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                    <text>DOIIINGO 3 de Octu_br• de 1&amp;97

EL MUNDO

»El coreé debe eer ligero y flexible, y
conviene quitárselo por algunas horae
durante el día, para dejar libre la reepi ·
ración, la circulación de la earigre y la
digestión. Es una gran locura, en la que
ocurren muchas eei\oraa, la de apretiir·
Eelo cuando se viften para irá comer fue·
a de au casa, debiendo, por el contrario,
dlojáraelo, pues casualmente en los con•
,·itee ee suelen cometer algunos ligeros
1 xceeoe, ó por Jo menee, ealir del régi•
men acostumbrado.
uLae que, malamente aconEejadae, per•
fi1:tnn en ese sistema, más promo 6 más
tarde tocarán su funestf\s consecuencia.

,. ,~:•

.

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~
-~~

,m

.-~)~m111wa
,,.,..',
'

dre de auE1 hijos¡ que pretende
retener en !,U casa al jefe de la
familia; y que pide á loa canse·
joe del buen sentido, loe medios
de conservar para él solo, loe
encantos qi.:e le fueron concdi•
dos. Eat.a ea la que comprende
la sana coquetería¡ yo diría: l&amp;.
eanta coquetería, esta es la que
Dios miemo ha infiltrado al decir en eu oído: Hermosa te ha·
go: Hermoea te bago,permane·
ce bella para que seas la delicia
de los ojos y del corazón, _de
aquél que será el apoyo de tu
adorable debilidad, y con el cual
tú debes continuar esa larga cadena de loa antecesoreea. Tú tie•
nea la misión de agradar y encantar¡ tú eres el ideal en la ru•
da vida del boro bre: no caigas
del pedestal en donde yo te be
puesto.
La mujer que sabe estas cosas, que ha eecuchado la voz interior, hace de su gabine
te de tocador un saotuSrio donde nadie, ni el mismo eapoeo amado, eobre todo, el esposo amado, debe franquear los umbrales, cuando ella se ocupa en las prácticas
del culto de au hermosura, (prácticas duna algunas ve

TOMO.U

IIIIIXICO, OCTUBRE: I0 DE: I897.

•

NUMERO 15.

ce,.)

No por que tenga sPcretos fpoa que ocultar; ni porque
tema que descubiertos sus artificios Re le pierda el rea·
peto¡ muévela en esta severa ley de abstención; primero,
un eentimiento de exquisita decencia¡ y luego un ine•
tinto de coquetería bien ente.adido.

} t

Receta• útiles.

El dolor ciático (6 eea el de caderas prodocido por el
hueso cía) se cura casi instantáneamente colocá.ndoee el
paciente en el suelo, las piernas juntas y extendidas á
lo largo y la espalda apoyada en la pared; ea decir, formando un ángulo.
Cierto cortesano solicitaba del Cardenal de Richelien
le concediese la Orden del Esp!ritu &amp;mto; pero como dicho cortesano no había preetado ningúu servicio, ni ba•
jo el reinado de Enrique IV ni en el de Luis XIV el C.1,rdenal le dijo, tomando la cosa á brorr.a:
-~lucho me extrafia que no habiendo servido ni "al
Padre ni al Hijo, ahora penaeis en el Espíritu Santo.

t,.,,,f

r,¡¡p),

l\f antel para té y servilletas anexas.

EL GABINETE DE TOCADOR
POR

LA BARONESA STAFFE
[Traducido para EL )ft'NDO]

1897

J;;L SANTUARIO DE: LA MUJER

Hay eiempre una ó varias piezas en una casa, en don•
de la mujer imprime cierto sello en que se le asemeja
mo;al y físicamente.
Eilte es el salón'íntimo, donde ella vive de la vida in·
telectual y artiatica, donde goza de la v1da social en su
más alt.a expresión: afecciones distinguidas de amistad
y aimpada.
Es en su recámara donde se concentran loa recuerdos
de la felicidad familiar, ternuras maternales y conaide•
nckmea coayugalea. En fin: ea el 11Saneta Santorumu el

Cofrecito para alhaja s.

gobinete de tocador, en donde no se admiten profanos, de
donde se aleja ,t loa más q·1eridoa, donde las gentes su·
perficiales las suponen complaciéndose en admirar sus
perfecciones como una deidad del cielo indu. A donde
otros la juzgan entr( g.1da A prácticas y sortilfgioa para
perpetuar, de una manera sorprendente, su juventud y
hermosura; y en donde medita ciertamente el medio d!3
cautivar y retener el corazón de un hombre, cultivando
sus dones físicos.
Ella se arma allí para loa combates de vanidad, y lucha por la felicidad dffendiendo su hermosura contra loa
ataques del tiempo y las fatigas de la vida. Este ea el lugar donde se guarda todo.
Puede muy bien ser lujosa, y sin embargo tan casto
como el pensamiento de una niiia ó mudo testigo de una
coquetería infernal.
Es allí en donde la mujer ea verdaderamente mujer,
según su naturaleza aman1ie 6 dominadora; pero ea allí
donde toda.e demuestran cómo comprenden la importancia dada áloe cuídadoa que todo cuerpo humano recia•
ma¡ allí es donde ee ve que en fuerza de la voluntad llega la mujer á desvanecer ciertos defectos que le, son innatos y que p~CJcura atenuarlos al menos.
No hablaré de mujeres que sólo se cuidan de ser adu•
ladss por todos, que sueñan por hacer arrastrar su carro
por la muhitud de hombrea sin valor á q uienee una mirada provocativa subyuga; de las que atraidas por el deseo pervertido de agradar toman en empréstito todas sus
fuerzas á loa eecretoe de los empíricos; y caminan así eeguraroente como empujadas hacia una vejez, vejez pre•
matura y una cierta fea!dad.
No entraré en ese. santuario en donde reina un falso
ídolo y ]a atrevida mentira.
No me ocuparé sino de la mujer deseosa de coneervar
el amor de aquel que ha elegido por compaiiero de su
vida terrestre; de la mujer que justamente pretente aparecer seductora ante loa ojos del esposo amado, del pa·

•

Slmo. $r. Dr. D. Gfilemon Gfierro t' Terán,
Nu•vo Obispo

Traje para niña de

s a 6 años,

ae 'I'amaulipas,

�EL MUNDO

"EL llllJNDO.''
S•m ■ narlo lluetr■ do.

tü.iono 434.-Calle de Tiburcio nó.m. 20.-Apartado 17 b.
Jllllt:O

Toda la correspondencia que ee relacione oon la Re-

bcclón, debe eer dirigida al
Director, Lic. Rafael Reye• 8pindola..
8ecre'8.rio de Redacción,
.&amp;mado Ner-vo.

Toda la correspondencia Que ae relacione con la edición

olebe aer dirigida al
,
Gerente, Lle. Fauato nosue1.
La ■ubecripción '- EL MUNDO vale 11.25 centavoe al
mee, y ae cobra por trimestres adelantados.
Nóme!'Ol!I 1t1elioe, 60 centaVOB;
Todo paso debe ••r prcclaamcntc adelantado.
BmllffBADO 00110 ABTÍCULO D• BBGUNDA Cl.AISK,

tllotas tbitorialts.
¡,me bónbt uirne d crimrn?
Lu nuevaa informaciones eobre crimioologfa.demuPB•
tran que el delincuen~ no ee un producto de determinada eacnela filoaótica, no lo forma una idea, no t-mana
de un hecho único, eioo que 100 varios loa a,.~cedt-n,ea
qne coocurreo, su aparición¡ caracterea de ordeu aniro•
pológico, económico, etc., in\ervien.-n Pn el proceeo de
1-al snene, ·que no sería correc\o a,ribuir á una aola ~BU•
11 la producc.ón de-es~ morboso Pft"clio.
Decimos es\o porque un periód e&gt; :one-ervador sclba
de lanzar uoa vieja acuaación comra el par1.ido liberal:
la de haber conlribnido tl crimenea eemtjanles al que
PU la madrugada del 17 de St"p~iewbre ae come\ió eu Ja
Inai:ecci~n _General de Poli~fa. Ene ca,go demut&gt;eha p:&gt;•
co conoc1m1eo,o del grt.ve problema de la delincuen1;18
objeto en la aolualidad de tan notab·ea ,rsbsjoe.
'
Si no,o,roa ~op,áramos el miemo falso procedimienM&gt;
de prueba, podríamos preten~ar á nuest.ro colega becboa encaminados á demostraar precissmente lo ·con,rar10. Y entre eek&gt;e bechoe el de m.ayor relieve ea el que
1101 ofrece una nación en masa, 11.alia, eo donde el bt1D•
,imienlo religioeo ea muy·viv", y euá generalizad.o como
ningún olro '(:!aí11,. y que ••~ ~mb,ugo, ee distingue
por en elevado coe8c1en1t, de cnm1nalidt1d.
¿Poclemoe inferir lógicamente de aquí que la religión
sea la canta del fnerte promedio de delitol!I &amp;notados par
laea,adí11ica de J,atia. en rtllaoióu con la de ot.raa agru
paoionea hnmanae? Nó; jam'8 á ningún liberal mt1i.1ia•
uamenle"ine,rnido en laa foucínnee del razona~ieuw1 18
le ha oponido llegará tal conclusión
Ea precieo qee nues,ro colega se deeengafl.e: no ea ea
esas fu~olee &lt;1onde hay que 1r á buscar lae enveneua•
das aguaa que nolreo la corrien'8 criminal· és,a ,orna
1111componeiitea qofmicoa de loa d1vereos '8rrenoa que
at.ravieea: aquí d~ un minenl q11e ee,orba eu paao, 11.tlá.
de una capa de l1erra que la desvía, máa t-ardt, de las
ufcee de un arbol que ee alza en au cauCP. ¿Cu1U de IO·
doa enoa elemen,oe ea el que predomina? Nir guno de
ellne aislado pero M&gt;dos ellos unidos.
. Pa!8 q_ue el anarqniemo haya aparecido en Europa han
11do 1nd11pensablet: un magno dea1 quilibr10 e&lt;.onómico, provocarlo por el en@ancbe gradual de las nece@ida
des y las dificultades cada d1a má.s insuperables de 11en:
d_er~aa¡ !a preparación por medio de la propaganda eo•
c?ahelia de IJr&amp;vee errare ■ rel_at.,voa á la repar-icióo de la
n9ue1a social¡ el aument.o g1gan,f11CO de ICJB gravámenee
publico~ pa_ra eoPtener al terrible Moloc de la paz arma•
~•; laii1fae1ón de un~_ lilerillinra semi míe,ica, angU'l•
,~osa, malea~•• e~ eep1r1tus poco preparados por la cien•
cia, ~ olra d1vennd1d de elemen,011 cons,ilu1oivoa de ta
formidable huesW.
Acuear al liberaliemo del crimen coUÍeiidoconba Arroyo, por el hecho de qne ano de loe principales auliores
t"i que ya eal~ó con ehuicidio la cuenta qoe tenla pendie~
,e con la ecctedad,. pertenecía ,11,I parl.1do liberal, eqnivaldrfa á. qne ae arrClJara toda l11 responsabilidad de este
drama eo~re Isa docl.rina~ católica11 por el hechp de que
el comerc1anLe qne ~end1ó h1 1 cuchillos que ,irvíeron
i,ara perJ)"'tra~ tl dehl-0 1 es hombre que cuwple fielme •
te _con la Igleua Católica.
n
,Seamce anfic,ien~men1e impaeiblu nara no llevar al
terreno ~e la ciencia loe ul v1a.doe odios dtd proeelil.i •
mo po1t,1co.
a

"º

• no brbr aboptar rl talón oro.
JMrrico
La indiserecióa _de un economh•ta Puropeo noe ha dado á co~ocer una 1~1,neFao~ cana d~1 !ki'l.or S~cruario
de Hacienda, rtllalo1v~ á h, cnP1::,1ón iuonetaria.
De~de hace a 1gúu 11ewpo q 11e loe µa11oidarios t:lel me\al
•.~arillo se e1-foerzan t'n r....comendar áloe psieea qne
llenen la plata como baEe rit" m moneda, la conveniellcia
de addpt.ar ti talón ,,ro. Y sob1e t-1!\e ~ma ,e han etcri•
,o_vehtHnen1n 11,rculoe ,rníadoe de 111,nta poofía A •
J:I?Hmo, no ha fal,11odo diario q11t, baya aco1,1::t-jau~ al Úu~
0
b1erno ea,a reeoloo16n.
. El ~fio_r Limamour e:zpl:ca claramen1.e Ja verdadera
1mpoa1b1hdad de aceptar U.1 proyecto, muy hermoso en
el '8rre1:10 de la 1oecn111,. pero cercado de dificultades en ¡
m'8 aóhdo de la prác,ica.
e

De!de·tuego. la primera diflcul1.ad que ae preaenta, y
aenala el senor Minie"o, ea la Lit.ha dt, oro para eustilou1r
á la plaLa en circulación. Podría obje,arlk:l que eel.e m·
~nvenien'8 se subsana con la adquit:tciónde ia can,idad
mdi11peneable de me,al amarillo; 1,ttru aúa 1mponiéndo •
!18 el país este ucnticio, siempre 1endtiawos en pie unli
u.flexible ley econOmica en v1nnd de la cual l&lt;, mune1Jt,
mala arroja a k1 burmt dt fo cirr11lat"i611.
Y esw ,:e evtdtink¡ y ee eucueuuaa á la vieta de todo el
mundo. AnualC1JenLe te acuflaau en laa caaae de moneda
d.e la República al,unos lllillares di;, pesos en piezas de
oro. ¿Qué euctde cog teas piezas? ¿Las vemoa en cona•
ta:i,ti c1rcuh,c16n? Pur lo comrar10, til dutño dt, uua IDO·
neda ae oro p100ura rtitenerla ~n su pode1, jamá,s la em•
rlea eu el pa,o de sus gaew11 diarios, y 11610 ee di;,ehace de
tdla cuaudo ubiiene liu bueu pr1:1w1u sobre au valor no•
miual.
Sut1ptnder la acuñación de la'l monedas de plata en un
pa111 1 en doude, cuwo bttce ob~rvar con uiucna Juelicia
el Bt.ftor L1wtt.u,our. ee product1 t;li:,t,tl me~al como t,n nin·
gún o.ro put:blo dtl la t1~rra 1 seria una locura, que traeri11 graves perjuicios para una induel.ria que aun ,iene
prooab1haa11Jt,1:1 ae V1Gt1, en ,auto que d pr~c10 de ven,a
tea mayor que ti Cl)HO de producción, y e.ab1do es que
en MéxlCO 1:1e1 '-'bueno la plata á un cu1:1~0 wenor que et
de lll8 Otwás CtWllrCae pruduc\Oraf.
La poln1ca di, tt.b1:1,euc1ó11 adop.aJa ptr el Gobierno eB
la wá:s cuerda. ~lla1, nos l'erm1t.e l:\gUardit.r cou calma loa
sconLec1mi1::111o"Jsque &amp;e preseuteu tw edte cowphcadhiwo
problewt1, eu elqlle hay 1it11UOt1 iut.er~e~a cowproll!dtdos
l,'&amp;rt1 uo Ut-jar de prt1vt~r una prox1wa t1oluc1011.

µDlítica gtn.critl.
RESUMEN.-El nuevo gabinete español.-La tarea
del Sr. Sagasta y del partido Jlbr:raJ.-Cump/ica•
dos problt.Jmas. -La guerra colunial. -Carlistas y
republicanos.-Los dus ex/remos. -La acción y ,a
reacción. - Las finanzas españolas. -La soluci6n
· anht:Jada-f:.'I patriotismo y la habilidad que St:
espera a. - Con(;/uslón.

Como Jo habfamoa previsw, el par,ido liberal del que
es Jt1ft1 el !:ir. ISAgA1:1,a, d.t1cauo d.tt lut1 _pola,cv» t1t1p&amp;fl.uies,
acaDaa ae IMDttuu.,r au pod.tll, conHuuytlud.o un g•Dtnt,1,t,
homogéut.,0 y en el qutt .ti¡s:un.u los ptlnt..Dajee llia.d cont1·
"PÍO'lOtl de, 111, 1tiD•ia:u11 fr&amp;CQtOn lue10111a.a.
La herencia qui;, recojo ~.t.glll!Saa en m8d10 de la pública
•~~1edad1 ae Ja:i esver11nzu populan,s, tl11,• ertt.•Ll• \J.tt
d1ticulu'1es y uae apareJ11dae-zozobrae 11.u cueu•o.
:Stu h•Dlat ,Jt, 111 cui;,asu)u colonial, arduo problema que
cou la guttrra d.el:!Áeuos». d.e Cuba y J.!'thpIDA8 ha exig1L10
1nm1:uutua ucr1tic1ut1 y por mA.8 d.t, doe t1f1os ba litluad.o
d.u sombras el c1t1IO ~apa0.01 1 y llamado con dolor á llti
puer\al de loodoe 1011 ..:..~•rtla, pid.tt,.udo conn1bac1óo de
1:1an,re y d.e lágrimas y i:K&gt;iic1htnau au:z1lioa pttt)Un1ario11
P•t• 1- ■ necee1i.uult:8 ~ Ja patria; sin rtft1riruoa á. Ju po1:11blea compJicu.cioue1:1 cou 1us &amp;•adoa Un1aoe de qae \a.O•
W&gt; 8tJ b11 hu.011,ao, e11ua11au por la aw1Hoaa 10\t,rvención
de )Ir. Wooaford, 11 quit,n t1t:1 ambu1au 1nslruccionea eecn;~., del gabinete dt, Wau:h1ogkln, para procurar un ave•
1.1111.111;1nto ti.n,1e eJ gob1tlr11,o ª" lu. .i\:lt11o1op0Ji y loa jt1fe11
rebeldes de la revut:ita .A.nt1ll11,: cou tM::r ~111'°8 a.suu,Od de
vital imponancia y di:, iu~rés priword.ial para 1;11 so11iego
~el paJa, hay o&amp;ro• que at~,au la iuM!grit.1aL1 dtt las 111•
lhUC)OUt,8 y pont,n tln peligro la ex1ueucia ue Ja lllOlllll·
quta counuucional.
~oa rdt,runoa á la agi~ación oarlie,a, cuyoa rumoree se
h&amp;et,u W&amp;8 plllp11nlei:,¡ 4.Ut,re,moa htt.bhu lle lit. i1Ut1t1W n,·
pubhcana, cuy1tis .tih1.e p111eceu eaa.recil•r11;e•1 pl'c,i,Ddt,DlOB
1.1ec1r uua va1.111ura ª" t• ehuac16u tin11u~1cr11 ui;,l 1tlluu, qutt
a cadit. paisu &amp;ti pune máa d1hc11.

•
••

P\,r muchl B ae había crt11uo que el impenitente Dóo
O•rluti ~ti . BorbOn, uuucado cou el anakma át, la op101on publica, relegaao á la sombra por el 11eosiwieuW&gt;
na1c1ou.1t.l que Jo rechaza, tintasen aaugre M&gt;davlil 1ms manoa con la derralllada en la úis1ma dct!irac1ad.a bcca\Qmbti, con que te pn:knd1ó elevarlu al 1:1uho, hab1a buecado en el tte"."ueuuo
las coneB euranjerae y en tae
renW1s pingues de su nueva eepoaa, la Con1.1eea de Rob.fin
alivio a1. 11ui:, pesaree. lt1ni,ivo á eus dolores, y olvido a~
BUB paeados eunvloe.
Deegrac111d11wen'8 n: ha sido así, y cada día quepaea, a~ percibt"u wáa claras Jae pa1p1,11,c1ouea d~1. wone,.
,ruo, y Btl mira hormiguean á loe repreaeu~autes del carhe~o, gusano_a perd1uuaen el cadá..,tlr ped,1lente de las
VleJae llUI ~. l;UC10lltle 8 baol ,.nie'8.e.
. 'Ju1so_ el 1.e1r.ar11do Pre~eodienle permanecer inacü_vo, w1enuat1 obatrvó que la drnaesía reinanl.e, fuer&amp;e y
v1goro1ay cou elconcurcode wdaa isa fnerzaa vivaa del
pt11e, ee dre~rrollaba. powu,e y daba ampho cauce á Jaa
riqueza publica, lle¡audo con firme paeo al t-quilibrio
ee~abl~ dt1 laa11ouac100 que cre.1rd. la resMLuración de 0,.. 0
~líoneo X[!: en el uouu de sus mayvrea. l'do cuando
v1ó que el Cl•lD plicado andamiaje vaci la.oa, cuando no1ó que
la gueira de Cuba}' la rnsurrt:cción de J.!'1lipioae babtan
ab1eno anchas brt:chae en el edificio de la real Hacieu•
da, y sopo que ,anwe eacrificioe reclamados al ht'tOico
pu~blo upat1ol hao sid~ cae, eet.ériles, vara mantener la
paz ea laR colomae, y v1ó que el •rouo acababa de per•
der con Don Ant.01110 Cáoow,e el apoyo firDlíPimo eo que
Ee asentaba la Rt!at.aarac1ón, na,uraal ea que sienta oeepertan!e euti an•1guoe fmptl\UB, y vaya por medio de eue
agen'8a á Jevautar la jauría de lobos carniceros ocul,a
en laequebradaa aierras de la tierra vaeca.
No crtemua f'xajerado decir que el uu~vo gabine'8
debe eeia_r alerta .Y vivir prevenido con.ra la poaible
resurrección del d1funk&gt; carliamo. Ls excomunión Jan•
zada por el Obispo de Mallorca coo,ra un minii!t.ro de
11 Corona, que por au posición podía creerse colocado

ª"

DO ■ IIU;O lo de OCTUIIRE do 1'97

OO ■ l ■ GO

S•ñori!as promiaaas on ti (rcncur,o abiorto por nuoslros por!óatccs, on la Kormesse ae Santa roaria.

por encima de BUl!I asechanzaa, es una prueba de queaun quedan latentea los antiguos brios del iradicioua•
llamo.

•••

La fracción republicana, aplaetada lambién enire lus
disparoB de Sagunt.o, bajo lae herradas bo,aa del General Paavfa, hallt1 en el prttaente, oportunidad favorablti á.
su&amp; concepciones y ocasión propicia á. eui, idealea.
Es verdad que el ·eteruenW rtpublicano, que perdl6con
Ruiz Zorrilla á uno de sue cam1,1eones1 hlira hoy á s.us
corifeos apar&amp;ados y divididos por discueionea bizan,inas, faltoB de cobedón y sin la fuerza unitiva que lleva á las grandes empreeae¡ pero no debe 01~1daree que la idea democrat.ica, aewbrada y forLalecida t1l
amparo del pa1tido liberal dinástico, ha dado eazonad{Jt1
frutas; el sufragio universal ha tocado en todas lucon•
cienciae y el juicio por juradoa ha debido eer pc.d1.ha
enaefl.¡anza. No dtbe perderse de v1a'8. que bey leyee iueludibles en el dee..arrollo de las naciones¡ que A una acciou
de'8rminada correeponde una reacción cor.traria; que á
la agil.acióu del Conde de Madrid, que eígnifica el ,radi01onaliamo abaoluliO, puede correeponder la t xQlosiou
republicana, que signitica la revolución radica/.

•••

No es por cierio bon:rnciule 111, eiloación de lae finan
zas eppaftolat. Al aumtlnSO iumoderado de git.et.oa 1:-x:•
uaordrnarios que han exigido de modo impreecindib1~
lll8 at.encionee de ~ guerra colooial, ~e han unido por ne•
ce~aria ley la disminuCJ.6n de la producción, el tal.anca·
m1eulio dt, lariqueza pública, el empleo de IH acliviUa•
des eccialee en o,rsa dirtccionea, y por ende la werma
conaidt1rable y el menoscabo de loe ingruos fiecalt s.
Vacilante la opinión ex,ranjeu ■obre el Un de la guerra ea próximo plazo, no ha abieno con la mn11Hic;1ucia de otros días las cajas de e.us teecroB, y ha sido nect:•
eario acudir al capilal nacional par.a. cubrir un empttHi•
lO, pronto deeapareci.!oen ese iouel de lae Daoaidee qutt
se llaman loe gaewa ex,raord.inar o.a de guerra. El B ,u
co Espaftol, que en u,;:;. principio corre&amp;oondió bené\·olu á
lae aolici~udee del Gobierno, mír aEe en apuroa parit. h~cer nuevas exhibic1onea en num~rario, y paree-, h:-y thCidido á apretar los cordon~s di;, so bolea, en la dificultad· por que atravie ■a.

••

• que tiene que resolver
Ta.l el!! el problema com'Dhc~do
el gabine\e Sagaats. Oc, su rngt-n'8 pauio1iemo, de eu
r~conoci~a habilidad hay que 1:tperar una eolución Ea
11sí.ctor1a.
El co~ ftiolo cubano lo quiere teeolver co~cediendo la
an~onomf11, máa franca á la rPbelde colonia; aplaza para
de11pué, 1 la pacificación de Fi1ipinaa¡ Cu"a autonómica
desvanece lada anmbra de iuservencióu americana; libr;
de: eta:i complrcac,onee la monarqufa podrá de&amp;aflar 1,,
mismo á D. Cárlos que á. loe republ1canoa. Si lo logra el
Sr. SJgae,a, babrá.1,Jca-,zalio el derecho á )Jl inmortalidad y prt'paratln el glorioao aJvenimieoto del rey n 1 flo
D. Alfonso XIII.
Oc\ubi't: 8 Lt-, 1897.

&amp;L MONDO

10 de OCTUBRE de 1. .,

El Mundo ,ovo ya la ealiEfaeción de enviar
1.aoto á. estas eeñoribs como á. lae damas organizadoraa de loe mejoreB pue11k&gt;e, los premios, que
lee defignó. Hoy lee envía á. unas y o,raa eue p lá·
Cf'mee, suplicándoles además vean con benevoh•ncia los obEequioa que se lee dea,inaron y que
no t.h:men más mérito que la buena voluntad con
que fueron becboP.

El nuevo obispo de Tamaulipas.

Nos proponemos para lo de adelanle, dedicar
nu1:1etra primera plaoa-gufándoooe naturalmen
te por la opor\unidad del asunto, y solo cuando
ee,a oportunidad lo juetifique-á la publicación
de loe retratoa de todos aqueiloa rereonaje~, poli1icoe, literarios ó de la curia eclesiá~tica, á los
cualee el movimiento de los aucesoe baga eurg1r
vjaiblemente del seno social. A•d nnPstroe l~cto·
re111 ciPep11éa de algún ,iempo, pod11h tener en
EL~)frxoo una galería de mt'xicanoe dietingui•
do1111 y con ella una aíntesie de t.odoa los euc~sos
del pafe.
Ee\a galería puede afirmar&amp;e qne eEt&gt;!i iniciada
deede l?s alboree df\ nne!ltra publicación, pues nu
ha habido hombre del diu , bajo uno ú o,ro ss;&gt;ec·
lo, y en éata 6 aquella esfera, qu~ no baya fign•
rado en nueetr.as págiaae¡ ~as 3:hora noe propo·
oeml?e normahzaree,a pub11csc1ón, que sin duda
aerá !n'8resante en el porvenir
La personalidad que hoy ocupa nues\ra prime- ,a plana, P.e Al nuevo _obiepo de TamaulipaP
lltmo. Kr. D. Filemón Fierro y Terán.
'
El Sr. Fierro y Tdrán fné preconiZ\do por bre•
ve de 29 de Mayo de 180!), y au elección ha can~
ea.do gran júbilo en eu O,ócesie, donde son conocidaa 11ue relev1rn'8e prenda11
Nació el Sr. Fierro en la JI ,cienda dP GuichB
pa, pbliid&lt;;&gt; de 811,n Juan del R,o, Estado de Du rango, é hizo sus enodios aact!rdo,alee, con mu
cho brillo, en el Seminario Conciliar de Dnran go. 811 eaber y vir,ndes lo llevaron al msgieterio
en el Plan'8J, primero, dP11:pué11 á Reformador dt•
,parroqoiae, máe tarde á Prebflndado, á :Srio ..dt•I
Sr. Z11b1r.ía despuée, y por úl~imo fué preconizado obispo.
Todos en Dnrango merecidamflnte estiman las
prendas del Kr. Fierro, aquila•adas en diverea'!

CURIOSIDADES,
Un tnrie:ta tuvo hace algún tit&gt;mpo la idea dP
poblar de zorrol'- negros una de laa islas vecinas
del puerto de Bombay. Escogió una iela llamada Outer Heron, e:e aEeguró la poef'eión de ella y
110 puso de liCuerdo con algunos tniperee de Alai;•
ka parst. conseguir cierto número de zorros nt&gt;•
groe. Treinta zorros funon capturados vfvoe v
~mtarcados para Nueva York. Vern,hrés petech;.
100: pero loe 11ie~e que eoport.aron el viaje llega•
roa en buen es&amp;ado, y fueron pueetios en libeuatl
en la iela. Se muiliplicnron y el propietario deta·
ta cría está haciendo con Londres im.,ouantti.
nt-g(cioe en pielt&gt;P .. La piel del zorro negro tiei;e
un valor igual á cuano veces el valor de.la del :w•
rrn Rzul; cuando es de btlla Calidad HI ve11de de
1 000 á l 250 deeo11. L'\ isla que sirve de asilo á eeta colon_ia db zorrC1e poEee fuentes de agua
dulce y bt-llíumae arboledas de pino: eue playas
i:,on ¡w~secosas _Y _diffcilee de eecalar. Un guardia
Jae habita para vigilar la conservación de loe an rr, 8 .
lee raros. Estoe .se alimen,an de cadávE-ree de cab~ll_oa que se ab3:ndonan Po lo_e boeques y que
vienen del cont1oen'8. También ee alin,entan
con loe pE'ECadoe y loe molu@cos arrojadoe por
el mar_, y paean noa ps1te del día en la p1 11 ya y
se rel1ran para deEcanear en lee bendidu1ae do
Jns rocas. El climaee bae•ante frío y ee &amp;PemFjO
noiablflment.e al de lae islas de AlaEka, de duude ae han sacad.:,.

épocas.
Tres Sritas. prcnuadas.
Poblicamoe hny loe rP,ratoe d~ lae eef'ioriraB
lla\ilde Alfaro, Luisa Murillo y Eoriqnelia Sá,nobez, que, conforme al fa!lo de lae respe\ablfl~
damas que ,uvierQn la bondad de integrar jura
do á pe,ición de EL MUNDO, fneron premiadas en
la ke rmease de S rnta .:\laria, forman lae lres una
grao\oea trinidad que engalana esta página.

Srít11. Luisa Murlllo.
[Fol. \T11lleto.J

X.X.X.

------··------,EL MUNDO COMICO.,

Procnramos vencer las úl,imaa dificuUadeP con el fin
de enviar á nuusroB ahonRdos con nuea,;o próximo
n~mero 1 el priu:i,no dt&gt;l Mundo Cdm/&amp;o que aerá ur1a J't'vtsla d!3l 10do dl\'"ereadel Mc.soo ltxsrn,rno, repartiéndoee gr.alta á loe euecntoreB de eslie ú1.1wo.
Se ven nifl.os qne han paeado por !et prodigios de in•
genio, coovenirt1e en prodigios de tl&amp;iupidez.
Mmt", deNeal.

•••

Se inmola ano con hnta mlla eatiefacción cuantos má&amp;
er:fuerzue Uacen uue6'roe amigos por impedirlo•
Lise lJodrm.

Nuestros Grabados.
La Alianza Franco-Rusa.-Brindis del Czar.

A'lunM&gt; de inmensa significación ha sido sin duda e.u
Europa la defllli,iva n1tente en,re .Fr11ncia y Rueia y por
lo mismo nos parece dt, gran oporurnidad la publicación
del grabado que en o,ro lugar ha.llaarán nuesgroe lec,oree
y que reproduce l.a e1:cena en que, t,u presencia de la bella emperat.riz de 1.oda1s IH rusia,s _el czar levant.ando su
copa y dirigiéndo~e á M Filure bnnd.(&gt; por la U nlón de
la am.ocrac1a y la Reptibhca.
OTRO PAUO
De $2,000 de "La. .Mutua," en Sllao.

,
Bilao, Sep,iembre 2'J de 1897.
Sr. D0n Carlos Sommer1 Dtrt'Clor Ge!leral dts "La Mu,ua» eu Mtx co.
Muy t!Himsdo eeftor:
El B ,oquero eo eat.a ciudad, de la Honorable Compa•
fl.ía de Se¡s:urvs sobr~ la Vi~a, u La ::Murna de .Ntw Yoik,
de la que ee ueled d1gco D1rect.or eu esta República 11.1e
ha enHegado la eu'll11 de [$2 0001 due J.u il puoe c~mo
valor de Ja póhta oúmeru 413,143 de mi finado 'upoto
t:l !efh,r Dvn
'
FRA:&gt;;CISCO OHAYEZ.
Recouo~co agr•d.:l~id~ Ja _suma ef cacia con que usted
ha procedtao en la hqu1dac160 áe es'8 einieetro aumen•
tan&lt;lo con Peta rolla las numerosas p-ruebaa qu~ ya ha.
dado d..a Mu1ua» jel empeilo con que aco1:tumbrá llenar los cowpromieoe comra1doe cou t1us aeegurad~.
Soy de ueled afma. y S. S.
loNACIA F. \"IUDA DE Ün .-\ \'KZ.

= ••
Sr/ta Enriqueta. Sánchez

Sr/ta. Matllde A(faro.
( FOT00RAFIA8 1.11 YALLETO. )

�•
•so

EL MUNDO

DOMINGO lo do OCTUBRE do 18!17

DDII IHO to do OCTUBRE do 1197

&amp;L MUNDO

Apuntes sobre el

Lra celebración del 16 de ~eptiembre en el '·~usic ~ull fheatre" de los ,,An9eles, Galifornia.

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.

F.o la eimp1hica ciudad
de los Angele!!, California,
la Colonia Mexicana, qne
es numerosa, agrupándoee
en rededor de f'UB pell!onalidadea má'3 visibles, ct-leb16 con no$able regocijo y
animación, con una velada
en el Music Hall, t-l 87º aniYer@ario de nuestra indeJ&gt;Elndencia.
Nuestro corresponsal en
aq11ella ciudad, ee sirvió
enviarnos 2 grandes futo·
grafías de eea hermosa solemnidad, fotografias qne
por deFgracia ee prestan
poco para ei grabado y
han ntceeitado prccedi·
mi en toe laborioeoP, pero qr e
darán uoa idea del explendc,r de la eolemoidad.
Como exi..,licación de
ellse nuestro correbpor..eal
nos remite además las nolile que á continuación pu•
blicamoe.

representan loe 27 Eetados
de la República, dos Territoríoe y el D. F.-Arriba
-remata el cuadro con el
retrato de Hidalgo. Abajo, Mesa de la Junta Di•
rectiva; á loe lados, formando ala~, lae Sritae que
t..: maron parte en el Con•
cierto y miembros honora•
rarios, terminando eetae
abe por un lado en la tribuna y en el otro por un
grupo formado por el Sr.
Cónsul, en medio, el Mayor de la Ciudad Mr. M.
P. Snyder á eu derecha, y
el Ron. R. F. del Valle
Ex-Senador del Estado, á
eu izquierda.-Dela'nte de
la portada el pabellón mexicano (Srita Clara Velaeco) coronado por el retrato del Sr. J uarez y del otro
lado el Pabellón Americano [Miee Maud White] co•
rooadó por el retrato de
Wáehing•on, y el retrato
del Sr. General Díaz suspendido eo medio del proa
ceoio.
El otro grabado representa el salón tomado des•
de el foro.

EXPLICACIÓN

DE LA:-- FOTOGRAl'I AS,

Yista del foro.-En el
fondo ee vé la .América
(Srita. Etelvina ZáratA),
rodeada de 30 niilae que

87',000 millas sobre los

ni ares.

VISTA DEL FORO.

Beduinos y sus camellos.

QVINTA PARTE.

VISTA DEL SALON.

tierra mi1.1ma, eiuo ea reflejo por el calor eobre aquel mar de infierno, y aquellaat
móeferaQ.e fuego.
Más, deepué~¡ á medida que nues\.ra aproximación foé mayor á la costa, destacóee
ARABIA.
la Arabia con \Oda e11 desnudez, con toda su faUdica apariencia de muerre, de soledad •
•
de miseria; hacinamiento de roca@, color rojo gris, donde el sol reflejaba sn rayos de
Aden nuevo. Aden viejo.
fuego, que hacían· casi, casi hervir aq11ellos inmensos terrones que se perdían en llanuras del mismo color, de la misma aridei¡ ni un ave en el aire, ni una planta en el
I
suelo, pero eí blanquizcas fajas de sal marina crie1alizada sobre aquella tierra, ayu,EL DESIERTO.
daban á darle un aepecto de ataud, de negación vital á aquel desierto.
Loe geógrafos, llaman it la parte meridional de la .Arabia, por eer uno de loe puer•
La vida del viajero, ea el teatro de loe contrastes; ea el cambio brueco de impretos más rátidos del G:obo, el Ecuador termométrico, porque lae curva! térmicas de
,eionee, ee lo imprevisto, lo admirable. En presencia de una escena terrestre, el mar
éste, replegfodoee en el hemieferio septentrional, acusan el mayor número de grados
,se coloca de intermedio, aparentemente inmutable, monótono, y sin embargo, el mar
calorificoe en la .Arabia, que d&lt;l temperaturas á la sombra de 40 á 50 grados cuando soinmenso dene eue cambios de decoración, sus faces admirablemente varias: y el cielo
plan loa vieotoe del desierto.
;apropia su espectáculo, completan lo un paieaje que dejarla de tener lucimiento, eí no ;
~oe marineroe ingleses llaman á Aden el infierno. Ahora bien, á esos climas y á
68 viera continuamente variando de eepecto, de tono en eue coloridoe, de magnifi-&lt;:encia y sublimidad en eus adornos; ya de cong lomerados vaporee que forman las nu- eee litoral, al Eonador térmico, nos encamioábamos en loe últiimoe días de Enero.
No es poeible expreear :.asta qué grado puede llegAr la impresión de horror que
bes; ya cintilante, tachonado de estreliae, ya dejando ver en variaoion perpétua loe
matices de plateado claro ó negro profundo en las noches sublime.,., de luna llena. Ee• causa el aspecto eminentemente árido y seco de esa apartada región de la Arabia.
Lae casas de piedra formadas de toscos bloca sin pulir, de cantera gris sucia, de•
te paisaje ee adorna y embellece con el múltiple aspecto de la costa; ya. las playas
acantiladas reálzan zue pef"i.arcJe de granito levantados por catacliam0!:1 volcáoicoe que jan verá distancia loe negros huecos cuadrado! de las ventanae, sobre loe pelados ¡0 .
loe han hecho brotar; ya fiaos arenales de brillante cuarzo que el agua beea ó acaricia; meríos por donde serpentean caminos que desaparecen en el polvo que se levanta en
ya oopudoa bosques dibujando en el horfzonte eue "aegada, siluetas¡ ya, en fia, como pesadas nubes, y de véz en vez toscos carros de madera arrasLradoe por camellos que
en Arabia, bafi.ando rojos y eetérilee montee solitarioe 1 tristes, aglomerados en· la cili• • parecen también de piedra, ya inmóviles ó andando con eu tardo é invariable paso,
como ei la fatiga, el calor y la tristeza loe pusieran á lae puertae de la muerte.
da arena del desieno.
¡Cuán tétrico ea el panorama de Adenl
A.bando.o ar la perf'lmada y fértil Ceilán y deepuée de un entreacto de mar I ver en
Al aur montaf'iaa de tierra consolidada en pedruscos, de todos tamatlos que ruedan,
el horizonte rocas eofüariae, aparecer como la e,queleteada espina dorsal de gigante
dromedario, tirados sobre t1n mar de arena, de desolación y de muerte¡ mar sin lími- haeta la falda en forma de lerre-ros; aquí y acullá una casa con aepecto de cárcel, de
tes, de polvillo 1ojo y cálido como un averno; con eue vientos de fragua y su soledad ostrog siberiano. Más allá un enorme tajo y la cavernosa abertura de un túnel¡ Jueg1J
de miseria, ee impresionar vivamente el ánimo del viajero, es sentir el rudo choque un camioo anche,, blaoquizco y polvoroso que reverbera al eol; en seguida otra casa
-del contrasW sin límites .oi demarcación, sin penumbras, como de la afirmación ála ne• como la primera¡ otro tajo y después una iomesa muralla de granito, tosca, sube de
la falda de la m.ontaf'ia, y culebreando circunda su deegarrada cima para perderse del
gación, como del caoe al paraieo.
otro
lado hacii' el continente, mirando al desierto.
Este choque de im-preeionee ¡cómo agrada y cómo exalta la observación y la. cu.
Abajo sobre la playa una r:r,ancha negra: es un gran de¡.-óeito de Carbón¡ desputh
rioeidad y como embellece el viaje! Sin estos bruaco9 sacudimientos del paisaje, sin
-ésta variabilidad de escenas, el viaje aburriría poco tiempo después de haberlo em- un solar extenso blanqueado por la eal cristalizada, y circundando á es~a mancha como faja obscura, la explanada donde se levanta una palmera raquítica [único punto
prendido.
El fenómeno del esl)f'jismo obsérvase también en el mar de Arabia como en el verde en medio de tanta piedra.] A esta faja rodéala una hilera de casas de aspeoto
desierto; á cien millas de Aden, veíamos sobre el horizonte tierrae que deberlan estar humilde, todas iguales, blancas, cnadradas, y con una que otra ventana, todas aimé-ocultas todavía por eu débil altura y la distancia que de ellas nos separaba¡ era, no la tricae, que parecen má9 bien sepulcros y sobre todo este desolado paisaje cerros al$08

�EL MUNDO

7

DO ■ IIIGD lo

do OCTUBRE do 1&amp;g7

Para el sediento pueblo ee edificaron inmeD.80a lanqnee pa1a recoger el agu~ lloved.isa¡ pero estoe grandes depóaik&gt;a aiemprtt vacíos ea 15 afl.oe ~e eaca~ez de llnv1~ nocubrieron lae neceaidadee del pueblo, y hoy ape1ando 4 :a industria eet~blec1eron
grandee máquinae de deetilación que proporcionan con eecacez y á gran precio el agua..
polable.
.
Una viai.ia áloe ianquee, á las máquinas deetilatoriaa y áloe túneles, ee lo úmco
que Jlaman1 la atención del viajero pero ag,egadla no poco el esiud10 dfl eeae ~zas medio salvajes todavía y nréie comoá falta derecreacionee y kitándoee en ese ohma ee;co,
ardiente y fastidioso, podréis pasar loe días de obligación que la superioridad n~e 1~pueo de eeiancia en el,pnerLo. Aden viejo no tiene nada notable en su e@tílo en ed1fic1ca,
ni templos suntuoaoe de la religión )1ahomet.ana ó de eu eec,ária la Wabab ta. lluros
toecoe puer ae anchas y achaparrada", arquer aa ojivales, fué todo lo que vi por donde
quien:; en el centro ee,á el comercio; allí en una especie de plazoleta eumida, abundaban centenares de camellos que cooduofan la mercanoia, pieles, pluma1S df' arurtrllz, cor•
namento de gacelae, l egumbr1' y C,d é de Mokn; com'l pa9turae: Cebo, Kw,ií.i, tabaco,
dátiles, esencias, predominando la provervial r&gt;Heticia de roJ1a que es el pBfa doodd se fabrica má, pura; allí es donde veis á todas las razaa Arabea blancae, 01gulloE-aa de m
sangre y linaje, árabes nómadas, tipos africanos, parsie, indua, beduinoP, eomaH y extra1Jjeroe que siempre presencian curioeoe ese comercio original ~n donde el oro y el
cambio ó irneque ee lo corriente.
Allítambíén previéneee la interminable lucha del comerciante coo el pirata y la
de este con las pilladoras del desierto; pero todos eon iguales.en coetumbree: el comerciante piratea y el pirata pilla al comeroian1e, PfTO ac,latumbrado,, e1ben ein em ba,go que al recoger ~u mercaaoia y aventurane ~n el desierto tendrá_n q~tt comb.1 •
tir quizá con loe mismos amigos coa q uienee cordialmente tomaron Kum1J1 y Iuml\•
mar Hachiccl~. A nadie eorprende esta lucha y un oativo dirá con la mayor eaogre fría
que el ee ocupa de pillar como si dijera que ee ocupaba de un trabajo homado y ·
probo.

-

Orupo de nómadas d~I Desierto.

•

y mo-redizo11, al antojo de loe eimounee del de~iertr. Deepuée un cielo rojr, ceniciento y

cálido, concluye el ab()minable aepecM&gt; de eee infierno arábigo.

...

II

~·--- ~
.....
~'.¿,._

..
'.

Hl:ITORIA. -RADITA~"T&amp;o;i Y ~UM"BRES.

Ls población de A1en, divfdese en dos cantonee: el eatrangero, a'tio de las ofici•
nae del pueno y cuarteles, y el A.,Jen viejo, ciudad árabe y una de las máe pobiad111 y
antiguas de eea península medio africana, medio aeiá.tica.
Sepáranlee enhe ef el mar por una parte y el precipicio y fuet'We que m:h tart!e lrie
Iogleeee en 1839 fabricaron eobre el único y eet.inguido volean Djibel.-Chanchano,
que ee eleva eobre el nivel del mar á una aUura de 3}l metros¡ por en i,iuiación favo •
rabie á la e:itrada del ,tu rojo y ocuUo enLre una serie de ialoMH protegi loe de loe
vientos y aún de la entrada de grandes vaporeP, foé en titompoa inmemorables seiento
de pirataP, rata que unía loe perver&amp;0~ instintos de laa tribu nómadas del deeierto, de
loa Beduinos y de Joe Somalí o.fric(won,
El crecimiento submarino de bancos madrepóricos y el dei:,6aito sobre eetoJ de la
arena del desierto y deslave de las montanas, muy pronto coovirtieron á la antigua ie ·
la de AdPn en penfoeula, azolvando el brazo de mar que antes la reparaba del continente. Como gran puerto de tniflco fué, an~a de la colonización logltea, el blanco
del latrocinio de las razae del deeinto y el pueblo honrado y trabajador, levantó ahae
murallas y parapetos que h(ly eziaten circundando á la ciudad. Proliibióse al pueblo
el paso de Ja9 mural taa y p11ra tener franquicias en las aoledadee del dE'eif-rto, loe faraones
construyeron túoelee, de 150 á 200 me~roe de largo ein que ee hubina empleado para
su construcción ni un eolo grano de pólvora ni dinami,a.

&gt;

DD ■ IIIGD

A

EL MUNDO

III
LOS SO LDADOd BEDUINOS,

En esos pafaee de piedra, fabrfcanse, por decirlo aef,
loe .hombree sguerridoe, y ealvajea, '6nicoe capacee de
sufrir las iatigBl!I de las caravanas al tra"Vée del desierto¡ cuidándose poco, muy peco de eí miemos, en cam.
bio prodigan al camello todas eu atenciones, lo miman
y atienden m'8 qne á eue mnjereP, qne son euíridae, va•
ronilee y basta más ecérgicae que loe hombre~.
En una cabaf'ia de beduinos, ei llora nn chiquil1o y
brama el camello, dejarán al nene a};,a.odonado y ateudarán ii. eu precioso animal¡ ai muere el nene es igual
paraelloe; ei ot.ro tanto sucede al camello, llorarán amar
gamenLe i.u pérdida.
En sue oraciones el camello también ee poetra en tierra, y tal ea eu costumbre, que á la puesta del sol, eueltoe
en loe corrales, doblan sus patas delanteras como si Pe
bhicaran. Parece fabulosa esta particularidad que ee .&gt;beerva C11-da tarde en las llanuras y corrales d e A.den, y mé:s
especialmenteen el campo inglés, donde está el cuartel del
ejército de beduinos, que en vez de caballos iieneo por cabalgaduras hermosos camtillos.
¡Como ee curioso verá este regimiento hacer eoe E'jercicioe y sobre k&gt;do su forma•
ciónl Los soldados beduinoe en su traje del país pero uniforme, están armados de
rifles, lanzas y escudos de piel de gacela, de una gran bolea para alimenk&gt;e y dá iles
y nna ánfora también de cuero para el agoa. Agilee y diestros toman verdai.11:ro gue·
ro á eu caraoter militar, y no ea extrano verá muclloe voluoiarios preeen•arEe á des•
empenar su11 eervicioe, pues no ea les separa de au costumbre ni de eu gue to pri:-cipal
que ea eu camello, animal no solamente úlil en el deeieNo, sino elevado á la categoría
de animal sagrado. Sua libros y sos tradiciones mahometanas dicen que los eactrdotes predicaban en. camello y Mahoma escribió estas má.ximae:
«Ama al camello y eerás feliz eobre Ja tierra. Aa,a al datilero por que ea vuestra
11

IV

,

SALIDA DE ADEN.-AL TRAYE&amp; DEL MAR ROJO,

Nuestra traveefa hasta Snéz eerfa de 2,500 millas sobre un mar curioso, histórico,
teatro de noa serie de fabnlosoe acontecimienioe, mezcla de tan\a sublimidad, de
tanta poética y IE"gendaria revuelta que caneó la aparición del Crieio, del hombre o:oe,
qoe con au nueva religión cambió la fas de todo el orbe.
Da}ábamoa por fin la coEta eur de la libre Arabia j eliz como la11amó Ptolomeo y con
proa hacia la embocadura del Rojo af'guimoe viendo ,quella costa arrugada, seca y ft-a
que se iba haciendo más y más eau1•cba :i medida que nos acercábamos á loa puertos
del Mar Rojo, al eetrebo de B1b•el l\:bndeb (paso de la muerte) fatídico nombre que
indica lo peligro&amp;O de eu navegación. Efec~ivamente; la superficie del Mar Rojo sufre
una fuerLe evaporación anual eetimaja por algunos geógrafos en una capa que tuvie•

•
Un derviche.

Puente sobre una gargantaen Adt:.a.

2 53

preeentante en Aden 1 religión ó aeeia qoe hoy en día con•
eerva sus reuniones, costumbres y jerarquiae.
El criaLianismo empieza en Aden á aparecer y el pro•
testantismo cuenta con sue sectarioa, especialmeoie en
el ejército inglés que tiene 7,000 solda1oe en ese &amp;parta•
do fuerte de 1a Gran Bretafla, paso forzoso de todo el
comercio naval de Europa á las Indias orienialee.

madre

.l;'-1

lo do OCTUBRE do 1197

Llama la atención de loe nativos el color y la forma que le dan á eua cabellos. Pó•
nense una pasia amari1Ja ocre como una costra sobre el cráneo que usan afeitado; esta.
coetra al crecer eJ cabe1lo, Je da eu coloración, que mib bien parece pelo de vicuila que
cabello humano¡ orecido 1 lo dejan caer en rizos que afean y hacen repugnante la cara
negra y lo9 ojos siempre de mala expresión que tiene eea raza más bárbara aún que la.
malaya é indo.
El beduino ee más bárbaro aún que muchoa indios de su estilo, porque si eetli
enfermo nuncaa1.iende á sue enfermedades; el enfermo fe eepara de loa demás, Eeabandona y lo abandonao, y así espera con toda calma ó su alivio ó au muerte, pero
nunca deja qne se le cuide.
Abunda enireelloe la ceguera, debido a la contfnua exposición á loa rayos solares
á hirvientes del desierto.
Esta raza degenerada adora al sol, y en las tardee, á la puesta del aetro, ea curioso
ver como ee postran hacia la playa, abren y cierran alternativamente ene brazos, incli,
nan su cabeza, y por fin ee lavan íren~e bocr. y brazo9 en set\al de que desaparecen desu alma con el sol 1 las malas acciones y pensamientos que han tenido en el día.
Por lo demás, son holgazanee y por donde quiera pululan ein oficio ni beneficio.
convirtiéodoee para el viajero en plagas que lo eiguen para enseilarle todo lo pee.&gt;
que hay que ver y hasta para robarle si ea preciso.
Entre loe comerciantes de aha categoría, hállanee ~mplarioe como nuestro re-

Vista general de A den,

ra de 8PpeEOr aiet, metros; así el agua del Oceano Indico penetra con fuerza, pro•
&lt;luciendo una corriente muy peligrosa y e~toagregsdo á una &amp;ede de ielotee eewbradoe
entM el Pertm bny fuerte inglée, y la Palien te de la coera africana.
El palio i,or B1b-el-l\bndeb, tiene un atractivo eepe.;ial. Es la rude.za del paiE&amp;jP,
las toscas ailuetaa de la montalla roja, loe deagarradoa bancos de coral que eobreEalt&gt;n
y quiebran Jae olas ó dibujan Ja corriente¡ la navegación del vejttal en titrra y la 1 :z buberante flora marítima. El fvndo claro del agua oe deja v~r manchas nt-grBB ó grie•
plateadas del follage de una infinita variedad de algas giglln•ee, en donde bt,yen multitud de peces de formas abigarradas y wulticoloree, cow éndo.:e loe uoos á Jos _otne,
siempre en locha conetant.e, en lucha terrible.
Paeado el eatrecho, la mar vuelve otra vez á k&gt;mar su amplilud, y eu horiiont~.
Cambiando un poco de rumbo, nos acercamos á la coeta none; aei, el Africa se pierde
y al A~ia la vemos entre neblinas; estamos ya -en pleno mar Rojf', pero sus aguas no
eon rojae eino iguales de aspecto á cualquiera otro m·ar: así eu uombre dtberfa tener
otra fuen~ y algunos creen reconocerle por origen, eu elevada tf'mperatura en , , tfo ó
el rtflejo sobre la superficie de las enrcijE'cidaa y áridas eoetae ó eu cit-lo eiemp1e tojo ó
también el nombre ó &amp;!pecto de loe primitivos hlibitantes de aus dos wárgenes, loe pomtR hombree de piel roj1 que emigraron al Liba,,o y á Fgiptí', dondt1 modificaron eu nombre por el de fenicios, cuya historia fué glorfoaa; tn fin cualquina
que eea la verdadera fuente del nombre, el agua del Mar Rojo no ex rojfl á pe~ar de
que Cuvier y otros naturaliEtas describen una alga qne prolificando en ddl' rndll(ufM
épocas del ano le di eeta coloración al agua,
La temperatura cálida y seca, abrumadora y que hace la travee!a mol,e,~, Ee refreecó notablemente por un vieoto del Nor,e, un mi.~trál dtl Mediterráneo que comunmenie Ee prolonga haEta el Mar R 1jn, barriendo eea a\móeíera deusa, pesada é hirviente y humedecit-ndo y templando lae temperaturas tanto del día como de la noclie¡
aef, por tal ciJcuuetancia, nueBtro paso por aquel mar fné foliz doblemente por tenn
ya muy cerca al mar Mediterráneo, por decirlo aef cirili•
za&lt;lo¡ nos parecía que entrar al .Medi~rráneo y estar en
nueetrae caeae era igual aun cuendo todavia noe fallaban 13,000 millas para pisar nuevamente el pais natal.
A loe 8 días de mar en que e• lo algunos barcos paf a•
ron á nuestra vista, apareció la tierra monbfloea, flen.áticamente seria de la peníneula peuea: era la Eerranfa
del Si7lai, que avanza majeatuoea entre el golfo de Suu
y el de Akabah, la tierra del Meeíae, la Eolitaria y fúue•
bre habit.ación de loe anacor~ta~, que pasan tu vida en
el retiro más compleio para recoacemrar eu espirita en
Dioe1 allá en las profundidades de sus cuevas de ·baealto
ignoradas del mundo y de loe hombree¡ en fin, se ple•
eentaba á nuestra viua aquella montana histórica donde
el patriarca Moisés, entre rayos y t.ru~noe dictó á eu pueblo de lxraí:.l los eanioe mandamientos de la ley de lJiue.
A las diez de la mafiana dejamos abi~rto un poco al
N. el cabo Rii.s·mohamed tentáculo de tierra que avu•
za de la arenosa playa y }B en el estrecho golfo de
Suez teníamos por un lado la portentosa sierra de, Si.na í.
yá babor la coEb africana también al,a pero nunca tau
hermoea en eu desnudez como la montana de la Biblia.

Continuará.

Orupo de niños beduinos.

�ODMIIIGO lo d• OCTUBRE d• ,. .7

•••

EL MUNDO

Cuentc,s escogidos.
UN ERROR JUDICIAL
N comerciante llamado Aksenor, vivfB en Vladimir, y poseía dos tiendas y una casa.
Cieno día reeolvíó ir á la feria de Nijni-Novgorod. 1 y al
deepedire2 de eu mujer ésta le dijo:
-No tevayaé, Id.o. He tenido un eueilo horrible1 en el
que te me has aparecido c0n la cabeza cana.
Akeenor se echó á. reir y exclamó:
-Nada temas: voy á la feria, y de elJa te baeré muy buenos regalos.

•

lván partió al fin, y al término de la primera jornada,
enconn6 en el camino lt un mercader conocido rnyo 1 con
el onal entró en una posada, con el objeto de pasar alli la
noche.
Loe viajeros cenaron juntos y luego fueron lt acostarse en
dos habitaciones contiguas.
Akeenor era muy madrugador, y por consiguiente, ee levantó al uyar el alba, y llamó al postillón para proseguir
'80 v1aJe. Pagó después al hostelero y partió.
•
Al cabo de cuatro horas de marcha detúvoae de nuevo en una alquería para dee•cansar y tomar algún alimento.
Cuando iba á sentarlie á 1~ meea, presentóse de pronto nn polizonte acompañado
-de dos subalternos.
Acercúronee loe tres á Akse.aorl, á quien el funcionario del Estad.o dijo:
-¿Donde has pasado la noche última? ¿Quién eres? ¿Cómo e llamas?
-¿Porqué me interrogaie de ese modo? Yo no soy ningún bandido y viajo para
.asuntos particulares.
-Te interrogo, por que el mercader con quien hae paeado la noche ha eidoaee•
11inado.
Los polizontes l'f'gietraron ac~o continuo la maleta de Ivan, y encontraron en ella
una arma blanca manchada de sangre.
-¿A quien penenece eate cuchillo?
Aksenor, lleno de espanto, no sabía qué contestar.
Sin embargo, á los pocos instantes exclamó:
-Ese cuchillo no ea mío y ...... no eé ...... nada de lo que decía.
-Esta mafl.ana han encontrado muerto en la cama á tu compañero, y tú eres el
.autor del crimen. ¿Cuáoto dinero le robaste?
Akeenor juró por Dios que no era culpable y que nada había robado.
El polizonte Qrdenó que a~aran á Iván y le llevaran ii la prisión del pueblo más
inmediato.
Juzgado por los tribunales, fué condenado á la pena de destierro por ladrón y
.aeeeino.
Akaenor pensó que eólo Dios conoce la verdad y qoe hay que fiarlo lodo á en mieericordia.
Desde aquel día. Iván cerró el alma á. la esperanza y no hizo más que orar.
Al día siguiente de haberse dictado la sentencia, Akeenor filé enviado á Siberia.
El infeliz comerciante_.permaneció allí veintieeis años, su cabello había encaneciS m rostro se había traneformado de ua modo singular.
Durante las horas de ocio leía un Martirologio 1 los dias de fiesta asistía á. la capilla para cantaren el coro.
. El pobre deportado, privado de Wda correspondencia ignoraba si su mujer y eue
hijos vivían sún.
Un día llegaron á Siberia nuevos desterrados. Uoo de ellos, hombre ya muy en•
trado en afl.Oe, refirió á eue compafleroe loe motivOfl de en condena.
-Me han enviado aquí por una simpleza-lea decía-por haber robado un caballo,
que no tuve más remedio que devolverá su doefio. Sin embal'fo, he cometido crímenes por loe cuales merecía yo estar aquí desde hace muchos afios. Pero como ni si•
,quiera la justicia llegó á Eoepechar de mí .........

KYR[E ELEISON.
,¡ .! yl Yo eiento, al tender EU ropaje

lros R.iv'ales.---@:uadro de @:. ef&lt;lempner.

•••

KL MUNDO

DOMINGO lo d• OCTUBRE d• 18¡17

la noche callada,
colÍlo un velo tupido de sombras
que envuelve mi alma.
No eé qué miaterioaoatractivo
que impu'.ea y arrastra,
la imponente quietud que la noche
ejerce en el ánima.
R1ra vez á loe ojoe ineomnes
acuden las lágrimas
que lo más en el fondo del pecho
represas ae cuajan.
Noee mi propio dolor el que hinca
con furia eus garras;
no es la mía la pena que rompe
así sus ent,rai"iae.
Ea el duelo común: el que á todos
con ímpetu asalta
el inicuo flagelo que cae
del hombre en la espalda.
Por virtud de una ley genitora
quo oculta eue caueae
-é indtfeneos, inermes, desnudos
al mundo nos lanza.

-¿Y de dónde vienee?-pregunto uno de loa deportadoe.
-De Vladimir y me llamo Makar.
Iván levantó la cabeza y preguntó:
-¿Sabes si viven todavía loe Akeenor?
-¡Ya lo creo! Son muy ricos por más que el jefa de la familia esté en Siberia.
¡El infeliz habrá cometido algún crímenl
-Estoy aquí por mis pecados-contestó Aksenor con acento de tristeza-y•ein
duda merezco el castigo que sufro.
Iván no quiso decir una palabra más acerca del &amp;Hnto. Pero loe otros deporta•
dos refirieron á Makar la cauaa del destierro de Akeenor y como había sido condenado
injustamente, por haberle tincontrado un cuchillo manchado de sangre.
Al oir eeto, Makar fijó eue ojoe en Iván y le dijo:
-Has envejecido mucho y está.a deeconocido.
-¿Pero has oído tú hablar de mi proceao? -pregun~ Akeenor.
-¡Ya lo creo! ¡Cómo Wdo el mundo en aquella tierra!
¿Sabee, acaso, quién es el matador del comerciante?
Makar ee echó á reir y dijo:
Lo será, sin duda, el inaividuo en cuya maleta se encontró el cuchillo.
Iván comprendió que aquél hombre era el asesino del mercader rueo.
El pobre deportado se levantó y ae fué á su calabozo con objeto de acostarse. Pe•
ro no pudo dormir toda la noche.
Al dia eiguiente evi~ la presencia de Makar, para no eXponeree á cometer con él
un acto de venganza.
Tranecurrieron ae.í dos semanas, Akeeoor no podía conciliar el sueño. y una noche
notó que de una de las paredes se desprendían algunos fragmentos de ladrillo. Q11iao
ver lo qoeera y descubrió áMakarenel momento en queéate ea lía de debajo de la cama.
Iván hizo como que no le veía; pero Makar le asió de la mano y le dijo que estaba
abriendo un agujero en la pared con objeto de preparar su fuga.
-S61o te digo-afiadió que me guardes el eecr6to. Te fugarás conmigo sin peligro
alguno. Sin embargo, ten entendido que si hablas, me azotarán cruelmente y no ten•
dré miie remedio que matarte.
Akaenor tembló de cólera, retiró la mano y contestó:
-Ni yo quifro fugarme, ni tú tienes necesidad de darme muerte. ¡Ya me mataste
hace veintiseis anoel Dios decidirá si he de denun:iarte ó no.
Al día siguiente, al practicar el registro de la carcel, los soldadoe descubrieron
el agujero que estaba abriendo Makar. El jefe inte1pel6 i todos loe deportados, y ¡o.
dos se negaron á declarar en contra del culpable.
Al llegar el turno á !van, le dijo:
-Anciano, tú que eres un hombre ju!io, dime ante Dios quien ha hecho eso.
No puedo decirlo-respondió Akeenor.-Dioe no me lo permite, y por lo tauio,
guardaré silencio. Haced de mí lo que queraia.
A pesar de loe esfuerzos del jefe, I ván no dijo palabra.
Al llegar la noche notó Akeenor que alguien se acercaba á su lecho. Miró en la
obecuridad y reconoció á Makar.
-¿Qué quieres de mi?-le dijo-Vete 6 llamo al centinela.
-¡Perdón Ivanl
-¿Perdón de qué?
-Yo eoy el aeel!ino del mercader, y yo puse el cuchillo en tu maleta. Quise roa
tarte también mientraedormiae, pero en aquel momeuto oí ruido en el patio, oculté
el arma entre tus ropas y emprendí la fuga. ¡Perdóname por amor de Dioe! i\'lanana
miemo declararé que soy el asesino del mercader, te será devuelta la libertad y regre•
saráa al seno de tu familia.
-¿A. donde quieres que vaya yo ahora? Mi mujer habrá muerio y mis hijos me
habrán olvidado sin duda. No tengo en verdad á donde ir.
-¡Perdóname Ivánl ¡Perdóname en nombre de Crieio! ¡Qaiero obteser el per,
dón del hombre e:rande y generoso que ha tenido la abnegación de no denunciarme!
Al notar Akeenor que Makar estaba llorando, ee echó también á llorar.
Makar se declaró culpable. Pero cuando llegl la orden de poner en libertad á.
Aksenor, Akaenor había muerto ya.
LEO:-. TOL!ITOY.

.Al romperse la flor de la vida
risuefia y galana
las pasiones ardientes, cual víboras,
se enroscan taimadas.
Y serenos seguimos el curso
del valle de lágrimas
con la planta dispueeLB al escollo
y el hombro á la carga.
Eetoe huérfanos gimen, aquellos
cadenae arrastran¡
y algún otro, en su lecho, loa años
inválido gae'8.
Con las fieras ee mide el viajero,
,en tan,o que el nauta,
en loe maree indómi~os, rinde
emp11je y audacia.
Se ensangrientan tm campo enemigo
hermanos que ee aman;
y el instinto brutal! aproxima
antípodas razas.
¡Oh existencia! ¡oh azote sangriento!
¡Oh ruda batalla!
¿Qué te hicimos, ¡Oh D:oe! que te hicimos
para esta jornada?

LAUitA

MENDEZ DE CUENCA.

A I.UZ

A tu lado el hechizo derrama
del amor embriagueces divinal',
tú embelesas, encantas, fascinas
con la luz celestial de tu llama!
¿Qué mortal que te ve no te ama
Si en tus ojos ardientes fulminas
una luz que al quemar embalsama,
con que tu al perfumar iluminas?

•••

Yo quisiera, ambición ciega y loca,
Adorando tu regia hermosura,
imprimir con mi beso en tu boca
un poema inmortal de ternura!
Y sentir que tu labio me toca,
que mi labio en tus ojos apura
esa luz que el encanto coloca
como. un nimbo en*!: faz blanca y purat
Qmero el beso que catta y que ríe
Y la estrofa que ríe y que canta
A la dulce espiral que sonde
enroscada en tu núbil garganta!
A tí el vereo que en tí solo fie
la cadena triunfal con que encanta:
que en tu cuerpo la ri '.D.&amp; se engríe
y en tu nombre gentil se abrillanta!
México, Octubre 3 de 1897.
Joot I. Non:10.

�•
EL MUNDO

reoida al muego de las
espumas sobre la playa, como ei es1iuTieee
seguro de que una vez
sugestionados por lo
que iba á moet;rarlee,
nadie Ee iria de ahf.
A la eazón, con su
mano libre acariciaba,
bajo la lana burda de
su blusa, la forma del
objeto oculto, que su
otra mano de dedos
burdos oprimía contra sí. Y eu cabeza
tambien ee iuclinaba
con su rostro atrevido
y atezado; parecía sin
embargo sonreir para
eí mismo dulcemente
como la nodriza sonríe á su nifl.o¡ ó bien
acaso por la abenura
de su blusa, enviaba
abominaJlee juramen•
toe llenos del olor á ajo y á chorizo de oso como au risa.

LEGO al muelle una extraíla y ear-

Entonce~ por primera vez surgió un gemido ligero de
.oiilo, una queja trie,e como las de loe ga1iitoe enfermos.
Si, algo que.salía del pecho del marino, había vibrado
largamente, un grito de vida herida) un dolor M&gt;do frá.
gil y sin embargo sobrehumano, gue, reflexionándose, rechazaba la analogia con el niñ.o ó con un animal pequen.o. Era más bien una voz lejana y aterrorizadora1 como
lae tiene el viento en loe mástiles durante las noches del
equinocio, como las oye en su camarín, bajo la ftjezaee.
gura de eu gran lámpara, el guardafaro. Houl Houhou!
Honhouhoul
Loe pobres peEcadoree que eetaban ahr sobre el muelle conocían bien esa voz d! agonía. Más de uno la ha·
bía oído sollozar en la borrasca, y ent.oncee persignándose, se decían Lodos que eran loe marinos enterrados
en el abismo, que volvían entre dos olas. Se aproximaron: entonces ya no miraban más el mar anteelloe
y mantenianse de pie con sus barbas cerradas en sus rudos rostros.
El, el buen bombr~ enigmático, continuaba riendo ain
ruido, con un placer cínico, como si riendo estuviese ee•
guro de que atormentaba á una alma en alguna parte.
Ya no tenia loe miamos ojos¡ eu mirada orgullosa reeplandecíaealvaje como un escollo negro bajo la párpu•
ra obl!cua del ponien1ie.
De nuevo inclinó sos labioe crispados bacía la hendidura de su blusa y ee vió que con au mano bacía el signo de apoyaree sobre la peque.fía cosa misteriosa, Por segunda vez gritó esa voz inaudita, esa vocecilla que daba
frio á. loe huesos como si ya ee la hubiera oído durante
un viaje en la mar, ó en otra vida ó en euefloe.

cáetica figura, uno de eeoe rostros
eqnfvocoe demiradadura, demudaeonriea, que oe rozan con el codo y en ef'guida oe proponen mis•
teriosamente qae los acompafl.eie
á la taberna.
A éete nadie lo conocía, nadie lo había visto deecender
de un buque y ein embargo debió llegará la hora en que
las últimas barcas enfilan el paeo entre el fuego rojo y
el fuego verde.
Llegó silbando, al muelle, entre loe marinos que miraban á. lo lejos el ccéano y txaminó Jae terrazas del
malecón penea,tivoe. Llevaba la corta blusa azul y el fiel•
tro jiboeo de loe marineros después de una traveeia,
Apoyaba su enorme mano, larga y abierta, eobre un objeto que ocultaba en su pecho y que por momentos parecía remover.
En~ncea, uno de loa hombree, que, con ene pupilas
grisee y vagas no cee:aban de mirar á lo lejoP, ee aproximó á él y le preguntó qué especie de bee,ia llevaba aeí.
Bien pronto aíkyó Ja gen1ie; él colocoee detrás de loa
El ei:1iranjero le sopló eilenc1os.amente al ro1:tro una ri- marinos, de aquellos rostros ee,úpidoe ó bajamente fes•
sa que olía á ajo y :t ealchiC'hón de oso y después movió tivoe que part;ioipaban á la vez de la ferocidad y de la
los hombros y eeperó que la primera oleada de gen1ie ee inconsciencia de las multi1iudee ......... Y algunas gentes
decidie1:e :1 bajar al muelle.
irónicas gritaron: Que muestre su juguete! Que lo muesLas meeae, bajo el toldo de los restaurante, ee vacia• tre sino quiere hacer creer que lleva sobre el pecho una
ron; las familiaP, después del almuerzo del medio día,
cosita vivie.utel»
dirij!anse al mar :i espirar el aire eaJino. Era el paseo
Loe pescadores, las pobres gentes de blusa y auecoe,
de costumbre . .El viento levantaba laa faldaP, ee llevaba movían la cabeza; esperaban con paoienc:a, ya hablan
loe sombreros y desarreglaba los cabellos, no faltaban oído eso días y noches, á la vuelta de las barcas, de piá
las distracciones.
eobre el muelle, con loe dientes apretados; y eabian bien
Seglln las previsiones del hombre1 llegaron desde lue• que no hay más que un ser humano, una criat;ura desogo algunas pereonae que se intereearon en ti color de las lada qae pueda lanzar un gri1io semejante. Algunas veolas y en eeguida 1 en pequen.os gro pos de trajee claros, Cts, cesaba un poco de iiempo. Inmediatamente la grueotros, riendo1 fumando. cambiando fraees sin relación sa mano 1 uda te apoyaba y una vez más la voz aseen•
alguna con el incomparable ei:plendor de la mar, pa- dia y bacía palidecer ó los marinos.
aeando eimplemente ¡iorque esa era la cos,umbre, ir un
Entonces el aven&amp;:urero con un hermo!!o gesto t1rrojó
instante al muelle, porque antes de ellos eiewpre se ba- en abrigo á sus pies. Entonces tenia el aspecto de rey de
bfa hecho así.
las islas con su tez de cobre, el aetrakan rizado de sus
Y al cabo de un poco de tiempo hubo ahí uua como cabellos y arracadas de oro en las orejar1. Miraba con
inundación de geDte.
desprecio ála muaitud, y en un idioma en que se fenSin embargo, apenas si ee fijaban en aquella torva fi. tían loa efluvios de la sal y del iodo de loe mares má,
gura qne Ee paseaba con iueole.ocia del lado de las damas divereos, anunció 111 coea increíble y mostró imperiosay que pront-o comenzó por aignoe á revelarles la preeen- mente su bluea que parecía esconder algo, sobre las grancia de un~ cosa insólita bajo su blusa.
des piedras del muelle.
Se sentía desconfianza de este personaje barbudo de
Una lluvia de monedas cayó sobre él. Alientos que•
fisonomía cautelosa.
mant;es lo siguieron, co.mo en la procesión, entre el
El reía siempre. con su riea ein ruido, con eu riea pa- humo de loe cirios. suben, detrás del manto argentado

DOMINGO

10

DOIIIRGO 10 do OCTUBRE do 1'97

de Octubre de 1&amp;97

mano•, rodando sobre las piedraa, como ai fuera -víctima
de un extrafl.o mal.
Entonces ein1iie~n todos una gran pena: Acaso lamujeroita de la mar había partido; y buecaban en la lejanía con loe ojos.
El, entretanto, se arrojaba sobre ellos jurando y rien•
do y no ee defendían: mirábanle con ojos trieLee y resignados.
Pasó el tiempo: el se pasaba loR días enteros sentado
en el muelle: no se sabía lo que miraba á lo largo con
aae pupilas fijas, roidas por la sal.
Algunas veces mugía como un cacbalcte, como la si•
rena de un navío que ee pierde, ó muy dulcemente, mo•
viendo la cabeza, prolongaba un V&amp;gido querelloso de
niflito efnermo.
y loa petcadores babian notado que él también, ahora cuando se aproximaba la tempeetad, lanzaba agudos
gr;tos. A la hora de la maree, cuando el agua comenzaba á subir al muelle, uno de loe marinos lo 1iomaba en
sus brazos y Jo llevaba al puerto donde él marchaba con
loe ojos agudos y recte.e, estrechando siempre contra él
algo que le hacía reir con su riea muda.
Una noche de invierno la mar rugía tan terriblemen•
t;e, que loa pastorea de las marisma~, á. gran distancia de
la costa, creyeron que llegaba y huyeron por el campo.
No ee volvió á ver m:UI al marino. Se supuso que había oído una voz y que había parr.ido allá IE"joe, de donde ella
no babia vuelto.

de María, y eran los del humilde pueblo aquel de tas:bar•
cae, loe de las buenas gentes que conservaban aún la fé.
Y entonoee aconteció esto: el ext.ranjero recogió socolecta, la hundió en sus boleas, miró con un rostro lívido
á la multi1iud y no sonrió ya, sus labios temblaban.
Prodújoee un gran silenoio, deepnée, uno á uno, les
bok&gt;nee de la blusa saltaron y entre la camisa de franela y la piel tatuada del marino, entre loe vellos de aqutl
pecho viril, apareció una cabeza de mujer pequtiHsima,
de ojos pálidos de fiebre, bajo delgadof.l filamentos de
cabellos verdee. Tenla la gentileza sufriente de un nin.o, el candor asombrado de una foca hembra á la cual se
exhibe en un depósito de agua ante un público de mi·
litares y de nodrizas.
Oh! y era sobretodo una joyita de carnee .aacaradn.s
como una concha, una espuma vi vienie con lve matict s
más prodigiosos de todos loe peces y todo el prisma) tc,das las .floree de loa jardinE'B del arco iris en el espejo
de un lago al borde del mar. E3taba ligeramente vea1ida
de un oropel de oro y de seda, de un pingajo que tu
otro tiempo debió fbtar en las caderas de alguna dan•
zante oriental.
No se senUan deseos de reir; más bien se apoderaba
de todos una i11quietud, un terror vago, como ante uu
prodigio, anteuna forma elemental y abandonada, a.n'8 un
ensayo en que hizo experiencias el dios de las primeras
edades. No tenia brazos, sino pequefl.oe muftonee y ale•
tas, peque.nos y frágiles aparatos que tenían en aquel
momento la gracia de un gesto de amor¡ áloe dos lados
del pecho tenía senos 1 pequefUeimos senos puntiagudos
y rosados como loe senos de una peqaeñíeima EH vir•
gen. Lo demás desparecía bajo la blusa del marino de
,al suerte que no se sabia si había un cuerpo del!pués de
aquel pecho minúsculo y si ese cuerpo tenía piernas, y
toda aqu~lla cosa vhien'e permanecía atada al pecho
del hombre con una sumitión encantadora y eufrientt,
merced á las mayas de niquel de una cadeuih.
Loe ojos eran sobre todo admirables, semejantes á Ju.
cidoe y sensibles esmaltes color de alga marina, á noEtalgíae de espíritu, A palpitaciones visibles de un coro.zón ......... Se creía ver ondular •las barcas, largamente
inflarse las velas1 bajo una clara mafl.ana del mar ........ .
Loe pobres pescadores no se é'ngaflaban.
Habianse acercado mucho. Con las bocas temblorosa!'1,
con miedo y éxtasis en eue pupilas inmeoeaf.l, manteníanee inclinados y miraban bajo la bluea. No habrían
mirado de otra suerte la santa presencia de una reliquia
Y Wdoa guardaban silencio, como en el mar cuando el
agua ee vuelve negra y comienza á chapotear bajo loe
caecoe.
Y aque1Ja eecena se repitió muchas tardee. El marino
ee preser;taba enigmático atormentando 1t aquello qne
llevaba conefgo y á lo cual parecía estar unido por el lazo de un amor ex1irafto y fantá.etico.

TESTARUDO.
POR RBMY 8AJNT-)l,H,' RJí'E

,
Ahora bien, hacia el tiempo del equinocio el noroes1ie púsose á soplar tempestuoso¡ el mar, todo entero, pa•
só sobre el muelle y, en las noches todos loe marinos
fueron, con las manos en Jaa boleae, á la deeembocadura de la gran calle,á_mirar si las barcas que habían par1iido, no volverían yá.
El hombre arrojado del muelle fué también á aquel
paraje; se abrigó bajo un pórtico y nna vez máe, cesaron
los otros de ver la mar. Era ahora otro grito el que ex.
halaba h, pequen a cosa vi viente, un grito agudo que no
cesaba, como el de una mujer loca. Apénae podía su
amo retenerla: ella hacía esfuerzos por lanzarse á las
aguas.
Entóocee los marineros comenzaron de nuevo á per•
signarse por que habían oído ya esta voz: siempn- que
ae perdía alguna barca ee&lt;J voz aterrorizadora gritaba
así. Sus ojos también teafao ahora nna extrafta y sobre
natuial belleza que vibraba 1 que ee agitaba como la aguja de la bníjula.
Un magnetismo Ja acordaba al pulso de la tempes~d.
Y después la gran cólera de la ola ee apaciguó¡ ella se
quedó durante días enteros muerta. Y el sinitstro due•
i\o la había pinchado mucho sin que gritara ya.
Un día él bebió gin más que de costumbre y se fdur
mió sobre las grandes piedras azulee. )lucho tiempo permaneció ahí en1iorpecido por el alcohol.
De pronto el puerto oyó espantosos clamoree; loe bom•
bree de las barcas acudieron y lo vieron comiéndose las.

•

De manera que usted persiste en querer imposibles? ...
Ni ai guiera un coqueteo?
-Xi un galanteo.
-El viene tres veces porsemana 1 simplemente como
amigo.
-Como amigo?
-Casi todas lae ma.fl.anaa le hace traer flores de Niza.
¡Galantería deeintereeada, eh!
-Ueled lo ha dicho.
-Cuando un hombre tiene la reputación que 1iiene ese
Briónl ......... Ab, Paulina! Paulina!»
Bernardo de Vaise, ajust.ado er su dolmán azul celeste se retorcía rabiosamente loe bigotes ó mejor su bozo
d; subtenien.te. Paséabaee por el ealón de largo á largo
y hacia resonar las espuelas eobre la alfombra amorti•
guadora.
Eran ya las cuatro y media. La primera. neblina de
laa: tardea de invierno desluat;raba loe vidrios Y tendía
aobre las telas claras del mobiliario el gris de la melan•
colía. Paulina d'Orsennee, tendida en su sillón de junco
tapizado de seda azul pálido, miraba arder el hogar. Rápidas lenguas de llamas proyectaban extratioe reflejos
bronceados sobre su cabellera caetana, y hacían subir
ealamandras de púrpura por su traje oecuro, le envolvían
t!n turbadores cambiantes el busto ó hacian surgir de la
punta de sus botitaa barnizadas un chisporroteo de flámulas. La joven extendió el brazo y oprimió el botón
de no t;imbre. Entró el criado hizo lu~ y corrió las p_er•
aianas. La suave refracción de loe antifaces de muaehna
dábale al coquek&gt; salón algo como una tranquila Y tibia
comodidad. Eu él había paeado Bernardo de Yaiee laa
horas más exquisitas de su exiet.encia, desde la épora
tao cercana aún en que, salido de Saint-Cyr, confinad_o
á aquella trie'8 guarnición de Berry, se encontró acogido, mimado ::,or Ja primi1ia providencial. Paulina conta•
ba veinticinco afiof.l, y hacía cuatro que era viuda. Todos,

EL MUNDO

en la Cbatre, loe obEervaban, loe envidiaban y como nadie habría oeado suponer en la bija del venerado barón
de Paloy sino lo que una dama debe permitirse1 ellos ee
habían amado tranquilamente como novios hasta la fa.
la! llegada de Brión.

•••

Tres dfae despuéa le anunciaban que vencienio mil dificultades hablan logrado obtenerau pal!e al ~adán y que
eee día mismo ee fir..maba la orden.~
Y el cazador, devorando lágrimas que no podía verter,
partió para loe desiertos africanos.

Cuando de nuevo quedaron solos dijo Paulina en tono que aparentaba rigor pero se perdía en inflexiones
acaricia,forae:
-Si lo quisiera á usted menos le conreetaria mejor .....
Mire! ueted no es sino un muchacho!
O que voy á referir acaeció en
Esta úl1,ima palabra acabó de exasperar al joven
un puebleci1io de la J,alia me•
oficial de cazadoree. Un muchacho! Ehl áloe veintidós
ridional.
afioel Ya iba ella á ver.
Se sen'6 á un pupitre. PreciHmeote había en él uoa
Era un hombre de 35 afloe:
carta que Paulina acababa &lt;Je cenar: 11 Mme Edmond
de tez morena tostada por e1
Roy, c,aüllo de 8eoettee, cerca de la Chá~re. ,, Tt1.mbién
sol, descarnado, con profundas
esa era amiga de Brión ......... ¡Miserables! Echó mano á ojeras1 ve@tido con blusa azul ya descolorida.
una pluma y IIE'nó cuatro p,ginillu con a11 eacri,ura ,. Iba entre dos gendarmes, llevando un saco de eepigas
gruesa de raegoe fuE'rtee. Firmó virilment.e y l~yó en sobre el hombre derecho.
Oprimíais la mano izquierda una argolla con cadena,
voz a1'a la dirección al escribirla: ,,Conde de :Nancey,
que
eoje,aba uno de loe gendarmes.. .
. .
diputado, 5H, ruede Bcllechaase, París.n
Multitud de curiosos, de loe que d1v1erte11 la 001oe1dad
Paulina suspiró.
con tas deegracias ajenas, Eervía de cortE'jo al 1.ril!le
-Qué le dice á nuestro tío de Nancey?
cuadro.
- Luego lo sabrá ueted.-Adióel _
Aquel espectáculo bacía recordar la historia del Divi:Nerviosamente tomó el kepí y los guantee de sobre el no :Nazareno.
Y ee, porque el Cristo, eter~o eupliciado, nace toJos
piano. Paulina le tendió la mano buscando en v_ano su
los días en loe portales de la indigencia, y moriI,t crucimirada.
-Hasta mafíanal le contestó ella sin mayor emoción. ficado hasta la extinción de la humanid»d.
A poco andar llegó la comitiva al Juzgado de la PaEn la ca!Je el subteniente releyó au misiva á la luz
rroquia.
de un café. Decía:
El Juez ocupaba su poltrona.
Querido tío:
-Aquí t;enéia-le dijo el eargenM&gt; tie loe gendarme:i,
Sé lo mucho que se interesa usted por mf y sus relaal hombre que oe habían denunciado como 1nvat1or de
ciones con el nuevo minie,ro d" guerra. El' n.u:e&amp;ario una heredad ajeoa. -Lo hemos cogido iníragan,i.-Aquf
( va subrayado ) que ueted obtenga mi inmediaU. tras- está el cuerpo del defüo, afladió presentado ~l saco ue
lación á los Spahie sudaneses. No me pregunwi usted loe espigas.
ElJiiez (al acueado)-¿Cómo oe llamais?
motivos de ee1ia determinación. Crea sólo que son muy
.Ac,1s.-Giacomo Roeei.
gran'B [lo subrayo también] y que mi permanencia en
El .Juez-¿Cuál ea vuestra profesión?
Francia ee hace ya imposible. Eeta 1iarde miema bago
~tn v.-Caoter&lt;',
mi petición por escrito al coronel que la ba1á llegar cuan
..h,'l Juez.-Se os acusa de haber 1iomado esas espigas de
M&gt; antes á su destino.
trigo eo un sembrado ajeno. ¿Tenéii, algo que decir en
Reciba, querido tio, mis má.! afectuosos reepectoe.
vuest.ra defensa?
l:Jernard de l~ai:.e.
..d. eu11.-Ee cierto que las he tomado, pero no en ningún
Subteniente en el :?.5? de cazadores,
campo aemb(Ado, eino en un terrenoincuho.-Yo vi aiLa Chálre [lndre)
gunae eepigae que, sin duda, b1otaroo eepon1iáueamente
Franqueó la caria, la echó al buzón, fué á su caea, hi- enue la yerba, que no habían costado á nadie 1.rabajo, y
zo en papel ministro la petición de oficio, se la envió que sólo servían para alimen,arse loe páJaroe. lu:apulea•
con ,110 ~ie1iente al coro11el; ae loé á la cama eh~ comer do por la neceeidad 1 y en la creencia de que nadie recia•
maria lo que estaba perdido, cogí eeas espigas á la luz
y durmió mal.
del eol.
El Juez.-No ea eeta la primera vez que robáis el irig(\,
En la mal'iana del día siguiente, que era lunes, el co• habéis enuado ha poco al mismo campo.
ronel lo hizo llamar.
~lí'ue.-Ee cieno, aenor.
-Transmito su petición al ministerio, pero temo que
Et Juez.-¿Podéia decir dónde tenéis depositado el hi•
tenga usted que agu11rdar algún t.iempo. Hay muchas so- go que habéis robado?
•
Acw~. -En mi casa, se flor.
licitudes ......... Y ¿por qué ha tomado usted esa determi1!.'l J1uz.-Tengo que paear viei1ia inmedia1iamente :í.
nación, mi buen de Vaiat?
vueeiro domicilío,-¿oponéia alguna resistencia?
-Por motivos muy serios, coronel.
.Ar11x.-Ninguoa, senor Juez.
- Cáspita! E'xclamó el jefe sin,ie.ado perder un buen
Terminado el interroga~rio salió la comfüva.
oficial. Le confieso que nada ha llegado á mis oídos.
El
reo iba delante, en medio de loe gendarmes, aeegu•
Presumió alguna pérdida seria al joPgo ó á la Bolea,
rado con un par de eepoeas; seguían el Juez y dos tet1,iy como él, el regimiento entero ee perdía en conjeturas .
gos dee0cupadoe al efecto.
Vaise se volvió impene1irable, casi invisible.
Llegaron á una callejuela toriuosa, blanqueada, á ia falLa primera noche lo desveló Brión. Brión-Lovelacel da de la colioa que limita el pueblo. Aquella vía se coEl hombre-que engaflaba á Mme. de Greyan con lime. noce con el nombre de 11Cal{e de lax lhtacumbas,» porqt.ie
Villeneuve y á Mme. Villeneuve con Mme. Anolairl Esa se compone de hab:tacionee subterrá.nea,, como la que
ocupaba Giacomo.
noche rabió.
Era ésta una cueva practicada horizontalmente en la
La segunda noche lo desveló el recuerdo de la salita
en que babia vivido eue más puros goces durante un roca, al nive~ de la calle y en forma de t.úntl; mediría
ano. La tercera fué la imagen de Paulina la que le tur- prói:imamente cinco metros de ancho por seis de largo;
el frente eet.aba cubierto con ladrillos de tierra cruda, uu
bó el sueno.
El miércoles al despertar le trajo el asistente un bi- vidrio pequefio sobre la puerta dPjah paear alguna lui.
En aquella caverna obscura y fria, penetraron el acu•
llet.Uo lacrado, oloroso á heliotropo, leyó:
eado y la jualicia.
Mi buen Bernardo,
Alli encontraron á una mujer macilenta, de fisonomfa
Bae1ia ya de mal humor. Ha hecho ya dos locuras melancólica, aunque angustiada, y un niflo de seie afloP,
que felizmen1ie no tendrán resultado. Venga á almor• enfermo y iriate, tendido sobre un montón de paja y cazar con.migo. Le anunciaré el matrimonio de )I. de ei desabrigado.
Brión con la mayor de lae"hermanas Roy; á que agregar
- «Aquí tenéis, sefior Juez-dijo Giacomo-el.depóeilo
de mis robos.,.
que yo he sido la casamentera? Siempre su amiga,
«Esta pobre mujer y eeie niflo enfermo ee morían de
Amlina.
Brión: Con que e~o era 1iodo. Corrió á donde ella, que• cihambre. i,
u.Hace 1irea meses que se suspendieron loe;trabajoe en la
ría reine y tenía ganas de llorár, hizo fraeee á propósi, cantera donde ganaba el sustento de mi familia.lt
tos de Brión y de 1ae tonterías de los celos. Saboreó to•
«He buscado trabajo en airas canteras y no he podido
daa las delicias del perdón. Nunca había amado ,anto 11encontrarlo.»
á Paulina.
«El monte de pfedad ha devorado uno á uno todos m is

humanas.

•••

�KL MUNDO

(,utensiliol!I¡ bft8ta noeatra1 camas y ones\ra ropa,$
•Noe hemos 1educido á dos piedras para sen\arnos y á.
,. m haz de paja para dormir.11
•He buscado adelantos eobre mi trabajo y nadie me ha
.. dado.•
«Hemos pedido pan y la caridad ha cerrado eu'3 oídos
11..i nuestra súplica.11
,He invocado , la muerte y no ha t.enido piedad de
1,mis tormentos.•
«Loco de angustia, salvé la zanja que reeguarda el cam·
,,po aje.no, y arrebaté li loe gorriones unas espigas que no
ntenfan ningún valor.n
1,Con esas miserables espigas hemos eueten&amp;:ado á ooee•
u\ro hijo para prolongarle la vida.11
«N 1 teníamos nada que darle hoy, y volví á recoger Jae
••eepigl8 que conocéie.,.
«Mirad mis manos: eetos cal1011 y estas cicatrioee, no se
1,eocnentran en las manos de loe Jadronee ......... 11
El ,Tuez.-Sea como fuere¡ habéie cometido ua delito
que la ley castiga.
Acu-1.-¿Tenéie hijos, eeilor Jaez?
El Juez.-Sf, loe tengo.
Arw.-¿Habéie calculado basta dónde puede llevar ,
110 padre el llanto de un hijo que se desmaya de bam•
bre?
El Jutz-No tengo para qué saberlo: eólo necesito !B•
ber el deJUo que babéie cometido invadiendo uoa propiedad ajena, para aplicar la pena que eefl.ala el Código.
l lemoe terminado: ealgamoe.
La mujer, que había preeenciado la escena, muda y
temblorosa, al verlo eahr exclamó:
Se lo llevan, Dioe mío!
El nif'l.o levantó loe bnzoe y preguntó á 11u madre:
-¿Quién noe dará. pan?
Giacomo volvió loe ojoe aaubladoe por dos 1,grimaa y
les dijo:
-El Padre Celeetial velará. por voeotroe!
Vuel'°6 á. la eala de audiencia, el reo faé condenado
:í ocho díae de trabajo11 penoeoe en lae obras públicas ....
1

DO ■ IHO

lo de OCTUBRE de ,. .,

«No llorea por mí, que me voy á. rogar por ií y por
Cuando el juez ae encontró solo, apoyó loe codos eo•
bre la meea, descansó la frente sobre ambae manos, y l(nueetro hijo, al lado de María: llora por 101 que no tie•nen compasión de lae miserias ajenas.
balbuceó eatae palabras:
«Te envío mi último suspiro!
-«Oh iniquidad! condenar yo á un infeliz, porque fué,
,como loe pajarillos, , buecar espigas para alimentar á.
Giacomo ee quedó petrificado ........ .
«eue bijoe!11
«Y eew lo bago yo, que he vendido la justicia tántae
Sin en mujer, ein eu hijo, ein honra y sin pan, ¿á. don1cvecee, por dinero, para que 1oe hijos mfoe vivan en la de iría?
¿Quién le daría ocupación? ¿Oómo podría alzar la frenfl&amp;bundancia y en el lujolu
«Pero yo no hice la ley: yo la he cumplido.•
te ant.e un pueblo ·que lo había viet.o mani"ado por de·
•La ley! qué sarcasmo! la ley que eólo castiga los delilincuente?
«toe acneadoe y comprobados ...... en loe que no pueden
Cayó desfallecido sobre el montón de paja que habla
udefenderae.11
sido el últ.imo lecho de en a11uJer ........ .
•La ley que cae con mayor fuerza eobre loe que ea·
Allí tree diae deepuée, recogió la policía un cadaverrí•
,ot,án más abajo.11
gido ........ .
«La ley, fuerte con loa débitea y débil con loe fueriea!11
Había muerto de hambre, de dolor y de verguenzal .••
«Pero yo la he cumplido!u
Cerca de la cabeza ee encontró el librüo de la Imitación
Giacomo sufrió au condena y volvió á. su hogar al ama- de Je1111('1'WO.»
necer del nuevo día.
Al pie de las palabras trazadae por eu mujer, habla ea•
Lo encontró desierto ........ .
criiO él:
Su mujer había muerto ,rea días despuée de eu prisión
11Marieta: Vuelvo , reunirme contigo en el Cielo: la
Su hijo había sido iranspot1iado por las Hermanas de
"t.ierra no tiene hogar para mí» ........•
1a Caridad al Aiilo dt Ndf,oa de N ápolee.
«¡A.lmaa piadosas! Llevad ee'8 librito á mi desventuraU na buena mujer de la vecindad le dió eabs noticiaa
«do
hijo, que ee halla en el Asilo de Nápolee: decidle que
y le enire¡ó un librito por encargo de su eepoaa mori•
«lo venere como una reliquia sagrada¡ porque ea,, em•
b 11nda 1 quien había escrito en él algunas palabrne.
«papado con 16grimae de au madre.
Era un iomiio muy usado de la lmitaci6n de Je,ucriAo,
Giacomo RoMi.~
que ella solía leerle,.por las noches.
¡Cuán
triste
ea
pensar
que
tal
destino pudo caber á
En el interior de la paeWl, había unos renglones desi•
guales, irazadoa por mano uémula que ae traducían aei: una familia honeeta, que bahía amado el trabc1jo y profesado la viñndl
-«Giacomo mio:
Y ¡qué cooeuelo tan grande ea creer que má.e allá. de
«Me muero de iriateza.
«Cuando pienso que in amor y tu piedad hacia noeo• lae miaeriae de la üerra, se encuentra la juatic~a divina
11troe, te han conducido , una prisión, no puedo con• reparadora de todae lae injneticiae homanael
F. D.&amp; 8ALB'8 PÉREZ,
•formarme.
«Conserva eeie librito, único teeoro que puedo legar«ie: él me ha coneolado en mi doloroso tránsito por la
ci:tierra; me ha servido de aliment,o muchas veces, con•
«fonando mi fe y mi esperanza.

DO ■ l ■ c;o

KL MUNDO

lo de OCTUBIIE de ...,

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Corazón de sacerdote. POR H.

s. DE FORGE.

ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 11.
Qué hacer? Qué reeolve1? Todos ee agitaban y cada uno
propoDía igua;mente una idea impracticable. Se llamó Y
ee gritó en vano; laa vocee ee perdían bajo las arcadas
de á.rbolee. Ni siquiera ee vefan loe tiros de fusil de loa
cazadores JejaDoa. El abate ofreció correr al cntillo á.
bueear á loe criados. Pero ~ataban á m1le ele tres kilóme·
troe de distancia. Por pronto que foeee, el tiempo de ir
y volver exigia una hora. El día declinaba y Lucila su•

Obs2quios ltech.os por "il rounao" á las aamas premiaaas ~n nUG!Sfr0 (!oncurso, en la K~rmesse ae $anta @1.:tria.
1 . H:'Onr c antiguo. ofrecido A. 111. Srlta. ~{atilde Alfl\.ro. ::o, Rw.tt&gt; i!t' bront•e enviado 6. la. Sra carlota Morales de '.\lurphJ· 3. Jn,·ero nb~quladoA la ~ra. Marln Y. de l'e~z Gallardo. 4 Rtl&gt;elot dedic:MlO 6, lo, Stita tu.isa
Murlllo. ;;, Jorero desliDa.'lo para la Sra. M.argarlt" Kleinlwns de Cantón. ü, (;esttt. uc bronce imlta.ndo mimbre, entrt:ga.a é la Sri ta. :t.:urlquet. Sauiehez.
·

fría máe y más.
-No hay más que un medio, dijo la eet'l.ora de Senne•
vaux enérgica ......... Carguémosla ......... No!I iremos tur•
nando. Herald va Á tomarla de )as piernas, yo de loe
hombros, y así ganaremos la linde del bosque, de donde
acaeo podrían oirnoa.

Aeí ee hizo¡ pero aleaba de cien paeoa la se.nora de Se•
nnevaux no podía más. La se.nora Jouvenot la BUl!t;tu.
yó¡ pero fué meooe fuerte aún. La sen.ora Belamy y la
!Bf'iorita Lariviere ensayaron en vano. Todo el mundo
tenía una idea que nadie osaba ex-presar. Pt\blo la leyó
en loe ojos de la eefiora Jouveno~, y sin decir nada, \o•
mando á. Lucila en aue brazos vigoroeoe, la llevó como
á un ni.no, con paso alerta.
Se llegó al plan, ee hizo alto, recomenzando loe llamados ein que esta vez tampoco tuviesen éxito. Lucila en•
eayó andar, pero el dolor, un poco calmado, volvió más
vivo,
03 conjuro, eefl.or abate, un poco mú, dijo la eeflora
Jonvenot euplican,e.

Pablo tnm6 de nuevo eu ligero fardo y comenzó de
de nuevo también la plegaria secreta en la cual, durante
la primera marcQa, babia abeorvido su peneamiento.
Al llegar al camino del caetillo, vieron al grupo de ca·
zadoree que v.:-,lvfa. El primero, A.dalberto que marcha•
ba delante, vió eie eepectáculo extraflo de la 8(1.tlorita lle•
vada en brazoe por el abate. Detú voae más sorprendido
que conmovido, casi contento, entreviendo una oompli•
cación posible en aquella ait.uación singular.

-Venid pronto, gritó él. El eefior abate lleva á mi ¡¡&gt;ri•
ma en sus brazos. Ha sufrido ella un ac9idenie!
De una carrera loca Roger llegó y reemplazando á su
amigo \omó 'á en vez á la cara herida,

�,eo

DO ■ IIIGO

ltLMUNDO

Adalberto muy eatisfecbo, los seguía diciéndose con
maligna sonrisa:
-Eh!.. ...... . Eh I Esta bien pudiera eer la ocasión de•
seada ........ Basta con esto y ei el flf'fior de Sennevaux
no ve claro ee por que loe dragones no tienen perepicacial ........ .
El accidente de Lucila fué insignificante. Tres días
después andaba, dando el brazo á Rog:,r sin poderse ea•
ber ei el dolor era la sola oauaa de que se apoyase tan
fuerle.

Veinte veces babia sido preciso contar al oapittln la
caída, las dificultades de la vuelta, la ayuda tan preciosa del abate.
-Si.a él, exclamaba la senara Jouvenot, toda conmovida aún, no ee como hubiéramos podido traer á la P&lt;&gt;·
bre nifia.
-Qué bueno eres, mi querido Pablo! decía Roger.
Pero solo la eeflora de Sennevanx, con Ja fineza de
percepción de Ja madre distinguía sobre la frente de eu
hijo una sombra1 una impresión, vaga, casi inasible,
invisible pan cualquier otra mirada que la saya. Todo
el mundo, por lo demás, estaba bajo la itnpresión :le
Una especie de embaruo que ninguno confeeaba á loe
otros pero que transformaba la alegría tan s1ncilla y tan
íranoa hasta entonces en una alegría forzada que se sentía era rebuscada y querida. Así .hay malestares morales que cederían al menor razonamiento pero que son
tan inde'8rmioadoe, tan inciertos, que precisamente no
se razona aoerca de ellos.
Lo que había pasado er&amp; sin embargo muy sencillo y
muy natural y el recuerdo un poco penoso de este in•
cidente se habría diaipado~pronto, gracias al silencio que
por acui3rdo tácito, guardaba cada uno á este respecto,
si Adalberto no hubiese tomado á su cargo la tarea de
hablar de ello constantemente. Ya exaltaba con fingida
bonomia la ayuda tan utilmente dada por el abate, ya se
extasiaba sobre su vigor, poniendo así incesantemente á
Joe ojos de Roger el cuadro de Lucila en loe brazos del
abate.
El capitán, molesto, poníaee nervioso, irritable.
Un corazón enamorado, por bueno que sea, tiene esas
debilidades. Roger sufría en su natural géoeroso, por
tener que censurar á aJguno y en su amistad, por cenf!urar á Pablo. Pé!rO su franqueza militar se prestaba poco al disimulo, y Ee hizo vieible que su actitud respecto
de su amigo, ee había ligeramente modificado.
Pablo tenfa todas las delicadezas y comprendió. Una
mafiana, á la hJra del almuerzo, dijo que la permanencia en Jouy no debía dmar ya más de diez días, y pedía
permiso para ir á pasar eete tiempo al lado de su madre.
Con esto, por lo demás no haría más que preceder en
París á las dos familias que iban á volver para loe últi•
moa preparativos del matrimonio, cuya fecha estaba
próxima.
No se hicieron objeciones sino por la forma.
Solo la señora de Sennevaux miró al abate con una
dulzura casi humillada. Adalberto exclamó:
-Prima, tened mucho cuidad".&gt; de no volveros á tor•
cer el pie cuando vuestro portador ordinario ya- no esté
11quí.
Pero esta vez Roger lanzó al Secreiario una mirada
t;al que la sonrisa con que completaba su frase deiúvose
de golpe en sus labios.
Y Pablo partió con el rostro tranquilo, el alma alta,
triste y resigaado.
XV
Adalbeno triunfaba. Habfase ido por fin eae abate detestado que desde hacía cinco afias revolucionaba á toda
la familia y ensayaba-vanamente eso sí,-aplastarlo en
toda ocasión con su pretendida euperioridadJ Ese abate
que so preiexto de labrar la ventura de un amigo-y
Dios sabe en realidad con qbé :finl-había ido á. arrojarse á t;ravée de sus proyectos y de sus esperanzas! El los
había roto, eéa. Pero en fin, la hora de la venganza había llegado y ee había despedido al intrigante!.. ....... se
le había despedido ......... porque, seguramente, él no se
había apañado voluntariamente y por su gusto ......... Se
ha visto jamás á una rata abandonar eepontaneamente
el queeo donde ha hecho su nido?
Ah! debió haber una linda escena entre el capitán por
fin convencido de lo que pasaba, y su amigo el abate!
Cjmo habría d3seaio a'3i!tir á ella! Cjm:, habría gozado

con la humillación !Je aquEtl desvergonzado sacerdote!
el sefior de Sennevau:i no debió andarse por las ramas.. , ..
Ah! ah! que buena historia.
Pero en fio, eiél no había tenidoel placer de asistirá la
explicación. ~nía cuando menos el derecho de decirse
que todo el hon_or de eeta empresa era suyo ......... Todas
las mujeres temblaban ante la &amp;0tana negra ......... Nadie
osaba ya hablar ~e la escena eec!andaloea del bosque ......
El, solo él, Adalberto Deruel, no había dejado tregua ni
reposo al eefior de Sennevanx h~ta que este abrió los
ojos. Había sacudido la indolencia del capitá.n, lo había
llevado de nnevo al sentimiento de la dignidad,!º había posit;ivamente puesto en la obligación de obrar. El
verdadero vencedor era él ......... Porque Pablo Cbarlier
había sin duda partido no por unos días sino para siempre! ..... .... Buen viaje!. ....... . Ya no se le verla ni en
Jouy ni en Paría ......... Allá estada él muy ti;anquilo .... ..
Qué buen desembarazo!
Adalberto ee,aba tan alegre, tan orgulloso de su sedicente victoria, que no aupo gozarla con moderación. Es
tan dulce para ciertas naturalezas golpear á nn enemigo caído!
Al día siguiente de la partida de Pablo, estando en el
billar con el aefiorJouvenot y Ravaieson, el.secretario en,
contró la ocasión buena y sintiJndoee con verba púsose
á cootar á su primo la novela de la eetiora CharHer, no
sin añadirle algo de su cosecha. La oport.unidad era ex•
celente. Roger había precisamente abandonado Jouy
para una ausencia de algunas horas y no debía volver si•
no por el tren de la tarde. Así Adalberto, que, sin confesarlo le temía un poco al capitán, se aprovechó defterreno libre y se lanzó á fondo sobre ese tema, dándole.
las mis brillantes variaciones.
-8!1 primo mfo, concluyó con en aire importante, he
aquí lo que era la Sefiora Cbarlier, madre del abate ......
Eso ea sabido en toda la comarca......... pregantadlo á
quien queraisl Y tal conducta era tanto más escandalosa cuanto que todo pa~aba áloe ojos de su hijo, un nifio
entonces, pero demasiado grande ya para comprenderlo
todo ......... Así el tribunal indignado, tuvo que perdonar
á M, Charlier, á ese pobre hombre imprudentemen58 engaflado que se había hecho justicia por sí mismo ........ .
justicia insuficiente. Por lo demás el matrimonio Cbarlier tuvo que abandonar la comarca empujado por el
desprecio público.
En en ardor por persuadir á su primo, Adalberto no se
había percibido de que la eefiora de Sennevaux, de pie
sobre el nmbrál de la puerta, escuchaba en discurso. No
babia notado tampoco que Ravaieson se había levantado
bruscamente y cuando volvió la cabeza después de au
elocuente perorata, se encontró cara á. cara con el cora•

cero.
-Señor Deruel, dijo éste coa una voz fría y cortante
como una espada, no hay una palabra de verdad en todo
lo que acabaie de decir.
-Sin embargo, sefior ...... ... balbuceó el Secretario que
se puso li vido.
-Permitidme ......... Yo estaba aquí hace quince afioe
y f!é todo lo que pasó ......... Laeefiora Charlier era Jamás
honrada de las mujeres y bastaría con esta prueba: laaefiora condesa la cuidó durante en herida y eig uió siendo
su amiga íntima ......... Yo bien sé que esa calumnie. ha
corrido ......... Vos la habéis recogido y la reproducía .... ..
Haceis mal......... Pero en fin, no siendo de la comarca
se podría creer que estáis engafiado y excuearos. Solo
que me admiro de que hayais aguardado para colitar es.
ia infamia á que el sefior abate Char lier partiese y que
el eeflorde Sennevaux no estuviese aquí.. .... Esta es colpa
vuestra personal y yo reemplazo á mi capitán para deciroa que insultar li una mujer y á un ausente es la acción
de un cobarde.
-Seflorl

-Lo dicho dicho y como eé el alcance de mis palabras, me pongo á vues,NJdisposición.
-Pero, eefior, balbuceó el Secretario espantado, yo nada he dicho de voa.
-Cieriameniel respondió RaVlliSAOn con una sonrisa
helada ......... Oa imaginaia entonces que un homb1e de
corazón no se conmueve mas que de las injurias dirigidas
á su propia persona? Más valdría que me hubieseis in.
soltado, yo habría alzado loe hombros y no me ~abría
cuidado de ello.
-Primo! balbuceó Adalberto perdido, llamando una
ayuda.

DOMINGO

10 de Octubr• da 181n

-El ee:ñor R avaieson tiene mucha razón, reepondi6
eecamen~ el aefior Jouvenot. E"lta historia que habeisoreido hacerme saber, la sé desde que oopozco al seíior
abate Charlier y no tal cual la habeie contado, sino tal
cual pasó ea realidad.
-En fin! exclamó Adalberto perdiendo la cabeza, el
sefior de innevaux acabs. de despedir al aba58 Charlier.
-Oa equivocais ,ambiénen esto, sefior Darnel, dijo la
sefiora de Seonevaux avaozand" .. ····· Envainad vuestro
sable mí buen Ravaeison. El señor Deruel reconocerá
sus errores. En Jo que concierne á mi amiga, la eeflara
Charlier, le haré saber que el autor de la calumnia lanza•
da contra ella, hace quince dhe, en el momento de morir, públicamen58 pidió perdón á su hijo. Vos ea beis de
quien quiero hablar, eefior Deruel, porque vos conocíais
á esa persona. En cuanto á Ja partida del eel'ior abate, no
comprendo lo que quereie decir y no vais á tardar en tener la prueba de vuestro error.
Se acababa de oir el rodar de un coche y casi inmedia•
tamente RJger atravesó el billar con Pablo,-11evándolo
de la mano,
Llegado á la puerta del salón, el capitán exclamó alegremenie:
-H81o aquí ........ Ni vos, mamá suegra, ni Ravaieeon
ni la sefi.orita LirivieTe, ni vos misma qaeridaLucila, es•
tabaie en el secreto .... Mi madre y el eeftor Jouvenot Jo
conocían eolamen~, pero mi reparación no aerfa comple•
ta einó la diese delante de todos.
- Yo te suplico, Rogerl dijo el abate.
-E:icúsadme, mi abate, replicó Roger, en estos mo•
mentoe yo tengo la palabra ......... Yo obré mal ayer .....•
Bajo una mala impresión, culpable y estó.pida á. más no
poder, dejé partirá. mi amigJ, á mi hermano, al autor
de mi ventura ......... Hice muy mal y yo, soldado, lloré
anoche, ni má'3 ni menos que mi viejo_Rivaieson que en
este momento se enjuga loa ojos. No hay dos maneras
de obrar después que se ha obrado mal y se es hombre
honrado ......... Hay solo una: reparar ......... He ido pueeá París y he pedido perdón á mí amigo, como se lo he
pedido ante vosotros y hay que creer que él me ha oído
puesto que está aquí. ... .... . Acuérdate de esto pequefto
Herald, se honra uno cuando reconoce un error.
Roger, al pronunciar estas palabras estaba de pie en
medio del salón, teniendo á Pablo de la mano.
Habiendo tenido también asunto en el ministerio de
la guerra llevaba uniforme, lo que hacía: resaltar su hermoso aspecto. Los trajee miemos del soldado y del sacer•
dote daban á esta escena un sello particular de grandeza.
Salvo Adalberto, refu~iado casi inconscientemente en un
rincón, no había nadie que no Petuvieae conmovido has~a el alma ante esos dos hombree jóvenes, de rostro
franco, de bril)ante y abierta mirada, en la que se adivinaban dos corazones igualmente nobles.
La seftora de s~nnevaux cantemplaba á su hijo con
orgullo. Lucila estaba pálida de emoción.
-Roger, dijo la se.fiara Jouvenot, besad pues á vuea&amp;ra
mujer. Bien vele que se muere de deseos!
-Oh, mi esposo! Cuánto oe amo! murmuró Lucila 'Roger en tanto que sin hacerse del rogar éste, se aprovechaba de la autorización maternal.
-Habeia oído, Adalberto, dijo á media voz el señor
Jouvenot á su primo. No hay dos maneras de obrar
cuando se ha obrado mal y se ea honrado..... ..
Seguid el noble ejemplo que acaban de daros ......... Id
francamente á estrechar la mano del abate.
Adalberio vaciló un segando. Pero el orgullo ie domi•
nó y respondió coa rabia:

10

d• OCl"UBRE de

EL MUNDO

1897

261

La alianza Franco-Rusa.

1

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}·:J;~.

•
1

-No.

-Eatoncee pienso que no querréis quedaros con el
epíte,o que os ha dirigido el se:ñor Ravaieaon. Queréis
batiros con él?
-No, dijo esta vez también Adalberto ...... Nada tengo
qne 'fer con ese espadachín.
-Ah ......... en ese casa tomaréis el primer tren de ma•
:liana en la mafiana ......... Quiero que volvaie á casa de
..-uestro padre ......... ya no tengo necesidad de vuestros
servicios.
Cuando al Jía siguiente, al alba) Adalberto Deruel dejó Jony, sin que nadie lo saludase á su partida, se decía
con furor:
-Me han llamado cobarde ......... como siel verdadero
cobarde no fuese el que se humilla ante un sacerdOMl
La reunión e?a numerosa y brillante en la coqueta iglesia de SJnta Clotllde, bajo el día eemi-~do que caía.

-

,

--..::

airinais ael &lt;rzar: "Nuesfras aos naciones amiga5 'i? aliaaa 5 ...... "
'!;léase "Nuoslrcs Grabaaos."

-

�SL MUNDO

•••

00 ■ 1•ao lo d•0CTUBRE de ,. . 7

bordad&amp; de abalorio, con el cueUo médicie pariido e~

,ree. Manga, una de piPZ'l v no muy eflrec~111.

Voe ordenaréis á. vuestros labios sonreír,

Sombrero y toqu• de msdlo luto

EL GABINETE DE TOCADOR

Sombrero de paja negro con choox de pliaeé; lo míe•
mo que el penacho el wque lleva en la forma el princl•
¡:al adorno y ee comple'8 oon un gran lazo de lieión d&amp;
crespón, colocado con mucha gracia.

POR

LA BARONESA STAFFE
[Traducido ·para. EL Mmmo]

1807

El rulacffor de Otoffo.

