de Girelle estaba
-Paee bueno, una noche, el duque !né sorprendido eu mis c~tumbres basta parn que me dé jaqueca ....... . Y
Yerde de celo8, Hasta el mismo Honorato de 1¼tint-Pons por nnos corsarios al mando de un renegado de Gfoovn,
ll él, le cau~a horror la regularidad ......... ~eceeita, todos
Rali6 de en abstracci6a, creyéndO!!e obligado 4 venir ,t fo. llamado Occhiali, y sólo pudo escapnn;e merced ,t In adhe- loP día!!, algo imprevisto, algo que lo conmueva y lo halicitar me por tu talento de cautunte ......... Tu voz ha sión de dos de sus hidalgo¡,, que quedaron prisioneros. gn sa.ir de ~í mismo.
eau8ado en él una viva impresión. ¿Pero, pnr qné escojis- Entre parént.e~i~, uno de estos valientes caballero~ ee 11a·
-iA. dónde fué 0/SLe in\·itrno?
tes 01!&amp; antigualla del Ruieellor·/ ¿~o podías haber 1,lt'jido ma.b\ Maurici,, \'idal de S1\int Pom,, y íutl uno de miij
-Desp\¡~a de pasar el otono en el Tirol, se uirigió á
en tu repertorio algo menos vulgar? ......... Xo vale la pe• anll'ce~orea. Ya ~e ueted, eeilorita, qne estoy personal- Vent'cfa.
na haberme nrrninndo 11n lecciones de canto, ¡¡j no eres mente interesado en estudiar este problerna histórico ......
-¿Y estuvo mucho tieupo allí?
capnz de ~jecotnr nn trozo de ópera ....... ..
-Hasta Marzo ........ TifnCl por \"enecia unn afición de
Para salvar ,l. loe cn.itívosde las garras de Occhiali, fu~
Mole,ita por esta charla int.erminable, \'ioleta se li• indi;penpable entrar en nEgocineionea con el pirata, y qne yo no participo ......... Esta ci11dnd rodeada de agua,
mitnba ,1 mover la cabeza, sin n,;;ponder una !'alabrn. aquí et! donde la aventu.m se hizo resgorn. Occhiali e:.'ti- debe ser un 11ido dt reun'lBLismo~, y yo no qui.!!iera verCuando e.u madre se levantó de la ml.'~a, se aprovechó de gfa, para. devolver 1Uoe prisioneros, un re~cnte de dos mil me en ella ni ea pinturn ......... Pero á \"ida! le gusta e~t.'\
la hora q11e Jet.a consagraba á l.'\ siesta, para pasear sus eecudc.s de oro; pero ponfa además por condición, que la vida de vagabundo en la." lagnnns. Ya hacealgun&lt;,e ailoa
eusuei1os íuern de los jardine8.
duquesa en pi'rsona se l9s entrl.'gara y le permití"~ bt!- que pasa loa indemoe en \"enecia.
Ex~rirn;;ntaba In nece~idntl de caminar ,t tra,·és de los sar su blanca mano.
Yioletu tenia en la ¡rnnta de los labios un.a pregunta
can,pos, pum sacudir el mal humor pro\'C,cado por las
Al llegar aquí, Hononu.o se p11so rt•jc&gt; come los géranios que hnl.,iern de;ieado dirigirle.
Iri volitlade~ dti In l!t't1ora 011.tellar.
Un escrúpulo la detenía, el temor de cometer alguna
recién abiertos que •e vela~ á poca dí~tancin en el hneco
En íreme de la •villa,, un bo~q11e cnbrfa !ns dos ver- d., unR roen.
íncorrecci61;, 6 cuando ménos, de pas11r por indiscreta.
tieutl.'s de ·a·penínsnla, elevándose E'n una cuesta sua\'e
-Figúrese usted., seí\orita, coutinnó, las vacilacionea
Hnbiera deseado saber ei Vida! no sería IU'ralltrado á vihasta llegará la nmsn de roca!! dt• la forre ~int-Hospice. de la doqu, ~a, ante h~ idea de hallarae (rente á frente de ,·~r luera del país por algún interés de un orden puraLa joven se hundió en plena mnleza, re,pirundo el olor e.que! cor,;nrio sin ley ni llíoe. Se trntú di, hac.,r nneV0M • mente sentimental.
de resina mezclado A lo~ exhalaciones m:irinaa. Camina- am·glo•; pero Occbiali '!º cejaba nn sola punto en sos
Al eecuchar á Honorato, llllbíala ocurrido la ide:i. de
ba á la ventura; la tierra, bpizada de pü111; de pino, cru- pret('n.l!iones, Ent.-Onces se recurrió 1l una ariimaiia: se que un romántico afecto podría muy bien atraerá \'ida!
jía bajo sus pies; matorrales de mirtoe Bilvestrei¡ y de ee• sustituyó ú la duquesa por una dama de honor, q11e se le cada inviernu ll la cindad de los Duxe,i. Caldeába1e en
piuoe le eubían hasta la,¡ caderae, rozándole los brazoe.
pareciera, y fué esta última In que permant&gt;ció toda una imaginación, y un violento dese,i, muy femenino, se apoCon incon~&lt;;iente voluptuosidad se cornplacfn en sentir aocue á EOlas-con el coreario ....... ..
deraba 4e ella· hacer hablar l\l hermano menor.

��10 JULIO, 189~.

EL MU::-.iDO.

10
ladas en una DlC'S:l rF&lt;londn, no IE&gt;jos de la pequclia or•
que&amp;ta quil. desde !!l m~dio.tfn l1a;;t.a. las cinco de lo. tnrde, ejecaw para los cli,mt...~ un conciento, en qu~ loF niree del yals altemnn con !ru, canciones po_p ulares l~li111rne.
Esta orqurua eftaba con,puP~ta d d08 violine~, de nn
contrabajo, d" una flauta ~· de g11Ílarrn~. Des cantore:, de
corhnia~ clara,, fmokings )' pant.alones n.-·gros, llamaban
aobre todo la ntenci6n y formaban la~ ilelicil\8 del 1111dítorio: uno &lt;le ello,;, pt&gt;qnef,o, rubio, con la ca~a peluda "
rape, Ja• orejas s,dit-nle•, l:.tS mE&gt;jillo~ lnmpiíilli!, de boca
.ntreYid11 y de ••jos cllispeantPB de malicie; 1•1 otra, muy
moreno, bi~otudo, con ¡,upilaR rdocientl•ij y dient-es mny
}¡\ :\nC09.
Cantaban csnc.ionee y b,irrarola~ y la,, acompm1aban
con mlmjca, que duba 11mrn\'illo,n mo,·ilidad á sus facci,mes, con pet11fa11ciny In lento d,1 g•,st-icnlndore~, de nna
gracia cómica irreeistibl.-. A\_11mae vece~. arrn~trad011 por
d ritmo .. ndiahla.do d1• In l1•tm, se zarandeaban ·y h11c!s.u
cabr;olas, ral!C'lrnio In gmt.nrra.
l'onfan tnnta iurnginación, nna alP@TÍ!I tan infantil, en
sn tarl'a, que más parecfrm r.nmar parte en la Jiestn para
atorilirse pura En propia s:1tisfacci611.
La ee1'1.ora C•stellar Lomaba po•turas de éxtasiE; balnncenlla dulcemente rn cabi!za rizada. y lle\'aba el comp:18
con eu aoanico.
l\larín T.-l'l'l!ll, con 10!! ojos brillantes, aplnndía estrepito&amp;arnente, .. n t1mto que uua loca .risa sacndí:i sue bom•
bros. lr:lgilllS y EO~ riz&lt;ll!! oscuroe.
\"idal Re uh-ertfll con In alegria de fil umiguita. En
cuant.o ,\ Honorato, que na entendía gmn COl!ll de mÍlsica
y d quien esta, gracPjada!' di;;tralan muy poco, a61o ee
di\·ertía me&lt;liam1menw, }' no miraba más qnt&gt; á Yioleta.
Esta, con eu tn,je de lana blanca, en el talle del c110I se
11hrian unas cla,·eh•a rc,jO&gt;l, e!!Cllchaba, de codos eobre la
inern d., m:lr,11111 y la llllrba apoyada en la mano. Los
contornOP. de BU~ hombros y de su talle flexible, ae t\CU•
,aban cou inflexiones vol11ptoosns, bajo ta luz diíuea de
:n tienda.
SE&gt;gún c•l carácter jO\·inl 6 zalamero, zumb6n 6 l\pnsionadu de la másica, 6\11! pupila. grises ~e encendían ó se
,·elnban.
Las wéloilín~ it.31innae le sng&lt;&gt;rfan visiones sonrientes
(, melancólicus, curas imágenes ee re8ejnban en ,ue pupilll!! de col()rt'l! cr11,,bia111e~.
Los drn, cantort•s acabn bun de inicÍAT una canción Vt&gt;·
neciann bien c~1nocld11:

En una mc,ia vi,ciaa, 1111 grupo de hcmbre~ y de F&lt;•uor~ que aeabab.o de instalaree, interpeló a 1 canwr di' Jo,
mOl!rnchoo n&lt;&gt;gros y de lo• diente~ blancos. Los reci~n
venidos penell&lt;'cúm á la flor y nni.a dl' la colonir. ru~a y
entr&lt;: ello&lt;, Yioleta distingui/j la eleg1111te cabeza y lo~
ojQ, color de ncn·m del príncipe Kamen•ki. Uabínnpedido champagne y en t.i.ntoq"ct'I mozo la serda, el príncipe pu~o ,·einLe franoOfl en la numo dt•I ;músico oapolitano y hi dijo:
- E~l..'U! eei\orn desearían qne canta•e u~teJ. o:,.¡,¡¡.

Los dn, napolitan011 habfao tenninado ya eu cnnci.'.ín y
lnM úll.ima;¡ \'Ít.Jracione., de las guitarras se habían extin-

clitnu'11.,

tienda.
En el horizonte, teiiido yade rosa, Tn penfn~nla rle :san
,Tmrn, con rr.lie,·es tuás precisos, dest-0ca!1a ent&gt;grt'Cida,
eu prolongada gmpa que tcrminaba, como burdn e:&lt;cr.,_
cencia, la r..choncba torre •le S11int Uo~¡,ict&gt;.
Desde la terra,n ya silenciosa se percibían máF diatlntameote los rumores esparcid&lt;lfl en la bnhía: los chas11nidos de lns olas ni herir las rocas, la caida cadencioi:a de-.
las ramM, lo.~ reclamos lle loe peticadc,re8 en el pnertrcillo, y loe lej11nos tintineos de In campana qne anunciaba.
alguna ceremonia religiosa.
\'ioleta permant&gt;eia de codos soim, el m6r111ol de l;1.
mesa, con las mirndas·vu&lt;.&gt;lta~ li-1ci11 t•I mar y corno bi¡,noti1,ada por los, relampagueos di:unantinos d{') ngua.
Tenfn aun en los oidos 11&lt;:l zala111~ras i,11:l.,, de la C,111r•61, d,· //4 '~Í"·' y la repetfn para ~i cmuo u na mú~ica
armlludora,

,,Yieni, la barcn i• pronhl ...... :.. •

--Oh! \'tneciu; exclam6 la eefürra Cruitellnr, p&lt;•11ienilo
loe ojos en bla11co y arreilartán&lt;lo.,e en su eilla, cuánta poe·
Ffa t La PlllZII du&amp;in 1\ló.rcos, con s11e joyeros. y BllR aimscP..
ne~ decrist.alería, los aarbet.es del calé Flori1m, las e:xpediciouca encautadol'lll! al Lido ...... &amp;ta roú~ica me recner•
da mi~ primeros años de matrimonio ......... ,·.,neci11! ......
¡Cómo dt'll\'nrm vol vH y enco11trar la tierna r al~gre ,·ida
de otrOl! tiempos! ......
Uun irónica rnoripa \'ng6 por los labios de \"ida 1, y Yiole!A hi1.o nn le,•p mo,'imiento de liomlirO!' . .El Hrtificial
,·ntn,insmo de ,u madre, la e.1u:itnba los Til'rvios como
una nota folPa y lu turbal.Ja en medio dt 811 ensuel\o.
J~n tanto qn~ 1oa mii~ic(,a cantaban an barcnrolll, ella
inlllginr,\JJi oira Yl•necia bien di~ti111a:-l.a Yent'cia prt'forida de Yidal¡-ve!nse con~¡ dl"l!)izAndosesobre lns ,•er•lt!s lagunW! eilencio~a~. y BUS oj06, agrandados por el hr.rnaie, ¡,arec/an rellej11r lodo un enjambre de góndolna il11111inadaa y ll~nqs de cnntos.
Levantó la cabt-1.a y en mirada encontró la del condt.
,1-, Raint l'om•. l.oe njos o~uros y atentos de \'ida! fe
,letu,·ieron en l~ ~uJ·OI!, y pcr nn mnment.o aquella~ tloe
i-i.preeivas miradas se í11ndiera11 la nnn i-n la otr.1, como
Fi tratasen de leer sos mmuos pe~~amienl011; dt'l-pués el
cvnde, ¡,rimero quo ella, L3jú sus párpadae de color
¡,lomizo y pnreoi&lt;, abrnrbersl' en una cónuernptación inh,rior. Los visit.nnl-es iban llt&gt;gando en grupos, la terma En aquella hora en que la clientela .de la R.'Serva
&lt;'S má&gt;! mrnwrosa, oiause las 1'1"l(}aa de lo, coch,ejj rechi11ar sobre fa arena. del patio y piafar loe caballos. A cada. instante emergían de la •veranda• pnrejas que. bmcaban un eitio vacío en el balcón.
Lolil músico;,, de bueu humor !l caw;a de onn colecta
Irnct.l10,a. templalnn de nuevo Elll! inairumemoe.

F.ra é~i.a nna cancioncita roen mny en boga. entrl' 10!!
parroquiano~ de la H~Eer.-e y á cnyo aire hnbfan adaptado loo cnntores pal11bra~ iranoefas.
El ,,¡,1,w,o d,· lo,, dient-t,~ blancos ee inclin6, con nna
ob,1-qniom sonrisa; ilespn.SH fu~,! buscar IÍ ~u catnal'llda
el rnbio de lus on,j.18 larga. y los do,, acompailados por
Jo¡¡ otros ejecntant"~· comenzaron la Omd611 de /fJ~ njo~:
1JI, &lt;1t!lit11üR vj,,i 11tffrúll &lt;Ú 1,rnyuida ¡,r, 1iat/o,,

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,,.,,,¡ /ic-01n,

""~ d&lt;feii• ,mbriagmlóe,

'i"' aduro 1111wfHJ

l""louo m1.b aw, ........ .
lldlo~ ojoi lu11hu1os en dias ti,· ,fo'Jui1:t,.d:
CüN11' por .f,m.dl) ni(í.gi.1•r1 '11, itim1t m,1,rm1·ridrt•
l'ir RUlt ¡,rrlu,uli1ladr.1i ~•r,lí (,Ira, r w.i rula,
1· mi almo 11,·r1 leré
Por 1&lt;er ¡., /la Ql'I hfm111~n
Qne io1lct 1ue d• t't,tti

1~•l corca:cín ltiml;i/·nJ·

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1·,, m, ;mpo,·far, ua.tjn mi&amp; ,lirtl4 (U_• ret·(t1.'.s,
.\'i l,u ,111uir11&lt;0 lúgrím,tk rtrlidu.x ta11l&lt;1-11 'rru.1¡
Lo ,,,., 111, ,,..,. lot !,ad&lt;&gt;&amp;
De ,1 urhi 6 d, &lt;Jl,grfri,

Lo 11&lt; ofr,·rido á ,·s&lt;&gt;R u io.&lt; ado1·a1fo1;.
La tonndn con la cual los do~ múeiccs cantaban esta,,
palabras, tt-nfa un ¡,:,;t.raf'io carácter de J&gt;tl,ión ac.ariciadorn y ealvaje. E.staba llena de sollozos con dejos de melosa ternnrn, con repeiiciones de frases tri&amp;f.t&gt;~, cuya lánguida r.,ouoton ía producla In een~aci611 de e8lll! grande~ espirale~ de agua qnP giran lentamente en rededor
de n n remolí no.
Aqu.,l)a qnerellosa caricia de la mí,¡ma !mee musical,
«&gt;i"TCÍU p'lCO á poc.o en el alma una amoro~a íaac,inaéión.
Oe,,(le 111.• primeras nou1s, Yioleta e:xperiment;ó el eu,lx•le,,o de uqut-1 Yol11pt110l'o e¡,canto. De nnevu s11s ojos
wla.dl'&gt;8, fijúr&lt;&gt;nse en los de Yidal.
Furti\'l\meut.e, dl~imulando su mirada bajo laa Cl'ja~
[nmcidae, e!itoéliaba el tibio matiz de aquellns pupilas
proíundaP. cuyo ir's est.nba ~alpicado de punto• di, oro.
En e~os ojoe de profundidades huninosaP, .-efa tran~parentane Encesivamente la• cualidades y los dt&gt;fectoe
de ese hon,bre qne eetaba en cftmit,o de ~er su héroe;
la fineza y la (!ignidad lle\'adns hasta una eepecif&gt; de
Bal\'agiemo ferot¡ mia fuer?.a de volnnilld que l!Pgaba,
cuando era preciso, hm,ta la dureza: máE' todo ei,to ar.empemdo por nna 8enaibilidB.d tierna y una generoeídad
c,1 bu.lit re fea.
.\ mediila q11e hacía eetae observaciones, Violt&gt;la een•
tía creeer su admiración pnr Yidal )" como en la cnncioncita rnPa. aclwrtía en aqnet!oe ojos profundo~ el iintln
qu .. atrnfa ~n alma y la chíepa que iba á quemarle el corazl,n.
&amp;taba abFortn de tal snerLe qne todo lo que pa.&lt;abn al:rededor tle ello. le ibn 11iendo indiferente.
Ko tenía couuiencio alguna de 1,er 11 au vez objeto de
ll!H\ ntención y de una exaltación nn,llogaR.
•
~" ,·ela hrs ojos enternecidos de Honorato, rijos en en
¡&gt;&lt;&gt;1·,onn y ll\'enlnriindoee á sorprend,•r el misterio de bUP
oj,,s grial'!! \'i:ladOP.
La!! palo.br1111 di! la romanio p;recíe.n liaber despertado
la imellgencia udonnecida del menor de lo~ Sruntl'ons.
~as pnpila.~ húmedaa ~e volvlan ob!ltinadnmtnLe hacia
el blanco rOl!tro de la Sritn. Castellar.
!l,lirúbaul11 con el fervor de un de\"f,LO en éxt11~í,¡ ante
una iuuig~n ·ennta.
So admir11ci(,11 mostrábaae con tal ingenuidad que Yidal y la ~ertora Caatellnr la notaron desde luego.
l~'I viuda no oculto su impresión; en cuanto nt conde de
Saint T'ons, más reser\'ado y duerio de sí mÚ!mo, marufest.6 únicamente su sorpresa con una ir.quieta sonrisa rápi•
dnmeot,e reprin,ida.

guido.
Ya lo, grupoa se aclaraban; OÍB8&lt;' en el jardín la ,•oz.
del huji&lt;'r lla,oom!o á los cocherus,
·
lino á uuo los coches tomal,1111 l'I camino ue Mont.,c~rlo: '\"\'Íaseles muy pronto, en medio de 1111n pol\'Ureda de
oro, rodar sobre In rnUI que costea la pt.'qneila A frica.
• El sol descendía hacín los olí ,·ores dd cnbo 1""1rat y
slll! rayos oblicno~ ,.,mpurpumban lns mú,iles lo11a~ do la

Lo 'JW "'f &lt;lm los l,,;id'J8
JI,• dw'1r. /1 rl( 11(,gr!ri,
[,1.1 /,e 11/r,eil/O rf •'/IIS Ojf&gt;3 at/or,iJu/1, .....

-Ea? Violeta, no 'yienee? ...... Ya :.os vamos!
Robresaltóse la interpelada 111 oír lns agudas inflexiones de la voz maternal.
-Ya! rnnrmnró, qué Já!;tima!
Yoll·ieron ú acomadaree en la barca que lo., h11bfa 11,,.
,·ado J' Ct)ndujeron nueyamente ,t ~tar[:i. Tert,eo liastn la
playa de la H~•ser&lt;lie.
De 11ue,·o la b.1rcn atnwes6 lentamente la bahía lnrni,
nosa.
Sdatada en la proa, [rent.e de Vida!, que remaba, \'iolet.n, ddando qne el agoa mojase una de eu,e man~ y con
los ojfl~ medie cerrtldoa, consideraba á Lrav,:s de sus P""·
tallas '" ti¡¡nra \'Íril del remero, bal'lada por la luz roea&lt;ln
ael sol roniente.
Flor de :Si?.a permanecía silencioba. llnicanwnte l:1
Bl'ilora Cu~ellar hacía el gaet.o de la conversuci6n; M"'rín T.,resa no agotaba el wma d" lo agradable de est.a ••delicioBll" tarde, y maniieat.áhaae ,¡ Hon ra~ 1rna amabilidud -,xajernda.
Al llegar al puerto de San Juan, l~B dos herm!IIJO!!acom ¡,afiaron á las seiiorftll hast.a. la \ erj4 del jardín &lt;le
los Lenti,coa.
Lt1 seflora Castellar inaistmpara quii se quedasen á comer y llouorato se disponía á contestar aflrmativame11•
t?, cuando \"idal se adelantó, y, co1·~11dole la pnlabra,
formuló nna negativa oorré.:ta, pero firme.
Una vez que se encontraron eolo~, el conde de &amp;lintPona paa6 el brazó debajo del de su hermano mep0r, y, t&gt;n
lugnr de dirijitHe directamente á la Fou,ín, se encamiui'.&gt;con 111 ú lo largo del bo,¡q1:1ecillo de pinos, hacÍJI la pla_ya
c1 ..1ierta.
-E~t:.J~señoras son muy amables, obserYÓ para em•
prender conver8aci6n.
-Muy um~ble!!, replico Uonorato. La ~Iiorita Yioletn e8 realimente encantadora y en madre nos colma de·
~gal!llj,'l!' ......... Pero ¿¡,or quú no qnisiat,e ncept.ar-sn in\'i•
t:.ción ~ coroer7
-Porqne hoy ciertas invitacio11es, queaceplarlas, eqni\'Rle 1\ un compromiso táciLo, y antes de comprometernos
hasta lo último, deseaba hablar contigo beriame11te.
-¡,De qné ee tTIIWI, pues? preguntó el hermanó menor,
volviendo hacia \' idal 8llH ojos extremadament,e abierto!,
-DtJ un mHtrimonlo, sr,gún creo...... Yasnhes, mi buen
hermano, que nuestro_~ negocios no marchan muy bi~n.
La Folt1án está l,ipo~cada en mi1s de Jo que vnle; cualquier IJUlliana de ést!ll! nos rnmo~ á ver obligado~ 4 liquidar ]a¡¡ tierrns que han permnnecido inJi\'i~as entrl! lo•
dos, y será nna operación deeagradnble, porque lfllcnt 1111
descrédit.o ¡,ara nuestro nombre ........ Yo r.111Jr·•i,io,mpri:
bien ,·éndmne ú .-ivir al extranjero,11 algún rinrón obs,
cura'. ~n el que encontl'llréla tajad11 y la cubiert• ........ .
0

19 J uuo,

1896.

EL MU~TDO.

No tengo necesitlaJ.es, y deede hace mncbo tiempo he sa de un nil'lo mimado ......... Pera tienes razón, soy no
adoptado In. divii:,a. Tll,i /Je,i,, ihi pfllria; pero para t.í, que
loco ...... lile aturdo, me extnn·fo, ~in saber solame11t.e
tienes gustoi&lt; caseros y te baii aficionado á tos costnm- Ei seré de ~n agrado ...... y eiento que nunca me atreveré
bres, á tus libro~. á tus relaciones con tus colega$ de la á pregnutárnelo......
'
Sociedad de letras, nn cambio de vida y de medio, sería
-En cuanto á ésto, yo ~ lo que hacer...... 8enl to heun pesar mny graude. ¿No e,, \'erdad?
raldo y, en caso de una negath-a, no tenrlráa ln mortlfi•
-;Dioe míol -exclamtÍ Honomto asnHado, solamente cación de recibirla cara á cara ...... í ahorn, ramos á ca·
.de perumrlo, siento frío en la médula de los hnesos.
en ...... La \'iej,1 'felisn debe consumirse en la cocina es-Y ein embargo, es preci~o p1&gt;nearlo ...... Pren.•o el mo- perándonos ...... Vamns á comer...... Tienes t,oda la nomento ea que, para ~eguir \'iviemlo aqol, te 1·11~ á \'er che pal"8 pensar y si rnailanas persistes en tn idea, iré d
-0liiigado á solicitar un empleo, algo como una r1'cep1,0rfa. los Lentiecos á pedir parn tf In mano de la señorita Ca.e•
-0 una ruiminístmción de rentas mnnicipal,:-~. Pero, adt!- t.ellar.
más deqlle no me parece bien que un ~a.int-Pnflll ae con•
vierta en un oficinist.a, ea poco probahle que el gobierno
y
actual no:; conceua fiUS úwores, en ra1.6n de nuestr.uo opiniones religiosas y políticas ......... En esta sit.unción, nn
Yioleta era m □ y estricta en,,! cnmplimiento de ,ms dematrimonio rico podrlB únicamente poner en orden beres religiosos y nsíst!n cou aurua r ..gnlnridad á, las cerenueatros negocio,; y de\"Oh·ernos un !J•illo del "qne tene- monia$ de¡ domingo.
mos nec.-&gt;!idad. En e~te pafs ~e e11cuent.ran, de tiempo en
A I dín. siguiente de su excursi611 ,i la Reserve, oyó mi,
tiempo, buen número de herederos q\l.b no Fe runlestarlan sn mayor en In parroquia de ~ ,luan, que domina el
al oírse llamar coude~a.i. y que, eio vacilar, cambiarían puerta, deijt.'\cándo~e, completameut,e blanca, sobre la
eo~ millones por un título ...... Sin ir más ll'jos, conozco,
verdura de los oli,·artt.
,t a.lgnnos pasos de aquí, ú una viuda que cnl!llrfa ,í e11 hiPero aquella mnflatm, mientras que In~ vocee gnogoja en el:!ta.~ condicione~ ......
sae de los acólitos y de lo!! cllantr"s entonaban el t;lo,·i&lt;1,
--;.La ,ei\om Castellar? exclam(; TTonorato. ¿Crees7., .• su penaami®to ~e encontraha muy l11jos.
-Esioy con,·encido du ello...... Me lo lm d~jado comSus ajoR no leía o el d"vooionario entreabierto fobre sus
pren aer, y es(-0 e8 lo q11e te ,~xpliC'\ ella atenciont&gt;R ha- rodillas, sino que contemplaban por el p6rtico abicrtl) el
cia nosotros ........ Ya expl1eeto el asunto, hermano, se mar ealpicado de diamantes que se exumdfa re~pland,..
trata de tomarse el pu.ll!o y pr~gunt4lrnos si nos dPjarín- cient.e hnsi.a la cost:\ de Reanlien.
mos peECar en la red.
Su espíritu, atrustrado por loa yÍ\'oces recuerdos dt: la
-Pero, objetó Honorato, cuyo rost;ro pálidfl t&gt;xpres:iba víspera, erraba sobre la@ ol:\8 b~iladae por el soló en las
una \'ivaangll,tin y cuya voz temblaba, en tí es, sin du- orillas de Isa wrraziu; de la Reserve.
da en qnien se han fijado, y tú eres quien debes decidir
Sus oídos no escuchaban la salmodia del evangelio; toAi.. .......
davía resouaban en ellos lae [rasea de las canciones na-¿A. w'1, ..... Te olvidaa c¡ue no tengo vocación para el politanas:
matrimonio. ~o, quiero mucho mi libertad; soy domnu¡Oh ardientes ojos negroo, de languide~ bañados! ...... •
siado salvaje, ó detlllll!fudo egoú;ta, como qaierae, para
Vol vía á Yer á \'idal de ~aiut Pons apoyado en los copen1!4r. en tomar estado......... Adem(u,, poseo 1111 orgullo dO!', bajo la blonda luz de la üenda de cutí, 6 ya remantonto, ~;¡gurameute mal lundndo, pero, "n fin, q11e me do vigor()Snmente en ír1:nte de ella, en tanto q11e la barrepugnaría casarme con una muchacha tnllcho m,ls rica ca se deafomba sob:-e la bahía cubiert.a de púrpura por el
que yo ......... A tí te toca, pues, ei no tienes iguales preo- sol en en ocaso.
cupaciones, pesar el pro y el contra, y resolver ......... En
Hecordabn sus ádemanes, sus inflexiones de voz, los
cuanto á la 11enora Castellar, no tiene prefercncina, á lo menores detalles de su fisonomía original, y se complaque supongo, y aceptará ,i 1mo 1\ oLro con los ojos cerra- cía en d an,llisis de los rasgos expresivo~ de su roetro;
dos ...... \'amoe ¿te sientes de la fuerza de contrn.cr ma- trataba de sorpreuuer en elloi, h1s re,•elnciones de su catrimonio con la seil.oríta Violeta Castellar?...... ¿Te gusta? rácter, de adivinar, siguiendo las lineas dt:1 eate rostro
-Ah! prorrumpió Honorato con un acPnto apasiona• enérgico, el S\llltimiento Intimo de \"ido 1, y, sobre todo,
do, ¡me parece adorable!
lo que pensaba de ella.
-¡Oh) jOhl exclamó Vida!, mirando ,i BU hermano en
.La frente enérgicn tenía algo de dura, pero los raslos ojo.,; ya había yo sospechado algo al ver el modo con gos firrues de la boca ~e anavizaban con una eonrim Ueque obsen·abas hace paco tl la joven, y por eso he queri- uá de bondad; los ajos obscuros, ¡&gt;rofumios, atracth·oe,
do !Jablar contigo, ant...,s de que fuésemos más lejo~ ........ s\ncerOI!, reflejaban un almo lt&gt;al.
¿A si, la hermosura de la seilorita Flor de :Niza te ha trasAlgllnn,¡ veces había sorprendido esta negra mirada lija
tornado la cabeza?
en ella, y se preguntaba, con un temblor interior, si esta
-¡ La quiero ...... como un bruto ...... como un loco ...... observaci6n persistente sería caurnda por unn curiosidad
En tanro que departfan de este modo entre el lindero banal ó por una secreta 8illlpatfo.
del 1:Josque de pinos y In playa arenosa'. el c,epúsc•llo
i Estaba tan orgullosa al interesar este coraz(m vicafa; el sol ~e habla sumerjido en el Mediterráneo, y en
ril, bacía el que ae sentín irresistiblemenw arrastrada!
el sitio en que acababa de dosap,uecer, ee amontonaban ¡Deseaba con tanto ardor ocaporlo por encero, que solauubecillus de un color de rosa muy vivo en el fondo de mente á la idea de la r!llllización posible de en quimera,
n n n1.nl pálido.
una voluotuosa angUBtia la eofocnba!
El innr, de un tono de turquesa verdosa, tomaba, al
Cuando se desea algo violentmnente, se ijiente una inacercar~e á la tierra, matices de ópalo.
clinado á persuadirse que este de~P.O es de un orden tan
El ngna morfa en 111 arena con susurros aeml'jantes ,í excepcionnl, que debe ser necesa riamenb satisfecho. Se
un sW11·e cant-0 de sir=.
ha acariciado con tanta conat.ancia este deseo, se han aliA la• tiltimas claridades de la tarde, Yida.l examinaba
mentado can tal minuciosidad las probabititlndea de ro
la wt-~quina silueta de •u hermano, s11s hombros eiotre- reallzución, ee las ha tan temerariameuteelimínado, que
chos, su rostro seco, sus ojoe húmedos en los que la cuando te acerca la hora decisi\"a, se ha puesto ye el cerpasión y la ansiedad hacían aparecer una claridad do· co y marcha uno á la gaerra con la convicción de que ll&lt;I
luroi~.
s,• pu.•d,, ser vencido.
P&lt;&gt;r parLe euya, uo podía ~IJRlraerse á un escrúpulo y
J, fuerza de concentmr todas llll~ facultades en e I misun11 ti.,tna comp:l.\;ión, ante la idea ele la peligrosa aven•
mo invasor deseo, \'ioleta Cai!t-ellur había llegado á el't..!
tura en que Honorato &amp;e había arr¿jado.
m{Ptico estado. de alma, e'n el qne,,í la tiebrede la incerti-Hubiera preferida verte menoe ~namorado y más dumbre, Figne unu maravillosa eegruidad. Sufría eeta
11ereno, diio gravemente...... Ten cuidado, herlllAilo, esta alucinación interua, que da á nuestros snei\o,¡ la consis•
Violeta Ca~tellar es muy •eductora y me explico que te tencia de la realidad.
haya hucbizado ...... ¿Pero crees que sea ella la mujer que
Al salir de la ceremonia, se detuvo un momento en· el
te c1111,•iene'/ ¿piensas que loa gustoe de nm bo, y eua ca• atrio de la iglesia, tratando de 1•er si, entre los fit&gt;les que
racteres simpnticen?....... &amp;ta muchacha ti~e en los se agolpaban en el pórtico, descubría la enérgica silueta
ojo,¡ algo impenetrable que me causa inquietud...... He- del conde de Saint-Pons; luego, de~pnée de cambiar aleflexiona bien antes de doblegarte :l. un yugó que- podría gres 1illludos c&lt;;&gt;n algunos vecinos-de los ahededaree, bajó
pesarte máJ; tarde ...... pero demaeÍlldo tarde!
la escalinata y se enc.'\min6 lentamente bacía el muelle,
-¡La quiero! exclamó Honorato con la voz quejumbro- qut e! sol iluminaba haeta cegar.

11
Doscientos pa.~oa ~eparaban á pena¡¡ la iglesia de San
J unn de la uí/fa de los Lentiscos.
Hizo el trayecto aín preoipitar11e, esperando siempre
di6tinguir ,1t Vida! en un recvdo del eamino.
Pno no ,.;6, entre los extensO!i oli\'area qne es(endían
SUE rubio, ramajes por encima de la tierra tapiz'lda de
verde, sino alguua.• excelentes mujeres, con 1:'!IS enagnll!!
encamada,, que regresaban .,t paso vivo :i eus casa•, esparcidas en el follaje .
.Aunane muy cmólico, y de una .~oci1edad que pens11ba
bien, el primogénito de loa Baint-1'011s, se habrfn contentndo indudablemente, con olr un,1 misa de pri 111ern hora .
Al enlr.lr en IOH J.Amtisco~, encontró, eu c:•mhio, in~talada ,t la ~eiiora Custellnr, qne se hablo cau,biado su
viejo peinador matinal por 1.,11 ,·estido de Ealir de colores ohillone~.
La \'ioda tenla la mirada bril!at1te y 11na sonri~a de
júbilo en los labio,.
-Llegae :1 bueu tiempo! exclam6 á ,·oce,, al ""r :l s11
híja, ¡Hay noved.-idee!
-¿Qué ~ucede?. murmuró Yioleta admira1n.
-Antes de nado, 110 te quedes ah! plnnt-ada como 1111
árbol, y ven á sentarte cerca d11 mí. ..... Figlírate qtwdes•
de illl! diez de la maiiana He encoutmba aqní \'i&lt;lnl de
8aint-P1&gt;11s, eolicitnndo nnn t&gt;ntreviarn.
-¿Será cierto? balbuceó la jo\·en.
8entía qu.e lo~ labin~ se le ponfon írioa ,Y que el corazón ntennaLa SUR lt1tido?.
-Ya compreud~rús mí eorpreso ...... Xo estaba ni Yestida ni peinada, porque no aguardaba 111111 ,·iHita tan de
inafüma ...... Corro á mi tocador, llnruo á Fi;ibtlrta y me
arreglo apreauradnmente ......... l)ebo haber ~atado mal
1&gt;erjeilacln hasta dar miedo ......... Pero, en fin, :esto no
es. lo i111-ere~ante. Blljo al saU,n en donde rue encneotro
li \1d.il en mom~nroe dll ejecutar un ,al&lt;, de tambor en
las vidrieras. )fo snplica que lo dí,penst: poT presentarse
en la ca,;n á no.a hora tan insensata, y de imp•oviso, sin
advert-t'ncia preliminar, me explica el objeto de su vieit&lt;i ...... ¿yu adivinas·?
-Xo, mamil, no, reepondi6 Violeta llip(icritamente,
mientras aus mejillas se enrajecfan.
Con la afluencia de la sangre, unll a)Fgre embriaguez
le subía á la cabeza.
¿Así, pues, Blll! deseos iban á. realízarsll? ¡Vidal la qu"r!a! Xo l-t'nia ya ninguna decepción que sufrir.
No obstante, en mtldio del regocijo que resonnlia en
elln, experiment.6 un ligero ext.-emecimiento de t.emor,
ante la idea de una realización tan súbita .y completa de
ena sueíloR,
-X o te hagas la inocente...... Ya soepechaa perfecta•
mente de qué se trata. ..... Míe lelicitacionea q11erid11: Ne►
hru; tardado mucho tiempo!. ..... El conde de Saint Pons
ha venido á pedirme tn mano ..... .
-¿Y ,qué bas Teepooclido? replicó Flor dt. Niza crnzándose loe brazos sobre el pecho, como pn.ra ocultar suR l'i\'1111 palpitaciones.
-Xnturo.lmente, le manifel!lé cuán encantada y halagada me &amp;entía can su petición; luego, para cu1nplir con
188 fórmulas, prometí coosnltarte en CUADk&gt; llegarlll! ......
Se fué, dándome la;i gracias, y afladiendo que \'l!ndría•
esta misn,a turdl' á ~aber tn respuesta ...... Aquí para nosotTRs, yo sabía ya á que atenerme y habrfo podido hacé?'l:!ela. saber...... P_orque supongo que no vaci1114 un eo•
lo momento ..... .
-Xa, mamd, nepondió Yiolet.a con voz firme en la
qne sonaba una nota de triunfo; \'ida! de Saint Pons me
ngrndn y me consideran\ muy íelii ei~ndo su ...,.posa.
-;,Vide!?...... ¡P~ro si no ee trata de Vidal! exclamó
la \'iudn. Acaso, olviM decirte que el conde pide tu
mnno, no para él, síoo para sn hermano llononuo ........ .
'-¡lionorato! repitió Fiar de Niza con estupor, po·
níéndase tan blanca como las rotma BanksilUl que ae,
abrían en las \"entaaaa.
Se había levantado bruscamente y arrojaba it su madre una mirada 111::nn de desolación y reproche.
-¿Eb? sí, llonorutol. •.• ¿Por qu,' me mil'lll! con - .
cara azorada? ...... Honomt.o está enamorado de tí ....••
Haní u.n exceleute mariilo, y, en úfümo nrulliBí~, ~erá&amp;
vizcondesa ...... lo qu.e no _dejo de 11er bonito!
-¡Xo seré nada, porque no me caearé con Honoratol
tlecln.ró coléricameme In R.rita. C!l,l!tellar.
-¿Y porqué'/
-Porque no me agrada. ..... Porque no soy una mujer
que se caae con uu hombre á quien 110 quiere.

�12
-¡Qué tonteria! ...... ¿Es posible que seas t11nnec.iamen-

te romdntica~
-: Romántica, ó no, no quiero á Ilonomto'.
Con la frente arragRd11 y la mirada trágica, fonnnlaba
,i;11 declaración en ,·oz ~pera.
La ECliora Cutcllar la miró de soslayo y tuyo miedo.do
6U irritaci,m.
Oomprendí6 qne !t.l había obstinatlo y rt&gt;~ord6 que
~ll~nrlo Yioletn era uinn no~ obtenía nada de ella lu~h.1ndo frenwá frente contra su obstlnnciün.
&amp;gunrd!. muy bien 9e exns¡;,,rnrla y juzgó ruás prudente f.oma r P&gt; usuuto de lado.
-Como gustes ......... eres dnena de tLI voluntad, ....... .
l'ero ptmníteme que te diga qtw prooeull!' como unacriatnra ......... Oierto qne \"ida! es más aprc•pósito para agra&lt;br r que hnfagnria más tu amor propio; pero priruernn,~nt~.(-1 no se proocupa de matrimoni09 1 J' luego, nun en
el caso de qne cambiase de pn r('Ccr, ;,;,ería por eso un par1 do ngradable? l,o dudo m{!cho .•. , •. F'.,,; autoritnrio, mt•.
tr.&gt;.niganfr, egoieta. Có.n él nQ realizarías todos hll! deseoe, pobre hija mfa! llientnt$ que con llom,rnto .......••
-¡1 lonorato! intermmpVi éllu del!deiiQ8amentt-. F.F. feo,
de e~píritu estrccl,o y ridíct~lo ...... )."o quien¡ unírru"' to&lt;i:i In vidaii 1111 ser que me repugnada.
-{¿neridn, tienes ideas de otro m1111do y de otros tiem·.
¡,o~.... ,. ¡Eid,i,e una hermosa edad en la 1¡11e ya 110 scc:,.sa una por amor! Lo importautc, para una muchacha, es
~ncontrar un marido con 1ma poeicióu brillante, que le
traiga una l111ena fortuna ó un hermoso titulo......... Tú
t•res rica, y solamente te falta un nombre. Se te o(rnce
•rno, n,tt&lt;,ntiN, que ha de.abrirte las puerta~ n1ns hennéticnmentc cerradas, y lo re.nea.~ tontamente.
-;Gracias! me costaría den,nsiado caro.
-¡.'iernpru fra~eE! ...... 'fén In bondad, ¡,or un 1nome.nto, de nbnndonar el pal11 de las quimeras y t-xaminar las
eosasoon los iniemOli ojoe que todo~ . .,, .. ~lirn :i tu :ilrede- .
dor• .,En donde -ves esos llllltriu,,,nior; pnr inclinación?....
.¿.\caso )"adia G11g11ine ha ,·aciladq un minuto en unirse
con el ,•fojo conde .de Solies-.Aubagn.-, qne tiene eeseuta
y ocho alios c11111plidos? ¡_Tal Yet ~ilvia La Gun·ig-ue se
nrrepicnt{l de hnber escogido por l'Bpo~o al barouc'illo de
Oarnoule~, tnerto·y mal\co~ ...... Por lo contrario, siempre e;,t,í de fie~tn y IIC consiclern ent-,rmi1ente f.-Jiz ...... Y
tu a:-nign E\·a La Freni••re ;,érees que torcería el gesto ~i
ÍJJeae pedida JlOr el bar.Su :,;pieler, I&gt;&lt;'r má.s que t&lt;?nga la
n,pntacií,u de pasan,e la@ nochee tn l11 ruleta ó en el Ca·
sino .Mnssena'! -···· Querida mía, esa es la vida, el'a! .....
En loa mejores matrimonios loe n.suntoe de s,.mtimient,o
son accesorios ......... Es nece..ario tomar nn parlÍdo........ .
Y coutinnó por mncho tiempo ~n ert« tono, tratando,
¡,or medio del contagio del ejei11plo, de modificar, poco l'i.
poco, In rebelde rnluntad de en hija.
La at:lc,\ba p&lt;;r su lado debil, tratando de herir su amor
propio, de excitar 911 orgullo, ~•on el objeto de 1le,·11rla 11
acept11r, por despecho, unn solución qne la repugnab:I.
-En •frn, ngregÍ&gt; ,t modo de conclufií,n, prrJnto '"•'6 lÍ ser
mayor de eclad, \· te d€'jo 111 res1iomabilidad lle tus actoa,
de igual modo que moli\'nr tu nfg,uirn 4 Yidal, cuando
,1st" \·enga. Confiad;1 en tu buen ·sentido ya cusi me l,:ibfa
comprometido en nomlir~ tuyo, y me poneB en 111111 situación may ,·iolentn ...... Á tt te toe., 8:tlir de ella como
puedas ...... Yo 1110 la\"o lils mano~ ...... TTnicnmenté tengo que dar~ un co11sejo: procura que no adi\i1,e, ni r:n
to upect.o. 1,i en 111 lt!ngusje, •¡ni, tiene, 1111 capricho pur
~l. y que tu respuesta habrln sido muy dietíntu ei (•I se
J,obilll!e presentado ...... \'idnl ea Mtuo como tocos los
eg•&gt;!~tn.~; !'$ prt-Ciíl&lt;&gt; que no salgll de éasn con la conviccif,n de haber oLi;enido una victoria en un asunto en el
que su hermano obtn\'o una d&lt;'rrota ...... Derrocharía en
,-anidad á cxpemma tuyas y la sociedad ae reirlll á grandes carcajadas ......... }-;r¡ lugar tuyo, yo me casarfa con
llonorato, n11nqu.e no foese ,ino para hncer \·er á e~te caballero que pued1, una paear$e ein fl y qm.• por falta dtJ
l]n monje no se cii;rm Ju n1Jadín .........
~o 1-,gró \·encerl.1, pero lo.. dej~ mortiticadn, 1lena de
acritud y Lnrbaeión.
A hnorz~ron y como la di,;cu~ión no podla prc-_guir d,;Jante de l\)s crin.los, se limitarou li un cambio a'. frases
b:mllle!I.
1
Yiolet,a a¡,enn, comi,5 y, dee,m6s de los postrl!S, se retiró á s.: piezQ, en donde pudo, por fin, abandonarse¡¡.
bremen1e ,t sn dolor y med·i~~¡: la extensl(m de eu desWJtre.

EL MUNDO.
¡Con &lt;Jllé rnpidez; había sido brutalml!nte precipitada
desde l:i. al~uro de 808 sueliOP.!
,Al aentfo adolorida, atrozmente. e.ngniílldn, y, l!in embargo, no podía creer qne todo hobie~e acabado.
:;u orgullo su rebelaba contra la idea de que el hombre
,t quien de!!de el primer momento babfaentYeg11do euconu6n, 11 la hubiese hed10 cnso.
Puesta de codos sobre la mesa, con las llHl no• en loe
caoollos, registraba sus íntimnM prof,mdidndee para hacerse cargo del miserable llstado de en ulmn.
Durante el tiempo qne duró s11 descuidada infancia,
1·i,·i6 mrry solitaria y en PU .aiRlamiento, se había acostnmbrutlo á reconcentrarse dentro de s.r mÍllma y exnminiu·s1: minncíosamente.
· En 11q11el fflomento, cuando comenz,, á nnaliiar ens
!'l'nSJldones, ee qued,i a•ustada al ratificar el poderío que
d atractivo de Yidal ejercfa sobr.. de ella.
·
¡Lo quería! :'\o se trataba de un romántico capricho de
colegiala;ern un impulso apasionado, en el q1le todas las
vanidades, todas las ~pimcione, y todos los deseos de
su .corazón femenino, entraban como elemcnoos.
F..ste hidalgo a.ut.orit.aiio, ell'ganti, y un poco salvaje, le
encantaba por su sinceridad, su independt:ncia de t'.tipÍ•
rita, por la originalidad de Mll caracler y taru bién por s11
robu~ta y vuronil hermoeurs;-porque ella no se precia•
"ba do ~er nn e~pfríLtt puro: dt'sde el fondo ele la ,·i VIIZ y
,'irglnal •Flor de. "iza• si.: exhalaba 1111 perfume de sen•
snalismo ~ntil. ,\ Yeces sentía que el caprichr&gt;so úálit.o lá
envoh·fa y la embriagaba.
\'iolet11 se coníesab11 il. sí misma la futuzn d" B11l:1 pa•
sión, y al pTopio tit:mpo, se rebelaba c~ntra la idea de
que en primera iforaci6n de amor e~tuvieHe condenada ú
una t.cmpraun muerLt'.

26
19

JULIO,

JULIO,

1896.

13

EL ~fUNDO.

18~6.

~fo se resignaba .t admitir la ¡•osibilidad de un naufragio tan completo. ~obrenaclaba en ella una espcranz11, ,.,.
mt-jsnte it una última pave,a tiotaado en nn maragitadu.
Pensaba t-r. qne·\'i.:Jnl tle, aiut--Pon~ iba ó volrnr á lu!J
Lentiecl)S. dentro de muy brc\·e plaro, que ee enc,;ntrarh
ásola., con él y que toda,·ía leqoe.daba una debil prolabilidnd de ,educirh y conqui!mrlo en eeta entreyfota dl!•
cisin.
Violetn Cnst-t&gt;llaJ"6e dirigió aliocador con la fl'bril e,rn 1tncifiu de aqneHas sentenciadas ó moerte del tierup" d,·I
terror, qne 8t' ndorualJan al ~alir del tribuual rerolncinuario para estar seductorna haets en lna gntdas del en-•
d11lso.
Queda estar bella, at.rllcth·a, sednctora.
Se puso nua bata azul clara, r¡ne harmonir.alm:,. m:1111villa con su c:lbellern rul.iia, la blancura de su ~7. y e11
ojos cerúleo,:.
Para marcar más la tonalidad un poco tit•rna di! a.u traje, Bl' prendi{1 en el t'~cot,e 11n ramo de geranic,~; lul'go ~t
plll!o 11 ei;pernr, estremecida, la llt-gada de \"ida!.
.\11:t, como¡\ las tres, sonó la campanilla del en,erjado,
_v un criado vino á anunci:irlaque&lt;ll couüe de::-aínt-Pons
acababa dt- llegar.
Lenta.mente y ~sforzá.ndose por recobl'Br toda so sangre fría, ba.j6 la e.ecalera, y p:llida, con ojo~ de color d-,
tempestad, ~ntró si enl&lt;',n donde Yidal estaba de pie, CH·
ca de I piano.
:-,e cree qne en los crepúeculos ardorosos del eetín, ci~ri.as flores~ e1wuelven "n nn halo fosíoreF.cente que 1,~
da un lirillo mi~terioeo. La pnsi6n ponla tamhi,ln um,
fosforescencia al rededor Je lo~ ojos de Yioleta Castellar
y hncfa su tinte rnáa resplandeciente.

( Cv11tini,ttr6. l

FLORDE NI ZA
POR ANDRES THEURJET.
(T1 •o.duclda es¡&gt;oc1a.1';11ente paro. "El Mu.n.do."J-Ilu,-,t.rnolon.esheohns en nuestros talle.res.

Núm. -l.-Y,anse nue!!troe números desde el 5 de Jalio de JROO.

.A..I verla, el conde de Saint-Pons no pudo esquh'llr un
movimiento de adroiraci6n, y por una especie de choque
en retrocesG, tuvo miedo por llonorato. Se extremeci6,
pensando en su inexperiencia y en los riesgos que corrfa
el poseedor de aquel pro\·ocativo tesoro de belleza.
-Bnenos dlns, sefiorita Yioleta, dijo adelantándose
I.Jacin lajovao. ¡Cuánto me alegro de poder platic11r un
momento 1l eolas oon usted!

Y la tendió la mano, que ella apretó con un movim iento convulsivo, y se!l.n.lando un sillón á Yidal se eentó t'i
corta distancia.
El fué derecho al WJun~.
-La mamá de usted ha debido informarla ya de la
comisión que desempeño.
-SI ee!lor, y le confieso que me ha sorprendido mn•
cho. Crea usted que no esperaba 1wa proposición de es-

ta n11turaleza ...... en•&gt;re todo, yiniendo de una pereoua
que apena• me conoce.
-)fo ee necesita mucho tiempo para enamorarse, li lo
que parece .....• ¿Sabe usted lo que es el rayo? preguntó
en son de broma.
Ettt.a pregunta y este tono de cbaoi.a aumentaron 111
nerviosidad de Yioleta.
-No dejo de saberlo, replicó con una Eonri~n enigmática.

�14

i6

EL MUNDO.

-Pues bien, el nl)'O no deja a!. lo; hombree ni un mo- na de despecho, se acordó del coneejo de eu madre y remento pam la retlexión . .Basta una mirada y queda uno sol vi{¡ seguirlo.
prl!~o, sin pode~ ya ja1rub desprender...... Por lo menos.
;Se se11tfa inflamada del repentino deseo de desquit:iraaí supongo que el! el amor, porque nunca me he visto ~e, aunque tuviese q11a haceTSe mde dallo á sí mismfl que
en ~emejante&lt;! ca.eo, .•••
á lo, demá.•! El miM.eriOl'O demonio que de ella se hahía
- .. í, murmuró Vio)i,ta contrariada. E~ usted inrn!neapoderado, le eugiriú la idea de que c!IS&amp;lld0&amp;e con Ho·
rable. Se conoce á primera vista.
norato \·ivirín en proxi111ídad íntima con est.e df~delioso
Había en la vo1. de Yioleta Cilst.ellar tal acento de de- Yidal, á quien quería, ~in embargo, á pesar de todo...... .
ealfo, i,n sus ojoa tal claridad pro\·ocativa, qu" cau~nron
.\lz,S la cabez.a y mirando á rn interlocutor con aire de
en Vida! una viva inqnietud.
l\"to:
l~'l miró 1ljnment-e¡ pero élla sci;tuvo estl\ mirada y ee
-Xo sei1er, repiicó.• ·o 80 ha engaiindo ueted y me
echó á reír, dirigii}ndole, á tra,·é.! dé su., p,,ftafllll!, nna ci,nsidero muy honrada entrando eu eu familia ...... Ya
ojt&gt;ada tierna 6 irónico, 11 la ver..
que ha uido U8ted por ~u hermano un abogado tau eloAquel loo njo;, acariciadores impregnodOEt de malicia, pa- cuente, puede d..cirlt1 que coneie11to en ~er sn esposn.
recían decir: •Ya bn.~la de Honorat-0, .... ; ni usted ni yo
Fijando por un momento sus ojos lumino,;os en lns , ....
lo hemoa tomado á lo et.!rio ...... Hablemos de nosotros, y
ladas pupilas de Flor de ~iza, \'ida) trataba .. n rnno dt.!
veamoe lo que hay en el fondo de naestroe comzones, lo adh·innr In que pal!llba eu el fondo del alrua d~ la j,i,·cn.
-¡Oh! respondió con 11 n rulem,fo de desco1n lianza, pre•
que será de mayor interés ..... ····"
&amp;l.InPjante teniati\•a de al!&lt;lucciún, que le endereznbn
fiero que Pea uoled misma la quo, •e lo amincie. Se contan directamente, l!Obr~altó al sei'lor de Sain~• PonA.
iiderant muy í.-liz al eacucharlo de ,;m, propioe labios.
-¿Se le hnbr,\ ocurrido á ei&gt;ta muchacha Lan rllrs co-¿P~rn estii aquí? preg1111L6 ella con unn \"Or. rr11.mo• ~.,.
quetear ahora conmigo? dijo para eus a&lt;:lentrqs.
gura, nmiptntlda 1111 tanto d., ~u impnlso.
Y pflrs. anlicipanae ,t t.oda tn.11la inteligencin, respo11dió
-Lo hi, clejndo delant~ de la verja. t-n d&lt;&gt;nde ~e i.mpacasi Mn dur~a;
cil'nta¡ p.-ro voy á bn!!C,trlo......
-:ifo, no goy invulnerable¡ pero poseo la prndencia de
Y atrnvee6 le11tnmt.!nLe el jardln, y al [ranqnear el e11un hombrosensato ..... , En alguno~ Clll'Os, no hay otro ca- \'erjado, distinguió ú. su her1n:rno eu el ,linut:rn del bo~mino sino el dA la fuga ...... C11111ulo el cielo amenar.u t.or• c¡ ne d., pi no~.
menta, no ¡¡gpero el relámpago, eino que hago la maietn
Con la cab,•za b:1ja y In c~palda inclinadd, Honornto se
y parto.
paseaba en un e~Lrl.'cho espacio, arrnllando su irnpaJien-¿AC8l'o será esto lo qne ha ues))l'rtado EU nflcibnú los cin con los .-onido, del estridente ll'i',rto/.ü d.: la.• cig,nras.
,·iaje$?
Teui11 el color más ob~c11ro y l:t'l facciones m,,s arragn•
-Quizái! .... ,. Prefiero mi libertad á todo, Es egoísmo, das qnt&gt; de costu,nbre.
Ee dice, pero ¿qu~ quiere u•ttJd? Así estoy hecho y no su
-Hennnno, -,xclnm6 Yidal yendo hncia e1 r poni~11puede uno volv.,r á hncer ...... Pero no se tn1ta de mi; se dole 111 mano en &lt;'i hombro, hemos gnnado la b3tnlh1 y
trnt.n de mi hermano HoMroto .....• La mnmádemted ha te casará.ti cfln la se1lorita Ca.~tellar.
debido decirla cuán enamorado eat.i..
-¡Ah, mi qnaridu Yidal! Ya ara tiempc,! ...... Comen-lfam,! me ha dicho ....•.....
zaba á dese~perarme! ......
-Y usted ha sido tan amable que me ha otorga&lt;l.o es1a
Y semej11nt.e á 11n11 ligera arruga que corriera @obre l11
entrevista; la doy las gracilll! ...... Quiero 111ucho á mi snperficie de un lago, una débil sonrim se desli1.ó en sne
hermano; es el 1ínico afecto serio qne tengo en el mun- ojo~ y en su,; labio~.
do. Permít.ame, pues, qne le hable de él. l'fted lo cono-\'amos! Cflnte,,t,6 Vida!, rltur 11¡1, como dic;:11 los ince poco, me lo acaba do conf&lt;!ear hace un momento ....•. g1Nei . .\cut"rdute de c¡ne eres 1111 i:aint-Pons y que honDéjeme que ee lo dó á conocer mejor y la informe de to- ras mucho,\ ll:&lt;ta hija de un comi,rcinnte en aceite ni dar·
do lo q11e vale. Bajo una apariencia debil y un exterior In In mano.
1&gt;000 brillante, oculta un corazón de primem, generoso,
Y lo arnuitró al jardín de lo~ Lentiscos.
de unu delicadeza y de una seneibilidad esqui~it-ns. Des·
Al 1mcontrarae cercu de la puertu del 8lllún, le murmn·
&lt;le iliertos lll'pt'Ctos ee 1111 nii\o d.,bil y torpe, que será ró al oí,lo:
precÍ!io g11iar, alentar, aruoldar á. los osos del mundo; pe-¡Yt\rgnet.e, pnrdie1.! ...... Xo pongas la cara de- recibir
ro no es un nii\o mimado, y por la que ti. él Be una, tt'II· una merceJ, cuando á tí es á quien deben dar lus gradrá 8iempre una adhesión, un aíecto, un reconocimien- cia!'., ....
to ein lfmite•. ¿~ siente uawd capaz de e&lt;'r la mujer
Lut•go, lo empnjí, ,t In pieza y se quedó di~cretamenle
ar;ianre, la iniciadflr&amp;, la que le imparta la educ3ción quo fnern.
tanloo necel!itu? Conaúltese usted ac..rca de eele punto,
Al \'er entrar ,1 Honorato, \'ioleta se puRo mny páliua.
con tolla sinceridad, antes de adquiría· un comprr.m,i~o
Pur su parte, el menor de los Saint-Pone l1abía perdi&lt;lE-finlti\·o. Esta eetraila eeneibilidad, que ea la cunlidad do nuevamente el mínimum de aplomo q11~ le habían
dominante de Honorato, lo pr~di~pone ú. ,ufrir mucho, dadu las alent,,dorns palabras de pu hermano.
en caao de que no encontrara en R\1 matrimonio la eimBalbnce(, ,:on torp,,,-,a:
patfa qne le e!' tan necesaria como el pan cotidiano...... .
-Sefloritn, nslt.!d ha maniiestndo el deseo dP ... .,.
Si u ~ Jo hiciera de¡,graciado, no se lo perdonaría nun•
-SI, i.;t.enumpi6 precipitadamente \'ioletu, le promeca, eeilorital
tí,¡ su hel'mano ser In espooa de usted. ........ He aquf mi
-DÍBpt~nseme, intemm1pi(1 sarcásticamente \'ioletn, n1ano,
pero habla usted de este mnt.rimonio como si fu.e,,e )ª
-Alt~ró,wla la voz, y con una doloroea dnlzura, ter•
una CO!III. arregl:uln y hasta me impone condiciflneb!.. ... . minó;
)le parece qua los papeles ¡¡e han trocado, ligerameutt&gt; ... .
-Haré todo lo posible porque usted ~en feliz.
\'idal hizo un mo\'iruiento.
~~t~ modo de prometer la dicha, no era en nirdnd muy
-Perdone U,;téd ...... Pero la ~cffora Cal!tellnr me res- expre,irn; ~in embargo, Honorato se sint.iú conmo\'ido y
pondió en tal Iorrna que me dejó creer qne eetnba cinta alt-grl'.
del asentimiento de llljl,ed ...... ¿:\le he engaliado? ailadió
'us ojo~ m 0 1anc(,licos se ih1minaron como las rnntD.nll!l
Irinment.e. En tal cnao, lo sentir,• mucho por mi pobre dtt nna t"8~9., en la que se prepara una 6est.a.
Honora10, J no me queda sino expresarla mi Eentimien-¡Felir-! exclamó, lo ~oy ya, lo soy .........
t-0 y ..•.....••
Y como la emooi.'.,n le cortase In palabra, ex pre..ó ~11
E;ie touo de glacial'correceión fué el último gol¡&gt;e da· gr:uituu e.st rech:mdo In mano de J,, !eilorit.n Castl'lbr y
do ú \' lolet~.
cubil.'ncfola de besos.
No tu,·o h1 fnen.a de llern.r md-. lejn~ rn quimér-im tenEn t:111t" q11e él se inclinab.1 sobrtt s11 "'""" helacL1,
tati vn. ;.C-011 411,• objl'UJ? Ya sabfa ahora JI qué nt.11, r;c
,-,,,lt'tll 11,iraba ¡,orla nmt11n11 I\I c1111&lt;le 8.. iut-Poue, pa•
Te!'peeto de In~ St'lltirnil'ntna de Yidul.
senndo ni lado de la Heflorn (;1l!lt.ellur.
El tono d,·spreci:lti\"o con que hnb/a hablado dP ~n
Trujo trietementetl su memoria IR tarde aquel In, en
amor, sn ace1.to de frialdad personal, el cuidado con que qnt.!, ~n la llorida avenida i.le l11 uvilla. Olimpia, Yidnlc11prucuri&gt; colocarse fuem de tod11 discusión, demo ·tr-.ib:w 111in:100 &lt;l.,Jante de ella, prúxiqio tl. lllllrfo Teret&lt;a, y r~cor,ckuamente q11e j~rnils había peru;ndo en la •eilurita Cns- dú q ne se había preguntado si nn se rin él el o~u&lt;lo comtellar y que le era en absoluto indiíere111e,
pail-,ro d&lt;! cuyo brazo emprenderla el camino de la vid:t.
¿Se podía 6nf1ir por 1rnie tiemp•&gt; 1111 deel.'ngallo mbs
¡Ay! Sn hermoso ,:uei\o no Labíadnrauo mucholiempo
cruel, nna decepción más humiliunt..?. ,., Irritada, '.le- y su suerte calaba irre\•ocable1nenle definida........ .

JULIO,

1896.

Sn de&lt;:tino ~e encontraba en adelante unido 111 mísero
per-.onaje, qne en aquel mflmento le besaba. la mano ..... .
llna secret.ll nngu~tin la hizfl temblar en el interior dtrn !!f'r, y más alli\ del jardín, bsilado por el sol. sn mira,.
da tij:1 dist.ir,g•tiú. comn nn desolador e!'!)f'jis1110, In ima.
g.-n de ,u propill inft!licidc1&lt;l nnida 1, la dti llonorato de
&lt;:aint,. Pone.

!SEGUNDA P.\.H.TE.

l

\'i&lt;,lern hnbi"m qut&gt;riJo retanlar indoflnidamente el
~rrible plazo del matrimonio; pero es~o uo entr;iba en
los c llculos de IT,rnoruto. impnci,mte por po•eer comple1a111ente ii la qne le hal&gt;fa pro111etido ser su mujer, ni en
!,,e de la o~iiorita C11~tellnr, que temía el fastidio y los
rit!&gt;'gO~ dt: lo~ n~1·iazgos muy prolongados y tt.!ufa ¡;riea.
de r.-cQnqui~tnr lo m.í/ pronto poEiule la libre disposición
desu perriona. ,·ulal Ln1ul&gt;ié11, deReando partir ínmt.!dín•
t.n1m·11te d.ipue., que hubieRt! serddo de te,;tigo r1. &amp;u hermann, i11~i$tla p:Lr,l que se proc~dies-e lo miis pronto posible ,1 h1 eer.,mooi.J. nupcial. Dd suert-e que á de8pecho
del •ttpilrsticioso proloquio prnvenzal: «Bodas de )layo,
bodas morUlles," ~1 rnalri111unio se ñjó p11111. el 1;; de :\layo.
En el i 111,ervaln. el pens:11nient.o de \'iolcta se diot.raj11
forzos1u11ent1• por llld lndi~pensable• preparalivoM: vi•itas
p:1ra dar p11rt" &lt;l.el ~uc1esfl, elecciún de la r.'l.naeLilla dt! bod11. e•tacio1u!s múllipl"" t!ll cnsa dl• las coetureras y los
joyero~ del m'lelle :'.\Iasséna. Trarnba ella, por lo d&lt;:tná~,
de 11turJirse., y las prc~entuciunea á !ns familiaP. ari8LO·
cráticrua emparentadas de lejou ó de cerea con los Saint1'011~, no la dt&gt;jaban tiempo pu.ra ent.rt&gt;gar,,e .. n,tlexiones
desconsoladaP. Ha.bí1111se instalado en .\.izn, donde debía
ten11r lugar el matrimonio. Los díus ocup:tban•t.! en visitas ú la• tienda•; lnA nocli~P, en couúdns do b'81a entre
loP parientes y amigos Una aemann ant.l'S de In boda, loe
pe,·iódicoij nicenseij empezaron á llenar sus columnas cc,n
la ennm~1·,1ciún de lo~ ri•galos ofrecidOl! á la novia, lae
clescripcione• de los trajes y loJ detalJ¡-e anticipados sobre ln bendici{m nupcial qne daría en la iglesia de ~an
Francisco de Paula )fonseilor Pianznno, ob~po de fiion
i,, ¡xuti&amp;,,,.
El día t.an impacientemente esperado p&lt;lr unos., tnn poco deseado por Yioleta, ll,ogó p,,r fin, y desde las tliez de
la mnn11Dn, In~ campanas de la p:trroquia lhmaron el barrio de alegre~ tintineos.
El c111uino dd hotel 0.ietellar ú 1-au Francisco, apenas
tiene cien pM0P de longitud.
Om ostentación, la sei\ora Cnst.ellar lo bahía hechosembrar de pln.nt38 florida•, que las medas de los coche~
y los ¡wzullait de los caballo~ aplruatnb,,n al paso y qui.!
exhalaban olores morib~ndos. MM blanca aún qne sns
velos y su t.raje de 1'1180, ~'lor de :S-iza, cuando pllBo el pie
sobre el ntrio cubierto de rosns y respiró el aroma de las
cor,,las, vió en i&gt;llna un emblema, dt.! los nsesinoe de sn
propio conm&gt;tt, y foé pref!a de un extremecimitnto al
entmr á In iglesin repl!'ta de ct1ri011oe, en tanto que t•I órgano gemía una ma1·cha triunfal .......
D.isnnés de la mi:ia y lJ carga dtl fastidiOSllS !,!licitaciones en l11 s:icriatía, un snnt110,o alrnnerzo reunió en f,011•
don-Ho11«:; ú. los esposo•, lo• testigo• y los parientes más
próximos. B,tas e,ipeeies de comid.is ofici11les no tienen
at.ractivoo, siuo para los indiforente8 cuyn alegría de encargo, •in·e para enma,c:1rar la ngit.aciúu 11ervios;1 y la.
fatiga de los principales interesados. Cuando se pa,;ó ú..
un Palón veeino dondd se habla ~n11id&lt;l el café, la tlespo~ada se 111,1ro,·echó de la coyuntnra para ~qnivarse con,
llooorato. Tenían prisa por cambiar u.u trajll, porqne debfau inslalOrrie l,1 mi;u1a tar,le i,u la uvilla• de los l,entisC1.),.1 pne."'tn H su dis¡&gt;0".6iciJ11 por la sefiora Catst~llar, ~n
tanto qne se arrt&gt;ilaba n 11 \J1!'111eño hotel, :1 lquilado en el
bul~,-ar C'arabd~el. E11 l11 antec.1mnr.i se les nniú \'iclal,
q11e il&gt;:i tnmbiéu ,¡partir,¡ Ja,¡ cuar.ro paro el Tyrol.
-Ue aq,1í el instiut,. de la dll&gt;!peditl,1, dij, \'uLJl bruscamente: creo que baremo• bien en dtspeJirnos 3quí.
-Por qué·: protestt. [1,rnnr.,to; nosutroe vart.ireu,os en•
el mÍJ!•no lren qut wi, y ue h.tehu uu IIUi ~Ppar;1rem0l!
haHa !kaulieu.
-Sunee, no quiel'oímpe&lt;lir ,u lr'e•&lt;Í·l#r; por otra parte, apos1.aria JI qu~ no l'St:lr.io uateJes füt.os, y como DO•
quiero perd~1· el twn ele Italia, mtl.9 va.le ucscaruos recí,
pro~amenta buen \'iaje y buen éxito...... .

26

JULIO,

1896.

EL MUNDO.

15

Besó tiernamente á llonorato; después, volviéndose ti. do s11 •villa," donde est3remoe C&lt;.1mpletament.e solos, bien
Decíase que más nllri ee extendían otras playas bai1neu cunada, le dijo:
lejos del mundo, y donde podré testificar á usted toda da.a por el oleaje, otras moles recortad.as, ot.ras puntas en
-Permít.nme usted besarla también, querida niila.
que se encendían faros y que Vida! paseaba sucesivamenmi ternura.
-Ya empieza! pensó Flor de .·iza con un impercepti- te á lo largo de ella.•, en el tren que lo llevaba hacia Gé-Entonce¡¡ ...... es un adi6s, murmuró Violeta entre
ble extremecimient-0.
-dientes.
nova ..... .
-Querida Violeta, prosiguió, deme usted sil mano.
-Mi querida Violet.a, murmuró de nnevo Honora to,
Asió las manos de Vidnl y letendió su rOl!tro, perocon
Ella le abandonó una mano inerte que él estrechó en- ¿no teme ueted constiparse? El aire es fresco y la hu meuna vivacidad tal, que los lobios del conde, en vez de
dad del mar nos cae sobre las eapaldae ....... ..
posaree en R\18 mejilla~, desfloraron sus ojos entrecerrn- tre 8118 dedos tebricitantes.
Permítame que ponga en ella nn beso, que le expresaLos músicos 110 habían callado. Yioleta dejó el apoyo
dos. Extremecióse ella ante esta caricia impremeditada
rá á usted toda mi grniiLuu, todo ......•
del balcón y ,·olvió ti. la pieza, dejándose eaer sobre un
y se irguió para que no se notase su turb11ci6n.
Fné interrumpido por un mur11urio de invisibles gui• cana~.
-No, hasta luego! respondió él, hasta el aiio próxi.Al mismo tiempo, Honor:ito se arrodillaba tl.suspieF, y
mo ...... Yo hago votos por la dicha de usted y le reco- tarrae, y de pronto vocee de hombres, muy puras, entoLodo tembloroso, iniciaba una Cflnle~i6n de su onriño innaron en coro una barcarola.
miendo la de mi hermano ....... ..
-F..!'cucbe usted! exclamó Violeta conmovida y sor- menso, que le llenaba el alma, intentando hacerla sentir
Separároliae bmecameute y un coupé recondujo á loe
prendida,
es deliciosa esta música en la noche ......... Ea como él, envfllyerla en el efliH'io ele su cariiio; roas ella,
esposos al hotel Castellar. Tal cnnl Jo habla pre\"isto Yieaqui l"a, iumó\'il, 110 le oía; su pensamiento e~taba tlln
que
usted
tuvo
In idea de esta serenata?
dal. llegaron retardados y
pudieron tomar sino el tren
-~o, confesó humildemente. debe St.!r una última ga· lejos ........ .
de las seis.
-SiénteE" UtJted, dijo por fin, casi con acritnd ...... no
En la estación de Beaulieu los esperaba un coche que !antería de Vidal. .....EI nos ba enviado esos guitarristas
me
agradan las ternuras exceai \'11.1!.
de
.Menton
.•....•
Sé
que
él
los
hacia.
venir
algunae
velos llevó hasta los Lentiscos. La proximidad comenzaba
Obedeció
él y •e ~entó ú su lado.
ces
á
la
Fouan
para
so
propio
placer
y
que
los
trataba
para ellos.
Veíanse
sna
ojos húmedos brillar en la noche, y con
como
ó.
camaradas
........
.
Todo atnrdido aún por !ns emociones de la maiiana.
Ella retiro In mano qne él rozaba tfmidame;te con 8118 voz enronquecida, murmuraba palabras entrecortadas
Honorato DO hallaba hada que decir. 'En aque·l foi,d.au
de suspiros:
deei:ubierto, la vecindad del cochero impedta su expan- lnbioP.
-Ya lo ve a@ted. yo hago lo que usted qui~re ...... Per-Su herruano ha adivinado mi gueto por los aires
sión; contentábase con estrecharse contra 80 mujer y
popa lares italianos. Esos cantores tienen voces qua lle- dón si la he ofendido inconscie11t-emente. S(,y un salrespirar el olor de ens Vef!tidos.
gan al corazón....... Yo quiero que aenn tan bien trata- vaje é ignoro eso que en el mund&lt;' se 11:..ma buenas mauePor aa parte Violeta pensaba con angustin en lae evendos en loa Lent.l,,cos como en la l~ouan ...... Tenga nsted rae ......... pero la quiero á usted tan sincerrunente, tan
tualidades de aquella primer velacla pasada en compnllia
la bondad de decir al mayordomo qne les dé una buena apasionadamente ...... Si no hnbiern podido tener:!. 112te&lt;.I
de lll¡uel muchacho miserable y amanerado que era sa
coloción.
por mujer, creo que me hubiera vuelto loco ......... No la
marido ante la ley y ante la iglesia, y cnyo solo contacto
Honornto cumplió dócilmente con esta pre\•enoión. pido á usted que me ame, sel'fa exigir mnchfl y ueted no
provocaba en ella un exuemecimienlo de repngnancia.
CUAndo se lné, Yioleta p1\sooe de codos en el balcón y podría......... t'nicomente la suplico que me permita
Y no es que temiese de su parte exigencias d,;1i111aiado bebió con delicia aquella melodía que se exhalaba disquererla, que me soporte cerca da usted, que no rechnimperiosas ni abuso alguM de la autoridad marital de cretamente de los obacuros lotes del jardin.
ce mi cnriilo ........ .
que úl se cre!a inve.tido. Sentíase ella sobrado íuerte
Hnmedeciéronse sus ojos al pensamiento de Vida!
Habíase arrodillado de nuevo y daba riendA auel!a al
y duefla de sí misma para mantenerlo reepetuoeo é ilu- qne la habla dispuesto aquella sorpresa, y que ahora ca•
caudal, reducido, por lo dem,ls, de sns frases de ternura,
pont.!r eu voluntad.
minaba lejos de ella, en la dirección á las playas geno- de sus miradas húmeda.~, de eue sonrisas cnriiiosas.
Pero ese hombre la amaba con una obstinación infanvesne.
Violeta, conmovida involantarinmeMe por la humiltil y ella sentía teclio de antemano de las adoraciones torSucedfnnse los airee, á las veces triste$, alegres otras, dad de aquel discurso, s• no queriendo responder con
pes, de lati obsesiones halagüeilas, de las wiseral.lles es- y r1. oca~iOn(•a lánguidfl@, y la jo\"en epperimentaba una
una dureza demasiado significativa, re~olvió t.ratarlo con
cennq de.ternura que iba á veree obligada á sufrir. De- angustia pnnznnte y eío embargo, muy dulce. Había aún
oarii!osa piedad, y le suplicó;
cíaee que ese primer /,il&lt;' ,) tllr serfa seguido de diae igual- algo de in personalídJld de ese cruel Yidnl en aquella mú-J&gt;or favor no prosiga ......... Estoy horriblemente d,\.
mente perndos, de veladae igualmente insoportablee, y sica.
bil y fatigada, y le suplico que me permita retirarm1, r1.
que e~to sería uef, siempre, siempre...... Entonces sentía
Al pensar cuan divionruente bella hubiernsido aquella
mis habit:iciones.
nauserui d6 h11•ida. Trataba de aturdirse, de hipnotizarse, nocne de Mayo~i en lugar de ll&lt;lDorsto hubiese tenido por
Honorato sintió qne una inmensa oleada de trist.eza J.,
fijando hasta el deslumbramiento sus ojos sobre las poi• eFposo el mayor de los f:aint Pone, In anbian los sollozos in vadfa el alma.
vareda8 doradas qel camino, sobre la oblicua irradinción ú. la garganta y, mentalmente, imaginaba ln alegría ,·o·
:Xo le querill, pues ......... Este triste convencimiento
del sol en el m3r. Deseaba c¡ne el dia 110 acabase, que el Juptuoea de apoyarse con \'ida! en aquel 111ismo balcón, le mataba. Ah! él ¡¡o esperaba ciertamente una corres·
coche no llegase j,un:ís ti. los lentiscos.
de oír las palnbras de amor, acariciar sus oídos al mismo pondencia apMionada á ese amor inlinito qlle hacia \'ioLlegó no obi&lt;tante con gT&amp;n satiefucción de Honorato tiempo que un brazo afectuoso rodeara su cuello. Lasen- leta le bahía impul11ndo, á esa ternura incontr:i.rreetable
que contaba con la i 11Li midad bien dil!creta de la .,,ma,• saci6n del fraternal beso del conde, pos,tndose sobre sus que :i ella le unfa. Ptldir tal cosa, babrfa sidfl pedir decon In alegria de la ceno, pam adquirir de nuevo suaplo• ojoa en la antecámara del L&lt;,,ul1m-llo1111e, volvióle fortí- masiauo, pero cuando menos, ee creía con derecho it 110
mo y triunfar de su timidez. Fueron recibid&lt;&gt;a por un sima, casi real y por un m'.lmento tuvo la aluoiuación de poco de carhio compasivo: á que, sin tolerancia amisto•
ujier discrel&lt;&gt; y una n:camarera comedid:,, contratados que se eucuntroba ó su lado ........ .
ea Sl' recibiesen sue demost.raci&lt;&gt;nee de nmor, y encontm•
pata el eenicic• de los Tl'Cién caFadoe merced ,t la solici •
-Su encargo está cumplido, mmmuró ll sus espaldas ba á su adorada fría, !int.iendo tedio nnticiplldo de aq nern&lt;.I de la Sro. Cru.tell.r.
111 voY. mul segura de Hunoral-0; los músicos de usl.ed se lla unión, deseando el alejamiento de él!
•
nin tratados como príncipes ........ .
Media hora deepnés, lavadoa del polvo del camino y
Tritite amor el suyo; triste ilusibn In qu" le habfa alenElla se extremeció sin vpl\•er la cabeza, sin hablar, con tado sugestiomíndole co11 la eeperanza de que na din se
ya freecoe, encontriiron~e en al comedor donde fa cenn
loe e.iperaba eobre una mesa florida. Ahí aún la pre!!en- los ojos pero.idos en la contempiaci6u de la mar obscura haría amar de Violeta, á fuerza de abnegación y de tucia de los criadOB que il.lan y venían al rededor de ellos y de las montaflae de Bea.ulieu sobre llls cnalee parecían mua, con un amor semi-jante al que llenaba su espfri~u.
intimidó á HoMrato de Saint Pone. Uabr/a querido danzar Jae estr(:llas.
l'or qué no? peoeabo••\caso una eolichud perpetua,
Honornto se hubla aproximado y trntabn de aair de una devoción continua no 11c11barían por hallar eco en
deapachnrloe y alc'rvir él mismo ti. eu mujer; pero en el
mome11t.o lle manifosLar esta veleidad, una !alea ver- nuevo la mano que \'ioleta le habia indulgentement-e aquel e~pfrita noble y lleno de fuego? Sí, ain duda. El
gGenza, el teiuor de que se riel!en de él, le retu\·ieron y abandonado; pero &lt;Jurante su ausencia, no rival qne es- amor cuando llega ó. ln inlemidnd con que ella eeutfa totaba muy lejos de suponer, habia tomado su eitio y lo do i&lt;? vence: consume todos loe hio,loe, pulveriza todos loa
no osó despedirlos.
Violeta, al contrario, sintiéndOfe más á sa gusto en su ocupaba victorio~amente.
obi&gt;táculos ......
La joven para impedir tod!L nueva tentativa de intimiMás ahora aquel las consolndoros reflexione~ no le a lenpropia casa, y tranqniliznda por el vaivén de las gentes
dtl servicio, rerulqnirfa poco á poco lasungre fría y espe• dad, cruzaba enérgicAmente sus brazos contra eu pecho. taban ya. Presentía en 181! miradBI! duras de 611 amad,a
l'n poco aturditlo, m11ntti1•&lt;&gt;ee él á eapu.Jdna de ella, dan- un desamor eterno y, sollozando casi, exclamó;
raba con menos a1111i.,daJ la l.iora inevitable del tíiu: á Mlt.
-Usted, cu.ando accedió ó ser mi eepo$a me promePor fin Jevnntárunse Je la mesa; HonoraLo ofreció el do como compensaci6n 11 eus ojos el regalo de aquellas
brazo á eu mujer y emraron al ealóu, cuyas vent.aoas 0e:idblee lineaF del cuerpo de \'iol .. ta, vagamente entre- tió hacer todo lo posible para que yo fuese dichoso y
ahora ........ .
abiertas, comunicaban cou nn balc~,n Yolado sobre el vietae á la cl,iridad de las eatrellns.
mar.
-Sí, sí, reepondió ella con desaliento: lo haré todo ..... .
Con el cuello inclinado, Honorato contemplaba como
Lila cortinas, baja.s, los aislaban del re.to de In casa.
:ihls ahora permítame que me reLire ...... i;atoy muerta
en extaeis aquellaflguro.eiegante, JleJ:Ja de flexibilidades,
El creptí~calo b, bí.1 lltgado con sus in8inuant!:l! com • que inmovil ante la noche primaveral, eamergíaee en la de cansancio, y le estrechó friamente la mano.
Así, lamentablemente, sin placer y sin ternura pesó
plicidnd.es, eas últ.imoa empurpurawieutos del cielo, ene m11da contemplación d&amp; 8lll• bellezl\!!, dejando que el esmurmurios de olas amodorrada~, SUB primeras ap11ricio- píritu vagase lejos, muy lejos.....• y Honorat-0 sentía que aquella primera noche de bodas, ú la cual Eiguieron otras
noches igualmente tristes, reeigmuiae :r 4istimoeaP, al sinee do estrellas sonrientes. Honorato, aun cnando fuese s11 admiración aumeutaba.
guiente
de las cuales, se despertaban, él eon un diPgneto
poco sensible,¡ 111s bellezas naturat~d, juzgú, sin embarLa múoica de las rncea y de !ne guitarras duraba aun,
go, que el encanto de nquellna veladas d., primavera le pero mtÍl! á la sordinn, más lejana, como si los músico&amp; al amargo, ella con una decepción mtis amsrga aún.
Por oíegameute enamorado que ei;Lavie,;e, Honorato
servirían de auxiliar y condujo á Yioleta al baleó u.
retirarse, hubiesen temido romper súbitamente el enno tardó en adquirir la conciencia de la falta de amor de
-Qué hermOl!a noche! s11Spiró él eou voz alt.erada. canto.
Ella nos promete una sucesión de días espléndidos pará
Violeta continuaba :fijando sU8 ojos húmedos en la pnn• 11u esposa y de lu absol11ta impotencia en que se encon•
nue&amp;tra permanencia en el e.ampo ...... Yo e;il.oy muy re- ta de llordighera que, completamente lejana, avanzaba trabn pnrs conquistar su coraz6n, obstinadamente cewnocido á la seüora BU IDAdre, por L.:ibernos abandonarrado.
yaporosa en '1a mar.

"º

�EL MUNDO.

16
.A.divinaba con v:ig11ed:1d que entre Yioleta y él se interponfa una espeeiede ob!!Láculo moral, la rivalidad de
una idea exlraila, y no ae eentla con baetanto autoridad
ní cr,n bastnnte energía para combatir á este fantnsma
intnngible y ~ub;tituirae á él.
Reconocfa que habla hecho rnny mal, de .. de un principio, dejándo•e otorgar por compui6n él sentimiento
qut- hubil•ra debi,jr, hacer despertar ella ron su prestigió
de enamorado. Pero débil de caract('r cnant,1 lo era físicamente, se atemorizab .. ante la lucha ~• se desalentó
muy pronto. Adem!Íl1, al Igual que t.&lt;&gt;dos los d.lbiles y
tímidos, se reeoucentmb11 dentro -de sí miemo al menor
choque, como una sensith•J, ob1mdoná.ndose á robiet.'lS
de niiio enformo.
Cnando ae diú cuenta d~ laij muda~ repulsiones de \'ioleta, 8U car11cter se agri6, r oin explicaci,'\n, sin recrimi•
naciont'f!, ocultando eu humillaci6n y sus ~uirirnientos,
se !!llCerró en uu n.íslawiento feroz, dul que Flor de Xiza
no trnt&lt;'.• de hocerlc Falir.
Y de este ruodo, poco á poco, se abrió entre lo~ esposos una sima que fué ensauch:índo,e, ó. medida que ee acn•
saba.n las mieantropfaa del 11110 y las repugnancine de la
otra.
llonorato 1,abía imaginado, al ¡,ri 11cipio, q11e Pu mujer
llega.ría it experimentar remordi..tuiento~ y acuilida por
sf niisma ,¡ arrancarle ,l., su melancolfa; pero Violeta permanooió impasible y el lago de indiferencia q1w los , .. pamlr., extendió m.i~ y m.\s sus aguM adormecedoras.
Entonct'8 ~I st' empared.'i en su cuarto de tmbajo, en
mlid.io dij loa librog viejoa qne lrnbfa hecho traer ele la
Fouán, y t-rató de dietrae1'!le de F.Us pBl!a.res domér'licos
abPorhiéndose en minucio~os_ detalles do estadística local
r de cronología, que él ll:11naba •808 eetudiús hiat,,ricos.•
Al c:iho de un mes, los esposos no se 1•eflln sino á las
horas de IM comidas.
En un ¡,rincipio, la. joven aceptó con eatisfacci,~n este
modo de vi\"ir que la. libertal,:\ de las liip(icritiis obliga·
ciones de un matrimoni,:, por conveniencia, d1n·olvi,Sndo•
la Clllli su libertad de 8Qltera.
Se npro\·echó de ella para vol verá etts costumbres de
otroo tiempo~, formándo,-e la ih1si611 de que era todavin
Yioleta Ca.~tellar.
En 11\S a1.ulea mañana, de Junio, eu tanto que llonornto, inclinndn sobre sus pnpele~, anotaba cilr.u¡ 6 con•
sultabn ,·iejoe volúmenes, Flor de !ii1.a se fogaba, como
en diat! pasados, del jardin de los Lentiscos é /ha,¡eá errar
á lo largo dtil triar 6 bajo los olivares de f,!an Jna1L
Pero no podía consen·ar su~ ilusiones mnch&lt;&gt; tí~mpo,
los menoreij incidentes la recordaban d11rameute las tristezas de su estado actual y el cambio que el matrimonio
había introducido en su destino.
Autailo en sus perezosas excursiones á tra,·éa de los
boeqnee, lle\'aba con ella una nidada d11 espern11zas y de
sueiios qne tomab:l libremtente su vuelo más allá de los
árboles y del mar; ahora el campo de sus espemn1.as y
de sus fantasías se encontraba estrechamente limit,udo
por un alto muro contra el que iban t!. estrella,-.:., sns
alas.
:;u d~ino se había determinado, el camino de en vida rigi:rosamente trazado, un camino mon61ono \' sin
accidente, en el que podfa elegir 6 caminar al lado
un
compoftero qne le era ine&lt;&gt;portable, ó arnuitraree, con el
corazún vl\cfo, eo una árida soledad.
Una mun:ma, había ido ti gental'!le con uu libro en las
extre111idade11 de una umbrosa plataforma que domina la
bahía de Bealieo y en la que ae descubre el lugar en qne
se a.Jz11ba un castillo, arra.s.'ldo ha.:fA alg•mos eiglo~.
Con exc.,pci6n de un riuc6n eo que se elevan rústicos
paredones sobre pedazos de b6veda medio de,plomadaa,
y en donde estrechas l"entanas se adornan con roaarios
de tomates afillnzados á los alft&gt;ízares, lus orillas de esta
plataforma aparecen casi corl.adas á pico, por encima de
una ruina de jardines y viiledos.
El terreno sembrndo d~ montículos, en los que crece
una yerba ruda y rara, e!'tá plantado de nudosos olirns
de copas grises, 11 través de los cuales se distinguen laa
aguas del llfed iternfoeo.
En dlrecci6n de San JW1n, entre follajes dfc encin~
verdes, laureles y ci9resee, ee dejan entrever las dorada.~
paredes de una ruina rnmaoa y la fachada de 11.D&amp; 1·ifla
color de rosa.
Cuando la bri,¡a del mar murmnraen los llrbolt:e, cnando la luz inllllda de tintes aterciopelados las cimas de lea

montañas que cierran el hori,;onte, surge en este p1·0mo11torio la ilueión de uo pa.i@aje antiguo.
~iolet-a babia gustado eieU1pre '\'l'nir d sofiar eobre es•
te obsen·at&lt;&gt;rio predilepto, en la tibia atmúsfora de las
claras m:iiianas de prima ntrn.
Ague! dfa In~ avei; gorgeahan, las cigarras parloteabnu
en toe troncos de los ¡,inos; á los rayos re.~laudecientes
del sol, el aire caldeado parecía ondular sig¡ti~ndo el ritmo de e~tas mú,icas de ¡,:ljarop y di! iusect-0e.
\'ioletn ee había tendido sobre la yerba y las plantas
aromáticas, hoJladn• por el 1)(',o de eu cnerpo, exhalaban eu torno de ell:L fnigancias de salvias y romeros.
,\lgunnf! cabra~ e8calaban las faldas pedrego,as, esmaltando nno de (05 ladoP de la plataformn,
J\ló~ qne nunca, ante esta Umpida maftana, en frente
de est.'19 colinas de una gracia un poco severa, I)l'TO de
un rolor t:1n suave, se de,,pertó en ella In conciencia del
contraste entre 1111 desencanto Intimo r el regocijo de ea•
te paiEaje idllico.
Parucla que 1!e respiraba amor en el aliento de las
planta..~ y en In briea del mar. En medio de esta ex1.'tbera alegría sentfa m:ls cruelmente el peso de su soledad.
En la ,·entana de una de la~ construcciones reag11ar1Jadas de contmfuertes del viejo castillo arruinado, se ele·
\'Ó la voz de una mujer:
-¡Doria! Ten cuidado de las cabras y no te myas ,t correr por los campo~.
Al propfo tiempo, de un alt-0 macizo de euforbio~, vi6
surgir Yioleta., ,¡ plena luz. aquella Doris á quien acababan de hablar,
Ern una muchacha como de veinte aiios, de cabellos
¡iegro~, le'"antados sobre la frente en forma de casco, de
mejillas tostadas, ojos brillantee y boca ampliamente
abíert.a!.'n la que relucía unadoble hilerade b\ancoedien•
tes.
Tenla el busto encerrado en un:i blusa de lnn:i encarnada y su falda color de ro8a cou JJ.o-res, muy corta, dl'S•
hilachadn por In parle baja, dejaba al dei,cubierto Í!u11
pierna;¡ y sus pies desnudos.
Sin cuidarse paro nada de IIIS yerbas eJapino,rns y de loe
piedras ogudns, corría por las oriJln.q de la plataiorma
para im¡x&gt;dir :i !ns cabras que bajasen por las abruptas
pendientes; l.'19 lll\tm1ba dllltd;iles nornbrel! estraiios.

26

JULIO,

1896.

2 ÁGOSTO. 1896.

17

EL MUNDO.

Las amenazaba con la,¡ manos, ee hacía á un lado para
evitar Stll! cornadas, y luego, bruscamence, se revolcaba
en la yerba con grandeR carcajadas y permanecía ali l
tendida, con una brizna de salvia en toa labios.
De nuevo nr, adormecedor silencio reinaba bajo loe rayps brillantes. del sol, y el trémolo de las cigarra,; volvía
d. comenzar en los troncos reeinmus de los pinos.
En medio de eeta arrulladora mú,,ica unida al calor de
la atmósfera, Yioleta ee dejaba apoderar, poco á poco, de
un ligero @opor y ya estaba ~uruergidaen un ~uet1o t( medL.'l!l, en el q11e le parecfa oír el sonido de una flauta rlÍI!·
tica.
E~ta melodía escuchada entre sueños se hizo muy pronto t.an perceptible y t.an ~onora, que acabó por deRpertarln.
Entonce, ~e dió ct1ent.a de que su suelio no era sino la
prolongaci6n de nna senrnción en realidad percibid.a.
-Una ,·oz acn.riciadora subía de los huecos de las rocas,
y con gran sorpresa, la joven advirtió qne esta voz cantaba la popular canción del R11i#f'HDr, aqnel ronde! Utn
conocido en .'iiza que l11 había valido, en la casa de loe
l\Inruverno, los cnmplimentos de ,idal.
Entonces, inclinándose por encima de la cornisa, distinguí(, á un muchacho como de \'einte :tiios, cubierto
con un sombrero de paja en forma de campana, y ve!!ti•
do únic.'\ment~ con una cttmisa y un pa11tal6n ele driLatt·
geto á In~ cadera~ por un cinturón.
Estaba ocul1'&gt;·rn un grupo de mirto!! ~ih-estres y cantaba, á plenos pulmoues, como un himno á Eros.
Al sonido de esta canción, Doria ee bahía incorporado
y se balanceub11 como uoa amapola en su talla.
La c:mcióo lanzada á toda \'01. bajo 10!! encino3, era,
indudablemente, w,a. eeñal.
La muchacha se eeperez6 con inaolencia, ealtó entre
l.ae piedras que rodaron y ee eeq11iY6 á través de las
roca@.
Yio'cta vi6 sn cabeza y su blusa roja desliiaree en•
tre los accidentes del paienje, y poco después, el rumor
de 1111 be,.o la hizo saber qne loe enamorados se h:ibfa.n
reunido bnjo las encinas verdes.

de

FLORDENIZA
POR ANDRES THEURIET.
(Trnd uclda e&amp;pcolnlmen1:e pnrn ••El l\1 undo. ·•)-Yl UF!traoloneshe&lt;ihns en nuest:ro,i tallere•.

Núm. 6.-Yéanse nuetitros númel'O!l deéde el 5 de Julio de 1896.
Ocultos entre los matorrales como doe palomas en so
nido, cambiaban breves palabras entrecortadas de silencio~.
LaR cahrru!, ya familiarizada&amp;, probablemente, con esta pareja, ha.b{an seguido á eu cuidadora.
Balta.bnn, una después de otra, por encima de la cor·
nisa, corrian en libt&gt;rtad con diecretoe balidOI! y la duro
pezoila de sus pat.M ttsonaba en las rie&lt;lr s.
Una larga medía hora transcurrió durante la cwnl la re-

l'lora de Saint Pons permaneció con el corazón p1lpitante y los oídos en acecbo, completamente dominada -por el
mil!f.erio de este rústico dúo de amor.
El sol a.s~ndfa por encima del mar bordado de lelltejnell\8. Los mstorrales, Isa cimu de los cipr- y de las
enci.naa ee plateaban bajo los rayoe que caían en lfnea rt'Cta y el círculo de lae mont.ailAS se esfumaban en la lluvia
de un polvillo d~ luz azulada.
La campana de la iglesia del!gl"anó eue ecoe, anUllcian-

do la oración de medio día, y, al mismo tiempo, la vo:a
ágria de la mujer, que ya se había dejado oír, se elevó
del fondo de la casucha:
-¡Eh DoTisl ¿Ylu cabras?
Hobo un ligero extremecimiento entre loe mirtos sitvePtree y Doria surgió bruscamente de la enramada. Escaló la plataforma y volvió á aparecer m:ls encarnada que
BU blwia.
Seguida de las cabrae, que saltaban, atra ve~6 d t.odo co-

��9 AoosTo, 1896.

20

2

EL MUNDO.

AGOSTO,

EL MUNDO.

1896.

21
•

-Y ei no se 4eja couveJ1cer, ei rehni&lt;a? ........ .
-Entonces, querida mía, daren,os un golpe de Esta-

do ..• Yo vendré 4 llom1.rte y en sns burbas saldri~ con•
migo. Ya verlis que excelente rodiig6n seré ...... Tti in•
traduciré en nuestro e!rculo de amigo,i y no te fastidial'lls, te respondo de ello! ...... Conozco en hombres y en
mujeres la flor y náUl tle la colonia extranjera y medikl
pars ee:te Invierno una serie de peouefias fie@tas de las
cuales ea hablar, en todo el lil.óml: bailes d~ traje!!,

euadros vh·os, comed_iae d.eealón, piqne--niquea...... Yo
quiero que en. esa atmósfera de placer te ensanchee plenament.e, como una deel11mbradora •Flor de Niiau que
el'l!S. ••.••• Francsmente, exclamó arrastrando á Yioleta
h!ICia un t'l!pejo, una berrno@a muchacha como ttí, no
ee ha'hecho para languidecer en 1111a cueva ...... Yo te
BILC&amp;ré i luz, yó, en un medio e11 que serás f~tl'jada,
mimada, admirada•...•. Ee cosa convenida, ¿verdad? y
tu me autorizas á .IP'rebatarte á ta marido.
Ün relámpllgo de deeconflamia pasó por IO!! ojos vela•
doe de la aeftoT11. de Saint, Pona.
~ munnlll'Ó, in~ntalo!
--l&gt;erfec:wuilente y para comenzar te llevo maJ\ana á
comer conmigo en pdit-romih!. Ponte 1:Íonita, porque tenclreínol ahI al príucipe Kamén8ld, lady Snowdrop, loe
Soliee-Aubllpe y dos 6 tres periodiel.88.
Violeta la aoompat16 hasta la antecámaT11. donde el
Jaeayo ·ia pw,o eobre laa eapaldaa una pelliza del Thi·
1-. Envuelta en el largo y aedoeo abrigo blauco, Eva
pieler, con ,su cabeoita adamada con una minñaeula capota de marabá tenra el aire de una hada burloun y

poco desarrolladas, abría di&gt;11me1mradamente 11ue ojilloe
azules. llenos de perversa-curiosidad, al escuchar ú Fo.nberi qne la deslizaba al oído dos ó ire9frru,esarrie~g11dli@,
yaet&gt;gunibale qm~. en sucalldadde herética, se ,·ería obli•
gada á besar 108 pies desnudos del padre prior á fin de
obtener permiso de enirar áJa iglesin.
Detrás de ellos, Nadia de &amp;&gt;lies-A11bagne frt'fca, re•
donda, apetitosa, como un &lt;l11m,:11n, caminab:i un tanto
sofocada ni lado del pintor )fario J..¡&gt;grand.
Al llegar de París 1l l'tfont.e•C1ulo, con objeto de abrir 1-l
Exposición de pinturas, Legrand se habfo. qued11do allí
para hacer e! retrato del anciano o onde de S&lt;llies- A11 bng•
ne, y, sobre todo, para coquetear con l!II jQ\'en esposn.
En tnntc que duro la subida, no dejalYd de cont~mph1r el
pecho redondo y palpit.ante de su compaiiera, y felicita•
ba 11.Nadia acerca de las perf~ciones plllstiom1 de sn blll!•
to. J..a morena seiiora de Soliee-Aubagne reía, bajando
eocarronameute los ojos.
La última pareja, la que fermu.ba In retag1mrdia, est.'lba
constitnída por el príncipe K1'menski y Yioleta de Sain~
Pone.
Desde aqa,.lla tarde de Octubre en qne Eva Spieler la
encontró en su salón desierto, sola, encerrada y dispuesta
4 un acceso de locura, Flor de Niza se hablatransJignrado
notablemente.
Eva había obt-enido de Honornt.o 11na victoria completa. El marido, RSaltado de improviso, se babia primeramente encerra.Jo en un obf!tinado :mutismo, limitándose
á eVBl!Ívne respuestas. Pero la baronesa Spieler había sabido herirlo en lugar sensible: deepnés de una hábil nJu.

sión 1í la redonda fortuna que Yioleta C«l!tel!ar había lle-vado 111 IIllltrimonío, dióle á comprendf,r que eiota hij11ela
pro,110rcionaba :i la jo,-en el derecho de \'ivir según eue
guat-0s y ~n poRición ..
Jlonorato, ln~tiu,ndo en 1,u dignidad y en ro orgullo de
hidalgo pobre, se mordió los labioE y contestó @ecamente:
-La¡,efiora e.le Saint-Püns ts libre de gastar su dinero
y vh·ir ñ su albedrío. Tolt:re usted, sin embargo, q11e yo
110 participe de ens pl~cercs y qne le di!je la responeab!lidad de en~ actos.
Y á re11gl1111 ~guido, ee l,abía encerrado nue,·amen•
te en •tno e.le sua t•OÜdOI! inf,rntilee, en tanto que la baroneBa Spieler se apoderaba ,·ictoriM~mente de Flor de

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).jz.n.

Yioleta se d~quitaba ahora con usura de los prirueros
meses ,fo su matrimonio, pasado~ en la reclusión ¡ en el
tedio.
.f:3ta agua trn.11qnila ~e había repentinamente removido; ahora ee agitaba esp11rciéndose con estrépito fuera de
su cauce.
Al ver la repentina exhnberancia de sus caprichos, ·e1
ardor que desplegaba en l•H phlceree organizadOt! paracelebrnr su aparición en el mundo, la fecunda imaginacióu
con que inventaba cada día emociones nuevas, no se ha•
brfa reconocido ya á la joven phi.cid.a y reconcentrada en
sí mi~m •, qne e~cnchah,-i con 'lparente indiferencia lllil
mercnrialPs de In .. ef\oro.de $:únt-,J eannet y las malignidades de la sei\orita de Colc,mal'I!.

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( Crmti11 ,iará. )

temadora.
-'Valorl~jo, beaando ti la aeilora de Saint Pons, y
mallan&amp; nos lallicamoa!... ......

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~ eapitd1f1.ej1rd, del 2? batallón alpiuo, en traje de
l!XOUT8lónleta-~ de pai'lo escocés, lmirl:ab(,&lt;'l,r.rx,

blua c1e tela gris gorra blanca,-fu~ el primer&lt;, que ba·
j6 di,! enorme 1,,-,icsk qile acababa de parlln!e dclaniti de la
pWaforma de Un&amp; poa¡t,da.J'ÚIIUCL
-Beftoraa, exclamó dirigiéndoae :l las cuatro jóvenes
que reían, aglsiindoae en el lmeriordel velúculo, aqn! r.e,.
mirla« camino de cochee¡ áhora, ser, precieo qne suban
u"8dee , pie hasta Lag~¡ a¡,enae rtondra\n q_ue andar un
cuarto dé hora, y deede aquí pueden ver loe jardines del
IIIOIUlflerio•.• :.• : ••
~ 1- lDUI&lt;!, ayndólas j salir del breuk, una despuét de ot.ra,
Loe hombrea hablan ecbaclo ya pieá tierT11.y l!llCndían
aae piernas ento.mecl.du por dOII horas de inmovilidad.
En tome de IOII ueuraionime, loe coetadO!! pedn-goeoa
élel valle de la Trinidad V-iccor se esirechaban, coronadoe
de delgadoe pino, ailveeU'el!¡ ante elloe, un centenar de
'msroa ~ aniba, al conyento d\l Nuestra Se.llora de LairW alzaba en un clelomayuul su grisácea conetrucclón
caadnda, n campanario cubierto de una ~bumbre
pan\iapda y 8IJII ~,embradoe en eep,smoeu tena..., en donde, al lado '!le IQ1ciprea811 florecían los aunen•
droe, blancoec1&gt;1npl8'iuntlme i\ loe rayoa de un sel de

.r

•

!'-i

1úno.

Xay pron&amp;o toda la buda ae deeparram6 alegremenie
, lo largo del • ~ de cabras que coeteabll. el lecho rocslloeo de an ~ en 41,p nn hilo de agua caía en
caMWJjl)u, bariede mA\orral('II; eepin011 y matu de li·
riolviol~
Sobre 118 ¡mdu de ea&amp;e verde montecillo ee inban las
pareju: laa corll8I faldu claras, la confnai6n de loa corpilloa-de coloréll dvQI, la ,-anidad de loe aombrero11, grandel y redondos, oon gnlrlláldae primaverales, laa notas
enaroadae y amarillu de IOI! parasoles, MOCllbll.u el coaaro de un viaje plante, Ci&amp;eria.
Eva Spieler, ror.agau~ y en plena belleza, abría puo
, la marcha, apoyada en el brazo del capit.án Lejard.
Faube~, el periodista veterano que, en el segundo im•
perio, hábfa gozado de una reputación europea dé espiritual bromista y que aún divertía con sue 1!18lidae humoTiñicaa á la sociedad coemopoll&amp;a de Nh:a, eecoltaba 4 lady Snowdrop.
Eeta, delgada como nn mncbachuelo, veat.ida con un
,raje entallado que oprimb sn seno lil!o y sue caderas

FLORDENIZA
, POR ANDRES THEURJET.
(Traducida espoclahnonte para "El !Hundo ••¡-nust.rª~ione h
•

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ec.,

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·

as en nuestros talleres

Núm. ll.-,éanse nnestroe números deede el 5 de Julio de 1896.

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Nunca se hubiese podido cambiar de piel más rápidamente y arrojar lejos de sí las muletas: La sei'lora de Saint,.
Pone se había convertido en una semana en la proft1túmal
/,,_•iwty á la moda, en la eoberana de lae fiel!tas de Niza.
Su nombre aparecía todos los días en las crónicas de
ecoe mun.dAnoe publicadve por la prensa. Se daban mi•
nucioeos detalles de su~ tocados, ee alaba!:&gt;a BU audaz originalidad, lle ento1nban loas á su talento de cantante y
de actriz; loe peri6dicoe se hacían líricos al hab:ar de s119
•ojos aofladorea y sus hombros lilialea.•

Se la veía en todas partes: en las carrt1raa de caballos
en el Tennis Club, en lae representaciones de Monte-Car~
lo Y de la Opera 11:nnicipal, en donde ten fa s11 palco. Con
excepción del lunes, que recibía en la calle de Carabacel
á lo mejor da la sociedad mundana y bulliciosa, ae encontraba eiempra foera de su casa.
Hubiéraae d}cho que trataba de recobrar en peqnelias
monedas de placer, la suma de dicha que en vano había
~dido al amor. 8e permi~fa 1-88 m'8 eM:abrosae incoueecuenciae; desafiaba aarcál!ticamenteel qué dirán, y arras-

•

traba á 1118 más oaada@ correriae á las dam8! y á los cab&amp;ller~ de su intimidad. Se aeegurabaquedurante las fiestas del Carnaval, al salir de una maecarada, había ido á
cenar con sus amigos, al R,1&lt;t,wra11t hmwai, proxima de
J_uliana de Domfront y Cristina de G11rg~, ~ que habia
EJU rnbor tocado su copa en la de u110. de estas dos cortesanas de moda.
A ella íué, naturalmente, á quien le ocuni6 la idea de
ee~a peregrinación galante al Mona,terio de Laghet.
Habfala parecí.fo ingeni080 pasear á. SU8 amigoe y sus

�9

EL MUNDO.
Deepués de un nito tn la abovedada lh•nda en donde el
coquettr íns á tr:1\· to de loa clilnstros poblad01! de conlepadre
Cipriano v...ndin ro~ariue y me,fallM, mezclando á
eionarios, d los qu acud!an l0t: peregrino ú 11rrodillarst!
1,119 o{('rui; comercia le,, conEide~ctm,e~ polltica y tlm.y hacer peniu-ncia.
dns cont n, los re,·olacionnrios, la b.inda so lan2ó po1· el
Debían comer en la pnsndn qne se encuentra !r nte al
con,e11to, jntcrnaree d pie en lB Turbia y desde allí, re- el'¡;undo \'estftnlo, y al deFembocar t&gt;II el atrio, BP dt:tu·
\'O ante un placa de mnrmol negro, e,npotrada en la pagreear á .Monte-Cario por el camino de hierro funico.lar.
red, y en la que ~e leía, gnibR,la en estilo lapidnrh,, una
~Oonlleee asted, decía Violeta ni príncipe Kameneki,
, r¡ne caminaba eolicitamcnt.e á pu Indo, contieeo nste&lt;l qne larga iJ1cri¡,ci6n italiaua:
he tenido WJa feliz ocurrencia y qne el'ta "xcursíón camQ11i
pestre re•nltJ\ verdaderamente encanradom ........ .
La maltirvz ,Trl 6 ,o,1r:o JB.;!1
El joven eslavo, de esbelto cnerp&lt;.&gt;, apa@ionndo y die11CARLO Al.ttERTO
tro, nJihibase la punta de un dedo en eu bigote rubio y fijan•
Lmciatí
i
t:&lt;ll11pi fu/ali di 1\·00·,mi
do en so compañera una aznl minida arrulladora, la re•·
•
Soitara, i~1Mt" t~•tlanl'" ...
pondiú con una voz ligeramente gangoi;a.
(jui
~señora, cualquier pa!!eo al lado suyo l't.'Sulta encanta•
PianAe h cnmmuni ~t·ia[)~tr,·
dor, y por mita que el camino ~ea en extremo pedregQSo,
E
111,hand""ª'"lo
c-0/T,. ¡,r,sn,w. r I~1lii,
e~ una delicia subirlo con nsted, y todavía será más de•
.Ye rm:t·mnm,,nc.lcu'n i dr$li.I1i
licioeo ei acept.ara mi brazo.
, ll J&gt;afrodt,i&lt;&gt; d,[1., J'ergin,· i\fo,lr,.
-Gracina, prlnci~. me gusta tener en libertad mis
monmientos, y adem1íe, he obser\'ado que cada \'eZ que
-¿Qué significa ~sto·t prfgnnt,6 Violéta al capitán l.ehe aceptado sn brazo, ha abo~ado ueted para estrecharjard.
me el mío mis de lo razonable.
-&amp;!ta.placa ha Eido conPagrada á la memoria del re,y
-¡A.y! Ea el único modo que me queda de expresar mi
CarlOll·Alberto. ~puée de la derrota de Novara, cuya
ternura, ya que Wlt.ed me prohibe hablarla de ella.
[echa aparece, :?6 de Marzo de l!W·), el mooarca pw-ú ~11
-¿Para qné? Las declaraciones de &amp;mor son necesaria
última noche en tierra italiana, l'n el mo11aijterio dt! Logy tontamente banales ......... u~ted miemo, Knmenehet; comulgó aqd y partió paro. su destierro voluntario,
ki, cuando habla sin esa preocupación, es interesante y
deBpués de halll'r abdicado en favor de \ícwr Manuel.
hasta ei-piritn&amp;l; pero tan luego como le ocurre \'Olver d
La explicación del capiuln habla puest-o 1l. todos scrioo.
las andadM, se h11ee neted estúpido .•....... No me tenga
Sus ojoe contemplaban 11111 paredes grisen del com·ento
rencor sl le impiJo expreenr tan necias vulgaridades.
y el am;ter,, rnlle que domina el monte Ag,-1.
-¿Entonces, no cree neted en el amor'/
La imagen de aquel rey cabnllere,co, arrodillado en la
-81, pero pienso qne es una Horrara que no nace en
soledad del claoetro y bebiendo en él con resignación el
los caminos carreteros.
-Gracias por la comparación ...... En fin, ¿no cree us- caliz de la derrota, pasaba delante de sus mirada.e y melancólicas relll'xionee snbíAn á ene cabezll!! ligerae.
ted que la quiero?
-¡Pobre príncipe! auspir6 la seneible Nadia de :,olies
Lo miró de soelayo y sonrió irónicamen'e.
Aubagne.
-Creo que le gneto, lo que es muy distinto.
-Abdicar, dijo fl pintor, es ley qne se nos impone ú
-Llámelo usted con el nombre que guste, pero dígame
todoe, en cierto del!Ceneo de la vida¡ abdicar á tiempo, es
lo q ae es preciso hacer para pgradarilL
la B&amp;biduría de loe reye •.........
-¡Oh! Sería precieo reallzar set.os heroicoe, inespera-Y puede asted anndír, continuó Fauhert, r¡ae ei,ln
dos, inverosfmilea.....• Por ejemplo, cuando nOII enconve&amp;
se habla puesto realmente grave, que es tambi.--11 la
tremos allá arriba, pedir un padre franci8C8no y confe•
sabiduría de loe artistas y de las mujeres...... Sl, agregú
sanie ...... Quizú entoncea me viera yo tentada de comegninando los ojos detrae de sus párpados enrujecido~, sus
ter alguna locura .•••.• por imitaci6n!
--..'.:e burla~ siempre! ......... Ya sabe qne soy cis- tristes ojoe en lc.,s q11e flotaba, con el recuerdo de los
triu11ío11 de otróll tiempos, el CSD88ncio de las mismas alemático.
-¿Y qué? .•...• Ael reeallaría más l.'jemplar., .... Por lo grías repetidas haeta la saciedad; 11(, renunciar antes de
demils, yn hemoe llegallo, y precisamente veo á un fran- que es~é noo camado y ridículo, cesar de producir antes
de 4ae el público eet.é ahíto de nuestras obras, retirarcisoano bajo el pórtico ...... ¡Coneúlteee ol!tedl
Habían llegado en efecto á la plataforma que se extien- se de la escena antes de las primeras arrugas y los pri ·
merOll desdene11, esto es lo que debemoe hacer todOB .....•
de anti.' 188 doe posadna y el monasterio.
Ya las primeraa parejas se internaban por loeclauatroe, y Jo que, sin embargo, no h.acemoel
Violeta de Saint Pons lo eEencbaba con un reflejo de
guiadae por Fanbert que ae habla improvieado ('icerone.
Laa part)dea de la capilla, loe tabiques y las b6vedall de irritación en 101! ojoe y un pllegneaarcáetico en los labioel
-¡ Abdlcarl peueaba, cuando se siente venir la ,·ejez y
ambos veat.íbnloe lMIDli circulares, ae hallaban cubiertaa
de aencillaa ofrendas que recordaban los milagros reali- la saciedad, sea! Pero experimentar 8Bta necesidad en el
dintel de la ju,•entud ea inicuo ........ .
zadoe por la Virgen.
Tal era EU suerte, no obstante .•.•.. ¡,No había abdicado
.Algunos peregrinoo habían 1uanile11t.ado lll1 gratitud poT
:medio de riCOII regal011: corazonea de oro macú:o, coronu ya SUB e11peranu,, de amor y bebido prematuramente el
engarzadas de piedras finne; otro11-máe pobres ó mcn08 calis de loe amargos desalientoe?
Sus miradas, deseucantadBB, tan pronto erraban hacia
agradecidoe--i!e ~1ablan limitado :t colgar modestamente
de los muros inútiles muletzui 6 manos y pies módeladoe el fondo de la garganta pedregoea cnyos delgados olivares ilumiuaba el eol con un gris roeáceo, tan pronto aeen cera.
En medio de un arco, entre empoh·adas estampas y
cendlan hacia la árida desnodez de l111! colinas, en donde,
pequeilaa embarcaciones, el pintor ee!lal6 á Bue compa• de e11pncio á eepacio, la esbelta eilueta de un pino se desf\er&lt;&gt;11, un011 botines de mujer, dOB sapatitos de terciopelo
tacaba sobre el a.zul del alelo.
granate bordadoe de oro, de altos taconea, y tan diminn•
Se preg1rntnba extremecida a.i BU exietencia e81.arín cont-0!! qne .ié1,dolos se pensaba sin querer en loe lir,doe piedenada ó otras obdicacioneB más crueles t.oda\"ía, y si,
cesllóol! que debieron ocuparlos.
como Carlos Alberto, subirla nn dia este escarpado cal-Hoto ,irtmgeJ eeclam{, Lndy Snowdrop.
vnrio para ir, antel! del destierro, á depositar 8UB postre-...4¾.&gt;norae y S{'l!ores, dijo graYemeote .Faubert con to- ras iln&amp;ioneH ll lo,i pin.utas de la virgen de Laghet ..... .
no de ,.,r,ro»c, el rol-O que ueledes contemplan y que les
Do nnevo un ímpetu de rebeldía la conmovía ...... Si el
parece tan mnnclano cuant-0 inesperado, CR la oÍl"(&gt;ndn de porrnflir era dudoso, tenía cuando menoa el prese11te en
una liermoea y honrada dama: la condel!a Raroni. Es· eue manos ...... ¿Por qué no apro,·ecb:u lna horas que !al·
w z-spatill1111 de Cenicienta han tenido su papel en nna t.aban pnra extinguir el plazo y tomar parte en 10! plaa,·~ntura galant&lt;-, y para dar grnciat al cielo, cuya gra• C:,..ffi! y en lns P112iont'a de tJSte mnndo? ........ .
cioea intervención la libertú de 1m gra,·e eecándalo, 1A
-Sefloree, intem1mpi6, nada tan mal sano como·filo·
condvsa ofreció humildemente :l. Nuestra Eeilora de Lag- eofar en aynnl\$.,.... Me patt'ce que deberíamos almon:a.r
Jiet el cuerpo del delito.
y tomar fuon:as para snbir hRl!l4 la Turbia ...... ;:;iganme
-¡Oh! ind,cd! murmur6 lndy ~nowdrop, /10,11 •/1!J("l:inp! los s~ru-at.c,sl
-¿La pArece d ll8ted .-xlrailo·:· replicó Hencillamente la
La siguieron 'lodos, tan cADsados parecían de --haber
.1,ellora ele Jolie&amp;-.1.uhagne¡ yo encuentro todo ello mor peru;Anecido e"ríos por tanto tiempo, y ee instalaron rui;o:it ural y hobi!/',e hecho otro uin10.
dosiunen\e bajo el eenndor de la poenda.

.A.GO~TO,

1896.

l..'\ barotwsa , pieler maniíestó qne se encargarla de
1~. llabia traído s11 máP perfumado ..-i-&lt;1-J.iz!,om, y en tanto q11e se qnitaban !06 pasteles y los M1,dwichs, corrh\ ~
IA cocina, se nrrnbujú en un delantal blanco, y oons:igr6ei, concienr.udamenle ,t \'igilar la ebullición del ogua qne
mnrmurnba en una tetera eu.•pendida encima de. una candela de encino verde.
Ev1t l'!'taba encantada de hacer el papel de ama de c,asa; pero cuando YOI viú á aparecer, con fa.q m~jil!as encnrnmlas, loe cabeUos re\'oloteándole en el aire y hubo llenado en redondo !na tazas, aiotieron qne su té sabía horriblemente á humo, y por unanimidad ee declar,, intu•
wable.
Por fortuna el vino de AI'Li del hostelero era exquisito,
y 1:slo 1110,cat,, dorado quechi~penbn en loe rn~os, los com•
pensó awp)illmente. Una bnlliciosa a]~grla f'e ele.-ab:i.
del ci,nador. .Las copas y las risas r.-eonal-an, mientras
qne en 101! alrededores los aldeanvs agrupados, eepiauan
con ojos rnaliciosoe á aquellos sefiores de ademanes lltre•
vidoe y tí eqnellns hennosas damns q11e tomaban por cort.e11anB.i-l., ....... .

Acababan de dar las cuatro en el reloj del convento.
LM par&lt;'jas et desparramaban de nuevo por el camino
qne conduce ,í In Tnrbia. E,·a Spieler &lt;'harla con el capi•
Lfo Lej.ud. Ln morena y de~cocada scllora de Solies-Au·
b!lgne M, apoya más tiernamente en el brnzo ele Mario
Legnmd. L.'ldy Snowdrop, de piernBB 11.ac.."\8 é infatigables, l!C ~ien.ta en cnclillae y se pone ,í hacer un ramillete
de 111,.,.,,.¡u.,,; abandona muy pronto al \•iejo Fauhert, qmt
n&gt;nuncia ti seguirla y se va dando zancadas b:-,jo l~a rayos del sol pcmient-e.
Cuando ae encuentra solo consigo mismo, d antiguo
,ividor piérrle fiOJo eu brío; 51111 faccione1! se alteran, anda
cou paeo YBCilante y cae en una eepantO!!a trieteu.
El príncipe Kameneki se acerca á Violeta, que camina
solitaria:
-1..!I co~ta es larga, insinúa socarronamente, ¿quisiera
asted nceptnr mi brazo?
-¡Siempre la mÍftma canción! cont.e!lta ella contrariada. ¡,Me trae uet,ed el certificado de confesión?
-No, respondió en el miKmo tono; prefiero confol!arme con nP.l,ed. Me permite que In abra mi coraz.So?
-jDioe me libre! l\ie daTla mucho miedo enredarme
allf con lasenora de Girelle ...... ¿No ee de ella el coraz.in
de usted? ......... Se me fignrarla que iba á trasegar en ..1
cajón donde guarda eus misi \'al! amoroana.
-Mal~Yoln! ......... Bien eabe usted que ya no la voo.
-Ent.oncee ¿ya no le gnsta at usted?
-Ya no existe para mí; la he bastado á usted aparecer en mi camino, para borrar absolutamente lwn.a la.
sombra de en recuerdo.
-Esto significa, en buenas palabra&amp;, que un clavo saca otro clavo ......... ¿Sabe usted que no las tengo t.odait
conmigo?
-¡Ohl usted ea otra C06d muy distinta)
-sr ......... yo? Llamo la atención por la novedad; soy
la flor cnyo perlume no ee ha desvanecido, el fruto qu"
pende ele la rama, ya maduro, y qne nadie bu. tocado ...•.•
.Adivino las variaciones de net,ed sobre nn téma qne 1.,
es tan agradable, ¿Por qm• quiere usted que me arriua•
gne á correr la misma euert.e qne la señora de Girellc?
-l'orque, exclamó el príncipe poni~ndo~e eerio y co1&gt;
11D resplandor más tierno en sus ojos azules; no l!8 1111e11pricho lo que usted 1ne inepira, sino amor, un amur en•
traft.able y p roíundo ......... ¿!-lecesita Ul!ted pruebas? S.•}"
libr .., p&lt;&gt;..eo nna mediana fortuna en RWLia, d.Í\'1írcie-i...usted de su marido y la prometo hacerla mi espos:1.
Su acento era apasionado y sincero. Violeta se •iuti ·,
conmo1·ida con eu8 palabras y dulcificó nn tanto nu w1•
mda.
-¿01 vida neted, dijo, qne entre nosotros no se ro,np
el matrimonio sino por In muerte de uno de los cú11y11•
ges? .Ade.m:ls, somoe cat.6licos, querido amigo, y 110 ~-1mitimos el divorcio ......... Y luego ...... y luego (con ge,..
to de niña malcriada J 1&lt;1e. baat.a con la experi~nciB q,,.,.
tengo del matrimonio.
Los ojO!! de! jo,·en expresaron un aaombro mezclad,,
de tristeza y deseoe.
-¡~le deéeepua u~ted! murmu.ró! ~~ué bo¡;o eHLtm•
~es?
-Vuelva UBt.ed con la senora de Girelle. Tiene el h.-•
bito de e,;as coe~, y será con W!ted mny indul¡;ell\.,.

9

AGOSTO,

1896.

-¡Pero si ya no la quiero!
-¿Entonces la ha ouerido usted alguna vez? Creí que
había aido sólo un cnpricbo.
-¡Dios mío! Era un afecto externo, á Flor de epider·
miB, si me atrevo á decirlo llllÍ. Ve.'l ust.ed, 8abina tiene
el diablo en el cuerpo, ee muy talamera, muy seductora....
-¿De veme? replicó Violeta con la vo~ alt~mdn, y un
relámpago pasó por SW! oj&lt;J8 grif!es.
Después, continuó muy animada, casi con tierna en•
tonación:
-t::et.ed me hn prometido confesarse conmigo; puee
uien, cuéntemelo todo. Dígame usted cómo comenzaron
sue amores y cómo terminaron.
La misma curiosidad pu111,ante que antee la. impulsaba &amp; espiar los n\sücos amores de Doris y ea mú~co, la
11tormentaba en eee momento y la excitaba ,t provocar
IM confidencias de Kamenski,
H11y en todo hombre un fondo de fatuidad que cualquiera mujer intelígent.e puede con facilidn&lt;l explot1&gt;r.
Parte por \'anidad, parte también porque pieusa despertar así el deseo del pecado en el corazón dormido de
In eeilora de Saint-Pons, el joven eslavo se deja arrancar poco á poco hasta loe cletalles de sus int,imidad~e con
la eeñora de Girelle.
Ha logrado tomar el brazo de Violeta y In cou\'ersación
la interesa tan vi\'amente, qoe no Be opone il ello. Estrechamente unidos, cnai tocándose las cabezas, van por
las calles de la Turbia, pnenn inad,·ertltl:lmente debajo
de la torre de Aagusto yie unen á aue coi.1pbñeros cercs
ya de 1~ estaci6n del funicular.
Nadie se detiene en la terraza para n&lt;lmirar 10!! ptnto•
reecos recortes de la costa, ni las montafins niv011a.• que
se escalonan por encima de \'intinilla, ni la regia majestad del mar empurpurado por el sol poniente.
Todos está~ saturados de pai@ajes; el espect,ículo de
las bellezns naturales loe hace indiferentes, y se apres11m11 ,i subir al primer tren que regresa á ~Ionte Cario.
A eu llegada, mientras el capitán y ful.menski se apre•
auran á ap&amp;rtar una mesa y pedir l'\ comida, las eefioras,
acompafiadna de Mario Legrand y de Fau bert, \,In á dar
una vuelta por el juego.
En lne sal \8, en donde los sofoca un olor acre de ema.n11eionE'8 homanll6, ee ve Botar nn polvo impalpable bajo
la luz de las J,imparas.
Lna mesaa eetdn rodeadas de trip!ee filas de j11gadores.
En confusa barahunda resuena el ro ido de monedas mezclado al repique de las bolas rodando en la ruleta y se·
guidos de la voz ronca y maquinal gurrupil'II que anuncia el número.
I..adY, Showdrop y la seflora Solie11-Aobagne, que son
eupersticioeaa, apuewtan un luis al rei11ti1&lt;ri1, fecha de la
enLrada de Carlos Alberto al convento de Laght, mientrae que Violeta y Eva van en busca del barón de Spieler.
Por fin lo encuentran eentado i1 una mesa del centro,
apo~tando febrilmente á la columna del 82.
Eva Jo toca en el hombro con el extremo de e11 mano
enguantada; él se vuelve nerviOBamente, 9115 ojos gris08
reconocen il en mujer, y una mueca de deBBgrado contrae
BllS labiOI! pálidoe que, como un paréntesis, encuadran
Bll.8 palillas rubiu.
-¿Qué haces ah!? pregunta Ja baronesa.
-Déjame, gritó con impaciencia; me \'88 :1 eepantar la
,suerte.
Rueda la bola y sale el 36.
-¡Ya vee lo que te decía! grufi6 él volviéndola las espalda!!.
-Ya sebes, replicó Eva impertnrbable, qne coruemoe
en el Grat,d lfoi&lt;l . .Allá ooe encontrará&amp;, si re acuerdas
de nosotras.
La con ven;oción de los dos recién caeados, terminó des•
puée de est.aa breves palalira.!.
Violeta, canPadrl y loca, se l!Cnt&lt;'i en el diván central y
le.a palmerna, cnyBB ramae empolvadas han sido tel!tigoB
de tao Yariados lances, ,'"Bu á presenciar ahora una Eerie
de meditaciones desconocidas para. ellns.
La seilora de ~aint-Pons, indiferente :1 cn,into la rodea,
cierro los ojo,, se reconcentra eu sí misma y Ye desarrollanie el cammo blancuzco de la Turbia, donde, herido
por el sol poniente, el prfocipe Kamen.ski, elegante y artero, la murmuru confidencialmente al oído la historia
de e-us relaciones con Sabina Girelle, tan zalawem y t.aH
eeduck&gt;ra,

EL MUNDO.
Con un amargo dejo de trist.eza, la B!&lt;carba el cora1.6n
el torcedor de los celos. Se compara mentalmente con
Sabina, y encnentra con íntima Mtiefaceíón que posee
una indiscutible superioridad sobre la que la ha precedido en el corazón del príncipe, a1ín juzgada puramente
destle el punto de \'Íl!ta del extedor y del aparato.
Está convencida de que, l3i lo pr..,tendiem, podría atar
11! joven Kameneki c.on cadenas más firmes y dnraderll!!.
Pero ¿á qué aepira·1
Según eu costumbre, sondea \'alientemente el fondo de
su corazón y en él descubre nn germen minúsc11lo, como
el embrión de un de-co, de emociones no s.en~iila&gt;!..
¿ror qué no había de dejar que e;e obscuro germen se
desarrollara libremente? ¿Por qué ae había de detener
ante escr1\p11!oe quaá la, otras no a9ustan?
1
~o haría ni mú~ ni menos de lo que ellae hacen. Por lo
pronto, la maledicencia no ha de respetarla en esa sociedad donde b.aenrrado, y donde nadie resiste 11 la~ t.entaciones y á los caprichos.
llasta ahora ee ha limitado á inocentes coqueteos, y sin
embargo, indudablemente ya le se.iialnn un amante.
Si corre los mismoa riesgos que 8118 amigas. e~ jnl'to
que se aproveche de los beneficios de en sitnacion, que
satisfaga intrépidement.e aa deseo de emocione~ nuevos,
y que apure hasta el fin, sino la alegría de amar, por lo
menos lt\ \·oh1ptnosidad de ~er amada.
Con verdadt&gt;ra ob,,esión, la imagen de Kamenski, elegante, 7,alamern y solicitada por toda~ la,, mujere~, se
yergue ante sns ojoe, y lrnll sonrisa misteriosa e.e dibuja
en sos labios.
-¿Q11é. al1cede, Yioleta, te eeth riendo con los ángeles?.. .... ¿\'ienes? Ya eon lae siete.
Flor de Xiza, estremeciéndose, abre loa ojo~. Eva está
cerca de ella, yatráe se ven Mario l..egrand, L,,dy :Snowdrop y ::,;'adía, que In sefialnn btirlouamente al _periodista
Taubert. Este la toma del bra:r.o y todos ae dirigen 11!
atrio.
Media hora deepué11, la banda ee encuentra en uno de
los salones del Graud Hot,l, al rededor de una mees
oblonga, cuyo mantel está salpicado de florea. Lna rosas
de Niel y los usrcisOP, después los nnrdoe y IBB ,ioletn,¡,
los claveles y las madreael\'11!!, regocijan la vieta con la
gracia de sua talloe gráciles y la harmoniosa gama de sus
colores dillCretamente fnndidoe al resplandor de.las luces.
Un perfume suave y embriagador se exhalaba de eua
corolas esparcidas al eca.~o.
El barón Spieler ba faltado á la cita, pero decidleron
que no se le eeperar!a y nadie parece lamentar en ansen-

cia.
El mmií, diee~rnmente arreglado por Kamenski y I.egrand, es il l., vez sustancioso y exq11i6ito.
En lae garrafas helada.e, el SparHi119 Mo.•&lt;lle, alternando con el R11·rl,rrr. Las mesas de los tres salones están ocupadas; lae e&amp;pel!as alto1n brae apagan los pnaos de los ,miitres ti' /tot,l.
Al extremo de las piezas y separada por biombos lumin08-08, una orquesta de zlugaros ejecuta rordiú y valses.
La música, una veces snlvajemente fogo53, otras hlnguidamente Ppasionada, llega por soplos lejanos; los acordes, o(doe como en s11eñoa, afiaden nn l'Xtraflo sazón
e;;;ótico á la embriaguez de los vinos espnmosoe y de las
flores esparcidos.
·
Las mejillas de la~ s~norae Re encienden; sus ojoa toman
un brillo fosforeecent"; sus risas tienen enton11eionespro•
\•oeati VllS. Sólo la cara de Lndy Snowdrop, amarillenta
como la de un papagayo, permanece imp!ISiblementen..•
mlitica.

)lario, estimulado por lo esquhlto de loe manja,u,
aventuro. gobre el amor y el artll paradojas brillant.es, qne
contesta el pr(ncipe Kamenski.
El jo\'en eslavo ha advertido que el tono elegia.co y eentiment.al no le farnrecía en llU n~gocio y ha cambiado de
tácLíca.
Platica ahora con cierto abandono é. la vez familiar y
alti-rn. 811 bnmorismo, medio astuto, cáuslico y lleno de
imágenes, poético con sus puntas de per~eraidad, ejerce
en loe convidedoe, y principalmente en lae mujere~, una
especial seduccjóo.
'
A cada momento \"ioleta P.e fijnen él y lo e;;cucha, mascullando una [lor con los dientes. El velo de bruma que
eclipsaba ~us ojos griaet!, se dt!dmnece poco ii poco, y ya
dirije ol príncipe una ~onriea alentadorn.

23
Se sirvieron lt,s postrH.
Fauber~ que quiere tnmbi~n tener ~u parte de oración,.
emprende una de sue ordinariW! tarells: se le\•anta, y co1r
gra\'ednd briMnic11, pronuncia on brindie campnesto de-"
sílabas incoheremes, pero qne por la mímici\ y las ent&lt;••
naciones prndeutemente elegidae, i111ita con socarro,~eria
espiritual los ,1,;-,:ch que los ingleBes acostumbran ·en ~n••
banqnt&gt;tes oficiales.
Animndo por los aplanaos que e~tnllan, sigue con un
brindis alemán, dentro del mismo estilo y con la misma,.
serie de onomatopeyas. Gt!~Llcula con tal arte la pedante·
pt&gt;sadez, el ~nfasis estirado, el senlimentali.mo lloro~oclel teutón, qne cnalqniera creeria e~tar oyendo ,t un pro•
fesor de Bona y de Heidelberg orengnndo á su~ colfg:te·
t:n una ceremonia univen-itaria.
t:'1111 exploei6n de rie.ae premia al orador, y con la ayn•
Ja det rl,,,mpag,1, sube la alegria á Sll m1ie alto rliopaoÚ!l
y una racha de locnra smta á aquellaa cnbezas excitadas.
L.~s ,ocra se eleYan, las 111irada~ ee buecnn. Eva Spill•
ler lnnza un puiindo de roeas á In cara dE-1 cnpiti1n L,,¡¡rand, qne conteEta con un manojo decla\'eles.
A poco entra u tl. saco en los llores de mantel¡ los mudos, laa anémonas y los clavelt:a Be cruzan por encima,le
In m~sn, y aquello es un comuat~ de ilorei, en toda regla.
A fa1·or de este uimulto la señoTa de 8aint Pona tomn
el ramo ele ,•ioletas qne ma.qcullaba y lo arroja bruscamente,\ Knmemki en mitad del pecho ........ .
Es tarde, los salones eet.í.n casi desiertos y rnn i1 tomnr
el café al 11ire libre.
La noche está tibia y azul; el cielo hormig'.lt&gt;tl &lt;le ~sLrellas y la bnnda muy alegre corre á lo largo ele los jaTdines
i,mbal•amados.
Mnrío L~grand toma del brazo á F1111bert y lo felicita
cordialment.ll por so buen éxito.
-;.Se burla usted? replica el periodista con tono enli-e
lisonjendo y mohíno ¿O'.nno puede neted creer, u,;ted, nn
verdadero artista, que doy algún valor á eeo1 jng1ietes
paRndos de moda? Me avergüenzo de' ellos cuando eetoy
solo. Pero bah! mi rl!f!Oluciúu está t-oruada y prccuro hacer mi oficio de payn.l!O y sirvo ,t eatas locas, dh•ereiones
qne están á. la altura de eu gusto y de su escBl!o entendi1.1..dtmto. : No tiene usted idea de su l'l!lética! Acaba 11Sted
de oír aus converaacionea¡ ea un montón 11.t, · oropel, in•
consistente y hueeo; eRpllJlla para hacer bnrbujt\S. Sns
espíritus corren parrjas con el medio en qne 1·iven. Vaya
usted á su casa y verá de cerca en elegancia y su lujo engallador. Todo es allí decoratív:., y aparatoso; el marmol
eti emico, loa emulros de maestros son infectas copi1111 ita•
lianas, el mobiliario de pacotilla y loe t,ihi'/()f3 f11l@os parecen sacadoe de un bazar de ocasión y 1\ "ªº e.-t.íu de~• i ·
nados, al bazar! Y además de esto, lamonomaníu ficticio,
la habladuría insaciable de gentes que solo tratan del buen
parecer y de engrandecerse mutuamente por vario,i arLÍ·
flcioe. Podría deciree que ln coloración subida del mt&gt;dio
día excita los cerebros y los conduce á ~•xagerar el valor
do 1118 peraonna y 1811 cosas. Es necel!lll'io, ámigo mío, oo
ver l'!!n sociedad &amp;ino de prisa y á dlawmci.a, como los
fref;(;os italianoe con que decoran eus villas los senorea
de ~i2a......
'
Llegó la hora de t-0mar el tren de Niza y los Pxcnrsioniet.aa ee dirijieron por parl'jlll! á la estación, :i. travé• de
loe jardines cuyos camellones de plantas rnra~, por miedo á las escarchas nocturnne, estnhau cuiJadosameate
cubiertos con lona embread:\.
Kamenaki tomó el brazo de la el'ilora de &amp;ii11, Pone y
poco á poco se (neron quedando atrá,.
El enamorado pl'lncipe, que vive t'II )lunle Cario y Ye
acercarae con temor el woment.o dti lu ije¡¡umcipn, no
quiere despedirse de Yiolet11 sin i;alJi:r dtfiuiti ramenl&lt;l
,, qu; atenerse.
--UNtedsal&gt;e, murmuró, qne guardé car1ílo,u.111eute su
ramillet.e. Permitame c,·eer que nu lo dehu sulome1,te ,,
la casualidad.
Flor de :S:za pensaba que la culocab,1 en ,ituncióu dt!
dar un paso peligroso y "" primer muvi 111i.,11Lo iusUuti\'o
fué de resroccder, pero t-Od,wfa .-stuba bajo la iufluencin
de las excitnciones del banquet~.
Lo tibio de la noche, el mist.erio de los jardín~~ qui,
at.ravesaba apoyada en los brnzos clt1oq111:I jn\'en, la u,ú.
aíca de una orquesta instala&lt;ln en la terraza ~ la.galería
Carlos HI, la inclinaban á moslr-,1,-,,e clemente hllcia el
ena"llonldo, coya \·oz arrullatlora acariciub1 rns oídos.

�-.·01&gt;rofood1Cemoe nada, repllcól.aclirUcamente. ¿Tic•
nen~ mi• violet.aS? G~rdel11s.
-Pero ¿dlgamo w.ted iqniera que con ~l fiol'et! que
la han dAdo l!1l nombre, me llcwu tamblt!n algo de au conu6nT
-Pide ust.:d demasiado ...... Y llegamos , la tnci611
y el eiuo poco aprop6!1t.a para semejantes oonfidenclae.
-LA ruego que me indiqao un din, una horu en que
¡IOdamoa llablnr tranqullllmeni.e.
-Los lunll!, en mi Cll!!:l1 me bailará 11eted siempre á
us6rdenes.
-~!, exclnmó monitlcndo y dej1111do el brazo d Yiole•
ta; con e, mont.6n de tontería d u ,·iai1Jl8,
Y lnego, nrrebatándOIIC la LOmú la, dos manos que a pre•
ap11.5ionndamenteen la sombra.
-;o, continuó, quiero una hom qoc · pam mí 1!01o,
y no permitiré que ~ted ee ,·aya, untes q11e me In hnyu

9

EL MUNOO.

24
0011901:i,

y

rlbió en la capa de polvo:

eoe carnctéres.

nio• en grue-

AGOSTO,

1896.

J6 .AGOSTO, 1896.

ELMUNDO-

-E la terc ra vi&gt;z qnt! ,-engo á tu casa, sin te.ner el
gueto de encontrarla, dijo la condesa.
-Yiolet.'\, respondió él aturdido, lamenl.llrá vivamente que usted n•) In haya encoutrado.
-¿Lo crees7 l'ue!I no lo parece, porqn~ no ee apteitura
á pagum la., ,·islws. , \!ncho (18
tn mu.Jerl
-~í, suspirv él, con frecuencia eattl íncrn de CIWI,
-¿1 w pareee conveniente que la vea por todas par-

El regne I del 13c. yo la sorprendii'.&gt; cuando terminaba
esta opcmcl ,n.
-El eeftOr niega 4 la eeno1a qne tenp la bond:ld de
pnur á la bibliotecn.
Hijo mío, pregunu',
rcástic:imente la eeflom de
.~atnt.Jeannei, ¿cuánto glltlll9 aqu!?
te$ eln ti?
-Ochc11ta francos al m
IIOJiorn conde,ia.
-Ya le he hecho ~ obser\"11ción, pero inñtilm nt.e.
-Y bien, tunante, to aador c1i&gt;~t11 bien caro , mi 80ra.ra tener pu, he pref.,rido confiarla II una amiga, mebrino..... · lira la coneol11, nlll nnie lo qu pienso yo d
jor qne acompanarln ti Clllll\ de gentes que me CAstldi11n.
ta n·icio.
-Te acornad fácilmente. 1~ lá!\iw que la sociedad
,, guida del criado corrido, ae dirlgi6 h:icla 1A blb 1ioi
no
proceda como tú.
ca y entró en ella eilencioeamenl.t'.
-¿Qm~ qniere u;;tcd d~&gt;eir? pregunt6 Jlono"llto ruboriC..•1-cn de 1rna vent.nnn, ante una mem d trabajo, llena
de r.ontl'llscllll!!, de legaj0&amp; y de libro!, Jlonornto
in· ,: nd
-Qui~ro d..clr qnP. tu lnlta de pre\"ieiún y tn debili·
clhmba, &lt;'nvuclto, extremecldo de írio, ,·n 110,1 bata obe•
dad, han tenido clecl.o8 deplorable!!, y cotnlenUI! ynáeer
cul'11 que le enyejec13, dándole la •e111ejanzn de nn (rulle.
J&gt;rmnetido
1.,n se.11om de ~aint.JCl\nnet conlt•mpl6, nlzanclo loa puto d~ h1 murmuración.
F.eta Tiolencia sacudió voluptu mente il In •eflora de
-T'.. ro tia .........
hombros, ta ¡;run hnbltación autrtem, tnpit.nda de libr06,
i11t Pons y con.una voz tan dnlc" como el gusorro d,• la
1, q erido sobrino, la voz g nrrnl d&lt;1 la ciudad.
y á ea eobrino pálido y arrn ado, que ee levantab pcua
mÚ!ica, que saepimba á los Hl)S, m allá d loe árboles
acost111nbro -ponenne entre la padi1 y ta paren, ·peenlirl11 al encuentro.
•
n'8J)Ondló:
ro el honor de la familia, al cual me dello anle todo, me
-llut!11oe
dlas,
tfa,
inurmur!,
Hon rnto. ¡Qué foliz \'i-E'.&amp;4 uat.ed in90p0rtable. E.!lnn1 n mi en.ea el martPs
obliga ahora a\ Yl!nccr lo&lt;ln mis r pngnnncln~ ..... Clllln•
ci,trc cinco y 10!1! ..... ¡\'ayl\' /.' t.! uated con tenlo? Y ~itat ¿Como c•tá Ul!ted?
dn se me ha chillado en lae orejlll!: ••como Tlllll&lt;le el ma-Buenos día.•, Ilonomto, buenOI! díns ...... No te pre•
ahora bhi me usted la mano.
rido l!O¡,ortar esos ,l ,•foa?•, he respondido ul e~ilor de
gnnto
por la eflora de " io1,}'oll.l!, porque como ha eali•
[.le\'6 u u man d ngnantad:18 6 loa lnbios y e••
• 'lllut. Pon• na&lt;la l!She y me 1,e lmpu • w el dt:ber de aiJTlr•
dt&gt;, en pongo que ~e t!ncm•ntr11 perftctument.e.
w b&lt;.11ó locamente.
lfonoraw a,Jelaut6 un sillón, donde IRBeilorn d aiot• lt• loa ojos,
Cmrndo llegaron eolr.cndOl! ni unJén, ,.¡ ucn ya cst.ab:\
,ll.'wtnet se inetal.'.o m:igLtrnhuente, mienlrlll! que c-1 \"oln la taci6n y tomaron los a~iento~ ¡,or nenlto.
l·.11 m ,&lt;!10 d I· confu11U,n, e lnn.znn tápidna deepedí• ,·la li su sitio. 4 110 ui3I d • trnrojo.
d ú Kamemki y t!e ootoenn rnlirlecb011 en IOII ae\entoe
del "ag,'.,n ya completaml'nte ocnpado.

,o

F.n en vitjo 1,, ¡d,. .. de color rArmdlta, la cond
de
'nio t Jennoet hnbfn s:slido de su s\·illnadc f'an l~rto\0111(,
y era ar1'118tr11da por d cabo.llOII da pt-t;lldOI! caeeOI!, qu
ni trote corl,o Ju hnclnn rodar por la a,·cnidn de a11 '1an•
rício .
.ugaida y olemne, ,. stlda de negro, cubill1'ta c-on un
1;ombrero empennchado, de lormn noti¡i;na, sostenlu sn
, "~t1tJ•ftl• como nru,. espnda y su eac.o de terciopt!lo como
11na balanu, IL!leml!j4ndO!e , una rígida Themia bajada
4\el limpo parn pronnnclnr nnaeentencill inapelable.
;u frente orgull05ll se encontraba cargad11 de nul&gt;e!, ba•
jo 10$ oJoe brillantt-11 !alguraban amenazndorea reh\mp• •
¡¡os, 111! meJillaa se le enrojecían de an11 tlr1uoea inillg•
11nci6n y su labio bigotudo se arquraba como t&gt;Ara lau•
zar DD11 reqnleh&lt;,ria.
flin entrar en la a Yen ida de la estación, el lrmdo.u, dan•
do bl'U8Cllmente una vuella, la lu¡uierda ganó la calle
de Caral,acel y
detnvo ante la casa de loe
iot Pon~.
ApoyadA en el brazo de eu criadCI, 111 c&lt;&gt;ndesa bajó ma•
jestaoumenie del ,·ehículo, montadoaobrealtos reaortt!s,
aubi6 @In eer anunciada por el timbre la aaave rampa que
conducll\ á la termu y en trando como na huracán en,_,¡
vmtlbolo, aorpreodió al lacayo agradablemente ocupado
en abrazará la reeamarera, que hoy6 4 todo correr.
-A tal ama, t.ales criada&amp;! marmur6 la eeñora para l\lB
adenil'OII; y luego con eu mas dura roz int.errogó al delin•
cuente que se inclinaba ante ella, con la cara 90('.llrrond y
azonula:
-¿La eellora de :-aint, Pon, no ha d estar en casa, In•
dudablemente?
-."o, 11el1ora condesa; la senora vizcondeu ha 11111ido.
-Buenol bueno!...... Pero nsi aobrino debe e,,tar en caea. ..... Avíaele a ■ted y digame d paenl puede reclbl rme.
Y pasó por delante del tuno, tadsv!a no repu to d la
ll(lrprellll, atraveeó la anL&lt;.--la, empujó 111 puerta del es Ión
y, votvi ndose, anadl6 imperiOl!llmente:
-¡\·aya usted!
En las habitaciones del piso balo todo DCUmlba la incuria de loe crladD!:, abandonad011 compleuwente á au
antojo. l,oe eiH011 pcnnanec1an aún en los mi1moe lu•
glll'ée en que fueron ile¡adoa la noche de la última recepción~ 1 lunes. Marchit.ns y oh-idadas en loe jarrooet!,
11111 floree e.xhalab:m 110 olor rancio. , •o e l,abfa dAdo ni
011 plumer.uo.
La !L,f!om. de lnt.-Jennnet x min6 el mannol de 011:1

FLOR DE NIZ.é~
POR A N DRES THEUR/ET.
(T rnd u c lda 011 p e clnhne11.tc
pnra " E l 1'tundo ... )-TIUat:rnolon ehcolu\.&amp; o n
.

n u ot!ltro ■

ta ll oro8•

~dm. 7.-Yéanae naeetroe oúmeJ'Of! deede el .ó de Julio de 1690.
- Por Dioe, ¿de qné ae trata. tía?grít.6 Honoratocon IA8
ÍJCCiones al'8rudas por dolorosa ansiedad.
-To muje1 eet.á en ,•lae de pel1ler ao repntnción v tn
,·11¡,eru de J&gt;(lr&lt;lcrlo ~o, abf!olutamente todo, c;e;po y
alma, lo que ancederá muy pronw i,l no la ponea en orden. 1-'recu,mta una sociedad ain principio , l!!ÍD morali·
.Iad Y eln escróp11l011; tiene por diaria corupaflia ti una
loca come, la ,;e!lorn .,plcler, , mnjeffl! equfrocaa como
Lady i,;nowdrop, 6, la chiquilla Solie11-A11w¡;ne, áutiltr.as,
-'ge1ttessin ,11lor ,~id.la qni~n g•~ di, d6nde. :;e arrui.

na gutaudo en t.ocad0t1 extra,•agantee y compromu,o ao
fortuna, que es algo tuya, puesto qae ere!l el administrador. ¿&amp;bes lo que 1Upe ayer tardl'? Qae d.,be diez mil
íranCO!I á la modíirta, diez milá Ja C01Jturera, mil quinientos
, la Oorista de San Juan y muehodioero 4 todocl m11ndo.
Tu caaa e&amp;U abandonada 4 los criadoo 'y 10 ,-e de arriba#.
abajo un abandono, nna incurÍJl, de que acabo de t.ener
pruebas hace un momento. Eotre tanto, Lú &lt;le nada te
cuidM, á mula atiendes, y no ve, que ei eigue ei;ta eiicaodal0f3 manera de -rh·ir, si durP un poco más eaw d r-

den, eerá el deshonor y la minad,) lo,, dos.
Cuando hnboconc1niito con ~rllgicoadem:1n Cl!ta pri
raparte de eu requieitorla, la eenora de. ·alnt-.Juaone::
dHu~·o para respirar y eaL11di11r el eled.o producido en
611
eobnoo,
• El_d~rnci11do !l,inoraLO ec hal,fa qnetlado como quien
n Tia1ones; conlf'mplaba á 811 tia con oj()S como de náu,
trago fü~lad~, se morJ/a ''" l1tbios Y eedaarticnlabfl loa
dedot en mov1mientoe ton rn li!i vo
-¡Oh, tfaL ..... balbuceó trabajosamente. En verdad

�26

16 Aoosro, 1896.

EL MUNDO.

que estoy confuso, mucho mt'll08 por la re\'elación de esoe
del!órdenea en loe g1111t.os, que por la gravedad de los dtlllvíoe de conducta atribuidos á Yioleta. Pero, en fin, las
acusncion~ de ruted "ºn, me parece...... un poco vagas .. .
Eiipero ..... en fin ...•.• creo que se las han exagerado.
-¡Ah! repuso la conde8a un poco mortificada, ¿preten,;1ee que ponga yo loa pnuto~ sobre la.a i0&lt;1? Puu bien, aqnf
tienes algo más concreto: el otro día In eenorn de SaintPone lia e1!candalizai.lo de modo cruel á loR reveren&lt;los
padree de. 'uestra ::,enora de Laghet, lle,'tlndo en !!11
q uir.o á la. capilla y á los cl:iuetro3, une. bnndn de jó,·enes
cnyo aspecto era incon,·eniente y lo~ propósit-08 ~ncrflego•. En el último Carnaval llevó sn audacia haeta ir á
cenar i la fonda, confundiéndose con lns m,le desvergoniadaa 1nujerzu1-la~. Roqncbillere lo ha sabido por algunas persona~ de su conocimiento que ee encontraban allf,
y no podían creer lo que ,·eían con sus ojod.
-¡Dios tufo! snspiró Honorar.o, ¿ea posible·!
-Hay nlgo peor t-0da,·fa, replicó la implacable acnwdora. Tu runjer no etJ com.enl!\ con aparLal'll&amp; de su caBD.
llennrse de d~ndas y exponer su repuuición. Se deja ' cortejar por un alocado, nn tal príncipe Kamensld, con quien
,;e In \'0 por todas parte~.
-¿Knwensk ¡·:
Honorato ee había pue8t-0 pillido y le temblaban loe labios. 8e ac,¡rdaba perfectamente de haber visto al prfncire en caua de loe ~nrm·erno, y al recuerdo del joven ruBo, Plegante, Reducrrir y robnsto, los celoB Ae le cla,'llron
en mitad del col'82ón como una hoja de acero.
Lanzó una mirada t.errible á la eefiora de Saint Jeannet, y la dijo con voz sofocada:
-¡Querida tfa, i.enga usted mucho cuidado! Pes3 uet~
bien sus palabraP!.. ..•. ;.;¡ lo q11e acaba ueteJ de decirme
es cierto, no vacilaré un puuto:.iré inmediatamente á abofetear II ese millerable, y en cuanto á en cómplice, yo ......
-Escúchame tranquilamente primero, interrumpió la
condesa.
Mentalmente comparaba al príncipe, que era de p1·i mt1m laerza en todos 106 tjercicios corporales, con aquel débil y tort,e llonorato, que en su vidahabfamanejadouna
pi~tola 6 un florete, y este desventajoso p.iralelo la inclinaba á una solución más pacllinl.
-:fo se traLR, continuó, de dar un et&gt;eándalo en plÍ blico. l'!aldrfns el ~or librado y te cubriría., de ridfoulo.
Adernáe, entiéndelo bien, no creo q11e tu mujer sea, eu el
fondo, culpable. .Aunque ha sido muy mal educada, la
creo&lt;lemasiado altim y orgullosa para tener un amante.
rero las apariénciaa la condenan y eeto ya es mucllo. Es
tiempo de qDl' recobres tu autoridad y que la lnb!es como
marido. Sobre todo, nnda de ruido ni de eecil.ndelo; la ropa aucia ae lava en C8l!ll. Haz venir nquí á la senara de
i-aint-Pons, y aou autoridad solemne coll\•é11ce!a de aue
faltae. !:li no te ~ientes con el coruón ba~tante luerte ó
con la mano b1111tante ,•jgnrt1f!3, aquí estamos nosotroE para ayo.darte. Celebraremos contigo un consuju de fa1Di•
!ia, delante del cual tendril que comparecer la deecarriada y hacer el propósito da enmiende.
Esta idea deaentarse ert una espl.-cie de tribunal familiar y notificar ella misma el veredicto de aquel jurado,
sazonándo!o con una acre amonest.aoión, hacfa BODl'llírde
011 modo particular ti. la señora de Aaint•Jeannet.
El papel de justiciera li,¡onjeaba su mal humor y sua
priucipioe ll.lltoriLari&lt;.:a.
Además, habría expe-rimentado fntirua eatiefacción en
abatk el orgullo d~ aquella joven, cuyu bellezu uasperaba 8115 rencorea de t11r,u¡ca.
·
-¿Quiere,;, ru1adió, que seila!emos el dí..? Convocaré ,l
Hoquebillere, al primo Darberis y á Catalina de Colo•
mare.

e,~

-Xc,, gritó Honorato aauet11do, yo me basto A m( mismo para esta tnreJl. Qnerida tía, me hace falta e~tar eolo.
IHgame nsted ía,·or de dejarme para pon1,r !!D orden mis
ideas. El golpe habido &lt;kmiu.iado rudo.
Y apretfodoro In cabeza con 188 mauO!!, comenzó ,t sollozar sordamente-.
-¡Pobre hijo mío'. dijo la C-Oodel!a le\11ntándo8e. Nada
de sensiblerías. Aprende,\ ser hombre. Pien:aa que eres
responeab!e delante de Dioe del alma de tn espo8a y que
debes hacer r~petar el honor de tu nombre. Impón tu
vo!uotnd áesn locuela y hszlaaodarderecho. Porúltima
ve,~ si necesita&amp; de txti ayuda, una palabra y me tendrás
á tu lado. Ahora valor, y buenas t.ardes. Inútil 88 que

quiera,; acompanarme. Conozco bien el ca.mi.no y sabré
1:ncontrnr á mi gente.
Ella ealió magestuosa y él quedóse estremecido, ante
la pnert.a cerrada.
Las palabras de su tía le 2umbabao en loe oídos; la.,
piernas le flaqneab!u,, y se encontraba en el estado de un
hombre que acaba de sentir temblar la titi1·ra bajo eus
pies, y á qoien paraliza el temor de una sacudida mucho
más ,. iolenta.
Dió algunos paaoe vncilante,; en la e8paoio,a pieza, que
ibll ya ensombreciendo i,I crepúsculo y llenando de brumas los irieoe y los rincon~$.
A la caída progresiva y kmta de aquella obscuridad grie:icea, tenía cuncieueia m,is cierta de su aislaDliento y su
miioeria.
Aun cuando no hubiera querido dejarlo sospechar ,t la
~ef\ora de Saint-J.,annet, presentía hacía tiempo que sus
debilidades respect.o t1 Yio!eta, tendrían funeRt.n~ consecuencillB; 1!61o que, como todos los débiles, ee figuraba
que tapllndoae loa ofdos y los ojos, retardnda la ei;pantosa cat&lt;i.strofe, Y sin embargo, ~st.n bablu venido, y más
desast1'08a de lo que ee la había imaginado.
Ya no se trat.nba ahora de losde.eórdeoee en sn cruia. de
la vi~ disipada de sn mujer, gastadora y am.ojadiza¡ su
honor de marido estaba amellllzndo; Violeta alentaba los
Cortejos a!!i iuos y el amor de otro hombre.
A la eo!a idead" que un extraño gozara al lado de su
mujer de e8llS menud,mciU8 familiares que á él le habían
eido rehtl88dna tan duramente, Honoreto grilnba dt: dolor y de celo~. Se decía que aq11ella inclinación databa
quizJs de m,\a lejos, de antes del mBtrimonío y que, sin
duda. el recuerdo de aquel príncipe Kamenski, era !oque
se hAb/a interpuesr.o entre Yioleta y él desde 11, primera
noche de boda. Y en esr.os momentos se veían constantemente y compartían las mismas dulz11ra.s!
En esns reuniones mundanas que tantas ocasionesoírecen á las intimidades culpables, oon la complicidad de
nn medio Jieolnto y demasiado tolerante, la caíJa pa.r ecía Inevitable. C11alquier día sucumbiría Violeta, si es
4110 no había sucumbido ya!. ...... ..
Honorato se detenía aquí bruscamente, y cm rstremecimiento ner ..ioao lo 11t1cudfa de la cabe,a á los pies, y
nua contracción ang11s~iosn le atenaieab.i el cor:\z.ju como
en una crisis de nr.gina de pecho.....•
La biblioteca se había ent1:nebrecido comple~amente;
laa \'idrieras de la ventana formaban !Ólo como una mancha lechosa en la ob:Jcuridad. En medio de t!Mtas negraa
proíundidades, le mezquina silueta d11 Houorntc se movfa
lentamente y apenas distinta.
Se dirigió 11 tientas al sillón y se sentó agobiado de dolor.
En rn ct-rebro, donde las ideas se 11gitab1n confos111nente, llabí;\ tantas sombras como en la sala de e~tudlo.
¿Qn~ hacer? Yioleta iba ,¡ entrar de nn moment.o ,l
otro para cambiar de traje, porque comía fuera d,i casa.
y además era día de abono en In ópera.
·
¿Seguiría los consejos de la sellara de Saiut.Jeannet?
¿La mandaría llam-u A la biblioteca, y di&gt;,poés de reprocñ11r!a con frase dura •u conducta, la daría orddodeq11edarse en casa? ....... ..
Pero sólo á La ide11 de esta conversaci6o, se estremecía
,·iolentamente y un sudor frio le humedecía las eiene!.
Su debilidad de eBpíritu le quitaba toda volunt!Ul eoérgic.'l ~· le aconsejaba términoe medios cobardes.
En sos anteriores discusiones Eiempre habla cedido,
retrocediendo aute la lucha y con la conciencia di, en
iuíerioridad moral, de s11 falta de pres~igio como marido.
8in embargo, la hora eru decisil·a y er-o1 preciso olJrar
re•uelt.nmente, ó tcSigna.reeá una caída humillante,,¡ una
Yergonzoza abdicación.
Trataba de reanimar,¡e, de erg11ir.e, pen..oando en su
dignidad ultrajrula, en su liouor comprometido, en 811
nombre expuesto al ridícnlo. Sí, la haría comparecer; la
expondría sus justos moth•og de re&gt;!entimieot.0, la haría
ruborizar de sus locuras, y la inUmnr/a enérglca-nenLe IR
orden de volverá la senda del deber.
;.Enérgicamente? ¡A.y! ¿DJnde acodiríll á tomar ei!B
Yictoriosa energía? ~o la encontrab:\ ni en so palabra vacilantl!, ni en sus ademanes torpes, ni en en dtlbil corazón!
A la primera mirnda caída de lae pupilaa cambiant.es
de Violeta, perdería todaeu eangrefr[a, t.odaeu presencia

de ánimo. Suponiendo que llegara á dominal'l!e, y á decirla: •quiero,, ¿qué sucederfa ei ella se encaprichaba y
obstinada en su locura, rehu~aba doblegorse y lo amenazah.l con ruido•o rompimiento'! ........ .
¡Ah! !o sulJía de nntemann. F, i era el que se doblegaría,
el que retrocedería ante rl extr~mo de una separación,
porque lo. amaba á pesar de ,me desprecios, de ens friald!ld.es y de st1s falta,; '&gt;Orqut! preferfa sufrir por ella antes que perderl;1 plr;J. siempre.
Pe0Pru1do en esLe dl'oeol11ce po~ible, en nn cltercado
con su esposa, era pre"3 lle nn terror de 11h10; ae le oprimía el cor:\z6n.
h:1medt&gt;cfan sus ojos y senL!n que sus
rBSolociones s~d~elizabrn Mili? el ng11.1 ,m un vaso roto.
¡Sí, ,-¡,fa¡ t-enr. razón en otro ti~mpo! Violeto. Castellar habla de ht!Ohízarlo y él 110 ten(a lu~ tamalioa pura
luchar contra l•llnl
Y se acordaba de la~ p·l:ibra. tle •n humano, de In&amp;
ad,·ertencins qui! le habin prodig11d,1 aquella noohe, .i la
sombra de 1111 bo,que de pino,, mit,11trac el mar iba á ~xpirar sobrt.! la arena con e11s11rros ¡ arl•cidoti á canloij de
sirenas.
De improl'i,o, en su l'l:!1ebro tlceor le11ado brilló un resplandor como un faro e11 medio de la nQche. /.Por qué no
recnrrir :t \'idal'! ...... t1 le ha\Jía servido de iutermtuinrio
para pedir In n,nno de Y1ole111, la cnno::la mejor que él y
subi:I hablar co11 las mujereF. ~,a el jefo de la familia y
poseía la autoridad que &lt;l11n 1111a n,lnnt.nd Jirine y rt'Cta,
1111 espíritu superior y d lrnto ~ocinl. Su intervt:nci6n
mol.,starla meaos it Flor d11 :'.\ü.1 qne 13 mediacit,n intrusa de los otros mii,niliro~ d.., la fomili11. Respetaría el
runor propio de la jo,·en, y .,,·itaríu entre loa eeposc,s esOB
mutuos reproches qne ne:, brn ai,·111 pre por oíensas irrep11rables.
Yi&lt;lal con su tacto, su g~unoeitlai.l y &amp;u energía eerfa
al mismo tiempo un árbitro u,·ero y '.In podi,r&lt;&gt;so pacificador. ¿Cómo Ilonorat-0 nó había pe nudo desde el principio en Eolicitar la aymfa de sn he1111:1110?
La coEa era tanto má!i facíl de reali?.ar cuanto qne, halldndose \'ida! actnahneule en J&lt;'lorl!ncia, podía acudir 'Niza veinticuatro horas dcs¡mée de hab~r recibido una
carta 11n poco apremiante.
Honorato decidió escribire&amp;ta carta inmediatamente, y
hs~ta la llegad:&amp; tle au hi,1111a110 r¡,1t.Jar rePpecto á Yioleta en el cas., de-"""' quo "'"" bt'/Lu.,,,.
&amp;te expt:tlienle líijo11je11b;1, 11"""• s11 debilidad, en alto
grado le concedía algu ""~ &lt;lías d~ ..,pera antes de la explicación Et1 prema y ~aLi,i.icía ~W! tl luurc~, dt-jando tranquila eu coociencia.
Llum6 á un criado q11e trujera lnC&lt;'s, y tllu pronto como e,turn la l,liupara enci,ntli&lt;la, "" si,m-0 ante su escritorio, ma.sculló un momento el poruip!uma y escribió
lut-go la ca1·1a ~iguii,ute, á lua n,c,·s interrumpida por
paw;as meditabumins y dolorogo• tiUSpirm,:

ª"

0

•Mi querido hermano:
•A pesar de que no nos escriui.noij ni á menudo ni lar·
gamente, •é cnúnto rue quien,,,, y con cuúota seguridad
puedo contar contigo! Así, pue¡,, no \·n, ilo en 11cudir á
tu lid cariilo, porque tengo gr:111 uec.,siJnd de tu au.xilio.
•Soy mny dl'8gr11cia,lo, ¡ VidJl.11 y d~egracwdo por caua.
mín. Pi,ro antt-9 de decirte ~, nuxilio que de tí eepero.
debo l.iaet-rte una ,;incera confoHiÍlu, y es ésÍa: Record&amp;•
nla con q11é insillten.:ia t,e eupliquéque fue,es mi ab&lt;'gado
ante la ·ra. Cnste!lar y q11é pl'i~a w.i daba por con,·ertir•
me en s,1 yem,¡, ú dlll'pl!Cbo de tu~ t.1:mor,s y de tus objeciones aíectuoEUs. SalJt.s rau,bi,:n, con qué palpitacio•
D"8 d .. alfgrf¿ conduj., si n!t:1r á In mujer que había escogido, p&lt;&gt;rqne la amaha epwionndiune•,te. ¡Ay, amigo
mío! .Mi ah•g•la h.1 sido cort~ y pu111.11ntt:s deeengafloa
la hau ~•·guido. T.-nía.s rezón: cnn:cíu. yo de los tamano,
para crumrmecun \'io!.,ta Castellar. Loa hombres como yo,
cuya debilidad 1norn! et! ig ,ul á ~11 debilidad físíca, no deberían nunca pensar en e-1 uu1trimonio. DE'l!de la primera noche comencé rual; me había imagiLado qu11 basto.tia
amar ar&lt;lient.ementu á una 11,ujer para eei- amado por
ella. Xo sospecha ta que la explosión del amor más ardo•
roso resulta ineficaz si no está uuida al dóu de agradar.
lle cn.m!ado á \"ioceta con mi ternura de=iado humilde, Y solamente .i. aufatiga ó :1 eu compaei6n la deboesu
moei,tra.@ de cariiloqne no son deliciosas sino cuando son.
concedidas en virtud de un impu!sode! cora1.6n. M.i mu•
jer no me ha perdonado este wo1•imienk&gt; de com~i6n,

16 Aoosro, 1896.
yo he hecho otro tanto con su desdeilosa condescende.n•
&lt;:ia, y nuestros mutuos rencores han abierto entre los dos
nn abiamo. Herido en mi amor propio, me he aislado,
dejando á Yioleta que !anguideci011e en la soledad.
•Entregada á e! misma, se ha cansado más pronto de
sil aislamiento que yo de mi enfado, y ha buscado die·
tracciones fuera de su casa. Ha freeuentado la sociedad
abigarrada de la colonia extranjera; se ha lanzado en ella
como un torbellino, y ha perdido la cabeza. Se ha hecho
mlia disipada y má,¡ excéntrica que las aventureras y IBS
!ocaa que la acomprulnn. Ya adivinas el resultado de este
nuevo género de vida: el bogar desierto; la casa entregada á l011 criados; las prodigalidadea desproporcionadas y
las deudas. A la primera observación, me cerró la boca,
dicifodome que ern libre de gruita-r á su albedrío el dine•
ro que había aportado al matrimonio. Lastimado porest.a respuesta ofensi\•a, resolví en un principio sufrir en
silencio; pero sus excentricidades hacen ahora demll8iado
ruido, y no pnedo callar por más tiempo.
u Esta miserable sociedad cosmopolita me la ha robBdo en
cuerpo y alma. La han \'tlelto loca, la han mimado, alentado, basta llegar á las m!L! rnidosas a~•enturas ..... .No creo
q11e todavía haya llegado hasta el extremo de ol\-idaree
de sus deberes; pero está 0ll una pendiente fatal y me
hace d~aciado. Sufro, Yidal, sufro como un condenado, porque la quiero á pesar de todo, la quiero como el
primer dia . .A las amargurlll! de un amor uo comprendido, :1 las torturas rle loe celos, se une la rabia de no po·
der hacer nada para cambiar lll!t.e estado de cosas. La
veo que se pierde, y tengo la conciencia de mi incapacidad para salvarla. Lloro de vergüenza, penaando que me
faltan energía y autoridad pllrlL obligará la infeliz á volver por el camino recto.
•En esta angustia, querido hermano, mi querido hermano mayor, no tengo esperanza sino en tí. Tú conoces
la ,·ida, eres fuerte y sagaz, tierno y enérgico; únicament~ tú puedes eah•arme y conducirá la senda del deber
eeta alma. extraviada. ¡Socorro, Yidal, ven pronto! Toma el primer tren, y acude directamente A mi casa. Te
espero como una providencia. Apresúrate; cada dia lle
tardanza hace más peligroen, más irremediable, quizás,
la situación de tu pobre llermano menor que tristemente
te abraza.
Hoxo11..,'!o."
Cnando J¡ubo cerrado la carta, Honorat.o, envuelto en
un abrigo viejo, con el sombrero de fieltro hundido hasta los o¡oe, cerri6 á llevarla al correo, con objeto de tener
la certidumbre de que sa!drla aquella misma noche.
Por uu moment.o la mantn\'o soapendida encim:1 del
buzón, luego la hin1.ó en la abertura.
Y rozando lu" paredes, corriendo en la calle pob!aclu de
tinieb!ai,, como un la.dr6n qnc se oculta, entró furtivamente en la caea, y fné A refugiarse en su bibli.oteca.
• Sé dejó caer si.u respiración en un sitial, en tanto que
afuera oía un ruido de ruedas deslizándose sobre el em•
baldosado, y luego la voz enronquecida del cochero, llamando al conserje para que llbriese la.e verjas al ,x,11p11
de la eefiorn de S11int-Pom1.
TERCERA l"A.RTE.

Tres dills delJ])uéa, como á las siete de la tarde, bajaba
Yidal de Saint Pone del tren de Géno\'a y se hacía conducir á la calle de Qirabace!. Se habfa put'ato en camino
sin a,•isar á nadie, pretiriendo llegar intempestivamente
á la casa de su herm11no y dan!e cuenta mejor de la situación.
Desde que echó pie A tierra quedó desagradablemente
impresionado. El portero no ee encontraba en au pieza;
ni en el piso bajo, ni en el primero de la casa brillaba una
luz¡ en cambio el gaa flameaba en loe :iótanO!! di, la servidumbre, y ti juzgar por el rumor de la ,•ajiJ!a, acompaf\ada de risll3 ma.'!Culiuai, y temenioas que ascendían de
las ventanas de la cocina, no se debían aburrir mucho
allí.
\'idal tuvo necesidad de t-ocar tres veces el botón an·
tes de que ee d&lt;.&gt;Cidieeen á. cont.est.ar al sonido del timbre
eléctrico.
Por último la puerta del vestíbulo íué abierta por aquel
millillo lacayo que había irritado la bilis de la aeflora de
Saint-Jeannet.

ELMUNDO.

27

-Ah! ¡ru¡&gt;O'llt'J! murmuró ir.ónic:amente Vida!. ¿Y no
El tuno, con lne ojos inflamados y la boca mal limpiada todavía, midió con una mirada cínica al importUDo has hecho ninguna observación á tu eapo~a, que ha abandonado de este modo au Clllla y eu marido?
que venía ,¡ molestarlo á miud de la cena.
-¡Dios mio! Xo he juzgado prudente decirla nada an-¿La eenora de Saintr-Pons? preguntó Yidal.
tes
de tu llegada ...... lle preferido eepe~rte para dar nn
El criado qne jamás había visto al primogénito de loa
gran
golpe ......
Saint-Pons, conservaba la. hoja de la puerta entreabierta,
-Voya! l'llo has reservado el pa!)el de hermano terriy respondió con tono malhumorado:
ble ...... Muchaa gracias!
-La sel'iora vizcondesa no está en CMa y el eenor viz-Perdóname, querido Yidal, reconozco que he hecho
conde no recibe á nadie á esta hom.
mal
y mi cobardía debe causarte lá8tiwn ...... Pero qué? ..... .
-l.Iam uua excepción con su hermano ...... Soy el con•
de Saint-Pona ...... Lamento mucho, aiiadi6 sarcástica- Me siento tan torpe, tan deprimido! ...... He tenido miemente Vida!. intennmpir!o á usted. en su comida, pero do de ceder, echándolo á perder todo ...... ;\lira, cuando
me ve con sus hecbicerne ojo• grise~, pierdo lo cabeza,
me conducir!\ al lado demi hermano, y pronto! ...... Des•
balbuceo, y d"jo que se me escape11 ta.lea tonteríl\8 ......
pués har:1 usted que tomen el equipaje que he dejado alhi
-Mi boen hl!rmano, te encuentras en peor ~itnnción
abajo, en el coche...... Yamos, estoy á sus órdenes.
Dominado por el tono en.;rgico del recién llegado y no de lo que presun:íu ....... ¿No comprendes, de~graciado,
sabiendo con qnién teula q11e entendél'l!Clas, el criado se que cada nu.,vo acto de debilidad te hntá bajar más y
inclinó obsequiosamente y encnminó á Vidnl hacia la más en su eoLimación•t Los ni11o,; mimados no sienten
biblioteca, cuya puerta abrió, después de haber tvcado cariilo hacia los padtea que los conaienten¡ las ruojeres
proceden de igual modo con loe 1n:1ridoe demasiado incon discreción.
En un rincón de la pieza ilwninnda por uua sola lám- dulgentes ...... Los desprecian á medida que ellos concepara, lronorato cenaba eolita.riamente en una mesilla co• den, y se atreven entonces á cometer las moyonis loculocada cerca de su escritorio. La modesta luz, atenuada . rus ...... ¿A di'.mde has llegado con tu &amp;istema de bPnevomás todnvfa por una pnmalla, dejaba en una melancóli- lencia'I Todo, en tu ca.~a, se lo lle,•a la corriente. Tu muca sombfll el resto de la biblioteca, concentrando toda jer deserta dt.i su hogar, tue criado~ entran á saco, en tansu claridad en el pálido semblante de Ilonomto y el ex- to que, relegado en 1111 rincón, cen11• como un desgracia•
do, en el extremo de una mesa ...... Cuando, hace un mot.remo del mantel en donde se había pue!'to el cnbierto.
El menor de los Saint,-Pons levantó la cabeza, se puso mento, he visto todo esto, me l,11 ~ubido el rubor t'. la
frente, y me Lte arrepeutido mortulrneme de haber inlos lentes)' reconociendo á su hermano:
tervenido
en este maldito matrimouio! ....... ..
-Ah! exclamó, querido Vidnl, qué bien llegado!
Trngó algunos bocados, vació de un tn1go el vaso deviY luego, dirigiéndose al criado:
-Hagn usted snbir el equipaje de mi hermano y pre- no, y rechazando su plato:
-Y ahora ¿qué vt\8 á hacer? exclamo. Me esperabas papá.re!e una habitación cerca de la mla...... Que tmigau
ra
dar un gran golpe; muy bien: pero es necesJ1rio eaber,
otro cubierto, y salga usted en seguida.
además
cómo has pensado proceder y hasta dónde quiere,;
Cuando estuvieron solos, Honorato se arrojó al cuello
que lleguen lo.s cosas!
de su hermano y lo abrazó conv11l!ivamente.
-Yo había pensado, dijo tfmidnmente Ilonornto,
-¡Cuán bueno eres en haber venido! ba\bnce6. Yo no
que
consentirías en l.iab!ar á Violeta, en hacerla "er el
dudaba, por lo demáe, de tf, y te aguardaba con impacamino peligropo 1::n donde se ha arrie@g'!do ...... Creo que
ciencia.
tn autoridad bastan! para hacerla volver hacia la e~nda
Y ida!, al devolverle su abrazo, había fruncido las cejas.
del deber ........ .
Contemplaba con aire de diegusto aquel pobre alum-¡llnm! ...... Eso es muy delicado y te engallas tal vez
brado, aqne,lla mesa descuidadamente ser"ida, e::i:travia~
acerca
de la eficacia de mi intervención. Supón que Vioda en la amplia pieza lle11a de tinieblas.
leta,
mal
aconsejada, ó contenta de su nui,va vida, me
-¡Pobre hermano míol murmuró.
manda i!. paseo, ¿estás decidido á llegar basta el ext?emo,
La eorpreea y la c6:era le cortaban la palabra. Al cabo
y separarte de ella?
de un instante, continuó:
-N61 exclamó con temor el desventurado, n6I eeo nó!
-¿!caao cenas á menudo de un modo tan fúnebre?
-Y
sin erobargo, rt-plicó Vitlal impacieute, no puedes
Honorato moYió tristemente la cabeza, y lnego, como
permanecer
eternamente en la falsa eituación en que te
la puerta se volvía,\ abrir, se llevó precipitadamente un
encuent11J.a. Es necesario qne tu mujer Ee someta l, que la
41.edo á loH labios.
El criado eutr6 de nue,·o, trnyendo un aegUDdo cubier- dejes ...... ~ o hay otro remedio.
-¿No te he dicho que la quiero á pee.ar de e.us !altas?...
to y un plato de tagliiui11i que, con un troio de jamón,
Si
la pierdo, me volveré loco y seré más deegraciado cien
constituía todo el mrmí.
veeee que hoy.
-Esto está lúgubre! dijo Yidal con su tono de mando.
Vida! alzó los hombros y se levantó brUBcamente.
Encie11da usted otra !ámparn.
-Si
hneta ese punto estás fanatizado, uo hay más sino
El e:r\'iente obedeció, en tanto que 1,I conde se paRearesignarse
y df'jar rodar la11 cosas ......... Pero entonces, te
ba con iwpacfoncia por la pieza ob.curn. Cuando la sepregw:¡to,
por
qué me bae becho venir de Florencia?
gunda lán1para estu\'O enceutlida, Yidnl agregó con su
R~inaron entre IOB dos algunos minutos de profundo
misma ,·oz imper&amp;LÍ\'8!
-Ahora, ,Jfjenoa UBted. í'a lo llamaremos si lo nece- silencio, int~rrl.llnpido únicamel}te por los p118os del hermano mayor que se paseaba malhumorado en la bibliocito.mos.
teca.
Cuando la pnerta E0 hubo cerrado, atrajo eilenciosaDe pronto, en 111 amplia pie.za a.lumbrada á medias, ee
meote hacia él el plato de lngliari11i, sirvió á en hermano
dejó oir la vo1: quejumbroea de Honorato como el lameny después se llenó su pinto:
-11.,rmano, suspiró Ilonomto, vas il ce11ar bien mez- to de uoa criatura enferma:
-Te lo suplico, Yidal, no me abandones ......... ! No te
quínament-e.
-No te preocupes por mí¡ no tengo hambre ...... Todo tengo siuo ii tí en el mnndol.. .... Eu medio de mis anguslo que desde hace un cuarto de hora esto:" viendo. me ha tias c&lt;.ontn.bacoutigo como con una providencia ..... . ¿Quéquitado el apetito....... Ante todo ¿en dónde está tn va IÍ. ser de wí, si rebmas ayudarme? ...... ¡á..h Dios m:Co!
¡Dios mío!.. .... soy muy desdichado! ..... .
wnjer?
Lloraba con la Irentt! oculta entre ambas man O!!. Los
-En Saa Juan, e11 casn de los M:iruverno.
espasmos
de IIUS dolie::itee sollozos traspasaban á. Yidal;
-¿Se ltnn eepara&lt;lo ustedes (fügustadoe?
reaonaban
en SUB oídos como el rumor de un eco que @e
-Nó; nuestrne relaciones conlinúan siendo las mismas ...... ni mejores ni peores ...... Anteayer, me B\1isó que propagase en la bóveda de un puente, evocando tierno!!
había sido in,·ihtda á pBtar nr.os días en la l'il/a Olim- recuerdos.
El hermano mayor 1·olvía á ver áHonorato niiio, aconpia...... Debe repre8entarse nll( no sé qué comedia en la
gojándO«e
por un juguete roto, lo volvía á enco11trar en
que ella tiene un papel. La llurnabnn pare el ensayo geel
patio
del
colegio, en Mónaco, perseguido por camaraneral.
das deseosos de jugarle una mala paaada y ar.rojándo..ecu-¿Y esta ausencia"ª,! durar mucho tiempo?
-No eé; la reprel!eJltnción debe efectuar&amp;e esta noche bierto de lágrim&amp;s en loe brazos de su hermano como en
y supongo que Yio!eta rt&gt;gre~11r-.i dentro de dos ó tres un refugio seguro ....... ..
¿Por qué no había de continuar hoy m papel de prodías ......

�28
tector, como en otros tiempos? ¿Por qué retirarle la mano
en el n1omento en que el infeliz s.i encontra.b a, más qoe
110noa l!in amparo, tnás que nunca víct.ima de m debilidad y de lllB durezas de la vida?... ...... Si .e n aquel lna·
t.snte Honorato suíria cruelmente !l ca118l1 de on matrimonio mal B\'enido ¿i.o era Yidal en parte reepom,able
de aquellos anfrimantos? ¿Acaso no había procedido con
alguna insuetancialid.ad al consentir en la unión de dos
eerei, que no fueron creadoe para entenderse? ........ .
Se echabe. en cara au egoíamo y su acritud; luego e..ts116 denlro de él un rno'o•imiento de cóleni contra aquella
\"ioleta Castellar que tan cruelmente atormentaba ii su
hermano, y juróse haC('r entrar en rBzón á la rebelde criatura, qu11 tan pronto había dado al oh•ido •lll! prometa~.
\'olvw~e con presteza hacia llonorato, lo tomó gua,•e·
mente por los hombros, y ahradndolo: ,
-~o llores herwano mío, le dijo. ¿Quien habla deobandooarte? ¿:',o estoy aquí, por lo comrario, para auxiliarte
y sostenert.e? ...... \'amos á yer ¿no acnbo• de decirme que
tll m11jer repre~;,nta eet.a noche una comedia 1m ca~n de
los 1\Iaru v~rno·?
-Sí, In representación estaba anunciada para esta noclte.
-E,pera, calculú \•idal escando so reloj; ,·an á dar las
nneve ...... ?i~esito cuarenta y cinco minutos psrn irá
E~n J unn, treinta ¡,ara cambiar de trajo ...... .Así, puedo
lls,gar all:í á lru; diez y cuarto. \'eré á tu esposa tan pronto como deje la escena y te ¡1romcto trll.erl11 aquí antl!ll de
las doc,·,
-¿llará!! &lt;'HO tú, mi buen \'idnl? murmuró el hermano
menor e11jugándoae l&lt;J~ ojo! y conl'emplando al oLro con
ndmiraci6o,
-Lo haré .......... {. c11audo meno~ lo intPntaré todo por
alcanzarlo ...... Llama ú tu criado paro que me conduzca
á mi habitación y- em·fn111e á buscar un buen carruaje....
Ah! como es oeceEnrio prevtierlo todo, ordena que lle\·en
al carruaje uno de los abrigof! de Yiolt&gt;ta r nna manto. de
\ iaje bnsL11nte grue,;a.
-Hennano m!o, ruurmurú \. ida! salt,lndolll ni cuello,
me sah-aa J¡¡ vida!
)ledia liora despn:,, \"idal; de frac y corbata blanca,
entraba nue\·amenle en lo. biblioteca.
-El coche eslá füt&lt;&gt;, le dlir&gt; sn l1ermauo.
-Yaya, 110 perdámos tiempo ...... lluenna noches, her•
mano; no te impacieute.s y confla en mf.
m vehículo lo E'sperab11 abajo de la rompa. P~spué~ de
al,QtonBN&lt;e su abrigo y enceader un cigarrc, Yidal dió
ortlen al cxhero: •San Jaau, t•UI" Olimpia; aprisn.!"
Partieron. El carruaje atran'l!Ó rápidamente Paillón,
cost.e6 ,.¡ puerto y 8Ubió el camino de Montborún.
La noche estaba tibia; el cielo límpido y eernbrado de
estrellas. Eu la sombro transparente se vela el blanco camino suependído ¡,or encl ma de las roc!l!!, r m,is allil, en
el fondo, el tnar, en donde punzaban las luces móviles
de los fnroe de Antibes y del cabo Ferrot.
Hundido en un riric6n del coche, íumab3 Yidal preguntá.ndose como se arreglaría para arrebatar á Yioleta,
en plena :!!esta, decidi~ndola á que lo siguilltie. Se había
comprometido un poco al prometer ll su hermano este
pronto régl'E'.SO de la O\feja extraviada. Ante todo, había
pretendido eert'nar á Honomto, pero aliora le era preciso pll88r revista !l los medios que tenla ante eí para e\"1tar no Ha.,,co deplorable.
-¿Qué e•pecie de mujer Yoy á encont.rar? se decía para sue adentroS, r volví• á ver con el r~uerdo ála enigm:ltica y encantadora joven que habla conocide&gt; UD afio
ántes.
En verdad sus ojos color gris de acero ocultaban algo
que lo inquietaba. Pero á pes!Lr de esa impenetrabilidad
de eu mirJda, pareda tao ingenua. tau natural, tan poco
i ,ifü:iooada de h malaria contagio.a en que se agit.-i.ba por
primera vez!
¿C6mo podo cambiar y corromperse en tan poco tiempo? ¿Cómo? Ah, Dios mío! era mujer, y por lo mismo ma•
rm·illommente apta para sufrir la inftuencin del medio
ambieat., ........ .
Y idal fué e.! primero en reir!e de la inCOlll!iJ:i~aclo. (de
su W30mbro, rllCOrdando CJn quéfacilidad!;lnaoampesi!!a
cualquiera, saüda apenas de su aldea, unn vez lanzada en
el t&lt;,rb~lli no, llega á da.r se el aplomo, la el\gancia y el
aira de gl'!UI ~eüora. ¿Necealtaría m.1.6 tiempo llnll mujer
honrada para tomar el .aspecto y hu .aflciones de 111111 ao•Cii:d.ld ~uC,,.oca?

16 .A.oosTo, 1896.

EL MUNDO.
f!e JIC!Ord6 también de las palabras que ~e le escapa~n
á Flor de Niza junto á loe c:amellonee de claveles de los
Maruverno:-,,Siento en mí lo. fncultad de hacerme muy
buena ó muy perveran, eet:ún la influencia que reciba. • '
Desde entonces Yidal había d~confui.do de ella á canea de esta declaraci6a. Iloy tenía impaciencia por apre•
ciar hasta dónde ee había pervertido aquella jo\fen, bajo
la det.etltable influencia de stUI amistades.
-Si 1:l mal no existe más que en 111·suJ&gt;'!rficie, se decía,
eer i facil obtener la CW11Ci6n. Pero ei el \·irne ha contaminado todo el organiemo, ¡cuiint&lt;• lo siento por mi po·
bre hennnno! ...... &amp;,gún mis recuerdo~, "Violeta me parecía tan "olnntario,n. como reconcentrada. Eu nnturn•
le¡;;as eemejaates, nada es superJloia;; la pasión qne laa
inYade, perturba el alma l1asta sus más intimas profundidades. En fin, pronto lo ,,eremos ........ .
Y lo iba ó. \'er pronto, en efecto, porque ya ee acercaba
al tkrmino de su ,·iaje.
Los persiRtentee perfumes de los naranjos en flor y de
lo,, matorrales rozados por las ruedas y la cubierta del carrnaje, indicaban que había lraspMado In verja de la rilla
y que rodaba por la avenida. principal.
Yidal distinguió luces fugitivas entre el follajp ; lnego
\'ÍÓ, al dar la última vuelta, desplege.rae anlc su \'Í•ta la
iacltoda del gmn palacio, proíoumente iluminado y proyectando ii tro,·é~ de lae amplias ventana.~ toda ona irradiación !osforesceote sobre los jardinee sombrfo~.
Nuweroaos trenes se estacionaban en el lado de IM caballerizas; grupo9 de cocheros se de~partamaban bacien
do rui~o por divewui partee. Al apeanie, Yidal supo por
uno de ellos que 111..iorn se penetraba al palacio por la rotonda exterior cuyos intercolumnios se habían tran~formado cm bastidores.
Co~t.eó In terraza, y no sin trabajo, se deslizú por entre
las profundas masas ne ci\!!acns negma hast.a la últi m11 fi.
la de Isa aillas ocupada A por lus seflora.•.
Cnnado le pasó el deelumbran1iento que le cauBftrn el
pe.so brusco de la sombra:\ la plena claridad, Yidal not6
m!ÚI allá de los fil.as movedizas de lw; e,,pectador115 entraje de baile, un teatrilo al fondo, eu la parte de! salón que
comunicaba con el !'E'sto de laa lmbiro.ciones; y del otro
lodo de la rampa, reeplnndeciente y cubierta de flores,
distinguió loa per¡¡onajt&gt;a qne ~e moví~n en escena.
Hacía liempO que la representación había comenzado.
Yiendo á la ligera un programa que bondado~arnenLe le
prest,l, un yec;ioo, \'ida! supo el Lltulo de la pieza que se
ponía en escena ,,Cnpricho11 de Mariana."
La escena representaba 111111 caUe de Xlipolee, con un
ernparrado de host.ería á la izonierda y en (rente In casa
del juez Claudio. Oot.nvio-el príncipe Kamenski-con
justillo color de ro a, bordado de plata, hablaba con un

AG!~TO,

1896.

29
EL :MONDO.
--========== =.==~ =======================

'
!~cayo. Se oyó entre bastidore~ el repique de una campana de igll'Si.a y, luego en la sala, resonó un aplauso general saludando la entrado. de Violeta de Saint-Pone, A
quien ee había confiado el papel de Mariana.
Sé adelantó con loa ojos bajos, llevando en la ruano en.
devocionario. Su traje y su tocado estaban copiados de
una de las figura~ de la Pri,ria rna de llot~icelli. La ena•
gua de largos pliegues, ligeramente recogida de un lado,
era de brocado de seda blanca bordada de rosas. La cbaque~a, e.ecotada en redondo, adornada con ramilletes de
cla\'elesenc:irnadoe descubría ru.uplinmente el cuelío y nna
parte del seno. Los cabellos rizados camn en tirabuzones,
cubriendo las orejas y las mejillas.
Oct.a \·io, coa vo?. un poco gangosa interpelaba á 3Iariana. Entre los dos, el diálogo ee cnnaba \'ivo y animado.
.\mi.los parecfnn plenamente posesic,nadoR del cnrácter
de loR pen¡onajes, y desempenaban en papel con tant&amp; lDás
naturalidad, cuanto que la exq11i~ita prosa de ~Ias~et lea
servía admirablemente para expresar sus propiO!! sentimiento!!.
El prlncípe Krunenski Rl'guía siempre euamomdo de
Yioleta, pero sue eaperanza8 hablan qnedado casi en el
mismo estado q11e en el día de la excnr~i(w á Lllghet.
Un momente, en \·erdad, la senora de 8aint Pons, por
curiosidad&lt;&gt; por osadía, Lu,·o la veleidad di' abandonarse;
pero al día signieote, al examinarse á fondo, se lrn.bía reprochado su capricho de la ví~pem.
Pronto ae rehizo. El principe, cuando acudió á la cita
indicada, e61o encontró 'á una seilora perfectament11 dnefla de eí misma, dispuesta aan á coquetear, p~ro decidida
á no llevar !ns co;;as más adelante.
Kameneki 110 se desalentó por tun poco y se dedic{, á reeol.rar el terreno perdido.
Halagadora unas vece8, deadeñat&gt;n otras, Flor de Niza
no .sentfa cm su corazón eHe no sé qué, que arrastra á la
mujer, á cederá lo~ arrebat,os de una verdadera pasión.
E □ los instantes en que IR adoración empalagosa de Ka.meoeki la llrgaba :í lo \'ivo, uno. de~contianza de él y de
sí mi;mn, 11n térror ~úbito la defendlan cnntra uaas ca•
ricias deOUlttiado stiductorae. Tratal,a entoncee de desviar
el peligro, moflindosi. de la, pasión de su enamorado.
Ouando lo veía más conmovido, miil! elocuente, arrebatador, procuraba rechazarlo con punzante!! burlas, 6 con
una aíect.'\ci6n de indi!erenci:1.
Cpntrlll"iado ¡1orque no se t.omaba á lo serio su amor,
el príncipe, qoe no era tonto, replicaba con etipiritual vi\'acidad ,1 lo broma lll«! nLrevida; se punzaban mutuamente.
Renovadas sin cesar e~tn~ e!fcammuzas, daban por resu1tado la sobreexcitación de ambos, y ener\'ándolos ha.cían la @ituaci6n más delicada y peligrosa.
• ( Conri,murá.)

,/..--~~
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30

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~~~.~--- ·~ ..f.•;-;. -=-

FLORDENIZA
POR ANDRES THEURIET.
(T.raduc1da eepeclalnient:e para "El M ...1.ndo ... )-D lll!l'tr&amp;Olone"-' hechas en nue.. troor talleres.

Núm. 8.-Yéanse nuestros números desde el 6 de Jolio de 1890,
Da auer~ que en aquel pequeno escenario de lo. 11ifla
'()limpia. Kamenski, bajo el traje de Oetin·io, decl'll con
perfect.a sinceridad:
•Yuestra. nodriza ha vertido en \'UeBtros labios generol!Jlmente la leche de la indiferencia¡ aún guardáis en la
boca algnnM gotas que humedecen TIJeatraa pahibras.. ....
No podéi!! ni amar ni aborrecer, y sois, !lfarinna, como
lae roaaa de Bmgala, 11in espinas y sin perfumee.•
Y enand•&gt; Yioleta, con loe ojos púdicament.e "eladoa y
'la boca desdeflosa, exclamaba:

.

,,¿Qué;eaen último resultado la mujer? El entretenimien-

to de un i astan~ una fr.i!gil copa que se acerca 4 los labios )' Ee arroja por sobre el bombro. La mujer ¡ babi un
adminículo inJu:l!cient~! ¿No puede deci1'8e al encontrar
A alguna: Ah( va el vencido de uo dfa? Sólo nn colegial
en talee materias, bajaría ante ella loe ojos, diciéndose
muy bajo:
-A.111 va, quizá.a, la felicidad de una vida entera y la
dejo puar.
lnfu.ndia ella tal acento de l!IU'Clll!mo y de ver ]ad 11. sns

palabras, que el auditorio la escuchaba extasiado.
OI1111e mu.rmnrar por todas partes:
-¡Es nno. maravilla! Represent.a oomo una comedianta consumada!
Y todos aplaudíao ti rabiar.
De en medio del grupo, en que permanecía inad..'f/rti•
do, Vid11I no apartaba loe ojos de aquella admirable euoamaci6n de Mariana. E:ncontraba il \'ioleta muy bella.
y comprendía mejor el encanto que ésta ejercía eohle el
den-enturado Hooorat.o.

���EL MUNDO.

34
Todo le 1 nttctu Jigcro, nlaorn que Et' npcjllbn en el l;n1-

io de\ idAI.
III

,·¡

Tr,
r n:i d r = m, ju~ e ·:u,lo,
'ct.-i, \' .. li•
,fa de d.iro. y C6 1 rn, · ml,rrro c. ¡1rim:l\·cr:1, ·1,,11 ido
ni cCJr¡,iai un r.m i lelt d r'&gt;!;l' 11:;t11r:ilcQ &lt;'ntr:1L1 CO'llO
un rnyo d so: en l:i ullJliot~, n dom.le 11 nuratc, y Y1•
dat In ~¡..-tnblu í.Jmnr: lo ci,r"lrrtll •
-, n r,., dij j ,n lnwnt , 1 1:nc r,quf t rnc•trn di
po~j 1",n.
.\\·ni.:..(. ,,:,.el 1 , d • l1c n.1:11: •, hizo 11:i pi. c·ul.Cm
rc1·e1Tnci:1 y ~gr&lt; g~:
- .11111D\'11

me ha q11i111Jo rmc:lio IÍ~mlJQ ,•••.• ¿r.'I

del ti,;:to ele n~trdl'f\'/
-I:u 's cr.clr lnl;im, rcspor 1i,; 1J inar.ito. .
O giú I m:11;, ,fo E I i-,mj, r, ec inc'ln!,, y r,o~ó en el:a
J~r~nrnrnt ua ' U .
01.! 1•1 ni C'lrt .to de too,,.¡ ro Yid:ilea j 1r1. mtl.q
Ec,·cr-1 .........11 •l,'C' 11 tetl, ecfior, ~ho kv,;r:ido a6 rndlrlc y

m · cnc,1 ulr-l 11- !ed snllcicnhnnente enciln"
-V,•I modo 111ás r11°rírc10, 1't'plic6 ñ rn v 7. el eOJ1d1 : el
ramilktr
ne o un p!):o ,i,tos p:uu d lugar á donde
,·nm~, pcr:i rl ¡ll1c1&gt;lo ~. 'i1.n nmn llll! flor, y hl quedan
,¡ 11 d tun i,ien que los cs¡mctadorl.'s de In 1'&lt;1,i611 nodo
pcidr.1n decir.

Tk11tl n rn ltn d In ifl,1 Oli'Ilpin, Violeta de SalntI\,119 cumplln ,. lientcmcnte la, ¡,romc.."!IS hechas á f.11
cnliado.
LA nocl,e mismn de im vndln sfl omclib ti. la op&lt;'r&amp;cl6n
ruls clclirndn y pcnom: la rPConcilinción con r;u mnrido.
P&lt;1r lo dfmás, f'Ete último, dema!!iado foliz con el (.xito
n1camndo JH;r \'idal,
rn!'ll!tró grn •roso.
• "i slqnkra 1ll'jó 11 flor de Nlza I enojo dt1 íorm11l:it
trn neto de cont.rici6n, y le C!'rró In LOCA con efaE.i6n El
ptibr mnnc Lo no&lt; 1nb:l lnn irritado y elntténdf')8c a¡;rn•
decido n11lc o&lt;¡•ll'lle. 1·c pcnliun eumie16n, ncogln á !mizos
abiertos 4 la lt!j. ¡wódig:i.
~\I aig11ic11t • din, 1 E !iorn de S.'llni l\me d6llll carln
lllnnl'il &amp; l u cnna lo pnm ponl'r L'n decuelún Jns reformns
proytctndu y In mg1111izzndón ,te II JJU YII r-xi lenci:i.
\"ida! cornu 1.nlia limplnndo la casa y reduciendo el
personal de 1(18 dom6i1ico ,¡ non cocinem, on laC11yo y
unn &lt;ktnccll:i.
Drj \Jll ti su cargo ul dcse:nbrol'nr !ne cnenl:ie, y :iqoi-

dar 41, ,a pronicdort•e,
Por un. Jlllrt~, \'lolN f.rtte.t.lnbn la prm,:inilJad del
tiempo de l'dl'cua r:ira eu~¡1endt•r eus lu11et!, relum.1t toda
ln\'it:11:lí,n y t'crnmm [lU rtn á su• artigu &gt;:1c-.1m11rndll!de
holgririo,
I.n con ígna &lt;'rll 1111¡,!:imlJkmenL&lt;' r ¡;pelnda por un nnelmLfu 11:imndo de :,&lt;au-.l11An y l"l'II·
pondíu Ei11 d~tinci611 at c111111tns ,·isiw fil pl'escn111lx111:
l.n Hfior&lt;-l c!ilá lndi!_pncet.a y no puede recibir.
El ¡iríacipo Knmr•i,tki. dt•f¡,lleB do ÍT,útíl&lt;-s tentulÍl'll~
clc~rn1pci.'..1, tuvo c¡ue b:ltin&lt;i ,•n rt'ltr lln, y I· mi ID1!.
Ern f-:;nl'I r ~ ¡ ~Ellr de su lu.sistuncin, uo c,111~!guit, rrnn•

"º ¡&gt;011ero que Yhl:11

c¡u, r la,. rjn 11\ iln:idam •111.C &lt;:lm:dn.
\ iolt·ln ac~ptnb:i todo con ¡rerlllt'tn rl'tiignnciúo 11 la qoe
co11tribuf11 ¡,odcro 111cnlc el de,C•l de ngrndnr nl oondC'.
Le p:irecfu Ucll) dul~ romper con •ns 11,.\~ queridos
li:íb,10~ ren11ncl11r 11. los rdinnrnf nto~ de tocador, 4 o,
1riu1 fos de i.ertul1:i, ron tal de routentnr ñ nr¡nel Ee,·cro
\"idal, quo o hnbfa tornndo en cons, jcrn ) amigo.
¿&lt;lutl recc,idlld tt•nía t&gt;II nh rn &lt;le ruidotos plnccr _
p ..'lrn dicll, cr Ell l,nEtf,,•
füs1nbn la ¡!re ene in &lt;fo Yid.'\I p:1r11 !ter.ar d() encnnl , y
de eol rns lnrg~ dfne, ¡mm n'lge,nr l11- pc-~:id:úi liorna de
1n l:itd&lt;-'
Oliedcclrndo ñ tu• c:u~rnci:le, d jt.a.:lc e ¡;uínr _por ,•,1 y
pro ,rnro• &lt;-'u4n dic:tz 1~ ra HU cc11cun;o, coulla clln
~-11 qtuHu mig,1 11rolo11g11r. .s ¡,crmnnc1,cla (; . .' iz:i, en
qnc qn,z:b 110 ,e cconlllrla m'I! &lt;le, ,:ijar.
·¡ se ponía i Jwmar ~iq11im1 ,1 don " ilí11 al pnmr
nq11cllt1 ir,umiJad. do d en dfo uda I urecl.m , tnáa ¡m,~

eiL -.1.

Je pt 'igroEo hu\Ji ra &lt;'ni re nq - 1 cur. .Jo en) n
mí,u, da tn11to la l111'ttgil'&gt;11 ~ nquel 111t1r.d e¡ ~ r. ClOm·
¡,rcu:.lía tnu 1, 1bg· •JS:I Lnlll~lorn, !:1(111 1 ro ll 1nducl li
i-eíltxi..n nlg•rnn.
Fe (mll&lt;·ga n á 1;,-1r rn aquel.a e.u,.6~f,¡rn c!emc nlP, Ea•
borrardo: ar, c1b! e:,;••• r~i e I m. , cu qn~ cada
~1.0 ec 1u f'1J.b1 ,._ tif,
o e 1 EU tucllc..
1..o

íJllt!

Go:r..'lb:i c,m nqnel:a vidn como con bs trbiO! días ,le
ot1&gt;üo, tnn clu r , tan igu le•, tan tra-quilos, que se lle•
¡¡a 4 J)l?nurqi,e no 1t bar'n m1•1C!J
11 norato se enlÍ-' edi11c..11io d ,·erúrnmnjer t:in concilind 1m y n is.i, t:in d',c I J Pns gn•t cal'en.&gt;!.
\"idal sontfn 5ccrctnn 11tc Cl'&gt;n'llovido dll la obcdil"nci:\ d su e ~ .icl y. l.1'" z, d&lt; btdo ,1 l. couJi.1•ui mt midad dctcnbrín l'II di,\ á 1'1a mQnwrto c•1:iliündes 111'3
m,18 f •d lllOr gr::ct;u..
lío podf:I mcn q 1 :11ribni!'Eo to in In glorL. de tnñ r-5·
pidn conwrel:,n, y 1 11:nor pr 1,io ~ ertln n¡,,'T:id.ible-

=·

ltle"nto l;nlogndo.
~ :no l. , madres qu • tienen md! marc:i,1" predilcccl..ín
por I hij,, d í1oiles tl cd~r, ntn:1b:i m-!s .111q 1elln nm:iblc C-OqllCÍII •In e,1yo nrrfpl.'nLlmi IHO lanl,fa llíOYQC!ldo.
::-in dnne caerh1, á n nfccto p11mm&lt;'nl ír:ilcrnni
íb'.lto !11~1cl:1ndo une. incllnación m:18 vi\"11 li ndmil',,r l::i
uellcin de Yioleta, 1111 dl?!leo m~ nrclreut de I1•1~crla

111n11r l:1 nu- vn Ndewnefa q'JI! lo hnllín imprie!!.to.
ll:cf qc ti eí rniwio qu• tlcspuf,• de nrrnnclr d In st'!io
rn de i's:li11~·P&lt;1re de lll!! di•ip3ci 1,es mund!l.nns, dehfo í,t•
cim,.rlé I,\ trnris;c•'..in d, tm:i vida d e:strepitosO!! p!ncs11!9 4 Olr.1 por fu !'%3 1&gt;1,t:inlt .\15!1 y mo'lÓIOIUI,
Con 1m cmpcCi de q'l, se m:irnvill, b:t su i-gofemo, in•
gtr•iálJ:ise en encontmrp:ir11 l:l j ven di. Lmccioncs cnp:i•
ces d intere,nrla, procuro 11llo ni mi ln'l ticm¡10 ndnplnr•
l!lll al c..1r:icter roh'nje y tí los hnbilos de reposo de llononto,
1~11 es.te orden d i,ll'as, tr.itnl,a de des:porUrlc gusto
;por In&amp; fie&gt;fl:is populures y In~ cercm'&gt;nins esr~cinles del
pueblo de Xiza.
Tal ¡¡énern d dlver•ionc-s cru á prop(1:!lto p:\r:i agra•
dará llonomto q'le esinb1 pr,.. p:,.rando un estudio hiit.6
rico ,le lu tr:idic:one~ y el l:is costumbres de la nntlgun
Niza.
,
Ad n, , H~ 1 flgumlia 11 YiJnl que foicÍllml A \•ioletn
en 111€ bcll Zll! y usos origint!.l s de II pro,,1 cb, logr:ir!A
inspirurl:i mejor, j11n1n111&lt;'n~e oon d nm,¡r 4 l.i licrrn nn·
tal, el odio n ,. n soci,,darl com1opolh:1 t1 qno aturdido•
lltt'nte se ltnbí 1111.Ud..l.
Día por din nlían I tr,1 en bu.;c..'l ele un ~llio nne\'o,
d nlg(m villorrio pinlol'C5C!lmente ei1m1Jo; dual cual
peregrionci6n curl~::i.
Aqu,•I juens e:1nto se h,bínn f rm:1do el proyecto d•
neistlr junto~ r. u,m roprcsent.'ICl6n de In •rJJ!ión
El put:lblo de S,za tiene dos r;ran•l e íll'slne rcliglosa~
•oehe ny n:i y l' •ocn.
An,b:is 1~ sil'Vl'II, 110 eC,I,, p. ra m:111Hc~:..,r sns aei:.tl•
mienl0311indosos. ,,no l.llmbi n p:im llsíncer sn gnst
p'lr las proce,si ue!, l.\!l coJTet'Ílll! y lo~ (&gt;'9(lCCL,icn'o,.
"oclt li,.1en. con e·1s pes bres, E'19 naci,nlentos den !~o. dc,11de ijtl rq&gt;reiu11a, E&lt;'nc1llos mi~l.ério.1, eom jan•
Les á los de rn l•d,\d u,cdm, la 1'4\lCUR c~u 8\1!1 rt"prcsentll•
e iunel! de, la l 'a ión.
n 1rantc In semau11 E:ima, no hay m, trutro hnouo 1,i
mnln, que no el ti ws 11b n:u.fos n'lll p1e;r,, • cada de los
rcl111os ,1rnngfüco,. L'II que EO-Cclebn rl dnun:i del &lt;,úl·
gol.nen it..,liano (¡ en fr. ucés pora~tor~~ d, carne ~- h.ic••
o y t11mb1{n 11or simple@ tít~s ó nut6m:1Ut!,
El tcntroqne \'idlll hnbfnelrgidn r,lm 1: ,·u hu c•1f,ad:i y !t &amp;u h~ruuno, era. u-: 1 mú h•1mihle@, de cnracter
0Dlt•111111cnte local, cuyos cmpr('s:irius ~r:in 16re1,l'8 de :.1
ciudad \'lf'ja.
Alll
repr &lt;tnttbn 1:1 Pi11,lt'i11cndi:1I ~pnwlnci.1 d·
Niza y 10!! p r o::.ajc;, em11 i.111 ilncos mca.1111Col'.
llnjo 111 delo d., tru:nnn e:inta, m:.r ~ rulo Je grun•
dc::i 1 uh s IJll\ncne, los tre · inL-l&gt;ons orui11r•&gt;n lenta•
1nentc el tray cto dl'I boultmud
rnb:lcd ul muelle dt!I
l'i:cnk \"il'j&lt;J.

1extremo lle 1111 estrecho e:111(,J.jn cerrado, ee nbría
l'l rnlón d Bplct..kulo ::il Jils d I píso de l:i. calle.
Ln_ dc.-comcione,, eran por tod , ~tremo ex igaa~.
Entre I p:1n: L'E encalnd:is, ve! • i II
n•intcna d.:
b:incos de mnd •m, en el ciclo nlgnnn gnirn:i tl.is de pal I d~ chi1111 nzul y bl;rnc.i COll\'ergfnn b:,.cb el ccnlro en
dcmdr. 1!&lt;1 bn.!UICeaL:1 un:i IAmparb de petroleo.
..\ b c.ntmda h.J,1~n min nicsn con nn::i b:1nlll'JS dcstlnad:i li rtcibir d prcc de 111 cntl'¡1.
y CElo era lod ,.
r~ ei;cenn enfirfonl mrnt nito p:11,1 c¡u
y
m1u¡ui1ti!ta. vi:..tl•es n ru&lt;Jl'enu tms nnn c•irtin:,, C!!t.!lba
ne I '• '.Tl~111c1,l d l1'"11lllU e n un cu:11l ro de i.:.us o 1¡nClldu e fl¡; c,11 \t' , rtil. •..1t&lt;s. El n'lm 11).n auditorio

b-

G SEPrnrunt.t, 1898.
pre•entnln tnriuda~ muostms ,fo 111 pCJblnci6n de In ciu•
d.i.3 ooti¡;ua.
.Allí podían ,-e-rso p~sc. dorcsd 1 pocrto, jo\'l!ncitoecon
10! c:iue'los su lto!, j6\·en de bigote lUlclcnte, chle12cl011
d r&lt;1jll! mrjill,u, m11tron:13 con 111 cría en brazos.
Entre aqnellos CfIIE:Ct •lorce, \·1 al y Honor~t.o con
,m¡¡ ~e J! y , iol t:I em l!tl clrganUI i.rn] desüedan nn
poc ,, y nto-,r.e• compre adió l:t jo,·¡¡n porqnó hauía criU~do u cunad&lt;&gt; l rnmlllct a rtrE:11! con qne había
adoro,1do su corp1no.
::;'.u cml,:irgo, como tod
oj esl IJ:m atent08 111 te•
lvu que C'lbrln l:l C'&amp;ccn:1 1 r.adae parí, mit!ntcs en llllo, y
por otra p:irte, el pueblo ele • ·;,.n C3 l\mnble y ntento; nadie p•rcció ¡mlll! inquietnnm coa 1 ¡,rosencia ill' ~oellos
c,"tn1'io~.
D g-.1ibrri L'ls que co:nponfnn lod'l I orq•1&lt;:sla 1 e¡c·
cutaron nua ,1:ir.,h:i rélig1o!ll y 1m alzó el tcM:i 6 In cm•
lrndll tic Jernerl~i.o y d ~ tus flisc:ípulos en Jerusnlén.
Ins coroB u,cond1dos dtb,}? cntODlTOll el Gl ,, a iJi U•
e,l

i,.

E•lu ennto llnno, ,~ IJ. wz nk¡¡rc y grn,·o, c:rtn h:irmoniznc,(,n d \"QCC,'! ,·ibrnutcs, fr:111c:is, y cllrna, que pare•
elnn rn'ir do b p;¡red, pro;lncla.n una i,npresíún d~ IJ Eiu•
ecr:i y p&lt;'.11etrnnt-e.
I-:n :iqucl .1 pobre ub !,1ja, S(.lbrc nqucl C!CC11nrio ru•
dimc•nl:irlo, entro nquelfos obrcr&lt;l! \'estldos con sn ropo
de trulJ:tJn, ¡ort'cfn correr un soplo b!I.Jlico.
Jlo..&gt;b nl.í, m h qne In! dce.&gt;mciones de nn teatro nrtt3ticnmcnte mo,·illo, In llu!ió, de Jcsú! de ~unrot, pc11!lllt1·0 y dul:o, c:unlnnndo sobro su nmo 4 los r:tyos de un
sol ponlE:nlc, por 111!1 c.'lllcs d ,lcnunlén cubicrl.lu de 1iallllll! y do rnmt\ d olh·o, mientms los llombres y laa rnujeres lo zco!t b1n srlt.'lndo:
"Ilo,:i11n n.l liijJ d" D.1viil! ho 0 aoa en lo mAa prolnnd&lt;J
de I e! ,,., ''
1,a nqnl'I teatro primitn·o, con eoncill&lt;'i. l'xlt·em:i de me•
t'li()~, los actor~ impro\'i . d onc1ntr.1lnr, por iu tinto
el :Irte 11&lt;- conm1Jrcr C&gt;II re'igio?o c•'re:,iccimlento &lt;-1 a!m'l e!ementn1 do lo csp~-0l:tdl)rCS.
~ntndo en b odr.?mlJ d lle 011 banco, rgnín Ilonorato oon Jllelic111os::i ntr.nci ·,n lo, menores a •t11lles de
lar;, uci611 y I • peripccl del dr.unn; la trnlcl(,a de Jo•
d•e, In Oenn, In noch;) en t)l U,terto de los Olh·os, el pre•
i.orlo de roncio Plinto ......
Anotaba Al111rt·,dillas líl• oriiin:i!e 1ocnciollíl3 del diálogo y lusi..'I los iudignpcl011!'l! inl.i11tilee del nu iltor!o que
injurl:ib:i II Jnda.q lscnrlol.e.
Uctr.is de GI, Vid:il y Yaoletn et&gt; inleres:ibnn t:mto en
1 s llsouomíns expr ivw de lo~ c•pl'cl:idorcs, comocn loa
:1du11111nes nngnlo,O!!, en In mímic:i sobri de 11'8 m11/icl'Qe.
Flor d Siu tenu en los ojos y en los labhs HU! más
limpid:u, sonnsu.
,\qnel CIP!!C~áculo popubr des;icrL:ibl en ella recuerdos de In in ínncia y tnrnbi ·n obscuus n!minll!Cenci:l!l nr..I•
YÍC:t!!..

Lt1 puec; q11e cu exl tenclas nutcriorcs hnLfn r~iuiilo
ya irnpre 1011 e id"nUcos y comparti,Jo lo, &amp;cncil! goces fo :1&lt;¡•1cl p(iblic·i tle pe;catl,1rcs y nlircrc~.
Ll com) el eludido t' cennrlo de 111 Pa~:ón• so hnbfa
tr:iatulLiJo, e •i ln vnri:1r, de gencr,1cil,n en ¡;encrnciún,
n,f, durnute nnos y olios, lna mo:ion
QDO euccn•
d[an l&lt;ll! qo~ de lo, oyeut[' de hoy, hnbr!un d••bido n¡;ilar
nntiguameme el corar.ón d~ nun I rga serie de cspccuidor 1IC:l:lp r ;cldo , cnLrc lo; qne prousblemcntc. cont •
b:in nntep:i~mlos do \'ioletn.
I 'COrJ.1bnque81111bu loOastel!Ar hnbía nacido y con1C11zr,do tu forlnna en el bari IQ del pul'rto.
•nLfa d re¡iente qn PU \'Íeja sangre nieensc corrfa m:18
nrilie.ntc porans venns y eo avh·ab:i 811 TCcOn()dmient,, ha•
ch \'i:1111 q•te In h11.bf.1 procnrado C!:IS('nfncion 111la 110 ex•
¡ en mcutudo.

· s ·•1 .Un. ldiz nl eneont rare á e11 l.1do y ni ndi rioa r qnc
t-n nc¡ne.l mi6mo inHante, e.mre nc¡uellúl! pobres ¡,;irrol'S
dc1mudll!, hajo IICJUelln. 111.mpnm l111mo311, Ell! pen..-:unlen•
tos, aue lmprea.onC:'s y su.,; prcdileccionee El' compcudrn•
bn'.l h11nn6l!icamcntc.
J~ut-rctanto el d!llJllll wcabn á fll íll~
L11 C!Ct!nll d 1 0.11\'llrlo h:ibf:lnrrnnc:iifogril08 d t(:rtor
y lúgrl1111e llblllldante Jll nuditorio.
El último cnadro, el qae repr(-sllfllnb:I 111 lt 'llllrrecciun,
ter1111r. • en m Jio d b.s nlcluya1, de loe cori!t-ns y los
11plau.•o de: pñblico.
J.n o, los mprN nos egit:iron u ror.J j-1 en la que
elida :islstcnte depositó EU óbolo.

EL MUNDO.

85

Empujndos par la ololda de capcet~,lores, 1~ !Saint L1·g1i, hd1-::¡n estrechnc.1llejuela,rn c1y11 CBquinn
l'vos llegar.:in á 1.1 cntrnth del ca1lej(., 1 y qaedáron l!Dr·
nbrfa á \"fa pública -us ulmncen
bo\"edadoa nn deprendidos ni lmlbrso b:1jo la de.3lll"nbr.111tc luz 11.!I rumi· • p,,sito &lt;lo ,·inos.
lle bal!. de¡ de l!OI.
t'n:i '"inn sos•eni,ln por dos pértig:is, formaba Eobre 1
..;:on lns C'Jlltro, dijo Honor:ito consull4ndo su reloj;
puerta enr,•jad:i, eeilicln de, b:trrotes, nna l'5pccfo d tonel,
dejo 4 ll!lcdes p:ua dirigirme á l:i Sociedad de Lel.rn:;,. ....
en l'!ondo se entremczclnb:111 nno_ E!lrmienws ,·ne n reI'roe!gnn el pa~co; yn nos reuniremos aL'\ noche en cnsa
~~
.

u

Cn:indo C'¡lledtiron solo~. VIIUll y ,·iolcta ee mimroo nn
momento indccls01.
-,;,\ déinde des® nated ir? preguntó el conde tí l!ll cn-

flada.
-Dvnd.c nsted g~tc.

.En el interior, á In írc~carn de nn l!Ótauo, •eet-llban los
barriles !llpcl'IJueatos contm lns p:ircdl'l!, tmpt ¡;Milos de
un olor á vino.
Vida) pldró Nli l1irrlwrp 1k Cipro y ¡r.is~~•e!!.
I.cs sir1•iero11 en gruet;as cop:is c•I Chipre do purÍllwe

B 1 ,los boaqueci los ncari~i:idos por los oblicuos rayos
del ol poniente, c:intaban los risuefiores.
L: flornci6n ro;-a de los t!rbolee de Jnden, foa tiraos de
13.l! H!as se coníon!nn enlrv el duro follaje meltltico do las
eocillllS ,·erdes y los r.6 121.loiqmOnlesdo los agavcs.
~\q11elln mezcln do graci:1 y d.i mdez¡¡, de \"fgelllelones
de•nrrollndas nmelleme1,t.e y de feroces plantas espino•
w, parec!:i como un símbolo &lt;l I c.;tndo del nfm::i do Yí-

dal.
Toüavfn imprt'l!ionado ¡ior l:i rl'penLlna revelnciún, era
prl'!!:I de sentim,cnLos muy complexo.: Wl!l inquietud
t&lt;Jm)?i?atnosn, una pied:id l!nternecida, nnn ~conlia111.a
eri1:ad11 de púas Y,tnmbién nna melancolía .0l11pi11~. e
espnrcían por él como onda tibill y r,;,11 ftll.
-(iueridA mín, replicó oprimiendo m:11! estrechame11te
el brazo de ,·iolcl-:I, me siento desolado de que mi ergue1hd, mir ltn do pre,isión, hnynn producido esta equil'o•
cación íun i, ...... A fuen:u du vivir 111.110 conmigo miamu
Y de desconfinr &lt;lo todo nrr~b:ito do eutnsin.smo, me he
conrertidoen un oso muy poco eentlmentnl. llace un
ano eet.:ilxl yo 11 cien k,gWla do suponer que llllted pcmmnl en mí......... Pt•rd6n me mi estupidez ...- .... A 11ora
qao la conor.co mejor y qne e~ touo lo 11110 usted vnle, me
siento t.enl.ndQ do d,c!r á mi ,·ez. como l11 buena muj!'r
que nos servia el Yiuo de Chipre~ •;Quó Msllmal•
Alzó ella In c:nbez:i y ,·olvi6 lmcin .'JI ens ojos tiernnruente.

-¿Qaiero ~ted qne '°"lvamo.9 i\ la ciudnd? ....... ·o me rtsinOl!o.
rlisgustarln mostrnr rt ll5t d nlgunos rir.cones c111:i0!:os,
Mientras Yioletn dnh:1 mordiJaa nl pn,101 y so hnque sin d!i&lt;l;i no C(,noce.
medl'Cía
con sensualidad los lnbíoe en t•I licor generoso,
- Ynmos ...... sigo á usted con lo oJos cerrados ......
l:i r:1tron::i, nna 11lta lignrbna, J1ombruna, de Cllrn n•goY m, eíecLo, lo hul;icr:i ue¡;uldo h!l!!ln In cn,nbre del
cijndn, exnminab:i curiosnmentl! :1 lll llntln &lt;lama y ni c:i]ilontc Cal\·o, !1 nlU bubicm él desendo 11,-v,nln..
billlero de hermoso rostro y de corteses lllllileru, y co.
Liger:i, al\'grc, feliz &lt;le rozar con m br.izo el do \'idlll,
rrfa
una eonrisa por ~u nnchn boca d de11t11da.
openns p1rcofa pis:ir la ticrrn.
Qnando
\"idnl p~gú el gast.o, dijo elln con lamiliori·e perdieron de nuc,o en el d&amp;ialo de calles nec •nd ... ndnd it.:11in11a, dirigiendo ,i la pnrejn non mirn·ln plncentes, empcdmdns de "ncha.s h:udoS!lS, demnei do odrc- tcrn:
che.al, p:irn que lo c:irrn:ijcs pndie.sen tr.rnsitnr por ella!,
lo cwil rhbl mis 81.'t,'llri.hd á 811 excnreión.
-No; replicó nlt&gt;gremenk• ~Joint-Pons, cuilndo y cuEn nquellns c.11lcs eorubrln,, ¡,:ir¡,cidns d largo9 y eolilb•dn.
t:iri011 pnsiUol!, l. s e:isa,, el1m1n muy nltas sru: f. chadn.
-¡Ali! .., .. quú lcistimn!
¡;risCll 6 nmnrilleut:1.9, tllladmtln dr• muaerc,sns v,m11111iLoo ncornpanú h:i!la In. pt1ert:i 1 y loo salulló con el Ea•
llAs, eobre I cnales, nnn nn¡¡oela foj:i de cielo nzul apaIndo hnbitual üe loo d&lt;l :'\Iza:
Aquella miradns húmedn!, c1ue tenían el enc:into de
rece ent.re Jns cnprichoons rccortiltlOJras de los techos en
-,\diós! ..... l'asenr bien!
la~ lloreA dcep11&amp; do hi lluvin, ae fnndi.eroo en 1118 de \'I·
declive.
-:lle siento m&lt;&gt;jor, nJinu6 Violeta, el yino &lt;l Chipre d I y le llenaron de pcligro!!D emoción.
Los dm pn5enntcs l!O compl:ld:w con 1:n pinwreecn
me
reconforta 'Y me eirnto cnpa:: p:ira 11ndnr hn~t.ll mnnn-Por fin, dilo ella Slll!pimndo, somos buenos amigos
Eor¡:rcroe qac ti.cada !netnule Ec ,fncucntrnn cu 111 vi,•jn
na ...... Di vertido alto hicimos en lo.s uodegna de l!.'!11 bue- y !!t'g11iremos sit!ndolo ¿no es \'erdad1.. ... .Me trnt.ara 11!Niis.
ted como camarada )' tendrá co111IanE:1 en mí?
Di 1·criianso con el ~-spectácnlo cfo los ro pus colgndus de nn majerl
-~í, esto roo ha recorcudo 11. Yenecio, que tiene un es-Lo promcr.u.
·
gnnch y q11e eular.ab:in, n.11:i arrlb:i, á IOl! rayos del sol,
tablecimiento ecmejnnte en In callu de Yallar0&amp;a, on
-Pnra comenzar, dígnme usted ei es1á contento con
sus flotantes hilocl108 multlcolori'S.
donde t-1 Chipro es exqnisito.
lllis progresos y me encuentra uetrd mejoracla
Acá y allit, dehuuc de oll "!!e le\-nutnb:in antiguos pnIban aublendo }'a 14! gra1fa~ que IIPgnb:in hll!tn la ram-Extrnordinnriamcnte...... Ilnstn confesare que admi•
lncios ele bnlconoe Cl!tulpid•~, oc11pndo! ahor.1 por comerp:i del casi illo.
ro e11 doéilicfad y 1,11 prudciicia.
ciantes al wr menor, cuyos znp:itos I dotu.&gt;S rnyub!ln P""
- -¿';o llj6 11&amp;lf•d, agl't'gú Ylolela, con ie.~ mejilllls ligel'l\-J&gt; puéa d \'ermo 6 f!ll mel!!l tan ditipada y t.an fr.í•
Endurucnte las c,calerns de 111:lrmol
rnentc sonro~ndu, en qt1!l In \'f.mdedom nos tomó por .re- ,•ola n In C:l!!l de los 1'lnniver.no, ino le ha ocurrido á
A lo largo de los piso~ bajo~ abo\'elUltlo?, alguims tiau•
cién &lt;!Al!ados?
,nEted l.1 id ~ que cr:i el único hombre cn_paz de operar
das bosteznb;in por su2 anchas pnerw, d&lt;'jando llegar las
-¿ Y no le demgrndó :t usted? interrC1gó él tonriendo,
esta convcn116n?...... ,No lm podiclo usted adivinar qué
mim'.lllll á todn !llliisfacci6n hn ta In 111riedad de "foctos de,
--Xo,
Tt'plic6
cll11
bnjlllldo los ojoP; pero me hn dejado
inllucncin 1.1:nla sobre mí desde lin much'l?
BU~ arwazoae!: baratlll,•s replel,()! de cobres vh•joe¡ carpe.nse.th11 ...... llfe acordé de qne bien pudo C!to b:iber su-• 'o...... tengo muy poca confianzn en mí mismo para
niceríll.l! en cl,&gt;nlle las rnlllll9 de n:ir:injo con frui.a c,o)gn.
cedido ...... Y cu:mdo In itnlinnn nnndió: •Qué Jástimnl•
~er l.nn preeen~uusn.
bau entre trozos u,! CllrnP. anngrie11t11; pnnnderfas en cuhnbfn dentro do mí una 1-oi BOrda que repitió como nn
· l~ 11s1.td demnaiado modesto! cuchlch&lt;&gt;l• elln, pero
yo fondo se dh-i~nb:t In llnmn dlnznntc del hom&lt;),
eco la mifma &lt;¡\1t'ja.
tan bajo, que pallo él op11rentar no hnberlo oído ......
A cadn boenc:111,, les a;:iltnb:t á lo. vista 1111:i nue,n sor-:.Q11'1 qni.,re usted &lt;lE cír? exebunú él con lurbn¡:i6n.
il ncio d m1c1·1&gt;.
presa.
~ confidencia tnu inc~pemda de Violeto lo EOrprendm
Ya era n na c.1llt'juela Et!(';lrpaJa, en dunde 1mn fll::i de
Yi,fal sentfa el brazo de flor de •"iza temblar obre el
ei ngnlnrment-e.
pcnitcnt.es 111;nle~ trrpai,a ltael:i nlgun convento¡ ya nnl\
uyo, }" ú peenr do c!tn modestia de que ella J lncnlpabn,
A !u eorpresa ae merclnba la lisonjera e.1tisfac:ci6n que no podía dl'j:lr de 6Cl\Lir cowplnc ncia en pensar sobre In
p!az:i trinngulnr cou so mcrc:l'lo de ,erlus y 1m fuente Je
nl«&gt;gres rnniclorc~, en do11rle los ,·cnd¡,doras h1 rnlJan el e.l hombre m.b inltusible e:i:perim~ntn ie111pre ni eaber coníe i6u &lt;1t1c, 11cnbali1 do hncerfo Violeta.
P"..SCndo; más h•j'&gt;S, el pór1íco 1le un:i i¡;lesin do r2tilo •ro-- que bn Bido distinguitlo por una mujer bonit:i.
En eu nlmu a.,condla como ann el1:ive claridad de albornd:i.
-Dios rufo! coutiuuú elln, con~on·nndo su metro obs•
coco,• d11ndoeutrnd:1 á un:i nt1\'e dornuda &lt;lo telas roj:i•,
tlnnd~mcutc inclinnilo; nhorn qae ~·a no h11y remedio
.::ihorenlm l11 re1·elaci6n &lt;le J1q11clla t.emorn femenina
C!!lrellr.dn d,, ciri0$ y rurn.'.lrosa de dt!VOl.oa arr,1,1ill11do.•.
Aquel Juevcs ;'Jnlo torh In poblaci/,11 !t.'\bl en la en• pueuo confel!llrlo ......... Durauto trea dfo,, trPa d/llB Rola• qne inrndin l!:!.Íbitamento la rn,Jiosa tnrde de primnvern.
mente ra¡! ...... he creído...... he espero&lt;lo que .,J
lntlle.
,-;u : ::iltnd ee crispnbn, ularm:lbase su conciencia, yeiu
l,os homLres, rechonchos, ntcz11dos, bigotudos, :ilgu- l'on- con qnlen ib:i á ca~:mne era WJled ...... Cuando vino cmh:1rgo, nquell:i floración inesperadn uh11l11bn un pernos calndn la b;)in:1 catalan:1, EC ngolplb:m cu Jn.3 cncn1CEted 11 [lcdirmc para...... ~u hermano, el golpe lué muv fume tnn exr¡,Jhito, que se l!ntrvga.bn a! rC!pirnrlo ilvhln•
.
cij:i.d.ss, y lnnZAblD entre gcsto1 exprcsir ! 001101115 cnrca- ruuo.
mente.
jadas.
YiJ41, rofoc:i&lt;lo y conmoviuo /i In vez, fruncía 111! coIlobían lll"g:i.do h_wi In pfataformn. pl:u1t-11d.-i do e11ciI'11rrnda! de cbiCOl! ehilllib..'ln cm mcdío de In c:i!le; las jas,
uns, que rs el puado culmioAnle d\ 1 p:iseo.
,·erdulcraa cocinab.'\11 ni nlre libro; s.Jlaa mujenuela.!, ,1
-,.Por qui(, dij,&gt; con se\·eri1lnd, no l1nbl6 tJsted entonLn nLran'l!nro11 y fueron á ponerse de codos en el paúld;u dudOSás, tl!! cabd(og negro!, ¡,einaüoe h:.ci.'I 11trá! ceB?..... I'or qué no me conlesC, usted entont(!S que nci,p•
rnpc~o que dominn In n~iorn y In vieja ciu:iud,
ú rizados sobre l:i frente, recu,,pdA eu l,1 columna de ni• tnb!\ á Hooorato contrn El! voluntnd'
FJ sol .e ponín ir~ el macizo del Es~rel, y ea dl'Clinng1fo pC,rtico, hncían CJ.l::eta, con I homl,ros resg,1ard11¿l'or qnM...... Porqníl la docepcir.u y el de•pc:ho me ción enrojedn b5 nn!Jeclt .11 ncumulad11s, mdl:indo como
dos ll:tjo el cft!ll d lnn:i enrmce!.
ahogJb:in ...... Y lul'((o, cl1~&lt;10 t•I mo,nento ,en que le ern nurcola en oi rielo ,·enloso, mientras el mar muv tranYid.if y VloleL:l tlIBcurrI:tn loLrúpicbmente á trn,·l•3 ti~
á u ted 1d liereu~, ¿')11.t me importaba lo demás?
• quilo loo tcmando 1.:n color de Tino.
·
In marnnn de c:ill, mcrcida,; 6 abrnpl:ls, de donde l!O
-Per,, en fin. ropurn él conín11dido, yo no podfa ndiAl 11orte, un triple :u16tc-:itro de montnl1:l.!, de nrÍs&amp;a.9
1:xlmlalµ11 fuertt'S o!oree de epccila y pe ~:ido.
1·lnar nada .... , i ni men?l me hubiem usted indic:iclo.... nendns y col;
nborregndas, sembmd35 de Clll! do
..:in e111b1rg'&gt;, en ciert-O momento \"IJnl oot6 que 811 el yu hu!&gt;iern nbido!
cnmpo color de roBll, se t.endfa ci1 torno do Xixa.
co,11 p:ifü•ro nnJ:ib:i con menos solLurn y p..'llldccfa ligo•
Ella l!ll.t:mlió 111 e bezil, y con ;onrl,:i nmnrg-J ¡,leg{i los
Mbre loe t&lt;eho~ de tejn ó do piznrm, necendlnu hnm:i-

r.imcnt.e.
-¿Qué tiene U!lc11 In pr¡,gnnl6. l'.irccc ustml cansda.
-Ah! rcsp,rndiC, ella Je&amp;e11ifo1lose; no eé ti hi deh~ it
In cnrn1111tll, al sof do Abril ú 4 ln prh':ici~11 do mi té de
c1:atro; pero mi, tiento rn poco atnrditln.
-1:...pcr u kd, COnl.'~Co nqu[ un: tienda en llond~
venden \'inc,s de C.ttcio y de ft11lia. El sitio no e11 uada
c(,modo, p ro cunmlo 60 Hllle del tc:ilro d la Pllliún, no
tiene 11110 d recho .i ~trn.ne dcacooteutadizo ..... To• m11rá :stt.'CI 1111 poco do Chipre con un pasteh,lo, ¡ l!L

.J~

reanim:mt

:nbfos:

-\'amll!', rellc:rionc u•t.oo ........ ¿l'odfn yo, ona joren,
dcclnrar 11 usted mi pr terencin"..... Y nd~mllt, acui-rdcEe n~ted ...... no ce moslrnb:1, muy nlentn&lt;lor' T,mfu u~ted
uu mod d~ fiogÍf!'e el insensible; ec bnrlab:i u~tcd tan
o•plritn:ilmcntc de los ru111&gt;a y ue lo~ ennmor:icloa?••• Corup1t.Jnl1,\ yo t.amb in q¡¡o ni un l!Ólo mlnut0 h:ib!a pen~atlo t:!!ted en mi! ...... en üa, yn esU hecho, ¡ de n:11b Eirwu 'as l!lmt&gt;11lllcioue ---·
-Si, munnurú él sobrinmente..•.. ea irreparable.
Oayú cl l!ileucio entre unn y otro, mientr11g rcmontab u a.e e:illee de verdes úbol~11 del c1millo.

rccl:i9 azulndll.l! y ~, .!11ydw, resounb:i en los lef:mos eam¡mnnrio~.

Yiokta y \1&lt;.lnl, r.in haubfl!C, contemp!ab:tn el lllllr
bi!rmrjlll!, 1:ie Hncn~ pur115 tle l:is monlnllne, In ciudad vnporoea; escuch:iban los chasquiJos del4 C:1SC11da quedescolg~l.1."1 ú s11s pies sus corLin:I!! de agua, Eemejnntee, al
dcuznn:e, 4 In~ hol'!I!! de fa ,·id!I que corren y corren to•
dal!, IJUenns Y n)alu, con la misma p1,1cicu rrgularidoll.
- I&gt;rgame usted, preguutó brtIScnml!nte la jorco, ¡nunca ha t&gt;!tndo u ted ennmornü·"
- ·r, u.n:i \-ez, y In experiencia nomo e:i.l!ó bien•• ,... pur
calp" mí:1..

�18 S•i'Jb.m, 1896.

87

EL MUNpo.

--.,;6n.

n m
y
de lll hermauo; mny mlafeoho tatnbi6n de ta .-16n de
la 8óoiedld de 1-ra,. e.:i. donde había leído 1U1a memona toltn Ju Am1N .da Cinúf., y en .donde •1111 oolegaa
le ~'1&amp;11 fellctt.1o ca:u-~

t.iicl611

DUlq

um,i.booa.
Lea pilabraa de III benaano aonaban en 1m oídoa ~
mo 1UD1bido.ele aUAbla OODiau,,
Vloleia, porel contml"', blí.- 4 impuible, cJD es:•

4léio.
~114 tnevereme 1ron·a le bacía mat
~roebliblee el coaít, bllberb autor.&amp;lllo e
modo con eu pr:&gt;pla debillcJü; é llldtgniln 'lote r

�38

13 SEPTIE&gt;lllRE, 1896.

EL MUNDO.

A eu vez, pretextó una 111íbit.a latip, ge despidió lle Niza, pe11sando en el deaencanto y la decepción qne i~
lla cioroplicidad cruel, cansA.base di!gusto i aí mismo.
á verse obligado 4 caru;n.rle por segunda vez.
Habfn emprendido el rescate de aquella o\·eja, la la· Honorato y subió á a.u apo&amp;ento.
¿QuJén sino fJ era el verdadero C!llpable?
L'na veir encerrado a!U, sintió primero una 11enirnci6n
rende ,·ol,·erla á su.a deberes, y ee.hac{a o&amp;mplice deeu
El,
ciertamente él lo era.
pecado! ........ .
de afüio.
Con
eu experiencia de la vida y eu hil,bito de EO!lleterComo se dt'!!poja uno de un vestido demasiado pteado,
Su~ ojo. encolerizadoé se alzaban bacia In Beflorn de
f:aint-Pon~, como pru-a manifef!tarle su indignació~ y pudo aligem1'8e de la opre11i6n que lo angustiaba y des- lo t,odo- á un frfo y sonenido razonamiento. hubiera debido pre,·er laa t-enlneio.nei. inevitables y prevenir el dettnudafl!(! el alma.
llUB mir&amp;daB se euoontrarun un momento.
No era de lo~ qoe se engofta.n 4 sí mi11m0!!, y ee enlre- 11.rrollo ú que b:ibf11.n ~ucumbido s.mbo!I.
A la irradiación de aquella&amp; pupilas griBes, vuelt..u B\Í.•
La. falta, en realidad, no ero. aún más que venial, pero
bit:i.mente tiernas y acnriciadonla; al Mpécto dt aquelloe gó con t.ada einceridftd á un examen de conciencia.
Yidal
no dejab~ dsver c.\aroy noerei11, en loe Ll,.moresqu&amp;
El
primer
dteto
de
eu
i!lepecei611
moral
rué
un
prolabiOlil, rojO!I ll\~D por lUB betoe, la cóll:rlL de Yidal ea di1e
detienen
á medio =ino.
fundo
desaliento.
tipuba.
Los besoa ya gustados traer!an otros, y así, insengi..
Su lealtad, ru deHaaden, ru r,nergfa, de que tan orU,:cordabo la penetrante dul:m.&gt;u de lila conlidenciae
blem1mte, llegnrfan ha&amp;ta el e:i:;treU10 de su pasión.
murmuradas entre 106 4.rbolee del castillo, lne delicias gullOl!o (•i;t.aba, t.odo ello babfB rodado como una rama
l\lafl"!lllfl al \·t:.r de nue,·o el cuerpo eabe!Lo, ID atractiva.
verde
uroj!lda
al
lodo
del
c4mino
y
jt:,:pne&amp;ta
á
las
pisadel rt&gt;grno, 111 hora del crepúfcttlo, el éxtMi11 e.xperimen•
belleza
de Yioleta y SUB ojos encant.ndort!i! y llenos deea-das
de
hombres
y
1ulima\es.
taifo ni ,e.! talón al rodear cor, l!ll!! b.razoe la cintura de
El, que lrnbía acudido para restablecer el orden y la riciM, ree.istir!a mal á la te11taciión.
Yiolda, y de nnevo se le iba la cabeza.
Se conocía bien. A pesar de i,u aire de reserva y au dll·
respetabilidad 1;:n cae11 de su hermano, asestaba precis:\·
lfabf1t t.erminado la comida, y Honora.to continuaba.
reza
premeditada, era tierno y Rpw!ionado.
ment-e
el
golpe,
más
~r1:ible
al
honor
y
a!
repoi.o
de
llodil"ertando.
Conocía
t:imbi¡ln i!. su cuii.ada y aB acordaba de lo que
norai.o.
.La een.ora de Saín-Pone declaró que ~e ee-ntía iatigada
habfa dlcl10 junto á la cascada:
Desgarraba traidoramente 11quel pobre guii'lnpo ele fe&lt;fo! paseo, y se despidió par11 reiirnrse t'i sus habitaCÍl)llell,
aLa pMióu Yi:rdadem no tiene ni fnlsa \'ergüenza n¡
licidad de qne JIU hermano menor t&gt;stabll tan cont.enl.o.
ITonot'lllll le bel!ó la roano y Je dió J11a l&gt;uenaa nocbee.
Hacía el peor pl'lpel y el nuh Ignominioso: el J.d man· prudencia timornta.,
Terminada eefa formalídad con~·11gal, Flor dE' ~in ~e
El nue,•o encuentro traerla consigo inevitable:nente 111
,•nlvil&gt; hflCin. Yjdal, que ee m11.nten.ía aparte en ln pe11um• datario lnfü,l, el de médici&gt; felón que so pret,exto de
cnrar al enfermo, lo enrenl'.na cada dfo á peque11aa irremediable caída, y adiós hoc.or y felicidad de BonoLe tendil, ignalniente una mano, que IO!! labios dt1 Ho- dOE!iS.
La i1onradez · de \"idal es rebelo.ha á la idea de aquel
¡,Cómo habría podido llegará tal grado de olu!!.C~cifui
norato no bahfan t.ocado, íY tembló á \11 co.lurom mtricil'.
vergouzoso
deaeu!ace.
y
de
\·illllnfa?
........
.
de aquella c.JJid11 pre1lón que p!\recfa npoderare.i de toAquella. uocihe 11e 8entía atin bastante du~o de afmiaEEcrut.n.be,
sn
memorin,
ee
remontnha
con
el
penaamien•
da Y! pe.nona.
-Haetamañana! murmuró ln joven tiernamente y ie to hMta trff ,seninn1u; antes y deBcubría poco d poco la mo -pera impedir iremejante dl&gt;SWltre.
Era preciso totJar una resolución eni!-rgicia y ejecutarla
.huelh1 de fo.r~ivoa (li'~oe, de ligeras cobardfll!!, de tími•
alejó.
sin
dt&gt;mora.
dol!'
compromi!!Os
que
le
habían
enciwlinado
\eutamente
Caandoquednron sol0,1!, los dos hermanos 110 dirigie•
Uab!a
juiga,do siempre q\te en eemejaute ca,o no exi.a•
poi'
la
tiei,dn
del
pe&lt;':tdo.
Ton liacia la terr1u.a, sobre la cual 11c abrla una puerlu
tía máe que un sólo remedio: la fuga.
¿:So había mfr!do, dced« el pdmer momento, con de·
ventana.~• ambo!! pu11téronsede codos e:n la balaustmdn.
Tomó eeta determínncii6n.
D9jo su vista dei&gt;eend!.a en a.nave pendiente d jardín maSiada complacencia el encanto de Yiolet.a?
¿'No ec había mo~lrado de1nru;iado :ndulgente y dem.a•
Como su marcha debla electuaree lo mJls riipid11mente
ba.i;t:1 la verja \•e Inda d« jru:mioC!l y mndr1.,o&lt;eh·tls.
posible, e11 decir, la mafü1nn 1nisma del dfa siguiente, le
Má1:1 a!JA, loe pUtanosde la u.venida entrecruiaban 1119. ,jado familiar en lug11.r de tralarh1 aeveramente?
Se !lCOrdó del regre110 en el l:mdú durnnte aquella no• CJJle.l}a el Uen1po matsdal de preparar su rei.nsr.a.lación
lnr¡;lls hojo.15, ai1iando, por decirlo al!i, nqudla l'illn.
A tal !Jora, por lo dt,mia, la calle esUt,b:l, casi defierta cihe tibia, al Indo de su eeductorn cuftad~ J lrui eenmcio- inmedíata en F!urencia.
.Por lo demú, ese viaje brusco ti un país lejano le bu•
ne.s que Je ltabía11 lnguidecido.
y 2ólo turbaba 111. tranquilidad de la noche el tardo ffi..
¿No debía haberle puesto sobre sC aquel deefalleci· biel'a parecido extrall.o é. inexplicaWe á RonoraOO.
dM de rnroe carruajes,
PodCa 111 menoe refugiarse momsntaneamente en la
JTonorato encendi4 un cigarro r recobró t-Odn su ex• miento puramente carnal é im1pirnrl.: un te,nor pru•
Fm.1,tn,
y n\lI preparar deaeansadnmcnte eu aepnrtleión
dente?
1.au!iU1n.
Pero
no,
demMiado
eegnro
de
eí
IOÚ!lll.O,
l.11\lagado
en
definitiva.
-?ili buen Yidal, uCllarunba, me siento completamen•
l!U a:::::ior propio, cedie11do á una necia ternura, 11e Uabfo
Sin l'l!'fü,:ionar más, reunió en una ligel'i\ maleta loe
te lefü! ..... .
''Cuando piemio que hace ~Mo 11n mes, me11entía aqu! 1 dejado miniar, l,abía ace,pt:i.do el peligrOlio papel de con· objetos m,l.:! indi~peoeab\es y luego l!l!cribi6 4 su herlllA·
en e~le mi!!mo lugar, ton miserable, tan abr.udou(ldo: rejero y n1tntor, forjáudoae illll!io11e&amp; sobre ~u fuerza de 110 el bil!ete 11iguiente:
mmndo 1ne Muerdo con qué sentimiento de deprei;,i6n resistemi,in.
•:\Ii querido bermnno:
I-Iabfaoll'idado el ,iej'&gt; proYerbio espaiiol: •El bow{!!Cllchnba el mido d1:1 loe coobes en In calle, nie pareee
«Sti. me ohid6 decirte o.noche qn&amp; babr.a recibido 110\i•
bre C8 hlego, IR m11jer e8 topa, ,·iene el diablo y wpla.~
cQJllO que despierto de una pel!adilla. Todl)hCl cambiado
cills d.., ln Fouún y qae rol preseucia alU es indlspeoaa•
Ilabfo dis.frni:ado bajo e! bello ,iombre de nrnhltad fra·
.\J1or11 me levant¡o con el cioraz6n ligero, me pongo á tra.
ble por algún tiempo.
bajar si11 preooupaciones y fos df&amp;I:! me parecen demal!ia• ternal h1 sorda Mrncción que le !'.lrl'lllltrab!\ hnciá Yioleui.
,,TLJ sabea que Cfitoy eroprendlendu impi)rl,a,ntes trll
El tnto famili:u de todo~ los dfaa le h11bfa l"f!l"elado
dooortol!.
baj0-9 en aquel lugar.
inse11siblemente la gracia, la comunicativa 11ensibilldnd,
"Goao 1•erdnderamente de lo. ,,rna. Se me óírece tl\!
,,El mae~tro de obrsa reclama mi presencia y me be
cual la de!!e11oba; las mnñanBll ocnp11das en eeiudi0:8, las la belleia dominadora de la mujer.
.re1!uelto il partir mni'iaon para San Juno.
La 11.miHad 11e babia co1werüdo en ternura, la terRum
tardes paBadas entre mi mujttr, q11e ha 1-uelw á ser cari•
•E:i:;cú~aioe con tu et1po~a y eodame el reato ds mi
fiO!!a, y tú ctue h1111 regres.ado al nl,lo; enbroea~ CQnYerm· l1nbfa11e cnmbiado en un eeutimie1Ho mil~ tiro y 11u soliequipnje.
cioo(lj! p,ntre tres personaa por lua nocbllt.' ...... .Jamful ha- citud ¡~r loa int.ereses de. Honorato l.!abí11.4uedado rele, lgnoro aU11 cuantos dle.e durar,i mi all!encin, pero no
gado al tercer término.
bía nmoicionado felicidad mayOJ'.
le inquieta por n1f; soy acitivo y ba.r,i de mxlo di'! esW
Aquella uu·de, durante el p.~~eo en el cas~illo, cu:mrlo
.Y ena. felicidad, amigo mío, á tí i,i 1.n ae:bo, tú eree
me u!lú. lo menea posible.
r¡uién me 111 bn devutlto, ee ob!!equio tuyo. Ha¡¡ puesto Yiolet.a !ti bahía coníeudo que le am:lbft ya ante11 de ca□ aslll. la vi!l.tl. Te abr.iz:i.
orden nntvamente en mi cmm. y restllblecido la buena sarse con sU: hermano, en lugar dl' cierrar la boca de la
Ytni\.L.•
1nreligeneia e11 mi hogar. Has tido mi sa.l;ndor, mi pro- jO"f&lt;'ll, y acab:tr t.erminani.emente con tnn peligrOl!a con·
,•erl!ación,
ee
hnbf~
entreg(lQO
ii
inútilee
latnl:'ntacio11es
Fe
mttlú
á
1::1
camn,
apenrui
duruii6
y
se
levantó
ni ra1·ide.ocia!., ...... .
yar el dJa.
•~o puede!!, puea, ni imngloar cuán lleno de gmtimd que i.micionabnn eu debilidad.
Tan pronto !!orno loecrllld0-9e.stuvieron en pie, se escapó
Juntoa hablan jngado con !a llama f ee halifan que113.cía tl tengo mi oom6n. No lamento m:is que una cosin ruido, entrt&gt;gó al nyuda. de d.m:i.ra el billete destinado
1111., y ea el Ber inc11pa1. de ro011trt1.rte huta qué punto te mado 10! dedoe.
El amor, que nuncu se eroca en \"lino, se les l1abfaapa· á en herumno y se dirigió !igeramonte al Pueute Nuevo'
e11tpy agradecido! ........ .
en donde pamba el ómnibus de San Jnan.
recido, arrojándolos il. !a una en bt!UOB del ot-ru.
..Te qnerla cuando ern desdichado; ahora, la felicidae.
C na bon1 d011puéa, descendía hacía el pequef.iQ puerta
¿Quá haría él ahora?
inJande may.or fuerza, más 1udien1,eca!or á roi ef~to..... .
Su pensrunient.o !e toml) indn!gentements hnc.fn Yin• y 11e encnmionll:t bajo loa olivares eon dirección t1. la
'fe quiero oon lódll. mi alma, hermauol
Cogió la mano de Yidal y luego loeetrcchó contrnsn pe- Jeta qoeá aquel!ns horas., aún profondamenw conruo;í, }~ouán.
Enconlr6 el viejo dominio pat.ernalen, el eetado en qne
da Por aquella bru!lCA exp!oeiór, apaqiouada., maboreabaein
cho co11 la eíueión de un nino.
Cada una de aquelhw conmo,·idns palabra, ee cilavaba dudn la primera etuOrlllg11e1.1 sin t•xperimentar ni et!CrÚ· lo habla dejado 1,&lt;] allo anterior, tomó nuévnmen.te poae•
ei.'111 ele ~u antiguo BpollOUto de paredl!S enCD.ladas y sen•
tomo una ei&gt;pina en el_cora:Wn del hermano mayor.
pul09 ni remordimíimtm!.
LIL jnzgabn infinitame??.te menó!! culpable qne él y cillO!I mnebles rñ~tic-ot&lt;.
Aquella n:pl\llaión de ternura de que el conde !le senCuando corri6 1115 persian;u;, largo tieuipo csrradaa, pa•
C!l.!!.i la alHOl\•Lo,.
ü, tan poco digno, le cau,,;ab1 nn m11.le111ar indecible.
radar 11n poc:o de aire y eol á la pieza hllrnedn, \"ió bajo
Eo efecto ;cuánta!! excmnui no podia inn~ar ella!
.!.I oír á Honore.to regocij11rse de U11a dicha cuya. iluso•
ria eolid~1 conocía Yida1 mejor qne 111tdie, vol da á nn
Prim~ro, !u torpeta11 de Honorn·o, su ma.Lrimonio iin de él la vieja Mrin cu11.drada de agua ,erdoéa, la calle
lado la cabeza y no respondía eino oon turbad,ie -pro· amor, BU ju,·entud1!olit11,ria y aobre Loo.o aquel ,·irginRI cubiertn de yerba en donde loe limoneros alt.uoabancon
test.a:;,.
aleé\.o que Vida! no lmbta adh•inado, nquellt1. u,rnura an• ]119 roerui .Su/r&lt;JM.
Profunda piedad y d~~radora nngwitia lo oprimían.
tttrior á la época de w matrimonio, secretamente guar•
Lo~ gallos cantaba.u en el fondo de 10! gallineros; lot
~o balJabn el momeruo de poner término á aqu_ella tor• dada en el foudo fü1 eu corazón y que IE'gltimaba á 101 dora~nos en plena fbraci6n alegraban con 11u pohoreo
1nm, ~P ~oh~tra~"'"' Á aq,wlla. gratitud de!!bordnnte que oj".»l de la j&gt;JvNt l1t p11sVm á qnencah11ba de nb~nd,i1•:n•sfll r.JS8.. In verdura oscnrecida de lOII prados
·e 1:eu~la,lt:n•1¡J1,,.z:J.
Ei coud .... H: Ft'l,!fa r•••nf'tl'll&lt;lo clt ¡iit&gt;&lt;lud í&gt;"r Flor dl'
El n u,gimi.-nr.o ~- 1:1 ~n"nid11d C:e 1¡ut-1 rincón ilt'-Cftm-

....

"''°·

EL MUNDO.

31 SEPTIBill!RE, 1896.
Po contrastaban casi cruelmeute con el dt'l!orden de ideas
de \.idnl y lt\ agitaClión que en ru pec.ho albergaba.
Más lejo~, por sobre los oli vag b.líladQI! de pacífica luz,
Ja,g almenas de In ri!W. de 10!:I .Le.ntiW1$ ee dibujaban l:O·
brn el mar uzul.
Blaspect.o de IQ. antigua morad.a de Flo:r de :Siza, vol•
,·ió eu pensamienOO h11eía los hahitnutee de la ea.lle Ca•

rabacel.
HS3ta. eaE' mom('rtt-0, fa precipita~io'.ln de la marcha, la
violencia qM se lw.bfo hecho para huir taÚ r,'lpída.mente,
le h11bían impedido i11quieta~~e del efo.cw producid.o eo·
bre Ylo!et.n por l!\1 brosc., det..ern1illflción.
PeN en aq_ue.lla soledad ll.i1l•11cioea, entre aq11ellns :fr•
bole;i y n1uellos sendel'QB q_ue le l111bh1ban de ln joven,
80 operaba una evolución eu él.
Experimentaba, 110 el dolor de ll.u sacrificio, ll.L-o un
aentimiento de ~ierna solicitud por nqul.'11:t d. quien flCA·
babn de sacrittcar.
En eaoa momentoa, eetarin dC$pierUl Bin duda; procederJ'n trnm:¡_uilaroent.e II EU loil,lt,, hu,go dei:eenderfa con
In cer~idun1bre de encontrará Yidid 4 la me.&gt;a p11r11 el
deaayuuo.
L¡¡, víepern, ni dejarle, Je habfa murmurado, con km
imperturbable conf!amm:
¡Hü¡,a mañana!
Cuando le comunicJ1r11 Houorato !n. i.JJe!l:peradn nue,•11
¿cn,í!ea serÍl.ln eue re.fie:ii:io11b?
¿C,jUJ.o interpreUtrin din nquel ml.&gt;!terioso r11·-0eedimient-0 de batil'!le en retirada'I
i,\·erta e.n ello e.im¡.&gt;lll.men'W un 11,cto lll' ni.lar 6 el deseo
ele. ..-sea par por medio de is fog11 {[ m111 caidu inevit.Bble?....
En edte caso, era de ternen,t- que t'&gt;'t.i idea, lej05 de
calmcu- á \'io eu1 1 la irrirnnt profubclii111e11te y la hiciera
tonsiJertl.L' la ri,&gt;peutina ml\rchn r1;1mo evidente demoetra•
ci(m del amor q11e habia ine-pirndu.
Y eot0Me11, \·1tl'ltn más nud8z por !!~a tácita coníi!ei6n
dedebilh:llld, serla capu, de coucisrtocou el en e:11:tremo
conlll\du Honor11t.o, ele nmir á sacar dt la .Foúan á ¡;u Cll·
nado .
Saint-Pone se es~remcei(, al pens-ami~nto dt&gt;. Y!.'rla Rpa,
recer lllltes del auochecer bujo los oliYos de J::11u Juan.
Lo..go refle,:ion6 tm que em o,a:ullu1&lt;a.
!,;]poniendo que 3dh·ínR.ae 111 verd:,dern cao~a de su ÍU·
ga, E"I seutimi~nto de la Jignid:,d y to! amor propio la re•
tendrían en 'Ni%n.
Preferirfa eufrír 4 e:xponene á una nue\·I\ muestra de
desd(ln.
~e la tlguró de pront-o doJoro~ameute humillada, de.
ee~per11da qnizli.!!. y s:e le conmo\·ió ('l cor117(m.
Heprocb6s-eel haOOr eido demasiado dnro, dema~iado
ymmt.o en alarmanie¡ poco faltó para que no ~e mirase
ridfculameot-e presuntuoso por ht10er tomrulo um d. Jo trñ•
giconn:'I mani!.;stación de tllrnnr:t, un poco viva 11in duda
,. f•ttl'll de las conveni~ncin", pero que no implicaba ne·
ceaar!ainente intenciouee eul pablee .
&amp;! acnf!'.6 de dar neciamem.e u.n:i gr&amp;Y'ld.'ld peligf'O!a á
uu mero atnrdimient-o.
Cnrioso seria si 111,1 intempC'!'tiva precipitación irrit.nba
&gt;'i Yiotet;tt., exM:peril.ndola f. impn!~;tndo!a á entn.-garse nue,·anwnte d las di11ipacionea del inderno y ae vengab:i. en
111&lt;11M~otl~I ab1t1d1n1 en que Yida\ 1ad,,jaba.
~.\qnelJOJ! pen~amleuw comradJct.orioe se eutreme~cla•
han chocándOf!e nn&lt;J!!•eontra otros en el cerebro del con•
de, durante el frugal slmueno q11e !e preparó la nrnjer
del campe,iino ene.lrgado dt'I c11ltivo del dominio.
Cuando hobo terminado de nlmonar, fné á rumiar eus
pe.rpltgidadee luera y á p,l!lear por el calllpo, ú. ln an:11t.ul'I\ .
El ailencio profondo del cámpo (era el de Yi('rnes
8.:i1uo:) lit dulzurfl dtil cielo Rembrado de nubes blaueas- y
algrl(lonadili!, la culcnn dd m,ir ter30 y !ecboso, el paii,aíe
1·irgi1ia110 en medio del c1m! pa~aba, adormeciaro11 e.us
agitaciones é i11clin:i.mu BU t:l!l"piritu hncla un blBudo en•
l:iUl'IIO.
n.~rrió el muro de loe Lentiseoa y cnntempló á tra•
véii del tM'erjafü,1 el jardín desnt-t&gt;ndido en donde 1119 TOeas ,Je .\bril rlor~e/au en CO!llpleto abandono;
F.,1 aquellos oaminos recorridos t!\nl~ ,·ece&amp; en com•
paiiía de Ilonorato y de Violeta, en tiempo de loe es-pon•
eald, la sombro enca.nu.dom de Flor de ~iza vagaba ó. eu
ludo.
Pero uo era ya la jo1·en, reservada aún y enigmática,
1:\ q,1e se evocaba en su recue.rdo: era la mujer tmnl!for.
mada por el mat,rimonio, la dulce y sednctora criatura
&lt;! H• 11:ibfal tenhlu In l'i~¡,1.•1'8 \'11 sns br,,t••s.

Tolvfala á ver ya revestida. con su traje l,eaMal de la
,,ciada en casa de Ma.r1werno: los br-.izoa deg:nu_doe, !nmi•
nasos los ojos, el blanco pl\Cho eng11irnaldado de clavel&amp;&gt;; ya !!el! aparee/a con su traje prima verJ.! del Jue\•ee
Sant.o, encerrado el bust.o en pálido c,irpiíl.¡¡ de r,1yll.!I CO·
lor malva, cuya tela 2edoeil exhalaba un pe[lt"Lr,1nte per•
fome de ,·erbena.
Bajo cunlquier:i forma que 11e le moitr:1.ee, le p:i.reo:fa
mcts wm..adora qu¡,, nanea.
Voh·iase para mir'.lf la vüla de los L~oti,iCOS de pel'!lia•
na.s corridas.
Aquella cua cierrarh ero c:omo el 11ímbolo de eu propio
destino cierrado al amor y en dóude no entraría ya la
únic~ pen!.ona qne hubiera podido esparcir en su torno
la alegría _Y el encanto.
C.OIDO melnncólico rebafio, lo!! dolores Be apretaban en
~u rededor: dolorl.!ll de la OC!ll!ión lallida, de. ternurlUI no
adiviURdas ,i tiempo, de la hora parn siempre Pa!lada eu
qul' \·iolt,ta hubiern podido p~nen~erle it'gitimnmenk:.
Doloree tambián de una resolución demasi,1dt1 heroiet\•
mente tomada y q_ne nada remediarla. d13 aquella siLna·
ciún excepcional.
Pi&gt;neando en r¡ne la Srn. de Sa.in~Pons podría en 1111
arreb11,1.0 d~ deepecho nrrr&gt;jarse Oll'a vez en mediQ dit
la sc,ciedad de donde él la hab!n sacado, y que por
vengania ú hastío c1arf11 al príncipe K!!.menski ó áctml•
quiera.otroaqnel e.mor que él h,tbia reh11l!.lldo, \'hl.ll ss
sentf:t im·adido de negra tri~teza y sordos celo¡¡.
Fn cambio @llbito se operab11 en til.
Deseaba yanhora. que sus suposiciones de la maílana
2e reali1.aaen r qne \"i(¡Jein se decidieaeá venir á sorpren•
derle para lh:sílr~elo de nuevo 4 Nll'-a aq11ella mi,imn
noche.
Impnl~n.do por 11nn e¡,-pemnn quimérica, ro1vió preci•
pitn&amp;!mente hncia San J1.1nn, Manió hnst.:.i. las primeraa
e."U!na de la aldea y He prl'glm~aba ti cadn vuelt.a del camino 11.i no surgiría de pront.o uu carruaje colli.luoieudo á au
hermano y li. sn culla.d.11. R la Fou(rn ........ .
De
en c11nu1lo1 entr~ ,ma nuOO de poh•o, aparecía
un landii en el camino ll~no de sol y ento11ce11 el corazón
de Vid:.i.! latit1 precipitadamente.
Pt1snbn el carruaje, lle,·irndo lrncia SJn Juan á n!g:ún
grupo de extranjeros que iban ÍlCQ1Mr al hot,el Victnria
ó{&lt;. ."1,lini.-Hospicio, y !.!I conde ex{)ll.rhnentaba un brtüCO
deecont.ent.o.
Avtirgorumdo de su debilidad y para evitarle todo pre•
texto¡¡ @u rid!cnla eit:peeta1iva, 14m6 el eendero de Jns
saminant-ee á pie que sigue á lo lurgo del mar, en di·
reeciún ú Beanlitu.
A 11{ .no podía 1·er ya et camino de Si.za, ni [orjarse C!!·
t,lrilee ilu~ionEI!.
Cnmi116 co'l m~~ ea!m11, tratnndo de no pt,11sar m:lB,
hipnotüándole ni ruido de In@ ollle que c.hoenb,i.u c,:.mtra
l:la rocfle.
Como pasáse 1,ajo !ns t,err117,as de la ,·ill« Olimpia, oyó
que ee abr'la un:1 pul.'.rt:~ y vulviéndn!e, eeenciontr6 !rente á frenM con In seliora ~Wruverno, que b.1j11b.l loe e11•
calones con prteipitllCióo.
Al punto notó Vid~l la nlteraoión del semblante ordi•
nariamente enmble ~· riweño de la buena sefiom.
Su tiut-e b~bfa ¡mlidecido, susojOll t ,rtaban húmedos y
le iemb!nbun IOll labioe.
-Ah! ea n~ted, 8,,.i11t·Po11~, murmuró con \"ot entrecortada. ¿Tambil•n UMed ,,¡1, allá? ¡Q.a(i le parece 1\ usi.ed&lt;1ué
de~gracia!
El conde la rnirV con aire de sorpresa y nltty inquieto.
-Pt!rdón, &amp;!iiorn, rep11110. U..:t,ed pan:ce muy conmo'"id.s .••••• ¿QnJ es lo gue pn¡;a?
-Córuo ¿no lo sab~ usted? ...... El pobre La l~renilirs ba
mue.rt.n.
-¡Ricardo! excl11.mó Yiaal, pa\efüciendo á su vei:.
-Sf, mueri.o i!Úbilamt&gt;nte, haee una hora,. .... Acahan
:le durme la eapautosa noticia ...... Precigiment.e Ba.utittia había s;1lido cou el coche ...... Me he pue.it.o el pdmer
sombrero que tuve á D'lano y corro á la lh.seraie, al 1.,,do
de esas deedichadas mujtJrea que pierden la cabeza.
-La acompano á lll!tt&gt;d, dijo Vida! conster11adC1.
Le ofrl.!Ci6 el bm,.,o y !le alejaron r.ipidainent.e hacia
B!\ltlieu. Yaeii C3.1.I1in.:,., la sei'lora Maru1•eroo refirió lo
que ~nbfa.
-Rioordo La Frenii:re estaba en la lfoseraie de3de ha•
c{a algunos dfas. Ayer llciv6 á N!lncy y á Marra Tetesa
al teatro de Mone&amp;Carlo y cenaron al~remente. Se di_e..
1) 1 In II pntl hy pt1a ra,:'.1&gt;, dnp1l@dtl 11hn:frn· ••...•

,·et

39
En el momento en que alzaba la maleta para dársela •·
criad,,, se dzj6 eaer, quej.1.nd!)8a de un do!or agudo y cin.co milmtoti W'l!pués todo hnbiancabado...... ¿No ee horrible?
-¿CA ruptura de unn nmmri~ma? •.....•..
-Ea la opinión del inHieoque llegó de!!pué~ de OOtt·
rrida la mnllrt.e .....• L1 .FrenWre 1mfrfa fr&lt;:leuentemeni..t
deaórdene&amp; en la r&lt;!gi&lt;ln del coraz.-'.m, y :'ldem!~. aunque
eso -no lo dt&gt;j"'3e 1·er, tenía difi~uJt111les de dinero, sus neg1cios eoLab.un embro1\ado;¡; IM inc('.ietudes morn\e9 han
inlluído 11in duda en el pro_gre;¡o de ln enfermedad.
-¡Pob!'l' D.ck! 1111~pfró Saint.-P,me.
-Oh ell rep!ic6 la seliora de ~foruverno! Pero no es 'él ,i q,1ien cu1up'\dezci1 ml;i, ..•.. Prev,:io una 11nc~si6n muy
di6Jtü,osa .....• H.1y grJ.nlc'! d~n Ll~, y probiib!eineu~ habrá ne::l:!gid id de vender ](I R ,ser.,io pal'l\ p·1g:1.r intt&gt;rases
á lo'l m•1chos acreedores ....... ¿(¡ 1é ser..\, s11 medio de
tan~o! embrollos. de tre! d~dieh11:.I.M muji&gt;l'e. q1Je e;i~n
muy ajenas de esperar s,s,uiejame Üi;!.!ta&amp;\.re?
~F.,liz.meot.e, tienen alg111os buenos nmig,13 en. torno
,nyo.
-Ay! dijQ la b·Jena m11jt&gt;r mo-oi~ndo la C!l.beia. u~ted
a.'lba, como yo, lo qlte J!&gt;;igan II ser loe buf'no, ao1ig09
cnando la d,Hgrs:ia eotr,1, en nna e 1,a ...... E11 e,te país,
snbre to:lo, In, amistadef! eon mriy auperftcfale~! tfo ~
p'.lrlen condolencia, n.ds 6 ut~noa sinee.r,1&gt;. l11~g•1 sesien•
te pronto la foUga de IM l:ígrim 11', y cada qaieu vuel'78
pronto lÍ eu, negocios y ,l. Bllll p!oct&gt;res...•.. E I lo qus lttl8
concierne, '.\hruverno y ro, hnrernos lo ¡1,,~ible por suayizar lfl tran!licióo, pero no por eso ser,\ ui ;ooll inevitable In ruiua...... ...
·
A la idea Wl nq11el lag 1-re!I m11jt1re,, ayer :1.(1n rodetul:w
de todas las aparienciál! de nnn \·ida. ,1~ hijo r red.u•
eidll! dentro de poco 11. C:\recer dtt fo nece.~ari•l, q,u"1.l.:~ron.
tri!~wenoo tacitar.003 y a~.:ibuon el traye~m ~ilenoiosamente.
En Jo1jnr.lin!!!de la Rl~er,,ie. nadie h&lt;1hi~ra p:l.iiJo
adi1·in11r la de~gracie qne scabnb.1 de dt•~ca.rgMse 110bre
los. rnoradnree de aquella cn~a.
Los ro~a\es, baJ\adol ele &amp;01, 0st.ent.ab:io glorioimnumte
b, ¡:rof11slM1 de SUB flor~/1.
Bajo el corredor, halJ(a dh·ereo1 objetos el!parcidos s(),,,
bre la mes:i y las sillAA: l!bflll! entrenbiert-0!!, cna&lt;l1:1ruoe
d~ música, mq_uetas ¡nra j11eg-:is dt, pelota, hab!ab:i.n de
una mRfi:rna. ¡,:igadJi .iu ru1d11S&lt;)I eniretenimleoto.s y dulceq jnegoa.
}'"'ro luego que ae p.!!nP~ralm en el interi,:,r o.le. la eiisa, se
&amp;t:'nlfo yR pL'E!ar unaMmó,for'a de dnelo.
Un lúnebre olor H:11ico irnpr~~nab:i el aire.
r..os criados ntaread.J11 iban y venian, ensordeciendo
su~ J')ll!(IS y exogerando au11 earai&gt; const.-ruad:LB".
,.ida\, de~pt1éa de ltaceue !\1111nciar, elgui,i ,i !a ~eilora
1,lam~erno ,t la piez:i ,•11 dom.le la ~eüora de L:t l~l'l;lui~re
e1-taba en compaliia de Xancy.
Ifab!an en1•in.do á toda pri~a ,!. 1whmr ,\ la blronasa de
S¡¡lt&gt;ll.'r; pero como est,a,ba en u oa exéursil)n Uü rcCl'OO, no
se la eneontró tin la ca~I\.
&amp;&gt;ntadn en una sil!!\, con lo'l brazo3 enti:i.do,i, Nancy
nbrfa cuan grandts ertlu ~11s ojlffl de nifia, eu loll que se
leía niae es~upor qne dl'Sohteión.
La ,inda, postrada eu una rh•ü~~•lo11g•.1r. sucudíll la ca.beza entre ene manos y puecíll enlocl'11,cida.
Se lel·ant6 un poco pam recibirá la eeilor'.l Maruverno..
y de~puós, ni verá \"iJal qn.; había aidu el m1,jor amigo,
del difunto, Jau1-ó u c1 ¡;rir.o quejoso y vol 1'16 a caer presa
de una crfsie nMviou.
Sll.int• Pone se retiró di,crel:1.mente, dej,\nd1J á fa desolada mujer ni cuidado de lns seíloral! qna J,i. rode.alnn BOUcitamenle y pa.eó á la cáman~ mortuoria.
A pemr de 111,l!•persil\lla!I, un r11yo de ~ul se ñltmba en
la ¡lí;,&gt;za y ei1p:1rcla mu\ luz diinaa.
Ricia.rdo La. l~reni~re yacía cobre e! k-cho cou un c111cillj&lt;'.I e1,lre las mao~.
Su pálid'o y eimp,hico ro~trn con loa -piirp::iilos eermdo!, t&lt;.'nía la sereuid..11 que itnpriiue la um~nc en 111.11 fac•
cio1we de lo'J qne ha tl)Z.1do, cowo sí uibolo Jt.!.I i;uprtmo
reposo dt: que \·an ,l: go:tn.
Medio aCfllllt:tda á. tra,·t'i del lecho, !\luía Tc.reea, eaeo,.
dj¡]¡l,. JJl')r fuertes Mllt,Ml15, poSILbJ ln bxa ctl IIIS n\l\11011 de
ll!U padre, y parecía adherirGS á él éOmJ vur.1 reten.:de toda\·fn en eete. mundo.
El ruido de loa p!l.303 d~ Vilal In hiM t:aLrernccer y ~
vnh'if1 [Prn,;mente, cnmo irritada d ! que l:1 di,trcje.;¡euds
1111 fi tinl •lfffaper ci.'n.

�EL MUNDO.

....~---,.... -

Bia emllup; lorma\a . . . .pa.$.a.l lliliiim1o. .....
to,, ;w ..... .--. . . ,,...,,. ...,., ,.,_.

........ kiil
►.

~-.....-..-....lillllll;

1Jliliít..~ t
lliila~~
;jiiaiallefara ladlft\ren•
ea p,9famla; y én ella•
piM.

~

•

Nllilbr, podo_., pensaba-en ~1a.

p

eom-

Jáili&amp;,Jl'.ljta~--

lol......,

1o. . . . . . . . ~a._.., ofreóía, lamldM1a lle

~.,,..,.ere••

;. . . . . .

"',,..
•t•la11111Q111dll~~

~ 11a ~

mgillalpclr - ~

de

�EL MUNDO.

42
A pesar del ~I que ncariciabn eu cráneo cah·o, perruanec!a con la cabeza deseubierta; elll! pirpadoa pleg:idos
,·el11ban sue ojos uaturalmente apagados; stlll lnrglll! patillns .rubia:; dallan cierto nire deplorable &amp; su rostro flemático.
Al encaminar~o con paso ceremonioso á la cabeza del
cortejo, el barón meilitaba en lae molestias de aqnella
muerte ines-p&lt;:r:ida y en lll!l eventualidades, amenazado·
ras para sn bolsillo, que~" pre~entarían Bin duda, d. can•
~a de Is de&amp;1pariclón del jefe de la familia La Freni~re.
En el ca;o mny probable en que la suceeión fuese ruinosa, él no podrla, •in herir las conYeniencias, n: perjudicar su propia n:•spetabilidad, dejar en la mi ería d. su
suegra y 11. 505 en fiadas.
Esta obli¡,,acilin de atend~r 6. mujeres habituad:ls al lujo y al bienestnr, contribuía sensiblemente á alargar sus
facciones y á darles nn sello de gra,·edad apenada que
los asistent.es interpretaban como la expréaión de un do•
lor reconcentrado.
Marn,·erno iba penRnndo en l:i.s próximas cleccionlll! al
Senado y en l:i reFonRncia del di•cuTeo que pronunciorfa
dentro de nn momento onte .,.J féretro del diiunto.
Sólo Yidal pen~aba en su amigo muerto y acnlfa en el
fondo de ~u cora,,6n unn tristeza verdade-.-a.
Ln pec¡U!'fia iglesia de Beanlieu er:1 demasiado estrecha
para recibir aquella multit11d de concurrentes.
Mnchos sil q11edaron fuera y de ello se nprovechoron.
los nuoe para e.•qnimraP, los otros para ir á eepernr el
fin de la ceremonia, bajo el emparrado de In Re~er..-a, cuya verja se abría precisamente enfrente.
'.\Jíentras el órgano acmnpai1aba con ene modulaciones
sollozante11 el tra.•porte del ata1íd, Vida! ocupaba uno de
los asientos rc,,ervadOB á la familia.
En el momento en que se pamba para inclinarse ante
el catafalco, eHrel1ndo &lt;le cirios, de donde ee exbaloba
un perfurnr. de floree moribundas mezclado al olor do la
cera fundida, advirtió, no sin eetremecerse de inquietud,
d. su hermano y rt su amada en el fondo de la nave.
·
Habían llegado retardados y se abrían pBl!o difícilmente á tr:n-cs de la concurrencia.
Snin~Pons habla supuesto q11e Yiolet:i. no podrfa dejar de pree,mtan,e en el en~ierro de Ricardo La Freniere,
pero se había figurado qne gracias á la multitud hallaría
medio de evit.ar coalqnier encuentro.
Ahora, la posibilidad de elndíree le parecía menos evi·
dente.
Honorato y 511 mujer hablan logrado avanzar hBJ:ta el
crncero, en donde •e- mantenían en pie, no lejos de
''ídal.
Los ojos •lel conde eran invenciblemente al.raídos hacia
el pilar junto al que e.etahn Flor dll Niza.
En cnanto ,1, ella, hojeaba distraídamente su devociúnario y á tra,·és de las llamas humeantes de IOB cirios,
Vidnl1listingnfa aquel eednctor semblante, cuya blancura resaltaba más por lo npgro de eu traje de duelo.
Hubo un momento en que sns mirada!¡ ee encontraron
y la lenta caricia de los ojOI! grisee de la joven pareci,, significar d. Saintc-Pons que no habfnacudido d. Beaulieu máa
que para verle.
De nuevo ee ~nUó oprimido de BI1guetia á In idea de
que era ya inevitable una entreYieul.
l'ío se !!ngallaba Vida!: Violeta contaba con que el ser•
vicio ftí nebre del pobre Ricardo le proporcionaría ocasión de ..oJver á encontrar nl [ngili..-o y de pedirle razón
de su brusca partida.
Aqnelln fuga la había ca\tllado contrariedad, pero ni la
habfo 80rprendido ni irritado.
Co11ocln lo bastant;e á Vidal para que no la admiraran
loe cornbates que tlllCudirfan sn alma.
Sabfa que era detnlll!iado escrupuloso y ilemaaindo leal,
pam q•1e no pre\'.iem la energía con que resistiría rt la
atracción que ella ejerciera eobre él.
Por el conLrario, le eeLimaba m'8 por la rectitud y delícade1.a que mostral&gt;a alej!Úldose de ella y por eeto le
amaba con m,18 paeión.
En aquellareeoloci6nsúbit.amentetomada, veín la prueba de la i11f111Pncia que ejercía enél.
i huía de ella, era porque la amaba y temfa que sucumbiera á la tentación.
A tal idea exp&lt;!rimentaba l:i. joven llllA alegría que lo
ilumi1111ba todo á l!D Alrededor y la impedía considerar
las cosa~ desde P.U verdadero pllllto de 'listli.
Por lo demá!i, penetrada ya de la moral más que in-

duJgente del medio tan libre en que había vivido todo el
invierno, y no sintiendo por Honorat.o má.q que una. ironica conmiseración, no la deienían ni los mismos escrúpulos ni los mismos remordimientos que á ,ida!,
A sus ojlli!, el tr&amp;11POrte que la habís arrojado en bra,.os
de sn cm1ado, y había unido sus labios, oo era más qne la
mrni!.,etación de 1m afecto muy ti&lt;,rno, sin cnlpaoles in•
tencione:.
Yivfa en la atmó~fera deliciofia del amor que comienza.
H,íllabase en &lt;'S:l primem hora en que t-0do es límpido
y yirginal como el alboréar de la mal\ana, en que las
emocionee de In carne eon inconcíeotes y como ilumin:ida- por las puras emociones dtJI nlma.
Xo ~e preocupaba po•qne nq•1cl estado durara siemprP.,
ni pcnl!'lhll en qne IIP@Pos ;-,¡Is impetuo~oe pudieron turbar aqu&gt;!lla ijeal corriente de ternnra.
Amaba, era feliz amando y nada le importaba lo
demás.
En aq11el momento, miPntms las plegnriae e11bfan con
el incienso, en torno del féretro, el gota de vi,·ir cantaba
en ella y an~ ojos b11.5C11b:m 101; do \'ida! para endarle nlgo :i~í o:imo un eco de nqnel c.íntico interior .......•.
El ~acerdote hnbfa saimodindo el tlltiwo R,,¡,1ir11C&lt;t1 in

pace.
La multitud relluyú hacia el pórtico f el c.&gt;rtejo, volviéndose á formar con menos orden, subió el camino del
cementerio enf.re declives en donde florecían grandes geraneos rojos,
Las ruedae del carro chirriaban sobre la calzada reciont.ement,e empPdrada.
8scudido por loe mo..-imientos, el atahnd oscilaba con
en Cl\rga de flores.
A.vanzáblll!e lentamente sobre la vertiente bañada de
sol, y los hombres se enjuban la frente húmeda.
Por último, llega1on.
El carruaje de duelo de las La Freuitre habílL tomado
la delanteni.
Cuando el cort11jo Jli,gó al lugar en donde ee abría la
fo~a, el grupo de las tTes hermanll!l ~e deet.acaba negramente sobre lns tumbas de m,l,rmol blanco.
Maria Tere,,a, :1 la vista del ataúd que depositaban á lo
lar¡¡o de lo abierta eepnltnra, se sintió mal y tuvieron que
retirarla.
Entre tanto, Marnverno con la cabeza descubierta, agi ·
tando unas hojna de papel con la mane sin guante, co•
menzaba con ,·oz eonora el discurso que había prep;uado laborio~amente y que eeperaba ,·erlo reproducido en
los 1)0riódicos del dfa Riguiente.
El ll11jo de su elocuencia parecfa inagotable á los oyentes á quienes ei sol leB qnemaba la e,pulda r ln nnca.
Acogieron con un murmullo de aprobación y de bienestar In patética peroración del fin~! y en segnida loa gr11pos se dümminaron.
Mochos asistentes, yol\"iendo de p•isa á su carruaje
{ueron d. acabar el día á Monte Cario y con las nubes de
polvo levantadas -por los caballos, voló de sus ligeros ce•
rebros el recuerdo del muerto.
Yidal quedó pronto solo con il1 familia, cerca de la fo.
ea en donde loe paletadas de tierra roja cubrieron presta·
mente el ata1íd.
Todo estaba conolnido.
Snludó al bar{,n Spieler, estrechó la mano de Era y de
~ancy y se dispuso á a.Jejaree.
Al franquear la reja, 1)0rcibiú d. Honorato y á Yioleta
1ue le eepiaban, on pie cerca de su land6.
Habla contado algún tanto, con que IOI! dQ8 esposoP no
viéndole ,·olwr, hubieran ya tomado el camino de Xiza.
Ahora no podía ya evitarlo.
Se adelant.6 con pMo firme y pre.sentó yaliente.mente
la paz al enemigo.
-Y bien deeertor, comenzó Honorato estrechándol~ la
mano, ¿es así como nos abandonas?
Violeta ee había acercado á su yez y tclldía la mano rt
su cni'lado.
-¡Córuol dijo Vidal eefordndo~e por tomar en tono
deseniac1ado, ¿aún no se habían marchado ustedes? ........ .
F.11 mucha amabilidad haberme esperado al eol.
-Teníamos erupeflo, reapondió Flor de Niza con acento irónico, en recibir noticias de usted ...... Como la mC'ntalia no venía á nosotros, hemo, ido hacia la mont.al!a.
--'-En Jin, ogregú Honornto ¿están termin~dos eiioe fam08os 'traoojos? ...... ¿Vol ,·ede pronto?
--·o sé, replicó el con evaah·::. Los carpinteros la

20

8:EPTIEJlBRE,

1896.

han emprendido con el techo y se cntregadnn ,1 la holganza si no esto viese ali(.
-Pero, objetó Yioleta. con aire de inc1edu!id.ad,supongo que los carpinteros no trabajarán por las noches?..... ~
~o podrfa rutoo venirse á cenar y oi dormirá ~iza?
-:~fo, declaró él con firmeza, no insistan ustedes ........ .
Ell~ le miró nn poco turbada por la energía d,• aqcella re,,puel!ta negati\·11, y luego agregó B11rcásticame11te:
-'En ese caso, nosotros vendremoi 1\ ,·erlo.
-Sí, añodió Ilonorato, te re.ien-am,:,e nnn rnrpresa..,.
-¡Qué ocurrencia! protest-0 Yidal inquieto, bien sabes
que la Fonán no es habitable para 1111 matrimonio jonn.
Pienso que no tendran ustedes la intención de instalarse·
allí?
-En la F&lt;.11:fo, no! repuso Violeta lanzándole una
ojeada maliciosa; pero sí muy cerc.i, en los l,entiscos ..... ,
Como nos ha abandonado usted tan pfonmmente, no 81!·
t:1 nsted al corriente de nada ...... Sepa usted, pues, que
mi madre está de ,•uelta y que h"mos hecho las pacee.
Ln liemos proltletido pnsnr unos días en loA T,entiscos,
en donde ha vuel~ ella á poner su!:' cuartele,¡ de prima-

,·era.
El rostro de Yidal se había obscnrecidl),
-Diríase que esto lo contrnrin! prosiguió ella con u11
tono en qne se tran~lncía al pnr que un reproche, una
vaga amenaza .....• Xo per~i6ta asted, pnes, t-n su mal
!.tumor úcTeeremoaquP nos ocnlfa .Jgún terrible secreto ...... Ea todo caso, ~eremo~ Sllg v,•cinos de nqnf á poco
y nuestra primero visita •erá para uneJ ...... ¡Ilastamuy
pronto!
Y s11bi6 al carruaje sin voh·er;;e á mirarlP.
Honorato abmi6 rt su hermano, repitiendo dócilmente:
-8í, basta muy pronto!
Se sentó, en seguida, al lado de su mujer y partió el
land6.
Ya había de!&lt;apnrecido tn1~ la cun-a de la rampa.
Se ofa el trotar de los caballos resonando mát&gt; y m:ls,
sordnn1ente en L'l carretera, y Yidal permanecía inmó,11
cerca de 10!! geranios bailadoA de sol.
Se entristecfa y se irritaba de la ineficacia de sns ealuerzoo para alzar una barrera entre él y la seíiom d&amp;Saint-Pons.
Contra lo qne él esperaba, Violeta no parecfll hnber-·
c01nprendido los seri09 motivo~ de su conducta, 6 si los
había adivinado, no los tomaba ~n consideración.
~o quería ella ver el peligro, no apreciaba los senti •
mientas de 1..altnd y de honor q11e insl,igaban .1 su cuila•
do ti de¡¡empefiar el tonto papel de .T º"~·
¿Qué 8Ucedería si se instalaba ella en los LentÍE.cO!' y
si Honorato, que no eabfa ,,er nada ni sospechar unda,
se obstinaba en en ceguedad?•.....
La sitnación se tornaba á cada instante más peligrol!ll.
Yidal, al pie del moro, se preguntaba con angustia
qt1é partido tomaría entre aquelle. mujer apasio ada, capaz de entn,garse á las mayores imprudencil\8 y aquel
marido sumergido en una engaíladora SE'guridad?, .....
¿Abrirle loe ojos á Ilonorato?.. ,...
Eso no era ni generoso ni pmdente, y adeuuls, el remedio serfa peor que la enfermedad.
¿Esperar la ocru,ión de una entrevÍllta con la set1ora de
"8int-Pons y tratar de hacerla entrar en raT-ón?..... .
El éiüto parecía muy dudoso.
Además de que en semejantes circunstaneiae, el papel'
de razonador es soberanamente rid!colo, no se ftabn mucho Vida! de SllS propias ÍUt!rzaE.
Era hombre, y cerca de aquella criatura tan Eeductora,,
hacia In cual ee sentfa secretnmenLe arrastrado, terufa
carecer de la fortaleza y sangre fría necei:arias.
Bastaría un accidente, un moviruient.o d11 senaibilido.d
para que su debilidad quedaao de.cubierta, y en t.UI c~so
la calda serla tanto más pronta cuanto mt1s émptfto,a.
hubiera sido al principiQ la resistencia,
El único remedio verdaderamente 60bemno era b
fuga.
Era preciso partir silenciosamente, interponer cente·
nare~ de leguM entre él y l6 mujer de su hermano,
"Pero tampocoest.o le era posible hacer.
Ln muerte de Ricardo La Freniere hacía momentanea
mente impracticable aqu1:l l!Rl1"a.dor l)l0yeclo.
En el t.o!stamento, redactado un nno anti!!!, instituía el
difunto al ~de Saint,.Pom; ejecat&lt;ir de ~us úMma~ ,·oluntadee, suplicándole que ayudase con eu nmistad á 11u
,·iudll y su,, hljo@,

20

SEPTIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

43

'\'ida! no podía., sin ser tachado de egoísmo y de infil. simo hacer más, pero desgraciadamente no eoy liltre pa1In fulgor muy tierno, pero más serio, balil1b1 sus granferencin, traicionar la confianza de un amigo y eyadirse ra obraré. mi arbitrio. Creo, sin embargo, , poder afirmar des ojos garzos.
Había desaparecido la. ndolescente para ceder el pueeto
de nn deber tanto más imperi_oeo, cuanto que el porvenir que el barón no ;-aeilarli e;:i ofrecerá mi madre nna habide la sef\orn La Freniere, y de Maria Teresa eohre todo,
á una esbeltn joven, perfectamente formada y encantatación en nuestra l'illa de l\1ontbor6n ....... ..
dora con la severa sencillez de su traje de duelo.
parecía gravemente compromPtido.
La señora La Freniere volvió hacia su hija mayor su
M1entr111 repoanba todas estas díficnltadee en sn cere- Tostro enel que aún se Yefan los párpados hinchados de
Se enjugó los ojos llenos de lágrimas y alzando hacia
bro adolorido, ee encaminaba el conde d. pie al pueblo de lágrimas, y respondió con voz débil:
el conde una mirada confiada, murmuró:
-Ohl señor Vida], desearfn convel"l'ar nn lllC'mento
San Juan.
-Te doy las gTaciae. qaerida, pero he tomado ya otras
Seguía lenta y tristemente el sendero de los aduaneros,
con o!lted ...... ¿quiere usted que demos unn vuelta por el
disposiciones. Al ,eigniente día de nuestra desgracia, Mr
á orillM del mar que murmuraba con suave mnnsedum· legra.fié á mi hermana, que habita en Nueva York, y su jardín?
bre.
Se inclinó él en seftal de aquiescencia y le ofreció el
r~pnesta no ee ha hecho e5¡&gt;erar. Por telegrama me inYidal dirigía ans miradas distraídamente hacia fa azubrazo.
vita ,1, que vaya á instalarme á su CMa con mie hijas y
lad11 superficie del medit.errtlneo, bncin la coloreada ende- esto ea Jo que haré tan luego cowo pueda elllir de BeanCuando estuvieron Juera, bnjo la enramoda que se prona de montafia.• de la coeLa, á la movediza verdura de lieu. :\H herman1,1 el! rica, me ama mucho y gracias á ella,
longaba asta oril!ns del mar, María Teresa se detuvo.
l,ls oli Yos bru1aJo~ de eol, como buPcando q11ien le diese ~ancy y Maria Tere~a podrfan allá casarse ventaj08ll-SC!!or de Saint Pam,, comenzó á decir ella; cuando
un consejo ó nna inRpiraci6n.
vivía mi padre, usted era muy J,ueno conmigo, y ahora
mente .......•.
Pero en el desarreglo de nuestra propia naturaleza, el
que él ha partido ...... pnra eiempre, usted es el único
Durante toda esta con,-enmción, )lnría Tere~a tenla los
mundo exte·ior perman~e c1 nelmente impasible.
amigo q11e mequeda. El amaba rtusted mucho y usted J.,
ojos obstinadamente fijos en la!! Y'lrd urae del jardín.
El mar pru~eguía «n canción indiferente, lns montañas
~o ~e podía ver su rostro, pero se adi..-inaba en el es- amaba igualmente. :lle parece que encuentro en ueted
ee expolvoreaban racliosnmente al sol, los olivos eegn!an
tremecimiento de soa hombros, que llorab11 silenciosa- algo de lo qne había en él y ea lo que me anima i, pedirmoviendo desc\Jidadament;¡ sus ram!l.s y parecf:in deciTle
le un constljo ...... Me siento t.an desorientada, tán inexmente.
á Vida!:
perta,
tan sola!... ... Tengo tanta necesidad de que me
En cuanto á .·oncy, tan luego como en madre hubo
•¡Nada podtomos!n
gafen
y
lo obtengo tan poco!
acabado de hnblar, se paró y dijo sin deteMree, con
Y la Ju mi nasa pa7. de In~ cosas no hac(a eiuo exasperar
La
voz
húmeda de la joven ascendía como una plegllacento firme y resnelto:
la angn~tin de aquella alma atribulada.
-:María., :lfarfa Teresa acompat1nrá á usted solamente, ria bajo laij l)almel'UI! de la terraza' y sue hermosos "jos
JI
porque yo estoy resuelta á no expatriarme ...... Ayer el sinceros se voh·fan hacia \"ida\ con una expresión de
En el salón de la l:oseraie, la sef!ora La Freniere, sus
príncipe NirBECo me ha pedido una entrevista y me ha confümt.a que le conmovió:
hijns y en~ amigoH, se e11contrBhl\n reunidos en una es-Querida nifla, respondió él, tiene u~t.ed raz(m en condirigido una proposición de matrimonio qne ncepté ..... ..
pecie de con@Pjo de familia.
tar coll'nigo y estoy enteramente á su disposici6n.-DíEl príncipe y yo estamos comprometidos y nos casarePor primera vez, desde hacía ocho días, había salido
game ns~d lo que la inquil'la y trataré de aconsejarla.
mos tnn luego como usted baya dado su conaentimien•
la vi11d11 de su habitación y ee ha!Jfn sentado en un largo
como lo hubiera hecho mi pobre Hicardo ...... tAs111,ta
t-0 ...... Espero que no me lo negará. usted. ,erdad?
canapé, entre la b:uone,m 8pieler y llfar(a Teresa.
Al o!r el nombre del viejo príncipe Nirasco, la señora rt usted la perspectiva de esa partida para la América?
Nancr se hallaba un poco apartada y pareeía sumida
-Si ...... confesó ella, yo no qui~íera salir de Beaulieu
l\lnru..-erno no había podido reprimir un gest-0 de desen tétrica meditación.
en donde he nncido y que tanto amo.
aprobnci6n.
En frente, delante de una mesa cubierta de papeles,
Sus ojos hú.me~os abrasaron con miradu amiga el cie:\timba con espanto á aanella rosaganLe y fresca joven
:\{aru,·erno corumltabn una hoja borroneada de cifras y
lo,
el mnr diamantino, las montai'tas eefumada~ y cooLi-.
de veintidos afio,¡ qne hablaba de casarse con un eeptua•
co1wer~aba en voz baja con Yidal de aint--Pone.
nuó
reprimiendo~ sollozo en la garganta:
genario como de la cosa m:!s natural del mundo.
El bar,'.,n Spieler ee había excusndo, vero la buena eeflo-Aquí
es donde he vivido con ml padre; aqu! es don-¿E•o piens0.8, Nancy? exclnmó la viuda, Yisibtemenra :Man1vemo no había acompai'lado ásu marido, se había
de
él
ha
muerto
...... ~o tendré fuerzas jamás para abante contrariada. El pr!ncipe ~iraeco tiene cincuenta nlloe
colocado j,rnto rt María Teresa, ti quien le había tomado
donar
este
rincón
de tierra en donde el reposa y en donmás que t(tl
una mano q ne guardaba afectuosamente entre las suyas.
de he pasado tan hermosas boros á su lado ...... Si me ex-Me place que así sea, replic6 terminantemente NanPor las vent.anae abiertas enviaba el jardín á la pie?.a
patriara, sería como una pobre planta arrancada que no
cy; me ofrece una posi11i6n honorable y prefiero caearme
en~ombrecida por los trajes de loto, eua olores de primacon ~¡ á \'Ívir como parienta pobre á expensas de urm p11ede ya i!Char ralees en ninguna parte..... .
vera y lo~ gorjeos de 108 alegres pajnTilloe.
-Pero su madre me parece resuelta á partir...... ¿Tentía desoonocida que me deeagradarli y ti la que tengo muBfütieta ~ 1oru ,,erno, rlespués de toser para limpiarse
dría nsted la intención de separarse de ella?
chas probabilidades de de!!Bgradar igualmente.
la voi, so aseguró IB!l gafas y comenzó á habla.r en estos
Permaneció un in,;ta.nte silenciosa y como ..-acilante, y
La sefiora La Frenii're alzaba loa hombros y Yidal mitérioino6:
luego
afladi6:
raha d.laseñora.Uarovemocon un movimiento poco apro-•Seiiorne, el conde de Saint-Pone y yo hemos pasado
-Sellor
Yidal, vo"y .t hablarle á usted con el corazón
batorio.
la i;emana en disponE'r la sucesión de nuestro pobre amiabi.,rto
....
Ciertamente
le tengo prof~ndo afecto á mi ma-Nancy tiene razón, dijo Eva Rpieler sofocando nn
go Ricardo.
bostezo, yo le apruebo que tome m11rido, por maduro qne dre, pero sé que no le soy indiapensable. Allá encontrará
Con gran pesar de nneatra parte, nos encontromos fren•
sea, antes qt1e someterse á la férula de parientes extra- elln de nuevo sus hábitos de la ininncia, amigos, á su herte de un;¡, situación mala y creemos de nuestro deber pollos ...... Mamó, estoy cierla, no Re opondrá á un matri- mana ...... Se acostumbrará pronto ánoverme. Xole karé
nerla en &lt;:onocimiento de ustedes desde lnego ........ .
monio que asegura le. independencia de sn hija y que la falta, en tanto que il mí me faltará todo si ,·oy á vi viT
El activo se compone únicament.e de la rilla de la Rodescarga al mismo tiempo de
gran reaponsabilidad. entre extraflos...... No, no tengo valor para irme á lo
Eemie y del mobiliario que la guarnece; no menciono, si-Obl ciertamente, protestó la viodaqoe aborrec/a lBB desconocido!
no por simp,e formalidad, la frtbrica de "Parla de que el
-Sin embargo, usted no puede vivir eol&gt;1, Teresita;ver•
discusiones; no abrigo la intención de contrariar ó. Nandifunto era mero locatario y cnyo material no le pertedad
es que tendría usted á 808 hermanas...... Pero, créacy ...... Es libre y se baila en edad de saber lo que leconnecía.
me
usted
suponiendo que consieI?tan en recogerla, no devenga mil.e.
La ó/fo, comprendiendo las dependenciBS y el mobi-¡Que sea en buena hora! agregó irónicamente el se- be usted contar macho en en solicitud ...... Son demasialiBTio, puede ~aler unos trescientos mi! francos, y de heflor Maruverno metiéndose las gafas en la bol~a del cha- do personales, nv tienen sus mismos gustos y no deseacho tenemos ya un compmdor que consentiría en tomarleco; y nhom que todo está Bl'reglado ásatis!acción gene- ría yo para ll!lted q11e fnese á. adquirir los de ellas.
la en esta suma ...... pero la propiedad está gmbadn de
-Oh! no cuento con ellas, protestó Turfa Teresu, su
hipotecas hasta doecientos mil franooe y las deu&lt;ias de ral, creo que podemos levantar la sesión ......... .
modo
de vivir no me agradaría ...... No, yo había pema:-alndó, se despidi6 y salió con la. seflora Maruyerno á
eecritnras, gastos jodi&lt;:iales, etc., se elevarán d. unos
do en otra cosa y 80bre eeo deseo consultar á llllted ......
quien la viada ncompnñ6 hastu el carruaje.
ochenta mil. ....... .
Yidnl 111 miraba con sorpresa y se preguntaba con inEva Spieler y Nancy aprovecharon el moment-0 para
:-;i nstede,i ee resnelven á vender, cosa que les aeollllequietad á dónde iría á. parar.
retirarse
j=las.
jamos, quedará á la sucesión una ~ama de veinte mil
La ja,•en prosiguió:
La baronesa subió á la habitación de 80 hermana d. fin
francos, á lo más ........ .
-Me
va á juzgar oated muy presuntuosa! ...... pero, en
Permftaseme indacir á los herederos á que cedan, bon- de interrt&gt;gll.rle acerca de su brueco matrimonio q11e pi•
fin,
soy
buena múPica y me conceden cierto talento como
dadosamente á so madre lo que lee corresponde, que por caba extraordinariamente au curiosidad.
yiolinista. Pues bien, hab(a pensado en utilizar ese taUna
ve1,
solo
con
liaría
Teresa
Vida!,
le
estrecbóami8lo demás, 1.,s sería insuficiente para Yi\"ir ...... Y con este
lento y en gannr mi ,'ida en Niza, dando lecciones de
moti va, lamentamos la an~encia del se!!or Barón Spieler toeamente las manos:
acompaftainiento
........ .
-Y usted. dijo, mi pobre Teresita, ¿qué será de usted
que seria .,1 único que pudiera darnos algunas luce6 res-¡Cómo!
interrumpió
el Conde, ¿daría oated leccior,es
pecto de las medidas que debieran tomarae para ll8egu- en medio de todo esto?. ..•.. Veo que han consult.ndo rt topor
las
casas?
rar el porvenir en lo que respecta á la. eeftora La Freni~ do el mundo, except.o á UBtei.
Al mismo tiempo examinaba con afectuoso imerés il la
-Quiero, replicó ella gravemente, vivir de mi_ trare y sus do~ hijas menores ......... •
bajo.........
¿No ea más bonroso que permanecer e11 la
joven
y
ae
maravillaba
de
la
rápida
traneformación
que
Eet.a alusión á su marido det!J)t'rL6 la at~nción de Eva
0&lt;aosidad y §. cai-go de los demá.,?
Spieler, que hasta ent.onces h.ab(n escachado muy dis- se habla operado en ella en un ano.
-¡Pobre bija mía! est.o es insensato! ......... PrimeraTiabín perdido eu delicadeza gracil del OOl:'k-_Mh.
• traidamentt- el discu.t110 del Sr. ;llaruveruo.
mente
á la edad de usted, no p11ede quedar sol4l, y desS11
talle
se
había
ahtrgado
y
el
hU!to
se
le
habla
desAlzó su bonita cabeza, adornada con una capotita nepaés,
no
808pecha las miserias del oficio que llllted quiere
arrollado.
gra cuyos larg08 creq&gt;onte hablan sido ya ajustados de
Sas abundantes cabellos obscuros, ant.dadoa en gruesas emprender ......... sí, usted es excelente música, extraormodo qae cayesen elegantemente hacia atrás.
guedejas, daban á su rostro más lleno una expresión me- dinaria violinistll,; pero la amable acogida que se ha be,
-En cuanto á mi parte, en eso6 veinte mil francos,
cl10 d. su talento de aficionada, se -0ambiada en dtlllcondijo, la cedo con la mejor voluntad. ..... De.searfa mucbí- nos juvenil.

""ª

�27

44
fianza cuando tratara de sacar partido de ese taleoc.o
para la ganar In \·ida ..... ,.. TendNI. usted, además, que
luchar contra una comp,,tencia sin piedad. NÍI.a estii
llena de artistas que ee disputan l!\6 leociones. La oferta
es superior·, la demanda ......... Usted no anpondr,i que
los alumnos acndirá.n en m11ss desde el principio .... ,., ..
Será. preciso e~perar largo tiempo la clientela, y entretanto, ,\cómo ykir! usted?
-Ya había reO,,xionado en todo eso, l'e8pondió ella
con toda calma: me habla dicho que si umed aprobaba
ml proyecto, ,orfa usted balltl\nte bneno para facilitarme
w ejecución .. ....... Desde luego le habría rogado que me
buscase en .·,111 Juan un cuarto, en casa de alguna.e perao1111S honradas y respetables que me eirvieran de sombra ......... Xo soy ni de"contentadizs ni animada, ocupo
poco Jugar r creo que mis hmlspedes no tendrían por
qué quejar,;i, de mí...... Además, esperaba que gracias á
las relacioneF de UEted en la arist-ocracia de Niw, podría
procurarme atgunos buenos discípulo~ para comenzar....•
Xo me forjo ilusiones ace1ca de los encantos del otlcili&gt;,
pero ya otras lo han hecho n.ntes que yo; estoy dispuesta
ú soportar muclias co~as con tal que llegue ti ganar bon•
rada y 111odefflam1&lt;nt-e mi pan. Querer es poder y me
sienLo cap:u. 111! qnerer con firmeza, sobre todo, Eri putido
contar con la ami~tad de usted.
Yidal esonchaba con admiración.
firmeza ele vohmlad, la madurez de juicío de aque•
lla niüa de diir;; y seis aílOH, tie la hac{an núo más ErimIM°l

pática.

Le oonmo,·in eneontrnr ea ella tanto bue11 sentido y
espontll.Ile.idnd, tan ,·ah,roso modo de mirar la ,,ida, juntamente con una gracia t.an ingenua y tan confiada P.ere•
nidad.
AJ mismo tiempo se sentla tra~pasado de com:pasi6°u
al pensar en la, miserables oecepciones, eu loa peligros
! que iba á lanzan;e tan impe~UOijlUllen.tll María Ten-sa.
-Y bien, preguntó ella, alzando l1aci11 él sus ojos síncaros y co111enznndu á sentiri,e í.nti.midada por s11 aílencio,
¿cuál es la opiniC,n de oated?
-JIU opinión es, repuso el conde, que tan \'alientes
intenciones mereeen examinarse detenidamente ........ .
\'oy A pensarlo eat.a noche y le prometo á usted que
ID!'-fiaua por lo. ma11an,i. lo diré francamente lo que
pienso.
Ln faz entristecida de ~arfo Teresa se iluminó y la joven iendió eu• n,nnos al amigo de su padre.
-G rncias, e;eñor \' icLt,l, esperaré á neted mu iiana ..... .
P11ro ¿no l'!l verdad, agregó con infantil entonación, que
dirá usted que Lengo raión y no me ddará lle\'ar lejos de
todo Jo que amo? ........ ,
-Yeremoe, replicó él con gra\'e ,onri~a. Hasta ruailaua, Tercaital..., ..
La atrajo hacia él y la besó paternalmente en la frente.
-Es usted mm \'aliente muchacha, murmuró, v la
quiero mucho.
•
Se ~apararon y Yidal se dirigió pensatil·o hacia el camino de San Juan.

20

EL MUNDO.
Siete días habían pasado desde an corta entrevista con
Ilonorato y Yiolet.a.
De eupouer que esta última penñst1ese en su proyecto
de ,eraneo, su llegada á loe Lentíetieos se bacín inminente.
Cada \'e7. que ,Tidal viol\'la á. su casa temblaba temien•
do encontrarse en el111 ,i sn hermano y á su cunada.
Aquella misma noche la vista de 1a fachada color de
rosa de la vi lla, despertó sus temores no momento ador•
mecidos, y le volvió al estado de angul!ti.a que enfría desde la maílana del entierro.
Franqueó el wnbral de ea casa eintieodo on estremecimiento nervioso, y nn ee tranquilizó hasta que no supo
que nadie habla ido á preguntar por él.
Sin embargo, su agitación Yol,ió, y toJÚ! fuerte, cuando
vi6 desde las ventanas de su habitación los techos de IQ.
quinta de loi; LentiRcos,
Púsose á pensar en la eventualidad de la llegada de
Violeta, en los riesgos de la lucha qae podía volver áempezar de 110 momento á otro.
El menor rumor de puos ó do voce.a que ascendiese
del fondo Jel vestíbulo sonoro, le bacfl\ estremecer y le
CBlll!a ba fiebre.
No pndo soportar largo tiempo aquella enervante
aprensión, y pw·a librarse de su ruale~iar, dt•j,í de nuev6
flU habitación y se fué á vagar al campo libro.
Atra\'tll!Ó el bosque de eabinos que borda. la ribera meridional de la penínsnla, y se dirigió haoin San Hospicio.
Caminaba sin v-er nada, pell88ndo alternativamente y
con la misma inquietud, en los aveutunldos proyectos de
la pobre J\Ia~ía Tere.'!B y en el dolor1Jso amor de Flor de
Xiza.
Le in\'adla la tristeza á medida qne pensab1 ou,in mal
ordenada eatl11a vidn, entregada ti los poore, azares.
Cuando llegó á la platn{orrua dti In torre not.6 que el

SEPTIEMBRE,

SEPTIEMBRE,

45

EL MUNDO.

1896.

1896

aspecto del cielo ae habfu. modificado brngcamente.
Bien qoe ine.~eu las seis apenas, la luz tenía ya a1p e
crepnscu hir.
Una cortina de brmnn fuliginosa se extendía hacia el
Sur, y el)lediterr:tneo l-0maba los mismos tonos plomizos;
de suerte qne en el horizonte, el mar y la nube se conlnndían por completo.
Sobre aquel fondo de una tonalidad sorda, una vela solitaria ponía ú.nicamente una mancha blanca, mientras
qne al Poniente lns mor:ta!la~ d"1 Estere! 11e destacaban
vigorosamente como masas color de tinta.
.\l Oriente, por el contrario, una luz difusa se traDHparentaba á. través de la nube, coloreaba las costas y la sá•
hana de agua con gris lechosa, permitía distinguir cla•
ramente la punta de Bordighera.
En un campo contiguo al terraplén de la 'T'orre, doa
campesin011 cavaban l\presuro.damt,nte la tierra alrededor
de las cepas torcidas de on pequeüo vil\edo.
El choque met,tlico de In~ picaa l!obre el suelo guijoeo
turbaba solamente el silencio profundo de aquel paisaje

r

..:

!

I

/

adormecido.
.\ \'eces los dos campesinos levantaban In eapalda en•
encon·adn. y entregándose á una contemplnción calnl'o~a,

1•olvfa11 los ojos hacia el mi"mo punto del ciclo.
lnstinti\'amente lru; miradas de \'icbil signiuon la miB•
mn dirección.
8obre los bosques de pinos, á mucl1a altura, centenares y centenares de estorninos se cernían, eemejant.es ,i un
enorme y 1101'--oriento enjambre de abejn.s.
Ya giraban perfectamente visible~; ya se enruergían en
la bruma y reaparecían en masas, dllt'graoándose en aegnida poco á puw.
El revoloteo eilenc.ioso.de aquelh1s ave~ d~ paso, la calma tr,!gica y la triP.teza íeroz de aquel paisaje crepueca( C011ti111uuá.]

¡_
1

r

•· .

,,&lt;;r, se repetía, es una 1·aliente joven y eerfa cruel aban•
donarla!"
C',omprendíu que temiera Ju jo\'en deHterrarse á un país
en donde todo le sería ertrai\o.
Sabia que á p~aar de sus serias cualidadeM de seiiora de
caea, la señora La .Frenit.re había de~cnidado invo•
luntariamente la educación de sus hija,¡ y que éstas no le
ha.rían mucha falta en el nue,·o 1rnme que eligiera.
Excusaba, pues, A .María Teresa, de que sintiese repug•
nancía por aquel viaje á Nne,·a York.
Pero por otra porte, le espantaba verá nquella nida
entregada á. l!Í misma en mtid io de los peligros de la eociedad de =-:ita y obligada ,i emprender, para ,ivir, un
oilcio lleno de riegos y sinsabores.
"Para arr._.glarlo todo, pensaba, serfo preciw que se ca•
e ira. Se neces..iL:nfl que un hombre honrado se enamo•
r&amp;.qe de ella y ee l•mpeilara en hacerla feliz ...... Y quedaría recompensado, porq oe )Iaría Teresa se ha puesto
encantadora. ..... ¡Qué irrisión! ·u~ doe hermanas, que no
nlen loq11e-ella, h1n encontmdo maridos, y esta adomble
1úlia se \'eftl condenada á vestir Eantoe ...... .. ¡Qué de~gtaeln!»

:!,Iuy eonmo\'ldo con la enternecedora situación de su
amignitn, &amp;int- Po11s olvidaba EUS propias preocupa-

&lt;:ionee.

F LORDE

NIZA

POR ANDRES THEURIET.

i• .~

(Trdouolda espeolabnente para. "El :Hu.ndo.")-Ilustra.olonesheobas en nuestros talleres.

\~,~j
..::;:•.t·--..r.....

Núm. 12.-Yéanee nuestros nú.meros desde el 5 de Julio de 18ll6.
1or, rn nrmonizaban con el estado da ánimo de Yldal.
n~ pronto, súbitamente Je sacó de sn érlasis contem1'1, ¡.i\·o e1frú frú de noa falda sobre él césped, i la Yez
&lt;tlll! 11 1t irlinico timbre de voz le liizo estremecer:
-1 la•ta qne encuentro á nsled l.... .... ,
\"o'.\· iÍJs~ Í' l con precipitación.
Y io ll'l:1 i.le Saiot-l'ons estaba j unro á él, ligeramente
l!oíocada.

El tinte rosado de eo.s mejill:ia y la¡igitnei6n de su pecho bajo la 1111ave tela del corpiño, traicionaban la precipitación con que había. ascendido la montaiia.
Yidal hizo un violento es.fuerzo sobre sí wismo, y pu•
do decir con voz may tranquila al parecer:
-Buenos tardea, sei'lora . .. ..: ¿C6mo supo uste:l qne me
encontrab :\ agu i?
- '.lluy eencillo ... Llegamos esta tarde á los Lentiscos y

11uestra primer visita fué para UBted. En la Fouán nos di·
jeron que l!l!laba paaeándo~e por la playa; seguí el miamo
camino, y be tenido la idea de su.bir histaSan Hospicio.,·
-¿Y Honorato?
-Lo dej ~ al laio de la vieja Thelisa, pero estad, con
nosotro antes de media hora. ........ .
Yaciló ella un momento, r agregó luego con entonnción snrcástica:

�27 SEPTIEBRE, 1896.
EL MUNDO.
46
==-=============================================================

nr
yo~? ......... Ya nunca bormrá nated, \'ida!, la huell.s de
Tranqnil!cese ueted, nue~tra conversación ti solas no
Desde las nueve de 1a mai'lana eiguienle, ~!arfa Tere~:\
será lnrga ...... Perrnftnme aprovecharla,. al menos pam aquellos btS-Os ...... Lo que sucedió aquella noche puede
esperaba en el jard!n de la Roseraie la prometida yisita.
pedirle uua brt-vto explicación ..... . ¡,Por q•Jt' partió usted suct!der otra ,·e:,;, ........ YamOP, no hay que jurar nada!
de \'ida!.
-Y yo. protestó él con energía, le prometo 6. neted que
tan precipitndameni.e d~pué.,, ..... de lo que habla pBBR·
r;mpalidecidru! por la pena y la ansiedad, sus mejillas
obMlT&lt;Í de modo de no tener que reprocharme una nueva
do er,tre nosotroe, la tarde de la P&lt;mlm!
tenían el tono mate de 103 j11zmines y ens ojOll lije--Le escribí ti. Honorato y él le l.i:ibrá mO!ltrado i. usted
falta.
-Sí, ya lo Fé! repuso elln, burlona; el srBD recur!kl, la ramente circuidos parecían dilatl\do&amp; p&lt;&gt;r la fiebre de la
la carta.
-Sí, ya sé, replicó la jo,·en nerviooamente......... Los fuga ...... Pero no He net-ed en eF.o!
el!pera.
peones qne bahía que vigilar ...... l'sted me jazga wtan.Apoyábaee de codo~ en la comiza de la terrru:a espianAl mismo tiempo le em·oJ..-ra con una mirada apasiote inteligente ¿no e~ Yt&gt;rdad? para suponer qne me ba en- nada y casi provocath·a.
do la venida de Snint-P?ns y s11s miradas inquietas eecugUlado e ·lJ pretext-0...... ::,;ada de e11ganoe, @e lo supliPara no sufrir de nuevo el atmct h·o de aquellas pupilas drii1aban unas veces el camino polvoroso y ot.ras la SU•
co: ...... Cuando usted me ha oprimido contm eu corru:óu grises imprt'g'. □ ndas de amor, &amp;ünt•Pone se puso rígido,
perdcie brillante de la uabfa.
y me ha be~ado ...... de un modo m11y di~tinto de como se irritó contra el mi~mo y prorrumpió con c{,lera:
I.ae brumas de la víspera se habían dir.iparlo y la atee lwFa ,luna cnfladn, iPra mnnifestnción de ternura ó so-No té á qué rne reeolnsré; pero le jnro :i. usted que mósfera, l!mpida de nuevo, permitía distingo ir !ns me•
lnme11te un jnPKo·!...... Un j,wgo crntl, en est.e caso, por- pondré entre nOl;útroe 1111 obstáculo tal, qne ni usted ni ¡¡ores relieves de la co~ta de San Juan.
qne pt'rd! en ,H ...... UEted e~taba convencid,¡ de que yo yo podnmoa íranq11enrluJ ........ .
)íarfa Teresa vió nna \'ela hlB11ca que Aalía del ppqaele amaba, puesto que hnbta tenido la debilidad de confeAl acabar de pronunciar eetns palabl'lll', la delgada si- flo puerto y &amp;e dirigí.1 en línea recta haciii Beaulieu.
aá~lo, yu u~ted demaQiado serio para nobauer pell~ado lueta de eu hermano surgió al borde de 111 plataforma.
Poco á pocó, la embarcación se aproximó.
en que yo interpretarla eue be80e como un comrromi-Ah! aq,ú 1!€tiln uetede!!? .,xclamó Honoratocorriendo
La joven pudo ver, al fin, al lado del pescador qn~ mn•
eo ...... ¿Por qué, entonces, h11yó usted al dín siguiente? hacia ellos, temía no llPgar á encontrarlO!! ......
niobraba, nna silueta negra, cuyo hÓlo 88pooto le latió.
.r:1 momento tf'mido habla llegado y se trataba ahora,
Se detuvo sorprendido de la animación y al mismo el corazón.
para Yidal, de en!rir aquella prueba, ein dejaree enterne- tiempo del eobresalt-0 de loij dos interlocutores, cuyaconUn cuarto de hora después, la barca atracó casi ,mfrencer.
te
de la Roseraie.
ver,.ación
acababa
de
interrumpir.
Espanbdo ante la eobr,excitaci6n de Violeta, miraba
Yidal salt-0 ligeramente sobre el muelle y franqueó con,
Por
primera
vez
sospechó
ooafueamente
que
pasaba
almaquinalmente en torno suyo y se fentfa tranquilizado
,lgil pa~o la calzada que le separaba de Je. verja.
por la presencia de loe dos campe!!inos, que cavaban, á go mieterioso y anormal, y de prouLO se sintió m,úi intiMoría Tere11a había bajado á l!ll enooentro y pronto sn•
midado
que
ellos.
un centenar de pasos de ali r.
Entre aqnf."110!! trefl personajes hubo un momento de ab- bieron ju ni.os la eitcalera que condnc/a á la telTI\ZR.
AqaellOI! hombres le pareclan una salvngnardie, una
soluto silencio, durante '11 cual se percibía claramente
Yidal también llevaba las facciones alteradBB y la pa•
especie de garantía contra las debilidadee (l&lt;)@iull!S.
el
ruido
de
los
arodos,
cayendo
á
inten'lllos
regulares
en
lidPz
pref!tllba al color de an cara nn tinte aceitunado.
Entouces respondió con ml!s seguridad:
Un
fulgor a lave,; enérgico y enternecido brillaln en•
fc]
eu1:lo
pedregoeo.
-¿Quiere usted que le hable francamente? ......... Pues
-A prop(1sito, comenzó por fin torpemente dirigiénsus ojos, en loe que se lefa la gravt!dad conmo\'ida dé un,
yoy á hacerlo ...... Sf; aquella tarde cedí á un arrebato,
doee ,l su hermano, Violeta t2 habrá dicho que almorzahombre que está resuelto 6. 11n acto decillivo ein di~imuá nn impuleo de locura, de que pido humilaemente per•
remos
mañana
en
tu
cash?
......
larse lae eerias responeabiliclades q11e tal acto entrall.a.
dón ...... En mi calidad de bomure, debiera habfrme doSe
detuvo
de
nuevo,
adivinando
en
la
cara
sorprendi-Gracias por haber venido tan pronto! dijo liaría Te•
mi1111do y no cometer un acto ofeneiYo para mi herma•
resa tendiéndole la mano.
no .••... y para usted ...... Cuando tuve conciencia de mi da de Yldal. que no sabía una palabro de aquel proyecto.
-~o, dijo brevemente la sef\orade Saint-Pons, he queGuardó él en la euya durante todo el ascenso aquella.
culpa, el mal estaba hecho, pero dependía de m! el no
rido
dejarte
el
placer
de
BDonciarle
á
tu
hermano
esta
manecita
que temblaba y no la soltó sino hasta qne esagregar nutvae falt88 á la primera ...... ,.. por esta razón
tuvieron
bajo
hll! palmas de la terraza.
sorpresa.
hu!.
-!fo
te
moleat,ee
en
lo
JllWI
mínimo,
agregó
Ilonorato,
Ent6ncea
reclittó
la eapalda en el muro, á pesar de In
Una irónica sonrisa crispó loa labios d., la jo,·en.
instancias u.e la joven que le indicaba un lugar en el ban·
-Entonces, exclamó, usted se imsginaba que una vez no senimos ni exigentes ni descont.entadizo~ ...... Par lo
aquí ceearia todo peligro, y que, deepués de dicir me,, ru.l- demá@, yo mismo he dispuesto el 111.,mrl con Thelisn ....... . co rústico en e 1 que se hnbla sentado.
- . •o, dijo, le doy á neted IBR gracias, prefiero perma·
Pnrante elite tiempo, Vida! se habla repuesto, y sin
1'ª• todo había acabado'? •. ,...... Yidal, ¿me ama usted?
necer
en pitl ........ .
mirar
á
\~ioleta.,
re8pondió:
Ella se apróximaba á él con las manoa tendidas
Se
detuvo
un momento para recogerse, y continn6 luego~
-YP
encantará
ser
el
antltri()n,
con
tal
de
que
se
muesUn geeto de su cnf\ado la detuY&lt;&gt;.
-Querida
nilla, he pensado m11cho en usted desde ayer
tren
ustedes
indulgentes
......
Pero
no
\'ayan
1ll!tedes
á
la
Con nn brusco mo,·imiento de cabeza le sef!alaba , los
y,
mucho
he
reflexionado en el proyecto de que me
Fohnán
antes
de
las
las
doce,
porque
tengo
necesidad
de
doe trabajadores que habían int.el'1'tlmpido su trabajo, y
irá
la
Roseraie,
en
la
matlana
y
me
será
impo;iible
YOI·
habló.""""
apoyados en au barreta miraban curiosamenre.
-Usted lo desaprueba, interrumpió ella; lo adivino en.
vf."r temprano ......... .
-Seré sincero hast.a el fin, replicó él; sí, amo ti ruted! .. ,
Tomaron lo~ tres el camino de los Lentiscos y no cam ·
SU Bspt'Ct.o.
8i hubiera yo podido saber hace un afio lo que nsted pen-So lo c~11snro; revela un corazón altivo y una alma
saba y lo que usted "alfa, hubiera eido el primero en biaron en el trayecto más que alguna~ p~labras insignivalerosa;
pero sí me parece tan laudable y conmovedor,
ficantes.
ofrecerle el compartir mi vida, y creo que bubiésemoe
peraisto t'll creerlo poco práctico, máe bien peligroso, y
Cuando llE-garon ,t la verja, Honorato quiso detener á
vivido felices junto!! ......... He sido un ciego, y ahora que
su hermano 6. comer, pero este se defendió con vh•acidal:
no puedo aconsejarle á 1ll!ted que lo siga.
he abierto loa ojoe, es demasiado tarde.
Mar/a Tllreea bajaba la cabe~ y 8118 laoioe temblaban
-Xo, le dijo, tengo que trabajar esta noche...... Tl1 &gt;m·
Sacudió ella la cabeza, recorrió con mirada e.u,ltada
bes,
además,
que
la
eeñora
Oastelar
y
yo
no
simpatÍY.ll•
como
los dtl alguien que va á llorar.
el mar brumoso, el cit,lo negro y los pájaros atorbellina-Xose
de8coneuele t11ted, Te1esita, oontinúó Vid.al
moe
mucho
y
nos
molestaríamos
mutuamente.
dos, y murmuró en seguida:
-VamOR, Palvoje, no insistiré! dijollonorato empujan- con tono más tierno. Si mi alooto se opomi , que fomen-Dewuiado tarde! ......... ¿Por q11é? ......... Usted sabe
te yo e11s ilnsiones, quiero sin embargo, intentarlo todo.
qne le amo y oonfieea que me ama ......... El amor ea una do la verja.
Ant.ea
de
seguirle,
Viole~
tendió
la
mano
á
stl
coila•
para que no !IS vea. usted obligada , expatriarse
dicha dem&amp;11iado rara, para que no ee goce de ellaá pesar
A Izó ella hacia él sus oj08 pref\adoe de lágrimas y le•
de todo ...... Cuando se ama, Yidal, no ex.ieten obetiicull)8 do diciéndole con acento de reto:
dirigió una interogaoión árida y muda.
-Hasta mailanal
imuperables...... Como dicen los ingletee: •En donde hay
-HBl!ta mailana, repuso i,l con t,ono flr01e, como para
-Hay un medio de B!!egumr su indeper.dencia y 811
voluntad, ali{ está el camino.
bieneH1ar
material, sin condenarla al destierro.
significarle
que
aceptaba
el
desafío.
-Ohl exclamó Yidal con repulsión ••
-Oh ¡dígamelo nsted! gritó ella juntando las manos ....
Y se separaron.
L:i mir6 ee,·emmente y prosigoi6 con anargw-a:
\~Ida! con~inu/i pBBeándose solo h11Sta la caída del cre- ¿cuál señor Vida!?
-Ea posible que se ,azone a,f en la sociedad en donde
púsculo.
ptu11) usted el invierno; pero en la nuestra ...... e.o la mía,
-CB1'anne ...... aqní.
::,;o entró á In Fohuán sino hasl.a que habla cerr.1~0 la
no tenemos lns llli&amp;mae indulgenciB.l!. Honorato es mi
Movió ella la cabeza desalentada y asomó su semblanhermano; ~i le e11gB.11áee tan odioeamente, me deiopre- noche, ceuó rapi,fam,mte, y deeprréa de dar instrucciote una sonrisa incrédula.
nes para el alwuerzo del dla siguientf.", se retiró á su liaciaríK 11 m! mismo, y el despn.«:io mataría al amor.
-¡Ayl murmuro, su proyecto me parece at\n menos·
bit.acilm.
0 Q11ién habla Je engaií:1r ni de mentir? reepondió ella
realizable que el mío., .... Pobre como aoy, las gent.ee que
Durante largot.iempo, 'l'helisa, que dormía en .,¡ riso p11dieran agradarme no me querdan ...... y en cuanto haalth·ument.e. Yo no tengo, lo mism• que usted, el menor
dt'flt'O Je degradarnoH de esa füerte ...... Pero, agregó en uajo, cerca de la cocina, oyó sobro su cabeza los p:1,0:1 dti cer un matrimonio semejante al de mis bermalllll!, jamtl!!!'
en rnz m:ts baja, hay otroa medios....... llay la fuga. .... . eu amo que se agita golpeando el piso de la pieza.
-l'sied me conoce bastante para estar conYencida de
Era la marcha de un hombre que necesita morir pan:L qne yo no le aconsejaría dar BU mano sin su corazón ..... _
hay ...... el dinero ........ .
-~o por eso ddatla mi hermn.no de ser traicionado y ¡¡eguir In sucesión precipiw.da de sus pensamiento~.
No, no ee trata de un vividor, gastado como el barón
.A. intervalos ae detenía, como si ee le hubiesi, inter- Spieler. ni de nn viejo coruo el príncipe Nirat'oo..... El
aLrozmeme infelii&lt;, ......... ·o, eso jamás!
l.n misma amarga ronri,m reapareció en los labios de pue11to ali,ina ebjeción; luego \'()lr(a á su l0J1to é i~rro&amp;rido qoc le propongo á usted ....... ..
flor de Niza, y wirando_:i an cuñado ñjamente eu los mimwle pru;eo
-Que usted me propone! ......exclamó ella estupefacta..
Dru-ú aquello hasta cerca de media noche.
ojos, replicó eu tono de deealfo:
-SI.. .... el marido en cues~ión, sin ser un jov8JI, aún
P&lt;1r último la marcha se hizo más lenta; ce,ió del todo
no llega á loe cuare11t3 a.ilos ........ .
-No pronuncie ueted esa palabra •¡jlllllás?. y no esté
-¡Ah! ........ .
tan seguro de ei mismo ........ . ..\ EU regreso de Florencia y prom,o meinó un profundo ei!encio en la vieja morada
Fijaba\ ella en él sus grnndes ojos puros, en donde e&amp;huuiera n t-ed pénSlldo, que uua noch., me es~arfa de la Fol11w1.
n{a nna creciente .orprt:.sa mezclada de inquietud.
entre eue bra~s y que wb labios 1:e a;ioy~ en b bU•

27

SEPTIEMBRE,

1896.

ELMUNDO.

47

Nueva angustia se a-pod~ró de él, nl pensar que Re haque permanecer en la Fou:1n hoy hasta acabar el dfa; pe-bía
hecho responsable de la íelicidad de aquella ni.lla.
apasionadamente amado, tiene el corazón bastante ar- ro mañana "endré á pasar con usted la tarde ...... Maflana,
•El
pasado ha pasado, 68 rlijo, ahora se Lrrta de no desditnte para mostrarle§. W!ted un grande afecto Y, para Teresita, y todoe loa demás días ...... Pero hoy mi herma·
mayar. Bastante es ya haber turbado h existencia de
no
y
mi
cnf\ada
almuetza.n
en
caso
y
tengo
que
hablar
ganar el suyo.
Flor de Niza y de tu hermano, para que tu cob:uJía haga
largamente con ellos ...... Escúseme usted!
Yidal había pronunciado estas últiml\8 palabras con
-Ea usted verdaderamente demasiado bueno en excu- una tercera víctima inocente ......... •
más animación.
La barca continuaba vagando 'hasta que al fin !ué á atra.-\ medida que hablaba, la fisonomía de María Teresa. earee ..... . Yo no ·qaiem quitarle de su tiempo, mtls que
car
al pie del muelle de San Juan.
las horas en que no esté ocupado ......... Además, estoy
0e i]uminabn y el rubor le n,¡cendia á la.~ mejillas.
,,altó
\'ida! á tierra y marcb6 á. paso resudto hacia la
-Su fortuna no es coneiderable ...... á lo más para una tan contenta, que yo misma tttngv neceeid3.d, "ntes de
verja
de
la Fouán .
verle
otra
vez,
de
habituarme
á
mi
dicha
.........
Voy
á
pa,nodeata con.modidad; pero sabe cuán sencillos son loe
Cllllndo hubo ascendido la calzada de limoneros Y In
sar
el
resto
del
d!a
preguntándome
si
soy
yo,
l\Iarfa
Te·
,:uat.oe de asted, lo vnleroea que es y está persuadido de
escalera de In terraza, descubrió bajo loa oli ,us á Hono-1.ne á pePar de sus eRcasas rentas, podrá asegurarle una resa, quien ha sidoescogidaporelcondedeSaint---Pons! .. •
rato ,, á eu mujer.
txistencia apacible y leriz ...... Agregaré que es de buena 'Bien puedo confeenrlo ahora, hace nf!oa que amaba á
Co~o el tiempo estaba tibio, Theliea b.abfa dispuesto
familia que -pBSa por espirito serio y hombre cortée ...... usted en secreto. ~o se lo descubría á nadie, porque t~la
mel!a luera, e ,t.re los 1hbole•, cuyas bojas movedizas
-Dice 11Bted, se atrevió ella ú murmnrar, muy coruno• nia muchísimo miedo de que me tratasen dl'I loca y de or•
hacían !101,er manchas de oro sorbe el blanco rnnntel.
gullosa ......... Me parecía nsred ton lejos de mí, tan fuera
Jida, qne vive aqul'!
Violeta, para oolmar eu inquietud nervio~a y ocultar EU
-Espere usted ...... .Antes de dt'l!ignarlo más claramen• de mi alcance, á la altura de las estrellas! A.hora la es•
turbación,
ayudaba á la ~irviente ñ poner la mesa.
te. debo manifestar que él no intenta absolutamente pen- trella baja hlll'ta mí y me siento deslumbrada ........ .
Cuando ae acercó Saint-Pon!, le tendió silenciosamen•
Yidal
escn.::haba,
ent.ernecido,
las
cándidas
efusiones
ear en la determinación de ust-ed y que cuando lo conozte una mano helada.
c~, si experimenta la menor vacilación, de~ea que ningin de aquel corazón amante y ee reprochaba no ser bastan- Ya lo ves, dijo Honorato, estamos instalados como
te
dÍl(tlo
de
aquel
afecto
tan
puro.
tr,mor de apenarle, ninguna consideración de convenienen
nueetra cnl!ll ......... Te esperábamos con impaciencia
-Teree.ita la dijo sonriendo ó inclinando bacf• ella la
~ias influya para nada en la voluntad de n.eted.
porque nos morimos de hambre!
cabeza,
no
me
pon¡ra
Ullted
demasiado
altv,
110 sea que la
-¿Su nombre? ualbuce6 ella tu:rbaC:a.
Pusiéronse tt la mesa, pero á pesar de la afirmación del
decepción sea grande ......... Veame usted tal cual eoy:
-¿No loadivinaueted?
hermano menor, ningrino de elloa parecía con apetito f!
un
fiel
amigo
de
en
padre,
deseoso
de
amarla
y
de
baeer-Pero ......... sei'lor Vida!, yo 110 sé .....• yo creo ..... .
hiciE"ron poco honor al almuerzo de The.lisa.
-Querida niila, el marido que le propongo á usted...... la leliz ...... Hasta mañana, querida niftnl
Ilonorato mismo no comía sino á medill!i Y parecía
Saltó la barca, que se deslizó lentamente á lo largo de la
,,y yo!
atormentado
por nna preocupación penosa.
bahía.
-Usted, eei\or de Saint-Ponsl
\'ida! nd l'irti6 eu fisonomía entristecida y por primera
Moría
Teresa
permanecía
en
pie
y
seguía
con
los
ojos
El lindo rostro de Ma.r!a Teresa se había iluminado, le
vez le 1-ino 11, la mente, qne la extraiia manera de ser de
orillaban los ojos, juntaba las manos, como en éxta- la embarcación que saltaba á ;os choques de las olas.
'Violeta
hubiera podido despertar una sospecha en el alYidnl agitó el sombrero; bru~camente la joven llevánfie ........ .
ma
inquieta
de sn hermano.
-Yo, respondió el conde ruborizándose á su vez ...... dose la mano á lo~ labios le envi6 nn belio, y Jnego aver.Aquel pensamiento lo alarmó y le afirmó más en !U ingonzada
de
aquella
demostración
demasiada
vi1·a,
huyó
¡e, que tengo la ambición un poco presuntuosa de llegar
tención de poner prontamente térrniuo á esa situación
J ser el compaf\ero de su vida...... Quisiera ser para ns- hacía el camino y desapareció bajo el p6rticr, de la terraza.
cada vez mil.e peligrOFa y eqnl\•oca.
De
codos
á
la
orilla
de
la
barca,
&amp;\int-Ponsmimbacon
t..,cl nn guía y al mismo tieml)O un 1&gt;migo sbnegado y seEn torno de aquella mesa abundantemente servida, en
guro ...... A.hora, U'Bted eabe nueetrae condicionee...... No pesar ensancharse la ce.padeagua azul que le separaba de
medio
del campo bañado de sol, bajo aquello~ árboles, tí
.:onsulte más que á sn corazón y dígame ei á pesar de loa la Roseraie .
través de los cnnles se contemplaban pednzos de masa
CoUBultó
s11
reloj
y
vió
que
eran
más
de
las
once.
1·einte afiOH que tengo más que usted, mi -proposición no
Tres cuartos de hora faltaban solamente para que llega- azul, una frialdad ineólita paralizalia la expB11ci6n de los
la asusta!
tres comensalee, tan unidos deordinario y tan familiarEst.aba ella tan confundida, tan emocionada, que la era se á !-lanJuan y se encontrase con eue huéspedea.
mente
comunicativos.
Habla salido por la mañana valientemente re1uelto á
impo!!ible articular nna palabra ........ .
La
conversación
se arrastraba entre lángoidns banali•
Yidal, de eapaldas contra el muro, !a contemplaba con elevar entre Violeta y él aquella infranqueable barrera
dadee.
de
que
le
había
hablado
la
víspeTa.
cxi,reai6n de melancólica ternura.
A peaar de su~ esínerzos por parecer alegres y jovial~P,
Acababa de ejecutar la primera parte de su tarea, pero
-Vacila nsted? murmuró.
los tres parecían hablar, no para cambiar sus peneamien•
-Oh! no, setlor Vidal! exclamó ella. Me siento tanor- presentía que le [altaba la más e!!Cabrosa.
tos, sino únicamente para disimuln.r sus íntiruas preoc:i•
Su compromiso con Turía Teresn quedaba cerrado.
gnllosa...... tan leliz, que el gozo me corta la palabra ..... .
paciones.
Tenla
conciencia
de
baberae
portado
como
hombre
.\hl si mi pobre padre estuviera aún cou noaotrosl
Da vez en cnan:lo, Violeta, chwnnd.:&gt; nna mirada anhonrado.
Le teadi6 las manos y él la tom6 dulcemente en sus
siosa
en el roet.ro de Yidal, tratab\ de adivinar 188 reso•
l',e
eentla
capáz
de
dar
á
la
hija
de
Ricardo
la
felicidad
brazos y la besó en la [rente.
-Mi querida Tereeita, elijo gravemente, trataré de que y el afecto que mPrecfa; pero ahora era preciso anunciar h1cionee que hubiera tomnclo y la natural~za tle aquel
su resolución irrevocable á Flor deNiza, y preciso tam- obst:lcnln qne intentaba elevar entre ambo~.
110 se arrepienta uated jamás de su determ:nación ........ ..
Destle la noche de la víspera, la a1ue1111z:\ de Saint• Pone
Quiere usted que vayamos ti dar parte il la Sefiora La Fre- bién hacerlo en presencia de Honorato.
no le salía del cuerpo, y 11 fuerza de rdlexionar había
Penosa y delicada era la empresa.
ni,•re? ...... Ser/a d,i desear qne nos viese caaados antes de
La notillcaci6n debla formuJar,¡e de tal modoqne el ma- acaba lo por perdnodirse de que el ob,t,lculo en cuP..sti6n
partir para ~neva York.
debía eer algún l~jano vinje, tal vez sencillamente uno
La olreció el brru:o, y loe doe lentamente, bajo las enra- rido no advirtieae nada, y sin embargo era necesario que
brusca vuelta á Florencia ó á Yenecia.
fuese
b88tant.e
categórica
para
quitar
toda
ilusión
,
la
mBdas cargadas de rO!II!, se dirigieron al salón á donde
Recordaba la teor[a del conde sobre la necesidad de la
i.nfeliz
Violeta.
JaSeiiora LaFrenicre, prevenida de la visita matilna\ de
fllga,
único remedio eficaz en aquel caso.
A
la
idea
del
golpe
que
iba!
darla,
Vidnl
experirnflnSaint-Pone, se apresuró á bajar.
Mientras más ahondaba en esa dirección, más Yeroeímil
La viuda, tranquilizada reepecto á la suerte de Nancy, taba un sentimi0J1todeoonmiseraciún y una penetrante
le parec!a t~l hipóte~ie.
y estimnlada por la perspectiva de su próxima vuelta á triswza.
Con la impetuosidad que daba ella á todas en~ dl'ter·
Reflexionaba
con
el
corazón
oprimido
en
la
injusta
in·
América, babia recobrado ya su actividad y humor bamino.cione@,
inmerlialamcnte imaginó burlar loR c.llculo~
felicidad
que
se
abate
sobre
ciertal\
vidll8
humanB!I.
bitnal.
de su cuñado, tornando la delantera é inculcánclule á. HoSi un Bl1o ant.es hubiese él BBbido conocer mejor á la
Tan luE'gO como Vida! le bobo dicho que deseaba canorato la idea de p:isar la prinmvern y eJ verar.o viasarae con María Teresa, que ésta coneent!a en ello y que eeilorito Cal!tellor, si ee hubiese mostrnd'l menos alti. vo,
jando.
no eepera ban máe que la autorización materna, la eefto· menos egoístamente ciego , cuanto pasnba á su rededor,
De este modo pasarla el golpe y ee procurarla In oporra La 1,'reni.lre Ealto al cuello del conde y le beeó las \'ioleia habría recibido la prnpoeición de matrimonio
tnnid11d
de encontrar á Yictal en Italia 6 en Clllllquiern
dirigida
aquella
mrulana
á
)lnrla
Ten,¡a.
dos mejillas.
Hnbiérru&gt;e ,mprimido entonces toda una fatal serie de otra parte.
-Ah! exclamó, gracina, mi querido i::iaint-PoUB! ..... .
~Ii hija eerá ciertamente ietz con usted y ratifico con ale- faltlll' y clt: dolores en germen.
Este último no Jlúdía naturalmente ocnltarle á eu her•
Honorato habría sufrido al principio, pero poco , po- mano el lugar donde se instalaro, y costase lo q11ecostnse,
gria en compromiso ......... A !abado Dios sea! exclamó con
sencilla explo~ión de ego/smo anglo-americano, en m11dio co se hubiese couformado.
ya ha.llar/a ella el medio de reunlrsele.
Violeta no hubiera ,-iet.o fu juyenlnd irremedillble.J.e mi duelo, me dagmndee consuelos! _.\hora qne~ancy
.A.ventura llena de rieegos era esta y llena de alJlrosas
y MaTfa TereH están eetablecidoe, poilié p-0r fin gozar mente destruidA por una facesi6n de desencantos, ni su complicaciones; pero Violeta había llegado á on grado de
y ida hubiera sido tan cruelmente trnnc11da.
&lt;le un reposo bien merecido! ....... ..
eobreexcitaci6u en que nada le parecía imposible.
¿Y él, Vidal, habr/a sido m,ls felii:? ........ .
Quedó com·enido que los dos matrimonios se celebra811 pasión, irritada por lo~ obstáculos que encontrab~.
¿Hubiera sabido mantenerse á la altura ele aquella pa· la bacía perder el st&gt;ntido de la realidad.
rían lo más pronto posib:e, á .fin de q-:?e la b11eDa sefiora
sión que babia sabido inspirar y q11e más tarde debía e!!l)lldieee en seguida partir para Nueva York.
Cuando, después de haber ser\•ido el caf~, ThelÍ.Sl\ qe
Se despidió Juego Vida!, y Marfll Teresa le acompafió 11lllnr tan tempe;;toosamente? ........ .
hubo retirado á la cocina, \'ioleta alzó bruscawenk, Id
~Yo! siempre yo! ee dijo con irritación; ¿no coUBeguir~ cabeza peneativa y con las narices dilatadas &amp;.Spiró ilvi•
basta el dique en donde la embarcación eetaba amanad:i.
.Antes de atravesar el camino, los dos novios se bab{An llegar ti desprenderme un momento de esta egoísta preo- &lt;lamente el aire freeco de la hriea del mar.
dado su primer bt!!o baj;, el pórtico del jardín, y In joven cupación? ......... •
un momento ~uvo los ojos fijos en nn ag11jero ht&gt;cho
apoyando la cabeza en el hombro del conde le había dicho:
u pensamiento se YOIYió hacia aquella dulce, amante eu el follaje, por el cu:il se descubr!a on rincón de la ba-Noe veremos pronto, ¡,no ee verdad?
y aincern 'lllarfn Teresa, que depositaba en él toda mconhía, y á lo lejos el penacho humeante de un yate !)lle
-Lo más pronto que puedn ...... ProbablemeDte tendré fiann.
partía á todo 1·apor hacia Italia.
-Le digo á usted, p1·osigaió, que sin que pretenda ser

�48
- ¿S::ibes t-n qué pienso? dijo dirigit-ndo:;e á Hononúo;
pieneo en que á mi edad no he ei;i;ado mde allá de Oannf!l:!
ó de 1.font,e Cario, y me vienen deseos de ver pnfses desconocid . Esta ee la estación en qae todo el mundo se
\'ll. Niza se pone in•oportnble. ••...· ¿Por qué no hemo"
d,: bacn nosotros como Los demás y pasarnos el verano
, ·iajan&lt;lo'•.••..
-¿Hé'.' exclam6 llonorato, cuyos guei.-Os eas1;&gt;.ros se re, Piaron á t!•"tll propo!!ici6n de vida nómada...•.• ¿D · d6nüc k viene, qnerlda, tnn repentin.amenu.1 e~e deseo de
Yiajar?
-~o lo et&lt;, repuso ehn con su enigmática sonrien; ein
duda del deseo que hay en no~otros: de romper la monotonía de In vida ordinaria, de ver coea.g aun no ,·ietas y
ex);K!rimentar aens:asiones nue...-ns y nue\·na emociones.
-Es singular; :l mf jamtb me han acudido e~oe deseoe...... l&gt;ormir en camas de posada!&gt;, comer en mesa
redonda, rodar en ÍL•rrocarril, son placer~ que no he
apreciado nunca .....• )le parecen intinitnmente más mon(,tonoe que la existencia c6rnoda que llevamoe aquí.. ....
¿, ·o crees tú lo mismo, Yidal'/
El conde miró i1 eu cullsda y a11 ¡¡orprendió e-·traol'Cl,nariamente ante la expresión singnlar de mi fJPonomfa.
.Aquel repentino capricho de ,·iaj!lr le puso en gunrdia,
y con intuitiva pen&gt;picncia Ley{. clarament.é en vi pensa•
mieut.o de Vio!eta.
aldivin6 que creía haber encontrado nn prettlxto para
Fegnido, en caso de que él se dccidit~e á huir, y al motJ1ento resolvió alenULrln en s\l~ proyectoli de excursión
leja.na.
-1 lh! yo, re pondió á Honorato, tengo ideas que ya
tú c;,noc~ ...... Soy :imante de yiajes y correría por
montaiius y por valles...... Xo puedo, pues, sino aprobar
d d1:seu dt! m mujer...... Xo hay que ser demn!iindo
egofeta, querido hermano. I'il".nsa en que durante todo
ese i1l\"i1:mo, Yioleta se ha habituado á nna vida activa.
l'oesto qui! por agradarte hn. renunciado ,t las disLraccioll(,B ruido a.s y , eus gost.oll Rocialee, ha lll'gndo tu Yez
nhorn de ncriflcarla algunos de tn,; hábitos domé8ticoo....
Rs deber tuyo eutwi:i;ar laa trnnsacciones y agregaré que
un cambio de régimen no podría dejar de ser muy pro,·echoso á loe dos ......
-¿Lo ctePs asf!
F:atoy H-guro de ello...... ,\.dviertt&gt;, ad~mrui, que u11a
aasenci:i nn poco prolongada permitirá romper radical•
mente ,. sin deacortcafo con esa soci1:1do.d coamopolito
&lt;1ue Yi~ll'ta no puede frecuentar ya.
-Es verdad, :repuso Ilonorato ponMndoee pensatÍY0.
-"Ninguno de 11s\ede11 conoc.e la Italia ...... ¿Por qué no
6e aprovechan de la primave111 para ,·i@itar flor1'ncia y
Yenecia?...... ::\Iarchnrfan 111 Tirol durant · el vernno y en
la hLcirm 1nala irían á invernar en Corló 6 en l'nlcrwo.
~ ¡Hum! murmuró Jlonorato espantado; eer&gt;in nmcba&amp;
ciudades y nos q11it.arán demasiado tiempo...... Siu emLargo, lrui razones que me dat. son . serins, y como dices,
es precieo 110 ser egoftrto...... ·¡ Violeta persiste, pul'I!, en
ene idelll! .••..•
-Segur.unent.e! exclamó ella con Jo;¡ ojos ext.r11ordinariamente brílluntea; Florencia, Yenecia, el 'Iirol, Palernio; es demasiado her111060 mi proyecto, para que renuncie á él. ..... Segnire111oe ea it..inera~io, Yidal, ¡,ero con
una condición ..... .
-;.Cuál? pregw1t-0 el conde con el corazón repenünaU1ente oprimido.
Ju.tgaba que el momento terrible se acercab!l, el inetanttl en qu~ había que asestar el golpe, y,¡ pesar de sua
rl!!'oluciout!S, se sentía. dominado por tierno movimiento
de piedad.
-Que usted nos 11cowpafie, dijo Flor de Nfaa. O~ted
conoce tau bien todos loa país~, qul' nos ea del todo indi.pensaWc......
Al escuchar estll propoeici6n, Honorato vol\'i•~ á po•
nerse inquieto.
'ua ojos hóroedos miraban altemat.hnmente á su mujer y á •u hermano con doloro mirada.
Una multitud de peuow aoapech118 cruzaban por su
cerebro con fulgurante rapide:i:, ,q ue súbitamente Bll había
llenado de sombro.
Pensaba:
•¿Será capaz de aceptar? y si 11Cepta ¿lo hace 1ínica.mente, causa del interés que me tiene? ¿."o experi•
wentn más bien, t!. su Yez, el peligrOBO encanto de Yiolet-a, como lo experiroento yo miemo? En las nat11rnlezas
emá noblee hay lugar p.'lra I tentación y la debilidad?

EL MUNDO.
El noto peca eiet.e veces ni día, y la estreche. intimidad
q11e ee la establecido entre mi mujer y Yidal h:i podido
hncer nacer un seniimiento rnú!! vivo qne lll ee11cill11 y
bonestn amimd. D ~pn(,,; de haber !'llirido la htdiferen•
cia de Yioleta ¿estaré expuesto ti ~ufrir-y curu1to mát.
cruelmentel-la t-rnici6n de mi propio hermano? ...... •
--Oye , \'id.al: bo.lbuceó temeros.1roente, ¿cree. quepo•
drá,, acornpa.na.rnos?
-Lo de!!(laria con toda el almo, pero me es imp!)!Oible.
-¿Impo~ibie?...... prorruinpi6 la joven, ¿por qué?..... .
¿.·o ea uat.ed libre?
-:-;o, no lo eoy desde estn mai1ana......... ;\fo ,·ay 1t
cnsar.
•
-¡Vsted.l dijo ella enfocada.
Y lo miraba iucn-dulamente, eeperando a11n que se
trataría de una iiimple bromn.
Pero .e11s ojos encontraron la mirad.a entriel-ecida y firme de \'id.al, y adivinó que era aquella una resoluci6n
impl:u:ab~e.
Entoncei; un desvanecimiento se apoderó de olla; lo.
parecía que eu cornzon .s e rompía, crey6 que iba á morir
bajo aquel golpe tan brutalmente ns88tado, y cel"l'Ó loa
ojOI!, bendiciendo aquella muerte que la libertaba de tan
bumillant~ y bárbara tortura ......
Ayl ee engafiabll: el dolor no mata tan pronto.
La horrible herida la exponía sólo á descubrir eu de•
bilidad á loe ojos de en verdugo.
Xo quiso darle este espec~úculo.
~u orgullo la bi1.o recobmrse, y trn!' un violento esflterzo panl no desfallec('r, apoyó pe~adam1mte los codos en
la mesa y ocultó en sus manos la parte inferior du 11u
rosLro.
-Te ,·ae á casar túl exclamó á ea vez Honorato desconcertado; ¿y co,1 qni6n t.&amp; CM~'!
-Con :María Teresn La Frcnii:re...... Somoa prometi•
dos desde eatn maflann, ó iba ti dar á ustedes la noticia
en el momento en que eurgi6 la cuestión del futuro viaje
que proyectan.

27

SEPTIIDfBRE,

1896.

4

ÜCTOilRE,

J )1(1,

EL MUNDO.

49

-Xo ncab~ mi P.orpresa, repetía Honorato; tú, nn f \il
terón empedernirlo!
- - i, Y", 116r106 Yicfal ...... He reflexionado inncho y
be roconocido que hacía mal en permanecer i!Olt-cro......
l:"n c:Jlibe-, agregó con energía ~ignificativa, es nn ~.~,
inútil, f,1nest-0 a1 e! mismo y á los dem4s; lo he alherl.idu
desde hace alg1ín tiempo -, he reaulelto acabar con e,.1
vid. de egoista...... En su tef;tamento, Ricardo L'l Frc·•
ni.-re me habfn recomendado ú su ,·inda y 4 eu~ hij11~.
Ew e'ltá casada, ,:ano~ e prometida del Príncipe Nira •co, y la •eñora La rrenicre pieusa pa.rtir pronto p, rn
Nue,·a York...... María TereF.11 illa ri qnedáree ~ola 4 lt1
die.z y eis años ...•. Me b&lt;: dicho q11e no poclín ~l'r para
ella UD apoyo p,:isiule, si no era haciéndola rni e"po,a.
Y.o. he oírecido casarme con !.!lln, .\[arfa Tere1,a 1111 cousentido, y nos casaremos notes de un mes, sin ruido, m uy
eenci !lamente.
- ~li querido hermano. e-xclamú Uoaorato, yn ~ereur, ;
tienes un valiente corazón y haii obrado COlllO Yerdadero
Saintrl'une...... ¡Déjame qlle te abrace!
Y se arrojú en brazo, dl' t&lt;U hl'rmnno mayor.
Flor de .Niza e• había. pue~Lo en pie, eapantbl!alllent"
pálida.
-¡Todn mis felicitaciones! mnrmnr6 entre CMentcs.
Perfectamente hecho!
Con geiato nen·io~o consultó su lindo relojito, prend ido
á eu co1·,iilo.
-La~ dos yal ...... He prometido á mi madre acom1iaílarla y DO puedo hacerla esperar... ,.. Di,péuseme......
liasLn luego!
La jl")VE"n ~e nlc&gt;jú precipiu\dnmeute y la rieron entrar en
la calzada de limoneros.
Ronornto la miraba huír y movía In cabeza.
-Perdona su braaca :,ialida, le dijo 1\ Yidsl, l'l!iá mny
nerl'ioFa de~de hnce Yarios di,ui .........
con pena CJllú
vuelve '1 ea caprichoso humor de antes ......
Saint-l'om permanecía ellencioso.

,·eo

( ~11cluirá.)

FLOR DE NIZ.A
POR A N DRES THEURIET.
(Tnulu.olda e!o'peciabucnte 1nu ·a "El lU u ndo
). úUL

T enía conciencia de la desol adcra agonía que causalr.l ti
aquella desdichada mujer.
SenLínso ,u1gn0tind11mc11te conmol"ido en eu corazón ,.

en t-odo su ecr.

.

•-\quella adorable criat~tn á quien acab.'lbn de herir

•

•·&gt;-nn ..-•~ c1one
Lic~

h

1

e c1.aE1cnnu.ci:;t1.·o s t nUcrc.-.

1;,,-Yé!inse nuestros n11meroa dej,de el 5 cll' Julio de ISOO.

mor La !mente, le lrnbfo dado su priml'ro y ferviente auior.
El t a1ubien ln hnbfa amado, un mom,mto, cu !ndo la
tuvo c onmo,·icla y temblorosa en sus brnzoe.
~ientras elln se alejaba desfallecida, él sentía despertar.e de~ ternura y seg11ía con los ojos llenos ae pie-

dad y de pena la fag:i de&gt; Y ioleln entre bs lim.o:1eros
Hubiera querido corre1 tras ella; oprimirla coutra su

pecho, enjugar con fraterno.le~ bc~os las ldgri mas que q u~
mabau sus mt'jillas ......
Pero un deber impl'rio~o le tenía cla,·ado en su sitio.

�EL .MU.NW.

60

4

ÜCTUBRB,

l~~-

Pero no obstante qae temía 131! emociones p e ~ de
bierta de eepu mn blanca. y ahond&amp;reé luego en profundos • la deepedida, no pudo rehuir la obligacién de acampanar
Se babia jll!'alo no desf.1.1\ecH 'I ee sen~ía conl eoado
y blancos torbellinc,e.
á 80 heri:o11no y á eu cuñada á \a estacibo, y fa~ á reunfrá practicar hast.'\ el fin su cruel ope~i~n.
.
Pensó que no tendría más que arroja":e al vac(o pa~a e~les á los Lenfücos después dol almuerzo.
--¿Sabes dtl qué tengo miedo? contm110 Honora to, de desaparecer p!11'11 tiempre bajo las olas agitadas y dorn:11r
Por lo demás, la señora CasM!l.lar debía acompañnr
qne se canee de11u bondad y vuelva á la\! and.ida!! el pr6-- con eterno eueflo sobre un lecho de arena Y de algas.; .
hasto. Bes.u lieu á su yerno y &amp; f!U hija, r eelimaba que la
ximo invierno.. ...
. .
El ·vértigo del abismo In in,·adía ya, pero cuando qui- pr~eencia y la fri\'ola cLarla de la l!eñora, servirían de
-Rn,Sn ds m ís para peui!!tir en el proyecto de na¡c so franquear la b.1laui:,trada, la paralizó d terror.
deri\'a\iyo á la ansiOl!a inquietud de las últimas horas de
de que bablábamo~ hace un moment,o ...... En 1.u logar
Terui6 ensr el golpé, ca..r sobre las puntas agudas de
espera.
partiría yo lo mlis pronto posible, •
las rocns, en lng'ir de sepultan;e en el mar.
.
Todo eftaba listo.
-Sin duda...... pero puesto que te casas, no podl'mos
'Iu\'0 la visión de su cuerpo tendido entre las p1edrll.!!,
La viuda, con tmje blanco y rosa; Violeta, con cubre
dejarte antes de la ceremonia.
mutilado, f:mgrando, e:i.:puesto á todllll las miradas y su poi vo azul, entran á la barca que se bal~ba al pie de
-Note inquietes por mí ...... á cauea del duelo de la carne sintió repugnanciu á aquellll muerte.
las rocas de la 61/a, y que deben manejar Honora~ y
Freniilre nos casnremOI! en la mi\s e;;tricta intimidad ......
D~jú .,1 balcóu y ~" n,íugió de,;olada y 11.:n&amp; de horror
\'ida!.
Parte, p~e~, sin remordimiento!!, yei me atiendes, lo roa! en el rincón más obscuro de su pieza......
Flvr de Siza se sienta al lnd.o de eu madre, frente á
pronto po1ible será. lo mejor.
. .
PueEto que el temor de sufrir la espantnba ii tal grado Honoro.to, que tom:i. pose.sión de los remos, en tanto que
-Pllea bien, pasa porcas:i. mai\ana, ant.es de ir a Be:m- v la hacía retroceder ante la muerte, no !P. quedaba ya
Vida! se enca~a del timón.
lieau, y te dire to que haya,oos decidido......
.
~á.s c1ue un medio de desap:lTec~r
Con sil traj11 obscuro y bajo su gran sombrero n~gro
•
· lo s olivos
En tant.o
q11e ellos coovel"!!ab au •·=lº
•
'. VioleEra prec:so hufr lejos, e:i.patnarse.:··-guarnecido de Jlorecit.att, el rostro de la joven ap,•uece de
ta:llegaba á. lo.s Lentiseoe, en medio de un rndec1ble deSe itnponía imperiosamente el deet1e~ro.
una blancura. de m1.1rmol, y sus ojos gri.les brillaban con
sorden moral.
.
~o se senthl con fuerzas p3Ta presenciar aquel odioso
un fulgor febril.
F&lt;!lizmente para ella eu madre había eahdo ya.
.
matrimonio.
Permanece taciturna; si.In tese que teme dejar nd.i vinar,
La casa estabJ. eolilaria y pudo encernm1e en su bab1taNo qoerfasufrir el suplicio de oír hablllr de los deeposi babia, los l!Ollozos que se anudan en su garganta.
ción sin hnblar ii. nadie.
,
sorios de \'ida! y ,,eral novio salir todas las ma!\anas paFelizmente la eeilora Castellar está de vena, y su lo·t arrancó j!!I sombrero qne arrojó lejos de Bl Y se puso
ra la Roseraie en donde pasaría. JargaP horas al lado de
cuacidad dispensa á loe d$!máe de pronunciar u na palabra.
de rodilla! contra su lecho.
Maria Teresa.
Et cielo ofrece á la \·ista un azul aterciopelado.
Se soiocaba y no podfa 1lorar.
.
No; prefería destroza.rae el cora,.óa dP. . mi ~~lo golpe,
El mar, liso como un espejo, relli.•ja no azul inmacuLa pa,ecia que una mano de hierro la apretaba IMs1epartír le, mds pronto posible y no volver ¡amas .......,,
ne~ y c¡•ie sn coraión ae había convertido en un bloque
)la.ría Teresa amaba ó. Vidal ...... ¿Podía no am1.1rle ....... lado.
Aquí y nllf, ni paso de la barca, remolinos adin.mantade hielo.
.
.A. esta id ..a, di~ rienda suelta á sos lágrimas.
tados cintilan al sol.
La pieza en que ac11b1\u de refuiiarse era precisamenSus ojos ~e llenaron de agna, lloró abundan~ment~ y
En !renw, las montañas, delineá:ndooe á la luz, ostente su apasent-0 de doncel'.a, aquel en que un o.no antes poco á poco aqne\lae bienhecborae lágritn3S la d1stend1e•
tan sus m~as lilasealpicndaa de polvo de plata.
bab[o. recibido el primer golpe de Vida\.
ron los crispados nervios.
La brisa trae á oleadas el olor de .los nnranjos y de los
E;ta vez la l.J.erida era mJis profunda y la agonía mlis
I'aenron mucbns horas
limoneros, ve.stidos de azahar, que creceuen los jardines
11tro1..
Ei sol poniente alumbró con eu lui;ob\~cua la desgarr~de la quinta 1&lt;O'.impia.,,
El año anterior al saber qne querían casar In con llono- doru desesper1.1ción y l:\s úlfüuas sacudida¡¡ de aqutlla
Diríase que el cielo, la tierra y el mar, se ban concerrato había sufrido, sobre todo, por la c.úda &lt;le ene suenlrna mortalmente l1erid:1.......
tado para acrecer el dolor de la despedida.
flo~,' pero le qnedaba mm V:.\gll e. peranza.
g., oyó en el vestíbulo la \'0Z de Honorato, que e:itra_ba,
La barca ee encamina lentamente sobre la cerúlea suHoy todo estaba lastimado, todo sangraba.. .
Violeta se levantó precipitadamente, se secó los o¡os,
Despué:; de haber tocado con su m !no la íelmdad, des- se lavó eon agua fría el rostro trastornado, Y bnjí, resu~J- perficie¡ pero por lentamente que marche, se aproxima
sm embargo, y abrevia la distancia entre ella y la costa
; de h·''·er
gU6tado nn momento la suprema alegría
pue~
úV
•
t~ li inmolaree, á. romper el último hilo que la unía au11
de Beaulieu.
de sl'ntir~e amada, le era p,·ecLqo eufrir 11011 torturn aphcpn Yidal.. .......
Ya se descubren claramente los ramílletea de palmecada con 'birb:\r0 refinamiento por aquel miemo qne la
ras
que se yerguen sobre las terrazas, las rOC3ll rojizas y
llabía deslumbrado con ese goce ....... ..
A la mañana sigu'ient.e, cuando el conde de S11int-Pona, la rm1n,lá de la Reserva.
Oh! qué cruelmente ingenioso había aido en la elección
La seftora Castellar consulta un minúsculo reloj, ensegún Jo babia prometido, entró áloe Leutiscoa, le introdel medio destinado á separarlos para. aietnprel. ..... •· •
No era posible qne amase á aquella María Teres~; no la dujeron al salón, en donde se hallaban ya su hermano Y gastado eu el macizo brazalete que adorna en pm1o, y
dice:
babia bcc;icado mis que p1r.1 elevar entre ello~ 110 muro
su cuñada.
-Llegamos con adelan~o, y tenemos todavía nws de
Yatllt9 maletas estaban eeparcidas en el netíbulo, Y
inlmqueable.
una
hora la~ antes de que pase el tren ......... Prop0ngo
encontró
;i
Honoruto
en
vías
de
hojear
un
B
..
deker,
Y lo hab(a conseguid,•!
Yiolet-a se eentía impotente para impedir aquel matl'i- mieotr,,s que Violeta, sentada á un pequeño e~critorio, emplear el tiempo que nOll queda, tomando el lw,ch
en In Reserva.
monio cuyo brusco arreglo indicaba en Yidal la inten• escribía apresuradamente.
-Eij buena idea, dijo Honorato aprobando; me agracióa preconcebida de arrancar de s11 propio corazón un
_:-; 0 s sorprendes en plenos preparath-m, exclam~ el
da,
t.nnto más, cuanto que comeremos mal en Vintíruille
menor
de
los
Saint-Pone;
partiremos
pasado
maf!.ana,
¡ueamor qne juzgaba culpable.
y non~ diegutará tomar un bocado antes de partir. ¿No
Le había ella. amenazado con separarse de l!onorsto, é vee, por el exprese de las cuatro!
inmediatamente había tratado él de reemplazar coa un
-Si, agregó Yioleta, sin alzar lo~ ojos de s11 papel; he es y1,rdad, Yioletn?
-Como gul!teb, murmuró la seílora de Saint,.Pone; peobstáculo más sólido el que ella meditaba destruir.
reflexionado en nuestra convel1!ación de ayer, Ycomo UB•
;.Qué podía intentar aún contra aquella voluntad tao ted, he penfado, que cuando se toma una resolución, es ro el temblor de sus labi011, el est..remecimiento qne corre
por sllil hombros, hacen temer &amp; Vida! qua eBa eslación
duramente expresada? .........
preciso ejecuta1 la sin dar tiempO á pemarlo ....... ..
en la Reseva, despierte en ella dolorosos recuerdos.
No la quedaba ya más recurao que abdicar y sufrir....
Se delu\'O un momento y se vohió hacia su cuiiado.
Quiaiera evitar aquella inútil prueba.
Repentinamente, como eeae percepciones extrannmen\'ida! estaba muy pifüdo; pero ea slll! ojos se lefa una
La ve ya tan desalentada, tan llena de desesperación
te clnras que se tienen en plena fiebre, 'se preEentó á voluntad inflexible.
!!ll imaginación el recuerdo del monasterio de :r..,ghet.
-Es más prudente ¿no es verdad? afladió lajo~en con ante la separación que se aproxima, qne ee 6iente invaYió coa penetrante lncidez los muros del convento ir- aspereia, y usted nos dist&gt;eneará qutl no asistamos á ...... dido de una piedad tierna, y se ingenia en provocar obgniéndose en el de.sien.o de un valle pedregoso, el campa• PU maLrimonio.
jeciones.
De~graciadamente tropieza á la vez; con el capr:cho de
nario deetacándose sobre el cielo azul, la fachada bnilada
-No sólo los excuso, respondió él con firmeza, sino
de sol en donde resaltaba sobre negro la placa co11111emo- que felicito su decisión ...... Hay circunstancias en qne la seflo1a de Castellar, encantada de lucir su vestido, y
tJ1ti va de la abdicación de Carlos Alberto.
no ee debe vacilar jamáe, y eeto sucede en loe casos de lo terquedad de llonorat.o qne se apega á aquel:a idea,
Se ,,e obligado ti ceder y abordan á la estrecha playa,
Se acordó del presentimiento que la había entristecido maroha y de separación ...... Hay que precipitarse ....... ..
que dominan las te/razas del restaurant.
á. la lectura de aquella inscripción melancólica.
cueste lo que cueste.
Recordó haberse preguntado con a_ngustia ai en vida esy como si hll biese temido deseo brir la secreta emoción
Como el 11.iio anterior, la Reserva eatit llena de gente,
taría destinada á 11.bdica.ciones más dolorosas aún Y si no que le apoflaleaba, ee apr~ur6 á despedirte, prometienBajo l1.1 ti~da. de tela, los mozos,lcon ciisaca negra y cormcenderia algnna \·ei ella á un ca.l\'ari0 más árido ....... .. do acompai1arloe el día de la partida á la estación de bata blanca, se apresuran obseqniosamente al rededor de
Ese dia de desgracia bab!a lle¡¡ado.
las meeas, casi todas ocupadae.
Beaulieu.
Después de su locuxa del invierno último, despufs de
TI
.Aunque la estlición está ya muy av1.1nzada, la conculna hol'll8 más breree aún en que el amor había parecido
rrencia es numeroea y elf'gante.
Ha
llegado
el
día
de
la
marcha.
nacer para ella, era preciao renunciar 4 todo y, á los veinEn una de Lss extremidades, Tioleta reconoce la banDesde por la maflana, loe eq•üpajes se habían mandado
tidós años, hundirse en las tinieblas de la noche, muy 1~
dada
alegre de sus amigos de antee:-i'l príncipe Kaá la estación, á donde los Saint-Pone peneaban dirigirse
jos de los paraísos apenas entre•:ietos.. ....... .
melll!ki,
la seflora Je Girelle, la peqneíla &amp;-lics-Aubagne,
Hubo un momento en que pensó termínarlo todo dan- por la tarde, atravesando la bahía, á fin de ocupar más
lady Snowdrop y el capitán Lejard.
agradablemente
1118
horas
pesadas
y
enervantes
que
predo un brnsco salto á la mu.,rte.
Eva La Freniilre, retenida en su CBl!a por su recienta
Se precipitó hacia la ventana y pasó al balcón que ceden á la salida.
duelo,
es la única que falta á la fieeta.
Yidal estuvo invi.Bible basta el último momento.
avanzaba encima del mar.
Como
el ano anterior, t..mbi.ln los músicos tooe.n sus
Juzgó que lo más prudente era evitar Loda event1ialiA unos veinte pies. bajo de ella, veía el agua lanzare~ al
Yalees
más
arrebatadores, entrecort.:idos por dúos popo•
am'to de las rPredee rf"jiza!! de l1.1 roca, ,·oh·er á caer cu- dad de una nueva con vereación con Yioleta.