Como nna alma inquieia lo babia vieto revoloiear enire las lilaa cuando en el fondo del jardín fabricaba eu
nido. No eabta cantar aún; apenas on grito, un murmullo harmonioeo, como el ligero de un arpa que ensaya
sue ouerdae.
Y ein embargo, Abril fenecía ya. Lae lilaa marchita&amp;
ee deevanecían en pálidos \o.aoe azulee¡ el perfume de
Joe rfoe ee exhalaba de loa valles, y á' lo lejoe, de lae hi•
leras de l!&amp;ucee que 01laban Jae riberae del río, surgía
apaeionado y triunfank el capM&gt; c,le los rnieeftoree.
El eio due1a loe oia y se exaltaba al eecncharlos¡ pero,
no lee reepondía porque tsperaba la hora favorable, el
eilencio de la noche en que la voz ee extiende y ee prolonga sin obstáculo.
Cuando comenr.ó era ya muy tarde, oeJCa de media
noche. Yo eetaba cerca. ¡Oh admirable artista! Al prin•
cipio titubeaba, se detenía como admirado de su cantode lo que él eabia, del misterio de esa voz profunda que
se dilataba eo la soledad.
Pino luego ee animaba, ee enardecía¡ esbozaba una no·
ta, rimaba un \rino, gorgoreaba una melodía¡ y :L cada.
paee oomer.zaba de nuevo sus arpegios y eue trinos, has•
\8 que éstos iban po, si solos ordenándose en ingenuas
melodias ardientes, que como nuncios de ventura par·
1,fan de su alma cándida y ae remontaban hasta las es•
\rellas.
Dos meses máe tarde volví'- oir elruieefl.or del jardín,
cerca de lae lile.e me.rebitas, en una noche de luna, ar·
diente y lárguida.
Lentae bo~nadas de viento :,eeado y ardiente &lt;'aían
á intervalos; y cuando est88 cesaban, venían la laxit.ud,
la mortal rndoleocia en que ee amquilabe.n loe eeree y
coeae, loe follajes inertes, laa floree marchitas y la luna
misma; una Jnna que declinaba ya y que parecía no to•
ner fuerza eufi.cieo\e para alumbrar.
Es\aba entuma la luua y taciturno el ambiente? se·
ria acaso la peeada madurez, casi brutal, del férvido oto•
ño? Pura mi cCJrszón eea ocche t ra muy \riste.
En\onees comenzó á cantar el roiEefl.or. Como hacia.
m4e de un mee que no cantab,, aquello (ué un aconte•
cimieoto.
Pero en eee instante¡ cuán triete y variada u• txpre•
ei{ln y \imbre me pareció la voz de aquel cantor
U ,e e,n.egios me parecían gemidoe, lluvia dt l,l¡rima&amp;
las baladas, 5UB trinos como eecalofríoe de fiebre y en
lugar de \riunfantee ootas de órgano, brud~as caídaP,sue -vacilaciones y duda@.
Xo hay dnda que cantaba ein entueiauqo , y sólo por
dtbu ...... Quizás la esperanza de un nuevo.'nido, porque
el primdo babía eido desunido ...... Y einJih'e él Jo sotpecbara acaeo era por la aueenoia de la ~e\ación de los
t1mnree qoe él eu~p1raba rtolamando nuevoe amores.
Yago reclamo, por dos ó tres vtcee repf:"iido¡ cada vu
rrás uébil, onda vez más l~jano ...... Lu~go enmudeció; y
01 tta tarde ni al día sigoier,te volvi á oír la canción, la.
trie\e canción del ruiEeftor de otofl.o.

Trajes de paseo.

EL 8.A.NTU.UUO DEL.A. MUJER.

r
1

¡

Por linda pot poética, -por graoloaa que ella sea no se
1
eecapará. de la fat.alidad del realismo procedente del ,ocador. Aquí tené is nada menos un pequefio ej emplo:
una mujer tratando de rizar ene cabelloe, su~ l)TOpioa cabellos. puede perde".", a pareciendo ridfcula. Porque estas
n i-vialidades de la exiet.encia nos hará.o siempre perder
un poco de nueetrCJ prestigio áloe ojos de loe que mejor
noe amen. No manifee\émoe, puee, el proeaismo de nU?&gt;S•
t.ra vida '- le.e miradas mejor prevenida'! en nuestro fa·
vor. no tratemos de deeencante.rlae.
tcEe inút!l recordar el pensamiento de que la din8a en
ciu~e horas, no ea en ot.roe mementos sino una peqUE:•
fta mujer ineigniflce.nte como tamae otras.
El marido debe encont.raroe siempre (reece.111 1 bella!,
dulcee, como u.na flor¡ pero es preciso que oe crea adornadas como loe lirios de una m!lgia divina y natural.
}~e bueno que él ignore que vuestra bermoeura ee ad•
quiere 6 se conserva, en fuerza de mil cuidados; que él
no imsgineque:poeeeiemedioe para embelleceros; medios
inocet1tea ein duda, pero que lo harían t.al vez ridiculi•
zarloe y eonreir.
- Esta esclavitud ser'- una tortura, un 106.erno.
¡Y qué! no se t.ieneu mil cuida'.loe, ee sufren \Orturas y
contrariedades por edificar 6 asegurar uue. fortuna, y no
ae iome.rá ninguna pena por garan\izar su ft'lic1dad?
- Sí, ea necesario c:,n!!irefl.iree así y sin ceear, dir'-n
algunas mujeres; et casamiento es, pues. uoe. eEc laviiudl
-La dejadez y abandono es lo que hace de él un 10•
fierno.

.

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.

.

•

Traje• Para Otoñ o.

El cembio de estacióu nos dá naturalmente en qué pensará. cerca
~de los trajes que debeni.n adortaree; pero he nquí, que las grandes y acre•
• ditadae modistas de Paria y :Nt-w York ooe Puminietran primoroeoe m.o·
deloe con que obeequiar á nuestras bel1as lec\ora1.1.
Comenzaremos hoy, dánaolee á. conocPr tres de loe má., aceptados.

1

'

Traje de calle.

Esh es un bonito traje de pafl.o azul c'aro, adornada la enagua con
~ cintas de terciopelo azul obscuro en forma de ja@pe en pro aecendente por
detrás sin terminar en pico¡ 1 dehmte en forma de alamares. Cuerpo blu•
fB oerrado ¡&gt;or un prendedor ,obre un cuerpo jnterior de terciopelo azu1
obscuro. c:nturón de piel blanco. Mangas con doble jockey adornado de
cintas.

ble, os daréis, en fin, trazas para agradar
á. ciertos conocimientos triviales, a! ex,ranjero encontrado, al desconocido t.ropezado
al acaso¡ y ¿vacilaréis en tomar ao\it.udes
de buen gueto por at.raer para siempre al
que os adora? ......... en esto ( yo me diri·
giré t.ambién á loe hombree ) que tienen en·
tre au, frágiles manos vuestra felicidad y
vuestro honor!
Véamoe la cuestión bajo este punLo de
vista y la práo~ioa de mis pequefl.ae ttglae,
se oe bar'- f'-cil y ligera con ial q11e á wda
hora queraie aprovtschar los com1ejoe mi·
nucioeoe sigoieniee.
Pero volv iendo un poco á lo que decía•
os. Yo no comprendo cómo uoa wuger, un
poco fuer\8 de piernas groeeas y \obilloe,
hinchados, eea baetan\e enemiga de sf pro•
pia, para pasearse bajo laa miradas de su
marido eoagua cor a. De3plléil cie hab er
ofrecido este espectáculo, ¿ooJrá enojarse
si él Eecomplace en seguir con loe ojoe las
ondulac iones del cuerpo elegan te y fle:ii·
bles de una mujer alta y delgada?
Yo he viet.o á. una joven reunir ene eeca•
soa y cortos cabel:oe, por modio de un grasien\o cordón, de manera que lee bacía
ofrecer -,l aspecto de una horrib le cofüa
6 de una verdadera escoba, y en et&gt;guida
se quejaba de la admiración que su ma•
rido ex~rimentaba al ver una luenga y
abundante cabellera.
¡Eh! Sellara, ee preciso disimular vuee •
iras imperfecciooesl E!!~ no es mentir,
pues nunca se está obligado á mostrar sus
defectos. En el fondo vueeiro marido pue•
de eer que eehaya herido
por vuestra nt&gt;ghgencia en
agradarle, en ucul,arle
vuestras lijerasdeegraciae.
Sobre eete punto el hom·
bre guste. de f!er engana•
do, y tiene razón.
¿Qué ee la vida? ¿Qué
ee tsl amor sino algunas
ilneio oee?
Tengo aún el deseo de
decir t1 la oira mir.ad del
género humano, que ella
sabe aún menoeque la mlia
bella, conservar el pree\i•
gio alrededor del oual frecuentemen\e le envuelve
un amor sincero de novia,
y que ee,a irrefln:ión que
diatil::gne al hombre, es en
tales circunstancias, ei se
quiere cntpable.
Siempre es preciso bac~r
de su pade, lo mejor que
ee pueda, es decir, tomar•
se algunas penas, lo mis•
mo ó tal vez más puede
ser, para coneerve.r quepa•
ra obt.ener. Esto ee entien•
de da la feHcidad deseada
y de le. felicidad poseída.
Yo quiero, pues. hablar de
los dones naturalfl!t y de
aquellos que han sido ad•
qn•ridos.
Yo tengo la conc·eocia de
que en este orden de ideas
el libro que he escrito po•
drá. eer útil á las mujeres
honefita•, que quieren eM
felices y hacer feliz al @ér
que ellaa aman con die•
1,mclón entre todos.
Abrigf) Is esperanza de
que también el re:io fuer•
te enconmuá alli máo de
une in'diEcreción, Qne pue
de tomar en benfficio pro•
pio, y si no Je he perm1t:do entrar Pn el umbral del
Santua1infemenioo he penetrado, sin embar-lZ'o, PD el
TI"ttro á donde él PÍf'cta
algo tan ajPno á la coqu~
tnía como él pretende Pf'r.
No puPdo, sino cor c~derle
la ratón de Wmaree coi
dado de loe dvn~e nuPvOP
delicadoP, pero tam bi~~
muy verdaderos de qnP la
generosa. naturaleza le ha
provieto.

J·

·Traje de Otoño.
ULT.IMA. NOVEDAD

;---"'"-~-~-~-;-r,-,_-,.-,.;.,,-, _-;.,_--------------------

Trajead_. paaeo.

Y~Etido de casimir olaro con bordado de terciopelo negro. Cuerpo
jaquette abierto con dos -vueltecitae sujetas por un botón de faotaefa. Es•
te jaquette dt]a ver loe bordee de un chaleco de terciopelo, sujeto por bo•
t-0nee á. una cae::ada de bordado.
Caello Médicie forrado de terciope10. Corbata blanca. Guantee claros.
Vee,ido de popelina azul rey adornado· por un alto volante á. ta•
blaa, con cintas de terciopelo, cuerpo blusa con doble11 vu.,ltae redondas·
eeta blu@a pEquefia deja ver otra entera interior de escoces. Tres precllla~
de cinta con botones negros, sujetan la hloEa de encima. Cuello y cinto•
rón de terciopelo, guante claro.
Sombrero y toque de Ju,o. Ambas formas de paja negra y penacho de
crespón, el toque por estar ya en la forma el adorno, @olo tiene uo gran
lazo de. listón de crefpón y penacho de plisEé, Ambce eon de un gueto
-encantador.

Nosotros ponemos el in •
finito en e~ amor: esto no
ea culpa de laR mojereP.
Armlolt! Fra nce.

•
••
experiPnoia,

La
en po•
lítica y en [tuerra, com&lt;'
en amor, efl una cora qnP
cneeta tn riblf mePtE' cara
y que no sirv e de nada.

Jaquette para Otoño.

Eete Jaquftte es de diait:onal, café y de una forma muy elegante y poco
oeada, perfectamente cerrado y más largo que loe que ee han llevado, Wdo

á vuestro rostro que permanezca impasi ·

Sombrero y toque de medio luto.
Traje de calle,

J Ui ES (L ARETJ E.

~

ALA. CORBFJ.LLE fll\Jlll
Esscnct}

0POPONAX

:!"'JarlDEPI
Df%í
........,a,s
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t :i:.-

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,=

�ltX. MUNDO

NUEST RO GRABA.DO
ARBOL GENEALOGICO

Grátioamente representa el labo

J

f

rioeo desarrollo que debido á la iniciativa privada ha tenido la Institu·
ción de Seguros, desde loe m ,ts remo•

toe tiempos hasta nuestros días. Es•
ta elocuente demostración del poderío que da fo unió,i; esta mata villo1aa
prueba de que con el principio de la
solidaridad pueden )os hombree llegará remediar las más importantes
necesidades de la humanidad y á re•
solver loe problemas sociales más
complexos; loe uSeguros,8 en todo lugar y tiempo, lejos de recibir impulso y ayuda de los Gobiernos, han tenido que luchar contra la acción 06 ·
cial, que en muchos casos ha sido
perniciosa.
El &amp;guro sobre la rula es si.a duda
una de las co:::icepcíonee más hermosas del cerebro humano. De élha di•
cho con envidiable acierto Mr. Alfred
de Courcy que uel álgebra Je puso las
bases y la moral le forma el coronamiento» y así es en efecto, porqae e11
punto de partida son loe c.ilculos de
probabilidades y eu fl.o, asegurar be•
nt:1ficío á numerosas existencias. A la
vez se apoya en loe dos principales
resortes de las acciones humanas: conquista la inteligencia ye) corazón con
el lenguaje de la razón, solicita loe
eepíritusrefl.exivoscomo las naturalezas impresionables y concilia, de la
manera m,h prudente, el interé:1 con
el deber y las cifraa con los afecto3 y
el egoísmo. Pa.ra comprender la gran
importancia social que hoy tiene esta
rama de la Iaatitución, conviene saber que todas las compañlas del muado representan la enorme suma de
unos veil'IU' mil millone."I de previsión,
de ahorro y de eegurida i.
A pesar de que por largo tieinpo ea•
tuvo poco conocido el S1guro sobre la
vida, al fin ya está proclamado en el
mundo cientffbo como una de las
grandes conquistas de la economía
eocial. Encuentra indiferentes á. cada paso, pero no tiene verdaderos ene.
migoa, porque constituye una verdad
ineontrove::tible, y ai todo el mundo
no se aeegura iodavía1 todo el mundo
admite el seguro.
Poco se cultiva entre nosotros esta
clase de estudio especulativo, que en
verdad ee muy árido y requiere gran
dóeia de conabnoia y no poca foerza
de voluntad, porque el seguro ea e!
corolario ele varias ciencias combinaR
das. En la eegunda mitad del presea~
'te siglo ae ha enriquecido notableR
mente la bibliografía de los seguros
con muchas obras de reputados autoreei, relativas á la legislación y jurisprudencia especial de esta materia, á
las teorías y cálculos matemáticos en
que deecansa la Iaetitució!l, á. su fo.
tima relación y engrane con lae estadísticas, á las tablas de morlalidad y
de duración probable de la vida hu•
mana, á la formación, interpolación
~y aplicac:óo de éetae, á la consUtu•
ción, funcionamiento ·y contabilidad
de la&amp; empresas aseguradoras .. á la
necesidad de que éstas atemperen sus
act~e á. los verd_aderoa prioci,Pi~s de la economía política y l!Ocial positi \fde, ,t la moral
Y ef~~toe ~orahzadoree de la Iostitucióo; y para que nada falte á la riqueza de esta
novl8l~a. literatura, también se ha escrito y debatido sobre lrt/Ua;fofia de los seguros,
U~a btbho1ie~a ~e_eate género puede formarse hoy con centeoaree de volúmenes es•
cr1tos en vanos 1d1omaa y una memoria, un opúsculo, y una novela en espallol.
El célebre ~milio de Girardin, en un arranque de convencimieoto y entusiasmo,
a~rmó que ula idea de los s1y¡nro13 e&amp;á eii et fonda de toda,i la.&lt;J iu.'5tituf'iomes polüicrt3 y reli •
[JU&gt;Brl.\i&gt; Y_ deapuée de su en~oooee at-revi ,f o proyect,o de hacer obligatorio el seguro, mu•
ch os sabios economia~e, estadistas, legisladores.y gobernantes, Uan tratado de en•

DOMINGO

10

de OCTUBRE de 1897.

contrar en Isa aplicaciones de loe E:eguroa el medio de poder remediar
grandae conflictos y de resolver pavorosos problemas económico--sociales y, al efecto, han combinado
muchos y ·muy ingeniot1oa expedien•
tea que est,10 sometidos á la experimentación y discueión nni versales.
Hace mucho tiempo que el Sr. Arfe•
tide1:1 F. Pinto ee dedica con predilección á esta clase de el!tudioe, y ha logrado convencerse de que t&lt;"idae las
iniciativas ee han encaminado á utilizar la APLICA.CION de loe Seguros
como medio de neutralizar rf i:ctas, procedimiento quena puedeproducirtodo
el bien que la rnciedad apetece y necesita, sencillamente porque la exia•
tencia de efectrs siempre está. subordinada á lae causas que loe producen.
He.ce varios años que el Sr. Pinto
concibió la idea de APLICAR el Se·
guro sobre la vida, á manera de be•
neflcencia póstuma, ctlmo medio de
c1·rnr causas, ea drnir, á. fumentar y
difundir la instrucción y educación
de la niflez, fundándose en la eren•
cía que tiene de que la causa que principalmente produce loa eftctos sociales,
que se tratan de combatir y remediar,
u la ignorancia á que generalmente
están condenadas las claees proletarias por falta de elemental! pecuJ;!;iarios para inatruiree y educarse, y la
de que á. medida que máe se generalice esta instrncción y educación, paulatina, pero seguramente irá desapareciendo aquella causa ( la lgoorancia)
y con ella loe grandes ernoll&amp;a que
ahora encuentran las clases directoras al tratardemantenerelrquilibrio
y de buscar ~l bieneetarsocial general.
Mientras subsista la actual organización políLico-rncial, dice el Sr. Pin•
to, peco ó nada más de lo que hoy
hacen 1:ie puEde exigir de los Poderes
públicos respecto á impartimiento de
instrucción y educación, pcrque eE-te
mf'joramif'nto no ae puede alcanzar
sino á costa de dinero, de mucho dinero, de máa y más dinero, y como
que loe gobiernos sólo pueden obtenerlo por medio de tributacioneB,fü•
cales,.evidente es que éstas no Eerfao
aoportad11e por loa pueblos cuando se
impusieran en la extraordina1ia p10porción que demanOa el mayor au•
mento posible de establecimientoe de
instrucc 6n y educación gratuitas¡
pero si de los gobiernos cooetituidoa
no Ee puede racwnalmente eeperar
tanta suma de bien social, sí ea poe,ible qne l.a iniciatfra. prii-ada acometa
una giganteECa evolnción, que libre á
_la iaetrucción y educación de la de•
:ficiente tutela oficial [iodiepeneable
hoy] á que debe su acLual organización y mantenimiento, y éeto se puede reaEzar aprovechando metódica.,
mente la foi:midable p, t.encia acnmu•
ladorR que en manos de la bumaoidad pone la maravillosa Institución
del Seguro eobre la vida.
Basta conocer el esbozo de la idea
del Sr. Pinto para comprender qne
plantea é inte:iita 1ernlver un g,an
pro b)ema económico, juríd co y político social.
Mr. Georgee Hamon, proíéeor de
Sr guroe en el Instituto Cumercial y
en la Asociaclón Politécnica de Paría, autor de varias obras eotre seguros y notable
periodisba en esta especialidad, realizó la 10geniosa id~a da formar un árbol geneal?·
gico de loe l!!egutos, y el Sr. Pinto, completándolo, lo ha adoptado como l!fmbolo dPPU
peneamiento, para e1presargráfl.camente el cot anamiento que merece la A.PLICA CIO~
del Seguro sobre la vida.
No ee dt1doeo que esta nueva aplicación del Seguro está llamada á producir resultados comparables y aún sunerlores á los ya conocidoe, y hemos creído deber publicar
el Mbol para preparar su cultivo y la cosecha de ene frutos, cueelión, por todo extrdmo, de bien público y de mejoramiento eccial.

TOMO,11

MEXICO, OCTUBRE I7 DE I897,

•

$eñor 9osé rooría Sturralae.
G,bornaaor l)ntorino ao 'í'ucatán nombraao •s!a s,manct

•

NlJ'MERO 16.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ltX. MUNDO

NUEST RO GRABA.DO
ARBOL GENEALOGICO

Grátioamente representa el labo

J

f

rioeo desarrollo que debido á la iniciativa privada ha tenido la Institu·
ción de Seguros, desde loe m ,ts remo•

toe tiempos hasta nuestros días. Es•
ta elocuente demostración del poderío que da fo unió,i; esta mata villo1aa
prueba de que con el principio de la
solidaridad pueden )os hombree llegará remediar las más importantes
necesidades de la humanidad y á re•
solver loe problemas sociales más
complexos; loe uSeguros,8 en todo lugar y tiempo, lejos de recibir impulso y ayuda de los Gobiernos, han tenido que luchar contra la acción 06 ·
cial, que en muchos casos ha sido
perniciosa.
El &amp;guro sobre la rula es si.a duda
una de las co:::icepcíonee más hermosas del cerebro humano. De élha di•
cho con envidiable acierto Mr. Alfred
de Courcy que uel álgebra Je puso las
bases y la moral le forma el coronamiento» y así es en efecto, porqae e11
punto de partida son loe c.ilculos de
probabilidades y eu fl.o, asegurar be•
nt:1ficío á numerosas existencias. A la
vez se apoya en loe dos principales
resortes de las acciones humanas: conquista la inteligencia ye) corazón con
el lenguaje de la razón, solicita loe
eepíritusrefl.exivoscomo las naturalezas impresionables y concilia, de la
manera m,h prudente, el interé:1 con
el deber y las cifraa con los afecto3 y
el egoísmo. Pa.ra comprender la gran
importancia social que hoy tiene esta
rama de la Iaatitución, conviene saber que todas las compañlas del muado representan la enorme suma de
unos veil'IU' mil millone."I de previsión,
de ahorro y de eegurida i.
A pesar de que por largo tieinpo ea•
tuvo poco conocido el S1guro sobre la
vida, al fin ya está proclamado en el
mundo cientffbo como una de las
grandes conquistas de la economía
eocial. Encuentra indiferentes á. cada paso, pero no tiene verdaderos ene.
migoa, porque constituye una verdad
ineontrove::tible, y ai todo el mundo
no se aeegura iodavía1 todo el mundo
admite el seguro.
Poco se cultiva entre nosotros esta
clase de estudio especulativo, que en
verdad ee muy árido y requiere gran
dóeia de conabnoia y no poca foerza
de voluntad, porque el seguro ea e!
corolario ele varias ciencias combinaR
das. En la eegunda mitad del presea~
'te siglo ae ha enriquecido notableR
mente la bibliografía de los seguros
con muchas obras de reputados autoreei, relativas á la legislación y jurisprudencia especial de esta materia, á
las teorías y cálculos matemáticos en
que deecansa la Iaetitució!l, á. su fo.
tima relación y engrane con lae estadísticas, á las tablas de morlalidad y
de duración probable de la vida hu•
mana, á la formación, interpolación
~y aplicac:óo de éetae, á la consUtu•
ción, funcionamiento ·y contabilidad
de la&amp; empresas aseguradoras .. á la
necesidad de que éstas atemperen sus
act~e á. los verd_aderoa prioci,Pi~s de la economía política y l!Ocial positi \fde, ,t la moral
Y ef~~toe ~orahzadoree de la Iostitucióo; y para que nada falte á la riqueza de esta
novl8l~a. literatura, también se ha escrito y debatido sobre lrt/Ua;fofia de los seguros,
U~a btbho1ie~a ~e_eate género puede formarse hoy con centeoaree de volúmenes es•
cr1tos en vanos 1d1omaa y una memoria, un opúsculo, y una novela en espallol.
El célebre ~milio de Girardin, en un arranque de convencimieoto y entusiasmo,
a~rmó que ula idea de los s1y¡nro13 e&amp;á eii et fonda de toda,i la.&lt;J iu.'5tituf'iomes polüicrt3 y reli •
[JU&gt;Brl.\i&gt; Y_ deapuée de su en~oooee at-revi ,f o proyect,o de hacer obligatorio el seguro, mu•
ch os sabios economia~e, estadistas, legisladores.y gobernantes, Uan tratado de en•

DOMINGO

10

de OCTUBRE de 1897.

contrar en Isa aplicaciones de loe E:eguroa el medio de poder remediar
grandae conflictos y de resolver pavorosos problemas económico--sociales y, al efecto, han combinado
muchos y ·muy ingeniot1oa expedien•
tea que est,10 sometidos á la experimentación y discueión nni versales.
Hace mucho tiempo que el Sr. Arfe•
tide1:1 F. Pinto ee dedica con predilección á esta clase de el!tudioe, y ha logrado convencerse de que t&lt;"idae las
iniciativas ee han encaminado á utilizar la APLICA.CION de loe Seguros
como medio de neutralizar rf i:ctas, procedimiento quena puedeproducirtodo
el bien que la rnciedad apetece y necesita, sencillamente porque la exia•
tencia de efectrs siempre está. subordinada á lae causas que loe producen.
He.ce varios años que el Sr. Pinto
concibió la idea de APLICAR el Se·
guro sobre la vida, á manera de be•
neflcencia póstuma, ctlmo medio de
c1·rnr causas, ea drnir, á. fumentar y
difundir la instrucción y educación
de la niflez, fundándose en la eren•
cía que tiene de que la causa que principalmente produce loa eftctos sociales,
que se tratan de combatir y remediar,
u la ignorancia á que generalmente
están condenadas las claees proletarias por falta de elemental! pecuJ;!;iarios para inatruiree y educarse, y la
de que á. medida que máe se generalice esta instrncción y educación, paulatina, pero seguramente irá desapareciendo aquella causa ( la lgoorancia)
y con ella loe grandes ernoll&amp;a que
ahora encuentran las clases directoras al tratardemantenerelrquilibrio
y de buscar ~l bieneetarsocial general.
Mientras subsista la actual organización políLico-rncial, dice el Sr. Pin•
to, peco ó nada más de lo que hoy
hacen 1:ie puEde exigir de los Poderes
públicos respecto á impartimiento de
instrucción y educación, pcrque eE-te
mf'joramif'nto no ae puede alcanzar
sino á costa de dinero, de mucho dinero, de máa y más dinero, y como
que loe gobiernos sólo pueden obtenerlo por medio de tributacioneB,fü•
cales,.evidente es que éstas no Eerfao
aoportad11e por loa pueblos cuando se
impusieran en la extraordina1ia p10porción que demanOa el mayor au•
mento posible de establecimientoe de
instrucc 6n y educación gratuitas¡
pero si de los gobiernos cooetituidoa
no Ee puede racwnalmente eeperar
tanta suma de bien social, sí ea poe,ible qne l.a iniciatfra. prii-ada acometa
una giganteECa evolnción, que libre á
_la iaetrucción y educación de la de•
:ficiente tutela oficial [iodiepeneable
hoy] á que debe su acLual organización y mantenimiento, y éeto se puede reaEzar aprovechando metódica.,
mente la foi:midable p, t.encia acnmu•
ladorR que en manos de la bumaoidad pone la maravillosa Institución
del Seguro eobre la vida.
Basta conocer el esbozo de la idea
del Sr. Pinto para comprender qne
plantea é inte:iita 1ernlver un g,an
pro b)ema económico, juríd co y político social.
Mr. Georgee Hamon, proíéeor de
Sr guroe en el Instituto Cumercial y
en la Asociaclón Politécnica de Paría, autor de varias obras eotre seguros y notable
periodisba en esta especialidad, realizó la 10geniosa id~a da formar un árbol geneal?·
gico de loe l!!egutos, y el Sr. Pinto, completándolo, lo ha adoptado como l!fmbolo dPPU
peneamiento, para e1presargráfl.camente el cot anamiento que merece la A.PLICA CIO~
del Seguro sobre la vida.
No ee dt1doeo que esta nueva aplicación del Seguro está llamada á producir resultados comparables y aún sunerlores á los ya conocidoe, y hemos creído deber publicar
el Mbol para preparar su cultivo y la cosecha de ene frutos, cueelión, por todo extrdmo, de bien público y de mejoramiento eccial.

TOMO,11

MEXICO, OCTUBRE I7 DE I897,

•

$eñor 9osé rooría Sturralae.
G,bornaaor l)ntorino ao 'í'ucatán nombraao •s!a s,manct

•

NlJ'MERO 16.

�EL MUNDO

a66

'

1

EL 1'1VND0.''
Semanario tluatrado.

TeI6foao 434.-Callc de Tiburc:io num. ao.- Apartado S, b .
:r.ul:XJCO

Toda la correspondencia que ae relacion~ con la Re-ucción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Re:,eA Hpindola.
Searetario de Redacción,
Amado Ner,·o.
Toda la ooI'reEpondencia que~ reh1cione con la edición
4ebe oer dirigida al
Gerente, Lle. Fau8tO Moguel.
La subscripción á EL MUNDO ,•ale $1.if&gt; ~ntavoe al
111.ee, y ee cobra por trimestres ad~hrnta&lt;loe.
Ndmeroa sueltos, 50 centav(Je.
Todo paco debe ecr precisamente adelantado.
Jl1tQIBTBAD0 COMO ARTÍCUU) ne: tO«-anm ... CLASE.

Un despacho trasmitido ÜILimaroente á la prensa diaria, nos hace saber que el CJneej•) Federal de la repÚ•
blica de Suiza, ha votado una ley establtciendo tl Bt&gt;guro oblig11i.orio contra las enfermedadel!'.
Eeta noticia revela como el socialismo de E:tad,&gt; ha
ido eneanchando su esfera de accióa hasta invadir tl
campo de la iniciativa individual. Cuando el p:&gt;der público se apodera de la voluntad del ciudadano y ejecuta ac
toe del dominio de cada conciencia, se cor,e el pel gro
de caer en la más opresora tiranía.
La doctrina de que hay qoe hacerlo todo en bien del
individuo, oficialmente, ha servido á los viejos partidos
coneerv11tdorea 'para llevar al &amp;errer.o de la práctica, las
medidas más opresoras. La religión de Estado, la ley de
pobres en Inglaterra y otros muchos ejemplos~ue pudiéramos citar, demuestran que un sentimiento de caridad hacia los &amp;eociadoa, informa el criterio de hechos
semejantes.
Dentro d&amp; este orden de ideae, ha podido demostrar
un pensador contemporáneo que Torquemada fué un
hombre profundamente moral, puesto que partía del
principio de que matando loe cuerpos, salvaba las almas. La ley de pobres fué inspirada por un principio de
alta filantropía, y loa hechos sin embargo, vioieron á de•
moetrar que esta legislación solo llevaba á aumentar el
número de loa miserables.
Y es que la filantroPía DO dete nunca servir de fundamento á ninguna ley. Cuidar de loe interesee y de la
vida de loa asociados es una función que debe tomar á
su cargo el Estado; pero legislar sobre la felicidad de cada individuo, sobre su bienestar, eobre BU previsión, sobre sus virtudes: solo es concebible en paíaee en que ee
considera librea á los ciudadanos y el gobierno se cree en
la obligación de apoderarse de la libertad de cada uno,
sometiéndola á ia reglamentación de un decreto.
Hacer que broten virt.udee particulares en un grupo
humano que no -las posee, equivale á prete'nder cultirar
frutos tropicales en aUae cimss nevadae; no se e&amp; previsor con un golpe de decreto, no se adquieren hábitos de
economía con la expedición de una ley: lo que únicamente se consigue es hacer odiosa una virtud y repulsiva una buena costumbre. Si loe hombres de trabajo de
Suiza, república que por lo demás se encuentra á muy
alto nivel, no han adquirido por su ilustración el deseo
de ponerse á cubierto contra las desgracias de la vida;
si el alto jornal de que disfrutan no lt&gt;s permite acudir
al ahorro, el seguro obligatorio no habrá servido de
otra cosa sino de,hacer desagradable cuando menos un acto voluntario, que deaempefia funciones importantes en
la conservación y concentramiento de las fortunas particulares.

&lt;!H arte en ,ffltrictr.
Vuélvese á hablar del pJcoéxito que obtienen en nuestra buena Capital las compafiías dramáticas y de ópera
que han funcionado últimamente.
Se cree que para hacer germinar en nuestro medio la
cimiente del arle 1 eerfa necerario apoyar de un modo o:6.-

cial á los empreearioe. Nosotros creernos qne el ar~ ha
menester ante todo un público que lo t-xalr.e y l: apoye.
Por deegracia en México carect;n todavla las mult.1tudee del gueto por este orden de eepectáculoa¡ es una
capital que parece muerta cuando caen sobre ella las
primeras sombras de la nocbP.
En otras ciudades loe grandes bazares abiP.rtoa gratui•
tamente al público, las eepacioeae avenida!!, loe cafés conciertos y loe teatros, ofrecen una compeoEación de las
laboree del día. Loe paseos se llenan de repreeentaJJ,&amp;ee
de todas las claeee que van á tonificar su'3 pulmones y
dar foeru á sus músculos¡ aquí, ni aun esa necesidad
higiénica ee hace eeo,ir, y caÜee y plaza@, teatros y pa·
eeoe, se ven generalmen1e en la más eepaoto.ea soledad,
La excelevte vida burgueea en Mlxico es uu poco abu•
rrida; el vecino ee levanta tarde, ee deeayuna mal y acude apresuradamente á sus quehaceres; á medio día se
derrocha una hora en la cant.ina, Be llega á. la caea y co•
mo falta tiempo, ee toma la comida con la misma preci•
pitación que el deeayuno: en la noche r-,ada ciudadano
se mete tranquilame'nte en su casa ein importarle averiguar si hay a lgún espectáculo digno de recrear su eepi·
rit.u.
Ni fisiológicamente ni intelectualmente presenta atrae•
tivoe esta existencia que fe gasta así en una inutilidad
inalM!rable. Cuando aparece cumo un cometa alguna
compaflía de ópera, ee acude á 1a sala siguiendo una vi1:::ja coet11mbre1 por rendir culto al amor, por espíritu de
im.itacióo, por algún pretex~o baladí que no respondti á
un sentimiento artietico.
Si no tenemos público que ame el arte ¿c6mo hemos
pues de tener ane? Si nos hemos encerrado dentro de
los cuatro muros de una vida vegetativa ¡cómo hemos de
explicarnos esa aspiración que lleva á. los espíritus á uo
mundo de eensacionee que no reeponde á nuestros deeeoe?
El arte en México, es por el momento una planta exó•
t:ca, que solo pnede vivir dentro del invernadero que le
han formado un grupo de inteligencias superiores y cuyo número reducido no permite :!:acer de él un negocio
product-ivo.

:J)alitic1t genentl.
RESUMEN.-Fin de la revolución de Ouatemala.Derrota de los Tt'bt:ldes y preponderancia del Oeneral Reyna Barrios.-El desarme de los cretenses.Una circular del Sultán,-Lapolitlca de contemplaciones.-Lasclate ogni speranza.-Creta esclava.Conclusl6n.
Fvrmidable y avasalladora levantábase la revolucíón
en la vecina Repóblica de Guatemala. Fuerte en sue
primeros pasos y arrolladora en sus primeros empujes,
amenazaba romper toda uoa situación y hundir para
siempre·en el abismo la obra de R ~yna BJrrios. Pero el
Presidente ha sido más fuertti que sus enemigoe; ha acudido viole.ato, coa fuerzas eacojidae, allí donde la tierra
palpitaba con estremecimien os de volcán; allí donde la
discordia civil prendía incendio más voraz¡ allí donde
el descontento había amontonado sus furias y encendido
sus iras y la revolución fué sofocada, sus caudillos dispereos y sus elementos lanzados al viento como frágiles
y desmenuzadas arietas.
Aun no se conoce la causa que ha hecho prevalecer al
General Barrios sobre la revuelta: no llegan todavía
hasta nosotros loe móvilee eecretoe que hayan podido
guiará loe caudillos revolucionarios que abandonan Quet•
zaltenango para ser derrotados después e.a sus fuertes
poeioionea de San Márcos.
¿Qué viento loe ha arrebatado? ¿qué se hicieron sus
cuantiosos elementos con tanto t.rabajo acumulados como
tan fácilmente aventados por un soplo?
Aun quedan algunas paveeae en loe departamentos
orientales, que el Gobierno sabrá apagar con mino cer•
tera. Las esperanzae de los que soflaban un cambio radi•
cal en Guatemala, posible de comuoicarae á. todo Centro•
América, han sido desvanecidas: solo perminece en pie
la figura de Reina Barrios imponiendo por la foerza el
principio de autoridad y ense.fl.ando á los centro-:ime•
ricanoe, cómo ae dominan las turbulencias y se calman
Jas inquietudes que han formado el fondo de su caracter
nacional.

D0 ■ 11111D 17

DD ■ IIIIO 17

do OCTUBRE de 1'97

¡Q 1é donoeamt!nte se dirige el S 1ltán de Tarquia á la&amp;
potencias europeas para dar con su ap'1yo pacífica eolución al conflicto de Creta! ¡Con qué candor colombino
solicita la intervención extralia, para que los insurrectoe-crie~ianos de la heroica lela depo, ,gan las arml\8 y ee entrt"guen atados de piés y manos á la clemencia augusta..
que ee llama crueldaa en el cai:fd d~ S,ambull
Y sin embargo, triekt es decirlo: no va descaminado en
eue intentos, no anda descarriado en sus aspiraciones.
La Europa cristiana que acudió con sus naves al bloque().
de Creta para evitar en nombre de la fuerza que los re·
beldes recibieran extratlos auxilios, no habría de ver con
malos ojof.l, y de buen grado daría eu asentimiento al
desarme de loe valien1es cretenses, que hace más de sesenta años luchan por su libertad y se ea::rifican por sacudirel ominoso yugo mueulmác,
La Europa monárquica que levantó noa cruzada anticristiana á favor rle Abdul Hamid, la que remachó las cadenas de Creta ansiosa de perrenecer a1 reino de loe helenos y vi6 ein compasión como c;_afa herida Grecia en loa.
desfiladeros de Tesalia al filo del alfanje mahometano,
bien pudiera consentir en lo qrie ahora med.ita el Sul~án 1
quitando toda eeperanz~ de libertad á Creta que con legítimo d~recho ha anhelado por tener un gobiernopropio.
¿Qué importa que en loe momentos de la lucha ee ha·
ya halagado á loe rebeldes con una mentida promesa deautonomfa?
¿Qué importa que aún se· baya pronunciado el nombre de algún principe cristiano, que se enca1gara del gobierno de la I:ila en nombre de sus odiadoe opresores,
pero casi con derechos de Soberano? Las promesas y loshalagos ee disipan, vencida Grecia q11e sigoifica la líber•
tad y la ruina y la miseria, sólo queda en pie el derecho
del más fuerte, cayendo con inmensa pesadumbre sobre
loa infelices que una vez más ven desvanecidos sus sue.fl.oe de Ji bertad.
Creta seguirá baj'l el dominio turco expuesta á lae rapacidades inagotables y á las inclemencias inauditas de
loe bajál:'B, seguirá gimiendo hasta qué un día Europa seapiade de su dPFgracia y la libre de la triste esclavitud
en que por tantos siglos ha gemido.
¡Re11fgnate pueblo heroico, reaígnate·y devora ensilenClO tu humillación y tu deuotal
Aun no ba llegado la hora en q •te la civilización europea, borre del mapa el imperio otom .r no que es una..
mancha de baldón. ¡ Espera!
X.X. X.
14 de Octubre de 1897.

Habiendo terminado la hermosa novela
"CORAZON DE SACERDOTE" que hasido del
general agrado de nuestros lectores, publicaremos á continuación otra no menos hermosa, moral y amena, con ilustraciones de
distinto género que las anteriores, pero tan
bien acabadas y bellas como esas.
OTRO PAOO
De $3,316.75 de "LB Mutua," en Acapulco.
R9cibí de uThe Mutnal Life Inenrance Company of
New York» la sumade$3 316. 75 (Tres mil t.rPPcientoe diez
y seis peeoe setenta y C1uco centavos,) aef $2,500.00 valor de la pólizP, $816. 75 devolución de ¡..,rawioe en pn¡zn
total de cuantos derechos se derivan de la póliza n? 545 392'
bajo la cual estuvo asegurada la finada eefiora Sola·
dad Miranda, y para la debida constancia, en mi caracter de padre y por derecho de patria potestad de los me•
noree Camerina y Juan Rodriguez como beneficiarios,.
nombra~oe en Ja póliza, extendiendo el presente recibo
en la misma póliza que se devuelve á la Compafi.fa oara.
et1 cancelación. en Acapulco á l ? de Octubre de 1897.Firmado, Ignacio Rodriguez.
El suscrito Juez que actúa como notario Público, cer•
tlfica: conocerá la persona del Sr. Ignacio RodrigUf'Zcomo esposo de la finada Soledad Miranda y madre de
loe menores Camerina y Juan. Certifica también, que la
:firma y rúbtica que constan al calce del recibo anterior,
son de puño y letra del Sr. Ignacio Rodriguez y es la que
usa en eue neeocios tanto pú blicos como privados. He·
cho ante loa de asistencia, Sr . .Toaquin Miranda y GuiUermo Adame que damos fe.
Firmado, E uis Fdipe Vera. - F irmado, A. Joaquin Mir andu.- Firmado, A. Guillermo Adame.

do OCTUBRE do 1a,7

&amp;L MUNDO

do ver, encerrada como estabas en esa gabeta ol vidada,
todo lo que ha sucedido en tu derredor!
Todo se ha ido; todo se ha muerto¡ ya DO hay armonías de :fiesta en el hogar ni fulgores de dicha en el alma.
Ya no encuentras á nadie de loe tuyos y solo yo he
quedado para recojerte y para besarte.
¡ Pobre y abandonada cruz gloriosa!
Quédate conmigo basta la muerte¡ bien sé que no te
puedo llevar sobre el pecho, pero te amo porque fuiste
un símbolo de honor para mi padre y porque hoy eres
emblema de la pesada eruz de mis iríatezas.
Quédate conmigo cruceeita 10ja¡ duerme en tu nf'gro
ataud, en eea olvidada gabeta basta el día en que una
mano fría y e.:i:trafia te venda como prenda in1til en algún bazar de antigüedades.
Entre tanto, quédate aqaí; nada es más grato que
guardar algón deepojo de la hermosa nave en que algún
día bcgamoa tranquilc&gt;e sobre el mar de la felicidad humana.
Ju.ANDE DIOS PEZA,

,

'

¡

PAGINAS VIEJAS-

UNA

RELIQUIA.

A mi primo el señor General Ignacio de la Pesa,

alumno del Colegio MIiitaren 1847.

Acabo de encontrar en un rincón de la más escondida
gabeta del antiguo bufet.e de mi abuelo, q11e guardo y
coneervo como tabernáculo de recuerdos, una cajita di·
minu&amp;a que no había visto nunca.
La abrí con curiosidad y me encontré en ella una con•
decoración que me era muy conocida desde hnce mu•
cbos afioe.
Es una cruz de aeplll:i de eamp,lte rojo, con el centro
blanco, y cefi.ida por un Jaurel de oro.
¿Qué mexicano no la conoce? ea el premio otorgado á
loe defenéoree de México elaño de 1847.
L&amp;guerra con el invasor norteamericano fué vel'daderamenteinicua.
Carecian nue1:troe soldados de elementos de todo género; pero les sobraban valor y patriotismo.
Loe más mimados hijos de familia abandonaron aue
lares y salieron á presentar el pecho á las balas del enemigo.
Mi padre fué á hacer eue primeras armas y á recibir eu
bauLhmo de fuego en aquel1as joroaiae gloriosa.e y
cuando alguna vez, le ví esta cruz sobre el pecho, le in·
terrogué mucho sobre loe acontecimientos de la campafia,

¡Como se enternecía hablándome de loe alomnoa del
Colegio Militar, nilios sublimes de loe cuales murieron
unos en su puesto, otros cayeron mortalmente heridos
y ha demás fueron hechos prisioneroe.
-Mira hijo mfo-me dijo-esta condecoración la llevamos todos los que concurrimos á la defensa del Valle
de Mé.:i:ico, pero ninguno la merece tanto como loealum·
nos que combat.ieron en Chapaltepecl Eeoe si fueron
dignos del amor, del aplauso y de las bendicio:::ies de la
Patria.
El Gene:·al Santa-Ann9i al ver amagado Chapultepec,
ordenó que los jóvenes alumnos se fueran á sus casas,
pero todos ellos se negaron t obecerlo y contestaron;
«Nos quedamos aunque no haya víveres, aunque no
nos den nada; si nos recogen nuestras armas nos quedarán nuestros brazos.
Eran cerca de cincuenta bisofioe. EJ General Monterde no estuvo con ellos por que tenía que deeempef'iar
una comisión como jefe de línea. Manuel .Azpilenera,
subdirector dd Colegio, eetaba enfermo, lo mismo que
Mariano Andrade.
El úoico jefe que allí se quedó con loe oficiales eubal'ternoe, Iué Domingo A l varado, Capitan de la primera
compa ílfa, hom bre muy pundouoroeo y que nunca lo
citan.
Los nombres de Melga¿•, de Saarez, de Barrera, de Montee de Oca, de Eecutia y de Marquez, son pronunciados

con veneración santa, por que nada debe de glorificaree
como á los mut"rtos en defen.ea de la bandera que simboliza el alma de una Nación librP.
¡Qué muchachos aquellos! St1 armamento era muy malo¡ eua años muy escaso!», pues frisaban entre Jc,s trece y
loe diez y siete; pero su arrc,jo, en fe en la causa que eoetenfan, eu deseo de recbazar al enemigo 6 morir maldi•
ciéndolo ...... eeo ....... .. no tenía límite ...... eso en todos
ellos era igual y eublime.
Arrollado, deshecho el batallón de San Bias, y muerto
su jf'fe1 el bravo Xicotencatl que tenia catorce heridas
en el cuerpo, en el cual se envolvió para salvarla, la ban•
dera á que hoy se le tributan honores; el ejército ame•
rica no Ee arrojó sobre los alumnos del colegio.
El encuentro fué terrible y desastroso. Los niños eucumbieron al empuje y eue enewigoe quedaron aeombradoe de tanto heroísmo. ¡Hubo chiquitín que al querer atraveear con la bayoneta á un soldado invasor, api;;naa le deegarró el uniforme, por que no tenía la fuerza
física neceearia para traepaearlol
Ya vencidos los alumnos, el General Scott, en la glorieta principal del Cerro, loe in-riló por medio del intérprete á que juraran no volverá tomar las armas contra
loe americanos. Esto produjo una griterla inmensa: to•
dos ee negaron, hasta el despensero Yantada y el criado
José María.
Scott, montado en un caballo nE"gro, contemplaba
conmovido la escena y llenó de elogios á loa alumnos.
A ellos corresponde por derecho y por justicia esta
cruz que mitas sobre la solapa de mi levita.
¡Y eea cruz ee la misma que acabo de encontrarme en
el rincón de la escondida gabeta!
En qué época tan diet.intA de aquella en que la vi por
vez primera ha vuelto á apartceue.
¡Ya ee polvo ~1 adorado viejecito mio que la llevó sobre su pecho! Ya ea polvo la eanta mujer que en lr s grandee días de la patria, lievada de amor, se la prendía en
la levita, regocijándoee ea mirarlo con ella!
Polvo son ya los amigos íotimoe que lo acompafiaban,
relatando como testigos oculares, loe hechos de aqueaa
tristísima epopeya!
Polvo es también el hermano, arrebatado en Ja flor de
su edad á los atractivos de la tierra!
Y solo tú, crucesita roja, dormiae escondida como en
ignorado ataud, en tu diminuta caja negra!
No quiero ni limpiar el polvo que empafl.a tus eemal•
tes, porque me parece que ea el mi.emo que tenías cuan•
do la mano de rui padre te guardó cariñoea después de
la óltima ceremonia en que lo acompafiaetel
Alguna vez sentirías las palpitaciones de su cora2.ón
generoso, algún día me habrás visto acercarme á besarlo
lleno de amor y creyendo que no se me moriría nunca.
¿Te acuerdas de mí, c1ucesita roja'! ¿Nunca me viste
andar cerca de tí en alguoa partt:? ¿No conociste á un
nin.o muy enamorado de tu dueftet?
Pues aquel iapaz travieso pero respetuoso, es el mia•
moque aquí miras ais lado, triste, solo, lleno de canas y
de desengaños y 4\\8 besa en tí, aquella mano, aquella
freate, aquel ·ser que tú conocietes y acompañae tee tan•
tas veces!
¡Oh crucesita rojal ¡Oh reliquia mía! Tú no has podi.

1
PATRICIA

Mi eeflora la Marquesa, débil y pálida porque tu sangre azul es ya tan vieja ......... Moradora callada de eee
caserón virreyoal, macizo y fuerte, rojo y esquivo, á cuyos muros prenden sus óvaloe irregulares loa escudo!!, de
cuarteles en que el león rampante, las calderas heráldicas y el ca~tillo deegarbado alternan; de esa caserón coa
visos de fortaleza, cuyas amplias ventanas vieron pa!!ar
la pompa de Jas audiencias, la macabratheorla de loa iuquisidorea hopados y rfgidps yde las hermandades silen•
ciosa.e, y :a caleza azul de la virrey o.a altiva .......... Niíla
del landau severo tir.1do por lustrosos corceles negros y
por enlutado automedonte conducido:
Te oe visto cuando la lluvia raya pertinaz el espacio y
aletéan toe paraguas sobre las aceras y guiílan eu ojo li·
vido loa focos, tras el balcón, entre el cristal y el damM•
corojo di:'! pesado portier, perdida en el ensueño ........ ..
Marqueea, tú estás triste ......... El domínico provecto
-vieja goloodrina de hábito negro y blanco que prendió
1:iu nido en el alero de un ideal ya muerto-el domínico
provecto que te confiesa y que te casará mañana en el
oratorio arzobispal, no sabe decirte la palabra que consuela ........ .
Ma1quesa, doo Juan no existe ya¡ marchó, claudican•
te y melancólico, pero soberbio aúo, en la barca baudel.eriana1 hacia el infierno de loe burladores olvidados. Y
hoy, soloJa yedra eecala los muros conveot.ualea .......... .
México es republicano, Marquesa, y en tu 8ecretaire
de ébano con incrustaciones de marfil amarillento, se os
cu;ece el pergamino que abooa tu derecho á permanecer
erguida ante la Majestad del rey que Dios guarde ..... ... .
Qué melancólico me torno cuando paaae-al tro~e de
los frisones del landau-hacia las sombras de las toscanas na vea de la catedral vetusta, anegado tu espfriiu eu
el ayer; pálida como todo lo ant •guo, frágil como las porcelanas de Sajonia ...... Me digo entonces: Ahí va el postrer pri v1legio, ahí va la distinción postrera ........ .
Tras tí queda el hormigueo trivial de las multitudes,
incomcieotee del balo de prestigio que te rodea.

II
CHATl!AlJBRIAND

Suena su nombre en mi oído como la nota errante de
un viejo lied sentimental.
Ya hace mucho de eeo. En la estrecha celda de micolfgio, á la luz viva de loa ponientes míchoaoanoe, recluido por enfermo, lela rns libro@, mientras los buenos padrea de boina negra y de efpejueloe cabalgant~a sobre
la pet filada nariz romana, paseaban por el jardin; loa
media nos y loe chicos alborotaban en el patio de recreo y
loe grandes, el'caramadoe en los pórticoe, las paralelas y
los caballos del gimnasio, se cuchicheaban é US prematuros amorEB de adoles~entes, dedloraban sus prietir:aa
curiosidades ó enviaban e l recuerdo á la tierra lejana.
El padre bibliotecaTio me prestaba los escritos deRené, juzgá.ndolos inofensirns y, ay! eEe altivo y eolitario
melancólico determin ó en mi espíritu una congestión
de euefios y me anegó en tristezas infini tas.

�DD ■ IIGO 17

,ea

LA SUERTE ENTRE LOS HOMBRES.
POR

EUSEBIO BLA.SCO

1,~-'·\

j-:l

1

Soñor &lt;!oronol (!orlos '0illogas
Nuevo Inspector General de Pollcia.

Contioente; Pn t=f'guida el Emperador Franci~co JOFé y
el EmperadorGoille-rmo vi11hawn Pnc@Pivameote al Czar
de Rusia e-n su palacio de P,-tt.f&gt;rh(lff. Yino dt&gt;Ppués el
viaje del Presidente F1rnre Á s~. Pdereburg'l, donde el
pueblo ruso hizo una entn~iaFta re~pción al jefe del gobierno francés, resultando, Eegúa se dice, uua alianza
formal entre loe dos pafeee.
0AMASMEX1.CANA~.

EL SEÑOR DON JOSE MARIA ITURRALOE
Gobernador Interino de Yucatin.

El telégrafo nos anuncio que el 14 del actual, por.renuncia del eefior don Carlos Pean, Gobernador de Yucatán, hecha ante la Cámara, eotr6 á sustituirlo, por
el~cción é interinamente el sefior don José ?IIaria Itu•
rralde, cuyo retrato damos en otro lugar siguiendo nuestro programa de formar una galería de todos aquellos
hombree á quienes el movimiento de loe sucesos coloque
en posición visible en el país.
Jd Jefior Iturralde es originario de Valladolid y persona muy recomendable por su honradez y buen criterio.

El 11 del mee actual tomó posesión de su elevado puesjo el Sr. Coronel Carlos Yillegae, nombrado por el Sr.
Presidente, Inepector General de Policía en sustitución
de D. Eduardo Velázquez 1 mueno por su. propia mano
en la cárcel de B.Jlen.
El Sr. ·•rmegae deeempefiaba 8ll Guadalajara-de donde fué llamado--el importante puesto de Jefe de Hacien
da y era además insaculado del Gobierno de Jalisco.
Yiejo amigo del Sr. Presidente, Militar ameritado y
hombre de prudente criterio y reconocidas energías, el
Sr. Villegas, llenará. sin duda cumplidamente el delica•
do cargo qne se le ha cooliado.
LAS GRANDlS MANIOBRAS.

El año de 1897 próximo á concluir, ha sido notable por
las numeroeas visitas cambiadas entre loe soberanos de
Europa.
Primero el Czar de Rusia Y la espiritual Czarina hi.
deron un viaje casi triunfal por la Gran Bretaila y el

269

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.

Nuest.ros Grabados.

EL SEÑOR INSPlCTOR GENERAL DE POLICIA.

&amp;L MUNDO

DOMINGO 17 de OCTUBRE de 1897.

&amp;L MUNDO

[Ahora que ya no soy romántico, ahora que ya t0mpf,
nifl.o levantisco que ee cree hombre, todos mia juguetea,
ahora que ya no auefio la vida, aun llevo :a Jibrea de toe
melancolías, oh taciturno¡ auo ......... ]
Deepuée, en un rincón de provincia, saturado de calma bucólica, en la obecc.ra sala de un:caeeron muy viejo,
lejanas ya las peredec~ivaede aqnelloe valles que redondea
han el horizon'8 opalino, donde ee perdía-ave incansable-mi mirada, en las tardee del colegio, torné, á leu al
aristócrata displicente, á leerlo con la bermoea matrona
qne foé mi aegonda madre, que palió la enfermedad de mis
euefloe y sofrenó los arranques da- mi imaginación inci.:ra
ble. Tornamos áasietir al de1 file de aquellae mujeres tristes: Ata la, Lucía, Celuta .... Madame de Beaumont: la di•
vi na tleica ......... Nos paseamos de nuevo al pie de los
agrios cmtilee de Saim Malo, por el ee-quivo y grietado
torrt-ón lleno de chirridos de murciélagos y de grazoidoa de coroE&gt;jal! y á través del boeque inculto donde se
arrullaron dos amores imposibles al susurrar del viento
nemoroeo ........ .
Y en tanto que leíamos, de el patio enclaurtrado de la
casa, nos llegaban los primeros perfumee-alma vfgetal
-de la Refoa de la noche, en loor de la cual defgranaban
á poco sus diatónicas vibrantes y sus Cromáticas mati~
zndae, loe melómanos zenzontlee.
Y caía la tardP, tristemente pomposa, y poco ,¡ poco el
traje enlutado de mi amiga dilufase en la sombra y surgían solo sus manos largas y pálidas y so roet.ro pálido
también, como en esos e:drafios retratos de Carriere, en
que las fisonomías parecen bafiadas por luz de luna.
¼aria, la muchacna de cofia blanca y blanco delantal,
desfloraba en el piano entonces una vieja romanza; mi
awiga y yo callábamos, yo pensaba, y el espíritu del
gran Triste, parecía mecerse blaodamente en la rhmica
hamaca de aquellas notas querellosas.
Oh,! qué lejos está eso: ya renovaron el caserón sefiorial; ya en lo.s campos antes impregnados de mansedumJe'- gritan los silbatos de las trilladoras americanas y
aullan al pasar, batiendo su cimera de vapor con entoiiaciooee de eepía, las locomotoras. Ya la nifia de cofia
blanca y delantal de lino, hermana de Inés la de Die•
kens, y de Carlota la de Goethe, ee casó con un hacendado bueno y le da un hijo cada afio con las primeras
rosas ó con las ernarchas de Octubre; y tú, amiga y ma•
dre tú que envolviste mi aislamiento en terourae, como
M' eni•uelt•t: á un nifto en Bus paffales, tu te fuiste para siem·
pre una maflana en que no había flores, resignada y
uanquila, con sonrisa apacible en los labios: aquella
sonrisa que alumbró mie melancolías: con palidez mate
en el rostro; aquella palidez que radió en mis sombras ....
Y amo aún á Chateaubriand porq ne tenía la distinción
suprema de la tristeza y le amo, sobre todo, por que tú
le amaste! tú que también eras triste!
AMADO N:imvo.

do OCTUBRE do 1. .T

Sríla. $!vira

ao

!raisóquílla

(DE JALAPA.)

Después de esto, el Rey Humberto de Italia hace una
visita al Emperador Goillermo, quien inviLa á su gran•
de y buen amigo á presenciar las grandes maniobras
del ej.'.ircito aleman, verificadas cerca de Hanan. El Rey
Humberto, que iba acom:&gt;afiado del Vizconde Venoeta
Ministro de Negocios Extranjeros en !Galia, estuvo durante su viaje coa muchos pereonsJee reales como el Du•
que de Cambridge, la viuda del Emperador Fedbrico, el
Rey de Sajonia, el Rey de "\Vurt.emberg yel Gran Duque
de Heese.
Había apenas terminado la visite de Humtierto á A..lem4.nia, cuando Guillermo ee dirigió violentamente á
Hungría, donde fué agazajado por el Emperador Fran.
oisco Joeé, quien diepuao también que se -verificaran
grandes maniobras mili&amp;aree.
Publicamos dos grabados representando al Emperador Guillermo en el campo de maniobras del ejército
alemán.

•

LG UN día me decía anoche un sujeto, que hace
Í
_ la vida del hombre malo, supuesto que juega y
~~ pierde, aigún día ee descubrirá lo que es la
,..
suerte, cómo se deecubrió la e/ecti icidad, ó el
vapor, ó el Hipnotismo ........ .
E:i indudable, que de las catorce personas que hay en
torno de la que tfra la's cartas en una mesa de Bacarat
hay siempre noa á la cual van derechas las precisada;
para ganar. Allí es;á la suerte. Aquel ea el que gana la
partida.
Del mismo modo, el soldado que entra eli acoión trein•
ta vt1cee y sale siempre iJeeo 1 es el marcado por el dedo
de la SuerM!. Millares de balas matan cen~nares de loe
demás¡ á él nó. Aqoel ee.
Con iguales coLdicionee de talento, de protección, de
relaciones, llega un eamdiante á Ministro, mientras que
su compafiero de e oivereidad muere en el hospital.
H\rmoea, virtuosa, inteligeme, la eefiorita de T1ll no
se caea. Se quedará para vestir 1wagenee, mientras vein•
lie amigas suyas que valen en todo mucho menos, encontrarán veio&amp;e partidos.
Inútil es que la enerfía, el eefuerzo individual, la acti•
vidad, 1ürva al hombre para ir haciendo su camino. T.t.l
vez al ll&lt;:'gar al colmo de aue deseos viene Ja mut1rte ó Ja
enfermedad á decirle: ro 110 lo permUQ.
Hay quien nace para pbrder pol'tamonedae, y quien
nact1 para t1ncontrárseloe. En la altUl'a como eu la más
humilde condición, á unos lee dice la Suene: «Aunque
todo lo puedas, no cuentes conmigo¡11 á otros les dice:
11 Aunque 1,ú hagJ.B mucho, yo haré aún más por U.» Unos
ee Jlaman .Mou\~eneier, y 01,ros Pola Vieja . .l!;esoa suben,
p~leaodo y venciendo, á la cumbre; loe otrue bajan, g 1•
w1endo y llorando.
No b1hta nacer Gallarre. Ea preciso que Ja euer,e le di•
ga al Iogeniero de la fundición navatra:-«Dile á ese
obrero que cante.11-No basta ser Ayala¡ es preciao que
Ja rnerte le diga á Hanz1:imbu3ch: «Anciano, ponte ele
pie en la butaca y griia: 1&lt;¡().i.lderón ha rdsucitado!11
La Soerte es un ioeliame; diez negros seguidos dobland~, en e~ 'l'refota y cuareulu; un pariente desconocido y
m1llonano que se muere; un admirador que en un roome.t1t(I de inspiración dlce: ((voy á darle al poe~a ó al ar•
tiata citin mil peaetae¡it un Angel que grita de Jo aito, en
el momen&amp;o en qutt chocando6 trenes: ,,.\que! que va dor°:1ido, sttrá el único que lo cuente.11 _U.na viuda joven y
rica, que se enamorad.e un buen mozo tronado; doscientas mu personas que en un momento dado ae ponen de
acoerdo para dejarse engallar y exclaman: ((Hay que comprar acciones dt! 1,al cosa,)) ouya cosa resulta después un
robo manifieeio; un quinto que saca el número ll.Jáe alto
siendo precisamente el mozo que hace más falta á sus pa~
drea: un duro que ee sale de todos loe bolsillos, para qoe
lo tenga uu vago, mientras que millones de 1orabajadores
ee mueren de hambre. Algo de todo eet.o ea la eut-rte.
u Y hay algo má.e raro aún, roe decia til sujeto pelado.
L'.i Suerte viene por eéries 1 por rachas, como las desdichas.
-¿Eh?
. -:s,, se~or, siem~re. ?uando hay un incendio, hay
orneo ó se1e en seguida¡ e1 ee deticarrila un tren, descarrilan diez ó doce:_ en la familia donde nunca hubo pe.::ias,
se muere la muJer, y deepués la bija mayor, y Juego Ja
pequeña, enferma el padre y pierde la fortuna. Un .eu.ici•
dio tcae siempre imita~oree. Y usted qoe buecará maña•
na el desquite perderá basta fin de afta.
Aquí debe haber ya algo dd la invención y el deecubnmiento que Y9 sueño. La suerte ordena que un hombre sin mérito alguno, ll!:!gue á los más altos cargos de un
pais, y que el público, el país, la nación lo crt!an muy
notable.
L~ Suerte desprecia al hijo del humilde labrador, que
pudiera ser un l\hr(!uée de la Ensenada¡ pero enriquece
á Lebauy, para que su hijo tire loe millones y eeaelhombre de moda para repreeeu1.ar todos loe vicios. La Suerte
es aún más humillante que la deegracia.
-¿Luego la moral de usted sería que vale más ser des•
gracrndc,?
-No1 eefi.or¡ mi moral e~ o&amp;rs. T.Jdos buscan la euer•
te; loe ~ue la tienen quieren tener más, y la fat gan¡ lo!
deegractados se revelan contra la deegracia, lloran, mal•
dicen, ae matan.
-¿D.)ude eat:.1 1 puee, la felicidad?
-En no ambicionar nada. Eu la resignación. Escrito
eatá y el DLvíno Maeatro lo dijo: &lt;180 os acongojéis por
vuestra vida, que habéis de cower y beber .......... Mirad
á las aves del cielo, que ni eiombran ni siegan; y sin em•
barg'l, ee alimer.tJu, viven y son libree y felicee,»

37,000 :rnlllo.s sobre Jo;;,i rn.•tres.

Vista de la Ciudad de Suez.

V

SEXTA PARTE.

EL MONTE SINAI. LA SIERRA DE lrAGABAH. J:L V.A.LLE DE LA E.-:iCR;TORA.

SUEZ.

La belleza de esa cordillera del Sinai no ee debe por cieno á la vegetación y á la
.allur" de eus cimae, lo bello, lo admirable, lo verdaderamente asombroso ea su conj t1nto.
Agrupamiento de montanas como un mar agit.ado, agudas, de perfiles bizarros y
múltiples colorido~: ya el rojo del pórfido, el rosa pálido del ft.delepato, el blaucog1ie
del gizo de la Creta, o el mal.e brillante del cuarzo, combinados en raegos m •eeuue,
eu contraett'S atrevido1.1, proyectando atrevidae eombrae 6 lanzando mil dt'etelloe de luz
que las asperezas de sus encrespadas guijas reflejan en el espacio; éstre conjunto de co•
l&lt;Jree, de formas, de times, ea lo que adorna cada cresta y cada pi caca,; es lo q11e dá fiara rhilvez á eaaa mou1,añas desnudas, escuetas y brillantea·donde Moisés arttugó á so
pueblo, le enseíló loe r11.os del antiguo testamento y los condujo deevués por el desierto en buECa de la tierra prometida.
¡Cuánto milagro en eea peregrinación! ¡cuintoe beneficios recibe el pueblo de I:i·
rael por conducto de su eablO maestro! ¡sedientos, brota de la roca, purísima agua que
l~e da vida¡ perseguidos, oc:ilta y sumerge á loe enemigos en las proíuodidadee del
oceano; hambriemoe, Jea da el maná del desierto, milagrosa planta que lee euat.en1.a y
iortifica.
Despuée, fija su efimera población entre aquellos valles profundos, á la falda del
monte (DJ1bel nakoe) donde pr.edica al pueblo de I~rael loe mandamieotoe de su. Dios,
muestra las tablas de la ley y cons~ruye el primer tabernáculo de oro macizo y precioeas maderaP; Juego siguiendo á la cabeza de su eJército, su hermano Araou, tia cooa•
tituido por Dos en su gran sacerdote. Allí también 1 f~atejoae el primer aniversario
del cordero paecual y aquel pueblo erranlit', vencido y miserable, rE'S\aura sus foerzae
y se encamioa por fin hlt.cfa 11 tierra prowesida, la tierra de Canaan
¡Cómo se deeiiztt en el penaam1ento, como el barco en el agua, todo aquel camino
de los israelitas! Alli en esas moo,ai'ias teníamos al treatro de aquellos Sittmpoe, mu·
do, eoberb101 pero completo¡ no faltaban sino loe artistas, loa protagonistas, aquella
mult.itud de ovejas, aquella romería de miles y miles de misioneros, sin máe g da que
un hombre astuto, ein mh esperanza que una l,lr0m"'"'ª y sin más fé q•1e el nuevo ca•
teciemo de una rellgión que haría fieles á fuerza de milagros eorpreudentee 1 esos no
existían ya.
Por ignorante de la biblia que eea el que presencie aquel paisaje del Sinai, mudo
ee:tigo de tantos acontecimientos que tuvieron Jugar hace miles d" ai'ioe¡ por 1ncré.d.u]o que aparezca, verá. retratado en cada picacbo, tm cada sombra, en cada hueco, de
esa misteriosa eierra un @'eroglífioo, un dato, una certidumbre del milagro, pe10 máe
explicito, máe íactib'.e, se toma á cuenta yseu:plica las cuinc1denciasque elevaroo á la
cattgoría de milagros aquel sorprendente paeo del pueblo de I~rael ¡,or el desierto y el
Mar Rojo.
Moi:1ée sale de Socot y acampa en Etano donde aparece la fantástica columna de
foego y humo, guia que les euseña el camino¡ llega á las playas del mar cerca de Mag·
dala y en una baja marea atraviesa de noche ,w et Mar Rojo sino el golfo de Suez muy
cerca de lo que hoy es esa población¡ ya en la margen opueesa, descubre el venero y
hace brotar el agua que calma la sed de su rebano; después se interna en las sienas y
Jlega por fin á e~a soberbia montañ.a, hoy asiento de un convenio de anacoretas, ver•
daderoe cartujos de todas nacionalidades.
Hoy todos squelloa caminos que la Biblia trazó, como las ciudades, han deeapare·
cido solo queda 1a adoración y el respeto de aquellos lugares, que muestran siempre
al vi'ajero, la sublimidad en cada silueta de las montafiae¡ el recogimiento en cada pre•
cipio, y el aeombro e~ ese poderoso y místico conjunto de la sierra roja, altiva, severa
y brillaoie como h•. et1a consagrada.

I
LA SIERRA,-EL YA LLE O~EO.-MO KATHAL Ó VALLE DE J,A ESCRITURc\,

Seguiamos en el trayecto de 9i milla:i de la,go que tiene el golfo de Suez ~ozando
de ese panorama expléudido de la sierra del~Sintií, que pc,co á poco iba haciéi' do•e m1h1
y más 1oterior y por coneecu:mc a wái leJaua de nut:stra vier.a; mitlouae taoto la coe1,a afr,cana, ein llüwar la atendói,, dibujaba eue lomeríos, romos, eecuetoe1 pj u historia1
falt• e de atrac1oivo y crm I inme,,f'oB 000 .. 1,unes del deeperdic10 de una mina.
Al Siaaí, o se Je abandonó baeta que gruE&gt;EO ttlóu de nubte ocultó por completo
eque~ tabernAculo, ean1.uatio del Aut.iguo tet-taweo\o, reliquia 1mpen cedna de nueet.ra
rt:lig1ó!'· _Pvco d.eepuéi! apar1::ce o ra sierra más ,baj1:1.¡ pero más cercana, también h1~tónca¡ _era una es~tcie de esLib6n deeprendicto de la anguloea sierra de Aje•
bel-el•Tth qne limita el dt&gt;s1er10 de la penrneula; ~rae d .. eea sierra, en un valle frecuen&amp;ado cada año por cri!manoe1 mue-u Imanes, judloe, en fin por todos los afctarioe de la
religión meeiaca: coneérvase ttún cavados 6 esculpidos sobre la roca aefálr.ica ó cretá·
cea de las momai'i.as 1 geroglíficc@ de la má~ re nota "n1,igü~dad 1 ouaodo aun el iJioma
n~ constaba de signu~ a.lfab_éticos para expreflar los sonido@, las fra~e~ y loa peosa~1entos de aquella c1v1hzac1ón ya grande apt'ear de PU era tan antigua. G.'.,mo me imaginaba ver al través de la dis\aocia á aqutl valle artíuico y reepetuoso, circundado de
perpendiculare~ relievPP de piedra, todue grabados con mil signos y pt"I files, como la
pared del t!BfUd10 de Miguel Auge!, pero tuUv coloeal, al aire 1ibre, defga}ando los con•
t.oroos y cubierto el deall.i del terreno con pedruscos angulosos deep1eod1do~ por el t.iem•
po, de la roca, CünBervandoann la.e huellas deun uerfil de ídolo óde rey¡ luego aislado en
un montículo de d1f 1cil acc~eo, e~bre una'euperficie plana y vertical dt' grande altura, repreeéntaee todo un e~1end10 bélico de aquel ~otoncee, 11 flecha lanza y piedra, y todo
esto con fig1uae mal crnc ~ladae, toecae, pero siempre uniformáodo Cíln car4.Ctt'r clásico
el perfil d~ las caras; y Juego pensar ¿cómo hicieron aquellas precioeidades y con qué?
¿c6m? aub1eroo á aquel acanr.ilado d~sl_iz y ¿cuanto 1.i~mpo duraría en concluirse y á.
q_ué 1o1empo 6 fecha ~emo_ntan? 6 dec1d1damente eetraa preguntas uo tieuen contesta•
0160? Siíbeee por h1etor1a que á ee3 ln~ar se le llamó y se Je llama el valle de la eecri·
tura por_ q?e todo el. Egipto, Arabia y T,1rquia, quid tambiéa los Héleooe de equel en•
toncee vm1eroo á deJar sus nombN&gt;e, au historia y Pue adelantoti, escritos allí como po•
dfa°:, en ese libro magno, en eat1 imperecedero t'{Llle de los siglo8 c ,mo es el valle de la
eecntura.
~or fin, á eete corto eslabón de moJ?,taflas hietoricas, efgneee una plaoicie, roja
también, donde se descubre o puntos ó llneas verde obscuro: son uasie en medio de esa.
playa deeierta; allí se. ven .tbb'&gt;lee y volar aves y correr egua crietalioa; allí hay vida;
á su df:'rredor deeolac16n y muerte; además té~ricoe recuerdos de aquella revolución
del cristianismo.

II
RECALAD.\

A

SuEz

Muy poco faltaba ya para avistar el puerto; la doblA línea ds costa africana y asiática parMtan unirse, el t-epacio de mar li_bre que res1.aba eu el fondo na meuoe y menos exieuso; comenzábane~ ya á ver los rnnu~erablee bajos que se hwantan del fondo;
en uno yace un barco perdLdo ......... ¡cuán tnete se ve! ......... eaca apenas un maatil y

•

�EL MUNDO

Una n: u,'er árabe.
por.Bu cofa militar demuestra ser un barco de guerra ......... Efectivamente, ea el abandonado casco de Mn acorazado chileno q11e ee perdió allí, apenas ealido de loe areena•
lee de Toulón y que iba á en país á prestar urgentes servicio@; pero la fort.una le fué
contraria y 1nnt:f,6 apenas aaba las primeras paletadas de sn hélict- ......... poco después,
como ei saliera del agua aoareció el blanco caeerío del puerto y el cemáforo á la entra·
da inciena del Canal de Suez.
Fon~eamos por fin, y saludamos á la bandera egipcia, blanca, ~on una estrella, y
una media luna azul obscuro en el cen!ro; ee izó &lt;leepuée la bandera de sanidad y se
esperó con ~aciencia !a llegada de loe miembro_&amp; del Consejo dP higiene de puertoll ...... ( 1)
La samdad se hizo esperar, ya nor la du;tancia á que fondeamos, como también
porque veníamos procedentes de la !odia y se tomaron en el puerto muchas precauciones rara aceptarnos en el fondeadero máe enea del muelle.
Nuestras patentes limpias y el Cbttificado del médico direck&gt;r de Ceylán, oos pro•
porcionaron libre plática, y acto continuo, ee procedió á arrt"giar la medida del barco
para atravesar el canal.
Cada barco paga PI paso, según su tonelaje¡ mientras tanto ......... á tierra ......... es•
taríamcs tres día! en Suez ......

DOMINGO '7 de OCTUBRE dcl8s17

DOMINGO 17 de OCTUBRE do 1897

cioLes de fondo plano basta la población árabe. El más eacropuloao rt&gt;glamento nor•
ma t-1 t.ráneito de la entrada del canal en donde ni los batee siquiera pueden ir sino
pegados á los costados fuera de la línea de las boyaP, aef el canal euá tan deepfjado
como la línea de un ferrocarril por donde ee espera próximo el paso de un tren.
Llegamos por fin en nuestro bote á la parte tuminal del eEcape, y entre uDa ver•
dade:-a nata de pangoe saltamos á tierra; ya sobre carbón de piedra que llenaba u11Qe,
ya sobre gualdrae ó fierros ó bultos de todas clases, briocando, auo1eodo ó bajando
paeamos esta capa compacta de embarcaciones hasta que llegamos á tierra.
Al pie de un alto muro de piedra sin enjarrar, bastante largo, que termina en un
corredor, alto tambiéo, formado por una eequina ojival, tosca, sobre unaeapeciedepór·
tico ancho obecuro y cerrado en aquel momento por pesados maderos con ~rueeas y
carcomida; molduras, se ve el singular edificio es un convento de jeauitae, al frente de
una playa irrtgular de donde part.en ocho encrucijados callejones formados por peea•
das y antiquísimas casas de mampostería y blanqueadae, ostentando en lo alto un f'B•
pecie de mirador saliente cubietto de celosías de madera verdes, una que otra veDtana chicas, cuadradas y eimétricamecte dispuestaa, como sumidas en el ancho muro,
y los techos sobresaliendo como aplastados carapachos de tortuga y de lae venta1;1as e r~
tinillas rojas, verdea, amarillas ó negras, colgando pesadas fuera dtl marco, mov1énd0Pe
con pesad&amp; ondulación por la brisa que refreeca la tarde; en la calle pulula un put-Llo
de turbantes multicoloree, boinas rojas y mantos negros, azulfe ó btancos 1 y al lado
de las puertas, bardas de poca altura están ooupada9 por musulmanes, turcos, árabes
bentadoeen la má.s indolen~ poetura,devotamente fumando sus enormes pipas de Hacb ic.
A nuestra presencia aquella multitud t;orpe, eílanciosa, automática, ee levan~a,
grita, y nos rodea1 hablándonos en nuestro idioma y en otros muchos; repenUnamen•
-r.e aparece por cada una de las 1:iete Callee un verdadero atajo de burros blancos, e1,si•
lladoe, 1:igiles y vivos que respingan y trotan guiados á todo corr~r por un tropel de
arrieros ejipcioP.
-Quere monta aiñ.ory ......... quere monta aifiory, yo eé castel la.no, tú eres eepatiol,
mi poney muy vivo. Yo te muestro la civita tuto la bona casa. Yo re moetro loe ho•
tele, mi poney curre curre comó Lu barco;• y otros nos hablaban en frarcei" 1 otros t-U
ingléa, otros en italiano, y mient.raa noe cerraban el paso formando un circulo de endiabladas caras y un concierto de voces á cual más gritona y todas mezcladas enr.re
aquellos poney [burroe] que esperaban aneioeoe su jicete para echarse á correr ágiles
por IM callea.
¡¡¡No hubo más remed:0111 Cada quien toma en a~no enjanado y vivo y, esto es·
correr por las callea cén1ricas de la población; n6 de curiosos¡ porque e~te es el único
medio de cabalgar en Suez, pero sí de cicerones solícito11, nos e1gue en l~s primeras
calles una mult.itud 1 después sin hacerles ceso quedamos á la hora tan mdtferentee
como el más viejo vecino de la ciudad.
En nueetro paseo encohtramrs varios n:trenjeros gozando como nosotros de eee
particular medio de locomoción verdaderamente raro para el tomista, pero como único
en Suez. Aprovechóe:e Ja tatdP, en pasear por las angostas calles de la población, ea•
peoie de callejones, torcidos, obecuros por loe balcones aalie~tee Y. cub1erroe por .un
enverjado de madera que permite ver basta afuera y no ser visto, sm lugar de elección
para las mujeres que andan f:iempre cubierhs de cara, costumbre inveterada por el
provPrvial celo del turco.
Cúbrelas de la cabeza á lo largo del cuerpo un manto casi siempre negro, que de•
jan euelt.o, colgante á los lados; un saco y falda ancba multicolora¡ al cuello f:iempre
un collar de cuentas grandes, de vidrio, ágata ó goma y el antifáz qu_e e rcund~ la cara inmediatamente abajo de loe ojos, se amarra trae de la nuca yen triángulo baJa hasta la cintura donde se encaja de la nariz hacia arriba de la fren1e; eoEtienen el antifáz
tres eslabones en formas de medios carretes embutidos uno en otro de met-al 6 de
cuerno; cabellos negros, tez morena ó blanca y. ojos grandes, nf'gros y_ expresivos resaltan de entre ese pfcaro antifáz que oculta la mayor parte de sus bien modelada,
facciones. Sa ven graciosas andar por las callee, erguidas, airoaae, altas y esbeltas y
á no dudarlo, hermosas la mayor parte.
Sus bien modelados brazos ostentan pulseras de cuenta ó metal y loa pies deacaJ.
zos alguoas veces con una especie de sandalia los adornan con anillos de plat.a y col•
gajitos qne manejan hábilmente á cada paso.
No obs~ante el agrupamienr.o de la geate en las estrechas callejuelas de la ciudad,
ea pueblo taciturno, holgada y dormilón; no ea extraño ver en todos loa zaguanes á
tipos de luenga barba, de mirada vaga, amonados y tendidos á lo largo de las aceras,
durmiendo ó en perezosas posturas; otros en grupo alrededor de un gran depó11:ito de
Hacbic de donde parlen de 10 á 12 tubos largos, fuman sin dernanso en es•ablecimien,
toe exprofeeo abiertos amp1iame1 te á la calle, casi siempre bajo un portal de madern
ó de peeadoe arcos ojivales¡ loe cafés abundan también¡ allí tómaee el café tos,ado y

En_ todo el trayfctode ambos lado!, hay uropefj con el
obJet.o de meterá uu ba1co cuando vieneu olirus en sentido conuario. Para atraveearlo, todo barco paga (si mal
no recuerdo) 6 fra1 coa por tonelada, y un riloto del ca•
D&amp;l guía y daige la embaJcación.
Todos 10s accidentes que sufra el canal los paga la compaflifa ó nacionalidad del barco que los produzca, y ei éste
llega á obstruir el canal, destruirán el barco á la mayor
brevedad, eiendo todos estos gaetos á expeneas también
de las compañías ó naciones del btnco perdido.
Para dar una idea de lo que produce á FraDcia eee importante canal, copio la estadíEtica correspondiente al
ano de 1895.
Barcos que paearon por
el canal....... ... ... ......
5,307
Tonelaje neto que pagó
derecho!!..................
8,,:ii5,860 toneladas
Suma en francos por pa•
go de id....................... 138.523.3-:1,5 francos.
ó lo que es lo mismo.....
.J.,H0,933 libras esterlinas
·
ee dech151 181 librae diarias.
~ medio canal está Iemailia, población de tránsito de
ca~1 todas las Hneae férrns del Egipto ) á la vez un puer•
to rnter1or del ca11al en el lago de 1.iu.shal.

SEPT.LMA PARTE.
EGIPTO.

I
IS)L\ILIA-EI:.

Fuente de Moisés.
molido en cocunvente y no en infusión, y el lodillo que deja es el que más aprecia el
gueto de loe egir,cios¡ el café es de muy buena calidad; viene de Moka.
Al oeste de Suez, ya á extramuros, vense las ruinas de un inmenso acuednoto
construido desde la época de los ptolomeos y hoy caei desaparece enterra,J.a y des•
quiciándo1.1e la soberbia arqueria que lo formaba; á un lado, como á. distancia de unas
3 millas adviértenee inmensos y profnndoe huecos, antiguos fosos casi escombrados
hoy y que fueron los primeros trabajos de un pretendido canal que hubiera unido el
Nilo con el mar Rojo; este proyecto se abandoaó por su mismo autor, tambiPn bace
millares de años. Nótase aún la magnífica obra, colosal como todas las antigüedades
del Egipto.

IV
LA FUE:\"TE DE MOJSÉS.

III
LA. Clt'DAD DE Sl:EZ. LA FUE:iTE DE

Mo1sts

La población árabe dista más de onatro millas del puerto propiamente dicho, don.
de están las oficinas de la compailía del canal; los bo~es atracan á lospequeftoe muelles
de éete á su entrada, y de allí tómaae nn tren que conduce á Suez en unos treinta
minutos.
O·. ra vfa marítima conduce también á la ciudad por el canal y á uno de sus ercapea
que sirve de puer~o para la caria que se hace eu lanchones y bo~ee.
El paisaje que ofrece el primer camino es frío: sólo Untas claras entre un árido
terreno plano, dibujan ya el canal ó los aren alee.
El segundo camino deja ver hacia PI lado izquierdo del canal un alineamiento de
casas de madera, de formas y estilos diferentes, adornando eus fachadas una calzada
d~ árboles, (acaciae) que le da magnífico aspecto, más aún, cuando ea el único punto
verde en medio de la aridez más completa.
Empieza éEta calzada en la punta saliente hacia el golfo y BE'I prolonga á media
mil!a canal adentro, recta, formando con bloca de piedra muck moc de los costados
del canal, el otro costado á 70 ú 80 metros, acaba la angosta entrada de eea obra, la
primera de.l mundo, por eu utilidad.
M~ bien triste que ac"ivo en movimiento. apénas ee ven uno que otro lanchón
atracado á los mnellecitoe y el reato de canal eíempre libre para de,jar expedito cami•
no al barco qne entra ó sale.
La vista en aquel extenso horizonte no percibe sino los inmensos arenales del de•
sierto, una que otra caea cuadrada y polvo11a, rodeada de un corral donde deEcaman
tres 6 cuatro camelloe, y hacia el l E.) la población de Suez sobre un terreno un ~oco
más elevado¡ en fin, el canal que pronto ee t-ierde entre las vueltas que dá en aquel
terrPno, dPjan::lo solo adivinar en dirección por los palos de loe ba1cos que de uno en
fondo marchan ó navPgan á poca máquina (3 millas por hora) ya en dirección del Me•
diterráneo, ya en la de el mar Rojo. Es curiosa y triste éat.a preepectiva· parfce que ¡08
barcos eetan enterrados hasta su casco, sobresaliendo apénae sus pal~e; eemeja aqueUo un cementerio de las flot.anres I.J.abitacionee marítimas.
Llegado al escape, Wma el bote nueva dirección por entre un eín fin de bajas dra•
gas, pangflS cargados de Jodo ó piedra, otros con inmensos gualdrones de madera que•
madoa, ouos llenos de cadenas 6 fierros de todos tamai'l.011, ya flotando cabom ó habitaciones tra!!portables de obreros, en fin centenares de botes liurcoa luciendo sus vela,
latinas de artístico corte, hechas de lona y pi atadas con una estrella, con otras figuras
á grandes ra 11gos y con varios coloree; todo es~ conjunto de material flotante atracado en el escape, especie de lago que se une al canal y que permite el paso de embarca•
[11 Un enorme tiburón nos rocleó, comoi:i tratara d&lt;.&gt; reeonD&lt;'or el barco. no at'eptó nlng\,n cebo que
se le pu..c;o. y después de dar tres vueltas oompletas se alejó mnjei;tuO!,O ha~tn perder-;e de ,·li;tn: medlña
tres metro~ r medio ae largo.

•

EL MUNDO

•

En la márgen [E] del golfo, á unas 6 millas por aguo. y,3 por tierra está, eohre el
camino del mon'8 clinai, la fuente de la tradición, la que Moieée hizo brotar d" la
pied.ra para dar de be;:er á los Israelitas sedientos en su peregrinación á la t-ierra de
Canaán.
En bote basta la -playa y de allí en camello, llégase á
la fnente; un tupido bosque de palma-datil crece expléndido á. la humedad que proporciona esa fuente de
agua cristalina. La roca de la tradición de donde nace
el venero está. encerrada bajo un departamento de mampostería y de allí por un angosto y corto canal hecho sobre el anelo depoeítase el agua en una pequeña alberca
al lado de un jacal de madera, habitación del guardián;
una gran parte de terreno cultivado y rico por el egua
que lo riPga aparece cubie;ro de algodones y café y hacia otra pane distingueee á corta díetanc:a la sierra de
Djebel Kabah á cuyas faldas está eitnada la fuent;e y
que aúa es el camino del desierto que conduce á la tie•
rra santa.
Sobre las rocas que forman la abertura del venero ee
encuentran esculpidas unas frasea en hebreo y sobre las
paredes una multitud de nombres de los visitantes¡ entre
ellos cuéntanee algunas ilustres firmas, de príncipes y
reyes, la de Zola, famoso escritor, la de Jul,io reme, la
de Alo.rcón y multitud ae firmas de ingleses; allí tambien
hoy día figuran firmas americanas; terminada la visita
á esta foeote histórica volvimos otra vez á montar nuestros apacibles caballos y de allí á bordo doode se preparaban ya á entrar al canal de Suez para continuar nuea•
tro camino hasta el Medi~rráneo.

De Suéz á Iemailia, a1raveeando la mitad del canal á
corta velocidad níamos deElizaree con euave lentitud las
potentfe d10gas que trabajan en diatintos tramos desa•
zolvando 81 fondo del gran canal y arrojando por grue•
aos tubos de fierro el lodo hacia lae riberaa: después las
eet.aciones: ~onde con eignos marcados por medio de
bolas de distrntos colore13 1 suependidas del cemáforo, indican ei está el camino libreó ai hay que eeperar el paeo
de algún otro vapor.
·
Loe lagos salados amargos Ee han paeado á gran vPlocidad, pero en tramos cortos df 5 á 6 millas: por fin llega•
moa al lago Trincbot, apartáDdonosde la hilera de b01as
rojas y nos dirigimos al foDdeadero, frente al boEque de palmeras que circunda á' Is·
mailia.
•
Habíamos gastado de Suez basta eea población 9 horas para navegar; 40 millas
anduvimos at&gt;í con la misma velocidnd de 4 m. 4-l pcr hera.
Fnera del oasis delsmailia, todo lo demás et1 desierta planicie y aridez, Jo que for~
roa PI horizonte que se estiende por todos ladoe.
Fondeado el barco, nuestro bote bogó como 1.1iem.pre, conduo1éndoaoR á la pobla•
ci6n. Un mnelle corto, la playa arenoea y baja, y de allí parr.1endo el agrupamiento
de esbeltas y ahfsimas palmeras, en cuyo intervalo veíaeeaparecu las ca~as de made•
ra y ladrillo.
Ismailía es el punto de unión de todos los caminos de fierro en el Egipto y por to
tanto frecnentado por toda clase de extranjeros.
'
Es la habitación eeoogida por la compailía del canal, y vénee familias franceHe:
qne predominan en la ciudad.
&gt;
.C_onstruidas en línea recta las callee y rodeadas las casas de palma que eombrean
y mitigan los calores que la mayor parte del año se eieDten en la ciudad 1 está irrigada
por un CBL&amp;I, que parUeodo del Nilo cerca de Zagazig es 1:l primhivo ui t-dio de comu•
nicacióD que 1.rojano deede bace miles de af'ioe construyó. con~¡ objeto de unir el .Mar
R~jo con el Me~1terráneo; la diferencia de nivPl ,y otras dific~l1aried de aquella é~oca,
deJaron á medms E!l proyecro.y ~º'' ese canal s_1rve de med10 de comur icaci6n 1 ara
pequeflae embsrcac1onee¡ lo pr10.;unal y más cunoao de eeta obrn ant.iquisima, son 188

V
ALGO SOBRE EL CANAL DE 8UEZ

Ballar/nas árabes.

El importan.te canal que une el Mediterráneo con el
Mar R ]'l, hacrnndo las comunicaciones de la Earopa con
el ~&lt;iia fácil.ea y cortaa, ~e inauguró ª"lemnementeen 1859
baJo el gobierno de E01m Pachá; t.iene una longitud de
80 milla~, una profundidad común de 30 piéa y una anchura que varía entre 70 y 90 metros. Hiendo un metro
más largo del lado del Mar R)jO eetablécese de Sur á
Nor,e una c~rriente que se acentúa más en Jas altas ma•
reas; el oootmuo deslave y la corriente tienden á azolvar!? por lo que hay un constante trabajo de Dragas que
arroJan á loa costados del canal la arcilla que le forma
un nuevo bord~, siendo bastante estrecho para que no
puedan pasar amo nn. solo barco, estoe caminan de uno
en uno con poca velocidad (3 millas á 5 millas por hora)

CAIRO.

C•lle de Kormar en Suez.

�DOMIIGO 17 do OCTUBRE de ,197

EL MUNDO

DOMIIGO 17 de OCTUBRE de

eeclueae, estanques esc·alonadoe sobre el mismo canal, que facilitan á las pequefl.as em•
barcaciones subir y bajar niveles de más de 60 meliroe.
El meca .ieooo es bien sencillo é ingenioso; cuéntese para ello con la corriente del
más alto nivel, que es constant.e, y el procedimiento es facil de comprender:
Si un barco p~quefio trata de tlllbir, evtra al primer t'BlB"que, ciuran en seguida
l:i. compuerta y lo llenan de agua h1t1~a el nivel del eet.anq•1e inmediato superior,
Mi el barco paea dtll primer al segundo estanque; la misma operación ee hace para el ter•
cero y el cu11rto, as1 ea que de estanque en eetanque va el barquito subiendo cierto nú•
wero de metr_os baeta que ee encuenira en la parte alta del canal y e1gue aai su ruta
hasta S11.ngaz1g 6 más allá.
Si u11a nubarcación baja, se evacuan loe eetanquee en vez de llenarlos. Eeta ope1 ación i:-t: hace en menos dt: media hora.
Cuando la eeclusa no funciona, el a.gua pasa libremente á loe costados, y si bajan
, mbarcacionf:'e se llenan primero todos loe ea,anquee y después se vacían, empezaudo
por el de arriba. Et dtn!Cenao ee más rápido que el aecenec.
En las callea y·plazaa nótaae esa algarabia 1 ese bullicio de toda población activa y
comercial donde ei:, mezclan loe tipos de tres continentes; Europeo, Asiático y Africano.
Turbantes blaucoe y rojos, terbouc,h rojo también con sus borlas negra.e, earacof
de corcho y lino, cubriendo las cabezas de loe europeos y egipcioe, y loe Df·groe de
Abisinia casi siempre descubierta la cabeza, l,levan collares de chillantee coloree, de•
jando lucir la_blal\ca hilera de sus dentaduras y de sus globos ocularee¡ allí empieza á
notarse el pollglottsmo, no hay pafe del mundo donde se hablen tantos idiomas, donde se vea máe variedac;l de mod;\e y de tipos como en el Egipto¡ como pueblo de trán!!ito, casi todo ea provisional en materia de edificios á eecepc,ón de las estaciones de
trenes, y maestranzas. Pero dejemos á hmailia.
Instalémonos en el tren para Sangazíg y el Cliro, ee nos eFpera grande impresión
al atravesar loe campos cubi\:!rtoa en otro tiempo por la sangre de mil razas, se.nbrad~s de pr-rtentoeas reliq11~as_ que han deja~o sobre el árido país generaciones que vimer?n antes de la era ~me ,rn~a. !dolo~ gigantea, momtruosoe Lemploe, pirámides y
obehecos qne tocan al cielo TOJO del Afnca, montaf'las de g-ranito áridas y abruptas ó
rnbterril.ot'CJB inmensos donde se ocultan las tumbas de los faraones, ptulomeos. kediYes de todas. he ~pocas lt&gt;gr,_ndari~~ _de eee p~ís eaoto ó infiel, cuna de Gleopatra y
de tantas mnJeres de la B blia. \ 1s1tar el Catro ó como ee dice en egipcio El Ka-

vistas oaletdoscópicae, unas veces como hundidas en el terreno 1 airas eobres.aliendo aiNsae sobre uoa loma 6 accide:1te del suelo.
.
Por fin el r.ren, arrojando sue últimas. bocanadas de _hu~o y d~jando ~ir sonoro
ailba,o anuncia nuestra llegada á la E':ltac1ón, hermoso edlfic10 al estilo mor1sc_o, mezclado europeo por eue bóvedas de fierro y crist&amp;.1 qua c~bren la grande ee~ac~ón; pa•
eados loe andenes amplios y resguardando el orden, erguidos gendarmes ,eg1pc1os, oon
su terbouch rojo, m cara de bronce, eu cuerpo atlénco cu~10rto con tumca blanca,
pantalón del mismo color, bota negra y la inaignia de autoridad, un palo corto Y ne•
gro que llevan en la mano.
.Pasada una arquería ojival, amplia y esbelta, éntraee al gran vestíbulo donde una
turba de cochee luJosoe, calezae 1 ómnibus, etc., arrastrados por troncos más 6 ?1~~os
bien cuidados y conducidos por cocheros árabes, turcos, egipcios, negros de AJ:na1ma,
cada uno en su traje y hablando todos los idiomas, oe invit.an con gritería ensordecedora á montar¡ no hay tiempo, se toma un coche de toldo de lienzo amplio, ventilado y bien dP.1:cubierto para curiosear las avenidas, hasta 1~ puerta ~el h_otel donde
se arreglarán loe bagajes para pasear de turistas el Cairo y visuar lae Ptrá1mdee.
.
Al trotar de nu~etroa jamelgos nos lleva el coche por lae amplias callee del barrio
:Europeo hasta el Hütel.
. .
El Cairo, Capital del Egipto, asiento del comercio del mundo entero, !adicamón
de todas lae razas de la Europa y del Asia interior¡ ·es un pueblo Ct)Bmopohta por ~xcelencia¡ reúnese y mezclase toaa uoa babilonia de ra1;aa, idiomas y costumbres¡ 10•
cluyeudo el cüpital extranjero y aun también su polític11; han traoeforroado á la población convirtitmdola en ciudad Europea por BU8 ed1füaoe, y aun ea lo íntimo de las
coetumbree á ese pueblo antiguo como el orbe, cuya sangre representa la mezcla m~s
variada de todos loe séree. Sm embargo, han sabido reepetar los amantes del renacimiento, á los grandes y suntuosos edificios de la primitiva edad africana, y. hoy ~u orgullosa mole se levanta más artfetica, más bella entre ese maremagnum de e1lD:etr1a, de
t.Btética, de adorno poco durable, de eecult.ura eudeble, comparada con la sólida cona·
trucción. de la maciza y vieja arquitecmra er..egr¿cida por el tiempo; respetada P&lt;?r loa
siglos, como infalibles reliquias de una era grand.ioea, como las pasadas generaciones
que repn-sen a.
.
LR ciudad se extiende A la margen derecha del Kilo, en el punto exacto de la b1•
furcación de su gran delta que proporoiolla 1 avanzando hacia el l\1"dituráoeo las bocas de Roseta y Damieta. Hacia el Sur, la vieja ciudad, el C~uro antiguc, be.fiado por
el Nilo, y en frente la inmortal Gizeh; á la otra margen del no, ofreciendo au pan~ra,
ma eterno, antiguo como loe siglos, soterbio como loe monumentos, rudos ealv~JeB,
cientlficos y magnos qlle lo adornan, las bíblias de piedra, las montafl.aa geomé~r1cae,
las grandes pirámidet1 ref!petadae por el impacable tiempo, prueba eficaz de eu 1mpe•
rec~dera, altiva y monstruosa presencia sobre el planetn. ........ .-serán quizá los ÚI~ic?B
1,estigoa que presencien y aguanten la destrucción en el fin del mundo como la b1bha
uos 10 pinta ...................................... .

;1

,ao,

EL MUNDO

173

lras ~rondes @,Maniobras J\llilitares de este ano, en -1\lemania.
[ Veanse

0

.Nueatro• Grabad.osº.]

ll
l,A POBLACION,-LAS

Vendedor de plátanos.

hiráh ó la victoriosa, era pisar las arenas que cubren el mausoleo aagrado de la l::.uma-

na hietoril\ rtspetada por loe eigloe; era abarcar de una sola mirada el circo de todas
las ha1:añas célicae del mundo entero.
Egipto tiene máe alrededores y ha ocupado máe la atención de loa sabios, que
Roma 6 Grecia.
Estudiar el Egipto es escudriñar las foentes del saber humano, ocultas allí como
lHCanoe insondables entre ese maremagnum de geroglíficof!, columnae, pórticos monstruos de granito, antros cavados á pica, todo coiosal. ........ todo sublime.
Allí todo es grandioso, lae creencias apaaion11.das son i!l vorágine que mata, son la
lucha ein cuartel ni tregua que des~ruye á lae razae.
La sangre humana ha llegado á. ser en épocas la eavia que alimerita á. la acacia,
palma y s:c)moro que crecían endebles y hoy prodigioeamente grandes dúule al árido terreno un aepl'c~o de vetustéz, de nobleza y arrogancia; las pirámidee, monrafi.as
de granito elevadas por la mano de aquellos hombrea, son la cana de deeafío que el
hombre envió á la natur.aleza ........ .
El hombre como ella, construyó montañas que el tiempo re.spetará, y el PPpacio
corona aquella Pempiterua obra de titanes, prueba magna de Je. energía ue la ilustración y de la actividad de aquellas razas, hoy convertidas en Eutil polvo.
A todo vapor cruzamos el tramo que lleva á Sangazi~, población hoy enriquecida
por la industria algodonera; media hora en eea población y al vuelo de tren, veismos
sobre el campo lae vetustas ciudades que blanquean ó hacen brillar al sol sus moriecae
cúpulas de mosaico ó Pus toree esbeltas como agujas que erguidas ee deetacau á die•
tancía, como inmensos pararrayof!.
Hacia la derecha, sobre·e:1lie;ndo de la planicie rf'jo-griR arcos 6 columnatas, desquiciadas unae, otras ergnidas y trüncae, se levantan en medio de un pl:.'dn gal pavoro·
1m donde crece la earza. Son ruinas de un templo, de una ciudad cuya vida se remonta á más de diez mil ai\01:1. Por fin, ya se acerca la gran ciudad.
El Kahfráh la t'ictoriosa, el Cairo ¡qué solemue aspecto! ¡qué magnificencia de estilo!
¡qa~ morbidi!z en lae eiluetae del pP.aorama! ¡qué altivéz en &amp;quPllaa manchas rojas de
arcilla ó verdea de palmas, 6 blancas plateadas de las aguas del Nilo, y ~quel laberin~
toé ioe:xplicable agrupamiento de torre!!, cúpulaP, almenas, colnmnae que eobreealen al
tivae, relucientes y gracioeae, de un f!ernbrado de caeaa aha~, irregulares, piotadas de
mil colores, combinadas con arte 1 ya formando cuaOro!, ya hermoeíeimas y variadas

1lEZQUiT..\.S,-EL

.ALCAZAR DXL KEDlYE,-LA CIUDADELA.

Lo más facil es conseguir uno ó varios cicerones, pero lo peligroso ee la especula•
aión que éstos ponen en planta para sacar dinero al tourista.
Loe hoteles poeeen un número de éstos que á. precio de tarifa arreglan las dife•
rentes uaveeías dentro de la ciudad, la visita al Corre:, antiguo, el paeo del Nilo para
Gizeh y la c::i.ravava de esa población á lae pirámides.
Aceptamoa á 2 Cicerones que nos pasearían el primerdíaporlae 2 ciudades y else~
gundo iriase á. visitar las pirán11dea,
En uuestro vehículo abierto paseamos en primer término por loe nmzki 6 boulevares, aeieuto del comercio, y cen~ro del movimiento más activo de la capital, ¿qué va•
riedad más h~rmoea ofrecían allí las escenas callejeras! eepléodidoe carruajes tirados
por soberbios uonooe de caballos árabee, sillas de manos sobre la jiba de dod camellos
enjaezados Cl n ricas mantillas de terciopelo y bordado de oro, conducían á damas
egipcias luciendo entre lose&amp;camados cojines de felpa y oro uaa verdadera expoeició'l
de Joyas y ,ela"B preciosas, ocultando eu cara trae de la red negra que la cubre y dejando vtr rnlamente ene ojos negros y hermosos¡ deepuée un gr11po de extranjeros 6 natura!ee, i;obre ~giles burros enjaezados con ancha a ~jlJaa negras trotaban en todas direc·
ciom•e¡ á. la eu&amp;rada de una ancha avenida un gigantesco carro de pesadas ruedas,
arraetrado por magnífico y corpulento elefante, lleva carga n.aeta una altura de cua\ro
metros, eCJportando en su gruesa cerviz al conductor; multitud de si!lad de mano todas cubintae de frllpa 1 6 t~•pidas cortinas ocultando á la viste. del onrioeo su carga
femenil á. no dudarlo, eostiénenee sobre los hombros de cuatro negros cubier¡os con
un dtdau~al de lienzo b!a•oco, collar de perlda falsas al cuello, y pulseras en el pullo y
brazo de metal relucient-e¡ en las anchas banquetas pulula toda una miecelanea de
un1formee rnilitaree, de moros, turcos, árabes, ephais, soldados ingleeee, mezclando á
la multiplicidad de formas y coloree el relucir de galonee dorados 6 de plata,yen lapoblac16n civil y extranjera mezclandoee también lae mil formas deeombreroP, cachuchas
boinas, parasoles de mil formas, ya simples hojas de palma, ya envarilladoe paraguas
de todoe colorea y tamafioe, ya grandes abanicos de pluma ó madera; de lae aceras ape·
nas puede darse un paso no t.amo por el número cuanto por el imrueo, lo estorboso
quti t'B el vendedor ambulante, el amansador de macacos, ó de loe solícitos é 1mper•
t,inentea cicerones que oe siguen con tenacidad, en las plazas¡ es aquello una reunión
de toda clase de an1malee, elefantes pegados á sus carros en espera de ca.rga ó solicitantes; 03mellos bien aparados en espera de Jinetee, burros en grupos bullicioeos y listos también para correr en romerías por donde loa llevan, coches de sitio de to~ae for•
mas, calesas, sillas de mano, todas en hilera, ya á la sombra de loe edificios, ya en ple•
no sol que reverbera sobre loe toldos y techos de tanta variedad de vehfculoP.
El palacio del Khedive, es un edificio euntuoao 1 agrupamiento de un incontable
número de cúpulas, ya lustroeas por el mosaico, ya opacas, negras y como torcidas,
marcando sus aristócrata~ siluetas en el azul del cielo¡ unas máe altas, otras bajas,
unas anchas comprimidas, las atrae alargadas; hermosas arquerías de estilo morisco,
ventanas largas, ojivales, cubiertas de vidrerfa de coloreP, vense en todas lae torres y
en todos los pesados muros de caníeria roja 6 gris de tierra; balaustradas de piedra
macisa circundan al palacio dejando un eepacioso parque de cesµed sombreado de ee•
beltae palmas, opulentos tamnindos y añejos sicomoros.
En las avenidas y iiórticoa, caminan á pa':lo firme y orgulloso loa soldados del
Khedive arrastrando como el moro de Carpio su alfanje uor la arena y f!U fusil Mau•
ser al hf)robro. Marcial ee el porte de esa guardia del Khedive. Veíamoe tambien
raros edificios como fortalezas, cerradas por todas partee á. la vista curiosa del traneeunte ¿serían acaso eeoa famoeísimoe hareme de loe grandes de Egipto, aunque con su
formidable apariencia de fortalezas, el militar brillaba por su aueei..cia y las odaliscas
bien gua¡dadae se ocultaron también á. nuestra curiosidad? solo en fotografías pudi~
mos com1ervar algnoas.
Paeábamoe de loe cuarteles comerciales de la capital y entrábamoe en la población
árabe 6 egipcia como queraie llamarle. .El tipo ee confunde, eue costumbres y su vida
eue ca~ae y eue ha.bito ae asemejan¡ callee ango~tae y tortuosas, balcones cerrados, eiem~
pre ocultne á. la vista de la calle, ealientescomo si quisieran reu:airEe uno con el de la
casa del frente, cordones con un ceeto ¾1ndíanse de uno á otro balcón, en prueba de
amistad entre dos familias, por que aquel gracioso ceeSo ee el que lleva y trae de balcón á balcón regalitos, cartas, fruta pasada, almendras, higos ó dá.tiles ......... ¿Cuántas
cositas no diria eee mercúrico cesto si hablara ...... De vez encuando una acera se junta
c.:n la otra por un puente que oscurece el paso como ei fuera túnel, después l!igue la
calle, siempre chueca, angosta, tortuosa; en ~a esqu!na de una encrucijada un grupo
de mujeres todas cubiertas lae caras con eu manto á lo largo del cuerpo, deecubreJÍ
eua brazos torneados que eoet.ienen á lo alto de su cabeza un jarrón de barro blanco
lleno con el agua que secan de un pozo profundo, cuyo brocal tosco y desg~etado por
el continuo roce de loe cántaroe que han dejado allí huecos redondeaaoe ó surcos, marcando la huella de la reata anudada y podrida, unida á. bota de cuero de camello que
sirve para sacar el agua de la profundidad.
'

l!a entraaa ael $mperaaor en Tu)urzburg.

•
•

(Continuará]

(arupo ae Oficiales e¡i!ranjeros.

1

�EL MUNDO

DOMINGO 17 de OCTUBRE de llg7

•14

SL MUNDJ

DOMINGO 17 de OCTUBRE de 1lg7.
EL JUBILEO DE UN REY

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Osear II, rey de Suecia y de Noruega, acaba de cele·
brar el 25? aniversario de eu advenimie~to al trono con
animadas fiestas en que han tomado participación tpd_as
las clal!ee sociales de Stokolmo.
El rey de Suecia es sin duda uno de los soberanos más
queridos y populares de nuestros tiempos y eeto con
mucha justicia. 0:1car ea reconocido como un monarca
liberal, eaamorado del progreso de au país, de hábitos
eencilloa y de gran ilustración.
Ee común verlo á pie en las calles de su capital, sin
acompaff.amiento alguno, dirigirse, ya á la bibliJteca, ya
á los museos que fomenta con especial esmero, deapren•
diéndoee frecuentemente para este fin de gruesas aun::.ae
de eu propio peculio. No hayempreea de alguna significación que no encuentre en él un apoyo decidido. Así
por ejemplo, cuaodo Name11 c_oncibió eu temerario via·
je f1e derivación al Polo Norte, Q.,:car II, se suscribió con
veinticinco mil francos de su propio teeoro, para. la ad·
quiaición del Fram y prestó ú. la empresa eu decidido
apoyo.
La reina de Suecia ea una dama hermosa aún, afable,
ilustrada y c~ritativa y tan popular como su esposo en
los do~ reinos unidos.
Al Jubileo de Oeoar II1 conc.urrieron numerosos príncipes de las casas reales de Europa.

Osear JI. Rey de Suecia y de NorÜega.

EL MUCHACHO ESPIA.
LAMABANLE 11niño Stenne.i) Era uno de estos muchachos pa-

rieienees páluloe, flacuchos y ente~?B; aparentaba unos. diez
años de edad, Ai bien tal vez h1bía cumplido ya loa qumce¡
pero ¿quién averigua la de estos mocoeueloe? Su madre ha•
bía muerto, y su padre, que fué mucho tiempo soldado de
marina, era guarda de un jardín en el barrio del Temple.
Loa muchachos, lae niñeras, las anciaoae pobres, las mnJeres desocupadas, en una palabra 1 todas las pa~eantes Y aco~pafiantea deniñoedeParís queeeponen á salv~ d~ loecarrull_JeB
metiéndoee en loe jardincitos del as plazas pubhcae, conoc1an
al padre de Steüne y le querían mucbíeimo. Sabian que bajo aqUE•lloe: bigotazos que tanto miedo daban á. loe: perros Y
á loa ni:fios traviesos, E.e ocultaba una sonrisa de booachón,
tierna, oasi maternal, -y que asomaría á sue labios en cuanto le preguntasen:-¿Qué tal, qué hace el niflo?-¡ Le qneria
tanto! Era tan feliz cuando al anochecer, concluida ya la clase, C('lmparecía el muchacho y daban los dos juntitoe un pase" por las calles del jardín, parándose en cada
banco para saludar y charlar un ooco con loe asiduos conc1~r.ren~es.
Desgraciadamente el sitio todo lo cambió. El jardín de Stenue fué cerrado Y .convertido en depósito de petróleo, y el pobre hombre, oblig~do á uoa contínua v•glian•
cia, pasaba el tiempo en aquellos desiertos y destrozados islotes de floree y arbustos,
eólo sin poder fumar ni verá su querido hijo basta ya muy tarde, cuando se re~iraba
1
á au casa. Por eeto era tan curioso observar su bigote cuando le hablaban de loe pru•
sianoa ......... A eu hijo, no obstante, no le desagradaba la nueva vida.
.
¡l:"n sitio! ¡Qué cosa tao divertida para los pilluelos! No hay eec11e.la1 se cierran
las clases hay vacaciones todo el año y las callea como el real de una fena ........ .
El m~chac1lo pasaba todo el día corriendo de una parte á otr~. Yda.sele d~lante
de los batallones del barrio cuando iban á laR forti:ficaciouea, ernog1endo siempre á los
que ttinh1n mejor handa de música¡ á decir verdad en esto estaba muy fuene el chiquillo y podía explicará cualquiera que la ddl 06 no valía .gra~ .cosa, pero q~~ la del
55 era excelente. O&amp;ras veces se entretenía viendo hacer el eJe1c1c10 Á los mov1hzadoe¡
además todas eetas coeae traían cola ........ .
Co~ el cesto debsjo del brazo, tomaba puesto en los grandes _corroe que Ee formaba en las oscuras mafianaa de invierno á las puertas de lae carnicerías y panaderías.
Allí, con loe pies metidos en agua, trabábanse amistades y se hablaba de política;
y como el chiquillo era hijo de :M. Stenne, todos pedían su parecer. Pero lo máe dL•
vertido eran las partidas de chito, aquel famoEO juego de galodia .Puesto en moda dunnte el @itio por Joa movilizados bretones¡ as( es que C1!,,,_1t.odo el n~ño no estaba en las
murallas ni en las panaderías, era eeguro encontrarle en las part1_daa de gal?cha d~ la
plaza del Cháreau d' Eau. Naturalmente, é) no jugaba; ee necesita demasiado dme•
ro para jugar. Limitábase tan sólo á. contemplará loa jagadores, ¡pero con qué gusto
lea miraba!
En particular uno, que llevaba blusa azul, y que eólo apostaba piezas de cien
1meldos, excitaba su admiración. ¡Cómo se oian scnar las monedas allá en el fondo de
sus bolsilloE!
Cierto día, al coger una moneda que rodando había llegado basta los pies del nifi.o Stenne, el muchacho le di Jo en voz baja:
·
-Te guata el dinero, ¿verdad? ......... Pues si quieres te dire dónde hallarás mucho.
Terminada la part.ida lo llevó á. un rincón de la plaza y le propuso que le acom,
pañara :í. vender periódicos á loa prusianos; pagaban 30 francos por cada viaje. De
pronto Stenne rechaz&amp; indignado tal proposición, y bacta, á cooeecuencia de ecto, ea\uvo tres días sin volver por allí. ¡Tres díae terribles! No comia, no podía dormir;
por la noche ir:Üaginábase ver montones de gal-Odws formando uoa inmeoEa columna

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La Reina de Suecia.

al pie de la cama y relucientes monedas que rodaban por el suelo. La emoción que
eEto le producía era extraordinaria; al cabo de cuatro días fué de nuevo al Ch,lteau
d' Eau, habló con el tentador y, se dejó Eeducir.
Una mañana de mucha nieve marcharon con un saco al hombro y loe periódicns
ocultos en las blusas, al rayar el alba llegaron á la puerta de Flandes. El movilizado
tomó á Stenne por la mano, y acercándose al centinela, que era un buvo eedemario
de nariz encarnada v aire bonachón, le dijo con voz humilde:·
-Déje1 os paear, buen hombre ......... Nuestra madre eetá enferma y el padre ha
muerto. Yo voy con éste, mi hermano, á. recoger en el campo algunas patatas.
Al pronunciar eetae palabras lloraba; Stenne, avergonzado bajó la cabeza, y el
ce:atinela, después de mirarles por un momento, dió un vistazo por la blanca y desierta ci rretera y
-Pasad corriendo, 102 dijo, apartándose j,e aquel sitio.
Siguieron por el camino de Aubervilliersi el movilizado iba riéndose descaradamente de lo ocurrido.
,El eepectác11lo que ante loe ojos del nif'ío S~enne aparecía, más tenía de sueño que
de realidad: Fábricas convertidas en cuartele@; desiertas barricadas llenas de húmedos harapos; largas cbitneneas vacías y descamiladaa, que atravesando la espeea nie•
bla, parecían remontarse al cielo; de vez en cuando, algunos centinelas, algunos ofi •
ci1ilea con el capuchón puesto y con loa gemelos en loe ojo¡i;, mirando á Jo lejoe: pequeñas tiendas de c:i.mpaña mojadas por la nieve derretida, delaute de las cuales veía.me
triete~ y moribund"e fogatas. El movilizado, que conocía los caminos, se apartaba
de ellos para evitar el encuentro de cuerpos de guardia, Con todo, no se libraron de
hallar una guardia avanzada de francotiradores. Los soldados estaban envueltos en
eue capotes y acurrucados allá en el fondo de un foso lleno de agua á lo largo del ferrockrril de Soieeons. El movilizado tuvo que repetir el embuste, pero esta vez no les
dPjaron paaar adelantf&gt;, y mientras se lamentaba, salió de la casa del guardabarrf'ra
un eargento ya viejo, lleno de cauas y muy arrugado, que ee parecía al padre de Sta·
nne, y lee dijo:
·
-¡Vamos rapazuelos, no lloreiel Ya os dejaremos recoger vuestras patatas; pero
antes entrad y os calentaréis un poco ......... eete pillín tiene cara de frío,
Pero ¡ay! no temblaba de fria el pobre Stenne, eíno de miedo y de vergüenza ...... .
Ea el cuerpo de guardia vieron algunos soldados que1 agachados alrededor de una pe•
queña hClguera, proc11raban desprender unas galletas clavadas en las p1111tas de las ba·
yonetae. Dieron CP.bida en el corro á los muchacho!, ofreciéndoles una copita y un
poco de café.
Mientras bebían apareció en el dintel de la puerta ·un oficia 1, llamó al sargento,
hablóle muy bajito é inmediatamente desa?areció.
-¡Chicos! dijo luego el sargento entrando con aire satisfecho en el cuerpo de
guardia¡ esta noche tendremos tabaco......... Han sorprendido el eanto y Eefl.a de los
prusianos ......... ¡Nada! me parece que recuperaremos ese maldito Bourget.
E5to produjo nna explosión de br.avos y de carcajadas: y en tanto loe francotira•
dores blandian sus sables-bayonetas, bailaban y cantaban, aprovechando esta algazara, los muchachos se largaron sin eer vistos.
Al otro lado de las trincheras había una gran llanura, y en el fondo de ella nn
largo y blanco muro lleno de aspilleras hacia el cual se dirigieron, parándose á cad \
inetante y fingiendo que recogían patatas.
• -Volvámonos ...... No vayamos allí, repetía el nii'io.
Pero el otro1 levantando las espaldas, avanzeba sin cesar; de pronto oyeron el ruido que hace un fusil cuando le arma,.
-¡ Ecbate!
Dió entonces un silbido, que fué contestado por otro entre la nieve, y arrastrándose por el suelo avanzaron algunos pasos ......... Delante del muro y al nivel del tfrreno aparecieron unos bigotes amarillos, y sobre ellos una grasienta y ancha gorra
militar.
El movilizado dió un salto y ee colocó al lado del prusiano.
-Es m1 hermano, dijo entonces seiialando á su compañero.
Como el nifio Stenne era tan peque!i.0 1 el prusiano, que se rió mucho al verle, vió•
se obligado á tomarle en sus brazos para subir la brecha.
Al otro lado del muro había grandes terraplenea 1 ál-bole3 cortaioe, negros aguje.