4

Ü&lt;.,'TU.8.HE, ];)l:Jtj,

lares, qne 10$ doa ca.i.toree napolitanos acompru1an con
su música y su verbí. acostumbrada;
Hayan momeutofn ~ue le parece á Flor de Niza que
el tiempo no l1a marchado, que &amp;Ódo lo q11e ha sucedido
sólo fué una horroró!!ll pesadill.i, y se ha.!la de nuevo en la
época feliz en que ~eeía todJí su libertad y todas sus es•
penunas.
//
El cuadro es el miamo,
/
En torno, aquel.lA mesa en que está sentada, la acompaO.an los mi~moe ro/ros familmree---excepto uno, ¡ay!...
liaría Teresa-y i;,fu sola reflexión basta para acab.u
con su brev1- ílu~n, colocando de nuevo, ante 8118 ojos,
la dura, la ine:ibrable reatidad.
En tanto ~ loa violines, clarinetes y goitarras eUBpiran los úlloitnos compases del vals de la QQirina, escucha
ella maqninalmente d volar de las notas sonorru. y el rumor dé las conv~reaciones.
Se figura que es como una muerta que vuelve á aeietir
ú lns alegrías y á la~ agitaciones de los supervivientes.
Esi:a mú~ica de fiesta, esta alegríll ligera y pronto evaporada como la espuma del champague, le parecen de improviso vacfrui, ficticias, estériles,
Pienaaque no hay en la vida m.ís qne una cosa buena
y ,,erdadera:-amar sincera y profuu:lamente á on hombre, sobre cuyo corllzóa se puede repo;111r con dignidad y
.:alma;-touo lo dem!Úl, no ee mil.a que hWDo ........ .
Y esta delicia pura, eeta única. alegría del amor comP artido, ro lae conocerá. ella jamas!
E:;tá muerta para las únicas alegría'! humanas, que valen la pena de ser saboreadas!

•**
T realmente, en medio de aquella ruidosa alegría, tiene el aapedo da nna muerta.
s~s mejillas, pálidas como los lirios tronchados; sus entrecer.rados párpados, sus labios adelgazado~ y su nariz
a.til11Ja, la dan la. expresión de un rostro que la vida acaba de abandonar.
Vidal sient-e piedad del dolor que sulre, y trata de dis•
traerla habl&amp;ndo del viaje á Italia.
-¿ffas trazado ya tu itinerario? le pregunta á ffoaorato. ¿En dónde piensas de~enerte?
-Visitaremos primero á Florencia, reepondi6 é3te, saborean.lo su té, y luego nos instalaremos en Venecia.
-En Yenecia! exclama la señora Ca:!tellar; alójense
lllltedes en el Gran lllJl,:l, en. el antig110 pa.!ncio Terro;
allí se ve la mejor sociedad .........
-No soy de su opinión, seilora mía, replico Vidal, y
aconsejo á sus hijos que alquilen una habitación amue•
blada en el Gran Canal. E,tarán con más libertad y podrán comer en donde mejor les parezca ...... Hay na pe•
queno restaurant que les recomiendo, y que está situado
en la Mercería. Es un Jugar íntimo qllll les a.gradará.....•
Cuántas veces be almorzado allí, en la pieza del fondo,
mirando las góndolo.s deeliza.rse:SObre el agua ob,curecida,
entre dos negras fachadas de ventanas, en donde florecen
claveles rojos!.. ....
Violeta le escucha como en un sueflo.
Ve allá en lontananza, bajo la bruma, á lu vieja ciudad
de los Duxes, y le parece que jamás tendrá faenas de Hegar hasta ella.
La penetra una hoja aguda en el corazón, á la idea de
que antes de aquella noche, se hallará lejos de los objetos familiares y de los rostros amigos que la rodean.
No p11ede creer en esta cruel y bárbara separación.
o.ot1S ojos ae abren de súbito para contemplar el paisaje
amado que va á abandonar, para penetrar.se de él y llenr coneigo los menores detalles.
Aquella larga mirada de degpedia.a circular la causa un
inmenso dolor, y con Ealvaje refioamieuto trata de wírir
más aún.
Cuando uno de los cautautea, en vías de hacer la colecta ae acerca á la mesa, le deslíza nna moneda de oro y le
pide la Cimcíá11 delos ojos.
El napolitano, de blanca dentadura, Je responde con
una amplia sonrisa de aquiescencia; luego vuelve junto
á la. orquesta, é indica con su gn.itarra los primeros compllllll:l de la dulce melodla.
De pronto, bajo la tienda bailada de sol, lae dos vocee
l!Ullvel! de los can$antes entonaron 1a primera copla:
Oh ardientes ojos negros de langnidez preíladoe
Ojos que cual licores, nos dejáis Hnbriagados
•
tljos que adoro mucho
'

EL .MUNDO.
Y temo más aún......
B.illos ojos hallaios en días de inquietud:
Como por fondo mágico de sima adormecida,
Por BUS profundidades seo.U atraer mi vida
y mi alml.l perderé
Por ver la llama hermosa
Qoe lenta me devora
El corazón también.
Ya no me importan nada mis dílll! de rev-t!l!es,
Ni las amargas lágrima~ vertidas tantas veces;
Lo qne me den 109 hados
De duelo ó dP, alegría
Lo be ofrecido á eiios ojos adorados.
La triste canción llena de sollo:i;os, con sui repeticio-

Gl
una úlLima mira..ia de desesperación el mar y la costa de
San Juan¡ lnego, maquinal, pasivamente, sigue á sus
compafieros y atraviel!a la iierandá. sin ver siquiera el r;mpo &lt;le sos antiguos amigoe-Kamell6ki, la seilora de Soli~s-Aubagne, lady Snowdrop-que la eep,an al paso y
comentan malignamente su palidez y lo.alteración deeue
facciones.
Ascienden ahora en silencio 1.. rampa que conduce ó. la
estación.
• Cuando Uegan, se hs dado la sefial de la llegada del
tren.
Yidal, para ocupar en algo su imaginación, se encinga
de comprar 10!1 boletos y registrar el equipaje.
Apenas ha satisfecho estas formali,des, cuando hega
el tren con formidable rapidez.
A última hora, In señora Castellar &amp;e resuelve á acompañar :t los viajeros hasta )Ic&gt;ute-Carlo, en donde ternunará la velada.

n"5 llenas de zalamera ternnra, snbe como un encanto
en el aire laminoso.
•~
- d
. d
• .
Oh! pe oet. ra n..,
y engana. ora mag1B e esa, ml1S1ca~
oídas ba tiempo en las e.il.aciones felices, y q ne resuenan
de pronto á nuestros oídos durante los días del iufortu- • Honomto abraza á sn hermano y llega luego el inetan&amp;e
niol......
temido, en que Vid.al debe despedirse de su cufiad&amp;.
Ellas 009 dan un instante la ilasión querida de lo! g&gt;•
Honora.to y la viada han eubido yaal vagón. El Conde
ces difilntos, luego nos hacen sentir, con implacable dureY Flor de Niza ben permanecido eoloa cerca de la porteza, la amargura de las renunciaciones, el duelo de lo qoe
z11ela abierta Y sos miradaa se crnzan.
no volverá ya nunca.
-Valor! murmuró Vida), tendiéndole ln mano á la
E~ como una oleada de sol aparecida brevemente en la.
joven.
bruma y que ee desvanece, dejando 80 lugar á una nos'C'n eeg110do más y la hubieran traicionado 8118 fuerzas,
tálgica niebla, cuya bnmsdad helada 003 peoetra eu el
Y se hubiera arrojado sollozando en los brazos del qne
corazón.........
bn.bfa despedazado su comzón.
,
Pero han dado la señal de mal-cha; el cond11ctor empn•
Flor de Niza se h:i.bía puesto de codo1 en el p1rapeto
ja vivamente á Violeta, obligándola á entrar en el ,•agón,
de la terraza, coa el rostro v11elto hacia el mar, pnra qne
cierra brutalmente la port-ezue\a y ni siq11iera le dl'ja
no Je vie.sen los ojos húmedos de lágrimas.
tiempo de decir u Adiós !11
A travé3 de estas lágrimrui, mira el círculo de verdura
que se redoniea muellem~nte hasta la extremidad de la
El tren parte con su rnhiosa premura, y algunos instantes después se hunde bajo el túnel de Ju Peq11eña Afrípeniosula de San Hospicio.
Todo el poema trágico y duJce de 811 javentud, estl
ca ...... y lentamente, coa una angustia que le sofoca el
pecho, Vidal ee dirige hacia la Roseraie.
contenido en los repliegues de aquellas colinas bajas, on•
•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• .. •••u••• .. •••••••;••
dulosss. c'.lbiertas de pinos y de olivos.
Y.
Allá, lejos la quinta «O!impia", alarga su fachada de
marmol y su terraza plantada de cipreces.
Lt Seilora (le, :iinl-Pnn., al f'midr. f"icud &lt;k Sni&gt;.t-j'om, m
En frente, el &lt;nodesto campanario de la iglesia ae yerl,i &lt;¡ui11t,1 de la Fuuári, E,",m Jwm de Vi/lajranoo, .Alpu
gue sobre el pequeilo puerto adormecido.
.ltfal'itimCM.
L'&gt;S Lentisco,¡ y la Fou.án, ee descubren como minú~•Venecia, 23 de )!ayo de 1_89....
culas nuncbl!l, color de rosi!., en las verduras d~slnmSé
que
va
usted
.t
casarse
el día 2:; y he querido que
brantee.
recibiese
esta
carta
la
víspera
de sn matrimonio-no para
lfás lejos, San Uospicio levanta su torre ma«iza, como
que
perturbe,
ni
como
queja
ni
como reproche, la bon
marcando el límite de aquel rincón de tierra. en que Vioen que va usted á pertenecerá otra, sino para que Je Ueleta ha amado ........ .
:'.'II.ts allá est:1 lo del!conocido, las lejanías brnmosas é ve·Ja expresión de apasionada ternura de una pobre extraviada que lo amará Qiempre á pesar de todo.
indecisas del destierro.
Su mirada ee Vllelve con -aspanto, y se desvía desesperadamente bacia la deelumb.rMorasuperficie de la hahía.
El cielo, de un azul exquisito, desciende como una clricia vol11ptuosa sobre las cúspides boscosaa de las montallae; el mar llamea; abajo de la Reserrn, encima de :aa
olas azules con frnnjll9 de espuma, dos m~riposae blancas se persiguen amorosamente.
Toio aquel p~is~je encantador se ensancha en 11na inmensa sonrisa.
Guanh una irónica impasibilidad frente á. la agonía de
1n joven, y piensa ella qne mi.flln.a, cuando e, halle lejos, aquel paisaje tendrá. !As mismas sonrisas, los mismo~
colores de fiesta.
Aquel rincón de tierra es·Ja imagen reducida de toda
la costa azur, ea donde los extranjeros, sin cesar renovados, \•an y vienen, siembran en los senderos floridos sus
alegrías y sus penas, y luego desapiarecen sin turbar la
impasible serenidad de la nata.raleza.
Y es también el s!mbolo de la sociedad cosmopolita
acampada en las ciudades del litoral, aquella Canci6n de
fot ojua, con eu melodía. ardiente, voloptu()!!a y trii:te, que
expresa bien las pasiones azarosas, loe placeres perturbados y el vértigo sensaal......
Oh ardientes ojoe negros de languidez preftados,
Ojos que cwü licores, :nos dejáis embriagados,
Ojos que adoro mucho
Y temo más aún ......
Bellos ojos hallados en días de inquietud.

..

**

-Vamos, mi querida Violeta, exclama Honorato, ea la
hora ......... Apenlle nos queda tiempo para llegará la estación.
SJ.cude la joven dolorosamente la caben, abran con

Cuando nos separamos, pudo usted haber crel(lo que
partía con incurable rencor dentro del corazón, y no
quiero qne comience usted su nueva existencia con ningím resabio do inquietud ó amargura ......
No, Yidal; mi dolor es inou.rable, pero yo no conaeno
ningún resentimiento.
He comprendido la repentina determinación que le
impulsaba al matrimonio como hacia un refugio y séqne
ha debido s11úir bastante, porque ha. habido una hora en
que usted me amó de veras, y que le ba sido preciso recurrir á un valor cruel para levantar este obstáculo entre
nosotros.
Yo no hubiera tenido ese valor si hubiese sido Vida!;
pero me he dado bien cuenta de que nuestro~ dos caracteres son absolutamente diferentes
En usted, Ja raión domina á todos los sentimientos; y
yo coloco la pasión por sobre todo.
Ella me po.see en cuerpo y alma, y todavía ahora, pene-ando en UBted, la siento 1¡11e me abrasa y que me trítun
el corazón.
Por ser su.ya, Vid.al, hubier1.1~isoteado toda chse de
consideracionef!, de honor y respetabilidad; y por ei&gt;to tt0T
tan profundamente. desdichada, porque ei.periment-0 la
necesidad de clamar á usted desde el fondo de mi desventura y de mi abandono .
Oh! qué agonía la que !lllfrf en la terraza de la Reserva! tOialil que jamás conozca usted nada semejante!
Todo lo qr.e veía, todo lo que sonaba en torno mío, en
como un peso más agregado á la agobiadora cruz que llevaba á cuestas......
iY aquel crepúsculo en el vagón, mientras el tren me
llevaba más lejo11, siempre má.e lejos de usted y de mi
querido San Juan.
Me mord!a los labios para no eEtallar en ~ollozos, por-

�BRE,

que bu l,1:rllillUJ c,,Lllba allí, [rentt: de mí, y, por wrnum

¿ ""~ me uab:a prometido á mí misma, no d"'jatle adi•
,·iuar nada.
D,lrmimos en Génova y pasamos el día siguiente allí.
Jt[e dejó llev11r al Acqua .:-ola, 11. San Lorenzo, á loe pa·
tacios de la vla Garibaldi y me violentaba para aparenur
que hallaba interé11 en el!llll C08a!!.••••• era preciso, puesto
que yo bahía deeeado haef:f ti viajd, .....
Jgual enplicio en }'lorencia, pero mil!! largo y m'8 ineoportable aún, porque babfll más obras mael!trus que
admirar.
)tiraba yo sin ver y admiraba con los lablos.
llilbía dejado en 5au Junn mi entusiasmo y mi gusto.
llí 1ínica al~ría eta errar por las calles por donde ueled había debido pasar. y bu~cnr entre los alojamiento&amp;
4e Lirngarmo, la caPa en ,¡11e u~ted hubiese habi~do.
Abora nO!i tit-ne ust.ed en Venecia, y en esta ciudad
que usted am~, mi pena es acaso máe amarga todavía,
porque comprendo aquí mejor que en otra parte, lo que
hubiera podido eer mi vida y lo que ya nunca podm

eer.
Oh! maldecidos errores del dettinol
Si hace un año, en lugar de C88arme con su hermano,
me hubiese 11sted pedido, qué delicioso hubiera sido vi9ir aquíl
.
Sólo usted hubiera. podido hacer de mí una verdadera
mujer y deearrollar lo que ha~de bueno en mí.
Con uated la pobre Fior de Niza hubiera podido abrinie
, la claridad y al amor.
Me repito esto á todas horas del día, y en medio de esta
ciud\d mágica, Lan armoniosamente creada para que
paedan aaborear loa amantes lo que hay de mlÚ! Intimo y
aqnieito en el placer de vivir, me siento más soliwia
dn y miserable. ·
Babitamoe en el Gnm Canal, en un rincón del palacio
antiguo, cuyo piso bajo lo adorna un emparrado.
BonorKtv pua largas horas en las bibliotecas y loa
mnaeoe; yo permanezco sola pensando en U8led.
Cuando aalgo, lóe nnmerOl!Otl detalles del exterior me
ftCUerdan ou'-nto ee iniereaaba 11eted eu ellos y con qué
emcan'4&gt; me loe pintaba.
En la mafia.na, cuando atravieso el f"ampo que se extiende inís el palacio, el patio resuena oon el ruido de
ehanelos de las mujeres qne ,iencn á llenar en cántaro
al poao.
Bajo loa pórticos, los aldeanos, desembnrcadoa de la

1896.

tierra firmf", euienden sus cestna llenas de nardoe que dad del crepús~ulo, en aq11f'I hermoso iewpo en que sen
e&amp;parce la priuiaver.i.
tia su afect.o envolv1:rme má!I y más tiemamente y en que
Un movimiento inatintivome impulea l. comprar un yo me e;;iorzaba por huceni'ie mt-jor! •......
ramillete para prendérmelo al corpil!o, y al punto me
Son mucho!!, allora, log pr9yecws de :reiormn, inútiles
digo: o¿Parn qné?• y pi.so adelante.
las hermosas resolucione,o!.....,
Todas las alt&gt;grías de Yenecia son para mí como estas
Y mis veintidÓ3 aílos han sido con4enado3 yo á la
cestas de nardos.
muerte, cuando me q1iedan toda'lfa largos y numerosos
El encanto de las flores, la poesía del agna y dP los aüos de juvent11d que vivir! ......... ,
viejos palacios, la fiesta de loa color~s. L'\ alegría de esas
¿Cémo los emplearé ahor.1 que se me h:i retirado la
I
multitudes qn~ ee codean por la noche alreledor de lrui mano qne me sostenía?
mú~lc::e en h plaza de &amp;in :'l[arcoB, nada de todo eet&lt;, me
¡.\.y~ ¿se lo confernré á usted?., .......
conmt1e\·e, porqu~ lo que habría dado :i todo vida y sabor,
Presiento que seré mlÚ! que nu11co. juguea,¡. de los aconse La alejado de mí para 11ierupre.
tecimiE&gt;ntoe.
Las ilnsiones, los ardores, los pensamiento.s generosos
)IenUrfn si le prometiese !egnir ~iendo la mlljer seria
que me apartaban de la tierra, cunnd.:i en otro tiempo é impecable que usted l'oilo.ba.
vagaba alegre por los c:uupos de nnrcisos de nuestra p~
Me conozco¡ no teng,1 tenlperamento para la resignanínaula, todo me abandona ahora.
ción y par,1 la rirtud por o.mor ,t la virtud misma.
Loe siento 1111.lir de mi conu-ón como de una casa en rui·
Lo bnbiera t,enido para agradar 1i usteJ, pero ahora
naa; los veo como se van y se pierden como esas góndo- que hemos llegado á serextraiio3 el uno para el otro, dilas iluminadas y cantantes que seguía ayer con la vista go comu cuando los nardos iP.ira qué?..... .
en el Gran Canal y que deeeparecfan una tras otra en el
La sociedad que he conocido:en Niza,'puedo·enconLraln
recodo de una lognna obilcura.- Aún mis trf!,nsportes de eu YeneciR, en Nápoles 6 eu Palermo¡ lo.a disipaciones
piedad me cansan y se vuelven ca4&amp; vez más raros!. ..... á que 11sted me ha arrebatado, se apoderarán nnemmenHubo un momento en que quise buscarla devoción pa- te de mí alguna vez y quizás me dejaré arra~trar......
ra desechar de mi espíritu la rebeldía que siento que ruEn ese mundo no enLregaré jamas mí coraz.;n, porque
ge eordamente dentro de mí.
usted lo poseé mín y nadie n11ts que usted lo poseerá; peUna maiiana, impul::!ada por eldeaeodeencontrar con- ro le pediré á lll!e m1m lo lo que puede darme; el medio
suelo en lae prácticas piadosas, fuí á la iglesia de San Za- de aturdirme y de olvidar mi pena ........ .
nípolo.
Odiosas palabras son las mías y á usted le lastimará el
Me esforzaba en despertar de nuevo en mí la fe y el ferque
las diga; pero de todas mis cualidades de antee, la
vor que tenía de niü!l.
única
que he coneervndo intacta, es la franqueza, y usLa na,•e·principal ea taba solitaria, silencio~a y obecura.
Con sue magníficas tumbas en d,&gt;nde dlll!rinen los du• ted es el único hombre q11e pudiera tener derecho á mi
completa y sincera confesión.
xea, antes gloriosos y soberbios, hoy aniquilados y olviAhora, Yidal, adios!...... y una s\'ipHca ntín!•.•...
dados casi, la iglesia invitaba á 18.11 rneJi~acionet&gt;, ni caeti·
Csted que tan d11ra.rnente ha rechazado mi amor, no
go de la carne, á la humildad de corazón y me sentía imrechace el de@eo de una mt1erta, p11est.o que Flor de Niza
pulsada á arrodillarme en el fondo de un confesionario
el! 11hora una muert.a para usted!
entrevisto en la sombra.
Le suplicó qttecuando ee haya casado, busque usted
Repentinamente, nlÍentraa vagaba en busca de un iacerdote y al ntraveear la capilla del Rosario, descubrí un un pret.e::ir::to para ealir de ~iza ........ .
Algún día tendré que volver allá fatalmente ...•.•
adorable bajo relieve que representaba la vida de NnesAbórreme, siquiera, la tortura de verle gozar con otra
tro Senor.
Al punto me acordó de las sencillas escenas del teatro una felicidad que me ha negado........ )' que le deseo á pede la Pasi611, en la vfojn ::S-iz:a, y todas mis ideas de pie- ear de todo.
dad y de penitencia se desvanecieron.
\"JOLET.\,»
Ya no pensé sino en usted, en nuestro paseo por el vie•
Fin de Flor do :Slzn.
jo castillo, en aquel regreso tan dulce, 1í la eemi-obecuri-

....,..ec:.o ~,.._ -""'~•co

-PA.~

"'C.L MUNDO"' POt J . A:-;.,._~Ye"-•

GE.NERA!t D. P0RFIRI0 DIA.Z,
~E: LA F OTOGRAl'IA

-FO NOO
RICARDO COVARRUBIAS

BUSTAMN_T E- PREMIJlDA .

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l

•

�6.!
taue bU l.1,rwau..1 ljO:Laba allí, freotte de mí, y, por wmui;a

tierra firm.-, extienden sus cestas
esparce la pri1JJavera.
viuar nada.
Un movimiento inaUntivo me i
Dormimo! en Génova y puawoe el día siguiente allí.
ramille!Al para prendérmelo al cor
Me dejé llevar al Acqua Sola, li San Loren110, á loe pa· • digo: .-¿Para qué?n y p¡.so adelnute.
lacios de la vía Garibaldi y me violenLaba para aparentar
Toda■ las alegrías de Yenecia ao t
t¡ue bailaba interés en f'8lll! coeas....•• era preciso, puesto ceetas de nardos.
QUe yo había dtteado haetr 1.-l viajl-1. .....
El encanto de las floree, la poee
Jg11al euplicio en Florencia, pero más largo y mú in- viejoe palacios, la fiesta de loe col
eoponable aún, porque había m411 obras maestras que multitudes qne ee codean por la n
admirar.
múeic::.1 en b plaza de San Marcos,
)tiraba yo ein ver y admiraba con 106 labioe.
conmueve, porque lo que habría da
Il11bía dejado en San Juan mi entusiasmo y mi gul!t.o. ee ha alejado de mí para aiempre.
lli única alegría eb errar por las callee por donde usLas ilusionee, loe ardores, los pe
led había debido plll!ar. y buecar entre loe alojamiento&amp; que me apartaban de la t.ierra, cu
61 Lunprmo, la oál!a en que uet.ed hubiese habi~o.
vagaba alegre por los campos de n
Ahora noe, t.jene usted en Venecia, y en esta ciudad nínBU.la, todo me abandona ahora.
,¡ue uated ama, mi pena es acaso mú amarga todavía,
Loe siento ealir de mi coruón co
porque comprendo aquí mejor que en oira parte, lo que
nas; loe veo como se van y se pierd
bbiera podido ser mi vida y lo que ya nunca podrá las iluminadas y cantantes que aeg
en el Gran Canal y que deaeparecí
Oh! maJdeoidoe errorea del dedinol
reoodo de una laguna obacura.- A
Bi hace UD afio, en Iogar de cau.rme con 10 hermano, piedad me cansan y ae vuelven ca
me bubleee oned pedido, qué delicioeo hubiera 11ido viHubo un momento en que quiae b
-.ir aqoll
ra deaecbar de mi espíritu la rebeldía e
1
Sólo ueted hubiera podidb hacer de mí una verdadera ge aordam1m$8 dentro de mf.
•ujer y desarrollar lo que ha~ de bueno en mi
•
Una maftana, impnlaada por eldel!eol
Oola oeted la pobre Fior de NI.Ja hubiera podido abrirse euelo en la&amp; práoticaa piadoaas, fuí á la
nfpoio.
, la claridad y al amor.

i uPsed, me habfa prome~ido á mf misma, no dejarle adi-

....

Jle repito~ , &amp;odas hora■ del dia1 y en medio de eeta
eiadlld malgioa, tan armonioeamenMi creada para que
pattlan aaborear loe aman• lo que hay de mú ínLimo y
aqawto en el placer de vivir, me aiento más aolitaria
a6n 7 milerable.
Bahitamoe en el Gran Canal, en un rincón del palacio
ami¡ao, cuyo ¡,tao bajo lo adorna UD emparrado.
HonoN"1 pua largas boraa en lae blblio&amp;ecaa y loe
a118e01; yo permanezco aola penando en uaed.
Oaaado atJ¡ó, lóe númel'óaOI detalle■ del uterior me
ft!Ceerdu oún&amp;c&gt; ae mtereeaba oeied en elloe y con qué
aioaalo me loe pintaba.
En la ma!laaa, euando atravieeo el O:impo •que ae ex•
tieDde ,rila el palacio, el patio reaoena oon el ruido de
ehanelot de lu lii"ujeres que vienen á llenar 10 c4ntaro
.i po&amp;o.
llaj~ loe p6nlcoe, loa aldeanos, deeembarcadoe de la

Me esforzaba en deapertar de noevo en
vor que tenía de nin!'.
La nave-principal eetabaeolitaria. silel\
Con sna magníficas tumbas en d,&gt;nde «:
xee, a,iiea glorlOIOS y aoberbioe, hoy ani.
dados cul, la igleeia inviMlba á lae meditll
go de la carne, , la humildad de corazón l
pnlaada á arrodillarme en el fondo de u~
entreviaio en la sombra.

Repentinamente, mientraa vagaba en :
cerdote y al atraveear la capilla del Roear
adorable bajo relieve que repreeentaba 1~
tro Sellor.
Al punto me acordé de Ju sencillas eeu
de la Pa~i,fa, en la vieja Ni.za, y todas mis
dad y de penitencia 1e deevaneeieron .
Ya no pensé Bino en IJ8ted, en nuestro pu
jo castillo, en aquel regreso tan dulce, lila~

\

-t-teC:-t-10 l!,Nt. h \ ~ C O ..PA~

""~ L MU"DO"" POlt ,J. • -~t't'l!!flt.; ..

GENE~ D. P0RFIRI9 BIA~
-

-FONDO
RICARDO COVAt RÚ

(o~¡v.

l'OTOGRAl'IA

l!USTA,..NTE- PltEMIAOA -

,ase)

•

�ó.!

J&lt;.:L MUNVU.
u

üerra lirmP, e:.:tienden ce■ taa llenaa de nardo&amp; que
eeparce la prlwavera.
Un movimien&amp;o inMin,ivo me imp1Jl• , comprar un
,rioar uda.
l).Jaaimos en Génova y paumoe el dfa siguiente allí. r■mlllet.e para prendérmelo al corpiAo. y al pun&amp;o me
lle dejé llevar al Acqua So'-, , Sen Lorenao, , loe pa· · digo: •¿Para qué?• y pe.so adelau&amp;e.
lacioe de la Tia Garibaldi y me violentaba para • ~ l a r
Toda■ laa alegría&amp; de Venecia eon para mf como esm
. . . hallaba ínteré8 en eaas ooeae...... era preelao, pueao
41'18Yº había det!eado baeer t-1 viajtl ....••
J¡pa1 1nplicio en Florencia, pero mú largo y IDÚ! ina,ponable aún, porque habfa m'8 obra■ ~ r u que
41ae bU l.unw111.J t111Laba allí, frentt, de mí, y, por &amp;ernnra
&amp; 11Pred, me habla promdido, mf misma, no dejarle adi•

mmirar.
)tiraba yo ein ver y admiraba con loe iabioe.
B11bía df'jado en San Juan mi enioeiumo y mi guao.
lli áirlea alf'l(l'ía eta errar por laa callee por donde uaW había debido puar. y baecar en,re 1m alejamieo'°9
41e Lungarmo, la - en que uated bnbiele habi\ado.
Ahora noe ~ne um,d en Veneeia, y en e8'a oiadad
. - nned ~ . mi pena l'II acaao JÚII amarp t.odavía,
, . . . . comprendo aquí !Mjor que en ova parte, lo que
lmbiera podido 18r mi vida y lo qae ,a mmca podn

....

Ohl maldfeid01 eno'NI del cleülnol
8l 1'1ce 1lll aao, en lapr de caaarme Gil hermano,
- lanblNe lll(ed pedido, qué ~iciOIO hubiera aido vi-

w aqull

•

86lo uted bu~ ¡MiC1ldb hacer de m(

verdadera
• • 7 cJearrollu lo 41J41 haAde bueno en mí.
•
Cala lllle4 la pobre Fklli'«é la habMra podidoabrirae
olarkla4 7 al amor.
11118

,1a

,Jrerepbo.-O*t:odllhonlldeld&amp;, yenmediodeeela
creac1a pua que
~ •bolear lo■ amantea lo que hay de mú fmlmo y
~ en el placer de "1m1 me aiemo 111'8 IIOlliarla

~ _..., lul VIDODloament'I

...., .............

PaNtaem • el Gran Cual, en ua rino6n del ¡ialaolo

IÍIÍlll'IO, cayejtiioba,lo loaclorna un empurado,
BODOrlillJ pua lalpi hona en lu blbliQ&amp;eoaa y loe

-;yo,e,maneaooaola~• -ed.
OlllallC1á -.l¡á; lclll DilllHINll!CII de&amp;allea del ederior me
UD a•dp·aúnto ae ln&amp;enlll,a a8'ed en; elJoe 'f 00D qo4
•• , ..... - . lo■ pbtahl.
&amp;a la mellent, eando Ura'fielo el Ontpo que ■e u:•
. . . .,_ el,-.,lo, el
reeaena ron el ruido de
■hlí ■tJoe de liia anjene qae vienen , llenar 111 cwitmo

.....

.j.j, Jaa ~

""°

loe alcleuoe, deaembarcadoe 4e la

.FONDO

RICARDO COVARRUBIAS

dad del erepúuulo, en -.nel hermoso Jempo en que aen
\fa a.t\ afee$() envolverme~ y m'-8 tlefamente y en que

yo me eefotzaba por haee~e 111ejor! .....•.
~n mucboe, ahora, los p~yelllol de forma, ind,Ue■
lu hermo■a11 reaolucionee! ..... ,
Y mis veinlid6t años han a¡_do co,nienadoe ya i1 la
muerte, cuando me quedan ~
y numel'OIOII

~ U111A1Qtud-Au,

•

=.:_:.¡;,:.::...o.¡.--•

�EL AR]N.IXJ.
. -.... ~ wcaba alll, frente de mi, 1, por wrnma
• ..-.., 111t1hab!&amp;~do i 181 miltma, aod$,i'lel4i•

waaruda.

Jle,_
._..ele•

tien-a 4flllf", e s ~ ea ceetu llenu de nan1Mqa,
•parce la prlmaYera.
Ua morim&amp;mlo inmnliYO me impulea , oom,-. 1111
ramillek para pa-eacM.melo al ~ y al pmto me
i1flo: ey.Plláqa6111, puo ~
Toclu Jaa alegra de Venecia ama~ mi como . .

&amp;nalmoe ea Góo'I'&amp;., .,...._ er cVá ~ • -111.
lleftr al.Acqoa:SO~ ,a.a~ l Jc.¡,aTia Garlbaldl~.e:riOleaWIIII paraapllt'lll&amp;a,:
~llllllaba 1-"V8 ... --······ en. pNCJac,,,.. ..... de ......
llallfa4el!eWo i....r el 'ffajel••• _.
Bl.....,cle•.8oiw, la poilla del .-1 dlt ioe
l i á o e a ~ pere mú luJO 1
Ja. -~~Ja . . . . u.teoJoiñ!e,1&amp;...,r,.11e . .
,a111111,1111n--. fOIIIGe liáhfii. lble obrar ..._.... c¡ue · malt#u&amp;II qu¡e
ele Jaa
1 tToa•uh:)llasa4&amp;8an__,D'íllac1ttodo811eme
lha ffl' 1.iamil'abl COA ICll ~
~pon¡-.loq,eNabrlac1Jido410do'tfda7 ....,

•10

m

.....

4UJ;&amp;mlaa

..
...........

•--.""·

-~por•~--~

.-,,

,'balear ....
..a

dad ctel erepda.sulo, en
U..-,i allc&amp;o eavolver-~~
:,o,meeefonab&amp; por baoe

Sola smich&amp;e, ahora, los DIID1rMllóOII

l a ~ reeolueionee!.....
Y mia vebUid61 dos hart;-. ...,~¡p4&amp;:
muerte, cauclo me qaedau
alloa de jumaklclqqe rivir! .•,••.•.•
¿C.m~
lot ~ ahora qoe
•I
maao qae me eoilte1ila'
1A,! :¿ee lo ,cm,-nU ~ ?.......,.
beeleoloqaearf ID•·• DQIIOa:..:::~~~íall:~ -

~_,.ft. ._¡p

€0MP.Affn.E.NF&gt;e EL. B.ESAYuN0.

7-erJ . . . . . .

I

(

(o&amp;&amp;. NATU114L_)
J . WIS ltfQUENA, ~E•
l!N l!I. CDNCUJtS0 ~OTOM•-co ~ CON 111 ~

fOTOMArlA Dfl LIC.

-•

""' ~L MUNDO"./

0l 01!0

.

�DetE, ll:S96.
-·-....:..:;-='-=-==-=== ====-== -=== ===-=========== =""F'-== = ,~-==
==
que bU l,crwnu.&gt; .,.1,u1,m allí, írenh: de mi, )', por \f'rnura

i 11,ted, me hab!a promeiido ll mí miarna, no dl•jarle adj.
vit,ar nada.
D nnimo., en Gé.nova y paaamoe el día eígnil'n~ allí.
Me de,jé lit.ar al .!\cqua !:iota, ti San l,oreoao, , foa pa·
laeí!JS de la vla Gnribaldi y 1ne \"iolenLaba para nparent.ar
~ue hallaba Interés er, t't!U COl!ll! ...... era pl't'Ciso, puesto
c¡1.eyo había dtt ado haei:r t-1 vlaj1c!.... ..
Jgual eupllcio en Horencia, ¡1e,ro múe largo y 111'8 inllOporlal.Jle aún, porque babf:i mú obru waea~raa que
admirar.
.Miraba y11 sin ,·er y a&lt;lmirabn con l011 labioe.
Uabía df'jado en Ñln Ju.·rn mi l'lltueiMmo y 11,i gn!to.
lli única a!l'gría eta errar por 1118 callee por donde W!·
W habín debido J&gt;&amp;!Br, y b1m-:ir Pntre los alejamientos
4e Lungarrno, la Clll!B en que lll!ted hubiese habitado.
Ahora 0011 liene ll!led en Venecia. y en esta ciudad
c¡ae uated am~. mi pena Pll aC3Bo mJ1a amarga toda\•ía,
porque comprendo aquí ml'jor que en olra parte, lo que
hubiera podido ser mi vida y lo que ya nunca podrá

•r.

Ohl maldecidoe errores del dl!l!tinol
Si hace un ano, en lugsr de CMllrme con so hénnano,
- hubll'Be w,ted pedido, qué dellciOIO hubiera sido vi-.ir aqull
Sólo utted hubiera podido hacer de mí una ,·erdadera
aojer y deearrollar lo que ha7. de bueuo en mi.
Oon uat.ed la pobre F;Ol' de. ·1ia hubiera podido abrirse
, la claridad y al amor.
lle repit.o ee&amp;Q , toda horae del día, y en medio de eeta
clud.\d. mlglca, tao armonioeAmenwi creada para que
p!Hdan tabort&gt;ar loe amanW!tl lo que hay de mú fnlimo y
aquleito en el placer de \;vlr, me eient.o mü aolitaria
dn y mieérable.
llabitamoe en el e ,ran Canal, en un rincón del palacio
nli¡no, curo pl110 bajo lo adorna un emparrado.
Honol'l\w pas largas horas en lu bibliot.ecaa y loe
auae&lt;le; yo permanezco sola pennndo en neted.
Cuando aalgo, loe numeroeoe detalles del exterior me
ftClaerdan odnt.o se Interesaba 11ined en elloe y con qu6
encanlo me loe pintaba.
En la manana, ouando atravieso el G11mpo que se exlieode '11111 el palado, el patio resuena con el ruido de
ehanelos de l8IJ mujer-ea qne l"ienen á llenar eu cántaro
al poso.
Bajo loe p6nieoe, loa aldeanos, deaembarcadoe de la

ilerra tirnw, "xtienden soe ceetas llcr.M w, nardae que
csparoe la priuia,·era.

Un mo\"imlento insUntivo me impu! á compMU' un
l'llmilietu paro prenMnnelo al corpillo, y al puo&amp;Q me
digo: •~Para qué?• y p..eo adelaor.e.
TodBl! lu al&lt;'gl'fl15 d Venecia son p:1rn mí como eetas
c.. tru, de nardos.

El enca11CQ de las O res, In poesía del agua y di' loe
viejOI! palnci011, In llesl4 de loa colores, 1s al,:iría de ee:is
mnliitudes qne ee codean por la noche alreJedor de las
músic::e en b plun de &amp;n Marcoe, nada de todo celó me
conrnneni, port¡n,; lo que habría dauo al todo ,·Ida y sabor,
ee ha altjado ile mí pata eiempre.
la iln lonts, loe nrdores, lo! pensamientos generosos
que me apartaban de In til!l'ra, connd,, en olro tiempo
ngaha nll-cre por Jo campoe de narci!oe de nuestra p!!r1ful!U.la, lodo me abandona ahora.
!.os siento aalir de mí coru6n como de uon casa en rui•
nas; loa veo como ae van y se pierdt&gt;n como esa~ góndolu iluminadas y cantantes que 8t'~Ca ayer con la viata
l'n el Gran Canal y que deeeparecfan una traa otra en el
recodo de una logirna obacura.- .Alin 111ie transportes de
piedad me cansan y l!8 vuelven cada 1-ez más ral'09! ......
Hubo un momento en qoe quise b11scarla de roción para deee,;har de mi eapíri~n la rebeldía que aient.o que ru•
ge i,ordanum~ dentro de mf.
Una mallana, impolsadn por el deeeo de encontrar con11uelo en las prácticas piadoeRI!, luí á la i¡;le@in de San Zanfpolo.
Me eelorzaba en despertar de nuevo eo ruf la fe y el fer.
vor qoe wnía de niti:l.

La nave·principal ecJtaboeolitaria, sllencioen y ob@curn.
Con sua magnífica! tumbas en d,mde duermen loe duxea, ante. glorioeos y soberbios, hoy aniquiladoe y olvidados caai, 111 igleaia Invitaba 4 lae meditaciones, al caetigo de la carne, 4 la hnmildild de corni(m y me seoUa impulsada 4 arrodillarme en el fondo de u11 coo{eslonario
entre\·iew en la eombra.
Repentinamente, mientraa vagabR en bnsca de un ,a.
cerdo~ y al atra,·eear la capilla del lloeario, deecubrl un
adorable bajo relieve qoo repreeeotalu la vida de Xnes-

tro Senor.
A I punto me acord6 de laa sencillas escenas del teatro
de la l'&lt;ui611, en la ,;('jn Xim, y todas mis ideas de pie•
dad~· de penil.('ncia ae desvanecieron.
Ya no pen!é elno en ns~, en n11ee1.ro J)beo por l'I Yiejo castillo, en aquel regreso tan dulc!', ti la aeml•obecuri•

d.ld del crepúoJUlo, en 44,1,I hermoso 'empo en que aen
tea &amp;A afecto en,·olvermem:1 y máe tle r.smentey en que
yo me íorzal por hacl•r111e mejorl ••1, •••
::Con m11ch011, ah•lra, los pr yec1os de ireformn, indtilee
las hennoeus reaoluciont!! !. ••••
Y mi veintiMu n11os hnn "{do codenadoa y:i. á la
mnerte, cuando me quedan toii4 fa largos y nuwel'O!!os
anos de juventud que vh·ir!........ .

¿C(&gt;mQ los emplroré ahor.i que ~e ma hn ret Ir.ido la
mano
' qne me sosten raft,
¡ y! l,se lo confofaré 4 uated? ........ .
Presiento que e~ más que n1111C11 juguel,! de los acoo•
teciml ntoa,
MenUrla 11i le prometiese epgnir deudo la n'1\jer ~ria
é impecable que u ted l!Oilaba.
Me conozco; nu tengo lt&gt;mperamemo pam In l'ef!lgna.
c:ón y pan, 111 vlrrnd por a111or :l la ,·irtud mism:L
J.-:, hubiera tenido para ngratlnr 4 uateJ, pt•ro nbora
que he111Q lll'gacJv ,l aerextr11no3 el uno p:irn el otro, digo cnmo cimndo lo~ nardo ,!P.ira qué? ......
La socieda&lt;l que he conocido:en. "lzn/puedo'encontrala
en Yeuecil\ 1 eu .'idpolei, ó en Pal~rmo; las dieipaciooee
a( q11e usted me ha arrebatado, se apodernr-.ln nue\-nmen•
t.e de mfalgana vez: y qoi&amp;:la me dejaré arra~trar ......

En ese mundo no entrpgaré jamB8 mí corn.zún, porque
nsted lo poeE'é adn nadie mde que o '8d lo poseeril; pe•
ro le pediré úes man lo lo que puede darme; el medio
de aturdirme y tle oh·idar mi pena ........ .

r

( &gt;di,&gt;1111 palabrns son las mfae y tl ullted le la!!timaril el
que las diga; pero de toLIM mis cualidades d aut~, la
1ínica qne he co1111•rvado intacta, 4lCI la franqueza, y usted es el 1ínlco hombre qne pudiem tener derecho 4 mi
completa y 1dnc,.ra eoofeel6n.
.~hora, \'fdat, adios! ... , .. y una sY!pllca aún!••••..
Usted que tan duramenlll ha rechazado mi amor, no
recl,ace t!I deeeo di.! una muerta, plll'll'&lt;&gt; q11e Flor de Nin
es al,ora una muerta para uste:l!

Le 8Uplicú que cll.lUldo se · baya casndo, busque usted
un pretexw para salir de Niz:n .........
Algún día tendré que ,·oh·er a114 fatalmente ••.•.•
Ali6rreme, siquiera, la tortura de \'erle gozar con olra
UllJl felicidad que me ha negado.~ ..... y que le de,eo 4 peear de todo.
\'101.F.TA.•

'I·•ln do Flor do.

f'

-FONDO
RICARDO COVA RUBIAS

·rzo ,

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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                <text>El Mundo, 1896, Tomo 2, No 26, Diciembre 27</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Juan de Dios Peza</name>
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                    <text>Banco Internacional é Hipotecario de México.
Gir os por Cable,
Depósitos,
Descuentos,
Cobros de letras, Cup ones etc., Cambios sobre e l Extranjero,
Ca-rtas Circular es de Crédito, Créditos en cuenta coi•rle:n.te.

''EL AZTEG¡

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MO LIN

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Hipotecas amortizables e~ vemticinco al!os con anualidades de 9 por 100, pagaderas por trlmesU:
efectuando el Banco su préstamo en Bonos Hlpote c • rl o s, con interés de 6 por 100, Y siendo potes
tlvo para el deudor redlmll' el S • ldo del capital en cualquier tiempo y con Bon o s Hl pot ecarlNs. xi te
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¡,apel m ás s e g:u ro, porque estA garantizado con primera hipoteca, constituida sobre propiedades ra1cee
por doble v• lor d e .,¡uél.
.
¡
d
· t!tuto
El Banco facilitará toda. clase de Informes escritos, relativos á. las diversas operac ones e su ms
,
Aquien lo solicite en sus otlcmas.

TOMOII

M .EXICO, DOMINGO .L9 DE JULIO DE 1896.

Cajero,

Presidente,

JoAQUI N DE TRUEBA.

J osÉ DE TERESA y MIRANDA.

18 DE JULIO DE 1896.
C I UDAD DE MEXICO
TELEFONO. NUll. 38.

APARTADO POSTAL; 269.
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Director Gen~al: Enrique Arag6n.
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tú expida p6liz.aa de .A.ccidentea y de Viajes por Ferrocarril.

L

BEN ITO JUAREZ.

NUMER03

�19 Juuo, 1896.

EL MUNDO.

34

,l. una
BEIU.NARJO ILUSTRADO,
DLivoNo

434. -2~ de las Damas núm. 4,-APARTADO 87 B.
MEXICO,

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este periódico.

La euecrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres. adelantndos.
Números sueltos, 50 centavos.
A.vi.sos: á razón de $30 plana por cada publ•cac:ón.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•AgentPs exclusivos para los Estados Unidos y Cana-

dá. The Spanis American Newspaper Company, 136 Li~
berty St. New York, E. U.»

'

-.ota, é!Ebitorhtlt,.
18 bt JJttlfo.
Cada año el pneblo mexicano, inspirado en santos y
legítimos eentimientos, va ante la tumba del gran patricio de Guelatao á ofrecer en míetica oblación las flor!)!!
de su gratitud y el homenaje de su admiración al plebeyo sublim.i, que como en fantástico espPjismo crece y se
agiganta á medida que el tiempo nos aleja de él y· 110s lo
muestra en su prfFtina grandeza.
Al acercarnos nosotros á depositar nuestra ofrenda snbre el marmol que guarda sus despojos venerados, no llegamos con la devoción acendrada, 1ayana en ciego fanatismo, del correligionario y el amigo que participaron de
la cruenta lucha y ee culmeron con el polvo de aqnellos
combatPs de titanes en épocas pasadas; no nos aguijonea
tampoco la emulación de otros días que en franca y
abierta competencia pudo separará los que rodearon al
repútlico; ni mucho menos, venimos con el amargo dejo
de la derrota, que aun llevan en su corazón los vencidos
en Calpulálpam y los desengañados en el Cerro de las
Campanas.
Nacidos ayer, cuando el fragor de la batalla había paeado y no había en el viento cánticos de guerra, ni se
percibía ya el olor picante de la pólvora, llegados, cuando sólo se oía, allá á Jo lejos, los últimos estruendos de
deshechas tempestadeR, y en las almas germinaba la concordiit en lugar de las fermentaciones de odio y arrebatos de rencQr, nuestro espíritu está más sereno, y por
ende, capaz de juzgar la altura gigantesca del heroe, la
soberana grandeza del caudillo, la inmaculadá figura de
gobernante.
Y mientras más nos detenemos á contemplarla, nos
convencemos más de su perdurable significación en nuestra historia política.
·
Juárez terminó la obra que le correspondía en el desenvolvimiento de la República, y puede d~ecansar satisfecho en su tálamo de flores que la admiración riega y la
gratitud con;;agra. Nosotros, si queremos hacernos diguos de su grandeza, tratemos de continuar la tarea, perfeccionando la obra del Reformador y adaptándola á las
nuevas faaei1 de nuestra natural evoluci:'ón.

bama.

No son gotas de rocío las que hoy ~alpic9:n las florl:s
frescas: son lágrimas.-Allá, en el vieJo cast1I lo que mira al cielo1 arriba de las eneltas cabelleras de los ahuehuetes la fiesta uo abre sus notlU' :uatizada0 , no inunda
el sol tan alegremente como én otros días la tibia mañann: es que háy un ·1ugar vacío en la serena morad!1, una
rruma de duelo en la alma clara. Quien tanto bien ha
derramado, parecía estar escudada C?Ontra el mal. Los
desheredados de la vida, los que la piedad de los buenos
ha redimido del 'sufrimiento, como que formaran con sus
espíritus una barrera infranqueable P?r donde n&lt;? pe1!etrase el dolor humano.--Y de improviso, en el silencio,
la hada negra penetra en el palacio de la had~ l)lanca y
la hiere traidoramente.-.Por es9 jloy .no eal'?1can got,as
de rocío las flores frescas: son lágrimas; por eso nuestra
félicitación, tardía y pobre, no Jlpga al viejo castill9 que
mira al cielo en mE'dio de la fiesta que abre al ePpac10 sns
n0tas matizada~. Hay bruma de duelo en la serena morada, hay menos flechazos de lnz en los rayo~ con que el
eol iounda la tibia mañana. NuE'stro homena¡e á la espoea
del señor Presidente de la República, va circuido de una
orla negra. ¡Qt1e la noble señora acepte nuedtro reepetut&gt;so ealudo!

remos que pesa más si el oro ó la plata, aunque sea en la.
proporción de uno á diez y Peis. .
.
.
Entre tanto, ¡qué admirable _s1tuac1ón la de México,
que contempla con interés crec1ehte el fin de esa lu_cha.
gigantesca! Quien quiera que triunfe saldrá favc,rec1~0.
Ba sabido colocarse en una base tan firme, y tan sabiamente adaptada á sus legítimos y genuinos intereses, que
á todo evento en la marcha mercantil y financiera en
cualesquier circunstancias de la ge~tión monPtari:' en la
Unión Americana, nada padece m la hará desviarse de
su rumbo definido

,o(tti,a genrral.
RESIJllEN.-El programa de los demó('ratas en la C, nvención de Chicago.--Atentado contra el Preijidt"ntede Francia

Como io habiamo3 anunciado, la ola creciente y gigantesca de los partidarios de la plata barrió con poderoso
empuje fa Convención nacional democrática de Chicago.
A vuelta. de varias declaraciones de canícter eminentemente político que forman y han formado el credo del
partido démóc1ata, y qt~e se refieren á llls libertades c&lt;;mstitucionales del penearu1E&gt;nto, de la prenFa y de la conciencia· tras de ciertas manifestaciones encaminadas á reforzar1l,1, soberanía de los Estados contra las excesivas tendencias de la centralización de todo poder; sobre algunos
punt,c,s prácticos dirigidos á efE'cto de desterrar los empleos vitalicios en la administración pública, el progra•
ma aprobado en la Convención y que forma por decirlo aef
el patrón á que habrán de sujetarse los tlegidos dE'I pueblo, según el criterio de la mayoría de los congrPgados en
Chicago, se distingue principalmente por su plan financiero y por el modo cerno resuelve la cuestión monetaria
en la vecina· república.
Restablecimiento de la plata como monecla legal, libre
acuñación del metal blanco, :í igual del oro, en la proporción de uno á diez y seis; restablecimiento en nomtre de
la ley del poder adquisitivo del metal ahora depreciado,
pudienao tener circulación forzosa en su valor representativo en las deudas públicas y privadas: son las bases
de las soluciones en la cuestión monetaria.
Prohibición al gobierno de emitir bonos con intere@rs
en tiempo de -paz, y condenación de arreglos con sindicatos financieros que supeditan después al poder público
y lo esclavizan y ponen á merced de los agiotistas y lo
obligan á sE'guir la política de un monometalismo forzado: son los puntos salientes en el plan financiero.
Rebaja de tarifas hasta reducirlas á lo neceeario, á las
necesidades publicas, y prohibición de todo impuesto que
no sea reclamado con urgencia por la misma necesidad:
tal es el eje de su política administrativa.
Una declaración cuasi platónica de simpatía por los rebeldes cubanos, una abierta oposición á la intervención
Se acaban de verificar las elecciones generales en toda del gobierno federal en los asunto9 interiores de los Esla República, con la ausencia de ese púeblo ideal, intelitados, y á una eE'gunda reelección de Mr. Clev.eland y de
gente y virtuoso, con que sueñan los románticos de la cualesquiera de sus sucesores: completan lo más impormás pnra Democracia.-¡Coincidencia extraña y prove- tante de la plataforma democrática.
chosa! Al mismo tiempo, los grupos populares de lagran
Halagando de ese modo los intereses de los Estados de
nación del Norte se aprestan á la lucha, convirtiend() el Occidente y del Sur; concentrando en su redeior los dis•
paUadíum de la cosa pública en un mercado al aire libre persas elementos del Centro y del Nordeste que no puen el que el tripotage, el tráfico ruidoso de los votos, el dieron afiliarse bajo las banderas de Mc• .Kinley; unienlicor, los dollars, los golpes y los discur!!os corren como do y apretando bajo el credo democrático las fuerzas más
un licor embriagante. ¿En dónde está esa conciencia co- poderosas del llamado Partido del Pueblo, no es raro VE'r
lectiva, limpia y serena, osada y luminosa, materia pri- que hoy se alcen orgullosos los demócratas y se pavoma de ese supremo hecho que se llama la soberanía po- neen confiados en los comicios de Noviembre que le&amp; da1
pular?
ntn el dt-finitivo triunfo.
En los comicios luchan las ambiciones, combaten las
¿Y á dónde van esos partidos? á dónde arrastran á Pse
concupiscencias, se agitan las avaricias...... los aJb"s sen- put-blo viril y vigoroso eso~ directoreP de la política, puntimientos, las levantadas aspiraciones, los nobles desE'os zados, aguijoneados y feb1iles por la sagrada hambl'e del
sollados por alg1rnos publicistas, ciegos voluntarios que oro, que dijo el poPta'i'
no quieren observar lo que pasa Pn torno snyo, todo ese
Allá, donde se alzan loA campamentos republicanos, la
programa de virtudes y heroismos en acción, permanece prtipoqdera11cia del capital extranjti)ro, 1:\ inmensa pesasin reallzar!!e.
.
dumbre de los tenedores de bonos del Estado, rabiosos
Pero si ese pueblo ideal, esa gran masa anónima no ha por mantener el talón NO, y ebrios ya al soñar en un protomado parte en las elecciones; ai esas escenas y ¡sos eA- teccionismo '.lesmedido; acá, del lado de los demócratas,
cándalos, esas prevaricaciones y esos tumultos con que la influencia no corta ni mezquina de los mineros de Cose da á co~ocer la voluntad nacional en otros países, no lorado y de Nevada, la no escasa ni ruín ni avarienta mase uan registrado en la semana que acaba de tranecnrrir
no de los cultivadores de la tierra pn las fértiles vegas
los elementos vigorosr,s, los activos, los que en todo tiem~ del !llisisipí yen las vastas llanuras df&gt; California y Aripo han iniciado el progreso y de los que han surgido to- zona, peusai,do ya en la evolución forzada del metal
das nuestras libertades p1íblicas, sí han prestado su apo- blanco y en Pl libre cambio qne favon,ciendo sus indusyo firme y sólido á la candidatura triunfante.
trie que necesitan de materias primae, facilitan la. expor1Jn publicista ha demostrado que en México, como en tación de sns productos. De aqnel lado, oro y gnPrra de
todo país del planeta, todo gobierno que lesiona intere- tarifas; de este plata, hasta hacer reventar las arcas de
ses, cae invariablemente, y que cada acto popular ba si- todas las tesorerías, y un gobierno con rib!'tes de libredo un acto liquidatario de un insostenible estado econó- cambista, pero ·c on tendencias marcadas al individualismico. El acuerdo entre los grandes intereses generales y
mo de los Estados, y por ende resbalando en una penla política de una administración, pePa más en la suerte &lt;1iE'nte socialista.
de un país que los votos arrancados á C')pas de wiske11 y
La Fuerte está echada: Frente al fnerte Me. Kinley campu!lados de monedas por un leade:r orador del partido peón de las tarifas altas, y ya célebre por su famosa ley,
proteccionista amE'ricano, que subordinará á sus apetitos e~tá William Jennins Bryan, atleta de la palabra, vellcela prosperidad de su patria.
dor en el ougilato del pensamiento, coronado en Chicago
:Mientras esa soberanía popular no se encuentre fun- con los laureles del trilmfo, gracias á su álerza incompadada en criterio más sano y en sentimientos más altos
rable en el bo.~ de la retórica. -Que decidan los vot.anteii
será preciso aceptar esa forma de tulPla 1•oltmtmia, qne E'~ Pn la~ nrnas electnralt&gt;s del pr6icimo NoviembrP. RsM. ,í,
la qne ha dotado á la uación de prosperidad y bienestar.
remate la dir.;ccióu de la gran República del Xorte. Ye-

1ras tlr.c.cionts.

*

La celebración del 14 de juiio en la capit,al de la Rerública Francesa con ese lujo de entnFiaemo y derroche
de patriotismo c~n que cada a_ño se ~eJ.,bra pn_r, los hijos
de Thiers y de Sadi Carnot, d1~ mot•)".º y oca0 1on á ~na
nueYa manifestación de neurosis pohtica, de P11agenac1ón
mental sncialista contra la casi anguFta pel'l'o11a del Presidente Faure. Un loco un desequilibrado, nn soñador
en ideales imposibles, 'un ll11mado En~Pnio Fra~cisco,
hizo fuego con mano aleve cont,ra_P! pruner \'lng!stradode la República, cuando éste se dmgfa en &lt;'arrua¡e descubierto á presenciar la revista milit-ar en los campos de
Long-Champs.
Afortunadamente el Pr!'sidente salió ileso, y el desgraciado accidente sólo sirvi~ para que la m\1ltitud, _frenética y delirante, prorrumpie:a en E'PtrUPJJd~sa mamfestación gritanJo vivas á Francia, á la Repnbhca Y á Mr.
Faure' v para que los jefes de las nacionee amigas, y aun
de las'iío amigas, hicieran presPntes á la nación sus congratulaciones por el pasado incijente.
.
.
¡Qué obFcuros génesis tendran eeas mamfeetac1ones
morbosas de extravíos mental~s! A qué podrán ob_edecer PFas manías de grandeza, qne bnscnn la celebndad
en el crfmen .ruidoso y resouante! ¡Quién eabel pero no
PB ni pnede ser engendro mnamente polítir.o, PI crfmen
de Pse géuero, que arma la diestra ~e los Oaserio Santo,
y arroja bombas mortífens ,í los pies _de los potentad~s
de la tierra. Raro y espantoso especunen de pato logia.
social.

X.X.X.

16 de Jnlio de 1896.

Nuestros Grabados.

"EXPEOTATIVA" ......
Composición y Dibujo de M artlnez Carrión.

La pompa de jabón! he ahí un hermos() eimbolismo.
Un grupo de chicuelos, en el dibujo Je MartínPz Carrión,
aguarda, con esa ansiedad curiorn de los niño~, qne surja
del tubo que uno de ellos mantiene aplicado á su boca,
la deslumbrante esfera irisada que henderá los aires, vestida de todos los colores y estallar&lt;t pnr fin, Pin dejar
huella de su paso. Como ese grupo de niños, laj11ventud,
qué digo! la humanidad entera, mantiénPse Pn éxtasis
ante esa otra pompa de jabón que Pe llama iln~ión, que
surge también vestida de íris, qne hiende también, como
globo de cristal el espacio, }'. que se disn, 1ve en el éter
sin dejar hnella. Después viene otra y otra nHÍs tarde,
hasta que surge la última. .A ésta mirámoPla temblando:
va con ella nuestro postrer esfuerzo, con PI la va nuestra.
postrer esperanza...... Se desvanecer~ tambié1,? ~í, el g lobo de luz se balancea un momento, a1rnso, y In, go se deshace. Trás él, suele irse el último aliento del hon1bre.

BUENA MANO.
Composición y Dibujo de L~andro Izaguirre.

Es indndnble que las peluquerías conPtitnyén, á pesar
de la habilidad de los «artistas,»-como pomposamente
se llaman entre sí nuestros peluqueros-un purgatorio
para las mejillas delicadas: el ca116nquesalta, el poro ir ritado que suda sangre, el cauterio del alcohol, son los di•
versos potros de tormento de ese purgatorio.
Pero en todos los tormentos hay grados y quien deseehacerse acreedor á un lugar distinguido en PI martirologio, que vaya á una peluquería de fegundo ordPn, y verá
rFproducirse en su persona, la actitud y el gPPto de la.
figura principal del dibujo de Izagnirre; jnzgamos qne ni
Diocleciano pudo inventar un tormento stini .. jante al quecauEa una navaja dura, como dice la jerga del oficio.
Qnien, ante un instrumento de martirio semPjante,
permanezca impasible, merece que lo canonicl.'n,

"CINERARIA."
POR D. ANTONIO Ct;Y.ÁS,

Nos permitimos llamar la atención de nuPRfros lectores sobre la página musical que con el tftnlo de estas lineas publicamos en la 4~ página Je E1. !\luNno, página
cuyo autor es el profesor Sr. D. A,,tonio Cuyás, completamente inédita y compuesta exprof~so para la fecha que·
se conmemora.

Nuestro folletín.
Recordamoc: á nuestros lectores qce no,
obstante el pliego excedente de
FLOR DE NIZ.A.
que acompañamos á cada número de "EL.
l\1 UNDO," seguiremos repartiendo mensual-mente las ciento veintiocho páginas.
del fullet:n acostumbrado.

19 JULIO, 1896.

35

EL ~fUNDO.

NUESTRO CONCURSO DE ZARZUELAS.
Aun cuando, según dijimos, tenemos yaen nuestro poder la~ partituras de la zarzuela Sobre el Océano hemos
creído oportuno reservarlas hasta que se les una'n las de
la zar~uela Por ttn(t Deu~a, co_n el fin de enviar unas y
o_tr~s Juntas al Jurado D1ctail!mador, lo cual nos permitJra hacer saber á todos los mteresados cuáles son las
partituras premiadas.
PrPvia esta indicación, no extrañarán los autores de
la múoica de Sobre el O·énno que se retarde por breves
días la noticia del resultado final del concurso.

ESPECTACULO~A~nradill'!s se han de wr hoy los que se dedican en
1\Iéxico á la rngrata_ tarea de escribir crónicas y rPSPña'i
teatral~s. El material no es abundante ni mucho mcnoF.
El hor1z_on~e est.l lleno do pro1nt&gt;sas: :\Iaggi qne vol verá
acaso, S1em que nos traerá en el invierno un buen cnadro de ópera; pero el porvenir no da asnnto para crónicas y los acontecimientos teatrales del presente como el
romano brillan por Pll ausencia.
'
Las tandas,. los d~amas terroríficos del teatro Hidalgo
y la zarzuela mfantil del Arbeu, t·oila tout!
De vez en cuando, recibimos con placer el anuncio de
una audición de música de cámara ea el elegaute salón
de los Si:es. Wagner y Levi~n, que es hoy por hoy el único refugio del a~te_ en México, más salvo esas excepcionales veladas, v1y1 nos.en plena vulgaridad artística.
La Compañía mfant1l del Arbeu agrada al público· la
pequeña troupe se porta bien, hace lo que puede más ~ee
e~pectáculo que á duras penas podría calificarse'de artíshco por más que sea agradable, no basta. N"ecesitamos
buena música y buen drnma ...... aunque sea para hacer
quebrará quienes nos los proporcionen!

***

~ á propósito de Música de Cámara, el miércoles se
venficó el octavo c_oncierto de la serie que se está dando
en el !'lmacén musical de los Sres Wagner y Levien, ya
menc1o_nado. En él tomaron parte el distingnido pianista me~cano, D. Carlos Meneses, los Sres. Saloma, primer violín; y del An~el, segundo violín; R. Galindo Y. F.
Velázquez, vi?loncehstas, y N. Palomo y J. Carrillo,
maestros de viola; _formando el conjunto un magnífica
orquesta. La señorita Amparo Pardo, dPbittó en el mencionado ~oncierto. Es discípula aventajada del Sr. }fenet!es, y orJUnda de Veracruz.

PERSONAL.
El Sr. Abad Plancarte, restablecido ya de eus males
p_arti6 en compañía de Don Pedro Escnd"lro, para la Ha~
c1enda de este señor, donde permanecerá varias semanas.
El Illmo. Sr. Amézquita, Obiepo de Tabasco, ha sido
nombrado Teólogo consultor del Arzobi&amp;pado Qe México
en el próximo concilio provincial mexicano.
'
~e encuentra en esta ca pita! el Illmo Sr. Arzobispo de
M1choacán, Dr. lJ. José Ignacio Arciga
Está alojado en la casa de D. Tir!!o Sanz, en San Cosme.

COCHE EN QC:E JUARBZ HlZO SU PEREGRINACIÓN Á PASO DEL NORTE, EXISTEl&lt;TE EN EL MUSEO NACIONAL,

Ha quedado definitivamente eetat&gt;lecida en el Arsenal
de Veracru7, situado en la fortaleza de Ulúa la escuela
para maquinistas navales, bajo la dirección del Coronel
D. Flaviano Paliza.

Los cantineros de la capital, con motivo del cambio
rentístico, pusiéronse de acuerdo para aumentar á quince centavos el valor de las copas.

El día~ del corriente se dió principio en Tampico á la
construcción del muelle, clavándose la primera estaca.
Dirige los trabajos el Ingeniero A. A. Robinson.

FranciEco Mallen, Cónsul de México en el Paso Texas
llegó á esta capital y tuvo una entrevista con E'i seño~
Presidente de la República, la cual versó acerca de ,a
presa internacional construida entre el Paso Texas y Paso
del Norte.

La ~iedad de_ Ingen_ieros y Arquitectos celebró el
lunes ultimo el amversario de su fundación.
En la ciudad de Córdoba, Yeracruz, se ha formado una
compañía con el objeto de introducir el agua potable.
Han quedado concluidas las restauraciones de ornato
que hace como un mes se comenzaron en el Palacio Nacional, ~n !a escalera que está á la entrada principal del
gran edificio.
En la actualidad se están haciendo reetauraciones de
or~ato, en los corredores de la planta baja de dicho Palacio.

NOTAS DE LA SEMANA

~gún recie_ntes datos, ya á formarse una congregación
d_e 1~p_ortanc1a en_ el antiguo rancho del Huachicil, Jurisdicción de la Villa de A.rteaga, Coahuila.
Esta comarca posee muy b11euos terrenos para el criadero y la agricul~ura, circunstancias muy faTorables para
que progrese rápidamente la nueva congrE&gt;gacion.

B_n uno d~ _los baluartes del Palacio Nacional, dos ingemei:os_ m1htares van á construir una torrecilla estilo
rE:nac1m1ento! en la cual se colocará la campana de la
Libertad, recientemente traída de Dolores Hidalgo.

El Sr. Lic. D. Matfas Romero partió para el Istmo de
Tehuantepec, á visitar sns plantaciones de café.
~ acompañan el Sr. Ministro de Guatemala y el Sr.
M1mstro del Salvador.

Sigue efectuándose, minuciosamente, la entrega á la
n_ueva compañía _de Ferrocarriles dPl Distrito, del matenal rodante de dichos Ferrocarriles.

. Murió en Veracruz el apreciable jurisconsulto D. Francisco (_,onzález Llorca, á la temprana edad de 30" añoc.
Reciban sus allegados nuestro péEi:.me.

La comisión del comercio de Veracrm;, que vino 1íltima~ente á. esta ca~ital con el fin de hablar con el señor
Presidente de. las d1ficultad_es que han su_rgido en aquel
pnert-9, á ca~a d!&gt;I nu_evo sistema rentístico, conferencih
con dicho pruner Mag1str:vlo, retirándose complaci&lt;la, en
espera del pronto arreglo del asunto que originó su viaje.

Co_nócense ya las li~ta~ complet~s tie los Diputados que
fungirán durante el biemo que se rnaugnra. La candidatura del Sr. Gral. Díaz para ocupar la primera m11 istra9 tetura en el pr?~imo cu!ltrienio cunstitucional, segun
legramas _rec1b1dos, triunfó en toda la extensión del país.
Los co!eg1os el~c_torales de _la capital, para felicitarlo por
este tnunfo, h1c1éronle obJeto de una manifestación en
Chapult~pec, en la cual lllevó la palabra el Sr. Do~dé,
respondiendo, conmovido, el Sr. Gral. Dfaz.

En la hacienda del Hoyo, inmt&gt;diata :t esta capital se
declaró e! lunes un in?endio que hizo muchos destro~os.
Las pérdidas son considerables.
El Ayuntamiento ha rescindido el contrato celebrado
con los Sres. Chon~_al y compañía para el abastecimiento
de agua de esta capital.
He aquí l~ lista de las personas qne el martf's fueron
~lectrs. Magistrados de. la Suprema Corte de Justicia d
la ~ación:
e
5? _Propietario.-Lic. P11denciano DorantPP.
Pnmer supernumerario.- Lic. Manuel García Mén.dE'z.
2'.'-Sr. Julio Zárate.
3?-Lic. Andrés Horcasit.'ls.
4?-Lic.-Eduardo Novoa.
Los colegios electorales ee vieron poco concurridos.
llfodificado y adi~ionado, es ya lfy en Michoacán el
contrato que el Gobierno de aquella Entidad federativa
celebró con P! Sr. Lni,i Si liceo, para la c.,Jouización de
terreno~ particulares para la compra-venta, adjudicación
Y colom~a.c1!'m de los que pertenezcan al Gobierno y á
los mumc1pios.
El miércoles últi_m_o se efectuó en la ColPgiata de Guadalupe la fiesta religiosa de la Diócesis de Querétaro ante numerosos romeros.
'

Continúan practicándose diligencias importantes en el
asunto Pouc~l-Enrfquez. Este último no se ha presentado á la autoridad, y se cree que se halla fuera de la capita). ½ muerte de RupP,rto Ortíz ha añadido nuevas comp_hcac1ones al asunto. Poucel sigue mejorando de sus hendas.
Miguel_ Fernando ~ca~a, convicto de ei&lt;tafa y que se había refng1ado en Paria, fué extraído de Pq uella capital y
se ha reanudado el proceso que se le seguía.
Con motivo de la inauguración de nna eFcnela en el
p_ue?lo de Ticu~an_, dist~ito de ~uadal, pe Hidalgo, se
s1rv1ó el m~rtes ultimo, d1a de la maugnración, un banquete en dicho pueblo, al cual concurrieron más de 60
per_sona~, encontrándose entre el lao lo~ Sres. Dr. Luis E.
Ru1z, D1re~t?r de Instrucción pública y D. Eduardo Yelázquee;, Y1s1tador de prefecturas.
Ha salido de esta capital el l'éi'ior Con•nl GPneral de
los Est:;1dos Uoidos en México, GenPral Cr1ttende11 rumbo s¡J l'.orte, acompañado de su familia.
'
Terminato!l en San Juan del Rio las fiestas que anualm~nte se verifican y que esta vez estuvieron muy concurri~as, agra~ndo so?re tod() la expnsición de productos
agnco1as, mrneros é mdustriales del Distrito.

El miércoles en la mañana fué aprE&gt;hendido en su casa
habitación de esta capital el Sr. Chas L. Me. Carth y, por
el jefe de la po_licía resE:r~ada Sr. Oc~mpo. Dícese que este arresto se hizo á pet1c1ón del Gobierno de los EEtados
Unidos que acusa á Me. Carthy de haber malversado fondos fec.erales i,n Nueva York.
El Sr. Ministro de Gobernación se ocupa actualmente
en estudiar, artículo por artfcul0, el nuevo proyecto de
reglamento de pulquerías presentado por el Sr. Visitador
de Prefecturas D. Eduardo Velázquez y tan luego como
haya sido aprobada se pondrá en vigor.
Dícese que la Enpre~ión de la E'ección &lt;'e Correos en e
M~fl;isterio de Comunicacfones está resuelta, y que la comisión de_ r~forma~ al Código. estudia la manera de arregla~ definitivamente la sección del ramo y otros puntos
de mterés.
El jefe de esa s~ción D. José Jacinto Jiménez, ocupaní.
otro puesto con iguales emolumento~. Los demás empleados que no cesan se repartirán en las otras secciones.
Sa acaba de publicar un cuadro dA la criminalidad en
México que compr~nde de 1885 á 1895, y en el que leemos
que durante ese ~iempo se. aprehendió á 341,421 hombres Y 107,202 mu¡eres; la cifra de cad,íveres asciende ,í,
3,170, de los cuales fueron 186 de suicidas.
Según el cuadro, ha habido 1,117 abusos de confianza
estafa y f!3ude; 62 incendios; 1,483 homicidios; 106 en~
v_enenam1~!1tos; 433 adulte_rios; 13,438 robos; 95,876 les~o~es y rm_~s; 281,002 ebrios escandalosos; 133 infanticidios y 1,3Jo estupros y raptos.
El jue_ves,. el Sr. Pr~sidente de la República conc13dió
u_na aud1~nc1a á los miembros de la excu1 ~ión norteamericana H1ll, compuesta de personas prominentes de Texas.

Otro pago de $1,250 de "La Mutua."
Toluca, Jnlio 7 de 1896
Sr. Don Carlos Sommer, Director general de «La Úutua.»
l\Iéxico.
Muy señor mío:
Ag_radeci~~ á la_etic_acia de vd. para el p::go de la Póli~a 11umer? 092,8-11 ~a¡o .!ª cua_t, en e~a estuvo asegurado
a favor mrn y de mis h1¡os m1 fiuado esporn el Sr Dou
C11le~o_Yfio Vieyra ( Q. E. l'. D. )
·
D1r1Jo á vd. la ptedente manifestando para conocimien~ de todos los que la presente vieren, que hoy ante el
~r. D. Juan N. l:(omero, Notario Público, he r~cibido d.-1
l:&gt;~. Dar10 Valdés, B~n~?ero dE: esa ycmpañía, t:n eFla
Cmdad la suma de ($1,l!a0.80 mil dosc1eutu~ ciueuruta ¡, 0 .

so~, ochenta reutavos.

Siendo por importe del Seguro................ 1,000 oo
Y P?r la devolución de premios que vagú
m1 finado esposo ................................ .
2,'50 80
.

$

1200 80

, _Qnedo 1g11almente agra&lt;lecifa al Sr. D. Euuardv Caeso
, 1llalvaz:o Agente especial de d:cha Co11,pañfa por su
cooperación para llevar á cabo el levantamiento de pruebas de muerte y _pago del Seguro.
De vd. afectísimo v S. S.-Por la señora mi madre y
her.nanos, V1c ~XTE , ·rEYnA.

�19

EL MUNDO.

36

JULIO,

1896.

]9

JULIO,

1896.

EL MUNDO.
37
-===========e=============== = == = ========~-·Inauguración de un monumento á
Guillermo l.

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• P.e- A.~
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Largo sostenuto

PIANO.

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MASCARILLA DEL LIC. D. BE:',lTO JCAREZ, EXISTEXTE EN EL MF14EO XAClO~AL.

í}louimienfo tlcttorai cu los CC:.stabo.s Uoibo.s.
Publicamos hoy los retratos de los principales competidores en la compaña electoral del campo democrático:
el de Mr. William Jennins Bryan y el de Mr. Richard P.
Bland.
· La Convención naciónal democrática de los Estados
Unidos, reunida en Chicago la semana pasada, ofrecfa nada menos que dieciséis aspirantes á la candidatura de la
presidencia.
Yiejos encanecidos en las luchas políticas; serndos senadores, machuchos hombres públicos, dignos de haber
ocupado gobiernos de importantes Estados, hábiles financieros, partidarios del metal blanco, y hastá prófugos
del partido republicano,. se presentaban ante el imponente meeting de los demócratas, con la esperanza de ser designados para la candidatura del 1dto puesto por los de-

fensores de la libre acuñación de la plata, pero nadie tenía las probabilidades que l\Ir. Bland.
1
í entre todos ellos un joven fogoso y atrevido, un simple ex-diputado y senador en agraz, dos veces derrotado
por los republicanos, fué el elegido. William Jennine
Bryan, hoy elevado sobre el pavés, supo dominar al auditorio por elocuente discurso, en defensa de la plataforma ó programa democrático, y aunCJ,ue ocupaba el
cuarto ó quinto lugar en el primer escrutmio, al tercero,
la ola del entusiasmo subía y subía: avasalladora y al
quinto, era aclamado por unanimidad, aun por los mismos que hacía un momento se le c,ponfan y habían sido
subyugados por aquella elocuencia un tanto socialista de
última hora.
Los adictos á Mr. Bland, el que obtuvo más sufragios
en los primeros esctutinios, tuvieron que amainar velas,
y hoy son los más celosos defensores del elegido por la
Convención.

El dia 18 de Junio último, efectnose en Alema11ia la
inauguración de un monumento elevado á la memona de
Guillermo I,
Loa gastos de este monumento eleváronse á la suma de
más de un millón de marcos y fueron cubiertos por las
su~criciones de las asociaciones de antiguos militares. J&lt;'ué
erigido en la cima del KiffhUJuser, montaña poetizada
por la leye?.da de Federico Barb!lrroja.
El emperador asístió á la ceremoni.. con los representantes soberanos de todos 111s Estados alemanes, entre
los &lt;males se hallaba el rey de Wurtenberg y los grandes
duques de Saxe-\\'eimar y de Baden.
Diez y seis mil asociaciones de antiguos militares, estaban represe1,tadas.
·
El emperador llegó al medio día de la fecha indicada,
al monumento, y fué act.gido con entusiasmo por la multitud y por los antiguos militares que formaban valla.
Dirigiose con los otros soberanos á. la plataforma del
pórtico.
·
Ahí el general Spit1:, presidente del comité del monumento, le dió las gracias por haber asistido á la ceremonia, y le testificó la fidelidad de log antiguos soldados.
El profesor \Vestphal, capitán de la réserva, pronunció en seguida el discurso de inaugul'ación.
Discurso del rmpnarlor Onillermo IL
' El emperador Guillermo II, respondió en los siguientes términos:
·
11Experimento una alegre emoción al encontrarme en
medio de vosotros, con los augustos soberanos confederados, para inaugurar el monumento que centenares de millares de antiguos soldados de todas l~s partes de Alemania, han consagrado, merced á una cooperación unánime, á la memoria de m i augnsto abuelo, Su Majestad
el emperador y rey Guillermo I, sobre esta montal1a rodeada de recuerdo'! del tiempo pasado.
La~inauguración de este monumento, es el digno epílogo de la@ fiestas conmemorativas de las victorias de la
gran guerra.
Yo doy las gracias á todos aquellos que han imaginado, favorecido 6 realizado esta obra incomparable, y en
primer li1gar al serenísimo soberano que ee dignó colo•
carla bajo su protección esoecial. Yo sé que el recuerdo
del gran emperador es guardado religiosamente hasta el
último suspiro por aquellos á quienes les fué dado eeguir
sus esti.ndartes victoriosos y exponer con él su vida por
!a unidad de nuestra cara patria.
Et monumento aquí erigido es un símbolo imperecedero de ese sentimiento, pero le está asignado aún un
papel uiás elevado y más noble: él deberá. ser para l:lS
generaciones futuras una exhortación á permanecer uni·
das y á. ser fieles y devotas del soberano y del país; á es•
t.ar firmemente unidas á aquel que ha hecho la grandeza
de la patria, á poner el honor de Alemania por encima
de todas las liga~ de la tierra.
Si el espíritu que ha creado este monumento permanece vivaz t n el pueblo alemán, gracias á la bendición

$1 {l!}ot,imiento $le.dor al en los Sstaaos Uniaos.

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1/.

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....

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\\·TJ.1.TA)[ ,TE'S~l~R BRYAN.

Rl:::IlA !l.D P. B LAND,

Candldau, del partido demcc,1Uico á la pr&lt;~idencia •l~ los Estado~ [ n idos.

Competido r de Brya n en la can1}'8Í\e. clectoral r'e'. fmnpo c"emocrí.tico.

�19

EL MUNDO.

JULIO,

1896.

11

APLICACION INDUSTRIAL DE LOS RAYOS X.

del Todo Poderoso qne yo imploro, la patria afrontará,
con una cot1fianza inquebrantable, todas las tempestades
que el porvenir pueda reservarle y la vista del monumento elevado hoy como un símbolo, producirá los efectos
esperado~ por los fundadores de la obra. .
Con una verdader a satisfacción he recibido el nuevo
juramento de fidelid1\d de mis antiguos soldad?9. ~o sé
que su divisa: Con Dios por el empetado,· y eJ, 1mpmo no
es una palabra vac!a ~e sentid?·
. .
.
I'ueda este sentmuento amruar siempre á la.a asociacionee de antiguos militare11 y ·perpetnar;:e hasta el !ná~
apar-tado porvenir, propagándose po~ tocia la nación.
Pueda el pueblo alemán no C\lrecer ¡~má11 de h~m~res
que igualen por sn fidelidad. su espíntu ~e s~cnfic10 Y
sn patriotismo, á los que han servido ba¡o las órde~es
del gran emperador, y á los cuales de tal suerre l~a sido
dado contribuirá la realización de la obra de sn vida: el
restablecimiento del imperio alemán. Dios lo quiera!»

Fuera da loa experimentos de laboratorio, las nuevas
propiedades de las radiaciones de los tubos de Crookes
tan m~ist~lmente reveladas .P?r el profesor Rontgen,
no hab1an sido hasta ahora ut1hzadas más que para inwstigaciones de osteo!ogfa ó para indicaciones quirúr·
gicas en extremo interesantes. Ahora se ha propuesto la
:1plicaci?n de los rayos Rontgen para comprobar la ho11!og;eue1dad de las planchas 1nehílicas y para el reconoc1m1ento de la naturaleza de los objetos, opacos para los
rayos X, encerrados en una caja sellada.
Sabido es también que esos rayos permiten distinguir
con la mayor facilidad los diamantes ialsos de ios verdaderos, que reeu:tan tranMparentes éstos y opacos aquellos.
Un periódico técnico londinense, la Electrical Re1•1iev.·,
proponE: que se utilicen los rayos X para examinar las
111atalac1ones interiores de las canalizaciones eiéctricas.
Sin abrir las moldura.q y sin quitar las partes aisladoras
de los h1los, los rayos X permitirán apreciar el grueso de
los hil.os,. las ju;ituras. y sus imperfocciones·: se podrá saher as1m1smo s1 los hilos están ó no soldados, s1 las Ugaduras están ó no enrolladas regularmente, etc.
Ya se comprenderá que esta aplicación no tendría nada de práctica si hubiera qne tomar cada vez una sombra
1·adiográfica por medie de una placa sensible; por esto lo
11!ejor es utiliz~r las propiedades fluorescentes del platinocianuro de bario: este cuerpo, finamenw pnlveriz ido en
un m,&gt;rtero de ágata, se pone en suspensión en un mucílago ó en colodión normal y se extie11de en gruesa capa
• obre un cartón bristol bastante espeso. E1 papel asf pre·
Jlarado se hace fluorescente y bajo ,a influencia de los ra~·os X dá imágenes instantáneas muy clarmi de los obj~tós
interpuestos entre él y la ampolla: ésta debe ser cubierta
con un palio ó un papel negro y el cartón debe colocarse
de manera que la cara no cubierta de platino·cianuro mire á la ampolla. El observador se coloca al ovo lado del
bristol como si quisiera ver la ampolla al través del cartón. La limpieza de la imágen así obtenida, depende del
estado del tubo de Crookes y d~ la distancia del cartón á
la ampolla. La fluorescencia desaparece con la excitación
Je! tubo, y el cartón fluorescente sirve indefinidamente
para los experimentos qutt, presentados de esta suerte
son más econ·ómicos, sorprendentes, rápidos y variados:
q·:e con el procedimiento de las placas sensibles, útil solamente cuando se trata de conservar las imágenes obtenidas.
·
Si hemos de dar crédito á un telegrama dirigido hace
poco desde Nueva York por Edisson á lord Kelvin de Glas
cow, el tungstato éle cal cristalizado produce efectos fluore~~enteH mucho más intensos que el platino-cianuro de
bano.-M.

***

Ofrecemos á nuestr&lt;'s lectores nna fotograff:i del monumento y la legendaria montaña en que está colocado.
EL NAID'RAGIO

DEL "ORUMMON D-CASTLE. t&gt;

•

De cuando en cuando como para demostrarnos· que el
mar ese giua11te eterna~ente indomable, no duerme, llega á nosot~os, estremeciéndonos, la noticia del extrago
causado por sus iras. No hace dos afias aun, EL MuND0 daba á sus lectores 1~ noticia detallada del horroroso
naufragi.:, del (;olima, hermoso vapor de la Compañía
«La Mala,n del Pacífico, ocurrido en nuestras aguas occidentales. Hoy deberemos eslabonar á aqueUa hi~toria
lamentable, una historia más: la del naufragio del Drumimmd-Castle, magnífico vapor mercante de una Compañía inglesa.
Y no será, nó, la última catástrofe: el mar, el rebelde
perpetuo, no descansa.
Los raros v1aJeros que en la primavera no temen tomar el vapor postal del Conquet, que se dirige á las islas sorpréndense mucho del gran número de vapores de
qu~ á toda hora del dia y de la noche está poblado el
horizonte.
Todos lo3 buques que entran á la Mancha, van en efecto á buscar en esa roca, centinela avanzada del antiguo
continente, un punto de tregua, indispeusable, que les
permita reconocer su situación y proseguir con fijeza su
destino.
De ahí 35e vagar constante de humos ligeros, de estrellas rojas ó verdes, que apenas entrevistas parecen huir
como espantadas y desaparecer en la bruma ...... Oh! la
bruma...... ella es, más que la tempestad, la enemiga de
los navegantes en esos parajes. Solapada y silenciosa, corre, se extiende, se espeea al rededor del buque momentos antes seguro de su ruta. En vano mugen las sirenas!
en vano los faros eléctricos proyectan sus fulgores deslumbrantes. Ni el sonido ni la luz pueden.atravesar aquella cortina de sombra. Ya nadie canta á bordo la vuelta
á la patria. Los más enérgicos se sienten ahogados por
tnortal angustia ante el peligro, tanto más inquietante,
cuanto que ninguna lucha es posible. El Fromveur está
muy cerca, el From1,eur, ese estrecho ó canal que se extiende entre la isla y la costa, erizado de rocas agudas y
cortantes, invisibles, á flor de agua, donde espantosascorrientee levantan aun cuando el mar esté tranquilo, olas
gigantescas.
El buque des\'iado poco á poco de su ruta, que ya no
puede rectificar, es arrastrado, y súbitamente se produce
el choque fatal, el espantoso desgarramiento del casco
ventrudo, el deslizamiento rápido ó lento, pero siempre
segnro por el agua negra q11e sofoca los gritos de la desesperación con la vida. Y cuando la bruma se remonta á
las nubes, el Fromveur aparece impasible...... Unicamente, nllá en el fóndo, las vergas del buqne desaparecido,
han all.adido nueva&lt;ocrnces al cementerio en q ue yacen
tantos restos acumulados desde hace siglos!

YIAJE!AL ,POLO NORTE E~ GLOBO.

•

.

t

1

L'l alegría del regreso.-El camino

cu la muerte.

l\foy pronto, dentro da unas cuantas horas, iba á dis•
tingui r~e la costa inglesa. La espectación 'hacía que permaneciesen snbre el p11ente numerosos pasajeros y para
hacer agra.dables las últimas hora.'! de travesía, ~e habia
organi1..ado en lunch y un baile, aun cuando el calor era sofocante.
·

EL «DRUMMOND-CASTLEn EN LOS MOMENTOS DEL NAUFRAGIO.

MONUMENTO 11:RIGIDO) GUILLERMO l. EN KIFFH&lt;EUSBR.

El «D,•u,rirn?nd-C&lt;ntle.»:La tripulaci6njffos pasajero$.
El martes 16 de Junio, á e~o de las once y media de la
nache, el vapor Dru,nmond Ca.stle, de laCompafiía•Correo
de Londres, 3cababa &lt;le reconocer los fuegos Ouess'\nl.
Ese gran atea1ner de 30&gt; pies de largo 7. de 3,663 toneladas, dejó á Capetown el 28 de Mayo ultimo, en camino
para Londres, con escalas en Delagoa, Nata.!, East--London, Port Elisabethy Las Palmas. Llevabacienhombres
de tripulación, y tenía por oficiales: á Pearce, capitán·
Brown y Wayman, primeros oficiales; Hisck@, oficml se:
gundo, Ellis, oficial terceró, el doctor Tallen, médico· Elbro, contramaestre; Eyre, primer mecánico; Holmes' segundo mecánico; Beattle, tercer mecánico; Mac Alpine
c•tart,n mecánico y Palmar, quinto mecánico.
'
El Drummon.d-Castle llevaba además como doscientos
pasaj~ros, colonos y plant:.dores de té. Entre ellos se encontrnban algnnos soldados ó secuaces de Jameson ·re·
cienternente implicados en los acontecimientos del A.frica del Sur, condenados y agraciados por el presidente
Krngl'r.
La 111ayor parte de los colonos llevab:in á sus famfüas·
la'I mnjere@ y los nil'ios eran numerosos á bordo, y n~
damos la lista de los ¡,asajeros por ser fastidiosa para
nueetros lectores que los desconocen.

39

EL 1'iUNDO.

19.Juuo, 1896.

Caía una lluvia fina, pero muy nutrida, q~e obsourecía
un poco los fuegos de la costa, haciendo necesaria. una
extrema prud:mcia. Está comprobado que la velocidad
del steamer era, sin embargo entonces, de 15 á 16 nudos,
lo que en circunstPncias semejantes parece excesivo y
· hasta temerario. ¿Cómo aconteció que el capitán del
Drumnwnd- Gastle se hubiese a. venturado por el Fromveur
en lugar de pasar ,l lo largo de OueEsant, como la pru•
dencia y el camino que debía seguir lo exig,an?
He aquí lo qne ning.ún marinero pudo explicarse ,por·
que los fuegoM del Creac'h y del Stijf SP. habían percibido
sin duda alguna apeear de la lluvia y si t:se movimiento
erróneo se había ya cometido era facil rectificarlo. Se ha
hecho una suposición acaso ligera. Se ha dicho que el regreso á la patria fué demasiado festejado ..... .
La verdari, no se conocerá jamás.
.
Los sobrevivientes de la catástrofe, quedaron demasiado trastornadas.por el terrible drama al cual asistieron,
para que hayan conservado una noción exacta de los hechos, y hay en sus relatos contradicciones que no permiten admitir la versión de unos mejor que la de otros.
De cual ¡uier modo que sea la culpa, si la hay, fué pa•
gada muy caro ..... .. ,.
Sobre las roc(l8 verdes. El naufragio.
A las doce menoq cinco minutos de la noche, en el momento en que eu el puente el regocijo llegaba al colmo,
una conmoción violenta acompafiada. de un ruido aterrorizador, derribó á marinos y pasajeros, en medio defardos trastornados y de l&amp; arboladura que se hundía.
El Dru.mino11d-Castle a&lt;'1tb1tba de arrojarse sobre las rocas verde3, [en breton Koc' h-Jfrlen] el!!ollos peligrosos

que se encuentran entre las islas de OueSljant y de Mele!ie
y cuyos )?icos se descubren apenas cuando la m 3rea baJa.
Inmediatamente el buque comenzó á agujerearse en la
popa; pero el capitán Pearce, creyendo qt:.e podría contar
con los tabiques aatancados de que el b uque estaba provisto, mandó aue se diera contra máquina para salir á flote. Desde lo alto del puente gritó á la. tripulación que
permaneciese en su puesto y á los pasajeros q ue condervasen ~ sangre fria.
Intentase botar á las lanchas ¡;,ero no se pudo lograr.
Entonces, ante la muerte inminente, el desorden fué
completo. Los ~asajeros enloquecidos se llamaba!l,. se
buscaban con gritos de tenor. Las madres se precipita·
ban en los camarotes para morir cuando menos. cou sus
hijos que apaciblemente dormían.
•
Bruscanient-e el steamer cayó comoun·plomo á una.profnndidad de cincuenta metros y los sobrevivientes mterrogados algunas horas después de su desembarque,. hablaban del horror que sucedió á los desgarradores gritos,
del silencio mortal que cayó sobre las olas que se cerraban sobre su presa, eu tanto que la corriente lo! a rrastraba á ellos mismos con los restos á los cuales se afian•
zaban desesperadamente.
Los sobrevivientes. Siete horas sobre una ta·,za.

Los habitantes de las islas, los guarda-far06, los vigías
semaf.óricos, no tuvieron conocimiento alguno del nau•
fragio que se efectuaba á algunos cables de la costa.
Hasta el dia siguiente á las siete de la mafiana, los pes·
cadores de Meléne que iban á ver sus redes, encontraron
arrastrados á lo largo á los dos marineros James Wood Y

William Godbolt que hab1an logrado mantenerse sobre
un fragmento de escotiUa á pesar de los calambres que los
paralizaban.
Eu tanto que los marinos de la Coro1ta de Maria salvava~ á los náufragos despojándose de sus vestido8 para cubrirlos, otros pescadores percibían :i un pasajero Charlie .M:ackar, al cual un aparato de •.mlvamento at~do sobre las arca.a, sostenía completamente desvanecido soore
~¡ abismo. A fuerza de cuidados ee le reanimó.

Las corrientes los arrastraron entonces ya á lo largo
donde vagaron algunas semanas, ya á 1~ pl~as de 1~
costa Noroeste de Finietere. Los remolcadoréé, los torpederos y numerosas barcas exploran los eecollos y cada día se hacen nuevos descubrimientos. Pero r:iuchos
?uerpos permanecerán en el abismo y no reaparecerán
Jamás.
Ea tierra bendita.

Los cadáveres recogidos.

Para aquellos que han reaparecido, las poblaciones de
las islas han tenido la más grande piedad.
Los muertos, envueltos en gruesas lonl,lll, por falta de
ata0:aes, son velados al fulg'?r de humildes cirios, por los
habitantes de Ouessant, dolidos ante el dulce y pensativo rostro de las viudas futuras.
Loa campos.de margaritas salvijjes, de perfume amargo de crisantemas, que alegran aquí y aUá; las rocas
desoladas, han proporcionado blancas coronas á los pequefiuelos babys, -á las jóvenes mÜ!ses, cuyos despojos ha
devuelto PI .Fromveur.
Los enterradores y los cargadores son pescadores ro.dos, que en las tempel!tades disputan al mar su presa, y
cuya tumba, maflana acaso, lamerán las olas.
A.1te toda la parroqnia reunida, en la pequel'ia iglesia
sacudida por los vientos furiosos, el venerable cura de
Ouessant, bendijo antes de darles su último adiós, á esos
pobres náufragos de otro culto. herlI!anoe de dolor á
quienes tantas familias desesperada.a lloran, allá, lejos,
del otro lado de la Mancha.
.

La flotilla de los ~scadores de las islas bien pronto
reunida ~da, no deüia encontrar más que c'adáveres. Ent re los primeros que fueron &lt;iescubiertoe se encontra!Ja
M Téllez, 2'? oficial, cuyo corazón latía a~n débilmente
pero que no pudo. ser vuelto á la vida; -después un niñ~
.a.e un afi_o; una ni.lia de tre&amp; afios, cuyo padre; propietario de mmas de diamante en el Cabo, fué reconocido más
tarde; una hermosa joven, Miss. Freda .Mgee cuya opulenta cabellera rubia flotaba sobre las olas ~orno la de
-Ofelia......... D.ispués muchos desconocidos.
Casi todos estus desgraciados habi9.n tenido tiempo de
rod~r á. S? cintura el a¡:-ar:1to de salvamento que p nen
á d1spos1c1ón de cada pasaJero las compafiias de n.avega-ción. Pero tal aparato, del cual esperaban la salud no
hizo sino prolongar su agonía, porque los golpes de ~ar
pasando sobre ellos, los habían asfixiado. Algunos W:
nían el rostro y las manes r.scoriados, sin duda por el
-choque contra las rocas, á las cuales habían intentado
~n \'ano encaramarse.
C.1dá'\leres más numerosos fneron encontrados durante
:algunos diai!, cr1a:1Llu l,1 ut&gt;.compo,ició11 cvmenzú su obra.

":::c)J_.~

En E'i ~alón de sesiones de la Sociedad de Geoloafa y
Geografía de Estockolmo, se ha celebrado últiman~ente
una reunión en favor de la expedición polar en globo
proyectada por M. Andrée. En ella ha dado éste cuent~
de lo adelanr.ados que lleva sus preparativos de viaje.
Por lo qu,. respecta al globo, están ya terminados los trl's
pi!!OS del cobertizo en que se le debe conservar hasta la
partida, y en brevé. lo estará el generador de gas hidrógeno. El vaporcito la Virgen, se halla · terminado en el
dock de Gothemburgo: este pequeño barco es de palastro, puedP. llevar tres personas y 600 kilógramos de pro- ·
visiones y se dobl_!\, de suert~ que se le puede izar á las
redes del &lt;;írculo &lt;1el globo. Se ha constru(do una cocina
en la cnal se puede calentar los víveres á diez metros d~
distancia del suelo de la barquilla. La expedición saldrá
de Gothemburgo el 7 de Junio y llegará á Spitzberg el 17
ó 18. Per~ á partir de este momento, ~I. Andrée no puede pre_decir lo que sucederá: no sabe s1 podrá continuar
su via¡e en globo ó tendrá que hacerlo en barco ó trineo.
Los instrumentos científicos que llevará la expedición
soo: tres sextantes, un horizonte artificial de mercurio
dos crQnómetros, dos crono3copios, cartas m31?nética;
aproximativas de la región inexplorada, una brújula especial, un psicrómetro, un actinómetro de Arago, nueve
brújulas, un anemómetro, tres anteojos, dos aparatos fotográficos, un E&lt;lectrómetro, un aparato para recoger bacterias y otro para analizar el agua.
SEB.VIClO AEREO DE CORREOS.

Se acaban de unir la isla de la Magd1lena y el puerto
de Cagliari, es decir, las extremidadeP Norte y Sur de
Cerdeña, con la costa de Italia, por medio de un servicio
de correos...... de palomas mensajPras. La distancia entre Roma y la Magdalena es de 270 kilómetros, que los
pichones recorren en un espacio de 4 horas 50 minutos.
La velocidad media, es, pues, de 45 kilómetros por hora.

El salario de los marinos que descubrieron la Amérit',a.
. Un economis~a ha llegado á descJ?brir las hojas de re¡nst~o de la flotilla de Colón. Las cifras que se ·desprenden.de estos documentos son verdaderamente curiosas
Los marineros, según su clase, ganaban de dQs á tres pe:
sos, por mes, más la alimentación; los capitanes de las
carabelas 16 pesos mensuales y los alimentos. Cristóbal
Colón, con el grado de almirante, tenía un sueldo anual
de 320 pesos.
No ea muy caro, si se tiene en cuenta el descabrimiento de .Améri_ca. Verda_d es que hay que tener en cuenta
t~rub1én el valor del d1oero en el siglo XV en co:nparac1ón con el actual.

�19 J ULlt &gt;, 1~00.

EL MUN,DO.

40

~1~9~J:,,;;UL~I~O~,~18~9~6·~=============~E~L~MU~;,:,N,;,;;;D~O~.~===============

EL 14· DE JULIO ::)E 1896.

LAS SOLTERONAS.
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&amp;l (rasino ~rancés en la noclte ael 1~ ae ,Sulio ae 18')~.
[Tomado del natural por Leandro Izaguirre,]

EL 14 DE JULIO.
EN EL CIRCULO FRANCES.
T'rovervial es ya el espiritual buen humor de los nobles
hijos de la gloriosa Francia y nadie extrañará por lo mis•
moque la celebración del 14 de Julio en esta capital haya.estado por demás animada y encantadora. Ahí donde
hay un grupo de franceees, ahí está la Francia y los que
forman la prósp&lt; ra. colonia de esta capital, nnidos íntimamente como están, no podían meno3 c' e dará su gran
fiesta el brillo que me!'ecía.

Todos los establecimientos franceses, que son muchos,
y algunos mexicanos, engalanáronse vistosamente el mar•
tes último, sobresaliendo por su adorno «El Palacio de
Hierro,» «El Puerto de-Veracmz,» «Las Novedades,» «El
Gran Orientaln y la «Ciudad de Londres.»
La Kermesse efectuada en el Tívoli del Elíseo estuvo
animadísima. La entrada del Tívoli estaba adorn,lda con
mucbo gusto llovía conffelli de todas partes y la concurrencia era muy nuineroea. Nuestros lectores conocieron
á su dtibido tiempo el programa. Baste añadir que se amplió con lucimiento en todas sus partee.

El baile efectuadÓ en la noche en el Casíno Francés
[del exterior del cual damos un grabado] fué el brillante
remate de los regocijos del día.
La alegria sentó sus reales en los hermosos salon€B pa·
rano abandonarlos sino con las últimas ;,ombrae de la
noche. Inicio~e la fiesta con los viriles y conmovedores
acordes de la :'.\Iareelleea y prosiguió encantadora hasta el

fi.n.

4L_

Ntwstro~ pl;ícerr es r. l 1 laborins, 1olonia F1 ancesa, por
el b.ien éxito tle su l atriótica celebración.

..

O.NOCI, hace muchos años, tree solterooM, á qnienes se llam:iba en su pueb)o
las señoritas Griftóo. Parecían, aun cuando hubiese entre ellas nna diferencia
notable de edad, haber hecho el mismo día, en tiempos m11y lejJnos, una silenciosa entrada en la vida. Parecía asimismo-de tal sueree estaban emparedadas en sus costumbres y de tal suerte er.111 ne~esaria'! cada una á Jas otra;¡ dos-que
deberían morir el mismo día y á la mism~ h'&gt;ra, después de haber, como de costumbre puesto en orden su casa, limpiado sus muebles y cepillado su ropa.
'Yo recuerdo que me quisieron. L'.ls m'&gt;lesté muy frec.ientem~nte, cuando entraba
á sn casa, haciendo cabriolas como un gato que m~rodéa, por la ven~ana d~ la planta
baja. Y me agrada recordar, sobre todo, con cierta pena mezclada aun de piedad y de
bur a afectuosa, que era la señorita Nina la más desgraciada de las tres hermana~: persona nerviosa y tímida, humilde y meticu.osa basta el exces_o, á la cuál me compla~~a
en atormentar. B.1stábame deslizarme detrás de ella de puntillas, lo cual se me fac1htaba porque era distraída y un poco sorda, y después, bruscamente, en voz alta, llamarla p¿r su nombre. Yolvíase hacia mí lanzando un grito, levantando los brazos con un
sobresalto de h'lrror, que daba á su semblante lll ex:presión más per&lt;'gri~a, hacié11d_ome reír. Ptiro la señorita Nina no sabía enfadarae. No hay manera dti pmtar su resignada mansedumbre, cuando menéaba la cabeza dulcemente, y decía: «Kstos muchachos!.. .... » sin sonreírse como yo lo hago á la sombra de ese recuerdo. Entonces, la
señorita Luisa, la más vieja, me amenazaba, pero sin convicción, con la1 tenazasó con
el atizador. L1 señorita Clara, la menor, ensayaba una reprimenda severa. Yo peclfa
hipócritamente un perdón siempre acordado. Se hacía la paz y me sei:itaba cerc!l de_
ellas en un taburete, frente al fuego. Una de ellas refería entonces, haciendo al m1s~o
tiempo ovillos. candorosas historias que m~ encantabln, porque tenían las buenas viejas una a1ma ingenua é. infantil, que las ªl?rox:imaba á los nift~s,
Yivfan de su traba¡o, bordando y haciendo punto de media todo el d1a, y de 1;rna
renta miserable que les arrojaba coJ soberbia un hermano qu~ tenían, el cual era neo.
Trozo de pan necesario y duramente adquirido con humillaci"ne~, periódicas como
los trismestres de su pensión. En la intimidad, cuando estaban solas, y á puerta cerrada, las tres hermanas osaban confiarse ~u pensalniento. Acusaban á su he~ml!'no de
orgullo; decían que ellas no pedían más qu.i amarlo, pero qu~ eso era muy d1f!c1I; que
él jamás había sido bueno con ellas, como ellas lo habrían !l!do para con él s1 D10s le
hnbiese dejado póbre y á ellas las lrnbiese hecho ricas, pero que Dios h:1-bía hecho que
los cuatro naciesen de la misma madre.-Ante los extrafios, al contrano, hablaban de
aquel glorioso hermano con respetuosa altivez..
.
.
.
Et iba á verlas cuatro veces por año y se rngemaban para tratarle bien. Presidía
en sn mesa, se dejaba ser,ir coi:no un nabab, examinaba todo y todo lo.censurab:i-: la
c,11nida, que había costado muy cara, la ropa, que ya encontraba demasiado humilde,
ya demasiado rfoa. Después, ya al partir, magestuoso, apaciguado, un poco_ menos ce•
ñudo, dignábase humanizarse y decirles algunas palabras amables, al subir~ su Jan·
dau, pesado, tirado por dos caballos bien nutridos que conducía ¡¡n cochero hmchado
dt- toda la grandeza de su amo. Y las tres herwanas, desde el umbr~l de su pu~rta
mirapan, con un eu~piro de envidia sin hiel el tren que deEcendía, ale¡ándose rápidamente por el camino.
Su vida era humilde y retirada. Oían todas las mañanas su misa, cocinaban ellas
mismas y pai-a comer como para don.uir encerrábanse con dos vueltas de llave. En la
sala enladrillada donde se instalaban dura11te \argae hqras, para trabaj.ar, miraban de:
trás de las corti1Ías á los campesinos qne iban al pueblo, los coches y los caballos: ~i
al"una comadre pMaba, atraíanla hábilmente para interrogarla sin demostrar cunos1d;~d, con finezas de diplomático, porque gustaban de saber noticias. Y las reciblan de
tolas pe,rtes sin tener intimidad~s con. nadie, discreción bien conocida q~e les valía
confidencias con las cuales se sentía halagada su vnnidad. St1 catacteríst1ca era una
timidez temerosa y una prudencia proverbial. En un tiempo les .aconteció mezcla~e
neciamente en los chismes del pueblo. Pero su hermano, advertido de ello, le~ d1¡0
. redondamente que á la primera reincidencia les quitaría sin J.&gt;iedad la mesada, misera•
ble hilillo de agua en que bebían la gota necesaria para su existencia. Y la lección ha·
bía sido tan dura, que con gran terror cosieron sus labios y cerraron sus puertas para
todo el resto de sus días.
Clara era el espíritu fuerte, la ama indiscutible de la casa. Ella era quien reglamentaba las compras, escribía las cuatro ó cinco cartas que se escribían cada ali~ y
pr.-sidía en los raros debates de familia. Nina aprobaba·, convenía en todo. Lmsa
aconsejaba. Esta era flaca, rugosa y, vagamente, su faz, bajo sus cabellos grises recordaba la de un viejo barbndo.
Nioa tenía. gruesas y burdas facciones, una cara parecida al mascarón de una
fuente.
Jamás he sabido si esas pobres mujeres pensaban en algo cuando trabajaban, ni ~i
alguna de ellas podía tener en propiedad una idea que no fuese de las otras dos. Su vida era como un humilde péndulo de tres cuadrantes, cuyas agujas marcaban la misma hora y giraban en un círculo igual sin detenerse ni
apresurarse bajo su delgado
vidrio. Oomo su casa, su c~
rt&gt;bro estaba amueblado, mutati.~ ,nmandis,_..de-·muebles
vitijos y -mézquinos, pero
apropiados á sus destinos y
apreciados por sn Targo uso.
Los pensamientosfiltrábanse
gota á gota y cuando yo las
oía hablar entre sí en tanto
que movían la aguja, parecfame ver caer de sus palabras una nube de cenizas
grises cuya monotonía adormecía.
Ahora bien, aun cuando
pareciese tan vieja como sus
dos hermanas, la señorita
Clara había sido joven, en
un tiempo-iy milagro!-había amado, esperado y sufrido.
En tiempos lejanos había pasado por G ...... un receptor de contribuciones. No
dejó recuerdos muy precisos en el Pspíritu de aquellos que le conocieron. Llamábase
José Boro y no permaneció mucho tiempo en el pueblo.
B&lt;?ro no era ni grande, ni pequeño, ni he1·moso, ni feo ni natla. Su faz, su talla y
S!} actitud, parecían pertenecerá todo el mundo. En lo moral, lo mismo que en lo físico, no tenía fisonomía alguna especial, cualidad ó defecto, Yicio ó manía en él á la
cu1l pudiera basarse un inicio. una ant-ipatía ó una amistad. Era nn hombre.de temperamento tranquilo, de un apacible buen humor, de una int,..Ji¡?.,ncia orcii naria ni
franco por completo, ni por completo reePr\'lldo, dti una honradt&gt;?. de b·m·..go. Seguía
tranquilamente su carrera, ni mejor ni máA m I que muchos otros y marchaba con un
paso no menoq tranquilo á lo largo del camino de. la vida.
Boro.conoció á la señorita Clara. ParPc..-qne no era fea entonces. T,rnía veinticinco
años, cierta frescura, y una apetitosa robustez.

¿Cómo ese ~uncionariocumpl ido,
cu y as opinio 1es
eran razona oles,
los juicios siempre
medidos, la c,n·
ducta de una prudente cordura, cometió la inconcebible locura de enamorarse de una
muchacha sin dote?
Nada hay que responderá ésto sino que lo inverosímil puede llPgar.. En el pueblo y en tres leguas á la redonda Ilo_había en aquel momento otra señ~l'"!ta. _casadera.
Boro tikn pobre como ella y no temendo más que su empleo para v1v1r, _se encontrab~ fastidiado de vivir solo, y de comer solo. Por estas .ra~ones qms.o tomar
mujer pues era un severo moralista, al cual una salu~able t1m1dez 11abía preservado de las pasiones. Pidió la mano de Clara, que se la d1ó de todo corazón, y tan sorprendida cuanto conmovida, t~n asustada cuanto embelesada, la pol;&gt;re muchacha se
derritió en lágrimas y le amo bien pronto con toda su alma.

***
Cuando yo era niño, y mi tía Emilia en las tardes estivales se paseaba en nuestro
jardín yo le preguntaba algnnas veces:
-Dime pronto, tía E111ilia, que pájaro es el que canta.tan bien, allá lejos, del otro
lado del vivero, sobre el rosal, cerca del muro?
.
Ella escuchaba, movía la cabeza y me re~pondía sonriendo: .
.
-Debe ser el ruiseñor, porque ya _en el tiempo en que yo era ¡nyen hacía su mdo
ahí todos los años. ~:eta noche, si el tiempo. está bueno, canta1,l b~¡o nuestros balcones. Pero tu, tú no lo oyes todavía porque duermes y yo, yo no lo oigo ya porque eoy
vieja.
.
.
? Q p1"é n
Dónde está el hombre dónde la h1imilde C!'latura
que no h a o ído a 1 ruuiefior
dé nosotros pnede volv;rse hacia su j11ventud sin eucontrnr una dti eeas horas en que
todas nuestros pensamientos cantab~n como pájaros en~motados, en que ap~nas tocaban la tierra,&gt;' en que nuestro espír.1tu se halla~a embriagado; en que hab1a al re~edor de nosót'ros como un perfu-me ligero de oxiacanto extendido sobre nuestra ex_1stencia? Que beJl11 es nuestra vida mtilancólica bajo esas fala~es fi.,res de Mayo! . Oh ¡oven esperanza, hada preQtigiosa! La dicha-, el amor, !a.gloria, t?do parece fácil, _todo
· es séguro. 1,os n1ás hérmosos auefio~ ,de las m_usit~. d1VI?as, se 1lumma·n, ~n r~d1osos
espejismos. Nobles rostros nos.sonnen! ~ rntehgenc1a más obtusa se 1lumma, se
· abre temblorosa y el corazón brmca, henchido de ternura, ante todas las .alegrías de
la vida.
·
y esto es lo más luminoso de la dicha. Y el q11e ha encontradonna de e~as horas,
· puéde moril', porque ya ha vivido.'-Glara amaba y eotaba· loca. En~el;humilde Jardín
de.su víña el rniseñor había•ido á posarse, y desde la mañana hasta la t11rde, la pobre
muchacba'lo escuchaba perdida de amor. Ya no vivía más que para ofrb, y c:ontaba
Jaa botas {&gt;0r sull cantos. Clara se abandonaba sin reserva á esta dicha sin medida, que
se iba para no volver.
.
..
: Nina tenía más de treinta años, y Luisa cerca de cuarenta, cuando se dec1d1ó el. matrimonio. Muchos años hacía que vivían ~olas en aquella casa: su heredad y su umver. so y eran para cada una las otras dos, toda la familia.
·
' Como su padre había muerto y su hermano estaba lejos, la señori.ta Luisa se había
enc_ontrado á l&lt;'i!! veinte años con que debía ser la madre am_orosa y tierna de RUS dos
· huérfanas. No se sabía á cual de las trPs amaba con más profunda dilección. Si había
alguna que fuese má~ mimada, era preci~:imente Clara, edu?ada por sns dos hermanas
mayores. Sin embargo, ahora.no se regoc1¡ab!ln éstas de la d1c?a d!l su ber':llana menor.
Se necesitaría el arte sutil de Lamb, su ironía y su estud10 m1croscóp1co de los reflejos movimientos del alma, para enconLrar y tocar con ~I dedo el punt? jusi.o en que
el egoísmo comienza y el puro aft,Cto acaba. Habían ~nido ellas en su a1slam1ento ene
~ horas de ensnefto taciturno.
Había momentos de fast1d10 en que huían. la una de la
otra porque les venían p!;!nsamientoa de esos que se guardan en lo más profundo de sí
mísmo como en urna querida y melancólica. El porvenir estaba cerrado para ellas, así
·como el pasado estaba vacío. Sin embargo ~u corazón se arrullaba algu!las veces con ensueflos tlmidos, se llenaba de vagas languideces, se abandonaba á tristes ternuras, y
una imposible esperanza ~travesaba sus almas candorosas.

***
Cuando Boro después de la entrevista decisiva hubo salido de la casita, Clara fue•
se á la vent~na q~e daba á la calle y apartó las cortinas á fin de seguirle largo tiempo
con la mirada. Aturdida por la dicha se preguntaba si aquello era posible y si en realidad se trataba de ella.
El había l1egado como pretendiente y se había despedido como novio formal. Ella
oía su voz como en un suefto, seguíalo admirando como si estuviese ahí, y aun cuando
osó apenas mirarle, sn rostro y su coJttinente grave, su enternecimiento, loa menores
detalles de el traje que llevaba en aquella solemne ocasión, quedaron fijos en su memo•
ria dPslumbrada.
Había recibido de él un beso, el beso de los desposorios, el primero...... Cuando se
encontró de nuevo con sus hermanas, radiosa y con los ojos llenos de lágrimas, saltó
al cuello de Luisa que ·se dej6 abrazar friamente.
Admiraéla entonces, volviose hacia Nina, pero Nina ·habj'a desaparecido. Ilabfa
huido al jardín, refugio acostumbrado de sns penas y lloraba calientes lágrimas, haciendo para descargo de su conciencia, votos doloridos aunque sinceros por la dicha de
la hermana infiel.
Celosa&amp;!, ..... Se habrian a~ijido si se les hubiese revelado que en efecto un celo in.consciente se agitaba en sus pobres corazones. Dd una manera obscura se hacían jus.ticia y enc,optrabaa natural en el fondo, 1ue Boro, cuando iba á verlas no tuviese atenciones delicadas, palabras y ojos tiernos sino para la hermana menor. Eso era natural
pero cruel: Porque nos sentimos lastima•los con la dicha de los otros cuando 11osot1os
no somos dichosos; y ellas decíause para sí qne ño tendrían fortuna semejante y que-

�42

EL MUNDO.

19 JULIO, HS~6.

-Y cuando la he dicho que examine, que reflexione bien, que e11pere ¡me ha respondido de un modo!. ....... .
-Nada se le puede.~ecir.. ¡Le salta á una á la cara como un gallol
-1Clara! ¡Clara I d1Jo L1;11sa con amargura, deseo que no tengas nada que sufrir.
Así es como pagan á una, Nma!. .. ... ¡Elevarla como lo hemos hecho, sacrificarse por
una ingrata! ¡Ya se da importancia de sefioral
-No, dijo Nina enojada, todavía no es seño~.

***
.Ni.na no creía expresarse tan bien! Una tarde de Mayo, Boro estaba sentado con su
novia ¡unt.o á la ven~ana que daba á la. calle. Hablaban del porvenir, arreglaban con
el p1:m~am1ento su vida y por Ja centésima vez Boro exponía lo que era y lo que valía,
es decir, su fortuna y sus esperanzas. Hablaba de sus buenos billetes y de su segu,opr9~reso, de algunas ec~nomías qu~ ba~ía hecho y de un tío viejo, rico y solterón á
qmen acabab'\ de anunciar su matr1momo. Este tío de seguro les haría un buen regalo de bodas y dejaría algo al morir.
. En aqu~llos .momen~os se presentó el car~ro. Vió á Boro y le tendió un cartapaC!O con la d1recc.1ón es~r1ta en letra desconocida. Boro rompió el sobre con n€gligeucia, pero de súbito se mmutó y Clara lo contempló con tierna inquietud. El rostro del
l~ctor se había p:.est? descolorido .por una fuerte .emoción, las ventanas de su nariz se
dilataban y ell: sus OJOS opacos brillaba una clandad desconocida. El papel temblaba
en su mano cnspada.
-¿Qué es? ¿qué sucede? ¿alguna des~racia? preguntó ella.
. -No, no, no! gritó él con fE:rocidad mconscie!lte· ¡Un vaso de agua, por amor de
Dios! ¡Me ahogo! ¡Una desgracia!.. .... Al contrario...... El!.. .... él ha muerto!
-¿Quién, seíior?
'
-M.i tío, y creo...... sí, se dice que tal vez lo herede.
¿De veras? replicó Clara. ¡Pobre seflor! Se acordó de usted, antes de morir. Voy
á ~e?:ar mucho por el descanso de su alma. Pero...... ¿le ha dejado á usted algo?
-Tod~, !l'ruñó Boro, y desapareció como un loco, dejando su sombrero.
La no~1cm se confirmó. ~oro herP;daba.. El tío, ya encerrado en el ataud, debidamen.te rociado de agua bend!ta, cambiaba sus vastos dominios, los trigos, las viñas, el
cast1!lo sec?la1:, los. bosq~es 1¡i-ualmente se.cull;'res, que pocas horas antes poseía, por la
prop1ed'.1d md1_scut1ble é mahenable de seis pies cuadrados de tierra negra, rodeada de
1JDa -verJa de lrierro. E~ sus· sueiios-más fantásticos Boro, el sobrino querido, á quien
se esperaba para el entierro, nunca había aguardado semejante suerte. Esa fortuna tan
grande, venía á caerle en la cabeza de una manera tan ruda é imprevista que pocofaltó para aturdirlo.
·
El tío,. á quien.ºº habia v.isto veinte veces en su vida, solitario misántropo á quien
creía.~amaco, ego1sta de qmen no había recibido nada más qne buenos consejos y
l:&gt;end1c1ones gan~osas, aquel ~ombre.venerado babia elegido á Boro como único heredero, de prefenc1a á otros vem~ par.1entes que. lo habían cuidado con importuna ternura_. El b~en tío era hombre rngemoso. Hab1a sospechado que las atenciones de sus
sobrmos ol! !1 un poco á sepulturero.
La noticia estalló c9mo una ~omba. Desde la maflana la sabían dos ó tres personas; en la tarde no ~abia en la ciudad muchacho de escuela que no supiese que el se•
flor receptor ~r~ millonario. Los perros callejeros debían al encontrarse repetir fil
asunto en. su 1di?!Dª• de ~a~ manera habí~ rodado en las conversaciones de sus dueflos.
Las _seflor1tas G1;mon rec1b1eron más de cmcuenta visitas¡ todas abrazaban á Clara con
efusiones de an;Hstad que ella tuvo el buen tino de no creer sinceras.
.
. i:S:38ta sus hermanas eran de verse! Clara se hacía gran seflora y comenzaban á.
hsonJearla. Cu~ndo se encontraron solas, Luisa dijo á Nina:
-Es una dicha para. nosotras, y como es muy grande para ella, me regocijo de todo corazón. Pe!o ¿has 01do cómo habla? No son aires de seflora. Va tomando el aspecto de una prmcesa.

Clara era muy feliz.-Y en tanto que esta se e~capaba á PU cuarto, loca de alegría, li·
gera como una alondra, Lnirn puso en silencio la mesa. Nina entró de nuevo. Tenia los
ojos enrojecidos, lo que la ponía más fea aún. Al encontrarse sus miradas, ambas se
comprendieron y se abrazaron en silencio.
Cuando su primer alPgria se calmó un poco, Clara advirtió que estaba sola para saborearla. Al principio se afligió, después se indignó é hizo ver su indignación á sus
hermanas. Entonces la desconfianza reinó en la casa; con su acomraflamiento de secretos que se cuchichea entre aliadas, con las palabras de doble sentido y las reflexiones agri-dulces.
·
·
11.-- ~
Ya La Rochefoucauld ha tratado de investigar si es por ellas ó por nosotros mismos, por lo que amamos á nuestras gentes más all~gadas. No hay más que un padre,
no hay, sobre todo mas que una madre y rar.os amantes acaso, que vayan más allá de
las mezquind~des de la vida1 llevados _po~ alguna abnegación heroica y que sean capaces
de hacer sonriendo el sangriento sacrificio de su corazón.-Ellas lo halirian becho si hubiese sido pr~iso_. -Y: aún_parecíaies por momentos que consumaban, sin decir una palabra, ese sac~1fic10 Jlueono, pero resentían una a1,¡arga _pena que se reflejaba sobré su
rostr~. Clar:a iba á abandon3:rlas. Y qué sería de ellas srn aquella ingrata necesaria á
P11 ex1stenc1a? Cómo normahzar de nuevo sus hábitos trr.stornados por su abandóno?
Y como vivir en aquella casa que sin ella se convertiría en un desierto?
La amistad de las dos abandonadas se volvió inmediatamente más estrecha. Ocupábanse ellas de los quehaceres domésticos y se bacian, en voz baja interminables confidenci~. -Y Clara, herida por aqnel!a exclusión, afectaba tomar su partido con una Ji.
ge.reza md1ferente que á sn vez las hería en lo mas vivo.
Boro iba á verla todos los dias; sentábase en la salita donde babia corrido la vida
de las tres hermanas, y hablaban con un tono apacible. Boro carecía de elocuencia:
par!!- élla era ?na alma humilde y dulce, de inteligencia mediana y de estrecha imaginsción. ¡No importa! No hay dos ma.neras de amar.
--:-Perman~ían solo~, con las p_uertas abiertas. Ella oía Ji.abiar á su novio y le respondia con tímidas sonrisas, ruborizándose hasta los cabellos cuando Luisa ó Nina entrahau para salir inmediatamente y vigilar con disimulo, porque la seflorita Luisa se
había metido en la.cabeza la idea de que había que vigilará a&lt;1uellos enamorados que
su deber de madre era no perderlos nunca de vista.
'
Un día dijo á Nina:
-He 9-quí á nuestra hermQ.na que se casa. Vale tanto como decir que se caso, pues
to que nos abandon.irá dentro de un mes.
-Yo no lo ~ubiera creído de ella! respondió Nina ingenuamente.
-~ué necesidad tenía de casar~e? Nosotras la queremos tanto, vi vimos aquí tan
tranquilas!.. ....... Y luego convino en ell0, si11 reflexionar cinco minutos, sin consultarnos á nosotras, sus hermanas mayores ......... en fin!
Nina era un eco fiel. Repitió, pues, como sú hermana:
-En fin!
·
-Nos. vamos á qaed_ar, .pue~,. solas! se dijeron con las lágrimas en los ojos.-Y bien,
¡que sea dichosa! Oye, s1gmó Lmsa abrazando á Ja otra; prométeme que no harás nunca lo que ella! promé•eme que no te casarás!
Niua lo prometió llorando, podía ciertamente prometerlo, y continuaron queján•
dose.
- Bu Boro! á ver, con la mano en el corazón, ¿cómo ln encuentras tú, Nina?
-Yo ......... qué sé, parece ser hombre muy cumplido.
-Y? nada tengo que decir contra él, añ~ió. Luisa co~ to_no dead4:;ñoso. Co_nvengo
!'n qt~e tiene buenas maneras. Pero las apar1enc1as nada significaµ, m1 pobre Nma.' Lo
rnter10r ee lo que hay que conocer, ¿y lo conocemos nosotras acaso? Es una feliz con no
casarsl'. Hay tantos matrimonios oue dan miedo. En otros tiempos yo nada diría.
Eran todos pru&lt;lentl&gt;", más discretos! pero el mum}o ha cambiado mucho. Esos seil.oritos dP. hoy todoP son falsos.
-Todos son falsos, repiiió el eco.

***
Entre .tanto, Boro no ~s~ribía. C_lara no había recibido sino pocas palabras eriz~das de cifras en que anuncmba o~c1alwente la gloriosa hexencia. Ya hacia qui11ctt
dms que esperaba una carta más tierna y más larga, una verdadera carta de novi&lt;&gt;
ausente. Soñaba en ~I~ desde la maflana hasta la noche, y aunque tuviese poca fan·
tasía se recreaba ant1c1padamente en las frases enamoradas de EU prometido. Dict11 b:~ •
hast~ las frases_ más pequeil.as de la carta esperada y se ruborizaba de sus propios ¡wnsam1entos: .Pe.o la carta no llega~a. Dura1:1te a.lgunos dias la esperó con pacienc·ia;
&lt;lespues vm1erone~ aso~br?, la tnsteza, la mqu1etud, los mil tormentos de la espna.
Clara ~e puso nerviosa é 1rntable. 1:!na noche a.l lev3:ntarse de la mesa, Luirn la dijo:
-¡Pobre h~rmaaa .mía! Ya lo t1eneR demasrndo rico...... para tf.
Y esta lección la h1~0 estremecer. Tuvo entonces un acceso de desaliento tal, que
creyó que lo babia perdido todo. 'Deseaba acabar, caer enferma morir! El era tan rico y ella tan pobre)
'
¡Qué muchacha tan humilde! t~n indigna de él! ¡ni siquiera bonita! ¿Dónde estará
la compañe~a df: este ~ombre supenor? Porque la característica del amor verdadnP,
es la adoración 1dol~tnca. Medía estremeci~a la altura que . los separaba y se aturdía
reco1:cta1:1do la embriaguez que le había ocasionado la herencia. ¡Ay Dios! ¿Por qué n&lt;&gt;
segma siendo pobre? Y luego se reprochaba suspirando este pensamiento Egoísta._ l;'c&gt;nsa~ en su alma grande, en su noble co~azón, en la inaudita generosidad que había.
temdo al amarla, se acusaba de calnmnmrlo por sus temores y se indignaba por su.¼
sobresaltos.
Por fin, le escribió Clara.
Su carta, poco hábil, era casi
el~nente a.e ternura y de inqmetud. Diez largos días tardó la respuepta, durante los
cuales la infeliz se sentía morir.. ~lara no tenía fuerza para 1rr1tarse, y en su desolaci~n silencioea, no comía, dorm1_a poco, y comenzaba á langmdecer. Las quimeras más
~ombrí~s de la angustia, lo
1ruprev1sto, la enfermedad, la -=!11uert~. todo lo po&lt;1ib1e y lo
.
imposible, mal combatidos por esperanzas breves chocaban en su imaginición en fer•
ma como lú.gubres pesadillas.
. Por enc1~a de todo esto se sentía roida por aquella reflexión de su hermana imP0s1ble de sahr de .su cerebro: que se habia vuelto demasiado rico p·ara casara~ con
e a, )'. por el fantasma de un abandono ridículo y desesperante. Le parecía que la luz
si/ 1e¡a~a l~nt-amente de ella y que dia á día, hora por hora, Fe sentía hundida en un,
a ismo e 1.mplacable soledad.. Por último un día, que, ·cansada de sufrir, se eentíá
tra1.mla, á fuerza de laxitud y de abandono, en una tarde dé estío cuyo esplenl oh~en 10nal se cubría P.ara ~lla, para ella sola, de-pálida languidez, un aldabonazo
izo es~remecer: apareció Nma y la entregó en silenció una carta que Clara tomó
0
~
un ~1to de loca alegría y luego de terror. ¡Era de él! Clara rompió el sobre y dese as rnmeras palabras se transformó en una estatua. Boro la escribía ex.ponía en
Sºca1 meas, llenas de noble tristeza, que se veía obligado á recobrar su 'biberta&lt;l que
evo vía á Clara la suya y hacia Vl?f~s P?r su di(:ba. Alegaba la iormal y últim~ sagrada v_olun~ad de su tío. No ternuno; d16 un gnto desgarrador, giró sobre sí misma
Y rodó 1nammada por el pavimento.
*
~ntre tanto, el Sr. Boro entraba en pis:sión de su papel de castellano. :&amp;&lt;-corría
~s t1er1as, ordenaba cortes de madera, oía las noticias de los gnardas y se aprovechaa de. 1~ buenas bodegas del difunto. Quizás pensaba en la abandonada, con vagos remord1m1entos. A las veces creía ver sus ojos llenos de lágrimas, fijE&gt;s en él ~on tula ter-

:fál!
ª

1

19 JULIO, HS~6.

nura que lo avergonzába, y su p~nsamiento se apartaba á realidades más agradables.
Otras creía de buena fe, aparte de toda fatuidad, que Clara se consolaría pronto.
Hay traiciones difíciles de denunciar de vi va voz, asesinatos imposibles de cometer cuando la víctima está aún palpitante, que por el correo no significan nada. Boro
pertenecía á esa raza de hombres, muy sensibles al mal que reciben, que se persuaden
con toda ingenuidad de que la 1..iayor parte de los peESres de los otros son exagerados
ó quiméricos, indignos de las gentes razonables é imposibles de tomarse en serio.
Al grito que la desgraciada dió, acudieron sus dos hermanas, la encontraron desvanecida, rígida y fría como una muerta. No queriendo dar á los vecinos el espectáculo de aquella desesperación, la tomaron, una por los hombros y otra por las piernas, y
la llevaron, cc,mo pudieron, al cuarto de Nina, situado en el piso ba¡o.
Después de haber tratado en vano de reanimarla y de haberla llamado entre sollozos con las palabras más tiernas, Nina salió apresurada y regres6 á poco con t&gt;l médico,
que movió la cabeza con ademán indeciso. Cu~ndo Clara volvió en sí, tenía la cabeza
aruiente, brillaban SUB ojos con un brillo febril y comenzó á delirar. Entonces Nina y
Luisa la cuidaron con admirable solicitud. Una madre no se siente más inquieta, no se
inclina con mayor ternura ni con más pacientf&gt;s cuidados como los de aquellas pobr.es
criaturas á la cabecera de sn hermana moribunda. Porque su enfermedad era de mnerte. Después de accesos de furioso delirio, cayó en un sueño pesado, del que sólo salia
por momentos para abrir los ojos azorarlos. Cuando la enferma se despertab-\ así, siempre veia á su alrededor dos caras feas, bañadas de lágrimas, flacas y consumidas por .a
fatiga, porque allí eetaban eiempre sus hermanas, relevándose para velarla. Al verlas,
se babia dicho que eran dos sombras que el terror, la piedad y la angustia animaban
todavía,
Un dia se despertó completamente. ¿Dónde estaba y qué la sucedía? ¿Por qué Nina
y Luisa lloraban al verla, con las ll.)anos juntas, como si acabase de salir por favor divino de un peligro desconocido? No lo sabía, no podia comprenderlo. Se aentia débil,
tan débil, que le parecia qne la vida se le escapaba; pero en esta laxitud, Clara seutia
un bienestar extrallo, y aquel pensamiento no la asustaba. Cerró los párpados, hizo un
('@fuerzo para recordar, y al volver el recuerdo no la llevó otra vez al dólor. ~o sufría
ni de cuerpo ni de alma; pero experimentaba una especie de aniquilamiento resignado
con dejos de dulzura. Cuando volvió á abrir los ojos, vió distintamente á sus dos tieles
compafleras que la sonreían á traYés de sus lágrimas, y ella también tuvo mm pálida
sonrisa. A poro les pudo tender los brazos, en donde las reunió sollozan ces ttn el mismo abrazo.silencioso. Después se durmió de nuevo, teniendo entre PUS n,anoe la de su
hermana la mayor. Entonces Nina, con precauciones ir.finitas, salió de puntillas, y

COBARDIA.

~t
~Jl

43

EL MUNDO.

dos hombres abandonaron la pieza. Et médico, alegre en manera alguna
impr.esion~do de los sufrimientos de otro-tantos veía ar{ diario y desde hat- cía tanto tiempo, que ya no se apiadaba de las miserias bumanas;-Jorge, en-... corvado y con la frente llena de sombra.
Y~ en el descanso de !a eEcalera, crexendo que ella no podía oírle, el joven hizo la
angust10Ea pregunta:
- Y bien, doctor?
- Y bien, amigo mío.. .... ya nada queda que hacer.
-.Tamás voh·erá á andar?
-.TamáP, ni á moverse tampoco.
. -Oh! !)ios 111ío. ba.l.buceó él desesperado, esto es imposible...... Usted, de quien se
nt.an c 11rac10nes marav11loeas, nada puede? ..... .
-No, nada.
-Oh, Dios mfo, repitió .
. , El doctor hizo un gesto dudoso, que podía traducirse comQ muestra de conmiserac1on, y con su f,::rnqueza rnda de sabio, di~paró !'l tíltimo golpe:
-Todavfas1 se mantuviese aeí! Pero la ¡,arálisis sube, ya lo s11be usted. Llegará á
la lengua, después al cerebro, y de la compaflera de su existecia no quedará nada· Matt,ria qne vive, he ahí todo.
'
·
.~or¡z_e se pasó la mano por la frente, como para arroj&lt;lf de suespí,;tn la abominable
precl1cc1,m. En cnanto al doctor, en tanto que consultaba su reloj aqadió:
- No es la vida muy alegre que digamos; hay que tener valor'. ..... Conque, buenas
noches!
Y bajó rápidamente la escalera.
Por un inst'.1nte, .J?rge, q_'l~Ó tan tur~ado, que no oeaba volverá la pieza, temiendo que eu emoción h1c1ese ad1vmar á Mat1lde el irrevocable diagnóstico. Después decidié,,dofe, abrió la puerta.
'
Sentada en pesada actitud sobre su silla, con aquella carne de nervios muertos cor~nada por una cabeza ~uy pálida que llarecía haber rocogid~ t&lt;;&gt;da la vida del ~rga:m;mo, dando á cada pliegue, á cada relieve del rostro un moV1m1ento una fisonomía
la p,Lralftica le esperaba.
'
'
No le prE'guntó nada. Unicamente le miró con fijeza con sus ojos enormes, agrandados bajo la impresión deI dolor.
Entonce11, sintiendo él que no iba á poder, si ella le interrogaba, disimularle la ver-

Luisa, sin retirar su mano, se sentó en el sillón, donde bacía,doltmeses que velaba día
y~

•

Cuando Clara se levantó por la primera vez y pudo, en bra os de sus amigas, bajó
la escalera, vacilando sobre sus piernas, y se encontró sentada en la mesa en que había
caído desmayada. Parecíala que en dos meses había vivido más de veinte aiiod, que sus
esponsales, la traición y el desengaño que estuvieron á punto de costarle la vida, eran
acontecimientos que habían ocurrido bacía mucho tiempo, casi hundidos en el olvido.
Parecíale que su jnventud había muerto, que había sido sepultada. Pidió un espejo y se miró con sorpresa, pero sin pena, encontrándose vieja. Estaba delgada, los cabellos le caían sobre la frente marcada de precoces arrugas. ¡Solterona! Esta palabra
se alzó repentinamente sobre su cabeza como una sentencia del destino, y experimentó
el deseo de envejecer más todavía, de convertirae bruscamente en 11na anciana, en virtud de una mágica metamórfosis, una octogenaria adormecida en pequeños, pero plácidos pensamientos.
Fué á sentarse junto al fuego sostenida por Luisa y Nina. Llovía. . Era un domingo
de otoño, la hora d.a las vísperas, la iglesia de la ciudad llamaba á los fieles con su campana de timbre poderoso, cuyas solemnes vibraciones se prolongaban. en el espacio,
de~de lo alto de la torre. Su espíritu se elevó allá, muy alto; oró y se sinUó regenerado.
La tarde se desvanecía y la calle estaba triste y silenciosa. Como la luz de la habitación,
como la juventud de su cuerpo, el dolor se retiraba de su alma, no dejando en ella sino
un tranquilo adormPcimiento. Sus esperanzas por siempre muertas y sus dblorosos recuerdos, se cubrían lentamente de cenizas. Y sn monótona vida se hizo semejartte á la
pieza de paredes desnudas, con ladrillos fríos y ventanas entrecerradai¡, en la que yo
jugué cerca de treint-a años más tarde.
Luego, las trt-s no tuvieron sino una sola voluntad y una alma 1ínica. Vivieron una
existencia siempre semejAnte, siempre resignada, sin placeres, pero también sin grandes tristezas. La Providencia soberana que equilibra los bienes y los mal e~, dispensa á
los mísnos destinos sus recogimieotoa.tranqnilos. Y además, ¿al que tiene ojos, qué
importan la pequéñez y la humildad de la vida7 En cualquier alma la vi.la lo tiene
todo, con su atractivo profundo y solemne, con las invisibles flores de ternura y adhe.
sión que forman la dignidad y la hermosúra. Las tres se amaron hasta el último mo
mento, y la muerte fué para ellas clemente: no se se extinguieron. al mismo tiempo·
pero se sigttieron tan de cerca, que el viaje de la primera pareció preparar los otros dos·'
CARLOS

DE

BoP.oEu.

dad, y q ne en Iugar de reconfortarla con la esperanza, presa de la pena, lloraría con
ella¡ Eeparando la cortina de la vidriera, pegó su frente al vidrio húmedo, viendo obstinadamente las lozas del patio, viejas lozas abolladas completamente, entre las cuales
crecía una hierba mal sana, que ante la amenazante lluvia, parecía ensanGharse.
-Jorge!
Al oír su voz, sobrnsaltóse lleno de miedo. Hundido en su pena, había acabad)
por olvidará la víctima bien amada.
-Querida mía?
-Jorge, repitió élla con voz grave.-¿Qoé dijo el médico?
Jorge balbuceó:
-El médico, el médico, pues...... nada ...... que con cuidado, tus fuerzas ..... .
-Estás mintiendo!
·
-No...... no...... ¿por qué?
-Apruximóse á ella, tomóle las manos, y hablándole muy cerca del rostro, le dijo:
-No hay que asustarse...... ya sabea ........ .
-Es inútil, le interrumpió ella. ·Todo lo he oído: jamás, jamás curaré, y llegará un
día en que mi lengua......
·
No pud;) continuar. Inclinó la cabeza y se puso á llorar silenciosamente. AquPllo
había acabado. No sanaría. Hasta entonces había e~perado, persuadiéndose de que la
parálisis qne una mañana, súbitamente la había herido, cedería ante la ciencia, qi¡e tornaría la vida á ens miembros y que resurgiría la antigua existencia, aquella existencia
de diez a1ios en 1ue habían vivido el uno al lado del otro, sin abandonarse, por decirlo
así, jamás; corriendo. siempre del brazo, como niflos alegres, por la ciudad en el invier•
no y por el campo en el verano. Ya aquello había concluido, irrevocablemente.
En el paroxim-0 de su dolor, en medio de sollozos, exclamó:
-Ob! Dios mío, quién hubiera creído que nuestra hiAtoria acabaría así!
-Querida mía; te ruPgo que no tedesconeueles, le dijo él suplicante. El médico se
engalla; sanará!: porque lo queremos, y la voluntad de dos seres, dtbe dominará la na
turaleza.
Con nn ei;fllerzo que le crispó la faz-tan coni;iderable era-intentó la enferma llevarse las manos á las mejillas, que le qnemabau las lágrimas. Pero ante la imposibililidad dP levantar los brazos más arriba del cuello, desalentada de ante mano, so'lozó:
-No, no, ya lo ves; esto ha concluido Lfmpiame la cara!
El, tomó su pañuelo, y suavemente limpió aquellos ojos adorados, en los cuáles se
había mirado tantas veces. Después, lleno de bondad, inclinando el cuerpo, enlazó con
sus brazos aquella J?Obre cabeza desolada, arrullándola con palabras tiernas, sui;urradas
dulcemente, acariciadoras.
-No te dePconsueles1 le deéfa; yo te quiero y te querré siempre. ¿Te acuerdas..... ?
Te lo he jurado, te lo he Jurado!.. ....
E inclinándose más, le cerró los ojos humedl'cidos eón un beso.
-Ah I snapiró ella¡ si la muerte pudiese sorprendernos así! ..... .
-La muerte! dijo él extremeciéndóse; ¿luego deseas morir?
-Sí; querría que juntos, de un mismo go!pe, nos hiriera la muerte.
-¿.Por qué?
-Yo ya no 8-0y más que un cerebro. Pronto, no seré más que carne que vive. li:ntonces, fatalmentt&gt;, ya no me querr.is; en tllnto que en :a otra vida, podríamos proseguir nuestros eueños de teruura.... Te acuerdas q,1e me prometiste amarme siempre? Yo
me acuerdo qne juraste no sobrevivirme. Si yo muriese, mantendrías tu promesa?
El la mi•·ó un poco asustado, i nconseíentemente rebelado ante la idea de que pudiese interrumpirse el curso de su existencia. Pno, en una visión rápida, se dió cuenta de
que muerta ella, se quedaría la casa vac;ía, helada, y respondié, convencido:
-Si; si tú murieras me mataría.
-Gracias, gracirs.
Y en un trasporte de fe juntáronee sus·manos, y eus ojos, sus ojos agrandados por
el dolor. eleváron~e al cielo, en tanto que sns labios murmuraban una plegaria:
-Sef'lor, Seflor, ten piedad de mi amorosa pena, y haz que el mismo viento de
muerte nos dt&gt;rribe á los dos.
Pero la ventana se Pntreabrió; un soplo perfumado de florescencias primaverales
!~11 llevó, traídos sin duda del balcón vecino, risas de gentes felices que cambiaban besos
tiernos.
8e miraron llenos de desei,peración, avivada su pena por la alpgrfa de otros. Ellos
también babíao sido felicl's; ellos también habían cambiado caricias locas. Poro esofné
en otro tiempo. Ahora ~1 cuerpo flojo de Matilde, mostr:ibaae horribie en su inmovilidad, quitándoles toda idea de. alegría. Entonces vínoles la idea, muy precisa, de que
con 9-quella esperanza de curac16n, huída, aquella esperanza que les permitía creer en
el porvenir, la vida iba á ser espantos'.l para ellos.
De nuevo, Mat1lde se echó á llorar. Fatalment-e, aun cuando él la rodease de solicitudes que jamás parecían fatigarle, estando el sacrificio continuo por encima de las
fuerzas l,umanas, acabaría Jorge por cansarse de ser enfermero y la abandonaría.
En el mundo encontraría mujeres jó,·enes que le sonriesen y le agradasen• las amaría y olvidaría, quizás no á la amiga de otro tiempo que había ocupado un Íugar tan
ímportante en eu vida, pero sí á la enferma que, clavada en un sillón, era ya sólo una
cabeza sobre un cuerpo muerto. Y esta idea era tan dolorosa para su corazón de amante que latía vibrante y celoso, que casi gritó:
-)lorir! matarnos los dos!

�] 9 JULIO, 18~6.

EL MUNDO.

44

-Qué dice~?
-Si fué~emos los enamorados de otro tiempo, los dos nos ,mataríamos.
El hizo un gesto de repnlsión.
-Matarnos!
-La vida en adelante no será para nosotros más que, sufrimiento; esta es la última alegría que nos queda. Oh! Jorge, Jorge, si tu quisieras, nos iríamos para siem•
pre ahora que tenemos aún el recuerdo de las dichas muertas. No esperemos la hora de los disgustos y de los desfallecimientos ......... Oh! Jorge, Jorge, si tu quisieras ........ .
Decía ésto con una exaltación tan convincente que él, á pesar de su miedo, SP.
preguntó si tendría razón. Algunas veces sentía, aunque su delicadeza y su hoRradez se rebelasen, aproxímarse las cobardías, los deseos de irse, de huir de aquel cuadro melancólico y ~ria de hospital, de aquella atmósfera penosa de dolor perpeLuo, y
encontrando sus o¡os un alegre rayo de Elbl, que llegaba después de la lluvia y hermoseaba el patio, vínole la idea de que debía sentirse uno bien allá afuera, con el rostro
acariciado por el aire suave, y se preguntó si un dia su horror á la enferma, su necesidad de libertad no le dominarían de una manera tan imperiosa que le hiciesen abandonar á la desgraciada en su horrible inmovilidad, para correr con otras por las ca·
!les animadas ó por el campo florido! Oh! eso sería malo, cobarde, indigno de el.. ....
Pero no teniendo la conviccióp de que no sucedería .y oyendo á Matilde repetir: «Ah!
Jorge, Jorge, si tu quisieras morir, sería esta nuestra postrer alegría!» él murmuró
muy bajo, como temiendo oírlo él mismo:
·
-Sí qui&amp;o.
La faz de la enferma púsose radiante, y Je pareció que por su cuerpo inerte corría
un extremeciroiento bienhechor. Esa era la victoria última y suprema de su amor. Casi cadaver triunfaba aún! Y para no dejará Jorge tiempo de reflexionar, ordenó:
-Ahí, en el cajón, está la caja de pistolas ........ .

MORIBUND.A.
Yo tengo una celda ruinosa y callada,
Tan n..gra y tau honda, que allí solo existe
Mi alma, la páliJa enferma enlutada .
Que busca la sombra porque ama lo triste.
Allí, los dolores, cual tristes hambrientos,
J!;ucienden sus torvas pupilas huraí'ías,
D~jando tan sólo despo¡os sangrientos
D&lt;J seres amados y cosas extrañas.
Y mi alma, la buena, la blanca enfermita
Levanta sus tristes miradas inciertas,
Sintiend., la honda nostalgia infinita
Del sutlño que duermen las vírgenes muertas.

..

•,,.

El obedeció, sin excitación, pero de prisa, como con rnied•1 á aqnP-lla vida anormal, teniendo la convicción de que sólo ese acto detin'ltivo ltl illlpt-diría cometer la fa.
tal cobardía.
Ya con las armas, dijo valerosamente la enferma:
-Mát:&gt;-me, después te matas tú.
.
Espantóse él anre eEta idea. No debía pedirle eso; disparar sobre ella ...... jamás. Mejor renunciaba.
-Entonces juntos, quieres?
-Sí
Y decidido, queriendo acabar cuanto antes con aquellos preparativos que amenguaban la intensidad del acto que querían realizar, pu8o una de las armas en la mano de
su esposa, con el cañón vuelto hacia su pecho, y retrocedió dos pasos, febrilmente, preguntando:
-Estás lista?
Después, sin esperar respuesta, ansioso por terminar, disparó. Cayó como una
masa, con la sien derecha destrozada, á los pies de la para! ítica, salpicándola de sangre. Ella, con el brazo levantado, lista para disparar, permaneció atontada ante el acto realizado.
Desde la silla donde descansaba su carne de nervios muertos, mirab!l al de~graciado debatirse girnit&gt;ndo, en los horrores de ia agonía, sin que sus ojos pudiesen dt-jar de
ver el espantoso espectáculo que seguían con doloroso encarnizamiento.
Cuando ~l suicida dejó de moverse, ella, que le había impulsarlo al cumplim iento
de aquel acto supremo, sintió que toda su carne se rebelaba Snfrir como él, extrernecerse como él en espasmos dolorosos......... no, no! eso era horrible!
Y_ olvidando su vida mísera de para1ítica, su cuerpo inerte, la lengua y el cerebro,
que bien pronto se atrofiarían; abriendo los dedos, dejó caer la pistola.
DANIEL Rico.

.Los sueños febriles, las hondas miserias
Y elabora, con ellos los gritos
Que, á veces, revientan
Como un largo clamor, cuando el viento
Huyendo atontado se arrastra ó se estrella,
Y por eso mi espíritu hastiado
Se anima y despierta
Al sentir que las sombras invaden
En ronda gigante mis negras ideas,
El conoce el lenguaje sombrío
Que dicen las nieblas,
El comprende la voz de las sombras
Y sabe loa gritos que flotan en ellas;
El recibe los ásperos besos,
Las rudas ternezas

De esos seres deformes que cruzan
Las sombras nocturnas de tropae inmensas.
¡Pobres seres! Engendros malsanos
De muchas demencias,
Concepciones absurdas que viven
Una vida fictiqia, parcial, incompleta ..... .
Ya es de nochj!; ya puedo reírme
Con risa siniestra,
Y esperar que las sombras invadan
En ronda gigante mis locas ideas.
ANT.11:NOR LESCANO.

Julio de 1896.

Pero hay una reina de rara belleza
Que cuida de mi a lma la senda sombría;.
Y quedo le dice: yo soy la tristeza
Y tú eres la amada, ia enferma, hija mía,
Yo soy la enlutada, la musa doliente
Q11e sueña en lejanas comarcas brumosas,
La pálida virgen que enreda á su frente
Guirnaldas marchitas dtl anémicas rosas.
L'\ eterna implacable se acerca á quitarte
Dll tod:i.s tus penas el trágicQ peso ....... .:.
La noche desciende...... ya puedes llevarte
La fü¡r enfermiza de mi último beso.
BENITO FE!i.TANFS.

Cosamaloapan, Julio de 1896.

LA SAN DCNGA.
Cuando en la calma de la noche quieta
Triste y doliente la Sandunga gims,
D n sus pi ro en mi pPcho se reprime
Y siento de llorar ansia secreta.
¡Cómo en notas sentidas interpreta
Esta angustia infinita que me oprime:
E l que escribió esa música sublime
Fué un gran compositor y un gran poeta!
Cuando se llegue el suspirado día
En que con dedo compasirn y yerto,
Cierre por fin mis ojos la agonía;
La Sandunga.toe.id: si no despierto
Al qut.&gt;joso rumor de esa armonía,
Dejad1ue descansai· que estaré muerto! ......
RODULFQ F!GU.&amp;ROA.

Julio de 1896.

ASONANCIAS.
Ya es de noche: ya van por el cielo
Lhirosas y trémulas,
Como uu coro de vírgenes blancas
Q11e llora la muerte del sol, las estrellas;
Y a es de noche: las vírgenes duermen
Los sueños despiertan,
'
Y en sus castos oídos dtlBtilan
Rumores de beso::1 y ardientes demencias·
Ya el amante se fué; sus palabras,
'
Tan sólo, se quedan
E·,g•rndrando tenaces visiones
Que oesan. con besos que manchan y queman;
Lus mendigos, cansados, se arrojan
En su honda miseria
Y se agitan sintiendo en el alma
El rudo ch 1squido de inútil blasfemia,
Mientras van vacilando en la sombra
Y en ella tropiezan
Al impulso potente del vértigo
Que deja ell sus sienes la pálida anemia.

io·h·:. "i.~. ;;~~¡~~ ·¿~. ~;; ·~·~;;~·. ~oo~i~· .................
Las vocf"s dispersas,
Los suspiros ardientes que pasan
Quemando á su paso las bocas abiertas
Los aullirloq del viento, qu"' ha visto '
Angmtias inmensas
Y la voz de las sombras que envuelven

A. PO CAL IPT.I:CA.
Y juró por El que vive en los
siglos de los siglos, que el tiem·
po no ser~ más........ .

. ..... Y ví las sombras de los que fueron
En sus Fepulcros, y así clamaron:
'
uAy de loR vientres que concibieron!
.A y de. los senos que amamantaron!»
uLa noche asperja los cielos de oro,
Mas cada estrella del negro manto,
Es una gota de nuestro lloro........ .
¿Verdad que hay muchas? Lloramod tanto!"
«Ay de loa seres que se quisieron
Y en mala hora nos~ngendraron!
Ay de /o.~ vientres que concibieron 1
Ay de los senos que mrurmantaron!»

*

Huí angustiado, lleno de horrores·
Pero la turba conmigo huía
'
Y con sollozos desgarradores
Su ritornello feroz seguía:
"AY de los seres que se quisieron
Y eu mala horn nos engendraron!
A 11 de los 1'ientres que concibieron!
Ay de los senos que amamantaron!»

*

... Y he aquí los astros,-chispas de fraguas
Del viejo Cosmos-que descendían,
Y al apagarse sobre las agua~,
En hiel y absintio las convertían.
Y á loa fantasmas su voz unieron
Los Siete truenos, extremecieron
El infinito y así clamaron:
«¡ Ay de los vientres que coneibiRron!
~.11 de lo.~ senos que amamanta.ron!»
Julio de 1896.
Al!ADO NERVO.

19 JULIO, 1896.

45

EL MUNDO.

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�1n .TULio, 1896.

EL MUNDO.

46

19 Juuo, 189fi.

EL MrTNOO.

Tomado de "El r1dversal" de la c iudad de ~ éxico.

47

&lt;raza ingeniosa.

Purúúmn del Rincón,
Marzo 20 de 1896.
1'm: SYDXEY Ross Co.,
New York.
Muy Señores mios:
Con gusto les suminl!tro á. Vdes.
dos casos que se han curado con sud
Pildoras de Vida del Dr. Rose.
La Seño1·a. Maria Rodriguez de 52
años de edad y de un temperame.'lto
l ,ilioso, padecia un dolor hepático q uo
la ponia de muerte y habiendo ya.
agotado toda la ciencia médica me
resolví á. recetarle las Píldoras dt 1
Dr. Rcss con lo que ha sido curadu.
enteramente y el dolor que ya hacia
mRs de 10 afies padecía.
La Señorita Francisca Hernández
·vino á verme para recetarla pues
. -.
...
sufria una gast:!'itis intestínal acompañade. de neuralgia aguda. Recono- · ·
cida por mi, no solo encontré estas
enferinedades, sino tambien un deo
arreglo en el hígado y le hice tcmar===cc=========-=======--"--==~===~=========-=======;,,:...'===='=============~===a===-'==========="
4 pildoras diaria con las que á la
CRE~IA ROSADA
fecha esta buena y sana por lo quo
d:ce que las Píldoras de Vida del Dr.
Rosa són milagrosas y no cesa de
pregonar sus virtudes curativas.
DOCTOR FRANGESDe V des, Afmo y S.S.
PARA LAS DAl\IAS.
Especialista para la cu.ración
DR. JUAN B. ZAMARRONL
No más vejez!!
e,a...a,e,a...a,•-&amp;-~•.q...a,~~•l

LUISCLEMENT

;

Un Remedir X
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l&lt;'IOUHA

2.

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,sunl~medu,s,-%
(11.+.TA-DOWR.)

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TOMOII

M EXICO, DOMINGO 26 DE JULIO DE 1896.

con sus síntomas: Agrios des-pués de las comida..&lt;; ó Aci-'
dos del estómago, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso en
el Vientre por poco que se coma, Digestiones lentas
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Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas eró~
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~~~

S!.a amiga

ae los cisnes.

•

NUMER04

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>.Pectoral de Cereza

EDUARDO AGU/RRE.
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del Dr. AYER
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Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas eró~
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~~~

S!.a amiga

ae los cisnes.

•

NUMER04

�26

EL MUNDO.

50
''EL MUNDO."
SEMANARIO ILUSTRADO.

TllLilroNo

434. -~ de las Damas núm. 4.-APARTADO 87 B.
MEXICO.

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este periódico.

La euscrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelant,,,dos.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ1 cac:6n.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.

BBGI.STRADO OOJIIO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Can~dá. The Spanis American Newspaper ~ompany, 136 L1-

berty St. New York, E. U.»

~o-tas &lt;!Ebitorialts.
fa inmigración tJ 1a .compdtnda
nl trabajo nacional.
Con motivo deun proyecto de inmigración de colonos
japoneses, se han vuelto á repetir todos los viejos argumentos que una parte de la prensa ha venido ofreciendo
hace mucho tiempo, para oponerse á la importación de
mercancía humana en la República, siempre que esta mer·
cancía, no reuna las elevadas condiciones morales, intelectuales y estéticas soñadas por algunos publicistas.
Pero en el presente caso nos ha llamado la atención
que se designe á los hijos del Japón con un despreciativo
desden en los momentos en que el mundo civilizado ha
quedado sorprendido ante los progresos realizados por
este simpático país, uno de los que más rápidamente ha
caminadoá sn desarrollo.-¿Cómo explicarnos que se les
llame raza apática, ignorante y poco apta para el progreso moral y material del país?
¡Apático, poco apto y desprovisto de inteligencia, un
pueblo cuya industria hace temer á la Inglaterra que Je
sean arrebatados los mercados de consumo del ExtremoOriente; que cuenta desde 1888 setenta y tres mil telares,
que dispone de fábricas tan bien montadas como cualquiera de Europa y en el cultivo del algodón se ha proporcionado la materia prima indispensable para su floreciente industrialismo! ¡Y esto se llama una inmigración
nociva! Por Dios, no nos pongamos en ridículol ·
¿Se desea que entremos á un exarr.en entre el estado social, económico, intelectual del Japón y México...... ?No;
ovitemos ealir mal parados al compararnos con estos apáticos, ignorantes y nocivos inmigrantes!
Pero hay otro argumento que se hace valer para rechazará los japoneses.-El escaso jornal que se harían pagar
estos colonos, que establecería una competencia ruinosa
á los trabajadores nacionales. Este argumento de la competencia que el trabajo extranjero viene á hacer al nacional, cada vez que un obrero pasa la frontera, es una embotada arma del arsenal proteccionista.
En virtud de este criterio, un grupo parlamentario proponfa en Francia, hace treo ó cuatro años, que se gravara
la importación de cada cabeza de obrero, al igual que se
gravan las cabezas de ganado en el arancel de aduanaij.
Además ¿es cierto que los salarios de los trabajadores
japoneses son inferiores á los nuestros? La prensa t!UTO•
pea habla de la baratura del jornal en el Japón, pero hay
que tener en cuenta que los publicistas de Europa se refieren á los ealarios del viejo mundo, mucho más elevados
que los que se pagan en nuestro país.
Nuestros salarios son tan mezquinos que no hay que tener miedo á una competencia, cuando todos sabemos que
la cantidad recibida por nuestros braceros no llega a~ límite preciso de las más apremiantes necesidades.
En materia de inmigración es indispensable qne nos
despojemos de prejuicios, que como el de la competenria
al trabajo nacional barfan reír- grandemente á todos los
iniciados en las enseña.-.zas de la ciencia económica. ¿Porqué no piden de una vt•z estos periodistas que se prohiba
la. importación de la.e mercancías extranjeras, ya qne su
introducción se traduce en último análisis, en una competencia al trabajo nacional? ¡El sistema prohibicionista!
aquí lo que se llama coadyuvar al progreso moral y material del pais !

1.Ca retiraba 11e los Die~ ~lil.
Con gran sorpresa hemos leído que el «Grupo Reformista y Constitucional» se ha abstenido de tomar parte
activa el último 18 de Julio, en la manifedtación organizada á la memoria de D. Benito Juárez, como una prote•ta contra los avances del clericalismo.-Esta resolución, en efecto, resulta rel'lida contra todo principio de
lógica, y nos exhibe al Grupo en cuestión, como totalm.inte desprovisto de las características que distiuguen
á todos los grupos políticos.
,
En el supuesto de que el partido clerical procurara el
mayor eneanche en su ePfera de acción, lo racional habrfa sido que el Grupo Reformista protestara acudiendo
á la tumba del Benemérito; pero protestar absteniéndose, francamente es una forma de protesta que nadie había descubierto hasta ahora.
Esta protesta es una anti-protesta, y la resolución no
merece, en verdad, que se felicite al Grupo por su ingenio.
Kosotros sabíamos que todo grupo que se organiza tiene el deber ineludible de luchar contra loa grupos contrarios; pero un grupo que en el momento de entrar en
el combate, deserta del campo de batalla, no vale la pena de tomarse á lo Sf'rio.
Si esa conducta hubiesE'n obAervado los hombreR dE' la
Reforma, México no tendrfa libertades y los eefiores del

Grupo--platónico--Constitucionalieta-e?ntemplativo,. no
habrían necesidad de buscar subterfug10s ¡:_ara exphcar
su falta de acometividad política, su ausencia. de _resol_ución, su visible ankilosis pública.-Lo&amp; const1tuc1onallstae y los sostenedores de la Reforma, no se declararon
vencidos por los avances dei clericalismo; tenían en fren•
te á la mayoría del país Y. arr~straron la _ll!Cha¡ no.se encerraron en esa actitud h1erát1ca, de fak1nsmo oriental,
como los que pretenden hoy pasar por hijos suyoe, herederos de su temple y de su idea.
¿Qué se habían imaginado los señores del Grupo ponstitucional Reformista? ¿Que bastaba que se reumeran,
una vez cada quince díae, á leerse actas de adhesión, para que el bando contrario se declarase derrotado? El partido clerical lucha y está en su derecho; el Grupo es~áen
el suyo saliendo al encue~tro de las f~1erzas enemigas.
¿Qué otro objeto tendría, s1 no, la creación de este grupo?
¡La protesta en la abstención! Decid~dawente el ~rupo
ha decidido desagruparse á toda prisa. Le enviamos
nuest!'o más sentido pésame.

JJ(ouimienttJ peritJbístico.
En estos últimos días se ha observado un nuevo impulso en la prensa, encaminado á dotará las pur1icaciones periodísticas de visibles mejoras en su servicio general.-Este movimiento responde á la acentuada demanda que los grupos lectores hacen del producto, y que,
lenta pero incesantemente, se va dejando sentir en el país.
La verdad es que las emprel:!as periodísticas han variado notablemente en su modo de eér, de hace algunos años
á esta parte. Antaño, para lanzar un periódico solo hacía
falta la suma de seis pesos, valor en aquella fecha de una
resma de papel, para el primer número; una imprenta
que se co11tentara con la promesa de pago futuro; un
aviso, arrancado quién sabe por que procedimientos, y
una buena dosis de audacia. Con estos elementos se
hacía un periódico, de vida efíme_ra, l~chando á salto d_e
mata, sin esperanzas en el porvemr, m plan preconcebido en ijll corta existencia.
Hoy un periódico e~ una empresa mercantil. como cualquiera otra; se organiza capital, se llevan libros de contabilidad, se hacen cortes de caja: se procede, en una pa·
labra, como en todo negocio serio y sólidamente cimen•
tado.
Todavía hace poco tiempo, asentar que un periódico':ª
un negocio, era incurrir en las iras de un grupo de pubhcistas que se indignaban ante la idea de que la sa~rada
función del pensamiento pudiera traducirse en ~1se!a•
bles operaciones de aritmética. Para éstos, el pen6d1co
escapaba á las leyes g.,nerales de la economía, que pre·
siden de igual modo á los hechos morales que á los materiales.
Cuando el primer diario tuvo la osadía de de~lararse
empresa mercantil, todos sus colegas lanzaron una elocuente protesta, condenando este criteri_o de neg~cian~e apl_i ·
cado á una sntil y pura manifestación de la mteh_ge~c1a
humana. ¡ Vender un periódico, arrendar. un pen~d1co!
ideas que se rozaban con la mísera escona de la tierra,
que, sin embargo, es donde habitamos.
En la actualidad estamos de acuerdo en que una empresa periodfstica es una propiedad, como cualquiera
otra y que, por ende, se halla sugeta á la misma for_ma
de funcionalidad que las demás prvpiedades. ~ste criterio positivo es el que, á nuestro_en~ender, ha impulsado
á los empresarios de tales negoc1ac1ones á dar mayor ensanche á sus labores.
En est&gt;1 lucha, el ptíblico será indudablemente el favorecido, hecho sociol6gico de ~ran. importan~ia, pue~to
que ofrecerá nuevos alicientes á la intelectualidad nac10nal, que comienza á salir de las obscuras nie_bl~s en que
se ha debatido. Nosotros celebramos el mov1m1ento periodíRtico á que aludimos, esperando qn!=l sn acción se
rE&gt;flejará provechosamente en el porvemr de la República.

~olftic11 gentrttl.
RESmlEN.-Un príncipe chino en las eorks europeas,¿Qué aprenderá ?-¿Qué le enseñarán?
Recorre en la actnalidad las principalE&gt;s capitales europeas un estadista del imperio chino, nn encumbrado
representante de la raza mongólica, soli_citado por unos,
agasajados por otros y por todos tan traido y tan llevado,
que parecen concentrarse en él las miradas de los políticos
del viPjo mundo.
El príncipe Li-Hnng Chang. venido á tierras occidentales con motivo de la coronación del Czar, desempel'la á
maravilla su papel de prudente observador, va estudiando lOn paciencia y con cautela, examinando cuanto forma esa flamante civilización de que tanto Re ufanan los
quP se creen ley y PSpPjo de la grandeza h 111Dana.
Tratado con la munificencia imperial que se desplegabi,, en Mo~cow y Pe_tersburio con ~otiv~ de las fiestas de
Nirolás II, y atend1do,i,1&gt;gu_n las ex1genc1as de su elevada
misión, sn estancia en Rusia fué bastante á despertar las
suspicacias y envidias de las potencias, que ven con celo
y contemplan con_reconcentrado rencor la posibili,da_d de
la alianza ruso-cluna de que tanto se ha hablado ult1mamente.
Todo ha sido á mayor honra y gloria del político chino, porque el E&gt;mperador Guillermo se deshizo en cumplidos y caravanas hacia él; las puertas de los palacios se
abrían á su paso, como por medio de mágicos encantos; los puentes levadizos de los castillos y fortalezas,
caían á su presencia, como si el amarillo hombre de Estado fuera capitaneando numerosos ejércitos; toda la Alemania uolft.ica y oficial se apresnraba á festejar al huésped oriental, y ,í, hacerle llevaderas y agradables sus ar-

JULIO,

1896.

duas tareas de viajero que estudia nne".as nacioI_Jes_ y
c•istumbres nuevas. Hasta el adusto_ C:'nc11ler de~ 1erro,
apartado voluntariament~ de la~ ac11v1d'.'~es pal_P1tante~
en el gobierno del imperio, se dignó_ rt&lt;c1b1r á ~1-Hung:Chang y conferenciur con él en fnt11na f'ntrev1sta, quitando una hora á las pocas que le ?,ejan libres sus ª?~aques y sus. tardías a~cio!1es de flor1culLur en sus pos1c10nes históricas de Friedriesruhe.
..
No quiere ser menos para el representante del_ h1¡0 del
Cielo el Gobierno que preside el l\farqués de Saherury, y
por eso ya lo invita cortesmente á qne pase corta pero
provechosa temporada en los pala?ios de la_ Reina Victoria, donde se discutirá lo que hu b1ere de cier~o sobre la
cesión de Puerto-Arturo á los astutos moscovitas y sobre
la prolongación del fnrocarril transibPriano, á través de
territorio chino hasta llegará los confines de la Mamlchuria y á Ladivostock lugarejo insignificante, convertido hoy en plaza fuerte; y atalava. inPxpugnable de las
ambiciones rusas en el extremo Ór1entt&gt;.
. .
Y allá irá Li-I!ung-Chang, luego que acabe de rec1b1r
los agasajoP que le han preparado en París y i!!ls contornos los franceses, entusiastas admirado~es y abados. adictos de la política de Petersburgo; allá 1r~, li las r1be1M
del brumoso Támesis, cuando haya termmado su estudio
de ese pueblo que hormiguea en las márgenes del Sen:1,
grande hasta en su extravío; allá irá cnando haya completado su estudie, de un país que se tranefignra con
Thiers v Sadi Carnot y se envilece con Rarnchol Y Eugenio Francisco.
.
Si como aseguran los periódicos euro~o!!, que á d_ta·
rio fatigan sus prensas con notas relat1,·as al polítu.'0
chino, es éste en realidad un hombre de seso cal?az de
comprender y de abarcar el fondo de las cosas á pnmern
vista á pesar de los oropeles con que se las rodea ante t-1
extranjero que por primera vez las cohtPmp}a, ¡qué fructífera enseñanza va á recoger en su excn r~1on ! Con qué
ojos habrá podido ver esa grandeza que deslumbra en la~
cortes europeas, y .raspando, ra&amp;pando un w•co, se habr.i
asombrado al descubrir las úlceras que hondamente roe11
esos viejos organismos caducos!
. .
Mucho tendrá que aprender, en su vm¡•&gt;, mucho 9ue
enseñar en su regreso al patrio suelo. Pero tenga cuHlado de no llevar á su remoto país los gérmenes qne fermentan y cavan abismoa. lentamente en lo hondo de l.1s
naciones.
.
Será tan astuto Li-Hung-Chang y capaz cfo convertll'·
se en apóstol, y predicaren la_ corte de Pekín nuevos ru111·
bos y aoctri~as, ante un gob1~rno y nnos cortesanos ~~e
parecen petrificados por los siglos que foeron? Alcanzará su influencia al grado de deshelar aquellos hombre~,
con una chispa de modernismo?
Quién sabe! pero si lo lograra, si llegara á enderezar la
proa de la nave del Estado envuelta en hielos seculart&gt;s,
hacia el derrotero que marca la civilización occidental,
si tomando nuevas y provechosas enseñanz~ de sus •:ecientes cri:.eles desastres, aprenden'de sus vecmos los Japoneses que en poco tiempo han P?Wdo alcan:r.ar tan estupendo desarrollo...... llegaría el tiempo en que ~se pueblo atrasado y ruin, pero innumerable en sus hab1tant~P.'
rebasaría sus límites naturales, y se de•·ramaría á las 01 ·
denes de algún Gengis Kan futuro en tt&gt;mible. avalanch_:1al Sur y al Occidente, donde encontraría fértiles campiñas y dilatados campos donde leva11t11r su moved1r.:i
tienda. Afortunadamente nosotros no habremos de pn•senciar la nueva invasión de los moni¡;ol ..!l: están muylejos ellos y aun muy apartados de la fu~rza que los pudiera impulsar.
X.X.X.
Julio 23 de 1896.

Nuestros Grabados
La amiga de los Cisnes.
Viene á nuestra memoria, al ver el her1:11oso grabad~ á
que sirve de título el mismo de estas lmeas, el mag1~tral Blason de Ruben Darío:
El olímpico cisne de nieve,
Con el ágata rosa del pico,
Lustra el ala eucarística y breve
Que abre al sol como casto abanico.
En la forma de un brazo de lira
, O del asa de una ánfora griega
Es su cuello divino, que inspira
Como prora ideal que navega.

ii~ct -~¡¡:;~~·;¡: ·¡~;~¡~~~~ -~~~iii~; ........ ..
Dioses son de un país hal~gneño.»
Hay en efecto algo de di vino en el cisne. ¿De_qué. paí~
vienen esos blancos moradores de las aguas cr1stalma~.
Ah! del país de lo bello! Son tan hermosos, son tanga·
llardos, son tan blanco_s!
.
Que mucho que la hnda ¡oven que pasa las ~oras calurosas del estío al borde del estanque, los mime y lo:t
ami'!
El la también vino de un país halagueño: del paf~ de
la infa.ncia encantada, de las playas doradas de la mñ-•1.
tranquila, y va hacia otro paíe más bello aun: el dl•b,
amor!

EL 14 DE J.ULIO EN PUEBLA.
Con singnlar pompa y entusiasmo celebróse en 1~ he1·mosa y culta ciudad angelopolitana el 14 de Julio de·
1896.

El programa fué escogido, figurando en. él todo lo que
podía hacer amena y animada la celebración. ror la ~uañana carreras en tandem y á pie, con prem1~s, lu1osa.
Kérdiesse para niño~ 'f nil'las! juego del árbol1 ¡nfgo t ..r~
jetero carreras en b1c1cleta, ¡nego del cuero mflado, ca
rrera; en burro•, batalla de confettis y serpentinas, ad..
judicándose primorosos objetos á. los vencedores-

26

JULIO,

1896.

EL MUNDO.

Por la tarde, nuevas carreras en bicicleta, sobre un
pie, con sacos, y kérme&amp;e infantil, adjudicándose nuevos premios
La kérmesse resultó ,mcantadora y damos á nuestros
lectores, para que se formen idea de ella, dos fotografías
,que representan grupos de los niños que asistieron, algunos con primorosos trajes de fantasía.
Como recuerdo de tan bella celebración, diose á la estampa un folleto, el1&gt;gantemente impreso, con carátula á
,•arias tintaA, el cual contiene artfculos y poesías dedicados ,í, Francia.

NOTAS DE LA SEMANA

"TENTACION."

Los comerciantes de Tampico han elevado un ocurso
al Gobernador del Estado de Tamaulipas, pidiéndole la
abolición del juego en dicho puerto, asegurándole que lo
que pierda el Gobierno por no conceder más licencias
para el juego, le será compensado con el aumento en las
contribuciones sobre la propiedad.

[Cuadro de Blaas.J

Blaas es el pintor de las líneas de perfección ideal.
D.i su pincel surgen los rostros de hermosa serenidad
·olímpica, los bustos que «cantan la canción de la curva,»
de la curva que según un poeta
e.s la oración de la hermosura.
Alguna vez, falta en los rostros de sus caballeros y sus
madonas la suavidad de la expresión, la fisonomía blanda que es como una alma externa, según d' Annunzio,
una alma visible y prodigiosa; ,ero el contorno es muy
bello.
,
En esta vez empero, Blaas ha logrado aprisionar laex·
presión en los divinos rostros de las dos doncellas meridionales que intentan orar en tanto que Fausto aguarda,
fijando sus ojos negros en los ojos de terciopelo de la doncel la que en primer término aparece. El grupo agrada
por la s11prema harmonía del conjunto y de las formas y
hace pensar en la eterna seducción humana.........

~na publicación lbluskal.
Muy pronto se repartirán los prospectos
de la que va á editar en esta capital el conocido profesor D. Antonio Cuyás. Sabemos
que, ameno y variado el nuevo periódico musical, llenará el vacío que ~e nota en nuestra
prensa técnica, y por tanto nos atrevemos á
augurar un buen éxito al futuro colega.
Con el presente número recibirán
nuestros abonados las 128 páginas
de novela correspondientes al pre•
sente mes.

Estímanse en más de cuatro mil pesos los productos de
las fiestas del 14 de Julio en la eapital, y ese dinero se
destina á un colegio francls que la colonia inaugurará muy
pronto.
Debe haber llegado á esta capital, ó estar muy próximo á llegar, el Sr. Ministro Ramson, de regreso de Estados Unidos.

Cipriano Hernández, el cabecilla de la insurrección de
Tomóchic, que fué traído de Paso del Norte á esta ciudad el 10 del corriente, va á ser enviado á Yucatán por
orden del señor Presidente de la República. Hernández
es un hombre alto y fornido y es un magnífico tirador.
Va á servir en el Ejército que opera en Yucatán.
El Sr. Cesáreo Poma, Encargado de Negocios del Reino de Italia, partirá el día 26 del corriente para loB Estados Unidos, á un viaje de recreo.
El telégrafo comunica que el día 20 del presente ocurrió un temblor en Tehuantepec. La oscilación fué corta
y ligera.
Hasta el día 23, 53 de los Colegios Electorales que se
instalaron últimamente en los Estados, han enviado á
la Capital de la República actas privadas, levantadas
después de hecha 1a elección del 13 de Julio en curs'l,
en las que los principales electores felicitan al sel'lor General D. Porfirio Díaz, por haber sido reelecto Supremo
Magistrado de la Nación.
Esas actas se están coleccionando y serán entregadas
próximamente al señor &lt;~eneral Díaz, corno un testimonio de afecto de los electores que las firman.
Sábese que la Casa de Correos de México no tiene ya
local bastante para sus oficinas, en razón de que todos
sus departamentos van necesitando más amplitud por la
multiplicación de ms labores.
La única parte de dicha casa que no esta ocupada por
las oficinas postales, son dos pequeños cuartos de un entresuelo, donde se ~uardan en depósito judicial los muebles que pertenecieron á la habitación del finado D. Lino Nava.

ESPEOTAOULOS.

El martes en la tarde se unieron en matrimonio, en el
Consulado americano de esta Capital William T. Malthy y Kate S. Sulhian, ambos de raza negra. Ofició en
la ceremonia el Rev. Dr. N. C. Evans.
Es el primer matrimonio de gente de color que se efectúa en esta Capital. Apadrinó á los novios Mr. Crittenden, Consul general de los Estados Unidos.

Ultímamente hubo un concierto musical en el salón
del Hotel del Jardín. En ese concierto tomaron parte los
l•ianistas D. Gregorio Inostrosa, jalisciense, y D. Manuel
Magro, oaxaquefio, y la Sra. Mayo Rhodes y el Sr. Marcdu Peña.

Han comenzado con gran actividad los trabajos para
la construcción de un gran hospi•al civil que se erigirá
en esta ciudad, en terrenos de la Colonia Hidalgo, y cuyo costo no bajará de $800,000. El edificio completo constará de veinticinco edificios parciales.

La compañía de zarzuela Vigil-Penoti, trabaja aetualmeute en el Teatro Guerrero de Puebla.

En Bruselas, capital del Reino de Bélgica, obtuvo la
Srita. Julia Hidalgo, de 18 años de edad, natural de la
Baja Cali(ornia, después de un brillante Pxamen en el
Conservatorio de Música, al que concurrieron más de
cien alumnas de lo más florido de aquella sociedad, el
primer premio por sus notables conocimientos en el ar•
pa, la más alta distinción que la dan nueve directores de
los diferentes conservatorios de Europa, y el premio que
otorga S. M. la Reina, cuando, como en d presente caso, además del primer premio obtienen las alumnas la
alta distinción de los profesores más notables del mundo.
La Srita. Hidalgo es hija de acomodada familia de la
Baja Californ;a, y ha vivido muchos años en el puerto
de Mazatlán, de donde se tr'lsladó á Belgica haciendo i; 1H
sus estudios en E-1 arpa, bajo la dirección de Mr. Meerloo,
el más notable arpista del mun,:lo.

Dentro de breves días trabajará en el Circo Orrin la
troupe lírica, dirigida por el tenor cómico D. Carlos Peyres, de la cual hablamos oportnnamente. La com{&gt;añía
cuenta con actores y actrices que han sido muy elogiados
por la prenMa de las Américas del Sur.
El domingo último, en los salones del Profeser A. de
Roever Lysle, l::!an Andrés 17. hubo una agradable velada musical, en la cual tomó parte la distinguida pianista
Elena Padilla, ejecutando trozos de Chopfn, Tlaomé Popper, Langer y Margarin. Los Sres. Luis G. Rocha Arturo Rosado Fuentes, Rafael M. González y la Srita. Rosario Peza, contribuyeron también al lucimiento de la fiesta, con buenas ejecuciones los primeros y con un número de canto la última.
Dícese que el empresario Sr. Castilla, ha logrado contratará la inimitable Concha Martínez, para el ArLeu
pagá~dole mil qui,,ientos pesos oro cada mes, y qu~
próximamente vendrá.
De ser cierta la noticia, ya pueden regocijarse los enamorados de lo flamenco.

Se han publicado ya las bases para el Concilio Provincial que deberá celebrarse en esta capital. Han llegado
algunos prelados, y entre ellos podemos contar al !limo.
Sr. Pagaza, Obispo de Veracruz.
El Sr. D. Matias Romero, debía salir en estos días para
los Estados Unidos, haciendo escala en algunas ciudades
de la República.

Para el l? de Septiembre próximo, anúnciase que comenzara á trabajar en el Nacional la Compañía Espanola
de D. Zeferino Palencia, en la que figura la reputada ac:
triz, Sra. María Tubau.
Son empresarios de esta compañía los Sres. Arcaraz.

Sábese que las autoridades locales de Tantoyuca, Veracruz, telegrafiaron al Gobernador del Estado, suplieándole que con toda urgencia gestione la libre introducción
del mafz á aquella localidad, pues se han dado ya casos
de muertos de hambre y la miseria es espantosa.

PERSONAL.

El Ingeniero Severiano Galicia y D. Pedro Carranza
hállanee presos, por creérseles responsables de los disturbios de Papantla. Dícese que hay más de cien complicados. El Sr. Halicia ha publicado una carta abierta en los
periódico@, dirigida al Sr. Dehesa, Gobernador de Vera~ru7:, y trata en ella de sincerarse, pidiendo se le haga
¡ust1c1a.

Encuéntrase en esta capital el Sr. Gobernador de Coahuila.
Llegó asimismo el Sr. I. Murota, Consul general del
.Tapón en nuestra República, y habla de la conveniencia
de estrechar y afirmar los lazos comerciales entre el Imperio del Japón y México.
Se ha sabido en esta capital que el sefior ministro Lim:3ntour llegó con toda felicidad á Nueya York y que el
clima de E. U. ha sido propicio á sus males. '

En el canal de Chalco se verificarán las próxima!! regatas del «Lacke Side Club,» el día 15 de Agosto, y para ese
día vendrán á México los miembros del «Club de Regatas Yeracruzanas» que regatearán con los del «take SideClub » Estas regatas prometen estar muy lucidas y las
precidirá el Gral. Escobedo, Presidente del Club citado.

f)1
Próximamente se unirán en matrimonio, la hermosits
Srita. Eva CeballoB y el Sr. Ingeniero Capitán de Estado t•
~Iavor, D. Gaspar Martínez Ceballos. Uua vez efectuado •
el matrimonio, los novios partirán para San Juan Bautis\,
ta de Tabasco.
'•
En Nuevo-León han caído por fin abundantes lluvias,
y los hacendados están muy conwntos prometiéndose
magníficas cosechas.
Noticias de Oaxaca, dicen asimismo que han caído
abundantes lluvias en todo el Estado y que las cosechas
están salvadlu¡.
Sábese que en Yucatán el henequt! ha bajado mucho en
la actualidad, y que varias casas de Estados Unidos se

han aprovechado de esta coyuntura para hacer grandes
pedidos.
No faltó periódico que hiciese correr el rumor de la
pérdida de la Corbeta Zaragoza. Esto és absolutamente
lalso. La Corbeta Zaragoza, á estas fi,chas, debe estar
cerca de Manila.
Se han comenzado ya los 'trabajos de construcción del
ramal que el Ferrocarril Central r.idx:ican&gt; tenderii de Laredo, Durango, á San Pedro de las Colonias, Coahuila, y
dentro de pocos días, la compañía del mencionado ferrocarril, hará que se dé principio á la construcción del ramal que, partiendo de Jiménez, llegará al Parral, Coahuila.
Falleció en París últimamente, la Srita. Elena Pérez.
Su muerte ha sido muy s,mtida en ~ootarrey, de cuya sociedad era muy apreciada la finada.
Desde principios de este mes se ha desarrollado el tifo
en la prisión de Belén, de una man.,ra alarmante.
Se han concluído ya los trabajos del camino de fierro
entre Guadalajara y Ameca. Este tramo abarca 100 kilómetros, que constituyen uno de los ramales más importantes del Ferrocarril Central.
Créese que la inauguración de dicho ramal, se verificará el primero de Octubre próximo.
Se sabe que más de treinta delegados de las Repúblicas
americanas vendrán á l\Iéx:ico, con el objeto de instalar •
el Congredo que debe ocuparse de la interpretación, debida á la doctrina Monroe.
Algunos diarios han dado cuenta, que ante el Sr. Juez
2? de lo Civil, se ha pedido la nulidad del testar.iento del
filántropo D. Simón Lara, fundador de la Colonia americana en México, Tal demanda de nulidad se funda, según la parte demandante, en que D. Simpn Lara, desde
pocos días antes de la fecha en que aparece otorgado el
testamento, tenía perturbadas las facultades mentales.
El Sr. Presidente de la República y el Sr. Gral. Rincón
Gallardo, fueron el jueves último á visitar lad obras del
desagüe.
Después de breve permanencia entre nosotros, salió
por la vía del Central, rumbo á Nueva York, el Sr. J.
Guelfreire, Cónsul de México en La Plata, República
Argentina.
Estará en la Metrópoli americana varias semanas, y
de allí partirá para la Argentina.
Por noticias recibidas en esta ciudad Re sab.l que esU
construyéndose en Jojutla, E1tado de Morelos, un elegante edificio, con todas las comodidade3 que requiere el
uso á que ~e destina, y en el cual se instalará un hospital de caridad fornentado por multitud de personas filántropas y por el Ayuntamit!nto local.
Dicho hospital se inau~urará luego que se terminen la~
obras de construcción del edificio.
Se ha enviado de esta capital, con destino á Jojutla,
una excelente tubería de fierro que se hizo venir de lo~
Estados Unidos para emplearla en la introducción de
agua potable en dicha población del Estado de Morelos.
El Gobernador del Estado Sr. Coronel D. Manuel Alarcón, ha cubierto con dinero de su propiedad particular
los gastos que originó la adquisición de la referida tuoorla.
Se dice que se han clausurado en la ciudad de Tequila
las principales fábricas de vino mezcal, por no poder resistir lo elevado de lod impuestos.
Dieciocho familias, con sus instrumentos agrícolas, llegaron á Laredo últimamente. Vienen de varios puntos
de Texas, de paso para el Estado de Michoacán, donde
,•an á establecerse en terrenos que les proporciona el Gobierno mexicano.
Dícese que el sumario de la causa del General Delgado
se terminará á fines de este mes y que dicho General será juzgado po,· el Jurado militar en los primeros dias del
mes entrante.
El martes último la uSociedad de San Andrés» dió u1,a
velada literaria y musical, en honor del poeta escocés
Roberto Burns, muerto hace cien años. Esta fiesta se
efectuó en el salón de sesiones de la calle de San Juan
de Letrán, espléndidamente decorado y alumbrado.
De Chihuahua dicen que en Santa Rosalía, hace pocos
dias, cayó un aereolito produciendo espantoso estruendo;
destrny6 la ca~a de llR minero y mató dos niños, enterrándolos á gran profundidad bajo la tierra.

�26 JULIO, 1896.

EL MUNDO.

52
Prosiguen aún las diligencias de la autoridad en el
asunto Poucel-Enriquez. La presentación voluntaria del
joven Ernesto Endquez 11. la autoridad, ha facilitado las
investigaciones judiciales.
Según dijimos, al hacerse la autopsía del cadáver del
infortunado Ortiz, por no estar presente el juez, se eeparó
la vertebra en que estaba incrustada la bala, para et&lt;traer1:1e esta ilespués con las formalidades del caso. Ahora bien
extraida la bala, se ha hallado que su peso es casi igual
-al de las de la 1&gt;istola recogida á Poucel, en tanto que se
diferencía bastante del de las balas de la pistola de En·
riquez. Ya informaremos de todo lo qne de aquí pueda
derivarse.
La festivad del Carmen, en San Angel, efectuose el domingo último con mucho lucimiento.
Se presentan no pocas dificultades para que la urna que
se halla en la cripta del altar de los Reyes, en Catedral,
y donde estuvieron depositados por espacio de setenta
años los restos de loe primeros caudillos de la Independencia, sea trasladada al l\Ius~o Nacional el próximo dia
30, como lo solicitó la Sociedad Mutualista uMiguel Hidalgo y Costilla.»
Como el Lic. José López l\foctezuma ha sido nombrado
PromotQr Fiscal del Juzgado del Distrito de Tamaulipas,
se cree que no obtenga el puesto de Jnez de Distrito de
Toluca por más que figure en la terna.
· La secretaría de comunicaciones estudia la manera de
evitar.que el avance de las aguas esté destruyendo el
puerto de Manzanillo, cuya ciudad cada día va reduciéndose considerablemente.

·INFORMACIONES.
NUEVO SISTEMA PARA OBTENER FOTOGRAFIAS.

Acaba de inventarse en Berlín una gran máquina destinada á fabricar.fotografías en papel, por el procedimiento del bromuro de plata. En cada una de sus ruedas se
reproduce instantaneamente un gran número de fo~ografias en rollos de papel contínuo: este papel, al desenvolverse, pasa primero por una máquina de exposición,
en la que se somete el cliché á una lu:; artificial, á razón
de uno ó dos segundos por cada cincuenta centímetros.
La tira de papel pasa después á una máquina de desarrollo, donde peFmanece en el baño revelador, durante un
corto período de tiempo: deEpués pasa á un lavado, luego
al bailo fijador, en seguida á otro lavado, por último al
aparato de seca.
La máquina en cuestión produce un kilómetro más, de
pruebas al dia, de modo que una fabricación mecánica de
este género, puede hacer competencia á las tiradas hechas
por la más poderosa prensa tipográfica conocida.
El sistema es aplicable también á los grabados para li·
bros y catálogos: igualmente en la multiplicación cte pruebas fotográficas.
Esta máquina ha empezado á funcionar en Schoenber
con resultados esplendentes y se cHa el ejemplo de un
fabricante de telas inglesas, que ha pedido diez kilómetros de una fotografía de regulares proporciones, en la
cual aparecen más de siete mil cabezas de empleados en
los talleres de Inglaterra.
UN ARBOL CONVERTIDO EN PERIÓDICO EN

145 MINUTOS.

La revista húngara Centralblalt fiir OeBterreich- Ungarischr Pap~r Industrie, relata el curioso experimento siguiente:
El 17 de .Abril último se practicó en la fábrica de papel y pastas de madera de Elsenthal, propiedad de los
Sres. Menzel &amp; Compaftía, un experimPnto muy interesante encaminado á averiguar en cuánto tiempo se podría transformar un arbol, sin cortar todavía, en papel
de madera, y este último en un periódico terminando y
listo para ser repartido á los lectores. Esta prueba ha demostrado la rapidez de trabajo que se alcanza con ayuda
de aparatos prácticos y en condiciones favorables.

A presencia de los propietarios de la fábrica y de un
notario encargado de certificar la exactitud de la experiencia, ee cortaron tres árbolell de un bosque próximo
al establecimiento, á laR eieie y treinta y cinco minutos
de la mañana; estos árboles fueron transportados á la fá,
brica y cortados en pedazos de 50 centímetros; después
descortezados y rajados; luego elevados, por medio de un
ascensor, á los cinco aparatos desfibradores de la fábrica;
la pasta de madera prod11cida por estas máquinas pasó á
las pilas donde se mezcla con los ingredientes necesarios;
y de ellas á la máauina de hacer papel. A las nueve y
treinta y cuatro minutos se terminaba la primera hoja
de papel, habiendo durado toda la operación una hora y
cincuenta y nueve minutos.
Los propietarios de la fábrica, acompaftados del notario se dirigieron después, llevando consigo unas cuantas
bojas de papel recien hecho, á una imprenta distante
unos cuatro kilómetros, recogiendo á las diez de la mañana un ejemplar del periódico impreso en dichas hojas.
De modo que habían trascurrido dos horas y i·einte y
cinco minutoR desde el momento en que se empezó á cortar el árbol en el bosque, hasta en el que se comenzó la
lectura del periódico impreso en las fibras de la madera.
Y es de advertir que durante las operaciones se produjeron varios entorpecimientos é interrupciones fáciles
de evitar para otra vez, y á no mediar se hubieran gana•
do unos veinte minutos más.
IDENTIFICACIÓN DE MALHECHORES
POR MEDIO DE LA FOTOGRAFIA.

El Dr. Jeserich, inventor de la «fotografía criminal,»
relató recientemente unos casos muy curiosos referentes
al descubrimiento de malhechores por medio de este método de indentificación. Fué asesinada una mujer en la
Silesia superior, y las 8ospechaa recayeron sobre el marido y un compañero suyo. Dieron estos principio á una
serie de recriminaciones mutuas, quedando así planteada la cuestión á ¿cu.al de los dos'! Harto difícil era •esolverla, pues que se habían encontrado cabellos pegados
en los vestidos de los dos. Con todo, se decidió, al fin,
mediante la fotografía. Los cabellos fotografiados bajo
un lente fuerte, demostraron que el hallado en la ropa del
marido era de la cabeza de la víctima, mientras el que
se encontró en los vestidos del otro correspondía á si, propia cabellera.
La fotografía ha sido de inmensa importancia para el
descubrimiento de falsificaciones de escrituras, pues por
medio de ella se potentizan las menores diferenciae en el
color de las tintas, e l punto exacto en que se cambiaron
plumas y las distinciones en la forma de las letras. Se ci •
ta el caso de un fa!sificador de buena familia quien cambió el valor de un cheque de $1,200 en $20,200. Sn primera intensión fué anteponer tan solo el número 2, pero,
después de haberlo bec,ho, notó que había dejado demasiado espacio entre el 2 y el l; trató de remediar esto cambiando el 1 en O y aumentó el grosor de los otros ceros
para hacerlos corresponder al que él hizo. Tomada una
fotografía grande del cheque contra hecho, se veían claramente las falsificaciones indicadas.
UN NUEYO GLOBO DIRIGIBLE.

Este nuevo globo dirigible ea debido á Zeppeln, oficial
de caballería del ejército alemán. La barquilla está unida por un bastidor rígido y lleva bajo forma de aeroplanos alas motoree, colocadas delante, y direc~oras atrás.
Estas alas las acciona un motor de aluminio extremadamente ligero. El nuevo globo puede elevarse-hasta 1.100
metro~, y su fuerza ascencional pasa de 1,900 kilógramos. Xo sólo por medio de un timón muy ingenioso se
le puede dirigir facilfsimamente aun contra el viento,
sino que el aerostato puede subir ó ba¡ar sin que se arroje lastre ó pierda gas, únicamente cambiando la posición
y por consiguiente el centro de gravedad d~ la barquilla.
Según lab experiencias hechaq, la velocidad de traslación
vertical del globo alcanza fácilmente doce metros por segundo, ó sea algo más de cuarenta y tres kilómetros por
hora. El principal mérito del aparato consiste. en que
puede mantenerse en el aire siete días y medio sin interrupción.

20 ,f UJ.JO, 1896.

53

EL MUNDO.

DESTRUCCIÓN DK ÁRBOLES POR LOS ALAMBRES ELECTRIC08,

'Escuadra española de instrucción.

La co!QCación de alambres eléctricos en las poblaciones y en los campos puede destruir muchos árbole!!, pues
se ha observado que todos los que tienen el follaje cruzado por alambres, se han aeeado casi invariablemente por
los efectos de la corriente eléctrica.
Se ha notado, además, que la muerte de !(la árboles 118
verifica casi siempre después de un temporal de aguas,
por ser las hojas mojadas buenos conductores eléctricoe
que llevan la corriente de los alambres á los árboles. En
algunos casos este efecto se ha producido por alambree
que se suponían aislados; pero cuyo fono se ha raído por
el rozamiento de las ramas al ser movidas por el aire.
Queda probado que la de•trucción de los árboles 118
debe á la electricidad; por el hecho de que en muchísimos casos, durante una tempestad, loe árboles en contacto con los alambres eléctricos perecieron en una hora
mientras que los que eetaban á corta distancia de die~
alambres, quedaron ilesos.
EL BARCO MÁS RÁPIDO DEL MUNDO:

Lo es, hasta nueva orden, el torpedero llamado Le Forban, construido el año pasado por el Sr. Normand en el
Havre, que ha dado en las pruebas una velocidad de 31
nudos, ó sea 57.4 kilómetros por hora. Este torpedero,
cuyo peso en orden de marcha es de 127 toneladas, desarrolla la enorme potencia indicada de 4,000 cabalios á la
presión de 15 kílógramos por centímetro cuadrado. El
casco y los aparatos pesan 46 toneladas; !a maquinaria 64·
el carbón ocho; las municiones y torpedos cuatro; la tri=
pulación, el agua potable, la instalación eléctrica y 101
víveres, cinco. El peso de la maquinaria, que repreeenta
exactamente la mitad del desplazamiento, no excede d&amp;
16 kilógramos por caballo indicado. El consumo de car•
bón á gran velocidad, es de 700 gramos por es balio-hora,
y á pequeiia no pasa de 500.
La velocidad angular del motor de triple expansión, e11
de 365 vueltas por minuto. Estas cifras represenwm fl
máximum conocido de velocidad y de potencia especffica para torpederos de 100 á li50 ,oneladas, y difícílmen~
serán sobrepujadas con los actuales procedimientos d&amp;
producción de fuerza motriz por el vapor.

Otro pago de $ 17, 690 de " La Mutua"
EN DUBA.:XGO.

Importe del s~uro y dividendeis pagados por "La Mutua» al Sr. D. Pedro Escárzaga, de Durango.
Durango, Julio 13 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director gen!"ral de "La Mu•
tua,» Compañía de Seguros sobre la Yida, de Nueva
York.
México.
Muy señor mío de toda mi consideración:
Altamente complacido por la manera pronta y e¡¡:pedi•
ta con que fué pagada por la Compañía que usted dignamente representa, la póliza número 325,0-10, que por va•
lor de $15,000 tomó el Sr. D. Manuel Rodríguez Ayon en
favor de su esposa la Sra. Doña Domitilia Martinez de
Rodríguez, y cuyo valor de $15,000, juntamente con l&lt;A
di videndos respectivos, por valor de $2,690, me ha sido
pagado íntegramente por la casa banquera de esa Com•
pafiía en esta ciudad, en mi carácter de tutor de la niña
Eladia Rodríguez y Martinez, albacea de la testamenta•
ría del Sr. D.· Manuel Rodri~uez Ay6n y del intestado de
la Sra. Doña Domitila Martmez de Rodriguez, no vacilo
en hacer esta manifestación para que usted haga el uso
que Je parezca conveniente, á fin de que se conozca una
vez más la buena fe con que esa Compaiiía sabe cumplir
sus pactos y compromisos.
No debo concluir ésta sin dejar consignado en ella mi
a~rado, para satisfacción de esa CompaiHa, por la acti•
v1dad y eficacia de su agente el Sr. D. Carlos Valle, en
el arr~glo de los_ reguisitos necesarios para el pago de la
menc10nada póhza.
De usted con toda consideración afectísimo y muy
atento seguro servidor.-P1mao EscÁRZAGA.

INFANTA MARIA TERESA.

OQUENDO.

VIZCAYA.

DESTRUCTOR.

ALFONSO Xlll.

PELAYO.

MARINA DE GUERRA AMERICANA
2.

El 14 de Julio en P u e bla .

GRUPO DE

mRos EN LA KERlIESSE INFANTIL EFECTUAD.1

EN LA CIUDAD =ANGELOPOLITANA.

[Foil!. de Lorenzo Booerrll, enviadas por nuestro Agente eu esa. ciudad.J

J

l.

(;RIJCERO «XEWARK•

2.

BUQUE DE GUERRA «INDIANA.»

3.

MONITOR CITERROB.»

4.

BUQUE DE GIJERRA UOREGON.n

�54

ELMUNDO.

26

JULIO,

1896.
26

La defensa de las costas Americanas.
MODELOS DIVERSOS DE CAÑONES Y PROYECTILES.

CA~ON DE 7 PULGADAS,

RIFLE DE

8 PULGADAS.

RIFLE DE

12 PULGADAS.

PROYEC'fILES y CARTU::Bos.

RIFLE DE

12

RIFLE DE

PULGADAS.

8 PULGADAS.

JULIO,

1896.

:Monumento á Carnot.

clamando y defendiendo la
libre é ilimitada acuñación
de la plata.
W. J. Bryan, hoy candidato y bandera de los demócratas, fué el héroe de la füista: con su palabra elocuente
y su ademán resuelto, esclayfaó á su auditorio, que fué
preso de inmenso entueíasmo
y tumultuoso frenesí al escuchar al joven tribuno de
Salero.

Para perpetuar el recuerdo del viaJe del Presidente
Carnot al :Este de Franciael primer viaje emprendido
por un Jefe de Estado francés á los departamentos de
la frontera, desde la guerra
franco-alemana,-y el de su
entrevista con el GranDuque
Conetantino, ido expreaamen
te de Contrexeville para saludara! inolvidable Presidente
en nombre de S. 1\1. el Emperador da Rusia, decidióse
elevar un monumento que
acaba de inaugurarse en Nancy, y del cual damos un gra1,ado á nuestros lectores.
Dicto monumento se elevó á la entrada de la calle
Leopoldo, en la Plaza Carnot.
L'\ obra consiste en una pirámide de 10 metros de altura, en la medianía de la cual
se destaca en un medallón
encuadrado por ran:;.os de
laurel, el busto en bronce del
Presidente Carnot. Encima.
dos figuras alegóricas, igualmente en bronce, de tres metros de altura: dos mujeres
tiernamente enlazadas, simbolizan laalianza franco rusa.
Las placas de marmol fijadas
en los cuatro lados de la.
pirámide, llevan inscripciones conmemorativas. En el
lado principal, se lee:
.
.AlPresidente(Jarnot, la Lorcna
En el costado opuesto:
Este monumento ha sido erigido á iniciativa del comercio
deNancy,por 28,000smcricion,,s y 867 subvenciones de comunas.
Una de las placas laterales,
lleva esta inserí pción:
El 6 de Junio de 1892, el
GranI&gt;uque Cvnstinode Ru,ia,
vino á saludar á Nancy al
Pre.~idmte Carnot.
ta cuarta y última placa,
lleva el nombre de las comunas que suscribieron el monumento.
Ernesto Carno&amp;, Diputado,
tepresentó en la inanguración á la familia del ilustre
Presidente.
·

Edmnndo de Gonconrt.

llONU:MENTO Á

Como Pn números anteriores hemos habla&lt;io de esta
imponente reunión de los demócratas americanos en la

ESCUADRA ESPAÑOLA DE INSTRUCCION.
Ofrecemos hoy un grabado de la escuadra española de
instrucción, que la forman aeie buques: la Infanta María
Teresa, Oquendo, Vizcaya, Destructor, Alfonso XIII y Pelayo.
De un periódico español extraemos los siguientes datos relativos á estas embarcaciones:
El acorazadoPelayo, el mayor de todos ellos, tiene 9,800
toneladas y 16 millas de andar, 26 cañones y 12 ametralladoras.
Oqwmdo, Infanta María Teresa y Vizcaya, 7,000 toneladas, 20 cañones y 10 ametralladoras.
Alfonso XIII, 4,826 tonela&lt;1as, 11 callones y 8 ametralladoras.
El De$truct,or, es un crucero torpedero de 368 tonelada@,
5 cañonea y 6 ametralladoras.
Como ea sabido, loa Ayuntamientos de Barcelona y Seví lla, han estado en tratos para adquirir dos nuevos barcos de 6,800 toneladas y una velocidad de 20 millas por
hora.

í!ct $scuaara Gmerkana ael Gttlántko.
Por ser de oportunidad, damos también á n:.estros lectores
algunos datos de la armada que loa Estados Unidos poseen
en el Atlántico del Norte, :\BÍ como de los poderosos meel íos de defensa con que cuentan para sus costas. Estas
notas ilustradas, harán «pendant» á las que sobre la marina española publicamos arriba.
Pocas veces los habitantes de la nación del Norte han
tenido oportunidad de ver reunidos sus buques de. guerra, pues la numerosa flota de Estados Unidos, compuesta de hermosos y nuevos cruceros y acorazados, surca
perpetuamente los marea patrios y extranjeros.
Empero, últimamente los habitantes de Nueva York y
puntos cercanos, pudieron contemplará sus anchas la escuadra Americana del Atlántico.
Compónese ésta de los siguientes buques de los qua publicamos alguuos grabados:
El «New- York,» b~que almirante, verdaderamente formidable, el cual estuvo en las fiestas de Kiel, Diatínguese no solo por su poder y resietencia sino por la elegancia de su construcción.

MECANISMO PARA LA RETROCARGA. DEL MISMO.

Sigue el «Indiana,» verdadera ciudadela flotante, con
diez y seis cañonea poderosos.
. .
.
Viene luego el «Newark, que se d1strngue por sus aptitudes para la navegación en los más revoltosos marea.
Vienen en segui1a el «Cincinnati,» y el «Montgomery,»
poderosos y ligeros, el Monitor «Terror:» de formidable
armamento, y por último el «Oregón,» hgero y hermoso.
Todos estos buques son completamente nuevos, y se
denominan por el color de sus cascos, la escuadra blanca.
Ahora digamos algo sobre

La defensa de las costas.
Dando á nuestros lectores algunos grabados que representan el armamento que poseen los Estados Unidos para la defensa de sus costas.
Todos los modelos son modernos y obedecen á los últimos adelantos científicos en materia de cañonea.
Como se sabe la lucha entre el cafi&lt;m y la coraza ha
sido una1lucha prolongada y homérica, lucha que, fantaseándola, describió Julio Verne en los Quinientos millones de la princesq,.
Enemigos naturales, el catión y la cora~a, fortificábanse proporcionalmente. Aumentaba el c~hbre y la fuerza
de un propectil? Pues aumentaba asf mismo el epesor de
la coraza.
Y así seguía la proporción, amenazando llegar á lo
absurdo.
Había cañonea cuyos proyectiles alcanzaban una tonelada de peso, capaces Je reducirá polvo un buque, y había corazas de treinta pulgadas de eepesor para los buques.
.
Y los primeros, unidos á las segunqas, retardaban y hacían penoPísima la marcha de los ouques de guerra y
hacía:n estorbosa su defensa. Llegó á suceJer que en un bu
que de guerra, combatido por las olas, se desmontase un
cañón y con su enorme pesadumbre destruyese el puente y aun ayudase al mar en su siniestra tarea de hacer
zozobrar el barco.
Por fin un día los meeánicos acabaron por comprender que ni eran iiecesarios tamaños cationes, ni pr~ieas
tales corazas: un fusil caliÓn de ocho pulgadas de diámetro, provisto de un proyectil de regular longitud, tenía
un alcance mucho mayor q,ue un cafión de.veinte pulgadas provisto de un proyectil levemente cómco.
Por su parte los fabricantes de corazas cayeron en la
cuenta de que tales y cuales ruezclas de metales ofrecían

GUILLERMO I.

Esta.tila ecuestre del Emperador

La Convención Democrática de Chicago.

RIFLE DE 5 PULGADAS.

55

EL MUNDO.

populo~a y opulenta ciudad de Chicago, hoy publicamos
un grabado que dará una ide11 del aspecto general del
salón donde tuvo lugar la Convención en 1()1, momentos
en que los oradores arrebataban á las multitudes, pro-

El cable nos ha anunciado
la muerte de Edmundo de
Goncourt, acaecida cuando
el gran literato llegaba á los
74 años.
El gran literato, sí; con él
pierde Francia, nuestra glorio3a madre intelectual, á
uno de esos hombrea que
e o n j u s t i c i a s e II aman
irreemplazables: Pan! Yerlaine, Alejandro Dumas, Julio
Simon, Arsenio Houssaye y
Edmundo de Goncourt, estrellas de primera magnitud,
bao enlutado en estos últimos meses con su ausencia
eterna á la gran patria.
No viene á la memoria el
nombre d~ Edmundo sin que
se piense en Julio, su infortunado hermano; pues su íntima unión, el completo maridaje de sus· espíritus, la
identidad de sus tendencias,
hicieron de esos dos grandes hombrea una encantadora
dualidad, mu y semejante
á la que constituían el gran
Adolfo:Becqer y su he~mano Feliciano, pero máe, intensa y notable aun.
Se dice los Goncourt como
se decía Castor y Polux, Pílades y Oreijtes. Julio almo·
rir dejó trunca la existencia
de Edmundo de la cual era
hermoso '.complemento.
Edrn undo nacióen Nanc y, en
1822 y J ~lio en París en 1830
y deede ~liy templ'l\nO hicie·
ron patente el raro fenómeno de dos cerebros gemelos:
unas eran sus tendencill.S li•
teral'ias y artísticas, unos eus
gustos y unos sus procedimientos, de tál suerte que fférfa
imp(sible determinar, analizando los n•1merosoe ·Jibros
qnti juntos escribieron,. cual es. el contingente llevado
por cada uno.á la labor común.

:MORTERO DE 12 PULGADAS.

resistencia suma pudiendo ofrecer una economía en el'
espesor y en vez de aquellos inmensos muros de 20 y SO,
pulgadas, construyéronse láminas de diez con igual , esultado.
La evolución fué rápida y hoy por hoy tenemos canonea de gran longitud pero de poqtúsimo peso y cora1.as,
relativamente ligeras.
Constrúyenae los cañones, de acero bien templado de
leves paredes, de alambre enrollado en espiral y aun de
cuero protegido; de suerte que con un peso mínimo ee
ohtiene una resistencia poco común y un alcance notable.
A estas nuevas rectificaciones y otras muchas que seda.
largo enumerar, obedece el armamento que poseen loa Estados Unidos para la defensa de sus costas, y sus buqnes
y los grabados que pubUcamos 110 son sino de loe t1¡,ossalientes y más dignos de estndiar.

Monumento á Guillermo l.
En nuestro número anterior hablamos de la solem ne
dedicación del monumento levantado al Emperador y
Rey Guillermo I por los antiguos soldados del Imperio
Alemán y describimos la solemne ceremonia, así como•
el monumento que es inmeneo y del cual dimos una fo.
tograf(a general.
·
Hoy aliadimos á esta un grabado que' representa la estatua ecuestre del emperador, obra de arte que atestiguará á los futuros soldados alemanes el amor que profesaron al viejo caudillo y soberano, los soldados que con éf
fueron á la victoria.

MONUMENTO A BISMARCK.
Alemania que amó tanto á su vete1·ano emperador Gui llermo, no podía echar en olvido al que con él hizo la
unidad del Imperio, y ha manifestado su admiración al
Canciller de hierro elevánd0le monumentos varioP. El másreciente, que se elevará en breve en Berlin, llevará com(l ·
digno coronamiento la admirable esiatua de Bismarck,.
cuyo grabado ofrecemos á nuestros lectores.

111.ONGMENTO

J.

SADI CARNOT EN NANCY.

lfON tlMEN':0 Á Bl8)Hl!CK lt"' BRRI.IS.

[Se erigirá por suscricióD nacional.]

�26 J uuo. 1i&lt;~R.

EL MUNDO.

•

26

JULIO,

1896.

se necesitaba satisfacer las

exigencias de Inglaterra y de
Holanda que contaban ir,umerables súbditos musulmanes y que reclamaban para
ellos muchos miramientos.
No fué sino hasta 1878,
cuando se nombró por fin
uaa comisión para explorar
las costas de la Arabia, des
de Obock hasta Confoudah
y dt&gt;scubrir d pnnto más fa.
vorable al eHablecimiento
c1...1 la1.areto más considerable del 11m11d".
l:le¡i:ún el i11forme de dici1a
cornitiión, la isla de Camarán
la que parece reunir todas
las condiciones apetecibles.
En esta isla se ba instalado
,.J lazar~to de Sinope, del que
acompañamos una vista en
11ueetrati columnas.
Como es bien sabido, el
cólera es una epidemia que
se ha ga~tado en estos últimos años, y las invasiones
recientes en Europa han hecho menus estr,igos de lo que
~e temía.- El cable nos ha
dicho que se han dado algunos casos en la Isla de (Juba, entre el ejército español,
EDMUNDO Y .JUJ.J() nE GONCOURT.
sin que la noticia se halla
(EnJS:-:&gt;3.)
confirmado oficialmente.
En México hemos tenido
Ambos fueron grandes revolucionarios en materia de
dos invasiones de cólera cauarte, y despreciando las viejas tradicionPs contribuyeron sando graves t&gt;stragoa. En la
ºpoderosísimamente á encauz,ir por novídirnos y brillan- actualidad no es de presutes rumbos la moderna litPratnra.
mir que el temible huesped
Distinguiéronse como coloristas admirables y como es- arribe á nuestras co8tas. Pentilistas soberbios.
samos que loa casos á q11e
Julio murió en la
alude el despacho de la Hafuerza de la edad,
bana, llegado á r sta capital
cuando prometía
hace pocos días, se refiere
expléndidas m\\d11más bien á. víctimas de co·
reces y el alma de
lumna, que frecuentemente
· su hermano quedó
se registran en aquella Andesde entonces patilla.
ra siempre jamás
La comarca uel cólera la
contristada, · como
terrible zona azotada por la
n n gran espíritu
enfermPdml se encuentra en
viudo.
Oriente; allí e~tá el foco de
Aun produjó emiMeccióo; allí la incubadora
pero Edmm,do mudel espanto8o mal. - Por eso
cbos libros y ha
Jos trabajoa para contrarresmuerto á su vez vitarlo se encne11tran en esa
goro~::, y poten te
parte del mundo.
magüer su ancianidad.

"ª

DOS AMORES.

LA CONVEN'.CIÓN DEMOCRÁTICA DECBIOAGO.

Primer victoria de los partidarios de la ,plata libre.

_ _ ,,ttOt,111, - • -

EL COLERA
EN ORIENTE.

Desde la conferencia sanitaria efectuada en ConsEDlITTJNDO DE GONCOURT.
tantinopla en 1865, es decir, desdé hac.i más de treinta
años, las potencias europeas se ocupan en dPtenPr la marcha del cólera y en defenderse de su invasión. Desde que
se habló de la cuestión, al Gobierno otomano incumbió
la tarea de vigilará los peregrinos javaneses, indios, persas, etc., que fuesen de la Meca y pudiesen contammar
á sus correligionarios de Europa.
Se buscó desde luego un sitio propio para internar, de
dos á die:,; días á. una masa considerable de inclividuos
destinados á aglomerarse provisionalmente en las condiciones higiénicas más deplorables.
La cuestión del tratámiento de toilm, f'Síl~ gentes, en PI
curso de las cuarentena~ era nn pnnto delicado, porque

Nuevos experimentos para producir bají11imas temperaturas.
Mr. Char les Olsyewski, quien pretende haber practicado la liquefacción del oxígeno antes que el profesor Dewar, aseVPra que ha alcanzado, por medio del nitrógeno
solidificado. á nroducir la temperatura más baja que hast,a ahora se ha ·obtenido, es á. saber, 225 grados bajo cero.
Durante uno de sus di•cursoa sobre las propiedades del
oxígeno, el profeeor Dewar logró producir en presencia
de su auuitor io, un frío intenso que bajó hasta 180 gradoa
de congelación. Lo consiguió, bañando con una esponja
saturada de oxígeno en estado líquido, un globo de vi-

•

drio, en el cual se había producido el vacío por medio
del mercurio. Demostró que con la misma sustancia
día helar el alcohol, el más difícil de todos los lfqui
de solidificar y que tan intenso era el frío, qu.e e l sólido
no ardía cna ndo se trataba de encenderlo. P robó que 118
pod!a separar del oxígeno en estado líquido, una espec·
de nieve de ácido carbónico, pasando aquél por papel
cante. El oxígeno Rnjeto á la presión ordinaria atmOld
rica, hierve II los 180gradosbajocero. Quitando porcom
pleto la presión. se produce un frío de más de 200 grad
e~ cn&amp;I es sufoiente pata licuar en torno al aparato de
drio qne contiene el oxígeno, el aire del cuarto.

EL CÓLEIIA EX ORH:~Tll.

l as vl~itas sanitarias en Sinopc.

Pt'disteiP, adorable sefiora, una ~o velilla objetiva y entera mente imper,;onal, de aquellas en q,ueel autor no encaja el escalpelo d~l _análisis en su prop10 corazón, que son
por los demás vividas y el observador las copiaparadisipar el hastío de a:guna beldad, que, cual vos, se siente
&lt;l;esgraciada, _justawente porque posee lo que para ser feliz t-S necesario.
.
Y o, traigo á vuestro estrado algo mejor que la historieta: traigo uu cuento dP amor, una aventura juvenil que
naufragó en candente mar de sangre, la biografía de cuatro serea que pudiendo esperar la codiciada dicha, fueron
siempre d&lt;'sgraciados.
En el drama que á su pesar representaron mis personajes, flota el mal sobre la atmósfera de sus pasiones com ·
b~stlonadas1 aletea como pájaro siniestro, exhalando rfsp1dos graznidos y devora las entrañas de sus inconscientes víctimas, gangrenándvlas con los venenos incurables
del odio.
Y no es que ellos fue~en capaces de albergar en su pecho algún perverso instinto.
¡ Muy al contrario!
Eran buenos, poseían sentimientos nobles y se amaban
tiernamente, pero loa sucesos, el acaso, 6 como se llame
á ese poder misterioso y fatal que decide de los destinos humanos, produjo en sus organismos una complicada laboración psicológica que al desequilibrarlos causó consecuentemente el desenlace lamentable de mi historia.
. Eran ell~s dos íntimos amigos, ambos estudiaban jur1sprudenc1a y su edad fluctuaba entre loa veinte y los
veintitrés años.
El cutis perlático y emfermizo de Gerardo (el mayor]
denunciaba el beso maligno de los vientos cos'teños· en sus
pupilas muy negras y dilatadas adivinábase un te:i.peramento apasionado y bilioso, aunque en sus modales correctos y casi estudiados se veía al hombre seguro de sí
mismo, al que ha subordinado los ímpetus del corazón á
los fueros de la inteligencia aún á costa de sacrificios casi heroicos. ·
Había extrafia regularidad en s_ua fa&lt;:0iones, por más
que en ellas no se observase la uruform1dad artística de
una cabeza de estudio.
f i su nariz ~ra de puro cor~ griego, la curva de la pro•
m111ente barba era romana; s1 en loa ojos se lefa la sensualidad y _el romanticis!Ilo, en sus 18:bioa_blancos, delgados, volttmauos, unos dientes de mu¡er hacian bullir ent re el 1~lo bigotillo un gesto hel~do y ·sin animación,
esa sonnsa que como ósculo de muerte estampa el escepticismo el! el rostro de !os que sufrieron ó creyeron mucho.
De A.dnan s61o os diré que era un joven boquirrubio y
de aspecto casi af.-minado.
Yestid a l andrajoso Ariel con levita y sombrero de seda y lo ven~is pinti\)arado.
Un cariño muy ~rncero unía con estrechos vínculos á
los muchachos y á fé que era bien rara esa amistad entre
dos temperamentos completamente diversos como los de
aquellos inseparables compinches.
Gerardo er_a ateo, escéptico,. holgazán, pendenciero y
bebedor de a¡en¡o; gastaba el tiempo y el dinero como un
nabab sus riquews, y lo despreciaba todo por que era
grnn conocedor de la maldad humana y sabía muy bien
que un egoísmo feroz es siempre el movil de todas las
buenas ó malas acciones de los hombrea.
Un día, despuét1 de eomer fuerte y beber bien con un
tabaco en la boca y las manos metidas en los bol¡illos del
pantalón, vagaban los amigos por las calles sin rumbo
tijo, fastidiándose é imaginando tonterías. '
Ü&lt;?mo la ociosi~ad concibe siempre tod,)E loa malos pensannentos, ocurnóseá los paseantes lo que ocurrirse podría á dos varone!l cuyas edades sumadas no alcanzaban
la mitad de una ceuturia.
¡Enamorar mujeres!
Y como lo pensaron lo hicieron.
Ya los_ teueis en busca p.el vellocino de oro, hablando
recio, mirando á _las señoras audazmente y á. los c,iballeros con arrogancia.
Pero ninguna de las madonas vistas encarnaba el duple.r del ideal soñado.
'
Esta era rolliza y fea como la sobrina de un sochantre
de abadía, la otra escuálida lo mismo que un ranacuajo
momific,ido eu frasco de vidrio para empolvarse eu las
vitrinas de en naturalista maniático, y, feas las demás
muy !t:as, de "una foaldad espectral, capaces de hace;
claudicar todas las caballerías del ínclito Quijada.
Convengo con"-º~, señora, e~ que los galanteadores
eran u1_1 tanto i:i111·1titas en cuestJo~ea de belleza plástica,
pero, bien sabP1s q:!e en este l\léuco., donde todo resulta
cursi, es wás f,icil -tropezar con mil honeFtas beldades
q(1e con una svla que pueda honradamente' titularse bo:
mta.
Como si la casualidad ee empeñase en poner á dura
prueba la d~teru1i11ación adoptada por los atolondrados
cuando estaban más tristes y dispuestos casi á renuncia~
ásns propósitos, pasaron á su lado cual fugaz exhalación
dos enlutadas.

ELliUNDO.
Casi siempre la mujer amada en su primera aparición,
esplende ant.e la visivnaria pupila de su predestinado,
breve y trémula como esos fúlgidos meteores que macu. bn un instante el onix de la noche para esfnm¡¡rse y morir después en la tiniebla.
Por muy vulgar que sea un hombre, la bella entrevista
derrepente, es la que con más vi veza ha de hei·ir su ima· ginac1ón por más que ella esté atrofiada ya por el vicio ó
el indife1·entismo de la experiencia.
, .-¡Son muy lindas! exclamaron á una voz -los fa!!tidiados y lanzada al viei,to esa vulgar exclamación, corrieron
tras las fugitivas.
,5iguiéronlas, observando la curva graciosa de los talles
que ceñidos por las varillas del corsé dibujaban un perfil
de lira, el arranque del combo seno perdido er. una golilla de blondas, el rítmico balanceó de la cadera, la media que con disimulo apareció al vadear la calleó frente
•á una mondadura de naranja, y todas esas nimiedades
que ligadas entre si forman los capítulos de las novelas
inverosímiles que inventamos los hombrea cuando estamos cerca de una mujer de la que no hemos visto una
carta con faltas de ortograífa.
Habían las parejas caminado tres ó cuatro calles cuando las perseguidas á quienes seguramente· disgustaba el
galanteo, detuvieron un rlacre de alquiler que á la sazón
pasaba, subieron á él dandr, al automedonte una dirección que los curiosos no escucharon, y recostadas en los
mugríentos cojines del armatoste aquel, desaparecieron
muy en breve.
Los ojeadores se miraron (perdonad el símil] como dos
podt'ncos ante cuya vista hubiese pasado un gazapo al
que no pudieran dar alcance.
Y al leér un mismo pensamiento en sus miradas amainaron velas exclamando con mal disimulado despecho:
-¡Qué lástima!
Y no pensaron más en la aventuta.
Por su parte las damiselas olvidaron también muy pronto á los impertinentes y allí quedarían las cosas s1 acon~imientos imprevistos no se hubiesen encargado de contmuar la empezada novela hasta desenlazarla en trágico
final.
·
Ya es tiempo, sefiora, de que disculpe una falta de gaJanteria que cometí presentandoos primero á loa hombrea
que á las muchachas.
Maclovia y Camila eran sus nombres, tenían por dote
dos ó tres fincas urbanas bien rentadas, de sólida construcción y limpias de hipotecas.
Eran ~ermanas, y huérfanas de un prestamista trapacero y cierta excelente matrona cuya existencia fué un
tormento ~ontim¡ado al lado de su avaricioso cónyuge.
En Cam1la había una hermosura potente y tropical.
Esbelta, de formas robustas, con pelo sonrosado y velloso como un durazno en sazón, ojos verdes trágicos
preñados de tempestades, boca sensual, ademanes prO:
vocantes, era como el poema de la carne, u,1a de esas bellezas que son muchas veces la perdición de sus amantes
porque hablan solo á los sentidos.
Para ella todo era grande.
En su fogoso temperamento no existieron nunca los
tér_minos medi_os, y, sus pasiones, lo mismo que sus
odios, fueron siempre arrebatadas.
Sentía inati~tivamente el coquetismo y sabía esgrimir
e~a arma formidable con la maestría de una mujer experimentada, adoraba la intrfga que se viste con el ropaje
de arlequín para ocultar pasiones de esa~ que al desencadenarse forjan como Vulcano en sus f,11.,nas
las tllmpes0
tades del espfritu.
'
Ve~tía con una elegancia que se hacía lla1uativa por lo
estu~1ada y alhaja1?3 con sortijas sus manos que E!ran pequefiltas, ducales, mglesas y amarfiladas como las de Lady Macbeth.
Cuando bailaba un vals de Strausa lo hacía con abandono de bayadera, vela:-odo sus pupilas de Medusa tras el
parpado oriental, inflamando las movientes fosas de la
helénica nariz, sonriendo al bailador en suprema voluptuoaid~d y excitándole con las blancuras de sus brazos
descubiertos.
Burlábase de 1~ socieda~ y aceptaba los privilegios que
ella le daba ~cat1mando siempre loa que podría exigirle.
¡Rara mu¡er!
Nunca tuvo un rasgo de sensibilidad.
Deade pequefiuela ft1:é orgullosa y mP.leante, aprendía
malhumorada las lecc1ones, era el terror de sus condiscípulas, hacía preguntas alarmantes á las profesorás y
acompañada de dos 6 tres granujas, trepaba á los arbus}
tos del jardín para robar las cerezas.
Siendo ya mujer y avanzado.ese período de la vida en
que las necesidades de. un temperamento femenino adq_uieren tod~ su fuerz~ haciendo eata!l~r vigorosas floraciones, Cam1la sustrá¡ose á la ley comun y por inexplicable fenómeno fué indiferente á galanteos y amorfos banales.
Aunque en el fondo solo era una joven inexperta cuya
alma no había lacerado. aún el golpe de un deaengaiio,
enfermábala el cansancio de loa que han apurado loa goces hasta el eaciamiento.
Allá en las nebulosidades de su mente, perseguía cierto
ideal un tanto extravagante y si no entregó su cora:,;ón á.
ninguno de los que hasta entonces habian eolicitado sus
afectos era porque aquel doncel pai:adisiaco entrevistó entre las brumas de su imaginación no habia caído á sus
plantas .para erguirse triunfador después.
Maclovia fué siemore el contraste-de su hermana.
Era muy rubia, pequeñita, con piel de una blancura
mate y hermosos ojos color de v ioleta.
.Tenían sus modales dt niña el encanto virginal de esas
colegialas que dejan con e l recuerdo de sus castos abandonos el perfume de una flor que nunca se marchita aunque envejezca el corazón.
Era eterea como Espírita, y, acaso, igual á 1A enamorada de Mallivert, conocía los secretos del extramundo ó
por mistagógica encarnación estaba en la tierra como estrella caida del firmamf'nto.
Diríwe que solo un debil soplo de vida animaba aquel
c~erpecillo que tenía la fragilidad de las cosas exquisitas.

51
Sentía el Pspiritualismo con todo el refinamiento de sn
alma sensible y se conmovía hasta el llanto ante esas noches de plenilunio en que la luna vierte tenue. polvillo
de plata y lo tamiza en los jardines blanqueando las !Jo·
jas que modulan monótonas melopeas ugitándose en el
brazo fornido de los olmos.
Sentía especial predilección por loa gatos, esos animalitos meditabundos y molondros que cuidan• su tocado
con proligidad señoril, beben leche de vacas haciendo
muecas encantadoras y les agrada roer un pernil de conejo chamuscando sus bigotes de plata- en el re1,coldo de
la cocina.
Amaba á los felinos porque son amigos del que sufre y
tienen un lado fantástico que ha intrigado siempre á loa
espíritus verdaderamente artistas.
. En efecto, señora, los gatos son tan fantásticos y s:igeati vos como el cuervo; hay los negros con piel ate!'ciopelada y pupilas de topacio que dan serenata á los Yecinos riñendo en los tejados y á las horas calladas corretean en macabro cortejo confundiéndose con !ns lechuzas, loa gnomos; y todos los duendes de la sombra.
Poseen el sensualismo sibarítico de los perfumes, huelen un pompon de acacias ensanchando las fosas de su
naricitaRoxelan~, y, un frascodellang-Ilang los sumerge en somnolencia de náyade embriagada en ambrosía.
Roncan sobre los cojines de la .chaiR.~e--1ongue acomp_nñando con su monótono run-run el nocturno de Choprn
que toca al piano la niña de la casa;.hacen tela.a de amfia con las bolas de hilo de la quintafü,na y si están de
buen humor deEgarran con sus uñas como garfios de ágata la Ó.ltima novela de Daudet ó el devocionario en cuyas
páginas se confund.i con efigies de santos y amuletos.bendecidos la florecilla que llevó al ojal de su gabán algún
mozalvete barbilindo ó el plieguecillo en que declara eua
empeños amatorios.
La gata es camarada de los niños que retozan en la alfombra, ahuyenta los ratones que acobardan á la solterita y se hace ovillo en su regazo cuando agobiada por el
primer dolor soba su lomo arqueado con las manoa •bizantinas.
Acompaña en eu soledad al abuelito, lame con la lengua erizada de puas su tarantulesca mano y entibia cariñosa aquellos pies, que la humedad de la huesa empieza á helar.
· ¡Y las gatas muertas!
¿Habeislae visto, rígidas, muy blancas como pascuales
corderitos? ........ .
¿No os ha conmovido ese duelo en que Pierrot canturrea responsos y sollozan enternecidas la menuda tropa
y las muñecas? ........ .
¿\'erdad que es muy amarga la lágrima que rueda en
el querubinesco rostro de Bebé cuando no encuentra en
la albean te cunita á esa compañera inseparable. de sueños?
JLas gatas muertas!
Maclovia tenía también otros amores.
Su canario trovador, el tiesto de gardenias y un librito
de oraciones.
Cuando los camaradas fueron presentados á las doncellas en una de esas reuniones en que se inician loa conocimientos superficiales, procuraron á toda costa intimar
su amistad.
Sin trabajo consiguieron que las hermanas les admitiesen en su modesto salón y ein dificultad también lograron inspirarles J¡&gt;rofunda simpatía.
Loe sucesos cammaban perfectamente -porque las mozas al percibh'Be de que eran por sus· vi111tantes cortejadas, hicieron una elección en completo acuerdo con el
capricho de loa intrusos.
.
El amor hizo vibrar aquellas almas vírgenes con el trinll de sus primeras canciones y á. solas, al deshojar una
floró contemplando el celaje que se esfuma en el piélago
ambarino del ocaso, Maclovia y Camilasacudidas por un
mismo estremecimiento, pronunciaban dos uombres en
voz baja:
·
-Gerardo!
-Adrián!
Los amadores declararon su pasión á las damiselas, cada uno en formas apropiadas á su carácter.
~
Adrian, tembloroso y conmovido, habló de una dicha
codiciada, largo tiempo entrevista en mucha~ lontananzas de oro y realizada en la enferma hermosura de Maclovia.
•
Gerardo, con palabras rebuscadas y frases de sombrío
colorido que envolvían en sus ampulotios periodos terribles ironías y atrevimientos, habló de lo que él llamaba
su cariño.
Cuando Maclovia escuchó al excelente Adrián que
casi llorando le ofrecía su vida, tendióle la manecita eruociouada.
Camila al ver de hinojos al fiero Gerardo, rió de muy
buena gana y acomodándose en un canapé como para
gozar mejor del espectáculo, dijo á su adorador: ·
-Expliquéme vd. como me ama.
•
Otro cualquiera, httl&gt;iera tomado el sombrero y marchádose incontinente á. su casa, pero mi estudiante estllba ya doblegado y se quedó porque sabía muy bien que
el hombre que se arrodilla ante una dama debe levantarse siempre vencedor.
Camila, arrebatada p0r 1-a elocuencia de la oración, fas- •
cinada por la luz que chispeaba en las pupila~ de Gerardo, sati8fechasu v,inidal mujeril ante lacaidade ese gran
rebelde, inclinó hasta él sn gallardo cuerpo sonriéndole:
Desde entonces las hermavas se engalanaban coquetamente para esperar la tertulia de sus novios.
Hnbo giras campestres, paseos á la sombra de los chopos y excursiones por agua en ios días primaverales.
Floreció el idi lío y en un periodo de tres meses, la existencia de aquellos cuatro séres deelizose mecida en los
blandos brazos de la esperanza.
·
Fenecida aq,uella embriaguez de la primera impresión
Maclovia s..ntiase aún dichosa porque en au·tierno cora:
zón solo podía imponerse una exigencia: amar.
Camila en cambio padecía en silen..:io y su aprecio por
Geranio se conyertía paulatinamente en odio.

�' 58
Con la sagacidad de ia coqueta que ve á su lado á un
hombre con bastantes atractivos pura ser querido basta. .
la locura, á fuerza de estudiar laboriosamente y sondear
aquel extrafio temperamento no sin ímprobos trabajos
acabó por comprender qtle su novio no la estimaría nun• ca y que lo que ella creyó pasión por un momento, era
solo un antoJo que la ultrajaba en su decoro.
A todas las mujores les agrada que sus encantos despterten anhelos, pero siempre quieren que en el fondo
de aquel deseo exista un algún respeto aunque sea porción dosimétrica y solo lo indispensable para 110 a,larmar
en recato.
Camila, desengaflada, pues, de Ricardo, comenzó á fi.
jar su atención en Adrián de quien se babia formado una
opinión por -cierto bien mezquina, y con gran sorpresa
encontró en el .prometido de Maclovia todas las cualidades que en el suyo babia extrañado.
Y lo amó de una manera insensata, con una de esas pasiones impetuosas que solo buscan su objeto y para llegar á él Jo arrollan todo.
Cuando Gerardo llegaba eP la noche y ponía en las manos de Camila un buqué de rosas blancas, tomábalo ella.
con desprecio, arrojábalo en cualesquier mueble y pre·
textando enfermedad se retiraba á su alcoba en el mo·
merito.
·
El joven creyendo comprender los desdenes de aquella
mujer antes tan fogosa, pensaba, afirmándose, en su pedante filosofía:
•
-¡Bab,.como todas! Buen mentecato sería si creyese
en las mujeres.
Puede tanto la presunción, que muchas veces, sugestionados por ella, afirmamos lo contrario de lo sentido.
Eso justamente le ocurrió á Gerardo.
·
Cuando dejó de acordarse de Camila, frunciendo el en•trecejo y sin saber por qué, pensó en.Maclovia.
Desde e1,e día, huyó la tranquilidad de aquel hogar.
Maclovia y Adrián se abandonaban á su ventura, sin
eospechar .las amarguras que tortnraban á sus amigos,
avivando con su inocente amor la flama de aquellas t~as,
que muy en breve destruirían su afecto basta dejarlo en
cenizas convertido.
¡lneensatQs!
Dormían en el crater de un volcán que humeaba; los
celos más einiestros ya bramaban en las entrañaª de sus
víctimas, y la erupción pasional iba á vomitar sus odios
hasta volver cobrizo y tempestuoso aquel cielo límpido
y sin nubes, donae aleteaban las mariposas de sus sueño~.
·
Un día dirigiose Adrián al tocador de su amada, y al
franquear la puerta, retrocedió espantado. Había visto á
Gerardo. á los pies de la doncella.
En el paroxismo de la cólera aproximose al desleal, y
sin lograrcontenersf', le abofetoó de una manera ignomi"
nioea.
El insultado irguió su aventajada estatura, sonrió des•
preciativamente, descalzose un guante, y, después de Jan•
zar\o al rostro del furioso, saludó cortesmente y se alejó.
Siguió un inEtante de silencio que el loco Adrián interrumpió, diciendo á la inocente niña:
-No sabía que había entregado mi corazón á. una coqueta.
Fué injusto, ciertamente, pero estaba celoso, y la injusticia siempre ha sido la razón de los celos.
La gravedad de la ofensa hizo el encuentro inminente,
y después de acalorada discusión, decidieron los testigos
de los contrincantes que se verificaría, acabadas de firmar
las actas.
Fué elegido como sitio para el drama una pequeña planicie, sobre la que.descansaba un cementerio.

26

EL MUNDO.
A la hora convenida presentáronse allí loe adversarios,
y sus padrinos procedieron en el acto á. los preliminares
del delito.
Era una noch"l tempestuosa.
Llovía copiosamente, y bajo la copa de los sauces que
lloraban azotados por el ábrego, cruzaron sus espadas los
que ya no eran amigos.
Nada más siniestro que aquel cm1dro.
El trueno, esa blasfemia de Luzbel, retumbaba entre
las nubes, á la vez que la efímera luz de los relámpagos
arrancaba facetas policromas á loe vidrios del bardal, ó
encendía cloróticas nebulas sobre el mármol de las tumbas.
Los cipreccs movíanse lentamente como interminable
procesión de encapuchados frailes, y familias de buhos
revolaban sobre las cruces, agujereando las tinieblas con
sus fosfóricas pupilas.
Después de una lucha encarnizada y breve, uno de los
peleantes rodó á la maleza ensangrentado.
¡Adrián!
Con presteza acercáronse al caído los galenos, y sólo
pudieron certificar que estaba mul rto.
La punta del estoque había destrozado uno de sus ojos,
haciendo estragos terribles en el cráneo.
Aplacada que fué la consternación dominante en los
autores de la tragedia, dir;giéronse á una berlina que
~postada cerca del lugar, les aguardaba para conducirles
de retorno á la ciuélad.
Gerardo, ante la disyuntiva de regresar en el vehículo
acompañando al cadáver de sn víctima ó marcharse ápie
sorportando las iracundias de la tormenta, prefirió lo último, no obstante que sentía la fiebre encender corrien·
tes de lum t&gt;re en sus arterias.
Descendió la eminencia en veloz carrera, tropezando
con las pedrezuelas que rodaban las corrientes y dejando
fragmentos de sus vestidos en las puntas de los magueyes, que extendían sus pencas como pugnando por obstruirle el paso.
Al romper la aurora, cuando la fatiga había agotado ya
sus fuerzas por completo, columbró la capital envuelta en
las blanquísimas brumas matinales.
.l&lt;}n el cielo, velado por densa nublazón, desgarraba el
sol la tela opaca de las nubes, arrojando tupida lluvia de
sa~tas y una lfvida Claridad iluminaba las vetustas casas,
cuyas paredes manchaban con caprichosas estalagmitas,
las aguas llovedizas que chorreaban por las canales est, opeadas.
La campana de la ruinosa capilla cercana llamaba á misa hasta desgañitarse, y por la abertura de su entreabierta punta de roble, ésta tragaba á las beatas, que todavía
soñolientBé, llegaban con su grasiento libro de rezos en
la mano.
Ante aquel sencillo espectáculo, Gerardo sintió de imp~oyiso la necE:sidad de ser bueno; causole profunda envidia la paz de esas almas sanas, que por costumbre iban
á orar ya ante el ara de la Virgen milagrosa.
Llamó á la huída fe, deseoso de guarecerse bajo sus misericordiosas alas.
Quería caer á los pies de un sacerdote para con su augusta interseción, alcanzare! perdón de Aquel que puede
perdonarlo todo.
¡Perdón!
Necesitaba ungir su ser hundido en el pecado con ese
óleo santo que sólo pueden ministrar las almas' impecables.
¡A_h, no! La ?alm~ q~e des~a~a no podría ganarla ante
el tribunal pe01~enc1ar10; el v1eJo cu,aera impotente para darle tanto bien; la clemencia sólo podría redimirlo
brotando de los labios de Maclovia, la casta criatura cu:
yos ideales había tronchado
en flor, ella, sólo. ella, podría ahogar con su angélica
V&lt;'Z los gritos de remordimiento que como ciegos buitreb aleteaban en los antros
de su espíritu.
1
Dirijiose al hogar de las
atribuladas jóvenes, gesticulando como un maniático
y sin preocuparle las bromas
de los transeuntee, que se
burlaban de él creyéndole
demente.
Llegó.
Abrió las puertas audaz·
. mente, y corrió á la alcoba
donde había pasado sus mejores días.
No era ya el pequeño retrete donde las muchachas
hablaban de amor á los amigos; había cirios que chispeaban, paños negros, rumor de plegarias, la calma
imponente de la estancia
mortuoria ...... y ...... ¡¡una
muerl.a!I
Maclovia.
¿De qué había perecido la
inocente niña?
De nada.
De lo que mueren las mariposas, las aves y las flores.
Camila, vestida de luto,
contemplaba abatida á la
blanca muertecita; no lloraba; su dolor era mudo
intenso, abrumador, d~
aquellos que no pueden deshacerse en lágrimas, porque
J.'
se ban agazapado en lo profundo del corazón para morderlo sin descanso.
Gerardo y Camila se mif'raron con t'lrror.

7

j

u

JULIO,

1896.
26

¡.Eran ellos ,.esponsables de aquellas vidas agostadas al
primer estallido de una ilusión? .... .... .
¡Eran ellos re!oponsables de aquellas vidas agostadas al
primer eetallido de una ilusi6n!
¿Unirían su existencia en fatal contubernio para su-·
frir en comunión las atnargurae de su delito?
¡Unirían sus existencias en fatal contubernio para sufrir en comunión.las amarguras de su delito!
Se abrazaron.
Perecfalee que el angel de la muerte estaba a!lf, y desplegando sus alas negrae, oficiaba en el trágico esponsal
de i!UB destinos.
Y después........ .
Tenéis razón, distinguida señora, es muy tarde ya; m i
relato tiene inverosimilitudes de aquellas que no puede
perdonar una pe1sona de buen gusto, y además, si llPg:1se yo al fin, llenaría de sueños tristes vuetra bonita cabt'za.
Crno B. CKBALLOs.
Julio de 96.

SUEÑ0S.
decir, que ¿tú cree~ que es cierto?-dijo Gabriea-¿no es un sueño simplemente lo que me acabas de contar?
-Ea perfectamente cierto,-respondi6 Magdalena,-mamá lo ha hecho.
-¿Tu mamá?
-Cierto. Ella ha visto á papá.
' Gabriela se puso á reír con todas sus ganas.
-Tú siempre ríes cuando te hablo de cosas eerias
-Psh ......... después de todo, se puede hacer la expe riencia. Ha de ser muy bonito ver una á su futuro ma.rido en UR es¡;ejo.
Esta conversación sostenían en el jardín del convento
de.................. una tarde de primavera, dos hermosas
jóvenes. Abrazadas por la cintura y casi rozando sus preciosas cabezas, pasaban sin direccion, lentamente y hablando muy quedo como si temieran ser sorprendid:is
por algún ser oculto entre el follaje.
La tarde declinaba. El crepúsculo comenzaba á dibnjar sus tintas rojas en el horizonte y el semicírculo de
plata de la lnna se distinguía entre algunas nubecillas en
el espacio.
.
-Entremos,-dijo Gabriela cuando llegaron al dintel
de la puerta que daba acceso al interior del convento, pero explfcame antes lo que hay que hacer.
-Es muy sencillo. ¿Tienes un espejo?
-Sí.
-Pues bien, en el momento de acostarte, lo colocarás
entre tu oreja y la almohada. Rezarás cinco Padre n uestro y cinco Ave María, antes de poner el segundo pie en
la cama, es decir, hincada una rodilla en el colchón y e)
otro pie en el suelo. Entonces dirás ......... pero sin reír,
porque si te ríes no verás nada....... .. .
-No tengas cuidado, no reiré.
-Tú repetirás esto:
«Ohl astro mío, hacedme ver en mi reposo
Al hombre que ha de ser mi esposo.»
-¿Comprendes?
-¿Y lo veré?
-Asi lo espero. Mamá vió á papá.
Al entrar·a1 dormitorio, las dos eBtaban muy preocn·
padas. Un momento antes, la religiosa encargada de la
vigilancia les había dicho:
-De donde venís, señoritas?
-De la capilla,-dijo resueltamente Gabriela.
La religiosa no insistió y las dos jóvenes, felices con ha. berse librado tan bien de la superiora, se dirigieron á su
alcoba, por cuya ventana se dietingufa al astro de la noche, ,i quien iban á. dirigir pocos momentos después su.
plegaria.
Aun no habían concluido de desalojar de sus cuerpos
la ropa qué las envolvía y ya la hermana había pasado
dos veces cerca de ellas, leyendo un libro de oraciones
y dirigiendo furtivas miradas en cumplimiento de sus deberes.
Las dos camas estaban muy cerca una de la otra y cuando comprendieron que la religiosa se había alejado, selevantaron trémulas y provista!! de sus respectivos t alismanes pusieron en obra lo pactado.
La aurora del siguiente dia las encontró ya despiertas_
-¡Magdalenal
-¡Gabriela!
-¿Lo viste?
-Sí.
-Yo también.
-¿Como era?
En un movimiento, las dos se incorporaron en el lechoy se miraron fijamente.
-El mío, es un oficial de dragones-dijo Gabriela.
-El mio también!
-Entonces vamos á casarnos con dos hermanos.
- ¿Y como era el tuyo?
-Alto, moreno, de ojos negros.
-Pnes el mio lo mismo!
-Ah!
Solamente que el mío llevaba un moño negro de crespón en el brazo.
-Probablemente estará de luto cuando pida tu mano,
observó Gabriela.
-Yo pienso colocar mi pequeño espejo todas las noches,-repuso Magdalena riendo-y as.f podré contero piar·
á mi dragón. Sin embargo, te diré que hubiera preferido
el uniforme azul. Ese traje de los dragones no me gu,ta
y luego, el casco me da miedo.
Entonces, querida, puede ser que otra noche veas eltraje azul. Yo sé que puede uno tener muchos maridC's..
-¿Como?

JULIO,

1896.

BL MUNDO.

-El otro día, en C'IU!a de mamá, eatuvo de visita una
bermosa joven, y c11a11do se retiró, oí ct.ecir que acababa
de casarse de nu.. ,·o porque había divorciado.
-¿Y qué f'i&lt; t'S• •?
-Quien eabt&gt;. Xosotras también divorciaremos algún
día y podemos tener como ella muchos maridos.
-El tercero ~erá un artillero-dijo Gabriela riendo con
.gana.
JI
Han pa~ado dos aii&lt;&gt;s.
Un_a mañana &lt;le primavera, una eeiiora, la madre de
·Gabnela, se prPeentó a: convento acompañada de un joven, el cual llernba el traje de capitán de dragones.
Después de laH ceremonias de rf'glamento, pa~aron á un
pequeño salón y cuando Gabriela se presrntó, la señora
dijo ,¡ su hija:
-He venido á presentarte á tn primo Gaepar, que acab'.' de llegar de.América y su primer visita nos la ha de• drcado.
L:' educanda levantó sns hermosos ojos hada el joven
oficial y saludó llena de rul,or á su primo, que le tendió
la mano apresuradamente.
. Al principio, Gabriela, sea por lo inesperado de la visita, ó sea por las costumbres austeras que llevaba en el
convento, no fijó su atención en el rPcién llegado; pero
poco á poco y sin querer, empezó á fijar su mirada en él
de una manera extraña, y reconociendo al fin, en todas
sus formas, la visión de la almohada, exclamó interiormente:
-Es el retrato que ví en el espejo!
Después de-un rato de conver.;iación, sobre la ausencia
larga del capitán, sus viajes, etc., dijo Gabriela:
-:-1\Ie permiteréis, primQ mío, presentaros á mi buena
amiga y compañera Magdalena?
-Con mucho gueto, liabriela.
Y una vez fuera del salón, comenzó á llamarla~
-:Magdalena! ~Iagdalenal
Esta, que se encontraba entretenida en un jut&gt;go muy
~n bo~a entre las edu?andas, consistente- en unag pequenas piedras que combmaban á su manera, apenas si había escuchado el llamamiento. Cuando Gabriela se acercó y la enteró del objeto que la traía, tomáronse del brazo, dirigiéndose ambas al lugar donde las espeyaban.
l\Iagdalena no pudo contener un grito ligero de sorpresa, al encontrarse frente al pariente de su amiga.
-Te presento á mi primo Gaspar, capitán dedrag,mes
dijo Gabriela,
'
Apenas pudo aquélla contestar unas cuantas frases de
cort1;sfa, y llevando después á su co:npañera á cierta distancia de los demás, dijo á Gabriela:
-Es mi marido!.. .... ¡El del espejo! No le falta más que
~I moño de crespón.

ROJO.
Sus primeras canciones cuando niño
TPnfan la pureza del armiño
'
Y la. albura del mármol de Garrara.
Campánulas de efímera existencia
Evaporóse su fragante esencia
'
Como la mirra en derredor del ara.
Adoles~ente aún, sintió que ruda
En su alma virgen se ensañó la duda
Madrastra indigna del t.lolor. Enton~s
\:1s~i6 !a estrofa con crespón de luto '
1 rmdió á sus creeocias &lt;ll tributo
Q,1e á un muerto rinden los o.olientes bronces.
__Xo es poeta ~el siglo quien no lucha,
• 1'i I eu pesar olvida cuando escucha

Q11e la jueticia á combatir le llama.
Acompañadle á que su triunfo selle
Y al himno triste, femenil y muell~
Suceda el canto que la edad reclam~.

El himno rojo, 1a candente est1·ofa
Del poder de los déspotas se mofa '
Y :i sus legione áulicae golpea.
Que el pueblo cantos encendidos vibre
Y n?ble y grande y generoso y libre, '
.Arbitro e.-,.celso de los mundos sea!
0

A.

MATA.

ALA MUERTE.
'.\ladre mfa: rendido, fatigado,
Cun el alma JlorMa y afligida
Enfermo_ de tristeza y abrum;do
l\,r el peso infinito de la vida,
Llt-go hasta tí; la sombra me circunda
Y me penetra de humedades frias
Qne llt-gan á los huesos· la ola inmunda
Ha empapado mis pobr~s alegrías;
La ola inmunda del negro eiacepticismo
Que me enseñó, al bafiarme con su lodo,
A dndar, como dudo de mí mismo,
i Ue todo, Madre mía, sí, de todo!
Y la duda es artera; cuando brilla
fé, como_ una estrella, en mi desierto,
J.11 alma quiere creer y se arrodilla
Y mi razón me grita: ¡Alza, no es cierto!

L:

Durante algunos ina!antes se examinaron los dos, y por
fin Magdalena tomó á la nilia entre sus brazos, abraz.indola locamente entre los sollozos que ahogaban eu curazón.

Ill

H •n tran¡;,currido cinco aíios.
Gabriela s&amp; separó del convento para casarPe con su' primo Gaepar. y fué durante corto tiempo lu más feliz de las
mujeres. l\:lurió, dt-jando una niña de cuatro años.
l\1enos afortunada que su amiga, Magdalena no se ha
casado y vive al lado de su madre, la viuda de un financiero de Estado.
La muerte de una amiga tan querida para élla, la afligi6 tanto, que no tuvo valor para mi ,·er á piear la casa
de Gabriela.
En cuanto á él, tan lnego como enviudó, pnao á su pequeña hija al lado d, una anciana, amiga antigua de eu
familia, y pidió al M;nisterio formar parte de una expedición !ejaua quePstaba organizándose en esos días, y de
cuyo vrnJe 110 pensaba vol ver más. La pérdida de eu compañera amada abri6 en su corazón una herida difícil de
eicatrizar, y pocos días después partió.
Un año había transcurrido desde que Gaspar abandonó
su hogar, y sin embargo, á pesar de sus esperanzas, regresó de nuevo.
Su primera visita fne para la tumba de su esposa y esta práctica se propuso Et-guirla.
Una mañana. llevando de la mano á su hija, ee dirigió
con élla á su acostumbrada visita.
El día se presentaba expléndido. Entre ias ramas de
los cipreses qne formaban las avenidas del cementerio,
los pajaritos dPjaban oír @ns gorgeos y la fresca brisa per•
fumaba el ambiente. La pareja seguía una calzada solitaria, y ni una palabra cambiada entre el padre y la hija
interrumpía la profunda tristt&gt;za del capitán, mientras
m,fa se acercaban á la tumba deseada.
Por fin se detuvieron. Esta vez el sepn lcro estaba adornado con flores frescaP, por lo quesecQmprendíaque una
mano amiga las acababa de colocar. En efecto, una mujer arrodillada oraba ali(.
Oyendo pasos, la descoMcida levantó la cabeza, y al
encontrarse frente á Gaspar, su semblante palideció.
-Magdalena!
-Gaspar!
Nada extraño qne Magdalen11, al encontrarse por primera vez después de mucho tiempo, se impresionara de
tal modo. Esta vez veía al capitán de dragones, y en s11
uniform~ aparecía el famaeo mQflO de cresp6n negro que
había visto en sueños Su pensamiento voló al jardín, á
su amiga, la conversación con ésta, y por último, el pron6stico del espejo.
•

Condenado ádndar, soy hosco y rudo,
Tengo aeco de la vida, y me condena
A vivir entre náuseas, porqne dudo
De ella por mala y ruín, d~ tí por buena!
No hay un sol de esperanza que me alumbre
En mi larga jornada. Sólo y triste
.Me he hundido en un fangal de podredumbre
Al buscar la verdad, donde no existe.
'
Y el huracán fmbravecido zumba
En el revuelto m 1r de mi conciencia.
MientraR cae mi matRria en una tumba
O mi espf1itn cae en la demencia.
Estoy solo y cansado por el tedio
Qne arrastro por el mundo todavía·
;Mi nostalgia no tiene más remedí¿
Que caer en tue brazos, madre mía!
ANTENOR LESCANO.

TOQUES.

Surja el verso ignescente, el verso rojo
El que traduce el comprimido enojo
'
D,; los que sufren y sus penas callan.
¿,fo mirais que á los pueblos vilipendian?
.Pues broten esos cánticos que incendian
Y como un trueno tempestuoso estallan!

ANDRES

-No pnede ser! Es .el mío! Dí que te has equivocado.
Y n_erviosas, casi irritadas, se separaron las dos amigas,
llevando, por la primera vez en eu vida, cierto sentimiento de repulsión.

59

Como alboradas son tus sonrojos,
Cmno las noches tus grandes ojos
Cnal tus ojeras la tarde gri~;
'
T1111 trenzas, negras, cual mi fortuna
Tus carm•s blancas como la iuna
T11s labiQs r"jos como el carmín.
Awl dt'I cielo tiene tu elm11,
Tu talle tiene compás de palma
Y tus miradas rayos de sol;
Son tns snR pi ros cual tiernas bri~as
Como !as lluvias son tus sonrisas
En el desiert.o de nuestro amor ........ .
Ron golondrinas, tus anchas cejas
Y tu~ pt&gt;stañas gór,icas rejas,
DQnde tus niñas amando 1&gt;et"iin;
Girando en torno, de dicha ansiosa,
Tal vez mi alma cual mariposa
Sus m11€tias a!as se quemará.........
Ron tus caricias, juegos de niiio,
Tacto de rosas, color de armii'io,
Q11e hay en tus curvas de pn bf'rtad;
Y son los bfsos que hay en tu boca,
Cnal oro oculto bajo la roca,
Como las perlas que engendra el mar.
Tu pensamiento nublado y sol().
Es cual la ignota rPgión del Polo
Donde ha encallado mi barca azul;
)fi pensamiento, de vuelo aleve
\'ive cual oso sobre la nieve
'
De aquel imperio de sombra y luz.
Dame tus bedos, dame tus ojos,
Tus negros rizos y tus sonrojos;
Tu alma de cielo, por mi pasión ......
Yen á mi alcoba de amor eecreto;
¡Para cantarte como un poeta
Para copiarte como un pintor!
F.ED.&amp;RICO LARRASAGA.

Magdalena encontraba, ó más bien procuraba encontrará la hija de su amiga todos los días en el paseo, que
su sirvienta le daba diariamente. Tom,füala de la mauo,
luego la sentaba en sus rodiilas, y acariciándola con ternura, le contaba muchas historias, hasta que sonaba la
horn en que era preciso abandonarla.
Rosa, que así se llamaba la hija de Gaspar, adoraba á
Magdalena.
Por su parte, Gaspar, desde el encuentro con Magdalena en el cementPrio, no pensaba más que en ella.
Una mañaua Maglalena, dirigiéndose á paso más pre•
cipitado que t&gt;l tle costumbre, al lugar de la entre1·ista
con sn pequeña amiga, porque hacía dos días que una ligera indbposición le había interrumpido su cotidiano
pa•eo. Al lJ. gar, Rosita no estaba sola con la sirvienta,
también Gas¡,ar estaba allí, pensativo, inmóvil, de pie,
mientras su hija Pe entretenía en jugar con las hojas secas esparcidas por el suelo.
Cuando él se apercibió de la lle,ada de Magdalena, corrió á su encuentro, y tendiéndol!l la mano, Je preguntó:
-Mi buena amiga, ¿ha estado usted enferma? Rosa ha.
extrañado á usted y ha llorado.
Magdalena bajb la cabeza.
Gaspar le ofreció el brazo. Magdalena apoyó ligeramente su diminuta mano en el brazo del capitán y su
vista se nubl6.
·
Rosa corría delante de ellos, y las bojas que caían de
los árboles, parecían ir formando una alfombra á su~ pies,
Gaepar miró á Magdalena sin poder articular pálabra,
por no encontrar frases bastante capaces para exponer sus
sentimientos. La dicha que sentía á su lado lo eml,riagaba, y no pensiiba ya más que en poseerá }Iagdalena.
El m?mento llegó en que era preciso separarse, ~- como
é!la retll'ara su mano del br,lzo de Gaspar, el moño de
crespón que acaso la mano de la felicidad había prendido mal aquel día, se fué trás la mano de Magdalena y
cayó al suelo.
-¡Mi duelo ha conclnido!-exclamó Gas par al ver caer
su insignia de luto. Si queréis, Magdalena, podemos todavía ser rtichosos, y yo adoraré tanto á la segunda madre de mi Rosa como á. la primera.
Un mes después las bodas de Gaspar y Magdalena se
cel~braban con mucha pompa, y ahora son loe dos muy
felices.
Esta vez P,) a~tro había dicho la verdad.

B. T.

ROl\lANTICA.
Sufro con mis quejidos melancólicos
Y mi tristeza pálida;
Con mis sneños fantiíFticos
Y mi canción nostálgica......
Sufro cuando la briFa sopla tétrica
Sobre la rama e~cuálida;
Cuando el apleen insólito
Como un p1íjaro negro abr1&gt; las alas........ .
Sufro cuando el invierno frío .y lóbrego
Yiette en llovizna hlnguida
Gotas que ru_edan frígidas
Como un tropel de lágrimas.
Y sufro cuando el sol dulce y magnífico,
Vierte su lumbre mágica
Y cuando el viento rítmico
Canta un epitalamio t-n la enramada........ .
El astro re.v con en mirar espléndido .
Pinta una fre11te plácida.
Pinte. la frente artística
De mi gentil romántica
Y sus fulgores dúlcidos
Aumentan mi nostalgia
_
Y el invierno me muestra frío y lóbrego
Con su llovizna ltíngnida
De gotas que caen frígidas
Como un tropel de lágrimas,
Todo lo falso y tétrico
ne m: gentil amada
Todo lo negro y hígubre
De ~quella cabecita mn romántica ........ .
A. Gooox.

SU NACIMCE:NTO.
Más bella fué aquel alba: despedía
sus tibias flechas de cristal lumbroso
rompiendo el cortinaje nebuloso
que la sombra en Ori~nte suspendía.
M,\s linda aqnella aurora: sonreía
con amable puJor; era glorioso
marfil ~u frente; manto esplendoroso
la crencha que sus formas envolvía.
l\Iáij fúlgido aquel sol; su fa7, luciente
animaba al poder de s11 destello
repuesto campo y cristalina fuente ..... .
Por eso en mi adorada todo es bello:
regio sol, su beldad; alba, su frente;
crencha sutil de aurora, su cabello.
JosÉ I.

XoYKl.o,

�.

60

EL MUNDO.

26

JULIO,

1896.

---,=-,======================================~==Sarta innoble y convulsa de toreros!
Y al mirar otra vez que nuevo brío
LlHa en cada embestida mi coraja,
¡Cómo iba á proclamar aquel gent,ío
Como ejemplo de indómito y bravío
A este toro 1:alvaje!u

26 Juuo. 1~~~ ·

EL MUNDO.

IV
«Una vez quise verá mis hermanos
Que al hombre dan su denigrante ofrenda,
Y descendí á los llanos
Y á los abiertos campos de la hacienda;
Y los pobres esclavos en parvadas
Echaron á correr despavoridos
Cuando en aquellas pampas dilatadas
Resonaron triunfantes mis bramidos.
LIPgaron los vaqueros; todavía
:Me figuro escuchar los alaridos
De aq,tella siu igudl carnicería: •
Reculé algunos pasos, levantada
Llevaba entonces la cabeza fiera,
Y así qne los tnt,dí con la mirada
1\1e doblegué, emprendiendo la carrera ..... .
Ni eiquiera el consuelo
De desatar las reatas alcanzaron;
A mi erupuje violento, por el suelo
L;is ginetes rodaron;
Y una vez entablada la batalla
No dejé satisfechos mis rencores
Hasta que la canalla
El espacio aturdió con sus clamores~········
••• J • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

. .... . ... . .. .. .................. ,... ..............................
Así que mis antojos ví cumplidos,
Regresé á miR montañas
Trayendo entre las astas, retnrcidos,
Loó frag1111mtu~ de entrañas .... ·····"
y
«Aquí están mis dominios, aquí mando
Como rey absoluto,
·
Aqní están mis vasallos aguardando
La hora suprema del mortal tributo.
Aquí en las pequeñeces de la tierra,
Lleno de inmensa cólera medito,
Y una hermosa becerra
En la qne toda m"i afección ee encierra,
Me la1t1e la ceniz mientras dormito;
Y libre y soberano, sin el yugo
Que envilece á mi pobres compañeros,
He llegado á imperar donde me plugo,
Sin tener por mi pa1·te otro verdugo
Que mis instintos fieros!,,

YI

·$1.foro sah,aje.
I
«Mi buena madre, en prenda
Dl:l su :1,mor tan profundo como cierto,
Cuando entré de esta vida t,n la contienda,
Abandonó las pampas de la hacienda
Y se vino al desierto.
Aquí, bajo las sel vas ignoradas,
Sus ubres dilatadas,
Libres de ese tributo vergonzoso
Que en la ordeña las deja miserables,
Esprimieron su néctar delicioso
En mis belfos sedientoe é insaciabies.
Lleno de vida respiré este ambiente
D.onde el hombre raq,tltico se ahoga.
Soy audaz, soy valiente,
Jamás el polvo se posó en mi frente
Ni en mi erguido testuz la infame soga.
Mi afán de rey á dominar aspira
Cuanto mi vista en derredor abarca,
Y en fe de que mi aserto no es mentira,
Nadie en mis ancas mira
La i~nominiosa huella de la m.arca;
Nadie ve en mis orejas el odioso
Rastro que deja la señal profunda,
Ni en mi cuello soberbio y musculoso
La infame cicatriz de la coyunda;
Y libre y soberano, sin el yugo
Que.envilece á rois tristes colllpañeros,
No tengo más verdugo
Que mis instintos fieros.»
II
«En horas de quietud, cuando sofoca
El sol en cuanto forma mis gobiernos,
Me ocupo en afilar contra una roca
Mis acerados cuernos;
Y si queréis sabJr lo que yo haría
Con estas armas de que estoy ufano,
Qne os lo cuente el jaguar que el otro día
lJ¿spanzurré de u11 golpe soberano.
~l vino il de!!afiarme: silencioso
Rascaba un arenal con mis pezuñas,
Cuando llegr, traidor y cauteloso,
Dió el miserable un salto prodigioso
Y en las· espaldas me cla,,ó las uñas.
Mi instinto cruel de luchadcr se excit3
Al sentir que su garra se me entierra,
Me sacudo con cólera inaudita
Y ló arrojo por tierra!
Y ciego le embestí: cuando el bandido
Quiso escapar de mi furor deshecho,
Tenía en e! vientre hundido
Hasta el remate mi pitón derecho!. ........»

III
«Oh! si por un momento
En medio de la arena me encontrara
De ese circo sangriento
De que un buey azorado y sin aliento,
Las horribles escenas me contara[
Un solo, un solo instante
Para ganarme entonces bastaría
Los ¡hurras! de la turba delirante.
¡Con qué rabia infinita vengaría
Las penas de los muertos compañeros,
Con qué saña en mis cuernos formaría

Cuando así el toro alzado discurría,
Haciendo retemblar con su rugido
La selva que tranq11ilo recorría,
Con el rifle tendido,
A lo lejos un hombre se veía.
Resonó una explosión que la.. montan.as
Con formidable estruendo repitieron,
Y las bravas hazañas
Del tiraao del bosque concluyeron.
RoDULFO FIGUBROA.

Julio de 1896.

.,

Tenfadón ....
[Grabado en los talleres de "EL MUNDO,"]

61

�26

ELMUNDO.

62

Qúiero morir cuando al nacer la aurora
Su clara lumbre sobre el mundo vierte,
Cuando por vez postrera me despierte
La caricia del sol abrasadora.
Quiero al finalizar mi última hora,
Cuando me invada el hielo de la muerte,
t entir que se doblega el cuerpo inerte
Inundado de luz deslumbradora.
Morir entonces! cuando el sol naciente
Con su fecundo resplandor ahuyente
De la fúnebre noche la fristeza ......
Cuando radiante de hermosura y vida,
Al cerrarme los ojos me despida
Con un canto de amor Naturaleza!

EL MISTERIO DEL ALMA,
¿De qué sombra ó qué luz hemos nacido?
¿Qué penumbra alcanzamos?
Vi,ni"1os de un misterio impenetrable......
Hacia un místico vamos ....... ..
Débilf'!I avecillas, que arrastradas
Por huracán violento,
Creemos lltivar rumbo; y siempre vamos......
A voluntad del viento.
Barqnillas cuya caña nos gobierna
En la rauda corriente,
Y pretendiendo huir de los escollos,
Los bu~camos de frente.
Haces de claridad que espera ansiosa,

ULTIMA RIMA,
Yo he soñado en mis lúgubres noches,
En mis noches tristes de penas y lágrimas,
Con un beso de amor imposible
Sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.
Yo no quiero el deleite que enerva,
El deleite jadeante que abrasa,
Y me causan hastío infinito

IAcabáramos!
-¡Señor cura, sel'ior cura,
onsuele usté mi aflicción,
que es inmensa la amargura
que aflige á mi corazón.
¡Hombre! ¿qué es ello?
-Una co~a
que me angustia y rue desvela:
¡que se ha escapado mi espo11a
con el maestro de escut&gt;la!
-¡Cómo, es posible? ¿Han huído?
-Sí sefior, y no les hallo!
¡Ayer al anochecido
se fueron e11 mi caballo!
Tal decepción imprevista
de horrible dolor me llena.
¡No es posible que resista
el sufrimiento y la pena!
-Pero ¿cómo fué?
-Es el.caso,
señor cura, muy sencillo:
la estaba dar&gt;do rep81!o
de gramática el muy pillo,
y aprovechando con mafia
semejantes aficiones
va el granuja y me la engaña.
¡No eran malas las lecciones!
Sin saber cuindo ni cómo
huyeron, en día aciago.
Y ahora ¿qué partido tomo?
¿qué hago señor cura, qué hagv?
-No debes amilanarte
que tiene ~rreglo el asunto.
A la autoridad da parte
y la detendrán al punto.
•\
Como á tal medio se acuda
el tiempo 110 se malgasta.
- F.e un partido. sin duda,
pero no basta, no basta.
-¿No quieres, por su cinismo
dar publicidad al lance?
'
Vete en su busca tú mismo
hasta que l~s des alcance.
-Es la idea más segura
y es un partide discreto·
mas, la verdad, señor c~ra
no me llena por completo. '
-Pues hijo, yo aunque quisiera
no me ocurre otra coea.
Ya te he dicho la manera
de dar alcance á tu eeposa.
Como otre,s medios no veo
te áejo obrar, y me cayo.
-¿Pero si sólo deseo
que me manden mi caballo!
N.A. ÜORTÉS.

Tomado del "Universal" de la Ciudad de México.

Tequila, Mexico.
Marzo 23 de 1896.
Muy Sefí.oresmios:
Con bastante satisfacción mia y en
provecho de la humanidad manifiesto
a V des. que habiendo fracasado las
medicinas ordinarias en varios enfermos afectados de catarro de las vias
biliares manifestados por tinte ictérico de le. piel, de las conjuntiv~s y
arrojando mucho. biEs por la. orina. ;
he hecho uso y con buen éxito de las
Pildoras de Vida del Dr. Rm;s despues
de algunas tentaivas de otro género
y me he queda.do asombrado del
pronto y buen \'esulta.do.
· De Vdes Afmo. y 3S.
DR. .E. MORALES.

Pain•Klller
-lJJ,;-

(PERRY DAVIS.)
Un remedio veraaúero y •~¡¡uro pura toda
clase y gudos de enformedudt• dtt lo•
inteetinob e" t&gt;1

Pain•Klller

(MATA-DOLOR.)
Esto e11 verdll.d, y no •e putde expresar
en términos b&amp;8tante enraticoa.
Es un suave, seguro y pronto reme.lío

Cal&amp;mbres. Escalofrío,
C61ico,
Disenteria,
Cólera,
Dolor ele Nervios,
'l'os,
Dolor ele Dientes,
B,~sfriadoa, ltellin.t.tismo,
B,ab&amp;elilla,
F1e'lire Malaria.,
l'unsadas y .piquetes ele ala.cranes,
cient.opies '1 animales ponzonosos.
T ner1e en ca8&amp;. tJuu.rl.lur,_, contra 1~
e
• . eij Comprar ,oio ttl purol!:&lt;1 venta en wll.,.s ¡,._, Dro

~¡';!!~"TI~'t!S.
gu~rt

,ll

y .Botica~.

Luis Clemen.t,

1896.

Los prismas en que estalle;
Y paea confundida en las tinieblas
Sin que esos prismas halle.
Moléculas perdidas en la sombra,
En perpetuo combate;
Por alcanzar la ráfaga dorada
De sol qne nos retrate.
Burbujas de jabón que hacia el espacio
Leves nos elevamos,
SabiPndo que en la altura está la muerte,
Que al subir, estallamos.
Aspiración eterna de lo grande;
Tendencia á lo pequel'io;
Enjendro de ilusión y de materia¡
De realidad y sueño ........ .
E3 miRterio la cu na...... y del sepulcro
Es misterio la calma,
Y se va...... burbujeando entre misterios,
El mi8terio del alma........ .
Lurs E. N ERVO.
Julio de 1896.

Los labios sensuales que besan y manchan.
Oh mi amado! ¡mi amado imposible!
Mi novio soñado de dulce mirada,
Cuando tú con tus labios me beses
Bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias;
Dame el beso soñado en mis noches,
En mis noches tIÍstes de penas y lágrimas
IJ 1e me deje una estrella en los labios
Y un tenue perfume de nardo en el alma!
JUANA BORRERO.

VORREY, MORIR ••••

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[Composición y dibujo de Carlos Alcalde.]

•

NUMER05

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EDUARDO AGUIRRE.

Enfermos del Estómago

Calle de Alonso letra F.

Es conveniente convencerse de
9ue el DIGESTIVO MOJARRIETA es
lo único positivo, lo único que c ura.
radicalmente las enfermedades del
Aparato Digestivo, y exigir grabado sobre ca&lt;l.a Oblea, el nombre DI..
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Preparadas por el Dr. J. C. Ayer Y Ca.,
Lowell, l!Iass.,.E. U. A.

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LAIT Al'iTÉPBÉLIQUE -

LECHE ANTEFÉL

M .EXICO, DOMINGO 2 DE AGOSTO DE 1896.

con sus sínt1m1as: Agrios después de las comiclas ó Acidos del estómago, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso en
el Vientre por poco que se coma, Digestiones lentas
ó incompletas que producen Repugnancia, Mareos
Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas eró~
nicas.
Son enfermedades que según enseñan millares de
personas bien conocidas y respetable..;, á quienes se viú
sufrir durante muchos años y además reconocen emi- ·
nencias médicas de variGl.S naciones, sólo se curan completa y radicalmente con el

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mentos, diarreas, gastralgias, ictericia, vómitos en las embatazadas, dolores de vientre, digestiones lentas, penosas é incompletas que producen dolores de cabeza Yque
determinan la anemia, cólicos, etc.
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digestivo. Desaparecen desde la primera dósis, los vómitos, acedias, eruptos, inapete11cia, pesadez, constipación, dolor de estóma¡!'o por antiguo ó rebelde que sea el
padecimiento, y aunque no haya cedido á otro tratamiento, et éxito es tan seguro, que no tenemos inconveniente en Garantizar el especifico, pues ha sido analizado Y
adoptado por las eminencias facultativas de Europa y de esta capital. Es el más poderoso de los Digestivos para estimular y .restablecer las funciones del estómago.
El tiempo necesario para una cura radical varia según el caso, pero nunca más de 40 á 50 días. Una vez comenzadp este tratamiento, no debe ,;m1penderse por
ningún motivo. Exitir la firma y rúbrica auténtica del Dr. Andrew. PRECW DEL TUBO: $ 2 50 EN TODA LA REPÚBLICA. Certificados de los principales médicos de
esta capital y de los Estados. Desconfiese de las imitaciones y falsificaciones.

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~uien fuera él. ... !
[Composición y dibujo de Carlos Alcalde.]

•

NUMER05

�2

EL MUNDO.

66
"EL MUNDO.''
SJDLANARIO ILUSTRADO.

TKLBFONo

434. -2~ de las Damas núm. 4.-APARTADO 87 B.
MEXICO.

Toda la correspondencia, debe dlrlgin,e
&amp;l Gerente de este periódico.

La suFcrición á ELM0ND0 vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelant:.dos.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ1 cac:6n.

Todo pago deb~ Sf'r precisamente adelantado.

RRGISTR.~DO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Can~dá. The Spanis American Newspaper Company, 136 Liberty St. New York, E. U.n

\lota, (f~ itorialt,.
í11, ft,tiuib1t~t, nadottttl.cs
tJ el tr,1bajo lle la Reµftbltrn.

ío; asunto; jullidales lJ la libertall lle la pren;a.
Un pequeño incidente suscitado en eetos 1ltimos días
con motivo de un proceso pendiente d_e solución, ha_ pu~sto al debate el siguiente tema: ¿Es lícito á un p~r1~d1co
ocuparse en un asunto que se encuE:ntra sub JUdice Y
emitir opiniones?
. .
.
Generalmente se ha pensado y dicho con 1~s1~t_enc1a,
que la prensa no está autorizada á externar JUICJOb en
materia de negocios judiciales, en tanto que sobre ellos
no n,cae la sanción legal. Se ha invocado repetid~mente
Ja teoría, de que si un reo no ha ¡&gt;asado por el cnsoldel
jurado, no hay derecho para exa~mar, sN_s actos en las
columnas del periodismo; el escritor r .1bhco está, pues,
obligado á guardar silencio, en tanto que el acto social no
se traduzca en actf/ jurídico. Para nosotros nada más erróneo que eee concepto.
.
.
Creemos que la prensa-al igual de los cuerpos científicos-se halla en sn más perfecta libertad y en su más
amplio nerech , para estudiar_ cualq~ier hecho que, d_e
algún modo se roce con la vida social, con los m1~lt1ples elementos que entran en juego en una agrnpac1óa.
Todavía más: puede suceder que la solución jurídica no
esté de acuerdo con la opinión de cualquier ciuda~ano,
sea éste peric.dista, profesor, j~ris_consulto ó cantmero,
y entonces este cantinero, este ¡ur1sconsu~to, este profesor ó este periodista, puede propal_ar su idea en ?ontra
de la solución jurídica, por cualqmera de los med!os de
publicidad que tiene á su alcance: mostrador, tnbuna,
cátedra, ó páginas de un periódico. .
.,
Y es que, como acabamos de ?-ec1r, en toda cuest1on
jurídica va entrañada una cuestión social, y dentro . &lt;3:e
este orden de ideas todos tenemos facultad para emitir
pareceres.
.
.
Se nos dirá que un periódico puede extraviar la opinión pública, y esta opi~ión extr~vi3:d~, causar. un
mal grave, torciendo la acción de la 3ust1cm, de~poJá~dola de la serena frialdad de que debe. estar mvest~da. Aparte de que estos peligros son fácilmente esqm·
vados por todo juez hábil y de conciencia, diremos que
eliminar una libertad en previsión del mal empleo que
de ella pueda hacerse, no nos parece una doctrina sólida.
Esta influencia que un periódico pueda tener sob~e ~n
grupo de la sociedad, depende del mejor _6. peor cr1teno
del grupo, que, al ser informado de la opm1_ón de un periódico, está en aptitud di! analizar sus escritos, aceptando los que le parezcan buenos y rechazando los que no
respondan á su modo de pensar.
, .
. . .
Una publicación no representa, en ultimo anáhs1s, smo
la expreeión de las ideas de un núcleo de personas, Y los
que temen que la expresión de estas ideas llegue.á extraviar conciencias, se encuentran á dos pasos _del más furioso adversario de la libertad del pensamumt~. P3:ra
nosotros, lo repetimos, esa teoría que se nos exhibe diariamente de que la prensa no tiene el derecho de tratar
los procesos que se encuentran .sub judice, no está apoyada en ninguna base positiva.
.
La prensa eetá en su puesto a! ocuparse _en cualqmer
asunto que constituya una IIJateria de est11~10, y l~s cuestiones jurídicas figuran actualmente en pn~era h~ea en
lasfnnciones detodo hombre que pretende 1~vest1gar el
medio que la rodea, partiebdo de hechos par t!culares para presentar después sus indicaciones sociol6g1cas.

Hace poco más de un afio sostuvimos ~n est~s columnas el pensamiento de sus~ender la mam~estac1ón anual
del 18 de Julio, para orgam;a~ una fiesta, mdudable_mente más Incida cada cuatro o cmco años, á la memona del
Benemérito d~ América. Nuestra idea no tiende en mo·
do alguno ,í. desteri:ar el culto que el partido )ibera! profern al gran Tefo1·m1sta; tratándose de D. Bemto Juárez,
nosotros st&gt;remos los pl'Ímeros en hacer perdurar w memoria t&gt;n el corazón de los mexicanos.
Por de¡.aracia cada festividad nacional se traduce en
una pérdida del trabajo de la República, ya de por sí
bastante mezquino. Muy justo nos parece honrar á
nuestros inmortales, pero no vemos razón de honrarlos
dejando de trabajar. Todavía el. jueves último tuvi_mos
otro dia fo~tivo-el aniversario de la muarte de Hidalgo-y si se aumenta el número de estas efemérides, la
labor general habrá necesariamen~ de resentirse de _e~tos altoe hechos, en mitad del cammo de la product1v1dad mexicana.
Para suprimir las festividades _religiosas, los \iberales
hemos tenido una razón económica, que es preciso conservar siem ¡.,re de nuestra parte. Pero si sustituimos un
día perdido por otro de h lganza, el saldo de cuenta no
arrojará una partida á favor del país.
Juz"an,os que uno de los medios de enaltecer nues•
tras giorias pasadas, es acTecentar la prosperidad y el
biene~tar mwionales, cooperar al mayor ensanche de la
riqueza pública, ya que ésta es la piedra fundamental de
todas las libertades y el origen de todos los progresos.
El obrero qne deserta del taller y se refugia en la taberna, no h rnra á ningún.héroe ni enaltece ningún ~echo épico. .Añadiendo una partícula más á la producción
sirve mejor 11 su patria.
Hubo una época en que la Iglesia cercen?.ba al tralajo
de la Repüblica una cuarta parte de su volúmen anual.
Los economistas han estimado que esta cantidad de fuerza desperdiciarla significaba algunos días de hambre para las claseR iufPriores, y el hambre ha sido el gran enemigo de la RepÍlblica.
Ya que por fortuna vamos saliendo del triste estado
económico en que hemos permanecido durante algunos
centenares de años; cuando se acentúa una visible mejorla en nuestra fatigosa indolencia nacional, no busquemos un motivo para volverá los tristes tiempos en que el
pretexto de re,·erenciar á Dio8 servía para empobrecer,
degradar y envilecerá los hombres.
Conmemoremos nuestros grandes hechos patrios, haciéndonos dignos de los que nos precedieron, por la labor
y por la constancia, los dos formidables motores de las
modernas nacionalidades.

Un tt!innitJ misteriostJ.
La curiosidad pública se pregunta qué ha pasado en el
silencioso, pero presentido combate, entre el vieitador
del Vaticano y el Padre Plancarte, abad de Guadalupe y
obispo dt&gt; Con~tanza in partibus.
El drama, oculto en espesas nieblas, ha tenido, según
la opinión gener,d, un desenlace funesto para el restaurador de la Colegiata, que en eeta · 1ucha, en medio del
más profundo sigilo, ha sido vencido por su flamante adversario. Se a,egnra que el resultado de este formidable
encuentro ha sido la suspensión del Sr. Plancarte de su
alto cargo du abad de la Colegiata, y todavía más, de la
dignidad episcopal con que había sido investido.
¿Qué puede haber de cierto en estos rumores? Lo único
cierto es qne el Padre Plancarte, después de una grave
enfermedad. ha salido de México á cambiar de aires, tal
vez porque los de esta ciudad eran para él nocivos.
Toda esta historia se agita en el misterio, se debate en
Jaobscuridad. y de ella sólo llegan ecos como de una
tempestad IPjana.
l\lonseiior Averardi ¿comienza, pues, á ejercitar sus
funciones de Delegado del Papa? ¿Ha comenzado, según
la frase del 1',1tlre Coloma, á barrer para adentro?...... Esto es lo que 10s acontecimientos se encargarán de probar.
Lo que sí esbl fuera de duda es que el Visitador Pontificio no ha tratado de emprender la supuesta campaña anti-reformista que había profetizado un perióctico extranjero, eeguramente por haber encontrado una barrera infranqneable á sns propósitos.
En la esfera de acción en que Moneeñor A verardi parece comenzar, hay aacho campo donde funcionar con
excelente éxito,

AGOSTO,

1896.

ilustre Mr. Bryan, pa~ece no aceptar !ª cooperación ~e
)os populistas en el trmnfo de su candidatura; renunc1~
ó parece renunciar t~n valiosa ay_uda y están ei;i vfsperas
dequedarsesin candidato los últimos convenc10nales deSt. Louis.
.
.
Misteriosa é inexplicable parece e_sa renuncia, por_c¡ueno satisface pensar que la haya motivado la dete11mnaci6n de los populistas de ex?luir á ~fr. S_ewall, el ca_ndidato democrático para la V1cepres1~e~cia, de las listasde sus elegidos. Pero ella parece ex1st1r y pronto habre mos de saber cuando la comisión nombrada en Chicago
vaya á Lincoin á festejar á su e:andidato, ei éste acepta ó
no definitivamente la cooperación de las filas populistas.

***

El Dr. Jamesson, el célebr~ caudillo de_l l~vantamiento
sud-africano contra las autoridades constituidas de la República del Transv:ial; el activo a~ente de Cecilio Rh,)des
y de la Compañía mglesa del Afnca Austral, que á hnes
del pasado año se alzó en armas, y estuvo á punto dt&gt; 1ar
al traste con el gobierno de Krueger, á no haber sufndo
terrible y sangrienta derrota en los c3:mpos de Joahn~sburgo, acaba de seT juzgado y sentenciado con s_us v,nn•
cipales cómplices por tr)bun~J com_pete!lte _Teumdo a este efecto en la metrópoli del 1mper10 bnM.n1co.
Benigna y suave como J:ia sido la sentencia de algunos
meses de prisión pronunciada contra los culpables, prue•
ba una vez más que la Gran Bretaña sabe ante todo cubrir las fórmulas y procura ser g_ala1;1-temcnte co_rrecta en
lo exterior aun contra sus propios mtereses. Si la Com·
paiiía del A.frica Austral es una Sociedad autorizad_a po~
el Estado y recenocida _legalmente en sus ~endencrns_; s1
el gobierno de la Coloma del Cabo, dependiente en c1er•
to modo del poder c~n~ra', ha obrado de a~u~rdo con la
Compañía que summ1straba los fondoe, y s1 el ~r. Jamesson y socios, 1,0 eran más que a~entes secunda~10s de
1
las altas miras inglesas en el Contrnente .Negro,
a cualquiera extrañará, como á nosotros nos ha extrañado, ver
que se condene á los acusados, siqnier se les imponga
una reclusión temporal, que tal vez IH? se llevará á cabo, á individuos que juzgados e_n los tnbunales de Pr~toria habrían merecido sentencia de muerte por el deh•
to de alta traición coutra las instituciones del Transvaal.
Con la perspectiva de tanta _lenidad en los tribunales
ingleses el alma del levantamiento, el rey del oro, encarnación del genio británico en el Africa del Sur, el _caballero Cecilio Rbodes, primer ministro de la Colo~rn ~el
Cabo en aquel entonces y Presidente de la Co11;1p_a?fa m•
cohada en el asunto, va pretende someterse á 3u1c10 y espera tranquilo su sentencia. No así el jefe del gobierno
en Cape-Town: en eu olímpica grandeza rechaza toda ingerencia judicial en aquella algarada, y acusa de apócrifos los tdegramas que le fueron ocupados al Dr. Jamesson en la noche de Joahnesburgo.
El episodio de que ha_bla~os, no será un motivo sl!fi•
ciente para que la política mglesa, en toda la extensión
del Africa, mude un momento de rumbo.
Allá van sua huestes vencedoras en el camino do Don•
gola· aHá llueven regimientos y batallones sobre las insurr~ctos matabeles, y si como aconseja un periódico i nglés Lord Salisbun· se reeuelve á efectuar vigoroea osLentación de la fuerza del Imperio Británico en el t&gt;xtremoSur, á hacer una demostración naval de importancia en
las aguas africanas, 1~ ~scuadra ':olante, qne sólo reunida en Plymouth, sirvió en la pnmavera pasada á acallar las murmuraciones euroveas, servirá ahora para
aclarar todos los nubarrones, s1 es que no desata la tormenta, y señalará de una vez la decisión que tiene la.
Gran Bretaña de extender la influencia de su poder, des•
RESUllEN.-La Co11venrion Nacional del Partido tlrl Pueblo de el Cabo de Buena-Esperanza hasta la desembocaduen la ciudad de St. Louis.-Sus tendencias y su posible de- ra del Nilo.
X. X. X .
sencanto.-Jucios y sentencia de los invasore&lt;1 del Trans· 30 de Julio do 189G.

,alítica gtntral.

vaal.-La política inglesa en el Continente Negro.
Por fin terminó ya la agitación preparatoria de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.
A la Convención republicana de St. Lonis, que dejó marcado su programa con la aceptación incondir.ional del talón oro y las atrevidas declaraciones que marc~ban una
política más vigorosa, casi agresiva, en las relaciones extranjeras, siguió la democrática de Chicago, notable yor
el inesperado nombramiento de l\Ir. Bryan para candidato y su adhesión fanática á la libre acuñación de plata
e~ la proporción de uno á diez y seis con el oro, para restablecer el valor legal del metal blanco en todas las transaccionos mercantiles y financieras.
Hoy tenemos que referirnos á la Convención nacio~al
del que se llama asi mismo Partido del Pueblo,_ reumda
también en St. Louis, Missouri, la semana anterior. Tras
largas y alborotadas disc~siones, donde ~o faltaron E;S:ls
eecenas ruidosas y frenéticas que caractenzan los meetmg,
americanos; tras acaloradas sesiones donde los fuertes lucían los puños y los elocuentes se d~e bordaba~. en es ten·
tóreas frases, se produjo una especie de exc1s1ón en. el
partido populista, porque unos pretendían. sosLener mcondicionalmente el programa y los candidatos dem~cráticos, y otros argüían en favor de _un J?rog_rama genmnamente populista, que conservara hmp1a, inmaculada,
la personalidad dei partido, sin que se perdiera y confundiese t'n las ondas de la Democracia.
Al lado de la convención populista, se celebró la del
pattido de la plata. Ambas se perdieron en disquisiciones
económicas en defensa de la plata; las dos se l~n~aron á
lucubraciones políticas de marcado sabor soc1ahsta1 Y
juntas proclamaron como candidato al elegido de Ch1cago. al enfant gáté de los demócratas, al fogoso orado_r y
esforzado campeón del bimetalismo, \Villiam Je11nmgs
Bryan.
Pero qué desencanto para los que militan en los
filas del Partido del Puebln! El elegido de los demócratas
y á quien se le comunicará solemnemente el pr~grama
aprobado y la candidatura proclamada, en 10s primeros
días de .Agosto, ante la multitud democrática, congregada en los jardines de la Plaza )Hdisson de X ueva York, el

Nuestros Grabados
iQuién fuera él!
( Oümposición y dibujo de Curios Alcalde.)

La Alameda es el umbrío y poético escenario de cien novelas que han sucedido, suceden y sucederán.
.
Ahí se refugia el estudiante un si es 110 es románticoque trata de mitigar las durezas patológicas con la poesía que se difunde por el solitari? paseo; ~hí acude la colegiala, que hace una escapatoria para 1r á la cita conel novio· ahí va el anciano que busca el silencio para pe_nsar en l~s dias idos, y ahi por último, en la banca de piedra ó hierro, bajo los fresnos que chorrean sombr,i, bus·
ca nido momentáneo la gentil pareja de recien caF~dos.
No hablan; sit-nten la voluptuosidad del si!Pncio; dé3anse·
imprt&gt;gnar del encanto que aletea en su rededor ..._. ..... Y
en tanto, el vecino, joven también y acaso descepc1ona~odel amor, hácese el distraído contemplando la gran pa¡a•
rera, para no verá esa otra pareja de pájaros que cantaná duo la ventura del amor, acaso vedada para él. ....... .

LA BATALLA DE FIRKET.
Lentamente pero con firme paso marcha la exped\ción·
anglo-egipcia, que ha de volver al Jedive sus antiguas·
posesiones del Sudán, y que extenderá la britá11ica in·.
fluencia hasta las fuentes del sagrado Nilo, preparando nsí
el camino para extender la línea trascontinental, que ha
de unir la ciudad del Cabo y la antigua corte de los Faraones.
Lentamente, pero con esa seguridad que preside todaslas expediciones y todas las tentativas inglrBas, av:=inzan•
hacia Dongola las fuerzas que manda el Ueneral l\.etch·
ner.
Nada influyó ni pudo influir en sus tendencinP !ns p~o-testas de las potencias unidas que pretendiern }'r_anc!ar
apoyada en su fiel aliada la Rusia; nada, las ¡,red1cac1o•
nes de los fanáticos mahdistos congregados para recha-

2

AGOSTO,

1896.

zar la extraña intervención; ni la bandera 'l"erde del Profeta, enarbolada por el Sultán de Jartoum, convocando á
los creyentes para una guerra santa contra lus enemigos
jurados de 1a Media Luna.
Seguros de eu fuerza y fir~es en sus posiciones, van
poco á poco adelantando hacia el corazón del país invadid&lt;&gt;.
Primero en Wadi-Halfa y Akasheh, después en la temida batalla Firket, allá van las huestes sudaneEas los batallones egipcios y loB regimientos británicc,s cu'.briéndose de gloria, y señalando su paso con ruidosos triunfos.
Dejan cubierta la retaguardia con fuert.es guarniciones
que se orondrán á. toda intentona de rebelión en los in~
digenas; tienden los rieles que acortarán las distancias y
han de unir ·wadi-Halfa 1\ Dongola, y van al prestigiar la
autoridad del Jedive, prestigianJo tres veces más el nombre británico.
. Todo anuncia h:ista_ ahora, que á menos que surjan
mexperadas compl1cac1ones de parte de las potencias interesadas en oponerse á la perdurabilidad de la preponderancia británica en Egipto, á menos que Rusia haga
más efectiva la cuasi platónica alianza-hasta h'&gt;y~ue
la une á la República Francesa, y se decida á apoyar
con voz de aliento los pretendidos derechos de Francia
al p1:otectorado egipcio, las cosas seguirán por el mismo
cammo que han tomado, y la siempre codiciosa Inglate•
rra marchará á redondear eus posesiones africanas.
Nuestro grabado representa una vista general del campo de batalla de Firket, la más notable de todas las Que
han tenido lugar en la campaña del ~ilo Superior.

EL!i.UNDO.

67

HARRIET BEECHER STOWE.
El día 1? del mes en curso pasó á mejor vid~, en Esta,
dos 'Gnidos, la ilustre dama cuyo n-Jmbre sirve de título
á estas línea~. autora de «Uncle Tom's Cabin,11 [La Cabaiíct del tío Tom] obra universalmeute conocida y célebre porque fué uno de los elementos, acaso el más poderoso, que conmovió los ánimos en Norte América, pro•
ducieudo la tremenda conflagración que se llamó Guerra
antiesclavista, la cual produjo la manumición completa
de los esclavos de la Unión.
Leídas estas líneas, nadie extrañará que consagremos
á lo ilustre muerta un sitio pri,ferente en nuestras columna~, y que para que nuestros lectores den á su obra toda.
la importancia que se merece, reproduzcamos algo de lo
que de esa obra escribió, á raíz de la muerte de la autora, el elegante literato Bolet Peraza:

"Un bigote prematuro."
[Composición y Dibujo de Martlncz Carrión.J

Es intencionado ese ligero esbozo de una travesura infantil, muy vulgar, como que la renuevan todas las nuevas generaciones, pero siempre venturosa por la hilaridad
que despierta.
El dibujo, á los que fuimos escolar~ nos arranca una
sonrisa, á los que lo son aún, una franca carcajada.
\

ESPEOTAOULOSMaggi ha sid_o muy bien recib~do en ~axaca y trabaja
ahí, á lo que dicen personas recién venidas con envidiable éxito. No es difícil que volvamos á verlo en Máxico.
Pronto tendremos en Bucareli un nuevo Frontón que
lle:ar~ el nombr!l d~ uFiesta Alegre,» y para el cuaÍ habra, sm duda, publico, pues es proverbial el entusiasmo
que en México se ha despertado por los pelotaris. 1'~ste
espect~culo ~ue~e considerarse ya como perpetuo en es•
ta capital. D1fíc1lmente, en efecto, preecindirían los amateurs del nuevo sport de su diversión favorita.
La Compañía Infantil continúa trabajando con éxito
en el Arbeu, tres ó cuatro veces por semana.
En el Circo Orrin ha estado dando conferencias científicas el nifío Emilio Rouuinot, á quien los programas denominan uniil.o sabio.,.
La noche del juev~s púsose en escena en el Hidalgo un
drama de autor mexicano: La Sombra por Alejandro Cuevas. Ya nos ocuparemos de esa obra.

PERSONAL.
Llegó á esta ciudad, de regreso de los Estados Unidos
el Sr. Matt W. Ramson, Ministro de aquella nación en
nuestra República.
El Sr. Ministro Limantour, muy mejorado de sus males, regresará dentro de breves días á esta capital de los
Estados U nidos.
'
Acaba ~e obtener en Oaxaca su título de médico, des·
:pués de ~1gnros? examen en el que demostró su talento é
ms~rucc1ón, el ¡oven D. Gildardo Gómez. Nos envió la
tés1s que con tal motivo presentó al Jurado tésis que versa so~re \a higiene en la c_iudad de Oaxac~ y que es un
t!·aba30 bien pensado, me3orescrito y de indiscutible uti·
hdad.
Feli~itamos afectuosamente al nuevo médico, haciendo
los me¡ores votos por su prosperidad.
. El miérc~les último en la noche, y por la vía del Nacional, J?art1ó para los Estados Unidos el Sr. Lic. D. Rosendo Pmeda, acompañado del Sr. Lic. D. Eutimio Cervantes.
Nnmer?s_íeimos amigos. fueron á despedirá ambos esti·
mables via3eros á la estación. El viaje del Sr. Pineda es
d~ mero recreo, más no sería di~~i,l que con esta oportunidad desempeflase algnna com1s1on del Gobierno.
.Falleció _en Tol?c~ la Sra. Y.' Tirsa Gonzalez de Aragon
vmda del ilustre ¡unsconsulto D. Prisciliano )Iaria Diaz
Gonzalez.

Murió en el Hospital Ju,frez, víctima del tifo, Luis
Basurto, excajero del banco hipotecario, que hi-..bía sido
condenado á larga prisión como reo de desfalco.
Han pasado por Laredo, con dirección á las poblaciones del interior de nuestra República, varios trnnes cargados de maíz, para aliviar las necesidades de los pueblos en que se han perdido las cosechas.
El l\Iarshall Ware, de los Estados Unidos y el teniente
Tellez del Ejército mexicano, llegaron á Laredo travendo prisioneros á Inés Ruiz y á Juan Duque, que figuraron como cabecillas en la pasada revuelta provocada por
Garza. El Gobierno mexicano pid:ó su extradición á los
E~tados Unidos, la Gua! fué concedida por el Gobierno
de la vecina República.
.
Es muy probable que el dia 1.5 del próximo Septiembre se inaugure el jardin de la plazuela de Santo Domingo, que llevará el nombre de la corregidora de Querétaro
Doña Josefa Ortiz de Dominguez. Está ya concluido el
pedestal en que se alzará la estatua de la heroína y solo
se espera que el escultor Sr. Contreras entregue dicha estatua para inaugurar el jardín.
Próximamente vendrán á México e! Conde y la Condesa de Calcinera. La Condesa es á lo que se dice una
distinguida artista y periodista inteligente que firma con
el seudónimo de ilfaría Rous.~d.

"F lores de Agosto "
Jfientra., haya ro.•as ...... decía en un pTimoroso cuento
D'~ Emilia Pardo Bazán, dejando suspensa esta exclamación que expresa tanto......
Mientras haya flores, y una mujer hermosa que las cor•
te, que se embriague con sus perfumes, diremos nosotros
parodiando á Becquer, habrá poP.•í11.
I..as flores son los versos q1,t el prado r&lt;mta al sol......
dijo un poeta.
Y la joven, la hermosa joven del grabado, va en busca
de esos versos rudos, primitivos, de esos versos dela madre naturaleza: la gran poetiza, para formar con ellos un
ramillete que será un poema .....

El dia 30, aniversario de la muerte del Padre de la In·
dependencia Nacional, celebrose con la rnlemnidad de
costumbre, efectuada esta vez en el teatro Circo-Orrin.

La colonización mormona está haciendo rápidos progresos en Chihuahua. 5,000 mormones ha v establecidos
en las colonias de San José y de Hidalgo · En esta última se está construyendo una presa que regará 50,000
ac-es de terreno y que estará conclllida el año entrante.
En este año se espera la llegada de 100 familias escandinavas.
llARR!ltTREF,CHER STOWE

Autora del "La. caba.iía. de TioTom," muerta el 1&gt;" del presente.

. «Harriet:-dice este tra~ hablar de [la familia y educación de !a ilustre da_ma-e~_cu?haba atenta, interesada y
conmovida las relaciones dianas de los crueles tratamiento3 que.:;:recibían los esclavos; y llegó hasta presenciar
cómo su padre, tan venerable, y su esposo. tan austero,
y su hermano Hcmrry, tan recto ciudadano, se hicieron
una ocasión encubridores de un esclavo que al Canadá
huía del látigo de los capataces inhumanos arrostrando
aquello~ ejerr_iplar1:~ varones el castigo de ia ley por su
revolucionaria acc1on, antes que entregar la víctima á
sus verdugos, aquella propiedad ya lacerada á su dueño
para que se rematase á vergazos. Estas escenas de sierV?B prófugos_ se hacían más y m~s frecuentes á pro por•
c1ón que las ideas de emanctpac1ón cundían á medida
que los crueles esclavistas se exacerbaban,
á medida
~ue sobre los IJ?fseros esclavos caía_~ má, y m:ts pesada é
mhumana la diestra del amo salva¡1zado por la soberbia
y la codicia.
Uno de esos_ episodios d~ infelices fugitivos sirvió de
asunto á Harnet para su inmortal novela. La escribió
más con lágrimas que con tinta, y aquellas páginas hermosas de ternura y compasión, profundas e.:i la idea sublime que iba á propagar, elocuentes por los tonos y el
colorido de_ las elegías y de l&lt;;&gt;s cuadros que en ellos resuenai: y viven, fu_!'lron publicadas por la primera vez en
la sección de folletm de un papel de escasa circuiación
"The National Era,11 editado alht por los años de 1851
52. La novela, dada así á retazos, leída por escaso 1,úmero de gentes, ni le produjo ásu escritora ruásque unos
300 p~aos, ni le acarreó al principio fama alguna. Mas á
un editor de Boston se le ocurrió ponerla en forma de libro, la dió al público en ese nuevo aspecto y poco des·
pués se -yendfa medio millón de ejemplare;, y el nombre
de Harnet Beecher Stowe andaba e~ todos los labios, y
en t?(los_los hogares corrían las lágnmas leyendo la triste h1stor1a '.le los edclavos, y en los pechos republicanos,
en los cerebros de los filósofos, en las almas cristianas se
condensaba aquella tempestad que se llamó ""uerra del
Sur," tras de la cual apareció lavada con aangr; la mancha vergo~zosa de la gran República; la Esclavitud deshonrosa é mfame.»
Duerma en paz la gran benefactora de los míseros es·
clav?s, y que las bendiciones de éstos sean la perpetua
o~c1ón que en rededor de su tumba surja y se levante al
cielo.

y

y

NOTAS DE LA SEMANA
El as_unto Pon_cel_Enriquez sigue su curso, sin que ha·

J'.ª habido 1:13ás m~1dente nuevo que la concesión de la

h_bertad ba30 caución de $L5,000 al Sr. Lic. Ernesto Enrique~. El Sr._Lic. D. Gumersindo Enriquez, padre del
antenor, publicó una carta en el Gil Blas suplicando á
la P!ensa que ;10 se ~cupe más del asunto para no pre·
ven1r en nmgun sentido al público.
El Sr. Administrador General de Correos salió últimaLI!e;11te de la capi_tal por la vía del Central, con el fin de
V181tar algunas ciudades del Interior.
_Severiano Galicia, presunto responsable de los distur•
b1os de Pa_pa~tla, fué enviado á Veracruz, consignado al
Juez de Distrito de aquel puerto.
Hanse acumulad? más r.cusaciones contra el general
Delgado y el snmano de su causa sigue abierto.
Espérase en estos dias en la capital al general Escudero de regreso de Sinaloa.

Fué aprehendido en esta capital Luis Méndez, quien
raptó en Mayo del año en curso y en Ocatlán á la joven
Altagracia Romo.
Los periódicos diarios de esta capital han exagerado
mucho la importancia del suceso, acreciendo así inconscientemente la culpabilidad del raptor. La verdad del
caso, según fidedignos informes es que el joven l\Iéndez
fué autorizado por su novia para raptarla y que no hubo
violencia alguna contra ella. Además reparó Sll falta ca•
sándose civilmente en Michoacá.n y por lo tanto la gravedad del caso resulta bien disminuida.
En el pueblo de Tepozothfo, Distrito de Cuernavaca,
Estado de Morelos, se erigirá un bonito mouumento pa·
ra conmemorar el nqtable descubrimiento de la llamada
Pfrámide del Tepozteco, que se llevó á término con motivo de la reunión en México del II Congreso Internacional de americanistas.
El Sr. General D. Pedro Rincón Gallardo á mediados
de la semana pre~en~ó sn renuncia al elevado cargo de
Gobernador del D1stnto Federal que desempeñaba y esta renuncia le fué aceptada por el Sr. Presidente de la
República. El Sr. Rincón Gallardo debió. entregar ese
Gobierno el dia 1? de Agosto, es decir ayer. Hasta la hora en que esto escribimos no se sabe quien lo sustituirá
aunque oficios~mente se mencionan varios nombres. El
señor ex-gobernador, partirá en Saptiembre para Europa. Entre tanto hará una visita á sus haciendas del Interior.
La corbeta Zaragoza irá definitivamente al Japón. Ultimamente arribó á las islas Hawaii y en Honolulu el almirante :Monasterio y el capitán Pozo fueron pre~enta·
dos al Presidente Dole en Palacio, donde se les hizo cordial acogida.
El Sr. Monasterio dió á bordo del Zaragoza una recepción que estuvo muy concurrida.
El Sr. Francisco Espinosa, de San Francisco Californ_ia, Secretar_io p~rticular de Mr. But~er, uno de los principales prop1etanos de los ferrocarriles del Distrito, ha
venido á esta ciudad para estudiar si es posible utilizar
una caida de aglla para impiantar el sistema de tracción
eléctrica.
El Sr. Gennal D. Antonio Gayón ha cesado en sus
funciones de Jefe del Departamento de Caballería y ha
pasado á Per magistrado supernumerario de la Suprema
Corte de Justicia Militar. El lugar del Sr. Gayón será
ocupado por el Sr. General D. José María l\Iier que antes
era magistrado de la Suprema Corte Militar.
El Dr. D. Eduardo Licea.ga, Presidente del Consejo de
Salubridad, ha dirigido á un periódico la siguiente carta:
11Impuesto del artículo publicado hoy en su acreditado
diario bajo el título: «El cólera en la Isla de Cuba. Graves amenazas para )léxico,» debo decir á u.,ted que tan
luego como el Con~ejo Sllperior de Salubridad tuvo conocimiento de las noticias cablegráficas relativas al cólera en
aqnella Isla, dirigió por telégrafo una circulará sus d'.llegados en los puertos del Golfo, ordenándoles la más l'stricta vigilancia con las procedencias de la misma Isla, y
además, por el conducto debido, pidió que la Secretaría
de Relaciones adquiriPra informes del Cónsul de México
en la Habana, acerca de la exactitud de tan alarmante
noticia.
•
. Como usted_ se servirá ver por lo expuesto, las indicaciones conten!da_s en el citado artículo han sido ejecutadas con antenondad y oportunamente, y al público se le
dará el debido conocimiento, tan lDego como se tengan
informes exactos sobre el particular.,.

�EL MUNDO.

68
Lo:-. grandes artistas.
CIIOPIS ISTlllO.
1[ Mathia~, el eminente profesor del Conser,·a~o-rio dti París, discípulo d:e Chopí!1? ha referido recientemi:,11te á un cront8ta pans1ense algu·
nas anécdotas uel gran. maettro polaco que cn:ti·
rnos dignH~ de ~er referidas. .
Una noche-dice :II. :llath1~s-habfa gran re:
cepciónen cas:l de la condesa X ...... ~1.enti:ar, u
en el salón á un joven de P?rte d1st1ngmdo Y
á quien los concurrenteA prodigaban toda _su~rtt'
de atenciones :era Thalberg, el fawo~o pianista
que gozáb.1 de reputación europea. «Sr. Tbalberg,
t0qne usted algo,• «Sr. Thalberg, _acceda usted _ii
nuestros megos. • Thalberg accedió á tales pet1•
ciones y se &lt;.lispoura il pulAar. las teol~ de un
magnífico Erard, cuando un cnado anunció_: «:\la·
dame Jorge S,md, ~I. Chopín ... Todas las miradas
se Yolvieron hncia los quti entrab~)I en aquel mo·
mento. Encambio yo tenía los OJOS IJJos en Thalberg
y por la expre.•ión de su _rostro co1_npre11dí que &amp;e
sentía viYami&gt;nte contranado: fácil ern compren·
der porqné. Thalbl•rg era el polo opuesto d~ qho•
pfn; las piezas que tocaba carecían de sent1m1e11•
to \' Aolo ei;tauan compue~tas _1;iara poner de m_a•
nifiei;to la admirable pertt:cc1on de su mecams•
1110• Como Thalberg i:1º ignoraba lo poco que
&lt;·~timaba Chopín et'ta c,ase de obras, !1~ le gustaba afrontar la crítica de aque_l .mus1co, más
grande que él y !!uyo &lt;.les~én ad1\·111aba al trnvés de su exquisita cortesia; po.r esta razón hu•
biera querido lernntar~e del piano, prro se lo
vedaba su pundonor, y así no turn más reme·
dio que tocar, ejecutando. HI fantasía s~bre motÍ\'0S de l&gt;o11 ./11a11 ~on cierta coqu~tena y c&lt;;&gt;n
una limpieza y brío 1.ncomparables. Chopín-ann
me parece estarlo v1enuo-e,.cuchábale apoyad_o
en la chimenea. Cuando Thalberg hubo ternunado, Cho,&gt;ín, en m~dio de !ln~ tempestad~~ a_plausos, adelantóse hacia el piami:;ta y le dmg19 al•
gunas fra~es laudatoria~: 1:halberg estr~cho ~u
mano, púso~e e.xtra&lt;;&gt;rdmanam~nte ~eno, ba¡ó
los ojos y se mchnó sin pronunciar. una palabra.
Aquel silencio traducía el pensarmento de Thalberg y quería decir: ,,).1e a\'~rguenz? de que me
aclamen á mí que no s~y smo un i:irt,w~o delante de vos que sois un artista. de genio..... :''
Chopfn-aflade )1. Math1as-era seus1ble, ex•
cesivamente impre¡¡ionable, dotado, como les SU•
cede 1bnuchosgrandes artistas, de una inteligen•
cía profe,!Íonal que. se concentraba sobre .un objeto único y se mamfeslaba poco al extenor.
Desde el punto de vista sentimental, Chopín era
su mamen te celoso, de cara!!ter,arreba!año y ffi';JY
exclusivo en sus afectoe: nmguo capncho le d1~trajo de su amor enfermizo ii Jorge Sand, y mientras duraron eus relaciones le guardó fidelidad
absoluta.
Daba lecciones por necesidad y no pocaR veces por el
gusto sólo de ensenar. Los edit&lt;;&gt;res ~e música )e ofrecían
por sus mejores piezas una retr1bnc1ón , 1:11ezqmna quera·
ra~ vece, excedía de 500 francos. Su gemo estaba en J&gt;Ugua con las costumbres del vulgo, que adoraba la musica
italiana y que no r.dmitía otra cosa en ma.teria de arte
musical: las gentes veían en él á un excéntrico y se burlaban de él como más tarde se han burlado de Berlioz, de
Wagner, de César Frank y en una palabra de todos los
innovadores.
De estas burlas, consoláb.ile la admiración de algunos
que le hicieron objeto de un culto apasionado: mientras
en todas partes reinaban los favoritos de la moda, los ejecutantes m~ravillosos como Thalberg y Stannaty, Cho•
pín fué el rey, y casi pudiera decirse el dios de unas po•
cas damás del gran mundo, en cuyos ¡¡alones sentíase aliviado del dolor que le causaba ver en los demás del:leonocido su talento. El mismo Liszt le hacía sombl'a, y Cho•
pío, aunque le profesaba un cari~o verdaderamente
fraternal, no podía menos que entristecerse comparan•
do los triunfo&amp; que obtenían las obras de aquél, con
el mediano éxito que lograban las suyas. Sus rivale3, ein
embargo, reconocían lo mucho que valía y rendían tributo á su superioridad.
Una notable eecritora francesa, Mme. Girardin, describe en los siguientes términos la última audición que
Chopín dió de sus obras en París, con ocas!ón de un concierto en que tomó parte l\Ule. O'Meara, discípula suya:
•Chopín estaba allí, asistiendo al triunfo de su discí•
pula, y todo el mundo se preguntaba: ¿Le oiremos? El
hecho es que, para sus admiradores apasionados, ver á
Chopín toda la noche alrededor de un piano y no oírle
tocar, era el suplicio de Tándalo. La dueña de la casa tu•
vo compasión de nosotros; fué indiscreta, y Chopín tocó
y cantó sus más deliciosas melodías, cuyos caprichos se•
guimos con nuestro pensamiento, y á cu:yas notas poníamos las palabras que nos parecían más aJustadas al canto. Eramos una veintena de aficionados sinceros, de veréladeros creyentes, y no perdíamos ni una nota ni dejábamos de apreciar la más insignificante expresión de una
fmse: era aquel un concierto íntimo, serio, tal como nos
gusta: no se trataba del músico qn~ ejecuta las piezas con•
tratadas y desaparece, sino de un talento hermoso, aca•
parado, acosado, atormentado sin ePcrúpuios y miramien.
tos, á quien se pedía que repitiese los trozos preferidos, 7
que lleno de gracia y de car1da:i, repetía la frase predilecta para que todos pudiésemos fijarla clara y precisa
en nuE:stra memoria y .icariciar su recuerdo mucho tiempo. Una sen.ora le decía: 11Porfavor, toque usted ese hermoso nocturno dedicado á la señoritia Stirling, al que hemos dado el nombre de peligroso,• y Chopín sonreía y
tocaba el nocturno fatal. •Yo-exclamaba otra-quisiera
oír una sola vez, tocada por usted, aquella mazurca tan
triste y tan encantadora,• y el maestro sonreía y tocaba
la deliciosa mazurca. Las más astutas, daban un rodeo
para llegar al fin que se proponían: •Estoy estudiando la

2

AGOSTO, 1896.

mujeres de aquella raza, creen ellas que&lt; 1mareerá suyo, y que figurarán en primera línea corno
figuran en el 1tport de la caza. e n el cricket t-n el
football y en el. ciclismo. Los escolar,:s de Ox.
ford y d e C:uubridge 110 monopolizarán las lieatas nacionales de las regatas como hasta aquí, sino que muy en breve habrán de dejar paso á lae
animosas tripulantes de las lanchas ferue uinas.
El aire del mar curte la piel, d,índola marcado tinte moreno, grave defecto para la bd lt-za eapir.itual de las.hi~as del Xorte; pero no es t&gt;st-0 preferible al nac1m1ento y deearrollo de la giba que
poco á poco produce la bicicleta? Una m~rena
con ojos azules y cabello gris t'S una preciosidad
en el mar y en la tierra; una gibosa es un esperpento en plena luz y á ob~curas. Yiajar sobre cu.
bierta en calidad de curiosas, para recrearse contemplando los paisajes de la costa, los magicoe
cuadros crepu~culares ó el cielo estrellado, bien
ataviadas con elegantes trajes y protectores ve.
los, resguard!indose en lo posibte del sol v de la
brisa fuerte para no perder la finura dei cúti,
esto se queda para las mujeres de ayer. La 1114 :
rinrra de hoy, la marina, si es más ¡.,ropio el término, expone al viento, al sol á lan&lt;-blina y á 108
chubascos su rostro varonil y sus torneados brazo!", y, á cambio de encontrartie con la piel toe•
tada y curtida después de algunos Yiajes, siente
su musculatura más fuerte, su circulación máa
viv!l., más potente su estómago, más despE&gt;jado su
ánimo, y entnn·é para su existencia física mú
ámplios horizontes, tan amplios como los del
Oceano en que reEpira y trabaja. No lmy tporl
como el del mar para fortalecer y desarrollar la
naturaleza femenina. Y por disfrutar de él, ¿qué
impo1tan la finura y transparencia de la epidermis, si al fin, bajo la morena patina con que la
atmósfera la recubre y meteoriza, a.&lt;oman los sonrosados colores de la sangre ardiente y sana, que
las brisas del mar purifican en los pulmones?
Salud de hierro, resistencia incomparable, vieta penetrante, valor y deci&amp;ión en el t-~pfritu, todo
esto se adquiere en pleno mar y lejos del amor.
Así lo enti~nden las asociaciones del l..adi.a's
J"arl,ti119 Clul,, y nada tiene de extraflo que, movidas por el impulso de estas ideas, se hayan
puesto á flote, emancipándose de las mberias de
la tierra y de la tiranía de los hombres. En la
escuadra femenina, las tripulaciones se harán por
estado: de solteras y casadas, sin mezcla entre sí,
con barcos insumngibles; de viudas, con buqnee
de velas, cebo de corsario; y de mot/11,,-s e,1 lau· ó
~
suegras, con seguro en la Bq11itatirn, ya que no ee
-..:...----~- ~ - - - - - - - - -sabe por qué causa providencial ó misteriosa la
mayor parte de las embarcaciones que ellas tripu$ra. manuela roorgaao
Rh,as.
lan se van á pique, aunque las sumerjan en acei•
te. T!!l vez sea porque, con apariencias de calDE TEPll'.
ma, condensan en sí mismas loe gérmenes de la
( Fot. de Herrera.)
borrasca, como dijo San Jerónimo en su carta
.
á Heliodoro: «••••••intu.• i11el11.•um e.,t pl'l·ieulllm;
gran sonata que empieza por esa hermosa marcha fúne• rntu.•
est hosli11; lranguillit&lt;M xta t~mpe.,tas e8l;• ó tal vez sea
bre, y quisiera Eaber á qué compás he de tocar e l final,» porque en el final de la vida todo parece quee~tá próxiy el gran pianista sonreía maliciO!lamente y tocaba el mo,
como el mar parece que limita cvn el cielo cuando la
final de la maravillopa sonata fúaebre, una de sus más
tierra ha desaparecido, según lo expuso muy bien el Ta•
grandiosas composicionE's.
&amp;so en la Jeru.•alem, canto X\', estrofa 2-l:
El piano en que toca Chapfn SI'! metamorfm,ea¡ los so11Fugitte son le terre e lidi tutti,
nidos que de él se esc11pan, on acordl's desconocidos, noDe !'onda il Ciel; del Ciel l'onda é coufineu
tas que quizás ee han so!!ado, pero que no se han oído
Sea por lo que quiera, es probado, y si no !cómo había•
nunca; sólo hay una voz en la n!lturale1.a q~e la~ recuer- mos
de vivir en paz!, que en las Jfotltrrs Íll lall''B Ya;-hting
da: la' nota triste dt·l ruiseñor, que e11 el sile~e10 de la
no se salva ni una rata, por lo cual, según el acuerdo to•
noche exhala una y otra vez su melodiosa que¡a ...
mado en la asamblea de marinas ó marineras de Cowee,
las suegras van á ser excluidas del Ladir.,'x Club, como lo
han sido los hombrea.
EL DOlllSIO DEJ, ll..\ll POR LAS )l[JERES.

H}amas dist,n9uidas de la República.

ae

UNA PUBLICACIO::N MUSICAL.

Falt~bales á las mujeres apoderarse del último elemento en que no dominaban. En la tierra, después de ser seMuy pronto se repartirán los prospE&gt;ctos de la que va
floras y reinas, se han hecho ciudadanas.; en el fuego, no á editar en esta capit.al el conocido profesor Don Antonio
hay fue~o superior al suyo, con el. cual t1.enen al mun~o Cuyás. Sabemos que, ameno y variAdo e l n uevo periódi•
convertido en un infierno; en el aire, eab1do es que nadie co musical, llenará el vacío que se nota en nuestra prenpuede disputarles la primacía, según lo rezan aquell~ co· sa técnica, y por tanto nos atrevemos á augurar un buen
plw; t.:niversalmente cantadas y que en castellano dicen: éxito al futuro colega.
«Yo me enamoré del aire,
Del aire de una mujer,
Como la mujer es aire,
Otro pago de $17,690 de " La Mutua"
En el airemequedé.
EN DURANGO.
Me han dicho que tú has dicho
Que soy variable;
Durango, Julio 13 de 1896.
Si yo soy la veleta,
Sr. Don Carlos Sommer, Director geni&gt;ral de «La MuTú eres el aire.•
tua,» Compafüa de Seguros sobre la Vida, de Nueva
Pues bien, ahora se van á apoderar ~el ag~1a. ~ sello- York.-México.
ras ingleEas acaban de fundar el Lc.dr.u's lachtmg Club,
Muy seflor mío de toda mi consideración:
el Club de las regatas femeninas, compuesto exclusivaAltamente complacido por la manera pronta y expedimente de mujen&gt;s, con prohibición ~b~oluta~e &lt;JUe figu- ta con que fué pagada por la Compafüa que usted dignare en la sociedad, ni á bordo, ni en tierra, mngui:i hom- mente representa, la póliza número 325,04-0, que por va•
bre. El pensamiento no ha brotado por generación cx- lor de $15,000 tomó el Sr. D. l\Ianuel Rodríguez Ayon en
pontánea, cual Furgen mu lti_tud de capric.h?S femen i- favor de su eeposa la Sra. Dona Domitila Martinez de
11os, sino que, como suele dE&gt;c1rse, se ha admitido y plan- Rodriguez, y cuyo valor de $15,000, juntamente con los
teado después de maduro examen.
dividendos respectivos, por valor de $2,690, me ha sido
H:lce ya alguno~ aflos que · las faldas han conseguido pagado íntegr&lt;imente por la casa banquera de esa Com•
diversOl! premios en l1s regatas inglesas, y al lograrlo se panía en esta ciudad, en mi carácter de tutor de la niffa
han hecho muy populared algunas arist~ráticas d~mas, Elodia Rodríguez y Martinez, albacea de la te.~tamentacomo mi~tre.qs Schenlt-y, H•Jgnes. Ohphant, Bntten, ría del Sr. D. Mauuel Rodri~uez ..\.y(m y del intestado de
Bud~ton Rt&gt;ad, y como las mies Hammersley y Cox. No la Sra. Dofla Domitila Mart1nez de Rodríguez, no vacilo
han aspirado sólo á divertirse, á luchar y vencer reman- en hacer esta manifestación para que usted baga el U80
do, sino que ex1sten ya en Inglaterra capitanas de bar~o, que le parezca conveniente, á fin d~ que se conozca u~a
sin capitán por aup11esto, que después de largos estudios vez máe la buena fe con que esa Compaflía sabe cumplir
y rudas pruebas en pleno mar y en tormentosos mar~, sus pactos y compromisos.
han conseguido obtener su tftulo de Board of trade ur!iNo debo concluir ésta sin dejar consignado en ella mi
ficat, for prnfirimry 11aii9ation, como ocurre con lady Cl11f- a~rado, para satisfacción de esa Compaf!!a, por la actitord de Chudteigh, capitana de su ya1te de 350 tc:,nela~as, vidad y eficacia de su agente el Sr. D. Carlos Valle, en
con el cual ha recorrido los mares de Europa, d1spomén- el arreglo de los requisitos ne&lt;:el:!arios para el pago de la
dosl' ahora á recorrer los de Oriente. Otras dos seflori- mencionada póliza.
•
tas obtendrán muy tiront.o análogos diploma~.
De UBted con toda consideración afectísimo· y muy
Con ecitos antecedentes, y con el espiritu firme de las atento seguro servidor.-P1:oao EsclRZAGA,

2

AGOSTO,

1896.

l&lt;~L l\lUNI&gt;O.

•Costumbres curiosas

ese dt&gt;slmubrnnte espectáculo, hubiéraee cn•ido contemplar las extenea! theorías de
jó\·ene~ griegas, cuyo dulce
. recuerdo no" han cc-nservado
los bajos relieves antiguo¡¡ y
estatuas de Tanagra.
Cuando Ft!bo fué llevado
-hacía el citllo sin dudaen mrdio de • torrentes de
fuego," los cantos hímnicos
de sus adeptos, 1as fanfarrias de trompas, resonaron
alegres y jubilo~as. Esta fué
la seflal para los fuegos de
artificio. Lo" cohetei sucedieron ú los cohetee, las bom.
has est~llaron: el templo, el
lago, los praáos, fueron literalmeute iuundados de una
liuda de luz ante la cual
los cisnes se as118taron. El
rnmo final de luces resplandeció J)or fin, (, hi?.o «palidecer as e trellas.» Terminó esta reunión tan admirablemente organizada, orde·
nada con gueto tal, tras el últi1110 fulgor de los fuegos, y
todo~ retiráron8e recordando
aquellas fie~tas suntnosas de
qne fnó te~tigo el gran sii?lo
europeo, el siglo deLuisXI \'.

EN EL EXTRU/JERO.

J,i Re&lt;/11 de la• A&lt;'rtria,. datla

rn d Bo,q,v de /JQ[qn[a J)l)r
el Omdc II la Cundau
d.e Ca•l&lt;llanr.

En uno de nnestroP pa~a•
dos números, iniciamos con
~¡ títn lo general de l"'o~tumlnaci,rw~rudcl utranjero, una
sección, que por su amenidad,
l!upusi1110;, que agradaría mucho á nne~tros lectores. Propu8ímonoP eneota nnevnsección, ofrecer una fisonomía
fiel del cosmopolita mundo
moderno, con toda su pompa, su&amp; deslumbradora~ grandezas y sus dh·er,os ai&lt;pecto~,
proporcionadoR á las diver•
:;a¡, CO!'tumbreP.
Hoy publicamos el s&lt;&gt;gnntlo artículo de esn sección,
dando á nuestro, lectores la
descripción ilnstrada dt&gt; un:\
espléndida fiesta, que inspira
en la actualidad centt&gt;nnres
de artícu loe á lo~ revisteros
europeos: la Fit8111 de l&lt;r:1, le,,.
rías ofrecida en el Bo,q•1e de
Bolonin, de París, po~ nn no•
ble y an _e,posn, no por u111\
corporación corno Pe pnede
creer viHta sn magnificencia.
EsquPen ti e.i.:trnnjerobn v pn
ra esos alardes nabab~, ·que
en nuestroi\Iéxicocr&lt;'erfamos
:.'\Iontecristos no\·eleacos.
Refiriéndo~e á e~a lie,111
dice un cronista: •T~ co~de:
Aa de CuRtellane ha hecho
qne bendigan su nombre todos loa pobres de ParfR ( :i be·
neficio de ello~ se dió). El
espectácnlo, el m:ís delicioso
y artístico de les espectáculOF, fu(, oni. visión de Jap maravillas del tiempo de Luis

-••lo,tm--

La Escuadra Francesa
G-AT,A:-0.T.E:UIA~

1:-&lt;TERNACI0li'ALES.

XI\'.

Escogioae para escenario
del deslmnbrador diYeriimiento, ofrecido por lo.~ opulen i.oa conde-'! ya d1choP, á sus
amigoR, un islote del Bosque
d.e Bolonia, de eae legendario ~que, donde se dan de
diario cita tantas grandezas
europelll!, y que loe am, r·canos conocemos á travC-s del
le!lte. fantát&lt;tico de las descr1pc10neP no\'I ln;cas . Un
gu8to perfecto, un ,.¡,¡,. neta·
1'!ente franc(~ había presidido á !a organizacjón de Ja
fiesta, y ~ta debía resultar
como resultó deslumbradora.
Desde luego. el escenario
~taba admirablemente escogido.
H~y en t;l Bosque un lindo rinconcito, m1~ lindo aún
que el parajeunivert?almente
co~ocido con e l nombre de
«Tiro de Palomas,• que se
transforma en invierno en
Oirctilo dt Patinr1dort~ y que
se llama en estío I::l '0írr-11lo
de ln., Arada~. E.,ta transformación forma un encantador
~ntraste. ~n Enero y Febrero, el lago que Jame ahí los
Cí"spedes laCJ~s, ~ruécase en una superficie nítida, pulí•
me'!tada,. luciente, por donde se deslizan airo•aR y fan.
histic,e cien beldades parisienses, ruma, alemanas, ent~¡,gadas c~&gt;n afán a! placer del patín. En eetfo la decorac!~n cambia por completo: el lago hincha con vol11pt110s1 ad @ns mansas aguas, brillan los céspedes con el rocío
d~ la mafiana, y todo canta en derredor la canción de la
vida. !&gt;, estos recursos de la naturaleza los organizadores umeron loB del arte y la fiesta, en una harmoníacom•
pleta de arte y naturaleza, desarrnlió su hermoeo pro•
grama.
Lo,i invitados, después de haber atrave~ado una larga
galer ía-vestíbulos, doude numerosos ugiere11, de librea
blanca Y oro formabau valla descu!:iriendo sus cabezas
empo:vadaa, llegaban á un e~lón lleno de flore~. Ahf, el
c~&gt;n.de Y la condlll!a de Castellane estaban de pie para re•
c1b1rles.
'
{!no de nuestros grabados nos proporciona la vista ex1enor de eee salón, alumbrado por arañas de luz eléctri•
ca, t:mbalsamado por las roRas, tapizado de .Peda blanca,
F.~lp1cado de oro. Había por donde quiera flores, cuyos
V!V08 C&lt;;&gt;lores reflejaban los múltiple;, crista le~ de grandes
d1mens1ones.
Del Falón, á donde más tarde volvían ya, para bailar,
;va l)ara comer en un bo11ffet suntuosamente servido, 101!
lll\'ltados plll!aban á los prados.
•
un t&gt;Fpectáculo deslumb~or seofrecíaásnri fioe.
E 1Ahf,
peqneño lago extendía á sus pies sus aguas dorm:das
tiobre les cunli&gt;s bogaba una larga galera: el TJucemauro;
lle\·ando una orqut-,tu que, alternando con otra música
ocnlta en.tre lo~ árboles, paseaba sus dulces melodíaB.
Doce cisne~. elt-gantes y fieros. df'81idbanEe sobre las
aguas, en medio de los delfine::1 i&gt;illlnlaJos aquí y ahí.

69

LA l'l&amp;~TA DE ••LAS ACACIAS.,,

El lago y el templo antiguo.

Hacia la derecha levantábanse unas rni nas. ¿Ruinas? dir.in ustedes. Sí, ruinas: una c11Ra coustruida á medias
que ofuscaba todas las miradas. Fueron llamados los
decoradores, y c"n sus telas y sus pinceles, transformaron aquella construcción desagradable en una aparición
fantá,.tica.
En el otro borde del lago se elevaba un templo anti•
guo. Daban acceso á él dos e8caleras altas y largas (uno
de nuestros grabados lo representa.)
·
Low coros de la ópera colocados &lt;letras de las columnatas del templo. cantaban trozos de Haendel, de Rameau,
de Gluck, de Bach, y el cuerpo de baile del mismo teatro, á ~u isa dedi vertimiento, representó «La apoteosis del
dios febo,, ( véase el grabado relativo) y al contemplar

f

LA P'I.ESTA DE

«LAS

ACACIA~.»

'1tJ talón de rcce¡:,clon.

La vi,iu\ de la escnaura
franceFn al puerto de la Cornfla, ha ~ido en estos últimos
días el gran acontecimiento
en E~pañ:i. E~peraba Ir. her•
moFa capital gallega á sus vi.
sitant('s, engalanadacon bandera~ e,paflolas y franceeas
enlazadas.
.\1 llegar la escuadra, á cu.
rn frente venia el acorazado
Ílorhr, al mando del almirante Rt&gt;gnault, fné saludada
con una salva dti :.n caiionuzos.
Muchos vaporcitos y boti&gt;s,
en los que iban comhio, ei
populares y algnnas autondades se dirigieron á los bnrcos franceseH, disparando por
el camino bomb;,s y cohe.
tH:1. Una de estas embarcaciones llevaba una ro tísica, la
que al llegar junto á la escuadra tocó la 1la1'8ellesa.
Los Yivas á Francia eran
muchos y ei;truendosos, respondiendo los marinos con
vivas á E~paña. )fuchfeimas
personas subieron á bordo,
siendo recibida~ por el almirante Rt&gt;gnault de Premesnil
y lo!! jefes y oficiales á sus
órdenes.
Por la noche la ciudad apareció iluminada, y la escua•
dra encendió tambien luces
eléctricas. El espectáculo era
bellísimo sobre toJa ponderación.
8i grmde fué el entusiasmo de los coru11eses,el primer
&lt;lía, mayor fué el segundo. A bordo del D11pw¡ de Um~
falleció un marinero, y su entierro fué ocasión' é:e nue\•aa
manifeHlaciones. Le presidió el Ayuntamiento, quien,
ademite, le dedicó una bonita corona. A la fúnebre ceremonia acudió una inmensa muchedumbre.
Mayor significación tuvo el banquete dado á bordo del
buque almirante. El Gobernador y el Alcalde brindaron
por Fraucia y por que se estrecharan las relaciones entre
eeta nación y Espana, hablando en términos harto expresivos. El almirante Regnault lo hizo tambien en forma muy sentida. Después hubo baile acudiendo más de
1,000 personas, entre ellas las más distinguidas señoras y
señoritas de la ciudad. Puede decirse, empleando un giro
corriente, que toda la Coruña visitó la escuadra.
Al zarpar la escuadra repitióse la manifestación de simpatfa. La bahía eFtaba cuajada de barquitos y vaporci1108 engalanados con banderas. El Almirante dejó al Alcalde un pliego cerrado, rogándole no lo abriese hasta
volverá tierra. Así se hizo, y entonces se Yió que conte•
nía una afectuosísima despedida.
A la una de la tarde 8alió la escuadra para el Ferro),
rompiendo la marcha el acorazado lloche, poderoso buque de más de 10,000 toneladas, uno de los mejoreA de la
Armada francesa.
)lucho ha comentado la prensa espanola estas manifestaciones de mutun eimpatía, no faltando periú&lt;.lico que
haya visto en ellas i&gt;J deseo de una alianza entre J&lt;Jt; gobiernos de los doe pueblos.
De todos modos la visita de la escuadra francesa al
puer~ de la Corulla ha. l!f.rvido para estimnlHr 1~ ~entimientos de cordialidad por parte de dos nacimws que
anta!lo se miraban con alguna prevención que iieude en
la actualidad á deenpa1ecer.

�70

2

EL MUNDO.

¿DE DONDE VIENE
. EL COLERA.'l

Ya han llegado á su destino las grandes peregrinaci9nes que los árabes acostumbran hacer todos los años,
para cu¡nplir uno de los preceptos que más recomienda
Mahoma y q.ue es quizús el
que mayor mfluencia ejerce
en el ánimo de los secuaces
del islamismo.'
Desde principios del mes
de Abril hast• el HdeJunio,
en que principió la Pa.,c11a di,
Al- kd&gt;ir, conocida vulgarmE&gt;nte &lt;'Qn el nombre de Posc11a del rar11uo, las cara\'a·
nas de mahometanos qne se
organizan para ir á la Meca
son innumerables.
De llarruecos, del centro
de Africa, de la India, de la
China, y más especialmente
del Cairo y de Damasco, de
todas partes acuden mahometanos á ver el antiguo templo de la Kaaba. Hay ai\os
que la peregrinación llega á
:!00,000 almas.
El viaje que hacen los peregrinos para cumplir eete
p1ecepto religioso es larguísimo, lleno de penalid,1 lea) y
fatigas, expuesto á todo género de contratiempos y cau •
sa para muchos de su muerte
LA FIE;;TA DE «LAS ACACIAS.ll
por,:p1e á las fatigas de un
viaje penosísimo se unen la
Apoteosis de Febo.
peste, el cóléra y otra porimpresiones religiosas y políticas; las iniciativas que más
ción de enfermedades contagiosas que se desarrollan encLtadran y son m,ls con,·enientes para el desenvolvimientre los peregrinos.
to de su religión son acogidas con entusiasmo indescripA pesar de todo ello, el número de éstos aumenta cada
tible entre-los musulmanes.
añn, y más aún la fe religi0sa con que verifican la pereCuando la peregrinación termina; cada uno lleva al
grinación.
S nto y bueno para ellos, que los que profesan la reli- •punto de su partida la Eemilla de las nuevas ideas y de
los nuevos planes desarrollados en el interior de la
gión del Alcorán se dediquen con fo y entusiasmo á esKaaba.
tas v otras P.rácticas de en culto: lo que no se puede mirar con indiferencia, es las consecuencias que esas peregriPero en el orden físico son más inmediatos y más tangibles los malE'S que produce la peregrinación á la Meca.
na.:iones producen.
"Cnas son de orden político; otras afectan á la salud de•
El cólera E&gt;S un azote constante que tenemos todos los
aflos como consecuencia de ella; y á pesar de las innutodas las naciones.
•
Según el Alcorán, todos los que profesan la religión de
merables víctimas que ocasiona, y no obstante los queMahoma son hermal)OB, y la peregrinac:ón á la ~leca es
brantos que al comercio de las naciones atacadas produuna esp~ie de recuerdo entre ellos de que eea confraterce, pasa uno y otro año, y se olvida ese mal hasta que al
nidad existe y es indestructible. Cuando los peregrinos
siguiente vuelve á sorprender su repentina aparición.
se reunen en el interior de su fllrooso templo, donde no
i::Jon ya innumerabhs los casos de cólera ocurridos en
puede entrar ningún cristiano, se comunican entre sí sus
di,ferentes puntos del mar Rojo, en el Egipto, en ?.!arrue-

AGOSTO,

1896.

cos y en algunos puertos de
Europa, hasta el punto de
que la cuestión sanitaria ee
hoy una de las de preferenie
atención para muchas naciones, y ha dado origen á algunas medidas preventivas. ·
De Calcuta es de donde viene principalmente ese azote porque allí el cólera es permanente, debido á la coatum breque tienen los natu-.
rales de la India inglesa de
exponer sus enfermos én lae
orH!as del Ganges, río ~
ellos sagrado, con objeto de
que obtengan su complet.ac~
ración. Con esto ocurre IQ
que es natural: llega la hora.
de la marea, y el agua, al
t:ubir, recoge á todos loa enfermos que están deposita•
do~ en las orillas, los arraetra
con su corriente, y va dejando cadáveres en todos sus ia. lotes. Los cadáveres flotan•
tes se descomponen, las ave1
de rapiña se ceban en elloe¡
y de esta bárbara costum
bre, á que los individuos qu
la practican llaman la verdadera religión, nace la peate, el cóler:. y toda clase
enfermedades contagiosa&amp;
que los mahometanos que van
á la ~1eca esparcen por todo
el mundo.
"Algunas vecef han inten~
do los ingleses hacer &lt;lesa
recer tan bárbaracostumb
pero las dificultades de
den interior que esto les originaba han sido causa de q
desistan de su idea.
Los ingleses llevan á sus colonias un espíritu eminen•
temente mercantil, y sin duda anteponen el logro de ao,
aspiraciones comerciales á las ideas de civilización qa&amp;
ninguna nación culta debe abandonar.
Si las naciones de En ropa no se ponen de C'lmún acu~
do para evitar la propagación de estos males, el cóle
será y continuará siendo un azote que tendrá la Euro
pendiente .,obre su cabeza, y de Europa la terrible
fenmdad podría pasar muy fácilmente á América. E
realidad, las peregrinaciones de los árabes son un co
tante amago á la salubridad del mundo entero.

2 AGO~TO, 1896.
EL MUNDO.
71
======================================,,;,,=;;,,,,;,,=============================
BISMARCK Y LI-HUNG-CHANG.
~rno r~feriamos en la semana anterior, el célebre estadista ch1n11 v11 actualmente de corte en corte vieitandv
la \·it"ja eurupa, y aprovechándose al parecer de lai, eneeJ1~11z..~ que ¡., proporcionan su observación prudente y su
larga ¡.,nícti~a en los a,¡untos de su país.
lloy ~ubhcamos un grabado que representa al príncipe de Bismarck, al creador de la unidad germánica y al
poderos? vim::y del Petchilf, campE.-ón esforzado de la
mo&lt;lermznción del celeste imoerio. Figura nuestro grabado el i:nomento, ~n q_ue los :!os altos próceres, se halla11 reumdos en Fr1edr1cheruhe, durante la visita que el
encnmbrado chiuo hizo al célebre Canciller alemán.
l'otr más que be quiera, es imposible dejar de hacer un
paralelo entre esos dos hombres públicos de tanta notoriedad, que por modo diverso y por tan apartados caminúe han influido tan ericazmente en la marcha de sus
respectivos países. Al verlos unidos en íntima entrevista acaden al pensamiento los recuerdos de la vida de
Bi~marck, larga y laboriosa, pero consagrada por entero
á la realización de un hermoso ideal: la formación de una
patria alemana, fuerte y vigorosa bajo la ealv~uardia de
los Hohenzollern, herederO!! de las glorias legendarias de
Federico Barbarroja. Y no se crea que el caudillo occi_de11tal eale maltrecho en la comparación.
Li Hung-Chang, como Bismarck ha dedicado también
toda su vida al servicio de una causa; dar estabilidad y
fuerza al poder central del caduco imperio chino, v sin
reparar en los medios, ha marchado constantemente á
su objeto. Como al Canciller de Hierro no le preocupan
los gemidos de Polonia e;;claviznda, ni las protestas de
Dinamarca despojada, ni !ns huodllaciones de Austria
privada de su hl-gemonía, ni loe rencores de Francia vencida, así al Yirrey del Petchilf no le escuecen ni turban
la tranquilidad de sus sueño~, las sombras de millar.,s de
infelices prisioneros, infamemente degollados en SonTcheon, á pesar de Jas enérgicas protestas del General
tiordon, revresentaate de la alianza brit,inica que les había prometido dejar su vida á salvo.
Tampoco hac.-n mella en su corazón templado en las
f!\11grientas luchas, los alaridos;de•garradores de loe muEulmanes ,·encidos, en Occidente y como los famiticoe
1\ieu-Fei, destrozados al filo de la espada en el Norte.
En estas hecatombes, dignas de dejar mancha impeI"ecedera en la historia de· aquellos pueblos se trataba de
insurrecciones atrevidas, de rebeldías atolondradas con~ra el ~der comtituid&lt;? y contr_a I:i omnipotencia del HiJO clel Cielo; y er11 preciso reprumr!as con mano airada.
El _Emperador perdonó al sanguinario caudillo, y lo
preanó colmándolo de honores, y concediéndole su im1&gt;erial confianza. La Historia tendrá tal ,•ez que perdonarlo porque supo alcanzar éxito en sus hazaflas.
Extraf\o personaje el que pretendemos bosquejar á
:grandes raegos. ~acido de las capas eociales inferiores,
ha podido por el solo esfuerzo de su voluntad elevarse á
la tnvidiable y encumbrada posición del imperio chino.
Nada, lo ha retenido en eu carrera triunfal, y paso á
paso ha obtenido loe honores y distinciones con que lo
seflalan en su país.
. Con babi! y astuta mafia supo despistará los diplomáticos franceses presentándose como el ami~o cariñoso de
la República durante la guerra del Tonkm, y después
de aquella desastrosa campana, tan llena de gloria como
escasa de provecho para las armas francesas logró el há•
bil estadista que las cosas quedaran como ~taban antes
de rompel'lle las hoetilidadee, y que Mr. Ferry retirara
sus,exigencias de unacua~tioea indemnización de guerra.
hntonces fué "Cuando L1-Hung-Chang alcanzó er máximum de su prestigio en la corte de Pekin; y cuando disponiendo de la confianza del soberano se dedicó á la ár&lt;lua tarea de militarizar el imperio.
No tuvo tiempo de desarrollar todos sus planes· apenas logró fortificar y poner en estado de defensa P~erto.Arturo y Wey-H~-Wey, y comenzó la organización del
ejército.
Loe japoneses se habían adelantado á sus designios, y
-cuando eatalló la guerra de 1894, hallaron al irr.perio
-desarmado.

DRILLASTI! RECEPCIÓN DE LA COlfPASIA DE AR':ILLERIA DE BOSTON, E. l'. ES MARLBOROt:GH IIOT:!IE,
POR EL PRINCIPE DE GALES,

Taimado como pocos, el ast11to caudillo no agnardó la
derrota qne preveía, y más que por mentidos diegnstos
del Empt'rador, por propia voluntad se separó de la dirección de lo~ negocios, ll tiempo oportuno, para no
amenguar Sh colosal prestigio.
Este hombre extraño, símbolo de la grandeza china y
emblema de sns gro,3eros errores tiene dos aRoectO!l contrarios y paradójicos; como viejo tronc•&gt; hunde sne'rafces
en el suelo inm?vil y '!listerioeo ~e la chinesra a1itigüedad; pero tamb1en extiende ó quiere sus ramos ve,d~8 en
pleno modnnismo europeo.
Yiaja con su ;;taud y le gnsta tener en sus habitaciones aves de canto y tórtolas arrulladoras: este es el chino del pasado, el chino del país quimérico de los pagodos ventrndos, de loe lacos multicolores y de los ventu·
rinoe de oro.
Die&lt;:ute _con los sabios y los diplomáticos, asiste á las
experiencias de los hombree de ciencia, intriga á la Europa entera, que lo contempla absorta: ese es el chino del
porvenir, el chino que llevando á sn patria el Recreto de
la fuerza que encuentra en los iwperic-s occidentales
puede levantar innúmeras IE&gt;giones que rompan lasco:
rroídaR murallas que las gnardan.
Ya ~e ve, pue11. 9uE&gt; no es t3n disímbolo el paralelo en=
tre B1Rmarck y Li-Hung-Chang que se ven en nuestro
grabarlo.
La Cumpañía de Artillería de Boston.

LI-IIUXG-&lt;.:IIANG Y El, l'Z:INCIPE BU\l!ARCK.
FIIA:-.ca Y ESPASA.-LA COIIU~.\.-LA ESCU.\lllU Ffl.1"-CES • ríEL i-01:n; FONlJE.IDA EX l.A D,UIIA,

Por primera vez en la vida, Londres ha abierto ene
br&lt;1~0!l ¡,ara e,,tr..char en ellos A un •ejército invasor.• La
antigua y Honorable Compañí&gt;1 ne ·Artillerfa de Boeton
cruza t-1 At),í11tico y se halla ahora entre los inglese11, si~
l\al?er Cfü!Pado la más ligera perturbación en el Reino
t;mdo. Est.a compañía fué fundada ha..:e doscientos cincuenta ai'los,en tit•mpoe que se batallaba dura y continuamente.. No está c~mpuesta de soldados de simulacro, y si
la ocae16u ee ofreciese, pelearía como buena, siguiendo el

ejemplo de sus predecesores en la guerra civil de América. •
El proyecto de que esta compaflía visitase ,á Inglaterra, era ya ~nti11:uo: hac~ ~os ai'loe y m~io que- surgió, y
el fin prrnc,pal de los vmtantes es pred1caT en el Reino
Unido el estahlecimiento de un tratado de arbitraje pam
todos los asuntos qne puedan ofrecerse entre los pneblos
que hablan el inglés.
La recepción hecha á los brillantes soldados fué cordial y carií1o~a. La reina los recibió en Windsor y el
Príncipe de Gales les pasó revist'a en Mallborough:
Detenolón de lo~ trenes en la areno..

El accidente ocurrido en la estación férrea de Montparnaese, en París en el cual no ·saltó todo el tren á la
calle gracias á la resistencia ofrecida á las ruedas por el
suelo arenoso del anden, ha sugerido á un profesor de
Dresde la idea de dE&gt;tener con arena los trenes cuando
entran sin f1eno en las estaciones.
, El procedimiento se reduce á amortiguar la velocidad
de be trenes ó vagones sueltos, haciendo que pasen las
ruedas á una waEa de arena de 5 á 13 centímetros de espe~or.
El ~isterua se i:nsayó orimeramente en E&gt;l final de una
estación de térmrno y después en una e~Iacibn intnmedia, por medio de una aguja que em·ió el t,~u á toda velo;idad á una vía act'esoria enarenada.
Loe res_ultados f1~ero_n df~ibivos. No~e produjo parada
brusca, smo una ~1smrn'lc1ón gradual &lt;l1&gt; Ye!ocidad sin
que los.vagones hger011 tuviet,en t~11de1.ci11 á le\'anÍarse
entre los pesados.
La resistencia ofrecida por la arena aumenta con el espesor de la capa y sobre todo, con la rapidez de la marcha del tren.

�2

72

EL l\JUNDU.

AGOSTO,

1896.

2 A GOSTO, 1896.

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!CROQUIS MODERNOS.
TARDE GRIS.

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Llneve...... la sombra ext.iende su clámide enlutada,
La calle PStá cubierta por el nt&gt;¡zruzco cieno,
Y ahogRndo de la lluvia la fú nebre b'llada,
En lo lejano se oye el redoblar del trueno.
¡Oh, trif'te pensativa, oh, taciturna amada!
Deñme 1:u, morbideces de rosa de tu seno
El bienh...chor mara2mo, y vierta tu mirada
Sobre mi vida inquieta su hipnótico veneno.
Qniero, bPbiendo el hatchis de tus sombríos ojos,
El opio de tn nuca y el de tus labios rojos,
Mirando como albéa tu pálida hermoirnra,
Rodar hasta el ahi mo sin fondo del olvido,
Mien• ras la llnvh entona su canto adormecido
Sobre la masa negra de la ciudad obscura...... .
FRAYC!~CO iJ. DB: ÜLAGUIREI,.
Agosto de 90.
0

EL MUNDO.

73

�EL MUNDO.

74

'l.

Aaowr0, 1896.

2

Un episodio terrible.

...

1896.

EL MUNDO.

sentí COIJ!0 1-!n desgar~miento inte~ior y fu( presa de una gran piedad.
El anadió en segu!da co1:1 la m1Sma voz blanda y lejana: «A menoe que _detrás del
bloc ~ya......,, Repentmamente, con un movimiento brusco se levantó á medias como
galvamzado. Con un gesto ~re.ve me hizo sigilo de que gua;dase silencio, apagó la vela,
Y.en el horror n~ro de las t1meblas, espesadas al rededor de nosotros, inmóvile8, rete•
mendo nuestro aliento, con los músculos y los nervios distendidos como resortes escu-

I

CIA ocho dias que estábam~~=cuei~. 'Nos :iiojábamos en las casas de I: ,
ciudad; mi compañía estaba mstálJ.da en uoa i·illa, cerca del a~ueduct~.
La mayor parte de los arcos inferiores del acueduc~o habían sido c.ub1ertns
con morillos. En algunos que tenfan un. lado tapiado y el ot.ro cubierto ¡ -or
una palizada, ac~mpaban las fuerzas móvil,:s de Saone--et-L01re. Uno. de lo~
arcos había quedado libre para el paso de /as t!opas y de \os ton.eles lleno[ de -¡&gt;1edr11s;
Jas faginas estaban colocadas á derecha é 1zqmerda para 1mp.edir el a~ceso en ca~o de
alerta. Afuera, para defender las aproxima?iones, había atrmcheram1entos de t1eria
v estacadas. Los·móviles estaban de g11ard1a.
.
·
·
Yo estaba con Lasalle, de mi Mmpañía, un ~ravo y sólido muchacho. Era de Ar•
cueil y debíamos ju!ltos ir ÍI hacer un recon.ocim1ento en unas grandes canteras aba_n·
donadas que se extienden en un largo radio en los alrededores, y tratar de recoger ,,1.
gunos bongos.
En aquel tiempo de penuria, un plato de hongos conve!tfase en un regalo ?e r_ey •
Uno de nuestros camaradas se había procui:ado, gracias á. no se que sort1Ieg1"~,
un cuarto de libra de manteca para los ochenta v1~ntres hambn~n~os de que se. con,·
po11ía la compat'íía. Poco era, pero no por eso 1eJa~a de coust1tu1r ~n C?rol~no tnn
apetitoso como raro de los sabrosos honges entrevistos en nuestra 1magmac1ón Y Je
los cuales esperábadios hacer una ámplia cosecha.
. .
Por la mañana habíamos roído un pedazo de femur de ca~allo v1eJo, del cual pendían trozos de carne quemados ó casi crudos. Habíase le añadido ~n poco de ar1 oz agna•
do con sal y con este sumario almuerzo rociado de, un vaso &lt;!e v11;10, u~a taza de raíé
Jiaero y una gota de aguardiente tu~rce tripas, hab1amos part1~0 sm decir una palabra
d; nuestra expedición, Lasalle y yo, en busca del deseado plat1llo.
Eran como las tres de la tarde. Las canteras ee abrían .á alg~nos centenares a~
metros del ecueducto, en un npliegueque empezaba á corta distancia de las avanzada,;
prusianas.
.
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• d áI d
Se corría el rie~go de atrapar algunas balas del enemigo yen. o demasia o a ••~·
cubierta, pero Lasalle, hijo del país, con.ocía á fondo \a topog.ra.f1a de los luga~e~ y sabia
la existencia de una entrada donde podiamos llegar, map1-rc1b1dos del enemigo.
.
Hacía un frío de todos los diablos. La nieve endurecida, rojiza y mezclada de t1e·
rra era de un blanco sucio, matizado aquí y allá por el relieve sombrío de un surco,
rot~ por alguna valla de espinas ó por un arbol aislado.
. .
•
En algunos siti.os brillaba el relámpa_go de un aguazal, de un ll;ihllC! ae agua, b~l_11dos. Del cielo páhdo caían fulgores déb1leP, alu,mbrando con refleJOS tiernos el ~errt&gt;·
no, apezonado y at6rmentado, los caminos hendidos por las profundas huellas de¡adas
por las ruedas de los cañom,s.
•
El frío era intenso; el aire helado, inmóvil, tangible po-r decirlo así, parecía co1no
paralizado. Cortaba materialmente la. faz, lacerab~ las manos, .penetraba los hue8o~,
con una agudeza tal que se creía expemnentar la picante se1;1sac1ón de.una 9-uemadu, H.
Reinaba por doquiera una gran calma y á veces en med10 de ese silencio que ob, ..sionaba algun arbol matado por el frio, se hendía de lo alto á lo bajo, con el ruido seco de u~ fuetazo; de~prendfnse una parte y volví~ .á reinar aquel silencio de muerte.
De cuando en cuando un cañonazo agudo, hiriente, lanzaba su nota breve y rnet,í•
Jica, golpeaba el aire y se extinguía súbitamente, como estrangulado por el rigor de la
atmbsfera.
A intervalos regulares, en la distancia, una detonación sorda, potente, prolongada,
parecida á la queja for~ida ble y 1.ejana de una bestia monstru.o5a, .estallaba repH ·
cutiendo al rodar en el aue con sonidos sofocados y de nuevo el s1lenc10 pesaba en la
calma glacial.
Eran las baterías prusianas que tiraban sobre París, la explosión de las cóleraH
acumuladas de un pueblo, ayudadas por los Krupp, esos gigantes de ace:o y de :6erro,
aullando su feroz canto de guerra, lloviendo su tromba de fierro sobre la ilustre crndad.
Era el enemigo; el enemigo obstinado é implacable, encarnizado en su obra de destruc·
ción y á cada minuto, con una precisión rigurosa, el temible huracán se abatía sobre
la ciudad,
Detrás de nosotros se perfilaba netamente la extensa línea rígida del acueducto
qne nos ocultaba al pueblo y á nuestra derecha, un poco hacia atl"ás, la temible silueta poco á poco, ante la in perturbable tianqu;lidad de las calles, es~a obs11~ión i rritant:edel fuerte de los Hautes-Bruyeres, entonces silencioso; frente á nosotros se distinguían
desapareció. Ya no tuve como él más que una sola preocupación: la de descubr1rfacilmente los atrincheramientos prusianos, en las tierras frescamente removidas, deshongos.
ba
tacándose lo negro sobre la blancura lívida del suelo.
.
Veníamos de atravesar un estrecho corredor qué, me decía Lasalle, desemboca .
Habiamos encendido nuestras pipas, sin decirnos nada; con las facciones consumi- en una encrucijada la rga y espaciosa, la cual debía llevarnos á nuestro punto d~ partidas la faz barrosa, las carnes tajadas por el hielo, encorvando las espaldas, seguíamos da. Habíamos encontrado grandes dificultades para seguir.lo. Un derrumbe reciente la
la parte baja de una rampa qne nos sustraía á la ~ista y á los tiros del enemigo. Algu- había vuelto casi impracticable; los bloques, ape1;as detemdos. ~n el techo, pendía~ de
nos.miautos de~pués alcanzamos la correntera y nos detuvimos ante una abertura muy una manera tan agresiva, que avanzando se tema la perce~c1C!n netamente defimda,
elevada, bajo la cual desaparecimos. Estábamos en las canteras.
insoportablemente enervante de que una nada, un extremec1m 1ento del suelo, un eco
Yo enfilé el pasadizo siguiendo á Lasalle, que había encendido una vela. Ese de 1a· voz la más lig1,ra conmoción, bastarían para provocar su caída.
.
pasadizo de dimensiones y de formas muy irregulares, se alargaba, con torcimientos
Ento'nces vendría la muerte, la muerte inevitable, brutal, del ?uey que cae baJo el
bruscos describiendo emboscadas ingeniosamente compliéadas, ó redondeandose en peso de la masa, si esta nos tocaba, y si no, la muerte lenta, hon1ble, en un se\&gt;ulcr&lt;&gt;
blanda~ curvas, atravesadas por otras vías que se entrecruzaban hasta el infinito.
piedra, presas de los horrores del b¡¡mbre y de la sed, la .larga y cruel agon.1a, en
Ya esos pasajes median dos metros de altura, ya se a;argaban hasta tres ó cuatro de
medio á.el espanto de las tinieblas, del hombre enterrado vivo, á menos de evJtar el
metros; después, de pronto se estrechaban, la bóveda se deprimía, las paredes se aprosuplicio alojándose en la cabeza una bala de revólver.
.
ximaban y se necei1itaba inclinarse para pasar, no pudiendo avanzarse de frente. .
Voh-er por ese camin.o hubiera sido una i~posibilidad casi absoluta.
En algunos parajes !os desprendimientos habían obstruido la vía y era preciso
Habíamos apenas sahdo de aquel paso pehgroso, cuando Lasalle, tan dueño regutenderse boca abajo y resbalará través de los escombros y franquear el estrecho paso
de sí mismo, se paró en firme clavand? sus p_ies en el suel~.
que comunicaba los dos trozos del ramal. Algunas veces se caía e1;1 una esI?aciosa ~n- larmente
Había una concentración de terror en sus 0Jos, taimadamente fiJOB trente de él, Y
crucijada de cerca de cuatro metros de altura, á donde convergían cmco ó seis arterias.
trastornada, una eetupefacción. dolorosa.
.
.,
La roca formaba el techo de esos pasajes; los bloques de piedra superpuestos Y en suYfisonomía
o seguí la dirección de su mirada y experimenté una violenta conmoc1on;. n&lt;? haapenas apareados, constituían las paredes laterales, sosteniendo e l esfuerzo de la bó· bía ya paso la bóveda se deprimía y los !:!loquea superpuestos se levantaban, h m1tan•
veda. y daban á. esas zanjas cubiertas una apariencia de regularidad.
De cada lado en los corrillos más largos, corrían paralelamentt&gt; á los muros bancos do complet~mente el camino que debía llevarnos á otra salida de las canteras.
El se aproximó y examinó el .obstáculo. La bó.veda al derrumbarse se hab ía roto·
de arena, mezclados de tierra y mantenidos por piedres enfiladas. Ah( crecían hon- en mil
pedazos, que amasándose 1rregularmente ap!lábanse al aza;, mostrando b ruscas
gos que cortábamos y deslizábamos en nuestras bolsas. Hacía un calor dulce que nos salientes
y curvas profundas. Uno de esos bloques, el de más aba¡o, no tocaba d .sueloenvolvía y después del frío de afuera tlXperimentábamos una indecible alegría en de- sino por un lado; el otro, semilevantado, permanecía apoyado sobre algunas p1ed~sjarnos penet1·ar por ese aire tibio, acariciador y delicado como un plumon. Nuestras que lo mantenían en un equilibrio tan incierto, tan amenazador, que un ligero m0!1•
articulaciones rígidas se ablandaban, nuestros miembros ya flexibles, adquirían de miento una sola piedra desprendida del montón, habría bastado para que el andam1a•
nuevo su elasticidad.
Poco á poco, á ese bienestar sucedió una especie de debilitamiento irresistible. je impr~visado se desunii,se, arrastrando en su caida al bloc, privado 11s.í de todo soNos sentíamos presas de un deseo inmoderado de dejarnos caer sobre aquella arena porte. Tal cual estaba, dejaba en su inclinación una estrecha abertur~ t ria.ngular, ~ufi•
fina, de extendernos cuan largos éramos y de dormir indefinidamentú. Fué preciso lu- cientemente ancha apenas para que un hombre, arrastrándoee, pud1e~e 11nroduc1.rse.
char contra este entorpecimiento repentino que 110s invadía, originado por el aire ape- Pero ¿á dónde conducía? El hundimiento había debido producirFe en cierta extensión ,.
nas renovado por los pozos que en ciertos parajes partían de una de las galerías para y pc,día con razón suponerse que otros montones de rocas continuaban más allá. En
irá abrirse afuera, al nivel del suelo. En el orificio las antiguas truchas fuera de uso suma las probabilidades de pasar eran tao aleatorias, tan llenas de imprevisiones, que
se pudrían en su sitio. De lo alto á lo bajo de los pozos, varios mástiles provistos de se podía considerar como virtualmente im?osible escapará través de aquella muralla
'
escalones, atravesaban toda su extensión, apoyados contra las paredes y parecían á ~p~~
Lasalle se había inclinado y permanecía en cuclillas frente á la abertura, con una.
primera vista ofrecer una posibilidad de obtener la salida; vero la mayor parte de esos
postes estaban en un estado tal de vejez, con los escalones tan carcomidos, que cuando vela en la mano. Hizo un movimiento como para penetrar; pero se detuvo y permaneno se rompían al tocarlos constituían para al que intentase escalarlos la grave amena- ció en la misma posición; únicamente inclinó la cabeza sobre et pecho.
Cuando me aproximé á él, vi que todo su cuerpo temblaba y me dijo con voz sorda.
za de romperle el cuello. Por lo demás, muchas de esas escalas primitivas no llega]?an
de un timbre extraño, como si hablase :para sí mismo: «Ha habido un derrumbe, la
sino á algunos metros de la boca de los pozos.
ruta está tapada.,,
Nosotros nos habíamos quitado nuestros capotes y los habiamos depositado en
Su voz en aquel momento tenía una entonación particular; era débil, amortiguada, .
una oquedad parll tomarlos á la vuelta. De tal manera era sofocante el calor.
Yo había tenido al principio cierta aprensión al avanzar por esos fúnebres corri- pero enunciada con claridad, aunque articulada con trabajo y parecía venir de muy .le•
llos. Lasalle por su parte no mostraba la menor vacilación, parecía muy á gusto en jos. Expresaba una angustia tal, un desaliento tan completo, que yo temblé sacudido
.
.
al fondo de aquel laberinto y se aventuraba con sorprendente aplomo por los zig-zags por un gran extremecimiento.
-¡Obstruida! repitió Lasalle maquinalmente. Y hubo en estas tres sílabas una ID·
de aquellas innumerables callejuelas. No teniendo como él el hábito de permanecer en
tensidad de sufrimiento tan vibrante, q_ue Xº permanecí in~óvil, incapaz de pronun•·
los eubterraneos, yo experimentaba la influencia del medio.
Sufría esa ansiedad opresora de lo desconocido, esa sensación de malestar, vaga, ciar una palabra, de hacer un gesto, a01q111lado. Frente á la mmensa desesperació n .deé
esa inqniet-nd ind&lt;•finible, pero punzante que hostiga constantemente, estado de alma aquel hombre, cuya audacia fría conocía yo, cuya bravura había comprobado, olv1d
particular qne es singularmente penoso, especie de postración dolorosa de nuestra vo- un instante nuestra po~ición desesperada. Aquel desfallecimiento inexplicable e!1 un
luntad ante un peligro inasible, invisible, pero que sin embarge, se adivina. Después: ser de aima tan bit&gt;n templada, me conmovió en todas las fibras de mi individualidad ;.

AGOSTO,

~~

'

En aquel momento un rumor apartado, confuso, apenas perceptible, llegaba á nosotros. ~pués faé un murmullo d~ voces, un pataleo de hombres en marcha. El grupo
s~ aproximaba, acentuábase el ruido, los sonidos se düundian, el suelo, hollado, martillado por una ~nda numerosa, temblaba, y piedras pequeilas se desprendían de los
rouros y caían á tierra. •
1
. Arrodillado~,. con los revól vera en la mano, esperábamos ahogados por una angus•
tia muda. Pr?du¡ose entonces, detrás de nosotros, un ruido sordo, prolongado, seguido
de una sacudida que quebrantó fuertemente el suelo y algunas piedras rodaron hasta
nosotros. Un ~udor f~ío perturba nuestras frentes.
. -Ahora s1 está bien.cortada nuestra retirada, estamos tapiados, dijo Lasalle en voz
baJa; detrás de nosotros. ,a galería se ha hundido y ielante tenemos á los prusianos.
Esta vez su entonación era firme, formulada con mucha precisión. Continuó:-Hay
un ramal 4!1e se ab!e á nuestra derecha, pero está ob!itruído en sus tres cuartas partes,
Y. además, ignoro s1 desei:nboca en un pozo ó se comunica con otros corredores más pract1c~bles. Puede ser tam~1~n que los prusianos, asustados por el hundimiento, no osen
arriesgarse á pasar, adm1t1endo que el camino esté libre detrás de ese agujero y ruelvan sobre sus pasos, esto no tardaremos en saberlo.
El murmullo que acabábamos de oír recomenzaba· ahora era un bullimiento ind~scriptible; rozamiento de cuerpos á lo largo de las pa~edes, los, crujimientos de las
piedras desplazadas, el tintineo de las armas golpeando los muros, apartando los es•
com1;&gt;ros. De cuando en ct1ando, un juramento, enérgic1mente formulado, estallaba
dominando el tumulto. Se daba alguno orden la banda pasaba. Ya una luz vacilante
cercaba de una aureóla pálida los bordes del agujero.
-La ruta estaba
libre, murmuróLasalle.
.,..,.¡
Se oía el ruido de
las respiraciones fa.
tigosas. Acres emana ci o n e s se desprendían de aquellos hombres sudt&gt;rosos;un relente in·
sípido se escapaba
de sus trajes im·
pregnados de toda
clase de ol9res de

guerra, de tabaco, de cuadra, y se

..

tiltraban á través del estrecho orificio hasta nosotros.
. A cada instante el agujero flameaba con una luz más viva. De
pronto surgió una mano teniendo
una candela, á e11ta siguió un brazo, y por fin una cabeza coronada
por un casco, apareció: La llama
n-&gt;s.alumbraba por completo á Lasalle y á iní, y los cobres del casco cintilaban. Una gran sombra,
violenta, muy alargada, trazaba so•
bre la bóveda una larga banda ne·
gra, móvil, contorneada de una macera· peregrina.
,,El hombre nos apercibió. Jamás
olvidaré la expresión de estupefacción, de espantoso horror que súbitamente defcompuso sus facciones.
La boca torcida en un horribleictus
sobre su faz que se había puesto pálida, con una palidez terrosa, los ojos
abiertos y fijos, las pupilas desmesuradamente rl.ilatadas, oprimiendo la candela que tenía entre sus cledos crispados, per•
manecía ahí como petrificado ante nuestros dos revólvers que le apuntaban.
Permaneció a.si un largo minuto. Después, un grito salvaje, un aullido de fiera,
un ladrido, surgió de su garganta, grito de terror, de impotencia, de rabia, de una in-tensidad sobrehumana, que nos hizo extremecernos basta la médula de los huesos. Inmediatamerte después, ensayó un brusco movimiento de retroceso, pero su codo movió violentamente y desplazó una de las piedras que servían de apoyo al bloc sobre el
-cual se encontraba, y la enorme masacalcárea osciló un segundo y cayó sobre él !entamen-te. Entonces las facciones del miserable se deformaron, un sufrimiento indecible contra•
jo su faz, oíase el crujirniento de sus huesos que se rompían y su cuerpo se recogió sobre
sl mi~mo. En un esfuerzo convulsivo, levantó la cabeza, sus labios hicieron una muéca sobre sus dientes atrozmente apretados, un brillo repentino iluminó sus pupilas que
luego tornaron á velarse, y una gruesa lágrima turbia se detuvo en el lagrimal de su
pupila izquierda, y su cabeza cayó inerte con el casco. Había muerto. Un hilo de sangre
salía de debajo de la roca, manchando de púrpura la blancura de las piedras, y surcaba
-con sus surcos bermejos el polvo de los escombros.
El brazo permanecía tendido, con una rigidez amenazadora y entre los dedos criapados la candela continuaba ardiendo. De cuando en cuando una gota de sebo rodaba
á. lo largo de las falanges y se fijaba mostrando sobre la mano su delgado relieve.
-Requiescat in pace! dijo Lasalle con una sonrisa extraña. Después de él.. ...... .
DOl!Otros.

75

Al grito terrible lanzado por el infeliz, prodújose un gran silencio entre los pru- ·
sianos; después, tras vanas tentativas por desprenderá su camarada, partieron, de· ' .•
jando dos soldados para custodiar al cadáver.
Nosotros oíamos á esos dos hablar en voz baja.
Lasalle, encendiendo de nuevo nuestra vela en la del muerto, me dijo: «muchacho,
no hay que vacilar, es preciso que nos metamos por donde vinimos, cueste lu que
cueste (y me mostraba el pasadizo que permanecía libre); es nuestra única probabi•
lidad de salud, nuestra sola puerta de escape...... si es que n!)s queda alguna. Pasaremos ó no pasaremos; ensayemos, sin embargo, pasar. Siempre habrá tiempo de hacer
una intentona de última hora." Y mostrándome su revólver, ai'iadió: «En todo casf)
podremos abreviar los tedios de nuestra soledad si se prolonga demasiado."
Dicho esto y tomando la delantera penetró en el peligroso canal. Con una perfecta sangre fría y una tranquilidad admirable, tanteaba el terreno, sondeaba las
aberturas, escrutaba el equilibrio de los bloques. Había readquirido su calma y tomaba de nuevo posesión de sí mismo. La encrucijada estaba muy obstruida y extremadamente elevada y pa1ecía ser una hendidura resultante del desprendimiento de las
rocas, más que una galería tallada por la mano del hombre. Su altura alcanzaba hasta
cinco ó seis metros y frecuentemente menos. Pero los amontonamientos de escombros subían algunas veces hasta la cima y era preciso escalar penosamente esos taludes
movibles, salvar sus crestas y descender con todo género de minuciosas precauciones,
la pendiente opuesta. Frecuentemente la bóveda descendía hasta el suelo, de tal suerte,
que se veía uno obli~ado á deslizarse entre los escombros, temiendo perpetuamente el
desprendimient,J de 10s bloques, que de un momento á otro podían aplastarnos. Un
movimiento un poco brusco de nuestras rodillas, un golpe de hombros ó de codos,
mal aventurado, un impulso imprudente...... podía desprender una piedra y queda·
riamos enterrados para siempre.
El aire rarificado era mefítico y pesado; la humedad penetrante y malsana.
Tuvimos que detenerno,i un momento, porque ya no podíamos más. Lasalle consultó su reloj: eran las nueve; á las siete habíamos entrado en aquel conducto infernal;
así, pues, hacía dos horas que errábamos en aquellas catacumbas, y nada nos indicaba
que estuviésemos cerca de una salida cualquiera. Para colmo de desgracia, nuestra vela estaba enteramente consumida; arrojó una llama azulada y se extinguió; un segundo
aún la mecha ardió con un fulgor rojo, apenas visible, carbonoso, y las tinieblas fueron completas, opacas, fétidas.
Entonces un inmenso desaliento se apoderó de mí, una gran lasitud de espíritu.
Experimenté una necesidad imperiosa, irresistible, de permanecer ahí donde estaba;
no tuve conciencia de nada, sino del deseo de un reposo inmediato, absoluto y que
siempre durase.
Lasalle me tomó rudamente del brazo, me levantó, y con voz dura me dijo: «Vamos! levántate! Marchemos.,, Y seguí pasivamente trastavillando detrás de él. Andaba.
automáticamente, sin saberlo, embrutecido.
Nos quedaban algunos cerillos, de loe cuales nos servíamos en los pasos difíciles.
Traíamos dos periódicos, los desgarramos é hicimos mechas con ellos; su flama duraba
algunos segundos, se deslizaba por las paredes lisas, desflorando los amontonamientos
de piedras amparados por las anfractuosidades; sombras fantásticas danzaban alrededor de nosotros, y la noche, la horrible noche, volvía con el tétrico silencio.
Se encendió el úhimo cerillo, el último pedazo de papel, y entonces, delirantes,
furiosos, nos internamos en In. sombra..... .
La alucinación comenzó; el pensamiento del prusiano yacente, aplastado por la
roca, hostigaba nuestro cerebro. Nos parecía sentir eu cadaver aplanado frente á nosotros tratando de impedirnos el paso con sus manos crispadas. Perseguidos por la atroz
visión, proseguíamos, siempre infatigables, feroces, huroneando en el espesor de las
tinieblas. Bajo nuestros pies, las piedras rodaban con estruendo v nos heríamos las cabezas en las aristas de las rocas; nuestras manos se ensangrentaban, desgarradas por
los filos agudos de las piedras. Desaparecíamos en agujeros talmente exiguos, que nuestros cuerpos podían apenas introducirse, y después de esfuerzos inusitados, llegábamos
al otro lado, empapados de suJ.or, sofocados, estenuados. Después tornaba el obstáculo maldito, la interminable iucha recomenzaba, é íbamos hacia adelante exasperados,
sin aliento, con una tenacidad de bruto impulsado por el ardiente deseo de vivir.
En un momento dado, la atmósfera fué menos densa, después casi fresca. Entró
en nosotros la esperanza y redoblamos nuestras fuerzas.
Nos llegaban bocanadas de aire, cargadas de olores acres de plantas; debíamos de
estar cerca de un pozo, de un agujero cualquiera que comunicase con el exterior.
Ante certidumbre tal, apoderóse de nosotros una alegría inconmensurable. Kos
lanzamos hacia adelante, locos, aullando como bestias que huyen de la muerte horrible; aspirando á plenos pulmones las fuertes emanaciones que llegaban de arriba. De
pronto apareció un hilo de luz ......... el alba de la libertad. Entonces empezó una carrera salvaje, desordenada; una sucesión de brincos extravagantes para llegar álaabertura tan ávidamente deseada.
Era un pozo, arriba se recortaba su círculo luminoso; el cielo ......... el aire ......... la
vida!
Durante algunos minutos permanecimos abatidos, jadeantes, sucumbiendo bajo el
exceso de la fatiga y de la dicha.
·
Habiaroos ad vertido la presencia de una escala. Lasalle había examinado el mástil; podía soportarnos; algunos escalones estaban aún en su sitio y además las paredes
del pozo estaban acribilladas de agujeros, vrovenientes de la caída de las piedras arrancadas de sus alveolos por las lluvias y las rntemperies y que yacían en el fondo. Gracias á esos agujeros se podía, ayudándose del mástil, álcanzM la altura.
La madera podrida era de una consistencia blanda, espon josa y como cubierta de
una sustancia vizcosa sobre la cual no podían afirmarse los codos y las rodillas. Para
no resbalar era preciso estrechar el mástil con un esfuerzo continuado y poderoso.
Bajo el peso de nuestro cuerpo, el poste enlamado se mecía con crujimientos de mal
au~urio; á cada momento teníamos miedo de verlo romperse y dt- ser precipitadod al
abismo.
·
Era aquel un laborioso trabajo; nos asíamos al palo con contorsiones de mono~,
nos afirmábamos á las viejas estacas fijadas al muro, en las cuales los dedos entraban
como en una pasta blanda, de tal suerte la podredumbre era cowpleta. Nos asíamos
de todo, de la menor arista, de la menor hierba, de la menor estaca. De cuando en
cuando, al in!!ujo de una @acudida un poco ,·iva, el mástil oscilaba gimiendo; cedía un
escalón bajo la mano ó bajo el pie y entonces se resbalaba uno alg,mos metros, y vuelta al trabajo para recon1uistar el camino perdido.
Por encima de nosotros se percibía siempre el círculo azul sembrado de estrellas y
la luna, muy blanca, muy pálida, brillando con un fulgor frío de acero pulido. El frío
debía ser intenso afuera.
Frecuentemente nos deteníamos, aniquilados y escuchábamos en la sombra. Sofocados, bañados en sudor, muertos de cansancio, nos oprimíamos las manos y nuestros
corazones latían con golpes redoblados; después, la lenta ascensión, la dolorosa jornada recomenzaba.
Uno de los tr2vesaños sobre el cual Lasalle reposaba, se rompi6 repentina y rui·
dosamente y mi compañero hubiera sido infalilrl.emente lanzado al vacío si con una
agilidad de clown no hubiese, en un decir JesúP, asido la esca.la á la cual se afianzó. El
mástil vibró, tembló en todas sus piezas y por fin adquirio su posición rectilínea. Algunas piedras arrancadas de las paredes por la conmoción, cayeron con estrépito. Por
prudencia nos detuvimos; Lasalle estrangulaba el mastil; yo tenía un pie sobre una
piedra saliente y el otro en un agujero; me sostenía con las manos de un pedazo de fierro lleno de orín, fijado al muro. Oon la cabeza levantada, permanecimos inmóviles.
Bruscamente una sombra cortó el círculo de luz y una forma humana apareció en
el orificio.
Era un bávaro: lo reconocimos en su morrión de crines; se le había puesto ahí de
centinela ......... Estabamos frente de las avanzadas prusianas. El ruido de la estaca rota y la caída de las piedras había llamado su atención, y trataba de dar!e cuenta de
aquella cosa insólita. Nosotros guardábamos una inmovilidad de estátua. Se inclinó
inquieto con los ojos muy abiertos, escudriñando las sombras, y con el dedo sobre• el
gatillo de su fusil. No vió, sin embargo, nada, no supuso nada; empujó con un pie una
piedra del tamai'io del brocal, que nos rozó al pasar; la oyó caer y se alejó.

�•
2

EL MUNDO.

76

AGOSTO,

1896,
2

No había más que un partido qua tomar: salir de allí 1o más rápidaménte posible,
saltar de improviso sobre el centinela, y evitando servirnos de nuestros rev61 vere para
no dar la alarma á la posta vecioa, extrangularlo; después correr á grandes zancadas.
Un último y silencioso esfuerzo no·s había llevado Casi al nivel ·del·hrocal;colooado.
al ras de la tierra, cuando una piedra de apoyo, sobre la cual me afirmaba, cedió y rodó
retemblando, L9.salle~ c.on un pie sbbre un .escalón, y el .otro.sobre unas salientea de la
pared, con la ro.a no izquierda apoyada en el mástil, mantenía en la ·derecha su · revólver, con el brazo extendido dispuesto á todo. Yo estaba más bajo que él, pegado al muro, afirIIlándome con los pies y con loa codos. Una emoción punzante nos contr~ía la
garganta. Nos quedamos inmóviles y silenciosos, seguros de que el centinela, una vez
1mesto e,n guarQia por el.primer ruido, iría á investigal' el pozo, menos sumariamente
que la vez prime¡a.
La espectat.iva no fué larga. Unos pasos firmes y rápidos resonaron pesadamente1
vibr6 el euelo y, la silueta sombría del soldado se mostr6. Inclinóse como antes, un poco más sin eIQb.arg-0, de manera que la cabeza y una parte de los hombros estaban frente al v~cío, y mir6. Esta vez desconfió 1 inquietóse y. permaneció inclinado, ansioso, es·
erutando 1a'opacidad de las tinieblas, sondeando la abertura negra con la punta de su
bayoneta. Sus ojos brillaban con un brillo extraordinario en la sombra que_pfoyectaba
sobre ell;Os la viséra de su casco; pesaba sobre él una opresión. Tenía la intuición de
que babia un peligro ahí cerca, en aquel agujero, acechándole, y breves extremecimientos nerviosos plegaban sus facciones duramente acentuadas.
Se ma;ntertí&amp; justamente por encima de nosotros y miraba al ·otro lado del pozo; después, lentamente bajó los ojos en dirección de sus pies. Advirtió entonces algo? Distinguió nuestras figuras en la sombra? Vió lucir el rev.ólver de Lasa lle? ........ .
Súbitamente su faz atezada tomó una expresión de ferocidad espantosa; el hombre
se afirmó .y Jleyóee el fuejl al hombro. Re.tembló una detonación; oí un grito terrible,
vi una forma humana agitar un momento los brazos en el vacío; después una masa
blanda pasó rápida ,como una Visión á nuestro lado y se estrelló allá abajo con un eco
sordo. Era el cadáver del bávaro. Lasalle le había descargado en pleno corazón su revólver.
_
.
De un s.alto estuvimos fuera del pozo. La luna estaba oculta detrás de una nube,

&lt;.

¡Oh vir.,en mía! Yo siento
Que en nuestras ansias palpita
La foz de un sol que gravita.
En el alto firmamento,
En donde tiene su asiento
El ídolo inmaterial
De ese amor espiritual,
Sobre el que tu alma y la mía
Baten su ala nocbP, y día
.En torno de un mismo ideal.

(Yen su mano dejé una moneda)
córre, que tal vez tu madre
Extenuada por hambre, te espe¡a.n
Suspirando, la triste mendiga,
&lt;,Ay .. .... ! en mí nadie piensa en la tierran ..... .
Murmuró, y en las piedras lodosas
Sollozando cayó ...... ¡Era huérfana!
n¿Qué te has hecho, Dios santo, Dios bueno?
Que esta pobre criatura no muera
En el fango&gt;&gt; exclamé, y conmovido,
Sentí frio en el alma y vergüenza
De ser casi dichoso en el mundo,
De tener una choza siquiera!

«1Córre,

MENDIGA,

•

EL MUNDO.

JORGE MONTBARO.

t De Stcchetti,)

Virgen mía: en ·la penumbra
De mi espíritu, se inflama
Un 'acento que te llama
Y tin resplandor que te alumbra.
En mis ,nochea se vislumbi-a
' A.lgo Inmenso que a~etea,
Que canta y qne parpadea.
Ante el radioso fulg,,r
De·ese chispazo de amor
Que en mi alma relampaguea.

1896.

los vaporee velaban el fulgor de las estrellas, y en la oscuridad gris y fría se levantaba
distinta la silueta de los Hautes-Bruyeree.
.
Orientándonos con el fuerte, nos precipit~mos á 1:aso ~e carga del lado de Arcueil,
cuando á veinte·pasoS' de nosotros Une. voz gr1t6: c(QUién v1ve?n
La patrulla bá.vara acudía á todo correr.
«Tiéndete bocabajo,n me dijo Lasalle alargándose en un foso:
Un resplandor iluminó la noche y silbaron las balas sobre nosotros con el estruendo de una explosióp.
.
.
.
.
Repentinamelite frente á nosotros se encendió en la oscuridad una !mea de fuego·
los franceses, creyéndose atacados, tini:ban sobre toda la lint.!a .. Inmedia!amente uná
segundra. linea fulgurante brilló en medio de la noche, y una fus1lérfa rab10~a empezó
de ,los dos ladoi::; los prusianos imaginándose que los franceee~hacían una sahda, abrían
el fuego de sus-trincheras.
·
· -Apresmémonos, dijo Lasalle, y prot{'gidos por el foso corrimos sobre el hielo
entre los dos taludes. De cuando en cuando una bala silbaba en un diapaSón mú~
agudo, hacía ealtar un mogote de cesped endurecido que nos cubría de tierra, hería el
hielo é ibaá r0mper las ramas que coronaban el talud. Algunas veces el foso cesaba
pc,r completo, cortado por un camino; un sendero entonces pasábamos rápidamente,
expuestos al doble fuego; después vol \1famos á replegarnos en el foso. Y esto duraba
ya minutos, minutos que eran hórae ........ .
, En un recodo, hacia la derecha, el foeo de1:cendía bruscamente, en rápida pendiente y las balas pa8aban mhs arriba. Un instante después estábaµios en la cementeta, por completo al abrigo, á la entrada de las nefastas canteras que iban á ser nuestra
tumba, y Lasalle fué á-buscar nuestros capotes. Esperamos algún tiempo, hasta que la
ÍUijilería se. calmó un poco, y veinte- minutos más tarde, estábamos en nuestras trincberás, no sin que nos hubiesen zumbado en los oídos algunas balas perdidas del t-nemjgo. antes de que hubiéramos podido hacernos reconocer de los otros. Y siempre en
la lejanía, en la aureola de su siniestra lumbre, dominando todos los otros ruidos, retemblaba monótono, feroz, inexorable, el rugido formidable de los ;Krupp bombardeando la heróica ciudad.
·

P ARAFR.ASIS.

AMOROSAS.

AGOSTO.

Terminado el fostín, sofiolien to,
Por las calles vagaba al -acaso1
Cuando hallé arrodillada á. una niña
Que vestía rasgados harapos.
Y con voz temblorosa pedía, ,
Alargando la escuálida mano,
En ·el nombre del Dios de los cielos,
De pan negro, siquiera un pedazo.
¡Oh, infeliz! exclamé: utoma, toman

JUAN ANTONIO 8oLÓRZANO.

i!,a caricatura en el e~franjero.

UNA CARICATURA YANKEEYUNARESPUESTAESPAÑOLA:
EL TIO SAMUEL A.L l'EQ.uESO ESPAÑOL:

-Muchacho, lo mejor que puedes hacer, es darme esc¡,uro; las criaturas no fuman.
[ Copia exacta de una

carioo.tura del periódico "Ju&lt;lge" de N. Y.]

Nimbada de luz te meces
En'. las ondas de mis 1:méños,
;y; entre mis vagos ensuefios
' Como un astro resplandeces.
En mié penas apareces
Como un angel bienhechor,
Y en mis horas de dolor
Y eternas melancolías,
Me alientan tus alegrías
Y me consuela tu amor.
Etel!'. ·el' himno que canta
El corazón que te adora,
La plegaria arrulladora
Que en mis labios se levanta.
Eres perfume en la planta
Y estrella en el firmawento,
Onda sutil en el viento
Y aI'r..,bol en eJ celaje,
Eres"ave en ellollaje
Y' estrofa en mi pensamiento.
BENITO FENTA N~.

Cosamalo3van, Julio de 1896.

1.1-HU~G-CHANG,

Ilustre personaje chino envilL&lt;lo á. Europa. !1.obse.rvar los usos y cos..
tumbres, adopta la bicicleta. Envio el diseno de ella!i. Pekin, donde
se fabrican todas en la actualidad conformo al modelo.
[TOMADO DEL NATURAL.]

Gflores ae Glgosto.
EL ESPAXOL AL TIO SAlH:EL:

-:::tia.estro, si te lo quieres fumar, teudrJ.s que quemarte el hocico. [Contrafuci6n de "La Gam]Jana de Gr(lfia"¡

[Grabado en los talleres de "EL MUNDO,"]

77

�2

EL MUNDO.

78

AGOSTO,

1896.
2 Aco::-'To, 1896.

ARTURO.

Tomado de •El Universal•
de la ciudad de Mihico

Al trnyé,;; de los espacio&amp; ct.t·clnrcs,

Marzo 20 de 1896.
Tu SYDNn Boas Co.,
New York.

Nos lisonjeamos con frecnr ncia de qne @:ibemOll dar•
nos cuenta, siquiera ~ea v:ig11, ,le laH c&gt;1ntidad1•s de uui:
choe guarismoe, cuando las ,·emos eecritt1~, ¡iero por 1111
parte, confieso paladinamente qne cuando t-~cncho a\ lr,11
astrónomos echar cifras, me co11fu11dn. Annro nwl~ al
través de los cielotr, á razón de Wi.000 111illa!i por hum.
Figúrese ahom 1111 viaje de 4. i28 000 llli 1!1111 t-11 1111, d_ia !, •
l:le tardaría menoe de dos 11,innt0:1 en 1r di:e ~k:oco a
Londres, si tuviéramos un vehículo que amlnvitst: con
tal rapidez.
Pot3í.a d, los niímerQ.9,
La distancia de Arturo A In tit-rra, Peg,ín el l&gt;r. Gnillemin, es 11.500,000 vi,ces la,it-11ml ,l 1111..,Ho pla11e~a, ó "':ª•
en númel'Os redondo~, 1,0l,V.500 00) U(\U,OOOJe 1111lla•, distancia que no alcanzamo1:1 a; co111pre1ider. Tod,,s ,ahe111ue
que la luz var!a en fuerza, ~n mzón tnven,a al C!t:\drado
de las distancias. Ahora bien, se eabe por e~tudws concienzudos, que la fuerza de la luz que recibirnos en la tierra de Arturo, es una veintt: billoné~im1\ parte de la que
proviene del sol. TeniE'ndo pre,ente la ley de la inten~i•
dad de la luz, se calcula facil111ente qne al retir-a11'e el
sol de nosotros á una distancia 1-10 000 wceH 111nyor
que la qne guarda actualmente, 1 ..ciuii-ia111os aproximadamente, en tal caso, ti-. ntn lm1 como ahora nos lh•ga de
Arturo. Pero la luz &lt;le PPt-e astro tieue qt1E' atnH"E'Far
11.ólX) 000 veces tantaH milla~ como las qntl no• ~l'par:m
del eoÍ, y divi&lt;liéndO!'e e~te mímer~l ¡ior 140,000, hallamos el cocieute 82, qn.. puede cons1&lt;lerar,e como la relación dE"I diámetro de Arturo al dt-1 Fol.
Qllcúlase en 8S(.i,000 millas el diámetro del ~ni, _debiendo ser. por lo tant-0, el del otro aetro, c11Pa de
il.000,000de millaB, en cir~unferencia 22-1,000,000 y+-11 ,·olt1men 551 000 veces el del centro de nu,-~tro si8te11111 planetario. S~poniendo que ~ada porción &lt;ltl la super lic_ie de
un astro brillara con la misma fuerza q111:&gt; 1111 11rPa igual
del otro la luz que brota de Arturo •ería 1&gt;,72-1 mayor
qu'! con:o la quP. expide el Rey de nnePtro_ cielo, po~~lll~
la superficie varía como el cuadrado dt-1 duhnetro.. S1 E'I
sol cambiara l11ga1ea con el otro a~\ro, éste cubriría h~
mitad del espacio que llamamos cielo y la vida 9ue r~quiere las condicionE'S actnales, sería del todo 1mp01'•·
ble y deeapar.ecer!a instantáneamente ( en unión de nueetro'globo) víctima del exceso de luz y calor.
¡ llacia Arturo!

79

De llnportnnclo. públlon.

León. Guanajuato,

El Rey de los soles,-Jnsl&gt;,Ilificancia de nuestro ,lstcma oolar, Calcutos a-ombllll!OS.-VlaJ(&gt;'- de millones de al'lo,.-Pmgreso de las
cortrella.~-Humantdatle,i ,otn,es.-::-ubc, de \'IIIO!CS.-1.a nue,-..
Crania.

Si nuestra nave sideral comE'nzara á hacer velas hacia
la encendida mole de que venimos hablando (CO!,a que
· sucedería sin la celosa atracción solar y de otros cuerpos
celestes), grandioso á la v~rdad sería el espectáculo que
@e presentara á nuestr()8 OJOS aeom bmdo@. Cna nJo se reduJera la distancia de la estrella gigante á algo menos de
8 000.000 000 de millas, la luz proveniente de ella igualaría á la &lt;¡ue viena,del sol á un número de miilas 1111 poco
mayor que la cent.ésima parte del mencionado. A un tre•
cho como el queaepara Neptuno del sol, ya sería inaguantable el calor; cnand-&gt; la distancia quedara reducida á la
que exiete entre Jupiter y el centro de nl1ePtro sistema
planetario, la terrible energía de la radiación incendiaría loe boeques, wmarfa los mares en vapor, se derretiría luego la coetra terrestre y antes de aproximarnos á
una distancia equivalente al radio de la órbita terrestre,
nuestro globo se habría convertido en gaE!
Sin duiia. Art.uro es el rey de las estrellas; y aún nuestro B-OI, á pesar de ser tan grande y tan bril ante, si llegase á caer en la srdiente f~fera de aquel gigante de
los cieloe, perdería au unidad l1m1ímca y desaparecería
inmediatamente.
,
Quizá•, para dar cuenta postrera de nuef!tro extinto
luminar, aparecería en la superficie -de Arturo una mancha brillante que no tardaría en desaparecer, causada por
el vapor que de las ardientes regiones superiores de la
fotoesfera arrastraría el ijOJ en su caída.
Bien vale la ;:,ena de que noll detengamos un momento
para considerar los efectoe de la atracción gigant.e!'ca de
un cuerpo como Arturo. En el sol la fuerza de gravedad
ea 27 veces mayor que en la superficie de la tierra, pero
en Arturo, suponiendo la misma densidad media, sería
2,200 veces superior. AJ!! es que, un hombre que pesara
200 libras en la tierra, si fuestl trasportado á Arturo. convertiríase, bajo irn -propio enorme peso de 440,000 libras,
en una mancha de materia protoplásmica aplanada, antes a\Ín que loe fuegoe de la inconmeneurable ornaza
estelar pudieran convertirle en tenuísimo rayo de sol, que
irf11 á vagar por loe espacios y á convertirse en ellos en
materia c6e:nica, ó si se quiere, en materia primera en la
formaeibn futura de otr38 mundos.
f:i dable nos fnera lanzar un proyectil de un caf\6n
Armstrong con dirección á la lejana estrella, y suponiendo que con!!E'rvara su velocidad inicial, tardaría nada
menos que 161.000,000 de atloe en llevar al lejano astro
noticias de nue@tro microscópico planeta. Se ha calcula•
do que el nú111ero de millas recorridas por todos los trem-s &lt;le loe E,itadoe Unidos en 1895, montó á 650.000,000.
Ahora bien,
Esto r.~ cq11ifale11/"
A tres viajes y"inedio alrE'dedor del B-OI; pero para hacer
11110 30/0 aln&gt;df'dor de Arturo y suponiendo en unP. sola
lfnt-a loe 650.000 000 de millas de loe ferrocarriles americanos, sería preciso, para terminar el viaje, recorriendo · cada año tan tremenda aistancia, nada menos que
l.f,45,:384 años.
Si supusiéramos ahora que un pulpo hubiese nacido en
la misma fecha que Julio (',esar, éeto E'P, en 12 de .Junio100 A. C., con un tent4cnlo de l,009,500,000,000,000 millas de largo, y el mismo dia de su nacimie)tto hubiese
tocado con la t:i:tremidad del tentáculo, la ff.rvida superficie de Arturo, preci:!aría que pasasen alguuc.s miles

EL MUNDO.

Muy Señores mios y amigos:
Tengo la satisfacción de manifestarles que desde que conocí eue Píldoras de Vida del Dr. Roee las he
eatado ueándo diariamente en m1
consulta, en tcidoe los casos de constipación obstinada, de deearneglos
gastro-inteetinales ocasionados por
dispepsias producidas por falta de
secreción biliar, siempre con seguro
éxito; pues no ha habido una persoLa
qua 110 haya sentido, cuando ménos;
una mejoria marcada de su enfermedad, habiendolas numeroe&amp;«J que han
cundo radicalmente.
Laa neo tambien frecuentemente
como purgante en dóeia de 4 á g
píldoras, según la edad del paciente
y he podido observar que eón un
purgante inofenaivo, seguro y que
no deja tras si, loe funestos resultados
que es coman vsr después de la adminiat.ración de tantos otros purgantes.
En este mi establecimiento de
farmacia tienen regular consumo &amp;us
Píldoras del Dr. Ro88 y creo que en
Tiata de sus efectos crecerá dia á.
dia su demanda.
Felicito á Vdes, por el gran éxito
que han tenido con la feliz preparación y loe autorizo para hacer de
esta carta el 1180 que V des, deseen complaciéndome en honor de la verdad
y en beneficio de la humanidad
doliente dán dolea mi opinión de una
m&amp;Dera expon tán.ea.
Soy d9 V des, afmo, S. S.

Da. ANTONIO D. M.A.RTINEZ

CREMA ROSADA

En 1879 en Rochestcr, N. Y. y obedeciendo A una necesidad oobl!ca, ee empezó de una manera modesta la elaboración de un descubrimiento ctentlflco, heehO el allo anterior, el cual ha revoluc!onado
el tratamiento de la enfermedad Brlght y todu la., demAs fol'ID&amp;.9 de
enfermedades de rillones asl como tambll·n las del hlgado y de tas,
eelioru. Tan grande (u~ el ~.,:llo que elita pre)l&amp;raclón obtu\'o dcs-po.és de dada 11. conocer al fl'1bllco, que bien pronto hubo necesidad
de hacer ne. \'eees mayor la capacidad del laboratorio, -&lt;tupllcarla

nnevameDte, y en 1883 hubo neoesldad de construir un edificio d&lt;'
piedra Y la1rlllo A pn1cba de fuego, de lilct.e pllos lH x 10,, ples, ¡ara
poder contener denll'O de (11 el laboratorio y suJ! dependencia.•.
En 18Sl se abrieron laboratorios en Londres. Inglaterra: 'I'oront.o,
Oni:.: Y Frank(ort, Alemania: en 1885 en Melboume, .Au.,tralla; y en
1S86 en Kreuzllngen, S&lt;ñm; y Dunedln, Nnc,-a Zelandla todos los
cualCI! cslén .en activo trahaJo.
'
Ha.&lt;ta ahora .M.~x!oo y el l'Ur de América han sido dc.sculdados Jl()r
la 11encllla razón de que todas nuestra., energtas estaban reclamai!M
Y ocui-,tas en otras dire&lt;'done•. :Má~ debido ahora 11. nuevos arreglo,¡, este gran benefru•tor de la humanidad se podrá. proeurar il e•tos
~ - d('8de ca.•. Una medicina ,¡ue ha efee.tuado una serle no Interrumpida de éxitos en todo, los continentes del mundo, no puede
fallar ~ul. Se adapta e,pcellllmcute á los )'.lalSt'S calurosos ..,omo se
ha e.-fdenclado 1,on 8U éxito en AU•tral!a, India y et Sur de Aírlca.
Testlmónlos que prueban las ,1rtudes notahlcs de la C'l:JU. !,JtGURA
DE WABSl:R-. ac han dado ¡,or m!llan,,¡ por eminentes hombres y notables scftores tle todas ¡artes riel mundo. Entre ellos podemos mc•nclonar Oovemor Atrnrd, S\"racu.se. X. Y.; R. A. Guun .M. D pr.'$1dente del Colegio rl~ llledid~a de lo-• btado,. Unidos én X. Y'.:
Robeson, M. R. G., , . J. L. K. Q. C. l., Lonrlre•: Lord de Bla~uiere
l-',Prlngtleld, Crawctey, su.sscx, Inglaterra: Sir Wm. \'. Gui;c, El.moré
&lt;:ourt, Oloucc.«ter, Inglaterra; Ma1, Gen. A. Elrlcrton, Ttun Cbapcl,
Plymouth, Inglaterra; F.I. Hon. C. Stewart, LL. I&gt;., A&lt;'lcavedcr House
.Alton, ltants, ln¡,:Jat,,rra; Muy Re\'. Dcan Mahone_' \ Penrlth Xc,;
~uth Wales; llon, &lt;leo. Tom, Ip,,wtch, (lueensland: Atcalde Thoina,
i;.:ul!y, .s apler, :-.ue\'a Z(-Jundla; Re..-. J. E. Ranµkln, D. D., LL. IJ.,
presidente de ta_ t;nlwrsldarl Howard, \l'ashtngton, EstadOll 1·rndos;
l&gt;r. M. Beyer, Wu~zburg, Alemania; l!dward Wfüon, D. D., LL. D.,
Obispo de la Iglesia rle Inglaterra, Otawa, canai'IA.
Pedid á ..-ue,tro fnrmBC'(,ut!oo la CrRA l'EGt!RA DE WAnSER y si no
la tiene il la nnta, ('('&lt;lidia il Wanicr·s S&amp;íe Cure, Ro&lt;lhesler, :-; . Y.

ADELI NA PATTI
PARA LAS DAMAS.

No más vejezU

No más arruga sU

En la actualidad no hay en Europa una señora ele•
gante en cuyo tocador no °figure un tarrlto de esta
delicada Crema. La célebre diva Patt[ la u~a constantemente y siguiendo su ejemplo, todas las m6.s cé•
lebres artistas y las damas de la alta aristocracia lo.
prefieren á todai; las demás composiciones, po rqUf•
está probado que embellece el cútis y conserva li~
frescura de la cara. ha:;ta la vejez.

De venta e11 todas las Droguerias y Perfameriu.

Wm.

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■ OYARO a. C&lt;ETSCHEL. CalleJ6n del Eaplrltu Santo núm. ,.

Julio d ·e 1896
HABANA.................. $ 25,000 ORO.
MADRID .. ....... $48,000 $26,000 $32,000.
SANTO DOllINGQ......... $160,000 ORO.

CleI-.1.e1.-:i-t
DOCTOR FRANGES.
Espcc-lnltst,n paro. lo. ~uraclón

PRECIOS SIN COMPETENCIA.

DE LAS ENFERlIEDADES DE LA CINTURA.

El único que recibe noticia por cable y
paga 10,.,, premios por su listín el mismo dia.
Hágase la consulta y se conocerán las ventajas, salvadas las di:stancias por el telégrafo.

l'REl!IADO CON MEDALLA DE HONOR

POR EL GOBIERNO'FRANCES.

(!alk,jón a,21 Sspíritu $anto.númuo a.
EXTRACCIOS GARANTIZADA DE LA SOLITARIA.

M.RUANO.

31S A~OEI DE PRACTICA.

Horas dé consulta de 9 á 12 a m y de 3 á 6 p m.

México.-San Andrés núm. 17-México.

_Syrac11se

Las Bicicletas
Un bigote

SYRA.CUSE""

prematuro.

[Dibtjo de J. Martioez Carrión.)
de años antes de que la ,eneación de la quemadura llegase hasta la circunvolución cerebral,)• por lo tamo pudiera tener conciencia de E'lla, suponiendo que la qen~ación camina, con 11na Vtllocidad Htlmejante á la de 111 luz,
esto es, 186,000 millas por segundo.
.
En cuanto á si e,tos phnet11s se hallan~ no habitados,
cuestión 011 que Pin duda J&gt;E'l'llla11t-cerá irr_eet,luta para
siempre. Pero sabernos ya, merced al estml10 de e11 co11~posición eepPctroecópics, qne en caso de hallarse. l1nb1tados sns criaturas deben de Eer de todo punto diferentes d~ las que pueblan la tierra.
. .
::-;'uestro sol pertenece á cierto orden de ePtrell~!!. S1r!o
á otro y Arturo á otro orden diferente; pero, existe, sm
embargo, una progrPsión de un orde1~ á ot_ro. No nos es
dable afirmar que el sol ha permanecido ~•empre y permanecerá donde ahora le ve1110.,. T,mdrá qui! ann,~utar
su intensidad calorífica ó enfriartre. Piendo mitR probaule
lo primero. ~irio, ó la estrella del C'an, poEee mavor cantic.ad de calórico qne el POI, como que 110 se halla, como
este rodeado con envoltura deoea de vaporee absorbentes, 'que pro~blemente consisten en hierro y otro~ me·
talE's, reducidos al estado gaseoso por la .tremenda intensidad calorífica del rutilantP a~tro camcular. Por otra
parte Arturo poPt'e irn11 nube de vupores mucho más
den~ y profunda que laque rode-.l P,( sol. Al mismo tie111-

po hay indicaciones patentee de un calor intenso latente
bajo aquellas masas de vapores; as( es que si el'! un hl'ch&lt;&gt;
que el progreso de los soles se verifica en una eacala ascendente de capacidad calorífica, es muy probable que
Arturo se ir.!. desprendiendo poco á poco de esoe vapore11, qne hoy por hoy oscurecen el resplanrlor de 11u luz,
haciéndola aparecer de la misma intensidad que la que
nos viene de Sirio. Documentos históricos testifican que
en un tiempo fué Sirio nna estrella roja, (ni más ni me•
nos que Arturo lo es en lo presente) pero parece que Femejante color ha ido desvaneciéndose J.&gt;OCº á poco, con•
virtiéndosP en estrella blanca, y al propio tiempo que 1111
color ha cambiado ha aumentado proporcionalmente la.
inteneidad de su luz.
Al desprenderse de su envoltura vaporOl!B, ha aumen•
t-ado necesariamente su fuerza calorífica, y es de prt't!ll•
mirse que igual cambio deberá ocurrir en nueetro sol y
dem~s e~trellas que se hallen en las propias condiciones.
Puede haber algún peligro en estos cambios que inre•
Panternente van verificándose en las estrellas, y 1011 cua•
les ponen de manifieeto el progreEoo de loe aole11, en queno se prPsta atención alguna á las uxigencias de la vida
en los planetas que giran en torno de ello~. Y porten•
tos semt&gt;jantes prestan altísimo interés al estudio de In
astronomía en nuestros diae.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EDUARDO AGUIRRE.

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de cada fr\l5CO.

r1D

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lo único positivo, lo único que CUP
radicalmente las enfermedades de
Aparato Digestivo, y exigir g rab
do sobre caila Oblea, el nombre DI
GE~TIVO MOJARRIETA.

Dispepsia, Gastralg·ía y Enteritis cróni ·
con sus sínwmas: Agrios después de las comidas ó Aci
dos del estómago, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso e
el Vientre por poco que se coma, Digestiones len
ó inc.;ompletas que producen Repugnancia, Ma
Dolores de Vientre, Vómitos biliosos y Diarreas eró
nicas.
Son enfermedades que según enseñan millares d
personas bien conocidas y respetable,;, á quienes se ·
sufrir duri-inte 1nuclws años y además reconocen e
nencias médicas de varias naciones, sólo se curan
pleta y radicalmente con el

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adoptado por las eminencias facultativas de Europa y de esta capital. Es el mds voderoso de los Digestivos para estimular y restablecer las funciones del estóma
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&lt;r cnfemplación.
[Grabado en los talleres de "EL MUNDO,"]

•

NUMER0[6

�EL MUNDO.

82

9

AGOSTO,

1896.
=9=A=G=O!'-=T=º'=1=8=9=6·=============~E~L~i~1~U~N~D~0~.~== = = = = == ========~8_3_

Pronto dentro de menos de uno 1-abrá completado seó con el premio que alcanza el oro sobre nuestra moneda senta añ~s de reinado, y lo probable es que si tiene deci""EL MUNDO."
corriente, verdadera prima para los exportadore~.
retirarse á. una de sus residencias regias, apartándo
SEMANABIO ILUSTRADO.
Los platónicos aámiradores de la gran República ~el dido
se de los negocios públicos para siempre, no lleve á cabo
Norte-y
no
son
pocos
entre
nuestros
a,nateu_r.,
economis'rELBFONo 434. - ~ de las Damas núm. 4,-APABTADO 87 :e.
tas y dilldanli políticos-no ven en la cuestión electoral su decisión antes de asistir á las lujosas fiestas que se la
MÉXICO.
de los Estados Unidos más qne un asunto de nombres, y preparan c¿n este motivo, y que eclipsarán á no dudar
Toda la. correspondencia, debe dirigirse
esplendentes del jubileo que tuvieron lugar en 1887.
vemos por nhf rabiosos partidario~ de Me Kinley, por- JasEs
al Gerente de este periódico.
tan sólida la Constitución de la nnción inglesa, está
que es el candidato del partido repnblicano, al que supo·
asentada sobre tan firmes bases, y tiene tan hondas raínen
ideas
más
avanzadas
en
su programa; a~í como no
La euecrición á EL l'IIUN DO vale $1.25 centavos al mes, faltan entusiastas dPvotos de Mr. Bryan, campeón esfor- ces en las costumbres de las clases sociales y en los int.e-y se cobra por trimestres adelant.-dos.
zado de h s demócratas, porque lo creen llamado á rei- reses todos del pueblo entero, que nada alterará la marNúmeros sueltos, 50 centavos.
vindicar los derechos sacrosantos de los EPtados, porque cha regular del Estado, aun cuando sea cierto el anun1
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ cac:ón.
lo
juzgan como la encarnación viva de la más pura liber- ciado y trascendental a~to de la ab~icación. La .augusta
Todo pago debe s1&gt;r precisamente adelantado.
tad;
y hasta se pueden encontrar algunos soñadores que señora elegirá, como dicen, el castillo de Osborne, como
REGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
se afilian, mentalmente por supuesto, en Pl partido del rn residencia habitual; allí se verá por temporadas rodeada de su numerosa descendencia, nota alegre, poé«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Cana- Pueb'o porque delimn con los clamores de la,; masas po- tica gama de risas inocentes y colores sanos, que a lu1npulares,
y
ya
se
figuran
el
advenimiento
de
una
nueva
era
dá. The Spanis American Newspaper ~ompany, 136 Lique saque de sn abyección al proletario, nw&lt;liante los brará las sombrías claridades y esplendores griseQ de un
berty St. New York, E . U.»
milagros del socialismo, del radicalismo y de111{i.s i.~mos lujoso y opulento crepúsc1;1lo. Si la R~ina Victoria se retira de Ja escena polít1ca, s1 llega á abdicar la soberanía de
de esa jaez.
Juzgada desde eFe punto de ,ista la política america- eu dilatado y poderoso imperio, pronto habremos de prena, poco interés tiene en verdad; pei·o que se atienda á senciar la mllgnffica puesta de i::n sol esplendoroso, el ocalos engendros económicos y financieros que trae consigo, so purpurado entre ascuas de oro, d1; un aet:-;: de primera
*
y se podrá notar 1ue allí más qne en ninguna otra parte magnitud.
palpita lo que nos es más caro y lo que más importa sa·* lo
* bajo en los círculos diploTambién
se
murmura
por
ber á los que creen que la marcha de un pueblo no· demáticos
y
se
anuncia
como
cierta
la abdicación de otro sopende tanto de las frases huecas de los demagogos, como
Casi nos vemos obligados á tratar prematuramente de
berano el rey Jorge de Grecia.
.
de
las
decisiones
maduras
&lt;le
los
negociantes.
la aparición de un nuevo d1ario en la prensa de México.
Ale~án de orígen, ruso de religión, y ,emi oriental por
Afortunadamente para México, su posición actual, enTodos nuestros colegas han dado la noticia de nuestros cauzada sPguramente en una vía de progreso económi- sus súbdito~, el monarca helénico, ha fluctuado siempre
propósitos, comentándolos á su manera y haciendo espe- co y positivo, no puede variar ni ser influida de modo entre las fuerzas opuestas, que á la continua lo han solicial mención de que el nuevo periódico estará de acuercitado. Sus propias convicciones y su educación lo han
do con la marcha de la actual administración. Nosotros trascende'ntal por los cambios experimentados en nues- empujtido á modernizar eu re;ino, encauzándole en la copoderosa vecina del Norte.
no Jo habíamos anunciado, porque nos pareció prematu- traRace
algunos años cuando la caída brnsca de la plata rriente que arras:ra á las naciones europeas, y para elecro hablar de un proyecto cuya realización se llevaría á
ocasionó
uu pánico inconcebible en nuestros comercian- trizará su pueblo y despertar en él las muertas energías
cabo después de 1lgu11os meses, y al cual proyecto no le
de su leyenda y de su historia, ha pretendido despertar
dába.mos la importancia que nuestros compañeros de pe- tes y banqueros, todos temían la bancarrota pública Y má~ de una vez el recuerdo de sus pasadas glorias. Te.do en
panicular,
todos
veían
con
estremecimientos
de
honor
riodismo han tenido la bondad de darle y que nosotros
aquella depreciación que empobrecía al paíb y Jo ponla vano, sus conatos todos se han estrellado en la afeminaagradecemos muy sinceramente.
ción oriental que alcanzar , bajo el dominio de los muEn efecto: tenemos el ;propósito de publicar antes de al borde de hondo abismo, donde se estrellaría, arrastrado sul rnanes.
por
aqueila
ola
gigante.
dos meses un nuevo diario, que si no viene á llenar un
Llevado por sus simpatías de familia hacia los alemaEn aquella época y en tales circunetancias, nuestra voz
vacío en la prensa de México, porque hay suficientes y
nes, ha querido poner en manos del poderoso Hohenzofué
casi
la
única
que
se
alzó
para
predecir
que
lejos
de
muy buenos periódicos, sí se presentará humildemente
llern la 1-1uerte Cle su reino y confü.do con exceso en la incon los elementos que tiene, á la gran lucha por la vida ser un n;ial, sería una bendición del cielo para México la lluencia ge1·mánica, para la solución del confücto turcobaja
de
la
plata.
El
tiempo
ha
venido
á
darnos
la
razón,
· y con ideales honrados y patrióticos, como los que cree·
y por nosotros y nuestras profecías responden industrias enropeo que ha de dilatar las fronteras de Grecia. Tammoa ha.ber sostenido siempre.
bien por esta parte sns esperanzas ha11 sido defraudadas;
La prensa, al anunciarnos de un modo tan fastuoso co- nacientes que han debido implantarse y otras viejas y ol- pues aunque animadas de las mt&gt;jores intenciones, laa povidadas
que
han
tomado
poderoso
impulso,
merced
á
mo Jo ha hecho, ha tomado la forma del ataque aun antencias continentales no se deciden todavía á dar el tiro
tes de que hubiéramos decidido completamente la apa- nuestro peso de plata, cotizado á cincuenta centavos en de gracia al moribundo imperio otomano, y aun tendrá
loe
mercados
europeos.
rición de dicpo diario. Su punto principal ha sido señaYa no existen ó van desapareciendo de seguro esas que esperar muchos añc,s el gobiern de la península helar al periódico como gobiernieta, creyendo que así Je da
preocupaciones
y pn•jnicioe; ya no nos asustamos con la lénica, para recojer la parte que le señalen en el reparto
muerte antes de haber comenzado su publicación¡ como
alza
ó
baja
del
metal
blanco. La experiencia nos ha en- del botín.
si ignorara, tanto ella como el público, que los periodisPrueba de que sus esperanzas é ilusiones son m uy pretas que hoy manejamos este semanario somos los mie- señado, más que á nosotros personalmente, á nuestros maturas, es que ahora el rey Jorge se ve casi constreñicentros
productores,
qué
maravillosa
actividad
puede
des
mos que fundamos El Unfoersal, y tanto este periódico,
do por ias circunstancias, á descender del trono, por ha.
como aquel, en nuestras manos han tenido siempre como plegarse con un peso de á cincuenta centavos.
ber ayudado frauca y abiertamente á los insurrectos de
Por
eso
se
sigue
con
interés,
pero
sin
zozobra
m
temo·
programa político apoyar racionalmente la marcha adCreta, qne pretenden que la hermosa isla entre á formar
res
la
contienda
monetaria
y
financiera
entre
republicaministrativa de nueetro país, creyendo que a!lí cumplen
parte del reino griego.
nos y demócratas en los Estados Unidos.
con uu deber pat1 iótico.
Y como qniera que los médicos diplomáticos y enferDe cualquier lado que se decida la cuestión ei:i loe ~oDespués de sus ataques á las tendencias políticas del
meros políticos que cuidan al augusto enfermo que sellamicios
de
Noviembre,
no
puede
afectar
nuestra
e1tuac16n
periódico, aun antes de conocerk,, han manifestado granma Turquía europea; no han decidido aún ad ministrarle
.
dísimos temores por la parte financiera de sus empresas, que e&amp; envidiable.
Me Kinley, favoreciendo el talón oro y las ~arifas altas la extrema-unción, el monarca aquivo, que se ha permicreyendo que nosotros lanzaríamos un nuevo periódico
tido la libertad de obrar contra las prescripciones facultaal público con el exclusivo objeto de hacer desaparecer sobre nuestros productos, favorecerá tamb1é11 nuestra tivas, tiene que abandonar su puesto y resignarlo en favor
á todos ó la mayor parte de loe existentes. Si ·tal fuera producción como hasta ahora, y hará más elevados nues- del Duque de E.:iparta, para evitará su heredero dificult-a.
.
nuestra intención, jamás habríamos pensado mayor des- tros precios de venta.
Bryan, defendiendo la plata y promet1end 1 reba¡a po- des más serias en Jo porvenir.
atino: un periódic.'.&gt; que en largos años ha sabido conquisY aquí creemos ver la acción del tercer influjo que ha
tarse lectores, aun cuando la empresa que Jo maneje lo sible ~n los derechos de importación, aumentará así el llevado al pobre monarca por opuestos y revueltos camiabandone á su propia suerte, seguirá viviendo todavía poder adquisitivo de nuestrq princip:i l artículo, la pla_ta, nos; aquí creemos que anda la mano del moscovita, que,
por muchos años, por el prestigio adquirido con anterio- disminuirá indirecta1nente nuestros gastos de producción ansioso de conservar su preponderancia sobre el Bósforo,
ridad. Convencidos como estamos de este aforismo pe- por el abaratamiento relativo de la maquinaria qne se que le pertenece por derecho de herencia, seg 6.n el testa•
ri()duitico, no podemos pensar en hacer desaperecer nin- podrá comprar con plata, y aumentará la demanda de mento de Pedro el GraPde, no quiere qqe nad ie sin su
guno de los periódicos existentes; y más aún, no ha en- nuestros productos, que podrán hacerse más baratos, Y autocrático consentimiento toque á Turquía; aquí se nos
.
trado en nuestros propósitos hacer competencia á nin- pagados á más a lto precio.
Definan, pues, los americanos la situación P?lít1ca de antC1ja ver la influencia decisiva de San Petersburgo, queguno de ellos.
no permite que se arranque un girón de la capa otomana,
Nuestro principal objeto es lanzar un periódico más la gra.1 República á su talante y voluntad. México, la ve- ántee que él se haya envuelto en sus opulentos pliegues.
moderno que los que existen, y resistir la competencia rá tranquilamente, porque espera mantenerse firme en el
Si el rey Jorge se retira, en buen lío deja metido á su
camino que ha emprendido.
que loe fuertes, l0e que llevan muchos años de vivir y
sucesor. Puedan la juventcd y buen criterio del Príncipe
tienen establecido ya su crédito, nos declaren, como ts
Constantino, desenredar ese embrollo al ascender al tronatural; com~etencia que resistiremos poniendo en juego
no de sus mayores.
nuestro traba¡o, nuestras economías de muchos años,
_X. X . X.
nuestra práctica periodística y todas las armas de buena
6 de agosto de 1896.
ley que estén á nuestro alcanc.,.
Creemos, pues, quo la empresa del nuevo diariv no RESUll EN.-Abdicación de la Reina Victoria.-Ni aun ese
puede tener fines más nobles, y es~moe st-guros de que
acontecimiento conmovería á Jnglaterra.-El RPy Jorge
sus resul~ados serán e!'t_isfactorios.. Y tan e~ así, que sólo
de Grecia y su posible retiro.-llnsiones que se van.
al anuncio de su apanc1ón ha habido gran movimiento
Del Argus de California, fecha de Junio, traducimo&amp;
en la prensa de México, al grado de que las rdormae y
lo siguiente:
mejora!! que se ~~n. hecho! y otras que se t ienen prepa•
Acaba de anunciarnos la prensa diaria de información,
«Nuestra República hermana.-Nuestra vecina Repúbliradas en los per10d1cos existentes, de dos meses á esta en su seccián de noticias extranjeras, que corre mny vá•
p9:r~, nos han obliga1o á cambiar _del todo nuestro pri- lido el rumor, en la corte de Londres, de qne la Reina Vic ca hermana, México. verificará elecciones presidenciales
m1t1yo proyecto y ponernos en actitud de buena sompe- toria. soberaua de la Gran Bretaña é Irlanda y Empera- el mee próximo.
El suceso se llevará á efecto sin las conmociones de
tenc1a.
triz de las Indias, abdicar,í. muy pronto en favor de su
Sepan, por tanto, los lectores de EL MuNoo que antes hijo primogénito el Príncipe Alberto Eduardo de Gales. una campaña como la que nosotros inauguramos para.
de dos meses lanzaremos un diario que corre;á buena ó
No es la primera vez que tales versionet! han circulado Noviembre, porque en México todas las clases de la so•
mala suerte; pero que será diario de gran trabajo, y que con más ó menos fundamento; pero hoy !as dan mayor ciedad, todos los elementos populares están fijos en el
en nuestros propósitos entra poderlo ofrecer en condicio- verosimilitud las consideraciones de la avanzada edad bom bre más extraordinario que el país ha producido des•
nes muy favorables a_l ~ú1?1ico en general, y ~uy especial- de la augusta eei'iora, juntamente con los achaques y al- de su conquista por los españoles.
1nente, con señalada d1.•tmc16n, en cuanto ú dichas condi- ternativas de su quebrantada salud; y aunque es cierto
En l?s 20 año~ que lleva de gobernará México (salvo
ciones, para loe suscritores que han sostenido este ee· que en Inglaterra los monarcas reinan pero no gobier- un per10do) el ilustre General Dfaz se han realizado tamanario.
nan, no deja de ser un serio obstáculo á la marcha natu- les carnb~os y tan favorables, que Ía nacion ha pasado
ral de la complicada política inglesa, esa matrona vene- de una vida obscura y sin tranquilidad á la categoría de
rable, que si domina é imoera como única soberana en el los más prósperos países de la tierra. Esta metamórfosie
í}léfirn nntc ln µolitica amcrimna.
corazón de sns millones de súbditos, no puede, aunque t~n no~able se ha operado bajo la sabia y enérgica admiquisiera, tomar en los negocios del imperio, sino con mstrac16n de un ?ombre superior, cuya rectitud de caPor más que se esfuercen algunos espíritus indiferen- grande esfuerzo y sumo trabajo, la parte que la corres- r~cter, poderosa mtele,ct~alidad y amor al país en que nates y apocados en apartar con desdén la vista de la con- ponde según la Constitución.
ció, lo colocan sobre e, mvel de sus paisanos. El Gene•
tienda política americana, donde en estos momentos se
Cierto que en el complexo mecanismo que constituye ral Díaz, cuyo parecido físico y moral con el célebre es·
juega el porvenir del país, no podemos dejar de contem- el gobierno de sus dilatados dominios tiene agentes ca- tadista búlgaro Stambuloff es muv grande aunque ya
plar con interés las peripecias porque va atravesande la· paces, segundas manos diestras y vigorosas que toman á está en el último tercio de la vida; está ba;tante fuerte·
lucha entre demócratas y republicanos.
su cargo la ardua tarea de dirigir el Estado, pero comv todavía para resistir las duras labores del Gobierno, y su
Toda VPZ que nuestro principal mercado está más allá ella quisiera hoy que los años han nevado en su cabeza permanencia en el poder es una garantía de pa¡r, y de pro·
del Río Bravo del N'orte, no es, no puede ser extra- y paralizado su actividad, ser lo que era en los risueños greso para nuestra República hermana, y de seguridad
ño ú México, saber á qué atenerse, y preveer si sus pro- dias de fü hermosa juventud, es natural que sienta algo para los capitales extranjeros que se ocupan en el des•
ductos le serán pagados en el depreciado metal blanco, de desaliento como consecuencia de sus años fatigados.
arrollo de las riquezas de México.

~olas C!Ebitorittlts.

1,1triobistno.---Un nurtrtJ biario.

l901ítica gen.eral.

~ético .en ti .ertrattjtrtJ.

El pueblo amPricano que no ve con celos ni em·idia pJ
progreso d': )lt\xico, ad111ira las grandes cualidades de
Dfaz, y ,·e 1gual1uentt; cou gnbto bu permanencia en el
poder, J?ºr&lt;tue el ilu~trc l1u111or1: de Estado representa todo~ los 1ntt;reses, LOda~ las secc10nes de su país y todos
los e!enwnu,s de traba¡o. A su poderosa iniciativa debe
México. e11tre otros muchos adelantc,s once mil millas
de ferrocarril, cua.renta mil de telégraí¿~. el mejoramiento ele los pu~rtoH: el desagüe del lindo Yalle de :1\Iéxico,
la_ expl?tac1on rum~ra en m~yor escala, el orden admimstratl vo, la creación_ de nuevas industrias, el crédito y
b 11en nombre de l\I~x1co en el extranjero, y Jo que noso~ros n?, hemos podido conseguir en loe 1íltimos años, la
m velacmn de )os gastos con las entradas; bajo la base de
la plata, el pais ha adelantado maravillosamente eQpecialm~~te en_ los últimos cinco aflos. Cuando el ~ra~cel
::\Iac I....111ley impuso un derecho á los metales muchos
de los ~efinadores amer_ican?s se aprovecha;on Je la
opo_rtumdad, y hoy ~éx1co tiene tan grandes, modernas
Y bien mont!'das haciendas de beneficio como este país.
Por estar baJa la base de plata, el espíritu manufactnre1·0 se ha despenado como no lo dice la historia en épocas anteriores. Hace quince años, cuando la plata valía
2.1:!~ ce?ta\·os_ e~ oro la onza fina, los manufactureros
de México se l11111taban á fabricar mantas crudas sombreros, sillas de montar, cigarros, azúcar trigueña: arneses y zarapee. Ahora con la plata á 6i centavos en oro la
onza, se fabrican además de los !),rtículoe anteriores, géneros ue lana, de algodón, blancos y pintados, frazadas,
alf?mb_ras, botas y z&amp;:patos, muebles, ropa hecha, maqu111ana, ?erveza, vmos, jabonés, carruajes, wagones,
vela~, harma, conservas y pastas alimenticias y otros
muchos artículos.
Esto no es Aorprendente cuando consideramos que una
onza de plata compra la misma cantidad de trigo ruaíz
a!godón, azúcar, tabaco, manteca, etc., product~s de 1~
t1e1 ra, que cnando esa onza valía. tanto como el doble en
oro. Loe únicos artíc~los que son más caros bajo el talón de plata, son los importados de los países regidos por
el patrón de oro. Tal parece que la diferencia de valor
entre uno y otro metal, produce el efecto de un arancel
protector, más eficaz en _sus efectos que el pintado en loe
sueños d~ los más entusiastas proteccionistas de los Est~~os Umdoij, y su profeta Mac Kinley. Esta es unacueet~on que nuestro~ manufacture•oe debíera.n considerar senamente;, especialmente como oue un pequeño tráfico de
export~ción ha comenzado á establecerse con otros pafaes regidos por la plata en sus transacciones v México
podrá más tarde rivalizar con nosotros en sus 'm·anufactura3 y comercio exterior. De cualquier manera simpatizamos con su progreso y su hábil Gobierno.

*

Al p•~ bit.car este artícul(?,*lo* hacemos con el deliberado
propos1to de que sea el pnmero de una serie que prepa~amo8, para dar ,í. conocerá nu~stros lectores la campana. el1;ctoral de los Estados Umdos, cuyos preparati,·os
pr1nc1pales y tn•mendas luchas de oferta y demanda de
rotos !J delegndo:~ hemos presenciado últimamente.
~~uchaa 1ln~11&gt;ues habremos de tronchar, muchos es•
pe¡1smos tend1 emoe que deevanecer especial mente de entre aq11ello~ que á dist_ancia_ ~e prosttrnau ante el oropel
engaña~or de la polft1ca militante americana.
?'a_mb1én nos rn~virá esta serie para dar á conocer la
opm16n tan espec:al que en aquella nación se han formado del General Díaz.

N u estros Grabados

CONTEMPLACION.
9omo una p~ut,ba más de las excelsitudes á que llega
el 1d~al del artista, véase el primoroso grabado á que nos
refPnmoe.
X,&gt; e~ posible pedir más pureza ,t la expresión y más
corr~cc1ón á la lmea. T1en1; esa doncella, cuyos ojos de
te1c1(?pel? se abr~n ante lo mfinito del ensueño, una co·
rrecc16n 1dPal. Piensa uno en !a belleza impasible y suprema de Jnuo...... E l arrobamiento da á las fisonomfas
toq_ues divine.e, sin ~Iterarlas porque no las arranca á su
seriedad cont~mpl_at1va. El éxtasis no tiene sonrisas, ni
pliega los labios 111 hace relampaguear los ojos. Presta el
encaf!tO de la estat1!a s1;rena. Por esto, esa doncella s11m~rg1da ~n la _med1_tac1ónapacible y honda, viendo sin
rn1r¡,_r la mdec1ea le¡anÍll, es más bella que si mostrase la
~?.nrbe1ea tentadora de Venus ó la angustiosa expresiún de
J.'10

•

propiedad era un desierto, y para hacerlo productivo,
fué preciso enganchar más de doscientos hombres, no
sól~ para los trabajos del campo, sino también y muy es·
pec1almente, para defenderse de las temibles invaciones
de los indios.
Así y merced .i su notable perseverancia logró formar
]11s Hdas. de San Juan Nepomuceno. San ()arios, San
Fernando ( hoy \"illa Lerdo) y Santa Rosa. En 1844, fundó una fábrica de tegidrni de algodón ( la primera qne hubo en la frontera; en 1849, fundó á inmediaciones de Durango una ferrería, (la primera también en la Frontera.)
En 1&amp;12, pobló la parte de laa inmew as y fertilísimas
llanuras de Tlahualilo, en donde á fuerza de sacrificios
forruú tres _6 cuatro ran_ch'?s para cría de ganado, que fueron deetrmdos por los 111d10s. :No por eso desmav6: animábalo el noble fin de colonizar erns terrenos ·y ya en
edad avanzada, par.i lograrlo, vendió á. ínfimo precio y
á plaz?s (argos, grandes e~ten➔ ionPI' á la Compañía Agrícola L1m1tada de Tlahuahlo y regaló á la Compañía d.,J
Central el terreno necesario para su. vía: 100 kilómetros!
Tal fué á grandPe rasgos el fundador de esa cuantiosa
herencia, que poseen numerosos v~atagos entre los cuales se cuenta la Sra. Doña Angela Floree, esposa del señor Gobernador de Durango.
Ahora bie~ el Sr. Inge(tiero Don Domingo Arárnburo,
cuyo retrato ilustra así mismo estas lineas, fué encargado
por la casa Flores de IIPYar á cabo la repartición de los
ya dichos terrenos de Tlahnalilo, en los cuales se en·
cuentra la famosa laguna del mismo nombre, y se uni6
pi,ra sus trab»jos al Sr. lngPniero Daniel Va!lejo. Puso
con él manos á la obra y según el minucioso informe pre•
sentado por el Sr. Arámburo. grande es el valor de di·
chos terrenos, los cuales hábilmente explotados da1·án
exoléndidos resultados.
Para sus trabajos el Sr. Arámburo se sirvió con muv
buen éxito, en algunas partes que requerldn detalles dél
auto taquigrafómetro del cual e,¡ inventor, y los eefíon•s
Flores quedaron mny complacidos de la habilidad cnn
que efectuó la difícil tarea del plano v el reparto. Eu
atención á ésto, en Dnrango se le han eñcomendado nue•
vos trabajos, entre ellos el estudio y construcción de la
ent.ubación del agua.
Felicitamos al Sr. Arámburo deseando que el éxito alcanzado lo estimule.
NUESTROS CONCURSOS.

En el número de la sP:nana anterior no p11dimns dar
la noticia referente al último concurso musical, porque
esperábamos á última hora recibir algunas zarzuelas que
nos estaban anunciadas. Con toña oportunidad se presentaron al despacho de «El Mundo» cinco obras correspondientes al libreto Por una Deuda. firm,1do~ con
loP peeudónimos s'guientee: Nihil, ¡Sur.mm/ A. JI. R., P.
L G. y J. R. C'.
Tanto eFtos trabajos como loe cuatro presentados para
el libreto Sobre el Océano, serán entrtgados en la semana
entrante al Jurado para que decida de los dos concurso¡,,
y una vez obtenidas las zarzuelas que designe el Jurarlo
dignas de premio, las presentaremos todas á la niej11r
q&lt;&gt;mpañfa de Zar,mela que actúe en la capital. No lo hicimos antes, porque estábamoa seguros de que el viaje
del Sr. Arcaraz á Europa, había sido para mejorar sn
compaiiía, como seguramente lo hará.

al ¡iortador por la suma de mil pesos; y hahiend11 fallecido en la. noche del 28 de Julio último, el día 30 del mismo se presentó á la Dirección el portador de la Póliza respectiva, acompañada del certificado de Jefun&lt;'ión. Ba~tó
esto para que que dt&gt;sde luego se cubriesen al Sefior Don
,'\n~?n}o S:.enz de Sic\li!' l~H mil perns referidos, que rP·
c1b10 ,~ su entera eat1ftacc1ón, otorgando el recibo del
caso.
De lo _expuesto surgen dos importantes apreciacionee:
una, la mcomparable prontitud Cl)ll que paga su~ 1ie~go~ .
La Fraterna!; y la otra, que expidiendo póli?:PS bnjo una
forma especial la cual da caracter de beneficiado al portador, los contratos celebrados adquieren la fuerza de un
ch,.r¡ur, y por consigniente se eliminan en Jo ab~oluto las
tnmitaciones dispendiosas y moratorias.
Es digna de encomio esta Institución netam&lt;·nte Xacional, qu~ por sn laboriosidad y honradez ha &lt;'""quietado prest1g10 y alcanzado un progreso verdade1 a11,e11te notable.

PERSONAL.
MR. J. H. MEYER.

Damos el retrato de este caballero que acahn de prePentar su renuncia al a lto cargo de Gerente del B meo Internacional_ Hipotec~rio de esta capital, para nct&gt;ptar, ,í. lo
qnP ee dice, el m1emo cal'go en el Banco de Zacateca~.
)Ir. llfoyer es bien conocido y popular, ee¡,.,cialmente
entre las pei:sonas qu~ tenían negocios _en el 11 ipotecario,
y su separación será smceramente sentida, en &lt;•I sentido
de los negocios. P_or su parte, la Colonia amPricana pierde uno de sus me¡ores encantos con la partida de la linda sposa de JI.Ir. Meyer.
Este contribuyó poderosamente á la popularidarl del
Banco entre loe americanos, y estaba unido á la neg&lt;'cia·
ción d ..sde Marzo de 1890, pocos meses después de la
reorganización de ésta.
En México ha~ía estado ya Mr. Me.ver. de lSH á 18i9,
rlese1:ipeñando d1 verAos cargos. En 18i!) fué á X ueva
York, de donde volvió en 1888, radicáudose de nuevo
entre nosotros.
No hay para que decir cuán útil eerá el contingente
qne Mr. M~yer prestará. en su nuevo cargo de Gerente
del Banco de Zacatecas.
0

Por te)egrama ~ecibido en é~ta ciudad, se sabe qne el
Rei'lor M1n1stl'O 1..,1mantour, sahó últimamente de Nueva
York á Naragauset, dedo?de regresó poco después áN'ne"ª Yor½, afirmando el 1:n1smo telt&gt;g1ama qne la ealud del
sefior Lunantour va meioranda de dia en día.
Re encllfmtra en esta car,ital el seflor Yizconde de Cornely, procedente de Enropa.

E1 domingo tí.ltimo murió en su residencia de Mixcoac
la Rra. D~ üuadal_npe Santa-A nnade Castro. Era hija del
gPneral D. Antomo Lopez de Santa-Anna Presidente que
fué de la República.
'
El dia 3 de Septiembre próximo, se verificará probable"!~nte el matrimonio de la distinguida Srita. Sara Diaz
V 1vanco, con el Sr. D. Pedro Rincón Gallardo hijo.

*

**
En cuanto al concurR0 fotográfico,
con pena manifestamos á loe interesados qne no obstante nuestros esfuerzos
para llevará cabo la Exposiéión que habíamos indicado,
nos vemoP en el caso de desistir de esa idea, porque Pn
el Casino Nacional, en donde con tan buena voluntad S"
nos ofreció local, han Pstado y Pstán en reparaciones dPI
e?ificio, y Fe nos imposibilita organizar dicha Expoeimón_ en los salones que nos cf'dieron; y com'l sería inconvemente rttardat por más tiempo la decisión de este
concurso, la semana entrante nos harán el favor los señores jurados de designar cuáles son las obras fotográficas
que mere(,#!n premioP, y en el próximo número nuestros
lt&gt;ctores tendrán conocimiento cabal del resnltado de este
asunto.
LA FRATERNAL
P;rg,, ~us Pólizas en 2-! horas.
El Sr. D. LuiF BaFnrto ee aFPguró en )farzo del presente afio en dicha Compañía, bajo un plan de Plazo fijo

Ot ro pago de $5,000 de "La M utua."
Guadalajara, Junio 16 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director general de «La )fo.
tua ...
México.
-:\Iny señor mío:
Con intervención del Inspector de esta Compafiía el
Sr. Don Guiller~o Peake, y por conducto del Banco de
Lon4=1r1&gt;s y México, en ésta, lre recibido en esta fec:ha la
cantidad _de l~5,000) cinco mil p•sos, como importe total
de la _Póhza numero 469,328, bajo la cual estuvo aeegurado mi finado padre el Sr. Don Comado Izábal suplico á
vd_. ~cepte para sí envie á la dirección en N~eva York
m1 smcer_o agrad~c1miento por la eficacia con que se ha
pagado_ dicha Póln;a, después de levantadas las pruebas
que exige el arreglo del asunto. Deseo que sirva de estímulo en favor del Seguro Sobre la Vida en la ant.igua,
honorable y podi¡iroea Compañía «La Mutua» de Xueva
York.
Quedo de vd. su atento y S. S.-FRANn~co IúnAr,
IR1ARTE, albasea testamentario de Conrado Izábal.

r

Los t errenos de Tlahuali lo.
sr nr,·rs10N.
En otra parte pnblicamos el plano detalla&lt;ln
de los terrenos de Tlahualilo y de D. Pedrote, d.-1
Estado de Durango, pertenecientes á la cuantiosa testamentaría del acaudalado Sr. D. Juan :Flores, del mencionado Estado.
El Sr. Floree, cuyo retrato publicamos en otro
lugar, fué el fundador de e~a ópima herencia
que hoy a~aba de deslindarse y repal'til'se, y aH
por lo cunoso de la agrnpaci6n de eFos terrt:l•
nos que son de tanto porvenir para Durangn,
como por. ~ratarse de u1!0.de los jefes de autig?as familias más prestigiadas de üurango. parecenos oportuno dar algunos datos biográfico&gt;',
que mue~tran lo que valen la energía y la pP,1severanc1a para la consecución de las grandes
fortunas.
El Sr. D . .Tuan N. Flore~ nació en la ciudad de
~uraogc, en Julio de li9i, y murió en su hacienda deAvilésen Diciembre de 1886.
En 1836 comprí, la hacienda de Ramos y San
Juan de Cas~ {del Estado) y trató desde Juego
de cr~ar fiac1endas y laoorfos de algodón, caña
de azucar y cereales. Mas podía decirse que su

L
SR. -le A:-- FI.ORF-&lt;.;,

SR.

J. H. :\1 EYER,

ING.

nomxoo An.,,rnr~o.

�9

l':L MUNDO.

84
Un monumentoá Pio IX en Jamain.
Probableme nte pocos de nne8t10s IE-ctore:=: Fa·
ben que en la H.epública )!exicana. en las ritineñas playl's ct.. l lago de_Chapala, e~i,t"' un hteri110so pueblPcillo denonnnado Jawalll.
En el b111' ri tiempo riejo, como dicen los franceses el camino carretero que conducía de Guadalaj~ra á La Barca, bordeaba ese. pueblecillo, y
los pasajeros que yiajaban'"'n las 111onumen~ales
diligencias, solían detenerse Pn él por bre\'e tiempo, contemplando embelesados l_a ext_ensión azul
de la laguna inmensa. El rnporc1to Libertad, que
de una manera tan trágica SP perdió en Ocotlán,
sumiendo en la más t&gt;Spantosa ·desolación á innumerables fami lías de Guadalajara, solía así
mismo desen,barcar en Jamain á alegres turi.Jas
de excursionistas, que ponían en movimiento al
pueblo. Hoy, el ramal del l&lt;'Prrocarril Central
que comunica á la Snltana de Occidente con lrapuato, deja á buena distancia al portezuelo, y
apenas si se detienen en éste los grandes pango!'
trnjineros que hacen comercio de peECado y sandías, en las riberas de la laguna.
Ahora bien, en ese cortijo ignorado, en ern aldehuela que lamen y arrullan las. ond~s del Cha·
pala1 únicas conocedoras de su h1stor1a, hay algo
que 1lama pode1·oeamente la atención dé tal ó
cnal turista extraviado, Y este algo, P~ nada menos que un monumento ......... á 1:'fo IX.
¿Por qué azares fné á erigirse en ese aparta~o
rincón de México un m0numento á la memona
del Pontífice de la Imnaculadal La historia es bien
sencilla:
' de Jamain, de cuyonombreno nos
Un buen cura
acordamos, un humilde abate que poseía al~unos
bien.es de fortuna y qne era grande admirador
del Papa del Sillabus, resolvió, allá por lae J&gt;OS·
trimerías del reinado de dicho Pontífice, er1g1rle un monumento en el pueblo donde 1esempeñaba la cura de almas, y sin vacilar, puso manos á la obra. Naturalmente .se procuraría que el
monumento fuese digno de aquel á quien se dedicaba, y el proyecto fué discutido á. sus solas
por el buen cura. ¿:',1armolJ Era demasiado carn.
¿Piedra? No se prestaba mucho para los adornos ...... El cura q·_ería que el monumento fuese
muy historiado, y tráH madurfsimas reflexione~,
optó por el barrn. El ·barro abunda: es blando,
maleable, dúctil y se p!·esta á todas las formas y
á todos los adornos.
Acumulóse, pues, barro del más fino y se dió prinejpio
á la obra, que trás prolongadas labores quedó conchuda.
El monumento resultó cilíndrico, con grandes estatuas en
nichos próximos á sn base, representando á los doce apóstoles, con grecas y alicatados á más no poder, y helo_ ahí
recortando su grande y extraña mole en el az_ul del c1e!o,
y apareciéndose á lo lejos como una gran pieza de aJedrez de manufactura japonesa, pulicta por todas partes
hasta relampaguear, pues se enjarró de la mej@r manera posible, y consistente á pesar de la fragilidad de sus 1'?a•
teriales, pues mul!hos años han paeado por él, respetandolo dªbidamente. Corónalo una estatua de buen tamaño del Pontífice.
Quien había de decir á.este Pontífice Mhimo de feliz
y p1a memoria que en Jawain se perpetuaría ella con un
monumento, que quedará probablemente en pie cuando,
después de luengos años de rei~ado descien_da á su vez á
la eternidad el sucesor hoy glonoso, León XIII!

1-

)[ONU~IENTO Á. PIO JX EN ,J Uf A IN.

LAS YICTHIAS DE UN NAUFRAGIO.
En el mar todo es inesperado. La embarcación que ayer
dejó la costa bajo un cielo sonriente y que resbalaba por
un piélago de lápiz-lazuli, hoy, en brega con los vientos
que se avalanzan al cordaje)' con la~ olas qu_e barren la
cubierta, flota entre dos abismos á cual más espantoso,
que abren sus fauces negras para engullirla.
Ese titán que se llama Océano, magüer su potencia colosal, es cobarde; procede por sorpresas; a1:&gt;re vórtices inmensos, después de mostrar el bruñido espe¡o de sus aguas;
antes de ahogar, sonrié, con la sonrisa engañadora de
Otelo.
Es el eterno salvaje. En vano la civilización corre por
los nervios de caucho del cable, á través de sus aguas, llevando á todas part~s la palabra de progreso y redención.
En vano el vapor corta esas aguas con su quilla y se empenacha de hu 1110: él mar no se ctomestica, es el eterno
rebelde, y no hay día que paBe sin llevar consigo r ecuerdo de alguna de sus hazañas.

AGOSTO,

umÍ),

Relatemos la última, habida en nuestras costas.
El Oaxaca, trasporte de guerra de nnestra marina hallábase fondeado frente á S.ln E.mito, en
110 1.:iar quieto y blando, luciendo su casco recién
pintado v recién bautizado también con nuevo
nombre· pues sabido es que ha pasado por una
transfo;mación curiosa; era buqne mercante y
se llamaba Al1andro y surcaba las aguas del Norte· mas cuando se cristalizaban los rumores de
u~a guerra con Guatemala, él, el pacífico buque
abarrotado siempre de mercancías, sint.ió que el
patriotismo se le subía á la cabeza, y sin más
ni más alistóse en las filas de la armada. Naturalmente 'un cambio semejante, requC;ría asfmismo
una total variación de nombre, y el Alejandro se
convirtió en Oaxaca, ganando en el cambio, pues
de «individuo» pasó á «Estado;» pero 110 di vague•
mos; de~íamos que el Oaxaca se hallaba frente á
s~n Bemto,
.
Parte de la tripulación, al mando del 2? Ca•
pitán, G. Miranda, salió con un bote á hacer un
reconocimiento, acercándose á la costa que se
perfilaba vigorosamente dorada por el sol. El boce avanzaba rápidamente, guiado con aplomo por
los tripulantes, y rompiendo con airoso movimiento las ondas, que formaban bouquels de espuma.
Las rompientes, no lejos, CC'ronadas de blanquísimas grecas, dPjaban oír ese rumor tan conocido d.i los marinos, que denuncia un peligro
fácil de desafiar. El bote pronto llegó :í ellas, presentando su delgada quilla á las olas. Para salir
ileso de una rompiente, es indispensable esta maniobra muy bella por cierto.
l\Ias'1ay! del atrevido esquife, si por algún ar.cidente presenta un flanco á la onda pérfida que
viene. Esta lo arrolla á su paso, haciéndolo girar vertiginosamente, sin que los tripulantes, sorprendidos, acierten á tomar prúvidencia alguna.
Tal sucedió al bote del Oaraca. Un movimien.
to que presentó á una ola, un flanco, he ahí to·
do: el bote se volcó rápidamente y siguió rodando entre la marejada, hecho pedazos é impulsa•
do siempre...... Los tripulantes quedaron por un
momento á merced del «enemigo,,, Más recobrados pronto de su sor¡:iresa, empezaron á luchar
con él intentando ganar b costa á nado. La costa era'Ia salvación, más, ¡cuántos e1due~zos inútiles! la distancia ganada, perdíase en un momtnto merced á ungolped"' la marejada; era pre·ciso conquistar aquel p:é ago movedizo palmo á
palmo, ó perecer. La fatiga empez~ba, los brazos apenas
podían moverse, el vapor estaba le¡os ...... .
Y el cielo impasible y puro..... .
Cu:1ntos segundos de esos que parecen siglos, duró ~ata
lucha encarnizada entre el elemento artero y los tripulantes? Solo la angustia pudiera contarlos...... Por fi~ un
esfuerzo desesperado tuvo éxito y los nadadores rechnáronse muPrtos de fatiga so'bre la playa. Después se encaminaron para Tapachula, de donde el teniente Miranda
telegrafió á San B,rnito, dando cuenta de lo ocurrido al
ler. contador J. González.
Publicamos, con sus nombres respectivos, el grupo de
n í.ufra,.os en camino para Tapachula.
De fijo mantendrán toda su ·vida el recuerdo de aquella
desesperada lucha.
UNA PUBLICACION MUSICAL.--Muy pronto se repartirán los
prospect,os de la que va á editar en esta CHpital el conocido profesor
D. Antonio Cuyás. Sabe~os que, ameno y ,,,:,.nado el nuevo periódico musical llenará. el vac10 que se nota en nuestra prensa toonlca, Y
por taut:i
atrevemos á augurar un buen éxito al futuro colega.

nos

I~as victimas de un n.aufrag·io.

l. Contramaestre J. Ge:mllez.

2. Cabo Cañón .T. B:i.utist'.l..
~- Marinero ile 1" A. Noriega.
7. Cabo marde 1" F. Contreras.

Diaz. 5. Cabo mar de 1" B. Beniz.
ler. Teniente G. Miranda.

4. Marineru de 1&lt;11 ,T.

s.

6. MarineroC:e 2"

Fa'. lo I:uf.no.

9

AGOSTO,

1896.

ÉL MUNDO.

..

85

Detrás del príncipe Kung y también de prejuicios, cuidadoso del fin y as&lt;\z indife
c:i.rgado de honores y de rente para los medios, trató con Inglaterra, tomándole
liños, cansado del ejercicio hombree y armas para ahogar la rebelión en la sangre,
del poder, veía, en efecto, lanzando sobre sus Taiping al futuro héroe del S~dat~,
~nrgir un hombre nueYo: Gerrdon, en las manos del cual puso el mando del «eJérc1Li-Hung-Chang, llamado, to siempre victorioso ,, Si se Je reprochó que se apropiaba
según creía, á altos desti- 8US éxitos, que se apoderaba de sus victorias y que en sus
nos. Anson Burlingame no informes habilmente redactados se presentaba como el
~e equivocaba tampoco en p cificador del Imperio y el salvador del trono,Jiay que
sus apreciaciones de los con\'enir también en que tuvo su parte en el éxito y en
hombres. Poco tiempo des- que no se mostró ayaro ni de honores ni de dinero fren ·
pu~s de haber dicho aqu~- te á frente del hombre escogido por él y que un dia, exasllascosas, moríasúbitamen- perado por su falta de lealtad, lo buscaba para rompe, le
1e, sin haber concluido sn la cabeza.
l&lt;'ué al dia siguiente de la victoria decisiva deFoochmd.
tarea, el príncipe Kung se
retiraba, y Li-Hung Chang El Generalísimo de los Taiping, el intrépido y Yiejo Moh"'ahg, guarecido en su ciudad como una fiera en su cule sucedía.
«Las torres se miden por bil, sucumbía bajo los golpes de sus capitanes, á quienes
qnerfa arrastrar á un golpe supremo y sin esperanza.
FU sombra y los grandPs
hombres por el número de Muerto él, capitularon ellos ante el asalto furioso de Gor~us enemigos,n dice un vie- don que les ofrecía perdonarles la vida. Pero Li-Ilungj0 pro,·erbio chino. La to- Chang, como gobernador general de las provincias del
rre es alta y proyecta una Kiang, no se consideraba ligado por la palabra de Gorpombra espesa; Li-Hung- dun, en tanto que el no la hubiera ratificado. La muerte
Chang tiene muchos envi- ri.e los jefes rebeldes podía solo apaciguar las alarmas d_e
•·im,os y hubo un momen- la corte imperial, aterrorizar á los rebeldes y elevar á L1to en que faltó poco para lluug-Chang á la realización del poder y de la fortuna.
Por orden suya, los jefes vencidos fueron degollados,
que lo derribaran. Modesy el virrey vencedor, escapando á la legítima có'era de
10 eFcri bano de la provincia
de Han-Wei, el virrey del su capitán, se apresuró á abandonar su tienda, á la cual
Petchili se había converti- Gordon, con el revólver en la mano, llegaba algunas hodo en hombre poderoso y ras después á pedirle cuenta de su perjurio.
Sin piedad, Li-Hung-Chang, tampoco tenía rencores.
temido cuya voluntad se imponía á m~s de trernientos Había pre isto la indignación de Gordon y se había ~usEntrada de Li-Hung-Chang á París.
mil lonPs de seres humanos. traido á sus efectos; pero rindió un brillante homena¡e á.
Dei,graciadamente su des· su valor y á su capacidad militar, recompensó con largracia no (ué sino pasajera. Levantóse tan grande como gueza á sus oficiales y sus soldados, y jamás comprendió
antes para apa-ecer en un nuevo teatro, representar la por qué Gordon rehusaba desdeñosamente el millón que
China en el extranjero, y de virrey convertirse en em- había pedido á Pekín y obtenido para él.
Cuando, quince años más tarde, Gordon, llamado para
bajadol'.
En él, el pasado explica el presente y los antecesores conjurar la guerra que estaba á punto de estallar entre el
Su recepción en el EUsco.
al descendiente. En las facciones afinadas, en la movili- Imperio y Rusia, volvió á China, Li-Hung-Chang lo esInterro.,.ado sobre aquello que más le llama la atención dad de la mirada y la impasibilidad sonriente de la faz; peraba en Tien-Tsin, y a\ verlo, lo estrechó en sus bra€n Europ; Li-Hung-Cbang debe haberse visto tentado en la lentitud calculada de la palabra y la discreta corte- zos. Gordon mismo no volvió á ver sin cierta emoción al
mucha!'! v~es á responder: «Verme en ella.» Ni en loe sía de la atención, el diplomático se revela y el hombre compañero de los días sombríos y de los grandee éxitos.
principios de su sorprendente carrera, ni en el apogeo de de Eitado se afirma. Su fisonom (a altiva, sus labios finos, Entre semejantes hombres, la vida es muy corta para
su potencia, ni en la hora de su pasajera desgracia, el su frente plegada, sus pupilas velando la agudeza de los rencores eternos, y ambos tenían algo mejor que hacer,
hombre de Estado, al cual ~e ha llamado el Bismarck de ojos, su fisonomía mos_trando_ lss huellas ~e un in~esante que evocar un penoso incidente del pasado. El porvenir
trabajo, de un pensamiento siempre despierto y siempre se ensombrecía de nuevo, y los dos vencedores de los
fa China y que fué y es el Tabuis Cunctator, podía prever el srngnlar concurso de circunstancias que haría de él contenido. dicen el poderoso esfuerzo de ese cerebro que Taipings;se concertaron para asegurar la paz.
el embajador de China cerca de las potencias occidenta- prPside aún en los destinos del Imperio.
Los prudentes consejos y el apoyo de Gordon ayndaEg de la raza conquistador!\, su estatura lo indica; el ron á Li-Hung-Chang á hacer prevaler en opinión e!! la
les, y q11t&gt;, arracándolo á su hierática inmovilidad le lle,·aría, al declinar sus años, á visitar esa Europa cuyos es- cnerpo seco y nervioso, cubierto por su luenga túnica de corte imperial y llevaron al más alto grado la potencia y
fuerzos deecubría hace ya tanto tiempo su diplomacia cau- eeda, lleva, sin encorvarse, el peso de los años y el farrl,1 el crédito de aquel áquien un d(a había querido matar.
de los negocios; su sobriedad es proverbial, y de todo lo
telosa y sabia.
Si este hombre de Estado no ha suprimido como el
Aparece él en estecimdro nuevo, C()mo el últim() repre- que la vida puede ofrecerá un hombre, no ama mas que maestro que lo educó á todos sus enemigos, si éstos dee- •
1-entante de nn orden de cosas y dti ideas, que se derrum- el poder, desdeñando todo lo que únicam,ente constituye pués lograron altera,. !a confianza que le inspiraba al emban por en base. Flexible y astuto, hfüil para adaptarse el placer.
perador y arrojar sobre él en parte el mal éxito de !agueEn los principios de su vida política tuvo una bue- rra de Corea, Li-Hung-Chang, ha dado buena cuenta de
,l las circunstancias, es el lazo de unión entre lo que fné
v lo que será; personifica al Celeste Imperio de otro tiem- na escuela, la de TBang-Kwo-Fun, al cual debía suceder las acusaciont,s que se le hicieran, y el modesto escrii&gt;•), evolucionando hacia los destinos nuevos, 1í. los cuales un dia como virrey de Nankin y que murió sin dejar nn bano de Han-Wei es y será, en la historia del Celefte
intentaba dirigirse desde 1856, impulsando hacia afuera enemigo, «habiéndolos suprimido todos durante su vida,» Imperio en el siglo diecinueve, uno de los tipos caracteinnumerables emigrantes.
RPgún decía. Así lo hizo también á lo qne se dice Li- rísticos de su raza y de su tiempo. Fatalista, se inclina
Cuando en 1841 In~laterra rompía á cañonazos las puer- Hung-Chang, en cierta medida y con procedimientos ante los hechos, accidentes pasajeros, ante la fnerza, que
tas de China y laobhgaba á salir de su aislamiento;cuan- menos violentos. Llegi.do en una época de transición eran- tiene su tiempo; ante Europa que la posee. Sufre los tra!lo en 18.'&gt;ü Fritncia é Ioglaterra bombardeaban á Cantón le pl'ecisos mayores manejos y además el destino le re- ta,jos qne ella le impone; estudia las causas de su fuerza
-é impo11ia11 al Emperador Hian-Toungel tratado de Tien- servaba rudas pruebas.
material, sus instrumentos y sus armas. El tiene de su
Tsi n, 11 i 1«glaterrani Francia supusieron que por esas puerEnropa forzaba la entrada del Pei-Hoy, la rebelión de parte el número, y su raza prolífica entre todas no mueP&lt;t.as hunJiuas, la raza de los hijos de Han iba á desbor- los Taipings amenazaba con engullir en un espantoso ca- tra aún aíntoma alguno de agotamiellto. Tiene, para é l,
darse sobre el mundo y que habían abierto camino á un taclismo !a dinastía Mandchone. Se afirmó en fa diploma- PI tiempo: China desafía á los siglos y lo que él no pueda
formidable exodo. Al principio nada indicaba esto. Chi- cia nPgociando con Europa. Aprendió la guerra en la 1.'S
hncer lo harán sus eucesores. Afable y cortés ante los
na se mueve con msjestuosa lentitud; las idets nuevas pe- cuela de Gordon. Espíritu delicado, librP de efcnípulos diplomáticos europeos, espera, observa, escucha, éonven
netran di[ícilmente en esa ma9a enorme que comprende
-casi una tercera parte del género humano. Extiéndese
poco á poco sin prisa; se diría que al revés de los Estados
~uropeos, impacientes del presente porquP. dudan del
porvenir, la China. confiada en sus sesentasiglosdeexistencia, en su inagotable fecundidad, se cree apenas en su
madurez, no prevé su decadencia, y paciente por que se
juzga eterna, ei-pera todo del tiempo que á ella sola la ha
dejado en el olvido.
No por ser pacífico y legitimado por los tratados, el
-exodo chino, fué menos inquietante. Abierta á la e1mgra-ción, la China se reveló dtsde 1865, como un factor nuevo. factor económico, personificado por la mano de :,bra
barata, invadiendo la Oceanía, la Malasia, la América v
las Antillas, y haciendo al obrero de la raza blanca, la
111,LS temible de las competencias. Los Estados Unidos
. ,se conmovieron, Europa se inqu ietó y en el Congreso de
Berlin, el con~e Schouvolof, representante de Rusia, seíialó el peligro á la atención de sus colegas.
J!;n esta época 11e discutió mucho el problema que debía resolverse con el concurso de las grandes potencias,
-tomando parte en esta discusión Anson Burlingame, embajador de China en Europa. Americano de nacimiento,
oficial distinguido, Anson Burlingame había representa do un papel importante en la guerra de secesión. Diplomático inteligente, acreditado por el Gabinete de Washington cerca de la corte de Pekin, se había ganado la
-confianza del príncipe Kung, entonces regente del Imperio y con la autorización de su gobierno, había aceptado la misión de representar á China cerca de las potencias extranjeras. Un tratamiento de príncipe, los pode,:-es más extenso~, los tí'tulos diplomáticos más elevados,
compensaban !as dificultades que una tarea semejante
traía consigo. El sentía el peligro fijando sus ojos en el
porvenir con inquietud, previendo el dia en que los Estados Unidos y Europa se dar1an cuenta de la imprudencia con la cual se impuso al Celeste Imperio tratados ct1yas consecuencias no se habían medido. •Es tiempo de
acab&lt;\r, decía Anson Burlingame, con la pretendida impotencia de la China y también con la pretendida infe•·ioridad de los hombres del Estado Chino. Valen tanto
-como loe nuestros y conozco en las clases 1,ecnnd:ll'ias,
.alg•mos cuya inquietante ambición está servida por un
• nro talento.»
Rl!CXPCIÓN DE LI·Hl!NG-CHANG EN EL PALACIO DEL ELISEO.

�F6

9

EL MUNDO.

AGOSTO,

1896.

9

AGOSTO,

..

La tnsurreolon

insurección ifo C!reta.
cido como el sabio de que
EN LA ISLA DE CRETA
«las verdades que menos ee
gusta oír, son lae que se tiene
Ya otra vez y en otras secmás interés en saber,» y en
ciones de nuestro semanasu e-acepticismo, no posee
rio, nos hemos ocupado en
más que una convicción: que
dará conocer á nuestros aboChina es eterna, que el resto
nados las diversas fases porpasará, pero que ella no paque va pasando la insu_rrE;C·
eará.
ción de los cretenseF cristiaAsí, en su fuero interno.
nos contra el dominio fanáticon qué conmiseración, ese
co del Sultán de Turquía.
hombre de Estado, filósúfo
Hoy para ilus~rar aconte7i ·
y sabio, asiático y fatalista,
miento de tal importancia,
debe juzgará !os europeos
que preocupa á las veces las
siempre agitadosy ocupad~s
cancillerías europeas y á sus
siempre! Como todos los chitaimados diplomáticos, punos de alto rango, no pueblicamos varios grabados queden tener para Ja,¡ artes, las
se refieren á la revuelta isla.
costumbres, la filosofía y la
de Creta.
religión de Europa más que
Hacia la parte superior del
una indiferencia que disimugrabado puede verse una visla bajo las hiperbólicas fórta:general de la ciudad de
mulas de la política orienCandfa, capital her_rnosa y
tal. Unicamente las ciencias
floreciente en otros tiempos,
europeas Je interesan y su,i
y hoy debatida y decadente
agentes en Europa tienen por
bajo el filo de la espada Musmisión sobre todo seguir sus
límica. Cuando Creta estaba.
progresos. Esencialmente
en poder de la República dt!
observadores, comprenden
Venecia e~ta capital era el
pronto y retienen bien las
e1.1po1·io' del comercio, y al
cosas; aprenden jugando y
:;.,-•
afluir dentro de sus muros
,t-•¡ ·]
uno de ellos decía un día no
las riquezas de remotos paísin una inflexión de orgnses y los productos de remolloso desdén: «nuestra ci v1litos climas, ahf se concentra·
zación es tan vieja, nuestros
ba tambien una parte de la
,._ ______.
antepasados han acumulado
actividad ci~ntffica, artística
tantos hechos, desr.ubrimien·
é industrial de la egregia natos y observaciones que en
ción que se engrandeció en
Europa más que aprender lo
1. Vista. general de la ciudad de Oandia.
2. E.~tatna romanadeSt:rozada por los turcos.
.
San Marcos y se inmortalizó
que ignoraba, me parece reExcitación popu ar en Retimo (t la vista de un buque ingl~~4. Oam¡,amento turco cerca de Ret,mo.
en Lepan to.
cordar lo que había olvidado»
carnación
viviente
del
pasado,
tomar
en
sus
manos
la
diHoy
es
apenas
la
hermom
Candía, triste sombra de su
Ni las victorias del Japón, ni el hundimiento aparente
glorioso pasado.
. .
del prestigio militar ue China, conquistado en la guerr!l rección de la evolución del mañana.
Tal es el retrato moral del hombre que, después de haA la derecha está representada como rehqu1a de una
contra los Tai:pings bastan á alterar la confianza de L1Hung-Chang en el porvenir de un imperio, sobre_el ~ual ber recorrido varias cortes europeas, ha lleg:ido á París, pasada civilización y grandeza de_ Creta, el fragment~ coparecen no haber pasado los siglos, y cuya v1tahdad a! foco de la ilustración y de_!~ ciencia, y c~1; las cere- losal de hermosa estátua romámca, dlstrozada po. los
asombrosa ha resistido tantas otras ·pruebas. Lo qu~ será rnonias de estilo, ha sido rec1b1do por el PreslOente de la fanáticos mahometanos.
Los siguientes de la parte infnior de nuestro grabado,
ese imperio no puede aún en~reve_rse; lo qu~ anuncia, es República Francesa.
Nuestros lectores habrán venido, por dicho retrato, ~n nos ofrecen dos ebcenas en las Ct'rcanías de la CJuda~ deun factor importante en la ~1stor1a eco:nórruca dd munconocimiento, de lo que significa en Europa la presencia Retimo, que ha servido de refu~ío á los turcos per,egmdo&amp;
do y un peligro en un próximo porvemr.
El Japón ha despertado en esa_ polvareda de hombres de ese hombre misterioso, y no extrañarán que le .baya- por los insurrectos, merced al ~uerte destaca,nentoque !:L.
el instinto de la solidaridad nac10nal; les ha rernlado lo mos consagrado un sitio preferente en nuestl'o semana- guarnece. A un lado está una vista general dl'l c3:m{?ame11.
tr turco, tomada desde la A.owpolis, ó fnerte pri1:c1pal en
que pueden la disciplina, la ciencia y la uniun._ Con el J~lo alto de la ciudad; y al otro se ve al pueblo a~1garrad.,
pón como aliada ó contra el Japón como enemiga, la Chi- no.
lanzándose al muelle del puerto, para ve~ en agitad~ ~x ·
na no tardará en reaccionar, y no es uno de los menores
citación la llegada de un buque de guerra inglés, el Sybdle
aJ&lt;ombros de nuest,ro tiempo verá Li-Hung-Chang, la en'

... ..

~os postrimerías

ae

un reinaao.

a

____·•~

87

EL1úUNDO.

1896.

que se creía llevaría oportunos auxilios.
Los cretern,es saludaron al representante del poder británico, creyendo que viene
como centinela avanzado de uua intervención más eficaz, en favor de los cristianos.
Vana esperanza! la lucha sigue más encarnizada cada día, y si algo logran los cristianos, lo deberán á sus propios esfuerzos óal
auxilio que abierta y francamente reciben
de Grecia, y de ningún modo á la acción
de las potencias europeas, que hoy con la
insurrección de Creta, como ayer con las
matanzas de Armenia, parecen indiferent&lt;'s á las gemidos de los que padecen la bárbara opresión de Abdul-Hamid.
_,,.,,uf011•••-___,J

LAS POSTRDIERIAS DE UN ltElUDO.
Cuando hace poco, en el pasado mes,
asistió la Reina Victoria á su palacio de
Buckingham, con motivo del casamiento
de su nieta la princesa Mande de Gales con
el príncipe Carlos de Dinamarca, algún
repórter, de esos que nunca faltan en ocasiones tan solemnes, y andan á caza de la
palabra furtiva que puede comprometer,
oyó decir á S. M. B.: «Ser,\ esta mi última
estancia en la capital de mi imperio.»
Si es ó no ciert-a, no &amp;abremos averiguarlo, pero la frase transmitida con la velocidad del relámpago, ha d.ido la vuelta al
mundo y es comentada hoy en los círculos :financieros y políticos de ambos hemisferios.
Ya se discute la popularidad del Príncipe
de Gale:s y se aquilatan sus cualidades y defectos; ya se forman pronósticos sombríos
sobre la quebrantada salud de la Reina. y
se hacen fúnebres cálculos sobre su avanzada edad.
El tiempo se encargará de dar la razón
ó de desengañar al astuto repórter.
Entre tanto, nosotros, que nos vemos
obligados por nuestra tarea, á dar á conocer en tiempo oportuno la nota ilustrada
de los principales acontecimientos del mun ·
do, del universo civilizado, publicamos hoy
un grabado que representa una parte de
las fi~stas en el palacio de Bukingham,
con motivo de las regias bodas áque nos
referíamos hace un momento.
El dibujante sorprendió una escena animada en el Garden Pa;·(y de la Reina: allí
se ven al Príncipe y á la Princesa de Gales, futuros saberanos del gran Imperio
Británico, haciendo los honores del palacio con esa exquisita corrección de la etiqueta inglesa. Los jardines del histórico
castillo despliegan un lnjo primaveral, y por
entre sus macizos follajes y sus cultivados
y graciosos parterres, dedilan lo&amp; miembros más conspicuos de la aristocracia,
únicos admitidoR á tan e~cngidas fiest.~e.
Nuestro grabado da idea cabal del con·
.fort y del espiendente hijo que allí se desplegaron, de ta animación seria y de la alegría correcta
que reinaron entre las estiradas /odie.~ y los apuestos gentlemen, flor y uata de la corte de Saint-James.

ESTATUA DE JUANA DE ARCO E~ RE!.MS

Inaugurada el 15 de Julio último.

Estatua de Juana de A:roo.

El Presidente de la República francesa, Mr. Félix Faure, inauguró en Reims, el 15 de Julio último una estatua
de Juana de Arco, muy hermosa, debida á l\I. Paul Dubois, y cuya fotografía damos en lugar preferente á nuestros lectores.
La historia de este monumento es la siguiente:
En 1886, la Academia de Reims resolvió erigir una estatua á la doncella de Orleans y con tal :fin se abrió una
suscrición nacional. Los veinte mil pesos que se necesitaban para el monumento fueron rápidamente reunidos,
pero la estatua no estuvo terminada sino hasta hace algunos días. ::\1. Paul Dubois, con una rara conciencia,
corrigió muchas veces su Juana de Arco, que jamás encontraba suficientemente conforme al ideal por el soñado.
La estatua fe levanta sobre un pedestal erigido sobre
el sitio del Parvis-Notre-Dame.
Este pedestal lleva en un !ad.; la inscripción siguiente:
A Juana de Arco.
Reims.
Francia .
,
Suscrición nacional abierta por la Academia deReims.
1886-1896.

Y en la faz opuesta:
17 Julio 1429.

M

.

La fiesta se celebró en la Escuela de Aplicación y fué
presidida por los generales Monfort y Allard; á ella asistieron todos los oficiales francos de la guarnición; y
adornados los cuatro lados del patio principal, y convenientemente dispuestos, dieron cabida á hermosas seño·
ritas, que en traje de gala eran el ornato mejor de aquella multitud patrióticamente alegre, caldeada por un sol
estival.
La primera y más importante parte del programa consistió en la presentación de todos los estandartes del Regimiento conducidos por alféreces vestidos con el uniforme de la época á que cada insignia pertenecía; los encargados de desplegar aquellas reliquias venerandas tan disímbolas, y de tan diferentes épocas, pues ~l más antiguo se remontaba á 166-!, en el reinado de Lms XIV. y el
más moderno es de 1868, del tiempo de Napoleón III, llenaron maravillosamente su cometido, ejecutando varias
evoluciones muy apreciadas de los inteligentes. Esta es
la escena que representa nuestro grabado.
El resto del día se dedicó á maniobras de todo el Regimiento, y á ejercicios de fuerza y de agilidad entre los oficiales y sargentos. La fiesta terminó con un banquete íntimo dedicado á la tropa, y organizado á expensas de
los jefes.
Fiesta animada y agradable la de Fontaineblean, que
recordará á la Europa entera, que si los súbditos del Emperador Guillermo se ufanan con sus laureles reciente~lde
Metz y de Sedán, de Gravelotes y Saint Privat, los franceses, que no oh·idan po,que no quieren ó no pueden ?1vidar su derrota, guardan con amor el recuerdo bendito
de snF! glorias inmarcesibles, y esperan ver lucir el sol
que alurubró los frescos lauros de \Vagram y de Jena.

Bien merece este homenaje la heroica virgen salvadora
de Francia.

Aniversario de la batalla de Wagram
EN FONT.AINEBLEA.U.
Como para responderá esa serie de fitstas con que los
alemanes han venido celebrando desde hace un año sus
triunfos sobre el segundo Imperio francés en los años de
18í0 y 1871. el 7? Regimiento de Dragones de la Repúbliea, de guarnicion en Fontaineblean, buscó una fecha gloriosa para las armas nacionales, recordó la memorable
batalla de Wagram. y organizó alegre festival eldia 6 del
mes próximo pasado.
Ga,den Party de la I:eina en el Palacio de Buchin~ham.

AL POLO NORTE EN GLOBO.
Una excursión arriesgada.

El señor Andreé, el arriesgado aeronauta y sabio sueco, y sus compañeros el doctor Ekholm y el señor'Strindberg, se han embarcado en su gran globo, en el punto
más septentrional del 8pitzberg, con la esperanza de llega, al Polo Norte, 6 cuando menos, á un punto cercano
á el.
Teniendo en cuenta los preparativos delicados hechos
por el señor Andrée, se puede creer que tendrá mejor
éxito que el viajero Nansen.

El seflor Andrée alimentaba desde hace
muchos años la irlea d1- 1Ji,gar en globo al
Polo Norte. En 18iü, haciendo un Yil1j_e a través del Atlántico, llamó su atención la
regularidad de los vientos alisios, )'. pensó
en la posibilidad de hacer largos vm¡es en
globo, principalmente ~e Europa á _América cruzando el Atlántico. Pero la 1mpo•
~ibiiidad de reunir tanto dinero para em·
preea semejante, hizo que no sa preocupara de su proyecto, sino hastaT 1892, cu~ndo
el buen é:;;:ito alcanzado por Noi-densk¡odl,
y las exploraciones de otros sabios suecos
en las regiones árticas, excitaron al señor
Andrée á llevar á cabo su idea de llegar en
globo á la región polar.
Hasta esa época sus estudios sobre aerostación habf.m sido casi teóricos; pero desde luego comenzó á reunir la práctica á la
teoría. Empezó por hacer algunos viajes
con el aeronauta noruego Cetti, y sns experimentos en la n~v~~ación at&gt;rea, le convencieron de la pos1b1hda~ de llegar al Po. lo por medio de embarcac10nes aereas. El
barón Nordenskjold, célebre explorador ártico, le'ayudó ampliamente proporcionándole dinero. El señor Andrée d1¡0 que. le
bastarían 7 220 libras, y desde luego hizo
un contrato con el señor Lachambre, constructor parisiense, para la fabricación de nn
globo por valor Je 2,000 libras.
El globo, ya concluido, tiene "!5 pies de
altura desde la boca basta el vértice, ó sean
97 pies deede el v~rtice hast:i !a base de la
canastilla, donde irán los v1a¡eros durante su viaje por los aires. Los dos tercios
superiores del globo están hechas de tres
cubiertas de seda mas gruesa.
Las cubiertas están unidas firmemente
unas con otras por medio de capas de barniz y tanto el interior como el exterior del
globo eet.á cubierto por dos capas de barniz.
La red que envuelve al globo está hecha
de henequen italiano, de cinco milímetros
de diámetro. El globo no tiene válvula en
el vértice, como sucede generalmente, sino
que tiene dos colocadas diametralmente en
la zona ecuatorial, y una en el apéndice.
Esta última es automática y tiene por objeto evitar la entrada del aire al globo. Se
abre con una presión equivalente á diez
milímetros de agua, y deja oalir el gas superfluo. Las cuerdas que cuelgan de la red
y que sostienen el anillo de donde pende la
canastilla son en número de cuarenta y
ocho.
En el espacio comprendido entre el apéndice del globo y el anillo wn la.e provisiones un bote, y tres velas que-al ser extendid;s presentarán al viento una i;.nperficie
de 80 pies cuadrados. Por medio de eFtas
velas el señor Andrée cree conseguir mantenerfe á una altura máxima, ~ob1·e tierra,
de 150 pies, ámenos que los accidentes del
terreno le obliguen á elevars1&lt;.
La canastilla es de forma circular: tiene
cinco pies de profundidad y seis pies y medio de diámetro. Solamente hay eepacio para qne nna
persona se entregue cómodamente al suefl_o, las otras dos
tienen que permanecer en_ el «observato!1º," así llamada
la parte que queda inmediatamente arriba de la canastilla. Encima del anillo ya mencionado, hay otro donde van colocados los bar6metros, termómetros, ee~ta11te,
altazimut anemómetro, un instrumento para determinar •
la dirección y velocidad de las ~!1bes, otro para apreciar
la intensidad de la luz solar, bru¡nlas, nn magnetómetro,
un teodolito dos cámaras fotográficas; en suma, todos los
instrumento~ y aparatos necesarios pa_ra ob~erva_piones
astronómicae, geográficas y meteorológicas.
Diremos algo de las pe~sonas- q!1e compo11en la excursión. Es un terceto admHable. El_ Dr. Elkolm, el mayor
de todos es un hombre de unos cmcuenta años de edad.
Es fornido de mediana estatura,. de frente ancha y despejada. E~ doctor en ciencias y uno de los meteorologistae más distinguidos de Europa.
El Sr. Andrée es ingeniero, y desempeña el puesto de
·inspector general en la Real Oficina de P!!-ten~s, de Suecia. Es un hombre muy alto-pa~a de ~e1s p1es_:--de :1nchas espaldas y hercú\ea musculatma; tiene nanz ~~mlefia y ojos azules de mirar penetran~, su cabello y_bigote
son rubios. Es muy reservado y recibe á los extranos con
ceño adusto.
El más joven de l~s ".iajeros e~ el Sr. Nils Stri11dbei:g.
No tiene más que vernt1cuatro anos de edad, y se ha d1d·
tinguido ya como profesor de filosofía en el Instituto de
Ciencias de Stockolmo.
El Sr. Andrée es muy rápido en sus contestaciones.
-¿Qué haría usted si por desgracia el globo cayera en
e: agua?
-Ahogarme-contestó el sabio con la mayor naturalidad.
El Sr. A.ndrée tiene esperanzas de que el viaje sea feliz, y su único temor consiste en que si llueve y el agua
se congela so!&gt;re el globo, éste aumenta de peso y desciende sin remedio.
•
. El Dr. Ekholm cree que si las circ11nsta11cias son fayorablee, podrán caminar de 12 á 15 millas por hora, P1;1·
·diendo por lo tanto llegar al polo en el trascurso de seis
. días. El Sr. Andrée, considerando las más desfavora-bles
circunstancias, espera llegar ·al polo en tres semanas.
Teniendo en cuenta la dirección de los vientos domi. nantes en las regiones polares, bien pudiera ser que el
globo descendiera en Siberia, Cabo Barro\v, ó en el estrecho de Behring. En caso dtl descender en la parte sep-

�..
EL MUNDO.

9

AGOSTO,

1896.

tentrional de la Groelandia, los viajeros tendrán q~epermanecer allí much-l tiempo, y alimentarse con los productos de la caz:..
•
Muy dignos de buen éxito son estos arriesgados exploradores, que no temen sacrificar sn vida en aras de la
ciencia.

PAGINA GRIEGA .
ODAS IlREVEt,,,;.
A Lydia.

¿A cuantos engañaron tus promesas
Oh Circe habilidosa? Cuantos, dime,
Tus rojos labios de coral mordieron?
Cuantos de tus burlados amadores
Como propicias víctimas murieron?
Yo ee que todo cuanto dices, Lydia,
Es calculada red engañadora,
Que no hubo en el mundo más perfidia,
Ni mar, cerulea ninfa, más traidora.
Pero disfrute yo de tus ha'.agos,
Y sienta de tu boca estremecida
La caliente humedad cuando me beeas,
Y mientan en buena hora tus promeeas,
Aunque me cueHe el despertar la vida.

Vercl.i es un filántropo.

El célebre compositor italiano Guiseppi Verdi ha logrado acumular una gran fortuna, gran parte de la cual
dedica al alivio de los snfrimientos de la humanidad.
Hace pocos afios fundó un hospital para gente pobre
&lt;&gt;n su ciudad natal, Yi:lanova.
Verdi llegó últimamente al Gran Hotel de Milán donde acostumbra pasar los meses de Junio y Julio, y poco
después de su llegada depositó en el Banco del Populo
400,000 liras, á cuenta de 1.000,000 que dedica para la
construcción de una casa para músicos ancianos y neceútados. Se llamará. «Casa ripo.qo per gil artisi di mus!ca.»
E l lugar escogido para la construcción del edificio se
halla en la parte más sana de Milán y tiene una extensión de 4,500 metros cuadrados. La casa tendrá ·dos pisos, debiendo construirse un gran jardín en el centro.
Podrá dar alojamiento á 200 personas, y tendrá un gran
salón para conciertos. La obra, ya comenzada, tendr,1
término dentro de un año, y se gastará en ella un millón
de liras.
Se calcula que los gastos anuales ascenderán á 150,000
liras, cantidad que será también dada por el maestro
Verdi.

.,• ~- :. .-~---.
:

~

ANIVERSARIO DE LA BATllLL\ DE WAGRAM EN FONTAINEBLEAU.
f

caídas, y la baratura, pues por unos cuantos duros se
puede comprar una aceleradÓra, lo cual la pone al alc3nce de todo el mundo. Sus preconizadores anuncian que
este será la bicicleta de la gente pobTe y de la gente que
vive en el campo.

La semana próxima pasada debe haberse verificado en
la calle 129 de la ciudad de Nueva York la prueba del
nuevo tranvía de aire comprimido. T-,m pronto como la
«Compañía Americana de aire comprimido» tenga en corriente su maquinaria será necesario modificar los carros
para el servicio de pasajeros. Los carros correrán en la
linea de la calle 125 y después entrarán á las lineas de la
parte a lta de la ciudad. La Compañía cree conveniente
hacer por ahora las pruebas en las lineas de poco tráfico·
El nuevo carro solo difiere de los comunmente usados
en que tiene dos pies menos de longitud, y en la forma
UNA MESA FIN DE SIGLO.
del motor. 'El conductor va en la p lataforma delantera y
puede manejar una palanca para imprimir movimiento,
Lo primero que llamó mi atención á mi llegada á N
otra para detenerlo, un garrote de aire compr imido y una
válvula. Esta es toda la maquinaria visible y ocupa es- · vá York fué la ausencia de camas en las casas habitac'
nea.
pacio reducido.
-«¿Dónde dormirá la gente?»-pensaba yo, y á la
máquinas de aire comprimido y los tanques de ai·
da de la tarde pude ver, no sin sorpresa, qne los Ji
re caliente son subterraneos, y el aire comprimido á rarós, y los tocadores, y los guarda-ropas se volvían
zón de 2,000 libras por p11lgada cuadrada, es enviado á
exactamente como en las comedias de magia.
los depósitos de los carros desde la oficina central. DesLos néoyorkinoe, que tanto se desesperan al tener
pnés paaa por los tanq_ues de aire caliente, donde la tem.
peratura e s de 350
ti-ansportar sus muebles al mudar de casa están eu
grados, siendo la pre•
tallos con un mueble que combina la utilidad de una
sión de 150 libras. E;n
sa ~on el confort de una cama.
esos tanques ei aire
Las viviendas de las casas de Nueva York tienen e
que se ha enfriado
tos tan reducidos que un mueble como el ú ltimame
por el exceso de preinventado tiene que ser recibido con aplauso general.
sión recibe una exEl inventor ha obtenido ya la patente respectiva.
pansión súbita, y enmueble colocado en el centro del cuarto presenta el
tonces se dirige á las
pecto de una mesa común y corriente. E n el moro
máquinas para obrar
deseado la tapa se levanta, gira al rededor de unas
exactamente como
gras, aparecen dos pa~as y queda el colchón á d
vapor de agua.
bierto.
Cada uno de los
No puede liaber mueble más cómodo.
tanques ha sido sometido á u na presión
exagerada de 4,000
,-' -- ------ -------·
-- -----------libras por pulgada
cuadrada; pero al ser
aplicado á los carros
el aire solo tendrá
una preeión máxima
de 2,000 libras.

Las

EL GLOBO DE.Y. .I.J;DRÉE.

OTRO RIVAL DE LA BICICLETA.
Ya tiene la bicicleta otro enemigo, que es nada menos
que su propio progenitor.
La bicicleta nació de una maquinilla llamada celerifére
en Francia y hobbyhorse en Inglaterra, que hizo las delicias de los jóvenes nada menos que á fines del siglo pasado y que mereció los honores de la caricatura.
El celerifére ó la aceleradora era algo parecida á una
bicicleta, de mimbres y madera y sin pedales. Se montaba en ella, se empujaba dando en el suelo alternativamente con el pb derecho y con el izquierdo, y cuando se
había adquirido velocidad se aprovechaba dejando que la
máquina corriera sola mientras le durase el movimiento
impulsivo; en las cuestas abajo no había que molestarse
sino en contener de vez en cuando la rapidez de la marcha. Con estos artefactos se podían hacer jornadas muy
largas á razón de 9 á 10 kilómetros por hora y ain gran
cansancio.
Tal es la máqu:na que se ha sacado hoy del olvido; pero aplidndola los rayos de alambre á las medas, los juegos de bolitas á los ejes y los pneumáticos á las yantas,
con lo cual ·se multiplica de una manera formidable la
rapidez de la acelerad0ra.
Ventajas de ésta: que no se necesita aprendizaje para
montar en ella; qne son poco menos que imposibles las

MANt' EL GUTIÉRREZ NÁ,IEIU.

-~~~,

Tranví as de a ire com pri m ido.

•

89

EL MUNDO.

VELA DEL GLOBO ANDREE.

.

.

'

!@ajo reliew.
Rey de Samos, Polícrates, discurre
,con lujuria despótica, sonriendo;
y mientras danzan ménades impuras
y i.legres cantan cortesanos ebrios,
:al tañido de péctides y cftaras,
Polfcrates se abraza: al pensamiento '
-de enrojecer con sangre de sus áulicos
fas trasparentes aguas del Egeo.
Surge de la onda de fragante vino
vapor que crece y se condensa presto
-(&gt;n la atmósfHa tibia y luminosa.
$emejando una oréade que al peplo
-de etérea gasa revelar. concede
&lt;Sécretas líneas y contornos griegos.
Era la musa ardiente y soñadora
del inspirado lírico de Theos;
,agita el tirso de temprana yedrri,
,entona el himno voluptuoso á Eros,
y el ditirambo que á gozar excita,
,consagra al hijo del pastor Sileno.
Mal ceñida la rústica diadema
-de mirthos enlazados con renuevos
•de pámpanos ubérrimos, Polícrates
,siente que estallan en vibrantes beeos
los himnos de la musa anacreóntica;
.'Y vencido al instante por el sueño
no supo del festín.
Una hetaira
,acaricia en la comba de su seno
la cabeza del déspota.
l\Iañana
lhabrá de despertar; no así el intento
-de enrojecer con sangre de sus áulicos
das trasparentes aguas del Egeo.
ANDRES A. M.ITA.

La ConnieDl.oración.
ESPECTROS EPlCOS.

¿A donde con los griegos melenudos
'Va por el golfo insigne tanta nave?
Al compás de la tibia, que en agudos
tonos imita la canción clel ave,
.himno de acentos bélicos y rudos
suena confuso y .grave.
¿Es el Pean?-Guerreros espolones
:amagan en las proras eeculpidas;
y la flota triunfal lleva ifestones
,de rosas y reláwpagos de egidas,
:y-argenta de espumosos borbotones
las olas dividiuas.
El sol entre arreboles resplandece,
,como broquel de oro que á in1isti nto
J)ios vestido de ¡púrpura guarnece;
y el húmedo 01,istal, á trechos pinto
,de .re.flé-jos de mórice, parfce
,en iSaqgre persa aún tinto.
:SALVADOR Dr,1,zlf,roos.

�..
9

EL MUNDO.

90

AGOSTO,

1896.

que había valido. Es que se rebelaba contra toda decadencia. Pertenecía á esos atletas del peneamiento, qne
una vez en la brega, no la dejan ni aun para morir.
La reacción debía venir, sin embargo, una reacción tremenda para aquel organismo infatigable.
Era una noche de trabajo. Marindotti se había instalado en su estudio, tras la íntima conversación de sobremesa con su adorada Constanza. Fué en vano q ue insistiese ella en pedirle que dejara aquel t-rabajo febril, y
viendo la inutilidad de en súplica, instalóse junto á la
mesa en que su amado trabajaba y se puso á leer. Dnrante muchas horas vió correr vertiii;inoeamente aquella.
pluma sobre el papel. Por fin Marindotti la abandonó,
mas al ponerse de pie, fue presa de espantoso desvanecimiento. Sintió como si un choque interior le mach acase
el cerebro; extendió los brazos, lanzó un grito y cayó inanimado sobre el tapiz.

- -••••IO-ln•u--

Y bien, doctor.
Era esta la trigésima vez en dos días que Constanza,
confinada á la habitación de Marindotti, dirigía la misma pregunta, semiahogada por la angustia, al doctor
Varsier, sin obtener otra respuesta que un vago movimiento de cabeza.
Esta vez el médico, que estaba encorvado sobre el lecho del enfermo, se irguió lentamente, enjugó su frente
empapada de sudor, arregló los pnños de su camisa, dió
orden al practicante que le ayudaba de que empacase la
pila eléctrica y los diferentes aparatos esparcidos en la
cámara, y acercándose á Constanza, tomó entre las suyassus manos.
-Y bien?-repitió ella desfalleciente.
-Y bien, mi pobre amiga-respondió él con su brnsquedad habitual de acento-vivirá, pero esto es tod o. La.
parálisis es completa y los desórdenes cerebrales muy
graves para que pueda recobrar enteramente la palabra,
la sensibilidad y el movimiento.
-Ob! pero esto es horrible!
-Sí, y valdría más para él que no volviese del todo en
razón.
·
-Oh! pero qué ,1sa usted decir?
El médico sonrió tristemente, sin responder.
- Y ya no hay nada que hacer?
-Nada. Todo lo que podía intentarse, lo he ensayado
desde hace dos días, sin obtener resu ltado alguno. ¡Qué
quiere usted! Yo se lo había advertido, cargó demasiado
su máquina.
-Nada que hacer, ¡oh Dios!-repetía Constanza aterrada.
-.Duerme-interrumpió el doctor, y por el momento
no tiene necesidad de nada; así, pues, me voy, porque
otros enfermos me reclaman. Quiere usted que se quede el practicante mientras vuelvo?
Ella rehusó; no quería verá nadie cerca de su en·
fermo.
El doctor Je indicó entonces el régimen sencillo que debía seguir y la dejó sola en la gran cámara silenciosa, que
el maestro ya no debía recorrer más.
Estremeciéndose toda, atravesó ella la distancia que la
separaba del enfermo, en medio de la tiuia media luz de
la estancia, y llegó de puntillas a l pie del lecho en que reposaba Marindotti, apenas cambiado eu la apariencia,
con el cuerpo alargado, la fisonomía tran quila, un poco
más _pálida que de ordinario y el pecho levantado por una
resp1rac!ón débil, pero regular. Después, inclinándo~e
dulcemente, púsose á contemplarlo á través de un velo
de lágrimas.
¡Dios santo! cómo, en su reposo, a,arecía aún el mi&amp;mo. Que leves eran las huellas que mostraba, del mal
que le había herido! Acaso no era éste tan gra ve como

Muy instruida, sin esa dulzura y eea modestia que.pueden llegará la vulgaridad; dotada de un. tacto _exqms1to,
de un juicio sereno y recto, de un espíritu serio y firme,
unión de Marindotti y de Constanza, se re- Constanza era acatso la sola mujer capaz de comprender
montaba á unos veinte afias.
bien á Marindot.ti, de penetrará fondo aquell:1- naturaleza
E n tal tiempo, aquel maest.ro de la estética ardiE&gt;nte, entueiasta, cuyas facultades de primer .º!d1:n,
taba muy lejos aun del umvtrsal renombre sobreexitadas por la lucha, buscaban aun eu eqmhbno.
que obtuvo deepués.
Sin sobrE&gt;ponerse á él, Fin t,atar siquiera de darse imPoco conocido del público, excep?ión hech a d.e un pe- portancia, había sabido, ün embargo, !odearle de esa inquen.o círculo de íntimos que apreciaba.n en su ¡us.to v19:- finidad de pequeñeces que son tan preciosas para un hom·
lor la ex t~nsión de su saber y la magnitud de su mte.i- bre de vida interior, y asociarse á sus trabajos, ayudarle
gencia; muy discutido de los letrados, á lo~ cuales des- en sus investigaciones, sostenerlo en sus esfuerzos; y adconcertaban á la vez los arrebatos de su estilo y el atre· quiriendo poco á poco una influencia intelectual muy
vimiento de sus tendencias, acababa de. obtener, con grande sobre él, suavizar la aridez de sus estudios, temgrandes trabajos una cátedra en un Colegio, donde su.s perar la exuberancia de su estilo, profundizar en fin y
lecciones provocaban frecuentes tempestades, y &amp;.bsorv1- purificar su talento, como había profundizado y purido por la lucha. y además 3:islado, _pues no tenía por toda ticado, al captárselas, todas las fnentes de su corazón.
familia más que algunos primos Je¡anos, que moraban en
~farindotti, por su parte, ee había entregado con voel fondo de st1 provincia, había pas~do de _loe cu.arenta lupt uosidad á aquella pasión que lo envolvía, á aquella
.,¡ 0 conocer ninglma de las dulzuras üe la vida, nmguna
pasión radiosa que transfiguraba su vida; que bien lejos
de las seducciones del amor; cuando, en un estío, en el
de fatigarlo ó de desviarlo de su camino lo impregnaba
campo, en casa de unos amigos, había encontrado á de luz y de fuerza al fundirse á él; que hacía sus horas
Constanza.
. .
trabajo tan fel ices como sus horas de amor y le daba
Ella se encontraba á la sazón en todo el florec1m1en- de
la indecible alegría de poder pensar muy alto, á toda hoto de sus veinticinco años, libre, independiente y hermo- ra, sin cesar de ser comprendido, por alto que se elevase.
sa con esa radiosa hermosura que sobrepasa la. del cuerTanto amor y tanta abnegación, no quedaban sin rep~ y la bace olvidar.
.
Premiábala él con una ternura tan fiel, que
A.penas se vieron, quedaron prendados: él de la graCia compensa.
penetrante de una naturaleza elegida? que no tenia n?· no debía desmentirse jamás; con una confianza de toción de su propio valer, ella, del brillo de la potencia dos los instantes, con una necesidad de aprobación llevael escrúpulo.
iutelectual que explendía en rededor de él; y cedie!'do da- hasta
Ves?-le decía Marindotti-no eree solamente mi insá una atracción irresistible, se habían entregado el uno
piradora y mi juez; eres una conciencia en que yo me exa-ál otro, sin poder de~ir cual de los dos había comenzado mino bien. mejor que en la mía, donde me siento vi:í aroin- y dado los primeros pasos.
' Y, cosa rara, aquel lazo. tan rápidamente anudado,. no brar hasta las fibras más recónditas. Preferiría ser conl1abía traído para ello!&gt;, al revés de tantos lazos seme¡an· denado, burlado, vilipendiado por el universo entero,
t.es ni decepciones, ni penalidades. A.l contrario, se ha- antes que herido por tí.
Y como una prueba de que no existía una idea que no
brí~ dicho que cada dia, al pasar por ellos los unía m~s,
como si loe mismos contrastes de sus caracteres, b11b1e· le expusiese, apenas germinaba en su cerebro, una manera de ver que no sometiese á su aprobación, no había
sen sido hechos de la mejor manera par a fundirse.
discurso, una conferencia, un artículo, que ella no coEn aquella época Mariudott! 1?abía a lquilado, en el úl- un
timo piso de uno de los m:\s v1e¡os hoteles del muelle de nociese la primeia, todavía brillante con el fuego de
inspiración.
Orleans, un departamento muy vasto para él, pero con la Se
podría decir que bacía gala de someter á su· juicio
Jnz con aire, silencioso y muy á propósito para el reco· todos
los tesoros de su inteligencia, antes de entregarlos
gi~iento y el estudio. Desde sus ventanas, abiertas al
sol de medio dia, la vista abrazaba. toda la extem11ón del al púbiico bajo una forma cualauiera, y ella apreciaba
Rena desde el puente de Charenton ha~ta el traveeero de de tal suerte este homenaje delicado y la hacía gozar de
deliciosa manera, que solía exclamar:
:N"ue~tra Señora; y por encima del extenso .moar~ ~ovil tan-Me
halagas demasiado, y ei para mí prodigas lo medel río un conjnnto de colort&gt;s verdes y gnees, limitado
en parte por los altos relieves de Saint Etienne del mon- jor de tu talento, ¿qué quedará para los otros?
Qué podían significar en aquel hogar IPs dificultades
te y del Panteón y que llegaba por la otra basta las umde la vida, ante aquellas íntimas satisfacciones?
brías indefinidas del Jar&lt;Hn de Plantas.
Una cosa, sin embargo, inquietabaá Constanza: el con-A. Co.;stanza la sedujo, desde luego, la calma lumino·a de aquel departamento elevado, casi aereo, á donde centrado ardor casi febril, con que Marindotti, empeñano llegaban de fuera, más que rayos de sol, pájaros, har• do en aumentar su renombre, trabajaba, no dándose ni
monías confusas de coloreR y de sonidos y cuyaS'altae ha- un momento de reposo,
Temía que aquella labor encarnizada acabase por altebitaciones llenas de luz, decoradas hacia el fin del siglo
pasado, conservaban en los dorados, frescos aún, de sus rar su salud. Algunas veces creía descubrir en la afectaartesones y de sus entrepaflos, como una sonrisa del pa- ción con que erguía él su cuerpo de atleta, en su palabra más nerviosa, en la expresión de sus ojos, huellas
sado.
.
Había ido ella á instalarse ahí desde que fué mujer de de esfuerzo y de fatiga; mas en vano le suplicaba que no
Marindotti, llevando consigo lo que mejor podía acomo- se prodigase tanto; él confiado en su nativa robustez, que
darle: tapicerías antigua¡¡ de amortiguados matices, ob· jamás lo había.traicionado, desdeñoso por temperamento
jetos de arte poco numerosos, pero de purísimo gusto, como por hábito, de todo reposo, sonreía y seguía trabaplantas fecundas y espesas, y desde entonces había co• jando, algunas veces toda la noche.
Y es que su espíritu vigoroso no podía doblegarse anroenzado para ellos una exi~tencia aparte, de retiro é
te la idea de valer, al acercarse la ,ejez, menos de lo
intiwidad completo~, que tenía un raro encanto.

r

9

AGm,To,

decía el doctor! A.caso se había equivocado. ¿Era posible
que aquel cuerpo querido, reclinado blandamente en el
blanco lecho, fuese ya únicamente una masa inerte que
debía permanecer clavada ahí?
Por fin el enfermo abrió los ojos, esos ojos que ella amaba tanto, donde estaba habituada á leer por entero el
pensamiento y que jamás se volvían á ella, sin hacerla
Rentir la impresión de una caricia; los abriú, murmurando
coa voz que parecía un quejido, palabras ininteligibles,
y ella, que se había inclinado más hacia él, retrocedió repentinamente, herida hasta el fondo del corazón por una
inexorable realidad, escrita en el fondo de aquellas pupilas vagas y claras, en que la chispa divina se había
extinguido.
¡A.y! el doctor había dicho la verdad! Un !Ser inconsciente, una pobre pavesa humana, he aquí lo que resta·
ba de )farindotti, lo único que el mundo vería en adelante! En un segundo de lucidez desganadora, comprendió ella todo lo quo la catástrofe tenia ele horrible y de
irremediable, y presa de una inmenrn piedad, de una indecible desolación, abatió, sollozando, su cabeza sobre el
lecho.
Sollozó mucho tiempo, con los labios pegados á lae manos frías de )I I rindotti, que permanecían inerte" bajo sus
labios, con la frente pegada ,l su pecho, que ya no ten!a
para ella eco alguno; repasando ur,a oleada de recuerdos:
todo lo que aquel hombre había sido para ella, todo lo que
Je había debido de alegría y de orgullo, diciéndose con
' desesperación, que ya no podía hacer nada por aquel que
le era tan caro; eon una pena más grande aun que la que
Je producía su dicha muerta, consiJeró la rles,·entura sin
nombre que hacía de aquel maPstro tan querido y respetado por todos, un objeto digno de compasión.
¡De compasión! ¡Qué huhiese dicho él, tan orgulloso, al
saber que ese era el sólf) sentimiento que po•d ía ya des•
peitar!
El exceso de su dolor la hizo erguirse de nuevo y recorrer á grandes paFoe la estancia, restregando una con
otra sus manos y repitiéndose con desesperación:
-¡Oh! Si el supiese lo que pasa, pr1:,ferjría morir.
De pronto percibió, olvidado sobre una consola, por el
practicante sin :!uda, un pomo casi lleno de atropina, de
.1a cual Vareier debió dar al enfermo " , loe pri111eros
momentos, y un pensamiento súbito la hizo estremecerse:
la muerte libertadora que invocaba para ;'.1arindotti, &lt;S·
taba ahí, encerrada en aquel menudo frasco. Qne el en·
fermo ab~orviese solamente la mitad y se salvaba de su
dePgracia ...... para siempre.
Este pensamiento de libertad la hirió de tal suerte, que
se apoderó del fraRquito.
.
.
.
.
Si en aquel momento l\farrndotti le hub1e~e gntado:
«dámela n le habría tendid;; sin vtcilar el frasco. Mas
¡ay! ningnna orden debía surgir de loR labios balbucien·
tes del maestro· estaba sola, y en adelante, tenía que pensar por él y por ~í. Entonces, presa de um~ ellloci6n inexplicable, púsose á interrogar su conciencia, aquella con·
ciencia á la cnal su amado había llamado tautae veces.
El aniquilado, reducido á la nada, sin que ¡;ndiese obrar
¿q~é haría? ¿Ella, tenía derecho de di~poner de la vida
de él? ¿No era acaso hasta un g_eber hacPrlo., h.abiendo
iiido para él todo lo que era? ¿No eiaaquel el ultimo ser·
vicio que podía haceile? ¿La úl~ima prui,ba que podía
&lt;.larle?

Ol

ELMUNDO.

1896.

los ojos errantes del paralítico encontiaron los suyos. La
reconoció y un fulgor más vivo alumbró aquella wirada,
y su voz incierta intentó pronuncjar el nomb~ de Constanza.
-¡Oh! Dios, exclamó ella, invadida por un soplo de locura, acaso no está todo perdido!
Y con desesperado arranque se arrojó sobre él, hablándole, abrazándolo, oprimiéndolo contra su pecho, como ei
intentase comunicarle su vida, galvanizarlo, resucitarlo.
Tiempo perdido. ¡ay! Alcabo de algunos minutos, con
el alma hecha pedazos, aniquilada, tuvo que aflojar aquel
lazo sin haber obtenido un movimiento, ni una frase
distinta.
¿Comprendió el paralítico aqut-1 esfuerzo supremo? ¿Tuvo conciencia de la inutilidad de la lucha y de los lazos
amorosos que intentaban anudar su talento y su cuerpo?
Sus miradas, que se iluminaran un instante. abatiéronse
hacia él mismo y luego ee levantaron hacia Constanza,
llenas de de una expresión tal de súplica, que á la joven
le pareció recibir, en plena conciencia, la sentencia que
esperaba. Sus manos ceearon de temblar; recogió el po·
roo que había caído á los pies del lecho y lo destapó.
-¿Es bueno? balbuce6él al verlo, vuelto ya á su inconsciE&gt;nte impasibilidad.
-Sí, respondió ella, es bueno, es la libertad.
Y dejando un beso apasionado en la frente del enfermo, le vació el pomo entero en la boca.
PABLO

Dus.

acaricia con sus velludas manos el cuerpo de la nubil,
exclamando:
-¡Hija mía!

IV

ISOLDA.
Estrella de la tarde, que brillas en
occidente, que levantas sobre la.s nnhes tu brillante cabeza y te adelantas
majestuo,;a tl. lo largo de la colina, ¿que
miras á través de los árboles-?
CANTOS DE Q8S,IAN.

l

~i&gt;

I

L mar hirviente v enfurecido azotaba con sus on·
das glaucas y enérespadas, los peñascos del volcán, que, emergiendo de las lenguas de agua que
lamían las arenillas de la playa, elevaba su pun·
tiagudo crater coronado por tenue airón de humo hacia
las nubes que flotaban bajo el cielo siempre sombrío y
negruzco de aquella ignota latitud.
Escondida entre carcomidas peñas, recargada en los
pichachos de musgosOl! cantiles, casi derruida, rodeada
de una vegetación raquítica é inculta, apuntalada por leprosos tro11coe. nidos de lae aveR car..:iceras; abandonada
y casi oculta entre espinosos zarzales, estaba h choza del
pescador.
Allí solo se esruchaba el aleteo de los aleiones que al
declinar el sol invernal revoloteaban gritando en los islotes que surgían del reverberante espejo de las aguas, el
sempiterno llorar del aire zalobre que murmuraba palabras y queiasno inteligibles, al azotarse en las vertientes
y, el bronco rnajestuo•o rebramar de las g;gantesondas
que al golpt'ar c:in sus tumbos la playa, se desbarataban
en caprichosas grecas de burbujeante espuma ........ .
En lontananza, flotando cabi entre las enhiestas copas
de los grandes olmos queeim,altaban el vallec:illo, veíase
la colina en cuya suave pendiente se desbandaban como
parvada de av.ts blancfü1 las casitas del villorrio.
Había veteranos bohíos con su techumbre de paja ennegrecida por todas la~ torwl'nta@, pt-queñas huE'ttas, mi·
croscópicos viñedo¡,, pintorescos collados donde floreaban
los rosales, hol'talizas y he..edadei! 1:,n cuyos euhi..-stos palomares arrullaban las hembras á sus crías cubij.rndolas
bajo el alón tornai;olado. .. . . . .. .
·
En la cumbre de la ewninencia. y casi á la altura del
campanario, elevaba el castillo señorial sus son1bdos y
rígidos m,1ros, en cuya medio arrumada torre del homenaje ond11laba siempre al antojo dP. los vientoe la invisi·
ble bandera del castellano de San Martín.
II

Creyó sentir que sí, que
debía hacerlo, y sin embargo y á pesar de su
exaltación, vaciló.
Un discreto golpe dado
,, la puerta, la sobresaltó!
Eran amigos del maestro,
Pran sus discípulos, una
&lt;lel~ación del Instituto,
que iba á pedir noticias y
que insistía en entrar.
Apresurase á decirles que
)farindotti no quería recibir á nadie y, cerrada
la puerta, volvió cerca del
lecho, pensando de nuevo en aquel la resolución tremenda:
No, no¡ ningunos ojos más que los suyos debían ver al
maestro amado, reducido á la impotencia i!Obre su lecho _
de miseria; ninguno de aquellos que se habían inclinado ante su elocuencia y su saber, le insultarían ahora con
sus miradas de piedad.
Ninguno podría decir que el sabio, no había muerto
grande é intacto. Como se inclinase de nueve, sobre él,

Osear es el más apuPsto doncel de la comarca, sus vest idos son !01&lt; 111,ís fastuosos, Pxpléndida la pitanza de su
burgo enmc.,hecido y lt&gt;gendario, garridas las meznadas
que conduce victorioso á mil vandálicas empresas¡ tiene
su rostro paradi,iaca ht-rmosura, es su Yalor el más indomable, sus caba!lts los más ligeros, su janría las más robusta y la más bra,•a, 1;us monteros, los más audaces y
valientes.
Nadie como Osear espera con tan estoica calma la acometida de la fiera á quien l,an robado ~ns hijuelos, nadie
como él cla rn con tanta destreza el venablo ti aidor en el
c.Hazóu del león, que acosado sacude su opulenta melena
en la enramada nlllbría, narlie como él, es amado por las
bellas, teruido por los luchadores, y eu:;alzado 1:,n las románticas cancione!! de los troveros.
III
Al atard~cer, cuando Febo se desmaya blandamente, y
el fulgor dmrno apaga e~fnmándola entre aluviones de
sombra su polícroma claridad, á la hora en que se llenan
las cavernas y grazna el hubo erizando su plumaje n1•gro,
cuando suena el silbo vibrante del grillo y la tiniebla 11)
envu_elve ~odo en su crespón opaco, _!solda, la virgen de
los o¡os tnstes y melena blonda, la mña de la blanca túni·
ca y la tez enferma, corre cual gentil gacela, y ágil trepa
sobre un bazáltico peñon avanzado al océano, esperando
el retorno del l'Usente pescador.
Oyese el monótono golpear del remo, colúmbrase como
el ala de un cisne.la vela henchida de la frágil embardación
hiende la atmóFfera Ri lente el tco dP. una canción rn ui:
na, encalla la barca de abeto, y al ~altar el vit-jo á tierra

Arriba Selene en plenilúnio. ·
Las estrellas lloviendo la noche en tupido aguacero de
luz, y las nubes, esas algas del espacio, eimulando tocas
de novicias, legiones de almas, monstruos apocalípticos,
estrambóticos japonismos y pesadillas de Joco ........ .
.A.bajo todo en calma.
El bosque columpiando indolente los ramajes de me
viejas arboledas, la cuadriga noctívaga de los lobos; asolando la campiña con horrísono alarido, y el viento, ensayando sus perennes sonatas en los cam¡,os.
En lo más sombroso, rumor de besos, ia mano de un
barón estrechando un talle de Nereida...... un suspiro... !
la soledad ......... !
Después, la trar.quilidad infinita del olvido, las hojas
volando en inquieto torbellino y el Pire impregnado en
las emanaciones oceánica~, acariciando la frente tibia de
una niña que tiembla y que llora.

V
¿Porqué !solda está triste?
¿Porqué los frondosos arboles encalvecieron arrojando
al suelo su arrogante cabellera de hojas verdes, y el mar
brama levantando montañas dJ absintio y espumas?..

···i;;"i'~;¡¡;;;Í&gt;;g~·~g~1;tó·¡~~·~¡~·¡~~·~~~-~~~-;¡~~~~-a.~i~;;;:
bre, retumbó el trueno sacudiendo tenebl'osas nublazones, y, los luceros, las púpilas de loe ángeles, se encoJieron hasta hundirse en lo negro lentamente.
La barquilla del pescador bregaba en la marea.
El viejo fatigado y sintiendo fenecer los seniles vigorPs
que le alentaban, enr.endió el fanal amarillento y agitando sus brazos de tritón oraba y blasfemaba llamando á esa
tierra codiciada que veía envuelta en la bruma de infor(lles lejanfas.

VI
Cuan.do el n:1-nta peleaba co~ las ondas, !solda, poseída del. 111consc1ente so.nambu.hsmo &lt;;J.e aquellos á quien ta
sugestiona un pensamJt,nto fi¡o corrió hacia el mar y ex tendiendo sus brazos al vacio arrojoee á él desesperada.

. La resaca iracunda y sonante cubrió con sns líquidos
rizos e l cuerpo de una mujer, lo meció, columpiólo, basta arrollarlo en sus cuencas y después lo sum.ergi6 en el
p1of11Rdo abismo.
¡Un cuerpo al mar!
¿.Qué es?
El dolor que ee prende á las alas de la muerte una lágrima conver·t!da en veneno .que quiere evapor;rse y ser
perfume, la tristeza, esa mariposa negra, ansiosa de abrasarse en la claridad de alguna luz desconocida la desesperación qn~ se arroja fr~nética á la esfinge bu~cando en
su regazo fno, el fin, el descanso ó el sut&lt;ño innoble de
las cosas que no sienten.

VII
La borrasca huyó.
Aquietose la snp~r~cie del Océano basta semejar inmensa piii:ca de obs1d1ana á la que bruñían con deslun1brante bnllantez los rayos de la luna que cual buriles de
plata resbalaban sobre ella.
El peecador vió una mancha blanca que flotaba sobre
el agua, acercose...... ¡una mujer!. ..... ¿era sirena 6 fantasma?...... ¿realidad ó visión de sus pupilas?...... ¡quien ·
sabe!.. .... ¡acaso algún naufragio!.. ....
Y venciendo todas las supersticiones de marino c¡ne
bailaban macabra ronda en su cerebro, echó al fondo &lt;le
la barca el cadáver que había visto.
Arribó al 1!,n :í. la orilla y llevando á cuestas su rígida
carga encamrn.&lt;;&gt;se á la caseta gritando alborozado:
-¡!solda_., h1¡a mía, hE: sal.vado á una mujer!
La mans10n estaba sol1tana y solo el eco respondió.

VIII

.

···································································· ....
························································•·······... ·..···········

Al einiestro resplandor de un hachón de brea acercó el
pescador el rostro hermoso y H,·ido de la desconocida,

�EL MUNDO.
revolvió los desordenados y aureos bucles que lo cubrían,
tocó los labios cárdenos ...... ¡Después!...... exhaló una
carcajada, sarcástica, horrible, es~antosa !... ••· cayo?
¿·Qué vería el viejo que desfallecido al suelo
.

IX
Suenan las trompas conen los perros, dobléganse los
arbustos que azota el 'vendaba], relinchan galopan~o los
eorceles, gritan y blasfeman los Il:l~nteros, y, e.l ciervo,
acosadó por una algarabía de maldiciones y ladrid_os ••····
corre...... ¡corre!. ..... rompiendo ramas se~as, trillando
sembrados, brincando setos y salvandos abismos.

X
Arriba Selene en plenilunio.
.
Las estrellas lloviendo la noche en _tup1~0 aguacero de
Juz, y, las nubes, eeas algae del espacio, simulando ~ocas
de novicias legiones de almas, monstruos apocalípticos,
estrambóti¿os japonismos y pesadillas de loco!.. ....
Abajo todo en calma.
.
El bosque columpirndo indolente los rama¡es de sus
viejas arboledas, la cuadriga noctívaga d~ los lobo~ asolando la campiña con su horrísono alarido y el viento
e11sayando sus perennes sonatas en los campos.
Orno B. CEBALLOS.
Agoeto de 96.

EL MUDO .

'r~
,i✓_'

.

í N asuntos de guerra-dij? Carlos-no hay que

hablar mal de los campeamos.
.
-Lo mismo creo-contestó Pedro Nevot, sm _
fí'?"'A..~abandonar la chimenea, á_cuyo lado estaba.-No
!tacé mucho tiempo que tuve ocasión de convencerme de
nt!, d1J!ante el año terrible, hubo coraz?nes frl;lnceses
~ 11 ~ Iae!'eron lo mismo bajo la blusa que ba¡o el umforme.
Los ocho ó diez circunstantes formaron corro alr~edor de Pedro Nevot, y uno de elloij exclamó:
.
-¿Una h istoria? Cuéntela usted.
-Héla aquí contestó Pedro:
«Estaba yo el año pasado en los Yo.egos, en ca~a del 1;11édico Dubreil antiguo compañero mio de colegio, Y cierto dia, desp~és de comer, salimos de paseo, cuando de
ronto oímos ruido de pasos desde el umbral.
.
p -¡Calla!-Dijo Dubreil-¡el cartero! Espérame un mstante, porque tengo que darle una carta.
Y volvió á entrar en la casa.
. . ,
Miré al recién l1egndo, el cual 10clmo ligeramente la
cabeza para saludarme.
..
Entonces me acerqué á él y le d1¡e:
..
-¿Está usted muy ca·nsado?
.
E l cartero se sonrió, llevóse dos dedos á la boca, Y agitó la cabeza.
T

~

Esta vea lo comprendí todo.
-¿E'! usted mudo?-le prt&gt;gunté. .
la
En aquel momento volv\ó l)ubreil con su· carta. en
mano (.)orno había oído m1 pregunta, me contestó. .
-l::ií el pobreJnan Barrotes mudo. Pero eso no le1mpide prestar muy buenos serv:icios, porque sabe leer Y
escribir y oye todo cuanto se dice.
-Pero no es mudo de nacimiento, puesto que no es
sordo.
la carEl cartero se sonrió y alargó la mano para coger
ta que Dubreil le daba.
.
-Ya sé-repuso el médico dirigiéndose á J~an-que
no te agr.ida oír contar tu historia. Anda con D10s, Y no
te detengas po.- mí.
.
.
El ca,·tero saludó nuevamente y se ale¡ó á toda pr1i·.
Entonces Dubreil se asió de mi brazo, y he aquí la istoria que me refirió dura!ite nuestro paseo:

9

AGOSTO,

1896.

Al día siguiente, al rayar el.alba, ~allábanse Barro~ '1
su hijo en la plaza del pueblo mmediato.
Los dos estaban inmóviles y pálidos, con la cabezadea-cubierta.
.
*
**
El pelotón de soldados qu.e de~ía fusilarlos, se bab(a
-Juan Barrot-roe dijo-tenía quince años cuando la situado á veinte pasos de distancia.
Detrás del cordón que formaban otras tropas, agrol)i,
guerra; vivía en una casuch':' aislada, con su padre Y un
base la muchedumbre, que rugía de ira y desesperación.
hermano mayor llamado Lms. .
.d
Juan continuaba silencioso, sin contestar á las pregon
Juan demasiado joven para b~t1rse, habíl;l permaneci o
al lado del autor de sus dias, mientras Lms se batía por tas del oficial quién, media hora antes, le había ínter
gado en vano; á solas en la alcaidía.
la patria.
ó ¡
¡·
ta
&lt;Jomo conocedor del país, se consagr ~ a pe 1grosa Después, condujeron al chíco á la plaza para que .vi
rea de llevar despachos por entre las lrneas. alem~nae,
á su padre y á su hermano, amenazados de muerte mm
que separaban el ejé~cito de Metz del res~ de Francia. _ d iata.
Los prusianos tuvieron una confidencia acerca de~ ca
El oficial volvió á preguntarle:
so y resolvieron capturará Luis, el cual, segú~ con¡etu-¿Quieres hablar?
-¡No!-rospondió el muchacho.
ras, debía visitar á su padre durante sus ~xcu~s10nes.
y el hecho ocurrió tal como lo habían 1magmado.
Hubo un momento de horrible silencio,
U na noche mientras Luis hablaba con su padre en la el oficial dijo en su lenguaje:
cocina, que ~~taba á obs~nras, oyéronse pasos en el ex-¡Preparen! ........ .
terior, y el ruido de terribles culatazos en la P.uer~a.
Y luego añadió, dirigiéndose á Juan:
Padreé hijo se estrecharon las manos en silencio, con-¿Quieres liablar ó no?
·
Los labios del niño no se movieron; pero se notó en B1l
siderándose perdidos:
.
Dé pronto Luis llamó á su hermano en V()Z ba¡a.
rostro un movimiento brusco y una expresión de ang1111o
-Oye, JuÍm-le dijo-sal por el establo y corre á ocul- tia indefinible.
Salió de su garganta un agudo grito de .dolor , y el po..
tar esto en el campo.
Al misr.io tiempo le dió uno~ papeles que llevaba es- bre muchacho estuvo á punto de caer e!l tierra.
.
El oficial se acercó á él, creyendo que iba á b rotar 1.a veJlo
condidos en el pecl¡o de la camisa.
Cogiolos el muchacho y salió como una centella.
dad de los labios del n_iño; pero lo que brotó fué una ola
En aquel instante cedió la puerta y entraron ocho eol- de sangre.
El oficial retrocedió presuroso, al notar que tenía sobre
dados alemanes, revólver en roano.
Registraron á Luis; pero nada le encontraron.
el pecho de su uniforme una mancha roja, y qne en aqu
-¿Dónde están 10s despachos que llevabas?-le p re- instante caía en el suelo algo informe, extraño y delmie,
guntó el oficial que mandaba á los soldados.
é
mo color.
-¿Qué despachos?-dijo Luis Barrot.-No sé de qu
Juan, haciendo un supremo esfuerzo, se hab ía c?rta
la
lengua con sus dientes de lobo, y la había a rroJado ,
roe hablais.
.
d 1
•
-¡Mientes ...... Hay que registrar1o to o ...... .
la cara de su verdugo.
·
En aquel momento se presentaron otros do.i soldados,
-¡Fuegol-gritó el oficial loco de ira.
que tenían á Juan sujeto por los brazos.
.
Oyóse una terrible descarga.
Habían quedado de guardia fuera de _la casa, Y. vieron
Juan cayó en tierra sin sentido, al mismo
al muchacho, cuyas manos estaban cubiertas d_e tierra.
Barrot y Luis exhalaban. ei ~!timo sus~.iro.
.
Se apoderaron de él y le presentaron al oficial, e l cual
- Y ahí tienes la exphcac1ón-roe d1¡0 Dubred-de
qué es mudo nuestro cartero.
le dijo:
-¿Dónde has enterrado esos papeles?
JosÉ MoNTBT.
El chico no contestó.

UN MATRIMONIO FIN DE ~IGLO.

En la ciudad de Oaxaca acaba de unirse en dulce lazo
-estilo gacetilla-una enamorada pareja: él, ex-Romeo
de 102 inviernos, y ella, J ulieta de 85 á 90 otofios. Damos
hoy en nueetras columnas los retratos de los recién casa-dos, á quienes deseamos bodas de oro, en prueba de que
la humanidad no degenera, como pretendon ciertos filósofos del género pesimista.
Como dato de interés-económico-agregaremos que
los desposados ejercen-ignoramos si con éxi~o ó sin élla profesión de limosneros. Esta circunstancia elimina la
idea de que uno de los doe novios haya sido impulsado por
el vil metal. Necesario es creer en el refrá.1: contigo pan
y cebolla.
Después de estos antecedentes, hay que exclamar con
el poeta:
¡Oh amor, eterno amor! alma del mundo!

A LAS MADRES DE FAMILIA.
PE SIMISMO.

Si olvidaran los dos los agravios?
Si la ofensa de ayer olvidaran?
Si se unieran ansiosos los labios
Y los eenos muy juntos temblaran !

A veces cuando veo que no es naua
La grand~za más alta de la vi~a, .
Raegar quiero las.vendas de 111! herida
Y bajo el firme pie quebrar m1 espada.

······························ ········································· .

¡Oh! Génio de someras, potencia malvada
Que empañas la aurora con fúnebre velo
Y te gozas en ver separada
.
La abeja del cáliz, la estrella del cielo ,

A veces c;uando tras de la jomada
Veo que hasta el estímulo st; ~!vida,
Admiro el aud,i,; paeo del smc1da
Conqúi~tádor de· la verdad callada..... .

En el nombre de aquellos amantes
Que en la dicha no hallaron abrigo,.
Por sus a lmas obscuras y errantes
¡Oh infernal potestad te maldigo!

Veo siempre por eso indiferente
Al héroe que su diestra hunde en la brasa
Y al que defiende con su diestra un puente;
Que ante la ley que lo sojuzga todo,
¡No ee mérito el dejar cuando se pasa
Estampadas las huellas sobre el lodo!
JosÉ

s.

Te maldigo por esas dos luces
Que extinguiste en sus yertos regazos.
Por esas dos tumbas.... por esas dos cruces
Que se miran y se abren los brazos!
JosÉ Ju,!.N TABL ADA,
Agosto de 1896.

ÜHOCANO.

DEL "FLORILEGIO."

PESADILLA.

Si el reguero de pólen dorado
Ve caer en la flor desmayada,
Ella suefia en q!le viene el amado
Y en que besa su frente inclinada.

ACUARELA ANDALUZA.

En los marmoreos patios do mi Sevilla,
mientras el sol las calles dora y retuesta,
entre el sopor pasado de roja siesta
depone mi muchacho peina y mantilla.

Si la luna con aureos destellos
Sobre el lúgubre cielo fulgura,
El la mira soltar sus cabellos
Y ofrecerle su blanca hermosura.
Ella escucha su voz en la ardiente
Vibración del voraz mediodía
Y en la queja del bosque doliente,
Que se arrastra en la noche sombría!

El cree ver irradiar su mirada
En el fuego del negro diamante,
En la gota de lluvia irisada,
En la estrella perdida y ~rrante ........ .

93

EL:MUNDO.
_:Oye-repui,o el alemán ¿ese es tu padre.. .... y e-.
tu hermano? ¿No es verda~?
_
.
Juan rei,pondió por med1_0 de una ~enal afirmativa.
-Pues bien; si no me ~ices dóud., t-~tá11 lrn1 ¡&gt;apeles,
los dos serán fusilados. 81 hablas, les s~lva1é la vida.
El niño censultó á su padre con la mirada.
-Juan-exclamó el aneiano-aunque nos
!ante de tí, no hables.
Y el muchacho contestó:
-Así lo haré.
..
-¡Pues, hasta mañana!-dijo el oficial con ademán co,.
lérico.

Bajo el toldo flotante la fuente brilla
derramando sus gotas en Fnn de fiesta,
y la mujer escucha la mars.i orqnf'_s ta
entornando los ojos que el sueño humilla.
Ella tiembla de horror porque ha visto.
Que e11 el ara dettemplo sa·grado
Re deshace la iinagen del Cristo
Y aparece la faz del amado..... .

Sueña que, junto al murn quelaaprision.a, -un rondador cautivo de en ¡~rsona
dice frasee galantes á su figura;

El medita en sus senos que albean,
Ella eueña en su rostro sombrío,
Los dos se aman, los dosª"' desean ·
Y están lejos, muy lejos, Dios mío!

Y que yo la interrogo con mis miradas
y hay tras la reja gritos y cuchilladas
por ganar la llaudera de su hermosura.
SALVADOR Ru:&amp;oA.

Cuenta un médico francés que en sus diversas expediciones por Argelia quedó asombrado de encontrar tan
pocos enfermos de la nariz, de las orejas y de la garganta entre los indígenas del país.
Puede también notarse que los mamíferos, á excepción
de los perroe de caza, raras veces son atacados de esas
afecciones.
Ciertamente existe una causa para que esas enfermeda·
des sean más frecuentes entre los individuos de nuestra raza que entre los moros, grandes y pequeños.
He aquí la causa: el árabe y el indio acuestan á sus hijos recien nacidos sobre una inanta y los cubren con ro·
pas muy ligeras. Se debe ésto á que los habitantes de las
zonas tropicales, vense obligadoe á acostarse así para luchar contra el calor, evitando los lechos de pluma y las

ropas mullidas que tanto pe1iudican á las clases acomodadas. Resulta de ahí que lo mismo el niño que el adul·
10 en aquellas comarcas, obligados á acostarse en un lecho •luro, lo hacen de lado y no sobre el dorso, no siendo cómoda esta última postura sino en una •cau1a muy
b landa.
Hay que examinar lo que sucede entonces. Si el niño
i,e acuesta b0ca arriba, y durante la noche secreta alguna~ mucosidades, éstas se deslizar~n á la garganta, y obstruyendo las vías aéreas, dificultarán un tanto la libre
entrada del aire á los pulmor,es; mientrns que si se acuesta de la~o, las mucosidades quedarán en la nariz y mny
facilmente podrán expulsarse por la maílana.
Cuando una persona es atacada de un fuerte catarro, ee
le ponen los labios rojos, congestionados, con pequeñas
nnpciones y como agrietados·por la presencia de las mucosidades que escurren de la .nariz; estas mismas mucosidades, cuando caen á la garganta, la irritan, y de ahí
qne las enfermedades del oído se desarrollen con facilidad, y lo mismo puede decirse de las afecciones -:le la
parte posterior de las fosas nasales.
Si se quiere evitar que los niños padezcan de la garganta, de la nariz y de los ofdc,s, oblfgneseles, pues, á
acostarse de lado, habituándolos á las camas duras.
La posición que toma el niOo, cuando se acuesta boca
arriba, no sólo es anti-higiénica pcrque expone ,t las enfermedades que hemos mencionado, sino también porque
siendo foco favorable á la respiración, disminuye realmente la cantidad de aire absorbido y predispone á las
enfermedades constitucionales.
Cualquiera puede hacer la experiencia siguiente: Para
evitar que una persona ronque, basta darle una ligera; sacudida; el menor cambio de postura en la mayor parte
de los casos, hace cesar el ronquido, porque las fosas naeales que se encontraban obstrufdas por la campanilla
que cae por sn propio peso al fondo de la garganta en la
posición señalada, cambia de lugar cuando el que duerme se pone de lado, las vías aéreas quedan libres y ya no
tiene necesidad de respirar con b boca abierta, que es la
circunstancia común que produce el ronquido.
Los grabados que publicarnos explican muy bien que
es lo que provoca el ronquido y, sobre todo, como puede
evitarse el respirar al dormir, con la boca abierta.
La figura segunda, que
representa una cabeza erguida, nos muestra la gran
distancia que hay entre
la campanilla y el fondo
de la garganta, en esa postura.
L'\ figura número 3 que
es una cabeza acostada,
nos indica cómo la mis-.
roa campanilla, arrastrada por la gravedad, casi
se pega al fondo de lagarganta, dejando m·uy poco
espacio al aire en la res·
piración nasal. Por lo con·
trario, si el individuo se
acuesta de lado, teórica-

FIG.

FW.

1.-POSlURAS VICIOSAS QUE TO)!AN PARA DORMIR
LOS POBRES.

mente la campanilla no tiene tendencias á inclinar6e más
hacia adelante que hacia atrás y la respiración nasal es
tan f.ícil como en la posición erguida.
Es preciso, pnes, recomendar á las madres que hagan
cada vez más dura la cun.1 de sus hijos, para evitar que
duerman con la boca abierta y en consecuencia rrspir&amp;n
mejor y se dernrrollen más de prisa.
Madres de familia, no más ternuras inútiles, vuestros
hijos dormirán lo mismo, cuando se hayan acostumbrado á una cama dura, que en el lecho más mullido.
Para corroborar nue~tros consejos, representamos tarobien en la figura primera, las posturas viciosas y antihigiénicas que deben evitarse y que toman loe infelices
faltos de abrigo y de hogar, que duermen más bien donde
pueden que donde quieren.

Recordamo"l á nuestros lectores q t?e no
obstante el pliego excedente de
"FLOR DE NIZA"

que acompañamos á cada número de "EL
MuNDO," seguiremos repartiendo mensualmente las ciento veintiocho páginas
del folletín acostumbrado.

2.-cqRTE QUE RRPRE~ENTA LA CAhKZA
XROUIDA.

FIG.

3.-CORTE QUE REPRESENTA LA CABEZA
.ACOSTADA BOCA ARRIBA.
3

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�94

EL MUNDO.

$l AGOSTO,

1896.
9

AGOSTO,

1896.

EL MUNDO.
I

EL COCHE TRICICLO .

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El ideal de conseguir un vehículo que reuniera las ven tajas del velocípedo y del coche mecánico sin los inconvenientes que uno y otro tienen, se ha visto al fin realizado.
Le Petil Jot1rnal, que viene siguiendo con mucho interés !;is progresos verdaderamente prácticos que se realizan para llegar al coche del porvenir, barato, sin caballos y rápido, anuncia !a invención con mucho entusiasmo,
Se ve desde luego que el coche-ciclo es en realidad un
velocípedo mecánico, con sitio para dos personas, que
tiene sobre la bicicleta la ventaja de la estabilidad y de
no obligar al esfuerzo personal, y sobre el coche mecáui-

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liclad eetá tnmbién afianz:.da por la circunstancia de ha
liarse muy bajo el centro de gravedad,
El asiento de delante es para el invitado ó la invitada;
el de detrás, tan cómodo como el primero, es {&gt;ara la
persona que guía, la cual tiene á su derecha el tunón y
la aguja para dirigir la marcha del coche y á su izquierda el freno, el regulador de velocidades y un freno de eeguridad.
El motor es de eseneia mineral, de dos caballos de
fuerza, funciona sin agua y sin electricidad por la introducción un poco elemental de la esencia en un quemador de tipo especial. Para evitar el caldeamiento el inventor ha ideado unas aletas que mueve el aire como en
los ventiladores. Por último, el motor no produce ruido,
ni humo, ni olor. La velocidad es de 20 á 25 kilómetros
por hora y los movimientos mny suaves.

Pectoral de Cereza

Tlaxisoo,
Mano AS &lt;le 189G.
i'HE SmNEY Ross Co.
New York.
Muy Señores mios:
l'tle es grato manifestar á Vdes.
que en todos l os casos de paludismo
y ccngestión h epática en que usado
las Pildoras de Vida del Dr. Ross,
siempre he visto coronados mis
esfuerzos con el mejor éxito. Me
suscribo do V des. Afmo Atto y S. S.
Dn. VICENTE HERRERA.

i

,o

co, la de que ocupa muchísimo menos sitio qne éstt&gt;, y
por lo tanto se le puede meter en cualquier parte y gasta mucho menos; si en el disefio parece tan largo es porque el coche-ciclo es muy bajo; pero la verdad es que entre la rueda de atrás y las de adelante no hay mayor distancia que entre las ruedas de nn biciclo.
Es poco mayor que un triciclo ordinario y además de
los dos asientos tiene sitio para un equipaje modesto. El
peso total del cochHiclo es de 160 kilógramos. Tiene la
armadura de tubos de acero y las yantas de las ruedas
están protegidas por pneumáticos de cautchuc, cuyas
paredes miden dos centímetros de grueso á fin de evitar
PI peligro de los pinchazos. La rueda de atrás es la única accionada por el motor; las dos de delante estiln enlazadas por los aparatos de gobierno. Esta disposición a~egura gran estabilidad al coche en las vueltas; la est3bi-

Tomado de «El Universal»
de la ciudad de Me deo.

~

05

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~

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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•

NUMER07

�EL MUNDO.

98

16 AGOSTO, 1896.

Hugo v á Alfredo . de Mnsset; mientras la opulenta patria dé Coudé y de .Buonaparte no recobre sus fronteras
naturales.•
u· d
b
SEMANARIO ILUSTBADO.
Inútil intento pensar que se reconc 1en o~ pue _l~
Hay en la vida de las nac:ones recuerdos y leyendas
impregnadas de santa poesía, de dulce encanto, que los á quieuee se;:iara una derrota, Sedán, á qmenes d1 v11'BLDONO 434. - ~ de las Damas núm. 4.-APABTADO 87 :s.
pueblo, conservan en lo más eagr:"~º de B? corazon. En d.eu algunos kilómetros cuadrados. de ~erreno arrebatad_oe
• :WCXICO.
vano la crítica racional y el escept1c1s~o fr10 y calculador, por la fuerza de las armas del terntorw francés, Y á qu1e•
Toda la correspondencia, debe dirigirse
pero desprovisto de sentimiento estético, tratan de arran- nes aparta una ruda imposición, el tratade de 10 de Mayo
al Gerente de este periódico.
carloE; en vano procuran coi~vencer d~ e~os erro~es: se de 1871.
·
lp
'd
Podrían, quizá, el soberano de _Aleman_ia .Y e res1 enLa snscrici6n á EL !lUN 00 vale $1.25 centavos al mes, perpt&gt;túan á tra\'és del esp~c10 y d~l tie111go, po1que el
te
Faure,
á
favor
de
la
astuta
diplomacia
rnglesa,
hasta
puebl
,,
¡
agado
más
de
las
1mngmac10n~s
que
lo
recrean
Y
y se cobra por trimestrt:s adelant..dos.
del movimiento apasionado que lo sublrn~a, y á las veces llegará un avenimiento, aunque lo creemos muy remoNúmeros sueltos, 50 centavos.
. .
es i111pulso creador, que de los razonamientos que con- to; pero el pueblo francés, que hoy se.cree más que nunAvisos: á razón de $30 plana por cada publ•cac:6n.
vencen, se adhiere á. aquellos con la espontaneidad ~el ca vigoroso y fuerte, el pueblo que d16 la sangre de_sne
Todo pago debe sPr precisamente adelantado.
que anhela goces sencillo~, se adhiere á ellos con plácida venas en los campos de batalla para rechazar la agres16~1,
REGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
adhesión con inocente c11lto y llE'ga á transformarlos en y después coutribuyó con el ~hor~o del J!Obr~J sudor cie
algo tien;o y delicado, q11e cunstituye parte de su mez- su frente, para pagar la cuantiosa rndemmzacion_ de gue•
rra, ese pueblo nu olvida porque no puede olv1_dar , no
«Agentes exclusivos para los Estados Unidos Y Can~- quino bagaje de seutimhmto abstracto.
En buena hon1 que 1,e intente arrebatar el ~nor que perdona porque no quiere pei:donar, y por lo m1sruo no
dá. The Spanis American Newspaper ~ompany, 136 L1perjudica, la ob,e,i:m qne. cori:ompe, la _memon~ que de- se acomodaría á tal1::a aven~m1ent?s·
.
berty St. New York, E. U.n
Los radicales que en sene no m~errump1da y en CTegrada· pero pretender ext111gt11r lo senc1ll0, lo mucente,
ciente
poderío
han
dirigido
la
polít1c~
france~a
serían loe
lo puio y bel lu de la leyenda popular, es 1:1dem,í's de tarea
ingrata y hasta iwpía, colllo un refinamiento dsl cruel- primeros en rechazarlos, y aun \os mismos \1be~ales roo- .
dt-rados que ahora gobiernan, smo son ,Part1dar1os de. la
dad.
'6n d e revancha agresiva, tam~oc? se con~ormanan con la polí~1ca
¿Qué daño ocasiona en Sniza creer en la trad'ici.
Gniliermo Tell, que encarna el sen_tim_iento de Pl:tnacon de un hu,uillante avemm1ento, sm obtener la derogación
:Utt
ttt
las galas de la leyenc;a? en qné per¡udica 1t Espana soñar del tratado de Francfort que arrebatara á Francia la Al•
con ~u Yirgen de Covad&lt;&gt;ngt1, Jonde une en amoro~o con- sacia y la ~orena.
La República del Ecuador con vocó;á tofü1s_ las nacio_nes sorcio, religión y patria'? ¿Có_mo puede ser contrana á los
Ah! y no es que nosotros. no deseemo_s; ~o es que nos•
latino-americanas para un congreso que debiera reumrse lPgítimos interesPs de Fraucta la leyenda hermosa de la otros viéramos con malos o¡os el a~vemmiento de la paz
el día diez del corriente en esta ciudad, y_ al cu1:1l t!~ le se- Doncella de Orlean,?
y la amistacl franca entre dos naciones que en sí llevan
.
ñaló el título de «Panamericano,» y el ob¡e~~ pr111c1eal de
Dejadlo~, dejadlos con sus dulces arrobamien_tos, no los gérmenes y los frutos de la_ c~l.tur~,más avanzada y la
fij \r exactamente y de una manera defio!tl va la rn~er- les quitéis sus poéticos encant?s á lss gentes senci\las;_ no hen,ncia de la más refinada C1v1hzac1011. ¡Qué hermoso
pretación que los países convocados debieran dat· a la pretendáis hacer un páramo mfecnndo del corazon lim- sería ver que por mediación de la Gran Bretaña, maesdoctrina Moroe. México acordó, naturalmente, conceder pio donde pueden germinai: serni)las_ de bi~n, no les ro· tra del moderno parlamentarismo, llegaran :í reconcilia~la hospitalidad á los dele~:"dos de los país_es ~entro y_sud béis sus creencias que á nadie per¡udican, sm darles algo se y á extinguir los rencores que los separ~n, la gran Geramericanos, y hasta mamtestó su ag~adecnm~uto poi ha- firme y sólido en que se apoyen _sns ilflpuls?s generosos.
manía que uos enseñó con la Reforma el libre ~xamen, y
berse designado este pais para reumón tan importante.
Esta, reflexiones nos han vemdo á las mientes, al ver la noble Francia que nos legó con la Revolución los de•
Pero sucedió que las naciones más poderosas del contt- la estéril y poco grata tarea que se_ han impuP~t~ algun~s rechos del hombre!.......... Qué bel'o sería contemplar
nente no aceptaron la idea de dicho congreso, y por ~ou• periódicos, que qnieren desacreditar l_a trad1c1on mex1• en las postrimerías úel siglo que amenaza concluir con
siguiente al reunirse el lunes dl:l esta semana los miem- cana de la Vir¡1;en de Guadalupe, y aspiran á auyentar e l una conflagración universal, entre el estruendo horrísobros del ' «Panamericano,n sólo se vieron representados recuerdo patriótico que va vinculado en la Ca!'Ilpana de no de las t:spadas y el estampido pavoroso de las ameCentro América y el Ecuador. J?esde luego_ no pncoutra- la Independencia. Pia~"BO creyente 6 escéptico d~sar- tralladoras el abrazo fraternal de dos grandes pueblos,
ron qué caracter darle á esta p1:1mera reunión, ~~eR al- mado, no habrá un mexicano qne al ver la vtner~da ima- olvidando ~us odios pasados y desvaneciendo sus renciguno de los concurrentes _no quiso que se le llamai_aJun- gen no recuerde la5 huestes capitaneadas por t:l mmortal llas, y trabajando de comuno en la obra santa del huta Previa, y hasta propusieron que se declarara disuelta Cura de Oolore~, y que al oír la lengua de bronc~ de mano p1ogreso!
poi· falta de quorum.
aquella eagrada reliquia, traída últ!mamente á la C~p1_tal,
Pero hoy por hoy,_ debem~s considerar que. además de
l\Iéxico también nombró sus representantes, y no po- no se electrice y se sienta conmovido con estremecimien- las dificultades políticas, existen las emulac10~es de ra•
día menos, desde el momento que había aceptado dar tos apocalípticos, recordando ó fingiendo que aquella za las rivalidades de iu~ereses, las competencias econó•
ho~pitalidad á los de otr_os paí~es, y el ~r. Mm1stro_ de campana fué la voz que despertó de su letargo á todo un micas, que ahondan el abismo mád y ~ás,. y dilatarán
Relaciones presidió la pr1mera ¡unta, y d_1¡0 desde luego continente.
por mucho tiempo la a uhelada reconc1l1ac160, y excla. .
qne dudaba mucho que el Congreso pudiera lleva~ á caSi esas creencias á nadie perjndican; si esos sen~u!1ien- mamos con el poeta: ¡ Lástimci grande que no sea verdad
bo los altos fines que se propon ía, pur la abstención de tos consE'rvan en el .pueblo la po~tica l)nion de religión Y tanta belleza!
algunas repúblicas, algunas de ellas muy poderoeas Y patria, dPjadlos crecer, no desyanezcá1s de los corazones
X.X.X.
esencialmente interesadas en el asunto; por tanto, se no- esos impulsos nobles, no _se~uéis con mano aleve esa fuen ·
Agosto 12 de 1896.
ta á primera vista, que México ha aceptado por m_era cor- te de belleza sana y patriotismo puro.
tesía pues sólo Centro América y el Ecuador t uvieron fé
en 1~ resolución de los delegador.
Nuest ros Grabados
Por nuestra parte, y á este fin se dirige nues~ra not_a
editorial no creemos absolutamente en la eficacia de diEl verano .
cho congreso, porque si la resolución fuer.a dada en sentido favorable á la manera como se. ha mterp_re~~o la RESUllEN.-Proyectado avenimiento entre Francia Y AleEs
cautivadora
la
alegoría
del verano que ocupa hoy
doct.rina 1.onroe en los Estados Umdos, era mutll demania.-Dificultades que á. él se oponen.- El putblo fran- la primera pági na de nuestro semanario.
clararlo por un congreso, pues que de hecho aquella ;"ª·
cé~ lo rechazar ía.
E l estío también tiene su belleza, por más, oh lindas
ci6n ha asentado su jurisp rudencia; y si era contrana á
lectoras que á veces os dé tedio, y merece que se le per•
la manera de pensar de los americanos, aun cuando h 11·
Con cuánta extrañern hemos visto la noticia public!lda
hieran concurrido las naciones más ~uertes, come la A:r- ultimarnente por la prensa diaria, relativa~ una pos1bl_e sonifique en u na mujer tan bella. Es el tiempo en que
geotina y Chile, se ha~ría constgu!do poco por la d !B· i nteligencia entre el Emperador de Al,emama y el Pres~- la ciga~ra, que por cantar se olvila de proveer sus grataucia y los pocos med10s de comu111cac1ón de que se d is · dente de la Rep.íblica Francesa! Se dice en ella que Gu~- neros, entona su uniforme estribillo; es el tiempo e n que
pone e n todo el continente sud amer icano_ para I?&lt;?ver llermo II, por el i°;t~rmedio de su au~usta abuela la Rei- la fecundante lluvia despierta á la savia y la hnc~ que
tropas y elementos en el caso de sostener d~cha opm1?':1· na Victoria h a sohc1tado una entrevtsta de Mr. F,mre, extienda sus damasinas alfombras en el campo; es e1 tiem•
Ninguna nación de las convocadas acudió en aux1l10 que tendrá 'lugar en el palacio d~ 0d~rne, para arreglar po en que la naturaleza vive una vida intensa, por mü
de \'enezuela en el último conflicto con Inglat.erra, Y no entre los jefes de las dos potenc1ae nvales de la Europa que parezca que desfallecida se adormece; es el t iem¡,o
h'- bieran podido hacerlo por los vocos recursos de _que Centr al la mane ra cómo p ueda presentarse el monarca en que hay más rumorar de arroyos y más a rrullos ile
disponen p,ua tamaí'i~ emp_resa; solo los Es~dos Umdos teutón ~n la gran exposición umversal de París, el afio palomaP, tan blancas como la que va á buscar los labios de,
la linda doncella, que pide con volwptuosidad al abani
fovorecieron á ese pa1s, y ª ! qu_eremos i:1º sonar, no d1,be1900, sin despertar los resentimientos j~stos ~el pue- el suave frescor de sus alas de seda y yergue airosa 81l
mos olvidar lo que en política mternacronal ha asentado de
b lo francés, y sin causar escandalosas mamfestac1ones an- cuerpo escultórico, con la serena magestad de una reina
este periódico: «La ley más fuerte ~s la de 1~ f?-erza.»
Así, puea, este congreso panamericano se lrnntará á pu• te los representantes congregados de los pueblos todos hermosa...... .. .
la tierra.
blicar tres 6 cuatro folletos de sus delegad?s,. for!Dando deApenas
podemos creer que tales especies se lancen á la
un libro que ocupará l~gar m~ 6 menos d1stmgmdo en faz del mundo cuando todavía no se han extinguido los
Monseñor el Pulque.
las bibliotecas de los d1plomát1cos.
ecos de lae fi~tas con que el Imperio Germánico, al celeEn
México
h
ay un imposible: suprimir las rifias fre,
brar su unificación bajo la diplomacia de Bismarck y la
cuentes entre el pueblo, ese pueblo que en i,u juicio
espada de Moltke, celebraba hace poco l!i humillación ~e tan apacible y tranquilo, pern que apenas ha in~erido al
Francia y su derrota y el desmembramiento de su terri- gunas medidas de pulque, conviérLese en la bestia irrita:
torio.
Si aun resuenan en el aire las aclamacionea de la mul- ble, en la incontrarrestable bestia, que no conser va 111
Una vez por toda8 titula «El Partido Liberal» ..i un d?- titud
el instinto de la propia conservación.
y loe himnos triunfales que fatigaron los vientos en aun
El gran remedio para este mal. sería la supresión d
lorido artículo que publica, en el cual lanza amarg~ que¡a Sedán y en Metz, en Francfort y en Berlín,. ~l descubrir
como si se sintiera bien herido por sus adver~anos: en monumentos y coronar estatuas que se erigieron, par a pulque, mas aquí radica precieamente el imposible.
esto está el verdadero triunfo de los que no siro patizan eternizar en el corazón de los alemanes lob recuerdos de pulque es no sólo la bebida, sino el toxico nacional
con su programa, y nada más ~neo• veniente, aunque nada sus triunfos y hacerlos caer de rodillas "n la apoteosis excelencia. Está probado que nuestro pueblo gasta
más ingenuo, que haber mamfeét-&lt;l? su dolo~.
.
de la fuerza; frescas están también y aun no han perdi- término medio las dos terceras partes de su jornal e
Recuerde el colega que nuestros mismos amigos., ¡ ~gan- do su perfume las flores con que los franceses han coro- agua, y la otra tercera parte en alimentos. E l cargado
do de la próxima aparición de 11EL M;UND0,11 ~iano, nos nado la estatua de Estrasburgo, en señal de protesta que se pasara el día con unas cuantas tortillas, n o p
han llamado mercachifles, despreciables editores, de elocuente; redivivo está el recuerdo de la afrenta, y ape· cindiría de la cantidad de bebida normal diaria, y así 1
quienes lo~ hombres d~ ,valer y de talento, de~en apar- sarde los cinco lustros que h&lt;&gt;.n pasado, sangr&gt;lndo está demás miembros del pueblo. Ya se ve, pues, que hayal
se para evitar la confus1on entre lo alto y lo ba¡o de la es- Ta herida y en todo su encono el rencor que guarda Fran- go más importante que comer para nuestro pueblo, y es
algo es la santa med,da.
cala del periodiamo.
¿Qué debe hacerse? ¿Despreciar ó atender esta clase de cia desde las duras condiciones que tuvo que aceptar de la
Suele suceder emtiero, en tratándose de ciertas ca
altivez
de
sus
orgullosos
vencedores.
.
ataoues? Eata es cuestión para nosotros resuelta y_a por
¿Qué significan, si no, las fiestas de Fontameblea~ á- zas fuerte~, que la cantidad de pulque necesaria para p .
indicación del mismo público, que nunca se mamfiesta qne nos referíamos en número pasado, y la celebra.c1ón ducir excitación, es tan grande, que no bastaría á adq01
más descontento, que cnan~~ ~e le obliga_á l~er _ataques del aniversario de la batalla de Wagram? A qné o~edece rirla el escaso haber de que ee dispone. Entonces queda
y defensas, qne en vez de dmg1rse á _las mstituc1~mee, á esa aproximación á Rusia en estrecha Y. apret:"da ahanz~, un supremo recurso: mezclar al pulque un poco derefi.
Jas ideas, á los razonamientos, sól? tienen por ob¡eto he•
qne por encima de los pue~los gPnnámcoe, t i~nde á ur:nr especie de aguardiente retuerce tripas, que en su c"nsoreto
rir personalidades á qnien~s se o_d1a más 6. menos. .
con el pulque produce efectos endiablados. El pulque
Pierda cuidado "El Partido Liberal ;11 • bie? acreditad? dos naciones poderosas, y ¡untarlas ~n cowum~ad ~e m- vuelve pele6n, y escenas como las que ha soprendido
tereses
como
las
ha
ligado
en
comunidad
de
aspiraciones?
está como leal al Sr. Gral. Díaz, yZnadie piensa en qmdónde va esa fuerte cadena franco-rnsa que procura lápiz de Martínez Carrión, producénse á cada paso.
tarl~ su pnesto de órgano ministerial_ caracte.-iz~do, que A
El puí'ial de ancha hoja sale á relurir y la sangre
rodear
las unidades que constituyen la Triple Alianza, Y
ha conservado y conservará mucho tiempo, segun lo deconstreiiirlas entre sus férreos é inquebrantables esla- rre: sangre de compañeros, sangre de hermanob que
clara en el mismo artículo.
.
tienen motivo para odiarse y que mariana si aun co
En cuanto al nuevo diario que nosotros publiquemos? bones?........ .
van un soplo de vida, se arrepentirán de un delito 4
Vana
tarea
prPtender
hablar
de
ioteligenci~
entre
también pierda cuidado, porq~e no nos apartare!llos m
los condujo al homicidio y al c ida'so!
Alemania
y
Francia,
mientras
no
se
hable
de
la
&lt;1.evoluuna línea de la conducta que siempre hemos segmdo coLa escena por lo demá,; es fiel y frecuente, tan~, 4
mo periodistas desde hace diez años, en que por fortuna ción de la Alsacia y la Lorena¡ mi~ntras estén mud!1ff las constituye el mal diario en esta ciudad de los Palacios.
hadas
del
Rbin
francés
que
rnsp1raron
á
Lamartme,
á
ó por desgracia abrazamos la profesión.

16

AGOSTO,

1896.

El Ferrocarril Central ha traslado sus ofici•
nas de San Luis Potosí á Cárdenas, que se halla á las dos terceras p.1rtes del camino entre
8an Luis Potosí y Tampico.

ía, trni&gt;ieitJnts :¡itJµult1rt.s.

''EL MUNDO."

~tJftt, QEMtorhtlrs.

(fümgrr~.o inttrnadonal

tlltrirn.

llic. Rafael Rebollar.
NG:EVO GOBERNADOR D:EL DISTRITO FED:ERAL.

E l n uevo Gobe rnador del D istrito.
El viernes antepasado, el señor Presidente de la República nombró al Sr. Lic. D. Rafael Rebollar Gobernador
del Distrito Federal, en sustitución del Sr. D. Pedro Rincón Gallardo.
El Sr. Islas y Bustamante, Secretario de dicho gobierno, renunció su cargo, y aun no se le nombra un sus•
tituto.

Notas d e l a S eD1.ana.
Se ha dado principio en Tampico á las importantes
obras del canal que comunicará los ríos Támesis y Pánuco.
Se han suspendido los trabajos de la Exp&lt;&gt;sici6n porque aún r¡o se ha firmado el contrato respectivo con el
Gobierno, pues se espera para firmarlo el regreso del sefl.or Ministro Limaotour.
El reprt!sentante de la Compañía, Sr. Do8 Pasos, no
desmaya, y espera llevar á t:uen término los trabajos.
El martea protestó el señor General Don Antonio Ga•
y6n, como Magistrado de la Suprema Corte de Justicia
Militar, puesto que, como saben nuestros lectores, ocupa
e l eefior General Gayón desde que cesó de ser Jefe del
Departamento de Caballería.
La Empresa de los Ferrocarriles del Distrito ha negado la demanda entablada por los herederos del sefl.or
A.madeo Bonn, y últiroamente se ha abierto á prueba el
juicio por e l término que señala la ley.
Sabe un colega que por disposición del señor Presidente de la República, el dia 14 del entrante Septiembre es el designado para transladar la campana de la Independencia del l\1useo de Artillería, donde está depositada, á donde será colocada provisionalmente.
Se hacen grandeb preparativos para organizar la fiesta
ese dia; entre otros sabemos que se arreglará un carro
alegórico en el que será llevada la campana.
El Ferrocarril Central trata de utilizar el agua del Pánuco para usos industriales. A cincuenta millas arriba de
Tampico hará una toma de agua, para aprovechar su caí,
da en Tampico.
En el curso del mes entrante tendrán lugar dos almer
nedas públicas, de fincas valiosas, en las oficinas del
Banco Internacional Hipotecario.
La primera se verificará el dia 4, poniéndose en remate la hacienda del Bravo, ubicada en .l\Iaravatío, Estado
de Michoacán, cuya hacienda vale $150,000, y la segunda tendrá lugar el dia 7, rematándose la hacienda del
Torreón, del Partido de Yudé, Durango, valuada en
$200,000.

De conformidad con la convocatoria respectiva, el día
23 del mes en curso se abrirá el Concilio Provincial de la
Archidiócesis de México, presidiendo el acto el Illmo.
Señor Arzobispo Dr. D. Próspero María A.larc6n, y con
asistencia del Delegado Apostólico, monseñor Averardi.
Todas las Comisiones han terminado ya los trabajos
que se les encomendaron.

99

EL MUNDO.

Exposieion en Guatemsla.-Señor Directorde
EL MUNDO.

La Asamblea Nacional de la República de Guatemala,
en decreto de 8 de Mayo de 189-!, dispuso que se celebrara en la capital uua Exposieiórreentro Americana que
Varios alemanes residentes en esta ciurlad deberá inaugurarse el 15 de Marzo próximo_ de lb97.
El Comit.é Central nombrado por el Gobierno para la
tratan de dar próximamente un suntuoso baile.
ejecución del Decreto citado y para organizar todo lo reRumóraee en Ciudad Juárez que tres mexi- lativo á la Exposición, teniendo en cuenta todos lt"S el~canos raptaron en Chihuahua á tres americanas mentos y medios de que dispone Guatemala y los sentimientos de fraternidad universal que ésta profesa, acorcasadas.
dó establecer una sección extranjera en la que deben
El Zócalo de Puebla está recibiendo un nuevo figurar los expositores de otras naciones; é inició ante el
Gobierno la idea de que como una muestra de cortesía se
pavimento de mármol blanco.
participase á los pueblos amigos de Guatemala, manifestándoles €.1 agrado con que se vería figurar en dicha SecLa Colonia Suiza, de Puebla, dió el domin- ción extranjera los productos de la ciencia, de la agriculgo último una fiesta agradable en dicha ciudad, tura, de la industria y del comercio de cada una de ellas.
en conmemoración del 65? aniversario de la funEn Ab.ril del año en curso, obedeciendo 1\ iustrucciodación de la Confederación Suiza. En la ma- nes de mi Gobierno, cumplí con el grato deber de amisiiana di6 la Colonia un banquete en el restau- tad y cortesía, de invitar al Gobierno de los Estados Unirant «l\1agloire,» al cual asistieran, entre otras dos Mexicanos, que ettoy seguro aceptad. mi invitación;
personas, los Sres. Gral. D. Mucio P. Martínez, pero como se aproxima la época en que debe inaugurarse
D. DelfCn Sánchez y D. Leopoldo Gavito. En
aquel certámen, he querido anticiparme por medio de
la tarde concurrieron las principal as familias de estas lineas, que suplico á usted se sirva hacer publicar
Puebla á los jardines de la Cervecería Alemana, en las columnas de su importante periódico, á invipor invitación de dicha Colonia, donde hubo un tar individualmente, como en efecto lo verifico, á los
gran baile y juegos.
Centros Científicos, á los agricultores, industrialer, comerciantes, etc., de México, para que concurran á la ExEl 14 del presentedi6 principio la feria anual posición.
de Huamantla y terminará el 2! del mismo.
Tengo el honor de acompañará usted un ejemplar del
Reglamento General, del que si no fuera demasiado exiEl domingo murió en el Hospital Juárez, el gir, agradecería sinceramente se puhlicara lo más esenreo Ricardo Domínguez, acusado de abuso de cial, para conocimiento de los Expositores que deseen
confianza. Se contagió de tifo en Belén.
concurrir.
En la Legación y Consulado General de Guatemala,
:Muy poco trabajo de excavación falta para instalados en la calzada de la Reforma número -!, se suterminar com¡,letamentc e: gran canal de irri- ministran todos los datos y pormenores que á este res·
gación, que desde hace tietnpo se está constru- pecto solitaren los interesados.
yendo en el Río Yaqui.
Anticipando á usted muy cumplidas gracias por este
Se cree que tal obra estará concluida para an- señalado servicio, que espero merecer de la bondad de
tl's que termine la actual estación de aguas.
usted, me suscribo atentamente su servidor afectísimo. EMILIO DE L:&amp;ÓN.
Los trabajos del Teatro que ee está construyendo en Zacatecas, se prosiguen con actividad.
Ese coliseo será de positivo ornato para aquel\lodelo de sombrero-casco para el Ej~rtito Mexicano.
lla ciudad y seaseguraque se inanguraráel prói;:imo 16 de Septiembre, así como el monumento
dedicado al Genera! Gouzález Ortega.
El Dr. Antonio Casillas, mayor del cuerpo de sanidad
Militar, acaba de mostrarnos un sombrero-casco que ha
Según telegrama recibido últimamente, fuéasaltado el ideado y que pretende proponer antti la Secretaría de GueBanco Internacional de Nogales, Arizona, por seis ban- rra para que si lo tiene á bien se sirva adoptarlo como redidos bien armados y montados. Los empleados del Ban- glamentario en el Ej~rcito.
.
co repelieron con valor á los asaltantes, y uno de los diEl sombrero, que tiene la figura de un casco; con v1Serectores del eEtablecimiento fué gravemente herido en la ras anterior, posterior y late,ales, se asemeja mucho al
refriega. Los bandidos tuvieron que retirarse sin haber que usan los ejércitos coloniales europeos, pero difiere de
conseguido su objeto.
él :por el material que lo compone, pues está hecho de un
tejido recio de palma real, que le da bastante resistencia
E l Sr. Coronel Ahumada, Gobernador de Chihuahua, y completamente impermeable por medio de una capa de
ha ido á CiudadJuarez á poner la primer piedra de un barniz gris que lo cubre.
nuevo edificio que se destma para escuela pública.
Como se puede ver por el grabado que acompaña estas
líneas, y que está tomado dt: una fotografía del soldado
Mr. J. A. Robertson llegó á México, procefümte de de las Compañías de Ambulancia, Aurelio Cano, el casco
Monterrey. Viene á arreglar algunos asuntos relativos al sienta muy bien con el uniforme reglamentario, y no
cambio de tracción en los tranvías de dicha ciudad de desdice de la apostura y aire marcial que comunica el anMonterrey.
ti-higiénico chaco.
A nuestro juico, y ~Pgún las doctrinas que expone con
.l\.fr. Robertson quiere ser el primero que en la Rev.ública establezca la tracción E!léctrica en los ferrocarriles abundante ciencia el Dr. Casillas, el nuevo casco llena
urbanos y dispone de dos millones de pesos para la obra, perfectamente las condiciones de un abrigo para la cabede los cuales ha empleado una parte en la compra de los za del soldado, y si no tiene la necesaria resistencia para
defenderla, se adapta mejor á nuestus necesidades, y evitranvías de Monterrey.
tará muchos ma!es en las pesadas marchas de nuestros
cuerpos á través de unas comarcas y ba¡o un cielo tropicalPs.
Ojalá y después de estudiarlo BE' realice la mt&gt;jora que
inicia el Dr. Casillas, á quien desde ahora felicitamos por
Muy pronto se repartirán los prospectos su loable intento y su fructuoso estudio.

tana publicación {b)us k al.

de la que va á editar en esta capital el conocido profesor D . Antonio Cuyás. Sabemos
que, ameno y variado el nuevo periódico musical, llenará el vacío que rn nota en nuestra
prensa técnica, y por tanto nos atrevemos á
augurar un buen éxito al futuro colega.
Otro pago de $11,042 d e "La Mutua"
EN PUEBLA.

Puebla, Jnlio 25 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director general de uLa Mutua.,.
México.
Muy estimado señor y amigo:
En esta fecha, el banquero de «La Mutua» en esta ciudad, Sr. D. Manuel Thomás y Terán, entregó á los hijos
del Sr. D. Joaqnin Gordillo, muerto no ha mucho, la suma de once mil cuarenta y El.os pesos ochenta centavos,
valor del seguro........................................ $ 10,000 00
y devolución de premios. .......... .... ..... ...... 1,042 80
Total. .....................................$ 11,042 80
tomado por el referido Sr. Gordillo en 11La Mutua de Nueva York,» de que es usted digno Director.
Debo, por ser la verdad, manifestar que en cuanto usted tuvo conoámiento del asunto, se violentó el pago, y
que esta carta es una manifestación sincera de gratitud,
tanto para la Compaiifa que sabe cumplir sus compromisos, como para usted, pudiendo hacer de ella el uso que
más le convenga en beneficio de sus intereses.
Protesto á usted una vez más mi aprecio y consideración, como su afectísimo amigo y M. S. S.-Por los beneficiarios.-Lrc. MIGUEL JBIBNEZ LABORA.

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EL MUNDO.

Reconstrucción de la C?'atedral
DE JALAPA,

Proyecto del Sr. Barón de Catllá
Damos hoy á nuestros lectores algunas fotogafías del proyecto de reconstrucción de la iglesia catedral de la capital de Yeracruz, el cual
ha empezado ya á ponerse en práctica por su
autor el ingeniero Barón de Catllá.
Tdtase en esta reconstrucción de dar un sello
uniforme y artístico á lo que es hoy un conjunto in harmónico, haciendo de la cateJral de
Jalapa, poco airosa y nada artística, un templo
gótico:-el primero que existirá en ~léxico donde ya no alcan:,;amos la explendorosa arquitectura de los siglos doce, trece, catorce y
quince, de indiscutible belleza.
Para que nuestrús lectores so formen
una idea de lo que se llevará á cabo en
este templo, tornaremos los siguientes
datos de una descripción recientemente publicada.
Desde luego nos detendremos en la
fachada, de la cual acompanamos una
fotograf fa.
Sobre la escalinata actual se adelantará el nartex, de piedra calada, que recordará los delicados ¡rabajos de los picapedreros del siglo XII. Sobre el nartex nna galería practicable que descansará en los con traíuertes laterales, y que
será del más puro estilo gótico del si. glo X\', acn~ará la existencia del coro.
Sobre la galerfa el rosetón, un encaje
de piedra esmaltado de vidrios de colores iri~ará el pavimento del coro.
Toda e8ta parte de la obra, será rematada por tres estátuas colosales, protegida la del centro-que será la de Jesí1s bendiciendo al mundo-por un templete de estilo gótico florido.
Este cut-rpo principal de la fachada
se adelantará á las alas laterales del
edificio.
En la parte inferior, á los lados del
nartex, acompaflan al mismo dos ventanas gemelas románico ojivales. Robre
la de la derecha, rompiendo apenas la uniformidad del muro, y contrastando con la profusión de calados
de la parte central, irá un medallón coronado por una figura que representará el Tiempo señalando un relox.
Sobre la ventana de la derecha
irá otro medallón que dos ángeles coronan y que llevará la inscripción dedicatoria del templo,
con las armas de la ciudad.
Las figuras del Tiempo y de los
ángeles comenzarán por fino bajo relieve para terminar en ronde

enlazar.1 la finísima columna que dividirá las
ventanas, formando así las columnas, 19 8 curvas
y contracurvas de los arcos y la ornamentación
de las ventanas un conjunto lleno de harmonía
al que imprimirán un caracter medioeval completo, grandes vitrinas de colores, en las que serán pintados santos Je tamaño natural dibujados
con sobriedad y en la actitud extática peculiar
de la época.
El ropaje que vestirá esta riqueza-dice el informe á que arriba nos referimos-será digno de
ella. Ancho friso de oro, esculpido en bajo relieve, correrá á la altura de loe capiteles de lascolumnas superiores y al nivel de las bases de las
columnillas de las ventanas. Los pAfl.os serán decorados con medias tintas frfas realzadas con oro
y de ello se destacarán por claro, en suave mancha, testas de querubines.
Las colum,:as, archivoltas y cruceros conservarán el color de loe
sillares.
Todos los capiteles serán bronceados y de los superiores arrancariín nerviaciones que di \' idirán la
bóveda en panos que serán exornados con ricas tintas realzadas
con floreados góticoe.

*

Cada uno de *los* diez altares de
las naves laterales será decorado
de di versa manera, pero conservando el mismo estilo. Es decir,
que tendrán todos los matices,
desde el romántico-bizantino hasta el ojival más puro. Así secum•
plirá el precepto de los arq uitectos de la edad media: conservar
la unidad en la variedad.
El ingeniero sabe que hay personas piado~as qutt se proponen

costear la decoración de una altar cada 1lll&amp;
ellas y ha querido d ejarles el derecho de
ger, dentro de los estilos mencionadoe el
mejor les plazca. Los proyectos serán' fo
dos, siguiendo las indicaciones de los do
Bajo el portico interior que precedeJi
nave mayor, irá el mauauleo del Sr. p
exquisita factura, por más que á los ve
nos, que aman mucho á su ilustre prelado.
les agrade, exclusivamente «porque no q
pensar en que su pastor dormirá un dfa
siempre aun cuando sea bajo el mármol de
rrara," el cual servirá para la conatruccl6a
sepulcral monumento. Este ostentará una
gótica, en cuyo interior se verá la estatua
cente del prelado, semicubierta por rico
en su fondo un bajo relieve alegórico.
La cúpula central estará di vid ida por
ciones bronceadas que destacarán por
sobre un fondo de oro mate, en ·
do con floreados góticos. Entre estos
grandes pinturas naturales rep
do escenas de la vida de la Virgen.
Ré~tanos hablar del áb~ide, que.
decorado como la b6veda centml y
ostentará en hemeciclo los sitialee de:
coros alto y bajo.
Estos estarán tallados con sumo
nogal, y sobre el coro extende1'8a
mismo una primorosa galerfa de n
liado con aplicaciones de bronce y
mol.
La balaustrada será de estilo gótioomadera con grandes escudos de bro
bre paramentos de marmol: colo
también de marmol surgirán de la
lauatrada sosteniendo arcos de
punto. En los intercolumnios que
narán en su parte superior por areo
contracurva estarán pintados loa
apóstoles sobre fondo de oro.
La galería será practicable.
En el fondo del hemiciclo irá una
pilla central que servirá de Camarín.
bre el altar gótico, hecho de
bronce y maderas preciosas, se lena
sin tocarlo, el ricQ te~plete dentro
cual irá la imagen de la Purfsima,
na del templo. Una gloria con ae
y querubines sostendrá en t:1 aire
templete. Cuatro columnas salo
de marmol, acordonadas de bronce,
tendrán el casquete. Sobre éste
ángeles con los emblemas de la v·
las rosas y las lises. La espiga que
nará el templete estará sostenida pór
viaciones aéreas.
A los lados en la parte eu
del Camarín, se abrirán ven
góticas cerradas por vitrinas de
lores, que enviando la luz sobre
templete, lo harán resaltar
sobre el fondo obscuro y mat.e,
ciéndolo aparecer como eu@pe
do en el aire.
Tal es á grandes rasgos la
cripción de ese templo que 1101'
primero y único en la Repúbl
obra de arte que deberemos al
pfritu emprendedor y arti!ia
ilustre prelado que rige hoy la
ceeis de Yeracruz.
Los hispano americanos, conq
tados en •.rna época en que ya
alardes de la piedad no levanta
esos inmensos editlcios llenos
detálles primorosos de ornamen
mentación y que cuadraban
bien con· el espíritu tristemente
ligio~o de los siglos medioe, n~
demos concebir, sino hemos VII
do por Europa, la belleza sup_
del arte gótico, netamente c
no y único en su género.
Las obras de reconet
ción de que hemos ha
do, comenzaron el 23
"::.
Juniocongrsn eolemni
.,,. y no pasarli mucho tiem
•·- sin que las veamos con
...,¡¡.Qiu•••IL...---~;,:,.,$'" cluidas.

l6

ÁGOSTO,

1896.

EL MUNDO.

ll&amp;TAI.L&amp; O&amp; l,.\S :SA\'&amp;'I

co y llamaremos sobre él desd(, ahora la atención del públko, puee nos creemos en el deber de interesarnos en el
progreso del pais y más aún en el progrese, de la arquitt&gt;cturs, arte que crea las formas que llenan las necesidades de un pue,,lo, expresando en cultura y revela además
sus tradicione.s en sus monumentos.
Xos aFPgnran qne Jlevnr á cabo una obra arquitectóni ·
ca que reproduzca las bellezas del arte ojival, ea árdua
tan·a que ofrpce tan serias dillcultadee, que hasta en los
países mi{s ricos y más civilizados es Clll!i imposible llegar á la feli:,; realizacivn de un monumento gótico de la
importancia de loa de la edad media; y que la catedral de
JalaP.a será una parodia de nqnellas catedrales; siendo
sensible. pnrqne, con ideas múe modestas, se hubiera
convertido facilmente en una bella iglesia haciendo \"I\·
ler sus formas primitivas, por medio de una decoración
en la que ca be toda suntuosidad y todo arte.
Como se ve, damos á nuestros lectores el pro y el contra de la cuestión. Ellos con ~u buen criterio y en Yista
del artículo que ofrecemos, se formarán un juicio exacto
de aquella.

irm

boue.

Cierra esta fachada un cornisa.
miento elegante y sencillo, de per
files góticos, que en los extremos
y parte superior de los contrafuertes, termina en gárgolas, representando cocodrilos alados.
Las torres serán dos y estarán
divididas en tres cuerpos. Base,
cuerpo principal con ventanas con
cruceros coronados por una galería octogonal, gótico - bizantina
con reminiscencias orientales, y
un tercer cuerpo rematado por
esbelta flecha, admirablemente
encajada en él.
La puerta principal
mostrará profusión de
artísticos detalles, que
sería largo en numerar.
En cuanto á las na\'es, el proyecto es el
siguiente: Convertiráse á las pilastras en haces de e•beltas columnas y los arcos de me•
dio punto en ojivales á
cuyas coñtracurvae se

DOS MATRIMONIOS REALES.
EL l&gt;U~UE DE OTU,EA:SS Y I,A DUQUESA MARÍA DOROTEA

Con fecha 15 de Julio el ~ran maestro de ceremonias
del archiduquP José, anunció oficialmente á la C-Orr1spl)11denda d(' B11dape$l, loe eeponH&amp;les de su hija la archi-

duquesa María Dorotea Amelia con el duque de Orleahll,
jefe de la caen real de Francia. De un corresponsal pa-

REC'OS!!TRUCCIÓN OE LA CATEDRAi, l•R JAl,APA.

Absldc, Com y templete de la Purfsima.

.ALGO MAS SOBRE LA RECONSTRUCCION
DE LA CATEDRAL DE JALAl'A.

OPINIONES AUTORIZADAS.

LA RECO:SSTRC'(.'('IÓ:S DE LA CATEDRAL DE JALAPA.

Proyecto de

101

rachada.

CAPILLA Ih"TERIOR.

Hasta aquí hPmos publicado la de,,cripción detallada
del nuevo proyecto, ajustándonos, BPgún hemos dicho,
á nn informe qne sobre eee proyecto se ha publicado en
•La Yoz de la Yerdad• y •El Univennl.» «El Mundo• @e
re..en·a 1111 opinion propia en lo relativo á la conveniencia Je! estilo que va á emplearse, mae á fuer de imparciales, damos á continuación un extracto de la opinión que
acerca de la obra tienen formadada muchos de los principales ingenieros y arquitectos de esta capital y que sin
duda servirá para ilustrar ei asunto.
Las mencionadas personas aseguran que el estilo ojival
que piensa emplearse, no ea el adecuado para la ejecución
de esas obras, pues requiere para ser tratado con pureza
y con arte en una catedral, el gasto de enormes sumas y
el concurso de artesanos habilleimoe qne no abundan en
el país; además, c-:&gt;mo estilo, está perfectamente caracterizado por un sistema de construcción que no es ni pndo ser el empleado por nuestroe arauitectos de la dominación espafiola; y soiamente, al intentar convertir en
gótica una iglesia de medianu proporciones y de formas
romanas, más ó menos decadentes, como son casi todas las
nuestras, se obtendrá un efecto de aparato teatml qne no
~uadra-á fa aereridnd graudiOBa y eolemne que debe reinar en un templo.
Eñu opinione¡¡ que hoy pnblicamos, van á ser tratadas concienzudj\mente en un artículo razonado y científi-

PBOYECTO DE JUUSOI.EO DEL ILLll.O, SR. P.\QAZA.

�l02

EL!lfUNDO.

16 Aoos~, 1896.
=1=6=A=GO=S=T=º''=1=8=96=·====s=========~E~L~MUN~:;:,,DO~~-=================!QL
tud que despidió á. los novios;,
que se dirigieron á. Norfolk
en excursión de luna de
miel.

de quiera se veían trofeos en que los colores de Dinamar-

ca alternaban con los de Inglr..terra.
Bendijo á. los novios el Arzobispo de Canterbury al
cual ayudaron en la ceremonia loe Obispos de Londr~ y
Wfochester, y terminada la ceremonia la reina besó á la
novia y al novio, y la comitiro regresó al palacio donde
se efectuaron las solemnidades tradicionales.
'
Nuestros lectores hallará.o en otro lugar una ilustración de esta fiesta real.

El Emperador del Japón y sn lteredero.
No hay dinastía monárquica en el mundo mas antigua
que la del Japón. El Emperador actual, cuyo nombre es
Mutsu Hito, que quiere decir ubombre pacífico,» nació el
3 de Noviembre de 1852.
':.llfil
En ese tiempo los monarcaR japoneses viv.fan en Kyoto
y eran llamados 11Mikad!f.» Este nombre significa uentrada honorable&gt;) ó usublime puerta,11 una idea asociada
con el título de los Faraones de Egipto.
Todos loe Mikadoe, con excepcilm del actual, vivieron
en Kfoto, 6 muy cerca de esta antigua capital, q.ue cele•
bró e afio próximo pasado el 1,100 aniversario de eu fundación.
Muten Hito nació en Kyoto, y ocupa el 121? lugar en la
dinastía del gran ._mperio, El dfa 10 de Noviembre de
1860, fué nombrado presunto heredero de la corona.
Por espacio de siete años quedó sometido á la tutela de
sus padres y maestros, y el 13 de Febrero de 1867 llegó á
ser Mikado, á. causa de la muerte de su padre.
En los países occidentales los monarcas son coronados
y las ceremonias de la coronación son verdaderamente
grandiosas, como acaba de paear en Rusia con los czares.
Pero en la tierra del Sol Naciente no hay corona ni cetro,
no obstante lo cual las (lue acompafian á la ascensión al
trono, son en alto grado significativas y eolemnes.
En el Imperio del Japón se da el nombre de joyas dela
corona á estos tres emblemas sagrados de autoridad: un
espejo, una esfera y uua espada. :Estos objetos son los
mismos que usaron los monarcas hace mucho centenares
de anos, y el vulgo cree que fueron traídos del cielo hace
más de 2,500 afios, cuando los antecesores de la raza de
mikadoa descendieron de las nubes á la elevada montafia de Satsuma, de donde partieron para el Norte, conquistando todo el archipiélago, subyugando á. los aborigenes y fundando la capital en Nara y después en Kyoto.
Cuando, en 1868, el emperador niño fué llevado á lasagrada capilla del palacio para recibir la antigua espada de
dos filos, el espejo en forma de estrella y la esferadecristal-todo lo cnal estaba guardado en una caja de brocado
y oro -fué saludado como el sucesor de los monarcas baJados del cielo. Al subir este niño al trono, comenzó una
era llamada uMéijin ósea uluminosa paz.n
En 1869 se casó con la Emperatriz Haruko, y cambió
su residencia de Kyoto á. Yedo, la cual quedó como capital. Yedoquiere decir upuerta de la bahía,u pero desde
entonces se llamó Tokyo, que significa ucapital deoriente.n
El Emperador vestía lujoso traje de seda blanca y encarnada; en los días de audiencia, cubría su real cabeza
.con un bonete de seda negrl} que ienía un gran penacho
de hilos de oro. En el trono veíaee nn sillón encaTnado,
&lt;myos brazos terminaban en unas cabezas de león de oro
rnaciso, las cuales eran emblema de la antigua conquista
de Corea por la Emperatriz Jinku.
Ahora todo ha cambiado. El Emperador usa un traje
parecido al de los reyes y emperadores de Europa. La
Emperatriz y las damas de la corte siguen exactamente
la moda de París.

-r=

Los oficiales del ejército y de la armada y los emplea•
dos del gobierno visten á. la europea, lo mismo que grau
parte de todas las clases sociales.
De doce hijos que ha tenido el Emperador-cinco ninos y siete niñas-solv uno vive, que es ahora el heredero del trono.
El nombre del heredero es «Yoshi Hito, Haru no miya» que quiere decir literalmente uhombre bueno, del
templo de la primavera.11
Nació el 31 de Agosto de 1879, en el mismo día y mea
en que nació Guillermina, la nifla reina de Holanda, pero un· ano después. Esta coincidencia es digna de ser
mencionada por el hecho de que mientras el Japón s:e
mantuvo alejado del mundo-de 1620 á.1868-los holandeses eran los úniCl'IS que tenían permiso para residir en
el Jap6n y tener relaciones comerciales con él.
El Emperador toma el mayor cuidado en la educación
de su hijo, quiere que sea modesto y humilde y le disgusta mucho que alguién alabe al heredero y le halague
su vanidad ú orgullo. Se dedica al estudio de las lenguas,
de las cie1icias físicas y matemáticas, recibe instrucción
militar y hace ejercicios de sport.
El Emperador insiste mucho en que su hijC' conozca
bien sus obligaciones militares, y cuando encuentra á. un
capitán, á. un mayor, coronel ó general, le hace el saludo
de ordenanza como un subalterno cualquiera.
En la escuela y en la calle usa el traje civil sin distintivo alguno, y solo en loa días de fiestas oficiales se pone
el uniforme.
El heredero pertenece á. la guardia imperial, cuyo distintivo especial es una faja roja al rededor de la gorra.
El ro}O es el color imperial en el Jap6n, así como en China lo es el amarillo.
Durante la última guerra con China, el Emperador estuvo muy ocupado dirigiendo 'as operaciones y viviendo
la mayor parte del tiempo en Hiroshiwa, as( ea que el
joven hert·dero df'jó de verá. su padre por muchos meses.
Sin embargo Yrn~hi Hito en esa época aprendió mucho relativo á. China y á Oorea, y está, por lo tanto, mejor preparado para gobernar bien el imperio, cuando le
toque ascender al trono de aquel lejano país 9.ue ya tiene
derecho para figurar entre las naciones civihzadas de la
tierra.

La Exposición Unniversal de Paris de 1900.
De concurso en concurso, progresivamente, la '.Exposición de 1900 sale del caos de las concepciones iniciales,
mal definidas, voluntariamente indecisas. El concurso de
los palacios de loe campos Elíseos acaba de concluirse y de
ser juzgado y desd" ahora puede uno formarse una idea de
lo que será. el a~to exterior de la Exposición: el verdadero elemento de( éxito.
La idea primordial, la idell directriz fué de una simplicidad extrema: Hacerla. má3 grand,. que la dt 1889! Esta era
más americano que artístico. Chicago no tenía otro programa. Poco importaba: un ingeniero-de esos que no
dudan de nada,-Mr. Picard, y un arquitecto, M. B::&gt;uvard, autor del domo central de 1889, propusieron un
emplazamiento tan inmenso como dívidiJ.o y dislocado.
uNo vaci1eis 1 dijeron al salir del campo de Marte y de
la explanada¡ franquead los puentes, invadid los Campos
Elfeeosn, y llenos de confianza esperaron el resultado de
sus exortaciones.
Su confianza estaba justificada. Ant1:1 el espacio que tenían que llenar, los 1rtistas-grandes artistas en sumayor parte-que se decidieron á arrostrar las dificultades
de este primer concurso, se rompieron la cabeza, aplicándose, ingeniándose, razonando ......... Los franceses, al
decir de los ingleses, son un pueblo de arquitectos. Sea,
pero de arquitectos que razonan. La prueba de que el razonamiento entre eeos arquitectos modernos domina á. la
imaginación, es que en la ocurrencia, todos hijos de la
misma educación, herederos de las mismas repugnancias,
encontraron la misma excusa á la vulgaridad del progra-

EXPOSTCIÓ~ DE P.ARIS EN

1900.

Proyecto de Palacio menor. [Primer premio.]

ma yankee que 11e les imponía. Todos comprendieron quela ribt'ra der~cha del H1ma, dt-jabft. demasiado ígnorados
á. los Inválidos cuya bdleza ndmirnblt&gt; tenía nE'ce-~idad d,t
un dia nuevo, de una perspecc.ira inédita. uAbrmnos una
avenida.11 exclamaron á. coro los concnrrentt-,.;.
Y la cuestión quedó resuelta. Los arqnitecto~, concurrent~s, entre los cuales ncaba de hacerse una t;,l~cción,.
debían sin embargo tener en cuenta lo siguiente:
1? .Acusar bien la linea. de perepectiva de la via nueva.
á fin de evitar que formase tres trozos disparatados: la explanada, el puente, 111 avenida.
'P. Construir palacios cuyo estilo convenga á construcciones definitivas.
·
3? Tener en cuenta que estas constrccione.s, para quecontribuyan :1 la belleza de la Exposición, fü:ber;ín lucir,
adoptar un aep,t"Cto triunfal, una fisonomia de J1eeta..
4? Observar un programa de distribución interior, lleno,
de exigencias. Superficies artísticas y superficies mundana1:1, salas de exposición y de concierto, pista 1e concursos hípicos, restaurant, etc.
Digumos desde luego que nuestros arquitectos, cuyoe,
planos están aclualme11te expuestos en el palacio de la.
Industria, hanf, ne ido con honor todas estas dificultades.
Desgraciada nte el proyecto de cada uno es incompleto. Para el ran Palacio principalmente, ee necesitará tomar de unos de los concurrentes los elementos olvidados pqr el ((parti-prien de los otros, y en el plan definitivo que falta estudiar, figurarán únicamente las mejorespartes de cada una de las composiciones premiadas sin
perjuicio de combinaciones nuevas. Damos á. nuestros lec~
torea una copia del proyecto de M. Louvet [uno de los más
hermosos para el Gran Palacio] y otra copia del de M. Gerault para un palacio pequeño. Ambos obtuvieron primer
premio f 15,000 y 6,000 Cs. respectivamente en el concurso.

IIUESOS PARA J!JL CELESTE Il\IPERIO.
DESANFRANCISCO A IIONG•KOXG.

Los restos de todos los chinos que mueren en los F.atados Unidos son enviados al Celeste Imperio para ser
inhumados. Los empacan en grandes cajas y los embarcan en San Francisco, poniendo sobre cada caja la marca
,,huesos de pescados,)! que pagan $20 por tonelada. Este
engan.o es con objeto de evadir las reglas de Js.s Compañías de vapores que hacen pagar por el Lraneporte de un
muerto lo mismo que por un vivo.
Casi todos los chinos que llegan á. los Estados Unidos
quedan al cuidado de las 11Seis Compafifas," y firman nn
contrato que garantiza el envío de eus restos á su país
natal.
No hay un vapor que salga de San Francisco que no
lle"e chinos enfermos que esperan vivir lo bastante para
llegar á su tierra. Las uSeie Compaflías&gt;1 tienen á su vez
un contrato para que si algún chino muere á. bordo no
sea el cadáver arrojado al mar. La Compañía proporciona el ataud, el cada ver es embalsamado y colocado en la.
bodega, y entre los otros pasajeros chinos y los marineros-que casi todos aon también desc,ndientes de Con•
fucio-pagan los gafltos.
Cuando el buque llega á Hong-kong los ataudes se entregan al Hospital Jung \Vah cuyo administrador los pasa á. los parientes de los muertos.
Casi no hay u::i chino residente en lo~ Estados Unidos,
que no esté registrado en el Hospital de Jung ,vab y en
las nSeis CompafHas» de San Francisco.

EL TRABAJO DE LAS ABEJAS.
Un escritor de la Rerue des &amp;ie.nces Naiur1&gt;lle8 1 hace el
siguiente cálculo con relación al trabajo hecho por una
abeja.:
Durante el buen tiempo, una obrera puede visitar de
40 á 80 flores, en seis 6 diez excursiones, y colectar un
grano de nectar. Eu caso de que visite de 2CN) á. 400 flores
recogerá 5 granos.
En oircuuetancias favorables recogerá 15 granos en un
periodo de ló dias, así es que necesitará. algunos afl.oa
para fabricar una libra de miel, la cual llenará cerca de
3,000 celdillas.
Un colmenar contiene de 20,000 á. 30,000 abejas, la mitad de las cuales prepara la miel, quedando la otra mitad
encargada del cuidado del colmenar y de la colonia. En
un dia. bueno 16,000 á. 20,000 obreras, podrán en unos 10
viajes explorar alguno!! cientos de millares de plantas.
Hay que considerar además que el terreno sea favorable
para la preparación de la miel y que las plantas más ricas en nectar se encuentren cerca &lt;lel colmenar.
Un colmenar habitado por 30,000abejas, puede, por Jo
tanto, r~ibir, en condiciones favorables, cerca de dos.libras i:le miel al dia.

J
EXPOSICIÓN UNH"ERSAL DE PARJS EN

EL MA.TRIMO?l.'10 DEL.A.. PRINCESA MAL'D DE GALES.-Salide:,de los novlos para Norfolk.

• J

•

1900.

Proyecto_del Palacio mayor. [ler. Premio.]

•

�106

.

EL MUNDO.

EL TELECTROSCOPIO.

EL TEJ-.ECTROSCOPIO.
IYÁGENES Á. TRAVES DE UN ALAMBRE.

¿Se ha resuelto el problema de «verá través de un alambre,» es decir, de irasmitir imágenes por medio de la elect1·icidad? Esta es ahora la cuestión que interesa más 6
mPnoa al mundo científico.
l'or largo tiempo hombres eminentes en la ciencia, co. mo el Profesor Graham, E. J . Houston y otros, han predicho que algún día se prodra trasmitir imágenes por un
alambre, con la facilidad con que se trasmiten los eonidos.
De Suecia y California nos llegan simultáneamente noticias de que el problema parece resuelto. No tenemos
porm~nores" del aparato del inventor que es un médico
l)rommente en Europa; sólo sabemos que ha obtenido
buen éxito.
El Dr. Frank M. Close, de Oakland, California no ha
tenido inconveniente en dar al público algunos 'detalles
de su aparato, al cual ha bautizado con el nombre de «tel~troscopio,» ó sea aparato para ver á distancia por medio de la electricidad.
El aparato consta de dos cajas comanicadas por medio
deun alambre. Una de las caja&amp; et1 el receptor y la otro
es el transmisor. En frente del receptor 11e. coloca una lámina de turmalina ó de espato dt: Islandia frente á la
qne se sitúa el ojo del observador.
'
Detrás de la abertura del transmisor se coloca una vela
encendida, y por medio de una ingeniosa combinación
eléctrica-que es precisamente el secrt:to del Dr. Closela perso:&gt;a colocada en el receptor ve inmediatamente la
imá~en de la vela. Si ee quita del receptor la placa de turmalina, deja de percibirse la imágen· de la vela aunque
ésta continúe en el transmisor.
El Dr. Close, para dar la explicación de fenómeno
C&lt;?tnpara éstfa C?~ el de la transmisión del sonido por me~
dio de la electricidad. Cuando se habla en la bocina de
un tf:léfono y una persona colocada á gran distancia y
prov1Bta de un receptor oye la voz, el fenómeno no es
más que el res~ltado de 1~ modi~caciones experimentadae por la 4?0men~ l!l~ctrica al vibrar la delgada lámiM
del transmisor, vibraciones que ae reproducen exactamente en la lámina del receptor.
Las relaciones de semejanza en la propagación de la luz
el calor, e_l sonido y la elec_tricidad sori tan íntimas, qu~
comparativamente es sencillo convertir un ogente en otro
y luego volverle sus propiedades primitivas. Todavía
wás: Un agente fíaico puede substituirá otro. Por ejemplo, un. rayo de luz solar, puede dernmpeiiar exactamente el m1smo papel que un alambre telefónico.
El Profesor Graham Bell, ha construido un maravilloso instrumento, por medio del cual se puede hablar á
t:avés•de 1;1n rayo de luz ~otar, pues-ha logrado hacer sensible las vibraciones lumrnosas, de la mi8ma manera que
,.e hacen sensibles las ondas eléctricas para roprod.ucir el sonido á gran distancia.

A hora bien, cuando , ~ v i
un objeto, es porqne sus diferentes pal'tt:a absorben y
refl~jan de un modo especial
los rayos luminosos, . lo que
da al objeto su color propio,
val mismo tiempo las celdiilas dPI cerebro reciben una
i:..erie de impresiones que, so1s
breponiéndose unas á ot,ras,
-- ·'"'-;~~f -;:-.... -~
clan una idea ó imágen mén•
1
tal de lo q_ue se ve. .Ouaudo
~e ve un objeto en un espejo
110 hay más diferencia, sino
que las ondas luminosas que
"ªn á impresiona1· el cetebrn, proceden de la imágen
reflejada en el cristal y no
dt:l cuerpo directamente.
Ahora suponiendo qne , la
imagen de un objeto reflejada en un espejo, pudiera pro·
ducir vibraciones en un alambre eléctrico, como una on ·
da sonora produce en la delgada lámina de un transmisor telefónico, sería posible,
colocando un aparato conveniente en la otra estación,
reproducir el procedimiento
y obtener sob1·e un segundo
espejo ó pantalla las vibraciones excitadas en la primera estación y se podría ver á
trayés de un alambre tal como se babia por él. En otras
palabras sería posible transmitir i1mlgenes sensibles á
una distancia inconcebible.
Convencido el Dr. Glose de
los antiguos experimentos de
Yogel y otros que prueban
la existencia en los rayos de
luz blanca de rayos invisibles dotados de propiedades
térmicas y químicas, buscó
ingenic,samente y encontró
experimentalmente la exis•
tencia de rayos eléctricos y
magnéticcs.
De este dePcnbrimiento tué
de donde le vino la idea de
in ventar algo para transmitir
· imágenes electricamente.
De una manera general el
aparato se parece mucho al
teléfono.
Consta en pocas palabras de una aguja imantada guardada en una caja y en comunicación por medio de un
alambre, con otra aguja colocada en otra caja igua!. Por
medio de cierta combinación, una vela ú otra luz colocada frente á ,a abertura de una de las cajas excita una corriente ó más bién una serie de vibraciQnes, que sor. transmitidas á la otra aguja y convertidas en su forma origiginal. Interponiendo un prisma la luz se reproduce.
«Me inclino á creer, dice el Dr. Olose, que los rayos
Rrentgcn ó rayos X y los que yo he descubierto, si no son
idénticos, á lo mene,s se parecen mucho, y tengo confian•
za en poder perfeccionar un aparato para la transmisión
de las imágenes con la misma facilidad con que se transmite la palabra.11 ·
Por supuesto que actualmente el aparato no está pe:r[ecto, y tiene que pasar al¡:tún tiempo para que el telectroacopio sea de uso práctico. Pero si ahora no se obLien~ buen
éxito, siquiera se habrá marcado el camino pa1 a que otros
resuelvan el problema, y que llegue el día en que al hablar por teléfono de San Francisco á Nueva York, no sólo se escuche la voz, sino que también se vea la fisonomía
de la persona con quien se babia.
El Dr. Close, un hombre de unos 56 años de edad, ha
dedicado toda su vida al estudio de la ciencia. Uno de
sus trabajos más brillantes fué Un mapa del planeta Marte que hizo durante su permanehcia en Europa, en compañía de Camilo Flammarión y del Dr. Pictet.

16

AGOSTO,

t

1896.

16

AGOSTO,

1896.

ASONANCIAS.

EL FONENDOSCOPIO.

¡Qué triste es el camino! ¡Con qué te&lt;li"
Cruzo en tinieblas por la selva obscnra!
¡Soy un pájaro negro que levanta
Su grito.de dolor entre las tumbas!
Yo he pedido sus frases á la muerte
Para cantar con ellas. Es mi mnea
El angel de las sombras; el que siega
Las cabecitas rubias;
Mi lira es nn fragmento separado
De un antig110 ataúd; ~ólo se pulsa
Para arrancar los trémulos cantares
Que las sombras escuchan
Y qne vuelan con alas fatigadas,
Enfermos de peear. Rara y absurda
Mi pobre inspiración lleva en los ojos
El brillo d~una extraña calentura,
Mis frases tienen algo del crnjido
De cráneos que se estrellan, y son rudas
Porque viven del hálito salvsje
Que respiran las tumbas.
Mi prometida es pálida; su nombre
Hace flaquear las energías robu. tas.
Cuando, entre las tinieblas, me visita,
El viento negro de la noche atrnlla.
Al desposarnos cantarán las sombra::i
Un lento epitalamio. A nuestras nupcias
Irán los co11vidados silenciosos,
Con negras vestiduras;
La cámara nupcial qne nos espera
Es muy estrecha y húmeda,
Apenas ei podré dormir inmóvil
Y con las manos juntas.
Será el primer idilio de mi vida
Y también el postrero. Las orugas
Serán indispensables invitadas
Al banquete de carne. Y cuando surjan
Las primeras estrellas temblorosas
La noche de mis bodas, en la obscura
Y negra estancia entregaré mi frente
A los glaciales besos de mi musa.

Los Doctores Bozzi y Ilianchi, de Italia, han inventado una máquina maravillosa, por medio de la cnal s&amp;
puede oír hasta el ruido imperceptible producido por Jo~
movimientos de los párpados. El aparato se llama el
«Fonendoscopio. »
.
. L~ nueva ~ara~illa serv!rá pa~a que ~os médicos y los
cirn¡anos ev1denc1sn la ex1stenc1a de ciertas enfer·medades que se revelan por el sonido. Cuando el asunto esté
bien estudiado, los médicos pod.nín formar una clave que
indique el sonido especial de cada enfermedad conocida
y el fonendoscopio descubrirá inmediatamente el sonid~
relativo. 8e asegura qne no habrá error en el diagnóstico
de las enfermedades qne se presten á este examen.
El delicado instrnmento, que debe ser manejado con
las mayores precauciom·t, consiste en una caja circular
de metal reluciente. En nna de sus caras hay dos aberturas donde se insertan unos tubitos de goma, cada uno
de los cuales termina en unas piezas de t:bonita que han
de introducirse en los oído~, tal como lo representa el
grabado. La otra cara de la caj,, tiene nna laminita muy
delgada y sensible, qne vibra con la mayor facilidad. La
lámina, estando b11jo la acción del aire comprimido que
hay den~ro ~e la caja, es tan sen~ible, que la respiración
más débil vibra dentro de la ca¡a, propagándose la vibración dentro de los tub()s, hasta la membrana del tímpano de la-persona que escucha.
Y no solamente puede percibir el ~onido, sino que su
intensidad se multiplica en el trayecto y IIE&gt;ga al oído con
notable fuerza. Pasando suavemente los dedos sobre la
!Amina, se escucha un ruido semf'jante al trotar de muchos corceles. así es que pn-eds oírse el pestañear de una
persona ó el aliento ru,ís delicado.
Para qne un médico pueda localizar una enfermedad
hay una ingenio~a combinación, que consiste en un se:
gundo disco unido al primE&gt;ro por mPdio de un cilindro
de cauclrn vnlcanizado, lo que permite aumentar grandemente la area de auscultación.

Yo canto con las frases incoherentes
Que me enseñó la angustia;
Mi pobre inspiración lleva en los ojos
El brillo de una extraña calentura;
Mis palabras remedan el crujido
De huesos que se rompen, y son rudas
Porque viven del hálito salvaje
Quii respiran las tumbas.
ANTENOR LESCA~•··
Agosto de 1896.

T.RAGICA.
Quiero rolar perdido en la penU'rnbra
Que al trasponer el Eter dilatado,
Fcn·me, al fulgo1· del astro que te alumbra,
Tu cuerpo, en el zafir transfigurado.
Quiero volar muy cerca de lit lado,
Más allá de los cielos que vislumbra
La mente del poeta iluminado
Que en misteriosos éxtasis se encumbra.

EL FONE~DOSCOPIO DE LOS DOCTORES BOZZI Y :SIANCHI.

El cilindro unido al in•trnmento, tiene unas dos pulgadas de longitud; p~ro hay otros cilindros más largos,
que se u~an para investigar en las cavidades naturales.
Si uno de estos cilindros se introduce en la boca, se pue•
de oír el movimieto de deglución y la caída del velo del
paladar.
U@ado el instrumento en combinación con el micrófo•
no, se pueden oír á gran distancia las palpitaciones irregulares de un corazón enfermo ó el silbido de un t ubo
bronquial afectado.
El mstrumento puede tener distintos tubitos, para que
muchas personas puedan oír á ia vez, y quizá será la uní·
ca manera de conFeguir quti dos ó tres doctoree estén de
acuerdo en sus opiniones.

Y en el beso que estalle de repente
Al juntar para siempre nuestras boca.~
Con un rapto que dure eternamente,

De lo Ideal obedeciendo al rito,
Como ofrendaá los dioses qne tú invocas
Lanzar el corazón á lo infinito !
BALBINO DÁVALOS.

Agosto de 96.

LA. TORRE MAS ELEVA:QA..

LOS

HABITANTES DE CHICAGO VAN

A TENER UN NUEVO

JlO'l'IVO

DESDE LA SOMBRA

DE ORGULLO.

La Torre de Eiffel y hasta la Torre de Babel no son
nada comparadab con la torre que va á construir el eeflor
D. R. Proctor en la ciudad reina del anchuroso Michigán.
.
El sitio escogido para la construcción está limitado por
las calles Harrison, Congrese, Loomis y Throop. El seflor Proctor deseaba construir la torre á orillas del Lago,
pero no le fué posible encontrar un sitio á propósito.
La grandiosa construcción, que estará terminada para
mediados del ano entrante, tendrá 1;150 pies de altura
sin contar la estructura eubterranea. La Torre de Eifl.ei
resultará 200 pies más pequefia que la de Proctar; ésta
costará $800,000 y tendrá siete pisos, el priemero de loa
cuales quedará á 225 pies del suelo.

Recordamo"I á nuestros lectores qt'e no
obstante el pliego excedente de
"FLOR DE NIZA."

T.ELECrJ!OSCOPIO DEL DOCTOR CLOBE,

105

ELMUNDO.

que acompafiamos á cada número de "EL
MuNno," seguiremos repartiendo mensualmentelas ciento veintiocho páginas
del folletín acostumbrado. .

Hnbo en mi alma infinitas ternurae,
Ideales de ca8ta purf&gt;za;
Sensaciones sin nombre, amarguras
Y temores de ignota tristeza;
Me mostraban mis sueños f~brile8,
En polícroma y ancha paleta,
Palideces de antiguos perfiles
Impregnados de anemia dti aEceta,
Y semblantes austeros y graves
Q.ue al impulso del vértigo inmenso,
Levantaban la vnz en las naves
Trae el velo sutil del incienso;
Hubo má9: en celeste parvada
Los ensueiios sus alas movían
Y ante mi alma creyente, extasiada,
Panoramas de luz extendían,
Y en auroras inmensas v blancas
Se engolfaba mi espíritu, oyendo
Cantos llenos de fe, risas francas
En acorde sublime !'nbiendo
Hasta un cieln eFmaltadn de cruces
Que fulgore!I Ct'gantt'!' vertían
Y en el cual, como mística~ luces
de su altar, las eFtrella" nrdían ......
...... Y ~intiendo caE&gt;r en mi frente
La mirada de Dios, fuí de hinojos

A empapar mi oración balbuciente
En la vívida luz de sus ojos......
¡,Y hoy? La noche sin luz ni alborada,
La carente de estrellas y aurora;
¡Hoy mi fe vacilante y cansada
Se ba acostado á morir...... ya no implora!
¿Qué huracán me ba soplado al abi$tnO
¿Dónde estoy agitándome en vano?
¿Quién la lni1 qne brillaba en mí mismo
Extinguió con su aliento malsano'!
¡ Yo tu ve ala.•, Señor, yo era bneno!
Y hoy mis noches son n,alas...... muy malas.
¡Ahora bueco r,aído en el ci~no,
Con angustia ind~cible, mis ala~!
¡Oh, Señor, mi esperanza te nombra
Y te encuentras ausente tin mis luchas;
¡Hoy mi fe, que se E&gt;xtingue en la sombra,
No te sabe llamar, 6 no escuchas!
Hoy mi espíritu enfe•·mo y cobr,rtle
En su queja suprema reincide,
¡Ya mafia.na, tal vez, será tarde
Para darle la luz que te pide!
¡Amar mucho, Seiior, no es ultraje!
No te ofendo: ¡Da vida á mi ruego!
Ve mi angustia: ¡es la angustia salvaje
Del que ha visto la luz y está ciego!
.ANTENOR LESCANO,
Agosto de 1896.

[Á

UN CABALLERO MEDIOEVAL.)

En la fina raiz de su alba pluma
Luce joyel espléndido el sombrero.
Y en chorrera blanquísima desciende
De blonda de Bruselas ancho cuello;
De sus hombros de atleta, pende airosa
Capa bordada en rico terciopelo,
Y a~oma en todo el traje la cuchilla
Labrada en oro sobre raso nfgro.
De régio talabarte á un lado pende
Hoja flexible de grabado acero
En cuya cruz se incrustan más diamanlf'S
Que 0ftenta en noche de verano el cielo.
Hermoso, noble, inteligente y rico,
¿Cómo tan solo y triste el caballero
Al pie de esa ventana que á eus voceA
Responde solo con glacial silencio.... ?
Vibrante de pasión y de amarguraº
Sn voz se exhala del doliente pecho
Y oprimida 1:. frente entre las manos
Se queda á instantes por el llanto ciego.
«¡úh cruel! ¡Oh cruel a::::iada mía
Decidme en qqé se fundan vuestros celos!
¡Partidme el co,azón si os be burlado,
l\Ias romped este fúnebre silencio!»
Nunca la dama respondió á sus voce~:
La aurora, al penetrar á su aposento
Muerta la bailó, teniendo de su amante
La imagen apretada snbre el pecho.
Y por fuera ya rígido y helado
Y sin color los labios entreabiertos,
Al pie de la ventana de la hermosa,
En s•1 espada clavado, el caballero.
JL'LIA.

Mérida, Agosto de 1896.

RITORNELLO.
Mi amor entre la, sombras muriendo está de frin;
Cruza,-bohemio errante,-la noche del dolor,·
Y, presa de un siniestro y torvo desvarío,
Perl:'igue de tus ojos el claro resplandor.
Pero en mi cielo triste qne obscureció el hastío,
Apagan tu.s pupilas su trémulo fulgor
Y vaga el pensamiento sin rumbo en el vacío..... .
Entre las sombras negras muriendo está de frío
Mi amor!
Te llama mi ansia loca.... ¿ Vendrá@, ensueflo mio?....
Te husco entre las trágicas tinieblas del dolor...... ·
La noche está muy triste, el cielo está muy frío,
Pero te anhela, presa de un t9rvo desvarío,
Mi amor!
FRANCISCO M. DE ÜLAGUIBEf,.
Agosto de 1806.

�106

•

EL MUNDO.

· -Hace tres semanas que
no lo he visto y le dará mu•
cho gusto. Y ya la dejo por•
que tengo l)riRa por llegar.
Y se alejo co!l el bebé suspendido de su c~ello, a~ras·
trando por el lo;.o un g1rón
de m ropa dei;garrada.
En la parte de la calle en
qt1e daba el sol, habíase formado un grupo de mujeres
que hacían labor. Y ahí la
viuda se encontró á Xanina,
que miraba curiosamente
el puesto de uu vendedor
de caramelos que ~e calentaba al sol con los ojos medio
cerrados.
-¡Xanioa! por qué estás
aqní? qué haces?
La niíia corrió áencontrar
á su madre muy alegre, y
Je respondió:
-Hoy no hay trabajo. La
patrona está de fiesta y nos
ha dejado salir á todM. Su
novio la ll"va al campo.
- Yamos á ver á Pepin;
dijo la viuda tomando á la
niíia de la mano.
Hacía mucho frío, pero el
cielo estaba claro y el cami110 seco. La pequefl.uela golpeaba de cuando en cuando
~ r el suelo con sus pies para calentarse, afianzándose con
SIN VERLO .....
una mano á las faldas de su madre que le cubrían los
dedos. La otra mano la había ocultado en un pliegue de
su chal.
. . 1 \,
•
-Está muy lejos? preguntó la chiquilla.
-Allá, en .el fondo, ¿ves aquellos árboles? allá está.
~ 0!\10 en este mundo el que piensa en sus nego-Cuán lejos! murmuró la pequefl.uela.
.
cios y pone cada cosa en su Jugar es proclamado
Llegaron por fin rendidas; la chiquilla no podía más.
"
prudente, la viuda Carmela, deepués de la muer, te de Selletta, barrendero que en primer lugar Al buscar la eecalera principal del asilo, vieron una ven·
habia sido cochero simón y más tarde poseido un co- dedora de manzanas que les dijo:
-Cómprenme nii'las, les doy tres muy gordas por dos
mercio de comestibles, encerró á su chiquillo en el Asilo
de los pobra, envió á su chiquilla á un taller de costuras centavos.
-Díi;¡ame, le preguntó la viuda, qu; podré llevárselas
v no guardó consigo en la casa más que al recién nacido
que le chupaba la vida, pegado todJ el santo dia á su se- á mi hiJo allá arriba?
-Claro que sí, s;,n manzanas y no bombas de dinami•
110 marcLito; la mayor parte de los vecinos-y casi todos
eran de edad-dijeron que había hecho bien ya que su ta. Tómelas.
-Yo las llevo, dijo la chiquilla. . .
.
marido la había dejado desolada y sin recursos. Los otros,
La viuda pngó los dos centavos y s1gu1eron su cammo.
m,ís reducidos en número, y se contaban ent,e ellos las
rnamáA, muy jóvenes y de fecha reciente, que comenza- Ya en el patio, no sabían á dónde dirigirse. Las puertas
ban con su primer maternidad á concentrar todo su amor eran numerosas y la escalera ee prolongaba.
-Es aquí? p·eguntó la niíla.
.
en su primogenitura, dijeron que los niftos eran la son-Más alto todavía...... no sé ...... esperemos á alguien
ri~a de la casa y que se necesitaba tener un corazón muy
que nos lo diga.
.
duro para apartarlos y un valor...... oh! un valor..... .
Oyeron en la escalera una voz de hombre que se aproxi-¿Cómo hace usted para quedarse sola?-decfa á la
viuda, Anunciata Fusco, una rabia regordeta que lleva- maba cantando:
ba prendido al cuello un baml,ino rubio y regordete como
l,[e han dicho que Bcppo sr Jué á la guerra ... .. .
ella.
. -Pero dígame usted que habría podido hacer yo con
Y de pronto a,areció un joven con las manos en las
tres angelitos en mi casa? Sin nada menos que tres bo- bolsas y un registro debajo del brazo. Cuando llegó al
cas. Y, adem¡i8, Nanina, ya lo sabe usted, sale en la último peldaflo, la viuda le preguntó:
tarde de su taller y por la noche me hace compafl.ía;
-Por dónde se va para hablarle á un niílo? Tengo aquí
aprende el oficio, comienza á ser grandecit.a. En cuanto á mi hijo..... .
á Pepin...... usted dice que...... allá ...... eu el A.silo..... .
-Madruga usted mucho, buena mujer. El locutorio no
110 va bien la cosa...... verdad?
está todavía abierto. Pero puede ser que a dejen ve~ á
La otra respondió.
eu hijo· suba usted más arriba, á la pitza del secretario.
-Oiga usted, yo no habría tenido el valor...... Ya us-Bd dónde está? pregunt6 tímidamente la viuda.
ted no lo ve ni él la ve á usted...... ¿qué sucedería si ca-En el segundo piso, primer puerta á la derecha, en
yese enfermo?
el fondo del corredor.
-Cómo! luego ueted no sabe nada? Si ahí está como
Y al alejarse el joven, repitió aún:
en su casa., nada le falta ...... Ahl es cierto, afladió con 188
-En el segundo piso, primer puerta á la derecha. En·
]~grimas en los ojos: Yo no había pensado en que podría tendió usted?
enfermarse; pero ahí tienen médicos y medicinas; y si
-Sí seílor, gracias, que Dios se lo pague...... ·
acontece que caiga enfermo, Dios no lo quiera!-me lo
El secretario era un hombre muy avanzado en edad,
dirán.
un señor de binoclo de oro y de gran sortija en el fndi-Y o creo que no se lo dirán á usted, afirmó gravemen- ce. Estaba sentado frente á su wesa y firmaba algunos
te la Fusco acariciando á su mocosillo, como para decir papeles que un empleado le presentaba.
á Carmela: Este, ya lo ve usted, yo lo guardo para mí,
-¿Quiénes son ustedes? qué quieren? dijo el viej.:i,
puesto que soy su madre, y no saldrá jamás de su casa. apartando la vista de sus papeles y examinando á la viuLa viuda volvió á la suya, y fué corriendo á besar á da y á su hijo.
fil pequtfl.uelo, que dormía en su cuna, con tal ímpetu,
.La viuda no sabía qué contestar.
que lo hizo de8pertar sobresaltado. El pequet'luelo se
-Soy Carmela Selletta, eeflor, quisiera ver si era posiechó á llorar.
·
ble...... tengo un hijo ...... de siete años ...... se llama Jo-Corazón mío, díjole ella, cállate, vamo3, cállate. sé Selletta.
.-\.hora mismo iremos á ver á Pepin.
-Dios mío! no es aquí, respondió el viejo, á donde hay
El invierno había IIE'gado de un golpe, con días obs- que venir, no está usted en el locutorio. ¡Dios mío! oh
curoe y fríos. La casa de Selletta oprimía el corazón, to- sa~ta paciencial
da envuelta en la obscuridad. Desde la entrada se perci-Excelencia, dispensadme, murmuró la pobre mujer,
bía el catre contra el muro, cuya desnudes gris dejaba mortificada, me habían dicho...... encontré en la escalever el papel hecho girones. La humedad penetraba has- ra á un joven que me indicó la puerta ........ .
ta loe hueHos; ahf faé donde Selletta perdió la salud.
-Pues no es aquf, no es aquí, insistió el anciano; adeLa viuda envolvió lo mejor que pudo á su chiquillo, más, amiga mía, no ee hora de pláticas.
púsose sobre los hombros el chal negro que había serviLa mujer quedó como clavada.
do de abrigo á 8U hijo en la cuna. Buscó la llave de la
-¿Cómo dijo usted que se llama su hijo? continuó despuerta. La encontró en la ceniza fría del brasero, por- pués con la voz un tanto dulce.
que se había servido de ella para atizar el fuego.
-Pepin ...... José Selletta.
-\'amo~ á \"er á P&lt;!pin, repetía al chicuelo al cerrar
-1\Iazzia, si está ahí Larisa, dijo dirigiéndose á un
la puerta.
slr\'ase usted consultar los archivos, y há ·
La calle estrecl,a, animada por vendedores ambulan- empleado,
usted de ese nii1o. Y envielo usted, continuó, ,ol·
tes y por las idas y venidas de los vecinos, parecía ale- blele
viéndose á la viuda, sería mejor me lo mandara aquí.
gre.
.
-Cómo se llama el niño? preguntó Mazzia á la viuda.
-Dónde va usted? preguntó á la viuda una vf:cina; va
-J,)sé 8elldta.
usted á gozar del sol?
El empleado desaparecib tras un cortinaje.
-Vamos á verá Pepin, dijo Carmela poniéndose la
El viejecito se acomodó bien los anteojos en su nariz,
llave en la bolsa.
ee sopló lae manos con fruición, y colocó sobre su eiscri-Peppino...... quién es?
torio una tabaquera de plata.
-l'eprn mi hijo, el que puse en la escuela del asilo
Nanina había recobrado su valor y se aproximó á la
de los pobres, pues cuando murió Selletta (á quien Dios
guarde en su gloria) me recomendó que lo pusiera. Me me1&lt;a, contemplando con ojos de curiosidad el gran tintlecía: Hay que colocarlo ahí, porque aprt!nderá uu ofi. tero dorado, donde dos tigurillas Postenían trabajosamE'nte una colnmnita para col0&lt;:ar el portaplumas.
cío y no qnit11r:í á los otros el pan Je la boca.
La mirada asombrada dtt la niíia pasaba del tintero al
- Y rn ucteJ ií. \"erlo?
prenMa papelea de cristal, en el que podía verse en vivos

16 AGOSTO, 1896.
colores, la basflica de San Pedr.:&gt; con su alta cúpula, la
plaza del Pueblo, y la ~ente de paReo.
-Siéntese usted, di¡o de repente el anciano, después
de haberse sonado escandalosamente; tómese una silla, la
que está en aquel rincón, eso; puede ueted sentarse ahora.
Abrió RU tabaquera, tomó un enorme polvo, y extendiendo los brazos sobre la me8a:
-.A.hl Dios de paz y de amor! exclamó.
Y luego volviéndose:
..
.
-¿Qué tiene usted en los brazos? d1¡0 guiñando loe
ojos bajo lo~ espejuelos.
La viuda levantó un extremo del pañolón, y descubrió al chiquitín que dormía tranquilamente, con una
manecita sobre el pecho.
-Un bebé? dijo sonriendo. ¡Qué gra!)ioso! Es el hijo
de usted?
-Sí, sefl.or.
.Nanina se había acercado para enviar á su hermanito,
quitándose ~e eee modo de las contemplacion~ ~así extitticas del trntero, y alargó una m11110 para acanc1arlo.
-Chit! dijo el viejo, á media voz, déjalo tú; _¿no vea
que se despertaní? Tápelo, usted, señora; ¡pobrecito!
?&gt;fazzia apareció bajo las cortinas impaEible.
-¿Qué hav? dijo e: anciano.
-Si el se,ior secretario, contestó ?&gt;Iazzia. quiere venir
un momento........ .
-¿Qué sucede?
Y se levantó apoyando las manos en los brazos del si•
llón, y buscando en la bolsa el gran pai1uelo de hierbae.
Y ya en marcha repetía:
:_¿Qué sucede, :'1Iazzi11•?
Cuando el secretario estu,·o cerca de él, ~[azi1ia dejó
caer la cortina que los ocultó.
-Ahora va á venir Pepín, dijo la viuda á Xanina.
-¿Va á venir ahora? repitió la nifl.a á media voz.
La viuda contestó por ~eíias que sí.
Los otros dos, entre tanto, cuchicheaban detrás de 1aa
cortinas, sin que se pudiera entender lo que decían.
Repentinamente el viejo apareció de nuevo. Parecía
muy turbado y venía lentameute, con la mirada fija en
la viuda. Se dt:tuvo cerca de la mesa, to!lió d0s ó tres Ye•
ces y le aijo:
-Escuche usted mi buena amiga.
La viuda se había lernntado, empujando hacia atr.ia
su silla.
-Escuche, no se puede hablará e.sta hora á los nifl.oe.
Ya se lo había dich0, viene usted muy temprano y á esta hora...... los niños..... .
Se interrumpió; la Yiuda le miraba.
-.Mazzia, ai1adió brufcamente, dirigiéndose al empleado.-Ayúdeme usted á decirle ....... ..
-El chico está dando eu lección, re~pondió ~razzia secamt'ute. Y se puso á mirar por la ventana.
-Eso e.Q, dijo el viejo aliviado de un gran peeo; está
dando su lección, aquí el re~lamento es severo ........ .
La viuda tuvo un movimiento de angustia. Estrechó
más fuerte contra eu pecho al bebé y se quedó ahí, de
pie, esperando aún, esperando aún ........ .
-Pero esto es imposible, murmuró al fin tímidamt!nte.
-Así lo creo, dijo el viejo, seguramente es imposible.
Usted es su madre no es eso?
·
-Sí sefl.or yo soy su madrE'.
-Imposible, mi buena amiga, repetía él preocup11do;
como haremos? Debía usted volver...... Eso es, vuelva uated el lunes que es dia de audiencia, verdad Mazzia?
Mazzia miraba hacia afuera. No oyó la pregunta y no
respondió.
La viuda se ruborizó y tcariciando lentamente á Nanina, dijo:
-Perdóneme usted; yo le había traído...... yo querí\
dejarle...... estas mansanas ...... usted 1,a de dispensarme.
-Déjelas aquí, dijo el viejo.
La pequeíluela había ya puesto dos sobre la mesa, al
lado del hermoso tint~ro. La viuda tomó la tercera y la
puso al lado .de las otras murmuran:io:
-Perdóneme set'lor esta libertad; e&amp;ta es para usted.

16

AGO!:&gt;TO,

1896.

EL AiUNDO.

-Gracias, dijo él dulcemente.
-Volvtréel luaes?
-Sí, sí, el lunes, eso el'!. :'.\o venga us•
ted aquí. H.íblele al director; él sabrá
dt-eirle......
•
La viuda le tomó la mano que t"l ext•ndía para acariciar á 11'. chiquilla y
qui30 be:,ár.sela.
-Oh! exclamó él casi espantado, no
hnga u~ted e~o, mi buena amiga........ .
Adiós ......... Adió:; ......... buen día.
~.1liPron y el viejecito se quedó.de pie
jnnto á la puerta. Oill el rumor de los
p:isos de la viuda que se alejaba, y la voz
dé I&gt;\ niila que la interrogaba.
:llazzia se colocó de nuern frente á él
y dispuso los papeles para las firmas.
Hubo un momento dt: silencio.
El secretario sacudía melancólicamente la cabeza.
-El director le dirá el lunes, murmu•
rJ, que su hijo ha muerto. Yo, loque,es
yo no se lo digo ..... .
Y cuando hubo limpiado sus lentes,
los acomodó ~obre su naríz, sopló luego
sus manos para calentarfas, y cogiendo
de nuevo la pluma exclamó:
-Ah, señor Dio,! Bnen Dios de paz
y de amor!. ........ qué infelices son los
pobres......... Deme usted los papeles
lfazzia.
SALVADOR DE Guco~10.

107.

HISTORIAS D.~ MI PUEBLO.
EX POS DE UX IDEAL.

¡ Oh mis bellas lectoras desconocidas!
no me me llameis indiscreto ni mucho
menos imprudente, porque me atreva á
po1,er en descubieTto la vida de una antigua amiga mía á quien quise mucho,
porque pertenecía á la honorable familia Domínguez, que por aquel entonces era una de las que figuraban en primera línea entre la sociedad distinguida de mi pueblo natal.
Era una familia de mujeres: dos de
ellas, rita r. Guadalupe, habían tenido la
desr'licha, ó tal vez la felicidad, de quedarse solteronas, por no habérseles prestado allá en sus ailos de florida juventud un buen partido que llenase las
aspiraciones de sus sueflos. Solo Dofl.a
Edu wigis, la hermana mayor, fué casada con un bizarro coronel de artillería,
que murio en los últimos combates librados en nuestro suelo, con motivo de
la funesta intervención francesa. Como
primer y unico retoño de su efímera vida matrimonial, había quedado á Doíla Eduwigis una graciosa pequeíluela,
en quien las tías y la madre ponían toda su atención y sus cuidados para hacer dtl ella. eegún la gráfica expresión
de Dofl.a Eduwigis, una joya valiosa de
la Pociedad y de la familia.
Aunque pobres, las Domínguez vivían honradamente con lee productos
de sus labores de mano, y con una pequeila mensualidad que recibían del
unico hermano que les quedaba, empleado en una fuerte casa comercial de
Yeracruz. La vida de estas mujeres estaba regida por 10s principios más sa11011 de fa moral y por los preceptos más augustos del catolicismo; sus constumbres, vaciadas en el estrecho molde de las costumbres piadosas y sencillas que normaran
la vida de sus abuelos. Y nunca la mano tentadora del
demonio, como ellas decían, las hubiera hecho quebrantar las leyes en que d011cansaba el programa unifor~~ de los deberes y obligaciones que les imponían la religión y la moral. .
Cuando los lazos de la amistad me unieron áesta buena
familia, de quien no quedan vestigios en nuestro suelo,
no tenían otra preocupación que la de encaminará Elenita, la hija única de Doíla Eduwigis, por el recto camino
de la Yirtud y darle una educación esmerada, como la
ID~jor herencia que pudieran legarle para hacerla acreedora al respeto de la sociedad en que vivía, y digna también de algún butm partido que se le presentase pidiéndole su corazón y fU mano.
Las tías y la madre de EleDJta, en su atln de despertar
en el espíritu de la pequeñuela la desconfianza en todo
aquello que se relaciona con el amor y las lisonjas de los
hombres, depositaban, sin darse cuenta, los gérmenes de
de.~gracia~ futuras en aquella almita naciente, en donde
~penas alboreaban las tenues claridades de una belleza en
embrión. Elenita creció alent'lda por el soplo de esa vida
mística y uniforme, vida de penitencias y oraciones, en
que vivieron las piadosas solteron~ y la muy respetable
Voila Eduwigis, que Dios tenga en el reino de los cielos.
Cuando la amistad me relacionó con la familia Domíngoez, Elenita no era ya lanit'la que soílara con los juegos
mfantiles y los cándidos entretenimientos en que se dese!1 voeh·en CD!} SU veleidades y caprichos los días bullic1ogos de la mñez. El sol de una nueva vida empezaba á
or_ear sn frente de virgencita púber, cantándole con notail
t~1unfales el himno de la juventud y deotejiendo en el
diáfano cristal de sus pensamientos, la ~uirnalda az11lada
d~ los sueños y el beso caqto de !ns rub1ai ilusiones. EleDita despertuba á la vida del nrnor. Sentía esa necesidad
&lt;le amar que el corazón reclama, cuando la juventud ~e

Al cumplir veinte ailos ee sintió en
la plenitud de sus dichas. AmabaáJuan
un buen muchacho de envidiable posi·
ción social; un joven de muchas luces
y muchas esperanzaH pañl el porvenir,
á quien como eq natural, lo aceptó con
gusto la familia Dornfngnez, como un
buen partido que mi,. tarde haría la felicidad de Elena. Juan realizaba loa altos idealeH de su amada, y co1110 un há• bil buzo del corazón de la mujer, ~ondeó
aquella alma sensible y comprendió sus
mi8teriO!I. Los do~ se amaron mucho y
• Elena era feliz. ::iin embargo, la vida del
amor no pudo suetraerla de aquel retraimiento de la vida 8ocial, consagrada tan sólo al cumplimiento de sus obligaciones doméstica8 encerrad~s en el círculo de la" labores de ,nano y dtJ las prácticas religiosas.
Obedeciendo á 1111; ioclinaciones de su
carácter sociable y festiYO, Juan trató
siempre de modificar en algo el curso
de e~a Yida mfotica y monúton'.lmente
uniforme de su amada; ¡K•ro contrariado por la \"Olnntad infl..xible de Doña
Eduwigis y las tías sol,l'ron:is, todos
suq esfuerzo~ fneron imítile~, y las obsen·acione~ tan repetidas y tan justas
que llegó ¡t hacerle á Elena, fueron moti\·o de frecuente, di,g,1~to, entre la familia; diegust.,sqne con el tiempo vinieron á ~char por tierra aquel paraiFO de
amor incen~ado de BUE'ños en que loe
dos amantes creveron vivir una vida
de eterna felicidad.
Los escrúpulos exagerados de Elena
y su familia fueron la cau~ de un temprano rompimiento que vino á obscurece•· con su bocanada de sombras las
brillanteces azu!eB de aquel cielo de
amor que prendiera sus besos de luz en
las dos almas apai;ionadas.
L'.&gt;s aílos fueron pasando. Elena llegó á olvidar por eompleto la existencia
fugaz de sus primeros malogrados amores, y en el aislamiento cenobítico de
su vida, veía con un sentimiento, mezda de pesar y de envidia, qU( casi todas sus conternporánE'as se casaban, y
que ella, no ob,tante la rectitud de sus
costnmbres y el refinamiento de su educación, avanzaba ráJ?idamente, y muy
á pe~ar suyo, al ándo desierto de la
vida de soltera que tanto preocupa á
las mujeres. Er. toncts ~e operó en su
vida y en su modo de sér una transformación completa, un cambio radical.
Cumplia veintisiete afl.os y era casi natural que se preocupara seriamente por
los dei;tino de su vida, Entraba á la edad
de las desesperantes reflexiones sobre el
matrimonio; edad en que el frío raciocinio juega un papel importante en las
lides del corazón.
Elena trató de exhibiree en todas
partes: asistía á bailes, 1t teatros y paseos campePtres; buscaba la sociedad,
amaba el bullicio y hada del adorno de
su cuerpo. el arma poderosa que eegrimiera con habilidad para avasallar loe
corazones indiferente.Q.
Tres aílos después de vivir esta vida
de premeditados entusiasmo~, que pudiéramos llamar de artificio y prestidigitación; de~pués de tantos d!'iroches de
sociabilidad alentada por el cálculo, Elena pisaba los umbrales de la vida matrimonial y huía
del bullicio de la socie:lad para consagrar~e en el silencio
del hogar á lo" preparatiyos de sus desposorios con un
advenedizo capitalista de apariencias deHlurn brantes, que
por aquel entonces vino á adicarse en nuestro suelo.
Para Elena, el porvenir se dilataba en horizontes luminosos. La pompa con que se celebró este matrimonio
ruidoso, constituía u11 nuevo timbre de orgullo para la
familia Domínguez, que se sentía felfa y satiPfecha ante
la vida fastuosa que el marido amante le proporcionaría
á Elena, á quien Doíla Eduwigis llamó con motivo de este matrimonio: •la gloria de la familia Domínguez......... .

la República.

$ra. (!oncQpdon $uarQz aQ F)Qon.
(me

MÉRIDA)

nos llega acariciándoros con sus promeeas engaílosaa,
empapadas en ráfagas de luz y e11 reflejos de vagas esperanzas.
Criad:1 desde sus primeros años lejos del buillicio social, respirando el míst:co ambiente de una educación saturada de religiosidad y de añejas preocupaciones enerventes, sin tener la libertad de frecuentar el teatro, las
tertulias, ni ningún género de diversiones, donde sus
oídos pudiesen sentir la dale ; explosión de la frase galante, ni la mirada rnaiiciosa y expresiva de algún joven
enamorado, Elenita era una alma pura, una extr•ña flor
de invernadero de asustadiza;¡ timideces de mar:poea que
vivía, desbordándose en voluptuoims lozanías de juventud, con el "ª'1Q y castí,-imo anhelo del amor, pero sin
···s1~~·;.~;;~~-ci~¡;~·¿~··d~··1~··¡;~¡¡¡~·~-i:~~·&amp;;dM·d~·E¡~·~~;
sentir en su pudico corazón los arrebatos de la fiebre pa- y cuando ésta se hallaba más preocupada con los cuidasional.
dos de su primer alurn bramiento, el yerno.de Dofta EduwiElenita, la belleza oculta. como la llamaban sus admi- gis, el eHposo capitalista, era enviado á Guaymas por las
radores, era una alma sencilla llena de exquisiteces y ro- autoridades de mi pueblo, corno reo de estafa, que había
manticismos. Había leído In historia de ECrain y de Ma- dispuesto de una suma cuantiosa en loe últimos dfas del
ría, cononcfa la Grazieladt! Lamartine, y envidiando las corto periodo en que :!esempeíl6 la Administración de la
dichas de Julieta, soílaba con un amor ideal que tuviera Aduana marítima de aquel puerto.
,
susurros de besos castos y ei,tremecimientos de alas níY como único patrimonio que Elena pudiera recibir
Yeas; soñaba en amantes rubios que despertaran en eu
de su marido, le quedó una enfermiza criatura: entrañaalma la luz de vagos ensuei1os, a1rebujados hasta entonble fruto de su fastuosa vida matrimonial.
ces en la niebla de sus ca~tidadt:!s virginale!!.
Be::SITO F.11:NT.~Nll8.
En los p&lt;?COS enamorados que ~e atrevieron dirigirse á
Cosamaloapan, Agosto de 18H6.
Elena solicitando las dichas de au amor, sólo halló la ex presión ampulosa y necia de corazones vulgare¡,, de almas cursis y vacías que no podían impresionarla, ni muLA CODORNIZ.
cho menos comprenderla. Prefería vivir alimentada por
el sueño sublime de un amor ficticio, y no por la grotesI~ra un verano; vi\•ía yo entonces con mi padre en
ca reelidad de un amor vulgar.
una ciudad de la Rusia meridional.
¿Sería Elena una belleza predel!tinada á cruzlil' por la
A nuestro alrededor, á 1Luchru&gt; leg11as de distancia, no
vida sin rnntir el roce de las &amp;las del amor? No; faé más
había más que eRtepas.
bien una exqni~ita flor extrnfta, que hasta los diez y nueNi bosque ni arr•&gt;\·os: ,·alles poco profundoR, alfombrave años vió pasar las ro~adas primaveras de su juventud,
dos de ramajes tle ,·erdura aquí y allá, extendíanee sesin hallar una alma qne aspir.i.se 110 perfume y comprenmPjantes á serpientes verdes.
diera el secreto de sus sueilo~.
J.li padre era un cazador de pura sangre; así que sus

�,.rTn1.TDÜ
':,
·=

~108
~ = = = = = = = = = = = = = = = = =EL ..uu.n

16 ÁG-OSTO, 1896.

= = = = = = = = = = = = = == ==Mi padre me aseguró que el macho '88
Jo llevó á. otro sitio; un momento después
le vimos salir de una zarza; mi padre no
le tiró, y yo peneé:
-¡Papá no es malo!
¡Y cosa singular! de8~e entonces mi pasión por la caza se enfrió y no volví á pensar en el fusil prometido.
Mucho tiempo después fuí 1\ cazar con
amigos; era la caza de perdiz por el reclamo
ví llegar al pobre macho enamorado y cantándole á su amada, y cuando se puso á tiro,
dí una palmada y se marchó: m1 compaftero se puso furioso.
Has echado á perder nuestra caza-me
decía.
Pero desde aquel día, matar, verter sangre se me hace odioso.
!VAN TouRGGll:NEFF.

trabajos se lo permitían, cogía el fusil, se
ponía, su morral, silbaba al viejo Tesoro y
se marchaba á. cazar codornicee 6 perdices.
A menudo me dejaba acompañarle en
estas cacerías, y poniéndome loco de contento, metía mi panta16n dentro de las polainas, echaba mi cantimplora á. la espal ·
da y ya me parecía que era un verdadero
cazador.
El sudor me inundaba, la arena se me
metía en los zapatos, pero yo no sentía la
fatiga y no me separaba de mi padre ni un
paso.
·
Cada vez que sonaba un tiro y el áuima·
lito caía, daba yo un salto exhalando gd·
tos de placer.
Et pájaro herido se debatía agitando sm;
alas, ya en la yerba, ya en boca de Tesoro;
su sangre corda, y yo estaba encantad,,,
sin experimentar el menor sentimiento.
Cuánto hubiera dado yo mismo por matar así perdices y codornices!
Pero mi madre me había dicho que no
tendría fusil hasta la edad de 12 años y
aun hHbía que espen.r.
Un día salí de casa con mi padre y Tesoro, que, como siempre iba delante, se puso en acecho; de pronto, casi debajo de
sus narices, saltó una codorniz; el perm
corrió tras t'lla y mi padre no se atrevió á
tirar por temor de alcanzar á éste.
De pronto lo ví dar un salto, coger la codorniz y traérsela á mi padre. Este .la co ·
gió y la puso sobre su mano boca arriba;
yo me prPcipité hncia él y le dije:
-¿Qué tiene? ¿Eetá herida?
-~o-me dijo-pero debe tener el nirlo
cerca y hace como que está herida para q 11e
el perro, pensando que la cogeríafácilmtn•
te, la siguiera.
-¿Y por qué hace eso?
-Con objeto de alejar al perro de P11R
pequpf'ios, después de lo cual se hubitr,1
marchado de un vuelo; pero esta vez le ha
salido mal la cuenta, porque Tesoro la ha
cogido.
-Entonces, no está herida?
·
-No...... pero vivirá poco ... ... porque el
perro debe haberla lastimado.
Me acerqué para ver la codorniz de CH·
ca; estaba inmóvil sobre la palma de lama·
no de mi padre: su cabeza colgaba, su oju
negro me miraba de costado y de pronto Die
entró una gran lástima.
Parecíame que el pobre animalito me miraba y pensaba:-¿Por qué me matan? ¿No
he cumplido con mi deber? Yo intentaba
salvará mis hijitos y llevar al perro lejod
de ellos y me ha cogido. ¡Pobre de mf! ¡Et•
to no es justo! No; esto no es justo!
-¡Papal Puede ser que no se muera!dije yo acariciando la cabeza del pajarito.
~i padre me dijo:
-No! mira y verás como se muere. Sus
patitas se estiraron, todo su cuerpo se estremeció y sus ojitos se cerraron.
Yo me eché á llorar.
-¿Qué te pasa?-me dijo mi padre.
-Tengo pena...... le respondí. Ella ha
cumplido con su deber y se le mató. ¡Eso
no es justo!
-Haquerido jugar al más astuto, dijo mi
padre-pero Tesoro ha sabido má.s que ella.
Mi fadre quise meter la codorniz en 1 1
morra ; pero yo le rogué que me la diera.

16 Aoosro, 1896.

EL MUNDO.

LA.. NOTA DE LA l"-1:0DAº

Tres Artistas.
Dijimos en su oportunidad á nnestroq lectores, que en el Circo Orrin trabajaría en
combinación cc,n la compaftía de zanmela
de los Sres. Arcaraz, la Opera Popular. El
af'io antepasado, esta simpática troupe ~ir.o
las delicias de la buena btuguesía mPx1ca11a, dando una larga serie de funciont&gt;s en
el Teatro Circo de Villamil, á. donde ahora
vi::elve.
A la sazón el Sr. Sieni ocupaba el Nacio- •
na\ y se entabló e~tre ambas empre~~ª una
rl'ñida coinpetencia, en la 9-ue_ no eah6_ mal
librada la Popular, pues s1 bien es c1&lt;&gt;rt•&gt;
que la compañía del Coliseo de Yt-rgará
contaba cnn artistas de reputación europe-a,
la Opera Popular, que se pres~ntaba mndes•
tamente, ofrecfa un conjunto homogenl'o
y armónico, estudiaba con empeño, y ade•
más proporcionaba música barata.
.Hoy retorna ¡¡ México, trayendo entre
eu personal algunos de los artistas que nos
visitaron en 94 y otros nnevoe; se estrenó
til sabado y dt'jó muy buenas impreEionps
en el público.
.
.
Chole Goyzueta, nuestra antigua y siempre predilecta conocida, forma con la Srn.
Fons de CalvPra y la Sra. Polaco Drog, un
trío que sin duda se hará aplaudir mucho,
fuugiendo la primera y la sfgunda como soprano ligeras y la Sra. Drog como mezzo
soprano contralto.
.
Damos los retratos de las tree como pr1•
mera página del carnet artístico de esta
temporada.
María Tubau, la distinguida actriz que
llegará. en breve, nos dará asunto para al·
guna de las páginas subsecuentes.
EN UN ABANICO.

Ala leve y temblorosa:
¿serás tú la mariposa
que hasta un seno amante vaya?
Ala leve y temblorosa:
sé la blanca mariposa
que en en el cáliz de la rosa
se desmaya ........ .
Josi;: JUAN

TABLADA,

Sra. Soleaaa Gov:zueta.
La puse entre mis manos, y la calentaba con el alienl(),
esperando que reviviera; pero no se movió m_ás.
- Pierdes el tiempo, amigo mío; no la resuc1tarás.
Y le levantaba despacito la cabeza cogida por el pico;
pero así qu.e la soltaba se volvía á caer.
- Papá, ¿quien alimentará sus hijitos?
. No te inquiete-a por eso-dijo mi padre-por que los
criará el macho. Pero espera...... Mira á Tesoro que se
pone en acecho. ¿Será. el nido?...... ¡Justamente e-s él!
Efectivamente, sobre. los tallos de yerba, á dos paso~
del hocico del perro, ví cuatro codornicitas, que se estrechaban unas con otras con el cuello t-xtendido. Ya te nían algunas plumas; ;61o las colas las tenían aún muy
corta8.
¡Papá! ¡papá!-grité yo-¡llama á Tesoro, que los va:\
matar también!
Mi padre llamó al perro; fué á sentarse un poco más lr_jos, y se puso á almorzar. Pero yo n:e quedé c~rca del nido rehuPando comer; saqué del bols1ll0 un panuelo y metí la codorniz ......
-¿Me regalas la codorniz?
-Si la quieres, ..... Pero qué vas á hacer?
- Voy á enterrárla.
-¿A enterrarla?
~Sí, al lado de su nido; dame tu cuchillo para que ca. ve la foea.
Mi padre buscó su cuchillo y me lo dio sin decir pala·
bra; me use á. escarbar la sepultura: luego besé la co_dorniz en e pecho y la coloqué en el fondo del aguJero,
echándole tierra hasta nivelarlo.
Después corté una ramita, é hice una cruz, atándola con
UDa h1erba y puse esta cruz sobre la tumba. .
..
Cuatro ó cinco dias de~pués volvíamos al mismo s1~10.
El sitio de la tumba me lo indicó la cruz; pero el mdo
estaba vacío.

1

Sra. S!uisa Cfons ae (rah,cr.-i.

J
Sra. Polaco Drcg.

Traje ae not'ia ae

la Princesa OOaúa•, ae Gales.

109

�16 AGOSTO, 1896.
•

EL MUNDO.

11-0

,. Al aproximarse eada nu eva estación, cuántas lindas cabezas, finas.
y ele¡mntes no se preocupan de ella. Pieusan en el cambio de sus.
to&lt;'ados, en va riar ese arsenal gracioso, que debe._sl nó embellecerlas,
preswrles cuando menos la decoración que com~ene á su belleza.
Pem tranquilizaos, ama bles lectora.•.
Ya hemos teuido la feliz ocasión de recomendaros á las

SRITAS. !HUNSINGER HERMANAS.

Primera calle de San Francisco número 14.
A1'TIGU,&lt;S COL,&lt;BORADORAS

=

DE''LA-MODAILUSTRADA"DEPARIS.

Confia.o.s en ellas v estad bien persuadidas de que vue.&lt;tro ideal de
coquetcrla tan natural. será. realizado tanto d esde el punto de vista.
de la elegancia como del de la baratura.

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lebres artistas y las damas de la alta aristocracia la
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16 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

' (Tomado de "El Universal" de la Ciudad
de México.)

111

Una prueba :Cotográfica.

Tratamiento sévero de un hombre
Por el Dr. A..'iSELMO SEQUEIRA,
Ex-Interno del Hoapltal General de Guatemala.

ASistía yo á un sujeto ba-stante vigoroso, do
.86 años, afecta.do de hepatitis, que por un c:s.C.ruen atento conceptué localizada. en la. zono.
anterior del órgano i;ecretor de la. bilis hací.l
m:í.s de un año.
Permanecían con tinte icM:d co la. piel y In~
escleróticas, las deyecciones al binas muy irregulares, ca.si siempre presentaban, como dicu
Frerichs en estos casos, eolor amarillento intenso por la presencia. de la bilis más ó méno~
alterada.; biliinlvina., colesterina en forma. do
estercorina., biliverdina, etc, etc.
El color de la lengua, también ictérico, tl
pulso oscilaba entre 70 y 80 latidos y anunciaba. el termómetro poca. diferencia. en la mar.
ca cnlorimetra normal.
Era indudable, 6. priori, que el diagnóstico
no admitía error y la primero. ideo. fuú la I\•
plicación de un moxa y propinar cada cuatro
días un drástico de píldoras antibiliosns unl\s
veces y otras un purgante
No se advertía cambio en el mal y el mox:i
dió lugar á una liaga superficial sobre el mismo lugar enfermo, que se estuvo curando cou
unguen to y sanó á los diez días.
Permanedendo estacionario el mal con nn
cortejo de síntomas, instituí el siguiente trabmiento.
Con un día de por medio hice qne ti:&gt;mara
por la noche de cinco á siete Pildoras del Dr.
Rosa y que en seguida. de la primera deyeeción consiguiente, se le nclministrarn. sopa sazonada de buena carne de huesos; que tomara después de la. cesaciún del efecto catártico,
una cucharadita. de Polvos de Seltzer en tres
cucharadas de agua aromatizado., que debía.
repetir dos 6 tres veces con inMrvnlo; que el
llía que no tomase )as piklorns, tomase vino
l'icjo generoso para comer y una. píldora ferruginosa (Píldoras del Dr. P eck) inmediatnmen·
te despues de cado. almuerzo y comiüa frngago.les; en virtucl de que el paciente se encontraba nn poco anémico evideutemente.
La mejoría comenzó en breve á establecerse y queriendo compro bar á lo que era debida
hice euspender el uso de las Píldoras de Ross
y surjfa el mal Rin tardanza y con nuevo. fuerza debilitaba al paciente.
Restablecí en su virtud el uso de dichas Pfldoras, agregando alternados baños muy rápidos, eulfurosos y salinos.
Cosa notable; el enfermo ewaciaclo, anoré•
xico, dispéptico, discrásico se levantó y recuperó prontamente las fuerzas y desput':s de dos
meses de invierno en este pais intertropical,
siguiendo el tratamiento ele referenda, t':l ha
sanado por completo y está en bt:ena salúd, y
es de rigurosa lúgica y justicia atribuir esta.
curación {das Píldoras de Vida del Dr. Ross.
Naturam l\1orl&gt;orum Curn.tiones Ostendlllli
e\ Medica.mentí.
Me.saya, Nicaragua, Diciembre 10 de 1896.
Dr. ANSELMO 8EQUEIB.A..
Ex-lnteruo del Hospital General de
Gnateme.Ja, Médico forense del Distrito de Masay.. , Miembro Corresponsal
de la Sao.dad Clínicos de Francia:' etc.

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[Grabado en los talleres de "EL MUNDO,"]

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Zarzaparrill~

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ae ensueño.

[Grabado en los talleres de "EL MUNDO,"]

'

:··

•

NUMEROB

�23 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

114
~~EL MUNDO.''
SEMANARIO ILUSTRADO.

RLiroNo 434. -~ de las Damas núm. 4.-APAl!'l'ADO 87 B.
UXIOO.

Toda la correspondencia, debe dirlgln¡e
al Gerente de este periódico.

La suscrición á EL lllUND0 vale $1..25 centavos al mes,
y ee cobra por trimestres adelanti.dos.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Aviaos: á razón de $30 plana por cada publ•cac~6n.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.
REGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGITh"DA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Can~
dá. The Sganis American Newspaper ~ompany, 136 L1berty St. New York, E. U.u

~otas &lt;lt~ itorial.es.
Al revisar los últituoi, ejemp18res de la prensa americana que han llegado á buestra mesa de trabajo. no h~·
mos podido menos de r.:cordar el concepto.que de la misi6n ilel periodista ha expresado un escritor ha pocos
días: «La consecuencia natural de semejante absurda manera de concebir el periodismo, es la muerte de éste considerado como elemento intelectual, de propaganda y de
enseñanza popular, con cuyo caracte.r .~ª ~restado tan
eminentes servicio¡¡ ,i, la causa de la civihzac1ón...... n Los
periódicos americanos á que uos referimos, pueden responder en nombre de la causa de Ja civilización.
Como fieras hambrientas se han lanzado estos elemento.~ intelectuale-~ y de e1mñanza popular contra la per~onalidad de Mr. Bryan, el flamant~ c:1ndidato á la Pre.s1d~ncia de la República. Ya no se dmgen apóstrofes, smo msultos· ya no se arrojan reproches, sino infamia::. La caricat~a se apodera del joven leader y lo representa como
un héroe de encrucijada, como un bandolero de la ~eor
especie, digno de la horca. Ei:i ~na de nuestras págmas
reproducimos una de estas espmtualPs tllRl'ñanza!l con que
el lápiz del elemeiúo intelectual se complace en atacar al
novel candidato: Bryan aparece armado de un puñal y
á sus pies yace la patria her_ida ~e ~uerte por ~u mano;
al pie del grabado hay una mscripción: ¡el asesmo! ¿Son
estas armas políticas? ¿Constituyen medios lícitos en la
contienda de la cosa pública? ¿Hasta dónde 1&gt;stá permitido á un elemento de la cau.sa de la civilizaci6n emplear
tales procedimientos?
.
.
.
.
¡Y todavía si fuese la pasión política, el odio de partido la intol~rancia de grupo lo que motivara tales clesro~nesl Pero no! Puíiados de dollars arrojados á estos
hacedores de prosa nauseabunda y de canallescos gra•
bados por el partido hostil á Bryan, comunican movimiento á esta máquina que, semejante al carro del ídoio
del Indostán, va aplastando víctimas bajo sus pesadas
ruedas. ¿Y este sería el elemento de tnseñanza intelectual
que presta tan eminentes servicios á la causa de la civili-

zaci6n1 ..... .

Asentar en abstracto que la prensa es un elemento de
progreso, una tribuna, una cátedra, desde donde el sacerdote periodístico esparce su sacrosanta doctrina, es
hablar sin conocer el periodismo. ¿A qué prensa se refiere el escritor á que aludimos? ¿A la que resultó complicada en el escándalo de Panamá? ¡Pues fué toda la pren•
ea de Francia! ¿A qué periodistas? ¿A los que fueron llevados á los tribunales con motivo del asunto del peti.t sucrier? ¿A. lo$ que llaman a!lesino á Mr. Bryan?.......... ¿A
cuáles?......
Bajemos al ídolo de su pedestal. En el periodismo, como en todal! las órdenes de actividad intelectual,-pero
en ésta más que en ningúna otn,-solo hay una cualidad
que haga respetable al hombre que dispone de una pluma: la honmdez. Pero esta cualidad es propiedP.d del hombre, no de l!I especie; pertenece al individuo, no al grupo.
Un periodista honrado puede, en efecto, ser un elemento para la causa del progrese; un periodista que no sea
honrado hará más mal á una sociedad que el peor de loe
delincuentes.
Por fortuna, el periodismo mexicano, en el que existen
elementos impuros que lo desprestigian y lo de¡.,recian,
no ha llegado aún á ese grado de perversión moral que vemos imperar en la prensa americana, que no desdefla en
devorar buenos pedazos de ese esplén'dido banquete de
más de quinientos millones de pesos gastados por los partidarios de Mac Kinley en C!lbrir de ignomima al candidato Bryan, nota transmitida por los mismos periódicos de
la gran República!

¡JJmplacables!
El martes (1ltimo registró la prensa diaria un conato de
descarrilamiento en la línea del Ferrocarri! Mexicano,
sin desgracias personales. Los autores de esta jugarreta
anti-civilizadora, fueron capturados y puestos á disposición de la justicia.
Ahora bien, los cul'&gt;ables deben ser juzgados con arreglo á Ja ley de suspensión de garantías para esta orden de
delitos; pero como entre loq pa~ajeroq dt&lt;! tren se encontraba el Gobernador del Estado de P11ebla, sería posible
que algún espíritu filantrópico y Cllritativo tratara de in-

clinar al Sr. M:artínez á ejercitar sus sentimientos hu:
manitarioa.
En tal supuesto, el Sr. Gobernador debe rechazar t?-l.1
sugestión de esta índole, recordando que no era él la uru•
ca persona á quien iba dirigida el daño, y q,ue por lo ta~to no tiene el derecho de mostrarse compasivo con las vidas agen"\8.
La compasión del Sr. Martínez censtituiría una conculcación de las garantías sociales. :i:,a piedad, en cie~s
casos, es la forma más impía de perJud1car á la colectividad.

Qfl nuttJ.lJ ®obenmbor bel tli,trito.
.A.l referirno., al nombramiento del Sr. Rebollar, sólo
empleamos, la Bemana pasada, breves frases, contrayéndonos á la noticia antes que al comentario. La exaltación del Sr. Rebollar al importante puesto público que
hoy ocupa, tiene sin embargo su significación, y á ésta
debemos atender, como hemos hecho siempre que se .h"·
tratado de alguna nueva personalidad lanzada á la nda
pública.
El Sr. Rebollar es joven y es civil, lo que ya por sí sólo
constituyeunainnovaciónen el tradicional programa. E~a
vieja creencia que las cualidades de disciplina y s:..bord1nación pertenecían exclusivament1, :,J grupo militar, y
que todo elemento civil llevaba imbíbito ese gérmen de
rebeldía de que han surgido los politicastros. Este criterio se ha ido modificando, y en la actualidad se reconoce
que esas cualidades, necesarias en la política actual, son
patrimonio de igual modo de los hombres civiles que militares.
El nuevo Gobernador del Distrito no pertenece por
abolengo, herencia, tradición ó rutina, á ninguna clase
privilegiada de la so::iedad, y no entra por lo tanto con
los prejuicios ni con las sugestiones impueEtas por un alto medio, y que, al romper los muros del hogar, amenazan infiltrarse en la política.
.A.demás, el Sr. Rebollar es liberal, es honrado y es inteligente, una trinidad de dotes que lo hacen recomendable para el puesto con que ha sido favorecido.

ítJ.s último, micrabtos.
Hace toda\'ía menos de un cuarto de siglo, México se
hallaba dividido en pequeflas satrapías, al frente de cada una de las cuales se encontraba un coronel más ó menos improvisado: un Lozada, un Timouio Andrade, seflor
feudal dueflo de vidas y haciendas. Estos minúsculos bajalatos, estos aduares informes, se perpetuaban por herencia, y la familia dominadora, la casta privilegiada, la
dinastía triunfante, se conservaba enhiesta y osada, como
un amago constante á todos los derechos y una montafla de granito suspendida sobre todas las libertades,
Se ha necesitado que un poder superior, generado por
todos los intereses sociales, cimentado en las necesidades
de la Nación, inteligente y apto, haya venido á aplastar
á esta gusanera en la que se revolcaban ambiciones y
odios, voracidades cínicas é impurezas sanguinarias. Lo
qne ayer se obten/a por transacciont!s de habilidosa complacencia, en virtud de vacilantes acomodamientos y de
necesidades superiores, huy es posible realizarlo ya por
senderos más abiertos, por caminos menos tortuosoa é in•
extricables.
Y al lado de este ensanche del poder público, la muerte, la gran purificadora, ha realizado su función benéfica en
la Repúbhca, limpiando el snrco de mala simiente, asfixiando á los últimos microbios, producto de una descomposición sociai, 1&gt;n la que ya penetran buenos soplos
de aire puro v ealudable.
Expres~mos ePtas ideas, en vista de las constantes defunciones d11 caciques que en estos días hemos leído en
la prensa de la "República.

ll1lt1lític11 gen.eral.
RESUlIEN.-Víaje del Emperador de Rusia.-Su importancia y significación.-A travé~ de la Europa.-Es señal de
paz ó toque de alarma?
Aunque es seguro que habrá de producir rivalidades
agrias y mal sofocadas envidias, ya está decidido el viaje
del Czar á las principales cortes europeas. Por mucho
tiempo se había. pensado en esa eJ:cursion y los que
se dicen bien informados de las secretas aspiraciones del
gabinete de San Petersburgo, nos han hablado de Yacilacionee y perplejidades en el joven soberano, antes de decidirse á su gira transcontinental, que tiene apariencias
de ser recreativa, pero que influirá á no dudar de modo
efica1, en la política obscura y enigmática que hoy preside las decisiom s de todas las potencias.
Después de visitar Copenhague, d;inde. ea llevado Nicolás ll por atracción de familia y vínculos estrechos de
la sangre; después de regocijar su corazón y sustentar su
entendimiento con la contemplación de la corte del Rey
Cristián, ese anciano venerable, ese patriarca augusto,
que solo sobrevi ve á su muerta. grandeza y á eu pasada
gloria, al calor -:Je un hogar dulce y tranquilo, donde
llueven las bendiciones del cielo, como para compersarlo de las amarguras que llovieron sobre su pueblo humillado y roto en los campos de Holstéin; después de
reposar breve plazo en el seno de su familia, y olvidar
un momento las munificencias de Moscow, al dulce arrullo de cantos de niflos y gorgeos de aves congregados á la
sombra del auciano monarca...... á donde se dirigirá el
antócrata moecovita? qué visitará primero: ¿Berlín ó París? ¿querrá estrechar la mano de su angusto primo el orgulloso Hohenzollern y saborear .las fastuosidades de la

metrópoli imperial, antes que saludar á Mr. Faure, de
honrada apariencia burguesa y de noble sencillez repu- '
blicana?
Quien sabe! Pero no es difícil suponer que este punto
que á priwera vista parece de mera etiqueta, ha tenido y
debe tener en la mente del Czar, la consideración y la illlportancia que se merece.
Sea real y sincera la alianza franco.rusa como la suponen los· amantes de las glorias republicanas y los sofladores del anhelado desquite, ó platónica y acomodaticia como preten~en que sea los partidarios de la Triple.A.lianza
y los adoradores del derecho que emana de la fatalidad
de los hechos consumados, existe ó parece existir esa liga q11e une en comunidad de in_tereses y aspira~iones á
dos Estados poderosos, por enci~a de eus _propios enemigos, y no es cosa tan de poca importanc~a para comprometerla y convertirla en humo, por motivos de pura
cortesía.
Alemania cuenta con que la primera visita será para
ella y que para ser más significativa su presencia, el Empe~dor de Rusia asistirá á las mani&lt;?bras de otoño del
ejército germano, en tanto que Francia, por _su parte, ee
prepara á recibir de modo magnífico á su ilustre huésped, y dada la susceptibilidad del genio francés, que silbó al difunto Alfonso XII en las calles de París, por ser
coronel honorario de un Regimiento de Hulanos, no se
dispondría á s~mejantes derroches de lujo y esplendo~,
si sospechara siquiera que se quedaba en seiundo térm1no en la alta consideración del prócer á qmen tratan de
festejar.
Germanía tiene como el derecho de primacía por la na•
turaleza de 1,us instituciones, por la gloria militar que
irradió en la aurora de su constitución como imperio moderno· por su fuerza militar que asombra y maravilla á
cuant~s la contemplan; Francia es acreed?r'.1 ~ que se la
dé la prioridad, si no por el abrazo qu1:1 se 1ruc1ó en Cronstadt y se consumó en Tolón, sí porque ha sabido aflojar
pródiga munificentes los ~ordones de su bolsa y ha ~cudido una y otra vez á cubrir con creces los empréstitos
rusos.
Cierto que para el Czar tiene que ser deslumbrador el
estado floreciente del imperio alemán, hoy en el apogeo
de su grandezq., pero debe considerar qué potencia vital,
qué energía extraordinaria radica en la República francesa que á la vuelta de cinco lustros, después del año terrib"le ha sabido colocarse á la asombrosa altura que alcanz~ en la actualidad.
Difícil decidirse entre estas dos atracciones que lo solicitan. .A.cercarse á Guillermo es prenda segura de paz,
porque nadie se atrevería con la Triple Alianza, amparada por el coloso del Norte, y todo .s eguiría en el statu guo
que impol!-e la paz armada. ~r ~hrectamente á París, ea
anuncio a1 no de pronto rompimiento por lo menos sí de
la amenaza y sabresa!to constante en que han viv\do las
potencias, por los temores de la general conflagración.
Hoy como ayer, la suerte de la Europa está al arbitrio
y en poder del Autócrata del Neva.
En los pliegues de su n:ianto 111_!~ª como el dios ~e la
leyenda helénica, los matices del ms y la.e fulguraciones
de la tormenta. Que decida su omnipotente majestad.

X.X. X .
Agosto 20 de 1896.
~

A nuestros lectores .

~

Ya en p,·ensa el pliego de la novela FLOR DEI N(ZA
correspondiente á este número, sufrieron grandes imperfecciones los grab_ados, dific,i~es d~ repon~ en un
dia · 7&gt;0r eso no pudimos repartir dicho pliego, qite
rep~ndremos muy en breve, sustitugéndolo con las
páginas de novela correspondiente.~ á este mes, ofreciendo que con el primer núrnero de Septie:mbre da·
remos las ciento y tantas páginas que completm·án
la obra.
Acaban de llegar nuestra.~ prensas francesas para
el semanario y con motivo del cambio de instalación
que estamos haciendo en estos días, están sufriendo
algunas interrupciones nuestros trabajos. Pedimos
excusas á nue.~tros lectores, seguros de que los compensaremos con creces.

CONCURSOS
Están trabajando los señorea jurados para seflalar los
premios en nuestros concursos musicales y fotogrñfico.
No podemos urgir la resolución, por que su trabajo está siendo concienzudo, pero estamos st-guros de que en la
semana quedará resuelto.

Con el presente número recibirán
nuestros abonados las 128 páginas
de novela correspondientes al pre•
sente mes.
Pastas para los tomos de "El Hundo."
Como negocio absolutamente propio, el Sr. D. Pablo
Ledesma ha hecho fabricar unas hermosas pastas en rojo y oro,

23 AGOSTO, 1896.
Notas de la Sem.ana.
Los delegados al Congreso Pan-americano reuni-dos en México, publicarán en breve un m~nifiesto
en que se expresarán las razones por las que dicho
,congreso dejará de celebrarse.

Calle de Tiburcio núm. 20.

~amas Jistinguidas de la República.

Dícese que el Sr. Lic. D. Rafael Rebollar Gobernador del Distrito Federal, tiene el ánimo de suprimir el juego ~e azar E_ln la capital lle la República y
para consegmr su obJeto, está estudiando la forma
en que hará la iniciativa, que no solo abarcará la
clausura de casas de juego de baraja y ruleta sino
también la regtamenlación de apuestas en carre;as de
caballos, bicicletas y juegos de pelotaris.

El Gobernador del Distrito ha recibido una solicitud firmada por multitud de personas, en la que
se pide reglamente el uso de los organillos, plaga
que tarde y noche aqueja á los vecinos de esta Capital.
En esa solicitud se menciona un decreso expedido hace algunos afios por el Gobierno, en el que se
ordena á la policía perseguir á esos tocadores de
organillo como vagos pbrniciosos.

La Secretaría de Comunicaciones se ha ser,•ido ce-

der al Estado de Michoacán, para fomento de sus
línea.a 1elegráficas, tres mil se~ecientos cincuenta y
un ktlógramos de alambre y mil cuatrocientos aisladores.
. Dícese que tos ~sesinos del poeta ciego D. Austac10 Zepeda, en Michoacán, han dado también muerte ~n «La Me1,qui~era,». :.\J unicipio de .A.yo el Chico,
Jahsco, á Don Fehpe Villanueva, é hirieron á su esposa é hijo, así como á un mozo.

El próximo 16 de Septiembre se iMug...rará la presa construida en T!almanalco, Distrito de Chalco, la
cual es propiedad de los Sres. Robertson.

El miércoles en la maflana salieron de Belen rumbo al Valle Nacional, treinta rateros.
'
Fuer n conducidos á la Estación de Buena vista
en el vagón llamado el «Diablo» y custodiados por el
Sr. Miguel Cabrera y varios de sus policias.

El Sr. D. Ignacio de la Torre trata de llevar á cabo la construcción del Ferrocarril de San Marcos á

Tezintlán.

En la corrida de toros verificad.a el domingo en la
plaia de DuFango, un toro cogió al banderillero Cárlos L6pez «El Manchado. u
El asta del toro le entró por la ingle izquierda y
penetrando al abdomen destrozó órganos interesantes, rompiendo por último una costilla. El banderillero murió al dia siguiente.

El martes de la semana actual hubo •ma preciosa soirée
muaica', en la casa de la inteligente pianista, Srita. Elena
Padilla.
S~ tocó un cuarteto d11 Weber para piano violín, viola
y.violoncello,. y. un trío h~rrnosísimo de Lachner para
piano y dos v10hnes. Los eJecutantes fueron la Srita. Padilla y los Sres. Rocha, Posada y Cuadra.
El aplaudido clarinetista, D. Lorenzo Santibafiez ejecutó dos pieza&amp; que fueron muy aplaudidas.
'
La concurrencia, numerosa y distinguida, abandonó
aquel templo del arte después de la una de la mafiana.

Ya, á lo que se dice, están fijados en las esquinas los
C:1rtelones anunciando la venida de Maggi. El gran art ista llegará á esta ciudad en los últimos días del mes
para abrir su última y corta temporada el 1~ de Septiem'.
bre. Deseando que sea escuchado su CompalHa por el
mayor número. de personas, antes de regresará su patria,
ha yuesto precios d, abono verdaderamente económicos
Y a alcance de todas las fortunas.
Maggi presentará en el abono que va á abrir, un nuevo
repertorio que ha preparado en los últimos meses.
Es ?-e advertir que esta es la última temporada que
traba¡ará en México. Al concluirla se dirigirá á Yucatán, para de ahí emprender el regreso á Italia.
Han comenzado á llevar~e á cabo en el balcón del centro en el Palacio Nacional, las ob.:-as para instalar la Campana de la Independencia.
Esta es la mejor prueba de q1ie ha quedado fuera de
dud:i,. la autenticidad de esa reliqia histórica.
Dmge los trabajos, el Teniente Coronel D. Gilberto
Luna, Dir~.tor de la Maestran1,a, y dichas obras, que van
á ser prov1s1onales, consistirán en dos ménsulas de hierro, con sus pies de gallo y PUS chumaceras.
Aot_es de comenzarse las obras, se pesó. la Campana,
obteméndose un peso de 782 kilógramos. Se ha calculado que las obras que están efectuándose, pueden wostener un peso de dos mil kilos.
En el Estado de Yeracru;¡; las siembras prometen buenos resultados.
á dEl Sr. Don Federico Grandover partió para Zacatecas,
d onde_ va á terminar la decoración interior del teatro
e esa ciudad, que ha costado $2ó0,000.
El Cónsul General de los Estados Unidos, Mr. Critten•
&lt;'l~n. está trabajando en un informe que enviará á su Go~ler~o Y que versará sobre el comercio de la República
ex1cana desde 1880 hasta el presente.
fi Var~l\8. personas que llevan amistad íntima &lt;ion el se-

or M:m1stro ~e Hacienda, Lic. Don José I. Limantour,
hian dispuesto 1r á encontrarlo, en tren especial, hasta la
rontera del Norte.

A las siete de la mañana del martes llegó por el
Ferrocarril Central el Sr. General D. 1 annel González Cosío, acompañado de su muy estimable familia.
Como saben nuestros lectores, el señor l\Iinitro se
encontraba en Querétaro desde el sabado 15 próximo pasado.

El martes incendióse uno de los departamentos
de la negociación denominada Compañía Destiladora; funcionaron ocho bombas, siendo de éstas, seis
del Cuerpo de Bomberos y dos de la fábrica incendiada. También funcionó, con muy buen éxito, un
pluviómetro fijo de vapor.
Las pérdidas fueron muy considerables. La negociación estaba asegurada.

El martes salió de Nueva York para México el
1:1eflor Ministro de Hacienda Lic. D. Joeé Ives Limantour, pero como no hace el viaje directo sino
que regresa deteniéndose en diversos puiitOB' i.rribará á nuestra l\1etrópoli hasta fin del mes en ~urso.

Salió de esta ciudad para la de Nueva York el Sr.
D. Adolfo Bülfer, Cónsul General de México en Londres.
El Sr. Büller se embarcará en Nueva York para
dirigirse á Inglaterra.

115

El Congreso Obrero de la República invitó al Rr.
Lic. D. Rafael Rebollar, para que presidiera la solemnidad que en honor del ilustre Cuauhtémoc se
verificó el 21 del actual, á las doce de la mañana, en
la glorieta del Paseo de la Reforma, en donde se o~tenta la estatua del heroe.

Ha circulado muy válido el rumor de que van á
hacerse muchas y muy notables bajas en el arancel de
.Aduanas.

qUE VENDE A.. $2 7~.

La11 recomendamos á los interesados, advirtiendo que
los pedidos deben hacerse á dicho Sr. Ledesma,

EL l\fUNDO.

$rita. &lt;!onsuelo C-Fenodtio.
DE OAXACA.

[ De fotografía del Sr. Salas .A.rgüelles.]

El Sr. IugeniP.ro Do!! Ignacio G 1rfias, Administrador
General de Correos, por prescripción del médico aue le
ha asistido en la enf81"medad que ie aqueja, va á pasar
una temporada á Mixcoac, donde ya tomó casa en la calle de la Campana.
Ne- obstante la estación de lluvias, se procede con mucha actividad en los trabajo, de la línea férrea de México á Acapulco por Cuernavaca.
Simultáneamente se trabaja de Tres Marías á Cuernavaca y de Puente de Ix:tla á Cuerna vaca, para que luego
que los trenes lleguen á. la capital del Estado de Morelos,
puedan prolongar su marcha hacia el Sur, quedando inaugurada la linea hasta Puente delxtla.
El jueves comenzó á circuh,r en la ciudad de Puebla
un manifiesto del seflor General Don Manuel Santibáfiez,
en el que se dirige á Jos pneblos de aquel Estado, diciéndoles que acepta su candidatura para Gobernador del
mismo en el próximo periodo constitucional.
El lunes último fueron entregadas al Sr. Tomás Me
Lean, Administrador de la nueva Empresa de los Ft&gt;rrocarríles del Distrito, todas las pre-piedades de la antigua
Compañía.
Por ahora no l1Rbrá cambios en la planta de empleados que cominuarn,1 como hasta aquí, conservando á los
que por su antigüeuad y buenos servicios son verdaderamente útiles á 1a Compa.ñía.
Una de las primeras medidas-que se plantearán á la
mayor breved,,d posible-es el arreglo de los itinerario~,
aumento de viajP11 y au rnt&gt;nto de coches, y al efecto ya
pidió el Sr. ).[e Luan á los l!:~tados U ,1iJos nuevos coches
de los llamados ufmperi&gt;¼l.-s,» es decir, con »siento~ e11 el
techo y de una forma parecida á los ómnibuR¡ la parte
de arriba, del imperial, está abierta y es propia para el
verano.
La nueva Admini~tración piensa extender sus lit1eas
hasta Xochiruilco con el fin de transportar los productos
de aquella región.
El tren que regresaba á esta Capital trayendo á bordo
al Sr. General l\lena y al Gobernador de Pnebla, estnvo
á punto de descarrilar, accidente que , iba á ser causado
por cinco individuos que pusieron piedras en la vía.
~os cinco fueron aprehendidos, y serán juzgados por
la ley de suspensión de garantías.
El rniérco!P!' á las nueve de la maflana, por la línea del
Ferrocarril Ct&gt;utral. en el tren ordinario de pasajeros,
partió p1ml Xu.-va York el joven Capitán del Cuerpo de
Ingeni1:1rofl, U. Porfirio Díaz, quien, como ya lo saben
nuestro8 lt:ctores, \'a á I nglarerra á perft'cciouar sus estudios.

R~lativo al asalto de la Aduana de Nogales, hase
publicado lo siguiente con fecha 14 del actual:
«La Aduan.l ha sido asaltada por varios bandidos
qt1e fueron rechazados, dejando ocho muertos y un
prisionero. Nosotros tuvimos cinco muertos y tin
herido. Por el correo pormenores.»
«Cerca de setenta yaquis asaltaron la Aduana mexicana, donde esperaran hallar gran cantidad de dinero. El asalto fué el miércoles 12 á las cuatro de la
maflana. Pero con antel"Íoridad el dinero había sido
trasladado ií otra casa, mientras se hacían algunas reparaciones en la Aduana. Frente á ésta había cuatro
guardas, y sobre ,illos hicieron fuego primeramente
los indios, matando á dos de los celadores; los otros
corrieron hacia el interior del edificio y cerraron perfectamente la puerta.
«El destacamento de Arizona se puso inmediatamentn
sobre las armas, y en general se armaron todos los veoi.
nos. Inmediatamente comenzó el ataque á los indios, qu-,
muy pronto se vieron rodeados de una multitud de gente armada, por lo cual se vieron precisados á huir.
El Banco Nacional ha recibido de la .A.dministración
de Rentas Municipales, la suma de $55,000, por cuenta
del tercer trimestre del pago drl Ewpréstito Municipal.
El mismo Banco ha enviado á Londres, 36,090 libras
esterlin8!', para cub~ir el cupón que se vence en Septiembre próximo.
La Sllprema Corte de Justicia de la Unión ha resuelto,
después de revisar el amparo que concedió el Juez 1? du
Distrito de esta Capital al Lic. D. Francisco Espinosa
quien se encuentra encausado por el delito de abuso d~
confianza, que es de revocarse y se revoca la determinación del inferior, y se notifique al interesado que la justicia federal no lo ampara ni proteje contra los actos de
que se queja.

PERSONAL.
Er, SR. DR. D. Luni CARRIÓN.-Pnblicamos el retrato
del Dr. D. Lnis Carrión, que falleció en Jalapa el 14 de
Junio próximo pasado á la avanzada
edad de 80 años.
El 27 de Octubre de
1836serecibió de médico-cirujano en 1a
Facultad de México.
Ptirteneció á varias
Asociaciones cient.íficas d e 1a Re p ú •
blica.
. Prestó á la patria
importantes servi•
cios en días aciagos,
en s11 puesto de médico militar desempeñado durante 40
años en e! Cuerpo
Médico del ejército·
después sirvió, en Jo~
últimos años de ~11
vida, en la Comisión
Geográfica exploraL..._
dora.
J?urante PI largo
.
.
.
periodo en qne Pir·
v1ó, 1&gt;n el CuPrpo l\Iérl1co, contribuyó á su organi✓.aciún
y mejora, en medio de las azarosas circunstancias de 1-'
época.

~-- ~--_¡

�Horas de ensueño.
Quien no ha pasado por eeas horas en
que_Ja vida se suspende en todo el organismo, para encontrarse solo en el esplritu :f en qu_e el_. espíritu se sumerge
en el piélago sm riberas del ideal! Horas de ensueño llamamos á eeas horas
divinas de que nos habla con su lenguaje mudo la mirada de eea hermosu1 a
griega, de eea regia beldad antigua tra~ladada al lienzo por habilísimo pinc1·l.
Descanea su brazo, prodigio de la curda sobre el ánfora envuelta en la luz ti•
bia del riauefio sol de Helos su espíritu
tscala excelsas diafanidadee'. .....
No la despertéis.

IDamas distinsuidas de la República.

LA ARMADA INVENCIBLE.
Ah~ra que tanto Fe habla de guerras
marítimas y se consultan las estadíHicaa navales, no deja de tener curiosidad el eBtado de la Armada Espaíiola In-vencible, cuyo fin desastroso por la tempestad es de111asiaJo conocido.
«E'STADO DEL ARMAMENTO MARÍTIMO
DE FELIPE U CONTRA INGIATERKA EN

1588.

Las Castillas di~ron: 13 galeones, 1, íOO
soldados, 300 piezas de artillería; D.
Diego Floree de Téllez , comandante.
Andaluc~a dió: 10 galeonee, un patache,
100 marrn~roa, 2,400 soldados, 260 pie
zas de artillería; D. Pedro Valdéa comandante. Vizcaya dió: 10 galton~e 4
pataches, íOO marinero~, 200 soldad~e,
250 piezas de artillería; D. Juan Martln~z deRecalde, comandante. Guipúzcoa
d1ó 10 gall'c,nee, 7 pataches1 700 mariIl:eroa, 2,000 s?ldados, 280 piezaa de artillería; D. Miguel de Oquendo comandante. Portugal dió: 10 galeon'es 2 na-·
víoa de tramporte, 3,000boldados' 1 300
mai:ineros, 350 piezas de artillerfa. 'La
Italia, compuesta de Nápoles, Sicilia Milán y algunos príncipes de ella, dió: 10
galeones, 800 marineros. 2,000 soldados
310 piezas de artillería, Martín de Bre'.
tendona, comandante. Además acudieron: 4 galeazas de Nápoles con: 900 esc~avos, 400 m_arineroa, 110 piezas de artillería; D. D1fgo Medrano comandante. 4 galeazas de .Nápolea ~n 1 300 esclavos, 400 marineros, 800 soldados 200
piezae deartil1ería; D. Diego M011¿ada,
comandante. 32 pataches con 550 marin_eros, 400 soldados, 180 piezas de artillería; D. Antonio Hurtado de Mendoza, comandante. 10 barcos rnmeros
para el servicio de los grandes navíos.
El total, con el resto de la Armada era
de 150 navíos, 22,000 soldados 1 500voluntarios, 5,800 marineros 3 200 piezas
de artillería, 2,500 esclavo;. 'La Armada que Su Majestad tenía en pie, era
compuesta de 23 navíos de guerra. Su
comandante ó almirante, D. Juan Lóp_ez de Medina, ea losquetenía: 700marmeros, 3,200 soldadob, 400 piezas de artillería, qne con los demás propios del Rey, componían:
60 galeone8, en los que babia 12 que se llamaban J os
Apóstoles. Cada galeaza tenia 300 remeros ó forzados. Esta Armada llevaba cinco terdoa eapai'iolea, que eran loa
verdes, amarillos, azules, colorados y blancos, mandados
por D. Diego Pimentel, D. Francisco de Toledo, D. A.Ion·
so de Luzán, D. Nicolás de Lira y D. Agustín Mexia.
Cada tercio tenía 32 compañías. Además de los cinco
tercios, había dos de portugueses. El Vicario general de
la ArmaJa era D. Martín de Alanzón. Había embarcados 6 obispos, 210 capellanes, 100 médicos ó cirujanos y
60 boticarios. El Duque de Medina se llamaba D. Luis
Ponce, y era su Almirante D. Juan Martínez de Recalde.
El Duque montaba el na do San Martín que era el mismo
que montaba antes el Marqués de Santa Cruz, y en el
que este Marqués había ganado la famosa batalla contra
los franceses en las i~las Terceras. D. Diego Pimentel
montaba el navío San ,lfateo. D. Francisco &lt;1e Toledo, el
San FelipP. D. Alanzo de Luzán, el San Pedro. D. Nicolás de Lira, el San Bartolomé. Y D. Agustín Mexfa, el
San Simón. De municiones de guerra llevaban: 120,000
balas de cañón de todos calibi·ea; 4,500 quintales de cuerda mecha¡ 7,000 moequetes y arcabuces; 10,000 partesanas; muchaA culebrinas y cañonee reforzados; 3,000
quintales de pólvora; con todos los utensilios, como cabrias, etc., para la artillería. De municiones de boca llevaba: 160,030 quintales de bizcocho; 460 sacos de harina;
1,600 toneles de vino; 7,500 quintales de queso; 300 toneles de vinagre; 500.000 quintales de habas; 2,000
quintale!&lt; de aceite; 400 quintales de arroz, y el agua correspondiente. Lillternae, hachones, farolee, lona ó cotonía, pez. canfora y plomo. Costaba esta Armada, en tocio, 30,000 ducados al día, y contenía 32,000 hombres
efectivos.»
UN A

23 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

116

PUil~ICA.CION MUSICAL.

Muy pronto se repartirán loa prospectos de la que va
á editar en esta capital el &lt;:onocido profesor D. Antonio
Cuyás. Sabemos que, ameno y variado el nuevo periódico musical llenará el vacío que se nota en nuestra pre1 s-1
' técnica, y por tanto nos atrevemos á augurar un buen
éxito al futuro colega.

La troupe de Maggi es una de las más
completas que ha llegado á tierra mexicana; el conjunto de las piezas puestas en
escena ea bastante acabado, y sin embar•
go, las dos temporadas han sido poco fa.
vorecidas. ¿Por qt'.lé? Se dice que la razón
de esta sin razón es el desconocimiento
del idioma. Pero señores por Dios! si el
arte no tiene idioma especial! Si no se·
siente en castellano, ni se si.ente en inglés,
ni se siente en italiano: el sentimiento
es cosmopolita. Y sino que lo diga Emannel, y que lo diga Coquelin, y que lo diga Sotorra-que recita en catalán.
Las auras del coliseo de San Felipe sean
para el inteligente actor italiano máa saludables que las que sopfan para nuestra
primer sala de espectáculos.
Por el momento, los únicos aires saludables son loa que corren en el Circo Orrin.
La Compañía de ópera popular ha merecido desde el p•imer momento la buena.
voluntad del público.Cierto es que hay
ahí artistas discretos-la Fons, Chole Goyzuéta, Ventura y Sotorra.
Y si á esto se añade uoa batuta hábil,
como la del aei'ior Julián, se tendrán vt-ladas muy agradables. El Campanone quP.
nos sirvieron la noche Jel martes no fué·
de lo mejor. La Sra. Fons, que en Rigoletto hizo una Gilda discretísima, no EL,
mostró tan feliz en la obra de Mazzn.
Ventura correcto, pero frío. Sotorra eufermo. Solamente el Sr. Hernández se su po nzarzuelar aquella noche.
Es verdad que para zarzuela, ahí eP
tá el invencible Principal. Y no es que
la Compai'ifa Arcaraz carezca de lunare,.
Ahí está, por ejemplo ......
Y además hay allí otro lunar auténtico: el que tiene 111 Srita. Rusquella e n hi
garganta.
Pero...... ahí me las den todas, comodecía el alcalde del cuento.
ÜBERON.

El. hoJUbre izquierdo,

$Tita. (!lotilae Gtcosta.
[DE TAPAOHULA.]

irttirtrhts.

Don Mauro Requejo era u1a hombre iz-•
quierdo. Creo que no necesito decir máe.
¿Lo habéis entendido? Pues me explicaré
mejor. ¿Ha sido la Naturaleza ó es la cos·
tumbre quien ha dispuesto que una mi-·
tad del cuerpo humano se distinga pl r
sn habilidad y )a otra mitad por su torpeza? Una de nuestras manos es inepta
para la escritura, y en los trabajos mecánicos sólo sirve para ayudar -á. su experta
compañera, la derecha. Esta hace todo
lo importante; en el piano ejecuta la melodía, en el violín lleva el arco, que es la
expresión, en la esgrima maneja la espada, en la náutica el timón, en la pintura
el pincel, es la que abofetea en las disputas, la que hace la señ~.l de la cruz en 1·1
rezo y la que castiga el pecho en la peni•
tencia. Iguales disposiciones tiene el pie ·
derecho_¡ si algo eminente :r, extraordina•
rio ha &lt;1e hacerse en el baile, ea ind 11da·
ble que lo hará el pie derecho; él ea tam•
bién el que salta en la fuga, el que golpea la t ierra con
ira en la desesperación, el que ahuyenta al perr o atrevido, el que aplasta al sucio reptil, el que sir ve de ariete·
para atacar á un despreciable enemigo que no merece ser
herido por delante. Esta superioridad mecánica, muscular y nerviosa de las extremidades derechas, se extiende·
á todo el organismo: cuando estamos perplejos sin saber·
qué dirección tomar, si el cuerpo se abandona á su instinto, se inclinará hacia la derecha, y lo&amp; ojos buscarán,
la derecha como un oriente desconocido. Al mismo tiempo que en el iado izquierdo todo es torpeza, todo subor•
dinación, todo ineptitud: cuanto hace por sí resulta toicido, y su inferioridad es tan notoria que ni aun en desarrollo puede igualar al otro lado. La mitad de todo hom- ·
bre es generalmente más pequeña que la otra; para equi ·
librarlas, sin duda, se dispuso que el corazon ocupara el,
costad() izquierdo.
B. PÉREZ GALDÓS,

Ya han aparecido
er las esquinas de la
apacible y burguesa
capital de la República grandes cartelones anunciando el
feliz advenimiento
de María Alvarez
Tuba u, 1a elegante
actriz espai'iola. El
cav. Maggi anuncia
su reaparición en .Arbeu, el próximo 1~
de Septiembre; todo
lo cual unido á los
ebpectáculosque hay
en explotación da un
Otro pago de $1,048.31 de "La M utua"
total de cuatro ComEN HUAMA.i.~TLA.
pafiías: una dramática italiana, u na español a, una de ópe"La Mutua de Nueva York," en Huamantlla, Estado de Tla.xcala.
ra pol)ular y la de Excelencia de su forma de SEGURO denominada CON DEVOLUCIO!I D~'
tradicional é impe- PREMIOS.
Huamantla, Agosto 14 de 1896
recedera zar z u e la.
Sr. D. carios Sommer, Director general de "La Mutua" de Xew
Confesemos que son
muchas Compafiías York en esta República.
México.
PEDRO VENTURA,
para nuestro modesMuy distLsguido seilor mio:
to
pjblico.
El
se
Bañtono de la Opera. Popular.
Cumple á mi gratitud dirigirle la presente para manifestarle que
contenta con poco: ante el Sr. Lle D. Agustin Maldonado, Juez de 1os Instancia de esr.e
Distrito,
el Agente ll'r. Antonio A. Ntljera, su enviado especial, ha e'\·
con nna tandita semanaria tiene para sus escasas nece- tregádome
y recibido yo á. mi entera sstisfacción, los UN MIL CUAsidades. En cuanto al a1 te. ...... que informe el Sr. Mag- RENTA Y OCHO
PESOS TREINTA y UN CENTAVOS [1,018.31 cs.] importe
gi. Diez mil buenos, contantes y sonantes pesos depre- de la póliza número 721,932, que en esa poderosa Compailia el seilor
mi
fina.do
esposo
H. Ruiz y Moreno des,gnándom" su
ciados lleva perdi&lt;10s el infatigable actor en sus campa• beneficiarla, tomóSr.enD.21Ansdmo
de Octubre llltlmo.
fiasen ePta ciudad. En su tournée por los Estados, YuAquella cantidad fórmanla $1,000 valor original del Seguro, más
catáu y Oaxaca han sido propicios al artista. Esto depri- $48 31 valor delos premios que pagó mi cita.do esJ&gt;O-so, y que esaCompail1a me devuelve con la Integridad y eficacia que le son peculiares
mirá un tauto nuestro orgnllo cortesano. En su tenaz hacia
todos los asegurados. Por ésto, honorable señor Director, conlucha.contra el desvío del público, ha habido noches oue s!Rnole
en la presente pe.ra su publicidad, si lo juzga conveniente,
el trinnfo a1tíatico se ha encontrado en razón indirecta m1A votos de gratitud hacia usted y hacia esa grandiosa Institución
de
Seguros
Mutua'' á quien bendiclré siempre juntamente con la
del financiero. Recuerdo qne la noche de Los Apareci- memoria de"La
mi previsor esposo.
dos ser, candaron en la c.. 111aLl11ría de nuestro gran TeaCumpie A mi deber entregar para su cancelación la referida póliza,
tro Nacion11l algo así comn cuarenta y tres pt'EOS 18 cen- y suscnbirme de usted respetuosamente s. S.-CARLOTA L. DJ!: RUIZ-ta ,·m. ¡ ~:" \'t&gt;rdad que se t ratuba dtl u;trenu de una obra -Me consta el acto referido en la carta que ant.ecede.
Huamantla, Agosto 14 de 1896.-A. MALDONADO.
de autor deiocouocido en :U, ideo!

23 AGOSTO, 1896.

117

EL MUNDO.

LOS AMOTINADOS DE VILLA ALTA,
A instigaciones de algunos deEcontentos y con pretexto
de la nueva Ley de Haci, nda, ioiciose en :Marzo último
en Tlacolula, utia sedición que alarmó á todo el Estad:&gt; de
Oaxaca,y deque y:. tienen conocimiento nuestros lectores.
A la intentona de Tlacolula, respondieron con trie te eco
los sucesos de Zimatlán en que fueron víctimas de las
desenfrenadas turbas dos hijos del Jef0 Político Sr. .Per·
(ecto Nieto y algunos soldados del 3er. Regimiento; fueron
incendiados los edificios públicos y donde á no dudar bubiéranse lamentado mayores desgracias sin la heroica resistencia que con nueve hombres dotados á veinte cartuchos por plaza, hizo durante toda la noche el Teniente Tomás Torreblanca contra más de 2,000 indios, si armados heterogeneamente, no por ello menos desenfrenados y salvajes como C?n mengua de la civilización demostraron en sus hornbles fechorías.
Abiertas aún las tumbas de los asesinados en Zimathín,
los sediciosos cayeron sobre J uq uila, robando y matando
á mansalva, y sin encontrar dique que contrarrestara el
empuje sangriento de aquellas hienas que corrian insaciables en busca de nuevas vlctiwas que inmolar, de nuevos mártires que conducir al sacrificio en holocausto de
sua desenfrenadadas pasiones.
El Jefe Político, el Presidente l\Iunicipal, el Juez, el
Telegrafista y algunos'particulares é indefensas señoras,
sucumbieron acribillados de heridas y honiblemente
mutilados, á la sed de sangre de la chusma asaltante y
lo~ cadáveres fueron quemados en montón en la plaza
principal de Juquila, mientras á salto de mata corrían en
busca de seguro asilo, á través de las montañas, aquellos
pacíficos vecinos que lograron e~capar á la horrible matanza y áquienes por usar calzado y pantalón, consideraban
como enemigos los implacables .~ans-c11lottes de la última
revuelta
Satisfechos sus criminales instintos en Juquila, lanzáronse los sediciosos sobre Jamiitepec, pero apercibidos
para su defen@a los costei'ios, dirigidos por su valiente
Jefe Político D. Cristobal Palacios, ayudados á poco por
fuerzas del 4? Batallón, lograron diseminará los desalmados, no sin hacer algunas importantes aprehensiones.
A iaiz de los sucesos de Juquila y cuando la especta•
ción pública estaba pendiente de las ocurrencias del Sur
del Estado, en Villa Alta distrito siempre pacífico de la
FUENTJ;J HISTORICA EN LA CIUDAD DE CHIAPA DE CORZO,
Sierr~ y sin que tomaran parte loa indios de Sierra de
.
.
Juárez, estalló un motin mejor organizado, aunque
con 1g~al_ pretexto, titulándose uno General, otros _Coroneles y repartiendo á diestra y smiestra grandes gerarquías, asumen los faacmerosos la soberanía en el Dis•
trito, desaparecen las autoridades y quedan fungiendo como tales, con nombramento del General de Brigada, los principales cabecillas de la asonada.
No podía el Gobierno permanecer inactivo en vista de tales sucesos; y en efecto
con inquebrantable energía emprendió la persecución de los instigadores de la asona: •
da, lo6 ran!1o ~prehenderlo¡¡¡_y some~iéndolc,s á _los tribunales correspondientes.
· El activo ¡uez del distrito de Villa Alta, Lic. Ismael Colmenares ha dado término
ya al proci:so que incoara contra loa cabecillas y principales cómplices (cuyos retratos publicamos) y dado su fallo, conde,1ando á penas de doce á veinte afias á cada
uno de lús jefes y subalternos de la revuelta.
La ci~dad de Chi9:pa de Corzo, cabecera de Departamento en el Estado de Chiapas, la pruuera población quefund~ron los espai'io_les _en aquella lejana zona, fué erigida por Re~I cednla de 1527, en capital de la provmcia de uLas Chiapas» dependiente
de la Capitanía lieneral de Guatemala.
A_sentada en la marg~n derecha del caudaloso Grijalva, sus recursos naturales son
cu~ntiosos ~omo proporc1on~dos por las_fért!les vegas del rio, solo comparables por la
ex,~uoe~anc1a de su vegetación, y ~rom1scmdad de cosechas, con las del famoso Generalife, cmturón de plata de la mágica Alhambra y fecundador infatiaable de los cármenes ~e la snl ana de Oriente, la simp,ítica Granada.
"
Ch1a.pa, ~una del ~reclaro D. Angel A_l_bino Corzo, Gobernador que fué de aquel
Estado y qmzá ~I mas notabl!l de sns h1Jos, cuenta en la actualidad ocho mil habitan~a. La población presenta r1suefio aspecto y el_caTácter de sus moradores, franco,
~~1110 y alegre, como los de nuestros pueblo~ situados en zona más que templada
mc1ta á permanecer algunos días en la histórica ciudad.
'
En sus cer~anfas descúbrense importantes vestigios de construccionea anteriores á
13: época colonrn\ y a~u queda por explorar uEl Sumidero,» cortadura de una profundidad mayor de trescientos metros, por la qne se precipita el rio y á las que valien~mente se arr?jaron con sus mujeres, hijos y riquezas, los moradores de la población
mdígena ~e Chiapa, antes que caer en manos de los españoles capitaneados por Diego
de Mazanego~, fundador más tarde de San Cristobal Ciudad Real en el Valle de
Jovel.
'
Entre las antigüedades históric_as más notables en aquella aiudad, ocupa el primer
lugar la fuente,_ cuyo grabado J?Ubhcamos, que afecta forma de corona imperial y débeae á Fray ~odr1go d~ León, quien en 1762 ctió cima á su obra, proyectada poi· el mismo entendido arquitecto pocos años antes.
El material em1;&gt;lea&lt;io en la construcción es ladritlo rojo de cottaistencia incalculable, y que parece vitrificado, obtenido en las inmediaciones de Chiapa. Las caprichosas molduras y remates ~el histórico ~onnmento en cuyo centro se halla una fuente
d~ unos 10 metros de d1:,imetro, que sirve para el abasto de la ciudad, son tambien del
mumo barro que l~s ladl'lll'?s y consér•·ase en perfe~to estado, apesar de que el mo•
numento cuenta ciento tremta y cuatro afios de existencia.
. El torreón que se Yé á. la izquierda del grabado, contiene una escalera que permite el acceso á la azotea del edificio, desde donde se disfruta del espléndido panorama que ofrece las pintorescas cercanias de la ciudad Capital del Estado también durante 1~ adcr~iuistración del patriota ~eneral D. J. Pantaleón_ ~ominguez.
'
. C~•apa tiene Ta honra de habt;r sido el centro del plebiscito que se formó para
discutir desp1!és de la consumación de nuestra Independencia, la anexión de aquel
Estado á l\~éx1co y _en el que por notable mayoría de votos se resolvió agr':'garse á Ja
confederación mexicana.

~uriosidades de @Me:&gt;&lt;.ico y el e:&gt;&lt;.tranjero.
Una fuente histór ica.

Un prodigio de equ ili b rio.
- - ~· -

~

E_l gr.ibadn q1!e pn h_licamos, es la más exacta reproducción fotográfica de una pagod a existente en B1rrm1n1:1.
A ~e~ir verdad, no posee las colosales proporciones ni el fastuoso lujo de ornaII?entación qn~ !'~ admir~ en las_grandes pagodas de Rangoon, l\Iandalav ó Bangkok
smo qne su principal mérito cons1.Ste en el lugar en que está ubicada. ºComo 80 ve'
~rgueee sobre_ una enor11:e roca de fo~ma casi esférica, que sitnada en la cima de nn~
taoáit~a Y ca~i desprendida de su as1~nto, _parece i1u_spendida sobre el valle y pronr ar t:n e) torrente que á sus pies ru¡e, al arro¡arse en una sima.
i Un_ tunsta rngl~s que ha contemplado tan arriesgada construcción, define así Ja
mpÍesión de entneiasmo que le cau~ara: uEs un gigantesco signo de admiración con
que os hombrea han puntuallo la obra de la naturaleza y de Dios.
'
UN PRODIGIO DE EQUILIBRIO.

�EL MUNDO.

.l18

ras obscuras, provistas de
objetivos cuyos obturadores se levantaban á intervalos regulares por aparato¡¡ ingeniosos que mo·
yfa la electricidad. Des·
de esa época, el célebre
· fisiólogo :Mr. Marey ha
venido útilizando la cronofotografía para el estudio de la locomociún animal, del vuelo de las
a ves y otros fenómenos fisiológicos.
Estos y otros autores
que en el asunto sa han
ocupado, se dedicaron todos á obtener pruebas sucesivas en número restringido, haciendo la descomposición ó el análisis
EL SAC'EROOTE PERIODiSTICO.- (Y &lt;"•a~e nuestro e&lt;litorial.)
del movimiento, pruebas
qúe estu :;,iaban después y c:&gt;mparaban separadam¡mte.
La causa hállase hoy en revisión en la Suprema Corte
Pero se consideraba como un problema difícil de 1eeolde Justicia de aquel Estado, y espérase la conñrmaciún
ver la reconstitucion de la Rintesis del movimiento. Las
de 'as sentencias, no ob~tante figurar entre los condenados algunos adolespentes, ·á juzgar por los retratoe.
tentativas de los experimentadores á este fin encaminaEs necesario que las autoridades del Estado de 0.1xaca dlls, consistían solamente en la recomposición de veiI:tsean inexorables con los asesinos y perturbadores del or- ticinco á treinta pruebas.
J\Juy recientemente, Edisson ha logrado realizar esta
den público y más aún con los instigadores de tanta
tropelía como allí se ha cometido, persuadidas de que, síntesis por medio del aparato que llama kinetoscopio,
si la indiada salvaje ha sido el brazo ejecutor, el cere- y en. el que, los espectadores, aislados, pueden ver larbro en que germinó tan vandálica idea lo forman los gas series de pruebas fotográficas, sucediéndose á cortfsitinterillos y caciques de los pueblos, audaces al concebir mos intervalos, representando escenas animadas muy cuy ocultos cobardemente á la hora de levantar la salva- riosas. con duración de cerca de treinta segundo~.
Pero animada de movimiento continuo la banda pelicu ·
je bandera de rebelión.
lar donde están pintadas esas escenas, para dar una impresión perfecta, no debe verse cada prueba sino duranLa novedad del día en México.
te un tiempo muy corto, que apenas llega á unos diez milésimos de segundo.
EL CIXE;\fATOGRAFO DE LlThfiERE.
En tales condiciones, la iluminación es muy débil, se
necesit-a un objetivo muy luminoso, las escenas tienen
El aparato de los Sres. Lumiere, que acaba de exhi- poca amplitud en profundidad, se destacan s0bre un
birse con buen éxito en esta Capital, es una admirable fondo obscuro, y lo o:ienos eon necesarias treinta prueaplicación de la cro.nojotografia, que maravilla por su pre- bas por segundo para dar á la retina una impresión concisión y sencillez.
tíuua.
A poco que la fotografía había progresado lo bastante
El cinematógrafo no tiene estos inconvenientes: dismipara producir pruebas instaritáneas, los sabios se propu- nuye áquince el número de pruebas por segundo; se puesieron emplearla con el objeto de fijar escenas fugitivas,
de contemplar por muchas personas á la vez, proyectanque luego pudieran ser objeto de estudio y de medita• do en una pantalla escenas animadas que duran más de
ción; así es como en 1874, Janssen se sirvió de su revól- un minuto; la amplitud á la cual pueden apreciarse los
ver fotográfico para la observación del paso de Venus objetos, no es limitada, y puede repr1-sentarse la animapor el disco del sol, y M:uybrigde, de San Francisco Ca- ción de las calles y las plazas públicas con todos los delifornia, obtuvo en la misma epoca series de fotografías talles de la realidad.
de objetos en movimiento, por medio de cuarenta cámaYamos á procurar dará nuestros lectores una d,:scrip-

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~- __.:¡___---'-~d...___,..._.:......,_._..-...:.:..;.~-......--:-LOS REVOLTOSOS DE OA..i:ACA,

23

AGOSTO,

1896

ción breve del aparato de loe Sres. Lumiere y de su íuncionamiento ingenioso.
La banda p&amp;licular, en la cual están fijas las imágenes
con la apariencia de fotografías ordinarias, tiene quince
metros de largo y tres centfmetros dt ancho. De ambos
lados hay perforados agujeros equidistantes, que corresponden á,cada imagen.
Las di versas pruebas obtenidas á intervalos de un quinceavo de segundo, son rigurosamente semejantes, de
modo que si se superponen dos imágenes cualesquiera,
las partes que representen objetos inmóviles coincidirán
exactamente, y las que representen objetos movibles tendrán posiciones cuya diferencia equivaldrá al movimiento efectuado en los momentos de obtener ~as pruebas.
La banda en rol lada sobre sí misma y encerrada en una
caja por encima del aparato, está sostenida por una especie de carrete metálico, sale por una abertnra, desciende
verticalmente, rodea un segundo carrete, sube, pasa por
encima de otro carrete y va á enrollarse en él. El movimiento de la banda se obtiene por un manubrio que a.
~avor de un ingenioso sistema de multiplicación y de engranajes se comunica á los carretes y á los tallos metálicos que los sostienen, y á un tambor de doble disco.
El ingenioso y complicado mecanismo del aparato hace que la banda al desenrrollarse vaya á presentar una

EL GENEltALÍ811[0 P. MORALES Y SU ESTADO MAYOR

imagen delante de una abertura cada quinceavo de se•
gundo; esta abertur.1 e~ atral'esada por un haz luminoso
de poderosa ioten~idad, que por un juego de lentes, proyecta la imagen real aumentada hasta el tamaño natural
en una pantalla transparente, donde puede ser observada
por espectadores colocados en dos salones contiguos; los
unos, los que está.nen el mismo salón que el aparato, podrán percibir por reflexión la imagen proyectada, los
otros, los del departamento vecino, la verán á través de
la pantalla, pero todos con la ilusión de un cuadro vivo.
Si al pasar las imágenes por delante de la abertura que
las ilumina eiguier&lt;\n un movimiento no interrumpido,
las figuras proyectadas en la pantalla participarían de
ese movimiento que el ojo del espectador no podría.
seguir, pues apenas habría tiempo para impresionar la
retina. Por eso el mecanismo está dispuesto de modo
que la película no se maltrate en la excursión que tiene
que efectuar pur las partes principales del aparato, Y
arreglado con tanta precisión, que la banda y las imágenes que lleva_quechm inmóviles durante los dos tercios
del tiempo; tll otro tercio se emplea en la progresión de
dicha banda, durante este intervalo se interrumpe la
proyección de rayos luminosos, y mediante la persistencia de las impresiones en la retina, que dura un vigésimo
de segundo, el ojo percibe una serie de impresiones lumin.&gt;sas, que le causan la perfecta ilusión de cuerpos en
movimiento, por la prodigio•a y bien calculada celeri•
dad con que se suceden las impresiones, sin darse cuenta
de las intermitencias de la luz, por lo mismo que han
quedado y no han podido interrumpirse las impreJiones
que persisten. Pasando la luz durante dos tercios del
' iempo total no eenecesita de un alumbrado muy fuerte.

2:3

AGOSTO,

1896.

El mismo aparato sirve para obtener
las pruebas negativas y positivas, recibiendo en la banda sensibilizada las imágenes que se deseen, por medio de un objetivo ordinario de fotografía, y lográndose así obte.,er hasta novecientas pruebas
por minuto del cuadro más animado y
más lleno de movimianto y vida que se
pueda imaginar.
El aparato Lumiere será un recurso precioso para el estudio de los movimientos
por medio de la fotografía. No sólo podremes apreciarlos en sus detalles más delicados y sus distintos períodos, sino que
podremos multiplicarlos a voluntad, graduarlos, dividirlos y prolongarlos; y como
la velocidad del aparato depende de la
mano que se aplica al manubrio, está á
nuestro alcance al reccnstituir el movimiento, al hacer sus síntesis, efectuarlo
con la lentitud que se desee según el objeto de estudio.
Como ilustraciones de eeta sucinta descripción, acompaflamos estas Hneas de un
grabado, que esjae-símile de ana banda
de pruebas fotográfic¡¡s, obtenidas por el
cinematógrafo; representa el almuerzo de
un niflo, acompañado de sus cariflosos
padres. Las imágenes deben verse de iz•
quierda á derecha, para formarse idea de
la sucesión de los movimientos.
También publicamos otro grabado que
representa al Sr. Lumiere, obteniendo
1&gt;ruebas negativas por medio de su proce·
di miento.
In\'itados la semana pasada por el Sr.
Ingeniero Don Fi,rnando Ferrari Pérez,
asistimos á la prim3ra sesión de cinematógrafo que en la capital se daba, y que·
damos altamente complacidos. ¡Qué ilu•
sión tan perfecta! qué hermosas vistas se
desplegaban ante nuestros ojos admirados, con la vida y movimiento de la realidad!
Felicitamos al Sr. Ferrari, porqueJ ha
,sabido arreglar un edpectitculo digno de
un pueblo culto.

EL MUNDO.

119
Afortunadamente, pudo levantarse y
correr hácia su casa lo más de prisa que
se lo permitió el sobresalto y el quebrantamiento general de cuerpo que ~ufrfa;
la mano con que tenía la cuerda de la
cometa fué la parte. de su cuerpo más castigada: las primeras íalanjes de los dedos
estaban acardenaladas, como po~ la equimósie de una fuerte contusión, y las eegundas quemadas y cubiertas de ampollas; otras lesiones sufrió el niño, pero fueron efecto de la caida y leves todas ellas.
La cuerda quedó quemada basta el mismo
ovillo. .A.viso á los muchachos juiciosos y
á los padres de los que no lo son.

~1'~
Lo que se puede ver d,sde un globo.
Las observaciones desde los globos cautivos son más fáciles en la mar que en
tierra adentro, á causa de la mayor uniformidad de las corrientes atmosféricas,
sometidas en tierra á los cambios bruscos
que se prouuces por causas diversas.
Algunas experiencias hechas en plena
mar con globos cautivos, han demostrado que desde la altura de 400 m~tros no
es posible ver el fondo del mar, en profundidades que permiten verlo desde la
superficie del agua. Con una luz favorable se pueden observa~ perfectamente bajos de rocas ó de arena en profundidades
de s1&gt;is á siete metros, pudiendo verlos en
fondos hasta de 11 metros, cuando los bancos son muy extensos y de color claro.
En la guerra, los globos cautivos pueden, en ocasiones, ser útilmente usados
para 1·econocer las entradas de los puertos desconocidos y fijar con precisión la
situación de las fuertes baterías ú otras
defensas.

El lllarcado eléctrico de papeles y telas.

Según parece, se emplea. este procedimiento en Boston. La materia que se ha
de marcar, que puede ser cualquier maLA :-;OVEDAD DEL DÍA EN MEXlCO.- EL CINEMOTÓGRAFO LUMIÉRE.
teria parecida á un tejido, se humedece
con bastante oportunidad para sustraerse á la temible con un Hq•1ido buen conductor de la electricidad, por
EL DELEGADO DEL E31PERADOR DE CHINA
VIAJA CON SU ATAUD.
descarga. Hallándose la cometa á unos cien metros de ejemplo, agua, y se coloca sobre una placa metálica unialtura, y mojada, lo mismo que el hilo por la lluvia, ~e da á un polo de un generador de electricidad: se escribe
Li-Hung,--Chang se preparó contra toda emergencia produjo una descarga en la nube, siguiendo el hilo de la
entonces sobre la mat,eria que se ha de marcar, con un
de vida ó de muerte, cuando salió de Pekín para asistir cometa gran parte del fluido que fué á herir al niño, hapunzón metálico unido al otro polo del generador de ele.:iá la coronación del Czar de Rusia, en Moscow.
ciendole dar varias vueltas sobre sí mismo y deepidiéndo · tridad. Cuando la corriente atraviesa el papel ó la tela,
Li-Hung-Chang no solo se hizo acompañar por un mé- lo ácuatro metros de di3taocia.
se produce una acción electrolítica, la cual hace deposidico y por setenta y nueve personas de comitiva, sino
tar sobre la tela partículas de metal que siguen las líneas
que lleva entre su equipaje un ataud para recibir su catrazadas por el punzón.
dáver en caso de que muera durante la misión que le fué
Si la escritura no queda bastante visible, se moja la
&lt;:onfiada.
materia con un reactivo que pueda hacerla aparecer. En
El ataud es lo más lujoso que se pueda imaginar, está
lngar de un punzón E:S posible emplear un timbre 6 un
interiormente forrado de seda, y decorado en el exterior
rodillo grabado para la impresión continua. Parece que
con figuras de oro y con piedras preciosas. Costó 13,000
el platino da buenos resultados con agua pura.
libras. Dos de los acompaflantes de Lino tienen otra mi·
sión que cuidar del ataud durante toJo el viaje.
Ayuno durante un afto.
Tan pronto como Li-Hung-Chang llega á una ciudad
Y se aloja en un hotel, el ataud es colocado en un cuarto
No vamos á hablar de un competidor de Suooi. Nininmediato al ocupado por el estadista.
gún hombre sería capaz de pasar un afio entero sin proEl ataud está. en una caja, fuera del alcance de toda
bar bocado ni trago alguno, como lo ha hecho velis nolis
mirada indiscreta, y lo que de él ee sabe se debe á una.
una culebra ·iperina que ha servido de anima vili para
descripción que apareció últimamente en un periódico
los experimentos del Sr. Galien Mingaud.
ruso.
El reptil fué encerrado
una jaula el 15 de Julio de
1895, y allí vivió, sin comer ni beber, hasta el 20 de Julio
de 1896, en que murió de hambre. Un año y cinco días
Diversión peligrosa.
de ayuno absoluto. Al ser colocada en la jaula, medía la
culebra 58 centímetros de longitud y pesaba 54 gramos;
Lo es la de echar cometas en dias tempestuosos y de
depuée de muerta, midió 60 centímetros y pesó 37 gra1!llo puede dar fe un niflo de trece afl.os, residente en
mos; es decir, que en un afio creció 2 centímetros y per·Cateau, pueblecito próximo á Cambrai.
dió 17 gramos de peso.
Estepequeflo imitador de Franklin tuvo la impruden•
Además cambió tres veces de piel: en Agosto, en Oc-cia de remontar una cometa en un dia de tormenta; y
tubre yen Mayo. Que los ofidianos ayunan largo tiemp",
,aunque se apresuraba á recoger el hilo cuando sonaban
es cosa sabida. Pero es posible que nunca se haya obserlos primeros truenos y empezaba el chaparrón, no lo hizo
M. LUMIÉRE TO.MANDO NEGATIVAS.
do un ayuno tan prolongado en la culebra viperina.

en

�120

23

EL MUNDO.

que despunte el día, le bic:eron notar con gran sorpresa suya, y por espacio de varios días, que algunps
rnuebles del comed.:;r no guardaban, al amanecer, la ml8ma disposición en que los dejaban á la hora de acostarse.
Y la preocupación de esta idea, unida á la observación
t;NA SOXAMBt;LA.
sencill'i y siJJ malicia que una de las criadas se acercó á
hacerle cnn motivo de los ruidos ext,rru1o3 y frecuentes
/:,
i'i:E:un-día de campo, en UD festival sencillo. Ce- qne se dejaban oír en la casa á horas muy avanzadas de
lebrábamos el matrimonio de un antiguo cama- de la noche, despertó vivamente su curiosidad y puso
rada de colegio, con la hija de un rico comer- alerta el eapfritu de Eugenio, que en plena luna de
miel, se vió atacado por rudos sacudimientos de inquieciante de esta ¡,laza.
El tu,tch fué espléndido; se brindó par la felicidad de tudes y zozobras. En su alma sentía nuevamente el lade los celos.
los nuevos esposos, y, después del almuerzo transcurrie- tigazo
Mientras Lupe y la criada llenas de espanto, hablaban
ron rápidas las horas, amenizadas por el canto y por el
baile. El rubio champagne cantaba su canción de júbilo, de duendes y aparecidos con una candidez infantil, repunzando en los espíritus de aquel conjunto abigarrado, montándose á causas eobrenaturales para hallar la explicación de aquel misterio, Eugenio se indignaba sorprencon el ritmo al.-gre de sus burbujas locas.
Se lu1blaba de muchas cosas. Las conversaciones de ca- dido ante el enigma que se escondía á sus ojos y que
da gmpo giraban sobre distintos asuntos: uno11, comen- según él, se debía á la presencia de aigún hombre que
taban la animación de aquella fiesta; otros, se engolfaban intentaba manchar la honra de su mujer y pisotear su
en el piélago rernelto de discusiones de resabios filosófi- honor penetrando á sus habitaciones en horas avanza·
cos, y los más se entretenían ante el cuadro femenino, das de la noche.
No obstante que en su espíritu se alzaba la efervescenarrancando d,.l florilegio multicolor de sus sueños la frase galante di&gt; facetas diamantinas, ó el juramento de amor cia de una cólera rugiente, Eugenio aparentaba delante
medio escondido bajo el ropaje sutil de algún giro de sa- de Lupe la mayor tranquilidad y despreocupación, ti-abor epigramático. Los menos entusiastas, nos apartamos tando siempre de alejar los temores de su tímida esposa,
de la reunión en busca de aires más frescos y oxigena- á la que llegó á tra1;quilizar diciéndole que no temiera
dos. :N"os instalamos en el portal de la quinta, junto al nada; que esos ruidos y ese cambio que se notaba en los
enverjado, donde las enredaderas se desenvolvían en muebles del comedor, eran producidos por los saltos y
plieguPs caprichorns de verdura, en cortinajes de esme- carreras de algún felino hambriento que á esas horas se
ralda, que aumentaban la frescura del aire que llegaba á entregaba á sus cacerías nocturnas.
En nada culpaba Eugenio á su muJer con motivo de
nosotros en bocanadas sutiles. Allí fumábamos y charlábamos de mil tonterías que nos hacían reír; de pueriii- este negro misterio que tanto Je preocupó y en el que
daJes sugeridas ante el bullicio y la animación de la con- veía oculta la ruindad de algún hombre que profanaba
currencia que se revolvía en el modesto saloncito de la el santuario de su felicidad. Estaba convencido de las
quinta, haciendo derroches de frases rebuscadas y de ri- · valiosas prendas morales que adornaban á Lupe, y por
sas que fingían charloteos de paja1·e1·a alborotada. Y allí, lo tanto no había razones para que la hubiese culpado
·
en el mismo sitio del agreste portal donde nos hallába- en algo.
Cierta noche que Eugenio salió de su casa con el premos instalados formando corrillo, hacíamos comentarios
inofem i ,·os de la animación de aquella fieeta; veíamos la texto de arreglar un asunto de urgencia con un amigo
dicha y la alfg1·ía reflejándose en el semhiante de los des- que lo esperaba en los portales del hotel principal de la
poeados, y recordábamos las mil historias tristes de tan- población, se anduvo, como se dice vulgarmente, dando
tos matrimoni0s que, creyéndose felicee, han visto nau- tiempo al tiempo, mientras sonaba en el reloj la hora
fragar repentinamente sus dichas, en la onda negra de un que él había escogido para sorprender y castigar al infame malhechor que lo burlaba protegido por la sombra.
trágico desenlace.
Las dos de la mañana serían, cuando Eugenio se enca¡Con qné amargo entusiasmo y rectitud de juicio discurrió eneea vez el doctorcito, como llamábamos á Luis, minaba á su casa con la idea premeditada de entrará
sobre las veleidades de la fortuna y las ironías punzantes ~lla, no por la puerta de la sala, sino por las tapias del
de la vida! Sus reflexiones, hechas con un deja de infini- Jardín.
Con la agitación nerviosa que se experimenta en situata amargura y acompañadas siempre de una gran fuerza
de razonamiento, entrañaban una serie descarnada de ciones tan críticas como la en que Eugenio se hallaba, y
dolorosas realidadee, á las que dió más fuerza con 1~. na- tomando todas las precaucio~es que el caso requería, se
rración de una historia, referente á la vida de un matri- encaramó á los muros y luegc, descendió sigilosamente
monio feliz, tronchado en flor por la man'l espeluznante dirigiendo á todos lados miradas escudriñadoras. Dió algunos pasos hacia el comedor y lo primero que se ofrede una desgracia sin nombre.
Todos guardamos silencio, y Luis, encendiendo un ció á su vista, fué la opaca silueta de un cuerpo blanco
nuevo cigarrillo, principio de esta manera la narración que se movía entre la sombra.
Ante aquel cuadro abrumador Eugenio sintió en su ser
de su historia.
·
el paroxi¡;mo de una cólera rugiente; echó mano violenEn un barrio, no muy céntrico de la Villa, pero en un tamente al revolver que traía á la cintura, y acercándose
Jugar rieueñamepte pintoresco por la abundancia de su más á la visión que tenía ante sus ojos, gritó una frase
vegetación, se alzaba con graciosa coquetería, como un insultante al mismo tiempo que disparó sobre su presa,
nido de palomas, la portada de un edificio de elegante á la que vi6 caer al suelo como herida por un rayo.
Con la inmensa satisfacción del triunfo; con la vehescncille1., que contrastaba con las casas vecinas de cons•
trucción antigua, que tanto se distir.guen por su severa mencia que produjo en su sér la realización de la vensolidez y por su aspecto sombrío. Ese gallardo edificio, ganza justa, corrió con avidez sobre su víctima, y al trana el mdo amoroso de una linda pareja matrimonial. tar de reconocerla por las facciones de su rostro, retroEugenio y Guadalupe, quedespuésdecinco años de amo- cedió lleno de espanto; volvió á arrojarse sobre ella, y
res llenos de contrariedades é inquietudes, disfrutaban en la agitación tremenda de su inconciencia, estrechó
en completa calma las dichas dulcísimas de la luna de con desesperación, al cadáver, entre sus brazos dejando oír la explosión de uba inmensa carcajada. '
miel.
BENITO F¡¡;NTANEl:l.
Eugenio, que fué siempre un fiel amante, fué también
un gran celoso; pero esos celos, que tanto contribuyeron
Cosamaloapan, Agosto de 1896.
:i hacer más tormentosa y dilatada la vida de sus amores
con Guadalupe, dejaron de aguijonear aquel espíritu fogoso en el corto período de su vida matrimonial en la
ARIETA.
que fué siempre bueno, y en la que sólo tenía haiagos y
dulzuras para la mujer á quien había elegido por comToda tú eres divina,
pal'iera digna de su vida. Uomo esposo, fué un correcto
Toda tú eres hermosa,
ejem-piar ~e bondades, un ~iego enamorado de su compa¡Oh estrella adamantina!
.ñera, á quien veía, en medio de su hondo excepticiemo
¡Oh exhuberante rosa!
por la vida, &lt;'omo la única creencia, como la hermosa
Los cetros soberanos,
realidad que iluminara con las diafanidades de su amor
Las joyas imperiales,
y sus virtudes, las tinieblas que envolvieran á su espínSon adornos muy vanos
tu descreído.
En tus pálidas manos,
Eugenio nunca envidió, ni podía envidiar, la dicha de
En tus manos reales.
loe demás; porque en Lupe, como el cariñosamente la
U na coraza de oro
nombraba, tenía el manantial fecundo de todas las diCuajada de diamantes,
chas que la existencia le había negado siempre.
No guardará el tesoro
Lupe era una belleza física y moral, vaciada en el mol-El pálido tesorode_ del. car~cter de Sil esposo; e1 a fiel reflejo de sus ideas
De tus senos amantes.
é mchnac1ones, y nunca, en el corto período de su vida
¿A tus pálidas sienes
matrimonial, surgieron esos disturbio!:! y contrariedades
Quién dará una corona?
que eng~ndran los pensamientos opuestos y lo~ gusto;
Son muy puras tus sienes,
antagómcos. En esto descansaba la inmensa felicidad d"
¡Oh virgen! y ya tienes
los dos.
Un nimbo de madona!
La discreta vigilancia que ejercía coninuamente Pobre
Toda tú eres divina,
los pasos de su mujer, no obedecía á ningiin género de
Toda tú eres hermosa,
desconfianza que Lupe le inspirase, sino á la justa des
Aurora que ilumina!
confianza de los hombre~, á sus maldades y perfidias
Azucena olorosa!
.
que tanto temía como pusiese temerá las garras punY palpita en tus ojos
zantes de un chacal enfurecido. Eugenio era un eterno
El esplendor del día,
predispuesto con la sociedad, de la que se había formaY riegan armonía
do ~l .concepto más bajo y despreciable. Y esta predisTus tibios labios rojos ........ .
pos1c1ón y .desconfianza que llegó á sentir más horidáSi tu pie de alabastro
~ente arraigada durante su vida matrimonial, fué el móPisara alguna estrella,
v1 l poderoso que en mucho contribuyó á precipitarlo á
Y o llegaría hasta el astro
la Pima negra de su desgracia.
Para besar su hnella.
Eugenio tenía fé ciega en su mujer. Todo Jo sabía de
Toda tú eres divina,
~!la, menos qu~ fuese sonámbul~ Y Lupe, por desgracia,
Toda tú eres hermosa,
1gno~ab~ también e~e secreto misterioso de su vida. Por
Oh perla cristalina!
lo mismo, los dos v1.vfan tranquilos bajo el cielo infinitaOh flor esplendorosa.
men~e a1.ul de sns ~1chas y sus sueños. Pero las circunstancia de haber sido Eugenio uno de esos individuos
Jost JUAN TABLADA.
que duermen poco, y afectos á levantarse m~cho ante_s
Agosto de 1896.

AGOSTO,

1896.

23 AGOSTO, 1896.

Los .degenerados.

~

~ Auna cinta al vestido femenino para agn,gar uua.
moda en todo se mete. No Je basta quitar hoy-

~ pluma al sombrero, ni alargar las levitas para

f ~ reducir los pantalones, ni rntroducir ¡,alabras

de un idioma en otro, ni hacer que las gentes se q11eden
con tamaña boca abierta en presencia de un -¡.,elotari
fornido; tan aficionada es aquella reina y señora á la8 camisas de once varas, que la emprende con los mis1uos
achaques de la pobrecita huP.lanidad y, cuando menos se
piensa, ahi va uno nuevo.
De repente, se pondrán de moda los lobanillos y veremos á un señvr de esos que llevan en la cara hermanitoscarnales del Popocatepetl, haciendo gala de su enfermedad y dispensando miradas protectoras á los transeumee,
como quien dice:
-Ustedes no tienen este magnífico bulto sobre el ojoderecho.
Hace algun tiempo estuvo de moda la tenia. Los jóvenes de bigotes mejor atuzadoe, las damas más dietingnidas, los poetae más inspirados, los políticos más emiu.-ntes, se creían unos cualquieras si no sentían las ievolu•
ciones del bicho en sus intestinos.
Las pci·sonas bien conservadas que comían con moderación y que no sufrían mareos, eran vistas, así, sobre el
hombre, por las débiles pero capaces de tragarse de golpe, media docena de costillas á la milanesa.
Pasó,-como todo pasa-la tenia, gracias á la competencia de sus enemigos, los especialititas que ofrecían extraerla mediante algunas cucbaradas de elixires más ó
menos infalibles. Pero la moda se ha servido poner otra
el'.!fermedad sobre el tapete: Ahora todos somos neuróticos. Es decir, el lujo estriba en perder el juicio.
Un muchacho que no tenga los ojos hundidos y la cabeza como nido de codorniz y que no derrame amargaslágrimas en los torqs considerando la triste suerte de una
raza que recibe pares al cuarteo y volapi¿s en detrimento-.
de la familia vacuna, podrá ser un buen muchacho, y
agraciado, pero carece del quid divinum: la degeneración.
-Si vieras que novia tan linda tiene Fulanito!
-¿Y qué?
-Además de que su padre explota el maguey, ella es
neurótica.
-¿Neurótica?
Sí, hombre, degenerada. No hace lo mismo que hacen
las otras; á la hora de comer, duerme; de dormir, se ba·
ña, y de bañarse come. Llora oyendo «La Verbena de 1~
Paloma" y se ríe en el «Miserere del Trovador.i, Es un&amp;
chica especial.
Y si en lugar de ser chica es chico ¿quién lo aguant ?
La calle no le basta: se siente superior al Sursum, y piensa mal de las personas pacíficas á quienes encuentra al
paso.
-A este le faltan los signos característicos de la degeneración. ¡Un alma de Dios! ¡Pobre! Si le preocupara como á mí, el cambio de desenlace en «El Baile de Luis
Alonso» ......... Si pensara en la conveniencia artística qne
existe en que Luis Alonso le infiera, al final, una puí\atada á su mujer en el bajo vientre...... Esa señora? Da lástima. )Qué buen color el suyo! Se conoce que pasa uua
vida puramente animal. No ha sentido en sus fibras nerviosas la vibración de la «Serenata de Schubert, ni ha respira?º su espíritu la brisa amarilla de la nostalgia verde.
Ese¡oven? ¡Qué cara tan vulgarota!.. .... No ha oído laca·
den.cia del.rojo y del negro, ni ha palpado la músicawag•
neriana, m ha paladeado los versos deJean Richepín. ¡Noestán enfermos, luego son unos infeliceia !
Me presentaron, el otro dia, á una señorita:
-Novio, nunca he tenido. Mi pasión es el estudio. El
mes pasado, me hizo el amor un joven esplendido. Oh,
señor; no se figura qué ternezas tan azules, qué celos tan
nacarados, qué amores tan kaleidoscópicos los suyos! Mis-·
experimentos resultaron mrgníficos. Ese joven fué para·
mí un laboratorio ambulante, pero papá se empeñó en
que 6 se casaba conmigo, 6 se iba con la música á otra
parte, y-)'.a lo ve usted-me dejó plantada, con mi anál~s1s á medias. Hvy, me estudio. He obtenido ya conclus10nes asombrosas. De repente, mi alma se pone pálida:
la cruza una melancolía; otras veces, glauca: una esperanza; otras, zarca: una ilusión; si huele á incienso ó á
casulla nueva, debo ir á misa; si se abre como un abanico
chino, quiero ir al teatro ......... Todo en mí se revela por
colores, olores y músicas...... Ya Jo sé: cuando mi .alma.
entone el Requ.iern de Mozart ó una jaculatoria de la no·
vena de las ámmas benditas, sonará mi última hora.
Lo malo es que la degeneración se ha vuelto buen ne•
gocio para los enfermos y amenaza constante para lossanos.
Cantaban en el «Principal" á mis oídos y paciencia un
coro de Los Brigant;s.
-Señor, me dijo un caballero que, por su traje, parecía un agente de una agencia funeraria-¿me hace el fa•
vor de sus anteojos?
-Con mucho gusto.
Aca~ada la tanda, se levantó el caballero y, como quien
no.quiere la cosa, se llevó mis anteojos. Me disponía á
ex1g.írselos, cuando un amigo me detµvo por los faldonesdel Jacquet.
-¿A. donde vas? ¡Cuidado! Tendrías un diegusto. ~o·
ves que es un degenerado?
"! porqt~e el señor aquél est.i enfermo y yo sano, perdí
mis anteoJos.
P. EsCALANTE p ALMA.
Nuestra alma ve de a'.lmiracióu suspensa
que el campo todo el Creador inciensa,
y juzga con encanto verdadero
que es una orquesta inmensa
la gran palpitación del mundo entero.
CAMPOA~IOR.

DE V~.AJR.

l

mañ.ana estaba fría y nublada.
El Cielo, color de plomo, interceptaba los deeados rayos del sol, en una densa sábana de
nubes tempestuosas.
Faltaban cinco minutos pan. que saliera el tren de Ja
mañana.
Había en los andenes inusitado trajín
~legaban fornidos mozos de cuerda c~rgando grandes
baulee ó pesados fardos con mercancías; Jos empleados
corrían atareados dando 6r~enes ó recibiéndolas, á gritos
de sargento, y en el .venta~1llo del expendio de billetes,
se rmontona.b~ una 1mpac1ente multitud que vociferaba
y metía .b!ilhc1osa zambra, pugnando por obtener el boleto cod1c1ado.
La locomotora, inmóvil, _arrojaba ¡_&gt;or los escapes y en
chorros de vapor b.lanquecmo, la fatigada respiración de
sus pulmones de hierro.
Sonó un :&gt;ita1.o, y todos los pasajeros se precipitaron
atropelladamente á los vagones.
Y o? un~ de los primeros, instaléme cómodamente en el
amplio asiento; sub! las solapa~ de mi paletó, escondí la
ca~z~ entre l&lt;;&gt;s al!Il1donados p1 7os del cuello inglés, de.,pues, mtroduJe :mis manos ateridas por la baja temperatura en _los bolsillos df:l pantalón, ');, dejando vagar el
pe!3sam1ento á la ':'lansión ce las quimeras, envidié por
primera vez á los msoportables fumadores.
Estaba solo.
El aire seco y helado del Norte, barría una lluvia fría
y menuda que empe1.aba á caer.
Las ~otitas de agu.a se estrellaban en los cristales de las
ventam.llas, produciendo un monótono y acompasado
tamborileo.
Cerré )os oj~s, deseando inútilmente recobrar el sueño
que la !lf?lenc1a del m~lbadado viaje me había robado y
me fastidiaba antes de tiempo, pensando en el aburrimiento de ~oce h?ras de carrera en un día tan triste, sin un
buen hbro !11 c.:impañ.eros con quienes matar el tiempo en
sabroso palique.
Cofi estrépito abrióse la puertecilla, y apareció un seilor grueso y colorado como uu canónigo, condnciendo á
remolque obesa matrona, adornada como nna banderilla
y con fisonomía más apoplética que la de su caballero la
cual, llevaba á su vez, á remolque también, un perri::o' de
Puebla, que á suponer por la torpeza con que caminaba
debía e~tar ciego ó .ser más miope que su dueña que da~
á la sazon pruebas mconcusas de eu defecto visual, echando sobre el mío su cuerpo elefantino.
Cuan~o es~uvo instalada aquella pareja que seguram~nte se unió seis lustros atrás, la dama preguntó á su acompailante, acomodándose en la ternilla los gruesos queved~s de. oro y desdoblando un periódicfo cou chocante pars1moma:
-¿Ya es la hora, Bonifacio?
A
~! pregun~ado hundió la manaza de carretero en el amphs~mo bols11lo de su chaleco, extrayendo de él nn gran
reloJ de pla~a sus~ndicto al ojal por grosera cadena, y
después de mspecc1onar la carátula respondió á su consorte:
'
-Faltan dos.
La vieja suspiró, y el condenado animalejo como á un
muc~acho .á quie~ secontradice, empezó á tie'rrear como
lechon recién nacido, porque ella q•1ería á viva fuerza
acurrucarlo en su regazo.
Y o suspiré lastimosamente.
~f!!pectiva de :..n concierto canino me horripilaba.
1Decididamente era Pquel un día de oerros!
Sonó~¡ metálico repiqueteo de una campana, y entre
los p111:a¡eros rezagados, subió al departamento que yo
ocupaba, una señora. ·
¡Sola!
¡Elegante!
¡Joven!
¡Bella!
A.l abrir la. puerta, manif-6 indecisión, y, después de
va_c1lar un mstante, quizás ilaspirándole confianza mi
taimado aspecto, ocupó el lugar precisamente frontero al
que yo tenía.
Un '!_elillo moteado de lunares negros, sutil como tela
de ai;ana, cubría su rostro en transparente antifáz, y sus
cabe.los obscuros, de tono azulado y peinados de una
manera extraña, sostenían con largo alfiler japonés el
so~breril.lo de crespón gris adornado con pasamanería y
pá¡aros d1eecados.
Su vestido era de gruesa tela color de acero, adornado
-profusamente con pesados alamares y flecos negros y ostE:ntaba en el pecho una guarnición de abalor:os t~n tupida, ?orno la que llevaría en su basquiña la más bailadora ma¡a de Andalucía.
d Su. mano era pequeñ~ y s.uiJta á estrechísimo guante
e p1~l de Suecia; el pie, digno de la mano, y calzado
tan a¡ustadamente como ella.
Era de esas mujeres que avasallan los corazones, porque
11ev~n en su hermosura el cetro del amor.
C1rcuíl;l-el fleco de sus arremangadas pestafias un halo
yronunc1adamente violáceo, y una palidl'z de. fatiga ó en~rmedad, hacía más interesante la ni&gt;vada albura de su
piel, que antojál;aseme de alabastro alumbrado interiormente por nn rayo clorótico de luna.
Aq_uella b~ldad, ó había pasado una noche de amor, ó
lloró .como gimen las m~dres cuando sus niños, extiendend1o los brazos al buen Dios, entregan el espíritu al angel de
aguarda.
d Hízome creer lo primero, el continente dominador y la
efl!um_b~nte heJ"mosura de mi compañera.
té lin s1lb1do agudo, prolongado, estridente, deshecho en
nue 7auda de vapor que desgarró una ráfaga de aire,
anunc1? por poetrera vez que el tren se ponía en marcha.
Mov1éron~~ las lucientes ruedas de la humeante locomotora, cru¡1eron los topes, golpeáronse las cadenas, los
e&amp;JTo~ rodaron lentamente sobre lois carriles, y principia-

!-8

EL MUNDO.
mos á caminar con una velocidad que crecía á medida
que de la est.ación nos alejábamJs.
'
,
Yo, apare!)tabamirar el camino, y lo que en realidad
veía, era la 1ma~en de la viajera reflejada por común fenómeno de espe¡ismo en el cristal de la ventanilla.
¡El tren corría, volaba!
U!S ~rbolet1 que crecían á los lados de la vía, pasaban en
vert1gmos:1 fuga en sentido inverso al que seguía el convoy; la;s mmens~ llanuras, esmaltadas por silvestres
margantas ó amarillas flores de nabo, giraban alrededor
d.e nosotros, y algunas veces, el ruido producido por el
silbato dP! vapor, hacía volver la cabeza á alguna vaca
de ~ran cornamenta, que masticaba filosóficamente unas
espigas de zacatón.
La desconocida observaba con fijeza los durmientes de
madera que, tendidos Pimétricament.e en el terraplén, se
unían y se ae paraban como los anillos de una gran serpiente apocal.íptica, 6 los palos, que enterrados en el suelo de
cualeeau1er manera, sostenían en sus aisladores de vidrio
largos hi!~s teli&gt;gríificos,. en los qne se balanceaban comadreando a,gunas bohemias golondrina~.
Pasábamos puentes de fierro, que á los J¡,jos semejaban
grandes ratoneras de alambre; subíamos la mole atrevida
de u_n cerro para dejarla atrás y perderla de vista algunos mstantes de~puéP1 ó bien bajába~os peligrosa rampa,
escuchand~ en s1lenc1oso respeto el mtermitente resuello
de la máqurna.
En la"' faldas de las colinas 6 abrigadas ai repecho de
escarpada montaña, veíanse las casitas de los pueblecillos, r?deando carifiosas las negruzcas torres de los campananos, las verdinegras arboledas ó los plantíos de cafia, ostei;itando en su opulencia tropical los lujos de una
naturaleza fecunda, potente y casi viigen.
. Habíanse. dormido nuestros compal'ieros y roncaban á
pierna tendida como dos buenos burgueses.
. I:,a pereza de los viejos, nos colocaba en la elocuente
mtumdad de dos personas jóvenes, de distinto sexo, que
no s~ conocen, y están mny solas en una de esas horas
sent!mentale~ en qne las confidencias aletean como entu!111das avec1tae, porqnetose el viejo invierno y el cielo
gr1saceo llora muchas lágrimas de nieYe..... .
;La dama, quizá mortificada ó cohibida por mi proxi~1dad .\que yo procuraba fuese 11) menos sospechosa) suspiró tnstemente, y aparentando cansancio entrecerró los
párpados procurando dormitar.
¡Cuán linda estaba!
Sentí impu.lsos de arrodillarm.e ante ella, oprimir su
talle entre mis manm,, besar mil veces su entreabierta
boca, y decirle al desflorar mis besos:
-Abra usted loi, ojos, porque tengt' el alma á obscuras!
. 4cal!o me reciba con un.a sonrisa, pensaba yo, y una
ms1gmficante complacencia de esta señora vale más que
las caricias de todas.
Como comprendereis, mi imaginación viajaba y máe
lejos que el ferrocarril.
'
Pasall?os la estación de V ...... y en el trayecto de esa á
la .que sigue, había tocado ya con mi pie el menudo de
m1 compañera.
. Cor_ifieso ingei.uamente que lo hice en completa inconsc1enc1a de lo que me pasaba; la cercana vecindad de aquella beldad estremecía mi~ 11:ervios, enloquecfame y me
exaltabl;l- hasta las d.esvanac1ones de la locura; sus ojos
habían myectado m1 sangre de no sé qué hatchis voluptuoso, y sentía una violenta necesidad de ponerme en
contacto con ella de algún modo.
Si notó el deaorden i-n que había revueltc&gt; mi espíritu,
tuvo el talento de no aparentarlo demostrándose alarmada por loe pecaminosos pensamientos que como cohetes
e!'tallaban en mi mente.
Detúvos~ el .tren en un apeadero y bajaron los dormilones provmc1anos.
¡Quedamos solos!
Lleve la mano á mi pecho.
Latía el corazón furiosamente.
Cada minuto que transcurría, preguntábame acobardado:
-:\!e atrevo?
-No! respondía severamente mi timidez de novato en
amatorias lides, que crecía á medida que se obsecaban y
agrandaban mis deseos.
v_eí,a elevarse blan~amente el seno de la incógnita,
excitaban me las morb1deees de su cuello, el ricito de pelo que en la albeante nuca traveseaba, y ¡sus labios! aquellos pét~l?s de lis que para tel'iirse en rubí esperaban eólo
una car1C1a.
Mi situación se hacía á cada momento insostenible.
Estaba enfermo.
Movíame nerviosamente en el asiento, tosía como un
~u~rculos~, cantur_reaba óperas no oídas y varias veces
mchné hacia la taciturna el cuerpo, ¡•ara decirle seguramente una tontería.
1Empecé á andar!
Si.n duda Clailll,'endió ella mis padecimientos, porque
haciendo un regio ademán me dirigió la palabra:
-Joven.
Aquél sustantivo me hizo daño; comprendí que mis
veintidoe a~os mal representados eran la causa de que
aq.uella mu¡er no. u~~ tomase á lo serio, y sacrificando á
mi tonta suscepttb1hdad la cortesía, aparenté una distracción que robó á la prójima benévola sonrisa.
Hubo un la1go periodo de silencio.
Rompiólo al fin la dama, exclamándo con solícita benev~lt,ncia:
-Caballero.
-Reñora...... 6 ...... señorita!
-Señora.
Caravana de cortesano.
-Si no le molesto..... .
-De ningún modo.
-Diga usted ...... ¿estamos cerca de la próxima estación?
-A ella llegamos.
-Es verdad.
Calló un instante.