•

�EL MUNDO

DOMINGO 17 do OCTUBRE do 1897

ai6

EL MUNDO

roe entre la nieve, y en cada agujero las miemae gorras de cuane1, loe miemos bigotes
amarillos, que sonreían al ver pasar los dos muchachos.
En un e:rhemo una casita de jardinero, forfüicada por medio de tioneos de árbo•
lee. En el fondo gran número de soldados jugando á cartas y cociendo la sopa en vi•
víeima llama. ¡Qué buen olor despedían las coles y el tocino, y qué diferencia con
el vivaque de loa francotiradores!
Arriba, o6ciales que destapaban Champagne y tocaban el piano. Al entrar allí
loe parisienses fueron acogidos con hurras de alegría. Después de haber entregado
loe periódicoe, diéronlea de beber y lea hicieron hablar. El movilizado divertia, con
su chácba1a de arrabal y palabrotas de granuja, á loP oficiales que ee presentaban con
aire alianero y malicioso. Loe prusianos ee reían, celebraban y repeiían con delicia
aquellos dicharachos de Paria que salían de boca del grandullón.
El nii1o s~enne deseaba hablar, auoque sólo fuera para manifestar que no era
un adoquín; pero algo de que no ee daba cuenta le contenía. Delante de él, y algún
tanto apar1ado, halláb:1se un prusiano de avanzada edad, algo más serio que eus com
pañeros, que leia ó hacía como ei leyese, porque sus ojoe estaban fijos en el muchacho. Con su tierna mirada parecía echar en cara al mño Stenne Jo que estaba haciendo, como ei aquel hombre Luvieee en eu país un hijo de la edad de aquél y peneara
para eue adentroe:
-Aotes prtferiría la muerte, que verá mi hijo en un oficio como éste.
Desde aquel instante á s~enne le pareció qt1e una mano extrafia le oprimía el co•
razón y le impedía lai1r con desahogo. Para Jibrarae de esca terrible angustia ee echó
á beber¡ pronio todo le parecfa que daba vueltas á eu alrededor. Oyó, entre grandes
risas, que su camarada se burlaba de loe guardias nacionales, de su modo de hacer el
ejercicio, ya representando una alarmo eu el Maraie, ya simulando un alerta de no•
che eu las Ionificacionee. Luego bajó la voz, loe oficiales se acercaron y sus caras to•
maron un aspecto muy gravP. E:&amp;aba previniéndoles que iban á tener un ataque de
loa fraocoiiradores ........ .
Ea,a vez el niño S,enoe, vuelto en sí, levantóse furbeo y dijo:
-Esto no, camarada ......... no quiero.
Pero el otro 1 que no hacía más que ieir1 conLinuó: Antes que hubiese concluido,
todos los oficiales estaban de pié, y uno de ellos, enseñando la puerta áloe muchachos:
-Andad al diablo lea dijo.
Y hablaron entre si ea alemán.
El movilizado salió satidecho con aire de gran señor, haciendo sonar el dinero
qne llevaba. Stenne le eeguia con la cabeza baja, y cuando ee halló cerca del prusiano
cuya mirada tanio le babia mortificado, c.,yó que con voz muy iriete le decía:
-¡No está bien eeto, no eetá bien!
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Fuera ya de las trincheras, echaron á correr por el llano y regrel!aron muy proa•
$0. Llevaban en un saco las patatas que loe prusianos lea habían dado, y con este
embuste paearon las avanzadas de francoiiradoree etn obstáculo alguno. Allí se pre•
paraban para el ataque de la noche. Nuevos refuerzos liegaban con el mayor sigilo
agrupánao&amp;e detrás de las murallas. El viejo sargento euaba1 con aire eat.isfecho,
ocupado en colocar los soldados. Cuando pasart'n loe muchachos saludólee con•cari·
i'loea sonrisa ........ .
¡Oh! cuán horrible fué pna el niño S~onel Un instante iuvo ganaa de gritar:
-Xe valláis alli ....... .. os hemos vendido.
Pero el movilizado le había dicho:
-Si hablae, 1:oe íueilan.

CONFESION.

•

277

DO ■ l•Go 17 de Octubre de 1897

El miedo le deluvo y calló.
Ea la Courneuve entraron en una oaea abandonada con objeto de repartirse el di~
nero. La verdad nos obliga á hacer constar aquí que el reparto se hizo eon equidad.
Al oir sonar el dinero debajo de las blusas y al pensar en Jae magníficas partidas da
galocha que se preparaban, ya no halló el nifto Stenne tan horrible eu delito; pero
cuando quedó sólo, cuando pasada.e las puertas le abandonó el movilizado, entoncea
loa boleílloe le ueeaban, y aquella mano, que le apretaba el corazón, apretaba de un
modo horrible. Paría no era para él el París de siempre; las personas que pae11-banpor
eu lado le míraban indignadas, como ei adivinaran de donde venía. Parecíale oir la
palabra espía entre el ruido de loe carruajes, entre el redoble de loa tamboree que ha•
cían el ejercicio á lo largo del canal. Por U.o. llegó á su casa, y satisfecho de que su
padre no esta viese todavía en ella, subió á su cuarto para ocultar debajo de la al¡nohada aquellas monedee quo tanto le pesaban.
Nunca había entrado el oadre de Stenne ó. su casa tan contento y satisfecho como
aquella tarde. Según noticias que se acababan de recibir, los asuntos de Ja naoi6n
presentaban mejor aspecto. Durante la cena miraba el aniiguo eoldaao el fusil caiga.
do en In pared y decía á su hijo coa su habitual y tierna sonrisa:
-¡Ah! ¡cómo irias tú codra loe prusianos si fueras mayor!
A eso de las ocho de la noche oyéronae cañonazos.
S11enan en Aubervilliere ........ Ha empezado la lucha en el Bourge~, dijo el buen
hombre, que conocía perfectamente aquellas fortalezas.
El niiio Stenne palideció y se fué á la cama pretextando estar muy cansado: pero
al hallaree en ella no pudo pegar loe ojos. Coru:: loa catlonazoe no cesaban, el pobre
Stenne se figuraba verá loe francot.iradoree que llegaba o por la noche al campamen·
to prusiano cJn el objeto de dar una sorpresa y eran víctimas de una emboscada¡venfale
á la memoria aquel sargento que le sonrió, y vc1íale tindid1 al suelo al lado de muchos de eus compafferoa ......... El precio de tanta sangre ee escondía allí, debajo de la
almohada¡ y él, el hijo de un soldado, babia sido el_que ......... El llanto le aLogaba;oía
á su padre que andaba de una parte á otra· en el aposent.o comiguo y que en la plaza
\acaban llamada, un batallón de movilizados se.reunía para marchar¡ sin duda se daba una gran ba~alla; el desdichado St.enne no pudo ahogar un terrible sollozo.
-¿Qué tienes? le pregunt.ó su padre entrando en el aposento.
El nifio, que ya no podía más, levantóse de la cama y se echó áloe pies de su pa•
dre. C,&gt;n los movimientos que hizo rodaron por el suelo las monedas e1condidae.
¿Qué ea esto? ¿Has robado? dijo temblando el anciano.
Ent.oncea el ni.no refirió de un tirón que había estado en el campamento prusiano
y lo que allí habfa hecho. A medida que hablaba le parecía que ee aligeraba el corazón y sentía que le aliviaba el acusarse á aí mismo .......... Su padre le escuchaba con
aire terrible; cuando hubo concluido el relato, tapándose la cabeza con ambas manos,
rompió en llanio:
-1Padre! ¡padre ......... murmuró el nifl.o.
Rechazóle el viejo sin decir una palabra y recogió el dinero, diciendo:
-¿Ee,á todo aqui?
Et niño hizo un gesto afirmativo. Entonces Somó el fusil y la canana y se metió
el dinero en el bolsillo.
-Está bien, dijo, voy á devólvereeloe.
Y sin añadir una palabra, ni tan sólo volver la cabeza, bajó de su casa para mez•
claree con los movilizados que salían aquella misma noche. Desde aquel día no se I&amp;
ha vueliO á ver.
AU'ONSO DA.UDET.

GRIS.

La luz en el pincel, y la armonía
Ea el riimo triunfal de la palabra.

1Qué antigua es la sentencia de mi culpa!
La instituyó la ingratitud humana;
No me sorprAnden virgen, tus designios,
Sólo perdona Dtoe á loe que aman.

Al ejemplo de seres bien amados
Amé el augue,o nimbo de las canas,
Y al calor de loa astros de la his,oria
Amé la liberiad y amé á mi patria.

¿Adorar ea un mal? ¿acaso un crímen? ... ..... .
¡Oh angell ¡oh verdugo! ¡oh bien amada!
~o me defiendo ¡nól ya estoy vencido,
Ya eetoy ea el cadalso, pero aguarda!

En mi edad j11veníl, cuando mi espíritu
En la luz del amor su fé bañaba,
En el Hmpido espacio eonó el srueno
PceCureor de una próxima borra'3ca.

Escucha, como escuchan los verdugos
Dc1- loe reos las úliimas palabras¡
.Acopia ,u deedén 1 oye t.r&amp;.nqu1la
La coufoeión posuera de mi alma.

¡Temblél no pusilánime ni ahi,o
De miedo áloe reptiles que se arrastran:
Tuve el espasmo del candor que an,ea
De as::ender hasta el sol, plega sus alas.

Juro decir verdad, juro en el nombre
De Dios que ea el amor y la esperanza,
Y por la ,ierra húmeda y bendita
Que loe despojos de mie padree guarda.

La sombra 98 acercó como serpiente ....... ..
Pero al morir Ja madre de mi alma,
En el idioma dulce de loe ángeles
Su beso post.rimer me dijo: ¡ama!

Mi conciencia aquí. está, limpia de culpas:
De mi exietir en la primer mañana
Con el idioma dulce de los ángeles
El beso maternal me dijo: ¡ama!

Y en medio de las sombras miré al cielo
Y vi una sola estrella que brillaba;
El abismo medí y ¡era pequeño!
¡S1 eras estrella sú, yo ,enia alas!

Y amé, amé los senos que en loa labio9
Ponen la vida y el calor que falta,
Amé la mano que meció mi cuna,
Amé la boca que bebió m:e lágrimas.

Con esfuerzo potente, sobre humano1
Mti lancé á la conquista de t.u alma.
¡Cuán infail mi a1ái!I: Fu! pebetero
Ao$8 la imagen viva de una esta,ua.

Después, postrado c&amp;n la vista al cielo
Amé ti la virgen de la veste blanca,
Y nunca, nunca desde en'6ncea, nifia,
.En l!UB altares mi oración le falta.

Mi culpa ha sido .)mar, ya bien lo sabea;
Y aún me consume del amor la llama,
Por más que lleve cual pendón deshecho
El cadáver.de mi última esperanza.

Cuando mi frente juvenil á impulsos
De la secreta inspiración del alma,
Se irguió con fiebre de virt·1d sublime
Pidiendo al Ganio luminosas alas,

E!!ta ea mi confesión, esta mi culpa,
¡Oh, ángel! oh, verdugo, oh, bien amadal
Aqui en el fondo de mi pecho herido
Está mi oorazón¡b.iérelo! ¡mata!

Amé lo hermoso, lo radiante y puro;
La eeirella, el cielo, el marmol en la plásUoa,

Oclubre de 1897

Qué iristea se presentan los campos en Otofio,
No existe ni un capullo, no queda ni a.o retofio,
Y gris tornó.se el cielo,
El cielo antes azul.
Se fué la charlatana viajera golondrina,
Loa nidos están solos, y .flota la nebhna
Surgiendo de loe lagos como cendal de tul

Al fin murió la tarde¡ tras au fulgoi:. escaso,
La fúnebre tiniebla ensombreció el Ocaso,
Y el astro de la noche
Ya enciende eu fanal.
Crepita la hojarasca dispersa en la llannra1
Y gime la huilota temblando de ternura.
Echada entre los surcos resecos del maizal.
Naturaleza mustia, na,uraleza fría 1
Naturaleza triste, mi eola poesía,
Ea todo el U ni veeo
Tu vasto panteón.
No bien ,lega el Otofio, no bien se acerca O~tutre,
Te cubres de hojas aeca9 como también se cubre
De muer~e esperanzas mi enfermo corazón.
Cuando la Ptima vera despierte á los amores,
Y fecundice el suelo, y traiga aves y florea,
Ya te alzarás soberbia
Del lúgubre ataúd.
Maa ¡ay! que yo abatido por negros deeengan.oe,
No cobraré las floree de mis primeros aflos ......
¡Se fué mi prim&amp;vera, ae fué ini jnventudl

Quran..-o Oaou.

JUAN

Oclubre de 9i.

B. DELGA.DO.

Corazón de sacerdote. POR H.

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
(coNCLUSION.)

de loe vitrales ......... No ee veían m:.í.'3 que toilettee femeninas, llenas de elegancia, aniformee militares de to•
nos variados, una confueión de coloree vivos y rientes,
un murmullo discreto ae vocea. cambiando saludos, rea•
puestos, obaervacioaes y, aun frecuentemente, crhicas
sobre loe que llegaban, cuyo nombre pasaba de boca en
boca.
Se produjo el silencio. La gran puerta acababa de
abrine, dejando entrar un alegre rayo de sol que se mez•
ció á la luz de loe cirios innumerables y á loe sonidos de
uaa marcha triunfal tocada por el órgano y acompañada
del golpe regular de loe bastonee de loe suizos re5pJandecieutea. Lucila y eu padre, Rager y su madre, avanzaron, seguidos de un grande cortejo replandeciente,
hacia el altar rodeado de verdura y de floree.
Los esposos, arrodilláronae y apareció el sacerdote
oficiante.
Muchas miradas se volvieron hacia él y no lo abando•
naron. Se sentía en la dignidad de su actitud, en la no•
bleza de su gesto, una fe tan ardiente, un tal fervor de
plegarias; cuando se volvía hacia la nave su rostro joven
teñido de una palidez mate, de facciones finas y distinguidas, leflejaba un piedad tao profunda¡ bajaba las mi•
rada.e sobre loe esposos con una exnreeión ian suave de
ternura, que·loe menos accecibles á la emoción, experi•
mentaban el encanto de una impresión io.enea, llena de
dulzura.
-Srbeis quien es este sacerdote? ae preguntaban del
uno al otro.
-Xo, no le he visto jamás ......... No debe ser de lapa·
rroquia.
-Es Monseñor de Beauval, primo de la señora de Sennevaux, quien debe dar la bendición nupcial; más en
•cunnto al o.ficiante ........ .
-Es un verdadero sacerdote en todo caso.
-Está muy bien.
- Decid que está conmovedor, querida mía.
- Yo no he visto j amáe una fisonomía tan pa\ética.
-Augusta, puede decirse!
Yó sé quien es, dijo uno de loe asistentes, mejor in•
formado ...... Es el preceptor del pequefio Jouvenot y un
íntimo del conde de Sennevaux.
-No ea posible!. ... .. un simple preceptor! ......... Tie•
.ne fieonomia de obispo.
-Lo será más tarde si lo quiere. P&lt;1rece que es un
hombre de gran mérito.
Sola, arrodillada t:n una capilla lateral, ignorada y
perdida en aquella multitud, una mujer de gran luto1
habria podido decir cual era la exteneió.a de e.ae mérito
y revelar el secreto del alma de ese aacerdot.e que consu•
maba su sacrificio.
Poco t.iempo antee 1 CharHer había sucumbido ti un
nuevo ataque, llorado einceramentt, por l\Iarta y por
Pablo. Fué él quien, consagrado todo á. sus santos deberes y dominaado eus angustiae filiales, dió á su padre los
supremos consuelos. En un postrer moment.o de lucidez,
Charlier babia enviado á en hijo un pliego conteniendo
sus voluntades y pagado con una mirada de inefat,le re•
conocimiento toda la deuda de su existencia purificada
y redimida.
A pesar de su luto recie.::ite, Marta, cediendo á las ine:tanciae de la señora de Sennevaux, había consentido en
asistir, oculta y deeconocida1 á la ceremonia que conea•
graba la dicha de Roger y el triunfo de Pablo. Ninfuua
súplica subió haoia Dios más conmovida, máe sincera,
que la que ee elevó de la capilla.
Estaba tambien entra loe asistentes un hombre que
parecía aislarse de la mul,itud, recorriendo lentamente
las navee y deteDiéndose de fila en fila como para pasar
una inspección minuciosa de las personas preeenteE.
Tendría cincuenta afias. Su rostro bronceado, quemado
caei1 surgía enérgico y vigoroso bajo sus cabellos ya
blancos. La dulzura un poco triste de sus ojos contrae.taba con la expresión de fuerza y de resolución impresa

en sus facciones y que acentuaba una arruga profunda,
entre sus dos cejas. Parecía ocuparse demasiado poco
del matrimonio y abeorverse en busca de alguien que
no encontraba ein duda. Porque antes del fin fuese al
pórtico, á la cola de loe curiosos, para asistir al deefile de
la salida¡ después, cuando esta terminó. apartase con ua
euapiro, sin notar á una muJer enlutada y á un aacerdo,
te, que salían de la iglesia por una puerta latera!.
Desde eu vuelta á Paría, Savinien de la Haye no teDía
más que un pensamiento: volver á eacontrar á Marta y
á Pablo, eeoe dos eeree confundidos en la misma predi•
lección, que habían llenado su vida. Jamás, desde el
día del drama de Ganneville, habí11loe vuelto á ver¡ ja•
más.hacía diez y seis afios 1 había oido hablar de elloe.
Después de la carta de Marta-la eola que recibió-habíase apartado obediente y fiel, para biempre, esparando,
según la palabra que ee le escribiera ......... la hora en
que sus cabellos emblanquecidos le permitiesen volver
como amigo. Su corazón desflorado apenas, no había ei•
do tocado por la corrupción, y vuelto ti sí mismo por el
soplo angélico de un ni~o, se había dado para siempre
á un amor único. Pero Marta le había dicho: No trateis
de volverme á ver!11 y temiendo su debilidad y queriendo permanecer digno de ella, valerosamente había abandonado la Francia y pedido á lejanos viajes la distrae•
ción, einó el consuelo, de la soledad.
Llegado á Africa como simple turista, sintió como una
revelación. Debía, pues, activo é inteligente como ee
sentía, pasar aAí su vida inútil y sin objeto?
No sería miis dtgao de la bien amada ausente, eano•
bleciendo eu exieLei:tcia y haciéndola productiva y glo•
rioea? Apoderase de él una fiebre de atravesar loe miste•
ríos de loe cuales el continente negro le ofrecía las pro•
fundida des ioeondablee¡ fué presa de la magia de lo des•
conocido. A plenas manos, gastó diaero oara organizar
viajes de exploración, desafiando las fatigas y los peligros sin contarloe1 penetrando entre los pueblos más eal•
vajea, á loe cuales domab1, no por las armas sino por
medio de la dulzura y de la lealtad.
Coa segunda expedición sucedió á la primera1 después
otra, después esa larga permanencia que acababa de ter•
minar, en que durante cinco años vivió en eeae regiones
incompletamente reveladas aún, amasando tesoros para
la ciencia y plantado loe primeros cimientos de la civili•
zación.
Y por donde quiera y siempre le seguía un recuerdo,
ornando su tienda en medio de loe desiertos: un cuadro
que contenía loe retratos de Marta y de Pablo con tres
florecillas disecadas.
Marta y Pablo! Vivían aúr:;, siquiera? Esta e•a la an•
gueiia que al volverá Francia le oprimía el corazón. Sus
primeras iuveatigacionee fueron vanas. Quién podía in•
formarle reeptlcto de una pobre mujer que vivíJt. modee·
tamente en una calle ignorada y de un sacerdote oculto
en eus humildes funciones de preceptor? Presentóse en
la casa de la seflora:de Seonevaux, pero cayó en medio de
loe preparativos inmediatoe del matrimonio de Roger, y
no habiendo dado su nombre, no fué recibido. Sin em•
bargo, aquella palabra matrimonio, le había inspirado
una idea. Mana y PAblo, sí vÍv1an, no podían menos que
asistirá la ceremonia. Fué á ella, buscó y no vió á aquellos á quienes buscaba desesperado.
Necel!it.6, sin embargo, interrumpir la investigación de
que tan impaciente estaba. Se le imponía un deber ur·
gente. La wciedad de geografía debía recibirlo en una sesión eelemne donde le seria entreg8da uua medalla de
ho.nor. Necesitaba reunir eue notas, clasifioar eue docu·
mentas. Anuncios fijados en todas partee anunciaban
que daría una conferencia sobre el Africa central. Debía
aún este servicio á la cieucia. Oh! en seguida ya no de•
bería nada á. nadfe y no tendría más que buscar á los
que amaba.
La sesión tuvo ve'I"ificat.ivo en el vasto local de la So·
ciedad, á fines de Diciembre de 1800. La entrada del va~
leroao explorador, fué saludada con aplausos entusiastas.

El presidente le deseó la bier venida; después el viaje•
ro comenzó au relato, pintando á grandes raegos la historia, corta aúo, pero llena de promeeae, del Congo fran•
cée; refiriendo sue viajes, diciendo, sin vanidad, pero
sin modestia tampoco, ene luchas, eus fatigas, eus peligros y loe ciento sesenta días pasados en atravesar un
bosque vírgen, con el hacha en la mano, ein distinguir
sino por una vaga luz el dfa de la noche, y loe desier,os
de arena roja, y loe pueblos bárbaros calmados con pre•
sentea y las tempeeta~ee de loe grandes lagos, bajo el
cielo de loe trópicos1 de una violencia deeconocida en las
regi1mee tetapladae.
Su oarracióo, que apasionaba á loe oyentes, estaba
mezclad¡, de anécdotas agradables ó conmovedoras y ei
á veces lo interrumpian era para cubrirlo de bravos frenéticos.
Terminó así:
-Heme aqur, se.fiores1 en el término de mi relato y
también en el término de mi tarea, que fué cuando me•
nos tarea de peon. En adelante mis fuerzas no me permiten ya intentar nuevos eefuerzos. Loe af'l:oa de loe ex•
ploradoree cuentan doble, como loe de loe soldados en
campana. Mi solo y último deseo ea poder escribir lo
que he visto, lo que he aprendido, lo que podrá servir
de guía á los que atraiga1 como me atrajo, la seducción
de aquella naturaleza desconocida y maravillosa, Is. san•
ta ambición de llevar la palabra de paz á esos aeree pri
mitivoe, frecuentemente mejores que muchos civilizados.
Puedan mis euceeoree encontrar en su ruda carrera lae
alegrías que yo be encontrado á la idea de que yo, frágil,
añadía empero algo á loe conocimientos humanos. Puedan ellos también, est.e ee el voto que les dirijo, ir ince•
eantemente acompaflados, como yo be ido, por un recuerdo querido y adorado, que les eoareía en medio de
loe desiertos, loa consuele en el día de los sufrimientos
y los aliente cuando desfallezcan! Perdonadme que ter•
mine con esta frase, homenaje de mi reconocimiento en•
ternecido1 al talismán íntimo y protector que me ha
guiado y sostenido.
Una tempee\ad de aplausos acogió las últimas palabras del viajero. Levantada la eesión, todo el mundo Ee
precipitó hacia él1 con ansia de honrarse eeleechándole
las manos.
En la última .fila, veía!!e un aacerdote1 sonriente y con•
mo,ido, que había seguido la conferencia con una ardiente
atención. Durante la per,...ración sus vecinos asombrados
le habían visto enjugarse los ojos. Dejó pasar frente á e!
la oleada de loR concurrentes; después, avanzando solo,
miró con eue ojos límpidos á Savinien súbhamente con•
movido.
-Amigo mío, le dijo con voz un poco temblorosa, ven•
dréie mafiana á tomar el te con noeotros? ......... mamá
oe espera.
-Pablo! exclamó el explorador levantándose de un
sa~to de su asiento y estrechando al eacerdote entre sus
brazos con el afecto y la efusión de un padre.

XVII
En su salón, donde penetraba la luz gris de una tarde
de invierno, Marta estaba sentada cerca del fuego, compañero único de su soledad. Meditaba, eoiladora y trie•
se. Sue peneamientoE tomaban el tinte melancólico de
aquel día lleno de las brumas de Diciembre 1 cuyos vapo
rea flotaban alrededor de loe grandes árboles del jardin
vecino, percibidca en la per:;umbra.
Savinien estaba en Paría ...... ... y, como Pablo, lo hn•
bía sabido ella por el periódico; la víspera debió él dar
una conferencia y referir á mil indiferentes toda la historia de eu vida ......... Ella lo había sabido como Pablo
por la vulgar publicidad de loa anuncios. Amarga irri•
siónl El que ee había adueflado de toda su alma estaba
á dos pasos de ella; respiraban el miemo aire, todos e90s
detalles de que ella tenía tanta avidéz, el último de los

�DO ■ IIIGO

BL MUNDO

curioeoe podia conocerloe ......... y ella no verla ni oiría al
amigo de eu coraz~nl
Deede el día de la separación, desde que ella había
voluntariamente .desterrado á Savinien, jamás Marta,
faltó á su propóeho de enunciamienta resignado. Ha•
bía marchado firme, inquebrantable, por la vía recta y
severa que ee trazara.
Pero ei el amor le estaba prohibido, si lealmente lo
había arr oncado-óccreído arraocarlo- de eu corazón, ni
el recuerdo ni la plegaria le eeiaban prohibidos y cada
día eu recuerdo volaba hacia el ausente, cada día au ple•
garia subís hacia Dios por él, sin que ella loe sintiese
abrazados dP ardien1e ternura, En vano ee quita de un
vaso el perfume que contiene: sus paredes quedan impregnadas y embalsamadas para siempre.
En eu absoluta honestidad, Matta estaba convencida
de que había triunfado, como lo prescribía su deber y
que todo germen de amor hab!a para siempre muerto
en su corazón. Hay plantas demasiado vivaces para mo•
rir nunca. En vano se las hunde debajo de la tierra; sus
raíces vigorosas auaviel!an el obstáculo que las recubre -y
viene de nuevo un día en que la flor se expande al aire
libre, radiosa y vivaz.
Porque, pues, pobre l\farta, pasabais veladas enteras
en la soledad, reconstruyendo detalle, palabra por palabra ciertas visitas que 0':1 hacía en otro tiempo Savinien? Porque frecuentemente dejabais errar vuestros
dedos por el piano, donde siempre volvían á encontrar
los aires que él amaba, en tanto que vuestro pensamiento se perdía en una vaguedad llena de encanki? De donde venía vuesno apego por loa objetos materiales que
poblaban vuestro salón, amigos discretos y fieles, testigos de 1011 rarop día:1 felices que parecían haber conaer•
vado su huella? ......... ~o loa había el visto? No loe había
el tocado?
Svbre este se habían encontrado las miradas de loe
dos¡ al otro le recordaba una palabra, sobre este otro,
se habían reunido sus manoe ...... ... Pero tal culto del
pasado no ahumaba la rectitud de Marta ...... ... No era
más que el recuerdo; el recuerdo purificado por el sacriflc'.o, rec11erdo no culpable, pues que ninguna pena se
mezclaba á él.
L1a ;-ensamientos de Marta iban tomando aquella tarde rumbos bien penosos, cuando Pablo se presentó ri·
sueño y alegre como pocas veces y acercándose á su madre, con tono confidencial Ie:dijo:
-Madre mía es neceeario que Francisca se ponga en
obra como en otros tiempos; he convidado á tomar el té
á M. Savinien de la Raye, y estará aquí dentro de breves minutos.
Marta palideció intensamente y quedoee viendo á su
hijo con una miradg, en que se leían todas las interroga•
cianea y todas las ansiedades. Cómo encontraría al amado de su alma? Ah! dieciseis afioe cambian de tal suerte
un corazón.
Pablo comprendió aqueUa interrogación muda y ee
apresuró á referir á su madre el encuentro con M. de
Sa.vinien en la sociedad de Geografía, insistiendo acerca
de la emoción de aquel al reconocerlo:
-Si vieras como me ha abrazado, madre! ai'i:adió para
concluir, y )!arta satisfecha ya y tranquilizada, segura
de que apesar de sus cabellos blancos aquel hombre, encanecido también por dieciseis ai'i:os de rudos trabajos
era el mismo, cayó en los brazos de P11blo vertiendo con
soladores lágrimas de júbilo.
Por fin la vid1t. iba á traerle un poquillo de ielicldad.
El día de eu vida, próximo á declinar tendría aún un rayito de luz para su cabeza fat~gada ......... .
Pabb, feliz con la dulce felicidad de su madre, reeer•
vaba por una coquetería del cariflo hacerle saber algo
más, que indudablemente tranquiHzaría su espíritu en
la posesión de la dicha que ee prometía. Ese algo era
una carta de Cbarlier, entregada á su hijo poco antes
de morir y en la cual decía:
uEs mi voluntad que, á mi muerte, Marta mi esposa
case con l\f. Savinien de la Haye. .Ambos son dignos
de comprenderse y en felicldad me regocijará más allá
de la tumba. Yo moriré dichoso debido á esa santa mujer q ne me tocó en suerte y merced á la cual he sido rehabi füado y redimido.•

e,

EPILOGO,

En un hermoso pueblecillo cercano á Joay: "QOeeeión
de la condesa de Sennevaux, en una sonriente casita
blanca anexa á la parroquia, anegada de paz y de sol,
vive Pablo dedicado á las santas laboree de su ministerio, rodeado de libros donde se ven as! loe santos Padres, como loe grandes maestros de la literatura antigua
y contemporanea.
Pablo ha re~lizado su viejo suefl.o de seminarista: til
refugio campestre y humilde desde d&lt;.onde quería llevar
á laa gentes de corazón sencillo la palabra de Dios. Ahí,
á eolas consigo mismo y con eus santas y tranquilas ta•
reas, aquel corazón heroico ha hallado por fin la paz que
es el premio de todos loe grandes sacrificios. Y su ven•
cimiento penoso que antes conturbara tan hondamente
su corazón, hoy lo invade y lo inunda de.una alegria t.oda
nueva y apacible.
No lejos de su curato, perdida entre la frondosa arbole•
da, en medio de un paisaje encantador, hay ·ma pose·
eión pequefl.a, rodeada por alr.a verja de fierro, que pro·
teje hermoso jardín.

r¡ de OCTUBRE de •'97

DO ■ IIIGO

Es el nido en que 8a.vinien y Marta viven felices, por
fin, gozando de un placentero reposo y de una unión tar·
día pero infinitamente dulce que ya solo romperá la
muerte.
Tarde por tarde, cuando el sol desciende t.rae loe azulee montee lejano@, el abate Cbarlier, concluidas laalabo·
rea de su ministerio, diríjese á ese nido oculto en el fo
llaje: Sivinien y Marta lo epperan para ii'Jmar el té, lo
reciben con efusión inmensa y lo rodean de solicitudes
delicadas. Francisca sirve aún á. loe treP, como en otro
tiempo ya muy lejano, pues no ha querido cederá nadie
ese privilegio, y asiste á la íntima tenulia en que Savi•
nien refiere sus largos viajes maravillosos.
En aquellas horas de expansión, re~rátaae en los roa•
troe de Mar~a y de Savinien la íntima alegría de su amor
sereno y en loe ojos de Pablo la definitiva y bella seguridad del que va ya confiado y amante, purificado por e~
sacrificio y la abnegación, hacia el que dijo:
u~Ii reino no es de eete mundo.»

17 de OCTUBIIE de ,. .,

'79

KL MUNDO

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11. S. de Forge.

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LA MODA

tones opacos. Corbata y cinturón de crespón. Ancho
velo de crespón inglés por único tocado.

GRUPO DOLIENTE

Traje para niña.

VJSITADEPA.NTEON,LUTOSI

Traje para jovencita de 14 ó Is años.

Este traje, lo mismo que loe o\roe del grupo, es de me.tino apaflado con dos alforzas de crespón. Ci~erpo blu@a
adornado con alforzas del mismo géner~. 9inturón de
crespón drapeado y con un lazo al lado 1zqmerdo. Sombrero de paja adornado co:i crespón.
Traje para señorita.

Este, como el anterior, tiene la enagua de campana con
ancha franja de crespón de Jan~. Cuerpa blusa, algo cru·
zadocon vueltas de crespón, phseé de lana Y grandes bo·

Se hace también de merino¡ pero en su borde no lleva
crespón sino eoJo dos alforzas. El talle blusa t.ambien
el!tá alforceado y con bolero de crespón. Cuello, cinturón
y sombrero también de crespón.
Traje para •cñora •

La enagua de este traje lleva el delantero liso, y en lae
coa\uraa laterales dos franjas de crespón, de cuyo e:x:tr~•
mo inferior parten otras tres que circ11ndan el vuelo.
Cuerpo blusa, abierto sobre un chaleco de crespón y cin•
tas de terciopelo. Cuello ancho de crespón y cintas, con
'Pliseé en el borde. Mangas eatrPcbas de crespón y cintas,
con globo de -merino. Toque de paja can largo velo de
crespón inglés.

EL LUTO

Así como los sonidos manifiestan loe afectos de que ee
halla el alma pOEeida¡ así loe coloree revelan á primera
vista el genio, loe afectos y aun el estado del alma. ¡Cuán
triste y qué disooante nos parecería una deepoeada con
luenga cola negra 6 azul marino. Por el contrario, el tra•
je blanco establecido, en bien de las jóvenes, las hace
mil veces más atractivas y encantadoras. Pero el luto!
el luto es un traje tan solemne, que por sí solo inspira
respeto y compasión : se supone que una persona que
porta luto, tiene incompletos loe afectoe, falta aJgo á eu
corazón. Si esta enlutada ea joven y bermoea, se siente
luego eAe algo por ella, y ee deses que con nuestro afee·
to mitigue un tanto su due 1o.
Una joven hu~rfana de mirada modeeta, pase grave y
largo velo, parece que nos dice: tendréis para mí una
palabra de consuelo? ......... acompai'i:adme á la ima de mi
adorada madre! ¡Visitemos las tumbaal y ()Ue nuestro
lúgubre atavio no disuene con un alegre eemblante, ni
una aonriaa festiva.

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Industria N acional.-Vistasde al¡¡:-q.nos departamentos de la Gran destilería de Alcoholellil "La Casa Colorada."

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Industria N acional.-Vistasde al¡¡:-q.nos departamentos de la Gran destilería de Alcoholellil "La Casa Colorada."

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EL MUNDO

''EL MIJNDO.''
Semanario ltuatrado.

81 b.

Tel6fono 434.-Callc de Tiburcio nUm. 20.-Apartado
Mlllt.'O

Toda la correspondencia q ne ee relacione con la Re«aoción, debe eer dirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la correEpondencia que se relacione con la edición
'4ebe ■er dirigida al

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111ee, y ee cobra por trimestres adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Todo p ■ &amp;o debe •er preci ■ ame,1te adelantado.
llEGIBTRADO C:OMO .ARTfCULO Dli: Bl:OOUNDA CLASE.

'

R•formas on os!• porióako.
Comenzamos con el número de hoy á. trabajar nuevamente en mejorar DUtlstra pnblicacióu, siguieudo la COJ•
tambre que bernus establecido desde su fondación.

AmplJaremoe la sección &lt;le !lloda~, por que h1::wos recibido frecuentes indicaciones d-a que agrada bas!aote á
nuestras lectoras y de que re1rnl1a de alguna milidad.
Aumentamos un Sup:ewento Humorístico titulado El
Mundo Cómico, quitando solamente los anuncios, que se
publicará.e en la edición áe venta. Todo lo que tenga alguna. importancia eu los forros de El Mundo Cómico, apa•
rt::cerá también en E'I cuerpo de este perióJico, para que
nada falte á loe e11Ec1 itoree.
Como apenas tenemos un cinco por ciento de suscritoree del Eemanario que no reciben el diario, á la
gran mayoría le reaultaban repetidos todQB loe asuntos
que se trataban en loa pequefios editoriales, puesto que
en la semana los habían leído en la edición cuotidiana;
por eso atendemos la indicación de los lectores, suprimiendo esta sección que substituiremos desde el número
próximo con una nvistJ\ general de tonos los acontf'ci•
mientas de la semana en forma mJnos seria y más literaria, y que seguramente podrán leer con agrado los
miemos lectores que ee han enterado de loe asuntos editoriales del diario.
Hemos ordenado una fabricación de papel de mucho
mejor calidad que l_a que hoy neamoe, auo cufndo el
costo ee muy superior¡ pero creemos que con estas reformas y las que para el ano entrante tenemos preparadas,
correapondemoa debidamente al favor, que el público
dispensa al ccYuNnou ilustrado.

:P)t)lftic,1 general.
RESUMEN.-La comisión americana de la plata en
Europa.-Sus gestiones y labores.-La Oran Bretaña se excusa.-El interés general )' el psrllcuJsr.-Aplszamiento de la cuestión. -Conclusión,
Grandes esperanzas babianee concebido sqbre la rehabilitación de la plata, al ver la acogida cordial con que
fueron recibidos en Francia loe honorables miembros de
Ja comisión americaaa, que andan ahora por el viejo
mundo predicando el bimetalismo y trabajando por que
una conferencia internacional, menos platónica que las
celebradas otras vtcea, decida algo positivo en favor del
metal blanco.
Loe que están intereEa:loe en cuestión de tan alta trascendencia se n&gt;gocijaban al rnber las buenas diepoeicio•
nea manifesU\das por el gabinete que preside Mr. Méline á los enviados de Me. Kinley, proooetiendo entrar en
eea cruzada que se opone á la desmonetización general
de la plata.
De buen augurio eran también los resultados obteni•
dos en las primeras conferencias celebradas por la misma comisión con Lord Salisbury y loe ministros principales de la corona británica,
Desgraciadamente para el porvenir próximo de la plata todas las ilusiones se han desvanecído como ligeia bru..
ma, be eneueilos se han evaporado como fantasmas va-

noe, y la realidad, la fría realidad con su cortejo de deeengaH.os.
La Gran Bretafla no entra en la combina:iión; con las
mejores pa'abras de eu repertori&lt;. diplomático, con lae
t::z:presionee máe carifiosas de su lenguaje :financiero y
con las fra11:es más mehfluas de su mercantilismo positivo, ha llegado á Mr. Wolcott y sus colegas, diciéndoles que por hoy no puede comprometerse á abrir de
nuevo las caeae de moneda de la India ó libre acuñación
de la plata, ni puede tomar parte en conferencias y en
convenios internacionales que menoscaban eu firme é
inquebrantable résolnción de mantener incólume el talón de oro, único soberano y omnipot.ente1 que la ha servido en mucho para eu grandeza y la ha dado preponde•
rancia decidida é indiaculibleen los mercados del mundo.
DiepueEtos parecían en efecto loe ingleses á entrar en
traoeaccionee; aun ee habló de que el Director del po·
deroeo Banco de Inglaterra, ee proponía establecer co•
ruo base de sus procedimientos que la quinta parte de
las reservas meLálicas de la institución se constituyeran
en pla1a; pero habló el director :financiero del gobierno
de Ja India, alegnndo lot1 tra6tornoe y perjuicios que á la
colonia aca.rreana un retrotraimiento á su antiguo régillleu monetario, y las pérdidas maieriales que ocaeio•
1 aria la eunplt, vueha al es~ado que guurdalau 2quel a~
corua1cae, ante!i de 1893; acudieron los c0merciao1es y
banqueros del Reino Unido, ptotestando con buen de•
recho contra cualquiera que se tomase á favor de com•
ponendas desastrueae pa1a ellos y que á otros aprovecharian, se pensó baila en la parte política del amnto y
se ncordó el movimiento y agitación americanos en la
i,a1afa lucha electoral¡ se hicieron tristes presagios so•
bre el codiciaio mt::tal amaril10 1 que en un evanto no re molio podría irá parar buenameme á. las arcas repletas
de loe ruiueroa de luwa y el Colorado, y cowo la coea más
nat.u1at del mundo, se cenaron las pu1::r1as á las pret,ensioues Mac Kinlitas.
¿Qaé harán ahora los peregrinos que se propoafan aadar
de corte en corte, buscando prosélitus de la plata? adónde
dirigirán sus pasos vacilen,ee, cua1..du saben y lee cons·
ta por convicción que sin el concurso británico es inúül
toda det.erm;nación, vano cualquier intenta é irrealiza•
bl~ cualquier proyeclio que liienda á cambiar el sistema
monetario del mundo civiEzado, basado hoy en el mo•
uomet.aliemo oro?
No son suficientes el apoyo y la protección de Francia
para llevará cabo la tarta de fijar uua relación media
constaoLe enlire el valor de loa doe metales empltaioe
como moneda en el mundo. 81 Inglaterra se excusa, es
probable que el Gobierno de Fa.ore, haga ot.ro 1auto1 con
pretextos más ó menos p'.ausiblea, y Alemania y Rusia,
y las demáe nazionee que representan algo en la concurrencia mercant.il de los pueblos, dejen á su vez sólos y
tristes á loe atn.ericanos en su labor de rehabilitar el producto principal de sus minas occtdent.alea.

** •
No podemos definir si la solución que ha daio Ingla·
terra al asunto, aplazándolo más bien, es :a que más
conviene áloe intereses genern'ee.-Raro y eorprendenlie
eería que Ja buena Albión se preocuparn del bien de los
demás; y vu~ia en sus decisiones algo más que eue propios intereaee. Hemos querido simplemente senalar el
hecho, y hacer 1·atente que la cuestión de la pla'.a tan
traída y tau llevada y que por tau diversos modos nos
intertlaa, e1:1tá léjos de haber obtenido solución Eatisíac•
tona.
VolveráA á agitarse en no lejano día las huestes que
acaudillaba Mr. Bryau en los comicios electorales del
úhimo Noviembre; á. los intereses particulares que representan se unirán también loe de la generalidad para
oponerse á. laabeorbente plutocracia aLDericana y eU1:tituirla con. ot1a agrupación de tendencia~ un poco socia•
listas¡ la agitación en los Estados U nidos tendrá eco en
loe pueblos del viejo continente.
Entre tanto, nosotros veremos t.ranquilamente el desarrollo del drama y esperaremos con serenidad el deeen•
lace, porque si la depreciación del metal ha favorecido
el acrecimiento de nuestra producción y el brotar de
nuevas fuentes de riqc.eza, su rehabilitación puede sobrevenir cuando ya tengamos firmes los fuadamentoa
de nuestra naciente industria.
X. X. X.
Octubre 22 de 1897.

DD ■ INGO 24 de OCTUBRE

de ,. . 7

~a adHua t' la e~presíon.
Es cosa general el no pedir explicaciones de loe he•
chas familiaree, que estamos ac::stumbradoe á ver y qu&amp;
se verifican siempre de la misma manera. Antes de Ga•
lile o millones de bom bree habían visto oscilar la lámpa-ra de la Catedral de Pisa; millares de manzanas habían
caído so'ore otras narices que las de Newton y todo el
mundo, antes qne ~l gran sabio había víeto caer el capi•
tel áloe piés de la columna ruinosa, desplomarse las bóvedas del templo antiguo, rodar los pefiascoa por la la•
dera, correr como lágrimas las golas de la lluvia y hun •
diree en el polvo como esperanzas desvanecidas las bojas.
muertas, sin inquirir el por qué, sin averiguar el cómo
ni tratar de deecubrir la ley misteriosa y oculta que da
origen y forma á todos esos fenómenos.
Verá un niflo tropezar y caer, á un muro derrumbar•
ee, á un tet;bo desplomarse, auscitaban una investigación
meramente ocasional del accidente; pero á nadie ee le
ocurría buscar en el fondo mhimo de todos esos hechos,
suorfgen común, su causa misteriosa. Newton meditó, es•
tudió y calculó asombrando al mundo con el descubrimiento de esa canea inmanente en la materia, que se llama.
Gravitación Universal y que unifica dentro de una ley
común la precipitación de la catarata en el abismo, el
desprendimiento de la avalancha sobre el valle y la
giración majestuosa y eterna de loa astros en el espacio.
Esa !ndiferencia ante lo vulgar, ese dea:lén de investigación de lo cotidiano, impide al hombre deecubrir y re·
tardar el deecubrimiento de hechos curiosos, de leyestrascendentales que es interesante y út,il conocer.
Un ejemplo: Día 4 día observamos las actitudes, los.
movimientos, las variadas é inteneaa expresiones de la
:fisonomía del hombre; contemplamos con deleite la sonrisa de la mujer y del ni1l'J, con espanto las manifestacione:, del miedo y con láetima las contonionee y gesto&amp;
que provoca el terror¡ á c&amp;da paso abrazamos á un amigo
ó le ePtrechamQB la mano con efusión, besamos con res·
peto la mano de nuestra madre y 0011 ternura en frente,
acariciamos dulcemente la. mejilla del nifio, inclinamc.s.
la cabfza y bajamos los ojoe ante el hombre respetable,
y no ee nos ocurre preguntar por qué esas actitudes; ¿por
qué esos movimientos, por qué eeos gestos?
Nos consta además que existe uoa relación :6.Ja, inva•
riable, car,acterística emre cad.i. variedad de emoción ó
de deseo, y cierta y determinada expresión de la lleono•
mía y ciertos movimientos y actitudes del cuerpo y no
inquirimos de que depende qt1e enclavijamos las manos
en la súplica, aoblamos la rodilla en la plegaria, rechi·
namos loe dientes en la ira y abrimos loe ojos en el asombro. Todos esos hechos deben tener ca11ea y origen como.
todas las cosas la t.ienen y vale la pena, s1 quiera eeaporcuriosidad, de averignarla.
Lo primero que llama la atenciéin en las actitudes; mo.vimientoe, y gestos característicos de nnestrae emccioneaó ideas ea que son un remedo de los setos que la pasión ó
idea dictan y aconeejan. Un hombre poseído de cólera.
extremada, ruje como el Jeqn, lanza zarpazos como el
tigre; patea como el potro bruto, ei ePtá presente la causa.
de su enojo arremete contra ella y lucha con ella en to•
da regla, ei está. aueen;e la causa se deerarga la furia.
contra loe muebles, las ropas, y se estrnja ó rompe lo
que se tiene á mano. Nada tiene esto de sorprendente;.
es por el contrario lo lógico y lo natural; la cólera quena es más que el deseo de venganza ee maoifie. ta en su&amp;
formas extremas por actos de ataque, de combate, dedestrucción en :fin¡ pero esto mismo Pxplica las expresiones y actitudes correepondientesá eea pasión. En efe e•
to; cuando la cólera es menoe inteoea ó cuando intervie•
ne la reflexión, no se ejecman sino que simplemente eebosguPjan loe actos correspondientes¡ en vez de morderse rechinan los dientes, que no es más que la eimulación
de la mordida; en vez de pegar ee agitan los brazos, E'&amp;
amaga, ee crispan los pufioe; á un g.-ado menor solo un
erguimiento y una crispación la denuncian, la eangreacude á la cara como previendo la fatiga del combate y
los ojos despiden fuego como durante la lucha.
Bajo la itifluenCi1\ del miedo la expresión y la actitud
son otras, todas de ddensa como Isa de l.i. cólera eran.
todas de ataque. Bajo la influencia del páaico huimos,
nuestra voz se extingue como temerol:!a de denunciarno&amp;
á nuestros enemigos, loe cabellos ee erizan como si quisieran defender la cabeza con un casquete de púas,

DOMINGO 24 de OCTUBRE de 1897

Bajo la influencia del Eimple temor no huimos; pero
retrocedemos: el cuerpo ~ recoje sobre si mismo y ee
reduce á eu menor volúmen como para no ser visto ó
presentar menos blanco al enemigo,y la actitud y la ex•
pre&amp;ión de la desconfianza que es la misma sensación po•
sible de miedo ea tambien defeneiva: la mirada ea oblicua y tecudrifiadora; se vutlve ácada paso la cabeza para
ver qué hay det.ráe, se cami ria lentamente y en silencio
como para no ser observado ni sentido y se tienen loe
brazos listos para protejer el cuerpo y las piernas medio
dobladas para empreader la foga.
La actitud de la confianza es opueEta como es opuet1to
el eentimiento que la dic1a, Un bombe confiado le•
vanta la oabE'za, adtlanta el pecho, cruza loe brazo:1 para
probar que no pienea acometer ni defenderee, piea firme
y anda apriea y con ruido.
Estos ejemplos eon claros como la luz, se palpa en ellos
el principio de que la expresión corporal y fisionómica
son un conato, un remedo de loe actos que la pMión correspondiente sugiere, remedo qne Pe atenúa, ee exfumina, se disimula á medida qne la-pasión ae modera ó
refrena; pero que conserva, aún en sus forma~ más leves
el tipo de dichos a1toe.
Las manifeetaciones de las pasiones afectuosas, de las
diversas formas y grados del amor son de la misma indo•
le y corroboran la misma regla. El apretón de manos, el
abrazo, ;a caricia y el beso, sC"ln loa actos que el afecto
nos sugiere segón es su intensidad. Todas ellas son remedos del seto de apoderarse de una coaa, de hacerla suya, de devorarla. El abrazo es remedo mam:fiesto de cargar con una cosa y llevársel&amp;- como lo prueba ]a circuna
tancia de que en lae grandes expansiones levantamos en
peso á las personas y hasta andamos con t!llas en brazos; el abrazo materno es además, protector; la madre
al abrazar á sus hijos loe envuelve, los oculta y los protejé" con su propio cuerpo, protección que es hija legíti•
ma y manifestación general del afecto.
&lt;Jon el apretón de manos remedamos también acto
de apoderamiento y de posesión.
Tomamos la mano de una persona como tomamos con
la mano un objeto que nos agrada. La palmada en el
hombro es ademán del miemo género.
El bPsO, quién lo creyera! es Eimulación ó cnnato de
mordida y llega á serlo en loa hombres brutales 6 ciegos
de pasión. Ahora bien; nada ee posee mE'jor y más completamente que lo que se come. la preea que se devora,
e l alimento que se ingiére y que acaba por formar parte
de nosotros mismos. El instinto-que ya no la razón imi·
tª con el beso el acto de comerse á las gentes que se
a man y el lenguaje ha sancionado el origen de esa dul•
ce mariifeEtación de afecto: 11me la comería yo)) solimos
decir de una muje11 que nos agrada ó de un niilo que nos
encanta.
No esdudoeo queeeta forma de manifestación del afecio la heredamos de nuestros antepaeadoe caníbales.

EL MUNDO

Nuestros Grabados.
EL SR. D. GILBERTD TORRES

Publicambe ahora el retrato del joven Procurador de
Jneticia Lic. Gilberto Torres, muerto tras larga dolen•
cia, el Miércoles 20 del actual.
El Sr. Torres nació en Ouaca; hizo rn carrera en el
Inst.ituto del Esiado, donde liE&gt;gó á ser profesor¡ dea•
pué~ deeempefi6 los siguientes cargos: Director del Periódico Oficial del E;;tado, Promotor :fiecal del Juzgado
de Disnito de Oaxaca, y Diputado á. la Legislatura; Asesor l\lilitar y m:ts tarde, Agente dE'I ~inieterio Pllbl~co en México; Juez 1~ de lo Civil, Prccurailor de Juetl
cia y por último, Magistrado del Tribunal Superior.
El Sr. TJrree era un howbre de coraióo, afiliado des
de su mái temprana juventud al partido liberal.
MAGoALENA

CUADRO DE GABRIEL MAX

$r. l!ic. Don (Iilborlo Torres,
+ el 20 del

pJ"ocurador de Justicia en el Distrito 'F ederal,

actual.

[Fot, Torrea Herm•no•.]

para no ser deslumbrados por la magnificeocia y grandeza del per1oonaje y durante el éxtasis buscamos en el
cielo el deslumbramiento de la vitiión mística.
T11.l es en breve eiutesis la explicación racional de
nuestras actit.udes y geaLoS pasionales. Toda pasión nos
exita á. la acción, que eje:cutaruoe plenamette cuando
aquella es inte.nEa y sin freno, que imicamos ó remeda•
moa cuant:o ea su solicitación menos enérgica Y que reducimoe casi á meros aímbolue c11ando la pasión que
nos anima es débil.
Darwin y Spencer están muy documentados á este
respecto y á ellos deben recurrir loa lectores que deséen
conocer más á fondo esta iogen1oea explicación de hechos que parecían no tenerla ni necesitarla.
DR. MANUEL FLORKS,

Una revista.

Nos viene de la Costa y se llama Et Correo de Tepic.
D1rédoe palabras á él relativas. Hab1ame propuee,o,y de eeguro el director de EL MuNno, no me .tendrá á
bien mi empresa-no espigar en el campo de la rnformación literaria, de tal suerte que esta nota significa una
contravención, pero juzgo que magüer todos los progra•
mas de crónica, tengo el derecho de amar á ese rincón
del territorio nacional, apartado y tranquilu, desde la
cumbre de cuyas montanas, se diviea la lt:jana y azol in·
mensidad del Pacífico que se llama T~pic. Y le amo á
Heredamo1:1 también otras; en ciertas personas, ee ob• mi guirn, á la moderna1 usanza, sin prejuicios de límite
serva una irresistible tendencia á mal tratar á los eeree
y frontera; más que por que ahí nací, por que ahí pemé
que aman; loe pellizcan, los muerden, lee dan manazas por vez primera, eeoti las prietinae vaguedades del eepí•
y. empellones y no hay más que ver enamorar á un car, ritu joven que bate el ala hacia el porvenir y las primegador ó á un soldado para cerciorarse de ello.
ras embriafueces de loe ensueños adoleacentes.
El Correo de Tdpic ea una pequeña revista redactada
Estos actos son remedo 'de la lucha que el caníbal entabla con su víctima y del mecanismo que emplea para por niños¡ niños les digo yo que soy aun jov~o, pero
que vf batir loa élitros de oro de esas nnaginacionea nú·
sacrificarla.
Qué es la sonriea? Una manera disimulada y atenua• hiles. A.si se llaman los poetas y prosistas que arr~jan
eemanariamente el oro virgen de su imaginación becha
da de eneefiar loe dientes, cosa que no dejan de hacer
á prohijar ~odoe los eneuefi.os, á cernerse en todos loe
loe aoimales de preea al apoderarse de en víctima ó al
cielos d~ ayer, á perderse, pájaro incansable en todos loe
contemplarla, bien para causarle miedo, bien para pre- ardientes oros de los ocasos tropicales: Quirino Ordaz,
pararee á devorarla.
Benjamln Rtitee, Joae R.lmÓn Somellera, Gabriel García
Igual principio se comprueba en atrae y diferentes ac- y García, Fernando Gómez Virgen, Rafael de Alba y
titudes y expresiones fieionómicas. La curiosidad nos ha- Antonio Zaragoza.
He dejado intencionalmeote para lo último el nombre
ce abrir desmesuradamente loe ojos como para permitirnos observar mejor. La concentración de espíritu obl:ga de los uhermanoa mayores,» de loe Maestros: Antonio Zaá. cerrarlos para no ser distraído y á bajar la cabeza Y ragoza, que es un espirita interno, ávido de ideal, sedienfruncir el entrecejo como para ahogar en sombra la pu- to de azul; hecho para la plegaria unciosa, para la een·
sación tenue, para loe altos y·eximios amores irr.poeipila. Las manos enclavijadas, el cuello tendido, las ro•
blee, enamorado de un Cristo, que ay! ya no resucitará
dillae dobladas del suplicante expresan la impotencia pa•
entre el estruendo de lae civilizaciones modernas; y Rara atacar, la indiferencia para defenderse y la decisión fael de Alb9., campanero exquisito de mis anhelos, un
de sacrificarse y en la súplica eetrema la postración com- día que fué un siglo de sensaciones saturada~ de estetis·
pleta de1 cuerpo boca abajo en el polvo simboliza el aba• mo, al amparo del ci~lo lapislázuli de Guadalajara ..... ..
Bien venidos¡ yo loe amo porque todos llevan al con•
timiento, la impotencia, el vencimiento supremo.
B1jo la influencia del respeto, inchnamos la frente cierto viril y tímido de aquellas praderas tropicales, la
como el esclavo bajo el yugo, descubrimos la cabeza co- deliciosa nota artificial-la única-de su gentil balada
A. N.
mo para entrfgarfa indtfensa y bajamos los ojos como artística.

María, la pecadora de Magda!o, la qne Bf'gún la divina
expresión de_J~EÚS eligió la mtjor pal'le, acurrucán~oee _á
loe piée del maestro, ha. sido objeto de numerosas rnep1racionea pictóricas y si reunirse p11diera11 todos loe lienzos en que aparece, suelta la undivaga cabeliera rubia,
fijos en dolorosa weditación loe taegados ojos hebreos,
de seguro se formaría un salvn amplísimo. Pero quepo·
coa art.ia,as han sabido pintará Magdaltl11a!
Q11e pocoa han podido darle la ansioEa expre.eión de
la arrepentida ...... .. .
Cuando pienean"en retratarla 1 •retratan eu ideal de mujer, masó menos volupmoso y wad ómenoe prof~no, de
suerte que si11 la m.t$e e,i scene d, la grt1Ga oo .non,, del
cráneo, símbolo de la meditación, de la muerre Y de la
cruz, embJema de la mortificación ascética, Magd~lena
se parecería á tantas herllloeae mundanas que dee¡megau
anse loa ojos ávidos su hermosura tentadora.
De estas Magda'enae mundanas es la de }.fax que publicamos en prt:fereme página de nuestro periódico ..... .
No se a.iivina por cieno en ene rédondt!Ct:IB tentadoras
:a huella de la pe111teocia; no pien:.;a en el Jesús angustiado del huerto ó en el Jeeóe exangüe del calvar.o, si•
no en el J~sús hermoso, humano, se.fiador, que á la iuz
de la luna di:.currla. por las calles de Jerasalem.
Pero así, ta npocoascética, es empero muy bella Y por
eso reproducimo:.; el cua·1ro.
Entre comadres por V,ll~sana.

Este gra·~ado se publica eq la pr!mera página del Mundo Cómico. Lo hemos reproducido en el St"manario por
que debeamoe que ning'.ln grabado dt:1 los que a~arezcan
en aquella revista, dl'je de aparecer en uut-etroperiódico.
Cierto es que el Mundo Cómico se re¡.iartirá á todos los
euscritores del M-undu llWJll'ado; pero Lemas creído que
11 iogún .1nteres podrá tenu para nuesuoe lectores la re•
produce ón de loe anuncios del uMundo Cómico» y como,
en loe forros de éete :figura el grabado de Villaeana, lo
damos ahora en nuestras páginas, por no privará nues\ros lectonie, según la norma que nos proponemos seguir, de los grabados de alguna importancia que aparez
can en dicha revista feeti va.
OTRO PAOO

De $4.000,00 de "LB Mutua/' én Arsndas.
Recibí de 11Tbe Mutual Life Ioeurance &lt;Jompany of
Nt-w Yotkn la suina dt-$4,000.-euacro .mil pesos, en :pago total rte cnaatos d.t:1r~chos ee derivan de la -póliza
1 úmero 837,166 bajo la cual y á favor mío y de m1 hermano Sao1no Orozco, estuvo asegurada la tJ.nada sefiora
nuee~ra hermana Dona Pa~cuala Orozco, viuda de Orozco, y para la debida conet_an~ia en mi caracrer de bt'~e:6.ciario y apoderado de m1 cuad-o hermano don _Sab100
Orozco 1 \atnb1én bene6ci~rio uombrados en la póliza, E'X•
t.iendo t-l presente .ecibo en la misma :Póliza que se devnelvP á la Comp11,flia para su cauceI.ac1ón, enArandas á
12 de OJmbrd d~ 1897. -F.rmado, .Maltas Orozco.
Jo~é M. Pérez Vargae, Notario de número ell; ejercicio
cenifico: que la firma pu1-&gt;a1a 21 calcP del anterior recibo
ea de puño y !Ptra del eeñor Matia.e 9~0200 1 vec~oo de la
haciendB del Tdrrero, de e,.te mun1c1~:no, y la !f.llSm~ que
dicho ae~or usa en todos los ~suutoe f'IO qufl _m~erv1ene;
y el aludido recibo lo extendió como benefic1ar10 y apo·
derado de su h~rmano doo Sabino Orozco, 1ambién beneficiario nombrados en la póliza de que se _liaoP _mérito
el recibo aludido, eE&gt;gúu const,a del poder Jurídrno que
doy fé haber 1enido á la vidta,-:-~º fé.de vero ad de lo
expmu~to suscribo y P"'llO e@ta d1hgenma en Arandas, á
12 de Octubre de 1897.-Doy fé.-Jo,1 M. Pérez Vai·gas.

�DO ■ l ■tO •4 tle OCTUBRE tle l. . 7

&amp;L MONDO

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA ·"ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MED[CO DE LA MARINA MEXICANA .

•

37',000 intllae sobre Jo• 111.n.r.,.e.

CAIRO.-La gran esfinge y I• Pirámide de Cheops,

Gabriel Woc(.

¡Cómo agracia á la vieiaese cuadro de mujerea delpuet,lu, t1gilee1 robuetae, garbosae y Lodae cubier1iae de las cana, luciendo eu bra'lo gordo y \orneado, eu cuello ee::ultural y eoe ojos pícaros cien vecea máe que el aniifazque
-cubre eu roano: ee me ankljaba eea Joente, una de
.aquellas en que fué sorprendida R1quel por Jacob¡ pero
tii no ee exaotamen\e la proiagon1a'8. de la leyenda ¡cuan•
iae Raquelee no podrán eocoo1iraree en eeaa fuen~e, mu•
dos y diecret.oe t.e8'igos de tan\ú peneamien\O, de tanta
pícara avensura, y de sanla confidencia narrada allf en
-el Siempo que '8rdarfa en salir la bol.a de la fuente y llenar loe eebellOe jarrones de barro blanco!
Siguiendo la oalle. se ve en loa peeadoe marcoe recargane imbécil eobre el toaco madero de moldura griHga y
-carcomida, al muaulm,n, al judío, al infiel, en\Orpec1do
por el hachio ó por el o¡no puro; aprovecha un haz de
eombra que le laoza el balcón de arriba 6 la iOeca mol•
dura del arco de la puena, 6 la t.abla l'egra que con aignoe en hebreo 6 cualquier idioma mueriO anuncia á uoa
lavandera 6 eeculWr ó carpint..ero eta.
Aei veie &amp;;enfiidoe en 189 callee á. loe t.ipoP qoA en el cen•
\ro se aciivan, gritan, charlan, pasean 6 venden barat.ijae de Jm¿salem 6 de ta ,ierra aan,a en general apeHr de
ee\ar á unu diat.ancia para no creer ea la autenticidad
de eu procedencia, pero que eepecolan al inocent..e too•
rie\8.
Por fin ae ha llegado á una de las m,e bermoeae mez•
,quiiaa de eee pueblo in6el hoy un poco máe t.olerant..e en
creenciaa ...... Tenemoe á la vista la mPzqu1t.a de Mohammed AU, auntuoao edificio construido de alabastro eaca-do de loe moniee eacritos, eerranfa que queda entre el elmino de hmailia al Üdiro
Realza desde luego eu vasM&gt; y anchuroso cuerpo alt.o y
de allí deetá.canee coat.ro eebelt.ae torree cillndricaa y dia•
.gonalee que ee elevan caei oaeta eer molesto aeguir con
la vista la acumulada punta que lae 1:ermina, hermosaa
-eúpulaa de mosaico y alabastro, una más chica al freo~
sobre el anchuroso pórtico, y la otra, sobre la nave pri~•
cipal, contrastan de la_mane_ra máe bella_ con. laa torrecillas que ae pierden casi de vtet.a. El póruco, 10meneo ar,co morisco, aoetiéoeee aobre una hilera de altas y gallar·
dae columoataa qne el arl.e egipcio adornó con mil obras
de au cincel maesno; el inkmor ea una joya valioaíeima,
retr»ada ~n cada pilaet.ra. en cada bajo relieve, en loe ea•
eudoa da alabaet.ro que adornan !os arene, en las oobri•
zaa de Jaa portee, en laa columnae del taberoá.culo, en loe
moeaicoa del piso, en Jaa paredee, en fi:i, un euntuoeo
conjunto qoe eeoapa á mi pluma al momeniO de at.rever•
me á dar una desoripoión fac1lmente comprensible.

Vieitais aquel iemplo hast.a caei perderos en las encrn•
cijadae y laberinticos corredores que lo forman.
C11a1.ro piaHl.ras al cicerooe y vuelta á. nueet.ro aimon
cuyo ,oldo semeja una sombrilla blanca con fleco negro¡
es hora de visitar las márgenes del bélico Nilo.
Antes de llegará la magnlfi.Ja avenida de palmas que
embellece la margen derecha del río y ~onde ee hayan
eituadaa laa oaeae de loa minietroa e:z:tranjeroa, pasamoa
por la ciudadela, monetruoeo edificio cuya viei\a acusa
d88de 1-Jego su deatioo.
•
La muralla gruesa, toeca, elevada, seria y foerie, poer•
ta de hierro que manejan gigantes cadenas v palancas,
deepné! otros muros aeoitleradoa por donde t,alen mor•
tíferaa bocas de cationes de grueso ca:ibre. Sobre lae al•
menadas cornisas también deec1brense T1egrae bocas de
faego: lae torree cilíndríca-., cónicas 6 exagonales, eo•·
i.ieoen en cada piso robuat.aa cofas at.rincheradae y t.oda
esa múltiple combinación de Wrrea, caa,illo1, mor01 mo•
rallas y fosos abarcan un vasto espacio dominando qui•
d toda la población y k&gt;do el Nilo del C.1iro¡ ¡cuán aun•
tuoea ea la ciudadela!

III
:EL NlLO,-LA OBA.CION DE LATARD'I Á LA PUESTA D"IL ROL,

Un misLral soplaba desde hacía algunos diae y 'refrescaba hae,a hacer casi fria la at.móefera del C.1iro; la tarde un poco molesta por el viento que de ve, en cuando
levantaba nubes de eut1l polvillo grie, ee compuAO, ya
por que el viento aflojaba. ya por que las avenidaa bien
regadas impedían se levantara la euliil areoillla de lae
riberae.
P.:ioo faltaba ya para la pneeta del aol 1 serian cerca de
la.e cinco y enano de aquella t.arde del mee de F~brero:
nueetro cochero golpeab&amp; con eu varilla de mimbre al
tronco un poco caneado ya, y bien eaiiefechoa de nuee•
liro dfa de paseo, ibamoe á oaear un rato agradable tomando un refresco en el alto comedor de un ree,aurant
inglés cuya vieffl ee extendla eobreel Nilo, teniendo an•
te noaotroa laa hermosa&amp; eiluetae de lae pirámides en
aquel momento doradas allá en lonliananza por loe oblícuoe rayos del eol, nuee\ro compañero inseparable del
mar desde hacía un afio.
Aquella tarde desaparecfade noeo\roe en un mar de
arena en el desierto del Sabara y aunque rojo coml) una
bola de faego, no noe inqnieliaba¡ nada teníamoe,qne t&amp;mer............ por el cont.rario, era vez como premio á
nuestra conet.ante deepedida que le b.aoiamoe diariamen-

~ en al~ mar, nos iba á. mostrar orgnlloeo eue dominioe,

su templo, y tt sue fieles, cuyit. adoración le venía siendo
t.an ao,igua como la aparicion del hombre aobre la tie-

rra.

No~troe no le adorábamoe, por eeo de ves en cuando
nos despedía en alt.a mar con un geeM&gt; terrible y u1Ja
amenau cayos efectos varia■ vecee Joa eeo\íamoe en la
obecnr1dad de una noche t;empee1,uosa¡ pero eea ve, e1ta
ba nueatro amigo eol eaihifecllo; contento de eneeftarnoe
cuán grandioso ee vela banaodo aquel terreno de loe aigloe, aquellas moat.ruoaae pidmid~s de grauito que miden su paeo oor el cielo, aquel rto cristalino que da vida
á t.anto ¡meblo¡eo :B.o¡ áaquella gente id6la1.ra, iodavfa
fiel , en ant.iguo dioa y rey de la luz y del calor.
Nada má~ bello que aquella tarde inolvidable; el pa•
norama q~e ee ei:teodía á nuest.ra vlata, nunca aoftado,
e.a grandrneo, un mar de arena reflejaba y aún dibujaba unaeat.ela de fuegn¡ la geoméLrica fi¡ura de laa colo-aalee pirá!Did~e en aquel cielo claro ein brom&amp;, ae perfilaba enviando ene alargada.e 10mbrae á dieiancia, lae
palmera&amp; dt-jaban ofruoa orqueelia :,ar,icnlar al chocar
81111 frondas iigiudae por el viento¡ el agoa asul t.urquí
del Ni_lo i:eflejaba ~mbla~do _lae eiloetae de loa peftaecoeos ed1flc1oe de 11 nbera 11qu1erda, lae laocbae egipciaa
con aue arieliócraias velas la1,inae.
Hinchadas por el miMral enrc1ban ágiles el río condu•
ciendo blancoe borrekoe de oabesa negra, y otroe remolcando baleaa co..:.iert.ae con camellos cargadoe de mercaccfa, botes de vapoT de ruedas subían y bajaban la
apaeible Q(lrrieot.e, cochee europeos llenoe de hermosas
y elegant.ee damas al rPcio \rotar de aue caballoe IÍ.rabee
pa~ea_ban alegres y bullicioue, mujeres de pueblo, ó
eg1pc1a11 encu·11bn1das salían de eus encerrados ,ugurioe
6 palacios á gnza.r de 1.q11ella taTde delicioea; la gente
con sus múltiples veet.iduraa apreeurábaae bvllici08a y
activa á lierminaT sm faenaa del día¡ loa pescadores en
grandes cea ae acomodaban en la ribera el fructuofo
-produc\o de eu lirabajo¡ en Un, una gran canliidad de
bot.ee atracados ya; deecaneaban en fila sobre la arenosa
playa formando una barrera de palo11, unos derechoa y
loe otros oblicuamente cruzados, llev,,ndo en única v;la
afPrrada.
Era aquelló no movimienM&gt; exiraordinario, agrada
ble, mezcla del t.rabBjo y del paeeo de la actividad y del
deecaneo, de la sat.isfacción y de la alegría aubeecuent,,e.
RApent.ioamQnt..e l-Odo aquel movimiento cesa como
por eoc1nti": al roido, , loa movimiento11, á. la algazara
sucede ua silencio general; entónces ee vé lo mú raro Y
aolem '18 que pueda observar el tourieta.

�•H

&amp;L MONDO

Princesa turca.
Aquell~ gente .iabriega, fe postra, la mayor parte en el
suelo, mirando al sol qne e1:1 oculta; levanta repetid»a
v_ecea la cabeza. golpeas~ con rna manos el pecbo, extiende loa brazoP, ~uelve á poatrarEle repetidas vecta
hasta que el sol ee p1erCe en el horizon-te; de-apu~e 88 Jav_a manos, brazos y cara; aef ha cumpl•do C!ln eu oración de la ta!de al sol, con ene faenas del día, y ae entrega acto eeg111do á su descanso.
Carios~, solemne, e_xuaordinaria y har.itst. triste ea esa
ceremoma., ~ª!' ad_orac1ón en pleno Biglo.XIX y al lado
de tanta c1v1hzac16n c_omo se obaerva en et Cairo.
Solemne fué para m1 nquel act0; nunca he sido mari•
~o Y espero no serlo á ptlear del encanto que para mí
tiene el mar; pero tanto tiempo sobre el colosó me ba
acost_u1:fibrado.á tennle al sol carifl.o como se Jo tienen
loe v1eJOB mannot. Preguntadle á un malinero lo qui:,
es el ~ol para el loe y oe lo dirá:
-81 no tuviéramos sol nos perderíamos en el mar si
no fuera por él no. presagia!iamos más 6 menos st-gu'ra
n:ienie los malos tiempos, aun cuando diera luz y cttlor¡
ei no ee noe preee1Jtase fraoco rn dieco nos veriamoe ori•
llados á cometer errores que harian peligrar nuesLrae vi·
d~B.Y nuestras empresas¡ en nna palabra, el marinero
v1g1la al sol t~s. veces al día: al h,vantarse, cuando
pasa por el mer1d1ano y al acost.arse.
Ahora eeto d_iariamenle en alta mar, p!3rd.idoe en el
océano e~ 1~ úmca guía ¿pensad después de esto si para
el má~ cnet1ano ó r.-negado marino no 1:egaría día en qc.e
lo quiera, extraf'i.e_y deeée sí ya no lo adora? ........ .
. Por eetoa con~1derandos, fué para mí aqut-lla ora•
c1ón al sol en el Egipto, en presencia de las pirámides
eeculareP, 11!1ª d~ las.impresiones que más se me han grabado en la imsgmaewn:
Oculto ya el sol empieza la batahola de la diversión
en W~o ese pueblo cosmnpol,ta.
Th&gt;Ja..nos al .oermoao Nilo promeliéndC' nos vieitarle y
aún cruzarle al día siguiente.

IV
VlA.Jll: Á L.AS PIRÁMIDES-REGRESO .Á lBMAILIA

A las seis a. _m., á la puerta del hotel, nol!.eepMaba el
coche que deb1a conducirnos por ioda la ciudad nueva
hae'8 el ~iro vir;jo, convertido hoy en panleón y cnmer'·
vando casi Í!1teg~as las antiquísimas construcciones que
relatan su b1etonadesde mucho antes de la era cris&amp;iana.
Plisamos de largo aquella tortuosa y solitaria ciudad
donde ~embrad_oe se levantan. humildes mauso!POP, entr¿
u!1a sene de rmoas de casas eiu hieroria, simples babi&amp;a•
Clones de gent.e ~el pueb lo má':!_ 6 menos acomodada.
A extramuros, delinease el larguísimo y antiguoacueduc•
to, formado por arquería destinada en algunos puntos
achaparrados ó casi desapareciendo entre /a arena que
loe a,gloe se bQn encargado de ir enterrando pnr Rradoe
Llega~oe por fin al frente de Gizéh, á la margen dt&gt;rech~
del ~do, arenoea y fea en ese punto.
Ag1l lancha velera nos conduce en una media hora
h!l.Bta la margen opueeta, y á. pie por la areno~a playa sub1~os hgera .pendien.tt; que L.OB ll~va ti la vetm,ta é bistónca p~bl'!Oión de G1zeh 1 y sus callee, arenoeas banquetas
y eus ed1fie10.s ~arecíao como aletagardoe por el auefio tor•
pe de eu ant,guedad; l~e verjas de las ventanillas de toeca madera lorn!ada deJaban yer uno qne otro palo quebrado ó carcomido por la polilla y cortinajes dé telarafia
ondulaban en los marcos y aun en las deeigualdades de
las pare?es eecarapeladae y polvoRas. Muerta parecía
aquella cmdad á Iae tempranas horas de aquefia mañana
de Febrero.
A poco ~ndar, por una de eue solitarias callee, el gufa
nos conduJo á 1;1na caea lóbrega, cuyo peeade pórtico Ient~mente_Fe abn6. á loe furibundos golpee que oon nna
piedra d1ó sobre el ~adero nuestro cicerone mueulman,

anciano ya, cubierto con nn turbante blanco un raepar!out negro, de lienzo delgado, sobre el cuerp~. una es•
pecie de manguilla ó bata blanca, abajo del sobreWdo
negr? Y un par de cacl.ee 6 eandaliae de piel de gacela.
:Poco deepuéP, ya en1aezadoP, salieron cuatro camelloP
uno iras del otro; eran nuestras cabalgaduras que no~
¡ levarfan hasta las pirámides.
Ya en marcb~, unas vece8 bajando. otras eubiendo es•
t~nsas lOD?,81 ártdas y eecuetas, divisát-am.&gt;e siempre á la
vista las uln.,.etas de las .tres pirámides que parPcíe.n ine.lc~neablPe. ~uee$ra ansiedad se duplicaba por el caneane10 que oca1:,!ona t&gt;I lento y eacudidnr pasn del camello
que nos hac 1a W(?ver bruscamente sobre lll particlllar si•
lla qne cubre eu Joroba.
El camino ee rectn 1 oolvoeo y árido; ll~ga~e al fin
de dos horas á un CBFerío
mieerabh•, eombreadopór
11n grupo de jQ formidables palma¡_;¡; 8Jlí desean •
ssm~s una merl1a hora y
segmmoa por fin la aparentemente imerminable
travf'sía á he pirámides·
por fin, ya al pia de un~
dE" ellas, la de Cheope, la
mái;a grande de t;odSR y·
próxima á la gran ePfingf', DCIB apeamos mPdio
tullidos de nuestra jibo
Pa é impasible cabalga•
du.·a. ¡Qué s"rprendente
mole d8 granito! formada
de bl( ke, bechre á mano
y adecuados allí con arle
orientadas lae inmenl!a~
faeet-ae de eeae montafiae
antiquísimas. tumba de
loe faraones y teet.igos imperecederos de loe gran
df'e acontecimien,oe del
mundo. Lns geni&lt;'s gne•
rreroe, artietaP, ciPniífi.
cos, han visitado aquellos
promontorios de piedra
que costaron muchaa vidafl. qne abrnrvieron mRe
clti 100,000talentoede oró
a~tesque re bnhierlln podido colocar las piedras
del vértice.
La pirámide de Cbeopa
ocupa una baee de terrn
no que corresponde á
5,000 hectarae y ene face•
tas 8,000; bajo su masa
desaparecería íntegra la
ea1edral de San Pedro de
Roma, t-Pniendo una al•
tura de 137 menos y for•
mando toda Pila una 08 .
pacidad de 2.005 000 metros cú bicoe:.
'
Ea línea recta y hacia
el sur hay tres promonto·
ríos 6 pirflmidee: Ja de
KopbrPn, Myce;nue y
Abou Roach.
La e.sfinge1 colosal bae•
to de piedra, vigía mudo
de aquellos monumentos
hacia el enr de la gran pi·
rámide de Cheope, pare·

DOMINGO a4 de OCTUBRE d• 1lg7.

&amp;L MUNDO

DOMIIIGO a4 d• OCTUBRE d• 1197

ce con~emplar en su inalterable actitud, todo aquel ini.
meneo campo, tantas veces frecnentado por los magnates
del mundo entero, regado con el sudor dt! la esclavitui
Y con la sangre de razas aguerridas y fueriee cuyas b,za~as las descabre la historia eacudr1fiando p~rgaminoe ..
hoJae de palma secas, grabadas con gerogliflooe
pi:,.
fl.a~coe eeculpi~os con obsidiana ó buril de torno 'a~ro.
_Em~e loa arrumados mausoleos que aún existen entre la.
p1~ám1dede Cheopa y la de Kophaen, distíngueae la careo·
mida pared ~e un templo Knt1quíeimo, cuyos bajos relie•
ves eon admuablee. ¡Cómo hay parecido entre esas figu•
ras Y lae que adoroan las ruinas de U.xmal y Chiohenit·
za en la pi:,nfneula de Yucatánl
¡Qué arro_gancia.de aqu~lloa lugares! ........ ¡qué mágica
Y. v1goro~a 1mpr.e~1ón_ se ~i.ente que hace crispar los ner•
v~os Y deJa estática la1mag10ación al contemplar tan grandiosa obra de una época verdaderamente incompren~ible, de una razaorgulloEa, combMit-ndocon ene semejan•
tes_y ~levando hasta el locue máximo loa heroicos acou·
tec1mientoe de la historia.
. Aquel!~ antiquísima raza de faraones se inmortalizó,.
rnmortahzaadolas o.bras de su pueblo. Figuraos si to'1os
los magoates de la tierra humana hubieran fabricadocoloeales 1,m~1baa come:, loe del Egipto ya nuestro su~lo
estaría cubierto de pirámides en cordilleras inmensas.
C~lcúlaseque coa los bloca de piedra gne forman las pi•
rám1des Ee podría levantar uná muralla de cuatro metros de alt.ura que atraveeara á toda la Francia· tocante
á la esfinge fué eeculpida sobre una montaiiá ya exis~
lent,e.
A las faldas de su _inmenso busto lomamos el lunch
que llevamos pr~vemdo y poco después de un brindis
por nueftra pso,1a y cua.tro i'ivos entusiaetas que de alli
lanza~oe á México querido, volvimos• tomar cooient(¡s
el camino á la .cmdad, azueando á nuee$roe buruildee ca.
melloa que dieron dos v~cee con nuestros cuerpos en
aquel aren~eo suelo .del Egipto. Estos golpes sin acciden•
te fueron bien fe~teJadoe por los demás, y ya ea el cen.
'10 del nuevo ~1ro, nos aprfsnramoa á tomar el tren de
rPgreso á ~e.ma1h!1: c~m qué tristeza dPjamos tan pronto
aquellos e1t1oa q1atóucos 1 tan Jlen(.8 de curiosidad para.
todn el mondo.
Nuevamen e en nuestro barco nos diepudmos á reco•
r:er la Fegunda !f)itad dPI canal de Suez que nos conduciría ápuerto Satd en el Mediterraneo.

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sa. ni aun siquiera para proveere:e de carbón 6 viveree.
La disyuntiva no dejó de ser contrariante; teníamos
formalmenle cerrados loe puMtos de llaha y con ello la
facilidad de conseguir carbón y víveres, como de recibir
también nuestra correspondencia que estaba depoeitada
abi bacía algunos días.
Loe puf'r,os de Italia, Francia, E~paf'i.a y Egipto ¡:erraban iambién ene entradas, aun cuando no de manera tan
rigurosa como Iogla,erra.
¿Qoé hacer en tan dificilefl circumtancias?
P\)r esos dfas ffCibió el señor CJmandan,e la orden de
la Si!cretaría de Guerra de seguir su camino á Francia, á
Toulón, donde se ncogerfan de loe areenaleeforge_chan·
tier algnn8s piuas oe rti!pUo de nntaua maquinaria
y
1
ruunic1ones de anillería.
Est.o vino á agravar mlis la situación crítica y relaiivamenie i1 jueta que eufríamoi:1 1 tardando así en resolver el
camino rrn1a propio que deberíamos seguir para !alvar
cuando menos la cuarentena,
C.ib\fgrnmae á nuestro rPcreeentante en Marsella para
que arrf'glara la entrada á Toulón y la caballerosid¡u:t del
rt-preE&lt;enta nte de Francia ao Port Said, quien G.ió ~1 me•
jOr ioforme de nut:etro eEhdo sanibrio á oord", basta•
ron para que nuePlra entrada á la Francia se hieiera sin
dificultadts DI rfmora"e.
::\Iientras se arregló nuestra marcha en Puerto Said gaetewos 11uestros díaedeazuetomezclándoooij como si~mpre
i:,n las costumbres de aquel pueblocosrnopofüa, ernioente•
mente activo por el movimieoto constaJJte y vanado del
puerto, pero después del Cairo no ha lugar á decir nada
eepecial más que deee:e cúmulo de extranjeroe, eepecialmentegriegos, que dando la mayor"prueba de patriot.ie•
mo, se reumeron en solemnes y acaloTadae sesiones que
tu vieron por objeto abandonar eue empleos, sus hoga•
res y comodidadee, y alietarae para daree de alta en el
tjf'rcito de su paf s.
·
Ya iniciado el bl,1queo de Creta, iuvieron el descomunal pattiotiemo de alie$aree en el ejército perdiendo todo
¡:.or su patria, ,rocaodo sus holgadas posiciones y afectos
por su país que lee recibí~ con una corona de laurelts.
El día anterior á nueEtra ealida de Port-Said, todos
loe griegos residentes en el Egipto, abandonaron el país
en un traspo1te que los condujo á Creta.
Láetima quti tanto heroiemo, no hubiera tenido el me1ecido premio para sus afanPs, pero rencida Grecia eerá
s1t,mpre considerada &amp;Die Jae naciones como la heroica
raza qne antigua1 como viril é instruida ba sido la buena
madre de cuyo seno han brotado tantos genios: el he1ois•
mo, la cit!ncia, el arte y la guerra.
1

V
PUERTO SAID

Sobre una positiva.lengua de. tierra medanosa, oonstrni.
da J?Or las grandes mare88 del 2\I~dlterraneo, que avam ,,
hacia el mar formando un prolongado bordo al Jagi►
Frunchal, está eituado el novísimo puerto de Saíd á llL
entrada de lo.s dos t&gt;xteneos maleconPe que terminan eu:1·

OCTAVA PARTE.
En. el Medt terráneo.

I
SALIDA DB PORT·bAID.

Ascensión á las Pirámides.

1

1
So/dedos egipcios.

Aperado y gt1stoeo el Zm1goza y su pe!eonal, e~recidiawos aquella 1.raveaía por maree ya bien conocidos y
sobre todu deepuéa de tan largo viaje veíamos no Jeja na
yá é. la patria tan ras veces eoflada. Cruz~r el ~1ed_iterráneo y el Atlántico era ya para nuestra 1magrnac1ón un
paeeo cort.o, un lago, comparado con aquellos océanos
1an grandes como el Pilcifico, el de China, mar de Benga1a y O::éano I 1dico.
Hticíanee con toda actividad Jns preparativos de la
marcha, cuando un saludo de 21 disparos anunció al
acorazado delª Austriaco, el «FraocisooJoeé)l que ma•
Jeatuoeo caminaba por el canal dejando ver sus atlétic88
y esbt-ltas formas de coloso¡ poco deepuée, siguiendo lot4
m'\1econee, entramos ep el mar tirreno, dejando quizá
para si1:mpre perderpe la coeta de Africa hacia el eurcf'B•
te y la de le. Tierra Santa con eu valle de )os Olivos, Jt:!•
ruealem y \antes o$roa pueblos donde el Mt1eias prome•
.tido, el hombre Dioe 1 Jeeucristo 1 regó eu esogre y pr~-

Nada agradable hubiera sido permanecer una cuaren&lt;'anal famosíeimo que enriquece á Francia como río
tena fonu~a en aquel pueno para compurgar la mala no¿
de oro.
De admirar es como ese mar t.irreno, brueco en fll16 ver- ta que nos arrojó nue~tra pr1..c~de1 ci11 1 DO obstante las
l ;ginoeae tempaatadee, no sepulla como á la At.Jántide á pat.en\es hmph1s quti nos amparaban 1 así como el oomeat, pueblo coamopofüa, temible enemigo de Alejandría, portamiem.o por orden de Comandante obeervado en
Ceylan, auranie nueetru. corta ptrmanencia en aquel
y fusura Babilonia.
Ea medio de sus aparentemente frágiles caeae de ma- pUf'r\O.
.
Hal!ta allf nuestro derrotero no había cambiado; tenía·
dera, tevántaae hacia el puerto nn novísimo y escnltural
moa
que
habernos
dirigido
á la isla di:, ;\laila, después á
edifbio morisco, donde 'se bailan instaladas lae oficinas
dirt!ctivae de la Compafila¡ hoteles oonauuidoa de fierro, Gibraaar vara f'ntrar en el Atlántico.
Per-0 .Malta no solo sujetaba á los vaoores á reclusión
ahoe y cuadrados, y las caeae de comercio reboeando ar•
tfculus variados de todo el mundo, vense en artísticos eanitaria, sino qne en grandes anuncios publicó, que no
grupos en el interior de los escaparases eombreados por sería acep,ado 11ingún barco de procedencia BLepecho•
hileras de portalones altos y angostos. Las calles rectas,
t iradas á cordel, de tierra apizonada y aceras amplias
donde verdeguean avenidas de arbolil1os bien cuidados,
dan le más bien á la población un aspecto europeo.
Dos ó lres lineas de trenes urbanos recorren la intermi•
nable lengua de tierra bae,a la población nativa, donde
put de verse hacia el norte el mar que rompe espumoso y
rojo sobre la baja playa y hacia el sur el lago fangoso de
Frnnchal con su ag11a rojiza taml::iéu é insalubre.
Del lado del canal en reducidoil y bien ordenados fondeaderos, descansan lo más brevemente posible, barcos
que deberán atraveear el gran canal 6 loe que ya termi~
nada esa travesía, ePpi:,ran, ee~'r su marcha para todos
los puertos de Asia, Europa 1 Africa y América.
Aquel hermoso y largo alineamiento de palos, chime-oneae y cascos, ala,gan el canal dejando del lado de lapoblación en la explaoa:la popular á eee pueblo divergente,
oemopolita, políglota y astuto que ya surca las agnasen
Rue ágiles embaroacionee, impulsadas por su vela latina
6 ee buye en las playas ostentando en eue cabezas el ro•
jo desbouch que usan desde el Khedive baEta el más hu•
milde súbdito egipcio.
Loe couenlados de todas las naciones con sus pabellones eiemptP. faadoa, flotando por el !,f1slral casi baeta desgarrarse sobre sus elevadas haat,aa, se .yerguen sobre el
frontiapieio de las casas, dibujando caracteres de cada
nación, cuyos negocios mercantiles tienen allí una aeom•
brasa actividad . .El fondPadero de barcos de guerra que
da al frente del gran edificio Mon~·or, al lado de uo barco
fran~éa atracamos con alguoaa dificultades por la fuerte
corriente que en esos momentos tiene el Medherráneo.
Una vez fondeado el Zaragoza, recibimos la alarmante
noticia de estar loe puertos europeos cerrados, para los
harcas procedéntea, directa 6 indi:ectamente de la India
fuere cual fuere su nacionalidad; precaución tomada por
la bruaea aµarición y rápido cundimienLo que había lo•
Vista del aatlguo Calro.
mado la peste negra en Bomba.

�...

EL MUNDO

DD ■ IIIGD

•4 d• OCTUBRE d• ,. .7

EL MUNDO

DO ■ l ■ GO 24 de OCTUBRE ·d• 1897

desatando para a1gunae ...... n 0 para todas. Porqué -?se
.
re untará. Por que nos proponemos que esta ~eccJ.6 n
!eJ e61o dedicada ti las artistas que ll()n .to~a~fa muJ&amp;rea de hogar y no mujeres de teatro. Estas ultimas des•
filarán como han desfilado ya por nueetr~e columnas,
cuando loe ecos de la eacena1 demasiado ru1doeos, cua~do el ee\ruendo del aplauso público, reclamen eu pubh•
"dad
Las otras las enamoradas del Ideal en me•
Cl
.........
I
•
·,
dlhodio de ·1as tareas pri vadae, apacibles y qu1e as . e d l'
ar, la9 que enfloran sus ratos de ocio con 1a_mag1_a e a
~ota del vereo·ó del -pincel; las que han temdo e1empr_e
rub;r del aplauso que revienta como pomposo florec1miento de luceade B:mgala, esas serán las que exornen

•
/·.

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j

.,--"'
V"&lt;

.....

'

..

GJ'Gueótzaó ~ztitJtatJ.
ELF.NA PADILLA.
Ea una nueva sección, muy eimpática, la
que ofrecemos hoy á·nuestroa lectores: una

galería que se publicará con la mayor íreenencia poeible, y en la que, tendran cabida nuestras
:artistas: Tiempo era y1 de que no!!otroe, que hemos l.levado siempre nueet.ra ofrenda al altar de. la muJ~I
que en nuestras páginas dominicales ba temd? boep!•
.talario cabida, deposiláramos_á. '.os pies de las mu3eres ar-

't.ietae un ramo de l:io!erne.
Hé aquí el primer baz de ese ramo, que se¡uiremoe

eala página.
d El
E iniciaremos la gentil galería con el retrato e ena.
Quien no la conoce?
En muchos salones elegantes estalló ante la feería de
eu música la aclamación; y vibró, lleno de promesas de
glotia, el aplauso.
. d Mé
uien no la conoce? Nos vino de 1~ Andaluc1a e
•
. Q de la embeleeadora R9ina de ÜJc1dente que muee~ra
:JJ,:lCO,
·
b · ¡ d. ·
cielo
su fi 90DOm¡. Co ':l.r1ueta y cautivadora &amp;]O e • ivino
.
munífico
de
una
naturaleza
en
primavera.
azu1, pal to
d •
t d
. e d' une patrie lointaine, de don e viene ot o
. Noav1en •···
lo que brilla, todo lo que perfuma, todo lo que canta,. o•
do lo que es gentileza, eonriaa, juventud, talen~o, vida
.
mtensa
..... . d'une patr-i.e lointaine: de tu amable re100, Oh
Art;el
·
ir.abiar de en ejecución, de la facilidad suma ~n que
.
. terprela , matiza , y embellece á ser posible, la
retiene,
10
música selecta con que regala loa oíd~e~ .
.
Para qué! ni queremos doctrinar m 1uat.1pre01ar mé·
·¡
Loa art.ietae ea ben lo que vale E lena y lo saben
r1oe.
r·t
t11mbién todos aquellos que gastan de. que su eep n u,
btlancée en el espacio azul de la barcomo ave d e 1,1,
&lt;
umaca de cristal de la nota ..... .
l
l.
man f a, en
d
d
Su iano hiblará por ella, con la voz. po erosa e eue
cuerd~e de oro y la eotiriea triunfal 6 triste de eue teclas,
ventura 6 negras como la deeeeperanza ....
b 1aocae co mol.

'e

Para tu piano,
En el album de Elena Padilla.

La balada es azul. ..... can\a los euefi.os,
:Murmura cuando el alma en primavera
Se empapa en el fulgor de loe ensueños ..... .
Para esta hoja de nieve yo quisiera
Una balada azul como t_ue eueiioal. .... .

El opulento wa.ls viste de oro ..... .
Tieue trémolos vivos, cantos regios,
Notas triunfales en alado coro ..... .
Yo para tí quisiera loe arpegios
De un opulento wala colar de oro!. .... .
La dulce serenata es musa blanca ..... .
Sacude en el frondaje el arpa eólica
y ténuea ritmos de cristal le arranca ..... .
Quiqiera para tu al bum, melancólicl,
La dulce serenata, .omea blancal ......
El nocturno ea un negco, insomne buho ......
Vive del torreón en las ruínae,
Con el viento lloroso alza eu dúo ......
De mi alma en las lóbregas neblinas
Aletea el insomne, negro buho!
ENVIO
¡Oh, rnberaoa artista, la harmonía
Cifi.e con su corona tu cabezal
En tu limpio horizonte eurje el día,
En mi cielo la torva noche empieza
y preludia eu fúnebre harmonía!. .....
Yo vago eolitario y taciturno,
Pasan tna horas ein dolor y en calma,
Olvida el sollozar de mi nocturno
y flote en nubes de zafir tu alma
Mientras vago, sombrío y t3¡c;turno!.
FRANCISCO

M.

DE 0L.~GUIBEf.•

CA/RO. - Vista panorA.mlca.

pagó la religión que hoy día tiene soberbio~ templos en
\oao el orbe.
Ya nueat.ro barco se cimbraba al choque de la onda
azul del Mediterráneo y poco á poco aqut,J horizonte limitado por la costas africanas iba eua1.1éndose en aquella
maea ltquida, ri2oada por un miet.ral irio y duro; allí nos
deapediwoe del calor, y los abrigos y uniformes de pa•
ño vol vieron á. aparecer en nuesnoa cuerpos.
LwcorbeLa,comosi reconociera el pueri.o que le dió á.
luz, camínaba ligera y majee,uoea; iba alegre á. loa areena·eade Forgechaa\ierdonde se le babia couetruido cinco
años anliee; p~ro orgullosa de haber dado la vuellia al
mundo sin un descalabro de enliidad y c,onaervando aun
en ea gente á todos, excepto dos qm, trieliemenff! habja
deJado en eu camino: uno en el Haway y otro en Hong•
Kong. Había pasado por todos loe climas, visitado muchos puntoe,soelienídoeeá flote 6 ya en varaderos y diques
sobre cuna de madera y aedlleros de gualdrae, meciéudo•
ee unas veces al acomptu1ado val ven de la ola tarda ó empujada y luchando con el temporal; sufriendo el biueco
golpe de la racha fría 6 envuellia en loe cálidos y s.orpee
víen50a de la zona ecua\orial y en liodae eelias 1aces siempre lielia, nunca muUlada ó enferma, agradecida á loe
miemos cuidados de aseo, se engalanaba como guapa y
arieiócraS;a polla, ya con flotes del Japón y de la India, ó
ya con la eecarchilta 6 nieve del eer.recho de Magallanee.
Eelia vez iba á cambiar ropaje en eu cuna, en el aree•
nal de T..ilóp. eana y salva.

II
CREI'A.

Pocos diae después en el mar aparecían como bro"n·
do del agua zarca níveas oreetae de montañas sobre D&amp;•
car; eran los ah.os pica.oboe de la isla de Creta, cubiert.oa
con delicado mamo de nieves, matizándose con loe más
tenues y poét.icae tin'8e, del rojo pálido al blanco de
plau. ó amarilJo paja¡ luego eegwaee á la falda de las encrespadas montafi.ae, ya la veuuloaa y rameada impresión de loe arroyos, serpenteando de lo alto de las ruinas, hacia el brusco cans.il de la costa, rígida y severa,
negra, húmeda y briUanie á fuerza del continuo choque
de Ja onda azul; ya t.ambién ee deeliacaban manchas
-verde obscuro y puntos blancos, boequee y poblaciones
de aquella isla 01en veces heroica que hacia eue preparativos para una guerra f01midable y deeigual.
Pero ¡qué animo! ¡qué ardor! ¡qué palirioS.ismo animaba
á aquella.e masas de helenos abandonando sus caaaE1, formando ejércilioe y dirigiendoae á la vieJa Canea á. defen•
der la más juelia de las caueae, la invfolabil1dad territOrial.
Iniciada la guerra, el pueblo griego conliaba con las
simpaUae del mundo entero.
Hoy sabemos ya que la fortuna Jea fué adveres á loe
griegos; ¡,ero en aquel entoacee, qué nerviosidad, qué
excitación causaba en el orbe antiguo la guerra tnrco•grie.ga, cuyo trágico final apenas hace á la fecha en que escribo estas lineas unos cuantos días que tuvo efeclio!
Ojalá y nos hubiésemos detenido en Canea para pre•
eanciar loe acUvoa movimienlioe navales que ee hacían

para el bloqueo! Dcagraci9,damente solo á larga distancia vimos las escuadras extr1:1njerae que dil'igian la~ aceradas proas de sus moles de fierro arti liadas, al puerlio
heleno.
¡Cómo aquella tierra solitaria en el centro de un mar,
ocul&amp;a á. lo!:l oJoe del mundo, no lo estaba á la codicia de
t:da una poliliica, aetulia y terrible! T.:&gt;da la Europa presenciaba con sonrisas maquiavélicas aquellos preparativos como si 8!:!1a1oieran á una eealón. de box 6 á un asalrn
de arma.e abotonadas 6 á. un daeafio sin proyectiles.
Muclia sangre musulmana y griega ha corrido empa•
fl.audo las aguas del Adriatico y del Jónico, regando Jaa
tumbas de Aquilea é hirviente aunque vencida, la antiquísima raza de helenos, tuvo que ceder no al genio, rio
al valor ni Ja estraliegia¡ cedió sunplemenlie al número, á
la masa del enemigo.
Forlialécete, paie de loa genios y pide después just.aa
represalias á su dimero opresor, imita á la Germanía,
q11e hoy ee nación poderosa deepuée de ser oprimida¡
tienes el valor, el genio y tu fama, sin mancha: no '8
falta más que la masa de tu población, y así como hae
conquistaao con la ciencia al orbe, conquiam liue laure•
lee hoy marchhva por el yugo poderoso de la fuerza para que máe s.arde otra nación \orne tu puesto t-n el foro
y \u quedes como espectadora en ese escenario '8mible
de la gran lucha política. europea¡ aeí no serás el enano
de la fábula, sino qne irá.a cCJmo el gigante ,ii, pi.&gt;ner la
plans.a sobre el húmedo y saoguineo piso donde yace el
valiente que da eu vida por la patria.
No se perdía de vielia aquella \ierra, aquel girón
montan.oso, foco iniciador de una guerra que e.n poco
,iempo tomó alarmantes proporciones.
Cómo se bacía eimpát.ica aquella Sierra que respiraba
patria, liber\ad, valor y energia, ve,ustez y gloria.
¡Oh Grecial liu madre Aliena~ hoy llora la pérdida de
eue hijos, pero cuenta con el pésame que desde aquí '8
env1an Joe mexicanos y con la eimpat.ía que inap1raelie
á la dotación de! ctZaragoza)) cuando s:i quilla surcaba,
trae larguísima travesía las aguas de tus poédooe maree.
Stguimo9 coJl la vista lae cose.as de \trCreta hasta que la
convexidad de las agua e nos ocul'6 aq ueJlas eue niveas y hermoeae montafiaa que se doraban á loa rayos de
un eol majestuoso del mee de Febrero, oculc.andoee trae
las encrespadas aguas del Adríáliico ................. .
Pene\rábawoe ya en loe dominios ilialianos á Jos cinco
diae de salidos de Port-saíd y el mar tirreno aparecía
\ranquilo, claro el dia y fresco, el sol á medida que más
se acercaba al zenit1 nos enviaj:)11. eue cálidos rayos, y
nuestra co1beta alegre eacudíaee majestuosa sobre las
onaae azul turquí coronadas de espuma blanca, de· vez
en vez irisada al contacto de la luz matinal.
Hermoso aquel die. en que la inmensa silue\a del Et·
na, como si saliera poco á poco de las aguae, iba sublime
llenando, hasta tocar el cielo, toda una gran porción del
horizonte, nevado hasta eu falda. Ei monstrnoso aooia•
no de graoho, tiraba á \odas lados las arrieag11das ailue~a de rn escabrosa mole, arrojando inmeusos gi'ronee de nieve en avalancha, lloraudo @u agua de lo alr.o
de su mort.sj.1 al valle pintoreeco en liumulliuoeosrlipidoe,
cubriéndose unas veces de vaporoso docel de tenebroeae

nubes y otras esplendente y claro luciendo toda su ma•
jee~uosa apnieoc1a de g1gaute, mudo hoy; pero terrible y
lieevaetador cuando su encendido cra\er vomitaba el det:1•
liruclior elemento que sepultó á bntas ciudades.

III
EL ESTRECHO DB Mll:SlNA.

Nos d~djíamoa al eetncbo de Meeinaen\re la punta de
la boc.a que termiua I~aha y Ja S1c1Jia donde ae levanlia
el Ema, uno de loe más na.ablee volcanes del mundo,
Enlirabainos ya al Golfo de Mesina, formando por ee·
tae dos panes del reino de llialia y ti babor, distinguimos
la escuadra italiana que dir1gia eue barcos á Canea.
Mandada por un almiranta, nuesr.ro barco le hizo en
plena mar el saludo á la insignia, que fué contestado inmediatamente. ¡Q11é ht:rmo~as ee veían ealirde loa aceradoa cruceros las tiucanadae de humo, y poco después el
estampido que iba á peraerse de eco en eco aobr~ la in•
mensa pantalla del E,oa.
Adioe barcos más felices que ooeo\roa que van , pre•
@enciar la iniciación de una encarnizada guerra ......... fe•
lii tra veeíal
Ahora el golfo se est.recha más y más, y Jaa abrnptas
costas de la penineula se dejan verá lae claras. Qué mon•
tafias, qué rioe de arena se dttacubren donde quiera, qué
artiuicu1 caeerfoa se desprenden de. Jae cimas hacia el
valle y allí se exc.ienden loe vifl.edoe, agrupados, hacina•
dos dando licor vividcante y rico.
No ha llovido y la pendiente cauce de loe ríos se encuentra seca, por eso queda marcada su huella oon are•
na, eerpent~ando caprichoeae vuehae y revuel1aa enue
el campo da la vid fresca y sombría.
Puco á poco el canal se estrecha y de las doa coe1iae
reflejándose en las tranquilas agua.a de uno y otro lado
apareceu como inmaculadas náyades las poblaciones de
Reggio en llialia y Meeina en Sicilia.
Eetae dos poblaciones como doe hermosas mujeres desafían entre eí ene galas y hermosura, á cual má.e hermosa y pialioreaca; una eleva eua artísticos edificios aob ,e
la montafia; la otra extiende sus caseríos sobre la playa,
una se adorna con aníeli1coa y suntuosos acueduc1ioe de
arcoa gigantes, la aira eleva del suelo, caetilloa albeantes donae el marmol se mezcla en profusión con la canliería de mil colorea, y lae dos ciudades como doe gemelas, embellecida.a por el canal que las divide y refleja;
compilien eternamente para conquistar el prewio de la
hermosura, es un juicio de Paria al que ee aujetaneeas alliamente poéticas ciudades de la eelirema Italia.
La -viet11 se recr~a horae enteras mientras ee va pasan •
do por ese canal sin igual, tra1..oquilo como un lago, hermoso como una beldad en su plenilunio, '°do en el pai•
eaJe ea fantáFtico, arrobador, art!a~ico y sencillo sin la.
brusquedad del contorno de lc1. obra romana y si con la
PRbel,ee dA las formas de una florentina ó veneciRna,
R ggio y Meeina, son femeninas, son dos hermanas, ru-bia y morena son dos aib1laa cumanae que se dan un be-so eLerno, que ee acarician para toda la yida.

Concluirá en el próximo número.

&lt;:¡; lor

ae

Vivió como las florea del cementerio;
Mi corazón marchito no le di6 vida.

tumba.

Murió el niño¡ la pérdida fué grave,
Meaba,donó la calma,
y mi angue,ia suprema, herida ave,
Se Fa')Udió en el nido de mi alma
Noeé lo que sentí¡ fué una violenta
Ag;ita 1i6n, Senoia,
Rogió en mi coia!ÓD m a tormenta
y en él juntó Ja noche con la aur01 a
.El niiio durmió al fin su úhimo mei'io¡
Murió el nifio que amal:a9;
,El ~ue otrn l veces se durmió risuetlo
.Al rumor de ¡08 beeoe que le da'"'a1.
JQué amaig~1 son tus born1, qué ~~tranquila1!
Jloral mucho y me afllJo;
JSi pudiera enjugat ds tus pupila~.
LM lágrimas que vier\ee por tu btJol
Lloras a\ recordarlo, y me parece
Que ee tu pernr eterno.
Yo también lo recuerdo ~ m~ eXLremece
Algo como ur a ráfllga de in v1erno.
Ah\ yo también lo ~vué, b~eé eu frente,
Lo cubrí de ca.nñ.oe;
Que tengo un corn:ión gran~e y ardiente,
Amigo inee{a a':lle de loe n1fios.
Fué 811 amigo y lo extraf'io; mM á veces.
Me sirve de oooeuelo.
Pensar que, por huir de los revef!eB
Del mundo ingrato, ee elevó hasta el cielo.

Ca.ll:t de tu dolor en el exceso¡..
Ya no llores¡ me afüJo, ....... .
¡Si pudiera eujuga.rle con un beso..
LM lágriroa1 que viertes por tu h1Jol
JUAN

B. DELGADO.

•Octubre de Oi,

PARA. ELLA
Ab .6 como las florea del cementerio
Su e:termiza corola¡ euepir6 vi~a .
.
ho en el lúgubre caut1ver10,
D emipec
"d
Y al fin, en mis \ioieblaa qued6 perd1 a ....

No le dió eue vigores la Primavera;
sus pétalos nunca brilló el rocío¡
y jamás hubo briea que le dijera
Sus amocoea3 quejas cerca del río.
No le dió eue vigores la Prima ver~,
En eus pétalos nunca brilló el roc10.

F,n

Mema.jera amorosa de azulee ojos,
Veneros de apacible melancolía1
. .
Aun cuando la esperaba puesto de h1n0Joa,
No bajó ds los cielos pare ser ~fa.
l\feneajera amorosa de azulea OJOS,
Yeneroe de apaci~le melancolía.
El recuerdo ea un ave que vuelve al nido
Boacando loe arrul'oe y las terneza~¡
Triunfará su recuerdo del negro olvido
y raegan:io las nubes de míe \risteza:,
Regreeará á mi pecho buscando el l ido
y hallad, loe arrullos Y lae ternezas.

Blanca como la nieve, como ella fría,
De perlas eu semblante no ~ubri6 el llanto;
Víbora su sonrisa, ee retorc1a
En sus labios de grana, no \uvo un ~auto
Ni una dulce plegaria; porque era fria
y 00 le dió ene perlas el tibio llanto.
Mnrió porque ea mi vida foé un imQo.eible¡
Foé flor que en eua ~erjelee. no abrió eu broche,
Estrella como toda e 1naccee1 ~le
Que animó con eu lumbre mt neg_ra no~he.
Murió porque en mi vida fué un ~mpo1nble,
y flor que en mis verjeles no abrió eu brocb.e.
Oh muerta idolatrada! si ves mi duelo
1
•
·¡
y sabea que mis nocb.ee eon mtr~nqm as,
Si me contemplas sola desde tu c1?lo
y eaoe tristes luceros imn tus pupilas¡
,.,1,. aun hay amor en tu alma, .para mi duelo,
.
y sabes que mis noches son mtranqu1 1as¡

Tiende sobre el abismo que nos separa
El puen1e luminoso de tu recuerdo,
Te suplico, inmolado eobre tu ara,
En medio de las dudas en que me p1edo:
Tiendas sobre el abismo que nos separa
El puen\e luminoso de tu recuerdo.
FRANCISCO TABOAOA.
Oclubre de 97.

TU NOMBRE
Como un místico roeario de armonia
Ea tu nombre ceJeetial y meliodoeo,
Santo nombre que repi\o fervoroso
En mie penae, como dulce letania. ,.... •··
Qué suave y grata música: Marfa!
Oada letra ea un arpegio misterioso ........ .
Como un m.íetico rosario de armonía.
Ea tu nombre celestial y melodioso,
De mi amor en el santuario silencioso,
Bendiciendo tus desdenes, virgen mía,
Lo deegrano apasionado y tembloroso ........ .
Es tn nombre celeeliial y melodioso ...... •··
Como un místico rosario de armonía.
EFRÉN R1rnOLLEDO.
Oclubre de 1897.
FIDE.

y O envidio á loe que firm·ea en une. fe in violada,
No sienten de la duda el aguijón maldi~o,
y e.rozan de la tierra por lll !\apera jornad.a
Sin blaeEemar del cielo, ein exhalar un grao¡
Loe que en el templo buscan de Cristo la mirada
Tan dulce que reanima el ánimo marchito;
Yo envidi~ á los que firmes en una fe inviolada
No sienten de la duda el aguij6n maldito.
Que aguardan t\ la muerte-la lívida enlutadaCon la esperanza viva y el corazóncontritoi
y al espirar contemplan la luz de otra alborada ... ;
y O envidio á. los que firmes en una fe inviolada
No eienWn de la duda el aguijon maldito!
Ootubre de 1897.
JoaÉ M. Oc110A.

�-

EL IIUNDO

DOMINO

04 lle QCTUIIU det. .,

ao ■ IIIIG.

Ensueño de niños.
POR,JOSBPH L'HOPITAL.-ILUSTBA.OJO:NBS GRABA.DAS 111N NUBSTBOS T..U:,LBBES-

N úmero l.
1
Un ñlbldo 1 el UH ae co11moTl6, Jaoobo ae· qaed6 en
el udan OOD el COIU® Dll pooo oprimido, 8D lan&amp;o qae
por la po,._la del wq6a qae hafa, ■a pad.. qllaba
111 pallaelo ea aellal de adlo■• Deapaá M116 leatamenle
de la lllaoi6,a. J 18 -1a6 COD penlOIO 'iade•
ello al holel del Unheno.
Cofa la wde, 1 ooa ella '\a delhleio menudo, Loo
pandeo olmoe del bealenrd Hoorteloy, &amp;ooado■ ea ■a
11'i'la por la■ helada■ de lo■ tfülmo■ dfu, dejabn que 11'
deopniidi.en hoju amarlllenlel qae 'fOllejeabaD
larp &amp;lempo"" el al.. sria 1 de■paÑ N poabn en el
lodo. Uu U11'1atipra, fda7 penelrlllle, e:i:prlmía, la■
llDNI qae dea!llaban, Impelida■ por el TIODIO de-•
-janle■ 'sraadN plopjoe ■ombrlo■¡y la ol11dad qne
le habla paraoldo en la llllllana un b11lllolou 1 ale1re,
- - may b..._ bojo el ri'fO tol, pan,cla aho·
.. amodorradll boje&gt; ID Uen■o hdmedo de Dlen y ,Ullle
' má DO poder.. medio de aqael a..pdeoaló de No•
-.lembre, mQ _.te mU qne la ftniadera noohe.
Jaeobo •til6 al aaafto qae lb■ , dtjar 7 e■ mlr6 en el e■•
pejo. Vlóot ana len lllllm- qae e■ eoh6, reir 1
mori6 iol hombro■, lntúdON menl&amp;lmeala de plliDa
mojada,
-No e■ dlda qae marcho al npllolo? B:mha oara qne
llOlllOI B1"- ddloalo, Ylejo mio......... ao le - ,l. mo•
rir.... ~•·• B.lhl 4111a Olllpa de ene horrible lillmpo . ........ .
Llam6 ¡,ara qae bajae■a ID malela, hleo llamar llll
tioN 1 dl6 al ooohero la dlraooi6o: calle C,lberl, .... de
lae■llon Loohel, plaaahadola, J91l)u&amp;oqae el jamelp

;Anoj6 au mirada de envidia oob.. el leoho.
-De■pá

de todo podrla lavarme ......... al¡¡o e■ al¡¡ol
Dlablol ..•...•.. Son 111 la■ IOÚI, deepaebémono■,' JÍ1 DDev,í teago qne e■llr embanlado.
·
Ella Idee de ut&lt;w embaulado qll8 debla i--rle e■Ye•
n, la parooió ~ yde
1u1 ldeaa Dllra■ vola•
roL 8ao6 ñpldamenle de 111 pelaoa aaa oamlaa de fra.
nela, pd■oe■ 11n ve11ido 11eado, pero limpio, colooóe■ el
eombNro 1 • mlr6 al eopejo:
-Diablo! dijo ID VOII mu7 ■Isa, paruoo ana vlel6•,
pero llalo peor. Bien _proo&amp;o leadNI 4110 -•Ir la librea
de Jfarlel, oomo dfOfa el
Gram, CODe■'I• de
mi abll8lo•........ Vamo■ , oomer. Co• tal de que me re. . , _ . ID el hotel del U oiverto tal oomo. e■&amp;oy........ .

"ª"'º

s,,....1o

- - . -adl6 an olprrlllo y pd■-' eohu hamo

111 má lnnqallisdo.
.
•
A la IU6a UI08lldfue■ lot ploo■ depo. El 11aon, Mn•
-...C. la plua del P.alaolo J 81 annlm6 por la oalle Ro■I,
Jaeobo oonri6 , iol almoo■ae1 bien alambradoo, qae le
-nlama' Paril¡ Tl6 tob.. la■- ·"• nlrill ul...SO de pu ate■, felealúdoe■, , deapeoho del mal
••le la■ lielldu; 076 an uompeta 1 aru6 u
UUYÍII 1leao de pme: 41111ilpl6 al puo mDOho■ a,aa,
~ dé pe,lelerlu, deuá de loe oaalll! • o¡ilabn 11·
1 - de ploooe; 1 eaoomr6 qH aquella ealla de,..,.
miela leDÍII llll IW9 aiopl' lapoao, qD8 le ~ 6.
•
lilu ouado dl6 -nelte, la oalle Oolb■rl le ae■ls6 de
aaeYO la l r l - Boa !'Alle ora la qae ooa~ al oau•
lel; :,a' la 111811a, OD&amp;Ddo 61 la habla -rrldoooD aa ,..
dre pan alqDllar el oaar&amp;o qae ooaparla OD&amp;Ddo e■iurie•
e■ huoo, babia ..- d o., - ojo■ an upeatoeolemu;
:, alion, laellaado hui&amp; la porlellllla laterropba IU
prolaaaldad oombrla, ..,.¡erada de lejlD&amp;I 1...., oomo
ll babie■enpendo
de plUDIO OD&amp;re lea do■
1lla■ de al¡DD&amp; dima
,eoord,l,Ddole 11118
por a• allo ODtero, debla abandonar loda e■peraou de
ooaf:n y de l. borlad.

amarillo■

r

191

BL IIUNDO

aaa e:nrema bilponuoia; 7 complet■ mente lnlimldado
e■ l8'111116 1 ull6 de ah! , &amp;oda pria.
Bra• Ju oobo 7 media, no llovla ya, pero el llempo
oepla llleado tombrlo. Erró nn lnelaole bajo lo■ ,rbo•
le■ 7 laep e■ dlrlsl6, la calle Rnl, ree11ello, aoabu.
· l!elll el al11mbrado 1 la mDllilud no podlan dio•
-•lo 1 anDS11be ooa pato nerri0to, ouado , lo lejol,
hllOla el Lolr, apro:.im,odoee, 41, llegó , 10 ofdo an m•
mor de f&amp;Dlarrlae 1 de lamboNI; al mimo tiempo lo■
,......... e■ hicieron má name,OIOI, lo■ IÍi•deroa apa•
noleron en 1u1 paenaa y todoi permaneorá~ aon el c,n.
llo lelldldo hiela la relma qDO 11,pba.
Loo lamboree e■ aproximaban ñpldamenle, marli·
U....do el al.. ooa ea tme•o oadenoloeo, , Jo■ olari- '
- - mú fnerie, oopla•doeu■ aolu p,eolpltadM, lm•
JlriOIII. Ya e■ dlalinplo ol relampacueo de Jo■ cobre■,
7 la&amp;III lllla del llmbor mayor al ooal preoedla DD&amp;
liuda de p!Raelo1, o ,rrlendo y dao1ando, ouudo lamd•
..., anl4ndOll9 , la ba1erla, at.ao6 la &amp;tirada de lnmla.
Salolloea lOdo puó anle él oomo 111 DH peoadllla de■lambradora 1 16plda, en len&amp;o que la calle e■ llenaba
de ooloao■ 1 de oaballeroe que oe1ala• el pa■o de la ...
en oayoe 1bak6e 7 - - e■pejeab■• Ju l a -Esto•• herm0to, ae dijo Jacobo d""lambrado.
B iba , ■egulr , la 1rope, alrafdo por - mmor gue.
fl9ro. P.ro de pro•lo di6 media •óella 7 ech6 , Óorrer
baala la calle Oolberl. E,a ..,Inda eran•• oellal¡ en
fl9!liao que e■lnrie■e • lae nuen en·el onarlel de GDie■•
81 iba, llep, larde! ......... Y por qD8..r ll,pr IDM
proa&amp;o, e■ embrollabs. Imbéolll Hablaolridadoprepp •
tar por e) oaml•o mú oorio 7 &amp;omaba el mú l•'IO•o-••···
8t haad,6 como DD bara,,l,u en la.oalle allenelooe :, •o
1t lnnq11ills6 elno oaaodo llegado al onaero de la o■lle
.... llaurlolo, vl6 pe18lane 111118 61 la tombrfa del
.iejo 0■111110 de Toar■ que lb■ á oenlrle de morada.
~ llegado o,n dios miDDIOI de aolioipaol6n; iom6
•lleaio, miró larpmente la p11erte del onarlel allle le
...i puaba 1 repasaba 11• •••dnela 1 qDO lruq-bn
lllpDU ■ombru ...... deepuÑ exhaló on 1a■plro, hilo
cll¡90plo de ftlor :, ID"6.

III
-:Bo 111ted aa condlolonalT Boeno. P - a■led.
Y el llfl8D&amp;o de gaer4la le volrió la e■palda.
Anuo hacia el plllo q11e eno11adrabn 00D1lraoolodellladu. A ID de1echa aupan fachada
&amp; - pi•oa, de nnteD&amp;I vagamen:e al11mbradu por ID•
•de volee;, ID lsqDierda DD&amp;l'D811 &amp;orre e■qoinqae
;flaaqneaha por lo qD8 podfa jupre■ en -lla■ linloblu
~ oal•n del olelo ple, aaa 00111"80ol6n mú '-pli•; 7
tme ,1 o■naado ID bori■onle, · una gran plaoia bija
. . . la oaal - " " ., ..pu■ba la las de DH llteru.
.Al aproxlmane má, dleli,.pl6 uo ooojoDIO de cono•
tiimelo- 1 81 IDOOD\16 en medio de llD ¡¡ropo de j6ve. . ' • • - el ponador de la llnlerna baol• formar 61a.
-Vam01, oolooaoeen do■ lilao 1 silonolol
.
:El e■ oolooó OA ana d• ella■•
81a embat¡o, 'cada lnslaDle llegaba D&gt;Ú 19nte que formaba. El lo■ vela ilep,
Ira■ de olro, alra-udo
el ,alio OOD vaollaole y ¡lmldo, ve■lido1 como él
&amp;taje■ de ria¡., oablerlOI con eombreroo de dlnr■11
-■-,, llenado loa Dilo■ peqnellu poi.ca,, lo■ 01101 llo'ftllldl, ID ropo en DDp&amp;D pallDelo, y . de oaudo en OUD·
',lo, 'fOOe■ qDO ■e eleva·baa, broma■ fora■duq11e excilaba•
mu, marmullo■ tofoeadoa que oorrlau por la■ 8111......
Pero de -pionto la ll•leraa e■ agliaba y el ayadllllle,
oerrltndo haola el pDDlo donde .. ola mido, ¡rollla:
-Q11ieren uetede■ callareeT III e■ 4111 DO qoie,e• que
le■ d6 de ¡,anlaplee.
Y IOdo volria al lllltnolo,
Jaoobo eeteba impreeionado; oe oenlla frio y llrllaba.
.Al cabo de poco■ iDtUDlel 016 , lo 1,¡o■· lo■ llmboNlll 1
lo■ olerioea qoe volvfan al oaartel¡ de1p11é, loe vló ¡,r■ r
eale la 101 del p11ealo de oeoliaela y por 11• 11 delarioroa ba iendo 1 ,ouando la relrela oo• pl6 irme. Habla
Jkapdo la hora, oerr,baall lu puerca■ ........ .
Una eombra marohó vlnmenle haola la llalerna, oon
"" rnido de eable qoe e■ ._...,. aob.. Ju pledn1, 1
Pedro ri6 lnelr lo■ galáaee • oro¡ • • vol! gri16: loo••·
PD&amp;ol mayore ■ del Ser. BMlll161l&amp;l oaa&amp;rol y otra■ ■om•
breo e■ ■graparon al"4e4or Wa,.._le 1 del o8olal,
COD regl"ro• bajo lo■ bruOlt
Llamada! ma•d6 a! ollolaL ~•mpalllal
El aargen&amp;o mayor d6 la ~ a:,ud'8do■e de la
linier••• dijo loo nolllbree. Loo lllmiado■ reapoadlao:

- •-1

...,po,

""º

-a-

du._

811116 de 181 medltaolo- eoando e■ del11vo el ooche y
de■oaDdi6 an&amp;e •na poq11ella lleuda, oaro■ ridrlOI .,..,.
MOido■ de oonlau blanou, dfjaban puar la las lamiuda de ana 1'mpara. lfa •I momen&amp;o mluao abri6e■ 1&amp;
P - 1 la e■llora Loohel, an poco madura pero de ro■uo jorial ■da, apueol6 . . el umbral,
-El'casr&amp;o del e■llor e■Ñ llolo, dijo con ana ,.,......
ola. 81 el oellor qalere puar porel aorNdor....... ..
De■pancl6, de■pllá, YOivllDdo COD DD&amp; bDjf1, ,-dl6
ID el puadllO qae e■ abrla ■obre la •11', 11 lado del ...
lableolmle.a&amp;o, , Jaoobo 1 al oochero qD8 llevaba la balljL 811bl6 ella nlate ._,o_, emp11j6 111111 paerla 1
81 biso , na lado ,aa dejar pee■r II joftll:
-El oell~ me dlnl 1f le falla al(IO, 111 ee1, todo bien.
El eDlró, balbaoe6 DD paclu, dl6 oa pleaa al oochero,
lom6 la bajla de la■ mlDOI 4e la ■ellon Loohel 7 e■ 4118•
d6 IOlo,
Recorrió con lo■ ojoe ID oaano,era limpio, oon 111100r.
liu■ m111. blaaoa■ fNDle ' la ....... J DD bou faeao
en la chlmea,a.
,
-Vamo■, dijo, ao-r,! mal aqal ........ SI p11dlera 111·
q~len dormir 1h1ra.........
·

flaoo, - " 1 0 de mi- de cabillo■,
1 de llD&amp; vieja 11111-. COD DD boDe1e de pi•
pare eobN el oo.,lpDI, e■ hlfhl6 ■olemaemente ea la
pan me■a; oomensaroa aaa conft.-.o)6ll 11mpl1erDa,
e■poolede 011ohioheo mon6&amp;o•o, enl1emeooladode i,ide..t
1 de 1«11 y Jaoobo oe abtorbl6, ■rrullado por ... marmario brit'81eo, 4"" le penol6 oorrer leD uiole oomo,
al11era la ll11vla au del de■ hlelo,
El poteje le ft'confori6, porque I• ....,,111a de 111 tole-dad 1 - p,eooapacioneo 10 pod fu bater bieobu• 10,
opeli&amp;o de velnleall0t; 7 onando letln leron aa ·,uod•
ho'IOII•, toarl6 , bDOa vino qDi bD8le , riolela,
oomenr6, euoon1rar , loe olnoo lngl-■ dlnrlido■
olrid6 el NIio para dlverli.... L~ oomllla ara baena;.
llll 19llllemu

a4 11• OCTUBRI U .. ..7

No lmporll, vo:, 'de■l11mbrarloo pldi4•dole■ 11na oomida
e:&lt;qallllla, Para comer mal ya hobr4 dempo,
Y oomo - b s por la p11ena de la plaoch■darla:
-Bue- aocbeo, ■ellora Loohel; ..16 ma7 baeno mi
olllrlo-e:i:olam6. Vendrá may HCDldo. Lu •oohe■ que
DO me -i. podelo decir: • " llftftlldo.
· Y perli6 •lecremODle, ea .IU&amp;o que la pl1111ohadora de•
ob ..nL
-Beñ llll 19alil ■oldado mi e■llor, 7a lo ver,llel

ofa, -

Ir

..,...Ddo

Benl6e■ aporte, ea DD .rincón, 1,
qae • le
llrri-, miraba di■ualdamenla 111 ldu 1 venida■ de lo■
mo■o1 qáe p,e¡,arabaa la oomlda.
La oampanade la IDH&amp;de hn41pede■ -blba de ■onar·

.

.

Pre■1alel 11lfall' de l11 fllu, lblll ' ool_,.. delru del
1Dblellienle. ()aedo elle h11bo conohddo e■ lo■ llev6
oomo, ana manada debo,,....
El arpn&amp;o mayor de la 191onda, &amp;om6aa p..- 4 bl· .
■o lo mlamo; delpuá lleg6 el lorno , la tercera.
-Varaarille, Jaoobo Aop■&amp;ol dijo el - &amp; o m ..
yor.
-Pree■ale, reepondló Jacobo.
Bra el dllimo llamado , cauea de la ioiolal de 10 apo•
llldr,
-A la file de la de..cha, marcbenl
En.• q11iaoe de la S! de! - . Fueron llendoo, la
planll beja, oon&amp;ra la oaal ,e le■ habla alloeado; el 11r-

1enlo mayo, Joe ditiuvo en la primer dmara J dijo:
-Abrisao■ por eeta noche oomo pocUie, malla•• veremoe. Y de■pareo16,

···············•·······••........................................................
-

Todo■ e■ ""°"•aron y J aoobo II lnlrodnjo limldam•a-

te bljo Ju mantu que eu un rlno6n, le había moetrado el caporal, en •nk&gt; ·qoe uo oompaflero remendaba
111 leflla. En el mi■mo momenk&gt; el o_
l arin aonaba die•
olo en el patio 1 la última 001, e■ prolongaba larpmeD•
le como DD melanc61ioo buena• nacha. El o■poral Traa•
•h11d apa¡abo l11 IDOII del ooarlO J &amp;odo qDedaba en
1u linleblu.
Jaoobo • 1gi16 por algdn liempo ea au lecho qae ba·
. Uab■ DD pooo eelreoho, no pooo duro; deepuÑ e■ qned6
ilunoTI.I, eacuchando loa ronqoidoe qae • e:a:tendfaa dé
DD lecho al otro, 1 dlnl•soie•do pooo ,l. pooo Ju ftDII•
nll qae lu linieblM, meDOI
permllla• 111 reoonooer. Por fin, Ntaba en el oaanell Aquella °'man,
aquello■ bombNI dormldoe, aquello■ lraju peadle•le■
de olavo■ 6jado■ á la pared, IOdo aquello qll8 •••..•el•,
e•wieoldo por la noche, ■erla en adelanle en vida..... .
Sonaba en lo que acababa de abandonar, en 10 oám.,.
ra oo•fonable, e• el criado ooidadoeo, qae por la m••
llaU enlrabe ll•viadole l1J ropa limpia 7 llll sapa&amp;ol
l111troao11 en la me1a de 101 padret1 en 1a hab1jo mM
qoe moderado, ea 181 filcile■ placare■, en la doloe libar-

,r1-.

&amp;ad, qae -boba de dejar , la parla 7 oa.,Ó valor tolo
al¡ora apreo(aba.........
De■poÑ n■ peuamlea'o■ lamaloD 1m oamino mú
coDtolador; pen■6 qae danale aa allo, oaaado menor,leadrla neoelidad de b.._,. al¡¡o ea qll8 coapar 111
vida, ea que p19111alane lo qD8 Iba , baoer¡ qD8 en ■ &gt;l•
dado, 11 decir alpoa ooea, de■pá do &amp;odo, 1 muy noble 1 _m uy 11111; reoord6 loa aoDNJo■ de 10 •lo el P•~'•
qae lo oompromellaD • apro_h.,.. de la ley oobn lo■
aondlolonalee, lodavf• e• vigor ea aqael allo, la última
qDO le permhfa de oe¡aro ap1e11der má proDlo el offclo
1 a-nder 111,l,1 prou&amp;o ...... ,,. Y ea IIDIO /¡DO el .aaello
oreoleole entorpoola - p,l,rpedo■ y qae lo■ ronqoido■
de 1111 eamaradll le pereofu m8DOI dillillloa, le pe,eoló
ofr en - l l e e■peole de orepdtoalo mealal 4118 DO ea la
vl¡¡Ula pero q11e no ea lampooo el mello, la reueu qD8
de■oendfa por la calle Ro■I, :, - de DD8H el
mayor precediendo , la laof.rrta 1 empajudo aale •I ,
lo■ pllloelo■ qae aorrlaa haolendo plruelu; deepa4o ~■ta
vlal6n mtuclal • alej6 1 e• llnlO qD8 perdfa ·1Dl8Dliblemente el conoolmle•IO, la 'fOI del olerla de 111ardla aca·
rio16 ■DI e■nlldo■ qae 1e adormeolaD, oler• al priDclplo,
aeapa4o londlénd- eo DOIU . , .. . . , uralladorar, ......
J •oobo ■e había dormido.

"º

-bo•

IV
Cundo pndo •lir por primera deepbf■ de iru
dfae, - dfN eterD01 de ldu 1 venldaa, J-bo - b • ·
1• aollmalado en el ooarlel y ■e aenlla ■oldado, La vlJa
millter •o le•f• 111 - - pon él; oebla ya barrer I••
eeoaleru y Jo■ oorNdorea, limpiar Ju plllllll bojo la
vigilancia del caporal Tranohud, p■gar 10 bien VODlda
oo• 11n Uuo del nao iomado en la 01Dliu de la 11a lli•
daud. Sn '80ino de lecho el ooclnero Mou1ier, le hauia
NODme•dado á la beoevolenola de su pallaoo el""""'°
Vunler que• dlpó aoeplar un vuo, por ana vea to•
lo á fin de haoer oonooimien&amp;o,
( Conlinuará.)

�OO ■ IIIGD •4 d• OCTUBRE do 1'97

EL MUNDO

DO ■ IIIGO •4 d• OCTUBRE d• 1&amp;9y

ven madre que cedió ~u pu~eto en este mundo al tierno 10•
fante? ........ .
-¡Ah! para ella tene~oa ~na
lindisima corona de m1ozot1a é
inmortalPe entrelazadas con
muego. Pero ¡qué dhrn! acabó
de Lacer esa elección y encuen•
tro otras ¡tan bellas! Eaa cruz
enteramen,e blancal eea palma
tan verde como la alcanzan los
má rtiree y tantas otras de cam ·
panillas que solamente eofiadae
pudieran estar más adecna~asl
Loe muertos no ven ya¡ ¡triste
,.,-erdadl pero loa vivos eentimos
tal consuelo al cubrir de florea
sus sepulcros ~omo en. un reoa •
cimiento de pnma vera rnmortal,
que nos parece que los queri•
ctos amentes nos eonrien desde
la eternidad.

El Rey de las gemas.
A ALONSO FI!RNANOl!.Z.

A cabañuela ee hallaba como
r.undida eutrn los erizos brefial~e que bifurcatan y fxtendian 1:iue entecas ramazones,
serpenteando sobre td rnelo ee
1eril del vallecito.
El cazador audaz 6 PI ntraviado ,iajante que nor rnra ca•
rnalidad llegaba á eee paraje,
solo podía darse cuenta de la
existencia de sen e racionalee,
por el airan de humo que surgía del techo pajizo de aquella
choza que á juzgar por su cona•
trucci611 ealvsje y primit.1va,
parecía la guarida de alguna
tribu aborigen.
Llegando á la cÚ!!pide de los montes, colmnbrábiu•e
entre torvas Jpjaníae, la torre vetusta de 'a cerca a a a 1dt a.,
y los diaa de fiesta, cuando lo de arriba estaba azul y una
luctuosa {loralia matizaba loe jardines cultivados, llegaban haEita Ja desierta mansión, amortiguados por la dis·
tancia, los clamoreos de las campanas, que echadas á
vuelo, repicaban, invita• do áloe fieles á cantar plegarias
y ofrendas: lirios silvestres en el róetico alta1ciw de la
virgen milagroea.
Ignora;::a Tarsila que corriera en las bocas de las luga.
reilas una historia sobrenatural en la que ella como protagonista fungía.
Las villanas propalaban que la avariciosa bruja con
quien la nubil vivía, después de celebrar un pacto infer·
nal, había ofrecido su adorable peraonita, al proecrito
del paraíso, recibiendo como recol!lpenea de tan nefando
negocio un gran talego de oro mohrto y el derecho de cosechar en un Jardín tincantado, la mandrágora, los huesos de muerto desenterrados por las bieuas, las cabezas
de víboras, las aAtae de macho cabrío y todos los simplt"S
con que la septuagenaria fabricaba sus fillroe y potingues.
Las ancianas, eantiguándoee, maldecian 11quella arbo•
leda sin verdor; loe patriarcas, ai amor del fut!go, relata•
ban á loa nifioe coneejaa espeluznantes; y loe mozos, auepiraban pensando en la hermosura eingu1ar de la em·
brujada.
La harpía, babia en efecto prometido la doncella á un
ser eobrenatura.l, pero no al diablo, no á ese pobre di a
blo tao vulgar, tan feo y tan calumniado. si no á un op n
lenUeimo gnomo, de luenga barbar,: ja, florida y espira]eada, patizambo y giboso lo mismo que un poJichinela,
con purpurea caperuza bordada de piedras desconocidas
aun de loe más sapientes lapidarios, y un descom'..~nal
gorro, en cuya punta hacían remate tres caecabelitos de
oro, que tin,ineaban cuando al agitarse la gran cabeze 8
chocaban las cuen5ae que había en au interior.
,Era el prometido de Tars.ila el seilo~ absoluto de lo
imperios subterráneos; capitaneaba legiones de enanos,
poseía M!soroa incalculables, tenía esch,vo~ nubios, y sus
aven\urae llenaban de leyendas extrañas laa comarcas y
villorrios.
En Diciembre, cuando el frio mataba á loe parvulillos
huérfanos y ee ocultaban los crestones de la cordillera
bajo uva clámide de at1tral blancura, p-aaeaba sobre la nie•
ve y acompatiado de una numerosa tropa de pigmeoe,
bail~ba sobre la superficie de loa lagos muertos, bajaba á
fo profundo de loe precipicioe, exploraba las cuevas mib•
~riosae raptaba á las mucha9bae incautas y cazaba ciervos atu'rdiendo las serranías con el ~etridente alarido
de ~u cornamusa y las blasfemias de sus compinches.
La noche de Reyeecoomovió al superticioeo pueblecito
un acontecimiento extraordinario:
Tarsila había ocurrido a la iglesia solicitando del pastor de almas loa auxilios de extremaunción para la vieja que moiía.
Loa fanáticce campesinos dirnadieron al cura y aun
por fuerza le impidieron ministrar limosna espiritual á
la hechicera.
Tarsila emprendió el camino que á su retiro conducía,
avergonzada y llorosa, embargado su ánimo por miste•
rioaoe terrores é inexpreeables tristezas.
Emigraba el sol. La luna bañaba de blanco el paisaje
crepuscular y nublazonee µintadaa con loe tonos atormentados d~1 cobre fundido ee esfumaban f del!tefiian
entre el nimbo puro del occiduo· fulgor.
Lad,aban loa perros en las deheeae y caserioe, loa garaiionea relinchaban olfateando á las potrancas, el ábrego simulaba rugidos de lean en loa desfiladeroe, y los
árboles, enfermos, sin fro~daje, crujían como esqueletos
proyectando sombras cap11chueae.
Cuando Tersi la llegó á la cabafia salió á. recibirla en la
puerta, un hombrecillo, un pequen.o picapedrero que
con la piqueta al hombro hacia grotescas caravanas.
La casucha eetaba in ,.,-adida por una dueodería que
hormigueaba como una república de zabandijas.
La moza contemplaba á los pigmeos creyéndoee poeeí~
da de una alucinación.
Los había decrépitos, con testas de Bolofernee degollado y barbas de burgrave, tuertos unoe 1 ó de pupilas
estrábicas loe otros, y todos los &lt;lemas, narigudos, jorobados monetruoeos, formidables, repugnanteP ......
Tara'ua experimenró un eepant? in_dernriptible a! ver
el lecho mortuorio de la abuela ctrcmdo nor una vemte•
na de aquellos entes, que, tomados de la mano, valsa•
ban una rondalla. entonando á la vez e:xtrangeroa cánticos con au2 chillonas y agrias vocee.

293_____

1!:L MUNDO

NUESTROS GRABADOS
Capa de paño balge
y Cuerpo blusa de cuadrlllé
heliotropo.

Abrigos para Otoño.-Delantero y espalda.

CRONICA DF. L.I. 1110D.1..

$ntre (!omaares.
-¿\~iale ~omulgar á Lela?
-¡ Y no la babia d~ ver!
¡Tuvo miedo!
Buscó la imagen del crucificado y vió en su lugar un
símbolo infernal¡ intent.6 gritar, y el terror abogó_ sus
exclamaciones; quiso huír, y entonces, el más vieJo de
loe invasores, el má13 feo, el miie odioao1 el que ioa capi,
taneaba á. todoe, un malandrfn lia~o y diabólico, hacien•
do muequecillas y echando briricoa de marioneta, aeió·
la con sus fornidoe: brazos de tritón, y ya con la presa
á cueetaa. escapó á los montee eeguido de loe gnomos que
vociferata:1 saltando de roca en roca.
Eso era terrible.
Los viejos agitaban ene nudosas cacbiporrafl, loa jó•
venee arrancaban loe árbolos de cuajo, d~eprPnifan peflaecos arrojándolos en una pedrea cicl6pPa á las llano•
rae, roJaban bolas de nieve, y destrozaban c 10 sus hachas loe obstáculos que encoutrabnn en su carrera, en
esa huida, polichineJeaca, estrambótica, horripiJagt.e .....
ritmada por monótono car:icabeleo ..... .
El deepertamien to de T..raila fue como el comienzo
de un fantástico deliquio.
Eaiaba en una inmensa gruta donde todo era chispear de pedrerías, irizaciones fulminaotee, feéricos re·
la'tnpagueor:i, fulgenciaseúbitafl ......... n-oa má~ic~ oetentacióo de coloree derrochándose en indeecr1p~1ble explendor de matices!.. .. .... .
Estallaban a11í las fulguracionea espPctralee del carbunclo, confundiéndoeb con las aureacencias tenues de
loe cuarzos y las cornalinas¡ loa rubiee, como g ltas _de
eangre cristalizadas, ee incrustaban entre· l~a _~f'lpac1oe
episcopales, las fúneb1cs obeidianas y las venturmaa empolvadas de oro.
·Brillaban, coruscando, las glaucaa estrías de los ópa•
loe las oblicuas facetas de las amatif!ta9 imperiales, loa
flo~ecentea espatos, loe ónices fuotrll.rios y las tétricas marcasitas ........ .
Loa gnomos, esos misteriosos deecendientes de u na
raza milenaria1 no solo eon dueños dA loe ricos veneros
ocultos en las entraflaa de la madre única, también po
Eeen joyas y valioeas preseas. por que en las nochee invernales, al fulgor de loe luceroE", Llao profanado lae al-

1 •. r VJllasana.
-Deepuée de lo del domingo ..... .
-¡Jetúe, .:\Jaria y Joeél

cobas de las priaceeae merovingias para robarles sus cofreA de eáodalo y 1:1us taciturnas pedrer1aa.
Tareila1 poseída de estupor, contemplaba aquel n:•
pléndido apoteoeis.
·
El tuno Pnck se irguió:
-Aqui hay, dijo, te~oroa anfic'entes para perderá iodas las muj~ree¡ los grandt-&gt;s mciofl, no podrán nunca
ofrendar á. sus aooantet1 nna for, una como ésta; las em·
peratricee y las corteeanas de loa céearf'e romanos eerfan
pordioseras ante mi opulencia ext,amundana: yo tenil'.O
arcones ::-efnrzados de hnrumbre enmohfcidl' 1 qne guar•
dan en su fondo obscuro. perlas vírgenes y pú.lldas, pn.
las C!!idas de 1~ luna, perlas brunas, como las que br11•
taran adheridas á la concha de Anadyomena¡ yo teng'1
muchas pedrezuelas, de eaaa que absorven la luz y rutilan como estrellas sobre Ja frente de Sulamita¡ yo tengo en mis cavernas las pPpitae de oro que fne11eo nece·
earias para cubrir la tierra; yo tengo todas las gemaa1
que codiciara la reina de Saba, yo tengo un elixir mágico, el elixir de la inmortalidad que mata á la muerte
y hace la vida perdurable; ven conmigo, domella de
loa ojos verdea, ven conmigo, ámame, y serás coruo
diosa.
Lo11 gnomos aplaudieron.
-Noentroe, los habitantes de las grntsa, sublimamoe.
á las mujeres hasra las más imponderablt:e magn1fiCt!n•
cias; por ellas PD\"Pjecemoa b11ecando p•edraa nuevae;
por ellas bajamos á laEi minas despreciando loe dnrum•
bes ~ el grisu, por ellas llevamos el mandil ene:penso al
cinto y la piqueta pronta á romper la unva,ura de loa
filones; por tollas eomos artificPa mnE.aitas y t,alladoree d'e diamantes ......... por ellas ......... por las mujeres!
Los gnomos aplaudif'ron.
-Yo te ofrPzco mis tesoros, m11chacha pf'naativa; serás mi aei'iora, poE.eeraa mis palacios snbterráneos, ten..
dráa vasallos, serás inmorial ......... ¿llora:? .... ..... ¿pues
que más quiereE.? ....... ..
-Amor.
Orno B. CEBALI.Oa.,

O,tubre de \897,

Tenemos á la vista dos precio
sos modelos¡ el uno que nos
representa una capa de pafio
baige cruzada, con bordados de
treuzilla y grandes botones de
concha quemada y gran cuello
de pluma. El otro nos deja eat udiar un delicado cuerpo bluea. de cuadrille heliotropo, con
dobleces en el delat1tero, y UD&amp;
corbata de liatón de raso ver•
de seco, Cuello recto doblado.
Cinturon de liatón con mofio.
Abri¡¡o para niño de 6 á 8 añoa.

Eete ee hace de cheviot negro con cuello de ast~kán,
Se va Octubre y el atollo lleno de tr_ietes ma~urecea, y va eu~er.o por alamares. Gorra Polonesa de las mismas
:arroja al ciérzo fria de la tarde eus hoJaa amar1llaa. ~l telas. BJtitae acojinadas.
•-batallón de nubes fantásticas en cuyo1:1 vientres_ P!omt•
Traje ~a•eo.
zas rugió la tormentl\, de esas nubes que ~xpnm1eron
sobre la ciudad todo el caudal de sus 1ligr1maa1 e~ va
Es-te traje lleva ya la notoria innovación de las man·
-también. Noviembre traerá cielos explendorosos, cielos
densamente azulea, cielos hormigueantee de luceros ní- gaa, cnya sencillez descubre perfo~tamente el talle que
-tPdos en que tembla,-án de frío muchas estrellas melancó· se hace má! esbelto á conaecuenoia del corte. E3tá hecho de casimir fantasia, con grande aldeta volteada
1Ucae y pensativas.
Empero si la naturaleza cambia de aspecto, no
cambiará mucho con la
estación la moda. Así lo
dicen al menos las cróni·
cas franceaH y además
aún contamos con bue
nos días de eol.
Sin embargo, tendrían
,que smtituirse. las ropas
lijeras y de henzo, por
las te1ae a brigadoraa co•
mo 1Jalonsie1 1cachemin1
etc¡ para estas telas se
oortarán loa tallee prefi.riendoae siempre el cor e
de saatr~.
En cuanSO á. las ena·
:guas subsiste aún la mis•
ma estrechez en las cade•
rae, amplilndeee eo su
anchura, á. medida que
se prolongan; pero cada
día se nota má! la ten•
dencia que ha)' á Jae colas, se dejan ver un poco
mas larga! por detrás de
eomo se han usado basta
ahora.
La verdadera innora·
•-ción se nota en la~ mangas, pues quedan ca~i abolidos loa g1obos y aun los
jokeye; estos úllimoa ee
ven todavía cuando el
traje está adornado con
muselina de seda, enea•
jea ó bordados, siendo tle
lo mismo loa jokeye.
Próximamente hablare•
moa de las nuevas telas
· pues por el momento te·
nemas que detener nuea•
1ro paso ame loa apara•
dores y contemplar Ja'dívereidad de objetos con
que podemos tributar á
nÜ:eetroe deudos muertos
un homenaje de afe c;o.lQué diversidad de co·ronaal ¿veis? füaos en esa
de precioeísimoe bo1onFe¡
no os parece que sobre la
tumba de una nina, revelará su inocencia? ¡ay! en
-el sepulcro de un padre
estaría muy bien la otra
-de lirios y violetas¡ esa
Cuerpo blusa
Capa de paño batge.
-cruz negra, para la pobre viudal ¿y'para la jo-

Abrigo para niño de 6 á 8 años.
en loa lados df&gt;jando ver el forro d~ raso café y sujeta
por un peqaeno broche. Del mismo raso se adornan
Jae vueltecitas· que dejan ver no chaleco de otomano
blanco con prel!illae de
cordón de Feda y cuello
recto. La chaqueta está
ajua,ada porpequei'l.oa boto nea de fantasía y liatón
tornasol.
Traje de casa,

Eete eencillo pero ele•
ganLe traje, ea de cuadri•
lié de eeda, con di versos
reflejos. La manga estli
adornada con •cintas de
terciopelo negro, cuerpo'
y blusa con el miemo
adorno. Canezll de terciopelo. Corbata de raso.

El libro de la• madres.

Una de las cualidades
más e'aencialea y neceea·
riaa á la mujer, en la conducta ordinaria de la vi·
da, ea el valor: la·facultad
de dominar na nervios
y de guardar en todaa
1 casionee aun en loa pe•
ligros repentinos é ineaperadc.s la calma que impone, y evita ó atenúa la
terrible catástrofe.
Porque en el m&lt; mento
del peJjgro la presencia
de ánimo ea la que más
necesitamoe. J aa gentes
de valor no eon raras; pP•
ro sí lo rnn laa de eaogre
fria.
Con bastante frecuen•
cia confundimos el valor
con suesinónimca, bravura, valentía, etc. 1 y se dice: No. incumbeálae mdjeree el cuidado de deearrollar en ellas esta cua•
lidad¡ ellas no están llamadas ádefender en pais
sobre loe .campos de ba•
talla¡ las JuanaP de Arco,
las Mme. de Drucoort,
etc., eerá.n eiempre ex•
traordinariaa e:xcepc:onea. Por otra parte, ¡,u
debilidad física lee impi•
de todo acto de valenUa
propiamente dicho.» ·

de cuadrillé heliotropo.

•
•

�•
294

EL MUNDO

Abrigo para niña de seis á siete años.
Delantero y espalda.

Este razooamiento peca por más de n:::i concepto. Si loa
múaouloe de lamujer ne puede u adquirir la solidez de loa
de loe hombre.a, puede ella, al menos, darles cierta resistencia y dominar sus nervios, en ~ervicio exacto de su
volun 1a::J, ampliando su paciencia. Ved aquí por que la
educación fisica ocupa al lado de la educación moral é
iutelectual uo lugar importante.
Loa ejercicios que suavizan 6 fortalecen los m~eculoa,
ei hábho de dominar pavores no razonados, impresiones
nerviosas qae parecen irresistibles, aon una par..te impor•
tante PD el desarrollo de la mujn como en el del llOID•
bre, Enloquecerse ante el peligro, ea perder toda probabilidad de salud, y comprometer la ealud de loe (ltroe.

DOMINGO •4 de OCTUBRE de 1lt7,

Acontece un siniestro de incendio? Se
ve á todas las pereonae pr€cipitaree ha•
cia la abertura, frecuentemente única, y
obetJuirla en vez de conservar eea sangre frí&amp;_admirable que hace surgir medice de ea!vación.
Ved aquí, como no solo en el campo de
batalla ee necesita el valor.
Todas lae mujeres elogian y admiran á.
una Hermana de la Caridad. Pero acaeo
veie á eeta deemayareeal ver una herida 1
y resuv.n eus atenciones en vez de pro•
.digarlae? ¿Qué figura hará, puee, la mujer, qué servicios podrá prestar á la ca•
beoera de! lecho en que padezca un eér
amadCl, ei ee deja abatir por eu just.o dolor? ¡Oh! eu corazón y eu alma pueden
estremecerse y sangrar; eetá ~n eu derecho de sensibilidad; pero ei tiene ese valor de que se t1ata, estará eíewpre serena
y capaz de eacrificaiee haeta morir.
Y ¡de cuánto valor no neo"ei1ia la mu•
jer en el curEo de las luchae cuotidimas
de la vida siempre ruda! En caeos semejantes la fue .. za física del hombre puede
tal vez suplirá la valentía del ánimo; pe
ro nuestra debilidad muscular noe en•
eefi.a, merced á. lOfl acontecimientoe, que
nuestro valor podrá elevarse á la· abura
de nuestros deberes. La mujer tiene que
luchar también con mil enemigos de su
reposo para conservar á todo trance la
dignidad y la paz del hogar. El valor
de la mujer está cimentado, sobre todo,
en la calma, en la ab;:.egación, en la serenidad y en la inalterable dulzura. Si
supieras de cuanto poder nos arma nuee•
tra sonrisa, cuánto el buen sentido de
las hijas y de la esposa aligera las tareas de un padre de familia y aumenta
aua eefuerzoal El se congratula pensando
en el recibimiento que le espera y goza
de antemano eofiando en las caricias y
dulc9e palabras que eecuchará. Debe ignorar loe mil chismitoa de la casa y todo
lo que fa:,tidia; á este. reserva obtiene
su bella mitad el resultado que anhela•
ba; hacer amable el hogar y la familia.
El templo eetá. ·a dornado: t s~o es lo esencial; la
mujer ee en él la aacerdo•
Colet
tiea; no envidia nada; go.
za de su felicidad sin pre
guntaree si le ha costado algunos eacrifioioe. Siemp."e que vuestros malee sean
disimulables, ocultadloe con cuidado, ·
, sean físicos ó morales. Hagámosle bue•
na cara á la vida, consagrándole nuestra
:n::iás balaguefi.a sonrisa; y entonces no
nne tia~ará con rigor y, si ella nos trae
momentos de dolor, y tal vez defgraoiae
inevitablee, vendrán siempre soowpafladae del angel de miradas radiosas, que
ea·: La Esperanza.

•

NUMHKOI8o

MEXICO, OCTUBRE 3x DE &lt;897,

TOMO. 11

con aplicación de bordado y adornoa de plumas.

Se ocultan también las paredes bajo cretonas de grandes dores y baj'o telas de Jouy; pero la cubierta de algo•
dón 6 de lino tiene siempre un poco de sequedad y aua,
grandes y vistosos dibujos, impiden que loe trajee apa•
rezcan en todo su V"lor; ee decir, que no sean ellos el ao•
lo punto que el sol refleje, y Ja visga perciba.
Yo guetaria de un gabinete azul cielo, lila, ó colchíqu&amp;
de otofio, bajo de un talle de p11nto de espíritu. Estaa
tentares sobre las cuales ee destacan bien todos loe. vestidos, quedarían sujetas con entredoe dP Pncsjeei.

( Contim ará. )

•··

Lectura para las Damas.
ARRE:GLO Y IIIOBILIARIO
DE UN

GABINETE DE TOCAOOR

El gabinete de tocador será tan ce que•
to como confortable entre todas las 1.0u.
jeres de mundo, Si su posiclón de fortu,na se loe permite, 6 simplemeote confortable si ellas deben privarse del lujo; pero esta parte de la casa ó departamento,
será provisto al menos de todas las coeas
cómodas y necesarias para proceder á
una cómoda toilette.
En el c1pítulo de la sala de-bafloe, da.
ré la ducripción de un gabinete en donde al mismo tiempo St, tomen bafloe, pero aqaí, ya quiero ocuparme del gabinete
de t.Jcador propiameiar.e dicho.
Las marquesas del Siglo XVIII que
!"e daban abluciones parciales, hec 1an
pintar por \Yatteau, Boricher, Fragonard, etc., el gabineie en donde recí•
bían á eue amigos en tanto que las pei•
naban, empolvaban y ponían granos de
hermosura, lunares! En el día no se osar.fa exponer ~an delicioeae pmturaa v exquisitos cielos rasos, áloe vapore"e del
sgu11. tibia ó cahente, y á la humedad del
agna fría empleada c'Jn abundancia.
A lgunos gabinetes tienen sue muros en•
teramente revestidos de azulejos color
de rosa, verde nilo 6 azul claro. Estos
colorea claro!!, aunque algo fríos á la vista, son loa más limpios. En general ee
prefieren las tentares, y estas deben ser
de tintas neutras ó muy suaves á fio Je
no matar las de loe veetidoe. Con frecuencia las sedas claras 6 vivas se cubren
con tulle ( punto ) ó muselina para atenuar su color, y preservar al mismo
tiempo su frescura del efecto de la hu•
medad.
Traje de casa.

•

2

ae

No-,iembre.•=-l!a· corona

ae papá.
[P.or "\""Jlla•ona.]

Traje de paseo.

•
•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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294

EL MUNDO

Abrigo para niña de seis á siete años.
Delantero y espalda.

Este razooamiento peca por más de n:::i concepto. Si loa
múaouloe de lamujer ne puede u adquirir la solidez de loa
de loe hombre.a, puede ella, al menos, darles cierta resistencia y dominar sus nervios, en ~ervicio exacto de su
volun 1a::J, ampliando su paciencia. Ved aquí por que la
educación fisica ocupa al lado de la educación moral é
iutelectual uo lugar importante.
Loa ejercicios que suavizan 6 fortalecen los m~eculoa,
ei hábho de dominar pavores no razonados, impresiones
nerviosas qae parecen irresistibles, aon una par..te impor•
tante PD el desarrollo de la mujn como en el del llOID•
bre, Enloquecerse ante el peligro, ea perder toda probabilidad de salud, y comprometer la ealud de loe (ltroe.

DOMINGO •4 de OCTUBRE de 1lt7,

Acontece un siniestro de incendio? Se
ve á todas las pereonae pr€cipitaree ha•
cia la abertura, frecuentemente única, y
obetJuirla en vez de conservar eea sangre frí&amp;_admirable que hace surgir medice de ea!vación.
Ved aquí, como no solo en el campo de
batalla ee necesita el valor.
Todas lae mujeres elogian y admiran á.
una Hermana de la Caridad. Pero acaeo
veie á eeta deemayareeal ver una herida 1
y resuv.n eus atenciones en vez de pro•
.digarlae? ¿Qué figura hará, puee, la mujer, qué servicios podrá prestar á la ca•
beoera de! lecho en que padezca un eér
amadCl, ei ee deja abatir por eu just.o dolor? ¡Oh! eu corazón y eu alma pueden
estremecerse y sangrar; eetá ~n eu derecho de sensibilidad; pero ei tiene ese valor de que se t1ata, estará eíewpre serena
y capaz de eacrificaiee haeta morir.
Y ¡de cuánto valor no neo"ei1ia la mu•
jer en el curEo de las luchae cuotidimas
de la vida siempre ruda! En caeos semejantes la fue .. za física del hombre puede
tal vez suplirá la valentía del ánimo; pe
ro nuestra debilidad muscular noe en•
eefi.a, merced á. lOfl acontecimientoe, que
nuestro valor podrá elevarse á la· abura
de nuestros deberes. La mujer tiene que
luchar también con mil enemigos de su
reposo para conservar á todo trance la
dignidad y la paz del hogar. El valor
de la mujer está cimentado, sobre todo,
en la calma, en la ab;:.egación, en la serenidad y en la inalterable dulzura. Si
supieras de cuanto poder nos arma nuee•
tra sonrisa, cuánto el buen sentido de
las hijas y de la esposa aligera las tareas de un padre de familia y aumenta
aua eefuerzoal El se congratula pensando
en el recibimiento que le espera y goza
de antemano eofiando en las caricias y
dulc9e palabras que eecuchará. Debe ignorar loe mil chismitoa de la casa y todo
lo que fa:,tidia; á este. reserva obtiene
su bella mitad el resultado que anhela•
ba; hacer amable el hogar y la familia.
El templo eetá. ·a dornado: t s~o es lo esencial; la
mujer ee en él la aacerdo•
Colet
tiea; no envidia nada; go.
za de su felicidad sin pre
guntaree si le ha costado algunos eacrifioioe. Siemp."e que vuestros malee sean
disimulables, ocultadloe con cuidado, ·
, sean físicos ó morales. Hagámosle bue•
na cara á la vida, consagrándole nuestra
:n::iás balaguefi.a sonrisa; y entonces no
nne tia~ará con rigor y, si ella nos trae
momentos de dolor, y tal vez defgraoiae
inevitablee, vendrán siempre soowpafladae del angel de miradas radiosas, que
ea·: La Esperanza.

•

NUMHKOI8o

MEXICO, OCTUBRE 3x DE &lt;897,

TOMO. 11

con aplicación de bordado y adornoa de plumas.

Se ocultan también las paredes bajo cretonas de grandes dores y baj'o telas de Jouy; pero la cubierta de algo•
dón 6 de lino tiene siempre un poco de sequedad y aua,
grandes y vistosos dibujos, impiden que loe trajee apa•
rezcan en todo su V"lor; ee decir, que no sean ellos el ao•
lo punto que el sol refleje, y Ja visga perciba.
Yo guetaria de un gabinete azul cielo, lila, ó colchíqu&amp;
de otofio, bajo de un talle de p11nto de espíritu. Estaa
tentares sobre las cuales ee destacan bien todos loe. vestidos, quedarían sujetas con entredoe dP Pncsjeei.

( Contim ará. )

•··

Lectura para las Damas.
ARRE:GLO Y IIIOBILIARIO
DE UN

GABINETE DE TOCAOOR

El gabinete de tocador será tan ce que•
to como confortable entre todas las 1.0u.
jeres de mundo, Si su posiclón de fortu,na se loe permite, 6 simplemeote confortable si ellas deben privarse del lujo; pero esta parte de la casa ó departamento,
será provisto al menos de todas las coeas
cómodas y necesarias para proceder á
una cómoda toilette.
En el c1pítulo de la sala de-bafloe, da.
ré la ducripción de un gabinete en donde al mismo tiempo St, tomen bafloe, pero aqaí, ya quiero ocuparme del gabinete
de t.Jcador propiameiar.e dicho.
Las marquesas del Siglo XVIII que
!"e daban abluciones parciales, hec 1an
pintar por \Yatteau, Boricher, Fragonard, etc., el gabineie en donde recí•
bían á eue amigos en tanto que las pei•
naban, empolvaban y ponían granos de
hermosura, lunares! En el día no se osar.fa exponer ~an delicioeae pmturaa v exquisitos cielos rasos, áloe vapore"e del
sgu11. tibia ó cahente, y á la humedad del
agna fría empleada c'Jn abundancia.
A lgunos gabinetes tienen sue muros en•
teramente revestidos de azulejos color
de rosa, verde nilo 6 azul claro. Estos
colorea claro!!, aunque algo fríos á la vista, son loa más limpios. En general ee
prefieren las tentares, y estas deben ser
de tintas neutras ó muy suaves á fio Je
no matar las de loe veetidoe. Con frecuencia las sedas claras 6 vivas se cubren
con tulle ( punto ) ó muselina para atenuar su color, y preservar al mismo
tiempo su frescura del efecto de la hu•
medad.
Traje de casa.

•

2

ae

No-,iembre.•=-l!a· corona

ae papá.
[P.or "\""Jlla•ona.]

Traje de paseo.

•
•

�•

•

•
EL MUNDO

•

DO ■ IIIGO

DOMINGO 31 de OCTUBRE do l8g7

de actividad y energía entre la realidad y el ideal. das sean poco serias! Hay quien está dispuesto á.
Pero así como hay una estética cuya C&gt;Scuelaes convertir un entierro en un escena de opereta ó,.
escucharse, así hay una vida cuya funci ón es la. el brindis de un banquete en una elegía, por el pla¿Porqué nuestr9s muertos son siempre nuestros • auseucia del movimiento. Y para estos desertores cer de vPrSP citado en letras de molde.
mue,·tecitos?- preguntaba el poeta- Parece como de los altos fines de la hm_n anidacl, la leva ha· siEsto e::; muy sugestivo muy fin de siicle.
que detrás de la tumba sr eleva una suprema pie- do el telescopio que les ha enseñado mundos clrs* : .:
dad, un sentimiento de dulce ternura que invade conocidos. El habitante de los bO!:iques ha sido
No df' otro modo se eXV1ican los escándaios que
las almas; se nos antoja que los •que nos"preceden redimido: :,.~a PS un hijo dt&gt; las ciudacks; ya ha sen- en el PRla.cio de Justicia nos han servido, en estos.
en el misterioso viaje revh;ten en nuestra memoria tido el soplo de la vida. soci~lli se le ha puesto el últimos días, los defensores de algunos.periodistas
formas delicadas, contornos suaves. Son m'llerte- silabario en la mano; se ha comunicado con otros sujetos á la acción de los uibmrnlcs.
citos porque los heffios despojado ele sus dtavíos espíritus; ha. tomado sn hillf't0 para rl viaje; no re.AJPja:ndro Dumas, J1ijo, decía que los jóvenes.
terrenos, y se nos aparecen con la inocc11cin de los gresará jamás al interior dC' sus montaiias; nunca C'ntran g('lll. .'ralmente ú Ja sociedad con una idea
)liños, con la p1ll'eza ele los ángeles.
vol.verá. :'L romper rl lazo que lo une á. su nueva vieja dcntrn del C('J'Cbro y una jamona del brazo.
Y vamos al cR1nposanto ú dC'jarlesflores,muchas familia: es un conquistado á. ]a sociedad, á la ley, ~....\. raitadl' idPas nuev;1s-solamente á Emilio de
floresipara hacer del blando lecho de tierra en don- á la repúl-llica, al trabajo 1 á la cfrilización, á la Girardín le estaba JJermitido el lujo de levantarse
de reposan un canastillo dr primavm·a.
hwnani&lt;l~L&lt;l.
con una flamante todas las mallanas-los que de¿No l1abéis imaginado alguna vez, oh mis amiPero es un conquistado á la fuerza, se dir,L Sin butan en ht vida comienzan por revelarse contra
gos, un sitio en que descansaran 1os vuestros? Y vo- duela alguna; como á la fuerza difun&lt;limosla instodo lo existente. En literatura se cl·itican los.
sotros, ¿no habéis dado rienda suelta á la fantasía trucción públiCa, como pol' obligación acaba de
versos 1~1ús inspirados del mejor poeta; en polítiideando, como Bécquer, un rincón que recoja-vues- imponerse el servicio miltar; por que del sacrifi~
ca) se hmcan los colmillos eu loti actos múi::; trastros vencidos despojos?
cio del individuo rC'snlta tí ocasiones el bif'ncstar cend&lt;"ntes del mits hú bil esta&lt;lista; se cksgarran
Soilarfais acaso con eI ric'ntc ribazo donde el del grupo, y del deber del ciqdadauo lalibertad
reputaciones, se experimenta un extraño deleite
desventurado cantor Sf'villano buscaba sepultura, de la patria.
en d&lt;'rri bar á los dioses de sus pedestales, y medir
alJí, bajOUna piedra blanca, ocu1ta por un cortinaje
*
á los genios con la vara clel tendero de la l:squina.
*
*
ele verdura, mi&lt;'ntras las ondas del cercano río arruLa Patria es, rn n•rdad, una hnrmosa paiabra
¿,Quienes son lo:s enemigos de estos :paladines?
llarían con su mlisica vuestro trai1quilo stwflo. Tal que vibra en todos los labios, y que merece algo
Como
el sargl'ntO .del cucn~o: mi coronel, sea quien
vez os complaceríab, como el autor de Jl/aese Pé- más que ese culto platónico qur la prestamos. J~n
sea._
Lo
que connenc es hacer 1·uido, extraordinz el 01·ganista 1 en alz.u· vuestro sepulcro en el in- patriotismo como en amor, hay siempre que unir
terior de una adivinada iglesia gótica, en me.dio la acción á la scnsación.-No basta, ha escrito nario ·rui~oi que esto :mene, queelnombl'&lt;'dC'quien
tal hace circule de boca en boca y de calle en cade graves estatuas de osados guerreros y piado- Bourgct en alguna parte, saber morir: es necesalle y de plaza en plaza y de encrucijada en cncrusas esculturas de mártires crisLianos. O va, de- rio saber vivir. Morir por la patria es hermoso y
como un gr,111 amrncio ex:r..ulo y extravaseosos de humilde desct\;nso, os represcntilr~iais 1m es noble; pero hace fa1ta vivir para ella y por ella. Cijada1
gante.
pedazo de terreno en el perdido cementerio de una
Hay un cuento de la reina de Rumanía, en el
No solamente los fabricantes del Aceite de San.
hldehuela, con una cruz de palo, en la que se en- que la madre de Esteban el Grande se niega. ft
Jatoáo han de gozar el _privile~rio de fijar su aviredaran la.s plantas sih-estres.
abril' la puerta desueastillo á su hijo, vencido por so a.1 borde de un µrecipicio.
Y entonces no tendrfais la molestia ele esta en- los turcos.-No, no puedes ser mi hijo-exclama
Cuéntase que J?Or pasar á la historia incendió. ·
_fadosa visita de etiqueta 1 que cada 2 de Noviem- la inflf'xibl~ anchu1a al joven fugitiYo. Quien me
Oma_r
la bib_li?teca de .d..lcjand.r~t 1 y en :fuspatla, un
bre se creen obligados á hacer los vivos álos muer- habla así es un desconocido. Mi hijo no vuelve siescntor sannco, Robcrrn Robert, descargó una
tos.
no victorioso. Pero tú, jovf'n extranjero, que quieSe descansa mejor en la tumba del ignorado que res cansarme tan cruel dolo1\ aprende esto: tú no bofeta!la en pleno rostro de un vrc.~üde:rite del Consejo de ~1inistros, con objeto U.e que los periódien la del héroe.
entrarás; puesto que no sabes vencer, busca al cos se encargaran dr dar á conocer á -la sociedad
.*
menos una muerte heroica en el campo de bata*
Verdad es que los *héroes
no mueren nunca. lla; entonces seré para tí una madre y ornaré ele asombrada un nombre eu~eramence desconocido.
Gritar, gritm· mucho, grha.r siempre: tal es el
¡Como que son inmortales! Cuando los demás de- flores tu sepulcro.
pro~ram~ que parece haber adoptado un grupo.
jan de existir, ellos comienzan su nueva vida. Por
Y el joven retorna á la pelea y vuPlve victorioso
dispuesto á hacer del LSCí.ndalo un medio.
eso la ciudad de Lagos acaba de celebrar el ani- al cascillo, que esta vez se abre para darle paso. social,
para alcanzar un porvellll·.
versario de un héroe desconocido de la Indepen- -Y comu la desposada del· guerrero le estrechaA principios de- siglo, el pm'Yenir estaba abierdencia1 .don Pedro Moreno, una persónalidad ilus- se en sus brazos, diciéndole al oído: ¡Cuánto te
to á los _talentos, según la frase de. Np.polcón; iL fitre. en nuestra vieja epopeya de pueblo libre.
amo!-él la contesta, elevando la voz: -Sí, pero nes de ::nglo el porvenir es clel que mil.s eleve la voz.
Todavía no hemos podido hacer el recuento de mi madre. me ama más todavía!
~
'
nuestfos inmortales; aun hayniuchas fosas sin epi- • Por la patria es preciso vencer, y para vencer
*
*
Por fortuna; no es ]a voz lo linic&lt;&gt;quc se eleva:.
tafio. ¿Los hemos olvidado? Nó: es que ignora- estar preparado á la lucha. ¿Y de qué otro modo
mos qué hayan existido. Un día, un cronista los sino dentro del régimen del servicio militar obli- 1~ plata va tambi?n alzándose de su postrneión ..
saca de su obscuridad, reconstruye sus hechos, gatorio podría llegarse á' esta preparación?-Lle- F... stá muy enfernu~o este buen hijo nuestro que se:
t('jc con dispersos hiliJlos sus trúgicas le~;cndas, y na. está nuestra historia de tristes púginas en fas llama el peso mexicano. Toda8 ltts ma:fianas acudimos al bol~tín de la Bolsa á ver como ha pasado.
acude á la gratitud ·nacional para glorificarlos".
que el valor ha cf'.dido 'el puesto il la inexperienY bien, sí!-ha dicho en estos últimos días un es- cia, y,ia energía á la ignorancia. Nosotros tambicu la 1:oche, y swmpre lo ClJt.:.OllLrdillOS pálido y des.
.,.
critor francés, apropó&amp;ito de una de esas obras como los franceses hemos gritado: «¡A Berlín! ¡A. ll1C'Jorado.
Yu de por sí era él pálido, pero sus reciC'ntés.
de patriotismo y amor que en tan raras ocasiones Berlín!» sin saber el camino que conduce al ttiunfo.
padecimientos se nos antOja que lo _han drjado.
lanza el publicismo contemporáneo-el culto a.1 héY desperdiciar fuerzas inútilmente, imponer saroe es una religión humana. Hay en el espectácu- crificios estériles, no es servir á la patria, puesto mas blan~o toda.vía. r-h-1 s.i p.osoLros pudiérambs.
lo de toda energía, alas que nos dan aliento, y no- que aun, en medio del actual hundimiento de ideal transfundu· en sus ru·terias saugrc ricfl, y podrrosat
Y he aquí que el milil#l'!l se ¡•callzat, y que el
sotros, los representantes de las actuales genera- y sensaciones, hay patria para ·1os hijos de esh.'
secreto de la piedra fik•ufiil. csul A pwlto de desciones, tenemos necesidad de que se nos aliente. desencantado fin di!- siglo.
cubrir~e en el pais de las uovt:siut,a.s marayillas,
No digamos á los que se esfuerzan en revivir á los
en la tierra de las SQf¡\J'esas, ert la:- RepúbliC:a dal.
inmortales, las desconsolado1as palabras de .Pa. **\
Pero ¿cuál es el sentido que debe darse á la fra- Norte. ¿Encerrar la y~~~ana dentro de una
tricio á Ossián:
&lt;lucir el movimiento
«Los héroes de que me habla$ ya han muerto.» se· fin de siglo? ¿Hay una definición precisa y cla- caja? ¡Eso es nada! ·¿u
~obre
un
lienzo(
¡Ba{(t
!
Convertir
la Plata en
ra
de
este
término
que
ha
invadido
la
literatura
y
*
*•
Ignorada es también esa masa que se arranca el periodismo, el salón y la calle, la biblioteca dCl oro!. Esto 'si que merece la pena de llamarse fin
de siglo. Y esto es lo que Ja prensa científica nos
del jacal para obligarla á entrar en los centros ci- sabio y el tocador de la demi mondaine?
Max Nordau no encucntJ'a mejor explicación auwicia ya coino un hecho reaJi,¿ado.
vilizados; desconocidos son esos que la leva arre~xcelente Nicolás. l◄'lamcl, ni, cuya hume~
bataba, como el calor solar el agua de las char- que citar algunos hechos que fijan el- valor de la
·
chimenea contemplaron durante treinta años~
cas, para hacerla caer purificada.en gotas de llu- expresión:
via fecundante.-La leva ha enconu·ado altos esUn rey abdica sus derechos al trono de sus ma- embobados parisienses, preguntitudose acasp; g,tpíritus que la apostrofen, rebeldes concit}ncias que yores, mediante la suma de un millón de francos mo el muchacho ~quel á la madre: ¿en (•Sta clsa
es en don~e se fnen las mouedas?- el P.l'Odigio
]a uiarquen con el fuego de su iJ\dignación; y sin que va á derrochar á París:Rey fin de siglo.
·embargo, 'en el fondo de esta ·que á priJuera vista
TJn jefe- de policía hace cortar del cadáver de un se ha reahzaclo: la alquimia decía verdad, e! oriparece una enorme injusticia, hay un sano princi~ asesino (~raniúi) un pedazo de piel; la da á curtir gen de to~os los tesoros se cucuentra en Pl gran
pio de redención para una raza abatida.
y la connerte en cigarrera: Ftmcionario fin de si- labora.tono de la naturaleza, cuya. clave llegará
el hombre á obtenel' algún día.
El indio es un rezagado de la civilización; se glo.
ha perdido en la selva obstU1'a y vive una vida veUna sefi.orita americana se casa con un cabaHeY para que todo sea miel sobre hojuelas, bueno
getativa é inmóvil. Su quietismo es el gran. obstá- ro en la barquilla de un globo aerostático, que es agregar que la ó.nica plata adaptable A las trans-culo conque tropieza el progreso; es necesario ani- después se eleva por los aires: Matrimonio fin dt mutaciones es la contenida en los pesos mexicanos.
¡Qné honor para la familia!
mar esta.estatua, precisa despertarla de su pro- siglo.
longado letargo, substraerla del terrufto,hacerde
En el fondo de estos hechos predomina la ex- • Los que no resultan u·ans:1:µutables son lo!S que.
ella un hombre de carne v hueso.
travagancia llevada á su más alto grado, la ex- ht casa de moneda falsa de Tlax.cala ha lanzado
Si el hombre no fuera lll1 eterno consumidor v centricidad elevada á lo incc-ucebible. Es una á la circulación. Estos no podrán convertirse en
un productor constante, toda la obra de la civili- suerte de dilettant-ismo bufo 1 que busca el medio oro, por más que los fabricames hayan pretendi·
zación se vendl'ia a bajo con formidable estruendo. d~ atraer la !ltención del público; un procedi- do convertirlos en pJata.
Pero se:fiores ¿les paredl1il á ustedes que, río es~
Adquirir: he aquí el anhelo; esforzarse: he aquí miento para hacer un gran reclamo.
el medio. Y ·á impulsos de cl;tos dos séntimientos
¡Que importa que los medios escogidos sean de- taban bastante deprcci~OS los ¡.;esos mexicanos?-In pena y elplacer-elhombre tiende un puente testables! ¡Qué interesa ~ue las fórmulas adoptH-

•

•
•

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han visto Jo que nosotros anhelamos contemplar;
•
• **
De seguro que al emprender el Sr. Sagasta y el lo pavoroso desconocido que envuelve la vida, que
gabinete que dignamente preside, su obra de re- el espíritu escudriña siu cesar de ignorarlo, que el
formas en la Isla de Cuba, no pensaron que en co1·azón presiente-sin llega.r á adivinarlo) es ya su
RESUMEN-AGITACIÓN ELECTORAL EN NUEVA YORK.
el seno mismo de los partidos espafioles habrían medio y su atmósfera; sabe, por siniestro privile-LA LUCRA DE LOS PARTIDOS. - LA PLUTOCRACIA.
de brotar dificultades al pr~ten_der dar un régimen gio ► todo cuanto noso_tros inquirimos en vano, co.AMERICANA Y EL ALCALDE MUNICIPAL DE LA :M Eautonómico á la r e belde Antilla. Tal vez creye- noce cuanto sin esperauza investigamos.
El espíritu le forja irresisJblcnH~nte una nu_eva
TRÓPOLI.-LA PREPONDERANCIA DE UNA CIUDAD.ron que las mayores resistencias nacerían de envida:
€'.l creyente ló mira it lm; · piés del. Creador,
LA OBRA DEL SR. SAGASTA Y LOS ESPAÑOLES DE
tre aquellos que en el bosque enmarañado 1 en Ja
CUBA.-RESISTENOIA DE L08 PARTlDOS.-LOS Qt"E
quebrada sierra y en la traidora manigua buscan deslumbrado y transportado, en éxta~is pcrerú:1e 1
PELEAN Y LOS QUE INTRlGAN.-LA UISIÓN DEL GEcon el arma al brazo la soñada patria cubana, y mezclando sus llinmos á lo.:; himnos angélicos. El
NERAL BLA:SCO,-CONCLUSIÓ~.
dicen que solo se Conformarán con la absoluta escéptico lo imagint\ recorriendo el es~acio, visitando los astros, hendiendo lns nelllilosas, revoloindependencia.
teando, como la salamandnt, en el fuego de los soY no ha siclo a~í: los mismos partidos que en
No hace un aiio todaYía la nación americana se la isla insurrec:a militan á favor de Cuba e.spaúo- les, turista-fantasma ele la inmen::iidad. Las almas
agitaba ei\ formidable convulsión, sacudida por la y piensan que la única prosp~ridad posible pa- S('ncillas se lo figurru1 vivü•ndo de la misma vida.
la lucha elc~toral que había de dar nuevos rwn- ra ella se encuentraalabrigo de la monarquía y a_l terrenal , dotado de las mismas pa~iones y do las
bos á la política de Wáshington, y sentar bajo el amparo de su glorioso pabellón, son les primeros mi:m1as propensiones, su!ScC'ptible de amor y de
Capitolio á los l'epublicauos defensores del talón que se opon&lt;'n á la realiz}tción de la obra de Sa- odio, de temor y de esperanza, de gocP y de dolor.
oro, en contra de los demócratas que softaban en gasta y del partido liberal de la metrópoli.
El cspiritista_lo juzga. ausente, susceplible de vol· una rehabilitación á favor del metal blanco.
Juzcran los conservadores que se va muy de ver y de mezclarse á nuestra. vida común, dócil al
Los directores clP la política, los agentes de los prisa ~n las pronwtidas reformas; piensan los au- llamado del medimn, sentQncioso y apocalíptico, encandidatos, los representantes de las agrupacio- tonomistas que se les escapa el poder y temen Ycr . vuelto en el µeril:'Spíritu como en una. túnica. A los
nes mercantil('s, bancarias, industriales y otras, la dirección de la lsla en 111anos de los insurrec- salvaje.s los visita" en sut:&gt;úos) los acornpm1iL y ayuque veían en la contirnda un peligro para sus tos, y por eso aspiran á que se dilaten esas rdor- da &lt;'Il la pelen, pasa bajo las sombras de los bosintereses, abrieron las cajas de sus tesoros, derra- mas; en tanto que los más adictos al trono rece- ques vírgC'nes, se refugia y oculta en la..:. ca.vcr11fü;,
maron á manos llenas los dones de su munificen- lan de los resultados, temiendo que la autonomía escalalas·al¡;as rocas y salva los profundos abismos.
cia, y en el club, en 1a prensa, en la tribuna, en sea la preparación á la completa independencia.
I&gt;ara nadie 1 ni para el sabio ni para el ignoran.el teatro, en la plaza publica y _aun en la cátedra
Y entretRnto, los que creen representar el Sen- te, ni para el creyente. ni para el cscéptir.01 ni para.
sagrada, buscaron campeones de sus ideales y timiento general dr la comarca, los que h,1,11 lu- el iluso ni para el ckscn&lt;.:antado, los muertos han
adalides de sus sindicatos.
chado por sus ideales en los campos de batalla y mutrWj para el espíritu hunlano, la noción precisa
Sí fuéran1os á calcular los capitales derroc1ra- han visto prrecer á sus hermanos en la contiendt:1, del aniquilamiento, de la extinción, de la desapados para gastos de elección, y las pérdidas stúri- quedan relegados al segundo término, y se .olvi- rición en la nada, es un concepto imposible.
das por suspensión ó estancamiento de los nego- da de que son una fuerza viva y un elemento de
Definimos la muerte en función dt• la vida, de
cios en el largo período de lucha electoral, vería- importancia en la solución del conflicto. Si es ver- la resurrrcción en· otro mundo1 de la transmigramos la 'potente vitalidad del pueblo americano, datl lo que han declarado los jefes de las juntas ción, de Ja oculta y misteriosa persistencia dd
aplicando·sus robustas energías al sostenimiento revolucionarias instaladas en el extranjero, los in- sér. Creer que la vida se dhiipa irremfriblemende sus instituciones, basadas en la más absorben- surrectos están rri::;ue.ltos á no ceder ante las pto- te y defi11itivanwnte cOmo se éx.tingue la llama,
te plutocracia.
mesas como no han crjado ante Jas amenazas, y á como cesa el movimfrnto de la máquina destruiluchar hasta lo último por el peudón de la Es,rella da, como drsa:parcc(' para no volver el gallardo
balancL'O de la barca c·ncallada, es Un ei:ifuerzo im***
Solitaria .
posible para el hombrP. En 101:; espíritus ilustrados,
Pueda
el
Gral.
Blanco
que
llega
á
las
costas
~nPero si es admirable esa agitación de todo ·lm
esa creencia es mm fónn ula vacía de la razón; pepueblo, que asuzan los capitalistas, estimulan tillanas con la mejor intenc:ión para resolver el ro no es un sentimiento dectivo del corazón. Haconflicto,
pueda
con
su
habilidad
diplomática
y
su
los gremios, impelen Jas agrupaciones industriahlainos de la muerte como hablarnos de la nada,
• les y apenas conmueven los políticos de oficio,• genio militar, convencerá est.os, vencerá los otros• i::;in creer realmente en ella.
y
unir
á
todós
en
una
sola
aspiración.
·
· cqando se trata de la renovación de los poderes
De ahí el respeto que inspiran los muertos y el
Difícil es la tar,N1,. lo comprendemosi pero tales
federales, cuando se va é\ decidir en una elección
culto que eterna y universalmente se les ha tripresidencial de la suerte del país en el siguiente son los deseos de los buenos cspañol(-'S.
butado y el horror que inspira la profanación
X.X.X.
cuatiienio, más .grande será nuestra sorpresa, al
de los cadáveres.
27 ele Octubre de 1897.
considerar qu~ una elección municipal produce en
Vivos á. la vez que impotentes, sensibles y mula actualidad una agitación semejante en la popudos, inteligentes é inertes, los muertos inspiran
losa ciudad de N~eva York, metrópoli indiscutible
ú la vez temor y culto.
de la banca r el comercio en la Unión americana.
C!tl amor ii· ln uiDa 1¡ rl rrsvcto á la nmcrtr.
1 piensan, fuer•
Pucs~o que aun viven, sien:cn :7
Los mismÜs partidos que el a:iio pasado organiza.
es
ostentar
ante
ellos
respeto
y afecw, cubrir
zaron la campaña electoral áfavor de Me Kinley ó
En Octubre crsa fa vida en la Xaturaleza y ,~n ~ns cuerpos de flores, encender ame su fé:•en·o
de ¡3ryan, muévense ahora en apretadas filas, prepáranse á luchar en los comicios, y pai·a conquistar Koviembre empiPza el reinado de la muerte. Un cirios, depositar ante su tumba .ofr&lt;•fülas, derravotos, para a-dquirir voluntades y adueñarse de viento de sepulcro agita las Tamas escuetas ~- mar en sus funerales lágrimas y formular panelas m:nas, corre el oro á. raudales, y republicanos arranca de ellas las últimas hojas secas, ese rocío gíricos. Con.io desligados de la vida, saben y
y demócratas, los partidarios de la rehabilitación de las tumbas: en los bosques y parques se yer- pueden más que nosotros 1 hay qul" tenerlos gt·ade la plata y ·de su relación definida con el oro, guen esqueletos; una niebla transparente y vaga to!;, hacerlos propicios; los egipcios los cmbalsalo mismo que los defensores de lo que llaman \e.meja gasas de duelo; en el espacio flotan las nu- nwhan pHra hacer sus cuerpos tan imperecederos
la única moru•4,a hontada, los que elevaron á Me bes como sudarios; no se qué manos lwladas de eoruo sus almas; las tribus salvajes los emicrran
Kinley y los que pretendían exaltará Bryan, to- cadáveres nos ricarician en la brisfi. De noche con sus joyas, sus atavios, sus armas y su ¡JI odos se esfuerzan por posesionari::;t: del importan- brillfm JoS nstros como· lágrimas ó chispran como vision de alime.n tos_; los romanos ence.ndfon en
te puesto de alcalde municipal de Nueva York, cirios, y 1n luna rnciende un lampadario pálido en los sepulcros lámpai·as inextinguibl&lt;'s; símb.)los
la inmensa cimrnra mortuoria. Todo melancólico de inmortalidad, nosotros los cubrimos de flores y
que acaba de absorberá hl floreciente Brooklin.
Es que tras del humilde sillón del concejo neo- y triste en esa agoiiía de 1a Naturaleza y· en esa ¡wrfumcs, cuidamos de inundar de lnz sus pu, ilas
arin.gaclas, y levantamos monumentos suncuvsos
yorkino. se oculta una influencia poderosa; es que extinción de la Yida del aiio.
y ostentosos en sus sepulcros.
La
mue1:te
1·s
it
la
V&lt;
z
un
gran
problema,
una
la gran mel!rópoli pesa con la pesadumbre imncnEstas venerables y nobles manifestacionc!-t, no
sa de su población que se cuenta por millon1Js, en emoción profunda y una protesta mudai como el
son,
en realidad, l!Ulto á la muerte) sino un l1ossaabismo,
atraP
y
nmedrent~
¡
como
todo
lo
descolas decisiones generales, y 1:iAquc tomar cuarteles tan formidables para lPpró-xima campaña nocido, inspira. curiosidad y miC'do; como todo Jo na rntonado á la vida, una eflorescencia m :ls de
inevitable StIBcita h la YCZ de.Sl"O v terror. Nacl,1 ·t~se scnt.imicnto universal, irresistible, indesarraide 1900.
La lucha tremenda contra los partidari~ de la más sev('l'O ~- augusto que un c~.dávcr¡ aqudla ga.blc que vincula toda felicidad en la eterna dulibre é ilimitada acuúación de la plata, devuelta a ~orma rígida, inmóYil. mucln fría, vivió, amó, se raeión del sér, en la inmortalidad, ya que no del
lacirculaciónlr,gal,estámuy lejos de haber cólíclui- agj-tét y luchó; nwzclada al torbc~llino de la vidc1, cuerpo 1 del alma. La Naturalez11 para hacernos.
do con la derrot,Q,del candidato demilcrata en las fué oríge~ y objeto de pas'ionrs intc-1rnas, de acti- sop.ortar la vida nos ha inspii·ado por ella un sent&amp;.•das elecei0p.:es¡ hoy más que nunca comienza vidad febril 1 de esperanzas que se dPsvanf'cieron 1 timiento despótico, absoluto 1 domínaclor; vivir,
IR!enazantc, y si los sindicatos vencedores quie- dP desengHños que arrancaron lágrimas, do ilu- vivir a toda costa, á cualquier precio", bajo c~rnlren c.eryaf sus conquistas, dcb'ti procurar a11- siones que rndnlznron, para drspués amargarla, quier condición, hundidos en la miseria, sumidcs
te todo vencer en los comicios mumcipalrs de la la existencüt. Fué uno de nosotros, igual i~ nos• en el dolor, abnegados en la abyección: he aquí
próxima semanaj que han de decidir del concejo otros, amas:Hlo Pll la misma, l?asta, moldf'ado en el el rterno afim, el clamor incesante, el anhelo inmismo moldf. La rnuC'rte lo ha ennoblecido y en- finito, la suprema fl"licidad.
municipal de Nlie~a York.
El héroe y el suicida sacrifican su vida para
grandecido;
así lo revela la severidád augusta dP
Acaso muchos potentados ele la tierra tendJ·:.U1
más honores y se verán rodeados de más brillo y su expresión, 1a inmovilidad trágica de su actitud, vivir t1n otra, en la memoria de los hombres, en ·
aparato, de más fausto y más vistosas pompas; pero la indiferencia olímpica por las lágrimas que lo llo• la apoteosis de la posterid,cd y en los nimbos de
pocos entre ellos serán lis que tengan la influen- rán, por los sollozos que lamentan su pérdida, por las la gloria el uno, en un medio menos cruel, en w1a
cia, el prestigio y la con~·ación ele que goza en desesperacio1ws qufl rodean su féretro y lo acom• atmósfera, menos asfixiante entre sufrimientos
la Unión americana un b
e presidente muni- pafian á la tumba. A su vista acuden á nuest1•0 es- menos pw1zantes el otro. Ham1et no se suicida
cipal, insig'nificante- al
cer en e*omplicado píritu ]as más inquietantes y transcendentales rt&gt;- porque no cree en la muerte; se le antoja un sr:.eengrana~ de la nación pero de indiscutible repre- flexiones: esos ojos cPrrados y empañados, se htm ño y teme soflar sin poder ya despertar.
El a.mor desmesurado it la vida, Yª. real ya ficabierto dl'l lado del abismo y lo han sondeadll\
sentación e11 su 01unipoteme plutocracia.

· :ll)olíticit gtntrttl.

· LA SEMANA

•

EL MUNDO

31 de OCTUBRE de ,. . 7

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�EL MUNDO

298

DO ■ IRGO

•

sa, como el Niágara lo domina con sus cHtaratas
iri~aclas ........ ; y,Iuego por sus ojos hebreos.

•

••o

EL MUNDO

DOMINGO 31 de OCTUBRE de 1897

31 de OCTUBRE de ,197

Apuntes sobre el

por sus ojos hebreos .

VIAJE -ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"

A. X.

RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS. MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.

Oh virgen, ele mi patria la m.ás hermos;1,

La mfts noble y 111ús tierna el&lt;' las amign~:
Y-o tengo un cnsucnito color ele r0:-1-a
Y Ycngo iL suplicarte que Jo bendiga~.

37,000 Inillas sobre los Ill.a.res.

•

Figúrate que amo como un denwntt,¡,
Y rn filial confidencia te lo confk80:
Es la nifta que inspira mi amor Yl•lwnw11tP
.Jfús dulce que el almíbar cll' un efü;to b1.'so.

,

Como tú es morenita, como tú hucnn,
TiPnc tus negros ojos, tu negro pdo,
Y sn mirada noble, pura y serena,
.Jle hace pensar en todo lo que &lt;·~ cl('l cicJq_
En los dieciocho Abriles mi noYia frisa.
.Jfns pintarte sns gracías no PS necescH·io:
_-\. \"l•r la conociste cmrnclo la ni isa
Oímos ante el ara ele tu santuario.
Si Yieras ...... ¡es un clf'lo sin una nuht'!
SnH virtll(l~s sencillas me han cautiYado;
J)í lit verdad, Lupita, ¿no es un quf'rube
Qur JHH'a Angel de Guarda me has regalado?

•

N"ucstro cariüo ~, nadie le causa agraYios,
Sin ab~·ectas envidias 1 sin ambiciones,

Solo queremos cerca tener los labios
r muy cerca, muy cerca los corazones.
Una ;-1nsicdad me abrasa, pero es tan pura
Que tú. me la perdonas en el momento:
¡Su YC'stidito blanco y, ay! Ja ,entura.
De que seas madrina del cnsmniento:

Panorama de Toulón.-E-1 Muelle y Is Darsena.

011 Yirgen de mi patria 1a 11lús hermosa,
La más dulce y más tierna de las amiga_s,
Ya sabes mi ensucfl.ito color df' rosa;
Arrndillado espero que lo bendigas.
ART'CRO

L .. CASTA~ARES.

Octubre de 1897.

POST TEXEBRlS
.Junto á la ojiva, en el vetusto muro
Por el ramaje espeso drfentj,ido,
El pájaro gentil cuelga su ni'do
•
Buscando á su quietud puerto sc&gt;gm·o.
Del fresco _manantial el caudal pufo
Lame.el tronco del arbol carcomido;
Y las flores del pétalo encendido
Orlan trepando el torreón obscuro .

SR.ITA. LUISA R.AIOOSA

Futtlra esposa del Ca1;itán Porfil'io Diaz. (Fot. Yalleto.)

ticia., pero á fa vida, en fin, nos impide tenPr dB
la muerte nu concepto racional y una idea positi ,~a; es él quien nos impulsa al trab,1jo q ne fa
conscn·a, al progreso qu~ la acrecieuta, á la ciencia que la ensancha y la multiplica,_al arte que
ltl embellece y hasta al· sacrificio y al sufrimiento que h1 aquilatan¡ es él quien nos inspira esa venerctciün y nos sugiere ese culto al cadáver, esa repugnancia á su profo,nación. Es el amor á la vida el que nos inculca el respeto á la mt:terte; portLue por Jnás que el hombre se esfuerze, se afane
y cavile, para él la muerte es tan só!o una rormn nue·ra, más amplia y mejor de la vida .
El único concepto accesible de la muerte consistiría en perder e1 amor á la vida.
DR. MANUEL FLORES.

NUESTROS GRABADOS
SEÑORITA LUISA RAIGOSA
Futura esJ")OOa del Capitán Porfirio Diaz.

El mes entrante se unirán con los lazos indestructibles y perpetuos de un matrinlonio, realizado
!jin duda por amor y mutua inclinación, el Sl·. Capitán don Porfirio Diaz, hijo del Sr. Presidente de
kt RepúbJica y la Srita Luisa Raigosa:
Parécenos oportuno, con este motivo, publicar
~¡ retrato de la bella prometida del hijo del primer magistrado de la Repú.blica, y lo hacemos deseando que en el nuevo ·hogar esplendan todas
fas venturas y aleteen todas las esperanzas.

•

SR.ITA, MAR.U LUISA RITTER.

Tengo para mí que Yiene del país de la Kabbala, d(• la ti&lt;'rra de los profetas beduinos, de la patria dP. los Beni-Tsrael; SP.ntiría equivocarme. porque sus ojos h1.'bréos rne hablan de los occidentes sangrientos y muníficos de Galilea; porque su
nariz de ideal perfil asyrio me recuerda á los antiguos reyes que llevaban efod sacerdotal en el
pecho y ceñían sus lomos con el cinturón sagrado.
Fínjome que esDébora, artista y sibila, que canta en la lengua inaudita de Beethóven las alabanzas del Dios de Israel. Irnagínome que es Ruth
que recoge los haces de espigas auroas de la armonía y luego los 8.esparrama á los cuatros vientos del arte y del dilettantismo ..
Sus ojo.&lt;J son como los de las palomas.
Oh, quien pudiera perderse en la lejanía divi1rn de esos ojos pardos, como se pierde uu ave del
paraíso Cn los mmúficos crepúsculos asiáticos.
Ella desgrana la harmollia como una hermosa
nina adolescente, desgrana margaritas.
Elle nous vient d' Italie como dice el viejo Musset.
Su genio, en cambio no es latino, procede de
Mozart, ú. través de Beethoven, el parnasiano, á
través de Chopin el nervioso, á tra:vés de Schmnann
el taciturno, á través de Grieg el histérico, á través de Puccini el revolucionario ............ .
Y yo la amo, primero, por que tiene genio, por
que domina al espíritu con su Rapsodie Hongroi-

•

Todo por ley cons.tantc se reuueva;
La flor que su matiz lució á la aurora.
A la tarde ven\ su Cáliz seco;
Donde un astro se oculta otro se eleva.
¡Feliz quien al llegar su última hora
Logra dejar de su memoria un eco!
Á..~TO~'IO ZOZ.\YA.

•~;~~PAOO

De $5.000,00 de uLa Muiua," en Torreda.
Sr. D. Carlos Somro.er, Director General de j(La
Mutua n de Nueva York.

Méxi,-.,;
Muy seiior nuestro:
Los se:llores Ketelsen &amp;. Degetau noA1tregaron

según recibo debidamente estampillado y puesto
en la póliza correspondiente, la suma de Cinco
mil pesos plata mexicana,.importe del seguro del
finado Sr. D. Christian Schugt, que tenia en!a "Mutual) según la póliza número 529 1 254, y -cuyo ,alor
recibimos ante Notario Público.
Reconocida la ef.i&amp;acia y prontitud co1,1 que "La
)Iutua" cumple! compromisos, no es grato repetirnos de ust
ttos. S. S.
To1&gt;feón, OctulJ e 18 de 1897.-Conrrpeión F. de
Schugt.-C. Juárez, Octubre de 1897,- Wi/Ziam
Brernme, como tutor de los m,.cnores, Pedro, Josa·
f'illa y Christian Schffgl.

•

A,an.za el Zaragoza, flameando su tricolor bandera CO·
mola italiapa, pero con f!U águila eobre t&gt;I nopal, desta·
cando en el blanco de la insignia; é!:!tO anima la curiosidad de aquel pueblo eencillo y curioso¡ cobre las playas
é indaga basta qlte el cemáforo del cabo por su con ver•
!:-ación con nosotros les dice qne somos mexicanos que
hacíamos un viaje de circunnavegación q'..1e ya casi terminab11¡ era la primera VE'Z deSde que el mundo es muo•
do que nuestra ;:an'lera se paseaba por aquellos maree.
Pasamos 'por fín el estrecho y cambiando rumbo, nos
dirigimos bacia las pintorescas islaa Lipary donde se
halla el volean del Stromboli, cono de piejra que, aislado, sobresale de la superficie del mar, dejando ver del
poniente su crater de donde brotan con intervalo¡; de 6
á 30 minutos, masá'! en ignición y humareda conr-tante.
A eue faldas ae levantan tres poblaciones pescadoras
y agrícolas, sujeta:, al continuo peligro; amenázalas el
-volean de tal suerte, que casi es imposible salvarse, ei ~6
penciendo por las lava!:', eí en el agua.
Al obscurecer pasarnos muy ce:-ca de eee inmenso fa.to natural que alumbra con sus intermitencias erup~itivas una gran zooa de mar.
Qué aspecto tan variado ofrecía aquel pais11je comparado con loe mil anterk1res observados! regadaiJ á una
distancia bien grande bObrt salían el grupo de las Lipa.ry, pequefias, redondeadas como eminencias que deata•
-caban eu silueta roma allá en el horizonte rojo por el
sol que rn ocultaba en la bmensidad del Mediterráneo
y entre ellas más cercano el Stromboli p&lt;'quefi&lt;', empi•
nado, con su penacho de humo y sus boca, adas de fuego
y Java que arrojaba á cada rato, alumbrando con una luz
rojiza una vaeta estela sobre el movedizJ mar.
Bien pronio la obscuridad de una noche clara, hacia
.apenes distinguir la rdloeta del ·rnlcancit.o que se alum
bra de ,·ez en cuando con sus llamaradas de hirviente
lava; después todo desapanció tras el horfaonte; al amanecer aparece la mar tranquila sin lími,es.
Un dfa má,, tarde tambien al crepú::;cl1lo1 pasamos por
el esti:, ch1J de Bonifacio, entre las Islas de Córcega y Cer•
de:ña. La obscuridad de aquella noche no dejó preEenciar
el hermose espectáculo que ofreciera aquel paso tan dig•
no de ser observado; se vefa la luz elécuica que en focos
esparcidos á distintas altur.as y distancias sobre los puertos, no daba lugar á percibir síno apenas la población
que dtbfa agi,arae en callea ~aes.e; además era aquello
una 11ueva curiosidad¡ paeá.Mre por el país donde nació
-el gran 'Napoleón .

•

•

•

Muy lento fué nuei:tro paso por el e"trecbo1 debido al
sinúmero de embarcaciones que lo uruzabao, y may
agradable aquel espectáculo nocturno.
Las luces de situación, verde á estribor, roJa á babor y
blanca en el topP, disti11goe á lve barcos de guerra 6 vapores y á loe veleros solo las dos primeras, u( podia
eaberee si había que gobernar para dejar libre el paso
á loe veleros ó virar un poco para dejar el camino á loe
vaporee.
El aspecto que tenía el canal era bermoEo; con tantas
luces de varios colores reflejándose unas veces en el
océano y otras brillantee, cintilando en la extremidad
de loa faros y agregándoee á todo esto la fosforescencia
azuloea del estrecho; por fín abandonamos aquel tumul•
to ordenado de J11ces q 1e iban desapareciendo poco á
poco en la faja de obscuridad del horizonte.
A les dos díae después, á la madruga, distinguimos las
cos1 ae de Francia.
1

NOVENA PARTE.
F.t•a.ncla.

I
TOULON.

Ddspuntaba un día frío y airoso; las aguas del golfo
de Lyoo 1 menos ag:r,adas que la viepera y ya poco pro•
fundas, se quebraban al chocar con el espolón del bar•
co produciendo ese acompaeado y ya bien conocido
golpe sobre los costados; un frío glacial y viento cortan•
te, nos venían d@ proa baciéodono:1 tiritará pesar de loe
abrigos que nos amparaban un p co.
Hacia el N Jrte sobre el horizonte,, se destacaban entre
un vasto manto de bruma, las desgarradas siluetas de la
costa francesa: eran las playas del Var con ella girones
de tierra proyectados hacia el Mediterráneo y eue mon•
tl'.culos esparcidos aquí y acullá sobre las planiciea que
deja el valle del R )Jano entre la cordillera del Jura y de
los Alpes.
Llegábamos por fin sin contratiempos al formidable
puerto militar francés, á. Toulon, que bien puede llamáreele el invencible.
Allí también cumplía el barco eu viaje al rededor del
mundo. Salido de Tot1lon, hace 6 años, vi!30 á Veracruz;
de allí emprendió eu viaje codeando la América del Sur;
pasando por el estrecho de 1Iagallanee, tocando después

á Aca¡:,ulco y por fin Guflymas, de donde emprendió
viaje al través del P.t.cífi~o¡ pero oficialmen~e no era el
viaje comple~o, tenía que Mravesarse todavía el Atlántico
para verse terminado el viaje de Gllaymaa á Veracruz
por el canal de Suez.
La magnífica bahía del puerto, profunda, tranquila y
amurallada, revela en su aspecto la seriedad qNe le im ..
pone el carácter de fortaleza, austera, eneeñando en to ..
das direccioneP, en eue riberas, lae bocas de foegee,-aspi•
lleras de granito, ma!econeé tciscos deent1a1a, inciertos,
ennegrecidas por el conetaote choque de la o'a que cubre de alga y madrépora la superficie de los bloc:i, uuién•
dolos en masa compacta é indestructible; lnego en el
fondo, al tra,ée del tercero ó cuarto alineamiento de ma•
lecones, loe fondeo.deroe donde realzan orgullosos los
acorazados 4110 descansan sobre sus anclas 6 amarras,
sobre las boyas¡ loe k&gt;rpederoe en número de 200 ó 300,
hacen su ejercicio caminando á toda velocidad en di·
recciones opuestae¡ las insignias de los barcos almirante,
flameando en lo alto de las mesanas y toda aquella for .
midable eecuadra lista para ~arpará la orden del Minie•
terio á la ranea, gasta su tiempo en ejercicios, en zafa,
rnrnchoe de combate¡ pero no ibawos todavía ciertos de
ser aceptados ea el gran poerto militar, así es que, izando bandera amarilla sobre el mayor, esperamos hacia la
bahía del &amp;nac0rioá laaut.oridad eanitaria del puerto. Lujoso y bien diepuesto Hospital, se levanta sobre loe fértiles pefiaecos de la costa, audado por cornpldo del Con,
tinente é higiénicamente Eituado sobre fqnellcs pioacboe, qne tl aire bate llevando hacia el mar el fmponzoflado germen de las epidemias.
Nada más rigorista científico y ordenado que eeedepar•
tamentu servido por notabilidades médicas y Eec'u.ndado por una eervidum bre activa y militannente ordenada.
Xuestrofondeo se hizo con todas las precauciones que
exigía PI reglamento de puerto y una 11\Jlcha de la policía tripulada por un oficial, nos indicó que muy pronto
ten«ríamos la visita del prt&gt;eidente de sanidad.
So eeperamos mucho tiempo y á poco atracaba á estribor la lancba conduciend oal director de eanidad que
iba á tomar nuestras patentes y revisar el número de
nuestros enfermos.
La visita se hizo rigurosa pero. nueshae patentes y
loe certificados de Ceilán y puerto S.t.id exlendidos por
los Cónsules franceses é ingleses de dichos puertos, dieron una seguridad plena de nuestro estado sanitario y
acio conti.auo, se nos permitió atracar en el Fondeadero

�00■ 1■80

IIL IIUNDO

JOO

oom6u, enea de 11 D!nei&gt;a enh'e loo primero, aaorua400 fra•- IObre la oaaria bolla. lagar que la roooaoel4e cnl1elta del a1mlr aousgo uoo ood16 holll'ÚldoDOL
· Oambladaa la, vlllilu ele ordanama y loo talodoo en.rnepood!IDIN, ae reolblaro11 mol&amp;l""1 de i11•ll1111ü,_
pira el ..,,..tal,

ele fama 011 la ellldai de Toolo11.

JI
rouLOJI Pl1DIO 10,LITA.L

Na1a mia formltlable que - rru pueno manllmo de
Frlllléla, el 1tp11:lo. iW nüüúlo.
Sollerhloo lfNII&amp;'N ele dollde bao raH4o 4 llole to.
meJone a!IÓllladoa, mo,po- y baquea meroautee de
••...., pqi,IDOla """'""' ...-.;ófÍ&amp;o de maniclODN y
perlnOboe 4e .-,a,
4e opraolomo mlll&amp;a-,
pi!lllo ofellalfO 1 4efeulvo 4el :ítedllerrtineo, goarda
oo• n l'Ol¡illalilé: ,....-o1aa 1-.ali&gt;ffllbhl en!- lu
eqatnde la nll'!l6o UÑ!I loo .Plrl...,.marialmoa que lá
apena de Boi!llla Wllla Jat OOIIM de Italia.
l a ~ • mnal mllllar, loo paoclei hOlpllalae,....
.,.... ye! ..,Jlmertt a. laooba, ...,..._ 6 iorplo11
a.,.._lfp&amp;lao, l o o - . ele...., talibre, hl'J morallú y
~ ..; 1 S paa -oadra fija -, fl.et~nte del Medlk;Jál!o, aanoa,.,. _..,.••-•el dllimoluado
POIGi ■BI Ja6"pl llilt11i•, meoolabaa 1D1 paloo y
oofu 11JJ!lfada, illrlsfendl&gt; IM boou de 1D1 ripidoo j &amp;o•ao a ~ taftllal...
lll&gt;ln fl 111,-.flole 4el opa Bawaba la moolor 'bu·
IIObn mlllaneliaty boletde 1.. 1&gt;i1noaqoe11 apl•

•&amp;ro

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para dlverllra ea camaval haole11do babll empleo del

si ti•

GCTUBRI de

'!!1

N ■ l ■ ff

11L MUNDO ·

91 de OCTUBRE tle , . ., ·

currencla que 11i11lr4 , embriagara en la alm6alera.

oañcler ele ohla¡aque ale de lodOI loo oerehrol alem- · carpda cna emaaaelo- de porfamea y majen■ hermopre elegrea y de aquelloo cnruooeo de mujene herma• y la a vellida de la dareaoa laoe rtOJf oal,11¡ ~ne mol•
aea, guapa, ata-riedu cna lajoooa domla61 y couverll• llplloan m11l181 de marmol para loa aollllolel; en lodu

4u ID Dll&amp; deJicOla famwla de parleru golODclrill&amp;I
que revololoaa ea lodo■ ~..... me■clúdoN •• &amp;odoa loo otrooloa y h~eodo que n'cin 4 la oara de mu•
oho■, oolon■ eoceDCIJdoa por la puya lupni0ta y por la
fraN olpltl-,a¡ ealonce ■ •• liltllo oe:so oprimido y
d6bll ea el form!dable hacall6a ll"• m■la cou la ponraole .9.ech■ de la ú·üa, 6 cna el eludo cie Oopldo, que
haoe .....blr la; mú ~ • NIMtnuim de Dll edén
IOGado; lral de equel antifaz de rica ■eda oriealal li mil
coloree, 4 n&amp;!1fucl6n mueYeD loa mil teat1lcnlo1 de la■
po■i4De■ J ■quella far■■ banca y bo!Hoio1a, aquel!a1 picara, eoloaclrluaa, eada PIIO, , ca la oha-, , cada lm•
pretión que roborila 6 qae conmueve, lara:aa armoalci..
■u carcajada■ de j6bllo, ■oa '•• veDOldoru de la lid y lae
lrinala,w1 ama■oD ■I del oarnnl.
Oh la Froncel como dlee soclo el qne llene lt dicha de
ao'.ltoaerla, era y eadl el cnra■6n del mondo; ID eilaa•·
ol611 ha htoJ,o ae recnDOtalre alU •l muado enll!ro para
diloollr tD cleaci&amp;.-, an arle, ea lnaenJo, en po■tonea y
e11 modu; ere■ la proll¡oul11&amp; perenne del gr■n le■ lro
del UnlNIID.
SI cleatlto■ uea Nlpllablt, 1I erll■I■ ene h;cnmpora•
ble, el IOolal avauu en primera lí.oea, prodlpado lu .
ltyea del pato, del arte, dela moda '1. del &amp;ralo; apulo•
uda le&lt;aaw monumealol 6 datlrDyea apo-; . i - ,
nelode 1ren e:spr,10 yMmpre _adeláote; lile Tilla■ de .

'

ellu brillan lao cnpu de glaocn ■genjo que enciende lo■
a■rehroe y preparu DD algo de arlllblo al ooerpo, para
reolbjr ha■II tuacleliad laa lmpre■iODOI d, aquello■ 1•r•
buleDIOI dfu.
.
1A mollioora medalla del cnafelll, 11• ea noloe e&amp;l¡ameu&amp;cw, 1 ea lodu la■ eaquln■■ de la■ Ollldru Teadt.,.
ea 11qal1a1 de pagel de chino, ... aire Vid&amp; llavla de ....
e■jo,, que deepu6o ele 1oo1r la deliooda •
de DDI .hma
6 &amp;emblar 111 el rabio cabello goe la adoro a, o■e al pilo
pira morir holl•dl por la hor~lble mÚl&amp;ilod.
.
Loo tl'eaoa de Maralla, de Nin, de MOll_,lo, &amp;,
Toolca,-l.emh■roan una mall1""1.de mmlliao, 6 il&lt;mi.
'
.f mtflit11f'1qa.e. te n:.tsclaa
mOltdainta, uf. col[.o de atavl,cJ,
ea - alprabfa, en ,11 vor4¡1ae de la dl•-,,l6a; lodOI
loa ha&amp;ele,,, 7 la■ 00111 portlon\are■ lleaen hDÑpecle■
b11ca el colmo, el comercio 011enta en ■WI .....,.....
múc■ ru, domla61, · sap■1llla1 de de lodOI cnloroo,.
-perfo-; lu florltlu lleaen
da ~oleta■,
alavelN, q ... arll1lloameotecnmpone11ea herm- bon•
qaet,, 111 oÜ gran_dfa, 18 ■faua ea &amp;rah■ja, y deopn6■
"'agrada, '11 "/a,:rtu'I
Ya l■■ ooli. ■e VID
rfo■ de palle, lól -eNII
y eoldado■ de 1terra piolan dollde 'l!lie'!I, lail lri■eta■,
!u poli■■ 7 lae daadlee toman •-aleóllu,rfllll4opftelopu prandu, deade el rloo &amp;raje de B,.... i-:a la lúalca de aJaod6o,) loo de-diente, a. 1M ,a■ •

'

.....-1o1

oom~

Marulla.-M:,uo de &amp;//aa Arte&amp;

ro4ar de CllrrBje■ y 61D11iba1, 1111• DO pueden
:...a.In•• en medio de eee tomul&amp;o; en 8n, en una avalan·
.,,.._, de d1Yenl6o N el ealallar de go■to, cnulenldo cle■de
, _ 11D afto .., qae ee&amp;alla en an iollante, loco, fnné'1-_
""' en&amp;a■lula' a• cnlmo.
'
.
....,:.l'»i.J 1M PierretM que enU'UI y •len, OOJl'fD, •1Un, y
,-,- •• la calle, defeadl4u por - - r i t a de bobo
.,,. avealnru, obl!aaa aon ojo■ de chino.
,,.
CJc,4oto dula cada Dilo de ao■olrot por ooaoaero■, '1
■■ IDrlllD loo papelea; 01 &amp;oca 4 ,01 requebrar, 1 qa6
CJué ploordf■■, qué eD■OGann dála en ,■o 1 dfa1 ,
,=,t,oa,brel - - qDe.Glsllffojen florea plana■ cnmo lu
--'•'•, lnl hombNte que no llena aalifú.
-.-..-JOla
dBTeliioa a fé mfa, c10 l'llpoadelo, yo 101. de
~ ·poro noia ,dlré de doade ui quin, yd■opo6o de
-..pr1mere•-Ao vleae•. olrOI, .
- la u1■16crMa
__.Nl,a &amp;ambléo eepa1'0la ,fla•lo■ del 00,..
· yeaioclloacodo lo
-ro t-len,t■ el puerlO mllllar
~
: ¡ ¡Oh loa t!ftoienl ¡ 1 dfoen !u fran ..... ooo Dll
1'6 de ooqlalli lidmlrad6a.
la F-·_,_ ,_..,aba aquella lle■II, ea Parle ha,
,..._ _ ,e .
,n afloo ft■ea-■lllla
11 108 1rlonfaa• -•·· el.'-·-·
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oolenlo■o
carro unía
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GOllu&amp;DDpl'Ol&lt;lue '8 &amp;odao P11181 acod!an al car~
"l'eoo■ df■■ ---&lt;le
feal,o - 8 - Tlm
...., ..tallaba , Par!■ q11e parecía d...,n,■r de 18D lerrl•
llel&amp;a• -pero volveré á Tonloa. ·Nuenra pala' bonlo
........._ .....bl6a, , la pua pneral, la papdurfa - •
a&amp;aba
fran- 1 b■ata lolae■ ,epa el ■neldo de oada ma';...., y· loa fraacn■ alealahao el bol.e Que deberla aon•
üolrloo4 lapoblul6a.
"

:a...:.i 101e. . .

Pa-,,_

tia Man111U..

Ga"tJB 9D ...... -ddGI; elálapla- ..... 6■lol, fulalll J &lt;IDbnt ID ro■lrD ... la Nda del aatifu, eaGM&amp; lllrpeiluo■, fillPlat, 0011&gt;,ta■, moaltoroo _,,..._ Ion- tambl6n e1ea admirable.
dall 4e l! y JI! ola-,, ...... cemo blaDcne J lo•
,bl ataT!ada, le CDDOOÍ en Dll paerloele luribera■ me,
a Nlmñllíllale■ por la limpita■ -, el a-; de toda cll'""'-rdoopuá, lnlérúadome por - poerlo, al
.U...,a'la de- ,ia .ti .tllrideale pllldo del cna- maremagnum de &amp;ne mlelloa1 atndadea, 11,goé al rru
v a • • - • ~ , - , lonlbJHlel t,¡que■ del alarln otD&amp;ro del 1,..n1o, 4 Pul■, admirando áoada &amp;o po• 6nlaaM -ll"ado 411 t iaperlooo t,¡que 4eroea iaftaencla •• la Tleja Emopa.
4el tambor ,r-&amp;odo a¡áél ma,._um ele ,apoiea
Y el "riejo y amurallado p1Jérlo lraaaéo, perd1a no pocn
de ~ a lll!IIVI cnr~.. dMotneh■ de ■al fallp■ J n1a oaraoier 11rlo que le Imprime el mllllarlemo, d4ndo•
nalbfa........,.. ,de ■bia,..,_ y oth■llerooldad de lo• ea d - a r 4 la guarnlo16o; lo■ hal&amp;Hone■ d,jahao fraa.
de aqoella iaNoaeD&amp;e
la lflDJltla dej IDQliclo. ■u 4 ■DI cnmpellfu, lu h■~4u detaamahao de ■n■ eje,•
No babia dé Íoo iDQpn&amp;ahlea bllroo,, ■nrlOI ea el pntr• ololo1 de tllmborea-, cnrue&amp;u que lleun ea soclo el dla
ID nfl:cnno qae DO fuera a. perra; kldae loo pe1oo que loa alne del poerlo cnn 1111 loCJ1111 iallil11re1. ooa 1D1 eaaobrealfao, ~IIUl4o janlu 6 ap&amp;ffjoe, p e - cnlela'i que prodaOIIJ nota■ que ah■roan la■ dielaaclao,
oflllll 4 dé'"'"'°' 4 llol&amp;DIN IÚQDill&amp;■ de 1aena; venciendo el ro¡ido de la 111ar 6 el" eola,npldo del oall6n;
la D4ntpa ~ DO II libraba dé cou&amp;eaer - IDr- la■ callee deolertaa A lu aora■ de ejerolaloe, -ñtanoé por
.pe&amp;,n■ .Ullelld6o •• lla■ de_........ 4 &amp;reilllL
el CDDlrulo &amp;aplda■, 11lomeradaa; la plaa de arme■, f
A"'°"lmúlnmeale, habla -.o Tolllo11 ea loo dlu ea l&amp;a aira• cno fe■toaeo, plraald■■ &amp;rlcnlorea 6 grllleleo, 'f.
q119 llepmoo de·3 4 4.000 Ollio-. F~rad ahora un 11· · · bandera■ qae fl.ame!lll 4 lo aho deaueao&amp;ao 6arooo &amp;riDDr ,le&gt; da &amp;oJ•- armul. la ,11711caloal■r4 que eleo- faleo;loabalaoneaypoerta■daoleataa111roTouloonaa1. nido 11ue produje, a • olrfa ma1 · i,Joo hllOJa el mar, y peolo a&amp;ru&amp;lvo 4 lo 1110 de la plua monlolpal, ·• l lado de
en el aoa&amp;luen• en nna ane de 11Ui1 de 200 kil6malz:c,L la ar&amp;!elloa fue ole de, la
■e levaala el pobell6o
Daepn6■ • Gibraltar Toalon • e1·primer ' - del qae
al Rtg del O.rnarol 1 ea .loda la reotaa,ellida
mDlldo.
h■ela mAo all4 del lellro, fatolea eta mÍ,l oolore■ ,operan
· Ahora ah'8V1Nmo1 • la D.lraeu y T I ~ la a,t¡n■..; la _llms »al'II dor111Trl1 _oon ••• luaealllu opaoa■ 1 a¡lo•
t1a pobllai6h qua hace 1D1 preparallvoí"poráel oi-•-•;
.:....-~--.-16-•~···•--· caba/1·•.__.,.,.
_...._,
- , nuau,¡J.
,_, de.mpor, ¡-•-'
&lt;JK,-uu, e:a::Qaléa Do CDDOOI - eprll • f - • proverbial •• &amp;o- hlblol611 de eaaaoo, ■■peraa en 1111 pohellODN la nado el muado que le di■llape de aoalqalera olro otna• laooha del pueblo que aoriOIOI lodu lu avéaldaa; el
'8r de uacl6ul Ahora palpad eae Ingenio de iaveo&amp;ln lellro ealá laj011manle eaplaaado, Npera la Dhlc cna-

-•ra.

••pera

4118rtad

no de comercio an■lao aemoaoe 1,0r III hnia • q• 4-1·
baa eohar lo■ aerrojo■ , Ju porta■;...._ . . . ......,.
&amp;re■ del -llldor que ea para elloa
l•pdrlable•
po. Loe z&amp;t,,n-,, ¡ohl kN'wa eerrad.o 1a1 .
llbroe tlaecle haea oob4 dllllf)a empolnd111 J' Dada
DDOII~.-·.,..,.... - e l do111b16qneha ile

°"·

...,.,,,etee

--

Por &amp;a, -na la .bon, el oaraaval oomlenal, lal - ·
poau 4 &amp;odo •ocio ......,; lu múoleu dojaa olr loa
oom- de 1D1 mtlillpW. ill&amp;lnl-, 11• a■taa deeomerclo preolpl-mente olerno IDI pamH, de lodaa
la■ OIIM nleo poloiollfl d• bala■,.moaja,, "11:DOI, 11·
4ul8"'doe■
lo mú rldlonlao; mnjeroo de·
judo ■oio Ter aa■ piernu aublerta■ aon rloa 1Dtdi. 4e
Nda, y lo demú o,allD, mn:r 000119, ll"lleedo lu Yáó"eo,
dejando Nlelao de perlaa,e y e■■aodu de lloarloae; y ~¡
1/,tg del 0Jmaro4 IObre DD - b l o -ro· •Iea&lt;!ilio y
reosaardaio de. ■o 1éqolló avaa■a por aqoellu mafll&amp;n•
deo haoleado un e■oandalo■o y lllraollvo mido oomo llamamlealo 4 lu ma■u qoe.~n h■ela ~• -1.- h■jo
•• pa~ll6a, pr6vlaü'♦,111i¡¡_'W
\lgnld■d de oartón, erisfdo, ¡Obl
W■ordeotcior, 141,rlble,
Nlraea~ y
, ~ alumu,, eanu,
upañealDo, ca
tiU e ...._~ de cbampac•
11e que ■o de11&amp;pa,1j;~•l'Jllit~'l'll ■e cbooH 6
ae qalebnn, tamtt;f,1,eJ.111111 tnap"oa, o·, belel de
lraono 6 de cnlore,• • - ea lo■ aüea, lluvia■ de cnnfe&amp;ll y lluvla■ de tina eeOllldlda •
ea foode al oalor
de la llama, pito■ deloa..,...~lalamar, Ju mol,

'"'ª

--

.....18 e o
un arn,1lo y la lana de n■ cnmpalleroe termluaroa
Aclo cnallaao 1uva Ira 1oa mue11•• reia1 lié,_.
· d• mu
· 111 lood •
1u aventan oaruftleaca.
breve en,re aqae 11a 1mm11
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Puado elcaruval qoederon la■ •lle■ embradM de.
No era de ea&amp;rlll ■ ne, DO ob ,laaw,
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un pocn Ollldoo 1111 ap111eole aep, - · de ·loa ID, l• t1a•
• ""al''•-•-•6 a t mo te¡ u, ra may b·1•n
y lo• carro■ llevahau 41ama.r loere11o■ clltec.-deaq11el
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... oi.. -..d-rclloto·de bolefl■■ roleo, pro-de l!milo, "4•aa1mo
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ra de im beolbilldad, &amp;enla oaarteac1u que 1eom
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· · puro•, tarjeta■ pilcteadu cna mil 11DD1brils ,.,... J
■o o aaa cnm..--- uoo a■,a "" ■apeno--.
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eala olla podrida dé clee¡:erdlolaP; .,.....
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El
m.mo■m U , era DDO..., o■ manuero■
fraa 009 el Mirle■ d8'· carnaval; 11116 , 1ierra 1 fo&lt;I tam• raecleaill11de cnnf9"i '1 glroaH de aerptplloa iebre 011&amp;_
bl6a el úoloo que no rr¡rea6 á la hora nglameolaria. Al mua de polvo hdmedo y lodoao.
, ,
A--·
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s,1o el recuerdo de aq1N1Ua a..,; era el flJ90 ....
tila ollQieole, aulel de ao111omar • •·6n ae pre■eaw
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110~!0 ea ID facha elao en 111 oare lu huella■ de una loa arteuÑl9 oonpado■ DO podlaa •Plrp ~ o.-,.; PI"
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--~o •, hn1111·1de &amp;fa ,.
- del paerlo la ■■iinad3 que ae dlrlcfa, r•,--..
11oohe &amp;empe■
1no1a. ""ª
~ad oae mar"""'
· d 1Jo : e■lof pNNDte mi•·-·
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_,... elar la perra greocHnfOll1 odya■ aollolae,e recl-.,.
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&amp;e ......... :V penqué le preaeallll a■ff - ... i ten enle porqoe
.,.,.,
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oo, i ID ~&gt;l.·- .• .: ..· ~
á mi me han cllaho qne 4 la IIerra que foere hlclera ló lo del dfa ,• 1--~·i:16dl.
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·
IUldll
lódo1 Tmli¡loOII rapldea eo toda■ pane,, il·i,'r,"" ,,.a,
que -riere; 10 fol ' u.r,a 1 vi qne
&amp;D
.
11 reelbl6 la nollola ili la n(llllra ole lloÍC!tidiolH,~
Tialiélldoae de paalomla,1; uaa """""' 0011 ..aa■ me,u¡¡,- .,_ ~ 1_.¡q,wi_..,...,_, ....... Yel • prinolplo de la p_•N_ll,cµt"fOD!lll~. 4 Grema-prl•
ualform•? lo dej6 ea la mioma cu■, pero hoy no he da- maro■ Pl■o■•
'
¡ de
1181.
Tambl6o en Toolou, lo■ 1nogoóabaadou....,_.._.
do con ella por e■o ,aveargena •
pre&lt;en&amp;arme
didadel -ra emprender viaje al poi, oalalyallalai,i,,ea
No •-•le la eerledad del . &lt;Bolal n,famo■ de "'le
,...
~ ■e preNuau
~• no.¡ odi~
n aqoellajacha, poco d eapa..
..- elej6rcllo, pmobalotqol,...delia,-lrio-f¡¡-eomáa,
duo que Uev6 el nnlforme ~u· o■mblo del canx,mido do·
Docroa o_....,. GWIII
m'D6 uul aoaque ■e habla preaealaioel Srltllo,
Fin,

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111-.

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M,trulla.-La Bol.. ea /a callo C•aalbldn.

�KL MUNDO

DDMINGO

BL MONDO

s• de OCtUBR[ de 1807.

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%uetJtzaó 5ªztiótaó.
ENRIQUETA MORALES PEREIRA.

L&amp;: acuarela es preaéa, ornato y orgullo del arte piotóri•
moderno; y no por que trniga al concieno del color y
&lt;le la línea el peregrino descubrimiento de un nuevo ex-

,co

pediente artísticameute revolucionario: antigao ea el género: casi diriámos pagano; sino porque ba Fabido evoln.:ionar más que todos loa otros y de una manera más
bella.
Lontanaea ya la época en que una grao porción de
artistas franceeee llevaba al papel sin más elementos q11e
el ag11a y el cJlor, sin preparación previa y con esa difí·
cil JacUidad del t.alento, todo el tesoro de los deralles, ver tidos con prolijo estudio en las copias de loe por entonces obefa d'ceuvrc1 d~ la pintura sonriente, rica de harmonía y placidez: tal cual loa paisajes amablement~ simétricos y galantea del diviuo ,vatteau.' Hoy es otro el
ideal, francés cuando menos, de la acuarela y Francia
acorde. con eua palpitacione·s a'1.íeticae todas las palpitaciones cerebrales de loa genios. Hoy no ee procura ya el
detalle. El color ea rey como lo ea e.a la literatura y en
la mÓ!!ioa¡ pero el color prodigiosamente arrojado, jeté,
diré para uear la expreeión francesa que es más gráfica, sobrt- el papel¡ la manc11a efectista que produce y crea,
que exWrioJiza y hace definitivas toda~ las eeoeacionea
del pintor.
Eoriqueta Morales Pereira, una nifia cuya alma im•
puber tiende apenas á abrine en Pxploeión de encan~oa
á. las auroru de la vida, ea ante todo, acuarelista franca•
ea. Poned en sus m3nos un pincel y con babilíaimo instinto eatét.ico1 ex eriori2'ará. y perpetuará en unas c.1antae manchae, toda la pompa de esm~ralda 6 de Eepia de

PARA ENRIQUHA MORALES PEREIRA.