121
-;En ese lugar debo recibir un bulto, una petaquilla....
¿tuv1eJ"a us~ed h bondad de recogerla en la plataforma?
-Con m1 l "mores.
-Allí veo al sirviente que la trae.
Salí, Y un hombre de sospechoso talante me entregó
una cesta de junco americano.
Aqu~lla petaca, para sus dimensiones pesaba quizá
demasiado.
'
~demás, noté al tomarla un ligero estremecimiento interior.
Sosteniéndola con precaución me acerqué á la dama, y
al ~ol~carla á su lado volví á sentir en la mano la secreta
ag1taci~n, á la vez que escuchaba un lamento débil como
un vagido.
· Entonces lo comprendí todo.
Cual ,&gt;tro Moisés, en la cesta estaba un niño
Aparenté ignorar _mi descubri~iento, y 1~ prójima,
completamente enganada, me tendió con expansión las
manos:
-Grac)as, si&gt;ñor, tantas gracias!
He ol l'!da~o lo qne r~s~on?í.
.
A.que! 111c1dente t~n insigmficante revolvía mi imaginación, de suyo aficionada á forjar tragedias de las cosas
más vulgares.
Atravesábamos un gran tajo practicado en la vertiante
de escarpada :y rocal~osa 1~ontaña; á lo lejos veíase, en el
repecho de .ánda em1nenc1a, cubierta de sombríos pinares, nn llgn¡ero obscuro y redondo, como la guarida de
una fiera.
!~a miste_ri~sa q!-le con febril atención observaba el can:imo, al d1st10gmr aquella mancha negra entre las amarillentas rocas, me preguntó indiferentemente:
-Es aquello un túnel?
-Sí señora.
-Es muy largo?
-St&gt; atraviésa en un minuto ...... algo más.
-¿Y es muvobscnro?
-Como la ñoche.
-¡Ah!
Intentó abrir la ventana.
Adelanteme á sus deseos con la abrumadora solicitud
del hom~re qu.~ quiere agradará una bella.
-Gracias, d1Jo de u~a manera nerviosa.
. Entró u~a bocanada de aire fresco, que revolvió atrevido los bucles de sus cabellos.
Tomó el cesto con presteza y Jo co'ocó cuidadosamente
en su regazo.
En ese. momento el. ferrocarril taladraba el túnel como
una eerp1entb que se mtroduce en su nido
Volví hacia atrás la cabe1.a, y ella, creyindome distraído, le~antó la tapa de ll;l- famosa petaca y besó con furor
la !u.b1a cabeza de un 01ño que sonreía entre pafiales exquisitos.
Llegamos á la mitad del túnel.

... ~"¡"·,;~· j~;;;~~t~ ·¡i¿¡ ·¡;;q;;~fi~:·:.-.-:.:·;;::::::.--¡"i"~~g~Í ::::::::: ·~¡
rmdo e:xtral'io que producía su cuerpecillo al estrellarse
en la piedras del terraplén.

:.. ~i"_~~i;;P~~.~;;~~;g¡~.;;;¡ .i.~t~iig~;;~¡"~· ~;;· ¡;·~. ·~t~;;i~"a"~i
1d1otlsmo, pob!?se m1 mente de macabras visiones, y com&lt;;&gt; en Uf!ª vas1¡a se mueven los infusorios del vinagre,
ll.lil hor~ugueaba!J e.n las celdillas de mi craneo muchos
pensamientos crm11nales ........ .
. Se?tf que de lo más oculto de mi eér rnrgía nna rebelión rnmens.a, que la cólera, el perdurable dragón, se retorcía 1:n mis en~ral'ias ~!"rojando espumarajos de rabia,
oí el gnto de 19: rnocenc1a, que pedía venganza, y sin saber por qué, mis manos SP. crisparon, ansiosas de estrangular un cuello de alabastro......
·

... j ",i~gó.¡~· ¡;;~ ·;¡~¡~~t~;;;~~i~: ......................................

Bnsqué el cesto.
¡Había desaparecido!
. El _hor~endo drama, no fué un parto de mi enferma
1magrnac1ón, era. verdad.._. ... la delincuente estaba allí•.•.
el .cuerpo del dehto asper¡aba en sangre la tierra del camrno!
¡Delatarla!
Para qué?
Aqnel eepí:itu ensombr~cido en la maldad, no podría
llor9r las glorificantes lágnm'.ls del sufrimiento.
Hay corazones de acero, que nunca combustionan las
afecciones del alma, por que están forjados por Satán en
las fraguas del Averno............................................... .

i ¡~·~-i~¡~·.;;.-,·;;