Y ví \ue ojoe, flor de belefio,
Abismos brunos de luz y sueiló;
Ojos que d~jan al alma inerme,
Ojos que dicen: duerme ...... düerme ..... .
Pupilas hondas y tsciturnae,
Pupilas vagas y mieterioeaa ... .. .
Pupilas.negras, cual mariposas
Nocturnas ..... .
Bajo las bandas de tue cabellos
Tus ojos dicen arcanas rimas ..... .
Y t.us lucie,11tea cejas, sobre ellos,
Fingen dos alas sobre dos simas ..... .
Oh! plegue al cie_lo que cuando grita
La pena en mi alma dolida é inerme,
Tus grandee ojos de Z 1lamiia,
Murmuren: «Daerme» ..... .
AMADO

N ERVO,

Pendien'8 del flanco de la árida roca

$1 i,aso rolo.

Su cándido aspecto de ee\ie'ladormida,

Devuelve al presente
Las 'h oras perdidas,
Y abriéndose al soplo de tanto recuerdo,
Posada en sus hoja, el alma vacila.
Su dulce fraiancia difunde en el aire
PromeE&amp;l de vagas, celestes delicia-, ..... .
El pecho ee ensancha
La frente ee inclina,
Y el alma, batiendo sus alas de ángel,
Escapa del .inundo eedien:ta de vid.al

(SulJy.Proudhomme ).

Al vaso en que agoniza esta verbena,
U a golpe de abanico est.remeció:
Debió el golpe sutil rozarlo apena,
Pues que ruido ninguno ee escuchó.
Mae la leve, invisible raegadura,
Dc:1 una marcha cont.inua, siempre igual,
,(J,Jn su fioa, constan~ mordedura
Lentamente rodeando fué el crista\.
El agua destiló, gota por gota,
El jugo de la flor se extingue ya,
Pdro la oculta herida nadie no,a ..... .
El vaso no toquéis ¡que roto está\
Así la mano que nos es querida!
Nos hiere, sin saberlo, el corazón,
-Sd agranda en él la misteriosa herida
Y sucumbe la flor de su pasión.

RAFAEL ÜBLIG.ADO.

TRISTE.

Dame, Sefior, la lívida sonrisa
que quiso desplegareeen tu semblante
cua!ldo la plebe á Burablia triunfante
levantó eobte U. Dame una risa
amarga y sin rumor. con que la brisa
no ee agite en u.n átome, delante
de la vi.ctima herida y p&amp;lpitante
que al sacrificio apréetaee sumisa.
Sé llorar, n.o reír ¡Tú sabes cuanto
deaengsilo en mi eepíritu se encierra!
Invoco tu poder, tu nombre santo.
El dolor me quebranta, no me aterra¡
y ¡ob1 Sefiorl en mis ojos cabe el llanto
como e'n el mar Ja, aguas de la t.ierra.
JESUs E. V.ALEnUilaLA,
Octubre de -97.

Intacto queda ante la faz del mundo,
Sintiendo allí en el fondo-que no veisDilatarse y gemir su mal profundo,
El vaso roto está ...... ¡no lo 5oquéis!
LEOPOLDO

una pradera, toda la inquietud espumeante de un olea·
je, toda la cárdena pompa de un ctepúeculo, toda la
apacible blancura de una montana, toda la melancólica
indecisión de una lejanía azarada ..... .
Diecfpula de Ramos Mardnez, tiene de él toda la ri•
queza del color, toda la magia del efecto genialmente
procurado¡ y viril en sus concepciones, tendrá también,
as( lo espero, la definitiva precisión del ma'!etro, antes
de que florezcan en _su alma de nifia todas las yemas del
ensueño, del amor y de la esperanza ......
Y más gentil aun si cabe y más embelezadora que la
vida de sus obras, ea el encanto de su gracia en prima•
vera ...... Sus ojos cantan la canción ina11dita 11.e la vaguedad y del eneueilo, y siendo tao bellos y rutiladorea,
tienen todavía relámpaJos de misericordia, de carifl.o y
de fe.
Que el porvenir la corone de júbilo y haga e!tallar pa...
ra ella todas Iae rosas de sue rosales ........ .

Duz.

LA FLOR OEL AIRE.

Aquel que en el pecho del ave inocente
Pusiera una cueraa del arpa divina,
Rumor en el árbol
Y espuma en la linfa,
.Formó para el mundo lae florea del a:re,
De llanto de amores y de alas de brisa~.
Jamás en su blanco puríaim·o seno
El eol ha clavado eu ardiente pupila,
De tanta frescura
81s rayos desvía,
Y solo en las noches de amor y misterio,
La luna e.o eecreto l:i1 besa y las mima.
En torno á su c1Uiz al húmedo aroma
'Del beso de un nifio volando palpita;
Sue boj as, plegad1u
En leves eonrieaa,
\Entreabren el velo del último ensuefl.01
Oemanda.11 suspiros y ofrecen caricia,.

LASTRE::; ALMAS

$rita. roaría ~uisa RH!or
Pianista d:: los Conservatorios de Madrid y París.

Y(!aee ~l artículo «~ueetros grabados»

Al A.lcánr de soles revestido
llamó el alma del triete pECador,
y las puertae le abrió compadecido
el angel del amor.
A eu ve&amp; hasta el pórtico esplendente
la del justo 1 a!ma pura, también fué
y lae puertas abrióle reverente
el ángel de la le.
Al templo donde alooozan nueva vida
las almas que el dolor purificó,
llamó la débil la mano del suicida,
y nadie respondió ........ .
SlMóN Ü.ALCA:Rcf

�EL MUNDO

DOMINGO 3I de OCTUBRE de

••n

-Jacquelina, para serviros.
-Sefi.orita Jacquelina, vuestra ensalada ea demasía•
do dulce y vuestro café n::..uy fuerte, pero de todas euer~
tee vos sois muy linda.
Ella hizo una reverencia.
- Y vos muy amable.
-Se vé que estáis muy habituada á cumplimentar á
las gentes. Y ei l:e condicionales del aOo pasado han venido aquí es sin duda por eso. ¿No ea verdad, patrón?
El patrón levantó la cabeza ae su eecritorio.
-Ee verdad militar, respondió con tono tranquilo y
satisfecho. Jacqnelina, ea un buen anuncio.
-Un buen anuncio! D.ablo! pensó Jacobo, y vió ti la
sirvienta con una mirada tal, que ella se ruborizó.
-Si oyeeid todo lo q11e me dice mí tlol
-Oh! ee vuestro tío? Mis cumplimientos, patrón! Y
eetáie aquí deEde hace mucho tiempo, Srita. Jacquelioa?
-También sería largo de contaros y ya ea la hora.
-Demonio, exclamó Jacobo mirando su reloj . Saltó
sobre su oi~tUTón, arrojó cuarenta céntimoe á las narices
del patró::1, pueo una pieza de moneda en la mano de
J acquelina y ee lanzó fuera.
Y no me pide lo vuelto! exclamó el patrón mirando la
pieza de doe fraDcoe con eernpor. Ea un hijo de familia!

-:--'~~-'3·
.-.;'":",;...

DOMINGO 31 de OCTUBRE de 1897

'-"'~-,-,;,

ntnotJ.

EL MUNDO

PaHron muchos días antes que pudiese salir de nuevo;
la vida militar había comenzado y sus comienzos eran
severos.
Cada mañana, diez miuutoe: deepu¿a de levaotaree, el
toque del clarín, adoptado para llamará los condiciona•
lee, loe reunía en el patio. Deepuée, en ta oto que loe eargentoe llama ben á lae eecoionea, el eabtenieote enoa1gado como segundo de la inetrueción llegaba, con loe mostachos al viento, el andar nervioso, moviendo las pupi•
las voluntariamente furi0fa3¡ y loe días de arreeto co•
menzaba.n á llover, por un botón flojo, ;-or un kepi mal
colocado, por una formación defectuosa ........ .
Pero en cambio, qué alegria cuando el c!arfn tocabaá
deecaoeol
Entonces todo el mundo se desbandaba y paseaba en
grupos sobre el muelle, conversando. Frecuentemente Ja•
cobo ponl'.aee de codos sobre el pa1 apeto y miraba la Loi•

taréa era pelar patatas hasta Ja hora del almuerzo; en se
guida ee llamaba al ejercicio de la siesta, más largo
aún que el de la ma~ana: y por la noche apé nas si te•
oían tiempo de tragar de prisa loa guisotes de la tía Bidaud ......... El clarín llamaba á la eeouelal. ....... .
Cuando volvían al dormitorio, ébrioe de teorfae reci•
tadaa palabra á pal abra, se dormían como béetíae, con
un enefio de plomo, hasta la mañana.
Felizmente no hay semana sin Domingo¡ el domingo
llegó. En la cámara ee advirtió desde el alba un vaivén,
alegre; cada uno ee preparaba á salir después del almuer•
zo. Loa unos cepillaban con respeto su pantalón n? l;
loe otroe, con un pié sobre el banco, daban enérgica•
mente bola á sus za[a\os, diciendo: ices preciso que re•
lumbren.n Loe otros aseguraban las borlae de eue echa•
kó@. Sentado en EU lecho el co,neta Jacquot paeeaba
una pluma,untada de trípoli sobre loe boto:aee de la tú•
nica que Jacobo iba á ponerse por primera VfZ y los fric•
cionaba con I acie.icia haciendo gestos de mono; en ee•
gllida ee apoderó de la placa del cinturón.
.• Ya eabee mi viejo, dijo cole cando túnica y cinturón so•
bre el cobertor de Jacob0, no ea por decirlo, pero uoa
limpiada como eeta bien vale uu vaso de vino blaoco.
Ya quisiera el eargento que lo cuidáramos como á tf ... ...

re que corría, engroeada por las lluvias de Otofio, bajo
el puente euependido, y la isla .A.ncard ouyos árboles
perdían sus p.Jet.rerae hojae, y más lejos la li iea blanda•
mente ondulada del San Sinforiano. A su izquierda el
puente de Tours barría la Loire¡ á su derecha el g_!'an río
perdíaee perezosamente en una lontarania brumosa. Y
en los bellos días de nieve, el paisaje tenía aún, á des•
pecho de sae árbolPB dPenudos, toda la gracia lánguida
de la feliz é indolente Turena, y Jacobo peneaba que era
aquel un hermoeo país donde debian vivir bien todos
loe que eran libree. D~spués se volvia y contemplaba
las siluetas del cuartel y aquella vieja torre c uyoa pies
en otro tiempo se baflaban en la Loire y que ahora, se·
parada del agua por el muelle no por eso conserva un
aspecto menos feroz de prisión, Y recordaba q11e fué
de aquella torre de donde el último de los Guisa bur•
landa la vigilancia do sus carceleros ........ .
Pero de pronto el ciaría sonaba y, de pie sobre la cal•
zada, el sargento Muller levantaba los brazos haciendo
aeflales de que debía reunirse la compaf".iía. Y todos for•
maban para tornar al cuutel. Ahí encontraban al capo•
ral Tranchard, de pié1 con un eaco á ene pies.
-Vamoe con quinientas mil balae, á lataréal Y la

A ver Duvoeet, dame una m::mo para que arrE'gle la corbata de mi príncipe!
D11voeet obedeció dócilmente-, cada uno tomó por un
extremo la ct.&gt;rbata de tela azul. J acquot h!zo un buche
coa la mitad de un cuarto de agua y la regó sobre la tela,
después la doblaron y la volvieron á dob~ar hasta hacer
un cordón hao que la humedad hacía rígido. Ento,1cee
dió él uoa última ojeada á la borla que sujetó al ahakó,
puso el pompón recto y plantó el todo sobre la cabeza de
Jacobo, exclamando:
-Eso os eetá muy bien. No os molesta? Jacobo eol\ó
uoa carcajada; eaiaba deslumbrado y habría bailado de
gueto; d~ tal suerte la idea de paear un día ein hacer na·
da, le enloquEcía.
Exteodió todo su traje con una alegría de nifi.o y an•
tea de revestirlo, llevó á J.icquet á la cantina donde Ro•
chard loe recibió con un vaso de vino blanco en la mano.
El lé invitó á beber; y como la madre Bidaud le deaeaba loe buenos dfas desde lo alto de su mostrador, él le
pagó también un vaso.
Esta múnificencia obtuvo el aeentimiento general y
se vió bien pronto rodeado de un círculo de cabezas ávi·
das de ver beberá la cantinera,
Continuará.)

no se percibió de es'8 nuevo peligro sino á t.iempo apenas para enmendarlo.
Llegó á au ca.mara molido por tan repetidas emocio•
nee y t.riste por que una salida que comenzara tan bién
hubiera tan mal acabado.
V

~~
POR JOSEPH L'HOPITAL.

.,.,_,¡e,._

1Ll'STRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

(,
J ...

;&gt;

Numero 2.

.).·

p}1,·

Poco después ee entendió también con Jacobo el cla rín al cual su físico pari'eienee le afiradó y que era un
muchac!::.o frágil, todo nervios, con una carilla picaresca
alumbrada por ojos vivarachos.
Habiendo concurrido á. casa de la tía Bidaud con sus
camaradas los condicionales de la 3! del 3, ya eabía pe·
dir todas las bebidas militarf;le y pudo relacionarse luego.
La víspera, el coronel había pasado la revista de vestuario. Este oficial superior encont;ró que su· pantalón
era muy corto y su levita muy larga; después, entanto
que el espitan de velduario repetía:
«Sí, mi coronel; bien mi ooronehi y que el l!Brgento
mayor fingía tomar notas con iLtierée apasionado, el co·
roneJ, asiéndolo por el cuello, le sopló al oído,-Varanville, vos eoia el sobrino del general de Bonne•
ville: Conozco muv bien al general, camara~a de pro·
moción .. ....... lo quiero mucho ... ..... .no oe perderé de vis~
ta ......... y en voz alta:
-Mal a.Justado vuestro cuello, en'8ndéia, capitaa? To~
mad nota, sargento mayor.
-Bien, mi coronel.
Poco después J acobo ee encaminaba á. la puerta del

cuartel, muy gall:1rdo 1 con en uniforme bien corregido.
El buen humor de loa veinte afias, triunfaba de su em•
barazo de loa primeros días.
Era tempran_p aún; hacía un frío agradable; la cal'e
Colbert le pareció encantadora bajo el sol y descendió
por ella con el corazón ensanchado y el pié ligero, aten•
to Ji loe galonea con loe cuales se cruzaba, con la mano á
la a.aura de loa ojos.
La Sra. Lochet que lo vió acercarse Ji su casa, corrió á
alcanzarlo. JustamenSB el Sr. Lochet iba. á. tomar su café con leche; si el señor quería .... ..ó bien si el eeB.orprefería un vaso de su vino de Montlouis ...... .. .
Y en tanto que daba las gracias, ee excusab(por haber
tomado ya eu desayuno y sabía rápidamente áeucaarto,
oyó ruido de puertas que se abrían y vió cabezas deobr(:'1ros curiosas, aparecer al pie de la ei:calera. Al mismo
tiempo escuchó la voz de la buena mujer que eeelevaba.
-Eh! no os decía yo, que sería un guapo soldado?
Su to:lette fué larga. Tres días de abstinencia severa
de i.impieza explicaban la orgía de jabón á que ae entregó, y cuando bajó de nuevo ee percibió de que bien pron•
to se tendría que volver al cuartel. Sin embargo, el deseo
• de almonar fuera lo dominaba.
Consultó en relax. Diepon ía aún
de media hora; partió pues en
busca de una fonda cualquiera y
se detuvo en una plazoleta orna•
da de una fuente, frente á un este•
blecimiento modesto, donde la
palabra restaurant ee leía apenas
sobre el dintel despintado.
-He aquí lo que necesito, se
dijo¡ no ha de estar la comida más
mala que en caea de la Sra. Bi•
\
daud.

\
,,

.--.
.-...,; __ -:;.·.-,

~;:;_,
~"':..::--

-

.........•

.! !

Entró en una Eala oblonga, tapizada de un papel amarillento
del cual pendían:reclamea de aperitivos y amueblado con media
docena de meeaa de madera.
Una criada limpiecíta, cubie,ta
por una cofia muy Cianea. y la
falda UD poco recogida en las caderas, lavaba el piEo, y en un rincón un viejo gordifl6n, cubierto
con UD cafquete, eecribía en un
moetrado:r pequefio.
-Se puede almorzar? preguntó
Jacobo.
-Sí, mi oficial, respondió la
sirvienta.

Y se dió prisa á concluir su tarea; en cuanto al viejo,.
hizo un geeto de bienvenída y volvió á ea escritura.
Jacobo deshizo eu cinturón, lo suspendió de un clavoy ee eentó á la mesa.
-Pronto ei guetaie, dijo.
Es preciso que esté en el cuartel dentro de veinte mi•
nutoe.
-Ah, en efecto, dijo la muchacha.
Y corrió á la pieza intnediata. El patrón se levantó.
lentamente, lim p ió en pluma, abr.ió un cajón, iomó un
cubierto que \colocó ante Jacobo. Ioteresado por eetoe
preparativos un gran gato salió sobre la mesa vecina y ee•
puso á ronronear fijando en el cubierto sus ojoe verdee.
Al mismo tiempo oyó on eilt,idiio de buen aÜgnrio del
lado de donde habia salido la sirvienta y ésta apareció
luego con nna costi!Ja y un vaso de vino blanco.
El plato del dfs, no eatá listo aua, dijo ella; no ha ha•
bido tiempo de que os bagan nada. Podemos daros carne fría con un poco de ensalada, qnereis?
-Vsya por la carne fria y la enealada, dijo Jacobo queya se ocupaba de trinchar la costilla sin preocuparse del
gaLO que se había jlcercado y ronroneaba con todas eus
fuerzas para llamar su aiención.
-Gato! gato! hase visto jamás goloso igual?
Y despidió ella al animal que fué a refugiarse en las.
rodillas del viejo.
-Le gusta á usted el vinagre?
-Ad, aeí, respondió Jacobo que ya libraba combate
á la vaca fría.
Y ella llevó una pequeiia enealad1:1ra.
-Apostaría á que eoie un condicional de loa que llega•
ron el lunes á Guisa.
-En qué lo conocei~?
-Hombre .. ....... no lo i:é ......... no teneia de 1eguro el
aire de un palurdo, pero como no ee oe había visto ......... .
El la miró. Era una morena aventajada y muy bien
hecha, viva y alerta, con un rostro extremadamente jo •.
ven y lleno de malicia. Se sonrieron.
-Lael{o vienen aquí loe condicionalee?
-Sí, sí, cada ralo.
-Y ......... os eimpaUzan?
-E~o depende ...... aegún eeán ...... ohl aun teneie tiempo ...... quereia queso, caté?
-Decidme antes cuales oe eimpatizan?
-Sería largo ........ .
-Que l&lt;tstima que yo eeté tan de priea.
-Por qué, eh?
-Por que hubiera deseado haceros contar historias,.
eef".iorita ........ .

-Y me ha dado eeis céntimos, exclamó Jacquelina
saltando de alegría.
Jacobo echó á correr. No tenía disponibles más que 3
minutos. Cuando volteaba á gran prisa por la calle de
San Mauricio, un vocerrón le detuvo y se vió frente Ji
frente de un hombre terrible provieto de una barba in•
menea.
-Diga ueted amigo, no se debe ealnlar á loa superio•
res? ........ .
-O.a pido perdón, caporal, dijo él acortado-no os ha•
bía visto.
-Qué aigilifica eso! No me habéis via,o ......... no tenéis
ojos en la cara entóncee ......... os eneeflaré yo á saludar
al caporal, demonio!
Pero caporal.. ...... .
•-No hay pero caporal que valga! Yo os ensaflaré á ser
educado! Sabréis quién ee el capara l, eapri~tiJ. ........ y
si no lo ea béir ......... yo os daré un puntapié ......... Eetáís
arrestado por dos díaa ......... vamos, marchen!
Jacobo no ee lo hizo repetir; echó á correr hacia el
cuartel y entró á la hora sonante, Un desolado porque
aquel terrible barbífero le iba á marcar dos días de
.arresto que se le olvidó saludar al sargento Muller, y

•

�DOMINGO 31 de OCTUBRE de 1897

EL MUNDO

La canción del lago.

r

URINGIO era u~ muchacho pálido, de mi·
rar lánguido y de una eeneibilidad extr.a·
ordinaria.
~
'.l'enía la cabeza llena de cuentos de ha·
das y de milagros de eantoe; los primeros se loe había contado una eelíora llamada dolía Msgneeia y
loe B8J.~doe un sacerdote.
(3/uando el joven cerraba loe ojos, las visiones
de lo místico y lo profano revueltas y confundidas
dirigían su pensamiento á un mundo dequimerae.
Esta manera de soñar despierto no era hereda•
da, ni tampoco un síntoma de monomania, puesto
que Tnringio estaba con vencido de que cuanto vela
en loe momentos de su extralía abstracción, no
era verdadero.
No sufría parálisis, fiebres, epi!epsia, ni histeria•
mo; no estaba bajo la acción de substancias narcó•
ticae ni contagios pestilentes, y, sin embargo, ape•
nas cerraba loe ojos, su imaginacion erraba perdi•
da entre eepejiemoe.
Era un caso extraordinario de refractación inte•
lectual, asociación de ideas y de hechos que el le·
targo de sus recuerdos convertía en cosas fantásticas.
El alma del universo es el alma humana.
En cuanto apartaba loe ojos del mundo mate·
ria), la mente de Turingio data formas inetantá·
neas y raras á loe objeioe y personas, y á pesar de
todo, no se deecubdan en aquel organismo delgado y exceeivameDLe sensible, ni lesiones ni irri•
tacionee.
Un fenómeno parecido se producía en Marfüa,
nilía de menor edad que Turingio, y á la cual conocía por haber escuchado juntos loe cuentos de
dolía Magnesia, madre de la nüi.a, y loe milagros
con,adoe por el sacerdote tío del joven.
La diferencia entre loe dos jóvenes visionarios,
consistía en que Turingio solo podía ver cerrando
loe ojos y Marfiea veta con loe ojos abiertos y con·
taba en alta voz sus visiones.
Un dla ee separaron; él fué .i estudiar medicina y ella
quedó eofl.ando.
Las familias de loe dos jóvenes ignoraban la enferme•
dad vieionieta que padecían.
Pd88ándoee una tarde en la orilla del lago dofia Mag•
neeia y su hija, Marfiea le contó por primera vez, que las
eirena'l le cantaban y las ondinas la llamaban hermana:
Dona Magnesia ee rió de la broma de su hija diciendo:
-¿Y cuál es el talismán que te hace oir y verá tan
bellas criaturas?
- Una rosa blanca, regalo de las ondinas, que llevo 110bre lll corazón......... Detente y eecuoha......... Ya cantan
las eirenas.
-Lo que yo cigo es el ruiúo de las ranas.
- ¡Llamas ruido á esa incomparable melodía, mamál
¿No ves asoma:: su cabeza á las ondinas?......... ¿No ves
ahora las sirenas, con el cabello suelto, cuajado de Jí.
quidas perlas, eneeñando loe turgentes senos?........ ¡Oye!
Me cantan la canción del lago.
uN t:.a de mirar dulcísimo, tan pura como el fuego y
hermosa cual primavera, ama á Turingio el de loe ojos
negros y visiones de encanto.»En nuestras ondas bafia•
rá3 tu cuerpo, con nueetr.ls flores atarás tue trenzas y
nuestro soplo anidará en tus labios!.. .... Niña de mirar
dulcísimo, ama á Turíngio el de los ojos negros y visio·
nes de encanto.
¡Qué hermosa. c1mción, mamá!.. ....... Pero ¡ahl perver·
eo. El gigante negro levantv, su masa ......... Huid mis po•
brea ondinas. Ocultaos can.toras ~irenas.
-Marfisa, hija mía, ¿qué estás diciendo?
-¡Pobre madre! Coloca esta rosa sobre tu corazón y
verás y oirás, dijo Marfiea sacando una rosa de su seno.
-Hija, tú estás enferma.
-Haz lo que te digo, mamá. La sefíora obedeció por
complacencia y ......... ¡coea singular! ......... apenas los
pétalos a.e la rosa, rozaron su cútie, le pareció ver figuras
extralíae sobre el lago, y poco á poco, fijando bien la
mirada, creyó distinguir claramente ondinas y sirenas,
y en vez del crik, crik de lae ranas oyó la canción del
lago.
-Dios mío! murmuró con espanto, sacándose la rosa
del seno y devolviéndola á &amp;u hija.
-¿Has visto, has oído?
-Cállate Marfiea; no sé lo que me sucede, contestó la
eefiora balbuceando pálida de emoción, mientras el coro
de las ranas se elevaba de nuevo como burlándose de
dla.

-¿Y cómo acompaño á ustedes al club? conteat6
una voz bronca.
-Te digo que no quiero. Devuelve todo eso áeua
duelíos y acuéstate á dormir, Nosotros iremos so•
loe al baile, contestó impaciente la primera voz.
-Está bien, dormiré un poco más, dijo la vo:¡.
bronca, y se oyeron en eeguida golpee de objetos
duro6 arrojados contra el piso.
Turingio encendió un fósforo y vió solamentedos es queletos, y esparcidas por el suelo las pie•
zas sueltas que oo pudo ballar a1 ~ostarse.
Se levantó, encendió una vela y examinó toda
la habitación. Nada había cambiado; la puerta y
la veniaoa estaban cerradas y los muebles en su
lugar.
-Habré miraio mal al acostarme, dijo y ee vol•
vió á la cama apagando la luz.. Ea cuant.:i reinó la
oscuridad, sintió sollozos y preguntó:
- ¿Quién Hora?
\
-Turingio, mi madre se muere, dijo una voz
en la cual reconoció el joven la de Ma1tiea,
Se arrojó de la cama, encendió luz y abrió)a
puer1a. No vió á nadié; todo estaba en silencio,
pero al vol ver la espalda, oyó decirá la misma voz.
-¡Oorrel También tu padre se muere.
Turingio ine¡¡eccionó el corredor, bojó las es•
caleras, revisó la puerta de la calle y todo lo halló
en 01den.
Volvió á su cuarto, registró el ropero, miró de
bajo de la cama y no vió nada.
Loe esqueletos estaban en su sitio y laa piezas
sueltas también,
Tomó unas gotas de cloralfoa, se acostó y ee dur•
mió profundamense hasta las nueve de la mallana.
.A esa hora le despertó uno de sus hermanos, diciéndole que su padre deseaba verle antes de morir. Turingio se quedó e~tupefacto.
Tomaron boletos paia el ferro-carril.
En la última estación Turingio vió al jefe con
el semblante demudado y le preguntó si estaba en•
fermo.
$ritas. i!uz v Gfanv &lt;Iañeao
-Mi mujer se muere; entra á verla, contestó el
DE EINALOA,
padre de Marfiea. Turingio entró y la enferma lo
reconoció en el acto.
[Fot. de F. Tapia]
¿Cómo se siente, doña Magnesia?
-Mal hijo, mal. El gigante negro me llama y no quie•
Dolía Magnesia contó á eu marido este suceso, y el
ro esperar. ¿Lo ves? Ahí está mirándote con disgusto.
hombre soltó una carcajaa.a y ee durmió.
Miéntra~ pronunciaba éeta,;i palabra,, en:azó las n:a•
-Indudablemente faé una ilusión, pensó la sefíora;
pero su cerebro irritado estaba lleno de fantasmas Y no nos de Turingio y de Marfiea y......... ee retorció, cerró
los ojos, enti:eabrió los labios y espiró.
podia dormir.
Aquí están los caballos, gritó el hermano de Turingio.
Un leve ruido le hizo abrir loe oJos, y á pesar de la
-Vamos, contestó éste abraiando al viudo yestre•
obscuridad, vió las o;:idinas y las sirenas, asomándose
chando la mano de Marfiéa; Cuando llegaron loe dos
en el lago.
Se frotó loe ojos con la orilla de la sábana, y cobrando hermanos á la ca~a, su paire agonizaba.
El mismo día y á la misma hora fueron eepulta1oe 1011
valor, ee arrojó resueltamente de la cama,
Al pisar el suelo sintió mojáreele loe pies y llena de dos cadáveres.
El viudo seguía los ataudes envuelw en un capote nepavor se acostó otra vez tapándose hasta la cabeza.
gro y largo y cubierta la cabeza con un sombrero de anII
Turingio, después de muchos esfuerzos, consiguió dos chas ala~.
-¡Los esqueletos del baile! murmurara Turingio vol•
esqueletos y algunas piezas sueltas para _estudiar la ar•
viendo á la capital,
mazón humana.
Cuatro años después, el sacerdote bendijo la c.nión de
El día de la adquisición, antes de acostarse, puso so•
su
sobrino y de Marfiea, y los silfos, las ondinas y laa
bre cada pieza fisiológica el número con que estaba se•
sirenas entonaron la canción del lago.
fíalada en el libro de anatomía.
M. BAHAMONDE,
Terminada la operación, se sentó en el sofá, cerró loe
ojos y vió á los esqueletos vistiéndose los músculos.
El más bajo se. puso después un vestido de baile y el
más alto pantalón y frac.
Era una pareja con facciones semejantes á las del pa·
El rayo de oro de un sol de Enero pasó por un recorte
dre de Turingio y de la madre de Marfiea.
de la montalía y se perdió en el aire como un adios del
Las piezas sueltas, saltando y aproximándose, forma• día, mientras la orla de fuego de las nubes se destacaba
ron otro esqueleto. Do.a fémures de ,un metro de largo en el incendio crepuscular, visible entre d¿e cumbres de
negro !ila. ISombrioestaba el bosque y apenas resaltaban
tomaron posesión de unas tibias de dos pulgadas, y dos loe vetue~?ª troncos en !os me~naros ~nebrosoe que las
iliacoa anchíeimos se colocaron debajo de un tórax de cosa_s cob_1Jaban con iod1ferenc1a de hoJae dormiaas en
el s1leoc10 de una tarde que agoniza sobre la cuna de
nilío coronado con una calavera gigantesca.
Empezaba á vestirse el tercer esqueleto un pantalón u~a nocbe perfumada, de u_na noche perfumada por el
aliento de los clave_les del autl, blancos como la nieve de
azul, un capote ruso y un sombrero de anchas alas, co• aquellM cumb~ee BID mancha, ó azuladoé como el vapor
locándose detrás de la elegante pareja, cuando Turingio · matutino de loe deepefíaderoe salpicados por el egua de
los torrentes andiuos-bland co.moos el tapiz mullido de
abrió loa ojos y vió tres eequeletos en vez de dos.
Buscó loe huesos sueltos y no los halló, reconociéndc,• sus muegoe y d ulcee como las mieles escondidas en las ramas carcomidas de la selva misteriosa.
loe al aproximarse en el tercer esqueleto.
Preludiaban loe hijos de la noche sus coros veeperti•
-¡Ea singular! exclamó mirando en su derredor. La nos.
Uníaee al ch~llido inter~itente de loe murciélagos, la
luz del sol aclarará esll misterio, dijo, y echando.una mi•
rada áloe esqueletos, se acostó, sop1ó la luz y se dió vuel· aguda ~rep1tac1ón del Ch1hcote y al canto quejumbroso
de la lechuza y !eepondían los pumas de la quebrada con
ta hacia la pared.
su rugido met~hco de hambreó de amor-notas vibrantes
Ya estaba caei dormido, cuando sintió conversar en del rumor na~1ente, y acorde confuso del himno inicia•
voz baja. Volvió el rostro y escuchó sin moverse el si• do por los últimos Vlll0s del día dispersos en la penum•
bra de la Loche c~dente. Perfume, quejidos y rayos de
guien\e altercado:
e3trella-el vamp1ro qu~ al_pasar roza la frente con eua
-Tiene ;azó11 ese infeliz; ningún derecho tienes á po• ~las-la !loche eubtrop1cal con loe roc(oe y misteriosas
aesionarte de sus pequefias tibias, y en cuanto al tórax, rnemuac1ones,-murmullos de la cascada en el fondo del
devuélveselo á su dw.eño, decía una voz reposada con bosque negro ......... y el alma de rodillas.
EDUARDO LADISLAO HOL?.fBERG,
acento de autoridad.
DAMAS MEXICANAS

DO ■ IIGO 31

de OCTUBRE de

,ao,

¿Son útiles loa premios?

o

7

Vesperus

EL MUNDO

LAS APLICACIONES DEL FONOGRAFO

El fonógrafo, maravillaeo aparato de acúetica, inven•
··ta.do en 1877 por Thomá~ Al va E lison y modificado por
•el mismo sabio americano en 1881, ha recibido una nue "ª é importante modifización por el sabio francee M.
Lioret.
Desde el alío de 1856 León Scott había pensado qne
podría registrarse la palabra, y al efecto construyó un
aparato al que dió el oombre dejonot6grajo y que coneie
·tía en una caja piramidal de madera que llevata en su
base menor un diafragooa que llevaba en su centro un es•.
tilete el cual iba registrando la~ vibraciones en una ho•
_jade papel cubierta con oegro de humo y enrollada en
un cilindro de madera, al cual se le imprimía un moví•
mien\o de rotación.
El invento de León 8cott, por no eucontráreele desde
lnego aplicación práoiica, fué recibido con fria'dad, y eo.Jarnente se cons1ruyeron algunos aparatos que fueron á
l cupar un lugar en loe gabinetes de Fíeica.
En 18i7, Edison que había inventado un aparato para
,registrar los deepa :hos telegráficos quizo ponerá prueba
la velocidad de loe empleados para trasmitir loe deepa•
·choe, y entonces observó que cuando loe aparatos caminaban con gran velocidad ee percibía un sonido eepe·
,cial.
Entonces fué cuaudo Edieon construyó su p_rimer fo.
nógrafo de hoja de estalío, el cual ei es cierto que reproducía la voz lo hacía de una manera tan imperfecta que
el mismo Edieon d11d6 de poder perfeccionarlo y se limitó á
,predecir que eÚon6grajo moderno lo verían las generac-icmes
.Ju.tu.ras. Edieon abandonó sus estudios del fonógrafo y
se dedicó á trabajos de alumbrado eléctrico.
Sin embargo, cuando Summer Tilinter construyó su
_graj6jono y empleó cilindros de cera, en lugar de hojas de
utafio, Ediaon inmediat~mente modificó su fonógrafo y
lo presentó á la gran Exposición de Paría de 1881, don·
de tanto llamó la atención el maravilloso aparato.
La modificación últimamente introducida al fonógra•
,fo por el Sr. Lioret consiste especialmente en la regularidad del movimiento de rotacióo, con la que se conei•
~ue mayor intensidad en el sonido y mayor claridad en
-el timbre de la voz y de loe sonidos musicales.
El fonógrafo está obteniendo cada dfa nuevas aplica•
-ciones. Ya hemos dicho en el Iniparcial que se está em•
pleando ese aparato en loe tribunales para recibir loe de•
claraciones de los acusados y testigos, puede decir para
grabar piezas de música tocatlas por lus vittuosos para
que después los alumnos oyéndolas repetir varias veces
vayan tomando el eetilo de los prcfeeoree y puedan apreciar el claro oecuro de la entonación.
En las escuelas primarias puede servir para grabar cla
ses de Moral, de llie.oria, de Geografía, etc. y repetirlas
dos, tres y más veces ante los eduoandoe.
El domingo próximo pasado en ima audición de grafófono verificada en la Eecuela Normal para Profesoras
tuvimos la oportunidad de escuchar una cla3e de Dare·
cho Conetiiucional grabada por el L'c. D. Ramón Gon·
zález Suárez, una clase de Fisiología grabada por el Pro•
fesor D. Luis G. Leóa y varias piezas toca fas por orquesta; loe sonidos salían con tal claridad por la gran bocina
del aparato que las doscientas personas que llenaban el
salón de Física no perdían detalle alguno de los diecur•
sos y trozos musicales repetidos por el aparato.
Nuestros grabados representan los deta:les del fonógrafo Lioret y una audición daia ante numeroso público en
un te"tro de París.

Palma lo afirma-con la rieadeeus chirridos ealvajes......
No se pueden \ener súbditos con alas!
San Francisco de Asís, que según la leyenda, era un
santo, cuando e:Q. eus penosas jornadas tropezaba con
loe seres irracionales, _lee decía:
-Hermana Golondrina, ven á alabará Dios.
-Hermana Cigarra, canta las alabanzas del Señor.
-Hermano Lobo, no hagas más dafio á los corderos ...
-Hermanitas aves del cielo, cantad al Señor.
Y la hermana golondñna; dejaba el alero vetusto é
iba á poearee en lae manos del Fraile, sgitando jubilosa
la eed" joyante de sus alas ........ .
Y la hermana cigarra interrumpía su balada senil al
eetfo para coronar, pequefia y amable el capuchón de
gerga del diecípulo de Jeeúe ......... Y el hermano lobo
no hacía oo_ás dalío á los corderos.
Y las avecitae del cielo-que no siembran y no siegan¡
más son alimentadas por el Padre celestial eegún la su·
blime expreefón de loe Libroe, batían sus eedefias alas
crujientee, en rededor de la testa lívida del nuevo
Cristo...... .
Eso dicen las f ioretti, y yo creo en las .fioutti primero
'por que son obra del poético eepíritu itálico que balbu·
ceaba el idioma hoy rey del .canto; y luego porqoe son
un poema ...... y después.... por la misma razón. Yo creo
en loe poetas, más que en los sabios. Pero Jacobo I no
es ni eanto, ni poeta, y lae aves del cielo ao le hicieron
caso.
Era Rey dP. cierta isla que se lla.naba Trinidad, y un
gobierno europeo en nombre de un derecho obecuro k
desposeyó......... .
Las aves no le hacían caeo y loe hombree lo despojaban ........ .
El rey fué filósofo; dejó eu reino y vínose á cultivar á
nuestras tierras uberes la urna bermeja del café....... ..
que produce el ensueño ........ .

Acerca de la utilidad de
los premios que se conceden
á las nilíos en colegios y li·
ceoe con la idea de estimularlos en el estudio, ha hti·
cho 11na información .un pe•
riodista de un diario parieién.
Para ello ha interrogado á
las diferentes personalida•
dee que él juzgaba tenían
opinión formada sobre el
a,nnto.
.
Uno de los preguntados;
el profeeor de Filoeofra de la
Sorbona, Mr. Bro9bard, ma•
n ifeetó que él ha sido parti •
dario de la ~u presión de loe premios, pero que la expe•
riencia le ba hecho cambiar de opinión.
Mr. Fag11et conviene en que las recompensas que ee
otorgan á los eecolaree son algo puerile9, pero ee trata
de niños y cree que es dificil tener el suficiente domiuio
eobre ellos para que, sin estímulo alguno, eigan el árido
. aprendizaje de la vidal
Mr. Bruneteire dice:
Cuando se baya descubierto el medio de ba~er que loe
hombres amen la cieacia, el deber y la virtud por lo
que unas y otra e~nifican, y no haya ascensos en los
empleos civiles, ni grados en el Ejercito, ni jerarquías
ni condecoraciones de nínguna especie,. ee podrá tratar
de abolir los premios á ios escolares.
~r. Gebhart es partidario de que ee distnbuyan pre•
mios á los eecolaree, porque son motivo deestí'mulo, es•
peranza y alegría en ellos.
«Pdra privarles de sus premios; agregó, esperaré á que
los hombree den ejemplo de desinte~és austero y de per•
fecta modestia á los niñoe. »
Mr. Ménard, autor de la moral ante los jil6soj os, contesYa no se pinta el gran mundo, sioo su contrabando:
ta y confiesi lo siguiente:
el
demi monde es la corte de ahora.
«Debo lo poco que sé áloe ee(uerzoe que hice eiendo
P. Janet.
estudiante, para ser el primero en la clase y alcanzar
premios y accéeite en el concurso general.
El piquete no está en la espina; la seducd ín .le las
Loe nifioe deberían estudiar indudablemente sin eepe•
rar recompeneas, pero es raro que los escolares gusten de mujeres no está en eue ojos, eino en loa nuestros.
Y. Cherbul, iz.
la instrucción por ella misma, y, por mi partP·, sin esta
emulacióo que ahora parece que se censura, habría ce•
***
La belleza es la firma de Dios sobre sus obrae.
dido á mi pereza habitual y pasado el tiempo en Jlase
John•Jame.~ Ri,skin.
leyendo folletines ó charlando con loe compañeros más
*
cercanos.n
**
En nuestros díae el anuncio ha mAtado á la crfüca.
Mr. Mauricio B.urés, acerca más el aepecto del asunto
Armand de Pont Martín,
á las flaquezas de la humanidad.
*
**
.
Los premios en los escolares son punto de vanidad saE l espíritu no tiene secretos que la conducta no revele,
tisfecha en detrimento de loe demás conditctpulos.
Para el colc:gial, dice, se trata únicamente de dará loe
El espíritu humano tienll***
sus límites, límites que camotr.:s una idea veotajoea de sf propio.
bian de eiLio, mái bien que retroceden.
Lol!! colegiales se desenvuelven de modo extraordina**::;.
rio bajo el sistema pedagógico de loe puestos ó sitios en
Envejeciendo ee corrije uno tanto de sus cualidadfe
como de sus derectoe.
clase.
P,n la vanidad satisfecha se siente capaz el alumno
..**
de sol)ortarlo todo. La esperanza de obtener una meda Cuanto ooáe ee sabe, ti\nta más necesidad se \ iene de
lla le impulsa el trabajo sin descanso y á veces le \J)ace aprender.
enfermar. La vanidad, el pla ·
cer po, las distinciones, esto
es lo que desarrollan la intE&gt;·
ligencia y la aplicación de
loe alumi.oe.

~j.~
Jacobo l~
En México tenemos un
rey. Se llama Jacobo I; imperó en una isla caei deeier•
ta; las aves, súbditas levan·
tiacas, ee reían de él con to·
do el ímpetu palpitante de
sus alas ........ .
Ese rey:
Solitario como la aurora; pe•
ro no misterioso, como la nie•
ve, asistió á la más completa
deeba11dada de eue súbditos.
Todos eran alados.
Reíanse de _el-Eecalante

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DOIIIIGO 31 de OCTUBRE de Jl97

OOMIIIGO 3l de OCTUBRE de 1891

EL MUNDO

•

-í

soo

EL MUNDO

bordado adorna el delantero y aldeta de la
blusa, que ae sujeta por un cinturón de tercionelo abotonado. Sombrero fieltro adornado con gasa isly y plumas negras.

i

·1
1-

T1aje de cachemir liso.

Este traje tiene una blusa de terciopelo
negro con pasamanerías, sujeta por un cin•
turón de piel: Cuello Medicia con un gusa•
nillo en el borde. Sombrero fieltro.
Vestido princesa de Euridise madera.

Este vestido, con ancha valona y un heton de raso, marcando la abrochadura, que
además lleva unos alamares; sombrero fiel·
tN con florea.
Traje de

Otoño.

Este estilo, enteramente nuevo, es de muy
buen efecto. Está hecho de daniee brvché
verde obecuro, abriéodose el pafio delantero
sobre unas quillas de raso verde seco, adorFichú collar.
Cuerpo con pasamanería.
nado con precillas de cima de seda negra; el
to que redundan en positivo bien de aquel que padece miemo ad 1rno se repite en la bluea, cuya vueltecita
quizás por nuestra causa. Aquí, como en tcdo hay mu· se for111 también de raro.
chas escepciones.
Traje de casa, delantero y espillda.
A nosotros nos toca amar la memoria de los que nos
dieron el aer, celebrar el triunfo de aquelioe que fueron
Este es un bonito vestido de cachemir azul. La ena•
los ángeles de nuestro hogar.
La principal manifestación que hacemos de nuestro gua está adornada por galones de paeamanerla. La
duelo ea el vestir de negro; y parece que el mismo traje abronhadura ae df'ja en el lado izquierdo, ocuUándose encarga de retribuirnos abundanteme.nte; pues una la bajo unos doblecitoe; estos se repiten en el delanlinda joven realza rn gallardia detrás del luengo velo de tero de la blusa y el cuello que ae abrocha acbre el
crespón; la matrona que envuelve sus opulentas formas hombro, ae orna con galonee, lo mismo que el cuello
y cinturón. Botonadura con presillae.
con el traje de luto, infunde desde luego cierta venera
ción, y ¿qué diremos del sexo fuerte? el traje negro es
compaflero inseparable del diplomático y aquel que lo
nea, si no es un grao seflor, al menos lo parece.
LENGU UE DE LAS PIEDRAS PRECIOSAS

LA MODA
TRAJES DE OTOÑO
Vestido de c:ac:hcmlr pizarra.

l.

Este vestido con blusa de fular ceñida encima con ciI:turón de listón Collet, de raso adornado con plis,t.
Una gran corbata de pluma, prendida en el cinturón,
sirve dÁ abrígo. Toque con plumas crespas.
Traje pare niña de 6 á 8 años,

Este trajecito es de Lady's cloth gris claro, eumarnen·
te sencillo, pues cooaiete en una enagua de campana y
un saco que se abre sobre una bolsita bordada.
Traje de paseo.

Se compone este traje de una enagua de palio Iely, con
bordados de pasamanería verde más obscura cuyo dibujo se disminuye notoriamente en el delantero. El mismo

Vestido de cachemir
pizarra.

T¡aje para niña
de 6 á 8 años.

EL 1~ DE NOVIEMBRE,
¡Cuán presto ae va el $iempol loa días desaparecen cor1iendo siempre uno en poa de mrol ¡las .horas!.. .... como ai cada día fuese un rn~imo de uvas en toda su ma·
durez, van desprendiéndose sin que nadie las pueda
contener. Así las geneiaciones van también aucediéndo•
ae, y las personas que cual las uvas caen por su maduréz, dejan un '\'acio imposible de llerar.
El torrente humano desprende ain cesar mil y mil
chiapas de agua que perdidas en el eepacio no vuelven á
au seno .........
El torrente sigue ,iu curso sin que resienta la constante pérdida de gotas de agua. Estas se evaporaron! .........
Pero nosotroe, aérea animadoe, gotas del humano to•
rrente; aunque arrastradas por el conetante oleaje de la
vida, tenemos afecciones, y, amándonos, no podemos
menos que sentir 1~ eepaia~ión de aquellos que nos prepedieron ensue evolucionee.

Traje de paseo,

Traje de cachemir liso.

Adonde fueron esas gotas? Nadie lo rnbel Aefnosotros
no podemos I aber hacia á dónde, en qué shio de la eternidad ee bailan la~ almas de loe nueetroe; y por eso nos
empefiamoe en oiar por su bien. Pero BUS cuerpos, g&lt;.•
tas cristalizadas, forman glaciales lagos donde la c0stumbre nos llern en ciertos días del afio. Allí depositamos
afanosas al par que nuestras lágrimas las ricas ó modes•
tas ofrendas, pero que todas deben significar un carifioeo
recuerdo, un tributo de gratitud, un signo de veneración.
En algunos pueblos incultos subsiste aun la costumbre de la ofrenda.
La víspeia del día selia'aio para conmemoiar á sus
difuntos, cada quien se afana en levantar, en el interior
de sua habitaciones un altar; pero el ornato principal de
este altar, en cuyo fondo se vé ura eetam¡a de ánimas,
consiste en acumular fruias, ya sean crudas ó cocidas,
según su calidad lo pida, poniendo en derredor caflae de
azúcar co11 todo su follaje. Esto, -unido c0n, las doradas
floree, ea de un aepecto encantador. .

El sabio Crearlor de la naturaleia, á fin de hacernos
conocer que ningún tesoro se adquiere ain pena, le ha
permitido ocultar en el fondo de aue abismos las preciosas gemas, en tanto que hace derramar una sonrisa
maternal entre la euperficie de lo9 campos de floree encantadoras por sus colores y perfumee.
Justamente parece que la posesión de las piedras pre•
ciobae es precaria, que para ad 1uirirlas se necesita luchar
con los peligros de la eombra, descenderá los abismos
de la o.oche en donde ee agitan visiones apocalípticas;
las piedras han sido siempre lujo especial y la eofíadora
fantaeía se afana en buscar los orígenes curiosos.
Esta es una de esas cosas legendarias en laa que se encontraba el porvenir en loe refiejoa de una piedra, ó en
.,1 brillar de una eeLrella, según el lenguaje que se lee
atribuía.
Estudiemos, pues, el de las más conocidas gemas.
Agata.-Cuando lo~ rebeldes titanes fueron precip!•
tadoa del cielo, tifieron con au sangre el fondo del Océano á donde se sumergieron, y laa manchas indelebles de
au eangre ee imprl'gnaron en las piedras de los
montea, que Júpiter había quebrado casi con ene
rayos.
Cuando Vénus estuvo á visitará Thetie, eu prima, en el misterioso imperio de esta, fué recibida
presentándole dos de estas piedras procedentes de
ágatas, La diosa, ae eintió en aquel momento ligada.

Jaquette con'bordados de pasamanería.

Por invisible y mágico po:ler, una de estas piedras era
blanca, veteada de negro por el fuego del cielo; esta pre•
serva al que la lleva de loe furores infernales; la otra,
punteada de manchas ~anguínolentae, tiene el poder de
otorgar el don de la oración, la gracia, la prudencia, la
elocuencia y la perseverancia.
Amatieta.-B3co ámaba á la niTl'fa Omatiet9, y por ea•
te amor olvidaba las lecc·onea de Sileno. por lo cual obtuvo de Júpiter poder sobre la bella. Un día que Baco
hablaba con Amatista de au amor, vió con gran asombro
que loa ojos de su amada perdían su luz. Sua miembros
ee endureclan, sus carnes B'e helaban: poco á poco bajo
loa ojos espantados del hijo de Júpiter, el cuerpo de la
ninfa perdi6 su forma perfecta, y ya no fué más que una
piedra blanca aem1&gt;jante á otras piedras transparentee.
El, exaltado por el dolor prorrumpe en gritos é impreca•
cionee contra su ímplscab!e padre; deepuée, dulcificando
un tanto sus sentimientoe, arranca de eu cabeza el pám·pano que la corona: «Yo quiero, bella Amatista, dijo,
darte al menos en tu nueva vida, la gracia de que en recuerdo de nuestro mútuo amor, pueda todo aquel que
te lleva al -cuello, beber el fuego de la uva sin embria•
farse nunca.»
Continuará.

Vestido princesa.

T.&gt;da la humilde familia se poetia delante de este altar, y en medio de oraciones esperan á loa que vendrán
á amonar místicos cantares. Deapuéa, algunos hombre&amp;
destinados á ello, llegan con toda venernción pidiendo
permiso para entrar, y cuando éste se lee concede, penenan á caotar ciertas composiciones apropósito.
.A.mee de retirarse los reverentes filarmónicos aon obsequiados con parte de aquel1a ofrenda.
Al día siguiente, llevan el Ieeto de la ofrerula á Jepoaitarla sobre las tumbas de sus deudos.
Ellos, loe pueblos inciviles, nos eneefian á nasar en
piadotas vigiliae, las vísperas de laa grandes festividades; mientra a que nosotros noa di vertimos con laa cala
veri tae ó en teatros y soirées ........ .
T11mpoco nuestras ofrendas hacen aquella sinceridad.
¿Cómo podrlamos asegurar que tantos miles emplea•
dos en mageatuosoa monumentos han sido solamente
por obedecer á un verdadero afecto del corazón?, ........
No, la mayor parte de ellos en.a.can de la vanidad, pues.

"

Traje de Cachemira, delanteroy espalda.

Cuello de cresp~n con lazo.

Traje de Otoño, delantero y espalda.

�• DOMINGO.st de OCTUB!JE d• 1897.

SL MONDO

LA COQUETONA

"CUENTO DE HADAS"
La noche llnvioea y negra, la maga de clámide de sombras que recordaba las mieLerioeas eolntadas medio evalee; que sin duena ni paje se en,rometían por callejas y
encrucijadas sorprendiendo ocultos amoríos, sin perdonar ignorados rincones, ni respetar Jegendar1os temores:
una noche trágica, sorprendió á la nifla en mitad de la
i,elva. H11bfa ella dejadg la carretera para alcanzar más
pronto, á campo travitea, las c9:sas de la aldea; se guia.
ba por las luces que, como fuegos fatuos, se aparecían á
lo lfjoe brillando un momenw, spagándose y volviendo
á lucir. Eran rojas fogatas de establoe ó tímidas y amarillentas luce&amp; de ventorrillos. De pron\o todo se extin•
guió, los paetoree no temían á loe lobos; la eombra loe
dejaba en eus malrigoeras, y los venteros sabían bien
q·1e los parroquianos pref.,rian el fuego de la chimenea
y la tranquilidad de la ca,a al frío de fuera y á lo pavo•
roso del barrio desierw.
La nifta se detuvo para limpiar sus zuecos del barro
que loe bacrn peda3os y dejare! haz de letla y el biicha
que cruelmente lastiwaba su espalda. Seir¡11ió esbeha y
ligdr:i, como gacela joven, y deeaüo la sombra, la in menea, la interminable sombra.
El boEqoe era en amigo, sabía que al levantar los ojos
-que en las hrdee de sol irradiaban con resplandores
de gotas de lluvia-iba á encontrar flores conocidas y
ramas que se tenderían para estrechar sus casias desnudeces. Pero esa noche tenía miedo, creía oír en los roí•
dos de los ovarios qte se rompen, algo como loe lamen•
toe de nifloe qµe se mueren, y cada rama que besaba su
cabello le parecla brazo de púgil que iba á rodear en ta•
lle, y después, con constricciones de boa, á destrozarla.
Confundla loe balidos lejanos con gritos de lobos y el
piar de loe pájaros que euefian con loe silbidos de eerpienLee que acechan.
Tdnia quince aflos-la eea i florida...!.hacía diez que
tJa'l'el&amp;ba el bosque día por dta, y sin ewb11rgo e~a noche, la primtlra en que no llegaba al la lo d11 la a bue la al
caer el sol, temblaba al enco1urarse sola.
En vano buecó la salida de aquella trama hecha con
ramajes de encina, tallos de lfrios y ma,as de f.ores. Era
la barricada que la ponía el geuio uel bJeq11tl, su único
noYio, para cerrarb el paso.
Alguna vez le vió ella, ralia 1te y feliz, cruzar como
aaeta 103 olaroa d11l bosque.con el cabello dorado tenien.
do como cauda de as\ro y deahojando myoso\is y viole•
tas; llevab1 alas muy bla-icas como los ángeles que ella
había visto en los al,area de laa ermitas en\re el humo
del incien30, y sue ojos brillaban CJmo las estrellas de
las noches dt, Mayo.
Se amaban hacia mucho tiempo, él Is regalaba con la
mitil de las abejaa doradas y con las fi &gt;res de pétalos azu•
leJ y ells, en ca-nbio, dejaba á su paso los ecos de suscan•
oiones, que unidos á los ruidos del boeque eran la gran•
dioea sonata que el genio en sna hora, de soledad lanzaba al aire, para no olvidarla, guardándola en las corta•
duras de la~ rocas ; en ·1oá cálices de las flores. Cuando
el viento ia;udia loe tallos y extremecía el bosque, aquella salmodia eemejaba al repetirse una y mil veces, notas iameneas y solemnes como lejaoai voces de órgano
de monasterio ......
¿A quien llamar? La nifia sabía que la selva después
de la puesta del eol era eombría y desierta como crugía
de claustro y que loe guarda bosques envueltos en ene
pieles y en ~1 humo de sus pipas, se juntaban todos del
lado de la aldea y encerru ios en la caseta del jefe no oirían :us grito~, ocupados de su cerveza y de su tabaco.
La abuela, allá en la aldea, bal~ada por sus anos, ape•
nas podría mamener el íuego del hogar, pensarla en la
•nieta, Horaria eo ausencia y nada máe. ¡Pobre abuefüal

El euefio venció á la nifla, dormía sobre la hojarasca y
apoyaba la cabeza-oca cabe2a rubi:i y bella-en el bra•
zo de1sundo. El hai de lttia la protegfa un poco de la llu•
via ~ue el viemo empuja ta de un solo laio.

·················································································
De pronto, como si despertara al contacto de un beso
abrió lo~ ojos que brillaron al fulgor de una luz 'tenue y
suave como último refle¡o de ocaso, creyóse engaflada
l)or un eneueflo y ee levantó prern de lo que creía una
alucinazión. Erguida, sobre el pedestal de hojas y floree
ee hubiera wroado por fantaema de sueflo si no hubiera
re alidadee más bellas.
·
......... Sa iluminó el bosque con resplandores de incen•
dio y desgarrn.'ldo la sombra surgió bella y sonriente la
figura del genio corona fo de roeas y seguido de una tnr•

Por-Antonio Cuyás.

TOM0.11

MEXICO, NOVIEl.tIDRll: 7 DIH 1897.

PIANO.

ba brillante y alegre de sátiros y faunos, que lnnzaban con
sus gritos loe a1ordee de sus flautas y los ruidos de dUS
panderos, llegaba á la niiln. s~ de,uvo nnoJ r:nos anLee
de acercarse á ella y esperó que formase el cortejo. Ye•
nfan loe genios buenos y loe malos, loe unos con la frente ceflida de pámpanos y ros&gt;1s, tos otros á manem de
diadema ostentaban luces de tum b,i J. Los buenos venían
dando al aire sus carcajadas que eran como gritos de
campanas ó alegre estrépho de cascabeles de polic:h inela,
los malos eneeflatan sus mandíbulas vacías y negras ;o.
mo entradas de cavernas: En el aquelarre hablan hecho
el programa de la fieela. Eran las bodas del genio y de
la nifta de los cabellos rubios, de la reina del boeque.
Las brujas dejando las escobas sobre las que cabal•
gan en las noches de luna traían en sus manos arnari·
llas teas de radioeas fulguracionee que ilomiuaban el
boeqne con resplandor de fragua. Habla arpías que ve
nían á horcajadas sobre cabras blancas de cuernos dora•
doa y faunos que rodeaban con EUB brazos vellosos los
talles de ninfas bellas como solee.
Todo era alegre y M&gt;do brillaba.

Una de lai ninfa,, f:, más bella de wda~, aquella de
quien los trasgos decían ante, de conocerá la ni11a que
eerfa la reina del bosque, fué la sacerdotisa. Unió con
una guirnalda hecha de campánulas y violeta, al Genio
y á la nifla y puso en sus dedos el tiímbolo de amoroea
alianza.
......... ~e oyó un beso, largo, suave, como eco de onda
que se rompe ó nota que se exiingue y entonces surgie•
ron de aquel claro de bosque envueltoben llamnrad.i, de
incendio, duende;; y trasgos, ha1as y genio,, al mismo
tiempo que la selva toda se estremecía con la, nota,
triunfaleb de una marcha brillante.

NUEVO GOBERNADOR DEL ESTADO DE HIDALGO.

***

Cuando los primeros cantos de los páj:1.roe despertaban
al bosque y se oía el cencerro de las cabras de la aldea,
la niña pensaba qué decir á la abuelita de su sortija en
el dedo y de so pérdida en el bosque. No podía decirla.
que ya habfa pasado eu noche de bodas.
1'1.n,CEL PARDO.

México, Julio 28 de 1S97.

$r. Pearo ~- Noaríguez,
TOMÓ POSESIÓ!'i DEI, POl&gt;EU EL HIÉH('OLES ;} J&gt;EI, ACTUAL.

•

NUMERO I9;,_

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 18, Octubre 31</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Carlos Glass</name>
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        <name>Fonógrafo</name>
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        <name>La canción del lago</name>
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                    <text>• DOMINGO.st de OCTUB!JE d• 1897.

SL MONDO

LA COQUETONA

"CUENTO DE HADAS"
La noche llnvioea y negra, la maga de clámide de sombras que recordaba las mieLerioeas eolntadas medio evalee; que sin duena ni paje se en,rometían por callejas y
encrucijadas sorprendiendo ocultos amoríos, sin perdonar ignorados rincones, ni respetar Jegendar1os temores:
una noche trágica, sorprendió á la nifla en mitad de la
i,elva. H11bfa ella dejadg la carretera para alcanzar más
pronto, á campo travitea, las c9:sas de la aldea; se guia.
ba por las luces que, como fuegos fatuos, se aparecían á
lo lfjoe brillando un momenw, spagándose y volviendo
á lucir. Eran rojas fogatas de establoe ó tímidas y amarillentas luce&amp; de ventorrillos. De pron\o todo se extin•
guió, los paetoree no temían á loe lobos; la eombra loe
dejaba en eus malrigoeras, y los venteros sabían bien
q·1e los parroquianos pref.,rian el fuego de la chimenea
y la tranquilidad de la ca,a al frío de fuera y á lo pavo•
roso del barrio desierw.
La nifta se detuvo para limpiar sus zuecos del barro
que loe bacrn peda3os y dejare! haz de letla y el biicha
que cruelmente lastiwaba su espalda. Seir¡11ió esbeha y
ligdr:i, como gacela joven, y deeaüo la sombra, la in menea, la interminable sombra.
El boEqoe era en amigo, sabía que al levantar los ojos
-que en las hrdee de sol irradiaban con resplandores
de gotas de lluvia-iba á encontrar flores conocidas y
ramas que se tenderían para estrechar sus casias desnudeces. Pero esa noche tenía miedo, creía oír en los roí•
dos de los ovarios qte se rompen, algo como loe lamen•
toe de nifloe qµe se mueren, y cada rama que besaba su
cabello le parecla brazo de púgil que iba á rodear en ta•
lle, y después, con constricciones de boa, á destrozarla.
Confundla loe balidos lejanos con gritos de lobos y el
piar de loe pájaros que euefian con loe silbidos de eerpienLee que acechan.
Tdnia quince aflos-la eea i florida...!.hacía diez que
tJa'l'el&amp;ba el bosque día por dta, y sin ewb11rgo e~a noche, la primtlra en que no llegaba al la lo d11 la a bue la al
caer el sol, temblaba al enco1urarse sola.
En vano buecó la salida de aquella trama hecha con
ramajes de encina, tallos de lfrios y ma,as de f.ores. Era
la barricada que la ponía el geuio uel bJeq11tl, su único
noYio, para cerrarb el paso.
Alguna vez le vió ella, ralia 1te y feliz, cruzar como
aaeta 103 olaroa d11l bosque.con el cabello dorado tenien.
do como cauda de as\ro y deahojando myoso\is y viole•
tas; llevab1 alas muy bla-icas como los ángeles que ella
había visto en los al,area de laa ermitas en\re el humo
del incien30, y sue ojos brillaban CJmo las estrellas de
las noches dt, Mayo.
Se amaban hacia mucho tiempo, él Is regalaba con la
mitil de las abejaa doradas y con las fi &gt;res de pétalos azu•
leJ y ells, en ca-nbio, dejaba á su paso los ecos de suscan•
oiones, que unidos á los ruidos del boeque eran la gran•
dioea sonata que el genio en sna hora, de soledad lanzaba al aire, para no olvidarla, guardándola en las corta•
duras de la~ rocas ; en ·1oá cálices de las flores. Cuando
el viento ia;udia loe tallos y extremecía el bosque, aquella salmodia eemejaba al repetirse una y mil veces, notas iameneas y solemnes como lejaoai voces de órgano
de monasterio ......
¿A quien llamar? La nifia sabía que la selva después
de la puesta del eol era eombría y desierta como crugía
de claustro y que loe guarda bosques envueltos en ene
pieles y en ~1 humo de sus pipas, se juntaban todos del
lado de la aldea y encerru ios en la caseta del jefe no oirían :us grito~, ocupados de su cerveza y de su tabaco.
La abuela, allá en la aldea, bal~ada por sus anos, ape•
nas podría mamener el íuego del hogar, pensarla en la
•nieta, Horaria eo ausencia y nada máe. ¡Pobre abuefüal

El euefio venció á la nifla, dormía sobre la hojarasca y
apoyaba la cabeza-oca cabe2a rubi:i y bella-en el bra•
zo de1sundo. El hai de lttia la protegfa un poco de la llu•
via ~ue el viemo empuja ta de un solo laio.

·················································································
De pronto, como si despertara al contacto de un beso
abrió lo~ ojos que brillaron al fulgor de una luz 'tenue y
suave como último refle¡o de ocaso, creyóse engaflada
l)or un eneueflo y ee levantó prern de lo que creía una
alucinazión. Erguida, sobre el pedestal de hojas y floree
ee hubiera wroado por fantaema de sueflo si no hubiera
re alidadee más bellas.
·
......... Sa iluminó el bosque con resplandores de incen•
dio y desgarrn.'ldo la sombra surgió bella y sonriente la
figura del genio corona fo de roeas y seguido de una tnr•

Por-Antonio Cuyás.

TOM0.11

MEXICO, NOVIEl.tIDRll: 7 DIH 1897.

PIANO.

ba brillante y alegre de sátiros y faunos, que lnnzaban con
sus gritos loe a1ordee de sus flautas y los ruidos de dUS
panderos, llegaba á la niiln. s~ de,uvo nnoJ r:nos anLee
de acercarse á ella y esperó que formase el cortejo. Ye•
nfan loe genios buenos y loe malos, loe unos con la frente ceflida de pámpanos y ros&gt;1s, tos otros á manem de
diadema ostentaban luces de tum b,i J. Los buenos venían
dando al aire sus carcajadas que eran como gritos de
campanas ó alegre estrépho de cascabeles de polic:h inela,
los malos eneeflatan sus mandíbulas vacías y negras ;o.
mo entradas de cavernas: En el aquelarre hablan hecho
el programa de la fieela. Eran las bodas del genio y de
la nifta de los cabellos rubios, de la reina del boeque.
Las brujas dejando las escobas sobre las que cabal•
gan en las noches de luna traían en sus manos arnari·
llas teas de radioeas fulguracionee que ilomiuaban el
boeqne con resplandor de fragua. Habla arpías que ve
nían á horcajadas sobre cabras blancas de cuernos dora•
doa y faunos que rodeaban con EUB brazos vellosos los
talles de ninfas bellas como solee.
Todo era alegre y M&gt;do brillaba.

Una de lai ninfa,, f:, más bella de wda~, aquella de
quien los trasgos decían ante, de conocerá la ni11a que
eerfa la reina del bosque, fué la sacerdotisa. Unió con
una guirnalda hecha de campánulas y violeta, al Genio
y á la nifla y puso en sus dedos el tiímbolo de amoroea
alianza.
......... ~e oyó un beso, largo, suave, como eco de onda
que se rompe ó nota que se exiingue y entonces surgie•
ron de aquel claro de bosque envueltoben llamnrad.i, de
incendio, duende;; y trasgos, ha1as y genio,, al mismo
tiempo que la selva toda se estremecía con la, nota,
triunfaleb de una marcha brillante.

NUEVO GOBERNADOR DEL ESTADO DE HIDALGO.

***

Cuando los primeros cantos de los páj:1.roe despertaban
al bosque y se oía el cencerro de las cabras de la aldea,
la niña pensaba qué decir á la abuelita de su sortija en
el dedo y de so pérdida en el bosque. No podía decirla.
que ya habfa pasado eu noche de bodas.
1'1.n,CEL PARDO.

México, Julio 28 de 1S97.

$r. Pearo ~- Noaríguez,
TOMÓ POSESIÓ!'i DEI, POl&gt;EU EL HIÉH('OLES ;} J&gt;EI, ACTUAL.

•

NUMERO I9;,_

�EL l\nJNDO.

312

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

ra muy distinta de la de los demás hombres; poseen
ameno en el que á trechos, entre el frou-frou de grandes reservas de vida, abundantes arsenales
los trajes y susurro de las conversaciones, se escu- de armas c0n que toman parte en el combate.
cha un trozo de música.
.Por cansancio acaba de a,bandonar el general
Acaso á través de este caleidoscopio femenino,
Son bellas las puestas de sol de nu_estro triun- en el vaivén de esta marejada de cabecitas juve- Cravioto el gobierno del E~tado de ~idalgo. La
fante invierno.-El astro pasea sus roJizos dardos niles, en el choque de las miradas y el cemelleo noticia se sabía en esta capital de días atrás; la
sobre el verdoso tapiz de nuestros prado~; hay de las sonrisas, podáis saludar el fragme~to _de prensa de información se enQargó de propagarla,
un tinte de primav(!ra, un vago remedo de Juven- una obertura conocida, d girón de un vals am~go haciendo, entre paréntesis, correr los más extratud en el velo de brumas que_ envuelve el callado vuestro. Entonces os diréis: ¿eu donde lle 01do nos rwuores á este respecto.
Cierco que tratándose de la extinta administr~valle, la ciudad adormecida-como at~tosu: yo esto? Y pasáis de largo, co11fundiendo en vuesción de aquel Estado, todo era extrailo. Parecia
gestionada en un éxtasis vagoroso. ?abnel d
tros recuerdos una silncia atracLiva con la pos- como que los actos más sencillos estaban envuelAnunzzio ha tenido razón cuando ha dicho que el trer vibración ele una púgina musical.
ototlo es una primavera vista en sueños. A. través
en brumas.
Y allá lleváis las dos impresiones en una: el úl- tosLa
nueva administración ha sido acogida con
de las ráfagas empapadas de _escarc~1a-¿no_ 11?- timo sollozo de un compositor favoricO y el dardo
rco-ocijo y hav en ella cifradas bellas esperanzas.
ra así la naturaleza cuando tiene fno?-sc mfllt,
, ..
.,
*
luz de unas pupilas amadas.
.
tra un buen flechazo de esa inmensa hog~&lt;'ra ~n- dePor
eso el salón de la ..Alameda ha desafiado toLa
chispa
revolucion;ria
se ha eX;tinguido en
cendida enlo alto, como una antorchaque1hunma dos los años la crudeza de las primeras heladas
Guateruala, no sin que la sangre cornera en abunel mundo.
invernales, de esas heladas en que las est.rellas
El sol es el hogar de los pobr&lt;'s; á su rcspla~- arrojan ex_trañas fosforescencias y la luna cubr~ dancia.
Las tristes páginas de las contie1:das civi~es la•
dor de hornaza las miserias se caldeit11 y ~e forti- la ciudad con un lienzo blanco, que la da la semetino-americanas
cuentan cuatro ó cmco capitulos
fican. ¿Quién ha dicho que cuando ~l bnll~ has- janza ele unll. es..atua yacente, de una escultura
más; hay un nuevo episodio qu~ agr~gar á la p~ta el lodo r&lt;'splandece?-En la ampl_ia avcruda la
mármol.
nosa serie de fermentos revoluc1onanos que se agivida se precipita á borbotones; se siente la ncce- de¡Qué
raro placer se experimenta entonces en
sicad de beber ese licor rojizo que se esparce por perderse en esas alternativas d_e luz y son~bra que tan en la historia de estas nacientes nacionalidades.
Y por cierto que sorprende la noticia de_ q~e la
las arterias del univC'rso.
.
· tachonan las calles. Como la piel de una mmensa
Ha habido razón para cantar á ese sangun~o- serpiente! cuadro rem/Jrandtnes&lt;'o, sepia abiga- familia del Sr. Morales, el alma del movumento
lento monarca del cif&gt;lo, para hacer de.él un_ dios :rrada que encanta y atemoriza, mientras todavin revolt1cionario, haya tenido necesidad de refuresplandeciente, un vf'ncedor de ~os espacios-:- pasan y repasan por· vue¡¡t.ro espíritu los- hilillos giar;;e en nuestra legación, para escapar á la_ venEnrique Beyle no ha estado Pn lo Justo ~l cscn- flotantes del concierto, de matices de palabras, de ganza del poder público. ¿Cómo? ¿Una muJer y
bir: lo bueno que tiene Dios es que no ex~ste .. El notas, de cuchicheos y de sonrisas que habéis re- un niño no son inviolables, ante la ley y ante la
conciencia, ante el derecho de gentes y los sentiespíritu humano, impregnado de du~as, mquieto
mientos de humanidad?
y afanoso ha habido menestf'l' refugiarse en algo cogido al paso.
*
Jamás 1 en nuestro pasado nacional de pasiones
más perro~nente y etf'mO que esta vida comú~1 Y
**
Del salón de la Alameda á las fiestas de Tolu- caldeadas al rojo blanco, de rencores llevados al
corriente; entonces fabricamos un héroe, u1: d~os,
un ideal, y en él nos refugiamos como en el ultuno ca media un abismo, que el Ferrocarril Nacional paroxismo, se ha registrado el caso de lo que ~erecorre en pocas horas. Las recorrió el tren es- ría en Guatemala muestra de inaudita barbarie.
santuario.
pecial que el generll.l Villada, gobernadord_el ~s- Es preferible imaginar que la familia del Sr. Mo***
Por eso acaso vive todavía, á pes_ar ele_ los es- tado de México, puso á disposición de los mv1ta- rales ha procurado huir de comentarios que habrían lastimado sus afectos más caros, que buscar
tragos causados por el tiempo, ese simbóllco _pon dos á la inauguración de importantes obras 111:1.un
asilo para sus vidas amenazadas.
teriales
en
aquella
capital.
Juan Tenorio que año tras afio hace su apanc1ón
Tendríamos, de lo contrario, el derecho de caEl
general
Villada
ha
adoptado
en
su
prografantástica en nuestros escenarios.-Es. que Don
Juan Tenorio es usted, soy yo, es el _vecmo de en- ma un excelente principio financiero: emplear los ta.loo-ar un nuevo atentado en la lista de los sinies~ros dramas que han tenido por protagonista
frente, somos todos los que-al de~ir del poeta- fondos sobrantes del presupuesto en nuevas rue- tiranuelos de la talla del doctor Francia, en el Pasomos dignos de ser morenos y sevillanos: es una decillas de la maquinaria administrativa, antes
raguay, espamoso ejemplar de ferocidad humana.
raza entera encarnada en un hombre, que ora Y que almacenar infructuos~s monedas en la~ arcas .
.l!}l terrible anciano había llegado á hacerse teblasfema, mata y se arrepiente, observa mala con- de una tesorería. Econonnzar no resulta siempre
económico; los capitales que no se mueven, van mer de todo un pueblo; su solo nombre era objeducta y se va al cielo.
¿Cómo no lo hemos de aplaudir, si sus hazañas y vienen, bregan y ~e agitan, son capitales ue~a- to de pavor y su presencia aterraba á las multison nuestras hazañas? Excelente matón andaluz, tivos. Pasa con el dmero lo que con el agua: cir- tudes.
Un día, penetra el doctor Francia en el fondo
tus bravatas forman parte de nuestro arsenal de culante, fecundiza la tierra, sirve de m_otor á la
de
uu bosque, seguido de los suyos. Allí se alza
industria,
de
vehículo
al
comercio;
estancada,
encaballeros andantes; tus vociferaciones encuenuna icrnorada cabaiia: á la puerta están los que
tran eco en nuestros espú-itus rebosantes de poe- venena al que se acerca á ella.
Decid á un hombre: «Eres rico,» y rntregadle la habitan: una mujer, un hombre y dos niños.sía medioeval, apasionada y rítmica. Todos estamos dispuestos á arrepe~tirnos, después de ro- un puñado de monedas con la precisa condición La fiera se detiene sonriente; ha olfateado á su
bar la novia de algun amigo, de burlar al Come~- de que no ha de gastar ninguna; será más pobre víctima.
-¿No meconocéis?preguntó álos desgraciados.
dador y de darnos de mandobles coi:i- Don Luis que el mendigo á quien le arrojáis una limosna y
Y á una negativa de éstos:
que
puede
hacer
de
ella
lo
que
gu?te,--;--~ues
admiMejia sobre todo, cuando estas fechonas se come- Soy el doctor Francia, repone.
.
.
ten e~ verso. En verso, cualquier latino es capaz nistrativamente, esas grandes existencias que los
En vano es decirles este nombre odioso; ru el.
gobiernos de los Estados se complacen en exhibir
de hacer la mayor atrocidad.
.
y luego este Don Gonzalo de Ulloa, este rect1- en los cortes de caja de los periódicos oficiales, hombre ni la mujer, perdidos en el interior de la
lineo de l¡ virtud, se nos antoja demasiado renco- representan aguas estancadas. Porque, ó esa:s su- selva, conocen al cacique.
Entonces, sucede un hecho horrible: Francia
roso. Su odio, como el de Hamlet, va más allá de mas están destinadas á un objeto útil, y en ese·
ordena
á su gente que se apodere de una de las
caso
han
sido
distraídas
del
fin
con
que
fueron,
la. tumba, no abandona su presa, desea que se
dos
criaturas,
y allí, ante las horrorizadas pupirecaudadas,
ó
no
fueron
obtenidas
con
objeto
alprolongue en ese obscuro hueco del no sér, que
guno, y en ese supue_sto constituyen sac1ificios las de los padres se da m\ierte al uifio.
persista. á través del tiempo y del espacio.
-Ya conocéis al doctor Francia-exclama él,
En un cuadro de Goya_h ay un esqueleto que alza estériles para el contribuyente.
Los gobiernos no tienen derecho para mostrar- al alejarse. Cuando lo hayáis olvidado volveré
la loza de su sepulcro, para escribir en ella: ¡Nada! No hay nada detrás de esa misterio~a J?Uerta. se pródigos, pero tampoco lo tienen para ser ava- por el otro cachorro.
Y esta amenaza de muerte,suspendida sobre la
Para el alma del Comendador no hay ~xpiación, n~ ros. El progreso cuesta caro y es necesario pacabeza
de una criatura de meses y una mujer ¿no
garlo;
un
particular
puede
pasarse
s!n
w1a
levihay muerte, no es el descanso del m~r.édulo, m
la salvación del creyente: es un martmo eterno, ta· esto no influirá nada en el porvemr de w1a so• equivaldría á la hazaña que de referirse acaba?
*
incansable, de duración infinita, que causa es- ci~dad. Una administración no puede dejar de
*
Han aparecido en las*esquinas
grandes carteloabrir escuelas, porque en ellas está fundado el
panto.
.
nes
reclutando
braceros
para
las
siembras de la
porvenir
de
un
pueblo.
Por fortuna de la obra de Zornlla-y él lo ha
Se quejan algunos economistas del considera- Costa.
dicho por inco;nparable modo-irradia una luz q?e
¡Se necesitan mil homb1·es! escriben los empreilumina todas estas negruras: la fe de 1~ muJer ble aumento que se observa de hace buenos atlos
cristiana que redime al que ama. Las muJeres de á esta parte en los presupuestos de las principa- sarios, y ofrecen por jornal 37 centavos y alimenlos otros Don Juanes son escultutas paganas, Ve- les naciones europeas; pero no toman en cuenta tación pagada. ¡Brazos! e.s un grito que se eleva
nus caidas de sus pedestales. En este Don Juan, el el aumento de la educación en las masas. Nada de todas las comarcas del país, de Oaxaca y de Veamor es más poderoso que el vicio y purifica al que más fácil que volver á los antiguos gastos admi- racruz, de Chiapas y de Tabasco.
La tierra espera que el hombre se incline hasta
nistrativos: para ello bastaría con que cada país
roza con sus alas.
ella y le arranque su riqueza latente. Pero el
'
y esta apoteosis que preside á la muerte del hé- retrocediera medio sig-lo de civilización.
Y nó, las naciones modernas no desean hacrr hombre es un producto escaso, un artículo de priroe de Sevilla la encontramos lógica, y hace1:1os
repetir el bailable final, en el que el protagomsta. un alto en mitad del viaje, sino seguir adelante, mera necesidad poco abundante en nuestros meravanzando siempre. Maquinista, más aprisa.
cados. Es preciso acudir á la vía pública y solise salva en medio de luces de Bengala.
Y he aquí como el general Villada ha realiza- citarlo en cada esquina.
*
.
do este programa: los gobiernos no son los que¿Obtendrán los empresarios de la Costa las mil
* *
La verdad es que sin Don Juan Tenorio Y sin deben ser ricos; ricos deben ser los pueblos.
unidades humanas que solicitan? Antaño dijo un
el salón de la Alameda, el vecindario de la _bue~a
colega que babia veinte mil disponibles en la ciu***
ciudad de México, habría arrastrado una vida mTal vez esta tarea desgatte fuerzas y debilite dad de l-iéxico.
comparablemente monótona. Es agradable ~ste energías. Gobernar es un trabajo rudo; reclama
Verdad es que, para resolverse á aceptar esta~
salón que el mago Valleto, heredero del Buckmgmúsculos de bronce, resistencias de titán; hom- proposiciones, haría falta algo que no siempre esbam Bejarano, ha improvisado de la noc~e á la bres como Bismarck, como el general Díaz, como tamos dispúestos á llevar á efecto los interesados:
roa.nana. Han bastado unos cuantos canastillos de
¡trabajar!
ÜBERON,
nores para. convertir aquella rotonda en un lugar· Leon XIII, como el mismo Sagasta, son de made'

LA

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

313

EL MUNDO.

,auti!a grnrral.

hambre ha levantado sus fatídicos espectros, la
EL RECUERDO DELA FUNDACION
peste ha derramado sus gérmenes de muerte y la
DE LOS
miseria ha llamado á todas las puertas con su e:oEp;;TADOS UNI.DOS.
RESUMEN.-¡AVE GRECIA!-LA PAZ CON TURQUÍ.A . horte de desolación y de luto.
-LA liÉLADE ANTIGUA Y LA GRECIA MODERNA.Y ese e.sfucrzo no ha sido coronado de éxito tan
Estados Unidos acaban de entrar en posesión ae
TODA UNA PATRIA Q,UE RECONS'l'RUIR.-·LA INSG- pronto como deseara el gobierno británico; indo- unLos
documento precioso para su hii-toria: es el registro
RRECCIÓN EN LA lNDIA.-LAi;; TRlBUS REBELDES mables en su empuje los afridas y arrebatados en de á Bordo llevado por los Pereg1-i,1ws ~os «Pilg·rim FaY EL GOBIER~O BRITÁNICO.-QUIEN TIENE Q,UE
si¡ violencia los orksais, han resistido por buen therR• que llegaron á las costas americanas á bordo
VENOER.-LA PREPONDERANCIA RUSA.-EL REINO tiempo á las tropas inglesas y rechazado toda pro- del buque ,llayflou·Pr, en 1620. Este libro curioso llevapor Wadford contienf' lalistadepasajeros quedebian
DE ÜuREA Y EL lMPERIO.-LAl:l DOSRlYALES I.N positión de avenimiento acomodatício, que no do
Her los primeros colonos de los Estados Unidos; Juego Jo,;
ASIA.
incidentes del viaje; también están escritos los detall('S
condujera nl logro ele sus aspiraciones.
cuotidianos de la fundación de New-Plymouth, duran•
¿Pero cuáles son éstas? ¿qué buscan en la lucha te-20 años; por fin sirvió de registro del Estado Civil
¡Ave Grecia! Por, fin tras la porfiada lucha, tras
clf' esta época. He aquí porqué fué enviado á la bibliola humillante derrota, vas á ver tus campos libres esos fanálicos que se dejan ma:tar con heroísmo y teca
de la diócesis de Londres, de donde dependía eijp&lt;'recen
con
la
sonrisa
de
los
mártires
en
los
lade invasores y ya no mancillará tu cielo la sombra
ta colonia lejaua.
bios, durante los horrores de la derrota·?
Lm, ingleses acaban de obsequiárselo á sus primos
de la odiada Media Luna.
Cualesquif'm que sean sus ideales, tienen que pe- de América.
Tus bosques vírgenes, donde resuenan arrullos
de silfos y carcajadas de ninfas, 110 se sentirán ya recer en la demanda, porque no van como Inglaprofanados por la blasfemia &lt;le) vivac, ni enturbia- terrll á un objeto definido y con un fin determinllrá tu cielo siempre azul el hwno de la fogata ó el do. Ruda será la faena y correrá á torrentes la
XUEVO TRATAMIENTO
sangre britana, pero al fin habrá de prevalecer la
fogonazo del cañón.
Tus claras fuentes y corrientes ríos, donde re- idea inglesa, ~· las tribus insurrectas lo mismo que PARA HACER LA MADERA INCOMBUSTIBLE
tozan en confusa y alegre fiesta las impúdicas todos los pueblos de la región tendrán que someEn el último Congreso de los Arquitectos Navales,
driadas y las inocentes uáyades, no serviráu de terse al rumbo señalado, que es el de los nuevos
Ellis dió cuenta de los experimentos efectuado~
abrevadero á los caballos tártaros, ni ofrecerán horizontes de la civilización occidental, rasgando ;\fr.
con el fin de volver incombustible la madera.
sus linfas cristalinas á la sed del turcomán, que Sú sombras y alumbrando obscuros antros.
La madera así tratada toma el nombre de 1W inflamable; se coloca en un cilindro donde se hace el vacio;
apaga con sangre como con cieno ht sed de los
después se introduce el vapor que vaporiza la humereptiles.
de la madera. Se hace de nuevo el vacio, Jo cual
Tus montañas sagradas, donde aun resuena la
Pero si la políticn inglesa nada tiene que temer dad
arrastra hacia afuera todos los vapores, y se proyecta
voz de las inspiradas sibilas y se escuchan los por esa parle, y es asunto de chelines la sofo- en el cilindro un líquido conteniendo ciertas sales; eshoróscopos de sagradas pitonisas, no servirán ya cadón de los dementos inquic tos que perturban te&gt; llrga en gotitas mezclado al vapor,. y se le deja en
de refugio á tus despiadados enemigos, ni verás las fronteras del noroeste en su poderoso imperio contacto con la madera hasta que se impregna de él.
no queda mas que secarla. Parece que 10&gt;1
caer de la empinada cumbre hordas fanáticas con índico, no sucede lo mismo en el remoto país del Entonces
productos tratados así, pesan de 8 á 15 por 100 más que
el sarcasmo en los labios y el odio en el corazón, sol naciente, donde paso á paso va perdiendo antes de pasar por el cilindro, pero no cambian casi do
p13:ra borrar el aborrecido nombre cristiano ele la su anligua influencia y su omnímodo poder que se apariencia, y se dejan trabajar sin dificultad alguna.
Se asegura también quf' este método preserva á la
tierra que fué cuna de la civilización occidental. susbtitu re lentamente y muy contra su voluntad
Ya cedieron los mahometanos á la presión que con la influencia moscovita, cada vez más predo- mad&lt;'ra de 101:, perjuicios de los insectos.
sobre ellos ejercieran las grandes potencias, que minante en aquellos reinos no explotados por la
por fin se dolieron de tus cuitas yseapiadaron de rapacidad europea.
El ministro ruso ·e n la capital de Corea acaba
tus desventw·as. Ya la paz es un hecho, y puedes
SOMBRAS Y LUZ
dedicarte á. cicatrizar las heridas que te causó el de destituir á su mandato al empleado inglés que
Sollozando á lo lejos el Pasado:
hierro musulmán en los desfiladeros de Volos y en vijilaba las aduanas del reino mogol, y ha nombrado por su voluntad á un agente ruso enteramente
Cubierto de amarguras el Presénte;
los campos de Doiñokos.
Aparta los oídos de las sirenas engañosas que á devoción del gabinete de San Pctersburgo.
Cual esfinge fatal, se alzaba al frente
El sobcra110 de Seoul que por mucho tiempo
te apunciaban triunfos allí donde la razón te mosEl Futuro de brumas circundado:
Ante el grande misterio anonadado,
traba la derrota; no hagas caso de estrofas demagó- estuvo sujeto al arbitrio del Celeste Imperio, y )
gicas, que caldearon tu sangre, encendieron tus después dr los triunfos del Mikado quedó someQuedó en silencio el corazón doliente,
deseos, y te lisonjearon con sueños de grandeza. tido al antojo de los mandarines de Tokio, nunca
Cuando sonó en los cielos, de rf'pente,
La pérfida Albión que por mucho tiempo alentó duc&gt;ño dr sus acciones, es hoy juguete de las maEl instante por Dios apar&lt;.'jado:
Rasgándose los velos de la niebla, ·
tus rebeldías y fomentó tus aspirªciones, asustada quinaciones rusas. El Czar que se opuso con aude su obra y temiendo los horrores de general tocrática intervención á que el Japón se aproveSurgió en el fondo incógnita hermosw·a,
conflagración, te dejó sola y abandonada á tu suer- chara de sus legítimos triunks sobre China, ha
··Sublime encarnación de la esperanza;
te y desventura, y no pudiste salvar de la refriega tomado parte ac.iva en los asuntos coreanos, y na¡Y entre el himno de amor que el orbe puebla
.
Divisa t&gt;l alma edenes de ventw·a,
ni el nombre inmaculado que te legaron Filopemén da ha podido rnsistir á. su onroipotencia.
La Gran Bretaña misma tiene que ceder ante
En radiosa infinita lontananza! ..... .
y Canarís.
Deja ya los falsos espejismos y los engaftosos rsos a,·ances y ve con pena que se le ~capa su
NOMA p LLONA . .
mirajes que te fascinaron. Busca en el trab!ljO y influencia, que se menoscaban sus intereses y que
la virtud la restañaci9n de tu sangre, el bálsamo Pl águila bicápite tiende sus robustas alas desde
de tus heridas. Vuelve en tí para luchar con brío Vladivostok para afianzar en sus férreas garras
Repartimos con este número
contra los enemigos que asedian en su propio seno. nuevos territorios al poderorn imperio de los
Emprende con entereza la tarea de tu regene- Czares.
ración, y como el personaje de Zola, qur con firSiempre y en todas partes la preponderancia &lt;le folletín, continuación de la hermosa nome paso y á la vista de todo un mundo derrumbado r~sa.
vela
entre las llamas de la Comuna y las ruinas de las
X.X.X.
Tullerfas, se yergue altivo y sereno, marcha con
5 de Noviembre de 1897.
fé inquebrantable á la ardua empresa ele reconstruir una· patria.
Es,t es tu misión, si quieres siempre merecer el
que dede el mes plisado empezamos á obsetítulo de madre de pueblos y faro inextinguible
quiar á nuestros lectores.
de la belleza eterna.
El nntvo Gobernador del Estado de Hidalgo.
¡Ave, Grecia! Ya estás libre de la garra otomana, ya tienes paz; comienza con robusta energía la
OTRO PAOO
Acabn de tomar posesión del elevado c11.rgQ de Goempresa de tu reconstrucción.
De
$5.000,00
de
"La Mutua," en Torreón.
bernador Constitucional del Estado de Hidalgo, el Sr.
***
.
D.
Pedro
L.
Rodriguev.,
que
sustitu~•e
en
virtud
de
la
No ha sido fácil para la Gran Bretaña. domeñar
las belicosas tribus, que en la frontera afgana se elección hecha por la Legislatura local, al Sr. Rafael
Sr. D. Carlos Sommer, Director General de "La
alzaron en at·mas contra su secular dominación. Cravioto.
Mutua" de Nueva York.
Con e;;te motivo publicamos el retrato del Sr. RodriSea que reciban ·10s elementos de guerra de los
México.
poderosos moscovitas, que en secreto pueden fo- guez en lugar preferente.
Muy
señor
nuestro:
El nuevo gobernador, con\O lo ha expresado en el
mentnr la insurrección para debilitar el poderoso
Los señores Ketelsen &amp;. Degetau nos entregaron,
imperio indiano, y más fácilmente prevalecer en cliscun;o que pronunció ante la Leg·islatura al tomar
sogún
recibo debidamente estampillada y puesto
el vasto continente asiático, que llena sus princi- po8f'!&lt;ión de su alto cargo, llega al Gobierno con laR
Pn la póliza correspondiente, la suma de Cinco
intenciones
más
progres1stas
y
los
mejores
deseos
propales ambiciones; sea que los triunfos del Ishlm en
mil pesos plata mexicana, importe del seguro del
las llanuras de Tesalia hallan resonado con ecos poniéndose por tuantos medios esten á su alcance y finado Sr. D. Christian Schugt, que tenía en "La
poniendo
en
juego
todas
sus
energías,
impulsar
al
Esguerreros en las apartadas vertientes de Afganistán, y por ende hayan despertado los instintos bé- tado por la amplia vía de la prosperidad, basada en el Mutua" según la póliza número 529,254, y cuyo
valor recibimos ante Notario Público.
licos ele las tríbus creyentes, contra los enemigos trabajo~- en la honradez.
Reconocida la eficacia y prontitud con que "La
La biografia clel Sr. Rodríguez puede expresai·se en
del estnndarte verde del Profeta: ello es que, lo
Mutua" cumple sus compromisos, nos es grato reesta
Hola
fraR&lt;'
que
nos
holgaríamos
de
consagrar
siemque parecía primero un movimiento aislado y sin
importancia. fácil d-e sofocar con los elementos pro- pre á las cabezas visibles del país: es un hombre hon- prtirnos de usted attos. SS. SS.
Torreón, Octubre 18 de 1897.-Concepción F.
pios del gobierno de Kalkuta, ha necesitado l.a coo- rado; por lo demás, su biografía' mejor y más intereperación activa de la Metrópoli, y la concentración sante para sus gobernados, está en el porvenir. Que de Schugt.- C. Juárez, Octubre de 1897.- Vt'lliam
Bremme, como tutor de los menores, Pedro, Josede fuerzas considerables, para evitar que el incen- él justifique ampliamente las halagadoras esperanzas
dio se propague á toda aquella comarca, donde el que el Estado de Hidalg·o ha puesto en su uuevo jefe. fina y Cristian Schugt.

384 PAGINAS

•

�Domingo 7 de Noviembre de 1897.

314

EL l\füNDO.

lll5

EL MUNDO.

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

RECUERDOS DEL DIA DE MUERTOS.
EL ARTE EN EL PRI:~{ER P ANTEON DEL. MUNDO.

CAMPOSANTO DE GENOVA.
[Fotograflas de Va.lleto]

SR, JUAN APARICIO.

Fusilado por las fuerzas federales

,

ORAJ,, DAllIEL FUENTES BABRIOS

ler. Jefe dela revolucióu de Guat.ema.la.

1· '

1

i
1

l

L

---

•
J

Gral. Reina filarrios.
Presldent.e de

a Repll.bllca. de Guat.ema.la.

i!.a re~oludón

ae Guatemala.

LoocadAvercs de Juan Aparicio y del Alcalde l "! SinforosoAguilar.-QCI,.'TZALTE.:S-A..,..GO.

AnteH de que los rebeldes entraran á Quetzaltenang·o, todavía en poder del Gobierno, los jefes militares de la población, se cebaron en ciudadanoH pacíficos poi·
creerlos complicados en el movimiento de rebelili11 y en comunicaeión activa con
los caudillos pronunciados. Una de las victimas de estas escenas poeo edificantes
de las guerras intestinas fué el rico banquero D. Juan Aparieio, dtwiio de más de
dos millones ele pesos, hombre progresista y empr&lt;&gt;ndedor. á quic•n la ciudad debía
entre otras mejoras, la de• la implantación de la luz eléctrica. costeada de su peculio particular. i"li ,;us méritos, ni su poHición social, ni sus inmensa;, riquezas le
valieron; inocente ó culpable del delito de rebelión, pagó con su vida los odios que
provocan las discordias ch·iles.
Su cadáver abandonaclo su las calles, fué r.ecogido por los rebeldes triunfantes
v recibió hourosa sepultura.
• :Nuestros grabados tomados de fotografias directa,;, representan, además de los
retrato;; de alg-unos personajes principales en la contienda, las escena::; más salientes v la~ vistaR más interesantes de la ciudad de (.¿uetzaltenang-o, lugar donde puede clecirRe ha tenido comienzo r desenlace la pre;;ente revolución que ha serY,do
para afirmar en el poder al presidente Barrio::;.

Sin duda nuestros lectores sabrán por lo que llevan publicado los diarios de qué
manera.ha tenido fin r remate la revolución iniciada contra el gobierno del presidente Reyna Rarrios en los departamentos occidentales de la vecina republica de
Guatemala.
Fuerte en un principio el movimiento que acaudillab·an los generales Próspero
Morales, Fuentes, r otros jefes descontentos del actual ordert g.e cosas, tomaron pose~ión de Quetzaltenango, la ciudad segunda del raís, donde hallaron tenaz resist&lt;&gt;ncia poi· parte de las tropas del gobierno; ~e apoderaron del ruerto de Ocós en el
Océano Pacífico, ? llegaton á dominar desde la Costa hasta la Ciifdad de San MarCOH, donde habla estallado la revolución.
Pero repuesto de la p1·imera sorpresa.el presidente Ban·ios, concentró sobre los
in~urrcctos numerosas fuerzas, dotadas de armamento moderno y con artillería de
batalla con los últimos adelantos v no sintiéndose capaces de resistir las tropaR
rnbeldes, deRpués de sangTientas ~scarmnuza,;, abandonaron Quetzalteuango, se
hicieron fuerte¡; en los alrededores de San Marcos, donde fueron derrotadas, y se
dispersaron despué,; internándose en territoi-io mexicano, dejando todos suR element )S de guerra en poder de las tropas fieles al orden constituido.

•

Calle de S. Nicolás. Lugar que ocupaba una metralla.dora..

[QUETZALTENANGOJ

"El Palacio," Lugar que ocupen los !efes re,olucic narios

•

Vit•ne muy á-cuento, ]retor ó loctora, quienqu,ie1·~uefuer~s, ahora q~e
acabas de depositar tus coronas de rosas blancas, de s1PmpreY1 vas Y de no1,)tas sobre las lozas húmedas de rocío, ,wbre las lizas blancas ó neg~·as do : de el epitafio de oro relampaguea á la luz del sol; Yiene á cµ&lt;'nto digo, hablar del «Arte fúnebre» del arte que se aplica especialmente al culto de los
que han partido para siempre, drl arte que busc~ en l~s rostros m·1rmorcos
la ~xpresión doliente de la Niobe y no la expresión tnunfal del A polo .......
&lt;lel arte, ques&lt;&gt;refugia, enfin, en los panteones y que labra la suprema ofrenda para el recuerdo .....
y cómo si de esto hablamos, no hacer especial refcrmcia, dl'l primer
panteón a~·tístico qu&lt;' 1'xiste :-in duda sobr~ el haz de la ~i&lt;'rra? D&lt;&gt;I P,l1~kón
de GénoYa, la linda ciudad ática que se_mira en agLrns s1em1n·e azulPs? Cómo no hablar de es&lt;&gt; conjunto de marav1llas en que se muesn·a todo el prodigio de la ei,tatuaria en las formas más cautivadoras?
Los faraones para &lt;&gt;t(•rnizar su memoria constr_uyeron ~i~n'.1tc·scos vértices de piedra que 1wrforan des~e bace cuarenta siglos el rnf1mto ..... !-'os
italianos: ese pueblo artbta, som·1&lt;&gt;nte, enamorado de&gt; la curn1. J~o_co cmchtdoso del hit'ratismo &lt;'11 la cxpr&lt;'sión, buscó en el mannol bh111qu1,mno «carne de los dioses» y «mansión de los inmortal0s», 1:1 repres1•ntación de su
recuerdo y el emblema de su cariüo á los desaparecidos.
y surgió poco á poco ese prodigio. mm·moreo que se llama el panteón
de Génova.
Fué formándos&lt;' rsc artístico criadero de estatuas qur embargan la admii-ación, esa galerfafúnebre de grupos escultóricos, algunos de lo::; cuales,

tomados de fotografías que se sirvió proporcionarnos el distinguido artista
sefior Valleto, reproducimos en dos páginas de nues~ro semanario.
Quien penetra l'll panteón de Génova, la ciudad patricia, la gran Metrópoli de la antigua República conquistadora, se siente desde luégo nnbelosado por la fisonomía augusta, á la vez que somientr, que muestra el seYero recinto. Y cuando empieza á recorrer con la mirada ávida del ritmo de
la linea, los diversos grupos, pierde toda noción de tim1po y de lugar para
vivir en el lejano y misterioso país del arte. Levántase aquí, sobre sencillo
mausoleo la representación más cándida y más gentil de un alma que se va
al ciclo. Sus manos i::e elevan inmaculadas y e11 su rostro se lee la espectatíva inefable del próximo paraíso.
Ahí, una viuda eleva en sus brazos á un pequeñuelo huerfanito para.
que bese el medallón del padre muerto.
Allá, un ascet&lt;t idealizado por la maceración f el amor divino, medita.
Acullá una dívina mujer desolada, se apoya silenciosa sobre una tumba.
Y por donde quiera el dolor, por donde quiern el recuerdo hecho marmol, la hermosura doliente mas ancbatadora aún que cuando rie; ángeles
en cuyas alas se sient&lt;' ca&lt;ii la palpitación del vuelo raudo, huérfanos que
se arrodillan ante la urna donde torna al polvo el que fué protección y fuet·za, la que fué abrigo y ternura.
Es una inundación de arte augusto, sí vale la palabra, la que invade
el espíritu.
Es un himno fúnebre, pero sereno, infinitamente sereno, el que llega
por medios misteriosos al oído del espíritu.
(Sigue en la página 318.)

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Domingo 7 rle ~oviemhr&lt;&gt; rl&lt;&gt; 1897.

EL.MU:t'H)O.

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EL MUNDO.

l'omingo 7 de Noviembre de 1897.

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MAPA DEL CRIAI ERO DE YUKCN.

EL ORO BAJO EL CIRCULO POLAR.
LA PISTA Á TRAVÉS DEL VALLE DE DYEA.

1

El nombre de Eldorado evocaba en otro tiempo infaliblemente la imág·e11 de un 1iais tn pical en que el
oro flameaba al sol. El &lt;l&lt;•i;cubrimie11to &lt;le los importantes yacimientoR audfrros dt&gt; Sillería, ahora ngularmcnte explotadoH, ha &lt;lado el pr mer golpe á etita.
levcnda v á e~ta ilusión. Y he aqni que t,n Yerdadc•
ro Eldorado de hielo arnhn. de s&lt;•r d!'seubim to por los
gambusinos del oro, bajo el cin:u o polarártil:o. Cuando el a&lt;'reonauta André1.1 nwh·a dl•I l olo :t'-.orte se le
preguntará sinó ha encontrado pepitas.
La región hacia la cual se dirijen cksdH el aiío último los aventurero~ dd nUlWO mundo, mineros de profesión ó vencidos e11 todas las ea.rreras y en todo~ los
oficios, es ta de Alaska, regada por el río Yukou (ó río
de tos Renos) mas grnnde que el Danubio, dos veces
grande como el Rhin, de un caudal superior al del
Mississipi y cuyo curso mide 3,500 Kilometros. Politicamente, el canal del Ynkin está dividido t&gt;ntre el territorio de Alaska, cedido en 11:169 á los Estados Uuidos
por el gobierno ruso, .''. la Co\ombiá británi_ca, parte
inteo-rante del Canada: la lmea co1wenc1011al del
141 grados de longitud oeste, sirve de frontera comun.
Es precisamente sobn• esta linea fronteriza donde estan situados los placeres, sin que se hay a determinado
aun exactamente si pertenecen á los Estados Unidos
ó al Canadá: esperando una delimitación precisa, el
gobierno del Canadá, con una prontitud del todo inglesa, no _ha vacilado eu tomar posesión de los Distritos mas neos.
La pesca y las pieles parecían constituir las solas riquezas de Alaska. Raros mineros se habían mezclado
á los cazadores que reconen sus solf\dadas heladas;
hablan descubierto el oro, pero no habían explotado
su descubrimiento, del eual, por lo demás, 110 suponían
la importancia.
En 1892 ae contaban como 250 diseminados por las
riberas de los afluente,;, de la derecha ó de la izquierda del Yukon.
Fné solamente en 1896 cuando Jorge Mac Cormack
v Roberto Henclcrson, habiendo visitado juntos los pequeños tributarios del río Klondike encontraron oro
en porciones inesperadas. Los mineros ele los valles
vecinos sorpecliaron de lo que se trataba v afluyeron
á los bordes del nuevo Partolo. Ya un iuteniero canadensc, M. \Yill;~m O~ilere, había repartido los terre-

de ahí, rn lanc·has ó sobre el hielo se c!irigrn á la err.bocadura del Yukon, para subirla haF-ta Circle-City, el
antig·uo centro minero de AlaF-ka. Cuando ll&lt;•g·a la &lt;'l"tación favorable al trabajo ele los plar&lt;•res egtá casi
termina.da, y eR preciso invt&gt;rnar enJos lug·ar&lt;•s mismos
para es1wrar, en la inaceiún, la priman•ra R:g-uiente.
l\fás corto &lt;•s el camino por tiena, pero entm1cPs resulta que f\e emprende 1,na verdacl1•ra peregrinación
polar. Se degembarca ('n Ju¡wan de donde se dirig•pn
á Dvea, al pie ele las montaña$ que se ckhe franquear para p&lt;•netrar en el depós:to del Yukon. El paso ChiU,oot Ps el más ordinariamente utilizado. Su pur.ta culmiuante está á l,::(,'O metros sobre el nivel del

~

LA CIMA DEL PASO CHILKOOT.

nos auríferos en a clains, para la propiedad de loscualcs eran aplicauas las 1eylaS canaúeuses. ): lJ~wsonUity fué .tuudada á la embocadura del Klond1ke por
M, Joe Ladue, uno de los rnás avisados g·ambusinos
de Alaska.
A fmes del estío de lb'96, cierto número de mineros
volvió á los Estados Unidos, llevando cada uno una
fortuna &lt;ranada. á golpes de a,,.adón. Los periódicos se
llenaron°de detalles, propios para encencter las avideces, y la fiebre del 01y Cbtalló en toda la América. .
Sin embai·~·o, al mismo tiempo que alababan la n-

queza de los campos de oro de Klondike, periúditos ~revistas, abundaban en informe¡; iuquietantls sob1 e J¡,,
dificu1tadéi¡ ele! viaje, el rigor del tnma, lasfati~a8 qu&lt;·
hahia que sufrir, la,; privaciones que soportar. l'0r n&lt;:·
gTo que fuese este cuadro, lo era menos que la realidad. Los que partieron, al ·principio de ese afio, in~uficientemente preparados Y. provistos, experimt•11tanm
duramente en cabeza propia.
l\a hay más que dos caminos para alcanzar el Klondike. Los que quieren seguir el primero ganan &lt;in hLques, el puerto de San l\iiguel eu el mar de Bd1ri11~;
t;N PASO DlfÍ(;. L.

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mar~· el asrenso ~· PI d&lt;•sc·C'nso son izualmentP peligro·
sos. Los imlioK hacen ofieio de bPst1as al mismo tiempo que de g•uias, porque los bag·ajes de los minero~
son 1·011siderahles; cada uno debe llevar comigo, :i_ través cl&lt;&gt;l deRierto de hielo y de nieve, lo que nccesila para oeho m&lt;•Res euando 111&lt;:nos.
Fra11qucado t&gt;l paso, del otro lado del desfile, corni&lt;'n7a, una rcg-ión de lag·os unidos por J)equeñas cm-rie11t, ~
de agua. Eutonc&lt;&gt;s Re provee uno ele canoas; y como hL
nav&lt;•g·ación se int&lt;,rrnmpc, las canoas no son duran! ·
la mitad del viaje más que nuevos motivos de embar: ·
zo. Las larg-as caravmi::1s de mineros sig-i:en la pis! t
de los &lt;·azactoreR de pieles, Pn el fo11do de los , canyorn •
profundos, ])pnos de nieve durante el invierno, dcHpu("
dura11te el deshielo, llt&gt;nos de un lodo espeso, acn·cid •
sin resar por las lluvias diluvianas, y donde se atasea11
loR canornatoi:: ele mano.
Ha~· tantas provinciones ab:mdonadasálolargodela
ruta del Klon dike, que r('cientemente han pa1 tido
aventureros deRprovistos ele todo, contando con proveen-e en el c::amino.
La distancia ele Dyea á Dawson-City es de 575 milla¡,,
(9;:.5 kiloua'tros), y casi no se emplean meno~. de. ríen
dias ei1 reconerla. Para abreviar y facilitar &lt;'SP
larg·o y duro trayet to, se b11sca actualínente en los l'.:stado;; l;ni&lt;los to&lt;los loR medios practicables. Un inge,
niero audaz U:imado Leo ~tevens, acaba de hater
c.9nstruir 1m globo para transportar los viajeros de
Silko-P:itt á las riberas del Klonclike.
Ha encontrado comandita1;ios y no es dudoso que
en&lt;'ontrará pa11ajero~; se prop_one transportar de ·ol'ho
á diez pergonas c011 tres ó cuatro toneladas de la!-tre,
para ascrnder. La distancia que debe franquearse es
de 187 millas v M SteYens cuenta con efectuar el travecto con bri'sa favorable, en menos de si&lt;,te horas.
La soticdad de transporte aero que ha fundado lleva
el nombre de The Jacobs Tran.-portaticn Com¡/((ny.
Es la primera empresa i11iciada con ocasión de los descuhrimientos auríferos ele la Alaska v de la Colombi:t
britanica v no trata, que sepamos, de colocar sus accionC's en los mereados del viejo mundo. Cuant,,s otros
seguirán, menos di~cretm;, cmmdo en la r&lt;&gt;gión del
Yukon, los gambusinos hayan abierto la via a los &lt;•11.ploradores!
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Lu!o ~UNEROS HACJE:0-DO ALTO EN LA CIMA DEL PASO DE CH!LKOO'l',

A LA ENTRADA DEL PAf.0 CRILKOOT.

�EL MUNDO.

318

&lt;! amposanto

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

ae Génoua.-Principales mausoleos.

Domingo 7 de N'o,-iemhr&lt;.&gt; &lt;le&gt; 1897. ' ·
[Fotograflas de Valleto.J

Nuestras Artistas
ELENA LICEAGA Y JAUREGUI.

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(Sigu,e de la página 315.)

En los zócalos de las estátuas se leen todos los nombras de los ar~is~as
ilustres de la moderna Italia: el que sabe dar á los grandes m in tos de luto el b1·illo de la seda y á los grandes almohadones en que ro posan las mirlnoreas cabezas de algunas estátuas yacentes, la blandura de la plum:1; el
que sorprende las ex.presiones de la angustia resignada en los roscros de
las vírg-enes y de las viudas; el que da la suprema fisonomia de la inocencia á los infantes que inc:mscientes somieu al pie del mausoleo de los que

los amaron y que recuerdan las sublimes palabras de Jesús, impregnadas
de infinitas ternuras: Scinite parvülus venire adme; los que dejan que se
adivine á través del ropaje de la Niobe desolada la curva excelsa, la curva
sacra, la curva que canta el himno del placer, ahí mismo ...... Ahí donde
impera la muerte ....
Y es un deslumbramiento de obras maestras aquel, y cuando el viajero
deJa las lindes del cementerio único, exclama acaso, conmovido:
\
Bendita sea la muerte que s1be inspirar estas maravillas!

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.

319

EL MUNDO,

Una flor más en &lt;'Sta .~r,1·1·,, embeleF-adora que nos proponemos
mostrar al dilcttanti,,mo mexicano. Una flor más, arbtócrata
como las orquideas y lwl la como &lt;'l crisaut&lt;'mo.
Enamornda del arte cuando n¡wnas clcstrllaba en su vicla rl
sonrojo de las albas juvPnfü,s, lo culliYa &lt;lesdP &lt;•ntonces en una
lk sus fonnas mús lwllas: la pintura al óko. Para t's&lt;' génrro
tiene su pinc0l mágicos atrpvirnicntos y encantadora¡, virilidades; es un ddieioso gnomo quC' salta sobrr el li&lt;'nzo, r&lt;'gando en
él todas las g,•mas del color.
Lo qui:' (11:'sde Juego se ad dcrt1' al pcnetrnr &lt;'11 su estudio:
mi coquctbimo atr,lfr1· dispul'sto &lt;•n la t&lt;•n1\za d&lt;' su morada, &lt;•s
l¡l predileceión dr la li11cl11 pintora por las 1wvadas ~· los crf'púsculos..... ;'\'cn1clas qu&lt;' cantan la Si11f'n11ía e11 úla11co mayor
de Gautier: que ya arropan In cumbre de un montP h•jano, ya
sf' ti&lt;•nd&lt;•n sobre una Yega como desJumlm:mtP jniqm·, ya inYadrn las tortuosas calles de una al&lt;ldm&lt;·la ült&gt;al. ....
Crepúsculos retador1,::;. 1•11 que• gritnn todo,- los tonos vigorü,-os de las tardt•s agqliizantN; dd trópico: amarillos qu&lt;• (•:;tallan. rojos qur fJorcce:n ig11íYomos. Jilns qu&lt;' parccrn nnimarse
d&lt;' toda:; las almas de todas las violrtas .....
Crepúsculos y nentdas .. . .. ¿110 sim boJiznn acaso esa:; dos
predilecciones los excdso::; anhelos de una alma nilla y ya dulcenwnte soñadora?
·
Crepúsculos ~· nevadas: Lo que agoniza y lo que allwa!
Dos majestades: la august,1 d&lt;'I i:-ol que se lrnnck como un monarc,\ as~Tio qn&lt;' se mu&lt;'rf•, r la inocente, In 11ítida, la pura de
una nieve que cubre con su plumón las secas ramas y las mustias Yc-gas .....

Mientras tanto, allá Yan .... Fw1esto velo
Ilá formado en su torno la neblina,
Y en trance tal Jos abandona el ciclo
Porque ven con profundo desconsuelo
Que hasta la mi,mia brújula declina.
Y ¡;in embargo, á eontinuar el viaje
Todos se alistau mientras tengan velas,
Y aunque Pl mar cncrt'spado los ultraje,
Prosigu0n nav&lt;'gaudo con coraje
Y ali;\. nm ::;anto Dios, las carabrh1s! ....

II.
V,•dlos, v;1cilnn y11; surg&lt;' &lt;·n su mente
DPl santo anhclú d&lt;' guardar la vida
El. impuI,;o instintiYO é incon:;ciente,
Y al cleciclirs1• la mort,11 pc\l·ti&lt;la
.Aquellos füt,·&lt;'gantes qn&lt;· otra;; yeces
Asomhrnron al mnndo con ,-u:; hechos,
A Dios dil·igPn sus frn·i&lt;'nt&lt;'" prect•::;
Porque retin• t&gt;I miedo el&lt;- sn,; jJ('Chos.
Yc•dlos cual Re amotinan, cómo &lt;'scuchan,
T,,mbJal\(lo. el grito &lt;I&lt;' los hondos mares,
Y cómó todos luchan
Por voh·c•r otra vez á ,m::; hogi\l'&lt;'S,
¿Por quc·-Rr clicC'n con pan)r creciente,
Por qné dimos oídos
A esP pobre dt•mPnt&lt;'
Que e11 esta,; aguas nos dt&gt;jú perdidos?
Ob! ,-ale mils retroc&lt;'dt·r la,; proras
Y si es n•rch1d que nos perdona el ciclo
Aun podr&lt;'mos pisar las salvadorns
Rifüc'fins plnra::; del natiYo sm•lo!

. La Srita. Lic&lt;'aga, acomp;11lnndo [1 :;u padre, el di::;tinguido
facultativo Don Eduardo, que, con motivo d&lt;' . los diver;;os congresos médicos á qu&lt;' h,t sido conYocaclo, viaja frecu&lt;'nt&lt;'rncnte,
l1a r&lt;'corrido las principal&lt;'s ciudades europeils y norté,rn1ericanas visitado los museos Y nutridos&lt;· d&lt;' la varia Y h&lt;'l'mosa enS&lt;'ñ;rnza de las buenas &lt;'Scuelas..... Después, ;;idmpr&lt;' mi'ts rica
de in::;pirnción, ha torn11do á su &lt;•studio, ít d&lt;·dicar sus ocios á la
pintura y á la nnbica, en la cual también d&lt;•::;ctwlla, dejando
que inYadan su alma la pl&lt;'nitud del color ~· la pJt,nitud del ritmo.
De allá, lejos, ha traído nueYos toqu&lt;&gt;s, poéticos y vigorosos
[1 la yez, para sus cuadros: nuevas llmnaradas y oros para sus
poni&lt;'ntes; nuevas tonalidades t&lt;'nues para sus neq1das ... ,
·
Nevadas y crepúsculos..... Así tcUnbién e:; ella: sus ojos
nPgros y aterciopelados tienen la pompa de los occidentes y en
su alma se acurrucan todas la:; blanem·as..... .

Gt &lt;! rístóbal &lt;Tolón.
l.
¡Allá van! .... hac&lt;' til'mpo que las velas
Se hincharon al soplar vi&lt;'ntos de popa,
Y d~jaron aquellas carahrlas
Atri1s las playas de la vi&lt;'j,t Europa.
Lejos, lejos quedaron las orillas
Risueñas si&lt;'mpr&lt;' de !ns patrios lares,
Y, mientras. tanto, sin c&lt;•sar la quillas
Rompiendo van los procrlosos marrs.
Miradlos, aJl:.í vi111! .... y,1 el Rol naciente
Disipó muchas Y&lt;'C&lt;'s t1mtns hrurnas,
Y de nuevo al ponerse &lt;'11 Occidente
Hundió &lt;'11 C'I mar su t•m·oj&lt;•cicla frrnte
E incendió solo .sábanas d&lt;' espumas!
De blancas nulws cual. np,•aclos montes
Vrn los marinos h1 siltwta inci&lt;•rta
Y al traspon('r aquc-llo::; horizont(•s
Hallan la misma inml:'nsidad desierta;
La misma solNlad ahrumadon1
El e::;pncio infinito
Donde se alza la honda hrnrnadorn,
Y en donde rsparce C'l huracr111 Bn grito.
Y al continuar la prora
Surcando rl agu11 quP volubl&lt;' ondula,
Solo &lt;'ncuentrnn la:; nav&lt;'s atrc•vidas
Ese piélago inmenso qul' sr azula
Cuando á trniciú1i sorprenderft la:; ,·idas.
¡AJlil Yan! .... &lt;'n l'I límit(' blanquean
Donde se mwn Jos cit'lo,; y los mares,
(:un! náufrag¿u; g,n-iota,- que alctPan! ....
Allft Y,\Jl d&lt;'s11fiando las azare:;
De e:;a &lt;'mrn·e::;a inaudita
Que &lt;'11 el d\'lirio y la &lt;ll·nwncia toca,
En que cada marino necesita,
Parn afrontar las iras que provoca
Y al&lt;•ntarse en su f'é dura y rehaci,1,
Tenrr de una alma desquiciada y loca.
Ln. misma ciega audacia.

III

l'(•ro, quien &lt;'S &lt;'se hombre qu&lt;' aparece
Con noble maj&lt;'stad de soberano,
De vibrador acen:o q ne extrc-mc•ce,
De faz augusta y &lt;l&lt;' cab&lt;'JIO cano?
¿Quien es es\' quc- ll&lt;·Ya fll la mirada
El fulgor de las raudas t(•m1,c•::;tadc,;
Y L'n la frt&gt;nte Pspuciosn cond&lt;'nsada
Toda Ufül imn~nsidcHl dl· claridades?
¿Quien t•::;? .... )linHllo, su ncl&lt;•rnau sereno
l~l dt•scoiicierto ele· lit turha acalla,
E hiniendo en ira que brotú del seno
Dt&gt; la tormenta que en su p&lt;'cho estalJa,
Así les dice con su voz de trueno:
¿Con que al fin me dPjaisr ¿Con que á Ja postre
Os sentís con las ansia:; del cobarde
Y no har ninguno qur el pf'ligro arrostre
Después de tanto fanfarron alal'de?
¿Qué buscan? A creer en las promesas
¿Con qué es verchld qu&lt;' se at&lt;'rró el marino
De un insensato de palabra ardiente,
Que su prez extendió por ancha zona,
·
V nn en pos de fantásticas riquezas
Y en el-término mismo del camino
De una tierra que estú vor Occidente;
..,,.,
Pitlido ,- tt•mhloroso lll&lt;' abandona?
Ván siguiendo las rutas virginales
¿Qué s&lt;: hicieron las huestes que á las luces
De una lwrmosa región que es un tesoro,
De remotos espacios extendieron
Que arruJJada por cantos inmortaks
Sus castillos, sus leones y sus cruces? ..... .
'Cn oceano de perlas y corales
Decidme, ¿qu&lt;' se hicieron?
La tiene presa entre sus ondas de oro.
Sé que poco uos rPsta
Yan á abi·ir en d libro de la historia
Para concluir mwstra g-Joriosa hazaña,
Un poema grandioso de enffgía,
Pero si tantas h\g rimas os Cll&lt;.'Sta
A arrnncar unos cúuticos de gloria
Seguir luchando contra la onda enhiesta,
Dt&lt;l seno mismo de la mar hraYfa,
Pockis YolYer á nwstra YÍ&lt;'ja Espafia.
Y adormecidos por el du.lcP arrullo
"¡Idos! ...... DPjndrnc con mi suefio á solas,
Que esa, esperanza irrealizable encierra,
Pu&lt;'s t&lt;'ngo fe para ('Scalar sus cimas,
Dicen, h&lt;'nchiclo::; ele pPdantc orgullo,
Dejad en tanto qu&lt;' Jns roncas olas
Que van también á redondear la tierra!
1\!ientras tanto. allá vm1 .... Ya el sol naciente Vayan y cuent&lt;'n &lt;'n !'&lt;'motos climas
Que temblaron ti·c•s nnY&lt;•:; esp,1fiolas!
Disipó con sus luc&lt;'S nuevns hruma::;.
To á seguir navPgando m&lt;' d&lt;'cido,
Y otra YPZ al vmwrs&lt;' en Occidente
Puestos mis ojos c•n d Dios Suyremo,
Hundió en el mar :;u rnrojccid,\ frente
Yo seguiré aclrlante, y sólo os pido
E inc&lt;'ndió siempre sú banas de espumas! ....
Una tnbla y un remo."
Y al seguir confiados en su sino
''¡ Dcjad1;1e! .... 'rc11go mi Pxistencia el\ poco,
Los df&gt;rroteros de su marcha inci&lt;'rta,
Y ya que el ci.Plo im.fanw lll&lt;' niPga,
Siempre&gt; yuelYen ú hallar en su camino,
Será la tumba el&lt;' Colón ('] loco,
La rni,;ma vasta inmen;;idad desierta,
Este' Jfü\r insondable 1•11 qn&lt;' navega;
El mismo azul y atc•rn1do1; paüsajc,
El será quic&gt;n n'coja mi-; dolores
Los mismos dilatados horizontes ·
Porqu&lt;' mi:; quejas l1li:l o~-ó &lt;;I primero,
Y allí al fin~1l dd viaje,
Y él dirá ií las edadPf- po~teriol'es,
Las mismas nubes que s&lt;'m&lt;'jan montes.
Cada VPZ qu&lt;' os maldiga &lt;'11 sus clamores,
¡Oh Dios! si sigul·n tan solwrbia empresa,
Que cl, jástPis morir [t un compafü'ro!"
Si la Y1'llCl'll por fin sin que te asombres,
Dijo, y en P;;e majestuo,-o instante ·
Lkvm·ún l'n sus alnrns tu grandeza
Que en su locura á p&lt;·rt•cc·r se aferrra,
Y 110 serán como los otros hombres!
Se alzó una voz vibranw
Llevarán algo grnnd&lt;' y mHje:;;tuoso
Qu&lt;' n•cmTió glorios,t r rc-sonante
que en mis esfrofas dC'scribir 110 puedo,
Aqu&lt;'llos vastos borizont&lt;'s: ¡¡TIERRA!! ..... .
I'orque todo mortal, Dios poderoso,
Lleva en la carne Pl miedo!
RODULFO FIGUEROA,
¿,Qué ser[~ de &lt;'so:; uautas si resuena
Octubre de ~,.
Atronadora la tormenta grave,
Si el huracán destrenza su melena
Y hace trizas la nave? ..•...
0

�EL MUNDO.

320

Domingo 7 de Noviembre de 1E97.

Domingo 7 de Noviembre de. 1897.

EL :MUNDO. ·

321

Se habla deslizado
hasta el suelo y apo)' aba su frente abra•
zadora contra la mano de Jaeques. Dulce.mente estelalrvantó v la hizo sentar á.
&gt;IU °l;1do.
«¿Como t(•n¡:ro C'I valor de deciros todo e"to? suspiró ella. El
otro día ('rais '"º" ur1
extnmjero u u poco
inti111idru1t&lt;•; o~ vi tres
veces. durante alg·uno, n11n11to,;, pero he
Yiddo e011
en la
iuti111idad de mi alma
y me parece que o.
he co11ocido Hiemprr ......... •
S&lt;&gt; apr(•taua c-c;ntra
él Ja&lt;:qm•s n'"piraha
sus perfúnH'K rozaba
sus cabellos, bebía ,u
alie11to.
Sentia con precisión que su &lt;l~8tit10
estaba entre las 111anos dr aquella niña. Podía abandonarla, podía co1-r&lt;•.r
e11 pos d(' otros amores, construirse un hogar......... .
Qué importaba? Siempre d rc•cm•rdode la ]lfqueña rebelde vpndria á colocar~e entre él v las amadas del
porvenir. El coraz&lt;Ín tiene prcsentirni(•ntos, Jacques no
re;.i,tió.
«Roxana, dijo, no sc•n1i$ rni sierva-se detuvo un instantP- sc•r(•is mi mujer.
Al oir rstas palabras, prodújose en ella una explosión. Todas sus lecturas. todos sus sueños. ge1me11es
latentes, R1irg·ieron ce mo una súbita floración.
Comprendió quP ama ha á Jacqu('S de YalgreYe. ccmprc•11clió quP el harem le parecia más temihlC' porque la
~eparaba ele él. Su rorazón palpitaba con ¡:rolpes tan
violentos que le pa1·ecia demasiado e,trecho para la
in-updón nue,·a. Su mujer! Ella perrnanc•cía con las
manos cruzadas sobre el pechó, respirando con pE&gt;na,
no osando va aproximarse. no oi;anao ,·a ha11lar. Los
sollozos ~e \,ofocabau en RU garganta, se ~en tia morir.
YalgreYe inquieto, la miró.
«Lloráis, elijo, os he causado })rna?•
Eiitonces, co:q una e~pecie de violencia, Re arrojó en
sus brazos y se ocultó en el seno del joven. El tomó con
sus dos mai10s el rostro cubierto de• ];\/!;rimas, miró los
ojos sombrl~s, y religiosameute besó'los párpa&lt;los, que
se extremec1eron.
Subia una gran calma. La canción del Bósforo, lle•
gaba, d"ebilitada. Allá lejoR, semejantes á fuegofi fa.
tuos los caiqu,s SE' dE'~lizaban sobre el Cwrrio &lt;Je oro.
Los domos ele las mezquitas se perfilaban, blancos, en
la peuumbra; las acacias difundian sus aromas; E'I alma
de aquella noche ele primavera ,;e evaporaba en perfumes y E'n languidete~ hacia las tranquilas constelaciones .....

"º~

EL LAZO DE ORO
Jacobo de Valgreve tendió al sub-jefe la carta que
acababa de llevar el ugfor.
Mohamed Offandi, conocéis vos á ést&lt;&gt;?
-Sí, es uno de los personajes de Constantinopla.
El sub-jefe añadió:
«Viene ¡;on frecuencia á la embajada y le acordamos
todo lo que pide•
•
Pues bien, dijo Yalgreve volviéndose hacia el ug·ier,
hacedlo entrar.
Offandi Pachá era un hombrecillo de buen color, bi&lt;&gt;n
acondicionado, ele ojoR dulc&lt;'s y labios imperiosos. Ha•
bía ido frecuent!'ment!' á ParíR v conservaba de ahí un
recuerdo agradable.. De pronto la conversación Yersó
acerca de un asun to conmn.
Lleg·~is de París? dijo él á Jacques de ValgreYe; hermosa cmdacl, y en cuanto......
·
Despues, buscando un poco las palabras se puso á
diserta!' sobre los monumentos, las pi(•zas de teatro, las
modas. Yenianle algunos nombres á los labios.
•Conocéis al doctor Bouradelle? Es un hombre en·
cantador. Y loR Coquelín? ......... Honnat, sig·ue pintando? ......... ¿Qué hermosos retratos! Y la señora 1IichelR,
la americana, se divorcia ó nó?•
Valgreve ckjó correr e~ta oleada dP prE' 0 ·trntas; rrsponclió con una indiferencia política Y prE'g·~ntó en qué
podía ser útil.
·
·
Entonces el turco abordó la cuestión de negocio~:
puso en manos de Valgr&lt;•vc una pequeña nota mam1sc-rita y le dió multitud dP explicaciones. Concluyó con
la esperanza de que el joven aceptaría un almuerzo en
su casa.
«No os sentireis fuera de vueRh'o centro, añadió; mis
dos hijitas hablan francés y están al corriente de vue,;•
tras costumbres ......&gt;
El diplomático se inclinó y acompañó á Offaudi hasta la puerta.
Algunos días después Jacqu('R dr Yalgrcye recibió la
invitación anunciada:,.· se clirijió á cai;a ele Mohamm&lt;&gt;cl
Offandi, cle&gt;1e0Ro ele ver un interior musulmán. Jamás
había franquraclo el dintel clr una ele e~as caRas enrejadas: algunas veces. detrá~ deJos banotrs, algunos
ojos soñacloreR y ne~!,T0S le habían Re¡¡;uido por la calle,
más la casa inaccesible había guardado el misterio y
el Ri!cncio.
Valgrcve fué introducirlo á un salón elegante. Los
oroR, las lacas, los. verdes t!P ja~pe, c-antaban una gama deslumbradora; una piel el&lt;' tigre sP Pxtenclia sobre los mosaicos del sucio. En la,; YCntanas, cortinajes
de seda tamizaban el dia. En un irng·ulo una fueu•
te murmuraba dulcemente; el(, una cabeza de quimera
corria un hilito de agua que caia sobre una taza de
marmol y la taza estaba llena de pétalos.
Offandi Pachá no tardó en u11irse it su huéRped, co11versaron un rato y después un portier levantado dejó
aparecerá dos jovencitas teniéndose ele la ma110. La
mayor de las señoritas Offandi podria tener catorce ó
t1ince años. En su fino rostro abrían se dos ojos extraq,

iios, dos ojos tristes, limpidos, acariciadores, obscuro&gt;\,
sembrados de puntos ele oro. Los párpados Re abatían
frecuentemente, como entorpecidos por las cejas. Roxa•
na no era ya una niña; todas las g-racia,; ele la mujer
despertaban ya en aquel cuerpo prrcoz desarrollado
al sol de Oriente. que recipita1aH floraciones; llevaba
un traje de sarga azn marino; ('] corpiño ele bordes
volteados, se abría sobre una camiseta blanca,. dejaba
adivinar la redondez turbadora del busto, el tállP v las
cade.ras gráciles. Una flor de granado encima de la camiseta, parecía reflejar E'l carmín de los labios,. animaba con t¡.n tono tibio la barba y las mejillas. ·
La pequeña AYcha con sus pupilas brillantes, su ale gre sonrisa, sus dientes siemprt&gt; al aire, formaba un encantador contraste con su hermana.
Esta preguntó:
«Hace mucho tiempo, sefior, que habei:; llegado á
Constantinopla?»
El timbre era profundo, el acento de un exotismo ligero, lar muy sonora.
Vino en sE&gt;g-nida Mademoi$elle Rabley, la institutriz
francesa, y pasaron al comedor.
Offancli Pachá estaba orgulloso de la educación bria
lla11tc que daba á sus hijas, y se sintió mu.,· halag·ado
cuando oyó á Roxana y Valgreve platicar de los últi·
mos acontecimientos parisienses.
«Ya Yeis, mi querido señor, 110 somos tan salvajes co·
mo se tiene á bi&lt;'n decirlo. Mi~ hijaH hablan el inglés
como el francés: me c-ensuran un poco porq1temc salo·o
ele la rutina local. Pero es preciso que sea uno de ~u
sigfo .. ...... Además, el ef;tudio las diRtrarrá, ellas se
sienten feliees de conocer la música. el dibujo, por que•,
vos lo sabéis, las mujeres turca~ lli&gt;vai1 una vida un
poco ......... monótona. Roxana se aprOYPcha dP la libE'r.tad que le resta; dentro ele poco tomará el Yelo v será.
confinada al harem......... •
"
Valgreve cesó de escuchar, haliia mirado á Roxana,
cuyo rostro se• había alterado. Los p&lt;&gt;;;adm, párpado,;
cayeron é invadió la palidez ~n rostro. En la mirada que
la musulmana le arrojó, JacqueHvió pasar la relwlión
de las mujerPs de oriente, fatigadas vabatidas del vu•
go: .No fu.é empero nuis qu.e un r&lt;;líunp!lgo. Rox:ma
baJo los OJOS, los h&lt;&gt;rmosos OJOS sumisos que había turbado u11 relámpago de rebelión. Ya no comía, volvic•ndo maquinalmente el círculo ele oro 4ne rodeaba.su puño. A caso veía en ese lazo un símbolo.
Concluida la comida, entraron á una espE'ciP dt&gt; veranda donde llameaba todo un jueg·o ele casoleta8 de
cobre. Roxana pr&lt;'paró el café. E&gt;&lt;taba ele pie, e8prrando que el liquido n&lt;&gt;gro se vi&lt;'R&lt;' en una súbit:1 v ruidosa ebullición. La p(~{¡uc-ña AYcha srguia &lt;&gt;se · manejo
con risas y gritos de pájaro.
Offa11di se dirig'ió al jov_c-n:
«Amáis vos las orquideas? ío te11go una hermosa eo•
lecció11. Os la mostraremos Juego.•
El musulmán saboreó lenfament(• su café. Hablaba
menos, invadido por un dulce entorpecimiento; sus ojos
se envolvían más vagos; bien pronto se cerraron y nn
soplo rítmico pasó entre sus labios.
Roxana miTó al extranjero.

f

• Vos excusareis á mi p'ldre, seüor. todo, lo dias clue
me la i;iesta, pero no g·usta de que lo aclv· erta nadie. ►
Somió v añadió:
«¿Quereis ver la flon•s?•
Val13Tcve ~e levantó: nn paseo con Roxaha entre lal&gt;orq1úCLeas 110 podia &lt;lisguHt:trlc por cierto.
AtraveHaron el salón.
Sobre una mei;ita e,-taba ahi&lt;'rtoun libro. Jacques les.
vó el titulo: .l&gt;Llia de 1.',frreur.
" Roxana elijo:
«E!! Mademoisclle Ra bit&gt;~· quien me ha dado ese libro.
Le g·uRta11 mucho laH novelas.
-¡Ah!. ..... y á vos también?
Roxana movió lig·erarnente lo,.; homhros:
«¿Qué ha~· de comun entre la:, mnjt&gt;res de vuestros.
libros v yo?
-Os' salís de la cuest1011• dijo Valgreve sonriendo.
Entonces ella, 0 -rave, designo u1 muro sin ventana,
contra fl .cual .subían plantaH escaladoras; &lt;&gt;ra el muro
del patw mtenor, donde "u madre comia confituras de
rosas, guardada por carce'.eros PllllU('O~.
«Señor de Valg-revr, dentro d&lt;&gt; !)0\"0 tiempo vo esta·
ré también enclau"t1'acla detrá~ &lt;le &lt;'se 1111u·o.To'do !oque
h:tc.e el encanto y la gTandeza de la vida. me será prol11b1clo. Despu(•R, cuando venga el momento de casarme, me entr&lt;&gt;garitn á un homhre para adornar ~u harem, como se enriquece un establo con un animal .ele
precio•
Y conmovida a11adió:
«Qué tengo pues que Yi:n- Yó con la~ no,·chs en que
voso!ros exa.l~ai,- el amor escog·ido, único y celoso?
-FJs cuest10n de costmnbrr,-..... .
:-No cli~·ais rso, decid 1.nás 1?ien .que es p(•lig-roso 1•n
,se1~ar la hlH\rtad a un páJ.liO a qmen se 1' ,t á poner &lt;'ll
la Jaula•
Val 0 -reve la miró.
. «EIÍ\1jaro s_e qu&lt;'jilrá el? q,~e luw;m ampliado su I orizontc•? Y la Jaula 110 sera 111,ts lw)la ~i á falta de libl'rtad ha_v más aire·" m·is luz?•
Ella. reflexionó un momento.
•E:s vndad ..... jamá,; :-:t' lanwnta lo poco que se sabe;
adE&gt;más para qué murmurar? La crisi,- es fatal vendrái
pero 110,;otras no pod(•mo:; avanzar la hora: la' emanl"i
pación de nuei\tras hijas HPni hecha de 11ue.,tros dolores y de nne,-tra pac-ienria. »
El le• arrojb una mirada dt• piedad que hizo ence11cforRe aquella,; mejilla~ mat(•. ·
Ella. ,;e vo 1vi? ~· dijo con rapidez:
•¿Que pe11smi; de 11\H'Rt1·as on¡uid&lt;'aR? Yo la~ encuentr~ más raras &lt;JlH' lindas. Tienen asp(•cto ele reinas capnchosas.
-Sí, dijo Yalg'rev&lt;\ par('C&lt;'n cl&lt;'"prrciar á las rosas
que valen l)lás que l'!la,; &lt;'! t rni opiniún. Yed , por rjemplo, ¿es po~1blc.".er algo ma~ bdlo que est¡i rosa pálida?
Roxana so11no.
«Hab&lt;•is a.cliyinado un.a compatriota; l'R una Francia
blanca. Yo adoro ese genero 1le rosas: tienen el airo
de sentir y de sufrir. No sediria RU palidez una palidez.
humana?•

Quizo cortarla, pero arrojó·un g-rito v rcti1ó su dedo,
de donde habia salido una g-ota bl'rnleja.
Yalg-re~'.e r?mJJió el tallo y presentó la flor íi la joYcn.
Esta le d1Jo sm1pl••me11te:
«Era para vos para el que la cortaba. Guardadla.•
El la colocó en su ojal. 1&lt;:1 aire c•staba saturado de
perfumes; una sutil humedad subía del suelo y de las
plantas; lo,- pequefio,- golpes de ag·ua hadan ruidos
de fuentel4; hasta perderse de vista se extc-ndia 1111 océano ele floreR; iumen~as palmas ondeaban v alg·unm, pá·
jaros voltejeaban bajo la¡. bóvedas tranHpan•1üc•,.
JacqueR de Yalg-r&lt;&gt;ve p&lt;'nsaba. E,-as plantaH :&lt;urg·idas
de los trópicos, estan hechas para abrigar la vida libre
v los amores plácidol&lt;, los be"os dados bajo la mirada
bo11clado,-a ele la naturaleza. l)p un salto su pensamiPnto huia al Occideutc, hacia los amores complicado:&lt;, hacia las sutiles Y sabias caricias ,: volvía en fin comno•
vido, casi tienio, hacia la niña que estaba ahl, de pie
en tre las flores, la n iña creada para toda;; las alE&gt;gría.s
v que no esperaba ning·mia.
" Estos pensamfontoR, formulados en (&gt;J, se eRbor.aban
en ella v loR dos se miraron mudos. •Hoxana levantó
su s pupilas de reflejos de oro, hacia Jacques de \'algreve.
«¿Volvemos?• dijo.
Sobre la terraza, Offandi Pachá, ron im mano abierta se abrigaba los ojos ~· su fez po11ia á la piedra blanca como una mancha de sangre.
«Roxana• dijo, ¿,enis de ver las flores? ¿Le has mostrado al señor las orquideas?
-Si. padre mio!
-Bueno, hija, ahora vete con .AYtha. El Sr. Valgreve
y vo tenemos que tratar algunos asuntos.
Ella tendió la mano al extranjero. El circulo ele oro,
e l circulo E&gt;mblemático, arrojó un chispazo. Ella fijó
por un iustante sus ojos en Jaeques. De&gt; nuevo vió él
en ellos el rniraje infi11ito ele loi&lt; paraísos perdidos.
«Adios• elijo ella y se fué.

***
De~de entonces Valgre,e 110 p&lt;&gt;nsó más que e11 ':Rox ana. Cada uno de sus gesto", cada u11a ele las pala•
bras de la niña, había11 dejado en él una huella. No podía definir bien aquello que le eautivaba. Era acaso
la forma adorable, el de!&lt;pertar turbador de la mujer
tan ignorante aún ó bien Roxana. había entrado en su
corazón por el sendero divino de la piedad?
Volvió á verla muchas veces y en su pálido rostro
leía siempre con más claridades E'l horror al pon-cnir.
Una noche se le acercó una mujer cubierta con un
velo, una vieja, que deslizó en su mano un billctE' ~• una
llave. El billete contenía estas simples palahras: Maña•
na por la 11oche en el jardín de mi padre. Entrad por
la puert'ecita de la calle Santa Sofia. Tengo necesidad
d e vo~.
.
Una emoción cle~conocida se habla apoderado de
Val~-reY('. Temhlaba manejando aquP11a pequefla llave, 1a llave de las próximas delicias, la llave cid Eden
siempre deseado, donde, surge la fuente de los puros
amores.
Contaba con impaci(•ncia las horas, dc-masiado lentas, que ll' separaban de la amada .
La noche vino empero; .Jacqu('S abrió la puertecita
de la calle Santa Sofia y la dPlitada silueta apareció.
"Os doy las gra(•ias ..... Tenia tanto miedo de diRgustarosf.No habeis Rentido la tentación de desg·arrar
mi biHete v clP tratarme como á una niña loca?
-No, diJo con fervor.
-Venid, vamoR al jardín.
-De nuevo se encuentran bajo las grandes palmas.
Una bruma de plata vela todo y la luz ne las estrellas
vacila. En los nido,: loo pájaros se duermen. Y Jacques
m trmm·a:
«1.Roxana que dc•~eaiR YOH el(' mi?•
Ella se vuelve h;wia t•I, súbitamente embelesada de
oir fiU nombre en los labio,1 d&lt;'l jovru.
c¡Ay! Yo no pm•clo oponerme á la suerte q.ue me
aguarda. Mi re,ignadón está cansada. ¿Vos so1~ acaso quien la hizo á huir ......_. .. ¡.Ah1 tomacl~e, defondeclm&lt;&gt;, salvadme!. ........ l\Je han, muy pequernta, no os molestar(&gt;, seré vuestra m,c-lava. Habeis ve11iclo y ya no
pil'nso más que en la dicha de serviros. ele serviros de
rodillas. No cligais que no: moriría ...... ¿,No es verdad
que no quereis•abandonar á la pobre Roxana?•

con él7 conversó largamente. Prometió na.da ocult:.r
á su h1Ja ele e,.;ta conversación pero el insistió para que

el joven partiei;e sin demoua. ' •
• Vol veréi,; pronto, mi querido se1'\or si es que te1wo
alguna bu&lt;&gt;na noticia que.a111mciaros.;
"'
. Ja.&lt;·quei; no obtuvo nada más. Erró al rededor del
Jarclm, rsc paraiso cuya Eva conmon•dora v fríio-il no
habia sido arrojada con él. Pasó laro'as horas en la calle de Santa S-o!ia, esperando Yer. laJJUE'rta oculta por
las ramas ahrll"He ante Roxana. Y viniéronle amarg'os remordimientos poi· no haberla escuchado, pol' 110
hab~r huido con ella.
Heso~1~ba en (-! conió uu eco la inútil plegaria de Ro:1-ana: « l omachne, ~alvadme! ..... •
_Yal~TPve partió ~a~·~ Roma ~· desputls de algunoH
cl1as cte. e,;pera, rec1lno una carta at·umpaiíada de un
bulto postal.
•
De,;g·arró el sobre:
«Seiíor,
«Esto_v (•ncarg·ada ele una miHión ,]olorosa.
Según las últimas voluntade~ d&lt;&gt; Roxana Offandi e,;
e11Yío u!~ª flor n~archita, la flor de g·ranado que oru;ba
su corpmo la p1 mwra YCZ que os viú. )!E' ha pc•dido qtw
una á &lt;'lla d circulo de oro c¡ue llevaba en su brazo.
Es: un objeto antiguo un precioso trabajo turco. Hoxa•
na le llamaba tiU auillo de esclavitud.
. , Cna11do c•Ua supo ciuc partíais, que la ahanclorníhai,;
8111 una palabra. sm una queja, ,;in uua alusión siqufrra á lo que le habiais prom&lt;&gt;ti&lt;lo, sc&gt; matú:
«La encontramos toda rode&gt;ada de rosaH ele Francia
l¡lancas, con lo,- ca bello,; desatados ck una extraordi~
naria belleza.
·
'
«La pequeiia Aicha tuvo Ull}\ terrihl&lt;' pc&gt;na. Cuando
R~ ha~·a co1~solado llll.PO~o-:-lo, niños ti!'nen laR imprP~rnnes 1110\'lles-Ja de¡are. S1c-nto que hl' lwcho un mal
a Hoxana: esto.,· desesperada. AYcha no sufrirá como Pila:
e~ un c-arádl'.1" di.stinto; pero yi~ no quü•ro tm1er más
sohrE' la couc1ene1a. Me v11elvo a París.
. Adios, sefüH-, pl'nsacl alguna V&lt;'z l'll la pobre nrnprtl'·
cita que os amaba y cuyo amor ha bi•i:- tratado tan li •
gcramente.
:\Ille. Habl&lt;•y,

.Jacque~ ele Yalg-re,:e lryó ? releyó l'sa tarta como ~i
R&lt;' le escnpase el !sentido. Dei&lt;pUéR la colocó delantP d1•
si sobre In mesa. Cogióse la frente y la oprimió entrn
las manos.
«Roxana, murmuraba, pequeña Hoxana .... » Y RU
C?n1zón se abismab_a en las: tres silabas del nombre qm•ndo. Era pues: posible esa cosa e~pantosa: Hoxana. ~u
Roxana, á la eual evocaba si!'mpr&lt;&gt; t•ntre la;; orquídea,-,
lai; palma~~· los nidoH, Roxana, sobre lo,- mal"izos de rosas, ha.bia murrto? Su sueño! .... ,JacqnP~ ,e lcvantú
púsose dE' codos en la ventana, el poni&lt;&gt;ntt' se Pmpurpu~
raba eon la agonía ele la tarde; el 01·i(•11te estaba va pá·
Jido y frío. Caia un lig·ero rocío sobre la tierra. •
Arrojando su mirada sobre el vasto hoi:izonte que
s?mbreaba11 ya las tiniebl:ts, !acqueg, penetró ang·u:;twsamenU• en el fondo de s1 m1s1110. lnnuliólo tma. ))('na tal que s:e t&gt;chó á llorar. Besaba ,in tre 0 ·ua el lazo
de oro, la flo~· de granado, 1?uscaba un rPsto lfe. perfnm&lt;',
un rrsto de vida en esos obJrtoR que E'lla había ll&lt;&gt;Yado....
JacqueB ele Val&amp;·revé eRcribió á M:ohammed Offandi ·
U11a á una se encE'ndlan las estrellas, l'&gt;3S mismas es•
una carta por rneaio de la cual solicitaba la mano de trE'IJa;, te~tigos ele Hu beso.
Roxana. Le fué d;ida una respuesta vaga. Offandi no
Jacques mm·m1iró:
qurría comprometer d porvenir de su hija; la dejaría
. «Perdoname Roxana; ahora Ya sabe~ que te amo.•
en libertad cuando llegase la hora ele elegir.
Y con un vuelo loco HU cle~eo le llevó hacia la reAlgunos días después, Valgreve fué designado para gión misteriosa donde, acaHo, lo~ mártirPS dl•l amor\· los
la embajada de Roma. Se le dio la orden de dirigirse mártires ele la Idea, se esperan....
··
á su destino á la mayor brevedad posible. Hizo una.
tentatiYa para verá Offandi. El musulman había ce:MARÍA Grn.ARDET.
rrado para él sus puertas. ValgTeve le suplicó que le
acordase una entreviHta. Offancli, de buen grado, fué (Traducido para «El Mundo.•)

�Domingo 7 &lt;le NoYi(•mbre &lt;le 1897.

EL )11,'NDO.

322

D omin "'o 7 &lt;le NoYiemh rC' .&lt;le 1897.

EL l\lUNDO.

Ensueño de niños.
POR JOS:HPII L'HOPITAL.-TLUbTRACIONKEI GRARAOA~ Jl:N NUESTROS TALLERF.8.

Número 8.
En :-;pguida .J11coho sacó dl' :-;u bolsa un saco l'Pp!Ptn ck tabaco y lo pasó ít unn pnr uno &lt;l&lt;&gt; lm,
amigos. Las pipa,- st• ]lp11;11·011 y un murmullo clP
sati,;facción cnrriú por h1 mesa. Hahfa rf'conocimientu y alPgTíH. &lt;'ll torlo,-; lo,-; ro;;tros. Cuan&lt;lu sali(i d&lt;· la cantin1\ ..Jn-cobo ,-;p lrn hí11 a,-;&lt;'gurnclo una
popularidnd dnnthlP.
t-lin 1•mbargo. &lt;•ncontró qut&gt; d&lt;•hía hacPr nn poco
mits por .Jacquot que tün hh•n ,-;t• había por:,uln
~·on (&gt;1 _\' Jp ·nfrPl'io un puro ..Jaequot hizo una piruc·ta d&lt;· júbilo.
-¡Bn&lt;'na snngn•! tlijo, p,-;t&lt;' &lt;•s un Londr&lt;•s dl·
rParÍ:-i ..... .
¡Ah! 1¡uc• hi&lt;&gt;n p,-;tarfamo,; ;;i no huhi&lt;•ra rnit,-; qur
hurgc,;1•s como tú. Yo conozco 1ll¡a1;uno qn&lt;' liac&lt;'
Ull lll!Jlll('lltO M' Íl1&lt;1 á COIUC'I' ,· no llll' hn ('()JIYiclndo.
.
,facobo estaba tlt- YC'Jlll ck g·pnc•ro,;iclad.
-lll;jalo, dijo. )·o tP inYito.
-¡.\h! bien. hü·n, cntoncPs ...... dí . .... que haCC'lllos niicntras'.J
·
- \'amos ú misa.
Un:1 l',-;tupefacciún dolorosa se pi11tó c·n l'l rostro
ck .Jacquot.
-¿Qu(' tu v;1,; ú misa?
-EH clnro .... .¿Y túr
-Yo..... no hay pdignl. yo I o amo it lo,; curas.
-¿(~u&lt;' te han hecho?
-~o lo sé, pero no lo:; nmo. Se Ye bien que tu
ere:; hurg-ucs . . ... .
Habían llegado ú la plaza clP la Catedral. J ücobo sP detm·o.
-Y bil'll, ¡,no entras?
Jacquot se rascó la nariz.
- Y o jamás he puesto los pies ahí.
-¿Entonces Yas á drjnrrnc solo?
-¡Dfablo! Es eirrto! tu me ha:; ilwitado ú comer ~- eso Yale bien una política .... . Pero si voy
es por obediencia.
-Entoncws V('ll bestia. Dl' otra suerte no te
Yoln•ría ú encontrar.
-Y o por mi parte tC' encontno:ía en todas par•
teb ..... Con ese palmito .....
Entr11ron. En la nave sombría sr escuchaba el
canto d(•l órgano, muy dulce. .Jacobo ofreció d
agua lw11dita á Jacquot, que se persignó torpcmPnt&lt;', impresionado por el respeto que saturaba
las na Yes. Siguieron por una nave lateral y se encontraron ante el ;suizo, de pie, cerca de la pul'I'tl\ dr la sacristía, con su g1•a11 sombrero y su alabardn ú la espalda. Un padre, con Mbitos sacerdotal&lt;'::;, salió; el i-uizo golpeó sobre el pavimento
con un golpe de su grueso bastón de puño de· cobre.
-Xo tiene mala facha, dijo á media YOZ Jacquot; cuando m&lt;'nos es del batallón de coraceros.
Siguieron ül sacerdote, que entró en m1a capillH lat1·ral, .Jacobo se arodilló, .Jacquot permaneció de pie dando vueltas entre sus manos al shakó,
con aÍl'&lt;' de cml&gt;arazo. Dc&gt; pronto una mujer jovt•n, cuyo modesto trnje dominguero hacía valer
Pl t;1IIP elegante y la flexibilidad, fué á apoyarse
&lt;'11 un n•clinatoi:io no lPjos ele ellos. Jacobo que
habín nielto la cabeza, se extremcció; .Jacquot le
dió nn eodazo.
-F_.,; la Jacquclina del café de los .\migos, ele
la plaza .F'oirc -le - Roy.
-¡,La conooes?
- ¡\'aya si la conozco! ..... un poco ... . Ya sabes ...... sc&gt; puede almorzar ahí. ..... Cuando yo
daba bola á los zapatos dd condicional tu antecesor ...... que no Yalía lo que tú, íbamos ..... .
-Blwno ...... ya me lo contarás luego. Cállate . .. . .
-Bueno ...... ck suPrte que ui platicar puede
uno .....
Un poco ant&lt;•f:\ de que ae¡_¡hara la misa, la jo,·en
se Jcya11tó y fuese con pa,;o ligero. Ellos saliercm
dctnh;.
- Y ahorn ¿ya se puede liahlar? dijo Jacquot.
Pues l&gt;ien, la Jacqnelina t·s el palmito Jfüís orondo qtu• pueda n•r,;e ~n la ciudad &lt;le Tom·s. Y su

tío .\ug&lt;'r lo sah,• hiPn: A Pila d&lt;'lw los Cl·ntavo,;
qn&lt;• g-ana. Ant1·s aquPlla &lt;•ra unn mala fonclucha:
ahora c&gt;s raro qu&lt;' no lrnyn gt•nt(•. Lústima qu&lt;'
la taritt sea un poco carn ¡&gt;M'a los clari1ws qu&lt;'
no ti&lt;·1wn rnits qtw su suPltlo . ... ¿)i&lt;' ll&lt;•varús ahí'.J
- 'r&lt;• ll(•n1r&lt;-. . .P1·ro q1H' t·s lo qu&lt;· lllt' contah;1s cl1· c•s&lt;• condieional rni a11l1·ce:;or'.J
- ,.;Tu amee1•sorr ¡Ah! l'SP 110 t"&lt;•nín mil,; (JlH' sn
stwldo. Era hijo ck un ,\barrot&lt;•ro d&lt;• Bonrg-ival;
y rnú:; he!$tÜ1 . . . ¡Ah'. ¡wro l'HC' 110 había twligro
el&lt;· qu,• lll&lt;' in,·irnra ... _¡\o es por ch-cirio ddantc
dP tí. ... Xo por qm• 11nws tú los cura,-;, ...
,.;Y .Jacqu&lt;·li1rnr
- Ya llPg-amos ít PIio ... . .. El condicional la
1·namoraha pero parf•cc qu&lt;' &lt;·11,l no lo hall,1h11 di·
:;u gusto . . .
,:,Como lo sabías?
-Xo es uno tan animal ...... ti&lt;'ne uno mnig-o,; _ . . . .

· Hacía h1rg-o tic1111 o qnl' yo Pstaha al C'OJTiPnt&lt;'
ele eso, cuando mi almrrot1•ro me• encnrgó qu&lt;' lP
ll&lt;·Yase uua carta para su princi,,;a.
- ¡Oh! muy chic! 0xact.11nent&lt;' como en la,; noY1•las.
-Tu lo dicPs ... . pero hubo "Qna &lt;'SCPJHl . . .. La
.Jacquelina me arrojó la carta á las narices, gritúmlomc:
·
- Anda dile á tu ultramarino qno no nwh-a ú
pouPr los pies aquí . .... .
-Y CoO con un modo .. . . . .
- ¡Diablo! .... y el. .. . ¿,YolYió?
- Lo ensayó [)ffO lo pusieron ii la puerta. Entoncrs sc&gt; resignó.
A nwdida qu&lt;' hablaban íbanse acercando á la
fonda. Cuando llegaron .Jacobo se detuvo ..... .
-Bueno, dijo, como d('beré portarme con esa
joven .....
- Y no habías tu d0 saber el modo .....
Entraron rirndo á la sala, donde dos militares
almorzaban ya. El patrón iba y venía alrededor
de las mesas, con una se1Tilleta debajo del brazo, r ,Jacquelina con un dMantal sobrc&gt; el traj0
del domingo, hacía el senicio de los platos, de la
sala á la cocina, donde la pa.trornt se entregaha al
esgrima de la cacerola.
Cuando la jo,-cn Yió entrar á ,Jacobo se sonrió
con un aire de conocimiento, pero frunció ligeramente las cejaR al distinguir ú Jacquot. Pusiéronse á la mesa después de haber saludado r esprtuosamcnte al tambor mayor del regimiento, st'ntado
frente á un sargento de cazadores de á pie que
t('Uía el aspecto de salir de su bolsa.
El patrón se precipitó hacia ellos, con el recuerdo de los elfttrenta céntimos de Jacobo en los ojos
y friccionó la mesa con la servilleta, con el ardor más obsequioso. Jacquelina llevó con un lindo y ligero movimiento, los vasos y los cubiertos.
- Qué desean los señores? preguntó.
- Comer! señorita Jacquclina ...... El Sr. Jacquot, que os presento, no ha almorzado todaYía.
-Entónces, dos almuerzos? .... Y corrió á la
cocina.
-Y ahora patrón, preguntó .Jücobo, que clases
de vinos tenéis?
La cara dt&gt; Auger se iluminó, los pequefios ojos
de Jacquot flamearon, el tambor mayor l1•vantó
la nariz y miró á J ocobo de lo alto d e su cuello;
el sargento de cazadores que se scl'\-ia un vaso de
piccolo, abrió la boca.
- Tenéis buen borgoña y buen sauterne?
- Creo q ne sí.
-Bien, dadnos borgoúa; dejaremos el snutcrne
para d espués . .Xo es esto, Jacquot?
-Oh! yo, dijo el clarín, ya ~abes .. . . con tal
que yo beba hién ....
Jacquelina vohió llcnmdo una costilla de carnero; rl patrón despareció por PI hueco dP la cueva, como un diablo por una caja. El tambor mayor arrojó á .J ncobo una mirada d e desprecio y
elijo con voz impacic1Íte:
·
-Y á nosotros q ne nos traen? .... Estoy esperando mi café desde antes que llegaran esos tipos
de segunda clase .... Con diez mil biltcrías!

En aqtwl rnoml'nto snrgió d0l suht&lt;'tTáneolacah&lt;'za d(' .\ug1:r.
-Ya van, ,_,~1íorl's, ~-a ,•;rn . ...
Y colocando con rt•spl'to ;:obre la mesa las dos
hot{'.llas &lt;•ntl'!arnñndas. corrió ú traPr Hcafé.
Los dQs jóY&lt;•np,; ll1•11,1ron su,- Yasos r .Jacquot
alz;lmlo l'I sn)·o y dirigi&lt;·nclosl' ú JacquPlina:
- A YUP:-\tra sHlud, lwlla ni1la, exclamó.
,foequ01ina cli&lt;í un i;alto hacia atrús.
- En prim&lt;•r lug·;1I', yo no 01- hablo, exclamó con
agrio tOllO.
.Jacoho ,-;(' l'('h rí Íl l'('Ír.
-Porqu&lt;' qu&lt;'l'\;is tan mal al Sr. Jacquot, señoritn ,) aequ&lt;'linn'.J fü, por lo dP la carta?
Ella s&lt;· ruborizó.
- Xo ptwd&lt;· sPr sino por eso, dijo Jacquot,
p or que ni ant&lt;'S 11i ckspu(&gt;s he hablada á la señora.
- Como, Psc pícaro os lo ha contado?
- \'amos sí, é hizo hit'n porque quería prevenirnw el&lt;' vn&lt;•stro g-c·n io.
-.\h! bien acliYirn• &lt;'l otro elfo que no erais un
condicional ....
- .\h! ¡wrdón, r0plicó .Jaequot, el señor es un
soldado hecho y clerPcho .... mejor que el otro ..
quinientas balas m&lt;'jor ... .
Jacobo vació su ,·aso y tomó de nuevo, vivanwnte. su hot,•lla.
-Es nu,•stro mejor Yiuo ele Tmena, proclamó
d patrón con énfo::;is.
- Entonces habrá que beberlo con YOS 'Y con la
señorita .J acquelina también.
Id il tnwr otra, hott•lla!
·. -Ah! cuando yo decía que era un tipo chic. . .
El patrón, cmit&lt;'ntísimo, Yolvió á F-Umergirse
011 su cueva. La joven sr excusó; no qu&lt;·rfa beber,
y como Jacobo insistía, tuvo ll1l movimiento de
cejas SPmejante á aquel con que había acogido
ht entrada de Jacquot. J acoho sP batió en retimda.
- Eso que yo os decía señorita Jacquelina, era
con el deseo de seros agradable.
Pero tenéis razón sinó descais beber ....
-Pues bien, yo digo qu&lt;• no la tiene, dijo el
clarín apurando otro vaso. Este si es vino. Si estuviese yo en casa de la tía Biclaud que nos emponzoña con su vinagre .... diría.
Pero eh! llegad pronto, farsante, pues que s&amp;.
quiere brindar con vos ....

J

.,,

l n c&lt;•na h1 tPrrihkpuerta, con el k epí sobre la ore
ja &lt;·l cigarrillo en los labios; en tonces, si n o se

r

L a cabeza d el patrón emergió de nueYo de la
~U'.lVa:
-Ya v an, y a van!
Chocaron los tr es sus vasos; .J acq uelina, sonriente, como admirada, mira ba á Jacob o.
- De este se puede d ecir, r eplicó Auger haciendo sonar la lengua contra el paladar , que ha sido
cosechado en el jardín de Francia !
- Dicen sin embargo, insinuó J acoho, que lo
hay mejor en Saint-Avertin, en casa de la tía Baleuil.
- Me atr evo á d ecir, joven, que eso no es posible.
-Tengo deseos d e ir mu~· pron to.
-Id, n o temo la compar ación.
Y de nuevo se vaciar on los vasos.
A la sazón la puerta r echinó y en traron dos
nuevos clientes. El patrón se precipitó con la
servilleta en la m ano, listo á limpiar una mesa, :v
Jacquelina corrió á buscar la vajilla. Después,
·en tan to qu e los recien venidos consultaban el
menú, colocó an te Jacobo un queso d e cabra y
un r amo de uvas. La puerta se abrió d e n uevo.
Era la hora d e los clientes. La sala se llenó y
bien pr onto todas las m esas quedar on ocupadas.
Auger y su sobrina se movían sin d es canso )' d e
la cocina venían rumores sig nificatiYos, i ndicando que la tía Auger no perdía el tiempo.
J acobo y J acquot tragaron su café sin hablar·se más, pero muchas veces sus ojos se encontrar on ,
;;e cr uzar on sobr e la jon'n cuyos movünientos seguían , y en c&gt;sos encuPntr os rlP mi radas, á despecho !le la sonrisa quC' los subnt)'aha, había algo
•de violento, el e i1woluntar iamente hostil: ht mujer
había sur gido entr e ellos.
Cuand o se encontrar on en la cnll&lt;', aquella esp&lt;'cie de embarazo cesó. J acquot, según su costumbr e, se puso á br omear , á tiempo que descC'ndía la calle ColbeJ"t.
J acobo se despidió pronto y S&lt;' d irig ió il la calle Real, sacand o á su pm o g ruesas bocanadas d e
lrnmo y tratando d e m ostrar el aspecto plácid o
&lt;lcl que ha tomado b uen vino.

YU
A ti empo que bacía su toilette, Jacobo pensaba
en J acquelina. Demasiado joYcn aún para analizar sus SPn timientos y para disecarlos á la mod erna, per o parisiense sohraclo viejo ya para te1)e1· los sentidos muy d t&gt;spier tos y la conciencia
pron ta al ::;ucño, en tr eg-úbase por completo al plaeer de haber encontrad o esa linda muchacha y se
esbozaba una nov ela en su pensamiento.
Qu&lt;' jovr n no es un poco fatuo? Et había cr eid o notar qu e sus nrnnerns y su aspecto habían
ag rad ado y se decía ment;1lmente que las frases
solda&lt;lescas d e J acquot y sus m odales d e cuartel habían d ebido ser vir!&lt;' par a dar pleno valor á
sus gracias, qu e no estaba m uy lejos d e cr eer irresistibles. Sí ella Je ha bía sonreído m uchas veces;
aún se había r uborizado cuando éJ brindó á su
salud. De seguro había hecho con el abarroter o
a l cual c&lt;'pillaha J acquot el año anter ior , u na comparación de la que él no podía men os que sacar
provecho .. . . . . Y recordaba las historias d e guarnición r eferidas á la hor a d el café por su tío el
g eneral, un Yiejo husar que, después d e hebcr ,
g ustaba d e contar sus conq uistas y de narrar lo
que• ha bía h rcho para ol\'idar un p oco que ya no
podfa, hacer nada . . . .
Vamos! PSe voluntariado no comenzaba mal.
T enía á veces algo d &lt;' fastidioso, pero nada de
difícil; los primer os días eran d tu-os, per o huyer on pr on to; poco á poco la vid a militar se suavizaba, s&lt;' haría soportable r aún inter esante. Además, no había algo en el corazón qu e podía ocupar la?
Que importaban los ejercicios y las incons&lt;'cucncias de los snpcrior esi' Siempr e habría un campito para correr á aquella plazuela que ahor a encontraba encantadora, con su fuen te, la do ble hilera de sus hilos a ,,1gados y sus viejas casas de
grandPs aler os. Ahí encontrar ía una personita alerta., gentíl, coquetamente ligera, y cuán linda!
Y cuando ya no se le tuviese en el cuartel desd e la m añana hasta la noche, cuando tuviese sus
soirées Wn·es como esos solda dos á quienes veía
diariamente coa deseos d e franquear después de

lrnhía c&gt;ngañad o-;Y no se había enganad o, aquel la muchacha era dl•masiado franca ... . Entonces
oh! entonces .. .. Y .Jacobo, en el entusiasmo de
sus sueños d onjuanescos, cepillaha con frenesí su
calwzü rpgad a de agua dC' Colonia.
Descendió la escaler a con aire de vencedor,
haciendo sonar contra la baranda d e la escaler a
su C'spadín ; pero, cuando pasó ante el establecimiento d e la señ ora L ochet, no tuvo ni una mirad a para las obr eras que, sin embárgo, á,su vista,
habían cesado d e d oblar y planchar y que reanudaron su tarea con despecho cuando él hubo
salido.
En la calle vaciló. ¿,Iría á Saint Aver tin donde
unos camarad as le habían dado cita? El tiempo
estaba hermoso, el estío de San Mar tín r a diaba
como par a festejar al gran patrono de la Tm·ena;
la cena, a llá con ellos, ser ía muy alegre. Pero
tenía sobrado júbilo en el corazón para n o desear disfrutar lo á solas; su novela Je palpitaba en
la cabeza ; quiso pasearse á solas consigo mismo.
Dirigióse al muelle, flaneando, y púsose á seguir el L oire, con las miradas perdidas sobre la
linea blanca d e las riber as, d ejando sus pensamientos color d e sol perder se con las volutas azules de su puro, en el aire fresco y dulce.
No dP otra suer te, en aquella siesta r adiosa,
T our s, la blanca ciudad, ei-a un maravilloso cua•
dr o pan1 su alegr e ensueño. A lo largo d el muelle y sobr e las colinas, más allá del r ío, las casas
de piedra r espland ecían bañadas de luz. Una a mplia alegría r espland eciente, cerníase sobre el
g ran valle y el Loire d ormía tod o azul en sus banquisas de ar ena. Numer osos paseantes circulaban
con aspecto feliz é indolente, y, sobre el g r an
puente d e piedrn era un vaiven incesante d e peatones y d e coches; frente á las consistoriales, una
inmensa barraca de m adera, accionada por una
máquina de vapor daba vuPltas con resoplidos de
órg ano. Más adelante algunos buhoneros habían
levantad o sus tiendas, aprovechándose de los últimos días hermosos. Sentíase por donde quiera
la alegría de vivir, u na voluptuosidad difundida por todas partes, una sonrisa resplandeciente
de las cosas; uno de esos dias en que; cuando se
es joven, S&lt;' cree en la rternidad drl placer.
En tr e tanto, d escendiendo por et muen e, había
llegado al campo ele Marte y se paseaba bajo los
grnnd rs ár boles desnudos que bordeaban el L oir e. A su der echa, la graciosa ig-Iesia de Saint
Cyr y el domo, se miraban en el río; á su izquierda las g r,mdes construccio1ws paralelas y r egular &lt;'s d&lt;'l cuar tel d e los cazadon's de á caballo,
tenían en. aquel día hermooo como un aire cl.e
fiesta.
J acoho se sentó sobre una banca, f wnando un
nueyo puro; per o más ner viosamente y con una
especie d e despecho en la mir ada.
El había quer ido engancharse en la caballería;
er a su tío el g ener al quien le había impedido ha•

�EL MUNDO.

324

cfflo y recordaba en aquellos momentos, no sin
rencor, los argumentos del viejo guerrero.
-¿Quit•rc•s tu sc•r oficial? Xo e::; la caballería la
que necesitas. Tu has sido un estudiante mediocre, 1,erc&gt;zoso. Has hecho tu curso pPnosanwnte,
tendrás mucho trabajo para llegar. En la caballería hay además notas rPlativns ú la HU\lll'l'a ele
monti1r y tú monta.: pésimamente'. X o l'S pues PSC
tu 1wgocio. Si ful'se por un año, btwno, p¡•ro si
es para hacer tu carrera, c•ntra á la infantería; c::;o
es lo que t(' COllYiPne.
Y &lt;•ntró. Y vor que hahfa sido preciso seguir los
consPjos de su tío, consi&lt;l&lt;'rado como un orúculo
en la familia, era un simplP condicional que llevaba una grue,m túnica con un cuello amarillo
qtw lo extrangnlaha y un pícaro shakó. Qué litstima .... como si montas&lt;• más mal á caballo que
cualquier otro. ¡Vaya! ...... Y ¡iensaha qu&lt;' habría podido llevar el dolmán azul de alhaman•s
nrgrm;, hacer sonar las &lt;'t:;puelm;; arrastrar un sable y habitar aqtwl gran ctiartel IIPno el&lt;• clariclad,
rn lugiu- dPl vi&lt;·jo castillo de (:iuisa, ele patio &lt;'strecho, de torres -sombrías ....
Sí, pero ...... y la plazoleta que S&lt;' abre sobre
In, calle Colbert:.&gt; ¿Y las viPjas casas:.&gt; l'na sobre
todo .. . ... Halnfo entrndo en ln;;alaol&gt;longaclonde cuando cstu,·o franco por vez prinwra, dormit·iba un viejo turenés sobre el mostrador y donde
alguien paseaba con esbl'ltez (k at1uí para Hhí?
No de seguro, no tendríu es(' r&lt;·cuerclo ...... Decididamente la infantería era buena.
Cuando se levantaba todo reconfortado, le llamó una voz por su nombre y st&gt; encontró cara á
cara con uno de sus camarada,; del licéo, Pedro
Lava!. Este llevaba el lindo dolmán azul, pero
arrastraba su sable tan torpenwnte y sonaba de
una mant&gt;ra tan dc•sastroM sus espuelas q ne.Jacobo no pudo cont&lt;&gt;n&lt;'r una sonrisa. Recordaba el
embarazo y la po::-csión de ese Pierre Lava], orgulloso como Artahan por qUt· entraba á los cazadores.
Ahóra estaba ele soldado. Confesaba que aquella era una vida imposible; que tenía que levantarse al albH, qUt' trotaba.como un saco de trigo
sobre un caballo atrozmente duro: que tenía fiebre, sabañones; que ya había dormido en la sala
de policía por haber descuidado una obligación
cualquiera; Pn fin, que aquel era un oficio de infierno. Jacobo para comsolarlo pintaba su oficio
ele soldado de infnntería con los colores más negros; insistió sobn• las sc&gt;veridades del t'jercicio,
sobre las inmo,·ili&lt;lades glaciales de la guardia.
etc,. etc. Pt•ro tuvo buen cuidado ele no hablar de
Jacquelina, cuyo recUt•rdo, á dP:;pccho de sus
palabras, iluminahn su rostro ,. lo hacía contrastar peregrinamente con el aspecto d1· fatiga y
desencanto el&lt;•! de• caball&lt;&gt;ría.
Conversa convn·sando se encmninaron á una.
fonda que Pedro Lava! frrcu('ntaba á la entrada
de la call&lt;' de las Acacias: pero al entrar Jacoho
tuvo una sonrisa d&lt;' triunfante ¡,iPdad. Era un café dP segundo ord&lt;•n con mal piso y d&lt;&gt;sven&lt;:ijadas mcsa:-1, :v cuando pidi&lt;•ron bocks, fué un mozo
grasi&lt;'nto quien se los sin·ió.
PPrmanecieron largo tie•mpo ahí, felicPs de volver ít vers&lt;•, como pi1jc1ro:-1 a::mstados que se encuentran fu&lt;&gt;ra del nido, y no tardaron en platicar~
alc•grcmentC' diciendo naturalmente algo malo de
los superion•s.
Empero, de pronto un sonido cl1· trom1wta, debilitado por las puc·t'tas cerrada:-;, llegó á sus oídos. Pedro Lan1l clió un salto, trastornado.
- ¡A.h! Dios mío! Pxclamó, ¡ya nos 11,unan! con
t11l que llegue yo á tirmpo.
Y saltó sobre• su sabl&lt;•, que fijó al cinto nerviosamente.
- Adios, hermano; echo .1 correr .... á ver si alcnnzo.
Y salió del café.
Jacobo salió rnús tranquilament&lt;&gt;, encendiendo
un cigarrillo con filosofía y pensando que si la eaballería ti&lt;'ne brillantes vrntajas, no siempre está
excenta de algunos inconvenientes.

VIII
Entregado á estas reflexiones consoladoras siguió la calle de las Acacias haRta el bulevar Beren~e1:. A lo lrj_os, bajos los grandes árboles, s1•
oprnma la multitud, el tf'cho puntiagudo del kiosko ele la música abrigaba rclampnguéos de cobre
y el ruido de los instrumentos nwzclado al burnbum cadencioso de la tambora, sofocado y moribundo, por la distancia, llrgnba Jrnsta rJ. •

Aprrtó el paso y se encontró bien pronto en
medio dP los paseantes qu&lt;' rondaban alr1·dedor
del kio::-ko ó que escuchahan sentados. El sol ya
bajo sobre el horizonte• e::;taba aun hrillmHP, sut,;
rayos oblicuos habíau guardado una tihkza deliciosa.
La música del 230 tocaha un vals qu&lt;· .Jncobo
rc·cordó haber danzado en l'Hrís: &lt;•ste n•cu&lt;•rdo
de cotillón lo puso alPgre y púso;;&lt;• ú canturrear;
después marchó ú compás, cont&lt;&gt;lli('nclo á duras
p&lt;•nas l'l des1•0 de bailar que S&lt;' apod&lt;•ra ha de sus
piernas. De pronto se cxtr1•nieciú: acab11ha di'
encontrnr, apoyado contra un úrhol, it •.\ngc•r, &lt;·l
patrón &lt;lPl café &lt;le los Amig-01-,, y C&lt;•rcn el&lt;• él, halanceándo,;e sobre su :silla. ;\" con los ojos 1wrdiclos en las nubes. á su lwrmo:--a sobrina .Jacqu&lt;'lifül. P;lrf'cía, por la l~-xpresi(i11 d!' su rostro, faRtidhu·i:;c• dP lo lindo, en tanto que Aug1°r. -vc•srido d1·
gris, enviaba al aire bocanadas cl1• humo ) dibujaba con un gruPso bastón, arahPscns &lt;'11 la an•mt.
Xi el uno ni la otra hahían vi:sro ú ,Jacobo que
pasaba y repasaba confundido con la muftitud y
disimulado por l'lla.
El vaciló un instantP en abordarlos, rPt1·nido
por PI re:;peto hwnano y cuidadoso ti&lt;• juntar:iP
con un patrón el&lt;' fonda. P&lt;·ro luego rPrlcxionó
que uadit• Je conocía f'll Tours )' quf' nadie en
consecuencia fijaría la atenci(m &lt;'n él; que era
soldado ele segunda clase y que &lt;'ra justo qU&lt;• i:;acase el&lt;· esta condición i;ocial todas laR Y&lt;·ntajas
que podía tener; que la prinwra dP todas &lt;'ra la
ele pas11r desaper cibido; en fin, y sohre tocio, que•
aquella peqtH'ila J acqu&lt;'lina c•ra mu;\· linda, que
se presentaba una ocasión dP b&lt;'r dichoso y que•
no dehía dejarla escapar.
Aproximós&lt;" ptws y saludó al tío r il la.sohrina.
Auger se confundía &lt;'11 aprPtones d&lt;' mano que
probah,lll en qui' estima tenía ú un mi litar qu&lt;&gt; bchía en su establecimi&lt;'nto bue•nos Yinos: y 1,, pareció á ,Jacobo qu&lt;' la st•ñorita .JacquPlina Pnrojecía ligl'l'mnent&lt;' H I dl'volverl&lt;' su saludo; &lt;•n todo
caso ella sonrió y l'l asp&lt;•cto de tedio que Pnsomhreció su rostro se trnm;formó &lt;'n una satü,facción
no disimulada.

Domingo 7 de ~oviembre de 1897.

Domingo 7 de Noviembre de 1897.

EL ::\IlT);DO.

325

Auger, inmediatamente después de haber ofrecido una silla á Jacobo, púsose á conv(•rsar con
esa elocuencia !Proz de los conwrciant(•,; en vinos. Explicó que e•l domingo es el domingo; que
bien i;&lt;• ptH'de cuando se lm trabnjnclo toda la 1:w-.
mana ofrcct&gt;rse una t,trdf' &lt;le buc•n tiempo PtC. Ne.
Jacobo e•mpezaha ú Pncontrar ú Augn· :-oporífero; hizo ohsl•rvur &lt;1ne la tarde avanzaba, quest'
ekYaha un vknto frío y propuso un paseo e,;peranclo dejar al fondh;ta Pntre la mnlticucl y quedarse• solo con ta muchacha.
E::-ta nrnniohra mdistofélica no tuvo exito al principio. Aug&lt;·r C'stah11 em¡H'ñado 1•11 agotar todnt,;
los t&lt;'S0l'OS ele su ('l'Udición y ele :;u ( IOCU( llcia; siguió ]lll&lt;'S COllV('l'SHlHlo con Clll'l'g-ía, a¡,&lt;·:s11r el, 1
mutismo clPsalC'ntaclor de su intl'l'locutor. } U&lt;' &lt;·11
vano que J acobo hiciese zig-zags &lt;•ntrc la multitud, ;\. diese• vueltas alrNl1•dor de lo::; gntpos. T1•11ía t·l gusto de ver á Jacqu&lt;'lina ohf'&lt;l1•c1•r á todos sus movimientos pero dPtrás, al lado de Pila,
surgfo infaliblPment&lt;' la gorda silul'ta clP Aug&lt;•r.
Ya JJ('rdfa toda es¡wranza dt• el1·&gt;-&lt;•mbarnzarst• &lt;IP
PI, cuando ú la altur11, de la plaz,l del Palacio; l'i
fond&lt;•ro fué abordado por un amigo. ,\l misnH~
tiempo, la música dl'l 2;m, apan•ció marclrnndo
por l'l fla.nco.
-Alinéaos, S(•11orita Jacquelina, elijo Jacoho
precipitadamentP.
Y con hahil rodeo la arrastró ponif'tHlo la tropa entre ellos y el tío. Después av1•nturotw como
al azar por la plaza, teniPndo cuidado d&lt;· t'stm·
disimulado por los músicos, &lt;lió vul'lta it un tranvía detenido á la c•ntrada d&lt;' la calle R&lt;•al, fingió
estará punta de que lo aplastara Ull fiacn·, r siempre seguido por la jo,•pn, no se dl'tuvo sino bajo
los primeros árhol&lt;'s clcl bulevar IIcurtcloup.
-Oh! Dios mío, t&gt;xclamó entone&lt; s en tono cómico, hemos perdido á vu(•stro tío .... .
Jacquelina se echó á rdr.
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(Continuaní.)

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LA MODA
Jaquette de Otoffo, delantero y espalda.

Este ei; un Jaquette entPramente nuevo, pue~ tiene
la espalda de bol Pro; pPro la prolongación de sus delanteros le da un aire diHtinto. Se hace de terciopelo con
pasamanerlas. Cuello Médicis. Manga de una pieza.
Cinturón ancho drapeado, del cual se desprende por detrás, una e~pecie de aldeta con tres pliegues huecos. El

cuello rl&lt;• viHta, se hace ele nípis crema chiffoné; enteranwnt&lt;&gt;. indt•p1•ndiente, sujetándolo al jaquette por botonet1 invh,ibles \" se abre sobre un camisolin ig·ual. Sombrero fieltro adornado con muselina de Reda y grandes
plumas crespas.

Admirad la generosidad del mundo: da todo á. aquellos
que no neceHitan nada.
G. M. Valtour.

Dentro dt&gt; poco tiempo solo nuestros sirvientes serán
polftÍ&lt;'OS.
.Marquesa de Blocquei-ille.

*

* * el hombrP perfecciona
Por un movimiento reciproco
á Dios y Dios perfecciona al hombre.
G. •lL Yaltour.
***

El francés eleva estátuas para tener PI placer de derribarlas.
Voltaire.

•

�EL ~IPNDO.

326

Domi_ng-o 7 ele Nodcmbre de 1897.

,,

LA LOCOMOTORA ELECTRICA IIEILMAM.

:u. J. ,J. Heilmam, ha abordado l'l prohlema de la tracción elt'&gt;drica, de una manera cornph•tamcnte m1eYa.
La máquina com;truida por él·'" q1u• hoy pre~entarnoK
it nucstroR lectun•~ fue ensa.n1da por primera vez en
1is9;3- ~)-! en los caminos de fierro dl'l Oest&lt;•. Los l'n:-a"º~ fuC'ron satisfactorios 1wro sug·iril'ron sin t•mharg·o
~I inventor alg·unos ¡wrft•ctionarnil'ntos, &lt;ll' los cuales
ha surgido el tipo de la mwva locomotora eléctrica;(•-&lt;ta, de una pótcneia mu~- ,-up&lt;•rior ú la prece&lt;lentc, n't
á cnsavarse uno de P:-;tos días en lo,; ferroearrile~ lle!
Oeste.· En el fondo la idra ha pn•cedido 1Í la creaciún
d(• la,- dos locomotora$ e!(•é!ritas im·entadas por Heilm,1m es la misma. Deseribir la una es d('~trihir la ot1·a.
La ,·erdadera difcreni:ia &lt;'s qm· la nuíquina de 1~'\\;3 tenia por objPto rrmoltar un tren orclina rio de ,·iaj&lt;'ros
\' clrsarrollaba (iOO t·aballos de vapor; y la ck 1~7 &lt;ksa;Tolla 1.)J;""iO ,· P~tit destinada it Jo,; trl'IH'ti pesado~ de
gran Yeloci,dad. La loi:nmotora elé&gt;etrita ;;e cornpmw
11(&gt; nna maquinaria sobrad&lt;¡ c·omplic·ae}a, que seria "obrado té&gt;l'nic-o dt&gt;scribir; 111á, ,ep;ún todo lo que• dl' rila afirman los intrlig-rntPs. por ,m resisteuch1, por la intensidad ek su traci:ión ,. la faeilid,ul ele ,m manejo, e,tá llamada ¡'¡ un gTm1 pn1'.venir rn los ferrocarrilrs franee~es.
De ofrN·er las yentajas c¡ue se supone, de seguro la
adoptarán ot1 as nadon,&gt;s.
Dt·sde luego se dPbe precisar la diferencia fundamental que hay entre la loeomotora Heihnam .,· la loi:ornotora de vapor. El prnblema es este. Ha:v i:arbón;
rnús tt&gt;neis que sen·iros el&lt;' ~tL t•nerg-ia mecánica para
hacer eorrer un tren ,;obre los rieles. La~ do,; rná&lt;¡uina, toman este carl)ón, lo trasforman en calor~- en moYimiento. e,tc moYímfrnto en las antig·nas múquinas
se trasmite á las ruedas motriees :, el tren marcha. En
la nuíquina de Heihnam ah·ontrario, ele e~te moYimiento se hace electricidad y de esta electricidad ,;e haee
1n0Yimiento.
Nada es má, paradoja! en apari(•ncia, pero nada tampoco más sencillo en la práctita sin duela el primer
ensavo será un triunfo.
Co~no decimo,;, se efectuará en estos días y hay gran
interés entre los científico,; por n~r lo~ resultados.

TOM0.11

. MEXICO, NOVIEMBR!l 14 DE 1897,

•

NUMERO:to,

Locomotora eléctrica.
muestra con a~·uda ek dos pantallas, la Ullll blanca y
la otra negTa. mantenidas juntas en una mano, ele manera de dejar t\ntrP pilas un ,·ado triangular. Se coloca detrás de la pantalla m•gTa un p,tpel hlani:o, sohn• &lt;'l cual P~tít ¡wg·ada 1111a ohka roja.,· se dl'splazan
rápidamente las dos pantallas &lt;ll• nna man&lt;'J"a sucesiya
de izquierda it dl'rei:ha ~- ele- dcrc•cha ;\ izt¡nil•rda, ele
manera ele cll'st:ubrir 1111 im.. rnnte la obl&lt;•a .,· dt• ocultarla inmediatamente eon la pantalla blanc-a.
A la impresión roja sUC('(leril una i111presi(m d(•s,·anccedora de azul n~rdoso. Con m1tC'ha luz y una ,elociclad de dt•splazami&lt;'nto com·enir11tt• de las dos pantayas, el rojo desaparecerá y la obléa apan'cerá Ycrde.

r

prl'pnrar nue,·o,; ejemplares, con :\I. Félix. Faure en
Saint Prteshurgo.
E~o,; i:ristales eon apariciones han intrigado mucho
á los compradores y aún á los compradores cultos. Se
ha dicho qne ~,• producen por electricidad como lo hacia en otro tiempo el doctor Boudet en París. Se ha
pretencliclo q ne se las obtiene por presión. Otros que están más c&lt;'rea ele la n'rdad han admitido que se g'raban
ligeramente con :ícido fluorhídrico. En realidad se podían obtener alg·unos resultados por presión como en
las imágpnes ele :\Io;er. Basta frecuentemente aplicar
¡;obre un cri~tal bic•n lavado una medalla con cierta
presión, retirarla~- exhalar su aliento sobre el vidrio.
La 111edalla apan•ee. El Yidrio, como es higramétrico,
drja n'r, bajo la acción de la humedad, la huella del
ohjcto con el cual ha estado en contacto intimo.
Xo es a~[ em¡wro como se preparan industrialmente
los cristaleR de hn&lt;Íf/i'IIPs e.rhalodas. Se emplea un -ta
pún de cori:ho sohn• el i:ual se ha grabado en r elieve
un dibujo dado, que se dc,ee rPprodueir sobre el Yidrio ·
Se• ,-unier¡re el tapón, no en la tinta sino en una pasta demasiado fluida de flnorhiclrato ele amoniaco y de
ácido flnhorhidrieo; después se aplica sobre el Yidl'io.
Si~(• le apoya eierto tiempo, el vidrio qurdará grabado profuudmnente y ll&lt;•Yan\ la huella del dibujo. No se
debe apo~·ar sino ligeramente y algunos instantes y
después dejar secar. El grabado es imprr&lt;:eptible para
d ojo prro es suficiente para atraer y fijar la humedad
del aliento. Asi, de~de que se ~opla con la boca sobre
el cri,tal, la imagen ~e muestra distintamente.
Tal e,; el secreto de lo~ espejos mágicos.

Experlenc:iss sobre lss transformaciones subjetivas
de los c;olorea.

1

__ j

i\I. Shelfo~o Bidwel, ('l fü;ico inglés bien conocido por
un grau número de experimrntoH originale;; acaba de
preH•ntar á la Sociedad Real de Londre8. nuevo~ v cu-

rio,;o;; exprrirnento;; que e;; interesante hacer conocer.
El punto de partida Po Pl clásico diablo rojo que, obsE'rYado fijamente durante medio minuto, ,·a {1 pintar &lt;'n
!&lt;e.ptida su imagPn en verde sobre el tcrho cuando á
él se clirig-e la mirada.
Se sabe que e,,;_e efecto es debido á la fatiga rctinia11a, la retina se vuelve incapaz de resentir las ondas
roja;; de la luz blanca~- no Ps afectada ,in&lt;' por las hondas c·omplementarias, es drcir por la luz ,·erde. En ciertas condidones, este efecto de fatig·a purcle producirse
en un tiempo muy corto ;• hace tres aí1os el autor llannba la atención sobre e,;te h&lt;'cho: de que un corto periodo de obscuridad, comunicaba á los nervios retinianos una sensibilidad muy superior á la seu~ibilidacl
uormal, v que esta ~ensibilidad desaparecía mu,v rápidamente bajo la influencia de una nueva~, yj\·a impre;;ión lumino~a.
De hecho basta una fracción ele sC'gundo para obtem•r estas variaciones de sen~ibilidad. El autor lo de-

Transformación de los colores.

2(1

ue:da µasar.

Qué srrafín es ese que ha un instante
M:e irradió Plparaíso en su mirada?
Que umt celeste vida aun reflejada
Tiene en su rafaélico semblante ....
De sus ojos el rayo rutilante,
En pi&lt;&gt;lago de amor mi alma engolfada
La senda halló de su inmortal morada,
Cual con la Cruz Austral el navegante:
¡Pasó, la faz hacia el Empíreo vuelta,
La cabeJlcra de azabache suelta,
Y suelta al éter la bondulante falda ....
Y llevaba al pasar, resplandeciente,
La luz de las auroras en su frente,
La sombra .de las noches en·su espalda!

Espejos mágicos.
La acción de la luz clespues de un corto periodo de
intt•nsidad parece tener la propiedad de disminuir la
Rensibilidad de las fibras retinianas en un tiempo tan
corto que si la luz está coloreada, no tenemos conciencia de eRe C'Olor. Empleando un disco, giratorio
formado de una parte negra de• una parte blanca v de
un sector hendido, como la muestra la figura adjunta, el efecto de transformación ~ubjetiva de colores,
puede ser obtenido de una manera continua y dar
los resultados mas curioso,;.

NUlfA

P.

LLONA.

lmá&amp;cnea exhaladas

Cuando el ('zar estaba en París el aii.o
pasado. Y en el ia n ~ e
• es1wjos mág· i e o,;,•
pequeñas placa,; de
cristal rectang·ulares,
clP diez centímetro~
de long·itucl por unos
ciueo eeutímctros de
anchura, rneerrada,;
en un estnehe de cartón. Sobre el crista¡
no había nada apa reut&lt;,mente ..Mas si se
,;oplaba sobre el Yidrio, proyl'ctando e:
aliC'nt,1, inmediatamente ~e• Yeía al emperador de Rusia. Se
han variado mucho
csascimágenes exhaladas• y aún se han
hecho colecciones.
Ahora se empiezan á

IXORA
JABON ...... . .................
ESENCIA .....................
AGUA DE TOCADOR .......
POMADA .................... .
ACEITE PARA EL PELO •.•
POLVO DE ARROZ .........
COSM ETICO ............ .....
VINAGRE--·· .......-·--:,····

IXORA
IXÓRA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
QE IXORA

DE
DE
DE
DE
DE
DE
DE

.ED.PIN-AUD
Strasbourg

P.A1\I~

•

i!os primeros frios.

P&lt;?r Yllla ■ ana.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Camposanto de Génova</name>
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                    <text>DOMINGu 4 de JULIO de ,197

EL MUNDJ

1&amp;

CRONICA DE LA MODA.
Parece que la eeta!)ión se g~za en prote·
jer á la j11'fentud, siempre d1sp11ee,a pa•a
paseos y fiestas, y permite á la moda O!teD·
tar su hgereza y coqueterfa, pnea vemos á
nues\ras lindas sefioritas en~alanadas con
flotant~s y vaporosas telas; la etamina, el
tul la gaza, loe encajef. y sobre todo, lo
qu~ deslumbra y atrae, son loe adornos de
fantasía: lentejuela dé t'ldo~ colores y fü,.
1es · muchas flores. Los más aceptadus som •
br~ros son aq1wlloe coronados de floree ¡se
hermanan tan bien las floree y las bellas!
que uoae ~ laa otras se prestan sus encantos. U., c avel perfumado se ve Bid~pre
más li11olo en una blanca mano de qurnce
afioF. que en un brillante búcaro de porce•
la,a.
Las telas de dibujo eerpcnUno se llevan
11empre, ya sea eela, lana, muselina, en
~odas partee y de ~odoe_ coleree, si,empre ser•
petttina. Las medias trntae de otros afi~e
están hoy substituida9 por loe coloree bn •
Uantes; y las respetables boas de invi~rno
haneido reemplazadas por vaporosos phseée
de gaza ó muselina, eujtito~ pJr lazos de
:finísimos eucajee.
Aprovechaos, hermosaecompatriotas, de
la época estival, porquti estos aLavíos real·
zan ro u-:ho más vuestros encanto~.

•
TOIIOII,

MEXICO, JUI.10

II

DE I897.

NIJIIBRO~.

'i:::' "

'

1 r-:

Traje de desposada.

Nuestro grabaio representa una joven
con EU aéreo y f.icinador traje de boda. s.,
compone éste de una enagua de satín de btl·
da blaPca-leche, la cual lltiva en el dtliantero un plieeé seguido de gran bullón, que
ee encabeza con tres ruchés. El adorno,
así cowo la blusa, es dti ruuseliua de seda
del ruiemo blaucv que la enagua. M.1nga
entera, y sobn:, loe hombros tuontau unos
lazo3 dti mu~elina, recogidos con llJres de
naranjo. Amplio vdo de tul, sujeto en la
cabeza con fL,rea, las que se ostentan con
mayor prufusión sobrtJ el pecho y en el
adorno de laeJJagua. Este vaporodo atavío
tngalaIÍa y n,alia mucho más sus bellas
formas.

u

'IRAJES DE NIÑOS
Vestido para niña de 9 á

10

años.

(Número,.)

Este traje ea de la0a azul marino, con
r.hal1:eco l cutillo marino de piq•1é blancó.
s..,mbrero dtJ paja obscuro con liatones de
escocée.
·
Vestido para niña de 6 á 8 años.
( Número .11.)

,,,,

Este vistoso trajecito se hace de lana ros.
ja con lunares blancos. La manga ee abre
1.
hasta media altura sobre fond" de piqué blanco y se sujeta deepué~ con presillas de
cinta de terciopelo negro. El jacket y las mangas llevan también abertura con.presillas. Cuerpo b.us.i y bullones de las mangas de piqué, boina y corbata escoctJaa.
,Traje p.1ra niña de tres á cuatro añ:u. (Númtro 3.)

me:ril vestidito que nos ocupa es de etamina, de blanco y azul, adornado de plisé y
"'!lara e azul. SJlllbrero blanco.
UD'

Trajes para niños.

2.

4.

Vestido para niño de 6 á 'I año1. (Número 4.)

Se hace de piqué blanco con cuello manuo muy ancho a~ul obscuro, adornado con
cinta:i blancas; calCeUn i:iegro, choclos amarillos, sombre10 de pa¡a.
Gorritas para niñas.