...iii~é
~~~~~"r"~.~~~· ~·~· g~~~¡~ "ci~ "a"~ ;;~~-~=i;·.
servando un fértil valle entre cuyas arboledas se deslizaba el tren.
-Hermoso paisaje, me dijo.
-Muy bello, en verdad.
Media hora de silencio, sólo interrumpido por el ruido
de los carros al rod.ar sobre las férreas paralelas.
Al llegar al térnuno del viaje inc!inéme hacia mi compañera haciendo un saludo, al que ella no contestó; creyen~o entonces que no me había visto, repetí mi ceremoma.
La misma indiferencia.
Acerquéme un poco para decirle algo, y ví sus ojos
fijos y vidriados.
Se había desmayado.
Cmo B. CEBALLOs.
.Agosto de 1896.

4

EPITAFIO
Es página dd libro de la muerte
esta losa sombría! ...... .
¿Qué escribirán
los huérfanos eu ella?
.
U n poema mmortal---¡Ay madre mía!-...
Agosto de 1896.

Josll: M. BcsTILLos.

�122

23

EL .MUNDO.

AGOSTO,

1896,

23

AGOSTO,

1896.

EL.HUNDO.

La esquila volt¡jéa, tintineando. Ha soltado la lengua, porque es dia de fiesta, la
buena comadre emparedada; y ahoga con su estruendo la batahola de lo!! gorriones
plebeyos que campan por sus respetos en los techos clareados.
En la vereda culebreante que conduce al convento, hormiguean los fieles que van
á misa: muchas aldeanas endomingadas, haciendo crugir su rebozo de 1::olita tramado,
que huele á hilaza crudl\.

MEXICO INDUSTRIAL.

***

Hoy que estamos ciertos de que EL Mu;,mo circula bastante fuera de nuestro país,
nos proponemos publicar en algunos números, viEtas de las principales casas inclnstriales dti la República, para ayudar en lo posible á que los extranjeros tengan cabal
concepto de nuestro estado de progreso. Creemos que esta es obligación de todo periódico mexicano, que tenga la oportunidad de ser leído fuera de México. Comenzamos, dando á conocer una de las más antiguas imprentas.
Es esta la casa de los Seftores Francisco Diaz de León Suce~ores, la cual fué fundada hace 39 años, habiéndose establecido en 1892 la Sociedad .\.nónima que bny la
posee.
Los talleres de la Sociedad Anónima Francisco Diaz de León l'iucesores se encuen•
tran establecidos en.la esquina de las calles de San Juan de Letrán y Rebeldes, y están
en su totalidad formados, movidos y disr-uestos con elementos, capitales y eneigías
exclusivamente nacionales.
Con el fiu de fomentar esa Sociedad Anónima, el Sr. Díaz de León aumentó sus
m1iquinas, qu~ ya de por sí eran abundantes y formó así magníficos talleres, cuyas
fotografías ilustran estas notas.
Podemos mencionar entre dichas labores, las siguientes: todo género de impresio.

Jfosr¡ueta ha improvisado un caballete con P.yuda de un armatoste viejo, en un

·. ~
t

,

RRIBA un derroche de terciopelo azul.
~ Abajo toda la gama del verde, un verde vicoso que va desde el acero de los
~
~~isauces
«acribillados por el sol,» hasta el matiz negruzco de la arboleda que re ·
.,..~ corta la lejanía indecisa.
Los magueyes cenicientos, combando sus trian'gulares pencas dentadas, antójansele
á la fantasía ultra-caprichosa del poeta, coronas de melenudos reyes colosos, regadas
en el campo despué1, de una vieja lucha épica, y los arados rotos que aquí y abf yacen
atravesados en los surcos, fémures de trogloditas, exhumados por el tiempo.
El .Ajusco dibuja, allá lejos, su cresta caprichosa, en el fondo tímidamente azul del
cielo¡ rey es y señor de la st&gt;rraaía que, rompiéndose á intervalos, deja que la mirada
se aventure por extensas zonas del plan redondeado por el horizonte.
El con \·ento de Churubusco yergue sus muros veteranos que el Cuarenta y siete
asperjó de plomo, en medio del paisaje: aquí la torrecilla ,,con su caperuza roja,» ahí
la bóveda con su birrete leproso¡ patios en ruinas, que limitan portales obscuros, estancias manchadas á,-trechos.de a:mlejos: mosaicos rudimentarios en que árboles oblon·
goe, muestran constelaciones informes de frutos¡ corrillos sombríos con estrechas ventana., de palomar y desgarbadas puertae en cuyos dinteles hay sentencias bíblicas¡ escaleras semiderruidas, con amplios descansos y en los lienzos que los limitan, grandes cuadros murales donde lo vago y apagado de las tintas acrece lo macabro de los
rostros perfilados de ascetas que oran ó agonizan, hacen milagros ó se transfiguran.
Muchas parásitas en los patios, entre las lajas húmedas, y rompiendo la uniformi,dad melancólica de su verde enfermizo, maravillas de oro, margaritas silvestres y flores de calabaza.

ASONANCIAS.
Hay aL ún episodio de mi vida,
Episodio infeliz, naturalmente,
Qne en su admirable sencillez ostenta
La sencillez siniestra de la muerte;
Es una triste historia. ¡Oh, sí, bien triste!
Y ea vulgar: un carifio que se muere,
Una hoguera sofiada que no arde,
Un lirio enfermo á quien mató la nieve.

·························································
«P~nsando
en t(, mis ojos han mirado
"El semblante huesoso de la muerte,
,,Su descarnada boca se reía
«Con risa inmóvil. Instintivamente
«He mirado la vida y he sentido
11Un extraf\o terror: la ví perderse
«En la nocue sin fin, mientras reía
«La descarnada boca de la muerte.11

~:i~~:i·?~~i~~~~jf~f·;~~~:···

-Y no ha salido aún.-Sentí la angustia
Desgarrándome el alma con los dientes,
Y como si la mano de un cada ver
Tenaz á mi garganta se adhiriese
En un supremo t-Sfuerzo. Ella decía
Con voz vivificada por la fiebre:
"Tú vas á prometerme que, si acaso
"La muerte me acaricia, serás fuerte
«Y sabrás conservar, con mi recuerdo
«Tu vida de 'dolor, para quererme
••Como me quieres hoy, cuando la tierra
,,Humedecida por tu llanto, enjendre
••Floraciones salvajes con los jugos
VINO LEGITI:M:O DE UVA..

patio: el más enmalezado y quieto.
Desde el sitio escogido, se columbra una ala de la planta alta del edKicio, una sección de dombo y un flanco de torre; después ...... mucho azul.
El sargento que cuida del hospital anexo al convento y que, ol\'idado de las leyes
de Reforma, duerme ahí, bajo el mismo techo que el padre cura; un dieguino pequefiin, perennemente risueño bajo la escarcha de sus cabellos; el Fargento, alto, atezado,
maduro, de bonachones ojos bovinos. tiene los pinceles de .:\Io~queta, la artista caei
impuber, de tez de un moreno leve, ojos de obsidiana y flexibilidades infinitamente
harmónicas.
Ella es la sola nota juvenil y lozana en el ambiente impregnado de un ascetismo
arcaico y melancólico del recinto..... , Oh, sí! en el ambiente impregnado de un aace•
tierno arcaico y melancólico del recinto, ella es la sola nota juvenil y lozana ....... ..
No lejos, el maestro, un acuarelista italiano de oscuras pupilas soñadoras y ensor•
tijada cabellera romántica cuyo castaño umbrío rompen algnnas hebras blancas, sigue
con la mirada el camino del pincel travieso que ora deja un toque de luz sobre un fQn•
do cromo, ora delinea una cornisa, ora deslíe un azul demasiado vivo ó poni~ la mancha
negra de una ventana sobre la zona blanca y granujienta del papel.
La mano de falanjea prolongadas-mano patricia!-de la arLista, camina segura.
El paisaje se desprende, con encantadora indecisión á las veces, á las veces neto y preciso: el maestro hace un gesto de satisfacción y el sargento una 1~ueca de ingenuo
asombro.
Diría algo si el italino no estuviese ahí.. .... algo que le retow
por brotará los gruesos labios etíopes ........ .
De pronto el maestro se aleja para estudiar una perspectiva. El sargento entoncea
estalla. Sus brazos subrayan la frase con movimiento de aspas de molino:
-Nif\a-dice, en tono que preti&gt;nde ser confidencial-pos naté ha de dispensar, pero
eso (y señala con énfasis el boceto)-eso ...... nada tiene que pedirle al .1füter.
RI pincel echa á correr nerviosamente, á través del paisaje esquiciado.
¡Qué sargento este!
La frase ha caido en gracia á la artista, cuya garganta deja oír el leve campanilleo
de plata de una risa á la sordina.
•El mi.~lfr sigue estudiando su perspectiva: troppo bel/.a! troppo bella!
Y en rededor, en el claro-obscuro Je los portales, las sombras de los buenOJI frailes pensativos, sonríen ........ .
AMADO NERVO.

Agosto de 96.

«Que hayan brotado de mi cuerpo inerte,,
...... ¿Y después? Una antorcha que se apaga,
Un lirio muy enfermo que se muere,
Una luz que se va, y en las pupilas
Deja un asombro intenso.... para siempre....
•

¿Lo recuerdas, mi virgen? Desde entone.es
Tu cuerpo está dormido; pero vienes
Para inyectarme con tus besos mu.irtos
Ese extrafio calor que me sostiene '
En rui lenta agonía. Yo sé que llegas
Cabalgando en los hilos transparentes
De los rayos de luna, á levantarme
Cuando mi alma decae y desfallece.
Sé también que me quieres todavía,
Que son míos tus ensuefios, como siempre,
Y que me esperas, ·para amarme mucho
En el tálamo inmenso de la muerte.
Y .... ya lo ves, el tiempo, el insaciable
Devorador de vidas, el que extiende
Los licores opacos del olvido
En los tristes recuerdos transparentes,
No ha podido, en su esfuerzo continuado
Enturbiar tu memoria; inútilmente
Se empef\a en alejarte, y ni un detalle
De tu recuerdo inmaculado mueve.
Loa días de mi existencia solitaria
Al ir huyendo, en rápidos tropeles,
Dejan en las arrugas de mi rostro
La huella de sus dedos; pero siempre,
Hoy, como ayer, ,11is ojos te acarician,
Y las últimas lágrimas que tienen
Evaporan en torno de tu imagen
Como una ofrenda póstuma y perenne.

Champagne Codorn1u.

Mi religión es tu inmortal cariño;
Sagrada réligión que me promete
Entregarte á mi loca idolatría
En el tálamo inmenso de la muerte.

........................................................ .

Ya pronto, virgen mía, nos veremos;

Mi corazón, cansado, se extremece
Cuando pienso que pronto serás mía,
¡Completamente mía.... y para siempre!

Agosto de 1896.

.A~'TENOB LESOANO.

!SIEMPRE!
través del abismo y de la cima,
pesar de la cima y del abismo,
Me persigue tu imágen tentadora
Como un bello espejismo,
Yo quisieraolvidarte...... Y. no...... no puedo.....•
No puedo ahogar deseos ni visiones,
¡No vive quien mató dentro del alma
Eneueftos é ilusiones 1
Y soy para tu awor ¡dicha imposible,
y son tuyas fé y alma..... .... ¡desdichadas!
y amo tus ojos, seductores ojos,
Aunque sean para otro tus miradas!
Perdóname...... no me odies ...... se elocuente
Para quien se contenta con tu alianza..... .
¡Quiero poder leer en tus pupila@
¡Que existe la esperanza!
E. MAQUEO CASTELLANOS.
Agosto de 1896.
.A

.A

123

FACHADA DEL liSl'AbLECDtlll:1n'O,

UN:A. PIANISTA EMINENTE.
En vida acaba de recibir grandes honores, la artista
•eminente lady Hallé, viuda del gran pianista sir Carlos
Hallé, cuya pérdida lamentaron no hace mucho tiempo
loe entusiastas partidarios de la música eelecta en la Gran
Bretafta. Como Clara Schnmann, fué lady Hallé aman.
t(sima. companera y colaboradora de su:marido, y con él
recorrió muchos países para compartir los ruidosos triunfos que obtuvieron. Como Clara Schumann, ha llegado
lady Hallé á se~ una ~espetable veterana en el arte; y
ahora, al cumphr los emcuenta afio~ de su ingreso en la
-&lt;'.arrera musical, al llegar el momento de sus bodas de
·oro con el pent11grama, la aristocracia inglesa ha hecho
un elocuente alarde de admiración y respeto hacia ella.
En breves días se recogió por subscripción una suma de
·ocho mil duros. Sus admiradores, reunidos en llfarlborough-:House, bajo la presidencia del Príncipe de Gales,
1~ rnv1aron con una delicada misiva, un cofrecillo de oro
cmcelado y guarnecido de turquesas, que encerraba un
·-cheque de 2,500 duros y el título de propiedad de una
finca, hotel y jardines que han adquirido para ella en
·1:reviso, en la Italia del Norte. A.sí obsequia la arietocra·c1a del buen gusto y de la inteligencia á las compafieras
d? loe grandes artistas, á las artistas inspiradas, de limpia Y ~onesta vida y de envidiable fama, á las que en
?tros tiempos ha debido la complacencia de saborear las
mcomparables delicias de la música exquisita. Así se
honra .á sí misma la sociedad culta, no consintiendo que
loe art1Stas, al llegar al periodo triste de la vejez, en que
iodo es soledad y penuria, vivan y mueran olvidados y
sin el decoroso amparo que, por el recuerdo de S'lS ex·cepcionales cualidades, merecen.
DEPARTAMENTO DE CAJAS,

nes tipográficas y litográficas, encuadernación, rayados,
ilustraciones y cromos.
Los talleres están divididos hábilmente en grupos que
regentean hombres entendidos.
Cuatro anos lleva ya de estableci:la esta Sociedad, y no
obstante que los negocios en general han atravesado por
crfsis penosas, que exigen actividades sumas para contrarrestarse la laboriosidad, honradez é inteligencia de
los socios que tienen la gerencia del establecimiento, unidas al favor del público, han logrado que el crédito de
la negociación aumente cada dia más y más y que por
ende, los beneficios logrados cada ano, permitan la repartición de un dividendo regulará los accionistas.
Creemos que esta casa y otras del mismo género que ee
han fundado en la República, y que merced á eu laboriosidad Y empefio ban lo1rado perfeccionar sus trabajos,
bastarían ya para satisfacer ventajosamente todos loe pedidos nacionales, con ventaja positiva en el costo, sobre
10s que se hacen en el extranjero.

SAN SEDUR:NI DE NOYA (Espafla,)

La casa Díaz de León Suce,or, en su prolongada pr:ictica, ha merecido ya muchos elogios de impresore.;; de
nota del extranj,iro, pudiéndos,.. mencionar entre ellod ,.
los sefiores J. Johnson de Filadelfia y á notable:1 ilupreeores de .Alemania y Francia. Además, en va1·ia~ exposiciones nacionales y extranjeras han obtenido lo~ trabajos de la cuestionada casa, menciones honoríficas y tnEJ•
dallas de oro, plata y bronce.

PRE~IIO EXTRAORDL-.,AUIO del )llnlst,erio de Fomento al mejor viticultor y vlnlcultor de España (lti&amp;l.)
DOS MEDALJ..AS DE ORO en la Exposición de Barcelona (1888.]
DlPLO~I.\. DE no::s-on Y GRATITUD del Imtituto Agrícola Catallin de san Isidro, en la de Vino:; Tipos para los mercados extranjeros (18'.l'.l.]
Medalla de oro en la rle .Amberes 1~. }
Medalla de oro en la de Amsrerdam 18'.):;.
Represen tan te en la República Mexicana:
Medalla de oro en Jade Burdeos 1895.
·
Gran DI ploma de honorenladeMaullalS'.l5.
CALLETANO FELIU-Calle de Tlburcionúmcro2 y San A¡¡ustln número 1. [Apartado.588.]
Dl!SPACBO.

De los talleres y oficin:ie del establecimiento han Ealido empleados hábiles muy solicitados, que han lle,·ado á

�124

EL MUNDO.

23

AGOSTO,

1896.

•

TOMO:II

M.EXICO, DOMINGO 30 DE AGOSTO DE 189fl

•

NUMlllR09

SALÓN DE PBEZ-SAS Y ENCUADERNACIÓN.

muchas partes de la República no despreciable contingente para el adelanto tipográfico.
Para concluir, daremos los nombres d.e las personas que
forman el Consejo de Administración de la Sociedad y
de sus principales ~mpleados:
.
Presidente y primer vocal, Sr. Gabriel Rodríguez y
Cosfo.
Segundo vocal,' Sr. Pedro J. Peniche.

Tercer vocal, Sr. José S. Ponce de León.
Comisario, Sr. Juan Aguilar Vera.
Director de la tipo~rafí~ y e~cargado1 ~r.. Ignacio Guerrero á quien por @u rnt1:Jhgenc1a y labonos1dad, se debe
en g~n parte el rápido progreso del _establecimiento.
Director de la litografía, 8r. H. Iriarte.
La casa Díaz de León Sucesores es un testimonio más
de lo que puede obtener la perei~vf:rancia en el trabajo y
constituye un modelo.que debe mutar!e.

Su Majestad el Periodista.
(FRAGMENTO )

Hay un artículo de Alejandro
DumM (hijo) qne es una obra
maestra de inteción y de agudeza: el periodista pinta á maravilla los decaimientos y las tristezas y combates de ese pobre sér,
sujeto á los caprichos de un tirano q11e tiene cien cabezas y
cien bocas, y cuya tornadiza ad•
miración gira tan rá.pidamente
corno las ruletas. Nada le pertenece, nada es suyo: e] público
Je paga para saber los pormenores de su vida, las intimidades
de su pensamiento.
Y es preciso que todas las mañanas, como todas las noches,
el actor entretenga al público,
le hagareír611orar, segun lo pi•
de la situación, aun cuando el
desaliento le entumezca ó la tristeza anuble en cerebro.
F,s preciso que 1 consecuente
con su p!ipel, dogmatice en el
gran editorial 6 culebree en la
traviesa gacetilla¡ el cajista Je
aguarda, los prensistab. esperan,
las letras de plomo Je llaman
desde sus celdillas, y el lector
exige el pan de la curiosidad y
la bebida del escándalo. Es la
bestia que gira eternamente en
el arrastre 6 en la noria. Cnando eetá vieja, enferma ó fati~ada, la dejan perecer en un rm•
eón.
No hay suplicio ninguno comparable al que padece el perio•
dista. El carpintero, el sastre 6

¿Quién posee la ciencia encblopédica bastante para.
ser un perfecto pniodista? En Europa, el trabajo intelecreglas de su arte; pero el periodista tiene que ser no sotual se distribuyó couforme á las aJ)titudes y saber de
lamente el lwmo duplex de que habla el latino, eino el
cada uno. Este dieerta sobre la polít1ca, ebe examina las
hombre qne, como los dioses del Walahlha, pueden parr.nestionea económicas, aquel juzga las obras literarias.
tirse en mil pedazos y quedar enteros. Ayer fué economisNinguno invade los duminios de otro, cada cual tieneeua
ta, hoy es teólogo, mafia.na será. hebraizante ó tahonero.
posesiones perfectamente deslindadas, y es filósofo, 6 críEs necesario que sepa como se hace el bupn pan, y cuático, 6 político, ó tinanciero, 6 estratégico, 6 jurisconsulles son las leyes de la evoluc:üón; no hay ciencia que no
esté obligadoá conocer, ni arte cuyos secretos deban ser to, ó médico, 6 poeta. Entre nosotros no sucede así: el pe. riodista es uno y es diez mil. Es preciso que resuelva la.
ignorados por su ent'.mdimiento.
crÍ!iis económica y que tenga recetas para P:anar los cat.aLa misma pluma con que anoche dibujó la crónica del
rros;_ que anuncie si lloverá al siguiente día y que indibaile ó del teatro. le servirá para trazar ahora un artícuque los medios oportunos para combatir la filoxera. EHta
lo sobre ferrocarriles ó sobre bancos. Y todo esto sin que
p_aamosa ciencia enciclopédica fué posible en los felices
la premura del tiempo le permita abrir un libro 6 contiempos de Pico de la Mirando la. A medida que las ciensultar un diccionario: ¡al coche! ¡al coche! los pasajeros
cia se han ido desarrollando y extendiendo, se han hese atropellan, las maletas se abren 6 se caen, los brazos
cho imposibles esas grandes generalizaciones. Estamos
se desnudan, el silbato suena y el tren parte sin aguaren la época de los especialistas. Sólo el periodista tiene
dar ni una hora, ni un minuto.
por fuerza que conocer, siquiera superficialmente, la escala
toda de ]os conocimientos humanos. Sólo él tiene que ser
músico y poeta, arquitecto y
arqueólogo, pintor y médico.

el pintor, pueden conformarse con conocer principios y

MANUXL GUTIERREZ N.ÁJERA.

~
LA MUJER-

DEPARTAMENTO DE LITOGR.AFIA,

La mujer que no ha Eido
educada solamente parae:er un
adorne, 6 un objeto de lujo, la
mujer que ha sido suficiente
mente inatruida para convertirse en la compañ.era. útil, y
en caso dado, la colaboradora
del marido, que ha de~anolla•
do su inteligencia por medio
de una educación sólida; que
ha sabido atraer á. sí amigos,
por el encanto de su espíritu y
por la delicadeza de su cora•
zón; que ha sabido componer
un salón, del eual es la verdadera soberana¡ la mujer, que
ha sabido ser el p:rimer médico y la primera imtitutriz de
su hijo, que ha eabido dirigir
. ese gran roinisterio que se lla•
ma el hogar doméstico y representar ese papel tan complejo
de esposa, de madre y de mu•
jer de mundo, esa es la mujer
q·ue afirma su verdadera superforidad, ea la que nos dará.
mujeres que lo sean verdadera•
mente, ejerciendo una autori·
dad sólida y durable, y adquiriendo de nuevo en la sociedad una inflnencia que casi.
babíall penlhio.

'

Nemeo 1 _9.ulieta.
De la colección de grupos del Lic. Requena, premiada con medalla de oro en el conc:irso fotogr.Hico de "EL MUNDO "
[Grabauo en ks talleres d•"EL MUNDO,")

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Armada Española Invencible</name>
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                    <text>124

EL MUNDO.

23

AGOSTO,

1896.

•

TOMO:II

M.EXICO, DOMINGO 30 DE AGOSTO DE 189fl

•

NUMlllR09

SALÓN DE PBEZ-SAS Y ENCUADERNACIÓN.

muchas partes de la República no despreciable contingente para el adelanto tipográfico.
Para concluir, daremos los nombres d.e las personas que
forman el Consejo de Administración de la Sociedad y
de sus principales ~mpleados:
.
Presidente y primer vocal, Sr. Gabriel Rodríguez y
Cosfo.
Segundo vocal,' Sr. Pedro J. Peniche.

Tercer vocal, Sr. José S. Ponce de León.
Comisario, Sr. Juan Aguilar Vera.
Director de la tipo~rafí~ y e~cargado1 ~r.. Ignacio Guerrero á quien por @u rnt1:Jhgenc1a y labonos1dad, se debe
en g~n parte el rápido progreso del _establecimiento.
Director de la litografía, 8r. H. Iriarte.
La casa Díaz de León Sucesores es un testimonio más
de lo que puede obtener la perei~vf:rancia en el trabajo y
constituye un modelo.que debe mutar!e.

Su Majestad el Periodista.
(FRAGMENTO )

Hay un artículo de Alejandro
DumM (hijo) qne es una obra
maestra de inteción y de agudeza: el periodista pinta á maravilla los decaimientos y las tristezas y combates de ese pobre sér,
sujeto á los caprichos de un tirano q11e tiene cien cabezas y
cien bocas, y cuya tornadiza ad•
miración gira tan rá.pidamente
corno las ruletas. Nada le pertenece, nada es suyo: e] público
Je paga para saber los pormenores de su vida, las intimidades
de su pensamiento.
Y es preciso que todas las mañanas, como todas las noches,
el actor entretenga al público,
le hagareír611orar, segun lo pi•
de la situación, aun cuando el
desaliento le entumezca ó la tristeza anuble en cerebro.
F,s preciso que 1 consecuente
con su p!ipel, dogmatice en el
gran editorial 6 culebree en la
traviesa gacetilla¡ el cajista Je
aguarda, los prensistab. esperan,
las letras de plomo Je llaman
desde sus celdillas, y el lector
exige el pan de la curiosidad y
la bebida del escándalo. Es la
bestia que gira eternamente en
el arrastre 6 en la noria. Cnando eetá vieja, enferma ó fati~ada, la dejan perecer en un rm•
eón.
No hay suplicio ninguno comparable al que padece el perio•
dista. El carpintero, el sastre 6

¿Quién posee la ciencia encblopédica bastante para.
ser un perfecto pniodista? En Europa, el trabajo intelecreglas de su arte; pero el periodista tiene que ser no sotual se distribuyó couforme á las aJ)titudes y saber de
lamente el lwmo duplex de que habla el latino, eino el
cada uno. Este dieerta sobre la polít1ca, ebe examina las
hombre qne, como los dioses del Walahlha, pueden parr.nestionea económicas, aquel juzga las obras literarias.
tirse en mil pedazos y quedar enteros. Ayer fué economisNinguno invade los duminios de otro, cada cual tieneeua
ta, hoy es teólogo, mafia.na será. hebraizante ó tahonero.
posesiones perfectamente deslindadas, y es filósofo, 6 críEs necesario que sepa como se hace el bupn pan, y cuático, 6 político, ó tinanciero, 6 estratégico, 6 jurisconsulles son las leyes de la evoluc:üón; no hay ciencia que no
esté obligadoá conocer, ni arte cuyos secretos deban ser to, ó médico, 6 poeta. Entre nosotros no sucede así: el pe. riodista es uno y es diez mil. Es preciso que resuelva la.
ignorados por su ent'.mdimiento.
crÍ!iis económica y que tenga recetas para P:anar los cat.aLa misma pluma con que anoche dibujó la crónica del
rros;_ que anuncie si lloverá al siguiente día y que indibaile ó del teatro. le servirá para trazar ahora un artícuque los medios oportunos para combatir la filoxera. EHta
lo sobre ferrocarriles ó sobre bancos. Y todo esto sin que
p_aamosa ciencia enciclopédica fué posible en los felices
la premura del tiempo le permita abrir un libro 6 contiempos de Pico de la Mirando la. A medida que las ciensultar un diccionario: ¡al coche! ¡al coche! los pasajeros
cia se han ido desarrollando y extendiendo, se han hese atropellan, las maletas se abren 6 se caen, los brazos
cho imposibles esas grandes generalizaciones. Estamos
se desnudan, el silbato suena y el tren parte sin aguaren la época de los especialistas. Sólo el periodista tiene
dar ni una hora, ni un minuto.
por fuerza que conocer, siquiera superficialmente, la escala
toda de ]os conocimientos humanos. Sólo él tiene que ser
músico y poeta, arquitecto y
arqueólogo, pintor y médico.

el pintor, pueden conformarse con conocer principios y

MANUXL GUTIERREZ N.ÁJERA.

~
LA MUJER-

DEPARTAMENTO DE LITOGR.AFIA,

La mujer que no ha Eido
educada solamente parae:er un
adorne, 6 un objeto de lujo, la
mujer que ha sido suficiente
mente inatruida para convertirse en la compañ.era. útil, y
en caso dado, la colaboradora
del marido, que ha de~anolla•
do su inteligencia por medio
de una educación sólida; que
ha sabido atraer á. sí amigos,
por el encanto de su espíritu y
por la delicadeza de su cora•
zón; que ha sabido componer
un salón, del eual es la verdadera soberana¡ la mujer, que
ha sabido ser el p:rimer médico y la primera imtitutriz de
su hijo, que ha eabido dirigir
. ese gran roinisterio que se lla•
ma el hogar doméstico y representar ese papel tan complejo
de esposa, de madre y de mu•
jer de mundo, esa es la mujer
q·ue afirma su verdadera superforidad, ea la que nos dará.
mujeres que lo sean verdadera•
mente, ejerciendo una autori·
dad sólida y durable, y adquiriendo de nuevo en la sociedad una inflnencia que casi.
babíall penlhio.

'

Nemeo 1 _9.ulieta.
De la colección de grupos del Lic. Requena, premiada con medalla de oro en el conc:irso fotogr.Hico de "EL MUNDO "
[Grabauo en ks talleres d•"EL MUNDO,")

�•

30

EL MUNDO.

126

AGOSTO,

1896.

pul:"b\c, ei::paünl nbriguPmos ..-ierios tem~res para lo porvíctimas cansadas pol'los paíl!escon quienes ha
la
\'enir. s~ t.ra.ta. J~ la 1:11t.uac1ón august10sa de laa fuian.. EL MUNDO."
República, sería indispeneableqnell.l lOOode h,s origma
zas eepaliolui!.
. .
8D.ANJ.Bl0 ILUSTRADO.
por la guerra del 47, pu!!iera las cau!!adas po_r Eapa~a en ís
No en vano un te~oro q~e en poqu1s1mas y contadae,
T•léfono434.-Calle de Tiborcio nlim. 20.-Apartado 87 b. época de la lndepenJencia y lae qu~ FrancmcaUJ:iO al pa
ocasiones ba llt•g:ulo il 1:"QU~l.1.~rar su~ _gastos y á suprimirduraflte la intervención.
r siqniera en ~• pa pt&gt;I ~,1s dt:fo:1t trad1c1~mal_ea, se ve obli-•
JIOXIOO.
Y de est.e modo México se vería obligado á sostene
ga&lt;lo á cubrir el pri::supuesto extraordrnario de una camToda la coneepÓndencia, debe dirigtn¡e
su odio contra est1.s naciones, viviendo en un E:9tado dde paña costosa; no ;•n \'~n~. un erarib al qu_~ se priva de UD&amp;.
al Gerente de este periódico.
guerra permanente, de paroxismo iracnndo, de ira per u- de sus rentas .ma~ µ111gut'S se ve pr~1sado á atenderá
rabie que se sueederia de generación en generación como gastos no previstos q11e vacía~ las ca1as: el resultado ha
La saecrición á EL MUNDO vale $1.25 centavoa al mes, un !egttdo siniestro.
.
.
. ·
sido el que por natll'·al y preciso orden de las coaas de-.
T ee cobra por trimestres adelanthdoe.
Afortunadamente para la humani&lt;lad. f'fU\ actitud im- bía de sobrevenir.
Números sueltos 50 cent.avos.
placable no se sostiene, y t::l tiempo, ese búlrnmo de tod_os
Limitados 101:-1 r~cursos que la producción proporciona.·
AvisOB: á razón de $30 plana por cada publicac:hn.
]os dolore@, se enc1uga dé Ferenar lo~ esp_fritus, de aq~tetar los áuimos, de encauzar las conc1euc1us por senderos á. las reales arca"', por viruid del estado de guerra· caai.
Todo pago debe ser. precisamente adelantado.
agotado el iD.anantia l que en la revuelta Antilla 'daba
menos tortuosos.
B.BGIBTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE,
E11 preciso ser más serenm~ en el 1&gt;jercicio d_e !1ues~ra no escasa renta á la metrópoli; recargado el ordinarioconducta rmcial si desea1nos tRner un puesto distinguido presnpuesto con la suma de mií.s de treinta millooea de,
pesetas, que exige el sost,enin.iento de las fuerzas de mar•Altentes exclusivos para los Estados Unidos y Cana- en la escala de la vida ci vi\izada.
y tierra que operan en Cuba; cercenadas ultra-económidá. 'the S~ia American Newspaper ~ompany, 136 Licamente las partida!:! de, loe gui:;tos comunes, no adscritq.
berty St. New York, E. u.)I
i\. los Ministerios de la Guerra y de las Colonias, el gopolítiCtl µ05itiu11.
bierno que prei:ide tl Sr. Cánovas se ha ,•isto impulBad.o
para allegar nuevos recursos, ií celebrar contratos oneroaoat
-Todo hombre político tiene do~ repntacione8.
.
'
-Cesad de 1:.1er el escfavo de un partido, y 0::1 converti~ ';lUe salvan por de pronto la angustiada situación.
. El Banco de Espafta, snpt-na de tocar á las puertas de,
réis en el d~ertor.
íos amigos. q los pueslos pí1blicos.
-Entre artversarios políticos, de la previsión se. hace la bancarrota, no podía ni puede ayudar al Gobierno, dia.,
minuyendo sus existtincias en metálico y aumentando,
á menudo nn crímPn.
Es un gastado tema el de acusar á los gobiernos de fa-·
-La verdadera habilidad, es el cumplimiento del de- locamente su circulación fiduciaria; !os establecimiento&amp;
de crédito extranjeroe, validos de la situación, han e:r.ivorecer á los a,niqos llevá.ndolos á. los put&gt;st&lt;;i8 pú.blicoo.
h"
Sobre eeta'mater1a se ha derramado mucha tinta y se se- ber.
-El periódico es la t&gt;Pcuela d~ la ambición; la 1st9- gido garantías fabulosas, y como quiera que el elemento.
oficial, ha remado constantemente tratar con los insuguirá. derramando, probablemente.
ria ea la escuela de la política.
No hace todavía un afio que el Mundo recogía el editorrectos mientras se hallen en est.ado de guerra, se ha visto.
Juuo S1MóN.
rial de nn colega, en el que se hacía uso de razonamientos
obligado á empeñar sos o::iAs cnantiosaa rentas, las del
parecidos á. los que hoy se abandona otro diario de la C~tabaco y de las mina.'i de Almadén, para t~mer un mopitnl. ¿Por qué la aJministración aprovecha los elemento;;
mento de respirO.
amigo~ en loR puestos públicos? Y ahora como entonces,
Dábil, estéril é infructuoso sacrificio, porque los poc01
coniee.ta. f'I ]fundo á. este reproche dirijido, n_o á. este gomillones que proporcionara. la. casa de Rostchild, p1011~
bierno sino á los gobiernos de todas las naciones del ordesaparecerán en ese tnuel de las Danaidea, que se llama
be: Po~que ''jamás hemos visto una administración que RES~JIKX-E,paña y la On•rra d• Cúba.-Difienlla\le• fi. la guerra de Cuba.
l}Prmanezca en el poder sin una mayoría de amigos en
na.nciera11.-Serios tPmor"i;i en lo pnr\'f'nir.-Que debe
Lo que hace, pues, penosa la situación de la madre F,elos puestos públicmi: en el parlamento: en las oficinas, en
hacer el gobierno de la MetrOpoli.-Xue!th'us deseos.
pafia, no es la insurrección que acaba de estallar en Fien las cátedra~.-St: recurre á los a1mgoa, porque estos
se f'ncuentran interesados en sostener al gobierno, y la
¡Con cnánta pena habremos de consignar que la revo· lipinas, á lo que se dice, por artimañas de los japonesee,
anglosajonos del Extremo Oriente; no eij la posibi•
primera ne.cesidad de todo gobierno es subsistir." ......, .
lución cubana. despnés de die7, y ocho meees de fiera _lu- esos
¿A quienes, pues, se llevaría li los puestos pubhcos?
cha que ha em~angrentado la tierm ant,illana y convertido lid.ad de una guerra con los Estados Unidos, dePastroea yº
hemos preguntado. ¿A los enemigos? ¿A aquellos-á quientos en yermos loe:a hermosoR ve1geles indi,:ino!'I, signe en .1a ocasionada á. eventos espantosos imposibles de preveer;:
convendría minar y destruir !a obra administrativa? ¿Qué misma t.ri!'lt,f' Pitnación á qne' nos referíamos Pn ant~rJO- no esel carlismo, que se despereza y sacude su melenadepartido político, que gobierno procede de esta suerte? res crónica!'! Como Fi funan estereotipada!'! lflR n~t1c1as cirios é incensarios, que á las veces se convierten en cavolvemos á interrogar.
que recibe la preni::a diaria, como si fnf'ran clichéa á l~s f\ones y fusiles; ni la República que se agita y espía la.
Pero se nos cita el ejemplo de los Estados Unidos. En que se c~m bia la fecha y la ley enda, sólo SP ven repf'tt- ocasión para derrocar la monarquía secular: nada de eso,
la República del Norte, se nos dice, "en donde el pueblo cinnf's lamentables ~dP lo qne Fe d1&gt;cía cnando e l General con ser tan grave, nOR preocupa y llena de temores para.
dtlSempefta un papel activo en la política, en donde la ,verln tomó el mando de los realt"s ejércitos que operan lo porvenir. Es la dificultad de conseguir dinero para te,..
das las necesidades presentes y las emergencias posiblett
1.·oluntad popular se poyecWl eficazmente sobre_ las deci~io- en Cuba.
nes del Gobierno, y en donde éste es. emanación efectiva
El gobierno col?ninl, más ó 11'.PnoR d~tenido ei:i sn_s futuras lo que tiene que prnducir meditaciones muy
de aquella. el jm,oritiAmo no puede ~11e_drar y los interesespií- operaciones por virtnd de la estación llnvJopa que 1m_p1- serias en los encargados de velar por la vida y el bienes.
blicos y el 7&gt;ien procomunal son el ob;etwo de todo acto guber- de los grandeR mo"imientos estratégicofl, no ha podido tarde la hidalga nación española.
El porvenir del país está. en sus manos; estudie y ananamQttal."
encontrar ocaeión de destruir f'n batalla campal los foer¡Parece mentira que se ei-criban semejantes inexacti- zas insurrectas que operan en toda la Pxten1:.1i6n del terri- lice sin pasión ni prejuicios el señor _Cánovas del Cutillo
tudes! ¿Que en los Estados Unidos no medra el fm•orüis• torio, ni menos impedir que los patriot,aR separatistas Tf:- la situación poJ'que atraviesa la tierra gloriosa de Reca•
mo y que los gobiernos se inspiran en el bien procomu- ciban á. la continua cuantiosos auxilios en armHA, mum- redo y S. Fernando~ y vea si es posible, aun sacrificandonal? ¿Pues qué otra co~a es el programa adop~ado por los cion0!'l de gunra y soldados, procedentRR rlP las coetas un poco de la negra honrilla, tratar con los parciales de
partidarios de Mac K1oley, de~tmado, prectsamente, á americanM. donde los Jaborantf'~ y simpati.,.ad&lt;,res de la :Máximo GómPz y Antonio Maceo, antes que por falt.a det
vil metal, peligre la integridad del ;éino y hasta las sefavorerer á. lo~ grandt"s sen.ores feudales de la industria causa de la independencia trahfljan sin cesar, para proamericana.? Favoritisnw que pocas naciones podrán exhi- veer con i,nagotable munificencia á loR qne en la mn.ni- guridades de la dinastía.
birlo á. tal grado.
.
gna defienden con tesón la ensei'l.a de la u Estrella Solita·
Bien sabe él que puede contar con el nunca deementi•
Conocido es el pueblo que toma parte en la contienda ria.»
·do patriotismo del pueblo, capaz de los más heroicosépolítica de la Uni6.n. Ya s~ s~be cómo luchan los partiCierto es que diariament.e se publican noticias dP dPrro- inaudit.os sacrificios.
dos americanos.-No, no es cierto que el pueblo sea el que taR parciales de los insurrectos; qne, á la mnPrtf'! de .José
Antes que continuar en esa lucha tenaz que se prolon• ·
cubra en los Eatndos Unidos, los puestmi públicos. Allí, Maceo, hermano del eegnndo en jefe del Ejército insucomo 'en tod'ls partes del mun"do, los gobiernos soa los rrecto, ha seguido la de Zayas, otro de los principales en ga indefinida.mente, que el pUeblo declare, por medio de
que acuden á cu~rir estlos puestos e~tre los suyos, que lAA filas separatistas, y que si hubiéramos de i=nmar las ene legítimos representantes, si está como el gobierno denecesariamente tienen que ser .sus amigos. Y tal ensanche cifras de muertos enemigos. según los partes de batalla cidido á gastar la última peseta y mandar el último solse da en la nación vecina testa facultad, qne aun cargos rendidos por oficiales f'spafiole11. resultarfa una cifra fa- dado á defender. el patrio suelo en los campos de Cuba.
Hace tiempo qoe lo venimos repitiendo: es necesario
pertenecientes ii un~ fnnción adruif!istra~i ta son otorga- bulosa: es verdad que Antonio Maceo e11tá. limitwfo á la
dOf! ¡t individuos afihadoa en t&gt;l partido trrnnfante. ¡Has- provincia dei Pinar del Río, det.enirlo poi- la trorha, y que dar autonómía real y efectiva_ á la revuelta Colonia ¡Ojata ios porteros de los ministerios remudan la facrión de- ni l\1Áximo Gómez ni Calixto García. Qne ot&gt;Prnn en las lá. sea tiempo todavía!
m6cuta cuando sucede á la republicana!-Y precisamen- nrOvincias de Oriente están en P01:.1ibilidad dP darle auxiX.X.X.
te esta renovación en el personal de la política es la gran lio y efectuar nueva concentreción. como pndiPron hacer28
de
agosto
de
1896.
razón que presentan los demócrat.as pur Bang, que quie- lo con pasmosa celeridad y concertados movimientos á
ren que todos los ciudadanos vayan interviniendo por fines del p!lsado afio; hay que confesar también one no
tnrno en la cosa pública. He aqní lo que pasa en est-A han logrado todavía los qne eueffan con la República CuResultado de nuestro concurso MnsicaJ.
planeta. Cnando la comunicación con Marte permi• bana tomar posesión de alguna ciudad 6 puerto de imta adquirir datos acerca de lo que ocurre en aquel astro, por♦ ancia y pers~uidos sin deecanso ó scechados por los
tal vez 103 refractario11 de la poi ítica positiva tengan ba- regimiento'! castellanos no se dan ellos tampoco, un m~México, Agosto 27 de 1896.- Señor Director de Ei.
se m1s sólida en que apoyar sus palabras Entre ·tanto, mento de reposo. Pero la insurrf'cción está en pié: ]as
MUNoo.-Presente.-a.1uy Señor nueEitro:
bueno es referirnos á lo que ocurre en la Tierra.
ene~fas desplegadas por eus corifeos cobran á cada moComisionados como tuvimos el gusto de ~erlo por Ud.
mento nuevos bríos y el comercio paralizado, las fnentes para designar la partitura acreedora al premio en el sede riqueza segadas. la ágricult,nrafalta de brazos, los in- gundo concurso mu~ical convocado por el semanario qne
genios. las hacienñas convertirlas ~n montoneR de hu- dirige, hemos examinado detenidamente las cuatro par•
~t
meante~ vaveR&amp;R. tienPn á la infeliz Antilla. Pn lamenta- tituras escritas sobre el libreto titulado nSobre el Océan9»ble est.ado. y dejan á. Espaf'la falt.a de los elementos pe- y acordamos adjudicar el mencionado premio al autor
Un estimAble colP.ga-el defensor más constante de una cuniarios que la Isla revuelta debía proporcionar para que firma**** *T. entendiendo que es la obra que espolítica anti-americana-acaba de publicar un artículo, 1011 li(astos de la campaña.
tá mejor escrita de las que revisamos aunque, como ea
r('Cordando al _.lfaican Herald laa víctimas de México en
Y en tanto que la revolución aparece más difícil de do- natural, no sea una obra perfecta.
nuestra lncha de hace cerca de medio siglo contra los meffar y que los recursoe propios y ext.raffo@ l]pgan en
· Suplicamos á VJ. que en las columnas de eu aprecia.
inexhaustos raudales á poder de los fautorea dP. la indeE,tados Unidos del Norte.
Permítanos nuestro cofrade que le digamos que las na- pendencia cubana, la madre patria se agota y fatiga en ble periódico envíe nuestra felicitación ú. los demás conciones modernas no conservan esos viejos odios, y q_ue ñ~esperados esfuerzos; ve perecer en los camoos, al file:, currentes, porque aun cuando hubo un&amp;. obra superior'
ya se han dado al olvido aquellos arraigados antagonis- de los machetes insurrectos, ]a flor de sus hijos queridos. las de ellos eon detomaraeeu consideración, pues revelan
mos. EsM hogueras se han extinguido y de ellas sólo res- ó los mira vol vE'lr á sus bogares enémicos y enfermizos, á. muy buenas aptitudes y gran empeño en el trabajo.
Creemos hab1:1r cumplido con nuestro deber y damos A
ta un puñado de cenizas que un gran hábito de eolidari- ca.usa del mortífero clima de la pantanvsa manigua y la
da.d--dentro de las modernas necesidades sociales-se ha abrasada costa; mira con dolor que aquel patriotismo cua- Vd. las gracil!B por la honrosa comisión para la cual sesi espartano qne despedía á. los primeros batallonf's en ha servido designarnos.
enca~do de dispersar.
Sus afectísimos, ate11t.os y SS. SS.-Gustavo de M:_ada.
Recientemente hemos visto que una escuadra fransesa las costas peninsul,ues, al embarcarse para la sinnpre fiel,
toca it u u puerto de EspaB&amp;, y loa habitantes, sin acordar- entre aclamaciones de entusiasmo y cánticos triunfa.lee, Campos: - [Rúbrica].- -Antonio Cuyáa. -[Rúbrica]
se de que aquellos hombrea pertenecen á. la rat:a de loa ee ha convertido alg,ma vez en sentimiento hostil, y hae- Modesto Julián •....:....[Rúbriea.J.•
invasores de 1802, organizan brillantes festividades, el ta se ha necesitado de la intervención de la fuerza atmaabierto el sobre correspondiente, se halló que la firma.
recibimiento raya en los límites de lo frenético, y los ad- da, para evitar ó Aofocar las ab\erta~ protestas y las mal ***** T1 amparaba el nombre del Sr. D. Francisco de P.
versarios de antaño se confunden en un fuerte y frater- comprimidas anej11s de aquelloR mismos que ayer nada Lemus de Morelia. quien tiene á su disposición el pre-nal abrazo. Nin~(m periodista estampó en la prensa los m1h1 Pran voz de alfento y prenda de eeperanza á los bi- mio á qne se hizo acreedor, en nuestra.a oficinas.
.
nombres de Dao1z y Velarde, que habrían aparecido co- sonOR s•I fados.
Participamos á nuestros lectores que la semana próximola leyenda del fest!n bíblico en el banqueta de la CoPero hay m~s t;rnfa\Tía, hav algo o\)c:¡cnro y fatídico que ma eabre111os el re.3ulh.do del 3? y último concurso.
f'nlW'lmbrPce con tintes tenebroRos el horiwn~P polít.ico
rnfl.a.
Adem~s, -para- ser consecuente el colega con el princi- de Espaifat y hace que ann loR que siempre bemof.l cnn-·
pio de reavivar esos rencores pasados con los nombres de fiado en la poderoea vitalidad y patriótica energía del

&amp;0

AG&lt;)STO,

1896.

ELMUNOO.

lu~~ªªd fa

"R omeo
•

Los sefiores Jurados que se sirvieron dicta.minar en el
Concureo abierto por EL l\frsoo, concedieren medalla.de
oro ii la colección de grupos del Sr. Lic. Requena. la cual
está expuesta en las oficinae de nnPstro periódico. Supuesto este fallo, natural es que publiquemos algtinos de
1°1:.1 grupos, y tomamos dos &amp;cogidos ni azar. 11R011ieo y
Julietw, y «El consentido (U la .Abnelita.u El Sr. Requena no
e~ un fotógrafo de profesión, es un amateur, y se ha de-·
dtcado al estudio de grupos infantiles.
En nuestros próximos númeroe, darPmos también á
conocer algunas de las otras obras premiadas en nuestro
Concurso.

•

Concurso f"otográ.fico.

:Ptrlítictt !ltllttttL

~n t,ttt~tJ

JESl'S ARl::(;HIGA.

NUEtiTROS GRABADOS
Orquesta Típica Oaxaqueña.
Una de las particularidades mtis sefialadas en Oaxaca
ee el entusiasmo con que jóvenes y señoritas se dedican
al estudio de la música, afición orgánica por decirlo así
que se extiende hasta los pueblos más insignificantee.
Ni hay J?Ueblo sin banda de música, ni BE::iiorita que no
toque el piano discretame11te cuando menoe, y como es
natural, dadas estab buenas disposiciones artísticas, facilmente se organizan veladas y conciertos públicos,
Piempre con un fin benéfico, como el que tuvo lugar el
Domingo 15 del corriente Pn el Teatro Juarez á. beneficio de las conferencias de San Yicente de Paul.
· A la demanda caritativa, acude prPsuroso el pueblo
oaxa.quefio y llena lna localidades del J uarez, tanto más,
Pi como en la noche á qne nos r1&gt;ferimos toma parte en el
festival la di va Sra. Ochoa de Miranda "t la Orquesta Típica-que dirije la Srita. Mercedes Rey, maugura sus trabajos públicamente.
Un completo éxito obtnvo el grupo de sei\oritaa que
componen la Orqut&gt;eta Típicn ( cuyo grupo publicamos J y á quienes enviam~ nuestros más cariñosos plácemes, por sus trabajos y caritativos sentimientos.
El teatro vióse tan concurrido, que el Ilmo. 8r. Guillow, hubo de ocupar un puesto en el palco de Sr. Gobernador del Estado.
~
Lae Srita1:.1. que forman la Orquesta Típica Oaxaqueña,
son las siguientes:
.
===:::;
Octavia Barrundia. Rosa Larrañaga., Dolores Romero, María Hinriche, María Zorrilla, Rosa Gavito, María Gavito, Cá.rmen Rufz, Mercedes Gavito, Ana Hinrichs. María Soto Cavero, Isabel Rendón, El vira Par~
do, Rosario Butrón, Luz Hernández, Herlinda Perez
Montafio, Mies EnriquetaN., Julia Sodi, Trinidad CajiJa, Luz Barrundia, Lnz Rendón. Directora y Profesora,
Mercedes Rey, Elena Sodi, María Hernández, María So·
to Carrasquedo, Saru Sodi y Guadalupe Baigts.

:=:

gn.errit p.erman.ent.e.

•

y Julieta" y "El consentido de
la Abuelita."

A la ·convocatoria que para el concurso fotográfico J1i1.0
EL l\fuNDO eo Enero del corriente aHo, han rtspondido
muchos artista.A y amateursde la República, contribuyendo así á que el éxito del certamen, superara á. cuanto bubiérnmos podido imaginai no~. ·
El importante ramo científi'co-industrial llamarlo á
concur~o, ha obtenido en el país el más alto gndo de
perfección, y prueba palpable de ello hemos tenido en
laa novecienta~ treinta y sietf'I fot(lgraffas, que sobrtl divetEos asnntoi:1, rt:mitieron á la junta artística cincuenta.
y cna.tro opoeitores, cny&gt;1A obras por la limpié.za df' ejecución y clari&lt;l~d de detallee, merecieron los más sincerOR elogios dPI jurado.
LJ?s SrPA. I!1geni1&gt;:o Fernando F~rrari Pérez, Dr. Angel
Gav1f'io IglPFJas y diputado Franc1sco Palencia, personas
competentísimae en asuntos fotográficos fueron los desi(?nados parn jnt&gt;Ct"S del concurso.
'
&amp;:is horaq in virt.ieron en _el examen de los trabajos sometidos á concurso y cons1dPrando qne· dado el mérito
de D;mchos de ellos Pran insuficientes los premios que en
la. convocatoriH. se sPñalaban, acordaron. obrando co·1 ent.f'rJ\ libertad é indéoendPncia. y con el beneplácito de
E•. MONDO, hacn la clasificación de obras y expositores
dignos de premio, y que la suerte.designara á. quien debiera adjudicarse Ja rf'RpPctiva medalla, otorgando á los
demás concu~nntes clasi_ficados en prjm_er lugar, diploma qnP O&lt;'.red1te PI premio que obtuvieran por sus bien
acR bada1:1 fotagraffas.
•
También en vie,tH; de la bellPZfl y perf@cción de IBA pruebaA pre1:,1entadas, dispuso el Jurado acordar p1Pmio5 dis~n~os para 11Retratos y grupos,n considerados en un solo
rncnio en la convocatoria.
He aquí la decisión del jurado:

Galería de GoEernantes.
. EL Murrno se propone pnblicar en sus páginas loa retratos de los Gobernantt-S de la República, para que d~
este modo loa coleccionadores de nut-stro semanario tengan en sus tomos la série de personalidades que han intervenido en la política actual
Hoy damos los retratos dP- los Sres Aréchiga, Mercado
y A.humada, GobernadoreR últimamente reelectos de los
Estados de Zacatecas, Micboaciin y Chihuahua, y ofrecemos compl~tar la galería, ií. medida que se ofrezca la
oportunidad de hacer las restantes presentaciones.

ic.A.. de-R. Lysle, único métnclo r1fpido racional, anglo•
americano para. aprender el idioma inglés y el es¡¡,aflol,
en tres meses sm maestro.» Todos los que en México.se
han dedícadn al estudio del inglée, han t-enirlo oporturJldad de apreciar las ventajas de este método, que no vacilamos en recomendar á nuei;tros lectores.

N ota:s de la Semana •
Según anunciamos oportnnamentP, .ayer. en el Tívoli
del Eliseo, fuéleoírecido al Sr. )linii:;tro de Just~ia, Lic.
D. Joaquin Baranda, por numnosoa de sus amigos y
compaf\eros profesionales, un banquetf', al cnal concurrieron unos doscientos invitacToe. Notable fué la animación y el agrll.do que presidieron en este ágape, testimonio de las simpatías sinceras con que cuenta el Sr. Ba.1
randa; muchas copal!I se levantaron por su salud; el obsequiado habló en limpio y galano estilo, y le reFpondieron num~rosos de sus amigos con votos cariñosos por su
felicidad .
.
Los Sre1:.1. Moel er Bowen y Cook sucesores. agentes de
las afamadas cajas de seguridad Mosler, se sirven participamos que han trasladado el local de FU importante
negociación, de la:~ del'5 de Mayo número 4, á. la calle
de la Alcaicería número 27.
·
Sépanlo los numerosoe clien.tes de la mencionada caea.

•

RETRATOS.

GRUPOS.

Gran prem:io. Medalla de oro.-Núm~ro 17. Sr. Lic. José Luis RE&gt;quena, d~ México.
,'ygundo J,remio.-Número 22. Sr. Eduardo Berna] de
Hermosillo, Sonora.
'
VISTAS Y MONUMENTOS.
Primer premio.-Número 28. Sr. Lic. A. Arroyo de
,Anda. Guadalajara. Medalla de plata.
Número 11. .Sr. Lorenzo Becerril de Puebla. Diploma.
8. ,, Ignacio Romero, de Campeche. J)i ploma~'
&amp;gundo premio.-Número 8.-Sr. M. Romero Ibáñ&lt;'Z
de Oaxaca. Medalla de bronce.
'
Número 2.-Sr. M. M. A~ilar, de Zacatecas. Diploma.
. Tercer premio.-Número l. Sr. Emilio Leal, de GuaP.a•
Juato.
Número 7. Sr. J. P. Chá.vez, de México.

INTBBIORES.

INSTA.li-TANltAS.

Primrr premio.-Medalla de plata. Número 6. Sr. Dr.
F. T,. Ort.iz, de León.
,Snn.mdo pre11tio.-Medalla de broace. Número 14 Sr.
C. H. BarriE&gt;rP.. de Guadafajara.
·.
Nómero 12. Sr. Dr. Armeudáriz, de México.
CieNTÍFICAS,

_ Prim.n- µre-mio-Medalla de plata. Número lfl. ~res. J.
....abadjé F:ucs. por sus fotografías á través de cuerpos opacos.
&amp;gundo prnnio.-Medalla de bronce. Núiuero 12. Sr.
Dr. Arruendáriz por microfótoJ?raffas.
TerN'r pre111io.-Diploma. Número 8. Sr. ll-. Romero
Ibáflez por microfc,tografías.
E$TBF.F.OSCÓPICA~.

&amp;gundo premio.-Número 50. Sr. C. Spino Barros, de
,México. Medalla de b1once.
Próximamente enviaremos á los agraciados los diplo.
mas y medallas y daremos publicidad á muci\,as de Ja1:1 fotografías del concurso.

•

Libros recibidos.

Priml!T premio.-Número 15. Sres. Torres hermanos,
de México. Dipk,ma.
Número 4. Sres. Méndez hermanos, de San Luis Potosí. Medalla de plata.
Número 16. Sr. F. Bustamante. df&gt; Pn~bla. Diplom~.
Segundo premio.-Número 9. Sr. J. M. A.guilur de Zacat.Pcas. Mf'dalla dF• bronce.
·
Número 3. Sr. Ignacio Romero, de Campeche. Di~
plnma.
·
TerCl!T prem.io.-Número 10. Sr. M. de la Flor de San
Juan Bautilólta Tabasco.
'
Número 13. Srt's. S. Olmos, de Morelia.

Primer premio.-Número 11. Sr. Lorenzo Becerril de
Puebla. Medalla de plata.
'

~JIGLEL ,\Jlr)IADA

127

ARISTEO :MERCADO.

El sabado último, en la-casa del $r. D. LucfanoCobian
efectuóso una audición musical. de lo más ameno y va~
riado que podía esperarae. La Sra. Guadalupe:8. de Cobian, cantó algo de Otello, con Aotable maestría. El trío
Pérez•Rivas obtuvo muchos triunfos. La Srita. Esther
Mañón cantó con notable expresión algo de Traiiata y
el Sr. Profesor D. Antoni.J Cuyás cautivó al audito~io
con algunas piezas magistralmente ejecutadas en pian¿
y ji?Uitarra.
Fué aqueila una encantadora soirée musical.

Otro pago de $1,048.31 de "La Mutua"
EN UUAM.A...~TLA.
"La. 1.lutua de Nueva. York," cu Hnamn.ntlla, Estado de Tla.:xca.J&amp;
Exceleucta de su forma.de SEO URO denominada CON DE\'OLUClON oii
PRElDOll.

Huamantla, Agosto U de 1800
Sr. D. C&amp;rlQS Sommer, Director general de "La Mutua." de Ye,,.

York en est.a. Repúb11ca..
Muy dfsti~lido seilor mio:

México.

Cumple á mi gro.titud. diri~rle la presente para manlfe.'lt.n.rle qu8
a:1;1te el Sr. Lle D. Aglli,-ti.n llaldomdo, Juez de I = lnslAllCla de C:bte
DIBtrlto, el Agente .sr. Antonio.A. Xéjera, !&lt;U envladoe:-;pecial, hae,.tregá.dome y 1eclbldo yo é. mi entera i:atMacción. los u~ :"l[IL cuA.REl\.'TA. Y OCHO PESOS TREINTA. Y UN CE;&lt;;TA\'OS [l,Ocl$.31 cs.] import.e
de ln. póliza m\mero 721,m, que en esa poderosa COmpailia el 1:11:llor
mi finarlo e ~ Sr. D • .Allildmo ll. Rui: .11 Moreno de:-1¡.;ruindome su

beneficiarla., tomó en 21 de O,:tubre último.
Aquellacanddad fónhanla. $1,000 valor ori¡zinal del Seguro máa
8-'18 31 valor de los pre.mios que pagó mi c.Hndo esJlO!'O, y que e~·eomP8ñia. me devneh·e con la. integrldru:l. y eficada. que le son peculiares
hacln. todoo J0t; lkguradrni. Por &amp;-to, honorable sellor Dlre&lt;.'tor con~ole en la prci;ente para su publicidad. si lo j~a conveniente
1lll8 vote'.)!! de gratitud hacia usted y bacía esa grandio!&lt;A InstituclórÍ.
de Seguros "La·Mutua·' !\quien bendicirislempre junt.nmente con la
memorle. de mi previsor espo:,;o.
Cumpie á mi deber entregar pe.ra su cancelación la referida pó\11.a
Y i:;u."&lt;·r1bl_rmede u.c;te&lt;l r_e.!\petuotmmente S. S.-CA.RLOTA L. o.s: Rnz'.
-Me consta. el acto referido en la Cárta que antecede.
Huama.not I' '8(t1:«Jl!V apl~.-A. l!A.LDu:.:.H)IJ •

�•

EL MUNDO.

El consentiJo de la a bu el ita

30

AGOSTO,

30

189~.

AGOSTO,

1896.

•

c.~nDENAL SAN FELlCE DE ACQUAVELLA, arzobispo de Ná¡&gt;Clles.
candidato del Rey Humberto.

De la colección de grnpos del l¡ic. Requena, pi·emiada con medalla de oro en el concurso _fotográfico de "EL l\lUNDO."
[Grabado en los talleres de «EL MUNDO.]

•
.

.

¿QUIEN SERA EL FUTURO PAPA?
Nada hay más triste que el{fin de nn reinado. Los corte•
sanos no solicitan ya los favores de un .poder cuya du~ción no lee ine°pira confianza, y por. inexorable f~tahdad de la naturaleza humana sa prohlbe á. los anc1a.uos
h;1ceree nup,•os amigos.
•
1~ón Xlll sufre la ley común. Lo~ eeplendores de un
pnntificado que ha sabido hacerglor1oeo á fuerza de geni,1 político, no podrían ilusionarlo respect.~ á. loa presagios qne se acumulan alrededor de él. Ha vu1to def:lapar,•cer uno á, uno los fiel~ colaboradores que, -para darle
pruebas de una devoción personal exent. de ~do c1Uculo ,. dQ toda previsión, no esperaron ti qi.Te se mstalase en
el \"aticano.
El cardenal Laurenzi, que durante 32 años ~abía
sido sn vicario general efl Perusa¡ monseñor Rotelh, que
había ef'cnndado con una inteligencia tan. nnffll)lP. _loe
p.-oyect0e de la política pontificia en Fnmc1a y en Orien-

te; ruomeflor Boccalli, E:l confidente m~ íntim~ Y más
seguro de toe secretos del maestro, han e1~0 beridoe por
la muerte en cortos intt-rvalos: los peregrinos no son más
Que un recuerdo. Por último, el cardE:nal Joseph? ese
hermano tan tiernamente amado, á. quten la Providencia parecía haber conse1vado ~erca del Papa co0;0 un testimonio viviente de la, longevidad de los Pecc11 ha sucumbido á. su vez al peeo de los afios.
El vacío @e ha. hecho poco á P_?C&lt;;&gt;1 y el Santo Padre se
encuentra aislado durante esta ':ll~una y dolorosa etapa,
en que es tan necesario á los v~e1os tener . .a.l~dedor. de
sí amigos fieles que con sus piadosos art1fic_1oe les impidan al decli~ar la vida 1aper~ibirse demaa1a~o de los
anhel~ impacientes, que despierta una sucesión sobrado lenta para iniciarse.
No creería uno-sin embargo es la verdad-que los que
rodean m~vicario de Jesucristo, AOn los que le ,ecu~rdan,

129

EL MUNDO.

'

sin cesar, la ley taiat cuyas inexorables ex~genciash:
ejercen temprano 6 tarde, sobre todas las cr1aturaa
maoas. D.el palacio apostólico es de donde part~n l,aa_!.t
ticias alarmantes, en -que la más insignificante rnd 1s ~
ción del Santo Padre, se eleva á. la altura de una gr&amp;fl
enfermedad.........
n11
Un decreto del Papa S!maco, prohibe, bajo las pe
más severas, c,tratar de la elecci6o del futuro Pontífice
vida y i sabiendasdeeupredeceso_r ..» Eate monumento egislativo se distingue por su pre'\-'1s1ón y es venerabl~
su antigüedad. Sij remonta, en efecto, al af\o de gracia
499 y trabajaría uno mucbo para encontrar en el _cuerpo
del' dercho canónico, uua disposición que haya Sido~
novada más de una. vez. Detgraciadamente le.a leyes
prudentes, son las máe frecuentemente violadas.
á 4
Cuando un cambio de reino comienza á aparec~r
menos próximo, ninguna decretal ·puedQ im¡,edu 4. OI

r

i:

mi

-cardenales que cambien ideas respecto á. un acontecimiento, que constituye el único objet.o de sus preocupaciones. De hecho1 el Cónclave está abierto¡ no le falta
más que la vuelta. de llave. Los papabili son designados,
los papeggianti se ponen en obra, y si no se puede aún
prever con una certidumbre abt.oluta los resultados de la
batalla, se sabe cuando menos en qué terreno y entre cuáles adversarios se librará.
Bajo el pontificado de Pío IX, el SacN Colegio hab(a
-conservado sus tradiciones aristocráticas; aunque la fami lia de los condes Mastal-Ferreti ~stu viera lejos de distiugltiree por el brillo y la antigüedad de sus orígenes, el
Papa gustaba de rodearse de grandes señores. Se sentía
orgulloso de contar, entre los m1ts altos dignatarios de la
1... 1eeia, á. nn Bonap.i.rte, un S~hwa.rzemb:rgen, un Ho.:ard, un Hoheplohe. .Bajo su reinado, los hombres más
ilustres de Italia: los Borromeo, los Riario-Sforz&amp;, loe Altieri Chigi, Vitelleski, A.ntici Mattei, estabJn inscritos
en la lil:!ta de loa cardenalea.
Le6n XlII no ha maniíestado la misma predilección
que su antecesor por loa prelados con título. L1. alta arist.acracia europea no estará representada en el -~ncla,·e,
sino por.el cardena l Hohenlohe, que se halla_'sm rnfluen,cia y sin crédito. El card,mal Bonaparte, que acaba de
morir, se había, desde hace varios afios, e:ondenado á. un
retraimiento absoluto. El patriciado romano ha desaparecido completamente del Senado de la Iglesia.
Las fawilias históricas del No rte.Y del Centro de Italia hau dejado de dar corno en loa tiea.n¡,os pasados, un
numeroso contingente al ministerio eclesiástico. Las~~ovincias meridionales son la sola re_gión donde los h1Joa
'menores de las casas ducales 6 reales, todavía PacP.n canera en las órdenes sagradas. Pero excepcióu hecha del
pequeflo grupo nt1politano, la gran mayoría de los c::ardeualea italianos, pertenecen á la burguesía. ínfima y pe-quei\a. Algunos de entre ellos han teuido un origen completamente pldbeyo. El cardenal Ferrieri y el carde?~¡
13.ntolini, que1 cuando vivían ocuparon un puesto pr1v1lt&gt;giado en loe consejos de la Santa Sede, tenían p~r padres, el primero á un criado y el segundo á. un carnicero.
Los cardenales Martinell i, Simeoni, Masotti, Massaia,
·eran igualmente de un origen muy modesto1 ):' ~l que en
-e1 próximo cónclave parece tener m,is probab1hdades de
ser electo¡ Monseñor Parocchi es bijo de un molinero.
Sin embargo ~s de notarse que durante los últimos
atlos, el númerÓ de cardenales de origen puramente democrático, ha disminuido un poco.
.
En la fracción italiana del Sacro Colegio, una preponderancia casi exclusiva pel'tenece á la clase media que ha
1hecho la unidad política de la península, sacando prove-cho de ella¡ puesto que hay ~ocos cardenales que º? ten,gan en su familia uno ó vanos empleados del gobierno.
Así ee explican las tendencias que se manifiestan en
los conciliábulos secretos donde son discutidos los títulos de numerosos candidatos á. la sucesión de León XIII.
Obliga.dos á. optar entre sus. deberes hacia la Iglesia,
-que se haría incapaz de llenar su misión en el mundo
á_ partir del día en que el Papado hecbosiervo, se_c~nvirttl!se en un instrumento políti.;:o del cual loa Qll~letros
del Quirinal usarían á su antojo, y su liga á una dmastía
nacional que es el símbolo de la unidad y de la gran~eza
de liU patria, los miembros italianos del Sacro Colegio se
·di video en dos campos. Los unos sacrifican, no sin pena,
sus sentimientos íntimos de hombrea y de ciudadanos á
los intereses supremos de )a religión; loa &lt;.?trnF. se esfuer·
zan en conciliar de la mejor manera sus Jurameni(?S de
sacerdotes cou sus simpatías personales por el gobierno
del rey Humberto y el deseo de no perjudicar el porve•
nir administ.rativ~ de los funcionarios á los cuales estú.n
1.1uidos por lazos de parentesco estrecho.
Los dos partidos, en presencia uno df•l otro, parecen
·disponer de un núuiero de \"otoJ:C cu11i igual; pero los detfensores d:e la ind~peudeucia &lt;le. la Santa Sede tienen so-

CARDENAL PAROCCHT, obispo de Albano y Vicario general de s. s.
Candidato de los Independientes.

bre sus adversarios la superioridad de la disciplina. No
reconocen otro jefe que el cardenal Pa.rocchi, en tanto
que existen profundas divisiones entre los conciliadores
d outr(lnce. Unos esperan obtener del Quirinal las condiciones más favorables, votando por el candidato de
Austria y de Alemania; otro3 preferirían resignarse á una
capitulación pura y simple,, dando sus sufragios al candidato del Rey; otr,lB 1 en fin, piensan, que sería más há.bil hacer triunfar al candidato de la Reina.
Desde que una enfermedad incurable hizo desaparecer
al ·cardenal Mónaco la V .1.lleta dP la lista de los papabili,
el partido de la independencia no tuvo solamente la ventaja de no ser debilitado por ninguna división interior¡
tuvo también la bueua fortuna de abrigarse á la sombra
de un !1,0mbre uni erealmeute conocido del episcopado
extranJero.
El cardenal Mermillod decía á los eclesiásticos que estaban de paso en Roma: «No olvidéis SQbre toJo irá ver
al cardenal Parocchi, es e! porvenir!» Se asegura que León
XIII, informado de este prop63ito, dej6 discretamente
sorprender aua. sentimientos íntimos, d1ciendo al antiguo
obispo de Ginebra, con un dejo de melancolía: «Ah! os
agradezco que hayáis venido á. ver al pasado,11
Las previsiones del difunto cardenal Mermillod se remontan á una decena de años y h:rn sido confirmadas por
los acontecimientos: Monsef\or Parocchi ha llegado á ser
el personaje más considerado del Sacro Colegio, el Papa
de mañana.
Sus adversarios más declarados se ven obligados á. ha•
cerle justicia. Su fuerza y energía lo han hecho llegar á
los escalones más elevados de la gerarqu(a eclesiástica.
Su nacimiento no le permitió entrará. la Academia de
loa Eclesiá8licos Noble.s y hacer carrera en las nunciaturas,
después de haber completado sus ,¡;studioa en el colegio
Capranica. Hijo de un molinero de los alrededores de
Mantua, foé educido en el seminario dioce3ano, y es acaso el solo cardenal itsliano que baya sido cura aotes de
ser obispo. Pero para ocupar un sitio de relieve en el
clero de la península, no tuvo necesidad de es~rar á que
el P11pa lo hubiese educado en el episcopado. El cura de
San Gervasio de Mautua, pasab11, con justa razón por el
predicador más notable de Ir.alia. Había tomado á Bossuet y Lacordaire por modelos, y aunque estaba obligado
&amp; hacer más de una concesión, á las exigencia.a de un auditorio habituado á las redundancias enfáticas de la cátedra it.aliana, se encuentra algunas veces en sus sermo·
nes un reflejo de la elocuencia de los grandes oradores
franceses .
Un soplo de indiscutible potencia circula a través de
la arenga de la be..,dición que dirigió, en 1867, ((al mag~
nánimo rey Víctor Manuel, al Gobieruo 1 á. las Cámaras,
á la sociedad civil, á la Italia1 tierra de los héroes y patria de los santos. »
Después, este movimiento oratorio le fné reprochado
muchas veces al antiguo cura de San Gervaaio. Sus enemigos lo llaman ahora 1tJanus QuadrifroRa» y lo acusan
de haberse convertido en uno de los más intl'atable.!
adverearios de toda reconciliación entre el Vaticano y el
Quirinal, después de habe!° prodigado su.a bendiciones
entusiastas al soberano que bab(a hecho la unidad de
It.alia.
Esto es fácil de explicar: en el fondo de su conciencia
de sacerdote, Monsenor Parocchi no ha podido perdonar
á la dinastía de Saboya, que haya confiscado el dominio
temporal del Papado. Llamado á la silla episcopal de Pavía, ha luchado p:ilmo á palmo contr¡1, las autoridades civiles; promovido má.s tarde al arzobispado de Bolonia,
tuvo con el prefecto de Ja provincia y el consejo municipal de la ciudad debates ruidosos que le hicieron rehusar el exequatur.
Los ardores delicados de uno de los prelados que habían protestado con la mnyor energía y pérseverancia
contra la entrada de l11s tropas italiauaE en Roma, se han

CARDENAL SERAPINO YANNt'l'ELI.I, obü;po de Fmnscatl.

Candidato de In. Triple AJfo.uza.

amortiguado poco á poco bajo la influencia de los afios.
Una permanencia prolongada en el palacio della &amp;::rtfa
ensefló al cardenal ,·icario el arte de manejar á los hombres y de tener en cuenta los acontecimientos. Sin consentir jamRs en abdicación alguna de principios, Monee. f\or Parocchi ha sabido esquivar, con un tacto tan tmperior á. toda. elogio, los conflictos que parecían inevitables
· en la administración de una diócesis, en que el incidente
más fútil en apari&lt;'ncia puede llevar de nuevo al estado
álgido las dificultades de la cuestión rom·aµa. Gracias á
la extrema moderación, de que el más hábil de loa colaboradores de León XIII ha dado pruebas en la cuestión de la~ peregrinaciones, fué sofocn.da en su germen
una de las crisis más peligrosas, y si las elecciones municipale8 de la Ciudad Eterna han dado diversas veces
. resultados de que los partidarios de la Santa Sede no deben estar deseo u ten tos, es porque,:el Cardenal Yicario no
ha sido completamente extraño á la elección de los candidatos.
:\J. Parocchi ejerce desde hace doce años con honor y
éxito funciones de las cuales se fatigó en el espacio de
once meses .!U predecesor, el cardenal Móuaco la \?alletta. Roma es la diócesis más dificil de administrar que
exista en el globo.
Un clero secular más dispuesto á. enfeudarse á. la fortuna de los papabili que á ejercer el ministerio sacerdotal
con el celo deseable; órdenes religiosas de origen extranjero, expulsadas de su patri.1- é idlle á refugiarse á. la sombra del Vaticano¡ padres arrancados á sus diócesis por
gobiernos perseguidores y reducidos 1i. la mendicidad en
sotana; al lado de estos infortunios dignos del más alto
interés, una bohemia eclesiástica llegada de. todos )os
puntos de la cristiandad, miserias sin número que aliviar
con recursos reducidcs, 11fü\ estricta disciplina qne mantener, sin hacerllamamientoalguno al brazo seculllr: tales
sf)n las dificultades de una taren en que el sucesor del
cardenal Mónaco la Valletta ha logrado contentará. todo el mundo y al Santo Padre.
El Cardenal-Vicario no se ha limitado ú. dar la medida
de sus talentos administrativos. En muchas ocasiones lta
demostrado una clarividencia y un espíritu político, que
han sido justificadcs por los hechos. Ningun miembro
del Sacro Colegio se pronunció más vigorosamente contni
la quimera de una inteligencia con Alemania, que sedujo
durante algunos meses la imaginación de León XIII. E~ta ctivergencia de vistas causó ciert~ frialdades entre tll
P~pa y uno de sus má~ devotos auxiliares; pero un dia
vmo en que las brutahdades del conde Herbert von Bhsmnrck, dieron sobrada raz6n á. la sagacidad previsora de
Monseñor Parocchi.
El antiguo cura de San Gervasio ha visto el Austria
en obra, en la ·época ea que ésta perseguía al clero de
Mantua, y Alemani.\ 1 que acaba de llevar al rango de los
semidioses al hombre del Kulturkamp", le inspira au1 1
menoR confianza; por otra parte, las vejaciones de toda
natural~a con que los representantes de la autoridatl civil lo han abrevado, en Pdvía y en Bolonia, no le han d_,-jado ilusión alguna sobre lo que quiere el gobierno italiano. Instruido por su propia experiencia, el cardenal}&gt;.~rocchi no v~ salud sino en la independencia del Papad"
y quiere eYitar á todo precio que, hajo el sucesor de
XIII el Vaticano se convierta en una oficina separada &lt;.le
las cancillerías de Viena y de Berlín 6 un anexo del ministerio de Cultos del reino de Italia. Para escapar 1í
este doble peligro, el catolicismo no tiene más que u11
medio,.~ inspirare&amp;; en la etimología de su nombre y 81-"t
una rehg16n extendida sobre toda Ja superficie del mundo, en lu~-ar de servir de instrumento á. una combinación
diplomá~1ca 6 de dejarse confiscar en provecho de una
sola nación.
Monseflor Parocchi parece comprender Ja necesidad de
volverá la Iglesia el carácter de universalidad que tenía
durante loa primeros siglos &lt;le eu. existencia, y ee el BOio

Le6,;

�30 AGOSTO, 18Vf$.

b:L M UNI&gt;U.

30

AGOSTú . 1 H\'f\

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Obsei•vatorio de los seño1.•es Ca.lmngn.e y VeJ.•.1nan.t.

, EL GRAN DESGUBR-HIIEN'l'O DEL-SfüLO X1X.
El Planeta l\'larte.
CARDE.NAL CAPECELATfü). ,\rzob:spo ele

&lt;:arma.

Canelidato de fa Reina )fargarita,

miembro italiano del Racro Coif'gio que mantenga r~laciones const.antPs con los carderrnle-s E'Xtranjeros. lfoni:;eñor J\1nmillod y Mom.eñor Lavigerie le tenfan t&gt;n altísima estima y le habían en algún modo designado á la

elección del íuturo Cónclave.
A falta de sus in.fluencias que hubiesen sido todopodeTOliBB, pero que de@graciadamente han cesado de existir,
ee asf'gura qne el Cardenal-Vicario podrá. contar con el
concurso de Mom•eñor Langenuix, arzobi@po de Reims y
de Monseñor Gibbons, arzobispo de Baltimore, cuyas
icleas sobre la necesidad de una aproximación entre la
Jglesia y el pueblo son bien conocidas.
Patricio por sus gustos y sus cirfgenes, León XIII ha
hecho con la democracia una alianza de razón más que
de inclinación; ningún antecedente de familia, ni prejuicio de educación 6 de nacimiento, alejan por el contrario
al hijo del molinero de Mantna de las nuevas capas socialts, de cuyas aspirnciones ha participado y cuyo poder
conoce. Si la ProvidPncia lo llama a~ solio de San Pedro, sabrá hacer del Papado una fuerza social, más que
una potencia diplomática.
Los adversarios de l\fonseflor Parocchi se ven obligados á rendir homenaje á sn erudición. Su cerebro eR una
enciclopedia· moderna. El Cardenal Vicario es el único
miembro del Sacro Colegio que tiene ideas netas sobre
)as cuestiones que eFtán á la orden del día. Su palabra
dulce y un poco lenta, es de una corrección irreprochable. Nacido en una de las regiones del Norte de la península donde la vieja raza céltica ha quedado casi pura, eee
lombardo habla el francé~ y el italiano con igual elegancia; no tiene solamente dos lenguas, tiene casi dos patrias.
A 'Primera vifita, el contrru:te es notable f'nt,re el Papa
y el Cardenal Yicario. En tanto que I.P.ói:i XIII se asemeja á una de esas aparicione~ ilf'gadas de lo alto y desprendidas de eu envoltura carnal, monseñor Parocchi,
con sus espaldas robmtas, sns ojos vivos. su rostro lleno
de líneas vigorosqs y regulares, produce la impresión de
una grandeza menos mística acaso, pero má~ humana. Si
se separan los ojos dt&gt;I tro~o ps,ntirlcal, con trabajo se
encuentra en el Sacro Ct.,leg10 una ca'qeza que parezca
mejor hecha para lleva1· un día la tiara, que la suya.
No es un misterio para nadie que loa votos de la Triple
Alianza, los tiene todos el cardenal Serafina Yannutelli.
Aun cuan~o _se_a de una pie~ad sólida y aun un poco llevado al m1et1c1smo, el candidato de Alemania y Austria
f'B nn diplomá.tico, más bien que un Facerdote. DPspués
de haber sido secretario de monseí'íor Meglia en México
y en l\.Iuryich, &lt;lelegado apostó!ico e11 el Ecuad11r y el Perú, nunc10 en Brusehe y en Viena, ha hecho f'n realidad
sus ensayos en el ministerio sacerdotal, á la edad de cinCl?,en~ Y ~res años, ~n calidad de cardenal obispo de la
d1óces1~ de Fraec11t1, donde no permanece cai::i nunca.
Por cerca qnP. est.é de la residencia epi@copal, prefine vivir en Roma. á fin de frecuentar má1-1 fácilmente los sa]ones aristocráticos, donde ni) desdeña loa éxitos mundanos.
Su hermano, ti cardenal \'focenzo Yannutf&gt;lli, ha hecho
igu_almente su can;era rn 1.a diplom~cia.. De!Pgado apost6hco en ConstantrnClpla, 111ternunc10 en el Brasil, nuncio en Lisboa, se ha distinguido por la flexibilidad de su
talento, la elegancia de PUS maneras, y no bay en el Sacro
Colegio un príncipe de Ja Iglesia que sea más buscado
p:ir la alta soeiedad romana.
Con menos brillo en la convenmción y menos facilidad
~n sus actitudes qne sn joven hermano el mayor de los
Vannutelli, el cardenal Serafino, ha ~~hido h2cers.e una
repnWción de piedad, que le permite lanzar su candidatura .. El car~enal \~incenzo, se coloca gustoso en segundo
térmmo, de~ando que su hermano aspire, y aun trabaja
por la elección de éste, la cual le aseguraría un Fitio preponderante en el Sacro Colegio, durante el próximo pon-

Y LA COJIUXICACION A TRAVES DE LOS ESPACIOS.
CARDENAL A:SGEL BIANCRT. Obispo de Pnlestriria.
Cundidato neutro.

t.ificado. Añadamos qne si .el nombre del obispo de Frasca.ti hubiera de ~alir victorioso del Cónclave, no habría
sido él por cierto el verdadero Papa, y su hermano no
f'jercería más que una medianf¡;iima influencia: el hom•
breque hnbiera conducido á su antojo la barca.de San Pedro, habría sido el difun•o cardenal Galimberti.
El antiguo nuncio apostólico de Viena, fué el agente
de la TripleAliam\a. Dos vec s fué enviado en misión
extraordinariaá. Berlín, y supo conciliar las buenaR gracias de M. deBismark y del Emperador Guillermo II La
maledicencia de las sacristías se dió un curso demasiado
libra á eus expensas.
Muy diestro; mny insinuante, monseñor Galimberti,
supo captarse las amabilidadPs de León XII[, halagando
sus gustos por la prensa. Fundó el Journal de Rome, que
ábandonó á poco para pasar al Mor,iteur de Rome, hoja
alemana, publicada en francés. El fué quien preparó
de mano maestra la ruidosa desgracia del cardenal Pitra,
desnaturalizando las intenciones del partido que no creía
en la eficacia dt- una alianza entre la Santa St!de y Alemania.
DnraJttetodo el período enqneel punto de apoyo de la
política pontifical estaba en Berlín, el diplomático que
había nf'gociado con l\L de BiEmarck la suspensión del
Kulturkampf y obtenido que la Cuestión de las Carolinas
se sometiese al arbitraje del Papa, gozó de altísimo
favor. Desde lofó\ incidentes que marcaron la visita ·de
Guillermo II y del conde Herbert de Bismarck, el cardenal Galim berti perdi6 la mayor parte de su antiguo crédi•
to, y el cardenal Ra,mpolla logró, sin gran pena, burlar
las tentativas demasiado ·frecuentes, que hacía.el antiguo
amigo personal de Bismarck, para encitar malas inteligencias entre París y el Vaticano, y llevarse al Santo Padre con el girón de la Triple Alianza.
Por haber defendido con demasiado celo los intereses
del gobierno de Berlín, el representante casi titulado
de Alemania en el próximo Cónclave, comprometió el
éxito de su protegido. El cardenal Serafina Vannutelli pierde cada día terreno. Al rehusar el arzobispaclo de
Bolonia, manifestó demasiado, el deEeo de vigilar por sí
mismo, todos lo.&lt;: días, á los amigos con cuyos sufragios
cuenta. Esta actitud ha producido la peor impresión en
el Santo Padre y en toda la fracción del Sacro Colegio,
que J.10 está enteramente enfeudada á Alemania. Un cardenal tiene ·el derecho de aspirar á la tiara, pero no debe mostrarlo muy ostensiblemente.
Mas si l.&gt;s primeros escrutinios no dejan á la Triple
Alianza, ilusión alguna sobre la suerte que espera á su
protf'gido Serafino Vannulett1, no vacilará en ligarse con
otro candidato; la primera y la última palabra de toda su
política en el próxim&lt;., Cónclave, será impedir la elección
del cardenal Parocchi.
Con exc~pción del pequeñísimo grupo de cai-denales
que se unió :'i. laforLunade los hermanos Vannuttelli, la.
mayor parte d~ los mie,mbros italianos del Sacro.Colegio,
los más llevados á. una r-econciliación con el Quirinal, desearían en el fondo de su corazón librarse de la tutela austro-alemana.
Su sueño eerfa hacer del Papado una fuerza nacional que
persiguiese en el interior una obra de paz en provecho
de la dinastía de Sa boya, y defendiese en el exterior los
intereses de Italia.
El Quirinal podría considerar !n cuestión romana co·
mo iesueltaj si l\Ionst-ñorde San Felice fuese llamado á la
sucesión de León XIII. El arzobispo de N á.poles está unido al soberano por el recuerdo del peligro afrontaio en
común.
·
Durant~ el cólera de lli184, ambos se expusieron á la ter~ible epidemia, con una intrepidez que l).izo la admirac16n de ~uropR.. DeFde esta época, el cardenal de San Felice, cuyo nombramiento fué acogido en un principio muy
favorablemente i:or los.legitimistas napolitanos, Ee ha

C..U:DENAL EE LOS .JF~'JUITAS )[O:S8 t:~OI!. MAZELL.\.

Candidato de los Jcsui:as.

·convertido en uno de los más derntos partida-rios de la.
casa de Sabaya.
No hay en Italia prelado qnti i,ea 1nás popular.
La rigurosa aueteridad de sn viJa, la extrt:ma simplicidad de sus gustos y por encima de totlo, el! caridr,d, quees inagotable, hao hecho de él el ídolo de los napolitanos.
l\fas estas virtudes qne han hecho la popularictad. de~
Anobispo, serán precisame1~te una canea de df'bi lida,d
para el candidato al Papado. Monseflor de San Felice es
un hombre de primer movüniento. Un dia olvida la reserva que conviene ásu alLa situación y no teme comprometerse en una luch"' electoral y mañana ee sientft presa.
de escrúpulos de monje l\.Ionsefior Dusmet, arzobh1pode
Catania y l\fonsellor di Rende, Arzobispo de Bldnavente,
antiguo nuncio de París, parecen cieciJilios á. sus!ener !a
CJ.ndidatura de Monseñor de San Felice; per-0 á ptasar de,
la influencia que ejercen en el grupo de cardenales napolitanos, no lograrán llevar al trono de San Pedro á un pa.
pa cuya política estaría sujeta ú. br11scos sobresaltos. Así'
pués, es de presumirse qne el arzobispo de Nápoleb será
~l primero en comprender la n~eeidad de apart,arse de,
la lucha, á fin de dejar el terreno libre al Cardenal Capecelatro.
Este es el candidato de la Reina. Es arzobispo de Capua, más no se duerme en las delicias de su diócesis. Di-fícil sería (lescubrir en el epiecopado italiano nn prelado
más laborio~o y un escritor más fecundo. Su Vida de Sm.
Catalina de Sena ha obtenido un grandísimo éxito y su
Doctrina Católica pasa. p'1r ser una obra maestra. Este libro ha snscitadoen Italia un m.:ivimiento de renacimien•
to religioso, semejante al que La Fe de ntw,tro., Padres del
Cardenal Gibbrms, hizo nacer en el nuevo mundo.
El cardenal Capecelatro pasa con razón por ser el miem•
bro más erudito del Sacro Colegio; des¡més de la muerte
de Monseñor Pitra, no se ha encontrádo ningún compPtidor que p111 da disputarle las funcione!&gt; de bibliotecario.
de la Santa Iglesia romana. No hay más qne una voz en
el clero italiano, para rendir homensje, 1m solam•:mte á.
su ciencia, sino ,í la pureza de su vida y á la afabilidad
de su carácter. El arzobispo de Capua _es un santo, pero.
es al mismo tiempo un diplomático. Hermano del director general de Correos del reino de Italia, mantiene relaciones en el mundo de los altos funcionarios del Quirinal; confesor titulado de la reina, es el sólo miembro del
Sacro Colegio que ~in atraer la atención del mundo diplomático pueda anudar negociaciones con la Corte. El
con.;urso que le prestarán los cardenales de Ruggiero y
Guarino, le asegurará. los votos d.el grupo napo1itano, al
mismo tiempo que el Quirinal usar1í dP. toda su influen•
cia parn reunir sobre le\ cabeza del candidat,o de la Reina.
los s11fragioi; de todos aquellos de los cardenales del norte y del centro de la península que son devotos de la dinastía.
Restan aún por mencimmrse, el cardenal I\fazella, can didato de los jesuita!&gt;, y entre los candidatos ueutros á.
Monseñor Biauchi, obispo de Palestina.
También hay que tP.Jier en cnenta para la f'lección, la
influemia que t-jerza la predicción del monje l\falaqnías,
que anuncia un ignis ardens después del lumen in ccelo, representado por el cometa del bl::1son de los Pecci. Para.
facilitar la reali1,ación de esta profecía, el cardenal Svampa, arzobispo de Bolonia, ha tenido cuidado de hacer tia.mear un sol e.obre sus armas ........ .
De todas suertes, el Cónclave nos reserva muchas sorpresas parla refiida oposición de los partidos y la multiplicidad de los candidatos.
farece, empero, que los intereses mismos de la Iglesia
exigen que el futuro Papa sea escogido entre eea part~
del Sacro Colegio que repre:senta las vif'jas y .fieras tradiciones de ese pontificado romano, qne pt-rmanecP, ~ pesarde todo, como la más augu~t.a replesentación de la autoridad aquí abajo.

la Luna y del Sol, y la experiencia demostró que no existía ninguna influencia atmosférica. De aquí inferimos
que en virtud de nna causa df'sconocida, Marte emitía·
menos rayos lilicos que luminoeos, hecho que nos llamó Ja
atención.))

Decididamente M. Brunetiel'e ha procedido con demasiada precipitación al declararqne la ciencia ha her.hu bancarrota. Todavía nos queda algo que anotar en la historia
de los deecnbrímientos de este fin de siglo .. Y entre est.e
algo figura en primera lfnea el acontecimiente á que el
ccFigaro Ilustradon se acaba de referir en su último número. ¡Como que sé trata nada menos que de comuriicaci6n interplanetaria! Sí, el Espacio ha hablado! La vida de
nuestro globo no se halla ya aislada; la Tierra acaba de
recibir, y ha comprendido, el mensaje que le dirije desde
su Tnjizo disco el planeta Marte.
Antes de referirnos al hecho, necesita.moa dar ,í nuestros lectores algunos ,fatos preliminaree. Nadie ignora
•~ue hay ray.os de luz invisibles, cuya existencia ha sido

(1Como soy muy miope-continúa l\1r. Calmagne-observé, al mirar las pruebas muy de cerca, algunos puntos
ó lineamientos de un rojo más -vivo que el r~sto del mapa de Marte; con una lente de trescientos diámetros de
aumento viinos figuras confusas 1ue no tenían equivalente en ninguna carta conocida del planeta. Deseosos de
explicar esta anomaHa, pedimos luego á Ginebra un microscopio de seiscientos diámetros. Armados de nuestro
instrumento, estudiamos de nuevo las imágenes, que aparecían mny vagas todavía para poderlas definir.
Esperamos la noche para comenzar de nuevo nuestras
operaciones; Marte cerca del cenit resplandecía ruaravilloeamente como un rubí pálido. Eran cerca de las once
cuando acabamos de obtener las pruebas. Nos retiramcs

comprobada por su acción química sobre ciertas substancias. Ahora bien, el Sr. Calmagne, un gran sabio de Lila,
demostró en 1891 que, merced á urtnuevo cuerpo simple,
el lilium, 1~ gama de estos rayos invh:iibles se extiende 1í
mayor distantancia de lo que se pen@aba. Con ayuda de
un segundo cuerpo, el liliuro de hidr-ígeno, ha llegad') á.
obtener pruebas fotográficas de un color rojizo. Después
de este descubrimiento, el Sr. Calrnagneconstruyó lentes
de liliumque refraétan rayos lUicos, como los lentes de
criatal refractan rayos luminosos. El estudio de las pro·
piedades de estos lentes, lo llevó á. intentar algunas investigaciones astronómicas. Halló en el Sr. Yer.r:nant, célebre astrónomo de Cambrai, á quien se deben originales
descubrimientos sobre la constitución de las nebulosas,
un excelente colaborador. Con lentes de lilium unidos á
}os telescopios o'r dinarios, los señores Calmagne y Yermant han logrado resolvPr algunas cuei;:tiones obccuras.
Hasia ahora sus observacion.es se habían dirigido especialmente al Sol, la Luna, Júpiter y Marte. Con respecto á este último planeta acaban de publicar una Feneacional memor:ia que establece un hecho positivo sobre las
com 11nicaciones de planeta á planeta. De dicho trabijo
extractamos las líneas que siguen:
1
•Dnrante toda esta quincena nos hemos ocupado en tomar fotografias de Marte, tanto sobre placas ordinarias
como por medio del liliuro de hidrógeno. Estas últimas
no nos satisfacían, eran más pálidas, más indecisas que
las comunes; hecho tanto más notable cuanto que las fo.
to~rafías solares y lunareQ, obtenidas pos este procedinnento, son tan sensfüles y tan claras como las que se
obtienen con el gelatino-bromurode plata.
. Para convencernos de que el estado de la atmósfera no
intervenía, tomamos alguna.a imíigenes comparativas de

al interior Jel observatorio, y después de habn dispneFto
to~o con el mayor cuidado, proyectamos un foco d~ lu1;
eléctrica 80bre el campo de la imagen sometida al Pxamen:
nuestro asombro, nuestra emoción foeron extraordinarios. Es cierto que esperábamos algún Ueecnbri111ient.o,
pero el qne la fortuna nos ofrecía, sobrepujaba ,t todas
nuestras previsiones á todas nueetn1s esperanza.ci.. Era
nada menos que la aparición de cuatro figuras geométricas, como pueden verse en e~ grabado adjunto.
Se apoderó de mi un temblor nervioso-dice Mr. c.~1rnagne-Yermant, inmóvil, pálido y fascinado, no pudo
contener las lágrimas; apenas pudimos balbucear algunas palabras¡ y sin embargo, 1a casualidad n N!
entregaba el secreto de la
vida interplanetaria, el h, cho más conmovedor v m1í"'
grandioi;o en la hh::to;ia du
la Ciencia.
Vermant lloraba comn
un niño y me estrecha b:t
nerviosamente entre s n.,
brazos; mi emoción no er;1
menos que la suya; tn vi:q:ios, sin embargo, bastante sangre fría para tomar
nuevas fotogro.fias por medio del liliuro y encerrarlas en cajas de cuarz-.:,. l\.fe
acordaré eternamente de
las horas que pasamos en
nuestro pequeño observatorio.

Así pues, nos decíamos, los habitantes de Marte ee han
anticipado á los de la Tierra para establecr commiicacionea interplanetariruz, y han comenzado, como muchos sabios lo habían presentido, por señales tomadas de.la m:ís
sencilla, de la más universal de laeciencias. Y para qne
no pudiese haber ningnna duda sobre la naturaleza de
estos signoe, han trazado cuatro figuras característica!'I •·n
el mismo orden en que nuestros geómetras las hubh•i;:pn
transcrito: el triángulo, el círculo, con la indicación dt l
radio, la elipse, con la de los dos ejes y los dos focoF, y la
parábola, con la del foco, la directriz y el eje de simetrín.
Unicamente que, en lugar de determinar sus sefiales por
medio de luces vü:,ible,s á nuestra vista, las han dt:!ter111inado con focos en que o:l.ominan los rayos lilicos, que t10
podemos percibir.n
((¿Hnbntqne concluir de ::i.qui qirn los habitantes de Mnrte tienen el órgano de la visión, constituido de tal modo
que no utilicen sino los rayos qne obran sqbre el liliun,
de hidrógeno? ó bien eu visión abarca un campo de rayos luminosos más Pxtens ,; qne la nuestra? En la prime•
ra hipótesis se explica facilmente qne no hayan podido
emplear otra8 señales que las que para ellos eran visib!es;
en la segunda se comprende que calcularon que los rayos
luminosos de nuestro prisma no nos llegarían nunca, 1::11
tanto que los rayos invisibles qne impresionan el lüiuro
atravesarían mejor el espacio. Ta: vez de sigl() en i:iglo, de generación en generación, .han ensay.ado diferentes comunicaciones, ó bien han e~cogido los rayos lilicos, precieamentr porque tienen el podn de hacer e1&lt;tas
sei'íales mds resplandecientes que las reflejadas por su
planeta.ii
110tros muchos problemas se derivan de nuestro t.ei::cubrimiento, y pasamos la noche entera en enumflarlos.
La vida nos parecL nueva en un mundo nuevo, lleno de
una juventud maravillosa, de una beatitud, de una fraternidad infinita. De tiempo en tiempo, uno de nosotros
miraba á través del telesc:opio. ¡Cuán diferente eeta mi1·ada de la que arrojábamos cuando no teníamos la Cf'rtidumbre de las analogías e1,tre los seres separados por la
inmensidad! Pensábamos en lo porvenir, en ~odo lo que
en germen llevaba aquella noche. ¿Quién podría medir la
actividad que va á. dará la investigáción y á la voluntad
humana este renuevo de confianza y de optimismo? quiE"n
pretenderá. que no va á abrirse para el hombre una era de
fe, y que á las aspiraciones que se cristalizan en cultos

no responderá por fin una afirmación positiva? Lo que
puede creerse sin temeridad es que la ciencia, ia filosofia,
la soci1ilogía, desarrotiarán necesariamente nociones ho\"
embrionaria¡;,, y qne el entusiasmo de esta realizació:,
creará amplias corrientes de fuerza nueva en la viria él •
nuestro planeta. Bai,ta este sólo hecho: el hombre con1t1•
ce á un hermano en el nniver'rn para derivar de él invi~i •
bles facultades de renacimiento pan la humanidad.u

�30 AGOSTO, 1896.

EL MUNDO.

132

TERESA {;.RREA.

Teresa Urrea.
La Santa de Cabora es una personalidad demasiado conocida-histérica y políticamente-en la República, para
que nos veamos obligados á r1&gt;ferirnos á los hechos qnG
la han dado renombre. T&lt;1resita Un-ea pertenecé en cuerpo
á la psicopatía, y en alma~ los discípulos de Allan Kardec.
Con estos elementos, la g,inta de Cabora 110 hubiese pasado
· de su estado de nt1urastenia aguda,-para el que se recomiendan los baños fríos-si el fanatismo de una masa humana no hubiera encontrado en la joven desequilibrada
.felices disposicioues para la santidad.
El resultado de esta autosugestión ya lo conocen nuestr_.,a lector.es,.y por si lo ignoran, los rt&gt;m1timos al artículo
del Mundo en qne se dan breves pormenores sobre el asalto
cte la Aduana de·Nogales.-Ahora bien, y este es un punto
qne no ha .sido puesto en claro-¿laSanta de Cabora proced10 en este drama por sugestión propia ó fué acaso un
in~trumento movido por otros santos menos preúcupados
en 11Suntos celestes y má~ cerca de la miserable tierra?
Hay qnien sostiene qne Teresa Urrea jamás ha pensado
en alterar la paz públicJ., que es de temperamento pacífico, que no es mirrobia-que diri:i, algtí.neditorialista del
,1.lfo.ndo. En tal supuesto, el nombre de la Santa sonorense solo habría servido para embaucar á unos deegraciados ignorantes.-De todos modos, el hecho es que la
U rrea se encuentra desterrada hoy en los Estados U nidos, y que más feliz qne_su émulo y congénere Zúñiga y
Miranda ha de habtlrse consolado de sus desventums
presentes con las visiones extáticas, sobrenaturales y peris,piritales hijas de su temperañ1ento.
La santa sostiene correspondencia á través del tiempo
y el espacio con los prohombres del espiritismo mexicano
que la tienen en mucha eRtimacióu. Esta comunicación
ha de ser altamente benéfica para el espiritismo fep.eral
qt1e anda un poco de capa caída, puesto que en las .iltimas elecciones de Diputados al Congreso de la Unión, se
ahogaron dos de sus más caracterizados represent,mtes.
D¿cididamente no tiene cuenta ser espiritista en la Federación. Hay qne irse á Chiapas, caballeros! Allí existe
el espiritismo oficial, laico y obligatorio.

rieron gravem.ente al gendarme Enrique Peña, y unos indios que salieron detrás o.e un furgón, se apoderaron del
gendarme Cándido San do val, quien pocos momentos después logró escapárseles y se incorporó á su jefe.
El Comandante Fenochio, reducida su fuerza á cuatro
hombres, comprendió que no podía desalojar al enemigo
de la Aduana, y llevando la carabina y pistola de su gendarme que creyó muerto, se retiró por la derecha en
buen orden, cubriéndose con la casa del Sr. Biester.
A este rudo ataque se siguió un silencio que se prolon·
gó por más de una hora, hasta los primeros alborea de la
mañana en que el d!a comenzó á aclarar y la refriega empezó de nuevo ayudada por todo el vecindario que se portó con positiva muestra de valor.
Cuando el Comandante notó que el fuego del enemigo
comenzaba á debilitarse, cambió rápidamente su po~ición, logrando batir al enemigo con facilidad.
Terminado ya el combate y reconocida la parte de población donde se libró, como á las 9 de mañana del día
13, varios ciudadanos siguieron la huella del enemigo,
dividiéndosé e11 dos grupos, que fueron so1 prendidos por
una descarga de los perseguidos, del todo inesperada, y
que causó la muerte de dos compañeros.
Entonces, entre uno y otro bando, cruzáronse 20 ó 30
tiros; mas los de la comisión viéronse obligados, á pesar
de su arrojo, á retroceder, pues el enemigo era umy su
perior en número.
A las cinco y tres cuartos de la tarde regresaba esta co•
misión, con los ctwrpos de aquellos dos ciudadanos que
tan buenos servicio~ habían prestado á. la sociedad y á
la patria.
Luego que pasó el combate se dieron órdenes para que
ealiera un tren especial de Guay mas con la fuerza federal; pero comprendiendo el Comandante, Sr. Fenochio,
que este no podía llegar á Nogales sino hasta el día si•
guiente, ordenó que inmediatamente saliera un tren ex•
preso de este lugar para l\fagdaiem•. Dicho tren regresó
á las 6 30 p. m. trayendo 30 gendarmes y 3! nacionales
mandados por el T1:miente Coronel Emilio Kosterlitzky.
Esta medida foé ealvadora porque en los momentos e11
que desembarcaba esta fuerza, loa vigías anunciaban la
· presencia de varios grupos de indios t1n las lomas del poniente de Nogales, que provablemente hubieran intentado un segundo ataque.
El clía 13 )legaron al lado americanQ algunas compañías americanas compuestas de soldados de caballería é
infantería en número como de 150 hombres procedente3
del Fuerte Huachuca.
A las cinco de la tarde del propio día 13 llegó un tren
expreso trayendo 45 hombres del 5? R¡,gimient , y el día
14 llegaron en el tren ordinario 3 oficiales y 40 infantes
del lí? Batallón.
Toda esta fuerza ha estado á las órdenes del Sr. Comandante Fenochio.
. Tal es la historia del asalto, hecha á grandes rasgos.
Nuestra fotografía muestra los indios que sucumbieron
en el ataque á la población, ataque en el cual perecieron
tambieu tres de los defensores.

Mas alta que la torre de Eiffel.
Se ha comprado ya en la ciudad de Chicago el terreno
para cor struir una torre má~ alta que laf·,mosa construida
por Eiffel con motivo de la EKposicion celebrr.da en París en 1889.
La base de la torre t,mdrá una extensión de 326 pies
cuadrados. Los arcos de arranque tendrán 200 pies de luz
y 200 pies de flecha. Estos arcos eoportan el primer piso,
el cual podrá contener cómocfamente 22,000 personas.
El segundo piso estará á 225 pies del suelo y á los 450
se encontrará una plataforuia, cuya altura puede compararse á la de la Gran Pirámidf&gt; de Egipto 6 á la del monumento de Wáshington. A 675 pies del suelo quedará

el tercer piso, y el cuarto se elevará á 1.000 pies sobre el
suelo. De este piso partirán escaleras que conducirán á la
cima de la maravillosa estructura.
Habrá 34 elevadores par~ los visitante.,, elevadores que
serán movidos por elecLricidad.
En la construcción dt&gt; esta torre se seguirá el IIÚl!mo
plan que en la torre Eiffol.
En el último piso qne vendrá á quedar á. unos 1.150
pies del suelo se eAtabli-cná uua Pstación meteorológica
queprestaní importantísimos i:.ervicios. En el resto de la
estructura habrá reAt aurantA, cafés, teatros. y todo estará durante la noche, brillantemente iluminado con llll
eléctrica.

AGOSTO,

1896.

133

EL:MUNI&gt;O.

Pagina 1Vlediceval.
$n (?l álbum ae una aama.
. PRDIERA PÁGINA.

-Sefiora: ya está abierta
La ará.big~ ventana!
Abrirla me ordenaste
Y presto obedec.í.Ahora ya qae inunde
La luz de la mañana
Tu camarín de raso,
Tu alcoba de sultana ....... ~.
El paje se retira,
Tus órdenes cumplí.
No impiden ya las altas
Vidrieras de colores
Que á tu retrete lleguen
Las almas de las flores,
Los cantos ele las aves,
Los eco3 del laúd;
De tu soberbio alcázar
La paerta ya está franca
Al viejo peregrino,
A la novicia blanca,
Al trovador errante
Que de su lira arranca
¡Mil himn&lt;Js armoniosos
D~ eterna juventud!

TORRE DE 1,150 PIES DE ALTURA.

La torre de Eiffel costó $1.200,000, y la de Chica¡ o cot
tará $800,000.
En lugares apropiados habrá estudios para artistas, illleres de fotografía, bafios. peluquería, oficinas telegráftCal'I y telefónicas.
Una de las cosas curiosas en esta torre será que, com•
primiendo un botón eléctrico, se izará automáticamenr.e
la bandera en el asta que hay en la cima de la misma. y
después moviendo un conmutador, se aniará el pabellón
de las estrellas.
Re ha formado un sindicato con capitalistas de Chicaan
y Nueva York, para alquilar y adm:nistrar la torre JlOf.
un período de diez afíos, á. contar del momento de su wrminación.
Lo~ ingenieros asrgnran que la torre quedará concluida
por el verano del año entrante.

*

* *que publicamos, es uno de
El retrato de Ttiresa U rrea
los últimos. Está hecho en los Estados Unidos y la santa
no aparece con los cabel los sueltos y los ojos en blanco, sino antes bi,m con toda la apariencia de una Mis.s, aunque
no sea p¡ecisamente Jfi.~s H~lliet. Lo cierto es que los viajes son de alta y civilizadora conveniencia. Hasta para
los santos.

S.lré, si tú lo quieres,
Su heraldo vocinglero,
Y te diré los nombres
De cada caballero
Que el puente levadizo
pretenda atravesar;
Con mi clarín de plata
'Te anunciaré si llega
El príncipe de a.tenas
En su carroza griega,
-O el arrogante y rudo,
Rodrigo de Vivar.
. Que llegt1en á admirarte
"tus huéspedes, señora:
El mago de Cfrcasia,
L!l reina de Bassora,
El opulento obispo
Y el pálido prbr;
Yo sólo abrí las puerta~
Y preparé la entrada:
l'or el rastrillo, al noble;
Por la ventana, al Hada;
Y por la azul escala,
De seda recamada,
.¡Al verso que te busca,
Cual joven trovador!
Alcázar es tu álbum:
Sus altos torreones
Habitan golondrinas
Y rondan lo'l halcones ........ .
El agorero bubo
-Jamás reposa allf!
De gasa plateada
Revfstelos la luna,
Y cuando el sol despierta,
Dorando la laguna,
Lea prende de los hombros
·un manto carmesí.

EL ASALTO ALA ADUANA DE NOGALES.
D~mos á nnestros lectores una fotografía que muestra
los cadáveres de siete de los asaltantes de la Aduana de
Nogales; hecho de que ya tienen conocimiento. No ha
faltado quien intente hacer recaer la responsabilidad de
tal asalto en Teresita U rrea, más esta aserción es del todo falsa. L'l santa de Cabora no ha tenido intervención
alguna en el asunto.
He aqu! la historia del asalto, con sus principales detalles:.
El d!a 12 del mes en curso, favorecidos por la sombra,
alg11nos individuos acercáron2e á las puertas de Nogales
é iniciaron un nutrido tiroteo.
El comandante de la 3~ Zona de la Gendarmería Fiscal, D: Juan Fenochio, fué avisadv por su asistente Migu~l Flores q~ habían pasado por la calle del Arizpe, á
espaldas de La residencia del Sr. Comandante, como 50
hombres disparando tiros y dando alaridos. _
Inmediatamente el Sr. Oomandant-t':-sali6 de su casa con
su ayudante, su asistente y -1 gendarmes, dirigiéndose al
edificio de la Aduana nue··a, ocupada ya por los asaltantes;y rompió el fuego sobre ellos al grito de ¡ viva el Supremo Gobierno! ¡viva la Gendarmería Fiscal!
Se acercó hasta 60 metros del enemigo, en donde le hi-

30

Y er. los marmóreos patios
Rebullen los vafallos,
Y piafan orgullosos
Los árabes caballo~,
Y brillan los estoques
y duerme el arcabuz;
Por verá las meninas
Esfnérz:inse los p~jt'a,
Y agitárn"e la3 plumas
Y tiembla u los encajes,
MUERTOS EN EL,ASALTO DE LA ADL"ANA DE NOGALES.

Y en los bordados áureos
De. los lupientes trajes
Se trne,can en diamantes
Los á.omos ele luz.

.Asoma á tu ventana:
contempla los jardines,
Los bosques de naranjos,
Los húmedos jazmines
En cuyas hojas calma
Su sed el ruiseñor;
E l chorro de la fuente
Que cae desalentado,
Llorando y ya sin fuerzas,
cual pobre enamorado
Que en vano subir quiso
.Adonde está su amor.
¡Verás cómo se alegran
En sus peqneño, nidos
Los pájaros canoros
Que estaban entumidos,
Y piensan, si los miras,
que empieza á amanecer;
Verás como te busca
La inquieta maripoea
Y oirás cómo, volando,
Te dice qne eres rosa
Y aunque la riiia ➔ mucho,
Por terca y CJ prich usa,
Verás co1110 t,unpuco
La pued~s conv..:ucer.

iCantllcl en ri&gt;la~ hojas,
Oh pájaros po.-1:is!
¡Venid aqní á esconderos,

Oh tímidas violetas!
¡Oh príncipPs y bardos,
En el castiilo entrad!
i Abierta quedó, alondras,
La arábiga ventana!
1Viaj~ras golondrinas,
Ya apunta la mañaua!
'-~enid y eo estas torres
E-b•ltas anidad.

El P"ie ee retira;
Ko eueuan en la alfombra
Sus pasos, y se;nira
Rn Yi1cilante sombra
C'ruzar los gobelinos
D.-1 gótico eal6n;
Dc&gt;spués se al.-ja y huye
Por el jardín callado........ .
¡ Oh ruiseñor que cantas
~n el gentil granado,
. _ .... Ya brillan los luceros:
P1·eludia tu canción!
1883.
l\f ANl"EI. Gl:TIÉRREZ

NÁJERA.

�134

EL ~1UNDO.

30 AGOS ro, Hm6.

muerte fué volviendo con todo género de p,ecauciones de ancianos sacerdotes vestidos con mantos nE&gt;gros, adornados en los hombros con ~guras horroro~as de fuertes
la cara.'
Lo que Yió acabó de dar la tel'rible puñalada á aq!lel colores· largas cabelleras husutas coro11aban bus estrehombre, per~ no con c•1chillo ~i cor~nte alguco, amo chas fr~ntes, y con las ma~os tintas en eaug.,e ofrecían
flores á Iztaccihoatl, la mu¡er blanca, la mu¡er pura, la
con lo inexperado del caso y Jo 1mrrev1stó del suce;so.
Las uñas que tenían afianzado a hombre, los millares inmaculada, venida de un país muy lejano.
pnés de haber E'stado en la tertulia del tfo Pe- de reaistentes uñrur que le sujetaban, eran los millares de
La virgen era ruás blanca que las nieves, su turgente
dro, hombre pudiente del lugar, relatando ~l púas de un zarzal donde, al pasar Derribahombres para su seno levantaba la tela que lo cubría, su ca~l.lera al caer
amor de la lumbre lances estnpendoR de su vi- casa, engancbóse el vuelo de la capa que lo envolvía.
sobre la espalda parecía una catarata de t101eblas estreda, de los que siempre, sin E'xcepción al.guna,
Una vergüenza harto trasnochada ~eemplazó e~ el ros- llándose en una roca de alabastro, sus ojos despedían deshabía salido triunfador y, por E'I contrario, vencidos y tro del valiente, con el color de la vida, el mustio Y té- tellos de luz que inspiraban adoración, las líneas de su
humillados los que habían terciado con él en PUB con_- trico de la mnerte.
rostro y las formas de su cuerpo como el color de su cutiendas, el valeroso cuarentón, llamado por apodo Derritis y de sus cabellos, eran diferente.a ~ .todos los de la_s
oohombres, emprende la vuelta á su hogar, que allá deotras mujeres. Al andar parecía una v1S1Ón que se deslitrás de una mPdrosa cañada y de algunos obscuros ma- ·.. H~-j: ~~;~·h·~~··hé~~~~ ·~¡;;~·~¡·a~·~¡ ·~~~~·t~· ·~~·. ~~i~. ~i: zara por la yerba, sin.producir ruido alguno.
da, que ante la gente se tragan al mopa•~undi. Y que sótorrales se divisa.
Quedó Popocatepetl enamorado de Iztaccihuatl ¡ fué
Las sombras de la noche han sobresaltado E'n divE&gt;rsas lo se dejan sujetar y vencer por la agresiva uña de una
entonces cuando sintió nacer en su corazón esa fiebre
ocasiones su e~píritu, no porgue su valor no sea tiin po• zarza.
que mata de goce y de dolor alternativos, llamada amor.
sitivo y verdadero como ha demo@trado él misPJo ni relaSALVADOR RUEDA.
Pero ese amor tenía que permanecer enc~rrado en el
tar los principales lances de su vida, Pino porgne la hora
corazón y no salir de él jamás, pue~ Iztacc1h?atl era la
es va impropia de qne anden aérea humanow á descamDiosa de la pm:eza y aquel que pns1ese sus o¡os. en ella
pado y por afiadidura se dice. 1mtre la gente dP.I pueblo,
IIOLOCAUSTO.
debía ser castigado por los sacerdotes con la pérdida de la
que ~nda suelta una partida dispuesta á rol-arle la C'apa
vida y su cuerpo serviría de alimento á las fieras_.
al inocP.nte que á deshora tenga la ocurr,mcia de llevarla
Por ePta cruz te juro que eres mi diosa,
Esto lo sabía Popocatepetl y por eso se ret1r? á ~u
sobre los hombros.
Tú la virgen de vaga pupila umbrosa;
cbinampa, para morir víctima de su amor en el s!lenc10
Parándose algnnas veces de firme y otras indagando,
Por esta cruz te juro que ~ae de se,r mía,
y el olvido.
.
con la mano en la coz de la pistola gne lleva en la cintu ·
Tu la virgen de vaga pupila umbna!
Pasaban los días y el hombre c~to no salía de su retira, qné género de sombra fingió la luz de ia luna en las
ro
donde
era
torturado
por
ta
pasión.
pizarras, Derrümhornbres ha sentido repetifias veces PI esTu E&gt;res la cruz amante que abre sus brazos,
A veces el suefío se apoderaba de él y cuando empecalofrío, no diré del miedo, incapaz de albergarse en l)e·
Yo, la hiedra que tiE&gt;nde sus tiemos lazos
zaba á reponerse en el descanso, despertaba s0br~saltado
cho tan fuerte, pero s( una emoción de RorprePa y pobre-Esclava enamorada de tu ternura,
creyendo tener junto á sí el cuerpo de su amada ideal.
salto. No son para menos laR fantasías que eu los árboles
Apasionada eterna de tn hermosura.
La fiebre iba consumiendo sus ca:i:n~s nrni;culosas ~fr
y piedras del campo bosqueja noche t.an vaga y mE'rlroPa.
Así estaré en mi vida· siempre á tu lado
guerl'ero; de nada le serv.ían las ~edICmaH que sus sirAl llegará la cañada, Derribahombres, como quiPn ha
Y moriré en tus brazos ~rucificado!
vientes le ministraban, DI los cariñosos consudus d~ su
llegado al paso más peligroso de un camino, sácase la pisJosÉ Jt:AN TABLADA.
amorosa madre.
tola del cinto, monta el gatillo en al)Prcibimiento de su
Agosto de 96.
persona, y Pe interna en la calle orlada de zarzales que
***
hay antPR de salir de la hondonada, para ganar la vereUna noche la Reina de plata-la luna-custodiada por
da que lleva al pueblo. Las ánimaP empiPzan á sonar E'n
sus siervos de oro, iluminaba el valle.
VENITE, ADOREMUS.
squel momento. ¡Las ánimas! ea decir, el toque dPdicaLa chinampa, sembrada de rojas amapolas y olorosos
do á la memoria de lúa muertos, la oración qne las camizquizochitls, albergaba al hombre casto, á: Popo&lt;:a~epetl,
(
DE
«MÍSTICAS»)
panas pronuncian por las almas gne Pe retuercen en llaque sentado en una piedra, imploraba al _cielo pidiéndoAdoremos las carnes de marfile~,
mas del porgatorio. El prestigio fantáRtico que la tradile remedio á su mal. De pronto obscur~c1ó el hr,mamenAdoremos los rostros de perfiles
ción ha dado á ese lamento Ele las iglesias, encontró eco,
to una bandada de tecolotes, las aves de mal agu.,ro q.ue
Arcaicos: aristócrata preRéa;
por esta vez. en el corazón del valiente, y dió entrada en
predicen muerte. Describieron los pájaros agortorOR vanos
Las frentes de oro pálido bañadas,
PU imaginación á los mil cuP.ntos que inspira el toque de
círculos en el espacio, y despué~ se perdiero!1 e1,tre las
Las manos de fala11ges prolongadas
ánimas, y á las fábulas más inverosímiles.
negras nubes que se ~b~n ext1e.ndo e? el firm, monto.
DQnde la sangre prócer azulea.
¿Era un principio dP miedo J" que sentía? ¡.Era recelo
Eran enviadas por Hmtz1lopoxtl1, el Dios de la guerra y
de verse perdido Pn Rit:o semejante, en el cual contaban
el exterminio, para castigar el femenino dulur del gueVenid. adorewos
vurias personas habérAeles aparecido traPgoP, duendes,
El arcano Ideal, com,afíeros.
rrero apasionado.
brujas ó ladrones que atPntaron contra sus vidas?
Popocatepetl se sintió eniermo; esas aves le habían preAunque as( fuera, ¿qué bruja habría de atreverse con
Adoremos las almas siempre hurañas,
dicho desgracia inminente.····: Ca:yó dt&gt;~mayaclo sobre las
1? ¿.Qué duende ni qnP demonio habían dP noner duda
Las almas silenciosas, las extrañas,
rojas amapolas y los olorosos 1zqmzoch1tl~.
lin alma tan bien forjada sobre el yunque del que salen
Que jamás en amores se difunden.
El rocío hizo volverá la vida al hombre casto, y á poco
0Qq héroPs?
Almas- urnas de inmensos desconsuelos,
le sacó de sus medit.tciones un canto lúgubre que se acerSin embargo, sacó la pistola, como hP dicho. y PxtenQue intactas se remontan á los cielos
caba cada vez más.
·
&lt;lió el brazo armado, por aquellas lobregueces de que esO intactas en el cócito se hunden.
Luego apareció una chalupa cortando las aguas del lataba lleno el camino.
go. seguida de otras pequeñas.
Venid, adoremos
A Derribflhornbres le blanqueaba nn l)OCO e' rostro, y
En la grande iban los sacerdotes e~lutados y postrados
El árcano Ideal, compafieros.
veíase eRa blancura á la dudosa luz del astro dP la noche.
de hinojos ante el cuerpo de una mn¡er muy blanca, que
Un ruido bronco, rápido. qne apenaR se notó. ya hareposaba en un lecho de yolozochitls y otras flores ar~Adoremos los ojos dilatados
bíase extinguido, sobresaltó dP 1~n modo m~s hondo al
mosas, en las que parecía irradiar la d1 vinidad de CuathCual piélagos de sombras, impregnados
caminante: era un cuerPO de culebra que dE&gt;slizó su serie
cue, la Diosa de las flores.
De claridades diáfanas i astrales;
de curvas por debajo de los zarzales v los maPtranzos.
Los ojos que abrillanta el histerismo,
Popocatepetl se puso en pie impulsado por el l)re@enLas caml)anas daban su penúltimo doblP, sn l)enúltimo
Los ojos que en el día son abismo,
1·t1P¡!'O porque Dios sacara purificados algunos espíritus
timiento, para ver á la que entraba en la región. del desdPl fuego.
Los ojos que en la noche son fanales.
canso· un frío sudor bañó a.: frente y para l'US o¡os la no•
De pronto, Pra copa evidente, le cogieron dP. los vuelos
che s~ quedó sin estrellas......... Iztaccihuatl era la muerVenid
adoremos
dP. la capa áDerrif,ahnmbre•. lo clavaron al sitio por donta!. .....
El
árcano
Ideal,
compañeros.
de pasaba. y el valiP.nte di6 de golpe en el p~roxismo.
Después se oía lejano el cantode los sacerdotes, diciendo~
-Soltadme, benditas ánimas ó quienP.s aeáis,-dijo al«Murió Iztaccihuatl, la virgen blanca y pura; no manOh poetas, Pxcelsos amadorE's
go re¡;uesto;-yo voy tranquilo para mi casa, yo no quiecharon sus carnes besos infernales.
Del arcano Ideal, dominadores
ro meterme con nadie ni buscar ningnna de,•gracia.
«Dioses recibidla en vuestro seno y sentadla en trono
De la forma rebelde, laboremos
Forcejó un poco, y viendo que no le soltaban. subieron
divino p~es va á vosotros limpia de toda impureza.
Por reconstruir los góticos altares,
los grados de frío dP sus venas; pasó su rostro del blanco
«Ell~ nos enseñó amar el bien y á enaltecerla castidad.
I luego, á sus i,enumbras tutelares,
al azulado, y añadió con sequedad tal de lengua que ape«Dioses, tened en vuestra gracia á la mujer más pura,
Venid, adoremos.
nas SP le E&gt;ntendfan las palabras:
á la Virgen _blanca...... n
•
, •
AMADO N ERVO,
-¡Por Dios, por la Virgen, por todos los santos, solY el canto se apagaba á medida que el corteJO se iba
Agosto de 1896.
tadme! Me espera mi mujer, me esperan mis hijos: yo
alejando.
cumpliré la penitencia qne me manden, pero dE&gt;jadme ir.
Popocatepbtl sintió desgarra~o el corazón, como si ser•
Y las uñas qne agarraban los pliegues del pafio, clavápiPnte enroscada en él le mordiera.
banse más y más y parecían querer dejar la capa hecha
De l)TOnto se lanzó al lago y nadó, nadó mucho, y Tlatrizas.
l.ra leyenda de los \?oLanes.
loc, el Dios del agua, compadecido de tan~o dolor, ~co~
Figurándose Dorribahombres que aquello acaso sería
la distancia, y Popocatepetl llegó en seguida á la cuspide
justo castigo á las bolas que había estado soltando en cadel monte en que depositaban el cuerpo de la Virgen
sa del tío Pedro empPzó á deshacer la sarta de embustes,
TRADICIÓN AZTECA.
blanca.
y salió por e~tá canción entre castafietev de dientes y
El hombre casto quedó en pie, con los brazos cruzados,
atragantamientos de espanto:
(Para El .Mundo.]
junto al cuerpo ú.e Iztaccihuatl. Y después quE: el fúne-Es mentira t.odo lo que dije. benditas ánima~. menbre cortE'jo se retuó, Popocatepetl se lanzó haCia el cuer·
tira cnanto hablé, yo no be hecho nada en mi vida, Rino
po anhelado y lo besó infinitas veces con frenesí. Eran
t.Pmblar de miedo ante el vuelo de una mosca. ¿Cómo
estos los primeros besos que daban sus labios.
iba yo á haberme tragado el mundo? ¡Mentira, mentira
POCATEPETL, el hombre ca~to ~ ~dorador de
Signi6 besando el cuerpo amado, y le parecía que con·
todo! Lo que digo ahora eR lo cierto, lo que digo al vero bello había perdido su tranqmhdad; ya no cada ósculo le de vol vía la vida.
me elfeste trance. ¡Por misericordia divina, dejadme ir
uedab;
en
éxtasis
an_te
~l
cielo
~strellado
en
las
El Di s de los infiernos, \,iclanteutli, al ver la profaá mi casa!
oches apacibles del mv1erno, m su dulce y me- nación cometida por Popocatepetl, lanzó sob~e él un .fleLa pistola habíasele caído de la mano; la faja. con la lancólica voz
se
oía
en
las
selvas,
alternando
con
el
cancha que hiriéndole la frente, le arrebató la vida, hac1énbrega que el hombre traía, habfasele deslizado de la cintura y habíase ido enroscando á las piernas, y también to de los zensontlis, ni su fuerte macana hacía estra- dol¿ caer á los pies de Iztaccihuatl.
gos
en
las
huestes
E&gt;nemigas,
pues
la
man_o
que
la
mam
Después quiso apoderarse del pecador para torturarse clavaban en ellas las uñas feroces: el hombre estaba
jara estaba ocupada en contener los latidos acelerados lo eternamente en las llamas, pero sólo pudo levantar el
cogido l)OI' todo su cnerpo.
del
corazón.
cuerpo pues el corazón, lugar que gllarda todo lú que esDándole á la parola, más muerto que vivo, echandc,
Popocatepetl vivía triste en su florida chinampa, sin bueno 'quedó á las planta,. de la Virgen.
fnera de su boca más frases llorosas que un titiribundi
Ent~nces, el Dios enfurecido, cubrió el cuerpo de la.
arroja de sus labios varas de cinta, estuvo el infeliz toda salir de ella. Lloraba con~inuarnent.e y oraba par~ que
la :.oche, unas veces recurriendo á la persecución, otras Tezcatlipoca, el Dios del Cielo, volviera ~nte ,m~ o¡os la mujer mancillada y el corazón que la había adorado,
imágen de una mujer divina que habfa visto en mstante de nieves, que nunca se derretirán.
á las demandas suplicantes. nunca á los modos de fuertan corto como el que tarda una estrella candente en
za, por no agramr la sitnación en que se hallaba.
Jadeante, con el r;;stro hundido por tac continuadas atravesar el espacio.
El tiempo, que todo lo borra, ha respetado el cnerpo*
emac)ones, páli~o, con una palidez cadavérica, extenuado,
Iztaccihuatl, la Virgen blanca, haciéndola montana.
* que los vientos del Norte de
mustio, amaneció en lo hondo de la cañada, sin atreverEra una tarde del tiempo* en
inaccesible para el hombre y el corazón de PoJ?ocatepetl,
se á vol ver la cara hacia sus enemigos, que ni ante la luz tuestan las frondas y después las arrancan de lrs ramas,
en el que sigue inextinguible el fuego de la pasión eterna.
del día salían corriendo y dejando su presa.
llevándolas qnién sabe donde.
R. D'E ZAYAS E~mQuEz (Jnnior).
En semejante situación, renniéi todas las partícula., de
PopocatepE&gt;tl paseaba por nn bo~q11P di' ahnebuetes
valor que le quedaban, cou~ider6 que, de l)asar alguiPn contemplando los ce)ajes color d.f' ÓJ?alo que el sol ba- Agosto de 1896.
por aquel sitio, había de exponerse á la vargüenza de ha- 'bía dejado por el Pomente, la región a donde va todo lo
ber caído un hombre como él en la ratonera. y muy len- que muere.
tamente y cerno si hubiera de ballar detrás de sí á la
Un cortejo estorbó el paso del hombre casto, formado

30

..AGOSTO,

Gn i,alienfe.

Ufü6.

EL MUNno:· '·

1

135

•

PRESENTACIONES.

Fotografi.a instantánea

JuAQUIN BLBNGro.

Al gelatino•-bromoro de ,,olapock.

días llevaba de permanencia en Campecb e,
cnando fuí presentado una noche y en la mesa redo11da de un hotel, al Dr. Joaquín B lengio, poeta
qne ya me era conocido por algunoss sonetos de él
que había leíao.
J)oR

Guido es un gentleman que hace las delicias de
las mondaines, de las demi-mondaines, y aún de
las in.•tantanées, quienes hallan muy cuco el
modo irresistible con que Guido flirtea con ellas.
Este éterMljeune homme es 3ñuso y verde cor....o un roble y fué sucesivam.__nte li6n, dandy,
houdiné, S1.1perchic, pschutteu.r, !flan y soireux.
Es ahora sportman y clubman, SE'gún' }a. !!Stación,
y á pesar de sus afias no rt'llllllCia á la luntt~
gomme, ni á la high lije, y sigue eiendo la great
al/racti6n de todos los jire o'clock tea y de las
soirée.s todas del mundo select.
Sus perfumes favoritos son la vera viole/ta,
el ki.~IJ me quick y el foin coupé: cerca de su elegante pRyché, sobre un precioso mueble en tieu.r
chene hallareis siempre, junte:&gt; de l' eau. de Lubi11,
el koh'l con que Guido

Blengio alcanza ya las últimas etapas de la vida,
pero está fuerte y ostenta los buenos colores de lasa-

Juci; rn rostro es franco y risueño; en el ligero plieg11Ps que se dibuja á veces en sus labios, se me antojó encontrar la sonrisa volteriana, desdeñosa y
cáustica.

No olvido aún el mal rato que me procuró aquel
poet¡¡ de cabeza encanecida, d~ traje severo y lleno de pulcritud, de aspecto de médico de provincia francesa.
Después de las fórmulas sociales que siguen á una
presentaci6n, el Dr. Blengio, dando á su fisonomía
el sello severo de un juE&gt;z, me interrogó:
~¿No ha venido usted antes á la costa?
A mi respuesta, su gesto cambió para tornarse
,ombría casi trágico, y con tono reposado, frío, hiriente, comenzó á decir:
-Pues debe usted marcharse y que sea mañana
mismo; está usted en capilla; á ustE&gt;n le dará el vó•
mito y, la muerte oca~ionada por él, es horrible y
deseeperante, vea usted ......
Y siguió pintando aqnE&gt;lla »gonía' tremenda, haciendo resaltar los detalles con colores sombríos y
11terradores. Fuera efecto de su palabra, bien del
asombró que me causara aquella profecía que de
improviso me salía al paso, los cierto es que yo
comencé á sentir ciert9 caiosfrío que recorría mi
cuerpo y que mis cabellos se erizaban, y tuve, á
que negarlo, miedo, pero horrible, á la muerte.
Si Blengio hubiera sido joven, le hubiera tomado por el siniestro Hamlet cuando dice: «t·ete, i-ete
á unconvento.n
No esperé más; me despt:dí con precipitnción y
me dirigí á mi cuarto, resuelto en aquel primer momento
lino ealir, aunque tenía que ir al teatro donde se estrenaba
un arreglo á la escena espafiola de la Ca vallería Rusticana, hech6 por mí, y con el firme propósito además de
marcharme en el primer vapor que tocara el puerto.
¿Pero á los veintidós años qué pena echa raíces, qué
preocupación no se disipa al punto?
Ya solo entre los cuatro muros de mi cuarto me reí del
augurio; tomé mi sombrero y me eché á la calle, sintiendo casi odio por el Dr. Blengio, animosidad que como
/ni miedo, pasó los dos miP.utos al olvido.
'
Después traté al Sr. Blengio varias veces, y no volví á
acordarme de la mala impresión que recibí al conocerle.
.Blengio nació el 16 de Noviembre de 1834, y se recibió de Médico de la Facultad de París, en el afio de 1862.
Sus versos, algunos damasiado valiePtes, y éstos ¡,er~necientes á su juventud, han circulado por mucho
tiempo en las hojas periódicas.
Adorador ferviente del soneto, á él ha consagrádose
de preferencia, con buen éxito.
Véase el siguiente:

:á

A NAPOLEON III.
De Francia la magnífica belleza
Nos repugna llevar en la memoria,
Porque han manchado su brillante historia
Tu infamia, tu perfidia, tu bajeza.
'
De qué le sirve eu marcial fiereza?
De qué le vale ya tanta victoria,
Si tantos siglos de esplendente gloria
Ha borrado en cinco años la tol'peza?
Al mundo de Cortés y de Pi?.arro
Tú mismo ven, conquistador del Sena;
Ven, Sesostris, á uncimos á tu carro·
u
'
~,o saques más tus víctimas de Viena;
Ven ...... y bailarás un W ellington bfaarro,
Un Warteloo hallarás y un Santa Hele11a.
1867.

Blengio ha sido últimamente nombrado acadé::!'.lico de

1
~ lengua y honrado y aplaud:do por sus méritos litera-

rios. Consagra su vida á las atenciones de su profesión y
á los dulces trasportes del arte.
h Ageno á todo lo que signifique vanidades y pompas,

nyede la popularidad y el aplauso.
A la fecha, guarda en su alma junto con las glorias y el
:planso conquietados, los recuerdos de cuando todavía la
uerza Y el vigor de la vida llenaban su corazón de ilusiones Y ardimiento, y cuando no blanqueaba su cabeza el
pofro del camino dela rida, que dijo Longfellow.

)J. LAH~AS.J.GA

PoRTt:GAr,.

Joaquin Illenglo.

A LOS CAMPECHANOS
En un golpe que forma su delicia,
Altivo un pueblo la cervfa asoma,
La humildad del esclavo nunca toma
Para hablar al poder y á la justicia.
No adula ni defiende la injusticia,
Por más que el pan de la miseria coma;
Valiente en el combate es como Roma,
Atrevido en el mar como Fenicia.
Su afán es ser hospitalario y noble;
En el triunfo es magnánimo y clementE&gt;;
En la desgracia imperturbable y mudo:
Su proverbial lealtad nada hay que·doble;
Su orgullo todo ee ser independiente ......
Ese pueblo eres tú. Y o te saludo.
1867.
J. BLEl'GIO.
A la ,señorita Carolina Trueba.
EN SU MUERTE.

Xo olvidaré mi fa comprometida
De visitarte en la postrer morada
Cuando durmierE&gt;s en la fosa helada
El sueño intl:lrminable de la vida.
Al cementerio iré, m11jrr querida,
Como quien va á carnpifia embalsamada,
Porque es urna de aromas perfumada
De una virgen la tulllba bendecida.
Iré ...... porqne también eon lenitivos
De mis pesares los sepulcros yertos,
Que no hallando placeres positivos
En este mundo, sino males ciE&gt;rtos,
LE'jos de la mirada de los vivos
Soy más feliz hablaudo con los rnue1-to~.
1868.
J. BLE~tilO.

LERMAAI pie de verde y plácida colina,
Y á la orilla de un mar siempre espumoso,
Un pueblecillo alegre y delicioso
En bals,ímico lecho se reclina.
Allí habita el candor, la paz domina;
Allí, lejos del mundo ponzoño1&lt;0,
En su ambiente pacífico y radioso
Todo al placer el cora?.ón inclina.
De aspecto encantador es sn paisaje;
De Nereida y Napea su hermosura;
De flores y de conchas su ropaje..... .
Yo quiero para colmo de ventura,
A la sombra vivir de su follaje,
Y en su arena cavar mi sepultura.
1885.
J. BLE~GIO.

Répare des ans l'irréparable outrage.
Su delicado estómago sólo consiente pátés de
foie gras y champogne froppé.
Es rico y afortunado y para cumplir con las
exigencias de la moda, frecuenta el tapis cei·t y
pierde al bacara con mucho sansfai;6n.
Una de las principales preocupaciones de este
san.~ souci es su toilette. Vedlo en invierno 1!111mitouflé en inmenso ulster que oculta el smoking
ó el sif.ffet d' ébene, en verano, revestido del paletot mastic ó de la redingote noi$elle último cri de
la demiere mode.
Sus jacquettes salen de la mejor casa, y la irreprochable coupe de sus pantalones á la husardl',
trahissmt la marca del mejor faiseur.
Es dilettante y tiene su baignoire ó su griUÍ'
en todos los t.eatros chics.
Unos dicen que es un raté, otros un Jaiseur
d' embarras, aquellos que tiene galette, estos que
no tiene le rond, y todos envidian al vieux beaut
choyé por las damas. Porque, eso sí, este hombre tan fin de siecle y oue no carece d'e.sprit, es el enfau,
gáté de todas las reuniones adonde con su audacia (audaces Jortunajuvat) es la coqueluche del bello sexo.
Su chez soi está lleno de mil bil,elc,ts, amorosos recuerdos d'amourettes d'unjour con sefioras y stiio1·itas comme
ilfaut.
En resumen, Guido es el modelo del viurnr di primo
cartello for ever.

***

¿Habéis comprendido, caro ltctor, las ante1iores lineas?
Je ne comprend pas, dice vd., y yo contesta1é que I o
estáis á la hauleur y que no lo puedo rewediar, ni trataré de hacerlo porque pertenezco al grnpo llawa~u de lus
jemenmoquiste.~.

***

Sin embargo. permitidrue, antes de tHminar. daros
el análisis qufo,ico u.e la placa al gelatino-b1011,uru ue
volapück, muy en boga en nuestr0s días:
Francés.................................... 500 palal&gt;,a~;
Inglés....................................... 300
Italiano.................................... 200
Latín.................... .......!.......... 100
Otros idio,nas ............. .!... ... ... ... 100
,,
Galicismos................................ 20 gramus;
Castellano................................. alguuai, guLa8.
Re\·ol ved el todo, sen·e.~ chaud y all rigth.
l\lu1u.,0FF.

AL TUNAL.
Tunal, Tunal, cuando en la linfa pura
:Mi hermosa nifia refrei;cars,i quiera,
y en tu espejo en que el cielu l'toVerbera
Hunda su cuerpo de sin par blaucui:.i
Quita la espina, la pi:edra dum
'·
Y todo aquello que su pla11ta hitra,
Y adormece tus aguas u.e 1Ua11tora
Que pueda en ellas juguettar olg•1ra.
Ve si su pecho por wi auwr µa lpita,
110 u,itoJJLd
Díle que la idolatro y d11lcto111e1,1A:;
Si de placer en ~u cri&amp;tal l:ie agiLa.
En su boca rosada y pequeiiita;
Un b eso dale de mi amc;r anlitoute.

Y si su labio por mi bien

Agosto de 96.

COXbT.l~TI~O.

~nvirtiendo f'n virtud la hi¡¡ocrecfa,
y a¡uscando laR lt-yt&gt;s ,i 1:11 g11Hu.
como muchos fa11ático,- de hoy dia
para ser mál:i bribóa tiuje Eer'juijtO.

�RO AoosTo,"1896.

136

if
L n 01•qne~ta Típl'"'ª de OaxoHn . -[Véaseel articulo "~uestrosgrabados.")

LA NUEVA BERLINA.
EXPLICACIÓN DEL BAILE.

¡

,1\',I

!t

Creemos curiosa y útil la siguiente explicación de un
baile muy en boga en la actualidad en Europa:
Primera parte.-(ler. compas. )-El caballero teniendo
en su mano derecha la izquierda de la dama, marca un
paso de poi ka con el pie izquierdo. La sef\ora hace e
mismo movimiento partiendo naturalmente con el pie
derecho.
El caballero coloca su mano libre sobre la cadera y
la señora detiene su Vt!Stido.
(2? compas. )-:Si1lta11do ligeramente sobre el pie apoyado, pá8ase el pie uerecho, de I ante· del izquierdo, vertical la tibia y l.i roJillil bien saliente (ler tiempo del 2?
con1pás.)
Levantando de 11nevo el piu izquierdo, colócase el derecho en la misma po~idóu indicada arriba t2? tiempo del
2'.' compás.)
En otros términos estos son dos movimientos sobre la
punta del pie. La dama hará los mismos movimientos
con el pie contrario.
3? y 4~ compases.-Caballero y dama giran cambiando
de mano, y comienzan el mismo movimiento en sentido
opuesto, el caballero con el pie derecho, la dama con el
izqnio,rdo.
t:iegunda parte (5'.' y 6'.' compases. )-Colocándose como
para todas las danzas el cabullero, seguido de EU compañera da dos pasos h?cia la izquierda del caballero t5'.'
compas¡) t-jecútase en seguida uu paso de polka para el
6'.' C&lt;1Ulpll:!,
( 7~ y 8? compases. )-Los mismos movimientos hacia
el btdo opuesto.
t:i" comiuúa á vohrntad.

!,i ,/

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\í j',1\~i!~,~(1,/.

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2

PA.RA. UNA r:-.cJ~US.\..
/

...--. ,í

8i al papar t-1 umbral ,1., la Pxi~,.,ncia,
no encIwntr.1s .t t,n matlre allí,
lwnd iciPndo la c~u~a de su an,"•ncia.
llan1a ,í e:!ta pue,·ta y la ha!Jar..is uqnf.
vt&gt;~ q&lt;w

¿:5--c-::7:?¡
3

***
Sip111pre v,wla mi mente
á bn~car el Elén d.- tns ,11nores,
como consta11remen1e
se vuelven hrcia el sol algunas flores.
C., )t ro \)to R.

4

f

�138

30 Aoosro, 1896.

EL MUNDO.
LA CREACIO N DEL HOMBRE.

Teoría nueva, segun
' el general Gedeon
' Sa ntz·bartez
- que d..
z.¡o recien
· tementt.,. " ..... . La bicicleta es una máquina que realiza el ideal.... . .

El 1 ~ deÍ próximo Septiembre transladaré el Almacén de Cajas y Muebles de la~ ~ del 5 de Mayo núm. 4, al nueyo edificio.
6nfre las callQS ad ~ ae roavo v Jé)lafQl"OS,
En donde ofrezco á mi clientela un completo surtido de las afamadas Caj as de Seguridad MOSLER

Su motor es justamente la pierna lwma,w, que parece ha.her sido construida expre.~anunte Fara el pedal.·····"

.

Mosler Bowen y Cook, Sucesores.

C ON TRA IN C EN 1 &gt;I O .

C O N T RA R O B O Y

.

.E;critorios, I'ia11os, Escritorios de Cortina, Carpetas altas para tmedor de libro.~, Sillone.~ ,i, i ·atorios de tornillo y re.-.;orte en gran i•arieda&lt;l,

'

Areltfreros, Prem;as para copiar, lilreros giratorio.~,

l~~

Libre·ros con cristales, Afuares de cuero para despacl10s, Máquinas para e;crilir y de111í.s 111ueóle.~ para oficinas.

·i~v¿;i. ~
Ahora bien, el sexto dla, el Sellor Dios se dljo: "Creo que me falta
IUlll algo que crear........."

I~a niúquinn. para e s c ribir H Ei,.;m i1h -Pren1.ier . ...
UNICO A GEN TE E N LA JtEPUllLICA P ARA LAS CELEBREt, B I CICLl.;'l'AS " CLl •~~LA X i&gt; ."

El más completo surtido de accesorios para Bicicletas.
Dicho ésto exclamó: "Que laa bicicletas eean!"

Y las blclcleta.s fueron!. ........
El Creador admiró su obra ¡qué bien acatada! ......que curva., tuerca, por; todas
peda~ est~,ho!...... "Toma! si sobre el!&lt;l8 pedales puS1e.&lt;e yo a guna co~......... .

~rte•.

...

PRE :\110 EXTRAORDIN ARTO del Mlnlswrio de Fomento al mtjor viticultor y ,•lnl cultor de E,polla (18--;$.)
D O"l M E J&gt;ALJ..A S DE
en la Exposición de Barctlona [l&gt;&lt;'lS.J
lHP L O ::\I.'1. J )J-; HO'\'O R Y GRAT ITUD del In1Ututo Agrlcola Catallln de San JslJro, en la de \"lur"' Tipo,; p&amp;"a los mercados extranjeros [1892.J
Meda lla de oro en la de Ambere, l~I. }
Med• Ha d e oro en la d•· Am,terdam 18\'5.
Itepr esentunt,· e n l u •~opú b U c n. ~:Cc x loo.na:

o no

Medalla de oro enlad~ Burdeosl~.5.
Gran DI ploma de honor~n lude ~Jaulla l~'Vi.

Y el Seflor Dlo8 creo }08 piest.•....._

A los ples, el Gran Mec-ánlco adaptó la.s pierna,; ll las piernas, los
f émure,.....• t 101! fémlllff...... todoloqueseneceslta para sentarse......

Entonces la serpiente acercose y ru.surró al oldo del Gran Constructor: " Pon algo de ..-arledad ...... para poder, de.•pués, reconocerlos. .. .'

tYJ.. .-.....;~\~
~
~ -.
:
&lt;
,..j~ ➔-\

~r}•}:::i (!;l',..J
,:'

~~,

•

. __ .

1

//.

" Y el tlmfn no "1rve de nada!"
Rápidamente le~ añadió manos y brazos.
JI

La ser¡,lente se mezcló aun en el asunto: "Pónles cabezas, hombre!......" "Xo cr~ quesaldr!an bien?"

~½'t&gt;
~
.
--..::
""

-~
¼.,.~

----@&gt; -

.

"Vamos, qu e las cabeaas sean~
, ..... " Y la.• cabeza:; fueron.

Y Adan y ETa fueron c·reado.'- "Dlvert1os.-&lt;lljo el Seflor; haced excun.iont~ y tened cuidado de vueat,s neumáticas."

--.

1
-:'-.....=-- ,_ .
~

--

Pero llegó la serplent.e-it.nlmal muy astuto-los engalló, y paffr

(Tomado de Rl TiPmpo de la Ciudad de

e

RAS
]LD o
~

D e 1n~po r t ~ l o . pública.

l\léxic,,.)

I'urísíma. del Rincón,
Marzo 20 de 1896.
1im BYDNEY Ross Co.,
New York.
Muy Señores mios :
Con gusto les summetro á Vdes.
dos casos que se h an curado con su&lt;:1
Pildoras de Vida del Dr. Ros!!.
La Señora Maria R odriguez de 62
afioa de edad y de un tempe1ame~to
t.ilioao, padecia. un dolor hepático qu e
la ponia. de muerte y habiendo ya.
agotado toda lo. ciencia médica me
resolví á r ecetarle las Píldoraa d~l
Dr. Reas con lo que ha. sido curada.
enteramente y d dolor que ya hacia
mRa de 10 afies padecia.
La Scíior1ta F ran cisca Hernández
Tino á verme paza r eceta.ria puEs
nfria una gast?itis intestínal acompafiada, de neuralgia ag uda. Reconocida por mi, no solo encontró estas
enfermedades, sino tambien un des
arreglo en el h ígado y le hice t emar
4 pildoras diaria con las que á. la
fecha está. buena y sana por lo que
dfoe que las P íldoras de Vida del Dr.
Rosa són milagl'Osas y no cesa de
pregonar sus virtudes curo.livas.
De Vde11, Afmo y S.S.
Da. J UAN B. ZA.MARRONJ.

CA LLETANO FELI U-Callé ,1~ T,bu,,.¡:, 11\lmtro~ y !'nn Agusttn n1\mero J. [Apartado 588.J

s;o en Rochestcr,
N. Y. ymodesta
obedeciendo
A una ncce&lt;;fdad
P\\bll•
caEn
. ..e1empezó
de una mnnera
la elaboro!'lón
ue un descu•
brltnl~nto l'lentlfko, hecho el allo amcrlor, ti cual ha J't&gt;Yoluclonarlo
el tratamknto de la enfermedad llrl¡cht y todas lo., demás formo., t1,,
enfermedllrlcs de rlilones a.,1 l'flmo titmbf(·n las del h!gado y de las
sei\ora, Tan ¡:ronde fué el éxlro que esra preparación obtuvo de,.
pu,,, de dl\◄la 1\ con ocer al p1\bllco. que bien 1•ronto hubo nl'Cl'sldtul
de hn&lt;'er tre-wce, ma)·or la capiwltlad del lal,01atorlo, d111,lf&lt;'arla
nuHamente, ,. en IAAS hut,o ne.,e,ldad de con,tmlr un &lt;'dltll'!o du
pfrdrn )' In lrlllo II prul'l,n di' fuego. &lt;le siete ¡,l,os 1.1~ x 108 r.h•s. pa,n

•

porter &lt;'OHtt!ner chmt ro dt• (•1 el Jabo1 utnr10 v '-U!&lt;,1, dttpenctl'DC ª"~
J-:n 18-~ "'abrieron lal,orntorln, en Londn--. Jn~latcrra: Tomnto.

Ont.: ,. Fraukfnrt. AlemHn1u: en 1&amp;,, en ~lclhourne, Australfa: y en
18M c·u K rt•uzllng,•n , Rui?.a: y Dunedln, Nueva Zt!landla, todos 1&lt;,b
cunle, esuln en a&lt;-tlm traha)o.
Hn,1a ahora México y el !"urde .\mérlca hnn sido deS&lt;'uidadns por
In. st.•ncilla razón de que todas nue:-trn..... enPrJtiU.\;, e!'.tahan reclumada~
y rwupnda, en otras dlrecclolll·s. )fás dehlrlo ahora!\ nuevo.« am..~
gto'.'o, c~b:' gnu1 ~ncftwtor de In humnntdnd ~• JY'dn\ procurur A e.c::to..i
p..1,.., des,1.. ('f\SU. t:nn medklna qu,• ha Ckl'luatlo una serr, no in•
ter• \Impida d,• éxitos en todo, los (·nntlnentes del mundo. no pued.,
fnllnr aqul. "e adapta "'Jll'&lt;·lnlmcnte 1\ lo, ¡ abes ealuros0s ('()ffiO se
ha c,·,denC'lndo con ,u éxito 1·n A1t,tralia, I ndia,. el Sur de Afrl&lt;&gt;a.
Testimonio, que p ru1•han lM \"lrtudcs nn111hles de ln (;UIIA S&gt;:GI RA
DE ".AR..'"rH. ~e hun dndfl por mil1:nc .. por t-1nf11e11w .. humbre:; ,- no-t,,b1t, ~flore, de 1 Ma~ pertn• dt•1 muudo. 1-:11trl.. f•llo-; ,memo.. m~n~
clonar 1;ovcrnor Ah·ord. S)"tll&lt;'USC. "· Y.: 11. A. Gnnn, M.o.. we~I•
den!&lt;• d d Colc•lo de ) f1•&lt;llcll11L rle 10, K-ru,l, ,s l ' nfrlos en N . Y: Wm.
Rnl)l",(111, ''· R. r.. $. l. L. K Q C. r., Lo11,tn.--: L&lt;,rd de Bla,,,tiere,
Sprlnl(field, Crawel&lt;')". !&lt;u,...,.x. lnglatt'rru: !&lt;Ir Wm. \'. &lt;:ulse, El more
Oiurt, G lmr&lt;&gt;estn, lnglaterru: MeJ. &lt;lc•n. A. Elderton. Tum ChaJ1&lt;el,
PIImouth, Jn!!'lat&lt;•rra: El. Ron . C. Stewart. LJ.. D., Ackaved,•r House.··Allnn. Huncs. lll!!'ltlterrt1: Muy fü,,. l'&gt;t'nn )'ahr,nt&gt;\', P~11rlth. Xew
South \\'ulcs; Ilon. Gco. Thnrn. Ip,,wkh, Quum&lt;land: All:,alclp Thomas ¡.:,,ull)', '-aph,r, :su~,·a Zelnnrtlo ; ReY. ,l. K llunnkln. D. D. LL.
D., prt:sidcote de la t·nl\·e•sitlad Bnward, WnshhtJ:!'lnn, E.stult11, l'nl•
dos; Dr. M. Beyer, W1milur!!', Alcmunla; Edwnrd \\'J1'on, D. D. LL.
D.. Obispo/le la l¡cle,la &lt;le lu¡:-latem1, Otawa, Canadá.
Pcrthl 11 ,·uc,tro farmar&lt;'ulil-o la Cl'RA SI;Gt•tu, m; WARlS'BR ,, si no
la tiene á la ventu. pedidla ti \\'arncr', ~afc Cure, R0&lt;·hc,ter, :&lt;. Y.

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Ia o•1speps•a
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Estreñ1m1ento,

Jaqueca yDesarregIQS deI Est6magoJ
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H ga

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O y

y•

t

,en re.

sOn pUr3ffle0fe Vegef31es,
-

-

Son azucaradast
Son purgantes.

Nadie debi&gt; estar sin un pomito de
las Plldoras del Dr. Ayer, _para pode_r
tomar una pequeñ:i d!JSI~, á l~s pnmnos slntomas de mc!1gest1ón, Y
evitar asl un sinnúmero de enfermedades.

Ent&lt;lnces el Scilor se puso rojo de iza! Hl.to arrojar Alos delincuentes del Vdódromo &lt;k deliciall y para ru ca.'!tl¡,o creó la azl.andrw.!

Antiguo v Eficaz. ~,

~';a'/eº:.~~dad•;:rc!~:!'f:~:•!~t-r' c-:~:n
&lt;":~1~: :!d!

vd~ locon trarfonln"uno. r níf'rmt'dad puede ae r
i-urnda, " \\"arn~r '1 e, \ F t-; (:ure." fu nda ■a •r•D
1 cpulaelon eo eae ¡trlnt,lplo. Demueatro que el.
9$ POR CIE~ TO
tod o■ la s en ferm.-d,.dea p rot,cden
den ,·■ r n loa rlí\on t&gt;• y del hiac:ado,

d"

de deaúr-

y a taca
dlr ecta m«--nte la r ab. d e la enít-rmedad. Sua
&lt;"01t1p o n t"Dtraobra o ,11r t'NDln t."Dlt:,tiObrcaqu~lloo
&lt;;r~auo.., tauto &lt;-orno o linw n to &lt;-omo rreta ur o .
d o r . y ponl é ndo Jo,.. en l,ucnort eon d l&lt;"IOoN do
oolud oleJan enfermc-dadca )" dolc.rco del •latema

l f' Uf'r al.
Par a la1fnnumerob le,,1dole n rfn,.&lt;"au1ada1p o r
fo• r 1t101w1, hl;.:hdO ")' óraauoM
u ri n a rio•; par a loe 1 u rt1011t-.n t o1 de 1a t1 majt"rtt-11,
¡,aratodn afeecto» n e.- t io-.11 , . de111arre;:::loef11lt"O»
Pre paradas por el Dr. J .
Ayer J' Ca., &lt;• 11 ;Zte:nf'rat Pkt f' ,rra n rf'mf'dio 110 lil"'nc pret"lo ..
111 t ~u•I. ► u :,:ran f!xho pa•n.do f"8 una 1aranlia.
Lowell, M aaa., E . U. A.
•ufrhn ft" n fo•

"º

c.

rutu,.o
\V.\B:\ER't. t, \ FE c·t;RE co.
no.,he•ur, :\e" York, C. S. A .
SE VE:\DE E ~ 'AODAI&gt; L..\tf BOTICAS,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
''A LFONSO REYES''
f ó~oo k l CARDO _COVARRUSIAS

.-

TOM9 l .

MEXICO, ENERO 3 DE IS97.

S!a limosma

ae Gtño Nun,o.

-i&gt;lbujo de J. :u. -Vllla-,.onn.

FtlNDO
RICARDO COVt\FlRUBIAS

..

�•
EL MUNDO

a

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

3

EL MUNDO

DOMINGO ' 3 DE ENERO DE 1897

=====----====-==~-=~
"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MEXIOO

Toda la correFpondencia que se relacione con la Re•
iacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Raf'ael Reyes Spíndola.
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La sub8cripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
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Avisos: á razón de $.'30 plana por cada publicaC'iún.
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The Spanish Arncric:m Newspaper C'ompany, 1:16 Liberty St. New York, E. r.»

}htlfti!tt ®.cnerttl..
Al hundirse un año en la noche sombría de la eterni·
dad, creemos generalment&lt;' que hemo~ wncido una etapa
del camino. ,. CMi jnzgando inkrnunpida la snceFión de
los aconcecimient-0s E'n el espacio y en el tiempo, nos detenemos nn mom('nto á contemplarlos como si hnbiera
soluciones de continnidad en el curso incesante de los
días v de los siglo~. Es que, impotentes para abarcar en
una sola mimrla lo pasadoqne se aleja presmoso, lo presente que Fe desvanece como un soplo. y lo porvenir que
no nos pC&gt;rtE'nece. nos fingimos esa,; di\'isiones para que
nuestra limitada int&lt;&gt;ligencia se alivie, como el fatigado
caminante Feñala Fus jornadas cabe la fuente sonora ó en
el risueño oasis que han de dar de!'C.'\nso y cpnsuelo :t
1us miE'mbros qne han quebrantado las asperezas de la
sierra ó los ardoreR enervantes del deRiC'rto. Es que, acosados por el miFterio que ten&lt;&gt;mos delante, y envuelt-0s
por la sombra que dejamos atr,ís, abandonados por el
a¡¡er que huye, y atrnídos con magnética fascinación por
el mañ,ma y Fil!' espejismos seductores, queremos un pun•
to de repoiso µara coordinar nuestros 1'C'&lt;.'uerdos y en ellos
fundar nuestra is predRione!', las más vece!'&lt; inconsiFtentes
y fi-Jgiles, como rreacionefl m,ís bien de la fantasía arre·
batada que•del criterio sano y reposado.

...
*
t'\.* *

Una-nube negra de tormenta se cernía sobre el ,·iejo
mundo y reMmpagos de tempeFtad alumbraban con cárdenos fulgores los horizontes americanos, cuando lució la
primera aurora del año que hoy termina.
,La concurrencia vital que coloca frente 1í frente pueblos
y nacionC'8, por virtud de eFa serie de luchais infiniL'\Fque
por ley implacable han de dar la victoria :í los m,íR aptos
y conceder la supr&lt;'macfa ,í lo!' más fuertes, era ignahnente manifie1&gt;ta en t~da la ext('nflión de la Europa civilizada,
v que en el Asia legendaria en el' Africa abierta ,í todas
laR ambicionei;:.
Cuba R!lcndida por volcárnca erupci(m buscando su independencia y libertad, Venezuela refugiada tra.q la doctrina "Monroe. para p-0der reFistir á Ja.q pretensiones brit:ínicaF, y ERtados T"nidos amparando á la República flndamericana bajo la.egida dC' su diplomacia, daban ocasión
,í que los ánimos se inquietaran, al comenzar el año do
18!l6.

Hondos"clamores de dolor atronando los aires, rumores
snbterr.íneos anunciando eRtremecimientos genesiacos:
esa era la herencia legada al mnndo civilizado. Hambriena de ideal&lt;&gt;s nuevos, anhelnnte de consnelo en la suprema angu~tia que la aflie;e, d&lt;&gt;?eosa dC' C'ncontrar alivio ií
l:i. infinita rl.olencia qne la ag-obia y claridad en las den"ªs tinif'hlaR que la cercan, la humanidad alzaba a ver sus
manos dolientes al cielo, buscando sus íd,,:os rotos y sus
dio~es c.'\frlo~.
Hoy nada en el con¡unt-0 ha podido cambiar. La reli·
gión con !'lns aue;ustmi mi;.:terios, la filosofía con sus Jnminozas f'ns&lt;&gt;ñanza!'I, la ciencia con sus aRotnbrosasconquiRtlR, al art{' con sn'I bellísimnc; creaciones, la poesía con
"ªs inefabl&lt;-&gt;~ ternnms, no han podido darla en la bre\'e
&lt;lnraci,m rle nn afio los conRnelos que no lograron en 'la
inroenFa:cadena de los siglos paRados.
~

,. .,,

guesía explotadora, de un cesarismo armi"(?otente; obli¡r,idos á sostener sobre sus hombros el comJ;&gt;li~do andamiaje de la paz armada, que man_ti~nen las rivahda~es d.~ los
poderosos y los rencores tradicionales; constreñidos ayer
perecerá sus hijos asfixiados en_ el taller q?e el capital
explota, envenenados en la mma subterranea que ha
abierto la codicia, ó marchitos en el cuartel que ha multiplicado la venganza; ¿.i dónd~ vo~verán lo~ ojos angus•
tiados1 cuando sientan el corazon sm creencias, y lamente sin ideales? á dónde querrán dirigir la_planta vacila1;1te,
errantes peregrinos, donde alzarán la tienda movediza,
si ven extinto el fuego sagrndo de los altares, rot-0s. Y des•
ligados los lazos de la familia, y helado y en ceruzas el
amor patrio ...... ?
.
¡Ah! ves tanta la angustia infinita de esas agrupac!O·
nes sociale~. fa1&gt; hondo su dolor y tan devora~ora sn
aflicción al contemplarse y comprender,-e ca_l'!)om1das de
podredumbre por arriba_ y roídas de, corr~pcu!n por aba•
jo, que no ha faltado qmen declare a la c1e1;1cm en bancarrota achacándola todos los male~. y eqmvocando sus
fines q~e ~e dirigen todo~ al conocimiento, atribuyéndola
hecho:, y consecuencias que no son de rn dominio.

***

Y all:í van esas mít&lt;eras agrnpacione~ Fociales e~fermas
de decadencia. en medio de su grnndeza, hendas de
muerte, en medio de sm; pa,;mosos triunfos; alhí van, os•
tentando sns vestiduras de ptírpum cubierta~ de oro y
pedrería deslumbrante, pPro ,í t.nwés de las cuales se descubren las tílceras qne la devoran y los achaques que la,;
debilitan, los males que las amenazan, frutos naturales
de su estado de progreso, que si ha servido para. el . de,;em·ovimiento dt' su;; fuerzas activas y para la difl'renciación evolutirn de ,-us elementos. por ley ineludible ha
dado naciment-0 también ,t producciones morbosas que
110 se ven en los organismos jíiwnes, donde hi ·avía nue;
va lleva. :í las sociedades que atraviesan las prim.eras etapas d&lt;? su evoluciún. oleadas de sentimientos puros y corriente~ de aspiraciones noble!'. capaces de ahogar en
germe~ los producctos del egoísmo y los engendros. de
las pa~1ones t-0rpcs.
AJl,í van, desgraciadamente, confiadas en que una catás·
trofe de e,-a.s que conmueven ,í la humanidad, esperando
que una general conflagración, un fiero cataclif&lt;mo, de
esos que sacuden las ba.ses y fundamentos de la sociedad,
las hagan salir de ese estado do turbación enfermiza, que
ha de ser pasajero como las grandes crisis de la humanidad.
f
¿Qniéncs caer.ín en el tremendo juicio? ¿Qni,~nC's ser.ín
derribados en las convul~iones apocalípticas de e~a metamorfosiR? ...... ¡Quien sabt•! pero ha de 8er terrible ese cna•
dro de desolación y de ruina, que habremos de presenciar
en no lejano día.

*

* *por los odios tmdicionale::;
Devorada Europa, no tanto
que han dividido ,í las razas que la pueblan, cuanto por
la ruda concurrencia vital qne se hacen en las diver:a!ls
regionef; de la humana acti\'idad; amenazada de un crecimiento de "den;;idad dernógrafica muy superior al que
puede sn~tentar Rll estrecho territorio: no s6lo son los añejos rencores no sati,,fechos, ni las injuria,:i enwjecidas no
ven¡mdas aún, lo que la haC&lt;' aparecer com0 sobre la cima de nn volc,in príixiino ,t entr-a.r en erupci,rn. Form:tda por Est,idos que no alcanzan todos el mi,=,rno grado de
cultura, ni han corrido con iguales sacrificios los periodos de su evoluciún, ni Ee han constituido sobre las mismas ba~e~, las in-&lt;tituciones difieren y las competencia-;
de nación ,í uaciún se ahornfan en ol orden político, como se agigantan en el econ{unico :v social.
Por c~o nada consie;ue en favor de la paz europea esa
marcha triunfal del Czar omnipotente ,í tr-av~s de las capitales. que lo reciban en medio de festejos y lo aclam'\n
en medio de las pompas y entusiasmo de los pueblos. Todos comprenden la supremacía del aut6crata moscovita;
todos saben que en los pliegues de su mant-0 imperial
lleva ocultos auras de paz y rayos de exterminio; pero
por lo mismo que la diplomacia lo acecha y la astucia lo
rodea, parn obtener cada cual en ijll provecho los fiivores
de su omnipotencia, vuelve ,í sus palacios de San Peter~burgo. deflpués de presenciar cauto y pmdente las maníestaciones de Breslau v las ostentaciones de Chalons.
En vano se han rcnñido congresos y se ha,n celebrado
concilios de sabio,; y filántropos para resolver el problema social y para desatar el nudo de la paz armada: sus
notables a:-piraciones han sido estériles, sus resolucione!I
no han encontrado eco en las esferas del poder, y su voz
se ha ahogado por las aclamaciones de mnúmeros ejércitos, dispuestos ,tentrar en combate, sin~ular ála primera
señal de alarma y á la primera explosión del rencor que
los ha levantado.

***

&lt;.,uanrlo al salir el mundo d&lt;&gt; la edad antigua, al empuXi i,iquiera el problema turco que ha recla,¡nado por dos
ie asolarlor de los pneblos j!;ermánicos. se encontrfi, entre años la atención del mundo cil'ilizado ha alcanzado t-0los escombro" de ar¡nel inmenso cataclismo, hechas peda- davfa satisfactorio desenlace, ni lo obtend.r,í tal vez en
r.os las tC'ogonías, derribado!! lo!' Partenones v vacfos to- breve plazo.
nos los Olimpos. pudo á la voz de los apóstoles desnudos•
La crueldad del ~ultán ha corrido parejas con sn a~t-nv ne loi;: :rnacoretas hambrient.os que predicaban la auste- cia refinada, y su tolerancia rayana de la complicidad ha
ridad y en!'t&gt;ñabnn el martirio de la materia, ir :t bn.,car igualado en m:ís de una oc.'l.~ión á la barbarie ciega y al
••n los rlesiertos v &lt;&gt;I ascetismo la realización míl'tica de la , salvaje fanatismo de los que no se han hartado con la
idea cristiana que lo arrullaba en ensueños ultra-t.errá- sangre de los míseros armenioB. ·
queos.
Como si bastaran ,í reivimlirar lo!S Ílll'ros de la civili?.aCuando abnimado nor la pe~ndumbre del antiguo régi- ción concnlcadn~ por la perfidia ,. el oclio rdi&lt;&gt;io~0 )a-.
men. Yeía al sier\'o ile la gleba perecer al peso de las aris- ~rotest~s p!:ít&lt;:&gt;n_ic.t-&lt; de las_potenéia~ y la.:; not:1s~dipl~m·ítocracias, martiri:i:arlo por los privilegios, r agobiado uor t1cas de los m1mst.ros, nadie :,e ha atrevido .i ~ofocar con
tl)das las e-:,rplotacion&lt;&gt;s, pudo el mundo mode: •10 ~entir~e férrea mano esos esc;índalM, nadie hao::1atlo poner lamacomo regenerado por las candentes llama.s de ia Revolu- no sacrílega s?bre el hijo del Profeta, ni ha habi&lt;lo quien
ción Francesa que almnbraban los derech0s del hombre
pre~nda arro¡a~ del suelo europeo esa mezquina .sr,111',m
p_udo c0nfiar en las promesai;: de los jarobinos que annn: de n_,,1.i .sril,rl' la t11'rm, que mancha con sns tini(•blas v f'srmban,una nueva ley, clicts'\da como la. lry antigua entre ca~n~ce con sn pre~encia las claridad~s de la ci vilizaciún
los relampngos y tmenos de las iras populares estallando cristiana.
Pn ~ganwsc.-i exp)Mii,!1, de odios acumulados en Riglos de
Es que tod0s se inclinan ,í una inbn·encii',n armqu.a
,;erndumhrp v ah\'C'C'&lt;'1nn.
pero nadie quiere tomar sobre si la re,ponsabilidacl ile 111~
Pero agobiácln~ lnc n'lPblo~ de ese mundoqne fué 1 con conflict-0 9-ne habrfa d_e oc~1!-rir á la ]~ora del rep.irt, d·J
la peF'ada carga el(, un f&lt;·ndalismo anticuado, de una bur- los despo¡o.s y la d1~tnbnc1&lt;Jn del botin; es que el m:sJra-

ble Abdul Hamid que comprende las disidencias q_ue
apartan y los odios que dividen á las grandes potencias
que lo amenanzan, confia en su astucia solapada, sé deja llevar de ciego fatalismo y dilata y transfiere indefinidamente el cum-¡&gt;limiento de sus promesa.'!.
Y la sanrge crrstiana vuelve á empapar la tierra europea, y los lamentos de lM víctimas vuelven ,í formar concierto doloroso, y el m;sero Sult.in ii vivir y .l. perpetuarse
en el poder por la comp \SÍ ín que inspira á unos, el asco
de otros y los recelos de todos.

-----------

***

El A frica, tierra fecunda donde se han d'ldo cita todas
las ambiciones y donde se han acumulado todas las
concupiscencias, es todavía hoy como era ayer causa de
temores y motivo de sobresaltos par-a la -¡&gt;az universal.
Allí la Gran.Bretaña que aspira al dommio de !continente, desencadena odio~ y desata tempestades con su expedición del Soud.in y sieml;Jra rencores y engendra nuevas rivalidades con las tendencias de Cecillo Rhode8'
á quien proteje sin embozo. La l'ruz británica que ha,
de extender sus formidables brazos desde Alejandría al
Cabo de Buena Esperanza. y desde Mombaza y Zanzíbar á la desembocadura del Gambia v las costas de Sierra
Leona, tiene construidas ya sus estribaciones primeras.
Allí Alemania, soñando con un imperio colonial, que
sirva de esc~pe al exceso de ,;u poblacif1n. Allí Italia, humillada µorlas hordas ·del fiero Menelik. Allí Francia,
olvidando sus tmdiciones republicanas y sembrando rn
)fadaga~car el exkrminio por medio de aventuras que la
debilitan, yaspinmd0 en vano á la posesión de Egipto, que
con~erva Inglaterra en nombre de Gordon, annque,la !~pública Jo pretenda en nombre de Napoleón de Lesseps.
Allí, en fin, todos los que arrastrados por la neCE&gt;l'&lt;idad, urgidos por la ambici.'m ó aguijoneados por la fiebre colonial que los aco~a, tratan de ~erlos primeros ocupantesd&lt;~
ese innlC'nso territorio abierto .i la ciencia para que lo PX', plore y ,í la civilización para que convierta la.'3 agregaciones prot-0plásmicas de sus pueblos en i,ociedades diferenciadas, capace,; de evolucionar y de entrar de lleno en el
conci&lt;&gt;rto de las naciones.
Pero para que llegue ese anhelado. día, ¡cu,'lntos choques, qué tremendas competencias ha de presenciar antes
la humanidad que trabaja en la obra inacabable del progreso!

1

.*
**

América, por su apartamiento natural y su particular
organización no forma parte de ese cuadro donde, si hay
ráfaga.&lt;i resplandecientes de luz, acabamos de sorprender
el lado de sus tenebrosas sombras.
Al proclamar ante el mundo su doctrina Monroe qm,sostiene Cle,"eland y que predica Díoz, se ha puesto fuera
del alcance de esas ambiciones, y protegida por la fuerza
de su derecho propio, se ostenta resuelta á defenderse con
el derecho de s11 fuerza. L:i vieja Europa monárquica ha
tenido que inclinarse ante esta magestad, y la solución
final que ha tenido el conflicto anglo-yenezolano es prueba inequívoca de que no somos vi~tos ya con el desdén de
los pasados días; ya no se nos considera valdío~, expues•
tos ií la conquista de los aventureros y :i la rapacidad de
las Ol'adía~. Ya somos dtleños legítimos y no hay quien
se atrev¡\ á disputarnos la posesiún del territorio que no"
pertenece, y est.í a salvo de hoy en m,ís de agresiones in¡ustas y pretensiones audaces.
Ojal í se consolide esa unidad continental conservándo•
se incúlumes las unidades nacionales, y la Am(&gt;rica republicana y libre y prósper-a y felíz, siga siendo la tierra
prometda á donde se convierten con asombro los ojos do
los pueblos fatigados en busca de una tierra virgen, libres
de los achaques que aflijen ¡Í las civilizaciones cadllca~.
No importa que, nacidos ayer, a:í.n sintamos los estremecimientos que sacuden á. los mundos en vía de formación; no importa que las influencias atávicas muestrt:n
acá v alhi sus morbosos engendros, y todavía se manifiesten las inquietudes dolorosas y la.'3 alucinaciones engaña- .
dora.s que afligen á los pueblos jóvenes. Hay en nosotro~
vitalidad suficiente para evolucionar en sano desarrollo;
hay poderosa.'3 energías que nos libren de vicios ingénitos
y nos impulsen á corregir los errores tradicionales.
;.;f.Ahí están los E~tados Unidos y )Iéxico al ~forre, y bue•
na parte de las repúblicas del Sur que, dispuestos los
primeros por su admirable estructura social, y resueltas
las segundos á olvidar sus hábitos de raza y sus defectos
de educ.'\ción, y decididas á emprender nuevos caminos de
paz y de progreso, dan testimonio irrefutable de la potente fuerza que poseemos para mostrarnos al mundo dignos
de nue~tro deFtino y acreedores al papel q ne nos toca des•
empeñar en el concierto universal.
Felices si logramo.s con~rvar el fruto de una expcrirncia dolorosa.
Dn. CoxsTA.XCIO PE~A. lDrÁQUEZ.
31 de Diciembre de 1896.

NUESTRO OBSEQUIO DE ANO NUEVO·
Llamamos la atenci~n de nuestros lectores sobre el nuevo cromo que acompañamos,
á nue4ro número de hoy y que será como el
prólogo de Jo:-; obsequios que en el nuevo
año nos proponemos hacerle~, entre los cúale::; se cuentan los doce iomo.-; de la BrnLIO-·
TECA MINIATURA.

El Transporte "Oaxaca" en el Varaúero Nacional de Guaymas.

"CLARO-OBSCURO."
De ·ciro B. Ceballos.

Patriciado Liríco.

Yo había soñado con cuatro libros, de esos para la biblioteca íntima, para el librero que est.í junto al lecho,
en la alcoba, al alcance de la mano y que guarda los tomos queridos; los que despiertan en el espíritu fatigado
de la trivial literatura. que nos inunda, invade y rodea,
, sensaciones ha mucho tiempo dormidas, senthnientos
acurrucados en lo m,is oculto, en Jo más hondo, en lo
más inviolado.
Serían esos cuatro libros, de factura extraña, un si es no
es arcaica, breves, m,ís pletóricos de exóticas eFencias: el
Oro y 11egro de Paq,uito Olaguíbel, el Fforil~giu de Juan
Tablada, la colecc1ón de versos de Balbino D,tvalos y
el Claro-obscuro de Ceballos.
Oro y negro: un eleiante. C?f~ de laca ~ oro, joye~o de
lises hechos de amatistas hturg1cas, topamos misteriosos
y esmeraldas episcopales: una pedrería elegantemente
taciturna.
El Florilegio: un baudeleriano · haz de flores enferma~,
de aroma penetrante y exquisito, muy semejantes á_ las
&lt;J,;Je la mano larga y amarfilada de la marquesa ~e\ ~1glo
X:\11I dejó en su libro de horas exornad~ de m1cmles
rojas y estrellas de plata; flores de todos los mvernaderos
patricios, hechas para el corpiño de terciopelo de la gran
duquesa ó para el ojal de la casaca del Rey Sol.
Lós versos de Balbino: desdeñosos señores de talante
altivo, vestidos de negro frac irreprochable, Brummels
de buena cepa,_ Lanznns caballerescos con S!,1-S puntos de
filósofos peS1m11-t.'l.!!, des~mnadores de ma~ngales_finos y
religiosos observantes ae la forma gentil, donairosa y
grave. Príncipes de Rohan de la literatura.
Claro-ob.•curo: atleta rndo, de grande mirada abierta, de
amplio torax é hinchados bíceps, que desprendería una
estrella del saten brillante de la noche y no recogería una
florecilla matizada, por miedo A deshojarla; prosa bien
constituida con mucha sangre de glóbulos ricoit, con nervios complicados y vibrantes y vigor de pugil; un_ gran
burgrave de florida testa, que ama el cáliz henchido de
tockay real, y no el cristal bohemio en que hace visajes
tétricos el ajenjo.
.
Cuatro libros ......... y acaso uno desp~és, con la lit~mtura exquisitamente anéu1ica y estragada de un ruño
que crecerá mucho: Bernardo qout&lt;?--· qinco libroJ, ~inco petalos de una mra flor de h~ d1i:i,,tst1ca y hernldica:
cinco hoja.&lt;i de un trébol kabalfstico, 1mpre~uado de prestigio oriental; cinco artist~ q~ntae~enciados que !yo
.cóngregaría bajo esta denommac10n:
«Patriciado lírico.~
•
8ofl.at&gt;a con esos libros.
Y lleg,í A mí el pewíltimo: y vibN hiriente y limpia'la
diana en la torre señori:\l de mi burgo. ¿Vendr.ín los
otro'!? 1Av! quien !!:\be; m'\'! qué importa después de todo si los que los leerctn ya los conocen, los aman 'y los
recuerdan?

•* -

vi CL \R() ()B'lCUR'&gt; V

**

h-ill ~ en ~l to·h" h" impnrffr.a'I
del or.&gt; vir"'fln v t'l h~ 1'" vi,.ilid'\ie'l ilel H •ra11le;¡ niño.
En J0q eqcrit.0rf'~ h-1.v qie'llwe al~o fem:lnin'&gt;: fibra&lt;! de·
licarh,; v vihrítiles q•1e "" estreme~n :í toi'.t« Jaq -iur,vi
de h vi,h; en Ciro B. C,lnllos n•1 exi,:ten e,·i-i fibra~:
moldearía iarron~s f'tru'l&lt;"~~. no p0rcelana9 de 8fl\Te!'. En
la cuna le dió la leche de su~ pechos robustos el natur.l•

lismo desnud0 v libre: la leche de lo~ fuertes. Tolst-0i, el
conde formidable ~· Zola, ol inmen~ri demoledor, fueron
sus progenitore;.:; amó :i Gautier por la vi 1•eza retadora
de los matices de su paleta; no sabe, pues, de esas tonalidade~ media;i en que se funden (connubio de luz!) las
zonas del arco-iri~. Su numen va del contmste al contraste: de la altura ,t la sima.
A pesar del vigor de su cerebro, Ceballos no ha encauzado a(m su eRtilo v sus tendencias por un canee definí•
tivo; es \'ersátil con la yer;.:atilidad de los númenes adolescentes: la frase lo seduce, el exotismo lo de,..lnmbra y
sufre el alma de su prosa del atayío heterogéneo con que
la viste,
F,íltale adernáA observaciím; no ~abe hacer hablar :t
sus hijos; préstales nn verbo t-0do suyo: sobrado pompo~o
6 sobrado rudo; más apenas ha traspnesto la linde de los
veinte años.... .. il fun son cl11'mi1t: hL~ madureces de su
otoño eAtar,in henchidaA de jugo, prsar.ín en los ramajes
y atraer.ín .i las aves del cielo.
Esperemos ,t que rl Yerba se haga carne y luz y medula......esperemos.
·
Y soñai:é entre tanto en los otros cuatro amigos que
acaso llamen un día ¡t mi parca biblioteca, todos enfermizos, próceres t-0clofl, todos hechos para lo;; lt~illla !/ .•ei.&lt;1
del viejo Barbey...... Soñaré en e;.:e A1trióado lítim, unico
que despierta mi» fibras y aceler-,1, mi pulso y sabe b1ticar
como el arquero habil el nndo de mis nervio!':! pttra herir
allí produciendo la convulRióri. voluptuosa que anuncia
al arte nuevo, al arte )Ie:-:ías, al arte Rey!
~UDONERVO.
Diciembre de 1896.
UN FII.,A1'IENTO DE CARBON.

Ya el título es extraño.
Hav, v .todo el mundo conoce, filamentos de cáñamo,
filamentos de algodón, filamentos, en suma, de diversos
jegidos vegetales.
¡Pero 1111 fil111,u•11/o de cn,·ú611! ¿Qué quiere decir esto? ¿y
para qué sirve?
¿Y quién para mientes en engendro t.an baladí, dado
que exista, y cuyo nombre, en todo caso, má~ que otra
cosa parece un atrevimi&lt;&gt;nt-0 de la gramtítica y una impropiedad del lengnaje? ¡El carbón en filamentos!
Todo el mundo conoce el C.'\rb/in; pero lo ha visto, y se
lo figura en forma de ma~a, más ú menol'compacta; como
el carbón de encina que viene del monte: como el carbón
de piedra, arrancado á pedazos del fondo de una ruina.
Pero, ¿,quién ha visto ni dónde i;c encuentra un filamento de mrh611 en el ¡;eno de la naturaleza, á pesar desertan
pródiga en a~ombros y aun en caprichosas combinaciones?
En la naturaleza podrá no encontrar~e. ó se encontrartí
difícilmente, porque á pesar de rer tan rica y t.an poderosa, no tiene el ingenio sublime del hombre. Es la natura•
leza un rico torpe 11 ,rutinario: siempre lo mismo.
Jam:ls la naturaleza ha fabricado una locomotora ni un
dinamo: habd mina.'&gt; de carbón y de hierro; pero no hay
minas de donde se saquen ya fabrirados dinamos y JOC-Omotoras. La acciún directriz, la furrza combinatoria, la
luz divina del espíritu humano son neceFarias para reali•
zar los portento&gt;&lt; de la ciencia Y dr la i nrlnRtria.
·rn./ih1111mlo d, rarMu procede de un filamento vegrt.al
ordinario; por ejemplo, de nna fihra de bambú. de nna
mecha de algodón, de nna e~pecic de cinta UL' papel, qrn.:

celnlorn es al fin y al cabo, y por lo tanto de origen vegetal.
Si estas :fibras se colocan en nn molde de metal y se som&lt;'t~n al fue~o, ee carbonizan, es decir, todo lo que noes
tarb&lt;m, el hidrógeno, pongo por caso, se ra, y no queda ·
m:ís que un hilillo de moléCt1las de l'arbono. A esto es t lo
que llamamos filamento de carbón.
Que, por lo aemás, puede obtenerse de muchas manerns, y hasta del carbón directamente, sin pasar por las
fibras vegetales,
Pero nqestro objeto no es explicar los procedimientos
que emplea la industria para obtener filapientos.
· Rúlo nos proponemos un fin :filosófico-científico, dig:lmoslo así. Sólo nos proponemoe,·repito, ponerant,e nuestra vista un hilillo de ¡mraculas de carli6u y quedarnos en
meditación profunda delante del insignificante y ruin y
negruzco sér. ¡Un hilo de carbón! ¡Para qué sirve! voh·emos á preguntar.
Es que á. veces los seres m:ls insignificantes, más ruine!!,
más despreciables, son por lo menos gérinenes de sublimes grandezas y de luces maravillosas.
•
Cruzad el campo y ved sobre el terruño un pobre labrador, tosco, prosaico, sucio; tierra cuajada y ama~ada
con sudor; un grado m,í~ alt-0, sólo un ~rado, que las bestias qúe trabajan junto ,í él ó que van delante; un último
y modestísinio escalón en la e6cala zoológica que empie•
za por el homo .wrµinui y !&lt;igue bajando. ·
Ene!' ¿quién sabe? Quiza en ese rudo y to~co y, embrutecido sér est:í el gérmen diYino de un gran artista, de un
gran poeta, de un hombre de Estado, de un sabio, de un
general victorioso, de un gran inventor. Él fué tosco carbón vegetal, negruzca masa que rodó por aquel surco,
que sus bueyes arañaron en la tierra con la uña del arado; pero su hijo ó su nieto recoger.in en el .robusto Í\ sutil cerebro, flor de aquel campo los resplandores de la idea
y las palpitaciones del e~pír1tu humano.
· Que aquella fibra yegetal la carbonice la sociedad con
su fuego y la electrice &lt;!on sus corrientes y brotarán torrent.es de luz.
Purs eso hace el fi[m,11·11/0 de cmb6n.
Pero con su cuenta y razón brilla. .
•
Si se le pone en la at-mÍ&gt;sfera, en contacto con el aire, y
se hace pasar por el hilillo de carbÍ&gt;n una corriente eléctrica, arde sí y luce breves instantes, pero pronto el oxígeno atmo~ffrico lo ro11x11.me: el carbón se quema: su luz
se apa.,.aa: su vida es breve: sus re;;plandores efímeros,
)fas si se le protege con una e11mfreute cri~talina y dentro del espacio protegido se hace el vacío, sigue ardiendo
días v días, meses y meses, qlúzá ochocientas horaF, quizá miís: ltu·c _,¡ no .•e cm,.,,,111e, o se commme it la larga.
Así el sér humano, así la más noble inteli~encia, el cerebro más poderoso. Si se etntrega ¡t la acción corrosiva
del medio ambiente, si so deja quemar por el oxígeno do
-las pasiones que le rodean, pronto es triste silencio, fría
cemza, fúnebre sombra. Es forzoso que algo puro, cri~talino, una coraz,t transparente le proteja; que á él llegue
la vibración etérea, no la acción combustible; murallas
protectoras cristalizadas: pase por ellas lo que pueda ser
luz, !,)O pase lo que ha de ser humo; fórjelas la idea del
deber y el amor al bien.
Todo esto es explicar por símbolos del orden moral
una de las más portentosas maravillas de nuestro siglo,
tan Fencilla como prodigiosa.
A saber: la lámpara d1• inraiulescenóa.
Y en rigor ya la hemos descrito: un globo de cru:tal,
en cuyo interior se hace el vacío, un vacío casi perfecto,
y en el cual se coloca un filamento de carbón.
Por un extremo del filamento entra la corriente elC&gt;ctrica, por el otro sale, y al pasar por el hilo de carb6n lo
hace vibrar y lo ilumina. :No m,íH.
Lo ilumina, I&gt;orquo la luz nb es m,ís que vibración del
eta, comunicat a al eter por los cuerpos vibrantes, cuando
la rapidez de las vibraciones es suficientemente elevada:
como el sonido es la vibración comunicada al aire por el
cuerpo ~onoro.
E,:ta es la explicación que da la ciencia, y la realiclacl
sed de este modo, ó de este modo podrá ser simbolizada.
La verdad es que nosotros no conocemos las cosas corno
ellas son, porque no estamos dentro de ellas y con ella;,
confundido~, sino por los símbolos que despiertan en nue~tro cerebro.
Pero, ¿cómo la corriente eléctrica hace vibrar las partículas del hilo de carbón?
Válgame otra imagen, que sobre símbolos é imágenes
trabaja la imaginación y funcionan las potencias intelectuales: sobre rl'presentaciones de las cosas, dicen los aut-0res de psico-fü&lt;ica.
.
Cuando un arrovnelo de poquísima profundidad corre
por un lecho lleno de piedrecitas, ¿no es cierto que al
choc.'\r con estas se cubre de blancas e,soumas la corriente?
,
Pues algo así sucede cuando la corriente eléctrica pasa
pQr el hilo de carbón, cuyas moléculas son como las piedrecillas del fondo, en el ejemplo precedente, Sólo que
aquí la fuerza de la corriente es tan grande, que las moléculas vibran y engendran la luz, viene á ser como la luminosa espuma de aquel arroyuelo eléctrico.
Y si la comparación no vale por sí, val!? al menos como medio mnemotécnico para fijar el fenomeno en la m&lt;:moria.
De suerte que hav .una diferencia radical entre las lámparas que se llamañ de urco-voltáico y las hímparas de i11cande.•cmcia.
En a,¡vella-•, el carbón, que es una barra rclath·amente
grue~a dividida en dos trozos, 6 mejor dicho, dos barra!-,
vibran al aire libre y el otdgeno las quema y las barra~
se consumen.
En htns, es decir, en las de incandescencia, el hilillo
de carbón vibra en el ,·acío y no ~e quema ni se conswne,
ó se consume lentament&lt;'.
Y hé aquí como nada, por humilde que ~ea y despreciable que nos parezca, es despreciable, ni en rigor humilde. ¡en hilillo de carhr'm! ¡Qu(&gt; nrgro, qué ruin!
¡l'n filamento de carblln! ¡Hilacha carbonizada!
f.:i una hilacha vale tan pQCo ¡cu:ínto menos yaldr.icuando e,.t(· rcd1wi1la
. á carht,n!
~

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897
- - --=-~

EL MUNDO
4

de treinta ailos de asiduo concurrente á lª
casa de la calle de Valverde, se ve obligado á prc~idir una jnnta, es Tamayo y Baus,
el Secretario perpetuo de la Corpora·
ciún, quien, por lo bajo le indica las pr.íc·
ticas reglamentarias :í que ha de cet'l1n;c.
Ca~poamor es de los pocos hom}ires
que viven content~1s con ser lo que son y
que nada aro bicionan. Hecuerdo que cuan·
do rehusó el título de Castilla, con grandeza de España, con que el Gobierno creyó honr.ir al egregio poeta dijo, justiciera·
mente, un diario de l\ludrid:-Nos explic.1mos que para honrar un grande se le
dieran los t1tutos de Campoamor; pero
darle á Campoamor el título de grande
l;t•ría un ycrdadero colmo. Camponmor
cst:í p11r encima dtl todo lo grande, y tod_o se puede engrandecer, menos su gloria.
Xo ha faltado quien pretendiera crear
algo a...í como antag&lt;mi!&lt;IDO entre Núiiez
de Arce y Clunp,1amor1 como si eso, llámese rivalidad ó antagonismo, fuera posible entre do,- astros qutl brillan con luz
¡,ropin y que giran en órbita distinta. Don
Hamí111 encontr:i recientemente la o:portnnidad de npla.,tar :í los que lo cons1dernban capaz ele mezquimlad envidiosai
c~cribiendo este preciow autógrafo en e
al bum con que los literatos cspat1oles aga~ajaron, en el día de su ,Htimo cumplea·
fios, al poeta del Vi:rtiyo v de Rni11w11do

J&gt;ue,- 1•,&lt;:\ hilar}rn negra ¡tlsJuz!~¡Luz aclmir.1blc que hnll.'\ de-de la mod('sta vivienda ch•l nwnt•titn\l al palado del m:i.g·
nak!
Con 1,í/oduu couwrtiilas 1•n rarb~m !'C
alnmbrn h•i)' el g~nero humano.
E-. qm• en el unh•ef:',1 no existe lo n1i11,
ni lo d,·,predable. ;-(,Jo e- ruin lt, que l':-·
M ¡,,,,, ,,.;,, porque entonce~ ,e confundt•
'con la 11mla.
Pero lo que 1aá...; r1d11 no~ parezca, como
F(l ugite, como ,;e mneva, como trabaje, no
con agitaciím tle-onlenada que se tlestruyn á si mi,.ma, sino &lt;'un ci;a ordenadaagi-·
• tllciún &lt;tlll' ~e llama ri/,mr; que en l'I ;iustnunent"mu-ícal es 11n11r,11ía, y en eteres
luz, V l'll literatura l'l' llama
en el
ccl'('bro ncompaiia al ¡,emiar, y en· e l mar
e...; oll't¡j•, y en foH e:-p.H•in" celestes e~ eter• m\ tmyactoríu elíptica; e~o, repito ,que
i:e no~ antoja llltÍS ,·11i11, engendmr.í '{11z v
IITIIIOIIÍf/1' )" ~'l&lt;t_rojall )' ]lell_'lllllJÍ(llitNl y t,/t'ajrs
y,/, m&lt;,,. 11111kl,·11s ¡ot ,u!,n,·t111 t•n las profundi&lt;ln&lt;lc, de los ciclo&gt;&lt;,
.\"o exbt..• lo ruin: cxisti• lo p~n•zo:-o.
Exi~to /11 ~11111hr;,, &lt;¡U!.! es la i,111111l'ilid"tl
clt•I eter¡,,yel1&lt;i/nwio qm• es la i111,wri/i,/,1,/
del air,•¡ y el Hue,i" e', In muntr, quo Hm In
;,,,,,,,,.¡¡¡,¡,,,/ dl'I pe11sa111iP11to.
Tom:1ll carb',11 y l ' ' negro, feo, sucio,
i;rnnbr,1 cuajada, n.•cucnlo infamt• de las
tinit•bL1s clt• 1111 abbmo; hacl•d que pa~c
J&gt;Or él In ('Orriénte t•léctrica y vibrar.í y

r,r~tJ, \"

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4

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1

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•

-

De pie, en actitud reverente y sombrero en mano, dcoo habh1r,c del hombre

que encarna en sí la doble realeza del 1;ah1•r v del tal&lt;•nto.
Cuando IIPgué :\ )fadrid ,-e hallaba Don
'!'ollas 1•sta,- co&gt;-a.• y otras mucha pienso
)larcdino l\lenénde:r. y Pelayo, el cerebro
c1uu11lo n,o lucir una Límpamde int·an1le111,ís enciclop~dieo tfo la E,-paila eontemf'Cencia, y en ella el filame11tu de carbJn
JIOr.ínea, veraneando en :-antandér. Los
hecho luz.
t re!-&lt; ú cuatro me~t•s q uc pasa en ~u tierra
_f.í,,,·'.1 f,,·i/1011/t que llnje no sé qué signos
11al::ll 1 son 11:1mél ¡.,,. día,;_ídicl•s dt• f'll exis1111,-teno➔O•.
tencia. a\.llí tiene "u ca,a y su biblioteca,
l'orqne ya ha~ta la luz ,-e ha espiritua:\ h1 t¡uc, i;egún afirman lo,- que la han vilizado, si \'alP la palabm.
i:it:1do1 ,s~lo hi de U.inov:~" puede a.~pirar
Ya m• t'" hogm•ra alPgn•, J&gt;ero hnmc,,-n:
a t•ntiiblar la compct-encrn. ::iantnnd1•r es
ma.sa y volumt•n dc luz ~· fuego.
l'l tímioo que el 1&gt;r1d\'1xi,o cerebro de llon
Ya no P&gt;&lt; tosca\' volumiun,a mecha mal
)farceliuo necc1-ita para trabajar &lt;lumnolitmw y carbonizada, c¡ue con el pfüilo
te Jo.,; ocho mese~ que l'ft.Í obligado á re,i(•st1 hal'i1•mln ,,scarnio de sí misma.
tli r en la capital del reino.
•
Ya no 1•,; mt&gt;chero &lt;le !{ª" rernlido &lt;'11
Que nuestro amigo, en )Iadrid, no se
ahiert~, abanieo; pem mm•n 1zan1lo con la
tiene por un vecino i:;ino por mi. huesped,
expln,iím :í cada instnnte.
lo pmPba el que habita en una modesta
.\"o f-&gt;! ní rol11111r11, ,ii ,.,,,,, i:,'iri,· d,, /11;: es
!onda de h\ ralle del An'n:11.
''''" ltiu•,1, no 1l~lÍ~ quP ,,,,,, ltw'rr, que no da
Diiít'ilmente se l•ncontmr..í un Iiwrato
humo, quo casi no da ealnr.
"'-,...__ ..,,_ _
---::, m(IS l:ibnri_oso qne :Men,1ndcz y Pclayo.
La geomct_rfa de· !ª luz ~1· ,·,1 ~implifical•:~crihe cada aiio por lo nwno,- un libro;
mlo: sn var1Pda1I se ,11 l'On1lc11,ando NI
Srita. Elena .:&gt;rtee;a· (de Tapa;hula. ]
n:dactn extcmlt)~ informes :sobre asuntos
u na u nidaii c:ula vez 111:í:s bri llantR..
á él encc1111cnla1los p. ir Ju;; cuatro .\.endemias :t que per.Jc,,(EcnEG.\11.\Y.
v gric~o. lo:-- t;txtuninailnn-~ !":(• ocuparon ,•n t•lo~iar ~u ro- t{!11&lt;.•t•t•; da lecciones cu la Univen;idnd; concurre á. la» i:;ehu_sJcz. su \1Crspi1·acÍI\ tle vi:-t.a ~- ;.u np:ud~za de oí~lo. Jfo• Hiotit·H del i'-rnado; va al t&lt;•atro, :í tertulia.~, á paseo; :í tofirw111lo,1• 11 c,te t•xamcu 1lt•1•ta J)on Hamon: Lo!-&lt; Jl'~mlas do aticndt• y para t,.,&lt;lo tiene tiemp•&gt;, hasta para leer
lmsl'ab:m unte t,,.10 t'i ho111hn·. p,.,,-pu~,-. :-i lt',- c·onvenía, cuanto d1• nuevo é interesante se publica en Europa y
RECUERDOSDEESPAXA
Por Ricardo Palma.
harían el ,-aoio. el 1,olda&lt;lo, PI predicador ú el come- Amí-rica. El hombre es de una actividad que parece indiante.
verosímil.
ESBOZOS.
Tr:1t,índnsc ,Jt, la exi,-t(.'ncia dt• Dios, dice Campoumor
I~í:-icamcnte no luce una organizacion robusta ,-:á prueque (•l no ransti su 1·1•1-cbru hul'cando razom•:- ni argumen(' \~{ PO.\MOR.
to~: qne (•! croe en llio:-, ¡10rqttl' ~í. Eso,¡,. &lt;li,cutir ,í ]lios ba tic fatigas; pero bajo apariencias dclirnda.~, ·su orgaQuien pa-amln por In !.,'arrcm de San .Jcr:mimo, en hls ,-e hizo par:i Jo,; holgazmws qm· no ticn\·n \'ll que ocu- nismo es t1m privilegiado como su inteligencia. De mediana estatura, delgado./ p..ílido, en sus ojoM que· son
última.~ hora...; ilt• mui lnr&lt;l,• 11,• invierno, Pntr,! en la libre1&gt;an~P.
hermoso:; y en la sercniaad de su mirada, be retlcja su
ría de Feruando Ft\ 110 podr.í mt•110, d,• fijare&lt;• en nn anJ~studiú dos ailo:- medicina y l:\ deje'&gt;, pon¡ue no act•rta- gran espíritu. Cu:mdo yo lo conoeí, acababa ~l de cum~iano dt&gt; ojos azule:; y c·alx1l\o c·:111111 cara. ancha y r.'.!¡.(nciba :í explkarsi• la worfa tlel e:-tornudo. He tlpdicti otros plir trerntn y seis años, reproi:;entando tl,Lad inferior á la
Jada, enc..rracla cntn• patilla"' bl:tnca.", gon:lura Ütl eani'1tlo" uiios tí la jurisprmlencia, y \a,- l'andcctas lo hicieron qne le asigna l'lu fe de bautismo. •
11i~n. que vi,-ui d,· g:lb.Ín tic piek~. y ú 1¡uicn rodean, t\':-·
bo,-tczar y aburrin;c.
l'na cmilitlad que embelesa en )Ienéndez y Pelayo es
pet:ímlolc y 111i111:imlolo m·ns,1 m:í~ que :í un monarc:L los
.\lguien le dijo una tanle almlieudn :í sn focn11tlidad .su mode"tia, no dirc; si réal ó simulada. Desde el primer
cort&lt;'snno&gt;&lt;, mucho:; li&lt;' los liter-.itos qm• hoy dan honra :í
poética: hay que reconocer en nstcd, Sciior Don Hamún, momento en qtw e&lt;mH•n&lt;ais con (,1 os trata con exquisita
las letra., t·spailol:\,;. Ese t un venembll! como simp.~tico v
el mí•ritn tic la lnborio,-ida,l; traba1a u,-tl'd ba~tantc. Pues llaneza, º" in,;pim confianza, di~cute tranquilamente y
queTi&lt;lo ancian11 e,- I&gt;on Homún de Campoamor.
•
est.i u:-ted t~ni\'ocado; porqutl la hija del capataz de mi
Entre lo!&lt; má.-; a.,icluo" ,lt• los que forman hi tcrtuli:\ hat·it•nda, ,í quien hicieron creer lo que m;tcd pien~a, ex- i:;in dognultizar, y dista mucho de acalorarse, como Tavefpertina del creador de lt1&gt;1 Do/11r11,,, se Vll :í )Ianuel dt'l damú al concx•omm;-;.:\.ntla! ¿,Cómo dicen que el !-Cilor mayo Y Ban~, ('liando~ le contradice. ~o pert('nece Don
::\fan·elino ,í la &gt;'llCta de los infalibles, y sabe ~er toleranJ&gt;al:icio, el poeta lle la~ clii,peant,.•s agudeza.'i¡ á En:(enio
trah,1ja mucho·: ¡Y no i-e puede agachar!
C(&gt;n los hombre!-' y uon sus doctrinas y opiniones por
~11(&gt;:;, el aplaudido autor th•l Snd11 yonli111w, cuy:\ candiCampoamoc po:-ee nna tortuna que le permite• vivir con te
ab,-unlas que ella,- liéan. El no habría condenado á Gadatura para la n1cant,.• de Zurill:\ en la Aradt•mia :eatrohol,znm y sin ¡,reoc11¡&gt;an-c ,!el mañana. Le e:; del todo in·
t·inaron, con calor á qne no 1·orre,pomli{1 el éxito, ~ "iiiez
.
dif,•n•nte el qm• ,e r,• Pbren (¡ no tratados sobre propiedad lileo.
~o rreo :í ::\Icní-ndt•1. y Pt•layo posccd0r de gnmdes cuade ~\rce, Castro Sermno, Taim\yo y Campoamor; Jo,;~
l_iternria e~tre 1•'.spaiia y las l!ep·.'iblica&gt;&lt; ameril'anas; pues
omtoriiL•, tÍ pet-ar de lo tacil y correcto de su paA lcal:í Galian11, el es(·ritor qne, en lo~ versos'llc ~11 libr,l
1·1 rn&gt; se cnula tlt- reclamar de lo, editore" de sns ubm, de- lidades
labra. }LiK qtw hombre de fantasía es hombre de criterio
Ka/, iduxm¡,io y en sn~ artículos l'll pro:ll\, sobre to,lo, luce
rechos ~ll' au_tor. Rus ami~o~pue1lcn n.•imprimircnanto&lt;-1 l'laro y ~en•no, y :-nbru todo de mn\' singular y admirapor lo. especialidad de la forma humorística, y de q ,Jicn
ha c,cnto, sm quP ,... ,•nnje pon¡ue ha van ol\·ida,lo soliciValera aspira á hacer un ac:ulémico; Ricardo do la Ve-~a.
·
tar s11 aq nies,:euria. ( 'olabora t•n la ¡-;,,,,a,;,, Jlml, r11" t·on ble pcrcq&gt;eión c:;tl-tica.
el tan ju,;tnmente popular isainetcro; P,,ña y Goiii, \'icen•
:-us ll1w111r11tl11~, nada 1ná~ que p&lt;&gt;r cariilo á p,,¡w L.ízaro.
te (',olorndo, X1warrek•, Pin:\ Dmnínguez, ,1oa9.uín DiccnEn una palabr:1 1 ,•s Pi único e,;crltor dt• fama ,í quien su
OTRO PAGO DE$ 5,000 oo DE "LA MUTUA"
tn, 10,- Sepúlveda, el C',oncl,· de la,- ~a,·:\s y chez íi doco
EN GUANAJUATO.
pluma no prollm-e dint'ro.
cHcritore8 más. Ctist~lt\r y ¡,;(i¡¡ez ele Arce no deH,leñan ir,
Iloy non Ramún tributa culto :í la pere1.a~ Ya no lee
de vez en cuando, :í ~olazaN· en la librería de FJ, oven&lt;;u:umjn:it-0 :t rn dP Dicitlmbre de 1800.
ni cstudiu. Dic-1• q1w á :'.\fonéndt•z 1\•laYo ll' tiene pncodo contaT chn~arrillo:; :í Don Ramón, que es el reg.,cijo
t-,r. D. Carlos :-ommer Director General de "La )Iutua."
me,!dado qne ka .Y estudh• por 101:1 do~. ':I..o que en Es¡m)léxico.
hecho homhn'.
fia ignore :'.\fan·ehno, aiiatlt•, tle &gt;&lt;egnro q1w nn hay t•spa• . La librería de Murillo, en la calle de .\.lcnl.í, es tnmbii:n,
fiol t¡ue lo :-epa. ¿A qn{- fatigarme·: ( 'irnndo me hac,\ falta
:'\In,· •t•iior mío:
&lt;lc,-pué~ di' las cinco de }a t;1n.le: otro centro de gente de
llur m,· ha t&lt;idn pagacfa la suma dt' cinco lllil pesos
aprender algo H' lo pn,¡tnnt-0 al 1-&gt;1bio por excelencia, Y
]1,tra.o.;. l\lenéndez y· Pclayo, Barhieri, Catalina, Zarago:r.a,
trabajo hecho. Por :'.\lené11dc1. l\•Jayo tit•nc Campo;1nuir ($:1,&lt;XlO) importe dt• la p',liza nÍlm. :.lH-\\l~:.l bajo la cual
Colmciro, el padre l'ita, .Jilué1wz de la Espada, Fern.inestaba a,e¡?11nulo mi fin:uln hijo liuilll'rino (-loorne.
adoración.
·
dcz Duro y otros aca,lémico~ de la Ili~torindeparten allí
J,a actividad~- t'licaria t·on que ha exl)l'tlitado lasprueY e;ae conver,-1\d.or, tan pl.ícido y variado en l:l t('rtulia
l\'po~mcnte, 1:1in la animación y ha...;ta el bullicio de
de la Carrera de $a11 ,len',nimo, t·s otro hombn• rn 1:i~ ~e- !'."'' tl,• mt~•·.r.te el :-r. n. _1,:nrique }ley1:nbl•rg, Agente de
los tertulio:! de la cam•ra. d,· ~n Jer.'.mimo. No es raro
La )l11tua eu e~ta &lt;':l¡ntal y la prontitud con que se me
sionl'" de• la AcndPmia Espaiiola. Xo :1hfl.' fa l&gt;&lt;K·a ,iuo
,•ncontrnr en e.-ie círculo de gente gravti á C.ínova.~, á ~ilha ht•cho 1•! pago, confirman tll :merecido crédito de que
pl\r.l decir •i ú ,, í, cuan.to 1'11 nna vot,11·i.',11 es i111&lt;•rrol{:Ulo.
•·vela, :i l'idnl, y al man:¡ué" de la Vega de Armijo.
l'an•ce que hnbit&gt;m h1•cho ,,,t,, dE&gt; ,ilenci11. :-:i por cnit'T- ;¡nza es:i benetica y pc:xlem,;a institución que u~wd dignal'ampoamor hizo ~u" primeros e,tudios tlll un colt•gio
•
me&lt;lad del Conde de Ghe~w·ó de l)ün .\ureliano 1,·,•m.tn- mente rupre:&lt;enta en Ctita Repúbli~
deje,m1ta.&lt;;; pero sedisgu,;tóde ello:sporqucen un examen,
De vd. atto. s. s.. -L. GOEllNJt.
dez Uucrra á quien sigue en antigCe,lad, puei; cuenta m.í~
en que el alumno soñaba lucir por sm; auelantos en latín
lt1R

EL MUNDO

-- ==

T,rnto I\U menta la glori&amp; su estl\tura
Quti ,, ese genio glgaut.e,
l..c llamarnn el grnnd~. alll\ en la attur&amp;,
sh111&lt;.,,,pearc, Ano,to, Caldtirón y Dllnte.

Tomad carbono, azol', hidrógcno,'oxíge110 y pol·o,- cuerpos m,b en mínirnas eantitlades, y hit•n poco yaJ,lr.í to'1o dio.
]'ero c,nnl)im\&lt;l\o dt• C'icrto modo, colocadlo Pn l'l l't•ntro 111' esa U!-'ombro,-a lárnpan\ 111• inr.ah,le-cenciu, que ,-1• llama cen··
lirn hmnnno, haced que pase la corrientt•
(•,-piritnal pc,r la:- hilarha,- de In mafl\ v
la ver,~is iluminar,;t• con lo~ ,., "í,f,1111!,,rc11
,fr

DOM1NGO 3 DE ENERO DE 1897

•

-----

~

-

&lt;

~n iailio ae pobre.
Dibujo de Martinez Co.rrlón.

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

6

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

.

*

LOS HUEVOS FRESCOS
Cuento Alegre.

Como tú, como yo, como
Luis XIV y como el d!f~nto
Toupinel, el señor.Jerommo
Gautrelle tenía dos cai:as Y
se hallaba bien con las dos.
Todas las mañana!' se
arrancaba al legítim? a~to
de la señom Eufemm (,autrelle abandonaba hts alturas d~ 8 u quinta don?-e la
paz de su hogar !'e abri~ba
ba·o los muros de ladnllos
relract.arios v se dirigía á la.
capital por el tn;n de 8 h. 4 7
ro: que llegaba a las 12, momento preciso en que Jerónimo se encontraba con Ida
(la otra).
Id.'l. se ve~tfa entonces con
una toilet.te discreta; la. pareja se instalaba en un coche de sitio (sus 8,400francos de sueldo perI!litfan al
jefe de Jo Contencioso este
lujo) y cada noche, esperando ¡1; 1 mañana épico, el
señor Gautrelle hacia arr~.
. te ml
~~ssJiÍll~~!:tl Sríta~ I~tiqse loJ1;!f~ú!~~:1iiiE~
á la estación de San Lázaro Y
ra. . . .
1
pe~~!t
h~b~ós~bhl:;:~!:a.:~~:;~g·la hipocreta
eocial y desenvolYirriient? hbre de sul
y
1i°1ga-azr;
doblP se inflamaba alternativamente a ca or e o

ti!

~!

J

yr, a81

i~i

al ~cendi¡°3e1
~t;:/{~í~~~ Rugo, su culpable dicha
í¡n30: afos y nada la había turbado, cuando una
~n
tarde la Srita. Ida ,.0 mprome~ó al Sr. Gautrelle á
~u':t llevase el día siguiente media docena de blan-

quiW~!édico la había sujetado á un régimen (la neur~=
. ! 1 fatiga' la anemia!) y ordenaba huevo~ frescos, pe
:1\os\spendedores del barrio no le proporc10naban miis

el sobre la frescura exquisi~ de los huevos 9-ue la c~in~m les babia servi~o. Al oir ésto, una so~r1s.a ma~ma:
él"1 alargó silencrosamente la boca de Je1ommo, Y fué
goce que declaró á su cónyuge quP, a.pesar de sus
treinta años estaba tan fresca &lt;:Orno los ~ue:·9s ...... d . _
Des ués como á eso de las cmco de la rn.rna.na, e¡au
do / jFufemia que ~ustase de un reposo muy b1e~ ~nado
el
Gautrelle bajo al jardín y ..i:ienetró subre_Pticm~ente al gallinero, hizo su prov1s1011 ......... y toda la s.ie;-ta
s coro afieros de oficina se l?reguntaron que trainan
bolsis del sobretodo de Jeronimo pue se ahuecaban
con redondeces sospechosas.
. , ,
Cuando á eso de las cuatro de la tar~e depositó a los
·é de Ida su media docena de huevos ~rreprochables, e~
~c~nocimiento de la jóven no tuvo línntes; ~auto fué as1
que al Sr. Jerónnno se lepasó el tren y llef.l:Ó á su casa
con hora y media de retardo.

;al ii
S~.

f:S

·X-

Pasó sinie;~ente la semana, durante la cual el Sr.
Gautrelle se abstuvo de yer
á Ida y pudo así comproba~·
que no le era posible vinr
sin ella y que desde que n~
la veía en nada apreciaba m
su piP,a de eSJ?Uma,. ni s~ perro m su mu¡er, ru el 24. to- ·
mo' de su novela.........En su
injusta ira odiaba á la Sra.
Gautrelle ( que por su pai.:te
aplaudía ingenuamente la fecundidad de RUS ponedoras,)
y hacía amargas reflecciones
• sobre las alegrías ridículamente insuficientes del hombre que suelen depender ·
hasta de unos viles hueyos
fresco~.
El sábado síguíen~, cuando se dirigía, al ~lir de s~1
oficina, á la estacion, meditando sobre las desconsoladoras desproporciones de l?~
efectos v de las causa~, se dio
uu fuerte golpe en la rodilla
contra uno de esos puestos
ambulantes que los expendedores colocan en el borde de las aceras.
. .
«Todas son desgracias en este mundo,n clamó, y 3:l mchnarse para reconocer el obstáculo tropezaron sus OJOS con
este letrero: «Huevos frescos del día," que, como el maná
:i los hebreos, lo llenó de gozo.
.
«He aquí la solución,,-ex:clamó alegre°:l?nte el Jefe ie
lo Contencioso y en un decir Jesús camb10 una pieza e
cuatro centavos por una media docena. de aquellos ~uevos providenciales; cuya frescura no vaciló en garantizarle, impúdicamente, el expendedor. .
. .
Vuelto ~í su casa con su paq_uete bien disimulado en 1a
bolsa de sn 11UU'jerland, J erómmo Gautrel]e mostró du~nte la comida w1a alegría infauti]: Eufemia no recon?c1a á
aquel alegre marido y se regoci¡aba de poseerlo as,, tan
vibrante y bienhumorad.o.

l

~'

,,

ue huevos hueros é Itla contaba con la amabilidad de

innuevecitos.
Jeronimito que le lle\·aría del campo un~s grande~ Y
Diciendo e~to, la cnca:n~dor3: criatura ale¡aba con su manecita d C'ran~o ad1mmstrat1Yo del Sr. Gautre1trefe de lo contencio~o en la A. C. EJ;. F., prometió
todo lo que Ida quiso y partió con el corazun lleno de esperanzas en vag-as .recompensas.
.
.
Ma.'l ay! lainvestigaci'ún ele las prun~ras !!3USas Y d~Jo~
primeros principios pue~e parecer casi un J.uego ~e mno~
en comparación de media docena de huc,?s fr~scos for:
zosos. Después de haber vagado dos horas. a tra, é~ ele la:,
callejas de su. c,ol,.mia, clesp1~és do haber sido_Yíctmm ~~~
escepticismo 1romco de dos o tres honestosexpend~dorc ,_
de blan9,uillos que acon-ieron su demanda con sonrisas de
compru,íon, y del tmnq"'uilo ci~ism,o de todos ~os o~ros que
le juraron por sn honor qne ¡amas habían \ emhdo huevos frescos, el :-:r. Gautrellc volví.6 desolad? á su co~yugal do_l!lícílío. Al día siguiente, Ida lo acog16 con acritud
y le d1¡0:
·
y ·
-No ei; por tn bella cam por lo que te qmero.1 :ii me
relrn,-,:1!:! ese pequef10 gu"tº··;···
. .
El 8r. Gautrelle se enredo en explicaciones d~sesperad.a,:I. b'n yano intentó consolarla, en vano mqstr" nua galantería agresiva; tuvo que volverse ú su ca,a desolado Y
¡;in esper~rn7.a.
•
d
Jm;tmucut~ ci,a noche·, en tant-o que pl~bcaban es~re mesa, la Sra. Uantrclle atrajo la atencion de rn man-

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1/-.....

contencioso aventuró ante los barruntos de tempestad
deshecha, una sonrisa tímida.
-Sr. Gautrelle, esclamó bruscamente Eu.femía, usted
me oculta algo.
-Yo ocultarle algo? pero estás loca mi quPrida Eufemia..... .
-Entonces que significa est-0? preguntó la e~posa irritada abriendo sus mane citas en las que había dos hueyos
cuya corteza llevaba esta den uncía.dora inscripción con
lapíz azul: cuatto centavo~.
-Que quieres que te responda, elijo el Sr. Gautrelle
aplastado por la evidencia, veo el hecho pero no lo comprendo ..... .

mtr

jándose caer sobre
•las rodillas del Macbiavelo de su esposo. ¡Pobrecito
mío! ¡Y yo que lo
cafomniaba! ¡Qué
bestia soy Di?B san
to! ¡Como si esas
m11jerzuelas se
contentasen con
huevos frescos ..... .
Estaba loca!
El Sr. Gautrelle
triunfaba modestamente. Ella le
miró con sus hermosos ojos húmedos y convulsa aún
por los sollozos le
preguntó:
"•Terónímo, mi
.Teronimito, ¿me
perdonas?
El jefe de lo contencioso no respondió sino estrechando contra su pecho
á la coniiadísima
Eufemfa. Y 1;oda
confusa en medio
de sureconocínÜen
t-0, la Sra. Gautrelle comprencli6 que
CRtaba perdonada.

"Eu fico!"
Estas dos palabras dichas en el
idioma de Til'admles, fijaron un día
la estabilidad de
un imperio. ¡En
qué insignificancias suele estribar
:t veces el porvenir
de las naciones!
H,unvroN.

\1

Pa8ªt

-·

f I \'
""-=--y/

***

Al día siguiente, muy de mañana, Jeróni~o bajó al corral con su paquete de «huevos fresc?s del d1a,» Y los sustituyó á media docena de los acabaditos de poner.
Orgulloso del éxito deslizó su hurto. en. la bolsa de su
macferland v subió de nuevo á su hab1tac1ón.
.
A la hora el.el almuerzo, frente á f~nte de su mu¡er ~o-da fresca y linda con su vaporoso peii:ador, el Sr. Gau~1,elle se exaltaba silenciosamente á la idea de la :ecepc1011
ue le esperaba en la casa de Ida, cuando fué m~rrnm-qido en su ensueño por un grito agudo de Enferma que
icababa de hundir su naricita en la cáscara de un huevo.
-Pero esto es espantos~lamaba-este ~uevo está:_po-drido, completamente podndo, y lo acerco á las nances
de su esposo.
.
l h , era
El Rr Gautrelle debió convemr en que e
ue'- o
perfe~t~meute nausea~~1do. Eufe~ia se puso funosal
al acompañará la estacion á su mand~, qu~ le.as.egu¡-a a
ue se retardaría uu poco porqt~e ~ba a asistir
un
§anquete dado por w1a Aociedad tec.ruca_ para ,Protest~
contra la supuesta bancarrota de la. c1enc~a, ~otó con so1 presa que J erónímo lleYaba un abrigo de m.v1erno ~
del calo1· sofocante. El Sr. Gautrelle se vió precisa o 1
pondemr la frialdad de las noches.
'
. d
La aleo-ría de Ida ante los seis huevos fué demasia o
demostr~ti~a para hacerle ol\i_dar todo: La muchacha
declaró que no había hombre mas cumplido en el mundo•
el ·efe de lo contencioso fué el más q.ichoso de los m?:fulesl felicitándose de haber encontL-ado por fin el eqmhbrío de sus dichas par-alelas.

* después,
*
Algunos días
cuando el Sr. Gautrelle, al fin
de la comida conyugal se
preparaba á pasará su gabinete de trabajo, para fum~r
su J?Ípa leyendo el tomo vigésimo cuarto de los Jfüterios
del Pueblo, Eufcmia, con un
gesto .gentilmente autoritario le ordenó que se s~nta~e
y con voz llena de misterio
le dijo:
--Jerónimo, creo que nos
han robado.
-Que nos han robado? Y
quién, Dios mio?
,
.
-Lo ignoro, replico la vi·,
gilante esposa, pero es seguro que, desde hace tres días
la criada no recoge más que
~
dos huevos cada mañana, en
lugar de siete ú ocho que teníamos en otro tiempo..... .
Esto no es natural.
-Pero hija-se atrevió á
decir el culpable y astuto
Gautrelle,-sí no recogemos
tantos huevos como antes,
***
La visita matinal al gallinero se renova~a diariamente
será porque las gallinas ya
y el Sr. Gautrelle vivía confiado en su ardid, cuando una,
no ponen..... .
Esta explicación, sin emJ:mrgo, no pareció
convencer tí Eufemia que movió la cabeza sin
replicar sí bien
es cierto que por la mañana el Sr. Gautrelle
no se atrevió á bajar al jardin por temor
de despertar nuevas sospechas. Así que,
cuando llegó á la casa de Ida con las i:1an~s
vacías y el corazón lleno de. amor, fue r~c1bido como lo sería un escritor naturah~ta
por la. Academia Francesa. Ida, decepcionada no quiso oirlo. Para colmo de desgi-acía, el doctor O. que f\té á hacer!e . una
vísít-a, gruñó en _prese!1cia. de J eron11~1?,
prediciendo á la m~ócil cliente. que s1 se
obstinaba en no segmr sus conse.Jo,s, norE;spondía ele nada. Después se re~1ro, no sm
haber prescrito de nuevo un régunen au~tero: «v sobre todo, huevos frescos, mueb.os
hue;os frescos!" clamaba su voz profes1011al en la escalem.
-;,Ya lo ves, Jerónimo? ¿ya lo -:es?
-Bien lo veo, ¿pero como quieres que
me• proporcione huev~s. frescos ahora q1.1:e
mi mujer se ha apercibido de la desaparición?
,
-E~n no es cuenta mía. A.rreglate como
puedas súlo que sí no hay huevos frescos, •
no hay amor ¿eh? ¿lo entiendes?
tarde al volverá su ca.sa, con el corazón lleno todo do·
El Sr. Gautrelle quiso protestar á lo menos,por ge:;tos, Ida r;conquütada, distinguió á su mujer, 9,ue, apoy~daen
pero la escena. fué tormentosa. Ida. l~• reco~o su calva, la barrera ele! jardín lo esperaba en 3-?titud h?st1l, con
su vientre, y el Sr. Gautrelle s~ ret1r0 maldiciendo.
las narices palpitantes y 1as cejas fruncidas. El Jefe de 1o--

-~
;._ :;:.~!

',

7

Al pie de una eminencia de frente lenmtacla
que hiende por su altura la bówda infinita,
despliega el verde mant-o la fértil hondonada
con el sereno aspecto de un lago que dormita.
Sobre una cortadura de dpida vertiente,
cercana de la cumbre que altiYa la. cororn1,
se yenme una cabaña muy pobre, pero ril•nk,
en cuyo techo el cielo las nubes amontona.
Airosas nubecillas errantes y sii1 senda
agrúpanse formando como azuloso grumo,
y del hogar que m1ima la rústica viYienda
asciende por los aíres en hélices el humo.
De abajo, desde lejos, enlaza aquel retiro
al valle esplendoroso tendido en horizontt\
la línea de una senda que con incierto giro
escala por las faldas el término del mont&lt;•.
Cruzando las pi-aderafi, ribazo¡, r repc•cl1os
que en trazos desiguales diseña la :Xatura,
el á$pero camino conMmplase por trecho~
corno una roja sierpe dormida l'ntre yerdurn.
Abajo por el valle sin quiebras~• sin ln111á~.
las cúpu'las de un templo de góticas arcada~
parecen en lo blancas dos cándidaR pa!om:1~
entre árboles espesos al par acurrucada~.
)Iás lejos una sombra de azul monotonía
encumbre con sus slibanas el horizonte vag, ,,
y míranse las chozas allá en la lejanía,
así como albos cisnes dii:ipersos en un lago.
En tanto que sin orden sus techos ag!onwra,
en medio ,í la verdura, la soñolienta villa.
formando los mil cortes de una ,íspera cantera
que de rojizo pórfido con los esmaltes lwilla.

~
Pasillo en prosa.

El pasillo, señora, hermosa niña es como un lento y rosado valR. Yea usted cómo aquellos dos enamorados pueden llevar el compás en medio de la mii8 ardiente conversación. El dice que los lindos ojof&lt; de una mujer valen
por todos los astros, y los lindos labios por todas las
rosas.
Como ella quiere demostrar lo contrario, le mira con
los bellísimos ojos suyos, le sonríe con sus inefabk•s labios, que son en un t-odo iguales á aquellos con que la Reñorita Abril dió el primer beso al caballero de Mayo. El
pasillo, sel1ora, hermosa niña, es como un lento y rosado yals.

***

***

-Ah! no lo cmnprenfü, n~t('(l? replid la Sra. Gautrelle,
con la voz ya falsa por la8 l,ígrima~. Pues bien, yo temo
comprenderlo ...... Hace quince días Yengo notando que
los huevos tienen nn gu~to in~oportable y annqne usted
&lt;l.í.ga lo que quiera la CO&amp;'l eF C'lara. Quien me prueba que
uo e;; usted quien se lleva lo¡:: hue,·os fre8cos :t ese París
{aquí la Sra. G.autrelle most.r6 con el puño la silueta lejana de la Torre Eiffel) y para dar;:e!os aquien, á quien?..... .
tt mujercilla~ probablemente..... .
Esta insinuación acabó en i;ollozos; el Sr. Gautrelle comprendió que Fólo un golpe de audacia podía salvar la situación y atrayendo á su corazón á la pobrecill:1. que resistía su abrazo, le dijo:
-Eocucha, qucridn, voy á confrsártelo todo.
-Ah! gimió la Sra. Gautrelle, lo babia adíYinatlo, me
engañabas...... y lo confiesas ...... ~í, lo confü·sa8!
-Pero d(&gt;jame.cxplicart('-suplicú el jefe de lo contencioso, cuya voz se vol da temblorosa v _¡wr,aua~íva........ .
Pues bien, sí, soy yo quien trae los hi1e\·o:s que encuentras tan malos. Te veía tan trisk de~de qu&lt;• la;; gallinas
no ponían que quise consolarte á todo precio. De~de en-.
tonccs, tarde por tarde, compró en Parí,; huevo~ c1ue pongo en la mal1ana en el gallinero y e;,1:-0 á riesgo de atrapar
un reuma. Tú has interpretado mal esta atención-añadió amargamente:-- y me acusas de una infamia...... .Ah!
me haces muy desgraciado!
Y Jerónimo se dejó caer sobre un banco, llevfodose el
pañuelo á los ojos, perfectamente secos.
«jTtí has hecho eso!-exclam6 la gentil Eufem.ia, de-

Opaca transparencia dífúndese en el .cielo:
bajando por las faldas de montes y colmas
la brisa desparrama su gris y tenue velo
en forma de inconsútil y diáfana cortina.
Natura sus cendales recoge con pereza;
sus miembros ateridos entre la bruma esboza
y sólo un pico escueto sepulta la cabeza
en el difuso pliegue de nube quP lo emboza.

A tJ'NA BOGOTANA

¡Oh! sí, sí. La fuerza de una pasión es mayor por infinitas veces, que el empuje de ese enorme y poderoso Tequendama. ¿Usted conoce la catarata? Dicen que sus
aguas saltan de un un clima á. otro. Que allá abajo hay
palmas y flores; qne allá arriba, en la roca que conoció
las espuelas de Bolívar; hace frío. ¡Que delicia estar allá
abajo, dos que se quieran! La soberana armonía de fa, uaturaleza pondría un palio augusto y soberbio al idilio. Al
ruido del salto no se oirían los besos. ¡Idilio solitario y
magnífico! Sabe usted, señora, que tengo deseos de que
se casen dos amables solteros, al comenzar á florecer los.
naranjos? Efraín Isaacs con Edda Pombo. ¡Qué envidiable pareja! ¿Está usted agitada?...... El pasillo, Reñora,
hermosa niña, es como un lento y rosado vals.

.·

PAISAJE DE ENERO

-En cuanto las heridas alas de mi pegaRo me lo permit.an-¡beridas, ay, por dolores hondos y flechas implacables!-iré señora, :t la vía !actea, á cortar un licio de los jai·dínes que cuidan las vírgenes del paraíso. Al pasar por la
estrella de Venus cortaré una roRa, en Rírio un clavel, y
en fa enfermiza y pálida Setene una adelfa. El ramo se lo
daré ií una gallarda y pura mujer que todavía no haya
amado. La rosa y el clavel le darán su perfume despertador ele ansias secretas. El lirio será comparable tí Rn alma
cándida y casta. En la adelfa pondré el diamante de una
lágrima, para que sea ella ofrenda de mi esperanza ........ .
Bien se conversa al compiís de esta blanda música. El pasillo, señora, hermosa nuia, es como un lento y rosado
val!'.
·

*
**

Conqu&lt;&gt; i;e rn'! Feliz, muy feliz viaje! Así sucede en la
vida...... el alba que abrP los ojos en una diana de liras,
dura un mopwnto: jlliclwso el monje que oyó por largos
siglos cantar al miS&lt;'fior de la lPyenda! Adio,-., golondri11a; aclios. paloma........ ¡]&gt;ero, ¿,quiere hacernw nn favor?
Cuando llegue mtecl á ~u giganteRco Tequrndama, deshoje, á mi memoria, la flor que lleve en rn corpiño, y arrójela en las locas ei,pnma", que all:l abajo, sobre las rocas,
junto á las palmas, hacen temblar su iri::;........ El pa~illo,
srñora. hermosa niña.. el" como n-n lent-0 y roi-ado Y:\ll-'.
R um';~ D.\1t10.

f

EN INVIERNO.
NOCHE DE LUNA.

Es una noche fría en que el vientecillo besa á cada momento nuestro rostro. La luna se pasea majestuosa poi· el
cielo, escoltada por millares de luceros; y un porpétuo
enamorado de los llenos de luna, lánza~e á la calle.
No ha caminado-mucho cuando so encuentra con nn
recíntc, construido, tal vez, para que las diosas del amor
vengan allí ,t traer á los corazones rocío ·vivificador y los
enamorados querubes re~alen á las bellas con coloraciones celestes para sus mejillas.
Es un largo patio sembrado de roi,ales, margaritas, geranios, claveles, jazmines, y de todo lo que en ri~s plantas posee nuestm flora; y allá y acií como guardianes de
lós peños arbustos, la selva colosal de tupido y verde ramaje¡ el cedro·alto como el del Líbano y el pino del Norte, el perpetuo subidor, el que nunca se cansa de escalar
los aires para lucir allá arriba en su débil punta. que á impulsos del viento se mueve suavei.nente como la espiga rubia del trigo.
Los altos muros del jardín, los árboles corpulentos y el
color verde obscuro de los arbust-os, hace que algo asf como claridad de vesperLíno crepúsculo invada aquel bellísimo lugar. En distintos puntos, bancos de madera, kioskos primorosos en los que la enredadera parcha ha entrelazado sus largas guías y para regalo de los ojos de lo~
paseantes ha dejado colgar caprichosamente hermoRas
combas de verde claro, tan lindasytan bien formadas como las de una amazona helénica.
En una lagunilla del centro en que .J?Ol' el día pint.ados
ánades toman su baño y hacen ejercicios de natación, la
luz de la luna cae de lleno; y una :r,rofu:sión de myo~ luminosos viene á refugiarse á la pupila del cau,inank de la
luna llena. Por el lado del Oeste, entre el claro que dt•jan
las mmas de la ceiba, recibe toda la luz amarillenta dl'l
astro de las noches; y mudando de lugar, á pequeiios pasos, estableciéndose corto tiempo en ellos, va la luz ele la
luna perdiendo dimensión y al chocar con el vl'rcle obscuro &lt;le las hojas, forma millares &lt;ll' estrellitas qnc alegran
el alma, y que cayendo l'n el suelo producen sornbnis caprichosa8 y fugaces.
Xi los pasos de lo~ caminante,-, ni la alg1lzara de la.s
gentes alegres, ni la música del organillo q1w recr¡rr&lt;• lai&lt;
callPs de la población, nada llega hai,ra aquel rinc'&gt;n dt•liciorn; y el caminante de ):1,-; noches de luna signe 1,;olitario y l'rrante, recibiendo en la~ m ejillas 6,culos mil rlt,1
airecillo helado, sofümclo con las coHas bt'lla~, ,í mil leguas dt' di,.tancia del m1rndo, st&gt;ntfodose en los banto&gt;',
ai,,pirando el aroma ele las rosa,, tronchando 1111 cbn,1,
tan blanco como L'l.B enorme;; masas que el viejo inYierno
forma allá en las regiones polares, y el cual ha de morir
en el pecho de su amada; recogiendo en diversos µuntos
hojas de todos los matices con que hacer un capullo; le-

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

, 8
vantandu la vi!'ta pam alcanzar la alta punta del J?ino
que lanza rítmicamente á la luz de la luna como queriendo dibt1jar en el centro de ella alguna de las hermosas
cosas que ha nsto ad en la tierra, y el roble, gigante
dormido, que apenas mueve sus hojas, y el cedro que descansa impasible esperando la mano del artífice que ha de
sacar de su carne el sinnúmero de artef¡u:tos.
l mpa.'-ible, sin fat.iga al parecer, continúa su paso, luciendo rosas en el ojal, las manos cargadas de colores,
recibit•11do á cada momento caricias heladas, hasta que
ya cansado se entra en un kiosko á dormir sueño feliz y
:1 esperar que el señor de la mañana y la multitud de avecillas cauoras que en la ceiba reposan, vengan á darle su
~aludo matinal, concluyendo así con aquellas horas pasa&lt;hlll en bm7.08 ele las haclas.
AXGEL C. RIV.\S.

AZUL Y GRIS

Bajo un ca,taiio en toda florescencia, bajo el amp~·:o
ele Wl cielo turquí que se teñía de sangre al morir el sol,
he be~ado en la boca 1í mi amada.
!Oh! .\1 chocarse los labios tembloros, llenos de fuego,
se ha producido algo como un rumor de alas_que se baten
presurosas ...... .. .
-Me amas?
-Te amo!
En íntima phltica, los ojos de ella que se clavan persistentes y serenos en los míos, mi mano que juega con
las suyas, mórbidas, suaves ...... Así, así pasamos la tarde, hasta que vino la noche, negra, tétrica; hasta que en
el cielo, en soberbia eA--plosión, se encendieron las rosas
de oro. Ella se despidió de mí:
-Adií,,-;!
-Adiós!
Y se perdió entre los árboles, y yo, triste, meditabundo, bn,qu(, consuelo en el fondo de mi cuarto, donde,
dentro dl'~ rico cuadro luce el lienzo el busto de mi
amacla... .. .

***

¡Oh niña!dl' los ojos verdes! ¡Oh niña de las mejillas:de
rosa! ¡Oh niña de los labios de frambuesa! Dónde estás?
lle abierto mi balcón t ras lare:as horas de dolor tras
largas honi..,; nostálgicas en que te llorado y pens~o en
tí. Con los ojo~ fijos en lo profundo del cielo obscuro be
busradn rntre el titilar de las estrellas la luz de tus ojos
de gacela. Dónde estás? Estoy sufriendo por tu ausencia.
Niña mfa, musa mía; te busco eu todo y no te encuentro en naua. Para tí es mi verso sideral, para tí mi prosa
llena ,te 1·iqnezas. Por qué huyes? Vienes?..... .
-"Oll, niño! No la busqueis! Es inútil. Ella era tu
mus¡i. llien! ~ ha ido. Ha volado mientras dabas tu
mnoT á otra mujer que no era ella. Tuvo celos y se venga de tí buscando otro amante ..... ....... Desde hoy tu estrofa sideral, tu prosa llena de facetas ricas, se tornarán
pfüdas y enfermizas........... .
Y la voz se ha callado, he (cerrado el balcón y desde
&lt;mtoncei, guardo avaro, en el fontlo del pecho, el poco de
amor quP me queda.
ARTURO A. A~rnROGI.

(rxÉPIT.A.)
De "El Jardín de la Muerte."

Llegu(,. La luz be~-aba
la, flon's.rojas y los blancos lirios..... .

··ii~g~~i..n~t~;~·e"i· p~;~:~~~·P~º· ·········
y

YÍ

ut; jardín de lágrimas cubierto;

yo cre1 que eran gotas ele rocío,

pero eran ¡Oh, Dios mío!
gotn~ de llanto que caído habían
en la tumba de un muerto.
Lll'gné, ...... toqué muy quedo ........ .
Iba en busca de un sfr que quise mucho;
y la!" puertas del triste cementerio
abriéronBe, dejándome perdido
entre las frías sombras del misterio
á que llaman olvido.

............................................................
' de Dolores 1893.
)léxico, Pant&lt;-ón

~Jt.6.:.::"~.!~•~j1.6.:.::"~.!~
"$.

l~goísta y falaz, siempre he creído ·
que el velo te pondrás de desposada
tan pura como el día en que has nacido
má,; pura con el alma desflorada.
'

EL ZAPATO BLANCO.

LAS CANA.STAS

...... Registrando, sin saber por qué en el fondo de una
Ent,re hacer un pequeño servicio que se olvida pron~
ó un grave claño que deja honda huella en la memona gaveta he encontrado, entre otros objetos ajados y mardel perjudicado, elegid. Os contaré lo que me pasó ~ chitos un diminuto zapato de satín blanco. Unzapatotarde de invierno con un pobre hombre llamado Yass1e- dije, c~mo esos que las i_nujeres acostumbran llevará los
lich. Os juro que yo soy bueno, soy un bue~ padre de fa- bailes, arqueado, monís1mo, adorable. Se le supondría un
milia mas es en días que hay sol sobre este cielo brumoso. escarpín de marquesa ó el calzado hechicero que perdió
Oh 1~ bruma me mata y me hace malo. Si yo fuera sa- una noche entre dos minués la bella Cenicienta. La blancerdote, en verano rendiría culto á Dios ':( en invierno ~ ca seda había t0mado en el cofre los tonos del ámbar,
diablo· en invierno le amo, siento que se mtroduce en nn á igual de esas antiguas telas que pertenecieron á nuesser, estruja mi espíritu y avfra mis malos instintos, en tros abuelos y que exbumanos de vez en cuando de los
invierno me siento nihilista y me creo capaz de ser ladrón profundos baúles.
y asesino; moral~ente lo soy, amo lo ~ojo, y lo afi}ado y
***
punzante me ena¡enan. Cuando empiezan las primeras
Es una historia feliz la de este zapatito blanco! Los deheladas mi mujer me dice:
talles acuden á mi memoria uno á uno con su encanto
-Marcof, padrecito mío, las malas ideas comienzan á nostálgico. Lo que voy á referiros aconteció en una nopintarse en tu cara. ·Mira, no te alejes de la estufa porque che de invierno; debíamos asistirá un baile en casa de la
el fríu te hace malo........ .
l\ficheli ne.
Decía que iba á contaros una historia y ya lo olvidaba. condesa
Nos habíamos entretenido basta el último momento
Escuchaudme:
saboreando el gozo de estar juntos en una habitación herIba yo una t~de, por un puente muy e!ltrecho,co.n .mi méticamente cerrada, en la que ardían los tizones, se
pipa en los labios. Un carretero sordo llamado V as1elich marchitaban los ramilletes de violetas y las lámparas iluse~uía el mismo camino que yo y conducía en su carro minaban cada objeto con una vaga claridad amarillenta.
vemte canastas de pescado de d-i.íerentes dueños que le Es tan delicioso charlar así en las horas avanzadas en que
habían encargado las llevara al mercado para la ,enta París al fin duerme y en las que á penas se oye el monódel siguiente día. El carro á causa de la cun,atura del tono roclar de los fiacres!
puente se inclinaba hacia el borde de este, pero no había
No pensábamos en la invitaci(m aceptada por mero
peligro de que putlicra caerse al río, pnes eI pretil era suficientemente alto para impedir la caída. Con todo, hu- cumplimiento. 1\li adorada se había sentado en mis robiera querido clarle un susto al buen Yassielieh. Creeme dillas y apoyaba en mi ho1nbro su cabeza despeinada.
que que no ~oy malo, pero lo deseaba con toda mi alma, Charlábamos. Charlábamos. Ah! los bellos proyectos,
y aunque fuera algo más que susto, como por ejemplo, los deseos, las promesas que se sucedían i nterrumpidas
enviarle con carretón, caballo y canast.'\S al río, lo hubie- pór largas tre~uas de besos, por ri~as alegres, y esas palara hecho con mucho gusto. ¡Y el pobre Vassielich jamás bras, ¡esas palabras, siempre las mismas, que se repiten
me había hecho claño y era un buen hombre! Yo iba un sin motivo cuando se ama! El reloj daba las horas y se
poco más atrás ele la carreta. De repente la cuerda que burlaba. Nosotros no las oíamos adonnecidos por ese ensujetaba las canastas se rompió 6 desató. A fe que sentí torpecimiento inevitable que nos sujeta en la tibhi paz
un yuelco de gozo ·en el corazón. E l puente es largo y es- del hogar cuando son elos, completamente solos!
Pero ,í media noche fué necesario decidirnos y p&lt;'BRar
trecho, la carreta caminaba despacio y saltando mucho;
y del centro ÍI los bordes del puente hay una inclinación en la partida. Un gesto ele fastidio i;;e dibujaba en lo!&lt; labios murmuradores de mi amada. Bostezaba desesperabastante sensible.
A loR pocos momentos ¡pum! una de las canastas cayó damente y nada ei, tan contagioso como un bostew de
al pn•til del puente y ele allí se precipitó al río. La vícaer, mujer bonita, e~pecialmente cuando no se tiene el menor
y una voz muy débil me nmrmuró aquí dentro algo así deseo de trajearse de etiqueta ni de ir {L fastidiarse ducomo: «avisa á ese infeliz carretero que su carga se ,a al rante largas horas en un salón. Pero qué pretexto enconrio» pero e l invierno me gritaba más alto: «cállate, ¿no es trar para decir "no" cuando está hecha la toilete y hacurioso ver caer veinte canastas una tras otra como una beis jurado á vuestra mejor amiga que no tendrfai~ la
manada de carneros?" Y la verdad es que preferí esto. más leve jaqueca en el.momento supremo? ..... .
-si yo hubiera sabido! ...... cxclamó ella suspiramlo 1fo
Cierto que Yassidich_ iba á sufrir mucho con su de¡:gracia,
pero ¿.y á mí qur me ünporta eso? ¿Perdía yo algo con la pesar.
-~o volver.In á. cojernos más! dije yo en YOZ baja.
desgraci,i de VaRsielich'/ No, al contrario, ganaba la diMi adorada se extendió sobre la silla de extensi[,n. y
versión durante el paso del puent.c que tiene más de cien
metros. Ya os lo be dicho: el invierno babia muv fuerte cariño.samen_te, rncalc~ndo las p3:lab~s, me preguntú:
-Dime! S1 no llamaramos 1t D1orusia, serías tan galanen mí. Callé y yf caer la segunda canasta y luego la tercera y la enarta y la quint,a y otras muchaia. Sólo cuatro te que me calzaras tú mismo mis zapatos de baile?........ .
Cojí en mis manos ~us pequños piés. Ella reía burlfocanastas poco car&lt;r.1da.-; no quisieron seguir el camino de
sus compañeras. El pobre Vasl"ielich como era un poco dose á boca llena de mi torpeza y envia11do á rodar hacia
sordo no oía l'I ruido delicioso que hacían las canasta~ al el fondo de la alcoba, con un movimiento travieso el zaromper la suprrficic ele! rio fragmcnt,ínclofa en chorro de pato blanco. Este juego duró largo tiempo, y, por último,
espuma. El caballo adYirtiú mejor que Vassielich lo que cuando el zapato estuvo calzado, aquello fué otro asunto.
pa.~aba, pne!" al ii.cntir la c'.l.rreta menos pesada apuró el Su pié bailaba la gamite en aquella prisión espaciof'aen
paso. Cuantlo acabamo~ el puente corrí hacia la carreta. demasía. Y la querida coqueta se desolaba rebusamlo salir así. Luego, como para seducirnos miís aún, el :perfume
-Eh, Ya."~ielich, ainigo mio.
de las violetas volviáse por momentos más embrii1~ador,
-Qué qu.iercs? Tengo prisa........ .
-Ay padrecito, ya no la tengas porque voy á comuni- las lámparas cubiertas por las grandes pantall-as coJoT de
rosa e1wolvían el cuarto en esa media luz mistesiosa tle
carte una cle~gracia.
las alcobas y la tibieza de la atmósfera impregHaba nues-¡Dios de Dios! Ha muerto lvanowna, mi mujer?
tro !'ér y nos dejaba sin fuerzas.
-;i!o, te juro que es-algo peor.
-Ila muerto el Czar?
Ella me había atraído poco á poco á su lado sobre el es-:Xo, hombre, así 1·eventaras!
trecho mueble..... .
-Habla, habla.
-No vayamos, ¿quiéres? Estamos tan bien. Suplicaba
-Bueno, detén el carro porque es grave la noticia que ella.
voy ¡Í darte........ .
Y se bailó sin nosotros aquella noche en casa de la Con-Pero va á anochecer pront&lt;:&gt; y tengo prisa por llegar desa, quien no nos lo perdonó jam")is.
á la ciudad que clista aún dos verstas ..... .
*** como una sagrada reliquia
-No la tengas.
Yo apreté contra mis labios
-¿Porqué?
el querido y diminuto zapato blanco, reliquia santa don-,.&lt;;encillamente, porque el señor río se ha enguillado de queda algo de una dicha que no existe.
una traR otra las canastas de pescado, sov testigo ocultar.
RENÉ ]'.IJ.AIZEllOY.
Vassielich volvió vivamente el rostro·y al asecrnrarse
de su desastre se puso pálido como un cadáver. Después
enrojeció y se puso á dar de gritos desesperados. Apeóse
de la carreta y se asomó al río.
-Eh, amigo, -piensas ver los lmeoos que han hecho en
tus canastas al agujerar el río? Y a se taparon.
Vassielich se puso á llorar. No tenía dinero con qué·
pagar; le embargarían sus casas; lvanowna y sus hijos
sufrirían la miseria y si no alcanzaban á pagarlo todo, le
meterían á la cárcel. ¡Y el invierno era tan crudo!
FAT1JM.
Creí que le entrara la tentación de arrojarse de cabeza
al río. Si lo hacía, quizá su caballo se animara á hacer lo
mismo, y si no, le habría obligado. Pero el muy necio de
Vernal la mafiana. Nimbada de brwnaa
V assielicb se contentaba con llorar amargamente. Su eserigen al lejos los montes sus·crestas;
tupidez me dió cólera.
trinando las aves alisan sus plumas,
-Pude avisarte, padrecito, desde que se cayó la primey forman sus trinos alegres orquestas.
ra canasta. Mas ¿para qué? Mañana habrías olvidado el
pequeño favor que te había hecho. Cuando Ivanowna y
~ul está el cielo; la mar sosegada.
tus hijos estén llorando y te lleven á la carcel os acordaYa hsta la góndola aguarda á sus dueños .
réis de mí. }le maldeciréis· no importa.
'
En ella se embarcan amado y amada,
Va.ssielich no me rospoudió; aturdido como estaba con
el bardo y la musa que inspira sus sueños.
su desgracia no me atendía ó no me oía: no hacía sino
Tendidas las velas, la góndola parte
llorar. Yu me encogí de hombros y continué mi camino
rasgando ligera la lámina verde.
fumando mi pipa.
Va en busca del máp;ico imperio del .A.rte
¡Qué diablo! El sitio de los peces es el agua y no las
y e~ la amplia, temblante llanura se pierde ..... .
canastas! He restablecido el equilibrio de la naturaleza.
CLEMID.'TE

p ALMA.

*

~, lector,
* *por tu conciencia,
Cunoceras,
que allf donde hay amor, no hay inocencia.

.

***

La amé el año pasado
y ya hace un siglo, ó dos, que la be olvidado.
CAMPOA.MOR,

uQuieh sabe de dolor, todo lo sabe!,,
Decididamente, los sábios más ilustres de la humanidad, deben hallarse entre los volunta rioa de nuestros cuarteles.
G. GARCÍA fu.MEIJl'ON.

¿Hallólo?...... Una noche de luto, sin rumbo
la góndola, en medio de un mar foriniclable,
deshechas las vela.s1 en lúgubre tumbo
hundióla del Odio 1a ola implacable!
DABIO fuRRERA.

DOMINGO 3 DE E°NERO DE 1897
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EL MUNDO

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EL MUNDO

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

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--- -

~

Prodújose un gran tumulto, to~as las ~opas se tendie- de lobo; oy0 entonces un gemido en un rincón de la es
ron hácia Bernarda, todas las m1radas, 1mpryg~adas d: tancia.
-Quién ;:e queja? pn•gun_t:, el p!tdre M~teo.
.
afecto, y todas las sonrisas, .l}enas .de reconocumento, se
-8..ñor eov vo-c:ontt•st, una voz lastnnera de mu1er,
dirio-ieron á ella. Y respondrn sencillamente:
aqní 1~1e tienl'·n °l'SOS rnalrnt~os, que ~e quieren matar ~e~--"liracias señor Eustaquio, gracias á todos.
y ct~ndo' volvió ú sentarse, &lt;l:ijo á la rubitn de los Pre- pués que me hay.1 pne~to_bw,n con.Dios. ¡Esto es una 1111quidatl! Padn', por i\Iaria Santísima, por la ~angre da-chasse, vecina suya, á su prefenda:
Cristo ~ue~tro 8Jíior, por los pechos que lo criaron, pa•
-Yo no sé hablar, naturalmente. .
.
.
y la niña abriendo sus grandes OJOS admirados, se re- dre, s ',h-erne vd!
-Hija y ¡c0mo podré yo salvarte? respondió el padre
co;;tó en ell~ y la dió un beso.
Pero el F:r. Bigot, joven, se había levantado, á su tur- llfateo ¿qué puedo yo sólo contra tres hombres, armados
no v acarició por un momento su barba ~dosa; era un y sin ~ouciencia?
-En primer lugar desáteme vd., dijo acongojada h
jo,:en abogado de talento, muy dulce, con OJOS de un azul
mujer.
· 1 d., ,
soñador.
, .
d. • · /. Be
El padre :\Iateo se puso á tientas, y como D10s e 10 a
-Ahora, dijo, tengo una.suplica que mgir a rnarda. Deseo que nos proporcione U? gran )1onor: E&gt;spe~- entender á desatar los nudos de las cuerdas que le ata-mos-y sonrió á su esposa-un qumto beb~ el mes próxi- ban ,t aq~ella infeliz las manos y los piés; pero 1:staban
mo. F:uplico á usted, •Bernarda, que c01is1enta en ser la apretados y no se vcfa, y el tiempo volaba como s1 un toro corriese tras él.
madrina de este niño.
.
Llamaron á la puerta.
Resonaron entusiastas aplausos; pero la pobre.anciana,
-No ha despachado vd...... padre? preguntó uno de los.
dei;pre,·enida, porque e,¡to no es_taba en el progra~a como
el brindiA annal, no sabía en donde ocultarse; pusose ro- hombre~.
-¡Cá! no dar prisa, contestó el padre, que ten~a el coja, després p,ílida, con unas grandes ganas de llorar.
-Cosa hecha, ¿no es verdad, Bernarda? 1-:sted ser:í la nt7.Ón puesto, pero no acertab_a como salvará aquella inmadrina de Jn;mito-á menos que sea Juamta. Todo el feliz que temblaba como una azogada y lloraba como una
fuente.
mundo ~e lo pide.
-Qué hacemos? decía el pobre señor, condolido y asom-•
y un amistoso coro encareció estas i:ialabra~; aun los
mismos criados, halagados, dando al ol,·ido sus celos, mo- brado.
Como las mujeres son ~apacc.s de discurrir tretas has!a
vían las cabezas.
.
con un pie en el hovo, discurrió ésta esconderse debaJo
-F:í señor Enrique, dijo débilmente Bernarda.
- y' yo seré el padrino! exclamó el bueno del doctor de la capa del padre.)fateo, que como ya dije, era un hom(~onín, gozoso y rejm·ene~ido. D_emc usted la mano, co- bron que no cabía por la puerta.
-:\lal medio es-dijo su merced;-pero á no haber otro,
madre v ved usted qué bien .hacemos las co~as.
-¡oh·! balbuceó la anciana; y enternecida, pen1&lt;ando en preciso es valerse de él, y salga el sol por Anteqnera.
Púsose cerca de la puerta llevando á la mujer debajo do·
toda su vida pasada, en sus dolores, pensando .en su ~d:td
EN EL PRIMER DIA DEL AÑO.
avanzada, en que un día ya no estaría hom-ada.Y íes~Ja- su capa..... .
-Acaba wl., padre?-preguntaban los desalmados.
da en aquel lugar tom6 en sus brazos á su rubita vecma
-Acabé,--contestó el padre.Mateo al que no le llegaba
~inguna familia más unida q~1e la familia Rigot_.. Com- v ~brazándola lo~mente, con desesperación, se fundió en
la camisa al cuerpo.
,
.
,
ponfase de la bisabuela, Sra. Bigot R;~zon~, su h,1J&lt;?, Sr. una oleada de sollozos amargos y dulces, á la ver..
-F:eñor, no me desampare Yd. -gemia la muJer, m,isc
13i"ot la mujer de éste y sus tres h1Jos. Ei;tos ultimas,
muerta que Yh-a.
un°h~mbre y dos mujeres, estaban cm:ados y á su vez te-¡Calla! encomiéndate al Seíior de los Desamparado~
nían hijos. Incluyendo, pues, á estos tres matrif!1onios,y sea lo que Dios qt~iera-ro1:i.t&lt;'staba éste.
.
cl 8r. y la Sra. Bigot, jóvenes, el Sr. y la 8m. Rigourd, y
-¡A wndar~e y ligero!-dl¡eron los hombres, volvienel Sr. y la Sra. de Prechas~e,-ran dieciocho á ht mesa,
do á cubrirle los ojo~; r crrrando la puerta co1_1 llave,
el día primero del año, y contando a.l qoctor Gonfn, un
bajaron lo~ tres custodiando al padre, no f.uese q ne mtentaviejo ~go de la casa, se llegaba. á checmue~·e. .
. .
se quitarse la yeuda y conocer el para¡e en que se haPero el número siempre era ve1n.te, y la y1gé~~ma 1nnllaban.
tada no era otra que la anciana Bernarda, la antigua donDespués de dar las mismas vueltas y revueltas, se hacella de la Sra. Blgot-Rezons, la bisabuela. Sus servicios
llaron en la cal le dt&gt; H:m Francisco; entonces los tres echa&lt;le veinticinco años, su adhesión á toda prueba, hacían
DE HEINE
ron á correr ,. desaparecieron como por ensalm J.
que, en aquel dfa, se la 3:dmitiese en la comida de famiApenas ~e hubieron ido, cuando le dijo el padre ,t la
lia. Y se sostenía muy bien, completamente derecha, con
En las mejillas de mi amada vive'.
mujer:
su vestido negro, muy sencillo, y casi monástico, su vieja
verano abrasador,
-Ea, 'ahora, hija mía, pon los pies en polvorosa, y vecabeza de campesina, de pómulos arrugado~, como manen tanto que el imie-rno, el frio invierno
donde te escondes. que Yo no pnedo llevarte al convento.
zanas sonrosadas, dentro de un gorro de tul negro. Vervive en su cor-azón.
No me de~ la~ gl'aéias, sino á Dios que te ha libraclo; 1m•
dad es que se sentía un poco cortada, y que no desplegaMas luego, espero en Dio~, en sus mejillas
te detengas, que aquellos foragidos conforme se hallen
ba los labios, por más que se le dirigiese continuamente,
un día no lejano
con ,iue voló el pájaro, yan ií venir á alcanzarme.
con bondad, la palabra; pero la. anciana se ocupaba de
el invierno esta.rá, y en su alma pura
Dicho est,o, ella echó ,í correr, y el padre en tres zanca,;us preferidos, una fresca rubita de la familia Prechasse,
habitará el verano.
das se planti 6.cú en su convento. Conforme entr:i se fu í
y un mofletudo de los Bigot, jovenet', entre los cuales, y
á la celda del padre guarclián y le cont6 cuanto le había
por un sentimiento delicado, la habían colocado.
pasado, aiiadiendo que aqnella gente de cierto vendría al
La coinida tocaba, á su fin;-preciso es decir que esto
cOJwento á preguntar por él.
acontecía desde la fundación de la vieja familia Bigot, y
No bien lo hul)o dicho, cuando se oyú llamará Ll p:tC'rta.
por más que parezca complicado 1 os ase~uro que todo el
El guardián fné el que bajó y se presentó.
mundo se encontraba alü muy oien ;-1a comida, pues,
-¿Qué se ofrece, caballeros? preguntó.
llamaba ií su fin; se había tomado una sopa de puré, un
-Acá venimo~, contestaron, en busca del parlrc )late ,,
pescado nQrmando, un filete de ternera, guisantes, el tra:¡ue estaba ahora poco confesando á una mujer.
dicional pavo trufado, una ensalada, un pastel de fram-:N"o hay tal: el pa&lt;lre }lateo no ha confesado esta n Jbuesas, y se escanciaba el el champagn,,, estando las demás copas agmpadas en fila, por tamaños, llenas de vino
che á ninguna mujer.
-¿Que no? ¡pues si se la ha traído aquí por 111 ~~ s(':hs!
derl-füm, Chambertin y Chateaux-lllarganx.
CUEXTO POPULAR.
-¿Qu6 f-Stáis diciendo, deslenguados? ¡U1u mujcr al
El Sr. Bigot, padre, un hombre alto y graw, tomó
Hay en uno de los pueblos de Andalucía que al.za sus com·ento! ¿cúmo se entiende, quitar de esa m tnera la esla copa; establecióse muy luego un completo silencio,
merced á los enérgicos ch11ts y ií las palmadas que las ma- blancas casas bajo un cielo que crió Dios, sólo .para cobi- timación al padre :\fateo é infamar al conYenh?
mt,s aplicaron á los niños en las manos; y todas las lnira- jará España, desde Despeñaperros hasta la ciudad que
-:~fo, no señor, no lo decimos con esa intenci.;n, ~in.,das i,e convirtieron sobre la anciana sirvienta, quien lle- defendió Guzman el Bueno, un convento abandonado co- que..... .
-¿Sino qué? preguntó cada vez miis enojado el guarna de confusión, pero comprendiendo que no tenía razón mo todos, ~acias al progre.~o de la.~ ruina.~, situado ~ob~e
de ruborizal'!'e, fijaba sus ojos, á través de la mesa, en una elevación del terreno, al fin de una ancha y solitaria dián. ¿Qué motivo honrado puede acaso haberpara traer
una de las criaturas, en la pequeiia Renata Rigourd, con calle, á la que dió su nombre San Francisco, y es hoy, más de noche una mujer al convento?
esas 1niradas tiernas y serias, de una hermo~ura son- propiamente que nunca, la última casa del lugar. Eleva
-Bien te dije yo, murmuró el uno, que esto no era coriente y algo fatigada, que tienen ciertas mujeres del el convento su grandiosa puerta hacia al pueblo y eA--tien- sa natuml, sino milagrosa.
de su huerta en el campo.
pueblo.
·
-Sí, se dijo el otro: esto es obra de Dios ó del diablo.
Hubo en estas huertas muchas palmeras, hay ancianos
Un soplo de simpatía flotaba en torno suyo, se fijaba
-Del diablo no, porque no se mete á impedir lo que le
en su rostro-¡debía haber sido muy bella y sufrido mu- que las recuerdan; pero sólo quedan dos, unidas. como tiene cuenta.
cho !-bajaba á lo largo de sus espaldas encormdas por hermanas. Hubo en el convento muchos religiosos; pero
-Id con Dios, mal hablados, dijo en voz campanuda
veinticinco años de una servidumbre digna é irreproclrn- ya no queda sino uno sólo. Las palmas se apoyan una en el guardián, y guardaos de acercaros ií los conventos con
blc, y se hacía prcceptible en sus mano~, unas manos de la otm: el religioso eu la caridad de los fieles. Todos los malos fines; ni tendáis lazos, ni levantéis calumnias á sus
trabajo y de obediencia, surcadas de cicatrice,:, hincha- martes viene ií decir una misa en aquella magnífica igle- pacíficos moradores, que como el padre Mateo, descansan
das, echadas á perder, muy encarnadas, pero muy lim- sia abandonada, que ya no tiene campana para llamar á tranquilamente en su celda; que nuestro Santo Patrono
pia~, y que tenía el orgulloso instinto de no pretender los fieles.
vele sobre no,;otros.
ocultar bajo los manteles.
Cuentan las crónicas antiguas que en aquellos tiempos
-1fo te quede duda, dijo el más encogido de los tres,
Así, pues, el Sr. Bigot se levantó con la copa en la ma- en que el convento hallábasc ocupado por monjes, que- ha sido el iniFtnO Ran Francisco que ha venido con nos-•
no; á su lado, la bisabuela con una sonrisa en su amplio dábase todas las noches un padre velando por si lo re- otros para Falvar con un Inilagro á aquella mujer.
semblante pálido que generalmente no sonreía ya, hizo querían. Una noche que le tocú la vez á un padre muy
-Padre )fateo, dijo el ·guardián cuando se hubieron
un movimiento con la cabeza á su anciana, á su fiel sir- conocido y bien visto en el pueblo, que se llamaba el pa- ido, se han sobrecogido mucho y os han tomado por S,u1
vienta, como para alentarla, y con su medida voz de ma- dre Mateo, vinieron á llamar tres hombres á la portería, Francisco. )lás vale asf, pues son gentes telnibles yestfü1
gistrado dijo muy sencillamente:
requiriendo á un religioso para que fuese ú auxiliará uu fnrio~os.
-a\.ntes de beber al nuevo año y á las egperanzas de di- hombre que se estaba muriendo.
-Mucho me homau, contestó el padre Mateo; pero.
cha que puede traemos, creo que tenemos que hacer un
El portero avisó al padre Mateo, que bajó al instante.
deme V. P. permiso para marcharme esta madrugada á
brindis: hay entre nosotros una anciana, una fervorosa Pero apenas se había cerrado la puerta del convento, 108 un puerto de mar, y de allí, en el primer barco que salga,
amiga, diría casi una parienta nuestra. (Bernarda, en tres hombres le dijeron que era preciso que á buenas ó á las Indias, no sea que piensen mejor y me cuelguen á
efecto, hacía recordará una tía pobre de provincia). Du- ámalas dejara vendarse los ojos. .Al padre le hizo aquello mí el inilagro de Ran Fr-ancisco.
rante veinticinco años ha rodeado de cuidados á nuestra una gracia como si le sacaran las muelas; pero ¿qué había
F. CABALLERO.
madre (y se volvió á la bisabuela) ha hecho bailará lnis de hacer el santo varan sino agach3:r las orejas? porque
dos hermanas y á mí sobre sus rodillas, y ahora consagra. aunque er-a un mocetón como un trinquete, y tenía bues~ ternura á nuestros hij.os: por vosotros hablo, chiqui- nos puños para defenderse, aquellos er-an tres, em gente
tines míos; un día, sabre1s cuán buena, noble y desinte- del bronce, y venía armada.
resada se ha mostrado Bernarda, qué ejemplo de sencilla
Además, tampoco podía su merced desatender á su iniprobidad y de fidelidad ha dado. Y por esto, Bernarda, nisterio, y sólo Dios sabía cuales eran las intenciones de
bebo á. la salud de usted y le ruego que alet&gt; su copa con los que la llamaban. Así fué que se dejó vendar y dijo:
nosotros. Todo el mundo, aquí, quien• ,í n~tl•d y la res- ¡A Roma por todo!
peta. Pennítame que la desee que. corno basta ahora, se
:Kadic puede 1mber las calles que le hicieron andar, por
coneerw animosa. y fuerte, y decirla que un día beber,¡ esta me entro, por esta otra me salgo, hasta que- llegaron
Terne á las ill.llliones;
ust-t•tl, así lo espero, á la salud, no solamente &lt;le e::;tas á un casucho, lo subieron por una escalera, lo empujaron
que es peor la ilusión que las pasi&lt;;mes.
J1e.atnra, que hn visto nacer, sino á la de los hijo,; de sus en un cuarto y ~ encerraron.
C ,UI.POAMOR.
rijios!
Quit6se la venda pero todo ~~-taba obscuro como boca

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MU?-lDO

PRELUDIO DE INVIERNO.
A Manuel Gutiérrez Nájera.

á Rosa.lía, la garrida muchacha de los tiempos de Sant-a
.Anna,yero en qué estado!

Sus piernas estaban báldadas, su cabellera blanca había desaparecido casi, y s-'&gt;lo er.i. un copo de nieve sobre
su cabeza venerable. .Apanas me record:&gt;, y después de
platicar un _P,OCO de los tiempos que habían hu,do, me
despedí haciéndole un pequeño regalo ...... Su corazón se
abrió á cariños apagados y muertos, bien se veía ésto en
sus ojos que brillaban de alegría, y no hallando cómo
obsequiarme, volvió los ojos y señalando un pequeño(altar de Belén, me dijo gozosamente:
-¿Te acuerdas?
¡Oh, sí! Allí estaba el ~iño Dios de Rayas1 en su Jecho
de pajas, con sus ojos pensatiYos y su bracito pidiendo
un cuello amigo para estrecharlo ..... .
La anciana se arrastró penosamente, lo bajó con su mano trémula y haciendo que me inclinara, lo puso en mis
brazos ........ .
Entonces sentí algo inexplicable en tni cor-azon; un paisaje que aparec;a. al volar las. brumas que se habían acumulado sobre m1 alma prec1ta ...... algo que me sacudía
hasta lo m1is hondo ele mi sér y_me derrumbaba al golpe
espantoso de Jo invisible..... .
El paisaje de mi niñez apareció radiante y vívido y al
sentir el .abrazo sagrado que tantas veces me había' dado
la felicidad, una voz dulcisíma arrullaba en mi alma con
arrullo de palomas:
-Tú eras bueno y eras humilde, no eras ambicioso ni
la maldad te había manch'.1do ...... ¿Por qué te has olvidado de IJ?f?...... Ya ves ci.ue siempre, en cualqtúermomento
de tu vida, soy tu ~mugo, porque mi inocencia no sabe
nada de lo que me has ofendido ...... tu comzún E's un abrevadero de pesares porque )",e .ha faltado mi abra.za &lt;le año
nuevo...... y~ ves como la uruca felicidad_consi~te.:._en volver_á ser muo ..... .

&lt;Jomo reina viuda, su crespón inmenso
La enlutada noche por el cielo extiende,
Y la luna, enferma, tras el velo denso
De pluviales nubes de la mar asciende.
8obre la baranda del balcón marmóreo
Reclinado, sólo, el poeta medita;
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Con sus recias alas sollozando agita.
Su flotante clámide al lejos la bruma
Desenvuelve en Yagos, nostálgicos limbos
Y fosforescente, vibrátil, la espuma
Nimba el oleaje con argénteos nimbos.
Febril el poeta siente en la cabeza
De insomne nenrósis la caricia cálida,
É imprime en su alma la musa Tristeza
El doliente beso de su boca pálida.
Y sombríos versos su cerebro labra.,
Donde las ideas simulan espectros
Que bailasen danza trágica, macabra,
Al compás de extraños y siniestros plectros.
¡Ah la alegre musa de las ilusiones
Que el cerebro enflora con azules sueños!
Ella ya no rima triunfante canciones!
Ya no pinta cnadros de tintes risueños!
Ya, oh triste poeta de los versos negros,
Ante los altares del amor no invocas
El bendito beso de dulces alegros
Que unían dos almas al unir dos bocas!. .....
La enlutada avanza, y al balcón marmóreo,
Solitario, insomne, el poeta medita,
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Can sus recias alas sollozando agita
DARio HERRERA.

11

la guija, hace locas
-Yirntas del agua.

El alma revive,
y el sol elabora con rayos de oro
la flor en la rama.

*

* * de colores
Su muestrario
despliega la mariposa,
y por el verde capullo
asoma, vi va, la rosa.
***

Rondan las abejas los frescos rosales;
echan sus penachos los cañaverales;
dejan los reptiles su sueüo tranquilo,
y baja la araña pendiente del hilo.

***

Inquieta y movible,
pequeña y rédonda,
es duende del agua
la b(irbuja loca.
El iris la pinta,
el aire la sopla,
su origen la crea
pupila graciosa.
Es punto de randa,
lunar de la toca,
brillante movible
que tiembla y que flota.
Borda las ori!las,
engarna la roca,
las florns salpica,
y el musgo corona.
Dejadla que brinque,
dejadla que corra,
la idea del agua,
la búrbuja loca.

*

* el
* estanque,
El pez en
deshecho el duro hielo
desliza bajo el agua
su góndola de fuego.

***

De fimbrias vistosas recámase el prado;
El lirio enarbola su hisopo morado;
enredan las zarzas sus velos obscuro,:,
y van las madreselvas sobre los muros.

***

E L ABR AZO DE AÑO NUEVO

Había en el hogar que abrigó mi infancia, bajo cuyas
alas me acogí como un polluelo abandonado en la noche
de la vida, una anciana que había sido hermosa en su juventu~, que había brillado entre la garzonía de los buenos tiempos de Santa Auna, que había sido cortejada
por brillan_tes jóveu~s ci.ue ahom sorbían su rapé en las
frescas mananas de mv1erno, rodeados de sus nietos.
Recuerdo vagamente que Rosalía, á quien nosotros llamábamos la madrina Rosa, tehfa una sonrisa de luz en
sus ojos que eran a(m hermosos, y una trenza de nieve
que hacía palidecer de envidia á las muchachas.
Pero la pobre no tenía más...... ¡ah, sí! poseía un tesoro, un amuleto sagrado que quitaba de su corazón los pesares como un sueño bienhechor. Todos los años Rosa
ponía su «nacimiento,» su po1ial de Belén donde ;costaba un Niño Dios adorablemente hermoso, el Niño Dios de
Rayas, que en lejanos tiempos había sido el encanto del
rico mineral guaaajuatenre.
Era un Niíio Dios que había sido esculpido maravillosamente por un artista ignorado, en una actitud de supremo consueloi cuando lo cogíamos en brazos como á
los niños pequeños, su bracito ebúrneo quedaba sobre
nue~tro cu~ll?, ap~isio!Jándonos en un abrazo que 11uestra mfant1l imagmaci6n tenía por celestial. Ese Niño
Dios era la única joya de la madrina Rosa, y por eso, como una prueba augusta de su cariño, todos los días primero,i del año nos llamaba á nosotros los niñosnadamás
á ~os de corazón puro t alma límpida, y bajando al Niñ~
D10s de su lecho de paJas lo ponía en nuestros brazos sellaba ~~estra alianza con él por medio de esa encantlidora ~·ic1a, y luego nos daba un puñado de caramelos y
colaciones, con el orgullo de habernos hecho dichosos
por todo el ai1o..... .
Los tiempos volaron, lni corazón se abrió al amor y al
mal, lni espíritu se ennegreció con la nublazón horrible
de la duda, mis esperanzas tendieron el vuelo..... .
Y con el ahna enferma emigré á otras regiones y perdí·
los últimos destellos de amor que había salvado.
Después de diez años vol\'í al hogar querido y lo hallé
:triste, porq_u~ lasp~iones habían despertado en los corazones que yo había dejado niños..... .
Volví á htúr acaso para siempre· la lucha me llamaba
con gritos fatídicos y atronadores yo cerré mi corazón
á las viejas afecciones y desaparecí......
'
-Cuando pases por Guanajuato, haz una visita á lamadrina Rosa.
Prometí hacerlo, y apenas llegué á la orgullosa ciudad
corrí por una callej~ela de Tepetapa, pregunté, inquirí,
con el corazón palpitante llamé á una pue1tecita hulnilde. Entré y en la unica pieza que era alcoba y sala, hallé

y

y

Sobre los hombros gr,íciles cayeron blancas pieles;
la parda golondrina marchúse á otras regiones.
Policroma paleta no tiene ya Cibeles
ni los castaños bojas, ni fre~as los gorriones.
.Aliento gris del Norte ya emlxu1a el manto azureo
y las nudosas r-ailllls como cara es blancos
reflejan débil rayo de opaco sol purpúreo
que en la penumbra deJa los cincelados banco~.
Sobre el asfalto y teja y plomos y pizarra
la nieve lenta cae. Ya la paciente hormiga
triunfó de In travie~a, monótona cigarra.
Hambriento aulla el lobo \" el pobre un pan mendiga.
Llegó el augu~to abuelo ·de los cabello~ canos,
con sus awles pieles y sus harapos negro!:'.
En su capullo sueñan con alas los gusanos
y el ruiseñor prepara sns místicos alegrns.
Ya sobre el glauco vidrio de linfas que se duermen
surcos de plata deja la audaz patinadora.
El fecundante polen y el impalpable germen
no vibran en e viento que gemebundo llora.
Las cárdenas ojeras y los semblantes pálidos
son de ese cuadro tintas, son de ese cuadro arpegios.
En su rincón oscuro ya gimen los inválidos
y se embriaga Yenus en los festines regios.

···:.;¡·¡~-~~~;:~~t~·p:Üid~·a.~·¡;;~·~~¡~;·¿j~~······················
por el desierto campo va en vu1:-ca de su leña.
Aunque los piés desnudós se hie1·e en los abrojos
sobre la nieve avanza: la pobrecita sueña.
De: pron~ se detiene. No hay nadie que la escuche;
Suplica-pide y llora-No hay nadie que responda.
Sobre ~l sudario frío de virginal peluche
sus lágrimas parecen diamantes de Golconda.
i. .Al fin rendida cae. Sucumbe la materia
y la paloma blanca va en busca de su nido. .
¡Cuán triste es el invj.erno! ¡Cuán triste es la lniseria!
¡Cuán fría es la nieve! ¡la nieve del oh.ido!
Emn:s-ro O. P..c1.LACI0.

El ave humann, la golondrina,
se cuela, sin permi~o por las ventanas;
lanza píos ~nnoros ba¡o los techos,
ruido de abanicos forman sus alas.
Recostado en 1&lt;11 cuna la mira el niño,
que tr-as su vuelo errante la vist:i vaga;
á la madre le pide que la detenga
y ella finge ademanes para alcanzarla.

**·*
La que llevó lazo azul,
vuelve con lazo de. grana:
¡Es el querido recuerdo
de otros seres y otra patria!
***

Forma la lluvia sus chasquidos huecos,
desfleca el aguacero su cortina,
y una línea de Rol rubia y divina
brilla y tra~pasa los brillantes flecos.
Alzando el agua susurrantes ecos,
imita en el rosal su carntina;
el i·umor de llls trompas en la encina
y ecos de caja en los arbuBtos secos. '
Cubre el agua los términos distantes·
Abril baña sus tintas y colorns,
'
para lucirlos luego más r-adiantes.
Joyas son los capullos y las flores,
y de un tropel de chispas de diamantes
los empiedra la luz con sus fulgores.

***

Estación hermoSa',
dulce primavera,
¡á tu impulso florecen las almas
y es nido de amores la tierra!
E&gt;"TlO.

Doctor es el higo chumbo,
estudia ciencia de espinas
y en el ilustre birrete
'
le sale borla amarilla.

***

El t~onco echa sus gomas del sol al rojo:brillo;
la abeJa unta en las flores sus patas de runarillo ·
la rana da en la peíia, dejando el agua rota
'
y tiempla el grillo negro su lira de una uo~.

***

SINFONIA DEL AÑO
Fragmentos.
PRIMAVERA

El germen re,ive
y horada la tierra;
el cesped despunta.
y el suelo recama;
las bardas de hojas
deshacen sus brotes
mostrando en sus puntas
La.s lilas moradas.
Cepillo de piedra

Pendiente entre flor y flor
de un hilo leve de araña
el gusano se columpia '
como un mecedor de plata.
Sueña en la esfer-a redonda
de la teñida manzana
que habrá de darle m~ a,;ilo
entre su carne aromad.a.

.,.

**
Tit-nden las palmeras

sus arcos flotante:;
como laberint-0 '
de columnas árabes.
Sus mil abanicos
refrescai1 el aire

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

12

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

•

PLUMAS Y LAPICES.

•

•

.

EL MUNDO

I

Te "º tresIPlumas en el carcaj de cris~l de Bo~~mia.
. que ~rillanta el escritorio de nogal ?ubierto de diJes y
erfumado por las violetas que trae mi buena ama.
p Una es de acero, otra de oro,..amarilla como el ala del
canario y la blanca es de ave taJada por el am.a~o. .
La de acero escribe los artícul,os rudos J'. obh~ados del
periodismo en las horas de hast10 de la existencia, horaa
grises en qne la ley del ~rabajo hace inclinar la frente para llenar deberes contra1dos.
Escribe con tinta.
Escribe con hícl.
Escribe con sangre!

a.~ .gi~:

·á.~·

· ..i,~ ~~~··¡;;~~{¿~;·pi~;;~· a.~·~¡~. t;~¡~;;i¿~:· ·~·i·~
rias literari~, que la amo y la acaricio .coruo á. la co~pañera en las tenaces batallas del pensa~1entq Y. de la idea;
ella traza los libros en cnyo. fondo vierte 1~ fantasía ~alentnrienta, los colores ya vivos,. ya sombnos de la vi.da
real, y aspira á conmover la sociedad provocando la 1!ª
santa del presente para ganar los galardones del porvemr.
Sí! yo q1úero viv~r para despn~s!
La amarilla, escribe con la savia del cerebro roba\1do !a
vitalidad del amor material con el hielo de la eJt..-penenc1a
que paraliz:¡, las fogosidades del alma.
Ella trabaja!
Y la blanca!
La de paloma, qne modula cantos en la copa ~ecedo~
de los sauces esa suavecita pluma que resbala sm rechinar sobre el papel como la de acero_, ni mostr.ándose ~ura
como la de oro; esa viene del carca¡, entre nns nerviosos
dedos, cuando escribo al amado; cuando recuerdo la .Patria á mis hermanos; cuando el alma llora en pobre r.una
de mal perueñados
versos, los más de ellos escou~dos
0
tras la gasa de nombres ficticios, por mí .sola conoci?-os
en el torbellino de los vivos, porque son cipreses y epita•
ti.os puestos sobre el cadáver de los recuerdos!
Mi suave y nevada pluma.
.
.,
Imagen de la Felicidad; de la Resiguac10n; de la Espe1·anza! es decir: ayer. hoy, mañana!. .....
Ella le ha dicho al amado todos los secretos grandes y
¡equeños, aprensiones y niñerías, angus~ias y, con.g&lt;!jas.
Y él ha sonreído tal vez!. ..... ¿Qué sonrisa mas divma?
l\Ii nevada :pluma, la de pal?ma,. escribe ahora con el
jugo del corazon que asoma cristalmo y tembloroso á la
pestaña ora con la núel encerrada en el cáliz de las amapolas, beleño del alma que al alma vá!
Oh mi blanca pluma! Yo la enristro como el gladiador
1·omano qne se lanza a la arena, repitiendo con el poeta:
«Hay plumajes que cruzan el pantano. Y no se manchan.
ll'Ii plumaje es de esos!»

···N;·¡;;;j;¿;t~·;¡~¿·i~~·i~;~~~~·~;~¡~h·b;i¿·¡~·i:¡é~:;;;q~~·~i
escritor pisa, si la pisad.a es firme!!
II.

Tres lápices gmirda la zapatilla de lana, puesta á la derecha sobre el escritorio de nogal, sostenida por dos angelito~ de rostro radiante y risueños ojos.
.
Rojo, como la flor del granado, como los ke~1:5 de loa
soldados de mi patria; es el primero y echa tarJaduras y
hace raya;; sobre los periódicos que leo y marco en la faena del periodismo.
Señala transcripciones qúe enrojecen algunas mejillas -,
azotan algunos rostros; y el lápiz rojo vuelve á. la zapatilla de l?orcelami.

•
Sra. Mercedes Barajas de Diez Gutiérez ( de San Luis Potosí).

y arrullan la siesta
con ruidos vibrantes.
En los verdes bosques
simulan encajes
y templos soberbios
y selvas de alfanjes.
Alzándose enhiestaa
en rocas distantes,
se entienden, y besan
por medio del aire.
Vigilan el amplio
desierto gigante,
y velan el sueño
gozoso de 1 árabe.
A la carabana
dan sombra inefable,
y oyen del serrallo
las zambras brillantes.
La esfinge coronan
con palio flotante,
¡y á Cristo celebran
del templo en las naves!

***

En el intenso rayo de lintas foscas
bailan sus rigodones las pardas moscas;
sacuden y apalean, batiendo el ala,
los átomos que, viva, mueve la escala.
Una mosca se cierile y otra se agita;
otm en el rayo de oro se precipita;
ésta zumba, da vueltas y se alboroza,
y aquella que la sigue sús alas roza.
El aire caprichoso la cinta orea
y en ver el raro baile se rigodea,
hilsta que hace, soplando loco y sin tino,
con chispas, sol y °¡oscas un remolino.

* de llamas
Rendida al* mar
que baja de la altura,
la sombra busca todo,
la sombra y la frescura.
Y sólo los lagartos
se asoman al boquete,
vestidos con casaca
del siglo diez¡ siete.

**

Brillan los relámpagos,
la tormenta,
brulan los granizos
en las chimeneas;
el chubasco alegre
de redondas ~rlas
pica en los cristales,
bota en las monteras,
vibra en las campanas
y el campo apedrea.
Unas formán tímpano
sonando en las teJas,
otras por las ramas
del arbusto ruedan.
Allá va el chubasco
de crugientes perlas,
haciendo al ganado
correr por la vega,
dejando tan sólo
tras sí como estela,
el acre perfume
que exhala la tierra.
~

~-**

Sacude el tridente
la parva en la era;
la paja se huye
y el grano se queda.
Al revés sucede
con alma y materia;
el cuerpo sucumbe
y el alma se 1;.1cva.

*
d e una espiga,
.
Sus élitros moYiendo,* colg-ada
preside la ciuarra.sus fiesta6 estivales;
11u canto no ~onoce fa lánguida fatiga
y son en la natura. sus ecos inmortales.
Su voz cascada y bella madura los racimos
templados en la tierra del sol por los calores;
y tiñe de los frutos espléndidos y opíruos
la _piel iluminada de vívidos colores.
Es ella la que canta la música qne escribe
el rayo del estío sobre la fuente rota; .
.
es la que entre las frondas y los rama¡ea vive,
es_el verano ardiente metido en una nota.
SALV.ADOR RUEOA'

*

** hago las anotaciones marCon el azul, simp,ítico lápiz!
ginales en los libros que leo y él me acomfaña durante
largas horas del día y de la noche junto a atril de lec-

tura.

Trabaja el hipiz azul cuando las campanillas florecen
en la maceta y se alegra el corazón.
;. Sus rayas, puestas aquí y allí, se muestran como girones de cielo detr.ís de las viajeras nubes que se amontonan, se esparcen y se van.
Ay! azul fué la sortija que el amado puso en mi dedo!
He visto que de azul se engalana la aurora al nacer
Azules han sido los más queridos sueños de mi vida.
Por Cllo amo mi lápiz azul!

***
Barnizado por fuera tiene el cora-

El tercero, es negro.
zón de carboncillo.
Tétrico, pero simpático.
Con él hago la lista de la lavandera y rubrico los recibos del carbón y del cocinero.
¡Pobre lápiz!
Negación de colores ausencia de luz.
Mas, él es obediente y callado, marca el aseo de la casa y la vida de la familia.
:Mi lápiz negro es el mejor.

III
¡Plumas y lápices!
¡Ay! Yo que amado tanto y qne tanto he sufrido; pido
al Destino que, al llevarse la juventud, me deje mi lápiz
negro y mi pluma blanca.
.._ ¡Quiero ahogar recuerdos!. .....
CLORINDA

l\1ATTO DE TuR~ER.

A todo va la inmensidad unida,
si entre el ser y no ser media un instante
tiene el Jlllnto presente de la vida
un infiruto atrás y otro delante.
CAMPOA.HOR.

EL SIMBOLO DEL INMORTAL ESPOSO.

Cuento de Invierno,

I
El no la había visto durante la eternidad ele cuatro
ru1os que habían transcurrido lentos y amargos después
del matrimonio. No había querido encontrarla en tanto
que ella pertenía al otro, al que l.t había tomado muy be·
-lla, á los dieciocho años, virgen..... .
La última vez que vió sus ojos negros y oyó su voz du lee, fué la víspera del matrimonio, cuando los fríos tlc
Enero. Hacía una simple visita, al azar, Yiajando, y como nadie le babia advertido, se sorprendió mucho de
(lncontrar en el viejo castillo una reunión nwnerosa y
mezclada de amigos é invitados.
Recordaba ahom su dolor mundano de entonces; palabras vacías y gestos convencionales en Jugar de poder
abandonarse al sufrimiento que le invadía, febricitante
y agudo. Los padres de la joven reunidos en nna terraza
sombreada1 después del almuer.lo, consideraban su llegada con mquietud, porque estaban informados de sus
sentimientos y con miradas amables lo despedían dulcemente.
A pesar de esto, permaneció más de lo que convenía á
fin de verla. Y ella apareció con la alegría en sus movimientos y el orgullo en sus ojos,-la alegría y el orgullo
de la desposada. Se aproximó á él sin asombro, como si
le esperase y le present.S al marido del día siguiente, un
desconocido que le saludó fríamente y luego yolvió el ros•
tro á otra parte.
Ella llevaba una toilette rebuscada y se mantuvo cerca
del otro inconscientemente.
Eso le hllb.ahecho mal, á él que llegaba sin saber nada,
con recuerdos y con una esperanza, y partió muy triste,
perdiendo todas sus creencias.
El visitante había vuelto todos los años, cuando los fríos
&lt;le Enero, para encontrar las sensaciones llenas de
frescura que cantaban aun en él. La vieja abuela que va•
gaba en la soledad en tanto que los otros habitantes del
antiguo castillo halLbanse diseminados en villa, de placer, la vieja abuela que lo comprendía, le hablaba de ella y
le mostraba retratos que él no se cansaba de ver.
Cuando part.a no podia evitar YOlYer la cab&lt;'za para mimr una Yez más las torrecillas engnimaldadas de yedra y
el jardín en que la joven le había ofrecido una rosa blan•
ca cierta tarde á la hom del crepúswlo..... .
Se llamaban Arme! é lvona: nombres de novela y de
poesía que han tenido nna influencia misteriosa sobre la
Yida y que son frecuentemente retratos que se parecen.
IJ.
·-i\.rmel, elegante joven de treinta afios, esperaba, pues,
en el gran salón sombrío del castillo romántico; volvía,
&lt;"Orno todos los afíos, ,t la peregrinación de sus primeros
pensamientos; pero esta vez iba por fin ii encontrará su
amiga. Iba ,t encontrarla con traje de viuda, porque había recibido una carta de duelo, con la letra trémula de
la abuela sobre la cubierta encuadrada de ne!ITo.
Y e,l:&gt;eraba aún, como en otro tiempo, o!via'.-indo el matrimomo en sus ideas de soñador; por que no tenía en su
mente la imagen de e.~o; porque no había visto á Ivona
cuando era la mujer del otro; porque no había sufrido con
la realidad; porque había vivido de la frescura de sus re•
cuerdos, en la juventud de su alma, en el aislamiento de
su indepen.dencia de hombre libre.

De suerte que en la oleada de sus ensueños, ese rnatri•
monio se volvía al~o inmaterial, algo no real, cuya amargura se caracteri7,aoa solamentf por el cuidado que él to·
rnaba de no pensar en ello.
Un paisaje claro aparecía entre los pesados cortinajes
de las altas ventanas estrechas, con mucha luz blanca y
el debil sol d!é' Enero.
Arme! respiraba el aire frío de los campos que se insinuaba entre el moviliario solemne del salón. Estaba sentado frente á las ventanas, en el rinc6n deun canapé de tapicería severa que le traía recuerdos enternecedores. Sus
ilusiones volvían ahora qne iba á verla de nuevo y pensaba qne acaso, como antes del matrimonio, se sentaría
en el otro rincón del canapé.
Como buscase con los ojos el retrato de la joven, el re•
trato de la viuda, notó cerca de sí, en el mármol ~is de
una pequefia mesa redonda, nn estuche &lt;le pergammo co•
lor de marfil, cifrado con iniciales entremezcladas, que
tom6 y abrió, encontrando dos retratos gemelos: el de
Ivona y el de el otro-con una mirada fría.
III
Oyó un crujido de sedas y ella entró mostrando su sencillo traje negro de viuda joven, con el rostro empalidecido, la fisonomía fatigada, el andar lento.
El se levantó bruscamente, teniendo en la mano torpemente el estuche de pergami,no que no supo poner en su
sitio. Ella vió eso y le cansó una impresión inopinada.
La aproximación de esos jóvenes que se amaban acaso
tanto el uno como el otro, era tan conforme á las leyes de
la naturaleza y estaba tan bien en el orden de las cosas,
que se encontraban, después de cuatro años de separación,
como seres que deMan volverse á ver.
Sin fórmulas triviales y sin frases, se cogieron las manos un instante y se colocaron en los dos rincones del canapé de tapicería, á distancia. Antes de hablar, él contemplaba á la mujer convertida en madre, con una beldad
diferente y la mirada más profunda; y ella le contemplaba también, pero sobre todo para saber si la encontraba
cambiada, si la estimaba menos linda.
El la contemplaba y se entristecía porque no era ya la
joven que hab,a dejado un día·la víspera del matrimonio. Después de los vagos ensuefios, encontrábase frente
de la realidad brutal. Se sentía languidecer observando
que las formas vacilantes cuya visión fon(a aún, mny :pura, estaban animadas de una vida nueva, de una vida
extrafia ...... y sorprendía un pensamiento profano en los
ojos agr¡¡ndados de la mujer.
Como era morena y bien desarrollada, y su persona y
su ros.tro tenían un caracter apasionado, esas cosas
acentuaban más aún, de suerte que ~ufría mucho.
-Qué ha hecho usted durante este tiempo? preguntó
ella Rencillarnente, con una voz blanda que él no le co11ocía.
)fas como continuase hablando, aquella voz blanda turbaba extrañamente al jqven¡ veía de otra suerte aquello
que al principio le había afligido y una sensación p 5rfida
se apoderaba de su voluntad.
Respondía sin pensar, con palabras que significaban
que no había cesado de amarla. S.'.&gt;lo que ella parecía no
oirlo, y, muy femenina, desviaba la conversación, en un
.ff.irt involuntario, para llevarla á las pláticas que habían
tenido .otras veces.
Decía con su v-iz bla nd:l cosas lindas y encantadoras

se

Sin embargo, Armel se ponía más. y más ~riste porq,ue no
reconocía ya las ideas ingenuas é irreflexivas de la Joven,
q ue era tan amablemente crédula y no encontraba ya su
naturaleza im~ulsiva, abnegada y .gei:erosa. ~abla~a ella,
hermosa é insmuante y evocaba 1mugenes 11npreS1onantes; pero él sentía en todo esto la educaci.ún del otro, del
que la había tomado para formarla á su imagen y semejanza y la poseía hoy todayía-después de s~ i:nuerte.
El hombre de mirada fria le había transnut1do una segó.uda naturaleza, preciosa y disimulada, que razonaba y
:;e contenía; una naturaleza ficticia, que sobrevivía al esposo. Este se· había asimilado sn mujer, dejándole una
huella t-enaz, de suerte qne era aun el otro quien pensaba
y hablaba en ella. Las contradicciones de la viuda parecían ser lá rebelión del marido contra el intruso y el desacuerdo de la converBacióu representaba el símbolo de una
lucha entre los dos riYales.
En su melancolía, Arme! dijo á Ivona:
-Usted no es ya la misma ..... .
El hizo un ge¡,:to de renunciación.
Entonces ella tuyo la intuición del sufrimiento del joYen y dúcil, se aplicó á ponerse en comnnión de pensamiento con él. .
.
Esta era para Armel .una esperanz~ de quitárs.ela al otro
Y de volYer insen~iblemente á su amiga á su primera natnraleza, expansiva y entu$iasta, que se aliaba t~nbién
á la suya, en otro tiempo, cuando se ca~entaban ¡m1~s
al mismo sol de imierno, bañando sus miradas en las mmacnladas blancuras del paisaje ........ .
Permanecían $entados, en una semi-intimidad1 E:n los
dos ángulos del canapé, ante la~ altas ventanás abierta,
qne dejaban entrar un poco de mre al departamento ausstero.
Arme! oía hablará Ivona, y como mútuamente re~n•tían el eITor ele aquel matrimonio y él hubiera que:1do
rehabilitarla de haberlo desdeñado, le pregunté cl\s1 en
voz baja: .
-¿Por qué hizo usted eso?
Ella respondó:
-Yo no sabfa ..... .
La languidez de f'us ojos profundamente negros decía
lo demás y el joYen que se ctesesperabaá.la idea brutald.e
la realidad irremediable, que imaginaba locamente la visión del pri111er abrazo....... cobardemente se echó á llorar.
Er1tonces ella comprenu.ió el pensamiento que lo ~esolaba y se arrojó generosamente en sus brazos, angustiada, cony u lsa, para consolarle y .rara ser perdonada. A b.an•
donáronse á largos abrazo,aapaSionados y cerraron los OJOS,
olvidando el pa:"ado, olvidándolo todo para amar y ser
amados..... .
Cuando se abismaban en la eiusión de su ternura, en•
tr.'.&gt;, saltando, 1111 nifio, por la puerta abierta del jardín.
-¡)Iamá! ¡mamá! exclamó riendo.
.
Y ella desprendióse de él, sobresaltada, muy pálida,
trastornada, en tanto que Armel quedaba con la muerte
en el alma.
El niño se detuvo asombrado, inquieto, vacilante y quedúse núrando obstinadamente á aquel extranjero qne
usurpaba su puesto al lado de su madre y á quie~ él no
conocía. Y durante el silencio sólo se oía el suspiro del
Yientecillo le,e de invierno en el jardín.
El joven y la dama permanecían inmoviles, com:o unos
culpables á quienes se SOrJ?rende injraganti.
-¡:Mamá! gritó aun el mño, irritado.
Y repitió:
-¡Es mi mamá.!
Lanz61SC hacia ella y en tanto que Ivona la besaba furio:;i.mente y la estrechaba contm sn seno, toda ~.?nmovida, dominada toda por el amor maternal, la mna obserrnba al joven y parecía desafiarlo con sus ojos azules.
Volviendo de su ensneño1 Arme! notó como se parecía
la hija al padre v encontro en aquella maligna mirada
que se le clavaba· en el rost,ro, la mirada fría del es:poso
que le había tomado á su novia para formarla á su imagen; la mirada del muerto cuya alma animaba aún á la
viuda y re,ivía en la niña; la mirada del prirne:ro del inmortal r,,po.;o.
En tanto las campana¡; de la aldea sonaban el angelus de
medio día que tintineaba alegrernentc--y Arme! comprendió que la vida le llamaba á. otra parte, ,i él, elegante
joven de treinta afios.
ROBERTO CAZIN.
CROQUIS DE ENERO.

Era un mocetón de seis pies de alto y manazas hercúleas. Se llamll,ba Miguel y vendía flores en uno de los
boulevares. Varias veces prendióme en el ojal del jacquet, pálido crisantemo 6 escarlata flor de terciopelo.
Entre el I\),Ontón de mujeres elegantes, envueltas en
pieles, que husmeaban los rasos de los escaparates, emergía la voz chillona del vendedor de flores.
Frente á su puesto, una vitrina incitaba con sus sombreros de colores, sns plumas y sus frascos de aguas de
escandalosas etiquetas, y en el centro un busto de cera
giraba mostrando el último y ridículo peinado de moda.
Miguel adoraba ese busto. Por runchos años saludaba
todas las mañanas á su novia virgen, que en vueltas eternas, enseñaba ya la nuca donde caían miles de rizos de
oro, ó la frente blanca donde morían bucles color de sol.
Sentía celos cuando la chicuela del mostrador enredaba ó deshacía los cabellos, enseñando las miles de vueltas ,l la vanidosa parroquiana.
1\Iiguel vivía en los suburbios de un barrio bajo, y bien
de mañanita, en el crudo amanecer de invierno, resbalando sobre la nieve 6 desafiando el aire del polo, llegaba
el primero á la ancha acera para saludar temprano á su
amada insensible, que en su giro, miraba vagamente con
sns ojos sin luz y sonreía tristemente con sus labios de
cera coloreados de bermellón.
Un amanecer muy frío, Miguel sintió que una bocanada de aire le corría J?Or el pecho, y ardiendo en :fiebre, y
con ún dolor agudísimo en la espalda, vociferaba, brin-

I

�EL MUNDO

14

dando á las damas el gajo de diez centavos d_onde t.emblaban las violetas y sonrosaban los claveles. .
.
Y Jleaó una tarde en que las pocas personas que circulaban huían de la nieve, la cual blanqueaba los te chos y
empaí\aba los cri1-tales; )ligue! respirimdo apenas, gruñendo bajo la bufanda escoce,a, ofrecía.sus flores con _los
ojos cerrados por la fiebre, el andar vacilante y t.emblon,
recostado á la vidriera donde la bella cabeza de cera, el
divino busto, de facciones finas y ojos rasgados, parecía
en una sonrisa, coquetear con el único tnmseunte de la
ancha acera.
Llegó la noche lfvida, pfü~a.
.
La nieve formaba montec1llos y '.\I1guel clesploma~o
veía cubrirse sus piernas de motitas blancas, con los OJOS
desmesuradamente abiertos, fijos l'll el busto, que. en su
delirio creía tener cerca, balbuceando frases ard.ientes,
dialogando con la m uda amada, y así solo, tranqup.o, fué
muriendo, mientras que el busto de cem Fe~uía guando,
de1,cubriendo ya la nuca donde caían los rizos colqr de
sol ó la frente b la nca donde donnían los bucles color_de
luz.

*

Y o acompañaba el cadáv:r*de un amigo Yiejo, el~ miFmo día en qne l\Iiguel rodó á la fosa de los pobres; y la
vuelta detenido en la cantina donde los cocheros calientan su; miembros congelados, ví al conductor clE;l carro
donde fué Miguel, alzar su copa de a)cohol y vaciarla en
la boca enor me, murmurando sarc,isucamente:
-Eh, copero, á la salud del pobre muerto!

:i

FRA:-C'IRC"O

G

\HC'.\

C1s:-ER0~.

LA FLECHA, EL ALA Y E L CORAZON,
( Sobr~ un pensamiento de Catulo Mendez).

Tuvo una apuesta mi hech iceramniga,
la de gentil belleza;
es una apuesta extmfüt
q ue la ingrata ganú. Nada mitiga
desde entonces la fúnebre triBteza
que tenaz por doquiera me acompaña.
Un arquero decfa:-En este m undo
nada existe más raudo q ue mi flecha:
en menos de un segundo
atraviesa el espacio velozmente
y al b lanco llega rápida, derecha.
¿Hay algo, por ventura, más ligero?Asf dijo el arquero
y m i amiga sonriose alegremente.
Dijo una golondrina:-Bajo el cielo,
bajo ese cielo de un azul profundo,
donde e l astro ful~ura.
brillante, envuelto en lummosas galas,
nada iguala á m i vuelo,
al vuelo raudo de mis negr-as alas
que atraviesan en menos de un segundo
de un extremo l1asta el otro la llanura.A.sí repuso el ave,
y alzó los h ombros desdeñosa, grave,
1ni amiga, la ele explén dida hermosura.
- ¡Pues qué! dijo el arquero,
¿algo á mi flecha en rapidez iguala?
¿qué existe que mi flecha más li~ero?
-¡Pues qué! también la golondnna agrega,
¿algo existe más rápido que el ala
que con el viento ;i su destino llega?
-Sí, respondió mi amiga sonriente,
mi d ulce amiga-sueño del poetahay algo m,ís veloz que la saeta,
más r,ipido que el ala en el ambiente.
Apostaron. Partió rauda la flecha,
partió dpida el a la,
veloz como la bala,
veloz como los vientos silbadores
que en las ramas entonan triste endecha;
pero antes que la flecha vibradom
el blanco hubiese herido
con lúgubre silbido,
y mucho antes que el ala voladora
rozara. sin esfue rzo ni fatiga
de• la pradera las fragrantes flore;,,
c•l corazón de mi hechicera ainiga
volado había en pos de otros amores.
C .\llLOS ÚRTIZ.

DOMINGO 3 DE ENEROrDE 1897

Nuestro rey D. Felipe Ill tiene en mucho su dictamen.
-Pues en los Trinitarios Descalzos de la calle de San
.Al comenzar el siglo XVII, la calle que hoy, se llai:na Agustín hay un joven qne no ha de valer menos con el
del _frp Jfaria. se llamaba calle de l Barranco: aun á prm- t iempo. Lee en el pensamiento de los demiís como en u11
cipios del si~lo pasado existía en la de la Esperanza una · libro.
-¿C6mo se llama?
ima«en de ~uestra Señora. de este título, colocada por ~l
-Fray Tomás de la Virgen.
ven;rable siervo de Dios fray Simón de Rojas, Y q~e dió
-La verdad es que hay mucha gente mala, pero t:unnombre á esa calle. Cuando aquel sant-0 varón .vmo ,t
1[adricl reinaba ya Felipe III y el lupanar que existía en bién hay ·en nuestro tiempo muchos santos.
-¡Ya se llevan el cuadro! Dicen que es prodi~ioso.
~1 Barrlnco estaba convertido en la callej11:ela de la Rosa.
-Es una grandísima desvergüenza-respondio una vieLos vecinos del Barranco, en unión del virtuoso fundador de la Congregación de Esclavos del Dul~ Nombre de ja-esa mala mujer se había h echo retratar en carnes vi)Iaría, pusieron bajo el patronato de la ' 1rgen aquella vas.
-¡El nifio se ba salvado!-g_r:itó una mujer asom.índo~e
calle, para hacerla perder su malafa!?ª• colocando estampas del Ave María en sus puedas, é rngresando en .la her- á ht ventana.-Yitor al padre .Kojas.
-Yitor al santo-repetían las gentes.-Yitor, vitor!
mandad en que era obligatorio á los cofrades decir Ave
)faría ,e'tenta y &lt;los veces diarias, y servirse de aquella
~Entre tanto. en uno de los extremos de aque l trope l
salutación siempre que se encontraban. El venerable Ro• de gentes forcejeaban dos hombres; uno ya anciano, vesjas fué el autor de aquella reforma en las costumbres:. t-0- tido pobreme nte, de rostro noble, nariz aguileña y fo~nte
do )Iadrid, desde el Consejo de Castilla y el .Ayunt_a~1en- despejada, oprimía la ma110 derecha de un arrogante joto hru,ta el pueblo que derribó la,: puertas de la Tn1;ndad, ven, impidiéndole qne saca,:e la espada.
pira hacer reliquias con. los hábitos del Padre R;o¡as, el
-Dejadme, ¡vive DioS:!..,....:decía el joven- ese cuadro que
día de su mue1te, le tuvieron por santo: y los ve.cmos del se han llevado es mío, y á cuchilladas han de dcvuh•¿rbarrio del .Ave ) l a ría, le consagraron un,~ calle que sella- melo.
1mt de San Simón en honor suyo: es decir, le proclama-Sólo sé que váis á desenvainar la espada contrn un
ron santo ciento diez a ños antes ele que Roma 1~ declara- trinitario, y no ha de ser; he sido cautivo, y ellos ma resFe venerable: tuvo gran influep~ia el ilust~ valhsoletano:
cataron.
~u con,ejo pe,:ó mucho eu el ,mnno c~e Feh~ I~I para la
-Pues eYitad con la otra mano que saque mi daga.
expulsión de los moriscos, y en el rc1~ado s~gmente p~ra
-Eso ya no podré h acer; la otra mano me la estr~peaimpedir la boda de la hermana de :fel1pe I\ con el pn'.1- ron los turdos en Lepanto.
.
cipe de Gales, luego Carlos I, á qmen s.us vasallos cortaEl pintor, ya sosegaclo, miró con curiosidad al anciano,
ron la cabeza.
y dijo:
I
-Os doy las gracias por haber contenido mi arrpbatn;
_\.unque la calle del , lre .Jfrida estaba ya purificada con pero no pude contenerme cnanclo me contaron lo quepasu título no transitaban por ella todavía carrozas elegan- sa. Sabed que esa Yenus que me arrebatan es mi me)or
tes, togados con garnacha, ni hidalgas serYidas por un pintura.
tropel de pajes al uso de la époc_a; era Cll;lle basta~te con-El paclre Rojas sólo aprecia el arte piadoso; sm: p¿1b
currida por archeros, mozos de sill~, frailes mendica1.1~s, samientos vuelan por encima de nosotros.
laca~·os con libreas de felpa y terciopelo, soldados v1e¡os
- ¿También pintáis?
con la ropa acuchillada por los flamencos y los sastres,
-Pinto con la pluma; acaso hab3is oído hablar ele un
pícaros de cocina y caballcrns del milagro. De _vez e1! librejo mío intitulado El ingenioso hid&lt;ilgo don (¿11ijote de lii
cuando atravesaban alg unas buenas mozas, que iban a Jf mu·luc.
callejear en vneltas en sus mantos, y dejaba1;1 ver en tre el
-Luego sois ) lig ue! Cerl'antes? M.uy buenos ratos os
embozo ó l ucían e n la cabeza, un Agnns Dei, 6 cruz, 6 a l- debo.
gún otro capricho con guarnición de esmeraldas y d ia- Pnes pag,ídrnelos, no re,:catando e l cuadru por la
mantes· ó beatas jóvenes, qne sólo apartaban la vista de l ft1crza, sino p or la i nd ustria. Y pronto; antes que el PJ.rosario 'para fij_arla en un galán; ó viejas con hábitos d.e d re Rojas lo destruya.
estameña que, desamparadas de la carne, habían ofreci-¿Tendd valor"?
do al Señor sns esqueletos.
.
-Oíd-dijo tomando a l pintor por un brnzo y ap::trtínXo se Yeían cle~cle la calle en las moclestas casas, m los dole ele aquellos sitios-oíd lo que me dijo su reverencia,
trofeos mil itares, ca.seos, petos, lanzas y arcabuces q uE: hablándome un d(a del Quijote. El arte que no f'e dedic,1
adornaban en otros barrios los palacios de los nobles; m
á Dio!', no pasa ele l as esferas inferiores. lle leido u n c:1los tapices de Bruselas y cnadros italianos y fl ame ncos, pítulo del Quijote y admiro vuestro estilo; pero quem:ul
que pagaban á peso de oro los indianos; sino hnmilcles esa obra frívola y mundana y escribid libros clevotos.
colgadu ras de tafetán, en las más ricas, estampas de Fant os ó im,lgenes de bulto, y en las más de ellas, fraguas,
-III.
bancos de carpintero, telares y patios con emparrado, en
El convento ele la-Tri nidad estaba entonces en reparaclonde h ilaban y cosían las vecinas. Sólo en alg nna que
otra casa ro veían , atisbando por las celosías y enrejados, ción: los muros i nteriores se habían desmoronado, y rota
ricos espejos, escritorios, vitrma.s en que br ilfa.ban la p la- la clausura, se comunicaba el convento con las casas i nta, y el oro, v pabellones de rizadas telas florentinas.
mediat.c•ts. En la misma noche de los sucesos anteriores, e l
Un grupo de gente apareció por la calle de la )lagdale- pintor Vicente Carducho esperaba, en compafi fa de otw
na, rodeando á un fraile t rinitario, q ue avanzaba con di- embozado, e n el patio de una casa contigua, dispuesto :t
ficultad entre los que le besaban la mano ó le pedían ben- t raspasar el m uro, aún de escasa altura, que le separab:t
del com·ento.
diciones.
- Padre Simón-decían unos-reparta rosarios y estam- ¿Decís que está el cuadro en la p arte de ht izquiercla'!
- Sí: en aquel rincón. ¿Entramos'? llace w1 buen ratll
pitas.
· -Padre Rojas-repetían otros-que estoy en ayunas. q ue se acabaron los maitines y la comunidad estará ya re-Lea, p or caridad, el E vangelio á esta criat ura que es- cogida.
t á. enferma.
-Quedad aquí: yo basto para descolgar el lienzo, sepa-A mí, á mí primero-repetía llorando u na h ermosí- rarle con la daga y a rrollarle: m i calzado es m uy fino y
sima mujer con el traje descompuesto y suelta la eeclosa mulie ha de sentirme. Yos me guardaréis la salicla.
cabellera: ¡mi pobre hijo se está ahogando!
Dicho esto, traspasó el muro, y apoyilndose e nla paree!
-Sí, sí; á. ella pr imero-dijeron todas las madres em- del clauHtro, marchó á tientas hacia mia imagen alumbrapujando a l religioso hacia una casa i nmediata, m odesta da por una lámpara ele acC'ite. Cerca de ella distin uía un
9 ser e l
en la fachada. pero que dejaba ver e n su interior moldu- cuadro sin colgar y nielto ele! revés, que reconocio
ras de ébano y dorados. El fraile entró, seguido de otro suyo por lo nuevo del lienzo y la armadu ra. E l artista se
compañero, pero retrocedió a l momento hacia la puerta. detuvo para cerciorar~e de la soledad del cla ustro: luego
-¡A.ve :\Iaría! No h e de entrar-dijo-mientras no q ue- sad la daga y avanz6 de p untillas hasta tocar su tesoro
men afltes ese cuadro.
con la mano; entonces se persignó delante de la ima 0 én v
- ¿C6mo he de quemarle si no es m ío?-respoml ió la su~ r odíllas flaquearon ele terror. H abía oido un su~piro ·
mujer con desesperación.
m uy cerca, como desde una a ltura, y no se atrevía .t a lzar
-lle visto vuestra cara, vuestro cabello y niestra i m- los ojos; cuando se determinó :1 levantarlos, cayó ele ropureza en esa pintura desvergonzada.
dillas aterrado. 1In fraile, sujeto en una cruz e levada é
-¡Oh ! Que mi hijo se muere..... .
i~climtda sobre la pared, gemía y le miraba tristemente.
-Dios quiere salmr á este ángel, arrancándole de esta Solo después ele un buen rato y ele.haberse encomendado
casa. No le mata su enfermedad sino la desnudez tle su á Dios, pudo reconocer en el fraile al Padre Simón de R::imadre en ese lienzo. Marchémonos, fray Bartolomé.
jas.
-Xo, no-dijo la mujer arrodillándos-yo vivo ele mis
-¿.f¿ué hacéis así?-le dijo.
pecados, y u11 pintor me pagó para que le siniese de mopenit.encia portf-respondió el fraile-parn q ue
delo; esa Yenus n o me perrenece, pero vo la echo de m i tu-llago
mano, creada pam Rervir á Dios, no sin·a al denonio.
casa y os la ent rego; vos habréis de de,:olversela.
Aquellas pálabra.~ atmjeron al lego R1.rtolomJ, que e,:- Que tapen e~e liens.o deshonesto-dijo el Pad re Sirt punto de pedir isocorro, al encontrar un hombre
món á fray Bartolomé-y lo lleven ,t la Trinidad. ¿Quien tuvo
ante la crnz.
es el pintor?
-Descolgadme ya-dijo el Padre Simón.
-Yicente Carducho.
El leao-~esató las muñecas y tobillos del prelado, c.1r-¡Cúmo! ¿El pintor de cámara? ¿El hermano del virtuoso Bartolomé? ('ubran la pintura de modo que nadie denos éhmchados por el peso del cuerpo y la presiím d~
pueda verla y que la lleven aJ·claustro bajo. Y o respondo los cordeles. E l Padre i,imón se arrodilló con trabajo.
- Dad ,i este hidalgo las &lt;;!.isciplinas-dijo descubriendo
de ella ante str autor. Y ahora entremos á pedir á Dios la
salud de ese niño, si le conviene. ¡Ave l\faría! ¡A.ve la espalda-y que me castigue con ellas: he prometido 1·ecibir. cien azotes d iarios hasta que queme esa figtH'&lt;\ q uc
~Iaría!
hapmtado.
·
II
El pintor rehusó el manojo de cordeles.
-Azotadme vos, fray Bartolomé.
La gente esperaba en la calle con gran curiosidad,
- radre, ya habeis sufrido much o.
agolpada á la puerta de la caFa.
- .\.zotadme por obediencia, dijo con firmeza frav :-si-¿Creéis que sanar,l al niño el tri nitario?-decía un
món.
•
zapatero á. una vecina.
-No que nó; ha resucitado muertos y, entre otros, diEl leg'? ~esc'.1-rgo'.J los cordeles sobre la espalda acribi lh1.cen que á su médico..
.
da del truutano. Pero Carducho le arrancó las discipli-Sin embargo, yo qne la madre, hubiera llamaclo á nas.
Mariana de Jesús, la 1rn' rcenaria; plantó u :u rama seca
.-Padre ~1ío-lc dijo-prometo no pintar sin o cn:tllros
de oliva en rn huerta .d e la plaza de Santa B írbara, des.- piado~o.s, s~ me petm1tís conservar ese lienzo.
pués de bendecirla, y se hizo un ftrbol. Por algo la con-Siga rn1 pemtencia-dijo el fraile.
sultan las señoras ele la corte.
-Nunca-exclamó el pintor besándole la n1u10- le:;-¿Creéis que .al Padre Simón no le piden consejoF? tru.icl esa Venus: no puedo resistir este espect.í.::~ilo.

DOM I NGO 3 DE ENERO DE 1897

EI. SACRIFICIO D E VENUS

EL MUNDO

El lego descolgó la. lámpara, sacó el cuadro al patio, y
aplicándole la flama,lasllamas se a~eraron de la pintura. Yic¡¡nte Carducho, pálido y casi lloroso, veia arder el
cuadro: al resplandor de aquel incendio viú por última
wz la Yenus de q'ue esperaba eterna fama.
Parccióle que se despedía sonriendo y que un coro de
amorcillo~ volando por encima de las cruces del convento, la espemba para conducirla á las esferas donde Ganimedes sirve e l néctar á los dioses, ó hasta la concha don. de Y ~nus se columpia sobre el agua en el archipiélago de
ürecia.
JosÉ FERNÁNDEZ BR_E:llÓN.
ACU AREI,AS DE E NERO.

Tarde ele invierno.
E l cielo, plomizo, cobreado de franjas blanquecinas,
derrama una claridad turbia, dudosa, inquietante. En el
oriente Fe extiencle la curva policroma del arco-iris; ha-

cia el Gccidente, salpicaduras de escarlata y de violeta
subido revelan el ocaso del sol.
El mar, gris. crespo, flordelizado de esl?nma, semeja
una inmensa pizarra rugosa, donde un gemo formidable
hubiese trazado con tinta de perlas caracteres misteriosos.
L a playa, extensa, solitaria, con su superficie blonda
mojada por el recie nte flujo. Sobre la arena un bote volteado dibuja su lomo bruno, brillante de limo.
Allá, ep. el linde de la arena, á. la entrada de µn bosque, se alza una choza de paja, con paredes de barro rojizo. Un viejo moreno de cabellos y barba de armiño,
vestido de gruesa tela azul; está sentado á la puerta de la
casucha, bajo el dintel, sobre una troza de madera, fumando en una pipa de yeso. Cerca del viejo un muchacho adolescente, flaco y desmelenado, zurce una red de
pescar que se agruma :í. sus pies. En el interior sombreado de la choza, en un rincón del piso terroso, resplandecen, como luminosas manchas de sangre, las brasas de un
fogón.

La tarde declina. El muchacho zurce v canta monótonamente; el viejo fuma, signiendo con la vista el h umo
de la pipa, que asciende p or el aire en círculo~ cándido~.
El muchacho :
- Papá, ¿la comida?
.
-Sí, ya es h ora.
Se levanta el zurcidor flaco y desmelenado, r arga sobre
sus hombros la red y entra en la casa; el viejo, solo ya,
continúa fumando.
En tanto, el crepúsculo se extingue; cie lo y mar vélanse con tetricas brumas, y la sombra cae, cae r.ípiclamente,
en copos espeso~. Los contornos de la caiaa se e~fuminan;
e} cuerpo del viejo se borra, quedando sólo visible su cabeza, en que albean los cabellos y la barba de armiño.
Y en el hueco cuadrado y sombrío de la puerta, aquella
cabeza de nieve se destaca vigorosament&lt;', cual si hubiera. sido pincelada sobre un clarobscuro rembrancltesco.
D .\RÍO IlERllERA.

E l amor {1 los niños y á las flores,
!'on amoreR tan dignos de los cielos
que Ron tal vez los únicos amoreR
&lt;¡ne nnnca dan á los amanteH celos.
C,DIPOA)[OR.

FíjenRe en la SILLA
IIE VOLTKO, la única bicic leta que
tiene Pata ventaja •
es la VICTORIA, l a
más cómoda, h ermosa y fuerte.
Las bicicletas
VICTOR Y VICTORIA

tie nen más reformas modernas y exclusivas que ningunas otras.
Pídanse catálagoa
y pormenores,
Trachsel y Cia.,
r
U nicos A~entes pal.
rala Republica.
A.partado 349 Ca lle de Gantenúm 8. MEXIOO.

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todos carecen de en ergía! ¡~o hay resist en cia!

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J u1.rn LU!AN:TOUR, TESORERO.
L. J. lIILI,., G ERENTE G ENERAL. R. N. E tLTOT , SECRETARIO.
W.
S TA:.&gt;LES. R N. B ROWN.
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Parra, teléfono 443, apartado 682 ( calle de León núm. 9),
y Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1'!Pila Seca núm. 8. ) El Dr. Parra es Director de la Com-pañía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital J uárez. El Dr. Garay es profesor de Anatomía quirúrgica en
la Escuela de Medicina y cirujano del Hospital Juárez y
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Guillermo Priet.:-. i· el i ael actual.
cnc:rotografia de Torre:. hcrma llOl!I.)

fYé ,u1c ;u u estro] urticulo_ c~1torJnl.)

,

•

•

•

,

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO ~E 0897

"EL ldVNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
ll.ÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Relia.cción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes 8pindota.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ~r dirigida al
Gerente, Lle. Fausto noguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $_1.25 centavos al
mes, y ee cobra -por trimestes adelantados.
NúmeroP. eueltfl!&gt;. 50 centavoez.
Avisos: á razón de $30 plana por cada· publicación.

aquí, dada la tendencia de los espíritui:, no gozan de
crédito.
De aquí dependne en la m:1yor parte 1le los e-a~•)!!,
esos arrebatos explotados por la p,dri11ta11t reinn•1t.e
en españoles y mexicanos, puedan ftlciltaente U~¡¡;e11lr.1r
en un conflicto que todos lamentaríamos.
Nunca como ahora se hace indispensable una gran dü-

eis de sangre fría.
En vista. del estado de ánimos, debe hacerse el e.'1Crifi cio de obtener halagadoras victorias tras i~ empeñadas
polémicas. En este asunto la razón 1a tendrá e.iempre el
más correcto.

Todo pa110 debe acr "precisamente adelanUdo.
Ri:GJSTRAOO COXO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLA.~E.

l{(tttts

ti\itorittlt;.

&lt;!5nilltrmo ll)rido.

gantes~a entre enrontradas concupiscencias y contrariasdoctrimH', el co111batt-- 8angriento entre fuerzas y activid:11h•~ po,l,•ro!la!I que parecían irreconciliables ti.perpetuidad; lio~, la nniúu Je todos loe ciudadanos y la liga pa~
c.fiea Je lus eleml'..!ntO!~ más disímbolos, para acatar la autorid:1J supr~m:i, y prestarlJ. cada cual su contingente.
unos aceierando y otros retardando la m:ucha resuelta.
en loe comicios, pero cada cual en su puesto en el admirable mecanismo del complicado aparato gubernamental.
Ayer la pasiün y el prt'juicio, el odio y el rencor, empw.jados A podero~3 lucha y ocasionados á choques espanto¡;os; hoy ln calma tranquila, la fría serenidad rindiendo
pleito homenaje al elegido del pueblo, sometiéndose de
grado ú. la voluntad, mnnifiesta entre relámpagos y true•
nos en la hermos:1 tempeF-tad de los c'omicioe.
¡Puebb viril y grande el que así combate con energía.
republicana, y esgrime todas las armas de su vital c,mstitncióL1 plutocr.'itica en los días de discusi611, en las ho•
ras del sufragio, para eeguir después, sin asomo de domédtica~ rencillas, sin resabios de las pasadas luchas,
majestu\JSO y altivo en el c.lesa.rrollo interminable de su
soberana grandeza!

•*•

Acaba de apartarse de nuestro lado una de la~ figuras
Y no esperemos que la. a,¡lwinistraci.ón que hoy se ina.u•
n:~ui¡,z genuinamente oacionale1,i, una personalidad distingur,\ cumpla en t,xlas sus partee el programa de la Conguida c¡ue viene il compendiar el caráctor, el espíritu, el
vención S.1cional Rtpublicann, dictado en las horas de
modo de ser de toda "una ~poca. Con Gnillermo Prieto
exitaci:m política, cuando los cerebros caldeados al rQjo
desaparece, en efecto, un pedazo de vida naciona 1, de
en la. anitn ,d.i discusión. trataban de deslumbrar
esa vidaque, con sus vicios y sus virtudes, sus triztezas y
con la. pompa de sus declaraciones.
sus glorias, sus entusiasmos y sus depresiones, ha aniCon una prndenC'ia. aEtuta, el candidato elegi&lt;lo que_hoy
mado y resumido la típica leyenda patria.
se coloca en la primera magistratura de la gran nación
¿Quíén no conoce en la Repll blica la historia de esta
americana, aceptó el puesto que ee le ofrecía, pero nunexistencia? ¿Quién ignora loe títulos que amparaban á.
ca se comprometió explícitamente á. seguir al pie de la
Guillermo Prieto para ocupar un logar predilecto en el
letra las decisiones lanza.das en el calor de la refriega por
corazón de loe mexicanos? Rodeaba al ilustre anciano
los convencionales de Chicago. Conocidos como enm sus
una como aureola formada por la gratit.ud y el carino po·
ideales políticos, reputado ya ante la nación entera como
pular. Iba él de este modo protegido, á semejanza del
el paladín de un programa emine11.temente econ~m1ico,
héroe de Horacio, por una triple coraza. de afectos, que
basado en laR consideraciones del proteccionismo más radical, quiso lle Kiuley que así lo aceptaran. Y ai,;í, sin
la muerte ha, por fin, hecho pedazos.
Los hombres que sobreviven á eu tiempo y logran
sin compromisos previos, sin recibir condieoneA de nadie,
conser\"arintact.a y de una sola pieza su personalidad, es
sin escuchar insinuaciones de ninguno, sin
proque poseen dotes superiores. Guillermo Prieto, en quien
mesas es como ha ascendido al poder.
se traslucía un iigero dejo de amargura hacia las nuevas
Esto no significa qne su adminiet.ración vaya á. camigeneraciones, supo, sin embargo, darJas la mano y forti nar sin rumbo fijo. Si alguien se deja penetrar fácilmen•
Ge neral Gu a d alu p e L6 p ez,
ficarlas. ¿'Qué importaba que la~ idea, hubieran sufrido
te en sus planee y propósitos, es sin duda el célebree8taJefe d e la s ~ Zon a Milita r. ten Gu a d alaja ra el
actual.
una transformación completa, cuando la conciencia nadista de Ohio.
cional había tendido un puente entre el porvenir y el
No seguirá la política agresiva que en las relaciones con
palado, entre la realidad y la esperanza?
las potencias extl"'.-\njcras le aconsejaban los republicanos
De aqne1lossoftadores entusiastas, de aqoellos espíride la Con\'t;&gt;nciú11; probablemente, desatendiendo á la&amp;
tus apasionados, de aquellas alr;nas desbordantes de iiea• RESU MEN. -Mc Kin ley en e l pod er.- La exalt a c 16 n de
ardientes i;imp,1ti,1s que han manifestado loe partidarios
ayer y la p a c ifica c oncord ia d e h oy. -EI p r o1rama
les, somos hijos nosotroe. A elloe lee corresponde un pri·
que lo eligieron, y eiu fijarse platónicamente en la tremenrepubli can o d ' Ch icaco y la n uevaadmlnlatrac l6n .
-La doctrina d e Mon ro e y el protecc ionismo. mer puesto en la historia de nuestra jovea. nacionalidad;
d1\ lucha que ha.::e dos ai)os Eacude con eetremecimientosPaz de nom bre y c u crra de tarifaa.-EI p o rveni r de
para elloS ee toda la gloria y todos los honores. Hombre3
Ue volc,í.n los C.'\mpos antillanos, no ha de tender la. maMCxi co.
de lucha y hombres de emoci6n 1 sirvieron á s11 ca•1s:\
no i'L los tenaces insurrectos de Cuba¡ vera con gran ea•
c9n· la espada y con la lira, con el lamento de .Job y 1a
tieiacciün
qu~el trat.ado de arbitraje permanente con In·
Si con profundo interés Bf'guimos el ano paeado los moimprecación de Isaíae, con la serenidad del martir y la
vimientos de la poHtica americana, preparJndose á. deter- glaterrJ. ponga á los Estados Unidos al abrigo de formi energía del guerrero.
minar por el ejercicio del sufnigio, el más eolemne de lL,8 dable choqu~ entre &lt;los poderoea.s naciones; dejará en el
A. este heróico grupo perteneció Prieto, y más que nin·
olvido, ó porlo menos no irá. á.desenterrar del poh·o deactos en los pueblos democráticos, disponi~ndose á fü,fi
guno otro contribuyó á. e!parcir el credo de la democra·
nir por medio de las urnas electorales la marcha admi- los ar.:hi vos para renovarla: la debatida doctrina )fon roe,
cia, disponiendo de eee aparato laminoeo y -vibrante que
nistrativa en el nuevo periodo presidencial que hoy tan sujeta á. provocar conflictos como ocasionada á des•
le ponía en comunicación con la conciencia popular: su
pertar envidias y rencores¡ no pretenderá., como lo !:!vlla•
se inaugura; si nos fijamos con singular atención en el
poesía naéional,.eedesbordante deentnsiaemo, ingenua y rumbo que tomaban los partidos, las fuerzas que desple· ban sus defensores, que la Unión americana ee entrome·
burlona, haciendo del chiste una epopeya y convirtiendo
gaban y los programas que discutían, y vimos cuidadosa- ta en la politica europea, favoreciéndo armenio8 perse·
cada harapo en un pabellón de victoria; poesía que sale
mente cómo se iba formando la pública opinión en el guidos 6 amparando cretenses insurrectos, exponi¿udosede lo hondo de esepu~blo, que ee mira en ella como los club, en el meeting y en las grandes convenciones nacioJ· á dificult.ades que lo aparten de sus propósitos.
Pero si en su p'Jlitica extranjera activa dejad fatis{eastros en la móvil onda de los lagos.
nales, á favor de las fuerzas vivas y de las clases direc·
Guillermo Prieto vivirá eternamente en la memoria de
chas
las aspiracionl!s pacifi:.!as Je la nación, es segur\\, es
toras de la nación, á impulso de los grandes intereses
los mexiéano!: su nombre será conservado como una reindudable
qu~ inaugurar.í. una guerra, mis_íormiJable
puestos en juego, del poderoso ahento democrático que
liquia legada por la Libertad á. las nuevas generacíon es agitó todos los espíritus y despertó las latentes energías quizá. que la que s~ hace al resplandor fatídico de 101:1 disnacionales. ¡Hagamos un alto ao1emne en el b~rJ~ d~ esparos y al ei,truentl•&gt; ruidoso de los callones: la guerra depolíticae de un pueblo que vive sólo de su riqueza y su
te amado !!epulcro!
trabajo, ajeno en general á. los ensuefiee herma.sos y be- las tarifas, c,.mtr&lt;\ todo aquel que se quiera oponer á las
llas utopías que seducen á otros: no debemos, aho- ~xigencias de un pu:-blo compuesto de setent!t. millone.3
ra que comenzad á poneti!e en práctica el resulta- de estómagos aco&amp;tutnbrados á. uo.a substanciosa y nutriti ·
do de esa agitación, dejar de del.licar uno mirada á. la ad- va alimentaciúu.
Esa será. la poíllica republiC'ana que ha de conmover i1.
ministración republicana que hoy ·e ntra .i funcionar bajo
En estos días y con motivo de un hecho desagradable
la vieja Europa..
la dirección del célebrd campt..'t'.111 dd proteccionismo,
ocurrido en Puebla1 y en el que intervinieron unos súb ·
AfortunaJa1nente para )I~•xico, su admirable situaci..':,n
·wmiam
E.
)fo
Kinley.
rl i l,o!I ri~ Es pafia, ha tratado la prensa diaria de los elemen•
lo
pone al a:npan.&gt; Je csas_conmociones. y lejos de temer
••
tos que cons\itnyen la base de las relaciones entre mexiLo primero que d-:isde luego llama nuestra atenci.Jn y
por su creciente bienestar, mira confiado esos uuerns de·
caei nos asombra, á. nosotros inquietos latino@ acoi;tum- rroteros, que 1í. hl postre nos ponen en condiciones de concanos y españolee.
bmQos á escuchar m,is las Eugestiones de la paeióu, .i. aten- tinuar sin zozobras nuestro progreso iniciado ya con firLa colonia española representa una p1r~ irnp'lrtante
en la explotación de la.riqueza na~iooal y por ~'.I a~li~·iUad der más las insinuaciones seUuctoras dd partido, es yer mez~, al abrigo rni:!mo du ese proteccionismo americano ..
la absoluta sumisión de todo un pueblo tí. las: decisior:es
y sus energías ha sabilo collqui,;tart.e un:\ po::ici:m q:1e
X.X. X.
eancionadas
de las mayorías. Ayt!r la agitación en masa,
la enaltece. Hay, es Yerdad, entre aliuno3 de sus miero•
4
de
llirzo
de
!S:li.
el choque formidable de ir.U.-re&amp;-e opucetm=, l:l lucha gi •
bro~, re~t'ls de idea~, qne si tienen razón en Sll patria,

"ªºªª

11'0Htica QiJtneral.

Qfa;µañolts lJ 11trrirntt1J!i.

coqueteado para saber coquetear, y ei ha sido esposa fiel
y leal ni conocerá ni podrá. interpretar los arrebatos, los
terrores, los remordimientos del amor desleal. Con meAnimado debate se sostiene en estos días en la prensa
nos razón aún podrá. llenar su delicada misión si han aniparisiense, respecto á la delicada cuestión de saber si la pudado en su corazón ]as blancas palomas de h:s virtudes
reza y la inocencia son compatibles con la profesión de
femeninas y no las víboras de las malas pasione.-11. Cuanartista dramá.tica. No versa la discusión so!.:&gt;re loe pelido una mujer no ha hecho otra cosa qne suspirar y songros que corre entre bastidores la virtud femenina, ni soreír, cuando no ha sof\ado más sueños que los de Graciebre las tentaciones que dimanan de la ficción del amor,
la, ni experimentado otros anhelos que los de Oíelia, ni
del remedo de la galantería de las caricias y frases ardienentrevisto otros horizontes que loe del velo sobre el altar,
tes en el escenario y del trato de los Don Juan y de los
le están vedadas las frivolidades de Frou•Frou, las pasioLovelace fuera del teatro. Tampoco está á. diecrisión si es
nes de Lucrecia y las venganzas de la Tol!ca;eetá fuera de
ó no una neceeidad para la actriz el recurrir á la galantecuadro en el teatro moderno y1 madura para fundar un
ría para bastará las cuantiosas exigencias del desenfrehogar honrado, fecundo y feliz 1 está tierna y verde aún
nado lujo de trajee, joyas y atavfos que impoqe la escena
para fundar nna escuela dramá.t.ica 6 interpretar no permoderna, que imperiosamente exige el público, y que no
sonaje del teatro actual. Pero que esa mujer llegue :í. vibastan ti. cubrir los honorarios, por suntuosoe que sean,
vir, que engafie al marido, que se escape del tibio hogar
de que se goza en la privilegiada profesión. Sobre estas
para cenar en alegre compafiía; que su amante mate en
materias hay estudios serios, y Alejandro Dumáa, hijo,
duelo al marido, que la justicia le arrebate á. sus hijos 1
pronunció la última y siniestra palabra levantando el oroque escale el calvario de todos los dolores y baje á. la lepel que cubría la úlcera. Que él con la 11Dama de las Ca•
trina de todas las degradaciones, y entonces, y sólo e.-nnieliBkl," había contribuido á gangrenar.
tonces ser1í. artista, podrá. pisa'r con aplomo el escenario,
La cuestión palpitante y actual es diferente 1 m:is prohabrá en ella materia prima para representar los per·
funda y menos circunstancial Que las otras y de cuya sosonajea; con el vicio habrán llegado hasta su espíritu la
luc16n está pendiente el público
¿La pureza y la
luz, y hasta su corazón el fuego del genio y Sardou y Zoinocencia de la actriz, pueden permitirle la expresión
la é Ibeen habrán encontrado la intérprete ideal de sus
perf~ta y completa de las pasiones, de las tempestades,
El teatro contemporaneo•*•
ya es otra cosa .. C.:,mo todo el obras y la representación viva, palpitante y sincera de
de loe ímpetus qne el drama moderno pone continuamen- arte de nuestros días, como la pintura, la escultura, la litesus personajes.
te en acción? ¿Ee poeible la interpretación en el teatro
ratura y hasta la música1 propende á la imitación de lo real.
Así como ant.iguamente se fingían en cartón los leones
de las inquietudes de la mujer adúltera, t ipo favorito del Aboca eu objetivo fotográfico sobre los hombre&lt;i, lascoy panter.i.s del Circo Romano, cuando las necesidades del
drama contemporáneo; de las volubilidades de la coqueta, sas y los sucesos, y saca clichés sorprendentes de exacti•
teatro imponían su presentación al público, y hoy se al•
de los éxtasis y transportes de la mujer e:namorad.a, cuan- tud, impregnados de \"ida efectiva, palpitantes de emoquila.o las fieras reales y efectivas del Jardín de Planta!!;
do se tienen la conciencia limpia y el alma inmaculada,
ción verdadera. Ya. no .~n mufiecas descarnada'3, ni ma. así el mezquino teatro antiguo llevaba á las virgeúes á re•
cuando no se conoce del amor sino la apariencia, y cuando
nequies automáticos loe que desfilan sobre el escenario,
pret'entar prostitutas, y ya es tiempo de que esa conven ·
~e es tan sólo un teórico de la mú intensa de las pasio- son hombrea reales y verdaderos con todo el conjunto
ción acabe. Los fueros del ante teatral moderno reclaman
nes? ¿O ee, por el contrario, indispensable haber vivido,
complexo de sus múltiples atributos; ya no son tési s es- que cada personaje encarne en un profesional de la claEe
haber amado realmente, haber apurado hasta las heces el
colásticas las que desenvuelven en figuras de retórica correspondiente.
·
caliz de hiel yde ambrosía, queee llama una pasión, pata ante el espectador, Bino amalgamas de suceeos 1 de episoTal es el alegato; no hemos disimulado ni su apariencia
aírontarel fuego de la rampa, para poderprel!entaral púbJi. dios históricos ó biográficos. Los personajes viven y
seductora ni mitigaclo'Su fuerza intrinseea. Yeamoe ahocola ·imágen viva y palpitante de la pasión· sentida y vi- sienten, pertenecen á su raza y á eu medio, hablan el
ra la r{&gt;plica y la refutación. Ese modo de razonar, no sóvida, sus ansias, eua trances, sus delirios y sus tormentos? lenguaje de todo el mundo, viven la vida general, dialolo produce escá.ndalo y casi provoca nauseas, sería esto lo
Est.a última opinión tiende á. prevalecer. Directores de gan como financieros ó como cocheros, respiran la misde menos, bien que triste, si el argumento fuera sólido y
teatro, dramaturgos, artistas y pensadores, consultados ma atmósfera y se nutren de los mismos jugos que la
la conclusión verdadera. Inclinaríamos resignados la caal efecto, han opinado en ese sentido y Claretie, Zola,
humanidad. La intriga se burla del tiempo y del espacio; beza si estuviera demostrado que es una fatalidad humaC09uelin Cadet y otl'08 muchos, afirman excá.tedra, que los sucesos se desenvuelven en todos los contmentes; las
na el que sólo por el camino del vicio se llegue á la met.a
hay incompatibilidad radical y absoluta entre la pureza acciones se mezclan y atropellan como en el mundo real .
del
arte dramático .Pero, lejos de ser válido, el arg\lmeny la inocencia y las manifestaciones elevadas y supremas
La imitacilm exacta y pl'eCiea va hasta el extremo; la to es vicioso y conduce al mayor de loe abeurdoe.
del arte dramitico. Para aoatener e:!ta tésis, se citan pre- in Jumenta.ria se inspira en la ar4ucología y en el üabiEl principio, si es verdadero, tiene que ser general¡ si
cedentes, se invocan textoe, ae exponen los ueos y cos- nete de las Estampa,; se mandan hacer el pufial 6 el
vale
para una pasión, el amor impuro, va!e para todas las
tumbres. Zola, consultado á. ese respecto, estudia la
de veneno del modelo auténtico y adecuado; lae
cuestión en todos aus aspectos, y después de meditarla Joyas, los accesurios y el moviliario son objeto &lt;le los demás, y ei ee prueba que la mujer necesita para repremucho, y de extenderse en considerandos de todas cla- más profundos y detenidos estudios; las decoraciones re- sentar haber sentido y experimentsdo personalmente las
pasiones y ejecutado los actos que las provocan 6 que aon
eee, acaba diciendo: 11¿Pero á qué ocuM_rnoe de estudiar producen ex8ctamente :os panoramas, las perspectivas,
su natural consecuencia se hab1' demostrado que el
la pureza de las actrices, si no ha de presentarse el casof»
loe accidentes del paisaje en cuyo seno ae supone pasan
hombre está. en el mismo caso. Veamos á cuanto desatiy se cita, por último la frase de Agust.ioa Brohan á una
loe sucesos.
no conduce esa opinión. Desde luego, si una mujer noea
aspirant.eal tablado: 11Tienes mucho talen~o, no hay duEn estas condicionC's autores y actores v1aJan, descimadre, no podrá representar la ternura, la abnegación, el
da; pero te"ea&amp;orba tu iooeenci&amp;.•
fran manuscritos, estudian psicología, filosoífa é hiato •
sacrificio maternal; luego toda actriz neceaita ser madre
ria¡ observan personalmente; visitan, vestidos de frac,
•*
necesita igualmente haber tenido hennanoa y h-berlo;
De aer real y efectiva eea incompatibilidad, resultaría
los palacios y concurren, revestidos de blusa, á laa ta•
amado
y haber conocido y venerado á sus padreepara repre•
un hecho completamente deeconaolador, el de que el bernas y áloe tugurios.
En loe hospitales observan las ansias del agonizante, sentar los papeles que le exigen estas diversas especies
ejercicio de una de laa artes más nobles y elevadas, y una
los hipos precursores de la muerte, las demacraciones de de afectos. Esto esfacil de allanar. Peroentoncee¿quién
de las más características del siglo XL-X.. trae aparejado
la, tisis, las convulsiones de la histeria y las actitudes de podr.í representar el papel de Fedra? ¿Es de suponeree
neceaariamente el vicio, y de que no podrá. admirarde en
la
catalepsia. En loe anfiteatros estudian la facies cada- ni por un momento que la Ristori ó la Pezzana, ó lta•
el escenario un talenW femenino, aia que quede el rea.vérica, la rigidez de la muerte. Con loB grandes médicos chel 6 Sara Bernardht hayan sentido esa pasióii repugbio de que aquel genio es pura y simplemente una munante y antinatural por en propio padie? ¿O vamos áad•
aprenden á distinguir el asma brónquica de la cardiaca.
jer perdida.
¿En quá puede fundarse opinión -tan desconsoladora? El corazón humano loestudiau en el mundo y en la so- mitir que Fedra no ha tenido intérprete, contn la opiPues en consideraciones de un card.Cter profundo y cuya ciedad, frecuentan todas las clases sociales, se codean nión uná.nime de la crítica universal? ¿Si la artista ha de
!.Olidez no puede ponerse en duda. El teatro antiguo yel igualmente eun los magnates y con los obreros, con representar el tipo de una infanticida, necesita haber daarte dramá.tico correspondiente, eran eeencialmente artifi- la virtud y con el vicio, con la riqueza y la miseria, des- do 1;0uerte á sus hijos ó haber experimentado impulsos
hacia ~an nefando crí~en? ~as mujeres qu~ matan¡ deben
ciales y convencionales.. Paeiones decorativas, personajeJ tilan de todo el basurero humano, como un elixir, todo tener
1Dtérp!'8tes a&amp;eSmos; 1nM:rpretee ebnos, las mujeres
inventados, lenguaje especial, estilo declamatorio y dia- lo que la vida tiene de típico, de característico y lo sir- que beben; 1Dtérpretee ladrones, las mujeres que roban.
Loe hombres están en el mismo caso. Para representar
ll-ctico, la regla de las tres unidades: la de acción, que ven al público en forma de drama 6 de novela.
á un banqu,ero hab_ría qu~ ser millonario)'." jugar á la bolsimplificaba la intriga; la de tiempo, que forzaba los
Desde este momento, nada má.e natural que exigir del
sa. Napoleon sertt 1mpos1ble en el teatro smo lo interpreacontecimientos y precipitaba los sucesos; la de lu- artista que para representar un papel, haya vivido la !\'i- ta el General Saussier por lo menos y como para repre·
gar, que reducía á su más simple expresión la mise en da del personaje; que haya experimentado sus mis~as sentar monarcas se necesita haber reinado, sólo las te!ltas
coronadas podrán interpretará. Luis XI ó á. Enrique IV,
~,.;.11e; la proscripción de las pasiones bajas y de loe pa.si.ones, corrido los mismos riesgos, profesado sus mis- y en las p~ertas de los teatros habrá. que poner camiones que digan 1,Se necesitan asesinos,1 y en ninguna par·
personajes vulgares, hacían de las tragedias de Racine y
mas ideas. Y siendo este;, así, no hay lugar en el teatro
te representará el drama meojr que en los presidios.
de Corneille, modelos del género, verdaderas [.Q{IA acom- moderno para la inocencia y la pureza de Jas mujeres.
Ante tanto y tan colosal absurdo los más fervientes
pasadas y majestuosas en las que, como dice Taine: 11perpartidarios?e la d~scabellada tésis ti~nen que I'Ctroceder,
*
** moderoo, de toda prefe- y ante la disyun~1ya de negar la posibilidad del teatro
eonajes de cartón, sentados en aillones clásicos, discu•
La mujer figura en el teatro
tendrán quead.m1t1r que son compatibles la pureza y el
tían cuestiones generales, en un salón abstracto.n Nada rencia, como coqueta y como aJúJtera. Para traducir en talento dramát1~ y que se puede á. la vez admirará. una
de preciso ni de concrete, ideas generales en vez de per- ace_ntos :erdaderos, en actitudes apropiadas, en gesticu- mnger como artista consetvando el derecho de respetarla
sonajes vivientes¡ todos los pormenores característicos Jac16~ vigorosa, las pasiones que el teatro le atribuye, como dama.
enprimidoe. Julio César no es un hombre, es la idea im- neces1t-a haberlas experimentado. Le es forzoso haber

LA PUREZA V EL ARTE DRAMATICO

1......,.•.

peri.al; Bruto no tiene sangre ni carne, es el principio
democrá.tico; un grupo sin carácter ni tipo definido, representa al pueblo; á. cualquiera, á todos, á. ninguno.
Como decoración, un pórtico ó un jardín; como mobiliario, unas banquetas forradas de sarga roja¡ como indu·
menta.ria, la peluca empolnda para los actores y el peplum y el.velo para las actrices.
l:'n teatro de este gJnero no exige ni impone al actor
la obsen·ación de la&amp; pasiones, ni dP- los caractéres, ni de
lae actitudes, ni de la gesticulación humana. Ciertas en·
tonaciones de pacotilla para la indignación, la ternura ó
la ira; a~titudes copiadas del Museo Vaticano; ademanes
calcados de los altos dignatarios del Estado, ó de la nobleza, 6 del rey mismo; gemidos mitigados y aprendidos
por imitaciún del director de e9Cena; explosiones de pól·
vora mo1ada encauzadas en el bien parecer; grupos excé•
micos imitados de Rafael: tal es el arte dramático que
exige el teatro clásico. Claramente se comprende que la
m,í.s inocente petisionista del Sagrado Corazón pueda represent,arcon éxito las Cleopatras, como lasJimenae de la
tragedia clásica. Para morir como ~Iitrídates 6 como Julio
Céear mueren en ese teatro, bastan tan sólo un buen
maestro y muchos ensayos, y no se necesita ni la ob-Jervación directa, ni menos aún 1a experimentacion en materia de dolores ni de pasiones reales.

!rasco

,

�EL MUNDO

=

....

DA.MAS MEXICANAS

COMO SALVO GUILLERMO PRIETO
AJUAREZ

Mis compañeros quedaron en el
despacho del !:lr.. Juárez, y yo salía
con mis í1tiles de escribir ea la mano.
Estaba remudándose la guardia,
había sóldados de uno y otro lado
· de la puerta: por la p1\rte de la ca-·
lle; al entrar yo en el.zaguán, para
salir, se volvian dentro d~él los soldados: t'i. mi me pareéi6, no sé por
qué, que eran arrollad«;&gt;~ 'por una
paTtida de mulas 6 de ganado, que
solía pasar por allí: me embutí roa·
terialmente en -la pared y me co·
loquétraa la puerta; pero volví los
ojos para .el patio, y vi, ensangrentado y en adet,nan espantoso,
al soldado que custodiaba la pieza:
grit:.os, mueras, tropel y confusion
horrible, envoh-ieron aquel espacio.
El lugar en que yo eRtaba parado era la entrada 1'i. u nade las oficinas del Estado; allí íuí arrebata·
do, á. la vez que se cerraban wdas las Yentanas y la puerta, quedando como en el fondo de un 1'i8•
pulcro.
Por la calle, por las puertas, por
el patio, por todas partes, los ruidos eran horribles; oíanse tiros en
todas direccioneP, se derribaban
muebles, haciéndo estrépito al
despedazarse, y las tinieblas en que
estaba hundido exageraban 1í mi
mente lo que acontecía " me representaban escenas que.felizmente no eran cil'rtas.
En la confusión horrible en que
me hallaba, ví que alguno de los
que estaban encerrados conmigo
en aquel antro, salía para la calle
impunemente: yo no me atreví á
hacerlo, pendiente de la suerte de
mis amigos, tí quienes creí inmolados al desenfreno de la soldadesca feroz.
.
Los gritos, los ruidos, los tiros,
el rumor de la multitud, se oían
en el interior del Palacio. Como
pude, y tentaleando, me acerqué á
la puerta del salón en que roe hallaba y daba al patio, apliqué el ojo
á la cerradura de aquella puerta, y
vi el tumulto, el caos más espan~
toso: los soldados y parte del populacho corrían en todas direccione!;, disparando sus armas; de las
azoteas de :palacio á lüd corredores
cnh:i.n 1 ó meJor dicho, se descolgaban aislados, en racimos, en grupos,
los presos de la cárcel co.ntigua,
con los cabellos alborotados, los
vestidos hechos pedazos, blandiendo puilales, revoleando como ar•
roa terrible sus mismos grillos.
En el centro del patio de Palacio,
había algunos que me parecían jefes, y un clérigo de aspecto fe-

DOIIIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

r

~EL MUNDO

149

=-=~-===-==

subyugaba, que desbara~b9'. erpeligro, que lo tema á m1sp1es ..... .
Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije ... .. .
A medida que mi voz sonaba, la
actitud de los soldados cambia~
ba ...... un vfojo de barbas canas
que tenía enfrente, y con quien me
encaré dici(,ndole, «¿quiéren san~re? ¡b{,banse la mía ...... !11 alzó el
t11sil, lus otros hicieron lo mis- •
mo ...... Entonces] vitoree á Jalisco.
Los soldados 11oraban, prote0 tando que no nos matarían y as1
se retiraron como por encanto ..... .
Bravo sepuso de nuest~ lado. .
J uárez se abrazó de mi...... mis
campaneros me rodeaban, llamándome su salvador y salYador de
la Reforma ......... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimae.
GL:lLLER'.llO PRIETO.

Nuestro grabado suplementario
y el 2~ tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura.••

Acompafiamos á. ef:lte número de
nuestro Semanario un precioso grabo.do á. colores: 1cLa Reina del Carnaval* y el 2° tomo de nuestra Bi·
blioteca Miniatura, conteniendo
hermosas páginas de lectura, de
cuya amenidad é interés respon•
demos á nuestros lectores, á. quie•
nea esperamos complacerán mucho
ambos obsequios.
OTRO PAGO DE $5,000 DE
"LA MUTUA"

EN1MEXICO.

--,
México, Febrero~2 de 1897.
fieflor D. Carlos :SOmmer Director
general de ·'La Mutua."-Presente.
Muy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de mani!estar públicamente eJ pago de las
pólizas de seguro, me es grato ha&lt;.!er cons~ por la presente, que
hoy, en la oticina d1;, i(La Mutua..
del digno cargo d~ usted, recibí
ante el Notario, Sr. Lic. D. Diego Baz, la suma de ($5,000.00) cinco mil pesos, imporw de la póliza
ó certificado cte seguro numero
3t32,934 que á mi favor solicito de
esa Compañia mi esposo el Sr.
D. José 1\1. Pérez 1üvera..
&amp;toy muy agradecida por las
atenciones que uel personal de esa
Compaf\ia y de u..eted. he recibido
con el motivo expreaado, y quedo
de usted afma., atenta y S. S. Rosario O. de Pi:rez Rivera.

roz ...... .

Algunosmein~tar.Jná huir; á mí
medió vergüenza abandonará. mis
amigos. Luché por abrir la puer•
ta ...... la cerraba una aldaba, que
después de algún esfuerzo cedió: la puerta se abrió y
yo me dirigí al grupo en que estaban los jefes del motín
.\ uno de ellos le dije que yo era Guillermo Prieto, l\.1ini1't.ro de lhcienda, y que quería seguir la suerte del Sr.
,Ju,lrez.
Apenas p1 (nuncié aquellas palabras, cuando me sentí
atropellado, herido en la cabeza y en el rostro, empujado
y con\"ertidoen objeto de la ira de aquellas furias ..... .
Desgarrado el vestido, lastimado, en situación la más
deplorable, llegué á la presencia de los señores J uárez y
Ocampo. Juárez se conmovió profundamente¡ Ocampo me
1·econvino por no haberme escapado; !?.ero hondamente
impresionado po'r i:¡ue me honraba con,.tierno cariffo.
Apenas recuerdo, despu(•s de los muchos an.os que han
transcurrido, las peraonas que me rodeaban.
Tango muy presente el salón del Tribunal de J uaticia,
sus columnas, su dosel en el fondo. Estoy viendo en el
cuartito de la izquierda del dosel á. León Guzmán, á
Ocampo1 á Cendejas junto á Fermín Gómez Farfas; á
Gregario Medina y su bljo, frente á la puertecita del cuarto; á Suárez Pizarro, aislado y tranquilo¡ a.l general Refo¡zio Gonzltlez Si!pliendo al Sefl.or J uárez.
Re había anunciado qu.e nos fusilarían dentro de una
hora. Algunos, como Ocampo, escribían sm disposiciones. El Sefior Jnárez ee paseaba silencioso, con invero•
símil tranquilidad: yo salía lt la puerta á ver lo que
ocurría.
En el patio la gritería era eaf,antosa.
En las calles, el $eiior Degol ado, el General Díaz de
Oaxaca, Cruz Abedo y otras personas que no recuerdo1
~ntre ellas un médico Malina, verdaderamente heroico,
se organizaban en San Francisco, de donde ae desprendió al fin una oolumna para recobrar Palacio y liber-

DOMINGO 7 O€ MARZ DE 1891

Señorita Elisa Corona.

El jefe del motín, al ver la ix&gt;lumna en las puertas de
Palacio, dió orden para que fusilaran á. los prisioneros.
Eramos ochenta por todos.
Una compañía del 5'? se encargo) de aquella orden b1rbara.
Une. voz tremenda, salida de una cara que desapareció
como una visión, dijo: 11Yienen á fusilarlos,it
Los presos se refugiaron al cuarto en qne estab'.l el 8eftor .Tuárez; unos se arrimaron á las paredes, los otros como que pretendían parapetarse con las puertas y con las
mesas.
El Señor Juárez avanzó á la puerta; yo estaba á su espalda.
Los soldados entraron al salón ...... arrollándolo todo:
á su frente venía un joven moreno, de ojos negros como
relámpagos: era Pera.za. Corría de uno á otro extremo,
con pistola en mano, un joyen de cabellos rubios: era
l\Ioret. Y formaba en aquella vanguardia Don Filomeno
Bravo, Gobernador de Colima después.
· Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente á la puerta del cuarto...... y ein más espera, y sin Ra}:)er quién daba las voces de mando. oímos
distintamente: «¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen!
¡Apunte•!,1 ..... .
Como tengo dicho, el Sefior Juárez estaba en la puerta
del cuarto: á la voz de 1,apunten,n ee asió del pestillo de
la puerta, hizo atrás su cabeza y esperó ..... .
Loe rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba á J uárez ...... yo no sé ...
ae at&gt;Oderó de mí algo de vértigo ó de eo.aa de que no me
pueao dar cuenta ...... Rápido como el pensamiento, tomé al Seilor Juárez de la ropa, lo pueé á mi espalda, lo
cubrí con mi cuerpo ...... abrí mis brazos ...... y abogando
la voz de «fuego11 que tronaba en aquel instante, grité:
tarnos.
A eee amago aullaban materialmente nuestros apre- •¡Levanten esas armas! ¡los valientes no sseeinan!~...... y
hablé, hablé yo no sé qué: yo no sé qué hablaba en m1,
hensores: los gritos, las carrerrs, ·el ®rrat de laa puertas,
Jo nut.rido del fuego de fusilería y artillería, eran indes- que me ponía alto y l)Oderoso, y ,·eia, entre una nube de
sangre pequefl.o todo 1o que me rodeaba¡ eentía que lo
crip\ibles.

e "la: Caja de Ahorros.••

Nos es grato dará conocer al público el rer,umen ~ae
los Boletines números 4 y.~. en los que la naci('nte institución que encabeza estas líneas, informa acerca de sus
operaciones correspondientes á. los meses de Diciembre
y Enero último.
EL número de pólizas expedidas hasta el 31 de Enero,
eran las siguientes:
l ~ Serie 8,86.'3 por valor de $ 300,300
:?~
,,
3,56i
,,
,, l.7S:l,500
:l.'
"
5,342
/1
11 2.342.(.100
17,772

$ 4.521,800

En igual fecha la reserva ascendía á. $7,253 72.
Durante los meses de Enero y Febrero se han amortizado las siguientes pólizas:
1! Serie números 6, 8, 5, 10,12 1 i 1 1-l, por valor de$ 700
2~ Serie números 4, 3, H, S por valor de.............. 2,000
3~ Serie números 4, 3, O por valor de.................. :11000
Total ............ $ 5,iOO
Sumas amortizadas antes............ 3,400

Total amortizado hasta el 12 de Febrero .......... $ !\100

Los pagos han sido todos hechos por medio del Notario -público, Lic. D. Rafael Párez Gallardo, quien ha ex•
pedido los certificados correspondientes.
Dichos certificados así como los recibos de los tened.o-res de pólizas, eat.án PO la oficina de la Compai'i.i'.a, calle
de Vergara número 12, á disposición de cualquier per3o•
na que desee cerciorarse de su autenticidad.

El Polo Norte.-EI "fram" entre los hielos.

EL POLO NORTE
CONFERENCIAS DEL DOCTOR NANSEN

El Doctor Nansen ha sido en est:os días. el asuo~o de
-todas las conversaciones en el Re1Qo Umdo. Los rngleses muéstranae un si es no e~ orgullosos, porque según palabras del audaz explorador, uno hubiera logrado nada,
sin los derroteros que los expedicionarios ingleses de
varias épocas le habían marcado de antemano.n
Raza de audaces es la escandinava, que, viviendo en
Yecindad con la eterna esfinge de hielo, no se da punto
de reposo en perseguir su secreto. De ahí las continua·
das tentativas que n? son
parte á. impedir los mil pe·
ligros, los arcanos riesgos
-que acechan por todas par•
tes al navegante.
El Doctor Xansen no se
sustrae á la influencia ambiente, y aun e~ más PT?Picio á. ella. Sabio Y -!llª"n?,
temprano sintió con 10tens1 ·
dad mayor que muchos otros,
el afán de reeol\·er el eterno
problema. Su biog~afí_a, en
breves raBgos, es la s1gmente:
J..lega ahora Fridtjo. :Saneen ti 37 af\os. A los 19 rngi:e·
s6 á la l .. oi veri;üdad de Cnstianía con la intención dede•
dicarse especialmente al. estudio rle h\ zoolog{a. Temenclo Peto p1&gt;r fin, ingresó en
IS~:! á luA vapores noruegos
de los mures de Spitzbt-rgen
y ~corrió !ó!ucesivamente las
co~t.as de Islandia Y (-iN:M¡n·
Jandia. A su regreso .ué
uombni.dn Director del Mu•
seo de Historia ~ atural ep
I',ergen, y t"n 1s.~s, de~pu1·s
de rt&gt;-eihir sn g1ado de Doc·
tor en filoF-ufia, ~e em~a;CÓ
con e:u íamotia exped1c1ón
de Groenlandil\ que fué deA·
crita en un volúmen publicado hace seis años. A rn
vuelta permaneció en su ca@a
tlurante no per[odo en qnt,
por nombra.miento dl:'I c:ouierno fué Director dd :'-11!·
seo de Anatomfa comparativa, en lar niYersidad de Cristanía.

feren~ias relativas á. su viaje en la 8)cied.1d R~al d,i lioo
graíia. y ha Eido objeto de mil atenciones, no st \u de
parte del mundo científi~, sino de la noblez~. L., Sociedad en cuestión agrac16lo con su gran premio Cll! medalla de oro qne le fué entregada en el City Hal1,. p,,r el
Pnncipe de· (,is.les, enmedio de las de01ostracio11t:~ dt,
aplauso de la alta sociedad inglesa. Xotable era 1·1 as·
pect.o que preseutaba el salón la noche de esa et~t.regu.
memorable, y sigtJifica~ivas las muestra~ de aprec111 re·
cibidas por el sabio. Tiene ~ate una muJer encant:u.l.ora!
q 11e con estoicismo verdaderamente noruego, aguardo
eu regreso_d_urante tres añ~s, ~n que nadie daba nvticia."i
profundd.:
El Doctor Nansen fué á. Londres con el fin de dar con- suyas ' repitiendo con com·1cc1ón
-El vol\"er.i.
Es además padre d~· un.\
angelical cri,1tura, y le e11bra11
las comhleracion~s sot.:rn.le~
y_los mt-&lt;,l;o¡;, de subeisteucia.
Y sin embargo, deja au ho·
gar paru lanzarse áformid.e.·
bles aventura'\ geográficaH~
Singular y poJeruso esp1ri¡u
el escandinavo que se nos
aparee~ á tnl\·l's Uel trem11n•
do vieJo lb3cn .....

Pero la tendencia del explorador eta fuerte en él,
y cuando la Asamblea noruega votó un crédito para
costear una expedición al Polo Xorte, él aceptó con
ngrado. En 1892, el Doctor Nam~en acab5 1~ constr~1cción del famoso buque 11Fram,• '/ en 24 de Juho de ~8.)3,
salió con doce compaderos, iniciando la larga y pehgrosa serie de aventuras, que concluyero., basta el ?tono
del ano último. Cómo se salvó de la muerte gracias al
feliz encuentro de la expedición Jackson Harmworth,
será. capítulo de la historia contemporánea.

•
••

•••

El Polo Norte.-EI sol de media noche.

Describir lo que vió el audaz noruego durante su larg l
expedición, sería digna tare.1.
de un poeta de numen pt•·
deroao. l:iautier hubiera hallado en las blancas prnJ, ·
rus polar~s la realización d~
su inmortal Siflfoni,a e11 Bla11 ·
e,, Jlo!lor; hubiera encontra•
do al tia.da blan::a que la in~piró; Alarcún eec'ri1,0 hubi1·ra una nue\·a. J/,xlorin tMXmdiWH"a, y .Tu-lio 'Verne imaginado una nueva novela.
U no de nueetros grabadnii
represeuta una escena Polar:
El sol de media noche...... .
¿El eol de media noche?
-Rí, incomparable lector;\.
rsted sabe deflde la escul!·
la, que en determinada ép,J·
ca del año, en las regioneii pt.&gt;lares no ee pone el ~l. Ifay
días que dnran meses, ~ro
no diasradiantf"S, inundados
de clalidad y dé calor, como lvs q11e nsted cnntempla
t'U ee~ valle de bendición
de donde nunca se va la pri-

�EL MUNDO

·-·,
·~

~

~

-.~

Docto(Nanscn.

mavera., ainodfas misteriosos semi-alumbrados l¡&gt;Or el astro opaco que describe una curva sobre el horizonte y
une á veces los crepúsculos con las auroras.
Imagínese usted un pafsaje blanco, de un blanco irritante, inmaculado, implacable, feroz ..... . Arriba, un cielo gris, de un gris uniforme. A lo lejos un ~lobo rojizo
que parece enfermo ..... . Un barco aprisionado por enormes masas de hielos. Algunas siluetas se mueven como
algo de e:xtramunde en la infinit,a sóledad del paiEaje ....
Finja usted luego muchas luces; la luz rosada de la anrura, 1a cárdena luz del crepúsculo, la refracción de los hielos ...... y por .fin que extienda en el horizonte su abanico
de llamas una aurora boreal! Qué paisaje tan hermoso
verdad? Creeríamos estar en Selene la pálida, ante una
pomposa naturaleza muerta ..... .
Oh linda amiga mía; usted que ha pa!:!ado muchas na·
vida.des en la tibia sala iluminada donde el piano canta
y campanillean las risas infantiles; oiga como describe
el noruego las noches buenas de su destierro:
-Llegó, dice, el veinticuatro de Diciembr6 de 9-i y nos
aprestamos mis diez compañeros y yo á celebrar los
Christmaa. Una nube de tristeza empafiaba lossemblan•
tes . .Aquellos hombres de hierro, inquebranta,bles Ftiem•
pre, pensaban hoy en el jubiloso movimiento de Christiania, en las amplias calles invadidas por la multitud
regocijada, en los cafés de donde escapan llamaradas de,
gas y gritos alegre~, y, sobre todo, en el Saloncito tibio
donde se adereza el pavo, donde esparce husmos sabrosos la salchicha, y van y vienen la esposa de cofia blanca
y los niflos alegres. Escogimos algo de lo mejor de nues•
tras provisiones; cone:ervaa y vinos. El Fram yacía muellemente sobre los hielos, y para alegrarlo, improvisa•
moa en los mástiles farolillos de varios colores. El frío
era tremendo, nuestras pieles apenas bastaban á guarecernos un poco de él. En el cielo brillaban como diamantes pá.lidos algunas. estrellas, en la sábana blanca
que nos rodeaba, ni un rumor fuera del gruñid{) leja•
no de los osos, ni un movimiento, e:alvo el de las fo.
esa que penosamente se arrastraban sobre los témpano!':
Cenamos y bebimos á. la salud del lejano hogar, y cuando terminaba nuestro ágape modesto, una aurora boreal
desplegaba, como serpentrna misteriosa, su tela sonrosa•
da en el horizonte!
Verdad que esa descripción es una balada de las nieves? Que prestigio tienen para nosotros esos países de lo
blanco, para nosotros que coTitemplamos los abanicos de
las palmeras y los azahares perfumados!

y las costmn hres funerarias
de la secta indja de loe Parsis á. la cual pertenecen la
m~yorfa de los habitantes de
Bombay. Estos, según dijimos no entierran sue: muertos, 'sino que depositan los
cadáveres en las famosa.e Htorres del silencio,u una de las
cuales, en su parte interior,
reproduce nueetro grabado,
't
con tal fidelidad, que nos ex•
cusa entrar en Iargasdeecripciones. Apenas la familia ha
dejado el cada.ver en la pila
correspondeinte, numeroeas
bandadas de buitres ee arrojan sobre el muerto y dejan
de él solamente la oeamenta
pelada que á poco tiempo
pasa ai pozo central, dejando
el sitio vacante para otro
cadpver. Lae eroanacionee de
estas i&lt;torrrs del silencio))
eon, como puede suponerse1
causa constante de imalubridad y peligro manifieeto
en tiempos de epidemia.
La ciudad de B&lt;mhay.
y eeto lo expresamos también , contaba ha\'.e unos
cuantos meEes la rep.petable
suma de ocho cientos mil ha•
bit.ante!:!. Hoy, merced á las
defunciones y á la emigración, ha quedado reducida á
la mitad. Los pobladores fe
desbandan llenos de terror.
Como si el tnmendo note
de la peste no baetara, el
hambre reina también en la
India y las escenas de dernlación que se contemplan,
son verdaderamente laati masas. Uno de nueetros grabados represenU\ una de
· ellas, en que una turba de
hambrientos ee lanza sobre
algunos víveres.
Los ingleses procuran remediar males semejantes en
cuanto¡meden, pero su tarea
es débil ante la magnitud
de los desaetres.
Los precios de los granos
~on mu y crecidos en los mercados locales y el Gobier110
británico, para proporcinarlos brinda trabajo á todos los
que se le presentan; pero aun hay un n6:J:?ero excesivo de
habitantes que por enfermedad y deb1h~ad suma, no
pueden desempeñar tarea alguna, y éstos arrá~transe en
los caminos, agrúpanse á las pnt·rtas de las ciudades y

DOMINGO 7 DE MA11ZO DE ,a97

ofrecen J?Or donde quiera el espectá.culo de~garrador de
su miseria. En sólo una semana, según cifras qne tenemos á la vista, los ingleses propürcionaron la subqist.en•
cia á dos millones y medio de mdividuos: 1.254,000 en
h1s provincias del Noroeste; 327,000 en la PresiLlf"ncia de
Bombey; 339,000 en Bengala; 97,000 en el Pu.njab; 28,oo:&gt;
en las provincias centrales; 2ó,OOO en Rajputana; 69 en
los territorios_de la India r.entral, y algunos más en la
Presidencia de Madrás y Burma. Por fortuna las lluvias
empiezan á declararse v el precio de los granos tiendeá declinar.
•

.DO ■ UIGO

7 DE MARZ.O DE ,a97

EL MUNDO

•

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Nansen indi c ando la ruta que sigui6 en-su expedición. ante la Sociedad Real de· Geografía,
de Londres.

Lo que sí no cesará, es la causade la terrible epidl'mia,
que, como decimos, se atribuye á. la manera de entcrrilr
sus muertos, que tienen los parsis.

Notas é impresiones.

La tradición de la revolución es como una mina quesus fieles guardianes hablan siempre he haC'er sah a'r.
G. M. VAT,TOl:lt.

••

• los padres son,
Las necedades de
perdidas para los hijo~¡ cada generación hace las su~·as.
}"e(lerico I l.

•
••

En todo país las costumbrt&gt;sson.
inferiores á. la moral que predican las reJigiones ó las filosoftas.
Gabi·iel Compafr('.

•••

Evolución: Ci)mplaciente i:;in6nimo de variación.
·

.

.•.

Más se hiere á los amigos por·
la moderación en el elogio, que á
los enemigos por el exceso en la.
crítica.
G. M. raZtour.

•*•

La verdad domina todo; no se·
la desprecia impunemente. Solo,
ella presta servicios definitivos ..
Berihelol.

*
••

La verdad en el caracteres la
sinceridad, la verdad en el ingenio es la naturalidad.
Félix Himún.

***

Nuestros jueces absuelven al·
borracho que golpea, hiere y mata: en la actualidad el vicio exeu~
sa al crimen.
G. M. rallour.

•
••

Si los gastos continúan como
hasta hoy, vendrá. un dfa en que
los franceses no serán más qne nn,
pueblo de me11digos ante una fila.
de cuarteles.

*••

Torre del silencio en Bombay.

Gambefla.

No es el remedio de la miseria.
avivar los odios.
Las plagas de la lndia.-Torre del Silencio en Bombay. (I nterior. )

0oNBE DE fiAl'S.S.XYI.LLE.

,

-;.

' t.

Las plagas de la India.

Ls higienistas, que con tanta razón se preocupan de la
peste que aflige este invierno 1i los habitantes de la India
mglesa, estiman como una de las cauaas indudables de
tanto estrago, la falta de higiene en toda aquella región

.

'

.

'

,,
.

�l52

EL MUNOO

DOMINGO 7 OE MARZO DE 181,7

,53

EL MUNDO

DOMIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN MEXICO -Por Oh·cra.
LÁ. CAR.C.AJADA

En el cementerio que rodea Ja iglesia, eiempre fresco~
lleno de dores, y dorado por el eol, yi una muchacha le
diez y siete anos, aún no cumplido@, apoyada sobre una
tumba y riendo á. carcajada tendida.
No ea posible imaginar nada máe hermoso que aquella
.criatura. angelical, esbelta, agraciada, con sus cabellos
rubios, DO muy largos, sus ojos' eentellaDtes y sus labiOB
de coral.
•
Pero me di@guetaba que no dejase de reir, porque DO
está bien e80 de most.rar a1egría junto 1t lae tumbas . donyacen los muertos.
Ji.fo acerqué y no pude resistir á la tentación de hablarle en estos términos:
-Hace usted mal en reírse, eenorita. Estoy seguro de
que no ha conocido usted siquiera al qne descansa bajo
t&gt;s&amp; losa.
-¿Qué no le he cenocido?-dijo la joven.-¿Qué no le
he conocido? Era mi n01.·io, que me adoraba con delirio
y á quien yo corres_p&lt;mdia con pasión. Mi felicidad era la.
1.-uya; corrían pareJas nuestras esperanzas, y cuando mi
amado murió, ere! morir yo también.
-Pero el caso es que usted se ríe-repuse yo.
-¡Ah!-contestó la doncella.-Me río para rendir un
tributo á. mis recuerdos de ventura.
-¡Xo comprendo! ..... .
-Cuando vivía, estribaba su mc.yor goce en verme
alegre y contenta, y si me pusieseá. llorat sobre su tumba,
estoy eegurade que habría de producirle un profundísimo pesar.
CATDLLE i\bSDD;.

LA OR.ACION

Yo que amo la existP.ncia por el goce de mirarte,
Por la dicha de quererte, por la gloria de ~sarte;
Yo que adoro lo qne t;oca,e y_ bendigo lo que pisa~:
Diera todos mis deleites, diera todas mis sonri!.la3
Si pudiera efl tus momentos pesarosos consolarte.

Gratas memorias del hogar paterno,
Que aciLrician mi mente cuumorada,
Yoluptuosae c11.:'acione:i del prosc.;_to,
Fragantes com¡&gt; Jloreij de m1 patria! Venid conmigo lÍ. la. colioa trh,--te
Por arrebole8 pálidos bronceada,
Y escucharéis el cant-0 Jaetimero
Que inspira la onlcióu al extranjero.

Que no llueva en el obscuro firmamento de tus ojos,
En el búcaro de flore!!, es mentira., no hay abr,1jos:
Oh, estrellita de mis oie-los y sirent1. de mis mares:
Tú no sabes los enojos que me causan tu~ pesare:J.
Tú no sabes los pesares que me cansan tus enojos.
ARTt:.R1)

L.

Rentado allí¡ sobre la piedra grande
Que va escalando la espinosa ,:arza,
Sobre mis manos mi cabeza débil
Melancólicamente reclinada,
Miro la noche que de orienti:, impulen
~ )bre lo3 cielos su luctuosa gasa,
Y ~cucho del lejano campanario
El són, en roi paraje solitario.
Acentos quejumbroMs de la tarde,
Snapiroe que venís de la monUlüa.
Los balidos trayendo del rebafio,
Con los cantares que el labriego ensaya;
Rumor confm:.o de aonora fuente,
Helado cierzo qne silbando pasas ......
Me alivia vuestra fúnebre armonía,
Murmullos que al morir modula el dio.

C.\ST.\~_\JlES,

)larzo de 1897.

CANCION

Alma blanca, mh blanca q11e el lirio,
Frente blanca, más blanC·\ que el cirio
Que ilumina el altar del ~~í\or,
Ya serás por la aurora encendida,
Ya serás sonroij8cJ_a v herida
Por el rayo de luz dél amor.

OfJ.me, ¡oh sol! tu Jí,:ida lumbrera
13añe desde las cumbres azuladas,
Cual la antorcha de un féretro los valle~
Donde las sombras de la noche vagan,
La espuma argente del lejano río,
Del templo abandonado la cruz parda,
~[ient.ras llegando la tiniebla impura
Te arroja su enlutada vestidura

Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risl\ argentina
Junta el albo marfil al clavel!
Ya veréis cómo un beso os provoca
Cuando Cipres envié á eM boca
Las abejas sedient.ui de miel.

VIE:NDOLA Ll.,OR.AR.

¿Por qué Hueve en el obscuro firmamento de tus ojos?
¿En el búcaro de flores encontraste los abrojos?
¡Ob! estrellita de mis cielos y sirena de mis mares:
'fl1 no sabes los enojos que me causan tus pesares,
Tu no sabes los pesares que me causan tus enojos!
¿Qu_é irlron de niebla esfuma tus azules perapc.--ctiYas?
¿Qué mfernal caricia. agoi-ta tus fragantes siempre vi vas?
¿Qu6 reproche palidece tu ideal color de rOf!a?
;.Es la duda, eee fant.ssma, esa nube tempestuosa
Que atraviesa por el cielo de la, frentes pensativas?

c,r-

Yo no quiero que en lbs nidoP del jardín de tus amores
Haya tórtolas enfermai y dolientes ruisef'iores;
Cuando sufres y 1a iJJclina'! me parece tu cabeza
lna estrora de Lord Byron emoapada de tristeza:
jlo no quiero que tú sufra.~! ... ¡ Yo no quiero que tú llores!

En vano busco los hermosos eit.ios
Do las tardes pasaron de mi infancia,
Donde á la luz del arrebol lujoso
Las sencillas leyenda!! me contaran:
No escucho la cast.ruera melodiosa
Del labriego al volverá. su cabaña,
El cuerno del pastor, ni los graznidos
Dd aves que buscan su:J ocultos nidos.

)[aoo~ blanca..~ como hostias benditas
Que sa~is deshojar margaritas
Junto al fresco ro'lal del pensil,
Ya daréis la canci6n del amad()
Cuando hiráis el son()ro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.

Hora de arrobamiento doloroso,
Indiferente al lloro que derrama
Rn silencio ante tí la desventura,
En él tu vela de crespón empapas;
Toma también el llanto de mis ojos, Y á saludarte volveré mana.na,
Sobre el negro peñón de la colina
O entre los cardos de la triste rllina.

Ojós bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul,
Cuando lleven las harlas á Oriente
A la bella del bm!que durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu c:.Uiz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera su palio levanta
Y hay un cor.&gt; de alondras que canta
La canción matinal del amor.
Rt'BÉS D.\RÍO.

JORGE lsAAC!:!.

,
Aunque véque la engai\an con frecuencia,
No se quiere curar de su inocencia.
C.Ul'.POA.)(0.R.

�EL MUNDO

154

AMOR INSUl,SO
Se conocieron siendo todavía mny jóvenee.
Desde el primer instante atrájolos una viva aii'.l11?atía;
pero nunca lograron ver prosperar sus deseos,. debido á
la tenaz policía materna que á. ella perseguía y á. la suceptibilidad quijotesf'.a de él.
.
La primera :floración del amor que había de conaurmrlea toéla una vida, fué desde muy temprano asperjada
por las lágrimas.
.
Su idilio era misterioso y mudo, con el mutismo cobarde que se posesiona siempre de las grandes afecciones.
Cortábanlo á.grandes intervalos viajes veraniegos 6 enojos originados, ya por una mirada grave, ya porque él
observó con pecaminosa insist.encia á. otra mujer 6 ella
fué perseguida por cualqnier mentecato; ora porque pasó él por los lugares donde acostumbraba encontrarla y
no la vió; ora porque un día pluvioso se asomó ella al
balcón en un momeato triste y no pasAba él por la calle.
t~l Cuando se columbraban en algún lugar, su fugaz vistazo era un simpático saludo.
Ella parecía decir:
fi '-Ha dormido poco ó le aniquila algún dolor interno;
si, debe ser de loe que sufren solos¡ la tristeza tiene una
fisonomía cuyas demacraciones solo perciben todos los
que han padecido alguna vez..... Esos ojos de mirada
torva, su semblante sañudo, la mueca desdeñosa, me lo
dicen claramente;•¿será pobre?
Por su parte, divagaba al contemplarla él:
· -Yot.e quiero; un!} voz si~ilosa me dice aq,uí dentro que
me estás predee-tinad.a y debes unir tu destmo al mío con
cadenas inrompibles; junto á tí mi existencia sería paradisiaca; muchas noches cuando me hace temblar el frío
de la soledad, reconstruyo poco á poco el cuadro imaginado: una casita blanca en el campo, arriba mucho azul,
abajo primavera¡ los dos muy solos nos besaríamos bajo
el emparrado, contemplaríamos la muerte del sol en los
crepúsculos campestres; al llegar la noche sentiríamos el
pavor del .Angelu., al oír tremer broncamente los cobres
del campanario; después la cena, un ágape de enamrn-ados, laego ull!l visita á los pobres dd t.ohío y por último

el descanso, pensando en un nit\o rubio y blanco como tú.
Otras veces se veían en el teatro, y sus observaciones peregrinaban en el desbocado Hipógrifo de las congeturas:
-¿Seré un simple?...... ¿Cómo pude colegir las opulen·
..;ias de esta nifia ......... ese vestido ne acusa á la heredera la tela es barata, su confección deja mucho que de-se~r las flores del·sombrero se han ajado y veo en todo
su c~ntinente no sé qué desgaire de mal tono ...... ¡parece distraída!. ..... ¿será. to!lta? ...... creo que sí, porque se
ríe de las simplicidades de este Talma de la legua.
Ella cavilaba al ma•riposear de su abanico:
-Xo es un hombre vulgar; me enrunara su elegancia
por lo severa y soberbia; sus modales son impertinentes,
pero de una altivez muy di@tingui':1-a ...... ¡parece un burlón de gran tamaflo!. ..... ¿tendrá. dinero?......... probablemente· la miseria y el orgullo no han podido nunca desposa~ ...... ¡me está mirando!. ..... ¡Dios D?ío y con qué
fijeza! ...... quisiera corresponder á e~ m1~da, hacerle
comprender de algún modo que me simpatiza¡ pero no,
es mal visto creería. que soy coqueta...... procnraré estu•
diarlo con e'1 rabillo del ojo ...... ¡Así!. ..... Al disimulo ... .
Oiras veces se encontraban el uno frente al otro y la
idea que incubaba en su pensamiento era idén~ica:
-¿Quié-n será?
Y sucedía también con frecuencia que al verse pasaban
de largo como dos viejos camaradas que. por conocerse
mucho no tienen ya nada nuevo que decirse.
-El.
,
-Ella.
Sus vidas por un largo periodo de tiempo se deslizaron
sin accidentes acariciaodo u.na esperanza que acaso porque estaha lejos lo, hacía dichosoe.
Maria estaba segura de que Lociano n.1:1nca se vería
impresionado por los encantos de otra muJer que no fuera ella.
El, con una candidez, impropia de varón, ~aba incondicionalmente en la fidelidad de eu desconocida.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovió
ceniza muchos in'\"iernos y hojas de rosa otros tantos ve·
ranos.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

Tornóse María seria y hura ña por parecerle el racato
llevado al puri~"anismo, la. meJor prenda de u_na mujer_
discreta, y Luciano, o[end1do por lo que supoma un desdén inmerecido fué hosco y brutal con la doncella.
¡Singular [enómeno: mientras más empeño ponían los
dos en convencerse íbtimamente de la antipatía que se
manifestaban, más omnipotente y grandioso se revela■a
en sus corazonel' el carifio; llegaron it odiarse de una manera estúpida, porque los amores cuanto más grandes,
más próximos al aborrecimiento está.o¡ sus miradas, aquellas miradas que se besaron voluptuosas y tiernas en otros
bellos días, JI cruzarse, chispeaban como puntas de espadas, eran algo semejantes al reto provocado por una injuria inolvidable.
Concurrieron cierta vez á. un baile, y él, después de infinitas vacilaciones decidióse á solicitar un vals de su
enemiga¡ ella por toda respuesta extendió tr.é mula y vacilante la etiqueta. Luciano apuntó su nombre con letras
incomprensibles, y después de D?uchas ceremonias lrív?las viéronse estrechados por furioso abrazo y confundido~ en el turbión de los bailantee.
La imprevista emoción de aquel encuentw, entorpeció sus sentidos embotando la sensibilidad de los dos en
una atonía que ee acercaba mucho al idiotismo; el joven,
que no era tonto, dijo aquella noche todas las patochadas que podría decir decir un cretino de bue•
na cepa desperdició ridículamente la oportunidad que
el acasd le deparaba; no osó estiecbar un poco el talle
que r;e quebraba entre sus brazos, ni ella supo alentarh
a las licencias que en el caso especial en que se encontra•
ban, hubieran sido lícitas por atrevidas que íuesen.
Al despedirse sus manos se estrecharon bruscamente.
Fué todo.
En poder de Luciano habla quedado como prenda inestimable, un guante de l\Iana, que conserrnba el perfumd de su manecita imperial, y en el que las arrugas no
conseguían deshacer el modulado impr1::so por los dedos
á la cabritilla.
Fue el amuleto del maniático, lo guardaba siempre
junto al pecho creyendo en su nunia igualada locura que
al poseer esa baaatela de Maria fa llevaba siempre consigo y se encontr:ba junto á ella escuchando alelado el aureo campanillear de sus rie~B inocentes.
. ..
Su pasión se quintaesenció en el egoísmo y prmc1p1ó á
padecer los celos insensatof.l del amante sin ventura, odió
ferozmente a las hermanas de su amada, á. su mamá, esa
señora enluta.da con perfil de cariátide que siempre la
acompafiaba1 á sus amigas, á los nécios que ~a saludaban, y á todos aquellos seres que merecer pudieran alguna manifestación amable de la joven.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovi6
ceniza muchos inviernos y hojas de rosa,otros tantos veranos....
Luciano y }faria asistían á. la agonía de su juventud;
en las más secretas reftexiones, apareciá.seles el cadáver
de su amor, y frente á él, aentfanse abrumados por
toda la vergüenza de la simplicidad al comprender que
si no les tocó una parte de dicha en el terrestre abrojal
era por que se rez~!ºº en la car~ra haciendo pompas
de jabón y deeperd1c1ando oportumdades que sólo en raras ocasiones se presentan al mortal.
El ímpetu que vivificara sus afectos juveniles estaba
ya debilitado por la edad, el fuego sagrado de apagaba
lentamente en sus corazones y el épico entusiasmo de la
edad moza, había cedido sus trofeos á la torpe displicen cia de los años ..... .
Los hilos de lino que se espiraleaban en sus cabelleras
eran los dolores que extrangularon las maripoeas dor_adas de la ilusión, difuntas y enterradas ya en el oear10
de sus recuerdos.
En sus arterias no correrá más la sangre encandescida
por las fiebres interiores, porque.-amadores líricos-en·
cendieron piras al Amor Humano y no supieron coronar
de pám_panos sus frentes......
.
Es tnste sentir la aproximación de la Exterminadora
Taciturna cuando aun no se han aburado los labios con
el quemante vino del deleite!
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida llovió ce•
niza muchos inviernos y hojae de rosa otros tantos ve·
ranos ..... .
Los amantes esquivaban mútuamente su presencia,
com¡,rendiendo que sus fisonomías serían en el futuro,
una implacable burla del pasado.
¿Se debe amar cuando la calenda de las pa·siones ha disecado los músculos y el rostrd es sólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más incóg_nito del alma?
¿La atracción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á travás de las distancias y las corporeas metamórfosis
cuando se ha plantificado en lag más sensibles placas de
lamente?
¿No?
¡Sí!
La airacción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á través de las distancias y las corporeas metamórfisis
cusndo se ha plantificado en las más sensibles placas de
la mente.
Podrá estallar la lujuriosa poma en el terreno reque-mS:do por las lavas de cien cataclismos.
Se debe amar cuando la calenda de las pasiones ha disecado los músculos 1 el rostro es eólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más in•
cógnito del alma
¿Qué importa que el tiem_Po1 ese viejo alado de la barba florida haya llovido cemza muchos inviern~ y hojas
de rosa otrns tantos veranos? ..... .
Luciano y María, ancianos ya, mortificados por la co~sunción y el reuma, sintiendo el frío de una vejez soli~
taria y la necesidad de algún amor comprendieron q_ueen el período trágico de preparar ei bagage del matenal
embeleco para consignarlo á. las •entrafl.as de la madre
tierra, debian acoplarse santificando en santa unión el
martirologio de su vida; pero en ese momento solemne
un pudor infantil que fué su última timidez, los separó
hasta que marcharon claudicantes á. la sombra ..... .
llarzo de 97.
Crao B. CEB-'LIAS. -

D!)M INGO 7 DE MARZ DE 1897

Permaneció inmóvil, con el brazo izquierdo tendido
á lo largo del cuerpo y el derecho apoyaao en el alfeizar

de la ventana de Ja ~uardilla. Había cesado la lluvia,
pero el cielo estaba a.un cubierto por deueas nubes de color de plomo. Allá abajo, en la calle, todo era luz y alegría. Los faróles del aluwbrado público y los mecheros
de las tiendas enviaban á las alturas oleada'! de resplandores¡ al ruido de los earruaje8 y el que producía la muchedumbre taconeando fuertemente sobre las losas de
las aceras, uníanse el eco de canciones alegres y los gritol!; de los vendedores de periódicos y baratijas: de los
balcones de un piso segundo salfa un raudal de notas cancanescas, arrancadas al piano por los há.biles dedos de un
futuro Rubinatein ......... Allá arriba, en el espacio ineon·
mensurable, todo era eombra y tristeza. Las compactas
nubes, impulsadas por viento huracanado, pasaban velo·
-0es, atrol)ellándose, como pelotones de un ejército que
huye á. la desbandada, y formando en sus mil capricho•
sas combinaciones, .6guras extrañas de gigantescos monstruos.
Raimundo miró al cielo, miró á la tierra y recordó su
pasado. e~ el que había también luces-muy pocas: las
de la11 1luSiones-y sombras-mucbas1 las de la realidad.
Recordó su pasado ...... El pueblo que le vió nacer y en
el cual había vivido hasta que vino á. la corte; sus estudios de segunda enseñanza interrumpidos p1 r la muerte de sus padres; su triste, su penosa existencia al lado
.de un hermano de su madre, de aquel vjejo avaro que
gozaba fama de rico y que se negó rotundantemente á
que el huérfano continuara sus estudios.
Y si únicamente hubiese tenido que sufrir esta mjustifioada oposición ... .. . Pero no fué esto solo: el huérfano
vióse precisado á apurar basta las heces la copa de la humillación y el sufrimiento. Su tío no perdonaba ocasión
de martirizarle, no se cuidaba ni mucho ni poco de renovar sus destrozadas ropae, su mugriento sombrero, sns
botas torcidas y agujereadas. Su tío solfa decirle con
frecuencia: «¡Holgazan, vete al campo y coje un azadón,
ei quieree comer! ¡que equivocado estás si crees que tengo obli~i6n de mantener á sefloritos ganduleE!n
Y llarmundo sufría en silencio aquellos brutales insultos; se retiraba al cuarto más obscuro de la casa, y pasábase allí las horas llorandó, maldiciendo su delicada naturaleza y la educación que había recibido: esas dos cosas
que hacían de él un sér rnservible para el trabajo cor-

poral.

¿Y luego? .._. rranscurrieron tresaifos .Y c.onsiguió una
plaza de eacnb1ente en· el Juzgado, retnbwda con doce
pesos al mes. Entregaba once á. su tío y el peeo reetante
lo invertía.en comestibles que devoraba ansioso todas las
nocQ.es al encerrarse en su habitación, porque el infeliz
jamás pudo satisfacer por completo las exigencias de su

estómago.

Fué entonces cuando empezó á sentir un afán de glo- ·
ria creciente, avasalledor. El sentimiento de lo bello
inundaba su alma de artista, de poeta, de sér privilegiado que olvida en sus locoil devaneos lo material para
pensar en lo intangible. ;Oh, qué ratos tan deliciosos
aquellos en que podía sustraerse á las miserias, d. las impurezas de la realidad y dejar que vagara su espíritu en
una atmósfera de luz sonrosada y deslumbradora! En tan
hermosos sueftos, las amarguras y privaciones del presente desaparecieron por completo de su imaginación y eran
reemplazadas por fa felicidad de un porvenir que brillaba ant.e sus OJOS con todos los bellos colores del arcoiris
Aquellas ilusione~ halagüeflas, engendradoras de una
.alta fiebre intelectual, dieron el resultado consiguient,e.
Raimundo rompió la cadena que le tenía sumido en la
más insufrible de las esclavitudes y ee presentó en la capital, en ese gffi!l- palenque do.n~e rifien ~n _batallas encarnizadas las virtudes y los VICIOS, la fil.Ben&amp; y la opu•
lencia las ambiciones nobles y las ambiciones mezquioas, 1~ lealtad y la apostasía 1 el talento y el descaro.

... y· ·t~é 'ci~~¿~~-·. ü~·~. a.~·~~~ d~·;~~t~S ·&lt;¡-~~·¡;;~·a.~~~·~~
,el espfrit11 dél que las sufre, primero temor, después pá.-

EL MUNDO

155

nico y, por último, de~aliento; una de esas derrotas que cierran el camino de la esperanza y que
colocan ante los turbios
ojos del caminante la palabra ¡atra.,.' escrita con
caracteres de fuego sóbre
un fondo negro oomo el
de insondable abismo.
Y el huérfano veía la
en~rgica palabra, el mandato imperioso, aIJá arriba, en
el espacio lóbrego sureedo por gigantescas masas de
vapores ...... Hubo un momento en que le pareció que él
formaba parte del tropel de nubes que corrían empujadas
por el huracán sin Eaber
cuál sería la •duración del
termino de su viaje.
Nubes que ruedan por
el espacio arrastradas por
unafuerza euperior, irre•
sistible...... y luces que
caen vencidas en la lucha
por la existencia.......... .
Hay entre unas y otras
exacta semejanza. Piér·
dense aquellas de vista
tráa el horizonte; desaparecen estas del palen•
que social. ¿A dónde han
ido? ¿Quién eabe ni á
quién le importa.?.......... .
~Iientras hay a oleadas de
luz que deslumbre1 y voces alegree y acordes y ar•
moniosas qne impidan
oír el grito de angustia
del infeliz vencido ........ .
T0)1A8 C.\llACllO.

Y fervo~ ante el blanco ea~rario
A suplicarte mi amor se arrodilla.

lle acuso, puesto á tus pies, ¡oh mi Diosa!
Como una tierna plegaria repito.
Que de mi sueíio tu imagen radi orn
Miro surgir, y tu nombre beudito,
En mis insomnies, con voz temblvroea.
Que de tu templo al un:ibrnl, taciturna,
Llora en silencio la pobre almti miti,
Y melancólica virgen nocturna ,
Te va á. dejar de la rima en la urna .
Mis peueamientos: la triste ele-gia.
Escucha, ¡oh pálid,a y tris-te princesa!
Esta pasión tanto tiempo callada.
Y abre tus húmedos labios de frt&gt;ea
Para que cum.Plas la grata pro11 eea
Que hizo á. m1 amor tu apacible mirada.
Mas Ei es un suefi.o no más la ,·entura.
De ser tu esclavo y amarte de hinojos,
Si no ha de eer para mí tu ternura,
Si he de olvidar mi infinita amargura
Yiendo la dicha en tus lánguidos ojoe,
Sellara, el búle-amo dulce derrama
De tu perdón en mi pecho que te ama,
Y contemplando tu regia belleza,
Ante tus pies, abrasado en la Jhma
De mi pasión, moriré sin tristeza.
EFRÉN REB01.LF.DO.

Marzo de 1899.

PRE:DE:STINADA

Está tu rostro transparente y flébil
De tus muertas virtudes ante el túmulo,
Y tu sonrisa-cual lamento débilFlota de tus recuerdos sobre- el cúmulo.

SUR LA BRECHE

,

*

. la herencia atroz,
* * era
' el estigma
Era
Cumplido; al fin, como un conjuro mágico;
Y-descifrado el oprobioso e.nigma¿A qnien sorprende el desenlace trágico?

I
Si vivir es luchar,-cuando la pluma
vibra en la mano del poeta ardiente,
debe el poeta levantar su frente
y sacudir el miedo que le abru~a ..... .
Si escribir es luchar,-laglona suma
es azotar al crítico insolente;
que al estallar la ola prepotente
cubra su sien en delicada espuma ........ .
Re,·iente el verso al roce de la chispa:
y zumbe de la gloria de las palmas
con el tenaz zumbido dela avispa ..... .
Que por la ley eterna de las cosas,
y por la ley eterna de las almas,
¡los versos sin espinas no son rosas!

•*•

Aún tus blancas inocencias duermen
En el nido sin luz de tu modeetia';
Tornando en sangre el clande~tino gérmen
Habló en la sangre la iracundia be~tia.

*

*••

¿Tu calma te condena ó te prestigia?
¿Te entristece tu mal ó de él te alegras!
¿Acaso tu alma atravesó la estigia
Sin enlodarse con sus ondas negras?

II
Para vengar mis íntimos agravios
lucharé con el mundo, cuando el mundo
me arroje ese desdén torpe é inmundo
conque ¡infeliz de mí! manchó áloe sabios ...
B:Ultame del dolor estos resabios
para sentirmeexcéptico profundo¡
y saber desplomarme moribuado,
con la frase de Bruto entre loe labios: á virtud
-Yirtud, necio: eres un nombre ..... .
gritaré flajelando altivo y loco
el espíritu crédulo del hombre ..... .
Y envuelto en mi bandera ensangrentada,
he de irme muriendo poco á poco,
¡con la mano en el puiio de la espada!. .....
III
Hoy, ¡oh mundo brutal! mi alma te mira
con lástima y desprecio¡ que tú mismo
vas á ocultarte al fondo del abismo,
aun impotente en medio de tu ira ........ .
El sacro fuego que á ca•tar me inspira
resistirá tus soplos de egoísmo:
No insult.Ps mi doliente excepticismo1
no profanes el culto de mi lira! ........ .
¡Vano es que quieras apagar mi fuego!
tenaz y altivo,-al modo de aquel griego,
ya que nunca tu aplauso me concedes,
...... Saldré á encontrar el carro del destino,
y arrojándome en medio del camino,
gritaré á toda voz:-Pasa, si puedes!
JC&gt;sE S. CnocANO,

CONFI.TE:OR

Si acañciar un sueño es delito,
Si es un pecado est,e amor infinito
Que aquí en mi fiel corazón vive opreso,
Caigo átu planta Ymurmuro contrito:
¡Oh Diosa mía! yo á tí me confieso.
Pequé. y co"ntigo me acuso turbado
Que tu recuerdo querido he guardado
En mi memoria cual santo awuleto,
Y que 1uil veces mi pena he calmado
Con el placer de adorarte en secreto.
Que te he formado en mi pecho un santuario
Do la esperanza, inmortal lampad.ario,
Vierte su luz, do la fé siempre brilla.

.

** en vano
Nubló la carne tu razónt
ContenPr el impulso pretendiste
Y, al fin, al sucio fondo del pantano
Como una rosa tropical caiste.
•

*** desequilibrio
Si un profundo y fatal
Ha encarnado en tu cér, desde su origen,_
¿Cómo han de merecer torpe ludibrio
Las inconscientes faltas que te afiijen?
*

*
¿Qué culpa tiene el* hurac:in
violento
Que azota al valle, con estruendo ronco,
Si cae-herido al soplo de su alientoDel roble hospedador el viejo tronco?

•
••

Y sin embargo, ¡oh pecadoras buenas!
Desesperad del anhelado puerto:
¡Hay en el mundo muchas :\Iagdalenas
Pero Jesús, el redentor ......... hamuerto!
M. Bou,gos CAcno.
liarzo de 1897.

ORIGEN DEL NOMBBE DE ALGUNAS FLORES

'

La J11~ia tomó su nombre de Leonardo Fucb, un sabio
botánico alemán.
La begonia, fué llamada así en honor de M. Begón, bo•
túnico h:ancés.
Jazmín es corrupción de la palabra árabeysmim.
El vlttmbngo se llama así, porque los médicos antiguos
suponian que era eficaz para curar el tnvenenamienc.o
por plomo.
El nombre de la lila ea casi igual al que esta flor tie-ne
en persa?
Atthea procede de una palabra griega que significa c,curar.»
La dalia tomó su nombrd de un célebre botánico sueco,
Andrés Dahl, que fué discípulo de Lineo.
El amariti.8 fué llamado así en honor de la ninfa de ea· te nombre cuya historia refiere Yirgilio.
Cuenta Ovidio que un joven bien parecido llamado
...Yarcüo se convirtió en la flor que lleva su nombre.
Lirio Ee deriva de la palabra célica li, que significa
blanco. Esta flor ha sido considerada siempre como em•
blema de la pureza.
Pedro Magno), Profesor de Medicina en la Universidad
de :Uontpelier, Francia, dió su nombre á la magnolia.
El adoni.~ tomó su nombre ~del hermoso joven de so
nombni, muerto en una cacería.
Desde wuy antiguos tiempos se ha considerado &amp;l pensam.ie11to com un emblema de recuerdos cariI1osos.

�EL MUNDO

OOMIN/;0 7 DE MARZO DE 1&amp;~7

¡

¡,:

-Con quién hablo?
-Libertad!-gente de paz!
-Viva México!
-Quienes son ustedes'?
- l' n soldado y su galleta.
Que entren, respondió Peri•
co Nieto desde adentro-y cierra Pedro por que va á empezar el conce"rtante de Tronos y
Potestades.

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I

157

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 0897

•••

Y heaquícomprobado, concluyó el diablete rascándose la
cola, que un casado vale por
doa .!-Olterones ......
-No quiere usted á los célibes.
-Porque los conozco. Ovando vea. usted. en un .laridou á.
una vieja de bigote marcial y
fa!deri l lo al ranto, santigüese
usted Cumplido. Yestirií. desedas al falderillo y no dará. &amp;gua
al gallo de la paF-ión. EEO!.I cincuentones qne llenan el vacío
de eu corazón vano con hipotecas de casas, pericos de colima, perrillos de Chihuahua
y paliques con clérigos, son
rnaloe, amigo Cumplido... La
vida que no ee vive un poquillo
para I&lt; s dem:ís, es nociva, crimina I á. inútil.
- Y usted dice eso! proferíusted. un enemigo de la humanidad? Yamos, es usted un
pobre diablo.
-Amigo, desengáfieee uet.ed,
hoy por hoy hasta el diablo es
un ente vulgar .

*••):-

EL DANTE E:N MEXTCO.-El esposo de sl mfsmo.

.ll;I. DANTE: JJ;N 111:E;XICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTISÚA,)

Y érase que se era un individuo de aspecto duro, ventrudo, qne de la manera más infeliz llevaba un mal pergefio de mujer y á quien un aatanacillo trnvieso y otro que
no lo era menos ponían como nuevo-pues era un viejoentre las risotadas de un grupo de diablejos espectadores.
No me fué prnciso inquirir que mala persona era aqueUa: un letrero prendido al hombro y Otro donde dijimos,
lo explicaban claramente: uEl eapoeo de sí mismo n ea decir, PI ególatra, el egoísta, el que ha hecho de su~ comodidades, -de su bienestar, un culto.

Campoamor en una de sus más bellas doloras, explica cómo el hombre casado empieza por amar sobre todas Iaa·cosas á. la mujer, continúa por querer más que
á. su cónyuge á su hijo, y concluye por amaree á sí mismo
más que_ á eua hijo~ y á a.u c~nyuge; pero este -postrer egoísmo ha sido prece~tdo e1quiera por abnegaciones, y
no se pena en el mfierno, porque el amor antiguo,
anticip.ada_mente lo redimió. El figurón que yo tenía
ant,e mte OJOS, de tan eriraña manera vestido y penado, era un solte~ón ( casta de víboras) que. pagaba
cal"O~uautoadorac16n, su egoísmo y su sequedad de
espíritu ..... .
-¡Ay de los célibes! exclamó un Belial de enroscada cola, qne mascaba chicle no lejos de mí. Sabe
usted, aíladi61 entre nuestros vecinos los· del Paraíso, se tiene por hombre de pro al caeado.
-Pero hombre, si h~y algunos matrimonios que....
vale más no hablar del asunto.
-Con todo y eso patrón, un mal marido,. cuenta
m~ ant.e el Amo que dos solteros y para probarle
m1 aserto, allá va una hietorieta,
-Suéltela usted, hombre, pero no maeque chicle,
que parece usted galleta.
-Entre galletas anda precisamente la cosa-respondió. Oiga usted:
Acertaron tt llegará las puertas del parniso un soldado y una monja, jóvenes ambos y no mal encarados. La monja que se había anticipado al recluta
llev~ba ya un buen plantón enel sardinel de la puerta smlo~rar mas que \rn .-aquí no entran la!:linútifes, •
Pf?nunciando entre sorbo y sorbo de jarabe balsám1co, por San Pedro, y le refirió sus cuitas al soldado:
-¡A.y! mi alma, exclamó éste, pues si á usted
que es una palomita sin hiel que se aplicó saraban
d:1s en pemtencia toda la vida no la dejan entrar
qué eeráá mi, triguefia de mis entrete1ai:?
'
. -Pero qué ha hecho usted? preguntó la monja, deJando ver una mueca de púdica alarma?"
-La mar de cosas. Yo florecí en :\léxico en la époc.a de las_ 1du~as i~testinasn ( que eran verdaderos c6hcos de mvagrnación) y me pronuncié con diez generales .Y luego contra loe diez, robé tlacos de haber á. mt compañía, introduje tripas al cuartel y dfa
lo que era de otros para los onomásticos del jefe.
-Pues ahí es 1;1ada, ¿y ahora que hacemos?
-Tengo nna idea exclamó el soldado 1 dándose
una pH-lmada en la frente como todos los héroes de
las non~la.."1 \Ylr entregas, v 8in más decir tomó en
sus brazos á la 1.. blata y 5e la echo al hombro como
si fuera fasíl 1 tras de lo cual llamó con garbo á la des•
veneijada puerta del edén.
Abrió Pedrito, que d.e glutial una sopa · de chocola,3, y en~ar.tndose con el intruso preguntó.

~

1111111111// u:

Aún debía encontrar motivo de asombro aquél día. Al
regresar al rentro porque era. tarde, encontré
en el recodo del camino el más peregrino
grupo: uno de la Comparsa infernal extraía á
tirabuzón, la entraña principal de un viejo
verde que fué el Don Juan averiado-pero
rico y dadivoso-de todos los salones.
·
-A7, amigo, en punto á tirjos verdes se yo más que usted. "'\ áyase por Plateros y verá ...

(Continuará.)

A tí, ducha en amor, yn te da risa
una loca de atar como Eloisa.
CAMPO.A.MOR.

J

EL DANTE EN '.\fEXICO.-En la tierra.

LA LINTERNA

Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento;
Le lleva el santo eacramento
A un moribundo á. la taberna.
Ante su paso, una cisterna
Finge un bostezo descontento.
Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento.
Mas en la opaca noche eterna
Súbita estrella, en un momento,
Rueda del alto firmamento
Y hace las veces de linterna
Entre la zarza y la caverna.
MAURICE ROLLINAT.

BALBI:-.0 D.\Y.\LOS.

:\Iarzo de 1897.

W~lJ:~~
SU.ll;ÑOS

De mi alma haré una gota de rocío
Para regar con ella tu corola;
Haré un sublime altar del pecho mío
Y en ese· altar te adoraré á tí sola.
Bri11ará en las tinieblas de mi suerte,
La luz de eol de tu mirar divino¡
Será un períune para tí mi mnerte
Y mi vida una flor de tu camino.
Te creí realidad y eres fulgente
Ilusión de mis días halagüefios;
Te vf, Sefiora, y coroné tu frente
Con el lampo inmortal de mis ensuefios.

•

·:,..

Ven, dejemos el lecho del proscrito,
Del mundo impuro, que tu planta toca,
Ven conmigo¡ yo haré .del infinito
U na copa de amor para tu boca.

;

L; triste noche plegará sus velos
Y tu voz en mi lira de poeta
Agregará al cTe·deum .. de los cielos
El mtígico nocturno de J ulieta.

..

• •

0

EL D AXTE E..", MEXICO.-Dentro de poco tiempo.

¡Feliz si en tu semblante 1,1,ún vetu esposo
la materia en estado luminoso!
C.-nrPO. \M OK..

. .~

1/

Ven, yo te amo¡ la lur. que tú destellas
Será. mi eternidad, y en santa calma
Tú buscarás 1i Dios en las estrP\la~. '
Y yo ló encontraré dentro de tu alma.
Jn-4TO Srnnn.\.

Aspiré á. verte un dfa,
pero dePpnPR de verte
corno dijo .Jesús, Dolores rola,
"mi alma quedó triste haeta la muerte. "

. -:'". ~1'-:.,

HILDA.-}Jo,;,ela por 6auaara ae °0ind.-Núm. 3.
~

,•• r ;

V

~údada me falt.aba una sesión para completar el estu.,¿uo d~ la Caldera, que había emprendido. Raul y yo re$)lviwoa ponernos á la tarea desde el día siguiente.
.Así, puéa, á la mañana siguiente, :i la hora acostumbra-

'

.

.~

da, estábamos sentados en el mismo sitio, en donde ha•
biamos asistido al rasgo de fuerza llevado á cabo por
Ililda.
Esta no tardó en aparecer. Si Raul ae había resuelto,
en virtud de la conversación que habíamos tenido Ja vfaper:l, á precipitar los acontecimientos y á. hablar á la

•

joven de sus sentimientos amorosos, en ésta se veía aquel
día algo q¡¡e parecía indicar que también había tomado
una resolución, que había formado un proyecto cuya naturaleza era difícil adivinar.
:Maniíesta,ba un aire agitado y nervioso que no le era
habitual¡ su mirada tenía algo de más profundo y hasta

�EL MUNDO

•

DDMINGD 7 DE MARZD DE 1897

~¿Qué es le, que ustéd piensa de rrii sue.üo, me pregun
una expresión de gravedad, que su encantadora sonrisa cuestion, tenga ueted entendido, de una vez por todas, tó ella?
que profeso mucha amistad y estimación á Raul, pero
no era capaz de disimular por completo.
Entregado por entero á lo que acababa de saber y á. la
nada que pueda parecerse al amor. Si usted no estuviera
Sinembargo,estabajovial como siempre, y aun aquepesadumbre
que por ello resentía, no había yo escuchalla mañana se mostró más amigable que lo de costumbre tan cegado por el amor paternal, continuó con un tono do las últimas palabras de Hilda sino distraidamente, con
de deepecho, usted habría podido observar esto desde
,con Raul.
el sentimiento vago y confuso de qne re trataba únicaCuando le dije que empezábamos á pensar en nuestra hace tiemoo 1 y, habiéndolo .observado, usted jam:is ha- mente de una tentativa de coqueter:a, tanto más odiosa.
partida, ella me pidió como favor especial que le hfoiera bría alimentado la esperanza de que IIilda de Hammar- cuanto que seguía inmediatamente :i la declaración tan
hielm pudiera consentir alguna vez en casarse con el hi un pequeño estudio en tinta de china del pórtico del casjo
de usted, por cualquiera consideración que pudiera ser. categórica, que echaba por tierra las esperanzas de Tiaul
tillo que estaba del lado norte, es decir, en la fachada
y las mías.
Y ahora, permítame, para cambiar de tema, qne le reopue2ta á aquella en que nos encontrábamos.
~Nunca he dado á los sueños ninguna importancia,
cuerde que mi pregunta ha quedado sin respuesta. L~ contesté, dando principio á recoger mis efectos, poque
- Este será un recuerdo &amp;e ustedes que me traerá á la
memoria las agradables horas ch trabajo que hemos pa- repetiré: ¿Cómo es que usted que sabe defender tan elo- estaba demasiado agitado para continuar pi atando y me
cuentemente la causa de la~ personas casaderas, Iiunca
disponía :í retirarme.
sado juntos, dijo etla.
ha contraído u:;ted nuevo3 víncul11s? ¿Ninguna mujer,
-SJñor de La.guiéres, repuso la joven al cabo de un
Como el ornato y el dibujo de arquitectura eran predesde la que usted perdió, ha hecho latir su corazón? rato ¿alguna vez se le ocurrió á usted, en el cuno de su
cisamente los ramos á que Raul se había dedicado, es¿Así, pues, ninguna mujer existe que pueda inspirarle viudedad, que usted y su hijo hubieran podido enam &gt;·
peciri \mente durante el invierno, lo designé como más
amor? ¿O quizás, sintiéndose usted tan superior .í las de- raree de la misma mujer?
califi.ud') que yo, para aquel gBnero de trabajo, y la jobilidades de eete mundo, ha hecho un pacto con la musa
-Jamás, contesté secamente.
ven, volviéndose hacia él, le preiuntó si tenía buena vode las bellas artes y le ha jurado que jamás se dejará dis-¿Pero si eso hubiese sucedido, qué había usted he·
lunt:\d para ejecutarle aquel trabajo.
traer del culto que le ha consagrado, por un amor á mucho?
-Cm muchísimo gusto, señorita, contest6 el joven.
Ella bajaba la cabeza al pronunciar aquellas palabns y
jer terrestre? Un día me contó ustied que su amor paterReunió inmediatamente sus efectos y partieron juntos
nal babia sido una especie de preservativo contra el aparentaba eetar muy ocupada en reunir algunas bri.,mas
para el paraje desde donde Hilda deseab:i. que se hiciera
otro. ¡Yaya! ¿Acaso no vemos adonde quiera que dirija- de yerb:i. que arrancaba una ,tuna con una precipitación
el estudio.
mos los ojos, ejemplos que nos manifiestan que hacen febril. Aquella preciosa mano blanca, de dedos finos y
Al cabo de un rato, ella volvi6 sola y se sentó al laaristocráticos, que tanto había yo esperado ver entre las
buenas migas juntos?
do mío.
Si hubiese estado menos absorto por la idea de la de· de Raul, hacia cintilar el diamante del dedo anular con
-¿Ha com3nzado R1.ul su bo3q•1ejo? la dije.
sesperación que no dejaría de apoderarae de mi hijo tanta vivacidad que pare"ía que salían chispas Ue la
-Está en"pleno trabajo y más ab3orto en su asunto de
cuando le refiriese las palabras decisivas de la joven, hayerba.
lo que nunca he estado yo en presencia de= su caballete,
-Si eso hubiese ocurrido, nadie lo habría sabido-dije
bría notado la amargura y la vehemencia con que fueron
contestó ella.
yo-Jamás me habría interpuesto como un obstáculo papronunciadas
aque1las
irónicas
palabras.
-Esto consis!ie en que le h'.l. tom'.\do gu3to al encargo,
Fuera lo que fuese, las burlas ae Hilda me volvieron
ra la felicidad de mi hijo.
contesté.
en mi v me hicieron ver que estaba pr5ximo á hacerme
Ella levantó la cabeza:
-¿Y por carifio á vuestro hijo, señor de V:1gieres, us·
ridícu~~; sin que por ello ganase algo la causa de Raul.
-¿Pero ei el objeto del amor de ustedes dos hubiese
ted, viudo á los veintitres años, no ha querido volver á.
-Tiene usted razón, señorita, contesté. Debería haber amado al padre y no al hijo?
ca.sa.rae? me preguntó ella de repente. ¿S~ría pqsible que
conocido á usted lo bastante para saber que usted, la
La voz que había yo escuchado la víspera durante mi
el amor paternal llevara á cabo tales sacrificios?
hada de ese río pérfido y de esa roca insensible y cruel,
pa~eo
solitario, esa voz que sólo el aspecto triste y cabiz-Yo no comprendo lo que este sacrificio pueda tener
debe tener en buena proporción los elementos que entran bajo de Raul pudo hacer c.\l.lar, se hizo oír de nuevo. Senpara usted de extraordinario, contesté, casi lastimado,
en la composición de los objetos con los cuales usted se tí ruborizarme y puse los ojo3 en Hilda. Sus mejillas hapor el tono en que se m~ hacía la pregunta; cesaría realidentifica. ¡Empresa vana es intentar evocar en usted bían palidecido y su ansiosa respiración por sí sola me
menoo de serlo, si mteJ c·rno~ier.i. m ~jor á. mi hijo, si use:entimientos que no es posible que experimente! ¡Sería habría hecho comprenJ.er la importancia que ella daba á
ted supiese qué corJ.7..Jn t.m abnegado, tan ... .. .
lo mismo que pedir á ese río que cesará de correr 6 á esa mi contestación, ei su mirada intensa y la expresión de
-De ninguna manera pongo en duda que ~l posea to ·
das las cualidades posibles, interrumpíó ella con tono ee- roca que derramara lágrimas por las víctimas que ha he- sus labios entreabiertos no me lo hubiesen reve,ado pa·
eo. Sé per.fectamenlie que es un joven apreciable en to• cho! Así, pues, con permiso de usted y para no perder el tenteruente.
¡Y como estaba hermosa, exponiéndome su corazón
do3 conceptos; he tenido tiempo sobrado para convencer- tiempo, vuelvo á mi trabajo, sin contestará las pregunme de ello, y creo que conozco al hijo de usted casi tanto tas que usted me hace y que consideraría simplemente con menoscabo de todas las conveniencias! Sus mejillas
como sarcasmos bien merecidos que no exigen contesta- encendidas, su mir.ida chispeante y como agrandada, pacomo usted mismo.
ción.
recían manifestar lo que costaba ,t la altanera Hilda de
-Pues bien, señorita Rilda, usted debe saber,· en tal
-Muy bien, señor de Laguit!res, replicó ella sonriendo, Hamroarihelm humillarse hasta el punto de ofrecer su
caso, que el muchach1J la am1 vivamente, dije yo, decihasta que ví que volvía usted á ser el mismo que he co- amor á un hombre que no se lo demandaba.
dido á aprovechar aquella ocasión para hablar un poco
nocido. ¡Cuánto más prefiero las respuestas incisivas de
Ella estaba apoyada en una de sus manos, con la trenen favor de Raul y tratar de averiguar si él podía tener
usted á las melosidades sentimentales de los jóvenes á. la za medio deshechá de sus cabellos negros que caían en
alguna probabilidad de hacerse aceptar por la joven.
-Yo sé que él me ama, coi-itestó ella sencillamente; si moda! ¿)fe permite usted que le cuente lo que la hada cascada'de sus hombros sobre su pecho. Tenía el rostro
tiene la intención de pedir mi m!lnO, usted podría prestar- de ese río, supuesto que así me llama, sofió la última no- vuelto hacia arriba y su mirada audazmente ñja en rn í.
le un servicio de amigo y excusarle un paso cuyo resulta• che? Soñé que amaba á. un oso, continuó sin esperar res- En aquel caluroso día del estío, ella iba vestida con un
traje blanco que dejaba libres los antebrazos y el cuello,
do le seríá muy desagraiable, dándole á entender que puesta, un bueno y corpulento animal, que no quería
comprender que yo lo amaba y que sólo respondía con
que un cálido ru.bor acab~ba de invadir como si todo su
mis sentimientos h!:Lcia él no son de ninguna manera los
patadas y grufi.idos á todas mis caricia@. Era extraordi · ser protestase contra el atrevimiento de sus palabras. Yo
que él querría. lfe parece que he demostrado suficientenariamente distraído mi oso, perv yo tenía la persuación veía que todo su cuerpo estaba temblando por el es fuer~
mente, en estos últimos días, que nada tenía él que espe•
zo que hacía para contener su agitación.
rnr. añadió con un tono duro y recargando la voz sobre de que sí lograba separarlo del objeto de su distracción,
no permanecería por más tiempo insensible tí.mis encan·
Un segundo de vacilación, y yo quedaría vencido.
esta última expresión.
Al decir: ((Hilda, yo te amo, sé mía)) yo la hacía feliz.
Yo me había impresionado tan dolorosamenlie el día tos y que había de hacer de él lo que quisiese. Así, pues,
-¿Y yo? ...... Oh! yo sentía que el amor sería aún para
anterior por el estado de sombría desesperación en que resolví hacerle sufrir una dolorosa opei-ación que me lo
ha.bí1\ encontrado á Raul y del cambio físico que aquel entregaría sumiso y abnegado. Me lo llevé un dia álu ro- mí muy dulce. Ahí estaba, muy próximo á. penetrar,. Y
muy pronto,me hallaría invadido y domefiado.
fatal ;\mor le había acarreado, que aquellas palabras me ca de la hada1 terreno en el cual, siendo la hada del río,
Pero, en aquel momento supremo, la imagen de mi pocau'3:tron un vivísi.mo dolor. A pesar de todo, él había estaba yo dotada de una fuerza extraordinaria. Luché con
coniervado alguna e3peranza, sus últimas palabras no me él, lo derribé y le perforé la. nariz, por la cual pasé un bre hijo no me abandonó. Al amar a aquella mujer, agrehabían dejado duda alguna.sobre este particular. Las pala- anillo. El expresó su dolor con lastimeros gritos; en se• gaba á la desesperación de Raul los tormentos de los cebras que Hilda acablb:l dJ oronunciar, sonaban como el guida la herida se f ué cicatrizando poco á poco y cesó los y del odio. ¡Raul tal vez me habría odiadol Esta idea.
doble fúnebre de todas nue3tras esperanzas, las mías y de hacerlo sufrir. Rntonces pasé una cuerda por aquel fué para mí como el dique que detiene el torrente é imanillo y presto mi oso fué todo mío, y en lo !¡ucesivo ee pide la inundación.
las de él.
La sangre, que á. mí me parecía que había abandonado
-¿Pero por qué no podría usted amará mi pobre mu- manifestó el más tierno, el mis amante yel m.ís feliz de
mi semblanlie, refluyó con fuerza. Me desvié y respondí
chacho? le dije, quizás un p&gt;CO aturdido, y movido úni- los osos
Sorprendido del tono profético de aqueilas pa.labras con un tono tranquilo y resuelto:
camente por ese sentimieoto que nos impulsa á defender
que
no sé por qqé me causaron desagradable impresión,
-Yo no habría correspondido á ese amor.
palmo á palmo un terreno que sabemos que esta perdido.
Hubo un momento de silencio1 du,rante el cual no me
Todo p:t.rece ma'nife3tar que él es el marido que usted ne- involuntariamente volví la cara hacia mi interlocutora.
cesitaría, y tiene todas las cualidades que deberían com· Ella alzó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. El atrevía á mirarla. Yo sufría por ella, sentiaque debía excalo.r habitual de sus ojos se había cambiado en un ma- perimentar, aunque quizás en menor grado, lo que Raul
placeros.
-Señor de LaguiCres, el oficio de corredor de amores tiz glauco como ciertos reflejos del río y parecía que bri- iba á. sufrir y adem,'is los t.ormentos qu_e su altivéz y un
es indigno de ~ exclamó ella sonriéndose. Cerrando llaban con una llama singular que podía indicar la pa· temperamento nervioso debían causarle bajo el latigazo
de la humillación y del amor propio herido.
los ojos, creería uuo estar oyendú á una tia vieja tratan- sión, pero también quizás la locura.
No obstante, aquella extraf'ia expresión no dur0 n;iás
Y tales tormentos no debían ser bagatelas en aquella.
do de acreditará su sobrino. Realmente lo veo á usted
en un papel tan nuevo y que tan mal le sienta, que me que un instante, y casi inmediatamente recobró ella su joven de sentimientos romancescos y exaltados, habitua•
da :i hacer lo que se le antojaba, colmada de todo.q los
cue&lt;Jt.i -trabajo reconocerlo ~á usted. · Para terminar esta ñsonom.ía habitual.

DDMINGD ? DE MARZO DE

,asn

bienes de la fortuna, tanto como dé los de la naturaleza.
Pero era demasiado dueña de sí misma y demasiado
mujer de mundo para dejarse influenciar en apariencia
por la confusión y la perplejidad. El penoso silP.ncio que
siguió á mis palabras, no duró más que brevísimo ra0,
lo preciso para permitirle qne se repusiera, y con su aire
jovial y la sonrisa en los labios dijo irónicamente:
-¡Es usted verdaderamente sublime, señor de la Lagniéres!
-Y hasta podría usted decir que he salvado el paso
que separa lo sublime de lo ridiculo, dije para mis adentros, porque á pesar de todo, y aunque no hubiera siquiera permitido al amor paternal que entrase en lucha con
el otro, sentía dentro de mí algo de ese sentimiento doloroso de desgarramiento que produce el sacrificio y al
que siguen los remordimientos.
Después de esto, le tendí la mano en signo de despedida,
como todOs los días lo hacía, sin decirle sin embargo que
era mi intt:nción no volverá verla.
Estaba resuelto á llevarme á Raul al día siguiente sin
'pretexto alguno. Ya no había para él en aquellos sitios
más que nuevos sufrimiéntos que esperar. Y yo corría
un grave peligro.
Sin embargo, por más que hice por dar á mis faccio nes su habitual expresión, sentí que mis ojos se humedecían, y observé que una lágrima brillaba en los de ella,
pero una lágrima que ee quedaba en el fondo, y que ella
no permitió que se asomase á -los párpados. Ella debió
adivinar mi pensamiento, porque me dijo:
-A.dios, señor de Lagniéres, ó más bien hasta la vista,
porque usted volverá á verme.

YI
Yolví directamente al hotel, y me puse á esperar con
impaciencia á Raul. Tenía yo el presentimiento de que
él hablaría esa misma mañana ú Hilda, y me puse á. pen·
sar que después de todo \'alía más que así fuese, y que
escuchara su sentencia de labios de aque·lla misma.
f'.tra esperarlo, me occrpé en poner en orden nuestros
efectos, y empecé á empacar.
El llegó clerepente, y entró á nuestro aposento con el
paso precipitado de un hombre que viene .i buscar un
objeto olvidado y mostróse muy sorprendido de encontrarme allí. En efecto ,t esa hora estábamos por lo
común casí siempra ausentes, ocupados en trabajar al
aire libre, seajuntos1 sea separadamente, ó en excu.rsiones de exploración en busca de moti vos de estudio.
-~!Ya por aquí, padre mío! Yo te creía en el Boren,
conclnyendo tu estudio de rosales.
Yo me lo quedé mirando ávidamente. No tenía de
nioglina manera el aspecto de un hombre que acaba de
sufrir un desaire de la mujer amada. Tampoco le veía
yo con ese aspecto sombrío y desesperado con el cual lo
vf¡lía yo volver del castillo casi diariamente . .Al contrario, más bien parecía contento, aunque su, aire preocupa·
do y cierta agitación febril mostrasen hasta la evidencia
que había habido alguua explicación entre los dos.
Como ante!! lo he dicho desde que el caracter de Raul
se había formado yse había transformado en un hombre,
las relaciones que nos unían habían sido más bien las de
dos buenos amigos íntimos y carifiosos. Nunca teníamos nada oculto el uno para el otro: él conocía todo mi
pasado, y yo conocía, no solo el suyo, sino también todos
sus pensamientos. Cada alegría, cada disgusto que acon tecía al uno, era inmediatamente comunicado al otro y
compartido con él.
-¡Y bien! Raul, le dije bruscamente, ¿Has hablado
con Hilda?
-Ya le hablé, me contesto, y lejos de repelerme deñnitivamente, como nos lo esper:Ibamos,_ me ha pedido algunos dias de reflexión.
Esto se hallaba tan lejos de lo que n1e esperaba, que la
sorpresa me dejó mudo por algunos instantes.
Sin embargo, mirándolo con más atención 1 ví inmedial&gt;3mente que él trataba de ocultarme algo. Sin hacerme ninguna ilusión respecto de lo que podían ser los sentimientos de Hilda para con él, ví inmediatamente una
mira torcida en esta esperanza que la joven le había dejado y su inesperada respuesta no me pareció en con.
sonancia con la conversación que conmigo había tenido.
Tomé entonces á Raul por la mano, y, abligándolo á
que se sentara al lado mío1 le participé todo lo que ella
me había dicho. Le dije todo ..... . exepto que ella amaba á otro y que este otro era su padre mismo.

EL MUNDO

Habría temido, al hacerlo, despertar sus celos, habría
temblado si me enajenaba el cariño de mi hijo único, de
aquel por quien yo viviría únicamente ........... .
¡Ay de mí! ¡Cuánto me he arepentido de esos temores! Xo ocultándole nada, desc~briendole toda la verdad, quizá él habria podido amarme men(."181 pero habría
quedado mejor persuadido de que aquella pérfida mujer, al
hacerle esperar su a.mor sin condición, solo quería su pérdida. Habría comprendido que ella no lo consideraba
sino como un obstáculo por suprimir, ó quizfls únicamen·
te como el mejor instTumento de su venganza.
El me contestó inmediatamente que, como su conversación había tenido lugar despues de mi partida, podía
ser muy bién que antes de venir á verlo ella hubiese hecho reflexiones cuyo resultado le habría sido m¡ís favorable, y que él no quería todavía abandonar toda esperanza. El se daba cuenta perfecta, me dijo, de lo que se deducía de mi relato, y también de lo que ella le había dicho. Así, pues, si ella consentía finalmente en casarse
con él, era porque tenía otro móvil distinto del amor.
Sin embargo, estaba tan seguro de hacerce amar en lo
sucesiv&lt;.,, que estaba dispuesto á aceptar todas sus condiciones, resuelto á todo para obtener su mano.

,

El pobre muchacho estaba tan poco -acostumbrado :í
ocultarme nada, que yo le arranqué, por decirlo, así á pedazos toda la verdad. Sin embargo, me obligó ú que le
prometiera antes de contar todo, que yo no me opondría
1-Í. su proyecto si él me comunicaba la condición que la
joven había puesto para otorgar su mano. Esperaba yo
tanpoco lo que iba á.decirme que se lo prometí, con la
condición de que yo quedara bien convencido de la imposibilidad para él de llegar á la realización de sus deseos de otro modo cualquiera, y de que lo que fuese áser
nada tuviese de reprensible óque pusiese su \'ida en peligro.
A esto me contestó que amaba tanto á Hi!da, que el
mayor peligro que pudiera amenazar sus días, em tener
que renunciar á ella, y los signos exteriores del mal que
lo devoraba, eran tan visibles que acentuaban enérgicamente sus palabrns.
He aqui, pues, lo que le hice decir.
Hilda después de haberse separado de mi lado, se ha•
bía reunido con él y se babia mostrado tan afectuosa y
tan amable 1 que él por último se había encontrado con
ánimos para decirle qu~ la amaba y para solicitar su
mano.
Ella le contestó inmediatamente lo que me había dicho, es decir que le profesaba mucha estimación y amistad, pero no amor. Sin embargo, como en ella no mostraba que quisiese hacer de aquella objeción un obsticulo insuperable, él estuvo más elocuente y persuasivo,
mientras que ella aparentaba dejarse conmover poco á
poco. Le habló en seguida de su madre, le refirió lo que
ya sabemoe, que la baronesa probablemente se había precipitado voluntariamente al escollo fatal para dar término á una existencia intolerable.
Después agregó, en la forma de confidencia íntima,
que la aya inglesa, antes de morir, babia rendido esta
declaración: una recamarera de la baronesa, que había
visto á ésta en la roca de la hada pocos minutos antes de
su desaparición en el remolino fatal, había observado distintamente que ella hacia el ademán de una persona que
arroja algún objeto al estanque conocido con el nombre
del Espejo de la hada. Este objeto, según el dicho de la
aya, debia ser uoa cajita sellada_ ó un frasco que contenía un papel en el cual la pobre mujer escribió sus 111timas instrucciones á su hija y algunas revelaciones sobre su marido, pero que ella había juzgadó en sus últimos momentos ó presa quizá; de vacilaciones ó de escrúpulos, no deber publicar. En consecuencia, la baronesa se
babia decidido á ocultar aquel documento en un paraje
en donde, sin condenarlo del todo al olvido, sería muy
difícil llegar.
-Para encontrar y retirar ese objeto, dijo Hilda, es
por lo que, dos veces antes de la llCgada de ustedes á estos parajes, he afrontado los riesgos de la Caldera, pero
inutilmente. Y sin embargo, la caja sellada allí está, visible en el fondo del estanque, pero hay un objeto tan
horroroso que habría que tocar para llegará la caja, que
nunca he tenido el vafor para hundir mi brazo en el
agua. Usted, Rau1, conoce mi carácter un poco roman•
cesco, añadió la pérfida sonriéndose, y así es que no le
extrañará que le diga que el que quieiese obt.enermi ma-

no aumentaría mucho sus -probabilidades de lograrlo
trayéndome esa caja.
El pobre muchacho se había declarado inmediatamen•
te dispuesto á hacer la tentativa, y la joven había fingido explicar muy detalladamente la maniobra que se
tendría que ejecutar para llegar hasta el centro del esco•
llo con las mejores probabilidades de éxito.
El efecto que este relato produjo en mí, antes es para
imaginado que para descrito. El proyecto de aquella mujer se me apareció en toda su atrocidad, yel sueño que ella
me había contado y que yo había escuchado distraídamente, como una impertinente charla, vínome derepente á la memoria con una singular claridad. Era una alegoría profética y una amenaza lo que aquella singulir
mujer se disponía á poner eu pn'tctica con un ingenio
yerdaderamente diabólico.
Déjase enteder que yo eetaba absolutamente resuelto á
impedir que Raul ejecutase aquella insensata tentativa, aun cuando tuviese que emplear la fuerza.
:Xo había tren para la capital antes de las ocho. Tomé
inmediatamente la resolución de partir con mi hijo en
aquel tren, y 1 como no nos quedaba mií.s que una noche
que paear en aquel lugar, me prometí no perder de vista
á mi pobre loco, aunque parnÉe toda la noche en vela.
La pasamos en efecto platicando y razonando. Yo le
expuse con tanta calma, como la pude afectar, las pocas
probabilidades de éxito que tenía consigo por no tener
ninguna experiencia de la manera de proceder para navegar en aquel río. Yo le hice ver que uoa mujer capaz de imponer semejantes pruebas, jugando con la vida
del hombre que la amaba, no podía ser más que una mujer sin corazón é indigna de ser amada; que aun logrando traerle el objeto en cuestión nada lo autorizaba á
creer que ella le otorgase rn mano.
Apelé ~n seguida á mi afecto paternal, recordándole-que
él era el único sér que para mí representaba á la familia
y la ventura ·en est.e mundo. ¿Tendría corazón para exponer así sus días con rÍeiigOde emponzoñar el resto de la
exístencia que yo tendría aun que pasar aqu[ abajo?
Hablé por mucho tiempo, y con una emoción tan ere•
ciente, que acabé por conmoverlo.
Yo me reprochaba amargamente el haber dejado que
las cosas llegasen á ese punto. El sentimiento de la desgracia que podía herirme me había invadido por entero,
comunicando un calor y un acento de perimación á mis
palabras que acabaron por hacerlo llorar.
Se echó á. mis brazos y dE:claró por último que renunciaba á su funesto proyecto.
Era media noche, yo lo obligué entonces á que se acos tara, cosa que ejecutó cuando le di la seguridad de que
yo no tardaifa en hacer lo mismo.
·
l\!e ocupé t,Qdavfa algunos instantes en nuestro equipa·
je. A poco, el rumor regular de su respiración me aseguró
de que se había dormido. Yo mismo estaba fatigado y
me arrojé v.estido en mi cama, prometiéndome velar muy
bien hasta la salida del día á mi pobre hijo, hechizado
por una hada maléfica, como á. mí mismo me decía contemplándolo en snencio. )Ie parecía que se había vuelto niñ.o. Al menos yo sentía por él, en aquellos momentos,
ese sentimiento que más bien se parece al amor maternal, formado de ternura emocionada, con el cual se mira
en la cuna al nifiito que se ha tenido en una esposa muy
amada. Yo no tenía suefio, á lo menos según me lo parecía. Exitado y agitado como estaba, me habría parecido
imposible dormir.
Y sin embargo, así sucedió. ~Ie dormí profundamente
y tu ve un espantoso ensueño!
Estaba sentado en la roca de la hada. Hilda estaba á
mi lado, rodeándome con sus brazos el cuello. En torno
del escollo, cuyo abordaje parecían custodiar, velase com(' un círculo arremolinado de horrorosos cadáveres.
De repente ví aparecer, fuera de aquel circulo á. Raul
embarcado en el bajelillo azul. Hacía violento~ esfue/
zos para salva1 el círculo fatal y llegarse hasta mí.
Yo quise tenderle las manos y dirigirle palabras de estímulo, pero en aquel mismo instante, mi compafiera me
enlazó tan estrechamente, que no pude hacer un sólo
movimento.
Yí que el pequeño esqui-fe hacía un supremo esfuerzo
para pasar el obstáculo 1 pero el remolino se apoderó de
él, y Raul y la barca quedaron devot'Rdos, mientras que
la hada cruel, que me retenía en su poder, murmuraba á
mi oído: «Está consumada la operación, tu corazón cesará de estar distra!'.do, serás mío para siempre.))

�Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

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-~~

rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

�EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

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MÉXJOO

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Rt&lt;JISTRADO 00\10 ARTÍCULO DE SEGU?.'DA CLASE.

Qfota~hitirn sinir5tra.
Se está comentando por laprer sa a·aria un horripilante
hecho social: el ahmento del homicidio en la ciudad df'!
Yéxico. Las estadísticas que con este motivo se han pu•
blicado, demuestran de un modo indifcutible que la ca•
pital de la República ea una de las poblaciones más cri•
minales del mundo. La relación entre la criminalidad
homicida de París y la de México, es de u1to á trrir1A1, ]!
seis. Esta relación es enorme y debe sériamente preocu•
parnos.
El profesor Sighele de la Uuiversidad de Piza ha da·
do á la estampa un instructiv.,, trabajo sobre la crimiDA ·
lidad de Artena, aldea italiana, considerada como una
gusanera de delincuentes. En comparación con la.:i demás
comarcas de Italia, Artena arroja. en efecto. un notable
coeficiente de criminalidad. Aeaí, mientras todo el reino
da un término medio annal de R38 homicidios por cada
100,000 habitantes, la aldea citada no proporciona menos

l

_J·
Señor Cipríano Gu errero.
(üandidato al Gobierno de Durango.)

de 52.50 por cada 100.000. Esta cifra parece al Profesor
Sighele en extremo alarmante y llama la atención sobre
esta localidad infesta.da por el delito.
Y bien, este promedio resulta insignificante junto al
contingente que el homicidio nos ofrece en el Distrito
Federal, en donde el término medio es de ciento ocho por
cada grupo de 100.000 habitantes. Cómo llamaría el Profosor Sighele á este grupo humanoJ cuya delicia parece
ser degollarse concienzudamente?
Cuando una sociedad arroja perfiles tan negros, es que
el mal se encuentra dentro de los elementos que la constituyen, que corre por su red arterial, qoo punza dolorosamente en cada celdilla del organismo. La extirpación
del cancer no se logra entonces con una ley, ni las convulsiones sociales desaparecen con un decreto; enton•
ces hay que mirar más hondo, que escudrifiar más profundamente, sirviéndose de los hechos para hacer una
desoladora inferencia. Y los hechos está.u allí á nuestra
disposición, como materia prima, palpitante y terrible,
de un a.te ato análisis.
Precisamente en los momentos en qne se debatía este
obscuro problema del homicídio, la prensa. de información nos ha.cía saber que en una de las calles de la capi•
tal un de!:conocido asesinaba bárbaramente á un transeunte, porque éste le había negado un cigarro. ¿No es
esta una re velación aterradora de un estado social?
Un pensador ilustre ha dicho que el delincuente no es
sino el instrumento de un crimen preparado por la

sociedad. En el fondo de ella están loa fermentos de esta
descomposición. La parte sana y útil, representada por
el Estado, ha salido al encuentro de esta oleada negra, Y
ha necho lo que en todas las naciones del mundo: se
considera eficaz para redimir conciencias: abrir escuelas Y
favorecer el desarrollo de los elemeutos económicos. En
esta acción combinada está la solución de la siniestra dolencia cayo diagnóstico nos ha revelado la estadística.

QH compaiirrismo rn la prrnsa.
SP ha invocado constantemente en las discusiones pf'I·
riodísticas, comp(l11erisrrw. Esta hf'lrmosa palabra ba sido
rimada por los gacetilleros novicios y ha servido de escudo á. un grupo de vividores que se han aprovechado de
la prensa para sus fines particulares.
En virtud de este principio, existe en el periodismo
una solidaridad obligatoria, una responsabilidad mt'ítua,
una mosoneria neceearia, que estrecha á todas las con•
ciencias-la del hombre honrado como la del cowloti.ero
del periodismo-á vestir una túnica de Neso, de la qne
nadie que eegrime una pluma podría desprenderse sin
arrancarse pedazos de su propia carne.
Esta te.aria es insostenible: el compuñerismo, tal como eae
pret.ende reclamar de la prensa, ese compañ.. rurm.,-, fundado en culpables amistades, en tolerancias vergonzosas, en
sumisiones abyecta!'!, no existe en ningua profeeión, en
gremio alguno, y más se asemeja-dentro del criterio que
lo sostiene-á nna complicidad repugnante que á un sen·
ti miento basado en la franca y lib~ investigación de los·
actos, que debe normar las relaciones entre los hombres
honrados.
Diremos más todavía: mientras existan en la prensa nacional periodistas que se sirvan del vehículo de la hoja
impresa para denigrar á. otros periodistas, el decantfl.do
compañmsmo constituye un sarcasmo irrisorio que dudamos mucho que sea aceptado por los escarnecidos.
El compaivri8mo se explica entre personas de una mis•
roa condición social, de una misma educación y que se
guarden las mismas consideracion~s. ¿Pero se encuentra
la prensa de México· en estas circunstancias?
Esa marca def(ihrica con que se quiere sellará. todos los
espíritu~, es un yugo oprobioso é intolerable queestiem·
po ya de despedazar.-El tompafferismo .en la prensa representa la peor y más humillante de las tiranías, impuesta por el más tenaz y arraigado de los prejuicios sociales.

DOMINGO ,4 DE MARZO DE 1897

brutal soldadesca romana y dispersados á los cuatro vientos al soplo devastador de los adoradores del Cor.in. Y
vimos renacer sus glorias y brotar aua tradiciones de entre aquel montón de ruinas venerables á la humanidad
entera.
Los bosques sagrados resuenan otra. vez con la risa alegre y juguetQna de ninfas y gnomos de luz, y se deja escuchar el canto no olvidado de Pan y de Dyonisos; las
ondas del Alfeo y las aguas del Eurotas fingen de nuevo
cofl sus arenas de oro y algas movedizas, cuerpos de driadas y formas de silfos; parece que de nuevo los dioses se
mezclan con los mertales y que ·1a tierra inmortal de la
eterna belleza convida á las naciones á beber en el vaso
desbordante de poesía, donde apagaron su sed las generaciones que fueron. Mas ¡ay! que si la madre común de
los helenos que extendió su influencia soberana desde
las remotas playas heladas de la Cólquida hasta las abra
sadas regiones de la Tebaida, y desde las riberas del sagrado Gar ges hasta las rocas abruptas de la fenicia Gadee, pudo cobrar su libertad, aun quedan muchos de sus
hijos gimiendo bajo la coyunda impía que á sangre y fue go les ataron las hordas de Bayareto y las hueetes de Solimán. Todavía entre otros muchos que llevan en su frente la marca imborrable de su divino origen, el pueblo
cretense sufre los vilipendios de la dominación muslímica.
No faltan en.sus anales ni los heroismos de los snlio tas que en la terrible danza ,te lu muerte se arrojan á un
abismo con sus hijos en los brazos por no caer en poder
de los albaneses, ni las hazañas de los canarísque luchan
desesperados por la auhelada libertad.
No faltan en sus esfuerzos sobre humanos hechos glo~
riosos que los acreditan ú. los ojos del mundo que los
contempla absorto, como dignos de su raza de:titanes y
merecedores de la grandeza de su estirpe, vinculada en
la historia de sus insurrecciones. Menos afortunados que
sus predecesores del Atica y del Peloponeso, los creten•
ses han pe learlo sin esperanza y sucumbido en su demanda por·vírtud del que se llama concierto européo.
No lograron nada en la guerra de independencia de ...
1822, que creó la nacionalidad griega; nada en las rnbse•
cuentes insurrecciones y nada con las promesas de las
potencias que aparentan socorrerlos.
Han visto con asombro constituirse los Estados balkánicos, arrebatados al territorio de sus opresores¡ han presenciado una y otra vez el desmembramiento del caduco
Imperio de los Califas, donde cada uno de los poderosos
congregados en la tarea de librar á Europa de ese cuerpo
podrido, infecto y carcomido de gusanos que se llama
4

· {11 i~rn lfürral.
Con motivo de los acontecimientos de Creta, la prensa
ha comenzada á interesarse por la suerte de esta isla que
lucha hace más de setenta ai'ios, por sacudir la dura do•
minación musulmana, y de la prensa ha pasado al pÚ·
blico una corriente de simpatía hacia el territorio rebelde.
Es que en nuestro pafs se manifiesta un movimiento
favorable á las ideas liberales y de independencia, y á
todo pueblo que lucha por soslenerlas. Todavia, es cierto, el verdadero concepto de la libertad no ha llegado ú
penetrar en todas las clases, pero la tendencia existre muy
marcada de uno á. otro extremo del país.
Hemos dicho en más de una ocasión que el pueblo mexicano no se encuentra todavia á la altura de sus intituciones; pero también hemos manifestado que toda ley
tiene un carácter educativo, este caracter ha ido pene•
trando poco á poco en la colectividad. Aún en las clases
inferiores-masa inerte que ha servido de materia de explotación it los viejos odios de los viejos partidos ant&amp;gónicos-se advierte este impulso perceptible cada vez que
se presenta la oportunidad de externar sus opiniones.
La. educación completará y perfeccionará estas ideas
que hoy se agitan informes, pera que acaso en día no lejano tomen una dirección más util y conveniente para la
causa liberal de la República.

cruzada se organiza por loe poderoSOB de la tierra, se concierta una liga despiadada que hace olvidar los místicos
horrores de la Santa Alianza, y no es para socorrer al debil, ni para consolar al opreso pam lo que se congregan
-escuadras, y se levantan ejércitos y se enarbolan estandartes: estremezcámonos de santa indigoaci6n, todo ese
aparato bélico y ese clamoreo es con el objéto de defender al infame Sultán que abito de sangre y de matanza
de cristianos en el Asia menor, en Creta y en las calles
mismas de su imperial ciudad, olvida en las delicias del
Harem, la historia inicua de sus crímenes de lesa civi•
lización.
Las naciones se congregan por medio de sus representantes en las aguas de Canea, pam oponer la égida pro•
tectora de sus acorazados á los golpes que asesta el heroismo helénico al miserable otomano; se juntan en conciliábulos y discuten en confabulaciones, no el modo de
extirpar para siempre de Euroya esa úlcera corrompida
que se llama por un sarcasmo mconcebible la Sombra ík
Dios sobre la tierra, sino la manera de evitar que un rey
digno de los tiempos legendarios, capaz de sostener en
sus robustos brazos la espada de Leónidas ó de blandir
la lanza de Filopemén, se apodere con buen derecho de
esa isla infeliz, que ha manifestado abiertamente el deseo de constituir parte del reino helénico.
Y el Pireo es amenazado con los cafiones de las potencias, y las santas playas de la divina Hélade se miran en
el riesgo de verse profanadas por la planta de loe que se
llaman defensores del helenicismo.
Incomprensibles secretos de la diplomaci:i.! obscurida•
des tenebrosas de los gabinetes. QU1eren la paz, quieren
prolongar con su poder una vida miserable que se acaba;
quieren galvanizar un cadáver que ya apesta. Y como los
Estados balkánícos se aprestan á recoger su parte de bo•
tín, y se temen levantamíéntos en Macedoma, insurrecciones en Albania y rebeldías en Rumelia, esperan, ilusos, conservar una paz que se desvanece, y sostener con
mistificaciones que todos reprueban el artificioso andamiaje en que se asienta la ruin existencia del imperio
otomano.
Asustadizas las potenciss ante la perspectiva de una
guerra universal, menos costosa quiza que la abrumadora paz armada, ponen el veto á la anexión de Creta, y le
oponen como un consuelo mezquino la prornésa de una
autonomía, menos consistente quizá que las reformas tanveces convertidas en humo y pavesas.
No import.a: los que luch9,n por su libertad é independencia, tarde ó temprano alcanzan el anhelado triunfo; y
los cretenses, que hoy parecen los proscritos de Europa
y los cristianos griegos que en sublime arrebato se aprestan á morir por sus hermanos} llegarán á la soñada meta de verse cobijados por el mismo estandarte que el rey
Jorge tremola ya en los &lt;lesfiladeroR de la Tesalia.
El grito del oprimido sube al fin al cielo en contra del
opresor, y los asesinos de Trebizonda ydeEstambul, los
tígres carniceros de sangrientas fauces, hartos de carne
humana en Armenia y en Creta, se verá.n muy pronto
expulsados, no sólo de la patria del justo Minos y del
astuto Dédalo, sino también de toda tierra donde pueda
fructificar la idea grandiosa de la civilización occidental.
Ya es tiempo de borrar esa mancha que salpica de lodo
el mapa de la culta Europa.
X.X.X.
Marzo 11 de 1897'.

'ªª

deveras. Como estaba desnudo, desperté helado, á la
vista de Mongomery, que es una gran ciudad pintorescamente asomada á orillas de una gran barranca en cayo
tondo corre el Alabama.-Costeamos esa barranca, pasamos el río, corrimos á todo correr por entre bosques
que nos hacían suspirar de envidia (¿en la mesa central
hay otro bosque que ese bosque de museo que se llama: el
bosque de Chapult.epec?) atravesamos plantíos de maíz
perfectamente ordenados, saludamos las consabidas casitas de madera pintada y entramos en la estación de
Atlanta.
í***
Malo; el jefe de nuestra caravana, que ve mal, quiso penetrar de prisa en la estación en el ro.omento en que el
guarda vía, que era un agente de policia á la vez, bacía
seña á los traunsentesde que se detuvieran. lo que ni vió ni
podí.a ver nuestro compañero¡ entonces el agente lo empuja bruscamente, el mexicano, como era natural, le dió
un bastonazo é instantaneamente se sintió asido de la
mano y encerrado el puño en una cadeneta de fierro; el
viejo polic~w.1,n estaba furioso y quería llevar á su ofen ·
sor á un puesto de policia. Un amable truchimánqaepor
ahí andaba, explicó al agente que su prisionero no veía
bien y que eramos espaiíoles: nAhl dijeron los ojos del funcionario, con razón entonces; los españoles no saben lo
que es la policía.n Y nos dejó en paz refunfui'iando. El
Estado entre los sajones, dicen los teoristas de derecho
público, no es más que un juez y un gendarme. ¡Pero
qué gendarme!
.
Malo, dijimos al entrar; peor, exclamamos al mata.lar•
nos en el Hotel, abriendo un telegrama del consul mexicano en N. Orleans: dos ó tres horas antes había muerto
el Sr. Romero Rubio.-Grande y dolorosa fué mi sorpre·
sa; pensó en un grupo de cordiales amigos míos que le
eran profundamente adictos; pensé en su familia desolada, pensé en la mujer, noble entre todas, que fué la com•
pañera de su vida y algo así como la inmacuiada vestal
del ara doméstica. El distinguido muerto era mi amigo
también ¿de quién no lo era? Era la amabilidad misma,
la exquisita aunque un poco difusa amabilidad social de
México, traducida en la sonrisa, estereotipada, por decir·
lo así, en sus labios. No, no em un comparsa en la comedia seria de nuestra política, era un actor; la experiencia le había dado, ya en los años maduros, una aptitud
singular para conocer á los hombres, facultad política de
· primer orden. Hombre de ambición y de placer, amaba
la lucha, el combate era para et una voluptuosidad y, á
pesar de es.o, sabía ser tolerante y conciliador, por bene•
valencia y no por miedo, por que ese gran epicure1Sta
era un valiente y si creía poco, creia firmemente. En suma, la historia, que se ocupará de él, la historia en medio
de sus severidades tendrá. en cuenta que Romero Rubio,
fué la personificación de la burguesía mundana de México, con sus defectos y sus cualidad~, sus intrepideces y
sus indolencias, sus comp1acencias y sus audacias, en el
grupo de hombres de temple superior que nos dió la Re ·
forma.-Y pensando en ésto iba yo por las calles de la Ca•
pital del Estado de Georgia, muy alineadas, muy amplias, muy bien servida_s por los tranvi.as, á encomendar
al hilo telegráfico mi péfflme al Presidente y á su familia; y pensando en ésto me dirigí al Hotel en que estaba
alojado mi antiguo y fraternal compañero de colegio Car•
los Diez Gutiérrez.

EN T I E RRA V A NKEE
NOTAS A TOOO VAPOR
A NEW - YORK POR ATLANTA

1!}alítica &lt;Thtneral.
La insurrec ción de Creta y la cuestió n de Orie n te:.

Imposible apartar la vista de ese cuadro de heroísmo
que se desenvuelYe en una isla legendaria, bañada por
las ondas azules del mar del Archipiélago!
Un pueblo pequeño, en cuya ascendencia se cuen•
tan los héroes y los semidioses de la Fábula, pero sobre
el cual han llovido todos los horrores de la implacable
Némesis, se debate en angustia suprema por sacudir el
yugo ominoso que le impusiera en días de duelo, hace
más de dos siglos, la barbarie y el fanatismo de los otomanos. Una y cien veces ese pueblo que parece proscrito
por la deidad crnel que en la teogonía helénica preside
los destinos de los hombres y de los dioses, ha iotent&amp;do romper sus cadenas y arrojarlas al rostro de sus ver•
dugos ó convertirlas en espadas para luchar por su li·
bertad. Todo en vano: su viril esfuerzo se ha estrellado
contra la fuerza inexorable que le han deparado de con·
auno sus crueles señores y sus despiadados amigos.
Pudo la magna Grecia resucitar al estruendo de los ca·
ñones que atronaba.nen Navarino y aparecer ante el mundo transfigurada y soberana al ensalmo mágico de la.
poesia caballeresca• del mártir de Missoloughi; pudo recoger y embrazar el olvidado escudo de Palas Athenea y
ostentarse bajo el pórtico derruido del Pa.rtenón, coronada con las rosa&lt;\ de sus canéforas y la sagrada encina de
los bosques de Dodona; pudimos admirar por la acción
voluntaria y concertada de Rusia, Inglaterra. y Francia
en el primer tercio de la presente centuria. al pueblo inmortal de Salamina y de Platea. regenerado y libre, entrando al ejercicio de sus derechos pulverizados por la

EL MUNDO

DOMIIIGO 14 OE MARZO DE 1897

Do n Francisc o Góm e:z: Palac i o.
(Ce.ndldat.o al Gobierno de Dnrango.)

Turquía, ha ido tomando su parte de botín; han visto desgajarse, la Moldavia y la Valaquia, la Herzegovina y la
Bosnia y hasta la mezquina Rumelia, y ellos no han podido hallar una mano que se tienda en su favor para sacarlos del hondo abismo de la esclavitud.
¡Pobre Creta!
Sus gritos de angustia no han encontrado eco ensu desolación, y Hécub.1 infeliz ha visto degollados en su presencia á sus hijos más queridos, Laoconte maldecido, la
sierpe del fanatismo musulmán, los ha ahogado en sus
apretados anillos ante el ara de sus altares que no había
profanado; y miserable Prometeo, se ve atado con cadePas de diamante á la roca del martirio, mientras el bui•
tre de la tiranía roe sus entrañas que sin cesar renacen,
al influjo mágico de su heroismo inagotable.
Y cuando tras largas lucha~ y tremendos combares, en
que la victoria ha estado más del la'1o del opresor1 tras
prolongadas vigilias en que ha acariciado el suefio rmposible de su libertad, ha hallado en su camino la figur:t
caballeresca del rey Jorge que como el Teseo de Ja antigüedad pret,ende libertar á la nueva Ariadna de las garras
de su señor; que como los heroes medioevales se apoya
no más en Dios y su derecho pani. hacerse el campeón de
los que lloran, de los qne gim 3n y trabajan; una nueva

Apretones de manos, since~os y cariñosos ha1Jta luego11,
campanadas, humo, y vamos ya á todo E-sea.pe; el arco de
la ki,ée se dibuja en la noche por la inmensa guirnalda
de los faros eléctricos que el rio reproduce y deshace en
temblores diamantinos. Losjt:rrl/8 continuan su tráfico y
cuajados de farolillos, parecen góndolas colosales que se
bal!1-ncean ~obre el Mississipi que duerme con una respiración de mño. -Calor sofocante, enfermador africano1 capaz, si durase, de convertirlo á uno en n~· y ese calor
pega?o á las alfombras, á los terciopelos, á ]~ serlas del
glt;eptng car, es desesperante. Salimos al balcón de nuestro
carro q~e era el último de una larga serie y abrimos los
ventamllos: un hombre estaba escondido en la escalerilhl; el conductor nos dijo que estos viajeros clandestinos
suelen establecerse en los techos y aun abajo, en los
trucks de los carros¡ aquel incognito dió un brinco y se
puso en S4lvo en la vfa.-Una nube de polvo arenoso nos
hizo entrar; los dobles cristales de las ventanillas apenas
guarecían el interior del dormitorio: una hora duró aquel
tormento; pudimos entonces observar la negra y espesa
veget~ción que bordaba la vía; todo ello lodoso, pantano•
so, miasmático; el miasma se convirtió en una nubP. de
mosq11itos, peor que las de México; una de esas que envuelven y saturan las casas del noroeste de Tenoxtitlan
en Agosto es una bendición, comparada con la que estaba llevando á. cabo la succión de nuestra sangre y de
nuestro sueño; esta nube deJmoecos era bíblica. Pasó-todo pasa-sólo el calor reinaba en la tierra· sólo la luna.
-en el cielo. -Cruzamos por lagunas ó estua;ios que bgrdan esta comarca bajísima sobre largos puentes de esta•
cas que, en el agua inmóvil, parecían cepillos colocados
por las cerdas sobre una mesa de acero. Más allá de Mobila ( en donde hay un colegio de jesuitas en que se han
-educado en }a. virtud tantos jóvenes mexicanos, como
Pe~e Echeverría). me invadió 110 el sueño, sino una es•
pec1e de sopor fatigoso de que me sacó la algarabía infer•
nal de u.na murga de diablos, en forma de ciudadanos
negros ~ ci1;1dadanas negras que_ en la estación H (¿no
era en L1bena?) celebraban el arribo feliz de un candidato para presidente municipal de la ciudad cercana. Bajó
el candidato muy tieso, muy digno, muy necrro• no
aquella escena nome pareció ridícula· en ml&amp;O'Oitia (est&amp;~
ba muriéndome de cal or ) sorprendí s~ fado trágico y dantesco, y esa pesadilla n p ri1ri me trajo el suefio, un sueño

•
••

Estas ciudades americanas, que come, Atlanta, tienen
apenas medio siglo de vida, empezaron por unas cuantas habitaciones de palo, pero luego en su nucleo van ad quiriendo robustez y el palo es reemplazado por la piedra
y surgen á compás del desenvolvimiento de los recursos
agrícolas de la comarca ó de la situación topográfi~a de
la población, en la encrucijada de varias vías naturales
( ambas cosas se realizan en Atlanta) los grandes edifi•
cios, el capitolio de piedra blanca1 la Universidad de
granito y ladrillo, el hotel monumental de ocho ó diez
pisos con grandes fachadas decoradas de columnas ciclópicas, y revestidos de sillares perfectamente tallados é
imperfectamente pulimentados, (lo que suele ser feo, pero fuerte y da, por ende, una especie de formidable mas•
culinidad á las construcciones) hoteles en cuyos- halls
vastísimos y confortables se da cita, para conversar, to •
da la sociedad de negocios de la ciudad, entre el Rata.u·
ram y el bar; las calles se alinean, iguales unas á otras
por las casas que las bordean, por los coches que las surcan, por la gente que las transita compuesta de seres que
se muevan velozmente como á impulsos de un mecanisinterior, que llevan en el rostro marcada la seriedad,
la preocupación, el ensimismamiento de quien está á pique de perder la fortuna ó la vida si llega cuando la manecilla del reloj haya pasado de un punto fatal. Yme ex•
plica el sillón americano, ese sillón de cuero ó de rotín
compuesto de pequeños lechos para las piernas, para las
nalgas, para las espaldas, para los brazos, para el cuello,
para los zapato!:!, para los sombreros;. esos sillones de que
no quisieramo~ los gordos levantarnos nunca, sillones
ideales, digo, reales, con la más cómoda de las realidades, y que permiten á ese terrible judío errante de su
casa, que se llama el pueblo americano, descansar tanto
en cinco minutos, como un emperador asirio descansaba
en una noche.
*·. *
. Para irá la Exposición-tiene Atlanta su exposición na•
cional, que no es una feria del mundo como la de Chica•
go, porque Atlanta tendrá doscientos mil habitantes
cuando Chicago tenga dos millones, lo que no tardará
mucho, pero que sí será muy concurrida-para irá. la Exposición. decía yo, hay q11e recorrer seisó siete kilóme tros, por un terreno en parte ondulante y quebrado. Se
llega, se paga yse entra por un torno que gira con sólo
que el que se coloque en una de sus secciones eche á.
andar. A un lado de la entrada un boceto de barracas y
sobre una estaca un letrero: m u:ica.,, viUage-:muy bien,
ahí habr.í dentro de unos días mole y tortillas y tamales
que algllnos vankees diC'='U que son muy de su gusto;
sospecho que é:.to es mera urbanidad internacional.

m•

-En In cuenca de un laguito artificial rodeado de fina
arena y de un cesped bien peinado -Y joyante como
una franja de seda verde, se levantan los edificios de la
Exposición, unos caei al nive~ del agua, otros en la
falda de las pequeñas lomas mrcunstantes. Todo muy
bien dispuesto, con cierto 1ujo de arena fina en las
calzadas, y de faroles elegant.es y de bancos muy cómodos y de platabanda.a d~ flores y de arbolillos
muy lustrosos y frescos. Visitamos el departamento
de labore.a de mujeres (más inferior á. lo que a9.ui
puede presentan:e ) y los de muebles, de carruaJee,
de maquinaria; el palacio de la electricidad, el pabellón
chino, el japonés, etc. De todo esto tenemos muestras en
las tiendas americanas de México¡ la exposición nuestra
aun no estaba organizada, pero estaba en muy buenas
manos. Sentados al borde de la rampa que rodea por un
lado el lago y sube al departamento del gobierno fede~
ral está.u l~s edificios de algunos,E~tados: algo semejante
á 1~ que las fotografías de la feria de Chicago nos dieron
á conocer.
Bajamos al lago, formado por dos vasos elegantes uni ·
dos bajo un p11entecillo de buen gusto¡ .uno de l.os dos va•
sos tiene en el centro una fuente con vistosos Juegos de
agua.-Unas chalupas de nogal, barnizadas como un
mueble de salón, y movidas eléctricamente, giran en de·
rredor de aquel doble estanque conduciendo viajeros¡ entramos en una de ellas y pasamos un rato delicioso; todos los edificios de la exposición se veían en derredor,
con sus fachadas pintorescas y J?resuntuosas, desde el
templo de las Bellas artes allá arnba, con eus inmensas
escalinatas y sus pórticos griegos de yeso, basta la falsa.
porcelana del kiosko chino. Allá al frente la mar y todos
los baques de guerra de los Estados Unido!:', sombríos,
torvos, con sus torres de hierro y sus cañones gigantescos y sus torpederos á uno y otro lado, 6 sus mallas &lt;le
hierro tendidas en derredor, para cortar el paso á los tor·
pedos enemigos. Sí, ...... sí, ... ...todo eso estaba allí, pero
pintado en unos enormes tablones que prolongaban la
perspectiva del lago y que remataban la exposíción en
algo así como un mirífico anuncio de circo.
En nuestro paseo tuvimos el gusto de recoger á bordo
al Gobe}rnador de San Luis Potosí, apuesto y campecha·
no como siempre, que, acompañado de algunos amigos y
de los comisarios de la Exposición, visitaba los edificios.
Pronto lo perdimos; una chalupa en qne navegaban al·
gunas elegantes y amables señoras de Atlanta nos abordó y en un santiamen lo hicieron trasbordarse á su b~rquilla, y á fuerza de amabilidades y sonrisas lo retuvieron cautivo, en compañ.ía de un intérprete, hombre muy
acrradable por cierto. Díaz Gutiérrez quiso arrastrarme
cÚnsigo, pero resuelto como estaba tt pou.r ca.us,. á. no
ocuparme en la gente, sino en el país, me resistí y le
dije wtfos.
La iluminación del lago, de los edificios, de los árboles,
fué un espectáculo encantador de veras; todo Sd refleJaba en el agua, que parecía hervir en diamantes y zafirus,
y las notas de las músicas instaladas aqui y allá, convertían aquellas multiplicadas sensacion1::s, _en cierta ine•
fable emoción de placer y melancolía.

•
••

Volvimos en la mañana siguiente, deseá.)Jamos ver el
departamento de Bellas artes. Desde la monumental escalinata que parecía tajada en ,la rbisrba colina con sus
magníficas balaustradas, sus está.tuM de piedra artificial;
desde el pórtico de simili•mármol que la corona, se do·
mina todo el contorno de la exposición¡ mO.cha luz, gran
cielo de día de fiesta aereo, los celajes como velos de tul
transparente y sin color. Detrá.s del p6rtico un vestíbulo;
es el salón de e~cultura. Muy bien. Los dos marinos gigantescoe, eebeltos y arrogantes que llamaron la atención en Chica~o, ahí están, en yeso. Admiramos un bus to de viejo, mmucioso, pero concienzudo y real á maravilla; Ull Falstaff de barro, soberbio de veras, tratado á.
grande1:1 planos, en la manera franca y atrevida de nuestro Jesús Contreras, y guardande en la pasta cocida la
huella cla1a del l!lic y del dedo inodelador.-En derredor
del salón de escultura, los salones de pintura; primorosas acuarelas, dibujos que, vistos de prisa, parecen muy
buenos y algunas espléndidas telas; muchas de estilo
primitivo, pero involuntariamente modernizado y ama·
nerado por ende; en suma el artificial pre-rafaelismo de
la escuela inglesa, que causa la impresión de un arte falso, pero seductor como ninguno.
No sólo los imita:dores del semi-bisantinisme de los primitiv,s están aquí representados, hay también impresionistas; de ellos son estas pequeñ.as telas, sin dibujo y
sin colorido, tratadas por 111edio de un pincel cargado con
todos los colores de la caja, que manchan Pin orden aparente; pero vistas de lejos y en cierto ángulo, hacen esta•
llar ante los ojos un conjunto de objetos que procuran la
sensación misma de la unidad ó hacen creer en ella; esto
no es pintura, es prestidigitación óptica al oleo. ¡Cosa
singular! Ví allí unos paisajes de árboles morados sobre
estanques blancos en que nadaban flores azules, que era
lo más irreal que puede concebirse; aquello parecia un
paisaje de ensueño, pero hacía sofiar. Sin embargo, ha ·
bía pintura de veras, en esa improvisada pinacoteca. Un
bautizo de San Juan de Faircbild pasmoso de relieve y
de verdad, aunque de colorido convencional;estonosparece al menos á los que estamos acostumbrados á una luz
muy cálida, pero menos matizad.ora que la de las regiones
frías v húmedas. Una danza de nifiosde Mad. DénvoutBretou. pintada (corno todo lo de esta bija de un gran ar
tista) con la intención de traducir la realidad y no de
parafrasearla; aquellas cabecitas de oro y rosa en relación
con el tono verde del prado, producen un efecto sabroso
de plenitud, de vida y de verdad. U na gran tela firmada
¡oh! ¡extrañeza! Madeleine Lemaire; ignoraba que la in•
comparable acuarelieta de L'abbé Co,,~tantin pintara al
aceite c-on tanto brío. Aunque bien visto, el cuadro resul ·
ta por la suave trasparencia de las tintas, algo así oomo
una tela pintada al oleo. con procedimientos de acuarela.
Es nna Ofelia, en escorzo, con la cabeza en el primer
plano y en el último los desnudos pies de campesina fia•
ca, que viene Tesbalando en su marco de yerbas locas
4

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 18g7

y de flores multicolores, por una corriente d.i!ifana y negra, el rfo de la muerte. La impresión total es embargadora; intensa la sinfonla del colorido, aunque compue1::ta.
con pocas notas de la. gama cromática, pero esas notas r~corre n todos los tonos, desde el alto hasta el Velado y sordo; y aunque la tonalidad es azulosa, no resulta fría; la
muerta vive. ¿Pero es de Lemaireel cuadro? Muchos bobos, yo de ellos, contemplan largamente· un cuadro de
Checa: [',,a "Mau1na11uia. Nosécuantasobjeciones pueden
haceroe al colorido, al dibujo, á la arqueología &amp;el compositor, aunque ya hoy puede restaurarse sin un sólo
anacronismo una galera y un ciréo romano, desde la estola de las vei!tales hasta las acróstolas de los barcos en lucha sobre el improvisado lago. Lo que sé es que toda
aquella masa enormesti movía, Insolas, las velas, los combatieotes feroces, los espectadores más feroces que los
combatientes, todo, pero todo como presa de un vértigo
convulsivo. t-,o!o el tmpuatrn- está inmovil, impasible,
inconmovible como una institución, fastidiado como un
dios. lTn hallazgo este contraste.
-Se nos va el tiempo, apenas tenemos el neces'U'Íu para lh•gar al hotel, tomar algo y marchar.
-Pero hay mucho que ver aquí todavía .......
- Bueno, pues nos alcanzar:ts en .\'ueva York.-Partí.

DAMAS

LA CUESTION CRETENSE.

: En _eetos momentos, el mundo entero tiene fijos sus
d1lata~os por el aso~bro, e_n la cien vaces gloriosa
y legendana ma~re Grema, y as1ete con doloroso interés
á un drama her01co cuyos actores puede1.1 sucumbir de
un momento á otro bajo la aplastante omnipotencia de
los colosos europeos.
.
La historia de este drama es tan 6Cncilla como conmovedora: Hace runchos anos que un hermoso país de va.
l_i~ntes, )a iela de Creta, cuyo mapa damos en otro lugar,
.gune baJo. el poder a~olutista de los turcos. La tiranía
de la media luna ha sido ahí, tan ominosa é insoporta·
ble á las veces que eee pueblo se ha levantado en armas
-contra sos opresores y entonces las escenas terribles
de asesina~os y matanzas _cometido@ por éetos, ha cla~ado· al c1e_lo._ Las _poten.mas europeas que anhelan hace
tiempo suprmm al 1mpt'rio otomano del mapa de Europa, no tanto para volver por los fueros de la civilizncion
y de la humanidad ultrnjadas1 sino para repartirse fos giro~es de _esa tierr~ vasta y hermosa, cohibidas pvr su política sutil de gabmete y por la misma promiscuidad de
sus deseos, limitáronse entonces á pedir al saltan las reformas que los creten@es legit1mamente pedían y el soltan las prometió y una paz siempre momentan'ea volvió
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S. M. Jorge 1, Rey de Grecia.

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::_r:} :::,1

Amaneció: las poblaciones, la9 ciudades, las estaciones
con sus grandes letreros en los salones de espera: wai.lm!J
room for wlute people, se su'c edfan con cierta rapidez. En
los bOsques, en los campos, en las ciudades, tlorecía el
mu.mcio, la flor postrera de la naturaleza americana, profanándolo todo con sus enormes cartelea abigarrados y
-sus letras hechas para ser leídtis :í seis leguas J.e distancia: /lohh, Ca¡¡toria, 1lluü, 1Yulri11,1, be aqm los ejempla1es
más notables de esta flora de cart.ón pint.ido. ¿SerJ. éste
el objeto último de la actividad dee:,te gran pueblo? In. ventar anuncios, poner anuncios, propagar anuncios. Eso
parece: las ciudades, que son aglomeraciones de paloma•
Seriora Julia Schmidtleln de:Bermejillo. (Fotografia Valleto.)
res, ¿titrnenotro objeto que mostrar anuncios en las veot!mas, en les tej,,dos, en las chim~neas? Un amigo mío,
hombre de empresa, agricultor entendido, premiado en
americano, me decía que muy frecuentemente la inven- muy bien, p:&gt;r.:¡ue las chim~nea:i de las casas no humean,
di versas expo3iciones, y benefactor de los pobres. Resición del anuncio precede á la de la co.m anunciada! ¡-Oh! ni hay g¿.nte-eu las avén idas: es domingo.
L0s barcoi llenau él río, 103 coches eléctricos pasan dió en Estados Unidos, en otro tiempo, siendo miembro
tierra del h•.w ib«.'l, bendita seas!
com) crust:tcaos fant.istic,H por las calles; la impresión de nuestra Legación, y en la capital de la Repúbltca, deEntre treinta anuncios de .,..Vutrina y c~t?ria divisa- de la grandeza de ests.ciudad es formidable, los btokx ro• dicó gran parte de sus energías al periodismo y al magismos esfumado. la !Jiiw~t,i, de la cúpula del C.lpitolio de jizos, se extién:ien ha3ta el horizonte y escalan el cielo.
terio.
""asbington 1 en una niebla tan ténue, que p.irecia un Ctlpulas, torres, chimeneas inveros(milmente altas, de
El sefior G0mez Palacio, tiene en la actualidad cuasimple d&lt;!slustramiento del cristal bruñido del cielo. En fá.bries.3 mudas, r¿.m1tes monumentales, puentes de
renta y cuatro afios.
el fondo de una avenida erig(a el ObelUJCo su piramidión fierro por donde quiera, eso es lo que resalta en aquel
El señor Don Cipriano Guerrero, hermano de la inspi•
de granito. Y seguimos. Una ciudad intensamente coló- océano arquite"ctural. Nue-Mo tren corre furiosamente rada poetisa Dolores Guerrero, e" también hombre de valer
. rada, pero enorme; con grandes manchas verdes de árbo• ·media hor.1, · para en otra estación y Filadelfia sigue, si• y de energía, que ha servido á. la políti..:a de Durango en
les aqui. y allí: dos, trest cinco, ochocientos, mil alina- gue, sin t(;rmtno.
varias épocas, mostrando siempre un nf)ble desinterés y
mient.os de casas coloraaas; las manzanas, diré block1J1 de
Salim()s p )r fin; continúa de un lado de otro la pro- teniendo como solo punto de mira el bien de su pahoy en mis, muy estrechas\,como cajas de puros de 30 6 cesión de pJblaciones y cas.i.s; llegamos Jeuey-City: es tria.
40 varas de alto, p.iradas so .re uno de sus lados peque- la misma ciudaride siempre, lo que hemo3 visto en todas
El señor Guerrero nació en 1844, contando por lo misños, y cuajadas de ventanas de arriba abajo, con sendas partes.
mo en la act.ualidad cincuenta y dos años.
persi¡¡,nas verdes. U nas cuantas puertas de campanarios,
.TomarooS' el.far_l¡, bogamos en dirección de un hacinaAmbos caballeros son muy apreciados de la sociedad
por entre los tejados¡ eso es Baltimore. Hasta luego.
miento indefinido, que llega basta donde llega la vista,
de Dnrango que ha sabido aquilatar sus relevantes mé·
He aquí las selvas de Pcmsilvania; hijas ó nietas de con~trucciones que manchan el cielo puro; todo eso rit.os.
de las que encontró el gran cuákero Guillermo Peno. acaba delante de nó:mtros en una punta; á ella nos vaSon magníficas; aqui la lucha entre el bosque y el ·mos acercando. LQ que nos fija é h1pnotiza, es una cúpuOTRO PAGO DE$ 10,000 DE "LA MUTUA,.
campo cultivado ha terminado por una transacción. la de de cobre dorado. muy alta ¿qué es esto, un templo,
Los árboles, dorados ya por los primeros besos gla• una torre? Es la. cúpula de la caqa del JVorlr.t, roe dijo el
EN TAPACHULA.
ciales de la estación, empiezan á no ser verdes, son amigo que nos había recibido. Y elj,rry atracó en NueRecibí de ciThe Mutual Life Insurance Company of
rojoij y amarillos1 parecen flores inmensas. Un pue- · va York.
,
New York la suma de {$10.00000) diez mil pesos plata
blito pintorescamente desbarrancado allí enfrente de
Jc~To Srn1uu.
del cui"io mexicano én pago total de cuantos derechos se
las riberas del Susquehanna; más allá, á. la dereMarzo de 1897.
derivan de la póliza núm. 566,701 bajo la cual y á. mi facha, las playas de la bahía del llm•re de Gru.cia, lleno de
vor estuvo asegurado mi finado esposo D. Agustín Escogracia, es cierto. Pasamos el rio: debajo de nosotros los
bar. y para la debida constancia, en mi car.í.cter de bevaporcitos surcaban lentos y airosos. Más allá, \\'ehnCANDIDATOS Al GOBIERNO DE DURANGO
neficiara nombrada en la póliza, extiendo el presente reington, una ciudad fiibrica; después Cbester, y desde
cibo en la misma póliza que devuelvo á laCompafiía para
aquí laa lineas férreas, admirableruente construidas, se
multiplican y coll\·ergen hacia una formidable esv.lanaE notro lugar publicamos Jos retratos de los Sef\ores Don s11 rancelación en Tapachula á 15 de Febrero de 1897.C,1ruu11 H,. de Escobar.
da literalmente pavimentada de vías fé rreas, .A..rnba de Francisco Gomez Palacio y Dm Cipriano Guerr~ro, per•
noaotTos pasan otros trenes como sobre teclados de gi- sonalidades ambas muy prePti_g.iadas, á quienes la. opiLuis G. )layen, E~cribano público del Estado Libre y
gantescos pianos; el aliento de las chimeneas, los pitazos, nión pública señala como candidatos al gobierno del EsSobdrano de Chiapas, certLfico que fué puesta en mi pre•
el campaneo incesant.e, forman en nuestro sensorio una tado de Durango.
especie de telón de fondo obscmo, tramado de acero y de
El Seflor Palacio, es hijo de Don Francisco del mismo sencia la firma de la señora Dofla Carmen E. de Escobar,
humo. A.bajo de nosotros hay otra estación mayor y más apellido, Benemérito del Est.ado y que desempefió altos por ella misma.
Tapachula, Febrero 15 de mil ochocientos noventa y
cruzada de líneas férreas! que la que atravesamos.¡ á su puestos en el país. Ha prestado el valioso auxilio de su
nivel se extienden las ca les sin fin de Filadelfia; ae ven. cooperación á la marcha administrativa del Estado¡ es siete.-Luia G. Mayen.

l

165

generoso, estaba que las potencias europeas pondrían nn
veto á Jas iniquidades de los turcos y admitirían la anex•
ción siquiera fuese provisoria de Creta á Grecia¡ pero las
potencias europeas piensan de otra suerte. Ante la cuestib11
capital de su.inestable equilibrio, nada vale Ja agonía de
un pueblo. Ay del que tome la inicia.ti va para desmembrar
á Turquía: el oso rm,.o, el jabalí germano1 Leviatan y el gn•
llo galo, se contemplan y callan. Impedir la acción iuopinada de Grecia era el sólo camino posible y Europa para no perder un problemático pedazo de tierrá. nefanda
en Torstuía, para no dar un choque al edificio de s11 política dificil, hizo camm común con los turcos..... .
Sus buques de guerra arra@arán á Candia y á Canea y
reducirán acasoá pol,·o, la trunca maravilla del Partenon.
Grecia que es el arte, la inteligencia; Grecia que es en estos momentos la humanidad; perecerá acaso, y el rny
Jorge como un nuevo Temírtocles irá á. pedir hospitali
dad á un enemigo lejano, después de haber asistido heroicamente á la agonía de su reino y á la ruina de rn
casa.
Tal sucederá si la decisión inapelable de lae potencias
no varía · mas entretanto, ¡qué sublime tragedia la que Ee
desarrol 1a en las playas doradas, donde habitaron los
dioses y ee hicieron marmol! y cómo levanta ras simpa•
tías del_unive~o, ese hombre que ha dicho á la orgullosa ommpotenc1a europea:

La Heroicidad del debil.

A pique estuvimos de perder el tren, unos entramo~

en unos wagones, en otros los demás¡ nos reunimos pur
fin y partimos hacia la Carolina meridional dejando :í.
Atlanta, la puerta del S,,r, comu la llaman los georgianos.
Con devoradora velocidad ealváb.imos una en pos de otm
las ~linas erizadas de espléndidos bosques de coníferas
que forman aquí las ondulaciones más bajas de los Apalaches y me dormi narcotizado.peramkn sUc11tire lu'M'. Al
despertar poco después, escuchando el ruido de los trenes
que pasaban y pasaban como visiones espectrales de reptiles antediln\'ianos. El rumor de las campanas de las máquinas, llegaba vertiginosa,nente· tocando un doble frenético y en el instante se perdía en un grito trtígico como
si se lo tragara un rezumadero del viento. Aquella rica CO·
marca que alumbraba Ja luna:
eRe nenvf,tr de pluta
t tt el lago de la noche,
había sido testigo de la postrera lucha, de la suprema,
en la guerra de Sece,1;ión. Aquí se babia preparado el dPseulace del drama¡ aquí Sherman después de haber traldo su
ejército desde el valle del Mississipí á. Atlanta por el ca.·
mino de fierro que él mismo const.rufa, había efectuado
• En marcha napoleónica hasta Saranah en la costa del
' Atllmtico y había subido deshaciendo canlinos é incen•
diando poblaciones, para impedirá los separatistas 1ehacerse, basta Richmond, en donde Grant tenía acorralado
al general Lee, como una jauría á un león: llegado Sher·
man, el león tuvo que rendirse. Aquí se jugó en esta formidable campaña el destino de la República americana
y del imperio mexicano. 1,Señores, decía Maximiliano ú
tres 6 cuatro de sus Cone:ejeros de Estado, con el parte de
la toma de Richmond en la mano, el imperio está ven&lt;::ido.»

t EL MUNDO

MEXICANAS

Príncipe Nicolás.

á. loa ánimos después de las t-remendas convulsiones de guerras sin cuartel.
Pero las reformas no vinieron nunca cual
se esperaban y si fueron en auge siempre las
tropelías de los turcos1 hasta hacer imposible la situación de la vejada isla. Esta tornó
á. levantarse en armas enarbolando la bandera de la libertad, y las escenas de terror,
imperan de nuevo en el sangriento campo
donde no sólo se veD.tila la cuestión de nacionalidad. y de autonomía, sino que luchan
á muerte, sm tregua y ain cuartel dos credos religiosos: el .I!;vangelio yel Korá.n, Ctis•
'to _y Mahoma.
Escalaron los insurrectos cretenses sns al•
tas montañas, coronaron sus profundos desfiladeros; sus mujeres y sus hijas desbandaron ·por todas partes, huyendo del al•
fanje sarraceno, deE!piadado y cobarde y no
hubo región del país donde no llamease la
lumbre del vivac, ni recóndita guarida donde no se ocultase uoa familia pere:eguida ó
acechase al enemigo un patriota resuelto.
?ero ¡ay! los insurgentes, los vejados1 los
justos oontendientes del derecho son pocos
ante la formidable avalancha musl1mica
que pasa como las antiguas tropas de elefantea cartagineses, dejando en su camino
arroyos de 11angre y mierubros palpitantes.
Los creten1es, que proclamaban su
anexión á Grecia como único medio de salvación, sucumbían sin remedio, ante la
cautelo1:1a impasibilidad del oso ruso 1 cuya
zarpada poderosa bastaría áaniquilar la.Su·
blimePuerta, ante el Leviatan inglés, sefl.or
de los mares, 11.nte el jabalí alemán de poderosos colmillos y ante el gallo de Galia
de recios espolones ......... .
En tan angustiosas circunstancias dejóse
oir una voz, y ee&amp;. voz no era la del joven
Czar omuipotente, no era la del Kaiser gimnasta y guerrero, ni la cascada de Lord t-:aliabury, ni tampoco Jaque ha cantado Ja
l\laniellesa en las callea de París. Era la
voz de un rey pequeño, humilde y pobre,
que ha poco hacía resurgir el explendor de
las olimpiadas gloriosas en el standium prestigit: do donde sucumbió el guerrero del\Iara•
ton. Bete rey no tiene más que dos millones de ,•aE=alloe y tres hijos heroiCOSj no
posee flotas poderosas ni ejércitos innumeros; pero debil y toda su voz llena de reproches se oyó en el Continente porque h~·

blabaen nombre del derecho y en nombre de la humanidad.
Puesto que un pueblo de heroes sucumbía ante la faz
inconmov1bl~ de la Europa "ivilizada, y puesto que esa
Europa ommpotente, como las vestales senudas inclinaba el dedo ...... permitiendo á. los victimarios musulmanes rematar su obra odiosa, él, el pequen.o, el debil saldría. á. la defensa del ,oprimido.........
'
Y Grecia movilizó sus tropas, alistó su flotilla de torpederos que puso á. las órdenes del príncipe Jorge, y est!ecbando en fraternal abrazo á su hermana opresa, sahó con ella á. la mitad del camino y gritó al muaulman
carnicero y á. la Europa formidable .
¡ Pasa 8i puedes.'
Ro el criterio popular llevado siempre de lo noble. y

Duque de Espart..

-Yo soy más grande que tú, porque
soy noble y buenoT

•••

El Príncipe Jor¡:c.

La familia real de Grecia hacia la que el
mundo enterovuelveahora sus miradas no
es una de las viejas dinastías de Euro~ El
re_y _Jorge I nacido en Copenbague el 24 d(,
Diciembre de 1845, hijo de Christian IX.
rey de Dinamarca, tenía dieciocho afiot
cuando fué llamado, por el voto de la Aaam.
blea Nacional griega, á ocupar el trono dt•
los belenos1 en virtud del protocolo firmad&lt;,
el 5 de Junio en Londres, por las tres gran
des potencias protectoras: Francia, Inglate
rra y RtJ.sia. El 27 de Junio, era declarad.1,
Mayor por la Asamblea Nacional, y comenzó á reinar el 30 de Octubre de 1863.
Había servido antes de su advenimiento
al trono, en eJ regimiento de infanteríaJru.
sa del Neva, del cual es ahora coronel· du
rante eu estancia en San Petersburg~, S&lt;·
e_n amor6 de _la gran duquesa 01~ Constan
tmona, nacida en 1851, y. con la. cual ee casó en 1869EI príncipe here tero nacido de estematri•
monio el 21 de Julio de 18ü8, lleva el nombre y el título de Constantino,duque de JIA3
parta; se casó en Atenas, el 27 de Octubre
d~ 1889, con la pr~nceea Sofía de Prusia, 11actda el 1-1 de JuDJo de 1870 y católica gdega desde el 2 de Mayo de 1891.
De este nacimiento nació el priocipt" Jor
ge (1 O Julio de 1800) en el castillo de Dee,-Jia, cerca de Atenas, propiedad que habite.
actualmente el P.rincipe heredero.
. El segundo hijo del rey de Grecia, príncil&gt;E: Jorge, nacido en Córfú, en 18U9, t s
cap1tá.n de navío en la marina helénica· eu
hermano menor, príncipe Nicolas, n~cido en A:-tenas en 187_2, llev.a en el ejército
las f!1nc1ones de capitán de artillería. La
partida del príncipe Jorge para Creta le ha
da~o de la noche á. la mafiana u■a p&lt;)pular1dad muy grande en su país y diríamos
una celebridad casi universal. '
_H~ aqui la silueta que traza él de un pe•
n6d.1_co europeo:
1
• T1ene veintisiete aHos y es uno
de los
má.s hermosos hombres de la Hélade como l_os guerrerüs antiguos esculpido; en
los fr1sosdel Parthenon.
Grande, sólido, ejercitado en todos los
sports, acaso también en 1¡1, palestra, est.i

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 189T

EL MUNDO

166

DOMINGO 14 DE MARZO DE

,11.0~

Fl. MUNnO

escuad_ras, siguiendo ~ 1-lidra.
y al Mi K adi en su camrno hacia el Sur y operando un nuevo
d€sembarque sea cerca tl.e•
Sphakia, sea en loa alrededores de Se1ino-Kasteli, sitiado,
ya por los cretenses.

dotado de una fuerza:'maravillosa, y los súbiitos de su padre
le llaman con admiración alhle·
ticos.prinkys (el prfncipe atléti•
co. ) No lleva barba para mayor
semejanza con los antiguos; es
robio, de grandes ojos azules
y frecuentemente á su paso
por las calles de Atenas, aparecen discretamente hermosos
ojos negros en las ventanas semi-cerradas.
Marino de corazón, ha seguido los cursos de 1a escuela naval y ha obtenido regularmente sus grados, aunque con rapiqez. Es capitán de fragata,
comandando la primera división de la defenE!a móvil.
El príncipe beredero de Grecia, duque de Esparta, ( el
Dioda(]W!, como ee dice ahí) es
muy amado, muy apreciado
por sus sólidas cualidades; el

actnal de la escena. Los sucesos en que enreda sUBargumentos Sardou, son una imitación exacta de la forma
que los sucesos aná logos siguen en la realidad; pero ~ta
semejanza es sólo en lo superficial, en lo más somero P.e
la forma: la verdad de estas ficciones dram~í.ticas no está
más que en el modo de las apariencias, y aún falta mucho
para que el interés que sólo puede nacer ante la contemplación de la vida humana ·representada, se produza en el ·
público, cansado ya del hermoso juego de las tablas, donde sólo se ofrece al espectador una convencional trabazón
de sucesos que, por artística combinación de fingidascua·
lidades, produce en breve cu!l,dro ·una especie de microcosmos, :representativa de mucha más vida y realidad de
las que cabrían naturalmente en tan estrechos iímites de
espacio y tiempo, si todo aquello sucediera en el mundo
real. Si eEto se nota en el teatro de Sardou, que, en lo
que se refiere á la verosimilidad del movimiento escénico
y de las fonnas de la acción, es quizá el. que más se acerca á las exigencias de la realidad, ¿qué diremos de los demás autores que, dando una importancia, ó exclusiva 6
predominante, á los distintos elementos del drama, ora
al carácter, ora á la elección moral ó la tésis filosófica
y jurídica, tienen tan eecaso esmero al inventar la trama
de su fábula 1 y menos aún al darle la vida, la forma dra•
mática? Dumás, por ejemplo, es hoy el gran lJ).flestro de
cuantos entienden que el teatro puede Ser escuela de tras·
cendentales filosofías. palenque, como el Agora ó el Foro, de cuestiones de Derecho civil ó Economía política.
Para Dumás el argumento es un pretexto para la tesis;
cualquier ocasión, cualquier hora, cualquier sitio le sirven para hacer hablará sus personajes del a,sunto que él
tenía entre ceja y ceja. Cada personaje, por ajeno que su
carácter propio sea á. todo discureo de probanza, va ex•
poniendo algo de lo que el autor piensa acerca del punto
de debat,e que traía preocupado á París por aquel enton·
cee: sea el divorcio, la situación eocial de la mujer extraviada, 6..... .la cuestión de Oriente. Nifios, ancianos, menestrales, pordioseros, cómicos 6 potentados, todo el mundo tiene en los dramas de Dumas algo que decir á la rnciedad para que no sé olvidA: y al efecto, se lo dice siempre con ingeniosa frase, en que la paradoja, la antítesiF!,
la hipérbole 6 el popular retruécano sirven para dorar la
píldora que ha de tragar el respetable público, representante de la sociedad entera cerca de Alejaodro Dumás.
Esta censura que escribió Zola en otros términos, es
justa; y así, el teatro de Dumas se acerca á la .""epresentación de la realidad aún menos que el de Sardou. Los
caracteres, las relaciones de éstos y los móviles porque
obran, están mejor estudiados, con más verdad y máa
profundamente, en el teatro de Dumas que en el de Sardou; pero ese teatro, como tal, como imitación de la vida en forma dramática representable, es más falso que el
de Sardou y más que PI de Scribe: lo convencional entra
por más, la abstracción se proclama, ó tácticamente se reconoce ser legítimo resorte del dramaturgo; el_ artificio
de la acción es más transparente, la ilusión menor, y todo esto hace que ante obras de este género, el público se
crea enfrente de un mundo aparte, que no es el suyo, que
tiene leyes especiales de tiempo, espacio y combinación
de sucesos: leyes que es preciso conocer de antemano pa•
rano pasmarse al ver tanto prodigio de casos fortuítos
que desempeñan providencial destino, y para poder interesarse con la suerte de aquellos comediantes disfrazados de personajes que en realidad no existea en ningu.na
parte. No, no existen, porque conocemos á runchos que
tienen aquel carácter, que obrarían así en tal caso, pero
que se diferencian de todo lo demás, porque éstos son
hombres y aquéllos son personajes de Alejandro Dumás;·
es difícil verlos y no acordarse de la primera página del
drama, que dice: «Personajes ...... Actares (fl.tP han creado

-11,t0a11-

Refraccione8 extraordinarias.
Conocidas con el n~mbre
de Hada Mor&amp;ana.
[l'ta se-=nuesiro grabado.]

M. Forel, el sabio profesor de

Laueanna, ha llamado la atención sobre las diferentes re•
fracciones que se rproducen en
la Puperficie de los Iag:os, y una
de las más extraordinarias de-las cuales, observada desde hace mucho tiempo en el estrecho de Mesina, es conocida.
con el nombre de Hada Mor-

príncipe Jorge es quizá,má.s ·po-

gana.

{)Ular, por sus ímpetus,su buen
humor y su vida externa.u

Está, de una. manera p:eneral, caracterizada por el hecho de que los objetcis situados sobre la ribera opuesta
del lago, parecen siJ;1gularmente estirados en el sentido vertical¡ las rocas, los muros, lascasas, parecen transformadas
en• inmensas construcciones,
de las cuales los itali-anos han
hecho los palacios del Hada·

*

A. las notas* *que damos en
otra parte sobre la insurrección cretense, y á los grabados
de Creta y de Canea, punto de
concf'ntración de las íuerzas
navales y militares puestas en
movimiento, nos. parece útil
flñadir una carta para recordar
Mm'gano.
•
:í nuestros lectores la situación
Los Hada Morgana son1 un fep:eografica y la configur;ición.
nómeno extremadamente inde esa isla.
estable y que no dura, en gene•
Los griegos que hasta aqnf
ral, más que unos cuantos mi~
obedeciendo las sugestiones de
nutos.
Europa, habían prestado á. sus
Cuando cesa, el objeto, cucompatriotas de Creta socorros
yas dimensiones verticales espuramente oficiosos, han entaban tanagrandadas, tomafre•
viado oficialmente dos acorazacuentemente proporciones exdos, el Hidra·y el Psara, seis
tremadamente reducidas. Cotorpederos, una corbeta y cuamo M. Forel lo ha comprobatro trasportes, de los cuales el
do, los Hada Morgana no ocuMi Kadi ha llegado el último á
-pan más que .un segmento-li, las aguas cretenses. Han desmitado y perpetuamente varia-embarcado en la bahía de Koble del horizonte; inuy cerca de
lvmbari y desde el convento de
ello a •Be producen frecuenteGonia, el coronel Yassos ha de
mente refracciones de un orden
cretado en nombre de rey de
completamente diferente. Y&lt;&gt;
Jí)s helenos, la ocupación de la
no los he observado en el lago•
isla, especificando que «proLéman sino en tiempos tranmetía proteger la vida, el hoquilos y cuando la temperatunor y los bienes de todos los
ra del aire es notablemente
habitantes de la isla sin distinmás caliente que la del lago;.
ción de religión.»
marzo, abril y mayo son los;
Francia, Rusia. Inglaterra,
meses en que tales fenómenos
Italia, y Austria Hungría, disson más bellos. Reproducimos
ponen en las proximid'ades de
en el grabado adjunto una foCanea de nueve acorazados,
1,0grafía que fué hecha por los
diez crac.eros y tres torpederos~
Sefinres Picard de la Cllauxssin contar con los refuerzos
de-fonds, á fines de 1890, y que(tUe están enviando.
nos muestra un efecto de miraLa cuestión cretense,-lnsurgentes de Creta haciendo fuego á una columna turcaL~s montañas.
Los periódicos europeos di·
--_..
Je obtenido con una barca socen · que aun cuando se senEl resto de la isla escapa á su acción y el bloqueo total bre el lago Leman. Se notará la desproporción de la8'
tiría uno tentado á creer que el proceder de los griegos
es una locura, quien así pensara.. no conocería la auda· es imposible. Asf, de una parte es probable que los in- velas del verdadero buque y de su imagen. Cuando se tocia prudente de ese pueblo. Todo lo que pueden hacer surgentes tomarán sucesivamente las plazas importantes mó la fotografía, el cielo estaba un poco nublado.
M:uchos eabios, entre los cuales citaré á Humboldt,
las potencias es ocupar las ciudades de la costa _Septen- y arrojarán de eJ-las á las guarniciones turcas. En cuanto
Woltmsnn, Charles, Dufour, han hablado de los Fataa
á la flota griega, bien podría evitar un conflicto con las
-trional, 6 sea la Canea, Retimo, Candfa y Sitio.

estos papeles.u

LEOPOLDO AJ.AS (Clarín.)

La cuestión cretense.-lnsurgentes encendiendo señales en los montes.

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K.lometre~

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Mapa de la Jala de Creta.

Morgana; -pero hasta el presente no se ha dado, que yo
eepa, explicación satisfactoria, porque en el caso en que
el aire ee más caliente que el agua del lago, observamos,
ya loe Hada ;Morgana, ya, y esto es lo más frecuente, el
miraje conocido con el nombre de míraje sobre agua jr'la
y que ha sido muy bien estudiado por Bravais, en este último miraje los objetivos apartados tienen eus dimensiones verticales reducidas. Parece singular que lae mismas
condiciones térmicas pueüan dar nacimiento á dos mirajes diametralmente opueát.os. He aquí cómo creo poder
explicar eeta anomalía aparente.
Observando muchas veces loe Hada Morgauacon una luneta poderoea, he testificado que, como en realidad, los
objetos no ee agrandan eino que se producen muchas imá·
gene~ superpuestas del mismo objeto? que son ya directas,
ya enrevesadas. He contado hasta cmco, como esas imá.genes están en general, muy aproximadas, y aún á veces
tocándoee unas á las o\ras, es muy dificil separarlas á la
simple vieta y producen la ilusión de un objeto agrandado. Algunas veces una parte solamente del objeto, da nacimiento á imágenes múltiples. Aef, yo be vjsto frecuen·
temente barcas con dos espolones: las velas no presentaban nada de extraordinario; algunos instantes después
no quedaba más que un espolón y las velas parecían gigantescas.
Parece resultar de estas observaciones que los Hnda
Morgana no son mas que un miraje de imágenes múltiples.
El análisis metálico puede por lo demus dar cuenta de
los hecho!! observados.
En su noticia sobre el miraje, Bre.vais demuestra laposibilidad de tres \mágen~, enel caso enque~U:Ba--cap&amp;d&amp;
aire caliente vaya á superponerse más ó menos bruscamente á una capa de aire frío y cuando la calma subsecuente de la atmósfera permite á esas dos capas subsistir
algún tiempo en su estado.» Pero eeas son precisamente
las condiciones que se llenan durante la aparición de laa
HadaMorqana, puesto que, como lo he dicho más arriba,
es necesario para que el fenómeno se produzca, que el aire

esté muy tranquilo y notablemente más caliente ~que el
agua. Esta existencia de tres imágenes no es más que UD
caso particularmente simple de las Hada Morgana. Yo he
ensayado explicar el análisis, la producción de cinco imágenes que yo he observado, pero me he detenido por la
complicación de los cálculos.
Bravais muestra también, cómo, en el caso de tres imá~enes, ciertas pQ.rtes solamente de UD objeto, dan lugar á
imágenes múltiples: este fenómeno se-produce igualmente, como se ha visto.
Por último, si se reflexiona que dos capas de aire de
densidades muy diferentes no pueden permanecer largo
tiempo superpuestas, la una á la otra sin mezclarse, se
dará. uno fácilmente cuenta de la instabilidad del fenómeno y se comprenderá por qué los Hada Mvrgana y el
miraje sobre agua fria pueden sucederse tan rápidamente
en la misma región del lago.

PAGINAS DE; AR.TE;
EL TEATRO FRANCES CONTEMPORANEO

SARDOU Y DUMAS

Hay un teatro contemporáneo, el francés, que algo tiene de lo que el nuevo drama necesita; pero que por vicio
inveterado y de herencia en todos los teatros latinos, no
puede, si continúa con los dogmas de su tradición, llegar
á las condiciones necesarias de una obra dramática digna
del tiempo.
En las obras de Sardo u y de Dumá s; se ve la vida

Una barca sobre el lago Léman.-Efecto de espe•
jismo.

�EL MUNDO

pOMINGO ,4 • Ol MAltZO OE •&amp;91

r

DD■ l ■GO

,4 Dt MARZO Dt 111117

BL MUNDO

&amp;n la fuente.

�DO■ l■N

, DOMINGO 14 DE MARZO DE 189?

BL MUNDO

170

in,•eroeimilee y ·decreY.do que einC1lea1a cocodrilos eeco
gfdos entre loe más sensibles del Nilo, airJesen s~ fune ...
ralee y llon.aen en cadencia; un prfnet~ de Hungría
acababa, por despecho de ser rehUBad.01 de ccal'l8 con
une; bailarina cuya reputación no era menoa ligen que,
lae guas azul~ y I088daa que flotaban alrededor de ID
cuerpo; por úlmno, doe condes y algunOR viscondee, aetevaronee, nueve chambelanes y cienM&gt; diez y ocho enudianlel ( de derecho, medicina y_ aón de &amp;eologla) oe morían de amor por ella Bin remedio. 1A Bella ~m'iauecia
impaaible ~ d o 4 ID prlncipe encan'8dor, y el viejo rey conlmuaba ganando á an cbambelan •-nnade
aln experimentar la menor oorpreea de eu vena inago'.
lable.

..

•**

la pnnoesa tenla el Mbilo, en laa lardee de enio. de ¡,aeearae en el parque del t..Wlo. Bajo el cielo claro y hor-mlgneante de eolrella•, eradelicioao relardane ul oen,a
de loa parlerrell y de loa ,,bolea.
Y be aquí qne uDa noche, en hmo que lllOOrrfa la ca·
lle principal an llnamen'8 81llll'8Dllda que oo llé eicuchaba piada algnnL vló levan- an'8 ella 1111111101Dbn pisada y luerle.
-Qoi~n eolá ahl'I exclamó L4 B,11111, qalfn e,ü abl?&gt;
. Pero ninguna vos reepondló, la bermooa prinaelll, ein$16 B01amen'8 doo bnzoo vellndoa y potenlel al rededOI
Je en cuello. ·
.Oh! Dioo mio-murmuró; aoy m'!'!""I B, una bealalo
Era en efecto una enorme beatia, de piel -eedoa 1:aaa.... &amp;lrecbaba á la princeoa Bin hllcerle dalló, mente.
•Acaao eo una boMia eDamonda de mí• 'D81116 ¡.,..
dialamenle la pñ noeoa. Y
oe -u:,mquilfs6.
Eo$a ideo en al nada lenla de lllamla, paell!&gt; que Lfli.:.
Batia, deepoéade habAroolooado nnap,1111 ~
'8 aobre kle lahloo de la pri-lemann
-1&amp;1 palabrae llenaa de ..nlido. •Yo ll9rteneJ9o al""animal; no lo probaré pero 101 hombreo 7 todlll!lolll ralillM dipoe de fe oa lo aaegtl?&amp;ñ'!, y
me A!""la, porque yo oa "'I'º como 6ingml
ea

1,,.

T..?::.-

am6Jamú.•
la vos era melodloaa, la Plla--,erftun,-la 7 ~

ye,.'

onrioaa, en lugar de oenfü el maigo brmal
ella el !ria delioaclo. Pero LJ Bella no 11e ~ en
delalle¡ ~DO que oe ain,i6 mi,y_
\ia lan ni nata I formidable hubiera
ID
111 hermooura. bula el JM!n'8 de Ir, e ~
4_ hacerle en ~rmlnoa eipblklaloo, 111111 deá1I tffn ,,...
monada.

• I&amp;

t:he~~.:,;=

14 H

JU. IID!IDO

IIAII&amp; 11&amp; ~

-

alguna .... copiaroe•no babéia vialO,
. como enceale lompo,
en la pupila de una jo,en virgen .
que ea de ..,. padree y 1111 hogar e ~ ?

l
A11' en la AuYemla, oaal oculta enk'e tao nubeo, habla
una chOBa babllada por una mujer y un nlllo de clnoo
alloe.

Rioardd oe llamaba el llillo 7 :'lbrla m mad!e.
.
AmbOB oanofan de lo máo .....-rio; -1-n tao no•
obee abrazado• a!11_11t&amp;loaamen'8: &amp;l frío era lnlenoo 7 no
'8nfaa oon qué ahripqe; '8Dlan hambre r lat fallaba ua
mlaarable ~ de pan, ,
la madN .......,. meclend&lt;&gt; al hijo;
oanlaba oon
TOS doloriaa; ID caldo era UD himno fa.oerario; Ull ¡ayl
ilel alma; Hlenaado por el bambra, el nlllo
ceMlia el canio de la maire; lae &amp;lnlebtao lo
-:ool'flan tocl,,, '/ oa!a 1t. nleft y aullaba el lobo en 811
-madrlguen,.
.
l'u6 eUlempo: la mama. oe lnolluba 1-jo el peao de
· loa 'f el nlllo cftlOfa á eu llldo, como crece la verde
rama ja•lo al oaroomido
lUeízd&lt;&gt; '8nia 111111 lllarmola á la que bab!a enaellado
mil lliaClu 7 11ue ballt.ndo al 16n de-piado orpniJlq, léeprnporol!laaba el a,llleBIO, •
. J.A mildm 111 8.n m11rl6 t el nillo al aolo cogió 811
~ '/ IU IDakatmnlO 1 abandon6 la oaballL
-Yllp,lldo llf)r 1\111 lllOúallali hacía ballar 4 811
711. . .olo UepDa lt. noebe 110 '8Dla m4a leoho
ni m la oarlclauú arrwlo, que el
. - , .:' - '
1tlrqirdelaellerao á lolejoe.

pan&gt;

le

uonco.

e

!!!l~¿,!t'!:

ll.

üinlrDo,
l::t!•Mo
-. i.. ~ nnbea•
~

• ,;e-: batfa 11,ll &amp;fo IDlenoo;

JI~• la ~ 111 rfclda ma-

~• rc:iolpi:.,...,. ~
!In, qae dejaba
« !~ kll lilllmóe._ vlbraa en la

_,¡¡.,...

............, ....,_,.do,
nadie •ifa' el lafalla.,. bambre, tenla
Y oon - n o ~ ~ ua:que dalla, l a ~ -.

,_

t,¡alen'ldc,a aólodad.

¡ilérnaa 7 oay6

n -

¡ ¡anri6a.

....~o,¡-+•········.......................

Y-'°•en"'""'""•""

Si '911881n alma ha podido
an'8lo pu-,,
aenUdo babd tambiéa goce Inefable
á1 no haber periorbado
la oahna de la !neme o,iolalina •
áqnéhrinaabaam~
la aeln OOD &amp;IDO?, ni la pu dÓloe
del corao6n laoamo
de la lnooan'8 joYen, de IDO padra■
O'l"llo noble y de 811 h&lt;&gt;PII encanto!

;.rban como 4 inlrnlo viellanle de

)Jabla111111no 111111~ qne era hermooa como el

4fa;eraUDniábermooaqneeldla, porqueeeleúl\imono
ele caando en cuao4o, de levan- grie
1'_1Rlviolo,_en""'° que la pñD088&amp; oe levanlaba siempre

"'Cptbe

~,-ie.
Ella JWh&gt;ówai.mfa

-.~lle

p o r ~ ' an 'fiejorey,muy perepil&gt;aba.toilu 8118 . - e n ·jugar pokar oon
118-iietan' elle 6111mo no ncilaba en portier • - . - lle cioda oinoo; 111 ee que el viejo rey enoonlraba,
al pobr el dl'l81ildo"de eae Jaegoe y al cbambelao
,1muiQtrl$M!de 8118 fanclonailoe.
B1 lt. pnD088&amp; oe hubiera Gallo , BU real padre para g:ne
~ en médúe8ol6n, babrfa llevado elgrap chúcO;
-111111pr!nceanomenoeaneadaqae bormooaymuy
i tiempo, IOm6 el IIBltiio de dlriglne por 11 milma, ro·
clé6le ele ......,..,1.e loe 1114' U - aprendi6eldibQ\O,
plm6 en pottelana, ejecm6 n i - brillamee y oe con,nr¡¡c, en nn,..... de la •ocali-i6n.
Oaando hubo lllqalrldo $ocl¡ie 1M perfeccioneo, locluai •
....._1Jtm6 '- 111 padli, '1 le babl6 en eo1e 1....,..¡e,
hermooaoomo el ella,- eo cooa.oon..,nlda; '8n·
1111 7D aola mú """lldadee 4"" IOdu tao mocbachu del
reÍÍIO ¡ . - Qa6 ~ bilcar de. ml?•
~ I l'l!lll&lt;liidl6 dllUllidomenle el viejo 1ey.
-Ah! eao eo $oda lo ln'8rean'8 que '8néia quo propynaunet
~I
'-'llell.rilll, I R ~ Oonquo _,,.., eb? y sin ras6nl P!Rll"" no Nn6ia la menor razón para caaarme. Reeponded......
.
-Tengo 111111 ru6n u:celen'8 y eo _ , He llegado ,
kle - • 7 alloe. Tú \ieneo vein'8; eoMi• en la
• edad en que lle tao majeree; yo, _,y en la edad
en qoe nno tao deja; no qalero dejarle 101&amp; y abandonada
• •u eale 11111ndo, e n - que me lamo á conocer el °'ro.
Ene doncella, eree nóbil; no fallan por ahl prlnoipeo he•
n,clerQo; eerú reina; eao 1ormará parle de ,u carrora, y
• no pc,dria rehDBUlo.
·
· ~ n peidón . . - , m e ~ eer reina, peto no ser
la mu¡er de nn rey que me ~ - Aceptaré el malriioónlo IR • preeenla 1-jo un upeclo eeduclOr: lind01
ojoo, labloa llnoa, diacnnce liernoa f elepnle aa¡,ecl&lt;&gt;;
pero oa preTengo que no me casaré 11no en esu condi•
clones; quiero ~ á mi amo.
-BaeD!)J boeno, dijo el viejo rey, obrarás, WanM&gt;j'?;
no has le1ao mncbaa novelas y no semo que hagas nece·
dadee. Pero ai qnieree darme guolO deepacha pronlo. Por
ahora es preciso que te deje; mi cbambebin me eepera
hace \iflmpo y como-~ mú jugador que hU cartas, me te'!10 que haga ~na bilis y se ponga mb amarillo que los

-

.-r

•••

"'"'''·

limones.
Dicho esto, el viejo rey dirigióse á la cámara vecina

y ganó la pan1da.

•
••
Cuando se mpo en el mundo
.que la

prioceea, la que
era llamada L,,•JJdl,a, estaba deeeosa de contraer justas
y RUiituosae nupcia!I, todos lo9 príncipes, duques, seftoree, ee rascaron simultáneamente la oreja derecha, y.

-¿Dó•

fa~-•

,

m

la lnna, oomo ho■$1■ oe eleva en el Orlenlol; la8 llaa, como UCrlmaa oe lllOID8D en el cielo; lao olaa, como
qlieju, eollolim en laa pla,- Y la lnna 11.no 18 eleva, 7
tao el&amp;reltao qm, lloran y !u o1aB que lll8plnln, ¡qaé-°"'I
OOOI 110D, lino Plepriaol
IV
BI e8urió de tao llora■, el mormullo de 101 b,e¡1191¡ el
-DIO de la lira, ta,, ......... del poela, el hamo de loo
t-ioo; In qne -,Ira, IOdo lo que aolto.a y &amp;o•
qae eepera. IOdi&gt; lo qne • nrdad, y ■mor 1 gloria,
•ete111á Dice: todo eol'leprial

:i:

. ..,........
'-~~e~delaba-=t..

......, aol de l a ~ y aajapla¡
elal-1, la~ylatJONU!
~ m lieMDioa f11UtL.
•

¡Ah, q~ rlaa"' . . . . , lllellOlpncJ¡o
la eocie&lt;WI, que-elé.. biqano ~
á MI lalea Ylilnd '1 bOIIQÍ' ~ ·

&gt;odm

El cielo de aquella larde en eapl4ndido, imponen'8: en
el horlaollle llbi:uado de lnmenoo 19Jo. 11e 4iat&gt;lomaban
loe _,,,,broa de un mandq incendiado la Tfapera.
~ lt. noehe, eDlri mil aml¡oo alO&amp;lé de la

ución.

•
••

.

-¡Oh! onánlO ,iempo he ngado lejoe,-é, lncban·
4o con la fatalidad empellada en retardar el ownpli•
mienlO de mi m• ardlen'8 deleo; siempre ta recneido
ha,i4o el ideal, el alma de ooru6n qae le peneoe. Ven, dime que me mnobo, que.,. nadil podri,
IIOllMU"OI en la vida!
~ • - . -'fflima, la rnb)a cabes&amp; '" lnolin6 aobre
mi homht,,¡ deepnéa nn beao de fnego nnl6 n-raa
almaa.
.uf, en dnl- coloqnloe de amor, de promeaaa quo oon_ . lae lipimaa de A:lke, oorrleron tao iw-......
lndndahlamenle, niDgón morlal ha aldo má dlchoao
que :,o en 8IOI JDOlll8llkllp 11Upremoe. Juro que u:la'8 la
felicidad,
.
Quisá el dJa oe ooercabL
-Tengo eed, dije, deoeolOmar abro qne refreaque mi
p,pnla; la lli,bre me lnftde: ...,., , _ ,
•
-¡Aqnl no hay aguo; ftJ&amp; 4 IOlnarla i m oaAI me grl•
'6 nna voa eolenlOrea.
LA PLEGARIA
Abrl 101 ojos proluadamen'8 uutado, 7 vi delan'8 nn
lodivldno lonado en _,..ób611 ,peme íalraba elapel .
lallar...... Era un Gcmfiffl J; ta - ·
•
No aolamen'8 lieae ánplea el cielo,- también hay nn
-yt ,.....nw. ¡Qué , . t,o,,;r ¡,1.11ee
d6•
anplenelooruón;elangeldel ooru6nee la Plepria.
de ei,W?
•
¡Ay! .lOnúlo habla deliiadol
'
11
Al
1&amp;1tr. del Oafé. ml edOl'J!'! IIO;P!!do ~ r "''" ,...,_
Al _ , la larde hay eipllmu que oe quiebran en Ju beu penll6 el ~lúllbrlo y éll en ilerla:
olu. h•r nubea que • dlafar¡lait en el eier y rayo,, 4J18 mó 7 me d4DOllii6 en el l ' i ~
.. - - D e n lo a!IO. F.aaesplllDIII, , .... Dllbee; y
Buenoo dlaL·
9101 rayoa, ¿qué Olra OOOI aon, lino ple¡pmu'I
VtmoalpíJe.

¿Qnlén oaad decir q,w t a , ! , ~
Ml 1188- eepleadQr 1 kl■udll
cubren una al1111&gt; 81J1illadora, lrta,
nido de la tnlei6n J la la,....nt

inurmuramn , coro; "Dlablo!t!• La prinoeaa oonaitufa
nn admirable parlldo; en primer ¼ugar era de una bellesa radianle, de una belleza tal que cerca de ella, d&lt;,llaa y mujeree gaa(llll pu,,ofan ie&amp;B, de \in'8 anémico 7 de
ojoe •In luz; en ,egnndo lnpr ~ temlOrioa tan IOI que la8 ren'81 11.ubi-n bailado para la manulenc16n
de m,1 puebloa; -por 61\imo, era indudable que 811 marido no oe laalidlarla Jamáe. porque lll llllenlO '8nfa doneo
maravilloaoa de am!lea y de riilela; lldemAa &amp;ooala ni•
- brlllanlea y oe excedla 1 11 milma en lt. vocallTolee coneideraeionee explican qae 4 l"Utir de elle
momenlO la _capital del reino de 1A Bdlu vleoe aeud1r
prlncipeo aegllid01 de noollaB · deelumbramee, eelloree
qne conduelan un ,ren labnl~~ ~lanee y emirel - -palladoa de elefan'81 7 de bayaw,rae.
Diéro111e lleelaB estnordlnariu en que ~
lluéepede1 diapu'4ronee el lujo y rivalizaron enlllllgÍ!l!I• ·
cl6n. La prl11C8111 asiRió , ee1o1 rel!GCIJoo oon nna pme,¡1&amp; Indiferencia y cuando 811 padre fe OÚJI~ gue deletml·
naae algo, eeoogiendo en,re tanlOI dioünpidOI oandldalOI, reepondi6:
.
-Me. apena no poder aliu IMiellce""'; pero nin•
gano de 8IOI oe11oree ha eabido ~ Tod/31
·aon genlel 1in lnlerea; 10n nécloa qno cleoeal1 mla ble·
nea y mi corona; no hay uno, lo he comprobado, que me
baya mirado de o,ra manara que como 4 uaa meroancla
de precio. Pl98ero no cuarme 4 oer la oompallera, por
no decir la eeolava, de uno de eaoe rldlcnloo mamarra·
choe. Esperad, mi qnarldo padre, '8ned ~ a ; __,
vendrá el fam010 prlnclpe encanlador; en IOdo caao, para malar el $iempo . y oonoolaroe lendréll litlDlpre , , , _
lro chambelán; acaao eelé, de lanlO -raroo, en a¡onfa,
mu no ba d&amp; eolar difuDlo alln.

encanlada dei·.

Neoeel~ alannoo inllan$91 y annoé luego hacia ella.
-El cielo, la dije, 18 abn, delanle de mil ojoe. ,Porprl·
mera'Y9S.,,.
·
-SI, por primen no, repi\ió levanUndoee y wndl6n·
d&lt;&gt;me oilrlll- la mano de marllf, la eolllllaDOia noa

hLIP■ TuEBA.

LA 81LI.A Y. 1A BESTIA

811

,~

cledoll ~..
lamumoiaq,'8

:icm'lo¡ 11B iuldo

•J6

~

detlenaliilbrelu

tmllfk\

'.eJble•nn llruole¡n-

■ 1 do an llank,,
M.LÍIIIIQIIOD'.nor.

Noo JIIOPODWDOI leáejar el ú!IO faYOnble de nn Jan- de amor. nn S, mil - ~ c o n anhelo ln4nllO.
X. llbacicmes .. l1108dleron oondemuiada lreoaeaeta•
lt. ooa.......&amp;6n ex-1va, onimailfllm•
elevó al
mejor grado deentaef:emo;el pnnnme-,,,;,-denrllami•
~ 4 cada paoo
can:ajadae, pilOI de
lJ:uM;I• a-.,ia: baalamol nn mido do mil demonloo.
Jll e■beoa era DD votoin, la oen$la , pnnlD de eelellar·
enravladOI ......- ~ la lm en lbÍ
.
. -joll ....neotanoo q• piaban en •priobOIIB
NOCloaee; Indo
rico muebla]e del (Jalé :oobNba é1l
derreclor m!o; :,o m181DO -.bfa-nder de mi Ji,reo- •
aal -bllida&lt;L laa plernaa oe i...i.tan , _ _ el pe., de nn can,bro donile aa ogllaba la '8mpeelad.
En M oon la copa rebOBante del oltampallr, en la ma•
no, gril6, miB ami8"I' •Porellal Por la rabia - ·
~ me eaparal• SI, beWmoa lodoa por Alicel ";8"

.=,

•rooaa

es:-

Y mi lD8IIO ~mola llév6 , loa labioll la birvlen'8 bebi-

"':'.;:e'.:;

U DO á uni&gt;, 101 prlnclpee deepechad01, oe ..iraron,
muy hendoa en BU amor propio y enfadad01 de haber becho 1!111'°' considerablee sin el máB ligero pro~o. Su
única ooneolaclón filé, para cada 11no, haber eldo recba- .
rado como IOOOB loo olroe. y no haber vlMO preferencia
por nadie. Ra¡¡reeabaD aviD81'a40B del carácler y la ODI·
nlóD que ahora lenfan de la princeaa, le era,_ mnoho
menoo favorable que el dia de su llegada. AdmirAbanoe
de que eo la hubi- llamado La &amp;114, como si fuele la
10la mnchacha bermoea de la "\ierr&amp;; enimaban 111 talen~
k&gt; vulgar, au conversación sin brillo, aua ap&amp;itodee llricu comunes; no tenla más que 81l8 im,ortan'88 riquezu; ··:«Y, bien1 ···oea 'Iºª
reepeclo 4 eellB la ideo de los prelendienlel DO babia va- di~ un di&amp; ila pnboesa, deopuéa de un dóo amorooo,
riado; persistían en jmgarla con complacencia, y habrian el 1,oven eenor, que acaban de de•P'!larae de eu oabeza experimen'8do un placer sincero en adjudicárselaa.
de,.oeo ytenfa enire 109 mll.llOBSO diafru per!!imado.
La prlnceBI ee burlaba de !u hablillM y rumoreo ma:-i Ah! respondió L'l. Bf!l.li,, decepcionada. Esto ea ho,.•
licioeos aobre en conduela y BU caracter; abfa que ata mble! Mae na hnbiP"' valido ser bestia que flngirlo. Yo-•
d,,maeiado bella y demaaiado buena para hacer la alegría estaba del tod.o decidida á. acordaros mi mano cuando voe
del hombre que amara y eaLe pensamiento baetaba á me o~~Mie vuestra pata. Pero ahora .. , .. .-... Todos mil
mantener en sus labios una eonnsa maraviHosa. Sin em- c~mphm1e!}to8 para vuestra piel, querido mío¡ lo hicí..,
bargo suspiraba un poco, el príncipe encanUdOI' se bacía . tieis muy b1en.1J
esperar demasiado,
Y se faé á encontrar á su padre, que acababa de ganar·
Pasó un ano. IA Bella permanecía insensible; no obs- so o,~ partida de pókar.
tante, un rey de Eitipto acababa de malaf'l!e por amor á
RoHÁN Cooixs.
ella, después de ha~r cometido cierto número de locuras

·;~·;;;¡;;·~--~·;;;;;¿~

·~

(111: Elm.■ DK Voe.)

Yo amo la■ beH■e lloree que DO han .ido
toaallaporlamano
de mdle; 7 me p■re'l8 9ae ee BU eeencia
mnobo má ..,.. oaanclc&gt;
no _,.,..i,,a. Olllénlanoe aáD ergnidaa
· aobnt 811 prODlo tallo.
Dejad tao """"' al ñ,eál f - l e ;
• deDIIO 80 • nido amado,
dejad loe paiarllloa que oe arrollen,
_dejad en pu loe ooraronee oHt&lt;Jo.
¿En alguna ooaal6n no habéie '8Dido
·
COIO0 un eapejo el claro
y profundo raudal de limpia fuente
onyo recodo blando
seln apacible oon amor eombrea?
·
vuee1ra:imagen acaso

~-,hrela mea demirmoL
Vtmonoe, leedije, y ..U .... mi tan.laempaa6 , ,.._
&amp;ar por l'l!ldoneo - - : ..8:ria-; nep.roa ea OOD•
falo uopof no e é - vilioDell Impalpable-. movléndoae ffllipnOIIB; semi alao da ignoloa oomp,ílleroo de la
~ que liaban....,. 7 ltrrOjaban IUllft freeoor oobre
D1l8 · - oálidaL

Jw,Qr.llmiM,

"°"

d a ; ~ ~ t a o ~ el vallo da baoarú rod6 ea
Al!, pnee, onando La. Iksli4 andas ta:oo elaéevlialenwde poa8I' aohre el de ta priJlOl!IIII""
do, La. 1kUa jnzgó lnoponunu enfadmee y ..., •
•
oe deJ6 hacer,,Y onando dlp que oe dej6 ~ . entlendÓ
'l"" oe_1o volvió.
Eale .,. original proalgnió por mnobaa nocbel• La. JI,;
11a eolaba muy enamorado de La B~~faé 'la no le&amp;igo y có:l"'!de eeoenaa
con,
moredorao; 1181111
que el jardín oe casa 4 veoeo oon el
eorral ...... LJ Bella qae babia re¡,huado dellilatloaamen·
'8, loa hombreo 1 eno hom:.:\:¡ lltl!rla muy :oolnnlariamente, LJ Be,oo y á sr•d•dee ..................: ...

1Rle, di-lelir, qne el IDdlldi&gt; ~
noveelllD~déblouey!IÍ'IJ
el blae6n da mil lriun!oec~p,#

• Y OODMIDl'kl l""I!&lt;)' la Jo,en rabia, ¡ la bl.... - uva, ohjelo ele mis euuelloel Oún bella - b a con 811
llojll bala lila, inclinada -,Jm, una peqaella - ,. meditando delanle de tao ))llalnaa del libro predileclO: taeepe1&amp; cabellera dorada, ea¡iarclda por aobre loo hombroo, cn'brla 1aa ■obarblaa lonnaa del pecho; 111 llna upalilla de
Ferry dejaba , la vlBla la media color de carne, que oprimfa lae tomeedaa panlOrrlllae.
.
¡Jamú babia vino nada mú arrebalador· lenla delanla hermoanra •11 lll1KlÍleelaci6n eopléndi&lt;Ía, lenladoral
En mi analedad, dudaba si era ella realmen'8 6 '81 vez
un Ideal, una fanlalla, la exoeloa creac16n de un alma de
poelll! ...... Abl 11,-era ella: yo oa lo ........,.
El ealón eelába bailado de una !ns pálida, oomnolientu1 de, lOB enormea cuadloe ae dMteeeban penonajee 10mhn01 en ademán de eocuchar el diálog&lt;! de amor qno iba
4 empesa!'F· Por una ventana enve&amp;blena, el aire agita,.
ba el cqrmlaje qne el ~jo del frenle repródncla en forma de mODHrno ébno; loa amorcillos del cielo.raeo-me

A UL'l'llaTU■U
lfo e1 m -1ie ala lln, helal1a, lntrfe,
Loqaeme~en\~...-.
8lnci el m i - de ........ dolóteo
Do laaban brazo , biuo -ricia , maene.
Dl01 qnlto 11■11 an v e l o ~
Y enél ~ Uvldoo---,
~ el o a b é ~ ~,:;:¡"" hóu,,,.
Ah! qae oi el hombre Bin dnlclr .muriera

o ..... DO dnloe lecho en n,¡ palaoloa

Tn fu ..1ee1e y m Inmortal a...,;;;¡.:'
la humanidad oe 1Dléldan enlera·
Y la $lern, lin alml\, en IOd
l!ooarl snoda, ababdonada,

Ti

CAB1.o8

1

A.

SAL.lVBIBY,

'°

BeWn! pira el"•mor no hay imposibles.
Lo mleiñó qne las palmu
á vecee nuestnu1 almas
se encarnan , dillanciaa i11crelblea.

•
••
Te morlaa por él, pero ee lo cierlO

·
que pas6 \iempo y liempo, y no te bu moerlO.
OAJl1"0A.110&amp;.

�DOMINGO 14 D"E MARZO D"E 18~7

EL MUNDO

172

EL D.L~TE EN :MEXICO.-Los discurserq,;.

E;[, DANTE; .E;N M.E;XICO

VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTINfA.)

Un tranvía de los ferrocarriles del Distrito me condujo
con parsimonia y seso á las oficinas de Satanás. La Yerdad es que aquel agitado viaje, comiendo en malas fondas--que esto ni en el Infierno mejora-y durmiendo en
lechos más problemáticos que loe de los grandes hoteles
de México, me tenía calenturiento y débil.
Anhelaba un poco de reposo y conversaciones amenas
con el patrón de aquellas regiones, que, á pesar de su aspecto vulgar, debe saber mucho, por viejo si nó por dia·
b10, 6 por diablo si nó por viejo.
-Tan pronto 'de vuelta, Don Matías? Qué ha visto us ted de bueno por ahí?
-Diré á usted, los suplicios que he presenciado tienen
más de cómico que de trágico.
-:--Seguimos en esto el espíritu nacional.
-Cómo el espíritu nacional!
-Es claro, Don Matías, cuándo ha visto usted que los
mexicanos tomen algo á lo serio?
Es un pueblo de Qromistas. Porque no me negará mted
que hasta sus pronunciamientos y cuartelazos han sido
bromas de muy mal gusto ........ . ¿Qué toma á. lo serio eea
gente? vamos á ver: ¿La Religión? Pero si no saben ni
lo que creen, Cumplido. Se va á misa lo mismo que á una
logia masónica, por fantochada, por vanidad ó por costumbre... .... Se habla de política por monomanía y se
trabaja maquinalmente, por necesidad. ¿Dónde están los
hombres de convicción? No me vaya usted á decir que en
el peri(!dismo porque le pongo una lavativa de jabón ..... .
¡E! penod.ismo! ¡Bueno eslá el periodismo!. ..... Se habla
mucho, pero mucho de los grandes problemas sociales. y
e_stos Be: gastan de puro viejos sin que un pseudo-editoriahsta amerte á resolverlos¡ se defienden ideas descabelladas, por capricho, por necedad ...... ni siquiera por rnteré~ propio, porque para el chantage, sépalo, Cumplido de
IDIB entretelas, se necesita talento; se inventan mentiras
burdas, se calumnia neciamente al compañero cuando
gana más, et voila tout. Ese es su periodismo de ustedes ...
¡Y_qué ge1_1te recluta) -.A.~tes se decía: 1cEstudiante perdulano, sacristán 6 boticario, u hoy hasta los sacristanes y
los perpetradores de carmelitanas son periodistas líricoembusteros-mmtimentales ...... Los I\Ue escriben algo que
pueda leerse son pocos y tienen que defenderse de una jau-

EL DANTH: E.r."l" "hIEXICO.-Los licenchulos.

{"Íade sietf:mesinos, que ladran á. to_:lo lo que es levita limpia y sentido comun ...... ¡Uff, amigo, uff!. ... . .
Y Satanás estornudó.
-Yenga usted, continuó, venga usted por aquí cerca y
verá el suplicio á que he condenado á todos los. habladores, á los que gastan la palabra en infiernitos, á los que,
desde una tribuna, desde un periódico ó desde una cáte·
dra, pronuncian apotegmas fantástico@ 6 necedades sentimentales.
Y cogiéndome por el brazo me llevó en un santiamén á. un salón donde muchos individuos alineados
frente á otros tantos fonógrafos de bocina, escuchaban
sin cesar sns propias arengas_.
Allí estaban los patrioteros que excitan al popul~cho
con estúpidas palabr.ts altisonantes, en las fi~stas cívicas;
allí se hallaban los par;amentaris1,a~ en embrió~, q~e P!edican jacobinismos del terror, ahora que las mstituc10·
nes se basan en la conciencia del país y no se bnmbolean
con el airecillo que agita, al pasar, una sotana; ahí
se encontraban los. que tras de ca,fa banq11ete infligen
vilipendios !mngrientos á. la palabra, para adular las orejas de 110 magnate; ahí se veían lo,3 poetas melenudos
que asaltan Jas tribunas para rim~r majaderías. de c:t-jón,
ante una multitud que no sabe m qué es patria, m qué
es libertad ni qué es derecho; allí 1 por último, penaban
los frailes presuntuosos que envo lvieron en. metáforas,
recortaron con Plipses y estiraron con paradoJas, la palabra de verdad, para proporcionar frívolo pasto á esa aristocracia romántica que exige para ir á los templos que
el gendarme retire á la gentuza, porque apesta y lleva
rotos los vestidos ...... allí está.han todos los que han be ·
cho del verbo infiernitos de pólvora y luces de artificio,
cariacontecidos y gestosos, con e~pción de D_o~ Joaquin Redo, que escuchaba con deleite la repet1món de
sus brindis pintorescos, echando sólo de menos los cal•
dos respectivos ..... .
-Venga usted, venga usted, exclamó de 1;1uevo el jefe,
y empujando una puerta, me mostró en la cintura de una
roca, al borde de un precipicio, á una.~ cuantas docenas
de amordazados.
Estos, me dijo, son abogaios, chicaneros y parlanchines, sofistiqueros y ladinos; aquí están todos los que pro•
ba.ron que lo blanco era. negro, los que desde la barra de
la acusación lanzaron anatemas contra reos inocentes por
lucir la fuerza de eu facund(a y la energla de sus após·
trofes; los que desde la barra de la defensa, voc iferaron.
sincf)nvicción en bien de un pillo q11e les pagaba mucho;
los agentes del MinU,terio público queexpect&lt;?r:iro1;1 foimidables requ1s1torias con•
tracien pobres diablos,
con el único fin de que el
Ministro se dijt:se:
-uEste muchacho es
de provechan ...... todos,
en fin, todos los que en
nombre de la elocuencia
y en virtud de la ambición, conculcaron los
fueros del derecho, los
fueros d.el deber, los fueros de la conciencia!

•••
departalD.ento

EL DANTE EN MEXICO.-Los a.utores de medicinas de patente.

De un
inmediato llegaba. á ruí
un rumor como de fuen•
te surtida porgruesa linfa de agua. Satanás leyó
en mi rostro la curiosi dad, ymurmur6:
-Los envenenadores!
Venga usted á verlos.
Y fuimos.
En amplia corriente de
agua se debatían, bañados por grueso chorro
de .... medicinas de patente! los intoxicadores
de la humanidad. Los
médicos de todas las épocas. Del espacio llovían
píldoras, .pastillas, cápsu.-

las, y de un ~ran·canal de hierro, emuleionee, aceites,
ungüentos, vmos, emplastos, cuanto la fantaaia ha inventado para explotar, intoxicámtola impunefllente, á la
humanidad.
Nunca un castigo me parecio má.~ idóneo que aquel,
presa de una exaltación impropia de mi carácter flemático, exclamé:
-Rabiad por los siglos de los siglos!, descomp'lnedores de estóma~oe, altt:radores de bílis, envenenadores de
sangre, casta infame de forjadores de píldoras homicidas y de dinamitas higiénicas que habéis· causado· más
males que la P.i1.z Europea ... Ribiad por siempre!» Trás la
cual antífona, Satanás y yo tomamos una taza de choco-

r

late.

( Continuará.)

ETERNAS.

Quedóse para siempre
vagando mi tristeza
dentro del alma herida
por un dolor aleve:
,
como un huérfano aroma
de virginal pureza,
cual pájaro que agita
sus alas en la nieve.
La musa de mis versos
tornó la faz soro brfa
y altiva desde entonces
mis dudas no consuela:
huyó de mis estrofas
la trémula harmonía
y su himno apasionado
no canta Filomela ..... .
De mis recuerdos gratos
al mágico conjuro,
surgieron de la sombra
mis cándidos amores:
y ví tu rostro de ángel
tan pálido y tan puro,
cubierto por las rosas
de tímidos pudores.
Y al sol de tus pupilas
hermosas y eerenas
que el llanto de la ausencia
tal vez obscureció,
tornóse en blanca aurora
la noche de mis penas,
se fueron los pesares,
mas la tristeza no!

Y ha sido desde entonces
mi ilulce compafiera,
de todos mis ensueños
y mi dolor testigo:
y así dentro del alma
mis novias, cuando muera,
al fondo del sepulcro
podréis bájar conmigo!
J89i.

F. Tiraorna.

Háblame más ...... y más ...... que tus acentos
me saquen de este abismo;
el dia en que no salga de mí mismo
se me van á comer mis pensamientos.
CAMPOAJlOS.

DOMINGO 14 DE MARZO OE 18.a-,

EL MUNDO

'73

-Tenías un complot preparado contra tonce!=, á falta de su persona, tenía nna reserva de buenas
mi, decía, cuando lleno de confianza yo p'.llabr&lt;l..~, de buenos consejos, de afectnnsas demostram(dirigía· á casa de ella para tomar una cione!:',
Ganó una reputación de bondad, de criterio y de pntinocente taza de té.
La Señora Fourneron eRcuchaba levan- dencia· se convirtió enel oráculo de los unof", la pro\"itando los hombros y amenazando con el dencia1de los o·tros y una autoridad para todo?. Pero la
casa que amaba con predilección, la casa donde reinaba
dedtt al recalcitrante.
-Paearás el trago, le decía. De m:is le- como autór.rata, era lade su sobrino Fernando ])uvernoy.
Ahí la hacía de bienhechora. No había casado ella á
jos he llevado á otros al pie del altar.
Fernando? :So fué merced á sus enérgicas reprimendas
Y en voz baja añadía:
-¿No ves ú Fernando lo feliz que vi ve como rompió él con París donde vivía, el diablo sólo sa-,
be cómo? Xo se encontrú, gracias ¡1 ella, á Elena de Aucon su Elena?
-Feliz, feliz, repetía Jacobo; no me bian en su camino?
Elena de Aubian, huérfana, ·educaba. con maternal ;'8r·
opongo á ello, pero recuerde usted que
los hebreos se dejaron de la roano celeste nura á un hermano menor que ella algunos año~; acaso
y echaron de menos las cebollas de Egip- habría rehusado casarse para consagrarse á él, si una ire•
sis.ti ble vocación de marino no se hubiese revelado en el
to.
Entonces la Sel1.ora Fourneron se en· adolescente y si Fernando no la hubiese dicho:
fada.ba no admitiendo que se tuviese la
-Mi casa será siempre la suya si usted me hace }agra•
mellor duda sobre la felicidad de las unio- cia de aceptarla. Felipe encontrará en mí un amigo, un
nes que ella había aconsejado.
verdadero hermano.
Casar á los unos, bautizar á los otros,
Bajo la influencia de la tía Fourneron, deseaba él apaenterrar ú estos, ver nacer á aquelloe,
sionadamente serle agradable á Elena, encontrándola coconstituía para ella un círculo de ocu· mo la encontraba tan linda, con sus ojos de un azul propacionesexquisitas que parientes y amifundo, sus ligeros cabellos de oro pálido, su alta talla gra•
gos estaban obligados á proporcionarle. ciosa y fragil; y sobre todo, tan sencilla, tan dulce, tan reElla escogiá. los lutos y la ropa para el posada, euemiga de lc,s caprichos, de las intrigas y de las
futuro niflo, ella discutía con la comadro- grandes _pasiones.
r a ó con el enterrador, enloquecía á los
Elena vaciló largo tiempo, dudando de sí misma, te•
médicos con interrogaciones múltiples y miendo no saber retener en la tranquila vida del hogar
no había proyecto de matrimonio del cual doméstico á ese parisiense recientemente convertido.
no recibiese la confidencia, ni un enamoPor fin, después de largas indecisiones cedió y no tuvo
rado que no implorase su socorro; sabía motivos para arrepentirce. Era plenamente feliz desde
la cifra de las dotes, la edad de los padres hacía dos años, cuando dió á. luz una niña.
en linea directa y en línea colateral.
El día en cuestión, era, pues, día Ce bautizo.
Cuando desees casarte, acude il la tía
La t'ia Fourneron, resollando recio, atareada, corría de
J'ourneron.
una pieza á la otra, abría los grandes armarios, sacando
Ese incorregible bromista de Jacobo porcelanas de Saxe, les crista.les y la vieja argentería.
parodiaba así los mandamientosdeDios,
Por donde quiera reinaba la agitación, la zambra inhecon gran escándalo de las piadosas se- rente á esa clase de fiestas, pero, en la cámara de la joven
ii.oritas de Lezines¡ pero qué podían las madre, todo estaba tranquilo y silencioso.
bromas 6 las buenas palabras contra una
De codos sobre sus blancas almohadas, mhabaellacon
influencia tan bien establecidai
una ternura infinita al bebé, todo envuelto en linos yenLos bromistas ·estaban con Jacobo, los cajes1 que dormía á puiío cerrado, en su cuna.
serios con la señora. Fourneron. Ella
Por la v·entana abierta, entraban 1a brisa de Abril y los
1
aconsejab3i dirigía y juzgaba én último olotes de la primavera.
Elena aspiraba con ;aelicia ese aire embalsamado. rnn.
caso.
En otro tiempo había sido casada, rica · emoción de alegría inundaba su corazón: ¡Ah! cuán fácil
y joven¡ las bancarrotas se llevaron la for- es·ser feliz y qué dulce es la diéha!
PRIMERA PARTE.
tuna, la enfermedad al marido; los años, la juventud; sóLa sombra de una tristeza pasó por sus ojos: tres meAquella mañana, la Señora Fourneron se sentia extre- lo los gustos por el derroche y el lujo permanecieron. $es transcurridos ya desde el nacimiento de la querida
Esos gustos, ella no podía satisfacerlos sino en casa de pequeñuela y aun permanecfa, ella, ]a madre, condenada
madamente dich0€a .
Hacía que preparasen la mesa para la comida del bau- otro; en casa de otro solamente, volvía á . encontrar las . á la reclusión y al reposo.
comidas suculentas, los caballos, los coches¡ pero para
1 ismo, conferenciaba. con la cocinera, amonestaba á las
La ceremonia del bautizo había debido ser diferida
j\Jvenes sirvientas, dirigía toélas las coeas á su antojo en sentarse á esas mesas ricamente servidas1 para montar para esperar, con la8 vacaciones de Pascua1 la llegada
la casa de su sobrino, el pintor :Fernando Duvernoy.
ií. esos trenes, comprendió bien que necesitaba. e.rea.rae de•
del padrino, ese hermano tan amad!), ese Felípe de Au ·
- j :--;ueetra buena tía Fourneron! ¡ Eea excelente tía
rechos: esos derechos fueron los buenos oficios.
bian, retenido por los estudios de la escuela naval. Oh!
To oficiosidad convirtiúse para ella en una profesión sobre este pullto ella se mostró firme, resistiendo :'i. fas
Fourneron!
Así exclamaban, en un concierto universal de a.laba.n- Iucrati va; se hizo oficiosa como se hace uno abogado ó lobjecíories de a madrina, la Srita. Aglaé de Lezines1 y á
z::i.s, no solamente sobrinoe, sobrinM, primos y primas,
médico.
las observaciones de la tía Fourniron. No, Do cedería;
«Usted no piensa jamás en sí misma, buena tía ]:'ourt-ino los amigos, los enemigos, los extrafioe, la ciudad
era preciso que Felipe sacase de pila á la. preciosa chide Pontarlier toda entera. Porque era de notoreidad pú- nerón; usted se olvida de sí misma por los otros, decían quilla. Además, eeperaba estar de pie, curada¡ esperaba
blica que la Sefiora. Fourneron: se mostraba para tea.os las gentes de corta vista. Modérese usted, porqu.e se seguir á la i'glesia al dulce cortejo y tomar su· parte y s•
Rmigable, oficiosd, maternal, como decía ese pícaro bro- mata.n
sitio en aquella. cara reunión dE:&gt; familia.
Ella.-nó se.moderaba en efecto, sino en las ocaaionee· e:e:
rnista de Jacobo de SommereF, que no le perdonaba que ·
Ahora bien, Felipe había llegado la víspera; el bau~i•
que un pariente pobre la llamaba á su socorro; pero enbubieEe por tres veces pretendido casarlo.

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

174

zo debía celebrarse dentro de algunos instantes, pero la
voluntad del viejo médico la retenía aún en su lecho ó
en su chai.ae-longue,

- :-fo, no, mi querida enferma, seria ut1a imprudencia;
usted no puede aún ni salir ni andar.
Y de aquel arresto inexorable, era de lo que la joven
madre se entristecía.
En aquel momento un golpe muy ligero hirió la puerta. Una voz níaacalina que se suavizaba al suplicar, murmuró:

Tafilbién hizo fracasar la perapiciacia de la señora
Fourneron y realmente creía en su curación próxima, aún
cuil.ndo sus fuerzas tardasen en volver más de 10 que había supuesto.
Un poco de anemia, había dicho el médi.co.
Esta palabra tan dulce de anemia, que oculta cosas tan
graves, adormecía las inquietudes y arrullaban las ilusiones de todos los que la anu:1.ba.
Por fin un día pudo levantarse y apoyada en el brazo
de Felipe dtscender al jardín.

-¿Puedo entrar?
-Sí, sí, dijo ella vivamente, con un rayo de alegría en
los ojos¡ entra, Felipe.
l""n joven de dieciseis años que llevabr el traje de los
educandos de la Escuela naval, penetró al cuarto, de puntillas¡ tenía entre sus brazos un enorme haz de lilas.
-Las he cortado para tí, Elena, ¿las quieres?
Y como se aproximase al lecho, ,ua le tomó la cabeza entre las marn~s, y mirándole hasta el fondo de los
ojos:
-La querrás mucho, le dijo, no es verdad?
-¿A quién? preguntó él sorprendido.
Ella le indicó con un gesto á la niña.
-Ciertamente la amaré, pues que es tu hija y va á ser
mi ahijada. A propósito, ¿qué nombre le pondremos? Te
has decidido por alguno? El tiempo urge. Aglaé, como
tu prima Lezines,_ su santa madrina, ó Fllipina, como yo,
su indigno padrino? ¡Dos nombres muy feos! Pobre chi·
quilla. Un nombre feo es como una etiqueta grosera que
le colocan á uno sobre la frente. Yo amo los nombres de
flores: Rosa1 Margarita; 6 más bien, pues que es bautizada en el tiempo de las lilas, si quieres, Elena, la llama1-emoe Lila.
Ella dijo sonriendo debilmente:
-Lila es lindo¡ ¿pero qué dirá nuestra tia Lezines?
No hay Santa Lila en el Paraíso.
-Bah! Santa .A.glaé y San Felipe bastarán para la protección celeste; déjame llenar con ella mi primer deber
de padrino, que es el de pone1·le en la frente una linda
,etiqueta, elegante y perfumada.
-¿Y la querrás? ¿no serás celoso?
-No seré celoso, aunque bien comprendo que va á robarme una parte de tu cariño; la más grande, la mejor¡
la amaré en tí, te amaré en ella. Bendigo á Dios porque
te envió á esa niñita en el momento en que tu hijo grande va á partir.
Después, viendo el terror maternal que pasaba por los
&lt;&gt;]os de la recien parida1 y reprochándose la emoción que
le causaba:
-Oh! exclamó, esta partida es bien lejana; no pensemos en ella¡ pensemos más bien en hacer aceptar á la
madrina el lindo nombre de Lila.

DOMINGO 14 DE MARZ DE 1897

quienes la ternura fraternal sea la afección dominante:
Elena era de estas.
Ese niño á quien había ,,isto crecer cerca de ella, le era
caro infinitamente, y ahora que se convertía en hombre,
se sentía orgullosa de él, orgullosa de sus brillantes estudios de oficial de marina, de su belleza, de su audacia,
de la franqueza de su mirada, de su conversación alegre.
Le parecía ver revivir {!,l padre tan largo tiempo llorado.
Ciertamente amaba con ternura á su marido que no la
contrariaba jamás y no la comprendía¡ per.o adoraba á.

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II
l.l'ué llamada Lila, no en las fuentes bautismales acaso,
-pero en la intimidad del ho~r.
Yanamente la madrina, la señorita de Lezin.e, insistió
para que el nombre de Aglaé fuese preferido¡ todos los
,otros miembros de la familia se ligaron contra ella, sobre todo M. Duvern.oy, que amando como artista todas
las cosas que salieran de lo trivial, pronunció como Ultima rrttio que el nombre de Lila le agradaba.
-Quiero dibujarle-dijo-armas parlantes.
En efecto, cuando se decoró la camarita que la joven
madre llena de gozo organizaba al lado de la suya, para
iustalar al niño, el artista pintó sobre las blancas tapicerías, sobre las maderas, en todas partes, graciosos r~mos
de lilas.
Complacíase en esta tarea de la que Elena se mo!ffra.ba
.reconocida.
El tiempo de las vacaciones pasó para Felipe, ese afio,
&lt;:orno pasan las horas benditas de las cuales se guarda to•
da la vida un recuerdo conmovedor.
Aun cuando la convalescencia de la enferma fuese larga
y algunas veces el viejo doctor tuviese sobre la frente un
pliegue cuidadoso, nadie pensaba en inquietarse. Elena
permanecía sonriente y á las preguntas de su marido y
de su hermano, respondía invariablemente:
-Voy muy bien, ae los aseguro á ustedes; me cuido
por exceso de precaución; siento que cada día vuelven mis
fuerzas; pero como soy muy prudente, no me muevo
aun.
Esto es todo.
Los dos hombres se dejaron engañar.

ces de hacer reventar de envidia á Pantagruel de Gargantua.
«Tu me estimas demasiado, Eegún lo espero mi querido
muchacho, para pensar que es de mis bodas de lo que
se trata. ¡No! ¡No! Yo he tenido la fortuna de despistar
haeta hoy loa satánicos complots de la tía Fourneron.
c,Buenas luchas me ha hecho; el otro día me hizo acorrerla porque había caído de un coche¡ como comprenderás, no cayó sola; iba con ella una viuda encantadora, pero no me rendí¡ el expediente, de verdadera ópera comica, es ya demasiado viejo.
u Yo resisto á. la viuda y resistiré á todas las huríes del
profeta si me piden que las lleve :.t la alcaldía.
11Ese funcionario del Estado civil á quien yo venero
sinceramente, me hace el efecto de un jarro de agua fría
luego que una mujer me habla deél.
uOh! esa _tía Fourneron! La casamentera rabiosa! Dios
padre hará bien en prohibirle la entrada al paraíso, si desea, como se afirma, que los hombres permanezcamos
célibes.
uAsí, pués, no es de mí de quieri se trata, sino de un
amigo mío, llamado Leódice Martín. Se casa en Brest con
una de sus primas; debe poseer tambien alguna tía contra las maniobras de la cual no supo guardarse y me ha
pedido que sea su gar(Jon d'hon_neur.
c,Con una imprudencia indigna de mi edad, instado mucho, he consentido. Parece que ese:: puesto glorioso de
[J(irro1t d'honneur encuentra dificilmente candidatos. El
celibatario se haca raro con esta m.anía que tienen todos
de casarse; con la leche en los labios. Los reiractarios1 los
que desatan todas las redes en que se les envuelve, si no
se en.san con la mano derecha, se casan con la izquierda.
La libertad nada gana con eso. En suma, el infortunado
se encontraba en grande apuro y acudió á mi solicitud.
uEs un gentil muchacl10, muy chic, muy hiyh lije, uno
de mis m,is agradables conocimientos en el mudo parisiense. Yo quería complacerlo, agrad9.rlo, y prometí lo
que quirn.
11;:.;i. mipequeño, prometí:el acontecimiento era aún
muy lejano; se cree neciamente que lo lejano no llegará;
además1 yo soy de aquellos que no detestan los proyectos, que adoran los viajes en perspectiva y que, llegado
el momento ...... En fin, si hay que oír la confesión entera de tu viejo y respetable primo, te diré que tengo en
estos instantes una aventura imprevista cuyas probabilidades no quiero abandonar¡ los aueentes siempre pierden, ya lo sabes.
11Por solícito que sea yo, ya compranderás que no voy á
.atravesar la Francia cuando la caza está abierta, cuando ......... cuando ......... cuando te11go mejores coRas que
hacer aquL ....... ¡demonio!
uPílades. en ocurrencia semejante, no hubiese hecho
por Orestes más de lo que yo hago en este momento; él
le hubiera escrito á su pequeño Felipe:
e&lt;Ocupa mi lugar, esto, casi no te molestará; hazme el
,servicio de acompafiar á la vicaría y al Registro áedeimbécil que se deja casar. Acaso te diviertas, acaso te adjudiquen una seílorita de honor aceptable, que responderá.
modestamente á tus ensayos de conversación: uSí señor¡
no sefior1 0 enrrojeciendo mucho de su atrevimiento. A
tu edad, se debe amar aún á esas pollitas, pero para un
viejo zorro como yo .. ...... . que pobres liebres!
Envíame rápidamente tu consentimiento, espero que
no tendrás el corazón demasiado desnaturalizado para
J"ebul!;ar 1i un pariente apenado, esa prueba de respetuosa
deferencia.
uTe eetrecba la mano.
J AOOBO

Las vacaciones del joven marino iban á espirar¡ unos
días más y se iría¡ dos aflos más que pasaría sobre el buque escuela y luego haría su primer viaje marítimo. Entonces vendrían las largas separaciones y las angustias
mortales!
¡Cómo sentía ella en ese momento toda la magnitud
de eu ternura y el amor-casi como el que profesaba á su
hija, por aquel joven que partía!
Ciertas muj_eres han nacido para ser madres, otras para esposas, otras para ~ante&amp;¡ aquellas sacrifican el hijo al marido; estas el marido al amante. Hay l)OG~ para

Felipe qae la C.&gt;ntrariaba frecuentemente y la comprendía siempre.
El tiempo de la escuela naval transcurrió para Felipe
ain incidentes notables.
Esperaba con impaciencia la orden de su primer em ..
barque, cuando recibió de Jacobo de Sommeres la carta
siguiente:

1,M.i viejo Felipe:
u¿Te agradaría ser gar~ d' honrumrJ ¿Sí?Pues no tienes
más que decir una palabra; te prometo unas bodas capa•

DE SmDlER&amp;s.11

P. S.-A propósito, en tu casa van bien, tu ahijada
balbucea y aun cuando su vocabulario sea reducido1 no
por eso se admira uno menos de la elocuencia de sus día-cursos. Su padre la adora tanto que se vuelve idiota.n
Por el correo siguiente Felipe respondió:
((Mi querido Jacobo:
uEstoy por completo á vuestra disposición y feliz por
presWlr á vuestro amigo el ligerísimo servicio que reclama.is de mf.
11Deseo también prestaros ese servicio á vos personalmente, cuando la hora del \riunfo de la tía Fourneron
haya sonado, y esa hora eonará sin duda alguna.
«En cuanto á las sefloritas de honor que responden enf"Ojeciendo: nsí eeilor, no eeñor,l) censtituyen en la hora

EL MUNDO

presente, como los plesiosaurios antidiluvianos, una especie perdida. Las jóvenes de nuestro tiempo eon sabias y amigas de disertar, capaces de ponernos en aprietos, de los cuales no c;iem pre salimos bien.
«Si yo encuentro en el fondo de la vieja Bretaña á la
ingenua de las antiguas novelas, bendeciré mi buena estrella, y me caearé y ,ros seréis mi gart;on d lzonnmr.
&lt;&lt;Esperando esto, quedo todo vuestro: enviad á vuestro
amigo.. T~ndr..i buena acogida.
FELIPE.&gt;1
La visita de S tn 1\.fut(n no se hizo esperar y la inteligencia fué rápida ent1 e los dos jóvenes.
-Os estoy muy agradecido Señor de A,ubian, del servicio que consentís en prestarme.
Parece que nada vale ese servicio y sin embargo, entre
mis numerosos amigos ninguno ha tenido la abnegación
de venir ú. fastidiarse durante cuatro 6 cinco días.
Los amig._is pariE=ienses, mi querido Seiior de Aubian,
son unos famosos cobardes; si les proponeis que ós sigan
illás allá del café Riche ó el BJsque, desertan. Es cierto
que los amigos de provincia no son más valerosos. Yo tenía la promesa de vuestro primo de Sommeres¡ pero él,
cuando menos, si falta á última hora, proporciona un
reemplazo y yo no pierdo en el cambio. No lamento,
pues, á los malos amigos que me han engañado y mesentiré muy orgullorn de presentaros á mi noviayá.mi futuro suegro. ¿Sabéis que me caso con mi prima? ¡Oh! un
matrimonio de conveniencias de familia: no soy roman·
cesco. Además, conozco á Valeria desde la infancia· ella
es dulce, sencilla, buena bija. Yo no amo á las mujere~
complicadas, y vos? Solo que os pido para todos mucha
indulgencia. ¡Ah, no son brillantes! Han vivido siempre
en provincia. El tío l\-fartín 1 todo ocupado con sus nego~
cios, que á fé mía prosperan ........ .

Ideas a.bsurdas de muchacha.! Desgraciadamente mi
tío, por otros motivos, se ha declarado contm mi. Ama
su i•it[(i y tiene placer en recibir ahí á sus invitadoE.
En suma, querido sefior, si os dignais el lunes próximo tom,ar el camino de fierro y descender en la estación
de San Thegonnec, encontrareis un coche y á vuestro
servidor que os esperarán.
Se levantó y despuee de haber una vez más dado las
gracias á Felipe, un poco más calurosamente ,de lo que
las &lt;"ircunstancias lo exigían, se despidió.
Felipe de Aubian a la Señora Elena D1n•mwy en Pontarlier.
ttMi querida hermanita.
Alea Jacta e1,t, que quiere decir en buen francés que voy
á ser gar,ón d' hann'!ur de un señor á quien no conozco.
ttTu debes tener por Jacobo la explicación de eete
enigma. El me despacha :i uno de sus amigos, un guapo
muchacho de veintiséis aii.os, muy chic, muy elegante,
demasiado elegante y demasiado chic neas: muy adulador también, el cual me abordo, y me habla poco menos
en este lenguaje:
¡ Eh/ Buenos dí.a.s .~n1or Cuervo,
Q11í: guapo e1stá usted.

Qué buen mozo me paree,'.

Yo no tenía en mi pico un queso 1 pero hubiera podido
tenerlo sin inconveniente alguno, porque el diablo ,me
lleve Ei roe dejó hablar una p3labra.
«Vino luego una tentativa para de1:lumbra1me con la
enumeración de sus hermosas relaciones en ese mundc
donde no penetramos nosotros, los pobres as.pirantillos
de marina, destinados á vivir como salvajes en lejanos
países. Yiendo que no me producía deslumbramiento
ni envidia, cambió de gama y entonó un himno en honor
Aquí M. Mar ti n hizo una pausa, se frotó las manos una
de la prosperidad de la casa Martín. "C"n poco más y
contra la otra, hizo sonar su lengun contra sus dientes y ·
me hubiera hecho palpar la cifra de la dote, pero no camiró á su auditor, esperando sorprender en sus ojos alrece de finura y bruscamente se interrumpió.
gun signo de envidia. Pero no vió smo la política resignación dde un hombre que escucha una historia &lt;lema·
siado larga, en la cual no toma gran interés.
-He &lt;libido fastidiaros con todos estos detalles de fami:ia; pero vamos á vivir como amigos, casi como hermanos, durante algunos dias1 y es conveniente que nos
conozcamos bien. Vos, señor de Aubian, vos sois de
aquellos áquienes se adivina de una ojeada¡ la carrera que
habéis abrazado tiene pordivisa: itlfonor, lrabajo, intrepidez.u
Basta vero$ para comprender que no faltareis á:esLadivisa. Pero nosotros, gente de fiinanzas, gente de bolsa,
somos más dificiles de penetrar. He aquí por qué, puesto
que me haceis el honor de asistirá mi matrimonio, procuro explicarme con vos.
Yo soy lo que el mundo llama un buen muchacho, pero soy tambien un hombre honrado en todas las acepciones de la palabra. La mano presta siempre á estrechar la
de un amigo ó á cruzar la espada con un adversario¡ (todos lo saben y me hacen justicia.
Ah! yo he teni~o de esas r.uestiones de amor y de esas
cuestiones de hónor! En fin, todo eso ha pasado, me or•
deno, puesto qus me caso.
Dios mío, es fuerza que os prevenga: Yaleria no es una
hermosa¡ algunos os dirán que yo be sido tentado por los
bellos ojos de su dote, pero me desolaría que me juzgase
mal un hombre por quien tengo tanta simpatía y tanta
estima.

Me caso por dar gusto á mi padre, en primer lugar y
en segundo para estrechar los lazos que unen la casa
l1artín de París á la casa Martín de Brest; pero me caso,
sobre todo, porque Valeria me ama: tiene por mí una
adoración tan vi va, tan profunda, que la pobre muchacha se moriría de seguro si yo la desdeñase. Hablo con
un hombre de honor, vos me comprendéis, caballero.

Y ahora lo he dicho todo. Mi matrimonio se efectuará
dentro de ocho días; se celebrará en el campo, e~ Keroech, donde mi suegro ha hec'1o construir una villa.
Yo hubiera preferid,&gt; á Erest; habría i.iJo mas cómodo
para todo el mundo, no es wrdad? Pero no han querido
ceder á este respecto.
Mi di[unta tía está ooterrada en el cementerio de Keroech y le parece á Yaleria que su madre, desde el fondo
de su tumba. nos bendecirá.

11:~t-~~~1
..,4,

-ª~,

'"':&amp;; -

v
):,-..

uEntonces se mostró buen muchacho, dedic{rndose á.
los intereses de la familia, casándose con una prima por
que tiene por él una vi va afección.
nY bien, que te diré yo, hermana! Ese señor no me
agrada y he lamentado haber consentido en servirle &lt;le
gar,ou d' h011:new·.
uEn fin, acabaré como he comenzado: la suerte esLi
echada., y es demaciado tarde para desdecirme.
1&lt;Pongo á. los pies de mi querida reinecita Lila tocla la
admiración de su padrino:

Felipe.11

( O,,itin'-"'rá)

�EL MUNDO

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DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

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í!a nota ae la moaa.
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ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>EL MUNDO

-

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DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

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í!a nota ae la moaa.
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ae flores.-'larro

"Gtbanico''.

ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

•

N(Jlllft, RO

J:IO

�EL MUNDO

"EI, MlJNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
HJl:xrco

Toda la correspondencia que se relacione con la R&amp;,.
4acci6n, debe ser dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y ee cobra. por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

.

Todo pa¡:o debe aer precisamente adelantado.
RtGiln'RA.DO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE•

Matas tbitarialts.
por qué uiue d "rl]antage."
Un grupo de personas resueltas h.a querido penetrar
en ese pudridero que mancha la prensa de todos los paf•
aes y que se llama cha,itage. Se ha pretendido realizar lo
que designó un colega con la !rase: la dMinfecci6n dtl perwdilmw, analizando actos y desentrañando hechos de
dudosa moral id.ad social. La tarea es más trabajosa de
lo que á primera vista parece, porque el mal tiene raiees
muy hondas, porque la plant.a se nutre del jugo extraído
de la tierra que la rodea.
El clu:,,ntagista, pícaro .fir. de siglo, que ha cambi rulo la
capa raída de Guzmán de Alfarache por el traje de etiqueta del caballero de los salones, y la rapiere de Satabadil por la pluma del publicista, encuentra en nuestro
medio un apoyo real, una base sólida, un escudo que lo
ampara y lo hace invulnerable, en la complacencia social, en la falta absoluta de va'torcivil para afrontar con
energía las vociferaciones de estos asltantes de la honra,
tolerados y sostenidos por las víctimas.
Esta tolerancia se traduce en una viabilidad positiva
de semejantes industriales, que encuentran mercado á.
propósito para colocar sus productos averiados. Si el
hombre amenazado con el escándalo tuviera suficiente
corazón para afrontar el siniestro golpe del flamante
bandolero; si se alzara á. un nivel superior, penetrándoee
bien de que dentro de los términos de ciertos pactos, tan
graves resultan para la moralidad social las proposiciones
del asaltante como la aceptación de estas proposiciones
por parte del asaltado, estos microbios perecerían.
La energía personal mexicana se derrocha en acciones
violentas, en actos impulsivos, pero nunca en actitudes
serenas y reposadas, jamás en tranquilos estadgs de conciencia, inspirados en el cumplimiento de un deber.-El
chantagista puede explotar canallescamente á hombres
manchados, puede fustigará impuros, puede acometer á
bribones; pero el hombre honrado que se deja envolver
y e:irtrangnlar en esa red infamante, y cei'iir su cuello por
eee dogal, es responsable de contribuir á la explotación
cín:cay desvergonzada de todos suscoasociados.
Es preciso fortificar ciertos músculos, vigorizar ciertas
fibras. inyectar energías en nuestra voluntad, siempre dispuesta á desfallecer en actos de suprema defensa social.
¡ Los hombres honrados que cgntribuyen al sostenimiento de los picaros, no cumplen con su deber!

Qfnfermebllbes sociales.
Juzgan algunos que el publicista está obligado á cerrar
los ojos, mostr.indoae ciego voluntario, á todo lo que no
es agradable. Imaginan que la prensa y el libro están
destinados á engañará. losespfritus con el polvillo de oro
de la mentira y las elocuentes estrofas de la adulación rimada.
Par.i estos criterios, tener la osad la de enfrentarse con
una dolencia social y escu:lrifiarla, y diagnósticarla, constituye un delito; en la conciencia humana, hidrópica de
saber, debe perpatnar.!e el error, antes de sembrar la
alarma y mantener en constante jnfancia á los cerebros,

arrojando sobre ellos pufiadoe de tinieblas y suaves pét.aloe de ro!!as.
lY nó! El publicismo moderno se dfatingue precisamente por su gran tarea de analizar enfermedades orgánicas, de desentrañar miserias, de destruir prejuicios, de
preparni: el porvenir con el estudio concienzudo y valeroso de los hechos. La ciencia, la gran impa~ible., como la
llamó Goethe, se difunde democráticamente entre las
multitudes1 revelándolas sus prolcngadas anemias1 descubriendo sus violentas convulsiones, dando á conocer al
hombre donde los idealistas y los cortesanos habían colocado al ángel.-No es preciso que una verdad i:ea agradable, ha dicho el ilustre Taine;¡ba..sta conque sea verdad/
Pero se nos dice, hacéis un mal á Ja sociedad en que vivís, haciendola saber de quá masa está fabricada. ¿'Mal
se llama sacará los hombres del error, ensefiarles sus vicios, sus defectos? Creemos nosotros que antes por lo
contrario, hay en la sinceridad de estas revelaciones una
gran ensef'ianza moral, un principio de alta conveniencia colectiva y de higiene social. Los pueblos se redimen de sus vicios por la ciencia, y hacer de ésta
una eterna cortesana, mercenaria que respeta todas
las cobardías y se inclina humildemente ante todos loB
caprichos, es desconocerla, prostituirla.
Pero todavía es más monstruvso el criterio que sostiene
que la exhibición de estas enfermedades desprestigia á.
los gobiernos. ¿Qué culpa tienen Josgobiernol!I de los productos morbosos de un estado social? Si el hijo de un alcohólico y una histérica tiene noventa probabilidades contra cien de ser candidato á. un delito, ¿se puede arrojar
el cargo al poder público de esta ley fatalmente necesaria,
y fuera de los límites posibles del Estado?
El Estado no dispone de las facultades extraordinarias de convertír el agua en vino y la concieñcia del culpable en el santuario de una virgen. La obertura del
Tannhauser no obtendrá gran éxito en una tribu de canf bales; nunca serán culpables los ejecutantes sino el auditorio.
Todo lo demá.s son extravagancias impropias de escritores serios, y que.tienen en algo sus deberes de educar
al público.

Jalftica &lt;l&amp;tntral.
RESUMEN.-La Cámara francesa en la Cuestión de
Oriente.-La última esperanza • .-......Aislamiento de
Grecia.-EI acuerdo de las potencias. -Aun no es
tiempo.-Concluslón.

Nube negra y sombría se cierne aún en el azui. cielo de
la divina Hélade. L1s grandes potencias ea ro peas en su
incesante afán de mantener la paz, y desoyendo los clamores de los infelices cretenses que rechazan la autonomía ofrecida, y anhelan sólo formar parte de la nación
helénica, han decretado oponerse por medio de la violencia á. las aspiraciones del rey Jorge, que ya soñaba en
la incorporación de la isla de Creta á sus Estados.
La actitud de la Ciimara Francesa adhiriéndose, de
buen grado, á la política &amp;.el gabinete que preside M. Mélline, y ahogando el sentimiento público que se inclina
en sus arrebatos romancescos á todo lo que es noble, á
todo lo que es grande, y rinde el tributo de su admiración
y ofrece el homenaje de sus simpatías á. los que luchan
en Creta por la santa causa de la libertad, ha venido á
desvanecer las ilusiones de los helenos que esperaban
encontrar si nó apoyo decidido en el pueblo francés y
material auxilio en el Gobierno de la República, por lo
menos una resistencia á los designios de los poderosos,
que indirectamente sirviera á la cansa del débil, á la aspiración justa del oprimido.

• •*
Según las manifest.aciones ruidosas á favor de Grecia
en las calles de París, según la opinión de buena parte de
la prensa, más dispuestJ á celebrar la desmembración de
Turquía y á. salud.ar al rey Jorge como paladín de la
idea cristiana, que á secundar las exigencias del emperador Guillermo, más que ninguno empeñado en reprimirá c&amp;f'ionazos lo que se h.a dado en llamar temeraria
aventura del gobierno griego: había motivos para creer
que la Cámara ::re interpusiera entre las potencias decididas á hacer valer la omnipotencia de sus re.soluciones, y

DDMINGD

21

DE: MARZO DE

1897

DD ■ INGD 21

los míseros súbditos del Sultán que han pretendido desJigarse de su -ominoso yugo, buscando el abrigo y acogiéndose al amparo de la madre común de los helenos.
No ha sido así: cualesquiera que sean las simpatías que-personalmente abriguen los diputados franceses por 1acausa de Creta, que es la causa delajusticia y de la libertad, han
debido sofocarlas y afirmar con su voto el lugar que Francia ha obtenido en el concierto de las naciones. Han debido pesar en su conciencia, no tanto las consideraciones
de amor á. la noble aspiración de los cretenses y al heroísmo de los griegos, que quedan abandonados á sus propias
fuerzas y expuestos á las iras fanáticas del Sultán y á la.
feroz barbarie de los musulmanes, como las conveniencias políticas generales, la necesidad de conservar un
puesto de honor en el trabajoso equilibrio europeo, y la
esperanza de atraer en favor de la República esa unidad
que no debe romper, cuando se trate de la evacuación
del Egipto, hoy sujeto á. la tutela britá.nica.
Parece que el sentimiento público se ha sacrificado en
aras de la alianza franco-rusa; no hay tal: si algún sacrificio se ha hecho, ha 8ido en aras del buen nombre y del'
prestigio de la nación francesa, llamada á desempeñar misión muy alta en no lejano porvenir.
Por lo domis 1 al garantizai: la autonomía de la revuelta isla, al comprometerse á su pronta paciflcacióñ, y al
desprenderla del dominio directo de la Sublime Puerta,
creen las potencias y con ellas Mr. Hanoteaux, ministro,
de relaciones de Francia, que se atiende lo bastante al
clamor de los pueblos, hartos ya de la dominación muslímica.

X.X.X.
Marzo 18 de 1897.

EL MUNDO

EL DOCTOR JUAN B. HIJAR Y HARD

( Apuntes para un estudio.)

Acaba de morir en esta ciudad uno de esos hombres
ameritados, á quien su excesiva modestia no dejó bri •
llar tanto como merecía, en las esferas altas de la política, de las ciencias, de las letras y de la diplomacia.
Me refiero al Dr. D. Jnan Bautista Hijar y Haro, nacid•)
-en Guadalajara el 24 de Febrero de 1830, muerto en México el 5 del actual.
Condiscípulo de Don Ignacio L. Vallatta, &lt;}.el general
Ignacio R. Ala.torre, del Lic. D. Emeterio Robles Gil,
fué, como estudiante, de los más notables en el Seminario de Guadalajara. Cursó con brillantez la medicina,
siendo uno de sus maestros más amados, el Dr. Clement.
En cuanto obtuvo el título, dió la cátedra de terapéutica
en el Instituto de Ciencias, é impulsado por sns convic·
ciones, salió á. campaña. como Jefe del Óuerpo médico
militar, á las órdenes del general D. Santos Dt:gollado.
La gravedad y muerte de Agustín Degollado, hijo del ge·
neral, le retuvieron en Morelia, en los días en que sus
compafieros fueron fusilados en Tacubaya (Abril de
18-59.)
Este triste suceso y el fusilamiellto de su íntimo amigo Herrera y Cairo, le infundieron más brío para combatir, en unión del señor su padre, en deíensa de las leyes de Reforma.
Su caracter bondadoso, su lealtad á. toda prueba, le
conqu.istaron amigos, como el heróico general Antonio
Rosales y el mártir Leandro Valle, que cargó su camilla
en Zapotlán, cuando Hijar y Haro, atacado por Daniel
Gómez, cayó del caballo con la pierna rota en cuatro pedazos.
Siendo muy joven el general Corona, trató y estimó á
Hijar y con él se fué á Espafia, llevándolo de Primer
Secretario, al reanudarse nuestras relaciones con la antigua madre patria, en 1874.
En Madrid fué donde conocí al Dr. Hijar. Tratábanlo
con cariño y con respeto los literatos de más nombre, y
yo, escuché la lectura de su poema 11Roberto y Laura,,i
en la casa de D. Pedro A. de Alarcón, la noche en que
allí se oyó por vez primera al gran tenorJulián Gayarre.
Manuel del Palacio leyó el poema. de Hijar que fué saludado con sinceros aplaueoe. Al conocer en Espai'la la
obra 1(Historia del Ejército de Oriente,u que escribió por
encargo del Sr. Juárez, y en la cual están descritas todas
las campañas del general Corona, se le nombró ccmiembro
honorario de la Real Academia de le Ilistoria," como se
le nombró también por sus diversos escritos 1&lt;miembro
honorario de la Asociación de Escritores y Artistas españoles,)) que presideNúfl.ez de Arce.
Intimo amigo del general D. Antonio Ros de Olano,
de D. Ventura Ruiz de Aguilera, de Castelar que lo distinguía constantemente, de Grillo, etc., asistfaá las veladas literarias, y sus versos cautivaban á. los más selectos
auditorios.

'***
Pero si la Europa juzga cumplidas sus obligaciones yllenada su misión, en pro de los esclavos cristianos que se·
debaten en convulsión treménda, por darse en Creta el
gobierno que ambicionan; el Rey, el gobierno y el pueblo de Grecia, inspirados por un solo aliento, empujados por la misma idea, y aguijoneados por el mismo deseo.
no se someten ni quieren inclinarse ante los designios
del más fuerte.
Retirarán su escuadra de las aguas cretenses. p:Jrque
sería inútil la resistencia y est.éril, ante los formidables.
buques que allí han amontonado los defensores del Sultán; pero las tropas que hace un mes alientan á. losrebeldes en el interior de la Isla, y que al mando del CJronel
Vassos han tomado posesión del territorio en nombre de~
su soberano 1 esas quedar.in en su puesto, y sólo cederáfu
el paso á. los soldados extranjeros áquienesdesafi~n á singular combate.
Ya se rumora seriamente el rompimiento abierto entre
Grecia y Turquía; ya ee anuncia esta resolución como la.
única que ha de dará Grecia libertad de acción, y que
espera la exima de la tutela que sobre ella han preten-dido ejercer los poderosos. Va.no intento: Europa que en
aras de la paz ha sacrificado sus tradiciones, y, aunque so-lo en apariencia, ha organizado una cruzada en contra
de los campeones de la fé cristiana y en defensa de la
oprobiosa Media-Luna; Europa quedió vida á Bulgaria,
á. Servia y á la misma Grecia, segregando después la Bosnia y la Herzegovina del patrimonio de los Califas, no
permitirá. que Greciaquede envuelta en una guerra que
tan costosa fué á. Rusia en 1877; no tolerará que, después
de sus gestiones y el unánime acuerdo que ahora reina,
se perturbe la mentida tranqu.ilidai de las naciones, por
la aventura peligrosa de un rey que quiere apresurar con,
sus escasos elementos, y aun á. pesar de los apuros financieros de su tesoro, la caída del secular imperio otomano,
cuando todavía los augustos sobenmos que lo asisten en,
su lecho mortuorio no han azordado en sus altos é ines.
eruta.bles designios, administrarle la extremaunción:
Y habrán de ceder ante la fuerza, habrán de calmar~
sus ímpetus los impacientes. Hoy es la autonomía de
Creta¡ mañana ser,t su anexión. Todavía no está maduro el plan que ha de hacer efectiva la cláusula más importante en el testamento de Pedro el Grande¡ el águila...
moscovita aun no se decide á extender sus robustas ala&amp;t
sobre la baailica de la Santa Sabiduría.

DE MARZD DE 1897

Educado con exquisita delicadeza, era de los que ae
captaban un amigo desde el instante en que lo saludan y
que logran con la buena forma seducir á los más tenaces
adversarios.
Hijar fné Miembro de la Real Academia de Medicina
de Roma, y Delegado de México en el Congreso de Americanistas de :Madrid (1881 ), de Higiene y Demografía de
Ginebra (1882), Penitenciario de Roma (1888) y Conferencia Sanitaria de Roma (1885 ).

•

En la época en que estnvo en lt.alia como Encargado
de Negocios, recibió muestras de consideración de la Reina Margarita, y presentes afectuosos del Rey Humberto .
Veinte anos sirvió sin descanso, en nuestras Legaciones y cuando regresó á la patria fué electo, primero Vice
Presidente y después presidente del Senado.
Como poeta, sus versos son dulcísimos, tiernos y delicados. PerteneciAndo á la escuela subjetiva¡ cantor de
sus propios sentimientos; admirador de la naturaleza ea
1odas sus grandiosas manifestaciones; tienen sus rimas
todos los encantos de una imaginación cread.ora y de una
sensibilidad incomparable.
Como médico le vi hacer curaciones sorprendentes; había llegado á establecer un trat.amiento para la curación
de los cálculos biliosos y otro para combatir la ataxia lo•
comotriz. Sus estudios sobre la lactancia aon de interés
muy grande.
Fué un hombre muy honrado y muy sano de espíritu,
Idólatra de sus hijos, puso todo empefio en educarlos é

JUAN B. HIJAR Y HARO
( De retrato pintado por su hijo el Sr. Alfredo Híjar.)

ilustrarlos, y logró ver realizadas sus esperanzas, pues
ellos corresponden con su talento y sus méritos á. los afanes de su padre. No son estos apuntes un estudio sobre
la personalidad de Hijar y Haro.-l!e reservo á. escribir
algo má!'I detenido y más en forma.-El dolor que me
causa su muerte no me permite todavía estndiar las tases
de su vida. Acabo de acompañarlo á. su última morada,
donde un buen amigo, Don Juan J?uentesSolís, hizo breve pero sentida sinopsis de lo que f~é Hijar para su pa·
tria.
¡Duerma en paz el noble amigo! ¡Duerma tranquilo el
que siempre guardó en su corazón las excelencias sublimes del sentimiento!
Hijar y Baro no deja un enemigo¡ practicó el bien,
honró á. su patria, sirvió de mil modos á. sus amigos y ha
legado una memoria sin tacha á cuantos le conocieron y
trataron .
Yivió como sacerdote del bien y murió com&lt;• un justo,
-Poco antes de cerrar para siempre sus ojos,-ya privados de luz por una ceguera inesperada que abatió su espíritu y entristeció su suerte-todavía recitaba alguna ertrofa de la alegria, que escribió para un poeta.
Hijar y Haro cruzó la tierra sonriendo y consolando.
Ya entró á ese reino en que solo la Historia perturba el
sueno cou sus aplausos ó sus anatemas. ¡Dichoso él que
solo encomios recibe con las coronas que cubren su
tumba!
JuAN DE Dios PEZA.
Marzo de 97.
PAGINAS ESCOGIDAS
DEL LIBRO

un

DESIERTO" DE PIERRE LOTI

Domingo 25 de Febrero.
Al espléndido amanecer; nuestro campo se despierta,
se estremece, se repliega para la partida. Sobre las rocas
que formaban muralla detrás de nosotros, se mantiene
la luna blanca que con su llpagada pupila en el cielo azul
nos ve partir.
Al punto, basta el mediodía quemante, las soledades está.n sembradas de guijarros negros, como espolvoreados
de carbón, y estos guijarros relumbran, brillan bajo el ardiente sol dando una ilusión de humedad á los sedientos
que pasan. Durante horas enteras,.desfilan las negras
soledades, llenas de espejeos¡ en algunos lug&amp;rt:s loe salitres y las eflorescencias de sales forman vetead('B grises. Nada canh, nada vuela, nada se mueve: Pero el silencio inmenso, está martillado á la sordina por el andar
incesante y monótono de nuestros lentos camellos.
A medida que se atraviesa una región menos muerta, al
borde G.e alguna cosa que debe ser el lecho deseado de algún torrente, crecen incoloros tamarindos, y pálidas florecitas blancas y hasta dos altas palmeras. Unagolondri-

'79

na gris croza con vuelo azorado, y Jas moscas de nuevo
ee posan en los ojosJlorosos de nuestros camellos! 1.."'nensayo de vida. Y dos grandes pájaros negros, los señores
del lugar despliegan sus alas arrojando su grito en el silencio.
Nuestros beduinos de escolta al ver las palmera!'i olfatean que hay agua bajo su delgada sombra y conducen á.
las bestias. En efecto, en una hoquedad de art::na, hay
una poca de agua y los camellos con gruñidos de alegría,
se aproximan, é intentan sumergir dos ó tresá un tiempo
sus hocicos mezclando sus largos cuellos extendidos.
Después el desierto comienza de nuevo, más seco y m,í.s
estéril. Nos alejamos siempre del Mar Rojo, desaparecido desde ayer, internándonos en las comarcas montaiiosas del interior. Cuántos valles lúgubres y grandes circos desolados atravesamos todavía antes del reposo de
la tarde! Nuestros camellos siguen siempre con el mismo .
balanceo rítmico que adormece, siguen casi por sí solos
las imperceptibles sendas del desierto, que han seguido
ó trazado durante innúmeras edades bestias semejantes
de las que descienden, en esa misma dirección, la t"tnica
un poco frecuentada de la arabia sinai"tica.
Hacia la tarde, pasan tres mujeree impenetrablemente
veladas sobae camellos jóvenes de hocico al aire. Un momento después, un muchacho bronceado, que parece inquieto de su huida, sigue la misma dirección que ellas en
la soledad donde nuestros ojos las han perdido. Su camello adornado con bordados, tiene franjas y borlas que flotan al viento en su carrera.
En torne nuestro, ámedidaque el sol se aleja, las montaiias se elevan y los valles se ahondan. Las montañas
son de arena de arcilla y de piedras blancas: aglomeraciones de materias vírgenes acumuladas al azar de las
formaciones geológicas, jamás movidas por el hombre1 y
lentamente deslavadas por la lluvia, lentamente caldeadas por los soles desde el principio del mundo. Afectan
las más extraHas formas y se diría que una. mano ha tenido cuidado de colocarlas, de agrnparlas, con aspecto
casi idéntico, durante una legua son 1:eries de conos sobrepuestos, escalados como con una intención de simetría, después las puntas se apJAnan y se convieTten en
series de mesetas cíclopes, en seguide se ven los domos
y las cúpulas como restos de ciudades fósiles. Y se permanece confuso ante lo rebuscado é inútil de esas formas de las coeas, mientras que todo desfila en el silencio de la muerte, bajo la misma luz implacable, con las
mismas partículas brillantes de moca de que esttt sembrado el desierto, en esos lugarEIB, como un monte de parada. A ratos uno de loscamelleros canta y su voz nos eaca de una somnolencia ó de un sueiio. Su canto es más
bien una serie de gritos de llamada, infinitamente tristee, en los que el nombre de Allah suena sin cesar y despierta en las paredes de los valles, claros ecos, sonoridades casi espantables que dominan.
En la tarde, á la hora en que la magia del poniente
desciende nada más para nosotros en el desierto, acampamos en un gran circo melancólico y todavía sin nombre, y todo él de arsilla grisásea rodeada de una muralla
de rocas gigantes.
El lugar carece de agua¡ pero para dos ó tres días todavía, tenemos con la del Nilo yel cheík, nuestro guía,
promete acamparnos mañana cerca de una. fuente
Tan luego como se mont.an nuestras tiendas, los camellos, desembarazados de su pesada carga se dispersan por
el camino en busca de raras retamas y nuestros árabes de
briznas secas para hacer fuegos, semejantes entonces, á
brujos de luengos trajes, recojiendo yerbas, al caer la tarde, para los maleficios. Y durante una noche, nuestra
pequef!.a ciudad nómade lleva la ilusión de la vida á. ese
lngar perdido donde no volvera jamás y donde mañana
reinará el silencio de la muerte.
Hay una desolación más y más grandiosa, en ese lugar, á medida .que el sol se abate y se apaga. Circoinmen•
so rodeado como de desplomes de ciudades¡ cosas caóticas derribadas, exfoliadas, ahondadas por fisuras y cavernas. Y todo ell,i como nuestras camellos, C(\mo nuestros
Beduinoa, como el suelo y como todo. es de esos tonos
grises, cenicientos 6 moreno ardientes que forman el foneterno, el fondo neutro y por lo mismo intensamente c1í.·
lido, sobre el cual el desierto arroja y despliega todas sus
fanstasmagorías de luz.
He aquí la hora del poniente, la hora mágica; sobre
las cimas lejana.e aparecen, en furtivos minutos, las violetas incadescentes, y los rojos de brasa; todo parece despedir fuego.

•

�O-OMINGO

EL MUNDO

180

DE MARZO DE 1197

escarpaduras, hacia arriba, y mirándome con el cuello
tendido, con aire de íntimo conocimiento; nuestros dromedarios que reflexionan sin dnda, en el medio de bajar
hasta el agua apetecida, y que gozan también quizá, á. su
manera., de la mañana suave.

Entre tanto el sol se ha ocult.ado, pero aunque todo se
en:.ombrece un fuego latente, un fuego que tarda en apaga1 se, incuba aún largamente bajo esos morenos y esos
grises que son los verdaderos colores de las cosas. Después, pasa un estremecimiento y súbitamente el frío desciende, el inevitable frío de la tarde en el desierto.
encendido en cielo inmenso, y nuestros beduinos, como
de costumbre, se han sentado formando rueda en torno
de sus luminarias de ramas-siluetas negras sobre llamaradas amarillas-doce de ellos r,e desprenden, vienen á
colocarse ante las tiendas, rodeando á uno que toca gaita,
y comienzan á cantar en-coro. Y segtin la cadencia lenta
qne el gaitero les marca, balancean la cabeza. El aire es
,·iejo y lúgubre, tal sin duda, como se oía eu el desierto
cuando Moisétr pasó. Más triste que el silencio es la música beduina que se elev:a, inesperadamente, gemebunda
y que parece perderse enel aire, no habituado al ruido,
ávido del sonido, como esas arenas están ávidas de rocío.
Jueves 8 de Marzo.
¡Oh, el Oned-el-Aln, el valle de la fuente! ¿Con qué palabras, con qué imágenes de frescura tomadas de los poe•
tas del antiguo Oriente, pintar ese Edén escondido en los
granitos del desierto!

A NUESTROS LECTORES

Con nuestro próx:imo número repartiremos el-tercer tomo oe nu¡,¡¡tra B,bliot"ca MiriWh,1,ro, correspondiente á Mar•
zo, é incluiremos aderD;ás, un suplemento relativo al Car·
naval en Mérida, para el cual tenemos aún hermosos
grabados.
E1, ::\-luNDO prepara una notable reforma.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

ENME:XICO.

\

•

1

El carnaval en Mérida
Qriental.''-Señorita Clementina González.
(De fotografia tomada en 10.&lt;l salones de ·'La Unión.")

rocas á plomo se deslizan y vienen á danzará trechos en
el hilo del agua remOvida.

•••

En una hoya profunda de paredes puliJas, que parece
algún sarc6[ago ct~ rt!y, suspendo mi paseo para bañar•
me;"Cntoncesal levantar lo~ ojos, apercibo graudes bt'S·
tias de asp~cto antidiluviano inclinadas al borde de las

'

'

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director general de "La Mutua.''
-l'rest&gt;nte.
Muy Señor mio:
Hoy he rt&gt;cibído de uLa ?t-Iutua,n Compai'íía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia•
gay t&gt;n Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)iiez mil pesos imporlie dela póliza número
071,958, bajo 1a cual estuvo asegurado mi finado esposo
til :Sr. D. Ftiderico S;:1nche.
Además, me ha sido eutrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos los premio1::1
que mí citado esposo pagó á. la Compañía desde ha.e.e
cnatro años que bOlicitó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obs1ante que mi repetido esposo falleció en Francia
á fines del afio próximo paeado, la Compafiia con todo
empeño, se ocupó de la tramitación de los documentos
para comprobar el íal!ecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las estipulaciones contt'nidas en la citada póliza.
Puede uet~d, Eeiior Director, si así lo deseare, dar pu blicidad á la presente, y me repito de usted afma., S. S.
corno albacea de la testawentaría de mi finado esposo el
Sr. D. F~derico Sanche.-AlU!e Sand1e.

,8,

EL MUNDO

DOMINGO a1 DE MARZO DE 1&amp;91

El. CARNA.V AL EN MERIDA

meóte sucede en Yucatán, merced á. largos añoa de tra•
bajo. Componen, en su mayoría, eEta sociedad, hacen- f
dados, banqueros, J;lropietarios, etc,. etc.
«El Liceo de Menda.u reune en su seno á los que, con
el fruto de afanes pasados, colaboran-en la obra del adelanto social.
f
Estas dos grandes agrupaciones son las que organizan
principalmente las fiestas carnavalescas que tanto llaman !,
la atención de los hijos de otros Estados de la República, y l'
de los extranjeros. Cada una, está presidida por u!'a
junta directiva que nombra comisiones entre los asoc1ados, para las fiestas.
El Carnaval está formado de varias festividades. Du ~
rante esos cuatro días recorren las calles, comparsos de
baile que toman tantos nombI'es como l!On los bailes que
ejecutan: negros, i,uJ.ioll, jú:aras, cinw, etc., etc. Estas coro·

1

"LA UNION" Y "EL LICEO"

•

•
Hay una paz especial, una*incomparable
paz de oasis
no profanado, que por todos lados rodea y protege el
desierto muerto. Y pasamos ahí sin prisa nuestras horas de espera.
Un solo momento de agitación en el día, á propósito
de una serpiente de gran tamafio, que se ha mostrado en
una palmera. Nuestros beduinos que la han visto de manera distinta que nosot,os, afirman que tenia dos cabe•
zas, que por consiguiente era Barkil, rey de las serpientt,s y que es necesario matarla. Y hacen una batida inútil á pedradas en las bellas palmas entrelazadas.
PIERRE L&lt;:rrr.

•
••
Cuando la noche ha llegado,
cuando las estrellas se han

Es la mañana, la mañana luminosa y yo exploro al·
ocaso el oasis encantador donde nuestra. pequeñ.a ciudad
de tela blanca va á permanecer uno ó dos días. En lo
mús hondo del valle corre un agua viva y clara en estanques de granito que tienen el pulimento del marmol trabajado y que no tienen ni una planta, ni una alga y cu·
yo fondo se transparenta como el de las piscinas artificiales para laa abluciones de los sultanes ó de las huríes.
Corre esa agua rara, esa agua preciosa, ya disimulada en
los últimos repliegues rosa de los estanques, ya esparciéndose en charcos arenosos donde crecen tamarindos y
soberbias palmeras desplegadas en penachos azules.
Se admira al pasar cada une de esos salvajes jardines.
Dei:.pués el rinconcito paradisiaco, repentinamente des~
aparece tras cielos bloca de granito enormes y no se ve
durante• algún tiempo más que laa piedras pulidas donde
el agua se encierra, hasta el momento en que el milagro
recomienza en alguna vuelta y otra hondonada encantada sobreviene. El cielo, naturalmeute es de una limpi•
dez de cristal, como debe serlo un cielo del Edé-n, y los
I),íjaros cantan en las palmas, las libélulas tiemblan posadas en los juncos y los reflejos solares á pesar de las

21

La fiesta de los yucatecos es el carnaval. Durante cua~tro días, en aquel lejano Estado, nadie se ocupa en otra
•cosa que en disfrazarse, en bailar y en el adornr- de los
cafros. Por eso el carnaval de Mérida goza de fama en
toda la República.
El Carnaval es el traje riquísimo que, durante cuatro
días del año, viste la capital yucateca. El traje cuesta
más de cien mil pesos, pero los hijos se proporcionan, en•
tre alegrías y entusiasmos inenarrables, la satisfacción
de contemplar embellecida á la madre amorosisima.
Poca.a fiestas se celebran como ese carnaval. Aquel es
un desbordamiento de alegría, un derroche de color y
armonía_, una hermosa competencia de ingenio y arte,
que absorbe durante cuatro días, el espíritu del pueblo
yucateco.
Asi las familias distinguidas como laa de clases populares, loa consagrados á la ciencia como los humildes arte·
sanos, en esos cuatro días, ee dedican exclusivamente al
placer. El carnaval es el descanso de un aiio de fatigosas
tarear:i.
En Mérida, capital del Estado de Yucatán, las :fiestas
alcanzan rarlsima animación, y en ellas se invierten su~
mas considerables. Toda la sociedad meridana contribuye para dar lucimiento á. aquellas extrañ.as 11olemniductes
en honor de ~fomo.
Desfilan en prodigiosa procesión, todas las manifestaciones del entusiasmo: aquellos son los días de locura de
una gente cuerda en exceso. El serio jurisconsulto lo
mismo que el travieso estudiantillo, la alegre niña, sonrisa de los cielos, y la reina del hogar, el pobre y el rico,
el viejo y el niño eligen un disfraz y salen á la calle t n
jubiloso coro, }?ara no volverá. sus cuidados, sino cuando
ya el sol del miércoles de ceniza avanza lleno de brillanteces, hacia el punto más alto del firmamento perennemente azul.
Y en medio de esa alegría, en los mayores transportes
del entusiasmo, no se registra una sola rifia, ni amarga
el placer un leve disgusto; todos, con las manos estrechadas, como en un grau coro, bailan al rededor del
dios ti.lomo, para tornar al día siguiente, á. donde los reclama la prosperidad de 18 patria.
Dias son, los de carnaval, de reposo para un hervidero
humano que fecunda con el sudor de su frente, la esterelidad de aquella región, y que ha logrado convertirla en
poderosa madre.
Piira organizar las fiestas existen dos sociedades ~La
Unión» y «Liceo de Mérida,)) formadas por las clases distinguidas por sus profesiones y por su riqueza.
1(La Uniónn está compuesta en su mayoria, por esa
clase social. que, careciendo de dones de fortuna. busca
en el estudio y en el trabajo diario, con los medios de
vivir, la satisfacción de haber cumplido con el deber. De
esta sociedad forman parte, abogados, médicos, escritores,
ingenieros, estudiantes, propietarios de talleres, etc. etc.
Reune en su seno, á los que con sus personales esfuer.zos, contribuyen á la properidad del Estado.
11Liceo de Mérida,n ea una sociedad formada por la cla,.se distinguida por su riqueza, adquirida, como general -

(Signe en 1a página lSJ.)

El carnaval en Mérida.-Batalla deflores.-Carro de ' 1 La Paloma''-NiñosAncona y Cámara.
( 2? Premio. )

"
~,.,.,,
,,
-

'

/ ,~

L

Sociedad ula Unión."-Pensam1ento.-Srita. Francisca Cámara B.
Batalla de flores.-Carro 1 ◄ Maripos-a."-3er. premio. (Familia Cireval.)

�EL MUNDO

182

DOMINGO

21

DE MARZO DE •B97

El Carnaval en Mérida.

DOMINGO H DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

EL CARNAVAL EN MElRIDA

~'

~ ..

:.r·

HLiceo de Mérida" .-Carro Japonés.-Familia Martinez de Arredondo.

las Ondinas. Sociedad "la Uflión ... -Señoritas Mercedes Peon Cisneros, Amira y Elia Evía, Elia Peón Cisneros y Celia Ruíz.

Salones de~la Sociedad de mestizos "Recreativa Pol'lular."
Templo OricnUI.-Carro alegorico de la Sociedad "la Unión."-Sritas Ger1.rudls Baquciro, Clotllde Baqueiro, Sara Tenorio y Raquel Prieto.

�DOMINGO

l&lt;L MUNDO

~cuajes de la ,6udad, ~radoe ·
p()i;..t,roncgR val_iosfsime~. ~n

•

OE

MllRZO DE 1lc17

F.L MUNDO

l&gt;OMINGO a, DE MARZO DIE ,t1,7

de flo ra , diversión que, desde
hace algunos años, urgWJiza el
«Liceo de ~érida.»-Un jurado nombrado por esta eociedad premia los tres mejores
carros que se lucen durante
el paseo. Ea la fiesta del carnaval, de mayor costo, pues se
gastan en organizarla wás de
veinte y cinco mil pesos.
De las sociedades de mest.izol!, asf como de sus di -versiones, nos ocuparemos en
el próximo número de este
semanario que dará. el domingo, un suplemento en que ee
publiC3riin losdem,s grabados
del (;arna.val de Mérida.

parsaa van á las casas á bailar y eon recibidas a llí aleg~'\. mente. En la:i i.ar.iUd1 de Véfl•
•i fican pst!a1..1s cdrt1Wva1escos, .,:. f
se _lucen los ~ ,61egantfJI""ca-..
la nOcffi.'é';" se venfican ba1\eeen
el L ~ o y en La Uni6n.
EnSre estos bailes, son dig
nos de menciona.rae, el del
sábado que celebra Et Lv:eo,
el del domingo que se verica
en L"' U,üon y loa del mart,eE
en ambae Sociedades.
El baile del S.i.bado es comunment.e de S.raje1 de {anta.•
sía. Damas y caballeros asis•
len disfrazados con ,vestidoe
costoeíeimos y caprichosos,
que dan aspecto verdader;1mente encantador al b.iile. El
bailedeldomingo, que ci:lebrs
uLa Uni6n11, es, sin duda, el
mlis concurrido d~ los q ,,e se
Terifican en l\fárida: los arnplioe salones de aquella sociedad quedan llenos de gente;
ee diticulta á lu p.t.rej.Li el
baile, pero éste es notable no
sólo por el número de c mcu•
rrente.s, aino tambien p,1r St:;
entusiasmo. L1a del mime
eon los m ·i s animados del carnaval; generalmente en uEI
Lioeo- terminan á la.e cuat.ro
y en "La Uni6n,1 á la.e seis de
la mai'iana. '
Td.mbién son diver~iones del
carll&amp;val los hawt?H, pa~eos
con que se da principio á hu
6.~st.as. En esM)S paseos, se lu•
cen primorosos carroa alegó·
rico&amp;, ct&gt;m!) verá. el lect.or, en
lOiJ grabados qué publicamos.
D-JS aon lo3 t&gt;aw:tos, uno· del
uLiceo» y ot.r1 de la 11Unión,•
ambas sociedades costean loe
carroe, que conducen hermo•
BM .aetioritas.
Por últ.imo, el marte.a, en la
mafiana, se verifica la batalla

2,

/\
Fragmento.
......... Todos nos forma moa
una ilusión del mundo, Uusión
poét.ica, sentimental, risueila,
melancólica, desagradable 6
trii;te, según el pro{)ic, temperament.o. Y el escntor no tie•
ne otra misión sino reprodu•
cir fielmente esta ilusión con
todos los procedimient.os de
arte que ha aprendido y de
loa que puede disponer.
Ilusión de lo hermoso que
es una convención humana!
Ilusión de lo feo que es una
o~inión que ee modifica! Ilusión de lo verdadero tJUe jamás es inmutable! Ilusión de
lo innoble que at.rae á t.antos
sé.res! Losgrandesar•t.in.asaon
los que impenen á la humanidad su ilusión particular.
ÜUY DE MAUPASSANT.

El carnaval en Mé:rlda.-Grupo ntervezaa.

$1 Domingo en la (alameia.
{Dlbyjo d•J. lla Vlll ■■ ana. ]

"Liceo de Mérida" .-Carro

11

Llra" .-SrlU. González.

�186

EL MUNDO

CUENTOS CRIMINALES.
BLANCO Y ROJO.

Alfonso Castro, escribía por última vez en su prisión.
He aquí el interesante manuscrito:
De los labios rojizos de un hombre de ley, un cualquiera con mirada vulgar y barba descuidada1 ha caido lenta, pesada, mi sentencia de muerte.
En otros tiempos, cuando la enfermedad ó el fastidio
me tiraban en la cama, he pasado algunass horas pregun•
tándome ociosamente cual 1:ería mi fin; mis ojos se abrían
C?º toda la penetración que me era posible darles, queriendo romper lo impenetrable, excudrii'iar y distinguir
11.lgo del momento definitivo que lo futuro me reservaba.
La~ dos muertes que yo veia como más probables eran
ó b~en un duelo buscado estúpidamente, 6 bien una bala
alaJada en ~l craneo por mi propia mano. La justicia,
mas precavida y dudando tal vez de mi buena punteria,
ha venido ,i. evitarme ese trabajo: en vez de una bala,
será.o cinco.
Durante el proceso-ruidoso y concurrido como no lo
fué nunca un estreno-apenas si he procurado defenderme: He oido vociferar, c~amn venganza en nombre de la
sociedad yen nombre deeUa; mi abogado, á quien apenas
conozco, 1;1n defensor de oficio, hacía lo imposible µar
probar m1 locura, 6 cuando menos atribuir mi acto á un
momento de enagenación mental. Creo que ante lo imprevisto &lt;;le mi caso, los mP.dicos hubieran podido declarar en m1 favor, pues efectivamente, en la conciencia de
esas gentes se neceeita estar irremediablemente loco para
cometer un crimen como el que he cometido. Mis jurados quedaban estupefactos cuando con gran pompa de
p_alabras. y e";ceso de negro y rojo, e1 agente del ministe•
no púbhco pmtaba los falsos sufrimientos de la victima
y lo monstruoi;io de mis sentimientos; verd~d es que entre ellos había un dueño de dulcería, uno de tienda de
a~a!rotes y u1;1 prestamista¡ el ser juzgado por estos ind1 v1duos ha sido una de las mayores ironías que el destino me reserraba
Cüando se habló de locura y mis antepasados d~sfilaron evocados por la gangosa voz del defensor, yo, me levaoté para protestar, repitiendolee que, mi razón completamente lúcida de suy0 , lo estaba particularmente en
el momento del crimen y puesto que no trato de excusar~e-añ~dí- r. claramente he confesado mi crimen y sus
móyiles, mút1l me parece emplear mezquinos subter·
fug1os.
Pasar por un asesino vulgar ó por un loco, era lo único que me sublevaba y el único cargo del que procuraba
defenderme.
Mi abogado, quien tampoco comprendía que un reo no
se PrE:Bt.ara á su propia ~alv?-Ción, no sa~ía lo que pensar
de m1. Durante las audiencias, al ver mi sangre fría, tac~ada 4e c~nismo por los periodistas, y mi poco, ó más
bit!n, mngun empeño en ayudarle, me tenía por el tipo
acabado del insensato¡ á solas conmigo 1 cuando en mi
celda me oía razonar y discutir sobre mi caso, me tenía
por cuerdo. ¿Por qué decidirse pues?
. Ahora bien, lo que ni jueces ni abogados han comprendido, lo que en su profunda ignorancia del ser humano y
sus aberraciones no han acertado á penetrar y atribu•
yen á. exceso de perversidad, decretando mi fin como el
de un animal dafiino; eso quiero dilucidarlo yo, expliri.rmelo, estudiarme, y ponerme frente á frente de
mí .~ismo como ante un juez, hoy que la erronea
Justicia humana para nada tiene que intervenir en mis
asuntos.
Un loco, evidentemente no lo soy. Pienso, discurro y'
obro como el más común de los mortales, mejor muchas
veces. Ser un enfermo, no lo niego, un enfermo pero un
-enfermo de refinamientos1 un Eediento de sens.icic,r.es
nuev~H!.

OOMl111GO

Cuando pienso en mi crimen, veo que necesariamente
debía yo llegar á él; era. un predestinado; estaba marca.do
para. seguir esa ruta, no en las mismas condiciones que
la mayoria, pero mas. evidentemente quizás. Enumerar
todas las crisis y todas las transformaciones de alma por
las que he pasado antes de llegar al extremo de mi camino, seria· muy dilatado, sin embargo, ciertos hechos
algunos accidentes de mi vida, hay que contarlos neceeariamente-, puesto que no son sioo los p:reoursores, el pedestal que se levantaba poco á poco, para colocar el más
grande de todoe, el más completo, el ultimo.
Naci inquieto, de una inquietudalarmante,con avidez
de ver todo, de conocer todo y de todo saciarme. Crecí
entregado á la fantasía de mi capricho que en mis primeros años me llevó á, la lectura, á la que golosamente me
entregué devorando hojas. rellenando mi cerebro de
ideas opuestas, verdaderas ó falsas, razonables ó absur·
das, dejando que dentro de mi se mezclaran á su antojo
tan disímbolos manjares.
Me complacian sin embargo los libros extraños, los
enfennisos, libros de una Literatura viciada, ansiosa de
novedad y de más allá, libros que me turbaban y que
helando mi corazón, marchitando mis sentimientos, halagaban mi imaginación y despertaban mis senti~os á.
goces raras veces naturales. Mi espíritu, sin idea fija que
le sirviera de aliento para la existencia, sin convicción
ninguna, no sabía nunca adonde ir, vagaba constante•
mente haciendo variar mis pensamientos á la primera
impresión. En realidad, en mt jamás hubo energía ni
voluntad, no hubo sino eso: impresiones.
Llegué á. comprenderlo y procuré buscarlas, encontrar•
las, en todas partes y á cualquier precio, como busca el
morfinomaniaco, la morfina, y el alcohol el borracho; fué
mi vicio y fué mi placer.
Como era natural cada vez íuísiendo más dificil en mis
elecciones y cada vez tenía que encontrar impresiones
más rebu.scadas; á meses de orgía desenfrenada, de fiebre
de placer, meses durante los cuales me consumía en las
locuras más imbéciles y más arriesgadas, se suced(an semanas de cGmpleta continenc!a y reposo; huía de mis
camaradas de desorden, venían depresiones morales,
que en mis desvaríos y en mi eterna peregrinación en
pos de sensaciones, me arrojaban á las plantas de una
im~n y me hacían matar mis días escuchando repiques,
genndos de ói'ganos y murmullos de oraciones, con tan
mala suerte, que siempre, cuando más grande era mi fervor y más creía estar cerca de la felicidad, una frase ridícula oída en un sermón, el rostro hipócrita, bestial•
mente irrisorio de una beata ó los defectos artísticos de
una pintura, me expulsaban de ahí, lanzándome en busca
de otra cosa.
Mi imaginación no podía estar quieta nunca, iba y venía disparatando, buscando siempre algo más, incansable.
Fueron caprichos amoroso~._..,. .. sin amor; pasiones que
pretendía tener, cuya pequems1ma llama frataba inútilmente de inflamar. La sequedad de mi corazón era notable; yo no sentía afecto por nada ni por nadie: me exaltaba, me esforzaba en amar con locura, en sentir pasar por
mi frente algo de ese di vino aUento que tan felices ha hecho á los grandes enamorados....... yo estaba imposibilitado de conocer eso; con esfuerzos me acordaba al mes
de la mujer á quien jurara amor eteroo y nunca pude
echar de menos durante media hora á la que me afanaba
por amar.
Quise refugiarme en el arte, estudiar y vibrar ante las
grandes concepciones, sentir el estremecimiento creador
del Poeta, el Músico ó el Pintor, pero incapaz de un tra•
bajo ~ostenido, iba de la Pintura á la Música, de la Música á la Eseultllra y de la Escultura á la Poesía, sin loorar
encadenar mi atención ni dominar la pronta lasitud 'que
como inquebrantable círculo, me envolvía.
'
Además, yo era ambicioso y algo conocedor, había estudiado á fondo los grandes maestros, habla vivido una época entera en los museos má.s célebres y la comparación
eD;tre los grandes y mi pequeñez me asqueaba de mí
mismo.
Erré en fin, entre todo aquello que pod.ia producirme
una impresión, no logrando sino excitar y hacer más sutiles mis sentidos.
Las mujeres no podían soportarme tres días por mis
exigencias, los amigos, excepto unos cuantos, tan enfermos como yo, me hufatl temerosos de ser envueltos en el
torbellino de extravagancias peligrosas que levantaba á
mi paso.
Los asesinos célebres. los aérea horripilantes, los diá.•
bólicos, me seducían. Yo soñaba con personajes como los
de Poe, como los de Barbey d' A.urevilly; me regocijaba
con los cuentos de este maestro y particularmente con
aquel en donde dos esposos que riñen, se arrojan á la cara., se abofetean con el corazón sangriento aún del hijo ·
pensaba en los seres 9-ue Baudelaire hubiera podtd¿
crear; los buscaba comphcados como los de Bourget y refinados como los de d' Annunzio.
En tal estado, nervioso y excitable como nunca un
día, en un prado, ví por primera vez á una mujer ~Ita
algo delgada, de andar muy lánguido y con la palidez d¿
una margarita. En sus ojos había un poder dominante
que envolvía y subyugaba. Procuré conocerla y trabar
amistad con ella, lo que no me fué difícil. La traté llegué
á interesl\rme por ella como no me había interesado has•
ta entonces por mujer alguna. Había en ella y en todo
cuanto la rodeaba algo tan raro, tan misterioso que
nolpodía explicar ni comprender, y que me aterroriza a
al tiempo que me atraía; era la sola mujer ante la cual me
sintiera temblar; la angustia, la opreeión que yo sentía
cuando sus ojos se clavaban en mí, no lo había conocido
basta entonces.
Su voz me rncabs. fuer&amp; de mí, tenía tonos únicos indefinibles y á veces-era también un&amp; adoradora. de Baudelaire-cuando recitaba)os versos del más inquietante
de todos los Poetas, yo sentía un soplo helado pasar por
todo mi cuerpo; eiriste una estrofa que nunca, nunca po·
dré olvidar y siempre resonará, salmodiando:

¡;o

Et comme dautrcs par la tendr.:ss",

21

DE MAPZO DE •807

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

sur ta vi.e .et sur ta jeuneBSe
moi, je i:euz regner par l' e.ffroi.
De tal manera guardo el sonido y la expresión de estos.
versos, que cuando las balas desgarren mi cuerpo, dominan~o el clamor.de la detonación, gritaran imponiéndose•
y remando efectivamente en mí, por el espanto.
Su casa estaba toda en harmonía con ella; ningún ruido, el rumor más leve era prontamente extinguido, las
alfombras ablandaban los pasos r las puertas no crujían..
nunca. La rodeaban objetos valiosos, libros precisamente encuadernados, imágenes rusas en las que las vestidura~ ~ran de _metal dorado; pinturas arcaicas, angeles -primitivos ó bien del más acabado modernismo ma(t'istralescopias de Dante Gabriel Rossetti, Burne, Jon~s y fiokleln •
sobre las mesas, ligeras1 delgadas, ocupa,ndo muy poc;
lugar, vasos de esmalte ó con Bacantes esculpidas en las
redondeces del marmol y sobresaliendo, rompiendo la
h_armonía, gestos macabros, expresiones de pesadilla, trágicos ademanes de marfiles ó mascarones japoneses.
Junto al piano cubierto de rico tapiz bordado con oro 1
baj? 1;1n busto del !nonarca de Bayreuth, todas sus obras: e l
fugitivo Lohengrm, el errante Tanhii.user las '\\Talkirias-.
libertadoras, los irónicos Maestros Canto~s la idílica la
sublime epopeya de Tristán é Iseult, las tinieblas del drepúeculo de los Dioses, y el esplendor del Oro del Rhin.
~a nacionalidad de la que podía considerar como mi
a1~11ga,~e era perfectamente desconocida y á pesar demis habdes preg!,lntas, nun~a logré averiguarla; hablaba
correctamente, s~n acento ninguno, el español, cantaba el
Alemán y el Italiano Cf)ffiO una Florentina ó una hija de
Hannover; su lengua favorita era el francés y su tipo se•
prestaba á todas las suposiciones: unas veces la creía Hú ngara, ;polonesa otras, Eslava algunas; Francesa 6 alemana eviden_temente no lo era; para ser hija de la Rt-pública, Imper10 del Arte contemporáneo, le faltaba espíritu,
locuacidad, le faltaba el sello que difiere á la FranCl.'sade
cualquiera otra mujer haciéndola enteramente pPnonal,
imposible de ocultarse; para lo alemán le faltaban los
modales pesados, ligeramente bruscos, la sonrisa exclusiva, la sencillez y la expresióri de hablar que c.1racteri•
zan á las rubias hijas del dorado Rhin. Yo no sabía puesque pensar: italiana 6 española¡ tampoco lo era para ser
Jo plimero ten'ia demasiado gusto artístico, para lo seg1;1n&lt;;to le fal~ba vivacidad1 fuego en los ojos y t&gt;n los mov1m1ento:1, ntmos y calor en la voz: las austriaca.i, son
una mezcla~~ Francesa y ~lemana! mur poco graciosas
para ser parisienses, demasiado delicadas para ser Berlinesas óHannoveri'anasóHamburgesas, siendo la mujeralemana generalmente la misma en todas parte:&gt;.
No p_udien?-? sacar ~da en claro, me conformé y -per•
manee• en mi 1gnoranc1a.
Un día, después que la música de Wagner hubo caído
severa, sugestiva, torturante sobre nosotros; fatigada, lánguida como nunca, se extendió sobre un diván. Sus bra•
zos -pálidos, aon palideces de lmaa, llevabao atados unoSlargos lazos rojos que despues de envolver el puño caian
como dos aochoa hilos de sangre.
Y una idea fantástica cruzó por mi cabeza. Vi á esa.
mujer blanc&amp;, desnuda, extendiaa en ese mismo diván;
la vi plástica, pictórica, escultural, un himno de la forma~· la vi ir palideciendo lenta, muy lentamente, el fue•
go de su mirada vacilando en los ojos ...... y la idea del
crímen surgió.
En la noche no pude expurgarla un momento, no pensé en las consecuencias y la palabra crimPn la tuve por
completo olvidada-en todo caso, el temor nunca mehubiera detenido-Para mf, aquello no era sino un goce
supremo, un exquisi.tismo como nunca me lo había pa•
gado; pertinaz, imborrable; me aparecía en la obscuridad,
blanca, desnuda, plástica, un himno de la forma; veía
sobre el Paros de su cuerpo, al extremo de lo azulado de
las venas, un ancho hilo saliendo, un arroyuelo rojo, de
un rojo cada vez má.s vivo, de un rojo más vivo, más.
cruel, mientras más tenue y más suave era la palidez de
las carnes.
Coo la idea fija ya de realizar mi deseo, la inicié en los
goces del eter; la ví cadavérica, sintiéndose inmediatamente ligen, volatilizada, no teniendo dentro de si más,.
que una pequeña luz de vida, refugiada en el cerebro,
ilumin.i.ndo el pensamiento, haciéndole ver todo y sobre
todo discernir con gran superioridad, dándole la clarivi•
dencia.
U na tarde, cuando dormía sin sentirse criatura humana, cuando dominada por profundo sueño paseaba en
algún «Paraiso artificial,~ mi bisturi fflBgÓ rápidamentelos pufios, la sangre afluyó tiñen-lo las ropas que torpemente le arrancaba, y la extendí por éompleto en el
di van.
.
La sangre brotaba por palpitaciones, corría manchando la mano, goteando de loa cinco dedos como de cinco•
heridas, rápida, •egruzca.
Yo la veía vaciarse, las venas se azuleaban, se aclara•
ban, eran abandonadas por el carmín¡ sus labios sobre•
todo, se tornaban en lívidos, mientras la sangre seguía
corriendo y extendiéndose como un tapiz. Ella palidecía, palidecía como yo lo había soñado, tan tenue, tan
suavemente como cruel era la herida del rojo vencedor.
Abrió los ojos, por su cuerpo pasó una convulsión, me
miró, algo ::itrav-esó en su mirada como una luz que seextingue y las palpitaciones de la· sangre terminaron.
Sus ojos me miraban fijo~, sus labios blancos parecían
decir por última vez:
Sur ta vie et sur ta jeunes.&lt;1e,
mol, je veux regner parl'ellroi.

Y yo quedaba inmóvil, extasiado ante aquella palidez,.
ante aquella sinfonia en Blanco y Rojo.
Marzo de 1897.
BERNARDO CouTO CASTILLO •.

~=..=.!=--=.!=--=.!=He amado á esa mujer de tal manra,
que no me volví loco, porque lo era,
CAMPO.!.MOR..

EL MUNDO

ee tímidas; no platicaron de
perifollos ó gansadas amorosa.a ni insinual'on en la con·
venación palabras de esas
que obligan á un señor de•
cent.e á las corteeanfas que
más mortificarle -pueden.
Sea que la indiferencia de
las hembras lastimara el vi•
drioso orgullo de aquel efebo
que como Hilas estuvo á.
punto de ser raptado por ]as
ninfas 6 que derechamente
se sintiese enamorado, ello
íué, que cierta noche, contemplando el hermes de la luna
y el chispear de los luceros,
juró á las dos criaturas una
pasión volcánica y trágica, á.
la que eUas, ignorantes de la
perfidia del amador, prometieron corresponder con
todas las fórmulas que en tales casos son de uso corriente y comón.
\,,
Aunque las muchachas por
1
su fisico eran más gemelas
que_ los Dióscuros, moralmente sus instintos estaban
siempre en contraposición;
Sabina era impetuosa y capaz de todas las locuras de
una impulsiva, Mercedes, por
el contrario, tenía la santa
bondad de las almas impecables y en su sensitivo corazón
solo germinaba una exigencia sublime: amar.
Sus temperamentos repre•
sentando fuerzas é ímpetus disimbolos, estaban subyngadoa á. la voluntad veleidosa del aturdido por las ligas
de una pasión de igual intensidad aunque revelada de
maneras muy diversas.
La psicología del ánimo de Fabián era curiosa y complicada.
Cuando palpitaron en sus órganos loe histerismos
de la pubertad, sus más próximos amigos y parientes llegaron á. creer de buena fé que estaba loco, tantas y tan
gordas fueron sus extravagancias.
En ese lapso de la vida en que la juventud echa á. vuelo susclamoreantes campanas y la hembra resurge ante
el adolescente con todos los satanismos del pecado, por
que pecadores son sus ojos, y pecadores sus labios y pecadoras sus formas, Fabián codició furiosamente á todas
las(pensativas que supieron dejar en su memoria la coruscante huella de una mirada de diablesa.
Se enamoró sucesivamente de una cirquera con formas
de una exuberancia calipi,gia, de alguna gazmoña amiga de su madre, de una tía monja, de la esposa de m
profesor de lógica, de su madrina de confirmación y
probablemente hasta de la portera de su casa.
Como se comprenderá, en bicho de tan peregrinos an•
tecedentes_, una afeccion como la que conturbó á las jóvenes, tema que prosperar causando sus qou.secuentes
extragos.
Tan extraña aventura hacía trastabillear al desdichado Fabfan sobre una interminable hilera de horcas cau.,
dinas,
Torturado su ingenioi logrópormuchotiem{)Oquenin~
guna de las novias sospechara la infame traic16n de que
estaban siendo vfctimasi pero como por el inexorable fatalismo que determina e destino de los vivos, todas las
tragedias de la existencia, tienen ineludiblemente que
desenmarañarse alguna vez, llegó el día en que las burladas supieran hasta en sus más mínimos detalles todas
las maquinaciones del infame,
Su estupefacción fué mayor que la del santísimo Job
cuando el angel agorero fué á. notificarle las tremendas
nuevas.
Dejándose arrebatar por los furores del momento, juraron tomar terrible venganza del perverso.
Sabina, haciendo belicosos ademanes y arrastrada por
sus melodramáticos instintos. llegó á pensar en venenos
y puñales. Mercedee, después de mucho cavilar, quedóse
como entontecida en un aletargamiento de marmota.
Ya atenuado el colérico paroxismo, las dos lloraron
copioE:atnente y abrazadas cayeron de hinojos ante la
:M:adona, encareciéndole como buenas cristianas que
arrancara. de su pecho aquel maldito hechizo que amenazaba perturbar por siempre la paz filial de sus afectos.
Vaciaron la conciencia en la rejilla del confesonario,
refiriendo todos sus escrúpulos y cuitas al padre cura, y
procurando en un severo examen expiritual que ningún
repliegue de sus almas pasarli desapercibido á la investí•
gación saludable del mentor; éste, que era un viejecillo
experimentado .y muy sabio, después de oír atentamente
la novela, dijo á. sus adorables penitentes: Huir 10uy
lejos.

-

CONFI.ICTO GR.A.VE

Que un hombre se apasione tontamente de dos muje·

res¡ aunque parezca escandaloso, es tan natural como que

á una dama le ocurra exactamente lo propio por tres varones.
Comunmente esos amadores en plural procuran dis·
culpar su felonía alegando el recurso de los contrastes:
rubia y morena, esbelta y rolliza, tonta y vivaz, pobre y
rica.
Fabián no disponía de esa formulilla que solapada•
mente puede atenuar la infidelidad, porque las dos muchachas por quienes el hipaba, se parecían una á la otra
como dos gotas de roc(o.
Tenían casi la misma edad, pensaban idénticamente,
fueron educadas en un solo colegio, la dote de ambas al•
canzaba cifra igual, dormían en la misma alcoba, leían
juntas sus novelas, y, estupendo fenómeno entre dos· rivales, 83 amaban francamente y con ternura.
Eran hermanas.
Sin saberlo, Fabiá.n, había acreditado una reputadón
de hombre siogular sin que sus humorismos y genialidades fuesen por fortuna capaces de encaminarle á. la casa de Orates.
No era el más jaquetón de los galanes de su barrio, ni
perpetraba el~ías, ni encres.paba su cabello á. lo Musset,
ni vestía deaahñadamente, m dr.saUnaba en disertaciones eacabrosaa delante de las sefloras, hablando de escepticismo y desengaños para hacerse el interesante; nada
de eso; su fama de hombre excéntrico la debía más á un
exceso de cordura que á un principio de demencia, por•
que, aunque el concepto resulte paradójico, nadie negará.
que ante el criterio de la social comunidad es más fácil
. ganarse el título de loco siendo cuerdo, que el de cuerdo
siendo loco.
Las mamás con hijas cotizablee en el mercado matrimonial, le hablaban melosamente y elogiaban su figura
é indumentaria rifléndole porque no hacía visitas.
Muchas sefioritas vestidas á la última moda, sabedoras
de que ese joven no feo y de aspecto bonachon poseía
una fortuna muy bien saneada, declararon en Estado de
asedio su sencilloéinofensi vo corazón, el cual, (según dicho de ventrudas y casamenteras matronas} no había
pertenecido á ninguna beldad.
Un caballero rico y no muy sandio que conser11aba á
los veinticinco años una alma vir~en y un capital al que
no habían abierto brecha los caprichos de una figuranta,
era en verdad presa tentadora.
Por esa única y exclusiva razón el pacífico y buen ma•
yorazgo se vió atacado ruda y encarmr.adamente por una
aguerrida artilleria de miradas suplicantes.
Tuvo que aplicar frascos de vinagre y sales amoniaca•
les á la picaresca naricillade mur.has desmayadas; soportó aparentando propicio talante, infinitas historias sentimentales; es:::uchó resignado los aullidos de muchos pianos desafinados y fué por luengos meees halagado hasta
el fastidio por una parvada de solteras que le buscaban
como las palomas ~olosas el granero.
Ante su impasibilad las chicuelas sin dote propalaron
que no tenía sentimientos; otras, monstruosamente feas,
murmuraban que era un presuntuoso; las gotosas abuelas lo calumniaron san~ientamente y hasta los maridos
pe buena fe se permitieron desacreditarlo en los salones.
Por mucho tiempo el inocente Fabián sufrió con estoicismo de espartano la nubada de iracundias que como
castigo del cielo llovía soore su cabeza, preguntándose
en el colmo del asombro, cual pudiera ser la causa de
aquella mal-querencia que las amables señoritas se em•
peñaban en manifestarle.
En el más amargo período de su desgracia fué casual•
mente present.ado á. Sabina y á Mercedes, doncellas huer•
fanas, de humilde posición, bonitas, inteligentes y hon•
radas; caso raro, aquellas nifiae, no adularon al prócer;
récibieronle· con exp1ntanea camaradería, sin mostrar-

Cuando se aleja la blonda soñadora dejando plantado
á un amante que sufre, es porque el olvido, ese pájaro
siniestro, ha proyectado la sombra de sus alas invadiendo con sus duelosJlaaurora de un amorefimero.
El ave nómade, canta un día, abriga su fragil nido en
el alero, arruUa á. Filomela una estación, y luego, al t;o..
ser el bóreas asmático y senil, escapa alijera á la tierra
que florea para perderse en las caliginosas lejanías em~lvando su plumaje con chispas de las fraguas del sol.
Al instante en que el fastuoso Febo chorreaba oro roo•
!ido en el abismo de la sombra, lle!N Fabian á. la casa de
sus amigas con un ramillete de vio1etas en cada mano y
dos cartuchos de bombones en las faltriqueras de un casacón con pretensiones de chupa que usaba sólo en sus
grandes aventuras.
Llamó di:Jcretamente.

Como no le contestaran, colóse á 108 aposentos de rondón y después de minuciosa inspección acabó por con•
vencerse de que la jaula estaba vacía y las alondras habían volado!. .. .. .
Entonces alejóse llorando de aquel lugar donde había
sido dichoso tantas veces,
Las torres dPsgañitaban sus b ..onces celebrando las
exequias del fastuoso Febo y la tristeza indefinible del
crepúsculo llenaba el espaPio, como ansiosa de impregnar su melancolía en las almas de los tristes.
Crno B. CJ:.:BA..J,Los.
M:arzo 12 de 1897

ALBUM
Para buscar los versos que ha de darte
Mi alma conmovida,
Necesito leer hoja por hoja,
El misterioso libro de mi vida.
Y es verdad, en sus páginas hay versos,
Pero versos qub lloran ...
Lirios que mueren, aves que se alejan,
Y lágrimas de amor que se evaporan.
¿A. qué llevarte al triste cementerio
Que duerme en el olvido? ...
No quiero que te siga el ave negra
Que en mi cerebro colocó au nido!

Tú eres feliz ... y yo por otra senda
De la vida me pierdo ....
Te dejo, entre las hojas de tu albnm
La única flor que guardó:-mi recuerdo!
México, Marzo de 1897.

JOSÉ l\f. B-cemLL~.

OFRENDA

Los balcones ojivales de un convento carmelita,
Perpetúan en sus marcos, cual prodigio de cristal,
La litúrgica vidriera que á un maestro mosaíta
Encargó un prior de Hipona por decreto rectoral.
Un infolio venerable, en romance franco anuncia
Que sus goznes y sus llaves, mara.villa de cincel,
Fueron la obra legendaria de un orfebre de Maguncia
Que emigró al país de Hungría, bajo el reino de Isabel.
Cuando el sol gasta su aljaba en los ónices del coro,
Asemeja la vidriera zodiacal constelación,
Sumergida en el encanto de un crepósculo de oro
Que realza sus matices de jacinto y corindón:
Bajo el beso de mil lirios-un floral beso de eedaCifie el Niño Dios un nimbo de un reflejo aurisolar;
St1"j pañales son de un lino tan hermoso, que remeda
El vellón de bella espuma que en las a1J.cas tiene el mar.

Y María-Oh alegría, oh ambrosía, oh melodfa!Más sograda que los óleos de la unción del rey Saúl,
En eu manto azul, glaciado de menuda pedrería,
Está envuelta, como el sueño de algún astro en lago azul.
José vela en los portales con su vara de azucenas
Y su manto de gran púrpura como un viejo emperador¡
A sus piés están ardiendo suaves mirras agarenas
En brasero que ea la boca de un dorado aligator.
Suaves miras que extrajeron de un jardín de mil corolas,
Los tres magos orientales cuya pompa ee toda real:
Bajo u,, cetro de oro fino resplandecen sus estolas
Y sus mitras eminentes, de un prestigio arzobispal.
Respirando un vapor de oro por sus túmidas narices,
Descendió el Toro celeste que preside al sol de Abril;
Lleva atados en sus cuernos por guirnalda cuatro lisea,
Y Is estrella Sahil luce enclavada en su perfil.
Y la mística paloma, en un claro azul distinta,
Lleva en el pico una cinta de grana. como pendón;
&amp;nta D§i Genitrix, dice en la grana de la cinta,
Decorada como el regio pectoral de Saloruón.
Sobre el rústico pesebre de las altas glorias, llega,
-Resonante de alabanzas su magnífico claríny á la puerta del pesebre como un cisue astral despliega
Sus dos alas, cual dos liras, un inmenso serafin.
Cuando el diácono salmodia, secundado del arpista,
La3 perínclitas secuencias ante el negro facistol,
Y en los dedos abaciales centelléa la amatista,
Y la carne de las hostias resplandece como un sol,
La vidriera de colores estremécese en su hueco,
Conmovida como al paso de un armado palafrén,
Y parece que resuenan en el ámbito del eco,
Las cuarenta mil campanas de una ideal Jerusalén.
LEoPOlJJO LUGONE-;.

Febrero de 1897.

�DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

gL MUNDO

,89

•

..,

KL DANTE EN MEXJCO.-El enemigo del Exito.

EL DANTIC EN MEXICO.-Pena ae los poetas chirles.

EL DANTE EN MEXICO

cijada? Es el emblema de la Injuria, del ódio, de la ca•
res de madrigales para al bum, cantores incondicionales
lumnia. que persigue siempre á los hábiles. Lo tenemos de las Fléridss de vecindad ...... Sus gemidos destrozaban
aqní por sugestivo.
el tímpano y su gesticulación era digna de Don Gerardo,
VIAJE DE UN REPORTER.
En efecto, vi á una especie de San son de membranosas
( el del aao) en Jorge el Armador ......... .
alas de murcié1ago, viendo de reojo hacia un punto igno•
Cuando más absorto eEtaba en mi contemplación, senrado,
tí que una mano férrea me cogía por las solapas de la
(co;-.c1.uYE.)
La noche caia pesadamente y los reverberos del gas y
americana y exclamaba:
las lámparas eléctricas. abrían sus pupilas rojizas ó lívi·
-Usted se qued:-trá aqui; usted merece el suplicio; por
-¿ Y qué dirá '.lSted en México de su visita dantesca? das con guiños misteriosos. Desde la plataforma culmi- que ha cometido también el feo pecado de los versos. Va
nante en que se encontraban las oficinas privadas de Sa- usted á ser izado inmediatamente. A ver-añadió la voz
me pre_gunt6 Satanás entre sorbo y sorbo de Soconusco.
tanás, el panoroma de las regiones infernales era prodi- dirigiéndose á un diablete-una cuerda y un Pegazo de
-Escribiré un folleto.
gioso por sus efectos de sombra y luz. Recortaban por los que herramos esta mafi.ana para el amigo Cumplido!
-Oreo más oportuno que haga usted su relato en los
todas partes el espacio, crestones irrtgulares, semejanUn extremecimiento espantoso me conmovió todo; dí
periódioos.
. -E~tán muy ocupados en decirse majaderías, amigo tes á las agujas de una catedral gótica y á los cuales se un grito ...... me restregué los ojos: un empleado del Feprendían fantásticamente los focos de lu~, regando fulrrocarril Interoceánico me sacudía gritándome: u¡Pachumío.
·
Ha mucho tienipo que nuestro ~e~iodismo sigue é_se ca- gores que se abismaban al fin en el espesor de las tinie- ca ......... hemos llegadoln ...... Mi pesadilla se desvanecía á
bias. El silencio era completo, salvo lol'! gemidos escapa- lo lejos; venían rumores alegres de fuera y sobresaha en
mino, imaginándose en su estult1c1a que al púbhco le
importan un comino sus pleitos de comadres. El periódi- dos de algunos réprobos á quienes se aplicaban los tor- tre todoe el grito ríspido de un papelero que gritaba:
11El¡ Globo de acentavo! La verdad sobre el asunto de
có mexiciino ha ganado en noticierismo extranjero: esta- mentos más disímbolos de noche y de día. Respirábase
mos hoy al ianto de la cuestión de Creta ó de la Ineu · una atmósfera de misterio á pesar del exceso de tempe- Don Emilio Ordóñez,1 ........ .
¡Omnia somnum est/. ..... pero este merecía ser cierto!
rrección cubana. con notable oportunismo, pero ha per- ratura y era agradable permanecer en contemplación.
Satanás, abito de chocolate con bizcochos, se habladorFIN
dido en seriedad. El periódico honrado, decenttl y severo, se ve acosado perpetuamente por la jauría famélic.a de mido en una silla ...... dormía todo ..... .
Yo pensaba:
]as bojas de comisaría y de escándalo, y, 6 se mantiene
1tQué rnmensa distancia hay, de la tremenda trilogía
sereno en su ~mesto b3&lt;:iendo _oíd~s ~e m~rcader á l?s insultos, panilocualneces1ta pac1enc1arndec1ble,6desc1ende dantesta á este pseudo averno donde hasta el crírnen se
al asqueroso campo donde SPS contrarios almacenan lodo ve empequeñecido! En nuestro siglo ni el mal siquiera
es grande; todo se baila afectado por la pequeñez de los
de combate, para lo cual necesitaría una desvergüenza
que .desnaturaliza. por completo su finalidad y sus ten- espíritus y por la mezquindad de los caracteres. Nosotros
que hemos hecho parodias de todo: de cris~ianismo y de
dencias.
-¿Pero cuá.l es el fin de esas hojas tabernarias que se política, merecemos un infierno así, risible en su vulgaritiad.n
dedican al insulto verduleresco?
Aquí llegaba, cuando hirió mis oídos un ruido acompa-¿El fin? Lo nauseabundo no ha tenid0 jamás otro
4.ue ensuciar; cuál es el fin de l~ burbuja que surge del sado y seco con el cual alternaban gemidos y frases pla•
cieno? ... ...... Oiga usted. en l\Iéx1co hay una cosa que no ílideras.
Como tales rumores parecían proceder de parajes cerse perdona jamás: ser habil. Si funda usted una empresa
y dedica á ella todas sus energías y todos sus eleroen~e; canos, me aventuré en dirección á. ellos y pronto me en•
si se aplica á. ella oon todos sus empeños y la estudia y contré en una especie ae taller mecánico alumbrado a gi-Orno, de cuyo techo formado por la pared superior de una
la discute y al fin, merced á su trabajo, á su paciencia y
á la constante efectividad de los recursos empleados la ve especie de gruta, pendían, afianzados por las arcas, varios
coronada por el éxito, los que se consagran á labores si- individuos, sujetos al más extraño de los suplicios ...... .. .
milares le odiará.n á. usted con toda su alma. No entabla- Alineados perfectamente sobre una plataforma de rerán una lucha leal, no implantarán mejoras para sostener sortes, habla innúmeros caballos de hierro, los cuales gi~
con ventaja la concurrencia á que se les fuerza. No com- rando sobre sí mismos, aplicaban, con sus gigantescas pesufü1.s herradas, coces concienzudas en salva sea la parprarán máquinas ......... sencillamente dirán insultos y
estos irán ea cresaendo proporcionalmente al éxito de te ...... á quien diréis! ¡ A los poetas chirles!
EL DANTE EN MEXICO.~El despertar.
A lo que entendí, aquellos caballos férreos eran caricausted. La envidia y la impotencia son dos grandes eleturas de Pegazo, de Pegazo airado, que al fin se venga
mentos de nuestro c9,rácter.
No temas de mi amor nada imprudente;
Llega una empresa americana al país; gasta aquí cau- de quienes con burda espuela atormentaron sus ijares.
solo se ama á las santas santamente.
dales para crear una industria, lo improvisa todo, y los Ahi estaban los poetas populares, que juzgaren morada
capitalista&amp; impbt.entes y anaideáticos, se encogen de hom- idónea de la musa el sardinel de una pulquería y la mebros con desdén, primero y después, lanzan sobre los em · sa de un figón; los que disfrazaron al ideal, de charro
Sf como el héroe de la Mancha, antaño
prendedores toda-la andanada de sus vituperios. No era ó de china poblana. Ah( estaban los poetas inspirados,
realice por tu amor grandes hazañas,
lógico, equitativo y justo que combatieran con mejoras los que sin decir agua va, soltaban cada alud de versos
hoy sentado á la sombra de un castaño,
sentimentales y se jactaban de su facilidad de parir poey no con insultos? ?ero ......... oosi va. il mondo.
pensando mucho en ti, como castaaas.
¡El éxito, murmuró Satanás pensativo-el éxito! ........ . mas, como si el verso se midiese por kilos y bastase -rara
¿Ve ust.ed á aquel coloso que ahí cerca, vigila una encru- ser artista la buena voluntad¡ ahí padecían los surc1doCAMPOAMOR.

ENGANO SUBLIME-PJri'.b}aríai!esco!.
NUMERO 2.

Villa Martín, 10 de Septiembre.
Mi querida hermanita:

«Heme a&lt;1uí instalado en Villa Martín y recibi Jo con
los brazos abiertos por mis huéspedes.
uSon muy sencillos y muy buenos; tan sencillos y tan
buenos que me ban enamorado: el padre, el rico arma-dor, grueso, bajo, vestido de una hola.panda desteñida,
&lt;le u11 gran sombrero de plantador, tiene mis bien la apa!°iencia de nn jardinero que de un millonario. Su hija se
le parece desgraciadament.e: tan gruesa, tan baja y tan
-rubicunda como él_; y casi tan mal vestida.

...

l

uLa casa es sencilla; unavastahabitacióndecampo, sin
lujo, pero confortable.
~ Desde en la mafia na asisto á. la llegadq, de los padres,
de los tío!:1 1 de los primos, de toda la familia, en número
,..estringido, por lo d~más: dos viejos señores con sus mujeres; el uno, Martín de Rochelle, de los trigales, seg(m
me han dicho; el otro Martín de Tarascón, de las aceiteT.as; uaa !:olterona flaca, p:ilida, de aspecto asustado, á la
-cu:ll se llama la tia Eudoxia; y una prima viuda, laSeilora
Cleoméne Martín de Marselh1. El padre de Leodice, Mar--tín de París, como lo llaman, no llegará. hasta estf\ noche,
para la firma del contrato.
,,Además de los miembros dt- la familia !!e recibirá maliana, para el momento solemne, gentes de la vecindad,
relaciones y amigos.
,,He acabado por comprender por qué Leodice Martín
parecía tan feliz de que yo aceptara su in~itación. Evi,dentemente no podiaestarorgulloso de presentará alguien
á un.:1. familia tan sencilla, tan bur~ueea, tan vulgar; con•
migo, esto nada sigficaba puesto que soy un humilde
-oficial de marina que seir.í mariana.·

uVerdad es, por otra parte, que en medio de todas es.as
buenas gentes, deSentona un poco m.i amigo- Leodice; bs
domina y las deslumbra.
uNo exageró el amor admirllti,·o que su futura siente
por él; eso se ve y por instantes la transfigura. Sí, por
instan~, esa muchacha fea se vueh·e casi linda, cuando
mira á su primo. Me recuerda á aquella heroína. de la
vieja comedia de Bllzac que leí en tu casa. el ·afio p.tsado:
Eugenia Grandet.
nLa explicación de este matrimonio es sobrado natnral:
Martín de Brest es rico y Mart\n de Paris no lo es. El
matrimonio de dinero, ese mercado de que 1\n hombre de
corazón debía enMjecer, se ha vuelto en nuestro siglo
muy frecuente.
«No ha dejado Leodice de admirarme mucho ahora por
su agitación, por su inquietud, ·por una nerviosidad ·qne
verdaderamente las circunstancias no explican; e-e l1ubiese dicho que esperaba, que temía alguna cosa; iba, Yenía,
salía, volvía á. entrar, se extremecfa al menor rni&lt;lo, se
sobresaltaba, respondía de una manera enrevesada á
las preguntas que se le hacían¡ en fin, tenía el aire de un
hombre que está fuera de sr.
(c¿Qué es lo que puede trastornarle así, Dios mío, en
una unión tan aareciatle donde todo marcha á la medida de sus sórdidos deseos?
(&lt;He acabado por suponer que teme acaso el instante
del contrato.
11Una ~()sa mis importante para mí fué la aparición de
la sei\orita de honor á la cual fuí presentado hoy.
uSe llama Beltrana Meriadec: dos ]indos nombres, no
es verdad? Pues bien, la mujer que los lleva es cien veces
más linda que esos dos nomb~s. Fina y blanca, de cabellos de oro rizo de un mara'1"illoeo mafo;, de ojos leonados, un poco fieros, uu p•JCO s.1h·aJea, de boca pi'que-

ña, de labios delgados; pero esa Qpca de labios deJgadosp
reeponderá tan Jacónicamente como Jacques lo ha predicho ó se hllmanizará con largas frases? Verdaderamente yo no sé nada; basta el momento presente no he oido
aún @u voz.
uCou una muda inclinación de cabeza me ha respondido, cuando su amiga me presentó á ella. No estoy ni aun
seguro de que se haya dignado mirarme. Después las jó•
vene.;i se retiraron al fondo del salón á. cuchichee.rae prolongadas y misteriosas confidencias.
uLa vi e.ita de la seflorita Beltrana fué corta, como te lo
dec!a; uua aparición, pero que aparición!. ..
·•Después de su partida busqué á Leodice, que se en•
contraba ausente del salón. Quería tener algunos infor
mes respecto á esa linda señorit;a de honor. Al pronun
ciar su nombre, el me mostró la extraña fisonomía que
ya otra vez le había notado.
-1Cl.}mo! Beltrana ha venido! Y que se ha hechú? Qué
ha dicho?
-«Ha conversado largo tiempo con la seiiorita Ya~
leria.
-11Con,yereado largo tiempo ...
ciBru.ecamente, sin escucharme más, sin atender (¡ mÍ:i
preguntas, se alejó de ahí.
&lt;•Por la noche solamente, á la hora de la comida, hablú
,~aleria de la visitante: es una awiga de infancia, casi su
mejor amiga, aún cuando sus relaciones hayan sido interrumpidas durante muchos años.
Beltrana es hija de un oficial retirado, tin viejo capitán;
habita coa su padre una casa aislada, nole1osdeKeroeók.
La.e dos amigas casi no se separaban cuando eran nifias;
después ,·ino la sep:i.raci0n debido .i. la entr.i.dá de Beltrana en una de esas cae-as de educación, donde las hijas de
oficiRlt!S son gratuitaweute educadas.

�EL MUNDO
«La sefiorita 1'fartín, habla de en amig:\ con ternur.1.
Pobre Beltra.na.! Su vida ea tan triste! me ha dicho! Por
~so he querido que asi&amp;tiese á mi matrimonio. He tenido
la rnerte de no tener primas¡ he podido pues escoger á.
mi señorita de honor.
uHe insistido para que Leódice nos trajese á. uno de sus
amigos y le agradezco á usted, señor. que haya venido.
Esta reunión de familia que le parecerá. á. usted tan fastidiosa, es una fiesta para ella que se divierte t.an poco.
Yo querría verla tan íehz!
uY bien, deci1id1m,,.nte h'ly instantea en que Valeria
no es del tolo fea: a.on los instantes en que la bondad de
su corazón raifa en sus ojos.
uSeñor:i Elena, si la longitud de esta carta os sorprende, voy á da.ros su explicación: os escribo en mi cuarto,
despues de comer, en tanto que todos los de la cw;a están
ab3ortos en la lectura del contrato.
uHe visto claramente que la presencia de un extrafio,
tan extraño coi:no yo, no era deseada. A la primer ·
palabra deexc\18a discreúa qb.e'pronuncié, Leodice excla•
m) con precipit1ción:
-11Cilm1 no, mi querido de Aubian, tiene usted cinco
veces razón para sustraerse á esta fastidiosa tarea que yo
me veo forzado á. tolerar. L:1, lectura de un contrato es
abrum \lora! E3cribJ. u~t.el su~ cartas; si puedo escaparme á tiempo iré á decirle buenas noches. Acuéstese usted
temprano: la jornada de mañana. será ruda.
uY ahora son las- nueve; naia ro.is tengo que contarte
y nime atrapa el sueño.
uVol,;er al salón seda penoso. En estos momentos, al
atravesar el corredor, he oído voces que parecían discutir.
nBah! voy á pasear á la playa; no creo que el Sr. Leodice piense en venir á n;i.eterme á mi cama. La noche es
soberbia, no hay luna, pero sí muchas estrellas. Allá,
lej0s, la mar canta; quiero irá escucharla.
uBllenas noches una vez más, mi hermana querida; beso tus dulces ojos, estrecho la roano de FernandQ, beso
los lindos pies de Su Alteza mi adorada Lila.
Felipe))

Brest, 11 de S!&gt;rt.

uElena, querida hermana m(a1 mi conciencia viviente,
te escribo bajo el imperio de una gran emoción, te es~
cribo para ver claro en mí.
,1He hecho bien en no asistir á este matrimonio? He
hecho bien en partir?
c,Cuando tu respuesta me llegue ya no tendre resolu
ciónque tomar, pero querría oir, como cuando era un chicuelo, que me dijeses:
11Has hlcho muy bien, has hecho muy bien Felipe, estoy contenta de ti.
1(Ohl son peregrinos los amigos de Jacobo de Sommeres!

11Y ve como se conducen loa hombres que se jactan de
ser vividores, y cómo tenía yo razón en no sentir confianza en este ...... Q1 1é miserable!
nOye lo que ha pasado:
,cSegún te escribía, salí de mi pieza, me deslicé fuera
de mi casa, atraves¿ el parque y me diriji al mar.
uEn aquella noche toda iluminada de estrellas, experi·
mentaba una sensación de ensueño al pasearme solo,
completamente solo con el oceano, á lo largo.de aquella •
playa desierta.
uCreo que anduve largo tiempo sin darme cuenta de la
distancia recorrida. Por fin, resintiendo un poco de lasi•
tu 1, me eche á tierra, sobre la arena, al pie de una de
esae grandes piedras druídicas de que está salpicada la
Bretaña.
uY la mar cantaba allá lejos, ante mí, comenzando á.
ascentler y rompiéndo3e en la playa.
11Yo la escuchaba embelesado: ningún concierto humano es tan bello como esa gran voz de la mar y he aquí
por qué, no escuchando mas que á. ella, no viendo más
que á ella, olvila.ba yo la hora, ab3orto en esa contem•
plnrión infinita.
"L 11 ¡vHo rápido, precipitad.0 1 nervioso, me despertó de
mi ensul!iiO. L!egabl un hombre. En el mismo instante
una mujer envuelta en el manto de las campesinas breto•
nas, pasó ante mí como un relámpago, gritando:
-nPor fin, por fin!

uEn la obscuridad de aquella noche sin luna, no me había. percibido.
1,Quiso arrojarse en los brazos de Leódice, y con un·
gesto brusco él la rechazó.
-nNo haga usted necedadee, dijo; ya es demasiado haberme hecho venir. Qué es lo que quiere usted por fin?
(&lt;Ella dijo:
-&lt;\Quiero saber si me ama usted aún. Quiero suplicar
á usted que renuncie áe se matrimonio ahora que aún es
tiempo. Quiero decirle á usted que eso sería mi m-uerte.
Quiero suplicarle. rogarle, arrojarme á sus piée; tenga us•
ted piedad de mí, Leódicel
uSe arrodilló.
-i&lt;Vamos, dij1&gt; él, levántese usted, basta de melodra•
roa. Usted sabe bien que la amo siempre, puesto que es•
toy aquí, áriesgo; sí, á riesgo de descomponerlo todo si
alguno nos hubiese segui io. Sea usted siquiera razonable¡ este matrimonio á mí tampoco me diviert.e. E3 una
calamidad! pero una calamidad necesaria. Ya le he dado á usted las razones, yo creia que como muchacha
sensata me había usted comprendido. L'l casa Martín de
París no es muy sólida; tiene ne,esidad de andamios y
esos andamios puede proprocionárselos la casa :Martín d·e
Brest,. Yo me sacrifico, mi pobre niña. pero nada cam•
biar.í. en nuestro amor; por que ya.comprenderás que no es
la gruesa peonía de Valeria la que puede reemplazará
una rosa de Bengala como tú.
i&lt;Ellase había levantado, y el quiso abrazarla; pero
ella se echo hacia atrás y con 1;1na voz feroz exclamó:
-&lt;cMe habeis prometido que os casariais conmigo, me
Jo habeis jurado¡ de otra suerte no me habría entregado
á vos, no habría yo cedido¡ lo. habeis jurado y ahora ...... .
-..:No pudo continuar.
{{El dijo con un tono ligero:
-1(Y ahora me caso con otra. E3to prueba la verJad del
proverbio: uEl hombre propone y Dios dispog.e¡o Dios lo
ha dispuesto de otra suerte; vamos, lfüd razonable; me caso,
~to ee indispensable, pero en el estío próximo volveré
y juro que entonces el Cromleck, testigo de todas nuestras citas ..... .
~nCallaos1 callaos, dijo ella con una voz á.8pera, no ju·
reis ya y escuchad á vuestra vez mi juramento: Si rechazais mi suplica, me vengaré; he esperado hasta última
hora; pero entanto que viva, ese matrimQnío no se realizará:
1cY con los dientes apretados, repitió:
-u:\fe vengaré, me vengaré!
((El dijo con un tono de burla cruel:
-l(Ea la escena clá.sica, ya la conozco.
ttY declamó con enfasis:
Lt• va á los 1)if3 de los aftam1,
El c:oraz6n. q•~ me ahandona ¡
AntU1, apr&amp;1Urak, m'Ús f.em.e

HuUar ahí denwvo á Flermiona.

uDespués afíadió:
-11Que hará:Hermiona, oh mi hermosa? No me disgustaría saberlo. Hoinbre prevenido vale por dos.
uSin hacer caso de la ironía.1 sin indignarSe por la bur•
la, llena toda de su colera y de su pasión, respondió
ella:
ctlre á buscará Valeria, le diré qne no la amais, que
la ridiculizais con el sobrenombre ~e peonía, que os ca~
sais con ella únicamente por que ~s rica, que la abando•
nareis y la•engañareis.
-{(Babi Bah! Valeria es una buena muchacha; me
adora y me perdonará, a1;1n cuando yo fuese cien veces
má.s criminal; hay en su alma plácida demasiado de amor
y de indulgencia para absolverme de todos Ls delitos del
infierno.
uPues bien, me dirijiré á M. Martín; el no es un vivi·
dar, él es tm hombre honrado; y cuando sepa las promesas que me habeis hecho, losjuramentesqne hemos cambiado, cuando comprenda que su hija no puede ser feliz
con vos .......
uSe interrumpió haciendo una mueca.
---1eY que pruebas dareis de esta acusación á ese hom•
bre honrado! Nuestras citas? ¿Han tenido testigos?
¿No, verdad? Nuestras precauciones estaban bien tomadas; por prudencia, me cuidé de todo. Tenéis cuando
menos algunas líneas de mi letra?
i&lt;Ella respondió sordamente:
-uDa snerte que por eso no babeis respondido á mis

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1!97

cartas! Por eso :fingiais temer comprometerme! lo que t,e...
miaisera poner una arma entre mis manos!
-u¡Pardiez!.Un sabio ha dicho: uD_¡dme tres líneas de
escritura de un hombre y yo le hará ahorcar.u No quiero
que me ahorquen, no quiero que me arruinen, no quiero
que me casen á pesar mío.
-ce¡ Pues bien! dijo ella violentamente, diré todo á mi
padre¡ él os matad.
&lt;1E3ta última amenaza me pareció que producía sobrn
el espíritu_ de M. Martín más impresión que todas las
otras. P~rrnaneció un momento silencioso y respondió
con un tono. más dulce:
-!cVamos, no digas locuras; no se mata á nn hombre
tan impunemente como á una liebre: hay trabajos forzados y también gujllotina ...... Sobre todo, cuando no se
tiene prneba alguna, entiendes bien? prueba alguna ..... .
uDespués con voz temblorosa:
11Hagamos las vaces, querida mía, abracémonos, despidámonoe, como buenQS amigos, porque la luna se levanta y yo no quiero ser percibi(!o. No te digo adios, sino
hasta luego.
uE\la no respondió al principio1 después, sollozando,
exclamó:
•
u-No; no, no os perdono. Comprendo ahora de sobra
como ha beis jugado Conmigo. Tenéis razón; ninguna
venganza me es posible; pero cu11.n fo menos puedo morir
dejándoos un eterno remordimiento.
ciCon un vaso desigual, paso de loca, la ví dirigirse al
mar.
t1En un segundo, me puse de pie sofocando un grito de
terror.
u¿Cómo no me vió Leodice? ¿C.lmo no me oyó? Estaba
demasiado absorto; pero yo no quería intervenir con tor•
_peza y 110 podía soportar que la dejase morir. La seguí
con una n::iirada de terrible angustia.
11Ella no se precipitó en las olas; sea que en el momen•
to supremo su valor hubiese flaqueado, sea que tuviese
aun un resto de es~ranza, se dejó caer sobre la arena ante
el mar que ascendía. Y ahí envuelta en sus paños negros,
parecía solo una de e30s pobres leñ.os que el océano va á.
arebatar;
uEl tiempo huía: una ola más alta y la imprud1=mte se
perdía para siempre. Yo busqué con los ojos á Leodire;
ah! e3ta vez tnve un eublevaJ?lientQ de cólera: el cobarde
huía. No vacilé, me lancé. hacia la pobre niña, la tom&amp;
en mis b:razos y la retiré de ahí.
11Ella dejó oir un grito de alegría:
-»¡Oh! me amas siempre, puesto que no quieres dejar•
me morir.
KSu error fué de corta duración. Murmuro:
-1tNO es él, ¡oh Dios mfo! ¡no ea él!
»Después se dejó caer de nuevo en tierra, se ocultó la.
cabeza con eu manto negro y se echó á. llorar amargamente.
u¿Qué podía yo hacer? Ella no me preguntaba ni aun pa•
recfa inquietarse de mi presencia.
uA la claridad de la luna, durante el minuto en que, tomándome por Leodice, había levantado su rostro haciai.
mí, un rostro radiante de felicidad, conocí á Beltrana ~ieriadec, la amiga de Valeria1 la señ.orita de honor que meestaba d~tinada.
1tLloraba con la cabeza entre las manos. Yo la dejé llorar, comprendiendo que en sus lágrimas, su enérgica có•
lera zozobraría, que no tendría ya fuerzas para comenzar·
de nuevo lo que había intentado hacer; en una palabra,.
que no se mataría.
uNo cambiamos una frase más; al fin se levantó con
el.,rostro oculto en un pliegue de aa manto¡ solo sus ojos,
aparecían, soberbios, ardiendo con un brillo sombJio. J\Ie·
míró Ia,gamente sin decir uoa palabra, y se alejó.
u~fo se dirij ía ya hacia el mar y no ia seguí.
uAquí es, herm~na querida, donde surge el caso de
conciencia. ¿Qué debía yo hacer?

DOMINGO

20

EL MUNDO

DE MARZO DE 1897

•

uNo podía conservar ilusiones respecto álos sentimientos de honor de Leodice¡ pero revelará. M. Martín la indignidad de su futuro yerno, era una tarea ingrata q1ie
me asustaba.
«En el fondo de mi alma se levantaba un sentimientc&gt;
muy preciso: una repug~ancia á. asistir á ese ma~rimo1 i ""
que me parecía odioso; yo quería- evitará. la desventu ·
rada muchacha el suplicio de mi presencia, ahora que sabia su secreto. C..Jmplde~ía á Valería, compadecía a.
"Beltrana y execraba á. L'~o::lice.

•

•

_..,..,..
..

~~

,. .

;·!'""

•

n:No reflexioné largo tiempo: No es acaso una dicha pa.ra loe que deben ser hombres de acción no perderse en
las vacilacienes del pensamiento? Volví á. mi pieza, arreglé mi petaca y salí á las primeras luces del alba.
11Dejé sobre mi mesa una palabra de excusa para M.
Martín. Pretextaba indisposición súbita que me forzaba
á.partir.
n¡Qué habrán pensado? ¡No lo sé! poco me importa! .. _
¿Pero tú', hermana, que piensas de tu hermano? ¿He hecho demasiado ó he hecho poco? ¿No me. he lavado las
manos como Pila.to? O bien, al desertar, he faltado á las
leyes más elementales de la hospitalidad y de la política?
c&lt;Espero impacientemente ~u respuesta.
FELIPE,»

•••
La Sra. Elena Duverrwy al Sr. Felipe Aubian,

uMi querido hermanito:
uTodos IQ.e dicen injuriBP; que te he educado mal, que
he hecho de tí una mujercilla, una señorita. Jacobo de
Sommeree, á quien he puesto al tanto de tu carta, da libre curso á. su indignación! Te trata de cándido, de boba-

licón; él estaba lejoe de esperar qué un oficial de marina
tu viese, para ciertos asuntos, severidades de capuchino.
Afiade que hay pocos hombres que no hayan tenido que
experimentar, en vísperas de matrimonio, semejantes
asaltos; que sólo loa simples se dejan coger, y que Leo•
dice no es }ID simple.
({Debo afiadir que no h~ encontrado en Fernando el sólido apoyo que esperaba; sin explicarse con la cínica brutalidad de Jacobo,.insinúa que hubiera eido preferible
no entrometerse en este asunto y asistir al matrimonio
com9 si nada se hubiera vieto¡ estima que el deber de un
testigo, de un gar~on á' Jwnneur, de un invitado, es
volverse ciego y sordo. Te censura que bayas ido á. va·
gabundear ( esas son sus expresiones) durante la noche.
Jmnás sabe uno-dice-á qué descubrimientos se expo~
ne. He aquí la moral de los hombres, mi querido niño, y
de los mejores, porque éstos son gentes honradas. ¿Ha
brá. necesidad de decirte que no es la mía y que he sentido una profunda tristeza escuchándolos?
1eYo comprendo y apruebo el sentimiento que te hizo
huir de esa casa y la aprensión -de tener que estrechar
aún la mano de ese- miserable. Porque pa,t:a
pa?a.. íní,

es un miserable, aun cuando siga siendo á los ojos de lo
otros un hombre galante.
uSolamente un temor me tortura, Felipe; Jacobo pre•
tende que las cosas no quedarán así, que tu brusca partida ha sido una afrenta, que la esquela dejada á M. Martín es insuficiente, que en el caso procede una explicación;
en fin, que para evitar las consecuencias de tu incivilidad, habrá que ~scribirle una carta de excusa.
~ 1(Esta carta, Felipe, yo sé bien que no la escribirás, y
no quiero imponértel.!I.; pero tengo la angustia en el corazón, porque nuestro primo ha afiaiido que ese miserable es un matón, un espadachín, un cliente de los salones de armas.
11¡Oh, mi Felipe, cuá.nto temolcuánmalos son los hom•
bree y cuánto te amo!
Tu hermana-ELENA.

4

tí7"

Felipe de .Au-bian á la Sra. Elena Duverrwy.

•

uMi pobre hermanita, tranquilízate. Por terrible quesea ese matasiete con la espada ó con la pistola, ya habrla encontrado alguno para que le respondiese; pero no-

�•11•

EL MUNDO

DOMINGO

21

DE MARZO DE 111!)7
DOIIINGO

J)iensa casi en provocarme en duelo. La noche de su ina•
trimonto. partió para Italia y cuando regrese, hermanita,
habrá entre nosotros el Mediterr1.íneo, el mar Rojo y el
Océano Indico. Acaba de llegar la orden de marcha. Hete pues contenta ( cuando menos asilo e~pero); partimos
para los marea de la China y no pienso que el feroz Leo·
&amp;ce vaya á perseguirme hasta allá.
1&lt;Doa años de ausencia, querida, extinguenmuchoaren•corea, calman muchas cóleras. Yo supongo que jamás me
demandará ni razón ni explicación.
1(Lo que si es grave y triste, es que no podré irá abra.zarte y decirte adios: Pontarlier está tan lejos y tenemos
tan poco tiempo!
"Cuida mucho tu salud, hermanita querida: las últimas cartas de la tía Fourneron me inquietaron un poco.
Dice que _tienes mal aspecto, aun cuando te obstinas en
no quejarte.
,1Bien sé que la buena tfa, en su fiebre de solicitud desea vernos á todos enfermos, á fin de tener el placer de
,cuidarnos y la gloria de salvarnos. Bien sé que tú mé
afirmarás que ·nunca has estado mejor; ¿pero esto es verdad?
u:\Ii Elena querida, no tener más que una hermana en
el mundo y pmtir tan léjos de ella, tan lejos que se necesitan meees para que sus cartas nos lleguen! Cuando
piem:o eu esto me dan ganas de desertar ó presentar mi
dimis!ún.
&lt;i¡Que Dios te guarde, Elena!
uTu hermano que solo á tí ama.
Felipe.n
P. S.-Li á Jacobo mi pena por haber correspondirlo
tan mal á sus esperanzas; dile que si los oficiales no son
,capuchinos tampoco son tigreé y que por miserable que
pueda ser una mujer, no se complacen en verla torturar.
u)Iira tú, hermana. Yo no aceptaría ni una broma, ni
una censura á este respecto. Yo no doy sino á ti sola el
derecho, 9"e juzgar de mi conducta y de normarla.
III.
Cuando la Sra. Duvernoy recibió esta carta, no pudo
,coñtener las lágrimas. Oprimiala la angustia, Felipe iba
á partir siu que ella lo hubiese vuelto á ver; no lo vería
jamás!. .....
Pero no eran los azares del mar lo que más temía; tam•
poco que no volviese,, E!ino no estar en el mundo cuando
-su vuelta. Se sentía gravemente enferma.
Lo que ni Fernando ni Jocobo de Sommeres, ni el me•
dico tal vez observaban: el debilitamiento paulatino y gradual de la joven, la tia Fourneron no había dejado de
percibirlo. Asediaba á Elena á preguntas, la vigilaba
desde la mañana bata la noche, entrando á su cuarto con·
todos los pretextos, miníndola hasta. el fondo de los ojos,
de tal suerle que acabó por comunicarle su convicción,
quitándole también esos bienes supremos que hacen retrocederá Ja muerte y frecuentemente vuel,·en la salud:
la esperanza y la ilusión. Elena1 sin embargo deeeaba
sanar: se aferraba á la vida con la enérgica voluntad de
no abandonará. los que amaba, á Fernando, á Felipe, y,
sobre todo, á. su pequeña Lila.
Desde la discusión con Jacobo 3 propósito del matrimonio de Leodice, ese deseo de vivir estaba acompafi.ado de una inquietud moral. Llevado por la necesidad
de convencer, de tener razón,. de.guardar para sí la última palabra, Jacobo le Labía chcho con su franqueza
brutal: &lt;1¡Pardiez, prima Elena, si los hombres se anduviesen por las raQlas pam romper con su pasado y enviar
.al diablo á las intrigantes, no se casarían jamás. Pregunt.1.d algo de eso á vuestro marido.u Ella había vuelto
hacia Duvemoy sus ojos interrogadores y lo vió vacilante, turbado hasta el fondo del alma.· Herida en su pudor de mujer honrada, se abstuvo de pregunta!, pero la
duda se le qp.edó en el alma.
Algunos dia.e después, Jacobo totn6 bruscamente á la
carga; esta. ve.z llevaba excusas:
-Estoy desolado por lo que he dioho, mi pob_re prima;
Fernando me ha hecho una algarada; que queréis, yo
creí que eetábais al corriente: ¡eso era t{ln público! Todos
fos artistas pasan por lo mismo, no hay que admirarse.
Fernando ea muy bueno, pero muy débil. ;Las mujeres
lo dominan 1 Ah! y no fué facil e~capar de esa. Sabéis el
medio que yo empleé? Me puae en competencia. Yo era.
más joven, más rico, demasiado guapo y decidido• á per•
manecer célibe. La tía Fourneron no había emprendido
aún mi conversión; agotaba las armas de su arsenal con-

tra vuestro marido. Ella fué la que inventó la maquia- aguas. A fuerza de instancias, logró el pobre hombre que
vélica combinación que logró hacer de Fernando el más" I..eodice paniera solo¡ mas fueron tantas y tales las muesfeliz de los maridos. Ya veis, pues, que hay que eer in- tras de desolación de Valeria, que un día, haciénd0se un
duJgente con mi amigo :Martín. En ese duelo que se . supremo esfuerzo, la dijo:
libra siempre entre el hombre y las mujeres, ellas tienen
- Vete, vete á. buscarlo, puesto que no amas má.s que á.
por armas sus astucias, sus comedias, sus tragedias tam- él en el mundo:
bién. El hombre no tiene más que su egoii:mo. ¡MalaElla se levantó de un salto y le echó los brazos al
ventura para~ debil! Fernando era un dtbil; me tuno cuello:
que vuestro FeliIJe no sea un débil también.
-Gracias, padre, gracias; cuán bueno eres permitiénElla mostró una hermorn eonrisa de confi.,ama:
dome abreviar mi permanencia aquí! Mira, estny tan in-Oh, no! Felipe es tan :firme como bueno, honrado y quieta, soy tan deegraciada cuando no le veo .............. .
leal.
Y partió alegremente al otro día.
Y cedió la disc.usión, mas cuando Jacobo se hubo ido,
ei enfriamiento perduraba.
En su hermosa mansión ,acfa, }l. 1\Jartfn meditaba
Conque era pues un débil el hombre á quien ee había
tristemente.
unido! A. pesar del grande afecto que le prnfeEaba, no po·
¡Qué largos son esos días de Otoño! 1\Us largas aún
día impediree juzgar severamente algunas denotas: la
imposibilidad en que él estaba, por ejemplo, de defen- eeas tristes tardes pasadas en un rincón y ante el fuego,
der sus intereses, prefiriendo dejaree perjudicará entrar solitario! Los negocios no le interesaban ya: ¿para qué
·en pugna. Débil, no por cobardía, no por bondad, eino ganar dinero para los ingratos? Por sus labios vagaba
por una especie de pereza; de t9l suerte, que las tareas esa'terrible palabra que resume la nada de todos los es.fuerzas, la locura de todos los sueños: "¿l'ara qué, para
penosas venían siempre sobre ella.
Y ahora en la penumbra de su alcoba, en Ja triE.teza qué?n repetía amargamente. Ante él pasaba su vida, una
vida laborimm: cuidados, vfgilias, actividad incesante,
del crepúsculo, con las dos manos cruzadas sobre las roalgunas veces horribles temores que hacen correr un sudillas, pensaba: Que sería de su pobre Lila si ella moria? Vanamente trataba de reaccionar contra la impre- dor frío por las sienes.
No se erigen las fortunas sin una lucha tenaz! Y.el.resión producida por las revelaciones de-Jocobo: recordaba
sultado de tantos e!.Euerzos era la soledad y el abandono!
frases, palabras pronunciadas otrz.s vecés ante ella, eufeUn padre es tan p6ca coea para el hijo, en tanto que el
mismos, sonrisas veladas. Entonces no había comprenhijo es todo en la vida del padre! El también había sido
dido, ahora comprendía.
un hijo ingrato; queria hacer fortuna. Esta idea fija haLo que experimentaba no eran celos retrospectivos 1 era
bla paralizado, absorvido todos los sentimientos de sU
aprensión; no por ella que acaso iba á morir, sino por la
corazón. El primer escalón que le había permitido alhuerfanita que le sobreviviría. Se dejaría sorprender
canzar la meta, fué el matrimonio: los cincuenta mil
por los artificios de algún intrigante eEe hombre de coescudos
de su mujer le permitieron emprendar en algu ·
razón debil cuando ella no estuviese ya ahí? Oh! 1á! era
nos negocios. Su mujer se asoció a él y al morir, dejándopreciso vivir! Lo necesitaba, lo quería.
Llamado el viejo médico, Ee sorprendió de encontrarla le una hija, contempló orgullosa la prosperidad de la
•
tan nerviosa. Advirtió los desordenados latidos del co- casa.
y todo para qué? ......... si ahora no había una ternura
razón y la irregularidad de los pulsos. Ordenó numerofemenina que calentase el frío de su vejez ........ .
sos medicamentos, todos los vinos generosoe, todos los
En este momento flotó ante sus ojos una esbelta Y
el!xires, todos los fortificantes, todos los anti-neurastéblanca figura. Hacia muchos días que la encontraba en
nicos.
la playa. Estaba sentada sobre una gran pieda y contemElla obedeció dócilmenw.
plaba el océano. Como no amaba á los perezosos, la·había
El médico da el remedio, más Dios solo da la curación.
mirado al principio con una extremada desaprobación.
IV.
nEaesa haragana de Beltrana Meriadec,,1 babia murmu•
En tanto que Felipe de Aubian bogaba, á plenas velas rado. Pero los ojos que encontraron los suyos, no deja hacia el Japón; en tanto que •Leodice paseaba· chabaca- ron de turbarle. Eran unos ojos leonados, de un brillo
namente por lila playas del Adriático á la pobre fea de sombrío y de potente seducción.
Valeria; en tanto que Elena miraba tristemente irse su
El no era experto en belleza femenina: verdes ó azules,
vida, Martín de Brest se fastidiaba.
obscuros ó negros, los ojos de las mujeres no le preGcupa·
Desde· el matrimonio de su hijo erapresadeesamelan- ban jamás; pero el recuerdo da aquellos le persiguió tan ·
colía que todos los padres han experimentado, tristeza to y tan bien, que al día siguiente volvió á la playa, pre•
caueada por la últiina decepción de la vida: la ingratitud sa de un deseo un poco maquinal, como si hubiere ido
del hijo. De un cara1:ter dulce, apacible, amaba la casa,• en pos de un resto de navío ó de un objeto curioso é inla vida de familia: Valeria, al partir, dejaba nn vacío in- teresante. Los ojos estaban aún fijos en el mismo sitio,
capaz de ~lenarse. Mientras duró el invierno, soportó va- siempre ociosos. perdidos en la inmensidad. Creyó ver
lientemente la separación; estaba en Brest, sus negocios
lucir eb. ellos una lágrima. Después, vol vi6 todos los días
lo distraian, además. las cartas de su hija le llegaban im- al mismo paraje, sin razón, sin esperanza. En su vida,
pregnadas todas de gozo; estaban fechadas en Niza, en destituida ya de toda finalidad, este encuentro silencioso
Florencia, en Roma, en Venecia, y por último en Nápo- se conVirtió en un hábito y en un placer.
les. Aquello era para la muchacha que jamás habia abanY he aquf que solo en su gabinete se echó á sofí.ar co~
donado la Bretaña, una maravilla, una embriaguez. El aquella muchacha, deopués de haber pensado, quien sabe
se asociaba á. esta ventura, pero experimentaba un poco por que extraiia asociación de iJeas, en una pobre sir·
de celos. ¿Por qué no era á él, á él solo, á quien debfa vienta á. quien sinceramente había amado: María ·9omesta felicidad? ¿Por qué habían permanecido el uno y la bier, abandonada cruelmt&gt;nte antes de su matrimonio,
otra pegados á esa casa de comercio, t ne.errados en los sin preocuparse de lo que sería de ella. No habfa cohe•
EOmbríos departamentos, en los escritorios polvosos? Ah!. sión posible entre los dos recuerdos yein embargo el uno.
era preciso ganar millones, y ahora otro los gastaba ale- sucedía taimadamente al otro.
gremen~. Sentía para su yerno una especie de rencor,
U11 día, en el momento en que su paseo le llevaba de··
ese rencor que inspiran los ladrones hábiles. Si cuando lante de Beltrana, ella se levantó y se acercó á él. El se
menos al ·robar la caja fuerte no se hubiese llevado el co - detuvo, más intimidado que sorprendido. "No era amigo
razón de la muchacha!
de platicar con las muchachas hermosas, pues· jamás haPasó el invierno y la primavera vino. Se había conve- bía tenido el hábito de esas conversaciones; pero tamponido antes del matrimonio que los jóvenes pasarían el co había querido alejarse ein oirla. Iba sin duda á soliestío en Kereck y que Leodice, al ojo de su suegro, se ini- citar para su paire, ese viejo cazador furtivo del capitán
ciaría en el funcionamiento de la casa de Brest cuya di· Meriadec, algúu permiso de ca al eu sus bosques reserrección debía representar. ((Así casi no nos abandonare• vados.
mos, tío Nart.ín,n había dicho, y paro liando una palabra
( Continuará. )
célebre: ((Ñada ha cambiado en vuestra vida, no tendréis
sino un hijo más.n Previa esta seguridad ee concluyó el
matrimonio, más al ~greso de los novios Leodice habló
de los negocios de Paria, de la necesidad de un viaje á
Alemania, y de la exigencia para su salud, de tomar

21

DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

LA MODA

'Traje parisiense para niña.

•

�l&lt;J.. MUNDO

11'.A.MODA.

DOMINGO n DE MARZO DE 1897

En pocos afioa, todas las Eefio~ distinguidas iban como
la Empt-rat.riz Eugenia, co11
la cabeza alta, los ojos mir-,mdo vagameute1 el talle ondulante ......... y hasta Jos ca~llos adop·aron uniforme...... .
En 185h llega el apogeo de
su triunfo; tiene ya uu hij1 ;
t-8 t-n la nueva sociedad la expresión suprema de la finura fra¡1c-..sa. No tiene ni las
incohl'rencias de Josefina, ni
l»s indiferencias de Maria Lui~
sa, ni las tristezas de la du.
qut&gt;1:1a de Angulema, ni las
t urbul,enrh1s de 11ifia mimada
de ta duqueea de Bnry. Sin
embargo, de todas ha toma.
do algo: la ~ensibilidad. la
d n lwra, la protección á )fls
pt&gt;qut&gt;ños, el gl,SIº por lo inédito y por los rdiaamientos,
la pJegante distracción.
E11 la uwecolan:rn de la corte
Fe afirma indh•cutiblemente é
impone á las útras damas lo
que ella ha entendido, eetudiado y colocado en su verda•
dt&gt;ro punto. Si la observamos
t&gt;n su estricto papel de muj, r
á :u motlo, la consideración
reina por cu:to superior en el
C(,nocimieµto de los matices,
de tal modo, que cosas exLravagnntcs ó ínfimas wciben de
ella una precisión más acá de
lo cual todo es tonto y más·allá
todo es ridículo. La vemos
muy á menudo en sus habit.'lcjones, en rápidas posturas,
sorpre-ndida en tr&gt;ilettea que
una nonada h0ría grotescas y
que son, sin embargo, encan•
tadoras. Bajo un horrible
sombrero plano, que Je impLnen los modistos¡ con un traje
liso cerrado en las mangas,
cerrarlo en el talJe, y deFgrit.ciadamente inflado por abujo,
t&gt;El 1 seguramente, la Emperc:1.tr iz 1 y para convencerse de
ello, basta compararla con las
otras damas.
Cuando viste con las galas
de las grandes recepciones,
como por ejemplo, la de JoeembaJadores de Pereia (en
Enero), ni la misma María.
Antonieta hubiera tenido aspecto más distinguido. Llevaba nna corona de flores y
pPndfa de sus hombros amplísimo manto. En pie, al ladodel Emperador, son refa á. aq uellos enviados de las m·il g ii11tAnoche1S, que comervan en la ca•
beza su gorro de astrakán, y
sin embargo, e~tán como cortadosdelante de ella.

DOS HERMOSOS MODELOS

Ahora. ninguna dama encopeklda, ninguna reiua de la
hermosura puede considerarse
satisfecha s1 no tiene má! que
en modista, eu -eastre. Y ea
que el traje femenino, en lo
relativo á la elección dt:' género@, y aun comunmente en
su factura, se masculiniza ii
grandes :pasos. Salvo en abrigos y aplicaciones de tr-djes de
gran soirée, están nuesi raR da·
mas muy lejos ya de los buenos tiempos que precedieron
á laaetualetapa del figurín.
Las complicac1ones desaparecen inseni:iblemente, aunque
no lo co~toeo de las telas, y
dia llegará, ei el capricho r~ menino no opta por los t:xtremos, en que la tisonoaüa dolninante de la moda sea de
11na augueta eencillt'z.
De uno ó de otro modo,
quien mantiene el cetro de la
actua1idad y la fantasía en
cuestión de trajt:e ferrt(&gt;ninos,
es ortb ,el Parisie,i ee. ,v&lt;•rtb,
el único, el inimitable "\Vorth,
cuyo cerebro e~tá t&gt;D teni:ión
perpetua, para c:n&gt;ar cada día,
cada hora, el guifiapo de actualidad que r~inará en París
elcual reina á su vez sobre
toda la tier1 a.
El hermo1,íeimo traje de
casa que ilustra estas líneas,
acaba de salir de su establecimiento y ha obtenido prediJeccit1nee stfialadas. Hay
quien lo repptael clt,-J ,,'reuvr~
''" la sea:ion. NosCJtros ni quitamos ni ponemos rey, limitándonos á dt'jar al buen gueto de nuestras lectoras la
aprobación más ó menos in·
condicional de ese figurín y
Oel no menos bello para niña,
que aparece en visible parte de ebte pliego y que f'S factura de la propia presLigiada
cuaa.
La entrada definitiva del verano promete primores, de
que nuestras lindas abonadas
&lt;starJn al tanto con la debida
0 portunidad.

,v

LAS MODASDEAYER
El segundo Imperio

El se~undo imperio, aparte
ele su rnterés puramente historico, tiene para los espanoles
otra eepeciEi de interés. Una
1·
de las figuras más ilustres de
aquel tiempo fué la condesa
de Teba, de la cual dice Bouchot que no ha habido personaje de drama t,an conmoveOrí¡en del nombre de al¡unas
&lt;lnr ni tan doloroso.
florea.
·
De este modo retrata el autor de d,es eléga1,c,-si1 á la
Aseguran algunos que rriEmperat1 iz 1 cuando la augus11antl'mo, ee compone de dPS
ta s~fiora fué á ocupar el
palabras ~rit&gt;gas que signitl•
trono de !&lt;'rancia.
can 1&lt;flor de oro,n nombre que
1,Era entonces encantadora:
se Je puso por el color de aleus rubios cabellos, casi dogunas de sus variedades; y
1·a&lt;los, formaban dos grandes
otros sostienen que crisanteondas en las siene~, imitando
mo significa uflor de Crieto,1&gt;
el peinado de las antiguas mi·
alusión a que en e) Oriente
lanePas. Su rostro era owlaflorece por la Noche Buf'na.
do, de una gran pureza de líEl nombre de la roisa se deJM&gt;as y un poco corta la barriva del latín y ea casi igual
billa, la nariz correcta. aren todos los idiomas.
qaeadas las largas pestaí'ias,
~""
r,
.Jr1tflrn11a se deriva de] grieoj08 'Ot!netrantes y muy jun- ~:-...
-·~·•·•~...~..... _. ::...;:~~~
---"'"'~""""""t':t:r,;~~"~~"~,,..~-~="'"'-'~*"'-~"~•"
go y significa &lt;{flor del viento,ll
tos. Sn perfil semejábaee al de
nombre que alude al hecho de
los ant.iguoscamafeos, sin ninTraje parlsienae par.a casa, del establecimiento de Worth.
que esta planta vive en lugagún defecto de los que Maria
res expuestos á. los vieutoe.
Antonieta en~ontraba al suyo. La boca era grande, por- c,i,n la esposa de Luis X VI. No se citan a1111 fraaes, la RPgÚ'? la Mitolog(a la anémona nació de la sang~ de1
que su sonnsa dejaba ver lindísimos dientes. De dio- Emperatri?. no trata de hablar pan. la po&lt;1.teridad, pero ¡sa- A loms; pero otros sostienen que brotó de las lágrimas•
► ª era eu cuello y sus hombros y en talle ondulante y
lu&lt;la tan bien, en P:u sonriiia tan dPliciosa! ... ... ....... .
de Vénua, qne lloraba la muerte de un amante.
&lt;leigado,. penetraba en los req~iebres de la falda, como
Uno de suq primerop; éxitos fné dos meses despnés de
El jacintn también tomó siu nombre de la Mitokgía.
en ?tro t1empo_e!_emba1Jenado corpiño de la Reina Mar- su boda, en el baile del Cnerpo legh,tativo. Allí afrontó
griega: refiere Ovidio que Jacinto, un muchacho muy
ganta. en .su mm_ua.que. Las manos y los piés mostra- 11:allardament.e mil miradas qne expiaban señales de des- hermoso, fué hijo de un rey de Esparta y favorito d"'
ban lo ar1stocrát1co de su raza, pies de mufieca y manos fallecimiento. Todosaqnellos cortesanos inclinados ante Apolo. Zéfiro, envidioso de la amistad que unía á. Jacinlargas y afiladas.
ella trataban de encoatrar algnna incorrecci6n para pn- to y á. Apolo desvío la direc~ión de un tejo que tiró és~
te iugando, Yel tejo fué á herir á Jacinto, que ca_\·Ó
tiempo ~~.-¡~·y~·~¡··~·1··~·~·c1,~~--~._:;~je·~t~;;~~·d~ blicarlaen seguida. La emperatriz pasó por delante de
ellos, alta la frent,e, sin vacilación algnna, expresando muerto. Apolo convirtió el cuerpo de su favorito en la.
las Princesas, una manera de andar propia de ella ]a ptrfectamente todo lo que era propio de su rango, y ol• flor que lleva au nombre.
f.rl!nte alta y cierto ~racioso y distinguido movimien~- ... vidándolo cuando era conveniente.
Mirtfl significa perfume. Creen algunos que este nom~n los primeros tiempos de eu matrimonio se le perElla impuso 1~ moda en el vestir Apenas la Empera~ bre le fué dado á. la flor que lo lleva, en honor de J!irty11.,
mite ser bella y presentarse en las las recepciones en Au triz Eugenia hubo resucitado los ahnecadore!ó!, ninguna poetisa griega que vivió en el ei~lo V antea. de Cristo y
pomifical de soberana. Sentíase en París cierto orgullo Soberana dejó de adoptarlos. Del mismo modo Josefina de quien recibió Píndaro sua primeras lecciones de p0t~e poner en parangón aquella bellezl\ altanera y román- impuso á la Reina Luisa de Pn19ia los t-alles altos y los sía. F..n tiempo d" Plnt.~rco existían aún algunos poeml.iB
tica con otras bellezas célebres. Se reconoce su distinción mantos de corte. Bien pronto fueron admiradas las acti- de Mirlys pero hoy todos se han oerdido.
1
y Stl!\ digno11 modales La corte ePta encantada de su tudes de la Emperatti1,, la manera de saluilar á la Tf'don•
graci~, c,1m&lt;H&gt;n otro tiAmpo los petirnetree de )a&lt;i Tulle- da con cierta inclinación de cabf.:rn,, Fu modo de andar y
nas ó U.el uP.tláis R•Jyalu lo estaban de ln r1 i \"¡ •1 , :i!l ~t ri ;l • h:1.~ta la clo:&gt;nericia •nn 11 ,Je ~11 sonrisa y de su mirada.

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845 Pnm.ios 4uc hacen un total de S 17 • 700

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oro. ph1ta y ,fü,mante,

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POMADA ROJA para loa labios; en bote1 y en rollos.

Los P•odnctos de CH. FAY se encuentran en¡,\ Murido entero. en cua de los Princlpales P"'tfumlstas y Droguista,

.., 'ftriftoaré. en el Pabelloo Morlaoe,
6 1aa 11 a. m., el Juevea

LA SEÑORA MARIO, cortadora del Palacio de
Hierro, tiene el honor de anunciará las damas de esta ca•

8

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DE

11&gt;0 raiciclo{as

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pita!, que acaba de separarse del establecimiento men•
cionado y que ha montado su casa de modas en San Juan
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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RESERVAro

~--~n sermón

ae

&lt;ruaresma .

(.Dibujo de José M. V111asana.)

�DOMINGO 2S DE MARZO DE 1897

EL MUNDO
" E L :ltlUNDO"

Semanario Ilustrado.
TelUono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Relliacción, debe ser tlirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
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Gerente, Lic. Fausto Moguel.
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. .
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RÉGll:ITRADO COMO ARTÍCULO nE SEGTJJl,"TIA CLASE.

11:u füpúblirn ,!ll111¡,ir ~e O::cntro-,lmérirn.
El jueves de la pasada semana fué recibido oficialmente por el sei'ior Pre!!idente de 109 Estados U nidos 1\Iexicanos, el señ.or Yúdice, Ministro plenipotenciario de la
República Mayor de Centro-America.-Forman esta República, según pacto suscrito en Amapala por sus resp""Ctivos gobernantes, los Estados de Honduras, Nicaragua
y Salvador1 que han dado el primer paso positivo en pro
de la unificación centro-americana, viejo pensamiento
que antaf.'io ha eervido de ensefta á palpitantes y eangrientas luchae.
Alguna vez ha hablado el M1u,do de la unión centroamericana, y expuesto los obetáculos que, á nuei:tro jui ·
cío, se oponen á. la realización de la idea. Los pueblos
jóvenes de esa parte del Continente han permanecido
largos afias en una suerte de antagonismo latente, en una
actitud recelosa, que han estorbado todas las iniciativas
encaminadas á este objeto, ya procedieran de las lucu
braciones del legjslador ó del estadista, ó bienemanarau
de los actos más incisivos y precipitados del hombre de
combate.-Para destruir esta mala inteligencia; para extirpar estos fermentos y ,limpiar el horizonte de nubes,
se ha trabajado activamente y el pacto de Ama.pala se
nos presenta como un hecho realizado.
Es posible-queremos persuadirnos de la solidez de este reciente lazo-que la República Mayor de Centro-América constituya el germen de la futura unión de aquellos
E~tados¡ pero al mismo tiempo que expresamos estos deseo!!, nos llegan de Guatemala noticias que se apartan
mucho del program'.l que debe servir de mira, según presumimos, á. la definith·a agrupación á.e aquellas Repúblicas.
Parece, en efecto, que Guatemala está siendo objeto
por parte de sus vecinos, de una política poco franca, ondulante y movediza, que pocu prepara á la tan decantada unión. En el fondo, la lucha es tan sorda pero tan
febril como en todos los tiempos lo ha sido. Dentru de
estos términos, el pacto d~ Amapalaacaso no esté llamado
á resolver por el momf&gt;nto, el problema, tantas veces iniciado como fracasad•l, de la unific.1ción de aquellos Es·
tados.
De todos ipodm, y encerradu:i en la. correcta neutralidad que caracteriza á la política de :.'IUxico, en sus relaciones con las demás naciones, sólo nos resta reconocer
el nµevo Estado que acaba da ser acreditado ante nues •
tra República, como la expresión de la voluntad de tres
naciones, con las que siempr~ hemos sos~enido buenas
relaciones, y reconocídas como independ~entes.

Una proµaganila µrourd¡11sa.
No hace todavia muchos días un periúJico de eeta Capital publicó un articulo humorístico, destinado á. burlarse, con mayor ó menor donaire, de Ja activa propagauda que don Carlo3 Gris está l lt1vauJo á. cab ), de bueno,,
años á. esta parte, en favor de la. agricultura naciuuat.
Swcede ti veces que el periodista militante, (alto de inforruaciunes, toma de los t.:abellos el primer motico que se le
presenta para cubrir la. labor del dJa, á vuela pluma· y con
la premura impuesta p,.,r el cajista, que va arr,ancando
cuartilla á cuartilla de la mano.
La verdad es que la tarea emprendida por el sefior
Gris es de aquellas que no merecen iranias. Su entusias-

.roo no podrfa cauf:arnos risa, porque ha servido, cuando
menos, para poner de relieve hechas que intereea conocer. De su pluma, nervioea y ágil, ha ido ealiendo la Re•
pública como una rica materia prima sin explotar, que
Fe ofrece á los Qombres de capital y de trabajo, como un
excelente mercado propicio á. todas las activida~es.
Esto es menospiuJorescO que una polémica sobre laposibilidad 6 no posibilidad de la prodúcci6n de la arUtocra.cia en México; pero mucho más substancioso para los intereses nacionales.
A ocaeiones, e! Sr, Gris desdende basta el fondo de
nu ..stras desdichas económicas y sociales, y sus palabras,
de una amarga sincPridad 1 cortan como un puñal damasqnino.~El nos ha ht&gt;cho saber .que un ca.balto americano
gana m&amp;- que un_iorn.aforo en México; yél también quien
ha puesto ante nuestra vista el desgarrador espectfoulo
de la -'1equú:t de nuestras tierras con frase punzanteé incisiva.
Nó¡ el Sr.. Gris no es un ilmm, que traqsforma los rebaBos de ovejas en valerosos ejércitos, ni los molinos de
viento en gigantes descomunales: nuestras miserias y
nuestros prejuicios, nuef'tras falt.as y nuestras depresiones quedan fotografiadas en las páginas que con singular
constancia esparce á los cuatro vientos de la publicidad.
En cambio ¡cuánto debemos á este propag,mdista infatigable de nuestras grandes emp,resas futuras! ¡Qué
servicios los que ha prestado al ensanche de nuestra riqueza pública!
A un reduciendo las proporciones de sus pro.spectus á.
los términos que hubieran de desear cuatro jfaneurs timoratos de la calle de Plateroec, siempre se habrá hecho
acreedor á su saldo, que debemos satisfacerie:en gratitud
los mexicanos, por la persistente cam,paña en favor del
desarrollo de las energías nacionales.

li)alftictt Q&amp;enerttl.
RESUMEN,-EI concierto europeo y la cuestión de
Oriente.-Apariencias y realidades.-EI bloqueo de
Creta y la paz universal.-Los d1sidentes.-La opi
nión pública y los gobiernos.-Una cesión conseguida y otra anhelada.-Conclusión.
4

Si fue¡a real y positivo el cacareado concierto de las
potencias, en la actual situación de Europa, pendiente la
paz de un arrebat,o de los soldados griegos en las fronteras de Macedonia, ó de un arranque de los soldados turcos en los lindes de Tesalia; si no fuera mentida. esa aparente unión con que han acudido al acuitado Imperio oto·
mano, amenazado de muerte por su corrupción y herido
en la mitad de su poder por los atrevimientos del rey
Jorge 1 no presenciaríamos ese ensoberbecimiento de ·que
acaba de dar muestras el Sultán al dirigirse oficialmente
á sus agentes y altos funcionarios, declarando que la preEent-e actitud de laec naciones cristianas en favor suyo, se
debe á. la gestión muslímica y de ningún modo á la magnanimidad de los aliado~, y que contando como cuenta á
discreción con los ejércitos de las potencias y sus formi•
dables escuadras, -'-Y le faltó agregar sus inagotables tesoros,-puede dictar cualquier medida restrictiva para sofocar lai protestas y oposiciones que se levanten contra su
soberana voluntad.
Si el Califa de Jo3 Creyentes hubiera visto la decantada
unidad de acción en lm gobiernos, para exigir1e rt&gt;sponsabilidades por los asesinatos y matanzas de cristianos que
una y otra vez han ensangrentado el suelo de Turquía,
y para compelerlo CQn violencia á cumplir las promesas que dictara el miedo y rechazara su perfidia, no veriamos hoy sancionada la iniquidad de atizar indirectamente la barbarie de los hijos de Mahoma contra los in.
defensas cristianos del Asia Menor, considerando rebeldes y contumaces ii todos los que aspiren á ejercitar los derechos de adorará su Dios y practicar su culto seglln el
dictado de su conciencia, cí todos los que suefien con el
aire santo de la libertad y sus tranquilos goces.
Pero á todo eso da lugar esa protección decidida que
han desplegado los gobiernos ú. favor del turco, por sostener la i11tegridad de sus dominios; á eso conduce la
pret.ensión de mantener incólume el tratado de Berlín,
ya roto y maltrecho ~r"los búlgaros, cuando encendieron la insurrección de los rumeliOLas orientales, q11e ·al
fin quedaron unidos á los súbclitos de aquel príncipe caballeresco que se llamó d.lejamlro de B.1ttenberg: á eso da
ocasión la cruzada anticristiana no predicada por un Pe-

dro el Ermi tafio, desnudo y hambriento, para reecatar
el sepulcro de Cristo, sinl) impuesta en palacios y gabi•
netes por omnipotenlie monarca que no talen~ que, un
pueblo vigoroso y heróico por razón de raza y tradicionee, se lance sin su consentimiento á la revindic:ación de
sus tradiciones y de su . raza; eso resulta, en fin, de la
preponderancia de los emperadores moscovita y germánico que han hecho prevalecer sus designios en el concejo de las naciones, para oponerse en nombre de la fuerza
contra las aflpiraciones de los op1 imidos, para declarar
inhábiles á los cretenses para obtener su anhelada inde•
pendencia.

•••
Afortunadamente para la causa helénica, que es la causa de los pueblos, esa soberbia dd t=ult,ín ha despertado
de su le~areo á los embajadores que parecían absortos en
la contemplación de en obra admirublr&gt;. No se señalan,
ni como promesa mentida, castigos merecidos á los instigadores de horribles recien tt&gt;s matanzas en el Asia Menor; no se encuentra la rnmis iún que era de desearse de
parte de la Sublime Puerta á las &lt;lecisiones de las potencias que la defienden en inandita uni6n; no se echa de
ver más que el llamamiento de tropas, la acumulación
de materiales de guerra, la agi tacióu fobril que precede
á los grandes sacudimiento~ internacionales, y todo ese
aparato bélico y esa. manifo:;tación de fuerza 1 en mPdio
de apuros financieros y lamentables penurias, son
contra Grecia, soif1, desamparnda, que se lanzó á la peligrosa aventura de socorrer pneb!os á ella unidos por comunidad de intereses y de Mpiraciones.
Por eso ya se habla de &lt;li visinnei entre las potencias
que han establecido el bloque,1 J.e Creta. Si fueron precisas largas y acaloradas discc1sifmes para decidirs6 á esa
intervención armada, si expiró u.ia y otra vez el plazo
fijado para esa ostentación .i~ fuerza, anlies de llegar á. un
acuerdo, para. cortar á los insurrectos cretenses y á los
soldados del rey Jorge toda. co1uu11ieación con el gobier.
no de Atenas, no es fácil que tan pront~ se consiga ese
acuerdo para aislará Grecia de toda comunicación con el
mundo, con el bloqueo de sus puertos principales.
Cierto que se ven 06ciale.:3 alemanes mezclados en el
ejército turco, dirijiendo las maniobras y levantando for•
tificaciones; es verdad que mucho se ha hablado de que
las huestes innúmeras de Nicol1s H, que en Plewna y
Andrinópolis, hace veinte arios, humillaron las armas
musulmant:s, están dispuestos ahora á defenderá sus jurados y legendarios enemigos¡ pero también dabe notarse, que la opinión pública en Inglaterra, en Francia y en
el reino de Italia va 1:1centuándose cada vez más en favor
de los griegos, y al fin tendrán que ceder los gobieri'1os á.
su imprescindible presión.

•••

Se teme que el mismo día en que se declare el bloqueo de los puertos de Greda, no será. posible detener ,t
los soldados helenoi:z, que con el arma al brazo, sólo esperan esa señal para· cruzar la frontera y lanzarse contra.
sus aborrecidoe enemigos.
Y detenido el rey Jorge en los movimientos de su ma~
rina 1 único modo con que podría obten13r alguna ventaja
sobre el turco, ¿permanecer,t Europa, indiferente y sorda, ante los clamores del diminuto reino que puede ~er
aplastado porlosejér. i&amp;.os del pértid0 Aodul-Hamid?Ella,
que hizo brotar un pueblo libre al estruendo del cañón
que tronó en Navarino ¿permitirá que ese pueblo se hunda en las sombras de la derrota? Prevalecerá hasta el fin
la iniquidad sobre la jm1ticia?
Nó, ya se habla de discensiones en el seno mismo de la
escuadras que bloquean la Isla de Creta, y mientras no
se decida su marcha hacia las aguas del Pireo, será tiempo todavía de prevenir la catástrofe, que comenzaría -por
la humillación del débil, pero que también podria termi••
nar con la explosión terrible del universal conflicto tan
temido de todos, como de ninguno deseado.

•*•

Como palpitante prueba de la inconsistencia de ese
concierto de las grandes nacionalidades, puede presentarce la anunciada cesión que ha hecho Italia en favor
de la Gran Bretafia, de una isla pequeña situada frente á
las costas de Túnez, no lejos de la rnberbias ruinas de
Cartage, á cambío de un abrupto peñón, perdido en las
aguas del :l\Iar Rojo, no lejos de Ja colonia de Erythrea.
En otras circunstancias que no íueran las presentee,
casi :paEaría inadvertido semejante cambio; pero hay que

DOMINGO 28 DE MARZO DE 18!&gt;1

•

EL MUNDO

notar que, cuando Ingl~terra quiere adueflarse del Mediterráneo con esa nueva esta:!ión naval, y completar la
,cadena con que ha de ceñir las costas meridionales de
Europa, extendiéndoee de Gibraltar á. Chipre, pasando
por la Isla de Malta, Rusia también pretende un puerto
en las costas del Archipiélago, á cambio de la protección
que por sí y por medio de las tJtras potencias ha impartido al vacilante Imperio turco.
Y el gran Imperio marítimo que se siente amenazadJ
en la India por el camino de Afganistán, y en sus influencias del remoto Oriente por el camino de Corea, se previene de ese modo, uniéndose con Italia, para entorpecer los movimientos de la escuadra francesa que parecía
señora del Mediterráneo.
Francia no puede consentir en la proyectada cesi6n 1
aunque viera á su potente aliad.a Rusia alcanzar el puesto que ambiciona en la península de Athos, y ha de oponerse por ende á. que se lleve á. cabo ...... Hablen despufs los optimistae d~ conciertos y uniones, y desentrafien si pueden estos misterios de la diplomacia.
X.X.X.
25 de Marzo de 1897.
El Señor Obispo de Vucatán.

Cclebrabáee en la catedral de Mérida, la fiesta de San
Bernabé, patrono &lt;le la ciudad. El templo e~taba severo
y ricamente adornado; en el altar mayor lucfan millares
de lámparas y cirios en medio de los cuales brillaban los
diamantes y esmeraldas de la custodia. Uajo el dosel rojo, presidía la solemnidad, el santo obispo Gala, rodeado
del Cabildo, y en el coro, entonaban los cánticos de la
misa, angelicales señoritas. El diácono cantó la última
palabra del Evangelio, cerró él libro, sentáronse los oficiantes y de su puesto en el cabildo, se levantó el canónigo más joven, deslumbrante el rostro con la más dulce
sonriea, que acompafiad.g de algunos acólitos se dirigió
al púlpito. A su paso, los asistentes cuchicheaba.o:
-E:1 el Padre Carrillo.
Así hube de conocerá. quien por sus obras históricas,
bacía mucho tiempo profesaba gran predilección.
Me fijé mucho en aquel semblante, no sé Ei para descubrir en su mirada, al autor de la historia antigua en Yucatány det,\Velina,» pero, la verdad, el sermón no me dejó
tiempo para continuar et examen. Tantas vulgaridades
había eácuchado de labios de oradores sagrados, que,
deede luego, el exordio de aquella originalísima plática,
cautivó mi atención.
No recuerdo uno solo de los maravillosos conceptos,
mas nunca podrán borrari:e de mi memoria, los cuadros
magníficos, pintados con toda la hrz y el colorido de una
fraee extremadamente sencilla, que destacó más que en
mi imaginación, ante mis ojos la batalla de Thó~, desastrosa para los valerosos mayas súblitos de Nachi CJcom, y
la fundación de Mérida por Don Francisco de l\fontejo
hijo del Adelantado.
A nadie podía cab~r du fa en ello: quien así trataba
acerca de la historia yucateca, ~abía consagrado muchos
años á. su estudio. Erl el mismo qne guardaba documentos importantísimos, Códice Chumayl, que servirán pa
ra rehacer los tiempos primitivos de América. Bien reve•
laba aquel canónigo joven, dt:, sonrisa tan dulce, que merecía las distinciones de sociedades científicas extranjeras, nombrindolo miembro suyo honoralio.
Han- tramcurrido muchos afios y aun me parece estar
viendo al sacerdote de rr·stro cobrizo, color de la raza
maya, vestido de sotana y humilde sobrepelliz, con el
bonete en la mano, y aún me parece estar oyendo aquellas palabras que tanto conm'ovían á sus oyentee.
:i\Lí.s tarde, el Seilor Obispo Uila lo designó para coadjutor euyo, y el Papa León X.Ul lo nombró obispo inpat·
tibwt lle Lero, isla del mar Egeo, con derecho de futura
suce~ión, en la diócesis de Yucatán.

timo. Señor Carrillo y Aneo"ª• Obispo de Vucatán.
Muerto la semana anterior.

El nuevo obispo se dedicó á c;1rregir abusos y á revivir la disciplina eclesiástica. entre sus diocesanos Nun·
ca desmayó su energía; en un priucipio, la ge:nte rica,
acostumbrada á domrnar eacerdotes, sintióse herida
por aquella dignidad en tl cumplimiento del deber, y los
sacerdotes-entre ellos algunos antiguos compañ.eros de
cabildo del nuevo obispo-protestaron dejando caer sobre él, tilde de orgulloso y amigq de los honores mun•
danos.
Nada importó aquella tempeeta1 formidable que
amenazaba, al Obispo de Yucat.á.n. Acudía diligente
al remedio de las neceiidades de su obispado y reprimía con severidad los abusos y defectos de sus subalter·
noe. Fué un modelo más de la entereza maya, resignada
en el sufrimiento y templada hasta el apogeo de su grandeza.
Como prelado, trabajaba por un fin: la organización da,.
su di6cesi 1 y :í los pocos ai\os, volvió á ésta la paz deseada.

•*•

No, por eso, olvidó el Sr. Carrillo y Ancona sus traba·
jos de historiador. Diversa!'! obras nacierondP. su pluma,
que si no encantan por su estilo, ofrecen grande utilidad
1í. la ciencia y han prestado algunos servicios á la patria.
Puede citarse su oplÍPculo acerca de Isla Arenas, cuya
propiedad disputaba el Gobierno americano al de México. La obra del Sr. Carrillo esclareció la cuestión, y en
las razones aducidas por el obispo yucateco, fundase el
Gobierno deftléxicJ para reclamar la propiedad de laisla .
Finalmente, ésta fué devuelta por el Gobierno de los
Est.a1fos l; nidoe.
Poco antes de morir, sostuvo con el Lic. D. Juan F.
Molina Solis una polémica acerca de punt0s muy interesantes d1:, la historia y ucateca. La. colección de es:os artículos hoy en prema, compondrá el apéndice á su bis•
toria antigua de la peninsula.
Coro') prelado, dirigió cerca de treinta cartas pastorales á s11.3 diocesanos y áiniciativa euya fuécreada recientemente la diócesi de Campeche.

•*•

En lo privado, el Sr. O.rrillo y Ancona, se distinguió
por su amabilidad. To&lt;lo el que eolioitaba de él algún
servicio que no amenguara el cumplimiento de en deber,
salía del Palacio episcopal de Mérida, complacido.
No ob;;itanteel haber tenido que corregir graves defectne, p:na iius inferiores 1 fné afable y bondadoso.
Por tan altos méritos, Yucatán, acompafia conrternado el cadáver del sábio prelado, basta verlo deeaparecer
en la. tumba.

•••
El 15 de Febrero de 1~7, murió el Santo Obispo Uala,
y ocupó su lugar el Sellor (.'artillo y Ancoua. Aquel babia empleado su tiempo en implorar la gracia divina para. regir el obispado; pa'3Ó 1 pues, sobre lus malcJ,ades humanas y sobre ei alborotado mar de los abusos clericales 1
ein voner los ojos en unos ni en otros. El virtuosísimo
varón, creyéndese tremendo pecador, juzgaba :í los demás
con suma benevolencia y no pocos sacerdotes yucatecos
campaban por sus respetos, en sus parroquias.

Páginas de Cuaresma.
Recuerdos de Sevilla en el tiempo Santo.

EEa ciudad de Guadalquivir bullía ardorosa y sonriente corco una nifia feliz y candorosa que aspira el aire saturado con los suaves perfumes de la primavera.
El cielo despejado y brillante, aquel cielo tan genuinamente andaluz, de un azul ein igual, que sirve de majestuoso dosel al espléndido rey Q.el día, enviaba sus plá.ci-

195

dos luminares á. la tierra y se miraba en el río como en
espejo divino que retrata á. la vez en eus cristales el conjunto de bellezas, entre cuyo exorno sobresalen, como
las primeras figuras de un cuadro, la grave. eilueta de la
Torre del Oro, los maravillosos jardines de las Delicias Y
el suntuoso palacio de San Telmo.
Con el beso del sol enjugaban las flores sus lágrimas
de la noche.
Las auras furtivas lleTaban doquier eñ sus ocultos repliegues la esencia de los azahares embalsamando el ambiente, y los armoniosos trinos de las aves llenaban el
espacio de alegres y deleitosas melodías.
Era una mañana de esas que son una fortuna para el
que ama y un coi{suelo para el que llora.
El sacro tiempo de Cuaresma y en particular el de la
Semana Santa en que conmemora la Igleeia Católica el
sublime drama de la Redención verificado en el Calvario, imprime en los pueblos cristianos un sello de tan
singular tristeza, que infiltra el espíritu y predispone el
á.nimo de los seres sensibles y religiosos á la contemplación de los ·altos misterios y de las grandezas de la su pre~
roa obra del Salvador.
Pero donde más especialmente se observa la influencia
de esta época, donde puede decirse que se acentúa más,
es en la capital de Andalucía, pues se respira allí en esos
días una atmósfera tal de midticismo que parece no sólo
visible á la retina, sino hasta qut, se huele como aroma
divino, y que se palpa en todo lo que revela la mano de
la creación.
El semblante de los sevillanos, siempre afable y risueño se reviste en estos días de una doble aureola, de infinila dicha, de santoorgullo 1 de noble eatisfaccióu, porque
pasa por ellos el culto rendido á. sus hermosas imágenes
que ostentan rodeadas de un caudal de oro y pedrería,
caqsando la admiración de propios y extraños, es la mayor felicidad.
Yo no podría. decir cuál de aquellas archicofradías,
compuestas en su mayor parte del comercio y de todas
las clases de la sociedad, se distingue más por su celo y
devoción, y por su afan de superar á todas en fausto y
en riqueza; pero es lo cierto que los venturosoa hijos de
aquel suelo privilegiad,o pueden estar envanecidos de su
Semana 8anta, la m1is famosa dei 1\Iundo, la más bella y
esplendorosa. maravilla de los hombres y asombro del
universo.
Multittid de seres que se agitaban sin ces'lr como s1,1ce·
de siempre en testas días sin noches para el descanso,
ouesto qu~ en su ardiente entusiasmo religioso posponen
el suefio á la idea de acudir presurosos á presenciar el
desfile de las cofradías de madrugada con el mililmo devoto fervor que lo presencian.todos iGs añoe, recorrían las
calles de la bética c!udad, afluyendo en mayor número
por las que se dirigen á la )facarena.
Deseosa de presenciar una vez más el férvidú rego,
cijo, Ja indescriptible alegría de los vecinos de aquel célebre barrio, al regreso al templo de su renembrada
cofradia, me confundí con la muchedumbre, y empuia·
da por aquella oleada humana, más bien que conducida
por mis pief, llegué á. duras penas á. colocarme en sitio
á propósito, desde donde pudiera satisfacer el anhelo de
mi curiosidad.
Tras un rat,o de espera, el movimiento de la gente, que
en cortos instantes aglomeróse hacia la izquierda, for•
mando una apretada masa de carne viviente con vaivenes de mar alborotado y murmullos de viento tempestuoso, á la vez que las voces de los que conquistaron ma·
yores alturas encaramándose en los trboles y sobre un
trozo de mur.:&gt;, teEtigo de viejos recuerdos, que aun no
había demolido la piqueta del progreso, gritando con
placenteros ecos ,i¡ya viene! ¡ya viene!" me dieron á entender que Ja procesión se aproximaba por aquel lado.
L'l masd- de carne se hizo menos movible y más coro•
pacta.
Empiná.ndome cuanto pude sobre las puntas de mis
pies, rúiré por entre las cabezas que habla delante de mí
y me dispuse á no perder ni un detalle del sagrado espectáculo.
Dos indivi&lt;lno~ rle la benemérita Guardia civil, haciendo caiacolear los caballos, q11e ~ a aldndose de patas traserns con grave peligro de atropellar :í lo.:! curiosoi más
cercanos, bien aoJ.ai~d, &lt;le la1l l cnrn'&gt;cn airoso balanceo,
iban despejando el camino y ab1 iendo ancha calle para
el paso de la cofradía,

�EL MUNDO

196

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

La cruz divina, símbolo de la sublime
epopeya de todo un Dios eacrificado por el
hombre, precediendo al ceremonial, pasó
infundiendo el respeto y la veneración ~n
hombres y mujeres, que inclinaban las
unas con humildad la frente y se descubrían los otros con verdadera devoción.
Numerosa fila de penitentes, deslizándose á derecha é izciuierda como fantd.sticas
visiones, durante largo rato pasaron arrastramlo la casi interminable cola de su túnica blanca como vestidura de cisne¡ de
igual color elevábase sobre sus cabezas el
capirote piramidal, cubriendo el rostro que
sólo se a.divinaba á través de los dos agujeros por donde ·asomaban los ojos cual chis·
l)as de fuego, única señal de vida que al
parecer animaba la marcha siempre igual y
acompasada de aquellos autómatas sin
otro movimiento. De sus hombros penQ.fa
,el gran esca pul ario de seda verde, insignia
de la advocación de la Santísima Vil'gen
que adoran los macarenos, y sobre una cadera apoyaban con 1rnmo firme, ein demostrar vacilación ni cansancio el encendido
cirio monumental.

DAMAS MEXICANAS

f
1

Los hermanos mayores, recogid:1 la cola
en un brazo y sostenic&gt;ndo con la otra roano

la bruiiida vara de plata, iban y venían por
,el centro cuidando del orden y la debida
-eompostura de la hermandad.

.

El primer paso, grande, suntuoso, mag
nífico de riqueza y esplendidez, apareció
por fin á mi anhelante vista, y todas las mi·
radas, como la mía, fijas en aquel punto sig·
nificaron su piadosa admiración. Representaba La .~enlencia de CriIJto, aquella esce·
na indescriptible en la que Jesús, humilde y resignado como un cordero bendito,
después de habeF escuchado la injusta y
calumniosa acusación del tirano Pontífice
Caifásee conducidoá. presencia de Pilatos,
Gobernador de la Judea, quien compren·
c.lie:ado la inocencia del reo y no bailando
culpa que justifique el castigo, vacila un
momento, pero al fin lávase las manos, creyendo de este modo limpiar su couciencia
de aq11.el crimen afrentoso y confirma la
sentencia.

Señora Luz González Cosío de López.

El aµcho y bien decorado paso, f!obre el cual se dibuja maravillosos relieves de oro, que desde la cabeza caía por
con tanta verdad dicho solemne acto de la Pasión del detrás de las andas hasta tocar en el suelo.
Los fulgores divinos en que venía envuelta la Reina
Señor, pasó roza.ndo con la gente el rico paño de terciopelo que prendido en derredor bajo el tailado zócalo do- celestial como si la gloria fuese en torn•) de Ella, y la exrado ocultaba á los ojos curiosos las toscas figuras de los presión de profunda ternura, de eanto amor, de infinita
forzudos hijos de Santiago, quienes dirigidos por un in- · misericordia que briUaba en sus ojos, hizo exclamar á
teligente capataz y vertiendo copiosss gotas de sudor ca- todos en regocijado grito y en coro improvisado un ¡viminaban sin ver, pero con suave y recto andar, soste- va la Virgen de la Esperanza! qs.e resonó en el espacio
niendo sobre sus cabezas aquel enorme peso que hacia llevando sus ecos por los aires, prolongados sonidos artemblará veces las bombas de cristal de los artísticos moniosos cual si ~l arpa sagrada de David hubiera vibracandelabros, cuyas luces, desvanecido su brillo al resplan- do desde la altura al sentir en sus cuerdas aquel sonorodor del sol, se movían como si fueran lenguas de oro ha· so acorde de inefable gozo. Repetidos acentos de júbílo,
de ti~rno amor filial haCia aquella Madre generosa, de
blando en mudo lenguaje con el cielo.
Vistosa escolta de soldados romanos de á. pie y de á ca- quien todo se espera, lanzaban doquier entusiasmadoe,
inclinando la rodilla reverente cuando un acontecimien•
ballo siguió detrás, al mandO de un Teniente y de un Ca•
pitán, espada en mano, luciendo con aire marcial la lu· to inesperado vino á trocar en pena las muestras de conjosa ropilla de terciopelo bordada de oro, el plumero da tento de aquel pueblo fervoroso.
Un hombre que entregado de contínuo á. frecuentes li&lt;Costosas plumas que ondean sobre el bl'iUante casco de
baciones se hallaba entonces en un lastimoso periodo de
acero, dando á. la trigueñ.a faz de aqullos hombres, que
embriaguez, asomó en aquel solemne instante á la puerlevantan la frente poseídos de noble orgullp, verdadero
ta de ia taberna, donde celebraba. á su modo la santidad
aspecto de guerreros.
del día, y Eintiéndose contagiado de la alegria general,
Nuevo desfile de penitentes llevó otra vez nuestra ima- .dando-desaforados vítores á la Virgen, levantó la mano
ginación hacia fantásticos ideales, queri~ndo en vano dere;cha, en la que aún conservaba el vaso del vino, y
descubrir con el pensamiento la velada fisonomía donde sin darse cuenta de lo que hacía lo arrojó á la santa. faz
radicaban los expresivos ojos que sólo dejaban ver los de la imagen divina, qne al furioso golpe se de'iconcbó,
nazarenos.
sin que por eso cambiara su dulce expresión de Madre
La proximidad del clero, los himnos religiosos y el hu- amaitte y generosa, dispuesta siempre á proteger y permo perfumado del incienso fué indicio de que la Madre
donar hasta á sus más ingratos hijos, ¡Sublime demosde Dios se acercaba, y la más pura alegría se dibujó en tración de humildad y de amor digna de la bendita Malos semblantas. Era Ella, en verdad. Las cinceladas andre de Aquél que siendo Poderoso murió por los pecadodas de plata con pabellones de tisú, que sostenían á la res enclavado en un madero!
hermosísima virgen de la Esperanza entre profusas luces
El asombro, la indigna~ión de los que presenciaron
y ramos de flores, aquella imagen purísima, patrona adotan inaudito, tan abominable hecho, no tuvo igual. La
rad.a de la Macarena, apareció engalanada· con sus más
multitud se revolvió rugiente como fiera herida 6 como
hija qué defiende á su madre, y arrojándose sobre el impreciosas galas y con el espléndido ma.nio bordado con

pfo con enconada ira, lo hubiera exterminado en~breve, castigando por su mano el
sacrilegio, si los agentes de la autoridad no
ee hubie1an apresurado á detener al malvado, ó más bien al pobre loco, que con
cara de idiota, mirabaá los que le atacaban,
sin rechazar la agresión, como estupefacto,
6 comprendiendo quizá la profanación que
acababa de cometer en un arrebato de delirante entuslasmo.
El remolino de gente siguió agitado, tumultuoso, amenazante, lanzando con murmullo sordo terribles sentencias sobre el
culpable, mientras éste era conducido á la
prevención.
Del sitio opuesto al del suceso, una voz
varonil, freeca, sonora, como chorro de
agua cayendo sobre el marmol de una
fuente, cantó una pop11lar eaeta dedeEagravio á la Virgen, y-de nuevo un coro de voces gritó por doquier: u¡Viva nuestra Bfiiora de la Esperanza!n repitiendo los sentidos
cantares y los fervientes vivas basta la misma puerta del hermoeo templo de San Gil,
término de la procesión.
Al penetrar la sagrada imágen en su casa, vuelta de cara al pueblo, pareció echar
una tierna mirada de despedida á eus hijos queridos, envuelta en lágrimas de pie·
dad y de perdón para el desdichado, y entre las l'uidosas aclamaciones del pueblo,
las melodiosas notas de los instrumentos de
cuerda, los salmos que entonaban los sacerdotee, vaporosas nubes de incienso, soplos
de auras, fragancia de flores y rayos de luz,
reflejos celestiales, fueron introduciendo
suavemente á. laVirgenpor la nave central
de la iglesia donde los católicos hijos de
aquel barrio han sabido erigirle un trono
resplandeciente sobre los puros cim,ientos
de su jnfinito amor.
Algunos años después de aquel á que me
refiero, volví á ver en la sin par y poética
villa de Sevilla, las cofradías de madrugada en una de Jas principales calles de la
carrera yal pasar la de San Gil, tuve el placer de admirar nuevamente la bellísima
escultura restaurada de la Virgen de la Esperanza, llamandopoderosaroente mi atención un hombre que, detrás del paso, descalzo y aherreojado con grillos y cadenae,
caminaba dificultosamente, con los ojos bajos y la frente
inclinada, en actitud humilde, revelando en su aspecto
y por el silencioso movimiento de sus labios, que iba entregado á. mental oración, en cumplimiento de algún sosolemne voto, yendo sin duda, por ominosa culpa, poseído de la más profµnda y s~ncera contrición.
Aquel hombre era el mismo que en años anteriores
cometiera el sacrilegio referido en un momento de ciegá
excitación, y habiéndole encausado y juzgado severamente la justicia ~e la tierra por tan nefando crimen,
cumplía la merecida pena impuesta á su delito, con el
arrepentimiento en el alma y las lágrimas en los OJOS.
CAROLJXA

DE

SoTO

Y

CoRao.

OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA''

ENMEXICO.

México, ~iarzq 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director gener.i.l de ''La }1utua.''
-Presente.
Muy Señor mio:
Hoy be recibido de uLa Mutua,iJ Compañía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia·
gay en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (1O,000.00)'.liez mil pesos importe de 11;-p_óliza número
571,958, bajo 1a cual estuvo asegura.do Dll finado esposo
el 8r. D. Federico Sl4nche.
Además me ha sido e1ltrega'la la suma de $2,082.40,
importe d~ la devolución íntegra de todos los premÍOH
que mí citado esposo pagó á. la Compañia desde hace
cuatro años que t:!Olicit.ó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obstante que mi repetido esposo falleció en Francia.
á fines del afio próximo paeado, la Compañia, con todo
empefio, se ocupó de la tramitación de los. documentos.
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las esr.ipulaciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, eeñor Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de ud. affma., S. S.
como albacea de la testamentaría de mijinado esposo el
Sr. D. Federi~ Sanche.-Aeise SancM.

EL CARNAVAL EN MERIDA

COMO NACIO El CARNAVAL

El eterno enemigo del hombrP
y amigo eterno:de la mujer, el diablo, sintió una vez hastío de t:1Lt
persona.
Ser un fantasma incorpóreo,
siempre acompailando á la tmn1;1 •
nidad como una sombra, en e1H
dichas ó pesare~, no le resultaU;~
al cabo un juego mu.y divertid".
Quiso, puPe, ser hombre p1, 1·
unos dias. Quiso tener corazón
y labioei. Labi1 s· para beber la
embriaguez; coni.zón paraform: r
un acorde divino con el corazóu
de una mujer amada.
Como mozo que libre se lanza :i
la vida, el diablo agotó en poca-1
horas todos los placeres. Amú,
bebió, jug'6, riñó. Fué un Do 1
Juan, un Falst-aff, nn Monte Crhto, un Estudiante de Salamanca.
Andaba beodo por las calle¡.:.
A la locura había robado todos
sus cascabeles.
Era en Febrero. A un cielo llu•
vioso correspondía un sudo co11
fango.
El diablo cayó. Cayó Qe cara
sobre el lodo.
Probó el polvo amasado con la~
lágrimas de las nubes y las baja,cosas del mundo, é hizo una
mueca.
Una mueca de burla,dedesver·
güenza y de as..:o.
Y al estampar allí su rostro era
puloso, quedó hecho el molde de
una :fisonomía de Carnaval.
Nació la primer careta.
JOSÉ DE 81.LE'j,

197

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1897

1

~:i .

.

'

/\

PAGINAS ESCOGIDAS
La cuestión social y la ciencia.

La humanidad progresa por el
trabajo: el trabajn ea el eterw,

obrero de la civilización; cuanto
es llega á ser por una acción actir1t
ti trabajadora, tres palabras qu~
encierran la misma idea: todo sér
humano que merezca el .nombre
de tal, será obtero de algo, grande
6 pequeño, modestoó sublime, segúnseasu fuerza creadora ó transformadora. Y no sólo el sér humano, cuanto existe, desde las
grandes masas astron.ómicss:hast a
los últimos átomos, se afanaen
un trabajoJcontínuo é inacabable.
Verdades son éstas que nadie
niega y que han descendido á la.
categoría de vulgarísimas.
Pero esta palabra trabajo se entiende de diversas maneras, y de
Sociedad ••La Uníón.''-Carro ''El Mundo.••-S~ñorita Clementina
torcer su sentido, de adulterar su
esencia, de estrechar su círculo propio, pueden nacer en modo el q1te escribe, el qne medita 1 el que discurre, el
que r.... vnt.&gt;ivP iJt!a~ en el h11etN de 1:111 cr.i.neo: r¡uerna,uw
la esfera social enemigos y odios tan injustos como fum·s·
rn&gt;a.terialnwntE', m:b~ qm• sn carne y i:iu i;;angre, centenares
tos. Todo trubajo es noble. respetable, fecundo, santo
pudiéramos decir, si nos dejásemos arrebatar por místi- rte celdillas ~,-i..,P~¡ y ambas combustiones-h1. del traba·
cas exaltaciones; pero entiéndase bien: todo tr,d,nj,,; nJ jiidor v h1 dt-l hombre de est11dio ó de \e1ra11-se mi•fcn.
,tp/ mit11fl.•1 m,,,rtn, porreltlíduosquímicos y por consnmo de
éste en particular: no aquél y los demás desprecia.blt-t!,
energ1a 1ni1Y.rial, cuando sólo bajo el punto de vista ffsi·
aborrecibles y engañosos: todos por igual.
Trabajo es consumir una parte de la vida para alcanzar cu se corn,idnan.
Pero he aqní nna circunstancia notable, nna armnnfa
más vida, ya para sf, ya para los suyos, para la patria 6
para la humanidad, para la generación presente ó para sociii.l. q11e entre aparentes discordias. luchaq y conflic•
las generaciones futurae. Poco importa la forma en que tos d"lscubre el pensador. A saber: qne el trabajo del que
eeto se realice: las exterioridades del trabajo constituyen con el cerebro y con las idt"as r.rabaja, s-iem¡.ire es en be·
neficio del qne trabaja con en fuerza muscular. Sin
su característica, son sus determinaciones particulares.
'l'rabajo es el del pobre bracero que remueve tierra para el pensamiéotn, sin el estudio, sin consumir el sistema
nervioso, ni ha.y progreso, ni ha.y invenciones, ni la inla P.:x:planación de una obra pública; el del cavador, que
hunde su azada entre terruílos; el del minero, que se dustria contaría hoy tantas y tantas maravillas como
hunde todo él en las profundidades de la negra galerla; cuenta; ni habría ferrocarriles, ni miiquinas de vapor, ni
pero trabajo es también el del sabio, que recogiendo toda electricidad, ni teléfono; ni nuestra vida fuera cadi vez
su fuerza nerviosa en el cerebro, penetra en los misterios más amplia, ni el problema social fuera cada vez menrn~
del Cosmos; el del inventor, que tras noche y noche de difícil: no ya resolverlo ni plantearlo fuera posible. Ni
desvelo, fabrica un cuerpo férreo para meter en él una sospecharía el obrero que su suerte puede mejorarse, ni
funza naturai, el del poeta, que consume su inspiración por meJorarla.seafanaria, ni podría comunicar siquiera con
sus hermanos para hacerles participes de sus angustias y
buscando harmonías y belleza.e en mundos invjs1bles.
No es el único trahajo el del esfuerzo muscular: trabajo es de su~ sufrimientos.
Cada cual aislado, metido ensu mina, sudando sobre el
también el de la vibración del sistema nervioso y eL del
surco de sn campo, aferrado á su telar, ó estremeciéndo-cerebro sobre todo; y como en las condiciones humanas se
bajo el látigo de su amo en _el Asia, en Grecia, en Roá. todo pensamiento acompaf'ia un desgaste de substancia
-encefálica, como el sistema nervioso y su gran centro su- ma, penearía tan sólo en el dolor del momento ó en el
de la noche próxima, como suprema esperanza.
perior e'" el organismo en que las ideas traba.jan, resulta descanzo
Sf; el trabajo del pensamient.o ha sido y es et r.-rJ.efUQr,
,con evidencia matemá.tica que trabaja et que pieri,aa como
trabaja el que cava, el que asierra, el que cepilla, el que humanamente hablando, del trabajo manual. Millones
de manojos de nervios y millones de cerebros se han qu,ecoloca ladrillos, el que arranca bloquee de carbón bajo ,n
d I q,,,.mi,e ,m~iite durante sig'io'-1 v siglos para redimir
tierra, el que eropufia la cafia del timón 6 la palanca de
millones y millones de múeculns, de millones y millones
la locomotora. No trabaja metafóricamente, idealmente,
trabaja con trabajo maú:riAil, dando al progreso y á. la ci- de pobres seres de sus toscos y afana.dos esfuerzos.
¿De qué modo? Dígalo la ciencia con sus grandes leyes,
vilización pedazos de su organismo, consumiendo su máquina humana, sudando en el foco de la substancia gris que nunca son estériles para la práctica. Díganlo los incomo suda el obrero por la piel, agotando sus fuerzas físi- ventores con sus maravillosa¡ creaciones. Dígalo la incas, cayendo rendido por la noche para no dormir quizá, dustria con sus prodigiosos artificios. Dígalo nuestro sique la vibración del músculo descansa, pero la vibración glo, que empieza con fo ..midables y á veces sangrientos
cerebral sigue tercaagotandoenergias, espantando el E'Ue• gritos de libertad y va acabando con himnos de triunfo
ño reparador y consumiendo todo el capital de la vida. al vapor y al fluido eléctrico. Pero digámoslo aún en fórEl r.rabajo físico es siempre, hablando en ·términos ge- mulas menos vagas, más exactas y más comprensibles.
nerales, una combtWi6n; quema el pobre obrero su carne En el mundo inorgánico, el trabajo es el resultado de la
acción de unaf11,t;Tza á lo largo de un camino, venciendo una
y su sangre cuando dobla el cuerpo y empuja contra el
obstá.culo la azada 6 el zapapico; pero trabaja del mismo reBi..qtencia; se mide por kilogramos y metros~ su unidad

el L-ilngrá,,utro , 6 el cab«Uo dP
,·aµvr que son 75 l..-i.lográmetroB. Y
t-oda la in,m,tria mataw.t con su
,·ariedad infinita, con su maravillosa f'~plendidez, no encierra
otra unidad ni ij~ compone de otra
cosa; resistencrns vencidas por fB·
fuerzos á lo largo de caminos ó
rendidos en kilómetros, 6 recog1dos en vaivén, ó contorneados t-n
círculo. Todoobreroen la última
capa social, en la más ínfima, más
desdichada, y por lo tanto más
digna de compasión, todo obrero
que no dispone más que de i::n
fuerza fisica, que no ha recibido
educación, ni tiene conocimien·
tos más 6 menos extensos que bagan productivo su trabajo por el
trabajo de la idea, trabaja de este
modo; vencecon el esfuerzo de la
azada la resistencia del surco á lo
largo del surco mismo: vence con
el choque de la piqueta la resist.en ·
cia del mineral á lo largo del filón:
vence apo, ando la pala del ren,o
contra t:-1 ·agua la reeietencia el~
}¡-u:1 olas, y cuenta que aqu'.L ya h~
civilización (hombres que disenrrinon) le ha dado una palanca.
Pero no sólo en el roJseroobrt'ro, en el i::abio más profundo, t-n
el artista más sublime, en el i11 •
ventor como en el empreeario, en
toda la escala humana de la acti•
vidad y ton el fondo del organh:JUO, el trabajo maieri.al es el rni::swo en su esencia: lo mismo trabaja el mll.i::culo que la celdilla gris,
que la subs:.ancia blanca, el cora·
zón que el pulmón: siempre I a
una fuerza venciendo una resistencia, ~iempre el trabajo rot"C:'L·
¡'
nico bajo forwa de calor ó dt- electricidad, ó de acción química
En el cerebro que piensa, como
en el peón que acarrea ladrillo~.
bajo el puruode lista del consumo
de energías y de Ta. fatiga uiateria 1, no hav más que hlográm,tro,"j ó en Hls equi\'alentes calorífico!&gt;, eléctricos, magnéticos 6 quí111icos. Al trabajar se consumen
kilográmefi•o.~ en las evc,lucit.,nes
cerebrales qee vibran, como en
la locomotora que salva abismoP,
taladra montes y contornea curvas.
No odie el obrero al que trabaja con el pensamiento en cualquiera de las esferas sociales, qt:e
identicos son y son herroanosan. e
la ley et e roa del trabajo; y kil&lt; grámetros con1:umen uno~ y otrcei,
y pedazos de sus organismos ~e
queman, y dfa por Uía van coi enmiendo aquél y éste su E'xistencia
González.
en la misma obra de redencióu.
¿Pero qué es el trabajo humano, cuál es la ley de sus
evoluciones? La ciencia, mejor dicho, todas las ciencias
combinaO.as nos lo hacen ver y nos lo demuestran con
demostraciones infalibles.
Cit.mbiar kilográmetro ~or kilográmetro; t1na ttni.dad de
trabajo muscular ó nervioso por otra 1midad: un pedru.o
dP 1•1:da por otra tanta 1Jida, e-:,tO seria casi la inmovilidad.
la negación de todo progrei::o, el encharcamiento peren·
ne en las primeras charcas que dejó el diluvio al retirarse: sería el es&amp;ad'l salvaje á. perpetuidad y sería al fin,
la destrucción y la muerte: allí no habría problema so·
cial, allí todos seríamos iguales: todos á ras de tierra en
el bosque 6 en la caverna.
No; la humanidad progresa, porque no cambia 11n trabnjo por otro trabajo ig,«ll, sino por otro TRABAJO MAYOR:
ahí está. su ganan.da, ¡esa palabra tan odiada! ahí está su
ir.ter~e, su beneficte:, su triunfo, su gloria y su porvenir.
A fuerza de ganancias hemos progresado y somos lo que
somos.
El sabio, que consumiendo y quemando masa encefá•
lica, como tantas veces he dicho, y desarrollando kilográmetros químicos en las profundidades de su cráneo,
descubre una ley, una fuerza, una energia, ¡&gt;ongo por
caso el vapor, la electricidad, el modo de utilizar los rayos solares,. ó la p alpitacióa de la marea; ese sabio, repito, por unos c11antos kilográmetros que consume encuentra potencias infinitas para la humanidad y para el
obrero mismo; y en ese cambio de lo menos por lo m.ás,
de un consumo deenergia nervioso por un aprovechamiento de millones y millones de caballos de vapor, está
cifrado el maravilloso progreso material del siglo XIX y
el acrecentamiento de la riqueza humana. Así se emancipa el trabajo muscular de las clases inferiores, poniendo á su servicio el trabajo (\e la nar.ureleza inorgá.nica y
las grandes fuerzas que antes seconsumian estérilmente
para la civilización. Asi el obrero se va elevando en el
orden de la inteligencia y va poco á. poco mejorando su
suerte. Antes sólo trabajaban sus musculas, ahora entra
á la parte su cerebro, y con mover una palanca en la lo•
comotora ó con abrir una válvula de paso, hace trabajar
á miles de kilográ.metros, que es como si sus músculos
se hubiesen centuplicad.o mil veces y fuesen los de un
titán.
Pues bien: estas ganancias de fuerza motriz; esta suma
de beneficios que resultan al cambiar una pequeña parte
de energía orgánica y un pequef'i.o coneumo 1 (pi:!queflo
f:'F

1

�,g8

DOMINGO 28 DE MARZO DE 08g7

EL MUNDO

relativamente) de vida por una cantidad enorme de energia inorgánica; estas fuerzas natura)es, vapor electri,..idad. 1 calórico, acción quí.
mica 6 luz, fuerzas antes ociosas y que el genio del hombre ha !'rranc:id_o de su bolganza,
para hacerlas trabaJar en miles de rnúquinl:l~
aparatos é, invenciones, en férreas cárcelt&gt;s ¿
sobre carriles metá.lícos 6 eo hilos de hi1;:rro·
todas estas energias acumuladas 1 vuelvo áde~
cirio, constituyen 6 pueden cons tituir, si locamente no se consumen, f'l cupitat de las mo
dernas sociedades. Y he pronunciado la pala-

EL CARNAVAL EN MERIDA

bra temerosa.
.iCó~o ha d~ ser el &lt;&lt;?pitat1 ni el ru6netruo,

m el tirano, º! el vampiro, s1 es n1 el 6r,11m .f,'.del traba¡o y de la producrión el único
redentor ?el obrero y del hombre!
¡Ah! ¡S1 de la noche ú la mafia.na. por arre
de 1:11agia ee du1;&gt;lica!:Pn, ee triplicaSt-n t•JtlOS low
('ttp1talea de la tierra, cómo se duplicaría y triphcarfa el bienestar del obrero!
¡ Esta sí que sería la inmediata solución del
problema social: los salarios al toe la reducción
de horas, la instrucción del obre¡o su deseanª&lt;?, veJez tranqu~la, su vida ~oraÍ más y mi.is
dilatad~ por ~onzontes hoy inaccesibles!
Ah! e1 C(!Trl~sen 1 como dice el gran maesLro,
no dos cap1tal1stas tras un obrero 1 eino ui11lt
ó lrn11la Ira,. ti 1Uimo ei.m para q ue llevasen
una carretilla de tierra, cómo entonces el hu·
mi_lde veón impo,~drí.a la lry, no por su fuerza
física 6 por la rntervención abrnrda de otras
fuer2as que el Estado le prestase, eino por la
fuerza de eu derecho y por ley de naturaleza'
¡Por fuerza y ley incontrastables!
·
:"''in _el capital, nada: la muer1e, el hambre, la
!D1eena para todos: _todos igualeF, pero con la
igualdad de las pocilgas 6 de los cementerios.
Con laabu11•ltntciu d1: capital, todo: el bienestar y la esperanza; que aun las mismas des·
igualdades serían gérmenes de pr11greeo. Yale más la deeigualtlad de dit.: mem,s más ó menos entre muchas t0rres1 que la igualdad niveladora que se tienda mezquim1.111em~ sobre
un rastro de hon11igas.
Y ~ien, aólo la ciencia y sus aplicaciones
prácticas, !ID.lo el trabajo inteligente, realizan
estoe procltg1oe; no en un día t0do pero cada
día algo m,is.
'
1!8bájese, puee, en' ~solver, dentro de lo
pos_ible, el probl~ma social 6 en facilitar su eo•
luc~ón: esto es Justo n~ble y simplitico, pero
enuéndaee que la eoluc1ón más eficaz consiste
en aumentar el ~pital:Porel trabajo, y entiéndase q11e el trabaJo m!is fecundo es el de la inteli~encia
El mundo antiguo esclavizó al hombre: esclavicemo~
hoy loe elementos: cada masa de vapor que se encierre
en m_ia caldera, cada corriente eléctrica que se lance por
ua hilo, cada ray~ de sol que ee aprisione, redimirá. cíen
obreros. Pero ¿quien eabe? Acaso es ley histórica que el
pueblo escogido odie siempre al redentor.

8tl'O

JosE Ecm:oARAY.

--~---=-----

DOMINGO 21 DE MARZO DE 18g7

EL MUNDO

Y _sin embargo, en medio de tanta desolación~
brillaba una esperanza de vida, uoa aspiración
de amor, una de eeaa floree que entre las junturas de los sepulcros brotan. Veíase en eepacioso salón a.na joven que se probaba blanca
corona de azahar. Era la corona de desposada
que tenía apercibida para la noche siguiente
noche de sus bodas. Apenas contaba veiuteaño~
Largos rizos rubios caían como rayos de luz sobre sus espaldas. Brillaban como un cielo seren_o su Aazules ojos teilidos de melancólica felicidad. Al través de su tez veíase circular la
sangre. Era tan npuesta 1 tan alta y tan elegante, que bien podia parecer, por lo ancho de su
frente, por lo esít'rico de su cabeza, por el profundo azul de sus ojos, por su nariz aguileHa
sus pronunciados labios, su erguido cuello Y
( su maJestuoso continente, la estátua que re•
presentaba el genio de su patria, que representaba á Polonia. Yo tengo para mí que esos
pueblos esclavos. desolados, suelen dar en el
tormento hermosas hijas al mundo nacidas
d~ la~ m~s sublimes inspiraciones, d~ laa insp1racl0nes del dolor. ¿:-.;o os acordáis de aqueJlw; hermosísimas hijas de Israel que tatHan
sus harpas bajo los sauces de B11bilonia que
conf?ndfan sus lágrimas con las aguas d~l extranJero río, y que deea.rmnban con su hermo•
aura á los perseguidores de su pueblo?

V.
Aquel arrobamiento es interrnmpido, sin embargo, por el anciano, que entra y ex•
clama:
1,Amar, amar cuando Polonia está en tierra. cubiertn de ceniza y desangre, amar es un
crímen. ¿No oís las hienas que machacan entre eus dientes los últimos resloe deLcadJ!,,•er? ¡Y sois felicee! Mirad. wirad, y se descubría el pecho; una, dos, tres, cuatro,_cinco, ee1a
cicatrices. Por ahr he vertido 1:,angre de mis venae. Por ahí han soltado pedazoo de micorazón. lle en·canecido en Sibcria, me he encurvado bajo el pee-o_ de mis cadenas. Ya n~ ten•
go fuerzM para vivir aun tengo fuerzas para aborrecer. Paloma puede levan1aree. S1 hoy
es el ludibrio del m,;ndo, mafianaser.i el angel exterminador de loe tiranos. Ladislao, ve
á morirá Polonia. Milrfa, envíale á. la muerte. Vuestro primer beso de amor será. maldecido, porque podrá dar de sí el alma de un esclavo. Si mañana \:~rsovia no se levanta de
nuevo t\ pelear pasado mafiana irl!is atados codo con codo á Siberia. Que vuestro pecho
eea todo odio, &lt;Íne vueiltros brazoil eean lanzas, que vuestro aliento sea fue.go; porque yo,.
anciano, yo que he caido cien vece!! en los campos de batalla, -voy á monr por fin sobre
el seno de la pat1ia esclava.u
Y el anciano quiso erguir1:,e y echará. correr como un joven, pero sus piernas flaquenron, y cayó de rodillas ante el cuadro de la Virgen. En tal eazón óyese una griteria con·
íusa de rít'(l Polcnda, y el ruido de una descarga cerra.da.
VI.
El joyen Ladislao señaló al anciano, !!eñaló al cielo y estrechó fuertemente contra su
corazón á. liaría.
-¿Te va.e? preguntó la jo,·en.
-1\,le voy, María, me llama la patria.
-Es el ruido del viento, dijo María.
-Nó, es ruido del comba1e, le replicó Ladislao.
-Por piedad ¿y nuestro amor?
-¡Nuestro amor! ¿pues qué, preguntó el joven, nnetitro amor no había de durar sino
lo que dure la vida?
-LMaHana! dijo María, ¡man.anal
-J:1,;l corazón me dice, exclam~ Ladislao, «el corazún me dice que mafia seria mía.,

l[

"Liceo de Mérida."-Carro

Juatlcia.••

11

DE EMILIO CASTELAR

I
El cielo llovía nieve sobre Varsovia en triste noche
Parecía ~jer un sudario para cubrir aquel cadaver. Tod.¿
Jo que rema en el tE&gt;pulcro, reinaba alli: frio, silencio,
soledad. Por sus calles abandonadas l)M&amp;ban de vez en
cuando, caballer~s en pequcilos caballos, loe tártarot!
como aves de rap1fia, que se lanzaban en aquella huesa.

L:1 joven dejó su corona de azahar, deepuée
de baberse cerciorado al espejo de que le sentaba bien y corrió :í. una ventana como para
mirar si alguno que esperaba venía ya. En
aquel instante vi6 pasar envuelto eotre las ráfagas del viento1 entre los remolinoe de la nieve, un pelotón d~ cosacos que juraban y mal~
decían de Polonia. netiróse la joven horrorizada, y maquinalmente f'e sentó al piano, dejó cae(dcFe~perada la cabeza sobre el pecho y
recorrió con rns dedos las tecla1:. El instrumento produjo una melodía profundamenW
triste, una de esa.a melodías que son el lloro
de Loda una generación, la agonía del alma
de todo un pueblo. Inmediatamente apareció
en la puerta µn ~nciano encorvado y vacilante, q1w pronunció con horror estas palabra.a:
-({¿Qué haces? ¿no sabes que ese cántico de
nuestros padres, t'Uede costarnos la vida?11
-Es verdad, abuelo, repuso la joven es
verdad; no tenemos patria.
'
- Yo creo- que sí, dijo el anciano¡ yo creo
q_ue este pueblo, apedreado ayer como San
Esteban, poctrido ayer como Lázaro, aún tiene esperanza.
-¿Dónde está?
-En Dios, dijo el anciano.
-¿Y cuándo nos oirá?
-Cuando le hayamos deearm11do con el martirio.
-¡A1ín mú mártires! exclamó la joven con acento de.
ganador. Dos grues&amp;d lágrimas, do~ lágimas se extendieron por so rostro, como dos amargos rioe de dolores. El
anciano bajó la voz, y dijo:

lágrimas; no veía la tierra desde el cielo de eu amor, compeudiado eu los azulee ojos de
su amaute, donde se había reconcentrado toda su alma.
¡Cuár felices aquellos momentos! El jovC'n acariciaba la i•lea de su bondad, como el
logro de iodos sus deseos, cowo el término de una ambición que había llenado t-Oda su vida. Amó á aquella mujer desde niño, desde qne los primeros sentimienr.os brotaron de su
alma. Mil obstáculos inseparables, mil contmriedades le bablao co1111Jatido. Hu amor inmenso le llamaba á. Maria 1 y el dest.ioo le apartaba de María. Porfia, después de luchar
y reluchar, después de consumir anos enteros en una desesperación inmensa se encontraba
en vísperas de su boda. Contaba con impaciencia los minutos que faltaban para Bt'ilarcon
un juramento eterno la alianza de dos corazones nacidos el nno para el orro, digo.os de
confundirse en una sola vida. La aspiración de su ser, t\ los :t! anos, cuando toda la imaginación es calor, toda la inteligencia luz, todo el sentimiento pa~ión, todas las am bicier
nea amor, era ¡oh! era unirse con la mujer de sus ensueños. No mira el Fat(&gt;lite al plane•
ta, el planeta al sol, el ruisenor :l su nido, el arroyo al cielo, ni el cie!o á. 1?ios, como aquel
amante miraba á su amada. No sabría vo, pobre narrador de esta b1stor1a, no sabría decir cuanto le decia, repetir sus palabraei entrecortadas. Aun no ba nacido pintor que baya
TPtratado el fondo de uoos ojos enamoradoF. Aun no ha nacido mósico que ha.ya trascrito
la nota de un sm:piro.de amor. ¿Dónde está el escritor capaz de repetir las palabras deun
pecbo:enamoradv? ~Lis fácil es repetir el rumor inmenso que levantan á las alturas las
olas del Oceano. El corazón henchido de smor es el universo. De amor, de esperanza, de
felicidad estaba henchido el corazón del joven Ladielao. Los dos habfanolvidado el mundo. ¿Qué valía para ellos la patria, cuando el imán de su amor les alzaba al cielo?

♦

El carnaval en Mérida.-Scftorita Lucrecla Caatellanoa, en traje de fantaaía.

-Aún tenemos ee,peranzas, si pensamos sólo en guPrras.
¿Qné amor ea posible cuando abrazas un cadáwr? ¿Para qué engendrar cuando engendras nn esclavo? Maldito el corazón que á. su amortgofst.a sacrifica el amor á la patriu;
-maldito el seno que f'ngendra hijos para qne los devore t-1 tirano. Te probabas \u velo dti
,dee~ada. ¡Infeliz! Ltis hijas de Polonia han nacido en un sudario. Su. cuna es un sepulcro. ¿Qué será e11 lecho nupcial? Y desapareció el anchrno.

rn

Después de oír estas palabras, quedóae María como muda, pasmada. Sin embargo, á
los pocos minuto1ee recobró un tanto y eedirigio á un cuadro de la Virgen que en el tes·tero .del salón brillaba. Madre mía, dijo doblando laa rudillas, Madre mía, óyeme. EL na-yegante, cuando las nubes borran las estrellas, cuando el viento levanta las olas, cuando
-el hurac!n. ruge, te invoca y le oyes, y el cielo vuelve á. lucir sus estrellas, y el mar e.E&gt;
duerme como un nii'io, y el buracán ae convierte en brisa, y las velas se rizan como las
alas de u1.1aave, y el barco llega al puerto. ¿Por qué, por qué no has de socorrerá. un pue•
blo qua ee ahoga en un mar de sangre? Nuestras casas son panteones; nuestros lechos sepulcros; los al~res de sus iglesias. pesebres de los caballos tártaros¡ Sus hijos, en su furor, despojados. Este pueblo ee hunde, se sumerge en un mar de hiel; cuando le falta la
voz, levanta á Sí en demanda de auxilios sus mauos c.lrdenas y ensangren1adas. Ya hPmoa sufrido la crucifixión. Ya hemos dormido largamente el suei'!.o de la muerte al piti
de nuestro calvario. ;,No ha de llegar Ja horade resurrecei6n para este .Grist1 de los
pueblos?
La Of'D:Ción fué interrumpida por la presencia de un jnven, que á. pe39r de troer eu
.gorra de pieles y su capotón cubierto de nieve, su,iaba.. J.lufa se levantó y corrió á. su
encuentro. Es imposible q1,1e pudiera haber en toda Polonia una pareja más hermosa. Lo!i
dos jó\·enes, loA dos rubio1,1, los des altos, loe dos de azules ojos, de blanca tez, los dos pa. recidos, con. la diferencia que (,1 tenía toda la fuen;a, tod1\ la austera hermosura del va·
rón, y ella toda la gracia, toda la delicadeza, toda 1-' hermosura de lo que llama Goethe
el idtal femeninn.
Juutáron!!t-1 sus manos, sus ojos, su alient?, sus almas. Reinó por algunos instantes
ese silen~io infinito que ninguna frase humana podnl. expresar, ese silencio religioso qut,
ha sido siempre la sublime elocuencia del au,or. Si aqnel éxtasis se hubiera prolongado
en t.oda la.di1atación de los tiempos, sería la biemwenturunza celeste. Esta. tl~ctricidad
de dos miradas que se juntan en un deseo, ese choque de dos almas que se confunden eu
una idea, eFa armllnia de dos corazones que laten unísono1,1, e~e aroma de dos suspiros que
se comprende:u,, e-a unión de dos vidas indisolublemente ligadas como el alma y el cuerpo, co~•O t-1 OJO y la retina, como el pecho y la reflpiración. ¡ah! ~::so E.&lt;; EL AMon. ¿Por qué
no decirlo? l!;/ anwr,, siemprt egtlí.,.fn,· sirmprP rl!! el r_r¡,1LJ&gt;l11() ,m,,l,1111: dr lajurn1lt1d, la conceu•traci6n '.'!! W; t:i,fa en s~ mi-11ma, romo JJOrafonnar .f11erza y difutam· y e.rtt:ndt:r.~ en mtet.'08 ureA.
Co,no d1JO h más ,,ulillnu rfr ln1t 1,oi&gt;tafil mod1TMt1 ( Victor H ngo ), td amor e1t el eg9i.Jlmo dt do,.
Para él no AA.Y e,,. mu, t/u,/111Jn d1, arrobamÍ.f:',,tu w patria ui Juww.ni,J:.111; no hlly má, que tl mUmo: toda!,« tu1Taes el espucio que el ser amado habita y toda ta huma1ád1td eslá m ei sér amadt
-compe-r«tu.i,ta.
Y 1?,é aquí por qué Maria lo olvidó todo en aquel momento: las palabras del anciano,
,las tristezas de su corazóu, la patria desolada, los aullidos de los cosacos, s1J oración¡ SUB
Grupo de Meatiua.

Srñorit.as Mercrdes-y-Elena Pon ce Vales.
¡De fotografia tomada en los salones de "La t'ni6n.")

�aoo
En tanto se oyó una desear·
ga .más enea ... . . .
-¡Ladielao! exclamó María,
por Dios ..... .
La joven no Fe ntrevía sí de·
cir)e que no partina ...... Pero
añadía pars engafiarfe á. si mis-

•

EL MUNDO

EL OARN AVAL EN MERIDA

ma: 11LadiF1\ao, es el viento ...
-N6, dijo el jovenj esel alma
de la patria.
-Adiós: mafia.na de todos
modos, exclamó Maria, será.
nuestra boda.
El joven se lanzó á. la calle,
y María fue á caer al lado de
RU abnelo, ante la imagen de la
Virgen.
VII.
Un día entero de combate.
La sangre ha corrido durante largas horas. Los hijos de
Polonia han peleado de nuevc-.
Toilos los hombreR se han lan·
zado al campo. TOdas las mnjPres á los altares. María reza v
llora. Del fondo del abismo de
su desesperación sóh ee levanta
lma plegaria. Sucede nna nuPva noche El ruido de combllte
ha eesttdo. El éxito no e11 d'ldoso. Polonia lucha ~&amp;.bierdo
que cae· Un silencio inmenflo
reina !!obre lacindsd.-Aqnellri.
debía. ser la noche de la boda de
María. Su corona de azahar E"R·
tá allí¡ el velo está allf; pero su
amante no está. María le llama
y no responde. LI\ joven deP,raría ¡,Dónde ha Pido el comb1te? Fuera de sí, loca, se sifle la
corona. se prende el velo ~' se
apeT"cibe á irse.
¿Dónde está Ladislao? pregnnta á. su abuelo que yace espirante al pie de la YirgPn, espiranlie de dolor y de f1,tiga.
-¡Felices los que mueren con
el Seíior! contesta d anciano.
María lo comprende. La noche es obscura, la nieve cae. La
joven vestida de blanco, envuelta en Pl velo, sola, entra en el
torbellino del viento, parece la
f'statua de un Pepulcro que anda, ó el alma de una virgen que
vllelve del cielo.
Sus eienes laWn, su corazón
lat.e, como si se dirigiera á su
tálamo nupcial. Va á las afueras de Varflovia, al lugar del
combate. Regia, ra con &amp;ua manos anhelosa los montones de
muertos. Lafl sombras son tan
esoesas que no puede distinguir
los rostros.
En esto se oye un gemido,
que es el último gemido de una
Bando ''Liceo'' -Carro ''La Mutua. ''-Familia Jappan.
vida que se apaga.
Rs él, grita, es él.
Lnego, de lejos, cuando los hélices se han puesto á nleUn rayo de luna rompe las nubeP. 1'-lllrfa rec·0noce E"l
rostro de Ladí1:1lao, lívido, teñido por las !:!t,111b1w de la tear ya con cierto vigor, hemos visto alzarse en el muemuerte. Pone la mano sobre su corazón; 110 late-•pone lle y en la borda del buque un diluvio de pañ\w-lofl blirncos como si los viajeros y sus amigos de lacoi:.ta hubieran
el oído sobre su pecho; no respir-J.
~Has m11erto, dice sin lanzar un !ay! En efta noche puesto á secar la ropa íntima de sns tristezaEI, mojada
por el llanto de las despedidas, colgándola al vif&gt;nt.o, que
debi'us recibir mi primPT beso de amor.
se lleva más tardeó miis temprano, hacia el olvido todos
Y clavó sus labios ardientes sobre los frío" lahios del
cl\dávP.r. Sorvió ensu beso la muerte. Al dta Pig,lit'nte loA dolores y todas las satisfacciones de la vida.
Los viajeios novicios, apenas el bnque ha salido, se han
llevaban en carros al cementerio los cadá\"f'rl-'S dt' los in
puesto á t-scribir sus impresiones de viaje, como si notus11rrectoi:i 1 y entre ellos el cadáver de una joveu humosí·
vif'ra n m:ís tiempo.
sima envuelta en su velo de desposad·\,
Las niujne!'I se muestran más avanzadas én el desem·
¿Sabian los sepultureros ei secreto u~ aquella muerte?
pe,ño de esta grave blrea y redactan con una letra varo-No losé.
nil de e!ólcnela n, rte americana, en sendos cuadernos ú
Ignoro, pues, si los dos cadáveres se juntaron en la
ojas volantes, las ideas penmnbradas de su imaginación
misma huesa.
flnt.ante.
.
EMrLIO CASTF.L.',R
NoeotroP, cada día, cnando el mar no está enteramente desagradable, lo que le ocurre pocas veces en esta sec{'ión de sus domi nio!ó!, nos sentamos á mirar su mafia onLO QUE DICEN LAS OLAS
duhmte PncrPspada, teílida y rumoroea, como e,I follage
ile los árboles movido por el viento, escuchando ln qne
¡Adiós, Norte-America! ¡Adiós por siempre tal ve1!
¡Adiós, selvas embalsamadas y fredcos valleE, como di- dif'm laHolns, Pegún la inolvidable expresión de 'Dickens.
¡Lo que die-en )ns nla11!
cen en Aida!
1:':l as tambiPi:i 1:mentan sns penurias y angustiaF; re 1a¡Adiós, ternplos de piedra consagrados ,¡ la inclm,tria!
tan sn eterno vmJe por loR ,,qarell, por los ríos. por las
¡Adiós, ferrocarriles vertiginosos, ascem1,,rps volM.nteP
nnbes. por la cun1bre de la'd montañas por los despefia•
ríos encauzados y ~os ein iguales en el ornado!
'
'
'
¡Adiós, sublime N1ágara 1 estruendosa reliquia de la tie· dero"' y los arrf"&lt;'ifPi"'. •
A2itadas. anhelante@, f&gt;nloquecjdas, corren como el
rra., joya de América! No me olvidaré de tí mientras en•
hnm~re, buecandn sn nivel sin Pncontrarlo jamáP, y van
tre la mz por mis ojos y pueda reproducir tu imagen,
mientras mis oídos no se cierren á los rumores y Hmidos dt&gt;sat.rnadM, un día al Nort.P, otro al Sudó en cua.lqnier
rumbro, alzando flU cabeza blanca de canas para mirar en
de este mundo, mientras corra la sangre p'lr mi cerebro,
friccionando mi pensamiento: mientras h1.ta mi corazón el horizonte fli la jn-rnada tiene término.
Y Fe atropellan desatadat:i, trf'pándotiP. sobre sus veciy no cese mi aliento!
El «Britania,11 de la flota \Vhite Star, sigue nadando á nas, inútil, estérilmentf&gt;, hundiéndolas bajo su peso, en
tanto que otras E-e levantan, y otras y otraq crPcen más
razón de quince millas por h•ra.
adelantP. siempre más adelante en el infinito océano reHsic rnatro días que nos hemos embarcado en Nueva
moviendo sus lomos hinchados y huyendo en curva; inY,11 k, t'II ua muelle cubierto de gente.
Ha ha:,bido despedidas tiernas, abrazos, lágrimas, pala- dolentes ó e!ilp11mosas de cólera, hasta perderse en una
•
bras canñosas, expresando el deeeo de feliz viaje frases confusión inacabable.
ah~das por la emoción y variadas escenas, en' que lo
Las olas cantan en tono mortificante la leyenda de
l)()ético y In doloroeo de los últimos momentos previos á nuestros pesares, retirando nuestra mente á los lejanos
la separación, fe mezclaba con la excitación apurada del tiempos de ¡a infancia, cuando una madre desvelada
viajero, el transporte de los bagagee y los cuidados de mecía nuestra cuna; ó á lo menos, remotos del romance
todos por atender á sus sentimientos, á su parsgu38 á de nuestra vida, cuando la voz temerosa del amor &lt;'.0rressus saludos, á su capa de goma, á. eus lágrimas y á ~ua pondido, murmuraba sus caricias en nuestros oídos.
maletas.
Traeli los acentos de la :patria abandoDada, de la amis0

DOMINGII 28 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN

tart i nc:egura, dtl desengaflo in-

iuerecido, y se alejan llevándose nuestros suepiros y dejándonos en el pecho la amargura
de sus entrañas saladas.
AlJá lejos, las esperanzas como las aves blancas de los roa
res, aparecen en el tul de la ee ·
puma: avanzan, se aetrcan y
cuando les abrimos los braios
para estrecharlas contra nuestro corazon, la onda se desvanece y las burbujas de au penarho vuelan en invisible atmós·
fera hacia los cielos.
La hi ...toria de nue@tra vida,
con todos sus recuerdos confu·
sos, anacrónicos, flota en las
mont-a.ñas que el viento levanta,
ee hunde en :os valles fugaées
qae ellas forman, vuelve á subir en las olas siguientes y en""lviéndose ea SUR ondulacio11es, se aparta y se oscurece, engendra~d_o una vaga sensación
de mart1r10, de remordimiento
y de dnda respecto al mérito de
nnestros actos parndos ó al
acierto J.e nuf'stra conducta en
la sucesión de los añ.os.
-¿Púrquéno fuí más bueno?
s~ pregtmta el esphitu atribulado.-¿Por qué no fuiste? interrogan las olas á. su turno, y
nadan·f o sobre sus flancos se
e.~capan palmoteando con sus
,·értices quebrados como bur•
l indose de nueetra miseria.
La sensación del ritmo vital
!'"e embota; las faculfadesembargadas por la suma de reminiscencia!, languidecen, y una melanc?hca y sua~e aspiración á
morirse, se extiende como un
sudario sobre el alma.
i Un Eepulcro en el mar insondable, la caída Ein salvación
sin amparo, la muerte sin re~
medio, con el consuelo de la
imposibiliElad ralculada contra
la cual toda lucha ea una quimera ......... ! son las dos ideas
indecisas, deslustradas 1 semidormidas que el cerebro fomenta, mientrai: las olas paean golpea~do los costados del b~que,
q,ue Juegan con su peso y se retiran, encarg:a ndo á ot1 as olas
su tarea. ¡lJu sepulcro en el
mar!
L'38 olas mrnerían mucho
tiempo nuestro CU"rpo; sí, tiempo mucho prolongando el simu·
lacro de la vid11, con su eterno
movimiento y la soledad de ]a,.
tumba en un cementerio c11alqniera habría defaparecido con
todos sus hono!es, rt&gt;emplaza·
da por el capncho bullicioso
de las aguas, en el mnndo infinito de la atmóafera líquida. Vtlrde ó azul, co11 esmeraldas ó zafiros db;ueltosl
Las ol»s dicen entre tanto: Así tus pesarei,; y tus ~nsueñ11s, negro8 ó te!l-idos por la luz de t.m-1 ilusiones, eerán
llPvados por 1-'l tiempo y sembrados en ... ¡ camino de la
vida, como migajas de tus oídos ó tn• amores, cuando la
ed:-id mar.!hando sobre tu cuerpo, llegu1.: á 1::uíriar tu ce•
n.-bro y á helar tu corazón.
:Un estrem~cimiento nos d~spierta en medio de la ho•
rrtble fantae1a¡ las olas contrnúan su viajl:' interminable
ca11tando t:u solemne romanza_con acent s do!oridos, y
entrd me tonos; el ?fdo sobrescitado percibe los nombres
de las pen:C?oas aloJadas en nuestro corazón. las melodías
que apren~1mos _en tal 6 cual época de la vida, los pedazos de frase_ can_flosa, los reproches, las diFcusiones y,
por fin, el silencto que resulta del ruido uniforme cuandü el cerebro 1;1e cansa yel SUAño empieza á batir sm~alas
El viento silba en el cordaje del buquP y arrebatand~
en 1a boca de las !.:himineas el humo nelio denso como
nube de tormenta, como aliento letal lo ll~va desmi-&gt;nu·
zándolo entre sus dedos para dejarlo c~er en copos lenta
p_erezosamente,_disolviéndolo en los confines de la vietB
sin conservar DI el fantasma de su existencia.
Lo€1 mares entonan á la Vf'Z alegres sonatati como mú•
si~:1 ?e bailes al~e!'-noA, y la aspiración á vivi'r renace.¡\ 1vu en el bulhc10 del mundo. allá en las grandes ciu•
d3:dt'S !lt'naS de intrigas y de conflictos que acortan dism!nuyen y destruyen e; tiempo, envolviénddo P;. los,
plieguP~_d,: su_ Pf:rmaaente variedad basta dejarlo invisi~lel-¡'\ 1v1r s111t1éndolo todo, como un curioso de las pat-1onei:i; dando valor á lo que no lo tieue ó quitándolo á
las grayes y trasced~ntales cnestionesl-¡Vivir caminando hacia la tnmba sm sospechar su proximidae, y dPjarse sor prender eu medio de la d~preocupación atolondrada, @rn saber po_r dónd_e se va DI por dónde se ha ido, como !as olas ee:g':1n el ';lento ó el calor de las corrientes
mai:masl-¡y1v1r sufriendo Jas torturas como juguetes
del rn!o_rtumo y tomando como hambrientos un pedazo
deiehc1dad descomp.uei:t.a,.para.ro.etla.hasta el.hueso sin
dejarle un átomo de carne!. ..
Las olas pasan por debajo del buque encorvando la es•
palda y levantándolo en alto para mostrarlo cabeceando
6 rielando sobre la superficie rugosa del Océano. El ma:restá áspero, según la expresión de á bordo, y yo me reti•
ro cansado de haber hablado tanto con sus olas'f
ÜSCAR WtLDE,

EL MUNDO

00"-INGO 28 de MARZO de ,897

201

====~~===========================~==================~=-~
MERIDA-Sociec:lad "La Uni6n."'--:-Carro "Mariposa."

El, CAR.NAVAi, EN MER.IDA
LOS MESTIZOS.

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En Yucatán la clase popular está. formada generalmente por los descendientes más cercanos á. los mayas,
que llevan el nombre de meztizns. De esta clase se componen diversos gremios de trabajadores que, perseverantes en :ms oficios, sin grandes exigencias sociales á que
atender, logran reunir modestos capitale!!, á veces acre•
centadoe basta sumas considernbles.
Miembros de la clase llamada mrzli.za en aquel Estado,
han sido hombre!-! distinizuidos por RU talento y su virJ
tud, como el Sr. Obispo Carrillo y Ancona, muerto en la
semana pasada. La cualidad del \'alor ha enaltt:'cido.-también á la clase popular .yucateca, en las luchas sangrientas que tristemente conmovieran al Estado.
El pueblo de Yucatán llama sobre todo la atención de
los extranjeros, por su aseo. Raro es el E&gt;jemplar, tan
abupdante en la República, del hombre que inspira compas~6n á la vez que repugnancia, por su traje sucio y harapiento,
Las mujeres llevan el pelo graciosamente peinado en
forma de lazo, que atan en medio con una cinta; usan_
camisa de lino blanco, sin mangas, con escote cuadrado
y bordada al rededor del escote y de la falda, con vistosos hilos de diversos colores; esta cami:m se llama /u¡ri/.¡
y saya también de lino blanco, bordada, lo mismo que el
lu"pil, en el borde; se cubre la parte escotada del traje,
con un rebozo de lienzo ó de seda.
En la parte delantera, llevan crur.adas las extremidadea del rebozo, una de las cuales. eostienen con la mano
izquierda en nn cuadril, dejando la derecha libre. Ostentan en el cuello gruesas cadenas do oro v de-corales, y
en las orejas pendientee de oro y corales 6 perlnQ,
Los hombres usan camisa de lino blanco, de pechera
bordada ¡,rimorosament(, y con botonadura de oro y piedras prec1oeas; ancho pantalón blanco y sombrero de pa.·
jilla. Llevan la camisa fuera del pantalón y van calzado~
con cacleH de charol.
Los mestízos han formado dos grandes agrupaciones para celebrar las tiestas de Carnaval. Estas asociaciones se
lla~an uPaz y Unión)) y nRecreativa Popular,n que están
regidas por juntas directivas electas entre los socios.
No contando con edificios propio;, las dos sociedades
toman anticipadamente en alquiler las mejores casas de

Batalla de Flores.-Carro "Pandero .. "-(Prim:r Premio. )-Famili, Ponce Cámara.

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DOMINGO 28 de MARZO de 1897

EL MUNDO

202

DOMINGO 28 de MARZO de 18117

EL MUMDO

EL CARNAVAL EN MERIDA

la ciudad, las adornan lujosamente y las convierten en
,espaciosos salones para los bailes. Esta és la única diversión que organizan las sociedades de mestizos y á las cuales
asisten siempre mtis de cuatrocientas parejas.
Las orquestas para los bailes de nieshzl)8 son iguales á.
las que tocan en los salones del «Liceo y de t&lt;L'l Unión.•
A veceE" los 'llUstiws celebran bailes de máscaras y de
trajes de fantasía, pero no tienen el atractivo de los ordinarios que ofrecen aspecto encantado, pues en estos so·
bresale la deslumbrante blanr.nra de los trajes y de las gasas y demás adornos de los salones.
En estas di versiones rnn d~ notarse el orden y los distinguidos modales de la clase popular yucateca, siempre
correcta y respetuosa. La fraternidad es su mejo1 distin.ti vo.
Durante los bailes de carnaval no acontece el menor
escándalo; las comisiones oara. cuidar el orden resultan
inútiles pues, en todo el tiempo que dura su encargo, no
tienen que intervenir una sola vez para evitar la mlis leTe discordia.
Los me8lizo., tratan á eus damas, con respetuosa galantería. Incapaces son de atreverse á pronunciar dela•te
de ellas, uua palabra descom\&gt;uesta, porque sería delito
gravísimo, imperdonable; qmen lo comete lleva, para
siempre, el estigma de mal caballero, y no vuelve á ser
aceptado en reunión a,guna.
Los extranjeros son acogidos con la más exquisita franqueza. Cuando un extranjero visita aquellos salones, los
miembros de 1a junta directiva lo reciben y acompañan
satisfaciendo todas sus curiosas preguntas¡ lo 9bsequian
finamente y al retirarse le hacen presen~s sus demostrac!ones de gratitud por haberlos visitado.
Por un sentimiento de dignidad que los enaltece, nunca invitan á tomar parte directa en sus reuniones á
quienes no visten el traje de elloe. Tampoco pretenden
participar de las diversiones que organizan las otras sociedades. El suyo es un carnaval aparte.

Las oosas pesadas tienen sus espectros como _los hombres muert,os. -1'. Ji'e1tu.l.
E l pensamiento es un poder y el talento una libertad.
- Vict.or Hugo.
El dolor es el artista:de los artistas.-Chstelar.
Demasiado paraiso el amor no llega á quererlo.- V-w4.or Hv.go.

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S o c ie.dad " la Uni ó n."- Ca rr o Chi n .::sc o.

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lblonumento á lblaría Gferesa, en °0iena.
Tomado dircctame"le por el artista fotógrafo mexicano Señor Gu111ermo V.alleto, en la capital de Austria.
Sociedad

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La Unl6n. '"-Carro alegórico

0

La Fuente. º'-Señoritas PIiar Cámara y Maria c~ntón Horta. (VI ala delantera.)

203

�204

EL MUNDO

CUENTO SANTO

C &gt;no !os apóstole~ eran pobres y r6.Sticos y de cora•
zón s~ncillo y humilde, Jesús, su divino Maestro se
fºJ?aba cond■.uamente en instruirlos y prepararlos'con
ecc1on~. prácticas, á su alcance y el del pueblo 8 J
m1s16n de predicar el Evangelio de Dios á
~n~

'lis

f;!.º

Un día caminaba Jesús ~orlas riberas del Jord,tn en
C?tnpatlía de sos amados discípulos Simón y ,Júdas Iscar1ote. Do~ hombres trabajaban en una heredad inmediata al cam.100, uno de ellos hermoso y el otro mu feo
am~os homb~s saludaron muy corteses y afect~osos' ~
"je~us.l sus discípulns. Jesús y Simón devolvieron el san o u. 1os dos con el mismo amor á uno que á otro· mas
!1º aaí Judas que apenas contestó al saludo ~el bo~bre
ieo, Y por el contrario, contestó muy afectuosamente al
saludo del •hom_bre hermoso. :Sot() Jesús esta diferencia
Y así que ~e aleJaron un poco de loa trabajadores pre•
gunt6 á Ju das:
.-Júdas, ¿por qué has saludado con más amor al homb 1e hermoso que al hombre feo?
. ~Maestro contestó Júdas: el
vtaJero que e-ncuent.raen su camiQo un pedazo de oro y un pedazo
de pedernal ¿cómo ha de estimar
en ta•to el pedernal como el oro?
!esús calló, sonriendo á J údas
tns~mente y él y sus discípulos
continuaron el camino.
Como hacia mucho calor y la
jo~nada ita siendo larga Ydesabrida, sentáronse bajo unos árboles á cuyo pie .brotaba una free•
ca Y. cristalina fuente, en que se
refrigeraron así que habían des•
cansado un poco.
Bntreteníase .Jesús conforme
platicaban, en golpear con su bá«;:ulo un ribazo que daba sobre la
tuente, cuando deeprendiéndose
un gran c(,sped, aparecieron so·
bre la tierra removida, un pedazo
de oro y un pedazo de pedernal.
.J údas lanzó un grito de sorpresa. y alegría al ver el oro y se in•
chnó á cogerle.
-Deten~, amado .T údas, que
soy yo quien ha descubierto ese
pedazo de oro y ese pedazo de pe·
dernal, y el pedernal y el oro
son mfoa y no vuestros.
-Cierto, señor, contestó Simón, sin vacilar.
-Cierto, dijo también Judas
como de mala gana.
,Jesús tomó :el oro y el pedernal1 y después de cerciorarse de
que oro puro era el primero y pie~
d~ el segundo, extendió hacia el
Oriente sus brazos, suspendiendo
e?, !a diestra el pedernal y en la
s~mestra el oro, y dijo á sus dísc1pulos:
-Quiero hacer&lt;,s dueflos de este ha~lazgo. Tomad li un tiempo
de m1 mano lo que más os plazca: uno el pedazode oro y otro el
pedazo de pedernal
Yal decir Jesús ésto Simón'"
,Jud~s se lanzaron á u-d tiempo á
Fu diestra y á su siniestra para
coger, Simón el pedazo de pedernal y ?udas el pedazo de oro.
,Jesus calló, sonriendo triste~ente á Judas, y con alegria á
Sunón y k&gt;s tres continuaron por
las desiertas orillas del Jordán.
_)laestro, dijo Ju das, el sol declina ~a 1 y apenas hemos tomado
hoy alimento alguno.
-;-Cierto, contestó Jesus. Adqmere, amado Judas, con un poco del oro que lleva.e, alguna vianda con que nos remediemos loe
tre!l.
.Ju~s miró á_ todas partee, y
no ,·1endo por mnguna mas que
calladas eoled!ldes, :eplicó:
-1\laestro, 1mpos1ble es hallar
en estos desiertos quien nos la
,·enda.
,Jes~s sonrió á Judas tristemente, v dilo á Simón·
g-"s1¡:ón, pescador eras en el mar de Gali lt-a
·
tm n comprendió lo que el ruaest.ro de b
cáddose ~ Jordún 1 arrojó á la corriente un s::z~~l~ ~i~~
ca o a 1 e.a.bromo en una cuerda y poco d
é
arrastrando con el un pe
'
d
espu s 1a retiró
J ,
s· ó
. z muy gran e.
aiu~s~z~anb.e~i:~~~eron plácidamente al ver fuera del
-¿De qué nos sirve ese pez, les dijo Judas si no te .
rnos fuego para asarle?
,
ne
.Jesús Simón callaron; pero Simón tomó un oco d

f

l~?:ft j~~~~:/c~nu!\ :~~~~ 1d~~~ºbá~~~ e:apr:::ª~
ebn°)udi6, pocoddespués el pez tomaba el colÓr ali oroeS:.
re as ascuu e una alegre bogue
h
P!]ésd Jedsúa Y los dis~ípulos continu~bin ns°u ':'!i~o~e¡'!:
via os e. 1as angu~tms del hambre.
1
p_art1~edvolv1leron con cuidad.o entre los pliegues de
a umca, u as a pedazo de oro Y Rimón el da d
peder~al, Y JPsús mirándolos alter~ativame~: ~ºn ·Ó
con tristeza á Judas y con alegría á. Simó
'
rt
Cuando llegó la noche que era bsc
n.
el pecadoi Jeeús dijo á s~s discip~lost-a, obscura como

t~

DOMINGO 28 DE MARZO DE ,197

. -Necesitamos luz y descanso para continuar nuestra
EL CERDO Y LA ABEJA
Jornada. Luz nos la dar.i el nuevo día, sueilo y deecan •
sho ntaos dar.id este bosque. Descansemos y durmamos aquí
as. que espunte el alba.
A uno de melena.
Dicho esto, Jesús y eus discípulos se acostaron sobre el
olroso cé~ped, Y momento@ después Jesús y Simón dor·
Atardecía. El poeta, aentado en una banca de piedra.
m an apaClble~ente, pero Judas velaba temeroso de ue dei bosque, se puso á monologar de la siguien~ manera·
d upedazrante eldsueno algun malhechor llegase y le arreba~e
~ volveré á pintar cuadros tan bellos como E'H~ u~
e1
.º e oro que poseía.
á desplegar ante mis ojos el crepúscu\ ... ¿c'J.né
Bramidos de fieras comenzaron á oír.se á lo lejos cada uu I a. encuentran los lectores con ver los paisaJt·s ue
vez~ acercaban, se acercaban más. Jesús Simó'
bi°eqbeJo con mano de artista? Ya es tiempo de r:t&gt;iub~·ar
contrnuaban ap~ciblemente dormidos, ni 1ls oían~' q~ a go ueno en las almas. De hoy más mis ve1'808 t:nce~udas, :J,Ulcont1nuaba despierto y cada vez más ate'rrid.o
fábr1n un folldo de sana moral. Me dedicaré á escribir
, eto,ped r
sus compaileros y les hizo notar el peligro qu:
._u as. ¡Este género de literatura es tan provechoso' El
a.
os amenazaba.
nmo ~ la vez qu~ @e divierte con la charla gracio1m' de
tod-A¡ado J udas, le dijo Jesús. la luz inspira terror á los 1m:les, tet1ene con facilidad la moraleja que como
os os ma 1os, y por eso huyen de ella. Ad uiere con senu 1a. 1enhechora cae en @u corazonoito para p~ducir
1
d~rpo~~d~e:ib~rqnuosedllelvasl?-n poco de luz, cuio resplan- cop ~ 1 t!e~po frutos riquíeimos.
~
. . e pe 1gro que temes.
d ~ncipiaré, pues, por atacar la pereza que es el origen
-d.éfaest r0..., rephc.) Judas, ¿quién en esta soledad ha de
e ntos males y el m.is repugnante de los vicios. Haven •rme 1ar
blaré del cerdo, por más q ne ya casi todos loa fabulistas
lo hayan tomado cnmo prototipo
DAMAS GUAT:EMALT:ECAS
de la tlojera.
¿Qué otro animal simboliza la
ett:rna pultronerla?...... Y bien
luego que establezca unsimil per~
focto t11tre el cerdo que yace en
el fango y el hombre perezoso que
se revuelca en el lodo de los vi cios, ¿á quién tomaré como emblema de constante laboriosidad?
Indudablemente á la abeja
Y oyendo tal nombre una de
las mil que se ve1an en la cercana
ttoresta, y que, acurrucada en el
caliz de un lirio, había escuchado
atentamente al poeta, no pudo
contenerse, y abriendo las t-emblo~osas alitas de gusa, hendió
el aire con la velocidad de una
tlec!~a y fu(\ colérica, á. clavar su
agw¡ón en la nariz amoratadadel
boberuio sofiador.
Ay! ...... dijo este-dando una
fuerte palmada á la. abeja, que
rodó como una ebna sobre el
cesped. ¿Porqué me hieres?
-Purque iudigna oirte hablar
en contra de· la perezu y á favor
del.trabajo. Bien se te pudiera
aphcar á tí lo que á cierto tunan·
te: 11Predica1 pero no aplica.» Tú
que dtbes ocuparte en remediar
las necesidades de tu familia¿por
qué no trabajas? ¿Piensas acaso
que e!:c~ibir versos es oc~pació~
pr_oducu_va? Te e;11ga1las, amigo
mio. Ocupate de t1 mismo y deJa
á los ~em,ís á. quienes p~c.endes
c~rn&gt;g1r. Observa una vida labor10sa y activa, y así serás un li•
bro abierto para los holgazanes.
Es ~al vis~ que prediques y no
nphques. , amos, remienda tu
levita raida y mugrosa, y que te
c?rten la melena que cae en lac1os mechones sobre tus hombros.
T.la pasado la época del roman•
uc1smo. Anda, recortate esas
ufiaa que parecen garfios acerados, y busca de taller en taller
t-n qne ocupartl-', para que alimentes á tus hijos ...... á esos po·
Llres niños, que muchas veces
cumo los de la leyenda alemana'
hambrientos y cansados de llora;
se van queda11do dormidOtl al son
del arpa ..... .
D~ @úbito ,;e oyó á lo lejos el
sou';&gt;ro retmtm de una campani•
ta t1pluda que llamaba al enjambre¡ 1a luna asomó en el horizonte la mitad de Au disco como un
t.rozo de cristal opaco, y la abeja
cortando bruscnmer,te el hilo de
sus conse,o!§ y Hin decir 11adioe,1
tuese perdiendo como punto ne~
gro en un claro del bosque.
El poeta, nervioso v febril tornó
á eu hogar, y echando en ~co roSeñora Carlota H. O. de Kelly. (Escritora.)
to las palabras de la heridora se
te
puso li escribir, á la parpadeanhi!1"eªnúds caellló; k&lt;&gt;rnanl do á reclinarse en el césped y Simón
1
.
o peuerna , encendió una ho
' 6
' eerd.1. d.e uu fa;0lillo, la fábula que debía titular l(EI
. ? ~ la AbeJa."! cuando C..rncluyó su obra repet.fa con
~~r;ej :~n!~:t!:ªtefieras sa_alejába;u;~~~~t~á:s
del~c;r~nanto provecho sacarán de aquÍ los perezochores le robasen su:~~-º e que vm1endo los malhe- S?S· mientras él reía, loco de triunfo, su esposa en un
rrn(6n de la buhardilla, decía al pequefiito con 'materna ternnra:-no llores, hijo mio, ya no llores 1 tan luego
como amanezca iré á conseguirte el pan que me pides.
JUAN B. DELGADO.
J A~1 contm~aron larg() tiempo y por diversas ~omarcas
Marzo de l 897.
e•bus ydsus_d1s~ípulo~, Jesús ensefiando Y amando á. los
po res e c1enc1a y ricos de
ó s· ó
piedra que daba luz J d
n, un n llevando la
h~ta que Jlegó un dfu e~ ª ~~ J~~Ó;ueposo_lo ddaba pes&lt;?,
4 .
miento la pied
,
meo o por c1de esto llamó~qd 11evatóba S11n6n, á quién en memoria
. dr ect·
es e en nce3 Pedro, que quiere decir
~~~ ~iav~~~i¡1 p!9ran PJnerta para entrar en el cielo,
viendo
ro, Y udas Pe ahorcó de un sáuce
abrir 1a'r~eu:~~~d~i'&lt;int~;~ para hacer llaves con qu~
Tan grande ea tu virtud que est.oy seguro
que es verdad lo que dicen muchas gentes
A. DE TPUEB.-\..
qne ~ fnerza de eer puro
'
Bt:: mueren cou tu aliento las serpientes.
CurroA.lloa.

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1891

ENGAÑO SUBLIME-Por roaríal;escot.
NUM:ERO3.

eD:t:{t

~J

i:º1~

~i~:~iI~~~}\~~g}~2~:~~~t:~!:1~ 1:ú!n;
coraz

209

de emoción entrar en su cuarto, 1:1 creyó en una de eens
escenas de celos áque estaba acostumbrado; lo creyó miis
aún, cuando con mano temblorosa le mostró ella la carta. Resolvióse él á llevar la cosa en paciencia y salir del
paso con algún engaño ó con al~una broma. •Acaso sea.
preciso un regalo, grui\ía él entre dientes. Ah! cuestan
caro las mujeres legítimas cuando tienen el impudor de
mezclarse en la conducta de sus maridos.•
Desplegó el papel, silbando un airecillo......... •
-¡Qm! es esto! ¡qué es esto! exclamó con una voz tonante. Qué es lo que nos cuenta ese viejo Joco? ¡Yolverae
,í. casar! ¡ah! ...... pero yo me opongo á ello! Esto no es
leal, eeto es un abuso de confianza, una picardía, una.
burla. ¿Qué no ea bes tú que rehizo el contrato de matri·
monio, no d1lndote más que tu legítimn, loa cuatroci~ntos mil francos de tu madre y unos miserables quinien•
tos mil francos m:b? El se guardó todo el resto, los gruesos millones. ;Y ahora se casa con otra? ¡Yiejo pillo! ¡y
no dice con quil~n! ¡Xo oea decirlo ......... con una'. ........ .
Ajü la carta oon cóler.1; pe.ro cuando iba. :1 arrojarla al
fuego, algunas líneas de finísima letra apar1.:cieron ,¡ sus
ojoe. Xi ella ni él, en su tnrbaci()n, las habían notado.
El voh-iü á tomar el papel y leyó:
~:.fi querida Yalería:
"Soy muy feliz en convertirme en madre \"'Uestra, por
que tt•ngo por el Sr. )lartín tanto r~~peto como cariíio.
11Dignaos recibir y mostrará vuestro marido la seguridad de los eentimientQs que no tengo nect&gt;sidad alguna.
de banco.
de expreearos y de los cuales no de~o sino daro:: una.
¿Pero dónde? ¿cí1mo? ...... Por más bue•
na voluntad qne él tuviese no podíndar• prueba.
••Bt:LTH.\X.\ )lERlADEl".
le expliwciones ahí, en la playa ..... .
¡Oh!
esta
vez
no
fué
un
grito
sino un rugido de Leodi-Es indiepen8Uble que vaya u~ted á mi
casa.
ce. Sus dientes se apretaron, sus pulios se crisparon y le
~- Ella. mo,·ió su linda cabeza, un poco vino un remordimiento feroz de no haber¿e desembaraperpleja, pero rápidamente tomó una de zado de ella de no haberla arrojado al mar de un punt:i.1
decisión.
pie1 como á. unrL besi.ia venenoi:ia~ cu:.1ndo se había ella.
-)li padre iní. á darle á usted las graacostado en la are11a eeper,rndo la muerte.
cias, sefl.or y me conducid t\ casa de usted
ttYo me yengar~.•
á la hora que usted me indique.
»Yo me vengaré," había dicho, Recordaba él la cruel
De-ede aquel día el eeñor )Iartín cesó
burla con que había recibido.P.sta amem\za ...... ¡Pardiez?
de deplorar la aueencia de Yaleria.
y ee vengaba de una manera. mús segum que si hubiese
•·········································· ···············
hecho fracasar su matrimonio. Perdida. Yalerin, él haEl sott.1r Alltrlt11 a ln llniora Le6dice Mnr-""' :,._
bría. bmcudo otra novia. Cuando un mucllacho guapo seti,1.
resuelve á ca!-arse con una mujer fea, siempre halla. mal"i:lla Jfartín, en Ktroitk.
nera de venderse á. buen precio.·
cc!\Ii querida bija:
~
.:_-:cs.
Pero la fortuna coll.lprometida no se vuelve :.í hallar.
(lLa
presente
carta
te
llevará
una
impor~-4~~Los
)Iartín de P:lrís disimulaban desde hacía algún tiem·
tante noticia y no quiero dudar de que tu
po
eus
embarazos por (alta de dinero; con la dote de Yamarido y tú la acogeréis como buenos hijos respetuosos
Con gran asombro del sei\or Martín, no era de un per·
leria se había podido pagar las deudas, lernntar la casa.
de mis voluntades.
mi.so de caza de lo que Beltrana iba á hablarle. Había
11!\Iira tu, mi vida era demasiado trist-e¡ me eentía de- por algún tiempo, ju~tamente el necesario para aguardar
leído ella acaso en sus ojos su horror á las mujeres ociola herencia de )fortín de llrest. Pero casado Martín de
masiado solo, muy abandonado. N.o te bogo reprocbefl,
sas? Lo qne solicitó fué trabajo, el medio de ganarse Valeria no se los bago li tu marido; pero es un hecho que BreE:t, los millones y la herencia, todo desaparecía, todo
1
honradamente la vida y lo hizo con bermosl'@imas palani uno ni otro cumplisteis vuestras promesas: él, de po· iba á ser preea de aquella linda muchacha que 1:abia aliar
bra.a: "El trabajo, dijo, es la verdadera nobleza y debe
nerse al frente de mi casa de Brest; tú, de pasar el estío tan bien f:U venganza á sus intereees.
uno estar orgulloso d~l dinero ganado con probidad.»
¿Qué podía hacer él ahora? ...... Las súplicas de Yaleen mi villa.
Al escucharla sintió@e él halagado en su orgullo pleberia,
sus amenazas, sus revelaciones misma!&gt; permanecían
«La. pequeña permanencia, tan precipitada que hiciEte
yo, el mas susceptible, el más exigente de todos los or@in
resultado.
¡Ah! ya bnbía visto él esos amores, sabia.
aquí en la primavem última, me probó de tnbra que yo
gullor. Hablaba con una voz clara, met.ilica, un poco ás
que ninguna locura juvenil puedecomparárs~les, yademtís
había acariciado una quimera. En fin, ,~alerin, no quie•
pera, que vibraba de nna manera extra.na.
ro recriminarte; os perdono con todo mi corazún v11tctro recordaba el magnífico poder de sus ojo~, al cual él mi3Para responder á. su confianza, él le dió algunos but&gt;nos abandono, dirfamás bien, ynestrn. ingratitud. Un l'tngel mo habfa tenido tauta pena de Sltstraer.:;e, al que ncaeo
consejos. Caminaban el uno cerca del otro; él, excami- del cielo se ha dignado encargarse de consolarme. Ella habría cedido sin la triple coraza de aY,iricia, de egoisrno,.
nando concienzudamente lodas )as p,,siciones que conquiere reemplnzar á. la ,·ez á la hija olvidadiza y á la san- de libertinaje de que se envolvía. ¿~o era acaso ci~ti\J
vienen á una. mujer, ella escuchándole con una respetuota eepoE!a que el cielo roe arrebatú; me daau juventud, su que le había turbado más aquella blanca muchacha di,
ojos leonados que todas las cortesanas de París? ¡Cuánto
sa deferencia, sin nada de domesticidad porque, en priafecto y su abnegación.
tiempo había recordado á la joven, de una tan extraña
mer lugar, su padre no la hubiera permitido y él, el Se(lEelaremos unidos dentro de ocho día~.
nor )lartín, no la hubiera aceptado tampoco. Qué diablo!
, «No os pido, hijos míos, que asistsis á mi matrimonio, belleza, en su rebelión feroz, tan a.pa~iouada, en sus súesa joven que le cónsu1taba tan ingeuuam1:nte se con- qut&gt;, por otra parte, se efectuaci en la más eetricta intimi- plicas! ¡Cuántas veces la había vuelto á. ver prosternada.
vert(a á sus ojos en lo que es la cliente para el abogado,
dad; pero me apresuro á ai\adir que mi casa es siempre á sus piee, 6 acostada sobre la arena y envuelta en sus
vest.idos negros! ¡Cuántas penas había. tenido para olvi•
en lo que es la pupila para el tutor. El debía velar por la vutstra y que seréis bien venidos.
darla! ¡Olvidarla! ...... En aquellos moment.o3 se confesasus intereses. Por encima de las domésticas están las insTu padre que te quiere:
baque no la había olvidado un solo instante.
titutrices, las damas de compañía! Hum! hum! La miro·
Martín y Com¡m,""iiu.u
ba más atentamente y la eucontraba mncho más linda
..\.mor, fortuna, toda se le escapaba. Era inútil la lucha.
YI
para esas situaciones inciertas, tan expuest.as á la tenta
Beltrana debía estar bien segura de su victoriapnesto que
Cuando Valeria hubo acabado la lectura de esta carta
ción y al insult.0. Poco á p..,co, el interés que resentía se
había permitido á. M. Martín que les escribiese, puesarrojó un grito y toda temblorosa, la llevó á eu marido.
transformaba. No se trataba de una clie11te, ni aún de
to qua habfa unido á su carta aquellas_lineas que resana•
¿Como iba él á acoger semejante revelación? Apenas
una pupila; era de su propia hija, de otra Yaleria, pero
ban como un desafío. 11¡Qué necedad he hecbo-repetíasi ella notó que el nombre de la futura 1;-sposa había eido
reconocida, y para la cual no podía meno:! que tener una
quemando las cartas de que ella fué tan pródiga! Sí, ¿pe·
omitido. Este nombre le importaba poco, por lo demás:
ro quién podria preverloentonces? ...... Soy yo quienaho•
viva eolicitud.
en tal momento permanecía aterrorizada por el te·
Como el Sr. Martín sedetuvieeegeeticulando, animán·
ni. estoy sin pruebas y ella la que sobrenada.
mor del descontento de Leodice. Yiéndola toda pálida
dose; amontonando argumentos sobre las objeciones, ella
pidió tímidamente el permiso de ex•
preur sus desem: Habfa una carrera n&lt;.tablemente independiente-, interesante,
útil, bella entre todas, y como él la inte•
rrogase con la mirada, e la atiadi6.
-El comercie,, la indm~tria, esa, grandes emprerns en que el nombre de «::\Iartín11 brilla con resplandor tan vivo.
Obtener que le fuese confiada la teneduría de libros de la casa, tal era el sueno
que habia forjado y para la realización
del cual, después ds muchas vacilaciones,
se atrevió tí. solicitar su apoyo.
El movía la cabeza, con un aire de
aprobación. Aun cuando las mujeres fueeco rara vez emplendti.s para esta tarea,
era posible que ella la obtuviese, grocias ,í
una recomendación eficaz ...... Solo que la
teneduria de libros e-s una ciencia: ¿conocía ella la part.et/·cnica? Francamente,
confesó Beltrana la insuficiencia de su eaber. ¡Ah! si pudiese obtener algunos consejos, algunas leccione~!
Había fijado en 1~l eus ojos suplicantes,
cnyo fluido la envolvió del todo ..... .
Pues bien, sí, yn que ella lo deseaba,
le eneeñaría la contabilidad de las cama

~

~ ~~r~}t

�EL MUNDO

20

VaJeña esperaba temblando que él hablase. Leodice
tuvo una irónica y maligna sonrisa:
-E-;:Cribidle, querida mfa á vuestro padre; aseguradla
los votos que bago pa,ra que la peste lo mate y el diablo
se lleve á la fiera intrigante que va á arruinarno~.
Y cm&amp;o.do ella salía la siguió con una perversa mirada
y alladio:
-En. eui,.nto á tí1 chiquilla, si crees que en lo de adelante voy á molestarme ..... .
Ya solo, púsose á recorrer con paso nervioso el elegante gabinete de trabajo, donde casi no trabajaba.
Se dettvo ante un bureaudeébano con ricos ornamen·
tos de cobre, hizo jugar un resorte, y abrió el cajón secreto donde - por- medida de precaución guardaba su correspondencia amorosa; pero en vano examinó uno á uno
loa billetes:multicolores y perfumados: "No hay nada de
ella, dijo-ya lo sabía; yo no daba importancia alguna á
sus cartas, las deegarra.ba á medida que las recibfa. Ella
tenía la manía epistolar; era inútil que yose lo prohibiese. Endiabladamente compr9metedora para mí esta correspondenoia, por estar casi á la vista de Valeria, hoy
se vuelve preciosa, de tal suerte que darfa lo que me pidiesen por uno de tales autógrafos.,1
Brutalmente, arroió de nuevo en el cajón los pobres
billetes llenos de ternezas. 11¡Ni una prueba!. .... . ni una
prueba!i1 ..... .
¡Dd: pronto, su frente· se despejó! ¿Ni una prueba?
¡Quién sabe! u¡Ahl Beltrana, la hermoea1 acaso babeis
cantado victoria demasiadoprontoln Después entre dientes, añadió: «Esa circunstancia siempre me ha parecido
e:rlraña: Sommeres está aqui, él debe saber ... apretándole
él di['! todo. ¡Ah! Martín de Brest, esperad un poco1 yo
os haré pagar vuestra imprudencia y la linda suegra que
me dais!n

•
••

Un domingo de Febrero, al salir de misa mayor la sefiora FvuTneron, se detuvo cerca de la fuente del agua
bendita. distribuyendo ligeros saludos y ligeras sonrisas
á todos los que pasaban. Por fin aparecieron las señoritas de Lezines, que, como de costumbre, habían prolongado sas oraciones ... ... ... Apenas las tres mujeres bubieronsa.lido de la iglesia, Jacobo de Sommeres que perdía
el tiempo en el atrio, se aproximó á ellas. Fué acogido
con una frialdad un poco altiva por las dos Lezines1 que
no le per,lonaban su pereza.
La Sra. Fourneron le censuraba también por otros motivos. «¿Practica?u Era la primera pregunfa que hacían
las madres prudentes cuando ella proponía un candidato á b mano de una heredera.
No; esa mala persona dé.Jacobo no practicaba; porque
en buena conciencia no se puede llamar practicante á un
hombre que no llega á la iglesia sino en el momento del
Iie mi..Ba est, y cuya total devoción se limita á. distraer á
las piadosas devotas que salen de la santa casa.
No; J"a.cobo no practicaba; siempre é inut1lmente le
había censurado esto; pero en aquel momento otra cosa
la preocupaba.
-Ya sabeis mis pobres amigos, dijo, esto no va bien.
Elena no ha podido levantarse ayer; ha tenido dos síncopes y si yo no hubiese estado ahí.. ...... .
Ciertamente, noticias tales eran tristes y ninguno se
hubiese atrevido á poner en duda la veracidad de las palabras de la. compasiva y excelente tía Fourneron; sin
embargo, el sonido de su voz era alegr.e ¡Bah! quién censura á.un médico porque se enriquece en tiempo de epidemia; á un abogado porque se regocija cuando los hijos
de un mismo padre se arrojan como lobos rapaces sobre la herencia paterna1 ensefiá.ndose los dientes? ¿ Por
qué, pues, mostrarse más severo con aquella mujer solícita?
Ella continuó:
Si, doa síncopes! El doctor no es~á tranquilizado del
todo.
Yo le hablé aparOO cuando salió de la pieza y no me
disimuló que la situación es de las más serias. nAh! querida señor&amp; Fournerón, me dijo, qué dicha para Duvernoy la de tener á usted cerca de él en estos crueles momentos.
Que sería d~ él sin la admirable abnegación de usted?&gt;,
Las señoritas de Lezínes hicieron un gesto; á pesar de
su caridad bien conocida no gustaban de escuchar largo
tiempo los elogios que se discernía su tía Fournerón.
Jacobo fué quien exclamó:

-Como! como! la pobre prima Elena .... . es posible
que se halle tan mal? eHo me upena mucho; experimento por ello un real pel:lar. La he visto bien poco desde
hace dos afios; ha habido entre nosotros un poco de resfrío con motivo de una historia de su hermano Felipe ...
y á propósito de Felipe, me parece que va á Volver; su
tiempo de mar debe haber espirad.o.
-Si, muy pronto, dijo la Eefiora Fourner6n 1 y Dios
quiera que eucuentre aún á su htrrnana!
-Tienen el uno por el otro una ternura profunda, replicó Jacobo; serfa ese un desgarrador y triste retorno.
Pero, porqué diablo ee ha rehusado ella obstinadamente
á abandonar Pontarliery, á pa!,lar en el medio día la mala
estación, como el doctor le aconsejaba?
-Por qué? pronunció sentenciosamenteAglaé con una
indiferencia fatalista, yo encuentro que tiene razón: aquí
ó ah1 se cura una cuando Dios quiere.
-Pero Dios no siempre está dispuesto á hacer milagros; hay un proverbio que dice: uAyúdate, que el cielo
te ayudarán
- Yo estimo que Fernando ha errado mucho en no llevarla á fuerza.
Todos por lo demás estuvieron de acuerdo en censurar
la debilidad de Fernando: se dejaba domiuar por su bija
y no tenía más cuidado que el de satisiacer á aquella nifía chiqueada.
-Apuestoá que no ha pDrtido, dijo Jacobo, por que Lila quería hacer bolas de nieve, y no hay nieve en el Medio dfa.
-Es cierto1 añadió la mayor de las Lezines, la sefiorita Eulalia, que la debilidad de nuestra prima por esa niña, sobrepaea á todos los límites permitidos. Sabe usted
que me han contado? .Antes de ayer á las cuatro, Lila
entró con su padre á casa del pastelero para comer una
golosina. Yo censuro, bien entendido, esa moda de hacer come, pasteles á los niños, en •v b de un panecillo; lo
cual sería más higienico; pero no es eso todo. A traves
del aparador de la casa, Lila, percibió tres pobrecillos
que la miraban con ojos ávidos. Y declaró perentoriamente que no comería su pastel si no se les daba también
á ellos. Fernando cede al de&amp;eo de su hija; más be aquí
que otros pobrecillos llegan, y otros aún. Era Ja hora de
la 3alida de la escuela: todos los niños de Pontarlier se
encontraroll bien pronto reunidos ante la pastelería. Lila distribuye los pasteles, despues las crema.e, después
los.merengues, después los bizcochos¡ por fin les llegó su
turn9 á los pasteles grandes, que fué preciso cortar en
trozos para todos aquellos pícaros golosos. Resultó que
en la noche, cuando yo iba á buscar para Aglae y para
mi una rosquilla de ciruelas, ya no había nada! Ah! ella
les llevará muy lejos si continúan educándola así!
....--Aglae es su madrina, dijo la tía Fourneron; debería
hacerle algunas observaciones.
-Lo he intentado, dijo agriamente Aglae, pero he sido
muy mal acogida. Elena me ha respondido que era tan
feliz con la gran ternura de su marido para su hija, que
me suplicaba instantemente que no hiciese sobre el asunto observación alguna. 'Verdaderamente yo no la entiendo.
No, no la comprendían ni Aglaé de Lezines .ni la tía
Fourneron tampoco, ni Jacobo de Sommeres y E!in embargo, era él, si hubiera estado dotado de penetración,
sobre todo, si hubiera recordado algunas de sus propias
palabras, era él quien habría debido comprender á Elena, compadecerla y no herirla. Pero esas palabras las
había arrojado al viento, con su imprudente ligereza,
sin inquietarse del terreno en el cual caían. Y habían
caido sobre un alma doliente, debilitada por la enfermedad, pronta á la duda, á la inquietud, á la desconfianza.
Se habían incrustado, habían echado raíces, habían ere·
cido 1 se habían convertido en esa cosa contra la cual no
pueden luchar ni_Ia raz6n1 ni la voluntad, ni el buen een •
tido: se habian trocado en idea fija. La idea fija! ese
mónstruo de alas negras que os obsesiona durante el
día con su incesante presencia, que se acuesta por la noche á. vuestro lado, que os despierta durante la noche,
que agita vuestros sueños y que por la mañana está ahí,
ante vosotros, desde que abrís los ojos; mónstruo tanto
más cruel, cuanto que frecuentemente estáis sin armas
para luchar contra él, que no osa confesar sus ataques y
disimula las heridas que os hace.
¡Ah! si Elena hubiese osado arrojarse en los brazos de
su ma1ido y decirle: ¡1Júrame que no lamentas nada de

DOMINGO 28 DE MARZO DE 1'97

ese pasado maldito que yo ignoro, pero que excecro; JUrame que te encuentras más feliz en nuestra vida tranquila de provincia, que en aquella loca existencia pari•
sienee; en fin, júrame que si muero no darás otra madre
á nuestra hija.
Pero no osaba decirle esto aun cuando :fijase alguna
vez en.él sus grandes ojos de fiebre, aun cuandofreenen•
temente las frases de súplica temblasen en sus labi()I!,.
¡Decírselo! ......... y si iba, con esta imprudencia á evocar
el espectro del pasado y quien sabe si á hacerlo renacer! ....... .
Comprendía vagamente lo que es para el hombre,
y sobre todo para el artista, la atracción &amp;el froto
prohibido. Era preciso callar1 alejando de él el peligro y
la tentación. De suerte que rehusó obstinadamente abandonar Pontarlier por una de las ciudades del.Mediodía.
que el doctor aconsejaba. Quién sabe si Fernando se encontraría. en Niza, en Pau, en Kyeres, alguna de las intrigantes de otro tiempo, de las que tanta pena le había costado separarlo? Quién sabe si viéndola tan enfer•
ma, no entraría en el corazón de esas ambiciosas una
atroz esperanza? Qué podía hacer una mujer condenada
lo más frecuentemente :.t la reclusión en su cuarto, á la
inmovilidad en su sillón? ~o, no! era preciso permanecer en Pontarlier1 donde ningún peligro podía aparecer,
donde la liga de familia era una salvaguardia, donde podía ella contar con la vigilancia severa de Jas Lezinee,.
con las amonestaciones de la tía Fourneron y aun con el
socorro de Jacobo de Sommeres·. Y además, y sobre todo, era preciso atar estrechamente el padre á la hija. Es~
te fué "Su trabajo de cada hora 1 su estudio de todos los
instantes.
Desde que Lila pudo hablar, el nombre de 1&lt;papái, fué el
que balbuceó; desde que sus bracitos pudieron enlazar,
se suspendió zalamera, al cuello de su padre; fué á él á
quien dió todos sus besos, á sus rodillas fué á donde se
encaramó; después, más tarde, fué_á él á.-quien dirigiólaa
mil peticiones infantiles, á el á quien demandó juguetes.
Se hubiese dicho que la madre no existía; de tal suerte
la pobre Elena ponia su cuidado en desaparecer, tanta astucia empleaba en 1a importante conquista de ese corazón de hombre, por una nin.a. Ella, tan recta, tan franca, se echó á mentir, moetrá.ndose herida, y á veces celosa de las preferencias de la chiquilla. .Al mismo tiempo
se volvía severa, para que Lila fuese á quejarse á su padre y sintiese él 1a necesidad de defenderla, de amarla y
de protegerla.
Esta táctica tuvo pleno éxito: jamás un cortesano apareció más orgulloso de los favores de su reina ni más deseoso de ejecutar sus voluntades. ,valter Raleigh, uñ día
arrojó su capa á los pies de Ieabel; pero el Señor Duvernoy arrojaba todos los días á los pies de su pequeñuela
ea corazón entero.
VIH.
El aviso El Alci6n acababa de entrará la rada de Brest.
Sobre el muelle de arribo, la multitud se oprimía: una
zambra, un tumulto, gritos de alegría y de impaciencia,
resonaban donde quiera; las mujeres agitaban sus pafiuelos, los hombres sus sombreros¡ algunos se callaban, oprimidos por la emoción ó por la angustia; familias enteras
estaban ahí: viejos padres de cabellos blancos y chicuelos en los brazos de sus madres. Impacientábanse, irritábanse de la lentitud del desembarque y por fin estallaron aclamaciones y hubo abrazos y transportes de embriaguez y de amor.
Nadie ero.pero 1 se cuidaba de un grupo de jóvenes oficiales de marina que pasaban silenciosos, con esa emoción del primer regreso á. la patria.
Muy cerca, muy cerca, quizá en la extremidad de
Francia, pero Francia es tan pequeña cuando se acaba
de dar la vuelta al mundo; muy cerca1 pues, una hermana, una madre, una novia, los esperaban.
Dirigíanse hácia el Correo, y algunos salían con las
roanos llenas de cartas: esos eran los felices; otros expedían alegres telegramas y luego íbanse á. cenar juntos, y
como había baile en el almirantazgo 1 y se encontraron
cada uno con su invitación, la aceptaron. Hacía tanto
tiempo que no habían baih,do en Francia! Y sentían en
el corazón tanto bienestar y tanta alegría!
Felipe no fué de aquellos que salieron del Correo con
las manos llenas de cartas; ninguna misiva lo esperaba.
uElena no sabe mi llegada, se decía1 ¿por qué he de in-

DOMINGO 28 DE MARZO CE 1Ssn

21

EL MUNDO

quietarme? Es una coea sin importancia. Se pierden
tantas cartas ankis dad.legar :i nuestras manos!. ... .. .. .
Tc?legra.6'1, sin emb.irgo, y con una angustia que no
era duefio de dominar, esperó la respuesta. D~ suerte
que no cedía á. las instancias de su camarada :Merville y
rehusó ir al baile. Se sentía con el corazón muy oprimido ........ .
Merville se obstinó:
-Qué diablo de Aubian! sois peor que una sensitiva;
como vos, yo tampoco tengo carta, razón de más para
distraernos. Os llevo de grado ó por fuerza: entendeis.1
Cedió, como cedía casi siempre, cuando la cosa no vaHa la pena de una discusión. Después de todo, era cierto
.que valía más tratar de distraerse; era cierto también
que parecía una sensitiva. 1(Jacobo Sommeres hubiera
dicho uuna mujercilla,,¡ pensaba él, y le reprocharía :i
Elena haberme educado mal!,,

Los jóvenes oficiales danzaron hasta en la mañana,
ébrios de aquellas lucee, de aquellas flores, de aquellas
elegancias; despuée, pasada la cena1 se reunieron en el
hueco de una ventana y pusiéronse á conversar alegremente.
-¿Habeis visto, preguntó uno con tono desbordante
de entusiasmo, ha.beis visto en el gran salón á. una mujer con traje de satín verde claro? ¡QJ.é cabellos! qué
hombros! qué ojos!
-Cómo no la habíamos de ver! dijo un aspirante de
marina; no nos hemos vuelto ciegos al dejar el Alción, y
se necesitaría serlo para n@ notarla, tanto Illás, cuanto
que resplandecia también con todos los fuegos de sus
espléndidos brillantes. ¿Es soltera1 casada 6 viuda?
-Si es soltera, yo me caso con ella; si es casada me 1a
robo; si es viud::i., la. consuelo; declaró con fatuidad un
jovencito, á quien los vapor~s del champagne se le su·
bían 1t la cabeza.
-Es casada; pero si te la robas te roba.ria.s también al
marido, por que no la abandona y permanece clavaUü ai
respaldo de su sillón.
-Uíf que posma.
-Hablad con m{LB reepeto amigo mío, ese posma es
ocho ó diez veces millonario, es uno de los 1 icos armadores de B res t.
-Psh ...... !
-Y su historia es divertida, con un sabor particular
que la distingue del matrimonio corriente por dinero. En
ta11to que vosotros correis los marea, yo aprendo his·
torias.
-Entonces comienza tu relato.
-Chut! escuchad la historia de la mujer vestida de
satin verde pálido.
Había una vez un bellaco que hacia Ia corte á dos muchachas: la una bella y pobre, la otra fea y rica.
- Y se casó con la fea, ó el mundo ha cambiado mucho
deede que navegamos.
-Sí, peroqu6pensais vosotros de la abandonada?
-11.Ariaoo refería 8us penas á la roca .11
-Eso es clásico, eso lo aprendimos en el colegio: se
pr-atende que es uno de los más hermosos versos de Racine.
-En efecto, empezó así ií lo que se dice, solo que Ariana no tardó en advertir, que las rocas son:confidentes fastidiosos y monótonos. Un día, vió sobre la playa á un
hombre bajo y grueso, de sesenta primaveras, que la miraba.
- Y ella le contó sus penas?
-No, creo que no; la verdad es que no se sabe lo que
le contó¡ pero se dice que el ingenio acá.de á las jovenes,
sobre todo á. las jovenes pobres. Era una linda venganza la que el cielo le enviaba: ese sexagenario millonario,
era nada menos que el padre de su rival.
- Y se casó con él?
-Si, se casó, en tanto que el bellaco paseaba á su feota
por A.lemania é Italia. Ya adivinareis su chasco; parece
que amenazó á. su suegro con su maldición
-Y el suegro se dejó maldecir?
-Creo que sí¡ está loco de amor y la mujer es demasiado bella, convendreis en ello, para explicar todas las
locuras.
-Y n• se ha arrepentido el viejo de su imprudente
temeridad.? Ah! señores, señores, me hactiis ruborizar ........ .

-Ruborízate cuanto quieras1 Merville, ese traje de sa•
tío verde, es capaz de todo. En cuanto á arrepentirse
de su elección, el buen hombre no pjensa en ello¡ es tan
feliz como puede serlo un mortal. Cree en ella con firme
confianza que nada puede quebrantar. E3os rumorcillos
que yo os he traído, pura invención acaso que un yerno
cupido, frustrado en sus esperanzas, lanzó á. los vientos,
han llegado á sus oídos. Y piensas tú que lea prestó la
menor atención?. Arrepentirse! Oh! gran Dios! Puede
uno arrepentirse cuando tiene en su casa un tesoro de
gracia, de bondad y de sabiduría?
-Palabra de honor: estás enamorado?
-Sf, estoy enamorado, y no pienso en negarlo. Muchos otros se hallan en el mismo caso. Adonde nos lle~
vará esto? Ella rehusa ver, rehusa danzar1 rehusa plat~car y rehusa coquetear; permanece impenetrable en eu
reserva. Pero chut! ahí viene.
Una mujer de una belleza soberan.a, entraba al saloncito. Andaba con un movimiento lento y gallardo y mantenía elevada, en una actitud altiva, rn hermosa cabeza
rubia, co:ronada por resplandeciente diadema de brillantes. Avanzaba, hendiendo la multitud, en tanto que un
murmullo admirativo se elevaba ante sus pasos. Suma•
rido, metido en un traje negro, la acompañaba.
-Hum! dijo el oficial letrado1 se diría una sirena ..... .
remolcando á un cachalote.
Y hubo en ,m rededor risas sofocadas.
-Hablais demasiado alto, dijo uno, podrían oíros.
En aquel momento, en efecto, la joven pasaba ant,e el
grupo de oficiales. Al rumor de sus voces se volvió hacia
ellos y repentinamente la altiva indiferencia de Ru mirada se trocó en un extremo espanto. Ellos la vieron cambiar de aspecto, palidecer y temblar. Pero por un esfuerzo de voluntad prosiguió su marcha alejándose del brazo
de su marido.
-Que s_iga.ifica eso? exclamó el aspirante cuando ella
hubo desaparecido. Si hubiésemos tenido la cabeza de
Meduza á nue.Etras espald.s.s 1 no habría testificado más

~-,- -Y ,~.i:ftJ:l.

. .~_f:ii!:
horror y espanto. Quien de nosotros, seiiores, ha producido ese terrible efecto?
-Es de Anbian, dijo el barón de :Merville; ella no podía desprender de él sus miradas. ¿Acaso la conocéis Felipe?
-De Aubiá.n, replicó el aspirante1 esta es una traiciónt
¡Cómo! nos ha beis dejarlo vociferar tanto sin ad ve 1 tirnos
de vuestro .... de vuestro ...... cómo diría yo? de vueetra
intimidad con la hermosa Beltrana Martín?
-¿Habéis dicho Beltrana Martín?
-Vamos de Aubian, no bagais comedias, no neguei•s,
vuestra emoción os traiciona. Debíais confiaros á vuestros arnigos.
-Xada tengo que confiar señores; no cononzco á esta
mujer. Y afiado que no he oido las tristes historias á que
haceis alusión. No escuchaba, estoy demasiado preocupado y demasiado triste esta noche.
-Entonces, dijo el aspirante, después de un silencio,
si no la conoceis 1 os ha hecho mal de ojo ...... Las sirenas
son capaces de esto.- Debeis huir, mi pobre amigo; no
queda otro remedio.
-Huiré en efecto, respondió. Tan luego como esté
franco 1 partiré para las montañas del Doubs y pasaré con
mi hermana mis vacaciones.
-Yo, dijo, el baron de M~rville, voy á verá mi m1.dre; no quise anunciarme.i quiero SJrprenderla; pobre
mujer, será tan feliz al verme!
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'

Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

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AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(Zalle ae la Glcalceria número 2'1',

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'

Carta interesante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir, Horror al cuchillo y al cloroformo.
3ó affos justamente era la edad que llevaba de padecer

una de las peores enfermedades que pueden sobreYenirle

Máquinas usadas casi regaladas.

al hombre, como rnn lasEstrech~ces en el caño de la orina. El tiempo se ibapaeando sin que yo resol\·iera á operarme por el horror tan grande que le tenia al c1~chillo,
-el temor que me infundía el clomiormo, y por últuuo, la
dificultad de abandooar un negocio para guardar cama;
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos¡ á la capital. para consultar con el reputado eflpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo enraba tales enfermedades de una marwt{t Hrnri.•
Ua: dicho facultativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Eangre, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efe&lt;'to, el
día 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Yiejo núm. 8; duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo vi\'iente del buen {'xito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
nl famoso especialis·ta y como una muestra de mi gratitud doy á conocer est,e echo al público y si estuviera nutorizado daría ~l nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito qne han alcanzado con la misma
operación que á mí les ha hecbo el Dr. PrPciado.

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AGENTES GENERALES
este periódico en Centro América 1 Sres. J. :M. Lardizábal y Compai'i.ín, Guatem!\la.
Están autorizados pa1 a ar~glar contratos para anun•
cios y suscripciones.

.de
1

1

A NUESTROS LECTORES.
Cumpliendo nuestra oferta, aumentamos hoy un pliego á
"El M1.1.ndo Seina11a1:•io,"
dedicado al Carnaval &lt;le ~Iérida, del cual poseíamos aún hermosas foto grafías, y damos, además, el tercer tomo de no Ye la.
de la "Biblioteca l.Iiniatura," correspondiente á 11:arzo y con el
cual quedamos al corriente con nuestros abonados, hasta Abril.

lí{nct Jec:c:i6n ae c::mto por pctrtiact aoble.
(Dibujo d..e Carlos A..loalde.)

�•
EL MUNDO

24

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

"EL ltilJNDO''
Semanario Ilustrado.
"'Tetefono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

•

Toda la correspondencia que se relacione con la ReUCCión, debe ser dirigida al

ll)alítica Qítneral.
RESUMEN.-Muerte de Cisneros Betancourt y captura de Ruíz Rivera.-Una nueva fase en la insurrección cubana.-latáctica de guerri1las.-La marcha
del General Weyler.-Creta sin esperanza.-Grecia
abandonada.-La force prime le droit.-Conclusi6n.

Director, Lic. Raf"ael Reyes Spindola..
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lle. Fausto.Moguet.
La subscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
m,s, y se cobra por tri.mestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa~os.
. .
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicac16n.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGIBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

1lllotas tbitarittlts.
\

t!)rablrma rcanómictJ.

¿Estamos enfrente de una nueva baja de la plata? La
prensa acaba de anunciar que el gobierno del Japón ha
decretado adoptar el m.-0ri.mrumlismo oro, lo que detendrá inmediatamente la demanda anual que hasta ahora
ha venido Oaciendo aquel país del metal depreciado.
Los mercados del Extremo Oriente se han considerado
como el abismo sin jon•to de la produccitín argentífera.
Por esa enorme bocaza se han ido enormes cantidades
de plata, y el Japón no ha sido de esas comarcas
la menos solícita en este constante consumo. Su conversión al talón de oro, traerá pues crmsigo, un grave tras
torno enel precio del producto. ¿Pero es posible que este
flamante Estado, abierto valientemente al progreso mo·
derno, pase sin al.Leraciones trascendentales. de uno á
otro régimen?
Una de las circutlstancias económicas que más ha fayorecido el desarrollo industrial del Japón, sirviendo de es"
timulo á la inmigración de capitales extranjeros, ha sido
precisamente su base monetaria. Pagados en plata los
jornales1 los empresarios han encontr'ldo una considerable reba ja en los gastos de producción: este hecho ha permitido la creación de una industria floreciente, que no
sólo excluye los articulas similares de la vieja Europa,
sino que se destaca en los horizontes como la amenaza de
una competencia futura.
Un cambio violento de sistema monetario poodrfa al
imperio asiático al borde de tina crisis, y su gobierno es
bastante ilustrado par~ suponer que no proceda por me ·
Uio de un brusco salto que paralizaría la expansión de
su riqueza social.
Por lo que á México hace, la República ha resistido
con increible fortaleza la mlis ruda baja de la piafa, y
como el descenso indicado, se anuncia de un modo gradual, siempre dará tiempo á que en la cuestión financiera se tomen las precauciones indispensables para ·sufrir loa nuevos golpes de rechazo que nos depare el porve·nir de :a plata.

Al comenzar el rercerafio de esa lucha emprendida en
los campos de Cuba por los que sueñan en una patria
nueva, la guerra entra en una nueva fase, marcadl:l:_ por
una derrota favorable á. las armas españolas, y la prisión
de un caudillo insurrecto, destinado á ser el sucesor del
célebre cabecilla Antonio Maceo en la provincia de Pinar
del Río, y señalada por la muerte del que funcion_a ba co•
mo Presidente provisional de la anhelada República, he·
choa acaecidos casi simultáneamente en difnen&amp;es pun·
tos de la revuelta isla.
La desaparición de Salvador Cisneros Betancourt, exMarqués de Santa Lucía, investido con la suprema autoridad por voto unánime d~ los jefes rebeldes, con ser tan
sentida en las filas immrrectas, será quizá. de menos tras·
cend~ncia para la causa cubana que la prisión de R~:z.
Rivera por el general Velasco en los campos de ¡j¡au Cr1at6bal. El anciano que, con el título de Presidente de la
República cubana, parecía encarnar los destinos de lainsnrrección, y se llevaba tras sí el respeto de las multitudes y la veneración de sns partidarios, más que una energía en acción y una fuerza vi va, era una especie de. monumento de las pasadas luchas, una personalidad que CO·
municaba·el prestigio de su nombre á. la contienda.actual,
una sombra gloriosa de muertas energías que recordaba
á los combatientes la tenaz resistencia ofrecida á. los tercios españoles en la tremenda guerra de dit:z años.
En la época presente en que nadie concibe la muelle
ociosidad ni el descanso reparador; en que se han menester la actividad sin tregua, el movimiento incesante, el sacrificio inagotable, para que permanezca en pie la causa
de los rebPldee; hoy que el gobierno de la Metrópoli,
mientras ofrece reformas seductoras que semejan la au•
tonomía, redobla á la vez sus ataques, concentra sus elementos de combate, yen esfuerzo supremo procuraaplastar la revolución de múltiples cabezas, sofocar tacto ger•
men Bt-paratista, y desarraigar toda idea de independen ·
cia; en estos momentos de angustia, infinita y decisiva
lid, tiene mayor significación para lo por"venir, entre los
que simpatizan y trabajan por la independencia de Cuba, la captura del cabeci 11a batallador que en las fértiles
campiñas y agrias moo.tañas de Pinar del Rí~ mantenía
vivo el fuego de la revolución, que la muerte de unanciano, muy ameritado y digno de rPspeto en Js.s huestes
insurrectas, pero ya falto de vigor por sus cansados afias
y sin la energía física que en otro tiempo desplegó en fa .
vor de la libertad é independencia de la Autilla.

*
••

En las provincias de Oriente, '1:á.ximo Gómez y sus
subalternos activan la campaña; avanzan, se concentran,
retroceden, se dispersan, amenazan aquí, marcan con la
llama del incendio rn paso por allá, y en incesantes evoluciones y movimientos, ni dan tregua á las columnas
españolas lanzadas en su persecnción, ni aceptan la batalla decisiva á que pretende obligarlos la estrategia de
los ejércitos reales. Comprenden que su fuerza estriba,
no en el vigoroso empuje que barre campamentos, asalta
ciudadeE y desmantela fortalezas, sino en la guerrilla que
molesta, la emboscada que sorprende, el golpe de audacia que desconcierta un destacamento, y por eso no abandonan su objetivo que es entorpecer la marcha de lasco·
lumnas pesadas, aparentar un altoá. pie firme, como esperando batalla campal, y lue~o dispersarse por las veredas, dividirse en grupos insignificantes, perdidos en las
quebraduras de la sierra ó en las espesuras de la manigua,
¡Todavía uno menos! ..... . Los viejos campeones de la para volver al día siiuiente á la misma carga, que repetiLibert¡ad van desertando de nuestro lado. Se alejan los da una y otra vez, tiene que agotar las fuerzas del eneq¡¡e en otro tiempo pusieron suR energías al servicio de migo y consumir sus recursos en marchas y contramarun principio que está ya germinando en nuestro joven chas que nunca. acaban, en busca de invisibles sombras
,mela. Se llevan á la tumba recuerdos gloriosos, días de que se hacen palpables, cuando una colina, un bosque,
trágicat:J luchas, entusiasmos épicos y un gran aliento de un recodo del camino, una arruga del terreno les permiesperanza que sopla de las actuales g,meraciones.
te hacer una ó varias descargas, y dar así muestras de
A esos veteranos del liberalismo, rígidos é inflexibles que no son vanos fantasmas, sino soldados reales, avesacomo el programa que se trazaron, pertenecía el Gene- doa á ese géneN de combates, capa;a, de vencer algo que
ral Rocha, muerto en los comienzos.de la anterior sema- no fuera la indomable tenacidad del patriotismo esna. Su historia, fué la eterna, incamable lucha contra el pat'i.ol.
fanatismo, que perseguía con el ardor y la cólera de un
Nutrido y aleccionado en esa táctica del débil y pequecazador á una res brava.
flo contra el fuerte y poderoso, el Jefe insurgente Ruiz
No se podría, en verdad, lanzar un reproche á. ese Rivera, por cerca de cuatro meses sostuvo la lugha desacendrado sentimiento radical que informaba su criterio. igual en Pinar del Ria, y logró evitar batallas formales
El jacobinismo del General Rocha ibaendérezado áun que habían de comprometer su posición¡ pero menos
grupo social en el que hay que buscar las sensaciones afortunado que sus colegas del Camagüey, acaba de caer
por medio de enérgicas sacudidas y poderosas reaccio- en manos de los soldados del rey Alfonso, que en los
nes: el eJército. Allí sólo el radicalismo echa raíces, só• campos de Cuba defienden la integridad de sus domilo la idea jacobina hace estallar el sentimiento liberal. • nios.
Y para el ejército y por el ejército trabajaba el veterano general, pur ese cuerpo, antaño sin alma, enel que los
propagandistas del liberalismo han prendido un espíCon esta pérdida, !a revolución hs recibido nuevo golritu.
pe; y como quiera que, las autoridades americanas pareJamás hemo'-1 negado nosotros los servicios que los ja- cen más decididas qlle nnnca.á impedir las expediciones
cobinos han prestaJo á la libertad: reacción contr;a reac- filibmteras, que á la continua panían de las costas floción, había que gponer una fuerza contra otra fuerza y ridanas, proporcionando armas y recursos á los ddensofrPnte á una exaltación otra equivalente. Para que des- res de la manigua, solamente les queda, á mis de su tei,11~1:1 el conceJ?tO del liberalismo haya tomado caracteres nacidad. y energía, la esperanza de: que la nueva estación
precisos, ha ¡;:1'10 indispensable trasponer esas etapas de de lluvias entorpezca los movimiento! de las tropas esformación, salvar e::ios periodos de lucha, que tachonan pañolas, y puedan así IM disperaas partidas insurrect.as,
la historia de todos los pueblos.
recobraT su brío en lo intrincado de la selva ó en las queY por esa labor útil é interesante, emprendidit, como bradurad de la sierra.
acabamos de decir, en pro de la difusión del liberalismo,
U no á. uno loa caudillos principales de la insuraección,
tiene el General Rocl1a un puesto de honor en la grati- han ido cayf'ndo en ese abismo que jamás se colma; uno
tud del partido liberal,que ha visto partir con pena al
á uno han ido desapareciendo en la ruda pelea. No se
soldado de la Refornu., al militar aguerrido, al corazón improvisan Joq campeones ni brotan en los momentos de
franco y sincero, envuelto entre los pliegues de su vieja prueba los paladin~s_; es necerario que se formen en la lubandera de batalla.
cha, que Eean productos expontáneos del combate, que

se forjen como el hierro al golpe de la derrota y al fuegQ.
del incendio.
Si aun quedan energías en les campos cubanos; si el
impulso ar1ioroso, que ha llevado á los rebeldes á esa lucha sin cuartel donde la munte impera, no se ha agotado aún, vendrán otros á ocupar los lugares de ios que-caen, y á recoger las armas de los que sucumben._
Entretanto, allá va el Capitán General, á la cabeza de
sus tropas acostumbradas á vencer, sometiendo pueblos y
encadenando voluntades; allá va cegando las fuentes y
cercenando los recnrsos de que se alimentaba la insurrec•
ción; allá va ostentando en una mano su espada implacable, y en la otra el acta de reformas que ha prometido el
Gobierno español.

No hay esperanza para loq afligidos cretenses; no hay
consuelo para los griegot:1 débiles q11e pretendieron tomar
bajo su amparo á Creta iafdiz, contra la manifiesta voluntad de las potencias europeas.
Cada v:ez que osan los insurrectos atacar las posicionesturcas, cada vez que dan un paso hacialaindependenciaó
quieren acercarsé.á la aiihelai1.a unión con la madre Grecia, tropiezan con los acorazados de los poderosos que nose detienen en bombardeará las huestescristianas1 endefensade laopróbiosa Media Lnna.
En vano se oyen los clamores del pueblo griego que re•
percuten en las capitales europeas, hablando en nombre
de su razón y de su tradición, y pidiendo al fuerte no
protección ni apoyo, tino lib~rtad de acción en los cam •
pos de Creta. En vano ha amontonado el Gobierno griego en un supremo esfuerzo y con heroico sacrificio, todos
sus elementos de guerra en las frontera.s de Tesalia, amenazando, moderno David, al gigante Imperio otomano.
Las potencias siguen el plan que se han trazado: conser•
var intacto el patrimonio de los califas, mantener inc·Ílume la integridad del territorio turco, y guardar inmaculado el tratado de Berlín.
No valen quejas de los oprimidos ni lamentaciones &lt;le-los mártires, ni hondos saspiros de los esclavos; se haol•
vidado la perfidia proverbialdeAbdul•Hamid; no se rd•
cuerdan las matanzas de cristianos ni las espanto8as ex-plosionee del salvajismo del turco y de la barbarie del
curdo; ni siquiera se tienen presentes las sangrientas.
burlas sufridas por la diplomacia europea, vil juguelle
del Sultán ...... todo desaparece ante la razón rnprema &lt;l.e
la paz universal, que se quiere conservar aun á costa dA
la Justicia, t:ratandode ocultar, con forma aparatosa, el
horror á la guerra que todos temen y que ninguno desea_
X, X. X .

Marzo 31 de 1897

El dique flotante de Tlacotalpan.

EL Mmmo diario y EL IMPARCIAL Qablaron ampliamente dP- esa construcción móvil que acaba de inaugurarse y
de la cual damos hoy una fotografía: Hnelga p.Jr lo mismo una descripción nueva y nos limitaremos á afirmar
que el Dique en cue~ti6n con11tituye una gran mejora qne
ha tiempo venía haciéndose indispensable; pues facilita.
extnior.:lioariamente la careLi.a de los buques mercantesy de guerra de las aguas del Sdno Mexicano y ahorra
gran parte de las considerables cantidades qne esta ope•
ración árdua demand!l.ba por llevarse á cabo en el extranjero.

QH Sr. &lt;!l&gt;eneral litodJa.

•*•

Damas distlnguidaa.

L'ls hermosas fotografías últimamente p•1blicada'3, entre las cuales está incluida la de la señora Luz GonzáleZ'
Cosio de L'ipez, nos han sido prooorcionadas por el ldistioguido arti'Jta Don Guillermo Valleto, el cual hacemos,
presente en estas lineas la expresión de nuestro agradecimiento por su galante amabilidad.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

J:;:NMJ:;:XICO.

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director geneml de "La Mutua.,,.
-Presente.
Muy Señ.or mio:
Hoy be recibido de 11La Mutua,•&gt; Compañía de Seguro!J
de Vida de New York. por conducto del Sr. L . Goroztiaga y en Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)1 liez mil pesos importe de la póliza número
571,958, bajo ia cual estuvo asegurado mi finado esposo
el Sr. D. Federico &amp;nche.
Además, me ha sido entrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos loa premios
que mi citado esposo pagó á la Compafiía desde hace
cuatro años que solicitó el seguru, formando un total de
12,082.40.

No ob.•!lante que mi repetid&lt;1 esposo falleció en Francia

tt fines del añ_o próximo_J)asadoJ la Com_pañia, con todo
empeño, se ocupó ñe la tramitación de loa documentos
para comprobar el fallecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con todR. exactitud las estipu•
laciones contenidas en la citada póliza.
Puede usted, sefior Director, si así lo deseare, dar publicidad á la presente, y me repito de vd. affma.1 S. S.
como albacea de la testamentaría de mi finado esposo el
Sr. D. Federico Sanche.-Alise SanchP.

I,A. CUJ:;:STION CRJ:;:TJ:;:NSJ:;:

ATENAS EN TIEMPO OE CRISIS

•

El afio último, en el mes de Julio, cuando yo desembarcaba en el Pireo, mi Catelero, mostrándome los acorazados griegos, me dijo, no sin cólera: nLas potencias no
quieren que vayan á.Creta y se ven abligados á permanecer ahí.»
Y he aqu( que siete meses después encuentro una situación del todo diferente. y al desembarcar me aborda
el mismo Catélero y blandiendo el puño, exclama:
11Las potencias no quieren, pero nosotros queremos;
donde quiera que haya griegos, en Alemania, en Rusia,
en Inalaterra, pondrá.a. si es preciso, fuego á todo, para
vengá'rse de Europa.11 Y. con un _ges~ violento se muerde el dedo en testimomo de su si ncer1dad.
Esta misma frase de indignación, de desesperación y
de audacia, es la que en adelante voy áoir donde quiera
bajo diversas formas, según los interlocutores. Todo ese
pueblo está ostigado por la idea de la guerra. Por las Ca•
Hes pasan grupos gritando: uLa guerra,n y sobre los muros se ha inscrito en letras groseras y vacilantes:
Ziw o po:.emos
V1.1.•li la guerra/
L'&gt;S menores inc!dentes son un motivo de excitación.
para la exasperación nacional y el e!pectáculo de los cr~teoses refugiados que recorrea la ciudad en grupos, no
es propio para calmar los espíritus, p.i tampoco los miserables campamentos de mujeres de Creta que hacen secar en las plazas del Piréo los a~drajos q~e les ~stan.
Sin embargo, nada parece cambiado á primera V1Sta en
las costumbres atenienses que comprenden, como las de
todas las ciudades de provincia, ciertos ritos inmutables.
Todas las mañanas, á eso de las once, se va á oir la mú ·
sica militar ante el palacio; después, las personas elegan•
tes se muestran en el paseo á donde volverán una hora
antes de la noche. En esos minutos tradicionales, los cafés rebosan ensu clientela habitual y los atenienses sofla meros se abordan febrilmente y se preguntan aún: "Qué
noticias hay?n como se preguntaban ayer· y como hace
dos mil años.
Pero de pronto un grito y un movimiento de la multitud, traicionan Ja sola preocupación de todos. Banda·
das de niños, se precipitan, clamando:
-¡ Pavastima! ¡ Pavastima.l ¡S'upkmentol ¡Supkmento.1 Y
arrebata todo el mundo los periódicos calientes, q 1 1e uaen
los últimos telegramas: las flotas combinadas acaban de
ocupará. Retimo, ó Ilerápetra; 1~ tropas gr~e~as no pue•
den ir á. Candano á poner orden entre los cristianos y los
musulmanes¡ el emperador de Alemania quiere que la1::
potencias tomen medidas de.rigor ........ .
Los comentarios no tardan en llegar y todas las censuras precedentes se uoen á las recriminaciones nuevas contra E11ropa. La animosidad es grande, sobre todo contra
Alemania; y se traduce en caricaturas en que el Emperador Guillermo está. representado sosteniendo con su brazo máscort.o al Snltán Abdul Hamid, con esta leyenda:
¡ &amp; qué brazo se apoyci el gran asesi,~o.l
Obsérvanse asimismú otros hechos menudos no menos
caracteristicos: los barberos de Atenas se han puesto de
acue1·do pata no rasurar al embajador de Alemania y el
propietario del Hotel &lt;k Alema"ia anuncia en los periódicos que en adelante su casa llevará el nombre de Hvktde
Myce™1?&gt;!
En las calles comerciales, otros espectáculos manifiestan ya más seriamente la idea de la guerra: las armerías
están llenas de compradores! los negociantes improvisados colocan en las plazas mesas donde se alinean los fusiles; se reconocen por todas partes grupos de voluntarios que van á proveerse de armas, y los trajes europeos
de los jóvenes de A.tenas, se mezclan á los calzones anplios de los cretenses, que cubren su cabeza con un pai'iuelo negro y á 1a~JU8ta,,eUM blancas de los pastores de
Thesalia, que llevan el fez flexible de lienzo rojo.
Si se desciende en camino de fierro al Piréo, casi no hay
tren que no esté lleno de soldados; en las estacione.a la
multitud los aclama, los sigue sobre los muelles de em·
barque, y par&amp;en en la noch~ para Volo ó para Arta, saludados por adioses graves y casi solemnes. Porque no
hay que olvidarlo, ese pequef'í.o pueblo no se comprome·
te al acaso en una aventura heroica; va deliberadamente
para defender lo que juzga su derecho estricto en las supremas catástrofes. Sin duda el ateniense sonríe aún y
se di vierte por instantes¡ pero ba renunciado á las largas
y bulliciosas alegrías del carnaval, y aun cuando ee manifiesta en la calle como el 22 de Febrero ó el4 de l\Iarzo,
lo hace con infinita calma y dignidad.
El 22 de .F'ebrero treinta mil personas desfilaron por las
calles y se dirigieron al palacio para protestnr contra el
bombardeo de Phroudia por los acorazados europeos. El
4 de Marzo se tr;:1taba de inyit.ar al Gobierno á. rechazar
con energía la nota idéntica de Jas seis potencias.
Este segundo meeting ee frustró un poco por una lluvia
intempestiva: «Dios está con el Sultán,* decía alguno
~ntre la multitud; sin embargo, millares de hombres se
apiñan ante el Circulo de los estudiantes; poco á. poco
Bid cierran los establecimientos y la multitud se pene en
marcha. Va primero á la Universidad; los discursos ahí
la exhortan á la resistencia; después flotan las ba.nd~ras
á pesar de las gruesas gotas de agua que comienzan á
caer, y la manifestación contini'ia su curso. En el camino
se encuentra á un pappa$ ( sacerdote cretense) Kyrillos
E-1stathiou; el pappalf, feroz y bonachon á. la vez, coge el
asta de una bandera. Es él ahora quien va á la cabezade
la colnmca, en tanto que, bajo loa paragul,s abiertos, re•
suenan sordamente loe gritos de:
Zi.tO, 6 polemos! Zitúl ó polemos.l Zil6.'
L\ multitud llega ante el palacio; algunos cvzúnl bastan á contenerla; sin embargo, furiosos remolinos la agitan cuando con una voz ronca, con los cabellos pegados á
la frente por la lluvia, los oradores demandan la presencia del rey. Los oficiales de palacio se suceden y ensayan vanamente hablar; por fin, entre las columnas, por

encima de aquella multitud de cabezas, a~oman. el ros~ro
blanco los ojo1u:mles y eJ. mostacho rubio del príncipe
Consta'ntino el príncipe atlético, como se le ll9wa. Rumores, acla~ación, silencio¡ el príncipe declara .q?-e en
aquellos momentos el rey no pue~e _hablar;_ fe!1c1ta _al
pueblo heleno por su energía patnót1ca y le_ 10v1ta á dispersarse. La multitud se va con pena,. obstinada en su
sueño de guerra, y un _descontento ~nta: uNoa representarán la misma comedia que e,1 1886.n
Sin embargo, como un signo de esperanza, un P?CO de
sol ilumina por fin las ruinas santas de la Acrópohs, :r á
lo lejos, hacia el horizonte, baña _la verdura nueva de
los pl&amp;nes, al pie del monte Aigaleires y la ru1a blanca.de
Eleusia.
PEDHO QUILLA.RO.
Aten~, 5 de Marzo de 1897.

A mi juicio, la Qbra maestra de Wagner es laj~6n de
todas esas grandes craaciones sonoras. Es el ~onJunto y
no el detalle, la masa y no el fragmento.
Alli está eu obra.
De la producción inmenea de Wagner, desgraciadamente no conozco más que la últiwa, que escuché ochq
años Íi.á en la Scala de Milán, c(}n intérpretes sobreea•
lientes )! que dejó en mi espíritu una sensación extraña
y poderosa, el recuerdo de algo sobrehumano y di vino,
que _palpitaba en el fondo del alma y vibra toda\Tía en
el cerebro, como el eco de un arpa angélica.
La vida de Wagneres la •*•
odisea del genio.
El peleó como ?n condenado para hacer. {?rimar. en el
desconciertomueical del ·mundo, sus nov1s1mos ideales
artísticos; luchó en las sombras, solo, sin un soldado que
le ayudase á. saltar las barricadas1 hasta que logró imponer sil criterio estético.
Ese periodo de la existencia de Wagnertrae á la memoria Jale ye.a.da de aquel titán que trataba de arrancar
de sus brazos la férrea cadena que lo sujetaba. á la roca
maldita, ;para volar de un aletazo hasta el cielo.
Los pruneros trabajos fragmentarios del músico genial fueron silbados, y su autor befado y calumniado por
la turbamulta, que no llegando á comprenderlo, le decía
loco ambicioso y audaz, cuando no era si.a.o un revolucion~rio en el arte. Exactamente lo que acontece en la
actualidad li!erariacon la escuela modernista, que para
la mayoría es músü.:a wagneriana. No entienden de la miEa la media, y salen á pontificar periódicos y revistas
contra los decadentes, ein comprender que la escuela así
denominada, ha tenido, segtí.n Enrique Panzaccbi, en
Victor Rugo sus primeros indicios, y tiene ahora fuera
del grupo francés, inteligencias de primer orden, como
D'Annuncio, en Italia, y Eugenio de Castro, en Ponugal.
Pero \Vagner, que como todos los grandes artistas, tenía la conciencia de su valer y de sus fuerzas, continuó
trabajando en el silencio y en la obscuridad de su retiro,
hasta que se presentó con Lolumgriri, ee decir, con una
obra perfecta desde el pie hasta la cumbre, que fué ele·
vándose, Cual tenue luz, de los muros sombríos del cas~illo de Bayremh, hasta llenar el universo co11. fulgores ~e
incendio, arancando á la humanidad, atónita, en medio
de cien preocupaciones constantes, un sólo inmenso grito de admiración.

•*

General de Dlvisi6n S6stenes Rocha.

t

el míércoles ultimo.
(Véase nuestro editorial,)

INFORMACIONE;S CURIOSAS
COMO VIVE IBSE!'I

De un interesante artículo que un crítico inglés, Mr.
Sherard, acaba de pablícar en la revista Humanitarian,
tomamos estos datos acerca del famoeo dramatu~o no•
ruego Enrique Ibsen, al que túvo ocasión de estudiar de
cerca en su recieme viaje á Christiania:
Ibsen, según Mr Sherard, es peshnista en teoría y mi·
sántropo en la pr.áctica.
Busca la soledad, y manifiesta una profunda aversión
hacia los goces íntimos del hogar y de la familia.
No va jamá.i: á verá. su hijo, que es, por otra parte tan
misántropo y tan retraido como el autor de sus díal'.
Cuando el hijo se casó, el padre ni siquiera asístió al
matrimonio.
La única distracción de Ibseri. conf:liste en sus dos paseos cotidianos. Se dirige siempre hacia un café, entra
en él, pide los periódicos y se hace, servir una copa de
aguardiente y un vaso de cerveza. Coloca aquella á su
derecha y éste á. su izquierda, y bebe de ambos alternativamente.
Nunca va al teatro, ni á sociedad.
En una palabra, vive como un bongo.
Esta falta de sociabilidad extrai\a más en un país como
eo. Noruega, donde la gente es de lo más sociable y comuoicativa que se conoce; sólo puede explicarse por el
orfgen escocés del célebre eecritor.
En sus· conversaciones con Mr. Sherard-que no debieron de ser muy largas, dada la dificultad de sacarle
muchas palabras del cunpo-sólo se exaltaba y salia de
sus casi!Jas cuando el critico inglés le hablaba de la doctrina y tendencia de sus obras.
¡Pero si mis obras no tienen tendencia ninguna!-répetía muy agitado.
-¿Cuántas veces tendré que decirlo?
Es preciso que se convenzan ustedes de que yo en mis
obras no soy un profesor en su cátedra, sino un pintor
en su estudio. Yo no soy partidario de nada, ni mis comedias pretenden probar nada tampoco. Yo aspiro solamente á retratar la vida como la veo á mi alrededor. Vivo en Noruega y á loa noruegos saco á escena. Eso es
todo,
Y, pasada esta ráfaga de animación que enrojecía el
semblante de Ibsen, volvía el misántropo á su mutismo
acostumbrado.
LA DIVINA COMEDIA MUSICAL

Algunos afirman que la obra maestra de W agner es
Tannho.u.ser; otros, ÚB maR&amp;roa C&lt;mlores; otros, "JT'úitán ¡.
hofde; los rnás Lohengrin, bautizada en Italia con el postítulo de DiM,a comedia mu.s1f"al.

Antes que surgiera "\Vagner,• primaba todavía la melodía pura, las ca1&gt;alfttt., y los motivolf de la vieja «manera»
italiana. Meyerbeer trajo deepués á la música las leyendis del Norte y fundó el ecteptismo, hasta que vino \Vag•
ner, como enviado por Dios, con el mandato de cumplir
una misión providencial, y creó una nueva escuela, es
Elecir, fundó la melodía en el acompaii.amiento orquestral estruendoso y magno; la palabra con la nota musical; el diálogo uhabladou con la frase 11cantada,11 y de esa
armonía sonora surgió el udrama lírico,n haciendo saltar
los moldes vetustos en mil fragmentos, y produciendo la
revolución artística más grandiosa de este siglo.
Los espíritus bajos y perversos, que hiere.a. por la espalda, no cejaron por esto en su unoblenmisión, y á los
epítetos anteriores, que le habían prodigado, agregaron
un sinnúmero más para acobardarle en su empresa, hi·
riéndole en el alma y en sus sentimientos más delicados.
Lo llamaron 11cumpositor miserable,,1 «músico inepto,, y
«estropeador del arte.u
Wagner entregó al público desprecio á sus gratuitos
ofensores, probando tntonces que era de Ja talla de los
que se imponen ó sucumben.
Loheugrin quedó sepultado bajo silbidos en París, para
renacer en Bologua á. la inmortalidad.

•*•

C1,1ando se trace la historia musical de este siglo, se le
dará. á "\Vagnerel sitio:- de honor que le corresponde.
Es quizá el ejemplo más grande de fortaleza de alma,
de fé ~n los idealed, de constancia en el credo y de fir.
meza de rumbos que regi!tr11.n los anales del teatro, desde Sil génesis hasta nuestra época; y Lohengrin, la divina
comedia musical, vivird, mientras haya seres capaces ds
comprender y de eentir las cosas grandes, emocionantes
y sublimes; mientras haya amor y belleza, sueños y esperanzas, ilusienes y recuerdos¡ en una palabla: míen~
tras haya arte y artistas en el mundo.
Lms BERIESO.
COMO SE CASAN LAS INGLESAS

Todo el mundo sabe las pocas forma1idades que son
precisas en Inglaterra para los que quieren contraer matrimonio: una visita al Registro Civil, unos cuantos peniques de gasto, dos teetigos y pocos papeles. Pero ea menester examinar de cerca estas costumbres para darse
cuenta exacta de la libertad que encuentra la mujer en
Inglaterra.
En el mes de Enero último, dice el articulista que nos
comunica tan curiosas noticias, entré en una papelería
para hacer varias compras, y la hija dei comerciante me
mdicó que volviera dentro de unos días, porque no tenía
en aq11el momento la clase de papel que yo necesitaba.
-Bien, volveré la semana próxima.
La señorita del mostrador vaciló un poco, y al fin contestó:
Es que yo no estaré la semana próxima, porque pienso
caEarme mañana ..... pero le ruego á usted que no diga nada ,t mi padre, porque aún no está prevenido.
Y era verdad. Al padre le dió la noticia el novio mismo, momentos antes de ir á casarse, en estas ó parecidas
palabras:
-Me caso con su hija dentro de una hora. Ella no qui.
so de.cir á _usted nada, temien_do que usted se opusiera al
matnmomo...... Todo está dispuesto, y los testigos nos
aguardan abajo en el coche, y puesto que ya.es inevita•
ble, debía usted ponerse la levita y asistirá la ceremonia;
Eerfa lo más conveniente y lo más correcto.

�216

DOMINGO 4 DE ABRIL DE •S~7

F.L MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

Y el padre se puso la le vita y asistió á la ceremonia,
porque esto era lo más correcto.
En la lglesia de Saint l\fartin's Cbu rch, ocurrio un enlace qne no sorprendió á. nadiei sino qué, por el contrario, mereeió la aprobación ·unánime de todos los concurrentes Casá.base una muchacha de veintiún años, y en
el momento en que el sacerdote preguntó, según la fór•
mula acostumbrada:
-¿Quién dá esta mujer á este hombre?
La joven, llamada ro.isa Echel B ......... impidió á. su padre que contestara, y le dijo solemnemente al cura:
t"',-Nadieme entrega al hombre que yo he escogido; me
doy yo misma. La pregunta que usted ha formulado pertenece al tiempo. Por fortuna ya ha pasado aquel en que
la mujer eraconside1ada como una cosa, como una esclava, de quien sus parientes podían disponer á su antojo.
Si yo no consintiese en unirme á. mi prometido, no babrfa fnerza humana que pudiese obligarme. Le ruego,
pues, á mi padre respetuosamente, que se abstenga de
contestar, y yo le respondo á usted, ya que usted me lo
pregunta, que me doy yo misma, por mi sola voluntad,
al hombre que está aquí á mi lado.
El cura se inclinó sin decir una palabra, creyendo la
escena terminada, pero al preguntarle á miss Eche! si
prometía respeto y obediencia á. su marido, la miss volvió r'i tomar la palabra:
-- Si no lo respetase no estaría yo aquí: y continuaré
respetándole mientras· tanto que lo merezca, pero no
prometo odedecerle: acepto un esposo, no un duef'io.
El novio no hacía más que ~onreirse y callar. Al día
siguiente los periódicos de Londres contaban el hecho
sin hacer comentarios, y como si se tratara de la cofa
más natural del mundo.

UNA PARABOLA DE TOLSTOI

En el Potchine Eboi:nih, la revista moscovita que aparece
una sola vez al año, ha publicado en estos días el conde
Tolstot ttes parábolas exquisitas. Ofrecemos hoy á los
lectores de EL MUNDO, una, 1a más breve, pero no la
menos significativa y bella de las tres. En ella el pensa•
miento de Tolstol refleja en puras formas de arte su concepción cristiana de la vida:

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Dique flotante de Tla c otalpan, inaugurado últimamente.

g11ardaba el trono del gran Mogol dé Delhí. Durante largo tiempo, se creyó que el primero era simplemente un
trozo de criAta.l; Por úttimo, un mercader armenio llamado Lasaref adivinó su inmenso valor, lo compró y con
peligro de su vida lo llevó á San Petersburgo para ofre•
cerlo á Catalina II; l)ero la Czarina creyó exagerado el
precio que pedía Lasaref, y despidió al mercader armenio, que partí{&gt; para Amsterdan .. Allí el conde Alejo Orlof pagó por el diamante más de 2.000,000 de francos, lo
hizo tallar y lo envió c_o mo regalo á Catalina II, conce~
diéndole al mis.no tiempo cartas de nobleza á Lasaref y
una renta auual de 2,000 rublos. El Orlof pesa 199 quila•
tes y¼, ó sean 8 quilates más que el Kohi·Noor.

Sellos.
Pocas son las personas que aquí conocen todas las clasi;,s de sellos que se usan en Estados U nidos.
Los hay desde uno á diez centavos, siguen los de quin~
ce, saltan á cincuenta, y pasan luego á uno, dos y cinco
peeos. Los de estos dos últimos precios apenas se usan y
puede decirse qae los coleccionistas de sellos son las personas que más los emplean en compras, cambios y ventas.
ExisWn además los sellos de periódicos, que no se venden al público1 y ni aun á los edit.ores 6 publicistas, y &amp;e
emplean solamente para. cubrir el porte pagado de los
diarios, uniéndolos á la matriz del recibo que se da á la
empresa remitente. El precio de aquellos es desde un
centavo hasta cien pesos.
Cierran· la lista los sello3 para remisiones especiales y
los empleados en balancear diferencias de menos en porteos deficienl:.t;:'s.
La reserva á mano es bastante para cuanto.a pedidos se
hagan, pues exist,en hoy en dep6~'.to 230.000,000 de sellos
y los talleres en que se hacen, trabajan continuamente
para suplir la creciente demanda. Calcúlase que al Gobierno le cuesta cinco centavos cada millar y el noventa
por ciento de los vendidos son de á dos centavos.
LA MUSICA EN LONDRES

Los periódicos rusos, enumeran y describen laa iosigcias imperiales que se enviaron de San Petersburgo á
Moscou para las fiestas de la coronación del Czar; la joya
principal es la corona, que se ejecutó según un modelo
bizantiao, estimándose su valor.en más de 5.000,000 de
francos. Se compone de dos partes que simbolizan el
imperio de oriente bel de occidente; en medio se levanta un esplendido ru í en forma de pera, que tienen fijos
cinco día.mentes, figurando una cruz. Esta maravillosa
obra de orfebrería, la encargó Catalina II cuando subió
al trono, siendo un ginebrino llamado Jeremiae Pauezic
el joyero imperial que la ejecutó.
'
El cetro que el czar Pablo encargó para el 5 de Abril da
P,e 1897, día de su coronación, es aun más notable. Su
valor proviene especialmente del magniñco diamantie conocido con el nombre de Lasaref ú Orlof, siendo muy
curioea su historia. El Lasaref y el Kohi-Noor, son dos
diamantes que formaban los ojos del león de oro que

Una bomba.

La bomba que el anarquista Panwels arrojó hace más
de dos afios en 1~ iglesia de la Magdalena en París, no fué
funesta solamente al autor del atentadll.
La. sacudida causada por la detonación fué tal, que el
célebre órgano se descompuso.
Los trabajos de restauración acaban de ser terminados
y su importe ascendió á la respetable suma de veinticuatro mil francos.
Notas é impresiones.

No se debe gastar más de lo que se gana; ni aun todo
lo que se gana.
La economfa es la. pre visión.
Lo que la hormiga hace por instinto, hagámoslo por
razón .
No hay p~queflas economfas.
Los arroyitos hacen los grandes dos.
Todo préstamo es una pérdida, todo ahorro es una ga..-.
nancia.
No dejéis ese ahorro para mañana, lo podréis hacer
ahora,
La religión es el primer .freno del hombre¡ la sabi•
duria no es más que el segundo.
M. Ch.
Las mejores frutas son la,1 que han sido picadas por los
pájaros; los hombres-miis de bien, son aquellos en quienes
se ha cebado la calumnia.
Pope.
La verdadera compasión es una limosna más preciosa
delante de Dios, que la del oro y la plata¡ porque dando
nuestros bienes damos lo que es nuestro, y dando nu~stra compasión, nos damos á nosotros mismos.
San Grego-rio.

Joyas rusas.

U ria estadística levantada sobre los lugares de recreo
eLt Londres, los calcula entre 550 y 600, siendo de éetos
má"' de 450 musicales. En las otras ciudades de Inglaterra el número asciende á 1,300 de los que cerca de 160 son
destinados á conciertos.
Los teatros en Londres llegan á 50, y en las otras ciudades de Inglaterra á 200. Los salones de concierto en
Londres son unos 30, mientras en el resto del pais llegau
á la enorme cífra de 1,000.
Muchos de estos sirven también para representaciones
teatrales y al mismo tiempo de capillas y punto de reuniones poUticas.
El capital invertido en Londres en sitios de diversiones, efJpüCO mellO!fd&amp;·4" millones de libras, sin contar el
Palacio de Cristal, el Albert Hall y otros.
Hay empleadas en esos establecimientos más de ló,000
personas, adem.áa de otras que lo son indirectamente.
Los teatros y salones de conciert.os en Londres tienen
capacidad para medio millón de espectadores.

············"··••························· •
... i~~~~:~~~~~-¡~·-~¡~~~ me
ha ocurrido cuando he ha-

blado en favor de] precepto del Evangeli?, qu~ recomienda no oponerse al . mal con la v1o~en~1a. Por
Cristo ha sido formulada dicha regla, y sus d1sc1pulos la
han repetido después de él en todos los tiempos y lugares. P~ro sea que no se l1a reparado en ella, sea que n.o
se la ha comprendído, 6 sea, por úJtimo, que ha parecido dificil conformarse á ella, lo cierto es qne cuanto más
tiempo bapasado, más ha sido olvidada, y más él arre·
glo de la vida de los hombres se ha alejado. A t.al punto
se ha llegado que dicha doctrina se ofrece hoy :l los ojos
del mundo c~mó algo ,1t1eyo, desconocido, cuando
imensato y extraño.
)le ha sucedido como al viajero que recordaba á los

Cuando la fortuna eleva á un hombre de repente, si el
afortunado es néoio, se yeriue; si es sabio, se inclina.
Emiqu.e Boucher.
Si los malvados eupiesen lo ventajoso que es ser hombre de bien, querrian serlo aunque sólo fuese por espe•
culación.
Franklin.

El cuerpo es el instrumento del alma, y el alma es el
instrumento de Dios.
Plviarco.
Ea preciso merecer las alabanzas, y huir de ellas.
Fenelón.

ACUARELA

•
Cae la tarde.
.
El cielo parece un mornico inrueneo que irr»;dia luc1 s
vacilantes sobre lae aguas óel higo, Bpt nas uzadas ))l r
brisas de primavera.
.
Lirios y azucenas, mala Cares y v10IE'tas derra~an rn
aliento virginal al ledo rumor de la fuente, que dice, CIJ·
mo en snefios, ·una pfeg~ria de amor.
Los azulejos cantan en la en?iesta copa del ~amán; en
el viejo bucare se mecen los nidos de los turpJales, y el
colibri bueca su abrigo jwlto á la encendida flor de 101::1
granados.
1-;s la hora de las gasas de fuego en las lejanías del horizonte y de los penachos de neblina sobre la desnuda
cresta de las montañM.
La cerca de los piñonea está recién J?Odada; y tr~s ella
ee extienden los gamelotales, verdes 1:nempre al humedo
beso de la laguna.
El toro muje y escarba en ~edio ú. su serrallo, y e) corcel ID·
dómito-de crin hirsuta y lomo
brillante, ajeno á todo ultraje
humano-preside altanero la yeguada, mientras la oveja bala en
el alar del cobertizo.
Ella esti.í bajo la parra, negligentemente et-ntada en su mecedora de juncos.
Sot.rel:!l fondo carmesí de la elegante falda se destaca la blancu ·
ra de armiño de los encajes, que
hacen como de búcaro de espumas al marmóreo seno y al cuello de cisne.
El pelo negro baja en ondas eo·
bre la c11rva frente: la sejaarquea·
da arroja tonos crepusculares eo. bre el ojo rasgado y negro como
las parnparas; bajo la nariz judía,
el somosado Jabio Se contrae al
soplo de leve sonrii.a, dejandoelftrever dientes de perlas .
Como la brisa. en las soiíolientas aguas del lago, aletea en su cerebro un pensamiento que-álas
indecisas claridades de la tarde-·
vaga inquieto del tierno niíio que
calienta en el regazo al apuesto
cazador cuya .figura de H(;rcules
comienza á contornearse bajo las
palmas de la entrada.

•'• vieron que la cizaña
Los propietarios de un prado
crecía en él, y ocurrióseles que era lo mejor para extirparla ségar sus tallos, con lo cual, naturalmente, vo~vió á
crecer la cizaña con más vigor que antes de la siega.
Pero un propietario vecino, de mucha prudencia y sabiduría, al viSitar á los dueiies del prado, dió á to_dos mu&gt;:
útiles consejos, y entre ellos el de no segar la cizaña, si
es que se quería evitar que iee propagara par si mii:;ma,
y que en cambio, la ¡irrancasen de ra1z.
Los propietarios del prado,
DAMAS MEXICANAS.
bien sea porque entre el número de instrucciones reciQidas del
buen vecino no hubiesen repaTa·
do en la relativa á la necesidad
de extirpar, arrancándola de cuajo, hL cizaña, en luga'" ae segarla;
sea que no llegaran á comprender
,este consejo1 ó que los cálculos
personales impidiesen aceptarlo¡
lo cierto es que siguieron eegando
la ciza.ila y consiguiendo por lo
tanto, que con mayor fuerza se
rnultiplicase.
Eu el curso de los años siguien·
tes, no faltó más de un hombre
.que recordaee á loe dueños del
1m1du el consejo del prudente y
buen vecino; pero quien tal hacía no era escuchado, y tan poco
caso ee le hacía como ci nada. estu\'iese ocurriendo.
\"inf"I á suceder de esta suerte
.qne t-egar la cizaña desde el mo·
ruen10 en que aparecía fué no so•
lo un hábito, eino una tradición
eagrada con'locualelprado llegó
:t estar~ada vez más enfermoé in·
vadido.
Llegó el día en que no hubo en
-el prado más que cizaña. Los propit:tarios de él gemían por tal
causa, ingeniándose para enconLlega! Ee él 1
trar el remedio de situación seLoS" lebreles l_e preceden jadeanmejante, que, sin e~bargo, era
tes, y cuando el viejo mastin le
uno, nada más que uno: el señai.aluda con l:lUS roncos gruñidos.
lado por el vecino sabio y justo.
despiert~ el niiio y le consagra
l'ero nadie lo usaba.
una sonriea; tiéndele sus maneSucedió, por último, que entriscitas sonrosadas, y evoca en su
tecido un caminante al advertir
i nocenciaun mundo de recuerdos,
la perdición del prado, bmcó 1~
t.lt, esos que parecen perdidos en
inetrucciones dejadas por el \'ec1las horas de lucha, que brotan eu
no sabio y b~eno, todas las cna:
loli! instantes de las supremas sa•
)es estaban olvidadas, por ver s1
tisfaccionee.
babia entre ellas alguna con que
•. Venid, venid, oh tardes de pripoder remediar las causas de la
mavera! con vuessras gasas de
aflíccion genQ.J'al. Descubrió la
fuego en fas lejanías del horizon·
,que decía que no era necesario
te, y vuestros penachos de 11ebli ·
Eegar la cizaña, sino arrancarla
nas en la desnuda cresta de las
de raíz. Declaró pues, á los duemontañas.
ños del prado que habían sido
imprevisores y que de mucho
)1. Y. RoMERO GARCÍA .
tiempo af.rás babian sido advertidos todos contra dicha imprevi·
sión.
Pero en vez de comprobar lo
que este hombre dec1a, para que,
CARICIAS MUERTAS
eo el caso de que fuera exacto no
segar más la cizaña, 6 demostrar·
Sin odio, pues. queridas mía~,
le, 1¡&gt;or el contrario, que e1:ttaba
y aunque algunas de vosotras me
eqmvocado¡ e.o lugar de acepta'r
habéis parecido livianas criatusin molestia la máxima ofrecida,
ras, cuando llega el día de visitar
los duenos del prado resolvieron
á los muertos amados, consolado
,en su mayor parte declararse
por mis lágrimas sinceras, tejo
ofendidos por la apelación que á.
pii.ra l'OSOtras, ~oo flores frágiles
la memoria y doctrina del anticomo l'0sotras mismas, ef,meras
guo varó.o justo había hecho el
coronas, poniendo en ellas, no
viajero, y, conformes en esto,
siemprevivas, eino lirios blancos
empezaron á. lanzar contra él
como vuestras frente!, sin 8angre
toda especie de invectivas y de
que las colore, y rosas encarnaofensas.
.
das como vuestras bocas, sin beDecían de él que era vrgulloso,
sos que las avive, y lilas de otoque se imaginaba ser el único
:ño, veleidosaa,y delicadas como
Señora Beatriz Redo de Zaldivar. (De fotografía Valleto.)
.que había comprendido las insvuestras virtudes sin realidad:
trucciones del antiguo vecino.
~o meno~preciéis estas ofrendas de un obstinado con
Otros aseguraban que el viajero era u.a. falso intérprete, duefios de] prado la prescripción antigua del vecino jusun traidor y calumniador presuntuoso. Presintiendo los to, en virtud de la cual no debe ser segada la mala yer- ·rns recnerdos en el tumulto de la Tida. El bagage de la
demás que no había dicho nada de su cuenta, sino que ba sino arrancada de raiz. L)s dneños del prado han mía, el fardo lijero que durante ella arrastro, compónese
,eimplemente habia recordado los consejos de un hom· oc~ltado maliciosamente que en dicha regla se establecía de vuestras deliciosas mentira.s de antai'io de la memo•
bre estimado de todos, afirmaron que er&amp; un individuo no que la ciuüla no fuese &amp;estrui~a, si_no que era mene_s- ria. fiel á. vueatr.1.s carnes infieles, de todo fo vuestro que
perjudicial, que tan solo deseaba ver multiplicada la ci- ter no destruirla de una manera 1rracLOnal. Dd propio encantaba la juventud de mis sensuales fervores. ¡ Adiós,
zaña, demaoeril. que el prado quedase perdido para siem- modo cuando he afirmado que para destruir el mal es amiguitas mías! Si noa encontramos un día en otro munpreciso conformarse al precepto de Cristo, que nos en- do, que no sea mejor qne e~te que vivimos; porque fu~pre.
mos aquí completame11te dichosos, vosotras, con la. feli-•Pretende-dPCian--que no 'Co.oviene segar la cizafia; seña no oponerle la violencia, sino extirparlo por el amor,
:pero, de no destruirla nosotros, se multiplicará hast.a el se ha exclamado: -aNo escuchem:&gt;s á este insensato, que cidad de vuestras perfidias: yo, con el encanto de mis
rnfinito; y entonces, ¡adiós nuestro prado! Es maravillo- nos induce á. no luchar con el mal 1 precieamente euando ilusiones, cuyo postrer perfume sube todavía de mi alma
á. vue-EZtros pies, con el ramillete de dulces quimeras cuso creer que éste nos ha sido dad0 para que propaguemoa el mal nos eEtá ahogando.•
Y loa hombres oontinúau tranquilamente, con el preyos últimos pétalos revolotean alrededor de vueetras
la ma-l.a yerba.
•
texto
de
destruir
el
m_al,
reproduciéndolo
y
multiplicánimágenes ¡¡jn vidB.1 en la caricia del viento otoñ.al.
Con la peor intención olvidaban decir que de todo ha·
ARMAND SrLVESTRE.
dolo.
bia hablado el viajero menos de .no destruir la cizaña,
habiendo sólo afirmado que debiera ser arrancada de
raíz en lu~ar de ser segada.
LR opimón de que el caminante era un insensato 6 on
¡Qué formas de belleza soberana
intérprete mentiroso, ee afirmó de tal manera, que ya no
modela Dios en la escultura humana!
se oyeron contra él más quein}urias, contestándose con
C,\ l!POA.l[O x.
el ailencio :l las explicaciones terminantes que él ofrecía

"º

Conocimi'entos útiles para los hombres de trabajo.

Abono: para el cultivo de hortalizas es conveniente el
empleo de abonos líquidos, puesto que se desean obtener
productos intensoe y dpidos, ayudando para ello el suelo con la reposición abundante de las pérdidas sufridas
por la producción.
Los abonos sólidos duran más tiempo, pero en cambio
no suministran con tanta abundancia principios fertilizantes al terrenoá.que se aplican. Se obtiene un abono¡¡.
quido, especialmente para coles, pepinos, melones, cala•
bazas, lechug&amp;s, etc., con excrementos descompuestos de
gallina, disueltos en agua comtín, con lo cual se regarán
)as plantaciones de las huertas.
-lle aqui un·método muy sencillo para conservar los
melones.
Para la fruta tardía, se les corta cuando aún no han
Jlegado á. madurez completa; so les frota ligeramente con
un trapo y se colocan durant~ dos días en un sitio seco.
Después se llena µ.na bairica con ceniza, !impía de todo carbón. En esta ceniza so ponen los melones, tratando de que estén completamente cubiertos.
Teniendo cuidado de qut:i no se hielen, ee tendrá melo•
ues en J&gt;erfecto estado el día que se quieran comer ó ven der casi tan buenos como recién cortados de la planta.
-Las hojas de geranio tienen la propiedad de curar
prontamente las cortaduras, quemaduras y rasguños de
todas clases.
Se toman una ó más hojas de esta planta y se trituran
sobre un pedazo de género: luego se aplican sobre la herida.
La hoja se adhiere fnertemente á la piel, junta las carnes y cicatriza la herida en poco tiempo.
-El cerdo es, á pesar de su fama, un animal muy aficionado á. la limpieza si se le deja en libertad para bus•
car los medios de no vivir t:intre basura. L3. paja que se
le pone por lecho se debe renovar con tanta frecttencia
como la de los caballos y la de las vacas. Los alimentod
que se le dan, deben ser sanos y nutritivos, y á ellos debe agregarse agua limpia para beber. También conviene
procurarles un sit;o con agua -para bañarse cuando hace
calor, y observando todos estas reglas, bien sencillas por
cierto el que los cuide tendrá el gusto de ver que sus cerdos engordan pronto y más que los de sus vecinos que los
tienen abandonados, y además la manteca y la carne de
los primeros tendrá. un sabor mucho más agradable.
-Se emplea el ácido bórico con éxito extraordinario
para el endurecimiento del yeso, que, tratado de un tierno modo por este producto, obtiene la dureza de la piedra.
Para obtener ese resultado se junta por medio de un
pincel con tri borato de amoniaco el yeso reciente¡ también se puede amasar el yeso mezclándolo con el ácido
bórico disuelto en agua, ai'iadiéndole la cantidad de amoniaco conveniente para formar el triborato de amoniaco.
Al cabo de dos ó tres días el yeso de este modo tratado
es inatacable por el agua y de una dureza igual á. la de la
piefüa.

asegurando que la destrucción de la cizafia era eethnada
por él como uno de los principales deberes del ?uefio ~e
la tierra aunque comprendía que esta destrucción deb1a
entende'rse como el vecino sabio y justo la entendía . .

l:

•

�/,

EL MUNDO

ªª

DOMINGO 4 de ABRIL de 1897

•

lJN JlJGADOR

.--Al salir del teatro entré en el Círculo y me entretuve
hasta muy tarde ante la mesa del baccarat, mirando el
juego y montado en el respaldo de una de esas sillas
alias para uso de los jugadores que no han encontrado
sitio aoteel tapete syerde, 6 de los siniplt::s curiosos como
yo. Ern aquella, como se dice en el lenguaje del club,
una hermos_a partida. El banquero, Ut1 joven guapo, con
traje de :mirée y con una gardenia en el ojal del frac, llevaba perdidos unos tres mil luises¡ pero en su radiante
:fisonomía de vividor. de veinticinco años, no se nomba.
la menor emoción. U nicamente el lingulo de aquella boca que pronunciaba. las sacramentales frases; «Doy ....... .
En carta3 ...... Bac ...... Aquí está el punto ...... ,, no habri&amp;
mascado tan nerviosamente una pu uta de cigarro apaga•
do, si el frío frenesí del juego no le hubiera oprimido el
corazón. Enfrente de él un sujeto de cabellos blancos,
jugador de toda la vida, hacía de sotabanquero, y manifestaba sin hipocresía sn mal humor contra la mala sombra que de tirada ea tírada iba disminuyendo el montón
de .fichas y tantos colocados delante de sí. En cambio,
el má.s ale~re regocijo iluminaba el rostro de los puntos,
que seataaoa en derredor de la mesa, extendían sus
puestas, y m1rcaban en el papel con la punta del lapii,
las alternativas de la apuesta, ese «espíritu de la tallan
en que los menos supersticiosos no pueden dejar de creer
en cuanto tocan una carta. Hay ciertamente ·en él ea•
pectáculo de toda lucha, aunque sea la de un siete con
nn ocho y de un rey con un as, no sé qué de fascinación
que interesa profundamente la curiosidad, porque allí
eatá.baq1.os cincuenta personas alrededor de aquellos jugadores, siguiendo los lances de la partida, •sin parar
mientes en Lo avanzado de la hora. ¿Qué filósofo expli·
oará ese fenómeno, esa inercia de la madrugada, que iumoviliza en Pil.rís á. tanta gente, no importa dónde, pero
siempre fuera de sus casas, donde descansaría del trabajo y de las di versiones? Por mi parte, no siento haber
cedido a9-uella noche al encanto malsano de trasnochar,
porque e1 me hubiera retirado cuerdamente á la hora regular, no hubiera encontrado en el saloncillo en que se
cena, á mi amigo el pintor Miraut, solo ante su mesa, en
disposición de beberse una taza de caldo¡ no me hubiera
propuesto llevarme en su coche á. mi casa, y no le hubie•
ra oido referirme un caso del juego que á la mañana siguiente escribí, lo mejor que pude, dándome él su autorización para ello.
-¿Qué diablns estaba usted haciendo en el Círculo después de las doce-me preguntó-puesto que no cenaba
UBted?
-Est.aba mirando jugar-le reepondí-he dejado en
buen camino al mocito Lautrec. Perdia en los sesenta
mil ........ .
El coche se ponía en marcha al pron.unciar yo esta
frase, y veía de perfil á Miraut que encendía su cigarro
con aire de Francisco I (el Francisco I del Louvre, pintado por Ticiano) aire que sus cincuenta años bien cumplidoE han amplificado, dando también realce á. su hermosura. ¿No es bastante singular que con sus hombros
de lansquenet, su anchura de espaldas y su sensualidad
refinada, casi glotona, este gigante siga siendo el más especial de nuestros pintores de flores y de retratos de mujeres? Cmviene añadir que de aquel pulmón de gladiador sale una voz de UJ'la dulzura musical, y que las manos que yo examinaba de nuevo, mientras aosten:ía Ja
cerilla yel cigarro, son de un~ finura imcomparable. Sé,
además, por experiencia, que eate aold.adón tiene un coraa:ón excelente, y así no me chocó mucho Ja melancóli•
ca confidencia invo1unt.ariamente provocad.a por mi frase
sobre el juego. Afortunadamente tuvo tiempo bastante
para contarme el caso muy por menor. A medida que
nos acercábamos al Sena, la niebla se iba haciendo más
espesa, y nuestro carruaJe avanzaba al paso, en tanto que
mi compafiero daba rienda suelta al recuerdo de la. hie-

toria, ya antigua, queme iba refiriendo. Algunos agen·
tes de policia andaban de acá para allá con antorchas en·
cendidas: otras brillaban en el á.ngtilo del puente que
atravesábamos, colocadas al rape de las piedras, por don·
de corría un arroyuelo de resina encendida. La fantásti·
ca silueta de los otros coches que se cruzaban con el nues·
tro en aquella niebla acre, casi negra, desgarrada á trd•
chos por las móviles luges, aumentaba sin duda la impresión del pasado, que se apoderaba del artista, porque su
voz se iba haciendo más dulce y más débil á medida que
se alejaba en espíritu más y más de mí, q,ue le interrumpía. lo preciso para excitar sus re~uerdos.
-Yo,:-empezó á. decir-no he jugado más que dos ve•
ces, y, ¿me creeréis? hoy ni siquiera puedo ver jugar ......
Hay algunas horas, ya aabeis, de esas en que uno no tie•
ne los nervios bien templados, en que lavi1tasola de un
naipe me obliga á salir del cuarto ....... ¡Y es que ¡ayl de
esas dos únicas partidas conservo tan terrible recuerdo!
-Quién no las tiene de esa clase?-dije.-¡ Y yo que
estaba presente cuando nuestro pobre Paul Da.rieu trabó
cuestión en este mismo Círculo de que ea.limos, por una
jugada dudosa, y luego su.rgió a 1uel absurdo desat:ío,
acompañándolo al cementerio á los cuatro días de haber·
le estrechado la mano delante de estP. tapete verJ.e. Siem ·
pre hay algo de tragedia al rededor de las cartas, de los
crímenes, de las deshonras y de los suicidios. Pdro todo
esto no impide que se vuelva á reincidir, como se vuelve
en!Espafía á las corridas de toros, á pesar del despanzurramiento de los caballos, de las herida:1 de lo! picado•
res y del asesinato del toro.
~nvenido-dijo Mirant-pero no debe ser uno mis•
mo la causa de esa"I tragedias, y eso es lo que á mi me ha
sucedido en circunstancias bien sencillas, P~ro cuando
os lo haya referido, comprenderéis por qué la más insi~nificante partida de besigue me infunde igual escalofno
de horror que sentiría al oir una detonación en el campo
un hombre que hubiese dado muerte á alguno ror descuido al limpiar una arma. Era precisamente e año de
mi entrada en el círculo, en 1872, que fué también el de
mi primer triunfo en la Exposición ......
-Vuestra Ofelia entre lWjflores 1 me parece estarla viendo. Bien recuerdo el ramo de rosas amarillentM junto á
la rubia cabellera, rosas de un amarillo tan pálido, tan
delicado, y !µego sobre el corazón aquellas otras rosas
obscuras, como manchadas de sangre......• ¿Quién tiene
ahora ese cuadro?
Un banquero de New York-contestó el pintor dando
un suspiro-que ha dado por él cuarenta mil francos.
Yo le vendí en mil quinientos en época en que ........•
Claro, todavía no era yo el artista ofortunado de quien
vuestro alter ego, Claudia Larcher, 'decía maliciosamente:
«Dichoso Miraut, cuyo oficio consiste mirando todo el
día. á una americana, lo cual le produce quince mil francos!. ..... i, Dicho sea entre nosotros¡ pero podía haber hecho sus juegos de palabras á costa de otros, y no de sus
antiguos amigos .... En fin, Dios le haya perdonado.Pero si os hablo de dinero-afi.adiótocándome en el brazo, porque conocía que iba á contestar defendiendo la
memoria de mi antiguo amigo-no vayais á creer que es
por realzar el valor comercial si,e mis obras; no. Es sólo
porque esos mil quinientos francos tienen relación con
mi aventura. Fijuraos que yo no había tenido nunca
reunida una cantidad igual. Mis principios han sido tan
penosos! Llegué á. París con una subvención de mil fran~
coa que me pagaba mi pueblo, y con esa suma ó poco más
be tenido que contentarme du.rante seis años.
-He conocido esos apuros-dije yo-pero por poco
tiempo, ¿Comía usted, como nosotros, en casa de Poly•
doro, calle de Monsieur-le-Prince, donde por diez y ocho
sueldos se lograba ahriorzar? Cuando encuentre usted á
Jaeques Molan y Ue aburra con sua historias mundanas y con las elegancias de su próxima novela, háblele
de esa repostería, y antes de cinco minutos quedará. usted libre de él.

-'Nosotros habíamos resnelto el problema por medio
del fal~nsterio, repl!có el pinto~¡ algunos cornpañeros y
yo hac1amos la cormda en comun. La amiga de uno de
nosotros1 que había sido cocinera. ( tales eran nuestras
eleganci~,) nos guisaba las dos comidas diarias por cuarenta y cmco franco~ al mes cad.a uno, El cuarto, quince
francos: nada de criados; yo mismo me hacía la cama
Total, sesenta francos para lo pr~ciso .. Estaba. desarrapa~
do como un ladrón, pero no sabia lo que era 1r en ómnibus. Mi_s compañeros vivían _como yo y no ha ido mal.
Allí esta?a!1 el escultor T11rd1f: Sucre, el pintor d€ animales; R1v1as, el grabador, y por :fin, el mejor dotado de
todos, el cantinero de nuestra cintina, como le llamábamos, Ladrat ........ .
-¡L'ldrat, Lad~at!-dije yo evocando mis recueraosyo conozco ese nombre.
-Le habréis leido en los perió:licos-signió diciendo
Miraud, cuyo rostro se nubló-pero voy á ello. Ese La•
drat, que se llevaba todos los premios de estudio en la
Academia, era ya entonces víctima del terrible vicio de
la b~bida.. En la vida ~em~iado libre que llevábamos,
sem10breros, y en contmuo roce con modelos y traltajadores, estábamos expuestos á muchas tentaciones. y desde luego á ésta. A L'.ldra.t le había dominado. Tengo que
deciros esto para que no me juzgais dentro de un momento con demasia·la severidad. Aquel triste hábito le
impidió ganar la pensión de Roma. De tal manera se al•
coholiz6, qU:e acabó de cualquier modo una composición
que había empezado magistralmente! En una palabra
en 1872 era el único que habflc\ continuado en la vida d~
bohemio de la más baja estofa. Había llegado á. ser lo
que llamamos un .Petardista, ? sea. d.e un hombre que hallamos de _estudio en e~tud10, p1d1enrlo prestado cien
sueldos aq_u1¡ mayor cantidad allá, siempre con deliberado propóa1to ~e no pagarlos en la vida. Y los de este gé•
nero duran muchos años.
-Por lo menos daba las gracias con algún irumlto-repliqué yo-como ese Lagrimandet que conocí y que nun•
ca iba á casa de Mar~u~l sin pedirle algo para la capillita
(eraª?- fórmula) Y.sin msultar.le en seguida para salva•
guardia de a~ dignidad. Un dia le encontró disponíén•
do.se á cor~g~r las J?ruebas de un artículo que iba á publicarse. P1d1ó su limosna, y Andrés se la dió. ((Caballe•
ro-le dijo, metiéndose en el bolsillo' la moneda de plata-¿queréis conocer si un escritor tiene talento? Pues no
teneis ?J-á.s ci.ue av~riguar si 11:c.iben su original en una
redacción. 81 la reciben, está Juzgada· es una medianía
Adioa ...... Ahí tiene usted un pobre m'odelo.
·
-No-dijo. Miraut-no era ese el género de Lad.rat.
Daba las graci~, se echaba á llorar, juraba que trabaja.
ría y luego se iba al. café y se envenenaba con ajenjo. En.
tonces le daba vergue1;za y no volvía á presentarse en
muchos dí~. Sus pedidos, por o~ra parte, era insignificantes; casi nunca pasaban de men sueldos. Así ea que
me extrafió mucho una tarde al encontrar en mi casa
una larga carta suya1 en que me pedía nada menos que
doscien~os francos. Hacía más de seis meses que no le
había visto; y me contaba en ella que todo ese tiempo
había estado lucha~do ?ºn ~u vicio, que no había bebido, que había querido traba.Jar, que sus fuerzas le habían
vendido, q~e su mujer estaba enferma (seguía viviendo
con 1a cantmera); en fin, una de esas cartas de mendigo
desoladoras, cuya lectura le deja á uno disgustado.
•
-Cuando se les dá crédito-dije yo-porque á. ios diez
años. de vivir e~ París ha recibido uno tantas epístolas
~meJantes ... y 81 entre el montón hubiera aiqniera dos
smceras ..... .
-Más vale exponerse á. que le engafien á. uno todas las
demás veces, que dejar de atender á esas dos-replicó el
pintor.-for ~tra parte, en aquel momento no puse en
duda la 1:nnce~dad de Ladrat. Quiso la casualidad que
aquel día hubiese yo cobrado los mil quinientos francos
de la Ojelia. En mis asuntos de dinero siempre he sido

muy meticuloso. Yo no tenía .deudae1 y guardaba en mi la mala suerte. Porque existe. Ya conocéis la célebre
frase: «En el juego, después del placer de ganar~ hay
cajón una cantidad igual.
Tenía instalado mi PStudio y provisto mi guardarropa el de perder.n No encuentro otra frase para exphcaro.:t
para todo el año. Me acuerdo que hice de memoria el ba• esa especie de ardor eropoosofiado, esa mezcla ~e ~pe·
lance de mi situación económica al tiempo que cepillaba ranza y de desesperación, de cobardía y de encarn1~am1enmi gaba.n para ir á uno de mis primeros convites de EO· to. Se cuenta. con dominar la ~ala suert:e, Y se tiene la
ciedad ur.a de esas comidas detriuafador áque se va con seguridad de que se ealdrá vencido. Se pierde la facultad
un ape'tito de maestro de escuela y con un amor propio de de raciocinar y se hacen puestas que se sabe no son abestudiante. Se tieoe igual fe en la autenticidad de loe vi· surdas. y la: ganancia corre, primero laa ficb&amp;3 luego los
nos que en la Eoinceridad.de los elogios! Comparé mi si• tantos ~ncaroados, los blancos, y se fir~an nuevos I?agatua~ión con la de mi antiguo compañero de barrio, y tu- ré:¡. Después de haber tenido durante diéz ~ños seg~dos,
ve uno de esos impulsos generogos tan propios de la ju- el valor de mirarme antes de gastar los ve!n~ centun~s
ventud como la flexibilidad y la alegría. f'ogf diez luises, de un tranvía, como yo hice, se juegan quimentos y mil
francos sin vacilar.·Pero voy á. haceros el resumen de todo
los metí en un aobr~. escribí las seüas de L'1drat y luego
llamé á mi portero 8i es:t1: bomb!"E' _hu bies~ estado allf, ell dos palabras. HHb1a entrado_ en el Círc0;Io á las on.ce,
mi antiguo camarada hubiera rec1b1do el dmero aquella y á. las dos abría la puerta de 1:11-1 casa, hab1end&lt;? per~do
noche misma; pel"o había ealido á recades. Pues mafia- sobre mi palabra los tres mtl francos de m1 crédu,o,
na eerá, dije, v ~alí, dejando preparado el sobre encima que era como os lo be dicho, casi todo lo que poseía:
-Pues bien-dije yo-si después de aq~ella sacudida
de mi mesa. Tenía tan biPn tomada mi resolución, qne
experimenté de antemano ese cosqnilleo de lijera vani- no se ha hecho usted jugador, es .que no tiene usted vo•
Era para perderse para siempre.
dad que nos produce la conciencia de una acción genero• caci6n.
Tiene mtecl razón-replicó Miraut.-Cuando m~ dessa. :N" o es muy hermosa la tal vanidad, pero es humana,
y hay tantas obras que no. t_iene1_1 ese pr~texto ele.vado, pert.é al día ,;¡Íguifi"nte del sueño abrumador que sigue á
por eje~pl(), ¡la que en mt rnter1or ~ucedt6 á la pnmera semejantes sensaciones, se me representó de. nuevo,. Y
ya no tuve más que dos ideas: la 4e tom~r mi desqmte
ca.si inmediatamente! En la caea donde comía me en- aquella
noche misma y la de combmar m1s apuestas con
contré sentado entre dos mujeres muy elegn.ntes qne riarreglo·á la experiencia ad·
valizaron para conmigo en adulación y coqneterín.
En una palabra; salí de allí á eso de las once, domina• quirida. Recons.tituí mentaldo por una de esas crisis de fatuidad en que rn siente uno mente ciertas jugadas que
d:ieño del mundo, y me apeé en nuestro Círculo, esta- había perdido y que hubieblecido entonces en el hotel de la plaza Venfü\me, á. don- ra debido ganar una~, tirande me había guiado uno de los convidados que se brindó do y otras no tirando á ciná hacerme los honores de la reunión. Como casi no co• co. De pronto mis ojoR se fi.
jaron en la carta dirigida á.
nacía á nadie allí, no había puesto en él los pies seis semanas deepuée de haber sido admitido. Dos -pintore~ me Ladtat v que la víspera ha·
habían servido de padrinos, y sólo la perspectiva de la bíadejado sobre la mesa. Un
Exposición anual me había decidido á hacerme socio, 1t cálculo involuntario me de
pesar de la cuota, que me parecía entónces muy cara. •muestra interiormente que
Era yo tan ingenuo, que preg.nnté á mi g11ía como se lla• con dar aqLiel dinero hacía
maba el juego que tenía reun:d.as alrededor de la mesa un sacrificio insenE1ato. Pagados los tres mil francos de
á tantas personas, Se echó á reir, y me enseff.ó en dos pami deuda, ya no ine q neda·
labras las reglas del bal'carat.
ría casi nada. Para reunir
-¿No os tienta esto?-me dijo.
-¿Por qué no?-contesté algo mortificado de mi igno- una cantidad que me permi•
tiese volver allá. por la noche
rancia-pero no tengo dinero.
( y yo conocía que no podía
Sin dejar de reir, me explicó cómo me bastaría firmar
dejar de volver,) neceeitaba
un pagaré para recibir sobre mi palabra ha.eta tres mil
francos, á condicion de devolverlos dentro de las veinti- tomar prestado del tratante
cuatro horas. Después comprendí que aquel mozo me ha- en cuadros y malbarat11r al•
bía tentado para jugar él con la bt1ena suerte de un prin- gunos estudios. Así podríi:t
cipiante. Pero yo me hubiera bastado solo para caer en recojer unos cincuenta luiseE.
la tentación. }.le encontraba en uno de esos momentos y de aquellos iba á distraer
en que gritaría uno, como aquel otro, el barquero duran- diez para aquel perezoso, pa•
te la tormenta: "Llevas ií César y su fortuna ...... 11 ¡Oh! ra aquel borracho, para aquel
Un César bien pequen.o -y una fortuna redncidísima, por· embustero. Porque yo intenté demostrarme á mi mismo
que me senté á la mesa diciendo ú. mi compai'\ero:
- Voy á. firmar un pagaré de cinco luises y si pierdo, que su carta no era más qne
1m tejido de falsedades. La
me voy ..... .
cogí y la volví á. leer. Su
- Y perdió usted v se quedó.
¡Me acuerdo de haber formado tantas veces esas acento me desgarró nueva•
pNde.otes resoluciones y de no haberlas cumplido! ....... . mente el corazón. Pero, no.
No quise oir aquella voz, y
-La cosa. no fué tan facil-replicó ll.Iiraut.
-Jrii tentador, qne se había sentado junto á mi, me di• me eché de la cama para esjo que agaardase mi mano. Le obedecí. Tiró nueve. Yo cribir apresuradamente un
billete negativo. Le escribí
había arriegsa.do mis cinco luises.
-Haga usted doble puesta-me dice al oído mi con- en términos breves y secos,
para interponer una b{_l,rreryi
sejero.
.
-Tiro ocho. Sigo doblando siete, y gano. En fin, de infranqueable entre m1 antinueve en ocho y de ocho en siete, y siempre doblando, guo camarada y mi compa•
paso seis veces seguidas. A la septima tirada, y siempre si6n. Cuandoenvié el billete,
inspirado por mi compañero, hago un luis tan sólo. Pier• sentí un poco de vergüenza y
do; pero tenía unos tres mil francos ante mi. Mi guía, de remordimiento; pero me
aturdí á más y mPjor con los
que había ganado casi otro tanto, i;e :evanta y me dice:
muchos paseos que tuve que
-Si es usted razonable, haga como yo.
Pero yo no le escuchaba. Acababa de experimentar dar. Por otra parte, me decía
.yo para acallar mi concien ·
una sensación demasiado fuerte para dejar aquello así.
No pertenezco 1t la escuela de los que usted llama ana- cia, si gano, siempre estaréá
listas, ni me paso de listo en mirarme, y en sentir. Dia- tiempo de enviar la cantidad
pensadme, pues, si no os declaro sino en globo y por me- á Ladrat. Y ganaré.
-¿Y ganó usted?-le predio de imágenes lo que por mi pasaba. Durante loa cortos
instantes en que había ganado, había invadido repenti- gunté, viendo que se callanamente todo mi ser un embriagador orgullo. Un exal• ba.
tado sentimiento de mi personalidad me agitaba y me
soliviantaba. Una eeneación análoga he experimentado
al nadar en mar gruesa. Aquella inmensa ola movil que
MADRIGALES
os amenaza, os balancea, y ti la que dominaia con vuestra fuerza, es ciertamente el símbolo exacto de lo que
fué el juego para mi en aquel primer período, el de la
Cuando el rosado velo
ganancia¡ porque nuevamente gané en igualesproJ,&gt;&lt;&gt;rcioLa aurora descorría,
nes que un moment,o antes, y luego más. No arriesgaba.
Bañando en suave luz el ancho cielo,
grande~ apuestas eino sobré mi mano y sobre la de los
A baBarse fué al mar la amada mía.
demás; jugadas insignificantes; pero cada vez que tocaEstaba el mar sereno;
ba las cartas, tenfa un humor tan insolente, que primePero al ver la blancura de aquel seno
ro callaban todos, y Juego cuando tiraba, prorrumpían
Y aquellos blondos rizos
como en un rumor de admiración. Quizá sin aquella adY a que 1 sin fin de hechizos,
miración hubiera tenido valor para dejarlo. Pero. ¡ay!
A recibir dispúsose á mi íngrata,
siempre he tenido un amor propio de todos loa diSblos,
Por abrazarla más y más aprisa,
que me ha hecho hacer mil tonterías, y con mis caCon breves olas de luciente plata.
nas todavía ha de hacerme cometer otras muchas sin duEntró en el mar: la juguetona brisa
-da. Lo conozco, me doy cuenta de ello, y luego,
Acarició el magnífico tesoro
cuando tengo espectadores, adios mi dinero, no puedo
De rosas, nieve y oro¡
sufrir que digan: 1&lt;Se ha echado atrás.u Es sublime eer
Las aguas bulliciosas
.así cuando la escena pasa sobre el puente de Altole; peEn torno se apretaban
ro ante una mesa de bacarat, y al azar de una carta, es
Del oro v de la nieve y de las rosas,.
estúpido. Tin embargo, este orgullo infantil fué causa de
Y con liscivos besos la besaban.
que después de haberme hecho gozar de mi buena forY Apolo, más que nunca diligente,
tuna, no qui~e ceder ante la mala cuando se acercaba.
Aguijó á los caballos del famoso
Por que yo lo conoc(. Llegó un instante en que comGran carro, y asomó por el Oriente,
prendí que iba á. perder, y aquella especie de lucidez vicComo quien ver desea
toriosa que me había hecho coger las carta.a con una
Al cabo de cien siglos, sorprendente,
confianza absoluta, se eclipsó derepente. Estaba escrito
Salir del mar á. Venus Ci t.erea.
que yo había de experimentar, en una misma sesión, todas las emociones que el juego produce á. sus aficionados,
Tu sombra ser quisiera;
porque deepués de haber sentido la borrachera de la gaQue siéndolo, alma míai
nancia, experimenté la seca y punzante embriaguez de

-Sí, respondió con voz completam~nt~ alterada-y
más de qulaientoa luises; pero al día a1gU1ente era ?,~masiado tarde. Inmediatamente después de haber rec1b1do In negativa de mi billete, La.drat, que no me había
engañadu se t:1intió poseído del frenesí de la de~speración. Su compañ~ra y é l tomaron la fatal resolución d_e
asfixiarse. Encoatrá.runlos muertos en su cama, Y yo fw,
yo, nótelo usted bien, el que hice descerrajar la. puerta.
Llegué con los doscientos francos, sí, ¡era demasiado ~arde! Ahí tiene usted por qué se acuerda de haber leido
en los periódicos ese nombre de Ladrat. ¿Compre?de !lsted ahora, por qué la sola vista de una carta me rnsp1ra
horror?
· d ¡ d'
-Vamos-le dije-si le hubiera usted envia o e mero la vlspera le hubiera salvado un mes, dos ro~ses; pero
hubiera vuelto á caer, el vi~io le hubiera domrnado de
nuevo, y hubiera acabado col?º acabó.
.
.
-E3 posible-contestó el pmtor-pero bien mirado en
la vida, nunca debe ser uno la gota de agua.que haga rebosar el vaso.
PAUL BoUBGFr.

Nunca, nunca de ti me apartaría.·
Pisar por tus pies breves me dejara;
Ya, como perro fiel, te seguida;
Ya, por verte mejor, me adelantara;
Y, llegada la noche, ¡cuán dichoso
Fuera al velar tu plácido reposo,
Contemplando, á. la tíbia y vacilarite
Luz de tu alooba, tu beldad radiante,
Que por lo rara asombra!. ....... .
Pero sombra de dicha es eer tu eombra.
¡Ay, soñador amante!
¡4-y, loco desvarío!
¿Cómo del claro sol ser sombra ansío?
Pues que cant.ando lloras,
Pues que llorando cantas,
Y alma y oído, ruiseñor. encantas,
Ven, llora junto á. mí, que estoy cantando;
Ven, canta junto á mí, que estoy llorando;
Que aquestas penas mías
No sé ya si son penas ó alegrías.
Ven, dechado de amantes,
Y en mí hallarás cQD.Suelo á mis dolores,
Ora llorando cantes,
Ora cantando llores.
FRANCISCO RoDRIGUEZ MARíN. '"

Marzo, de 1897.

•

�220

EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE ll!ll

•
EL MUNDO

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

..

,

EN GANO SUBLIME-Por roaría S!escot
NUMERO 4.

}.loribunda! Era eso posible? Se muere acaso cuando
se es bella, joven, necesaria á la dicha de todo3 y ardientemente amada? Un recuerdo despiadado se levantaba
en su mente. Se veía vestido de negro, caminando detrás
de un ataud, en es.e ataud esrnba. tendida su madre. Ella
también babia muerto en su belleza, en su juventud; mo•
ría con el corazón clestrozado. L'l insignia que arreb3tó
en Sebastopol el coronel de Aubián, hizo dos víctimas y
dos huéríanos.
:F'ué entonces cuando Elena reemplazó para Felipe al
padrd y á. lama lre, de.:aparecidos; partiendo sus juegos,
vigilan lo sus estudioe; tan firme y tan abnegada.
Ct:1audo se despert.6 la vocación del marino en él, ella
se eáforz0, en su ti"erna inquietud, por apartarlo de eso;
pero Felipe resistió enérgicamente, mi raudo desde muy
alto aquellos pobres terrores de mujer. A_bora, recordaba la mirada de orgullosa admiración que e la le dirijió
la primera vez que le vió con su lindo uniforme de la Esóuela Naval.
Fué el dfa df&gt;l bautismo de la pequefia Lila; las menores circunstancias de este feliz momento se representaban en su espíritu. Le paro?cía oír la súplica de Elena:
"Tú la amarás, verdad, Fdipe?» ¿Aquellas sencillas palabras le llenaban de terror. No indicaban acaso los sinies•
tros prP-sentimientos que agitaban ú. la joven madre? Se
sentía de nuevo presa de una angustia tan viva que inclinó la cabeza hacia la ventanilla, como si la vista de los
objetos de fuera pudiera disperear sus lúgubres ideas.
Reinaba aún la primavera; á lo largo de las alamedas,
en el recinto de los parques, los mismos racimos blanoos
y violetas se balanceaban á.l soplo de la brisa, cayendo
muellemente sobre el verde tierno de los follajes. Y be
aquí que enmedio de eus recuerdos vi6 el baile de la vispera.: una cal:tellera ardiente, dos ojos fijos sobre los suyos, una luenga falda verde de móviles reflejos; pero lo
que recordó sobre todo fué la pe·sadilla de la neche y la
impresión fue tan terrible, tan fuerte, que tuvo que acudirá todas sus energías para contenerse: uCon razón, pen~ba él, se reprocha á los marinos su tendencia tt la superstición; privados durante larguísimo tiempo de comunicación con el mundo, nos creamos un mundo imagina•
rio1 damos fe á. nuestros sueños, y somos tan creídos como nuestros bogas. uEsa mujer no esun monstruo¡ como
había de devorará mi pequeña Lila? Esa palabra de sirena que mis compafieros repitieron, me llegó it través de
mi sueño y causó esta alucinación.»
Pero pensaba también.
11Había flores, muchas flores; Aglaé de Lezinei:i, que es
muy piadosa1 sin embargo, cree en los s1lefi.os. Soñar
flores es nuncio de lágrimas, la be oido decir frecuente•
mente,1,
Y murmuró entre dientes;
-Flores, lilas, había muchas flores, la isla entera es•
taba cubie.rta de ellae. ¡Oh! ¡Dios mio, Dios mío!
Pero serenándose bruscamente:
-No, soy un loco para creer en ef.00 presagio y apenarme de eeta suerk'.
Por fin se aproximaba. Un temor más punzante .que
lo~ otros le apretaoa el corazón ha!lta rompérselo. Tenfa
casi deEeos de gritar para no oir resonar en su oido la
palabra terrible¡ de huir muy lejos, á la extremidad del
mundo, guardando cuando menos en el corazón la duda
y la esperanza.
-Pontarlier! Pontarlier!
Descendió del vagón sosteniéndose apenas, debil, como un niño, ante aquel eepantoso dolor. Un viejo criado
esperaba en la estación; corrió hacia el mariri.o, y con
voz alterada dijo:
IX.
-¡Oh, señor Felipe~ venid pronto; la pobre señora os
El tren llevaba co!l demasiada lentitud á Felipe, para espera para morir!
la fiebre y angustia que le de,·oraban.
X
Elena moribunda! Su hermana adorada! El sólo ser
qae amaba en la tierra! El temor de llegar demasiado
En una c:.'imara de sobria elegancia, un poco severa.
tarde, de no ver más aquel rostro querido, levantaban Elena se moría dulcemente.
en su corazón sollozos que apenas podía comprimir; era
Alrededor de-ella reinaba esa mezcla de lujo y de vulprecisa la presencia de sus compañeros de viaje, de esos garidad, ese desorden que dice más elecuentemente que
indiferente&amp; que le miraban con sus ojos distraídos, era todas las palabrae, que se ha perdido la esperanza. Sobre
necesario todo su orgullo de hombre .para permanecer las etogerrs. al lado de las figurillas de viejo Saxe, redoEereno, :rero necesitaba tanto que le tranquilizaran!
mas de medicamentos, .acumuladas; pomos de poción,

Y to4oe aquellos jóvenes de espíritu ver3átil, pusiéronse á hablar de sus familias con la. emo:::ión prQfunda. del
marino. Dos años de ausencia!. ..... Cuántos cambioo ..... .
Niños crecidos, jóvenes casadas ......... y mucbps viejos,
muertos!
El baile languidecía. Se retiraron los oficiales. Cumo
era el tiempo de primavera el día comenzaba á apuntar.
Salud al primer sol sobre la tierra de Francia! Eaeaya• ron bromear aún, pero estaban conmovidos, un poco graves¡ se estrecharon la mano y separáronse.
Ya solo, Felipe de Aubian tomó el camino de su hotel;
pero una pesada tristeza le oprimía. Ese m')menW tan
impacientemente esperado, la vuelta á la patria, habia
llegado; era tierra frallcesa la que sentía bajo sus pies;
pero un temor de que no podia darse cuenta alteraba su
. dicha. En el baile casi no había danzado; distraido y SO·
ñador1 no escuchaba las conversaciones de sus amigos,
demasiado preocupado para divertirse con sus bromas.
La aparición de Beltrana lo sustrajo apena~ á. su dolorosa
abstracción; acaso ni á. esto hubiera prestado atención alguna sin la persistencia de la mirada que ella fijó en él.
Eaa"mirada, como acontece frecuentemente, atrajo la su·
ya. Al principio no _la reconoció: Era tan grande la diferencia entre aquella mujer tan expléndidamente vestida,
atravesando aquellos salones de fiesta, y la pobre muchacha envuelta en su manto negro que se acostaba sobre
a arena para morir! Se hubiera creído el juguete de una
ilusión ó de un parecido notable, sin aquel pronombre de
1,Beltrana11 que su compañero pronunciara. Beltrana, ula
hermoea Beltrana )Iartín!&gt;J
Como eentia los ojos curiosos de todos aquellos jóvenes
oficiales escrutando su turbacián, no osó permitirse pre.
gunta alguna: estaba de por medio el honor de una mu•
jer. Más valía callarse, tratar de desviar las sospechas:
él preguntaría, él sabría más tarde.
Era esa una aventura extraña, cuyos detalles le satis•
facería mucho conocer, cuando la dura cuita que lo ahogaba, hubiese cesado. Volvió á. su hotel y se arrojó en su
lecho. La fatiga lo adormeció, pero tu,•o en su sueflo una
fatiga·espantosa.
Se veía en los mares lejanos, sobre un navío clavado
por la calma en medio del Océanoi ni un soplo de aire
hinchaba las velas, y sin embargo estaba próxima una isla, una isla por completo cubierta de flores.
En la playa estaba sentada su hermana Elena. Lila
jugaba á sus pies; tenía en sus manos un haz de las flores
cuyo nombre llevaba.
Elena eomeía y parecía infinitamente dichosa. De pronto una mujer emergió de las ondas; distinguió Una cabellera leonada, ojbsdeun brillo mágico, brazos de una blancura de..nacar que se tendieron hacia la. pequel1uela; y á.
los que ésta, imprudentemente, respondió con alegría,
ofreciendo sus floree ......... Entonces vió él una cosa espantosa: la mujer se volvía un monstruo; tenía garras de
tigre, una crin de león, y cola de 1:!irena. Salió del agua,
se apoderó de la nifla y la devoró en tanto que Elena irguiéndose desesperada, llamaba á su hermano en su socorro y él no podín avanzar.
Se despertó cubierto de un sudor helado. Llamaron á
eu puerta y entró .un criado portador de un telegrama.
Felipe temblaba de tal suerte que no osaba abrirlo. Per•
manecía inmovil con los ojos fi.Jos en el papel azul. Por
fin lo abrió y un grito ronco se escapó de su garganta, ~
llevó ambas manos al corazón y cayó sobre su lecho sollo•
zando.
El telegrama no contenia más que estas palabras:
uElena ee muere; apresúrese usted.u

i!.a nocqe.

manchas de tizanas aqu( y ahí, maculando el satín de los
tapices. En una mesa, llevada de prisa para la admiui::tración de los últimos sacramentos 1 un altar. El paire
acababa de retirarse Ct·ll los ojos llenos de lágrima~, der
pués de haber cumplido su ministerio, y sólo los mh?mbros de la familia permanecían cerca de la moribunda..
Encorvado, con los codos sobre las rodillas, la calJe-¿a
entre las manos, los ojos 610s, con la estupefacción bestial que causan los dolores demasiado fuerte1:1, el Sr. Do.vernoy permanece sordo á las exhortaciones que la señora Fpurneron le dirige.
-Fernando, mi querido sobrino, mi pobre amigo, ten
va.lar! No te dejes abatir así; ea! de tu entorpecimiento.
Acaso aun h ay esperanza.
El no responde y parece no oirla, aun cuando ella vuelve sin cesar hacia él, no abandonándole eioo para preparar alguna tizana, y turba.ndo con su burdo anda1 la
calma de aquella h lra solemne.
En el fondo de la cámara rígidamente arrodilladae, en
inmovilidad de estátuas, las sefioritas Lezines, recitaban
en voz baja las plegarias de los agomzantee. En los marcos de las pueitas, algunos criados lloraban tímidamenie,
en tanto que sentada al pie del lecho, una niñ.ita miraba
esa escena, con grandes ojos asombrados y temerOSOB.
La sustrajeron {L sus juegos y la llevaron de prisa para
recibir la última bendición de su madre, porque aún
aprieta en eus manos una muñeca que no ha querido
soltar. En su alma de nii'io se levanta el terror de lascosas inexplicables. ¿Porqué está. tan pálida su madre?
¿Por qué su padre permanece inmóvil, sin levantar 108
ojos?.¿Quién hace llorará. los criados y por qué las primas Lezines están de rodillas moviendo los labios sin
que salga de ellos sonidoalguno?
Sólo la tía Fourneron la tranquiliza. Nada ha cambiado
en su aspecto habitual: va y viene á través de la c:.í.tn.1.ra,
desplaza las redomas de medicamentos, prepara pociones
inútilee; después ee aproxima al lecho, arregla las ropas y
sonde á la nina. Aun ha querido llevársela; perb con un.
expresivo gesto de ruando, la mo¡ibunda se opuso y la.
pequelluela permanece pegada al pie del edredón,. con
una curiosidad perezosa y en un silencio atento.
0

De instante en instante-, la moribunda levantaba loe
cansados p,irpados y su mirada, después de haberse detenido en la niña con nna expro?sión desgarradora de pes.ar y de ternura, se fijaba en la puerta de la cámara con
ansioSa expect,ativa, corno si en aquella hora suprema,
algún eer humano hubiese podido llevarle la salud. Ia
tía Fottrneron entonces se aproximaba al lecho.
-)Ii buena Elena, no te fatigues así; aun no ha llegado la hora; no puede venir atí.n. Después se dirigía á. la
puerta, dabfl una orden á un criado que se enjugaba sns
ojos, se precipitaba, bajaba la escalera corriendo y volvía bien pronto, eacudiendu la cabeza negativamente.
Era esta la reproducción dolorosa de la vieja fábula en
que la mujer condenada á. muerte esperaba la llegada del
libe1tador. Pero ninguno puede salvará la víctima; poco importa que la hermana Ana vea al hermano que acude. La muerte, es el Barba Azul despiadado á quien nadie desarma ni hace retroceder.
Y sin embargo, esta expectativa ansiosa de una moribunda, tiene algo tan conmovedor, que poco á poco, todos los ojos t:ie fijan en la puerta y todos los oidos escuchan: las primas interrumpen sus fúnebres letanía~ la
tía Fourneron abandona sus pociones y las criadas, en
continuo movimiento, descienden y suben las ei:caleras.
-¡Señora, seflora, ya viene; aquí está!
En la escalera se oyen pasos rápidos, una respiración
agitada, y en el dintel aparecen la al~ talla y el roairo
bronceado del marino. rn largo suspiro de alivió sale
de todos los.pechos, en tanto que la moribunda, rea.nim,tndose, en un supremo esfuerzo de voluntad, exclama:
-¡Hermano mio! Felipe! Por fin!. ....... .
El se ha lanzado hacia ella 1 cubre de besos sus manoe,
su pálido rostro, rodeándola con sus brnzoi::, como si pudiera defenderla, llevársela, salvarla. Entonces ella, con
una voz extinguida, c,uyos acordes rotos llegan apenas á
su oído:

�222

-Yo te esperaba, yo te esperaba, dice:
Y más bajo, con un murmullo:
-Júrame Felipe que protegerás ámi pobre Líla ........ .
Vacila aun, y luego, más bajo, tan bajo que él apenas

•

EL MUNDO

-Elena! Elen», mi bien amada, vuelve!
¿Qué aconteció? ...... Era el •juguete de una ilusión? 1In
suspiro querelloso le había respondido. Pálido, conmovido, se levantó y con voz temblorosa repitió su llamado.
la oye:
Esperaba un milagro!. ........ Ella no podía haberse, pars
- ...... Cuando Fernando se haya vuelto á. caEar.
siempre, perdido para él.
El se extremece e1:cuchando esta sombría y extrall.a
~Elena! Elena! Elena! ..... .
[llegaria y busca los ojos de Fernando Dnvernoy. Este
Por segunda ,·ez se estremeció: el mismo ruido extraño
no ha cambiado de actitud, acaso ni se ha percibido de se dejaba oír y en la puerta. apareció una forma blanca.
la llegada del joven marino; con la mirada vaga y la bo• Por un instante Yaciló; pero de pronto Fernando sintió
ca contralda por los sollozos violentamente contenidos, dos brazos que, acariciadores, se arrojabaná en cuello.y
permanece abrumado por la desesperación.
la palabra ((jpapá! ¡papá!u fué dos veces repetida. 8í 1 era
Conmovido á la vista de este punzante dolor, Felipe ella, la pequeña Lila; ella., tristemente olvidada en aquel
no osa ;esponder. La pre\,isión de un segundo matrimo- largo día de duelo!
nio en un momento tal le parece un insulto. Pero Elena, .
Llegada la noche, como preguntase si su madre no volsin hablar más, ase entre sus mallos desfallecientes la vería pronto, le respondieron:
mano bruna del joven oficial, la posa sobre la cabeza de
-Tu mam:.í. ha partido para el cielo; vete 1.i. dormir, Lila niñita y espera.
·
la, como una nifia bt1ena, y los ángeles te visitarán.
Es demasiado joYen, casi un niño ese aspirante de maObedeció, pero su corazoncito perinanecfa angustiado.
rina de quien se reclama tan solemne juramento. Su ca- ¿Por qué dormirse así, sin esperará. rn madre que de serrera debe arrastrarle muy lejos; pero con esa presciencia guro vendría? Con la cab~za reclinada sobre las almohaque Dios da algunas veces á las madres moribundas, Ele- das blancas, pús9se á soñar en aquellos paíees celestes,
na lo implora con su mirada ansiosa y esa mirada tiene todos constelados de pedrerías; en esos países donde couna expresión t~l de súplica que él no resiste ya.
rren la leche y la :miel, donde maduran los frutos que la
Apoyando la manO sobre la cabez3. de la niña, levanta tierra no conoce. Las e:Hrellas ci n titaban en el azul soro brío
los ojos hacia el crucifijo de m1rfil suspendido en el fon- del cielo. Lila, con los ojos fijos en esas constelaciones
do del lecho. Ning1rna palabra es pronunciada en voz alluminoi:ae, se decía alegremente que su mamá Lacra un
ta, sus labios no se agitan, pero en el 'corazón 1 el jura- hermosísimo viaje en el país de los ángeles de donde
1
mento está. hecho y la madre lo escucha.
sin duda le traería algún juguete maravilloso. Se durmió
-Gracias, Felipe, dice.
pero con un euefio turbado y calenturiento, á través del
Y muere.
cual oyó una voz que decía: nE!ena, Elena ...... )) Por fin
XI.
su madre estaba ah(! En qué pensaba, pues, que no ibj, á
El dolor de Fernando Duvernoy, largo tiempo compri verá su pobre hijita?
Se levantó sonriente, ioca, y con los pies desn~dos se
mido, podía darse libre curso; los parientes, los amigos
llegados de todos los riMones de la provincia, se habían dirijió al departamento de su madre. La joven niñera,
Tetirado al :fin. Se volvia á, encontrar solo, comple,tamen- que reposaba cerca de ella, fatigada por las recientes vigilias, dormía peeadamente y no la oyó.
te solo, en aquella cámara nupcial donde ·bahía pasado
tan felices años; ella había partido aquella mafiana para
Lila asió el pullo de la cerradura, la puerta cedió, giró
oo volver más; en tanto que él, de pie, casi impasible á sobre sus goznes en silencio y Lila sorpreD.dida se detuvo
fuerza de sufrimiento, contemptaba con mirada seca y fi. en el dintel: su padre solo, estaba abi, con el rostro tan
Ja el ataud que los hombres se llevaban
contraído, tan p,tlido,· que al pronto ella tuvo mieao.
Oh! qué horrible día! cu.in largo é int~rmin;ib\e le paSin embargo, ~arrió hacia él y se precipitó á su cuello
reció! Cien, docientas personas quizá murmuraron á eu con la pregunta aquella que le quemaba los labios:
oído simpáticas palabrns; él daba las gracias con un apre-Qué, mamJ. no ha ruelto aún del cielo?
.
tón de n:lano, con un signo de cabeza;_pero las palabras
Al oir aquella voz de niño, aquella pregunta ingenua,
no las oía. Ojos húmedos de lágrimas de compasión se el círculo de hierro que retenía las lágrimas de Fernanfijaron en l?s suyos, en tanto que sus párpados permane- do se rompió y el pobre hombre lloró. Lloró sobre aquecían áridos y quemantes; en medio de aquellas simpatías lla pequeiíuela tan inconsciente de la desgracia que la
triviales, de aquellos sollozos de mujeres, apoderábaee de había herido; la estrechó entre sus brazos; ¿no era acaso
él una especie de pudor celoso que le forzaba á contener su último tesoro?
su propio dolor.
Largo tiempo sus lágrimas co"rrieron¡ Lila mezcló las
Ahora; al I'ededor de él reinab"a el gran silencio de la suyas; comprendía que su wadre no había v1:1eJto y con
noche; él-Velaba solo en la cámara de la muerta y su de- su cabecita oculta en el seno de su padre, se durinió en
sesperación ·se exhalaba.
medio de esta primera decepción.
Una desesperación febricitante: gritos roncos sollozos
Era ya tarde cuando la joven niI1era despertó; sus ojos
sin lágrimas que sacudían su cuerpo en una crisia nervio- cayeron sobre la cuna vacía y un estremecimiento de te-·
sa; después una inmovilidad de estatua y algunas veces
rror 1a conmovió: En las veladas de aldea se cuentan tan•
sobre sus labios un rictus de dolorosa rebelión. Sus ma- tas historias terribles, historias de pobres muertos que
nos se crispaban, desgarrando el satín de los sillones
salen de su tumba y vienen á buscará sus hijos! Se vis·
arrancando las franjas de seda. El lujo que reinaba ai tió persignándose y se dirigió á la cámara mortuoria:
rededor de él, Je parecía un insulto á su pesar. Esos ob- Desde el dintel, el cuadro que se ofreció ásus ojos Jatran·jetos fa_miliares 1 los muebles que ornaban su pieza, todor
quilizó. Lila con su gran bata de noche, dormía entre los
los testigos de su dicha, avi"vaban sus recuerdos y aguza • brazos de su padre, que vencido por la fatio-a dormía
0
ban su pena. Es una especie de ironía esa inmovilidad también.
'
de las cosas materiales -ante la desaparición de los seres
Se alejó con paso discreto, bajó ií la cocina donde la
humanos. Qué? todas esas nonadas frágiles, esas estatui• Sei}ora Fourneron ejercía ya su formidable vigilancia, y
tas delicadas, esas baga!,elas insignificantes, duraban aún la cual al verla gruñó:
y ella había desaparecido?
-En fin, está usted aquí, perezosa;¿porqué baja usted
Contemplaba el silloncito donde tenía ella la costum• tarde?
bre de sentarse, la mesa de labor que contenfa su borda-·
¿Qué" ha hecho ueted de la nii'ia?
do en embrión, el reclinatorio donde á mafiana y noche
-La sefiorita se ha dormido sobre las rodillas del
se arrodillaba tan largamente. Todas las huellas de la Sefior.
lenta enfermedad habfan desaparecido; la cámara mis-.C0mo! ¡cJmo! va á enreumar á esa nifia ....... corro
ma ofrecia una fisonomía de fiesta, estaba adornada &amp;m á. decíreelo ..... .
un exquisito y piadoso rebuscamiento: último .homena-El Señor duerme-Sefiora-parece tan fatigado!
je, limosna suprema it los que se van. Flores, flores por Ayer noche prohibió la entrada . .' ....
todas partes; cubriendo el lecho, como habían cubierto
-¡Ha hecho muy bien, porque hay gentes indiscretas!
el ataud; algunas habían caido y yacian sobre la alfomPero sep_a usted u.na vez por todas, que las COnsignas no
bra. Cn viejo cristal de Venecia las reflejaba alegremen- me conciernen.
te, todo parecía vivir y sonreir, y sin embarg,. ellB no
Subió pues y fué á mezclar sus exhortaciones vulgares
estaba abí.
'
á los tres soberanos conéoladores que venían su báhmmo
1:'&lt;&gt;s labios rigidos de Fernando ee entreabrieron con
sobre el desesperado: el suefio, el silencio y la niña.
un deegarrador gri~o de llamami~r.to.
-¡Qué locura Fernardol ¡Qué locura! ¡Pa8ar la noche

DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

en un cuarto lleno de flores! ¿Quiéres pues enfermarte
de la cabeza? Cuando menos dame á la peq11efia, voy á
acostarla.
Sin decir palabra el se. dejó quitará la chictiela, pero
sobre su~ facc1one":1 volvió á colocarse la máscara rícrida
0
del dolor.
!,as dos Señoritas de Lezines entraron. Ll~gaban d1:,
la iglesia donde habían oído tres misas y sus almas piadosas se desbordaban de ex"elentes intenciones: querían
hacer Comprenderá su desolado primo que la prueba es
enviada por Dios y debe ser soportada con resignación y
valor para merecer las palmas eternas.
Eran estos altos y grandes pensamientos que tenian la sola desven~aja de llegar demasiado pronto para
un hombre que no podia ni escucharlos ni compren-•
derlos.
Las dos le ha bfan tomado la mano, las dos hablaban
con unción y aun con elocuencia, recitando pasajes de
sermones y de capítulos de sus libros de ho!"8s, · más él
uo las escuchaba¡ s,,Io de cuando en cuando sacudfa la
cabeza con un movimiento de rebelión: esa palab~ de
resignaCión que volvía sin cesar, le parecía sinónimo de
la palabra olvido.
Despues llegó Jacobo de Sommeres, más realmente conmovido que la tía Fourneron y que las dos solteronas;
pero disimulando su simpatía bajo una brusquedad afectada:
-Yarno?, v:1mos, hay que ser hombres, mi pobre viejo.
Aun cuando te rompas el corazón contemplando su cámara vacfa, no. la resucitarás! Todos somos mortales, que
qureres tú! Ya vendrá tu turno y el mío también. Eso
no tiene vuelta de hoja!
·
.fernando nada tenía que decir y no respondía, pero
las amonestaciones de la una, las homiUas de las otras y
los torpes consuelos de Jacobo, herían su dolor. Ah! cómo habría deseado huir ,t la extremidad del mundo con
su hija en los brazos! L? que pasaba ese día, pasaría aun
y mis los dias siguientes, bien lo sabía.
En efecto, la Señora Fourneron volvió al día siguiente
con nna colección de lamentacion~s nllevas.
-Que abominación, Fernando! Que horror!.. ... Todo
n.tá expuesto al pillaje! .... .. Felizmente estoy yo ahí pa,
ra poner en orden á todo el mun 10!
Y se dejó caer en un sillón, como al peso de sus gloriosas f~tigae.
Al día siguiente tambien volvieron las primas Lezines.
Esta vez no llegab.in con lag manos vacfas: Aglaé llevaba un libro de meditaciones cuya lectura pretendía hacer, Y Eulalia una banda de tapicería. El las vió instalarse sn un rincón de la cámara, apoderarse de la mesa so
bre la cual Elena trabajaba y las miró con vaga ~irada
no intentando opo1;1erse á esta invasión.
Por lo demás, con que derecho se opondría? No sabía
acaso que la intimidad de la :vida de provinciá crea en
las relaciones de familia, una cadena ettrecha de la cual
ninguno, por fuerte que séapuede librarse? No sabía que
su tía Y sus primas volverían ollstinadamenteá CODBOlarlo'?
Era un deber, para el cumplimiento del cual ellas burlarían t ,.ln:i loa obit-lculos¡ as( pues, con ap1tía, sin lucha,
sin ~esistenpirt, Fer.tanda las dejaba hacer; únicamente,
po: ~nstante~, volvia loo¡¡ ojos hacia la ventana, c.Jmo e
prisionero que piensa en escapar de su calabozo.

la mejor manera O.e comprobarlo no es consolará. loe que
lloran? Qué sería de Fernando si nadie se ocupase
&lt;le él? ¿Quereis que os diga todo lo que pienso?.....•
I 1 ues bien,ese jov'en·nos disimula algo; debe haber cometido una falta que no oea confesar: ~na pérdida en el
~ juego, tal vez. Yo le he oido decir que los oficiales de
marina juegan mucho. Oso eeperar que no babi-á en su
-conducta algo más grave; él hubiera hecho á su hermana
Elena su conft:sión; estimo que nosotros debemo11 reem-

dos jueces que esperan á un criminal. Ri h~biese estado
m·e nos preocupado, se habría apercibido de que Aglaé le
miraba con mirada llena de suposiciones YPeveridades y
Eulalia con una profunda conmiseración y hubiere son•
reido ante algunas reminisc~ncias infantiles, cuandomuy pequeño-comparaba el ealón de las primas Lezinee
al tribunal de la inquisición oliente á auto de fe.
Era coPtumbre en casa de las señoritas Lezines dramatizar los menores acontecimientos y erigirse en Corte de

,,.--·,..r·,-• .J,-

213

-Yo decía ayer á mi hermana Eulalia que vuesl'ra
conducta, Felipe, me parece bien extraña. Fernando seha mostrado siempre bueno para con vos, y tengo el sentimiento de deciros que le pagais lll!\I :,us beneficios y suafec~. ¿Qué os ha hecho él?
Felipe la miraba sin responder. ¿Era posible que no
hubiese supueEto nada? Verdaderamente tenía el aired6'
un culpable y Aglaé pudo, sin correr el riesgo de ser IDterruwpida, pronunciar una de esas homilías á que era
tan aficionada. Mezcló las negruras de la ingratitud, laa
amistades peligrosas para los jóvenes, la necesidad de
confesar las faltas cometidae-, prometiendo no reincidir
y unió á esto un pequeño sermón sobre la contrición y el
firme propósito.
El no la comprendió. Estaba muy lejos de creerse comprendido en tales palabras.
De suerte, dijo siguiendo su idea fija, que :mi pobre
Elena no era feliz.
Ellas respondieron á la vez con un grito de indign:a,ción:
-Cómo que no era feliz! Y que le faltaba si gustakt
l'n marido que la amaba, que la adoraba ...... Sí, si, Felipe, por eso el buen Dios se la ha llevado, porquep:rohíbe la idolatría y Fernando la idolatraba·.
El las mir6 atentamente y vió que eran sinceras. •Me
he desviado, pensó, no saben nada; deb1 presentirlo.
Eetaba á la vez contento y decepcionado; por que úde
una pirte temía el instante,en que le aerfa preciso romper todo comercio de amiatad con su Cll!lado, por otra habría deseado qae esta información terroinaae y
no tener que volver :i ella¡ pues la alian-za de las Lszines hubiera sido de graa peso. Se deapifüó y se diri~ió hacia el peque-ño alojamiento de la tía Fourneron.

Xl.
Una noche Aglaé de Lezines dijo J. su hermana:
-J;:uJalia, no encuentras tú bien extrai'ia la conducta
. de Felipe?
Eulalia de Lezines, cuya comprensión era tarda, pero
cuya alma era indulgente, respondió con placidez:
~:Ko; yo no he notado nada de e.xtrafio; nuestro joven
pnmo me parece animado de excelentes sentimientoe.
-¡Animade! replicó Aglaé con impaciencia animado!
Yo nada sé; en todo casO, esos buenos senti~ientos no
se manifiestan mucho que digamos. Yo estoy admirada,
asombrada y aun diré, apenada, de la manera con que ee
conduce con eee pobre de Fernando. Lejos de rodearle
de cuidados afectuosos, como nosotros lo hacemos· lejos
de _intentar endulzar s~ pena, se aparta de él y ;arece
hmrle. Temo verdaderainente que Felipe no tenga corazón.
-¡Oh, Aglaé, puedes tener semejantes ideas! ¡él amaba tanto á la pobre Elena!
-La amaba, y ac.'lso no"otr,..s no In am.lb1mos? .\.c:i•n

EL MUNDO

DPMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

•

p la.zarla cerca de él. Le he ad vertido,
pues, que mañana le acord!lda unaentrevi3ta particular. Te suplico que asistas.
.á ella, y que me secundes lo mejor que
puedas.
Eulalia respondió con su voz tranquila:
-Te secundaré con la meJor buena voluntad, Aglaé, confesaremos juntas á
nuestro joven primo.
Docilmente, más no sin emoción, Felipe se dirigió ii. la cita dada por la~t2rrible AglaJ de Lezines.
No se preguntó. 11¿Qué querrá..: decirme?&gt;1 Sino que
pensó: cfLo sabe todo y es de eso de lo que quiere hablárme.u Eso, significaba su pen~amiento único y cons-tante. Desde el minuto supremo en que Elena moribun&lt;la te había hecho jurar que prutegería á la huérfanita,
· muchas suposiciones, muchas inquietudes pululaban en
-su espíritu. Desde luego, la más plausible de todas: una
intriga culpable sorprendida por la esposa ultrajada.
Bajo el imperio de esta convicción, miraba con ojos
despiadadamente duros la desesperación da su cufiado¡
le jzugaba hipócrita, a menos, pensaba, que su dolorfue~ causado ¡&gt;&lt;&gt;r el remordimiento. Pero, hipocresía 6 remordimiento, no le perdonaba; resentía por el culpable ese horror que inspiran los traidores y los asesinos.
De~asiado joven para ser indulgente con ciertas faltas;
gaardaba la hermosa. severidad de aquellos áquienes ninguna t.entación ha hecho flaquear. Hubiera abandonado
uMe orienté mal, se decía al andar, estas dos eolte reinas
J.usticia: un desacuerdo con nn proveedor, una reprimená Pontarlier la misma noche de los funerales, sin la nehan restringido el circulo de en vida; se ocupan poco del
eesidad de saberlo todo para conjurar el peligro si era. da á un ·doméstico, daban lug3r á, un lujo de llctitudes seprojiroo. Sea devoción real, sea indiferencia, no gne&amp;an
tiempo aúu, para vigilar !a suerte de Lila-si era ya dema- veras y á solemnes amonestaciones. Sí, él babia sonreido
como tantas otras mujeres del comadrrurgo. Xo se habla
1
frecaentemeatede
esto,
mas
ahora
nt&gt;
peneabaeo
sonreir.
siado tarde. Sin embargo,• de diario aplazaba li'l investigamal en casa de ellas; adem~8, Aglaé no tnmsije con et
Apenas
se
hubo
sentado
en
1a
silla
que
le
designaron
Clón, porque le repugnaban los espionajes y los interromal¡ sí se le hubiese advertido, no habría ~sca.Peado á.
g:d,orios clandestinos; y le intimidaba la tarea que le i.n- y que ee parecía á un banquillo de prevenido, cuando
Aglaé tomó la l"'labra, Oh! no tenla ella el hábito de Fernando loe duros reproches 11 riesgo de petder con éL•
&lt;'umbfa.
Y afiadió con un suspiro: 1~Acaso la tía Fourneron me
Así pues, con el corazón palpitante, entró al gran ea- ir por caminos undulanteá, por senderos umbríos y floridirá lo que tengo que sabePI.
dos,
sino
que
marchaba
derechoásu
fin,
majestuosa.menIón donde las dos solteronas, gravemente eentadas en si( Cbntinuará.)
te, "Obie el e: mino real frlo y desnu"lo.
JlnTIC'j:I r,,. ¡rrandeF re:-,rald(l", 1 e r~perabar, remejantee á

º·

�DOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897
EL MUNDO

BOMINGO 4 DE ABRIL DE 1897

Entcinces el centauro sintió caer por su rostro lágrimas copioeas. Lloró Por el viejo
'Pagani Emo muerto ; pero·también lleno de una fe recién nacida, lloró conmovido al apa~
rrcirniento de Ja nueva Luz.
·
Y mientras sus lt"grimas cafan eobre Ja tierra negra y fecunda en la cueva de Pablo
el Ermitafio se ealudaban en Cristo dos cabelleras blancas, dos ba'rbas canas dos almas
fefialadas por el Señor. Y como Antonio re:firieee al S.olitario eu encuentro'con loa dos
m~:mstrum,, y de qué manera llegase á su retiro del yermo, díjole el primero de lo3 e1 e
m1tae:
11En -:erdad, hermano, q~e am_bos tendrán rn p:emio: la mitad de ellos pertenece
á las beehas, de Jas cuales cmda Dios eolo: la otra .nntad es el hombre y la Justicia eter~
na lo pnmia ó lo ca!'tiga.u
'
BE: aquí que la siring~, la flauta paijana, c~cerá y aparecerá más tarde en los tubos
de loa organo~ de las basfü~as, por ¡irem10 al eát!ro quE: buscó á Dios; y pues el cenU.aro
ba llorado, mitad por los d10ees antiguos de Grecia y mitad por Ja nueva fe sentenciado
eerá ~ correr mientras.viva eob:e el haz ~e la tierra, basta que de un salio portentoso
en virtud d'e eus lágrimaei, aec1enda al cielo azul 1 para quedar para siempre luminoso
en la maravilla de las conetelaciones!

se ha declamado mucho contra el positiv!1:1:J?,O de las ciudadei:=, plaga que, rntre las
galas y el esplendor de la cultura, corroe los cimientos morales de la sociedad· pero hay
una plaga más terrible1 y esf'1 positivismo de las !ildeal::!, qne petrifica milloneS de séree
matando en ell(fa toda ambición nüble y encerrándolos en el círculo de una exie.tenci~
mecánica, brutal Y.~enebros~. Hay en ~rne~tras sociedades enemigos muy _espantoem•, á.
esber: la especulacion, el agio, la metahzac16n del hombre culto, el negocw¡ r,ero sobre
~stos descuella un mónstruo que, á la callada, destroza má.e que ninguno: ·ee a codi&lt;"ia.
del aldeapo. Para el aldeano codicioso no hay ley moral, ni religión, ni nociones claras del bien; todo esto se resuelve en su alma en supersticiones y cálculos groseros formando un todo inexplicable.
'
Bajo el hipócrita candor, ee esconde una aritmética pnrda que supera en agudeza y
perspicacia á cuanto ide~ron los matemáticos más expertos. Un aldeano que toma el
gusto á los ochavos y sueña con trocarlos en pJata; para convertir después la plata en
oro, es la bestia más innoble que puede imaginarEe; porque tiene todas las malicias y eutilezas del hombre y una BE'quedad de sentimientos que espanta. Su alma rn va condeneand_o h~ata no s~r~ás que un graduad0r .de canti~ades. La ignorancia, la rusticidad,
la m1eer1a en el v1v1r, completan esa abommable pieza, quitándole todos los medids de
disimular su deEcarnado interior. Contando por los dedos, es capaz de reducir á números todo el orden moral, y la conciencia y el alma toda .
B. PÉREz G,, 1,nó~

'

LAS LAGRIMAS DEL CENTAURO

-

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'·&amp; .;
., ·""'t

-----/rt-&gt;\-

Traje de primavera de modelo nuevo.

LA MODA

¡
¡

Rt:BEN DARIO.

Ciento veintinueve afias habían pasado después de que Valeriano y Decio, craeJes
emperadores, mm traran la bárbara furia de sus,pereecuciones eacri:ficando_á los hijos de
Cristo, y sucedió que u.Ó. dfa de claro azul, cerca de; un ai:royo, en la teba1da, ee encontraron frente á hente un sátiro y un centauro. (La ex1stencm de estos dos seres eEtá comprobada con teetimonio de santos y sabioe, como lo demostró en su cuento La, Ninfa un
hombre ilustre del pafs de Francia.) Ambos iban sedientos, bajo el calm: de! cie,lo yapagaron su eed:elcentaurocoghmdo el agua en el hueco dela mano; el sátiro mclinándose
robre la linfa basta saborearla.
Después hablaron de es1 a manera:
-uNo ha mucho, dijo el primero-viniendo por el lado del norte, he visto á un ser
divino, quizá Júpiter mismo, bajo el (Usfraz de un bello anciano. Sus ojos eran'pene•
trantes y poderoi:os, su gnin barba 111anca le cafa á la cintura; caminaba espaciosamente, apoyado en un toeco bordón . .Al ,,erro e se dirigió hacia mf, hizo un signo extraño con
la diestra; aentile tan grande, como· si pudieee enviar 1.t voluntad el ni.yo del Olimpo.
No de otro modo quedé que si tuviese ante la mfa la mirada del padre de los dioses. Hablóme en una lengua extraña que no obstante comprendí. Buscaba una senda de mí ignon.da, pero que, sin saber cómo, pude indicarle, obedeciendo á raro y desconocido poder. Tal miedo sentí1 que antes de que el numen siguiese su camino, corrí locamente por
la vasta llanura, •vientre á tierra y cabellera al aire.,,
-11Ab, exclamó el eatiro-¿tú ignoras acaso que una auf.ora nueva abre ya las puertas del Oriente, y que loa dioses todos han caído delante de otro Dios más fuerte y más
grande? El anciano que tú has vh,to no era Júpiter,no es ningún ser olímpico. Es un en'Viado del Dios nuevo.
Esta mañana, al salir el sol, estábamos en el monte cercano todos los _que aún quedamos del antes inmenso.ejército capripede. Hemos clamado á los cuatro Vientos llaman~
do, Pan y apenas el eco ha respondido á nuestra voz . .Nuestras zampoñas no suenan ya
como en los paeados días; á través de las hojas y ramajes •o hemos visto una sola ninfa,
de roea y marmol vivos,_ como las que eran antes nuestro enc~mto_. La muerte nos per- .
eigue. Todos hemos tendido nuestros brazos velludos, y hemos rnchnado nuestras pobres
testas coronadas, pidiendo amparo al que se anuncia como único Dios inmortal. Yo
también he visto á ese anciano de la barba blanca, delante del cual has eentido el influjo
de un desconocido po&lt;ler. A pocas horns, en el vecino valle, encontréle apoyado en su
bordón, murmurando plegarias, vestido de una áspera tela, ceñidos los riñone's con una
cuerda. Te jo.ro que era más hermoso que Homern, que hablaba con loa dioses y tenía
también larga barba de- nieve. Acercóe.e á mi 1 armado de ese signo omnipotente que cau96 eo tí misterioso espanto. Yo tenfa en mis manos á la sazón miel y dátiles. Ofrecile
ygust.ó de ellos como un mortal. Hablóme y le comprendí sin eaber su lenguaje. Quiso saber quién era yo, y díjele que enviado de mis compai'ieros en busca del gran Dios,
y rop.bale intercediese wr nosotros.• Lloró de gozo el anciano, y sobre todas sus palabru y gemidos, resonaba en mis oídos con armonía arcana esta palabra: ¡Cristo! Después
levantó sus imprecaciones sobre Alejandría; y yo, también como tú temermo, huí tan
:r..ípidamente como pueden ayudarme mi!!I patas de cabrá.u

EL MUNDO

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,.,.._~:;;,~;~~'

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.:.,-,:.

1• l
· o ' e}oci&lt;¡
1Traje parisiense para ucr::rtve
ea. ''
Traje de primavera con triple bolero.

�226

EL MUNDO

LA llIODA
Esta mañana, al dejar mi lecho, ví ~ través de los cristales de mi ventana, una golondrina, charlando como
una descosida en el alero del vecino patio. P arecía cantar aleluyas á la primavera y me hizo pensar en e~ eterno rejuvenecimiento de ]as cosas. No hay en este tiempo
bendito una ruina que no ostente cu1u.1do menos, el aureo
florón de una salvaje flor de cardo; ni llanada que no se
enverdezca ni arbol que no estrene vestido, ni flor que
oo se expa¿da, ni insecto que deje de lucir al buen sol
viflficante 6 su bruñido coselete de esmeralda, 6 sus
palpitante~ élitMs de punto de seda; ni corriente que no •
se encrespe voluptuosa, ni bestia 1 en fin, que no sienta en sus arterias el desbordamiento de una sangre nueva. ¡Oh primavera, hada de la juventud, que el buen
Dios te bendiga! Primavera te llamas en el h úmedo campo; amor te apellidas en los espírhJJt::!. El poeta de la bar•
ba .florida dijo:

OOMINGO 4 DE ABRIL DE ,897

Enfermos del Estomago

- Bueno! pues que ca nten 103 pijaros y el collado re•
verdezca y h aya p íos de zenzontles y pal pitaciones de
é litrOs de libéJula y llamaradas verdes de coseletes de
coleóptieros y ... ... ¿qué m is? P ctes, todo e30! Ya se i ma ·
ginará usted que no he de ir á. saborear tanta bucólica
sin un traje adecuado ........ .
Y dice usted muy bien y por eso le muestro esa colección de figurines salidos de las manos del m ismisimo
, v orth (como si dijéramos de la Santísima Trinidad. )
Nada de ex plicaciones de modista poco diestra. ¿Le
agradan á usted, lectora? Bueno, pues ahora á el egir u~o
y después que vea yo su lindo rostro expuesto ~l rubio
sol de Abril y á las caricias sanas de la buena primavera!

Es conveniente convencerse de que el DIGESTIVO MOJARRIETA es lo único positivo, lo único que
cura radicalmente las enfermedades del Aparato Digestivo, y exigir grabado sobre cada oblea, el nombre DIGESTIVO MOJARR,IETA.

DISPEPSIA, GASTRALGIA y ENTERITIS CRONICAS
con sus síntomas: Agrios después de las comidas ó Aoidos del
estómago, Sed, excesiva, Hinchazón ó Peso en el Vientre por
poco que se coma, Digestiones lentas ó incompletas que producen Repugnancia, Mareos, Dolores Je \ ientre Vómitos biliosos y biarreas crónicas.
Son enfermedades que según ensefian millares de persosonas bien conocidas y Fespetables, á quienes se vió sufrir durante MUCHOS ANos y además reconocen eminencias médicas
de varias naciones, sólo se ruran COMPLETA y RADICALMENTE
con el

LfCTGI:.\ P,IRA LAS SE~ORAS
~

1

¡

ontabilidad de la casa.

Para que una familia viva
i-in apuro!'!, y cuando_ las
circumtancias lo permitan,
haga economías, es indispeni::able establecer un cálculo
exacto entre loa ingre¡;os y los
gaatos, y someter éstos~ _aquelloe sin el cual reqms1to se
toe~ en el triste escollo del
malestar, que en un plazo
más ó menos largo, conduce
á lastimosos dernEtres. A fin
de proceder en forma ordenada, convendria que la mujer de su caea poeeyera con~cimientos de '.Le1lc&lt;turícl¡ de Libros; pero como semejante estudio n@ es de los que mejor se adaptan al sexo feme·
nino puede suplirse su falta
por ~edio de un sistema sencillo de contabilidad, y esta
práctica debe reeomendarse,
puesto que ofrece resultados beneficiosos.
El sistema ,t que aludimos,
se reduce á anotar en un
cuaderno las cantidades que
se reciben v los gastos que
se verifican.~ Con ePte proCt:idimiento no es poeible incurrir en omisiones.
De este modo se averigua
todos los meses el total de los
ingrei,oa y el de los desembol•
sos, y pueden hacene las
,·· . .
e~onomias que demande la
situación de la familia, economías irrealizables desde el
punto de victa del resultado
práctico, si prescindimos de
tales anotacionee, porque en,
toncee, bien que se conozéa la
\
'
necesidad de disminuir los
gastos, ea difícil señalar laa
partidas qu0 importa modificar en este sentido.
En obsequio de la cla1idad,
y por si en un mismo día
¡ (. /
' ' ,
,, ¡
,,
se compra más de una vez un
artículo, así como por si en
'lf,:::1 t ,1 ~:
épocas dadas hay gastos extra:ordinarioa y transitorioe,
. ..
~
.
,r 'i,,,,,¡,~
'
sirve de muchb el cuaderno en
1'
cues1Mm, de donde pasarán
'
los apuntes á un libro general,
en el que figuren los totales
; ,¡i'
1/
mensuales que arr.oje el cuaderno.
'
;·.4 11! ¡
En una casa bien ordenada, corresponde á Ja mujer el
manejo y la distribución del
dinero destinado á los gastos interiores, y claro es que
nQs expreeawoa en esta forma, Sll;poniendo:que la mujer,
por virtud de su conducta,
•
se hace acreedora á merecer la
confianza de su marido. En
este caso, no hay duda que el
Esp.1l!da del traje para "Five o'cloek tea."
acierto y la buena distribu •
ción serán los resultados que
«Ahí donde falta todo1 la naturaleza se encarga de suse obtengan en beneficio de la familia y del decoro del
plirlo todo: tiene la yedra para las ruinas y el amor para
hogar.
los hombres. ,)
.

.

Cuerpo pa·ra tra~e de casa.

l\Ii mujer, mi hija, mi cuñada, mis hijoE", mis criados
y yo también, lea servimos. Comen carne y beben vino 1

dos grandes neceaid.ades para la infancia. Después de lo
cual, juegan; van á la escuela.
En una palabra ....... pero me parece que he dicho bastante para hacer comprender que esta idea, la introducción de las familias pobres en las familiás menos pobree,
introducción á nivel y piso llano, protegida_por hombres
mejores que, por el corazon de las mujeres sobre todo, no
puede ser mala, la creo práctica y pi-úpia para dar bue·
nos frutos, y hablo de ella á fin de que Jos que puedan y
quieran la imiten.
.
.
Esto no es limosna, es.fraternidad! Esta penetración de
las familias indigentes en las nuestr3fl, nos aprovecha,
como á ellas; es un principio de solidaridad, pune en acción y movimiento y hace marchar, por decirlo así, de·
lante de nosotros, la santa fórmula democrática: LIBERTAD IGUALDAD Y FRATERNIDAD, Es la comunión de nue,-tro¿ hermanos más felices. Aprendamcs á servirles y ellos
aprenderán á amarnos.
·

VrcroR Huoo.

Amemos, bella señorita: abramos nuestro espíritu al
amplio cielo y al excelente sol; hay muchas mariposru!,
flores que vuelan, en loa jardines1 y la buena maga que
-60 lliLma la Moda, derrocha fantasías para la estación.
Ahora le ha dado por los •Hjeroe caprichos. Hay un flgul'in para tertulia que verá usted en la primera plana de
-eete pliego, que parece hecho como el cisne de Rubén
l&gt;arío:
De luz alba, de seda y de sueiro ...... .. .
Bien sé, blanca amiga mía, que para vos pasarían ine.percibidas todas las pompas pcimaverales, sin Jaa pom{l&amp;a 6 los caprichos de la moda. Salir al campo, bien
-eettí.. pero f:aJir con un hermoso traje de mu-de lina de actualísimo modelo!
De otra suerte .. ....

En las 11roitoerias y Boticas.
AGENCll.-APARTAllll POOAL 183.--IIEXICO

sana los humores molestos. é impide
la. calda. del cabello. Cuando el
cabello se pone s eco, claro, marchito

IGII que en su juven tud tuvieron esta. enfermedad y van á. ("asar se. pues pued en tras·
mitir el virus sifilitico y ~ ~os que l_lan tomado mercurio pues elimrna. ese pehgroso
mineral.

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He establecido desde hace algün tiempo, en mi casa de
Guernesey, una pequei'ía institución de tratern:dad práctica que quisiera anmentar y sobre todo propagar. Es una
cosa tan pequefia (lue puedo hablar de Pita. Es una comida semanal de niños indigentes. Cada semana algunas
madres pobres llevan. sus hijos 4 comer á mi casa. Al
principio tuvo ocho, luego quince, hoy tengo veintidós.
Los niños comen juntos, están confundidos, católicos,
-protestantes, ingleses, franceses, irlandeses, sin distinción de religión ó de nacíón. Los invito al goce y á la
risa y les digo: ¡Sed Hbre,! Comienzan y acaban la col'l'i•
da con una alabanza 4 Dioe, sencilla y fuera de tóda fórmula religiosa.

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sus Pólizas el ahorro, con múltiples utilidades en toda.a las clases sociales, lo qoe
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35 afios justamente era la edad que llevaba de padecer
una de lna peores enfermedades que pueden sobrevenirle
al hombre, como fOD las.Estrecheces en el caflo de la orina. El tiempo se iba pasando sin que yo resolviera á operarme por el h9rror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundía el clorolormo, y por último, la
dificultad de abandonar un negocio para guardar cama¡
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos; á la -capital, para.consulbr con el reputado eepecialieta Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una manera .~wci,.
lla: dicho íacuHativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme ean~re, sin que yo guardnra cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efecto, el
dfa 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8; duró mi operación cuatro
segundos, soy un testigo viviente del buen éxito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
al famoso especialista y como una muestra de mi gratitud doy á conocer este echo al público y si eetuviera autorizado darfa el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á. mí les ha hecho el Dr. PrPciado.
Lt'IS MA~JARRF...s.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO '
S. C: Méxieo, b'ebrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlá.n de Oarn.y.
Presente.
E..,timado amigo y compru'lero:
Con el fin de que llégue á noticia del público y pueda éste apro,echc.r,.e de los e;.fuer7.&lt;,s y trabajo;. que yo he emprendido, me es grato
manifestar que vd. e!i 1.'mko l'irujano mexicano que vo conoz(·O que
sepa perfectamente mJ método para curer la.« e;.trecheces uretrole~,
del ex6fngo, del reclo',1 del utero J)()t mcclio de la electr61i1'is lineal.
Pueden, puel', loi; t•nfermOR de este 1énero. l'ntrei;rnr¡;e con cnt~m
conlianza a vd , lo mbmo que en cualquier otro USlllll!• que M' refiera A cirugiu, pues ei-toy pen-uurlidode sus aptitudes, de i-u hnhi\ir\nd
pam operar v de su bn!l.ta ilu!itrnción. A Jayez me es grnto de&lt;:lr una
vez más que ·mi método para curar lru::;~tre('hcc•;. es Inofensivo, rá.p\do y de reliultudos mnravmo,-0s y que por mL-&lt;lio de ~l he cunulo m.illnre.s de enfermos en diven,n.c; po.rt(~ del mundo, como lo he probado en lo!'. libros que he c..~rito y en dlver.aas Al'ndemias de )tedlcina.
Hov que re~m.:'&gt;-0á Paris á c•outilma1· mis trabajos d!.l~pu~s de mi
ngrn1lnblc perruanenda de invierno en esm ciudad, quiero que los
me-xkunos !ilµ-an :ipron~ehando misei;fuerzo;1 y por e/ato les reeorolendo se pongan en manos de vd., segurof! de que quedarán sat1i:.fL't'hos.
E."-Cribo á nl. la lH'C~nte para que hll.'lll de ella e,\ 11!10 que m(.'jor le
convcn~, hnl'iéndole presente una vez más mi ~incem apreclo.-Dr,
J. A. lfJl'l, profesor de Anatomtn. de In. Yacultnd de Pnrl;,
;,;¡ Dr. &lt;~a111.y ha practicado nu~er$a!ló ofl('1ndones·por{medlo de la
electrólii;hi, tod(1f! rmi t:i:-ito, y en algunasacompnñndo de los Doctores
M. GuUérrez, ~L Avclevra, J. Zárraga. v A. Gavmo.
El Dr. Adriáu de Gn.rity es profesor de Anatomm. quln.1rgica cn .. lu.
Escuela Nac-ional de lledklna, Cirujano del Hoi,pital Juárez y del
Asilo Español; profel'lor de Higiene en Ju. E.-:cuclti :Normal de Profesare~, Prcicklcnt.e de la ~ocledad Médica "Pedro Kscobedo" y_dtrector
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de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

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&amp;l

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Mosler, Bowen y Cook, Sucesor.
(talle ae la Gllcalcerla número !Z'l,

li,ntre las callos ael I ae OOavo v Plateros.

A.NTES EN LA LA. 2CIS CA.LLE DEL

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35 afios justamente era la edad que llevaba de padecer
una de lna peores enfermedades que pueden sobrevenirle
al hombre, como fOD las.Estrecheces en el caflo de la orina. El tiempo se iba pasando sin que yo resolviera á operarme por el h9rror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundía el clorolormo, y por último, la
dificultad de abandonar un negocio para guardar cama¡
pues bien, en tales circunstancias emprendí viaje desde
San Gabriel Estado de Morelos; á la -capital, para.consulbr con el reputado eepecialieta Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una manera .~wci,.
lla: dicho íacuHativo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme ean~re, sin que yo guardnra cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en efecto, el
dfa 13 del presente mes me operó en su consultorio particular situado en la grande avenida de las calles del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8; duró mi operación cuatro
segundos, soy un testigo viviente del buen éxito que se
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
al famoso especialista y como una muestra de mi gratitud doy á conocer este echo al público y si eetuviera autorizado darfa el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á. mí les ha hecho el Dr. PrPciado.
Lt'IS MA~JARRF...s.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO '
S. C: Méxieo, b'ebrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlá.n de Oarn.y.
Presente.
E..,timado amigo y compru'lero:
Con el fin de que llégue á noticia del público y pueda éste apro,echc.r,.e de los e;.fuer7.&lt;,s y trabajo;. que yo he emprendido, me es grato
manifestar que vd. e!i 1.'mko l'irujano mexicano que vo conoz(·O que
sepa perfectamente mJ método para curer la.« e;.trecheces uretrole~,
del ex6fngo, del reclo',1 del utero J)()t mcclio de la electr61i1'is lineal.
Pueden, puel', loi; t•nfermOR de este 1énero. l'ntrei;rnr¡;e con cnt~m
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pam operar v de su bn!l.ta ilu!itrnción. A Jayez me es grnto de&lt;:lr una
vez más que ·mi método para curar lru::;~tre('hcc•;. es Inofensivo, rá.p\do y de reliultudos mnravmo,-0s y que por mL-&lt;lio de ~l he cunulo m.illnre.s de enfermos en diven,n.c; po.rt(~ del mundo, como lo he probado en lo!'. libros que he c..~rito y en dlver.aas Al'ndemias de )tedlcina.
Hov que re~m.:'&gt;-0á Paris á c•outilma1· mis trabajos d!.l~pu~s de mi
ngrn1lnblc perruanenda de invierno en esm ciudad, quiero que los
me-xkunos !ilµ-an :ipron~ehando misei;fuerzo;1 y por e/ato les reeorolendo se pongan en manos de vd., segurof! de que quedarán sat1i:.fL't'hos.
E."-Cribo á nl. la lH'C~nte para que hll.'lll de ella e,\ 11!10 que m(.'jor le
convcn~, hnl'iéndole presente una vez más mi ~incem apreclo.-Dr,
J. A. lfJl'l, profesor de Anatomtn. de In. Yacultnd de Pnrl;,
;,;¡ Dr. &lt;~a111.y ha practicado nu~er$a!ló ofl('1ndones·por{medlo de la
electrólii;hi, tod(1f! rmi t:i:-ito, y en algunasacompnñndo de los Doctores
M. GuUérrez, ~L Avclevra, J. Zárraga. v A. Gavmo.
El Dr. Adriáu de Gn.rity es profesor de Anatomm. quln.1rgica cn .. lu.
Escuela Nac-ional de lledklna, Cirujano del Hoi,pital Juárez y del
Asilo Español; profel'lor de Higiene en Ju. E.-:cuclti :Normal de Profesare~, Prcicklcnt.e de la ~ocledad Médica "Pedro Kscobedo" y_dtrector
del periódico La Eacuela de Medicina

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de este periódico en Centro América, Sres. J. M. Lardizábal y Compañia, Guatem3-la.
Estiin autorizados pa1 a arreglar contratos para anuncios y suecripciones.

da C011sultas tod08 los dfas, menDll los de fltl!i.a, de , d. 6 de la tarde.

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C.rta intereaante al público. 54 años de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

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(P.ropledad artisttoa del Seilor Fr11a.01eoo Dustam.ante.)-;\·ea.seelarticulorelatlvo.)

�EL MUNDO

DOMIN60 11 DE ABRIL DE ,&amp;97
DOMINGO II DE ABRIL DE •807

"EL lllUNDO,,
Semanario Ilustrado.
R.éOisr&amp;ADO OOMO AETÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

•atas tbitorialts.
1ra prospcriba~ ~scaJ.
La nota política dominante en estos últimos días, ha
sido el substancioso cuanto consolador informe presidencial, presentado el día primero á Jas Cámaras. De él resultan dos hechos culminantes y rada dfa más plausibles:
la conservación y consolidación de la paz pública, que no
ha experimentado la menor alteración en il último semestre, y la creciente prosperidad del fisco.
El ejercicio fiscal pasado se saldó, según se recordará,
con un excedente de importancia, y por la primera vez
en la histori1 de nuestras :finanzas, se vió constituida y
depositada en las arcas del Banco Nacional, una reserva
que hoy pasa de seis millones de pesos; eEe resultado
plausible se ha sostenido y acentuado entre Septiembre
de 96 y Abril de 97. Loa iBgreaos l&lt;"ederales en loa seis
últimos meses, pagan de veintiseis miaones, en conside•
rabie aumento sobre el primer semestre del año fiscal
pasado y en exceso sobre las previsiones del presupuesto
vigente.
Todo permite suponer que un nuevo excedente vendrá
á acrecentar las reservas actuales, tan necesarias para
precaver nuevos desequilibrios que pudieran resultar de
la baja que en estos momentos se vuelve á comprobaren
el valor de la plata. Mientras el fisco prospere, el estado
del país será satisfact.orio y la paz duradera, y á la sombra del 6rdenprosperará. el país en todos sentidos.

•
••

El informepresidencial _consigna muchas mejoras llevadas á cabo, entre elfo.a: quinientos kilómetros de auevos íerrocarrilea, nuevamente construidos; terminación
de las obras del Desagüe del Valle; inauguraciones de
faros y muelleH, avance considerable de obras en los
puertos, reparación de caminos y calzadas. La minería
manifiesta un inmenso progreso, representado por una
exportación de sesenta y un millones de pesos en el ejercicio de 95-96, sobre una exportación total de ciento cinco milloner,::; aumento en las solicitudes de concesión de
aguas para riego ó fuerza motriz 1 y otras más que sería
¡.irolijo enumerar.
Bonancible como es nuestra situación actual, más próspera la augura para lo futuro el Informe Presidencial, y
t.odo buen mexicano debe felicitarse del actual estado de
cosa.e que si ee debe al buen eentido del pueblo, nu se
debe meno:11 á. la ínteligencia y energ1a del Gobierno.
El Gener~l Diaz debe estar tan orgulloso de su obra,
como la Nación lo esti de su prosperidad material, y todos debemos hacer votos por la perpetuación de una bonanza que es prenda segura de futura grantleza para la
República.
LA SEÑORA MARIA ROMO DE DIAZ DUFOO

Después de corta, pero dolorosa enfermedad, falleció
el viernes ú!Umo, la esposa de nuestro querido compa•
fino Carlos Díaz Dufoo.
Ante ese dolor inmenso, ante ese hogar para siempre
huérfano, ante esa frente helada hoy, y ayer nada más
acariciada por auras de juventud y ráfagas de ilusiones,
nuestro labio permanece mudo, impotente para expresar el sentimiento que nos embarga.
L!I implacable y traidora eombra ha herido muchos
corazones y hace derramar muchas lágrimas. ¡Quién las
podrá enjugar! ¡quién podrá. ofrecer el consuelo!

l9trlítica ®tneral.
RESUM EN.-Ráfagas de lnquletud.-Otra vez la cues•
tión africana.-Egipto, Transvaal y el plan br1tánico.-Europa y la insurrecci6 ■ de Creta.-Las ambiciones de cada uno.-La mentira convencional
dela paz.-Grecia al aacrificio.-Conclusi6n.
En vano llegan amenazadoras á Europa ráfagas can-

J~ incendio, de •a llá del extremo del Africa Austral, donde se alzan en formidable competencia el ele.
mento germi.nico, representado por los ciudadanos del
Tranavaal y su orgulloso presidente Krueger, y el elemen--to briMnico, encarnado en la insaciable ambición del rey
dP.l oro, del porta-estandarte de la omnipotencia colonial,
del célebre agitador Cecilia Rbodes.
En vnno las arenas nubia!:', que hicieron retroceder esdt-11ll'::

pantado al héroe de Macedonia en sus legendarias con•
quistas, y han hecho temblará loe modernos hijos del Lacio con sus espantosas catástrofee, en vano las abrasadas
comarcas de Abisinia sienten ya la impresión imborrable
de los soldados de la Reina Victoria, heraldos de su grandeza y nuncios de su inagotable expansión territorial,
proclamando ante el mundo, que la presa tomada por
los modernos cartagineses no se arranca fácilmente, y
que la posesión de Egipto será aplazada indefinidamente.
Absorta la Europa en la contemplación del drnma que,
iniciado en las escabrosidades de Creta, puede tener sangriento desenlace no sólo en loa desfiladeros de Tesalia
ó en los agrios acantilados de Macedonia, donde se hallan frente á frente dos razas y dos civilizaciones, sino
en cualquiera parte del mundo occidental, en cualquier
punto de las monarquías cristianas donde se dan cita
todas las ambiciones y concurren en abierta pugna todas
las concupiscencias: no quieren considerar las potencias
otro asunto, o.i atender á. más conflictos que al desarrollado á favor de la barbarie musu1Dl8na y por virtud de los
arrebatos líricos del pueblo helénico
Sin atenderá protestas que venían de Francia de modo
ostensible y de Rusia con prudente cautela, sin escu~bar
amenazas que provocaba su política invasora, cubriendo
sus pretensiones con el pretexto de auxiliar á los italianosen los descalabrossufrido3 en las llanll}'asde Erythrea,
vrganizaron los ingleses su expedición al Soudiin que ter•
minó por la caputra de Dongola; y tomando nuevos pun•
tos de apoyo y adelantando siempre hacia las fuentes del
sagrado Nilo; afirmando su dominio sobre las posesiones
del Jedive, amenazando por una parte las colonias extrafias del Africa Central, y se aproximan á esa conjun•
ción anhelada que ha de envolver en apretada red todo
el continente negro, desde A.leJandría hasta el Cabo de
las Tormentas. Firme en su propósito ]a Gran ·Bretafia
de adueñara~ de todas las tierras del oro y del marfíl y
ejercer su omnipotente influjo en las fértiles comarcas
africanas, ya que la primera intentona contra el Transvaal fracasó por la precipitación de sus c~udillos al llevarla á cabo, se prepara á. nuevasaventnras y se apresta á
nuevas invasiones que la han de dar el anhelado triunfo,
si las naciones interesadas en conservar sus poaesíom~s y
su influencia no acuden apresuradas en auxilio de la República del Tranwaal y del Orange, unidas para su propia defensa, pero incapaces de resirtir á. la abrumadora
catástrofe con que se Jas amenaza.

*

¿Quién piensa ahora e; l~ comarcas africanas, por
más que sean ó puedan ser espacio á la expansión incesante de la.población europea, y campo fecundo , la acti vi.
dad de las masas que, estrujadas y comprimidas: buscan
salida en Jas agitaciones socialistas, ó estallan formidables en las explosiones de la anarquía? Quién se ocupa
en loa copllic~os que puedan surgir en el territorio de
mat.abeles y zulúes, de abisinios y sudane~es, cuando la
atencióll toda del mundo occidental está concentrada en
la divina Hélade, madre de pueblos, progenitora de
dioses y cuna de la civilización occidental?
Francia, á pesar de su tradición republicana, de sus
aspiraciones democráticas, y de la atmósfera de radicalismo que la ha envuelto en los últimos afioa, vería con
verdadero regocijo el advenimiento de un protectorado
sobre Siria, que pusiera en su poder lugares santificados
por la historia1 poetizados por el mhticismo y divinizados por la religión; y aplaudiría con entusiasmo la adquisición de ese botín, si lograba al mismo tiempo ensefiorearse de la tierra faraónica, fin y remate de todas sus
ambiciones, y hermosa realidad de sus más bellos en•
sueños.
Rusia eye el clamor de sus sacerdotes, que desean cantar sus salmodias y celebrar las ceremonias de su pomposo rito bajo las augustas bóvedas de Santa Sofía; escucha
la voz de sus campesinos que suenan con las fértiles llanuras de la Mesopotamia, en medio de la tristeza interminable de la estepa; y atiende al alarido d.;il cosaco que
pugna por acampar en las encantadas riberas del Bósforo
y ambiciona, siguiendo la fuerza de su destino, cumplir
la frase más importante del testamento de Pedro el
Grande.
Austria desearía varse definitivamente instalada en
Bosnia y Herzegovina sin reclamaciones ulteriore81 extender su influencia directa sobre los pueblos esclavones
que forman part:,e de ]os R;tados B.i.lkánicos. reinar como
úuic.i soberana sobre toda la cuenca del Danubio y apoderarse del gran puerto de Salónica.

Alemania, que no tiene interés direclo éinmediato en
las comarcas encantadas del Oriente, y que por su alejamiento no pretende nada en el reparto del imperio bi,
zantino de los Q.3manlíE&gt;s, aspira eí á poseer un puerto en.
el Mediterráneo, única manera de tomar ingerencia en
los grandes acontecimientos que por ley histórica se han
desarrollado y tienen que desarrollarse en sus costas
accidentadas. Nada sería mejor para sus tendencias ni
la ayudaría más ea sus aspiraciones1 que verse duefia de
un punto de apoyo en ese campo vasto donde se han representado loa má.s tremendos dramas de la humanidad.
Arrebatar Trieste á su aliada Austria-Hungría, que lo posee con mengua de los derechos alegados por Italia, sería
el colmo de sus más risuei'ias esperanzas.
Inglaterra no es la más modesta en sus pretensiones:
afirmar legitimamente la posesión de Egipto, que ha retenido en medio de las protestas de todos y las recriminaciones de los más, no es su único anhelo, aunque es la
parte principal de su programa.
A Italia no le sentaría mal encontrar compensaciones
á sus desastres de Abisinia, ni vería con malos ojos el
aumento de su influencia en las costas de Berbería.
Y en medio de todos estos intereses encontrados, de
estas aspiraciones que entrechocan, de estas tendencias
contrarias y enemigas: ¿quién nové claramente lo que se
oculta tras el decantado concierto europeo, tantas veces
alegado en ia cruzada anticristiana que se ha enviado 1L
loe campos de Creta? ¿Qui~n no mira, no el deseo de proteier al turco ni la intención de perseguir al indefenso
cretease, ni el objeto de oponerse á los sueíios del Rey
de los Helenos, sino la manifiesta voluntad de conservar
la paz, con el fin de que ninguno baga oste.neibles sus
ocultos designios y sus secretas mirM, antes que loe otros
hayan madurado el plan que los ha de conducir al logro
de sus aro biciones?

*
••

Por eso se ven esas vacilaciones en el programa impuesto á loe almirantes que mandan las escoa iras extranjeras en las aguas de Creta. Por eso esa rabia reconcentrada contra el gabinete de Atenas que, sabedor de lasrivalidades mal encubiertas de las grandes potencia3, resiste solo y abandonado á sus propios esfuerzo&amp;, la tempestad que contra Grecia se desata.
Primero fué el bloqueo de Creta, para obligar al rey
Jorge á. retirar sus tropas, después la amenaza de1 bloqueo de los puertos griegos que aun no se lleva á cabo·
ahora es la conminación olímpica pa1a el que rompa la~
hostilidades en las fronteras de ::\facedonia. Eso formó lo
que pudiéramos llamar el programa de las amenazas. El
programa de los halagos ha ido creciendo también: primero fué la autonomía prometida '1 la revuelta isla, luego la sumisi(?n de la Turquía á. las decisiones de los poderosos, y hoy es el gobierno ofrecido al príncipe Jorge
de Grecia, como compenaación á las impaciencias de loshelenos y á los martirios de los cretenses.
Si las amenazas no han sido bastantes á sofocar el movimiento heléaico, nada valdrán los fútiles halagos. La.
patria de Milciades y de Canaria, que aun snefia con los
frescoSI lauro:; de Maratón y de Plaeat, no está disp\1esta
á ceder ea su tenaz empeflo.
¡Quién sebe Casta dónde lleguen las p.::,tencias en sus
inicuas pretensiones! Ojalá no tengamos que presenciarel sacrificio de la Grecia desvalida en el altar de las ri validades secretas ambiciones comprimidas, que se ocultan en la mentida aspiración á la paz universal!

X.X.X.
8 de Abril de 1897.

OTRO PAGO DE $25,6o4 DE "LA MUTUA"
EN 111:E:XICO.
.J la Sra. Ctotüde C. viuda de Be-jarano, dR Topachula.

Tapachnla, Mnzo 16 de 1897.
:::iefior D. Carlos Sommer, Director gener3I de ''La.
Mutua.''-i\ié-xico,
Muy estimado sellor:
Sirve esta paN certifi~~r á nstdd que hoy nos han sido
pagadas las pólizas números:
389,886 por ............................... .. $ 2,000 00
429,+77

,, ············•· .................. .

~:i~t :: :::::::::::::::::::::::::::::::::
la devolución de premios.

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3,000 OU

)) 10,000 00
11 101601 40 con,

Sofamente puede afirmar-est;e pago el ya inmejomble
c~to de la Compañía al digno cargo de u:1ted, y le autonzamos para que haga el u.:10 que mejor le convenga á.
usted de esta carta.
~mos de usted atas. , aftmos. SS. SS. - Ctotilde C. deBryarano.-Como su tutor, A lrjurtdro CJrdova.

1111 SEMANA SANTA.
(Alcali.-Guadalajara.)

En la cort,.e de las Espaf1as1 siempre tendremos que
-echar de meuos dos cosas: mar ó r10-mucha agua jun&amp;a!
-donde rPcrear los ojos, refrigerando la sangre con brisas de deleic.osa humedad, y un r.emplo grande, una caied.raJ adonde ret.irarse en días y horas en que el espíritu pide recogimiento y contemp1ación de algo muy ea~ble, muy augusto, muy estético á. la vez. De esta necesi~uu, ":1~ aún que de los preceptos de la higiene y las
1wpo1:11c1one.s d~ la moda, se originan las salidas veraniegat1 á respirar los aires del Cambr ico, y la costumbre,
que va arraigándose timidam1;inte, de pasar fuera de Ma&lt;1rid los d1as de Semana /Santa.
/Sevilla se lleva lo granado, la gent,e rica y más amiga
de iIDlazarce en las tiendas de la ieria, que lle meditaren
la t'asión. Después de SeV11la, Toledo con sus magni.fi.
ce;11,cias monuwentales y sus horrores posaderilea, des-critos por Galdós en Angel Uuerra . ..... A Toledo ya no se
va umcamente por divertirse (en el eentido burao de la
palabra); se va por instinto art1stico, por retinamiento
religioso, y unas miajil1as por costumbre. Lo que no se
le ocurre a nadie, ó por lo menos se les ocurre unicamente á media docena de curiosos por afio, es lo que hice yo
en los d1~ santos del 01: internarse en la Alcarria, y
visitar dos joyas del arte español: el palacio del Infantado y la cat.t,dral-fortaleza titi bigÜtmza. .Pues yo les f10
~ lus que quieran seguir ~te mismo itinerario, que meJOr lt.luJadut1 y ruaur.t:nidot1 que en 'fult:,do, estaráu en Al·
cala, Slgüenza y üuadalú.Jani, en primer lugu, porque
peor que en 'foledo no ca~ tm los terminot1 ui:, lu poeinlti; y en 1:1egundo, porq•.le no relativam~me, srno eu abBOlULo, las tundas que lle recurrido son muy aceptables
Y s1rven cowida saua y exceltmte. .No traigo de eUas la
t.ernble impresión, qu~ jamás se me borrar&lt;1.1 U.e cuatro
dia1:1 t-0ledauus, con anguilas de rJO y angu11as de maza·
pán, sm otro alimento que ayudase ii cuullevar wu ex,
,rana penn,encia.
.::iahwoa de Madrid para Alcalá por la tarde, con un
dia u.legre y delicioso, t.empiudo, 1impido1 de esot1 d1as
Ca6t.ellanos en que el 1:101 v11:1te de gala y derrama subre el
a_nctu y desnudu terrullo, los rojo1:1 ronus de ta maremma
-SJeJJeea. Las praderiaa del Henares, no visitadas por la
pruuavera tod.av1a, aún no e1:1tre11arán su tú01ca de vert1or, Y. el rio espejt1aba sin una mala sombm lle ramaje
.que a.tese á sus aguas el encanto del velo, del wisterio y
ae la frescura. r'ur eso no me pareció tan lindo como
a:traa veces, cuando pacen sus onHSH herbotas tus rorus
libres, pac1ücos en su sol.edad cuanto 1uriusus después
en el tSSngrienr.o anfiteatro. He ido lllUchas wces iL Al-ca1tÍ. á .tint:is de Abril y en todo el met1 u~ .Mayo, epoca en
que celebra 111, vieja ()ompluto su tamotm prw1;i1üon de las
ó'u1ttm furmas1 y eu esa e1:nación del aílo ed amenisimo el
corto trayecto.
i-:oco ruás de las cuatro serían cuando llegamos á la estación de Alcalá, que dibta de la ciudad cusa de medió
kilómetro, .si no we engañan las piernas, pues no hay
ómwbus ru coche que Ht:v~ zi. los viajeros. Un chiquillo
encaniJado cargó cyu nuestros malet1nes y nos guió á la
fonda ue Hictatgo, la mt:jurcit.a del pueblv, segun nuestro guia. u¿Nos tmeeñar11tt después e1 archivo·t11 Je pregunté. 11 Yo no sé el archivo,&gt;&gt; conLestó at.ónita la criatura,
-en vista de lo cual resolvimos buscar el archivo noso,ra1:1-la empresa no era dlficil y 1a hubiésemos realizado á no aparecerse por al11 un hermano mayor de nuesti:o porta 10:aletas ,más enterado que et y d.i1::1puesto á serv1ruus t.ie cicero11e,-86lopodfa ahorrarnos a1guna pérdi&lt;1a cte t1empo 1 ei nos equivocábamos en las callejas nada
r~!utiltas_ d.e Alcalá; por lo demás1 el archivo es para mí
.sitio familiar: baswmt.es veces me he detenido en su afiligranado patio, al pie de su grandiosa escalinata, y rec~o la vista en los prolijos y delicados modillones de
la plle~cilla que precede al arranque de la balaustrada.
-.Pur c1e!'O que en loe tres ailos que llevo de visitar con
.alguna as1du1d.ad este rico monumento donde viven tantoH recuerdos y tantas glorias, nuoca veo que adelanten
las ooras de restauracio.o, en buena hora impulsadas,
despues de la visita del rey Alfonso XII, por el conde de
To~no. La muerte de este prócer debió contribuirá pa.n.h.z.arJasi y no hay esperanza de que las active el actual
~1mstro de Fomento, que según propia confesión está
dispuesto á dejar arruinarse ¡el claustro de San J ua.n de
los .H.ey~e, nuevamente restaurado! fundándose en que
•!as nac~onea pobres, como las peraonas de mala poei •
-ció~ soc_i..l, no deben poseer joyas ni galas.)) Aguarda con
~1enc1a el magnifico salón de Concilios su pavimento,
Ins:&gt; de azuleJena y tapices cnlgades, que completen el
esplendor de un recinto que por sus dimensiones y por
la riqueza de s_us árabes ventanas de ataurique, portadas
Y ~no, es úmco en España,-según repite, entre envanec1d~ y melancólico, el conserje.
. Dedicado !i, archivo general, el palacio del gran arzobispo Tenono, fué restaurado y atendido en gran parte
(y Jo poco 9.ue falt~hace D;láesencibl~ el abandono, apa•
tia Y penuria que llenen rnterrumpidos los trabajos.)
Há..l!an5!3 los legajos dPl archivo clasificados con esmero
en l~mp1oe estantes; los techos de casetón y ensamblaje
~e neas maderas al estilo renaciente ó de morisco alíarJe, están como nuevos¡ los preciosos ventanales rehechos
conforme al modelo anti.gu';), no dejan que de~ar, y únicamente. los moder~os vidnos de colores y la viveza de
oros y_p1nturas lastiman algo la pupila. El tiempo los
amortiguará, y entonces todo el edificio adquirirá la armonía que hoy le falta.
Lo que nos sobró de dfa después del archivo Jo em_plea!Dºª en ecbar una ojeada al patio de la antigua lJnivers~dad de Cisneros ...... la Universidad donde lucieron
-su b1rre~ las doctoras.- Au1;1que ocupado el edificio por
un colegio de Escolapios, bien puede su melancólico assu silencio y decadeucia, autorizarnos á repetir
as palabras de un entusiasta de los monumentos espa-!].oles! allá por los años de 1848: -Todo ha muerto en el
.intenor del edificio, condenado ya á perpetuas vacacio-

J:°to,

EL MUNDO

ne3 ......... Las aulas silencio3as y vl\cias, cubierto.3 de
hierba::i los patios, el claustro principal destituido de la
única anim~ión y belleza que podian comunicarle alegres bandadas de estudianks inundando á horas fijas sus
tres órdenes de galerías, ó rodeando el barroco templete
de la fuente que en medio brota ......... » Hoy no existe la
fuente: de ella supongo que se hicieron los dos graciosos
pozales con cisnes y conchas que pueden verse en cada
patio. ¡Pero qué triste, qué solitaria, la creación de Cis•
neros! En el l'araninfo se me abatió el alma1 leyendo por
las_paredea, sobre humildes tarjetones de cartón, nombres que debieran grabarse en bronce, entre ellos el de
una doctora de Alcalá. El año O de este siglo aún contaba la Universidad de Alcalá quinientos alumnos......... .
Ya iba obscureciendo cuando entramos en Ja Magistral,
donde algunos canónigos principiaban á. entonar el rezo
de maitines, y otros salían precipitadamente de la sacrid•
tía hacia el coro, para incorporareeásuecoropañeroa. Un
sacristán, de fisonomía á la vez ladina y franca, de ojos
claros y lleno.3 de fe, legítimo paleto casrellano, se encargó de abrir la cripta ó capilla baja, donde reposan las cenizas de los santos niflos Justo y Pastor, tiernos mártires
cantados por Prudencio y patronos de Alcalá, degollados
bajo Daciano. La cripta ea sombría, pero apenas el sacristán enciende un cirio, vemos el camarín, su bóveda
de ahumades espejuelos, y la urna de plata que contiene
los cuerpos de las dos criaturas, arrancados á la devoción
de los oscenses, que no querían ni á tres tirones restit.uirlos. Indicando yo al sacristán cuánto me gustaría v~r .las
reliquias de los niílos, el buen hombre me las deacnbe
de un modo algo fantástico. Según él, aun se les conocen
á aquellos sane.os cenfüsores de la fe utas piernas, calzadtlB
con st1 zapaüto y su media blanca y su pantalonci~ bor·
dado.» Renuncio á comprender tistos dtitalles de rndumentaria en unas criaturas martirizadas en el siglo Uf, y
oigo con singular frición imaginaiiva la pintura del cuer·
po incorrupto del b.umilde lego franciscano San Diego de
Alcalá, aquél á. quien los ángdes. con sus propias ~anos!
ayudabau en las faenas de la cocma. El cuero-segun mi
sacristán-hállase en apariencia de vida, flexible, natural; su carne cede á la presión de los dedos. «Nadie dees•
te mundo lo ve,• afiade, pa~eando su cirio por la piedra
tefl:da por la sangre de los mártires y que conserva lasefial de sus ropilla.31 mientras á mf se me hace agua la boca, de ganas de admirar el cuerpo milagroso.
Dormimos en Alcalá, y á. las o.1ho de la manana, favorecidas por el mismo tiempo apacible y despejado, tomamos el tren que noff lleva á Guadalajara. Apenas nos
apeamos en el desmantelado patio de la fonda del Norte,
se me ocurre que, disponiendo de un día entero y verdaderv, debiéramos alquihu un carruaje é internarnos en
la Alcarria, donde nos convidan tentadoras excursioaes
-Pastrana, Hita, Cogolludo.- La ocurrencia prueba mi
ignorancia topogdfica: el más cercano de estos pueblecillos dista r,eis leguas de Guadalajara, y la jornada nos
obligaría á hacer noche en él.-Convencidos ya de que
en Guadalajara teníamos que entretener todo el día de
Jueves Santo, empezamos por asistirá los oficios en la
iglesia de Santa María CU ~fuente. Concluida la ceremonia no.:1 deparó la fortuna encontrar en el Gobernador de
Guadalajara-ya destinado á Logroü.o, perv no trasladado aún-! un amigo de las juventudes de mi padre, el titulo mejor á mi amistad ...... El señor Cam!\cho recordaba
haberme visto jugar y correr en mi casa la CoruHa, siendo
tan niíla, que ni memoria conservo de esa época¡ recorda·
batambiéncou venemción y ternura, á la ilustre condesa
de Mina, amiga de mi padre iguelmente¡ y tu alegría al
verme en Guadalajara, y la cordial y obsequiosa hospita·
lidad que desde aquel punto ejercitó con las tred viajeras,
me probaron que le había sido gratfsimo evocar aquellos
recuerdos.
Con tan buen introductor, se nos abrieron de par en
par las puertas de las tres curiosidades mayores que en•
cierra Guadalajara: El palacio del Inlantado, hoy asilo
de huérfanos de la guerra,-el panteón de los Ü:!lllnas, y
la capilla de los U rb1nas. Ante todo, el palacio.
Testimonio de la fenecida grandeza de una casa aemiregia1 que en determinadas circunstancias pnso la ceniza
en la frante al trono, álzaee el palacio del Infantado en
el punto más visible de Guada\ajara. Impresión extrafb
causa su fachada mayor, de piedra que el tiempo tiñó con
acara..nelados tonos: la originalidad del recargado estilo
tiene algo de decoración pomposa deetinada á servir de
fondo á alguna comedia del siglo XVII, algo de estrofa
de poema caballeresco italiano, y nada de la severidad
espaflola ni del miaticisrno gótico. Increible parE&gt;ce que
el mismo arquitecto del claustro de San Juan de los Reyes sea el del palacio de los Mendoms: él fué, sin embar•
go, quien recamó, á estilo de manto bárbaramente fas·
tuoso, este edificio, testimonio del orgullo de una dinastía de magnates, que pudo ver en sueños la corona. Como tachones de pedrería, conslielan la fachada gruesos
clavos, las dos colt1mnas que la sostienen eet.án labradas
lo mismo que una joya; la ojiva de la puerta luce, á modo de collar, primorosa inscripción; el testero, que remata en lindo arco rebaJado, tiene la complicada labor de
un relicario. Loa gritos que sostienen las enjutas, el águi•
la del yelmo, los velludos salvajes que, apoyados en gi•
gantescas porras, sostienen los blasones, dan á la fachada
un caracter que recuerda poesías del A.riosto ó del Góngora. Falta allí seriedad castellana, y hay en cambio un
derroche de fantasía propiamente italiano ó portugués.
Confirmo est.a idea al entrar en el patio. que tanto recuerda el claustro de lús Jerónimos de Belén y el ornato
excesivo y caprichoso de la arquitectura 111an11elintJ.. Verdad que las columnas del primer cuerpo son de extremada sencillez; en desquiLe, las de la galería snperior ofrecen el acanalado y la hojarasca del estilo plateresco más
rico, y se coronan y guarnecen con dobles randas de piedra, caladas, ajedrezadas, encintadas, realzadas por ali•
mañas quiméricas é imposibles. y tan finas, que los o:6.cialee encargados del Asilo de Huérfanos las hacen limpiar con plumero, lo mismo que se limpia algún primoroso juguete de sobremesa.
Ni la fachada ni el patio son, sin embargo, las mejores

preseas del palacio del Infantado. Destruidos los incom•
parables del alcázar de Segovia, juzgo sin par sus teclioe,
sobre todo el del salón de Linajes, curiosa muestra de la
eecultura civil española. Nuestro arte escultórico, absorbido por la imai{inería religiosa, no aco~tumbraba repro•
ducir la vida social de los siglos XIV y XV. En el salón
de Linajes, el techo propiamente dicho es un encrespado
piélago de talla de oro, un dorado mar que se helase de
repente sin perder la caprichosa oscilación de su revuelto
oleaje: el suave tono mateé intenso que adquiere el do·
rado al pasar los años, hace más opulenta y hermosa tan
rica bóveda, y la realza, alejándola, la sorprendente curnisa ó galería, cuyo adorno forman, no sólo los blazones
de la estirpe de :llendoza, sostenidos por altaneros grifos,
águilas y leones, sino-detalle más curioso, y cuya riqueza es indecib!e-góL:cos doseletes que cobij1m á parejas
de damas y caballeros, representación, según dicen, de
los ascendientes de la casa; bultos de meQ.io cuerpa y-si
no me engaña la distancia-de tamafio natural, pintados,
dorados, estofado!, vestidos con trajes de la Edad Media,
sonriendo la dama al caballero con delicada cortesía. U a
sarao de nobles castellanas y guerreros, un sarao eterno,
-elegante, her,ildico. ¿Qué sería este salón, cuando revi~tiesen sus paredes ricos tapices y celebrasen en él fiestas
6 aparatosas ceremonias sus opulentos sefiores?
Hoy es capilla del Asilo. Así como los cadetes de Segovia disfrutaron del regio alcázar con sus techumbres
de oro y zafiro, que no les importaba un bledo, porque el
muchacho, como el salvaje, es casi siempre indiferente á.
las impre:!iones artísticas, los chicos del A.silo de Guada•
lajara usufructúan aquellas bóvedas de hadas, que regularmente les tendrán sin cuidado. Debo, no obstante,
hacer una advertencia: el A.silo de Huérfanos, fundación
nacional impulsada y llevada á fefü; término por la generosa y firme iniciativa del digno marqués de Novalicht'B,
no ha venido á profanar uu admirablt, monumento, si110
á."ofrecerle las únicas garantías de conservación que tenía,
al deshacerse de él, dejándole en muy deplorable estado,
su duei'io el duqúe de Osuna. Si allí se establece1 v. gr.,
un casino ó una fá.brica, las balconadas de encajes, los techos de estalactitas de oro habrian de sentirlo. Los iRteligentes y celosos oficiales que hoy están al frente del Asilo,
han comprendido quE' tienen do3 deberes, el uno explícitamente aceptado, el otro tácito y moral, pero no menos
estricto: cuidar é instruir á. los hnérfauitos, haciéndoles
todo el bien posible en alma y cuerpo, y velar con igual
cariño por el palacio de los Mendozas. Ambos deberes
cumplen religiosamente, reparando los desperfectos del
palacio hasta U.onde lo p~rmite 8J1 limitado presupuesto.
Del palacio eubimos al castillo, no sin detenernos antes en la capilla de los U rbinas, juguetillo ó monería arquitectónica, desgraciadamente conver~ida en depósito
de carros, y no sé si en cuadra. Vis telarañas trepan á
su gusto por los delicados adornos de estuco, y tienden
su cortina polvorienta por encima de los frescos, y á la
parte exterior, uno de los torreoncillos que componen
su original arquitectura mudéjar yace derruido. Por el
suelo, entre paja, lodo é inmundicias, puede verse todavía el blasón de los Urbinas, el roble, esculpido sobre
una lápida sepulcral. Para mayor dolor, la capilla de los
Urbinaa está en venta, y si lacompraalgunápersona ajena al arte y la derriva y levanta allí una casa de cinco pisos, al seductor estilo urbano del siglo XIX, nos lucimos
como hay Dios. Bien podrían el Municipio ó la Diputación provincial de Guadalajara adquirir ese bibelot, ese
objeto de cristalera, que no costará muy caro, ni requie •
re gran desembolso para restaurarlo convenientemente y
devolverlo al culto, trazando alrededor uo. jardincillo.
El castillo, ó mejor dicho el atiguo convento de franciscanos, antes del Temple, domina, al extremo oriental
de Guadalajara, la ciudad. Ocupan su recinto y grandiosa iglesia ojival los ingenieros militares, que han adornado la nave profanada y vacía con arcos de armamento y
fornituras, decoración severa, casi artística, y ·á. poco que
la imaginación se exalte, grave y religiosa. De ll.ll( bajamos al panteón de los Mendozas, nuevo y formidablt:, t.estimonio del poderío de nna casa que se atrevió á envidiar
el últimodescaneode los reyes, y á. competencia con el panteón del Escorial, y en opinión de muchns, eclipsánctolo,
ee labró tan ostentoso entern; miento. Parécese mucho
al del Escorial, sólo que dominan en él los mármoles ro•
jos. Hoy no duerme ningún Mendoza en las regias urnas
de pórfido. El panteón fué profanado por los franceses,
y los restos de tanto noble personaje, mezclados y con•
fundidos, se trasladaron á la villa de Pastrana. Hay un
contraste penoso entre la magnificencia de tan rico:; mármoles y el abandono y deeofación que el panteón respira, con su altar sin imágenes ni luces, con el frío gla•
cialde su soledad de piedra. En el helado fondo de aquella tumba1 recordábamos la decadencia de la CiU3a de Osuna, en tiempo de Fernando VII, representada todavía
por el magnate, de quien se refieren mil consejas asegurando que se dejaba atrás las ponderadas prodigalidades
de los asentistaE franceses con Luis XIV y Luis XV, ofre•
ciendoal rey, á guisa de combustible para freir un par de
huevos ensarten de plata, nn fajo enorme de billetesque
representaba todo el caudal del anfitrión. (1) lloy el palacio de los Mendozas ha sido enajenado; sus escudos de
armas, cantados en el Corlo famoso, blasonan á un colegio, y el desvastado panteón es una ironía más en tan
alta ruina ..... .
Los viajes por España son, en su mayor parte, visitas
á los muertos. Ellos se llevan la mejor de nuestras impresiones: nuestra historía está escrita en los sepulcros.
El paTlteón de 0füna sugiere más ideas amargas sobre la
desdicha de nuestra aristocracia, quepuedesugerirla famo·
sfsima novela del POOre Coloma; y la verdadera curiosidad
que me dejó atrás en G11adalaja, es el EZa.rcófago donde
yace depositado el cuerpo incorrupto de doña María Coronel, viuda de D. ,Juan de la Cerda, la que se desfi .;uró el
rostro con un tizón ardiendo por no romper la M couyu~
gal.
EMILIA PARDO BAZÁN.

l (1) No respon1o de la eucfüud de esta l eyenda.

�EL MUNDO

DOMINGO II de ABRIL de 18g7
EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE ,891
GRECIA Y EUROPA

~aile ae:fanlasia efecluaao en el (!aslno llfrancés la noclte ael sábaao i ael actual.

Una manifestación.

No ineistiremos 1-,,bre la cueetion cretense, -preocupación actual dl"l mundo entero, sino para dar atgunM nui-V1t8 ilmtraciouee, que son el retrat.o del coronel Ya8e11~. jdt- del cuerpo expedicionario griego en Creta1 el de Th~od,1rv Dt:lyannis, primer miuistro griego¡
una fotng.r , fia J,lj la manifestación habida ant.- el palaciodel Rey Jorg'-', para protestar contra las medidas corree·
ti vas de l~i;J potencias; la caza de un buque griego que
llevaba un contrabando de guerra para Creta, llevada á.
cabo por un cazatorpedos inglés1 y, por últicoo, la recidencia del Rey Jorge en Corfú.
Reepecto á. la cuestión cretense, nueetros lecto'res eaben por los diarios telegraruse que sin duda leen con interes, el aspecto que torna cada día, incierto en verrlad, y
cuya definítiva no puede preveerse. Quien dice que debido á los buenos oficios de la emperatriz viuda de Rusia, hermana del rey de Grecia, el Czar se ha comprometido á. apoyar á aquel huta donde lo permitan los intereses de su omnipotente imperio; quien afirma que hay
un acuerdo eecreto entre Inglat.erra y Francia para dar
un rumbo del todo inopinado y diverso al conflicto griego-turco; qu\en pretende que el temido bloqU('O dei Pireo por las escuadras combinadas no se llevará á. efecto.
Llegan rumoree de guerra de la Frontera de Thel:!alia,
donde el duque de Esparta asumió el Mundo de los eJércitos de eu padre, prestos á. lanzaree contra el t11rco que
por su parte nose descuida, reclutando gente y artillando sus fuertes en la mísera isla foco de la insurrección,
magüer los buenos 6 malos oficios. de laei potf- ncias. sigue
f.&gt;scuchándose el gemido de las víctimas y el alarido de
una guerra sin cuartel.
En tan dificil situación las previsiones todas son vanas y sin valor y no vale husmear los rumores diplomá•
tioos de las «anci llerfas.
Se espera saber de un momento ti otro el nuevo proyecto de l\iI. Hanotaux, ministro de ~laciones en Franc-ia, que deberá resolwr el problema contint!ntal, asf podrlamos llamarle, que encarna la cueRti6n cretense-, 6
cuando menos, proponerle una resolución más efectiva,
y la atención universal Eigue concentrada en la Iala donde bregan tan grandes y encontrarlos intererne.
Que este nuevo proyecto sea eficaz 6 que o.o lo sea, JQ
cierto es que la insurrección ereteme f sel movimiento orgánico de un pueblo, que 110 cesará con el paliativo de
reformas y promeeas. Mantiénenlo odios legendarios de
raza y más que todo la convicción íntima é indestructible de que solo la unión de Creta á Grecia compadece los
interese!! sagrados que bregan
Es esa rebeldía tremenda contra un poder ominoso,

•

•

Llaga contra rl sih&lt;:'io subl~mda

nsando la valiente expresión de uno de nuf'stros más graneles poetas, y eabido es que el paliativo no sana las (d.
ceras.
Si Europa acierta á resolver la cuestión cretenee de
otra suerte qne como los cretenses mismos lo desean, no
habrá hecho más que 9,plazarse el choque temido por su
dificil equilibrio, pero el problema quedará en pié, continuarán las iras su fnruento terrible en los ánimos exal tados y maña.na, la hidra surgirá de nuevo, más formidabif&gt;, más tremenda, más amenazadora ..... .
Dios proteja á los que defienden su derecho. Dios sal•
ve á Creta, que es con la Belos esplendente de los tiempos heroicos, la gloriosa abuela de la humanidad.
Cuando Dios borra es porque se prepara á eecribir.
Bo1t,'rll,(f.

Una manifestación ante el palacio real de Atenaa.

En la guerra los planes abundan; lo difícil ~ea la ejecución.
Duque de Amnale.

Un amigo os pide dinero: ved qu~ qaertiia perde1: el
diuero 6 el aruigu.

No hay comn las genU"e que hacen oficio de alegres,
para tsta1 trides y mtlancóJicae.

.1.Vurr~Jlonnier.

•

.

Gspeclo ael salón.

La cuestión crctensc.-Captura de un buque griego con contrabando de gu,.,.rra, por un buque in&amp;léa.
(Dibujo de Carlos A.leal.de.)

IveUe Guilbert•

�234

EL MUNDO

DOMINGO 11 DE ABRIL DE 1897

Coronel Vassos, Jefe del Cuerpo Expedicionario grie-

go e11 Creta.

Costumbres Af'ricanas.
UNA FIESTA RELIGIOSA

Los ingleses, que han pbntado su bandna en todos los
rincones del orbe, están en aptitn 1 de observar las coetumbres más exóticas en los pafses más lejanos, y en la
India y en el .A frica Jea es dado coi templar con su .flema
y tranquilidad de espíritu habituales, cuadros verdaderame1Jte pintorescos de animación popular en que lo sagrado y lo profano entran por iguales partes.
En general, en 1os pueblos patriarcales y primitivos,
no hay más que dos grandes móviles determmantes de
las conmociones populares, séan estas del género que fueren: la tendencia belicosa y la tendencia religiosa. A ve-

ces ambas se adunan, y no es lo menos frecuente, de
suerte que en las grandes festividades que siempre son
litúrgicas, junto á los emblemas religiosos se advierten
los emblemas guerreros.
Tal acontece en la India en las grandes ferias y tal asl
mismo en la procesión religiosa efecmada en la ciudad
de Kombakonun, del misterioso continente africano, denominada del Mahamakan, la cual se efectúa en la primer semana de Marzo.
Centenares de millares de negros desfilan por las calles, llevando colosales carros que sustentan unas torres
de arquitectura extrafia, las cuales constituyen eímbolos
religiosos.
El espectáculo de aquella muchedumbre es indescriptible, y raya en verdadera locura el entusiasmo reli~ioso.
Pero más que todo sorprende las miradas del vrnjero
el aspecto de aquella inmensa multitud, cuando, pasada
la vrocesión y para purificarse según sus rito~, se lanza
ávida al caudaloso é inmenso rfo Cauderv. No es decible
como invade aquella prodigiosa asembles las turbias
aguas del río, que no turbias, sino negras, permanecen
después por breves momentos, y la fruición de aquella
inmt rsión colectiva y casi simultánea...... Nuestros grabados dirán más que lo que pudié,amos decir á nuestros
lectores. Ellos perpetúan la visión de una de las escenas
más curiosas del arcano continente que contempló la gloria de Memphis y la gloria de Cartago.

•

Se necesita ser muy religio;io par.i. cambiar de religión.
Condesu Diaw,.

la superficie descubierta y no la que e¡:::tá cubierta con la
grasa, de wodo y_uecuanUo é.;ta ~e quita, después, el nombre queda tan claro, como si ee hubiera escrito en papel.
Todo lo que falta después, es volverá cubrir con un poco
de esmalte la parte raspada, y el nombre querla invisible
hasta que convenga descubrirlo para comprobar la pro•
piedad de Ia bicicleta..

Para poder rejuvenecer aquellos, lo primero que debe
hacerse es descalzarles una buena parte de Jas; ralees y
cubrirlas con tierra nueva, rica en abo1.to, pomendo des·
dués, al redPdor, aunque á cierta dist_ancia de la madera,
una buena cama de cenizas. En segmda se debe proceder á ingertar varias ramas, poniendo en ellas u~a nueva variedad de fruta, operaión que debe co!ltmuarse
poco á poco hasta hacer cambiar todo t;l .ramaJe, y por
último, ae ha de lavar toda la corteza v1e1a C?n lechada
de cal, ácido fénico y lejía fuerte para destrmr_todos los
parásitos que Je ataquen, y para que la superficie se vuelva á poner suave y en condicione~ ealudables._ OJei todos
los árboles agradecen este tra~amtento y contrnuan da~do fruta por un númerodA años másó menos larg~, máxime si no se descuida el abonartos con frecuencia para
que el suelo recobre las sustancias fertilizantes que el arbol necef:ita.

Ejercicio Higiénico de la Bicic}eta.

Las horas del día en que el ejercicio que se hace en
las bicicletas es benéfico, depende principalmente del
tiempo. En los meses de la primavera y del otoiio, cuando no l:!ace mucho. calor, ~e puede viajar casi todo el día,
pero nunca deba hacerse est.o de l.:.s once á. las tres en
el verano. En est.s estación se c.leben escójer las horas
frescas de la mafiana y de la tarde, ó si fuere preciso, por
la noche cuando hace luna. Eti todo caso hay que tener
en cuenta que la cabeza y el dorso son las partes del cuerpo más expuestas á. los rayos del sol 1 asf como también
el cerebro, y que e,i;to es precisamen1e lo que hace el daño, mucho más dallo que el can.ancio y el sudor. Al hacer un viaje largo se debe tomar antes de salir un baño
de agua fría ó templada y repetirlo al terminar la jornada, antes de la comida ó la cena. Durante el viaje bay
que beber poco, y si lo que se bebe es agua, se le debe
afiadir unM gotas de aguardiente. Para quitar la sed que
produce el cansancio, nada es mejor que un vaso de le•
che ó agua de vichy. A falta de estos se puede tomar
agua con vino ó zarzaparrilla.
Los licores fuertes nu deben tomarse p0r ningun motivo ni tampoco el chapagne. También es perjudicial la
cerveza, la que si bien parece darfuer✓.ascuando se toma,
pronto protiuce un esta·io de laxitud en los miembros
y hace la marcha más fatlgosa. Lo~ ciclistas de profesión
dicen que el tabaco es otra de las cosas que deben proa·
cribirse ó por lo menos uearse con moderación, ei se
quiere correr ó viajar mucho. Por último, lor principiante,:, cometen con frecuencia el error de ir á todo correr
cuando saleu de casa y olvidar qne estJn ga::itando innP.·
cesariamente las fuerzas que han de necesitar para la
vuelta.

Las Tortas de Salvado.

Costumbres afdcanas.-lnmersión en las

•••

Las anterioref: líneas y el bellísimo retrato de Jesucristo, que aparece en 1mPstra primera plana, debémosios al
Sefior Don Francisco Bustamante, quien posee la propiedad artística de la imagen, tomada, dice del camafeo en
cuestion.
Esta imagen, muestra los rasgos dfl tipo sirio-caldeo
más puro. Así debió ser el maestro, exclamamos al oontemplarla y su vista nos inspira seosacio11es -axtrañas y
misteriosas.
_D_amos al Señor Bustamante las gracias por su re,m1s16n.

NOTAS CICLISTICAS
Bicicletas marcadas.

El jefe de policía particular de una compañía de seguros dt; bicicleta, aconseja á los ciclistas que pongan en su
máquma una contraseña quP sirva para identificarla y
probar el derecho de su propiedad cuando con motivo de
un robo, haya que disputarla.
Algunas de las máquinas están
numeradas pe r el fabricante,
pero esas son pocas y además
tienen la numeración en luga•
rns en que es muy facil borrarla. Y puesto que la marca pal a ser útil tiene que ser indestructible y secreta, no se ha de
poner en la silla, en los mangos ni en ninguna de aquellas
&lt;.,trae partes que !e pueden
cambiar facilmente. El lugar
Jireft'rible es la armadura, donde rn puede hacer de manera
qne eea invisible para todo el
qnP 110 sepa dondt- se halle. El
n1ejor procedimiento para gral arla 1·s el siguiente. Se raspa
con 1111 cuchillo, como una
pulgaJ;1 cuadrada del esmalte,
hasta dt&gt;jar el metal descubierto y limpio. En e&lt;&gt;guida se cubre la paJte ra~pada con una
capa de graea ( el sebo puede
servir) y con un punzón de
acero mojado en ácido fénico
se escribe en ella las iniciales
ó el nombre que se quiera. El
Costufflbrcs africanas,-Llegada de Mahamak: procesión religiosa por l,aa calles punzónpaaapor la grasa hasta
de Kombakonum.
el metal,dondeelácido corroe
La desco1,fianza es el alma del régimen parlamentario.
Valbert.

•

Dt:sde los primeros sigloa de la nueva Era Cristiana1
todas las m.ás grandes y célebres notabilidades en pintura y esc.ultura htin trabajado con asiduo interee, empleando cuantos medios Jea ha proporcionado su grande inteligencia, para transladar al lienzo el rostro más bien
delineado posible que pudiera semejarse al de !\uestro
Señor Jesucristo.
¿Pero quién, no obstante su inspiración podrá suponer•
se la verdad de un ideal que por perfect.o que parezca,
ninguno de esos grandes artistas conoció?
.IIay más: en la multitud de las creaciones reproducidas por los grandes maestros, se nota 1 á la simple vista,
que el Cristo se parece, según la nacionalidad del artista,
al tipo alemán 1 it.aliano, francés ó español.
Tiberio César, E operador de Roma, durante eu reina,
do, (Año 32 de J. C.) habiendo oido hacer grandes elogios de Jesús, deseaba con frenética ansi~dad conocerle,
cuando recibió la siguiente relación que h~ sido fielmen
te traducida por los biEtoriadores Jatiuoscontemporá.neos
de la época. Dice asi: Noticias al Senado de Rílma relativas á Jesucristo, durante el reinado de Tiberio César,
Emperador, como la que los Gobernadores de las di vereas
provincias sometidas á. la autoridad del Senado y pueblo Romanos solían remitir al Senado á medida que los
SUCPBOA &lt;cnrrl!m en dichas provincias.
PUBLIUS SEt\TULES en aquel entonces Presidente
de la Judea escribió una epístola al Senado y Pueblo de
Roma, corcebida en los eiguient.PF Mrrninos:
11Apareció en estos nueetros tiempos un hombre de
« gran virtud, llan1ado Jesucristo, que toda.vía vi ve entre
n nosotros: que f'Stá reconocido por los gentiles como el
•Profeta de la Verdad, pero que sus discípulos le llaman
u El Hijo de Dios.»
u/i,'l ha reaucit.ado á los muertos y cura-io todo género
(( de enfermedades. Es hombre de estatura algo elevada
&lt;&lt; de buena prefencia, dotado de un eem hiante venerabl~
(! de esos que inspiran ;:i los q11e lo contemplan afecto y
u temor; tiene el pelo de color de avellana madura, lacio
u casi hasta las oreja~; por debajo de estai algo rizado, de
(( color más resplandeciente y cayendo en ondas sobre
11 los hombros: la cabellera dividida por una raya al estilo
u nazáreo: la frente muy despejada y ter.sa; cara sin una
11 sola mancha 6 arruga y de un bello color rosado: la bo~
uca y nariz de formas intachables: la barba un poco eecc pesa en armonía con la cabellera en un rostro de im(( presión inocente á la par que reflexiva y juiciosa, los
11 ojos claros, pardO!! y vi vos. Al reprobar es terrible, al
((amonestar cortés y bien hablado: su conversación es
(&lt; agradable aunque grave. Nadie recuerda haberlo visto
({reirse¡ pero muchos le han visto llorar. El cuerpo de•
(( recho y de proporciones bien ordenadas: loe brazos y
&lt;( manos perfectas. Al hablar es tan moderado y modesto
11 como eensato, Un hombre que, por la singularidad de
(! su belleza eclipsa á. todos los hijos de los hombres.11
Entonces, Tiberio César, más entusiasmado aún, por
la relación antes citada y avivándose en él más el deseo
de conocerle, mando á un lapidario de loe de más nom~
breen su época, para que dibujara en un camafeo en esmeralda la divina efigie de Nuestro Señor Jesucristo.

235

EL MUNDO

DOMINGO lt de ABRIL de 1897
EL VEROAOERO RETRATO OE CRISTO

Teodoro Oelyannls. Primer Ministro griego.
Los Nombres de la Bicicleta.

La Cyclits Revi,ew pasa revisia á los diferentes nombres que ha recibido la bicicleta en los distintos países
en que ha sido adoptada. En Francia se llamó primero
célerií~re, luego vélocipede, después bycicle, y por últime, b1cyclette, vélo y bécane; en Holanda snelwiel
woetwiel y trapwiel; en Bélgica velocepieti: en Italia velocipe_de y bicicletta; en España velocípedo, bicicleta y
máqwna¡ en Alemania Hochrad y Niederrad¡ en China
yangma (caballos extranjeros), feichai (máquinas vola•
d?ras) )'.' tzutzan (et;ches que andan solos), Cuenta la Cyclits Reme que un chino del campo, al explicar á sus convecinos cómo era una bicicleta que había visto él en la
ciudad, les dijo: uEs un borriquillo que seguía tirándolo
de las orejas y que se hace andar dándole patadas en la
tripa.n La Oycli8t Revi.ew hubiera podido completar su curiosa reseña y coronarla dignamente, si á su noticia hubiese llegado á la definición de la bicicleta dada en E¡:::pañ.l\ por un granujilla, que dijo viendo pasar á un ciclista:
u¡Mirad un afilador que se ha vuelto locohi

SUPLEMENTO MUSICAL
EL MUNDO obsequia á sus abonados con
un hermoso suplemento musical y les llama
la atención sobre su número de Semana Santa, al cual scompafiarii la novela correspondieute á Abril.

•
Lo qne ee llama gauar tiempo en política, es frecuentemente per jerlo.

.A. de Broglie.

aguas del Cauvery.

INFORJIACIONES

El ahuacate.

La fibra de la Rhea.

Por considerarlo de interés, traducimos á. continuación lo que le (1urrier Jr'rar,raiu dice respecto á esta
fruta:
.
.
uUonde los árboles más notables de la Aménca trop1·
cal es el abnacate, conocido por los botá.nicQR con el
no~br~ dld ce l'ereea gratfsima ·11 Pertenece á la familia. de
las Laurineas. Los aztecas lo llamaban 11ahocacoh01tln
( á.rbol q11e ee parece al roble.) El nombre actual en eapaflol e9 pues una corrupción del azt('ca. Los tarascos le
llama~ i&lt;cupánda.u En algunas localidades del país lleva
el nombre de 'tonalaguate.' Se le ~ncuentra al esta_do
sil veet,re en Misantla y en otras regrnnes de la A~énca
tropical. 8e le cultiva eu México. Desde mucho tiempo
aot-'IS de la coí:lquista se le empleaba en la alimentación.
El fruto extendido simplemente sobre el pan y eepolvoreado con sal, es de un sabor exquisito. Se sirve igualmente en algunos manjaree.
uSegún perece es un alrodieiaco; tiene ademáe, al decir de algunos, la virtu-lde activar la supuración de las
llagas, las heridas, etc. La película de este fruf.?, tomada en una dósis de 8 a 10 ~ramos, sana á los niños que
padecen ataques de solitaria. El grano asado, combate
eficazmente la disentería. Las sefioras hacen uso de él
para evitar las enfermedades del cuero cabelludo. El
Jugo de este grano prodnce una tinta indeleble que sirve
para marcar el. lienzo. EL Dr. Grosourdy recomienda,
para lo'3 ataques de gota, que se frote la parte atacada con
el aceite extraído de este fruto. Regún el Dr. Betancourt,
la carne del ahuacate contiene.: Un aceite verde, un aceite incoloro, estearina, margarina, clorofila, .ácido ac~tico
y eales. Los granos están compuestos de aceite volátil,
recina, ácido má.lico, materia e:x-tractiva, colorante, azúcar, goma, albúmina, tanino, almidón, graea y salea;
contienen además amigdalina y einaptasa; estas sustan•
cias en pre3encia del agua, producen ácido prúeico.

Leemos en 1'1,e 1 imelJ que actualmente se ha vuelto á
despertar el interés por la indnstria de la elaboración de
la Rhea, planta de la familia de la~ Urtíceas, y perteneciente al misno género que el Ram1e de que se ha habla•
do mucho. El gobierno de la India oriental ofreció en
1869 un premio de 50.000 libras y otro en 1877 de 50.000
rupias al inventor de una máquina para hilar la fibra,
que desde tiempo inmemorial sirve á. los chinos, indios
y egipcios para hacer redes de pescar, cuerdas, velas,
carpas y aun tt&gt;gidos para ropaR, etc. La fibra de la Rhea
es la más lar~a ( de 6 hasta 2-1 centímetros) y la más
gruesa (de 0.04. hasta 0.08 milímetros, diámetro de las
células) que se conoce y se compone de celulosa pura,
por' lo cual ella se asemeja á la fibra del cañamo y del
lino. La planta prospera bien en el Asia Austral, Africa,
Australia y aun en la Francia meridional. China exporta anualmenta más de ll millones de kilógramos de esta
hebra, lo mismo que de l&amp;. fibra del Roa, ambas elaboradas penosamente á mano.
.
.
La gran dificultad de la elaboración consiste en la separación de la capa de resina en que se hallan encerradas las fibras y por meiio de la cual están tenazmente
pegadas á 1~ corteza exterior. En China y Assam, las
mujeres abren la .PI.anta por Jo la~go con_ los dedos-un
trabajo muy fastid1oeo-y despu~~ rastrillan_ las fibras,
las juntan y las paean por unos c1hndros mnvtdos á. mano, de donde re.sulta que las ?ebras de la ~hea no so!1
redondas como otros hilos amo achatadas. Fué la primera vez en la ex-posición de Londres en 1851 que se expusieron tejidos de Rhea bajo el nombre ~e 11Grasscl~th:1)
Durante la guerra de secesión nortearnencana se prmc1pió á hilar la fibra en Alemania y en F~ncia, mez~lada
con cáñamo ó lino, dando cuerdas superiores y resisten•
tes. pues ninguna fibra resiste mejor á la humedad que
la Rhea, y ninguna es más lustrosa ni se tiñ.e con más
facilidad.
Sin embargo, hasta hace poco no fué posible -preparar
esta fibra en estado sano completamente limpia1 pues
siempre quedaba una parte de la resina pegada á ella, y
la elaboración á mano resultaba demasiado cara. En Alemania la hicieron fermentar, pero la fibra -perdía mucho
de sus buenas calidades en este proceso. Ultimamente,
por fin, el químico Doctor Gomees después de muchos
ensayos logró descubrir un nuevo método de elaboración
de la Rhea, y con tanto éxito que se formó la sociedad
anónima 11amada '1.'he Indian Rhea Pibre Pal.erlt Company
con un capital de seis millones de rupias gue levantó una
fábrica en Bombay, otras en varios puntos de Bengala y
\)Íensa fundar algunas en Madras, Burma: Aaeam para
Pxplotarest,a industria en ~rande escala. El método de
Gomesa se funda en la elinunación de la resina por me-dio de soda y zinc. Las tiras de la planta se lavan bien y
se colocan durante una noche en un baño ácido muy deluido. El otro día ee les pasa por un baño alcalino y se
hierven en una solución débil de sosa cáustica á ]a cual
se ha agregado zinc.
Después, una vez lavadas y i::ecadas las fibras, se. presentan como una estopa b 1anca, luatr&lt;Jea, fina. lista para
el peine de la hiladora. De eeta estopa se están fabricando ahora t.oda claae de géneros, tanto panas graeeas y
lienzo barato, como los encajes más finos. De la misma
cantidad de esWpa de Rbea puede fabricarse un 40 por
ciento más de género que del mismo peflo de la estopa de
lino, es decir, 100 metros de ~énero de Rhea pesan tanto
como 600 metros de hilo. Estos hilos y tegidos de Rhea
flOn muy fuertes y pueden teñirse con todos los colores
fJ.cilmente. El gobierno de la India ha dicernido el premio acordado á. la sociedad mencionada, y no cabe duda
qne se ha iniciado una nueva industria textil de imenso
porvenir, sobre todo, en vista de que la Rhea ciece en
los climas eubtropicales y templados y puede cultivarse
v aclimatarse en muchas regiones del globo, entre las laÍitudes 5 y 45 grados, pues se encuentra al estado Rilvestre en vastas regiones situadas en esta zona terrestre, y
ene Pxigencias en cuanto á la fertilidad y la humedad del
suelo, no pareC('n ser muy elevadas

Sabemos hoy que la molienda del trigo por medio de
cilíndros produce mayor cantidad d~ afrechos que lamolienda antigua que se hacía por medrn de mut;l~s- Estos
afrechos ó salvado, que son de gan valor nutnt~vo para
los animales, pero desgraciadamente ofrecen el lllC?nveniente de ser poco trasportables á causa de rn densidad,
que es muy debil, y además por que se alteran por fermentación con gran faciidad. Mr. l\fillot ha logrado la
transformación de este ealvado, por compresión, en una
especie de tot1a llamada frQmentina, de fácil tra11port"',
Reguraconservación, de gusto agradable á los animalefl,
debido á la mezcla de una pequéña cantidad de nnía, d~
fácil masticación y de una riqueza que permite cornpararlaá las mejores tortas de granos oleaginosoe. Dicha
torta contiene los siguientes elementos: materias azoadas 17.50 por ciento¡ materia A hidro-carbonadas, -55. 10;
maierias grae~, 2.40: y ácido fosfórico, 2 OO. Muchosanima1es de los que sobresalieron en el último concurso
agrícola de ParíP, habían sido engordados con esta nueva torta.
El Cultivo del Ruibarbo.

El Ruibarbo es una planta que se CLltiva no solamente
por sus propiedades medicinales, sino también porque en·
traen l,1, confección de diversos platos, áloe cuales comunica el saber agradable que posee. Para cultivarlo en debida forma es necesario contar con terreno en abundancia no meaos de 5 pies en diámetro para cada planta,
do~de no se acumule el agua en la primavera ni haya
otras plantas mayores que le ha~an sombra. La tierra ee
debe arar y abonar con liberahdad, extendiendo la labranza y la mezcla del abono hasta una profundidad de
20 pulgadas ó más si posible fuere. Luego se hace la
plantación y ee cuida de desyerbar el terreno haeta que
las 'Plantas. pueden cu!darse poreí solas. Si algunos tallos
tienden á dar flores, se cortan desde luego1 pues que no
son flores las que ee quieren, sino muchas hojas. Estas,
sin embugo, no se han de cortar el primer ailo. A mediados del verano se l~i! hecha m,ts ~bono, se escarba la
tierra en poco y se riega en abundancia. Pasados algunos
días se repite la cava y el cultivo queda terminado.
El año siguiente las plantas darán jn'Sn número de hojas las cuales se recogen tirando de ellas para abajo con
el fin de que se desprendan por su unión con el tronco.
Esas hojas Ee pueden quitar casi todas pues la plnnta tiene bastante si se le dejan media docena de ellas sanas y
vigorosae, El deshoje, sio embargo, no debe continuarse
más que hasta principios del mes de Agosto, á fin deque
las· plantas puedan recobrar el vigor snficient,e para dar
otra cosecha en la estación próxima. Todos los cuidados
que el plantío necesita después de establecido es cavar la
tierra, abonarla, regarla, y volverla á cavar al fin de co~
secha. Las plantas continúan produciendo por espacio
de seis á ocho años, siendo de recomendaraeel repetir la
p]antBción de aquellas que van decayendo tan luego como esto se nota.

Arboricultura.
Vebiculos Mecanicos.

El detener el decaimiento de los árboles una vez que
empieza ea tarea bastante difícil, pero no imposible _para el buen arboricultor. Hay muchos árboles que pierden su vitalidad prematuramente debido á diversas causas independientes ó reunidas. Aquellos árboles que
han dado grandes cosechas de frutas por espacio de algunos afios y parecen disfrutar de un vigor inagotable1
son á. veces los primeros en llegar á la vejez, porque
agotan más pronto las materiae fertilizantes que sus fllices encuentran en la tierra, mientras que aquellos que
presentan desde jóvenes una apariencia raquítica que no
dan más que hojas y esas en cantidad limitada, suelen
vivir mucho más tiempo.

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En el concurso de París á Marsella en que se trataba de
recorrer, entre ida y vuelta, una distancia de 1,680 kilómetros, ha sido vencedor el carruaje con motor de petróleo de Mr. Michelín, que ha hecho el viaje en 72 horas, 6
sea a razón de 23 33 kilómetros por hnra.
No nos dice esto mucho en favor de la introducción
práctica de los vehículos meclinicoE.
La velocidad de 23 kilómetros es excesiva, y á. nada
.viene tampoco demostrar que se puede hacer ese viaje de
1,680 kilómetros en un carruaje abierto de cuatro asientos: nosotros preferiríamos, con mucho, hacer ese viaje
en un coche Pullman y &amp; la velocidad de 100 kilómetros
por hora.

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Residencia de la Reina Victoria en Cimiez. -Hotel Regina.

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�DO ■ IIIGO

EL MUNDO

II DE AIIRIL DE •S!IT

- -----=~~-;._==---~-DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

I,A REI:SA DE INGI..1.TERRA

DAJtJAS DISTINGUIDAS MEXICANAS,

LA CICATRIZ

Su entrevista con el Presidente de la República francesa.

SU VIAJE A NIZA

El acontecimiento máe importante de la última semana en Francia, fuésin duda laentredsta qne 1nvo h.trr
en Noisy•le•Sec, entre el presideate de la Repúbhca
Francesa y la reina de Inglaterra.
L'l que ee dijo en el curso de est.a conversaeiún quedu·
ró apenas diez minutos permaneced prob11blemente se•
cretl.&gt; entre la reina Victoria y M. Fdil: Faure¡ cuando
más las cancillerías de las dos naciones tendrán vago
conocimiento de ello. Pero es indudable que este encuentro, que no autorizaba precedente alguno, ha sido
motivado por coneideracione1:1 1 en el númaro de las cuales, la cortesía ocupa un rángo mny 8t'Cundario.
Inglaterra y Francia BA han aconhvto de que estuvieron aliadas en 1855, cuando esa e~rna cuestión de Orien·
te había hecho necesaria tal ahrnrn. Cuarenta y dos
años han pasado desde entoncee, y los acontecimientos
cretenses han determinado una nneva at)roximaci6n.
J.Qué resnl~rá de ella? El tiempo nos lo dirá.
~os ha parecido ioteusantecuneervar la visión de esa
entrevista. La audiencia va á terminar, el Presidente de
la República 80 retira y besa la mano que le tiende la Reina Victoria. Esta escena que para á las seis de la tarde,
en un tiempo gris de Marzn 1 ei-t\ animada por la extensa
valla que en la estación forman dos grupos distintos: los
oficiales y los funcionarios de las dos naciones.
El embajador de ingla1erra 1 de levitón negro, está al
lado de los ayudas de campo de la reina. Un poco más
atr1ls el indio que e~tá encargado de la delicada misión de
conducir de la mano á. ::5u Graciosa Mageetad, se codea
con los ayudas de cámara ingleses, metidos en sus
trajes rojos bordados con las armas reales.
Al contrario de lo que muchos periódicos franceses pre·
tendían, M. Hanotaux, Ministro de Relaciones, no aeisti6 á la entrevista.
Encantada por sus precedentes permanencias en Niza,
la reina Victoria escogió por tercera yez esta ciudad pa•
ra pasar sus vacaciones anuales.
Este es, dicen los periódicos pari,3ienses, el mejor elogio que puedahacersedellitoral francés 1 que tos periódicos y los doctores americanos denigran con tanta malevolencia desde hace algún tiempo.
La vuelta de Su Majest,ad estaba subordinada al hallaz.
go de un inmueble capaz de poder recibir dignamente á
1a emperatriz de las Indias, y largas fueron las investigaciones antes de que el encargado de buscar alojamieJ1tO
ee entendieP!e con loa propietarios del Excelsior Hotel
Regina, c•1ya posición maravillosa y rica mueblería, debían tentarlo.
llizo:30 una instalación especial en el pabellón de la
derecha del hotel 1 absolutameute reservado :t la soberana,
y del cual no poa.fa eacaree mejor partido, t.anto bajo el
punto de vista de la distribución de las piezas como de la
de loa muebles, sencillos, pero de buen gusto.
Los departamentos de la Reina, situados en el primer
piso, ábrense sobre una terraza baíl.ada por olas de sol,
desde la cual la vi eta se extiende sobre esa divina Niza in·
mortalizada por los poetas.

El hombre momia.

3T

•-¿Y bien? dijo el capitán.
Sin dat'Be cuenta, respondió:
-Han visto. Vienen.
-Bajad, pues, exclamó el Jefe.
¡No tm~o tiempo de responder! Abrió loe
brazos, se dobló sobre )as rodillas y, como
arrastrado hacia atrás por el peeo de su cabeza, desde lo alto del terraplén rodó al foso interior haciendo desmoronarse la tierra.
Algunos soldados se precipitaron para levantarlo. Una voz exclamó:
-¿Estais herido?
Estaba tendido en tierra, con los ojos abier•
tos, inerte, con una bala en medio de la frente.
Los soldados le miraban consternados.
Entonces el cnpit.ln se arrastró basta el cuerpo y después de haber mirado un inetante eee
rostro para siempre inmóvil, pronunció estas
palabras:
-Era un valiente.
IluGu~ LE'Roux.

Era un nifto muy rubio, con tez de nh1n,
venas que ee traslucían debajo del cútie1 frente lisa y ojos azul pálido.
Muy delicado, se le había criado al calor
de la seda y de las caricias, oculootfmidamente de los resfriados, de los tra!!tornos 1 del
agua fría-de todo lo que mata. Así, con sol:!.
cuatro años, tenía aun la tor~za de movi
miento, la admiración de eqmlibrio de los
chiquitines á quienes una primera dfoblum
acaba de llevar, titubeando de orgullo, los
brazos de su nodriza á. losde su madre.
An~s de dormirse pensaba largo tiempo en
loe cuentos de brujas y deda:
-Cierra la cortina, mamá, ciérrala con un
gran alfiler, para que si la bruja llega it ¡mear
por ahí, no divise la luz de mi lamparilla.
Creció, y con él su cobardía.
Había cambiado su cuna por uno de esos catrecitoe de hierro donde duerme la inocencia,
los nií1os, y la castidad, los frailes.
EL:MONO
No creta ya en las brujas voladoras que lle,·an las gua.gas en sus canaetae¡ pero los ase•
sinos frecuentaban sus suenoe, el miedo á eee
;\n había &lt;'apita\ de provincia donde el iluemonstruo que ee oculta debajo de la@ cama~,
tre Pick uo hubiera dejado gratíümosrecuer·
acecha la regular respiración del suef\o para
dos.
le\'antar en las tinieblas su cabeza horrorosn,
Pick, el larguimcho Pick, el inimitable
alargar su mano que estrangula, su hocico que
Pick .
Era un artista lúgubre y burlesco á la vez;
chupa.
Y basta el chi!-porro~ del cnflón del can•
uno de loe más genuinos representantes di; la.
delero prolongaba sus veladas de angustiM.
escuela inglesa que, en lo que serefiereágimCon la frente l"mpapada en sudor, los rodillas
nástica e:x~ntrica, eeguia fielmente loa preceptos del prefacio de Cromwell, mezclando lo
debajo de la barba, acechaba en el cielo la danza de las sombras crecientes.
buío con lo horrible.
Una noche qu~ reabria sns ojos en en pie?.a
Ser m1ts delgado que rick, parecía á todos
medio obscura, despufs del entorpecimiento
cosa imposible.
Aquella delgadez aumentaba eparenteroen·
del prim.~r E.meno, entre su lecho y la blanca
te, gracias á los artificios de la malla de color
pared, no levautaree del suelo claramente una
de carne. El público creía. ver las costillas del
forma decapitada. Era In sombra de un rnaclown cuando este ealfa ,t la pista.
niq_uí, en e_l cual la costurera había dejado un
No habia otro más listo ni más agil, ni de
traJe de batle. La luz moribunda lo iluminaba
con una l~amaque, intermitente, hacía salir de
mayor resi~tencia.
Cuando no estaba trabajando se le veia
la obscuridad y volver á ella la silueta de la
meditabundo, aburrido,. como hombre que es•
gran muñeca.
Se levantó de su lecho para rechazar el fantú. fuera de su elemento.
A penas prestaba atención á. los ejercicios de
tasma, dió un gritó horribll! y ee precipicó al
las incomparable@ señoritas que, vfilótidas con
suelo.
t1 ujes griegos ó escoceses, saltaban por_los tra•
Lo recogieron desvanecido, mucha sangre ee
eecap,~~a de su frente. El médico que 1:1e lladicionalas aros de papel.
El público deliraba por Pick.
mó, d1Jo:
Pero no podía deciree lo mismo de los de·
-Tranquilizaos, no morir:1.: pero conservará.
más artistas del Circo Forelli, que no hacían
esta cicatriz toda su vida.
más que tolerarle, por no haber otro clown
En la violenta caída de su cuerro, la frente
habja dado en el filo de la pala de metal que
l'alleto).
que dignamente le pudiera reemplazar.
Sra.
Clara
Mariscal
de
Moran
y
sus
hijos.
(Fotografla
de
Y todos le adulaban, porque tenía un talen•
servia para echar el carbón á lachimenea. Es·
to daba á. la cicatriz semejanza con una cortamujer, y este reto estaba escrito al pie: u¿Por qué esta to extraordinario para amenguar el mérito de los trabadura. En_ toda la extensión del choque la rotura ee pre•
ha dejado eus ,·est.ido9?11
jo!ó! de sufl compafieros.
sentaba igualmente profunde.. Y como á cansa del dolor nif\a
Sus amigos declararon q11e debía batirse.
De Pick de~ndía casi siempre el éxito ó el fracaso de
?º había que_rido exponerse á la -picazón de su costura
El
sent'la
q\té
no
t,endría
fu~rzas
para
vivir
hasta
el
dia
1111 dd11tt.
Jamás ie reumeron los bordea de la herida.
de la salida de la escuela, con esta amenam de como,te
La madre no se consolaba de ef!taavería.
Ptiro lle~ó un día en que los artistas humillados vieron
suspendida sobre su cabeza.
-¡Yo que lo he cuidado tanto! decía.
mnv próximo el momento de la venganza.
Respondió como un sonámbulo:
Y se lamentaba y encontraba á su hijo desfigurado.
El vi~jo Forelli-un hombre de muy malas intencio-Podría despreciar este insulto, pues he dado mis prue-¡Bah! Cl~n~do ~ngas vein~ anos, mi ami90, le dijo
bas. Pocos meses antes de entrar aqní, viajaba en A le• nt.'s-compró á. un marino holandés, por una insignifiun día un vieJO ofici!3-l d~ Afnca, afirmarás a la mujer mania. He disputado C)D un oficial alem·in, que en alr.a cante cantidad, un soberbio mono, magnifico ejemplar
que te ame, que tu c1cntnz es una cuchillada. No le cos· voz hablaba mal de Francia,. Nos hemos batido á sable; de la especie¡ un orangután, que educado á fuerza de hatará trabajo creerte. Yo mismo serla capaz de engaf\ar•
be sido herido; tengo todavía la scílal de 1!1 herida al tra• bilidad, de ayunos y de latigazos, concluyó por adquirir
me. Y así esa arruga t,e hará más honor .que perjuicio.
todos los c0nocimientos necesarios para colocaTSe al nivez de mi f ren fe.
Un sablazo á través de la frente, sienta á mil maravillas
No se sospechó que mentía. La historia se esparció; vel de muchos hombres, y hasta para aventajar en sa.bi•
á un hombre.
las manos se extendieron hacía la suya¡ el caricat.urista durfa á. no pocos académicos.
Estas palabras le dejarofl pensat:vo.
Desde el día en que Taki-nombrecon que el mono fuá
Como en la sinceridad de nuestra alma nos parecen vino á su encuentro como los demás.
h1utizado-apareció en la arena del Circo, la estrella de
El lo P!'rdon6.
sobre todo extraordinario esas cualidades que superan á
Y debido li esta leyenda, acabil en paz su tiempo de es• Pick comenT.6 á. palidecer.
nuestro esfuerzo personal, el valor militar se presentaba
La inconstante muchedumbre fué fijándose cada vez
cuela.
á su cobardía revestido de un brillo divino. Y una irreCuando el regimiento en que había entrado de servicio más en el mono, mientras relegaba al olvido los delicioaistible tentación ee deslizaba en su corazón de hacer fué designado para que partiera á una lejana colonia, con- sos ratos que le proporcionaba el clown. Cuando el mocreerá la multitud que tenía el corazón hecho de la mis· ira un enemigo ealvaje que resistía valientemente á los no salía con uniforme de general inglés ó cubierta la cama substancia que los héroes cuya hist.oria leía y merefrancese@, se levantó para ir donde estaba su coronel y bl!za coa un colosal sombrero de plumas, el entusiasmo
cía compartir su fama y renombre.
d~ la mult,itud estallaba en estruendosos aplausos y acla•
decirle:
A.hora bien, en secreto, delante d~ loe espejos se pro-Dejadme permutar. )ti padre está muv viejo, me ha macione@, y nadie se cuidaba de Pick, del inimitable Pick,
baba el kepis. Levantaba la visera sobre sus cabellos des• suplicado que no me a:eje. He tenido la débilidad de ce- que dernraba en silencio su humillacióo 1 aumentada y
cubría la cicatriz gloriosa......
'
conver1idaen inaudita rabia por lao miradas furibundas
derá. sus suplicas,
Pero desde la puerta, al ver entrar al subteniente, ke- que el festejado animal le dirigía.
-Ahora, se decía, aólo tengo la apariencia de un nino
Pick agotó todos los recursos de su fuerza, de su inge•
que ha.caíd~ aob1;0 una pala, pero si mis bigotes hubie• pis en mano, con la frente cubierta por una bella cicatriz,
sen sahdo, m tuY1eae á cada lado charreteras mi levita
el coronel exclamó:
nio, de su habilidad.
P,!rO en vano exbibia caprichosas mallas sembradn
-Ah ¡mi valiente jo,•en! qué suerte tenéis para vues•
ciertamente que todo el mundo creería que en una refríe~
de estrellas y lunas, en vano cambiaba. la forma de su t,u •
ga he recibido esta herida.
troA estreno~. Volveréis con la cruz.
l)é de crin amarillenta y se embadurnaba el rostro con
Y no se rec1;83ba sino con los juegos de soldado, con
Y no ee atre,·ió á presentar su vergonzosa petición.
Se hizo al mar y recorrió con su regimiento alg11oas le- latas enteras de rojo y azul.. ....
tamborea, fusile&amp;, sables, cartucheras. Hue padres deguas en un país pantanoso. Había es¡wrado que la fiebre
¡Todos sus esfuerzos fueron inutiles!
cían admirados:
lo retendría en el hospital. Esta no Je hi7.o su presa por
-¡ Era tan miedoso en su infancia! Ahora no piensa
El mono le había eclip,;ado.
ironía. Una noche durmió muv cerca de las avanzadas
D&lt;&gt;minado por la ira y por la desesperación, herido en
ya sino en la batalla. Con toda seguridad haremos de él
su vanidad de artista y de hombre, Pick, el clown que
enemigas.
·
un cadete.
Por la mafia.na su capitán lo llevó en reoonocimiPnto tarto había hecho reír al público, sintió invadido su ceFué lo que sucedió.
Sin embargo, una angustia espantosa le oprimió el co- con una débil compaf'Ha para tantear f'I terreno. De, re- rebro por ideas horribles.
mzón cuando, abierto el diario, en la lista de los candi- pente, los chinos invisibles Palieron de t.odas parte"' v !ns
franceses no tuYieron sinlJ el tiempo de metersd eri ur
datos admitidos, leyó s~ nombre con todas sus letras.
Y una noche, á. las dos y media, cuando ni el más leve
Pa.eó la noche con pesadillas, con las sábanas snbidaa fortín abandonado, para eecapar iÍ la mat.•rnzn
ruido interrumpía el protundo silencio del Circo, confiaSe tendió allí al capitán graYemente heriJo, y que ya do
hasta la cabeza para no ver las perspectivas espant.osas
á la vigilauc1a de un palafrenero, Pick entró en él por
de campos de bata1la que se desarrollaban ante ~¡ con no podía sostenerse sobre su111 piernt,111.
una puerta trasera, cuya llave había sustrafdo.
apariciones; ee acurrucó para escapar al aplastamiento de
Hizo llamar al euhteniente- y le d•j•1:
Paeó con rapidez por delante de las cuadras donde tran-A1,.,igo mío, atad una bandera á v111:&gt;Ftro ~able y !-!Ubid quilamente
lae pesadas cargas de caballería cuyo viento creía sentir
dormían los caballos de volteo y de alta esal terraplén. Haced l?ef\al de quP estamos acorralado!': es cuela, y después de hacer una caricia á uno de los perros
eobre EU cuerpo.
Por la manana, ee arrastró hasta. la pie1:a de su padre preciEI0 que nos liberten. Los chinos van li disparar sobre amaest,rados, que empezó á grunir, pero que en seguida
para.confesar su cobardía. Cuando ya tenía la mano so· vos. Nos alcanzará.o. Y ademá.s, es el deber.
.El subteniente no dijo ona palabra, no palideció, pero le conoció, aproximóse al palafrenero de guardia, el cual
bre el picaporte, se desvaneció su reeolución.
roncaba tendido sobre un montón de paja y victima de
súbitamente se pum frío como una piedra.
Se dejó poner, pues, el kepis rojo.
borrachera fenomenal.
Con manos que no temblaban, ató su pafluelo al sable una
En el seto SUB compafieroe creyeron olfatear su cobarConvencido de que no se desperlarfa ni á tres tirones,
día y lo embromaron. La blancura de en tez, 1o rizado y con P"-80 vivo subió al terraplén.
Su silueta se destacaba en claro sobre el cielo azul Pa• siguió por el pasillo circular, deteniéndose ante una puerde sUB cabellos, la palidez de sus ojos de nifia, todo esto
ta, que empujó suavemente, acercándose luego, de puntifué cruelmente ridiculizado. U na vez enconL."6 en el dor- recia de abajo de una estatura extraordinaria.
En el acto una descarga nutrida de fusilería partió d:l lla~ !l unl. jaula muy grande, que era el dormi~rio de
mitorio'- en la cabecera de su cama, clavado en la muraeu rival.
lla, un aibujo que lo representaba vestido con un traje de fuerte. El no parecía oírla.

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EL HOMBRE MOMIA

Las rarezas patológicas son frecuentemente ,Pretextos
para exhibici&lt;.-nes. Cada feria cuenta en el numero de
sus atractivos algunas monstruosidades de que el público ee muestra amigo siempre. Aquí el gi9ante, "el hom·
bre más grande del mundo;» ahí el enano, ,,el más pe·
queí1o del universo;n acullá, la mujer t1on barbas, la umujer coloso,,1 después el hombre lrml.d&gt;, monstruo ectr6m1-lo,
privado de muchos ó de todos sus miembros; el 11hombre
pez 1 11 tuac,\d.o de esa afección cutánea que en el hospital
lleva el nombre de Jcthyosis¡ el hombre tllfJUtleto, y en
general, un caso de atrofia muscular, etc., etc.
'C"n clínico, recorriendo las ferias, podría reclutar más
de un Rpecimen referente á. la patología.
París posee acLualmente el Jiombre momia, y este nue •
vo fenómeno cuya extraf'ia apariencia atrae á los bobos,
no es mlis que el ejemplo de una afección mórbida, poco
frecuPnte, es ciel"\o, pero bien descrita y científicamente
estudiJ1da.
El Jl,m,J,rr 111,,mi,1 d ni" rtPl 'fl"IÍI-I del ~nl. no de Egipto,

2

EL MUNDO

Entrevisb de

la reina Victoria y el Presidente Faurc.

como parece indicarlo su nombre, sino de Pro..,eoza, don•
de nació su repütación y prnsperó r.tpidamAnte, sirncio ·
nada por los exámenes médicos y por ronchas pub'ica•
ciones científicas. Examinado al principio en Ma.rs~lla,
por l\f. P,atóo. inspiró al P,ofosor Gra!!set nna lección
clínica en el bosphal San Eloi, de ~1ont,p .. 1Jier. La. N,u.tia Icúnografi,, de la Salpetierrf'. ha publicado este inte•
resante estudio recogid·&gt; por ).1. Vedtd y acompanaio de
numerosas fotografías.
«A primera vista. dice el profesor (irasset, es un h'lm·
brJ disecado. El tejid•) celular Bllbcutáneo, ha desapare•
cido los músculos y los huesos est1ín atrofiados en extre
mo, la. piel presenta un sclorosis de las mAs ext.ensas.
P1Jr su cabeza evoca la imagen de la Santa M ,ría Egip·
ciaca de Rivera, todo su cnerpo está redncido al Estado de
esqueleto, pero es un esqueleto vestido de una piel seca y
colada corno una momia ( véase el grabado).
uVedle la faz¡ la piel est:t aplicada contra los huesoe, la
ausencia de músculos e!4 casi completa, el conjunto tiene
un aspecto cicatricial, 1a boca está inmó..,,1, rígida y en·
t.reabierta, como te.llaJa en un trozo de cuero, eegú o la
expresión de Cbarcot; loe labios muy adelgazados, son
sobre.do peque0os para recubrir los dientes, no pueden
unirse para silbar; las orejas, e.delg~zadas t.ambi~n y enrlurt&gt;ciclas, no están, por decir!, así, lobulada~. L'\ nariT.
deprimida en la base, muy afilada en la punt.a, presenta
Pn la parte media una salida marcada sobre todo enel li\·
do dt!recho; las alas están reducid~s al mínimum y no
g izan de un movimiento, las pupila&lt;\, replegadas y muy
cort!l". no llegan á recubrir naturalmente loi globos oculares y presentan por esta circunstancia un aspecto e:xhor•
bitante.
L 'ª hnesos de la faz eP.tán A.t.rofhdns, IA.111 mejillas dPP·
rarm,rli\8, la barba fruncirla. No tiPne barba pt-ro lo,-1 c..1,•
bello~ di son abundantes y normales.
Los miembros tambien est.á.n ext.N:"marll\mente redn~idos en todas sus dimensiones. La piel, de color amarillo,
maculado de placas rojizas, parece pegada á los huesoa,

cuyas aspere7.BS se dibujan todas exageradamente. En la
mano los tendones aparecen salientes como las cuerdas
de nn violin. Las pit&gt;riias tienen raro aspecto y las uñu
están vneltas hacia dentro,
..
La piel aunque distendida y espesa en ci_ertos sit~oa,
conserva aún cierta flexibilidad. Se l?uede prnch_arletm·
punemente entre los dedos, s~lvo al nivel de los ~1é~. Pe·
ro los moYimientos dP lo!'\ mienbros_son muy hm_1ta:d011
por las ret,racciónes ílbro➔RS, en particular. los roov1m1en•
tos de extensión. Así el sujeto conserva su;mpre una .ac•
titud ankilosado, su pie sobre todo, parecefi1ado á. su pierna como si fuese un pie de madera. Se vueh•e como una
pie1.a, como una estatua eo la sala de un ta\ler.
En cambio, ~Fte esqueleto ambulante t1en~ corazón,
pulmones, estómago. que han conservado sus 1ustaa proporciones y que fn!lcion~~ bien_.
.
Tiene buen apeuLo, digiere bien, &lt;l:uerme !º ~1smo. Su
sensibilidad P.@tá. intarfat.. No seque]&amp; de nrngun dolor.
Sus facultadt!S intelectuales no están afectadas_ e!1 mo•
do alguno; platica con agrado y muest~ conoc1m~entoa
que te habrfan va liño en la escuela e! primer prem.10.:-···
Soloqu.:i Hl f'Bpfritn, como lo@ de ciertos reyesf'g1pct08,
permanece oreso en la momia viviente de un cuerpo que
mspira horror.
Los gm.nñP.,. politicns se sirven de las pasionesi pero
no las ex~rimentan.
G. RJ.han.
El amor perd·lna to3o. El amor proph&gt; nada.
C1rlo1 de 1J1 r1Lard.

•• •

�EL MUNDO

•

DOMINGO 11 .DE ABRIL OE 189

EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

Brilló en la semioscuridad que allí reinaba una hoja
de acero.
Taki no se había despertado y su cuerpo, tocando cae:i
los barrot.es de la jaula, estaba en situación muy á propó~
sito para que Pick le arrancara la vida de un solo golpe,

•••

El clown, al levantar el brazo, avergonzóse del acto
que iba á realizar.
Repugná.bale, en aquel momento, asesinar al mono, y
pensó á la vez que su cobarde acción no serviría para Fa•
ciar por completo su sed de venganza. Deseaba matará
Taki, pero luchando con él, e~truJándolo entre! sus nervudos brazos, mordiéndole1 desahogando, en fin, de un
modo brutal, toda la furia, rencorosa de que se senna
poFeído.

Y dominado por esta idea, mezcla extrafía de instintos sanguinarios y nobles, arrojó el puñal y abrió violentamente la plJerta del encierro.
Taki abrió los ojos y Pick comenzó á hostigarle para
que Be enfureciera.
Debió aquel comprender, indudablemente, que tenla
d-alante un enemigo temibh·, porque salió de la jaula con
el cuerpo encogido y los ojos brillantes y en actitud amenazadora.
De pronto alzóse sobre sus patas traseras, y hombre y
mono se confundieron en estrechísimo abrazo, que babia
de terminar con la muerte de uno de los dos comba
tientes.
Pick tenía mucha fuerza y una agilidad portentvsa, y
Jas empleó bien para t.icfent.ier.;~ de Taki y para saciar eu
él su rabia.
Era aquel un duelo grandioB0 1 en el cual los rivales pro
curaban destrozarae mutuamente sin lanzar un solo grito. Transcurridos algunos minutos, comprendió el clowu
que su vigor se debilitaba y que era preClso acabar.
Hizo un supremo esfuerzo y trato de derribar sobra
el suelo 4 su contendiente.
Pero Taki, comprendiendo también que aquel era el
instan'8 decisivo, logró desasirse de los brazos que le sujet.aban, deslizóse eutre las piernas de su enemigo y, agarrándose á ellas, le volteó.
Al mij¡no tiempo oyóse un espantoso crujimiento de
huesos y'"la angustiosa voz del hombre que gritaba:
-¡ Esto es una traición!. ..... ¡Dios mfo!. .....
.Así murió Pick, el larguirucho .Pick, Pickel inimitable.
PAUL GINISTY.

•

UN ROBO

Arnoldo se pa~eaba ·agitadamente por la acera de la
calle de la Esmeralda. Era indudable que estaba muy
preocupado.
Me acerqué á él y le dije:
-¿Aguardl\S á alguien para darle una bofetada?
-No, repuso. Lo que sucede es que no tengo la conciencia tranquila.
-En ese caso te dejo solo.
-Al contrario, quédate.
Y añadió:
-Estoy devanándome los sesos para buscar el medio
de que la portera de esa casa acepte doscientos pesos.
-¿Por qné no se los das sin rodeos?

presionable, qne cada día deEcubro en ella encantos nuevos. Cuan&lt;lo b lgunos de estos días buenos Ealimos de casa y vamoa por la calle Florida ó por la avenida, sedetie·
ne en todos los escaµarates. La pobre dt"searia e~to y lo
i&gt;tro, y lo de m.ís 1111.i, que yo no puedo pruporciop.arla.
Ent.onces da un e:uspirito y cunii11uamos nuestro paseo .
Pvr tol'l,uua, sus ambicione::! 80U pasajeras. -Semejs.nte
11 la rnariposilla de tenues alas, se posa un instante en la
flor, y en seguida se aparta de ella sin dejar t::1 más leve
rastro. Pero t:&gt;ntr~ todos lus caprichos que he visto brotar
y dhiiparse tao tas Vt'Cc!:', hay uno que he tenido que sa•
til:lfocer fon:ornm~nte. Enu11a, que antes de nuestra boda
vivía con su familia en el:!a casa, bajaba á menudo desde
el pisoalt11 á la pont-ría para recr!!arse con los gorgeosde
un canario maravilloso . .Ta111ás ha habido pájaro alguno
de su especie qne haya modulado sonidostandulce1::1, frases tan t;vrprendt&gt;Ltes; en un certámen hubiera vencido al
ruiseñor y al jilguno.
lJuandu no.1 cas,ltnos, Emma 88 fuéá vivir cnnmigo en
una mo&lt;lesta casa baj¡1. de la calle Anchorena, consider,índose enteramente dichosa con poseer un jardín de40
metros cuadradu,i, &lt;il que daba sombra un arbol algo tristf\ corno todos lus prisioneros, pero que llenaba cumpli•
dameure su pape.: Cada vez que un rayo de sol iba Ailuminar nuestros rosales y nuestras dalias, exclamaba.
Emma:
-¡Q 1é dichoso serfa Titi en mPdio de es-A follaje! Tití
era el canario de la calle Ksmeralda..
Arnuldo interrumpió su marcha.
Impresionado por la. pArsistencia de aquel Afecto, aila•
dió, mld encamind it verá la portera, hablé con ella largo
rrLto, á guiea &lt;lt! proemio, y abor-ló 1esueltarnente la cuestión.
-'.\Ii mujer, la dije, habla con frecuencia de su canario
de Udted.
-¡Ab! Si. Lll 1,eñorita Emma, Jp quería mucho. Estoy
segura de que Ae recorrería. toU.~ Holanda ~do encontrar
ninguno igual ui parecido.
-¿:'.fo podr a yo adquirir alg11110 semejante?
-lfo cuanto al plumaje, es muy posible; pero cantando no hay otro como él.
-¿Por qué no me lo vende usted?
La portera se ir~uió con arrogancia.
-¡Oh! ¡C,lballero, eso nunca!
-¿Quier .. ustt!d 50 peso:.?
-Imp,1&lt;:iible.
-¿Cieu?
-No lo daré por ningún precio.
-¿Y por doscientos pewi.?
La mujer dirigió una. mirada á laja da donde Tití se
estaba dand? un atracón de alJliste, y r~·p11so:
-Lo sentiría much() ......... No puedo 1:1epararme de él.
El desconsuelo de Btnma, fué terrible al conocer el mal
éxito de mis gesLiones. Transcurrió el día tristemente.
Al salir, observé que mi esposa trataba dldque no pasáramos por la calle de la Esmeralda.
Para concluir. Viendo que la diplomacia no daba resultado, decidí apelar á la fuerza.
Al dia eiguiente pasé por la casa de la calle Esmeralda
en el momento en que la. portera, vestida de obscuro se
disponia á ealir.
'
-V?Y á ver, me dij&lt;?, á un primo.mío que es empleado
de pohcfa. Estoy temiendo que pierda el pues.o. Mi
marido se queda cuidando de la portería.
Una idea diabólica cruzó por mi cerebro. Tomé un coche de plaza y me fní á una pajarería á comprar el cana
rio que más se pareciese al ave codicia.da por el color
del plumaje y por una especie de corona n~gra que tenia
en la cabecitia. Cinco minutos después entré en la porte.
ría Y rogué al portero que me hiciese una compra 1 para
la cual le tli tres pesos.
~o bien hubo vuelto las espaldas, me apoderé del maravilloso canr.or y metí el extrafio en la jaula. Mi mujer
no cabía en sí de gozo ...... Sin embarrro, me atormentaban los remordimientos y á los pocot días volví á verá
la portera.
-¿Conserva usted el canario?
-Sí, sefior.
-¿Acepta usted mi anterior proposición de· vendermelo por 200 peeo~?
-¡Ah, caballero! exclamó. Ahora no lo daría ni por
un tesoro . ¿Querd. usted creer que desde el último día
que nos vimos no ha cantado ni una sola v"lz?
( El pajarero me había vendido una hembra).
UmncK.

-Lns ha rechazado.
-;'PnP~ insiste!
-La insistencia seria una confesión.
-¡Una confesi.'m!. ..... ¿"De qué?
-De que se los he robado.
-¿Es posible?
-Como te lo digo ....... Escucha.
Se detuvo un poco y continuó:
-Ya sabes que sigo enamorado de mi mujer. Esto
no es mny frecuente al año de matrimonio· pero es una
mujer~tan simpática, de tanto entendimie~to y tan im·

Sentado en una loma, al pie de una barr&amp;nca
Con su guitarra amiga. á sola&lt;.i, canta un ciego ,
Y notas tri11tee, l,mguidas, al instrumento arra'nca
Con la tristeza mística del solitario ruego.
'
L&lt;l envuelven resplandoMs del sol 1 crepusculares·
Los vientos de la tarde su cabellera azotan,
'
Y al par que en el espacio se pierden sus cantares
Gotas de amargo llanto de su. pupila brotan.
El sol bañó en su~ rayos de re!!plandores rojos
El fruto_de esos párpa~os, inmóviles y muertos,
Y yo enJugué una lágnma al ver aquellos ojos
Para el placer dormidos, para el dolor despiertos!
Para él no hay sol radiante, ni noches estrelladas
Ni amarillenta luna que surque el firmamento;
'
Para él no hay cariñosas sonrisas ni miradas
Ni pájaros errantes que crucen por el vien~.'

Para él no hay más que sombra. Para él nada fulgura:
Rs justo que se aflija y en RU aflicción imploni,
Y que cuaudo alce un canto desde su noche obscura,
Ananque notas tristes á su guitarra y llore!. .....
Pero también la sombra cruzan radiantes huellas;
En negros nubarrones el rayo centellea;
En las obscuras noches fulguran las estrellas,
Y surge entre la sombra1 más diáfana la idea.
Si más que luz da sombra la claridad del día
Y el mundo de la forma, la humanidad ofusca,
¿El cieto ve el impulso divino que lo guía,
Y claros los misterios en vano el hombre busca?
¿Yerá en su fondo mismo de Dios la omnipotencia?
/.Traspasad los lindes del misterioso arcano,
Y con los ojos fijos por siempre en su conciencia
Ü&lt;lnoceráel abismo del corazón humano? ..... .
Entonces que no llore, que cante, que P(lnría,
)Lis lumbre hay en sus ojos y en au in.terior mas calma:
Q1ie no abra la pupila porque la luz del día
Pm:ide lanzar tinieblas sobre la luz de su alma.
Drruo Unrne.
Abril de 1897.

Como dos mi;ripoe-as sobre la nieve
vuelan tus manos blancas por el teclado,
y sollozan las notas que ha despertado
de tus ágiles dedos el soplo leve.

El ambiente está obscnro y en el nublado
cielo la luz se apaga temblanao ...... llue-ve .... ..
como dos maripoeas sobre la nieve
vagan tus manos blancas por tl teclado.
Cae sobre mi espíritu un llanto helado
y el pensamiento triste, que no se atreve
á volverá los días de mi pasado,
mira volar tus manos por el teclado
como doB mariposas '3obre la nieve.

Dit z 111t\rmole-s icónicos de testas milenarias,
Fo¡,o1 tan

en z::ns 1iuca~ la cripta medioeval
q,le guarda la~ yacentes est.ituas funerarias
U.e: n1onjt'S y aUalitJ.e,; de gran cepa real.
Ahí por siempre moran las viejas canonesa!:!:
al lado el firm~ báculo, al pecho el aurea cruz;
los áulicos primados, las graves doctoreeas,
espectadore:J mudos de la perenne luz .....
Ahí Rns manos juntan en actitud de ruego:
,vilf,edn, ,~l re.1.1 Vélfo,,llJ; Tristán, alma ck kón¡
Raul. el de la roja cimera y negro escudo,
con lisPs en un campo de·gules por blas6n.
En ángulo quieto que ú. la plegaria invita,
en el marmóreo táJallio dono.e tt'ndida t&gt;etá,
inll'.l.6vil, casta y bella, düerme Margarita•
( fa rtina de las trenzas flor-idus) de Valois.
Los mamo leos posan eus moles vetfodas
en míticas quimeras, bicornes y iiladas,
de arborescentes colas y de ademán flemático,
que escrutan el silencio pobfado de pavuras
y clavnn en las hoscas y arcaicas escultUtas
él dardo de su ojo trnnquilo y enigmático.
En las paredes se abren profundas hornacinas,
donde á los besos tenues de occidua luz solar
que llueve pólen de oro de todas las vitrinas,
exhiben los doctores su túnica talar:
San Agustín, flagelo d~l mónstrno Maniqueo,
medita en el abismo de la honda Trinidad;
San Pablo-el fiero apóstol-escribe á Timoteo
preceptos ecuménicos de vida y de verdad;

='t=- =l'@-='t=-='t=ACUARE;l,A

H, bía cerJa un bello jardín, con más HorPs que azaleas
y más violetas que rosas, Un bello y pequt•flo jardín con
jarrones, pero siu estátuaP; con una pila bhinca1)ero sin
surridores, cPrca de una casita como hecha I ara un cuento dulce y feliz.

í

-

.

1

.., J,.
•

CHDPIN

PARA UN MIS Al.

. );,,e\ -l
I:::_

J~r6nimo, el adusto doctor, el eremita
de cut&gt;rpo e~queleteado, de gran calva senil,
en su cavern.1. brava junto á la cruz medita,
forjando su potente dialéctica sutil.
. .. Y .\Iagdalena gime, á solas con pnnzaotes
dolures; su cabello riza 1o y blondo, cae
sobre sus ~uos, breves, agudo8 y distantes,
cuyos pezont'S fingen dos yemas rozagantes
en el 1ri1?al de oro que el viento lleva y trae ...
El fü,mbo, excelt-o amparo de las querellas mfsticae,
corona un baldaquino de sobrio y rico plan,
y 0Etenta entre sus gajos las armas cabalíeticas
de Lucas, de Mateo, de '.\1arcos y de Juan.
Los cuatro, en hondos éxtasis, en actitud arcana,
parece que contemplan la Esencia Soberana
del Logof:1, hecho carne de befa y de baldón;
y en su profundo arrobo y en su expresión de artietas,
fingen un quator lírico de bardos simbolistas
q_ue riman loe rumores polífonos de Sión ........ .
Cuando la noche llega, velando el hemisferio
del dombo, con sus gasas de pompa sideral,
las gfrgolaf:1, los gri íos, los tra!!gos del misterio,
penetran á la cripta volando en espiral;
Despiertan á los santos doctores en sus frías
moradas de reposo, galvanizando van
los áridos cadáveres, y en fúnebres theorfas
entonan el 'l'n~r,g,o tremendo de Isaías
al isocrono y lento compás de un ademán.
AllAD0 N1!:RVO,
1897.

t '
I.AS INCONSTANTE;S
.~·

LA MUCHEDUMBRE

LA OLA

.

V

F.? la pila un cisne se chapuzaba revolviendo el agua, sacudiendo las ala:; dri un blancor dt-i nieve, enarcando el
r.uell•&gt; en In forwi del brazfJ de tt11a lira 6 el asa de una
ánfora, y moviendo el pico húmedo y con tal lustre como si fuese labrado con una ágata de color de roea.
En la puerta de la casa, como extraída de una novela
de Dickem,, t&gt;staba una de esas viejas inglesas, únicas,.
solas, clá8icai, cun la cofia encintada, los anteojos sobre
la nariz, el cuerpo encorvado, las mejillae arrugadas, más
con color de manzana madura y salud rica. Sobre la saya.
Qbscura, el delantal.
Llamaba:
-¡Mary!
El poeta vió lli&gt;-gar una joven de un rincón del jardíu
hermosa, tri!tnfal, sonriente¡ y no quiso tener tiempo si~
no para meditar en que son adorables los cabellos dorados cuando flotan sobre las nucas marmóreas, y en quehay rostros quo valen bien por una alba,
Luego, todo era delicioso. Aquelloi quince allos entre
las rosas-quince afias, sf, lo estaban pregonando unas
pupilas serenas de niña, un seno apenas erguido, una
frescura primaveral, y ur a falda hasta el tobillo, que dejaba ver el comienzo turbador de una media de color de
carne;-aquellos rosales temblorosos que hacían ondular
sus arcos verdes, aquellos durazneros con sus ramilletes
alegres donrle ee detenían al paso ]as mariposas errantes
llenas de polvo de oro, y las libélulas de alas cristalinas
é irisadas, aquel cisne en laanchi.a taza. esponjando el alabastro de e-us plumas, zabuytSndose entre espuma3eos y
burbujas, con voluptuosidad, en la tran13parencia del
agua; la casita limpia, pintada, apacible, de donde emergía como u na onda de felicidad; y en la puerta fa anciana, un invinno, en medio de toda aquella vida, cerca de
Marv, una virginídad en flor.
Ricardo, poeta lirio!o, que andaba á caza de cuadros,
estaba allí con la satisfacción de un goloso que paladea
coeas exqnisitas.
Y la anciana y la jf)ven:
-¿Qué traes?
-Flores.
•
M@straba Mary su falda llena oomo de iris hecho trizas, qnq revolvía con una de sus manos grácileflde ninfa,
mientras muriendo eu linda boca purpurada. sus ojos
abiertos en redondo dejaban ver un color de lapizlázuli
y una humedad radiosa.
RuBÉ:. DARÍO

•

Allá viene la ola, la pérfida, la hija caprichosa del vie •
jo ebrio: se estremece, es fragil como la nubf', nerviosa
como su hermaJJa, la mujer. Viene rizada con au blanca
blonda de espumas, cantando la canción del náufrago, y
bromeando y riendo, se tiende negligentemente sobre la
playa y bern la arena; pero el anciano, hecho &lt;le ea!, se
enfurece y la llama con su voz ronca; el la, at.emorizada,
se retira melancólicamente y se aleja rnspirando hacia
otras playas, mientras que el viejo gruñe y siente celos.
Allá va la ola, la pérfida, la caprichosa hija del viejo
ebrio: ya olvidó la orilla que besó al nacn el dfa. Se
oculta el sol, y ella sigue su marcha, bromeando y riendo, con BUS cadencias melodiosas, relampaiueando plata,
á otra costa de cerros muy verdes, donde nay caracoles,
conchas, grandes peñas, moluscos qne duermen .
LA NUBE

Se despereza voluptuosamente bajo la arcada del misterio: ella ha creado el país de los auef'ios; es la encarga•
da de hacE'r variar el panorama místico; creó las sombras
y creó el amor; es la étérea errante, la bohemia mágica.
forma el alba, se mancha de carmín, se envuelve en P"·
plos de oro luminoso, se tiñe de rubio ...... Es un velo de
novia, luego una flecha, un león, un haz de espigas, un
destello, una corona de laureles, un manto funerario; y
se pierde, lejos. muy lejos, vaporoea, pálida, para apare·
cer en otras regiones salpicada de luz, sangrienta, tormPntoea, vestida de negro.
Reina del aire: tú fecundas la madre tierra, tú ador•
nas el traje blanco de la Aurora, tú traes la alegoría á la
leyenda biblica que formó el cielo y divinizó el color
azul; tú eres fi'agrada porque vives en la altura, tú eres
diosa porque eres adorada; pero eres variable, eres de·
leznable. Simbolizas lo ideal: eres la ironía.
LA MUJER

Herruoeura y nervios, belleza, desdén, orgullo. Eres
frágil, porque te enamoras de un perfume, de una flor,
de una piel tefi.ida.
Eres ínígi 1, porque tus cabellos ondulan á merced del
viento, porqne tus ojos jamás descam~an, porque tu vaho
es la brisa d~I pudor convertida en voluptuosidad, el mareo de una virginidad fogosa, la huella silenciosa del
misterio.
El amr,r es tu boguera: allí te incendias. El amor es tu
altar: allí está tu cá.liz. El amor es tu crepúsculo: alH
están tus esplendoreA y tus sombras.
Tú vi ves del recuerdo: eTPs la frívola adorable, la nodriza di \.'i na que reparte la ambrosía y da el brebaje á los
profanos del santo bimeneo.
·
Tú purificas ó corrompes; tú haces ablución en los ritm rmsteriosos del dolor, ó caes sensual abrazada del vicio en las mudos santuarios del placer. Eres angel, eres
estatu l 1 eres esfinge.

La carne hecha mármol, la masa inconsciente é bisté·
rica; un ronquido de beodo que acompaña las pantomimas de un payaso, glorificando lo que ayer despreció.
La entusiasma la voz potente de un tribuno ó el sonido
seco de un cuerno; se embriaga con la música y con la
pólvora; es un tejido enorme de nervioe excitados por la
impresión del momento, dominados por la mneca exagerada de un E'.'altimbanqui. Destroza por un símbolo, arroja incienso y flores ante la espuma criminal de un lago
de sangre. Desaparece la idea de humanidad ante un
personalismo pasajno. Es un titán que se convierte en
niño.
La animación de la fiebre, la voluntad en el decaimiento de las grandes crisis, el vértigo enervante de las agru
paciones¡ y después, nada, decepción; caen los falsos [dolos, y la misma masa que los elevó se alza poderosa para
aplastarlos. Es la ola humana: tiene la ironía de la nube
y los caprichos de la mujer.
PEntt.o CÉSAR D0Mu1c1.

PAGINAS NUE;VAS
"Oro y Negro" de Francisco M. de Olaguibel.
PROVENZAL
A

Carlos Dísz Dnfoo.

El viento de la tarde trémulo agita
del platfado olivo la fronda cana,
y del mar rnmoroso la voz lejana
bajo el cielo de estío canta y palpita.
Sólo turba el silencio de la infinita
soledad de esa hora, la soberana
canción que entre Jos tallos de mejorana,
con escalas salvajes, el viento grita.
Loe himnos estridtmt.es de las cigarras
surgen entre las anchas v verdes parras,
se oye el sordo murmull0 que en los cantile!:!.
alza, cuando se estrella, la ruda ola
y, guiada por pitos y tamboriles,
pasa, rJpida y leve la farandola.

PRIMAVERAL

Los huracanes de Marzo se han acabado de llevar la sá.bana helada con que el invierno había amo1tajado á la
Naturaleza. Abriles mensajero de la vida, y trae t'I en•
cargo de r~::iucitarla con sus dulces besos.
Fiesta tienen los campos, y fiesta hay en los jardines,
paramentados como altares, para que oficie en elloM la
luz.
Jóvenes, ancianos y nifios, celebran en estos momentos la renovación de Ja vida, el alumbramiento dela Na•
turaleza, la fecunda primavera.
Aquí quit:iera yo verá. mi buena y querida madre, por
estas calles pobladas de gente feliz, confundida con estas hermosas ancianas que lucen sus guedejas de nieve
corno joyas de honor, y Uevan en el pecho, á la par de
las jóvenes coronadas de oro, su ramillete de f:loref, de
la8 primeras que brotan al sol primaveral.
Yo no sé pur qué nos parece, allá. por nuestras tierras,
profanación ó ridículo el que una anciana.lleve como
aquí flores sobre el corazón, cuando con ellas adornamos
laM imjgenes y las tumbas, la santidad y la muerte. Cualquiera diria que entre nosotros, el haber dado la vida á
otras criaturas, el haber vivido para levantarlae, educarlas y vt&gt;rlas l'eproducirse, es extralimitar la mt:dida de la
huruana exii:stencia. Allá nuestras madres mueren socialmente cuando dejan de ser jóvenes. Aquí la vejt-z constituye ornamento venerable; es como sacra prenda de
otro tiempo, que tod1.,s ponen con orgullo á la vista, para
que sean bien mirada.
¿Y por qué razón han de ser1 la gloria del salón, el aire
de las avenidas, la sombra de los parquee, el placer inocente de la vida en la sociedad y en la n1turaleza, pri vilegio exclusivo de los que llevan todavia alta la frente y
frescas las mejillas? Por qué recluir nuestras madres á
la labor y á la oración? ¡Si en sus aí'ios están sumados todos los de nuestra vida! ¡Si sus cabellos blancos son la
corona de plata que, junto con el tiempo, les labraron los
cuidados de nuestra existencia! Sus ojos no centellean,
por que velaron mucho nuestro suefio; su tez no es tersa, porque por ella corrió mucho llanto para que nosotros
rié~~mos ei~mpre; y si su cuerpo se inclina, mucha parte tiene ea ello el hábito de extendernos los brazos para
ponernos en pie sobre el planeta.
Me encanta ver estas madres con sus cabezas escarchadas, y sobre el pecho un manojo de lilas, presidiendo la
animación general en las mallanas de hermosa primavera . Me parecen ellas las legítimas sacerdotisas del culto
de la vidaen sus renovaciones, porque han vivido mucho¡
porque han llevado tributarios á las densas corientes humal...u1.s; porque han ensancfiado el espíritu de sus renuevos con el afán de la esperanza, que es la primavera perpetua de las almas; porque sólo ellas comparten con el
Creador la divina satisfacción de sentir palpitar la vida
de los seres antes que el sol los alumbre y el aire loe acaricie y la naturaleza los reciba en Sl1S brazos maternales.
Las Madonas de Rafael son cada día más hermol!as y
divinas, á proporción que el tiempo va fundiendo sus colores. Lo mismo sucede con nuestras madres. Aquella
belleza singular que de niños !ó!e nos antojaba ideal de loa
cielos, no desapar~ce sino que á nuestra vista se trans•
forma. El tiempo la va dorando con su maravilloso barniz, sacado de la esencia del misterio¡ la va dando transparencias y placideces m[sticas;:......Ja va añadiendo á lo
bello lo adorable. ¡Cuánto noble reposo en sus actitudes; cuánta sabia fijeza en sus ojos; cuánta dulce melancolía en sus sonrisas; cuánta augusta dignidad en todo su
ser! Es que ahora el artista que anima el cuadro es el
alma. Ya lo abandonó con sus últimos toques el pintor
fogoso del colorido; el que pone eobre el rostro á nacer
eoles y á reventar claveles; ahora. viene el apacible pintor de los crepúsculos, el de las noches eerenas, el de la
belleza tranquila, y paea sobre el cuadro su pincel empapado en lnces vespertinas y en destellos sideralea.
Sí, son hermosas, muy hermosas nuestras madres. Vengan rojos labios; vengan chispeantes ojos; vengan ebúrneas frent_es, y yo preferiré :poner~¡ beso, y con mi beeo. toda m1 alma, en esos labios pá:1dos que pronuncian
mi nombre en sueños¡ en esos ojos tranquilos que rueven
ausentes; en esa frente surcada en que está. escrito mi
nombre hace más de cincuenta afios!
Aquí quisiera yo verla, en esta procesi6n de la primavera, confundida con estas n-inasdecoronas de plata llevando también Cf'lmo ellas á los altares de la Natu~leza
inmortal su ofrenda de flores, que yo para su pecho
arrancaría á la rama de lilas más gallarda.
X ICANOR

Boi, ET

PERA~A.

�DDIIINC.D II DE ABRIL DE 1897

•
EL MUNDO

EL MUNDO

DOMIIIGO II DE ABRIL DE 1897

ENGAÑO SUBLIME-Pori'.blaría!!esc:ot.
NUl!'IER05,

La Seflora Fourneron se encontraba en su caea, presta
á salir¡ pero!viendo entrar á. }""elipe, arrojó un alegre grito:
-¡Ah! estás aquí, queridito mio! Pensaba en tí. Aglaé
de Lezines pretende que nos ocultas algo. ¡He! :He! cosas del corazón. Apuesto á. que be adivinado! Vienes á
confiarte á tu tía J'ourneron, sabiendo que ha hecho que
ee logren loe matrimonios más difíciles? Eso supone una

confianza plena. Dime su nombre. Había atraído á. Felipe y hécholo sentar sobre un pequefio canapé. Le mi•
raba eonriente y golosa del i)equei'ie secreto de amor que
ibaá eerle confiado, y alentándolo, siguió:
-Pero no respondes; temes sin duda haber llevado tus
anhelos demasiado alto y que no sean acogidos? ¡Hum!
será dificil no amar á un muchacho tan guapo. Y el

amor, ya lo sabes, á nada resiste. Por lo dem,e-- tenemos
para ofrecer una carrera poética, llena de atractivos para
las almas románticas, un lindo nombre, con partícula1 lo
que no es para desdeñarse: una pequeña fortuna, modesta pero segura¡ yo no veo mas que un obstáculo¡ eres muy
joven, pobre muchacho mfo; sed preciso obtener que
ella sea paciente y constante: fíate para estoá la tia Fourneron. Ye tú, yo tengo buena manp¡ soy yo q11ien hacaeado á la pobre Elena, y durante los siete años de su
unión, no tuvo una sola ¡ena.
El dijo ávidamente:
-¿Está usted segura, bien segura?
-Cómo segura ..... . poco y tanto como de la existencia
del sol! no solamente ni una pena, sino ni una contrariedad, ni una nube. Fué amada como merecía serlo.
En cuanto á tí, b.ijo mío, tan luego como me digas su
nombre ..... .
- Yo no pienso en casarme, dijo él.
-No piensas en casarte, Felipe! en qué piensas tú,
puea? Por qué pareces tan preocupado?

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El se levantó y se pasó una mano por la freut.e:
-Nada, no es nada, y le agradezco ..... .
No era empero á aquella mujer indiscreta y curiosa á. quien pod.ia decirle su
.¿
_/ duro tormento. Salió de ahí con paeo lento, pensando: «La intriga eEtit muy
bien oculta, muy bien secreta, puesto que ni las :primaa Lesinee, ni, sobre todo, la t!a Fourneron, la conocen. Elena debió sorprender el adulterio y ocul
t6 fieramente la injuria.
Se extremeei6; una sospecha dolorosa acababa de nacer en su espíritu y crecía hast.a la certidumbre; esa sospecha explicaba Ja ignorancia de la tía Fourneron y de las ee6orims de Lezinea, pero explicaba sobre todo, la ardiente
súplica de Elena: -.Júrame proteger li Lila.•

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ran buen artículo.

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�EL MUNDO
uEso,)) si, l(eson debfa ser, «eso!» t1Eso 1 )) es decir la se•

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duccióu más vil, ]a que se disimula bajo la· sombra de
Jecho doméstico, la que abusa de la dependencia de la
cria:1a para obtener de ella vergonzosos favores¡ eedución
que desh.onra á un caballero tanto como un abus.;, de oonfianza.
Rlpidament.e examinó el personal femenino de la casa : Mariana, la vieja cocinera, fué puesta aparte: cincuenta afias de edad; pero las otras dos mujeres eran jóvenes; la una, Otilia, la recaruarera, morena, pálida, un
poco delgada, de modesto aspecto y correcta y afinada
por el contacto diario con su ama, con actitudes de dama
y el aire muy dulce; él pensó: ((una hipócrita." La otra,
Marieta, la niñera de Lila, pequeña, no linda, pero fresca con la frescura de la juventud y la alegría un pooo
bulliciosa de las gentes· de campo ... ..... .
Tornó á. ver los pobre3 ojo3 moribun los que implonban; pero la última parte de la plegaria no dejó de turbarle: ((Cuando Fernando se vuelva á casar ..... .. ... i,
Volverse á. casar!
Eutonces, se casa uno con ..... . Y por qué no? pardiez!
aí, aecasa uno así. Uno de use tíos maternos, por ejemplo, ¿no se cas6 á lo3 sesenta años con su criada? Hubo un
escándalo en la familia, pero resistiendo á. los extrafiamientos y pretendiéndose fuera de toda ley y suficientemente mayor de edad, efectuó su boda.
Y aun suponiendo que Fernando no se casase, Felipe
veía en un porvenir próximo y sombrío á la pobre Lila
entreg:\da á merced de una mujer viciosa, que podría á
su antojo embrutecerla y corromperla acaso.
El termino de sus vacaciones llegaría mpy pronto.
Partiría él llevándose esta inquietud mortal, y si partía,
no faltaba á su juramento? Por tres veces, repitió en alta voz: «Qué hacer? Qué puedo yo hacer? Qué debo yo
hacer? Sentía demasiado en su angustia que jamás osaría
dirigir á. su cuilado la insultante interrogación, Murmu •
ró: «Seré astuto, investigaré, espiaré ...... mas espiar, es•
piar .... .. yo soy su huésped, como su pan, qué vergüenza! No, es preciso tener el valor de interrogarle sobre sus
proyectos para el porvenir¡ acaso coasentirá en separar•
Be de Lila. Yo la confiaré á las primas de Lezines, á la
tía Fourneron ...... Sí, sí es preciso, absolutamente hablar
:t Fernando.n Un sudor ligero mojaba sus sienes, en tanto que subía la escalera y que llamaba á la puerta del taller de su cuñado. Este, viéndole entrar, le tendió las
dos manos con un gesto afectuoso;
-Soy muy feliz viéndoos 1 Felipe, os veo tan poco,
querido hijo! Oh! no os hago reproche alguno; vuestro
dolor, como el mío, busca la soledad y e l silencio; los
consuelos le importunan.
Bajó lavo:, y en tono de niño que teme ser oido y reprendido, continuó:
-Me fatigan, me abruman; vos sabéis de quiénes quie•
ro hablar. Eso ea más que una persecución, ea una tortura; pienso en huir para escaparles.
El joven preguntó pensativo :
-¿Por qué q uere is partir?
-Quiero partir, Felipe, porque sufro demasiado aquí.
¿Qué queréis que sea de mí cuando os vayáis? Llevadme,
amigo mío; llevadme ...... Oh! si pudiéseis hacernos subir
á. Lila y á mi en uno de vuestros grandes buques~ Si nos
fuese posible seguiros hasta la extremidad del mundo!
Sí, yo quiero partir; me muero contemplando su alcoba
vacía!
Después se lamentó largamente, como pobre hombre
debil que era, repitiendo:
-Sufro mucho aquí.
Duramente, sin apiadarse, Felipe le interrumpió:
-Y pensais verdaderamonte llevaros ú. Lila á. través
de largos viajes?
-¡Oh! Felipe, y cómo no llevármela? ella es mi amor,
mi tesoro, mi consuelo, el recuerdo viviente de la que ya
no existe.
Después de un silencio, Felipe preguntó con voz que
temblaba un poco.
-Pem vos no podéis ocuparos coa.tinuamente de ella
y es demasiado pequefia para que se le prive de los cui_
dados de una mujer. ¿Es qué contais con llevaros á Marieta?
Fernando respondió sencillamente:
-Marieta es demasiado joven, demasiado niña, demasiado insuficiente, en una palabra, sin la continua vigilancia de una madre. Yo tendría más confianza en Oti•

tia, pero, con gran pena mfa, nos abandona. Una vocación religiosa, á. la cual ha resistido tanto tiempo, cuanto sus cuidados han sido necesarios á. su querida ama:
entra dentro de un mes á. las carmelitas de Beaanc;ó n. Mi
pobre Elena me pidió que pagase el pequetio dote necesado; es esta una denda de reconocimiento que yo soy
feliz en satisfacer.
Fernando no comprendió ni supo iamá.s por qué la en ·
trada de Otilia á. las carmelitas causaba á. su joven cuñado una alegría tan viva, y por qué la expresión severa de
sus ojos ae había, de pronto, suavizado, y por qué murmuraba con voz alegre:
-A las Carmelitas! que buena criatura! cuan contento
estoy! cuan contento estoy!
Otilia no comprendió y no supo jamás porqué F~lipe
le regaló, •aquella mísma noche, un rosario soberbio, el
máii h,ermoso que pudo encontrar en la mejor joyería de
la ciudad.
Fe sentia feliz, pero al día siguiente sus desconfianzas
renacieron, tomando otro rumno. No era en la casa donde se encontraba la enemiga; era preciso buscarla fuera, y
á la primera oportunidad volvió sobre el asunto del viaje.
-No puedo sin cierta inquietud-dijo á Ft&lt;rnando-ver
que os llevais á Lila; es taa frágil, tan delicada; además
sinó he entendido mal, vuestra ausencia será larga, por
que no se disipa la pena en unos meees.
Por qué no ponerla mejor en una casa de educación re•
ligiosa, bajo la vigilancia de las primas de Lezines y de
la tía Fourneron? Ahí sería cuidada1 amada, instruida,
bien educada y vos quedaríais libre para obrará. vuestro
gusto, libre para ir y venir sin e3e gran embarazo de una
hija.
Pero Fernando se rebeló:
-No, no, dijo con una voz violenta1 yo no me separaré de ella¡ preferiría cien veces quedarme aquí, á. riesgo
de morir de consunción y de tristeza. Q3 lo rdpito, Felipe, ella es todo mi amor, el sólo bien que me une á la vida: si élla no existiese, me mataría.
Después continuó en un tono más tranquilo:
-Por qué no recnrrir mejor á. una aya á. una institutriz que nos siguiera por todas partes, á una mujer de
buen corazón, de espíritu cultivado, capaz en 1ma palabra, de amar, de iil,Struir y de educará.nuestra niña?
Felipe preguntó :
- Y para este puesto importante ya teneis quizá. una á
la vista?
Todas sus sospechas volvieron á asaltarle.
-No!-dijo Fernando-yo soy incapaz de buscarla¡
nuestras primas Lezines se encargarán de eso. Yo hubie •
ra preferido recurrir al buen sentido práctico de la tía
Fourneron, pero ella pedirfa para si misma el ¡mesto y
tendría una admirable ocasión para sus solicitudes! Me
dirigiré, pues, á las Lezines, y enseguida vos me ayuda •
reis Felipe, á hacer entre las que se presenten una elec·
ción feliz. Vos comprendéis de que importancia serán los
gustos, el caracter y el corazón de esa desconocida á quien
yo deberé confiar la tarea de formar los gustos, el caracter y el corazón de Lila.
Las desconfianzas de Felipe se desvanecían; sin embar•
go, dijo aun:
-Por qué no escogéis una aya inglesa 6 una aya alemana? Se dice que son muy expertas para los cuidados higienicos. Además po~ía serviros de intérprete en vuestros
viajes.
-Teneis razón, Felipe; vuestra idea es excelente y, sobretodo, me libraré del peligroso concurso de la tía Fourneron

Xlll.
Aquella perla de las ayas no fué fácil de descubrir. La
tía Fourneron y las primas Lezines, convocadas por Fernando en conclave, se erizaron de exigencias y de pre•
venciones; l,a.s pobres muchachas atraídas por el anuncio
inserto en los periódicos de la localidad y p":&gt;r sus brillantes promesas, se vieron excluidas prontameute.
Aglaé hacía pasará. las aspirantes por un exámen seologico que un doctor de la Sorbona hubiera terido trabajo
en sostener. Por poco que vacilasen sobre las di versas
virtudes de la gracia actual y de la gracia santificante,
eran reprendidas sin piedad. La tía Fourneron las interrogaba en seguida sobre la iarmaceutica sobre las reglas
de higiene, sobre los síntomas de las enfermedades y so•
bre los medicamentos apropiados: se hubiera dicho que
se trataba de u!la cátedra de doctor en medicína.

DOMINGO II DE ABRIL DE 1897

Pero por severa3 que fuesen estas pruebas, no eran má1:1o
que un juego de niños en comparación de la prueba temible de los ojos de, Felipe: él tenía por un crimen el pe•
queño rizo de cabellos rebeldes que se escapaban del
sombrero, el ponpón de cinta, el traje bien hecho, la belleza y aun la fealdad, si la fealdad era fresca, espiritual
y agradable de verse.
Solo Fernando permanecia indiferente ante este importante concurso.
-Lo declino todo en vosotros, amigos mios, había di.
cho: para mi sería penoso recibirá. esas jovenes y tedio•
s~ despedirlas.
Y caía de nuevo en su sombrío entorpecimiento, y desde que la tía y las primas, ocupadas en buscar institutriz
no lo acosaban, sus proyectos de viaje parecían abandonados.
La nacionalidad de la aya complicaba aún la cuestión.
Las sefioritas de Lezines se rebelaron definitivamente
contra una inglesa por temor del proseHtismo protestantR:
-Las que se pretenden católicaSJ no son frecuentemente más que herejes disfrazadas. Quién sabe si algún adep to del anglicanismo, del presbiterianismo, etc, no se des lizaría en medio de nosotros?
Los da.ros recuerdos de la guerra estaban demasiado
recientes para que s&amp; admitiese una hija de la Alemania.
del Norte. Se decidieron pues por una austriaca. La seflora Fourneron descubrió la dirección de un convento
de Viena que formaba institutrices. Esta palabra «convent.o» tranquilizó á las señoritas de Lezines, que se mas·
traron favorables á. la vienesa. Solo que como no se podía hacer venir á. Pontarlier todas las institutrices de
Viena, Felipe ofreció irá practica1 una vista de ojos á los
lugares mismos. Tan luego como obtuvo autorización pa•
ra ealir de Francia, partió bien provisto de instrucciones.
y de recomendaciOne~. Su viaje tuvo pleno éxito. A la
sexta mujer que le fué presentada, exclamó como Arquf •
medes: «Eurekan y Arquímedes no sintió por. su descubrí ·
miento tanta alegría como Felipe.
No era fea la pobre Carlota D1rm!ln; era más y mejor
que fea: vulgar, insignificante. Un largo rostro de faccio nes regulares y groseras, los ojos redondos, la boca car-nuda en los labios espesos, entreabiertos por una perpe•
tua sonrisa; el busto cuadrado, ma.ciso, como tallado á
hacha:i:os, y por encima de todo, un deadén de la moda,
una ignorancia ab.30luta de la coquetería, que no disimulaba ninguna desgracia física ni trataba de embellecer-fealdad alguna. Y con esto, en los grandes ojos redoll dos, en la boca de labios grueso3, en el menor gesto de
aquella maciza peraona, raii1bJ una indecible bondad,
una de esas bondades á flor de epidermis, cuya infl.uen·
cia es imposible resistir, una de esas bondades que se ig•
noran á. sí mismas, de tal suerte están hechas de abnega•
ción.
Seguro de que la señorita Dirman debía ser instruida,
como lo son todas las alemanas, sin vacilar la contrató y
se la llevó casi en triunfo, de tal suerte era feliz con su
encuentro.
Carlota tuvo la fortuna de agradará. las primas de Le•
zines, porqu~ de3de el día siguiente de su llegada asistió
devotamente á la primera misa. Agradó también á. la
Sef'i.ora Fourneroa por las excelentes recetas para hacer·
pas~eles y crerua'S que le co:nunicó; pero desde el primer
día, desde el primer minuto ganó el coraz{m de Lila. Le
bastó tomar á la pe1tueñuela en sus brazos robustos, y
estrecharla cJntra su corazón, para que aquella con ese
instinto de animal que ~uplé en los niños á la razón imperfecta, sintiese y comprendiese que aquel abrazo era.
maternal y que aquel corazón serfa tierno y abnegado.
Felipe temía algunas censuras de Fernando, porque
ante los ojo3 del artista la fealdad es un crímen; pero elJ
pintor, realmente absorto en su dolor, se limitó á dar las
gracias á. su joven cuñado.
-Habéis elegido perfectamente, Felipe; la señorita .
Carlota parece ser una excelente persona; es en verdad
el aya que mejor poi.ría convenir á. nuestra Lila. Ahora
sí puedo dar continuación á mis proyectos de viaje,
Un mes má.s tarde partía acompañado solamente de ,.
Liiá y de la aya. Otilia entraba á las Carmelitas; la seii.ora Fom neron se encargaba de buscar á. Marieta otro acomodo y Mariana se quedaba al cuidado de la casa.
Fernandn, antes de su partida Labía cerrado con su
propia mano la a lcoba de la mue rta ; ninguna presencia.

DOMINGO II DE ABRIL D'E 1897

debía profanarla. Ftilipe tornaba á Brest para esperar u.n
nuevo ernbarqut&gt;. Sus temores se disipaban; no rnlaroen~
te no habfa descubierto indicio alguno de traición, éino
que la actit.ud de su hermano, la intensidad de su tristeza, sn indiferencia para todas las cosne, llevaban el eello
de dolores proiund-•s. Se necesit.arfa que fueee un mise·
rabie hipócrita, pensaba él, y yo lo be conocido siempre
lleno de franqueza y de rectitud. El es libre ahora. ¿Para qué había de representar esta comedia?
Su adiós fué cordi11.I y tierno.
-Adiós, mi qnerido hiJo.
-Adiós, hermano.

XIV
Felipe al llegará Brest no se acordaba ni de Beltrana
ni de :\f. Martín, ai de LeodicC: el dolor, las preocupa
cianea graves, habían borrado de su espíritu el recuerdo
de la a,·eotura, á la cual involuntariamente, encontrárase mezclado. Este olvido no fué de larga duración. Desde luego, registrandó diversos papeles insignificantes,
llegados durante su ausencia, prospectos de negocios, catálogos de casas de comercio, impresos de todas claeeP,
descubrió mucbas_eaquelas de invitación. Estaban con•
cebiclas asi:
(e El señor y la seflora Martín, ruegan al Sr. Felipe de
Aubián que les haga la honra ......... n
In vitacivnes para tertulias, para comidas, en aquella
mierna villa Martín, donde había pasado el inolvidable
drama.
Tu'\'"o un gesto de sorpresa: Beltrana lo había reconocido en aquel baile del Almirantazgo y quería recibirlo.
¿Era acaso para hacer un alarde de audacia, ó para su•
plicarle queguardase sileacio? Se sintió ofendido: ,cYo
no soy un Leodice, se dijo, y esta súplica. sería una in•
juria.n
En seguida pensó con má.s jueticia1 que habiendo sido
sus tres entrevistas completamente silenciosas, Beltrana
no podía conocer la delicadeza de sus sentimientos y la
rigidez de su houor. u Así somos todos, mu~uró, queremos qne se nos adivine. Pobre mujer! el tipo masculino que le ha sido dado ver de cerca: su hermoso Leodice, ha debido inspirarle desconfiaoza por la especie entera. Haría yo mal en molestarme; pero no debo ir á. su
casa; no quiero ser ni su cómplice ni su confidente.))
Tomó una tarjeta de visita y por encima de eu nombre:
«Felipe de Aubián,11 escribió:
,,Encuentra en su casa, á su regreso, las invitaciones
que el señor y la señ.ora :Uartin le hicierou el honor de
dirijirle. Les suplica tengan á bien recibir la expresión
da su gratitud y sus excusas que su duelo y su próximo
viaje, no le permiten llevarles personalmente.n
Ella comprendería as! que no quería verla.
Al día siguiente; ú. la hora, del almuerzo con su amigo
Merville, le esperaba otra prueba:
-Dime, de Aubián, le preguntó este, porqué razones
misteriosas y maquiavélicas te has puesto á. mistificar·
nos? Sf, á mistificamos, pardiez! sosteniendo que no CO·
nocíae á los Martín. Porqué entonces Martín no habla
más que de ti y no se preocupa más que de ti? nY que
porqué no aceptaste sus invitaciones? Que donde esta
bas? Que~i tu amencia sería larga?)) Si tuviese otra hija,
creería yo que tenía el proyecto de hacerla tu esposa ..... .
Ya sabes, nosotros hemos ido frecuentemente á. casa de
los 1\fartín: á 12.s fiestas de estío en eu villa y hemos presenciado inusitado lujo: Iluminaciones, juegos de artificio, un cuento de las mil y una noches! despues otras
fie1:tas en el yacht, porque tienen un yacht, sin hablar
de lo.; esplendores de su hotel de Brest. Ah! por rico
que sea el viejo Martín, circulan cierto'3 rumores en la
ciudad ...... En fin, esos rumores nonos importan.
Si á. él le agradase arruinarsij por la hermosa Beltran a
no seremos nosotros quienes lo lamentemos, verdad? ..... .
Qué mujer amigo mio! sorprendente, incomparable,
inexplicable! Loa esfinge, una quimera! ......... Imaginate que atraviesa por e3aa fiestas como en el baile del almirantazgo donde tú la viste: indiferente á todas los homenajes, á. todos los amores. Sabes? Fourquet, el vizconde
de Fourqnet, el hermoso Fourquet, el irresistible, ha perdido sus mad¡igales y sus miradas magnéticas; el pequefio de Sombres pierde su alegría, su esprit, su atractivo
endiablado, y se vuelve malancólico. En cuanto á Legoleck, tengo miedo de que se vuelva loco. Qué quieres tú?
á fuerza de hablar de ella todos llegamos á la obsesión:
e.oigma, esfinge, quimera, ......... será. de quien la desci-

EL MUNDO

íre. Por qué me ocalias tú lo que sabes de ella? Por qué
negar que la hns conocido?
Felipe respondió molesto.
-Realmente os estáis poniendo fastidiosos iú y los
otros; si esa mujer noos vuelve locos como á Legoeleck,
cuando menos os está. volviendo idiotas, pobres amigos
míos!. ....... .
-Huml de Aubian! No quieres responder.
li'elipe movió los hombros:
-Mal haya ei eé lo que vosotros imaginaie:
He aquí todo lo que pasó: Yo debía reemplazará. uno
de mis primos en el matrimonio de la se.ñorita ::M:artin.
Llegué la víspera en la tarde: me pme muy malo en la
nocbe. Me dolían horriblemente losioteetinoa. Temíqne
fuese un emponzoHamiento ó un ataque de cólera. Siempre se dan algllll:os casos en Brest.
Confieso que perdí la cabeza como no niño. La idea de
turbar la fiesta, de coneternar á. mis huéspedes, de enloquecer á. los convidados, me pareció tan insoportable que
resolví huir, huir sin decirlo . .Apenas amaneció me hice
ca.aducirá la estación y partí.
Me había alarmado de sobra, mi indispos.iCión era leve,
y lo incivil de mi conducta no podía tener mas que una
excusa: La muerte ..... . y yo estoy vivo aun. Ahora que
te he dicbo la-verdad, comprenderás que este asunto de
conversación me sea poco a~radable. Si mi aventura se
supiese, sería víctima de :as bromas. La señora Martín
no me conoce y me admira que te haya hablado de mí.
-No, si no es ella, ella no me ha hablado jamás de tí;
es su marido, no confundas. Y me ha bec4o un interro•
gatorio en regla, por que no te lo he repetido todo. Me
ha preguntado si tus camaradas te estimaban, si gozas de
buena reputación, si podría uno fiarse de ta. palabra, si
no transigías en cuestiones de honor. ¡Ah! ¡pobre viejo!
Y todo porque tu viste en s_u casa un ataque de colerina .....
Felipe ee creía libre ya de estas molestias y desembarazado para siempre de los esposos M1rtín. Pero Merville que no era precisamente la discreción, no había podi·
do resistir al maligno placer de contará algunos amigos
la aventura del pobre de Aubian. Estos bromearon i~
petto á sus expensas; más como lo querían y sabían además
que era poco sufrido, no hablaron jamás del asunto en su
presencia. Aun evitaron pronunciar el nombre de la se·
flora Martín. El se percibió de ésto, adivinó las causas, y
se regocijó del resultado que había obtenido. M~ valía
exponeree generosamente á un pequefio ridículo que correr el riesio de comp;ometer á. una mujer por una afee•
tación de silencio y de aires de misterio.
Por lb demás, iba á. abandonará. Brest; la orden de di·
rijirae á. Rochefort para embarcarse, acababa de llegar•
le. Cerraba sus maletas y hacia de prisa sus últimos
preparativos, cuando fueron á advertirle que un seflor
quería hablarle. Ordenó que fuese introducido y avanzó
hacia el visitante. Al verlo apenas pudo contener ungesto de fas ti dio ........ .
Era Martín de Breet.
Martín de Brest no era ya aquel hombre mal vestido,
de gran sombrero de plantaiior, á quien tres al1os antes
se habría confundido con el jardinero de su villa, sino un
hombre elegante en cuanto cabe, aunque ua. poco rubo·
so del traje que llevaba, cc,mo si le hubiese parecido impropio de su edad.
Felipe no halló en él, ni la franca simplicidad que era el
distintivo de aquel millonario, ni la bonomía de su aspecto y la sencillez de su acojida. u¿Qué irá á. decirme?))
se preguntó ofreciendo una silla al visitante.
El Sefior Martín no hablaba; fijaba en el joven sus ojos
indecisos, daba vueltas entre ms man )B admirablemente
enguantadas, á uu junCQ magnifico. El silencio se pro·
longaba y Iué Felipe quien habló:
-}lucho le agradezco sefior, que haya venido á mi
casa; yo habría debido llevarle á. usted mis excusas y mis
agradecirofontos.
Se sintíó presa de un vago malestar ante el silencio de
su interlo::utor, y ante aquellos grandes ojos que le miraban fijamente.
-Sefior, dijo por fin )Iartín de Brest, no me debe usted ni11guna excusa; soy yo quien se la debo porqu3 vengo á quitarle el tiempo. Sin embargo, era preciso, pues~
to que usted se va ..... .
Y luego de pronto, como el hombre que toma uo gra.n
partido, exclamó:

243

-He venido para preguntarle á. usted. ¿por~ qué )l'J
asistió al matrimonio de mi hija, hace tres a11os?
Felipe respondió evaaivamente:
-Una indisposición súbita, sefior; ee lo dije á usted.
Martín de Breat movió la cabeza, murmurando:
-Así lo creí al principio.
Y cambiando de tono, con una voz que suplicaba:
-Seilor de Aubiá.n, lo conjuro á. usted á que me diga
la verdad.
Felipe tuvo piedad de aquel hombre:
-La verdad, señor, dispénseme usted de decínela.
:Me cubriría de ridículo.
Gravemente el Sr. Ma1tín insistió:
-Le conjuro á usted á. que me la diga.
Ante la persistencia de este interrogatoriO, ante aquellos pobres ojos inquietos, q a.e parecían sondear hasta el
fondo de su alma, se sintió turbado. Ensayó sin embargo, reíerirle la historia que había adormecido las suposiciones de Merville; pero aun no llegaba á la mitad de
su narración, cuando M. !lL1rtín le intt,rrumpió con un
use lo agradezco á. usted, sefior,11 pronunciado con una
voz tan triste, que compre11dió la inutilidad de su engafio.

De nuevo entre los dos hombres reinó el silencio; ua
silencio muy largo, durante el cual Felipe vió al Sr. Martín pa~mr sucesivamente del rojo apoplético á la palidez
cadavérica; gotas de sudor perlaban su frente, y por fin,
lágrimas que no pudo retener, cayeron de sus ojos.
.Felipe se levantó de un salto.
-Usted sufre, señor; permítame que llame.
El Sr. :!\Iartín !o detuvo.
-No llame usted, se lo suplico; es cierto, sufro; ¡oh!
si usted pudiese, si usted quisiese librarme de la duda
que me tortura!
Le miraba con ojos extraviados; su boca estaba convulsa por un sollozo. Introdujo su diestra en la boba de
su levita y sacó un carta que desplegó. Sin embargo, no
se la tendió á. Felipe.
- Yo me hibfa resuelto, dijo, á que no la leyera us·
ted . Yo sé que en su mundo, ustedes1 gentiles hombres,
ponen su dignidad en el silencio, y que son capaces de
morir estoicamente eín dejar escapar una palabra deque·
ja; sé que no se van á contar los_infortunios conyugales
á un desconocido; sé que los débilee se callan y que los
fuertes se vengan; pero yo no soy un gentil hombre, yo
soy un artesano á. quien el trabajo ha enriquecido... y
además, yo sufro, yo sufro ...... Yo la amaba demasiado,
yo creía en ella como en todo lo que hay de bello y de
noble sobre la tierra; yo que nunc8 oro, daba cada día
gracias al cielo porque me la babia concedido; ella era
mi alegría y mi orgullo. Yo no podía esperar que esa
niña de veintidos años experimentase por un viejo como
yo un amor igual al mío; sin embargo, ella pretendía
amarme mucho, con un afecto reconocido y yo no pedía
má.e. La encontraba casta y orgullosa; su i.ofancia, su niñez habían corrido en la soledad del convento .... .. ... Pero la antevíspera de mi matrimonio, recibí la infame
carta. que tengo aquí.
Y dió sobre el papel que tenia en la mano un puñetazo, como si hubiese esperado aniquilar á. la denuncia y
al denunciador.
-Sí, una carta infame, una carta anónima, una de
esas cobardías indignas de la menor creencia~ Beltrana
vergonzosamente es acusad.a de ..... . de ...... tenga usted;
lea!
Felipe leyó:
«Un amigo que quiere al Sr. Martin, cree de su deber
prevenirle que la mujer con quien se va á casar, e3 la
más vil y la más peligrosa de las intrigantes; aprovechándose de la imprudente a.nistad de la señorita Valeria,
ha puesta en obra todos los medios para quitarle á su
futuro, á quien por lo demás, ella nada ha rehusado.
1cYiendo frustrados su esperanza y sus planesamliicio_
sos, ha dirigido contra el Sr. l\Iartin el terrible poder de
seducción que posee.
«Por despecho y por venganza quiere Cal:arse con él.
1&lt;8i el Sr. 1Iartín desea asegurarse de la verdad &lt;le las
cosas, contenidas en este billete, bastará preguntarle al
Sr. Felipe de Aubiá.n lo que vió en la playa la noche del
20 de Septiembre, y por qué huyó de la Vil la ~Iartín, sin
asistir al matrimonio de su amigo,n
( Contimiará.)

�EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO II de ABRIL de ,897

LA MODA
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'·

i!as primeras flores.

Traje ae primat?era para paseo, con sombrero ae nuet?o moaelo.

�DOMINGO II OE ABRIL DE ,897

EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO II DE ABRIL DE 18g7

LA JIIODA

Y continúan los trajea primaverales. Abril
viola las ytmas que mañana se multiplicarán en
mi riadas de flores, fingiendo en los jardines un
iris heclw trizas! .flcrt:E para la Virgen inmaculada que viste de blanco de nieve y ciñe su cintura d"' azul de citlo ..... .
La meda ha tenido hoy una coquetería. Jun·
to álos espléndidos trajes hechos para las doncella1:1 y las esposas jóvenes, nos muf'stra dos modelos de corte @evtro, pero agradable y aun fantaseado ha~ta donde las convenienciaslo permitt~n, para matronas.
Sí, por qué en eee concierto de vida primaveeral y bulliciosa, no han de dar su neta inmaculada los blancos cabdloe? Esun conlra.Ete tan
hermoso el de los rizos rubios con los sedeños
rizos blancos!.. ...... Oh! son muy hermosas las
gmves matrnnas vestidas severa y elegantemente, alternando en los paseos y en las soiré/j con
sns bijas, y contemplándolas con dulces mira
dae, que hablan de égida afectuosa, de salvaguardia, de amparo!. .....
Por eso es simpática nuestra página de modas
de hoy, que, por lo demás, trae deliciosús figurines para. las jóvenes.

Un refrán dice que en Valencia la carne vale lo que las legumbres,
' las legumbres lo queei agua, loshC'mbres lo que las mujeres, y éstas nada.
Dicho refrán es falso en lg que se refiere á los hombres y á. las mujeres.
La verdad es que. colocada entre la andaluza y la catalana, sin tener
la pasión de la primera ni las altas cualidades morales de la segunda, la
valenciana tiene menos carácter propio. Con todo, sus ricos vestidos, sus
cabellos en bandas, su fisonomía expresiva, 1a hacen típica;puede reivindicar todas las virtudes caseras, pero más suavizadas que en otras partes.
Aeí como Barcelona es la ciudad de Espaf'ia que mas se parece á una
gran ciudad francesa, &lt;lel mismo modo el espíritu serio y práctico, el
perfecto conocimiento de la economía casera, el sentido comercial muy
desarrollado de la catalana la semeja mucho á la (ranceea. Mas el parecido no va más allá.
Muy orgullosa con ser catalana, por nada cambiaría de provincia. El
ser catalanes un título de nobleza.
La catalana eshermoeaó fea, no hay termino medio; y es admirable,
cuando hermo@a. Si bien no tiene el pie pequeño y la mano fina de la andaluza, es más alta; más ancha de hombros, y,en el andar no le faltan
gracia y nobleza. Es de una sinceridad y franqueza, á. veces chocantes;
es activa y entre las mujeres de España es la que goza de más autoridad
en su ca;a. Tiene también más libertad moral.
Es incontestable que del punto de vista del sentimiento patriotico,
aeaz general entre las mnjeres de España, hay que colocará la aragonesaen primer término. Ha dado pruebas varias veces, de la virilidad, fuerza y resistencia que desarrolla en ella el amor del suelo natal, vigorizado
aún por el defecto ~2.pital del pueblo aragonés, au inquebrantable empe•
cinamiento.
Cuando la aragoneea se propone algo 1 lo quiere deveras; nada le puede arredrar. Sus historias amorosas lo prueban. Es franca, leal; se puede
tener íé en su fidelidad, E!i la ha prometido: sufrirá antes que faltará su
palabra, que considera como algo sagrado. Más sise Je puede amar por su
energia y su actividad, se la puede amar también por eu sin número de
encanto.a mujeriles; por su ternura y su delicadeza.
Es fuerte y sana, de una belleza sevfra.
En todos los tiempos, los eepafioles que no han visitado Galicia, han
considerado á la gallega como un sér pesado y sin inteligencia. Nada más
injusto.
Si en este incompleto boceto da las mnjeres de Eeipafla mencionara
taro bién sus virtudes más elevadas, no eerürn ya t:m sólo las hermosas
mujeres que son en realidad, sino que aparecerlan también como las
madrE:s susceptibles de mantener las cualidades de la raza. El día en
que las mujeres de España puedan desarrollarse libremente bajo su cielo sonriente, el desarrollo nacional será correlativo y continuo.

--"-,

LECTURA PARA LAS DAMAS
LA MUJER ESPANOLA

Vestido parisiense de calle.