He aqui do&gt;s lindas cabecitas de bebé, adornada la una con una capelina de muselina con anchos bordados y listones azules.
La otra es de etamine, la fal.ia está formada por un plissé de gaza
y otro de etamina.

~~~'t,'~5s~~~
LECTURA PARA I.AS DAMAS

:---

COMPRAR DE PRIMERA MANO.

Una vez adquirido ese conocimiento debéis comprar en junto todo
aquello que necesitáis, para tener provisión suficiente, y comprarlo de
primera mano. A. más de la comodidad de tener á la mano todo lo que
necesitáis, tenéis la utilidad ó ganancia que habrían tenido loe comtirciantes de segunda mano que os lo hubieran vendido.
Siempre hay pérdida en comprar por menor, ó al menudeo.
La provisión de lefia, carbón, legumbres, frutas, tienen cada una su
tiempo; necesario es conocerlo.
COMPRAR LO QUE ES BUEllO.;

.,

Gorritas para niños.

Debéis siempre comprar lo que es bueno, aunque lo paguéis más ca•
ro, se gasta menos. porq•1e os-sirve y dura más tiempo.
• Descon:fiad al principio de toda aquello que se os ofrece á muy bajo
precio, y que no os es úLil por el momento. Nada arruina como estas
buenas ocasiones, aun suponiendo que lo que comprais sea bueno, ( cosa
muy rara, porque una buena compra solo se obtiene 6 por la materia, ó
p0r la clase del trabajo, ó por la solidez de la obra), siempra perdéis.
En efecto, ó esos objetos de .que ahora no no tenéis necesidad nunca
os llegarán á servir, ó ya estarán muy deteriorados y poco útiles cuando
llegue el tiempo de usarlos; en todo caso, habréis hecho un gasto infruc•
t.uo60 del dinero que podríaiH haber empleado mejor.
Aplicad esta misma regla á las provisiones de boca; no compréis lo
que es exqui~ito, sino siempre lo que realmente es bueno, y alguna vez
lo que es meior.
Cuando un manjar es de mala calidad, se desprecia y se desperdicia
en vez de comerlo, con la esperanza de q11e el siguiente será mejor.
Pur esto os llegará á suceder, á vosotras las que estéis encargadas de
las compras en la casa de un avaro ó aún en vuestra familia, qne por 11011
provisión mal hecha, ó por una com¡&gt;ra q11e desagrade, se os tJmpezará á
ver mal, no se os estimará despué3, y po,· últim, se o~ q•1ít:1rá t, fo aídJ•
to y respeto.

Del rlatural, por J. M. V111asana..

�EL MUNDO

20

EL ' 'MUNDO"

&lt;!El t.esora amito.

Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Retacción, debe ser dirigida al

Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,

Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguel,
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
11Jes, y se cobra por trimestes adelantadoe.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa&amp;o debe ser prec.lsamente adelantado.
RÉ&lt;HSTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

•gtas tbittJrittlts.
&lt;!El conrrµttJ b.e 1tt justicia.
Se ha puesto en estos días al debate un tema de alta
moral social, y en cuya interpretación se apoyan las le•
gislaciones de todos los países del mundo: el concepto de
la jueticia.
La justicia, se ha dicho, no emana de la venganza ni
tiene otrai funciones que las que le dan los códigos, encargados de dirimir las contiendas de individuo á indi•
viduo en las sociedades. Ea verdad que la justicia no es
una venganza, por más que la venganza haya figurado co·
mo un principio en los antiguos códigos de todos los
pueblos; pero también es verdad que el concepto de la
justicia parece haberse perdido de vista, para ser substi•
tuido por un priLLcipio de orden puramente sentimenül, v que no es el que debe normar las relaciones individuales.
El gran error de los que atribuyen á la justicia la fun·
ción de dará cada uno según sus necesidades, procede de
haber hecho derivar loe principios legales del régimen
de la familia.
En la familia sí se da á cada individuo eegún las nece•
sidades que éste tiene, y loe miembros más tiernos, más
indef,msos, son precisamente los que más cuidados reci·
ben del jefe del hogar. En la sociedad, cada hombre está sujeto al resultado de su conducta, y la formula es: á
cada cual según sus actos.
Puede decirse que la justicia en la familia es una suer·
te de instinto, que ee conserva en todas las especies, y
por eso parece monstruosa la madre que hace per~cer á
~u hijo, como la leona que da muerte á eu cachorro.
Dentro de la moral social se d-,b~ devolver: bien p or
Lien, y mal p or mal.

***

La criminalogía moderna no acepta la idea de que toda
legislación debe estar encaminada á ejecutar un acto de
venganza. La pena de muerte no se aplica ya como un
castigo, ni como una represión del mal causado á la so•
ciedad.
La pena es a'q uí un acto de def ensa social ejercitaio contra los miembros que no se ajustan á los principios de
conservación, que s?n, en suma, los principios de la roo
ral colectiva.
No existen represalias; solo existe un hecho positivo
y concreto: la necesidad de eetirpar del organismo los
elementos dañosos, loe que no responden á la función ge·
neral y harmónica indispensable á la vida.
De este modo considerada, la pena de muerte es una
función de cirujia social, y su necesidad será graduada
por los encargados de dar saluj al aparato social.

***

La j~~ticia sentimental, la que sirve de materia prima á
todos los trovadores para elaborar sus octosílabos sono·
roa, no es la justicia de la sociedad, que se basa en un
concepto más amplio y más provechoso á los fines de la
~Epe:ie humana.

Ha tenido razón un colega al decir, en estos dfae, que
en el caractel' nacional predomina la prodigalidad más
insustancial. El mexicano vi ve al día, con una esperanza
eterna que jamás se desvanece: la de alcanzar una próspera situación económica por medios desconocidos Y BO·
brenaturales.
No hay quien no tenga fe en un premio de !a lotería,
en la herencia de un pariente ignorado, en el descubri·
miento de un tesoro oculto. Se fabrican hermosos casti·
llos en el aire, basados en la imprevisión y el despilfarro. Se gasta más de lo que se t~ene y se cierra el balance
anual con una deuda constante, que pasa de presupuesto
á presupuesto como una enfermedad orgánica.
Habitante de un palacio encantado, teniendo en torno
FUyo sus bellas iluRiones, cortejado por sus enauefíos, el
mexicano se dej"- arrullar por las dulces mentiras que
forman en el bagaje de su espíritu. Optimista y entusiasta, todo lo ve color de rosa, y en medio de sus mayores
de&amp;venturas halla siempre una promesa para lo futuro.
¿Quién es el encargado de acudir al cumplimiento de
esta promeea? Algún poder oculto y maravilloso, una dei•
dad omnipotente y benéfica que derrama sus bienes á
manos llenas sobre la infelicidad humana. Este poder se
llama la Virgen de Guadalupe, cada día 12 de Diciembre;
loa demás días del año, es el Estado, el Municipio, no
importa quién, en cuya intervención se cree firmemente.
Y así se evaden grandes cantidades de energías sin coro·
pensación alguna, esperando siempre ese premio gordo,
esa herencia ó ese tesoro oculto, que debe venir algún
día á redimirnos de todas nuestras miserias.
La esperanza es una virtud nacional: hay una razn que
espera hace tres siglos el momento de entrar de lleno en
la vida de la civilización, amplia y activa. Y hay, en el
piso superior del edilicio social, una clase que desconoce
los hábitos del ahorro y de la economía, que no vacila
en eacrificar las satisfacciones futuras á cambio de los
despilfarros momentáneos.
Un buen mexicano no economizará una sola moneda
de sus ingreeos anuales, pero tomará siempre un abono
á la ópera. Y cuando su contabilidad doméstica arroja
en contra suya un saldo elevado, tendrá la compensación
de seguir pensando en ese acontecimiento inesperado
que ponga en sus manos recursos extraordinarios.
En México lo esperado es lo inesperado. Y así se va
pródigamente deslizando la vida nacional.

l-'JtJlíti!tt Q5rncrttl.
RESUMEN.-Mr. Faure y Nic.olás 11.- EI imperio mosc;ovlta y la repúblic:a franc.esa.-EI viaje del presidente á san Petersburgo.-Sus tendenc:ias.-La
Alianza franc:o-rusa y el equilibrio europeo.-Guillermo de Hohenz:ollerr1 poeta dramát1c:o.-Sus
oc:los y su c.arác.ter.-Slempre en luc.ha-Conc.luslón.

Ya está. decidido por las Cámaras francesas que el presidente Faure se dirija á la imperial San Petersburgo y
devuelva al Czar cortesmente la visita hecha el afio pasado, con objeto de estrechar 103 vínculos que unen las
dos poderosas naciones.
Ya se han votado los créditos necesarios para gastos de
representación, y, el mes próximo, el humilde burgués
que lleva la representacion de un gran pueblo, el obscuro ciudadano que, terminado el plazo de su alta investidura irá á confundirae en el grupo social de donde había
brotado, el magistrado que no tiene pragmáticas que lo
ilustren, ni abolengos que lo inmortalice o, será recibido
con honores de soberano por un monarca absoluto, por
un autócrata que gobierna en nombre del derecho divir&gt;o, y se aeienta eobre pueblos y naciones por propia autoridad.
· Inspirado por ese sentimiento fraternal, eincero ó sa•
biamente calculador, que ha establecido corrientes de
paz y de harmonía entre el imperio moEéovita y la república francesa, la fastuosa corte de San Petersburgo abrirá sus puertas regocijada á un individuo sin t itulos nobiliarios ni escudos heráldico~, sino s~ncillamente cor. la
grandeza que le ha dado el voto de la masa anónima, la
voluntad dtl la multitud, interpretada en hora solemne
por la representación nacional de una agregación social
regida por inefüuciones democráticas.

DOMINGO II DE IULIO DE 18117

**..

LAS CANONIZACIONES EN ROMA

Aparte de estas situaciones paradójicas y contradicto•
rioe, que ceden sin duda en honor del pueblo que resbaló en Sedán, en la catástrofe estruendosa que arrastró
la púrpura mancillada del cesarismo napoleónico, Liene
la visita de Mr. Faure y traerá aparejados intereses trascendentales, que vigilan con ansia y atisban cautelos0a
los que andan en busca de los secretos de la diplomacia.
::\fochas veces se ha d;cho que la decantada alianza
franco-rusa no paeaba de ser una manifestación de loa
buenos deseos que animan á loa políticos franceses die•
puestos á provocarla, y prevención favorable de los astu• .
tos moscovitas preparados á aceptarla. Nada ha signifi.
cado para loa que así raciocinen la cordial recepción de
Cronsta1t, que tuvo por eco la aparatosa de Tolon; nada
el delirante frenesí del pueblo de Paria, de la Francia
entera, al rendir los tributos de su admiración y su fer•
viente cultú, en las fiestas no igualadas del afio pasado á
los Czares, desde el momento en que pisaron el territo·
río de la R ~pública, hasta que de él salieron arrastrad11s
en el tren imperial; nada significará tampoco pa1a ellos
ver unidos en estrecho abrazo al augusto Emperador de
todas las Ruaias, al omnipotente Nicolás II, árbitro BU·
premo de los destinos europeos por la grandeza colosal
de su imperio, y al presidente de la República Francesa,
al ciudadano Francisco Fálix Faure, encarnación de un
pueblo humillado por la derrota, hoy engrandecido Y
transfigurado por la democracia y el trabajo.
En ese abrazo quedará sancionada la sofiada alianza, si
no lo ha sido ya por las mutuas simpatías de los pueblos,
y podremos ver unidos ostensiblemente para contribuir
al perturbado equilibrio del viejo mundo á una nación
que busca el origen de su grandeza en la vo7, soberana
del pueb,o, y á otra que la hace descender de entre los
nimbos apocalíptiooa de la tradición y de la fe. Dos grandezas, que así asociadas por antogánicas que parezcan en
las postrimerías de este siglo deacrei:do, se prestan mútuo
apoyo, y son el contrapeso obligado de ese cesarismo
germánico, q 11e ha congregado nuevos elementos en su
rededor para hacer de la Europa inmenso campamento.
Ni una voz s~ levantó para oponerae al proyectado via•
je en el Senado francés, y si en la Cámara popular se dejaron ofr las uotas discordantes que lanzaba el socialismo,
pronto fueron ahogadas en la inmensa explosión de patriotismo que estalló entre los diputados republicanos y
las apretadas galerías. Razón hubo para ello: ojalá que esa
alianza que con tanto ~ntusiasmo se acepta, se estrec~
y perfeccione para bien de esos pueblos del Norte y del
Sur, que tienen alta misión en el concierto de las naciones
civilizadaa.
No todo ha de ser para Guillermo de J..lemania lucha
tenaz y porfiada con el parlamento poco sumiso, con los
monarcas confederados poco dóciles, y con las naciones
vecinas poco dispuestas á acoger su soberana voluntad;
no todo ha de ser en el augusto Hohenzollern actividad
incesante de general en campafl.a, para alistar ejércitos
y revisar fortificaciones, á fin de que estén listas para la
hora del combate: tr1mbién se permite dedicar sus ratos
de ocio á la bella literatura y quiere cefíir á su frente,
erguida y enhiesta á pesar de su abrumadora corona, el
lauro crecido en las orillas de la CdStalia fuente.
No ha mucho que aspiró al título de músico, compo•
niendo un himno sagrado; luego pretendió ser pintor
bosquejando cuadros patrióticos, y hoy se sienta al lado delos poetas dramáticos, componiendo un poema escénico,
donde canta la grandeza secular del pueblo germánico.
Deade las obscuras tribus de Arminio que hundieron
las legiones dti Varo, hasta las agrupaciones modernas
que se inmortalizaron en Sadowa, todo desfila en ese dra·
ma colosal. ..... es la apoteosis de un pueblo, la santificación de una raza, la deificación de una estirpe.
Vale más así; es mejor que el soberano de Alemania se
dedique á esa8 tareas paclficae, que si llevan siempre el
sello de eu carácter arrebatado, son dulces y tranqui:as
en sí y lo apartan de la lucha.
Más ¡ay! que en medio de esas estrofas inspiradas y deesas combinada9 escenas, no ha podido descansar: conti•
nuará la brega con el Rei.Echtag para que la marina de
guerra eea lo qne pretende, con el gabinete para que se
pliegue ,í eus iudicacioues y co u todos para que nadie
revista su augusta vo:umi.d.

X. X. X.

8 de Julio de 1897.

DOMINGó ti de JULIO de ,81n

Uno de los días del mes de Septiembre del año de 1870
en que las tropas reales italianas se ocupaban de conservar el orden en la Puerta Pía de In ciudad eterna, los ere•
yentes de la Iglesia Católica, Aposlólica, Romana, preeenciaron y comprendieron lo grandioso de una de estas
fiestas.-El 27 de Mayo del aM actual, día en que Anto•
nio Maria ZaccaJÍa, el lombardo, y Pedro Fourier «el
aposto] de Lothringen," á quienes Pío IX contaba entre
el número de los bienaventurados, fueron canonizados
por el actual Papa León XIII pudo el pueblo romano contemplar de nuevo las imponentes ceremonias. Zacearía,
de nacionalidad italiana, fué el fundador de la orden de
«las Canonesas de Nuestro Señor," y Fourier de nacionalidad francesa, fundó la orden de los barnabitas; ambos
fueron muy estimados por sus incesantes trabajos en
procurará loe menesterosos los medios de subsistencia,
y notables por las curaciones que hacían.
Al iniciarse la aurora del día 27 de l'liayo, las callea de
la ciudad de las siete colinas se encontraban invad:das
por multitud de curiosos que e6lo ansiaban pern;trar á la
catedral die' San Pedro. A las cinco de la mafiana las tropas ocupaban la gran plaza de la basílica y cientos de cientos de personas llegaban por la entra•
da de Carlos el Grande. Aunque la comandancia general italiana, tenía sobre las armas á
toda la guarnición de Roma, distribuida en.
loa diferentes lugares en pequeflas partidas, era
incapaz para contener á la impetuosa muchedumbre.
A las siete de la mañana el interior del gigantesco templo se en~ontraba completamente iluminado, veinte mil luces estaban repartidas en
todas las paredes llegando basta la cúpula, y
adornando los arcos y pilaetras del templo.
Además, todo el templo estaba adornado y la
cantidad de luz era tal, que producía verdadero
de~lumbromiento en los ojos de innúmeros de•
votos y curiosos asistentes.
Entre los concurrentes se contaban más de
35,000 personas. El cuerpo diplomático acreditado cerca del Vaticano hallábase preseDte,
así como todo la nobleza romana. No asistieron
algunas personas pertenecientes al reino ni al
gobierno, por encontrarse ausentes, predominando el elemento extranjero.
En los grandes salones del Vaticano se reunieron los sacerdotes investidos de altos grados,
y!\ tas ocho de la maflana el anciano Papa, acoro
pañado de su corte, bajó á la sacristía, donde revistió el traje pontifical. Momentos después
púsoee en movimiento la procesión.

EL MUNDO

Satisfaremos su curiosidad con una anécdota.
Pio IX, durante su glorioso pontificado, tuvo diversas
conferencias con notables personalidades heterodoxas.
Una de ellae, eximio protestante, que había zaherido á
la Curia por la sedicente facilidad con que elevaba hom •
brea más ó menos virtuosos á loe altarse. recibió del pon•
tífice, como una respuesta el voluminoso proceso de una
beatificación por aquel tiempo iniciada.
-Lea asted esto, díjole Pío IX, y véame deapuée.
El protestante concienzudamente, con la tranquilidad
de la investigación sajona, consultó loa diversos documentos que integraban el proceso, y mara"illado de la escrupulosidad de la Iglesia para sus determinacioneP, de
la suma de hecho.q que para la canonización se exigfan,
de los nimios exámenes, de loa innumerables testimonios requeridoe, al tornará los pies del Papa, éxc'amó
emocionado»
-Si en todos los caeos semejantes á este, obra la Iglesia con escrupulsidad tal, retiro mi dicho.
El Pontífice le respondió afablemente:
-Hijo mfo, ese hombre de que el proceso se ocupa, no
fué canonizado por falta de méritos suficientes..... .
DAMAS DISTINGUID.AS.

21

los testimonios se multiplican, informacion que suele
prolongarse mucho.
Tres son los peldafl.os por los cuales un santo llega -al
altar:

1? Declaración de Venerable.
2? Beatificación.
3? Canonización.
Para ser declarado venerable necesita la comprobación
plena de que poseyó las virtudes en grado heroico.
Para la beatificación exijeee, si mal no recuerdo, entre
otrascoeae, la comprobación de dos milagros de prime,·
orden, ea decir de aquellos que implican una exepción
de las leyes de la naturaleza, tales como la resurrección
de un muerto ........ .
La canonización puede decirse que no es más que una
pomposa declaraoión de que el varón justo queda ele\'a·
do á los altares y es merecedor del culto dti hiperúualía tributado á loe san.tos de Dios.
En los tiempos de las disidencias religiosa~, cuando el
cristianismo alboreaba en las conciencias, loe obispos canonizaban, y tan mal solían hacerlo que si nuestra memoria no miente, Constantino fué declarado eanto y con
este emperador muchos Barones y se.flores feudales en loe comienzos de la Edad :\Iedia.
Mas ya centralizado el poder apostólico, fue•
ron expulsados del martirologio todos los indignos; no de otra suerte la opinión pública «esa
gran barrendera» expuleará mañana de los
Pantheonee de todos los Pueblo~, á 1antas glorias deslumbrantes, á tantos hé1oes de pfga....
QUEJA DE OTOÑO
( De Stephane Mal!arme.)

Desde que María me abandonó para irá otra
estrella-cuál, Orión, Altar, y tú, verde Vénus?
-he amado siempre la soledad. Qaé días tan
largos he pasado solo con mi gato. Por solo,
entiendo sin un sér material, y mi gato es no
compañero místico, un espíritu. Vale pues decir que he pasado largos días solo con mi gato
y, solo, con uno de los postreros autores de la
decadencia latina; porque desde que la blanca
creatura ya no es, extraña y ~ingularmente he
amado yo todo lo que se resume en esta palabra: caida.
De suerte que, en el afio, mi estación favorita,
eon loe últimos días amortigüados del Estío, que
preceden inmediatamente al otoño y, en el día,
la hora en que me paseo, es cuando el sol descansa, antes de deevaneceree, con rayos de co·
bre amarillo sobre los muros grises, y de cobre
Con majestuoea lentitud avanzaba el Cortejo,
rojo
sobre loe ladrillos. De la misma suerte, la
pues los sacerdotes tenían que abrirse paso con
literatura
á la cual mi espíritu demanda un'l
los estandartes. Seguían loe canónigos de la
voluptuosidad, será la poeeia agonizante de los
grande y pequeña basílica, el clero de la ciudad,
momentos últimos de Roma, en tanto, sin em267 obispos y arzobispos, y el Colegio de los Car.
bargo, que no respira en modo alguno la aproxi·
denalee. La gran orquesta tocaba el «A ve Ma_,~.::_
_
_;¡~■I':!~..:_.~- __¡
mación rejuvenecederadelos bárbaros y no bal•
ría Stella» y el coro cantaba, mientras que el ve·
bucéa a(1n el infantil latin de las primeras pro·
nerable anciano iba desde su a urea silla gesta toJulia Esponda Moguel. D el Valle de Zintalapa. (Chiapas )
sas cristianae.
ria bendiciendo al mundo .Se r,rohibió absolutamente el
Lefa pues uno de esos caros poemas ( cuyas placas de
bullicio, y al aparecer Leon XIII no se le aclamó, pero
*
afeite
tienen para :me más embeleso que el encarnado
**
se escuchó un gran murmullo.
En el curso de los procesos de las canonizaciones, hay
de la juventud) y hundía una mano en la piel del puro
Inmediatamente las campanas anunciaron el momento verdaderos debaces.
animal, cuando un organillo de Berberia cantó lánguida .
en que el sucesor de los apóstoles, iba á canonizará los
Dos cardenales, dedícanse, el uno á abonar y compro• y melancólicamente bajo mi balcón. Tocaba en l:l
bienaventurados J..ntonio María Zacearía y Pedro Fou• bar las virtudes del candidato á los altares, el otro á de- gran avenida de álamos cuyas hojas, aun en fa prima ve
rier presentándolos á loe creyentes como dignos de s11
terminar bus defectos.
ra me parecen mustias desde que María pasó por ahí c rn
veneració n en los altares. En seguida el Papa asistió á la
El pro y el contra, la sombra y la luz de aquella vida cirios, una vez postrera. El instrumento de los triste3,
miea cantada, entonando el Tedeurn.
salen de tal debate depurados.
s(, ciertamente: el piano centelléa, el violín da á las fibras
Las campanas de San Pedro habían anunciado á la ciuEl primero de los cardenales es designado oon el nom- deegarradas la luz, pero el organillo de Berbería, en me•
dad de Roma y al mundo la nueva canonización, acaso..... bre de abogado de Dios; el segundo con el de abogado del dio del crepúsculo del recuerdo, me ha hecho desesperatal vez. ... la paz;entre el vaticano y el Quir.inal? ¿Quién es d frtblo.
damente soñar. Cuando murmura un aire alegrem1 nte
capaz de responder á esta pregunta? La :fiesta del 27 de
Quien de tan tremenda pugna sale bien, fué sin duda vulgar- y lleva la alegría al corazón de los arrabales, un
Mayo ha dejado may gratos recuerdos, y no tiene en lo un varón que poseyó en grado heroico las virtudes.
aire afíejo, trivial: de dónde viene que su ritornelo me
absoluto ninguna significacion política.
Un proceso de canonizació n suele durar centenares de llegue al alma y me haga llorar como una balada rom.in.
años, durante 103 cuales vanee acumulando h ech os: Roma tica? La saboree lentame nte y no lancé un céntimo por
es eterna y no se apresura jamáe.
***
la ventana, de miedo de distraerme y de advertir que el
Pero nuestros lectores á quienes hemos brevemente,
Empiezan los procesos de canonización generalmente instrumento no cantaba solo.
referido esta ceremonia conmovedora, de la cual damos
á solicitud colectiva de uo pueblo, de una agrupación,
un amplio grabado en lugar preferente, se preguntarán
que habiendo apreciado las virtudes de un varon insigne,
aca~o, qué requisitos se exigen para l~ brillante apoteesis
muerto en olor de santidad, reclama su apoteosis. Abreae
de un héroe del cristianismo, que se llama canonización.
entonces una información rigurosa, en que loa testigos y

�EL MUNDO

- -- - - - - - - - ~ - - - - - - - -

Escuela Naval de Veracruz.

DOMINGO ti DE JULIO D[ 1197

-Tú me engañas: no eree el que partió para no volver tan sólo para castigar mi constancia y mis desvelos.
Sigue tu camino: tú no eres éL
-El perfume no vuelve á la flor; el eco no se une á la
voz; las lágrimas no tornan á su fuente, pero el ave he•
ri.la si vuelve á su nido para abrigar á sús polluelos, como yo vuelvo para abrigar nuestro amor.
-¿Pero á qué vuelves? El hogar está frío desde que tú
partiste; las flores del huerto se secaron con el frio del
olvido, y las palomas de nuestro hogar volaron á los
montea¡ y hasta el perro que guardaba la pue~ta enmude·
ció para siempre, como mis labios para pronunciar tu
nombre. A qué vuelves?
-Oye esperanza mía! Los horizontes se cerraron en
torno de mi vida, y hoy llego de nuevo á tu regazo con
las entallas atravesadas por el hierro de la ingratitud,
con el corazón lacerado por el desdén y el alma convul•
sa por los golpes de quienes me ofrendar0n su amor.
Pérdoname y ábreme.
Las tardes pacíficas volverán para nosotros, en la noche el ruido de loa árboles que cubren nuestra choza
arrullárá nuestro suefí.o, y las frescas brisas de la mañana abrirán de nuevo las flores de nuestro huerto. Abreme poN¡ue me muero de frío!
-Cuando partiste en busca de nuevas felicidades, cerré mi puerta y enmudecieron mie labios, hoy que vuelves cargado de desengafí.os, entra de nuevo.
-¡Bendita seas, imagen de Dios que perdonas! Déjame que derrame mi llanto en tu seno. ¡Abreme tus brazos, ya qué he de morir en ellos!
J. DAVID Gu.ARÍN.

nales h3sta lvs cedros corpulentos y olorosJs, rivales de
los del monte Líbano; y desde el penacho de esmeralda
NOTAS E IMPRESIONES
Damoe una fotografía del edificio, ya terminado, que de la dulce caña de azú ~ar, hasta el abanico de esmeralda
de la esbelta palmera &lt;ie los trópicos, qu9 suspira bajo la
servirá de Eecuela Naval en Veracruz.
Hablar mucho y bien ea propio de hombre ilustrado.
Como se sabe, la Secretaría de Guerra y Marina deter• luz de rosa de la aurora y suspira bajo la luz dorada de
-Hablar
poco y bien ea el carácter de sabio,
la
tarde.
minó la erección de esta Escuela, en la cual cursarán to•
Si fuera dable lanzar profecías en este siglo de la dina-Hablar mucho y mal es manía del fatuo.
d11s las catedras necesarias loe que aspiren á pertenecer
mita y del vapor, del oro y de la electricidad, yo diría
-Hablar poco y mal es la desgracia del necio.
á la marina mexicana.
La
pr-&gt;bidad ea la virtud de los pobres: y la virtud, la
que
los
hombres
y
las
tribus,
y
los
pueblos
y
las
razas
La practica la harln en un buque de guerra nacional,
y las naciones, y el Dios de Confuco y el Dios de Abra- probidad de los ricos.
dedicado especialmente á este fin.
Para adquirir la reputación de saber lo que se ignora,
Son incontables los beneficios que producirá un plan- ham, y el Dios de Sócrates, y el Dios de Jesucristo, y el
hombre de piel amarilla como el hombre de piel negra, basta muchas veces aparentar ignorar lo que se sabe.
tel del género de que nos ocupamos.
y el hombre de piel cobriza como el hombre de piel b lanLa hermosura es una rosa, y la bondad su perfume.
ca, y los que habitan en las islas del océano y en la tieCuando la resistencia es inútil, los locos se agitan, los
rra firmP., y todos cuantos alientan alma sobre la faz del débiles se qu~jan, los bajos adulan, los orgullosos se in•
EL NUEVO MUNDO
.planeta, llegarán en misteriosa corriente al Nuevo ~fon- dignan y los sabios se someten.
Parece que la civilización en su incansable marcha á do, y aquí se reunirán para fundar l;u grandes ciudades
través de los siglos, ha ido circunvalando á nuestro pla• de una colosal república; y el bueno y omnipotente Dios
Jamás se evade uno por completo de si mismo.
neta, y que de la península brahamánica pasó á la pe- de todos los dioses, estará complacido y mirará con geG. Rodenbach.
nínsula helénica, y que de la península helénica pasó á nerosos ojo3 el consorcio de los hombrea que, puestos de
*
**
la península itálica, y que de la peninsula itálicr, pasó á rodillas elevarán al Sér Supremo el himno más glorioso
Solo la vida enseña á la vida.
que
hayan
creado
las
religiones
muertas
y
las
religiones
la península ibérica, y que de la península ibérica, llevaO. Lebret6n.
da en tres carabeÍas sobre las encrespadas ondas salobres, vivae, el himno de la libertad, del trabajo y de la civilipor la fuerza de los vieftos marinos y la fuerza de los zación, que ya balbucea la humanidad en la grandiosa
OTRO PAGO DE $13,595.00 DE "LA MUTUA"
suefí.os de un loco, pasó a descansar á la fresca sombra de agonía de nuestro siglo, y que en el futuro darán á los
EN TAPACHULA
las exhuber;,.ntes y centenarias selvas americanas, en tan• cuatro vientos los hi¡os de los hijos de nuestros hijos,
to que se fortalecían los eajones y los eslavos, surgidos hasta la consumación de los siglos.
J UAN RAMON MOLINA.
Tapachula, Junio 6 de 1897.
del caos de las razas, como para heredar la gloriosísima
bandera de la civilización, que ondeó en la pirámide
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua,»-México.
egipcia, en la pagoda indoijtáoica, en el templo griego,
ABREME
en el capitolio romano y en la catedral gótica.
Muy estimado sefior:
Hoy cumplo con un deber de gratitud para con usted
En el estado actual en que se encuentra el humano
-¡Berta! ¡Berta! soy yo. Mira q11e la nieve yá ha cu- y para la Compafí.ía al digno cargo de usted, certificando
prog1eso, hubiera sido imposible á Europa contenerlo en
sus estrechos límites; y así, fué preciso que surgiera de bierto mis vestidos, porque el invierno me sigue desde que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
entre sábanas de espuma un murrio niño, una tierra vir- que trasmonté las serranías para llegar hasta aqu[.
de la poliza número 789,979 por valor de... $ 6,413.16 oro.
-¿Quién eres? Aquí no se abre la puerta á nadie desde cambio sobre Nueva York ...................... » 7,182.79
gen y joven, buena para madre fecunda, una América
con sus .i slas que parecen jardínes flotantes sobre las her- que el amado dejó apagar la luz de este hogar, y partió
vorosas aguas del·Atlántico, y las potentes aguas inmen- para no volver jamás.
Total... ... $ 13,595.95
-¡Cómo no has de abrir, alma mía! Soy yo, el peregrisas del Pacifico; con sus temibles volcanes coronados de
sempiternas nieves y de sempiternas nubes; con sus no tanto tiempo ausente, que vuelve, como el ave herida, la cual tomó mi finado esposo, el Sx.!loR ELIGIO SANDOVAL,
magníficos y opulentos bosques, por donde slllta el tigre, á calentar su nido. ¡ A.bre, Berla mía!
el día primero de Septiembre de 1896. Hago especial
-No, tú no eres él. El perfume que se escapa, nunca mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
ruge la pantera y vuelan pájaros de cien cólores, como si
fueran fragmentos de un fria despedazado; con sus !la• vuelve al seno de la flor que lo exhaló. El eco nunca se hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacionuras de dilatados horizontes, propias para las grandes une á la voz qui, lo produjo. Y las lágrimas que yo he nes directas-~e ha sido pagado el importe de la póliza
vacadas y las partidas de caballos indómitos; con sus ea• derramado por él, jamás vol verán á mis ojos, lacios ya de á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
pumosos ríos, que van rugiendo entre rocas plutonianas mirar hacia el camino por donde partió. Vete, peregri•
Con sumo gusto veré si por medio de la prensa se dé á
y ribazos enormes, donde beben, abiertas al cielo las no; tú no eres él.
conocer en todas partes este hecho que habla en favor
-Abreme, Berta, por que el frio me conmme. La nie- de 1.3 exactitud de la Compall.ía.
fauces, el sol del mediodía los cocodrilos hambrientos;
con sus azules lagos, donde rebulle:i peces de oro y· de ve no ha eI1fríado tanto mi cuerpo como las ingratitudes
Soy de uated afma. y agradecida,
plata, y por sobre los cuales vuelan las níveas garzas y del alma. Q11ienes más p·e netraron en lo íatimo para roTRINIDAD M. VIUDA DE S.ANDOV.AL.
los patos salvajes; con sus montañas de granito, en cuyos barme y aniqúilarme el amor que aún conservaba para
rifiones cuájanse los metales prj!ciosos; con su suelo, en tí, me pagaron con el desdén y con el olvido. Pasaron
fin, que produce desde la ortiga hasta los cáctus, desde como crepúsculos de verano; como la sombra del ave fu•
las gramas hasta los helechos, desde las hierbas medici- gitiva.
LA ESCUELA NAVAL DE VERACRUZ

DOMINGO II de JULIO de 1897

EL

MUNDO

�EL MUNDO

DOMINGO II DE JULIO DE 1897

do y mirandonos fijamente. Sin hacer caso de su preeen ·
cia, volvimos á los kayaks para continuar nuestro camino. :Repentinamente volvió sobre nosotros, se irguió por
encima de la superficie del agua, resopló tan fuerte que
Cuando loe exploradore&amp; el 22 de Julio, abandonaron el
el aire se extremeció y amenazó hundir sus colmillos en
campamento de espera, con loe dos trineos, loe dos ka•
nuestras frágiles embarcaciones. Nosotros cogimos los
yaks y loe dos perroe, se habían á la vez restaurado y
fusíles; en ese momento desapareció; pero reapareció
aligerado. «¡Cuántos eacrificioel ¡Cuántos objetos precio•
inmediatamente al otro lado, tan amenazadora como an•
sos abandonados en la soledad de la banquisa. Además
tes, muy cerca del kayak de Johaneen. Repitió muchas
de una cantidad de carne y de grasa, hemos dejado tres
EL MAR UBRE•
veces estas maniobras y podíamos verla á través del agua
bellas pieles de oso y aun á nuestro amigo fiel el lecho transparente, pasar rapidamente bejo nuestras embarca•
saco,-una superfluidad en esta estación-una parte de
El segundo acontecimiento de esta memorable jornaTemíamos que hiciese ua agujero de una dente·
las maderas de los trineos, ski, la mitad de una cubierta da, fué la aparición de una vasta extensión '1.e agua Ji. cionee.
de alnminio, sacos, útiles, lona de velas, zapatos, tapo· bre, que Naneen percibió á lo lejos, desde la cima de un liada en el fondo de las embarcaciones, y para asustarla
nuestr0s remos. Por fin se lanzó contra el
nee nuestros guantes de piel de lobo, un martillo geoló· amontonamiento de témpanos. y en la dirección de las agitábamos
de mi compafiero. Johaneen disparó y le al0j6
gic¿ la mitad de una camiea, etc., etc., y muchas otras costas entrevistas. Después de un nuevo tirón, en el kayak
una carga de plomo en los ojos. La bestia dejó oir un
cosa~ eepaNidae en una confusión caótica.»
sentido propio de la palabra, pues que Naneen y Johan•
«Miércoles t4 de Julio.-Por fin la maravilla ha aparecí· sen se habían resignado al papel de bestias de tiro, fué mugido terrible, se sumergió y desapareció dejando de·
trás de ella un hilo de sangre. Nosotros nos apresuramos
do -¡la tierra!-la tierra cuando casi no creíamos en ella. alcanzada la mar libre, el 6 de Agosto
á remar con todas nuestras fuerzas, temiendo una.nueva
H~ce casi dos años que no habíamos visto elevarse algu•
En tanto que apresuraba el paeo, Naneen recordaba la
na cosa pc,r encima de esa línea blanca, infinita, que de- marcha de los Diez-Mil á través del Asia; evocaba el agresión de la herida, ya más feroz por el dolor, y no nos
termina el horizonte de loe espacios polares ......... Deja• momento en que los soldados de Xenofonte, después de tranquilizamos sino cuando oímos á nuestro enemigo re·
moe la inmensa banquisa blanca y desierta, sin dejar de- un año de guerra contra fuerzas superioree, vieron por soplar y flotar lejo3 de nosotros, en el sitio mismo donde
desaparecido.
trás de nosotros huella alguna; la pista de nuestra peque• fin el mar de lo alto de una montaña y exclamaron: 1&lt;Tha- había
«Continuábamos remando tranquilamente, y habíamos
fia caravana á:través de los plaoes ein fin, ha desaparecido
hacía ya tiempo olvidado á la morsa, cuando vi de pron·
Thalassa!»
desde h&amp;ce largo tiempo. Una vida nueva comienza para lassal
Después de tantos meses de lucha contra los hielos, to á J ohansen saltar en el aire......
nosotros: en cuanto al hielo, ea siempre el mismo.
tambien para loe dos exploradores la mar era la bienve•
«Su ka yak había recibUo un choque violento.
«Esta tierra ha aguijoneado largo tiempo nuestros sue«Supuse al principio que un bloc de hielo se había remoño@ y ahora viene como una visión, como una tierra de nida.
"··· ... Por fin estaba yo en el límite de la banquisa. vido y en un lllovimiento de báscula había tocado el fondo
loe ~uentos de hadae. Blanca de nieve acumulada, se
Ante mí se extendía la superficie sombría del mar; á lo de la embarcación; más no había témpanos cerca de noenarca por encima del horizonte con el aspecto de nubea lejo~ la mur'alla abrupta del glacier surgía del agua; una
sotros. De pronto ví otra morsa levantarse ante noso·
lejanas que ee teme á cada instante ver deeaparacer.
triste claridad lo envolvía totlo. Ante esta perspectiva
«Yo me la había imgainado tajo muchos aspectos, con hinchó una alegría tal nuestros corazones, que no po- tros fuera delagua.
«No había un instante que perder, y sin tomarme
altos picos y glacitrs resplaudecientee, pero nunca así, se· diamos expresarla con palabras.
tiempo para buscar la parte vulnerable ( detrás de la ore·
mejante solamente á la apariencia de la tierra. Nada tie"Detrás de nosotros estaban todas nuestras penas; de· ja,) envié una bala á. la medianía de la frente del enor•
ne de halagador y es sin embargo la bien venida. En su· !ante se abría el camino del ,regreso.
me animal. Fué por fortuna suficiente esto: la morsa
ma, no podíamos ee~erarla de otro modo que cubierta de
«Yo saludé, agitando mi sombrero, á Johaneen, que es· qued6 fulminada.
nieve con toda la meve que cae aquí.»
taba un poco atrás, y el respondió agitando el suyo y gritan·
«No sin pena hicimos un agujero en la espesa piel que
La 'aparición de la tierra fué festejada como convenía, do: hurra! Un acontecimiento tal debía ser celebrado de
recubría aquel montón de carne flotante en la superficie,
con un suculento almuerzo: las últimas patatas habíaa
cortamos algunas bandas de grasa y de carne y abando•
manera:
siclo reservadas para la ocasión. Después Naneen y J ohan · al~una
Nos comimos una tablilla de chocolate cada uno!»
namos el resto á los pájaros de la mar.»
sen volvieron á ponerse en camino en la dirección de la
Una suprema separación entristeció sin embargo ague•
Remar de frente con las embarcacionesgemelaserafati·
playa que era para ellos la tierra prometida.
Ha alegría. Los dos perros sobrevívieilteB eran una car• goso y duro, los progresos eran lentos y cuando las co·
Parecíales tan próxima, que Johansen no dudaba de ga inútil en lo de adelante, sobre loe kayaks.
rrientes venían en sentido inverso, hacíanee sentir, y
que llegarían aquella misma noche. Naneen calculaba
«...... Fieles y valerosos nos habían seguido durante to•
remontarlas era imposible. Naneen resolvió
dos días de marcha; no por ello estaba menos errado.
achicar considerablemente los trineos á fin
Sus ilusiones duraron poco. La superficie del
de poder disponerlos aisladamente sob1e ca·
hiPlo era más imprac,icable que nunca. Naneen
da kayak en el sentido de su longitud.
y su perro Kaifás, tiraban de un trineo;JohanEn tanto que ambos se entregaban á esta
sen y Suggen tiraban del c:,tro. Hombres y perros
tarea, vieron aclararse la bruma que los en·
formaban un tronco extraño. Su marcha á travolvía, y apareció ante sus ojos toda una ca·
vés de las aristas de las presiones de loe hum·
dena de montafiae cubiertas de negras rocas
moka es increíblemente lenta. Y parece qne
á pico, emergiéndo de los gladus.
cuanto más avanzan más huye la tierra:-la de•
Solamente el 16 de Agosto, después de ha·
ri vación en realidad los aparta de ella y bien
ber atravesado tirando de sus trineos cortos
pronto !o comprenden.
la zona marginal de témpanos aglomerados,
Para colmo de miseria, Naneen puede apenas
Naneen y Johansen llegaron á una de esas is·
arrastrarse. Los abrigos delgados no han reem·
las. Por la primera vez después de dos años,
plazado sino con desventaja el saco dejado en
tenían la tierra bajo sus pies. Con gusto
el campamento de espera, y el explorador sufre
hubienn besado las rocae. En su indescripcruelmente de un lumbago causado por la hu•
tible alegría saltaban de un bloc de basalto
medad y por el frío al mismo tiempo que por la
al otro como nifios que juegan. En fin, para
fatiga. ,,Joúansen, escribe, ee ve obligad() á qui•
colmar su embeleso, en un rincón abrigado
tarme las botas y mis calzas, porque estoy en la
descubrieron musgo y flores.
imposibilidad de hacerlo por mí mismo. El es
Verdaderas flores: hermosos ababoles, eaxí•
poco egoísta y me cuida:como á. un niilo.» Pero
fagos de las nieves, estelarias!.. ....
esos hombres están templados de una maoera
«Fué enarbolado el pabellón noruego, se
especial: Algunos días después, Naneen póne·
preparó un lobscouse de pemmican y nos sen·
se en pie.
tamos dentro de la tienda haciendo volar los
"SálJadoS de .Ago.,to -Labor inaudita:-No po·
guijarros bajo nuestros pies, muy á gu8lo.»
dríamos cumplirla jamás si no fuese porque
Ayudados por el víento, avanzamos más pronto.
Naneen~- Johansen habían llegado á tie•
debemos cumphrla. Desde hace muchos días
rra sin haber podido darse aun una cueata exacta de su
los perros por todo alimento ,ee han repartido
do el viaje; y ahora que llegaban dfae mejores, debían situación. Estabaa al este ó al oeste de la tierra Francisco
unas gaviotas. Ayer no conocieron más que un poco de decir adios á la vida!. ..... »
José? Lo ignoraban: desde que sus relojes se habían pa·
grasa.
«No pudiendo decidirnos á degollarlos como lo había· rado, érales imposible, por más deducciones que hicieran,
mos hecho con sus compañeros, sacrificamos para cada encontrar su longitud.
TRAVESÍA DE UX DEPÓSITO DE AGU.~
uno de ellos un cartucho. Y o maté el perro ae J ohansen_y
Siguen su camino y he ahí una isla nueva (la isla Tho•
mató el mío......»
«Luna 5 de .Agosto.-Jamás hemo11 tenido un hielo tan Johansen
roup
):
Con los ka yaks amarrados el uno al otro á fin de sopor•
-«'.l!Ie parece uno de los parajes más encantadores de malo como ayer. Logramos, sin embargo, recorrer un po• tar los trineos, que hubiera sido imprudente abandonar,
la tierra. Una playa unida, sembrada de conchas, una
co de camino y dos incidentes felices marcaron la jorna• Naneen y J ohansen pusiéronse á la vela.
estrecha cintura de agua clara, en el fondo de la cual se
da; J ohansen no fue devorado por un oso y hemos visto
Desde hacía dos años no habían tenido delante una ex• distinguen caracoles y erizos y donde nadan antípedos.
agua libre al pie del glacier que borda la tierra.
eemejante de agua.
En las rocas vuelan y saltan gorriones. Súbitamente el
"Partimos ayer mañana á las siete. Se hubiera dicho tensión
Era para ellos un placer oír chapotear las olas entre
que un gigante había lanzado el desconcierto de los blocs las dos embarcaciones, y vira-:- rapidamente hacia la tie· sol rompe las nubes de flecos ligeros y el día parece ser
todo sol. Al rededor de nosotros están la vida y la tierra
enormes y había distribuido después entre ellos nieve y
rra tan deseada. Qué cambio, después de haber durante
agua. La bruma era espesa. Después de una marcha fa· meses hecho su camino pulgada á pulgada, paso á paso! firme; nos hemos librado de la eterna banquiea. En el
fondo del mar veo bosques enteros de algas. Bajo las ae•
tigosa, llegamos por fin á un canal que era preciso atra·
El sol brillaba.
perezas de los cantiles, aquí y ahí, están acurrucados alvesar con los kayaks. Yo me ocupaba en botar el mi.o al
«No puedo recordar-dice Na12sen-una mañana más gunos montones de nieve color de roea.
agua cuando oí ua ruido de lucha detrás de mí, y J ohanbella.»
•De lo alto de una roca, vemos extenderse á lo IE&gt;jos la
een gritó:
Abordar al pie del glacier escarpado, era impracticable. banquisa de la cual hemos salido: un gran plano blanco,
-Coged el fusil!
Loe
exploradores
tuvieron
que
levantar
su
tienda
sobre
..y o me volví y ví un oso enorme precipitarse 11obre mi un vasto témpano flotante, pero á la vista de la tierra, - en el fondo, muy en el fondo del cual, están aun aprisio·
nados, derivando imperceptiblemente, el Fi·am y nues•
compafiero que había caído de espaldas.
y la vista sola de la tierra baetaba á su felicidad.
tros compañeros......»
"Ensayé retirar mi fusil de su cubierta, colocada en la
Qué tierra!
Naneen y J ohansen prosiguen aun. Las corrientes de
proa del kayak, cuando la embarcación se deslizó al agua.
Nansen, incierto respecto de su longitud. lo ignoraba.
«Mi primer pensamiento fué saltar sobre el kayak; pero Teniendo delante de sí islas desconocidas, diólesnombres la marea abren, cierran y vuelven á abrir los canales
navegables. ¿Cuánto tiempo encontrarán los dos nave·
este hubiera infaliblemente zozobrado. Me esforcé, pues,
Isla Eva, Isla Liv.
gantes agua libre? Toda la cuestión está ahí. Si el mar
en volver á llevarlo al hielo de manera de poder asir mi dulces:
Heladas, es cierto, estaban heladas, pero sobre ellas queda abier~o, volverán al Spitzberg y de ahí á Noruega
arma. Haciendo esto no podía volverme para ver lo que temblaban las alas de los pájaros!
pasaba; pero oí que Johansen decía tranquilamente:
A ia vela y al remo, esta navegación enmedio de la bru- al fin del afio. Si se cierra de nuevo, definitivamente in•
«-Es preciso darse prisa si queréis llegará tiempo.
ma y del misterio, de los estrechos y de las costas, se vernarán.
«Darme prisa! ya lo creol Por fin alcancé el cañón, esti• proloagó durante muchos días. Noche á noche los explo•
E invernaron.
«Miércoles 24 de Agosto.-Las vicisitudes de esta vida ja•
ré el fusil y volviéndome, apunté. El oso no estaba ni á radores levantaban su tienda sobre la banda de hielo que
más
tendrán fin. Hace cuatro días yo estaba lleno de es
dos metros, listo á hacer presa en mi perro Ka;fa.8. He- bordaba la tierra. Mañana por mafiana, cargaban los
y de valor y henos aquí bloqueados desde hace
rido detrás de la oreja, cayó muerto.11
kayaks sobre los trineos para atravesar los hielos que el paranza
«El oso nos había sin duda seguido como un gato, disi• viento ó la marea habían acumulado al rededor de ellos; cuatro días y tres noches por los amontonamientos de
mrilándose detrás de los témpanos y se había aproxima- después volvían á botar al agita los kayake, luego que loe hielos. En todas las direcciones, no vemos más que
do al kayak de· J ohansen, en tanto que estábamos ocupa- encontraban un canal abierto, y proseguían su camino. hummoks, aristas y asperezas. El valor nos queda aún pe•
dos al borde del depósito de agua. Johansen había vuel- Por donde quiera había morsas y pistas de osos, de zo· ro la esperanza se ha ido..... .
«Sobre la superficie del mar, pulida como un espejo,
to la cabeza y lo había percibido, pero &amp;ntes de haber rNE y de gaviotas: se sentía placer al observar tanta vi•
se deslizan los ka¡¡aks; á cada golpe de remo silencioso,
comprendido á quién iba á atacar, recibió un manazo en da en derredor, tanto alimento á la mano.
el agua tiene un murmurio. Se creería uno en góndola,
la cara, que lo h1z0 ver treinta y seis estrellas y cayó de
Las morsas pululaban especialmente. Lo que era gra- ·sobre
el gran Canal; pero esta calma tiene algo de inquieespaldas. Entonces empezó á librar con el animal un ve es que ellas rompían primero las hostilidades.
......
verdadero combate de box; después lo asió del cuello,
«Yo había escalado un hummock, refiere Naneen, y tante
«Bruscamente, en efecto, nos vimos rodeados de hieloe;
echando mano de todas sus fuerzas.
examinaba el estado de la superficie del agua ante noso«El oso iba á morderle cuando me gritó: «Daos prisa.» tros, cuando una morsa monstruosa se aproximó, soplan• estando la tierra próxima, el mejor pattido era esperar
Fué entonces cuando el oso percibió á los perros y vol(LA TIERRA EN FIN!

DOMIJIGó 11 de JULIO de ,110,

EL MUNDO

los ~contecimientos...... Cuando remábamos en
med10 de lo~ peqnel'los témpanos flotantes el
f(!ndo de m1 kayak recibió de pronto un gd!pe
1
v1?lento. Estábamos, rodeados de nuestras enemigas las Il'.lOrsas. Uaa de ellas tletalla gigantesca, n_adaba entre dos aguas detrás de mí. Re•
pentmamente se enderezó justamente frente á
Johanse~ qu~ seg~ía mis huellas. Temiendo
ver al ammal.h.und1r sus colmillos en el puente
desuem~arcac1ón, Johansen se apartó, buscan1
do su fusil. Yo había cogido el mío á toda pri•
ea. La morsa empero hundióse en el agna con
estruendo y reapareció tras el ka yak de J ohansen. ~ra aquella una inquietante vecindad Pa·
ra h~ula Johansen saltó sobre el témpano más
p~óx1mo. Al cabo de un momento yo seguía su
eJemplo. Pero corrí gran rieFgo por culpa mia
de tomar el baflo con Que la r:iorea me lhabí;
ame azado nada más. El borde del hielo cedió
en e momento en que yo ponía el pie sobre él
Y me quedé.parado en el kayak que se iba derivando, haciend_o prodigios de equilibrio para
no zozobrar. S1 la morsa hubiese reaparecido
en ese moment(!, yo la habría recibido de segu!º en su propio elE&gt;mento. Finalmente1 logré
izarme sobre el hielo y largo tiempo vi mos á
nuestro ~gresor pasar y repasar al rededor de
nuestro islote flotante, sobre el cual hicimos
menos penosa la situación poniéndonos á comer.
«~ra una gran morsa macho. Hay algo de fantástico Y de prehistórico en el aspecto de esos
mone~rnos. Yo no podía impedir el pensar en
un tntóD, en tanto que el animal daba vueltas
e!l/! agua Y nos veía con sus grandes ojos redondos y
vi diosos. Era del todo inutil gastar cartuchos en uaa caza e que no'.teníamos necesidad por el momento. Así es
que.esperamos, que cansada al fin, se fuese como había
vemdo;hdespués de lo cual seguimos nuestro camino feli•
ces por aber salido bien del encuentro.
"····:·Llegados sobre loe hielos que tocaban la tierra
nos v~mos condenados á la inmovilidad: ya no habí~
agda !:re en dirección alguna. y la superficie sólida erirct e obstáculos, era absolutamente impractic~ble.
mpamo~, pues, v el 21 matamos un oso. Cuando menos :io moriremos de hambrn antes de algún tiempo.n
L~ suedrte estaba echada. Naneen y Johansen estaban
co, 1 ena os á ocho meses de invernada;
Ya habf~n elegido, en la playa vecina, cerca de un
P romdontono que supusieron más tarde era el cabo He•
11an d. un rinc
· ó n propicio
·
para construir una choza
cuan ~ se produjo un incidente inesperado.
'
di El hielo sobre el cual .se elevab~ su tien.da, se desprenó bruscamente de la tierra y baJo la acción del viento
fomenzó á llevarlos en una derivación rápida. Desd~
uego pen.earon en volverá la costa; botaron los kayaks
fil a¡:ua é izaron la vela. Pero la, costa estaba lejos y ren exionaron que una isla valía tanto como otra. ¿Por qué
li~re~ner la ~roa al sur en tanto que el paso estuviera

viéndose contra ellos, les administró eD la nariz dos fuer•
tes golpes. .Tohansen había vuelto á ponersé de pie, y
cuando y0 tiré, ya él tenía su fusil en las m~nos. La ma•
no del oso le había marcado la mejilla derecha con una
linea blanca, quitándolo un poco de lo negro que tenía
ahí: eeta era su sola herida......... »

1.
I·

.·•

0

1

A~í lo hicieron. Islotes y puntas sucedíanse y ellos
fdnuraban los altos monolitos de basalto rode1&gt;dos de coumuas Y contrafuertes, agujereados de nichos y corona•
do_s por tantos campanarios agudos como la catedral de
Milán.
El 25 de Agosto atracaron á una nueva playa sobre la
cua~, desde su desembarque un oso les deseó la bien•
vemda. Johansen con una bala le rompió la columna vertebral.. El animal, herido, intentó huír, pero !11 parte
P ~ter10r de su cuerpo estaba paralizada. Perplejo, sent se Yípusose.á morderse, hasta eangtarlas, sus patas, como para castigarlas de rehusarle sus servicios. Una segunda bala puso fin á sus sufrimieatos.
Fueron percibidos otros dos osos el mismo día. Las
morsas e~an numerosas. E~a costa al borde de un fjord,
se anunciaba como una despensa ampliamente provista.
Desde el día siguiente del su llegada, después de haberse asegurado de la imposibilidad de ir más lejoe, Nanse~ Y Johansen comenzaron á prepararse para invernar
ab1.
·
. Impoi:taba, en efecto, no dejarse sorprender por el inv1e~no BID vivares y sin abrigo, y las pocas semanas que
teman ante ellos debían eer consagradas: 1?, á caza de
osos Y focas; 2?, á la construcción de una choza confortable en previsión de loe grandes fríos de la noche boreal.

6

LOS PREP.UATIVOS DE LA 1/''VERNADA

),fatar el mayor numero de bestias posible mientras
abundasen, era el primer objetivo de Naneen. La caza
á los osos era más fatigosa que peligrosa. La curiosidad
el hambre los atraían; después, á la vista de los dos
Dombrea, echaban á correr y era preciso perseguirlos.
oce osos blancos, viejos y jóvenes cayeron antes del
fin de (?ctu~re, bajo las bala-e de los' dos compañeros. El
frío ártico tiene la ventaja de coaservar indefinidamente
la ca_rne de loe animales muertos. Por más que fuese el
apetito de Naneen y de J ohansen -y la resistencia de
sus estómagos estaba á. la altura de su energía moralno tenían necesidad algupa de poaerse á ración.
Quedaba por hacerse la caza de algunas morsas, así
par!!' dar alguna variedad á. los menús como porque el
aceite Je morea debía servir durante t¿do el invierno de
iiornbustible y de luz.
. Los monstruosos anfibios, además de las considerac10nes gastronómicas y!utilitarias, interesaban á Naneen
de u~a manera muy especial. Trataba de describir y ha
descrito ens costumbres con una benevolencia no dieimu!ada. S~ vuelve de la India-dícese-con el respeto
al tigre, ammal feroz y soberbio, para el cual se ha encontrado un calificativo · de admiración: el tigre real.
Huesped de la banquisa polar, Nansen edificaría congueto al rey de los animales árticos: de moraareal. La mor·
ea le. ha hecho correr riesgos y le está agradecido. DeB·
firec1a. al oso desvalido cuyas garras han apenas arafiado
a nanz de un perro y la mi&gt;jilla de su compañero; pero

h

e

Un visitante.

estima á. la morsa.. «La morsa no tiene rniedo al oso;11 es
una de las observaciones que parece preferir y que acom•
pafi~ con numerosas pruebas luego que encuentra la
ocasión.
La caza á las morsas á la cual se entregaban Naneen y
Johansen fué más agitada que la caza á los osos. La primera que mataron les costó nueve cartuchos, y con nueve balas en el cuerpo, desapareció. Sin embargo la en•
contraron poco después. Otras dos fueron muert~s sobre
un témpa?º· Dormían al eol y la primera cayó fulmina•
da á la primera bala. La segunda, herida por dos balas
e~ la cabeza, ~ardiendo olas de sangre por las naricts,
p~1sose á mugir y á toser formidablemente...... «Soste•
méndose º.º? su~ e~ormes colmillos, expectoraba sangre
como un t1s1co, md1ferente á nuestra presencia. A des•
pecho de ~n _apariencia I?onstruosa, había tales súplicas
Y. un sentimiento tal de_ impotencia en la mirada de eus
OJOS redondos, que olvidando nuestras propias exigen•
c1as, sentíamos una grande piedad por ella. Nos parecía
que habíamos C?metido nn ~sesinato. Una bala alojada
detrás de la ore¡a puso térmIDo á. sus eufrimientoe.11
Uabermuerto dos.morsas era ya algo, ahora ea trataba
de tranSJ?Ortarlas á tierra firme. Loe dos cazadores tu vie•
ron que 1r á. ~ue?ar ~ s~ choza sus trineos y sus cuchillos. Por medida 1nstrntiva de precaución tomaron igualmente sus ka;raks. Sin esta previsión e~ difícil decir lo
que habría sido de ellos. En tanto que despojaban las
mor~as, declarase inopinadamente un huracán, y ~aneen
percibe que como ya le había pasado en otra ocasión, el
hielo que los llevaba se había desprendido y se alejaba
de la ribera. Pero el caso no era el mismo esta vez no
tenían t&lt;;&gt;do consigo, sus provisionos, su tie~da, sus abrigos, su.smst~umen.tos, estaban en tierra: importaba vol•
v~r á. tierra mmed1atamente á todo precio. ¡Ayl era preciso abandonar á los pájaros casi la totalidad de las dos
morsas. Después do haber cortado apresuradamente en
la carne de losdoe animales, los mejores trozos, Naneen y
Joh~nsen se embarca1on. En tanto qne luchaban contra
e! viento para. alca~zar la playa, pudienm ver largo
tiempo á los pá¡aros mnumerablee del mar girar al red.edor de las masas sangrientas y aceitosas que la derivación se lleva~a. En medio de loe témpanos que se entre·
chocaban, veIDte veces los kayaks corrieron el riesgo de
ser d~etrozados, y estuvieron á do3 dedos del naufragio;
por 10stantes parecía á los dos hombree q11e las ráfagas
levan~ban fuera del agua sus embarcaciones ligeras, y
era milagro.que no se volcasen. Por fin, al abrigo de los
altos acantilados, Naneen y Johansen encontl'aron el
agua más tra?quila y pudieron atracar, el desastre un
mome~to ~mido, se reducía á una pérdida cruel.
Al.,un tiempo ?espuée, Naneen y Johaneen encontrá•
ronee ª!! presencia de un rebafio de morsas y mataron.
?ºª' alo¡ándoles en buen sitio sus balas, detrás de la ore•
¡a...... ''.Todae las otra~ se sumergieron, salvo una que no
se movió y quedóse mirando con asombro, ya á sus com•
pafierae muertas, ya á los dos eeres desconocidos que
éramos para ella. Ya teníamos más carne y aceite de
morsa de lo que n~cesitáb~moe, y Johanseu que había
vuelto.ª cargar su rifle, vacilaba en tirar. Yo aproveché
la oca~11?n para fotografiar la escena. Finalmente fuimos
de op1món de que m~tarla ae.ría sacrificar, sin necesidad,
un cartucho, y le de¡amos, Llempo de retirarse á su vez.
Entre_ tanto e.1 agua herv1a de animales furiosos que
romp,an e.1 hielo en su derredor y llenaban el aire con
sus resoplidos ......»
Qu~tar la piel á las morsas y cortarlas en trozos, era el
~raba_¡o más dP_eagradable y más repugnante que puede
1magIDarse. Tirarlas sobre la playa, estaba por encima
de las fuerzas de los dos hombres. Erales preciso pues
proc~der á l:Bta disección sobre los cuerpos flotantes;
«M(!¡arnos dice Naneen, no era nada: se seca uno con
el ~1empo. Pero lo que era peor y no podíamos nosotros
evitar, era s~turarnos, desde la cabeza hasta loe pies de
grasa, de aceite y de sangre. Nuestroe infelices trajes que
no podíamos renovar anres de un silo, sufrían demasia.
do durante esta tarea. Absorvían 11ceite y se embebían á
un punto tal, que nuestra ~i~l misma acababa por im•
pregnar~e. En toda la expedic16n no podíamos limpiarnos
de semeJante cosa. Nuestra recompensa consistió empe•
ro en dos grand:es monto~es de grasa y de carne cuidadosamente recubiertos de inmensas y espesas pieles de
morsas.11

El 7 de Septiembre, Namen y Jobansen po·
sar(!n la primera pie&lt;l;ra de la choza que debía
abrigarlos durante la IDvernada. A partir de ese
dfa hubiera podido véreelee, casi todas las mafianas, ponerse en camino como obreros carga•
dos de un bote de fierro blanco que cbntenía
agua para beber. Buecaban y recogian fragmen•
tos d~ basalto, abrían los cimientos, edificaban
los muros coa todo el cuidado posible. Sus úti•
les se componían de un patín de trineo utiliza•
do como azada, y de una cucharaihech~ del homópl11to de una morsa, fijada al cabo de un bas-·
tón de raqueta. Pobres útiles por cierto· pero
loe dos noruE&gt;gos eran ricos de pacienciá y de
energía,
Concluidos en ocho días los muros apenas
si medían 90 centímetros de altura. E~tando el
suelo de la choza ahuecado en 90 centímetros
también, (abrir esta oquedad con loe útiles ent
nume.rado~ había sido un tour de force) resul:
taba JDtenorment~ una altura.total de l. m. 80
par.a una anchura igual y una profundidad de
casi tres metroe. Naneen, á peeat de su gran esta•
tura se mantendría pues de pié en la única y vas•
ta sala, y acostado no tendría que encogerse·
desde que había dejado el Fram no se encontra:
ba tan agusto.
Una pie~a ~e madera flotante, recogida en
la playa, s1rv1ó de techo; cuatro pieles de morsa, abla1;1dadas merced á una prolongada per•
~anenma en el agua del mar y que pesadas
piedras se habían encargado de extender y de
mantener, formaban la cubierta. Nieve amon•
.
tonada cubría exteriormente toda la constru•
ción. A fi!1es de Septi.emb~e la ~abitación e~tuvo lista y
sus arqmtectos prop1etanos, de¡ando el abrigo provisional en que hasta entonces habían vivido, pudieron insta·
larse, cc.ncluyendo el arreglo interior.
Un pasaje estrecho, abierto en la tierra más corto de
lo que Naneen lo hubiera deseado-po1· que la helada interru!Ilpió los trab~jos-conducía á la puerta de entrada
practicad~ en un rmcó~ del muro, cerraia por una piel
de oso sóhdam.ente cocida á la piel de morsa, del techo;
una segunda piel de oso protegía el acceso exterior A
pesar de las lámparae de aceite de morsa guarnecldas
de ~echas cort~das, de l&lt;;&gt;s vendajes del bdtiquín y que
ard1an á maravilla, la pnmera noche pasada en la choza
fué fría. Naneen y Johansen habían ensayado dormir
s~p~rados ~ada ~no bajo una cubierta. Mas desde el día
e1guien~e. metrmdo~ por la experiencia, emplearon ea·
pesas pieles de oso, mstaláronse en un lecho común y no
pensaron ya en _separa!se. Un poco más tarde, cuando la
temperatura ba¡ó cons1derab!emente, volvieron al siete·
ma del lecho-saco, .tan apreciado en la primavera precedente, y se fabncaron uno con las pieles de oso del
todo semejante al de piel de reno qne abandoaar¿n en
el campo de la Espera. En vano habían ensayado aplanar el suelo de la choza; las piedras a1tudas eran un ru•
do apoyo en l~s horas d&lt;:l insomnio: felizmente las horas de m.sommo son p(!CO 11,umerosae cuando se eA capaz
de dormir com? lo hic~er&lt;!n durante el in~ierno Naneen
Y J oha.nsen, vemte. ó ve1Dt1dos h?ras de cada vienticnatro.
Debiendo reducirse toda su vida á dormit y comer an
hogar era tan n_ecF!suio como un lecho. En un rinco~ de
la chot_a fué abierta una oquedad y ah( se puso un hor•
no ~ud1mentano a11meatad? con aceite de morsa. Un
agu¡e~o ?n el tec~o y una piel de oso formando tablero,
const1t~1an la ch1m~nea. Exteriormente fué construida
una chimenea de meve, á fin de impedir al viento que
rechazara de nuevo el humo hacia la choza. Esta chi•
meaea llena p_erfectamente su oficio; pero el calor ensancha cada d1a miis el tubo, y amp!ia~ gotas de a ua
caen r~gularmente sobre 1a marmita. Esto no tiene i';ás
remedio que - hacer de tiempo en tiempo reparaciones
para las cuales no falta por cierto el material.
'
Cerca de la choza, proM&gt;gidos por piedras y témpanos
estaban Jos preciosos depósitos de carne y de grasa d~
oso Y de foca. Lo !lue restaba de las provieiones llevadas
del J!ram, había ~ido puesto cuidadosamente en reserva,
previendo la partida e?- kayak en la primavera siguiente.
Aeegurados de no sufrir en su soledad ni frío ni hambre
:N'an;~n Y Jobansen podían afrontar sia miedo á otr¿
enemigo que el ~astidio, la noche invernal.
Esta se ¡1prox1maba rápidamente.
Una ve~ comp!etas las provisiones, la caza había cesado v las distracciones eran raras.
Un día ~aneen ?YÓ gritos por encima de su cabeza. Lev~ntó .los o¡os y v1ó dos pájaros volará. toda prisa· en la
d1recc1ón del sur. ¡Con cuánta envidia los siguió su mirada basta su completa desaparición!
El 12 de Septiembre, cuando después de muchos días
la temp~ra~ura h~bía gradualmente bajad(), prodújos~
un cambio 1mprev1sto; el termómetro subió á 4º sobre
cero: Fué esta 1~ ~ás alta temperatura observada duran•
te toda la llXped1ción. La alegría que la primavera pone
en los ~orazone~ llenó los de ambos viajeros ante aquel
repentmo deshielo.
"De todos lados desciePden cascadas espumantes de
la montaña y de los glaciers y forman pequeños arr¿yos
que murmuran entre las piedras de la ribera
"P?r donde quiera murmura y corre el agu~. Como por
ma~1a ha vuelto la vida á nuestra helada naturaleza y la
col1~11 está toda v~rde. Podría uno creerse muy lejos
hacia el BU: y .olvidar que se prepara un largo invierno .. '.
. ,cAl dfa s1g111ente todo ha cambiado; los dioses ro i•
C~OB del sur que, la víspera habían desplegado SUB penrr.
g1~s supremaa, han. huído; el frío ha vuelto; la nieve ha
~aid&lt;;&gt; Y lo ha r~ubierto todo; ya no cederá. Eate pequedol rfncón de tierra desnuda, está en poder de los gen ;08
!3 río Y &lt;l;e la sombra; su influencia se extiende ha~ta
e. mar. M1ro. al .rededor de mi: todo ea de)lolación
abandono.
Mie dmiradas
· pies.
· y
Ahí
d"
l
· caen sobre el suelo, á mis
, en me 10 e as piedra~, el ababql eleva aún sus
flores tan hermosas por encima de la nieve... •... •··

Concluitét en el próximo número,

�EL MUNDO

DOMINGO II de JULIO de 1897

26

EL MUNDO

:ooMINGO II DE JULIO D I E · ~

EL TRANSMISOR

UAN 00 el flmplea-

•

do, con solicitud
no desmentida, había recorrido ya
con los turietas la
mayor parte de los
departamentos de
la negociación,
ponderando la importancia de esta
en México, la BU·
roa de esfuerzos y
de gastos qne suponfa, el número
de brazos que ocu ·
paba y la di fusión
de bienestar que de
terminaba en la
comarca; detúvose ante una puerta en cuyo dintel se
lefa: 'lra,,.~misor, y dando á su voz inflexiones de confidencia, dijo, á tiempo que introducía una pequeña llave
en la cerradura y eropuJaba las maderas:
-En esta reducida pieza tienen ustedes á la Fuerza ba•
jo uno de sus aspectos más formidables y más disimula·
dos. Nada parece indicado, verdad? Un aparato de ma•
de,a barnizada, fijo á la pared, muy semejante á la caja
de un teléfono, y en cuyo centro hay un botón de cobre,
-y lo aefialaba-y sin embargo, ese botón, con el cual co·
nectan innumerables hilos de alambre, vibra el rayo, un
haz de rayos; ese botón distribuye la potencia eléctrica
y la regula, y la potencia eléctrica significa en este ca•
e? ...... 10,0lJ0 volts l. ¿S.tben ustedes lo que son 10,0:Jll
volts? (los turistas hicieron un Eigno de cabeza afirmati·
vo ). 1:Jastaría estar al tanto de que el máximum de vigor
eléctnco necesario para la electro -&lt;&gt;jecución, hoy aplicada á los reos de peua capital en Nueva York, ea de mil
volts: el más excep. ion al organismo, queda ria fulminado
~nte factor tal energía; imagínense pnes lo que serín
10.000 volts...... y á qué se reduciría el hombre q11e tocase el botón ..... .
Los turh,tas-quien más quien menos - sintieron correr
por la médula espinal un extre-mecimiento helado.
-¿ Y cómo manejan ustedes tan horrible aparato?
-;-Con ~ficaces ais!adoree, respondió el empleado,
qmen, sat1sf~cho dd la impresión que caueaba, ai\adió:
-Y ya lo ven ustedes, no lo resguarda ni unadebil cu•
bi~~ta de cristal; está á la mano...... Cierto es que n" per•
m1t1mos la entrada aquí sino á lo~ electricistas y á tales
y cuales .pero0nas de cuya prudencia est11mos eeguros.....
Pero el tiempo vuela; ¿deeein us:;edes q11e continuemos
nuestra viPi ta?
-Con muJlto guito.
-Pasaremos de nuevo por la pieza dentro de breve rato, para vtr la Dirección y acaso presencien ustedes el
funcinnamieoto del 1'ran~misor.
-Yo los aguardo aquí, dijo uno de los visitantes, joven de pálida fisonomia y degrandesojoP, profundamente negros-me siento fatigado y es1e sillón-un amplio
sillón de escritorio, acojinado,-es muy cómodo ..... .
-¿Intentaría usted por ventura auicidarse? interrogó
el empleado en eón de broma.
El joven dejó ver una franca sonrisa, q11e habría disi·
pado-de existir-la menor duda, y el empleado, después
de un «cuidado• dicho con indiferente jovialidad, conti
nuó con loe demás turistas la visita.

*
**

&amp;l auke emblema.

Ya solo, el joven, como atraído por invencible iman,
clavó sus ojos en el botón de cobre 4110 brillaba siniestramente en medio de la madera, y Ee dijo:
-Si yo lo tocase con el índice, mi.da más que con el
extremo del índice ..... .
Pero, apenas formulada esta idea, ee sobrecojió de espanto ..... .
Ilabríase visto ocurrencia más insensata...... Lo mejor
era ealir de ahí.. ...... .
E hizo un impulso para levantarse. Pero continuó eentado.
En verdad, una fuerza desconocida le rPtenía, y no era
la primera vez que experim~nt.elba la fascinación del peligro.
Ex;raordinariamente nervioso y sugestionable, en varias ocaeiones sintió en las altura8 el vivo d~seo de arro •
jarse al abismo, y momento hubo en qne-dominan:io el
instiuto de conservación,-sns manos se af.irraeen, fríaP,
á loa hierros de un barandal ó á la saliente d1&gt; una cornisa, en tanto que recorrla EU cuerpo un calosfrío muy ee•
mejante al que se expe1imeuta cuando ee va á rnltar de
una eminencia cualquiera, en loe 1ecreos del cnlfgin.
Pero entonces la tentación era más fuertP, el d1simu'o,
la hipoc,esfade una fre1za inra enlabie, tremenda, aplastante, que radicaba en un botón de cobre dt, inoftnsiva
apa1ieucia, le enlc qnecí,n.
Qmso aualizar friame •. tci el im'(lulso interno y misteric.
eo que le dominaba.
l!.ra Li¡o de la ob~ePión del suicidir,? No, ein dnda
Jamás l.Jabfa deei&gt;ado la n,uerte. Su exqnisita eenaibili
d•d de nervioeo, y de nervi&lt; so finame1,t1: educado, vibra
b, á todas las influencias ext~rnaP, aun á las mús le,·h •
ver.atilidadee climatéricas, dándole o,11los ra1os, es cierto;-¡;ero en cambio le producia ft'Dtacioll, s cada vez
más refinadas y hermosas. Su po~icié&gt;n holgada de Ntu·
diante rico, era envidiable: su libt&gt;rtaii ilimitada, Fil Fa•
lud perfecta ...... Ahora disfrutaba de dhertidas vacbcinnea eemestralee, recorriPndn una hermosa comarra de la
provincra, con cawaradas alegres, y pronto regrtearía á

México á re-anudar sus estudios y sus placeres fácile9 de
buievar. ¿Por qué, pues, había de querer suicidarse? No,
no era el deseo preciso y determinado dA morir el que le
asaltaba ante ciertos peligros, sino la avidez de meterse
en elloP, el vértigo de abrazarlos, una atracción arcana
que nac!a de todo su eér, tendido entonces hacia el abis•
mo, hacia la vorágine, hacia el rieego...... Recordaba el
esfuerzo prodigioso que en cierta ocasión tuvo que emplear para no arrojarse de la canastilla de un globo caut,ivo que ascendía periódicamente en la Alameda, y AU
fiebre por deslizarse en el plano inclinado de la Montana
ru.m
F,I vértigo, eso era, un vértigo inexplicable ..... .
Y el botón de cobre seguía brillando siniestramente, ...

UN .A. VENGA~ZA

A villana palabrita! la decía tan
hermosamente! Muy cuca y monona, con. sus felinos ojos que
guiflaba sin. cesar ~· sus manos
diminutas eobre las combadas
caderas, parecía un pajarillo
***
próximo á cantar cuando ella
¿Qué sentiría si lo tocara con el índice, nada más que
lanzaba el pequ-efio vocablo con el extrem,1 del índice?..... .
¡oh el arco rosa de sus labios!
Un golpe, Eólo un golpe ...... acaso nada-tan inAtanta-que iba á fijarse en el blanco
nea sería la disolución de su organismo...... ¿Qué se
seflalado, después de haber sil•
siente con un rayo? Nada, puesto que todas las funciobado en medio de un aire suave
nes cerebrales cesan con brusqu1-dad.
y lleno de rumoree.
Si lo tocara con el índice, nada más que con el extre1Era esa sílaba, joven cazador
mo del índice..... .
de corazónes, llamado Amor, la
Se extremeció de nuevo y púsose en pie.
más segura saeta de tu carcsj !
Pronto estarían de vuelta los compafieroe, y él ya no
Y por que ella no ignoraba
po-iría saciar su avidez, su horrible avidez ..... .
que dería «¡Sus!» muy bien, deTornó á mirar el botón: un simple dieco metálico muy
cía «¡Sus!» muy á menado. .A
semejante á un tornillo...... Si parecía mentira que aquecualquier propósito, á todo el
llo encerrase la muerte...... el rayo...... un haz de ramundo, sin ra,zón apreciable,
yos ...... diez mil volts.
en voz baja, en voz alta, con la prontitud de nn diablo que
Qué pavorosa es á veces la fuerza; no cuand,o se exhi• sale disparado de su morterete y con la impertinencia de su
be con todo el aparato de sus calderas, de sus engranes, risita, á manera de rPto, «¡Sus!» repetía ella, mostrando
de sus poleas...... sino cuando Fe oculta en el hilo forra- la blancura inmaculada de sus dientes, fehz de ser her•
do de seda, en la bobina verde que semeja un carrete de moea.
bordador, en el botón de cobre ó de porcelana........ .
Pero á quién ella decfa «¡Sus!» más frecuentemente que
Si lo tocara con el ln:lice, nada más que con el extre- • á los demás, era al pobre hombre á quien adoraba y al
mo del índice...... ,..
que fingía no amar; y cuando él se arrodillaba á sus pies,
Se había acercado maquinalmente al transmisor, y pa- t1mido y tembloroso, con los brazos levantados en ade•
lidecía en exceso ........ .
m~n suplicante, era siempre, invariablemente, la misma
Oyéronse voces en la pieza inmediata.
palabra la que le soplaba á la cara, inclinándose un poco
L'la compafieros volvían.
para infnndirle el aliente:&gt; qne brot.aba de sne labios.
El joven, como hipnotizado por el brillo del botón, no
¡Ah. la exqllieita y excecrablecoqueta!
apartaba de él sus ojos dilatado3.
-Yo desfallezco-clamaca él-de ternuras y muero de
El tiempo urgía...... Si lo tocara con el índice...... na- deseo......
.
da más qne coa el extremo del índice ........ .
-¡Sua!-respondía ella riendo.
Las voces oíanse di11tintamente ........ .
-Yo daría mi vida por besar la uña de vuestro dedo
¿Qué hacer?
mefiique.
8acudiólo nn postrer extremecimiento, y con ademán
-¡Susl-era toJa la contestación.
resuelto, alargó la mano.
-Yo me haré slltar la tapa de los eesos si vos no consentís en amarme.
AllADO NERYO.
-¡Susl-repetía una vez más, inclinándose basta rov.arlo con eu cara ebria de gozo y esforzándose por no sellar-beeos en flor-con sus labios rojos de púbera intri•
gante, los pálidos labios del pobre enamorado.
En tanto, él había perdido la paciencia á causa de una
malignidad tan detestable.
Una ocasión, habiéndola sorprendido en el boudoir exornado de encajes y de sedas, á la hora del '. cómplice
BLONDA
crep(1sculo, la tomó violentamente entre sus brazos y la
cubrió de caricias vengadoras -caricias errabundas, sin
Y ua rizo de oro 6endo así dijo:
brújula ni guía, esparcidas á millaradas en los cabellos
de crenchas sedosas y rubias soy hijo,
en la frente en los ojos y en los labios.......
mi beso es callado, y en loco deseo,
E lla se dtbatía, gesticulaba, gritaba sonoramente con
travieso produzco tenaz cosquilleo.
su boq11ita victoriosa; él, sin hacer caso de esas cóleras
Al soplo del viento, con cuanta delicia
de pijarillo que se tiene ea la mano y quiere picar, laesme sienten las nucas marmoreas y tersas,
tre•h,ba más hiert,e y ardieLJtemente.
y como contemplan miradas perversas,
Llegó, por fin, el mom~ntoenqnaella, viéndose ápunmi leve caricia!
to de quedar vencida, renunció á los esfuerzos de una
lucha v&amp;na y acudió á las lágrimas y al ruego; ya no se
Si el baño humedece mis hebras, y en lacias
def1&gt;ndía, snp~icaba y pedfa g1acia.
las toroo, descienden mil gotas brillantes
Entonces él, triunfante, la dijo: «¡Snal• en un desa&amp;i•
y eogastan la túnica que encubre tremantes
nado redoble de besos entusiastas.
de casta doncella las púdicas gracia~.
CATU'I.0 M É NJ)EZ.
Yo soy voluptuoso; vivaz centelleo
arranca á mis hebras el rayo febeo;
olor de epidermis me embriaga y aduerme,
y cuando en el lecho mi dueña ee duermti,
EL CREPUSCULO
yo sólo la veo.
Dulce hora á lna suefi.os consagrada,
Eeclavo de arÍística nimbada cabeza
En tn lttz ¡qllé mi~terio se refli&gt;ja!
la brisa me torna coqutto y voltario;
¡Oh Crepúsculo! tú eres la mirada
dé castos amores soy muda prom~sa
Más triste de ta tarde que se aleja.
si ocupo la sombra de algún rélicario.
Mfstica hors que en et sér produce
DESEO
Honda impresión oo soled31 y duelo,
Y en qne brillantA y temblorosa luce
Oh virgen! yo iimo tus rizos de oro,
VenuP, como 1uta l6..1rii11a del. ciefo.
yo ansío ser duefl.o del rubio tesoro
Ea la hora en que, extrai\a á la congoj&amp;,
qne nimba tu roetro de vivo fulgvr;
Ella en 11n mnndo de ilusión 111edita
Tt,ir en tu frente de mvea blancura
Y reclinada en Sil balcón desh.oja
y ser la guedeja que leve murmura,
Del enslleño la blanca margarita.
temblando en tu oído, la frase d"' am0r.
Es mfly hermosa y tie,-na aeí~ parece,
AURELIO G. ÜARR.\SCO.
Del sol ya hnndidn al ,-esplandor escaoo,
Julio de 1897.
Un áng&lt;&gt;I qlle los ojos b,,rneileee
En el p iélago de ámbar d81 O ·aso.
Bailada Pn celestial melaneolfa
RONDIH,
S11 vista sigii.e el vtteln del celaje,
Y cierne e« radiantiefaita¡¡fa
En un espacio de 010 su plttma~e.
Cnando la tarde silenciosa tien fa
Sn grácil manto de impalpable bruma,
La im,.,resiona y SPd111ce tanta calma,
DPjad qne el viaje del sepulcro emprenda
Y mira at"der las i lt1sionee bellas
Ya que mi vid¡¡ terrenal me abruma.
En el Httl tranqniln de su alBla
Como en un cielo-claro las estrellas.
Iré cant~do por mi triete senda
f'omo los cisnPa de ne,•ada pluma,
Y voel\ mi eombra, mientt"as ef la altiv.a
Cuando la tarde silenciosa tienda
Respia-niiece PI! s11 trono de hermosttra,
Su grácil manto de impalpable bruma.
S iento sobTe mi frente pensativa
El óscnlo gi&amp;ciat de la amargttra.
Dejad que mi alma pens1tiva ascienda,
f'nal astro errante que la niebla eefnrna,
Del Maoto y et dolor la ooche hOl·rible
Y allá, en la altura. su fulgor esplenda,
"fiend.e en mi alma RU crespón lllctuoso,
Cuando la tarde silenciosa tienda
Y eo 11na negra Estigia: el Imposible.
Su grácil manto de impa lpab le bruma.
:Mi .amor Jfünd.e Sil disco l1101inoso.
PEDRO R. Zw,11, A.
&amp;akx R EDOLT,EDO.
Julio de 1897.
J' ulio de l S.~7.

J,

�DOMINGO II de JULIO de 1807

EL MUNDO

ESTU OIOS SOBRE "EL FAUSTO DE GOETHE"

ER Satin, rey in forna!, con todo

y su monstruosidad tiene algo
que fascina, quizá por lo horrendo de eus dolores y lo espantoso
de sus maldades.
Poeeer loe secretos de lo negro
y de lo hediondo, no sonreír nun•
ca, llevar en el pecho, Justar en
donde en los hombre3 anida elamor, un hervidero de
laR más infnmf'e p111ione,; odiar, mirar en tono amarillo.
rabiar con ;u inmeEea al ,er una pa'oma blanca ó
una virgen coronada de azahares; caer en convulsiones al sentir los perfumes de las rosa~ v de los nardos;
tener por enemigos á los niños y á los páj'\ros; f'ncontrar
placer en la tiniebla, y huir amedrentado de la luz de
la luna, la más dnlce amiga que tienen loe mortales;
todo eso es verdadera mente monstruoso, pero tiene algo
que á algunos canea compasión y á otros ;miedo.
Más, ¡ser un pobre diablo!
Eso si que no, decfa•ne una vez un amigo con quien
departía sobre la materia, y á quien dicho sea de paso le
gusta estremar en ocasiones la nota trágica.
¡Oo! Si yo fuera el diablo, exclamaba entusiasmado,
reclamaría mi reino pleno, para llenarlo con mis malda•
des y mis cosas monstruosas.
Apagaría al sol, después de dotarlo de vida y sensibi•
lidai y haberlo hecho pasar por martirios espantosos, co.
mo culp:ible de haber proporcionado lnz á los mortalesHaría que pasasen por la mente de los hombres, ráfagas
ligeras que los hiciesen entrever la felicidad, para sumir•
los l'n la noche y en el pesar; jugaría con sus pasiones:
les vaciarfa los ojos para que no pudie~en contemplar el
Universo. En mis horas de ocio derramaría las dudas sobre sus almas, y con mi instrumento poderoso iría inyectando en las venas de las gentes, que se creyeran felices,
las amarguras del mundo.
A los iucrédulos, decia, los transformaría en beatos para qu3 se revolc1sen en 13] lodo de eu mismo desprecio,
por ap6stata~ y falsarios. A los escép~icos les haría en•
traver la fé, sembrando en sus alma~ la duda y el t.emor
lejano de que e3tab,rn equivocados, arr.,glándome de tal
modo q·1e, esos seres mis ira bles p rdidos Pn los p~ramos
de lo incompnnsible, cayendo y levan~ándose, orando y
blasfemando, llegaran al fin de la jornada con la mente
llena de tiniebla3 y el corazón preñado de angustia3
Des•,ilarfa la quinta e8encia de las ponzofias del mal,
para brindárselas á las almas puras.
No castigaría á los iudómiws. Al contrario, tendría
premios y alabanzas para ellos.
En la avenida sonbria qu&lt;&gt; cr&gt;ni11c~ á mi mansi6n in•
fPrnal elevaría estátuas á Fray J acobo Sch vartz, Herr
Krupp y Mr. Meliné. Casaría á Mdme. Dinamita con Mr.
Gallie,s, y coronad')~ C')n 101 p,b1pano1 que crecen en
los vifiedos de Baco les daría vuelta, para que procrE&gt;aran
en el muudo, y Jo infeccionarán con sus monstruosos
engenn.ro~.
En fin, concluía aquel neurótico demonomania•o, haría el diablo en grande.
Yo esc,1chaba á aq,1d p)bre loco sin hacerle observa·
ción alguna, pensaocio para rní qu~ para diablo P.ra muy
pequefio, y q11e todas esas ~us soñadas ee quedan muy
atrás de lo que en la ·Edad Media, la época brillante del
r~inado de Satin, le atribuün los teólogos y 103 visiona•
TI0S.
Así como en el mar Jónico un navegante esc11cbó en
noche clásica uneco:quejumbroso que anunciaba llorando
la muerte del Gran Pan, y la noticia rle qne los dio3es ee
iban, así nosotros, los hijoi del siglo X[X:, hem'ls presenc'ado la muerte del diabto de la leyemi.l n1ística.
Satiu ha mueno. Los geólogvs han iavadido su reinn·
do, y sus descendientes andan cl,miicand" p'lrel mundll
como los reyes en el destierro. Ha v.:inido tan á menos la
familia del poJer,)BO Soñor, que ai é~te renaciMa, ni aún
los reconecr:rfa. Desempeñan oficios viles, y t•enP.n mu•
cho parecido clln aqnelloi nobles funce,es, emigrados en
tiempo de la Revolución del 93, q•1ienes después de h&gt;1·
ber participado de las orgías del Parque de los Ciervos,
y pavo ,1e\fo3i en &lt;il pl:a~i() y 1,,~ puq11q~ d"l Versalle~
insultando al pu~blo con su orgallo y ~u boato, se les vió
después en Alemauia ei1 vieudo de b.1rberos, cocineros y
dan1.arines, para ganarse el eust,•nto.
El diablo en las regiones del :N•)rt" ba llegido ií con•
vertiree en un buen sajeto. El poeta Ronsard cuenta que
en Noruega lleg¡¡ basta alquilar,e com•1 criado, cuida d.e
loa caball,&gt;R, eaca E&gt;I vino de las bodega~. limpia In ropa
del ami). barre los patios, y hace sus ofi~ios c 10 el mi\·
yor aseo del muado.
~d cuando en cuando intenta alguna de sus perrnía~
antiguas, pero siempre sale burlado y tiene que huir con
el rabo entre las pinnas:
Y a no le queda ni el recur~o de tentar á los frailes en
eus celdas, cumo con tanto provecho lo hacia en otra épo •
ca, porque también esto gém,ro va esca3eando por fortuna y corren maloa tiempos para ellos.
Goebte, que tenía tanto genio corno Dan•e y Milton,
pudo pintar un Satán monstru11so como el qu11 fianra en
la •~idna Comedia» ó P.l del uParaíeo Perdido," pero no
lo hizo; pues comprendiendo la época en que vivía, co•
noc-ió quo habría inc·1rrido en un aaacron1t:1,no.
Tanpoc, le convenía presentarlo zafio y grosero, comó
se lo imnginau los riísticos y los burgueses.
Creó entonces á l\:Iéfistófeles, ó sea un diablo-filósofo,
que es cuanto hay q,1e decir.
Mefibtófeles es uua figura o lioea como hay pocas. El
mismo se llama «espíritu qne dula y que lo nie~a todo"
El Señor ií cnyo trono Pe atreve á acercar3e lo apellida
11pobre bufón malicioso.11
En cambio él, hablando insolentemente del füerno, di•
ce lo siguiente:
0

-De vez en cuando olvido mis rencilll!.S
\' bu.seo al Yiejo v pll\,ica.s entablo.
Ph\ceme que un Señor de campanillas
Trate coll atencióll á un pobre diablo.

¡

Mas ei las gentes lo desprecian y lo o'iian, él paga con
creces ese odio y ese desprecio. Trata al Hombre con soberano desdén y lo llama:
••Dios diminuto del pobre globo terrestre.
«El ser más imbécil de loa que or6 ullosamente llama•
mos seres irracionales.
«Cigarrón que en el campo salta y canta etername~te,
siem¡ire con los miamos brincos y con la misma canción.
«Extraño abismo de extravagancias y locuras.»
Desempel'ia trdo~ los papeles: el de rufián, el de laca•
yo y cocinero. Sufre todos los insultos con diabólica calma y desvergüenza. Fausto lo llama: vestiglo, perro, ex•
cecrable monstruo, traidor, indigno espíritu. Confiesa
sus extraños parentescos; y á la tentadora del paraíso la
llama «mi bueua tia la sierpe.»
Tiene tratos con las brujas y una de ellas lo llama «licenciado en malas artes.»
Y no es sólo al hombre á quien ee le atreve sino á la
humanidad. Está desengañado del mundo y de sus habi•
tantee y en un rato de decepción exclama:

PLEGARIA EN .LA ACROPOLIS

h nobleza! ¡oh be·

lleza sencilla y verdadera! Diosa cuyo
cullo significa razón
y sabiduría; tú, cu·
yo templo es una
eterna lección de
conciencia y de sin•
ceridad; tarde llego
al umbral de tus
misterios; traigo á tu
altarmucbosremor•
dimientos. Para eu·
contrarte he necesitado infinitas investigaciones. La
iniciación que tu concedías al ateniense, al nacer, con
una sonrisd, yo la he conquistado á fuerza de reflexiones,
á cost1 de largos esfnerzos.
.
Francamente
Nací, diosa de los ojos azulee, de padres bárbaros, en el
hallo hoy el mundo tan malo
país de los Cimmerianoe buenos y virtuosos qne habitan
cual parecióme otras veces.
Compasión me dan, no envidia,
en la orilla de un mar sombrlo, erizado áe escollos, Mmlos hombres y las mujeres;
batidos siempre por las tempeEtades. Apenas se conoce
y ya rentar me repugna,
allí la luz del sol; las flores son los muegos marinos, las
Señor, A t:sas pobres gen tes.
algas y las conchas de colores que se encuemran en el
Tudo el mundo conoce el traje que lleva el Tentador, fondo de las solitaria~ baldas. Allí las nubes parecen sin
por haberlo visto en la obra maestra de Gounod, ¡qué color, y la misma alegria es un tanto triste; pero allí ma• distinto de aquel que aun solemos ver en las loas que re' nan de las rocas fuenree de agua fría, y los ojos de las
preeentau en los barrios, en las fiestas del mes de·Diciern- jóvenes son colllo esas verdes fuentes dondtl se mira el
bre, hediondo, echando llamas y truenos.
cielo sobre fondos de hierbas onduladas.
Mis auteceeorea, los más remotos de que memoria ee
·
El progreso [dice]
conserva, emprendían navegaciones lejanas por mares
que todo lo pu le y lame
llegó hasta el diablo. Aquel monstruo
qul!l los arg,máutas no conocieron, Yo oí, cuando era
del septentrión, presentable
joven, las canc1oues de los maret1 polares; fuí mecido con
está. ye.. Garras y cuernos
el r~cuerdo de los hielm, flotantes, de los herwosos mamodas i;on de otras edades.
res que parecen de lecbe, de las 1slas pobladas de pája·
El se presenta en traje de sociedaa, olieudo á ambar, ros que cantan á sus horas y que, cuando emprenden el
chancie,a, esquivo y al mismo tiempo serio y circunspec- vll.elo todo3 juntos, oscurecen el cielo.
to. Quien lo viera por la primera vez diría: ese es dandy.
Sactrdotet! de un culto extraño, procedentes de loe
El úuico defecto que tiene es que claudi,;:a. ¿Pero, acaso siitos de .Palestina, cuidaron de educarme. .i!:alOs sacer·
no han t:laudicado en el mundo también By1on y Talle y• notes eran sabios y santos. Me enseñaron luengas hiatoraad? Yo por mí, gueto más de MefisLófelea que del obi~- ria , de Cronos, creador del mundo, y de su bijo que, se•
po de Autún.
1,uu se ú1ce, bajó á la tierra. Sus templos tienen tres
¿Sabéis quien era Byron? Ya os lo diré alguna vez.
veCéS la altura de los tuyos ¡oh Euritmia! y ¡n1recen
03 contaré qne en eus orgías apuraba sus viuos eu crá· selvas;
pero no son tan sól1doa; se derrumb&lt;1n al cabo de
neos d~ cadáv.ires¡ os diré que gue;aba de quti las gentes lo quin1ento,
ó seiscieutos años, fantasías q.e bárbaros que
tomasen por un vampiro, y que eu sus extravagancias creeu potiible hácor bien algo bueno fuera de Ji1,s reg,as
hacía tales cmas que si no lo era, merecía Bt:rlo.
que tú has trazado á tus inspirados, ¡ol, razóu! l:'ero
Sigamod con 1\1,,fiatófdles una de sus diabluras más di• i.quelloe templos me agradaban; yo no habla e3tudiado
vertidas, aquella en que una ve.1 disfrazado con el traJe tu divino arte; encontraba al11 á Dios. Allí se cantaban
doctoral d., Fau~to, ewbauca á un pob•e estudiante que cán,ic...sde que me acuerdo todavía. 11::,atv" estrd1a de los
ha recurrido al maestro en busca de leccioned y de con...... reina de los que gimen en eüe valle de lágri·
sejos. Al oírlo cree uno ver encarnados el eecepticiamo mares
mas,» ó bien, 11Rosa mística, torre de marfil, casa de oro,
y la ironía en el cuerpo de un 1ubio.
estrell.i matutina.... .. n Mira, diosa, cuando recuerdo esos
La Ló6 ica, le dice al inocente jJven, prilsta apretados cánticos, mi corazón se conmueve y casi soy de agrado
borcegmes para deguir con su ayuda la senda d~t pensa- apóstata Perdóname ésta niñería; no puedes figurarte el
mitmto. Cvn sus úiticultosas lecciones se aprend" que eucanto que los magos bárbaros km puesto en esos ver·
las cusas más fáciles, como son comer y doruur ó reHpi· sos,
y cuauto me cuesta seguir a la razón toda desnuda.
rar, hay que observarlas coa minucioso in~rtls, por uno,
Y además, ¡si supiéras qué difícil ha llegado á ser ser•
por dos y po.r tres.
virte! Ha desaparecido toda noble za. Los escicas han
Hace tle ese arte una erítica tan fina, que es difícil se
el mundo. Ya no hay república de hombree
guirlo en la hitación de sui idea~; y despue3 de agu· conquistado
libree; no hay más que reyes salidos de charcos de san·
dis1mos saetazos, y de encumbra1 el arte al que lo3 Esco
lásticoe eran tan aficionados, termina beatamente hablan· gre, majestades que te harían sonreír. Pesados biperbó·
do, del Naturci enchei rel1'in, que es la ciencia que proclama re&gt;B llaman ligeros á los que t e t1irven...... Uua terrible
pambeocia, uua liga de todas Jas tonterías extiende por
la nada dd saber.
A la Metafídica la llama ciencia omnipotente que babia el mundo una losa de plomo que aboga. Hadt.l loe mis
moa que te honran, ¡qué lástima deben inspirarte! ¿Tc,
de todo aquello que no enteodemod, y la que a falta úe acuerdas
de aquel caledonio que hace cincuenta años
luz da nowbres riu.1bombaute3 á l;1s cosas wáe obscuras,
para salir de apuros y dar aspecto de sabios á los que se destrozó tu templo á war~tllazos para llevárselo á Tulé'l
Lo prJpio han hecho todos ...... !:fe escrito, segúu algu
uedlcaa á su eemdio.
T,eue á la Jurisprudencia por ciencia ruín, y á las leyes nas de Jas reglas que tú amas, ¡oh Teonea! la vida del
por una epidemia .iterna, por la cual la razón más fuerte joven diva á quien serví en mi 1ufancia, y me tratan co
mo á un .evcÍmero; me escriben para preguntarme qué
sti con vierte en sin razón.
Resptlcto de la Tc,.Jlogfa, aconseja á su discípulo que si, objeto me be propueeLo; no estim;1n m1s que lu qué sirve
en oc..~1ón solemne y i,n ,nala llora, lti falta una idea para hacer fructificar sus·intereses. ¿Para qué escribe
ta vida de los dioses ¡oh cielo! ei no es para nacer amar
para ven•JH á su advtlrsario, invente una palabra sonora,
Jo divino que hubo en ellue, y para mostr1&gt;r que eso di
que así saldrá del paso.
C,iando
le oye hablar dsi la Medicina, no sabe uno vino vi ve toiavía y vivirá eternamtmte en el corazón
si es el diablo quien perora, ó si es -'!l:oliére, quien como de la humanidad?
¿Te acu~rdas del día, bajo el arcontado de Dionisidoro,
es sabido, te01a inquina á loe médicos y se burlaba de
en que arisco judío, que hablaba el griego de los sirios,
ellos y úe su arte cou gra~ia inimitable. Oigámoslo:
vino aquí. recorrió tus átrios sin comprenderte, leyó tus
Sóis bien !orma1o y galan,
inscripciones al revé3 y creyó encontrar ~n tu recinto un
emprendedor y dhtpuest.o;
altar uedicado á un dios que sena el Dios desconocido? Pues
flnct en vos mismo y p1·esto
todos eu vos contiará.1L
bien: aquel judío se lo llevó; durante mil añ-Js se te ha
De la mujer, sobre todo,
tratad&lt;&gt; de ídolo Job verdad! Durante mil años el mundo
ocup.\o:s: :-:,Us lamentos,
fué un desiertu donde no germwaba ninguna flor. En etitl
sus u.yes, sus a.~pavientos
todos se curan de. un modo.
tiempo, tu callaba~ ¡oh Salpingel clarín dd pensamiento.
nusc.ld término pruJent,,
Diosa del orden, imagen de la estabilidad Cdleste, era un
entre el resµeto y Ja a.uclo.cia
delito amarte, y hoy, qi;c á fuerza de paciente trabajo,
y CC'll esa dtplnmác·la
vuestra e~ la hermo."8. cliente.
btimos conseguido acer..:araos á tí, se nos acusa de haber
'l'1tulo ,lcbéls tener
cometido un crimen coutra el espíritu humano, rom·
que os inicie en :su fn.vnr.
pien:io cadenas que no tenía Platón.
JJl'Oban lo que es sup,rior
A t.odos. VLh.!stro saber;
¡Tú sola ere3 j ,van! ¡ob &lt;Jora!; tú a 1la ere3 pura! ¡oh
y ya portéb i11t?11tnr
Virgen!; ¡t·.í sola eres sana! ¡oh Higial ¡tú eóla eres fnPr·
sabrosa, galanterlas
te! ¡oh Victoria! iTtÍ guu las las ciu l.\ ld1I ¡011 Proque otro~, tras largas poríia.~,
110 se atre\'en ni á snfia1·.
macoel; tú tienes lo qne ea bueno d3 Marte, ¡oh Ares!;
~in temor á. ~us enojo~.
¡ la paz 03 tu objeto! ¡oh Pacifica! L~gisladora, fuenttl dd
cna.n,·lo la pulsJ.is, re:-;uel to,
las con-tituciones ju~ta~; Dem,nrllcia, (*) tú cuyo dogma
oprimid el brazo c~belt&lt;J,
flechítnrtule bien los ojos:
fundarnflntal es que todo bien prJced~ del pueblo y qne
y ~¡ n men.~ua. &lt;le ~11 honor,
a•lí donde no hay pueblo para nutriré inspirar el genio,
1»1lpnd con mano ligera
no hay nada, ens~fl.anoe á e xi.raer el diamante de las musi A la mórbirla ca fer"
110 molesta e I ceil ldor.
cbeiumbres impuras. Providencia de Júpiter, divina
obrera, madre dtl toda industria. protectora del trabaY en ese mismo estilo ee bnrla rle t'ldo y de todos.
Algunos comentadores creen que Goetbe, al -:rear esta jn ¡oh Erganea, tú que haces la nobleza &lt;lel trabjador ci·
vilizadu y lo pones 1an ¡i ,r e11c111rn del perPzoso escita¡
estrada fig,ira tuvo m11y presente al filósofo de Feruey,
s~biduría, tú á quieu Zeu! engendró después de haberse
el ccÍlebre .Francieco María de Arouet.

ª"

ª"

1

RA)[ÍN

Junio do 18!li.

A.

S.U,\7..\R,

(*) AOITNAE AIHIOK PATIAE! Le Ila$ fa•cr. T. 32!

DOMINGO Ir DE JULlO DE r897

replegado sobre sí mismo, después de haber respirado
profundamente; tú que habitas en tu padre,.enteramente unida a su esencia; tú que eres su compafl.era y su
conci!lncia; Energía de Zeu8, chiapa que enciendes y
mantienes el fuego de los héroes y loe hombree de genio
haz de nosotros espiritualistas cumplidos. El día e~
que los atenienses y los rodios lucharon por el bacrificio
tú elegiete habitar entre los atenienses, por más sabios'.
Tu padre, sin embargo, hizo deFCender á Plutus en una
n~be de oro sobre la aiudad de loe rodios, porque tamb~én ellos ha?fan rendido homenaje á su hija. Los ro•
dios f~eron neo~; pero loe atenienses tuvieron el ingenio,
ea dec1r, el verdadero goce, la eterna alegría, la divma
infancia del corazón.
El mu!)dO no se ealvaráFino volviE:ndoátí, repudiando
sns afic10nee bárbaras. ¡Corramos, vengamos unidos!
1Qué hermoeo día aqui,l en que todas las ciudades que se
han apoderado de trozos de tu templo, Venecia, París,
Londres, Copenbag11e, reparPn sus robos, formen teorías
e~gradae para devolvert&lt;&gt; los fragmentos que poseen, di•
c1endo: «¡PerdónanoP, diosa! los hurtamos para salvar
los de loe malos gE&gt;nios de la nocbtJ,» y reconstruyan tus
muros al eón de la flauta, para exµiar el crimen de Lisandrol Después irán á Esparta á maldecir el suelo don·
deexistíó aquella maestra de eornbrios errores é insultarla porque ya no existe.
'
Fi!~e ea tí, resistiré á mis fata lee coneejeroe; á mi escept1c1smo, que me hace dudar del pueblo· á mi inquie·
tud de ~sp.íri~u que, babie!1do encontrado ya lo verdadero, me mc1ta á buscarlo aun; á mi fantasta que después
que ha falla~o la razón, me impde ebtar en reposo. ¡Oh
Arquegetal ideal que el hombre de genio encarna en sus
obra~ maestras, mejor qµiero ser el último en tu casa que
el primero eu ~lguua. Sí, yo me asiré al est1lobato de tu
templo, yo olv11~ré toda dieciplina que no sea de la tu•
ya, me haré e.stihta sc,bre tus columnas, mi celda estará
sobr~ tu a1qu1t.rave. Y lo que es más difícil! por tí se·
ré,. s1 puedo, mtolerante, parcial. No te amaré más que
á t!. ~oy á aprender tu lengua y á olvidar lo demás. Se·
ré I~Ju~to para lo q~e no sea tuyo; me haré el servidor
&lt;l;el ultimo ie tus h1¡os. A los actuales habit,mtes dP. la
tierra que das á Erectea, lt,s exaltaré, los halagaré. Tra•
taré de amar has1a sus defectos; me persuadiré ¡oh fli,
ppial de que descienden de los cab11leros que 'celebran
allá arriba, en eJ marmol de tu friso, su eteroa fiesta.
Arrancaré de m1 corazón toda fibra que no sea razón y
arte.. Dej111é de arnar m\senfermedades, de complacenne
en .~1 fiebre. So~tén m1 firme propósito ¡oh Salutarial
ayuaarue, ¡oh, tu que s,1lva~!
¡Cuántas dificuhades preveo, en efecto! ¡Cuánttls hábitos morales tendré que cambiar! ¡CJántos encantadores recuerJos deberé arranJ~r de mi corazóu! Lo intentaré; pero no esto.v segur.¡ de mí. Tarde te be conocido
belleza perfecta. T,mdré retrocesos, debilidades. Una fi'.
Josufía, perversa, siu dud 1, me ha ~echo creer que el bieu
y el 1ual, el placer y el dolor, lo bello y lo filo, la razón y
la locura, ee transforman unot1 en otros por matices tan
indiecerni ble~ com•&gt; los del cuello de la paloma. ,\Jo amar
nada, uo odiar nada abso lu amente, llega á Fer fabiJu.
ría. Si una wciedatl, si una filosofía, si una religióu hubiera post~d&lt;_&gt; la v.irdad abs~luta, esa sociedad, t'B.i filúeoHa, esa rehgióu babrla venc1d" á las demás y viviría sola en el ruomento pre::ente Todos !Ge que basta aquí
han creído tener razón se hau eugaílado: lo vemos clarame~te. ¿Pode.moa, sin loca presuLción, creer que el porvemr no nos Juzgar~ como nosotros juzgamos el pasado?
He aquí las blasfemias que me su~iere mi espíritu pro.
fundamente viciado. U ua literatura que, como la tuya,
fuera 6ana de todo punto, no causaría ahora más que tll•
dio.
Son~eís de mi candid~z. Sí, el tedio ...... Estamos co•
rromp1dos: ¿qué hacer? iré más le¡os, diosa otordoxa· te
diré la depravación intima de mi corazón. No ba~tán la
razón y el buen sentido. Hay poesía en el Estrimon belat.lo y en la ewbriaguez del Tracio. Vendrán tiempos en
que tus discípulos pasarán por discípulos del fastidio. El
wundo ea !DªS grande de lo que tú crt!,•s. Si tú hnbieras
visto las me ves del polo y los misterios del cielo austral
tu frente, ¡oh &lt;liosa siempre tranquila! no estaría tan se'.
reua¡ tu mente, mas amplia, abrazaría diversos géneros
de belleza.
Ttí eres ,·erdadera, pura, perfecta; tu mármol no tiene
man?ba; pero el templo de Hagia- Sofía, qub está en Bizanc10, produce también un E&gt;fecto divino con sus ladri
llos y HU yeso. Es 1!1 iwagen de la bóveda del cielo 8J
d~splomará; pero s1 tu Cdl,, pudina eer ba-tame amplia
para contener una rn~ltítud, también se desplomaría.
Inmenso rí~ de olvido. nos arrastra á golfo bin nombre.
¡Ob abismo, tu eres bl Dtod únicu! Las Jtigrimas, los suef os de todos los sabios encierran una parte d~ verdad.
· r'.1do no es aquí aba¡o más que Eímbol" y snf'ño. Los
dioses pasan como i?B hombre•, y no sena bueno que
íue~eu etern.,e. La t.i qne se ha tenido no debe nunca
eer una cade!1ª· QL1edamos en paz con ella cuando fa envol vemos cu1dadodamenLe ~a el sudario de púrpura en
que (ju~rmen loe dioses muertos.

ORO-EBANO-NIEVE

I
¿Vt's Pete rizo rubio, f'B mi tPsoro,
ea nn recuPrdo de mi edari primera·

me lo tiñeron de color dE&gt; oro
'
los fulgures ó.e un sol de Primavera.
Cuando Fe acerca la ePtación florida,
loe capullos revie11tan en fragancia,
y t-n la épora primera dfl la vida
todo lo alegra d G~nio de la [nfancia

29

EL MUNDO

Acéptalo. Yo espero que te cuadre
este casto amuleto de cariiio
que hallé entre las reliquias de mi madre
y que ella me cortó cuando fuf niño.

II
¿Y ves esta guedeja de cabellos?
¿Quién loe pintó de obscuro, ensueño mío?
El sol que loe bañó con eua destellos,
no fué un sol tropical, un sol de estío?
¡ Ah I tal vez los tifleron los dolores:
amé por vez.primera áloe veinte afioe
y anidó en mi alma, entre marchitas flores,
el ave de los mustios desengaños.
Acepta la guedeja que he arrancado,
ea igual á tu trenza que conservo,
es negro su color, abrillantado
como el plumaje fúnebre del cuervo.

III
Y hoy... comienzo á llorar, siento congojas....
ni una flor en el alma, ni un retoño!. .....
Mis canas al brotar son secas hojas
que me anuncian la entrada del Otoño.
Ellas son el recuerdo que te dejo
al separarme triste de tu lado ........ .
Ay! cuando torne, me hallarás más viejo,
de la mundana lucha más cansado.
Ya se acerca mi Invierno; y en Invierno,
dime: qué árbol su follaje salva?........ .
Si vuelvo á tí, tras de sufrir eterno,
que no te espante mi cabeza calva!
JuA~

:B. DELGADO.

Julio de 1897.

MltLODIAS

Empieza el sueño á acariciar mis sienes:
vapor de adormideras en mi estancia;
los informes recuerdos en la sombra
·cruzan como fantasmas.
Por la angosta rendija de la puerta
rayo furt:vo de la luna avanza;
ilumi¡;¡a los átomos del aire;
se detiene en rqie armas.
Se cerraron mis ojos, y la mente,
entre loa euefios, á lo ignoto se alza;
meciéndose en loe rayos de la luna,
da formas á la nada.

Y ve surgir las ondulantes costas,
las eminencias de celeste Atlántida,
donde viven los genios y se anida
del porvenir el águila.
Allá rima la luz y el canto alumbra,
aire de eternidad alienta el alma,
y loa poetas del futuro tiemplan
las cristalinas arpas.
Auroras boreales de los siglos
Allá se encuentran, recogida el ala;
como una antelia vese el pensamiento
que gigantesco se alza.
Allá los Prometeos sin cadenas
y de Jacob la luminosa escala,
allá la fruta del Edén perdido,
la que el saber entraña.

Y el libro apocalíptico, sin sellos,
suelta á la luz S\18 misteriosas página11,
y el Tabor del espíritu eu cima
de entre la niebla saca.
Y allí el Horeb de donde brota puro
el casto amor que con lo eterno acaba;
all.1 está el ideal, allá boguemos:
dad impulso á la barca.

Despertéme azorado ... ¿Y ese mundo?
¿Para volará él en d6nde hay alas?
lnterrogué á las sombras del pasado
y las sombras callaban.

OR qué Eerá? Se diría que en
rada vibración hay un lamen•
to, un lamt'nto de tibra des•
garrado, un lamento como un
grito de corazón que siente la
mordedura de diente venenoso.
Me detengo, y á la sombra
de los soberbios edificios escucho, yeecucho embelesado,
2quf'llas enérgicas notas que
sube~, vuelan, vi.bran en las calies y se derraman en loe
espac1óe, en lluvia de sonoridades.
¿Pcr q1_1é serit? ~e hablan al alma. Tienen arranques
de energ1a, la claridad, la poteIJcia de luz diáfana que en
todas la~_auroras besa loe campos dilatados.
~a un imán. He visto muchas gentes clavadas ante el
luciente órgano; las be sentido enspirar como si del fondo·de eue espí~itus s1:ugieran vahos melancólicos, y más
de una rem101ecencia ba hecho humedecer las pupilas
secas, po~ el fupgo de las humanas pasiones.
Armon 1a ..Armon.ía que palpita, que domina, que exalta, que de~p1erta mtl recuerdo3 y q11e trae de quién sabe qu~ regiones, perfnrnes que fueron, perfumes de épo•
cae bnllantes como un día de sol radío~o.
. E~ capricho. Arte que 110 reconoce reglas. Que desprecia sendas, que Fe desborda asf, inconsciente, cual si fue•
sen las numerosas agua3 de una catarala.
¡Oh! yo amo la armonía d~I viento rugidor; yo amo el
trueno retumbante que castiga con ci11tan1zos de fu¡,go
las rebeldes nubes; yo amo el sublime canto de la na~u•
raleza, porqu.~ am~ la libt'rtad, fdolo de log fuertes, porque amo la v1brac1ón del clarín, sfmb lo de los grandt-s.
Por eso, los deshtreriadoA de mundanos doneP, los po.
d r I o• de ~·Ma~ón y alma, 1 or, n, 1loran cuando e I gemido de u.n.triste organo su~urra al oído glorias que pasaron, fehc1dades como flamas engañosa•. Dios los be»dic¿ en cada p.upadeo de Jas estrellas ..... .
MANUEL

VIAJE DE LA LUZ

l\f.

Or,TYER.

PRODIGIOS DE LA FE

Millares de ~e!llploe cua_iadoe dE&gt; agujas,
cnal obrn de vre¡ae y mágicas brnjas·
altares brnñi&lt;lns de mármoles y oro '
qne gn:irdan divino y !'terno tesoro-'
sublimes pl~gari.;s Aubiendo á los delos
grandiosas id1-aP, afanes, desvelos·
'
pinturaq y f'At,it.nas do el arte reln'mhrn,
poemas snblimeA, hoguera que alumbra
gloriosos martirios, heroicas victoria~ '
que han dado áloe puebloq laureles y glorils·
loe mundos unidos por máglc1 Ja,.o·
'
las agnae unirlRR en íntimo abrazo·'
lo~ astros mPn.idoe, los marE'R dom;dos·
los rayos ba_j'lndo del ciPlo apagados; '
los reyP~ caidoP., In• nneblo~ ne pie..... .
todo esto en el mundo lo ha hecho la fe.

V tCEIITE Gm1.

Pero el rayo de luna ya subía
del viejo estant~ á las poi voeae tablas,
y ,alll.iendo los lomos ele loe libros,
en sus títulos de oro se miraba.
JOAQUÍN

GONZÁLDZ CAMABGO.

LAGRIMA

A.ngel de mi terrestre paraíso,
estrella de mi noche funeraria,
arrullo de mi sueño desolado,
música de las selv.ae de mi. pa•ria,
tórtola triste
como una lágrima,
sombra de mi reposo,
¿adónde va tu alma sin mi alma?
Vibración de mi espíritu, l\rmonioso
impulso de mi carne fatigada,
atmósfera celt:ste de mi vida,
cuwbo de mi existencia solitaria,
mitad errante
.
de mi esperanza,
Ya no te ven mis ojos.
¡Allí que:ió tll al!na sin mi alma1
Patria de llíis risueñas illleioneE,
pupila de mis ojos arrancada,
caricias de mi watlre enternecida,
descanso ¡ay I de la feroz batalla,
templo caído
de mi p1egaria,
en la tierra, en el ciclo,
¿adónde irá tu alrua sin mi alma?
Muda como los cráneos de la fosa,
eola como el de~ierto de la pampa,
lllu1,tia corno loe sauces del sepulcro,
triste como la última mil'ada,
cotno uu sollozo,
corno uua lág{'ima,
¿así quedó tu alma sin la rufa'!
A11í 1¡,uedó mi alwa sin
alwa!

,u

RICARDO GL"f[ÉBREZ.

FRAN2UÉZA.

-¡Oh 1, ¿qué te dice el corazón, soldado,
al ver e l eotandarte enarbolado,
gloria del regimiento,
baüc,ndo coutra el asta desplegado?
-1:'ues si q11eréie que os diga, mi t1argento,
la verdad pura y llana,
&lt;mando veo ff.otar aquella lana,
me dtce el corazón: ¡ bace b!len viento!
N1coLJ.s :\.u¡;usro Go~ZÁLEZ.

�EL MUNDO

30

ENGAÑO SUBLIME
· Por lb)aría S!escot.
NUMERO I7,

se deslizado sobre el1a sin tocada. Carlota se beneficiaba á verl He aqui que soy por segunda vez su yerno! r&lt;&gt;r
con el privilegio que tienen ciertas mujeres de embelle· cierto que es una hermosa suegra!
Tristes esponsalee fueron aquellos, y D!i podía ser de
-Martín, dijo Jacobo con un tono grave; acabo de de•
ceree envejeciendo. Sus pesadas trenzas de cabellos ru ·
otra manera.
jar
á mi primo en un estado vecino de la desesperación.
biaceos y los vivos colores de su tez burlaban los estragos
Los criarlos habían hablado, la verdad era conocida Y
Vos habéis infligido á una familia honorable, de la cual
del tiempo.
en la ciudad de Pontarlier se elevaba un grito de indigestoy orgulloso en formar parte, una afrenta tan inexpli·
El sefiQr y la sei'íora Duvernoy la recibieron afectuosa•
nación.
cable como inmerecida. Yo no puedo permitiros que tra•
mente; Lila, arrojándose en sus brazos la mantuvo estre•
-Ved á esa Santa Nitouche, decía con desabrimiento
téis ligeramente delante de mí ese penoso asunto, tanto
chamente abrazada. Carlota devolvió á la joven sus ca·
la señora Metroz á la señora Ribaudet. ¿Qué tal repremás cuanto que en esa lamentable historia hay en mi sentir
ricias pero no pensó en interrogarla, demasiado urgida
sentó su papel, eh? Jamás en público_le dirigía la palabra;
cosas obscuras; yo no comprendo, yo, yo ...... no veo......
como estaba por hundirse en la novela de la trinidad plareservábase para la intimidad. Y nosotros que nos dejá•
Leódice le interrumpió:
tónica tan lamentablemente interrumpida ocho afios an•
bamos engañar por su aspecto de modestia!
-No prediquéis Sommeres; la predicación no le resultes. Además, ¿para qué interrogar? ¿Para qué obligar á
-Felizmente, replicaba la sei'lora· Ribaudet, el señor
ta á un viejo diablo como vos. Yo he hecbo una barba·.
Martín es un caballero; ee sacrifica para reparar su falta, la culpable ~ renovar la humillante confesión?
ridad, convengo en ello; pero sufro sus consecuencias:
Seis días antes del matrimonio, Jacobo de Sommeres
lo cual es muy bello de su parte, po1que podía pretender
no se puede pedirme más. Si vos no veis, C&lt;'mprad len•
dejó inopinadamente los Pirineos y volvió á Pontarlier.
un partido más brillante.
tes! Solamente que habréis de escogerlos de vidrios
Apenas llegado recibió la visita de la tía Fourneron,
Aquella blanca reputación de señorita era entregada á
negros, es un consejo de amigo. Hay circunstancias en
que
entró sofocada:
todas las maledicencias de las mujeres, á todos los groque es preferible no ver demasiado claro. Y dicho esto,
-Supe tu llegada, mi querido amigo. Tú ignoras la
seros quulibetN de los hombres, á todas las bromas obcelamentando no poder gozar por más tiempo de vuestra
vergüenza de nuestra familia y he querido se::: la prime•
nás de los cafés. Nadie pensaba en dudar de una falta
compaf'Ha, por que estoy sumamente ocupado, os aoan·
raen hacerte.saber esta lamentable historia; ~s un golpe
que la culpable misma cónfeeaba.
dono.
Para los unos, Lila era una naturaleza viciada; pjlra la horrible pa.a todos!
Jacobo volvió á su casa maldiciendo la pícara inspiEntonces se explicó refiriendo lentamente la triste
mayor parte una muchacha babi!. Ella respondía con un
ración que lo había llevado á Pont.arlier.
silencio obstinado á las reprensiones de su madrina, con- aventura con sus incidentes, y sus peripecias.
-Qué he venido á hacer á esta galera? se decía. Y&lt;&gt;
Un poco de compasión hacia temblar la voz de la vietemplaba con mirada fría el exceso de indignación de
eetaba tan tranquilo!
la tía Fourneron; _soportaba las sonrisas depectivas de la ja dama.
Su convicción ahora era absoluta. Había en ese di ama
-Pobre chicuela, carece de madre: Carlota tenía el esseñora Metroz, los epigramas de la señora Ribaudet, las
un lado tenebroso que él pem,traba sin peDa, perc, algumiradas de conmisceración de la buena señora Bertin, y píritu demasiado estrecho par-a que su vigilancia fuese nos de cuyos detallls se Je eecapaban. ¿Por qué Lila no
más reconcentrad I que nunca d~jaba correr el tiempo .&lt;.1~- eficaz. Seguramente en esos países de oriente fue donde lo Dt'gaba? ¿Bajo qué presión, bajo qué amenaia ~asumía
la niña se pervirtió: una corrupción semejante debe ve- ella la falta de otra? El no pndía adivinarlo bien, aun
cesario para los preliminares del matrimonio.
Loa regalos más ricos le fueron llevados; pero con un nir de lejos. Pero es preciso que me acompafies á casa cuando creía en su inocencia. Por su parte ¿qué podia
gesto de repulsión los rechazó sin dar una sola mirada á de Fernando, le debes esta muestra de simpada, y ade- hacer? Inmiscuirse en este imbroglio le espantaba.
más, debes ser forzosamente uno de los testigos de e~te
los encajes y á los di!unantes.
«Comprad lentes negros, había dicho bruscawente su
Su padr~ la miraba con una atención severa; él atribuía trhte matrimonio.
ex-amigo, hay casos en que es preferible no ver dema•
Jacobo, cauteloso, permanecía inmóvil. La primera siado claro.» EEOs casos no son los en que la verJad, la
su sombría tristeza á la vergüenza y al remordimiento ...
Algunas veces, sin embargo~ le causaba piedad esa pobre suposición persistia en su espírüu:
rectitud y la conciencia tienen que luchar con el teuior
-Hay otras mujeres en la casa, dijo.
muchacha y se sentía ten_
t ado á abrirle los brazos; pero
delas complicaciones, el fastidio de ocuparse de los ne•
-Omis mujeres! No, no hay otras mujeres. No Ee pue• gocios de los otros y el terror de las responsabi!Uadee
ella no imploraba perdón ni indulgeI1cia; parecía, al contrario, rechazar el u.no y la otra, evitando con un cuida• de contará las criadas; un hombre como ·el señor Mar• con que hay que contar, y por fin, el egoísmo de un soldo feroz toda converrnción con el padre ofendido. No tin no se hubiera comprometido por una recamar.,ra, la terón. Pues bie11, st, él compraría lentes negros, ó mesalió de su entorpeciwiento sino para escribir á la aya habría hecho ir á su casa. En cuanto á nuestra admira- jor aún, cerraría los ojoe.
que la amaba siempre. La cana fué amarga, extraña, ble prima Beltrana, está por encima de toda suposición.
XLIX
Ila sido perfecta en esta triste circunstancia, perfecta C0•
casi cínica.
«¿Habríais vos creído, sefiorita, que vuestra Lila era mo lo es siempre.
Leódice continuó su camino más inquieto de lo que
-Vamos á casa de Fernando, dijo J acobo bruscamente. habría convenido parecerlo. Había hecho frente al peliuna hipócrita. una muJer deprava:la?
Encontraron al pintor en un abatimiento del que no gro con su habitual habilidad; mas ya solo, di:jaba que
«Mi padre ha encontrado un hombre en mi pieza: el
matrimonio se imponía-. Realizo, por lo demás, un nego• salió sino con un estallido de cólera.
arrugas cuidadosas plegaran ea frente.
-¡A.hl Jacobo! Jacobol parece que vos oonocíais áese
cio muy ventajoso. Tuve la fortuna de enqontrar al ~eEi:1te imbécil ha adivinado el enigma, de otra suerte no
flor Leódice Martin, un verdadero heroe de novela, mu- miserable! ¿Cómo no me habéis prevenido? Yo no lo me habría hablad.o así-peneaba.-Si revela la verdad al
chas veces millonario, y que sin embargo consiente en hubiera dejado entrar en mi casa.
sefior Duvernoy, qué prueba puede dar en apoy&lt;&gt; de Sil
-Pero él repara, dijo la eeñora Fourneron.
aserto? Vacilará antes de comprometerse en este fastireparar sus errores.
-Repara!. ..... y qué puede reparar? Hay momentos dioso asunto; no importa; será pru@en\e advertirá mi
«Oh, C.irlota! yo había pensado siempre que en ese
día solemne vos veµdríais á reemplazará la madre ausen· en que me veo tentado á arrojarle su reparación á la ca- aliada; Bll una mujer inteligente y se pondrá sobre aviso.
Se dirigió á casa del pintor; llegado á Ja puerta se de•
te cuya ternura vos sólo habéis suplido. Pl:!ro creía tam· ra, con todo mi desprecio.
dién casarme orgullosa y pura...... No sucede así. ..... Y
-¡Gran Dios! exclamó la tía Fourneron es:.&gt;antada, tu-vo. Hablar á Beltrana no era nada facil. Debde el r ei.he aqui por qué, mi respetable amiga, no os invito á mi pues sus instintos casamenteros se le subían á Ja cabeza. llez wus tan dramáticamente interrumpido, el uno y el
matrimonio; será una boda vergonzante enmeaio de la ¿Puedes tú hab!ar así? A pesar de las lamentables cir- otro, por tácito acuerdo, habían evitado todo t&lt;le-á-tétt.
noche y las tinieblas, como conviene á una mujer deshon • cunstancias de ese matrimonio, el señor i\Iartin no deja La partida era dellllasiado importante para correr el riesrada.
de ser para tu hija nn excelente partido.
go de comprometer el éxito con una ligereza.
El U á las seis de la maflana tendrá lugar Ja ceremo-Puedo verá Lila? pre;¡;uutó J acobo.
Así puee, Leódice vacilaba. En medio de me 1e1gher
nia religiosa. En ese día rogad por mí y llorad por mí.
-No lo creo, dijo el pintor. Está encerrada en su cuar- saciones, vió de pron\o á Bdtrana aparecu en la exireto y no recibe á nadie m1s que á su antigua aya. Beltra· mill.ad de la calle. Con trabajo comervó al avauzar hacia
Lilcc.»
na ha salí io para las compras de rig&lt;r. Ella piensa en todc, ella, el aspecto irreprochable que las circunstancias exi·
El aya respondió:
gían, y al saludarla con una trivial sonrisa, con una mi«Lila, querida- mía, asistiré á vuestro matrimonio. Ya No e6. que fuera de mí sio ella!
Jacobo se despidió. Al volver la calle se encontró fren- rada se aseguró rapidamente de que nadie podía o!rle, y
seais inocente, ya culpable, mi corazón maternal no tie•
te á frente de Leódice Martín. Este fué á encontrarle bajando la voz:
ne fuerza para juzgaros.
-Jacobo de Sommeres está en Pontarlier, acabo de
con la mano tendida.
«Espero que el muy honorable sellor Duvernoy y la
verlo; ha tenidc ciertas palabras amenazadoras y ambi•
-Toma!
estais
aquí,
Sornmere1:?
Qué
sorpresa!
Se
de•
misericordiosa sefiora Beltrana, no cerrarán la puerta de
guae, J he comprendido que es dueño de nuestro Bt!Creto.
su casa á su humilde amiga, y el 2-1, en la Iglesia, tstará cía que os hallabais en los Pirineos. lfabéís venido para
No abandonéis VU\'Stra casa y vigilad la correepondencia;·
asistirá
mi
matrimonio?
t,entil
procedimiento
del
que
cerca de vos el corazón solícito de vuestra
que ninguna visita, ninguna carta, ningún billete lleguen
os
estoy
muy
reconocido.
Eh?
Ya
~u
pondréis
qne
vais
á
&lt;hrlota,,,
ser mi primo. Se deja uno en Parfs y se encuentra en á vuestr_o marido sin pasar previamente anié vueetroe
ojos.
La joven se conmovió menos por esta expresión fiel de Pontarlier.
Perdbió al notario que se aproximaba, y alzó la voz:
una inalterable afección, que se hirió por la facili fad con
-También se deja uno en Brest para encontrarse en
-Entonces, eefiora, pue3 que aconeejaia las esmeralque su antigua aya creía en su culpabilidad.
Pontarlier, replicó J acobo.
- En Brest! por qué decis este.? Re por la eefiora Da· das, le daremo~ la preferencia á este adorno.
-¡Ella también!. .. ...... murmur{&gt; amargamente.
Se despidió con el mismo saludo correcto, con la misPocos días después llegó el aya. Esos ocho años habían• vernoy? En efecto, me -ha sorprendido mucho volverla
XLVIII

OOIIINGO II DE Jallo DE' 18sn

•misma sonriea trivial, en tanto que Beltrana, toda páli•da bajo la impresión de su terror, oía apenas al señor
Ribandet que se informaba politicamente del estado de
eu salud.
. Ahl para ella la falta llevaba en sí el castigo; un temor
continuado la oprimia. Sentia dudas ligeras, mal defini•
--dae, pero dudas en fin, nacer en el espíritu de su marido;
y he aquí que era inminente una denuncia.' Qué sabía
.Jacobo? Ella hubiera querido irá él para conjurar el peligro á fuerza de audacia, pero se resolvió á esperar al

-enemigo en eu casa, y siguiendo el consejo de su compli •
ce, á vigilar la correspondencia.
lnstalóse en un punto estratégico. DJsde ahí ob,er-vaba y veía; nadie entraba sin q •1e lo percibiese.
-Cinco días aún, murmuró; cinco días, cinco siglos;
tantas coeae pueden sobrevenir en cinco dfas ....... ..
Más que nunca sentía cuánto amaba su respec/a/,ility
tan dificilmente adquirida, y la soberanía que ejercía
en la población. Pasó el día ein incidente alguno.
Ileltrana velaba eiempre.
Estaba en su puesto de observación el día siguiente,

EL MUNDO

cuando llegó el correo. Dióle una mirada ansiosa, su mano tembló al abrirlo. Bien poca cosa traía; sin embargo,
de los diarios y los prospectos emergía un /!Obre demasiado voluminoso, en cuya parte superior, la palabra Francia, subrayada, llamó su atención.
Respiró. No era del extranjero de donde podía venir
el peligro. Iba, sin más exámen á enviar esa carta á su
destino, cuando, por un último exceso de prudencia, exa•
minó el sello de origen: Hammerfest Norge. ¿Quién escri·
bía de tan lejos?