•

rra civil, alentando a lo0
hombree, desafiando el
peligro, dando sus fner·
z:"81 su dinero, sus hijoe.
Pero es madre ante todo.
P.Jsee grandes virtudE'-8
caseras, el orden. la eco•
no mía, una acti vidail. in·
canaable, y sobre todo, la
lealtad, la alegría, la ca 1·
roa generosa de las natu·
ralezas sanas. Son bnenas
compat'ierAB para sus ma•
ridos; madres amant.es y
l:!f'veras, partidistas tem1blee cada vez que se trata
dP, su ideal religioso y político.
Taccristianacomo ella.
pero de una devoción más
dulce, la mujer de Toledo
es la perla de Castilla la
Viejaporeuaencille:r,. Su
aseo casi inverosímil pnederivalizar con la tradicional leyenda hol:l.n&lt;leea. Su casa de ba.Jdg~as
deslumbrantes, y su ropa
deperfecta blancura, hue·
len suavemente á tomillo.
Con su veSti.do de percal,
sus poi leras de la na roja
6 azul, con su pafiuelo de
coloree vi vos en torno
del pescuezo, atrae por la
frescura de e.u cútis; ann
entre las campesinas, escasas son las que andan
descalzas ó con las pier·
nae desm11fa¡;a. Su ve~tido
es á veces pobre y remendado; jamás se ve en él
una mancha 6 un desgarrri. Graves como lasmontaüas de su país, son un
,:idryrno para esa ciudad
• • ,'&gt;tica y melancólica de
Tvledo.
La chula, más gracio~a
que hermo:!a, de estatura regular, de talle flexible, de aire macareno, de tez trigueña y p:í.lida á la que dan calor
1100s ojos expresivos que dicen claramente lo que quieren
decir, en un idioma enérgico, es una mezcla extraña de
miel y de p6\vora. Dulce y paciente para con el elegido
de su corazón, es por lo general de un carácter ardiente
y colérico que tiene su complemento en un lenguaje que
abunda en expresiones pintorescas, ligeras como flechas.
En el b'l.rrio en que vive, las reyertas son moneda corriente. No reflexiona; tan sólo obedece á eu imaginación

Para eetudiarálas muj"'res de España, convie•
oe dejará un lado á la muJer de la aristocracia
y á. la burguesa y atenerse exclusivamente á la
del pueblo. Allí encuentránse todavía la tradición casi pura, los tipos verdaderos de belleza,
energía, amor y pasión estampados con una nitidez de agua fuerte: los trajes que mejor se
adaptan á rn gracia y modo de ser, las costum•
brts, con esa gravedad, eea dulzura, esa pureza
que han hecho y hacen del pueblo espa6ol 1m
gran pueblo de acción.
Sin remontarse muy lejos en la historia 1 Sti
sabe de qué valor, de qué heroú=mo las mujeres
españolas dieron prueba durante la invasión
napoleónica. Unos espíritus perspicaces suponen que no sucedería otro tanto hoy. Por mi
parte, estoy convencido de lo contrario y creo
firmemente que, en caso necesario, las muje1es
de Espana coneagrarían la historia.
La mujer vasca ha dado numerosos ejemplos
de·valor, de entusiasmo y de abnegación durante el último movimiento carlista. Ha soportado
con la frente serena túdcs los horrores de la gue-

Traje de seda negra y amarilla, con bandas de
raso, para matrona.

~

-~

~
:

-

.,;

Vestido de gros negro graneado, para matrona.

UE

Toilette de recepción.

Máloga.

ó su corazón; esclava del primer movimiento, tiene un
genio arrebatado, celoso, á. veces cruel; en cambio, su bondad á veces no tiene límites para con el que sabe entenderla; es generosa y caritativa. á tal punto, qne no cortaría su manto en dos pedazos como San Martín, sino que
se lo 8acarfa todo entero para abrigará una criatura enferma, á un mendigo 6 á un anciano. En virtud de su caractier batallador, jamás puede querer á un cobarde. Es
madre hasta el exceso1 como en todo. Desinteresada, to-

. _\f

ALMACENES

do corazón y teda sangrE',
sigue siendo poética, en·
cantadora, ava.ealladora.
La andaluza es hermana de la chula. Ambas sen
de la mi1:1ma raza; pero la
última es más dulce, m(e
modesta, más religioea.
Tiene una imaginación
ardiente y se.asual. El caE!arse la tiene muy prE'ocupar1.a y cuida mucho
su persona, siendo muy
amante de los colores cla·
ros, vi voe. Su gran elegao •
cia reeide, sobre todo, en
el pañuelo con que cubre
sus hcm broa.
El complemento de Fil
toüette consiste en flore"",
claveles rojos, rosas blancas, que coloca artistica ·
mente en su cabellera negra ó rubia color de oro,
pues numerosas soo laH
rubias en Sevilla, Cádiz y

Sombreros de Primavera.

J. P. R.

.,.,

Es aficionada á. cuanto
reluce, y hace un enorme
consumo de alhajas de
dublé. Nada, sin embargo
que tenga un brillo t-an
vivo, malicioso al mismo
tiempo que lánguido co•
mo sus ojos, grades y profundos, llenos de inteligencia, aun cuando la que
los posee carezca de ella.
Por cierto tieIJe la boca
fresca, la nariz hermo~a,
pero todo su t-ncanto re·
side en sus ojos, únicoe,
quizás. en el mundo, y en
su mirada.
Su converrnciónestá llena de imágenes y de poé·
ticae exageraciones. El
andaluz es 11 n pueblo quetodo lo canta, pero sobre
todo las dulzuras del amor, las angustias de los celos, los
odios rivales. La andahiza lleva-en -el il.i-ma un f-ondo de
melancolía y tristeza, que expresan la música; y el ritmo
de sus cantos. Una insaciable necesidad de cariño hase
de ella una amante terrible; la necesidad de sacrificarse
hace de ella una madre sublime.
Tiene uPa alta idea de su dignidad, y moriría antes de
casaree contra su gusto. Ademáe, posee el sentimiento
exagerado de la justicia, y se apasiona por todo lo noble
y hermorn.

EL PALACIO DE HIERRO.
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éstos acompañados de la factura correspondiente,
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�El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.

•••

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~!al de Garganta, Romadizo y Tisis

Incipiente no hay remedio que se
aproxime al Pectoral de Cereza del
Dr. A yer. Calma la inflamación

de la garganta, destruye las mucosidades irritantes, suaviza la. tos
y predispone al descanso. Como
medicina casera para casos fortuitos y para el alivio y curación
del garrotillo, tos ferina, mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que están expuestos
1os jóvenes, es de un valor terapéutico inapreciable.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO

Carta interesante al público. 54 affoa de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

S. C: Maleo, Febrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlin de G&amp;ray.

Presente.

S5 anos justamente era la edad que llevaba de padf'cer
an&amp;. de las peores f&gt;nfPrmedades que pueden rnbrevenirle
&amp;l hombre, como Fon lae Eetrechecee en el caf\o de la orioa. El tfempo ~ iba pa@ando sin que yo resolviera l\ operarme por el horror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundia el cloroformo, y por último, la
dificultad de abandonar un ne~ocio para guardar cama;
~ues bien1 en tall'B circunstancias emprendí viaje desde
~an Gabnel Estado de Morelos¡ lila capital, paraconsulLar con el reputado eEpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una mat1era 8tt'lC\.Ua: di: bo fa cu l. ati vo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Ean~, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en e!erto, el
día 13 del presente mee me operó en eu consultorio pnr~icular situado en la grande avenida de Jae callee del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8¡ duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo viviente del buen éxito que ee
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
11,l famoso especialista y como una muestra de mi grati~ud doy á conocer este echo al público y si estuviera au Lorizado daría el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á mf les ha hecho el Dr. Preciado.
Lurs MANJA TtRFA

L;UID&amp;llo amigo y compa.ftero:

Con el fin de que llegue A n0Ucia.de1 J)l1blico y puetta. éste a.provecha~ de los esfuerzoi. l' trabaj06 que yo he emprendido, me es grato
manUei,.tar que \'d, es lhtlro cirujano me.xlcano que ¡;o conozco que
&amp;epa perfectamente ml mHoJo para cunir las ~trec ec~ uretrales_
del exóíago, del recto v del utero por medio de la. eleetróllsls lloeal
PUeden, puesa los enlermos de este &amp;fnero, entregarse con entel'a
confianza. a.\' ., lo mlsmo que en cualquier otro a.cnnto que se refiera A ctrugta, pue,; efétoy pen-uadldo de sui1 aptitudes, de r,:u habllidad
p&amp;ra operar y de su btulta llw;tracl6n. A la \'ez me es g,:ato decir u na
vez n:uls que mi método J)O.ra curar le.sestreche&lt;-s es lnofcmdvo ni.pido y de resultadOR maro.\'il10808 y que por medio de él he curado millares de enfermos en dl\'en;a.~ parter,: del muudo, como lo he proba.do en los libros que he e..;crito y en diver.-as Aeademlas de Medicina
Hoy que regreiso6 Par1s A oontbmar mis trabajos deo:pué-s de mi
agradable permanencia. de lnvlemo en esra ciudad, quiero que 108
mex.icaruY1 s1gan aprovechando m.J11esfuenos y por e;to les recomiendo se pongan en manOH de ,·d., !'l'lnlm.&lt;I de que quedarán ,atlsfech08.
Escribo A ,·d. la presente pe.ro que haga.de ella. el u'!O que mejor le
convenga, flacléndole 1nesente una vez más mi shicero nprcclo - Dr
J . .A . .flwt, profl!'f'Or de Anatom!a. de la Fac•ultad de Par1..cr
•
'
~1 Dr. Garay ha pral•llcado numem•,fü; operadone&lt;ipor{mediode'la.
electr6llsls, foda/J ('Ol'l frito, y e11 alguna.-; w:.·ompe.J\ado de los Doctore&amp;
M. Outlérrez, M. Aveleyra, J. Zárrnga y A, Ga,1no.
El Dr. Adrhiu de Garay es 1,rofe!'&lt;f1r de Anatomia quin\Wca. en'"la.
E..&lt;:e.uela Nacional de Ml-ilielna, rlrujano del Jl()f'pltal JuArez y d el
Asilo Fspafiol; proferor de Higiene en la Deuda Normal de ProfeN&gt;
res, Presldente de la 1-orledad Médica "Pedro h.('(:ObedO" y.._dl.rect.or
del perl6dlco La Escttela de Mtdicina

TOMO l .

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ADHERENTE,

INVISl ■ LE

l.ol• 1Jm,mp111:oda 111 la tf:rpc1(eiol! 1!11ir mal_d, t 88R.

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CH. FAV• Perfumista, 9 , Ru e d e l a Pa1x, Pans
(6111rdar111 de /u /mftaoiones 1 F1/sJ1ic,ic,on&amp;1. - SentencN d• 8 de M110 d• 1815).

:l'..ÚlU0.6. l!:Sl'E Cl.6.I, de .6.J'E lTE:S d e '1'00Al)01l, l)a.i'&amp; P ASEO '1 '1'E.6.'1'BO
CREMA CAIIELfA, CREMA EMPERATRIZ.
POLVOS para elll1)0ltar loe cabeiloa. Blondo, blanco,
ROJO 1 BLANCO en eb.o.peta1,,
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BllilfCO de PERLA en po!TO, blanco, ró!eo, Rachel,
LÁPICES e1peetale1 pan. ennegreeer pea;talu y ceJu. POIIADli ROJA para Iot labloa, en bote1 J m roll01,,,
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.

•••

Para Resfriados, Toses. Bronquitis.
~!al de Garganta, Romadizo y Tisis

Incipiente no hay remedio que se
aproxime al Pectoral de Cereza del
Dr. A yer. Calma la inflamación

de la garganta, destruye las mucosidades irritantes, suaviza la. tos
y predispone al descanso. Como
medicina casera para casos fortuitos y para el alivio y curación
del garrotillo, tos ferina, mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que están expuestos
1os jóvenes, es de un valor terapéutico inapreciable.

CARTA INTERESANTE PARA EL PUBLICO

Carta interesante al público. 54 affoa de edad y 35
de sufrir. Horror al cuchillo y al cloroformo.

S. C: Maleo, Febrero 10 de 1897.
Sr. Dr. Adrlin de G&amp;ray.

Presente.

S5 anos justamente era la edad que llevaba de padf'cer
an&amp;. de las peores f&gt;nfPrmedades que pueden rnbrevenirle
&amp;l hombre, como Fon lae Eetrechecee en el caf\o de la orioa. El tfempo ~ iba pa@ando sin que yo resolviera l\ operarme por el horror tan grande que le tenia al cuchillo,
el temor que me infundia el cloroformo, y por último, la
dificultad de abandonar un ne~ocio para guardar cama;
~ues bien1 en tall'B circunstancias emprendí viaje desde
~an Gabnel Estado de Morelos¡ lila capital, paraconsulLar con el reputado eEpecialista Dr. C. Preciado de quien
sabía yo curaba tales enfermedades de una mat1era 8tt'lC\.Ua: di: bo fa cu l. ati vo me aseguró que me operaría sin dolor, sin hacerme Ean~, sin que yo guardara cama y sin
cloroformo, por medio de la electricidad y en e!erto, el
día 13 del presente mee me operó en eu consultorio pnr~icular situado en la grande avenida de Jae callee del Refugio, Coliseo Viejo núm. 8¡ duró mi operación cuatro
eegundos, soy un testigo viviente del buen éxito que ee
alcanza con tal método, y vivo eternamente agradecido
11,l famoso especialista y como una muestra de mi grati~ud doy á conocer este echo al público y si estuviera au Lorizado daría el nombre de más de 20 personas que en
el citado consultorio ha tratado y Ee manifiestan como
yo contentos del éxito que han alcanzado con la misma
operación que á mf les ha hecho el Dr. Preciado.
Lurs MANJA TtRFA

L;UID&amp;llo amigo y compa.ftero:

Con el fin de que llegue A n0Ucia.de1 J)l1blico y puetta. éste a.provecha~ de los esfuerzoi. l' trabaj06 que yo he emprendido, me es grato
manUei,.tar que \'d, es lhtlro cirujano me.xlcano que ¡;o conozco que
&amp;epa perfectamente ml mHoJo para cunir las ~trec ec~ uretrales_
del exóíago, del recto v del utero por medio de la. eleetróllsls lloeal
PUeden, puesa los enlermos de este &amp;fnero, entregarse con entel'a
confianza. a.\' ., lo mlsmo que en cualquier otro a.cnnto que se refiera A ctrugta, pue,; efétoy pen-uadldo de sui1 aptitudes, de r,:u habllidad
p&amp;ra operar y de su btulta llw;tracl6n. A la \'ez me es g,:ato decir u na
vez n:uls que mi método J)O.ra curar le.sestreche&lt;-s es lnofcmdvo ni.pido y de resultadOR maro.\'il10808 y que por medio de él he curado millares de enfermos en dl\'en;a.~ parter,: del muudo, como lo he proba.do en los libros que he e..;crito y en diver.-as Aeademlas de Medicina
Hoy que regreiso6 Par1s A oontbmar mis trabajos deo:pué-s de mi
agradable permanencia. de lnvlemo en esra ciudad, quiero que 108
mex.icaruY1 s1gan aprovechando m.J11esfuenos y por e;to les recomiendo se pongan en manOH de ,·d., !'l'lnlm.&lt;I de que quedarán ,atlsfech08.
Escribo A ,·d. la presente pe.ro que haga.de ella. el u'!O que mejor le
convenga, flacléndole 1nesente una vez más mi shicero nprcclo - Dr
J . .A . .flwt, profl!'f'Or de Anatom!a. de la Fac•ultad de Par1..cr
•
'
~1 Dr. Garay ha pral•llcado numem•,fü; operadone&lt;ipor{mediode'la.
electr6llsls, foda/J ('Ol'l frito, y e11 alguna.-; w:.·ompe.J\ado de los Doctore&amp;
M. Outlérrez, M. Aveleyra, J. Zárrnga y A, Ga,1no.
El Dr. Adrhiu de Garay es 1,rofe!'&lt;f1r de Anatomia quin\Wca. en'"la.
E..&lt;:e.uela Nacional de Ml-ilielna, rlrujano del Jl()f'pltal JuArez y d el
Asilo Fspafiol; proferor de Higiene en la Deuda Normal de ProfeN&gt;
res, Presldente de la 1-orledad Médica "Pedro h.('(:ObedO" y.._dl.rect.or
del perl6dlco La Escttela de Mtdicina

TOMO l .

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:l'..ÚlU0.6. l!:Sl'E Cl.6.I, de .6.J'E lTE:S d e '1'00Al)01l, l)a.i'&amp; P ASEO '1 '1'E.6.'1'BO
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los P•oitm~tos d• CH, FAY u encuentran •n el Mundo entero, •n casa de 101 Principales Perfumlafll YDroguKt••·

1

'

LA. HORCHA.T.EDA.

[Dlb11Jo d•Jo . . ■. VIIIHan ■ .]

�DOMINGO I&amp; DE ABRIL DE 0897

EL MUNDO

"EL MUNDO''
Semanario Ilustrado.
"T'eléíono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MblCO

Toda la correspondencia que se relacione con Ja

Re,.

411CCión, debe eer dirigida al

Director, Lic. Raf"ael Reyes Sptndota.
Toda la corresponJenci¡1 qne se rtilacionc con la edición
Jebe ser dirigida al

Ningún cJ.rruaje rompfa con el estruendo de las rued1::1s
el 'Wlemue silcucio d~ u:1.s calles. L.Js grit-•s de loB maro·
meros rasgaban el airu y los ofdu:5 t.awbién. ¡CJwu ha
corrido tl Ll~lllpo!
Pvr aq11~1la ~azón no- babia nacirlo Bejarano y uo se
proy"cwoau t'XposiciooPs de flores: Las mujeres no se expo1J.u1.11 más que en loa temploa ......... á a~r magulladas
por la muchedumbre. Ya no se toma la horchata en canta.ritos nuevos.

•••

Gerente, Lle. Fausto Moguel.

La Semana Santa de nuestros días está vestida á. lamo-

La subscripción A EL MUNDO vale $l.:t5 centavos al
111t:B, y ~ cubra. por trimestes aJelantaJus.

derna! Los boiubres pasan el día en las calles de Plateros
y las mujeres se exhiben en todogénerodeex:posicíonea.
Tudo lo viejo desde las suf'gras hasta las mantillas, tienen
la licencia de paseará la luz pública. Lo primero que se
piema, viendo esos trajes de color de agua marina, esas
plumas de p.1vo y esoi botines de raso, ~s que el vestuario del teatrv Nacional se ha vendido al menudeo. 81 ven
muchas caras y muchísimas caricat.uras. Sgmbreros hechos en la ca!:'a y que d~ lejos ó de cerca {&gt;atecen tiltro3
abollados con los que acaba de jugar uu gato¡ viejas que
se deecaecarau y jvvenes al oleo; levitas cuyos faldones
ee abren por &lt;letrJs, dejando ver uu pícaro remiendo;
corbatas color de sangre y guantes de ret.lecilla. Los monumentos si han cawbiado poco.
La wiswa profm,ión de naranjas plateadas y banderitas de oro volador; las velas de cera, que se tuercen y se
deshacen con el calor sobcant.e di! la iglesia, la.e: aguas de
colores repartiendo la luz en haces, loa proietas de car·
tón muy s~rios y forma.les; Josué con un sol de nariz co•
!orada, entre las manos. l\foisé~ con dos mechones ca•
lumniadores de rayos, equidos sobre la ~abeza; to'aos
los personajei de la Biblia1 estropeados implacablemente
por los escultores, fijo~ en el altar, como una guardia Palatina de la Iglesia'.

.Números sueltos, óU centavos.
A visos: á ra.7.Ón de $30 plana por cada publicación.
fodo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉG!tfrK.WO C:OM.O ARTÍCUW U.K SEGUNDA CLASE.

La Semana Santa.
Todavía me acuerdo, como 1-1i lo e~tuviera mirando, de
aquel magnífi..:o saco de tt.-rntopelo que eetrené un Jue\·es :::lanto.
¡Ya ha llovido desde entonces!
Tenía sus torro3 de sed.a, muy sefiores míos; y su bol•
sa de costado par.~ guardar el pañuelo blanco cvn sus iniciales negra:". La v1spera del día famoso en que debía
estrenarlo, no dvrmí en toda la noche. Sólo otra sensarión parecida he experimentado: cuando el primer sombrero de copa se pavoneó con eeBoril donaire en mi per•
chero.
¡Dios mío! ¡Cómo se suspira de nii'io por ese Jueves
Santo, esperado durante doce mee-es! Para los niños de
la clase media es el ella cláeico de los eEtrenos. ¡Qué herrnoea sería para ellos la Semana Santa, si no agriara su
t.lichalamaldita estrechez delos botines que comprados
la víspera1 al obscurecer, de prisa, entre el barullo de los
entrantes y salientes1 aprit:tan el pie como un zapato chino!
Para los ricoP, y los que no conocen, afortunadamente
esas penurias y privaciones que trae consigo la pobreza,
no existe, de seguro, la infinita ansiedad con que se aguar-da un día de fiesta. Mas para los po b1 es, enclauetrados sevf ramente en el duro aislamiento y el trabajo, el calen•
dario abre 'de ti echo en trt&gt;cho sus cerrados barrotee 1 de·
. jando ver un pedazo de cielo azul, como el girón i:1el firmamento que ce mira por Ja anguloi-a claraboya de una
cárcel. Por la abertura de ecos barrotes mal unidos entra c&lt;;mo ~na bocanadade_aire q.ue refresca la sangre 'y comumca ahentl) p~ra eegmr copiando oficios en el desmantelado salón de una oficina, ó vendiendo diversas
mercancías tras el pesado moftradnr de una tienda. Esas
francas alegrías que saludan. la llegada de los días de fiesta, forman la riqueza de los pobree. Para ellos la Sema·
na Santa. no Eignifica, como para nosotros, el trastorno,
penoso siempre, de los viejos hábitOF•, la obstn.1cci60 del
boulevard y la altura espantosa deJ termómetro; para
el!os. esos t~s .6 cuatro días, ungidos por la tradición
cristiana, significan la libertad más awplia y prolongada
de que pm•den gozar durante el año, ta fiesta de familia, la comida cuidadosamente aderezada, los pescBdos
que sólo se comp:an para el Viernes Santo, los paseos
llevando á la rnuJer del brazo y los niños·de la mano á.
través de las calles y los templos, el vanidoso placer de
tomar un heladu en el café, el anhelado estreno de la ro·
pa nueva, loa dfae sin patrón, sin amo, sin ministro, las
noches de largo euefio no cortado por el repique del reloj
d!lndo las seis de la maBana., ni las pesadillas en que revisten formas coloEales los hbros de Caja y las enormes
ruedas de las fábricas.
La víspera del J neves Santo, en cuanto dadas ya las 01 a•
ciones, ciérranee las oficinas y se apagan las luces de las
tiendas, .el pobre esclavo tláse á recorrer las caHes, llevando bien guardados los cartuchos en que tiene el dine•
ro de su sueldo; y cuando vuelve á casa entre loa gritos
regocijados de los nifios que salen á aguardarle en ta escalera, va poco á poco descargando su provisión de en.
cargos: latas y pasteles, el enea.Je que falta para el vestido nuevo. ~e la esposa, el so~"!,&gt;rerito de paja florentina
para t::l h1Jo mayo!¡ las prov1s1ones para la despensa, to•
da la mmensa vanedad de peces y mariscos que son indiapenea~les para estas vigilias de gran gala; la empanada de oshonee, el tarro de mostaza, y cubierta por triple
envoltura de papel de estraza, apenas azomando el en·
carnada casco de latón, la gran botella de Alicante ó
Burdeos ~~lo, qu~ al ~í~ sigui_ente ªI?urará entre aplau•
sos la familia. Rhm, VIt&gt;JO Rhin, el vrno de los ricos ja•
más produce una alegría franca ni un placer tan gra~de.

•••

Mi sa:o de ~rciopelo negro está ya más calvo que los

~adém1cos. 81 tuviera mtimoria me contaría Iasperipepcias de aquella Semana Santa en que me hizo sudar como un acróbata. Ya lian cambiado las costumbre,i hemos ~rdido muchas diver::iionea, umchas fieftas~ La
procesión no sale ya con su cortejo-devoto por la::i calJeg
n~ ~J Centurión caracolea en su caballo color de cap¿
vteJa. Sólo firmes, rt'f':istiendo los vafreue::i de la snerte
y los empujes de la civHiz~ción, perman"cen tres cosas
eternas: las matracas, los Judas y las rosquillaP. Hasta
las aguas frescas han adelantado. La horchata de los bue,~,•!- tit--mpos ~a desapai:ecido con la china poblana y los .
\1:1ev;::, d~ Gmllermo Prteto. Los pueEOtos de aguas frescas
~n verdaderaLOente cafés _de t:ncrucijada, C'lll Sil"!, pequti•
?ªS meEas, más ó me~os limpias, sus canapé:! deevenci•
Jados, sus vasos de cnstal y su~ meseras. Ya no se toma
la h?rchata en cantaritos nuevos. Delenda est Carthago.
¿En dónde están ahora aquellas tinieblas fe San Ague•
tío? Seguryi.meate han ido á loe telarañorns almacenes en
donde el t1em~. avaro ~uarda las lunas viejas y loa monumentos dA ~~n Fmnc~sco. ¡S.-t.n Francirnol Aquella era
la grandE: Iglee1a de la .Semana Santa. En ella se lucían
las ma~hllas negras, último resro del poder ele E~paña,
les vesudos de moaré y loe floridos tápalos de China.

MANUEL GüTIERES N .ÜERA

EL CERRO DEL CALVARIO
Véee nna loma enfrente del egida
Qne el blando influjo del Abril enerva1
Y donde envano la cansada cierva
Busca el raudal y pasto humedecido.
No hay un arbusto donde cuelgue el nido
De avecillas la gárrula caterva¡
Ni un matorral, ni 1m tronco, ni una hierba
Donde module el céfiro un gemido.
Ruinosa, oscura, sepulcral ermita
C'orona enhiesta la caliza cumbre '
Donde soberbio el vendaba! se a ita.
De esqueletos horrible muchedumbre
F.s fama que de allí se precipita,
'
El sol hermoso al esconder su _lumbre.
JOAQUÍN ARCADIO PAGAZA.

Dtibe el Uueno !'lf&gt;ntir que tiembla el imela
corno el jusOO de Horacio con firmna.
y ver también qnt ee tlesplomae1 cielo
diu incliuur eiquiera la cabeza.

•••

Cnani.lo se abre la tierra estremecida
el bneno reza, se re:::igua y muere
'
que ea e1 único eabio en esta vida'
el que saba querer lo que Dios quiere.
ÜAMPOA.MOB.

EL DOMINGO DE PASCUA EN GAZA
( De ''El Desierto" de Pierre Loti.)

Gaza, una de la'a ciudades máa antiguas del mundo
mencionada ya en el Génit-.e::1, en las tenebroEas época~
anteriores á Abraham, fué asaltada y vuelta á tomar derribada y elevada por todos loE viejos pueblos de J~ tie•
rra; los Egipcios la poseyeron veinte veces; perteneció á
los Filisteos, á los gigantes de la raza de Mn,,c, á los Asi•
rios, á les Griegos, á los Romanoe, á los Arabes y á los
Cruzados. Su suelo sembrado de escombros, lleno de
osa.mentas y de tesoros, se encuentra trabajado hasta en
su profundidad. La colina de tierra que le sirve de asien •.
to, es una colina artificial, amoldada por tiempos lejanoa
y vagos; sus alrededores están minados por subterráneos
de tod3:a !as edadee, de.salid3;5 ignoradas; sus campos estan acr1b1llados de aguJeros sm fondo, en lvs que tienen
sus madrigueras lagartos y serpientes.
A ocaciooes fué espléndida, sobre todo en los tiempos
del di&lt;;&gt;s Marnas, que tuvo allí un célebre templo. En la
actuahdad, las arenas han asolvado su puerto, enterrado .
sus mármoles. No es ya sino un humilde mercado á la.
puerta del desierto, en donde se surten las caravan~e.
Su ~pecto sigu&amp;siendo sarraceno;por e11cimadel montón ruinoso de sus casas, se elevan mezqnit.aa y kioskos
funerarios dt cúpulas blancas y se alzan palmeras esbeltas y grandes sicomoros.
País de ruinas y de polvo. Barriadas de arcilla de lodo
seco, y aquí y allá, incrustado en viles materiales, un
vetusto mármol árabe, el blasón de una cruzada, un fragmento de columna antigua, un santo. ó un Baal. Restos
de templos yacen esparcidos en laa callee, fri:,os de palacios griegos1 en tierra, en el dintel de la puer1a.
Escasos transeuntes y ninguna hud ,a de carruajes·
dromedarios, caballos y asnos.
'
Algunos inmóviles turbantes, blancos 6 verdee, sen ta•
dos en las gradas de los templos. Todo el movimiento
en el bazar, obscuro, cubierto de palmas umrchitae, en el1
que ~duinos de diferentes tribus del dt-1:ierto, compran
con dinero de merodeo, arneses de cauiello, vaina~ de
• sables, avena y dátiles.
En una mezquita la tumba de Nebi-el• Hachen abllelo
de Mahoma y patrono actual de la ciudad.
'
Penetramos allí en medio de un claro ra1 o de sÓI de esta
mañana de Pascua. Primeramente Fe üfrt'ce á nue~tra
vieta un amplio patio rodeado de blancoe arcos. Algunos
hombree eeenc~entran allí en e.ración; ptro bay 1 ~obre
todo, gran cantidad de muchachos que j Ul•gan bajo eELe
inmenso cielo azul. Es el uso de Oriente; . as praderas r
los patios de las mezquitas 1::onel lugar de cit.a de los Dl•
ñoe;_se ven como cosa natural y conveniente eEOB juegos
sencillos al lado de las oraciones de los ancianos proeternadoe.
Los más pequef'Ios, loa que apem,s saben correr tiene.a
en los tobillos un rosario de cascabeles, para que las ma •
dres puedan 0ír desde lejos en dónde se bailan, así como
se iodean de campanillas los cuellos de las cabras en la
montafl.a.
Este patio se comunica por medio de unas ojivas cerradas con verjas de hierro, con tranquilos cercadoe, som·
breados por palmeras y en los que crece una ) erba pri •
maveral, alta y florida, lugares en los que sin duda duermen los muert&lt;,s.
La tumb~ del santo se encuentra en uno de los ángu ·
los, la maciza puerta, ornamentada Je esculturas anti•
guas, está cerrada con llave¡ átguien, que rezaba allf va
en busca del viejo sacerdote guardián, y nos sentadios 1
en tanto, á la sombra de los arcos, en medio de una paz
religiosa que lo envuelve todo.
Acude con lentitud el sacerdote, anciano de barba.
blanca y turbante verd.Q; abre y entramos. Bajo una tris •
te cúpula, horadada en su parte superior, pintarrajeada,
de ara~ecos cuyos colores han apagado la humedad y
las lluvias1 se alza el gran catafalco de paño verde· en
las cuatro esquinM bolas de cobre co~onadas por la ~edia luna, y en la cabecera el turbante del muerto que ve•
la una vieja gaea.
Pos las callejas, por los bazares 1 la gente va y viene
ocup~da en sus as.untos cuotidianoB: aquí no es domi¿go, n1 es Pascua., emo ?n día cualquiera de la Egira-y
nada en esta pnmera ciudad de Judea despierta ~, recuerdo del Cristo.
'
Si1;1 embargo, he aquí ot:a mezquita de mayores pro·
porcrnnes, cuya puerta gótica nos parece una puerta deCatedral, y cuyo- umbral, en donde nos quitamos nues•
~ras ~abuchas, es como el umbral de una iglesia. En el
mtenor, una gran nave, en forma de cruz latina con columnas de marmol gris; y aquí y all~ en los' muros
otras cruces, que han sido arañadas, es ~erdad. pero qu~
persieten en dibujarse bajo las espeEae capas de cal que
las cubren. Es, en efecto, una iglesia, edificada po... estos
Cruzados de fe ardiente que veman en otro tiempo á ha·
cerse matar en Tierra Snnta. ¡Qué fuerza poseían aquellos bombrf:S y ci,ué prodigios érales poEOible n= alizar! ¡Cuán
bella es- su 1glesm para haber sido edificada en medio de
las guerra!'I, en un país de deetierrol ¡Cówo sorprende
verla en pie todavía!
· l
En ~u blancura tranquila, iluminada pM un reflejo de
sol or1ent11.l que resplandece afnera alg•l cristiano ce en·
euentra aúo, repent,inamente en elia. Los francos que la
const:11yeron. hace eiete siglos, habían, ~in embarg,, obscurecido ya el Jesús del Evangelio por infantiles Jeyen·
das-y ahora. lo que es más todavía -las sombrías ban•
banderas vtrdes de ;\fahoma ocupan la nave despojada,
en el lugar de .las imágenes _que colocaron allí aquellos
C.ruzados senc1ll.os; _pero. es igu111, algo de Redención ee
vislumbra, algo 1mpálpable é infi.nirawente dulce con una
vaga impresión de la fiesta del domingo de la fiesta de
la Pascua.........
'
.Por lo demás, los Cruzados han dejado aquí huellas
snya::1 en tod.os partes, y se correría el riesgo de remover
su:J huesos BI se removiera este viejo terreno sembrado de
ruinas y fl,:,. muertos. La ciudadela turca coÍnenzada en
el siglo Xlll, retocada, recargada de t~das las épccas

OJIINGO

,a

-DE ABRtL DE ,8g7

de la historia, ofrece en sus muros un conjnnto de eutilee
lineamientos árabes y pesados escudoe de los Liempoe ca·
balleresoos, en los que bro~an en la actualidad loe Hque•
nea, las plantee de las ruina~.
En los bardos alto1-1 1 nos detenemos en un logar desde
donde aparece to-lo Gaza, con s111:1 casas de tierra, sus mi•
naretefól, sus Cl'i.pulas bl rn..:as r,,dt&lt;adaa de palmeras, ab.i.jo los rc,stos de dU~ balha~1:1, dd tiempos desconocidos,
cuyos planos no se desti nguen ya y se pierden en los ce~
mev.teiios. Un mundo de cementtrios invade la campi•
na; en uno de ellos, baju un sicomoro, algunas mujeres
agrupadas lloran ruido~amente algún difunto, según los
actos oficiales, y PUS lamentaciones rítmicas se elevan
hasta nowtroe. Muchos hermosos jardines cubiert(ls de
sombra, muchos senderos bordeados de cactus y por loa
que suben a11nos llevando á la ciudad el agua en odres.
Y, por último, la mar lejana. ll\B espigas de las ~iembrad
e ndulando en rizos, y más alfá lae arenas d.-1 desierto; nn
panorama mela'nc6lico á que es difícil de asignar una focha en el cuno de las edades.

¡;:L MUNDO
LA CRUZ OE LA MONTAÑA

VIA-CRUCIS

Cada vez que trato de traer á la memoria aquel camino
de la Redención, reproduzco, por poder imaginativo, el
grandioso lienzo de Rafael de Sanzio, pasmo de Sieiliu.,
viajero errante, llevado en las lanzas de la conquill!ta y rescatado por la piedad cristiana de ~ntre la.e p1eseaa de la
gran conmoción volcánica que agitara un día el suelo de
la Europa.
Allá veo yo á Jeeúe, destacándose va;ientemente de en•
ire el grupo brutal que le asedia; 601a en su cabeza un
luminoso rayo en que parece haberse concentrado toda
la inspiración del artist-i: si allí hay luz, no e:, la que vie
ne de lo alto, es la que irradia de aquel busto transfigu•
raJ.o por el dolor. Enturbia sus ojos una nube de higriwas y de entre aquel llanto comprimido surge una miu:u.la de infinita tn::teza, mientrai; su boca se pliega amargaooente en una sonrisa eerena.
A. la derecha, la Divina Madre extiende ens palpitantes brazo!:! y dos gotas df&gt; rocio titilan en loa hilo::1 de hé1.Jano de sut: pestañas.-Magdalena gime arrodillada.
Al fondo, uu muy lejos, eo ese eterno primer plw,o,
único que h1 pint.ura de la época 'Parecía dispouer para
su::1 personajes, un montón de cabezas pose1das por la
ira, muchas sombras en aquellos semblantes y muchas
ironías en aque:Jos labios. Y en aquel c,.,njuntu, algo aA·
reo y cutil, algo miíd que la 1nspiraclún d..-1 artista: la fe
de sn alma, el ideal religioso, el amor divino &lt;lentro tfo
un eepíritu.
EL MISERERE DE SAN PEORO
La Btlnda del sacrificio es larga y dolorosa, pero si el
martir llora no es por él, es por Sión que ya visluiubra
hundida en lontananza: tcNo llortlis por mí, dice .í. las
(Roma. )
mujert's¡ l torad por vosotras mismas y pur vuestros bi·
jo.:i.u Y aun hay movimientos en Sud u1iembros tlolor1•
Pero hay nnacere,oonia y un mnmentosublime: el 1'-li•edos y cou sublime entereza se dirije al lugar del suplirereen San Pedro. La música es de una inspiración inag-ocio: es que de allá arriba la 01deu de Padre 11a. tlt!sceotable. de un efecto sorprende11t,e. R)ma vió eael si~lo XVI
que E" l protestantismo le aventajab,1 t"n música, cuando tar.- dido basta .El y ha penetrado en su s?r, sublimado al
anuncio del martiriu.
to aventajaba ella al p, oteetant1sooo eu pintura, t n escultuTiene este camino la- punzante amargura de un dolor
ra y en arquitectura. Naturalmente buscóun m11sico1 arÁ
que nose acaba nunca: se le recurre paso á pasv con el
contrastar esta inferioridad, y lo encontró sublime, enCrucificado, y cu cada aspereza se va deJarnfo un girón
contró á Palestrina, ese Miguel Angel del arte lírico. ltl
de carue1 hast,a Jleg.1r á. lo alto de la cima. La vida, prenPa.pa prohibió que su Miserere fuera copiado, para que
dida al cuerpo por invisibles ligadurai;1, se.alt"ja tenuesólo resonase en la iglesia cuyas bóvedas gigantes se ha·
mente, sin. convulsiones desesperadas. El l'i&lt;t (,'rw..:~ es
Jlan completamente en armonía con las sublimes notas.
el comienzo de una agonía serena.: t.11, la agvnía del HomUn dia escuchaba fuera de sí el Miserere un niño subli·
bn•Dios.
me. Eete nii'io, que debía ser el Rafael de la música, lo
Tvdo lo que la rabia huma11a ha podido amontonar,
aprendió de memoria y lo divulgó por el mundo. Llamábaae el niñ,,, Mozart. El genio germanice vino como siem· cae en esa inmortal carrera svbre la Sagrada Victima: el
escarnio, el furor, la burla, se mezclan y se confundeo y
pre á robar sus secretos al gemo latino, en la guerrae1er·
na de ambas uzas. No hay pluma capaz de describir la '-"" un solo eco se formulan, gritos de b~stia famélica que
ha encontrado su preea1 la reclama, ju, g.i. con ella é ineolemnidad del Miserere. La noche avanzB. La Basílica
cita todavía su apetito y prolonga má1-1 el ~uplicio. Basta•
está á. obscuras, sus altares desuudos. La última vela del
ría (desús para el martirio ese V'ia Cruc~, el pesado wa•
tenebrario se ha ocultado tras del altar. Os creeriais den•
dero á su hombro, la injuria escupid~ á su rostro, esa
trode un túmulo inmenso á traves de cuyastablaaentrara el reFplandor lejano de lámparas funerarias. La mú- oleada brutal invadiéndolo todo, devoradora, imsacia·
ble y haciend·) flotará. tste Divino Mártir de latalvaci6n
sica del Miserere no tiene inatrumentación. Es un coro
sublme combinarlo de una manera admirab!P. Ya se oye de las almas.
l\1aría ha regado con su lla oto cada piedra de la som•
como el rumor lt'jnno rle una tempestad ó como la vibrabrfa calle: la Madre es la esencia divina, pero es Madrn.
ción del viento sobn· lns ruinas y en loe cipreses de las
Sabe que el martirio es preciso, pero sabe tambiéu que
tumbas; ya como un lamento que se levantara del fondo
de la tierra ó como nn plañido que enviaran los á.ngeles el Mártir es su L.ijo. Y en aquella imerminable senda,
los mártires son dos: El y Ella.
del cielo, todo envuelwen sollozos, en unalluviade lágri·
El cat.olicismo Sé nutre con la sangre de la víctima: de
mas.
Como las est1Huas de blnnco marmol son de tal mane- generación en generacióu el terrible drama ha pasado
con sus acentuados perfiles sin perder una sola de las irn·
ra•gigantescas y brillan t,aoto que las primeras sombras
no pueden completamente ocultarlas, parecen evocacio- presiones que su recuerdo evoca en la hietoria huma.na.
nes de otras edadeR que, al levantarse de su sepulcro y En el cuuo de todos l@s grandes hechos que han conmovido al.planeta, esta dulce figura que pasa con los brazos
desceñirse de su negro sudario, entonan ese cántico de
dolor y de horrible de1&gt;esperación. La Basílica toda se extendidos 1 fulgurante de luz, derramando bendicion..-s,
no ha desaparecido; siempre en el fondo de nuestras Inconmueve, vibra cual si los acentos de tt&gt;-1ror salieran de
chas se conserva esta hermosa visióo que toca nuestro
cada una de sus piedral'I. Esta l?1.01ent.ación, larg 1, sublime,
esta ola de hiel evaporada en los giros d1::l ftirt-, ns hiere espirito con el triple poder de la fé, de la esperanza y t.ld
amor.
profundamente el corazón, p01q·1e es su tr!stczainfinita,
Jesús no pod.Ja llegar al mundo sino para ser herido
es la voz de Roma quejándot1t1 (t lf•S cielo8 desde su le•
por el dolor, para el sacrificio y para la redención. Pocho de cenizas, como si bajn sns cilicios se retorciera ago•
nerse en contacto con las COl!as humanas, reducir,m, El,
nizante. Llorar así, lamtintarse com•i los antiguos prot, •
más inmenso que el espacio á los estrechos límites (id
tas bajo los eauces del Eufrates ó sobre las piedras esparnuestro breve cuerpo; tomar carne de hombre, era ya de
cidas del templo: llorar en cadencias sublimes, conviene
á una ciudad como esta, cuyo eterno dolor no ha ofendi· condenarse al martirio: la nieve no se mezcla con el fuedo todavía á su eterna berwosura. Así es la ciudad escfa- go sino para mancharse. Había de morir: nostalgia divina lo apartaba de nosotros. Arrojó en las siembras la
va. David sólo podría Fer su poet.M. Lo eublime es la nota
et.t-rna semilla, y ee encaminó serenamente al patíbulo.
de su cántico. Roma, R,1ma; eres grande:1, eres inmortal
Su vida humana fué un holocausto: loe católicos se aprohasta en tu desesperación y en tu abandono.
ximan áeste drama de rodillas.
Tendrás eternamente en el corazón humano un altar,
Allá en el Calvario, cuandu la sombra va borrando los
aunque e:e pierda la fé, que ha sido t,n presdgio, corno se
pe1files, y el sagrado cuerpo abandonado á. su propio pe•
perdieron las conquistas que habían eidotu fuerza. Nadie
podrá robarte el dónde la inmortalidad qne te confiaran so, parece como vencido en la lucha contra la raza humana, llora todavía la Madre, y su silueta tiembla wbre el
tus dioses, que te bao e:osk--nido tus pontíficee, y que te
fouct.o 'n.¿,gro de la ciudad cruel. Abajo duermen las paconfirmarán eternamente tus artistas.
siones mal extingnida;i, enfrfanse los odios; es el repmo
EMILIO CA!-i"Tl-:LAR.
de la b,stia repl~ta. Arriba vela el dolnr; i:e eleva hasta
el Padre y busca un hilo dti luz en medio de tantas tinie•
bta!'.
Y el sagrado cuerpo parece animarsf', y de sus labios,
una ':ez más, brotan fra::i1c:s de perdón para sus \·erdugos,
EN EL COJllEDOR
de bienaventmaJJza para todos los homb,eio, de amor
( Pascua de Resurrección.)
para la madre; e? el úoico soplo de aqnella al111a que antt"I! de abandonar su armazón mortal, lo ilumina con el
Mágico hervor que Se dilata en torno
lulo de luz pedido por la Madre. Ultimo esfuerzo de un
hace saltar la nota crietalino
eipíritu antes de abandonará la que tanto ama.
de la ancha copa qne el aldeano empina,
'f¡_¡rnbién las almas tienen eu vi:l crucis. A las que sudel carnaval por el feliz retorno ..... .
fr~n, á. las qne lloran, abierto f'Stá el cawino de esa otra
alma inmensa, que llena el Universo, que lo vivifica toEs un arado el singular adorno
d&lt;: la de Aquel qu~ expiró en Ja cruz.
único que hallar puede la retina;
E. GóMEZ GUERFERO.
y allá trae de la puerta se adivina
caduco, ahumado y ceniciento horno ..... .
Hoy es Pascua. Hoy del aol al postrer lampo
bebe una misma copa con su amada
el labrador, por la salud del campo;
Y hoy á la cena la embriagiiez asiste,
danzando al rededor de una colgada
ave sin plumas, retorcida y triste ........ .
J. s. CH;

Conmueve de placer nuee\ras entradas,
al ver q ne consolando ajenos malee,
va la piedad desde las casas reales
á barrer la_mieeria á las cabañas.
C AMPOAHOR.

Notienem,a ado : no que laa flores
Que el inocente leñador corlara,
Que los esbeltos juncos cimbrad.orea
Para alfombrdr el césped de tu arn,
O de campestres lirios la cadena
Que pastora infeliz ofreció pía~
(.,'uando con labio trémulo pedía
Tu protección en su amorosa pena.
Te da sus perlas la naciente awora
En argentada lluvia de rocfo,
El iris con las tintas te colora
Del sol de las montai'ias del estfo.
La piedra de tu altar, arrulladora
Lame la blanca linfa de ese río,
Que va después, eotre la selva ob.=cura,
El soto á tecuRdar y ia llanura.
Así te quiso el Redentor del mundr,
Que te escogió en el bosque centena do,
Para abrazarte con doloc- profundo
En su eanto mart,irio del Calvario;
Y así debes est-ar entre las flores.
En tusafiosos bosques-escondido~,
Consolando los tímidos dolore~,
Ali vianda lm pechoi:1 oprimido~.
¿Santa y sublime Cruz! ¡~y de3 lichaJ o!
Ruge la tempestad de lo'I peaare::1
Dentro mi corazón desesperado¡
¡Vengo á buscar c'o osuelo en tus a 1t \tes;
Dame de mi nii'iez blanda el sosit'gu!
¡Que vuelva al corazón la antigua calma,
Consuelo del cristiano, te lo ruego!
Yo tengo mustia y dolorida el alma.
Yo quiero aquí olvidar; busco un asilo
En t,í1 mi dulce y única esperanza:
Aquí en tu altar descansaré tranquilo;
Aquí hallaré la paz y la bonanza!
Y cuando enlute el velo funer,.i.rin
Mi triste frente y al dolor sucumba,
Tú, Cruz humilde, cubrirás mi n~ario,
Y tus violetas ornarán mi tumba.
Ia:t-ACIO M. Ai.TAMIH.\.XO.

BRONCES
MOISES

De perezosas sierpes negra trama
Finje su luenga barba retorcida,
Y es fil frente á la cumbre parecida
Que elsol calcina con eterna llama.
El gensamiento que al Seilor proclama
Al -partir de au lengua conmovida,
Como un gigante con la sien herida
Lleno de furia se retuerce y brama!
Sus fuertes nervios el furor violenta
Cmrndo de Dios numera los agravios
De aterradora majestad cubiert.o ..... .
Ht1y en sus ojos brillos de tormenta
Que parece que viene de sus labios
Uu soplo retumbante del desierto

*•*

SAN JUAN

Asienta sobre v6rtjces la planta,
su frente al cielo tempestuoso toca,
el acento de fo.pg I de su boca
torbellino de arc1l.ngeles levanta.
Entre es fragor de la trompeta santa
que á ¡uicio los espíritus convoca,
con rui11a y con estrépito de roca,
la caree\ de los réprobos quebranta.
Al mandt1to de Dios, que él obedece,
todo ~n profundo y colosal abismo
pur inmensa vorágine perece ..... .
)..fá.s para gloria del humano duelo,
sobre el horror del vasto cataclismo
aur~a .Ternsalem erige al cielo!
J UErrO A. F ACIO.
OTRO PAGO DE $25,604 DE "LA MUTUA"

ENMEXICO.

.J

/,a

Sra. C1.0tiJd,~ C. viuda de Bejarano, d.e Tapa.chula.

Tapachnla, '1.rrzo 16 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer, Director gener.il de ''La
Mutua.'' -México,
)-foy estimado i-dior:
Sin·e ef'ta par,, ..::.erti6 :,r A n~t'" q11e hoy nos han sido
pagada~ !na pólizru:i mímer,J:;:
389,886 por ... ... . .. ...... .......... .. ...... $ 2 000 00

-429,477 i , • .•••• •••• ••••• ••• • . . . . . . . . . . . . . 11 s:ooo 00
600,321 ,, ................................. )) 10 000 00
153,939 ,, ................................. » 10' 604 40 con

la devolu.;ión de premios.
'
So.lamente puede afirmar este pago el ya inmejorable
crédito de la Compa11ía a.l di5no cargo de usted, y le autorizamos para que haga el usv que mejor le convenga á
usted de esta carta.
Somos de usted atas., aftmos. SS. SS.-Ctotüde C. de
Bejarano.-Como su tutor, A lejandro C6rdova.

�....

EL MUNDO

DDMINGO 18 de ABIIIL de 1897

DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

EL MUNDO

&amp;scenas me~icanas.

9ue¡,es $anto.-"0isÚanao los LbJonumentos.
[DlbUjo de Joaé M.. Vlllasan.a.J

í:a ultima c-2na.

•s1

�EL MUNDO

'Una Semana Santa de hace dos siglos.
Espléndido se ha mostrado el sol en este d.!a, que á no
dudarlo el Padre de la luz eetaba ganoso de presenciar el
boato que ha des1¡&gt;legado el rey má11 galán y fastuoso del
orbe para solemmzar el mayor de los misterios de nuestra sacrosanta religión.
Después del retiro que, llevado de su mucha piedad,
se había impuesta recluyéndose con su augusta familia
desde el viernes á. loe reales aposentos de San J er6nimo1
en la tarde de ayer miércoles hizo su entrada en la Corte
el rey nuestro seiior, con gran contentamiento de sus
vasallos, que viendo en su ga!larda persona el más firme
sustento de esta vasta mooarqufa, no pierden ocasión de
mostrarle su amor y hacerle ver la alta estima en que
tie1.1en sus prendas.
.
De ese júbilo dícese que llo han participado en tan•
ta medida los reverendos de Atocha, que contando•
con que á. su casa asistirían SS. MM. á. las tinieblas,
1!8 han creído desairados con la preferencia que el monarca dió por esta vez al templo real de la Almudena, que
tal vez por su mayor proximidad al alcázar fué el elegido.
.
En él era tal la aglomeración de gentes, que al abrir las
guardas calle á las reales personas, hubo no escaso número de heridos, y no pocos fieles fueron á dar con sus
huesos en la caree! de corte, acusados de haber tenido
más listas las manos para registrar faltriqueras que los
ojos para admirar las galas de que se había adornado el
templo.
No fué, sin embargo, esto, que por ser·monedacorriente en nadie causó asombro, lo que aguó la fiesta. Otro
incidente, que por haber sido muy comentado no ha de
pasar en silencio, fué lo que hizo que terminara desabrida y punto menos que solitaria una solemnidad religio ·
saque coment.ó tan animada y concurrida.
Poco de~pués del primer salmo, la reina nuestra señora sufrió un desvs nacimiento que casi la privó de sentido y aunque su relig1osida.d nunca desmentida, una vez
de~vanecii.10 el sopor, la hiciera instar á todos á perma•
neceren la iglesia, siquiera hasta la terminación delco·
menzado nortnrno 1 el rey, galante siempre, la acompafió al Alcázar, de donde ya no volvieron á salir.
Los m 1s dieron por causa al íncidente el sofocante calor producido por las luces, y aun hubo quien tuvo el
síncope por v~nturoso nuncio de nueva sucesión; pero
como en parte alguna no faltan lenguas maldicientes,
éstas dier,m otra significación al lance.
Sabida. es la costumbre que tienen los lindos al uso
de ha~r en eate día. obsequio.:1 á sus damas, de matracas
de ricas madera.e embutidas de oro, plata y marfil y otras
materias precio::,as, con que·armar ruido en los templos.
El rey á fu('r d~ g,1,lán, había hecho á au aug·1sta esposa
presen'te de una. dd estae máquinas. verdadera joya, en
que por haber puesto mano los más renombrados plateros recién venidos de Italia, parecía no poder tener rival
en el ruundo; y esta circunstancia había llenado de legítimo orgullo tt la que con él compa1te la soberanía de estos vastos reinos.
Dícese sin embargo, que el contento de tan augusta
señ.ora se' vió turbado desde el momento mismo en que
penetró al templo, por ver que muy cerca de su estrado
tenía almohada e1erta dama á. quien es fama que ,el gran
Philipo galantea, no por cierto con desabrida fortuna.
Sin embargo, casi es seguro que habría disimulado t!U
enojo, á no haber reparado que la susodicha, con descoco inaudito y con objeto manifiesto de hacer más público lo que para nadie es secreto, mostraba en la mano una
matraca que, por ser de mayores primores que la de nuestra soberana, harto claro revelaba la alteza de su origen.
La reina entonces, sin ser duefía de si, hizo menudas
piezas la suya, y acudiendo copiosas lágrimas á sus ojos,
ee vió tomada de! desmayo de que ya se hizo mérito,
De esto será lo que quiera. El rey es mozo y galán, y
aunque la suerté leunió cou quien á nadie cede en virtud
ni hermosura, la juventud es indómit.a, y más fácil es
ven~r luteranos y hugonotes que domar los fieros de
una sangre bullidora é inquieta.
El hecho es, que si tormenta hubo, los primeros albores del día la disiparon, y hoy jueves ambos monarcas
han asistido álo3 Divinos Oficios al convento de Descalzas Reales, donde no se ha sabido que admirar más, si 11s
armoniosos sones de una orqoesta digna en todo de los
o.fdos que la escuchaban, 6 la artificiosa traza del monumento co □ que las alcurniadas madres han logrado hacer la más bella apariencia del sublime misterio que hoy
se conmemora.
Loa reyes, terminado el Oficio, fueron obsequiados con
un agasajo en que, sin quebrantar los preceptos del ayuno, pudieron paladear las delicadas garapiñas y las sabrosas aguas de limón, canela y bergamota, que tan alta
nombradia de hábiles reposteras ha dado á las religiosas.
Su Majestad mo~tró tal pena por no hacer brecha en las
salsillas de merrneladas y jaleas que se ofreci,.n á sus
ojos, q 1e la superiora prometió que en la mesa de hoy
correna á cargo del convento toda la parkl de la confitura, y q 1e nuev.os regalos al paladar podría ofrecer si los
augustos huéspedes honraban el sarao á W divinn con que
la comunidad hade festejar el Domingo de Resurrección.
El rey, no Sólo aceptó con su cortesanía habitual el
ofrecimiento, sino que se comprometió á ser pareja de la
superioora en lazarChbanda mf.stica con que se rompiera el
b~ile.
c.,n esto, y después de admirar los ricos tapices y reposteros con que se bah.fa engalanado el claustro bajo,
salieron SS. M.\L del monasterio para asistir en el Alcázar al ú.watorio, donde fueron agasajados largamente los
doce pobres elegidos, entre los que el rey distinguió con
palabras de afecto á un antiguo alférez de los tercios viejos, que después de servir desde los tiempos del Sr. D.
Felipe el Segundo, lisiado de un tiro de Arcabuz, pide
hoy limosna en las gradas de la Victoria.
Por Ja tarde, despuélfde oido el Sei-nión del Mandato en
la Real Capilla, ealió la corte con pública ostentación ií.
visitar los sagrarios1 siendo tal el luJo qoe en su atavío y

servidumbre desplegó el conde-duque que, aunque el rey
iba bizarro en extremo, vestido de !~nado cou aforr0s
de color perla y randas y sobrepuestos de plata pasada,
hubo de decir con sin par donaire á uao de ~us sumilleres:
-La mitad pnr lo menos de los memoriales que se recojan los proveerá. de su bolsillo Olivares; que por lo visto anda con más bolgura su casa que la ro.fa.
La carrera no se eefialó por incidente alguno notable,
puesto que aunque en dos ó tres ocasiones la ostentosa
comitiva estuvo ú. punto de yerse rota por las oleadas de
la plebe puesta en confusión, li tal incidente por todos
los afi()S 1 no dan valor sino las gentes sobrado espantadizas. Ci~•:.&lt;J es que por irreverente pudiera pasar que los
pueelcs de bebida y golosinas obstruyan la puerta de los
templos y den ocasión á que las destemplanzas de la em·
briaguez turben el recogimiento devoto quC el día pide;
pero la costumbre es costumbre, y hay que respetarla en
evitación dl::l maynres malea.
Más de lamentar íué. otro suceso que, llenando de consternación el ánimo de S. 1\1., hizo que seretiraseásureal
morada antes de ponerse el sol.
Cuando se dirigía á Santo Domingo, qu~ este año se ha
visto concurrido como nunca por estrenar monumento,
regalo del seíiot inquisidor general y traza del sevillano
Diego Velá.zquez de Silva, gran bulto de gente que s_alía
precipitadamente de la l'glesia gritando: i&lt;¡Profanac1ón,
profanación,!n detuvo el paso de S. l\:L, quien buscando
refugio en las casas que habita un hijo del conde de Fuentes, mandó persona que se informara de lo ocurrido en
el templo.
Esto, á lo que de público se decía, fué como sigue: A
cierto consejero de Portugal, hombre de tan alta prosapia como entrado en años, hále ocurrido ~a poco tiempo
la idea de dar su ya sarmentosa mano a cierta doncelhca
á quien, no por lo que parece perdiendo su tiempo, re•
cuestaba de amores un mayorazgo más sQbrado de mala
fama que de buena hacienda. El mozo no debió quedar
satisfecho con gozará medias lo que por entero pretendía, y hoy, aprovechando la confusión del mucho gentío
y sin respeto á la s~mtidad del lugar, arrebató á. la esposa del brazo del propio marido y se dirigió desde cerca
del presbiterio á la puerta de la iglesia1 ganoso sin duda
de poner en cobro su presa.
Esto hubiera conseguido si algunos criados del consejero, más avisados que su amo, v:endo el juego no hubie ran querido cortarle el paso, no sólo dando descompuestas voces, sino poniendo mano á las dagas. Al mozo no
debía faltarte tampoco quien le guardara las espaldas,
puesto que en breve espacio, donde todo era antes rec&lt;;&gt;gimiento y oracionPs, sólo se escuchaban votos y porvidas mezclados al chocar de espadas y á los lamentos, de
los no poco:i: heridos que con su sangre manchaban las
losa11 de la Casa del Señor.
Más de media hora tardó en ponerse remate al tumulto, cayendo, no sin trabajo, en manos de la jm1ticia los
causantes de él. Dícese que el templo se cerrará hasta
que sea de nuevo purificade y que los culpables pagarán
en la horca su delito. Dios Nne:i:tro Señor sobre todo.
El rey ha tomado tal pena d.-il suceso, que hay quien
pretende que excusará su presencia en los balcones G.el
Alcázar al paso de la Procesión del Santo Entierro que, como es uso, saldrá mañana. Aunque esto suceda, no por
ello se verá menos concurrida la carrera, que sastre hay
que lleva ya velando más de tres semanas por terminar
ropillas y saboyanas que han de lucirse en el tránsito. y
damas y galanes no renunciarán á ser vistos en día'1.etanta gala, suceda lo que suceda.
De todo informaré más por menudo en otra estafeta;
que como ee fácil que vengan tiempos en que la erética
pravedad traiga consigo el descreimiento, bueno es que
documentos escritos muestren á. las generaciones venide,
ras cuánta es la piedad de este siglo, que ha de ser citado pata gloria nue~tra, si no como espejo de buenas coa•
tumbres, como dechado de intachable fe y de sincera rd•
ligiosida:l.
A~GEL R. CHA VES.

VIERNES SANTOS
La cruz ya(!C sobre el p'll\·o. D.rnrm ~ el templo. En lo~ alt.ires

ya los coros fervorosos de las vírgenes no cantan,.
Secos cirios. arropados en las sombras tutelares,
con nostalgias luminosas de las sombras se levantan.
En el órgano-ese duro roncador empedernidoduerme el cántico los suefios de sus místicos ensalmos;
y se escucha q11e resuenan en el fondo del oído
los gorgeos de las notas postrimeras de los salmos.
El espíritu escapándose en el verbo que aletea,
va girando por las nnbes v esperando que se le abra
el gran pórtico dorado del alcázar de la Idea,
donde al pie del Padre Eterno canta gloria la Palabra!

DOMINGO 18 DE ABRIL DE ,8g7 "

La neurótica creyente que en su Dio~ pensaba ap"'nas,
ClJmO ha visto al diablo, salta y en sud rezad ~Id aprc.:;11ra ..•
Ella ha visto que un fantasma gira en torno dd lds luces;
y tell.ida en los colores inflamados de la ros.1 1
atropeya sus palabras, con los derl.0.::1 hace cruces
y va hundiéndose en las nieblas de la iglesia sil"'11ciosa....
Todo calla. La campana de las torres ya.ce m uii.'1; 1
y sus cantos c¡ue ayer mismo fueron gloria hoy fuesen menguu.:

taciturna, con sus sueños melancúlicos de viud&lt;J..
bamboléase én las sombras, amarrada dd la leugua ........ .
Mas enmedio del silencio filo.sóficíl y profundo,
se levama el señor cura; y espaciando la mirada,
con la idea en los abism'ls, con las plantas en el m1rndo,
sube á. lo alto del Gran T,:,do, baja al fondo de la Na.da.
Mue,¡e ideas, cambia rumbos; mueve frases, cambia giros;

y-á los lóbregos pasando de los tonos más serenos,va soltando lai palabra.a como lánguidos suspiros,
comG besos, como quejas, como gritos, como truenos ..... .
J osÉ S. Cmx:A.No.

CU E:NTOS EV ANGE:1,ICOS
( De un evangelio inédito encontrado en la abadía de San.
Wolfgang.)
EL SOCORRO DE.UN LADRON

!.-Una noche negra, hacia el Egip~o, á través del de•
sie1to, sin ganado, sin bueyes, sin carneros y c0n las ánforas vaciaa, loe viajeroi caminaban impelHlüd p1.1r el
viento, sobre las inmensas sabanas de arena.
II.-La noche estaba mu_v pavorosa y muy ne~ra, y
torturados por el hambre y la sed y la afliccióu, lo.:; viajeros gemian, no sabiendo á quién implorar.
Ill.-Entre las tinieblas de la noche se diRt.inguía. un
árbol, y Jesús dijo: ((Yo subiré áeseárbol para. VPr si luce alguna ventana. sea muy léjos ó muy caca. Y Jesús.
subió al árbol y Maria le preguntó: u¿:~fo ves lucir ninguna ventana?n Y Jesús contestó: uSólo v~o la:, tinieblM de
la noche.)) Después de unos instantes, María volvió á pre•
guntarle: tc¿No ves lucir la ventana de nint(una casa?,&gt;
Entonces Jesús contestó: ce Veo una luz pcqaeñisima allá
muy lejos; pero dudo si sea una estrella que luce entre
las nubeR negras, ó la luz de una ventana.u
IV.-Y era la luz de una ventana. y cuando los viaje ros se hallaron frente á la casa, José llamú &lt;Í. la puerta y
apareció una vieja llevando una lámoara..
V.-Y habló María, la madre de Jtisús: uStlñora, per•
mítenos dormir bajo el techo de tu casa h1\-1tl\ qu1:1 salga
el sol; el viento del desierto ha resecado m1e.c;trod Ubio3
y nuestra piel, y la arena ardiente nos qu("•UÓ los pies;.
somos un anciano, una mujer y un niño d., d.,):, añ11::,, que
nos hallamos sin asilo y lo imploramos tle tll bondad.&gt;&gt;
VI.-Pero la vieja:-uHuid pronto, contt':;t,ó; huiJ, porque mi marido, á quien llaman Tito, es el m Ltl crud y el
más terrible de todos los ladrones del desiert·1 y se c,1m place en asesinará los viajeros que desp,,ja. Ifoid pronto
porque está comiendo, y si os escuch;i vc:udrd. ,i. llla•
taros.n
VII.-Yacabando de decir estas palabras, 'l'ito salió,
mostrando su rostro negro, sus ca.bellos eri;1,,d )S y :;11;:1 gri·
tos semejaban rugidos de león. 1c¡Oh, noche t&lt;lli.:, gritó,
que trajiste á mi casa estos viajeros para qud 101:1 de::1p0Je, y
si la cena que preparaba mi mujer noea de mi agra.do, tal
vez la carne de esa mujer ó de ese niño, t1t1.ti:Had,n mi
hambre!n
VIII.- Y los viajeros temblaron.
IX.-Pero cuando el bandido feroz hubo visto al divino Biflo, se esparció por su rostro una expresión de inefable bondad y sus miradas se trocaron da feroces en
amables. 1,Venid, dijo al aaciano y á. Marít1, entrad á mi
casa y cenad y dormid; no os haré ningún daño, sólo pido como recompensa, que me permitáis tener sobre mis ro ·
dillas á ese niño, el más bello y el más encantador de los
hijos de los hombres, y besarlo una vez, si acaso uo tie ne miedo á mi inculta barba.
X.-Y los viajeros entraron, y cenaron y durmieron y
el malhechor enternecido, ad.miraba ex~siado á su divino huésped.
XL-Cuando salió el sol los viajeros eedespidierondei.
bandido, y éste se desolaba y gemía, porque pensaba que
jamás volvería á verá aquel niño encantador. Pero Jesús, volteándose hacia él, le envió un beso con loe dedos
de su diestra infantil! u1ito, le dijo, terrible malhechor
que con tanta bondad me has dado albergue, tú me volverás á ver, te lo prometo, en nombre de mi padre.n
XII.-Y cuando Jesús fué crucificado, TU.o también
fué crucificado á la dereJba del Redentor.
ÜATULO MÉNDFZ.

La neurótica creyente, con fantástica ternura,
murmurando sus cortadas oraciones, se arrodilla;
y en sus labios perfumados con olores de mistura
todo llora, todo gime, todo tiembla, todo brilla.
A través del casto velo de las gohs de su llanto
ella observa el lienzo obscuro que hacia un lado se di visa:
Satanás alza los cuernos á. los pies del angel santo,
con la boca dilatada p or estúpída sonrit:a
¡Oh qué plÍ.nico! ¡oh qué frío va corriendo por las vena~!
¡oh qué vertig.:i de sombras! ¡oh qué golpes de locura!

Si esperamos en dios con alma honrada,
Premiará nuestra fé su providencia.
¿Qué es el temblor de nuestro globo? Nada 1
al lado del temblor de la conciencia.
C.rn:r o.uIOR..

EL MUNDO

DOMINGO .18 de ABRIL de 897

•ss

~~=====~=============================~
facistoles de bronce, ¡qué hermoso conjunto presentan en
el coro, y qué pena causa ver alguna de las soberbias sillas en una casa moderna, y considerar el destrozo que
supone la desaparición de esos coros tan majestuosos,
tan episcopales, tan seductores para el pincel ~e la artista!
Las verjas cerra.ado misteriosamente las capillas ó deearrollandosus filigranas de hierro ante los altares, decoran
de admirable modo el recinto; y la piedra, los mármoles,
las maderas l?recioeas, la plata, el oro, la pintura, la
orfebrería, uméndose para embellecer y adornar á la ca·
tedral, como ádesposada ene! día de sus nupcias, dan ~r
resultado esa sinfonía incomparable del arte, que admt·
ra sin fatigar, que atrae sin deslumbrar! que penetra
dulcemente, insensiblemente por los sentidos y por el
corazón, y causa en vez del horrible calambre y de la neurosis aguda de los museos, un delicioso estado de phtcido ensueño y de beatitud espiritual. ......... En loe palacios de Cristo, en las bellas catedrales españolas las más
engalanadas, que no tienen rival en el mundo, el com·
plemento del espectáculo religioso es el pueblo. Humildes labriegos, vestidos con sus trajes regionales, arrodillados en primera línea1 lo más cerca posible del altar mayor vrontos á besar el anillo del obisdo cuando pase,
nos' dicen que allí es la mansión de la igualdad, que en la
catedral á nadie se excluye, que para todos, y acaso más
para loa desheredados y los miserables, se acumularon
maravillas por espacio de siglos en la Chsa dorada de
Dios.
Este goce, repito, que no puede disfrutarlo el pueblo
de ·M adrid. No es seguro que los hoy vivos duremos lo
bastante para ver concluida la catedral dedicada á nuestra Señ.ora de 19. Almudena, y que por ahora no ha rebosado mp.cho de la cripta subterránea. Y cuando esa basílica moaerna esté concluida, y abierta al culto, sin que
falte ni la cuerda de una campana 1 ni el roquete de un
monaguillo, ya se notará la diferencia entre la intimidad
de las catedrales viejas y la sequedad y el fr.fo de las nuevas. En templos y en aristocracias no caben innovaciones, lo que da elaborado el tiempo, es lo único que vale
y sirve.
En Madrid la"Semana Santa sólo ofrece una particulari ·
dad característica: que no circulan cochea durante los dos
días de Jueves y Viernes Santo. Ya se comprende cuanto
se modifica el aspecto de la población quedándoseá pie. Un
silencio provinciano adormece las calles más bulliciosas y
las que, no entarugadas aún, resuenan constantemente
como yunques de fragua, al batir de los sonoros cascos y
al estrépito de las ruedliS. Loe cocheros y los lacayos se
pasan el afio pensando en esos dos días de libertad y de
reposo, que ]es compensan el ambiente helado de las lar·
gas esperas en las inmediaciones del teatro Real, el abu ·
rrimiento á las puertas de las casas donde se celebra la
sofrée 6 el baile, las vueltas y más vueltas por el Retiro,
la tarea de todo el año, sin domingos ni fiestas de guardar-porque el domingo es precisamente cuando más zarandeados suelen andar loa coches.-¡Dos día3 de azueto!
¡Dos días en que, si los señores quieren salir, lo harán como los demás mortales, á pata galana, pisando el dur,1
adoquinado y rompiendo zapatitos!
Pues b11sta contra la venerable costumbre deno enganchar el ,Jueves y Viernes se ha formado una cornen•
te de oposición. Hay quien clama porque las comunica·
cianea no se interrumpan, alegando los nego~ioa, las en·
fermedadea, mil cosas que exigen circu.laci6n detranvias
y de carruajes. En cuanto á la mantilla y al traJe negro
y á la visita de estaciones y al paiSeo después, no es po1:::i ·
ble desconocer que tampoco prosperan. Temo que llegue
á caer en desuso tan graciosa y típica costumbre.
Los oficios á que concurre gente más escogida son loe
de las Ordenes militares. Hay en estos oficios esa atmÓffera de evocación del pasado que conviene á las ceremo·
El d i v i n o p re•o .
nias religiosas. Por un instante los mantos blancos, loa
( Dib¿jo del natural, por Carlos .Alcalde).
airosos birretes, las rojas cruces, la indumentaria arcaica
es ho1a ya de que sirvan de baluarte y fortaleza á. losde· de los caballeros causan una ilusión medioeval, algo que
SEMANA SANTA
fensores de la ciudad, si el sarraceno ó el francés la asal• se parece á la que nos produce un drama romántico. 1!.'l
'l'r01:ador ó Los .Ama11.tes de Teruel. Veis desfilar, con soLos que tienen el mal gusto de paeearse en Madrid es- tan; pero moralmente, la catedral protege aún á los fietos días aeñaladíeimos entre todos los del afio, no encuen- les, y les aguarda, adornada, reeplandeciente, cariñosa. lemne paso, á. los mismos que días antes os ablaron aletran ninguna iglesia cuyas dimensiones, cuyo decorado Ya velen sus retablos esculpidos los fúnebres pafios que gremente el lenguaje de la sociedád actual, y os cuesta
y cuya majestad levanten el ánimo á la contemplación.
hablan del espanto y t-error del mundo cuando su Reden- trabajo creer que son ellos, que no estamos en el ~iglo
Los templos matritenses son en general feos y reducidos, tor expiraba en la cruz; ya se ostenten 'por claustros y XVII. Apart6 de estas ceremonias de la Semana Santa;
y carecen de esas artísticas maravillas que en las grandes bóvedas los tapices flamencos y las banderas y estandar• el resto del afio ni recordais que existen las Ordenes micatedrales españolas realzan el esplendor del culto é in- tes cogidas al enemigo en gloriosa,:. batallas; ya se colum- litares, las de historia gloriosísima, las que fueron terr.:ir
funden religiosidad y mueven á contrición.
pie el enorme incensario, despidiendo chorros de humo de los moros. Otro prestigio desvanecido, eetaa Ordenes
No soy, sin embargo, partidaria del viaJe á Sevilla. Es- aromático; ya el órgano solloce, ya eleve al cielo una me- militares tan artísticas y tan castizas, que sus recuerdos
ta es la excursión de loe que quieren pasearse y divertir- lodía de esperanza y triunfo ...... la catedral tiene siem- están escritos en las piedras de los más orgullosos casti·
se, no de los que anhelan recogerse y Eentir hondamen- pre vocea que nos llaman, formai:: pa,a el sentimiento llos, en los blazones de las casas más ilustres. Hoy son
te la inmortal leyenda de la Redención. Al disponer la que no sabríamos expresar, y es verdaderamente la Do- únicamente honroso pretexto para ostentar nn uniforme
maleta para Sevilla, ee piensa en la feria, en las segui- mtts aurea, el palacio de todos. la idea más democrática y arrastrar un manto, pues ya las órdeues militares no
dillas bailadas por piececitos andaluces, en el olor de los y mas inspirada en la igualdad y la justicia que han co- gueTrean, ni poseen los privilegios y fueros con que antaño se enorgullecfan. Y sin ley común 1 despojadas de
azahares y de la~ rosas, en loa toros, en las carreras, en nocido los siglos.
todo, menos en las ceremonias de la austera Semana.
Los palacios que hoy se construyen y enriquecen con eu finalidai histórica, aun son bellas las Ordenes militaA Sevilla va la htgh l{fe, para volver á. encontrartoda la magnificencia de las artes decorativas y suntuarias, res; todavía el recuerdo las dora, como dora el sol, al po ·
se allí juntos los miamOE'.1 y las mismas que se reunian sólo los ve el pueblo cuando el pobre arteeat..O, ganándo- nerse, un paisaje espléndido.
habitualmente en Madrid. Sevilla ea lujosa y alegre, y se eu jornal, emploma el zinc en el tejado altísimo ó ajus-De lo que no es fácil decir cosa alguna es de las procesu Semana Santa me recuerda, no sé por qué un primo- ta el tarugo de fina madera al pavimento de mosaico. Si siones madrilefías. Cualquier ciudad de provincia lleva
roso objeto de art.e que tuve ocasión de ver en cierta co· el artesano no va llamado para trabajos de su oficio, ja- en esto ventaja á la corte. No hablemos de Sevilla: Tolelección, y que no he olvidado jamás. Consistia en un más traspasará aquAllos umbrales. Lasresidonciae de los do basta. Una procesión en las callPS de Toledo es. cosa
Crucifijo dt: admirable figura, que al jugar un resorte se monarcas están cerradas basta para la clase media y para digna de que la describan y la pinten. En Madrid las
convertía en puñal agndo y brillador. La Semana San- parte de la nobleza, y sólo la grandeza penetra allí. Las contadas y mezquinas procesiones deberían suprimirse,
ta de Sevilla, con sus espléndidas é interminables pro- mismas casas particulares no svn accesibles para mucha pues ni edifican ni conmueven. Si quieren aprender l~
cesiones, con sus Pasos, y sos Nazarenos, y sus Vírgenee, gente, y las costumbres hacen gradualmente más riguro- que ea una procesión eslét.ico, ain lujo algu_no, basta casi
y sus cofradías, y eue melancólicas saetas, y á la vuelta
sala consigna del aislamiento. Obra de arte que adquie- sin imágenes, vean la de la Soledad, en 001 pueblo natal.
de todo ello su feria regocijada y sus danzas sensuales y re un particnlar, ca.t.adla perdida para el goce y la cul- Ee una precesión en que no figura sino la Virgen, envuelmoriscae, y sus lances de amores y honor, evoca en mí tura del pueblo. Tal vez por eso el pueblo es cada día ta en luengos paños de luto. Una eola espada, agnda y
la idea de ese crucifijo-puñal.
más indiferente al arte.
reluciente, se pone en su afligido corazón. Sobre el pt!Las Semanas Santas graves y recogidas, las encontra¿Y los mue:eoe? decís. Los museos son la necrópolis del cho se cruzan sus manos delicadas y amarillas, como reréis en Toledo, en Alcalá, en Sigüensa, en Santiago de objeto del arte; cada sala, triple hilera de nichos. Re- primiendo la ola de lágrimast que quiere desbordarse.
Compostela, en Salamanca; en todas las ciodades donde,
cordad, cerrando los ojos, la impresión de un museo y Es conmovedora esa imagen pobremente vestida, sin borsobre el arbol a.ñoso y venerado de la tradición, no ha la de una catedral, y comparadlas. En la catedral la obra dados, sin joyas, sin más que dos gotas de llamo que al
prendido enel ingerto de la diversión á la moderna. Lle- de arte ocupa su eitio y tiene eu razón de sér. El camarín desprenderse brilhm á. la luz de los cirios.
garéis á cualquiera de esos simpáticos pueblos viejos, y tallado se hizo para la efigie milagrosa, y los trajes de riLa procesión recirre IR. ciudad de noche y en silendesde el drimer inetante comprenderéis que su centro,
co tisú, ]as ajorcas cinceladas de gótica labor, los bro- cio ...... y llev!\ eu i:f toda la elegiaca y sobrehumana poeque su corazón es ]a catedral. Todavía, como en la Edad cbes con el águila de rubles, los mantos historiados, las sía de la SeUlana dolorosa.
:\Iedia, las augustas bóvedas delgran templo, dan som- coronas de argf'ntería, forman el guardarropa y el guarbra., cal vr y abrigo :i la población y á. sus habitantes. No dajoyas de la Virgen. Los sitiales de gran relieve, los
JUEVES SANTO

�DOMINGO 18 de ABRIL de 189_7

JESUCRISTO Y EL ARTE LITERARIO(l)

( Del Lic. J. Pallares.)

Señorea:
El mundo no ha sido nunca gobernado moralmente
por la razón, ni por la ciencia; el mundo eólo ha podide
ser subyugado y regenerado por el Arte.
La razón es el lenguaje dela.saltas inteligencias; y el
mundo se compone de muchtdumbres cuyo oído sólo
entiende el sencillo y sonoro lenguaje del sentimiento y
de las pasiones.
L:.1, chmcia es la percepción profunda de loa hilos finísimos que forman la trama delicada é imperceptible de
Wdos los fenómenos del muudo físico, moral y social¡
y el ojo del vulgo no puede seguir con su ignorante mirada las in.finita~ é innumerabtes leyes que en asombrosa
unidad rigen al mundo entero.
La pupila d~I sabio ss ha cansáno en el microscopio,
persi¿:uiendo día á día al infusor10 que se oculta en los
pliegues de lo infinitamente pequeñu; el atentoé incansa·
ble oído del genio ha necesitado centenares de años para
sorprender los secretos de la gama 1Uusical y las vi oraciones de~ sonido en las ondae impalpables del espacio;
el escalpelo del materialista ha desgarrado en la siniestra
plancha del análisis muchos miembros palpitantes y perdídose en muchas t.inieblas autes de tocar el nervio 10.isterioso que alienta nuest.ra vida é inflama el pensamiento y las pasiones en lo íntimo de nuestro cerebro; el moralista y el jurisconsulto han estado muchos siglos inclinados hacia t,l abiswo del corazón humano par.i poder
trazar, iluminados por los reLlmpagos de las tduipestades
sociales el rudimentario y bárbar., decálogo de los dere·
cbos y deberes del amo y del esclavo.
¡ Esto ea la ra.zón, esto es la ciencia!
.E:lla, como las religiones en sus siglos heróicos, se ali•
menta de existencias humanas y quiere márt.ires. Las
más robustas organizaciones sucumben fat.igadas, pues
años enteros de ptiraeverante lucha apenas alcanzan we1:1quino fruto. Galileo penetra con atrevida mirada en los
abismos siderales;pero muere ciego. ¡En el_Golgota de
)as ciencias el genio es mártir y vtirdugo de sí mii::11.no á la
vez! Y el munJ.o no se cowpune tie wá.rtires, ni de vocaciones para el sacriticio.
La verdad y la ciencia no se trasmiten de generación
á generación, como las c1eencias, por simples abluciones
de agua; el bautismo cie.nlfico es largo y condena al ca·
tecúmeno á penosas iniciacivntis, tí. la dura y severa iniciación de esclavizarae á fórmulas abstract.aa, á simbólicos geroglfficos que son un lenguaJe enigmático para loa
profanos, ea decir, para la bumanu.iai.i.entera.
¿Por qué este tna1,ísimo é inevitable tráusito por las ca•
tacumbaa del tecnicismo cientiti.;o para poder escalar el
capitolio de la verdad? Por que la naturaleza ea avara y
celosa de sus mi~terios, y para ocultarlos á loa ojo!' del
espíritu, jamás se le presenta desnuda, sino envuelta en
el pérfido ropaje de 1a belleza. Jamás dice al hombre:
he aqui el gbrmtm secreto de las maravilUU que admiras; he
aquí el áwmo químico que engendrt1, la celailla, q~ se transforma en tegi.áo, 9ue se pru,.,agu. ,m abanico uejlur~, y que
elabora en su ma;rstuoso ere.cimiento de tú1uca de verdura que
oobija lo, bosquei; y loi; valks. No¡ la nat.uraleza no se pres -

ta á tan intimas confidenciasi pues al deabordatad en formas caprichoeaa y divinas, embriaga la fantasía., pero ex~
travía. y obscurece las rutas de la rt:t.Zó.n. Loama.a t!imples
fenómt:HJ08 y las má.s sencillas verdades se esconden tras
nimbos de oro y de nácar, y ea necesaria Ja dura circun•
cisión de la fantasía y una ptirpet.ua rebelión contra el éxtasis para desgarrar e.:3O.:1 celajes de púrpura; ea preciso
que el frio análisis dest.roce sin piedad t.odas las bellezas
del univerao pa1a sorprender el sencillo mecanismo de
sus causas.
¡Mirad si nó, á la naturaleza siempre pródiga en engaños; miradla deJeitlindose en cubrir bajo iulinita vanid ad de espectáculos el fenómeno aencilhaimo de la des·
composición de la luz! Aquí ea el arco iris desplegando
eus festones de oro y de púrpura en el dosel azul del firmamento; allá es Ja paleta misteriosa dibujando en los
horizontes del desierto paisajes impalpables; más allá.
son soles que se multiplican y aurora.a dti luz que se improvisan en los abismos del infinito.
Las matemáticas üenen cifras misteriosa.a, signos caba•
listicos, figuras enigmáticas que pintan la.a más sutiles y
refinadas abs&amp;raccionea del espíritu; pero con esos eignos
y figuras, el hombre traza en un papel los destinos dt, los
astros, de los solee y cte las nebulosas. La química y la
biología tienen fórmulas que parecen evocaciones de magos, tienen un lenguaje de letras y cifras que sólo los iniciados comprenden; pero con estas fórmulas posee el
hombre Ja misteriosa preJicción de la vida y de la muerte, la salud y la enferwedad responden á los conjuros de
ese lenguaje y con él penetra el espíritu en loa risue.ños
albores de la cuea y en las tristes tinieblas del sepulcro.
¿Quién resiste el fatigoso lenguaje de los severos jurisconsulto~ y de los nebulosos publicistas? Las áridas páginas de una estadística secular serían meaos volumiao1:1as, menos gigantescas, wenoa aterradoras que los millares de llbroa que ha ePg~ndrado el primitivo y rudo código de las doce tablas de la ley; pero bajo la disciplina
de eaas rígidas frasea, de esos rit.os jurldicoa, deeaaainu·
mera.bles glosas de legistas, la humanidad ha hecho el
duro aprendizaje del ordt"n y la obediencia para pasar
al traves de los siglos desde la ergáat.ula de la esclavitud
hasta las tranfisguracionea de la democracia.
¡Ahora...... peraeverantea escrutadores de la naturaleza, apóstoles de la ciencia, id á la conquista del mundo
armaJos con el poder de vuestras fórmulas, de vuestros
cálculos y de vue,stras cifras; arrebatad los corazones,
provocad Jos entaB1asmoa, transformad las creencias los
eentimientoa y ~as obras con demost.raciones mate~áti•
ca.a, con revelac10nes químicas 6 con predicciones bioló•
(1) Discurso pronunciado por el Lic. Jacinto PiUlareaen 19 da Ene
ro de~. al i11&amp;ugurarse la cáted.ra Pe oratoria foren~.

,

SJ,esus en el templo.

EL MUNDO

.gicas¡ detened el ímpetu de los instintos y de las esperanzas que Ee desbordan con el frío anális1s de tas leyea
de la oferta y de la demanda¡ enjugad la.a lágrimas de los
millones de hombrea que sufren hablándoles de las con•
dlcionea sociol/JgieM del, desenvolvimiento; inspirad el amor
del hombre al hombre y la sed dejusticia y mejoramiento moral, y la resolución para el martiriq con las heladas
frases de supervit!encia de tos más aptos en -la lucha por la
vida!

¡Id hijos de la meditación, iniciados en los secretos de
la naturaleza; id á la conquitta del mundo con el impo,.
nente aparato de vuestras fórmulas, de vuest.ras cifras y
de vuestros cálculos; y el mundo no ent.enderli vuestro
idioma, y el muudo sentirá pequeña vuestra ciencia,
porque cuando esa ciencia haya penetrado con su mirada
en las órbitas de las nebulosas, todavía entonces el corazón humano latirá insaciable por algo que está más allá
de la últ.ima nebulosa ...... más allá de los abismos que
puede alcanzar la pupila arrogante y atraída del cálculo
matemát.ico, .... . r

Ese algd baja del cielo á enaltecer nuestro espíritu y á
henchir nuestros pechos, no encarnándose en el simbo lis•
mo convencional del lenguaje cient.ífico, sino modulando
elidioma del sentimiento, dd amor ydelaalágrimas;modulando el idioma eternamente di vino del Arte.
Escuchadme:
Mucho t.iempo antes que las playas del mar de Galilea
Y sus risueños valles y colinas recibieran la ambrosía de
la palabra. más sublime que ha eacuchado el mundo,. ya
la tiloso fía griega había predicado la doc&amp;rina de la igualdad humana y erigido en preceptos el amor del hombre
al hombre.
¿Porqué pues están desiertos los altares de Epicteto y
de Zenón y henchidas de generaciones las bóvedas (f.le
guardan el ara misteriosa de los recuerdos del Mártir de
Judea?
¿Por qué la profunda palabra d::lestoico se ha perdido
como el eco de una débil cuerda entre el inmenso cántico
que en himnos .reculares repite los acentos del sublime
stirmón de la montaña?
Los espíritllB cultivados pueden saborear las clásicas
f~ases estampadas en Jas cartas de Sén1::ca, en las disertaciones deEpicteto óen las páginas de .M:arcoAurelio. Ala
filosofía erudita, á. la filo~ofia de escuela, 4 la filosofía
científica pudo escaparse como último esfuerzo de elevación moral esta bella frase de Séneca: 'lbdo ute tmive:rao
en que vil:imes C8 uno y sujeto á un Dios, y por eso somos socios
Y miembros de la Divinidad y por eso n!Uuralmente somos tQdos _los homhres hermanos (1) Fragmentos, como este, aparecidos aquí y allá en que es frecuente y se define el amor
del hombre al hombre, en que 1:1e predica el sacrificio, la
resignación y el valor en lo::1 combates de la vida, soo recogidos cuidadosament.e por los literatusy lo::l eruditos y
aC1..tnir.;1dos por los filósofos,
Pdro tra~Jadaos con la imaginación á otra escena mis
grandiosa en que el arte os vaá t:nsenar esas mismas doctrinas en lenguaje ni, conocido ei.1 las chisicas academias
de la sabia Grecia, en que el arte tiende las alas de su ins•
pira.ción sobre lo::i sabios y Jos ignorantes, los poderosCIB
y lm1 humildes, los presentes y lus foturos; en que t:I ar •
te llega áes¡¡, majestuosa unidad de sentimiento q11e se
cristaliza en m mum ,nt1&gt;s se::mlares; en que tiene p.Jr tribuna una montañ.t. ceñida por las nieblas de los mares1 y
por auditorio la humanida i entera y por idiowa 1ma cascada de notas de nmor, que desdeñando ingeniosos razonamientos se comunica y entiend~ directamente con loa corazones. La frente del joven orador está iluminada -por
los destellos del infinitu;en sus labios tiemblan acentos
de ternura desconocidos hast.a eutonces1 y su palabra
comprensi va1 universal y soberana, dirigiéndose ti todos
los siglos y á todas las razas, deja cai::r sobre la tierra es•
tas frasea de fuego y de lágrimas.
«¡Malditos vosotros, ricos y opulentos, qPe apretáis
(cvue~tros graneroe y acrecéis tesoros ·con los sudores y
c1lágmna~ de la desnudez; llegará un día en que sent.iréis
c(Lambre y pediréis al mendigo llagvso una gota de agua
ct.:On que apagar el fuego que calcine vuestra garganta!
u¡Y benditos vosotros á quienes tocó en suerte en la
utierra la pobreza y el llanto, porque llegará un día en.
uque cada una de vuestras lágrimas será eterno venero de
udicbas inefables! ¡Bienavent.urados vosotros, que pade•
«ciendo hambre y sed de justicia desafiáis las iras y las
uaeduccionea del poder para cubrir con el calor de vuescitra palabr~ al justo y al oprimido¡ porque hartos seréis
ude justicia en el día de las grandes 1eparacionee¡ ¡Y
((bienaventuraios también VOjOtros que pasáis por este
umundo enjugando Ugrimaa y derramandomiaencordias
«porque el que crió los cielos y la tierra, tiene ansiad~
((estrecharos coctra su corazón y daros el ósculo divino
(1de su inagotable amor!11

............................................... , ........ ·······················
Ea aquellos solemnes momentos loa últimos rayos
del crepúsculo envolvían en vapor de oro la figura seduc•
tora de aquel tribuno del género humano, las mnchedum.
brea que le escucharon bajaban la montaña sintiendo
por vez primera en la vida de la conciencia humana que
los harapos del mendigo estaban glorificados por una moral desconocida y nueva, y cuando las sombras de Ja noche cobijaron al mundo, éste había recibido la palabra
regeneradora que debía cambiar los criterios de la justi•
cia, de la gloria y de la felicidad. «Habtr hecho de lapobreza un objeto de amor y de deseo; h~ber levantado al mendigo sobre Z.s altares y gl&lt;&gt;rijicado la desnudez de la miseria, es
un golpe maestro de que ta/, vez no se dé .cuenta la economúi

polui.ca, pero ante el cual el verdadero moralista tiene que indinarse; (2) y este golpe maestro, esta revolución íntima
de loa corazones y de Jas conciencias. ea un discurso una

maravilla del arte en qu,e las m1s altas abs:traccio~es y
(1) "Totum hoc quo oontinemur unum est.. et- Deus et 80Cli :sumW!I
eju.s et membra. Na.tura nos cogJl&amp;t.os edldit," Sen. ad, Laei l. 91-00
t2) Las p:i.lab~ subrayadasya.Igunasotrasque uo loesUnen el resk&gt; de e&lt;1te dlSCWN&gt;, llQ i.on de m aut.or, irino tomadas de va.nos escritores.

enseñanzas de la fi.losof!a estóica está~ reducidas á estrofas de amor.
¿Qué. ha sucedido despué, de esta escena de alta elocuencia que los siglos no han visto repetirse? ¿Qué ha eucedido con las páginas de la filosofía estóica y con esa
página del sermón de la mont.aña no escrita, sino en el
corazón de los hombre sencillos que la escucharon? ¿Qué
ha suredido?: ........ La clásica enaeñanta de las escuelas
nos ha iniciado :i pocos escogidos en las concepciones del
estoicismo; pero pobres y ricos, ignorantes y sabios, todos loa nacidos en el mundo civilizado hemos aprendido
al pecho de nuestras madres la9 divinas estrofas del orador del mundo. Lo::i espíritus "elevado~ y los hombrea del
poder habrán encontrado quizá ea los hábj.les discur808
de Sáneca fortaleza y valor para sus altas y aristocráticas
advtrsidades; pero sólo la frase ·eencilla y pura del poeta
nazareno ha pasado de labio en labio duunt.e diez y nue•
ve siglos, derramando dulzuras sobre millares de hombres rudos y desheredados. En el silencio de las biblio•
tecas el erudito, el literato y el .fi\0-,ofo han glosado fría
y tranquilamente la9 doctrinas de Zenón y d~ Epícteto;
pero el sermón de la montafia ha sido glosado con sangre ...... .•. con sangre de tres siglos de martirio en loa
jardines de Nerón y en las birbaras hecato,11bes del
Circo!.. ...... .
¡Oh! el cristianismo adora al Verbo de Dios en el tribuno sublime de Judea; la filt&gt;sofi,a, y la c.-rUica no pueden
mirarle un poco fija.mente sin.o de ródülai; psrmitidme que
lo praseuie á. vuestra contemplación, dado mi propósito,
tan sólo como el grande artist.a de la palabra, para pedirle el secreto del arte que llegó en aus)abios á la más alta,
á la mis inimitable dd sus manifestaciones.
Jesús, ha dicho un profundo paasador¡ es el genio más
idealista en el fondo y más materialista en la forma: muy
idealista en sus conctpciones, muy materialista en la expresión. Ya.qui tenéiahwnaname,ae hablando, todo el secreto de la m.1gia inmortal de su palabra y el secreto del
arte, de todo el arte de la palabra humana.
¡Idealista en el fondo, idealista en las concepciones!
porque el ideal es la condición, ea la vida, es el alma de
toda ob·a de arte; es el encanto secret.o que anima al mar•
mol, que flota en. la piedra lanzarla á. las alturas, que pal~
pita en el lienzo apena~ humedecido por pincel; que vibra en las estrofas del poeta y en el acento de fuego del
orador; es la visión religio!!a que inicia al artista en los
secretos y maravillas del infinito¡ que le da un asienroen
la mesa eucarística de la vida inmaterial y supra.sen·
aible.
Para mí, sefiores, el idealism 1 no es otra co3a que un
presentimiento del infinito, y el arte la forma en que ae
encarna ese presentimiento.
Yo no sé si al hablar así me conquiste las iróhicassonrisas de los neófitos de moiernas doctrinas; pero conauélame de esos anatemas del realismo humano, esto que oa
voy á decir:
El primer filósofo del siglo, el hombre qne ha podido
reunir en su espíritu gigante los dos más grandes poderes
de la inteligenciai el poder aná.litico de las ciencias que
conviert ~ en ruinas todos los do~mas li priori y el poder
creador de la filosofía que sintetiza en atrevidas y aólidaa
gener.:ilizaciones, todos, absolutamentetodos los conociwie11t.o.:1 hu n.1,110~ después de hab~rlos profnndizado;eM
genio del siglo qu3 ha paseado su mirada escrutadora por
todo el univer::1.., conocido, ha formulado refiriéndoae 4
las religi.on.ea, un pensamiento que puede referirse, que
V';'Y á ref~nr a~ arte, po.rque ':11ª parece que arte y religLón aon 1dént1ca'J m.arufestac1onea de la naturaleza huwana. «El Conocimiento rml ( diée este eminente fil6eoc&lt; fo) no llena, ni llenará jamas el domi'nio del penaamien1&lt;to, ni del eapiritll. Al fin del descubrimiento más prodiu gioao, queda y quedará siempre esta cuestión: ¿q11é hay
1( más alla? Hay, pues, y habrá siempre dos actividades an « tit.éticas del espíritu, pues ahora y en lo sucesivo la acictividad human.a se ocupará no sólo da los fenómenos y
(( sus relacioneia sí que tambi~n de algo no aparente, de alugo absoluto. Y el gran mérito del Arte es haber vislum.
(e brado siempre lo supra sensible y no haber cesado jau más de comunicarlo al hombre con los recursos de la
ce materia y de lo finiro; haber sido siempre fiel á su mi« sión de impedir á los hombres absorveree por completo
((en lorelat1vo y en lo inmediato, en lo material y grose•
1ro;11 haber prol!lamado (agregaré yo) con todas sus fuer~
z.!s: qu~ el hombre no sólo vil'e de pan, sino ftuetiene nec~:t11.1ad de amar, de creer, de adorar, algo mif.s eantoque
las altas y bc\jaa de las Bolsas mercantiles.
Yo, sefioree, no quiero, al invocar estas conclusiones
del filósofo inglés, resucitar el magister dixi.l de la filosofía dogmática; yo quiero ignorar si el idealismo es unre!J.eJ~ del infinito y el arte del Divino medi.1.dor que nos
1mc1a en la penumbra sobrenatural de lo descoo.ocido
para redimirnos de las cadenas de la materia que tiendeJ
á envil~cer nuestra especie; yo ignoro si el arte de-;poja•
do del ideal no. es otra cosa_ que un juego del ocio, una
fantasf~ de. añc1.onados, la men~ 11ana de las vanidades; yo
no sé 81 el 1deahamo será uoa quimera de que se alimentan sólo las almas débil~ ~ perturba.das
el extravío.
Lo que sé ea, que pera1gmendo un idea, el de una Sierra promet.ida á &amp;ravéa de las á.ridae arenas del Desierto
fué como el pueblo hebreo iluminó al mundo con la con~
cepci6n monoteíst.a y le redujo con la augusta moral de
sus J&gt;rofetas; y q1;1e cuando ese mismo pueblo descendió á
la vida real y edificó un templo y se encariñó Con el orgullo de sus sinagogas, entonces su moral y su teolog[a
convertidas en pedantismo de fariseos, sólo tuviero~
energín para derramar el sarcasmo sobre el Verbo del
ª1:l~r y mancharse con la ~angre de su ignominioso suplicio. Lo que sé es, que el ideal d.&lt;t las libertades patrias
produjo las locuras de Maratón y Salami na, aquellas locura~ que empujaban ~ loa atenienees y espartanos al
mart1.no de las Term6pllja¡ y que una vez vendido ese
ideal .al _oro de la corrupción me_ced6nica, aquellos hijos
de M1lciades y Temístoclea, enVJlecidos por las d4divaa
y las .riquezas, fueron y eatuv~eron contentoa con serlo y
se de1aron llamar por la fustiga.dora voz demosleniana
'loa mks merctnarioa ~ Fújpo. Lf) que sé ea, que el pueblo
de Pelayo y del did, tn.Spirado por o~ro ideal, eJ dti su ~

fºr

�DOMINGO 18 DE ABRIL DE 185&gt;7

EL MUNDO

DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

ligi6n y sus hogares, salió de las ásperas grutas de Covadonga, para cruzar el Gólgota de siete siglos de sangre
haeta arrebatará la media luna el cetro de Recaredo; y
que ese mismo pueblo, ya sin ideales ni locuras, se convirtió en genízaro de la inquisición en su propio suelo y en
traficante de carne humana en el Nuevo Mundo. Lo que
sé es, que los ideales de la demencia d~mocrática hicieron llevará Ignacio Ramírez las cadenas del presidiario
sin doblegarlo y la toga de altas magistraturas sin corromperlo, y que una vez trocados en realidad por la vic•
toria aquellos ideales, los tirteos de la austeridad republicana colgaron su lira en los fúnebres sauces del decoro
y tomaron el lapiz calculador del logrero para computar
los bendi.cios del níquel y de 1a. deuda inglesa!
¡Oh! si el idealismo es una quimera y un engafio, jamás engalio alguno ha sido tan fecundo para )a sublime
transformación de nuesr.ra especie: y si ti idealismo es el
arte, jamás ha existido artista. más universal y comprentivoque el que erigiendo en ideal del género humano la
eed infioita de justicia y el progreso infinito del amor,
ha dado ti programa y la diviea inmortal á todas las revoluciones políticas y morales que han existido y pueden
existir después del sermón de la montaii.u.
Pero el idealismo, señores, no se aprende en las escue·
las; es condición del arte¡ pero no fruto del arte: éste, lo
único que puede tnseñaros ea la forma de la inspiración 1
pero no la inspiración misma. La forrua propia del arte,
ta que podéis adquirir con pers~verame estudio, ya lo sa·
béis, es el materialismo en ta expresión que da carne y
sangre, relieves de mármol y bronce á los ideales del
et1piritu y dd eentimien.to. Este delicado y fino consor•
cio del ictea1ismo en las concepciones y el materiali!'mo en
la expresión, ha hecho que la palabra del orador Divino
pase de siglo en siglo, sin perder nunca su prestigio ni
t4U l!_Opularidad, ni su belleza siempre nueva.
¿En qué página de las literaturas conocidas podéis en•
contrar materialismo en la ex.presión mát4 enérgico que
el de aquellas frases de brJnce que se han fundido en la
concieucia de la humanidad'? Y cuenta que los narrado•
r¿s del Evangelio apenas han podido trdsmitirnos pálidos reflejos cte la sonora vibración y delicados giros de
aquella palabra que siempre salía envuelta en olás de
fuego, de sangre y de lágrimas; de aquella palabra que
er-J. dardo agudísimo cuando desgarraba la pie! de los
hipócrilas, carcajada de eterno sarcasmo cuando caía sobre el dgido pedanti0 mo de las sinagogas, lampo de nie ·
ve y guirnalda de flores cuando derramaba consuelos sobre los limpios de corazón.
Un día los eternos tartufos de la teología quisieron ridicutizar sus doctrinas de perdó11 y misericor..tia, poniénaolas eu contiicto con los soberauos fueros de la jueticia.
•i.&lt;ltffl. mujer es adúltera ( le dicen)¡ ¿deb~mos lapidarla,
cumo ord.ena la ley, ó penlonarla, como predican tus
doctrinas?11 Los proced1mit:ntos lógicos ·exigirian un laburioao diacuri30 para arrancar la careta á 8863 pérfida y
capciosa pregunta, para decir á. aquellos moralistas de
formulas que la docuina del perdóu se dirige al sentimiento, al corazón, al hornbr~, no á la magistratum ni á
lu. ley. Pero el orador de Judea encuentra en las profuna.as penem,ciones de su alma la frase mágica quP- en
punzante iron1a encarna y refi~ja precisas distinciones y
Juwinosos comentarios. «t!:l que esté limpio, que tire la
primera piedra,n les dice, y ebta vez toda dis..:usión fué
llliposible, la palabra ee convirtió en látigo y loa tartufos
Nhgiosos huyeron avergonzados de eu torpeza.
Or.ro día algunos horuores pertenecientes rt ese linaje
de reptiles que se arrastran eu la delación y el espíonajapara vengarse de las superioridades morales que les
umnillao, le t.endieron una celada á. fin de compromettlr el supernaturalismo de sus enseñanzas con las euscept,ibilidades det poder político. u¿Debemos, le diceu, pagar el tributo al ~sar?u Por toda respuesta, Je•
sucristo Jea pregunta: de quién ea la efigie esculpida en
Ja moneda? uDei César.u contestan aquellos esbirros, es\recb.ados por la realidad. Hl'ues dad al Céf!ar lo que es
del Cé3ar, y á Dios lo que esde: Dioe.n Y con e~te finísimo
i.ropo y antítesis luminosa, se1.1t6 las bases de la libertad
religiosa, resolvió el probh:ima de las relaciones entre la
Iglet1ia y el Estado, y sancionó los fueros de la conciencia. No es cl.Ll.pa suya, ,i más turde los profarWAJ.Qrea ae su
doctrina ~ C01'virtíeron en un Moloc ái:idu de carne humana.
La parábo1a, esa especie de drama popu lar, de relieve
y escultura animados de los más a ltos problemas de la .
ti10t:ofia; la parábola, género de literatura casi desconocido á los hebreos1 fuéen sus labios una creación esponanea y namral, un idilio perpetuo de seducción para co•
.mullicarse con las almas sencillas y hacer descender basta el corazón de las ignorantes masas, las trascendentales concepciones de su enseBanza. AQuién no ha sentido
en su propia historia, en la historia de su corazón y de
su vida todo el vigor y valent(a de aquella parábola del
hijo pródigo? ¡Retrato admirable de todos los humanos,
nu menos grandioso por su universalidad, que tierno y
profundo por las delicadas y enérgicas líneas con que est;áu dibujados los inescrutables abismos del alma! Ni la
rica lógica, ni la moral de observación, han seguido con
tan ~rtera mirada esos trist1simos descensos del corazór y del carácter dilapidómelo en las abyecciones de la
orgía y del más refinado egoismo; toda la riqueza deeentimieutos elevados, aprenuidos en los primerüs años de
la vida. ¡Con razón la frase de hijo pródigo flota en wda
la literatura moral y en todas las conciencias como un eco
de remordimiento y de vergüenza!
l-'en:io, Juvenal y MoliCre, Tácito y Rabelai@, apenas
llegan ti la piel con su látigo fustigador¡ Jesucristo hiere
la carne, p,11,dra hasta el hueso, rasga las fibras del corazón. l!:&amp;a. túnica de Ntt10 ckl ridl.c«lo &lt;¡u.e arrastran todos lu
tartujoll y fal/jos dei·otos; ese sambenito de oprobio que co •
bija eternamente á los sectarios del t;anto por ciento; esas
coronas de infamia que ciñen la frente de t.odos !os avaros, fueron tejidas pur Jesucristo con artificio divino¡ fué
él quien creó esas ooras maestras con fina ironia y sátira
inmortal. •Sepulcros blanqueados por fuera y corrompidos por dent;ro, n les dice á. los hipócritas. «Es más fácil
que un camello entre pc,r el ojo de unaaguja, que un

rico sesalve,u les dice á los avaros. uVes la pajita en el
ojo del VE:Cino, y no ves ~a vig_a en tu propio ?io,» les dice á los difama.dore.a. «H1p6cr1tas que·devora1s las casas
de las viudas con Jargas oraciones, &gt;, les dice á los traficantes de ritos religiosos. ccHipócritas que limpiáis lo de fuera del vaso y del plato y por dentro está.is llenos de rapifia y de infamia,n les dice á. los centenares de jueces que
entonces, como hoy, cubren con fórmulas jurídicas sus
secretas prevaricac1ones á favor del amigo, del soborno ó
del poder público.
Y estaij frases y otras de igual riqueza literaria han
quedado esculpidas en la piedra angular de la moral
eterna como un estigma de fuego que atorm.enta perdurablemente los insomnios de todos los hipócritas, de todos los avaros, de todos los prevaricadores, de todos los
opresores de la humanidad. Y esto es lo que yo llamo
materialismo en la forma, esto ea Jo que se llama dar car•
ne y sangre á las concepciones del espíritu, eato es lo que
se llama vaciar en bronce imperecedero las más elevadas
enseñanzas de la filosofía.
¿Y ebto puede aprenderse? ¿Esto puede adquirirse?
¿Hay quien pueda revelarn()S PI t:iecrato de las formas, el
secreto de los grandes artistas de la palabra humana, ó
este -as un dón del cielo1 concedido como privilegio á pocos escogidos?
Voy á. res1lver esta duda.

•*• de aspecto despreciable,
E;ubo en Atenas un abogado
flaco, de rugoso semblante, de incorrecta y grosera pro•
nunciación y casi tartamudo. Est.e abogadu se atrevió
un dfa á presentarse en la. tribuna ilustrada por la olímpica palabra de Pericles. ¿A.divinais lo que pasó? ...... El
orador fué saludado por los silbidos unánimes de la muchedumbre.
Dos veces intentó rehabilitarse y dos veces bajó las
imponentes gradas del Pnix peri!e~uido por las burlas y
sarcasmos de aquel pueblo de artistas.
¿Qté va á hacer t'Bta pobre victima de su propio orgullo? ¿Esconder su impotencia y su vergüenza en las obscuridades del olvido? ¿Convencerse de que su vocación
y sus caprichos no van acordes y apagar en los tranquilos goces de la vida privada la inmoderada sed de gloria
que le devora? ........ .
Prf.f/U"lod á las ulas del mar Forio ]I eilus ós conkslarán de
lo que es capaz el gerdo a,, la pe1·set1e1·u1u:iu; preguntad al
precursor de Alejandro Magno y él os dirá t.nostrandoos
las cicatrices de sus victorias, lo que alcanzan las tenaci•
dades del alma.
Ese abogado desprecia ble, tartamudo, tref veces si Iba do
se condena durant~ largos años al aislarnieutodel estudio:
sube frecuentemente con acelerado paso las rápidas pendientes de las montafias recitando trozo.i de la !liada pa•
ra robustecer su voz, declama entre el ruido de las olas
tragedias enteras, llevando ú. la boca piedrecillas de la
playa para corregir la torpeza natural de su lengua; in venta ingeniosa y ridículamente raparse el pelo de la
mitad de la cabeza para verse así obligado á vivir en el
retiro de tranquilas meditaciones; se entrega con frenesí
á la lectura de todos los filósofos, de todos los poetas de
todos los oradores de tu tien1vo, y cuando cree qu~ es
llegado el momento solemne y último de la prueba
vuelve á presentarse á aquella tribuna de sus ensue:
fios .... .. y entonces, con voz atronadora y elocuente despiert.a el patriotismo aletargE1do de sus compatriotas, con•
vierte á. sus oyentes en soldados, marca con estigma
oprobioso la frente de los mercenarios del extranjero,
esculpe en relieves inmortales los secretos designios del
hipócrita invasor, y durante cuatro lustros, su pa abra
nada más que su pafa.bra, detiene en las fronteras d~
Atenas al potente y numerosísiml.) ejército de Filipo ......
¿Qué más podré deciros después de esta dpida biografía de las tenacidades heroicas del vencedor de Esquino?
Una sola frase, una brevísima frase que va á eternizar
en vueetros recuerdos todas las ideas y todos los sentimientos que be pretendido comunicaros.
¿Queréis, tenéis propósitos serios de poseer el arte que
imriortalizó las tribunas de Grecia y de Roma?
Pues buscad lecciones de perseverancia, de mucha per•
severancia, en las enseñanzas del primer tribuno de Ja
elocuencia griega: pero buscad. también sed de justicia
infinita, sed de justicia enel divino idealismo del prime:
tribuno de la justicia eternal

~-=.!=-=.!=-=.!=-=l'"=.i¾
D el Libro de t o s Sal mos.
¡Sefior! ¡Seflor! ¿Por qué los que me dañan
como el acridio en mi redor pululan
y en m1 tenaces sin piedad se ensañan
y mi espíritu debil atribulan?
Oye mi alma un acento que le grita:
«¡Para tí todo es mal, todo es miseria ......
ni en Dios encontrarás la paz bendita
que Dios quiso negarle á la materia!u
¡Es mentira,:Se1lor! Tú eres mi amparo¡
alivias Tú mi corazón herido,
y guardó mi fe en Tí, como e1 avaro
guarda el oro en sus arcas escondido.
En más de una ocasión, aislado y trisM!,
te hablé, enturbiada mi pupila en llanto,
y amoroso, Señor, á mf veniste
desde la cumbre de tu Monte Santo.
Y me dormí tranquilo y sin angustias,
y olvidé mi congoja y mis temores,
y al despertar hallé mis flores mustiaa
trocadl\S todas en fragantes flores.
Eres Tú la salud; eres la roca
que se opone tenaz al mar bravio:
¡ayúdame en la lid, y de mi boca
aparta el caliz del dolor, Dios mio!
J osE PEóN
Abril de 1897

DEL

V.A LLB ...

259

EL MUNDO

IMITACION DEL CANTAR DE LOS CANTARES.

Ven á. tu huerto, amado.
que el árbol con su fruto te convida;
el céfiro callado
espera tu venida¡
tú al céfiro y al huerto das la vida.
Del alba nacarada
la lumbre esquiva la purpurea rosa
á la tierra inclinada:
la abeja silenciosa
ni en torno zumba, ni en la flor se posa .
Ni á su consort" halaga,
el ruiseüor sin tí, cantando amores·
ni mariposa vaga
'
inquieta entre las flores,
tendiendo al sol sus alas de colores.

Ven, esposo á tu huerto
á dar vida á los céfiros y flores;
ven, que mi pecho abierto
á tus dulcPs amores,
sin tí, mi bien, es huerto sin olores.
Ven, y l1. la fresca sombra
de las cruzadas hojas del manzano,
sobre la verde alfo1Dbra,
beber.is, dulce hermano,
rica leche ordeñada por mi mano.
Y á. los gratos olores
de la mirra, del nardo y de la rosa,
gustarás los sabores
de rubia miel Rabrosa,
y el zumo de la uva deliciosa.
Ven, que por ese prado
el sol ardiente tus mejill&lt;1.s tuesta:
aquí el roble coµado
blanda sombra nos prt'sta,
y en mi regazo pasarás la siesta.
Yo duermo descuidada;
mas del esposo el corazón velando,
espera la llegada¡
ya oí su acemo blando;
el esposo ti. mi puerta est,i llamando.

LA SEMANA SANTA EN SU ASPECTO ESTETICO

Que en las solemnidades religiosas de la Semana Santa quepa uaa parte muy principal al Arte, es cosa. que
sólo pued~n ne~r las almas vulgares, que. no penei.rando
en el sentido íntimo de lo que el culto cnetiano ostenta
en eelOS días de •tan bien ordenados rito@, únicamente
ven en ellos un tradicional espectáculo en ocho mortales
jt ,rnadas, más ó menos desfigurado por la rutina la negligencia y aun á veces por la poca dignidad de Íos acto•
res. Bien sé que están muy distantes de pasar por gen•
tts del 111011ttm, como se dice ahora, muchos que ampliamente dotados de privilegiadas facultades intelectuales
niegan ein embargo, el interés estético de la semana con~
Pagrada por la Iglesia desde los tiE&gt;-mpos apostólicos á
honrar loE misterios de la Pasión y ::\foertedeJesucristo,
y á recordarlos á los fieles por medio de los oficios y ceremonias al efecto establecidos; pero éstos para mi. SÓ·
lo son rulr¡o prorürional é inttrwo, porque si no carecen de
buena fe, en cuanto se lea presente la ocasión de considerar detenidamente esos oficios y ceremonias y de ini•
ciarse en la significaoión de sus símbolos y misterios, de
segara mudarán de parecer.
Sí; gran interés estético, gran copia de bellezas de concept;O y de forma, literaria y artíeticamente consideradas,
ofrece la Semana Santa á toda alma dota1a de delicados
sentimientos y de cierta elevación de ideas. No las apreciamos por que las vemos generalmente mal presentadas, y nos sucede con ellas lo que con una hermosa colección de cuadros abandonada al polvo y las telarañas
en un desván de mala luz, ó con una soberbia tragedia
leída por un niHo tartamudo. Desde nuestra infancia estamos viendo esos oficios enteramente desfigurados, celebrados por virtuosos, pero muy indulgentes párrocos,
que aunque inmunes á nuestros ojos por su ea.grada investidura, son reos de lesa estética por el descuido con
que miran lo que atai'ie á la posible perfección de la for.
ma; dentro de lo humano en cuanto se refiere á la ade~uada decof!lción del te1:11J?Io, al mobiliario sagrado, á la
indumentaria de los m101stros-preste celebrante, diá&lt;'Ono y eubdiáeono-turiferarios, acólitos, ("antores, múf.icos¡ á la compostura y pulcritud, y hasta al paso me1-urado y semblante sereno de cuantos toman parte en
tan augustas ceremonias, vigilando particularmente por
que no falten nunca la debida decencia en las personas
y la regularidad y precisión en todvs tos actos de la sa•
grada liturgia.

-Abre, esposa querida;
no te detenga::i, 001 cvnsudo wio,
iib1~we, por tu vida¡
.
tewblando estoy de frío,
rms cabellos cubi~rtos de rocío.
-Ay! que el desnudo pecho
tiemblo al aire sacar, esposo amado,
de mi caliente lecbo!
ay! que el pie delicado
tiembla tocar el pavimento helado.
Sus dedos el esposo
entró por las rendijas dé la puerta;
á su tacto amoroso
el corazón Jespierta,
Y toda tiemblo y me l:lstremezco incierta
Alcéme presurosa
para abrir al. amado que esperaba,
y mirra muy prec10sa
mi mano destilaba
que corrió por los goncea de la aldaba.
Abrí¡ más ya cansado
no me esperaba, ay triste! y era ido!
Mi corazón llagado,
de cruda ausencia herido,
llámalo y no respode á. mi gemido.
Lós guardas me encontraron
que la ciuda.J custodian, y me hirieron,
yel manto me quitrron¡
como sola me vieron,
y ramerilla pobre me creyeron.
Doncel las de Judea,
si hallárades por dicha eu plaza ó calle
al que til alma des~a,
qut: torne suplic-allt,
y no vue1va d. perd~rt!e por el valle.
Gallarda es su figura
como el cedro del Lfl¡ano eminente;
su blanca d~utadura
sou ¡&gt;trias del Ori,m~,
y bruñido ruar.fil su U~réa frente.
Conoceréis quien sea
si vuestro pecho palpitó al miralle1
Donce1la1:1 &lt;1~ J udt:la,
qut torne suplicall~
y no vuetva á perden:1d por el valle.
VENTUUA DE LA YEGA.

-¿Qué haremos, cuando el cielo
caea1:1 y \elll~lu~ cun fragor derriba?
-¿Qué haremos, preguntáis, almas de hielu?
¡Ttmer fé en la justicia de allá arriba!
¡Nadie sabe, mortales,
por qué cuarteando el globo nos castiga
ese gran Dios, para quien son iguales
los destinos del hombre y de h, hormiga.
CAMPOAMOB.

Nadie es capu de prever los defectos que á la larga
pueden producir en el corazón y en las ideas de una
criatura sensible_. que abre por primera vez los ojos al
mundo de la realidad; de una tterna educanda, por ejemp lo, recien salida de un colegio de religiosas timoratas y
pulcras, el espectáculo de un oficio de Domingo de Ra•
moa ean~ado_en una pobre y ~estarlada !iglesia por un
cura ordrnan? que _lanza berridos de sochantre hiposo,
con la cara sm afeitar, la cabeza llena de remolinos de
pelo. las manos con las uf'ias de luto y las yemas de caoba, la capa pl uvial medio caída por detrás descubriendo
en el cogote un pal mo de alba sucia1 y los zapatos despellejados. Cuando ese cura dice la antifona: Rodame, oh
Beiwr, cm~ hisopo, y seré limpio; lámme y quedaré más bl.anco,
que la metse, una voz secreta, tal vez la de al~ún diablillo retozón y maligno, ID.urmura al oído de la tierna doncella: ¡/mena falta te hacfl
¡Ah! Si yo fuera rey absoluto de un pequen.o Estado
muy homogéneo y muy culto, como, por ejemplo, la Ba•
viera de cuarenta. aflos atrás; si pudiera yo disponer de
auxiliares como los que tuvo incondicionalmente á sus
órdenes el rey Luis I, bajo c11yo sabio protectorado tanto
florecieron las artes, ¡qué oficioR de Semana Santa se ce•
lebrarían en mis dominios! Ya me dirían entonces los
indiferentes á. la estética del culto católico si puedt- haber
ó no grandes bellezas en esos oficios que ellos de buen
grado mandarían suprimir por anticuados. En primer lugar, tendría yo una catedral, no como las de León 1 Burgos, Toledo y Savilla, excesivamente lób~as y e xcesi•
varo.ente grandes para mi propósito de erigir uu escenario adecuado en que poner de manifiesto con toda clari •
dad hasta las más pequef'ias peripecias y accidentes de la
divina epopeya de la Pasión y Muerte del Redentor. Mi
catedral sería recogida y luminosa, de estilo italiano co•
mo la igleiia de San Luis de Munich ó como la Baame'a de
San Clemante de Roma, pero toda decorada con l)intums
al fresco 6 con mosaicoe ejecutados por los mii.s msignes
artistas. Ins alt.ares, los ambones, el mobiliario del presbiterio, del coro y de la nave¡ las vestiduras sacerdotales·
todo había de ser del más exquisito gusto; objetos d~
marmol, bronceó madera, de mala forma, pafio que far-

mase malos pliegues, no se verían en mi iglesia. Ni cele•
brarían en ella. clérigos de Wdid cala,Jura, pórq11e los mi•
nistros del altar, el preste, el di!lcono, el subJ.iácooo,
cuanoos intervi1men en los sagrados oficios, incluso los
cantores, los sMristanes, los monaguillos, etc., serian por
mí escrupulosamente escogidos, de manera que entre
ellos no hubiese uno solo de aspecto desagradable. La
música seria, exclusivamente de órgano ó de instrumentos de cuerda; trompas y clarines y demás instrumentos
belicosos no entrarían en mi iglesia, comotampocoadmi~
tiria entre loe cantores y coristas voces de soprano ni de
becerro. Así lo que se canta como lo que se dice en tono
de rezo, había de acentuarse y de articularse con la per·
fección debida, sin atropello ni farfulla, para que el pue•
blo tc,do lo percibiese clara y distintamente.
Y no ganaría solamente la e~tética del culto en que éste se celebrara de una manera digna y adecua.da, f.ino
que los mismos misterios que en la8emana 8.mtaconme•
ruora la lglssia adquirirían entre el pueblo una significación y una importancia de que hoy carecen con gran perjuiciv suyo. Porqud las ensenanza'! que se desprenden
de las oraciones, salmos, profecías, lecciones, cá.nticos y
pasajes de los evangelios que "'n t'Stos días sant03 se rezan ó se entonan, son para él enteramente perdidas: y los
sublimes dogma~ (cuy.1 fé nri hay salvación) figuradas en las ceremonias simbólicas q11e en e~tos dias ee re•
cuerdan. son arca cerrada para los en~ndimientos ¡Í quienes no se consiente percibir con claridad las explicacioues que dan de ellos los sagrados textos, relat,u.dos pr~cipitttdamente y sin sentido.
Hay que tener presente que las enseñanzas que estos
días nos da la Iglesia de .fesucristo son más difíciles de
aprender cuanto más se aparta de las sugestiones propias
de la naturaleza humana. No es maravilla hacer uu poema que cautive la atención y gane la voluntad 1 con lu vida de un héroe en quien, á medida que se acumulan los
triunfos, crecen la gloria y la fortuna; pero es superior a
la razón del hombre que exista una divina epopeya en la
cual el héroe vaya al triunfo y á la gloria por el camino
de la abnegación, de la hnmildad, del propio sacrificio,
del oprobio y de la ignominia, y sin embargo, esta es la
epopeya de Cristo: esta la sublime enseílanza de una
doctrina nunca revelada al hombre en los tiempoe anti•
guo~, y por lo mismo tao contraria it las naturales suoe9 •
tiones y tendencias y tan difícil de aprender.
Esta hermosa y divina epopeya comienza con la.entrada triunfal de Jesncristo en Jerusalén, montado en un
jumentillo, símbolo de la
humildad, que ha de eer
ti! alma de los triunfos del
ciistiano. ¡"1ué conmove•
dúra eencillez la de las
oraciones que se dicP11
durante Ja bendición de
los ramos! «¡Oh Dios!, que
rf'uneE lo.que está disperso y reunido lo coneerva@,
que bendeciete á. los putiblos que salieron cOn ramos á.recib ráJesús: ben~
d.ice también eetos ramos
de palma y de olivo que
tus siervos reciben fiel•
mente en honor de tu
nombre, para que coneig:ao tu bendición los habitantes de cualquier lugar en donde fueren colocados, y ahuyentada toda
adversidad, proteja tu
OieE.tra á los que redimió
Jt-fUCriero.n
1,¡0h Dioamío,quemandaste á la paloma anuo•
ciar la paz á la tierra con un ramo de olivo: suplicámoste que te dignes santificar con tu bendició celestial estos
ramos pa~ que 11irvan á. la salvación de todo tu pueblo.,,
. Losofic10s de~ Lunes v ~!artes Santos son un vivo y
tierno compt&gt;ndio de la Pasión y una continua exhortación 11 1013 fieles á no gloriarse srno en la Cmz. El día en
qll;e propiamente empieza el gran duelo de la Iglesia es el
MieretilesSanto, por que en él se congregaron los prínci•
pes de los sacerdotes, los escribas ó doctores de la ley
los ancianos y magistrados para deliberar sobre los me:
dios de prenderá Jesucristo, y en él se decretó su muerte. Recuerda la iglesia la mansedumbre de Jesús y cómo
se e!ltrejt() a] sacrificio por el linaje humano, recitando la
lección de halas (cap. III): ,dué herido por cauea de
nuestras iniquidades y macerado por nuestras maldades ........ . Coruo 0"."eia que llevan á la muerte, del mismo
modo será conducido¡ como cordero delante delesquih1dor, enmudecerá y no abrirá su boca." El Jueves :,,an1,o
fué en todos los tiempos uno de los días má.ssole·nnes de
la Iglesia á causa de los grandes misterios qne en él se
obraron. Día di' lo8 mistnws le llama bao los griegos y los
demás pueblos del Oriente. En sus ceremonias se compendian: la humildad de Jesucristo, en el l,myltorio de
los pibt, su amor incomparable, en la institución del Sacrameuto de la E 11C(1n·~lí•1¡ la primera oblación de ,Jesús
en aras de este amor, en la Orcw1,61i del huerto y su snngrien•
ta agonía¡ su voluntario sacrificio, en el Prendirwe1do .
~os salmos que se cantan en este día son de una bellt',:-'
rncomparal:&gt;Je, y en la traducciún del Cfüdieo de Jfo1tt/ ,.,
tomado del cap. XV del E.rod,J, se han ejercitado la;
plumas de nuestros más grandes poetas. Superiores á t,1do elegio son pl)r otro lado, considerados como trozos
ya de tierna, ya de altaé inspirada poes(a, el himno Pan~
ge liitg11•t con qnf'- el Sant.isimo es depofitado en el Monumento; el J!agn{ficrrt que se canta eu las Víspera~, y e~~
hermoso vuelo del corazón, abierto á la más dulc~ ~sp~ranza, que lleva el nombre de Cánliro de Siirtnfo.
Sería intertninable nuestra tarti:l si hubiérarn,Js de re•
aeñar todas la:i bellez:is de forma y de concepto ate.-;nradas en las augustas ceremonias que siguen :i las del Jitti•
ves S.1nto ha.stJ el dia J.J L\ glork1i!:1 r~für.!c~ ión del SJ·

f1or. M:uy frío de imaginación U:i 11.• sJr qqien oiga sin
P!óltremecimientos las tres leecion~s de los capítulos II y
II[ de las .Í/l.11M,tm:frin .,s d e JeremíWJ con que comienzan
loi:J ID\itiuf&gt;S del V ternes SJnto, y quién no aiente Jagran•
deza del Cáatir-o de H 11bacltc: «Dios vendrá del A.ustr.:i, y
el santo del monte F,min.-Su gloria cubrió los cielos, y
la t;ierra estí llena de sus alaban,:as.-Su resplandor será.
como la luz, y todo el poder estará. en sus manos.-AIH
est.á la fortaleza: delante de él irá. la muerte-Delante de
sus pies ealdr/1 huyendo el diablo: paróse Dios y midió
la tierra.-1\Uró y deshizo las gentes, y Jos montes del
siglo fueron reducidos á polvo.-Los collados del mundo
se encorva"'On por los caminos de su eternidad, etc.,,
S6 lo quien tenga el corazón de piedra vodrá. oír impasible
los Improperios que luego se cantan mientras se hace la
Adoración de la Cruz: «Pueblo mío, ¿qué te hice ó en qué
te contristé? Respóndeme. Por que te saqué de la tierra
de Egipto, preparaste una cruz á. tu S:ilvador.-Porque
te J\evé cuarenta añ'&gt;s por el Desierto1 te alimenté con el
maoá. y te entré en nna tierra muy buena, tú preparaste
una cruz á. tu Salvador.-¿Qué má., debí hacer por tí que
no lo hiciese? Te planté como vina de cepas excelentes,
y tu oo has tenido para mí sino amargura, pues en mi
sed me diste ií. beber vinagre y con una lanza abriste el
costado de tu Salvador etc. n
No Podemos, por la falta de tiempo, ocuparnos en otras
manifestaciones estfticas de grande importancia que nos
suministran los oficios del Viernes y Sabado Santos y
del Domingo de Pa.scua, cuales son: el Santo Entierro;
los P1VlQ., que se sacan en proseción en muchas de nuesciud.ades; la admirable regeneración del mundo por el
e!ipíritu, figurada en la solemne bendición del fuego y
del agua, y loR cánticos con que se celebra la gloriosa Resurección de Cristu y su triunfo del pecado y de la muerte. Rn otra ocasión quizá las expondremos.
PEDRO DE MADR.\20.

Yo, como único remedio,
C',omo alivio de ruis males,
Ttingo una Dolorosita
Que me regaló mi madre,
Vuando por la vez priuiem
Llt'gué al pié rte los alrnres
A gustar la Hostia sagrada
-Mistico pan de los ángeles. Allf está! -Sus oj•·•s negros
Vierten el llaoto :í raudttles
Tiene la tez mustia y pii lida'
Muestra afligido el semblaoie.
Con infinita tri~tt-za
Jnnta las manos aüa\•es,
Y alza la frente á los cidos
Con ademán suplicante.
En llegando elrues de )layo,
¡Oh, recuerdos inefablf'sl
Niño aún, por la mana na
Le ponía en sus altares
Las roeas más exquisitas
Que brotan de los rosales,
Que cuajados de capullos
Luce el jardín de mi valle.
Cuando abandoné mi cru;a,
El dulce hogar de mis padres,
Para emprender las fatigas
De mi vida de Pstudiante,
L:i coloqué en mi cartera,
La llevé por todas partee,
Y al fin del afio eJla sola
Me ayudaba en mis exámenes.
¡Hoy ya soy hombre y no olvido
Los consej&lt;,s de mi Dladre!
Le rezo cuando despierto
Y le rezo al acostarme;
Aun, llegando el mes de Mayo,
Le doy flores tropicales,
Aun me siento otra vez niño
Y me sonríe cual antes.
Por eso nunca abandono
A mi Virgen un instante;
Por eso cuando estoy triste,
Cuando siento hondos peeares 1
Como consuelo de mi alma,
Como alivio de mis males,
Beso la Dolorosita
Que me regaló mi madre.
Abril de 18fl7.

Jt•A~

B.

DEt,GADO,

!Quién de su pe~ho desterrar pudiera
la duda, nuestra eterna compaf'iera!
CAlll'O.iHOR.

�260

DOMINGO 18 DE ABRIL DE

18sn

261

EL MUNDO

ENGANO SUBLIME-Por roaría!!~scot.
NUME;R06.

En tanto que lefa esta carta, Felipe preparaba su respuesta¡ volvió á plegar el papel y dijo friamente:
• -Como usted miemo lo ha expreeado, seiior, toda carta
anónima es una cobardía indigna de la menorlfe; es el
arma de los calumniadores. Yo no sé por qué me comprenden en eso, -porque nada he vieto.
Avidamente el Sr. i\Iartín examinaba al joven, pero
su voz caneen-aba aun su alteración, cuando replicó:
-Sí, mi confi.i.nza en ella era tan absoluta que esa arma de cobardes se deslizó sobre mí sin tocarme. Me
dirigí á ella y le dije: nOs calumnian, bija mía.» Ella
me reepondió con senc1llez: «No lo extraño, mi dicha
presente debe hacer tantos envidiosoF! pero si voe,
mi único amigo, me ult.rajáseis con una suposición,
1
todo quedaría roto para siempre entre los dos.u Mi
Beltrana, exclamé yo, no sabéis que os admiro tanto como os amo? cómo podria dudar de vos? Ella
me tendió su querida manecita diciéndome orgullosamente: ((ÜB lo agradezco; hacéis bien en creer en

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Sí. entonces, pieotóe esas acueaciones y aún me
sentía feliz con la locura de darle esta prueba de mi
absoluto respeto.
Fuí durante dos años feliz, muy feliz ........ .
Un enternecimiento al recuerdo de la dicha perdida endulzó aún el timbre de su voz que espiró en
suspiro querelloso.
Ft1lipe, nervioso, muy fastidiado yun poco pálido,
respondió:
- Y o no he visto nada, no he oído nada, no sé
nada. ¿Por qué no continuar creyendo? ¿Por qué no
despreciar esas calumnias? ¿Por qué preocuparos de
esa miserable carta? ¿Por qué emponzoñar vue~tr&amp;.
dicha?

-~o, no es posible, ella no puede eeruna miserable. Digame usted la verdad, lo conJnro, repítame usted las pa•
labras que ha oído, acaso interpretó usted mal, las jóve•
nes son á yaces tan imprudentes ..... .
Su voz temblaba, su rpirada imploraba. Una inmensa
piedad llenaba el corazón de Felipe ..... .
No, jamás, no repetiría al marido las palabras oídas,
esa confesión demasiado explícita: «Usted prometió que
se casaría con migo, usted lo juró; sin esto no habría yo
cedido, DO me habría entregado á usted.»
__,..---· ;
Pero era preciso poner fin á una escena que se con¡ vertía para los dos hombres en una verdadera tortura. Con una voz tranquila que DO vacilaba y aún
un poco enérgica, respondió:
-Yo ne be visto nada, yo no be oído nada, señor.
Yo le he dado á usted roi palabra de honor, se la doy
alln, nada más tengo que decirle.
Y en la rigidez de su actitud, en la .firmeza de su
mirada, se leía una determinación t!\D inflexible que
el pobre Martin comprendió la inutilidad de una
insistencia mayor. Dirigióse haci&amp; la puerta con un
paso que vacilaba. Salió y Felipe siguió largo tiempo
con los ojos á ese mísero millonario que se alejaba,
encorvado, insignificante, con la cabeza baja, como
un hombre ebrio, esqui viindose de los transeuntea
que lo miraban con despreció! ¡Pobre vieja paveza
del gran naufragio, ein gracia y sin esperanza!

dijeron que no transigía usted en cuestiones de honor;
usted no querría engallará un viejo. ¡Oh! si pudiese us·
ted decirme: «Por mi honor de gentilhombre juro, por el
Cristo, que han mentido ...... juro que nada he visto, que
nadeheoído;juroquetsaeartaenteraesiofamia y engafio.» Oh, amigo mío! ¡Oh mi joven amigo! Rí usted
quisiera, si usted pudiera decir eso ........ !
E~ta vez fué Felipe quien palideció. Aun cuando ya
temía esta exigenci!I., no había tenido el tiempo ni la

,!f;

XV

En el crucero Andrómeda, después de largos meses de navegación, Felipe meditaba, recordaba y sufría.
¡

1,

Hablaba aprisa, tenía ansia de que aquella terrible
escena finalizase. Sentía venir el peligro y se esfor~mba en escapa(de él. Se levantó:
-Lo lamento mucho, señor, pero como lo ha hecho notar usted, estoy muy ocupado en este momento. Le suplico que se sfrva excusarme y que me
permita.... .. .
Sin abandonar su sillón, el seüor Martín respondió:
-Lo que me queda por decir no es largo, yo le suplico
,que me conceda aún algunos minutos: es la dicha de mi
vejez la que está en juego. Sí, durante dos años yo he sido el máa feliz de los hombres.
Usted no pódfa saberlo ......... ustedes los jóvenes no
pueden saber qué tesoro de ternura, de amor, de pasión
.se amasa en los corazones viejos que no han amado nun-ca. Sí, yo la adoraba con todas las fuerzas de mi cora~
z6n; pero también, con todas las fuerzas de mi sér1 la
deeconfianza, y la duda y los celos me tortu.raban hacía
seis meses.
Y en un tono muy bajo, como si no hubiese querido
oír él mismo las palabras que iba á pronunciar, murmuró:
-Ese baile del almirantazgo......... ¿se acuerda usted?
Felipe hizo un signo de cabeza afirmativo. El Sr. Mar•
tfn continuó:
-Atravesábamos los salones para partir; su mano reposaba sobre mi brazo, y yo el!taba orgulloso, orgulloso
de su hermosura, de sus éxitos, de su toileue. Deºpronto
sobre mi brazo la pequeña mano se crispó; yo tuve conciencia de un extremecimiento. Ví á Beltrana, pálida,
desfallecer y, en sus ojos un espanto indecible. Seguí la
dirección de sus miradas; era usted, señor de Aubián, el
que le había causado la tremenda emo.ción.
Eso duró apenas algunos segundos; ella prosiguió su
marcha y salimos¡ pero la arma venenosa entró desde
eee día en mi corazón. Desde ese día pensé en que la
carta anónima no habia mentido acaso. Recordé algu•
i;i.os indicios, iterrogué á mis gentes; estas me afirmaron
que habían visto &amp; usted abandonar la villa y que no te•
nia usted el aire ni el aspecto de un hombre enfermo. Lo
he buscado y acababa de partir partl las montanas del
Doubs; supe por su~ amigos el gran duelo que le hirió;
esperé su vuelta; usted era mi última esperanza....... Me

presencia de espíritu para tomar una. T('8olnci0n. La solenidaa del juramento exigido y la mirada. de plomo que
pesaba sobre él, decían claramente que todos los snbter·
fugioseran inútiles. No tenía más que dos alternativas:
perderá una mujer 6 cometer un perjurio. Y ese joven
que no transigía jamás en cuestiones de honor, vaciló;
extraviado, durante un segundo, ya no veía nada ni sabía nada ...... Una á una penoeamente las palabras salían de sus lábios, en tanto que por un movimiento del
que no era dueiio, sus pupilas se movían convulsivaDiente:
-Por mi honor le afirmo y le juro que n&amp;da he visto
y que ..... .
Un sordo gemido le interrumpió; el viejo se había levantado y con tono de autoridad 'dijo:
-No concluya U$ted: es inútil, comprendo todo. Los
hombres como usted no pueden mentir, aún cuando lo
quieran. Oh! Dios mío, Dios mío! He aquf la certidum·
bre. He aquí la verdad! Lo que usted ha oído y sorprendido en esa noche fatal debe ser muy grave puesto que
es usted perjuro ..... ¡Esto es horrible! ¡esto es horrible señor!. ..... Mi sobrino, el futuro de mi hija1 antes que Bel ·
trana lo conociera! ¡Ella sabía que Valeria amaba loca•
mente ásu primo! ¡Esto es odioso!. .. ... esto es odioso!
Hablaba con violencia, una ola de sangre subió á su rostro, se arrancó la elegante corbata anudada con arte, se
arm,ncó los botonee de aµ camisa: se sofocaba. Felipe
· quiso aproximarse á él y socorrerlo.
-No, es inútil, dejeme usted, me·voy. Estoy apenado, aí verdaderamente apenado de haber venido á molestarle. Dos veces repitió esta frase; sin embargo no se iba.
Perfllanecfa de pie ante Felipe, mirándole con ojos que
suplicaban, retenido por una breve y última esperanza.
-Me voy, me voy.
Y de pronto:

Había acogido con sombrío gozo la orden de embarque en otro puerto, con un cuadro de oficiales que
él no conocía. No tenía alre&lt;kdor de él ni un amigo,
ni un camarada; nadie se inquietaba de su tristeza,
ni se obstinaría en consolarlo. El crepé negro de su
brazo les diría su duelo, le dejarían libre como el
quería serlo: libre para llorar, porque verdaderamente no había llorado aún.
Después del golpe desgarrador del adiós, se había
encontrado investido de todos los cargos inherentes
á esos fúnebre(acontecimientos. Después, Lila1 asustada, contristada por el silencio de su padre, iba á.
él, se pegaba á. él no abandonándole casi. El recogía
á. la pobre pequeB.uela como un legado eacro, velaba por
su bienestar, jugaba con ella y aun reía para hacerla reír.
Había sido á la vez el hombre de negocios del padre y el
ayo de la niña; pero había Pido sobre todo el esbirro, el
eepfa, el inquisidor. La necesidad de penetrar el sentido
de las últimas palabras de Elena, había pesado l!obre su
dolor hasta el punto de paralizarlo: hombre de acción,
como lo había dicho, no permitía al pensamiento que
suavizase su espíritu en tanto que la acción permanecía
aateel.
Ahora, sobre el puente del navío, pensaba, recordaba,
meditaba. Los días son largos en medio de esa monotonía de las olas grises, de esa soledad del océano. Al rededor de él, los oficiales trataban de engañar por la le:tura, por la conversación. la lentitud de las horas, la pe
sadez del tedlo. El sólo no contaba las horas lentas, no
sentía el pt:sado tedio; su dolor, como todos los dolOl"E's
profundos, bastaba para llenar su alma y vivía de ella.
Se había llevado los objetos obseqüiados por Elena,
los objetos confeccionados por ella para el ornamento de
su camarot.e y aun los pueriles jugnetes medio]rotos. Era
ese como un museo de recuerdos en el cual gustaba encerrarse; pero sobre todo, se había llevado sus cartas, y so·
lo, bien solo, las releía, con los ojos llenos de lágrimas que
dejaba correr sin vergüenza alguna. ¡Oh! cómo le amaba!
¡Cuá.n dulce, cuáu infinitamente dulce y tierna!
Ll\ primera que abrió era una vieja carta: diez a.fios de
fecha; él estaba enfermo en la enfermería del colegio; ella
le escribía:
«Llegaré, hijo mío, casi al mismo tiempg que esta carta; nie moriría de inquietud lejos de tí.11
Y aquella buena noticia, y aquella cara presencia hicieron lo que no podían hacer todos los remedios de loe
médicof: vencieron la fiebre y aseguraron la curación.
Una carta aun: está severa. Se encontraba él compro-

�EL MUNDO

DDMINGD 18 DE ABRIL DE ,'lg7

==D=D=M=IN=G=O=•=•=d=•=A=B=R=IL=d=•=8=g~7~=================E=L=M=U~N=D
=0=========================•63
metido en una diabluta de estudiante y por amor propio
se obstinaba. _Pero la reprensión era tan profundamente
tierna que el arrepentimient&lt;• entró en el corazón del rebelado y produjo la sumisión.
Otras y otras cartas venían después: eran toda su vida
que pa9aba. Pero cuanto mis las releía mis se da~a cuentad~ lo qlle Elena había sidopua él: á la vez amiga, her·
mana y madre, es decir, toda la dulzura, toda la poesía,
todo el encanto de las ternuras femeninas.
Las cartas que releía más frecuentemente que todas las
otras, eran las de los d Js últimos años, recibidas en el
precedente viaje en todas partes, en todes los puertos
donde el Alción tocaba. Eran largas, llenas de esos menudo3 d~~al\e3 tan c1ro~ á los ausentes. Hablaban de todo,
de los cuadros de Fernando, de las tentativas matrimoniera~ de la tía Forneron, de las ligeras ridiculeces de las
dos Lezines.
Elena escribía con toda la encantadora alegría maliciosa, que tan bien sabia aleará su gran bondad; él ha•
bía reído entonces, ay! Ahora todas esas cosas divertidas le parecían un velo echado sobre una profunda herida. ó semejantes á. esas guirnaldas de flores que ocultan
un ataud. A través de las palabras, á través de las lineas,
leía él. Lo que leía era el nombre de Lila unido siempre
al epíteto: (&lt;pobre nifla.» Porqué compadecía á esa hija
feliz, mimada, adulada?
Lo que leía tambien era aquella plegaria murmurada
ya en la mañana del bautismo.
«Tu la amarás, Felipe, ¿no es verdad? Y aún una vez
había escrito: «Tú la protegerás.» Es cierto que había
puesto sobre esta frase una larga tacha, una linea de tinta, tan negra que él no pudo leer las palabras.
Ahora si las leía; la profecía de la muerta, oculta ba'jo
aquella linea de tinta, le parecía sombría, explicita, amenazadora. No la había comprendido cuando aun era
tiempo.! No babia suplicado á. Elena que le dijese el secreto que le torturaba el corazón. Había leído aquellas
pobres cartas ligeramente, dejándose sorprender por su
alegría fingida, feliz de recibirlas, feliz de responder á
ellas, obrando en esto como había obrado siempre, como
un niño. Un niño! Yerdaderamente hasta entonces no
Labfa sido otra cosa, dejándose mimar y querer!. ... &gt;••••
El dolor lo maduró; no s0lamente el dolor sino aquel deber de protección asumido por él.
Su pensamiento iba hacia la huerfanita; recibía con
bashnte regularidad noticias de ella, á veces por dos lineas breves de Fernando, lo más frecuentemente por lar•
gas cartas de la aya. Carlota gustaba de escribir en un
estilo ampulo:10 en que acumnlaba los epítetos de ala·
banza y l~s expresiones de reconocimiento.
Ya haciendo alusión á la preferencia que Felipe le había dado, lo comparaba al rey Asuero1 poniendo la corona sobre la frente de la tímida Esther¡ yaal rey Salomón,
tan célebre en la hiato.ria por ~ sabiduría de sus juicios.
MasexOOnsamente aúo se apiadaba del dolor del señor
Duvernoy.
«Oh! señor Felipe, decía, el gran mundo querría rodear de
entusiasta admiración al eminente artista; pero él esconde su resplandeciente corona de gloria de la multitud que
lo idolatra y la ha depositado en la fría tumba. Será bondadoso para ion todos; pero guardará su corazón paternal para la incomparable niña que le recuerda á la esposa
adorada, tan cruelmente arrebatada á su inconsolable
iernura por el destino despiadado...
D~pués, sin descender de las alturas líricas, hablaba de
lf!,, nifia1 de los juguetes que prefería, de sus mujiecas y de
sus efltudios, cuya importancia exageraba: sus progre;
sos en la lectura, las páginas de escritura sin una mancha de tinta, las pequeñas fábulas correctamente recitadas, las frases felices de nifia. Le decía esas cosas ingenuamente, con todo el orgullo de una madre. Felipe no
podía ver aquello con indiferencia; hay cosas cuya verdad se impone. C"rlota con todas las fuerzas de s11 corazón adorab3, á. Lila. U na pálida sonrisa Hu minaba por
un h~t'\nte la rigidez de su Joven rostro, y murmuraba:
u!:&lt;;~ bt.1.ena, muy buena y la ama.n Pero la car~a no concluía aún. La aya consideraba como un deber enviar al
Sr. Felipe, tan echado de menos, que debla fastidiarse
solitario, perdido en un fraga navío en medio del tempestuoso océano, » el valor d9 un inoctaoo en páginas ma•
nuscritas, con el loable fin de di:1traerle y para. procurar•
le-decía-algunos instantes de placer. Hablaba de los
países que atravesaba, de las ciudades donde permane·
cía. Decía tan ex:ictlmente com'l un manual de Geogra-

do ee buscan. El buscará al traidor, él le gritará su infamia, él le abofeteará.
No se viven los meses enteros con los ojos fijos en un
problema sin llegar á resolverlo. Felipe encontró la pista que buscaba. Y á las amad.as cartas de Elena debió
este nuevo beneficio. En una de ellas, para siempre preciosa, donde aprobaba tan plenamente su conducta cuan•
do la huida de la villa Martín, añadía que Jacobo de
Sommers lo censuraba. ,Jacobo de Sommers sin duda alguna había contado todo á su amigo y éste, abusando de
tal confidencia se permitió comprender ti Felipe en la
cuestión para la atisfacción de sus iras, de su avaricia y
La carta continuaba pero él no la concluyó. Por perdi·
do que estuviese sobre el «frá.gil navio,&gt;1 tenía horror á las de sus impurezas.
Si Felipe hubiera vivido entonces en uno de esos me•
descripciones fastidiosas hechas con ojos que no sabían
dios
en que abundan las distracciones, la impresión de su
ver, á las apreciaciones de un espíritu limitado que no
comprendía ni la poesía de la naturaleza ni la filosofía de encuentro con M. Martín se hubiera acaso borrado 6 ami.
norado; 8i hubiese tenido más edad y hubiese sido más
la vida de los pueblos. Doblaba pues la extensa misiva,
aguerrido
contra la malignidad de los hombres, habría
hacía con ella una bola y la enviaba á flotar sobre la ci•
aca1w
visto
este incidente con una filosofía resignada y
ma de las olas. Después volvía á las cartas de la muerta,
dejado
á
la
Provideocia
el cuidado de castigar á loa pér~
á esas cartas que ya .no recibiría mis, que tocaban todas
fidos, pero estaba en la edad de las indignaciones genelas cuerdas sensible de su alma y las hacían vibrar.
Hay empero un recuerdo que pone en fuga los pensa- rosas y de las resoluciones caballerescas. Sin embargo,
mientos de duelo y de amor, que hace subir el rubor á. los meses y los afias se deslizan, el '\'iaje es largo, y aun
su frente, crugir sus dientes, relampaguear sus ojos, y es cuando no ee distraiga de su determinación, Felipe resiente á pesar suyo un poco de ese apaciguamiento que
el recuerdo de su última entrevista con Martin de Brest,
el recuerdo del juramento que hizo en el cual Martín de producen el tiempo y la distancia.
Quando la Andrómeda entra á la bahía de Rochefort,
Brest no creyó. Y Martin de Brest tuvo razón .
no es en Leodice en quien piensa desde luego; es en LiEl probó que los maridos no se dejan engañar tan fa.
cilmente, que los viejos negociantes conocen bien la y aun en Fernando. Su corazón dolorido siente la neel mundo. No creyó y Jo dijo con claridad. Felipe cesidad ardiente de encontrar un poco .de amistad y de
bienvenida, quiere verlos, abrazarlos. Estan en Buchano pudo airarse contra ese viejo, por que Felipe me1-1tía.
rest. Irá antes que todo hacía ellos y se ocupará de LeoMint'.ó, sí, y mintió con juramento.
dice en seguida.
El momento de la acción ha pasado, ese momento que
Otro pensamiento lo decide. Jacobo dijo á Elena que
le conmueve sie!J)pre y le arrastra, sin que pueda juzgar,
Martín es un duelista, un matasiete, la más fina espada
deliberar, discutir, y ahora, piensa, delibera, discute, se
de París. Felipe podría morir; se ven estas cosas injustas¡
juzga. Una vez más ha obrado como un niño. Ha obedeel duelo 1;10 es un juicio de Dios y él no quiere morir sin
cido á un sentimiento caballeresco, no deshonrar á una
haberse asegurado de la felicidad de Lila. No tendría de•
mujer; á un movimiento de piedad, tranquilizar á un anrecho de disponer de su vida si encontrase sufriendo á la
ciano .... .. No lo ha logrado y sí se hizo perjuro. Martín
niña.
de Brest dijo la palabra de la situación: uHay hombres
XVI
que no pueden mentir aun cuando lo quieran, y el era de
esos.n He aquí porqué obró como un niño, tratando de
c&lt;Olvida uno como se consuela, ha dicho La B ..uyere;
hacer una cosa de la que no era capaz. Perdió á aquella no hay enel corazón fuerza para amaró llorar siempre.1►
muj':!r con más seguridad que bi lo hubiese confesado toFernando Duvernoy olvidaba, y, sin creerlo, se consodo, y desesperó á aquel viejo.
laba.
Al principio, en su dolor sombrío, había recorrido sin
Su hermana Elena, en las graves lecciones que le daba
detenerse
1-0s sitios más célebres de Europa.
en otro tiempo para formar su joven conciencia, repe.A.penas
llegado, partía de nuevo, fatigado por la bar·
tia frecuentemente: 11No hay que hacer jamás el mal con
la loca esperanza de que de él se derive un bien. Dios no bulla de los hoteles, por el tumulto, por la animaoión
tiene ninguna necesidad de nosotros para arreglar les alegre y loca de los viajeros. N J podia soportar la vista
acontecimientos futuros; el porvenires de El, el presente de esos felices que marchaban de dos en dos á través de
solo nos pertenece, y en el presente no debemos cometer la vida, cuando él se encontraba solo. Odiaba á. esos in acción ninguna que sea mala, no debemos transgredir diferentes que ignoraban su pena, á esos jóvenes en vianinguno de los mandamientos divings. En uno de esos je de bodas, mostran-lo · insolentemente su dicha, á. las
mandamientos, no está escrito acaso: «¿No mentirás?n Y viejas parejas también, que paseaban con apacible aspec to de gentes satisfechas; reprochaba á las jóvenes que
él desobedeció á Dios y á Elena; él mintió:
La irritación crece en él hasta la cólera: reprocha á. existiesen, á las viejas que no hubiesen muerto.
Habría querido vivir en los cementerios, buscaba el
Martin de Brest por haberlo llevado á ese falso juramendolor
de otro, pero en esa vida errante los dolores de otro
to, censura á Beltrana y no experimenta ya con reseran
raros
y casi imposibles de enco.ittrar.
pecto á ella esa simpatía llena de piedad resentida en la
Decidió que en lugar de descender en los hoteles bus·
playa por la pobre muchacha abandonada. Las últimas
palabras de M. Martin alumbran aquella escena trágica caría instalaciones temporales por un mes y aun por una.
semana; queda estar en su casa.
con una horrible lnz.
Cirlota le fué, en estas ocurrencias infinitamente pre·
«Mi sobrino era ya el futuro de mi hija, cuando Beltra•
na lo vió por primera vez; ella lo sabía, ella sabía como ciosa: ella discutía los precios con los propietarios dema·
siado ávidos, amaba la economía y no quería renunciar
amaba Valeria á su primo.»
Ella lo sabía! Ella lo sabía. Sí, lo sabía! Como pudo al amo á quien servía. El reconocía sus buenos servicios
ignorar ese amor que Valeria no pensaba casi en disimu- con gratificaciones, con obsequios, obsequios y gratificalar, ese amor que tramfiguraba su fealdad, volviéndola ciones que pasaban ciertamente del precio que los pro• .
casi linda y que se advertía en sus menores frases. Como pietarios habrían exigid.o por eus alojamientos, pero Car··
no había de confiarse á su amiga? ...... Para él, á quien to- lota se mostraba reconocida, ingeniándose en mil delicada deslealtad rebelaba, Beltrana no era ya la interesante das atenciones.

fía, el grado de latitud, la form11 de gobierno, el nombre
de la capital, las ciudades m:ú. notables y la cifra de la
población. Decía asimismo los hoteles donde se hospedaba, los menús de las comidas que se le servían; se deleitaba en los recuerdos gastronómicos, emprendía una disertación sobre las diversas cocinas del globo, y Felipe, que
sabía leer á través de las linee, veia aparecer y lucir el
pecadillo único de aquella mujer: golosa, muy golos~,
horriblemente golosa. ¡Qué importa! Ella no se creía per·
fecta, y además, la gula no ea un obstáculo para la bondad y la abnegación.

víctima' de la seducción, sino la mujer artificiosa que
trata de quitará su amiga el corazón de su futuro. No le
perdonaba tampoco su matrimonio con ese pobre Martín de Brest .... .. y por no deshonrará aquella ambiciosa,
á aquella intrigante, fué por lo que mintió! Pero L'3odice
es el sér más ex:cecraio sobre el cual se encarniza toda
su ira. Oh! si no estuviese encadenad,&gt; sobre el puente
de su buque ...... Oh! si pudiese arrojarle al rostro todo
su desprecio! Paciencia, ese día llegará. Pur largas que
sean las navegaciones tienen un término. Si las montafias no se encuentran 1 los hombres si se encuentran cuan-

Un día, sin que·nadie hubiese podido comprender como aconteció aquello, el pintor encontró en su cámara.
una tela, una caja de colores y pinceles.
El había dicho á su arte un eterno a.dios, ese adios nofué empero más que un corto (1hasta luego. &gt;1 El artista sesentia lleno de un ardor nuevo; jamás había comprendi·
do tan bien la misterima hermosura de las cosas y jamás 1
tampoco las había interpretado tan bien. Sin embargo,.
rehusaba enviar sus telas á las exposicione3. Felizmente
Carlota estaba ahí, é igsistía y suplicaba.
-El muy honorable señor D.ivern )Y no tiene el dere•

cho de privará su patria de la vista de sus obras maes
trae.
El cedió y no tuvo por qué arrepentirse; sus cuadros
fueroo. notados¡ algunos periódicos hablaron de ellos con
elogio. Se ofreció un precio elevado. Carlota triunfaba,
pero Dnvernoy movía desdefiosamente los hombros.
-Qué importa la gloria, p~esto que ella no vive ya
para aplaudir mis éxitos.
Y decia ectoseriamente, sin hipocrecía, no creyendo
disminuida su pena. La respetuosa admiración de Carlota lo entretenía en esta ilusión. Cada día, á la hora del
desayuno, ella le ofrecía el bálsamo del consuelo. Fernando escuchaba voluntariamente las lamentacíones de
la aya. Ellas eternizaban su duelo¡ y además, como artista, amaba la alabanza.
Protestó al principio cuando ella le comparó á los
maestros ilustres. Poco á. poco se acostumbró, complaciéndose en su papel de ídolo, respirando á plenas narices aquella espesa humareda de incienso; pero jamás
pensó que bajo las hipérboles de la pobre muchacha se
ocultaba un ardiente amor.
.F'elipe que creía saber leer entre las líneas, no lo pensó tampoco. No se imaginó que la perla de las ayas, tan
bien escogida por él, era romancesca y sentimental, que
era una de esas alemanas que sueñan con un Werther, que
t?da la vida lo han esperado vanamente, guardando en el
fondo más proEundode su espíritu tesoros de quiene8 nadie ha hecho caso"¡ que había llegado á su trigésimo sexto
año1 siempre sentimental, siempre romancesca y jamás
comprendida. Si él hubiese pensado estas cosas, se habría asustado, porque má.s que la gula, los eentimientos
romancescos no excluyen la devoción y la bondad.
Los instintos maternales se despertaron en el corazón
de Carlota, al mismo tiempo que la pasión: ambos amores se confundieron y la instiJ;utriz adoró á su educanda
con toda la ternura de su corazón sentimental.
A. los ocho afios Lila ae parecía á su m1dre: fina, fl.exible, rubia y blanca, y en aquella rubia y blanca figura de
niflá., se abrían en toda s11 extensión dos grandes ojos
serios, dos ojos de un azul sombrío, graves, con esa gravedad de los niños educados en:mediode las lágrimas, por
gentes que no ríen jamás. Los ojos de Lila eran de ordinario tranquilos y dulces, pero la menor contrariedad
los hacía brillar de cólera. La niíiita entraba entonces
en accesos de ira, á los cuales nadie osaba resistir. Otro
defecto era su excesiva sensibilidad; la más lig-'lra repri.
menda la hacía llorar indefillldamente.
Su padre y su aya temfan los accesos de lágrimas más
aun que los accesos de cólera; si la salud de la pobre pequeña iba á sufrir! Cddían pues, ced!an siempre,
Carlota no osaba aventurar raprensión alguna, viendo
con terror erizaree delante de ella dos dificultades temibles: poner á Lila enferma y disgustar al señor Duvernoy.
El temor de ser despedida la asustaba y ante esta horrible desgracia, qué sigaificaban las lecciones mal aprendidas ó los caprichos de una niña de ocho años~t
La educación de Lila presentaba pues en muchos pun•
tos lamentables lagunas, cuando Felipe, obtenidas sus
vacacio11.ea, fué á reunir11éle en Bucarest.
Estaban insta.lados desde hacía cerca de un mes ea una
linda casa; el pintor encontraba amplios asuntos para sus
cuadros en aquel país nuevo para él y prolongaba más y
más su permanencia en los sitios que visitaba, no sintiéndose ya impelido á vagar por el aJuij6n del dolor.
Felipe se percibió bien pronto de las modificaciones habidas en el dolor de su cuflado y sufrió con ellas. Le censuraba injustamente que hubiese continúa.do sus queha•
cerea, que se complaciese en su obra, de la semisonrisa
con que la contemplaba ha:lándola buena y sintiéndose
en gran progreso; y le censuraba por último que hubiese
cesado de llorar. Era injusto, como se suele ser en casos
semejantes.
El vacío l}ue rasentía Ferna.ido desde hacía cerca de
tres años, había agotado la amargura; ee había acostumbrado á la ausencia de la bien amada. La costumbre ha·
b~a hecho_ su obra, pero el marino sobre su navío, no podia experimentar estos beneficios. Jamás Elena le había
seguido, era él quien partía y este primer retorno en que
no 1~ encontraba, avivaba su pena dándole la impresión
del implacable y eterno a.dios.
Pero si él acusaba sin razón á su cnfiado, por otra parte le hacía plena justícia en cuanto á su fidelidad, retractándose interiormente de sus antiguas y odiosas suposiciones.

Cerca de tres afios habían transcurrido y no solamente
el viudo no se había casado, sino que ni pemado había en
ello. En cuanto á una intriga clandestina, cómo habría
sido posibie á través de tan continuados viajes? .A.demá-s,
por limitada que fuese la experiencia de la señorita Carlota en cuanto á estos asuntos, hubiera sorprendido algún encuentro, algún indicio revelador. Nodisimula uno
durante cerca de tres años cuando es absolutamente libre. Ahora bien, la convicción de la señorita Carlota res•
pecto de la virtud de Fernando, permanecía absoluta;
esto se veía en los elogios .que ella prodigaba á. su ídolo,
en el culto admirativo que le dedicaba.
Otra prueba más parecía al joven perentoria: el pintor
se hacía leer sus cartas por la aya. :\Iuy cuidadoso de su
vista, de la que sufría un poco y que reservaba toda en·
tera para su pintura; muy perP-zo30 también, suprimía
todas las pequefias fatigas. Después del desayuno, en
tanto que fumaba una larga pipa, Carlota abrta delante
de él su correspondencia y leía cartas. y periódicos. Fernando vió el asombro de Felipe acerca de esto y dijo:
-Yo no tengo secreto alguno, mi querido amigo; algunas cartas de negocios de esa horrible escritura de los
empleados ministeriales; otras de la tía Fourneron 1 con
sus garrapatos¡ de cuando en cuando algunas patas de
mosca de las.primas Lezines; verdaderamente esto no va·
le la pena de fatigar mis pobres ojos. Cd.rlota es discreta y
abnegada: una perla, mi'querido Fdlipe, una perla que
vos habóis pescado para mí!
Felipe, más exigente, encontraba que bajo muchos as•
pectos1 la perla de la,;i ayas dejabJ. mu ~h 1 que desear.
Ocho días después de su lleia fa oyó grit:is furios1s que
salían del cuarto de Lila. Inquieto, se levantó; pero el
Sr. Duvernoy le retuvo con un gesto:
-No es nada, Felipe, no os molesMis, es Lih que se
encoleriza.
Un poco sorprendido él, preguntó:
-¿Y qué le acontece frecuentemente esto?
-Oh! muy frecuentemente; sólo que desde que vos estáis aquí se ha contenido, y por eso es la primera vez que
la oía.
.._y la sef'iorita Carlota no trata de corregirla de este
terrible defecto?
--Carlota!. ..... Es posible que lo haya ensayado; pero
sin éxito.
Algunos día&amp; después, una escena de género diferente,
inspiró al matino nuevas inquiet\ldes, respecto al caract,er de la niña. Lila, á la hora del almuerzo se levantó
con aire misterioso, salió de la pieza y volvió trayendo
en sus manos una frutera de donde se exhalaba un delicioso perfume. Eran confituras de rosas, tan apreciad.as
en los paises de Oriente. La chiquilla aproximándose á
Felipe, se las ofreció.
-Gracias, hijita, dijo éste, no me gustan las confituras.
Ella tuvo una mueca de despecho.
-Pero éstas! oh! éstas! Vos no habéis comido jamás éstas. Tomadlas; yo lo quiero. Soy yo qaien las ha hecho
p~ravos.
Y con un movimiento autoritario acumuló en el plato
vacío cuatro 6 cinco grandes cucharadaa. El 1 complacientemente la ieguía con loe ojos y las gustó apenas con los
Jábios.
-Qué tal? Qué tal, eh?
Y con una vanidad pueril, la chiquilla repitió;
-Soy yo quien las ha hecho para vos.
Pero Felipe á pesar de su buena voluntad sintió clara•
mente que no podía llevar má.s allá su heroísmo.
-Los confituras son excelentes, querida, dijo, pero es
preciso que le gusten á. uno y á mí no me gustan.
-Oh! exclamó ella.
Sus grandes ojosa?. llenaron de lágrim!:ls; volvió á tomar la frutera y salió del comedor llorando. Carlota la
siguió.
-Estoy desolado, dijo Felipe.
El pintor respondió después de un silencio:
-Sí, habría sido mejor no violentarla, otra vez no la
contrariéis.
Lila estuvo triste durante todo el día, triste tambien
el día siguiente.
-Ui! Lila, díjole el marino, que feo eseo.fadarae.
Ella replicó con aire doloroso.
~Me habéis hecho sufrir mucho; si me quisiérais, pa.
drrno Felipe, habriais comido las: confüuras, puesto que
yo las había hecho para voz.

El se asu8tÓ de esta extrema sensibilidad de corazón.
-~fo es una prueba de amor, Lila, obligará las gentes
que se aman á. hacer lo que no les conviene; pero sf lo es
y grande, no dudar de su cariño. Comprendes esto, hija
mía?
Ella le echó al cuello sus bracitos acariciadores y tuteá.ndole por primera vez:
-Sí, lo comprendo, y créo que me amas, padrino Felipe.
Aquel día hicieron las paces, pero la tranquilidad no
fué de larga duración.
Los caprichos de la niña eran frecuentes y no si~mpre
acertaba Felipe á llevarla por el buen camino.
Un día, pregnntóle:
-Quiéres recitarme tus lecciones, Lila?
Y el desengaño fué completo. La ignorancia de la nifia era. mas absoluta aun que lo que él esperaba. Con·
fundía los lugares y los países; colocaba á Clovis en la
torre d3 Babel y á. Jerusalem al pie del monte Blanco.
El quiso hacerla leer y se percibió bien pronto de que no
sabía leer absolntamente; pero como se había prestado
docilmente á este exé:nen humillante, él le dió las gracias y la besó.
Por la noche, solo en el jardín, reflexionaba.
Ciertamente el grado de instrucción de una nrna de
ocho años, no ofrece aún mis que una debil importancia; sólo que lo qne él censuraba era la educación toda
entera y aquella debilidad ante los caprichos. El oficial
de marioa sujeto desde temprano á las reglai saludables
de la disciplina, no admit.fa ni la desobediencia ni la rebelif.n.
¿Pero qué podía hacer? El Señor Duvernoy no consentiría jam,ís en separarse de su hija para ponerla en pensión! Por otra part;e, la presencia de la nifia, ¿no era una
salvaguardia? Sin embargo, crecería así, mal educa:ia, y
ante ella se abriría la vida con sus probabilidades de des ventura y sus tremendos arcanos. Crecería igualmente
adulada y m:mada por dos corazones débiles, egoístas y
buenos.
En ese momento, una ligera sombra se deslizó cerca
de él y oyó una voz muy dulce que murmuraba:
-¿Por qué habéis dicho, padrino Felipe, que si mima•
má viviera me I?ondría en un colegio? ¿Acaso mamá no
me qnería?
El la sentó en sus rodillas y estrechándola tiernamente contra su corazón, respondió:
-Sí, chiquita, tu madre te quería, te quería coa toda
su alma y por eso hubiera querido verte bien educada,
porque los niños mal educados son raras veces felices.
Ella sorprendida preguntó:
-¿Es que yo i;stoy mal educada?
-Sí, dijo él con franqueza; te quieren demasiado aquí,
yte quieren mal; no resisten á tus caprichos, no castigan tus cóleras.
Ella replicó.
-¿Y acaso mi mamá era mejor que yo cuando tenía
ocho afios?
Felipe ee vió embarazado para responder ver!dicamente á. esa pregunta, porque cuando Elena tenía ocho años
él acababa apenas de nacer; pero no vaciló:
'
-Ciertamente, á. los ocho años mamá Elena leía muy
bien.
-Entonces, dijo ella, yo aprenderé. Yo querría parecerme mucho á mi pobre mamá, á quien mi papá ama
tanto. Yo quisiera verla ..... .
-Ayl mi pobre niña, eso no es posible, porque tu madre está en el cielo.
-Si, pero su retrato, cuando menos; yo nome acuerdo
nada de ella y sin embargo pienso en ella muchas veces,
papá no habla de eso nunca. Si tú quisieras, padrino
Felipe, decirme lo que ella hacía, lo que ella decía ........ .
Entonces, largamente1 él le habló de su madre, entrando en los menores detalles de su vida de niños, refiriéndole á la pequefia, cuán dulce había sido siempre Elena
cuán buena y cuán prudente. Ella le escuchaba atenta~
mente y cuando él concluyó, dijo en voz baja:
~ Voy á hacer todo lo posible por parecerme á mi
mamá.

Y Felipe comprendió que acababa de darle la mtis saludable de todas las lecciones; pero que acababa así mismo de hacer surgir en ese corazón de niña una especie
de culto sagrado por la madfi? difunta, unaafecciónsombría, tal cual la experimentaba él mismo· n.n cuidad
celoso de guardar de todo olvido la querida'memoria co~
mo si el olvido hubiese sido una profanación.

�DOMINGO 18 DE ABRIL DE 1897

. EL MUNDO

XYII.
El tieoopo volab,. Felipe, á instancias de Duvernoy,
Je acompafió hnc.:ta Yeneciti, donde se despidió afectuosamente dirigi é nd,)se luego ií. Pvrtarlier donde le '.lrgía ver
á. Jacobo de Rommers, quien le confesó paladinamente,
que él había confiado á: Leódice lo relativo á la presencia
del joven marino en la playa la noche del drama ..... .
-Con que vos ee lo habéis dicho, exclamó el joven
con cierta exaltación.
-Yo se lo he dicho, ea claro, respondió Jacobo. Tenía
el derecho de saberlo; pero he aleg\do también en favor
tuyo l .s circunstancias atenuantes: que eras demasiado
niño1 un chiquillo, una especie de e.eñorita con uniforma
de aspirante de marina.
-Y él se dignó perdonarme? preguntó Felipe irónica.
mente . ........ .
-Sí, pero se hizo rogar mucho; estuviste en peligro de
tener una querella con él, li no haberte encontrado en
los mares del Japón ...... Ahora ya lo ha olvidado todo y
yo desearía que no lo viéses.
-Está en Par!e?
-SI, en el hotel de la avenida de Antin.
Felipe se levantó.
-Cómo, exclamó Jaoobo, y eso era todo lo que tenías
que decirme?
-Nada más; quería platicar contigo.
-Vayat eres un guapo mozo, un si es no es misterio so... .. . Cuánto apostamos á que traes algún uegocito en-

tre manos - guifió el ojo,- un negocillo que quieres
guardar para· tí solo, pícaro egoist.a ......... Qué te vaya
bien, eh?
-Primo, respondió Felipe, tengo en efecto un asunto
del que no quiero hablarte ahora, pero que te confiaré
probablemente mañana.

XVII

En el suntuoso hotel de la avenida de Antin, Leodice,
terminado el almuerzo se abandonaba ú las dulzuras
del farnientt, cuando entró á su. habitación un ayuda de
cámara:
-Un señor1 .desea ver al señor, dijo.
-Qué señor, ha dicho su nombre?
-Medió sn tarjeta.
Leo dice leyó, no sil... cierta sorpresa:
FBLIPE DE AuBlAN.

0ficlo.l de Marina..
El repitió:
-¡Eelipe de .-\..ubian! ¿qué diablos me querra?
Esta visita evidentemente no le agradaba por los importunos recuerdos que !e traía.
Acaso viene á darme excusas por su deserción de mi
boda1 pensó, y dirigiéndose al ayuda de cámara:
-Hazlo entrar, ordenó.
Pero apenas dada la orden, se arrepintió de ella; en fin
por más que el vino fuera amargo había que beberlo, sin
dejar suponer que repugnaba.

f&lt;

EL MUNDO

DOMINGO 18 de ABRIL de 1897

Cuando Fe1ipe apareció, Leódice de una ojeada se convenció de que no era una Eeñorita disfrazada de marino,
ni mucho menos. Jacobo de Sommer lo babia vieto con
ojos poco fieles . .Aquel joven erguido y firme, de faz severa y de tez bruñida por el mar, le inspiraba reepeto.
-Querido sefior, encantado de veros, exclamó, sentao@. Habéis hecho muy bien en paearme vuestra tarje
ta; yo no recibía por estar muy ocupado. Y designó con
un gesto el bureau donde estaban depositados algunos
papeles.
-Pero para vos me he apresurado á hacer una excepción.
No siempre se os ve en París, ¿verdad? Pero ¿por qué
diablos no os sentáis?
-Señor, dijo Felipe, luego que Leódice le dejó hablar;
he venido á Paria con el único fin de tener con vos
una explicación.
-¡Una explicación! pero diez, veinte, las que querais 1
yo no rehuso nunca explicarme porque las malas inteli gencias me disgustan. ¿Qué explicación deseais?
-Quiero que me expliquéis, dijo Felipe dominando lo
mejor que podía la irritación y el disgusto que le causaba el personaje, por qué os habéis permitido poner mi
nombre en el anónimo que escribíeteis al Señor Martín?
Sin duda Leódice babia previsto esta pregunta y no le
convenía mostrarse herido. Continuó, pues, balancelín·
doee en su mecedora, mostrando en sus labios una sonrisa de misericordia y de piedad.
-¡Oh! mj querido seilor, dijo con un tono irónico; si
la carta de que hablais era anónima1 ¿por qué me hacéis
la injuria de atrijmfrmela? ¿Habéis reconocido mi letra?
-Yo no conozco vuestra letra1 dijo Felipe cuya irritación crecía¡ pero el hecho relatado en esa carta, de mi
presencia en Ja playa durante la noche que precedió á
vuestro matrimonio, no era conecido más que de Jacobo
de Sommere, y Jacobo de Sommers no habló de él más
que á. vos.
-Entonces1 querido sefior, respondió Leódice sin cambiar de actitud, ¿durante la noche que precedió á mi matrimonio me bicísteis ]a gracia de espiarme? ¿Es esta 1a
conducta de un hombre cuyo honor es tan quisquilloso?
-Yo no os espiaba, bien lo sabéis, replicó Felipe á
quien la burla de Leódice hacía perder su sangre fria,
pero os he o(do, os he visto y he sido testigo de vuestr.a
infamia y de vuestra cobari:.fa.
-Verdaderamente, dijo Leódice sonriendo, siempre
vos habéis sido testigo de eso. Me agrada oír tal confe•
sión de vuestra bocal Entóuces mentisteis cuando el se ~
ñor Martin os interrogó? De suerte que vos, tan puntilloso en cuestiones de bo11or, bicísteis un juramento
falso?
- Sí, dijo Felipo, cuya cólera se desbordaba ya, hiriendo con su pufio el buró; sí, juré en falso para no deshon ·
rar á. nna mujer, y también forzado por vos, que sois un
miserable.
)~sta. vez Leodice se levantó.
-Creo, OOñor1 que os permitís venir á insultarme á mi
casa. Salid, ú os hago arrojar por mis criados . .En cuanto
á daros explicaciones1 oid mi respuesta. Yo no me baOO
con. un hombre, que según confesión propia se ha des ·
honrado con un espionaje y con un perjurio.
-Aii! conque Mí es, rugió Felipe, pues bien, yo os for ·
zaré1 yo os insultaré en público y os insulto aquí.
Y con su guante le abofeteó el rostro.
Leodice había palidecido.
-En efecto, dijo, me forzais¡ dadme vuestra dirección
y mañane recibiréis mis sestigos.

XYIII.
Una hora más tarde Felipe llamaba á la puerta de J acobo. Este le recibió con su cordialidad alegre.
-Hete aquí muchacho, tienes palabra. Vienes á hacerme la relaeión de la aventurillaT te escucho y soy todo
orejas qerido.
-La aventura, dijo Felipe que no pudo impedir uaa sonsonrisa, no es tal como vos la imagináis.
Acabo de insultará Leódice, Martín, y os suplico que
me sirvais de testigo.

( Continuará. )

1

.LA MODA
Los lindes sombreros siguen siendo la
n_o~a predilecta para los fantaseadores pa.r~sienses, y por eso_les damos la preferencia entre los .figurmeei que publicamos.
El que aparece en esta plena es sobre
todo, un encantador capricho' y de una
supremaelegaacia. Lo recomendamos es•
pecialmente á nuestras bellas lectoras.
El pleno eetío traerá modelos que prometen mucho, y de ros cuales baremos la
reprod ucci6n con ]a oportunidad que acostumbramos.
LIVIA COLUMBA

_Escu~ha, amiga mia, una YCrdadera y
triste historia que voy á referirte. Xo es
un cuento de --ami?to, ni una de esas narra•ciones fantáeticas que las madres contaban ".le nocbe á sus pequeñuelos en aquellos tiempos en que las madres hallaban
placer en e~e entretenimien~; no, es, como te he dicho, una historia, y te salgo
garante de su autenticidad, porque tengo
íe en la veracidad del hombre que me la
refirió.
Hubo un tiempo en que se apGderó de
mí la afición bárbara de la caza con una
intensidad Ycrda~ernme~te ho;rible, por
lo menos ú los OJOS de nu actual conciencia. Cuandopienso en las pobres víctimas
de mi pasión cijen~tica de otros dfae, paréceme que erd otro eér que había entonces en mí quien consumaba aquellos injustificables atentados. Hágame esa ilu·
sión, porque eolo así consigo acallar una
secreta voz que me acll!=a, y poder en mis
paseos por la campina contemplar las
avecillas en sus variados movimientos en
la copa de los árboles, sin et ntir profundo malestar cuando fijan en mí sus redondos ojos, y pian los pichones y cantan 6.chirrian las madres. De otro modo,
pareceríame que me dirijen miradas de
reconvención y que en su sencillo lengua ·
je me llaman con un nombre que hiere
mis oídos como hiere el blanco la za.eta
disparada por habil arquero.
¡Cuantas veces ha turbado mi sueño la
sangrienta imágen de un montón de cadáveres de inofensivas avecillas! Allí be
visto tórtolas y verderones, con las alae
rotas, ruiseñores y Mrpinteroa con el pecho destrozado, y cigua~, cernícalos 1 pájaros bobos, que luchan por tender el vue•
lo cuando ya la muerte ha inutilizado
sus alas paradiempre.
¿Qué placer esperime.ntaba yo en privar de la vida á. los pobres pajaritos que
ae atravesaban en mi camino, ó que
descubría en el follage tupido de loe
corpulentos mangos, y en las enbieatae
bojas nuevas de las esbeltas palmeras?
¿Quieres saberlo amiga mía? Pues bien;
te lo diré. Ninguno me caneaba la muerte
de los indefensos animalitos; lo que me
causaba una satisfacción profunda era mi
destreza de novel cazador. Cuando tendia
el cai'ion de mi buena; escopeta vizcaina,
estaba seguro de no errar el tiro¡ y cuando veía flotar por el aire las plumas 9ue
el plomo había arrancado á la avecilla
que había elegido para blanco, ó sentía el
choque de su cuerpo inerte contra las ra•
mas y las hojas, apoderabáse de mí una
grata emoción que borraba por completo
de mi mente toda idea de compasión ha•
cia los seres destruidos tan sin razón ni
provecho.
Ese es el único crimen que pesa sobre mi conciencia.
Te lo he coi:ife~ado sin jactanci~, .Y espero que mi fran•
queza y mi amcero arrepentimiento me obtendrán tu
perdón. ¿No es así, mi buena amiga?
Pienso que después de todo, yo rny una ardiente convencida y leal partidaria de la pena de muerte: qu~ para
mi., la vida humana es sagrada é inviolable1 por la naturaleza, y que por nada en este mundo querría ser juez
pues á la hora de firmar una sentencia de muerte1 prefe~
riría faltar A mi deber para con la sociedad, á traicionar
mis convicciones.
Absuelta por ella y por t!, de mi más grave delito co,
mienzo la histórica naración.
'
En una nebulosa y obscura mafiana del mes de Noviembre de no importa que año, tornaba yo de mi escur·
ción matutina por uno de los estrechos y sombríos senderos_ de la selv~ de Galindo, que conducen de la ciénega
á la ciudad, y viceversa, cuando la espesa neblina que
desde mny temprano se e!!tendiera por la cuenca del Ozama se deshiw en fuerte lluvia¡ Jo qqe me obligó á. buscar
abrigo al pi&amp;dó unasalt1sima!! rocas en cnya cima forman
las copeyes y perooilas como un tupido solio, que no
permite el paso ni á. las gruesas gotas de un aguacero.
En pos de mí llegó un viejo cazador á quien sólo conocía yo de nombre y de fama, y que también venía á. guarecerse allí de la lluvia. A otros cazadores había oído hablar de él como de un buen hombre, pero de muy mal
genio: nadie se atrevía á. usar de su pal-O, aún sabiendo
que él no iría á ocuparlo, por esta ó la otra razón. Más
que respeto, era miedo lo que inspiraba á. SllB compañeros
de profesión.
A decir verdad, estas noticias y su aspecto, que no

S o m b r ero ni c ole.

predisponía en su favor, me hicieron al pronto ver con
muy malos ojos su llegada. Diócne lo~ buenos días en tono bastante áspero, y se pu,.o á. verter un torrente de palabras. Habló del tiempo, de lo malo de los cacni nos, de
la mala situación del pa\s, diciendo pe!!tes del gobinno
(con razón, dicho sea en acatamiento R. la verdad) de
la caza, contra las fincas de caña, y por último, contra
las mujeres. Al llegar aquí, su:i exprr•siones fueron tan
duras que no pude contenerme, y le interrumpí dicienle: pero viejo, ¿qué le han hecho á usted las pobres mujeres para que tan mal las trate?
Me miró fijamente, como si hasta entonces no ee hn•
biera dado cuenta de mi presencia allí: sacudió el ca•
cbimbo, tosió; y cuando yo esperaba que se de•atara en
improperios contra mí, con una voz suave qne nunca
hubiera supuesto fuera capaz de poseer, me habló así:
Vea usted joven; y(., no soy sabio como usted¡ no ·soy
más que un pobre viejo ignorante, pero, eso Rí, que no
ha vivido de más en el mundo, que tiPne muchísima ex•
periencia. )Ie casé muy joveu, y enviudé, quedándome
una hija á. la cual crié con mucho. trabajo; á los quince
af'íos me abandonó por un perdido que no tardó en deshacerse de ella. La recogí para que muriera. en mis bra•
zos, muy tarde arrepentida. Me dejó una chicuela que
ya cuenta doce afios1 á la que quiero como á nadie he
querido. Por ella es que desde la una de la mañana yengo aqui á. ganar el pan con este perro oficio de cazador.
cuando no me voy mar afuera en un cayuco á. echar el
anzueln. La muchacha me quiere y es muy docil¡ pero
eieropre eatoy pensando en que cuando sea más entrada
en afios me la haga también. Al IIegar aquí, la emoción
lo obligó á detenerise, y se pasó una mano por los ojos

para limpiar:-ie las 1:'igrirnas que brotaban de ellos, ex•
pontaneas como t.odai las que surgen del corazón.
En siendo hPmt.raa, continuó, todas son iguales! Vea
usted. E a chicnla, mi nieta, tenía una palomita que le
llevé un día ligt&gt;ramente herida, y ella la curó. Crió la como á nna criatnrt\; no probaba bocado que con elia no
compartiera, la pooia á dnrmir en su misma cama y no
la perd a de vista por miedo á los gavilanes. La llamaba
Llvia CulLunba porque ella ae llama Livia, y en no se
qué lengna 1laman columl,aR á las palomas. Por4.ue debe
usted sa.berque mi nieta está ú la escuela en la cmdad, y
aabe cosa~ que cuando me las cuenta me quedo haciendo
cruceP. Pero vol viendo :t 811 palomita, el animal correspondía al carillo &lt;le su ama como un sér inteligente. Se
posaba Pn sns hombro!!, audaba detrás de ella, y al anochecer la buscaba para que la llevara á. la cama. A la verdad ó á. la memira de mi nieta, ambas se hablaban y se
entendían perfectamente, con palabras la una, la otra con
arrullos. No ha.re muchos días me dijo mi nieta que había FOrprPndid.o un jo\'"en gavilán, en un árbol del patio
mirando fija ~, tiernaruentoá.Livia Columbaque á su vez,
posada en el respaldo de una 1:illa en el comedor, no qui taba los ojos del extraflo huésped. Por más que aceché
al malvado avechucho no pude verlo¡ parece que escogía
la!! hora!! en que yo estaba fuera para acercaree á la casa.
A mi nieta que pasa de ladina, se le encalavernó qne
el ~avilucho est.nba enamorado de Columba, y que ésta
no lo miraba con malos ojos. Una vez que se le metió
eso en la cabeza, cogió á su paloma por las dos patitas, y
mirándola de frente y besándole el pico le dijo: Columbi•
ta mía, estoy muy sentida contie:o porque te estoy mirando y no te conozco. ¿Qué se ha hecho el juicio que
4

•

�a66

DOMIN60 18 DE ABRIL DE 1&amp;97

EL MUNDO

LA FRATERNAL
Y SUS PROGRESOS
Con verdadero interes hemos leído un artículo de fondo publicado en el número correspondiente al dla último
del mes próximo pasado, por la compañía de seguro§ de
Vicia y Accidentes denominada La Fraterual.
Insertamos el expresado artículo ~n tas columnas de
nuestro semanario, por que además de que _en él se da á
conocer el progreso de la Institución del seguro, el cual
se a~entúa más y más en la República, los honores de
ese progreso corresponden de una manera muy especial
á la compañía de que hemos hecho mención, lo cual satisface, pues tratándose de una Sociedad Nacional nos es
grato palpar que prospere.
No añadiremos elogios que puedan considerarse apasionados, y por lo tanto, nos circunscribimosáreproducir
el referido artículo1 cuya lectura recomendamos á nuestros lectores:

I

f
-r '

~.,.•··(\"

UNA _NOVEDAD
Se¡¡:uro

con inveraión.--Planes en graduac:i6n y
dotales.

•

iempre alabé en tí? ¿Cómo te extasías contemplando á
el!e maldito gavilán, enemigo mortal de toda tu r11za?
¿Cómo has podido imaginarte que esas figuras que te ba·
ce y esos piropos que te endilga tienen otro propósito
que atraerte á donde -pueda clavarte las garras y destrozarte á. picotazos! Con no poca sorpresa de la chica, con·
téstale Columba: No comprendo, amita mía, cómo puedes tener semejante idea de ese apuesto y gallardo animal1 que traspira bondad. Yo te aseguro que mientras
más lo miro, más me gusta, y que estoy convenc:da de
que me quiere y me hará feliz! Ola! exclamó mi nieta.
¿Conque á tal extremo han llegado las cosas? ¿Conque
vas derechita, por tus pasos contados, por el camino de
tu irremisible perdición? Pues mal que te pefe, yo te salvaré. Y no la soltó hasta que con sus propias manos cons·

Grupo de sombr..-roa de primavera,

Al darnos la poEtrera despedida,
me lanzó una mirada
que en el pecho clavada
la llevé todo el resto de mi vida.

•*•

¡Es un sueño de amor su triste historiat
Nació; fué amable, candorosa y bella.
Amó; reinó; murió; se abrió la gloria,
entró, y el cielo se cerró trae ella,
ÜAMPOAMOR

Vitalidad Debilitada,
Sangre Empobrecida.

truyó una jaula de bambú muy capaz, y la metió dentro.
Cerró s.ólidamente la puerta, y muy satisfecha de su obra
colocó la jaula en el patio y se ent.regó, como de costumbre á sus quehacerelil.
Por la tarde dormía yo la siesta en mi chinchorro y df'sperté sobresaltado á los gritos de mi nieta: papá, papá!
corre que Columba se ha escapado!
En un decir Jesús, ya estaba yo con la escopeta al hom bro bajando la colina en dirección á un grupo de javillas
en donde sabia que acostumbraba reunirse una banda
de gavilanes; percibí el ruido que hacían entre los árboles; acerquéme con mucho tiento y no tardé en ver en
una rama al gavilán enamorado de Columba, qne con el
pico le arrancaba las entrafi.as, mientras otros dos, jóve•
nea como él, trataban á la vez de meter el suyo por la
ancha herida que tenía en el pecho el cadáver aún palpitante de la impmdente. Iba á hacer fuego sobre el grupo de animales, pero reflexioné, y volviendo á echarme al hombro la escopeta volví á mi casa, pensando en
que aquel drama no era acaso más que un anuncio de lo
que pueda suceder más tarde. Ya usted ve si tengo ra•
zón e.a lo que digo. Todas son iguales; cuando se enamoran, van lo más satisfechas á su perdición, como las ma•
riposaa á las llamas.
Cesó la lluvia, me despedí del viejo cazador, y tomé el
camino de la ciudad.
Mientras lo recorría, no dejé de pensar en el cuento
que acababa de oír, ni de preguntarme ¿tendrá razón?

Léase lo que la. Zarzaparrilla del
Dr. Ayer ha hecho por el reverendo
padre L. P. ,vuas, muy conocido
misionero de la ciudad de Nueva
York y hérmano del difunto y eminente juez ·wilds :
"Por muchos años padeci de divie.
sos y otras erupciones de carácter
semejante causadas por sangre empobrecida. Mi apetito era escaso y
la extenuación se babia apoderado
del sistema. Conociendo las propiedades valiosas de la Zarzaparrilla
del Dr. Ayer por la experiencia del
.oien que babia producido en otros.
procurémela y empecé á tomarla.
Mi apetito mejoró desde la primera
dosis y la mejoria se extendió á mi
salud en general, que la actualidad
es excelente. Me siento un ciento
por ciento más fuerte, cuyo resultado
lo atribuyo á la Zarzaparrilla del
Dr. Ayer, medicina que recomiendo
con toda confianza como la nwjM
que jamás se haya preparado 11am.
la. sangre."
Para todos los desarreglos orig!uados de sangre empobrecida ó viciada.
y debilidad general, tómese 1a

R. J. CASTILLO.

I,A PI.U.MA.
¡Pluma! cuando considero
los agravios y mercedes,
el mal y bien que tú puedes
causar en el mundo entero,
que un rasgo tuyo severo
puede matar á un tirano
y que otro torpe 6 liviano,
manchar puede un alma pura,
me estremezco de pavura
al alargarte la mano.
ABELA.BDOLoPEIZ DE AYA LA,

Vestido de reeepc:ión,

No repares sólo en la belleza de la mujer.
No desees la muJer por su belleza.
No es la belleza física la que une los corazone, sino la virtud.

La bellesa es cosa fugaz.

•••

¿Quién podrá confiar en un bien tan fragil?
Es el primer dón que noa hace la naturaleza, y el primero qu
nos arrebata.
.AJmONIZ.

Zarzaparrilla
-~-~~~l"REPAHADA l"OR

Dr. J. C. A¡er yCa., Lowell, Mass.,E. U. A•.

J

c¿Cómo corresponder á la confianza que día á día dispen'ia el público á La Fraternal?,
cEmpeñáadon'&gt;s con toda asiduidad en mejorar los planes que emite la Compañía, en ampliar su esfera de acción, rompiendo con la rutina para sustituirla con los
nuevos elementos que proporciona el progreso cientifico,
del cual deben dimanar todas las combinaciones, á fin de
que ellas descansen sobre base sólida.,
cHemos procurado nunca precipitarnos: las conquistas
alcanzadas, los triunfos obtenidos, no nos han envant:ci•
do, por el contrario, obligan nuestra-. responsabilidades
y por lo mismo aguzamos nuestro ingenio1 estudiando,
previendo y cimentando todo lo que puede dar un resultado benéfico á la institución del seguro, y por consiguiente al público á que está consagrado.,
cConstantemente hemos dado á luz los actos que norman nuestra conducta, hemos llevado á la conciencia públi-ca la persuación de la honradez con que nos producimos, porque sobre este punto no caben falsas modestias ,
y en cuanto á la bondad de los principios que han formado el Código de La Fraternal, nos cabe la satisfacción
de que hasta ahora no ha habido causa justificada que
pueda motivar, pero ni siquiera sospechar arrepentimiento por haber acatado esos principios.,
cSi en nuestros primeros pasos usamos de la mayor
cautela, si nuestras operaciones las limitábamos á su ex-presión más sencilla, con esto acusamos cordura, absteniéndonos de aba.rcar lo que nuestras fuerzas no nos
permitían, lo que la experiencia no podía aconsej8.rnos,
puesto que carecíamos de ella¡ pero por fortu_na en nuestra ¡narcha, que no ha estado exenta de obstáculos, hemos podido seguirla, haciendo á un lado los últimos y alcanzando el adelanto anhelado. Estacionarnos ahora
equivaldría á retrogradar, y una conducta de tal naturaleza daría motivo sobrado para que se nos censurase.
Esto no puede entrar en n~stro propó~ito, y por lo mismo multiplicamos los factores que deben conducirnos al
logro de nuestras legítimas aspiraciones, sin que esto
quiera decir que abandonamos la prudencia, entregándonos á locas ilusiones que traerían dolorosísima decepción. Marchamos en busca de nuestro engrandecimiento,
escogemos terreno firme, y con planta segura llegaremos á la cima donde irradian nuestros ideales.,

**•

cHemos mencionado una novedad y tal es la póliza que
emite Lá Fraternal bajo condiciones que hasta ahora
nunca se habían conocido en la Repó.blica1 porque nin-

guna de l&amp;.S Compañías que actualmente actúan en ella
las estipulan en sus contratos.,
cSeguro con í,iversión se denomina el plan referido,
y en él están adunadas una serie de opciones que permiten al asegurado obtener un verdadero y positivo beneficio, cualesquiera que sean las circunstancias porque
tenga que atravesar en lo futuro, pues se ha procurado
preveer al mayor número de contingencias. ,
cOrdenemos nuestras apreciaciones para mejor comprención de los contratos relativos, tanto en la forma como en el fondo. A toda persona que solicite la referida
póliza se le presentará "Un documento, en el cual en terminos bien claros y concisos se detallan todas las circunstancias de su pretensión contandose entre estas una tabla de opciones gara11tizadas préviame1tte en la que se
fijarán los valores que importan, pues estando calculados de
antemano, el solicitante conocerá desde lu~go todos los
derechos que puede ad-1uirir. ~
cEl nuevo plan está exento de problemas más ó menos
ventajosos, sujetos á fluctuaciones: se halla combinado
de manera que en números concretos se estipulan en la
póliza, de co:iformidad y con entera exactitud á lo solicitado, las sumas que importan cada una de dichas opciones. De esta manera, extirpamos cualquier abuso ó engaño que pudiera cometerse, evitamos m,1.las ó confusas
apreciaciones, y por lo mismo nuestros contratos serán
lisos y llanos, teniendo por norma principal la más absoluta buena fe.&gt;
cLas solicitudes empleadas para el caso las componen
dos documentos enteramente iguales, es decir, hay un
prúicipal y un duplicado que, firmados ambos por el solicitante y el Agente, sirven, el primero para enviarse á
la Oficina central de la Compañía á fin de que sirva de
base del cootrato1 y el segundo queda en poder del interesado para su propio resguardo, permitiéndole este ejemplar efectuar el cotejo con la poliza que se le expida, la
que tanto en datos como en cifras deben guardar absolu•
ta identidad con los de la solicitud. Bajo esta forma no
cabe duda acerca de las cláusulas del contato que se pretende, cesa por completo toda interpretación errónea, y
los asegurados en todo tiempo saben á qué atenerse, sin
que pueda temerse la más pequeña decepción .

*'*

11El Seguro con Inversión queda dividido en dos planes,
uno denominado Dotal en graduación y el otro simple•
mente Dotal. En ambos la obligación de pagos por parte
del asegurado no es indefinida, sino qut: se limita á un período que él elige voluntad entre los tres que ha adoptado la Compañía y los cuales se fijan en 10, 15 ó 20 años ..
Se llama Dotal en grad,,ación, porque el plazo para que
perciba el asegurado personalmente por haber sobrevivido á aquel, depende de la edad en que se solicita la póliza. Ei.ta es incontestable desde el segundo año de su vigencia, no habiendo más excepción que la prevenida por
el Código de Comercio en sus artículos 393 y 433. Ea el
tercer año el asegurado puede hacer ya uso de las opciones estipuladas y éstas consisten en saldar la póliza, en
cederla á la Compañía por un valor en efectivo, en obtener un préstamo que causa un rédito del 8 por ciento al
año, en obtener un seguro extendido ó sea la prolongación por determinado tiempo del riesgo que debe correr
la Compañía para pagar el Seguro. Puede también comprarse una renta vitalicia, y finalmente, si el asegurado
sufre alguna invalidación, tiene derecho á percibir en el
acto el 50 por ciento del valor á que ha ascendido su póliza cuando sobreviene esa circunstancia. Debemos agregar que el valor de Ia póliza en caso de fallecimiento aumenta en proporción á los años que se ha vivido, de modo que sin alterarse en lo más mínimo las obligaciones

del asegurado, con una misma cuota compra año á año un
seguro siempre ascendente en su valor&gt;
cCompletaremos los anteriores asertos y consideracio•
nes copiando aquí la tarifa correspondiente á tres edades,
y por ella se palpará que de antemano La Fraternal de
á conocer y ga,·antisa el valor de cada una de las opciones que, como hemos dicho, se enumeran en el contrato.
La repetida tarifa es como sigue:
(Omitimos la publicación de la tarifa por ser demasiado extensa y servir á los interesados para consultarla en
caso necesario.)
En el Seguro con Inversión, Plan Dotal, las estipula•
ciones son iguales, con la sola diferencia de que el plazo
para percibir en vida el valor de la póliza no depende de
la edad del asegurado, sino que éste lo fija, escogiéndolo entre los de diez, quince ó veinte años.' 1

•**
Reasumiendo todo lo expuesto, lt1. repetida póliza es
incomparable por las siguientes razones:
11

1ª Las obligaciones del asegurado no son indefinidas,
sino limitadas á plazo determinado.
2ª La póliza es incontestable desde el segundo añ0.
3ª A medida que sobreviva el asegurad'&gt; aumenta el
valor de su póliza.
4ª Puede cuando lo desee saldarla en proporción verdaderamente equitativa.
5ª Puede cederla á la Compañía por un prec.O en dinero efectivo, convenido de antemano.
6ª En circunstancias aflictivas tiene derecho á que se
le hagan préstamos sobre su misma póliza, y de esos
préstamos también se estipula el monto á que pueden
?,scender.
7ª Cabe también comprar un seguro extendido por
tiempo previamente calculado, sin que cause obligacio•
nes posteriores.
8ª Puede entrar en los cálculos del asegurado comprar con lo exhibido una renta vitalicia.
9ª En el caso fortuito de una invalidación, si no ha
optado por cualquiera de los derechos anteriores, la
Compañia paga la mitad del valor de la póliza en la fecha en que acaece tal suceso.
IOª y última. Si el asegurado no opta por alguno de
los derechos anteriores y sobrevive al plazo dotal, recibirá en efectivo el valor total de la póliza.

Ahora bien, en qué caso no está debidamente recompensado el asegurado? En todos lo está.
Cuándo es caducabie la p6liza aludida? Nunca, porque
además de que desde el tercer año cualquiera de las
opciones le dan pleno vigor, en todo tiempo si se hubiere
omitido por olvido ó alguna otra circunstancia hacer uso
de ese derecho, la póliza en cuestión puede revalidarse.
Hemos procurado concretar de una manera somera
todo aquello que puede dar una idea exacta de la bondad
de los nobilísimos fines que encierra el nuevo plan, que
desde hoy ponemosá disposición del público; y confiamos EJ.ue la posteridad nos hará justicia, que los hechos
vendrán á corroborar todas nuestras exposiciones, y que
La Fraternal será objeto de las bendiciones de todos los
que reporten sus beneficios,_ porque hubo una mano previsora que deposita~e en ella y en tiempo oportuno us.
ahorros para provecho propio ó de sus deudos, y para
engrandecimiento de una institución Nacional, que contribuirá á la honra y gloria de nuestra patria.
Cualquiera explicación ó dato que se nos pid .1 sobre el
particular, pl, _Je recabarse directamente d ,! nuestros
Agentes ó de la Dirección Gent:ral, que radica en la ciudad de éxico."

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anterior y otr■. post erior al nd·

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100 Premio!I d e I

~,000..... . ..•... 1

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aprosimaclonu
al prem.'lo de 1 ,000. ............ 1
4,DOe
00 Premios de 1 20, ■.p ro :dmadooea
al premio de 1 10.(XX). ..... . . . .. . 1
Sl,000
'09 Termin&amp;kll de t 20, que se determinarán pnr las d o1 1lltimas el·
&amp;-a!I del bi1lete q u e obt enra el
,rem10 m ayo r de 1 60,00) ..•••. t l . . . . .
•o• Terminales de I a¡. que se detu·
minarin por las do• t\l timas d·
fr a.s del biUete que obtenca el

8,ea•
178.BeO

premio prlncipa.l de t 20,00J. ... t l

,~?et

hta111 q.. ucn u 'roW " ·· •
..-, Todos lo&amp; 'IOrteo'\ cst:ln hajo la -.,-tslla,»l'■.
&amp; 9Cción p enr,na\es MI Sr. O. ApolinarCutm•
~ n entor del G .. bierno, y d~ a n emplcd• d• la.
_.n111. G en eral de \;1 Nación .
(

&gt;9.olnaa: 1• San Franolaoo n"dm. Ul.

oo \'

yer!J!.oar'- en el Pabellón K ~ \ ••eril.oar'- en el P•bellón Kori1M trea da la t&amp;rde, ,.¡
1 lM u ._ m., el JuevM

Jn•••

1•m
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1 Premio principal de . • •••. ., 10,000
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,. 1 ,000
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........., ,o
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1 00 ...... ., t ,
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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�EL MUNDO

270

-

DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897
DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1Sg7

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Tell:fono 434.-Calle de Tiburcio nilm. 20.-Apartado 8'¡ b.
MÉXlCO

hem1s visto aniquilarse reputaciones y desaparecer per•
sonalida&lt;l~s, que un golpe de maza derribó de sus altivos
pedet:talee.
. .
.
Ejemplos como el que la admm1strao1ón de Veracruz ha
dado, necesitan meditarse atentamente.

Toda la corresponciencia que se relacione con la R&amp;iacción, debe ser dirigida al

Director, Lic. Raf"ael Reyes 8pindola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto ltloguet.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111.es, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Aviaos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ■ cr preclaamente adelantado.
RfcoIBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

,íUtrico tJ la ®ran :Ontafta.
La Cámara de Senadores ha aprobado, en la anterior
seman11, el tratado de límites entre el territorio mexicano'y la colonia de Belice, perteneciente ti la Cran Bretaña. E8te tratado causó hace tres aftos una cierta sensación, muy especialmente, como sucede á. menudo, entre
las personas ajenas 1í la cuestión. Fué necesario que se
exhibieran alllorizadoa documentos y se hiciera uso de
una cerrada lógica para destruir vulgaridades de grueso
calibre que habían hallado eco en buen numero de espí•
ritus.
En aquella époC!a quedó demostrado:
Primero: que lo~laterra posee incuestionables derechos sobre la po1,f's1ón de Belice.
Segundo: que el Gobierno de México ha reconocido es•
tos derechos, acrndita.Jdo cónsules nacionales en la co•
lonia británica.
Tercero: que el dafit qiw en el asunto de límites entre
Belice y el territurio mexicano, es altamente perjudicial
para los interese~ de la República, por la amenaza de
una expansión constante de la ~olonia; los peligros de
un tráfico entre los indios rebeldes y los habitantes de
la colonia, que proporcionaban á aquellos elementos de
conservación y resistencia¡ y por Último, el tráfico fraudulento entre uuos y ot.ros, realizado con graves pérdi ·
das para el Erariü Federal.
Se imponía, pnes, la aprobación del tratado, y df'spués
de tres afl.os, en los que los espíritus más saturados de
patriotismo han podido meditar atentamente acerca de
la materia, y los publicistas cultivadores del género efectista no se creen obligados á reproducir sus insignifican•
tes altison1lncias, se ha ~cudido, por fin, á. cubrir esta
laguna, dando solución á un problema trascendental, y
que no sólo por los males que ocasionaba en la actualidad, sino también por ]os riesgos que entrafiaba en lo
porvenir, era indispensable terminar.
En estos últimos tiempos hemos visto, en efeoto, que
un asunto de limites ha estado á punto de traer serias
complicaciones á una de las repúblicas del continente;
y este hecho ha podido servir de saludable advertencia á
todos los Estados de la América latina para dejar arregladas sus cuestiones de derecho internacional.
La aprobación del tratado entre el gobierno de México
y el de Inglalierra, relati v-o á los límites de Belice, es de
suma conveniencia y nosotros celebramos que, vencidos
los primeros obstáculos que se elevaron en un principio
en la Cámara de Senadores, f'Ste alto cuerpo haya apoyado con su voto una convención que no puede menos de
semos favorable.

ta µ,Jlítica tJ la justicia.
La prensa diaria ha proporcionado, en estos dfae, abun•
dantes detalles acerca de uo tenebroso crimen cometido
en la ciudad de Jalapa, y en el que se encuentran com•
prometidas personahdades de algún relieve social, acusadas de haber favorecido con act.os delictuosos la ejecu•
oión del repugoante delito.
Generahnen\6 el cuadro de la criminalidad nacional
arroja pocos casos semejantes. La gran suma de la delincuencia, representa la característica de un grupo humano hundido en los horrores del sal vagismo. Crímenes
rejirlados, en los qne intervienen unidades de una clase
superior; plaoes siniestros desarrollados hábilmente por
personas de cierto nivel social, se anotan en corta cantidad en los negros registros de la criminalogfa mexicana.
En el caso presente, se trata de un delito en el que,
como ya queda dicho, intervienen personalidades de cate~
goría, que ocupan puestos distinguidos en el cuadro de
una administración. Si el gobierno del Estado de Veracruz hubiera cerrado los ojos y los oídos á. los clamores
dP 110Ji opinión fuertemente impresionada, babrís cafdo
eu d más terrible desprestigio. Pero afortunadamente
para la sociedad y para el gobierno se 0a procedido con
energía, y loa sospechosos de esta trama, despoJados de
sus-atributos oficiales, :figurarán como simples reos en el
escandaloso proceso abierto por la justicia veracruzana.
No es el momento de preguntar cómo hombres serna.
jantes han podido tener acceso á prominentes puestós
públicos. En política. se impone, á. las veces, la ne'cesidad de utilizar elementos poco limpios en el deaempefio
de determinadas funciones. De estos sacrificios están
llenas las páginas de nuestra historia contemporánea, y
en más de una ocasión hemos señalado, en estas columnas, el extraño fenómeno.-Pero lo que la política crea,
la justicia lo destruye, y ante escándalos como el de Jalapa,

lí)olftt.ca ®tntral.
LA GUERRA UE ORIENTE Y LAS GRANUES POTENCIAS.
¡Qué inmema responsabilidad pesa sobre las grandes
potenci1ts ~uropeas! qué risible aparece ante i;,I mundo su
decantado coucierto, y cuán tremendos serán loe cargos
que les rt:sulten an~ la historia por la guerra greco-turca
que acaba de estallar!
Se oponen en norubre de la fuerza ti la expansión del
heleni11mo y á sus manifostaciones civilizado~; siegan
con mano aleve la aspiración de libertal que empuja á
los creteJlseS á lucba destisperada¡ se asientan al lado de
la iniquidad, interponiéndose como un escudo entre el es•
clavo que anhela su manumisión y el orgulloso sefiorque
sueña en la perpetua servidumbre; en nombre del tratado
de Berhn que ha podido ser desgarrado y roto varias ve•
ces por el fuerte, proclaman la integridad de un imperio
que se desiuorona, enfermizo y caduco, cuando del tron~
co carcowido las Je~prendidas ramas pudieran dar naci ·
miento á nuevas y vigorosas nacionalidades, inyectando
en ellas savia de libt!rtad, y se habrían de formar pueblos
robustos, ingertando en sus podridos or~anismos gérmenes de democracia y sembrando en su fecundo suelo la
semilla de las nuevas ideas; con inaudita crueldad se han
colocado en el conflicto de Oriente del lado del Sultán que
significa la perfidia, el fanatismo, la superstición y el es•
tancamiento, para combalir á los helenos que, cuales•
quiera que hayan sido sus errores, sus arrebatos y de•
lirios, han eecr1to en su bandera la palabra «¡adelante!11
y sublimes como sus héroes legendarios, creyendo poseer
las armas divinas de Aquiles y la égida inqtebrantable
de Pa.llas Athenea1 se l~v,1ntao más soberbios á. cada gol•
pe que reciben; y cuando después del bloqueo de Creta,
han vieto FUS inútiles esfuerzos por sofocar la insurrec•
ción y pacificar la revuelta isla de :Minos, ve11. ahora á los
griegos marcha'ndo al ~acrificio¡ sienten los estremecimientos del sagrado monte Parnaso, sacudido por la artilleria musulmana, y contemplan las aguas encantadas del
Cefiso, que ayer arrastraba arPna~ de or(', don.de los rayos
de A polo fiogian siluetas de ninfas y perfiles de gnomos,
que lleva ahora en sus ondM ensangrentados cadáveres de patriotas, melladas armas y yelmos destrozados;
cuando todo esto pued1:: n ver, cuando en su mano y poder estaba haber evitado esas escenas de horror y de matanza, que hasta hoy parecen representar la derrota de
los cristianos y el tnunfo de los hijos de Mahoma, la humillación de los que pelean por la libertad y la victoria
de los que luchan por la opresión: declaran con inconcebible calma, que están dispuestas á. observar la más estricta neutralidad en la cootienlac':.eGrecia y de Turquía,
ante la explosión del odio secular del turcomán que se
venga en el griego, aislado del mundo y abandonado por
los que se titulan sus prot.ectures, se venga de la humillación en que ha vivido, con el horror de sus iras agarenas.

•••

¡Eecaroio cruel, sangrienta ironía! Declarar la neutralidad abara, para. abandonar á la divina Hélade en poder
de las bordas muslimicas, para que la autoridad moral
de Rusia que apoya al aborrecido Abdul Hamid, harto de
sangre y abito de ferocidad, y la ayuda material de Alemania que manda sus oficiales para que se mezclen en
las filas de los adoradores de la Media Luna, rúrvan eficazmente á la derrota de las armas helénicas!
Declarar la neutralidad, después de haber maniatado
al rey Jorge, cuando trataba de arrebatar á los cretenses de la ominoea dominación de Turquía; cuando emprendía la reconquista del mundo griego en bdneficio de
la idea cristiana y á favor de la libertad de los pueblos,
por quien siempre se ha ofrecido en holocausto el pueblo
de los dioses y de los héroes!
Extraña imparcialidad la que amenaza con sus iras
olímpicas á los Estados li!emi soberanos de los Balkaned,
si osan adherirse al movimiento insurreccional contra la
Sublime Puerta, y se atreven ,prestar auxilio, á los acuitados ejércitos ya rechazados en Millona, acaso en Turnavo, y tal vez en inminente peligro de ser aplastados en
las llanuras históricas de Tesalia1 de donde partieron las
falanjes macedónicas para irá llevar el verbo de la cultura griega hasta las remotas riberas del sagrado Gaogesl

•'•llamáis dueños de los pueDespertad, vosotros que os
blos y directores de las naciones, vosotros que os cubrís
orgullosos con el pomposo manto del derecho divino y
creéis gobernar en nombre del Arbitro Supremo de las
sociedades; despertad poderosos de la tierra! No más
complacencias con la iniquidad, no más impías contemplaciones con la injusticia: la cuna del arte y de la gloria
está amenazada de caer en poder de las huestes mongólicas, que los siglos y el contacto con la civilización occi •
dental no han podido transformar.
Entre la Turquía, herida de muerie, podrida hasta la
médula de loe huesos y corroída de infamia y de miseria,
y Grecia, la eterna y íecun-ia madre del ideal y de la belleza, progenitora infatigable de la libertad y la justicia:
la. elección no es dudosa. La humanidad que piensa y que
siente estará por la divina Hélade.
Pero ¡ay! que en los tiempos de la melinita y de
los caiiones Krupp1 no bastan para vencer las bendiciones de las almas de buena voluntad y las simpatías de
las multitudes: se necesita algo más positivo. A vosotros
los poderosos de la tierra os toca intervenir á tiempo, y
no esperará. que Grecia infeliz. deeangrada, exánime, expirante, si es vencida en las trincheras de Larissa1 vuel•
va hacia vosotros los ojos moribundos.
Que desaparezca una y mil veces del mapa de Europa
esa mancha de baldón que se llama el Imperio Ot.omano,
antes que ver menoscabado en un ápice el territorio del
heroico y esforzado i-eino de los Heleno3.
22 de Abril de 1897.
X. X . X.

EN TIERRA. YA.NKEE
NOTAS A TODO VAPOR

LA CIUDAD IMPERIO

El paso del Ferrv á. la tierra firme se hace insensiblemente: cree uno pisar el barco todavia y ya va andandosobre el pavimenw de madero de uaa estación. De mí
sé decir que hasta que no salí á. una calle y subí á un ca•
rruaje dispuesto de aatemano por un viejo y buen ami•
go nuestro, no desapareció la sensación, á un tiempo an•
gustiosa y voluptuosa, que resie11te todo el que m sob-relas aguas.
Persistió más todavía en mi cerebro la imagen de la
cúpula de cobre del World ( el gran tocayo del periódico
que da amable hospitalidad á. estos apunti:&gt;s); la veía dominando el ilimitado picadillo de con:;trucciones que en
una masa clara, hecha de á.ngulos de piedra encaramados unos sobre otros1 se extendía hasta más allá del alcance de nuestra vista. Con trabajo y sin éxito, mientras nos distribuíamos en los carruajes, procuraba fijarme
en detalles y quitar de delante de mi e1cular aquella placa;en que se había fijado el total instantaneo de esta
monstruosa Nueva York que1 en poco más de medio si•
glo, ha devorado ochentaó noventa millares de kilóme•
tros cuadrados de su is:a de Manhaltam para amontonar
dos millones de habitantes.
Por ti.o nos pusimos en marcha¡ dejam!')s atrás un laberinto de tortuoeas callejas, empaqnt:&gt;tadas entre muros,
cuyas cormsas superiores era imposible ver desde el coche, pero que con frecuencia nos mm.traban en brusco&amp;
y grandiosos relieves, ya una sucesión sombría- de co•
lumnatas rom~nas, ya de pórticos grie¡tos, ya de pilas•
tras góticas, ora de basalto, ora de pórti lo, de granito ó
marmºol; pero todo obscuro, todo silencioso, todo triste.
-Broadway, me dijo mi compañero de carruaje, un méxico-germano aclimatado enN. York -¡Broadway! Una
de las primeras arlerias mercantiles del mundo ¿este es.
Broadway? {literalmente víti ancha )-Cierto1 esto es muy
grande y muy extrafio. Ei!trecho algunas vf'ces, anchíeimo otras, cortado por parques ingltlses alfombrados de
verde, sombreados por árboles muy altos, muy gráciles,
muy melancólicos 1 y sembrados de estatuas de bronce,.
muy serias y m11y insignificames. Broadway dia91111ri la
ciudad de un vértice á otro perturbando gracio~amente la regularidad matemática de sus calles y ave1iidas y
engendrando aquí blocksde casas en forma trapf'zniJ.il, y
mái allá, en diminntos y ridículos prisma~ triangulares.
:Qué en01midad! Una, tres, cinco millas y la til!f'g-atla y
silenciosa vfa no acaba; y e:! monót.ona al c.tb,,. Por todas partes pequeñas tiendas cerradas, embutiJlle en altí•
simos muros¡ á. cada momento estátuas de rnadera pintarrajeadas, junto de las puertas baja'J en que, se ex!:)ende tabaco¡ frecuentemente empinados sitial~ coloc.idos
en la acera ea donde los traneeuntee se hacen dar betún
con una formalidad monumental, y todo ello sigue y sigue. Porque nada acaba aquí¡ se perciben sin cesar los
montones de blocks que comprimen la vía por donde
transitamos. ¡Y qué altura la de esos bfochl Parece la.
superposición de dos ó trei:I ciudades de vados pisos cada una.
¡Y qué soledad! En los wa.gones funiculares (a rrastrados por un cable de acero escondido en el pil!&lt; ) y allá.
arriba1 en los elevados, transita alglrna gente; pe10 en la.
calle casi nadie. ¿Qué ha sucédido? ¿Pvr qué e~,á. aban•
donada esta ciudad? ¿En donde ~stán los habitan
tes? preguntaba en tono elegiaco. ¿8e los ha tratado la.
tierra?-No, respondía mi compañero: la cuarta p&lt;irtede
la población está. en el campo, la eegtrnda enana parte
está. en el templo, la tercera en su casa y el resto en las
cantinas, ( que están cerradas,.) Ei! domingo.

•*•

Después de más de dos hora:i de carruaje llegamos abu•
rridos ytrist.es á. nuest.ro confortablf'l y elegabte ho:el enla.
7~ avenida, muy cerca del Parque Central (Grenoble hotel). Comimos, charlamos, nos istalamoe, y hundidos en
eendos lechos mullidos y calientee, cada uno de nosotros
se encerró en sus rec11erJos, rumió sus impresiones y durmió ó no durmió. Yo á las tres de l-1 rnañanatoméun ba•
fio de agua fria, á. las cinco otro de agua tibia, y así lo
hice casi todos los días. Poco despué:i llevando ya en el
est.6mago el zumo de dos ó tree raci1Uosde esas uvas californianas, tan largas, tan apretadas, tan cristalinas y de
tan lustroso envero, y medio litro de leche helada, salí á
vaguear con mis compañeros. Programa: bajaremo!-1 porla 5! avenida hasta donde podamos¡ tomaremos ahí el
ELEVADO (the Lo, dicen los yankees, que son una máquina
de simplificar, en movimiento perpetuo) y loDcharemos.
en Do1m•Town, en la Ciudad baja.
La delicia de perderse en•*•
una gran ciudad

desconocida, no es dada á un viajero en N. York. Las avenidas
cortan la ciudad á lo largo, 9 ó 10, no recuerdo; y las calles á lo ancho, en número de más de doscienta!:&gt;, ya comenzando la primera en los límites de la ciudad vieja,
allá abajo en la base del triángulo que forma la punta de
la isla. Nadie puede perderse; le basta leer en la cinta de·
los antiguos faroles de gas, de que apenas los armazones
quedan, el número de la calle y de la avenida, para orien·
tarse. ¡Es singular que en este municipi() de N. York,
uno de los más ricos del Mundo y en donde se ha gastado y robado tanto, no baya sobrado un millar ó dos de
dollars para placas indicadoras!
Las calles ae parecen todas; be aqul el tipo que más ee
reproduce: grand~s edificios, monumentales por sue di·
mensiones; ocho 6 diez pisog con frecuencia. Ning11•t.
balcón; ventanas todas, con dos ba&lt;1tidores de cristal qu •
suben 6 bajan deslizándose por correderas paralelas: nuu
ca puede abrirse más que media ventana, ó la part.e de
arriba ó la de abajo. A unos dos ó tres metros sobre el;
nivel de la acera, una serie de bonitas y pequefias vidrieras: son las puertecillas de aquellas casas enormes, que
tienen casi uniformemente un ancho de siete áocho metros;.
resultan, puee, series de torreone¡i contiguos, mas como,
todos están construidos segun el migmo patrón, parecen
palacios del tamaih de un block ca1a uno. De la puerte•

eilla se baja á la calle por una escalinata de piedra con
grandes balaustradae. Todo, casas y escaleras de color de
chocolate claro. Entre dos escaleras, el fondo de la acera está abierto y por ahí recibe luz, cuando la recibe, el
primer piso subterraneo en donde están el comedor y
olras dependencias domésticas. El segundo piso subteterráneo, siempre iluminado con gas, á. veces recibe luz,
por el anden de la acera, en donde suelen substituir 11 las
losas grandes placas de vidrio; á través de ellas puede
el traunsente ver las cocinas, las calderas de loe elevadores, calefactores, etc.
Desembocamos en una vía anchísima y que la altura y
la robus1ez de los edificios qne la bordan hacen parecer
estrecha. Estábamos en el centro de la Quinflt Avenida.
Empieza allá abajo, más allá de nuestro horizonte1 sube
á lo largo del Parque Central y no termina; terminará.
donde termine New-York-que ya rebasó su isla; pero N.
York terminará en alguna parte?¡ ó seguirá. á. lo largo del
Hudson y hará. del Champlam uno de los lagos de su futuro Q:,ural Parrk y desembocará.en -al Canadá, que será.
entonces parte de la confederación americana? Quién sabe; pero cuando esto sucedn, los Estados Unidos después
de'un tempestuoso periodo de monarquia 1 6, meJor dicho,
de cesarismos socialistas y demagógicos, habrán vuelto á
su eqnllibrio republicano formando una confederación
compuesta de grupos federales independiente1:_1, de ve1daderas naciones; entonces nosotros, que habremos crecido
más lenta, ¡ohl sí, más lenta, pero más sanamentP&lt; ( d,i m
piano m Rano) veremos qué partido tomamos; ¡oh! lo hemos de pensar mucho. Si alguno no cree en esta profe,fa,
tómese el trabajo de vivir cuatrocientos afias.

•*•

No se puede ne¡ar; la primera impresión es soberbia:
¡Ah! si vieras la calle de Rivoli; ¡oh! si conocieses la Avenida de los Campos Eliseos; si hubieses recorrido el Ri11g
strasse de Viena, me dec1an mis compañeros...... Entre•
tanto yo que ne, conocía má.s que la«Avenida de loe hombres ilustresQ bacía un esfuerzo para no permanecer boquiabierto, mientras mis amigos iban á rezará San Patricio. Es un encanto esta iglesia de San Patricio, la catedra; católica1 viuda, en aquellos días, de su Arzobispo
que estaba en México coronando tt Nuestra Senara de
Guadalupe y sirviendo de corista en el apoteósis de Juan
Diego, personaje tan real 1 gracias al poder creador de la
imagiuación del pueblo, el supremo poeta aoónimo, co•
roo el Guillermo Tell de los suizos. A éste y á aquel los
inventaron los monges¡ pero á éste, á Juan Diego, en la
actitud en que querían los mieioneros eternizará la raza
conquistada; protegida por la reina de loe cielos, que convirtió la tilma indígena ~n una égida fulgurant.e, capaz
de embotar todas las codicias y avideces de los encomenderos y de rodillas ante los fraile!i eus bienhechores.
En el centro de amplísimo andito tapizado con la felpa
verde de deliciosa graminea inglesa, se alza solo, eober•
bio y puro el templo gótico que la piedad fasmosa de los
irlandeees, que ayer se disputaban unas patatas y hoy
derrochan millones, ha erígido á. su patrono nacional, al
santo misionero que es la personificación legendaria. de
su fe y su esperanza, de la religión y de la pat.ria. La blancura del marmol 1 la ~lf'gante sob iedad de los apoyos exteriores de las bóvedas ogi valei:1 1 la fantasia de la ornamentación, la fragilidad aerea de los muros diafanizados
por vitrales gigaotescoe, la elevación sublime de las flechas orladas de marmoreo encaje, obligan á poner en olvido la extraffa forma de monstruosa arii.cuicta de piedra
que tienen los templos góticos. Lo verdaderamente en·
cantador en esta igles:a de San Pd.tricio, es la suavidad
con que las Haeas converjen todas desde la base al extremo de la flecha, que la imaginación continúa en una
linea ideal en lo infinito. Es una plegaria, como ee ha dicho de estas maravillosas creaciones de la arquitectura
ogival, pero una plegaria mansa y serena¡ no es un dolo•
roso miserere, es un plácido y solemne tedeum.. Lof arquitectos que ésto ejecutaron no eran esos monges inquietos
y llenos de fé niística 1 pero en perpetua lucba con el infierno en el interior de su alma; no er!'.ln esos arquitectos
de atormentado espíritu que intentaron hacer de un edi •
ficio inmenso unt1 pirámide aérea maravillosamente calada y ornamentada con todas las quimeras, y todos los
demonios, y todas las deformidades del pecado, trepando
en forma de escultura3 convulsivas por los arbot.antes y
abriendo sus fauces sobre el abismo en las gárgolas y riendo en los doseletes de los santos, mientras adentro se sucedían en una mirífica epopeya, todas las faces del com•
bate entre la luz y la sombra; ensangrentado aquí, divinizado allá, por las claridades que filtraban del rubí y del
zafiro de los vitrales. No, aquí no; en esta catedral hecha
con lo mejor de todos los estilos del arte gótico, no hay
lucha, hay triunfo; la luz que domina en el interior es la
de la amatista episcopaló ladel topacio que rodea de oros
de apoteosis las madonas, los tabernáculos y hasta las
cabezas argentadas y los roitros floridos de dos ó tres ir•
landesas que hacen crujir los reclinatorios bajo el peso
de sus cuerpos atiborrados de roasbeefs y de margarina de
Chicago. ¿Qué ea lo que falta aquí, ¡oh! San Patricio?
Nada, todo¡ falta el tiempo, falta la pátina de los siglos,
esa que quitad á esta catedral magnífica, su aire de haber salido ayer de una fábrica de catedrales ¿qué sé yo?
La hístoria, ea suma; esto es lo que falta aquí; dentro de
ochenta añoe, cuando los anarquistas y los negros hayan
degollado cien 6 dos cientas familias de mil lanarias ir•
landeses en las gradas de San Patricio, el vapor de sangre que suba por estos muros dando al marn:tol un tinte
color de rosa, trágíco y delicioso á un tiempo, habrá convertido este costoso ejemplar de la industria humana,
en una obra de arte.

•••

Librenos el cielo de que horrores como eJte que acabo
de profetizar, esmalten de rojo algún día el libro de oro
de San Patricio. Me tranquiliza que ninguna profecía
mía ha salido cierta, porque no he sabido vaticinar de,cpué..~, que es la mejor receta para predecir lo futuro.Pensaba en ésto viendo sucederse las magníficas casas altas de la «Quinta A venida,u en dos rayas paralela.e, á mis

271

EL MUNDO

lados. Hay en ellas má.e estilo, mejor dicho, hay en circundada y penel)Jl.da por la vieja ~neva York. Es u11.
ellas, todos los estilos, y todos esos estilos se suceden ho• triángulo erizado de muelles_( docb) en sus catetos; los trarizontal ó verticalmentt,. Aquí hay una puerta profunda eatlanticos, loe ferry, y mil embarcaciones de toda especomo la de una basílica gótica, allá. un primer cuerpo ro- cie zumban en deredor de esos docks, ó inmóviles como
mánico, más allá. triunia el Renacimiento; enfrente se cetáceos colosales hacen sus formidables digestiones de
pavonea el pórfido negro en grand~s columnas, más allá. el artículos de exportación en cambio de baratijas ó de
rojo veteado de blanco; encima de estos pisos bajos hay emigrantes.-En este triángulo, el mundo entero está pre•
tambi~n una sucesión vertical de estilos, Pelión sobre eePte en vertiginosas transacciones comerciales, y todos
Osa¡ lo bizantino sobre lo á.rabe, lo italiano de les qua- los representantes del comercio del mundo han querido
tener un despacho, un mostrador, un libro de cuentas; ~r
trocenti sobr&amp; arcadas ogivas lanceoladas ó floridas, etc.,
etc. Entre todo eete pol·pourri de arte, los grandes esca· eso el terreno tuvo una demanda enorme y ti.do quedó
parates donde se muestran 6 carruaJes, 6 mobiliarios es- distribuido en porciones de siete ..netros y medio de frenpléndidos, ó artículos de moda lnjosíeimos, ó ejemplares te; entonces pa.-a dar cabida á. esta enorme población
de arte, pinturas, grabados dtt alto precio, y asi 1 sin ce- diurna de latraosación y del lucro, sobre un piso vino otro
y otro y veinte má.t! y los arquitectos americanos, preocusar. La monotonía. viene de lo igual en lo enorme, no
de lo igual en la forma, porque todas las formas del ar• pados bien poco del arte, y gobernados por la necesidad
te del dieefio, chocan a.:¡ui y desorientan la vista y des• de conquistar en el aire lo que no era lícito tener en el
menuzan la atención. Probablemente depende ésto de suelo y ne buscar en sus construccioneE mucha resisten·
mis ojos poco educados por el momento y habituados cia contra el viento y contra lo deleznable del piso, han
hechomaravillasdesolidez fragily, empefiadosen tener en
casi exclusivamente á la estampa y al estereoscopio.
Rompen est.e alineamiento de caserones con bases de sns fantásticas torres todo el confort, toda la comodidad
palacio y cuerpos de fábrica y coronamientos de templo caractéristica de la cultura yankee, inventaron los elet'aclores y otra porción _de cosas que es preciso que nuestros
6 de fortaleza, una que otra iglesia protestante, obscura de
fachada, y cubierta de parietarias, ó un estanque gi• arquitectos vayan á estudiar ahí, sur le terraút, por que
gantesco ( resermir) encerrado en muros cicló picos, to- cada una de ellas significa una dificultad vencida á. fuertalmente vestidos por la primorosa hojilla lauceola.da de za de CtUculo1 un problema resuelto á. fuerza de ingenio.
Y asi es como se han puesto de moda en N. York y en
una hiedra japonesa, muy de moda aquí.
Llegamos á. Mitdis.~on S1¡uare; y me senté rodeado de toda la Onión, estas casas que los americanos llaman con
italianillos nacidos en New York y que hacen un curioso cierto orgullo u rasca nubesn sky-1wrapeTS. Pronto estas to•
mosaico anglo-napolitano al conven1ar con sus clientes rres serán de acero, ó de vidrio, 6 de aluminio, y subirán
( hay una en construcción d~ 25 pisos y otra de 32 en
latinos, mientrw- dan lustre á los botines. Hermoso par•
que inglés éste, decorado por un monumento á la gloria proyecto para el i)'un, popular periódico de aqui) á. 140
de los triunfadores en la guerra de Mé;xico, del que es mett·os. Supongo que habrá. que tener entonces encendida
permit.ido no hacer caso, en segundo lugar, porque no la lnz eléctrica toao el día en las calles de esta B:1bilonia.
vale nada. lUs agradable es contemplar la gran estatua
D. Juan Navarro1 consul general de México en New
sedente de Mr. Seward, de un parecido sorprendente; un
York 1 ha situado su despacho en uno de esos edificios de
buen viejo era éste; yo le dije unos versos muy tontos,
cuando era colegial, en el salón de EmbaJadores. Y co- oficinas1 que, como todos, en esW\ parte de la ciudad, tiemo no los comprendió (¿los comprendía yo?) lo conmo- nen las bases acribilladas de cantinas y re~taurants y gabinetes para lonchar rápidamente; Doa Juan Navarro,
vieron, á juzgar por un sonoro y húmedo beso que roe
ha visto crecer rumbo al Norte y rumbo al cielo, esta ciudad hipertrofiada de gentes y de dinero que él encontró
modtetameute instalada entre Madui.'{on S,1uare y la Batería. ¿Qué es tan viejo el Señor Consul? ¡Oh! no; tiene la
coqu~tería de dejarse decir que ha pasado de los cincuenta; yo creo que no. Habla y discurre como cuando estudiaba en Medici,m, tan jovial, tau franco y tan cue11tixta
como un estudiante, y anda todos loe días dos ó tres leguas por .1Jrood1my, bebe poco, usa el agua fría y se acuesta temprano. El consu1 verá celebrar el segundo cente•
nario de la Independencia de los Estados Unidos. Am.l"11.
Una hora hablamos empleado en ir y venir por lVall-,,;,,·trnt (este era el límite de la vetusta ciudad) y comenzaban á aburrirme infi.uitaroente los movimientos rápi•
dos, mecánicos y silenciosos de aquella multitud Fin solución deconlinuidad, y me pareclan tontas las columnatas de la sub-tesort'ría de los Estados Unidos y sin gracia la Bolrn, y soso el cielo gris y la atmósfera que moja•
ta los vestidos casi sin lluvia, cuando nos encontrauios
con una iglesia amarillellla, de un gótico serio y viejo,
junto á un cementerio lleno de piedras sepulcralee. A qui
estaba la antítesis, luego la poesía; y sí, aquí estaba la
poes1&amp;, allí está. 'ltfoity ('Jwrch, como si dejeramos 1 la
catedral protestante de N. York. Me pareció mucho menos bonita que San Patricio; aquellas naves espléndidas,
aquellos i·itrctleR inmensos regalados por los ricos irlandeses, aquel ultar 111.ayor, que me hizo tan agradable impresión y del que ya no me acuerdo, no pueden compa1a1se
á. este interior de la Trinidad. Et!te me gusta más¡ es nH1s
viejo ¡oh! sf: las vidrieras son más pequeílas, los órganos
no son tan soberbios, todo es más pequefio ¡y tan d~enudol En el ábside una gran vetusta sillería tallada en nogal ó encino, y su camposanto al lado y T\'rtll- 1Slr11t en
frente. Esta impresión se filtra hasta el fondo del aln1a;
hay algo allí que hace resonar dulcemente la cuer&lt;la de
harpa de los euei'ios ya no soñados, de las esperanzas lloradas eecretamente hace tiempo, y entonces el órgnno 1
que todos llevamos en la abandonada capilla de nuestro
sentimiento re ligios.o, canta el cántico lejano de las primeras creencias, de los humildes altares de la iglesia tM.
tal y veinte generaciones de creyentes surgen en nuestro
María Joaéfa Ottiz de Oominauez.
corazón y ee postran ante Jesús, el fundador de los tem(Corregidora de Querétn.ro.-Véase el púrraio relativo.)
plos pobres1 el maestro de los apóstoles sin brocado, e.in
oro.
estampó en una mejilla.. C:ood b!f Mr. &amp;ward. Y toma•
Abril de 97.
moa en seguida la próxima estación del elet:ado¡ yo habría
Justo Sierra.
tomado mejor el próximo restauran t.

•*•

•*•

Tiene toda mi aprobación este invento de los ferrocarriles elevados, ó como aqní dicen todos: el elerado 6 the L,
sencillamente, conduciendo por término medio un millón de pasajeros diariamente, los trenes del elevado que
se siguen con intervalos de dos á tres minutos en el día,
y de cada diez por la noche, van y vienen á lo largo de
varias Avenidas desde lo 1n;.i.s alto de la ciudad, desde el
río Harlem y de má.s allá, hasta la punta de la isla, hasta lo que se llama [I¡ batería. La vía de bíerro y madera
estti construida sobre columnas fundidas á la altura de
los primeros pisos en la ciudad buja, y á. los de los mlis
altos, á veces 1 en la superior; allí, hacia el Harlem, los
trenes van al nivel de los tejados de casas de doce y
quince pisos, sobre tinglados de fierro que parecen nacidos de la torre Eiffel; desde allí se domina el Parque
Central y gran parte de la ciudad; hay que verlo. A veces, en uDa sola avenida, se alinean dos vía9 separadas;
suelen, sin embargo, ir juntas en una armazón sola que
sirve de techo casi al pavimento inferior, por donde
discurre otro millón de pasajeros en wagones foniculares
6 de tracción animal y en toda clase de vehículos; nadie
anda á pie, sino el menor espacio pasible, y cuando estos eeilores van á pie, van corriendo á buscar la escalera
del eúrado 6 á subir en la primera bocacalle á. la plataforma de un wagon de cable. Et xic semper.
Llegamos á. Doll'n-tou.m que es un laberinto de callejas
tortuosas, la antigua 1Yúera .Am.sterdam de los holandeses,

OTRO PAGO DE$ 25,6o4 DE 11 LA MUTUA"

ENMEXICO.
J Ul, Sra. Clotüde C. viuda de Bejaran-01 de Tapachula..

Tapachnla, Ms.rz? 16 de 1897.
Sefior D. Carlos Sommer1 Directer general de ''La
Mutua.'' -México,
Muy estimado señor:
Sirve esta para certifi~a.r á usted que hoy nos han sido
pagada! las pólizas números:
389,886 por ..... ........ ... ...... .. ....... .. $ 2,000 00
429,477 11 ··························•······ )1 3,000 00
600,32L " ..... ............................ • 10,000 00
753,939 " ................................. • 10,60-1 40 con
la devolución de premios.
Solamente vuede afirmar e11te pago el ya irn:nejorable
crédito de la Compailía al digno cargo de usted, y le autorizamos para que haga el uso que mejor le convenga á.
usted de esta carta.
Somos de usted atoa., aftmos. SS. SS.-Ctotilde C. de
Bejarano.-Como su tutor, .Alejandro C6rdot,a.

�DOMINGO 25 de ABRIL de ,897

DOMIIIGO

EL MUNDO

272

UN RETRATO DE LA CORREGIDORA

DAMAS DISTINGUIDAS MEXICANAS

El retrato de la benemérita Doña María
Jo13efa Ortir. de Dominguez que publicamos
en otro lugar, está sacado de un busto auténtico y fué obsequiado por lo3 Señc&gt;res Juan
Iglesias nomingue2;, .José Iglesfas, Francisco
Iglesias Dvminguez, Muiano B. Soto, José
E . Durán y Mariano Solorzano-nietos Je

la conspicua dama, con motivo de la transla·
ción de sus restos á Querétaro, donde se
conservan con los debidos honores.
Ahora que está muy próximo á inaugurare-e el monumento que en el hermoso jardín de Santo Domingo perpetuará la memo·
ria de la que tan grandes servicios prestó á
la causa de nuestra autonomía, juzgamos
oportuna la publicación de ese retrato, digno de conservarse con afecto y agradecimiento.
GRECIA

Salud ¡oh Grecia! madre del genio; salud,
tierra de la inspiración y de la hermosura.
El mar celeste se repliega en tus doradas
costaA de marmol, sobre cuyas arquitectóni·
eas lineas tienden sus hojas los laureles y los
mirtos, gratos á la gloria y á la inmorta·
Jidad.

•s

EL MUNDO

~=======~================:;~~~~================,===_:!!,_

DE ABRIL OE ,197

Za crisis ae Oriente.

religión fué poeta y mártir el inmortal Byron.
Este iuspiradísimogenio, al ver los combates
empefiados por Grecia, no se contentó con
dedicarle su inspiración, consagróle también
su vida, cr•rriendo á pelear y morir en sus
Aras. El pueblo de los Termópilas y de Pla
tea; el que ha enseñado á leerá la humanidad; el que ha puesto la cuerda del arte divino en todos los corazones; el que ha cincelado la forma humana en su eecultura severa;
el que ha guardado todavía el calor de la inspiración en sus vivificadoras cenizas, bien
mereció contar entre ms mártires al primer
poeta que Inglaterra poseyó en uuestro si
glo. Era el mes de Abril y la mañana i::i •
guiente al día de Pascua. La naturalt&gt;za rr~u.
citaba con sqs mariposas, con su tibio calor
tan delicioso en la primavera de los ciimas
meridionales. El clero griego cantaba la re-surrección de Cristo.
Byron presentía y profetizaba la resurrección de Grecia. Sin embargo, el combate, la
incertidumbre, los choques con la realidad
en que su alma &amp;:e malhería, el dolor, 11 na peste mortífera, consecuencia de la guerra exterminadora, lo gastaron y lo hicieron doblegarse hasta caer ex8nime sobre el pabellón
de la libertad, en cuyos plieguesquirn envolver su agonía para morirá la sombra de su
Grecia, como. Catón y Bruto habían muerto
á la sombra de su República. No tenia trein·
ta y seis:años By ron al morir. Y se inclinaba
el inmortal hacia la muerte, como el arbol
que herido por el rayo se abrasa en la terrible fuhninación, aunque lo adornen flores y
lo santifiquen frutos. Era una hermosa mañana, el sol deslizaba sus primeros rayos en tre las últimas gotas de rocío, y las aves
1:ntonaban sus coros, como si la naturaleza
consagrase un himno á la victoria del poeta.
~n su delirio de muerte se imaginaba el cuitado asaltar los muros de Lepanto cuando
en realidad se precipitaba· por los fosos del
sepulcro. Decia en sus agonías y extertores
((Adiós, adiósii como perdiéndose allá en ribe·
ras misteriosas. Y su palabra última fué uade·
lante,n como si consolaee á sus soldados llorosos y á sus amigos desolados, asegurándoles la continuación de su vida en otros hori ·
zontes más claros y en otro mundo mejor.

•

Las ondas del Egeo te arrullan; las brisas
del Asia, perfumadas en los pebeteros de
aromoeas esencias, que forman las islas de
tus archipiélagos, te orean; el sol embota sus
rayos para no encender tu bienhadado suelo,
templo antiquísimo de la sabiduría.
En tus auras van los coros de las nueve
mueas, que trenzan sus divinas lanzas sobre las alfombras de tus nubes teñidas por
alboradaB y arrebolesde una luz sin igual.
Todos cuan ~os hacen de la estética su religión, desean verte rodeada de tu cintura
de islas¡ cubierta de tus rojos granados y de
tus cipreses obscuros, de tus pá.mpamos verdes y de tus olivos negros; cortada por tus
altas cordilleras, donde se refugian los dioses, y por tus colinas, á cuyos pies, desde los
senos que las ninfas llenan, salen murmuradores arroyos cantando.
EM.ILIO Ü.ASTELA R.
Entre los troncos de tus árboles corren los
caballos en pelo, entre las ramas de tus bos-IOI•ques gorjean los ruiseñores enamorados,
mientras los sátiros de largas pezuñas y hen•
Llamamos la atención de nuesdidos pies vierten á. la voz de Baco, por do•
tros lectores sobre la hermosa páquier voluptuoso regocijo.
Todos quieren beber el agua del Cefiso,
gina musical que acompaña á este
cantada por $6focles; coronar~ con las purnúmero. Frecuentemente nos propureas y gualdas hebras del azafrán y los ramos del oliente narciso, antigua gairnalda
ponemos obsequiar á nuestros abode las diosas; seguir las procesiones celebrauados suplementos de esta naturadas con carreras de mozos que fueron modeSeñorita María Watsoi1, en traje d e fant asía. (De fotogratía Valleto.)
los para Fidias y con bailes de vírgenes que
leza y el próximo será una preciosa
inspiraron divina embriaguez ar dulce AnaAve
.ll[ar,a,
escrita especialmente para El
creonte; contemplar el Egeo; cruzado por las naves dora •
*
Tal poesía y tal retórica **
empleaban los filohelenos andas, donde los sacerdotes celebran flotantes sacrificios enlllundo.
tre los conciertos de las cítaras y los hexámetros de los tiguos, al comenzar el poema rle la independencia griega.
El filohelenismo llegó á constituir una rdigion, y de esta
poetas que despiden á. las brisas inmortales canciones.

...

PORVENIR DE BELLEZA

•

•

$ólaaao cretense plantanao su cruz en un oli\?o para resguaraarlo ae la aestrucción ae los cristianos.

Cristina Terreros.

Maria Luisa Gmmün.

Paz Algara y Terreros.

Lupe Terre-m.
Concepci6n l'l[alo.
(De fotografia ValleOO.)

Lupc Rincón Gallardo.

Rosita Guzmin.

replt&amp; Algara y Terreroe.

�DOMIIIGO •5 DE AIIRIL DI ISO?

EL MUNDO

DOMINGO 25 de AIIRIL de 1897

EL MUNDO

Necueraos ae la $emana $anta.-Los principales Monumentos.

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1 -t~ .1,.-?.~

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, San f ..anc:iaco.

Santo Domingo.

Catedral.-(Altar del costado.)

San Cosme.

Fotografía Artlstica, 17 Rivera de San Cosme numero 8. -{Obsequio del Señor Ricardo Contla.)

Novicia en el coro.

275

�DOMINGO

EL MUNDO

zs

DE ABRIL DE 1197

277

EL MUNDO

DOMINGO 25 DE ABRIL l)E 1897

---r:LA NUEVA TEMPORADA DE OPERA DEL NACIONAL 1\-'ALGUNAS DE LAS PRINCIPALES ARTISTAS

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Malle. Savinc.-(er. Dugazon.

Mme. Foedor. u51gurd. ••

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Malle. de Blaz1. 1cr. Oanz:ante, medio caraeter.

Ese público es todo de zarzuela, de Don Lu1s el TumSalvo raras excepciones el
dilettantismo, está en el periódo terciario y las representaciones se hacen en familia, una familia reducida, un cenáculo en que por cada pagano hay cinco periodistas que
discuten las t-endencias de una música que suele ya no
tenerlas. Críticos inofensivos que se inspiran mutuamente para llevará cabo al día siguiente la anodina la•
borde suB crónicas gacetilleriles. Todo ese mundo de lae
letras que mal digiere las crónicas de Lemaitre1 es insolvente, y á ese solo tendreis por espectador ........ .

LA NUEVA TEMPORADA DEL NACIONAL

ban y de La Vuelta del rivel'o.

Avido estaba nuestro público de Opera, más que á.vido,
famélico, y se explica que con tanta tacihdad eehaya cubierto en la contaduría del Nacional la suma que la Compaiiía fran~eea exigia para trasladarse á México.
Desde que la hermosa Libia Drog paseó sus enfermisas
nerviosM.ades por la e51cena de nuestro teatro metropoli•
tano, ya dardeando tras el .impe,tir,mite la luz de ~us ojos
orientales en la Marion de Pucrini, ya paeeando triunfal
al glorioso ritmo del rittorrui Vincitor; desde que Ugl.ettó
desplegó toda la gama de sus recursos arfü,ticose~ Ilugonotes, y Baldini hizo alarde en el divinamente mgenuo
Don .Juan de Mozart de Ja flexibilidad y la gracioea travesura de eu ingenio, no eé que hada antimuBical nos había condenado á. la plástica ctel circo y á la pepitoria zarzuelera, sin esperanza.
La Compafüa frances!l fué el Mesíae, congregó al todo
Jlé..t.·icc dilellanti ( en su mayor parte de un dilettantismo intuitivo) y le dijo: 1egoza baetn que quieras.)!
Empero ese público ávido no quiso capitular desde
luego con el aplauso y ha ido concediendo BU aprobación palmo á palmo; pero esto que supone una cautela
más 6 menos justa, aquilatará el valor de la compañía,
que cuenta en su seno artiEtas ,·erdaderamente hábiles, discretos y bien educados y que se nos ha revelado
en las primeras representaciones como un conjunto armOnioo y homogeneo.
Mad. Fcedor, joven y simpática, poseee una voz de
.agradabilisimo timbre y se empefia en agradar. El Sr.
Albera es un completo artista y domina cvn mucho des-

•••

No ha faltado quien, tras haber asistido á las primeras
representaciones dadas por la compafiía, moteja á ésta de
poco vivaz y apasionada, más tal cargo ha sido rebatido
con habilidad por el inteligente cronista del Mundo diario.
La efcnela francesa no ee la de los derroches de senti•
mentalismo y de voz; mantiene diestramente á esta última en los tonos medios que son los que se prestan, mejor
para los matices, economiza sus fuerzas para el derroche
capital y necesario y busca ante todo la verdad. La es•
cuela italiana es toda pasión, hecha para el grito trágico,
para la nota formidable, descuida Ios deliciosos tonos
medios, proscribe casi Ja acción en la ópera y ee acerca
mucho á esos cantores que el prosf1itismo Wagneriano
anima en el místico Walhalla de Bayreuth y á los cuales no les permite sino unos cuantos movimientos acompasados como conviene á la augusta magnitud de la obra
y _á la inmutable y serena grandeza del incomprensible
Dios germano ... ..... .

~----·
Mme. Lafeuillade.-Ougazon.

Mme. Benattl. Contr,alto.

Pnfado la escena. Su vo7. es bien timbrada. Madame
Benatti (Mezzo soprano) e8 discretísima y habilidosa
en el juego de su voz y, por último, Massart, el tenor
vale mucbo como voz y como eecuela.
E:3tos artistas y otros que no mencionamos por ahora,
pero cuyas fotografiaa ilustran estas notas, constituyen
sin duda un idóneo cuadro que hará agradable y animada ]a temporada que ee inicia en el Nacional.
Entendemos que esta se prolongará más ó menos según el éxito que alcance, y la verdad es que debemosdeseárselo completo y cumpli&lt;io, no tanto ya en bien de
los artistas que integran la compafHa, cuanto en propio
beneficio.
En efecto, e] fracaso de una troupe es siempre obstticu•
lo para la formación de otras, y el desvío de nuestro pú·
blico 1 un gran inconveniente para que nos visiten buenos artistas y ambas cosas pueden llevarnos ó á la total
carencia de espectáculos, que valgan la pena, 6 á ser víctimas del exclusivista rnouopolio de t.ales 6 cuales empresas más 6 menos cimentadas ó más ó menos conocedoras de los recursos que aquí pueden hallarse y del público con que cuentan.
La prolongada penuria, la inmeasa serie de dificultades con que Ma.ggi tuvo que luchar, y que al fin, no obs..
tante su :filosofía y su buena voluntad lo obligaron á levantar el campo, mflainm sin duda en las compañías dramaticas que hayan puesto los ojosen nosotros y quepretendad vieitarnos v tanto másinfluiranen eUascuanto más
notables sean.-Ño vengais á México, se les dirá, es el
país clásico de las disoluciones de las compañías y de las
quiebras de los empresarios.

llclle. Bcrthet, 1! Cantante 1T1er•.

ENGANO SUBLIME
NUMI!R07,
-~

-Martín! Leódice Martin! tú h11.s ineultado á Leó-

dice Martín? Estás loco, mi pobre Felipe? ¿Pero por qué?
-con qué motivo? Nada te ha hecho ese hombre. Te invita á su matrimonio y tú crees conveniente escaparte;
-en esto la culpa &lt;&gt;a tuya, yo ~e lo dije¡ pero en fin, es una
vieja historia y no hay que penear en ella. Y ahora me
dices que has :do á insulta:lo ..... .
-Pero tengo un motivo, dijo Felipe, gravemente; un
motivo que no es mi huida de la villa Martín, aun cuando se derive de ella. Escíichaooe, Jacobo, voy á. referíroslo todo. Y le contó la visita de Martín de Brest, la
-carta anónima y el jur!l.mento que se le había pedido.
Jacobo de Sommeres recorrió 1t grandes pasos supequetlo salón, visiblemente agitado como una bectia brava.
-Diablo, diablo, jurar por el honor una cosa falsa, y
por el otro lado deshonrará una mujer cuyosecreto se ha
-sorprendido! Oh! mi pobre Felipe! Y tú crees que Leódice es quien ha eecrito esa carta anónirc:a?
-A. menos que eeais vos, Jacobo, ó Fernando; pues
que nadie más lo sabía.
-Fernando! Qué necedad! Conocía él acaso á M. Mar·
t1n? Y además, qué quieres que le importara á. él el matrimonio de esa mu,er?Encuanto ámf, qr1é? ... El y yo, por
otra parte, te amamos demasiado para crearte un embarazo. Elena, por lodemás1 nos ha hecho jurar que guardaríamos el secreto, y si yo he violado mi prome3a, refiriéndoselo á Leódice, es porque creí obrar en interés toyo.
Después, bajando la voz, en el tono humilde de una
-confesión:
-No tengo reparo en confesarlo; yo no estaba muy en
mi acuerdo ......... él me a3ediaba, y ahora compren~o
eu insistencia y sus pregunta!:!.

-Entonces como yo, vos, Jacobo, no dudais que baya eecrito esta carta anónima?

_,.

- ;..

-Ay! hijo mío, no lo dudo¡

él la llabrá escrito 6 la ha hecho eecribir. Tenía un interés demasiado poderoso en
hacer fracasar ese matrimonio, y no es de aquellos á quienes detienen loa escrúpulos. Pobre hijo mío! pobre hijo mío! Yo tengo la culpa de que haya acontecido todo
eso ...... Oh! las acciones, las acciones insignificantes! como babria que desconfiar de ellas! Se inicia una intriguilla necia que no se quiere abandonar y escribe. uno á
su primo: uHacedme el servicio de reemplaurme y de
asi~tir á ese matrimonio ......... n y lo envía uno á. la muerte! ...... Un duelo!. ........ y qué dueh&gt;!. ........ Con qué adversario!. ..... Eres tú fuert,e en la esgrima, cuando menoi;,? ......... qué arma va él á escoger? ......... Oh! Dios mio,
Dios mío!
Y de pronto, bruscamente, cambiando de tono:
-Escucha, Felipe, es preciso tener confianza en mí y
dejarme arreglar esto. Yo voy á verá Martín. Qué dia
blo! él también ha cometido con respecto á mí' sus errores. Le diré que por consideración á nuestra vieja amistad, olvide una palabra un poco viva. Le explicaré que
tú no podías estar contento de haber sido forzado ácomprometer tu honor, que él dtbe comprenderlo;en fin, que
si es necesario un encuentro, sea un ligero encuentro
benigno, á. primera sangre. D~jame ir á. hablarle antes
del envío de testigos. Despué3 de todo, no ha habido entre vosotros más que palabras un poco vivas ........ .
-Per&lt;tunadme, dijo Felipe, pero le he abofeteado con
mi guante.

... ;;

.
~. t

.• ..;.?·i

~~.t&amp;~~ ~~c~'ic,;:_~·t1~~~ ~

-Abofeteado! replicó Jacobo ......... Abofeteado!. ....... .
entonces ya nada puede hacereel ..... ... Oh, hijo mío!
pobre hijo mío! y todo porque una vieja bestia, como yo,
se ha divertido en una intriga!
Y al decir estas palabras, presa del remordimiento que
le oprimía el corazón, asustada por el encuentro que juzgaba inevitable, aquella uvieja bestia&gt;i de Jacobo, aeechó
á llorar.

•
••

Felipe esperd.ba loe testigos de Leódice¡ pero pasó el
día sin que los viese aparecer. Un poco asombrado cuan•
do llegó la noche, íbase á la casa de Jacobo, cuando éste
llegó ii la suya. Una alegría vi vísima que no penSl\ba en
di~imular, radiaba en sus ojos.
--O hl mi pequeñuelo 1¡Qué coincidencia! No han venido
los testigoE&gt;, verdad? ...... No vendrán; por ahora cuando
menos ......... y acaso nunca, porque la seflora Valeria
Martín es~á. moribunda ......... Toma, lee la carta queaca·
bode recibir de ese pobre Martín:
Felipe lPyó:
ccMi querido Sommeres:
«Bien sabéis, sin duda, que yo debía enviar dos de mis
amigos á vuestro joven primo, para arreglar las condiciones de la leccionciUa que ha reclamado de mí. Vos me
conocéis demasiado para saber que no rehuso jamás
dar lecciones de éstas; pero en los actuales momenM&gt;S un
imperioso deber me obliga á diferir un poco el placer de

�EL MUNDO

2¡8

DOMINGO 25 de ABRIL d~ 1897
DOMINGO 25 de ABRIL de ,897

mi encuentro con eEe señorito rabioso. Espero que él tendrá. á bien darme credito por alguno3 días. He áquí el
hecho, amigo mío:
«Mi pobre mujer está muy enferma en Niza, tan enferma, que los médicos no me dejan esperanza alguna de
curación: una críeis fatal puede de un momento á otro
arrebatarla á. mi ternura. No finjo con vos, querid'J amigo, en cuanto á fidelidad conyugal; vos habéis conocido
buen número de mis diabluras; pero sois un hombre,
pardiez! y sabéis que esas cosas nada significan. Valeria
es, no solamente mi mujer, es mi prima y mi amiguita
de infancia, la querida criatura que siempre me ha ama·
do. En el momento de perderla, siento los lazos potentísimos que han }jgado nuestros corazones.
«Ahora bien, esta crisis fatal que los médicos temen,
puede ser provocada por una emoción. Valeria me espe•
ra, porque estaba yo á punto de correr á su lado, me lla•
ma, roe desea con una impaciencia febril; os convence·
réis J.e ello al leer la carta que de ella recibí esta mañana, y qte os incluyo. Me amenaza con abandonar Niza
y volverá París por poco que yo tarde. Ahora bien, vol•
verá París en esta época del año, sería para ella un peligro de muerte, y la pobre alma es capaz de todas las locuraf!.
11Yo bien querría que me matasen; pero no quiero roa•
tar á mi querida moribunda. He aqui por qué voy á ir
desde luego; adormeceré sus desconfianzas, calmaré su
inquietud, pretextaré un viaje de negocios, y así, habiendo arreglado todo, regresaré con el espíritu tranqui·
lo y la mano firme á ponerme á la disposición de ese jo·
ven tigre, sediento de mi sangr~. Cinco ó seis días me
bastarán; lo que se difiere no es cosa perdida.
1tVuestro de coraOOn, querido amigo,
Le6dice Marlfa; 1i

Cuando Felipe hubo concluido la lectura de esta carta,
rechazó con un gesto el sobre timbra-lo en Niza, que Ja•
cobo le tendía.
-No, no, es inútil. Me quedan aún diez días de vacaciones; es suficiente, esperaré.
Pe~o habiéndo pasado el sexto dia sin noticias. suplicó
á Jacobo que volviese á casa del Sr. Martín; el tiempo
urgía¡ dentro de cuatro días debía él volverá su puesto.
A. la respuesta del portero de que el Sr. )fartín no había
vuelto aúo, Felipe insistió cerca de Jacobo para el envfo
de un telegrama. La cóntestación no se hizo esperar.
{{Moribunda, crfsis tarrible; impJsible parr ir.i&gt;
-Acaso, dijo Fdipe, podría yo obtener algunos días
más de licencia y dirigirme á. Niza.
J 11cobo exclamó:
-¿Y piensas tú en eso? Eres, puee 1 como él pretende, un
tígre sedientg de sangre? Con qué derecho irías tú á turbar
el legítimo dolor de ese muchacho? El también tiene corazón, ¡demonio! Ama á.su muJer, ásu amiguita de infancia!
Yo me he sentido enternecido al leer su carta, siendo una
vieja bestia, como soy; y tú un joven, un niño, te has
de mostrar feroz? ... No, no, tú no irás á Ni:za, y no pedirás licencia. Me opongo á ello. Te irás prudentemente á
tu puesto, y á. tu vuelta arreglaremos tu negocio. He aquí
todo.
-Bueno, dijo Felipe, moviendo los hombros, si conviene á M. Martín guardar durante dos afias la huella de
mi guante, no tengo el derecho de oponerme á ello.

XIX
Felipe había tornado yaásu puesto en el buque, cuan do un día, en el bulevar Jacobo vió pasará Leódice Mar·
tín. Corrió hacia él con las dos manos ten1idas, balbuceando palabras de condolencia.
-Pobre amigo. Dolorosa pe:rdida ........ ¡Todos mortales l. ...... .
Leódice lo detuvo con un gesto; despuée, con un poco
dP Pmhnrazo:
-.)h&gt;, no, eso no ha acabado aún, la crísis ha sido larga y mi presencia la ha salvado. El médico lo ha dicho,
Gracias á nuestros cuidados está en estos momentos u.a. _poco mejor, tranquila. Me he aprovechado de esta calma, para acudir al arreglo del negocio que sabéis. Iba á buscaros,
Haremos eso rápidamente, porque he prometido volver
dentro de tres días. ¿"Eati aún aquí ese endiablado?
-No, dijo JacohJ q 11e no pu1o impedir frotarse las maoe, partió, e~tá muy lc·j,Jt-.

-Nose habrá embarcado cuando menos, grufió Leó·
dice.
-Embarcado, puede ser, no lo sé.... . . . Pues bien, sin
duda, dt!be haben:e embarcado. Pero, véamos, Martín;
voe, un hombre serio, vos que habeis dado tantas prue·
bas de valor, no vais á buscar áesegalopfn cuando tenéis
tan crueles cuidador. Pensad en vuestra mujer, no peo·
seis más que en ella; es preciso cuidarla, curarla, salvarla. Después eEe pilHn. vendrá. y arregiaremos el asunto
en condiciones razonables. Vamos, vamos, Martín, vuestra bravura es demasiado conocida; podeis ser generoso.
Y con lágrimas en la voz, añ.adió:
-Hacedlo por mí, os lo suplico, soy yo la causa de
todo.
-Vamos, sea, dijo Leódice con magnanimidad, por la
pobre moribunda y por vos esperaré; pero á condición de
que me prevendréis cuando vuestro primo haya puesto e. 1
pie en tierra francesa.
-Os lo prometo, os lo juro, mi pobre Martín.
En el momento de embarcarse, Falipe recibió un carta
de Jacobo de Sommeres, haciéndole saber que Leódice
habfa abandonado la cabecera de su mujer moribuñda
para irá arreglar eu querella, y que en su contrariedad
de no haber encontrado á su adversario en Paris, maoi~
festó la intención de perseguirlo por mar y tierra; que sin
embargo ~e había rendido á. los prudentes conseJos de
Jacobo, bajo la condición formal de eer advertido de la
vuelta á Francia del marino.
Mi querido muchacho, añadía Jacobo, no te ocultar¿
que lo hP encontrado muy irritado contra tí; si el duelo
hubiese tenido lugar, habría sido, de fijo, un duelo á
muerte; pero f.\ se calmará. y espero que tú también serás conciliador. ¡Que diablo! sería dem1.siado necio hacerse alojar en pleno pecho la punta deunaespadaóuna
bala de pistola porque le plugo á una dalla repre:aentar
en la playa una escena de tragedia de la que se ha sido
iuvoluntario testigo.
Felipe leyó esta carta con una sonri.sa; y se permitió
tener una duda sobre la ternura conyugal de ~f. Leódice
Martín y aún se preguntó si la más fina espada de P11rís
no sería también la más prudente.
·
Respondió:
c(Mi querido primo.
uYo agradezcovuel:ltros buenos oficios. Estoy desolado de
que las necesidades de mi servicio no me hayan permiti ·
do permanecer más largo tiempo á la disposición de ::\J.
Martín. !\fi ausencia esta vez no será muy larga: Quince
meses cuando más .
e1Aseguradle á M. Martín que me apresuraré á preve·
nirle de mi vuelta.
«Recibid la expresión de mi reconocimiento y todos
mis excusas por las molestias que os he causado.»
Después partió con el corazón ligero, casi contento1 iba
de nuevo á afrontar los peligros, las tempestades, pero
no dejaba cuidado alguno detrd.s de sí. Que L~ódice se
batiese ó no se batiese, esa era cuestión suya: La explicación había tenido lugar, la ruda lección había sido da·
da. En fin, se había conduoido como un hombre y no como un niño?
La parte de amor le satisfacía también. No babia dejado á Lilas feliz, amada, chiqueada? DemaJiado chiqueada
por cierto, había sido preciso que él se erigiese en censor!
Pero podía censurar al padre y á la aya que quisiesen
demasiado á la querida nif'ia't
En el curso de su viaje recibía noticias, y ya. Lila le es·
cribía por su mano. Oh! la letra no era por cierto un mo- .
delo de caligrafía. El estilo, y sobre todo la ortografía
dejaban mucho que desear, pero tal cual eran sus cartas,
las leía con gusto. Había, sobre todo, una pequeña fra·
se, que se le quedó en la memoria:
c•PAdrino Felipe, mi mamá. Elena escribía mejor que
yo á mi edad? No cometía faltas en sus dictados? No se
encolerizaba j~más? No rompía sus muií.~cas?
Un día escribió:
c(Estoy muy contenta, padrinú Felipe, porque papá me
ha dicho esta mañana que tengo los ojos, 103 verdaieros
ojos de mamá.n
Evidentemente la madre era para la niña un ideal al
c.ual se esforzaba en parecerse.
El leía y releía aquellas líneas queridas, tan mal escritas, tan llenas de faltas; después las besaba y las encerra ·
ba en el cofre en que se 6ncontraban las cartas de la
muerta.

EL MUNDO

XX
M. Duvernoy realizaba puuto por pu.nto la primera.
parte de su programa recorriendo en pequeñas jornadas
aquella mara vil losa Italia, no pt-nnaneciendo mucho en
ninguna parte. Pür ricos que fuesen los m·.u:eos, por admirables que fuesen los monumentos, el piular los miraba apenas, dejando los entusiasmos á laexhuberante Carlota. Pasaba, no se detenía, sentíase asido por primera
vez, por la ncstalgia del hogar.
Y sin embargo, qué era la pequeña villa de Pontarlier·
cerca de esas ciudades espléndidas? Y su clima tau rudo, sus largos inviernos, rns cortos estíos, cerca de esos
paise3 que gozan de una primavera eterna?
Hubiera vuelto directamente á eu ciudad sin el temor
de fatigará la nifia y también de encontrarse de nuevo
con su sufrimiento, de sentir el dolor adormecido levan•
tarse vivaz y cruel.
Desde que hubo franqueado el 8an Gotbardo:y puesto
los pies en tierra suiza, deede que se sintió c"erca de Francia, esa irupreeiC&gt;n se volvió preponderante y apreeuró su
marcha.
En Laueanne se detuvo.
Muy cerca de Duchy, al borde del lago, una linda Ca.fa.
le agradó al pin~,)r; In. alquiló y se instaló.
-Esperaremos aquí la llegada de Felipe-dijo-será.
un mes de retardo cuando más.
Pero había cont;ido sin la fatalidad.
Quince días después de esta instalación, Lila, despertándose en la noche, lanzó un grito de dolor; le parecía
que una mano de fierro le oprimía la g&lt;i.rganta, impidiéndole respirar, sofocándola.

1

En un segundo, el aya se puso en pie, y de prisa llamó á
M. Duvernoy. Este corrió á buscar un .nédico: la palabra terrible de dijtei'i/1 le martillaba el cerebro.
Iba á perder eu último tE&gt;soroY
El diaguóstico fué menos terrible que lo que había
creído.
-No, no, dijo el doctor, no es la difteria: una fiebre
eruptiva quizá.
Escribió su receta y recomendó los mayores cuidados y
las mayores precaucionee.
Durante tres días, durante tres noches, el padre y la
aya, sin tomar reposo ni alimento, permanecieron ansiosos cerca del pequeño lecho en que la nífia se quejaba,
en el delirio de la fit:bre, llamando á rn padre y á EU ma.
dre también.
-Ah! decia el desgraciado torciéndose las manos, Ele .
ra viene á arrebatármela.
Al terc3r día la escarlatina se declaró, el doctor al advertir las placas rojas en el cuerpecito de la niña, mostró
por primera vez una tranquilizadora sonrisa.
..-Va eso bien; una erupción soberbia!
De=Jpués, volviéndose hacia Carlota:
-Sólo que hay que impedir los resfriamentos, nada de
imprudencia~, precauciones excesivas, una reclusión de
tres semanas poco más ó menos:
Mi papel está caei terminado, el papel de la Enfermera debe con~inuar, más atento aún quizá.
Cuando hubo partido, Carlota lloró de felicidad.
Duvernoy, profundamente conmovido, tomó entre la&amp;
suyas las manos de la excelente muchacha.
- V os reemplazais cerca de mi pobre niña á la madre
que ha perdido-le dijo-Ella no habría podido ser más
abnegada. Qué puedo yo hacer para probJ.r.J s mi inmenso reconocimiento?
Ella bajó los ojos, presa de un embarazo púdico, no
oeando responderle: &lt;iAmadme, porque yo os nmo)l y
murmuró ruborizándose:
-La humilde aya sólo cumple con su deber; pero sí el
honora ble señor Duvernoy quiere hacerla incomparable mente feliz, en lo futuro, la llamará Carlota.
-·Carlota, dijo él sonriendo, Carlota, querida Carlot,a,
el angel bueno de mi pobre hija!
Ocho días más tarde, la franca conva.lescencia comen·
zaba. Carlota, encerrada en la cámara de la enfermita,
comía y dormía cerca de ella, se ingeniaba para divertir•
la y distraerla, le contaba maravillosas historias, inventaba juegos¡ pero insistía para que el pintor diese algunos paseos y respirase el aire puro del exterior.
El obedecía dócilmente, y en esa alegría del peligro
conjurado, sentía el corazón ligero y ebrio de alegría.
-Salvada! Salvada! estaba salvada!
El nombre de uCarlotan reclama.do por In aya y que él
continuaba dándole1 no podía bastará rn reconocimiento._

Pasaba por una de las calles de Laussanne, cuando en
el aparador de un almacén de orfebrería, un soberbio corazón de oro enriq_uecirlo de turquesas y esmeraldas atrajo
sus miradae. Estaba colocado en un estuche de terciope lo azul. l\f. Duvernoy compró la joya y fué á ofrecéreela
á. la aya.
-Es vuestro emblema, querida sefiorita Carlota, por
que vos sois taro bién un ca razón de oro.
El quiso ponerle por su propia mano el brazalete que
acompañaba al corazón, después besó la mano engalana da que había tomado entre la suya:
-Un corazón de oro y nuestro buen angel, eso sois,
repitió.
Era demasiado feliz para pesar mucho las expresiones
de su gratitud, y en ese momento una mujer astuta,.y
babi! hubiera podido obtener todo de él.
Por la noche, cuando la niña se durmió, cuando Carlo·
ta ee encontró eola, cubrió la joya de cien besos.
-Un corazón, murmuraba¡ un emblema, ah! yo no habría oeado jamás esperar e3to! E3 la confesión discreta
de su amor, la que ha querido hacerme de esta delicada
manera.
Se dice que los incendios persisten durante años bajo
la ceniza, !)('ro que el menor soplo de aire desencadena su
formidable violencia; el amor de Carlota hubiera acaso
vivido siempre oculto, casi ignorado de ella misma, sine!
soplo de esperanza que las imprudentes palabi-as del ar.
tista hicieron surgir de pronto. Ella le había adorado por
eu dolor, por su inconsolable trist.eza; adorado con admiraci..ón, convencida de que no olvidar1a jamás á esa Elena tsn amada, convencida. iogenuamente de que niñguna mujer borraría este recuerdo invencible. Se había di.
cho que sería infinitamente feliz en morir por él. Morir
por él.. .... Los rneños ambiciosos de la pobre Carlota no
habian hasta entonces traspasado este límite, y aún para
llegar á tal resultado érale preciso recurrir á todos los
expedientes de su poderosa imaginación romancesca.
Un paseo por el mar, hecho bajo un cielo sin nubes, le
sugería la idea de una tempestad, con el barco legenda
rio de sobra cargado y la obligatoria abnegación de uno
de los pasajeros por la salvación de todos. Entónces Car•
lota, grande y sublime se ai rajaba voluntariamente á las
ola~ y él comprendía bien, que ella moría por asegurar su
salvación. Ay! el paseo concluia, sin tempestad, sin bar•
ca demasiado cargada, sin incidentes dramáticos.
Carlota, al volver al puerto, reconocía melancólica, que
en el curso ordinario de las cosas no es tan facil morir por
el que se ama.

Un poco más tarde, la travesía da los Apeninos le daba
la esperanza de un ataque de bandidos. Ya los veía feroces, armados hasta los dientes, deteniendo los trenes1 desbalijando loa viajeros, poniendo al pecho del bien amado
Du vernoy el arma homicida. Felizmente ella estaba ahí,
ella, Carlota, y ante el arma homicida arrojaba su propio
corazón¡ el tiro salía y ella caía muerta¡ pero él la recibía
en sus brazos y la bendecía. Oh! cuán idealmente bello
era morir así.
Cien veces repitió estas escenas burlescas, acumulando
todos los teeoros de su devoción. Ahora la escena cambiaba;no se trataba ya_de morir, era preciso vivir puesto
que él le había dado su corazón.
Ciertamente la amada y hermosísima novela tendría
aún muchas peripecias, antes de llegar al último capítulo. La apoteosis del matrimonio. Ella. debería aún pro•
barle que era digna de ocupar el lugar de la bien ama.da
Elena: haber cuidado á Lila con toda la ternura de una
madre no bastaba, qué podía hacer aún?
Hubiera deseado por ejemplo que el señor Duvernoy
fuese herido de ceguera para ser su A.ntígona, 6 arruina•
do por un depositario in.fiel á la hora precisa en que ulil
tío de América la instituía su legataria universal, dej~tndole algunos millonee. Hubiera sido dudar de la Providencia, no contar con alguno de estos acontecimiento~.
Pero acordaba á la herencia de América todas sus preferencias porque nada probaría. mejor el desinterés y la ge•
nerosidad de su carifio.
Se sentía indeciblemente feliz durante esos tristes días
pasados- á la cabecera de una niña enferma, tan feliz que
se preguntaba algunas veces si la dicha de los cielos era
tan grande.

Felipe de ·Aubian á Le6dice Martín.
Rochtfort a.4- de Mnyo.

flSefior:»
11Desembarco en Francia este mismo día y tengo el honor de hacéroslo saber.
«FEUPE Dl!:

Ausu..s.

Oficial clt.'! Marina. En rada de Roohefort.
A bordo del Neptuno.

Felipe á. Fernando:

R-Oduforr, !14 d., Mayo.

Mi querido Fernando:
«Encuentro al llegará Rochefort la carta que me hace
saber á la vez la enfermedad y la curación de nuestra
querida nifia
«Ninguna necesidad tengo de deciros mi emoción á la
idea del peligro que ha corrido, ni mi reconocimiento por
Ja excelente muchacha que parte con vos vuestra angustia y vuestras pena s.
«Tengo ansia de veros: desgraciadamente algunas cues•
tiones del servicio van á retenerme durante un tiempo
cuya duración no puedo fijar.
«Tan pronto como esté libre iré á vos y tomaremosjun•
tos, coma lo deseaie, el camino de la pobre casa vacía.
P. S. ((ÚB he dicho alguna vez que mi testamento eFtá
depositado en Besanc;on en el estudio de M. Colard y que
dejo á Lilas mi pequeiía fortuna?
Hay algunos legados insignificantes para viejos servidores de mi madre. Yo os suplicaría además, mi querido
Fernando, que retiráseis de mi haber una suma de la
cual vos mismo fijaríais la cantidad y la ofrecierais, sea
en forma de dinero, sea bajo otra forma á la excelente
muchach 1 cuyos cuidados-según me decís-han salvado
á nuestra niña. No os admiréis mucho de este post scriplum fúnebre; parece una anomalía que yo os distraiga
con previsiones de muerte, cuando vuelvo á Francia yes•
tá confurado todo peligro, pero todos nosotros somos así;
para nosotros los marinos, el mar es un amigo que no tememos, la tierra, al contrario, nos parece llena de emboscadas.
1cOs acordaréis sin duda de Dumont d'Urville, muerto
en un accidente de camino de fierro después de haber dado la vuelta al mundo.
11Una vez más hasta luego.,1

Felipe de .Aubian á Jacobo de &amp;mmert$,
Rochefort, 31 de Jfayo

Mi querido primo:
uEstoy desde hace ocho días en rada de Rochefort, y
desde luego dí aviso de mi retorno al Señor Martín. Yo
contaba con una respueeta suya, y esperaba no fastidiaros más con este asunto atendiendo al cuidado y á. la
desola~ión que os causa. Pero el señ.or Martín no me res·
pande, y su eilencio me fuerza á poner aún á contribu•
ción "ueatro afee.to por mi.
uHe pedido unas vacaciones que pueden serme acorda·
das de un momento á otro. Yo querría acabar con esto é
ir á Lausanne á. encontrar á Fernando. Sería muy des·
agradable para mí que obtenidas mis vacac:ones, perma•
neciese clarado en Rochefort para esperar la determina•
ci6n de un señor que no se apresura; por otra parte no
me gusta que mi adversario pueda pensar y decir que mi
paciencia ha sido de corta duración.
«0.3 suplico pues, que le veais y le preguntéis si ha re·
cibido mi carta y qué decisión le conviene tomar, os doy
carta blanca para arreglar las condiciones del combate.
«Gracias de nuevo, y perdón.
FELfI&gt;B.

Jacobo á Felipe.

Po.itarlier, 2 de Junio
Querido muchacho:
Recibí tu carta; no estoy en Paríe, sino clavado en es•
te maldito Pontarlier por un eatiínico ataque de gota que
dura hace seis meses y que me entrega atado de pies y
manos áesta terrible tía Fourneron.
Sí, hijito, la «vieja bestian de tu primo J acobo, vacila,
tergiversa, capitula; ya no tien3 fuerza para hacer frente
al enemigo.
Sabes tú que seis meses de enfermedad son, en manos
de la tía, un gran argumento para el matrimonio?
Con quién piensas que me quiere casar? pues nada menos que con la prima Eulalia de Lezines, no es muy jo·
ven, verdad; pero sí muy buena, en fin aun no estoy de•
cidido.
En cuanto á tu negocio, ¿qué quieres que te diga? no
puedo verá Martín, á quien por lo demás, mi visita fas•
tidiaría, perdió á su mujer y, en dos años todas las cóleras se calman; deja este asunto, ve á tus negocios y no te
ocupes más de él; que llore en calma ese pobre diablo y
ven pronto á hacer uoa visita á la pobre bestia vieja de
tu primo.
JACOEO,

( Continuará. )

�DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897

EL MUNDO

•So

LAS TRF;S IIIANF:RAS

En 1a exposición de pinturas me detuve con un pintor
modernista amigo mio 1 ante un cuadro de M. Garnoteau,
miembro del instituto.
El lienzo, admirablemente trazado, representaba á
Diana y sus ninfas, en medio de un hermoso paisaje.
Mas ií. pesar de todo, una circunstancia especial mellamó extraordinariamente la atención.
-No lo entiendo, dije á mi compañero, pero el caso es
que esas mujeres sólo me gustan hasta la cintura, porque
las piernas son detestables.
-Ese mismo defecto, me contestó mi amigo, lo encontrarás en todos los cuadros que Garnot-eau ha pintado de
treinta. aUos á esta parte. Pero la cosa se explica perfec·
tamente1 pues has de saber que todas esas piernas son copia fiel y t!Xacta de las de Madame Garnoteau.
Sentéwonoe y te contar6 la historia completa.
Y h~ aqu·í lo que me refirió mi amigo,_ el pintor modernista:
Ya conoces los comienzos de Garnoteau cuando vino á
París, pensiouado por el municipio de Liwognes. El pobre traoajó cvmo un caballo, y al cabo de cinco años ganó el premio de Roma por su 1'emUStocles er,tre los pm·sM.
Cien.o día descubrió üarnoteau su vocación: el desnudo y los cuadros de ninfas; y desde entonces no ha pintado ot1 a cosa.
A su regrei;o de Roma 1 trabó el pintor relaciones en su
país natal con una Joven bien educada, ni bonita ni fea,
alta y fiaca 1 quizás en demasía, con la que contrajo ma•
trimonio, á p,:1sar de las dificultades qu~ ponían los pa·
dres, ricos industriales de Limognes, á que su hija se casase con ..... , ... ¡wi anfata!
-¡ Dios mío! decía la madre, antes de otorgar la mano
de lanilla. Casará mi Celestina con un hombre que no
pinta más que mujeres desnudas! Pero Garnoteau alegó
que el arte 10 purifica todo y que sus cuadros se vendían
bien, y al fin se realizó la boda.
-~l día anterior á la ceremonia, llamó Celestina aparte á su fm.uro y le dijo:
-¿Es verdad que no pintas más que mujeres sin vestir?
-:::lí, hija lllia.
-¿Y no podrias pintarlas sin modelo?
Garnoteau le demostró que estotra. cosa irrealizable y
la novia no volvió, por lo pronto, á hablar más del
asunto.
·
Pero al día siguiente del matrimonio, Celestina mur•
muró al oído de su eEpOt.O:
-Prométeme hacer lo que voy á pediite.-Tolero que
copies el cuerpo de otra~ mujeres, la cara y los brazos;
pero en lo tocante á las piernas, no lendrás más modelo
que yo, si no quieres verme morir de angustia.
Garnoteau pasó por todo, sin preever las consecuencias de rn debilidad de carácter.
Al llegará este puntQ interrumpí á mi compañero, y le
dije:
-¿ Y cómo has podido saber? ........ .
-Nada más sencillo. Garnoteau se lo dijo á su amigo
Carbonnel, el cual se lo comunicó á )iicada, una modelo, que ásu vez me lo dijo á mi.
Y ahora prosigo:
Garnoteau fué fiel á su promesa; y de ahí procede esa
interminable i:;erie de ninfas, gruesas en su parte superior y flacas en su parte inferior.
Mientras Celestina fué jóven, todo era tolerable, gra,ciaa á la frescura de la forma y hasta un crítico influyente llegó á descubrir que aquel modo de comprender y de
pintar á la mujer1 era eminentemente espiritual.
A poco tiempo, Garnoteau entró en el Instituto.
Pero Celestina, al envejecer, iba adelgazándoee á. toda
prisa, lo cual influía, como era natural, en las piernas de
las ninfas de Garnoteau. .
EL público acabó por notar el contraste, y la venta bajó de un modo extraordinario.
En vista de esto, el artista se dedicó á pintar sirenas,
para evitar las ;giernas de eu esposa, pero Jas sirenas pa·
saron inadvertidas.
&lt;Jeleatina quiso que su marido volviera á. pintar ninfas, y como esta era la espeáalidad de Garuoteau, vol·
viéronse á vender algunos cuadros.
-Gracias á. mí, le decía Celestina, se venden otra vez
tua lienzos!
El pobre Garnoteau, condenado á pintar eternamente
las tibias de au mujer, acabó por aborrecerlas.
-Acompañadme ab.ora, repuso mi interlocutor, y te
contaré el :final de mi historia.
El pintor modernista me llevó á CMa de Durand y me
enseñó una Danza de ninfa-3, .muy notables todas ellas,
no aó,o por sus cuerpos, sino tawbién por sus piernas,
robustas y macizas como pilares de iglesia.
-¿De quién es ese cuadro?-le pregunté.
-De Garnoc.eau.
-¡No es posible!
Sí, hombre, me dijo mi amigo. Madame Garnoteau ha
muerto Lace dos meses y ahora el artista no pinta más
que piernas enormes, como. para desquitarse del pasado.
En la actualidad no encuentra el pintor modelo alguno
cuyas piernas le parezcan bastante sólidas.
·
En cambio los cuerpos y las caderas se adelgazan y se
espiritualizan, volviendo á formar otro contraste en sentido inverso al anterior.
Asf, pu&amp;a, Garnoteau, á imitación de Rafael, ha tenido
también tres maneras; pintó primero figuras muy armó•
nicas en conjunto; despues cuerpos hermosísimos con
piernas delgadísimae, y :finalmente piernas en extremo
voluminosas con cuerpos sumamenw delgados.
Y estas tres maneras corresponden á los tres períodos
de su vida: antes de Celestina, en tiempo de Celestina y
después de Celestina.
·
J ULlO

LEJr,t:UTRE.

-:=il=-":::2&gt;~=-=~=-~=
es
Tan grande fué que ante él todo pequefio
«un delito el nacer,n la vida un suefio.n
'

CAMPOAMOR.

EL ULTIMO POETA.

281

EL MUNDO

DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1897

La muerte de Vargas Vila.

TRAOUCCION OEL ITALIANO.
(L. STECHETTI.)

En la nevada cumbre de un monte fabuloso
que anublan los crepúscuJ03, y encienden las auroras,
y escalan sin est.répito las vocea triunfadoras
que con su augusta calma serenizó el Reposo;
habita (solitaria, de un mundo misterioso
qml, tú, divino Ensueño, conformas y coloras,)
girón de nebulosa mental que va por horas
centripetando el germen de un genio silencioso.
Ya el Cosmos adivina la gestación del numen
que del sublime anhelo dará el postrer resumen.
Ya Ee estremece el Eter al presentir el ritmo
del eviterno número, supremo !ogaritmo.
Serán de esa ma , nífica y mater Iliada,
la Muerte, Aldo l\1anuncio; el rápsoda, la Nada!
BAl,BINO

DAYAJ.0$.

i\féxico, Febrero Ue 1897.

F;N F:L LA.GO.

Se pone el eol: el agria cordillera
sobre el confin de oro se destaca;
arden las nubes de carmín, y un vi va
reflejo de volcán alumbra el agua.
Abren ya las estrellas en el cielo
su pupila de luz, y rn levanta
la luna, sobre un pico de la sierra,
como un dieco de nácar.
Ya vuelven lai gaviotas á sus nidos,
ocultos en las peñas solitarias;
y á la orilla también, cual las gaviotas,
sobre la onda azul vuelan las barcas.
Hincha el viento sus olas que parecen
de leJos unas alas
níveas como el plumón de la paloma,
y como el aire de las cumbres, raudas.
Comienza el lago á levantar sus olas,
que van luego á morir sobre la playa,
y que-¡asf como el alma del poetalcuando se rompen cantan.
El rumor de colmena de Ja vida
ante el misterio de la sombra, calla¡
y bajo el cielo constelado y limpio,
como una virgen se arrodilla el alma.
Se puso el sol: de los enhiestos montes,
á las desiertas playas
bajan ya las tinieblas, como una
procesión silenciosa de fantasmas.
¡Se avivan los recuerdos!. ..... ¡la tristeza
se difunde en las coeas y en las almaal
¡y en el silencio augmto de h¡ noche
se estremece la voz de la plegaria!
J esÉ BECERRA.
Chapala, Abril 11 de 1897.

A MIS AMIGOS.

¡La he de amar, ¿por qué no? ei las escalas
Accesibles están, y si el ascenso
Eei tan facil, contando con laa alas
De mi amor, que es inmenso!
¡La he de amar! ¿por qué no? si su belleza

Es un símbolo augusto de poesía;
Y en sus pupilas reina una tristeza
Hermana de la mía.
¡Dejadme! ¿qué es mi mal? ¡pues lo deseo!
¡Ya de ilusiones! La razón es obvia:
Si he de ser otro nuevo Prometeo,
Qa.e me mate mi novia!
¡Que me mate! ¡lo anhelo! Si con sólo
Que me amague el peear de eus desdenes,
Me parece sentir que el frfo del Polo
Atenacea mis sienes.
¡Dejadme, mis amigos bienhechores!
Si no me ama será mortal la herida,
Y, en sefial de perdón, regad con flores
La tumba del suicida.
QUIRrNO ÜRDAZ,

Abril de 9i.

HISTORIA ROJ.lÁNTICA.

Trágico ha sido el fin de este veterano en las justas
del pensamiento.
Dotado por la Naturaleza de un espíritu sensible á la
abstracción artística, y ávido de profundizar sus estudios
históricos y arqueológicos, no vacila en austraeree el bullicio atrayente de las grandes capitales europeas, para
iree á engolfar en el seno de antiguas razas y civilizaciones antiguas, y beber, en las fuentes mismas de Hipocrene, aquellae aguas maravi1!osas que rejuvenecen el alma y la llevan á la contemplación de los grandes ideales
que encarna el arte en sus múltiples manifestaciones.
Si en su viaje anterior al Viejo Mundo recorrió la Italia y arrancó luego á su númen notas vibradoras para
descubrir sus variadas impresiones sobre la patJia del
Dante y de Savonarol&amp;, ahora preparaba auaHeU:nicaz, libro que se nos antoja rico en detalles, deducciones y gua•
to literario. Refrescado por las brisas del Mar Jonico,
bajo ese mismo cielo cantado por Homero y por Menandro, recorriendo quizá los mismos campos que ilustró
Agamenón hace más de 30 siglos. Vargas Vila, ha debido
eecribir cosas bellísimas, que ojalá manos amigas se encarguen de salvar de la lepra del olvido, para aumentar
el l1Cervo de la literatura americana y comribuir á la gloria dt:d joven escritor.
Después de visitará Atenas, de escudriñar sus apolillado1:1 archivos y admirar sus gloriosos monumentos, testigos aún de la pujanza todav1a no aventaJada de Fidias' y
1-'raxtteles, fué Vargas Vila á Siracusa, célebre, no tanto
por haber mecido la cuna de Dionisia, cuanto por la admirablt- cepa que se cultiva en sus campos y destila ese
caldo que los peritos confunden con el néctar de los dioses.
Helacionóse en Siracusa con una joven artista, griega
de naci1ui~nto, pero sarda por su origen y sus afecciones.
Ifig~nia era una chica de cuatro lustros escasos, y, como
la soñad,~ virgen de Judea, robó á las hadas sus vestiduras
de armilla, á la aurora sus tintas y celajes, y al qPerub
que arrulla los suefioe de Jehová, robó las armon1aa que
hacían de su voz catarata de arpegios y de ritmos.
Vargas Vila, también artista por idiosincracia, apenas
c~&gt;nocio á Ifigenia sintióse avasallado por aquellas explosiones de hermosura; y como Numa, cuando encontró á
Egeria exornando el agreste fondo de una gruta, el pecho
del prosista colombiano se dilató ante la influencia estética, y de sus labios, ungidos con la miel de las abejas de
Hesot..1i0, brotaron raudales de ternura que fueron á arrullar .en el alma de la virgen las primeras sensaciones de
la paeión que nace.
Oh! ~qm de las est-rofas dantescas, ó del pincel que inmortalizó á la hermoea viuda de Pescara! Que si e1 genio
del vate florentino, en su creadora fantasía, bajó al vientre de Tártaro á buscará su Beatriz, y la paleta de Miguel Angel; acaba sus creaciones de los torrentes de luz
que lanzaban las pupilas de Victoria Colonna, de no menor~s. alas se valdría el pOfta para ascenderá espacios
aqmhnos en busca de nu~vos coloridos con qne delinear
las palpitantes formas de Ifigenia.
Sm. que pretendamos abordar cuestiones metafísicas,
es evidente .que la simpatía, al iecundar el corazón humano, fecunda también y viste cou ropajes de nácar y
za~r el ambiente en que nace y se deaarroJla. Porque la
misma ley que en t.-1 rnundo material impulsa 1:-ta molé
Ct?,lae. á reciproca atracción, hasta formar cnerposdegran
vitahdad1 produce en Jo moral iguales fenómenos y reBt?,ltados .. La 13!-mpatía-dijo Dumas, padre--es llama diviaa que 1lumma el corazón y diopenst1. á los verdaderos
amantes del uso de la palabra.
De ahí ese idilio que enloquece á VargM Vila, idilio
engendrado con miradas y t!Onrieae, amamantado da.
puéecon besos y caricias y palabras de ambrosía crecido
en eegu~da al fueg? ~~ dos naturalezas ea el aPogeo de
su plemtud y su virihdad y para morir temprano entre
sombras y misterios.
Ifigenia y Vargas Vila, luego de haber unido sus co·
razones y hecho votos de eternal amor se fueron á. la
quinta ~nar6~aca, Pf:!quefia propiedad i-ural que aquella
poseía mmed1ata á S1racusa, con cuyo nombre quiso re•
cordar al ilmñre trágico ateuiense.
Seis semanas llevarían de vida conyugal cuaodo en
una de las alamedas qu-a rodean el parque d~ la quinta,
estrechados en amoroso abrazo y contraídos aún BIJI
labios por el ritwo del postrer beso se hallaron sus oa·
dáveres, tibios todavía, sobre un c¿lchón de musgo que
sombreaban castaños corpulentos.
'
~a ca~ea de tste doble suicidio que hiela la san~ p&lt;&gt;r
lo i~~óhto, trat~n~ose de seres que inician una vida de
fru1mones y dehcrne, es verdaderamente inoomprenaible.
No quedó un solo raetro que pueda guiarnos á descubrir
la clave del enigma, pues en loe cortos renglones que ee
hallaron escritos ton francés en la cartera a.e Vargas Vila, precedidos de este epígrafe de Ninon de Lenclos en
loa últimos momentos de su vida:
Qu'un vain espoir ne vienne polnt s'offrir
Qui puis.;;l ébranlcr moun courage,

·····················
········•···················································
en esos cortos renglonee, decimos, apenas si nos cuenta
el infortunado compatriota, que sólo por un acto de ex·
pontánea y mutua voluntad se despiden ambos del
umundo de los vivosn para entrar en el ((mundo de lo&amp;
muertos.&gt;•

Bella eEtaci6ll! Todo á gozar convida
del placer sin medida ........ .
-Mas, ¿qué es eso que vuela?
Una hoja que cae, y nos revela
la nada de las cosas de la vida.
ÜAHPOAMOB.

Cuando mires que rueden las hojas
Al soplo del cierzo
Y recuerdes que yo, como ellas,
Al abismo caf de los muertos;
Ve al panteón á buscar mi sepulcro
De flores cubierto,
Y de él, de la cruz olvidada
Que levanta los brazos al cielo,
U na á una recoje esas florea
Que brota mi pecho,
Y con e Uas, gentil y amorosa,
Engalana tus rubios cabellos:
Son loa cantos de amor de mi alma,
Loa himnos, los versos
Que olvidé consagrarte en la vida,
Que no pude decirte en secreto!!
J OSEVAZA UEZ,
Zacatecas, Abril 1? de 1897.

1

Fué una .noche del invierno último, en el rincón de
fuego¡ porque había Uov:ido todo el día durante nuestra
visita á esa maravilla de las maravillas que se llama
Baalbek, cuando o'i referir por un árabe llegado con nosotros de Damas, la leyenda que transcribo, releyendo
mi carnet de viaje:
El leóL. soberbio....... y generoso acababa d~ ser muer•
to, dejando cerca de él para honrar su memoria y perpe ·
tuar su raza, á su leona y á un joven leoncillo.
Este noble retoño ardía en deseos de recorrer el mundo.
-Por qué, le decía su madre cubriénd~le de caricias,
por qué quieres abandonarme? No estás bien aq1i11?....... .
Ten cuidado, hijo mío, más allá de esaa vastas soleda•
des que forman tu imperio, encontrarás, entre mu~hos
peligros al más terrible. al más cruel de tus enemigos!
al que t~ ha hecho huél'f~no ......... ese temible sér que se
llama el hombre!
Fatigado de oír cada día esta eterna amenaza, y no
tomando consejo más que de su valor, el heredero ~l. se'1'1or de la gran cabeza, partía una hermosa noche, diciendc, á su madre:
-Nada temas, soy joven, soy fuerte, soy valiente como
lo era mi padre ........ .
Nada tengo que temer, y si encuentro al hombre ....... .
pues bien, nos veremos.
Partió.
El primer día vió á. un buey en su camino.
-Tú eres el hombre? le preguntó.
.
-No, respo1.adió el apacible rumiante, aq~el ~e quien
tú hablas es mi sefior; me ata al arado y si mi paso le
parece demaeiado lento, para activar mi marchame hunde en la carne una punta de acero, que según creo, llama
aguijón!
El leoncillo se alejó pensativo.
Al día siguiente vió á un caballo en la pradera, con los
pies entrabados por cuerdas.
-TQ. eres el hombre? le preguntó el feroz viajero.
-Es mi señor, respondió temblando el corcel. Yo soy su
servidor y le sirvo de D?ontura. Cuando no avanzo á. medida de su deseo, me hiere loa flancos con Ulla especie de
ruedecilla ó estrella guarnecida de láminas agudas.
Después de ha~r sacudido largamente su crfn, el león,
.rechinando los dientes, siguió su camino, preguntándose
con sorda rabia quién podía ser el que en el muodo parecía
habei- sometido todo á su eapricbo á su fuerza y á su vo·
luntad. Algún tiempo después llegó á. la India. .
Su mirada descubrió inmediatamente un arumal de
monstruosa corpulencia, que parecía dotadc de una fuerza invencible.
-Esta vez no me equivoco, se dijo aproximándose.-·
¿Eres tú el hombre?
-Estás en un error, yo soy el elefante1 y aquel cuyo
nombre acabas de pronunciar, es mi amo'/ señor. Yo le
llevo sobre mis lomos cuando desea viaJar ó cazar al
tígre ........ y cr-mo tiene com:pleta confianza.. en mí ..... .
frecuentemente me deja al cuulado de sus hiJuelos.
Oyendo estas palabras, el joven león se alejó más y
más pensativo.
De pronto, ruidos sordos con intervalos regulares inte•
rrumpieron 1::1u meditación.
Del fondo del bosque era de donde aquellos ruidos
surgian.
Avanzó y en un vasto claro vi6 una encina próxima á
desprend~rae de su tronco, herida por el hacha de un
eér en el cual el joven viajero no se fijó de pronto.

Y dirigiéndose á la encina:
-Serías tú acaso el boml.:ire? pregunt6le.
- No, respondió abatiéndose el coloso, el hombre es
ese que acaba de derribarme y muero de loa golpea que
rn mano me ha dado.
Sólo entonces el joven león se dignó fijar su mirada en
aquel 1i quien acababa de designar la encina, pero á. la
vista de un sértan fragil y de proporciones tan delicadas, dejó desdeñosamente caer estas palabras:
-¿Cówu, eres tú aquel de quien mi madr.., me habló
con tal espanto? Uno de tus semejantes fué el que osó
herirá. mi padre? ...... Tú eres al que por prndencia de·
berfa yo esquivar?
-Soy yo, l'f'Spondió sencillamente el leiiador.
-Pero, deegraciado, tú eres la imágen de la debilidad,
sólo mi nombre te haría palidecer, y con un golJ)e de mi
potente garra te tendería á mis pies!
El hombre sin dignarse responder luego, hizo una profunda hendidura en el tronco de la encina que acababa
de espirar¡ después, volviéndose hacia el leoncillo:
-Te parezco debil, le dijo. Mira esa encina orgullosa
de su fuerza ...... estaba erguida y robusta......... y sin
embargo, hela tendida en tierra; ya vea lo que puede mi
brazo. En cuanto á tu nombre, no podría hacerme palidecer, yo conozco uno más terrible: ¡la miseria!.. .... y tu

RF:LIF:VF;.
A un poeta.

Musa regia! No la envidia, no la mofa ni el espanto
La detienen; forja el verso y con rápido ademán,
Al erguirse siempre altiva, funde un rayo en cada canto
Y lo arroja y lo hace trizas contra el rostro del rufián.
Musa triste! Ya solloza con amargo desencanto
Y se eleva hasta los cielos impelida por su afán,
O preludia el himno eterno del amor ferviente y santo
Arrancando ardierites notas á la flauta del dios Pán.
Que no hay dique que contenga su pujanza de coloao;
Del inmenso espacio duefio bate el bardo, majestuoso,
Las potentes ígneas alas de su audaz inspiración.
Y al sentir sobre su frente la aureola de la fama,
Y al mirarse rodeado por el pueblo que le aclama,
Se debate en la tribuna cual indómito león.
AURELI0 G. CARRASCO.
Mé:xico 1 Marzo 24 de 97.

SANGRE Y AMAPOLAS

grito es menos espantoso á mi oído que· el de mi cachorro cuando me pide pan ......... No son mis débiles músculos los que puedo oponer á tu fuerza ......... es el pensamiento! él me ha hecho tu amo......... ¿lo dudas aún?
Pues bien, mete la pata en esta hendidura, si te atreves!
añadió mostrando la grieta mantenida abierta por el hacha.
Al oír estas palabras, si te atreves! el joven león no vaciló y obedeció.
Entonces el leñador retiró el arma sangrieata aún de
la savia del gigante de los bosques. La fiera estab&lt;\ aprisionada.
Y bien, ahora. soy yo el hombre? dijo gravemente el
leñador. Soy yo tu amo?
Aniquilado por tanta audacia, el lean había inclinado
la cabeza y guardaba el silencig que conviene al que se
confiesa vencido.
Luego que le fué devuelta su libertad, se extendió en
el musgo y ee puso á lamer tristemente su pata, manchada toda de sangre.
El hombre entonces se inclinó Pobre el herido v después de haber lavado cuidadosamente la llaga, sin 8.ñadir
una palabra, sin volver siquiera la cabeza, el hacha á la
espalda., emprendió con tranquilo paso el camino de su
cabat'ia.
Largo tiempo la fiera le siguió con la mirada ...... Cuando f!evióaola, abrevada de verguenza, dudando en adelante de su fuerza y de su poder, dos gruesas lágrimas
obscurecieron sus ojoa, se levantó, y cojeando tornó len•
tamente a.l desierto ........ .

Madrea dolientes, madrea espafiolas
que en las olas miraia vuestros pesares,
con qué dolor contemplaréis los maree,
los marea de sangrientas amapolas!

Cuando Julio desate sus corolas
á. los rayos del sol caniculares,
derramaréis suspiros á millares,

viendo temblar sus incendiadas olas.
Pensando en vuestros hijos adorados
sangre veréis, tii1endo loR collados,
sangre en el monte que la altura escala,
sangre en el mar y en el espacio terso,
¡como si el sol que alumbra el Universo
fuese una luz inmensa de bengala!
SALVADOR RUEDA..

~
No le guata el placer sin violencia:
Y por eeo ya cree la desgraciada
que ni es pasión, ni es nada,
el amor que no turba la conciencia.
ÜAMPOAMO&amp;.

�DOMINGO 25 DE ABRIL DE 1&amp;91

EL MUNDO

•12

LA. MODA..

se le presentó e 1mo pecado mortal, y derramó lágrimas de remordimiento por aquel amor heroico,
á que debió su patria tal vez la libertad. En vano había corrido en
los campos de batalla la sangre de
la doncella deürleane: en vano su
alma angélica babria subido al cielo entre las llamas de su pira funeral, si Inés no hubiera quedado de
angel de guarda de su real amante
para inspirarle E' l honor por medio
del amor, é infundirle apt&gt;g0 á las
virtudes propias de un rey, con sus
caricias femeniles .
A su grande mansedumbre y
dulzura reunía á veces bastante
energía. Los ingleses inundaban la
Francia con sus huestes vencedo•
ras, mientras que Carlos se entre·
gaba á todo género de placeres en
sus castillos de Loches y Cbinon.
En vano le habfa exhortado su es·
posa María de Anjou, á. que eacu·
diese el yugo de la molicie y repeliese la invasión. Estaba resuelto á perder la corona lo más ale·
gremente que pudiera.
Presentóse un astrólogo en la
corte, y preguntado por Inés, sobre
su suerte futura, respondió: nQue
estaba destinada á fijar por largo
tiempo el corazón de un gran rey.»
La favorita se levantó al oir esto, y
hacindo al soberano una prohnda
reverencia, le pidió permiso para
pasar , la corte del rey de Inglaterra, con el objeto de cumplir su destino, al'i.9.diendo: (&lt;Señor, sólo á Enrique VI puede aplicarse la predio·
ción, puesto que vos vais á perder
vuestra corona, y él-la vá áagregar
á la suya.u
Llegó por fin el momento en que
este sér radioso debía desaparecer
delos ojos de BU real adorador. Des•
pués de la toma de Rouen, Car•
los se estableció en Jumieges é
Inés, en el pequeño señorío de
Menil, á poca distancia de la abadía. Ana se ve 1 ó ee congetura por
lo menos, el camino que tomaba el
rey al dirigirse á la mansión de su
amada. Allí fué atacada por una
enfermedad mortal, casi en los bra•
zoe de su amante, y en medio de la
carrera de gloria que ella misma'_le
había iniciado á seguir. Varias son
las opiniones eobre la causa de su
muerte: algunos dicen que fué víctima de los celos de la reina; pero
nada interesante es por cierto esta
disputa: habíadesempei'i.ado su alta misión, eudestinosehabíacum•
plido, y murió.
Su.corazón _fuésepultado en la capilla de la Ví:rgen, en
Jum1egee, baJo de un magnifico y elevado t(Lmulo de
marmol negro. Representaba áinée arrodillada1 ofrecien•
do nn corazón á la madre de misericordia. Al pie de la
tumba estaba_ otro corazón de marmol blanco. Todo esto
ha desaparecido, pero la lápida que cubría el cenotafio
todavía ee ve en RC?uen, embutida en la pared de uaa d..
ea ~e la_ ca~le de Samt-Maur, arrabal Canchoiae. Parte de
la mecnpc1ón esta borrada, mas lo que falta se suple con
la de la tumba que recibió el resto de su cuerpo en Loches, parece haber sido nn fac-8i.mile de la de J umiegee.

Ahora toca su turno á los ni:lios: la sonrisa del hogar y los
solos en cuyos rostros la vida sonríe franca é ingenuamente, por·
que nada sabe aún.
No reclaman ellos por cierto su
part.e en las caprichosas fantasías
mundanas: les basta con su alegría y con sus juguetes; mas las
madres solícitas, las perfectas elegantes, no permitirían que allí
donde ellas lucen el primor de

un traje, mostrasen sus hijos el
.desalifto. Y los engalanan con toda la fantasía de !i.U propia cosecha y la de las modistas. En
nuestras planas de hoy se hallarán á este propósito encantadores trajes infantiles, que no dudamos aprovecharán para sus hijos algunas de nuestras discretas lectoras.

--

Lecturas para lasdama8
INES SOREL

Ese montón de ruinas solitarias, de paredes expuestas &amp; la int,em perie y de torres dei:Muidas;
con flores salvajes en las ventanas, abrojos en los salones, yedra
por tapicería, y por alfombra la
triste y larga yerba que crece sobre los sepulcros, fué en otro
tiempo la famosa abadía de Jumieges. Sus escombros son como
un monumento erigido á su pasada gloria.
,····...
El gusto de los monjes para elegir buenos localee, es incontestable. Hay quienes digan que el lugar de que nos ocupamos, era ori~~:,;~_
'\::t
ginalmente un yermo cubierto de
bosques y pantanos, y que su fecundidad fué debid&amp;. á la infa•
tígable dedicación de los benditos
hermanos; pero la única prueba
que hay de esta opinión, ea la
obscura etimología de la palabra
latina Gemmeticus, tomada de iwen
ó guen, que en Celta significa pan ·
tano. Corroboran esto con el hecho de que los alrededores son
pantanosos. Parece, sin embargo,
mucho más probable, que los
monjes eligiesen para reposar un
oasis en medio del desierto, y no
un pantano en medio de pantanos. A más de esto, los cronistas antiguos convienen unánimemente en describir á.Jumiegea co•
mo un lugar de delicias
especialmente como mansión vorita
de la vifia.
Esta abadía fué fundada por Da goberto, según unos; pero según
otros, cuarenta años despuée, es
decir, á mediados del siglo VII,
por Bati lde, esposa de Clovis II,
y San Filiberto, fué su primer
abad. Al principio no contaba
éste más que con sesenta monjes;
pero supo aprovecharse del tiempo con tal cordura, que su sucesor llegó á tener novecientos. Cuatrocientos, juntamente
con"el abad, fueron traneladados al cielo en un mismo díaj
y quinientos huyeron de los normandos, que arruinaron
el monasterio en 851. Fué reedificado gradualmente y
en el eiglo XI llegó al apogeo de su esplendor. Cayó' de
nuevo, pero con más lentitud, y la revolución francesa
vino á completar la obra de destrucción.

'

~r·

l.

Traje de casa veraniego.

EL MUNDO

DOMINGO 25 de ABRIL de 1897

Trajea para niñoa, de última nov,.dad.
CYC..UST.
NOBLE DAMOJSELLE AGNES DE BOBBI,.
EN SON VIV ANT DAlIE DE BEAUTE.
ROCBERIE, &amp;:C,

¡Oh si pudiera sentlr

PITEUSE ENVERS TOUTE'S GENi:1 1
:&amp;'I' QUI LABGEMENT DONNOlT SON BIEN
AUX EGLISES ET AUX PAUVREB.

AMEN!

Las ruinas, según hoy están, tienen un aspecto muy
imponente. El techo de la nave ha desaparecido, pero
las paredes que aún exist.en, dan idea, acaso eXagerada,
del tamatlo y proporciones del edificio. Las torres de la
parle occidental están casi completas también, y desde
ellas se di.efruta de una grandiosa perspectiva. Las aguas
majestuosas del Sena ee extitmden al frente; .i la dere•
cha, la negra selva de Br.otonne; á la izquierda, la de
Mauny; y á la espalda, los bosques y precipicios de
Duclair.
En medio de todos estos objetol!I, las ruinas que ve uno
á. sus piée, imprimen al cuadro un aire de solemnidad y
grandeza sombría. Muy lejos de la superficie de la tierra
para poder oír la voz de sus habitantes1 osimaginaiaque
un silencio sobrenatural reinB en la escena¡ silencio no
interrumpido, sino antes bien hecho más sensible por el
gemir del viento al pasar por los derruidos monumentos
de los siglos anteriores. Entre las aé-reas fantasmas con
que poblais la nave, distinguís, al verlos aparecer por un
momento, para Be{&gt;tt.ltarae después bajo loe arcos cie las
bóvedas laterales ( como las sombras que interrumpían
el sueño de Macheth) al rey Dagnberto, al segundo Clo•
vis. á su consorte Batilde, á San Filiberto, al Escandina•
vo Rollo, á Guillermo Longue-EJ}re, y á C,ulos VH, el
protegido real de la Doncella de Orleans.
Mas ¿quién ea aquella sefiora de los tiempos pasados,
que deslizándose de las ruinas, parece tomat el sendero
que conduce al cercano y pequeño casti110 de Menil?
Flores broGan bajo sus piés, suaves y fantásticas floree,
que se marchitan luego que ella pasa; el aire á su derredor está lleno de fragancia; loe arbustos miemos, al re~irar las ramas para dejarla pasar, parece que conocen la
marcha mageeGuosa dela beldad. Es Inéa Sorel, la no•
ble, la generosa, la honrada, sí, la virtuosa Inés Sorel,
amante de Carlos VII. Esta mujer admirablH, no queriendo desempeñar el papel de heroína, se contentó con
hacer un héroe á su amante. nSi el honor, le dijo, no os
puede hacer desistir del amor, éste os conducirá á. aquel.»
Los cronistas contemporáneos describen á Inée Sorel,

como da más bella de las bellas¡n dulce, amable, humil•
de y d1;1vota. Llevaba la caridad hasta e 1 exceso, y su ge•
nerosidad y buena índole no conocían límit.es. Su corazón era sobre tedo sensible á las impresiones religio8111,
y cuando el angel de la muerte la arrebató á la mitad de
la carrera, en medio de la prosperidad, la elevación y el
brillo de una belleza sin igual, el único error de su ,-ida

Cual otro tiempo he sentido,
O bien ser lo que ya he sido!

igtr~ ~;i:s:1miÍvtr

Que ya se han desvanecido!

LAQUELLE TREPABSA LE NEUVIRME JOUR
DE FEVRIER 1449,
1
1
PRlEZ DIEU POUR LE REPOS DE L AM'E D ELLR.

Toilette de ciudad para señora joven.

había sido el mayor enemigo de
su padre, y aun había tomado las
armas contra él¡ puede también
haber sucedido que comenzase á
dar pruebas de aquella devoción
ardiente qae agobió pocos afios
después á su sombrero coa meda•
llas de santos. No vacilaron, puE's,
aquellos santos hombree en pedir
con unanimidad licencia '{)ara tras•
ladar los restos impuros á un lugar
máe mundano.
Difícil sería adivinar los senti·
mientas que)nspirara esta petición
á Luis X1 1 al amigo y compadre de
Tristán el ermitaño, al que cortaba las cabezas de sus nobles, ó les
encerraba en jaulas de hierro, y colgaba á. sus vasallos de más baja
esfera, á. guisa de bellotas, de los
árboles de Plessie. Puede ser que
Luis tuviese algo de hombre en su
naturaleza, así como era escelente
rey en casi todo, ménos en el excesivo afecto que profesaba al hacha
y al cordel. Sea lo que fuere, res•
pondió que el deseo de los monjes
era muy racional, y que ,n dei•of·
viendo los regalos de la difunta, podían hacer lo que quisieran con
su cuerpo. Una luz repentina vino
á iluminar á. Jos siervas de Dioe.
Una mujer que había dado dos mil
escudos de oro á. la abadía de Loches, no podía ser tan sxcesii:ament.e mala como decían; y áesta domición la pobre Inés había añadido
tapiceríae¡-y no sólotapicerias, sino también pinturas;-y no sólo
pinturas, sino también alhajas.
¡ Mala! vay, vaya, era una santa positivamente.
¿Qué espíritu maligno les había
infundido la perversa idea de arrojar sus cenizas? Determinaro_n,
pues, para compensar su error, redoblar sus cuidados tiernos y respetuosos. La señora de Beauté, permaneció tranquila durante trescientos años, hasta que la revolución estalló, y destruyendo los mo·
numentoe, esparció sobre la faz de
la tierra á los monges que los guar•
daban.
La capilla de la Virgen, dond"'
estaba sepultado el corazón de
Ines, forma una parte considerable de las ruinas. Entramos á ella
por la saladeguardias 1 bóveda desJ
mantelada y sombría, que resonó
en otro tiempo con las pisadas de
los caballeros de Cárlos VII.
Un estremecimiento supersticioso nos sobrecogió al penetrar á la
capilla, y ver sombus y rayos del
sol deslizarse como espectros á. lo largo de las paredes.
Uua piedra engastada eu la pared, 11 manera de nicho,
nos informó de que allí estaba encerrado el corazón en
otro tiempo ardiente y generoso de Ines Sorel.

Pero no, pasó ya la época (aunque no hace mucho) en
que sombrero en mano y la rodilla en tierra, hubiéramos aeludado con corazón palpitant-e y labio trémulo la
tumba de lnee Sorel. Tal cual estábamos, no pudimos
menos de fijar una larga y silenciosa mirada sobre el lu-

.&amp;.QUI YACE LA NOBLE
sdORA

lNES

DE SOREL,

DURANTE BU VIDA
WOHA DE BEA UTl!: 1

ROCHERIE ,.\C.
PIADOS.A. PA..RA CON TODOS, Y

QUE GENEROSA.MENTE
REPABTIA SUS Bf.ENES A
LAS IGLESIAS
Y A LOS POBRE'S.

LA CUAL MURIO EL DIA NUEVE
DE FEBRERO

DE 1449,

ROGAD A DIOb POR

BL RJCPOSO D.E BU AL\U..

Espalda del traje marinero.

AJ&lt;EN!

r
Jaquet para niñas.
Cuerpo de seda con bordados de batista.

Los monges de Loches. á. quienes había
cedido gran parte de
sus riquezas, recibieron
sus despojos mortales
con reB{)eto y gratitud;
pero luego que murió
Carlos VII ( doce años
después.), atacaron á. su
conciencia verdaderamente monacal escrúpulos, religiosos sobre
si debían haber dado 6
no sepultura en lugar
sagrado á la amiga de
un rey ......... difunto.
Sabían que el monarEspalda del Jaquet para niñas. ca reinante, Luis XI,

Traje marinero para niñas.

�EL MUNDO

~s

DE ABRIL DE 1!97

Pero no llores! Si el rigor del mundo
A dominar mi espíritu no llega.
Bajo el influjo de mí amor profundo,
Una lágrima tuya, me doblega.

gar, recordando su alma herioca y elevada,
su gloriosa belleza, y Fu desinteresado amor.
No nos avf.'rgonzamos de confesar que nuestro
pecho se oprimió y nnestros ojos se llenaron de
lágrimaR al leer por fin e¡:¡ta línea:

No esta~mos ausentes. De las palmas
Para juntar los besos está el viento,
Y para unir los besos de las almas,
Mensajero de amor, el pensamiento.

"Hic jacet in tumba, mitii; simplexque columba."

,&lt;;encillo, puro, oo¡·o de esta losa,
una paloma e roraz{m reposa.

De

Sentimientos son estos que sit&gt;mpre nos gloriaremos de tener. Basta decir que hasta :M:r.
Dibdin, célebre bibliógrnfo inglée, se sintió
algo conmovido en este ln¡zar, aunque á decir
verdad, estaba refrigerando su estómago al
mismo tiempo. Según él nos refiere con gran
nairelé, el artista que le acompañaba se fué á.
tomar vistaP, en tanto que él, afectado de una
misteriosa simpatía, no podía r:,epararse de los
fra¡nuentos de la tumba y de la comida. Ilay
CU:3ti que Salomón confee-aba francamente que
no t-ntendía, y después de tal ejemplo de humildad, no vacilamos en hacer la misma decla·
racil,n. Entre las pocas cuestiones que nos confunden ee halla esta: ¡Cómo ha podido haber
homf,re capaz de coma asado.frío sobre la tumba
de foes i)'orel!

TOMO I.

Resígnate y aguarda: en el combate
Saldrá triunfante mi constancia fiera¡
Quien ama como yo, nunca se abate,
Quien ama como tú, no desespera.

MEXICO, MAYO Z DE I897.

t;ln tiro por carambola.

Aguarda, el dia del amor eterno
Nos brindará muy pronto sus fulgores;
Recuerda que á las nieves del invierno
Sigue la primavera con sus flores.
MÁXIMO 8oTO HALL.

MUERTE DE ARTISTA

EL ARTE DE SALUDAR.

E11 el siglo pasado, los maestros de baile enseñ11 ban principalmente el arte de saludar y de
bien expresar las cosas con la mirada.
Babia divenaa modulaciones en los cumplimientos y reverencias del tiempo.
Saludando á una emperatriz, era preciso quedar inclinado tres cuartos de seguudo. Al enderezaree, debíaee dirigir ligera y modestamente la
cab. . :-.a hacia la mano derecha de la augusta per·
sona, y se recomendaba que se besase la mano
sin osar levantar la vista hacia el rostro de la
soberana. Era de rigurosa etiqueta que no se diese expre~ión de especie alguna á la fisonomía,
como no fuera la de respeto y hasta temor.
Representábanse todas las grandezas, todas
las coronas, todos los eiglos de esplendor que
brillaban en el rostro de la Majestad Imperial 1
y así se hallaba la actitud que convenía más.
Fara saludará una landgrabe, era de etiqueta
no inclinar mucho el cuerpo, como ei estuviese
una reina. Había entre ellas cuatro pulgadas de
diferencia.
Era conveniente que un gentil hombre mirase á la dama de honor presente en la audiencia,
de manera á darle á. entender por su sonrisa, que si no
fuera por la etiqueta rigurosa, le rendirla lo~ homenajes
que le eran dt:ibidos.
Admitido en pree.encia de la esposa de un gran perso•
naje, un hombre de abolengo no podía hacerle reverencias sionisQJ,, como si hubiera sido un simple campesino.
Los hidalgos .e.e a bordaban mutuamente con un aire
amable que decía sin que hablaran: uEstoy encantado de
hallará usted, deseo su amistad y le ofrezco la mía.,i
Para salvaguardar la dignidad de todos bastaba la
buena crianza de todos, y á la más insignificante injuria
respondiase lccamente con espada en mano.
Enseñábase á saludar hasta á los artistas, y cuando el
maestro de baile no hallaba bastante perfecto, bastante
profundo el ealudo que le dirigían, era de verse con qué
acento insistía.
11¡Un poco más bajo, señor!,,
Los niños usaban por largo tiempo, chaquetas ajusta-

OMINGO

En sus últimas tardes presuroeas,
listo á morir, y con la tumba lista,
el músico vibraba como arista,
entre nubes rle ideales mariposas ..... .
Cada vez que las músicas nerviosas
llegaban al oído del artista,
danzaban en tropel, ante su vista,
sueltas guirnaldas de impalpabh:s rosas....... .
Súbita idea iluminó su mente:
buscó el piano, en las teclas puso un dedo,
y sin moverlo ......... doblegó la frente.
Por la alfombra después rodó perdido!
y la nota siguió clara y sin miedo,
y vivió más que el mi~sico ...... el sonido.
JosÉ Cnoc.ANO.

¡Necio soy! Con inútiles medidas

te quise eorprender, más tú eres de esas

Dos hermosos modelos.

das que no les agradaban, á causa de los saludos y genuflexiones, á manera de las mujeres.
Debían de saber ea\udar de acuerdo con el ceremonial,
según se destinaran á vestir el manto de caballero de
San L1üs, ó la toga de magistrado. Por ahí puede verse
qué consideración é importancia se daba en otra época á
la perfección del gesto y del porte.
Guetábase tanto de las bellas maneras en los siglos
XVII y XVIII, que todas ellas iignificaban belleza y nobles cualidades. Ls. corte y ciudad consideraban como un
regalo ver á la encantadora condesa de Egroont hacer las
reverencias de etiqueta, en gran toilette, y con todas las
perlas here'iitarias de su casa.
Otras dos mujeres tenían la dietinción que ella en el
saludo á la ((Fontanges)i: la reina María Antonieta y MIL
Clairón, de la Comedia Francesa. Todos decían que no
podía haber espectáculo más delicioso, que el de aquellos saludos hechos con toda gracia y nobleza.

que para ser de pronto sorprendidas
se preparan con tiempo las sorpn::sas,

CAMPOAMOit.

La misantropía no es frecuentemente más que una pre·
ferencia que noe damos sobre nuestros semejantes.
Chantavoine.

•*•

Se tiene sed de lo sobrenatural: los que no oreen ya en
los dogmas se dedican á las prácticas de la magia.
Mme. Clemence Royer.

•*•

Yo no temo sino á los que amo; f stoseolo pueden hacerme sufrir.
Mmt'. Blanchelokt,te.

•*•

Nada envejece tanto como lo nuevo, nada se rejuvfnece como lo viejo:
Guy Deeajopeste.

ESPERA

Es forzoso partir, romper el broche
Que nos ba unido con su lazo estrecho¡
Ya las tranquilas horas de la noche
No te verán dormir eobre mi pecho.
Al separarme de tus brazos siento
Que despedaza mi alma la congoja,
:r.fas quien resiste? Cuando arrecia el viento,
Del amado árbol se desprende la hoja.
"No lo be querido yo, Dios lo ha querido,
Cúmplase su desigmo soberano:
El ave deja abandonado el nido
Para ir en busca del precioso grano.
Suframos ambos nuestro mal á solas
Ya que lo manda nuestra suerte avara:
Un beso de la briea une dos olas,
Y un golpe del oleaje las separa,
Al deeprenderme de tu amante lado,
Sólo á la voz de wi deber escucho¡
Cuida tú del hogar abandonado
Mientras yo lejos, te recuerdo y lucho.
Si sólo piso en mi camino abrojos,
Y hallo la muerte en pos de mi quebranto,
Honra con tu constancia mis deepojos
Y riega mi sepulcro con tu llanto.

F'reciosa criatura ....... ..

Mas si se cumple tu feliz preeagio
Y el cielo eenda más feliz me marca,
Volveré á tí, cual libre del naufragio
Al puerto que dejó vuelve la_barca.
Tr.aje de calle con blusa de sarga.

[ Ulbujo de Joaé M. Vtllasana.J

Traje •·Tallor" y sombrero de paja.

•

NUMit,RO I8.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Engaño sublime</name>
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                    <text>EL MUNDO

~s

DE ABRIL DE 1!97

Pero no llores! Si el rigor del mundo
A dominar mi espíritu no llega.
Bajo el influjo de mí amor profundo,
Una lágrima tuya, me doblega.

gar, recordando su alma herioca y elevada,
su gloriosa belleza, y Fu desinteresado amor.
No nos avf.'rgonzamos de confesar que nuestro
pecho se oprimió y nnestros ojos se llenaron de
lágrimaR al leer por fin e¡:¡ta línea:

No esta~mos ausentes. De las palmas
Para juntar los besos está el viento,
Y para unir los besos de las almas,
Mensajero de amor, el pensamiento.

"Hic jacet in tumba, mitii; simplexque columba."

,&lt;;encillo, puro, oo¡·o de esta losa,
una paloma e roraz{m reposa.

De

Sentimientos son estos que sit&gt;mpre nos gloriaremos de tener. Basta decir que hasta :M:r.
Dibdin, célebre bibliógrnfo inglée, se sintió
algo conmovido en este ln¡zar, aunque á decir
verdad, estaba refrigerando su estómago al
mismo tiempo. Según él nos refiere con gran
nairelé, el artista que le acompañaba se fué á.
tomar vistaP, en tanto que él, afectado de una
misteriosa simpatía, no podía r:,epararse de los
fra¡nuentos de la tumba y de la comida. Ilay
CU:3ti que Salomón confee-aba francamente que
no t-ntendía, y después de tal ejemplo de humildad, no vacilamos en hacer la misma decla·
racil,n. Entre las pocas cuestiones que nos confunden ee halla esta: ¡Cómo ha podido haber
homf,re capaz de coma asado.frío sobre la tumba
de foes i)'orel!

TOMO I.

Resígnate y aguarda: en el combate
Saldrá triunfante mi constancia fiera¡
Quien ama como yo, nunca se abate,
Quien ama como tú, no desespera.

MEXICO, MAYO Z DE I897.

t;ln tiro por carambola.

Aguarda, el dia del amor eterno
Nos brindará muy pronto sus fulgores;
Recuerda que á las nieves del invierno
Sigue la primavera con sus flores.
MÁXIMO 8oTO HALL.

MUERTE DE ARTISTA

EL ARTE DE SALUDAR.

E11 el siglo pasado, los maestros de baile enseñ11 ban principalmente el arte de saludar y de
bien expresar las cosas con la mirada.
Babia divenaa modulaciones en los cumplimientos y reverencias del tiempo.
Saludando á una emperatriz, era preciso quedar inclinado tres cuartos de seguudo. Al enderezaree, debíaee dirigir ligera y modestamente la
cab. . :-.a hacia la mano derecha de la augusta per·
sona, y se recomendaba que se besase la mano
sin osar levantar la vista hacia el rostro de la
soberana. Era de rigurosa etiqueta que no se diese expre~ión de especie alguna á la fisonomía,
como no fuera la de respeto y hasta temor.
Representábanse todas las grandezas, todas
las coronas, todos los eiglos de esplendor que
brillaban en el rostro de la Majestad Imperial 1
y así se hallaba la actitud que convenía más.
Fara saludará una landgrabe, era de etiqueta
no inclinar mucho el cuerpo, como ei estuviese
una reina. Había entre ellas cuatro pulgadas de
diferencia.
Era conveniente que un gentil hombre mirase á la dama de honor presente en la audiencia,
de manera á darle á. entender por su sonrisa, que si no
fuera por la etiqueta rigurosa, le rendirla lo~ homenajes
que le eran dt:ibidos.
Admitido en pree.encia de la esposa de un gran perso•
naje, un hombre de abolengo no podía hacerle reverencias sionisQJ,, como si hubiera sido un simple campesino.
Los hidalgos .e.e a bordaban mutuamente con un aire
amable que decía sin que hablaran: uEstoy encantado de
hallará usted, deseo su amistad y le ofrezco la mía.,i
Para salvaguardar la dignidad de todos bastaba la
buena crianza de todos, y á la más insignificante injuria
respondiase lccamente con espada en mano.
Enseñábase á saludar hasta á los artistas, y cuando el
maestro de baile no hallaba bastante perfecto, bastante
profundo el ealudo que le dirigían, era de verse con qué
acento insistía.
11¡Un poco más bajo, señor!,,
Los niños usaban por largo tiempo, chaquetas ajusta-

OMINGO

En sus últimas tardes presuroeas,
listo á morir, y con la tumba lista,
el músico vibraba como arista,
entre nubes rle ideales mariposas ..... .
Cada vez que las músicas nerviosas
llegaban al oído del artista,
danzaban en tropel, ante su vista,
sueltas guirnaldas de impalpabh:s rosas....... .
Súbita idea iluminó su mente:
buscó el piano, en las teclas puso un dedo,
y sin moverlo ......... doblegó la frente.
Por la alfombra después rodó perdido!
y la nota siguió clara y sin miedo,
y vivió más que el mi~sico ...... el sonido.
JosÉ Cnoc.ANO.

¡Necio soy! Con inútiles medidas

te quise eorprender, más tú eres de esas

Dos hermosos modelos.

das que no les agradaban, á causa de los saludos y genuflexiones, á manera de las mujeres.
Debían de saber ea\udar de acuerdo con el ceremonial,
según se destinaran á vestir el manto de caballero de
San L1üs, ó la toga de magistrado. Por ahí puede verse
qué consideración é importancia se daba en otra época á
la perfección del gesto y del porte.
Guetábase tanto de las bellas maneras en los siglos
XVII y XVIII, que todas ellas iignificaban belleza y nobles cualidades. Ls. corte y ciudad consideraban como un
regalo ver á la encantadora condesa de Egroont hacer las
reverencias de etiqueta, en gran toilette, y con todas las
perlas here'iitarias de su casa.
Otras dos mujeres tenían la dietinción que ella en el
saludo á la ((Fontanges)i: la reina María Antonieta y MIL
Clairón, de la Comedia Francesa. Todos decían que no
podía haber espectáculo más delicioso, que el de aquellos saludos hechos con toda gracia y nobleza.

que para ser de pronto sorprendidas
se preparan con tiempo las sorpn::sas,

CAMPOAMOit.

La misantropía no es frecuentemente más que una pre·
ferencia que noe damos sobre nuestros semejantes.
Chantavoine.

•*•

Se tiene sed de lo sobrenatural: los que no oreen ya en
los dogmas se dedican á las prácticas de la magia.
Mme. Clemence Royer.

•*•

Yo no temo sino á los que amo; f stoseolo pueden hacerme sufrir.
Mmt'. Blanchelokt,te.

•*•

Nada envejece tanto como lo nuevo, nada se rejuvfnece como lo viejo:
Guy Deeajopeste.

ESPERA

Es forzoso partir, romper el broche
Que nos ba unido con su lazo estrecho¡
Ya las tranquilas horas de la noche
No te verán dormir eobre mi pecho.
Al separarme de tus brazos siento
Que despedaza mi alma la congoja,
:r.fas quien resiste? Cuando arrecia el viento,
Del amado árbol se desprende la hoja.
"No lo be querido yo, Dios lo ha querido,
Cúmplase su desigmo soberano:
El ave deja abandonado el nido
Para ir en busca del precioso grano.
Suframos ambos nuestro mal á solas
Ya que lo manda nuestra suerte avara:
Un beso de la briea une dos olas,
Y un golpe del oleaje las separa,
Al deeprenderme de tu amante lado,
Sólo á la voz de wi deber escucho¡
Cuida tú del hogar abandonado
Mientras yo lejos, te recuerdo y lucho.
Si sólo piso en mi camino abrojos,
Y hallo la muerte en pos de mi quebranto,
Honra con tu constancia mis deepojos
Y riega mi sepulcro con tu llanto.

F'reciosa criatura ....... ..

Mas si se cumple tu feliz preeagio
Y el cielo eenda más feliz me marca,
Volveré á tí, cual libre del naufragio
Al puerto que dejó vuelve la_barca.
Tr.aje de calle con blusa de sarga.

[ Ulbujo de Joaé M. Vtllasana.J

Traje •·Tallor" y sombrero de paja.

•

NUMit,RO I8.

�EL MUNDO

286

DOMINGO 2 de MAYO de 18!i111

públicas latino-a.mericanaa. Para exportar en proporción ex~ste entre la realidad y el ensueno, olvida por un ina ..
de lo que el pequeño E::1tado de Costa Rica envía al ex- tante su papel apocalfptico, y deja caer sobre la concien-terior, necesitaríamos que nuestras remesas representa· cia. asombrada de su público, declaracionesque:resuenani
ran una cuntidad.igual á 559 mülones de pesos, en núme- como barretazos en el pedestal del ídolo que reveren•
MÉXICO
ros redondos. Para compararnos cou la Argentina, Slt cian.-Así aconteció con el difunto Afonitor Republicano,
Toda la correspondencia que se relacione con la Re-- millones, y para rivaliza~ con Chile, 299 rn,llones.
en el triste amanecer de un 16 de Septiembre, en el que,
iacción, debe ser dirigida al
He aquí todo el problema fiscal en breves términos: al hacer el viejo campeón del expirante jaeobinismo, eH
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola,
una maea imponible de riqueza creada, muy inferior á balance de sus idea.le~, se encontró con que la cuenta coToda la correspondencia que se relacione con la edición
las necesidades públicas de un país lanz;ado á todo vapor rriente presentaba un ealdo en su contra de algunos cendebe ser dirigida al
en
el camino del progreso.-Por eso es de aplaudirse el tenares de beodos, arrastrados enérgicamente á las comiGerente, Lle. Fausto ltloguel.
resultado
obtenido en la elaboración del presupuesto, sarías.
La subscripción á EL MUNDO vale $1."25 centavos al
Para modificar esencialmente los elementos constitu·
m,a, y se cobra. por trimestes adelantados.
cuando la necesidad de conservar el crédito acrecentaba
Números sueltos, 50 centavos.
ti vos de nuestro organismo social, hay que afrontar con,
la fuerte partida destinada al servicio de la deuda.
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
Feliz;mente sobre el vasto campo de la producción na- valor el cuadro de síntomas de nuestras dolencias nacio ·
Todo pago debe acr precisamente adelantado.
cional se han :irrojado abundantes pufiados de semillas nales, puesto que para curar una enfermedad es preciso,
RÉGISTIUDO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
que comienzan á. estallar en el surco. Sobre la esperanza antes que nada, diagnosticarla.
de un ensanche de labor social, deben descansar todas
nuestras probabilidades halagüeñas para lo futuro. En
la antigüedad, las agrupaciones sociales vivían de la conquista y del despojo . .Actualmente, los Estados viven del
trabajo y del tráfico. Ah( está vinculado el porvenir na- RESUMEN.-h1 guerra de Oriente.-La derrota de los.
griegos y la agitación popular.-lnconsecuencla
Asi como los muertos siempre tienen razón-según la fra~ cional, porque, como se ha dicho y repet:.ido basta la sade las rnasas.-La monarquia y la demagogia.ee de un escritor contemporaneo-los gobiernos que tie- ciedad en estos últimos tiempos, solo los pueblos ricos
El rey Jorge en peligro.-La responsabilidad de las..
Potencias.-Ls última promesa.-Conclusión.
nen la desgracia de ser vencidos en luchas de armas con- se encuentran en condición de ser libres.
tra un Estado en-amigo, siempre resultan culpables á los
No eran vanos nuestros temores ni infundadas nuesojos de los pueblos.-Esta ley sociológica formulada por
tras
zozobras, por la suerte lamentable que amenazaba á
EL MUNDO, con motivo de las probabilidades de una gueGrecia
en la lucha que tiene empeñada. con su llntigua
rra con Guatemala, acaba de ser comprobada por los he·
dominadora y poderosa duefia, la imperial Turquía. Sea
chas; y á. riesgo de que se nos tache de inmodestos, llaUna casualidad nos ha dado á conocer este hecho que
mamos la atención sobre este hecho que demuestra, no merece atenta meditación. Durante las veinticuatro ho· falta de pericia en los generales ó inexperiencia en el jonuestra extraoriinaria clarividencia de augures politicos, ras correspondientes al domingo de la semana anterior 1 ven Constantino, colocado en el primer pue5to del ejérsino la solidez; del método que empleamos en nuestros es· fueron consignados á. una Comisaría cuatrocientos indivi- cito1 no obstame sus floridos años, por el acendrado patriotismo que ha manifestado y su ardiente amor á la
tudios sociales.
duos acusados y responsables de di ver.sos delitos y falEl cable nos ha auunciado 1 en efecto. que como conse- tas de policfa. Ti!.l dato es altamente revelador de un es- tradición helénica; sea que las huestes griegas, animadas
cuencia de las últimas derrotas sufridas por los ejércitos tado social, con insistencia delineado en estas páginas. de un deseo vehemente de vengar ea el turco afi..-josrencores y tradicionales odios, han sido impotentes para
griegos, el pueblo de la doble penínsu1a ha manifestado
Así, mientras un diario iddlista dilapida su tiempo y su
resistir el empuje de las tropas que manda Edhem Pa. su indignación contra el rey Jorge, produciéndose un mo· tinta en maripoeear en torno de las costumbres dein'Jcráchá;
ó que los bravos otomanos orgullosos, con sus laurevimiento en favor de la República. La gran culpa del ticalj, el ((gigante luminoson-como lo llamó un orador
entusiasta monarca consiste en ser impotente contra el -se abandona en la vía pública ó en la atmósfera pesti• les que no pudieron arrebatarles los ejércitos griego:i en
triunfo de las huestes enemigae, y su enorme delito el de lente de la pulquería á los actos más asquerosos, hasta los teductos de Plewna, á pesar de su derrota; fieros con
sus tradiciones que en otro tiempo los hicieron dueños.
no haber cubierto á los soldados helenos con la aureola
llegar á la alarmante estadística de que acabamos de hadel mundo civiliz;ado; ebrios con sus fanatismos que los.
de la victoria.
cer mención.
empujan
inconscientes en lo mis reñido de las batallas 1
Y sin embargo, no hace tres semanas la Grecia se conU u partidario del Estado todopoderoso, reclamaría el
movía ante la actitud heroica del soberano, y en loor su- apoyo del gobierno, apronchando la oportunidad de alucinados con sus ideales que los arrastran á buscar
yo entonaba himnos épicos. ¿Qué ha sido preciso para vociferar-elocuentemente contra el poder público, del muerte gloriosa por la defensa del estandarte verde del
Profeta: ello es que los súbditos del rey Jorge, rechaz;ac1mbiar la conciencia de un pueblo? Lo inevitable: la
que decía una publicación no hace muchos meses que ha
acción ruda y poderosa de un ejército más numeroso, sobre debido modificar al pueblo física y,¡moralmente. Por des- dos en Macedonia, arrollados eu los desfiladeros de Mi·
lM enérgicas huestes griegas, cuyo valor ha luchado en va• gracia, esas cualrocienlas unidades humanas afectas á las lona1 _,..otos dentro de las murallas de Matti, casi aplasno contra la superioridad incontrastable de eua adversa• expansiones dominicales, no se modifican con un decre- tados bajo los muros de Turnavo, han abandonado á.
toda prisa, en medio de terrible confusión, presa de pánirios.-Ser vencido en esta contienda, equivale á ser trai• to, y las lobregueces de semejantes espíritus no se disico
terror, no en retirada honrosa, sino en palpable des·
dor.
pan al golpe de una ley providencial: ((háganse loe
El rey Jorge, á semejanz;a de Lear, puede ahora meconsoladora fuga, han abandonado la plaza forticada demalos, buenos!•
ditar amargamente sobre la ingratitud de los pueblos:
Larrisaa, refugiándose unos en la ciudad de Volo, donde
No faltan publicistas que de tiempo en tiempo se es•
una oleada de entusiasmo lo convirtió en el ídolo de las
pueden ser socorridos por la escuadra, y haciéndos~ fuerfuerzan en destruir las causas de todos los malos efectos,
multitudes; oira oleada lo derribó de su pedestal. La his·
tes otros en Farsa.la, donde intentan resistir el peso de
creando una situación artificial, que si no remediaría
toria recojerá esta uueva página de las iniueticias hulas fuerzas mahometanas.
dolencias de gravedad latent.es enel organismo, estorba•
manas.
ría la satisfacción de necesidades legitimas. ¿Quién no
Inmensa ha sido la resonancia de esta derrota en todoha oído proponer un fuerte impuelilto sobre las bebidas
1l'.o!i ¡¡ns11¡¡11eslos 1J el ¡¡roblema ~scal.
el territorio helénico; tel!l.pestuosa la agitación popularalcohólicas como medio de desterrar la embriaguez? A
que en ola.e turbulentas amenaza hundir la monarquía;
Durante la semana, la Cámara de Diputados se ha es·
los partidarios de este extrafl.o programa} les diríamos,
tado ocupando en el examen y aprobación de las inicia· con Musset, que no hay que confundir el vino con la inaudita la excitación de las masas, fáciles de ser arrebati vas de presupuestos para el a:tlo de 1897-98.-El resul- embriaguez. Semejante impuesto, que la práctica ha con· tadas por la tronante voz de los demagogos, dócil ine•
tado de la comparación entre las cantidades p,obables de denado en otros países, no perjudica:ría al vicioso-s1e...o.- trumento en manos de loe agitadores de oficio, materia
ingresoa y las de gastos, arroja un su.perabit de algo más pre interesado en eludir la ley-sino al que ha menes~ prima elaborable en poder de los que viven al ruido de
de quince mil pesos, suma que, en realidad, debe estimarse ter, para el cumplimiento de exigencias fisiológicas, de la asonada y al concierto áspero del motín, blanda cera
para los que pretenden usarla como medio de escalar las
como mucho más considerable, en raz;ón de la sólida ti• la materia objeto del gravá.men.
alturas del poder. Los pueblos que ayer atizaban el odio
midez con que están calculados los rendimientos de las
Como en todos los casos análogos al que sefialamos, no
al mahoIDetano, obligaban al Gobierno de .Atenas á derentas federales.
son las medidas directas y radicales las encargadas de
Continúa, pues, la nivelación en este importante ramo establecer el equilibrio; la aalud está en la adopción de clarar la guerra, constreñían al re.y Jorge á asumir enérde la Hacienda Pública, hecho económico de gran tras- un tratamiento tónico que comunique vigor al organis- gica actitud en la frontera m3.ced6nica; las maeas incono:;cientes que no ha mucho todavía levantaban arcos trinncendencia para el país. en otras épocas sometido á un de- mo. La higiene antes que la terapéutica.
fales al paso del príncipe Constantino, porque, alentado
ficiente constante, al que parecía estar condenado sin apeEsos cuatrocienlo8aeres humanos representan la ola nelación, El gran esfuerw que la República ha desarrolla· gra de una colectividad elevada á. las más alti;s funciones por su juventud y en alas de su ingente patriotisron, vodo, cooperando vigorosamente á la obra :financiera, inau- sociales. Ali(, en e&amp;e abismo de ignorancias y depresio- laba ti la cabez;a de los ejércitos que habían de dii-¡ ntar
el paso á los adoradoree de la Media Luna; las que ayer
gurada en momentos de pavorosa crisis, da una muestra nes, de vicios y apetitos, se recluta el pensamiento que
frente a1 Palacio real aclamaban al rey Jorge, cada vez
de la elasticidad de sus elemen os. Y todavía la nación la prensa metafísica se ha complacido en hacer brotar,
ha corne1uado apenas á dar las primeras muestus de su como una flor de aroma exquisito en medio de las ema• que con energia y virilidád interpretaba el sentimiento')
energía productora, aun nos falta mucho para poder pre· naciones de un pantano. Allí está vincula.do, para cier- popular; las que embriagadas con sus recuerdos histl risentarnos ante et mundo del trabajo como un mercado tos publicistas, el porvenir y la salvación de la Repúbli- cos y soñando con los lauros de Maratón y Salamiuu~
sin comprender la hostilidad de todas las potencias, sin
activo y resistent:.e de la actividad humana.
ca. Con esta brillante materia prima elaboran muchos
medir el número ni la fuerza de sus enemigos, e.e prepü·
No hace muchos ailos un aficionado á los asuntos esta- cándidos sus boletines sobre las costumbres democrálictrs!
raban á celebrar fácil victoria, ahora fe vuelven contra
dístico~, nos demostraba, midiendo el monto de la riqueSucede á. veces que uno de estos escritores, fatigado un
el
Gobierno1 maldicen al rey Jorgf", reniegan de la di•
za producida por el valor de las exportaciones, que Méxi- dfa de sus juegos de imaginación, arroja una mirada al
nastía
dejan ernuc:lar la fatíJ.ica p.ilabu de traici6n, Y
1
co ocupa un lugar muy secundario en la lista de las re- medio que lo rodea y al ver la enorme distancia que
1

" E L ltI'UNDO"
S•manulo Ilustrado.
"Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

motas eilitorhtle5.
Untt lctJ fürcio lógica.

l!Jalítica ®rneral.

•••

~~DO;;;;M;;l;;N;;G;;O~•,;:d;;•:,;M;::A;;Y;;O~d;::•,,;•892!1~=================E~L~M:;UN~;;D;;O~=======================aa..:,a::_7~

8in reconocer SUB propios errores, achacan toda la catás •
trofe á la impericia 6 mala fe de loe que dirigen la cosa
pública.
Pueblos tornadizos, cambiantes maaas, volubles muJ ..
titudes, siempre derribarán al 1dolo de un dia, y levantarán sobre el pavés á. los que halaguen sus pasiones, acari•
cien sus instintos y por cualquier medio los conduzcan á
satisfacer sus ambiciones.

•••

Y no es que veamos con indiferencia la derrota del
griego, que significa la libertad y el triunfo del turco, producto extemporáneo de una civilfaaoión caduca y enfermiza, fruto tardío de una época petrificada, indigna de la
cultura moderna; no es que nos regocijemos al ver la herida profunda que ha recibido ei helenismo en los desfiladeros de Macedonia y en las llanuras de Tesalia; no es
que dejemos de considerar el retardo que sufrirá la expansión griega 1 llamada como en otros tiempos, á llevar
el verbo encarnado de sus ideales, á toda la región en
donde brillaron sus dioses, fulminaron sus héroes y se
consagraron sus poetas y sus sacerdotes.
Duélenos ver á la que en la historia fué antorcha para
todas las tinieblas, libertad para todos los oprimidos,
consuelo para todos los que lloran, inspiración para to•
dos los artistas, onda eólica para todas las harpas, duélenos ver ii Grecia, virgen ofrecida en holocausto por la
civilización de todos los pueblos, abandonada por las na~
ciones fuertes, desamparada de los que debieron aocorrerl_a, BQJa y afligida, entregada á la crueldad de sus
señoree, expuesta á las terribles venganzas de eue antiguos tiranos, que al intentar hacer la redención de Creta,
sangre de su sangre y médula de sus huesos, se ve sacrificada, no pQr la crueldad. de Abdul-Hamid, no por el
salvajismo de los otomanos, no por la :fierez;a tradicional
de los rudos Osmaolies, sino por el miedo impío, por el
temor inconsiderado de las potencias europeas, que hablan á voz en cuello de acuerdos unánimes y conciertos
pacíficos, en tanto que el odio y el rencor y las riva1idadades corroen sus entrañas en revuelta y confusa fermentación
No se conmovieron con las lágrimas del cretense, que
:reclamaba libertad1 y emprendieron horrenda cruz;ada
anticristiana, para oponerse á. las aspiraciones de Grecia,
que intentaba romper las ca:lenas q11e por dos siglos ataron la sagrada Iala1 al carro de la barbuie muslímica;
no se eat:.1emecieron con el canto guerrero de los tesaliotas, que anhelaban vengar en sus altivos señores el
odio de cuatro centurias, y creyeron que la nación grie.
ga retrocedería espantada de su propía obra, pensan do q·1e la tierra que ha producido Leónidas y Temísto~
eles, Aristides y Filopeméo, retrocedería con pavura an •
te la posible derrota. Y dejaron hacer, y permitieron que
las hostilidades quedaran rotas y toleraron que los turcos
acuchillaran á loe soldados bisoño; del príncipe Constantino, y reservaron su intervención para el momento
en que la bandera de Edem. Pachá., flotara orgullosa so•
bre las fortalezas de Larieea.
Ha llega-lo ese momento1 y las potencias indiferentea
y crueles, cruzadas de brazos, aplazan nuevamente su in•
tervención. Ven vacilar el trono del rey Jorge, al soplo
huracanado del pueblo griego á quien excita la demagogia, y no acuden en su auxilio sus augustos primos, los
soberano3 de la tierra: ven AGrecia infeliz;, humillada y
rota, bajo la espada vencedora del turco, y no van en
ayuda de la acuitada.
¿Para cuándo guardan sus decantados favores? ¿Para
cuándo reservau sus tareas en pro de la civilización cristiana?
X. X. X.
Abril 29 de 1897.
OTRO PAGO DE$ 2,394 DE "LA MUTUA'"

ENMEXICO.

México, .Abril 27 de 1897.
Se:tlor D. Carlos Somm.er, Directer general de ,cr.a
Mutua.''-Presente.
Estimado se:tlor:
Agradecida á. Vd. por la eficacia para la consumación
del pago de la póliza número 674,014, dirijo á Vd: la presente manifestándole que hoy en presencia del Sr. Lic.
Diego Baz, Notario Público, recibí en la oficina de 1cLA
MUTuAn la eu.ma de $2,394.38 valor del Seguro que en esa
Compañía tenfa á mi favor mi esposo el Sr. David Car.
son Gaul, siendo por valor del Seguro $21 000.00 y $394.38
por premios que pagó por él y ~ue c&amp;nfonne al contrato
se me devuelven, en consecuencia el costo del seguro fué
un peso.-De Vd. afma. atta. y S. S. Jfre. All.ilne Gaul.

EN TIERRA Y.1.NKEE
NOTAS A TODO VAPOR
DESDE ARRIBA

Yo creo que el elevador1 esta caja de fierro 6 madera,
elegantísima A veces, que sube y baja. sin Ct!sar, por medio de un sencillísimo mecanismo, se inventó sólo, surgió un día del anhelo de eucaramarse por la atmósfera,
que Bintieron Nueva York, Filadelfia ó Boetoo, qué sé
yo, de la necesidad de establecer pirámides humanas en
estrechísimo recinto, caro como una acción de mina en
bonanza, de hacer inmensos alojamientos vert.i.cales1 pc,r
la imposibilidad de hacerlos horizontales, de todo esto;
pero hay que pensar que sin el elevador, todo esto habría sido imposible, y como era indispensable, el eleva•
dor nació. Y como el agua del río sube por medio de una
bomba de vapor á los más altos niveles, aei. aquel río de
gente que en wagones, y carruajes y á pie c.Jrre durante el día por las calles de la gran ciudad, se distribu ·
ye en infinitos canales vivos, que ascienden y descienden incesantemente dentro de aquellos edificios, donde
hierve el esfuerzo humano, á. lo largo de cables de acero
q1i1e por la ligerez;a, pero perenne conmoción que producen, parecen hechos con nuestros nervios. Pero así es
este pueblo; derrocha tal cantidad de fuerza nerviosa,
que si se pudiera trasmutar en eléctrica, basta.ria para
alimentar un fanal que alumbrase un cuarto del planeta.
Estas reflexiones hacía para mis adentros visitando á
algunos amigos en sua nichos del tercero, del quinto, del
octavo piso de eeas enormes casas de oficinas, building,
de la ciudad-baja. Uno de loe mozos que conducen loa
ascensores de la casa en que está nuestro consulado, sa•
be algunas palabras en m.rjicano, come' él dice¡ su voca·
bulario se compone de diez ó doce palabras, pero muy
expresivas; son desvergüenzas en eepailol muy castizo.
.A las once del día aubiamos una escalinata de fierro,
tomábamos nuestros billetes, y á Brooklyn ......... Lo que
más admiré en Nueva York fue, primero Nueva York, no
me habría cansado de verla un afio entero, siempre en·
contra.ha yo algo nuevo, y si no algo bello1 sí siempre interesante; me gustaba más aquella Nueva York de bulto,
que P11rís ó Londree ......... en estereoscopio, que es como
he visto ¡ay! áLondres y París ......... Pero Nueva York
tiene sus detalles que son maravilla.a; duodécima maravilla del mundo ( la 13; es la Torre Eiffol): ¡el puente de
Brooklyn! Pot supuesto que la tal maravilla tan cacaread.a y tan elogiada ......... lo el!I en realidad. No ea un
humbug, no es un borrego este puente. Allez y i•oir, como
dicen los galos . .Anduvimos como medio kilómetro sobre
aéreo tablero de fierro, por encima de la ciudad, antes de
llegará. la orilla del Easl-Ricer, que la separadeBrooklin;
en cada orilla se levantan sendas pilas soberbias, macizas basta la altura en que el tablero colosal del puente ee lanza sobre el río y clareadas en su eatructura :1t1perior por un doble arco ogi vo. Y es indecible la elegancia
de esta cosa enorme ( que me perdone el lector loa epitetazoe, no hay otros en mi ear,iet de viaje.) Hay una gracia de encaje metálico en la onda espléndida que traza
esta hamaca de cuatro cables de acero kilométricos, que
partiendo de otras curvas amplísimas sobre la tierra firme, atraviesan las carnizas superiores de las pilas y sos·
tienen á cuarenta metros de altura sobre el agua 1 una
mesa tramada de metal de 450 metros de largo, cuyos
bordes están unidos á. la curva por varillas de acero que
se cruzan con las que parten en abanico de las carnizas
al puente, formando una red que da fuerza, aumentando
la gracilidad aérea de la construcción.
Veinte mil personas por ahora atraviesan este fragil
paso sobre el abismo, unas en las líneas férreas, otras en
carruajes y sobre una amplia calzada los de á pie, viendo
bajo sus pies las puntas de los masteleros de los barcos
que pasan y pasan, sin lograr tocar con sus penachos de
humo el levís.imo arco de fierro trazado en su cielo.
Por las ventanas de nuestro wagon vimos iluminarse y
desvanecerse como ilusión de óptica la bahía, bordada
acá. y allá. de una movible mies de mástiles y surcada por
buques enormes de cerca, pero que parecían juguetes de
ni:tlos sobre aquella límpida plancha de cristal azulosa
que se angostaba y canalizaba lentamente para paear debajo de nosotros.
Llegamos á Brooklyn, ((una ciudad L.ermosa11 que pegada
á Nueva York no es mas que u.u. suburbio enfático de la

Empire-Oily. Por aquí corren y corren loa cochee eléctri•
coa, que en Nueva York no ha permitido el Ayuntamiento; pero nosotros tomamos una especie de wagonete que
nos condujo al cementerio, á Greenwood. Es un parque inmenso; las amplias calles suben y bajan en comodísimas
rampas en torno de camellones vestidos de una moqueta
espesa y sedosa de grama inglesa de un verde ideal. · Loe
árboles que parecían haber detenido gotas de sol en sus
frondas de oro otoñal, sombreaban aquellos montículos
que convidaban no á. dormir, ni siquiera á dormir el líltimo sueño, sino Asentarse sobre ellos con una cesta repleta de provisiones al lado. ¡Diantre! .Así es la vida:

en verso todo empieza; todo acaba en prosa
aquello era melancólico, monótono, delicioso como el
c&lt;l'ementtrio de .Jldea,, de Gray:
Bajo de aquellos álamos nudosos,
del tejo melancólico á la sombra
donde se alza en mogotes numerosos
el césped verde en desigual alfombra.
(Tradlltria.)
y sin embargo: ¡ay! de m!, no me quitaba el hambre. Ni
había por qué; el ce:firillo era glacial, el paseo largo, la
muerte es larga, ea muy larga¡ un poeta latino de la decadencia, es decir, de la edad en que las razas sanas empiezan á volverse histéricas, B:1lbino Dávalos, lo debe de
haber dicho: mo-rs longa, i-iltt bret•is. No, ni había porque perder el apetito ahí; ab( la naturalez;a es solemne,
pero la muerte es industrial. Torrecillas góticas, sepulcros ingeniosos, &lt;,stentosos algunos, sin gusto todos; aquí
está. el sepulcro del inventor H., del filántropo R, del
General M., del fabricante de pianos Steinway, del in·
ventor de la 11oda·water. Pues bien ¡cómo perder el apetito, á. fuerza de tristeza, delante de la tumba singular del
inventor del agua gaseosa! Dejé1 pues, aquel magnífico
jardín, suspirando por un buen roast-beef y una taza de
leche. Logramos satisfacer nuestro irreverente deseo y
volvimos á pie por el puente. Dejábamos la muerte atrás,
esta es la vida; los hombres desa¡,&gt;arecen, pero el hombre
no, el hombre es eterno-eterno en términos hábiles, co·
mo dicen los abogados, una eternidad de un par de millones de años, una eternidad de bolsillo; pero ti esa eternidad acomoda sus obras. Esta es una de ellas.
Nos comprime el panorama; á nuestra derecha el río ó
el brazo de mar que baña por el Este la isla de }fanbattan1 corre y se pierde, literalment:.e cuajado de embarcaciones, de todas las formas, de todos l0e tamailos; navíos de e, uerra que paean debajo de nosotros, chatos, con
sus torres de fierro por donde asoma la trompa siniestra
del caftón monstruo, sus marinos y oficiales muy tiesos
y muy indiferentes, cada uno en su puesto, como solda•
dos de plomo de un metro de alto, rumbo al arsenal de
Brooklyn; navíos mercante!:! donde todo es movimiento
y ruido, y mil otros en perpetuo vaivén; todo se ve muy
claro desde arriba, no se pierde detalle y se abarca el
conjunto, sin embargo, y esta es una diversión superior.
Ahora, si se separa la vista del Eaet•river, encerrado en
un doble cantil formado de erlificios monumentales de
Brooklyn y Nueva York y se dirige al otro bdo del puen•
te, á la bahía, grande como un golfo, vivient:.e como una
ciudad flotante, sembrada de islas, y unida en el horizonte con el Oceano y desvanecida en el espacio, entonces ...... Aquí tienen UBtedes un espectácul'l que no cam•
biaría yo por todos loa lanches del mundo; pensaba esto
con toda sinceridad; ¿sería porque ya había lanchado?
Puede ser; lo que quiere decir que ya no soy poeta.

•••

Sería curioso que me metiese ahora en la empresa de
describir el Post-office; la casa de Correos de México, no
se le parece.-Ni la fachada de vieja casaespaiiola, remo•
zada por nuestro estilo arquitectónico oficial, que es banali.simo, como diría yo si no perteneciera a la Academia,
tiene puntos de comparación con esta fachada suntuosa
y fría, terminada por mansarda.s ó buhardillas como las
del Louvre ó de Versalles; ni el patio en que se recibe al
público en México, en derredor de casilleros de poca importancia, puede dar idea de esta amplísima nave, techada de cristal, sostenida por altísimaE columnas de estilo
noble, rodeada por altísimas galerías de fierro 1 mucho
mejor ilumidada por la electricidad que por el sol las calles de la ciudad y en donde las meeas y los escaparates
forman como un plano en relieve de edificios de madera
y callea y plazas por donde discurren centenares de per
sonas ..... .

�DOMINGO a DE M~YO DL olgJ

EL MUNDO

¡Y por qué habíamos detener aquí una casa de correos,
si no la hemos hecho! Si aquí ha sido necesario apropiar
loa macizos edificios coloniales, todos de estilo con ven•
tual y adecuados para.la vida interior de silencio y recogimiento, á. la vida moderna que es toda exteri~r, toda
actividad, toda fiebre ...... Eeo llegará y espero que lle•
gará mejor; entretanto no nos conformemos con lo que
tenemos, no, go a heud.

•••

¿Y aqudla cúpula de cobre que ee me incruet6 como
un clavo en el cerebro cuando divisé á N. York por primera vez en esta supuesta isla.de Manhattan, que en realidad no es más que una lengu1. de roca arenosa, erizados de docks los bordes como la defenea de un peje-sierra?
Aquí está, sobre una de estas torres anguloeas en que
vive esta gente, rn frenética vida de negocios y que noes
posible llamar casas; son los templos del business. Arriba
puee; pagamos uags cuantoscen'tavos, entramos en nuestra jaula ...... Sólo el tiro de una mina puede dar idea de
€Stas pozos, por donde vuelan loa ascensores ...... Llegamos, subimos una escalerilla de hierro y henos aquí
instalados en una ventanilla de la cúpula.
Ya sabía yo que así t:-ra N. York; no había cesado de
Dgarármela así y ¡qué sorpresa! Cómo dar idea de este
apeñuzcamiento de edificios aquí abajo de nosotros, que
un poco más allá se calma, se serena, se regulariza y se
escapa en macizos regulares de casas rojas, iojizas 6 enrojecidas, que no dejan de ser grises sin embargo, y se
va, se va por la estrecha isla y se pierde en nuestros horizontes en un salpicamiento de manchas verdosas de
árbolee, por entre giro nea de nubes de carbón de piedra.
Desde esta altura se ve á nuestra derecha la línea de
BrookJyn y el puente en un eEcorzc,maravilloso; por entre los ángulos de las casas se ven cruzar las velas, las
chimeneas, los árboles desnudos de los barcos; aquí abajo se distinguen loa ramales de fiierro del ele1:ado sobre
el cual arrastran sus enormes' eslabones los trenes, que
pasan y pasan, tragando y vomitando gente en las estaciones. Más abajo los coches funiculares surcan ríos de
viandantes y de carruajes que forman gruesos Pudoa vivos en las boca calles, que se disuelven y se forman instantáneamente. Broadway, como una serpiente negra de
multitud, corta al sesgo las otras corrientes y casas y calles
y avenidas y plazas y se pierde qµién sabe dónde. Aquí no
surgen los campanarios, como en nuestras ciudades, una
que otra aguja gótica, que nunca se sabe si ea de una
iglesia ú oficina pública, ó colegio ó compañía de seguros; las que descuellan como torres son las casas altas,
las de quince ó veinte ó veinticinco pisos, como esta azulosa y aun no rematada que vemos aquí á un lado. Los
penachos de humo espesos cerca y tenues y blancos á
medida que se alejan y que se escapan de todas las chimeneae, dan á todo esto cierto aspecto de inmensa ~staoión de carros fúnebres, inmóviles bajo sus plumerós
ondeando en una sola dirección.
Corrimos á otra ventana. Oh! el agua, el agua, las tendidas, las interminables planicies de agua, este es el panorama supremo, este es el espectáculo que nnnca sacia,
que hipnotiza, pero que no cansa, que absorve la mirada
primero, y el pensamiento luego, y la emoción después y
lo deja á uno sin conciencia como el fragmento de madeil'B que flota á merced de las olas ...... Cada contemplación
del mar es un naufragio, ea un desvanecimiento infinitamante voluptuoso en el no ser, el nirvana de los budistas
aquí estli, de aquí brotó la imagen que se tornó en idea,
que se volvió sistema en el cerebro de los filósofos ascetas de la India ........... .
La bahía se ve desie aquí admirablemente recostada
en la luz de esta tarde clara; está gris como el cielo, pa·
rece formada de cielo líquido; las islas cargadas de edi·
ti.cioa y espinadas de mástiles la pueblan sin disminuirla; todos loe monstruos que surcaban el oceano en los
tiempos terciarios han vuelto á la superficie en forma de
navíos, de ferrys, qué sé yo, en todas formas; pero rígidos en sus inarticulados carapachos de fierro, con sus
caudas rotatorias ó sus formidables aletas que transforman las olas en lúminas explosiones de diamantes y topacios ...... .. . Allá enfrente, ea una isleta, se ve una figura que parece la vigilante pastora de estos mostruoa marinos¡ la libertad de Bertholdy. ((Nos queda un segmento
-de tarde y de luz: vamos a1lá.n

•*•

En el vaporcillo que tomam!)sparair á Bedloes-Island,
-en donde alza la estatua de la libertad su antorcha que

ilumina al mundo, nos divertimos bastante: una murga
más 6 menos húngara, tocaba vahes y polkas sin tomar
resuello, más que para enviar al primer violín de la orquesta á recoger los medios dolara de los pasajeros, y una.
parvada de muchachas que parecía escapada de un colegio del Sagrado ~Corazón protestante, bailaba incansa·
ble, sin mamá ni tía que la vigilase, y cuidada sólo por
el pabellón de las eBtrellas que estampa sus barras rojas
en el rostro del que insulta á una mujer y por los grandes ojos de bronce de la Libertad que va viniendo colosal
y rigida hacia nosotros.
Mis lectores saben de memoria la estátua de la libertad, regalada por la República Francesa á la Norte-Americana; se la encuentra reproducida en si mili· bronce, en
aluminio ó nikel en todas las tiendas de baratijas exóti_
cas. El original es aterrador; quii!iro decir que la primera impresión que en mí produjo, fué el terror, exactamente igual á la que reciente un niño frente á un toro.
Esta seneación es fugaz: acercándose al pedestal, que es
una torre, la impresión se desvanece casi · por un detalle
que la dispersa y la disuelve; aquel coloso está hecho ( á
la vista, naturalmente) de pequeñas placas clavadas artíeticawente¡ muy dificil es que se Iunda toda aquella
multitud de fragmemos en una sola figura. Cuandu es•
ta reaparece á nuestro&amp; ojos, ya es más serena la imágen.
Es de una serenidad sublime; toda la estatua viene de Grecia; parece sal-ida del Taller de Scopas. El busto recuerda á la Juno-Ludovisi, la diad~ma de rayos y la clámide
y el epomis son apolíneos; la escuhura helénica es una
fuente de eterna juventud; el artista necesita no copiarla,
sino dejarse sugestionar iofinitamente por ella; así Bartholdy. Y era natural, la libertad, la política, la civil, ea
uoa invención helénica, mejor dicho, es un producto del
intelecto de los helenos, como la ciudad, como la civili•
zación; mejor dicho, es la civilización misma; esta libertad iluminando al mundo, ea el geroglífico gigantesco de
la civilización humana.
Precedidos por nuestras intrepidaa compañeras de viaje subimos la escalera altísima del pedestal; luego ví la
estrecha espiral de fierro que por dentro de la estatua
misma sube á la diadema y á la antorcha, y teniendo en
cuenta mi volumen, vacilé y me quedé; mis compañeros,
fuerte y ágil el uno y delgado como una fibra de ramié
el otro, treparon en pos de las mises. Yo pude á misanchas ver ( no me caneaba de ello nunca) la esplendida
bahía de Nueva-York.
La ciudad enfrente derramada en tropel en larguísima
isla; á mi izquierda el Hudson á donde, entre un centenar de embarcaciones, penetraba un magnifico paqu.ete
rojo y negro de la Trae:atlántica francesa; en la otra orilla
del Hudson, N. Jersey, una reducción en ladrillo y fierro de la gran ciudad; del otro lado de esta, aquí cerca de
nosotros, la isla del gobernador cubierta de pesadas construcciones; más allá el diluvio de cafi!as de Brooklin, sobre el Eastriver, como trazado en gris con la punta de
un pincel mojado en tinta de China; el puente de Brooklyn, entre cuya onda inmensa pasaba silbante y hermoso un tren de vapor; deliciosamente dulce el paisaje hacia aquel lado, una acuarela á dos tintas que habría sido
firmada por un maestro holandés-Del balcón opuesto
se veía la boca del estrecho ( los Narran.s) que comunica
la bahía interior con la exterior que se pierde en el Atlántico. Una iela cuya separación de la tierra firme no se
advierte (Staten--Island) recorta nuestro horizonte con su
costa parda sembrada de poblacioncillas d0 recreo. El
cielo estaba pintado con una sola tinta pizarrosa que se
degradaba hasta el lila tierno en un amplio arco del Sudeste y parecía reflejar un oculto crisol de oro en fusión,
allá donde el Hudson vierte en la Bahía su lenta corriente de ametista.
Vimos concienzudamente Ja estatua haciendo estaciones en los ángulos de la esplanada en que descansa el se. vero pedestal. A está distancia, por el frente, tiene la Libertad un aspecto augusto, pero parece demasiado robusta y !38 ve corta por maciza. Del lado del brazo que erige
la antorcha, un poco atrás, el ángulo de vieta es admira•
ble; se ve todo el desenvolvimiento de la figura, lanzada,
como un unísono cantado por un pueblo 6 por un oceano,
hacia lo alto, en un gloria, in excelsis de bronce y de vida.
,Es inexpresable, vifrt;g desd~ aquí, el movimiento que,
transformando la fuerza en gracia y harmonía, recorre la
estatua de linea en linea, ondulando desde el pie echado
hacia atrás, por los pliegues de la túnica, hasta el gálibo
divino del rostro, y el perfil del brazo hasta el balcón y

la flama inmóbil de la antorcha. Sentimos el golpe en
plena alma, nuestras miradas quedaron como cris~lizadas al contacto de la mujer de bronce y lasaogre se agolpó á nuestro corazón.
Junto del pedestal hay un bar, en donde sirve á 103
turistas cerveza 6 soda un enorme mocetón que por la
estatura y la hermosura, parece hijo de la estatua. Caía
la tarde cuando navegamos de vuelta á la ciudad¡ la misma música, las mismas muchachas bailadoras, las mis•
maaJbaratijas,'.reproduccioncilla de la estatua (estallo, ca...
bre, cristal etc.) Pero música y baile y comercio todo
quedó repentinamente en suspenso¡ los pasajeros éramos
todo ojos; ¿cómo evitar un choque antes de llegará
nuestro desembarcadero? Sobre 1351 olas color de violeta
formaban una verdadera malla de espuma las estelas de
treinta ó cuarenta barcos que surcaban en todas direcciones. Con una precisión admirable pasamos tocando la
hélice de un navío inglés y sintiendo á la espalda el vaho
de hulla quemada de un ferry que con sus faroles encendidos parecía flotante pirámide de luz.
Sentados en una banca de fierro del Square que borda
la Batería, pegamos nuestro oído al salmo melancólico
de nuestro espíritu; ¡oh! libertad, reina aqu( sobre inconmovible asiento, allá.ideal muy puro, sí, puro ideal.
¿Qué eree, por qué no nos conformamos con vivir sin tí,
con ser dichosos sin ti? ¿Porqué para apellidarte apuramos
los vocablos de admiración y amor de nuestro idioma?
¿Por qué te llamamos augusta, y santa y trde vecea santa y más aún, te llamamos madre? ¿)!{adre de qué eres
tú? Madre de violencias, de tumultos, de manos armadas, de multitudes ebrias, de sociedades histéricas, de
puebks que se bambolean y se desmoronan, eso eres en
la historia! ¡Oh! manía incurable de nuestro corazón.
Pero si no esperásemos en tí, no creeríamos en la vida
moral, nos sabría á ceniza el placer más noble; se apagaría como una llama en el fanal neumático, nuestra fe en
el porvenir. ¿Te veremos los hombrea de mi generacióR
aunque Eea Eentada al borde de nuestra tumba? ¡Te be•
moa llamado, te hemos amado tanto! ...... Mi generación
creyó entreveer nn día tu aurora política! Fuéuna visión
juvenil? No importa¡ moriremos gritando como el Ber•
lichingen de Goethe: Aire celeste......... libertad, li·
bertad!
En la impenetrable tiniebla1 rodeada de una corona de
diamant.es eléctricos, la antorcha de la estatua constelaba
la noche.
Juato Sierra.

Abril 29 de 97.
Lajamáica efectuada en Mlxcoac el domingo último.

Loe organizadores de esta fiesta de la hermosura y de
las flores, deben estar satisfechos. El espectáculo que la
tarde del domingo último ofrecía la plaza de San Juan
de Mixcoac, era delicioso. Llegaban los trenes henchidos
de gente, y la concurrencia, formada en eu mayoría de
guapas Eeñoritas, desparramábaee gárrula y feliz por laa
enarenadas callea flanqueadas por puestos moníaimoe, dignos de una acuarela de mano maestra.
Deecollaban entre éstos una taberna alemana que el
Sr. Ingeniero D. Salvador Echegaray hizo con6truircon
una propiedad absoluta, que hace completa la ilusión
de UD paEeo por el alto Rbin; un kiosko japonés de elegantísima forma, debido á la incansablefantaaia del mismo caballero; el primoroso puesto de flores. el de café Y
el de dulces. El primero y el segundo de los menciona·
dos, obtuvieron, si no nos equivocamos, primeros pre·
mios, otorgados por un jurado, en el q'liepeeaba la autorizada y culta opinión del Sr. Gobernaáor del Distrito.
Aqilel espectáculo de animación indescriptible, prolon. góee hasta entrada la noche, y dejará sin duda IÍ loe organizadorEs y á los que asietieron UD recuerdo.
Constantemente leemos en los periódicos: nEl crimen
era indudable, pero gracias á la elocuencia del abogado
'lal, el reo fué declarado inocente.u Si es verdad que un
defensor puede ejercer tanta influencia, es necesario au1primir á los tribunales 6 á· los abogado's.
ALFONSO .KAÍIB.

•

•••

Las cosas pasadas tienen sus espectros como loe hombres muertos.
P. FEvAL.

¿De quién será?

�DOMINGO

EL MUNDO

•go
UNA CONFESION

2

OOIIINGO

DAMAS DISTINGUIDAS

(Traduccién para "El Mundo."

I
El abate Cheminat estaba Eent::ido en en
confetionario detde h~cia yadoshoras, y l'I
digno Eacerdo~ Bt sentía muy caneado de
haber escuchado la larga serie de mezquinas
faltas y de pecadillos, á menudo imagim1,~
rios. que peea11 en la conciencia de las jórn·
nea y viejas devotas de un cura de provincia.
Este era conocido por su profunda y paterm l
indulgencia, por sn paciencia en eecucbar
los interminables detalles de escrúpulos, así
como por su 1::levada virtud, desue1te que sn
piado!:a clientel!I se bacía cada año mas nu
merosa, más exigente, en tanto que él ¡ay!
no se rejuvt!necía. Era un hombre como d"'
uuoa cit1cnenta años, que nunca había eidu
muy robusto y que una existencia llena de
ansterida'ies, en un clima demasiado duro,
había gastado prematuramente. En aque; a
noche de fines del mes de Febrero, se estre•
mecía de frío en el fondo de aquella capilla
d&amp; l(IS Mínimos que todos los habitan~ s
de Clermont Ferrand conocían muy bien y
que alza su fachada gris en el ángulo dé
aquella espaciosa y melancólica plaza de Jau•
dt&gt;, en la que se puede ver, la mitad del año,
la cimR del Pny-de•Dome, blanca de nieve.
Por fin se encontraba solo. Cinco minutos
más y subiría á la habitación que h-i ser.vía
de presbiterio; allí se caldearía al calor de la
chimenea, en su biblioteca, y proseguiría en
largo trabajo sobre la historia del clero de
Auvernia, al que pensaba consagrar su ancia•
1 idad, una vez retirado en la más pacífica canongía que le prometía Monseñor en una época cercana.
~in embargo, por apremiado que se encontrase por instalarse en su buen sillón y fren ·
te á sus legajos, como confesaba hasta las
cinco de la tarde y no había dado aun la primera campanada, permanecía en su puesto
como un centinela, escuchando con delicia
el eilenc:o de tumba interrumpido por alguna silla que se movía y que llenaba el santnaric•. EEte silencio era la mPjor prueba de
qu~ nadie wuía ya necesidad de su ministerio y que podia separarse. Así á. peEar~de
bU habitual dominio sobre sl uiis1no, no pu·
do reptitnir un movitoh•ntu de mal humor
ruand&lt;', con esa finura de oido de un sacerSri ta.Juana Torres Rlvas. - ( De joto;,raj'ta Vallelo y Comp.)
dote que conoce los ruiJosde su igleeia como
una ama de caea los rnirtos de en bogar, oyó
la puerta de emrada abrirse y unos pasos rápidos aproxi• incapaz de soportar el fardo de dolor que sobre ella pe
maree y luego detennae ante el confesionario. Algmen saba, y un sollozo la conmo\'"ió en tod!-' su sér, ~ient.121s
se arrodilló y tocó suavemente en la rejilla, detrás de la repetia aquel Ab ! desef!perado, afiad1endo: u¡ D108 mio,
cual una tabla movible formaba una especie de tabique.
tened piedad de mí! ..... ·"
.
.
. .
Aunque el abate Cheminat hub1eEe e1empre eJerc1do su
En Ja nerviosidad á la vez tímida y presurosa dtt e~te
acto, crmo en el roce de telas de que fnéacompañada, el ministerio en un medio en que Las falta.a rnn de un orden
;,bate Obeminat adivinó á una mujer. Imagin6 qne eHla- muy mediocre, había eecuchado mnc~as veces extrailas
confidencias. El alma huma.na removida en sus profunba obligado á. escuchar una vez más todo un largo relato
de faltas veniales, de peque.O.as mentiras, de cóltarad, tle didades, hace oir siempre tl mismo eco sini~st ro de lointemperancias, narraci6n como las que le baciJ.n pur cura y de desgracia auu entre las más deprimentes po·
ceJJteoares y que le obligaban á asistir imaginativam ubrezas! Y después ~¡ Eacerdote se parece al médico, ~ote á tantas inocentes y medianas existencias. D,jose que davía en este particular: no admírarse nunca de cualquier
esta última devota hubieEe podido muy bien esperar has- anomalía que para otro sería monstru?ea.
ta el día siguiente. Después, echándose en cara inmediaSin embargo, el viejo confesor quedo espant.ado ~nte la
tamente esta contrariedad poco caritativa, hizo una ora· aberración moral que revelaban las palabras de la.JOV~~·
ción mental y abrió la hoja del confesionario.
¿Cómo, aquella desgraciada criatura cuya. respm1c1,_,u
En medio de la sombra que se espeeaba, reconoció en la anhelante manifestaba su agonía, podía unu ta.nt.a vie•
silueta de la mujer arrodillada ante él, una joven, y en su
dad á tanto extravío: creer en el perdón de Dws, bui:!mirada que brillaba á través de un doble velo, que se en• carlo, implorarlo. y al mismo tiempo hablar ~e ~n crírmm
contraba presa de la más dolorosa agitación. Desde aquel
y de un suicidio? porque e.ilto era lo que significaba su
momento, la contrariedad de Cheminat dió lugar á uaa conft:eión: quena cometer un crimen y matarse en se•
idea del todo profesional. Sucede con el verdadero sacer• guida.
dote,-y él era uno de ellos,-como con el verdadero mé¿Pero cuál crimen?
•
La primera idra del sacerdote fue que se trataba de un
dico:
drama
Je
celos.
La
jo
veo
había
1-1ido
eng~flada.
Por
quién?
Uno y otro ante un enfermo de cuerpo ó de alma, nu•
Por uu marido? .Por un amante? Que importaba! Ha.tlJa
lifican en ellos todo lo que e3tá fuera de sus funciones
sido engañada y se preparaba á. veugar~e. En esta~ crisis
profeeionalei:i.
El viejo cura h"bía escuchadn en su viJa millares de agudas de la pasión, el único remedlO es ganar tiempo.
confesiones. Aquel mismo día había oído más de diez! ~l sacerdote no lo ignoraba, ne( fué .que comenzó á. res.
Peru cuando inclinó su cabeza gris para no perder una vonderla con la más pent:trante unción: .
-Hija mía. lo que uHted me pide, es 1mpos1ble. Ya
palabra de lo que ib.\ ú decirle la penitente, dt&gt;j6 ver á
través de la rejilla un perfil tau profundamente piadoso sabe uet.ed bien, que la sola idea U.e una falta es ya la
y atento, como si la recier llegada hubiese sido la prime- ta cuando esta idea ha sido aceptada, usted lo sabe bien
p~esto que dice que es crístiana. S~ la. misencordla de Dios
ra que Ee arrodill9.ra ante él:
significa exigir nuestro arrepent1m1en1? y volver sob1:9
El aspecto ascétic'&gt; de este rostro, 1mrcado1de arrugas y
nuestros pasos ...... ... la idea qne ha temdo ~d. de vemr
qne ilumiaab.i.n do~ pupilas nt&gt;gra::1 de una cándida seve·
á este tribunal es una gracia, una gran gra'?rn. No la de·
nJad,-si se pueden unir esta'i J.os palabras,-hicieron
que el corazón de la joven latiese apreturadamentf'. ¿De je e1:capar. Arrepiéntase de haber pr~med1ta~o un~ ac·
et'peranza ó de amo,? Qnien sabe. ~u respiración se hizo ción que Ud. misma califica de crimrna.l. De gracias ~l
nüs corta y recitó la oraci0o: 11.\fo ~onfie.m á. Dios ......... " Señor unicamente por haberla p10med1tado, renunc1t::
Ud. á ella de toda voluntad, con tc:,do corazón, y diga
II
conmigo: No nos induzcais en tentac10~es_. ....... ...... .
Vió que movía la cabeza con un movumento de rebel-Padre mío-principió con voz casi convulieiva, des- día, y con uo acento en que ya vibraba una voluntad inpnés de que el sacerdote dirigió algunas preguntas á las domable, respondió:
.
..
c-uales apenas respondió. -&amp;curro á ueted en una hora
No padre mío es inútil.. ....... m1 resoluc10n está toma•
t,.. nible de mi exit:tencia ......... E~toy en vísperas de co- da, baré lo que tengo resuelto y moriré dt"spués, moriré
uu::ler un crímf'-n, al que no sobreviviré ......... }fome pre- condenada. Y repitió: ¡Condenada! ¡Condenada!.: ........ .
gunte Ut:!t,ed q11é crimen. No se lo diria. Pero lo comete-Vuelv~ Ud. mai\ana, dijo el sacerdote, á qt?1en esta
rá. Debo cometerlo,-añadió insistiendo sobre ef!ta pala• exaltación asustó todavía más, consult.aré con nns supe
bra: Debo.-Y á peear de esto, padre mío, no soy mala,
riores eclesilisticoP, continuó prudente~~ote, y tal vez ...._.
ya lo veis; aun tengo fe. Vengoá suplicará usted que me
-¿Y si no puedo volver? lnterrulllplO la Ju veo. ¿Y 111
conceda de antemano la absolución de lo que voy á ha· maílana ya sucedió la deEZgracia? ...... .Me he arrastrado
l·er, para qne no muera en pecado mortal.. ... .... Ya com- hasta aquí esta tarde, merCE&gt;d á un úl.tuno esfue;zo, papreudo que este paso parecerá á usted insensato, porque sé r .1, no cometer esta acción horrorosa em haber Bido per4.uees un crimen, porque loconfies1. No lo cometa u:,ted, donada de ántemano. No, prosiguió casi desfallecida, no
- f ü mted á. decirme ....... .. Si pudiese referirle todo, patengo 1:alvación Dios me rechaza como los demás ........ .
dre mio, mediría usted mi miseria, la compadecería, y
¡en dom.le enco~traré un apoye,! ¡Córn~ sufro!. ....._.... .
sabría que esto es inevitable ........ .
El :tbate Cneminat permaneció unos instantes e1lenc10¡Ah! suspiró, apoyando eu frente contra la rejilla, como E'O. :\[iraba de nuevo á la extraña devo~a1 tratan..10 de

;a,1.

....

DE. MAYO DE: 1197

sorprender alguna señal de lo que ahora sos
pechaba. La descomposición de las facciones
de la penitente, no se debía únicamente á
su emoción. Vi6 en ella esa mirad.a amiosa.
y contraida que la maternidad pone en lasmu1ereF. El chal que1envolvía á la deEconocida se había entreabierto en el abandono
de eu último movimiento, y apareció muy
clara la deformación del talle. La juventud
de la desgraciada, la pobreza decente de su
vestido, lo espeso de su velo, la hora elegida
para desfü;arse á la igle~ia, todo revelaba
que la verdadera causa de su anguetia era,
no los celoe, como el confesor había creído
en un principio, sino la vergüenza de una.
muchacha en visperas de ser madI"t".
El sacerdote al hacer este descubrimiPntn,
fué presa de una angustia horrible. Toda la
responsabilidad del sacerdocio se conmovió
en él. Tuvo una intuicion ó más bien la evi·
dencia de que si trataba de saber más, el vio•
lento sobresalto de la vergüenza precipitaría á. esta criatura enferma del alma más que
del cuerpo, á alguna determinación inmediata. Al misma tiempo, la idea de la tleci •
sión audaz, casi herética, que era necesario
tomar1 lo hacía temblar de los pies á la ca•
beza.
Pero este sencillo y noble cura de provincia era un hombre de fe profunda, uno de
esos creyentes á cuyos labios sube expon•
tnneamente, en las grandes pruebas, la sn•
plica suprema: cdn. maaus toas, DominP,
commendo spiritum meum.)i Elevó su alma
Á. Dios1 con todo el ardor de que era capáz,
para obtener una luz, una inspiración que .le
permitiese descubrir la palabra bienhechora
-parae8ta alma desolada, que impidiese el doblfl crimen que esta suprema desPsperación
ha~ia resuelto. Le pareció que un rnplo de
gracia de lo alto había en efecto conducido
a él aquella joven. En el rápido y terrible
resplandor de esta meditación, comprendió
que el amor á la vida y la esperanza no ha·
bían sido arrancadas del todo de aquel corazón. La joven madre amaba aun la vida,
puesto que no se hab1a matado á los prime·
ros síntomas de en maternidad, y amaba ya
á la criatura puesto que no había intent,ado
matarla en su Feno. El sacerdote oró de nuevo con un fervor que redoblaba eusescrúpu•
loe., y con voz tierna y eevera dijo:
-Voy á pedirá Dios, bija mía, que le per•
done de antemano lo que va á. hacer ..... .
Unicamente pongo una condición irrevo•
cable.
-¿Cuál, padre mío?
-Antes de matarlo, déle usted de mamar.
Y como si tuviera miedo de sus propias palabras, murmuró más bien que recitó, la fórmula de absolución: uln
nomine ...... )) y 13u vieja mano t.emblorosa volvió á. cerrar
la hoja del confesionario.

III
La desconocida permanecía allí incapaz de moverse; tt
t.al grado la había aterrado la perspicacia del sacerdote.
Lo oyó salir de su confesionario y se extremeció de te•
rror ante la idea de que iba á detenerla, á. esperarla, á
hablarla. Pero no: se alejó del lado de la sacristía.
Díjose que acaso regresaría dentro de algunos ID.inutoe,
ili:&gt;spués de que hubiese tenido tiempo de quitare-e su&amp;
habitas. La idea de cruzarse en la sombra de los pilares
con este hombre que conocía su secreto, la dió fuerza pa•
ra levantarde.
Antes de matarlo, había dicho el confesor, udéle usted
de mamar,n y el pobre niño, que todavía no había nacido, habíase removido en el seno de la infanticida, como
Ai él también comprendiese lo terrible de esta reeo•
lución.
·
Tuvo la energía de llegará la puerta, apoyá.ndOEe t'n
las paredes, de llamar en la calle á un carruaje vacio,
uaa de eeas malas berlinas montadas sobre ruedas y de
vidrios plegadizos, que sirven de vehículos en el centro
de la Francia. Subió; las ruedas sacudidas sobre el pavimento impregnado de guijarros puntiagudoe, fueron pa•
ra ella un dolor físico, hasta hacerla grit.ar. No encontr6
algún bienestar, si tal nombre puede aplicarsele á. tal
miseria, sino una vez acostada fn el lecho de la pobre recámara de un hotel de última categoría en que se había
refugiado, cinco semanas antes, cuando había sido ya
imposible ocnltar su estado.
La luz que encendió iluminaba con una claridad movediza el papel manchado de las paredes, loe mueble~
de caoba usados, en otro tiempo rojos¡ Ja alfombra rapada que apenas cubría los ladrillos del piso. Este rincón
de angustia y de pobreza, era, sin embargo, un abrigo.
Tiritando sedeslizóJulieta (Pee era su nombre) entre las
telas de algodón usadas y bajo las delgadas colchas, SO•
bre lae cuales arrojósus vestidos para aumentar el abrigo.
Afuera los transeuntes caminaban, escucbábanse voces y risas: era la hora de la cena en la mesa del restaurant; alguien trató de penetrar en la pieza: era un boro•
breque se engañaba de puerta, y qne lanzó un juramento
al reconocer el número. La enferma tembló, al imaginar
que el cerrojo no fuera tal vez suficiente, y se leVf\ntó
para arrastrar su maleta sobre la puerta. Volvióse á acvitar casi helada, y se echó á llorar silenciosamente.
La calentura había hecho presa en ella, sus itleas iban .,·
venían en su cerebro y sus venas palpitaban al extrem ~
de creer que su cabeza iba á estallar. Uno pc&gt;r nno sur
gieron en su memoria sobre•excitada, los P¡.,isodios de l!'
fatal aventura que la había conducido á. aquell,i hora 81niestra. Como los moribundos rec-11erdt1n i,n existencia
entera desplegada ante ellos, recordó rn i11fanci.~ en Paríe, en el último piso de una triste ca •a de la cal'.e de

2

DE MAYO DE 1807

EL MUNDO

Santiago, cerca del Liceo de «Luis el GranDAMAS DISTINGUIDAS
de,i, en donde su padre era profesor.
Eran cuatro hijos que vivían del pequeflo
eneldo de aqellaclase. ¡Cuánta angustia! Ha•
cer el pal)t'l de una sefiorita, cuando eu aote
t-ra wem-'r que la de la hija de un arrenda·
dor, que una sana y robusta car:npeüna que
nu ha recibido inetrucción, que.no ha aprendido el piauo, ni la historia, ni los idiomas;
pero que tampoco ha tenido sueños imposibles y peligrosos; luegoJulieta volvió á ver
la muerte de eu madre y euceeivamente, la
dt- su be~wano menor, su hermano segundo,
y por últ1wo, su padre ...... A dónde dirigir·
set Ya no había casa, y por t-Oda eu fC'Ituna
poseía un tlt;ulo de institutriz.
Con la protección de uno de loe colegas del
muerto1 había entrado como aya en la casa.
de una faooilia rica ...... ¿Cómo se dejó sedu
cu por el joven B..\Tón de Querne, una de las
'Visitas de la casa? ¿Lo sabía eUa acaso? En
uua atruóefera de lujo flotan siempre los gérIllt"nes de las más funestas tentaciones. No
obstaIJte la benevolencia de aquella familia
¡cu.í..utas humillaciones babíasufrido, que la
habían hecho mala! ¡Que involuntaria é
irn sistible oleada de perversos sent.imientoe
se había formado enelhs. sólo á la aproxima•
ción &lt;le las jovenes de su edad, que, al venir de visit•a, rnbían muchas veceH á su pieza de estudio, en el último piso, para abrazar 1i sus pequeñas alumnas. Reepirarel perfn11oe de sua tocados, adivinar su libre y
hermosa vida de placer, d.! fautasía, y en algu11ae de ellas, loe 11mores eecn:tos, 11:1. ulcerabtiu el cora.zón.
Luego, cuando en el salón á donde bajaba
pol· las noches, el eefíor de Querne había
comenzado á fijar su atención en ella. ¿Dón d,· hubiera encontrado la fuerza necesaria
ptira contrarrestar esta seduccióu, c~mo ella
l1ubiera debido? Eete cortejo adulaba su
amor propio; era amada como una de estas
1.1Jnjeres demasiado envidiadas, por un joven
cuyas conquistas conocía. Creyó ser amada,
ckyó en este hombre que sin embargo nuaP.!l. le habla hablado de casarse con ella, y un
J.:a, de debilidad en debilidad, de concesión
t:"nconcesión, se había convertido ensu amante. Dos meses de embriaguez, de alegría profunda, insensata, únicamenta para ella; si él
la hubiese querido, aun cuando no hubieEe
1,ido má." que una hora 1 no hubiera tenido
la crueldad de abandonarla súbitamente, in.
1i I iéndole este ultraje tan atroz como impla&lt;·able: No te quiero, no es culpa mía. ¡AO,
Sr;ta. Leonor Torres Rivas . (Dejol.OfJTafui VaUeto y~}.
qué fraael ¿Y c6mo esta boca qne le había
hecho tan:ardorosoe juramentos, había podido pronun- ciente del día la miró ......... Era una niñ.a. La inocente
ciarla?
criatura movía sus piernecitae, ple¡!aba su3 párpados,
Las imágenes se hacían más claras, más terribles. Jtt- 11bría sus labios. Repentinamente Julieta escuchó en
lieta se volvía á ver en la época en que la terrible pers- i 1naginación la voz del sacerdote: 11Antes de matarlo dele
pectiva se había de~ubierto, y luego impuesto á su espí- m1ted de mamaJ'l) .......... Y docilment-e, casi servilmente,
ritu: ¡era madre!
apartó su camisa, descubrió su delgr.do seno y lo aplicó
En su espanto, no tuvo por un momento la idea de re• á ef'ta boquita que vaciló un momento y luego comenzó
currir al eeduc~or, demasiado orgullosa para sufrir las á absorver con avidez. Y á medida que las gotas de eu
dudfls denigrantes de aquel hoUlbreque ni aún había. leche pasaban á. esta carne nacida de eu carn~, las lágricre1do que era su primer amor. Se lo había dicho en los más subían á sus ojos, lágrimas dulces, bienhechoras, en
momentos de su ruptura, se había atrt&gt;vido á decírselo y que se abogaba su desesperación, hasta qm~ se puso á 80·
Jnlieta h1bfa callad J. Dias y dias se habían suC€didr y
llozar exclamando: "Hija mía; hija mía.)) Y en lugar de
ella en una terrible angustia.
'
aliagar á la. debil y miserable criat.ura, la mecía amoro•
Mientras pudo. disimuló su estado á las miradas de samente. El sacerdot.e habfa hecho bien en absolverla.
loe padres de me alumnas. Cuando compr'endió que su
¡Había sido salvada de su doble crimen!
Pecret.o iba á 1:er conocido, preteetó la enfermedad de un
P&gt;.uL BouRGET.
hermano suyo, entonces profesor primario en el Liceo
Clermond y Bt- dirigió, en efecto, áesta ciudad. Pero al
llegará la estación, no había tenido el valor de ir á ver
á. este hermano. Habíase hecho llevará un hotel ext.ra
viado, al azar¡ se habi'a inscrito con un nombre falso y
a' lí esperaba desde hacía seis semanas, hipnotizada por
VESPERTINA
la idea ~e. este crfmen, del que. habría deseado pedir perdón ant1c1pado al eacerdote. 81 el destino quería que la
criatura no viviese. ella viviría: su honor estaba salvado.
Roja puesta de sol.
Podía rehacer su f'xistencia, después de esta falta única.
Bordando el domo
Si el niflo vivía, ella y el niño morirían. ¿Por qué si era
del crepúsculo ígneo, se deRtaca
una 11.iña, la iba á t-xponer á. una suerte semeja.nte á la
la obscura ramaión de un árbol. como
Puya¡ tal vez peo1? ~i era un hombre, á :ia suerte de su
la sombra de un» mano abierta Yflaca.
padre y de su hermano, cuyas miserias de esforzados
Cruza el in~ndio un pájaro; parece
burgueses había conocido?
·
pincelada de sepia fugitiva;
Para los deegraciado3 que carecen de recurrns y que no
ya en lo altn el fulgor se desvanece
eon obreros ó labradores, vale más no nacer, ó morir in·
en un lúgnbre azul, donde cautiva
mPdiatamente ........ .
y engae11:1da eo penumbrru:o, se eEtremece
A través del torbellino de estas ideas, sus dolores f0
una pálida estreda pensativa.
iniciaron agudo~, tan crueles, que para no gritar, J 11tie1a
Por el gris é intrincado varillaje
mnrdía sus almohada", retorciendo so pobre cuerpo.
del bm:que, la tiniebla ailenc1osa
¿Cuánto tiempo dur6 esta agonía que tuvo el valor de
va tejiendo el sutil y negro encaje;
1-oportar sin que un gemido franqueara el dintel de aqne.
pero aun quedan prendidos al follaje
lla pieza que debía guardar su se~reto? Nunca hubiera
ampoi:i de luz caneJda y perezosa
podido decirlo, y el niño nació.
entre loe o~ muertos del paieaje.
Estoy solo y medit.o;
IV
y mientrassueí'io, y sobre mi cabeza
comienza á constelarse lo infinito,
F.ra por la mañan::,, una mafíaoa fría y gris de A u ver•
;¡l)ro mi corazón á la tristeza:
ni11 1 que filtraba eu claridad tenue á. través de las vidrie•
una tristfoza santa quP me viene
1"88. Julieta tenía alli ála criatura junto á ella, la sentía
¡&lt;1h mi Madre, de tí, Naturaleza,
vivir, y sin embargo, no había extendido aun f!Us manos
de tí que me haces Poñador y artista,
para tocarla. El horrible proyecto se había apoderado de
y dejas qne mi espíritu se llene
nuevo de su cerebro, bast-aria apoderarse de ella in media·
con un vago delirio panteísta!. .....
mente, cerrarle la boca con una mano y ahogarla. D'n mo¡Santa y dulce tria~za que me vino
\'imiento bastaba, ¡y qué movimiento tan sencillo! Pero
sin que yo la llamaFe! ......
no tenía la energía de hacerlo. Un caneancio inmenso
Cu,= lga en tanto
se había apoderado de ella, como si su voluntad se husu lámpara la luna, en t-l divino
biera apartado de su lado. De pronto, en el silencio de
silencio
de
la
nochP.
Y IDA imagino
la casa y de la calle, se hizo escuchar un grito agudo y
que ee una cele!:tial gota de llanto.
debil á la vez, que la sacó bruscamente del letargo en
que yacía. Pemó que era necesario prnceder. Cogió al
LUIS G. URBL.'.'A.
ni11o con un extremecimiento, sus dedos rec)rrieron al
fragil cuerpecito. Quiso verá la criatura y á la luz naAbril de 1697,

Silueta ducal.

Aureo copo de sol el cabello,
En su pálida frente corrt c1a,
Como un balo de euave destello
Tornasoles de nácar proyecwi.
A su rostro de virgen no iguala,
Al abrir su capullo la riea,
El perfil exquisito de Onfah,,
Ni la triste expresión de Eloiea.
Su belle.za idE'al sugestiona,
Tiene albor de nevada camelia,
Celestial beatitud de Madona
Y el encanto inefable de Ofelia.
En sus límpidos ojos engasta
El zafiro de tonos risueflos1
lgnea boya. que explende la casta
Lumbre a.zul de los místicos sueñoli!.
Son ilustreEI sus timbres preclaros,
Su blasón voluptuoeo embelern,
Blancas pomas ardientes de Paros
Coronadas con nimbos de fresa.
En su egrf'gio poder absoluto,
Reprimiendo amorosos arranques,
Corteeanos le ofrendan tributo
Níveos cisnes en glaucos estanques.
Ella extiende su mágico imperio
Que fascina y enerva y arroba,
Donde finje el tupido misterio
De las selvas, penumbras de alcoba.
En e.u armónica voz que subyuga
Como el eco de liras remotas,
Rima trémolos dulces de fuga,
En tropel, de vibrátiles notas,
Y después que al deleit.e apostrofa,
Vencedora en idílica lucha,
ne una extra.ff.a, romántica estrofa,
Loe pausados acordes escucha.
En los tiempos galantes, su porte
Conquietaee el amor de un monarca:
Fuera Harum-al-Rashid su cone-orte
O su heráldico paje Petrarca.
Ella suefia eer novia de un bardo,
De un poeta que fuesP un bohemio,
ne la Lírica, heroico Bayardo,
Que cantase aguardando su premio.
Imponente en su tierno abandono,
RPgia norma de esbelta elegancia,
Que llevara esplendorPe al trnno,
Dt'l Rey Sol Luid catorce de Francia.
CARLOS P10 URDA.CH.

OJOS NEGROS

Ojos de tímida virgen,
Ojos azulefl, serenos,
Loe ql1e infundís en las almas
De la eeper'l.nza los sueños;
Ojos que hicisteis poeta
Al que una vez logró verofl,
Ojos color de zafiro
Enamorados del cielo:
No despertéis en m1 mente
De aquel amor el recuerdo;
No me miréis compatiirns.
No os quiero mirar, no quiero
Ojos de púbera virgen,
Ojos traidores, protArvos,
Los que absorvieteis mi alma.
Los que incendiasteis mi pecho¡
Ojos que hacéis defldichado
Al que una vez lo¡:?:ró veros,
Ojos c6lor de tini~bla,
Grandes, profundos y negros:
No os apart.éis despiadados
Que estoy muriendo por veros;
Sed una vez compasivC's,
Miradme una vez al menos!
FER...'IAN(lRANA.

Abril de 1807.

Al campo voy como :í mi bogar orimero,
pues, al ir desde t--1 v.1l h• basta el otero,
de di~tancia en di8tancia.
f'l olor á tomillo y A. romero
me recuerdan las dichas de mi infancia.

•••

Le eres fiel, mas ya cuenta cierta historia
qne entre él y tú ee acue~ta otra memoria.
CAMPO.A.MOR.

�DOIIINGO • DE MAYO DE ,&amp;97

El:, MU1'1'T'IO

DOMINGO

2

EL MUNDO

DE MAYO DE 1891

LA MODA

Espalda de laa

~y,t·..

t1¡¡ura ■

J y 4.

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.■ ata con tres volantes, d• satín claro.

l.

Granadina con apl icaclon••· 2.

Jaquct bordado, con falda de

■ atín

nea:ro, 3.

... '

Traje d• seda India floreado. 4.

�EL MUNDO

OOMIIIGO

DE MAYO DE 110-,

2

caract.eriza, ellas han creado para los trajea de media estación muy bellas formas, haciendo resaltar la gracia de las sefioras que los llevan. .
Voy á describir en este género dos ó trea encantadores vestidos que he admirado en una excelente casa, y en los cualee está. bien marcada la nota del día
Uno en pan.o cachemir color mastic bordado de aplicaciones de raao. El cuer po~ un bolero, todo bordado de aplicacienee sobra un delantero de muselina
de seda crema. Como tocado una toca de terciopelo rubí hecha de gruesos bollo nes de terciopelo con cresta de puntilla antigua y ramillete de rosas té.
Otro, en lindo pafio gris azulado. La falda muy bien cortada, lisa entera·
mente, y el cuerpo ee~á formado de pliegues escalonados loe unos sobre los
otros delante y atrás, teniendo como ornamento un doble pliesée de tafetán de
dos k&gt;nos, fo,rmando sobre el costado izquierdo del cuerpo. Cintura drapeada
y cuello alto vuelto, adornado de un pequen o plissée de dos tonos. Toca de terciopelo verdefoUoje, b~llonada en birrete¡ sobre el CO!ltado u!l gran bouquet de
violetas blancas, y al pie de ellas dos pequeilae touffes de violetas del bosque
de varios tonos de color.
No es posible en eeta estación ir bien veetida, siguiendo las exigencias de
la moda, si alguno de loe trajee no se adorna· con bordados mate ó galón; los
bordados de todos géneros están en boga y no puede imaginarse nadie la cantidad de ornamentos en soutacbe fim, 1 pastillas de azabache y de otras clases que
adornan y realzan los trajes de hoy, siendo todos de un gusto sin igual. F11ldas
y cuerpos están cubier~s por ellos, y puedo citar uno que ~e vi~to ~n este gé·
nero para que pueda servir de modelo. Esen paño-cachemir roJo brique ador nado en lo nito de la falda y el corselete de un fino aoutache negro, enlazándose
en dibujos irregulares y de un efecto muy original.
En el momento actual mil chucherías á. cual mi.ts liniaa encantan la vista
con sus coquetones adornos y preparación, que, si bien no varían en el fondo
las lfneas del traje, e11ae le da:z;i un tono elegante y original. En este género citaré las corbatas de muselina de seda y encaje, que tan bien adornan loe cuerpos· se hacen también ruchMelegantes en cinta Pompadour, para rodear el cuello ~on nudo atrás y pequefla ruche del mismo. plegada en el borde;_en el delantero caen en forma de chorrera en gasa plegada adornada de encaJe ó puntilla fina formando pan.os hasta el talle. EitoS cuelloe, de una fantasfa muy
nueva son alt.os y se adornan la mayor parte de ellos de una lista de perlas de
c::&gt;lor ~on panos' de corbata en eurah orlados de encaje.
Las·pedrerías negras seducen esta temporada, y sobre los cuerpos, aal como
en sombreros y tocas, l9:s l~nteJuelae y bocachone son empleados de diversas
maneras y su favor va siempre en aumento.
.
Hoy el reinado de las floree está en En apogeo, y como todas laa muJeres, por
lo general, les rinden verdadero culto 1 es e l reinado má.s duradero. En
esta bella estación loe salones de las modistas son comparables á un parterre

~~i

-;~~
- 'f"'

~:h

tejuelas rodeando la copa y ramas de lilas mezcladas con un nudo de
terciopelo verde muago; i la izquierda la pasada está retorcida po,r un
grupo de lilas de muchos t.onoe y prendidas en una lazada de terciopeelo. Imposible comprenderá no verlo la gracia y elegancia de este
sombrero, verdadero adorno para una jovencita.
O~ro, redondo en paillaeson negro, muy ligero, es unaverdadera
constelación de azabache. Este sombrero, de una distinción absoluta,
puede convenir t\ \Odas las edades. Como adornos, plumas con draperie de tul bordado de lentejuelas, que forma abanico dela.o.te. Atrás,
sobre el mofto. dos pequel'ios grupos de violeta.a y choux de tul sembrado de lentejuelas de azabache.
Entre las novedades de la estación, citaré tombi~n las flores gigantea, que hacen ellas solas todo el sombrero. Hé aquí uno de estos
modelos: con gruesos pétalos de roE!as formando como una inmenea
flor; atras touffe de plumas negras. En todas hay las más selectas mo•
neríae que es posible imagmar¡ se hacen todavía en terciopelo delco·
lor del trajeó del adorno de él; se adornan con plumaa negras y gran
grupc, de violetas.
En las casas de costura se amontonan las telas más maravillosas
destinadas ya á. la estación estival, que ha de llegar en breve. La in·
dustria lyoneaa ejecuta en el momento importantes pedidos, que son
prueba de que las telas de seda han de gozar de gran favor, del coal
triunfan hace algunos anos. Nada, en efecto, viste mejor que estas ri-

e

Modelo de c:orae.

Modelo de corsé.

donde la flor de seda é tRreiopelo. tan decorativa como
linda, montada por babil artiEta, lucha en verdad con la
fior natural. Ella da á nueEtroe sombreros el adorno más
bello y elegante, y e!."ta estación será la que le conceda
todo su favor. La ciuta que Ee ha tratado de resucitar,
no podrá jamás dar á. nuestro!:! sombreros la nota elegante que ellos reclnman y que es tan necesaria para
complemento de un bello traje. La flor que goza la primacía en estos momentoca e3 Ja violeta¡ ella se encuentra
por todas partes, en touffee, en ramilletes, en cubrepuntae y afectando todos 101 tonos desde la violeta negra
basta la blanca, pasando por todos los colorea de su escala. Se la ve en todos loe sombreros, sea cual fuere su forma¡ est.a pequen.a flor con su lindo ío11aje, montada sobre su tronco, forma una delicada y linda cresta; así que,
una vez conocido este adorno, al cual no ea posible resistir, no hay eeftora que deje de ostentar en su sombrero
la modesta violeta que, 6in embargo, pasa sin hacerse
notar.
Para ser fiel á mi promesa. de hablaroca algo respecto á.
loe sombreros de novedad, citará alguno á fin de poder
formar idea de ellos. En sombreros, el birrete y el canotier.BOn siempre los mfls apreciados; se ven tambien tri•
cornioe yel gran sombrero, al.cual se le hace honor siempre, y como fantasía se hacen muchos con copas altas y
anchas con pequeflo borde plano levantado en un coetado para dejar pasar el adorno. Como ejemplo, citaré uno
en paja de arrqz negra, con doble draperie de tul de len -

.t.""
•,

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

Bata d e • atín, frente y e• p a ld a .

II
Instruir es educar. Educando ,,á la más cara mitad» se depoeitan en su eeno gérmenes de ei:peranza y de ventura. Por la juventud-que e&amp; la maga
del t,iPmpo-debemoe convertir en encanto'e_l estu•
dio, el libro en oráculo, la edad en eacerdocto y la
patria en eantuario del porvenir.
La inteligencia es la obrera del siglo~ y la nrnez
vuela como mariposa que busca en la floresta miel.
La generación pasa como abeja pensadora nu•
triendo su panal.
La instrucción civiliza como el talento ilustra.
La ilustración es la lumbura;del orbe y sirve de
faro á. la Repllblica, dirigiéndola por el sendero ee
las naciones ilustradas.
La ilustración hace de los p~eblos templo1:1 don;
de la libertad inepira culto, es la ídolo paz p1íblica
y el patriotismo, levantando altares á laeabiduria,
festeja loe triunfos del progreso, celebra las glorias
del genio, tributa incienso á la belleza móral y can ta en inmortal poesía himnos de civilización y de
contento. La ilustración ea el movimiento de la
época en el oleaje de la corriente univeraal.
III
La mujer ejerce en el mondo un poder irresistible: su imperio es el amor y no hay hombre que
ella. no sepa avasallar~ por eso allí donde brilla el
sexo hermoso con la apacible luz del pensamiento,

cas telas, que dan una elegancia tan marcada al \raje sin

··¡

buscarla t.anto en su hechura y sin complicaciones de
adornos. Los tintes admirables de las bellas eederias de
Lyon, la delicadeza de .sus dibujos en que la composición
artística es tan maravillosa1 tiene para toda seflora de
buen fusto un atractivo lleno de seducción. El tafe1án
tendr este año una boga creciente: es una tela de estío
muy linda y práctica, en la cual ta ligereza y solidez pueden deea6ar todos loe _tiempos y circunstancias; según su
color obscuro ó claro, él constituye el traje sencillo de paseo ó el tuje más elegante, con el cual se puede asistir á
un concierto, comida ó misa de casamiento, y es siempre
el traje clásico por excelencia, sólo con. variar tu forma ó
sencillamente sus adornos.

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~

1.'L.
'\

Traje parisle "se de P rl rri avera.

LA MODA
LA EOUCACION DE LA M UJER

:W.Estamoa en ph::i11u 1Jport; inlciaEe la temporada de carreras siempre concurridas por lo mejor de nuestra sociedad y la moda, que so pena de no vivir ha de ser opcrLuna, forja ya
y confecciona modelos del mejor gusto. De eat&lt;•s hemos escogido los mejores para preeentarlos á. nuestras lectoras, afladiendo algunos corsés de última novedad.
Para detalles completos, relativos &amp; los tlltimos caprichos psrieienses, véase la amplia crónica que publicamosá continuación.

CRONICA DE PARIS

El concurso hípico, que se abrirá en breve, no es solamente interesante bajo el punto de
vista de [la lucha y destreza entre los que se:disputan el premio; mas todavía creo lo es mirado
por lo que concierne al movimiento que produce entre nuestras elegantes para lucir en él loe
más bellos y ricos atavíos.
Es,:en efecto, el concurso hípico con el que comienza Jaexpresión de las aovedades más principales que van á dar el tono á la esiación.
Estas son muy deliciosas; todaslascosasque eeteacontecimientr,, frívolo al parecer, ha be·
cho eurgir de los más renombrados talleree, serán las que harán declarar una vez más que la
indetria de Parffl, la reina en el mundo de la moda, sabe buscar en sus designios loe grandee
aoontecimient.oe que darán la nota principal en el mundo elepnte.
Loe adornos nuevos se muestran en mont.ón y se loe admira con interés y curioeidad; iodo
cuanto se desea de más nuevo en formas y coloree lo encontramos hoy; loe vestidos sencillos
en líneas! pero que dejan una impresión tal de elegancia seductora y distinguida que no se
borra fácilmente. Hay afortunadamente mezclas en tRlae y adornos, combinaciones de cortes
y de colorea, q\le hacen una harmonía perfecta y agradable á la vieta. Pero hace alga.nos aftoe,
de tal manera ha escudrifiado la moda en loe recuerdos de grabados de otras épocas, y tan bien
ha imitado todos los _estilos, que es poco menos que imposible crear tipos de trajes absolutamente nuevos. Gracias, por lo iantro, al gueto tan e~izuro y á la imaginación tan fecunda de
nuestra.e costureras:, á fin de que cad&amp; estación traiga algunos cambios en el arreglo de los trajef!, ellas les saben dar una elegancia muy refinada, conservando siempre el estilo sencillo y
correcte, que es el tono saliente de la moda actual. Con el estinto innato de lo bello que les

...,i..
•-:ú,.,,- .. ,.
-•

7

Traje: para niño• de 3 á 4 aftoa.
Traje partsiense de paaeo.

I
Iluminarse con el fa.lgor de las auroras, recoger en su
caliz el rocío de las lágrimas, endulzar de este valle la
ámargura y embellecer la soledad, he aquí el destino de
esa flor viviente en brazos del jardín social.
La nin a es un botón de roea que al abrirse exhala delicioso aliento. Todo en ella respira virginal esencia : la
pureza de eu mirada 1 la dulzura de sus labios, la expresión de su sonrisa y su genial candor.
1!3 joven ha nacido como la estrella en en espacio para
lucir.
¡Cuán hermosa ee levanta en su esfera!
A mar !f Mr a,mula, ea el delirio que compendia su historia ierrenal. Por eso se educa mejor en el regazo ma•
temo.
La educación ea obra de las madres; y no hay afecto
tan puro como el carii\o maternal.
La maternidad es P.rovidencial maestra que desvelándose desde la cuna, ilumina basta el .sepulcro' con la ant.orcha de la sensibilidad.
Saludables ejemplos recibe la madre que crece aprendiendo laenseflanzade la virtud.
Quien cultiva unacampifla virgen, espera verla flore•
cer.
La semilla que se riega en buen cercado, ofrece muy
sabroso grano.
¡Qué dulce es á la ruda labradora saborear el delicado
fruto de la planta que sembró!

Traje para niños de: 5 á 6 añoa,

�DOMINGO a DE MAYO DE 11!97
296

EL MUNDO

DOMINGO • DE MAYO DE ,897

~--,~

)a vida se embellece y el espíritu domina eobre el corazón.
Cuando el angel de la educ:ici6n abre sus alas hay un
cielo espiritual.
Las nifiae no son solamente pimpollos de los padree,
sino también flores de salón y adornos de la sociedad;
animan el suelo, engalanan el festín y perfuman el tála mo. Instruirse para reinar es su misión.
Princesa en su alcázar, la mujer instruida ciñe preciosa guirnalda que el soplo de los años no marchita y que
ni la misma furia de la desgracia se atreve á desgajar.
El amante se convierte en e&amp;poso de la pretendiente
educada; y la mujer halla en la educación un lazo para
aprisionar al marido.
La educación es la misteriosa cadena para unir las vo•
luntades.
Debe educarse la vestal que se consagra al templo, la novia que prepara su velo y la desposada que tiene en su
dedo el anillo nupcial; la soltera y la casada, porque to•
das han de poetizar su vivienda con ese libro que refleja
las almas coronadas de celeste resplandor.
La educación es aureola de la sabiduría del hogar.

_____ _
,

EL MUNDO

-..-.. - -- - - --=----:·~.,
•

_,__,_

~

~

-

IY
En el campo intelectual se alza la palma de· la ciencia,
á cuya sombra encuentra abrigo el sentimiento y se de•
leita la imaginación.
Si luce en el camino de la existencia, el desierto es un
oasis¡ y cuando el sol de la cat:a resplandece esparce en
torne- claridaé:.ea.
La educación ea el ambiente de la felicidad conyugal.
El cristianismo ha proclamado la santificación de la
familia, y la religión ea fuego celestial en que han de en•
cender di vi nas lámparas las vírgenes de la tierra.
Con primorosos y angelicales dones ha favorecido Dios
á. las mujeres; El las ha hecho imágenes buenas, dulces
y amorosas, como semblanzas del Edén: las ba enriquecido con espirituales galas, colmándolas demaravillosris
virtudes¡ pero con lo que más las ha coronado de gracia,
redimiéndolas de la tirania del pecado, ha sido con la
santidad del matrimonio instituido desde la creación en
el sublime misterio del Paraíso.
La esposa ee la amable compafiera formada de la ces•
tilla de Adán.
Los primeros amores divinizan y la mujer ha sido
criada para delicia del hombre.
La bumnnidad es la pareja enamorada puesta por el
Supremo Hacedor en el recinto del Edén.
La mujer educada simboliza la alegría doméstica, como la paloma es el emblema de la consorte fiel.

1

ENGANO SUBLIME
Por lb)aría l!esc:ot.
NUMERO 8.

¡Tres días en París!.. .... Qué
gentil advertencia! Corría yo
el riesgo de encontrarme cara á
cara en el boulevard con ese bebedor de sangre. Me fiaba neciamente á ]a promesa de ese
diablo de X ... ... , que me había
jurado que le sería rehusada la
licencia........ ¡ Y cuente usted
ahora con loe amigos! Nada,
que será. preciso ausentarme y
eso es lo que yo no quería ..... .

NUESTRA COCINA
Patatas.

El cocinHo ó la persona encargada del n~gimen de la
cocina1 ha de tener en cuenta que la patata esun nrticulo importantísimo y del que puede sacarse grandísimo
provecho, pues se presta á infinita variedad de guiaos,
todos agradables y nutritivos en sumo grado. Por consi•
gniente, para cada guiso ea necesario eecnger las patatas,
porque la elección de ellas entra por mucho en el resultado del uso-que ha de J1acerse de este tubérculo.
Así, pues, las patatas amarillas y encarnadas han de .
usarse para los guisos en que ee cuecen enteras, porque
dichas patatas no pierden su forma; y cuando se han de
emplear en purés ó en el ramo de pastelería, deben bus•
caree las clases harinosas.
Trajes de Sport.
Las patatas de secano son de la mejor clase, pues tienen
menos parte acuosa que las de huerta.
aparato
especial,
:emes
p11ede
c()n~ezuir.se
el
ohjeto
de
la
LO MEJOR DE LA VIRGEN
Las patatas nuevas, cuando no tienen todavía el volú•
men que deben tener, según su clase, son malsanas, de manera más eenc11la, echando agua en 1ma olla 6 manni •
•~;
en
lijo
boca
de
ésta
se
coloca
una
cubierta
de
mimbres
difícil digestión y sólo deben emplearse por pura neceei•
Lo mejor de la Virjlen, hija mía,
dad, pues no estando maduras y en todo su desarrollo, d1spuef:lta de modri que no toque PI agua· las patate1-1 sP.
ponen encima de dicha cubierta, la cual 'se r.ubre tam~
dice el padre vicario á Ro:-al ía,
no son las más apropósito para 1a alimentación.
bién.
con
una
tapadera
dP
rnadna
6
barro
guarnecida
de
Jo mejor de l\Iarfa,
Para todos loe guisos en que hayan de emplearse las
1
sin género de duda, es la pureza,
patatas, ha de comenzarse por pelarlas y cocerlas en agua un henzo blanco de dos h trPB dobleces, para que contenga el vapor, v se coloca la olla 6 marmita sobre el fuego
Roealla, que unida al hombre amado,
al vapor.
Y se l~ hace hervir lo suficiente para cocer las patatas.
siente el primer latido
Para cocerlas al vapor no hay necesidad de tener un
. Cocidas de este modo son muy agradables. -pues no
del fruto de su amor Fantificado
pierden nada de ~u aroma ni dP su gueto especial.
le contesta con roRtro enrojecid~:
Las patatas comdas al vapor 6 en agua, para servirse
. P~r~onad. iiefior cura, si os enoja
enteras, no deben pelarse.
m1 opn~tón en tal punto, que vos, padre,
Solo. deben m~nd11ree cnando hayan de eervirse en
tomareis como PX~rafia paradoja:
cualqmer otro gmso 6 condimentarse de cualquier otra
lo mejor de la Virgen, ...... es ser madre.
manera.
SAl.\'ANY.

Calañ..ares.

Pero habrá que hacerlo. El int
el 26 en camino para el polo y
ahí que los osos blancos lo de-

~Felipe á f'erna11do.
t1Rochefort 6 de J nnio.
«:lle íué rehusada la lioencia, Fernando. Recibo al mis•
mo t.iempo aviso de que estoy designado para la expedi~
-ción al Polo Norte, de la que habéis oido hablar sin
dude.
«P.rt.eo como teniente á. bordo del Intrépido. Parto
-denlro de tres eemanae. Estoy sorprendido de mi nom·
bramiento¡ no se designa _,.ordinariamente para largas
traveeiae-tres aflos cuando menos-sino á. oficiales que
lo han solicitado. Bajo el punto de vista del progreso en
la carrera, esto es soberbio; pero no soy ambicioso. Yo
.amo f'l mar por sí mismo, por sus peligro11, lo imprevisto
y lae i.randea y misteriosas impresiones que me brinda.
Lo amo como amante desinteresado y no como aman'8
ú";do.
11~0, yo nada he eolicit.ado; sin embargo, acepto, bien
-entendido. Sólo que no puedo resignarme A. partir sin ir
á veros. A falta de la larga licencia que solicitaba, no ob tengo más que un permiso de algunos días, el tiempo ne-cetario apenas para besar á Lila y daros un aprétón de
maU&lt;is.

Muy conocido es el guiso de este pescado, pero el que
v~mos áda.r hoy á councer es el que supera á todos por lo
bien que dice á estos, haciéndolos aaradables
hasta á las
0
pereonas de paladar más delicado.
. Estos ee sirven bien asados á la parrilla, con tinta ó
sm P.lia, después de emparrillados con un polvo de hari•
na Y yemas de huevo, pimienta molida, sal y agrio de li món de modo que r:esulte una masa muy ligera. También
se rehogan con aceite 6 manteca de vaca y se sirven con
una salFa hecha con agua, sal, miga de pan, azafrán y un
poco de nuez moscada.

FELIPE.11
u Felipe

dt .A vlrián á Leódi.ce .lfartín.

,,Se flor:
11Tengo el honor de preveniros que abandono Rochefort. Paearé en París loe días 10, 11 y 12 de Junio. Pa•
raré en el Círculo militar. Volveré á Breet el 18 de Junio
y el 2,~ me embarcaré.
«FELIPE DE AtrnlAN.•

Cuando.n.na enfermerl trl es':.á d~ moda ee muy dificil
A. una pa11s1"nse no tenerla.

-Y ahora, dijo Felipe, las cosas están perfectamente
-en rt-gla; ya no me ocuparé m&amp;Bde ese indecente.
E~e indecente, cuando recibió tal carta, se levantó lleno de có!era.
-¡Ah! vaya, vaya!.. .... pero ese hombrecillo rabioso.
no quiere, pues, dejarme en paz!. .....

E111111nn11el .lrnu,.

• **

Este fin de Siglo pertenece á los «inse:xualee .. : la mujPr
reclam~ á la vez e.u derecho al voto y á la esterilidad. La
maternidad da miedo.

,Tules Clretie. ·
Bluaa de Pon¡¡,ee.
Abr1~0 para niño de g á 10 años.

y0ren .. .... !
¡Y decir que yo soy el benefactor de ese muchacho!
¡que yo lo he hecho nombrar teniente! Un ingrat.o ..... .
¡Y eso me ha costado caro! Y el diputado X no ha hecho
cada de provecho.
Sonó el timbre.
-Preparad.me mi saco de viaje y traed un coche. Parto al instante.
An~ de abandonar el hotel, &lt;lió al conserge la c'oneigna de responder, á wdas las personas que fuesen A. buscarlo, que había partido para· Arkangel desde hacía un
mes y que allí pasaría el estío.

IX
Felipe no pudo obtener más que un permiso de ocho
dlea .
Eso era bien poco y había infinitas cosas que hacer durante tan corto lapso de tiempo. Llegado á París esperó
durante los tres días que habia designado, más no le Jlegó mensaje alguno. Para no correr el riesgo de eet.ar ausente cuando le buscasen loe testigos de su adversario, si
es que s·1 adversario le enviaba testigos, lo cual comenzaba ya á poner en duda, no se a\revía á abandonar el
Círculo militar, pasando las horas del día en leer las revistas y periódicos. Solamente en la noche salia.
Ahora bien, una noche, al pasar, ante el café Riche,
una voz bien conocida le llamó.
-De AubiAn! Pardiez! de Aubián con que sois vos!
Qué hacéis aqul?
-Sin duda lo que hacéis vos, Merville, paso.
-Y bien, yo no hago eso, yo no paso, yo digo como
Mac-mahon: Aquí estoy y aquí me quedo.
Sencillamente, heme agregado al Ministerio.
A fe mía comenzaba ya A fastidiarme del mar¡ ee monótono; y además París ...... sabéis, París ...... cuando uno
ha mordido ...... Y vos, veamos, de dónde venís? A dón•
de vais? qué hacéis?
-Yo, yo dejo el Neptuno y .me voy al Intrépido. Oc1.o
días de perm.ieo, eso es iodo, para abrazar á 1os mios.

Después vue 1vo á Brest.
-A Brest! Y sabéis acaso que ya no la encontraréis?
qué ha partido?
-Quién ha partido? PregunMJ Felipe aparentando no
comprender aunque la respuesta para él no fuese dudosa,
-Quién! pues Beltrana, hombre, Beltrana Martin! creo
que no la habréis olvidado. Sin embargo, hace largo
tiempo que vos y yo no hablamos de ella. Cerca de cuatro años!
Cómo vuela el tiempo! Paréceme que fué ayer cusndo
nos separamos. .Yo no me olvido de Breet y estoy aiem•
pre al corriente de lo que pasa. Le Goeleck y el hermoso
Forquet hablaban sin cesar de ella. Ahora ya no hablarén .
-Pero en fin, qué es lo que ha. pasado? preguntó Félipe
con una curiosidad impaciente.
-En primer lagar que la bija del Sef\or Martín ae murió: la joven á cuyo matrimonio vos habéis ......... cómo
decir? en ñn, vos ha beis debido asistir!
-Adelante, dijo Felipe sonriendo, continuad, os lo
suplico.
-Ah! no os guata la broma! Bueno no insistirá. Conque Valeria ~Iartin murió primero. Su padre no la había
vuelto A. ver. Permanecía d.isgUBtado con sus hijos desde el matrimonio. Aun ignoraba que estuviese enferma
y brutalmente le comunicó su yerno por medio de un telegrama la fatal noticia. Parece que el pobre Martín es·
tai:a muy cambiado desde hacía tiempo: ya no tenía go•
ces ni jovialidades¡ una actitud de viejo sauce llorón ..... .
El golpe fué mortal: un ataque de apoplegía fulminante
y ya no volvió á. eu conocimiento.
-Pobre hombre, exclamó Felipe c.on una piedad profunda.
Volvía á ver en su mente al anciano saliendo de la entrevista con él y alejándose desesperado, herido en el
corazón.
-Si, pobre hombre, repitió Mervill, pero también pobre mujer, por que de la cumbre de aquella riqueza y de
aquel lujo ha caído al precipicio de ]a miseria.
-Obl de la miseria .... ..... dijo Felipe incrédulo.
-Si señor, una miseria relativa, se entiende. Yo no digo que esté reducida á. mendigar su pan. Loe diamanies
con que se adornaba bastarían eolos para ponerla al abrigo de la mendicidad cruel. Pero cuando se ha vi vido
bajo un pie de gastos de dos A. trescientas mil libras, ee
penOBo veree reducida á la mediocridad de algunos millares de francos. En todo caso ella no ha querido dar :t ens
admiradores ese triste y lamentable espectáculo. Adónde
ha id~? ¿Qué ha sido de ella?

Nadie lo sabe. Algunos pretenden haberla encon.,rado
en Monte-carla, otros en Biarritz, en Vichy y aun en
Constantinopla. En suma, esos son cuentos y nada de poeitivo se sabe.
-Quién ha heredado, pues, al Señor Uartin?
-Su yerno, que era al mismo tiempo, eu propio sobri-

�EL MUNDO

DOMINGO a DE MAYO DE ,8117
OOMIIIGO z DE MAYO DE 1897

no, y en consecuencia su heredero más próximo. Unse·
fior demasiado inaceptable, entre paréntesis, que se ha
conducido coa la viuda de su suegro, atrozmente. La
obligó por medio de sus agentes á abandonar el hotel y
la población, y todo fué vendido!
-Y~ijo Felipe con un poco de ironía-ni Le Goeleck, ni el hermoso Forquet, ni vos Merville, ni ninguno de los adoradores de la sefiora Martín se ofreció para
reemplazar al esposo perdido.
-Ah! diablo! diablo! de Aubián, cómo sois ...... Uno
se enamora, pero con ciertos fines ........ .
Además, reemplazar á un hombre que tiene ocho 6 diez
m.illome, no es cosa facil.
Yo no tenía más que un corazón y dudo que Beltrana
lo hubiese aceptado, como no habría aceptado los de los
otros ..... . Con que os embarcáis en el ulntrépidon?
Pues bien, felicidades, querido amigo. Acaso no sea
muy cómoda la travesía. Yo que comienzo á h&amp;eerme
viejo, prefiero decididamente el Ministerio al puente de
un navío.
Sacó su reloj.
-Es preciso que os deje. Tengo una cita. Siempre hay
. citas en estie país ....... .
Y estrechando la mano de Felipe, partió tarareando:
Hay un Jugar en Sevilla ........ .

Habiendo pasado loa tres días, durante los cuales Leó·
dice no había dado señal alguna de vida, Felipe partió
para Lausanne.
Besó con viva emoción á la pobre Lila, muy pálida y
debil aún. Su visita, muy corta, dos días apenas, fué
grave, casi triste. .A. las preguntas reiteradae de su cuñado, respondió:
-Sí, es cierto, mi expedición será larga; sí, es cierto ...
me temo ........ .
Fernando exclamó:
-Pero vos, Felipe, tan aventurero y tan valiente ..... .
Una melancólica sonrisa pasó por el hermoeo rostro
del joven oficial:
-Oh! no es lo largo de la expedición lo que me asusta,
no rnn tampoco eua peligros; pero conservo en el corazón la impresión terrible de mi primer desembarque. Yo
no soy siempre feliz al volver! Me la cuidaréis mucho, no
es verdad, Fernando?
Y bruscamente, sin transición:
-¿Habéis pensado alguna vez en volveros á casar?
-Casarme! exclamó el viudo con asombro sincero; cómo podría pensar en casarme, Felipe? Mi corazón está
muerto y no volverá á palpitar ya más.
Y enérgicamente repitió:
-Jamás! jamás! jamás!
En el momento en que se proponía esta cuestión, el
aya entraba á la sala para tomar un libro que la niña reclamaba. Salió inmediatamente con una precipitación de
conmovida, mas no demasiado pronto para que la mirada penetrante del marino no pudieee advertir el vivo rubor que súbitamente invadió su plácido rostro, coloreándolo de púrpura hasta la raíz de los cabellos.
-¡Ah! pensó él, acaso Carlota!. ....... .
Pero esta suposición, esta duda no le inspiraba temor
alguno. Miró atentamente á su cuñado; éste no había
prestado atención alguna á aquella escena muda: la pobre Carlota no era para él mas que una especie de mueble ó de animal familiar; habituado, como estaba, á no
notar ni su presencia ni su ausencia, continuaba sus pro•
testas de eterna viudez y de eterno dolor.
-El nada sospecha de este amor, se dijo Felipe, y no
le hala.garfa mucho por cierto; la pobre muchacha ea tan
fea! Pero una mujer sinceramente enamorada ejerce tardeó temprano su imperio sobre un hombre débil; él es
muy débil y se dejará cazar. Por qué había yo de opo•
nerme? Más vale ésta que otra. E3ta es dulce, buena, faci I para vivir y adora á Lila.
Por la noche, cuando la nifia se hubo dormido, él pro,·,,oó las confidencias de la aya. Ella temía la oposición
úta Jvven y que tuviera bastante influencia para que se
la despidiese. Con cubores juveniles seguidos de palide•
cea mortales, después de haber negado largo tiempo, acabó por confesar el secreto que él había sorprendido.
-Oh! compaaivQ sefior Felipe, sed bueno con la hu•
milde aya, ella no podría sobrevivirá la separación, ella
es la débil planta que está atada á la encina magestuosa,
ella es el pajarillo débil que el menor rayo del radiante
sol hace cantar y vivir.
El sonrió y la tranquilizó. No solament;e no pediría

que se la despidiese, sino que sería su amigo y su a.liado.
-Yo sé, ciljo, que puedo sin temor confiaros el porvenir de Lila; sé que la amais con maternal ternura; só que
seréis siempre indulgente con la huerfanita. Hé leído todo eso en las cartas que me hicísteis el honor de escribirme: en ellas he leído que tenéis un sencillo corazón,
abJ1egado y generoso. Os doy, pues, á mi querida niña,
y deseo con todo mi corazón que su padre pien.se en ca•
saree con vos. Cuento con vos y con vos rnla, señorita
Carlota; continuaréis escribiéndome, enviándome noticias rnyas, verdad? Lila es olvidadiza, como todos los niños, Fernando es inexacto, como todos los artistas; pero
vos, en cambio, sois la exactitud y la regularidad. No os
dejéis, pues, desanimar ni por la falta de contestación,
ni por la incertidumbre de esta correspondencia. Aun
cuando lleguen á vos las noticias más siniestras, prome·
tedme que seguiréis escribiéndome.
-Compasivo señor Felipe, respondió ella con cierta
solemnidad, mientras la pobre aya sepa escribir, su corazón reconocido os escribirá.
Y jamás pro.mesa de novio, jamás juramento de caballero, jamás voto hecho á Ja madona fué más religiosamente cumplido. Carlota escribía en una especie de diario los menudos acontecimientos de la vida de familia,
que todgs los meses, al azar de los vientos y las olas, le
enviaba á. través del océano.
El abandonó á Lausanne más tranquilo.
-Algún día volveré del Polo, se decía; además esta
plácida y·sentimental alemana es la más inofensiva criatura del universo entero. Una especie de buena bestia
sin malignidad, sin traición, sin astucia. Madrastra ó
institutriz, ha nacido para obedecer y docilmente, obedecerá.
Pasó por Pontarlier, deteniéndose sólo algunas horas.
El tiempo urgía. Jacobo le recibió con una avalancha de
lamentaciones.
-¡Esto acaba, muchacho!.. .... ¡Que mi ejemplo te
sirva!.. .... ¡Hay que ca.anee! ¿Ves tú el resultado de no
hacerlo? ¡La gota! ¡Una satánica gota que no deja su
presa! Cáeate, muchacho; oye los consejos de la tía Fourneron; pues que ha de hacerse eso, más vale pronto que
tardP.
-Pero más vale tarde que nunca, dijo Felipe riéndo.
Yo lamento, mi querido primo, no poder ya solicitar las
funciones de garcon d' lwnneu,·.
-¡Oh! ¡oh! muchacho! No estoy todavía en ese caso,
pero voy para allá, aunque cojea cojeando. Eulalia consiente en casarse con esta vieja bestia. Es muy buena,.
es un angel de abnegación. La bondad es la primera belleza de una mujer. Los jóvenes no saben esto.
Felipe dejó á su infortunado primo, después de habe:r;
aprobado enérgicamente sus disposiciones nuevas, y se
dirigió á casa de las primas Lézines. Inmediatamente
notó algunos cambios. Eulalia tenía aires púdicos de desposada, confusiones de virgencita. Habló de Jacobo ruborizándose.
-Nuestro pobre primo Sommeres, vos le habeis visto
sin duda, Felipe. El Dios de misericordia y de perdón le
ha enviado la prueba de la enfermedad, pero es por su
bien, su dicha y su salud eterna.
-Amen, prima, dijo Felipe. Espero tambien que ser•
vir(eso para su conversión á las ideas del matrimonio y
que encontraré á mi vuelta alguna modificación en el es•
ta.do civil de los miembros de nuestra familia.
-Yo no sé lo que queréis decir, respondió ella bajando
los ojús.
En cuanto á la tía Fourneron., más ocupada, más ata·
reada que jamás, quiso sin embargo conducirá. Felipe
hasta el camino de fierro, diciéadole con un tono misterioso y confidencial el gran triunfo de su perseverancia.
-Aprende de mí, Felipe amigo, que no debe uno desesperar jamás de nada. Oh! este si que medió que hacer.
Es un burlón, un bromista terrible. Más de veinte entrevistas, por culpa suya, no dieron resultado. El sefl.or
amaba eu libertad. Oh ....... ! su libertad! Siempre la ha
tenMo y ahora no puede dar un paso. Felipe, amigo, yo
aguardo á toios esos obstinados para cuando les da el
primer ataque de gota! entonces ya no resisten ..... .
Ya sabes el nombre de la que será su esposa? Hum!
Habrías tú creido que esa devota tendría el corazón tan
tierno? ...... Ahora le ama como una colegiala.

-Y que dice Aglaé?
-Aglaé no está descontenta, eis una hermosa presa para su proselitismo.

EL MUNDO

Encadenado en su Billón, cómo podría sustraerse á. sus
sermones?
Pero hablemos de tí. Qué lá.stima q ne te vayas ...... y 0
iba á proponerte un negocio soberbio: rubia, veinte años,
linda, una dote de ........ .
Felipe no supo jamás la cifra de la dote de ese 1&lt;negocion
que era sobe1bio y rubio y que tenía veinte años.
Un silbido estridente, desgarrando el aire, impidió á
la tía Fourneron concluir la frase tentadora. El tren se
movió: Felipe, inclinado en la ventanilla, oyó aún reso • .
nar estas palabras:
-Reflexiona, ocasión únícal.. ...... .
Después, en un último grito:
-Rubia! Rubia!!
• SEGUNDA. PA.R.TE.

!XXI.
No lejos de la habitación del pintor, al borde del lago,
se encontraba un modesto chalet. Habitá.balo, sola, una
mujer joven. Percibíasela en el jardín, lánguidamente
recostada, con la cabeza cubierta con un velo negro. Vivía en el más absoluto aislamiento. Solamente en la noche, á la hora del crepúsculo, detenía.se un coche á. la
puerta del chalet. La extranjera, vestida de un Juengo
traje de duelo, atravesaba el jardincillo con paso lento,
pareciendo sostenerse con pena, subta al coche y no volvía sino por la noche.
Lila y Carlota en la reclusión forzada en que las órdenes de 1 médico las retenían, se ocupaban demasiado de
esta vecina misteriosa, á la cual apellidaban la ,(princesa
negra.u La aya inventó respecto de esta desconocida las
más fantásticas suposiciones: ya, que era una criminal
que hu.fa de la justicia de su país, ya que una ilustre
desterrada.
Todas las mañanas, á la hora del desayuno, preguntaba
al pintor:
-El honorable señor Duvernoy no ha visto á la princesa negra?
El respondía con indiferencia, pero ella insistía:
-Estoy cierta de que es una reina. ¡Hay tantas reinas
desterradas! Oh! ¡cómo desearía verla de cerca!
Este inocente deseo no tardó en cumplirse¡ una noche
las dos reclusas no oyeron el ruido del coche que iba á
buscará la princesa, y Carlota eu ebservación det;rás de
la vidriera, exclamó:
--Sale á piel sale sola! Oh, Lila, siquisiéseisprometerme ser juiciosa, yo podría segllirla, unirme ::! ella, entrever su rostro; sería yo tan feliz! ....... .. y después vendria
á contaros.
-Sí. si, id pronto, exclamó la pequeftuela á quien la
misma curiosidad pueril agitaba.
Una hora más tarde volvió Carlota,
-La he visto! me ha hablado! esundamaexcelsa!Una
Majtstad tan imponente! Es tan bella!
Después comenzó su relato. No había tenido trabajo
para reunirse con fa desconocida, por que ésta estaba
sentada al borde del lago en una actitud de melancólico
ensuefio. Un libro qun no lefa, permanecía abierto sobre sus rodillas. En el momento en que el aya pasó freo•
te á. ella, la extranjera se levantó y el libro cayó. Carla•
ta apresuradamente lo levantó acumulando las excusas
por el extremecimiento que involuntariamente le había
causado, solicitando su perdón. Benévolamente la prin •
cesa afirmó que perdonaba, y para comprobarlo consintió
en dar con la aya, un paséo de algunos pasos. Pero det.eniendose: nNo1 no, e3toy muy fatigada, muy enferma,
dijo. No, estoy demasiado fatigada, demasiado sufriente.11
Corlota ofreció su brazo robusto cuyo apoyo fué aceptado.
-Oh! querida mía, ella ha tenido á bien apoyarse en
mí, además me permitió ir á ofrecerle mi respetuoso 110menaje. Iré desde mañana, no es verdad, Lila? lo queréis?
Desde aquel momento, se establecieron relaciones de
intimidad entre la.e dos mujeres: condescendencia de n11 1.
parte, respetuosa deferencia de la otra. El corazón Bl·• •
sible de Carlota se ingenió en las atenciones d-alicada,-,
en los pequeños cuidados. Pidió al pintor la autorizacióu
de prestar á su vecina los libros. revistas y periódicos.
Cada mañana también le llevaba algunas floref; poco á
poco llegó á las preguntas y á las confidencias. Al principio la extranjera fué sobria en explicaciones.

-Yo no hablo del pa'laio, dijo, sino con una dolorma tristeza; pero á. VU9Stras preguntas, querida señorita, responderé en algunas palabra?. NMí en Bretafta, de una anti•
quísima familia: los Meriadec. Un l\leriadec, según se dice, reinó en otro tiempo sobre
la A.rmórica. Yo tenía 20 años cuando mi padre me hizo casarme con el Sr. Martín.
No dijo otra coaa¡ la romancesca alemana ~e encargó de colmar las lagllnas de esta relación demasiado lacónica. Si la noble mano de una l\Ieriadec se habfa unido á la de un
comerciante (ué sin duda por salvar la vida de su padre gravemente comprometido en
una conspiración realista y que est.aba á punto de dejar su cabeza en la guillotina. Se
conspira siempre en Francia. En cuanto á. la guillotina, qué importa! La aya no se
detenía por tan poco. Le gustaban todavía las historias trágicas del Terror, Francia re.
publicana era, á sus ojos, el país en que las mujeres, para salvar á sus padres, son conde·
nadas á. beber vasos de sangre.
Apenas hubo ella compuesto esta lamentable historia, cuando ee la refirió á la misma
se flora Martín. Esta la escuchó con un silencio Heno de aprobación.
-Estáis dotada de una penetración maravilloea, eefiorita, elijo dulcemente, de la
penetración de una alma compasiva.
D"spués dejó caer sobre el respaldo de la silla su cabeza fatigada:
-Sí, yo he sufrido, yo he sufrido mucho en mi triste vida¡ mis fuerzas se han usado
en las luchas incesantes y crueles¡ pero ya vendrá el eterno reposo. Espero la ve-

�300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Crónica de Paris</name>
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                    <text>300

nida del consolador supremo, del novio que se llama la
muerte.
) Estaba tan pálida que la alemana cteyó de buena feen
la llegada del novio lúgubre. Ella se aproximó con un
frasco de sales en la mano. La señora Martín lo apartó
con un gesto.
-He removido, por complaceros, todos esos dolorosos
recuerdos, cuyo peso me abruma; no loe evocaremos ya
más. Si deaeais verme aún, será preciso no hablarme
más que de vos, de vos que tenéis la salud, la juventud,
y sin duda la esperanza. Yo os he dado el ejemplo de la
confianza, decidme vuestro pasado.
La excelente muchacha hubiera sido feliz de tener alguna historia trágica que contar; un robo, un rapto mismo no la hubiera asustado. Pero f!U vida monótona no
ofrecía ningún acontecimiento interesante. Después de
haber confiado á la princesa que se llamaba Carlota como la célebre heroina de Goethe, se interrumpió un poco avergonzada de la insignificancia de esta revelación.
Pero si el pasado era poco fertil en peripecias, el presente felizmente ofrecía más amplia cosecha. Nada
más propio de lo romanceeco que el amor melancólico y
desinteresado: enamorarse de una alma sublime y solitaria, adorarla en secreto, en el silencio de la abnegación,
eer el aya humilde y bienhechora que vela por su bienestar, sin esperar reconocimiento, constituye ura situación del más sentimental interés.
Ella se extendía con alguna complacencia sobre el inconsolable dolor del pintor y sobre la poesía de su desesperación. El positivismo de la alemana reaparecía solamente cuando le dijo el precio á que habían sido pagadas las últimas telas.
La señora Martín escuchó al principio con atención
pulida. Poco á poco interrogó. Los detalles más vulgares
no parecían desnudos de interés. Ella aupo bien pronto
por el menudo estado de la casa del pintor el monto de
sus gastos y de sus ingresos.
La sen.ora Martín movida sin duda por esta admiración,
murmuró pensativa: .
-Ver esas obras maestras ......... Sí, yo desearía ver
eeas obras maestras.
Era la primera vez que sus labios tristes expresaban
un deseo. El aya se conmovió:
-Y ose lo haré presente, dijo, él es muy bueno y nome
lo rehusará.
Por la noche, á la hora de la comida, ella hizo la súplica al pintor; sus grandes ojos azulee suplicaban.
-De quéiluat1e extranjera hablaie? preguntó él.
La respuesta fué prolija. Carlota mezcló sus quimeras
á la realidad; la princesa de incógnito, el padre gentil
hombre y el horrible Martín.
En este punto importante el entusiasmo de la alemana
se traducía prosaicamente en billetes de banco.
- Un pintor tan grande, el más grande maestro de
Francia, si quieieise pintar vírgenes y no árboles, lagos y
rocas. Yo le digo siempre: Honorable señor Duvernoy, por
qué no pintaia eantas vírgenes y asuntos de pie de piado·
sa devoci6n como Rafael y Murillo? Ganaría millones si
escuchase los respetuosos consejos de la humilde aya.
Pero es ya tan rico! tiene en su taller cuadros soberbios
que valen el tesoro de un rey.
Es una fragil y tierna flor, muy compasiva, señor
Dnvernoy, una tierna y delicada flor, deetrozada por
cruel tempestad. Esperaba la visita del lúgubre esposo,
pero desearía antes admirar las hermosas obras maestras del gran artista, lleno de gloria y de celebridad.
-Alguna aventurera, dijo él, encogiéndose de hombros.
Carlota juntó sus manos con un gesto de desesperación
y pareció tan desolada, que él añadió con más dulzura:
-Aun cuando yo rehuso la entrada á mi taller á los
ociosos, vuestros amigos serán siempre bien recibidos.
Apenas tuvo ella tiempo de abrumarlo con sus expresiones de gratitud, tanta prisa tenía de llevará su querida princesa esta buena respuesta. Partió corriendo, á pesar de la hora avanzada. El deseo de la seiiora Martín,
parecía haber desaparecido, verdaderamente ya no se
acordaba de haber formulado ese deaeo. Dió las gracias
con breves palabras.
-Dígnese llevarl3 al Sr. Duvernoy la expresión de mi
reconocimiento¡ pero sufro mucho y no ·sé cuándo me será posible aprovecharme de su permiso.
Carlota volvió avergonzada:
-Cuando guste, dijo el pintor seeamente.

EL MUNDO

La curiosidad de la extranjera lo había dejado indiferente; su indiferencia fo hirió. Los relatos de Carlota
despertaron su interés.
ccUna aventureran había dicho él; pero esta aventurera
se adornaba con todos los encantos del misterio.
Un día la percibió sentada sobre una piedra, al borde
del lago, con loa ojos perdidos en el infinito de las vagas
lejanías, Avanzó y el ruido de sus pasos traicionó su
presencia. Ella se levantó y, lentamElnte, muy lentamente, con un movimiento de una indolencia y de una
morbidez exquisita, continuó el camino del chaiet silencioso.
El admiró como artista la gracia de su actitud, aquella
ciencia de la postura, aquella perfección de la línea tan
dificil y tan rara.
Fernando, durante los días que siguieron 1 presa de uno
de esos caprichos intensos que los artistas experimentan
como los niños, más de una vez corrió hacia la ventana;
pero no percibió más que á la aya paseando amorosamente ante el taller su silueta maciza, en tanto que Lila perseguía mariposas.
Durante los cuatro afios de su viudez, ninguna de las
mujeres encontradas en los aza!"es de sus viajes, había ob•
tenido de él más atención que la que acordaba á. las estatuas y á los cuadros de las galerías y de los museo~. Sin
dudahnbieraal dia siguieute olvidado á su hermosa vecina, sin la pequeña herida hecha por ella á su amor propio
al transferir la visita esperada, simplemente por indiferencia. Por otra parte, Carlota no tenía más que un asunto
de conversación: los infortunios de la priucesa llamada
la señora Martín. Día por día añadía al drama algún capítuh palpitante; la perversidad del cruel Martin no
tardó en sobrepasar á todas las perversidades más céle•
brea; en tanto que las virtudes de su víctima hubieran
proporcionado un apéndice á las Actas de los mártires.
Sin tener conciencia de ello, Fernando se interesaba
en este melodrama; acaso la gran soledad en que vi vía y
de la cual comenzaba á sentirse cansado, le volvía más
accesible á la curiosidad. Era él ahora quien interrogaba
á la institutriz sobre la salud de la princesa, sobre lo que
ella hacía ó decía, y algunas veces aun solía preguntarle:
-Y de la visita al taller, piensa todavía en ella?
Ay! Carlota no osaba ya hablar de la visita al taGer á
la triste viuda. U a día, á sus insW.ncias reiteradas ésta
respondió no sin alguna aequed!Ml y alguna altivez:
-Loa cuadros serán muy bellOli1, setlorita Carlota pero
qué me importa. Yo no amo más que una cosa en ·e l
mundo, señorita Carlota, y ea mi soledad. Si ésta debiera
ser turbada por obsequiosidades indiscretas, mañana
abandonaría á Ouchy. Oyendo esta amonestación severa,
Corlota bajó la cabeza y no volvió á insistir á este res•
pecio.
Por qué Lila no amaba á la princesa negra? Por qué
rehusaba oír itablar de ella? A estas preguota:1 que lapobre Carlota proponía sin ceear, sea á sí misma, sea á su
educanda, sea á M. Duvemoy, nadie podía responder y
Lila menos que cualquier otra. La nifi.a no hubiera podido analizar ni sus amores ni sus odios. El hecho se ha_
bía producido deepués de la única visita que la pequeña
había hecho con su aya á su interesante vecina.
Cómo y por qué á la curiosidad llena de atractivo, sucedió una especie de terror y de aveMión? Existen esos
fenómenos cuyas causas permanecen misteriosas. Jamás
sin embargo la señora Martín prodigó más halagos, más
alabanzas, más sonrisas. Lila, que se había puesto seria
de punto, fijaba en la viuda una mirada de desafío, pe·
netrándola y aun intimidándola, y no respondía sino con
repugnancia á sus benévolas preguntas. Fué en vano que
ella admirase su larga trenza .rubia y sus profundos ojos
de violeta, én vano que repitiese que era feliz conociendo
á una personita de quien su amiga Carlota hacía tantos
elogios. La niña permanecía muda. Cuando salió de su
visita, dijo severamente á su aya:
-Cómo no me habías dicho que es una malvada y que
no os ama? Yo no quiero volverla á ver.
-Malvada! Oh! Lila querida1 no es malvada y tiene
por mi una afección tan tierna!
Pero Lila, hiriendo el suelo con su piececito, exclamó:
-Es malvada, es mentirosa; dice que soy linda y eso no
ea cierto.
-Si es cierto, sí es cierto, gimió la aya. Sois linda1 Li·
la, cuando sois juiciosa·y buena, y •o habléis mal de una
hermosa princesa que es la indulg.mcia J1iema, la bon•
dad, la verdad.

OOMINGO z DE MAYO DE 1807

-Entonces yo no seré jamás linda, declaró Lila.
Ninguna conquista es más dificil que la conquista de un
corazón de niña. La habilidad, las astucias, laa combinacionP.B más sabias, se estrellan ante eu instintiva fineza. Una palabra franca, y frecuentemente una reprensión,
entreabren la almita á quien las adulaciones y los cumplimientos han dejado cerrada. H ~cerse amar de los nifios, lo mismo que hacerse amar de las bestias, es un dón
que no se adqniere. El animal y el niño poseen un ins•
tinto que bur:a toda la diplomacia del hombre. Para ser
amado es preciso amar. El hombre puede dejarse coger
en la comedia del amor; el niño nnnca. Así1 pues, Lila
no creyó 6D la comedia que representaba la señora Martín. Sentía el miedo que causa el peligro entrevisto. Es•
ta impresión, mal definida al principio1 fué creciendo y
con ella el deseo de apartará su aya Carlota de una mujer que en su alma infantil asimilaba á. los ogros de los
cuentos de hadas.
Ahora que el periodo de convalescencia había terminado, Lila iba todos lo~ días á su padre en busca de un
nuevo permiso:
-Pasearemos hoy en lancha, papá, subiremos á un
paquebot, y partiremos lejos, muy lejos.
Durante tan largo tiempo, á través de las ventanas de .
la ·villa, como á través de las claraboyas de una carcel
h~bía contemplado el hermoso lago azul y visto con tan•
ta envidia deslizarse eobre aquel espejo tranquilo las
largas barcas de velas blancas!
El pintor accedía siempre, feliz de encontrar la sonrisa
de su hija. Esas excursiones ocupaban el día entero é
impedian á Carlota hacer á su amiga sus intermina•
bles visitas. Pobre Carlota. Su tierno corazón sangraba
un poco. Pero cómo habría podido tener el valor de abandonar al muy honorable señor Duvernoy á los azares de
la1:1 excursiones y de las travesías peligrosas? Quien sabe
si el naufragio, la barca demasiado llena, la reventazón
pérfida, abriéndose bajo un pie imprudente le darían
ocasión para la abnegación sublime en que tanto había
soñado.
Partían de mafiana y volvían tarde, comían sobre el
paquebot, pero, á pesar del placer de esas excursiones,
Lila preguntaba á veces:
-Papá, cuándo partiremos para Pontarlier?
-Muy pronto, hijita, espero sólo tres días de bruma;
pero el sol se obstina en brillar. Había comenzado, en
efecto, un día de bl'uma un estudio del lago; quería en·
contrar su coloración grisácea, su misma impresión de
penetrante tristeza. El estudio le parecía muy bueno y
hubiera lamentado no concluirlo. Además, estaba en su
naturaleza eso de dejar todas las cosas para mañana.

TOIIIIO I.

MEXICO, MAYO 9 DE I897,

XXIII
Esperando la bruma, la partida y la determinación de
su padre, Lila recurría á otros medios para ~alvar á eu
aya de los maleficios de la perversa princesa. Cuando no
debía ocuparlas alguna excursión, se instalaba en el
cuarto de estudio con la actitud seria de una discípula
atenta. Sentada á su pupitre, ante Carlota, sufría sin
murmurar los dictados, loa análisis, las recitaciones, y
cuando la campana del almuerzo eonaba, arrojaba á su
aya una mirada de triunfo.
-Soy juiciosa, no ea verdad, señorita?
-Muy juiciosa, Lila, muy doc:1, decía la pobre Carlota con un suspiro, un pooo desolada interiormente de
aquel juicio que tampoco á propósioo venía.
Concluido el almuerzo, Carlota, durante una hora ha·
cía al Sr. Duvernoy la lectura de los· diferentes periódicos; no hubiera faltado por nada del mundo á este deber
sagrado, la nifia podia estar tranquila, pero apenas terminada la lectnra, Lila acudía:
-Vamos á tomar el fuaicular, señorita, iremos á Lau•
sanne, nos pasearemos por las calles é iremos á ver al
pastelero.
El paseo duraba basta la comida de la noche. Esa ciudad de Lausanne, ea tan curiosa y de un aspecto tan variado! Desde luego, arrojadas por toda.e partes en el flanco de la colina. las villas suntuosas, con nombres de flo·
res, ocultando sus reales explendores detrás de una aveIiida de árboles soberbios, y como vírgenes púdicas y so·
ñadoras, no dej~ndo percibir más qne ~a corona almena·
da de alguna torreó la altiva flecha de un techo puntiagudo.
( Continuará).

Gflor enlre flores.
[DlbUjO de Jo ■ é M. Vlllasana.J

•

NIJMEB0I9•

�DOMINGO g DE MAYO DE ollg7

EL MUNDO

"EL 1'1'UND0"

Semanario lluetrado.

TelHono 434.-Calle de Tiburcio riUm. 20.-Apartado

87 b.

M:EXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Reiacción. debe eer dirigida al

Director, Lle. Kaf'ael Rey~&amp; Spindol~.
ht. correspondencia q Utl se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lle. Fausto M.oguel.
La eub1:1cripción ll. EL MUNDO vale $1.;¿ó centavos al
mes, y t:ie cobra por trimeetee adelantados.
Núrutiros sueltos, 60 centavos.
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Tod.H.

Todo pago debe ser precisamente adelantado.
R&amp;GIBI'RADO COMO ARTÍCULO DE SBGUNDA CLASE.

Significa un avance notable en el espíritu nacional la
ausencia de movimientos agt"t'eivos contra le.a colonias,
hecho desagradable que antafio constituía una de las notas más picantea del programa. Y dado este estado de
conciencia, es de esperarse que en lo fut.uro p~sida un
elevado criterio en la interpr~tación de anh-ersarios Be•
mejanteEI.
No hay razón para despt&gt;rtar una maflana con sedi·
mentos de:vie&gt;jo· odio hacia Estados amigo.~, cun quienes
estamos trescientos sePeuta y cuatro dfafl eu las má.s cor•
diales relaciones. .Edo8 aniversarios no e8tá.n destinados
á despertar olvidados rencores, ni ii atizar apagadas ho·
guera~. Han podido las nacioues desgarrar1:1e eu la larga
historia de la humanilad las unae á Jaa otras, ein que tm
el estado actual de los e!lpíritus se imponga la n ... cesidad
de sostellf r t"Ste pro,pecto de guena permauente.-Las
tribus primitivas viviau de la agresión y por la agresión¡
las modernas nacianalidádes de la solidaridad y ctd cambio.

fa mrrstía ~e la uiba.

·•

Un diario acaba de rozar con vuelo de ave uno de los
problemas que más ocupan la atención de los publicis·
tas y hombres de .Estado: la carestia constante de la vida
moderna. Es en efecto, una dolorosa nota eecapada del
prO@'reeo contemporáneo, la que se refiere á este desequilibrio entre el cuadro de necesid,ideE1 1 cada día dotado de mayor amplitud, y las posibilidades de satisfacerlas. Aquí,el pensador, el político, el economista, se de•
tienen alarmados ante la suprema angustia que se eleva
de una humanidad sedienta de alcanzar el supremo bien
que la civilización le ha prometido.
Y ¡cosa extrafia! el economista, el p~nsador y el político, están de acuerdo en que las condiciones económicas
de esta humanidad han mejorado visiblemente en estas
últimas épocas, y que á una baja, siempre continua de
de los prod11ctos indispensables para la existencia, corresponden un aumento en los salarios. ¿A qué obedece,
p·1es, estacdsis latente, este t.-stado de malestar que 1í
ocasiones encuentra espaciosa salida en las agitaciones
de los grupos socialistasó en las disolvencias desolado•
ras del programa anarquista? La explicación debe bus·
caree en un hecho que hemos delineado á la ligera: el
desarrollo ilimitado de las necesidades, como una con•
secuencia lógica de esa misma civilización, de la que,
aunque quisiéramos. no podríamos nunca renegar.
Un obrero de nuestros días satisface, en realidad, un
número mayor de necesidades que un señor feudal de loa
tiempos medioevales. Su vida está llena de más canti•
dad de comodidades, y, sin embargo, todavía no se considera feliz, y reclama una parte mas considerable en la
distribución de la riqueza social. El libro y el periódico
han deEarrolJado ante su vista deslumbrada un panorama nuevo, y hacia esta tierra prometida se encaminan sus
deseos y se encauzan sus aspiraciones, ¡La vida encarece! se prorrumpe entonces, y mientras en la pluma de
Toletoi este sentimiento, idealizado 1 se convierte en una
tendencia hacia el misticismo, en la boca de Bakoonine
se trueca en un movimiento de rebeldía.
Aquí mismo. en México, en donde el problema social
está muy lejoa'de hacer explosión, se ha anotado pos-,
treramente un hecho que vale la penadeeerexaminado:
un empleado público se lanza á operaciones fraudulentas contra el Erario. Es hábil y su maniobra puede pasar inadvertida durante cierto tiempo; se sorprende la
estafa y el interesado es sometido á un proceso 1 en el
que al rnr requerido para que manifieste las causas de su
delito, contesta con la convicción de un hombre que cree
haber encontrado el menos indestructible razonamiento:
mi sueldo no bastaba para Stender á mis necesidades!
Por fortuna nos encontramos muy lejos de semejantes
idealismos; el tipo de Juan Valjean no obtiene gran éxito, y todos sabemos que ha pasado el período del sen timen•
talismo penal, y que un delito no puede jamás ser excusa•
ble á titulo (je una buena acción, de una obra :filantrópica 6 de un hecho de alt.o y trascedental altruismo. .El
hombre que comete un asesinato con objeto de apoderarse de los bienes de la víctima, no podría jamás alegar
como exculpante, que ccn esos bienes trataba de fundar
un establecimiento de beneficencia pública. Precisamente en los momentos en que el señor Navarrete, empleado
de la Tesorería á que aludimos, presentaba su programa
de necesidades no satisfechas, el Jurado Popular condenaba á un reo de robo en casa habitada, cuyo defensor esgrimía en favor de su defendido, argumentos análo¡?os.No prejuzgamoe la cuestión; examinamos un sofisi:;na,
bastante generalizado, y que es necesario destruir.
El asunto de la careEtía ae la vida reclama, no obstante,
toda la atención del eetadieta. Es cierto que el legislador
puede int~rvenir en esta crísie, de la que sufren las clases
menos favorecida~, en el reparto de: bienestar social. Haca tres ó cuatro afioe, en un documento oficial, se iniciaba
la idea de mejorar la condición del empleado mexicano
mediante un aumento de la cifra de sus honorarios, que,
á pesar de la:; nuevas exigencias, continúan siendo los
mismos que bace veinte 6 veinticinco años. El bello
ideal á este reepecto es tener menos empleado~ y m'ás
bien retribul&lt;loP, ideal á que ee opone el carácter nacional, que ha:convertido el tiresupuesto en un frondoso ár•
bol á cuya eombra desea desransar cada ciudadano.
0nm0 sucede sit-mpre, la explicación de todos los feu6u11.•noR de ni:den económico y político que se descubren 1::u loe k'jir!n~ rte nuestra estructura nacional, proceden de oculia::i dolencias de un organismo que no nos
cansaremos de repetirlo, es necesario fortificar.

11'.a, fiesta, nocionales

q

los ctlranicro,.

Hemos, como todos los afioa, celebrado el aniversario
del triunfo obtenido por el ejército mexicano contra los
axpedicionarios franceses, en la época de la intervención.
Y como todos los ailos también 1 los miembros de lasco•
lonias extranjeras, residentes en esta capital, se haneafor•
zado en tomar una parte muy activa en la hi':'tórica festi•
vidad.

•
la solución pacifica de todas las dificultad.es que pudie•
ran sobrevenir en lo fur,uro, obviando choques y evitando diforencias entre los dos países de habla inglesa; ni la
manifiesta adhesión de Me Kinley á un contrato en el
que parecían de acuerdo los diversos partidos políticos¡
ni la influencia preponderante de los republicanos que
habían comprendido esa determinación en su plataforma,.
electoral¡ ni la consideración de la influencia benéfica
que había de tener un tratado semejante en las relacio•
nes diplomáticas de los pueblos civilizados, que en aquél
verían la posibilidad de mantener la paz por medios racionales entre dos naciones poderosas, y pt,rende, habfa.
de modificar en algo las ideas generales que sobre el
equilibrio profesan los partidarios de la paz armada¡ ni
la esperanza de que uaa convención así concluida, no
entre temores y s1..1bresaltos, no por amagos y amenazaa,
sino por espontáneo convencimiento entre dos nacionalidades fuertes, y con la conciencia de su poderío: nada
bastó á crear la mayuria que reclamaba en el Senado el
ministro Sherman, prest1g:1ado como el que más en el
Gabinete americano.
t'
Habló la negra honrilla que~ creyó ultrajada en el
tratado; se escucharon las insinuaciones del amor prnpio
mal aconsejado, que se juzgó humillado en algunas cláusulas, porque se pretendía someterá juicio de árbitros,
asuntos que se pensaran indiscutibles; resonaron en los
ámbitos de la alta Cámara las declamacfones de los que
no toleran ni el más pequeño é insignificante sacrificio:
se habló de imposiciones soñadas por la Gran Bretai'ía y
de t)retensionelil que lastimaban el decoro, y se propusieron enmiendas que coavi,rtían el tratado en tina
simple convención para instituir un tribllnal de arbitraje,
que dirimiera las reclamaciones mútuas, alejando la idea
primitiva de gran alcance y humanitarios sentimientos
que lo habían inspirado.
El resultado era de preverse: divididos así los ánimosY guiados por otras miras que turbaban la tranquilidad
del sereno razonamiento1 fácilmente se comprendía
que al fin la pasión prevalecería sobre el criterio; y los
que sofiábamos en que se iba á dar un paso firme en Ja
vía de la paz universal.invitando los pueblos anglo-sajones á las naciones civilizadas á dirimir sus posi_bles dife•
rencias por esos medios que aconseja la razón y apoya la.
conciencia del propio valimiento, hemos sufrido verdadero desencanto.
En vano tratan los hombres de buena voluntad de hacer prevalecer la razón sobre la fuerza; en el fondo de
\as aspiraciones mejores y más nobles y bajo las tendencias más laudables, rugirán encarnizarlos rencores y rivalidades, envidias y odios reconcentrados, que han de separar aun á los pueblos de la misma raza, alen~ados por
idénticos ideales de paz y de progreso.

~'\~cos
de las fiestas del 5 de
'\::'::,,t

~ayo·/&gt;í;\,+-

~

'\.

•
*.

Monumento á la memoria de Ooi:,ato Guerra
levantado sobre su sepulcro en la Rotonda de los
Hombres llustre•(Mármol de Ori,zaba combina~o con mánnol blanco.)

La República M)xícana no puede querer mal á la
Francia; su espíritu ha paeado á las arterias de la intelectualida.d nacional, y de esta nación nos nutrimos copiosamente. Y este movimiento no es un dilentanttiemo de
actualidad: e@tudiantio las ideas de los pe1sooajes más
prominentes de la Independencia patria, se descubren
huellas de loa principios que informaban á los revolucio•
narimi franceses. Los textos de los discursos de la Asamblea ConstituyentP, las grandilocuencias metafísicas de
los hombres de 1789, deslizadas en las conciencias de los
i11surgentes mexicanos, proporcionaron mayor cantidad
de materia prima que las austeridades de los fundadores
de la nacionalidad americana. Y estos heclios transfundidos de generación en generación, no pueden desvanecerse ante el recuerdo de un acontecimiento que la misma Francia ha condenado.
Estamos muy lejos de las utopías de la paz universal,
inaceptable dentro de los inflexibles egoísmos de los EstadoE!. La guer1a de Oriente en Europa es un palpitante
ejemplo de lo que puPde y debe esperarse de las hermoSM estrofas subrP Mnfraternidari univnF.taL P~ro los in•
tereses que antaño desunían á los pueblos tienden hoy
á estrecharl .. e.
Por eso en aoiverearios como el del Cinco de Mayo,
antes de la celebración de una victoria cvntra un país
amigo, se conmemora la total deeapa~ición de afiejos
agravios enterrados ya en la fosa dd olvido.

lhtlítictt ®tneral.
RESUMEN-Estados Unidos y Gran Bretaña-El Sena•
do rechaza el tr .. tado de arbitraje-El interes y el
amor propio-Un desPneanto-la guerra Sud afri•
cana y la paz europea-Alianzas imposibles.

Por cuarenta y tres votos contra veint:Féis, ha sido re•
chazado en el Senado americano el tratado general de
arbitraje, concluido no ha mucho 8ntre el ministro de la
Gran Bretaña y el secretario de Relaciones_d_e la unión
americana, en los últimos meses de la administración de
C!evelaod. Necesitándose para ~ aprobación de loa tratados y convenciones internacionales del voto de dos Wr•
ceras partes do los senadores presentes, faltaron cuati:o
que asintieran á las bases acordadas por ~r .. Olney y S~r
Julián Pauncefote, para que el tratado rec1b1era la deb1•
da sanción.
·
Ni el entusiasmo manifestado en todas las clases sociales de las dos grandes nacioaes, que veían, y con razóu,

Además del volcán en horrísona erupción que ha reventado entre loe desfiladeros de Macedonia y las llanuras de Tesalia, amenazando con general conflagración el
suelo europeo, derribando ídolos de un día y arrastrando
en :fiero cataclísmo á la nación helénica, rota y maltrecha
bajo la esJ?ada triunfadora de Edehm Pachá, desangrada y moribunda bajo la avalancha asoladora de las huestes del Sultán, en medio del universal abandono y casi
culpable desamparo en que la han dejado los poderosos
de la tierra, acallando los impulsos de su propio corazón
y oyendo sólo la torpe sugestión del miedo de verse en•
vueltos en comtilicacionea violentas, hay allá en el ex•
tremo sur del Continente Negro una nube de tormenta
que como el conflicto de Oriente, como la insurrección
cte Creta, como la desastrosa guerra greco-turca, puede
en un momento sumir á las naciones de Europa, á las
grandes potencias que tanto recelan un rompimiento, en
despiadada lucha por el predominio á que cada cual as•
pira por su parte sobre las regiones ecuatoriales.
Siempre guiada por sus ideas de expansión incesante y
desmedida que la han de hacer dueña absoluta de todo el'
continente¡ siempre arrastrada por sus insaciables ambi•
ciones que la han de colocarcomoseñoradesdeladesembocadura del sagrado Nilo haet~ el Cabo de las Tormen•
tas, desde las riberas del Senegal donde se oculta traidora la muerte para todos los colonos, hasta las costas
ricas que baña el canal de :Mozambique y las codiciadas
regiones de Madagascar; la Gran Bretafia no retrocede en
sus planes de absorción y marcha siempre adelante en
la realización de sus designios.
Ayer sublevó á loe invasores del Tranevaal, hoy ee pre•
para al amparo del prestiijfo inagotable de Cecilia Rho•
des, intérprete de sus designios, á declarar la""gnerra á la
República sud africana. Pero como el Presidente Krüeger
no esta solo como Grecia infeliz; como en caso de ser·
vencido por los batallones británicoe, padecerían honda••
mente loe intereses de las naciones que allá están com•
prometidos, ya se habla aun de imposibles alianzas en•
tre Francia y Alemania unidas á la omnipotente Rusia,
para detener las insaciables ambiciones de Inglaterra.
Existirán ó nó tales alianzas que juzgamos muy difíciles; pero demuestran esos rumores, que hay otro punto
sobre el que se fija la ateación de las potencias, y que si
lograra zanjarse el conflicto de Oriente, sacrificando á
Grecia en aras de la paz europea, pudiera surgir por cau•
sas no atendidas, algo más serio que la humillaclón del
pueblo helénico, qut, pusieralen peligro el trabajoso equilibrio europeo: la guerra sud africana.

·x.

Los alumnos del Colegio Militar en la Avenida Juárez.
Revi•ta Presidencial á la• tropas de la Guarrtición.-Carruaje del General Diaz.

X. X.

Mayo 6 de 1807.
La vida es pesada; hay que levantasla á veces con alaF,.
aunque éstas alas sean de mariposa: el tiempo tan cortv·
en .m duración, se con frecuencia demasiado largo cuando paia, muy lento 1 en el curso desigual de las horas;.
hay que ayudarla á paear con más rapidez y más agra•
dablemente, desde la aurora haeta la puesta del eol.
Lamartinr.

CONCURSO oE BICICLETAS EN ATZCAPOTZALCO.

El palco de las reinae.-Grupo frente á la casa del Sr. Zimbrón.

Francisco Rocha..-ler. Premio.

�304

EL MUNDO

DOMINGO !1 de MAYO de 0897

DOMINGO 9 DE MAYO DE 1"97

Concurso de bicicletas

formaba un junco; en el manubrio se veían bonitos escudos los
rayos de las ruedas estaban t'.api•
zad~~ cnmpletameñte ron flores
eFCOJidas, y del centro de la barra
que une el asiento y el manubrio, se elevaba un gran ramo
que cubría al eeñorRocha, quien
vestía un magnífico traje com.
puesto de pantalón corto blanco
blusa de sutah lila y gorra d¿
jokey de los mismos colores.
El 2? premio de 25 perna lo
re~ibió el Peñor Salvador Sancipnán, quien exhibió una máquina sencillameJ1te adornada
ron flores exquisitas y vestía
magnifico traje de s~da blanco y
azul.
E: 3er premio df' 15 pesos les
tocó á )oP jóyeneá Leonardo Zimbrón y Ciro f'astillo, que lucian
un ;wagnífico tandem perfectamente adornado.

EN ATZCAPOTZALCO.

Pintoresca la cercana villa em.

p_eñoeas sus autoridades y ~ntus1astas y distinguidos sus habi-

tantes, nada de extraño tiene que
la fiesta que organizó laJui,ta Pa
triótica de Atzcapotzalco y que se
verificó el día 5 del actual, baya
resultado una de las más animadas, entre aquellas con que se
celebró la fecha gloriosa para
el Ejército mexicano y el triunfo
que tanta trascendencia tuvo en
la vida de la República y la re•
conquista de nuestra autonomía.

••*

La tarde estaba nublada pero
la ll~ via fué galante y 'no se
atr~v16 á descender, poi no deshoJar las flores. descolorar las ban,
der3:s nacionales y manchar las
C?rtrnas que constitman el principal adorno de la calzada de los
Reyes, sitin que se eligió para el
certámen de bicicletas, adornadas CO!] flores. al cual acudieron
las prrncipales familias de Tren·
ha, Popotla, Atzcapotzalco, San
Cosf!le y !1º pocas de México, pa•
ra d1 vertirse y dar animación á
aquella fieeta.
Las señoritas vistiendo el traje
de campo que tanto realza su
belleza, ocupaban la numero~a

.

FIIANCISCO M. DE OLAGUIBEL

"ORO Y NEGRO"

.•.

__ ,,,IOI,,. __

El pensamiento,es un ·poder y
el talento una liberta1. ·
VICTOR HUGO .

adorno¡ pero se llevaron la palma las que hoy publica•
moa en nueEtros graba~os, y las siguiente:::
'
El Sr. Pascual 1\1. Dáv1l_a presentó su máquina adornad_a con flores blaJJcas y roJaB que formaban esta inscripción: 1&lt;5 de Mayo 1862.n
Ws jóveres ~!ías Chávez y Leopoldo O. de León,
mont,apan una b1c1cleta de dos asientos en cuya parte
postencr se formó un gran concha con flores y papel
plateado que servía de eombra á los ciclistas.
Jorg: C~rdero, precio!:!~ niflito de cinco á seis afias de
edad, ,eatido con un traJe de seda de los colores nacionales, montaba pequPfio velocípedo, adornado con flores
y raso color de rosa, figurando una cuna
~armeli~a _Méndez Rivas, de no mayo~ edad que JorgP,
l!Jc1ó su bicicleta adornada con raso blanco y lazo:1 de
het,ones blancos y azules.
Federico Mé.ndez Rivas, además del adorno floral de
su maquina, se presentó vestido de torero llevando en·
tre los manubri_os una bien imitada cabez~ de toro que
movía con gracia al manejar la bicicleta · ·
'
Carlevaris y Aguilera, dos caballeros d~ conocido buen
humor, provocaron ' la hilaridad de los concurrentes pres~ntando sus máquinae y vestidos adornados con za~ahona_s, ceboll.as, le_chug~s, c?les, etc., y dieron, COJ.1 sus
chistes de rngemo, ammación al concurso.

*
••

Salwado ~ Sanc.lprlán.-2~ Premio.

Deepués de varios paseos, los bicicletistas formaron
frent._, al J?Rlco de l\on_or; las estimables reina-S arrojaron
gran cantidad de c~W,etti y multicolores serpentinas á los
C?ncursantef&gt;, y entre aplausos del público que quedó satisfecho ~el fallo del jurado, procedieron á la repartición
de p:emioe, qu~ fué como sigue:
. Pruner premio de $50: sellar Fran:iscoRocha, cuyabi•
cicleta adornada con gardenias, claveles y listones, producía magnífico efecto: la parte posterior de la máquina

Leonardo Zimbrón y Ciro Castillo. -3er. Premio.

'Biller_ía que se colocó bajo una '1.'ela
á m1_taa. de la calzada, donde
también se levantaba, adornado
-con ~l mejor buen gusto, el palco
destmado á las reinas; los cabal!eroa paseaban por los espacios
libres y al frente de varias casa!:!
-en improvisadas tribunas s¿
veían los más admirables 'gru{)Os _
formados por las familias que
habitan en Atzcapotzal00, haciendo bonito contraste con los de la
_-gente del pueblo qne con todo orden asistían á la fiesta, enteras
mente nueva para ellos.

He conocido hombres dotados de
bueµas cualidades, mny útiles para los demás y ~in utilidad para @f
mismos, así como un reloj de sol
en la fachada de una casa, que in·
dica las horas á los vecinos y á. los
t~anetuntes. pero no al propieta•
uo.
Cn ... TEAUURIAND. ~

Poco antes de••
las cuatro de la
tarde los miembros del Ayunta
miento, el Sr. Lic. Angel Zimbró~
Y demás autoridades, se presentaron en el palco de honor, acom•
pafiando á las preciosas señori.
~~s Rosario
Ordoiiez, Teresa
1/,/mbron, Sofía de la Vega, Celia
'elasco, Carmen Maza, y Ana
María de la Torre, reinas del
co~curso, que vestían magníficos
_traJes.
Momentos d@spués comenza·
r?n ~ recorrer la calzada más de
c1e~ Jóven~s afectos al sport que
~emendo. ~nacimiento d~ que
iba á _venficar&amp;: el concurso, emprendieron el Vl8je desde Méxi-co .Y lucían allí sus buenas máqu~nae y su ha bilidadpara ma•
neJarlfls.
Muchas de las bicicletas ad.ar.Dad~ )la~aban la atención por
la ong1nahdad y buen gusto del

Sefior D. Carlos Sommer, Director generti.l de "La Mutua."-Presente.
Estimado sef'ior:
Agradecida á Vd. por la eficacia
para la consumación del pago de
la póliza número G74, 014, dirijo á.
Vd.'la presente manifestándole que
hoy en presencia del Sr. Lic. Di~go
Baz. Notario Póblico, recibi en
la nficina de 1&lt;LA MoTUAn la euma
de $2,394.38 valor del Seguro que
en esa Compañía ten fa á mi favor
mi esposo el tir. David Canon Ga·
u!, siendo por valor del Seguro ....
$2,000 00 y $394.38 por premios
que pagó por él y que c@nforme al
contrato se me devuelven :en consecuencia el costo del seguro fné
un peso.-De Vd. afma. atta. y S.

OTRO PAGO DE $2,394DE
"LA MUTUA"

ENMEXICO.
México, Abril 27 de 1897.

•

•
.

Señores Carlevaris y Aguilcra.

-•=..

..c
....,~..

S. Mre. Albine Gaul. ·-

SERENATA

"Entre un aureo repique de CMCabeles,

La. adora.da. á buscarme vendrá algO.n dla,
Y tenderi á sus plantas la poesta
Las enfermizas llores de mis rondeles.

Como aves
viajeras
que buscan
un nido
leJano,
Se pierden
huyendo
las notas
extraiias
del piano ... .. ..
Y en breves, undosoe y rápidos giros,
Se 1levan los vientos.
Loa ecos llorosos, de vagos suspiros,
Y vagos lamem.os.

Le ahuyentará la negra melancolla
Y alumbrado del tedio, las ~mbras crueles

Terrornado el concurso se im•
proyiearon unas carreras' que estuvieron vndaderarnente lucidas
por la habildad de lPs corredores que en ellas tomaron parte.

Concurso de bicicletas en Atzcapotzalco.-Grupo formado por los niños Carmelita Federico
é Ignacio Méndez Rivas y Jorge Cordero.
'

EL MUNDO

•

No hace mucho que con su habitual florido lenguaje
Eutre un attreo reptque de cascabeles
de ()?0t.&amp;, escribía Amad? ~ervo un artículo en el que
La. adorada á buscaqne vendrá algiln dia.
mamfestaba sus muy legtt1mos derreos de ver impresos y
No me llamNs entonces; la amada m1a
-corriendo P?r el mundo loe libros para él predilectos de
Me lleYará. A las filas de sus tropeles,
)." mi mano en las suyll!l, pA.lUa y fria
.algunos amigos suyos.
Iremos por la inmensa ruta sombrla
León Cladel ha dicho que lns odios de los poetas @on
Entre un aureo repique de cascabeles.
,sagrados y·parece haber en ellos algo de hechizo mal•
Ahora-, si queréis después del poeta conocer al hombre,
hechor que hace concluir ~al á. aquellos á quienes el
poeta lanza los rayos de sus iras¡ entre otrost-jemplos ci- os diré que Paco ó el gosse como le llamamos, es el mis jo•
ven de los que hoy tienen un nombre en las letras. Vive
ta á Napoleón III.
Ignoro si Nervo odiari, pero sus buenosdeEeos se cum- arrinconado en Provincia, lejos de sus amigos y de toda
plen. Después de el ,,Claro ooecuroi, de C-eballos des- producción literaria, lejos de todas las elegancias y los
pués del libro cruel, áspero y desnudo cc,mo la 'carne refinamientos que son innatos en él.-Singular contrast.e
de1:.1ga:~a sn~re 13: plancha del anfiteatro, después de propio de los grandes artistas: Balzac, el hombre que
l~s m1senas bien _vistas y e_xpresa~a~ en saliente y enér- mfts mujeres y más mundanos ha pietado, nunca pudo
~1ca pl'f'Ba, nos viene, glonoso pnne1pe llegando de le- salir del cuartucho donde sudaba, e:qgendrando su inJanae comarcas el 110ro y negron del muy alto y ldeñorial mensa ccComedia Humana.u
¡,aeta Francisco M. de Olaguibel.
DAMAS DISTINGUIDAS JllEXCC.A.N.A.S
Con qué unción, con qué e:xtremecimiento de manos, abrí el joyero brusco, toeca
,caja encontrada al azar tan pobre ay! como
rico su contenido. Ya, y para mi -ventura,
Ja pureza de loe diamantes y el oriente de
las perlas me era conocido. Sabíade antemano todo cuanto debía enc&lt;'ntrar: primero las
joyas sencillas, perlas muy pequeflas ~y
anilll'S muy diminutos, piedras delicadas
-que BA regalan á las mujeres cuando enn nifias. Sabia bien que el oro de esa Rimas
temblaba en carnes muy pálidas, que su
brillo serpenteaba tras la filigrana de los en·
-cajes. entre -pechos nacientes apenas y que
1 ,s ligeros brazaletes ceñirían puños bien
f ragiles.
Loe versos de j 1Ventud de Ola~nibel son
vírgenes que llevan; ya el preeentimiento de
sus fnturos duelos podía li'xclam8l'se de ellos
ron Casal, llevan t(la tristeza de los séres
,que deben mórir temprano.n Sus sneños eon
1,;1.Jbeantee» pero en esa blancura vive ya el
1 emor de lo negro. La provenzal, la arlesia•
11a que pasa entre las e@pigas, bajo E&gt;U cofia,
~1 canto zumbador de las cigarras, se aleja
&lt;le la Farandola, y aunque el sol sea radianae y azul el cielo, ella tiembla y pienea
~n el mistral que ee acerca y silba y sacude
y extrtemece.
LoB uCroquis modernosn y las uBaladas re•
-graen son las dos partes de la obra que tal
vez prefieta yo.
En la primera, en loF&lt; uCroquis modernmi»
liene Olagufbel notas únicas, leed su t(Ob·
seeión,n desesperante. lóbrega balada que
t'Olloza brotando del vaso donde se buscó el
olvido. c,El amor modnnon en el que quiero detenerme miis tarde y la «alcobai, y la
(1míetica.n En las Baladas negras cantan
todos los tonos. Balarla roja del crimen,
donde la sangre brota de los senos rafgatlos
de la amada. Balada rubia donde el cognac
gorgea y dice al tri@i;e uel teeoro de sus campánulas de oro)). Balada don/le la enlermedad-umadona aombría y pálidan-abraza y
da sns beeos de fiebre al -poeta, la Balada de
las almas tristes y la de las 11Perlas Negras,n
baladas sencilla@, baladas sombri:l.s, baladas
donde sonríe 1a 1&gt;iedad, baladas donde llora
la tristeza y bosteza el tedio, el soberano
tedio, el invencible tedio.
Al leer loe versos de Olagufbel pienso ne·
,cesariamente en los modernos maestros belgas, leed á Huysmans, á Vethaeren, i Rorlembacb, á. Maeterlink, mirad c(Las aguas
iuerlee1&gt; de Feliciano Rojas y decidme si en
Sra. María Luisa Romero Rubio de Teresa. (De fotografla Vallcto
el autor del c(Oro y Negro,» no flota la melancolía, lo lúbrico y lo místico, de los jó•
Olagufbel, sin embargo, se ha formad.o en un medio
venes maeetros de este -fin de literatura. Decidme si el
literario, hijo de Manuel Olaguíbel, su in~(Amor moderno,11 del que va he hablado antes, no pa- esencialmente
pasó entre las resonancias y las preocupaciones
rece salido de la pluma de Huysmans antes que la t.rapa fancia
del romanticismo: sobrino de Tublada1 bebió
y la brujería lo hubieran conquistado, 6 actualmente de estériles
desde temprano en las fuentes del modernismo, en cuyos
Eachilde:
pequeflos grupos en nuestro país habia de ocupar con
Nocasta.&lt;t hermosura.'! nJ rostro de princesa.
Nervo y con D,í.valos puesto tan prominente.
NI ojos endonde brilla la luz de la Ilusión:
Y ahora, amigo Nervo, á quien cupo la honra deponer
Satánicas beldades. perfiles de faunesa
al frente del «Oro y negron tan artístico Propileo, estáis
y trágicas pupilas de angel en rebelión,
contento? ee levanta la go88trie! Dejad que las pelucas
No bocas ideales de sonrosada fresa
académicas se estremezcan, no t,emáis má.s á. los CanibaEn donde tlembl&amp; el ósculo gentil de ia pasión,
Boca. Fensual y h1brica que muerde cuando besa.
lescos artículos de los jóvenes, no¡ q® loe poetas popu•
Con labios encendidos,-flores de tentación,
lares, los cantores del Cinco de Mayo y de loe listoncitos
Amores ardorosris, vibrantes y soberbios
y los cielitos y las virgencitas produzcan mucho, muchíDe Oomle brota el cant.o sonoro de 1~ uervios
simo, cada día más, es mi mejor deseo; en el día no leja-Hechos de fibra y f6Sforo, de médula v de luzno de las compensaciones, cuando Gut.iérrez Nájera teny sea nue.,;;tm musa como un sucubo t&gt;álido
que e.h6gue nuestras vidas entre su abrazo cálido
ga una está.tua y se haya olvidado á Guillermo Prieto\
mientras sucumbe el Suefi.o clavado en una cruz.
entonces, decidme, ¿qué pesará más, todas las obras de
Si no conociera tanto á. Olaguibel, al leer sus versos lo má.E! popular de nuestros poetas 6 el pequeflo volúmen
-creería de raza blanca, babíendo habitado ]argo tiempo titulado uOro y negro.?
Y ahora esperemos los versos del maestro Balbino Dá.•
Bruges la villa muerta que inspiró áRodembacb. Ahí en
medio de la tristeza de las call~f! desiertas, en la soledad valos el tcFlorilegio11 de Tablada, las uM.ísticas.,1 de Nervo
de los vili'joe barrios tapiados por conventos, en su alma y la «Carne- del doloroso Ceballos.
se hubieran despertado el recuerdo de los viejos hechiBERNARDO CoUTO CASTILW•
.:r.os de las nocbli'B sabáticas, y tal vez subiendo á- algun
Mayo de 1897.
viejo campanario hubiera visto desfilar ante él cercá.ndo•
Jo y envolviéndolo en sus macabricaR caricias las roncas
Enmenidee de que nos habla en su «Remordimiento.»
No creáis sin embnrgo al leer á Olaguíbel y sus clamores y sus llamamientos hacia el Nirvana, sus eternos bos·tezos de doloroso tedio, que para siempre ha hedido la
¿Oyes, Concha, loe céfiros alados
aroar~a hiel de la desesperanza; al final de su volumen,
que agitan tu abanico en derredor?
t&gt;I último de sus magistrales «Rondeles,u es todavía un
P.ues son todos suspirOll ó recados
grito de esperanzas, un canto claro y vibrante entre los
que te manda al óído
.gemidos de los organoa, un sol eeplendente brotando
CAMPOA~[OR.
;i audo enmedio del crepúsculo.

7

Y se oyen
Canciones profanas
Que giran errantes
Como caravanas
Corriendo hacia allá ..... .
Canciones que imprimen
Su huella temblando,
Y gime y gimen,
Y siguen andando,
Sin norte ni guia, ni rumbo, ni -plan ... .. .

Y vago,
Y lejano,
Diciendo tristezas
ignotas
Se anima el teclado
del piano,
CJmO un mar de nácar:
las notas,
Que hirió una borrasca:
la mano.
Aprestan los bajeles
.
sus quillas de armonía,
Despierta en los rabeles
la nota que dormia
Y entre las '1.lgas fres~as
renace la canción,
ED un torrente ciego
se esfuman las escalae;
Los ojos tienen fuego,
los dedos tienen a las,
Y un buitre misterioso
desangra el corazón.
~esangra el corazón!

Y mientras lae notas
Derraman sus gotas
De llanto en la mano,
O&gt;moaves
viajeras
que buscan
un nido
lc-jano,
Se pierden
huyendo
los ecos
extrañ.os
· del piano.....

*••

y C!)

E~ voces mi adorada,
Con su lúgubre balada
Me recuerdan la aventura
De tus fingidos desvíos
Y los mudoe desafíos
-Discusiones de ternuraDe tus ojoe con loe míos.
Me recuerdan que ayer, loca
Rió mi boca con tu boca,
Y loe besos, como altivas
Ilusiones de colores,
A libar-fueron amores
-Mariposas fugitivasDe tus labios en las flores.

Tú te has ido,
Tu te has ido ... .. .
Y ~unque muerta no te olvido:
Sobre mi hondo desconsuelo
Tu recuerdo flota y flota
Como nube, como nota,
Olmo el sol y como el cielo.
MANUEL B. UG \lITE.
Buenos Aires, 1897.

-Se dice mempre: Si yo hubiese vivido hace cien afias.
Se olvida que hace cien años no ae habria sido el mismo,
que no se habrían tenido las mismas idea~, ni loe mis·
moa gustos, ni la! mismas necesidades. Escomo si se tuviera la pretensión de imaginar lo que se pemaría siendo
ave 6 serpiente.
-Hay'una cosa infame en amor: la mentira.
-No hay mons~ruo absoluto en la naturaleza moral
como en la fíaica.
\
PAUL BooBGET.

�EL MUNDO

306

DOMINGO 9 de MA'(O ' de 1897

DOMINGO 9 DE MAYO DE ,&amp;97

LA FERIA AGRICOI.A EN COYOACAN

está de fiesta.
La Sociedad Anónima
de Concursos, · perseverando en sus propósitos
de cooperar basta donde
sea posible al adelanto
de la Agri.cultura Nocional, dispuso reunir en
una sola exhibición todos los ramos que hasta
fioee del afio próximo
pasado se habían presentado aisladamente, espeOYOACAN

rando aeí comunicar mayor ímportancia é inte•
rés á sus concursos.
A eete efecto, con fecha 10 de Dicienbre último convocó á los agricultores, floricultores, ganaderos,
fabricantes é importadores de implementos agrícol~, piscicultores y en general á todos los que en cualqmera de
las Vastas manifestaciones de 1a labor agrícola empleen
su actividad y esfnerzos á una Exposición General de
Agricultura que se abriría el 25 de ~Abril y se clausurarla el 23 de Mayo de 1897.
Firmaban la convocatoria los Sres. Don Manuel Fernáncioz Leal, D. Guillerme Uhink, D. Francisco Sosa, y
D. Everardo Hegewisch.
Los Objetos que podían ser expuestos, quedaban comprendidos en los siguientes grupos:
Materias y procedimientos de explotaciones rurales.
Materias y procedimientos de la hort,icultura.
Materías y procedimientos de industrias agrícolas.
Agronomía. -Esta iística agrícola.
Productos agrícolas alimenticios de origen ve~etal.
Productos agrícola3 alimenticios de origeu ammal.
Productos agrícolas no alimenticios,
Insectos útiles y sus productos. - Insectos perjudiciales y vegetales parásitos.
Plantas vivas de todas clases.
Colecciones de plantas medicinales.
Flores sueltas, ramos y adornos de flores.
Adornos de flores secas y hojas.
Planos para formar jardines y parques.
Instalaciones de invernaderos.
Grutas artificiales y riscos.
Aparatos de física y meteorología, aplicados á la floricultura.
Instrumentos y aparatos de floricultura en general.
Mac~tas, floreros y demás objetos fle cerámica propios
para jardines.
Proyectos de jardines zoológicos.
Pájaros y peces vi vos.
Frutas secas.
Legumbres, tubérculos y raíces alimenticias.
Dulces de frutas.
Féculas.
Colecciones de modelos de frutas.
Arboles frutales.
Ganadería.
La inauguración de esta interesantísima feria se verificó, tal como estaba anunciado, el domingo 25 de Abril,·
habiendo presidido el acto la distinguida Sra. ~ Luz
Acosta de González Cosio, á quiea acompañaban los
Sres. Ministros de Fomento y Gobernación.
El pro~rama consistió en una poe:iía admirablemente
pronunciada por la nifla Clotilde Quijano, de la Escuela
~formal, y un interesante discur3G del Sr. Ingeniero D.
Eiequiel Ordoñez.
Es costumbre que el Sr. Presidente de la República
visite la Exposición de Ooyoacán en los primeros días
siguientes á. la inauguración. La visita presidencial se
veñ:ficó el domingo 2 del presente mes,
El Sr. Presidente, con su puntualidad acostumbrada,
llegó á. las diez en punto de la mañana á. la plaza de la
Constitución. dond:s e9perab1a do3 trenes especiales de
la linea de Tlálpam.
Recibieron al sef'ior GeneralDíaz los señores Ministros
deJ usticia, Fomento, Gobernación, Guerra y Marina, el se•
iior Gobernador del Distrito, el señor Oficial Mayor de Fomento, el señor Director de la E3cuela de Agricultura y

otras personas distinguidas, todas las cuales ocuparon el
último carro. En el otro iba la señora Rafaela Suárez, Di•
rectora de la Escuela Nprmal,_y . ~lgunas alumnas de esta
institución. ·
La comitiva presídenciS:l fué recibida en Churubusco
por el Prefecto de Tlalpafu. y por el P~sidente Municipal
de Coyoacá.n:, á quieñes acompañaba el Señor General
Alatorre y otraB personas.
.A. las 11 menos cuarto llegaron los carros á la Exposi.
ción. Un escuadrón del 21? Regimiento con banda y música hizo 'los honores al Señor Presidente.
Tan -pronto como el Primer Magistrado ocupó el puesto de honor en la rotonda del patio central del edificio el
Señor D. Everardo Hegewiecht Secretario del Consejo de
Administración ofreció el brazo á ia señorita Concepción
de la Fuente, alumna de la Escuela Normal, quien iba á
leer un trabajo escrito por e1Ia acerca de «La Vida del
:A,.cuario.1&gt;
La Befiorita de Ia Fuente in;ipresionó desde luego agra•
dablemente al auditorio. Es una joven morena de grandesJy h8miosos ojos negros. BU voz es dulce y harmoniosa
y su dicción facil. La joven oradora vestía elegante traje
de raso blanco adornado con listones de igual color. La

El General D.faz, se mostró muy satisfecho, y regresó á.
México á la una de la tarde.
Hoy disertará en la Exposición la señorita María Laine, el domingo próximo Ja señorita Ana María Castro, y
la distribución de premios se verificará el domingo veintitrea del presente mes.
El Consejo de Administración de la Sociedad .á.n6nima de Concursos de Coyoacán debe estar satisfecha del
buen éxito de sus trabajos .

ca de la ciudad y á orillas del mar, descargas de fnsilt:·
rí.1,, estampidos de cañón, el E&gt;ilbar dt las balas y los gritos de los combatientes, le obligaron á detener sus pasos.
-¡Cáspita!-e::a:clam6 para sí el Doctor en correcto
griego antiguo, porque se adaptaba al medio ambiente.
-¡Vaya un modo de hacer fuego! ¡Qué caflonazos! ........ .
¡Parece que diepaian con dinamita!...... ¡Ya estoy
en plena civilización moderna! ........ .
Y tendiendo una mirada al mar, lo vió cuajado de formidables buques acorazados, cruceros, cañoneros, torpe•
deroe, cazatorpederof:l, avisos y transportes de guerra, en
cuyos topos ondeaban sendas banderas de las grandes
potencias de Europa.
-Aquellos barcos-prosiguió Brijá.n-no se entretie•
nen en hacer salvas, pues advierto el terrible efecto de
las granadas en ese promontorio donde se alzan tiendas
de campaña y estandartes coronados de cruces, que acusan la presencia de un campamento cristiano. Por lo visto, loe Gobiernos europeos mandan aqtú sus poderosas
escuadras en calidad de amigables componedores en la
COiltienda de turcos y cretenses, y tratan de persuadir á
los últimos de Ja necesidad de la concordia. ¡Inclinemos
la frente ante estos irrefutables y atronadores argumen·
tos y busquemos un refugio qu.e nos ponga á cubierto de
lógica tan contundente y abrumadora!
Y alejándose de la playa, dió con un estrecho y corto
valle que se hacía entre montañuelas rodeadas de abruptos riscos, al extremo del cual, cubierta de espesos mato•
rrales, se formaba una gran cavidad al pie de un cerro.
A ella se acogió el sabio helenista á tiempo que reventaba en el valle un enorme proyectil cargado con melinita.
-¡Jesús me valgal-gritó nuestro viajero; pero su voz
fué ahogada por el eco de la formidable detonación, que
con pavoroso estruendo repercutía en aquellas cavornosas profundidades.-¡De buena me he librado! Forzoso
sed permanecer aquí hasta que cese el chaparrón de acero y dinamita, que según lo que arrecia, parece que las
grandes potencias están haciendo la apoteosis de la paz
armada.
Y acomodándose lo mejor que pudo en la ent1ada de
la cueva, se quedó largo rato pensativo, sentado en el
suelo, con una manr• en la frente y el codo en la rodilla:
reflexionaba sobre los progresos de la balística y de la
diplomacia.
De pronto, cuando ae extinguían loa últimos ecos del
tremendo estampido, se oyó una voz que desd0 el fondo
de la caverna gritaba:
-¿Quién va allá? ¿Quién turba mi reposo? Quienquiera que seas tú que profanas este sagrado recinto, respetado hasta por tos dioses inmortales, pagarás caro el ea•
crílego atrevimiento! ¡Caigan sobre tí las iras de las furias infernales!
Los pretéritos cabellos del insigne erudito debieron
ponerse de punta, porque daba diente con diente, temblaba. de los. pies á. la cabeza y sentía escalofríos en todo

El Doctor Brijá.n consum'ldo latino, insigne helenista, verdadero erudito y autor de nn trabajo histórico
que tiene por tí\ulo Incitaf,tJ y su ti.empo, no ha muchos,
días que viajaba por la isla de. . Creta en !busca de inspi•

Fachada del Edificio de la Exposición.

se.fiorita de la Fuen~ hizo nn bonito estudio de los acuaraciones, é falta de materiales, para componer un libro
rios para Balón, jardín é invernadero y fué muyapla.u,
consagrado á Epiménides de Gnossos, aquel poeta y filódida. En seguida el sefior Alcocér, dellnstituto Médico•
Eofo de quien refiere la leyenda que, siendo pastor y
dt6 lectura á un briflante trabajo sobre exportación de
mozo, harto de andar por brefiM y malezas, en una tarfrutas, que interesó vi vameute al auditorío. Tdrminaba.
de de riguroso estío, convidado por la frescura, el silen..
el sefior Alcocér de leer un trabajo, cuando llegó el sefior
cio y la obscuridad del lugar, y rendido al deseo del naLimantour, Ministro de Hacienda, acompañado de Don tural descanso, entró en una agreste y profunda cueva
José V. del Collado.
y muy á su gusto y placer se echó una siesta de cincuen~
El señor Presidente visitó en en seguida todos los de- ta y siete afi.os, día má.s, día menos.
No gusta el Doctor Briján de compafi.ías-le basta Ja
partamentos de la Exposición. Son dignos de mencionarse la colección de aves de corral del seflor Zayas En· de la sabiduría subjetiva,-y por lo tanto no es de ex•
ríquez, quien presentó también un libro utilísimo acerca trafiar que viajase solo y á pie, sin más guía que una
de cría de esos animales¡ la interesante exhibición de brújula y una carta alemana, y, para curarse en salud,
ería de gusanos de seda é hilado de esta materia exhi- provisto de dos salvoconductos, uno del Gobernador oto•
bición hecha por el conocido y afamado sericiculÍor Don mano y otro de Papamalekos, principal caudillo de los
.
Hi~ólito Chambón; el ganado de San Salvador el Seco; - insurrectos cretenses.
los ~nstrumentos agrícolas de la Escuela de Agricultura;
Gracias á dichos documentos pudo recorrer sin dificulloe IDstrumentos de Meteorología y un precioso acuario tad ni tropiezo, una buena parte de la isla, y admirar
de la Escuela Normal para Profesoras, y los carneros del
sus hermosos valles y elevadas montañas, su vegetaci~n
sefior Méndez.
lozana y exuberante y sus pintorescos paisajes; pero apenas encontró vestigios de los antiguos monumentos,
arrasados por la barbarie de Ja conquista, menos piadosa
y clemente que la mano dPstructora de los siglos.
Loe restos del célebre .Laberinto. que se hallan en
Gorthina, al sur del Monte Ida, fueron objeto de sus concienzudas investigaciones, y bien á pesar S'.lyo, porque
tiene afición á. todo lo peregrino y maravil;oso. hubo de
convencen:e y persuadirse, conforme con la opinión de
la crítica, constante demoledora de la leyenda, que aquellas intrincadas galerías, labradas en roca viva, no son
más que profundísimas canteras abandonadas, G.e donde
debió extraerse la piedra para la construcción, si no de
las cien famosas ciudades, de muchas de ellas.
Subió á la cumbre del Monte Ida, donde re1re6 la vis•
ta en uno de los más grandiosos é imponentes panoramas que ofrecerse pueden; pues á los encantos naturales
de la tierra, á la perspectiva del mar Egeo, poblado de
islas, que se pierde en el horizonte, y al cielo casi Biempre puro, claro y transparente, se unen los recuerdos bis•
tóricos de la civilización helénica, capaces por sí solut-1~
de encender el ánimo y arrebatarle á las sublimeB regionas de la eternal belleza, merced al grande y poderos . . .
influjo que ejerce en nosotros la sugestión estética d~I
. tiempo ó de la distancia.
Visitó á Candía ó Heracli6n, puerto que fué de Gnosaü$
ó Onossos, situada á cinco kilómetros de aquel¡ á Rethimo, la antigua Rithimnos, que ee asien~ cerca del Ida, en
la parte Occidental de esta eJevada montaña; y de camino á la Canea, la Kydonie de los griegos, hallándose cerEl General Dlaz y sus acompañantes.

•

EL MUNDO

Exhibición de la Escuela Normal para Profesoras.

su cuerpo. ¿Era sueño ó realidad? ¿Alucinarión rle la
mente, ó verdadera percepción de los @entidos? No: el
Doctor estaba despierto, en perfecto estado de concien·
cia; no le cabía duda. Aquellas extrañas palabras le infundían espanto; pero al propio tiempo sentíase poseído
de asombro y estupor que le robaban el vital aliento y
helaban la sangre de sus venas; porque la voz mistt:riosa
había hablado en griego, en el más puro y harmonioso
griego del Atica antigua.
-¿Quién anda ahí?-repitió aquella máecerca.-¿Quién
eres, mísero mortal, que te presentas con tan grotesca y
ridícula vestidura? ¿Histrión acaso que apela á semejante indumentaria para solaz y recreo de los ojos? ¡Ni el
mismo Dios de la risa pudo ofender de tal suerte las le·
yes de la belleza y la majestad de la forma humanal
Habla, ¿quién eres?
-Safior--balbuce6 el doctor en el mejor griego que
sabía;-sorprendido por
violenta tempestad, me re•
fugié en esa cueva. Soy extranjero ..... .
-Harto lo dice y corrobora la aspereza de tu lengua; mas ¿por qué has turbado mi sueño con tanto
eli!trépito?
-No me culpes á mí,
que soy hombre natural•
mente pacífico i enemigo
de todo rui1o, y más del
que causan y producen los
explosivos modernos. Culpa á la civilizada Europa,
representada por las escuadras que no lejos de este sitio puedes ver y admirar
en medio del marespacioso.
Y Briján, cuyas pupilas
contraidas por la claridad
no le habían permitido hacerse cargo de su interlocu•
tor, vió salir del fondo de
la cueva y dirigirse al valle
á un decrépito anciano de
venerables canas y larga
barba que le llegaba á la
cintura, vestido de quit.ón
y clámide y calzando cáli •
gas.
El_ cual, sin reparar en E'll
asombro del Doctor, que seguía sus pasos, se encaminó
á la playa, y abarcando con
la vista al mar, queengrande extensión se mostraba,
sorprendido de tan numerosos, diversos y para él extraños: buques, exclamó:
-¡Naves qne surcan el
imperio de Neptuno, sin
remos ni velas, vomitando
penachos de humo y estremecen el aire, la tierra y el
firmamento con sus truenos! ....... ¡Estoy so.fiando!
¡Qué maravilla!
-Bon buques-contestó
el Doctor-que se mueven
á impulsos del vapor que
engendra el sueño.
-¡Vapor, fuego! Plutoa.
Aspec:to de la rotonda en el monmento de la cot1ferencia.
domefiando á Neptuno,

usurpando el poder de Eolo?--exclamó el anciano.
-¿Tan ajeno vivf's á las cosas del mundo para ignorar·
las de tal suertt-? ¿No has visto nunca el mar?
-Cerca de sus orillas se meció mi cuna: soy de Gnosos.
-¡Gnosos! ¡Ni vestigios se encuentran de la ciudad!
-.J:4.:xtranjero, si no ba~ perdido la razón, Baco turba
tus sentidos. Dic~s que Goossos no existe, cuanJo bá
nea dias que estaba yo allf.
-¿Há tres días que dejaste una población de la cuál no
queda má~ que el recuerdo? Quién eree, extraña visión,
pues cuando más te miro más dudo fle tu realidad corpórea?
-Soy Epiménidee, hijo de D0rfadea, el favorito de los
dioses ........ .
-¿Epiménidee, el filósofo cretense que estuvo dormido en una caverna más de medio siglo?
-Si¡ abrumado por los aiios. harto de la ingratitu1 de
los hombres y de la crueldarl de la muerte que me condenaba á vivir, me encerré de nuevo en la cueva con el
propósito de entregarme el descanso; pero es tanta mi
desventura y tan mala mi estrella, que cuando me quedh.ba traspuesto, vino á. despertarme el ruido infernal de
estos navios.
-¡Un breve sueño de veinticinco siglos! ¡625 olimpíadas!
-¡Seiscientas veinticinco olimpíadas! ¡Desvarfo! ¡~o
ea posible! ¡Si fué ayer cuando me refugié en la cueva y
quedé dormido!
-¿Acaso la nada es susceptible de tiempo ni medida?
-¿Te consagras también al estudio de la filosofía?
-Qoién no la esrudia; pero ¿quién saca verdaderofru•
to de sue ensefianzae?
-¿Ha contribuido al perfecionamiento humano!
-El rebano, la multitud anónima, el vulgo es casi el
mismo que conociste. Eterno niño, se entretiene en romper los libros cuando no se burla de sus maestros. Ni
aprende, ni se cotrige, ni le escarmientan las lecciones
de la experiencia. Candoroso de suyo, se deja seducir
facilmente por cuantos saben halagar sus gllstoe pueriles.
Versátil é inconsciente, hace ú. veces pedazos sus juguetea favoritos para llorar luego su pérdida. No carece del
concepto de la moral; pero suele fallar más con la pasión
que con la justicia. No soporta la contradicción, blvida
los favores y paga casi siempre con negra ingratitud á
quien mejor lea sirve.
-Reconozco al pueblo que me llevó en triunfo cuando
le libré de la peste, y pasado el peligro me obligó á refllgiarme en la cueva; pero no dudo que los que tienen la
misión de encaminar y dirigir sus pasos, merced á las
enaefianzaa de la historia y al natural progreso y el deseo.
volvimiento de los principios morales y sociales\ habrán
perfeccionado el arte del gobierno. cimentándo o sobre
el derecho y la justicia en su concepto más puro y elevado.
-¿El derecho? Mira los navíos q_ue arrojan sobre la
playa instrumentos de muerte y de ruina: pues ése es el
derecho. ¿La justicia? Héla allí en aquel campamentn
de patriotas cretenses, rodando ensangrentada por el
suelo.
-¡La fuerza, siempre la fllerza, soberana del mundo!
Mas ¿quién usurpa el cetro á Júpiter? ¿Quién de tal suerte se apodera del principal atribnto de su divinidad y
fulmina sobre la tierra los rayns destructores?
-Há. muchos eiglos que Júpiter perdió la corona.
Ahora reina Pinto y gobierna 1\forcurio.
-¿Y Minerva, mi querida Minerva?
-Sobornada por ambos no se desdeña de servirá Mar•
te. Gracias á ella las naves navegan ain velas ni remos;
llevan el huracán en sus entranas, y le menosprecian si
se opone á su marcha; se alumbran de noche con la claridad del día; amparan y protegen á sus tripulantes con

�Habiendo desaparecido su cadaver, se creyó que había sido entregado á. loa musulmanes. Y ninguno oyó hablar más de él .

............................................................................................................. ·············

La señorita Concepci6n de la Fuente pronunciando su discurso.

murallas de acero, y disparan á mansa! va enormes arte•
factos de metal, que encierran en su seno el exterminio.
-¿Mas que causa mueve é incita á estos extranjeros á
hacer guerra á mi patria?
,-La común envidia y el temor del bien ajeno. Tupatria. ea una doncella. eternamente hermosa que arrastra
las cadenas de larga y cruenta esclavitud. Por romperlas ha vencido á Penélope en la constancia, á Hércules
.-n loa trabajos y á Aquiles en el valor y el ardimiento
E!'lpera al fin sacudirlas; pero los grandes Estados de Eu~
ro}Ja, codiciosos de la po~1 aióq y ~bardes pf!,ra la disp~·
ta, le ofrecen á ma11.os ll~n·as la libertad, s1 en cambio
pacrifi:ca el firme ~ acendrado amor que profesa al pueblo
helémco. Ella resiste pensando sólo en el elegido de su
,corazóa, y los rivales se unen y congl'E'gan aquí para imp_oner su voluntad con la fuerza bruta. Así, la diploma•
c1a, ~sum,en y compendio de ~ajas pasiones, eia alteza
de 1!11ras para alentar y servir loa más nobles ideales,
haciendo basta ostentoso alarde de tenerlos en poco disp0ne á su ~nt?jo d.e la suerte de lo~ Estados débil'es, y
busca su 1ust1ficac1ón en la convemencia de prolongar
una paz vacilante y i,iempre en peligro¡ paz más costosa

Exhiblci6n de Sericicultura de don Hlp61ito Chamb6n.

é ini~ua que la. misma guerra, porque las naciones se
arnnoan al peso de las armas que acopian la mutua desconfianza, la torpe emulación y el constante recelo. De
e¡¡ta manera obran y proceden las potencias que se jactan de marchar al frente de la civihzación,
. -¡Esto no ea h,.civilización-exclam6Epiménidee aleJándose de la orilla del mar,-aino la barbarie ilustra•
da! ........ .
-¿Adónde va ..? -preg1mtó el doctor.
-¡A mi soledad, á olvidarlo todo, á dormir en lo más
hondo de la caverna, donde no puedan despertarme los
rugidos de la fiera humanal
NILO MARÍA F ABRA.

Imita á aquella nueva Galatea,
pues, al ver quef!,lgú~ hombre la subyuga,
para no eer vencida siempre emplea
la gran estratagema de la fuga.
CAHPOAMOR.

AMARGURAS

Est~ba triste, macilenta, con el alma sumida en el do•
lor, BlD esperanzas para el porvenir.
Todo la hastiaba, basta la religión.
Una vez amó; pero con un amor puro y sin límites, y
la engatiaron. Al verse burlada, rompió con la sociedad.
Se reccmcentr6 en el reducido espacio de su pequeño
bogar. Hogar frío donde no encontraba afecciones ....... ..
Después cobró odio invencible á los hombres. EBoaeran
los culpables de su deegracia.
Pensó ~n el suicidio¡ pero ¡ay! únicamente se valen de
este medio los pobres de espíritu ...... -Ella no podía EO·
portar más el desencanto de la vida.
No, nos más ver aquel sol que alumbró loa bellos días
de ª1:1 pa.sada felicidad. No más abismarse en amargas
med1tac1ones á orillas del mar ........ .
......... ¡Ah, euAntasilusiones perdidas! ........ .
•······••ICuAntas venturas frustradas! ........ .

Era una noche tempestuosa y obscura en que se ofau
retumbar ~os atr&lt;?nadores ecos de las nubes; ella que no
creía en Dios, lo imploró frenética con todas las fuerzas
de su a~ma para que le quitara la horrible excitación que
la dommaba,
Se efectu? .un milagro. Cayó en profunda meditación
Y oró. Rep1t1ó las oraciones que cuando tierna nin.a le
enaefiaron sus padres.
El bálsall?-o dulcísimo de la religión, de la religión que
tod_o lo purifica, fué un gran lenitivo para aquella at,na
8edienta de corurn.el-0 y marchita por loa dolores.
ROSARIO ABMENTEROS DE HERBERA.

Se asombra con muchisima inocencia
de coeas que aprendió por experiencia,

•••

:..

Como todo es igual, siempre he tenido
un pesar verdad.aro
por el tiempo pncio110 que he perdido,
por no haber conocido
que el que ve un corazón ve el mundo entero.

-

":t';,., .

. ...
~--~

,.,.

G,ucPOAMOP.

Toro y becerro de la exhlbici6n

41

Mundy."

El monje le bendijo y le dijo: Este es un milagro del cielo. Caballero, que la paz
sea contigo! Te concedemos lo que deseas!
En verdad, el judío Ismael no había dormido con un sueño apacible. No porque
hubiese conocido jamás loa remordimientos¡ pero la joven le había lanzado, al vart.ir,
extraños anatemas que despertaron en su alma loa terrores de la superstición. Y visiones inquietantes turbaron su noche. he suerte que experimentó la necesidad de levantarse antes de los primeros rayos del dia. Con la prudencia de un gato se dt'alizó foera
de la ciudad y se dirigió á lo largo _del Arlanzón, hacia el camino de Miraflorea, para
ir de ese lado á reclamar algún pago á un deudor.
Mas he aquí que sobre la arena de la ribera, Ismael percibió nna forma negra. Y
habiéndose aproximado1 reconoció el cadáver de Encarnación. Entonrea el judío sintió que el temor le bacía un nudo en la garganta y huyó rápidamente. Mas como se
vol viese una tercera vez hacia el lugar donde yacía el cuerpo de la joven, percibió
muchas luces que la rod.eaban y que erraban misteriosamente. Eran los monjes á. los
cuales se había señalado el cada ver y que venían para entenarlo. Pero Ismael creyó
inmediatamente en una ronda diabólica de eepíritue engendrados en la sangre de su
víctima. Reconoció pues que la Vdnganza e~taba próxima y corrió, lleno de espanto,
hacia su casa. Ahí descendió á toda prisa hacia la cueva donde ocultaba sus cofres lle •
uos de oro, y sumergió, febriscitante, sll-8 manos entre loe doblones. Porque sabía por
los árabes que el ao11ido del m.et:¡.1 tiene sólo la propiedad de poaer en huida á. los fantasmae.
13ien pronto los gritos de fuera llegaron hasta él. Y he aquí. que á la extremidad
del largo corrddor que conducía á su refogio ~ubterráneo, en la sombra apareció una
luz. Ismael se prectpitó de nuevo hacia el cofre para hacer sonar sus piezas de oro. Pe·
ro la luz vengadora se aproximaba siempre.
Y en el dintel de su guarida, irguióse un fantasma gigante:co, cubierto de una
armadura blanca y con una antorcha en la mano.
El judío tnTO apenas faenas para murmurar.:
c&lt;Gracia!i, La palabra salió deeugarganta como un estertor y cayó con el rostro
pegado á. la tinra,
uVamo11, judío inmundo! levaPta la cabeza ¿y mira, no reconoces á tu víc~ima?
-Mi victima!. ..... Si, yo soy un criminal, un miser"'ble! piedad!. ..... "
Grande fué ]a tristeza Pn 13nrgol cuandn se sn•
po la muerte de la bella Enrarnac:ón la de las me•
ji 11 a a eonro11adas
'
como los laurales
rosas que flo1ecen
Pn Granada, en los
palacios d~ loa moros. Se la había
viP.to la víspera E"n·
trar á la casa del judío lEmael, el ueu
rero á quien la miFeria de su i viejos
padres no había podido entonces con•
mover, y cuando
h~bo salido.de ~a ca~a dP\ jndfo inmn.ndo, huyó en me•
d10 de la noche qne venía; sns ojos pnríeimo3 permane•
cían fijoE&gt; en tierra y un dnelo de vergüPnza la envolvía.
Al alba, loe monjes del monasterio d~ Min¡floree encontraron su cuerpo inerte sobre las riberas del A rlanzón.
Y de todas las calles, y de todas las plazas de la ciudad,
1mbla un grito de ira contra aqne1 que la había impuleado á la muerte. Las jóvenes lloraban recordando su compañía; las viejas prodigaban sus m~ldicionea con locua·
cidad; en tanto que los hombres ee miraban con mirada
aornbría y juraban entre dientf&gt;a.
Loe campesinos, ~ncaramadoe ron dignidad en sus mulaf', al bajar de la montaña, se ttrlruiraban de ese rumor,
y preguntaban si loa p~ganoa habían apriFionado los estandartes de Castilla. Y cuando eabfan el nuevo ~rimen
del usurero maldito, unían su cólera á la cólera pública,
porque casi todos le debían de antemano todo el dinero
dP ~u cosecha.
Y todos estaban de acuerdo en que la hora de la ven·
gauza había llegado.
t,Ese judío ba merecido el suplicio; es preciso colgarlo
-con un puercoln
Los t!aballeroejóvenes jug,lban en nna plaza. Uno de
-ellos exclamó: 11Reclamo !a ~abeza del judío para suspen·
derla á la puerta de mi caea.n
El otro dijo: 1tY yo quiero su piel para hacer una al·
jaba.u
11Yo también la reclamo, dijo un tercero, porque he he·
cho voto de ofrecer á las d,nnas de las Huelgas, un crucifijo recubierto de la pii:l de un pagano.i1
-La piel de un guerrero, FPa¡ pero sería un sacrilegio
revestir la divina tigur3 del Cristo con la piel de ese vil
murero. Yo la tomar~, pnee, por mi parte y mandaré ha·
c-er la imagen de un júdaf', qu~ expondré en la plaza pública, detrás de una reja, á. fiu de que los paseantes lo cu·
bran con sus salivas.
-Para poner á todo el mundo de acuerdo, juguemos
sns despojos; el más diestro guardará la cabeza y la piel;
los otros te partirán lae riqoerns.
-¡Silencio! Pxclamó nn caballero cubierto de una armadura toda bl,mca, y á. qnien nadie conocía; silencio!
rnalos caballeros que quen:il3 mancillar vuestras manos
&lt;'un el oro inmundo! Suy yo quien dará el cast-igo en nomb1e de la justicia. Y que niguno pretenda disputar mi
p1ivilegio\1J
Un monje rPvestiJo de una nstidnra blanca y negra ,
a,·anzó: uReclamo áPste hombre! El Evangelio ha dicho:
t1Xo matar.ís. " Súlo Dios puede disponer de la vida-de loa
hombrea. Así, puee, PSte no puede ser condenado ein un
juicio de nuestro tribunal , pues somos inquisidores de
lJHatilla!))
S:l caballero se inclinó, puso una rodiila en tierra y beeó el hábito del monje:
- uPadre mío, dijo, tus palabras son justas; pero ese
hombre, en otro tiempo me ha traicionado y me ha entrt-"gado á los paganos. Concédeme ser el instrumento de
tu jui:;ticia.
-Quién eres tú, á quien nadie conoce?
-Soy el caballero Pt!dro de Miranda.
Eotoncea _todos retrocedieron un paeo1 como anteun
L1,tasma.
Recordaron q-:ie en otro tiempo un paladín de este nombre hac1atemblar:por sns empresas á los paganos del reino de Granada. Un día ese caballero había sido traicionaSe ir¡tul6 un fantasma gigantesco con una antorcha en la m1no.
-do por su amada, que le hizo beber un brevaje de muerte.

�EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de ,8g7
DOIIINGO p DE IIAYO DE •8g1

·

. Y el judío per~anecía tendido sin osar levantar los ojos, y temblando como una
hoJa al soplo del viento.
uY bien! eres mudo, judío hocico de puerco, que te arrastra~ as1 sobre tus euatro
patas como un brut· ?
-Por Javeb!.. .... Encarnación!. ..... piedad!. ..... mira!. ..... He aquí todl\ mi foitu11a: Hay en ese cofre doblones y doblunes ...... Toma Jo qua qni~ras ...... O rniís bien
déJame que lleve á. los tuyos ?astante oro par11 llenar rle dicba PU vt-jn.u
'
. Detrás del caballero hab1an llegado muchas gent.es á. quienes bmael no J b.

del día. Después fné colocado dentro de
1~ ntatua, se Fellaron las dos partes y las
trnieblas 1::ternas cayeron sobre el suplicia •
do, en tanto que la estatua radiaba á los
ojus de los hombres al igual que el sol.
Aei fué como se vió durante m11cbos
años una estatua de oro á las puertas de
Burgos.

Una voz grave habló:
11 Este hombre h~ Co?!esado su crímen, ea pues ·inutil interrogilrlf'.
Ahora, nos
compete li ~~sotros, rnqu_1s1dor de Estado, pronunciar el juicio y vamús á hacerlo en
nue~tra solic1t~d, pai::a bien de todo11 1 ante el pueblo reunido. Que los esbirros aten
ese Judío con hgas sólid~s. Q1e lo hag~n en seguida compa:ecer ante nuestro tribunal y que se prepare á 01r su condenación.u
Y cuando el pue.blt:? percibió la faz lívida de IsmaeJ, las vociferaciones redoblaron Y el usurero se sintió aplastado bajo la ira de toda una ciudad
E~tonces el inquü:idor pronunció e¡;tas palabras: «El Evanielio ha dicho· uEl
r¡ue hiere por el fi~1-ro, perecerá por el fierro. E~ pueij justo que el que ha caus~do la
muerte de su se~eJante por_ el oro, perezca por su oro.
. Esta sentencia fué acogida por los aplausos del pueblo, y un escribano leyó un· ·•
c10 en latín, que Ismael no comprendió.
JUl
Despue~ fu~ arrastrado á la pri.!!ión.
Al día_ stgmente el carcelero introdujo al verdugo seguido por dos hombres que
llevaban tierra en canaRtas.
El ju!1ío pensó que había llegado su última hora. Fué despojado de sus vestidos
Y extendido e~ el suelo, temblando de terror y de frío.
~u an~us~1a se acrecía por la ignorancia del suplicio á que se le &amp;estinaba. Cerró
los.030sy s1nt1ó qu.e posaban sobre su cuerpo una sustancia húmeda, algo que se ase•
meJaba al y~so moJado, y en el cual se le cubriría vivo.
. ~cubrieron primno sus pies J'._ s1;1s piernas, después su vientre y su pPcho funon
opnnudos corno por el plorno; por ult1rno su cabeza quedó encerrada en una máscara
de lodo é Ismaél esperó la muerte.
Pe~o bien pronto se desvaneció; y cuando volvió en sí sintió que sus miernbros 08 .
taban libres.
'
Sólo el ca;celero se .mantenía cerca de él. Y creyó que una pesadilla había 1 ·.
nado su espfruu extraviado por el terror.
a uci
Pasaron muchos díae.
.
Una mañana la pu~rta del c.alabozo se abrió aun, y habiendo entrado los esbirros
le arran~arron sus vestidos, . i? ligaron con cuerdas, le ocultaron ta cabeza en un
lo empuJaron foera de la prisión.
saco Y
De nuevo Ismael, espantado, oyó en su rededor las imprecaciones de la ciudad
cuando estuvo ~n el lugar del suplicio? se 1~ 9uit6 el saco que Je ocultaba los ojos. ' y
.Entonces v16 sobre un estrado al 10qms1dor de castilla con sus ase,mres des nés
abaJo, al caba) lno blanco sobre su caballo, metido en rn armadura de fanÚsma pdes~
pués á los pemtentes con sus coguya?, que esperaban su cada ver y por fin aulla' d
amenazando, al rededor de{&gt;~, á la multitud. En lugar del suplicio se hab'ía disp~e~t~
u.n zócal~ de marmol en med10 de la plaza, y sobre ese zócalo se levantaba resplande
ciente .ba¡~ lu luz del sol, una estatua toda de oro. Ismael notó que esa' estatua ex·
t~aordmana estaba Aeparada por en medio en dos trozos, El verdugo le dijo· :vi·
b.ie~ esa estatua; se ha empleado para fundirla todo el 010 de tu tesoro &gt;) El ¡:udíoi;:
smttó desfallecer.
·
Y el verdugo af'íadió: ((Esta estatua va á ser tu ataud n
Un predicador arengó al condenado, excitándolo á co~vertirse Pero el ¡'udi'ó ya
nad a oía.
·
Perci~ía á lo lejos el curso del Arlanzon yel sitio en que vi6 tendido el cadaver de
Encarnación. Por fin el verdugo lo atió. Por última vez Ismael vió el cielo y la luz

.··ü'~~. ~~fi~~~~. ~i~. ~~·i,~;.g~·: ·~~·.p~;~iii~:

-~

·~~

LA NUEVA PRIMAVERA

Es la gran fiesta de la Naturaleza! Una oleada de luz
ha despertado~ las cosas tristes, á los gérmenes dormidos, y la Impasible, 1~ eterna Impasible abre sus ojos
para contemplar la v1da.-Eres tú mi vieja amiga mi
buena c~nfidenta de otros tiempos, ~res tú siempre, t:riun•
fan~ Pnmave~I Ayer. llamaste con tu pálida claridad
de..v1rgen anémica á mi ventana y prendiste una nota
r&lt;&gt;31za en las temblorosas hojas del rosal olvidado. La no•
che, la pérfi.da, la cal!ada, la que a90cha su presa y opri·
me loa e~pintus,. ha s1~0 vencida, y en los espacios canta
la creac1~n su h1mn.o Inmortal, vibTa y palpita. Ya u~gaste, ~rmnf~nte Primavera, y~ estas aquí, fiesta de vida,
preludio de Juventud! .. .... &lt;(¡Vida! ¡Juventud! ¡Primave•
raf ¿Para qué?&gt;i ........ .
No, mi vieja amiga, mi buena confidenta de otros tiempos, ya no eres la misma. Me engafias. Tus alientos
nuevos no arrastran las mismas impresiones el aire sano
y fresco de.la mañana no lleva las misrna.s p~omesas. En
vano de.splte~as tu estandarte victorioso. ¿Qué importa
que revistas iguales líneas y te cobijes dentro de idénticas
formas? Lo que '!,e ti amamos, lo que nos hacía penetrar
calla~am~nte b~Jo tus arcadas floridas. la vaga aspiración,
el m1steno ansiad@, la sensación exquisita 1 el desbordante anhelo, la invisible escala por donde se sube al
ideal, to~aesa~ohorte divina ha pasado, todo se lo lle.
v6 la ley rn~eclinable, 1.a que ~ime y mata, la que pone la plegana en los láb1os del mcrédulo y la blasfemia
en la boca del creyente, la ley de la vida que preside
la muerte.
¿Cuántas primaveras ¡oh Dios! han rozado con sus alitas diáfanas cada existencia humana, para comprender
que no hay Primavera? Acaso una sola, una noche una
hora, un minuto .... .. Y después, en vano llamarás á esas
ventanas coa. la pálida claridad de virgen anémica y pren.
derá una nota rojiza en las temblorosas hojas del rosal
olvida~o ......... Ya no serás la. misma ven~dora, y tú
Impasible, eternamente Impasible ya no abrirás los ojos
vara contemplar la vida.-Aquella, la nuestra, la que hacía e+tallaren nues~ra alma locos anhelos y florecer radiosas excelsitudes, ae fuépara no volver ya nunca 'allá.
se hundió en el ala inmensa de lo Desconocido.
'

•••

U,.. dónde van los muertos, nuestros muertos? pregun.
ta Paul Bourget en la postrera página de su Idilio trági•
co.-¿Los que nos 11:an amado¡, hemos amado, los que se
apartan de nosotros no tendr n ya nunca contacto con
nuestra alma; ó acaso vivirán á nuestro lado, con una vi·
d~ que. se escapa á nuestros sentidos, una vida confusa y
misteriosa de que no logramos penetrarLos, epasrcida
en el Infinito, y que es perfume en la flor, luz en el as-

tionri~as, que trasmigran de una boca á. otra boca,
como almas condenadas á un eterno mx,tarf .... .••.•
El es el que, sin capa, quiso librar la dosis
que segregan los nervios, por eso la neurosis
le eeCUJ?E' en las. entrañas una sustancia gris;
ustancia que. d;isuelve. los entusiasmos bélicos
que ayer le h1c1eron digno de los soldados gaélicos
que aun vagan en los yermos de la cautiva Erin !
¡El eP!.. .... En su cerebro vacilan los enigmas
que pesan como fardos, que duelen como er:1tig~as,
que acíbar nos ofrecen y nos ofrecen miel. .....
Sobre las verdes aguas del mar de su memoria
caminan los ilustres fantasmas de la Historia '
-conciencia de los siglos pretéritos.-¡EI esi'.... . .
Palpando con los ojos la bóveda celeste,
mientras los vientos inflan su descecli~a veste
sigue el audaz proscrito de la morada azul
'
sigue mientras errantes emanaciones cálidas
abrigan, como madres, á las Ninfas Cusálidas
mientras los girasoles se tornan á la luz!. ..... '
Espera, espera, espera ......... Los huracanes ruedan,
las olas se levantan, los ecos rn remedan,
el vértigo le empuja, no le hace vacilar ....... ..
Avanza, avanza, avanza, con pasos inseguros:
no verá derribarse los dilatadoij muro@ 1
centinelas que guardan la nueva Jeric6 • ••••••••
Avanza, avanza, avanza; y al borde del abismo
exclama coti estruendo corno de cataclisrno:
((¡Ya perdi la esperanza de provocará Dios!n

ron de que el hombre de oro habíadesapa•
recido.
AlgunC1s campesinos pretendieron que
los ladrones se lo habían llevado para ven•
derlo á los musulmanes y que se les había
visto arrastrando la estatua en un carromato, tirado por más de treinta mulas.
El pueblo de Burgos no se dignó perse•
guirlos. Ademós nunca creyó en este relato1 que le pareció inverosímil.
Pues tactos reconocieron que sólo el diablo pudo tenn interesen robará los cristianos el ataud de un judío.
Exmqui: Gt:ERT,IN.

tro, vibraci~n imperecedera en el ritmo del movimiento
en los espac10s? ~l etern'? grito de angustia que Ae esca•
pa de u_na huruamdad triste y adolorida ¿es el dE&gt;sespe·
rado gn~o de un náufrago que antes de rodar en el abis•
mo ~ov1ble de las ondas, ha encerrado en el marco de
su m~rada la ~o_le~ad inapelable del Océano? Y si no es
asi, si en el v1aJe rnc~sante de las moléculas, los espíritus
~gresan, como la Pr1mavera, y se asoman á las concieh·
Cias de los .abandonados, como, las estrellas se asoman á
l~ supei::fic1e de loA lagos, ¿en qué nota perdida hacen
o~r sus imperecederos lamentos, en qué punto del espacrn. oc~ltan sus nostálgicas tristezas? ......... Y la vidacrn•
za 10?1ferente, en medio del eterno misterio, desbordando. himnos y rebosando rosas, y la nueva Primavera teje
gmrnaldas con 1~ recienabiertae flores de los campos.
Allá, en el 11ant1guo bosque,)) el ruiseliorcanta siempre
en l:!I granado. ¿Qué sabe él de estas desgarradoras tra•
gedms de las almas? Para él la existencia con todas sus
P.alpitaciones, .se encierra en estas estrofas que surgen
sm ~sfuerzo, BID dolor y que s~ nos antojan irnpregnadas
de mc.urable amarg.ura. ¡~mén sabe! Acaso vaya en
ellas disueltas ~lgo 101:1-ater1al de lo que en lo material
busoa~os: _lágnmas, miradas, ecos, remembranzas ....... .
¡Cruel iromaJ La vida se ríe sardónicamente de nuestras
~ebeldías Y sigue su marcha triunfal, su alegre camino, la
mcesante resurrección de las cosas.

•••

¿No eras tú, jov~n poeta el que un día devorabas en la
apoteosis de la Primavera las páginas del Interm&lt;&gt;zzo, y en
tu garganta pugnaba el sollozo por abrirse paso? Ahora
evocas tu dolorosa crísis, el primer desfallecimiento, cuan•
d.o todavía la dura ley de la lucha no se te había apare·
c1do como un espectro en el umbral de tu morada. Aho~ buscas el vereo sarcástico, el punzante epigrama, la
v1brador.1. saeta que penetraba en tu lacerado espíritu
en aquella reveladora floración de la juventud primera'.
¿En dónde estás, buena sensación ya perdida, que te hacía ver un ?iaro re~ondel de cielo á través de tu tempestad de lágrima~? Piedad suprema que redimías todos los
dolorfls y sublimabas todas las ·ristezas la que con una
frase de esperanza agitaba hasta el Io'co horoismo en
una excelsa serenidad compasiva, los buenos impuisos,
?dónde~ ocultas? Noches estrelladas, claras noches de
1IlSO1;1llllO, en las que. el espasmo hincaba su garra en tu
pa;p1tantecuerpo, ~tentra.s afuera algún genio invisible
deJaba caer el polvillo de oro de sus ensueños sobre el
fecundo seno de la naturaleza y la hacía palpitar con su
beso de amor ........ : ¡qué lejos y qué cerca! ¡qué profunda la huella que deJó en la conciencia y qué empalidecí.
da en el marco que la encerró breves momentos!

•••

En la noche, cuando el silencio se restablece y la Na-

•

Do:1-11:-.00

Carl os Díaz Dufoo .

Mayo de 1897.

LA ULTIMA ESPERANZ A.

De pié, sobre la cresta de una elevada cumbre
do ádesl.eirse bajan lo'&gt; ampos de la lumbre
•
que arroJa el sol, cuando hace su fragua en el cenit
un joven descendiente de los antiguos bardos
'
que ha hallado en su camino vegetación de c~rdos
está c~n la mirada fija en el porvenir ........
'
El cielo invaden masas enormes de tinieblas 1
la atmósfera enrarecen ejército de nieblas
venda!ldo las pupilas sin rumbo, el sueiio' va;
y_ él, sin que nada amengüe su sobrehurnano temples11;1 q~ nadie su estoica resolución contemple,
mira á través de todo lo que puede cegar!. ..... .. .
El r.ayo al enemigo de sus arranques busca,
el báhto del noto los sentido:1 ofusca,
emboca el Angel Negro su funeral clarín·
y él, como si tu viera su cuerpo una coraz~,
ó ~om? vást~gl) último de la ciclópea raza,
mira iwp.M1ble, tofo lo que le puede herir¡
El D~ettno le presta sus ojos msondables
Vulcano le remacha los bicepe formidables'
para que, arrnado púgil, se cuadre ante San~n;
y_el paladín no graba terribles predicciones,
m mide con su fuerza la fuerza de los leones
porqa.e de é'U ,a.talaya quiere ret.ar á Dios .......'..
¿S~ra el Ajax que piensa fingirse en Estilita,
el m1~mo que, en sus raptos de cólera, medita
hundirse en el pantano de la noche social?··· ·····¿Será ese que en los labios de R1belai3 coloca,

-Sí, sefi.or Seguin.
•
-Pero ¿te falta aquí la hierba?
-¡Oh, no, sefi.or Seguinl
-¡Qo.i.zá te habré atadú corto! ¿Quiéres que te dó soga
larga?
-No vale la pena, señor Seguin.
-Entonces, ¿qué te falta, qué qoiereE?
-Quiero ir al monte.
-No ea.bes, infeliz, que en el monte está el lobo? ......
¿Qué harás cuando se te presente?
- Le daré de cornadas, señor 8eguin.
-¡Valiente comino le importan tus cuernos al lobo!
Chivas mE&gt;jor ePcornadas que tú me ha comido. ¿Sabes
lo que pasó á la pobre Renata, una señora. cabra. vieja
que estaba aqui el año atr'8, fuerte y astuta como un lobo? Se las tuvo tiesas con el lobo toda la noche ...... Y
despuE&gt;a, á la madrugada, el lobo se la comi6.
-¡Caramba, pobre Renata! Eso no le hace, señor Seguin; déjeme usted iral monte,
-¡Bondad divinal-exclamó el sefi.or Seguin.-¿Pero
qué les pasa á mis cabr~? Otra más que el lobo me vaá.
comer ...... Pues bien; ¡yo te salvaréá despecho tuyo, bribooa! Y para que no rompas la cuerda, voy á. encerrarte
· en el eHablo y no saldrás nunca de alli.
En seguida, el seiior Seguin llevó la cabra á un establo
muy obscuro y cerró la puerta de él con dos vueltas de
llave.
Por det=gracia, se había olvidado de la ventana; y,
apenas se volvió de espalda, ma:rchóse de allá. la peque:ña ........ .

MARTÍXEZ Ll'HX.

LA CABRA DEL SEÑOR SE;GUIN

turaleza ~e ~repara á RU gran fiest1 de .Primavera y la
vaga aspiración de buscar en los espacios el luminoso
rastro del e:1píritn ausentr, mientras canta el ruiseñor en
el granado y las fuerzas de la tierra se estremecen en su
l~b.or inacabable, y todo canta y germina; de puntillaR,
stgilosamente, me acnco temblando á una amada cami •
ta y pongo mi cabeza sobre las alas de dosangelrs .... .. y
entonces ¡oh Dios! ya entró en todo mi sér la Primavera ......... la nueva Primavera demi vida.

EL MUNDO

Siempre serás el misrno1 rni pobre Gringoire!
¡Conque te ofrecen plaza de cronista en un buen peri6di.co de París, y tienes el cuajo de no aceptar!. ........ ¡Mírate á. tí mismo, infeliz mancebo! l\fira ese jubón lleno
de sietes, esas calzas derrotadas, ese flaco rostro pre-gón
del hambre. ¡He ahí á dónde te ha conducido la ¡.,asión
por las bellas rimas! He ahí lo que te han proporcionado
diez años de leales servicios en t.re los pajes del Sr. Apolo ......... ¿No te da ya vergüema?
¡Hazte cronista, imbécil! ¡Ha.!.te cronista~ Ganarás buenos escudos contantes y sonantes de mogollón, tendrá.s
tu cubierto en casa de Blévant y podrás pavonearte los
días de estreno con una pluma nueva en el birrete ........ .
¿No? ¿No quieres? ......... Pretendes permanecer libre á
tu antojo hasta elfinal.. .... Pues bien, oye un poco la
his~oria de La cabra dd Sr. Segnin. Verás Jo que se gana
queriendo vivir libre:
El sefl.or Seguin jamás había tenido suerte con sus cabras. Todas las perdia del mismo modo: una mañanita,
la menos pensada, rompían la soga, escapábanse al mon te, y allá arriba comfaselas el lobo. Ni las caricias de su
amo, ni el miedo al lobo. nada las contenía. Parece ser
que eran cabras indepen.dientes, que anhelaban á toda
costa aire libre y libertad.
El bueno del sef'ior Seguin, que no comprendía una
jo~ del caracter. de sus animales, estaba afligidí.simo, y
decia:
--Se acab6; mis cabras se aburren en mi casa, no conservaré ni una sola.
. Sin e~barg?, no se desal~ntó; y después de haber perdido de 1dént1ca manera seis cabraf, compró la séptima;
sólo que esta vez tuvo el cuidado de que fuese muy joven, para que se acostumbrara mejor á permanecer en
casa.
¡Ah Gringoire, qué linda era la cabrita del señ.or
ñor Seguin! 1Qué linda, con sus dnlc~s ojos, su perilla
de sargento, sus cascos negros y relucientes, sus cuernos
á rayas y sus largos pelos blancos, que la vestían de gabán! Era casi tan hechicera corno el cabrito de Esmera! da (¿te acuerdas, Gringoire?); y además, dócil, zalamera,
y se dejaba ordeñar sin menearse, sin meter la pata en
la escudilla. ¡Una monada de cabrit~! ........ .
El sefior Seguin tenía detrás de en casa un cercado de
espinos. En él puso á su nueva huéspeda. En medio de
la prade1ita clavó una estaca cmdó de que tuviese cuerda
larga, y de vez en cuando iba á ver si Petaba bien. La
cabra era muy feliz; y rurniaba la hierba con tan buena
gana, que el señor Se-guia estaba extático.
-¡Gracias á Dios-pensó el pobre hombre-que &amp; la
postre hay una que no ee hasüará. eo mi caea!
El señor Segnin ee engañaba: su cabra se haetió.
Oierto día dijo ésta mirando al monte:
....... ¡Qné bien se debe a, ~st.ar allá. arri~a! ¡ Ay que gusta triscar entre malezas, sin esta maldita soga- que me
despelleja el cuello!. ..... ¡Quédese para el asno ó para el
buey eeo de pastar en un cercado!...... A. las cabras nos
hace falta mucho espacio.
A partir de eme momento, parecióle insípida la hierba
del cercado. Le entró tedio. Enflaquecía y ee iba quedando sin gota de leche. Daba lástima verla todo el santo día
tirar de la soga, abriendo los agujeros de la nariz y balando con tristeza ¡ Bée/
'
El seflor Seguin a:lvirtió que á su cabra le pasaba algo
pero no sabía qué.. .. .. Una mafi.aoa, al concluir de arde~
ñarla,_ volvi6se la ca~ra y le dijo en su patué:
-Oiga, señor Segum, me aburro en su casa; déjeme
usted ir al monte.
-¡Ah, Dios ~o! ...... ;Ta.mbién .ellal-grit6 estupefacto el señor Segwn, y de la 1mpres1ón cayósele la escudiJdil~. y luego, sentándose en la hierba, junto á au cabra, la
JO:
-¡Cómo es eso, Blanquita! ¿Conque me quieres abandonar?
Y respondió Blanquita:

. ¿Te ries, Gringoire? ¡ParJ.iez! Ya lo creo; eres del partido de las cabras, en co!ltra de ese buen sefior Seguin ....
Vamos á ver si pronto te ries.
Cuando la cabra blanca llegó al monte, aquello fué un
ª!robamiento general. Los añosos pinabetes no habían
visto nunca nada más bonito. La recibieron como á una
reimcita .. ;os castafios bajaban hasta el suelo sus copas
para acanc1arla con las puntas del ramaje. Las áureas
~etamas entreabiertas it su paso, exhalaban todo el meJor a.roma qnP podían. El monte entero la festejó.
¡Figúrate liringoire, si estaría contenta nuestra cabra!
N? más cuerda, no más estaca ..... . aada que le impidiese
triscar y pacerá su antojo ...... ¡A.llí sí que había hierba!
¡1:{asta por encirna de los cuernos, querido!. ..... ¡Y qué
hierba! Sabrosa, fina, dentellada, constituida por mil
plantas .. .... ¡"lJiferencia del césped del cercado! Pues, ¿y
la~ flores? ..... . ¡Grandes campanillas azules, digitales pm·
pureas de largos cálices, todo un bosque de flores silvestres llenas de jugos bien olientes y que·se subían á la cabeza!
La cabra blanca, medio birracha, revolcábaseallá.adentro patas al aire. y rodaba á lo largo de las escarpas, re vueltacon.lasho1as y las.castañiB caldas. L·1ego, deun sal·
to, se poma en cuatro prns de repente; y cátala disparada
de cabe~a, á. travez de brezos y chaparros, ya en lo alto
de ~n picacho, ya en el fondo de una torrentera, arriba,
abaJo, por todas partes ........ . Hubiérase dicho que en la
montaña babia diez cabras del señor Seguin.
Y es que á nada tenfa miedo la Blanquita.
P1Haba de un salto grandes torrentes que la salpicaban
~e hu medo poi vo y espuma. Entonces, chorreando toda,
iba á tumbarse á la larga sobre una roca plana y poníase
á. secar al sol. Una vez, al avanzar hasta el borde de una
meseta, .con una flor de citiso entre los dientes, vió abajo,
allá abaJ01 en el llano, la casa del señor Seguin con el
cercado de atrá.s. E:30 la hizo reír hasta llorar.
¡Qué pequeiio es todo eeo!-dijo-¿Cómo habré podido
caber allí dentro?
¡Pobrecilla! Al verse encaramada tan alto, creíase por
lo menos tan grande coml) el mundo ...... .. .
En resumen: aquel fué un gran día para la cabra del
sefior Seguin. A la mitad de él, mientras corría ú. diestro
y siniestro, vino á dar con una manaia de gamos. die•
pY.estos á mascar con buen diente una lambrusca. Nues•
tra peqneüa andariega de !raje blanco, produjo gran impresión. Diéronla el mejor sitio junto á la lambrusca, y
todos aquellos señores estuvieron muy galantes ...... Hast;a parece ser ( quédese esto entre nosotros, Gringoire)
que un joven gamo da pelo t.egro tuvo la suerte de agradará Blanquita. Ambos novios se perdieron una o dos
horas entre el bosque¡ y ti quieres saber de lo que trata•
ron, anda y pregúntaselo á los parleros arroyos que co·
rren invisibles por entre el muego.
De pronto refrescó el viento. La montaña se puso de
color de violeta: era la noche.
-¡Ya!-dijo la Cabrita; y se detuvo muy pasrnada.
Allá. abajo, la campiña estaba envuelta en brumas. El
cercado de I sefior Seguin desaparecía entre la niebla, y
ya no ee veía más que la techumbre de la casita, con un
poco de humo. Oyó las eaquilas de un rebafio que iba á
recogeree en el redil, y ain,i6 profunda tristeza en su alma ...... Un gerifalte, de regn-ao, la rozó oon las alas al
pasar. Estremecióse eJla ...... Luego olió un anllido en el
monte.
-¡Guau, guau!
Pensó en el lobo; la loquilla no había pensado en ello
en todo el día ...... En el mismo momento sonó muy le•
jos, en Pi valle, una trompa. Era que el bueno del sefior
8eguin intentaba el último es.fuerzo.
-¡Guau, guau!. ..... -decía el lobo.
-;Vuélvete, vuélvf&gt;te!. ..... -gritaba la trompa.
Ganae le dieron á Blanqoita de volverse¡ mas al recordar la estaca, la soga, el seto vivo del cercado, pensó que
ahora ya no podría acost.umbraree i aquella vida, y que
más valía quedarse en el monte.
Ya no sonaba la trompa ..... .
La cabra oyó tras de sí un ruido de hojas. Volvió la
cabeza y vi6 entre la sombra dos orejas cortas y tiezas,
con dos ojos relucientes ...... Em el lobo.
Enorme¡ inmóvil, sentado sobre el cuarto trasero, estaba allí mirando á la cabrita blanca y soboreá.ndola de
antemano. Como sabia bien que se la comería, el lobo no
se apresuraba; solamente cuando ella se volvió; rióse ,él
con e~rcasrnn.
-¡Ja, ja! L1. cabra del sellor S¿guin!

Y ee pasó la roja y gruesa lengua por sus labios euavea
como la yesca.
Comprendió Blanquita que esta.ha perdida. Al recordar un momento la historia de la vieja Renata, que se
había batido toda la noche para ser devorada por la mañana, dijoee que quizá. fuese mejor dejarse devorar en
seguida; luego, cambiando de parecer, se puso en guardia, con la cabeza baja y los cuernos hacia adelante, co•
mo una valiente cabra que era del sefior Seguin¡ y no
porque tuviese esperanza de matar al lobo ( las cabras no
matan a los Jobos¡, sino nada más que poi ver si podría
resistirse por tan argo tiempo como la Renata ..... ..
Entonces avanzó el monstruo, y los cuernecilloe entra
ron en danza
¡Ah, valerosa cabrita; con qué bríos acometía! Más de•
diez veces ( no miento, Gringoire) obligó al lobo á retroceder para tomar aliento. Durante esas treguas de un
minuto, la golusuela cogía á, escape otra brizna de sus caras hierbas¡ después, tornaba al combate, llena la boca ...... Aquello duró toda la noche. De vez en cuando, la
cabra del señor Segnin miraba danzar á. las estrellas en
el claro cielo, y decía para sí:
-¡Oh! ¡Con tal de que resista hasta el alba!.. ...... .
Apagáronse las estrellas unas tras otras. Blanquita redobló las cornadas, y el lobo los mordiscos ...... Un re·splandor pálido apareció en el horizonte...... Desde un
cortijo subió el cántico de un gallo enronquecido.
-¡Al fio!-exclam6 el pobre cuadrúpedo, que sólo al
dia esperaba para morir; y tendióse en el suelo, con su
hermosa piel blanca, toda manchada de sangre ......
ELtonces el lobo arrojó.se encima de la cabrita y se la
comió.
¡Adioe, Gringoire!
La historia que has oído no es un cuento de mi invención. Si alguna vez vienes á Provenza, nuestros caseros
te hablarán á menudo de la cr1bra del .~efíor &amp;guin, que se
l1atiá toda lrr noche con el lobo, y al cabo, por l&lt;t mañana, el
lobo se la comiú,

Oyeme bien, Gringoire: E pieu lon m.atin lon loi,p la
1llfl tl flt' .

ALFOKSO

DACDFI'.

RELIEVES
AMADO

NERVO

¡El templo! La luz tibia derrama sus fulgores,
Y en áureos tonos rico su mágiéo pincel,
Abrillantando el alta ventana de colores
Recorta á un tiempo el ovio de un jonio capitel.
Desata oculto genio la voz de mil rumores
Chasquean las doradas molduras del cancel, '
Y eleva el Cristo exangue los ojos sofiadoree
Llorando el ateismo del pueblo de Israel.
Silente forma diáfana, ee yergue: ea la propicia
Tespíade del bardo, la pá.lida novicia
Que yerra por el lóbrego recinto monacal,
Y va sofiando en épocas de contrición bendita
Y en castos desposorios con el Jesús1 que invita
Los brazos extendido!!, al místico ideal.
'
SALVADOR RUEDA

Radiante musa vierte sus alegrías,
Juguetona, locuela y enamorada,
Y lleva en el abismo de su mirada
Luz de extrañas pasiones y nostalgias.
Negras las arqueadas cejas sombrias,
En mármoles y rosas la tez tallada,
Y es .su boca riente fresca granada
Do vierte el labio roJo mil ambrosías.
El mantón coruscante, la .zapatilla,
La burbuja en I&amp; caña de manzanilla
Y del rojo corpifio las ricas telas,
Esrnaltan las estrofas, tendiendo el ala.
La zambra se despierta, y el aire escala
Bullicio de panderos y castañuelas.
Mayo de 1697.

AURELIO G. CA RRAiCO,

No te ablandes oyendo sus acentos,
que el diablo en ocasionE&gt;s
acalora los buenos Bt'ntimientos
para hacer cometer ma 1as acciones.
Yo suelo con tu nombre, nifia hermosa,
por miis que el curso de mi edad avanza
hacer mi alma dichosa.
¡Sabe tan bien el pan de la Esperanza
qne ya no me alimento de otra cosa!
CAMPOAMOB.

�•
EL MUNDO

EL MUNDO

DOMINGO 9 de MAYO de•~?

DOIIIIIGO II OE MAYO DE ,&amp;97

ENGANO SUBLIME
Por lb}aría \!escot.

l

NUMERO 9.

Despt1~s. á lo largQ de un gran bulevar, ot.ras 1·ill(J11,
provocativas como cort.e1:1anas, mostrando complacientes
á los ojos de los paseantes, , través de verja.s coq11eta.", su
trnje multicolor y la gran línea de verdura quP corta la
,·illn en do.!!, luciendo, en medio de las lnjoP:ae el•·gaociaa,
la nota de loe rÚ!ticoe cultivoa. Por fin, franqueado el
-viaducto, he ahí la vieja La usan ne con sus cal lee eatre•
chas entre taludes cortados á pico 6 en deecemos verii·
ginoaos, eus·attaa casas que parecen encerrar al paseante
,en un vericueto sin salida; pero las casas se separan, una

Greda inmortal.
Cu.adro de II.Sleinlradzld

\

de ellas se sobaja formando plataforma 6 terraza, y el la·
go aparece de improviso, y es cada vez la misma impre·
Pión de sorpr.-sa, admirativa cada vez, un pJa...,...r inteDSO
como si se temiese no verlo más y no se recordase ya rn
hermo ura!
Lila no dejaba de correr en aquellas callee tortuosa!:',
di11curriendo por las rápidas pendientes con alegre pre~
cipitación de nii'ia, en tanto que detrás de ella el aya se
eofocab:i por seguirla. Después caminaban rehusando
preguntar, enc:intadae de perderse, embelesadas cuando
0

el azar de su paeeo las llevaba de pronto al pie de un
monumento
Cn día visitaron la catedral con eee eentimiento dein~
tfonss. curio~idad y de vago terror que los cultos extran•
jeros inspirao; pero la antigua badlica permanece profundamente católica con sus altos pilares, su.a navea
profundas, la obeouridad de sus bóvedae, y sobre todo,
ese hálito de antiguas edades que nada podría extinguir
en el logar santo.
~e dos mujeres ee detuvieron en el sitio vacío de la

�3 11

agua bendita, buscando esta y con un gesto involuntario
hicieron la seílal de la cruz; después se dirigieron hacia
las grandes bancas de encino para arrodillarse: como el
agua bendita, los reclinatorios no estaban ahí.
Se pasearon con pasos tímidos á través de la igleeia
desierta CC'n el alma presa de una misteriosa melancolía.
La nifia no podía comprender la importancia de esta
gran derrota religií"1m, pero la desnudez de los muros
la impresionaba: ya no había euad.roe, ya no había estatuae, ni santos con vasos de flores á sus pies; ya no había capillas ricamente ornadas, no más ex- votos ni :cirios
arrojando en las tinieblas la nota alegre de las iluminaciones; no más madonas blancas tendiendo á los fieles
sus braios de misericordia y de amor. Sólo dos hombres
de piedra, rígidamente acostados sobre las tumbasen dos
rincones sombríos, la~ miraban con sus ojos graves. Pasaban frente á ellos suavizando sus pisadas.
Cuando llegaron frente al santuario encontraron solamente las mesas de marmol de las comuniones calvinistas. La niña dijo en voz muy baja:
- Ya no hay lámpara.
Y la ausencia de esta lámpara del santuario, que arde
dia y noche al pie de nuestros altares, penetró el alma
católica de Carlota de un dolor tan punzante, que se arrodilló sobre las piedras, y como los ancianos de Israel ante
el templo perdido, se puso á llorar.

EL MUNDO

jer de unos treinta años, de ojos tristes, de boca seria,
de actitud fría y reservada.
-Señora, dijo avanzando.
Ella se estremeció ligeramente, y s:n embarazo algu·
no se excusó :
-Perdonadme, sefior, esta obra. es tan bella! Me olvidé de todo al admirarla. Le debo 61 primer instante de
placer que he gustado desJ.e hace tiempo. Temo haber
sido demasiado indiscreta entrando á esta casa en ausencia vuestra; pero mi triste salud me prohibe tan frecuentemente salir de mi cuarto y tenía tan gran deseo de esta visita ..... .
Se detenía ante las di versas telas esparcidas en el salón,
y sin exageración, sin adulación vulgari con palabras:muy
sencillas, las alababa delicadamente. El incienso bajo esta
forma discreta, guardaba un perfume exquisito. El pin·
tor se inclinó dando las gracias. Comenzaba á. sentirse
obligado á esta admiradora; no pensaba ya en censurarla
porque había violado su consigna. De sus cartones, de
sus cajas, de sus armarios, sa~ó todos sus estudios, to•
dos sus esbozosi insaciable de los elogios que ella, sin fa.
tiga, continuaba prodigándole. Ella dijo visiblemente
embelesada:
-Esto es todo, señor? Dabéis tener todavía algo más.
Esto es tan hermoso, que desearía uno admirarlo siempre!. .... .
Al fin, dijo coa 1.1n tono grave:
-El deseo de contemplar todas estas hermosas obras,
Al salir de la iglesia se encontraron al pintor que venía á uníraeles. El admiró en un grave silencio la impo· no es la sola razón de mi visita.
Sus ojoe se inclinaron, se detuvo vacilante; pero dominente belleza del paisaje que se extendía á sus ojos: las
nando
su emoción, continuó con una sencillez altiva:
montañas de un hermoso negro, hundían su blse en el
-¿Por qué avergonzarme de confesará un hombre de
sombrío lago, sus cimas con sus blancas manchas de nieve se recortaban sobre el azul claro y comenzaban á ele- corazón una pobreza de que no debo ruborizarme? Soy
viuda, mis débiles recursos no ba3tan á mis necesidades.
varse vapores ligeros como flecos de pluma.
Y como no quiero aceptar nada de nadie en el mundo,
-Esto es admirablemente bello. murmuró el pintor.
ni socorro@, ni limosnas, he pensado en trabajar. Me han
Alguien cerca de ellos dijo:
-Sí, el tiempo es muy bello ahora, pero mañana, sin dicho que tengo muchae disposiciones para la pintura,
mis profesores afirmaban que yo podrfa, en caso necesaduda, tendremos bruma.
rio, utilizar mis débiles talentos. Es esta vuestra opi•
Lila exclarñó gozosa:
-Oh! papá! la bruma, que felicidad! Tú acabarás tu nión, sefior?
Los ojos bajos parecían retener las lágrimas, la boca de
estudio y nos iremos, no es verdad?
A pesar de todo el placer que sentía en aquellas excur - labios delgados, comprimía algún sollozo; el timbre mesiones, á. pesar del encant0 de Laue:anne, Lila permane· tálico de la voz sentaba bien á cada palabra de aquella
cía inquieta; su enemiga estaba ahí, como los ogros de súplica á. la vez humilde y fiera. Permanecía de pie,
los cqentoa de hadas,emboscada en el chalet de peraia• manteniendo en una mano temblorosa, un álbum de pequeñas dimensiones. Fernando Duvernoy empezaba á
nas cerradas, presta á devorar alguna presa.
L:i inquietud de la niña persistía, aun cuando nada vi• encontrarla tan seductora, qu€ se apoderaba de él cierto
niese á molestarla.
terror, y Jejoa de avanzar la mano para recibir el álbum,
retrocedió un paso. Después, con un tono~poco alentador,
-Qué dichal-repetia-])11.rtiremos muy pronto.
casi
dnro, el tono de un poltrón que siente venir el lpeCuando los tres paseantes volvían á la villa, la criada
ligro :
suiza fué á su encuentro con un aire un poco inquieto.
-La pintura, sefiora, en la época actual, respondió,
-La dama vestida de negro, del chalet ha venido á ver
es
una carrera poco lucrativa; tenemos un exceso tal de
al señor. Estaba muy fatigada y pidió permiso para enproducciones,
de todo género, que nuestros grandes maea•
trar al taller del señor; dijo que el señor le había enviatras mismos, tienen trabajo para colocar sus obras. Cier•
do su autorización por intermedio de la aefíorita Carlota.
Yo la dejé entrar, no osé rehusarme. Espero que el señor tamente yo no osaría aconsejaros que entráseia en esta
vía. Encontraréis, así me lo temo, muchas penalidades,
no estará deecontento.
pero
debéis tener una familia, amigos, que se apresuraCarlota arrojó un grito de alegría.
rán
á
ayudaros.
-Querido señor Duvernoy, cuan feliz soy!
Ella respondió con penoso esfuerzo:
Hace cerca de ocho dias que no la veo. Quiere el señor
-Los Meriadec son pobres y yo no quiero servirles de
permitirme que vaya á recibirla?
carga;
en cuanto á la familia de mi marido, en cuanto á
- No, dijo él secamente.
los Sres. Martín ...... .. .
No le agradaba qne entrasen á su taller en su ausencia.
Pasó una llama por sus ojos; era el resentimiento de
Además, le reprochaba á. esa extranjera que por tanto
alguna
humillan.te negativa ó la rebelión de una indoma•
tiempo hubiese diferido su visita.
ble fuerza.
'
-Es preciso correrla, dijo fnncamentle Lila, fruncien- ....... .. En cuanto á. los Sres. Martin, moriría de ham do sus lindas cejas. Es preciso ponerla á la puerta.
bre antes que dirigirme á ellos. En otro tiempo tenía
-Así lo haré, pero con las formas de costumbra, dijo
amigos, ahora ya no los tengo.
él sonriendo.
Después, con una voz firmei repitió:
Subió la escalera con paso lento; el de3eo que había te-No quiero aceptar nada de nadie en el mundo; ni
nido de conocer á esta mujer, se de3v mecía; vol vía á te• socorros, ni lim~sna.
ner desconfianza, y el epíteto d:'l aventurera encontrába•
Decididamente esa aventurera daba pruebas de una
11e rle nuevo sobre sus labios¡ pero apenas abrió la puerta,
impecable dignidad. El sintió por ella más respeto.
cuuudo sus disposiciones hostiles se modificaron sensi-Dieiponed de mí, sefiora, dijo con un tono resignablP.mente. Y de hecho, para un artista, el espectáculo do, estoy á"vuestras órdenes. Tomó el al bum y lo hojeó.
que se ofrecía á. sus ojos, superaba al de las aguas cam- Había acuarelas, después crayons, paisajes, estudios de
biantes del lago y á los esplendores de los picos nivosos. árbole3, flores y aun algunas figuras. Nada de eso lo desLa extranjera, ante el paisaje de bruma, parecía en éxta- lumbró: no esperaba tampoco deslumbrarse y disimuló
sis, medio tendida en un sillón, con la mirada :fija, tan sin mucha pena su falta de admiración, limitándose á
ab~orta por su admirHión, que no oyó la puerta girar cumplidos de una trivialidad cortés. Verdaderamente
sobro sus goznes. Eete homenaje mudo, tan sincero tan después de todos los elogios que ella acababa de prodiinopinado, halagó el amor propio del pintor, más y' me- garle, hubiera sido demasiado impolítico no adm irararse
jor que ningún cumplido pudiera hacerlo. Vió una mu- él á su vez.

DOMINGO g DE MAYO IIE 1897

=

-Muy lindo ciertamente, disposiciones felices, mucho
gusto, composición fácil, hermosos rasgos de lápiz .. ... .
Ella ie miraba con sus grandes ojos serios que dilataba la angustia.
-Oh sefior, la verdad, d~cidme la verdad, os lo suplico. Vale más para mí no alentar una quimérica espe•
ranza.
Entonces él cambió de tono, y devolviéndole el album:
-Lo que he dichoi señora, lo sostengo¡ tenéis diepoeisiones felices, pero os ha faltado trabajo, y ahora sin un
trabajo arduo, taimado, no se llega ... .... ..
-Entónces esas acuarelasi mi última esperanza, notie•
nen valor alguno, nadie las comprará?
El tuvo un movimiento de hombros que expre3aba Sll
pena y su impotencia. Encontraba rlemasiado duro repe •
tir una segunda vez la cruel opinión.
Vió á la Sra. Martín de3fallecer ante está decepción, le
pareció que su pálido rostro palidecía aún; pero ella no
profirió una queja y él tuvo gran piedad de esta emoció n
tan valientemente comprimida.
-Gran Diosi Señora, no tiene usted otros recursos?
Es posible que baya esperado 11sted .. .......
Ella sonrió vagamente, dolorosamente.
-No os inquieteis señor, respondió, tengo ciertamente otros recursos; ellos me bastarán.
El comprendió bien que le mentía. Mas sin dejarle
tiempo de protestar, ella continuó:
-Adios, dignaos escusar mi indiscreta vieita y perdona_d que os baya importunado.
No, no, cien veces no; él no consentiría en dejarla par•
tir así. ¿Qué valían algunos billetes de banco nús ó menos en su cartera? No había dado muchas veces dinero
á los artistas pobres que solicitaban su genero:,idad? Ja. más un infortunado le pareció más interesante. Hubiera
querido decirla: 11Pretendéis no tener amigos, y he aquí
uno que viene á vos, aceptad de él el dinero que os sea
necesario: él tendría un goce tan grande en pre.:;taros es•
te servicio!&gt;) Pero tales ·palabras morían en sus labios sin
que osase pronunciarlas. «Yo no quiero aceptar nada de
nadie, ni socorros, ni limoso~,)) hc1bía dicho ella. Este
derecho que ella rehusaba de una manera tan abiioluta á
sus parientes, ¿cómo se lo acordaria á un dt:Econocido?
Un ofrecimiento de este género, ¿no era acaso un insulto?
¡Es tan dificil dar limosna á aqudloa que rehusan tender
la mano!
En tanto que ella atravesaba el taller para retirarse, él
la seguía, presa de sentimientos complexos de pena, de
despecho y de timidez, balbuceando palabras sin conexión en que se confundían torpemente su ~mbarazo y
su buena voluntad. uEn verdad, señora, os a~eguro ..... .
estoy desolado ...... ciertamente las acuarelas ...... pero yo
no pido sino ...... yo sería feliz .... .. excelentes disposicia.
nea, sin embargo ...... muy lamentable, sí, muy lamentable ..... .
Después, con más firmeza:
-Es imposible que os vayais as1.
Ella murmuró en tono humilde y bajo.
-Os he comprendido perfectamente, señor; las dispo•
siciones más felices son inútiles sin una dirección acer•
tada. Nosotras teníamos en el colegio un profesor demasiado facil de contentar. ¡Ah! si yo hubiese recibido en•
tonces las lecciones de un maestro como vos, ahora
estaría salvada, en tanto que ...... No concluyó la frase.
El la interrumpió con un grito de triunfo. ¡ Lecciones!
Pardiez, sí, lecciones. ¡Cómo no había pensado en esol
i El podía darle leccioneal Es decir, retocar esas deplorabl~s acuarelas, y hacerlas vender en seguida por .sus
agentes.
En todo caso, á favor de esta estratagema, le haría.
aceptar algunas sumas de dinero. Este hermoso expediente le pareció que conciliaba todos los intereses y ponía en salvaguardia todas las susceptibilidades.
Ella volvió lentamente la cabeza. El permaneció un
instant.e sin hablari coutempláa.dola.
Cómo sus OJOS de artista hubieran pódido no admiraraquella incontestable oellei:al los cabdlos leonados ant.e
el reflejo dt:ll sol pouitmte, iluminándose de cobre y deoro¡ los grandes ojos irradiando fulgores profundos, la
vaga sonrisa, en fio, tenían ese encanto extraño que inquieta, atrae y fascina. Beltrana comenzaba desde aquella hora á ejercer sobre él el ascendiente de dominación
que una mujer de firme voluntad ejerce,rá siempre sobre
un hombre de corazón bueno, de imaginación viva y de
vol □ ntad debil.

DOMINGO g DE MAYO DE 1897

Con largas perífrasis.él le expuso su proyecto, excogiendo las palabras más corteses, suavizando sus expresiones¡ él hubiera querido hacerla creer que ella le obligaría aceptando sus lecciones. Temía qne ella rehusase,
rompiendo así todo lazo de unión entre ellos.
Ella escuchaba sin que emoción alguna de descontento
ó de alegría se revelase eu su ros~ro. Su respuesta fuá
breve, ningún arranque imprudente se dejaba percibir
en ella.
-Vuestra delicadeza} señor, me ofrece la sola limosna
que yo puedo aceptar.
Fué él quien prodigo las gracias con una gratitud cuyas cansas facilmente habría descifrado un psicólogo
-Pobre mujer! murmuró él cuando ella se hubo retirado, verda1eramente es muy interesante! Además, este
servicio de mi parte causará. tan.to placerá mi buena Carlota! Exelente Carlota. Bien le debo esto. Ha sido tan
abnegada!
Cuando la señora Ma~tin volvió ti su casa, una risa sardónica reemplazó en sus labios á la pálida sonrisa de resignación:
uTodoa son lo mismo-pemó ella¡ todos faciles de seducir por Jos mismos medios: halagar su vanidad, pedir
su protección.n
Se había puesto de codos en la ventana de su chalet,
más no era ni el hermoso y tranquilo espejo del lago con
sus barcas de velas blancss, ni las sombrías montañas de
Saboya lo que miraba. Lo que volvía á ver era una pá·
gina de su vida, cuando, sobre una playa bretona, se había dirigido á un anciano para obtener de él consejos y
lecciones. Después esos largos meses de invierno, durante los cuales se dirigía á su caea todoi los días; la pena
que había tenido en vencer sus timideces¡ las desconfianzas de aquel enamorado sexagenario, hasta llevarlo
por fin á solicitar temblando una mano que ella le tendía
desde hacía largo tiempo. Y esa era la misma escena representada esta vez con la habilidad que da la experiencia. Acababa de ganar Ja primera escaramuza más facil..nente de lo que había esperado.
Se pasó la mano por la frente.
11Sia embargo, no debo f1nn cantar el '.Itl Dewn, por
que la victoria definitiva será vivamente disputada. Ten·
go en el sitio una temible enemiga. A través de las reticencias de Carlota he comprendido perfectamente qnejla
niña me es hostil: ella defiende contra mí á su aya y defenderá á. su padre más aún.&gt;1
Ante ella, sobre la zona que bar.la el lago, pasaban en
esa hora del crepúsculo bandadas de paseantes, familias
enteras con hermosos nifi.os elegantemente vestidos.
Ella l6s seguía con los ojos.
«Yo no amo á. los niños, dijo con tono duro, á los niños
ricos, á los niños mimados. Yo jamás he sido mimada:»
Recgrdó su triste infancia en la pobre casa de Bretaña,
la envidia que le inspiraba s·1 pequeña amiga Valeria
Martío, á. quien sus padres amaban y chiqueban.
«Sin duda, pensaba ella, yo habría sido menos mala si
hubiese sido aroada.n
Un peco de vacilación pasó por sus ojos: libraría la lucha contra esa nif'ia? el fin valdría la pena? Pero recordó las confidencias de Carlota; el taller con sus bronces y sus mármoles preciosos amontónados en desorden}
la balumba de las grandes cajas llenas de maravillas adquiridas por el pintor en sus diferentes viajes. Sí, la partida valía la pena de ser jugada. No se trataba por cierto
de amor, el amor ne era para ella mas que un engaño in·
fernali una trampa donde el más débil, el más ingenioso
de los dosi se deja cojer. En esa trampa ella había caido
una vez y había sufrido hasta desear la muerte. No caería ya en adelante.
En tanto que así pensaba, había llegado la noche.
Ella permanecía de codos en su ventana, en un enauefto
profundo; no oyó ni la arena de las calles crujir bajo
nnos pasos rá.pidos, ni el tiwbre de la campanilla. s~
estremeció cuando la voz de Carlota le llegó de lejos¡
la alemana se dirigía á la criadai preguntando si la seilo-

ra Martín podía recibirla.
uAh! pensó Be!trana 1 una contra orden, sin duda, la
niña habrá vencido y van á partir.»
Pero no era de una contra orden de lo que se trataba,
muy al contrario, Carlota, jubilosa, llevaba áau querida
princesa el entusiasmo de su alegría.
-Os va á. dar lecciones! Os volverá una gran artista co·
mo él! Oh! querida amiga, cuán feliz soy! Cuán bueno es,

EL MUNDO

verdad? Y qué dulce recompensa para la aya por sus
cuidados y su abnegación! El me ha dicho: •Yo no puedo rehusar nada á una amiga de mi querida señorita Carlota!» Yo le pedí que me llam.ase Carlota el día que me
dió eu corazón.
-El día en que os dió su corazón! rep!icó la Sra. Martín, cuyas finas cejas se fruncieron . Os ha dado su corazón! Y por qué hacíais de eso un misterio?
Carlota enrojeció:
-Oh! Yo esperaba ......... yo pen~aba ...... Yo creía que
el Sr. Duvernoy estaría contento de mi discreción! y
además, era un placer tan grande tener un secreto con él
solo! Perdonadme!
-Entonces él quiere casarse con vos? Os lo ha dicho?
Será eso muy pronto?
-Muy pronto! Oh! no, querida amiga. Cómo había de
ser eso muy pronto? El gran patriarca Jacob no guardó
acaso durante catorce ailoa los rebaflos de Laban para
casarse con su querida Raquel? Cómo testificaría yo me•
nos paciencia, cuando no tengo menos amor? La recom•
penaa es demasiado bella para no ser esperada.
-Pero vos decía que os ha dado su corazón!. ....... .
Cuándn? ...... Cómo? ...... en qué términos? ........ .
Fué desdués de la enfermedad de Lila. Un corazón so berbio, tododeoro,enriquecido de turquesas y diamantes. Pero los diamantes y las terquesas nada significan, el
corazón lo es todo! El me ha dicho: uEs vuestro emble•
ma, sefiorita Carlota, vos sois un corazón de oro.n
La Sra. Martín disimuló con trabajo la irónica sonrisa
que plegaba sus labios.
Cuando Carlota hubo partido:
-Imbécili ex-clamó. Me ha dado miedo. Vamosi deci·
didamente intentaré la aventura. La niña me hacía vacilar, Carlota me deeide.
Y sintió una alegría malsana en derribar el fragit cas~
tillo de cartas de la imprudPnte Carlota; una alegría de
corazón helado, ura perfidia femenina, celos de ese ino·
ceute amor que amenazaba con elevarse tan alto.

x:xrv
Al día siguiente, al despertar, Lila arrojó un grito alegre. Una bruma ligera se extendiai á través &lt;le la cual
las montafias de Sabaya parecían como veladas de gasa.
Llegaba, por fin. el efecto tan vanamente esperado por el
pintor hacía tantos días.
-Oh! exclamó ella. qué felicidad! papá acabará su estudio y partiremos.
Se asombró de no ver á Carlota sentada, como de ordinario, al pie de su lecho, pero la alegria de la próxima
partida la volvía filósofa:
-Apuesto á que está en casa de la uprincesa negra,u sila
duda para decirle a.dios, puesto que vamos á partir. Oyó
rumores que partían del taller; su convicción se afirmó:
eran movimientos de cajas y golpea de martillo.
Están empacando-peneó~¡que felicidad!
Se levantó aolll, se vistió apresurad.amente, corrió llena de gozo al taller y se arrojó entre las piernas de su
padre, manifestándole ardientemente su alegría. El la
recibió con impaciencia, casi con cólera.
-¡Eres insoportable, déjame tranquilo, por poco me
haces caer!
Tenía entre Sus manos una soberbia á.nfora que acababa de salir de una caja y que llevaba con infinitas pre•
cauciones. D~scontenta y sorprend:da, ella retrocedió,
después miró en su derredor. No se trataba de empacar
sino de desempacar; las cajas no se cerraban, se abrían.
De sus flancos salían hermosos objetos, que la niñ.a, en
cualquier otro caso hubiera visto desaparecer con guato;
ante esos primores habría alegremente batido palmas;
pero pPrmanecía inmóvil, inquieta, no osando cuestionar, temiendo la reepneata, mirando con sus grandes ojos,
llenos de ese terror de las cosas de la vida que los nifíos
presienten y que no comprenden.
La víspera, despues de la partida de su visitante, el
sefior Duvernoy ee había percibido de que su taller, esa
gran coqueterla de los prntorea, se encontraba en el más
espantoso desorden. No se· había tomado el trabajo de
o"narlo para aquella instalación. temporal, limitándose á.
colocar ilU caballete, Bll caJa de colorea y algunas telas;
las estatuitas, los broncea, adquiridos recientemente, se
encontraban depositados en desordeP aquí y ahí. Desde
en la mañana había dicho á. la aya:
-Si queréis ayudarme, sefíorita Carlota¡ haremos esta

cámara más digna de la visita de vuestra amiga. Bastar
abrir mis cajas y sacar de ellas algunas telas y algunos
bibelota.
Alegremente, ella le prestó su concurso y estos preparativos eran los que Lila acababa de sorprender. Ella dijo con insistencia:
-Pero si hay bruma en el lago, papá.
-Sí, sí, respondió él, lo sé, ·pero eso no ti~ne ya la
misma importancia puesto que no partimos.
Herida en el corazón, ella repuso:
-No partimos, por qué, por qué?
Por que yo encontré ayer una discípula á quien he prometido lecciones: la princesa negra.
Oh! á la primera mirada en el taller había temido ella
esta respuesta. Sin embargo, hacía tantos diasque aguardaba aquella bruma que debía permitir la partida! Tantos días que al despertar corría á la ventana, irritándose
contra el sol radioso! Y he aquí que la bruma extendía
sobre el gran lago su manto de gasa, y cuando Lila corría
á llevar esta dichosa nueva, se le respondía distraidamente que aquello no tenía importancia por que no se
quería ya partir. Y era él, su padre, quien decía esas cosas lamentables! El sabía bien no obstante la pena que
le causaría.
No putiría ya! Y por qué odiosa razón? La princesa
negra, la maldita, la execrada; el ogro de los cuentos de
hadas! Su padre, su padre le daría lecciones ;.í. eea fiera,
sería todo de ella y no se acuparfa ya de su pequefia Lila!
La cólera de la nii'ía se mezclaba con el terror; hirió el
suelo con el pié exclamando:
-Yo te lo prohibo, yo no lo quiero!
Por la primera v~z él resistió á. e~a imperios1 voluntad,
y respondió:
-Lo quiero yo.
C«rlota á Felipe.

uExcelente Sr. Felipe, la ay~, fiel á su promesa, va !\
d8.r cuenta á su bienhechor de los acontecimientos que
pasan en esta casa, donde, gracias á su protección ha sido recibida para encontrar la pura afección que desearía
su corazón sensible. Cómo podría ella olvidar aquellos
hermosos acentos paternales? uV uestros sueños se reali •
zarán, señorita Carlota, contai conmigo. soy vuestro
aliado.&gt;, Magnánimas palabras que Carlota lleva cociQ.as
en u,n saquito azul sobre su corazón reconocido y que resonarán en sus oidos más melodiosamente que los con·
centos de los serafines que cantan ante el Señor.
et Vos sois bueno, sefiorJFclipe, pero os diría yo el temor de mi alma? ......... Oh! sí, pues que sois el confiden·
te de vuestra humilde amiga. Abora bien, temo que Lila no sea misericordiosa. Quiero pintaros la escena con•
movedora que ha tenido verificativo ayer. Ah! si vos hubiéseis l.'Ptado ahí, vos, á. quien ella. honra con un temor
tan tierno, habríais hecho entrn la benevolencia en su
corazón rebelado.
uYo no he hablado aún al Sr. Felipe de la noble amiga que la Providencia me ha hecho encontrar en este
camino de la vida, donde se halla, en medio de tantas
palomas blancas, tantos gavilanes de garra cruel, tantos
rapaces carnivoros, tantas :fieras de terrible rugido. Así
ha sucedido, eeñor Felipe, que esta noble hija de loa re•
yes de Armórica, se ha visto condenada por la ferocidad
de un esposo indign 1 de su mano y por su orgullo en no
condescender á humillantes limosnas, á ganar por el trabajo una modesta vida que los favores de la fortuna embellecían en otro tiempo; pero que parece mil veces
conmovedora en las pruebas de una pobreza soportada
con tanta magnanimidad.
1cEl generoso Sr. Duvernoy ha tenido á bien consentir
en dar á la desterrada preciosas lecciones para aumentar aún su talento en el arte tan hermo@o de la pintura
al aceite. Ayer el hermoso taller se adornaba bajo la dirección del gran arfü,ta. ¡Oh, qué hermoso ea ese tallert
los magníficos mármoles que el Sr. Duvernoy ha adquirido de los grandel3 estatuarios de Italia, salieron de sus
envolturas, felices de instalarse sobre las consolas para
festejar á la visitante. Las ánfóras, loa vasos precioso.::,,
se colmaron de flores de colores variados. La pobre Carlota quiso llevar un hermoso cojín de perlas que recibió.
de Bavierai donde Vergi88mein nicht ee extendían sobreun fondo blanco de seda preciosa.
11Lila, sólo, tengo el dolor de decirlo, contemplaba estos preparativos con ojos entristecidos. Sentada en un

�EL MUNDO

rincón, hurafia Rehusó ayudar á su aya en el trabajo
delicado de poner las flores en los vasos.
No respondió á su querido papá, cuando él la llamó á
su lado y aún hirió el suelo con el pie, encolerizada; osaría yo repetirá su padrino sus propias palabras? Ella di·
jo: 1&lt;No quiero :n Pdro su padre, en su bondad enérgica y
segura, n,apondió con fiereza: 1,Yo lo quiero.»
Cuando la priacesa desterrada apareció, semejante á
una reina, cuando el 3eflor Duvernoy avanzó para ofrecerle la m·aoo, cuando la hubo instalado ante su propio ca•
bailete, ese caballete en que él compone sus obras maestras, que harán para siempre la aJmiración de ·1a posteridad, en tanto que el aya se apresuraba á depositar sobrd el sillón el espléndido cojin ornado por la flor delrecuerdo, he aquí que en el silencio retembló de pronto
un gran sollozo.
uA.hl señor Felipe, que puñalada recibíó Carlota en su
corazón sensible, viendo llorar á la bien amada Lila.
11Corrl á ella con los brazos abierOOs, ella huyó recba•
zándome. Yo la busqué vanamente en el jardin; por fin
pensé en visitar su cuarto. La pobre Lila, tendida en
tierra lloraba muy fuerte. Sd esforzó en escapáraeme,
pero yo la había asido. uQué tenéis Lllaquerida?,1 Ella no
quería responderme; poco á poco llegué á calmarla, pero
rehusó irá. presentar sus excusas á la visita. ¿Por qué la
habéis traído? decía. Bien sabéiB que no la amo. Kh pre•
ciao que parta. uNo quiero que esté aquf.n
11[i'ué en vano que yo me esforzara en hacerla ruborizarse de la dureza de su corazón. Ella Bacudia la cabeza
con una obstinación muy culpable. Viéndola más tranquila, la dejé para volver al taller, ilabiéndomelo ordenado así el señor Duvernoy.
(&lt;Oh generoso señor Felipe, Lay en la vida horas bellas
y preciosas! Cuando le ea dado al alma contemplar la
magnanimidad, y este es el bello espectáculo que se
ofrece á los ojos de la pobrecilla aya. La infortunada
víctima de la injusticia 1 había enjugado loB pinceles y
dejado el caballete y se mantenía de pie en la actitud dé
Ia:grandeza.
uNo, decía, no quiero hacer llorará vuestra hija; id
((pronto á. consolarla y decidle que no volveré máa)) Pero

él, como conviene á los corazones generosoB, se obstinaba: uEstas lecciones os son necesarias, no debéis hacer
caso alguno de un capricho de niño.)1-uYo no quiero
que vuestra hija llore, repetía ella mirándole dulcemente, Era ese un noble combate de grandes almas, y las lágrimas de ternura mojaban mia pupilas· al considerarlo.
«Fué entonces cuando la humilde aya se permitió elevar la voz. Lo que ella no osó hacer por sí misma lo hizo por la tranquilidad de su hija de adopción. Osó pedir
al gran artista que diese sus leccione·s en la morada de
su amiga, pues que la generosidad le haría salir de su
taller. El señor Duvernoy quedó muy contento de mi
idea, porque me tomó la mano diciéndome: ccVerdaderamente sois una excelente persona, señorita Carlota.u
n¡Oh! ¡qué dulces palabras! Y cuán orgullosa se sentía
Carlota por haber merecido ee0 elogio. Peri) la hija de
los reyes1 ¡qué altiva! 11Yo no aceptaré eso jamás 1 ), decía.
El señor Duvernoy unía sus súplicas á las de Carlota.
Por fin la noble armoricana cedió 1 vencida. Vi una lágrima de reconocimiento brillar en suB ojos. Quedó convenido que el seflor iría diariamente á. darle una lección
durante las horas de paseo que yo doy con la bien amada Lila.
&lt;(A.caso censuréis vos mi debilidad, señor Felipe 1 pero
yo jamás he castigado aun á la queridá niña, y sería demasiado duro comenzará propósito de una amiga mía!
¡Oh, señor Felipe, cuán dulce es amar. Pero también
qué suplicio afligirá aquellos á quienes se ama!
nYo creo que el señor Duvernoy está contento de que
las cosas se hayan arreglado de esta manera, porque me
ha testificado que mi pequefia combinación le agradaba.))
uPues que el Sr. Felipe ha tenido á bien permitir á
Cadota que le abra su corazón, me excusará que le diga
que espero haber probado hoy al Sr. Duvernoy que su
humilde amiga sabe mostrarse util y segura, y que así
me he elevado en la escala de su afección. JamáB al ha•
blarme ha tenido un aire mis satisfecho, ni aun cuando
me dió su hermoso corazón de oro. Siento, estoy segura,
que he hecho un feliz progreso en el camino que me conducirá á la felicidad.

DOMINGO • DE MAYO DE ,ls,7

11SupHco al Sr. Felipe crea siempre en el eterno reconocimiento de su devota
c&lt;CARLOTA.n
IA1.a á Felipe.
uPadrino Felipe, padrino Felipe, soy muy desgraciada,
soy muy desgraciada, más desgraciada que todos. No te
he dicho que la princesa negra quería quitarme á mi
buena Carlota; si tú supieras, padrino Felipe, cuanto trabajo me ha costado impedirlo! Yo tomaba mi lección
todas las mañanas, aun cuando casi no tenia deseos de
ello. ¡Tú lo sabes, jamás tiene Uü.O deseos de tomar eus
lecciones! Y después, á la siesta, 1bamos de paseo, pero
ea igual, yo no estaba muy tranquila y tarde ee me hacía volverá Pontarlier.n
nY bien, adivinarás lo que ha hecho ella? Ha venido
al taller de papá y le ha pedido lecciones de pintura. Ell a
quería, ya comprenderás, venir todos los d1as; entonces
me habría robado á mi papá y también á mi buena Carlo ta, y yo no habría tenido ya nadie que m&lt;d amase pucetu
que tu no eetás aquí."
Tú no sabes cómo papá me regafió injustamente; no
era sin embargo una necedad decirle que había bruma
en el lago. Ya no me quieren como antes, y eB la princesa negra quien lo impide¡ yo he leído eso en un cuento.i1
(iHabía una vez una nifiita cuya mamá b.abía muerto
y á quien una hada malvada atormentaba . .En primer
lugar no es del todo una princtsa por que no t'f! negra.
Se quitó el sombrero; vi sus cabellos, son rojos, son muy
feos los cabellos rojoe.u
«Y bien! papá sostiene que son de HUn matiz soberbio,
muy rnrc, 1 como del cobre en fusión.),
uOhl Pairino Felipe, yo no se ya ahora cuando volveremos á la casa de mi pobre mamá.
uPapá me ha prometido que la mujer roja no vol vería.
ya á su taller, pero yo insisto eu partir y quién sabe por·
qué él no quiere . .A.demás, veo bien que está deBcon1ento
de mi.
((Padrino Felipe, yo soy muy desgr:rniada.
u7'u pequeiia Lila que pie-,UJa mucho en tí.))
P. S. Has visto ya los osos blancos? Si pudieras traerme uno pequefiito, yo lo mantendría, y cuando fuese gran·
de, le haría devorar á la mujer roja.
uYa té su nombre, se llama Beltrana; no es lindo ese
nombre como el de Lila, verdad? pueB bien, papá pre·
tende que es un bellísimo nombre, de un sonido guerrerrero. Admira todo en ella y Carlota también.

~DOMINGO 9 de MAYO de 0897

ELMUNDO

LA MODA.
Conocéis una joven tan encantadora c·1anto veleidoea?
~tan linda como exigente y tan dulce y seductora, que
-atrae y subyuga á. todos cuantos la mirán? ......... pues
-esa joven hechicera, esa engañadora sirena es la Moda.
hija .única de un matrimonio extraño contraído entre el
Buentono Y. la Locura; sacó del primero Ja gent,ileza y
la arrogancia, y de la madre, la gracia y veleidad; á. su
prea~ncia lC?B co~zones jóvenes se sienten atraídos por
u_na mvenc1b~~ simpatía, y el padre de. familia, por rÚB·
hco que sea, tiene que ceder ante la mcógnita deidad,
viendo á sus tiernas hijas embellecidas por los encantos
que ella derrama á manos llenas. Así, puee, no extraña·
rán nuestras queridas lectoraB que consagremos un es•
pacio mayor en nuestras columnas á. tan gracioaa co•
,quetuela.

Figuras I y .a. -Trajes de recepción y de paseo.

l~-Chaqueta estrecha de encaje grueso, adornada únieamente por dos solapas de piel de seda azul. Las mangas muy ajustadas están adornadas por cuatro bucles de
la misma tela, con encaje y b&lt;;tones de concha. Este mismo adorno ae ejecuta en el borde inferior de la chaqueta
y mangas. La falds plegada en pliegues gruesos, va adornada con doB tiras del miamo encaje en forma de quillas.
Z?-Este traje lleva un cuerpo blusa oon grandes hombreras y abrochado en el lado izquierdo con gruesos botones de cuerno. Falda y mangas de fular Pompadour.
-Sombrero de paja, color crema, con penacho de plumas
blancas y cintas Pompadour.
Figurillls 3 y 4.-JJ o s trajes de paseo .

1?- Vestido de seda azul claro. La falda va adornada
-con ocho cintas de terciopelo azul muy obscuro, de un
centímetro de ancho, y dispuestas en semicírculos hasta
Hegar al borde de la enagua. Talle-b~usa cubierto con
muselina de seda crema, adornada con terciopelo azul y
-encajes crema, espalda lisa, manga con bullón muy alto 1
adornada con cinta y encaje en el borde.
2?-Este traje es de alpaca color vert estilo sastre, muy
propio para el verano; va adornado con trencilla color
mordoré y botones de fantasía. Mangas de pernil con
plisé en el borde; cuello vuelto de falla.
Figuras

s y 6.-Trajes de

Visita y rec epcl9n.

1?.-Este elegante traje se compone de un cuerpo de
muselina de seda acordeón, terminando en punta. Coselete y mangas de encaje guipure. Grao cuello de seda á
-rayas diagonales y cuello recto adornado con un finieimo encaje. La falda del mismo listado diagonal.
Sombrero negro, con flores de seda color de oro, agrupadas á un lado,
2?-Vestido primavera de bengalina glacé, enteramenliso, cruza al abrocharse sobre el lado derecho y se abre
-en el talle, encima de un cuerpo de muselina de seda,
adornándolo con cocas de listón broché, lo mismo que el
-cuello. Cinturón de encaje. Manga muy abullonada y
fruncida.

Fernando á Felipe.

______,,,

...._
Figuras

1

y

2.

-=-=-··

-Trajes de recepción y de paseo.

ACU AREL.A.

((Mi querido amigo.
Ka tengais cuidado por la Balad de la enfermita. Va
bien, gracias á Dios. Sólo que, ei su[ealud es buemi, su
caracter deja mucbo que desear; está muy chiqueada y
sus pretensiones al despotismo no tienen límite.
11Hé aquí un ejemplo:
"Tiene la idea fija de volverá Pontarlier y yo la tengo
también por cierto. Mi permanencia en Lausanne no es
máB que provisional; mas creo ser el amo y fijar eegúu
mi conveniencia el momento de la partida . .A.hora bien,
diariamente hay pequeñas escenas á propósito de Ja 4:terna pregunta: ¿cuándo partimos? ¿cuándo partimo~? Después ojos llenos de lágrimas y flatos ante mi respuesta
de que no quiero partir aún.
((Oh! sí, Ja he mimado mucho y ya eB tiempo de darle
algunas lecciones más exactas de la autoridad paterna y
de la sumisión filial. Vuestra presencia me eería muy
util para ensef'i.ar á esa niña caprichosa, que los padrt'~
no deben obediencia á loa hijos.
uAcaso me deje llevar un poco de la cólera; pero á la
larga es difícil no resentir alguna irritación.
&lt;(Nada más tengo que deciroB de nosotroe. Tengo en
venta algunos cuadros que encuentran buenos. Este pa;s
me:proporciona excelentes estudios y no tengo gran pris(en irme á enterrará Pontarlier.
((Se me hace tard-a recibir no~icias vuestras, mi querido
Felipe, y sobre todo veroa volver de esa expedición de•
masiado larga para lo que desearía vuestro hermano

Rirrí! Rirrct gritaba la pobre viejecita, que no se atrevía á dar un paso por
temor de tropezar en un trebejo é ir á limpiar el suelo con su cuerpecillo amojamado: Paro Rirrí no contestaba, y la abuelita empezaba á amostazarse con
la desatención de la chiquilla. ¿Dónde diablos estarla Rirrí?
La casucha en que vivía Rirrí era un O:do de urraca, donde pudiera ha•
llarse desde la celada de Don Quijote, hasta el gorro encascabelado de Polichinela 6 la camisa astrosa de Pasquino.
Rirrí era la perla, ella la ruda concha que la guardaba. Los quince afias
habían deshojado todas las flores de sus primaveras en aquella carita fresca,
olorosa y risueña. De su seno, hecho para Eervir al .A.mor de cabezal, surgían
redondeces tímidas y palpitantes, que obligaban á. pegar en ellas las miradas.
Era como una corderilla de las que en otro tiempo ae apacentaban en las repuestas praderas de Engadí; flor hermosísima, digna de ornar la frente de una
reina, zagaleja peregrina merecedora de aquellas estrofas voluptuosas y ardientes que preludió en su arpa el apasionado autor del Cantar de los cantares.
Brillaba en sus ojos la llama celestial del pudor, en su boca palpitaban los berns, ganósos de desplegar las alas y enloquecer almas, y en su espiritu espumaban la malicia amable de la mujer y la candidez angélica de la nifta, fundiéndose ambas en marid .. je cariñoso. Aurora, cuando asoma su rostro luminoso en el Oriente, no es ni más adorable ni más bella.
Rirrí prdeaaba amor ardiente á las flores, tanto, que muchas vece3 ibi al
jardincillo que en~lanaban sus gentiles hermanas, y a1lí ee eelaba horas ente•
ras mirándolas, ohéndob?s, besándolas, acariciándolas como si fueten criatura:!
humana@. Aquella mañana Rirrí cazaba mariposas, acompañada de Andresi~
llo, un buen muchacho, tímido, esquivo y melancólico, que la quería mucho
Sudorosa, jadeante, rojas laB mejillas, en desorden los sedosos cabellos, medio.
abierta la boca, donde se asomaban unos dientitos :finos y blancos, y desabro•
chado el corpiñ.01 Rirrí se detuvo unos momentos para tomar aliento y saltar
un arroyo. Andresillo la contemplaba con extraña insistencia desde el opuesto lado. Estaba hermosísima Rirrí!
Ella inclinó el cuerpo hacia adeln.nte y algo potente, eléc~rico, enloquecedor y grandioso sintió su compaii.ero, porque el vértigo le empujó, fuese á
donde ella, la apretó en fuerte nudo entre sus brazos y lueg,&gt; estampó en aquella boca, nido de fragancias y armonía@, un par de besos, ruidosos, sonoros,
largos y quemantes, que hicieron estremecerá las flores de celos y de envidia.
Y mientras la abuelita se desgañitaba gritando: Rirrí! Rirrí!, ella decía
sonriendo á Andresillo: Mañana te eapero para que cacemos mariposas!. .....
PEDRO

Mo~"Txs1xos.

i;Duvcrnoy."
Continuará.

Los ojos del espíritu, como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver
más allá de cit::rto límite.-AljmUJo Ka,-r.
.Fig.ur.as 3 y 4.-Dos trajes de paseo.

Cuando uno se queja de la vida, es, casi siempre, porque se le ha pedido
lo imposible. -Ei-nesto Rentui.

�EL MUNDO

DOIIINGO g DE MAJO DE 1897

IDILIO ETERNO
CONSEJOS

Ruge el mar y se encrespa y se agiganta¡
La lu.ua, a\'e d~ luz, prepara el vuelo,
Y en t:l mouitmt.o t:n que la faz levanta,
Da un beso al war y~ remonta al cielo.
Y aquel mónstruo indomable que respira
Tempestades y sube y baja 7 crece,
Al sentir aquel ósculo, suspira ........ .
Y en su cárcel de rocas ...... se estremece!

-Es muy malo para la salud tomar el relente ó eereno,
ó recibir la humedad que cae de noche, como 1-ambien el
frecuentar después de anochecido, los bosques, jardines,
alamedas ó paseos mnypobladosde árboles ó de plantas;
pues habéis de saber que las plantas y lae flores durante
el día embalsaman y purifican el aire, pero luego que el
sol ee pone, despiden un vapor ó gas que corrompe el ai •
re, dando dol()r de cabeza, y á veces basta desmayos, á.
quien lo respira .

,/!}/·,'
,

~-

/·•·

.Hace siglos de siglos que de lejos
Tiemblan. de amor en noches estivales:
EUa le da sus límpidos reflejos
Et le ofrece sus perlas y corale;!

nica biciclet.11 qui
tiene esta ventaj1

e, la

Y el mar la arrulla con 3u eterno grito'
Y le cuenta su afán y su amargura
'
Con una voz que truena en lo infinito!

t,ienen más refor
mas modernas y ex
elusivas qne ningu
nas ot.ras.
Pídanse catálagOI
y pormenores,
Trachsel y Cia.
Unicoe A.a-@ntAi:1 ps
ra la RepO.blica.

~'L!i

&amp;Jb"

A.partado 349 Calle flp, fiantP nllm

En un ...
Aguacero

Y ella exclama en su loco desvarío:
uPor doquiera la mnerte me circunda!
Detenerme no puedo, mónstruo mío!
Compadece á tu pobre moribunda!. .....
Mi li.ltimo beso de pasión te envío·

Mi casto briBo á tu semblante junto!;; ..... .
Y en las hondas tinieblas del vacío
Hecha cadáver se desploma al punto!

Y al contemplar los lum111,osos rastros
De la alba luna en el oscur-0 velo
Tiemblan de amor los soñoliento~ astros
En la profunda soledad del cielo!

EFLORESCENCIAS
1\0.JECEB

&amp;

.

~ el ot,\I•

,ncx,r,.

-----

CABELLO

~herry Pcctoral-apnrece en la envoltm·a
• ie realce 1!11 el crist,11 n~ ciula frasco.

EN EL CONFESIONARIO

SALES AMERICANAS

Cerca al confeeionario
La ví llorosa en las desiertas gradas
Del templo solitario,
Las manos engarzadas
En el coral y el nácar del rosario.
Llena de virginal melancolía 1
De devoción y de ternura t&gt;jemplo,
De en plegaria el murmurar se oía,
Yuna estátua de mitrwol parecía
Llevada allí para adorrar el templo.
Símbolo de la cándida inccencia,
Con sus culpas á solas bata Haba,
Y del embHme altar en la presencia
La pudorosa fre11te reclinaba
Temblando ante la voz de su conciencia.
Su corszóri contrito
Con inquietud latía:
Tal vez del ángel el mayor delito
Era llorar en éxtasis bendito
Por cosas que ignoraba todavía.
Del incienso la nube fugitiva
A intervalos velaba su belleza,
Y del sol una ráfaga cautiva
En la calada ogiva
Iluminaba su gentil cabeza.
¡Ay! calma ya tu corazón contrito:
Que un ángel como tú, de fé modelo,
Está. de Dios bendito
Si antes de confesarse su delito
Sus culpas llora y le ilumina el cielo.
A.. F. GruLo.

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fatigas y dolores de cabeza.
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&lt;( -o"e
·¡;

Figuras 5 y 6.-Trajes de visita y recepción.

CLUB ATl.,ETICO DE TAM:PICO.

Dada la importancia que día á d~a adquiere el puerto de Ta1,I1picoi no es de extrañarse que una institución que como el {(Club Atlético,» requiere grandes centros de po•
blaci6n, baya podido desarrollarse y prosper.ar, en medio de un pueblo corto, es cier·
to, pero cuya mayoría de habitantes goza de cierto bienestar.
El elemento principal con que ha contado para su prosperidad y desarrollo el
Club de Tampico, ha sido las colonias extranjeras, muy numerosas y ricas en aquel
puerto del Golfo, así como el empeflo y entusiasmo cen que ha trabajado el presiden•
te del mismo, Sr. Griffith,:cónsul de S. M. Británica.
Cuenta la Sociedad con un amplio edificio, en el que tiene instalados salones de
gimnasio, esgrima, box y un baño de regadera para el uso de sus miembros. El aepecto que de noche presenta, es muy animado y original, entregados la mayor parte
de los concurrentes á diversos ejercicios atléticos y al mismotiempo parecefiquello una
torre de Babel, pues se escuchan animadas convereaciones en inglés, francés1 alemán
y espafiol. Esta variedad de lenguas da al Club cierto caracter de cosmopolitismo quelo hace más agradable.
·
La sala de esgrima está á cargó del profesor francés Sr. Des-Easarts, quien Iestá
sacando discípulos muy aventajad.os. Nuestro grabado representa un grupo de socios,
teniendo por fondo una de las cabeceras de la sala de esgrima¡ ésta se halla decorada ad hoc con trofeos de armas y los escudos de las naciones cuyos hijos forman la
sociedad.
El lunes último tuvo verificativo el primer asalto p1tblico que constituyó una fi"
ta mu~ agrada~le. El señ.or Des•Essart9 presentó un grup¿ de sus discfpulgs 1.1,, -1
aventa1adosi quienes por sorteo iu.eron .saliendo.al combate siendo el último venceo, (
el S~. Ollerhead, Y. su inmediato champion_ el Sr. Bourdolin'. Ambos fueron f.remiador-~
el primero con un Juego completo de esgrima y el segundo con un puña . Alguno"'
B;Saltos posteriores de sab~e y espada, entre el profesor Des·Essarts y el Sr. Carlos _Ma·
t~enzo, y un asalto de ~ugllato entre los señores WillsonyBarr,'dieronmayorannna·
c1ón á la fiesta que termmó con un espléndido baile con que fueron obsequiadas las se·
iloras de Tampico. En la actualidad es el Club el centro de reunión de las famílias]másdistinguidas de aquel puerto.
,
0

El Club Atlético de Tamplco.-Grupo de socios.

O
•

ED.PINAUD

17"' Pó11~11s&lt;' en ¡?n:nclla. contrn las imita.!i lne-s 1,arn1:1s. El nombre le- Ayer's

•

CA.B, LENTEJAS, TEZ ASO
SARPULLIDOS. TEZ BARROS
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LA fKATEKIIAL

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!lr.J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., ::. U. A.

FLORES.

~

-

LA.IT Al'ITÉPBÉLIQU&amp; -

PREl'AlllOO POR El OR.T ORREL DE PARIS

PREPARADO POR

Todo calla ...... el mar duerme y no importuna
Con sus gritos salvaJes de reproche
Y sueña que se besa con la luna '
En el tá.lamo negro de la noche!

CAMPO.AMOR.

'O'NIVE!SAL DEL

Pectoral
de
Cereza
del Dr. Ayer.

Entonce el mar de un polo al otro polo,
Al encrespar sus ondas plañideras
Inmenso, triste, desvalido y solo, '
Cubre con sus sollozos las riberas!

Te adviertoi ángel caído,
que ya has perdido en la opinión las alas,
y que el olor de santidad que exhalas
ya sólo lo percibe tu marido.

RESTAURADOR

el hombre se ca1ó hasta los huesos.
Y esta mojadura le clió un resfriado.
Descuidado éste se le presentó la
tos. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomHr una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese atajado el
resfriado, impedido la subsiguiente
enfermedad y padE':cimietJto, y economizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, to~es, mal de gar.
ganta y todas las afecciones pulmo.
nales es el

Un inst,ante!. .. mitiga mi amargura
Ya que entu lumbre sideral me bañas·
No te alejes!. ..... No ves tu imágen pu;a
Brillar en el azul de mis entrafíai:,?»

J LLIO

-

VICTOR V VICTORII

Ella pálida y triste lo oye y sube
Por el espacio el' que su luz desploma
Y veJando la faz tras de la nube
'
Le oculta el duelo que á su frente asoma.

•

y OKOB.-\MA. El mar, á BUS pies, yace gi.
miente é indefinido.
Hasta la aren'laa ribera se extiende la te.
rraza del viejo palacio. Sus balaustres de venerable cedro matizan con nota bruna el
fondo blanco. La villa, muy abajo, duerme
sombría y solemne. Solo l)alpitan, melancó•
licos, errabundos farolillos¡ algunos retardados concurrentes de las casas de té regresan.
do á sus moradas.
Bicorne, sangrienta, de frágil apariencia,
}a luna eedeslizacercadelhorizonte, haciendo pensar en una avecilla herida que se debate en los poi:,treros espasmo@ ..... .
HObitzílú, fantasista vigoroso, 11poyado en
la baraada contempla el mar gimiente é in•
definido.
Loe bajeles titnhfan sobre las ondas re•
volt.osas, cambiantes, sanguinolentas ..... .
De sui:, bandas fluye la luz rlesanimada,
medrosa, sobrenadante. Las bocinasenvfan
imperativas, órdenes de .o ando. El cordaj~
t€mblorea escalado por enormes ineectoe: los
silenciosos marineros.
Las aves marinas pardnzcas, chilladoras,
vuelan hacia lo alto en dirrcción de las gri•
ses nubes.
Paisaje inst-a ble. Llreve cadencioeamente,
y el tisú metálico, radioso, parece encerrar
el cuadro en un Vaf!to fanal de vidrio ..... .
Bóhitzoú deja eecapar de su pipa algodonsdas e11pirales de humo ascendente@, em•
brumadoras ..... .
En tanto que piensai amateur furineo de
su art~, en una acuarela de ejecución ~mpresiollista, rasgos geniales y húmedas brillan•
teces, donde se vean una luna sangrienta,
un mar pluvioso y buques que tit.ubean sobre las ondas revoltosui cambiantes y ean•
guinolentas ...... l
JosÉ Axroxro RO)fAX.

tA. DE¿

VICTORIA, h

más cómoda, her
moea y fuerte.
Las bicicletas

Ella lo aduerme con su lumbre pura

Y al descender tras de la sierra fría,
Le grita el mar: ((¡en tu fulgor me abrssol
No desciéndaa tan pronto, estrella mia!
¡Estrella de mi amor ... detén el paso!.. ....

~.::::::!;if=..=1'"= ="t=.-=l'&lt;z=.~

Fij•een enla SILLA
IJE VOLTEO, la ú

Con orgullo se expresan sus amores
Estos viejos amantes afligidos·
.h..llr¡, le dice: "¡te amo!' 1 en su; fulgores,
Y el responde: "¡te adoro!" en sus rugidos.

Camprende que su amor es imposible
Que el mar la copia en su profundo een~,
Y se contempla en el cristal movible
Del mónstruo azul en que retumba el trueno.

-Nunca os laveis las manos, y mucho menos J,t. cara, tito esperad á comer después del balio: entonces come•
.
con agua caliente ó tibia, aunque este helaodo. Si no Re· réi; más á gusto, y os hará más provecho.
-Los artfonlos de despensa deben comprarse, s1 es poguíe este precepto, tendréis muchu más frio después de
haberos lavado con el agua tibia ó calen lada, ee os mar· sible1 en épocas determidadaJ del afio, que generalmente
son tas de la cosecha res~i va. Entónces abunda más
chítará y arru¡ará el cuti@.
el anículo y, por consiguiente, está más barato; en\oD-Los bafl.os de limpieza no han de 'Pasa: de un cuarto ces eetá. más fresco y, por consiguiente, es máe fácil sn
de hora, y el cuerpo ha de en&lt;:ontrarse á gusto en ellos?
es decir, que el agua no de':&gt;e mcomodar por su calor m conservación.
por su frialdad.
-Es muy malo comer dentro del baño. Si sentís ape~
NOCTURNA

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CROQUIIS

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IJ)

La nC'che se va. F,l perfil
De la áspera serranía

Asoma tras la imti 1
üasa d~ la ni~bla fría.

11

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l.J..

El céfiro, notlls mil
Ttae de la arboleda umbría
Do el eoro alado y gentil
P1eludia una sinfuoía.

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OJ:IU•ledlllo:i ueuen ou sv~119d sug

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Y mientras el rutilante
Sol asciende y reverbera
Rasgando el diáfano tul,
Va mi alma. delirante
Cabalgando en la Quimera
Por el ancho cielo azul!
ESTÉBAN FLORE-'.

Mayo de 1897.

�RAFAEL SALCIDO
§)mportaaor ae muebles americanos
,;.&lt;r;"'e?~-J..

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¿Qué le airé ..... 7
(Dibujo de Jo11é M.. Vlllasana.J

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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 19, Mayo 9</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Carestía de la vida</name>
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                    <text>Al Puerto de Veracruz.

_~lil I\\RAV-~A\l_
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PERFUMISTA-QUI MICO

PAAIS- 37,Boulevard

de Strasbourq.37-PAAIS ·

Este peri6dico está impreso con las tintas fonas
de la Oasa LORILLEUX y COMP.
Paris.-Unicos Agentes en la Republica:LBWIS y BLOCK, MÉXICO.
D&amp;L ■ ATURAL, POR

J.

■.

VILLASA ■ A.

�DOMINGO 10 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re~ión, debe ser dirigida al
Director, L,lc. RaCael Reyes Spíndola,
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
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Gerente, Lic. Fausto Moguel.

La subscripción á EL MUNDO vale $l. 25 centavos al
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·
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RÉGISTRADO COMO .ARTÍCITLO DE SEGIIXDA CLASE.

•Agentes exclusivos para los Estados Unidos v Canadá
The Spanish American N ewspapei· Company, i36 Liberty St. New York, E. U.»

Matas rMh,rittlr.s.
¿ C!fl lih.erttlisnttr st utt?
Alármese un renombrado publicista francés ante la
aparici?ri d~ un hecho_&lt;\ue cree de enorme importancia
e_n la h1sto:m de 1~ poh~1':3 contemporánea: los partidos
liberales t1_e1:1den a debilitarse en los países constitucionales del v1e¡o mundo.-Y en apoyo de su afirmación cita las tendencias de soci~lismo. de Est:ido del partido
)íbera! en Holanda¡ las pos1ble:i d1sgregac1ones del partido
liberal bel~ y las que se acentúan en el francés hechos
que están a la vista de todo el mundo.
'
Creemos nosotros que e~tas alarmas son infundadas y
~ue en la apreciación de tales sucesos hay un sofisma que
mte~sa _desentraflar.-Desde ]u~go la desapar~ción del
partido liberal no es la desapanc1ón del liberalismo co~~ la desap~ricjón del profeta que predicó un sistem~rehg1o_so n'! s1gmfica la desapar1ción de su doctrina. Los
partidos liberales pueden morir y el grupo de principios
que con~t1tuye su programa penetrar y desarrollarse en
una sociedad. Y esto es lo que está sucediendo.
Hace algunos años un _amigo nuestr? provocó un tempestad de protestas publicando un articulo titulado: 'No
existe el partido liooral."-Y sin embargo nuestro amigo asen~ba e~ aquella ocasión una verdad indiscutibfe.
Lo~ part1~os liberales se debilitan precisamente porque
el liberah~mo va en~ncl~ando St) esfera de acción, porque y_a la idea reacc1onana ha ca1do en el desprestigio y
lo~ mismo~ grupos conservadores se han visto obligados
á mt~oduc1r e~ sus pro~mas hechos y principios de la
fracción _enem1ga.-De igual modo que el publicista francés ba d1ch? que los ~art~dos liberales tienden á desaparecer, podria haber auadido que con los partidos conser•
vadores está sucediendo lo propio.
¿Qué separa en la _actualidad un.partido de otro, en algunos ~aíses? Cu~stiones ec~&gt;nóm1~, controv-!rsias sob~ detalles. A~í ¿es_necesar10, por eJemplo, el fnncionanuento del partido liberal en los Estados l'nidos? Claro
es q1;1e no, porque la República entera pertenece· á este
par~~do. La )uc!J.3: polftica no tiene allí por objeto la discus1on de prm~1p1&lt;!S a(?Cptados por el pueblo¡ nadie se alz:i frente á las mstituc1ones y por lo tanto no es necesano un grupo encargado de sostenerlas y alentarlas.
Y tal es, en efecto, ~o que car.1cteri1.a á un partido O •
lítico como fuerza social: la necesidad de salir al encu~ntro de elementos antagónicos y de propagar sus doctrinas; pero una v~z aceptadas éstas v sin enemiuos al
frente, no,se explica esa ?rganización de grupo militante
~ue tendria mucha seme¡anza con la descomunal batalla
el hér0t: manchego contra los molinos de viento.
Los pa1ses q;1e en sus constituciones han logrado alcanzar todos los fines propuestos por el liberalismo pueden
t~q1fa10:ente observar ~orno desaparecen lo; partidos
raes, s~n ~mores de nmguna especie, porque en este
caso la extmc16n de.los partidos liberales más se traduce
en un fenómeno social favorable :i la libertad que en
síntoma de retroceso.
'
un

tbre ttño.s lle .2(11111ini.str,1dón.
Acaba de da:9e á conocer del P,úblicoel Informe rend'.
do por el Pres1~ente de la Republica á la Nación sobr~
actos¿¡:¡ su gobierno en los períodos constitucional~s compren . os entre los años de 188-1 á 1896 -Forma este
trabaJo un volúmen de más de 160 pági~as en el
ramo por raro.o, se pasa una compendiada ~vista áqli~
pdrot~resos rea hzados en el país en este fecundo espacio
e 1empo.
robra de _la. prosperidad nacional, lentamente elabora a, en medio de los obstáculos que se arrojaban -í. su
encuentro queda fijada en breves términos sirvi~nd
como de nece~arias funciones de los músculos'de un r 0~
grama, enunciando con notable claridad y energía )¡;
~uzar todas las a¡¡piraciones latentes tod 1 . - n1~eales que flotaban en el ambiente dei' país 1sla: v~gos
ción de la últ~ma guerra civil, ha sido una rud::~~:J)?T_que estos ~deales y estas aspiraciones pugnaban co~
i~m~i=~• ~~ :trrnigados prejuicios que formade largas generacio:es.c10n en que se apoyara el criterio
Pero para reunir y enea
¡
1
contaba la Re , bl.
~ r os e ementos con que
to
pu ica, era prec1so, ante todo conocer es
d sdeIementos, hacer un ba½tnce de Jo que h;bía operan=
o espués sobre esta matena prima -El balan'
·
na! presentaba en 1876 un saldo muy raquítico~ nf3:;i;

;:,~1!

· del pafp: un sistema arterial ferrocarrilero de poco más
de 600 kilómetros ( 3.48 k. por 10,000 k. c. J; una potencia
productora apreciada por una exportación que no llegaba á treinta millones de pesos; una potencia de adquisición medida por una smna de importaciones que á duras
penas alcanzaba á veinte y seis millones de pesos; una
arteria 1elt•gr.ífica de 8,000 kilómetros en todo el territoriu.-He aquí, en sub!'tanciosa sinópsis, tomando las manifestaciones de más I'(')ieve de la vida de un pueblo, el
acti1·0 que figur.iba en este balance, en los momentos, como
acabamos de decir, que una nueva corriente, todavía
caótica y mal interpn:tada, arrastraba á la nación en
otras direcciones.
El progreso nacional exigía, pues, del programa político
que ei:i a_quel momen«;&gt; iba á desarrollarsE&gt;, un perfecto
con,,c1m1ei:i~o del med1u, ~omo pnnto de partida, y una
exacta noc10u de las nece~1dades de ese medio, como detérmi no de toda iniciativa. Sin estas dos condiciones la tarea de la ad1uinistración no hubiese respondido á Íasterminantes que la llevaron á e¡ercer el Poder público.Ningnn:i o~ra publicación como el_ Mundo ha apoyado esta política rnformada en las neceSJdadeseconómicas· ningunos con mayor claridad que nosotros, en estas co'lum•
nas, hemos amparado y sostenido esta función administrativa informada en el bienestar social, derrotero trazado en el Informe á que estamos haciendo referencia.
Hoy, frente á esa artería ferrocarrilem de GOO kilóme•
tros, podemos presentar una extensión de 11,469 kilóme•
troe; haciendo pendant á una exportación de 26 millones
de pesos, nn total de envíos al extranjero ,•alorizando en
42 millones; al la~o &lt;le 1~na red telegrafica de 8,000 kilóDletros, otra de 4a,OOO kilómetros; y en oposición de nna
cifra de exportaciones equivalente á 30 millones otra
que se elevó al último afio fiscal á 105 millune~. '
'
La transformación se ha operado, el compromiso contraitlo-d_e_lan_za~ á _la_Rep_ública en el camino de la properid~d m:rnrnméndofa ]~ bnellas del progreso-se ha cumplido. Como comenta.no de la tarea administrativa de
que da cuE:nta el lnfort?e Presidencial, pueden escribirse
en las 1;&gt;ágmas qu~ la. historia consagrará á estos doce ai10s
de gobierno, las s1g111entes palabras, desprendidas del notable ~ocumento que sirve de explicación á las funciones
de gob1erno desarrolladas de 18$4 á la fech11: «La fuerza y
la grandeza de los pueblos modernos, fundadas principalme~te ~n el trabaj'! pacífico, radica actualmente en su or•
garuza~1ón económica y se mide por el desenvolvimiento
de su nqueza y por el estado floreciente de su erario y
y de su crédito público."

Jalftktt &lt;!&amp;tntrttL
RESUMEN."-EI problema cubano.-Rumores alarmantes y versiones contradictorias.-La autonomía
prometida y la intervención americana.-Ni España la ofrece ni Cuba la aceptaría.-No hay solución.
-La Gran Bretaña y la política africana.-Claridad
ante todo.

De~pnés de los alarmantes rumores de desavenencias
próximas quE: amenazaban quebrantar la b11ena harmonía que ha remado entre España y los Est,1dod Unidos
no obst~ilte la mauifiest.a simpatía del p•teblo american~
po-r los msnr_rectos cubano~ que luchan des-&gt;s~radamente en la man1,qw1 con el ansia del gobierno propio y á pe·
sarde laR exaltacio~es patrióticas de los espa1i~les, q1re
en ~&gt;is de nna ocas16n han estallado en verdaderas ex:•
plosiones tle hostilidad contra los yankees, por esas simpatías hechas patentes en reuniones públicas y privadas
ei:i !a pren"'~ y en la tribnna, y rrl'Ís que todo E&gt;n las expe:
dic1onPs fl:hbustern~ que á la continua parten de Ja.&lt;,costas
de la Florida, para ir ~ prestar au.xilio á los rebeldes cubanos¡ d~spués de quE: esas murmurnciones se hicieron
más conSJstentes, crecieron y se agigantaron entre los que
P;et.enden en lo~ periódicos ser eco fiel de la ptiblica opimón. y llegaron a toma!' l_a~ proporciones formidables qne
correspondían á la po¡¡bih~ad _de una guerra interconti·
nental, á raf9, de la publicación del mensaie remitido
p_or Cleveland á las C,lmaras federales de la U ni6n Americana y de las proposiciones presentadaR por varios se·
na~ores, á efecf:o de reconocer no ya la beligerancia, sino
la mde~ndenc1a de los rebeldes, y de exigir en general
del ¡¡-obiern? ui:ia política más activa, más en consonancia
con la~ a~p1ra&lt;'1one~ populare~, que piden en todos los tonos abierta protección para los revolucionarios que sue•
ñan con. la uest~lla solitaria¡,, después de todo esto, que
han podido considerar con relativa calma los periódicos
l"~añdoles, Y ~an podido_ estudiar con laudable tranqnilia , !)S version~R. persistentes han corrido en los últim~s d1as. tranqm1t1das por las agencias cablegráficas, sen:i1JJero fecundo de noticias no pocas veces contradicto•
riaR,
f:!o~ tomadas de diversas fuentes, son apoyadas en
op1ruones contrarias de la prensa europea y americana
Y por eso capaces de dej~r perplejo al que, siguiendo ei
curso de los Sl~cesos, gmado por los diarios telegramas
pret-enda a~engnar lo cierto, y formar idea cabal de 1~
vberdadera situación política de la Isla de Cuba y del rumo que toma la re,·olución.

***

Set~ cteondinsi"_tenc_ia que ha habido un acuerdo entre
1os ga . me s ~ '\ as_h11:igton y de Madrid para hacer cesar Iams\irrecc1ón; s1rv1endo aquel de intermediario en•
tre 1fob1rno español y los jefes rebeldes, CJnovas del
Mas ° 0 rece la autonomía á la revuelta colonia y
d r. dey se compromete á convencer á los insmrectos
e que. ebei:i- S(!mete1:5e á las condiciones impuestas
Con_ 1g11al IJ?Si_stencia se ha dicho que el presiden~ del
~nseJo de Mm1stros en el gobierno de Madrid ha prot-e~tado una .Y ot_ra vez .contra tales aseveraciones dándo~e la apariencia de nota oficial, se ha repetido' ~e EsP61na. no rdía ~n solo punto e~ BU primitiva artit~d- que
s o imp antana reformas políticas y económicas e¡{ Cu-

f

01

b1, cuando estuviera sofocada la insurrección por la fuerza ~e lail armll;S ó por 1a sumisión de los jefes; que rechazaria como siempre ha rechazado toda intervención
extraña, siquier se cubra con el pomposo título de buenoi
oncio3 internacionales; y que ni. de los Estados Unidos ni
de nación alg11na toleraria el que se mezclara alguien en
los asuntos interiortis qae s.Slo competen á su soberanía.

***

¿D~ d6_nde pacten ~S(!S_ rumores? ¿por qué persisten con
~panenc1as ?,e v_eros\m1ht~d, cuando los que se refieren
a la pr~tend1d.1 rntehgenc1a entre los gobiernos español
y americano, carecen de consistencia? E11 vano se ale(J'a
que el_partido lib~ral de España ha declarado por medio
de su ¡efe reconoc1~0 el Sr. ~agasta, que deben implantarse las reformas a la mayo!' ~re vedad posible, y aunan.
tes que las arm:1s hayan decidido la contienda· en vano
la pr,ensa madrileña se desata contra la administración
del General ~Ve.vlE:r y censura de modo acre la direc~ión
de la campana. N1 los conservadores que están en el poder ~i .~os libE:ra.les que se sientan en los bancos de la
opos1c10n ser,an los que habían de atraerse las iras populares, que soplarían, probablemente; al saberse que se en•
traba en arreglos p.ira aceptar una intervención extraña
por todos recha7.ada.
. P0r lo dem_.ís, no cr~emos que fuera. la in~erencia del gobierno americano_ mas aceptable á los insurrectos qne•
por ce~ca de dos anos han luchado por su independencia,
Y prec1:iamente apresuraron la hora de la insurrecci6n
porque temían que las concesiones que ahora se les ofre'.
~n, decret.'.1das por las Córtes españolas al comenzar E&gt;l
ano de 189a, fueran b&gt;l.Stantes á regfriar el entusiasmo delos com~rometid..s eu la revolución proyectada.
¿A. que lucha_r c_on e~ brío que los ha arrastrado á de·
sesp~r~d-~s sacrificws? ¿ 1 q11é_ la sangre, la ruina y el incend_w. ¿a. q~é es~ sacud1m1ento que ha conmovido la
pr~c1ada Anttlla, s1 t,~do liab:a de parar en obtener aespu,~ de la tremenda }tri. 1? que al prrncipio fué rechazadoc~n rndomable.ene_rg1a? S1 las reformas prometidas no satisfacen las asp1mc1o~es de lo ne beldes, no es m 1is de'acep•
tarse ~ara. ellos la misma autonomía, y así lo declaramos,
por m.IB que nosotros hemos creído y seguimos creyendo
que esta era la única solución al romperse las hostifülades.

***

No es la autonomía que se promete suficiente·á dejar al
pueblo cuba~o e_n _ciert l libertad, capaz de educarlo y prepararlo al e¡ercic10. de su soberanía é independencia; y
aunque lo _fuera, s1 ;ie !'esuel ve así el problema político
queda en pie el econom1co y la colonia autónoma que hoyBJ halla abrumada a) pes!) de la deuda antigua, sucumbina á la pesadumbre mmensa de la nueva que tendría que
~ r sobre una agrupación dtibilitada. empobrecida, ani1
qm_ada,
por d'?~ años de ~na guerra de exterminio.
S1 la revoluc10n ha t:emdo, como es indudable, cau~asde ~aturaleza econ6m1ca, no es la autonom(a la que Ja
hara. cesar, á l:t :iltura á que ha llegado la lucha. El nudo
no ~ desata fac1_lment:e, y no es la intervención de un
gobierno extran¡ero m la garantía de un ministro de blle•
voluntad lo que puede dar pacífica solución á la lucha
e tan ~puestod y encontrados intere,;es como radican en
1a cuestión cubana.
El asunto es en la actualidad de vida ó de muerte
Plleden loa íil.intropoa soñar en 1&gt; 1cíficas mediaciones·cr~emo:3 qne, h:i pa8,1do la oportunidad de las lamentaci¿:
n~s, Y hoy_:! _'lo hablan la espada con sns tremendos golPvS Y el c.~n m con su horrísono estampido.
Desgrac111d,unente, no vemos otra solución que l:1 que
puedan d.1r los azares de la campaña.

:t

***

Un cél~bre inglés cr1e en el Africa del Sur ha re resen-ta lo los ~ntereses coloniales de la Gran Bretaña,p
or
m\1c_h~ tiempo ha sido el pl)rta estandarte· de la p6Úfica
br1t.J.mca, a~~IH de hablar con claridad meridiana y ha
prtisentado SLn embozos las aspiraciones de los cartagineses modernos.
En reci~nte banquete ofrecido á Cecilio Rhodes, des llés
~~ ~u g\orio~a cam~añaco1~t1:3 los rebeldes matabelef ha
o e ant1g11_0 primer mm1stro de la Colonia del Cabo
1to orgamzador de la rnvasión del Transvaal el re;
~
_e oro en los c~mpos d~ Kafir, ha dicho que siendo limi•
tada la superficie de la t1erra, la mejor política sería la de
apoderarde del mayor ttlrritorio posible.
Eso .e~ hablar en plata¡ eso es decir la verdad de la~
exped1c10n_es del So?&lt;;ián, de los ataques á Zanzibar d~
~s prtketdidos aux1l1os á_ los italianos humillados' por
_en~ ic , e 1os levantamientos de .Tameson y de las aspir~cwnes de la principal colonia sud africana
St el Marqués de Salisbury no da solemne ~entís á t.-il~s ~everac1on~8, prep.lrense á la lucha todos los que de•
aNgun modo se rn~resan en la poge.iión del Continente
egro. Ya saben a.que atenerse.

:C

rll

7 de Enero de 1897.

X.X.X.

OTRO PAGO DE $5,000.00 DE "LA MUTUA"

:E;N GUANAJUATO.

Guanajuato á 19 de Diciembre de 1896
Sr. D. Carlos Sommer Director General de ;,La Mutua.,,.
México.
?lluy señor mío:
J!oy 10:e ha sido pagada la suma de cinco mil PºSOQ
($o,b000) importe d_e la p'iliz~ núm. 285,9-12 bajo la ~ual
esta a a~egurado m1 finado hijo Guillermo Goerne
b ~actividad Y eficacia con que h&lt;1. ex:peditado 1~ prue"as e mue::e el Sr. D. ~nrique Meyenberg, Agente d~
h LtMhtua en esta Cap1tal y la prontitud con que se m-'
a ec o el pago, confirman el merecido crédito de u·,
gozatesa benéfica Y poderosa institución que usted di""~H:_
men e representa en esta República.
"' ·
Da vd: atto. S. S.-L. GoRE~E..

DOMINGO 10 DE E'NERO OF ,897
La aJ)Ot~osisde Sarah Bernhardt.

¡Sarah!
¿Quién no la conoce?
¿A qué cortijo, á qué hogar por humilde é ignorado qnP.
sea no llega su nombre y el eco de su gloria sin ocasu?
Ha mucho que la gran trágica se desposó con la fama y la
historia del arte la ha colocado )'ª en el templo de los inmortales al lado de Talma y de Rache!.
Vistoriano Sardou, el viejo dramaturgo, el rey del artificio escénico ha escrito para ella sus roejores obras. París y América. han delirado de entusiasmo á sus plantas
y la manifestación que el gran mundo intelectual de la
metrópoli de Francia acaba de hacer á su gloria, á nadie
sorprende.
Nos ocuparemos de esta manifestación efectuada el 9
de Diciembre último, porque la reputamos casi como un
acontecimiento local, primero, y luego porque es el asunto del día en la ciudad cerebro de Europa.
¿Un acontecimiento casi local? dirán ustedes -Sin duda, responderemos: Sarah Bernhardt estuvo en México
no ha muchos años, en todo el apogeo de su gloria. Trabajó en el teatro Nacional henchido de espectadores locos de entusiasmo. Nuestros poetas la cantaron y uno de
ellos, Peón del Valle, recibió su beso, el beso de aquellos
labios gloriosos. como premio de los versos que dijera en
su loor. Todo el México artístico y literario aclamó á la
gran trá¡ó.ca y en su camino de luz muchos corazones mexicanos la han seguido.
Un acontecimiento europeo.?
Sin duda tambien: Desde luego los acontecimientos parisienses son acontecimientos europeos y Paris ha deliraq.o de entusiasmo como el sabe delirar.
El nombre de la divina actriz ha volado de boca en boboca y aun se habla de un fabricante ingeiúoso que ha
ideado un jugete de sorpresa que recuerda el chasco que
se.lle.v.a.ron los admirad.ores de Sarah cuando intenta.ron
que el gobierno la condecorase. con la gran cruz de la Legión de Honor, honra que no podía naturalmente discernirsele en razón de su sexo. Este jugete nos recuerda las
mil pequeí'las invenciones del mismo género á que dió
lugar la popularidad de Boulanger y· si ambos nombres
pueden asociarse en el recuerdo de los grandes entusiasmos parisienses, se verá desde luego que no exajeramos al asentar la frase arriba leida: ·'Paría ha delirado
de entusiasmo ante Sarah.»
Pero reseñemos y para esto, demos á continuación debidamente traducido el eiguiente artículo de una revista
francesa:
"Rache!, dicen los murmuradores. no fué festejad:\
así. Rchel, no ¡;canó tampoco los dollars que Sarah ha
obtenido en América: Los tiempos y las costumbres han
cambiado. En gloria como en dinero el fin qe este siglo
paga más liberalmente qne se pagaba en sus medianías.»
"La fiesta del 9 de Diciembre no exaltó empero á Sarah
Bernhardt por encima de Rache!. Sarah Bernhardt se ha
beneficiado de la prodigalidad de una época que no sabe ya
casi contar ni medir; he aquí todo el alcance de las mur,
muraciones de los eAcepticos, á los cuales podría responderse. "Si Rache] vi viese sería festejada así"
Y además, bien mirado, cuales han sido las exajeraciones que marcaron esa fiesta organizada en honor de la
primer artista dramática de la actualidad, por sus amigos?
El número de los amigos de 8arah Bernhardt fué por
ventura excesivo? Sin duda había ahí al lado de los admiradores sinceros, SnobR: los hay en todas partes.-Se
abusó de la publicidad? Dirijír este reproche á Sarah
Bernhardt y á sus ad1niradores del mundo dé la prensa,
no sería serio.-Fué demasiado esquisito el banquete dado en su honor en el gra.i llotel donde se efectuó la manifestacion? y por último, en el Teatro del Renacimiento,
en la función de gala, Fedra fué demasiado elocuente en
sus maldiciones, y Posthumia demasiado trágica en su
dolor? Ser(an dignas de risa tales críticas. Samh merecía una manifestación semejante y le fué discernida.
· Cuando la gran trágica descendió del primer piso del
Gran Hotel á ia sala del 7..odiaco donde se habían levan•
tado las mesas llenas de flores del banquete, los quinientos convida1os qu_e la_ e~raban batieron palmas frenéticamente, S1 hubieseis visto á Sarah con su luenao traje
blanco guarnecido de encajes de Inglaterra, bordado de
chinchí11a, recamado de oro, deslizarse á lo largo de la
rampa de la escalera con la flexibilidad harmoniosa que
es su secreto, vosotros también la hubierais aclamado, como aplaudís en el teatro lu imprevisto de sus nobles gestos v la gracia de sus nobles actitudes.
. Victoriano f3a:rdou, coloc_ad~ á la derecha de su gloriosa
mtérprete, elogió en un brm¡hs (véase el g:abado relati•
YO). 11á la artista sin rival, á la soberana indiscutible del
arte dramático, á la grande y buenaSarah.» Podía Victoi:fano Sardou escatimar el elogio á la que ha sido Fedora
La Tosca y Gismonda?
'
La i?ventad de )as escuelas ofreció un laurel y dijo un
cumphdo á la actriz; fué este el homenaje de ,.Ja juventud
efímera á la juventud eterna,,-Por último los académico~-poetas (véase la ilustración relativa) que habían escrito versos para el Czar y la Czarina, recitaron 1í Sarah
Bernbardt sonetos:
¿Qué hubo de excesivo en todo esto? El homenajé fué
grande, pero la actriz es inmensa!
EL PRINCIPE KHEV:E;NHULI.ER
El jue!es en la mañana llegó á esta Capital el príncipe
Kevenhuller que hace ya treinta años combatió en México, con valor á toda prueba, al lado de Maximiliano ?.\o
trae el príncipe: misión alguna oficial; su viaje es de· me?"? recreo y le acompaña su esposa, distingtúda y hermos1s1ma dama.
Muchos recuerdos deben encontrarlo por todas partes
en un-país donde pas6 el épico periodo de las tremendas
luchas entre el Imperio y la Rep1íblica y donde tantas
veces puso á prueba su brío y su denuedo.
Ese país por su parte lo recibe afectuosament-e
Sea bien venido y halle en la vieja México todo lo que
pueda hacer su estancia agradable.

19

EL MUNDO

EL PRINCIPE KHEVENHULLER.

El "Three Friends."
Aunque El Mundo diario publicó va el grabado de este
buque al cual tocó en suerte sostenér la primera escaramuza naval con un buque espaflol en aguas de Cuba, damos la fotografía que inmediata hallarán nuestros lectores, J?Orque está más detallada y mejor hecha que la
anterior.
PAGINAS FILOSOFICAS.
LA GUERRA.

Sólo con pensar en esa palabra, la guerra. me conturbo
todo, como si me hablasen de brujería, de inquisición, de
una cosa lejana, acabada, abominable, monstruosa, contra naturaleza.
Cuando oímos hablar de antrop6fa~os, sonreímos con
o~ullo, proclamando nuestra superioridad sobre esos salva¡es. ¿Cuáles son los salvajes, los verdadPros salvajes'?
Los que pelean para comerse á los vencidos, ó los que
pelean por matar, nada más que poi matar?
Los soldados que corren entre los pinos, por la plava
están destinados á la muerte, como las manadas de car'.
neros que un carnicero conduce por la.s carreteras. Irán
á caer en una llanura, con el cráneo partido de un sablazo ó el pecho agujereado por una bala; y son jóvenes que
p_odrían trabajar, producir, ser útiles. Sus padres son anCl~nos y pobres; sus madres, que por espacio de veinte
anos los han a~ado y adorado como las madres, recibirán dentro de seis meses, ó de un año tal vez la noticia
de que su hijq,_el hijo cria_do con tanto trabajo, con tanto gasto y carmo, fué arroJado á un agujero como nn perro muerto, después de haber sido despanzurrado por una
bomba y pisoteado, aplastado, hecho jigote por las patas
d 0 los cab~ll?s· ¿Por qué han matado á su hijo, á su buen
mozo, su umca esperanza, su orgullo, su vida? No losa- .
be. ¿Por qué?
¡La guerra! ...... ¡Batirse! ....... ¡Matarse!...... ¡Asesinar
~om~res! ...... Y ~ºY,. en nuestra época, con nuestra civilización, con la ciencia y el grado de filosofía á que se cree
llegado el genio bumanu, tenemos escuelas en las que se
aprentie á matar, á matar desde muy lejos, con perfección,_mucha genw de un golpe, á matar miserables hombres mocentes, cargados de familia y excentos de toda
co'ndena judicial.
Y lo I?ás asombroso es que el pueblo no se alza contm
los Gobiernos. ¿Cuál es la diferencia que existe entre las
mona~qnías y las Repúblicas? Lo más asombroso es- que
la sociedad en masa no se subleva á la sola palabra de
guerra.
¡Ah! S~empre gravitará sobre nosotros el peso de antigui1:S y odiosas costumbres, de preocupaciones criminales
de 1de3!! feroces de n_uestros b_árbaros ~buelos, porque so'.
mos an_1m3:les y segmremos siendo arumales dominados
por el mstmto y que nada transforma.
¿Nos~ ha1:&gt;ría apedreado ,í cualquiera otro que Víctor
Hugo s1 hubiese lanzado este soberbio grito de libertad y
de verdad:
«Hoy día lhima.se la fuerza violencia, y comienza ájuzgarse; la gll:erra esrá Pncamiada. 1:3- civi~zación acudiend~ á la queJa del gé_nero humano. mstru)e el procesocrimmal de los conquistadores y capitanes. Los pueblos lle·
gan á comprender que el engrandécimiento de un crimen
no represent,a su diminución¡ que si matar es un crimen
matar mucho no puede ser la CÍl"'unstancia at-enuante'¡

que si robar es una vergüenza, invadir no puede ser una
gloria.
.
«¡A.h! ¡Proclamemos estas verdades absolutas; deshonremos á la guerra'?n
Cólera vana; indignación de poeta. La guerra se venera más que nunca.
Un artista Liabil en esta materia, un matador de genio,
.M. de 1\foltke, respondió un d:a á los delegados de la paz
las singulares palabras que v,in á leerse:
'·La guerra es santa~ imtitucic',ndivina; es una de las sagradas leyes del munao: mantiene en el ánimo del hombre todos los grandes y nobles sentimientos: el honor, el
desinterés, la l'irtud, el ,·alor, y, en una palabra, le impide caer en el nuís asqueroso materialismo "
Llega la guerra. En seis meses los Generales han destruido veiute a.iios de esfuer.ws, de paciencia y de genio.
¡Eso es lo que se llama no caer en el m.ís asqueroso materialismo!
Así, pues, reunirse en rebaños de cuatrocientos mil
hombres; andar de día y de noche sin descanso; no pensar en nada, ni estudiar nada¡ no aprender nada, ni leer,
ni ser útil á nadie; pudrirse de suciedad, dormir en el
fango, vivir como las bestias, en continuo atontamiento;
saquear ciudades, incendiar aldeas; esquilmar á los pueblo:,¡ dar luégo con otra. aglomereción de carne humana,
arrojarse sobre ella, formar lngos de sangre, llanuras de
carne machacada, mezclada con tierra fangosa y ennojecida; montones de cad,íveres¡ quedarse sin brazos ó sin
piernas; perder el cerebro sin provecho de nadie, y reventar en un rincón del campo, mientras vuestros padres,
vuestra mujer y vuestro:, hijos se mueren de hambre.
¡Eso es lo que ,e lla¡na no caer en el más asqueroso materialismo!
Hemos visto la guerra. Hemos visto á los hombres
convertidos en irracionales; enloquecidos, matar por gusto, por terror, por altanería, por ostentación. ()uando el
derecho iio existe, cuando la ley ña muerto y ha desaparecido toda noción de justicia, hemos visto fusilar á inocentes, hallados en un camino y considerados como sospechosos, porque tenían miedo. Hemo visto matar á los
perros encadenados a la puerta de sus amos, para ensayar revólYers nuevos; hemos vistó ametrallar, por distracci ·m, unas v11cas tendidas en un campo, sin razón alguna, por disparar tiros y divertirse.
¡ Es&lt;.1 se llama no caer en el más asqueroso materialismo!
Entrar en un país, matar al hombre que defiende su
casa porque está vestido con una blusa y no lleva un kepis en la cabeza; incendiar las habitaciones de los miserables que carecen de pan¡ romper muebles 6 robarlos;
beberse el vino qm~ se encuentra en las bodegas; violar
á las mujeres que se encuentran en la calle¡ quemar millones de pesos en pólvora, y dejar en pos de sf la miseria y· la cólera! ¡Eso se llama no caer en el más asqueroso materialismo!
¿Qué han hecho para probar siquiera un poco de inteligencia los hombres de guerra? Nada. ¿Qué han inventado? Cañones y fusilería náda más.
¿No ha hecho m,ís en favor del hombre el inventor de
la carretilla, con la sencilla y práctica idea de ajustar una
rueda á dos palos, que el inventor de las fortificaciones
modernas?
¿Qué nos queda de Grecia? Libros y mármoles, ¿Es
grande por haber vencido ó por haber producido?
¿Acaso la invasión de los persas le impidió caer en el
más asqueroso materialismo?
¿Fueron las invasio11es de los bárbatos las que salvaron
y regeneraron á Roma?
¿Continuó por acaso Napoleón I el gran movimiento intelectual que comenzaron los filósofos al finalizar el siglo
pasado?
·
Sí, sí; ya que los Gobiernos se arrogan de tal modo el
derecho de muerte sobre los pueblos, nada de particular
hay en que á ve~s los pueblos se arroguen el derecho de
muerte sobre los Gobiernos.
Se defienden, están en la razón. Nadie tiene el derecho
absoluto de gobernará los demás. Sólo puede ha&lt;:t!rse en
bien de aquellos á quienes se dirige. Sea quien fuer.i el
que gobierne, tie11e el mismo deber de evitar la guerra
que el capitán de un buque el de evitar el naufragio.
Cuando un capitán ha perdido su nave, es juzgauo y
~onden~do si se le reconoce culpable de negligencia ó de
rncapacidad.
¿Por qué no juzgar á los Gobiernos que declaran una
guerra? Si los pueblos lo comprendiesen; si ellos mismos
hiciesen justicia de los poderes mortíferos; si se ne¡m11en
á dejarse matar sin ra1.6n; si empleasen sus armas contra
aquellos que se las dieron para matar, aquel día haoría
muerto la guerm...... ¡Pero ese día no hade llegar!
G. deM.

EL THREE FRIENDS.

�DOMINGO 1'&gt; t'E ENERO DE 1897

RL MUNDO
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EL MUNDO

DOMINGO 10 DE ENERO DE 1Sg7

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(V6aac el Articulo ralatlvo.)

�DotllNGo·,o DE E"t!·t&gt;· OE i8sn

EL MUNDO

22

DOMINGO

EL SPORT DE MODA:
1

DAMAS FLORETISTAS.

Hace pocos años aún el
Bp&lt;rrt en México era algo exótico de lo que tales y c~a~es
individuos que habían via¡ado por Europa, tenían sólo
noticia. Viósele después con
•.
cierta prevención, como tarea de desocupados, impropia de gente seria. I.a prevención y el desagrado aumentaron cuando el entusiasmo por los diversos ~jercicios deportivos extendió su
esfera de acción á las mujeres, y los moralistas adustos
y-los teorizantes rígidos lanzaron su anatema ,sobre las
jóvenes que con el apasi~namiento de la edad y cautivadas por la hermosura de los
ejercicios físicos, dedicáronse ó. ellos. .
.
.
Hubo qU1en ¡uzgase mcompatible la delicadeza y
recato de una seíiorita con
su dedicación á los pasatiempos deportivos Y. la despe~tiva palabra manmacho salió
de'muchos labios que se plegaban desdeñosamente.
Han variado los tiempos
desde entonces. Em.pezóse
por pensar que dadas las ac--·"'=::A•
tuales condiciones físicas de
~
~
las razas, de la latina sobre
todo, que es la última flora~~
ción pomposa de una rama
próxima á marchitarse, era
-mdispensable para restablecer el roto equilibrio entre el
sister¡my la parte moral, la
regresión á aquellas hermosas costumbres de los antiguos que daban al César lo
que es del César y á Dios lo
que es de Dios, es decir, su
adecuado pasto al intelecto y
su pasto no menos adecuado
al cuerpo cuyas energías acrecían los juegos atléticos
en el glurioso curso de las
heroicas olimpiadas. Fueron
aquellas razas duras á la adversidad y á la lucha, y así
potentes para &lt;'~grimir las
armas en la batalla como para contender en la liza de las
escuelas filosófiras.
I.a fuerza, la belleza de la
forma, las ciencins metafísicas y las ciencias natµra!es
fueron, con la pot&gt;sía línea
y el poema grandioso, sus
cultos, y no descuidando ni
el justo tributo al espíritu
ni el justo tributo á la materia, conservaron la sana
alegría de vivir, de sentirse inteligentos y ágiles, alegrfa
que ,y,n•t!~·1.ye u~o de los más hermosos dones de Dios y
que después perdieron los humanos.
Más substituyó el Dios de sacrifüio y abnegación á los
alegres dioses del Olimpo enamorados de la plástica, que
apuraban con sus divinas cónyuges el rico jugo de las vifías en los banquetes célicos. Predicaban los sacerdotes
el advenimiento y el reinado de un Dios lleno de dolores,
muerto en la cruz, al cual debía imitarse, y la alegría
emigró de la tierra y al hambre .de vigor substituyó el
hambre de penitencia. Empero la guerra siguió siendo
la ocupaci6n predilecta de los pueblos; se peleaba por un
ideal nuevo, pero se peleaba en fin y los penosos ejercicios que las grandes bregas épicas exigfan, continuaban
vigorizando los cuerpos, continuaban criando atletas. Llegó empero un día en que Ja faz de las cosas volvió á cambiar. La ávidez del placer se apoderaba más que nunca
de los ánimos, la literatura aguijoneaba las imaginaciones, la orgía mataba las virilidades y una reina pálida,
una triste desconocida, la Neurosis, extendía por doquiera su f(inebre imperio. A la moda de ser fuerte substituyó la moda de ser debil, de languidecer el~ntemente
y hubo lozanas hembras que recurriesen al vrnagre para
atenuar los frescos colores de su tez y que anhelasen la
tisis como aristocriítico desenlace de una vida valetuciinaria de palpitante actualidad.
Nuestra generación es hija de esa generación que se
-desesperó con \Verther, que blasfemó con Don Juan, que
se embriagó con Musset y lloró :ficticios dolores con Espronceda. Nuestro&amp; padres y abuelos derrocharon la herencia de salud y de vigor que les cupiera en suerte, y como en la vía del derroche nadie se detiene, dilapidaron
también la nuestra y henos aquí á los latinos vueltos
unos mezquinos seres, cuyo cerebro at-0rmenta la anemia,
cuyos nervios azota la neurosis, cuyo estómago mata, la
dispepsia: míseros legatarios de unos capitalistas que hicieron derroche de la herencia de centenares de genera,.
ciones...... Henos aquí, hombres impotente~, mujeres
anémicas, procreando para dar al mundo un continuente
impuro de mezquinos -seres......
ºI.a considerarión de tal miseria debía acabar por influir en los animos y lo consiguió: el único remedio esta. ba en el ejercicio fícico, en respetar de nuevo los fueros
de la naturaleza y los moralistas austeros acabaron por
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Es reina del mundo. Sin perder su belleza ha conquistado
la fuerza; b:i.jo S? enagüilla
negra a van za hrpierna firme,
y bajo su~ hombreras los brazos redondos se extienden
potentes.
Aun no se ha desvanecido
en sus labios la sonrisa que
saluda, aparece una morena
. vestida de la misma suerte é
igualmente esbelta y gallarda, y el a."alt-0 da principio
con el encantador preliminar
de la m1m1lla. Manos fuer~
tes son las que i;;ostienen l~s
aceros, q ne ya avanzan, ya se
inclinan, ya se levantan, ya
culebrean como centellas, ya
chocan chispeando. Por los
rostros corre el sndor, brillan
los ojos, el rosaestallaen las
mejillas y en los labios.
.
Hay en rededorungrans1lencio alte:rado sólo por el
chasquido de lashojasdeaceero ó por el «tuu,che» pronunciado breve y secamente por
alguna de las contendientes ........ .
Cuando después de saludarse clavan sus floretes en
tierra, es uno é indescriptible
el ¡hurra! que cien bocas rosadas de espectadoras lanzan
al-viento.
Las dos divinas amazonas
desaparecen tras el pesado
purtie:r y las substituye una
más, sola, sonriente como
ellas. Esta entrégase á ejercicios de florete y á gimnasias diversas con no menos
atingencia y brío. Clava la
punta de su acero en el blanco movil, alardea de firmeza de pulso y á cada triunfo
saluda.
Y surge la contendiente
mefistofélica, vestida de rojo retador, que lidia con ella
y que tras poderosos asaltos
reposa olímpica con la espada en la diestra, y á ambas
reemplazan dos nuevas luchadoras que, disputándose
el premio de la fuerza, se agitan sin descanso hasta que
rueda una, vencida, á los pies
de la otra..... ... .

*

EL "SPORT" DE MODA.- Tregua.

deponer el ceño adusto, y el sport visto antes de reojo
penetró triunfante en las costumbres.
A la amazona gallarda que paseaba su anemia por las
alamedas en alas de un brioso troton, substituyó la ciclista esbelta, enemiga del reposo. Vino con esta la patinadora ágil y donairosa, asomó después la miembro de un
club atlético y llegó por último la esgrimidóra. El hombre que habfa ya recorrido estas etapas, enamorado nuevamente de los colores sanos y de las formas robustas,
tendió la mano á la compañera de su vida y la ayudó á
iniciarse en la gran vía de la regeneración.
Y ahora........ .
El invierno llega envuelto en sn jaique de brumas,
blanqueando prados y matando savias y hojas ........ .
Mas no veréis por eso á la elegante señorita, hundida
en somnolencia vaga en el tibio rinconcito del budoir.
Mas que buscarla ahí para el /t'/e á téte confidencial que
cuchichéa entre sorbo y sorbo de té, venid conmigo, lectores, y os mostraré un espectáculo del todo nuevo y cautivador.
Dónde eetamos?
En México, en Paris, en Nueva York.?
Pschel Qué importa! Donde querais.
Es un salón espléndidamente :.luminado. A lo largo
de un muro corre una ancha cinta de madera, especie de
plataforma que deja una zona paralela donde hay alineados numerosos asientos ocupados todos por encantadoras
damas.
En los muros, grandes trofeos de armas rutilantes. En
sitio preferente del fondo del salón un estrado para jueces con faldas, y cerca de él una puertecilla velada por
elegante portier.
Vibra agudo un timbre y el po11ier se le,·ant.a y una
j6ven alta, divinamente esbelta, vi~tienclo sencillo pero
hermoso traje de esgrimidor-a, avanza y se coloca enmedio de la plataforma sonriendo bajo la rejilla de su visera á los aplausos entusiastas de la concurrencia. No esya
la anámica marquesita á quien el melenudo doctor del
ano de 30 recetaba reconstituyentes. Es una rozmro.nte
rubia, á través de cuyo peto blanco en el que se d~taca
un corazón, late el de carne, -pletórico de vida. Calza
guante mullido de asalto, amplia manopla que arroja al
suelo con garbo. Quítase la VIsera y sonríe complacida.

**
¡,Fantástico'?
No por cierto, lectoras
mías; la esgrima gana terreno entre el btlllo sexo, y en
México mismo hay en la actualidad hermorns y distinguidas damas que son sus
devotas.
Por lo demás ( y esto os lo
digo confidencialmente) no
sólo fortifica, no sólo vigoriza y distrae...... es enemigo
de la obesidad, como podéis verlo por las siguientes líneas de una pluma verídica, que he separado para vosotras:
Jacquarina, la famosa profesora de florete y sable, en
uno de los clubs atléticos de Chicago, dice que cualquiera
mujer gorda que quiera perder la obesidad, no tiene más
que dedicarse á la práctica de la esgrima.
La simpática tiradora es esbelta, bien formada, no parece pesar más de 140 libras, y sin embargo, pesa 193.
Nada le produce cansancio, nunca ha temdo un dolor
de cabeza; su cutis tiene la suavidad de la seda y la blancura del mármol, y sus mejillas están teñidas de suave·
carmín.
Jacquarina nació en la Baja California, y desde muy
nifla gustó de los placeres del sport. Ha tomado parte en,
muchos asaltos con muy buenos tiradores, y la Yictoria
ha estado siempre de su parte.
Actualmente se prepara para un asalto con el capiMn
Javier Orlofsky, excelente tirador del ejército ruso, siendo la apuesta de mil pesos.
-l;a e ~ es el mejor ejercicio para la mujer-dice
Jacquarina-y dedicándose á ese género de .~p&lt;1rt, se evita
la mala conformación del pecho ó de la espalda. Lá esgrima hace á la mujer graciosa, bien formada, sana y elegante; hace la respiración fácil y evita las desagradables
arrugas que algunas veces aparecen en la boca y en la nariz. Una mujer que tira el florete, economiza seguramente dinero en polvo y colorete. En una ocasión visité una
escuela donde había 300 muchachas, todos las cuales se·
dedicaban al ejercicio de la esgrima. Ni una sola de aquellas jóvenes tenía el semblante pálido ó los ojos tristes.
Todas tenían muy buen color; estaban muy robustas; en
:fin, rebosaban salud.
Cuando cumplí nueve años-continuó Jaoqnarina-estaba yo tnuy delg.ada, muy pálida, parecía que estaba yo
amenazada de tísis. Los médicos recomendaron á mi madre que me mandara al Sur, á pasar el ill\'ierno · pero mamá dJjo que nó; que con ~ esgrima me iba á 'curar. Y
efect1vamente, antes de seIS meses estaba yo en vías de
restablecimi!lnto. Mire usted, tiente aquí, no le dé pena_
Tpda soy musculos, y por más que usted quiera no podr,í darme un pellisco.
'
Miss .Jacquarina tiene una academia para señoritas, á.

•

10

DE ENE.~R=O~D:E~•:_:8::9!7========,;===========E;,,,L=M=U=N=Il0
=~======="==================:a
=3~

Al darse cuenta de esta
particularidad, se retira,
miray sonríe......
.
La herida que habíá
besado, inocente, era, vista á travéz de las transparencias de la camisa, la rosa tinta del seno de Marieta..... .

h-::--"=

• 1

¡_

}~':I-

•. ,,:·~\ ~;~ ~ 't. ~- .

-....ot-

Una

cueatión impor•
tante.

El doctor Audiffreut,
uno de los continuadores
de Augusto Comte, ha
consagrado al desarme
universal un estudio interesante. Un periódico
de San Petersburgo no
vacila en asociarse sin
restricciones á la idea de
la neutralización de Alsa...
cia-Lorena.
.Ese periódico admite
r:, "'
con el Doctor Audifftent
; ,~
:; .....
que al estudiar los antece,''ff:_..." ~
dentes hisóricos y las cos' .. ~· ¡~) ;;. ,,
tumbres de los pueblos
anexados á Prusia en 1817,
~~";-1-~:;....
se ve claramente que Alsacia ha sido siempre una
de estas pequeñas nacio- .........-~-....
nalidades con caracter
acentuado y vida propia.
bi-las -necesidades- defensiYas que presidieron
~~
·'
"
""i""
á la form!lción de los gran......-- J;.,,.,.
des Estados han impedi....
ho á veces el respeto á la
autonomía de las peque,
\.--~ .,. :.
íias nacionalidades, tal
·.'/,\''!.----vez ~ea llegado el tiempo
en que la conveniencia general vea en ese mismo
f~respetó la garantía de una
paz duradera.
Así se llegaría á suprimir en la política europea
• ' ... h•-••, , .•,;,r, ... ,.,., •~" ,..., ..
un factor de ininteligen,
cías y odios y·nna fuente
EL "SPORT" DE, MODA.-En guardia.
perenne de conflictos internacionales..
Es indudablemente un síntoma que verán con buenos
la que asisten más de 50 jóvenes de la mejor sociedad de
Chicago.
ojos los hombres de progreso, la difusión y la aceptación
La simpáticafeacing mistre.qs, dice que vale más un mes generalizada caba vez más de estas ideas antes considerade esgrima, que cien botellas de Emulsión de Scott.
das como paradojales y absurdas.
~

r~

.

~~:-;

•

rante 160 6 180 añ~ nos ha tenido engañados como á mi•
serables chinos.
Dijo y afirmó el célebre escritor francés que el elefante
no reproducía mientras estaba cautivo, y ahora salimos
con que una seil.ora elefantina, que no tenía mucha más.
libertad que la que gozan las oposiciont&gt;s en ciertas provincias de ciertos países, y algunos periodistas independientes de otras ciertas localidades rurales, ha dado á luz
un pelón, y digo pelón, porque, según he sabido, el E!lefante es en los paquidermos casi lo que el célebre Cristmo
Marto¡¡ era en la raza de los de¡¡cendi.:ntes de Adan, un
barbilatt1piil.o.
No he de ocuparme, ciertamente de los usos y costumbres de estos apreciables paquidermos, por más que
su vida pacífica y honrada lo mereciese, y much9; no:
este no es un párrafo de Historia Natural, ni á mis lectores les interesaría mayormente el que yo les contase lo
que de sobra olvidado tendrán, respecto á ese animal que
si en la antigüedad fué casi un semi-dios, hoy sirve para
que con sus defensas nos entretengamos, eehando unas
carambolas y haciendo un casin.
Quiero, unicamerite, apoyándome en un artículo que
encuentro en La Nature, desvirtuar la opinión erónea del
primero de-los naturalistas franceses y volver por la reputación y dignidad de nombre del elefante, que lo IDÍs,.
mo en la soledad de los bosques como emnedio del bullicio de las ciudades, cumple con ~l precepto evangélico:
crescite el multiplicamini.
.
·
¡Pues no faltaría mas, sinó que la dura suerte del cautiverio le obligase á perder su nombre, á extinguir su raza teniendo que pasar á la historia como ha p~ado el
megaterio y oros animales prehistóricos: en calidad de
estampa zoológica,
.Dnm lex sed lea:: Dios lo creó, Noé lo recoleccionó, y el
paquidermo sigue cumpliendo á mara.villa su ruisión.

~f.;~::

_M&lt;#""

···i;f
f

MUERTE DE UN NIKO PRECOZ.

.••

.

*

**
¿Ya lo veis?
Valía la pena de que EL MUNDO os ofreciera. los hermosos grabados que encuadran estas lineas y ahora, para
concluir, ahí va un primoroso cuentecillo de Catulo Méndes que parece escrito para remate de notas como las
pnlsentes:
Y resolvieron, 1.1arieta y Mariana, terminar la querella
con un duelo ,í muerte. ·
La situación era por demás insostenible.
Puesto que el amado no quería renunciar ni á la una ni
,í la otra. (¡Oh! cuánto le elogio y le envidio...... ) y puesto que no· podían resigna~e á la cruel compartición, lo
mejor era recurrir á un término sangriento.
A )Iariana ó á l\farieta pertenecería por entero el viudo de Marieta ó Mariana.
¡Todo está acordado! ¡Armas, el florete! ¿Sitio? este
mismo bud&amp;ir; testigo, la Providencia; y por padrinos,
las imágenes de las dos combatientes reproducidas en los
efpejos de Venecia, enguirnaldados de verdes ramas donde se ven las colombinas besar las máscaras de arlequín.
J◄:n un instante estuvieron desvestidas.
Mariana no conservaba más que su fina camisa de Alenzón y su pantalón de seda azul.
En guardia....... .
Las hermosas combatientaa se consideraron antes de
cruzar los aceros, y se encontraron, con los hombros y
brazos desnudos, bellas, deliciosamente seductoras!
¡Oh! y una de ellas, dentro de un momento, estaría
eonyertida en forma inerte y fría, á la que ni aun los besos harían estremecer!!
A causa de su misma belleza, la rabia les llenaba el corazón, aunque menos violenta en Mariana, que admirando ·í su adversario reflejaba en sus ojos la ternura.
Eu guardia..... .
Cruzados los hierros, el combate empezó feroz, encarnizado, encantador.
L,,s diIDÍnutos pies calzados con elegantes pantuflas
golpeaban el tapiz.
Los inflamentos producidos por el aire exageraban la
anchura de los pantalonee.
Los brazos de nieve y rosa se tenq.ían, y el resoplido
de las gargantas anhelantes se oía.
¡}1ari:ma lanzó un grito!
Había creído ver sangre en el pecho de su rival.
:--in duda la había herido: matado tal vez..... .
Lanzando el armase precipitó sobre Marieta, y llena
de arrt&gt;pentimiento se puso á besar, llorando, la herida
qué había ocasíonado.
Puede ser pensase ella,_á causa de ciertos recuerdos de
lectura,. que cu.raría_á..su víctima, aspirando-Ja ·sangre de
lá herida!
Y su creencia en la eficacia ael -remedio ~robu...c:t.ecía
ar obse:rvarque.. Mari.eta ·áét.ualmente parecía no experin,entar dolor alguno, respirando á gusto, un poco
fuerte.
U na cosa sola sorprendía á Mariana, y era el no sentir
bajo sus labios la humedad de la sangre.

Procreación del Elef"ante,
¿De quién va á fiarse uno, ei hasta los príncipes de la
ciencia nos engañan?
Buffon, con Plinio el joven y Linneo, es el naturalista que con más renombre ha pasado á la historia, y du-

No ha muchos días falleció en Springfield (Illinois,)
E. U., un niñito, hijo de los esposos Tilson. Este niflo.era nn prodigio. Aunque-no tenía sino 16 meses su
estatura era de tres pies ingleses, y su peso de 57 libras y
ya sabía hablar.
ERRORES EN LOS 00:IIPUTOS.

El cósto del canal de Manchester se calcul6 en. ···••d·
$28. 750,000, pero se habían gastado cerca de $80.000,000
antes de que estuviera listo para utilizarse.
La comisión internacional informó en 1856 que el costo del canal de de Suez no pasaría de40,000,000; pero había costado cerca de $94.500,000 sin contar la construcción gratuita por el Kedive de Egipto, de Faros, la limpieza de puertos, dinero adelantado sin devengar interés,
y donativo de trabajadores forzados, que por todo montó á $20,000,000 más. Los ingenieros estuvieron un año
entero recogiendo datos para su informe sobre el ferrocarril en el Congo, (Africa). Dijeron 9.ue se podría C'Onstruir la lfnea por $ ó.000,000. Ahora dicen que se necesitará de 12.000,000 á 15,000.000.
Los equivocados cálculos sobre el costo.
del canal de Panamá,
por poco hacen fracasar la empresa antes
de que el robo por mayor completara su ruina. Las fortalezas del
río Meuse, :gresupuestadas en $4.500,000,
costaron más del triple de esa cantidad.
El canal de Corinto
'Í J
costó $12.000,000 en
I /'
vez de los $ 6.000,600
!
que se había tenido
·'
por suficientes para el
caso. Un puerto y 1m
camino de hierroen la
\
isla de la Reunión consumieron $13.000,000,
cuando el costo se hab r.Qa ocultado en
$6.800,000. El ferrocarril del Senegal que
debía completarse por
$ 2.600,000, absorvió
$9.000,000, y el otro de
Langson en .Tonquin,
Asia, que no debía de
pasar de medio IDÍllon de pesos, costó
á la Tesorería de Francia $4.367,790.

\

.

:':¡;~

..

EL" SPORT" DE MODA.- Vencida!

Las setent.a. y dos razas que habitan el
mundo se comunican
en 3004 lenguas diferentes, y profesan como 1000 religiones. El
número de hombres y
mujeres es casi igual,
y su longevidad media
de 38 años; como una.
tercera parte de la población muere antes,
de alcanzar 17 años.

�DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

==

~a apctecsis de $aralt {@Hnltardt.

&amp;l Jtom~no_ge ae los poetas.
El Brindis de Victoriano Sardou. (Véa~e el artículo relativo)

25

�EL MUNDO

DOMINGO 10 DE ENERO DE 18971

sobre su lira. La araña como una mmensa ploco; multitud de zancudas costado
mada de cristal se descolgaba largamente .del techo, y
de espigados tarsos salta- cada
vez que u~ carruaje estremecía el salón con su esban locamente persi- candalt
,so rodar sobre las piedras de la calle, interrumpía
guiendo langostas de río; el
silencio con el tintineo de sus prismas ~onoros..El r~una nube de pajaritos de
Pleyel, abierta su bocaza !1e made~, reíasm rm~ua se abatía sobre los quísimo
ribazos ó erraba á flor do haciendo ju~ar sobre su 1 ~ hilera de dientes ese átomo de luz que siempre existe disuelto en t&lt;?da &lt;:bscur~dad.
de agua en vuelo sesgado Parecía
una inmensa cabeza de hptentote nsueno. Le3anos
y raudo, y esparcidas al relojes daban
campanadas cuyos ecos se colaban por lasaca.so, como flores vivas junturas de puertas
ventanas, y resbalando sobre la alde la fauna acuátil, estó- fombra de Bruselas X
iban á perderse en las demás habitalidas y pensativas, er.
guíanse á lo lejos las gar- ciones. Luego...... nuevamente el silencio.
Dieron las tres, y una de las puertas se entreabrió y pezas de cuello enhiesto y netró
en el salón una sombra, lentamente, arrastrándoselírico, garzas blancas, garzas azules, gartas rosa- como un gnomo curioso que camina con precauci6n para
das, garzas morenas de no hacer ruido. Subió al piano, y caminando .sobre el tedelicioso tono plombagi- clado, P,rodujo una escala im~rlec~·t;, Probableme~tt: le
no, todas hermosas, indo- disgustó al gnomo su poca disposic10n para la mus1ca,
porque inmediatamente se .alejó y fué á esconderse á un&lt;&gt;
lentes y solitarias.
En el cielo nublado es- de los sillones.
Poco después se estremeció el aire encajonado del salón.
plendía una encantadora
semi-luz de luna. Las nu- con unos ruidos extraños que venían del sitio en que sebes desenrollaban hasta había ocultado el gnomo: un frou-frou constante y desesel in finito su ropaje de li- perado, sollozos ahogados, gritos de dolor que se revolno gris, y la claridad hi- vían en un gruñido sordo. Se hubiera creído que el gnoperbórea daba una seme- mo, herido de muerte, se revolcaba sobre la seda en una
janza de ensueño al pai- agonía lenta y dolorosa.
Dante hundió su mirada de águila en la obscuridad y
saje. El golpe del ala del
viento fresco deshebraba Petra.rea levantó la cabeza; pero no se veía nada. El silos rizos hechiceros de las llón estaba á sus espaldas, y en la imposibilidad de ver,
jarochas y la contempla- volvieron á su actitud meditabunda.
En la habitación· contigua una muchacha, rubia como
ción había dado á sus ojos
una tristeza apasionada y los trigos, estaba en un lecho adornado con angelitos,
á sus bocas bermejas una temblando de miedo. Se despertó á los gritos del pianodulce sonrisa. Su alegría mortificado con las pisadas del gnomo.
-¡Oh, Dios mío! peffsó; ladrones.
había huido. Se diría que
Y se quedó fría, inmóvil, conteniendo la respiración,
su espíritu se había inundado de la diafanidad de sin atreverse á hacer el menor movimiento para no atrae~
las aguas y su pensamien- la atención de fos ladrones. ¡Si se movía, la matarían patode la inmensidad del ra que no avisase!
De pronto llegó á sús oídos un prolongado gemido, excielo..... .
Los viajeros iban tam- tra.humano, como los que la imaginación popular supone
bién silenciosos; cada uno que salen de los labio., de las almas en pena. La mu()hase había trazado un rum- cha se estremeció, presa de indecible espanto; quiso gribo al vuelo de su imagi- tar:
-¡Abuela, abuela...... luz ...... están penando en el sanación, y embebecía sus ojos en la hermosura lle las coTRA..VESIA EN EL PAPALOA..PAM
sas sin alma, en la perenne belleza de las salvajes- ve- lón!
Pero se le ahogó la voz, movió los labios; mas la lengas Las costas cantaban el poema de la vida inconscien[De mi novela "Sangre jarocha."] te, el abrevadero de la savia y la lujuria de las fuerzas ple- gua ni la garganta quisieron obedecerla. Con los cabellos
tóricas que suben en un empuje poderoso á la cima de erizados y los ojos desmesuradamente abiertos, esperaba
Cuando me embarqu¿ en Alvarado, á bordo del Tenoya, los cocoteros y brotan como pubertad de la flora en gra- á cada segundo sentir la impresión de frialdad de una calavera que se acostara S(_)bre su misma almohada; veía en
pequeño vaporcito de río, el ciclo estaba deliciosamente nos gigantescos henchidos de agua aljofarada.
Las jarochas entrecerraban sus ojos soñolientos; inun- el aire canillas que se cruzaban, largas túnicas por cuyas,
nublado. En el embarcadero se agitaba una multitud de
boteros, jur·ando con su gracioso ceceo jarocho, embar- daban su imaginación voluble de la sensación fresca de mangas voladas salían brazos y manos óseas. Aterrorizacando fardos y pasajeros en lo:, vapores que atracaban en las brisas impregnadas de rocío, y al ir desapareciendo da se tapó la cabeza y se estuvo así, escuchando gemidosel calor sofocante de la tarde una deliciosa laxitud ener- y rodeada de horribles visiones, hasta que por el tejido deel muelle.
Cada uno fué zarpando lentamente, creciendo en velo- vaba sus cuerposJ desmayados de haber bailado toda la la sobrecama vió colarse un estirado rayito de luz matinal como un alambre de oro.
cidad á m(:dida que se alejaba, hasta doblar la rada y noche ..... .
Se diría que al reclinarse unas en las otras, fingían
desap:.uecer. Solarnent,e el TPrw1111 se había rezagado, coEran l~s seis de la mañana. Se aestapó medrosa ,aún,.
mo esperando algo. Y en efecto, una alegre banda de abandonarse al abrazo amado y descansar sobre un hom- pero poco á poco se tranquilizó: de día las ánimas en pen:mchachas bajaba ,í la playa, agitando sus chales vapo- bro joven al ritmo de la música.
na vuelven al cementerio. A las siete su abuela, una vieSúbitamente nn estremecimi"ento corre por mi espina jecita de andar ligero á pesar de sus setenta años, estaba.
rosos á semejanza de nna parvada de gallináceas blancas
dorsal y ~e produ~ frío: una de lru, jarochas, enfermiza- ya levantada y caminando por toda la casa.
que huyeran :.í. flor de agua con las alas abiertas.
Pedían por señas que el barco las esperara y llegaron mente pálida, de o¡os negros como el mal y tristes como
-Buenos días, hija, iá levantarse!
parloteando y riendo, dando las gracias al patrón por su el hastío, me mira, me mira, hondamente, lntensamente,
-Buenos días, abuelita, contestó la·linda rubia, besanamabilidad, y subiendo velozmente, sentáronse en las esplen!1orosamente, con sus ojos .de tísi~, sin pestañear, do la mano de la anciana.
·
bandas de estribor y partimo~. Y-olvían de un baile á abstrmda y soñadora, y aquellallllradarumbada de intenTenía la muchahca quince años y unos labios frescos y
Tlacotalparn y todas est11ban deliciosamente tocadas, con sas ojeras parece decirme:
rosados, bajo los ,iue había una nidada simétrica de per-¿Quién eres tú? de dónde vienes? tan joven y tan pen- las.
sus cabelleras negras 6 rubias empenachadas sobre la nu_Sus senos virginales, duros y redondos, comenzaban,
ca, ó caracoleando en crenchas sueltas por la es,palcla. Hus sativo, á dónde vas? ..... .
darla aspecto de mujer y levemente levantaban la alb a,
Y· una oleada de alegría cunde de pronto, una agitación ácamisa
trajes eran vaporosos, blancos ó de matices pálidos, y calde dormir, menos blanca que su piel suavísima.
invade el Teno¡¡a, los viajeros se aprestan á recoger sus El miedo
zaban primoro~os za.patitos de raso blanco.
y el insomnio de la pasada noche habían dejaSus manos estaban cuajadas de cintillos y en sns bra- fardos, sus cestos llenos de cocos y racimos de plátanos
una línea azulada bajo sus rasgados ojos de cielo. La•
zos lechosos y mórbidos, descubiertos ha~ta el codo, lle- una algarabía de aves que se despiertan garrulea entr; do
not(&gt; las ojeras de la doncella y se lo dijo; ella iba
vaban brazaletes de coral y dé oro. La fatiga de la carre- las jarochas, un silvidoagudo del vapor me hace volver abuela
la cabeza y miro nn puertecito pintoresco empenachado á referirla lo de las penas, pero se contuvo: sabía que su,
ra había encendidos sus palmitos casi siempre pálidos, y
se abanicaban precipitadamente con abanicos de sándalo de cocoteros, puesto en la bifurcación del 'Papaloapam y abuela se reirfa de sus miedos y no la creería ..... .
Levantóse, y después de bañarse, entró en el salón á
y palmera. Su parloteo se hizo vivaz y melodioso; contá- el San Juan ~omo u.n palomai: al marg1;11 del agua,'y sienbanse sus prisas para despedirse, sus ansias por no per- to un J?lacer mexplteable al .01r este gnto que me anuncia repasar una lección de piano ..... .
El salón estaba claro, muy claro. Grandes haces de luz.
der el vapor, y al oír algún detalle cuchicheado, sus ri- un oasis:
se precipitaban por las ventanas teatinas en el afán de pe-iTlacotalpam!
sas sonoras volaban gozosamente entre el jadear de la
netrar todos á la vez. Luego se desbandaban sobre lo&amp;
máquina que hacía rehiletear la hélice entre las olas verRuBEN 1\1. CAMPOS.
muebles haciendo brillar la seda. Los espejos se hacían
des........ .
todos ojos y, ansiosos de ver, reflejaban en las lunas veIbamos entonces á doblar la rada y contemplamos las
nencianas los buques chinos, las mesas, las chucherías
gigantes olas del Atlántico levantar estallantes copos de
que llenaban los chineros, todo, todo cuanto podía caber
nieve al chocar contra la corriente del río. \'iramos á
en sus colosales pupilas. Dante, bañado en esa inundación,
babor y apenas pude ver los buques que nos habían prede luz que daba tintes y brillores amarillentos á su gran
cedido, perderse como pequeñitos pájaros de mar que se
túnica de bronce, continuaba en su actitud hierática, con
zambulleran en las aguas.
el índice recostado en su labio inferior, y Petrarca se preLa brisa errante del mar acariciaba mi cabeza que haparaba á tañer la lira. Sobre los cuadros de las paredes,
bía descubierto, y me eché á soñar en medio de las risobre las alfombras y los muebles celebraban la fiesta de·
sa.'! de las jarochas........ .
La vegetación iba acumulándose prodigiosamente en
la luz, la apoteosis del Sol, una infinidad de espectrillos
las márgenes anchurosas, y la lujosa flora de la tierra casolares despedidos de los irisados prismas de la araña,
liente abría su palacio encantado de selvas vírgenes esque revoloteaban inquietos como alegres pajecillos de
MIEDOS.
trelladas de flores. Los cocoteros erguían sus pebeteros
Febo vestidos con túnicas policr6micas, en tanto que el
desmayados de savia, los plátanos salvajes bebían la vipiano, con la risa congelada, dejaba juguetear francamenda y la desplegaban en radiados alfanges.verdes, y la mute sobre sus dientes de marfil la luz que se precipitaba dechedumbre de lianas que abrazaban locamente los tronEl sa16n estaba obscuro, las ventana ..... .
cos de millares de árboles desconocidos v verdehermosoe
muy obscuro. Los espejos
Entró la rubia con la cabecita despeinada y humeda,
,
semej~n~o su ramaje la malla !mpenefra~le hilada po~
cegados por la obscuridad de la que caía sobre sus espaldas una muda catarata de·
los ar.1cmdos, danzaban en el viento, meciendo sus guirno reflejaban en sus colosa- oro. Había olvidado ya sus terrores y sólo pensaba en, .
naldas floridas como hamacas flotantes en que durmieran
les pupilas los buqes chinos repasar su lección: una linda melodía de Godefroy, que
las hadas del hechicero río.
de marfil, los dorados mue- debía saber á las once, cuando viniera el profesor. Se·
Las olas irisadas de luz fosforescente rielaban en pebles, las sedosas cortinas
sentó en el banquillo de altura variable recorrió el teclaqueñas escamas doradas y plateadas, como ramificaciones
ni las caprichosas licorera~ do y comenzó á brotar del marfil un rau'.dal de armcmías•
centelleantes que corrieran sobre un haz de luz verde y
y chucherías que adorna- encantadoras. ¡Oh! el hotentote estaba contentísimo, y·
·, ·~
se espaciaban, se multiplicaban en innúmeras trasfordiaban los chineros.
al sentir la caricia de esos blancos dedos diminutos y ágiciones hasta lamer los estrechos ribazos de lég-amo negro
En la puerta del salón, les rompía en la más-melodiosa de sns risas.
y · ¡,&gt;
en el qne había estampadas las huellas de millares d~
como dos hujieres medioe.-¡:Miau! ¡miau! ~yó la rubia á sus espaldas, y giró ráa,·es acu.!ticas.
vales, estaban refle:i.-ionan- pidam~nte¡ luego dió un grito de repugnancia y sorpresa,
En los girones de isletas salpicadas de nenúfares, entre
do, de pie sobre sus pedes- y corrió gritando:
~l verde brillante de las algas henc~das ?-e agua y los
tales de mármol envueltos
-¡Abuela! abuela, venga usted á. ver!. .....
Jw1cales apretados de saetas como m1eroscopicos tulares
en la ~ª8:1' .intangible de las tinieblas, Dante, ~n su actiSobre el s1llóJ_1 estaba echada una gata dirigiendo ií to-corrían la~ 7,arc('t:1s grises y los mirasoles de buche blan~ tud h1eratica! con el dedo sobre los labios, y Pctr.m.:a redas partes la mirada de sus redondos ojazos amarillos-

-·~~

EL MUNDO

DOMINGO .10 DE ENERO DE ,897
· = == = == = = = ==

Tres gatitos con los ojos
cerrados; grises, cabezones, estaban prendidos por
el hociqtúllo rosáceo de las
hinchadas ubres de la ::llirriña.
Regresó la rubia con su
abuela y una sirvienta. La
señora refunfuñó, riñó á
la !,,1irril1a por sucia y sin
vergüenza, como si la gata
pudiera comprenderla; la
amenazó con arrojarle los
hijos á la alcantarilla, y á
punto seguido la buena
viejecita ordenó ií la sirvienta que la llevara á otro
cuarto, con sillón y todo,
para que no se maltrataran
los hijuelos. El lujoso
asiento de valiosa seda y
talladuras trabajosas sirvió en adelante de lecho mullido
á la ::lfirriña.
Sigui6 la doncella tocando su melodía de Godefroy,
después del incidente. De pronto, la idea de la gata se
asoció al recuerdo de las penas y terrores que no la dejaron
dormir: entonces se sonrió, y dos hileras de perlas se reflejaron en la charolada caja del piano,
CLEME.l;TE p .AL..'1A.

·=---=-~

na con gran exactitud y fría cortesía, pero sin cólera y
sin denuestos.
Los·seis desgraciados que la suerte había señalado, fueron entrl!gados á las cinco de la tarde y encerrados en la
sala de la escuela, en el piso bajo de laalcald:a.
El oficial prusiano autorizó al Cura para q ue les llevase
los consuelos de la Religión. -Tenían las manos atadas ,í
la espalda, y una misma cuerda unía los piés de todos.
· El sacerdote encontró á todos aquellos hombres en tal
estado de postr-aci6n, que apenas comprendían sus palabras.
Dos de ellos parecían sin sentido, otro era presa de la
fiebre y de delirio. Al extremo de la cuerda, con la cabeza erguida y serena en apariencia, había un hombre de
cuarenta años, y padre de cinco uilios, de los que· era el
t1nico sostén.
Al principio escuchó cort resignación las :palabras del
sacerdote, pero desesperado luego, prorrumpió en las más
horribles imprecaciones.
)laldecía ,i la naturaleza entera, lloraba por sus hijo~,
que quedaban expuestos ,í la mendicidad y tal vez á la
muerte. Entonces quería que sus cinco hijos fueran entregados con él ,í. los prusianos: y con risa sarcástica exclamaba: "Si señor, fué Bernardo, el chiquitín de tres
ruios el que disparó contra esos miserables."
Todos los esfuerzos del sacerdote fueron inútiles para
llevar la paz al alma de aquel pobre desesperado. El Cura sali6 y marchó lentamente hácia el reten donde se encontraba el oficial. Este fumaba en una gran pipa de por-

~l Cnra le había !)amado la atenció.n. El capitán le ex¡¡&gt;hcó la cosa, que no pareció al supsrior tan natural e•n 110
a su subordinado. lfand&amp; su~peuder la ejecución, y &lt;lirigiú una información al general. liste hizo comparecer al
1:;acerdote.
La explicaoi6n fué corta, el general era un hombre de
corazón, que lo comprendió todo, y dijo al Cura: "Señor,
yo no puedo ·hacer una excepción , en favor de usted, v
~in enbargo, no quiero que. .usted muera. Váyase, y digi\
á sus feligreses que por usted perdono á todos. Pero que
sea la primera y última yez." .
Cuando el Cura Sklió, dijo. el general á loe oficiales testigos de e8ta escen1t: 'fSi todos los franceses tuvieran el
cora.zón de es~ senciHo sace:ttdote, no . permaneceríamos
mucho tiempo del lado acá del Rhin."
'
.Gi-; XIIIUI. AMllERT.

«El amor es el sublime arquitecto de la naturaleza."
Sin embargo, los monumeJJtos que eleva á la felicidad,
raras veces resisten í1 los vendavales del tédio ó de la in~
constancia.
~ . . . ~~~ . . ..R..,i¡"!t.d2b

LAS IDEAS.

EL CURA DE HORTIES.

un· terriblf' romb~te se libraba á algunas leguas del pm blo de llorties: el ruido Jlpgaba
confusamente, Aobresaltando á todo ser viviente. La metralla desgarraba el aire, el cañón
despertába los ecos, y en lontananza se distinguían las humareda~ de pólvora.
El cura estaba en la iglesia rogando por la
patria.
A sn alrededor, con la frente en tierra y p,ílidos de terror, se encontraban los vecinos, pidiéndole á Dios que los protegiera.
El ruido. de los clarines y trompetas se oyó
al mismo tiempo que algunas sombras alemanaR se deslizaban por el valle corriendo á la
batalla.
f;u número era grande, y precipitaban el
paso para llegará. tiempo.
L.os alemanes querían tener su parte de presa. ya que llevaban hierro y bronce para destrn ir ií los franceses.
8u:3 soldado~ eran ya tres ~ontra uno y era
preciso ser mas numerosos aun.
Antes de entrar en el círculo de fuego, reunieron todas sus fuerzas, haciendo alto en la
encrucijada de Chataigáiers.
Una línea de centinelas protegía un descan,o que debía ser corto.
· Por muy pr6ximos que estuvieron estos centinelas, no pudieron impedir que dos jóvenes
f'C aproximaran entre los matorrales acercándose sigilosamente, y tirasen sobre los alemane~.
:4onaron cuatro tiros, y se vió á dos jóvenes
h1.1ir como venados y meterse en un campo de
trnro.
Yeinte balas silbaron á sns oídos; perouo se
halló en la tierra ni una mancha de sangre.
~fochas vec:es en su fuga fueron vistos; pero
eran m_uy jóvenes, ágiles y valientes, y lograron huir.
Debemos añadir que tiraban hábilmente,
porque tres prusianos rodaron por el suelo heridos en el pecho, la cuarta bala fué á coronar
el ,íguila de dos cabezas que adornaban la placa de un casco oficial.
-Escopetas de caza de dos tiros, dijo el
oficial.
F.ntonces un destacamento de soldados alemanes se
diri.~ó al pueblo; al entrar cogieron á los primeros seis
vecinos y los llevaron á la alcaldía. El jefe del destacamento dijo al Alcalde:
-\sted es la primera autor~dad, y vengo en nombre
de m1 augusto soberano á decirle que han sido muertos
a\gunoe alem3nee cerca de este pueblo, y siendo sus hab1ta ntes los más cercanos al lugar del suceso ellos son
re;.ponsables. Es preciso, pues, que se nos entreguen los
culpables, y si no, seis vecmos serán fusilados. Dad vuestras .órdenes, qne yo esperaré hasta mañana á las once.
J?eb1endo tener lugar la ejecncióh al medio día, no hay
• hemJ:?~ que perder; entretanto, el :pueblo quedar,í ocupado-rmhtarmente, y guardará los seis rehenes.
Imposible es pintar la desolación .d e la pobre gente del
pueblo.
, Las m.ujeres gritaban desesperadas, los hombres quenan !:1U1r, pero los alema1;1es guardaban las avenidas.
Reumérouse todos los vecmos y convinieron que la
-snerte sefialara las víctimas.
'
Los que habían disparad&lt;&gt; contra los alemanes no pertenecían al pueblo, seguían la columna prusiana para escog~r el mo!"llento favorable. ¡Puede que su padre hubiera e1do asesmado, su madre hubiera muerto de dolor ó
su casa incendiada!
'
. rasó aquel ala entre diecusionelf; gemidos y desesperac1on.
El Alca~de, el CJ_ura M:. Gerl, y dos a_ncianos más, ya
octogenanos, suplicaron en vano al oficial prusiano que
perdonase; se le probo que los del pueblo no habían tomado parteen aquella traición; las mujeresllorabanásus
piés. Todo fué inútil, El Cl\pitán hacía ejecutar la consig-

,

Srita. Agustina Larrañaga ( de Oaxaca ).

celana. Escuchó al Cura sin interrumpirle, dejando entretanto escapm· de sus labios ligeras b&lt;&gt;&lt;:anadas de humo.
-Señor capitán, dijo el Cura, se les ha entregado á ustedes seis rehenes que dentro de pocas horas serán fusilados. ~inguno de ellos ha tirado sobre vuestros soldados.
Habiéndose escapado los culpables, vuestro fin no es más
qne presentar un escarmiento :í los habitantes de otras
localidades. Poco les importa, pues, fusilará Pedro ó á
Pablo ó á Juan, Además, que cuanto más conocida sea la
víctima, m~s saluda_ble será el ejemplo. Vengo, pues, en
consecuencia, á pedir á usted el favor de que me permita
ocupar el lugar de nn pobre padre_de familia, cuya muertehundiráen lamisJria á cinco niños. El y y,, somos inocentes, pero mi muerte aprovechará mas que la suya.
-Bueno, dijo el oficial.
Cuatro soldados condujeron al Cura á. la cárcel donde
fné atado con las otras víctimas.
'
El padre de los cinco niños abrazó á su Cura y corrió á
su casa para consolará sus hijos.
No pintaremos las agonías de aquella noche. Solo diremos, que cuando amaneció, el Cura había reanimado el
espíritu de sus compañeros de infortunio. E~os infelices,
antes embrutecidos por el terror, habfanse transformado
en gloriosos mártirf's sostenidos por la Fe cristiana y la
esperanza de una vida eterna.
. A las once, una escol_ta esperaba en la pnerta y los pris10neros se pusieron en marcha. El Cura iba á la cabeoera recitando el Oficio de difuntos. Por el camino los vecinos arrodillados dirigían á su pa~tor su ú.l tima mirad¡l.
Se acercaban al lul?r de laejecnción, cuando un oficial de
Estado mayor prusiano, que pasaba con sus asistentes se
detuvo.
'

Surge á veces en el llano;
Y en la loma á veces brota
Susurrando mansamente
Como de una arteria rota,
Cristalino manantial;
Mananti al ii1agotable,
Cuya linfa fresca y pura
Se desliza misteriosa
Bajo arcadas de veTdura
Como sierpe de cristal. · .
'
Dánle sombra con sus ramas
los arbustos de la orilla,
Y despiega ante sus plantas
La balsámica gramilla
Su magnífico tapiz.
Ya se vuelca en un ribazo,
Ya se arrastra en una hondura,
Y a parece desde lejos
En la faz de la llanura
)Iisteriosa cicatriz!
Pero avanza, siempre avanza,
Deja el llano, cruza el monte,
Y. al murmullo de sus pasos
Se va abriendo el horizonte
Como el velo de un altar.
Lo saluda el ave errante
Con dulcísimos gorgeos,
Y le cuenta el aura. tímida
Sus amantes devaneos
A la luz crepuscular.
La onda leve se agiganta,
Su rumor se torna en grito,
Como el pecho en que fermenta
La ansiedad del infinito,
La in~uietud del porvenir.
Y creciendo y avanzando,
El raudal se torna en río,
Y va el río tumultuoso
Impertérrito y sombrío
Con el mar á combatir.
As( nacen las ideas,
Manantiales de onda pura!
Las ideas, que no tienen
1'-1ás escudo ni armadura
Que el escudo de le fe!
Pero avanzan.silenciosas,
Se retuercen, forcejean,
Y se allanan las montañas
Y los páramós chispean
A los golpes de su pie!
ÜLEGAJUO V. AXDIUDE.

CANTARES MARINOS.

Cuando salto á tierra,
¡adiós mis ahorros!
Pues á mí, lo mismo que al barco,
me limpian los fo11do8.
VrrALAZA.

*

** las olas,
Estoy mirando
que siempre vienen y van;
Estas olas me trajeron,
no sé si me volverán.
CE= Ln:10.

***

Todo el que sin que le enseñen
quiera aprender :i rezar,
que se meta á marinero
y que corra un temporal.
FELIPE

PÉREZ Y GoNzÁLEZ.

..

�EL MUNDO
28

DOMINGO

- - - - ------~-- .. ·-

..

1

Gn ~ailio

Nomántko.

10

DE ENERO DE J897

DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

'UN "VIAJE A P ARIS.

-Papá, ya soy un hombrecito.
-Es verdad, hijo¡ ya tu padre está viejo. ¡Cómo pasan
los años!
-Papá, yo quiero ir sólo al teatro.
-Pues ve, hijo. Toma para que compres la entrada.
-Es que yo quiero que usted me diga lo que debo
bacer. Y o quiero echarla de hombre, papá.
.
-EntonceR, hijo, tienes que estar en los usos del buen
t-ono.
ÜY.e, pues, y toma mis consejos: entras de rondón, das
-el billete á la entrada; sigues á tu asiento de anfiteatro;
no te quitas el sombrero, te dás con el bastón unos cuantos golpes en la pierna; te haces el fastidiado; te levantas,
sacas un cigarro, -pides el fuego al m,l.s viejo de los concurrentes, y te fumas tu Honradez 6 tu Hidalguía con gran
desembarazo. teniendo cuidado de echar el humo sobre
-el policía que se pasea, que con eso dormirá más á su
gusto.
-¿Y si me-hablan de música, papá? ¿Si me preguntan
qué me parece la 6pera?
-)-!ala, muy mala, niño; tú dirás echando bocanadas
de humo del cigarro; ¿Campanini? ¡bah! ¿La Dactri? ¡oh!
.¿Abrameff? ¡uf!; y as( agotas las interjecciones de despre•cio. Luego te llevas la mano al bolsillo y dices: ¡vean ustedes! ¡aquí traigo el pito para silbarlos esta noche! Aun•que no tengas el silbato ni tales intenciones, esto da mucha importancia.
-¿Y si me preguntan dónde hay artistas mejores?
-¿En donde? En París, en MiJán, en......
-¿Y si roe preguntan si yo he estado alguna vez en París, Papá?
-Les dices con cierto aire de autoridad: «Yo no he es1tado nunca en París, amigos míos, pero un tío mío estuvo para ir ahora dos años.»
-Se reirán de mí, papá, y á mí no me gusta que se rían
-en mis barbas.
-Tú no las tienes todavía, hijo.
-Pero·tengo quijadas, papá.
-Pues bien, si lo que necesitas es un viaje á París,
.ahora te llevaré. Harás de balde un viaje como el que ha-cen nuestros jóvenes en el día gastando mucho dinero.
Te aseguro que sacarás el mismo provecho que ellos.
-Partiremos ahora mismo, sin movernos de nuestras
butacas.
-ff c6mo? ¿por obra de encantamiento?
-1io, hijo, por obta de la imaginación.
Imagínate que vamos ya rodando por el camino de la
·Guayra, metidos en uno de los cajones rodantes de Giráldez y Compañía. Llegamos ,i Guaracarumbo; comemos
.allí pan viejo, bebemos ron nueyo y fumal)los Yirginia ni
nuevo, ni ,·iejo: de la edad media. Estamos en la Guayra. Sudamos, comemos .pescados y mameyes, y nos embarcarnos. A los pocos días, en Saint Nazaire: venga el
t,r en y á París.
¡París, hijo! el gran mundo, la capital del universo!
-Papá, yo qniero que tú me lleves á l\fabille. Todos
los que vienen de París dicen que es lo mejor que se ha
,isto.
-Pues á :M:abille, hijo, á Mabille. ¡Qué expléndidojardín! ¡qne damas tan hermosas! Mira, hijo, mira aquella
·de los cabellos rubios, que lleva colgando á un inglés de
frac verde y patillas de azafrán; ve la otta de más allá, de
·cabellos negros y perrito blanco, y la otra, y aquellas, y
todas, hijo, todas, ¡qué bellas! ¡qué hermosas!
-Papá, yo quiero verlas más de cerca.
-Las verás, hijo, las verás.
~¿Y no me darán su retrato? Luisito tiene un paquete
-de retratos de ellas en todos trajes.
-Sí, hijo de mi alma, te darán su retrato y los llevarás
á Caracas, y eso te dará importancia, y te harás adorar de
los papamoscas. ¡.A.y, hijo, qué alegría! ¡cómo te va aprovechando el paseito! Pero ahora vamos al jardín de plantas, r dejaremos para otro viaje el ver los Museos y las
Bibliotecas, y los monumentos y las oficinas y todo ese
.fastidio. ¡.A.l jardin de plantas, Pepillo, al jardín de plant.as!
-Papá, yo quiero ver el oso.
-M1ralo, míralo, hijo, aquel que anda en dos patas como alguno de tus amigos; aquel es el oso. .A.rr6jale peda:ir.os de pan. Uno, dos, tres, ¡allá va! ¿qué divertido!
-Y aquel otro animal tan largo, papá, ¿quién es?
-La girafa, y el otro el le6n y el otro la zebra.
-Y el burro, papá, ¿dónde está el burro?
-Ya lo verás de sobra cuando regresemos á Caracas,
hijo. Vamos ahora á los títeres.
-Papá, yo quiero almorzar con Víctor Rugo.
-¿Para qué, niño? ¿Para poner el¡ugo á tu país? pues
no lo nec~sitas; aprende á decir 01ü: a pedir pa,-don, y sobre todo ( y ahora que digo sobre todo, acuérdame que te11emos que comprar un surtol.11;) y sobre todo, hijo, apren-de ,í despreciar todo lo que no sea de esta tierra deliciosa.
-Papá, ya me voy sintiendo muy suficiente; pero quiero ver los títeres.
-Ya llegamos, Pepito, aquí están los mariano/e.•. Aquel
-es Pierrot, el otro Arlequín, y el otro Polichinela, mira
dimo bülau, c'.)ln") s.1lt:in y c5mo brincan, ¡qué felicidad!
-Papá. yo me quiero ir para Caracas; aquí no hay nada que ver. Todo lo hemos visto, y todo lo hemos apren-dido.
-Pues vámonos, hijo.
-Yo quiero llevar algo para Caracas, papí.
-Eso es muy justo. Toma, aquí te he comprado
lo que debes meter en tu maleta, y con lo que hads furor entre tu,i amigH. Un sombrero á la bom'1é, un pantalón ,i. 1ajlaut.é; un paletó ,í. la.farolé; unas botas á. la grillé;
un chaleeo á la car.~é; una leontina á la pl':rré; un cuello á.
la degollé; y una corbata á. la mrangulé. Los guantes gri-3
perlé, el bastón de vista microscópica; los lentes que cuel
gan y los puños flotantes. Unas fotografías profanas;
un albumen cuir, y pomada hongroi:i.•e.
-Pap.í, parece que se me quiere olvidar el francés.
-Con tal de que te quede el ouije t'Ous aime, pardon,
~st:ís fresco, hijo.

EL MUNDO

•

fªPá.

evitar hasta donde sea posible colisiones en tiempo bru-Pues ya podemos marcharnos,
-Ahora mismo, metámonos ene wagón. Yalle~os moso.
La Comisión Internacional de abordajes de mar estuá. Saint Nazaire; ya tú ves, hijo, en menos que bautiza un
dia la cuestión y es de esperarse que pronto, gracias á su
cura looo. .A. bordo y sobre la marcha á la Guayra.
-Papá, ya estamos allá; mira, yo conozco á. aquel Señor intervención, se inscriba en los re~lamentos y se aplique
universalmente este sistema gemal y practico-y esta
que está en el muelle es el. .......... .
-Calla, hijo, calla; no debes conocer á nadie; y cuan- idea humanitaria.
do entremos en Caracas, me deberás preguntar en la calle "mon papá, ¿es que tú sabes donde demora la Librería de Monsmr Emeterio Hernández? ¿Da.ns quelle place
queda la botica de Monsiur Rocha y la confitería de Monsiur Poguape fils?"
-Pero s1 yo sé donde viven todos esos señores, papá.
-Debes fingir que lo has olvidado, niño, para que puedan creer en tu importancia.
EL HADA DE LAS PERLAS
-Oui, papá.
,-Ya tu ves, hijo, lo que es un viaje áParís;cualquiera
de eSQs que te discutirán sobre la ópera y te hablarán ~Jentan que allá, en las poéticas playas del Cantábrico,
primores sobre música y verán con menosprecio nuestra. donde los antiguos trovadores llegaban á cantar al comcompañia lírica no han visto na&lt;h más de lo que tú aca- pás de las enfurecidas olas sus galanos poemas á. la bellebas de ver en este paseo fantástico, vete, hijo, al teatro, za, se abrieron un día las turbias ondas y dieron paso á.
vete, y cuando te hablen de Tiberini, háblales de Mario, un apuesto doncel, que bajo el brazo llevaba su bandolín
y cuando te vengan con la Patti, arremételes con la Nil- sonoro; medioeval trovador, sin duda, que bajó al fondo
son, y si te echan alguna que tú no hayas oído nombrar, del mar en busca de divinas sirenas á. quienes cantar sus
inventa una de tu caletre, que con tal que la hagas termi- poéticas trovas.
;;!,En la orilla y casi á flor de agua era esperado por regia
nar en ini será italiana, en off rusa, en aó portuguesa.
escolta de delfines, señores del mar, que á su paso se ha-Papá, ya son las ocho y yo me voy para el teatro.
-Vete, hijo, y no eches en saco roto cuanto te acabo . cen tocar-alegres marchas por las músicas reales compuestas de tritones.
de decir.
;:: Llegó al fondo donde fué saludado por bellísimas Ná-Y el sombrero, papií?
yades, Hadas y Sirenas, y del espeso follaje de lumino-En el cogote, hijo, ese es el tono.
sas algas se desprendía el suavísimo rumor de una orquesta de sonoras cornamusas, que le volvían loco, y se
N. BoLET PERAZA.
sentía desfallecer por aquel medio ambiente saturado de
los ricos perfumes que las perlas, al abrir sus nacaradas
conchas, exhalan.
,- -¡Canta, poeta, canta! le repetían las náyades y sirenas en medio de las más dulces caricias que jamás mortal
alguno recibiera.
«Canta á nuestra belleza.»
«Canta á nuestras riquísimas perlas.n
«Canta y pide nuestro amor.n «Canta, y serás amado.n
"Canta, y te daremos ricos palacios".
"Canta y te haremos gozar placeres paradiasicos"
"Canta y te pondremos ricas vestimentas de brocado y
oro" y esto decían locas de amor, sedientas de placeres,
Náyades, Hadas y Sirenas.
Era imposible; nadie podía sacarle de aquel sopor, y,
poco ,í oco, la.!! Náyades, Hadas y Sirenas, cansadas de
rogar a apuesto doncel, se fueron retirando.
Habíanse ido casi todas, y no quedaba ya más que una
hada hermosa, de ojos negros y cabellera de ébano, que
le dijo:
-Quieres venir á mi palacio?-Mi dueño, mi señor, ven
conmigo, ven.
El poeta le diri~i6 una mirada desdeñosa que decidió
á la encantadora a seguir el camino de sus cempañeras;
más de pronto díjole él:
•
-Espera-¿quién eres tú?-dónde está la estancia perfumada que sin duda habitas?
-Soy el Hada de las Perlas y mi palacio es_tá hecho de
una sola perla negra, junto al del opulento Rey de los coDEL LIBRO "EN LA ALDEA."
rales-quieres que te diga algo más?
No, basta ya; cuando la luz del nuevo día bese la onda
PROBLEMA.
inquieta, iré á cantarle la serenata de mi amor. Y el Hada, loca de pasión, se fué á su palacio, á espefl!,r al apuesComo en la misma iglesia vive el cura
to mancebo.
Al primer resplandor de la mañana '
La luz de la alborada que las ondas reflejaban, como de
Le vísítan en turba soberana
'
un diamante en las finas facetas, corrientes de vivfsimos
Niños de seso y niñas de hermosura......
colores, recordó al trovador su compromiso de cantar y
El les deja jugar á su ventura;
se fué al palacio hecho de una sola perla negra, junto al
Y al par que uno sacude la campana,
del Rey de los corales.
Otro hecho fraile en levantar se afana
Par6se frente al rico alcázar del Hada de las perlas, al
El cáliz sacro á. la divina altura......
pie de una ojival ventana hecha de coral, cuyos ricos araSi el cura al cielo lo mirada tiende,
bescos parecían encajes de Bruselas y soberbias bordaduTodos los niños en alegre coro
ras de Damasco; templó su rico bandolín y empezó á canAnte el altar de Dios rezan y cantan......
tar su sentida trova, y la hermosa, á los dulces acordes
Diga el cristiano si el Señor deciende
del bandolín sonoro, abandonó el lecho, y calzando eus
Cuando el cura levanta el cáliz de oro
menudos piés con unos primorosos chapines de seda se
O cuando aque\los niños lo levantan!'
acercó á. la ventana, y á traves de la celosía, espiaba, inquieta, al mancebo gentil.
J osÉ S. Crroc.A.~o.
El Rey de los Corales, viejo de luenga barba y ojillos
vivos, eterno adorador del Hada, despertó á los acordes
de aquel extraño instrumento y dispuesto á. av-eriguar
quién lo pulsaba, abrió la ventana y vió al doncel; vistióse con precisión y bajó para vengarse de su rival, áquien
encontró todavía cantando al pie de la ojival ventana hecha de coral.
Mudo de coraje, arrebató al doncel de las manos su
precioso instrumente, el que rompió contra una de sus
rodillas, y al reventarse la última cuerda, el poeta cay6
ALFABETO DE SEÑALES.
exánime, y con la postrera vibración, el poeta expiró.
Y allá adentro, se oyó un grito débil y doloroso: el Hada de la.~ perlas había muerto también.
Los siniestros marítimos causados por colisiones de buDe aquel tiempo data la carestía de las Perlas Negras.
ques han sugerido á M. Brunei, de Rouen, un alfabeto de
I. G. FuENTES
señales que sería conveniente y aun ind.ispensable hacer
obligatorio por medio de un acuerdo internacional.
Lo que debe preocupar ante todo en esta.materia no es
NO SE DECIRTE MAS.
tanto el alcance de los sonidos cuanto la precisión del
significado que se les dé y la facilidad de su comprobaGloria. tiene que haber mientras aspires
ción. El ideal sería que todos· los buques de todos los paíAl bien eterno que alcanzar esperas;
ses al oir las señales de alarma maniobraran en conseEn el mundo hay amor mientras tú quieras
cuencia tan rápidarn,mte corno un soldado aloir el toque
En el cielo habrá luz mientras tú mires.
'
de derecha 6 izquierda.
Las puras auras mientras tu suspires
Es este el sistema de señales ideado por M. Brunei es
Besarán á las flores hechiceras,
excelente y producirá los mejores resultados al aceptarse.
Y habrá virtud hasta que tú te mueras,
En substancia á esto se reduce:
y habrá belleza mientras tu no espires.
Dos sirenas, una de voz profunda y otra estridente coQue por tí que eres causa del anhelo
mo si dijéramos una contralto y una soprano. Un silbido
Que siente por la gloria el alma mía,
~ye y otro agud&lt;? ~rá Norte; la maroha hacia el Sur se
Tienen: elpecho amores y commelo.
indicará con dos silbidos graves y dos agudos; una serie
La noche estrellas, claridad el día,
de sonidos graves significará la dirección Poniente y la
Y si no hubiera por desgracia un cielo,
de Oriente una serie de silbidos ~udos.
Cuando murieses tú se formaría.
Este sencillísimo sistema de facil inteligencia, aun para las más obtusas, pone á un capitán en condiciones de

1

.=:~;r~ ~i~.=:~5-r~.=~,.r~

...

�•

DOMINGO

EL MUNDO

30

EJ:.·KOSARIO

Dos son los pri.ncipales recuerdos que conservo de la
noche que pasamos en Orgiva.
Es el prunero (en el orden cronológico nada más),
nuestra comida.en la posada, reunidos los diez viajeros
en un ¡.i:npo digno de Velázquez ó de David Teniers, ála.
pretendida luz de los candiles (¡y eso que eran dos!), y
celebrando y sellando recientes amistades con el placer
de yantar juntos......... no así como se quiera en mesa redcnda, sino ni sartén red011da, todos á. una, con militar
franqueza, á fin de que la paella de ri~or no perdiese su
,irginal perfume al pasar por el trámit~ de la vagilla..... .
¡Cuántos.banquetes precedidos, de programa de divertirse mucho en ellos, y muy preparados, muy costosos y
muy opíparos, no han resultado tan alegres, tan cordiales, tan apetitosos, tan gratos al alma y al cuerpo, como
aquel improvisado y humilde festín, sazonado de hambre, de novedad, de indulgencia, de carifio, de confianza,
de pimientos picantes y de aquella cortesía del cora7,6n
que vale más que todos los primores del ingenio!
Sin embargo, confieso que no nos hubiera venido mal
otro par de candiles.

***

:Mi segundo recuerdo se refie:r:e á unas religiosas campanillas, á unas grandes farolas, á unos santos estandartes, á muchas ramas de tejo y á más de cien indescriptibles caras de chiquillos, cuyas alzadas bocas cantaban en
coro y á.vozencnello: «¡Dio.~teSa11•e, Reina.11 .1Iadre...... !»
Porque ha.beis de eabér que todo esto y algo más penetró de golpe en la posada, cuando estábamos en lo más
profundo del arroz; dejándonos suspensos, atónitos, embelesados y sin saber á qué atribuir aquella súbita visita
de tanta luz, de tanta inocencia, de tanta piedad, de tan
sencilla y tierna serenata á la Reimi y Jfadre de los desterrados hiios de Eca ........ .

¡Ah! La voz de los niñ.os tiene algo del cielo; y cuando
esta voz canta y reza á un tiempo mismo, cuando"en medio de las bórrascas de la vida, óyense sus puros acentos
en son de mística plegaria, más que los hijos de los hombres empezando á geinir y llorar en este valle de lágrimas,
pare&lt;;en ángelee que desde la gloria intervienen por nosotros, .repitiendo como suyas nuestras preces.
Los que conserveis la buena costumbre de ir á la iglesia, habréis sentido esto mismo oyendo á los se~~es niños
de coro de nuestras catedrales, alzar sus francas y agudas
voces sobre el concertado estruendo del órgano dA los sochantres y de todos los instrumentos y cantores de la capilla; como se perciben claros los trinos de atribuladas
aves sobre el ronco estrépito de majestusa tempestad. Y
los que solo vayais al teatro, habréis experimentado también algo parecido ( ya que de manera a1guna lo propio),
durante el cuarto acto de El Profew, cuando aquel los otros
sei,ies (4,ue por lo regular son los mismos), cantan el grandioso villancico:,
Le voil!\ le rol Prophete!

I,e voil~ l'clu de Dieu!

¡Oh! ¡Los niños! ¿Los niños!. .....-cc¡Lá.~tima que se conviertan en hom.brea/»-exclamaba Lord B yron-ccNo tenemo8
padre!»-gritan ellos en el místico poema de Jean Paul.«No escandeliceis á estos peqiteñuelos.»-dice la Palabra di-

vina.
·
Por todas estas razones, y porque st (que es la gran razón de tejas abajo), nos quedamos embebidos oyendo la
fervorosa Salve que cantaban los muchachos de Orgiva.

Por lo demás, pronto supimos que en aquella sublime
escena no había nada de insólito, sino que era el mismo
Rosario que se recita todas las noches, en aquel santo
tiempo de Cuaresma, ciertas en y ciertas casas de la villa
cuidando de no olvidar las :¡¡osadas, donde siempre hay
fieles transeuntes más necesitados que nadie de los consuelos de la religión.

*
**
¡Oh vida segura, :a mama ¡,ooreza,

dAdiva. santa desagradecida.!,
: [Juan de Mena].

¡El Rosario!.........Veinte años hacía ya por 19 menos
que no !o ve~amos rec?rrer á aquella hora y de aquel modo (segun la mmemor1al costumbre) otras ciudades villas
ó aldeas de la proverbial Tierra de .bfaría &amp;nt!sima.'
¡Y qué ye_inte años! Durante ellos, los mismos que solía1!1os felicitamos de la desaparición del antiguo orden
social y -político de España, si bien no hayamos llegado
ni creamos posible llegar jamás á poner en duda la bon~
dad abst~cta de las n~bles, justas y sinceras ideas de
nuestro siglo, he~os vemdo á reconocer, -en cambio, á fuerza de crueles lecciones ( ¡o.h desengaño.! ¡oh conflicto! ¡oh
pi:oblema para~~ porv:en~r!Jque esa libertad y esas ideas,
leJos de domesticar, de .c1v1ltzar, de dignificar más y más
cada día ,\ las cla.~es baJas ( como nos dignifiicaron á nosotro~ )_. las !:ian hec~o retrocederá la priinitiya barbarie.
Inutíl, ocioso, necio, y sobre todo peligrosísimo (señores del cent.ro de todas las C{Lmaras del mundo\, fuera
cerrn:r lo~ OJOS á esta verdad que palpita en el fondo de la
conc1enc1a de c~ianto• hemos dirigido la voz al Pl!~blo
(creyéndonos susr-edentores) desde al periódico ó ~de
la tribuna, desde el libro ó desde la c,í tedra...... ¡Imposible escapar á nuestros ~m~rdiini~ntos! Los espantosos
resultados dE: nu~stras bien mtencionadas, pero imprudentes predicaciones, están harto á la vista de todas
partes. .
1\Iirad: los ignorantes de ayer se han tro:'.l.do en los insensatos de hoy. La antorcha da la filosofía moderna en
lugar de iluminar la mente dé los desheredados por la'fort~a, la ha incendiado, dejándola llena de humo y de ceruzas.
Quisimos enseñarles mucho, y les hemos hecho olvidar
lo poco que sabían. &lt;:reían algo, amaban algo respetaban
algo, ad_oraban al~lÍ. u ideal, y h?Y no,creen, 'aman, respetan m adoran smo lo concermente u sus sentidos corpor&lt;lles.
·
·
Tenían fá, p1cien~ia, esperanza, y los h~mos exasperado y des~spemdo. Er-,m, cuando menos, seres sociales, y

los hemos convertido en enemigos de la sociedad. Eran
ya hombres, y los hemos vuelto á hacer fieras.
Así pudiera continuar mucho tiempo á. riesgo de que se
:¡ne considerase neocat61)co, ultraJ'.!'.lon?1no, retrógrad&lt;?,
- obscurantista, per€a, carbno y partidario del feroz Tnbunal de la Inquisición.
:Mas creo haber dicho ya lo bastante para explicar la
profunda complacencia que nos causó aquella noche ver
al pueblo orgivense, representado por sus hijos, hacerpú•
blica profesión de su fe cristiana.
~P. A. DE ÁLARCÓN.

Una noche feliz, en que la luna,
toda envuelta en la túnica opalina

de vaporosa nube,
por el azul purísimo ascendía,
cual virgen desposada
que :¡iudibunda, tímida,
al misterioso lecho
de la nupcial alcoba se encamina,
en el jardín, que al soplo fecundante
de llayo, florecía,
posado en la corola de una rosa,
cuyos -pétalos rojos se entreabrían,
cual labios de muíer adolescente,
al aura de la risa,
Puck, mi amigo Puck, el duendecillo
vagabundo y travieso, me decía:
«Queda cumplido tu deseo, he visto
á la adorable niñ.a,
que del país lejano
en que dichosa habita,
para su album, precioso florilegio,
una flor de tu musa solicita.
Asomada esta tarde en la ventana
miraba,, pensativa,
al sol, que desde ocaso,
como mágico artista,
por el azul profundo derramaba
de su paleta las rojizas tintas.
Y o, oculto en el alero,
absorto la veía.
¡Qué hermosa estaba la gentil doncella,
la virgen pensativa,
con su níveo corpiño, que escorzaba
sus formas exquisitas;
con su sedeña cabellera obscura
sobre la airosa espalda descogida:
con su edénica boca,
al beso ardiente del amor propicia;
con su cutis_ moreno y transparente
como la teD:ue sombra vespertina,
y con sus o¡os negros,
do irradian las pupilas
cual dos vívidos astros desde el fondo
del cielo en noche lóbrega y tranquila!
To~o en ella es hechizo subyugante.
Te ¡uro, á fe de Puck, que no es más linda
la esposa de Oberón, ni más hermosa
la blanca, rubia y triunfadora Cipria.n
Calló Puck; de la rosadirigiose
á un boscaje de lilas;
mientras que yo, meditabundo triste
y con la mente fija,
'
'
al través de la niebla del ensueño
en vagas, idealea lejanías,
'
quedé envidiando al vagabundo duende
que en el país que habitas
'
una tarde te viera en la ve'ntana
mirando pensativa,
el sol, que desde ocaso,
como mágico artista.,
por el azul profundo derramaba
de su paleta las rojizas tintas.
DARÍO HERRERA.

UNA MUERTE DICHOSA.

. -Ha leido usted-me dijo el doctor encendiendo, un
cigarro-el. relato de l~ejecución de Damperier?
•
-~umanamente. Siempre es lo mismo. El sentenciado
á 9m~n preparan para el trance fatal; la bruma la descnpc1ón de la ~laza, las lamentaciones de los ~eporters
que no h~n podido acercarce......Es una desconsoladora
monotoma.
-L~ que usted no :=,a~e es que el reo ignoraba que iba
á ser e~ecutado. Cam1n•&gt; hacia el cadalso con la sonrisa en
los labios, ~e suerte que el golpe fatal fué para él el 1mo de la dtcha.
co
-¿Y cuál fué la causa de esa ilusión?
El doctor ~o~rió m"t.liciosamente, y dijo con s~ncillez
-:He supr1m1do. la pena de muerte por medio de h su:
gestión. La sugestión es el apoderamiento del hombr~
el hombre.
:-, por
Y aquí se encuentra justificada la confirmación de esa

•

10

DE ENERO DE 1897

fecunda ley de la selección natural, tan maravillosamente formulada por Darwin.
Aquél q_ue fué mejor dotado por la naturaleza1 aquél
cuyas aptitudes de combatibilidad son más enérgicas, es
él más propio para llegar á ser uno de los hombres que
dominan y dingen ásussemejantes.
La sugestión puede crear las alucinaciones más variadas.
Por parte de la vista, se puede su~erir una apreciación
fatal de la forma, el color y la situación deun objeto; producir un error sobre la identidad de una persona que setoma por otra; evocar la presencia de una persona ausente.
Por parte del oído, se puede hacer oír un espantoso ruido en medio del silencio más absoluto.
Por parte del sentido del gusto se puede hacer comer
un papel que sepa á jamón, y beber agua de mar que sepa á Champa.,crne.
Y así, en los demás sentidos.
Yo me interesé por Damperier, que ha pagado hace pocos días con su vida, su falta.
Mi profesión me permitió verle en su celda; no le abandoné sino cuando ces6 de latir su corazón en el patíbulo.
Nadie ha podido ver mejor que yo al pobre Damperier
én sus últimos momentos.
Pues bien: Damperier ha escapado al castigo; ha muerto dichoso, bendiciendo la justicia de los hombres!
Vea usted, caballero, cómo se ha realizado este fenómeno.
La pena de muerte no es, como es sabido, puramentefísica.
Desde este último punto de vista, la piedad de los sabios cree haber dicbó su postrer palabra.
La sección de la espina dorsal y la evolución del cerebro por la sangre, parece que aseguran inmedi?tamente·
la cesación de la sensibilidad. Resta que calcular un snfriiniento moral, difícil de apreciar por razón de temperamento y de tiempo transcurrido.
La espera del momento supremo aplastará á un sanguíneo, torturará á un sensible, no hará huella en el idiota.
Mientras que el trance fatal está lejano, el reo vive y se·
sostiene de la esperanza. 8610 en el breve paso de los últimos instantes, es cuando el sentenciado a muerte sufre
el castigo en todo su rigor.
Ha esperado; ya nada más puede esperar.
Toca con.el dedo la muerte.
Ninguna evasión es posible.
Este tormento dura media hora, pero es atroz.
Pues bien; la ciencia viene á transformar la angustia.
de estos treinta últimos minutos en una beatitud incomparable.
La víspera de la ejecución, el abogado de Darnperier·
pudo introducirme en la celda del reo.
Facil me fué dormirle, y como yo conocía por las sesiones de los Tribunales la historia trágica de su crimen, le
dije:
-Mañana por la mañana vendrán á buscarle; Matilde,
á quien creía usted haber matado en un momento de celos, no ha muerto, y se va á casar con usted.
La sugestión se verificó, y vea usted cómo ha tenidoefecto en la práctica.
En el momento en que el verdugo fué introducido en
la celda del reo, Damperier se adelantó hacia él con las
manos tendidas, excla.mando:
·
-¡Gracias á. Dios!
-Luego, mientras la gente le rodeaba, él hablaba con·
un gozo infinito:
-¡Qué mañ.ana tan hermosa! ¿Verdad? Voy al patíbulo contentísimo...... No perdamos un instante en vanas
fórmulas._. .._.. Va~os, amigo verdugo...... Por tu mano•
V?Y á recibir ~a dicha más grande que he tenido en la
vida...... ¿Quieren ustedes beber algo? ¡Regocijémos!
Ninguno de los asistentes sabía lo de la sugestión.
Estupefacto el director de la prisión, hizo servir un vino blanco, no del todo malejo.
Se bebieron unas copitas, y ya iba á secundarse con,
otras, cuando el reo se opuso.
-¿En que piensan ustedes?-dijo -¿Y esa multitud
que nos espera en la plaza? Vamos; seamos exactos
Se le.vistió; él lanzó un suspiro de satisfacción!
. ~a vestido, se dirigió hacia la puerta de la celda, y recibió á las personas que entraban como á otros tantos invitados.
Llegado el momento se lanzó fuera, diricriéndose con paso seguro hacia el lugar de la ejecución. "'
-¡Ved qué hermoso está! N"o he visto altar más ornadode flores. Los cirios ardiendo, parecen estrellitas por cima de la frente divina de mi novia.
~ en el momento en que ee le apretaba el cuello Dampener exclamó con sonrisa inefable:
'
-¡Es el primer beso!
¿Por qué no se persuadiría á los sentenciados :l muerte·
de que el último suplicio contiene la felicidad suprema?'

DOMINGO

10

LA.MODA

Desprendemos de nuestro cambio
extranjero algunos ds los figurines
más hermosos de la estación, en los
que se ha dado campo la fantasía de
los modistos y las modistas. Son trajes de paseo y de calle de encantadora
novedad, el buen gusto de los cuales·
apreciarán sin duda nuestras lectoras.
No entraremos en descriJ?ciones tan
enojosas como inútiles, lim1támonos á
mostrar los modelos más elegantes y
que nuestras lindas favorecedoras elijan.
MERMELADA DE. MELOCOTONES.
Mondados y hechos trozos los frutos bien maduros se echan en una cacerola· se calientan á. fuego moderado
hasta que se desbagan, sin dejar de
removerlos, y se pasan luego por el
tamiz. Por cada 500 gramos de puré se
toman 350 de azúcar; se cuece esta á
la bolita; se agrega después la pasta
con un poco de vainilla, y cocida la
mezcla á la capa, se la encierra en bocales de cristal ó de gres.
lfERMEL.ADA DE PERAS.

Se toman buenas peras, se dividen

.,,.

MERMELADA DE ALBARICOQUES.

ponen los albaricoques en una cacero•
la, se los hace disolver á un fuego mo•
derado, removiéndolos sin cesar: después se pasan por un tamix.
Para cada kilógrarno de
puré se toman 500 gramos
de azúcar en trozo; échanFe estos en un perol, se
afiade un poco de agua y
se cuecen á la bolita. Después se agrega el puré y
algunas almendras de albaricoques, mondadas y
blanqueadas; se cuece todo á la capa; se vierte en
vasos, cuando está frío;
Traje de recepción.
se cubre primeramente
con un círculo de papel
humedecido con aguardiente, después se cierra el vaso
..con papel sujeto por bramante ó con vejiga reblandecida.

~~-=:~rr~.::::::!!5f~.=9-r~~ ~

Ya, al pretender ser tierno,
sale del pecho mío
un aliento más frío
que una ráfaga de aire del invierno.
Para una señorita.

RICARDO~P.ALlU..

Si te casas, Inés, ten por seguro
que todo novio es un traidor futuro.

***

Te morfas por él, ;pero es lo cierto
que pasó tiempo y tiempo, y no te has muerto.
CAYPO.illOB

;., '.,.

Por H. W. Longfellow.

¡Ah! ¡No! No me digais con voz doliente
Que la vida es un sueño;
Que el alma muere donde el cuerpo acaba,
Que es nuestro fin incierto.
Polvo que vuelve al polvo es la sentencia
Funesta para el cuerpo;
Pero el alma que es luz, en luminosa
Región busca su centro.
Placeres y amarguras no son sólo
De la existencia objeto;
La vida es acción viva, afán perenne..... .
La vida es lucha, es duelo.
La obra del hombre es lenta y el tiempo huye
Rápido como el viento;
Y el corazón la marcha del combate
Sigue siempre batiendo.
¡.Alerta! en la batalla de la vida
Reposar un momento
Es torpe cobardía: la victoria
Es hija del esfuerzo.
Da un adiós al pasado, y del mañana
No busques los destellos;
Pon la esperanza en Dios, mira el presente
Y lucha con denuedo.
La historia nos lo dice: la constancia,
El valor y el talento
Engrandeeen al hombre-Fe y audacia!
También grandes seremos!
Y inás tarde ¡quién sabé! si otro hermano'
.AJ cual agobie el peso
Del infortunio, revivir se sienta
Siguiendo nuestro ejemplo!
Tn\bajar es luchar. A la obra, á la obra,
8in desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar...... y esperemos.

Para una matrona joven.

(:'.,°

El Salmo de~la Vida.

Al mostrar ,í esta niña encantadora
suele decir su madre embebecida:
'
«A1uí teneis la Aurora
de os días más bellos de mi vida.»

CAMPO.UIORr

en cuarterones; se mondan y se ponen
en una cacerola con un poco de agua
y un pufiado de azúcar; se cuecen á un
fuego moderado. Cuando se ha reducido su humedad, se pasan por un tamiz· el puré se vuelve á poner en la
cace'rola. Por un kilógramo de puré se
aiiaden tres cuartos azúcarmohda, un
trocito vainilla ó una cortecita de limón. ~ hace reducir~ fue~o vivo, revolviendo la pasta y sm de¡arla hasta
que eeté en el punto de á la capa. ~
encierra últimamente eµ tarros de cristal ó de loza.

Se eligen maduros los frutos; se parten en dos suprimiendo el hueso. Se

AURELIANO 8cHOLL•

Por no ser ·natural hace, cuando ama
de cada paso de comedia un drama.
'

31

EL MUNDO

DE 'ENERO DE" 1897

r.:,
,t '
«..

Traje de casa y de calle.

�DOMINGO

EL MUNDO

DE ENERO DE 1897

En ella producía ana felicidad sin límites el constante
entusiasmo, la misma amargura de no poder realizar su
absurdo deseo.
•
Ll~ó en esto á la ciudad donde habitaban Leonardo y
Ameba, un médico famoso ya en todos los países del mundo, por sus extraordinarias curaciones.
Devolver la vista á los ciegos, el oído á los so:dos y la
palabra á los mudos, era la cosa más sencilla para aquel
sabio incomparable.
·
·
Se aseguraba que nunca dejaba de curar radicalmelrle
á cuantas personas acudían á su consulta, y Leonardo sintiéndose penetrado de la fe que animaba á todos, abrió el
lecho á la esperanza y resolvió ponerse en manos detdoctor.
-Curadme, le dijo, devolvedme la vista y tomad ne
cambio, entera, mi fortuna. Haced que contemple _al fin
la más bella de las mujeres nacidas, a quien adoro mil veces más que á mi propia existencia. Y Leonardo siguió
hablando y dando cuenta al famoso doctor de sus deseos
y de sus angustias, y dejándole ver entero, _con el institi.vo afmi de conmoverle y decidirle
más y más á procurar su curación,
el profundo y agitado fondo de su
alma.
CASA DE SALUD
El doctor escuchó á Leonardo
DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE con
interés y con pena, y le respondió sonriendo amargamente:
-¡Dios me libre de abrir tus
Par enfermos dementes en general
ojos á la luz y Dios te libre de conseguir jamás tus deseos! ¡Amas coENTLALPAM
mo á nadie has amado en el mundo y anhelas ver el objeto de tu
DIRECTORES: A. de Garay y Gulllermo Parra.
amor!. ........... ¡Eres un niño! El
cielo te ha concedido el suprema
Edificio con&amp;truido con todas las reglas de la higiene bien de alcanzar la posesión sin
inmensa huerta y jardines, amplios corredores bafios ea'. agotar sus alegrías y pretendes
Iones, recámaras espeéiales para todos loe enÍermoe 'de- sustituir á tu ilusión hermosísima
partame~t&lt;;&gt;s independientes. Se cuenta con todos lo~ úti• la verdad siempre árida y fría. ¿No
!ee, med1came1:1toe é instrumentos necesarios. Médicos comprendes, desventurado, que á
mternoe, practicantes y enfermeros inteligentes. Decen- causa de ese mismo misterio en
te y nueyo mob~liario, asi~tencia constante y eficaz y que para tí está envuelta tu amada,
buena ahmentac1ón. Especial para el tratamitnto de la lo- la imaginas mil veces más bella de
lo que realmente ;puede ser. auncura por el hipnotismo.
DEPARTAMENTO ESPECIAL PARA .XNFERKOS, DE MEDICINA Y CIRUJU
que sea, como tú crees, la mujer
Para los enfermos que vienen de los Estados, loe hom- más perfecta del universo? El mobres. solos ó l:19 personas.de ambos sexos que tengan que mento de verla sería siempre pa1mfru cualquiera ?Perac16n, les .es muy_ ventajoso este ra tí úna espantosa decepción, pordepartamento. Tienen loe pacientes aire puro clima que el sueño, aun el susceptible
exc.elente y no malsano como en México, recámara ~special de ser realizado, no está libre nunmeJor que ".n un hot~l, bañ.os! .ropa limpia, peluquero, ca de desencanto sino á condición
buena comida, médico, med1cmae y asistencia médica de no llegar á í·ealizarse jamás.
constante, y todo esto por un precio muy inferior á lo Confórmate con tu ceguera y acosq~e gasta!án en otra parte mal atendidos. Sala de opera• túmbrate á considerarla como el
cwnea estilo moderno y arsenal de instrumentos com- origen de tu felicidad, el eterno
pleto.
entusiasmo en el amor, y compaPara mayores informes dirigirse á los Dres. Guillermo dece al resto de los mortales conParra, tel~fono 443, apartado 682 (calle de León núm. 9), denados á ver la imperfecta belleY_Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1~ za de los séres y de las cosas sin
Pila Seca núm. 8.) El Dr. Parra es Director de la Com- que las lágrimas que tan á menupafiía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital Juá• do nos hacen derramar nublen
rez. El Dl'. Garay .e~ profe~or .de Anatomía quirúrgica en por completo nunca la claridad de
la Esc1:1ela de Med1cma y c1ruJano del Hospital Juárez y nuestras miradas.
del Asilo Espafiol.

!agro de que yo pp.eda llegar á imaginarte tal cual eres.
-No me atrevo á intentarlo, contestaba ella con encantadora modestia. -¡No te atreves! Dí que no me amas como yo te amo y
que no quieres complacerme.
-Interrógame y trataré de contestarte.
Y á cada pre~nta de Leonardo sobre el color de los cabellos de Amella, sobre la claridad y pureza de f?US ojos,
sobre los contornos de su cuerpo, contestaba ella con frases en que se mezclaban por partes iguales la sinceridad
y el pudor, y que colmaban al pobre ciego de nuevo orgullo y de nueva y desesperada amargura,
La idea de la hermosura de Amelía crecía, se agigantabe
en su espíritu; su confusión y su impotencia, al tratar da
precisarla con líneas y colores, eran á cada instante mayores.
II.
El amor de los dos esposos no era el que se extingue, ni
de los que se disminuyen, ni siquiera de los que con el
tiempo se modifican. Era siempre el mismo.

A l'tl EI,IÁ.

Amelia, la enamorada esposa, estaba en los brazos de
Leonardo, el fiel compañero de su vida, quien, ciego desde su niñez, sólo podia verla con los ojos del alma.
-¡Adorarte y no contemplarte jamás!-exclamaba Leonardo. Si yo te hubiese conocido en aquellos primeros
afios de m1 vida, cuando aún podía contemplar el azul de
los cielos y el resplandor de las miradas,¡ los rojizos matices de las rosas y de los labios, tendría njos en mi memoria los rasgos todos de tu belleza, y tu imagen se destacaría sobre la negra noche que rodea á mis pupilas. Pero cuando mi corazón se abrió al amor ya ebtaban cerrados
mis ojos á la luz, y nunca, nunca, podré admirar los tesoros de la hermosura que poseo y desconozco. ¡Amelia mía,
fuente de todas mis venturas y del dolor que me agobia y
me mata: refiéreme tú, con ese celestial acento que para
siempre supo hacerme esclavo tuyo, las perfecciones de tu
idolatrado sér. Descríbelas una por una, detaJJada y minuciosamente, y acaso el encanto de tu voz realice el mi-

-~IIIAIIATll■AIE
REMEDIO VEGETAL.

10

DESCUBRIMIENTO INDIGENA.

UNICO ESPECIFICO QUE CURA RADICALMENTE
LA JIRICUA, EL VITILIGO, LA LEUCODERMIA OACROMIA PABCIAL

DE LOS PINTOS)~
Y todas aquellas enfermedades que cambian el coloró la textura natural de la piel: como eczema, hérpes, sarna, mentagra,
tiii.as, prúrrigo, psoriásis, lepra, pitiriásis, ictiósis, efélides (pecas,) cloasma (pafios,) empeines, barros del rostro, sifi.lides.
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LA CERVEZA FERRU6INA,

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«La mujer es un angelsin alas,,.
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Se recomienda á lo.s .anémicos, á las jóvenes clorótic88.
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nencia en las regiones cáhdas y ma:sa::ias.
De venta en casa de loa Sres. E. Dutour y Comp Agen•
MlB ~enerales; en el establecimiento de la Sra. vihda df
G~n~y Comp.,~ de Plateros número 3, y en todos lot
prmc1pales establecimientos.

14 DE ENERO DE 1896.

28 de Enero de 1897.

bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
uno, divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

-DE LA--

Beñittciócia-:
~• ~.Pú_!&gt;l~cl
CIUDAD DE MÉXICO.

=

El próximo sorteo, con premio
mayor de

"$10,000
ea verificará en el Pabellón Morisco
á la.s tres de la tarde, el Jueves
•

II Premio
de.... $10,000....$ 10,000
.,
.,
1,000.... ,, 1,000
u

1

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600 .•.. ,,
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100
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n
.,
40.•.• ,,
200
n
••
20.... ,,
.,
.,
1 o ......
2 Aproximaciones de á $ t 0O·
nna anterior y otra posterior ai
ndmero prelDlado con los •••...
$10,009 .................... $
2 Aprox!mactones de á !1¡50; una
antenor y otra. posterior al nú.
mero premiado con los
- - $ 1 .000...... ................ $
n

FONDO:

S 320,000.

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medios: $ 2.00
Cuartos: $ t.00. - Décimos: 40 cante.
Vigésimos: 20 cents.

PRE~IIOS:

PREMIOS:

-

baJo el plan e1gwente:
10,000 BILLETES.

500
200
200
500
1,000
2,000
2,000

200

1 00

M5 Premios que hacen un total de $17. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$ 60,00·0
ae Terül.cará en el Pabellón Morisco
i la8 U &amp;. m., el Jueves
'

t

Premio m-:1-yor df.......... 8 60,000
t Prem!o pnnc!pa de ..•••• ., 20,000

to 000
5'000
Premios de,. 500 ...... ., 5'000
26 Premios de ,, 200 ...... ., 5' ooo
1 00 Premios de ., t 00 ...... ,, to' ooo
260 Premios de ,.
40 ...... ,. l 0'400
460 Premios de .,
20 ...... ,, 9'200
1 00 Premios de 8 60. aproximaciones
'
al premio de 8 60,000............,
6 000
100 Premios.de 8 40,_ aproximaciones
•
al premio de 820,000. ........... 8 4 000
1 00 Premios de 8 20, aproximaciones
•
al premio de 810.000... . .... . .. . 9 2,000
T99 Terminales de 8 20. que se determinarán por las dos dltimas cifras ~el billete que obtenga el
prem,o mayor de 860,000 ...... 9 t 6.980
T 99 Terminales d~ 8 20, que se determinarán por las dos 11\timas cifras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000 ...., 1 5.980
1 PremLO principal de ...... .,

6 Premios de$ t ,000 ...... ,.

to

2. 761 Premios que hac~u u. 'rotal 4t. .$ 178.560
Jta""~odos loo sorteos est:i.n bajo la vigilan,·,a
f direcc1ó.n personales del Sr. D. Apolinar Castillo
Interventor del G1,bit'rno. v de un empleado de la
Tcsorerla General de la Nación.

Oficinas: 1' San Francisco núm. 12

Necepdón ael $r. Presiaenfe ae la Nepúblka 1 ae su esposa
En el baile dado en su honor en Minería.

U . BASSETTI, Gerente.

(Del Natural por Carloa A.loahte.)

•

NUl'tlER.03•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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