Como todos aquellos á quienes un pasado dudoso vuelve pusilánimes, volvió ella á tomar la carta y le dió vueltas entre sus dedos; después, resueltamente, la deslizó
en su bolsa, subió la escalera con paso rápido, entró en
BU cuarto y se encerró. Ahi, bien segura tras las made1as
de su puerta, con minuciosas precauciones rasgó el sobre.
Ocho ó diez páginas de una escritura apretada, salieron. Vió la forma. Un grito ronco se ahogó en su garganta, sus ojos se velaron, el nombre que acababa de leer,
radiaba terrible; murmuró: «Felipe, Felipe de A.ubián!,,
Su emoción fué tao grande que, con la mano _crispada,

las hojas de papel se escaparon dispersándose sobre la
alfombra. Casi no pensaba en levantarlas, se sentía per•
dida, vencida, como si el Justiciero hubiese llamado á la
puerta, pronto á entrar.
Poco á poco le volvió la sangre fría y recordando el
timbre de la carta, se dijo que no había razó~ para desesperar.
Noruega! estaba muy lejos Nornegal Dentro de cuatro
días el matrimonio se habría realizado; entonces, an'6
Jo irrevocable quién tendría interéi! en hablar?

Tomó la carta de nuevo, y apresuradamente, con fiebre,
la leyó.
Al principio era un grito de alegría y deliberación: el
grito de un muerto que resucita y que)e levantarse la iapa de su ataúd. Pero á esta alegría, ella, con el entrece-jo fruncido y la mirada dura, no se asociaba. Después,
venía largamente la relación de conmovedoras peri.
pecias por las cuales había pasado el marino. Los hielos
destrozando el I ,drépido, la invernada en esos países malditos; luego, escenas de desolación y de espanto, los compall.eros muriendo uno á uno y él solo salvo, recogido

�1

\
c===3é:2===========================F=L=M=U=N=D=O=================º=º=M=IN=G=O=l=l=O=E===J=-U=L=IO=D=E=-1a¡ 7 =--

por los eequimales, paeando mema y afios bajo míe"ras
chozas, repatriado, en fin, en fin! Y entonces la alegría co•
menzaba de nuevo, con un himno de esperanza. Se en•
contraba á bordo de un brick que iba para Inglaterra.
Luego que hubieee desembarcado tomaría el camino de
Francia.
Escribiendo esta palabra Francia, la maJ10 del marino
había temblado, y aun mirando de cerca, hubiera podido
'\"erse la huella de una lágrima.
Atravesaría por París no deteniéndose más que el tiem•
po necesario para las formalidades de costumbre: hacer
borrar su nombre de la lista de los desaparecidos, dar
cuenta de BU misión, renovar también BU guardarropa á
fin de no dar miedo á su bien amada Lila. Entonces par•
tiría para Pontarlier: tenía sed de volverá verá los úni·
cos Béres que amaba y cuyo recuerdo lo había sostenido
á través de sus rudas pruebas. Acababa con un ruego:
«Que encuentre yo una palal::ra de vos en París, Fer•
nando; dirigídmela luego; decidme que estos siete años
no han cambiado vuestro corazón, decidme que Lila no
Ita·olvidado á su pobre padrino; decidme, ¡oh! sobre todo,
que la encontraré vi va y feliz.»
Beltrana con un gesto brueco ajó la carta. Calculó
mentalmente el tiempo y las distanciae.
-No llegará á tiempo; murmuró, por poco que se deterga en París; pero es importante que el eefior Duvernoy no tenga conocimiento de esta resurrección. Querría
pgnardar al desaparecido.
Encendió una vela y una á una quemó todas las pági•
nas. En el punto en que estaban las cosas, no debía de•
tenerla un vano escrúpulo. Cuando no tuvo ante sí más
que un montón de ceniza negra, volvió á ocupar su puee•
to estratégico.
L

Jacobo no era en Pontarlier el único que ponía en duda el ol'[ioeo rumor. Otra persona también oponía á la
calumnia una firme incredulidad. Era el viejo cura que
dirigía á la joven.
Hay en eso un misterio que no comprendo, pensaba él
f'n eu honradez de sacerdote. Si la nifia fuese acusada de
haber extrangulado á su madraetra, yo no me eorpren·
dería mucho, pero haber recibido á un hombre en su
cuarto!. ........ Vamos, no lo creería aún cuando ella mis•
ma roe lo dijese.
Sin embargo, cuando la víspera del matrimonio la vió
arrodillada en el confeeionario, no pudo \impedir una
aprensión. Ella hizo la confesión de su odio; después se
cayó.
-¿Qué otra coea?-preguntó el padre con una vacilación que no fué duefio de dominar.
Eo ese tribunal donde la mentira es un sacrilegio, ella
levantó la cabeza:
- Vos también, padre mio, habéis dudado de mí.
Habla en aquel pálido rostro una pureza tan luminosa,
que el padre se reprochó su desconfianza como si fuese
una calumnia.
- ,Por qué no os disculpáis? Ella le miraba con ene
ojos graves, en tanto que él repetía su pregunta.
-¿No podéis confiarme vuestro secreto, hija mía?
Entreveía cosas vagas y obscuras, y con su experien•
cia de confesor esperaba poner remedio.
Lila permanecía indecisa, turbada hasta el fondo del
alma por la instante súplica del viejo confesor. No tuvo
fuerzas para rechazar á un confidente tan seguro, tan
tierno y tan discreto. Con voz baja, entrecortada, vergonzoea, habló.
El viejo mostró, desde las primeras palabras, un gesto
de indignación. Había presentido cosas criminosas, una
violación acaso, pero nada tan vil y tan cobarJe. Así,
pues, para asegurar la impunidad á dos miserables, la
inocente muchacha iba á inmolarse. Era toda una exis •
tencia perdida, una existencia de martirio atroz; porque
mejor que Lila, él podía saber las rebeliones de la carne
y las rebeliones del espíritu. Ella iba á inmolarse, sin
que un soplo de amor, de reconocimiento, de compasión,
fuese á endulzar su sacrificio.
-Es imposible, exclamó, no dejaré que se efectúe este
o:.ioeo matrimonio. Hablaré á vuestro padre, hablaré
también al eefior Martín.
-Y si hablais-dijo ella,- mi padre se batirá. Es inhabil para las armas, en tanto que el otro...... ¡oh! Dios mío
vos no lo sabéis; el otro le matará.
_,,.J:n medio de la sombra del confesionario, el padre se

\ 1\

torcía las manos, impotente paraencontraruna solución.
Comprendía bien que una vez despertada la descon·
fianza del marido, ya no se adormecerfa y q ne se seguiría
un duelo...... El ministro de Dios es un hombre de paz;
su religión prohibe el duelo y manda el sacrificio. Cesó
de resistir y de discutir; sin consuelos, sin exhortaciones, com!) aplastado por el hundimiento de aquella jo•
ven existencia, pronunció las palabras de la absolución.
Después, con las manos levantadas en súplica ardiente
-¡ Qué el Dios omnipotente y misericordioso venga en
vuestra ayuda y en vuestro socorro! ¡Qué él os dé fuerza
para cumplir vue;tro sublime sacrificio ó que se digne
salvaros!
Lila lloraba con grandM sollozos, con el rostro oculto
entre las manos. Hacía largo tiempo que había abandonado ,la iglesia y el víejo padre permanecía aún prosternado ante el altar; con toda su fe de cristiano pedía un
milagro á Dios.
LI.

A la hora fijada para el contrato, la aya, espléndidamente vestida con un traje rojo, adornado de cintas verdee, bajó al salón. Movíase ella fácilmente en medio de
este drama, no habiendo comprendido .ni sospechado nada y llevaba á esa situación demasiado tirante su son·
riente quietud.
Leódice, asustado al principio de la llegada de la vieja
señorita, cuya clarividencia temía, no tardó en tranqui•
!izarse. La colmaba de regalos para acabar de cerrarle
los ojos. Ella loe aceptaba con su gratitud expansiva.
Escuchaba sus quejas con respecto á la enigmática frialdad de su novia, y sola con Lila, colmábala de dulces reproches. Adormecía con su inalterable optimismo loe te•
mores que Fernando concebía por instantes. Agitaba
con mil confidencias pueriles la actividad de la eefiora
Fournerón, y así iba de uno al otro, más realmente perjudicial con su inepta bondad que la malignidad hubiera
podido serlo.
El contrato debía firmarse á las diez de la noche y le
seguiría el matrimonio civil, que el alcalde, un viejo
amigo de la familia, había ofrecido ·celebrar en el silón
del pintor. El queria evitar á la niña la vergüenza de la
curiosidad pública y acaso algún insulto cobarde, algu•
ú.a buria grosera.
Leódice fué á unirse á la aya; estaba nervioso, inquie•
to! Temía que á última hora, en una suprema rebelión,
la joven revelase la verdad. Era vano,que hubiese desplegado para conquistará lo menos su indHerencia, todos sus talentos de seducción. Sentíase despreciado y
odiado.
Llegaron loe testigos. De una parte Jacobo de Sommeree y el presidente Bertin; de la otra el subprefecto y el
capitán Kirkampan. La reunión era restringida como lo
pedían las circunstancias.
Beltrana apareció á su vez. Había compuesto su rostro; la mirada dura de sus ojos no dejaba adivinar ni temor ni piedad.
Cuan:io Lila entró con su traje sombrío, él tuvo un estremecimiento de compasión, de tal suerte el rostro pálido de la nifia hablaba de sufrimiento y desesperación.
-Diablo! murmuró el capitán Kirkampan al oído del
subprefecto; toma su vergüenza demasiado á pechos la
pobre muchacha; para todo pecado misericordia.
Comenzó la lectura del contrato, un contrato real en
que loe campos, loe bosques, las casas, loe valoree indue•
trialee y mobiliarios se sucedían en interminable letanía. El señor Ribaudet, tenía al enumerarlos, un tono
de compunción respetuosa, su voz era conmovida y solemne. Más de uno en el auditorio sentíase deslumbra•
do. La alemana juntaba las manos á cada nuevo artícu•
lo y saludaba profundamenkl al millonario. Beltrana tenia loe labios apretados y la mirada febricitante. Sólo la
novia no escuchaba.
Cuando se le presentó la pluma, se puso en pie; durante un segundo hizo pesar sobre la madrastra una mirada
de cólera y de desprecio; después, tornando á su impasibilidad, firmó.
En ese momento subió de debajo de la escalera un ruido extrafio que nadie habría podido definir: gritos, exclamaciones, uno de esos ruidos tumultuosos que acompafian á las catástrofes y loe acontecimientos imprevistos.
Todos loe ojos se dirigieron hacia la puerta ...... El ra•
yo cayendo en medio de la cámara, la blanca Elena ea•
liendo de su.tumba, no hubiesen arrojado sobre loe rostros una expresión más fuerte de estupor.

En el dintel de la puerta, acababa de apatecer un hombre de alta estatura y se mantenía silencioso, con la mi
rada dura y loe labios contraídos por la violencia de la.
emoción. Por fin, con voz angustiosa preguntó:
-Se ha casado?
Nadie le respondió. El repitió:
-Se ha casado ya? por piedad, decídmelo.
-Todavía no, dijo Carlota que sólo conservaba su
sangre fría, no teniendo ningún acontecimiento romancesco, el poder de sorprenderla. Jamás he querido creer
en vuestra muerte, eefior Felipe.
-Bendita eéais, señorita, por esta esperanza. Recibí
vuestras cartas al desembarcar; gracias á ellas estoy
aquí.
El pintor sacudió su entorpecimiento. Avanzó loe brazos abiertos; el marino pareció no percibirse de ello.
-T,memoe mucho que hablar, Fernando; pero ante
todo os pido que suepeadáie este matrimonio. Llego del
otro mundo, loe hlelos del polo me han retenido prisionero siete afioe y ..... .
Leódice lo interrumpió con su familiariaad audaz:
-Loe hielos del polo, mi querido eefior, han eido
buenas personas y os han soltado en el momento oportuno. Estoy contentísimo de tener por testigo de mi
matrimonio al tío de mi novia; habéis llegado perfectamente á tiempo. VJlmoe, si guetais permitirlo, á acabar
de firmar el contrato; después, el señor Alcalde proce•
derá al matrimonio civil. Tendremos la noche entera
para entregarnos á las efusiones de alegría que nos causa vuestro retorno, y mañana á las seis, recibiremos la
bendición nupcial, trae de la cual una silla de posta nos
!lguardará á la puerta de la iglesia. Estando todo preparado así, debeie comprende.", que la·ceremonia de esta
noche no puede eufrir el menor retardo.
Felipe midió de alto á abajo al interlocutor.
-No es á voe á quien me dirijo, dijo:con una voz breve.
Avaozó hacia Lila, la tomo en sus brazos, la atrajo
bacía su pecho. Parecía arrojar á todos un amenazante
reto. El eeñor Duvernoy creyó deber intervenir.
-Este matrimonio, Felipe, no se réaliza en circunetan•
ciae ordinarias.; si lo supieeéie todo, comprenderíais..... .
-Lo sé todo, Ftlrnando; pero tened cnidado de que no
os pida yo cuentas de Jo que habéis hecho con la hija demi pobre Elena, y por qué encuentro abatida de vergüen·
za á eea hija que ella os dejó.
Sus ojos cayeron sobre Beltrana y se detuvieron un
momento. Ah! que bien reconocía á la sirena! Sus presentimientos no lo habían engaliado:
-Si es preciso, dijo, que el matrimonio se efeétúe esta
noche, reclamo cuando menos un retardo de un cuarto
de hora. Quiero hablar libremente á mi sobrina; hecho
esto, me iré como he venido y nadie ~n el porvenir tornará á verme. Lila, conducidme á vuestra cámara.
Ella obedeció dominada. por esa voz que mandaba, por
ese afecto cuya calurosa afección acababa de sentir, Los
dos salieron del salón, dejando en la sorpresa ó la cólera
á los testigos de esta escena.
Cuando se encontraron solos, Felipe sacó de su carte·
ra una carta abierta, y presentándola á la nifia:
-Esp1ecieo que me expliquéis, le dijo, el sentido ocuho
bajo estas amargas palabras que dirigietéie á vuestra aya
y que, ella en su embarazo, me remitió.
Vió que vacilaba en responderle, y afiadió:
-En nombre de vuestra madre, debéis tener confian z \
en mí. Ella me dejó como un sacro legado el cuidado
de protegeros; ese fué su úitimodeeeo, su última súplica. Si he faltado al juramento que pronuncié entonces,
es por que hay acontecimientos más fuertes que la voluntad del hombre. Lila, una palabra solamente: amaie á
vuestro futuro?
-No, dijo ella.
-Entonces, cómo estaba en vuestra casa?
Ella vaciló aún; en el momento de tornarse acusadora,
un sentimiemto de austero p11dor la retenía. El parecía..
leer .en el fondo de su pensamiento, porque replicó:
-En Brest, en otro tiempo, ví á vuestra madrastra;
hace mucho de eso, pero oo lo he olvidado jamás. Ella yel eei'i.or Martín se han am1do. Lila, vos habéis cubierto
con vuestro honor la infawia y la traición de otra.
Ella sonrió como deben eonreir loe angeles, sus grandes ojos sombríos se iluminaron; e;e leal soldado no ha•
bía dudado de ella y, solo, entre todoe, en esta tenebro. sa historia había eabido penetrar la verdad.
-Gracias, dijo ella, tendiéndc.,Je ambas manos.

I

33

EL MUNDO

DO ■ I NGb 11 de JULIO de ,897

El tomó entre las suyas eeae dos rnanecitae tembloroeae, y presa de una profunda emóción, las cub~ió de besos.
-lli pobre niña, murmuraba, mi pobre lllfü\ abando·
nada.
Después, de un salto, se lanzó hacia la puerta.
- y ahora vamos á arrojar de aquí á esos miserables.
Ella mostró una expresión de espanto tan expresiva,
que él detúvose sorprendido.
-~Ii padre lo ignora todo, dijo ella; yo no quiero destrozarle el corazón y exponer su vida. E l eefior Martín
es de primara tuerza en el manejo de las armas; toda la
ciudad ha sido testigo de su prodigiosa destreza...... Oh!
sin esto, habría yo consentido?
Y con una voz que la rebelión de la juventud volvía

cobo de Sommeree fué á estrechar la mano del oficial di•
ciéndole:
-Yo no veo bien claro en este tenebroso asunto; pero
donde tú estás, Felipe, ahí está el honor.

LII
Leódice se retiró seguido de la mayor parte de los
hombree. Loe dos testigos escogidos para su matrimonio, recibieron sus iastrucciooes para el duelo. El les dió
una cita para el día siguiente y volvió á eu casa. Inmediatamente que se vió solo en su cuarto, su rostro cambió, sus piernas se doblaron y ee dejó caer sobre un
diván.
Así pues, babia llegado esa hora nefasta que á r_uerza
de habilidad, de prudencia y de fanfarronada hab1a sabido evitar. Era preciso batirse y batirse con un adversario al cual nada podía intimidar, con un marino babi•
tuado desde la infancia á mirar la muerte cara á cara.
Lanzó un gemido de pena, ~e levantó, marchó vacilan•
do hacia una panoplia y tomó una pisto(a, buscando un

Ella Je mira contristada, y desconfiando de pronto con
Ja susceptibilidad de en corazón lleno de sombras:
- Entonces nada queréis de mí.. ....
El recuerda la primera escena de las confituras, Y dice
sonriendo d11lcemente:
--No, nada quiero de vos, Lila; he obrado impruden·
temente el otro día, como me acontece en las b.01ae de
peligro. E l peligro pasó y he reflexionado. Sois de~aeia•
do joven, bija mía; no podéis aún disponer de vos misma.
He jurado á vuestra madre guardaros, y ahora debo 111·
char contra loe arranques generosos de vuestro corazón.
Así, pues, por piedad solamente fué por lo que iba á
casarEe, y ab.tra que ya no estaba desh,mrada, recogía él
su limosna.
Ella no insiste y él parte dejando á la joven •ma duda
y u na tristeza.
Fdizmente Carlota está ahí; por prim~ra vez en su vida, ha visto bien y juzga lo bien; por la primera ve1. al
remontarse á las regiones etéreas, no ha exm~viatlo el
camino. Adivina que Fdlipe ama á Lila, queed porexca•
so de amor y de delicadeza por lo que rnchaza la manecita quA se tiende hacia él, y cuando b.a partido, C.ulota
se lo dice á. la joven, que Je e3cucb.a con unaeonrida con•
movida y esplendorosa. Da suerte ;¡ue Lila no se toma
el trabajo de examinar las numerosas demandas dél ma•
trimonio que la eeüora Fourneron le lleva cada día.
-Yo soy la desposada de Felipe, dice; y esperaré en
voluntii.d tan largo tiempo cuanto él quiera. Carlota no
ha abandonado la casa del pintord,)DJe ha vudlt&gt; á c.:&gt;•
ger sus hábitos de otras veces. Hace al honorable eañor
Duvernoy, deepuée del almuerzo, la lectura de loe diferentes periódicos, y aún cuando él parece eecuch.arla, su
pensamiento está en otra pute, siempre doloroso y
cruel. Un día, Carlota, con su rufa voz de germana lee
en loe hechos diversos lo siguiente:
«Leemos en la GJ,c,ta iút .l[ediodia:
«Un acontecimiento tan misterioso como trágico ha
ensangrentado ayer uno de los prinoipa!ee hoteles de
nuestra ciudal. D.isde hace quinc" día3 un rico banq.1e•
ro parisiense, bien conocido e::i el mundo de loe nego·
cioe y en el dani-monde de los placer.is, el eefior L~ódice
l,L ....... había elegido domicilio ahí. Llevab1 una vida
muy alegre.
«Ayer, en el día, llegaba una dama, pedía un cuarto y
se hacía servir aparte.
«Y he aquí que en medio de la noche, loe apacibles ba•
üistas fueron despertados por dos detonaciones sucesivas
que parecían venir del departamento ocupado por el ban•

temblorosa:
-He suplicado á ese hombre que no me fuerce á un
matrimonio odioeo.
Yo acepto la verguenza, le he dicho, y daré mi honor
para cubrir al de la mujer que amais. Juradme solamen·
blanco.
á
_
te re~petar la vida de mi padre.
-Tiembla, murmuró y temblar m1nana.
- Y ba rehusado?
Había podido adquirir, es cierto, una destreza prodigio-Toda promesa, me ha r€epondido, sería vana. En el sa, pero no un corazón valiente, y ab.ora era preciso ba•
terreno un hombre no es jamás duefio de sí.
tiree y arriesgar la vi.da.
En ese momento la puerta se abrió y Beltrana apare·
¡Morir! &amp;r 6 no ~er ......
ció. No podía soportar por más largo tiempo la ansiedad
Hizo y rehizo durante aquella noche de imeomnio, ba•
de la espera, y siguiendo su ordinaria táctica, marchaba jo cien formas diferentes, el célebre monólogo de Ham•
diractamente al peligro, fiándose en su habilidad para let. Ese era el problema, en efecto: un problema de tan·
conjurar su inminencia.
\a importancia que un sudor b.elado mojaba sus sienes,
-El cuarto de hora ha transcurrido, dijo con voz fría, en tanto que trataba inutilmente de escapar.
.
vPngo á buscar á la novia.
Una debil luz vino á blanquear su ventana y á anun•
Felipe se lanzó hacia ella y asiéndole el brazo que ciarle que su ú ltimo sol acababa de levautaree. Poco
apretó con fuerza, exclamó:
tiempo después la silla de posta que debía llevará loe
- ¡Desgraciada, venid, -venid! Ahí en ese eal6n, ante recién casados á Italia, no habiendo recibido contraor•
vuestro marido, ante todos loe testigos de este matrimo- den, llegó frente á la casa. El fuete del postillón estallaDio, confesaréis vuestro crimen. Es preciso volver á esta ba alegremente; los caballos agitaban sus cascabelee.
niña el honor que le habéis robado
Aquella silla de posta era la riqueza, la libertad y la
Me hacéis daño, dijo ella desprendiendo su brazo de
vida.
-¡Ruirl dijo él respirando fuertemente.
aquel yugo.
En aquel minuto solemne en que sentía capitular lo
Después, con su misma voz fría:
poco que le restaba de honor, una mujer apareció en el
-¿Y ei rehuso?
- Si rehueaie, soy yo quien lo diril. todo, vuestras in• dintel de la puerta; avanzó y levantó su velo:
·
-Leódice, por piedad, salvadme. No puedo permanetrigas de otro tiempo·y vuestro adulterio de ahora.
cer en esta población donde mafiana será conocida mi
-¿Y si niego?
vergüenza; llevadme, partamos.
Y le desafió con la mirada.
Jamás loe ojos leonados habían arrojado tantas llamas.
-¿Qué pruebas tenéis?
- Lila lo confesará todo, dijo Felipe.
-¡Partamoel
Este grito resonaba en su oído como un grito de libeBeltrana levantó los hombros:
-.Es demasiado tarde, la ciudad entera se levantaría ración, porque en su corazón una voz loca, la voz del quero.
miedo, más poderosa qu'l la voz de la mujer amada, re•
Forzáronee las puertas y un espectáculo horrible se
para mi defensa.
- V ueetro marido me creerá y os arrojará.
petía obstinadamente:
ofreció á las miradas.
Ella dejó ver una sonrisa de desafío.
«¡Partamos! ¡Partamos!»
Dos cadáveres yacíar.. en tierra: uno era el del banque-Quién eabe si no seréis vos al que arroje como un .................. ······· .................. ····················· ·········:···· .. . ro y el otro el de la mujer llegada la víspera.
El seíior Leódice Martin al Prtsidente de la Cámara de
«Según el dictamen médico, fué ella quien mató al se·
vil calumniador.
D iputados.
Después, viperina, con una voz que silbaba:
fior M. suicidándose en seguida. El revolver descargado
«Sefíor Presidente,
-Y si os ::ree me perdonará porque me ama; pero se
«Asuntos de la más alta importancia me obligan á pa- de dos tiros, había c1ido cerca de ella.
batirá y el eefior Martin le matará.
«L11, identidad de la homicida no ha podido efectuarse,
sar muchos afioe fuera de Francia; y por esto me veo forno llevaba consigo papel alguno. Era una mujer da unos
Lila exclamó:
zado á enviaros mi dimisión.»
-Yo no quiero que mi padre muera, yo no quiero ser
treinta y cinco afíoe, muy bella, de cabelloo de un rubio
LIII
rehabilitada al precio de su vida, yo no quiero, yo no
Han paeado tres años. Jamie el eefior D11vernoy pro• ardiente.
«Creeee que se trata de un drama de celos.»
quiero.
nuncia el nombre de la mujer que amó locamente. No ha
-Sefíor de Aubián, continuó Beltrana cuya voz perEl periódico se desprendió de las manos de Carlota.
vuelto á partir para loe paíees lejanos como lo hizo des•
dió su timbre duro, yo be venido á vos para haceros en¡Oh! exclamó ella, ¡iesventura:103! ¿E3 po3ible e3to?
puée de la muerte de EJena. Se ha encerrado eo su casa,
trar en razón. Oponerse á este matrimonio sería la peor
recibiendo apenas algunos íntimos. Ninguna tela sale de Es ........ .
de todas las locuras. ¿Peneaie que yo no lo· habría hecho
No concluyó. Había levantado hacia el eefior Duversu taller: se diría que B~ltrana ha roto el talento del ar•
si fuese posible? Si me acusaie, me defenderé, y entre
noy
sus ojos que velaba a las lágrimas, pero la mirada
tieta, al romper su corazón. No habla ya de dolor inconvuestraa afirmaciones y las mías nadie vacilará.
que
encontró
era tan seca, tan imperiosamente dura, que
solable; sufre silenciosamente; pero la herida oculta se
Una vez aún, una vez más, la fiebre de la acción se
calló
intimidada
y se puso á llorar silenciosamente.
80
aviva con la rabia y con los celos.
Cierto es que sus lágrimas eran e:ncerae, y sin embar•
apoderó de Felipe:
De suerte que ella le eogiñaba, no le amaba, amaba á
-Lila, ¿queréis casaros conmigo?
otro. Se iepetía íntimameatc estas crueles cosas y una go, sin embargo...... muy en el fondo de loe grandes ojos
Ella no dijo nada, pero fué á él v se arrojó en eua bra•
cóle1a que el tiempo no podía ex1iognir, rugía en él, á de vidrio comenzaba á lucir de nuevo la indestructible
zoe. El la apretó contra su corazón locamente. Ddepués,
veces pasaban fulgores rojos por su cerebro. ¡Ah! si se esperanza.
Puesto que el honorable sefior Duvernoy no lloraba,
dirigiéndose á Beltrana:
pudiese matará los dos miserables. Perv no es el hom•
-Ya arreglaré más tarde vuestra cuenta; tengo dema•
bre de las resoluciones viriles y después de un acceso de había cesado de amará la culpable, y puesto que loe casiada prisa por ir á castigar á vuestro cómplice.
impotente rabia, cae de nuevo aplastado, humillado, torce afíos de Laban habían transcurrido y Lila iba á
Cuando volvió al salón, todos se extremecieron; se diri•
abandonar á su padre para seguirá Felipe de Aubian, su
vencido.
gió rectamente hacia Leódice é hlriéndole en el rostro:
esposo,
¿por qué el bien amado sefior Duvernoy no re•
Su hija le rodea de loe cuidados más tiernos.
-Sois un miierable, le dijo, y os abofeteo por segunda
Lila no se ha casado, porque Ftliipe de Aubian ha vuel· compenearía la fidelidad de la que le había dado su co•
·
vez.
to al mar. Después iie la vergonzosa huida de Beltrana razón hacia tanto tiempo?
Entonces, llorando siempre, Carlota púsose á sonreír
Luego al pintor:
y de Leódice, ha dicho á la joven:
- Vuestra hija tiene á bien hacerme el honor de casar•
- Este escándalo es para vos la rehabilitación máebri• á su quimera eterna.
se conmigo; os la pido por mujer!
lliRíA LEscOT.
Loe hombree testigos de esta incomprensible escena• liante; el porvenir se abre de nuevo lleno de promesas.
No el' ya neceeario que os caeeie con vuestro viejo pa•
FIN.
rodearon al diputado. Sentían el prestigio de las rique- .
zas enumeradas en el contrato de matrimonio. Sólo Ja drino.

�35
EL MUNN~D~O~=-.,,...,=--=-=="'!"""-=...,,.-=====c=-=-==-'=-~=--==-===:.;;;_..;•~o~•~••~G::,:0~11:,==.dc:,J,J~U~Ll~O~d,:,•,,:.•.
~1~-==-===-=-=_,=--====--==
.

34

La nueva Compañía de Opera Italiana.

EL MUNDO

PRI:NCIPALES ARTISTAS.
LA RECEPCION

Del Sr. Ing. Leandro Fernández
EN DURANGO

Oportunamente E,. )lu \'no ilustrado informó á ene lectores de la lamentada muerte del
eei'lor Flores, Gobernador del Estado de Durango, quien en el curso de una "ieita á importante centro industrial falleció de una
manera casi repentina. Hablamos después
de la refiida lucha electoral iniciada y proseguida en aquel!a importante Entidad. de
loe matices que mostraba y de las pereonaJi.
dades políticas que eran discutidas, y public~mos las fotogrÍlas de los principales cand1da~oP1 anotando ene . rasgos biógraficoe.
Por ultimo, para ser lógicos en nnestra información, participamo~ á nuestros lectores
el defioi~ivo reeuUado de la lucha que elevaba,' J?Or mayoríB de sufragios, á la nrimera
ma,nstratura de Durango al sefior Ingeniero Don Leandro Fernández.
Hoy tócanos dar una nota ilustrada de la
brillante recepción que al nuevo gobernador
@e le hizo, y para ello publicamos cuatro fotografías, cuyo autor es el señor G. Cordero,
y que representan loe arcos levantados por
diversas corporaciones.
Luego qne el pueblo duranguefio conoció
el resultado de Pus sufragios, reirocijóee en
extremo y apercibióse á recibir dignamente
ale13fior F«!rnández, q11iensalióde aquí acompañado de distinguidos amiitos y ob~nvo en
todo el camino, desde la frontera hasta la

1

-. F

Arco de l.i Ciudad.

Arco levantado por la Colonia Amerlc.ina.

capital de su Estado, sefialadae muestras de aprecio, entre las que se contaron hermosas fiestas dadas en eu
honor.
Suficientemente conocidas son la personalidad de seiior Fernández y eue dotes de recfüud. Ellas darán opimce frutos-así lo deseamos-en la administración del
importante Estado.
DOÑ&amp;.MARIA

C.iandq entré á visitarla la encontré C&lt;'mo de costumbre,.sentada en sn viejo sillón de gutapercha, junto á la
camilla, sobre cuyo tapete de hule había varios memorialea de pobres, que estaba examinando.
-Mi amiga doil.a María tiene sesenta aftos, es muy fea
y gasta una espesa peluca negra.
-¿Trabajando como de costumbre?-la dije, después
de saludarla.
Leyendo desdichas y más desdicha&amp; -me replicó quiiándoee las gafas.
'
-Y buscando a la vez el modo de alivlarlae-afiadí
-Sí, amigo mío; pero, es tan poco lo que puede hacerse!
,-Y, vamos á !er, entre todos esos postulantes ¿hay algua caso excepcional?
-No }o sé-me contestó la sefiora; son memoriales que
me han dado en la última junta y que, como visitadora
'8ngo que ir á enterarme de lo que hay de ¡,erdad e~
ellos. Pero el ot,o dia se me ha presentado un caso de
esos que usted dice y que oprimen el corazón más duro.
-A ver, cuente usted.
-Pues verá usted: en una especie de cuarto, sin más
luz que un ventanillo que salía al nivel del piso de un
patinejo y por cuyas desconchadas paredes rezumaba la
humedad, me éncoatré sobre un catre miserable un hom•
bre joven que se moría tísico á toda prisa. Establi á su
lado una mujer joven tambilfo, bonita, de.aíre distinguí•
do, vestida de harapos que en otro tiempo ee.cooocía habían sido elegao'8e galas, y por todo ajuar en aquel zaquizamí tenian dos sillas viejas, un baul destrozado, un
barrefio con unas brasas, en que se calentaba una medicina, y cuatro pingos colgados de dos clavos.

-Eso no viene á cuento-me replicó con•
trariada la buena eeil.ora.-Puee oiga n8'8d,
á esa infeliz me la be traído á casa; por allí.
dentro está, y voy á ver si la reconcilio con
su madre y la proporciono algún medio decoroso de ga,,arse la vida, que bue11a falta
la hace. Para esto último cuento con que us·
ted me ayude.
-Cuente usted conmigo; ¡pero vamos, eeil.ora, que se mete usted en unas historias!
En fin, todo sea por Dios.
- Sí, hijo; todo sea por Dios-me contestó
con beatífica calma.
Habrían pasado quince días de esta conversación con mi amiga, cuando una mal'la•
na, pasando por la descampada plaza de¡Jae
Peftuelae, veo acurrucada en el suelo y quitando á un pobre perro una la~ que unos
traviesos muchachos Je habían atado al ra•
bo, á mi amiga dona María, c9n su vestido
de merinete, sus zapatos de fraile y su peluca.
Ayudé á la anciana eeftora, como mejor
pude, á libertar de su maza al mísero chucho, y después de loe saludos de ordenanza
y d6 enterarme que, como de costumbre, loe
vientos que par aquellos andurriales la habían llevado eran loe mismos que á casi to•
das partee la llevaban, los de la caridad constante y valerosa, se me ocurr;ó preguntarla por su protegida, la joven viuda.
-¿No sabe uet"d lo que me pasú con ella?
-me contestó.-Puee que .e escapó de mi
casa, llevándose unos pendientes de brillan-

-Cuadro de miseria era en verdad-la dije.-Y la historia de aquellos deegraéiadoe, ¿la supo usted?
- CC&gt;mpleta-me conteetb doña l\Iaria.-Entre lo que
la joven me relató y los informes que yo he adquirido
resulta lo siguiente: Ella es hija de uoa eefiora que fu;
azafata ea otros tiempos, tan llena de vaoiJades como
falta de recureoe. Contra loe locos de•eos de la madre
q~e no q~ecía para yerno hombre que fuera menoe qo;
d1plomát1co, ó alto empleado de la R~al Casa, la chica ee
enamoró de un capitán de infantería que la rondaba la
calle, y con el cuat cierto día, tras una acalorada diecu.
sión con su madre, se e1:capó1 yéndose la pareja á Portugal._ Jl!I, por su parte, se llevó los fondos d,e la caja del
reg1m1!3~to qu~ Cl!taban á ~u cargo, coa. los que tuvieron
para v1v1r y munfar aunque no mucho tiempo, pues el
mocito salió jugador y perdido y fueron aquellos por
tanto, loe dineros del sacristán.
'
Deepu(,e vinieron las escaseces, los malos tratos los
desp;e~ioe con que ha purgado la infeliz su mal pas~, y,
por ultimo, la enfermedad de él, basta que hambrientos
y desamparados, han vuelto á .Espail.a, donde se hallaron, el capitán, muerto á su padre de pesadumbre después de babe"!~ arruinado por pagar los desfaÍcoe y
trampas de en b1Jo, y ella, con que su madre no la quiere
de modo alguno ver, ni oír haolar de que tal hija llevó
en sus entrañas.
-¡\'aya una eituaci6n! Y usted, dofta l't!aría, ¿qué ha
podido b!icer por ellos?
-Poca cosa; pero, eo fin, xlgo se ha hecho. En primer
lugar casarlos, porque aquellos de~gracíados estaban todavía en pecado mortal. En dos días y con el apoyo del
seftor obispo, lo he podido llevar á cabo, por encontrar
se el capitán i11 m'/ír ulo mor/i,i Luego enterrarle, pues falleció al día siguiente de celt-brado el matrimonio· proveerá la viuda de algunas ropas y pagar loe gastos' de la
enfermedad.
-¿Y á todo ello ba subvenido la junta domiciliaria ó
Arco del comercio.
ha tomado también parte y no escasa, como otras veces
el bolsillo de la visitadora?
'
tes, nn ve 1o de enc,je y d'ls billetes de á 100 pesetas
. -Pero, vamos, qne se neceRita ser criatura perversa é
10grata para portarse con usted de Pea manera
-L'l q~ie ustei. llama _pP.rversidad-:lij'l dofla Maríayo más b1e!11?Ud1era cahfica~lo de to~teria eúpima y faltadecon&lt;?c1m1ento de la prop1aconvemeocia que abandonaelcammo algo áridoenunprincipi&lt;?, pero'llano, fácil y
seguro, por la!1z.a~se pr&gt;r trochas y vericuetos que siempre
llevan,Rl prec1p1c10. Y ea cuanto á la ingratitud, yo no la
veo. , amos, hombre, ¿&lt;1casoes usted de loe que todo servicio que prestan áeu prójimoqnieren gueésteee Joagradezca? Refiexiooe usted, amigo mio qne agradecereselmc•
do de pagar los beneficios que recibimos, y que si pretendemns que no~ los agradezcan, pretendemos también
que nos los ~ague o, y beneficio pagado, deja de serlo.
-Eso en rigor, pern muy en rigor ¿eh? ea verdad mú
no todos ven las cosas ~el mismo m¿do, amiga mía.'
. -Por cortedad d_e vista-me repuio con chunga mi
10terlocutora.-¿Qu1ére usted que vayamos á pedirle al
pe~ro ag,1el que nos agragezca el favor que le hicimos
quitándole la lata de la cola?
-¡Q,1é cosas tiene ested! En fio, ello es que por fas ó
por nefaa, se ha e~contrado ueted libre de aquella pécora
-Así es-me d1¡0 con asombrosa tranqnilída la buena.
setlora,-pero conf10 en que no sea por mucho tiempo
Ando haciéodo diligencias para dar con ella, y si la en'.
cuentro, llevermela o~ra vez á mi ca~a, y que quieras que
no, hacer de esa desdichada una mujer de bien
-;.Será posible?
•
-\'a}'.a, ¿pu~s no b~ de Rer?. El haber perdido un pleito en PrI!ller~ instancia no es impedimento p!l.ra acudir
á la Aud1eoc1a y basta al Tribunal Supremo. Ya verá
u~ted, ya verá usted como lo consigo si la cazo y creo
que llegaré á cazarla. Adiós, amigo mio, hasta dtro rato.
Que vaya uqted &lt;verme.
Y dofia María Ee alejó sonriendo.
Con e 11s zapatos de frai lé, su vestidillo negro su peluca Y eu fea cara, la hubiera de buena gana dad~ un abraza en aquel momento, mejor que á una buena moza.
Y eso que las buenas mozas me gustan.
Arco lev111ntado por l.is Colonl.is Europeas.

GONZALO CERR\J&amp;RÍA.

Admiración de loe hombree,
Orgullo de nuestras. selvas.
Loe hijos de los caciquee
De pc,rtentoeae empresas,
Loe nietos del gran Lautaro
Hoy, sin combatir, se entregan!
¡Ay, de mí! ¡Ay. de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mi tierra!
~ neetroe padres y sus padres,
Cayeron en la pelea
En eangre tinta la lanza,
Sin moetrar jamás flaqueza;
Y hoy moran en loe volcanes
Que roncos braman y humean,
Enrojecidos acaso
Con el rubor de la afrenta.
Los hijos degenerados
De aquella raza de atletas;
Roto el viril •tarilonco•
Doblan la altiva cabeza.
¡Ay, demíl.1Ar, de míl
..
¡Arauco ya no euete; ya se acabó mi sierra!

Y el escogido de mi alma
Ese ...... entregó la frontera!.. .. ..
¡Epulef...... cuánto lo amaba! ..... .
Era nn tigre en la pelea,
Su caballo era un relámpago
Y su ,,quila• una centella.
Elocuente manej,ba
Como la lanza la lengua;
Nadie más noble, más grande;
Nadie...... ¡qué digo! ...... Ohl vergüenza! ......
¡Ay, de mi! ¡Ay, de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mt tierra!
SI¡. Cleopatra Viclnl, sopr.ano ll¡cra.

LA NUEVA COMPAÑIA DE OPERA ITALIANA

El ju"vee último dPbi6 estrenarse en Pl ~acional, con
•Gi()(.'onda, la nueva Oompaflía de Opera Itahana, hace al~no11 días esJ)f'rada pn México. Integrai:i el cuadro. artistas entre loe rualee alguno!! son antiguos conocidos
nueetl'OII. ta!PA como la Peflora Polaco DrC1g.
.
No pndiPndo aón hornPco_pa! con respecto á 1011 mén:
~s y al éxito de la troupe, hm1támonoe á dar algunas fo
~grafíaa, deaeando á loe artistas muchos aplausos.
LA· ARAUCANA.

Del torrl'lntoeo' Toltén
Solitarin en la ribera
Alí-Quillen, la araucana,
AAi, triste Pe lamenta:
-¿A.dónde, ad6nd" voy sola~
A dónde llevo mis penas,
Si IR tierra de mis padree
Eq hoy del •huinca• la tierra!
Gime «tricauco" agorero,
Tú, solitario te quedas
Y yo me voy no sé á dónde,
Arrastrando mi cadena.
¡A.y de míl I Ay de mí!
. ,
¡Arauco ya no existe; ya se acab6 mi tierra!
Oayó el indómito Arauco
Nunca vencido en la guerra:
Un eoplo de la montana.
Heló la lanza y la espuela.
ne la altura cayó el águila
Que cantaron loe poetaP,

Por última vez ¡oh Rlo, .
En tue agrestes riberas
Déjame cantar llorando,
Déjame eonar despierta! ......
En loe "niguines• lo vi,
Bailé con él en la fiesta,
Y cautiva de sus ojos
Dile mi alma, de amor llena. ·
Como paloma anullaban
Sus palabras lisonjeras,
Y el fuego de eue miradas
Abl todavía me quema!
¡Ay, de mil ¡Af, de mí!
. .
¡A.rauco ya no e:uete; ya se acabó Ull tterra.1
Aguas corrientes del rk&gt;
En que se miran mis selva@,
Llevad al mar los •copihuee•
Que entrelazaron mis trenzas.
¡,De qué sirve~ loe ad?rnoe
Y las floree, El hay tnetezae
De eeas que mata .. el alma
Y que la vida envenenan?
¡Juventud, belleza, amores.... ..
Verduras sois paeajerael.. .. ..
(',omo estas flore~, al río
Diera yo todas m;e prendas.
¡Ay, de mí! ¡Ay, de mil
..
¡A.rauco ya no existe; ya ~e acabó mi tierra:
Todo paeó...... los chilenos
Sus orgullosaq handPrae
Clavaron en Villa-Rioa,
De •ueetra gloria preeea;
Mudos están loe clarines,
Las 1obustae lanzas quietas,
¡V no estallan loa volcaneqf
¡Y las nubes no revientan l. .....

SI¡. Bcnvenuta Polaco Oro¡, mezzo sopra"º·

..\.dios! Arauc.&gt; perdido!
¡ Adios, Toltén! huye, rueda,
Corre á la mar, y llorando

Esta inmensa tumba riega.
¡Ay, de mfl ¡Ay, de mil
..
¡Araoco ya no exie'8; ¡ya se acabó mi tierra!
EDUARDO DE LA BARBA.

LA OFRENDA
A Luis G, Urbina.

Yi.ientee resplandores de una mafiana primaveral Un
haz de luz, saltando de la aha ventana á través de loe
vidrios de coloree cae sobre las baldosas del templo, tendieado en ellas ... ~ •apiz de iris movedizos. ~n su ll!lpelo
diáfano, la Virgen, de cara bondadosa y casi. sonr~ente,
envuelta en wca negra eu cabellera, con l?e o¡osab!ertos
en vidriosa inmovilidad, ostenta un veet1do. ,111.mpho ~upido de lentejuelas de oro y plata, como un g1r6n de cielo estrellado.
'C'na nii'la frágil, coo la fragilidad de las porcelanas preciosas v&lt;'stida de inmaculada, se acerca pronta y alegre
á dep¿sitar eu búcaro rebosante de aM1baree. Dos trenzas
trigueftas bajan hasta su cintura, anudada~ en sus extremidades por un listón. Su frente descubierta ea ancha,
correctamente corva. Eo su boca color de grosella, uoa
sonrisa de placer. Tropiézaee en las gradas. del altar, y
el búcaro rueda roto, desparramando en el marmol un
chorro de botones y de pétalos.
.
La nifia se inmoviliza y clava una mirada de angustia eo la perdida ofrenda de eu amor. Después, cuaodo
levanta la cara lívida á la Virgen, están l~s.trosa~ de
llanto sus pupilas tristes, negras como la obsidiana.
J KSÚS URUET.\.

7

1
' 1

L
SI¡. Nin.a Muzl, sopr.ino dramática.

Si¡. Linda Montan.ir!, sopr.ino dr.imátlca.

.

SI¡, Adelln.a Janton, mezzo soprano.

�DOMINGO u DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

--º=º-■
=IN=G=O=h=D=E=J=U=L=IO=D=l=•ll9~7===============B=L=M=U=N=D=0~===~==~================~31=,_

SombrerolulsXVI. ( Figura 7 .),

CRO.NICA DE LA MOD.A.

Esta intrincada forma va ador·
nada por un gran penacho de
hortensias y rosas.

Esta simpática y turbulenta coquetuela ee formaliza
por ahora 1,n algunos momentos, de más 6 menos duración, pues las crónicas del extranjero nos dicen cada dia
que el gueto e~ ha decidido por loe vestidos blancos,
adornados de n1&gt;gro.
No parece sino que la moda tiene un oculto duelo, pues
para todo hay una mezcla de negro, aunque aeapequefía.
Tenemos en loa trajes más bellos, cintas de abalorio negro, ó de terciope:o y raso, encajes negros, etc. En los
sombreros vemnP graciosas confecciones de pliesé blanco
ó crema con orillas i,egraa; aunque loe más aceptados son
negro con b 'anco.
A veces suele mezclarse á los vestidos blancos con
adorno negro, alguna cinta roja, cuando las jóvenes no
son sectarias del rumantici~mo.
Vemos también que han quedado abolidos por completo los grandes bullones de las mangas. Sin embargo, en las bluPaa americanas cae perfectamente la manga
ancha de pufto, y c, mo generalmente se hacen de telas
de lino, dan mayor gracia y ligereza al talle.
Esto es en cuanto II trajee de calle y casa, de loe de tea•
troy recepción, noe ocup11remoe próximamente.

Sombrero de jardín.
(Fl¡~ra a. )

Este es de paja .fina y falda
ancha, adornado únicamente
por un grupo de plumas esmaltadas y un ancho pliseé roea-vie•
jo, puesto coquetamente en torno de la copa, y sobre una cin·
ta de terciopelo negro.
Sombrero de tul crepe.
( Flguril 9.)

Pue:le imaginarEe una peque•
fia nubecilla de aurora, por su
tenue tinte violado, llevando •
en la vuelta del ala un gran laso
de listón negro sujeto por un
broche brillante.

--f ~IT\'=S~
LECTURA PARA LAS
DAMAS
SABER VENDER)

Figuras •· y •·
[ Bolero abrigo. (Fl¡un1 5.)

r

Eete'grscioEO atavío es muy propio para entretiempo;
y debetuesree encima del vestido. Es de pafio vert perforado, manga campana y cuello médicis en ondas.
Grupo de sombreros.

Debéis también saber elegir
la épcca favorable pRra vender,
ya lo que cosechaie, ya lo que
vueetroe productos os euminhr·
tran eo breabundantemente. Así
como es bueno tener proyeedoree titulados para comprar, tened también, si es posible, con.• pradoree que puedan fiarse de
vuestra legalidad, y con quie•
nee podaie contar para el pago.
Peto en las ventas como en _J~s compi:ae, procurando en primer lugar vuestra ullh~ad, ~e¡ad á los negociantes, cuya vida es toda de mq,metud y proyec·
toe, eeas combinaciones y eeoe. eem1enga!i~B q~~ cor.
frecuencia tienen mucha relación con la 1~¡uetrnia.
Nuestro objeto no de~e eer el co~erc10, no queremos precisamente enriqu•cernoP, smo establecer
en torno nuestro por el mden, el trabajo y la eco·
nomía, la paz q~e hace la dicha en la familia.

Aqui tenéis mis queridas lectoras, un grupo
de diversos sombreroe variados en su .forma,
pero igualmente encantadores, que os servirán
para realzar vuestra hermosura, si tenéis bae•
tante tino en elegir aquel de ellos que mejor se
adapte á vuestro rostro. ~

Figura 6.
COMPRAR POll SÍ HISHA'

Comprad por vosotras miemae. No compréiR por meaio de otros, eino cuando no Jo podáis vosotras hacer; así
q:nedaréis~máe contentas y eabréie lo que mejor os conviene.

Figura 8.

Para fiarse de otros en las compras es necesario estar
seguras de dos coeae bien raras: l,afid,elidad y la habilidad.
Una cocinera, por ejemplo, no comprará más que lo
que ella eabe gmear, 6 lo que le dé menos _trabajo~preparar.

Después hablaremos de la fidelidad. La habilidad e
tal vez más rsra que la fidelidsd.
Pocas personas son capsree de no dejarse alucinar por
las palabras de un comerciantf&gt;, por sus exagerados cumplimientos, por sus mentiras dichas con calma.

~Sombrero de paja. (Fgura:6. )

/·~?

Este preciosíeimo sombrero de un aire mar·
cial, está adornado con anchoe pliesée amari•
lloe y alas de cuervo. El centro de la flor es un
chaux de tafetán guinda.

/t.:·
"
/fr.
·,.,.
Figura 4.

No debemos querer acumnlar(riquezas que frecuente·
mente solo sirven para tormento, sino tener bastante para dar y hacer el bien y no bastante para causar envidia
y obrar el mal.
MANÍA DE COMPRAR

Triljecltos para nllias de

2

.á 4 ilÍÍOs. (Fl¡urils I y 2. )

-El primero ee de piqué pompadour adornado con doe
guarniciones de bordado de hilaza roja; de la misma hi•
lasa lleva un gaviado en el vola.ute y mangas, dos lazos
de listón rejo en loe hombros.
El otro vestidito es de piqué blanco.con bordados negros, cintita n1&gt;gra en la eecarola del canezú y cuello.
Cinturón y laz011 de lis\ón negro.
TraJ• de paseo. ( Figura S·)

Este vie\oeo \raje ee de eeda pompadour cambiante.
El talle eetá formado por un coselete en acordión que
sujeta el vuelo de la blusa, reparliéndolo después para
la falda. Mangas ajaretadas con globo muy chico.
Un fino encaje adorna el cuerpo y una banda de muselina de eeda lila cubre la costura. El sombrero también ee\á adornado por muselina de seda lila y plumero.
Dos bluus sencillas. ( Figura

4.)

Es~s do• cuerpos 10n, el uno de percal á cuadroe, y el
tro de pi~é rayad•.

Fi¡ura ~-

Debemos precavernr,e, en fin, de la manía de comprar,
la cual viene á ser una verdadera pasión.
Para esto no concurramee, ni aún sólo por ver, á }o¡¡ .
remates ó euba11tas, ni áloe aparadores que los comercian•
tes ponen al paso, ni á esos bazares que ofrecen una libre .
entrada y un mostrador cubierto de objetos brillantes y
atractivos; correremos allí mucho peligro de ceder á la.
tentación y comprar cosas que al día siguiente nos estorbarían.
Allí tal vez pondríamos en ejercicio la manía por las
colecciones, las curiosidades ó las ltagatelas, que con frecuencia es tan dispendiosa como ridícula.
Hay algunas mujeres que tienen en su aposento, sobre
elegantes y vistosos aparadores, ó en alguooe cajones ó
mesas, verdaderos almacenes de inutilidades, digamoa
mejor, de ridiculeces.
Esos objetos preciosos de la China, estas porcelanas
transparentes, aquellas maravillas delicadae del arte, an·
te fas cuales es necesario contener el aliento por miedo
de romperlas, parece que no están allí, sino para provo•
car el fastidio de la que las posee, y la sonrisa de loe que
las ven.
¿Y cómo han podido llenaree de tantos estorbos?
Han salido á la calle con la recta y firme resolución de
no comprar nada; han estado seguras de sí mismas y al
aproximarse á loe aparadores y al entrar en los al~ace•
nea, se han despertado dos pasiones que reposaban silenciosae: la curiosidad primero, el antojo y capricho des•
puée; en seguida han comprado.
¡Oh! si eecribiéeemoe un curso de moral, cuántas cosa~
tendriamoe que decir sobre estas tiránicas inclinacione@!"

Figura g•

•

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(DE VAN BUSKI RK)

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01

~

"•

Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

t1onsir.l,1ft•~ Unlvo...• lr• ~- ll••~•lnn~ YCh1cago.

•

~LA FRATERNAL.~
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O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL ~IPNDO.

326

Domi_ng-o 7 ele Nodcmbre de 1897.

,,

LA LOCOMOTORA ELECTRICA IIEILMAM.

:u. J. ,J. Heilmam, ha abordado l'l prohlema de la tracción elt'&gt;drica, de una manera cornph•tamcnte m1eYa.
La máquina com;truida por él·'" q1u• hoy pre~entarnoK
it nucstroR lectun•~ fue ensa.n1da por primera vez en
1is9;3- ~)-! en los caminos de fierro dl'l Oest&lt;•. Los l'n:-a"º~ fuC'ron satisfactorios 1wro sug·iril'ron sin t•mharg·o
~I inventor alg·unos ¡wrft•ctionarnil'ntos, &lt;ll' los cuales
ha surgido el tipo de la mwva locomotora eléctrica;(•-&lt;ta, de una pótcneia mu~- ,-up&lt;•rior ú la prece&lt;lentc, n't
á cnsavarse uno de P:-;tos días en lo,; ferroearrile~ lle!
Oeste.· En el fondo la idra ha pn•cedido 1Í la creaciún
d(• la,- dos locomotora$ e!(•é!ritas im·entadas por Heilm,1m es la misma. Deseribir la una es d('~trihir la ot1·a.
La ,·erdadera difcreni:ia &lt;'s qm· la nuíquina de 1~'\\;3 tenia por objPto rrmoltar un tren orclina rio de ,·iaj&lt;'ros
\' clrsarrollaba (iOO t·aballos de vapor; y la ck 1~7 &lt;ksa;Tolla 1.)J;""iO ,· P~tit destinada it Jo,; trl'IH'ti pesado~ de
gran Yeloci,dad. La loi:nmotora elé&gt;etrita ;;e cornpmw
11(&gt; nna maquinaria sobrad&lt;¡ c·omplic·ae}a, que seria "obrado té&gt;l'nic-o dt&gt;scribir; 111á, ,ep;ún todo lo que• dl' rila afirman los intrlig-rntPs. por ,m resisteuch1, por la intensidad ek su traci:ión ,. la faeilid,ul ele ,m manejo, e,tá llamada ¡'¡ un gTm1 pn1'.venir rn los ferrocarrilrs franee~es.
De ofrN·er las yentajas c¡ue se supone, de seguro la
adoptarán ot1 as nadon,&gt;s.
Dt·sde luego se dPbe precisar la diferencia fundamental que hay entre la loeomotora Heihnam .,· la loi:ornotora de vapor. El prnblema es este. Ha:v i:arbón;
rnús tt&gt;neis que sen·iros el&lt;' ~tL t•nerg-ia mecánica para
hacer eorrer un tren ,;obre los rieles. La~ do,; rná&lt;¡uina, toman este carl)ón, lo trasforman en calor~- en moYimiento. e,tc moYímfrnto en las antig·nas múquinas
se trasmite á las ruedas motriees :, el tren marcha. En
la nuíquina de Heihnam ah·ontrario, ele e~te moYimiento se hace electricidad y de esta electricidad ,;e haee
1n0Yimiento.
Nada es má, paradoja! en apari(•ncia, pero nada tampoco más sencillo en la práctita sin duela el primer
ensavo será un triunfo.
Co~no decimo,;, se efectuará en estos días y hay gran
interés entre los científico,; por n~r lo~ resultados.

TOM0.11

. MEXICO, NOVIEMBR!l 14 DE 1897,

•

NUMERO:to,

Locomotora eléctrica.
muestra con a~·uda ek dos pantallas, la Ullll blanca y
la otra negTa. mantenidas juntas en una mano, ele manera de dejar t\ntrP pilas un ,·ado triangular. Se coloca detrás de la pantalla m•gTa un p,tpel hlani:o, sohn• &lt;'l cual P~tít ¡wg·ada 1111a ohka roja.,· se dl'splazan
rápidamente las dos pantallas &lt;ll• nna man&lt;'J"a sucesiya
de izquierda it dl'rei:ha ~- ele- dcrc•cha ;\ izt¡nil•rda, ele
manera ele cll'st:ubrir 1111 im.. rnnte la obl&lt;•a .,· dt• ocultarla inmediatamente eon la pantalla blanc-a.
A la impresión roja sUC('(leril una i111presi(m d(•s,·anccedora de azul n~rdoso. Con m1tC'ha luz y una ,elociclad de dt•splazami&lt;'nto com·enir11tt• de las dos pantayas, el rojo desaparecerá y la obléa apan'cerá Ycrde.

r

prl'pnrar nue,·o,; ejemplares, con :\I. Félix. Faure en
Saint Prteshurgo.
E~o,; i:ristales eon apariciones han intrigado mucho
á los compradores y aún á los compradores cultos. Se
ha dicho qne ~,• producen por electricidad como lo hacia en otro tiempo el doctor Boudet en París. Se ha
pretencliclo q ne se las obtiene por presión. Otros que están más c&lt;'rea ele la n'rdad han admitido que se g'raban
ligeramente con :ícido fluorhídrico. En realidad se podían obtener alg·unos resultados por presión como en
las imágpnes ele :\Io;er. Basta frecuentemente aplicar
¡;obre un cri~tal bic•n lavado una medalla con cierta
presión, retirarla~- exhalar su aliento sobre el vidrio.
La 111edalla apan•ee. El Yidrio, como es higramétrico,
drja n'r, bajo la acción de la humedad, la huella del
ohjcto con el cual ha estado en contacto intimo.
Xo es a~[ em¡wro como se preparan industrialmente
los cristaleR de hn&lt;Íf/i'IIPs e.rhalodas. Se emplea un -ta
pún de cori:ho sohn• el i:ual se ha grabado en r elieve
un dibujo dado, que se dc,ee rPprodueir sobre el Yidrio ·
Se• ,-unier¡re el tapón, no en la tinta sino en una pasta demasiado fluida de flnorhiclrato ele amoniaco y de
ácido flnhorhidrieo; después se aplica sobre el Yidl'io.
Si~(• le apoya eierto tiempo, el vidrio qurdará grabado profuudmnente y ll&lt;•Yan\ la huella del dibujo. No se
debe apo~·ar sino ligeramente y algunos instantes y
después dejar secar. El grabado es imprr&lt;:eptible para
d ojo prro es suficiente para atraer y fijar la humedad
del aliento. Asi, de~de que se ~opla con la boca sobre
el cri,tal, la imagen ~e muestra distintamente.
Tal e,; el secreto de lo~ espejos mágicos.

Experlenc:iss sobre lss transformaciones subjetivas
de los c;olorea.

1

__ j

i\I. Shelfo~o Bidwel, ('l fü;ico inglés bien conocido por
un grau número de experimrntoH originale;; acaba de
preH•ntar á la Sociedad Real de Londre8. nuevo~ v cu-

rio,;o;; exprrirnento;; que e;; interesante hacer conocer.
El punto de partida Po Pl clásico diablo rojo que, obsE'rYado fijamente durante medio minuto, ,·a {1 pintar &lt;'n
!&lt;e.ptida su imagPn en verde sobre el tcrho cuando á
él se clirig-e la mirada.
Se sabe que e,,;_e efecto es debido á la fatiga rctinia11a, la retina se vuelve incapaz de resentir las ondas
roja;; de la luz blanca~- no Ps afectada ,in&lt;' por las hondas c·omplementarias, es drcir por la luz ,·erde. En ciertas condidones, este efecto de fatig·a purcle producirse
en un tiempo muy corto ;• hace tres aí1os el autor llannba la atención sobre e,;te h&lt;'cho: de que un corto periodo de obscuridad, comunicaba á los nervios retinianos una sensibilidad muy superior á la seu~ibilidacl
uormal, v que esta ~ensibilidad desaparecía mu,v rápidamente bajo la influencia de una nueva~, yj\·a impre;;ión lumino~a.
De hecho basta una fracción ele sC'gundo para obtem•r estas variaciones de sen~ibilidad. El autor lo de-

Transformación de los colores.

2(1

ue:da µasar.

Qué srrafín es ese que ha un instante
M:e irradió Plparaíso en su mirada?
Que umt celeste vida aun reflejada
Tiene en su rafaélico semblante ....
De sus ojos el rayo rutilante,
En pi&lt;&gt;lago de amor mi alma engolfada
La senda halló de su inmortal morada,
Cual con la Cruz Austral el navegante:
¡Pasó, la faz hacia el Empíreo vuelta,
La cabeJlcra de azabache suelta,
Y suelta al éter la bondulante falda ....
Y llevaba al pasar, resplandeciente,
La luz de las auroras en su frente,
La sombra .de las noches en·su espalda!

Espejos mágicos.
La acción de la luz clespues de un corto periodo de
intt•nsidad parece tener la propiedad de disminuir la
Rensibilidad de las fibras retinianas en un tiempo tan
corto que si la luz está coloreada, no tenemos conciencia de eRe C'Olor. Empleando un disco, giratorio
formado de una parte negra de• una parte blanca v de
un sector hendido, como la muestra la figura adjunta, el efecto de transformación ~ubjetiva de colores,
puede ser obtenido de una manera continua y dar
los resultados mas curioso,;.

NUlfA

P.

LLONA.

lmá&amp;cnea exhaladas

Cuando el ('zar estaba en París el aii.o
pasado. Y en el ia n ~ e
• es1wjos mág· i e o,;,•
pequeñas placa,; de
cristal rectang·ulares,
clP diez centímetro~
de long·itucl por unos
ciueo eeutímctros de
anchura, rneerrada,;
en un estnehe de cartón. Sobre el crista¡
no había nada apa reut&lt;,mente ..Mas si se
,;oplaba sobre el Yidrio, proyl'ctando e:
aliC'nt,1, inmediatamente ~e• Yeía al emperador de Rusia. Se
han variado mucho
csascimágenes exhaladas• y aún se han
hecho colecciones.
Ahora se empiezan á

IXORA
JABON ...... . .................
ESENCIA .....................
AGUA DE TOCADOR .......
POMADA .................... .
ACEITE PARA EL PELO •.•
POLVO DE ARROZ .........
COSM ETICO ............ .....
VINAGRE--·· .......-·--:,····

IXORA
IXÓRA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
IXORA
QE IXORA

DE
DE
DE
DE
DE
DE
DE

.ED.PIN-AUD
Strasbourg

P.A1\I~

•

i!os primeros frios.

P&lt;?r Yllla ■ ana.

�328

EL MU~'DO.

LA SE:l.IANA
La curiosidad pública, esa eterna sedienta, se
prepara [I recorrer el epilogo de la tragedia del
1 i de Septiembre. Reclama la gran masa anónima una pñgina más del palpitante drama que tuvo por teatro la Inspección de Policía; desea nuevas sensaciones que agregará las ya empalidecidas por el tiempo, (¡dos meses! ¿no es una etern idad en esta época del má.~ aprisa!) y sucfia con
inesperadas peripecias, surgidas del fondo de este
burdo crimen de una brutal llaneza, árido y sin
accidentes.
Allá irñn [I c~mparecer ante la jsuticia popular, los protagonistas de la repugnante historia, y
rnsgarán las sombras que obscurecieron sus espíritus en aquella siniestra madrugada. ¿Qt1ésombras será dado vislumbr,ll' en lo pl'Ofundo de estas conciencias?
Si, como el personaje de una nov¡,Ja contemporánea, creyéramos que la virtud y el crimen,
el bien y el mal, no son más que etiquetas sociales, y q uc el vicio r la honradez son elementos necesarios al conjunto clel universo; si, como aquel
sabio del Disclpulo, pcnsárnmos que cambim· un
alma sería detener la rida; acaso nos pareciera
menos monstruosa la tranquilamente horrible confrsión de algunos de los rcsponsabtcs del homicidio de Arroyo.
Pero la socied ad no puede admitir este ciego
drtrrminismo, que reduce los actos del ser humano á los movimientos de una rueda en una gran
maquinaria. Podrá el hombre ser ó no íntegramente libre; al conjunto de los hombres le interesa conservarse, y todos los hechos que tiendan á
destruir esta conserTaciún son considerados como nocivos.
Claro es que no se demostraría nunca á una
víhoril-si fuese capaz de comprender un razonamiento,-que no debe destilar su veneno. Entonces ¿por qu é soy víbora? respondería. Mas sem ejante r egla de conducta no habría jamás servido para constituir una sociedad.
¿Tal hombre es delincuente por antecedentes
hereditar ios, antropológicos, psíquicos? . . . . . . Poco importa. Yo no discuto las causas del hecho,
sino el hecho mismo. ¿'.\Iat,l por necesidad de su
temperamento, por elementos de su propia constitución, como el imán atrae el hierro ó el perro
rabioso ataca al transeunte? Y bien, esto podrá
serme útil para mis lucubraciones especulativas,
pero como miembro de la colectividad, no me es
permitido cruzarme de brazos y dejar el paso libre al delito.
•
l•~s posible que en el fondo de cada crimen no
exista sino una gran dosis de ignorancia; el Código, sin embargo, no establece estas diferencias,
y el Código es un libro importante en las socicdalles civilizadas.

dantes de elocuencia tribunicia, inspirados en arengas parlamentarias, nrn encaminados á cegar á
las multitudes.
Un defensor es, en estos casos, un homb1·c que.
busca, ante todo, el éxito persofüll, sin importarle
hacer traición á la justicia. Su inconsciencia asomhra, y si seleacusara de inmoralidad,.se juzgaría
cu la obligación tle indignarse.
Y he aquí por qué parece que hay especial trabajo en rodear de cierta d(msa atm,hfera el jurado, á que deben comparecer los eompal1eros del
suicida V elázquez.

"'

El suicidio resulto. ser*'*
el término de esas triste11
lustorias de la ambición no refrenada por un sano
sentido moral. ·
Hay q u len se df'sligue voluntarimnente de los lazos que lo atan á la existencia, no por un sentimiento de pudor, sino por no resistil' 11! espectúculo
de su propia derrota.
El gent•r,11 Boulanger, bu;;cando en e' frío callón
ele una pistola el ultimo refugio del vencido, no es
el hombre que se va. ncomctido de laxitudes invencibles, no es el desencantado d&lt;' la vida; es el
ambicioso impotente á quien le falta el coro que lo
aplauda.
Xo siente la nostalgia de la patria aust&gt;nte, ni le
tortura el fracaso de un ,lito pens¡l!Üiento: echa de
menos sus éxitos de boulevard, las aclamaciones
al regreso de Longchamps, el vocerío de la masa
que cosquillea agradablemente su exagerado amor
propio.
Entonces, se da la muerte, porquc la vida para
él no es ya la embriaguez continua r persistente del
triunfo.

"'
*'*

Y que hay singular placer, una alegría nialsana y morbosa, en acoger cada moth-o de escán-

dalo lnnzado al _comú11 acerbo, lo prueba .la oucna voluntad con que se han acogido los rumores
respecto ele la 111u&lt;•rte del Padre 'rortolero.
La loca de la casa está siempre dispuesta á nceptar
cualquier explicación que se dédcun hecho, siempre que esta explicación revista los caracteres de
lo maravilloso. En un principio, cuando no se poseía ningún dato cierto que comprobara la muerte del padre, la imaginación aceptó la muerte; descubier to el cadáver, no faltó quien asegurara que
había visto al difunto en pleno estado de salud;
la autopsia demostró un fallecimiento repentino y
sotto vor·e se murmuró que había sido asesinado.
La bola de nieve se hizo montaña que sealzó enhiesta hasta cubrir el horizonte.
y· para que nada faltara, se mezclaron al mnnjar unos polvos blancos, destinadoi; á suprimir á
un inspector, y se sazonó el todo con un poco de
buena voluntad para digerir este alimento.
Decididamente no bar nada tan digno de ser
creído, como lo increíble.

***

El lunes próximo se efectuará c•n el oratorio
arzobispnl, la ceremonia religiosa en la que el Arzobispo de l\Iéxico bendecir,\, la unión del capiEl jurado, no obstante, iba á ser detenido, dícese, tán Don Porfirio Díaz con la señorita Luisa Raipor los cldensorcs de los procesados. Es una vie- gosa.
Forman· ambos una pareja simpíttica, hecha sin
ja táctica de que se valen las más de las veces los
que patrocinan causas desesperadas: dejar enfriar duda para. ser ungida por la folicida\l,, que, ¡ay!
es tan avara de sus dones.
el 1·1•imen.
Ella es hermosa y es buena-cualidad que
En todo defensor hay un psicólogo empírico: ·
sabe que el público, que comenzó c?)Jnpadec.icndo constituye un imán para la ventura; él es bueno
también y, apesnr de la alta po,;ición en que le
á la víctima, acabará apiadándose del culpable!
Esto es humanitario, y si no es humanitario es hu- fué dado nacer, ha llevado como muchos otros, en
Yirtud de la húbil é inquebrantable energía del Sr.
mano, cuando menos.
En el presente caso,-sigo inspirándome en la Presidente de la República, una vida de hibor y
opinión-se trata ele hacer uso de procedimif'ntos de estudio, obeteniendo rigurosamt&gt;nte sus gramús reprobados, poniendo la política al servicio dos y &lt;'frctuando escrupulosamente sus estudios
ele la defensa. Así como el jurisconsulto aquel del en el Colegio ::\Iilitar.
Hoy que los dos novios, jóvenes y deslumbracuento hito de un pobre diablo el tipo del delincunite idnil, montando una á una todas las piezas, dos ante c·l espejismo embelesador de una dicha
así también hay quien no vacila en ajusticiar á la próxima, nventúranse por el florido camino de
una unión por amor, ¿quien podrá dudar de que
justicia.
El crím&lt;•n común y corriente sale de entre las lrnbrú parn ellos siempre un pe1'fumc, una brisa
numos de un ddern;or eo1wertido c•n un hecho de y un rayo de sol?
misteriosos anteceden tés, rodeado de complicaciones y erizado de escollos. Se complace en cubrir
Ya comienzan esas largas Yeladas de invierno
el proceso con un espeso velo, en desfigurar sus de lentas horns fatigo~as, en que ncudis al libr¿
perfiles, en borrar sus lineamientos, tal como en nuevo para sah·nros del letal fastidio qtw os acoCti0S juguetes ele la caricatura, donde los rasgos sa. Pero ¡ay! las vitrinas de las librerías no son
ele un objeto inanimado ó de un animal domésti- muy tf'l1tadoras. Lf'S vw·anr·es han dejado caer lii
co, quedan tran,;fonnados en un rostro amigo.
pluma de los dedos de los puhlicbtas extranjeEl objeto de estas maniobras es hacer perder de ros, y en casa, ya se sabe que la lnbor intelectual
vista el tema á discus-ión. Los discursos, clesbor- es floja é intermitente.

,

Domino-o 14 de Noviembre de 1897.
Pod&lt;:is también refugiaros en los teatros, ~\
matar un par de horas, escuchando en Arbeu alguna comedia espaiiola. pasada de época, y que
os interesa poco, ó en su defecto dejándoos seducir por una zarzuclilla, de música fácil y espontánf'a, de las que forman el repertorio del Teatro Principnl.
De esos juguetes escénicos decía antai1o un cronista que tienen la inmensa ventnja de que se saben de memoria antes de haberlas oido. Basta
conocer Cádiz para haber escuchado anticipadamente Agua, .Azurm·illo11, ·y A9ua1·diente1 Cuadros
disolventei;, y no importa cuales otras piezas más.
Y sin embargo, hay mucho donaire en estos escarceos musical&lt;'s, áticas naderías, de fácil fragilidad, ágiles y espontflll&lt;'0S.
Parere como si bebierais excelente vino espa11ol, cada vez que oís una ele estas producciones.
¿:N'o se os antoja que se escancia una copa de Jerez en (ádiz? Y Xi1)a Pancha ¿no está rociada de
manzanilln? ¿Y no abunda el ¡,eleón en el Rey que
Rabió!
Y al trnYés de los arabescos de esa música, de

la que sc escapa una nota tiern,L y triste á la vez
¿no vislumbráis los brillantes flecos de~ mantón
de ::\Innila?
¡Oh handern triunfante de la alegria!
¡Oh manto dP la antigua ficstn espafiola!
¡Oh palio de las juergas de Antlnlucia!
¡Oh túnica radiante de la manola!
Raz(m tiene&gt; Camilo Saint Saens en preferir la
fresca musa d&lt;· las soleá.~ y las peteneras á la· rehecha r artificiosa de la vieja zarzuela, encanto
de nuestros padres.
Yo de mi sé deciros, que tolero á Jugar con
fuego como á uno de esos viejos retratos de familia, de alguna smlora ajamonada y bigotuda, de
quien se nos asegura que fué muy hermosa en
sus mocedades.
Es posible que así haya sido. Pero ¿qué culpa
tengo yo de haber nacido medio siglo JIJ,ás tarde?
0BERÓN.

Paliti.ca &lt;5tntrttl.
RESUMEX.-EL ARBITRAJE PERPETUO INTERNACIONAL. LA GESTIÓN POPULAR Y LA OFICIAL.LA ALIA'.l&lt;ZA FRANCO-RUSA Y LA TRIPLE ALIANZA-RECELOS Y RlYA.LIDADES.-LA llllSIÓN DE l\IR.
GOLUCH0WSI&lt;Y ANTE EL REY IlmrnERTO. - UN
TRIUXFO DE LA DIPLO~L\CIA.-]fíN DEL TE)IlDO
CONFLICTO HISPAXO-A)IERICAN0.-EL PROBLEMA
CUBANO EX PIE.
Uno de los actos con que se distinguió ventajosamente en la opinión pública el último periodo
de la adm inistración de Cleveland, fué sin duda
la conclusión del tratado por el que se estipulaba
e l nrbitrajc permanente entre la Gran Brctaiia y
los Estados Unidos, á fin cl&lt;1 dirimir todas las düicultades que putlieran presentarse en las relaciones de los dos grandes pueblos anglo-sajones.
La gestión de )[r. Olney por entonces secretario
de Estado en el gabinete americano, hasta esa
vez muy discutida entre las cf~rvescencias de los
partidos, recibió con este motivo justas alabanzas y g&lt;'ncral 11plauso, tanto más de notarse, cuanto que i,;c reconocfa su habilidad diplomátic11 después del conflicto anglo-vclezolano y de las solenmes declaraciones de monroísmo, que estuvieron ii punto de ocasionar un rompimiento entre
la &amp;'ran República del Norte y su antigua metrópoh.
Pero si la. prensa y el pueblo de los Estados
rnidos llegaron á reconocer la importancia del
t~·atado, y _su trnseendental influencia en las pacíficas relac10n&lt;'S rle los dos países y en la misión
que representan en la obra de la civilización· si
fa buena disposición del gobierno inglés se ha~ía
manifil'sta á los ojos de todos, no faltaron pretextos al Senado americnno para rechazar la convención co_ncluida en d~bida forma, y por encima ele los mtercses nacionales se vió prevalecer
el espíritu de partido, d&lt;'s&lt;•chando los republicanos una creación IUf:ritoria de lo~ demócratas.

*

•

* *
Poco ha significado esta especie de desaire internacional en el espíritu erninentCJUcnte prítctico del J)ll(•blo britúnico: firm~ en sus propósitos,constante en su,, aspiraciones, que representa po·r

Domin¡ro 14 de Noviembre de 1897.
modo admirable su gobierno, trata ahora, por
m edio de la iniciativa privada, de hacer patente
su voluntad expresa de que ese tratado se celebre de nuevo, procura por todos los medios, en
los que ni remotamente se ve la influencia oficial, demostrar q1w las clases todas de la sociedad desean el arbitraje permanente y la pcrpctua
paz, para bien de los dos países unidos íntimamente por la comunidad de origen, de tendencias
y de materiales intereses.
Las sociedades cooperativas, las trades unions,
tan poderosas en Inglaterra, los gremios agrícol as, todo lo que significa trabajo y producción en
el país, se agitan en pacífico movimiento parn lograr ese objeto, firmando calurosas protestas de
adhesión al tratado Olney-Pauncefortesin fundados
motivos desacreditado por un Sena.do republicano.
Y las• clases directoras, lns que toman activa
.inger encia en la marcha del Estado, dejan hacer
y ven con regocijo las manifestaciones popula1·es que cooperan de modo notable al logro de sus
d eseos, previniendo la opinión pública en los Estados Unidos, á favor del anhelado convenio de
a rbih·aje,
Es de esperarse que pronto comiencen las nue-vas gestiones diplomáticas, y que, preparados en
-ese sentido los pueblos y los gobiernos de los dos
países interesados, sen un hecho positivo la conq uista que se busca; y los que solo ven en la lu·cha, armada y la violencia los medios para salvar
las dificultades internacioúales, comprenderán como se puede avanzar en el camino de la paz general,teuando se o!Yidan rivalidades inmotivadas
y preocupaciones añejas, para atenderá los inter eses positivos de los grupos sociales.

***

Alarmadas siempre y recelosas las potencias
europeas, que hace btien tiempo constituyen la Trip e Alianza para hacer pesar su influencia en los
destinos del viejo mundo, no pueden ver indife1·entes que se consolide la poderosa unión franco-r usa, que ha transladado, mal que les pese, el centro ele gravedad de su trabnjoso equilibrio á los
palncios de San Pctersburgo.
J:\o se conforman con estar reducidos á contemplar tranquilamente cómo se engrandecen sus enemigos, y cómo la influencia moscovita, asociada á
la riqueza de !•'rancia que ha abierto las arcas donde guardaba sus t_esoros, se impone en todas partes, condecora á l\lenelik, triunfa en Corea, vence
las resistencias para la paz greco-turca, mantiene al emperador Guillermo á respetable distaneia, aunque acepta y se divierte con sus cortejos,
parece entenderse con el Emir de Afganistan en
l a insurrección de las belicosas tri bus indianas, favorece la inteligencia del llfahdi con el gabinete
de París, para detener la expedición anglo-egipcia
.á la alta Abisinia, y deja marcados con el sello de
su grandeza todos los asuntos en que por algún
motivo interesado se la hace inten·enir.
Con razón se preocupan los aliados antiguos de
dar mayor extensión á sus pactos, y se anuncia
la Yisita de Mr. Golucbowsky, gran canciller del
imperio austro-húngaro, al rey Ilumberto, para
r eforzar la alianza tripartita y escogitar los me-dios que la galvanicen, pues ya se la considera ina&lt;lecuada á las circunstancias que los recientes
acontecimientos han creado en la Europa monárquica.

***

Hay quienes afirman que el objeto del enYiado
extraordinario de Francisco José cerca del Rey
de- Italia es buscar el apoyo resuelto de la potencia meridional, para declarar el dominio absoluto
sobre la Bosnia y Herzegovina, de que solo es protector el soberano de Austria, en virtud del tratado de Berlín, que se las cedió en ~ompensnción de
los avances de Rusia sobre el territorio tllrco y
de la cesión de Chipre á la corona británica. Pero, aparte de que semejante aclaración no puede
hacerse sin el consentimiento de las potencias signatarias del tratado, no se comprende así la misión extr11ordinaria de l\[r. Goluchowsky, y se explica mejor asignándole el papel secreto de que
antes hemos hablado.
Prepárl'nse en buena horn para secretas resistencias; busq nen por cuantos medios les sugierasu astucia la mH1wra de contrarrestar la omnipotencia
rusa, qu e n o han podido acomodar ú sus designios;
el Czar continuarú en su espléndida política de
cngradccimil'nto, haciendo de su pueblo, donde
palpitan todavía para él las manifestaciones de

EL l\lUNDO,
idolátrica sumisión, propias de las tribus asiáticas, un pueblo grande, fuerte y poderoso, capaz
de intimidar á los Estados occidentales, carcomidos en parte por los productos morbosos de su
vieja civilización.

***

~ decir de una agencia cablegrúfica, yn es conocida la respuesta que el Sr. Sagasta, presidente del Consejo de llfüústros, dió al general Woodfforcl, rcpresentnnte del gobierno de ·washington
en la corte de .Madrid. Por instrucciones de su
gobiemo, cl ministro americano había remitido
en el mes de sc&gt;ptiembre una nota quejándose de
los perjuicios que ocasionaba al comercio de su
país la g'lcrra de Cuba, encarecía el interés con
que se vería su rerminación, y ofrecía sus buenos
oficiJs para intervenir como mediador euu·e los
insurrectos y el gobierno español.
Asegúrase que el Sr. Sa"'asta al contestar ha
ofrecido que en adelante 1~ tendrán motivo de
queja los ciudadano" americanos, residentes en
Cuba ó que tenga asuntos con la Ar.tilla; que agradece su ofrecida mediación, y que si llega el caso, sabrá aprovecharla ú f,tYor de la buena aP.1istad y cordiales relacio1ws que siempre han unido
á los dos pueblos; l!abl:l tnmbién de las expediciones fil:busteras, espernndo de la justificación·
del gabinete de W,íshington las evite en lo sucesivo, pues sólo á su amparo y por los medios suministrados por esas ex¡JCdiciones han podido mantenerse sobre las armas por tanto tiempo los inswTectos.
Una contestación tan nmistosa dejará satisfecho á ~le. Kinley, que, como antes se ha previsto,
práctico ante todo, y comprendiendo los perjuicios que pudiera acarrear á su patria un rompimiento con Espalla, sofocará sus simpatías personales por la causa de la independencia cubana, ,
continuará la buena armonía que siempre ha existido entre los gobiernos.
El pueblo americano, que 'en distintas ocasiones
ha manifestado su adhesión á la causa cubana,
seguirá prestándole su apoyo moral y material,
mientras el gobierno de Madrid encuentra la solución del complicado problema, ya que la proyectada autonomía no lo resuelve, pues ni él parece
muy dispuesto á concederla, ni los insurrectos
preparados á aceptarla.
Entre tanto-como dice un reputado periódico
inglés-hay que felicitar á la diplomacia americana, pues en esta vez ha alcanzado un verdadero triunfo.
X.X.X.
11 de Novbre. de 1897.

El Sr. Dr. Demetrio Mejia.
25 AÑOS DE MEDICO

Ayer cumplió veinticinco aiíos de ejercicio en su noble profe~ión,el Señor Dr.
D. Demetri? Mejía, cuyo
retrato publicamos hov.
El señor l\Iejía ha sido
en s~ profesión y en el largo tiempo de que hablamos, un apóstol; ahi donde
~e escucha el balido del
dolor, ah[ donde grita una
desventura, ah i do u de
muesta su faz horrible el
sufrimiento humano, ahi
se ha pr~sentado con el
auxilio p o d ero,; o de la
ciencia en las manos Y en
los ojos una llama de caridad.
La sintesis de RU vida, que él mi~mo hace en El
Mundo Diario corre8pondiente al Sábado último, podda servir de Amplia enseñanza parn los médicos jó,·ene~, que se aventuran por lo~ primeros azares de
la ardua carrera. Ella les dirá cómo con honradez, abnegación ~- continuo c•studio, ~e borda una existencia
meritoria y util. Em·iamos á nuestro~ lectores, á e~a autobiogTafia, v por nuestra parte felicitamos al Sr. Dr.
:\lejía de todo corazón.

DOS ERR ATAS

En la página 3:,:3 de e~te número, aparece al pie del
retrato de la señora cspo;,a de D. PróHpero Morales, el
apellido Grmi.~ que por error de! caja que no pudimos
evitar fué puesto así debiendo ser, Uorriz; y al calce
del articulo relativo, el apellido Btnltez en vez del de
BermÚl.lez que es el del autor. Conste asi.

329
ELFLI~T

COQUETERÍA DE SALONES.
UN

CURIOSO ESTUDH)

Cuando se pretende definir la palabra flirt parece
que se efectúa una tarea ociosa, porque todo el mundo
la.conoce y lo conoce porque lo ha prarticado. Me ¡¡.
m1taré pues solamente á lamentar c¡ue el "'enio de
nuestra lengua haya tenido necesidad de finexarse
una locución inglesa para expresar una cootumbre
que es _tan latina_ como esta de poner en juego las co&lt;Juetem!s femenmas frente á frente de las ma~culinas;
o mas bien para expresar un uso tan unh-ersalmente
humano, que cada pueblo debería caracterizarlo con
un término Hfl,Cional _que produj~se bien l'.1 imágen de
lo t¡UC' el fcuonwno tiene de particular baJo su propia
latitud.
El flirt es como tina floró una fruta ideal, como un
p_ájaro mar~v.illoso, que no 1mede Yolar, por lo demás,
1:nno en la tibia atmósfera de los rnlones elegantes.
Comienza á nacer en la mesa. una vez que se ha
apaciguado la l!ge_r3: y decente.ferocidad á la cual
obedecen al prmc1p10 los conndados vecinos v de
~exos diferentes, después continúa creciendo en el
curso de, la tertulia, bajo los soles de los salo1{e11. En
loR rinconc•s retirados y propicios, en el fondo de los
snnt_uo,as cámaras; protc&gt;g-ido por los mueble,; se ve
al -f(.n·t tom~r una consistencia en sus formas ,·aria.das;
se oye el discreto murmullo de su canto, cuando se
prende al alto re!lpaldo de un sillón gótico contra el
cual se apoya una cabeza blonda, ó se acurruca bajo
13:s palmas inmóviles y verdes de un jardín de inv1en10.
Y_ es una causa de estupor constante para mi en una
Rociedad, en que el amor, fuera del matrimonio e;;tá.
oficialmente reprobado por todas las le,-es v tod;s las
costumbres, la libertad pública de que goza el flirt
que es seg1m los casos, el itinerario, el preludio, el
pretexto, la confcsión intima, el testimonio manifiesto
de e~te amor fuera d!ll matrimonio.
Porque frecuentemente se siente uno llevado á.
cliscernir·el compromiso de deseos li&lt;reros v de ligeros abandonos,. que se agita bajo las "'apariencias res~rntda, _del-f{.irt, desde que se reflexiona en la potencia ~upenor por la cual los hombros bon im.¡nu~ados á
la socíedacl de las mujeres.
•
No tengo la intención de hacer de este un articulo
de filosofía trascendental, tanto mas cuanto que seria
inepto para ello; pero me. parece demostrado que la
ler del amor está oculta detras de todas las formulas
que nos la disimulan.
Los inst_antes homenages, las galanterías prolongad~s,. los -f{.i~·t.~ en u~1a palabra, no 1;011 mas que• procedim1ento_s mconsc1entes, .el?~aií&lt;~s leves, pero tahnent~ comphcados para la c1vil!zac1ón talmente perfecc10nados, que los que los empican 1ic,,.ansin pensarlo
á abusar de ellos.
"'
Cuando Ke admite esta. explicación se halla el verdadero ~entido de el agudo dcReo que lleva á lo~ hombres al mundo á conversar dl' preferencia con las mujeres ~· de la jovialidad excepcional que rodea esos
tf&gt;te-á-tétP- muy elegantes.
No me disimulo que desafio al ridiculo exponiendo
verdades en que algunos pensarán reconocer la tendencia it moralizar.. Pero de quien es la culpa si se
me preKenta la ocasión de hacer constar que en los
~al?ne? donde los solos nombres de coquetismo y de
mf1dehd~d, prOYO&lt;:an grandes exclamaciones, el flirt
e_n camb10 es acogido com? el .mas gentil de lo;; pasat\elllpOK y que i;e le penmten todas las independencias y todas las ostentaciones, es decir el cHcándalo
en la hipótesis, en que no se ha com•enido de clasifi~
car al {lid como escandaloso?
'
Frecuehtemente una señora joYen v aun una señorit'.1, sentada aparte c~rca de un hom'bre joven ó si se
qmere ~-a !naduro, recibe á un tercero, que llega, con
e~tos termmos:
-D~jcme ust~d tranquila, seño~ X, estan -f{.irteando
con m1go ......DcJenos usted, que flirteamos.
Y el tercero se a\eja, facihnente sugestionado.
Por otra parte, sm querer hablar mal de una mujer
la opinión gusta de decir que es mur fiirt.
·'
Y aun delante de ella se l1ace esta observación ante
la cual ella sonrie, sin enfadarse en modo al;,.uno
apenas picada. O hien aun, es un marido. Y es1o e~
Europa :' en Estados Gnidosacontcc·e con frecuencia
. que apaciblemente, con esa seguridad que mh; seme~
jan tes sab&lt;'n depositar en todo contrato que se ha puesto enlodcr de u!1 ~uen notario, emiteesta opinión:
•
. -:'fo le aconseJar1a á usted que molestatie á mi muJCr J.)Or el momento: .... anda por ahí en pleno f'lirt.
AJá! es pues el fl11'fde esencia divina? Tiene por atributos la ptu·eza, la justicia, la cordura y el don de no
tener consecuencias en toda la eternidad?
Yo lo niego y 1i:ic admiro de que el gran mundo se
conduzta como s1 He tratara de un t•stado definitivo
como si nnt&gt;stra imaginación no ei:;tu,·iese oro-anizad~
de manera de concebir sus probables eonse~uencias.
For ejl.'mplo, cuando en n1estra presencia alguno col?ca guantes, dispone _objetos en tnl maleta, t·alza patml.'s, prepara un rl.'c1bo, voHotros R\'ntis inmediatamente apuntar una idea más allá del hecho material é
i_nmediato: !a idea; de e¡~&lt;: el i)tdividuo va A salir, á viaJar, á patmar , a rec1b1r cimero. Jamás so satisfará vue,;tro espíritu creyl'udo que las gentes hacen preparatiYOll tales por ociosidad, sin fin alguno, por hacerlas.
Pero que se trate de flirt~' t&gt;ntonccs los testigos oculares ó auriculares, pensarán de otra manera.
Parecen sufieif'ntemente edificados con su persuarión de que se f'lirtea por flirtear. Perfectamente! Hace uno también su maleta por hacer su maleta.

�EL MUNDO.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.

331

EL MUNDO

Lo que puede. es cierto, excusar la
tolerancia del mundo para mantenerlo
en un intl'lio-ente érror cou rctipecto
del flirt, sonYos numerosos casos en que
las cin:unstancias circunscriben la acción de e~te último: Ha1· que tener en
cuenta, en efecto, los· impedimentos
morales y los obstáculos materiales que
hay para que la empresaUpg•ue hasta la•
falta. las repulsio11l'S iuspiraclati en lugar de la:-; simpatías, las fidelidadei; finalmente victoriosas, lo$ apeg·os al deber de viuda b :\. un e~poso.
Además el taclo masculino el&lt;\ la g·aJerla encuentra una fu&lt;•ntc de optimismo en &lt;•se cxceRo de vanidad egoísta
que, á pesar de los experimentos personales le impide prever éxito alguno
de otro. Sin embargo, el sexo debil Ye
l~stas cut&gt;:-&lt;tio1w,; con una clarividencia
meno,; favorable ó una memoria más
precisa.
De eualquier moclo que sea cuando
se sorpr&lt;'1Hle sin c¡uercr!o Uli poco dt'l
dialogo entre un par de buenos f'lirleadore.-&lt;, ó Fi se recibe alg·una confülencia. 11ea ingenua, ,:;ea poco delicada, ne0
cesitais una fe robusta para pcr,-istir en
creer que es esta una manera de pasar
el tirmpo pl'rdido.
Todos 108 e11fuerzos del hombre en el
flirt tiench-11 ti haeer sobre,:;alir el valor
de 11u~ cualidades, á hacer adiYinar corte~mrnte por su palabra~• pgr sus manera", imprudentes de,;eos. í la que lo
escucha dt&gt;slumbrada, p ro v o e a ti v a,
ave11tun\ndose por el tll1dalo de la conver,-aci(m, arrastra á su compadre en
os mil sendero~ qu&lt;' CC'11ch1cen todos á
a e~p&lt;'ra11:rn de la ccnquista.
El HIPNOTISMO
[VÉASE Nl'.ESTRO GRABADO]
\

Desde que los hombres ele cien&lt;,ia han
procurado desentrafiar lo que baya de
positivo en las manifestaciones del mesmerismo, que por mucho tiempo fueron
patrimonio exclusivo de explotadores
sin conciencia y charlatanes vul!l:ares,
las experiencias serias se han multiplicado y los estudios han sido frecuentes
sobre los hechos del magnetismo animal, que no han desdefiado los distinguidos Charcot y los sabios VuJpian.
Las academias y las universidades
han abierto concurs&lt;»&lt;, sobre temas de
este género, para levantar el velo que
cubre lbs fenómenos hipnóticos, objeto
de admiración para el ignorante y de
reflexión atenta para el sabio.
En las clínicas especiales de enfermedades nerviosas, fisiólogos experimentados y terapeutas prudentes han
ido á recoger hechos q_ue- después son
interpretados en- la soledad cleí gabinete, no con las preocupaciones clel iluso
i;ino con las salvedades de un racional
esceptici1,1110.
Algo ha adelantado la ciencia con estas pacientes investigaciones )' ya son
mu&lt;'hos los casos.de enfermedades rebeldes álos tratamientos ordinarios que
~e alivian, se mejoran ó encuentran per
fecta saniclad por la aplicación de los
procedimientos hipnóticos. ¡Cuántas
neu.ralg•fas pertinaces insomnios ao•udos, convulsiones coréicas, inveteradas,
ise han visto mejoradas desde la primera
sesión de hipnotismo!
Nuestro grabado representa una sellión de hipnotismo experimental en la
clinica delaSalpetriere, hospital de enfermedades nerviosas, de París, donde
se pueden ver á las eminencias de la
facultad, preguntando á la naturaleza
sobre nno de sus obscuros enigmas.

Otro Pago de 5. 000,00 de "La Mu.toa,"
Sr. D. Cárlos Sommer. Director General de "La

\Iutua," de Nueva York.-México.

•

Muy señor nuestro:

Los señores Ketelson &amp;. De&amp;'etau nos
entregaron según recibo debidamente
e~tampill!J-do y pu.esto en la póliza corrcspond1ente, la suma de Cinco mil pesos plata mexicana, importe del séguro
del finado Sr. D. Christiam Schugt. que
tP:1la en "La _Mutua" según la _póliza
numero 529,25-1¡ y cuyo valor recibimos
ante Notario Publico.
Heconocida la eficacia y prontitud
con que «La Mutua» cumple sus compromisos, nos es grato repetirnos de
usted attos. S. S.
Torreón, Octubre 18 de 1897.-C,m~
cepción F. de Schugt.-C. Juárez. Octubre de 1897.-Williani Bre:mme, como
tutor de los menores.-Pedro, Jcsefi110.
y Oristian Schiigt.

'
lblargarHa.

•

�I
Domingo 1-1 de Xoviembre de·1897.

EL MUNDO.

332

z~s Glmores

ae $an Glntonio

TRADICIÓN PERVAN .\ .

Gentil ami~·a, lo que h~r.te cuento
Se halla en 1111 cod1cc
Amarillento,
Por la polilla_ roído el fin, _
.
Escrito &lt;'11 Lima ya l!ate anos ciento,
Y en buen latín,
Por Frav Ful 0 ·encio Perlimpipin,
·1fo e~tt·o d e Súmulas
En el connmto
De nuestro padre San Agustín.

..

r

Claro! ¿QuP van u stccleR á saber dom!e está Cha11pi-Huarang·a?
Xo los haré penar en a,·eriguarlo.
.
. ..
Chanpi•Huaran"'ª e8 una alclC'huela en la c-1rcuu~c~11?c1on del de.part~mento.
de Jnnín· y ella hH~.~1llá por loti tiC'rnpos de las g·uerras e1v1l~s rntre p1zarnstas -yalrnag-rista,, tt-atro de la tradición p opulai· qui~ hoy echo a correr cortes.
l\fi abuela tiene un cabrito;
Dice que lo matará;
.
Del cuero hará un tamborc1to;
Lo que sucne ......... souará.
Matrimonio f&lt;•liz, Ri loH hubo, era el de Antonio Catari y Mag·dalena Huen&lt;·a, ambos descendientes de cacique$.
. .
•.
El o•allardo mozo de veinte y cinco niios, de ámmo lC'vantado, trabaJaclor más.
que
colmena V enamorado cie su mujcrdta hatit~ la pared. cl~l frente. .
El laboreo d~ ima mina le proporcionaba Jo preciso para v1v1r con relativa holg·u1'tl.
. .
1 hi
Cuando iba de paseo por las calles ele J auJa o Huanca;vo no era1) P?Cfü, a~ jas ele Eva que. corriendo ya pC'ligro de firmar contrato para ve~tn- a las ámmas
benditas, le cantaban.
Un canario precioso
Ya por mi barrio ..... .
¡Quién fuera la canaria
De ese 1:anario!
Ella, una linda muchacha, rle veinte prim1:1-veras muy lozanas, limpia como onza.
de oro reluciente, hacendosa como una hornuga. y hembra muy nrn~ho de su cas a ,. de su marido ít quien amaba con todas las entretelas y reconcomios de su alma~

m;a

.

( • MONUMENTO AL GENERAL RIVA PALACIO.-POR DON ANTONIO PERER.\.

.

'

~l !jtpnl!ra btl ®ttttrnl Riua Jalado-.
Acabad&lt;' ~er coloc-ado en la sacramental dt' San J1:1st9, ~n ::IIaclrid, Kol{re la _fosa
ele! Gciwral Riva Palacio, el monunu•1Jto que bo.Y pubhrn • EL 1ll'N?0·• l or d!sposíción &lt;•special de srn, piezas, fácilnwnte podrá ser tra~portado &lt;:'I cha !'n &lt;¡u~ ~e dé

cumplimiento al ac1wrdo de la Cámara de diputad_o':' ~¡ue ordena la tr~ns ar1011 ele
los restos de Ri,·a Palado á J\,I(,xic·o, para st•r dt&gt;f1~ut.1,·amente depos1ta~los Pn la.
Rotonda de los Homb1·eti llustrcs. E,., autor dt&gt; la art1st1ca. obra Don AnEomo Parera,
expensionado por la diputae.ión provincial de 9~~·011a,- J~!rado estt• ano,_por.8t~fragio de sus compañeros c:xpo~1t~re,,;, en la Expos1c1011 Nac1onal ele :\1adnd) di~cipulo pn•dilecto del niat&gt;stro Sunol.
El Sr Parera e,- autor del hermo,o monumento levantado en Gerona al heroico' Ge~eral .A.loores, qur en esta plana publira EL :\ll')&gt;;J&gt;O.
•
Pocas YCCCE&lt; se aunan,Pn trabajos como l'I que el Sr. Parera ha reahz.ado para la.
tumba de Riva Palacio, el simbolism? n~ús puro á l.a obr~ dt&gt;. ?rte, tan frl'.z11wnte. _
0
.
Ha,, hombrei; Pn los que la propia f1¡rura e, mah sugest11 a qu~ todas la~. ale"'orlaR. B:,-ron, por Pjemplo; ó.~lfrC'do d~l )Iu~sPt, cu.~·&lt;~ busto ~r1€,·1clo en~•!! t&gt;re }:~chaise l'S como una revelac1on ele ~u vida. :l\o era Rn a Pal.ac10 .«e estos se.1 P~ pu11lecriaclos por la Naturaleza. ¿Qué _podía c~empnclar PI .art1~ta a aquella f1sonomia,
m~zcla mínima de e,-pañol y máxnna d.e 1mh¡!;en11 su,n~no/
..
..
.
Más aún ·no Jlpo·ando su fealdad, a la fealdad trag1ca? El ~1 tu~ta bu~c o 0~1 os
caminos mejirdir(•1';0;;, nuevos cmninos y lo que c11c~1~tró, al fm, s.orp1:&lt;•ndc
la
vista mi;ma ele la obra: la originalidad, 1:sa )lusa fugmva. perseg·rn~a. mcen~atamente. por todoR; rata vt'z akanzada, un mstante, por muy poco8. ::11us1co", ~mtores escultore;;,·no,_•cli;;taR, poetas-es¡wcialmentc po&lt;'tas- y_emos caer dí.ª}· ch.a en
el ~hismo de lo extrambótico por la desatentada prr;;erucwn _dl' esa ori~maficlad,
que flota á los ojos impalpablr como los átomos en. la atmosfcra. ¡Que tr1~mfo,
cuando se lle"'a á toger entre loti dedos :ilgo c~el polnllo de oro ~le esa mariposa.
ideal! y entrilos i:;uvos nos ha traído Pf.to el Jo,·en e~cultor espanol.
Sobre basamentó rectangular de rnannol blanco, tallado en dos ~ren•s gradas
·y limitado en los áuo-ulos por cuatro macizos unido~ por gn!esa::1. yai·11las de br~nce-dcfeu8a el&lt;&gt; la obl·a-colocó el autor, sobre agria y lwnd1cla. pwdra. berroquc1~a,
recuerdo feliz ele la áspera tierruca de Ri,·a Palacio, euormt&gt; hbro ahwrto del mismo blanco mannol que lleYa en la una pág·ilrn el n o~br.e del General. Y la f&lt;•cha
de su nacimiento &lt;'1; )l(•xico, Y en la otra la de HU ~allecmJ1ento en M~d\·1cl: Rolmsta
rama ele laurel cubre á rneclüis la foja de la izquu•rd!1 en 1.a parte 111fer10r;_ en la
de la derecha por la superior apo,\'a su,; tentá~ulos hoJo,-a )11edra: doble beso ele la
o-loria v del recuerdo. en bronce decorado a fuego. Ba¡o el hbro monumen!al,
füagon'almP~te, r?ino que se envaina uua espada. Tal e~ el monumento de R1va
Palacio y m,1 deb10 ~t'r.
.
_
.
, . .
. .. . . .
Joven, progresista y p~tnota, empuna las arma" en Jo,- c,1so~ JH ec1~~~· .E» un
entuRiasta incansable, movido por la sang-re de ~u abu&lt;:'IO el G~!ne1 ~l Guen e1 o, puro entre las ¡rnras gloria~ de nuestra ~·nena ele Incleper1;deneia. ~ er~ e'.1 el .foud~
de aquel crenerMo espíntu. las letras a la~ armas se »obreponen, ~ . máR~l!lo,- en d
se perfilaii el hi~toriador. el novelista, el poeta, el obrero en las artes pac1f1ea~. Poy
e:;o Rh-11 Palacio es eribió libro~; por eso fué un gran c-olaboraclor de Tuxtepec triunfante, en la Secretari:t ele Fomento. . .
. .
._ .
.·
Cuando Rh-a Palac10 llt&gt;"Ó, como M11118tro de Mcx1co en Es.p,~ua, a ~I1:1-cl11d. no
han de haber tenido nue~trof pariente~ ibéritoR mu.v grande opm1ón e~t~t1ca de su
déscendencia mexicana; pero ¡que pronto! el talento, la cultura, el gratC'Jo-era e~ta uua frase admirable de ,m espíritu-~~ la bondad de nue:;t.ro. repre~t•n!~nte se
abrieron aneha sPncla en lo~ mejon·s tírenlo~ intelectualc•~, art1;,.t1ro.~ Y p~ht1cos de
la Corte. Rodeado de nnh·er¡;aJ í'impafü1, vivió lar~;os aüos en :\fad1~1d; ~- a su nrnerte acompañado de sinct~ro dueto, marchó il su última morada e~panola, con los hon~res ele Teniente G&lt;·uPral, ton mando en plaza, por real cfoc1:rto.
.
RamirC'z, Altamiraiw, Riva Palacio, Prieto, todos se hai~ 1~10, con. rllos tC'rmm.a
una jornada de 1mfs.tras letras. Sol? quedan, plegando !ª.s ult11~1M t.ienclah, \le~~e.ñosos pero mdantoheas, Juan de D10s Pe.za. )latl'O~ ~, f nas.y Soto., ,mt~ la Jln entud encalabrinada por extravagancias franc&lt;'sas ele bate mas de diez anos.
J. E. Y.

a

Domin~ d e Noviembre d e 1897.

Antonio tenia todas las supersticiones
de su raza, aumentadaR con las que el fanatismo de los conquistadores nos trajem.
Cuando un indio emprende viaje que lo
obliga á pasar más de veinticuatro horas
lejos de su hog·ar, forma á poca di stan cia
ele éste~' en sitio aparta&lt;lo del tráfico, un
monto,ncito de piedras. Si á su r egreso las
encuentra erparcidas, es para el articulo
de fe la creencia en una infidelidad de su
esposa.
- Antoni o tuvo que il:-por una semana á Huanca1·0.
Una noche tempestno~a prt&gt;sentóse en su ca~a un 'joven español pidiendo hospitalidad. Era un soldado almagrista que, derrotado en una escaramuza reciente,
venía muerto ele hambre y fa ti~:a, y con un ra~petón
de bala de arcabuz en el brazo. JJemandaba solo albergue contra la lluvia y el frío. de esa noche, y algo que
r estaurase un tanto ~us abatidas fuerzas.
Mucl!o variló Magdalena para en nusencia de su es•
poso, admitir en la casa it un desconocido. Si hubiera
existido ese triturador de palabras y pcn8amieutos que
llamamos telégrafo, de fijo que le habria hctho parte
consultando.
Al fin, el sen timiento de caridad cristiana ,e sobrepuso á 1ms e.scrúpulos. Además ¿que podría temer del
extranjero, acompañada como vivía, por otras tres mu·
jeres y por cinco indios trabajadores de la min a?
El huésped fué aten dido con solicitud, y Mag·dalena
misma aplicó una yerba medicinal sobre su herida. ~\.l
practicar el vt&gt;hdaje, le\'antó la joven los ojos, un temblor convubüvo agitó su cuerpo ~• cayó sin sentido.
El soldado español er a San Antonio, el santo que rn
su corazón luchaba con el amor á su marido. Los mjs.
mos ojos, la misma sonrisa, la misma cabell('r a.
Con el alba, el soldado abandonó la casa, y .s iguió
su peregrinación.
Pocas horas máR tarde Antonio llegaba á su hogar.
Había encontrado deshecho elmontoncito de piedraH.
De~dc ese día la: felicidad desapareció para los e~posos. El disimulaba sus eelos y espiaba las acciones de
su mujf'r.
i\IagdalPna, con el instinto maraYilloso ele que Dios
dotara á los séres de su sexo, y sin sombra ele rcmor•
dimiento en el cielo azul de su conciencia lin1pia adiYinó la borrascosa agitación de espíritu de su marido.
Desde los primeros momentos la había dado cuenta de
todo lo ocurrido en la casa, durante los elias de separación. Antonio sabia, pues, que en su hogar se habia
dado a~ilo á un a lma g-rista herido.
Y la mujer, sin mancilla en el cuerpo ni en el alma,
pasaba horas arrodillada ante San Antonio y fotogTa•
fiando, por decirlo así, en sus entrañas la imagen del
bienaventurado.
· ·
Y e'l esta situación anormal~, congojosa para el matrimo1Lo, los síntomas de la maternidad se presenta.mu
en i\Iag-dalena.
Sombrlo y cejigunto, esperaba Antonio el momento
supremo.

IV
OBRA DE JJO~ A:li:TONJO PERERA.

33.3

La casa del matrimonio era, valgan verdades, en cuanto á tranquilidad y ventur a, un rinconcito del Paraíso, sin la serpient e, se entiende.
Cristianos nuevos, habían aijurado la
r eligión de sus mayores y practicaban con
fervor los actos ele culto externo que el cristianismo impone. J amás faltaban á misa,
en los dias de precepto, ni ásermón ~· procesiones, Y mucho menos el confesionario
p or cuaresma. ¿Qué se habría ditho ele
ellos? ?,0 somos ó no somos? Pues, si lo somos, válganos la fé del carbonero.
El adorno principal de la casa era un
lienzo al óleo. obra de uno de los gran•
des artistas que Carlos Y. ocupara en pintar cuadros para América, r epresen tando
a l santo patrón del marido. Allí estaba S.
Antonio en la florescencia d e la juventurl,
h echo todo un buen mozo, con sus ojos de
azul marino, su carita sonrosada, su sonrisa apacible y su cabellei·a rubia y riza.
Por supuesto que nunca le faltaba la
mariposilla de aceite; y si carecía del obli·
p:ado ramo de flores, era porque la frígida serrania de Paseo no las produce.
Maidalena vivía tan apasion ada de su
San Antoniocomo del homónimo de carne
y hueso.
Como sobre la tierra no ha 1' felicidad
completa, al matrimonio le falta ha algo que
le esparciese alC'grla en el hogar;y esealgo
n o era fr uto ó fruta de bendición, que Dios
n o había tenido á bien acordarles en tred
años de conyugal exi~trncia.
Magdalena, en sus horas ele soledad, se
arrodillaba ante la imág·en del Santo pidicndole que así como á las muchachas casaderas proporcionaba novio, que fué San
Antonio casamentero v dado á meterse en
lios amatorios, hiciese· por ella el facil milagro de empeñarse con Dios para que la.
concediese los goces de la maternidad.
Y San Antonio erre que erre en hacerse
el sordo yremolon.
-

m

lfONUllENTO LEVANTADO EN GERONA EN HONOR DEL GRAL. ALOORES

EL MUNDO.

Magclaleua dió á luz un niño.
.
.
Cuando la r ecibidora (matrona u obstetri de aquellos tiempos) anunció á Antonio lo que ella estimaba
como fausto suceso, el marido se precipitó en la aleo-

Doña Natalia Gónis

ae

l.blorales

(DE (ffATE)IALA.)

ba de su mujer; tomó al infante y salió con el it la puerta para mirarlo al rayo sola r.
.
El niiío era blanco v rubio como San Antomo!
El indio, acometi do d e furioso delirio, echó á correr
en dirección al riaehuelo vecino y arrojó en él al recien nacido.
V
Es tradicional que 8e vió Pnton ces :í u n hombr&lt;• ele
tipo español lanzarse en la corriente, cojer al niiio y
subir con (,) al cerro.
DeHde entonces el viajero contempla en la cumbre
del cerro fronter izo á Chanpi-Huaraug·a una piedra ó
monolito que, i\ la distancia, semeja por tompleto un
San Antonio c-on un niiio en brazo,, tal tou10 en las estampa~ .v en lo~ altai es nos pn:"enta la Ig-Je:;ia al santo padnano.

DOI\A .NA T_ALIA üONIZ DE MORALES

Entre las damaH de la culta sociedad guatemaltt•ea descuella con todos los caracteres ele 1111a J)('r:&lt;onalidad ~ebresalit'nte la 8ra. Doiia :-;aralia Góniz de Morales, ron cuyo retrato ilustramos hoy la, páginas ele
•El Mu n do.•'
La Señ ora Góniz ele Mornles nació en Chimaltt&gt;nano-o v rlesde niña ful'.• dedieadn á los estudio, en (•I lnsfü{1io ¡i;acio11 al. de s&lt;'11oritaK de Belén. Dotada el&lt;' exc·elente, tualida&lt;l&lt;'s morales é intelec:tualcti, pronto se
clisti11o·uió entre snK compm1era, de coleg·io por ,ms
v irtuct"t'8 ,. por su8 adelanto" notorio,; en la m11teria ele
su aprC'ndizaje. En lo:~ ('.Xárn&lt;•ne~ ge1wrales ele fi.n. de
curso siempr e tuYo dlstmg·mda,; y honro~a, cahf1caciones ha~ta su recibi111ieuto dP h·ofcsora dr Instrucción P;'inrnria.
¡i;o ,nti»fet'11as todaYia por la sc•iíorita Oóniz sus a~piradones de cn~Tancletimiento .(11telect11al,_i,iguió los
estudios acacl(•m1eos de lo~ Jn,;t1tutos de v aronr~ y
pudo al cabo de ello,, obtc•ner t'.I titu l? ~C' Ba(;t1illcra
en Ciencias,. Letras, en el ln8t1tuto ;'lac1011al Central.
Se dedicó 'dt•spu('s al 1Jagistcrio, sirviendo en Guatemala cátPdras, rn los distintos e,tablecimi(•nto, de
instrucción de la capital. fué fund adora en Guntemala
de la Escuela l'omplenwntaria .v de una Sección Xorrnal qn&lt;' clió al país i\fae8tra~ tituladas 9ue han tt·abajado eficazmente en el sentido de meJorm· cada ,·ez
m áK la infitrucción de la mujer; luC' 0'o fu(; Dircc-torá
del In~tituto de señorit,1~ de Belén, cfonde ella se educó y en ese Establecimiento despleg·ó todas HUS ener·
o-ias v dió it conocer todas sus dotes rle imtitntriz
educadora, y por tiltimo,por los años de \)2 y 93, ejerció á sMisfacción del Gobierno y del público g·uatemalteco, las delicadas funciones ele Inspectora General ele Instrucción Pública.

t

En 189.3 contrajo matrimonio con el señor Lic. Don Pró¡;pero Morales, á la. sazón
Ministro de la Guerra en Guatemala; y desde entonces se ha constituido en sacerdotiza del J10~ar, en compañera fiel y cariñosa del homLJre que la eligió para esposa, y
en matrona distinguida de la principal sociedad 0 ·uatemalteca.
En mfi ochocientos noventa v dos escribió un folleto bellísimo titulaiio: «Vida y
viajes de Coló11,• el cual folleto mereció
honrosos conceptos y apreciaciones en un
concurso que se convocó en Guatemala,
relativo á la elaboración de un trabajo biográfico é histórico, acerca de la vida y hazañas del descubridor del Nuevo Mundo.
Después escribió la señora Gon.iz de ~forales un tratado completo de Grografüt
Universal, que contiene más de GOO páginas, cuajadas dC' datos importantes y ~lt1
noticias exactas sohrelas naciones de Ja tierra. Contiene tmnbien el tr.atado, leccionC'l:!
concienzudas~ biC'l1 razonadas de Geografia Fií,ica y Cosmografía, conforme las
prescripciones de la cic•ncia moderna; está.
escrito en elegante forma y con claridad
suma que la pone al alcance de todas laii
edades y de tocias las inteligencias.
Ese libro importantísimo. e.i;tá en pr&lt;•nsa
ahora y no es dificil que pronto se ponga
en circulación por todalla América Centra.!.
La señora Goniz de Morales se. ha dedicado también al cultivo de la~ bellas artes:
toca piano y arpa; canta y pinta con buen
gusto y propiedad, sabe moddar y traducir en formag plá;;ticas las bellezas qu e concibe r e8malta su imaginación de artista; y
por último, no ignora nada de lab&lt;:&gt;re.s de
mano ni de ofici08 puramente domésticos.
Conoce á fondo la marcha de los asuntos politicos d,el p~is, y no poco ha cola~o•
rado en la cosa publica, donde su mando
ha tenido iog-Prencia ó participación.
Ocupa pue¡¡;to disting1údo y por demás
brillante en la sociedad guatemalteca donde ella ha trabajado tanto por la educación
lle la juventud y sembrado muchas simpatías con las prácticas del bien.
Con motivo d e los sucesos políticos oeurridos últimamente en Guatemala, la scñ&lt;,ra Goniz de )forales, su tierna hija y sus ancianos padres fueron asilados en la Lcg·ación de México que, con autorización del
Gobierno ele ebta Repi1blica, se prestó para
prote¡rer y garantizar aquella familia dis,
tin 00 uida.
Vayan estas lineas como una muestra
de re·cono&lt;:imicnto por la nobleza de la acción,. corno un obsequ io para los apreciables propietarios'de EL ::11nmo. qu e hoy publican gustosos el retrato de la clisti ng1úcla matr ona guatemalteca.
.d.Ll!JJA..'WRO BESITEZ.

~léxico, Noviembre de l b'97.
TESTAS

¡Oh las rubias cabecitas ele lo,1 niños inocentes,
Qne ·dormidas en las c·rnias recibís en vuestras frentes
El bautismo sacro~anto de lo, besos matemalC's!
En vosotras, tabecitas de log niños inocentes,
Su dorado nido han hecho la~ blancuras celestiales.
¡Oh cabezas de azabache ele los pálidos poetas,
Que soñais en actitude~ melancólicas y quietas
O agitais con entusiasmo las melenas encrespadas!
Sois ¡oh jóvenes cabezas de :os pálidos poetas!
Liras negras por las manos del ensueño acariciadas.
Oh! las torvas testas grises de los Faustos incurables
Que olvidais enloquecidas por placeres detestables
En un vértigo de vicio vuestro hastio sempiterno!
. Desgraciadas testas grises de los Faustos incurables,
En vosotras hierven todas las torturas del infierno.
Oh! las testas plateadas de los sabios magestuosos,
Qué estudiais en los infolios·manuscritos y polvosos
Y os habeis encanecido deRposadas con la ciencia!
En vosotras blancas testas de los sabios magestuosos,
Ha nutrido sus raices--flor de invierno-- la experiencia.
¡Oh las clúllicas ceffices de los frailes macilentos,
Que sentís en Yue:;tros c1áneos de vejez amarillentos
Las huesosas manos Recas ele arrugado pergamino!
¡Oh! , osotras, calvas testas ele los frailes macilentos,
Caminais buscando tumbas en\.vuestro árido camino.
0

¡Oh! las rubias, negra~, g-riscs, blancas y aridas cabezas
Donde viven las blancuras, donde anidan las gTandezas,
Que os alzaisllenas de orgullo, Íl os rendís al sufrimiento,
Todas sois inmaculadas, santos templos, ¡oh cabezas!
Donde-lámpara divina-su luz vierte el pensamiento.
EFRÉN REBOLLEDO.

Noviembre de.1897.

�Domingo 14 de Noviembre de 1897.

EL ~HJNDO.

334

dó las alegrías de Israel ante el arca de la Alianza y cuando pulsan sus cuerdas querellosas unas
manos jóvenes y blancas, es más aun, es deliciosamente embelesador.
La Srita. Hirns J&lt;'ontecho, mucho ha que consagra sus ocios al dh•ü10 instttunento y que cnvuel,e en sus harmorúas delicadas sus puros anhelos
de doncella y sus ensueños jó,·eirns y sonrosados.
Y el aplauso la ha premiado de sobra. Un año
hace apenas que en el antiguo Colegio de ~Iascarones llevó 1:1 parte de arpa, en el precioso IntermPzzo de Cavallería Rusticana, entusiasmando á
sus orcntes.
'
Alguna vez la hemos escucha&lt;io, interpretando
trozos de Schumaen ~- Ifayden con acompm1amil'llto de armónico, violin y piano y viéndola
pa::;•1r sus dedos uiveos por las cuerdas y Yiéndola a•1egar sus ojos bl'llos &lt;'11 el azul, hemos pensado en aquellas e:;tátieas de la primitiva Iglesia
que cnvü1bnn á Jesús con &lt;&gt;l ritmo di,ino de la
música, el ritmo inmaterial de sus plegarias de
amor.

%ueotzaó ~ztiotao.

,.
MARIA RIVAS FONTECHO

La Sri ta. Rivns F~ntcd10, miembro' de una distinguida familia ele esta capital es otro de los f~orone1:; clr rsa delicada plant,l del arte que empieza il fructificar apeirns en nuestro país tan atoi·mentado por la brega.
Cultiva un instrumento que llm·a &lt;'ll su solo
nombre un caudal de porsía: el arpa. lnstnmH'llto deliciosamente arcaico, que ha pasado ele época en época, de raza en nlza, sin prrder nada de
su prestigio y ganando siempre en el espíritu dP
los homhrcs.
David elevó al eco ele efüt, el salmo pi·odigioso
v Ossian derramó con sus notas en las soledades
'del norte la triste magia de sus cantos de brnnw.
Y :;iempre es nuevo ese instrumento que acor-

NOCHE

DA-:\TAS MEXICANAS

¡Oh! va Yienr la noche! ...... tú la esp(&gt;rab
· con el ansia infinita
con que ao-uardan al cHiro laR flon,s
'Z:uando la tarde espira,
al céfiro que pasa dobleo-anclo
c-on amor, bUS corolas adormidas:
a,;i es1wra~ la sombra ..... .
Son flores las cahPza¡; pensativas,
flores también, que al paso de la noche
silenciosas ~e inclinan..... .

[RUNEBERG]

¡Oh! no llegue luciente, con fulgores
de luna y de luceros!
¡llegue oscura, borrosa ...... ¡llegue 01Jaca!
y con amante~ dedos
de brumas, cierre al punto
los ojos que en la sombra est~n abiertos..... .
Ya cerrará los tuvos, compasiva,
y asl, ciial pasa el céfiro
.arrancando á las flores sus perfume,;,
sus perfumes-que son sns. J?ensamicntosa~i la noche, de tu frente palida
tomará los recuerdos,
Y hácia el olvido irán, arrebatados
JJOr una ola de neg-ror inment&lt;o ........ .
¡Oh, las noches amantes y enlutadas!
¡oh, las noches oscm·aij
&lt;¡ne apartan de su anhelo á los ~ne viven
:,· que á los muerto~ Jtmtan!. ....... .
Ellas despiertan Jo que yace merte
, y lo que está despierto ellas lo arrullan;
~llas ::,on las que cierran nuestros ojos
y las que abren las tumbas.....
Ya no tarda la noche!. ..... Ya las aves
hacia sus nidos, presurosas vuelven;
.va el canto de la tarde es una nota
que con la luz de ocaso ~e hunde y muere...
Callad! ...... va pasa el céfiro
entre las flores que se inclinan, leves..... .
... ...¡Ha llegado la noche!.. .... ya su sombra
se enreda entre las nubes y desciende,
y pasa doblegando las cabezas;
llores cansadas que á su beso ¡duermen!.. ..
Y la miro ahuyentando, compasiva,
de todos los cerebros,
lo~ desencantos, el dolor, las penas,
los sombríos recuerdos,
todas las va perdidas esperanzas
'que se albergan en ellos,
todas las ilusiolies imposibles,
todos los pensamientos ........ .
,:,· así, cual un enjambre de h1~iérnagas,
los arrastra muy leJos ......
Allá vá...... ftu;tigándolos con ala
de ,·aporoso tul flotante y negro ..... .

•

MARIA ENRIQUETA.

Novbre. de 97.

INGENUA.

¿Sabes porqué te amaba? por bohemia.
Porque exótica flor, el. infort_unio
Ungió tu alma y tu e:x1stcnc1a abruma
Siempre inflexible y duro.
Porque en tu corazón hay sentimiento
T en tu frente de pálido relumbro
Ensueño,;, ilu~ioues, ideales;
Pero tambfon crepúsculos.
Crepúsculos á veces de alborada,
Vespertinos los más, en que confuso
Suro•e tu porvenir como una sombra
" Manchando .un cielo puro.

&lt;!t¡ritnfio 11e una jouen.

$eñorifct í!eonor J{iaalgo
DE LA PAZ (B. C.)

Porque una noche, en tu balcón, á solas,
"Una noche estiYal de ple11ilunío,
Yi arrasados tus ojos por las lágl'imas
De algun dolor oculto.
Y al in~tante reiste, mas tu ri~a,
Tu ri~a de amarg·ura, solo pudo
Hacer más infinita m itri~teza,
}Ji ha:;tfo 1:'.ás profundo.
So~· una loca me diji~te entonces,
No sé q11e es lo que siento, pero sufro.
Yo en vano quise consolar tu,: penas
Y ante ti quede mudo ..... .
Dcspu(·, tu indiferencia iuc,peracla
Ahogo mi amor, ,v triste ." taciturno
}le pu¡;e la &lt;'areta de la ri~a
Acaso por orgullo.
Torn(• á mi soledad. tomo á su nido
El deslumbrado pájaro nocturno.
1\lás núnca, nunca oh·idar(· tus l{tgrimas
:Ni esa noche t•sti\'al de plenilunio.
Jo,:;É 711. 0C'HOA.

l\Iexico, No\·iemhre de IK9'i.

De ver fl su amante, ~oht
Yuell-e la niila á :;u hog·ar;
Sus manos, ante•~ de• azahar,
Trae rojas c11al la amapola.
-¿Por qué á e"e color te inclinas?
La madre la dijo asi;
-Cogfrndo ro~a" me hPri
Con IM punzante,: e"pina~.
En su casa otra maliana
Entró alegi·e ~· sin enojo~,
Pero con los labio~ rojo¡;
Como el color ele la grana,
¿Por qué ese color advierto
En tu boca diminuta?
-Es el jugo de la fruta
Que me he comido en el huerto.
Otra vez cruzó la puerta
·ne su hogar, triste v llorosa:
1\fas sus mejillas de \·osa
Eran ralas de una muerta.
Y su madre, aquella vez
Al mirarla tan Rombria,
Así la dijo:-Hija mía,
¿Qué indica tu palidez?
¡Madre!-exclamó la doncella
Con la mayor amargura:
-Haz que abran mi sepultura,
Y que me acuesten en ella.
Y que pongas también quiero,
Cuando me falte la luz,
En mis manos una cruz,
Y en mi fosa este letre1·0:
«Con las bre,es manos rojas
«Un día á su hogar volvió,
&lt;Porque se las e;,trechó
«Su amante entre mil congojas.
«Otra vez sus labios gruesos
«En tinta roja teñía,
«Pues su amante los había
«Cubierto de ardientes besos.
•Y otra, con semblante huraño
«A su triste bogar volYió,
«Porque el amante pag·ó
«Su amor con un deseng·aíio.•

ILUSIONES.
Las azules, que en góndola de oro
Cual nereidas cruzaron el mal',
'
Las de rostro apacible v sonriente,
Se han ido muy lejos... ~ y no volverán!
Solo quedan las otras, las negras,
Las que bogan con prisa fatal
En el lago cubierto de somb\·as,
Las que callan y bogan nomás.
Mue, tecitos dejando los remos
En la orilla la barca atracad,
Que el marino de frente tostada
La faz de Aqueronte río quiere ver más,
Hadas blancas, que atabais listones
En el ramo oloroso de azahar,
Yeuid presto, Yenid á la alcoba
Y otra vez mis viajeras, cantad.
Imposible! que en góndola de oro
cual nereidas que cruzan el mar
Las azules ....... caminan de prisa'
No vueh·en la cara.... é ingratas; ¡se van!
ADALBERTO ÜARRIEDO.

Novbre. de 97.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.

EL MUNDO..
DAMAS l\IE.xICANAS

TOMOIJJ.
V&lt;Jfs•tu, m'ami, ce qui est beau. c'est
d'avolr viogt ans et de bien s'aimer.
·
Alph. Daudet.-Sapho.

r

Reinaba profundo silencio en la vasta
biblioteca. De tiempo en tiempo se escu-chaba el ruido s.eco de las hojas de un libro
que se consulta y el susp.iro de un hombre
•que trabaja con ahinco. De repente, empezó
monótono y febril, el susurro de la pluma
que corre sobre el papel, á manera de sumbido de mosco.
Era la hora vespertina; á tray(-z de los
cristales, se filtraban los rayos del sol moribundo y bañaba con luz dorada el barniz
de los estantes más próximos, mientras que
el resto de la pieza qu('daba envuelto en
discreta sombra. Surgía de enmedio de ella
una mesa, baja· y ancha; una me1,;a de sabio,
austera, simple, cargada de libros grandes
y pequeños, antiguos y modernos, r sobre
ella inclinado, un hombre escribía .....
Escribfa, escribía febrilmente, sin dar tiempo al pensamiento para bus~ar la idea, ui
al arte para esculpir la frase. Escribía como escriben los filósofos, períodos que Yen
ya escritos en su mente con sus puntos y
,sus comas: trasladaba al papel lo que á
costa de largas meditaciones lleYaba impreso en el cerebro. Pero esta yez, un malestar inexplicable lo trituraba, mi entor•
pecimiento físico y moral, de la cabeza y
•de la mano: palabras que sr saltan, cifras
que se olvidan, ideas que se entrechocan
y que hay que analizar de nuevo .....
Decididamente el trabajo no marchaba.

*

*
El filósofo fné á la* ventana.
Afuera espiraba la hermos11 tarde de Prima vera, el sol se había hundido, crecía la
1
.sombra. Y la ámplia. avenida, bordada de
alheñas y de faroles encendidos, aislados
primero, juntándose y prolongándose á lo
léjos cual gigante sierpe luminosa, hormi_gueaba de gente. Un soplo de satisfacción
ascendía de las aceras hasta la -ventana, El filósofo miraba ..... .
Estaba nervioso, como todo hombre que dá la
última mano á una obra largo tiempo soñada. Dos
tomos de su estudio-«EI llombre»-habían aparecido ya, habían sido leídos y aplaudidos por los
hombres de ciencia. Hoy ponía el último renglón
del último tomo, que en dos palabras, á modo de
condensación, resumiría la obra toda, esa obra que
era el fruto de sus largas lloras de meditación,
-de sus cngolfamientos en todas fas filosofías
.habidas y de su temperamento mismo, replegado,
hipocondríaco . ....
Una sonrisa de orgullo plegó sus labios delgados; pasóse la mano por los cahelios precozmente
escasos y pensó en su vida pasada. Pensó que él
á los treinta años, cuando sobre las sienes todavía florecen las rosas horacianas, ya ceñía el laurel inmarcesible de la gloria; á la edad en que los
hombres van á mitad de la selva de la vida, él la
había recorrido, repasado, descrito y analizado en
esa obra, cuya última plumada estaba á punto de
·dar. Su nombre volaba de boca en boca, de revista en revista, siempre encomi11do ...... .
Y la sonrisa se acentuó rn sus delgados labios.

$ra. Gnarea raarrera ae Gf r.!1'iño.
()lONTERR11Y)

bía sustraído ·á la Yida social, que había robado
1-ina unidad á la actividad humana. Porqué, sus
obras, ¿serían benéficas? .. . .
¿Si él hubiera Yivido otra vida? El amor....
El filósofo se engolfó, lai:go tiempo, en su pensamiento.

*

**

A la luz de un escaparate, en frente, vió dos
bocas que temerosas de la curiosidad pública, ftu-tivamente se besaban..... . .
Volvióse y miró la vasta biblioteca que ya 'la
sombra erwolvía enteramente; miró en ese fondo
oscuro, toda su ,ida pasada, toda su juYentud
igualmente obscura, transcurrida junto á un infoUo acru·iciando utopías, y febrilmente tomó las
cuartillas escritas y las desgarró .............. .

***

Los hombres de ciencia, a,un esperan, impacientes, el Tomo III de «El Hombre» ....

J. SANOREZ AZCONA.

MISERIA.

***
En las aceras, la gente pasaba, pasaba: transeuntes solos, grupos y sobre todo parejas, un
hombre y una mujer, ya ricos, ra pobres, pero
siempre muy cerca el uno de la otra.
Y al verlas, al ver la sonrisa que se cambiaban
el filósofo sentia nn anhelo indefinido, un vacío
profundo.
La mujer-madre, la mujer-esposa, la mujer-hija, era otros tantos títulos de los capítulos de su
obra. Así concebía á la mujer. Pero .... ¿la mu.
')
.
Jer amantr .... : ..
La brisa vespertina que sobre su frente soplal)a, parecía dar nuevo sesgo á sus ideas. Después
de todo, la humanidad no era tan mala .. , ... esas
gentes que, s'ltisfechas por el dehcr cumplido salían á sorber u119, bocmiadadc aire, eran felices ....
. después, Uegarfan al hogar.....se r.maría,~ ... , .
Y ¿é'.?.... Pensó por vez primera que lrn.bía si&lt;lo tan sólo un fantas::1a C:!l el r.11nél.o; que se ha-

(CUENTO A MI HERMANA)

ÁZARO se avergonzaba de su
fealdad.
Era jorobado y tuerto. Su
boca, que parecía la rasgadura de un vientre apuñalcado, le
llegaba por un lado de la cara
hasta crrca de la oreja.
Fué vendedor de números de lotería y los· pilluelos le robaban los números y corrían abusando de su defectuosa contextura. Las mujeres del
pueblo le soltaban la carcajada cuando le veían
pregonar. Pasában las señoritas y -las señoras,
elegantemente vestidas, y al mirarle sonreían con
una sonrisa más ofon c;iva, más insultante, más llena
de dcsprcciatiYa mofa y rcpugna:1te !ástima. que

3.'35

las carcajadas toscas, de las cocineras Y
verdtlleras. Los ojos se le llenaban entonces
de lágrimas .. , ... pero llorar era ponerse más
horrible, y para evaporar sus lágrimas pregonaba con to_d a la fuerza de sus pulmones
y su voz tenía ondulaciones angustiosas,
· resquebrajaduras de desesperación, por las
que se escapaba á copos el llanto contenido.
Un día, una niña de quince años pasó
junto á él. ¡Qué bella era! Parecía una de
esas vírgenes rosadas y frescas con que ador
nan sus oratorios los sacerdotes jóvenes.
Que dulce era la mirada rosada que se deslizaba entre sus largas pestañas desde sus
ojos rasgados de cierva pensativa! Oh! debía ser buena, y no se burlaria de su fealdad. Sería un mentís encantador al pesimismo de Schopenhahuer que encuentra el mal
en todas las manifestaciones drl sér. Lázaro se acercó a ella, trémulo y conmovido, y le dijo con voz en que quiso poner
todos los despertadores ele la simpatía:
-Señorita, tómemc usted un número.
La niña se Yolvió y dió nn lijero grito al
verle.
-¡Dios mío! Qué hombre tan feo, vállase usted!
Láz-aro. se quedó inmóvil, la miró con
una !nirada en que había un reproche á ella
por su crueldad y una quejaá Dios por haberle hecho tan infeliz. Un rubor quemante
se extendió por sus mejillas tostadas, como
una mancha de sangre, y el pobre desheredado hundió su cabeza en su joroba como
una tortuga en su caparazón, y despues de
un largo silencio cu que sintió como una
aureola ardiente de miseria y desprecio qne
le circundaba el rostro, gritó:
-El número gordo. ¿Quién quiere sacarse la. lotería?~Y continuó en su calvario
acumulando en la memoria toda su amargura, toda la befa que se le hacía, saltando
sobre las cai·cajadas, atravesando la espe.
sa maya de sátiras y burlas que le tendían
desde las aceras los pilluelos.
-El número gordol~gritaba con desesperadas
inl'lecciones de voz, como para ensordecerse ó
ahogar con sus propios gritos la insultante y burlona chacota de sus enemigos gratuitos.
Después la. estupidez y la maldad se confabularon para hacer creer entre la gente desengañada de la fortuna, que el infeliz jorobadito ahuyen•
taba la suerte. Desde entonces dejaron, los pocos
que lo hacian, de comprarle números de lotería.
Quiso vender periódicos por la noche. A la luz
de los farolés-pensó el desdichado-las fealdades y las oellezas se opacan; pero tanto se burlaban de él los muchachos, que aprovechaban la
obscuridad para ser más francos y crueles en sus
pasada-s que tnYo que renunciar .
Pidió limosna en los paseos, en el atrio del templo, en los cafés y en los teatros.
-¡Qué valor, exhibirse con ese cuerpo y esa cara!-decían las damas mi.randole con asco y con
sonrisas como bofetadas.
-Usted es un mocetón, hombre, por qué no .
trabaja? -decían los caballeros calzandose los
guantes. Otros ni siquiera le hablában: le. miraban, se reían y pasaban .... Alguna que otra vez,
algún Yiejo, y muchas veces pordioseros liciados
como él, ponían en sus manos escuetas y temblorosas alguna monedilla de cobre; compraba pan
en la bodega más próxima, y se metía en algún
soportal obscuro y devoraba y saboreaba su alimento con la voluptuosidad del hambt·e ....
En vano se ponía un barboquejo á media cara
con un lienzo inmundo olvidado ó despreciado
por los traperos, para ocultar en parte la fealdad
risible de su rostro. La media cara restante y su
joroba bastaban para. atraer sobre su cabeza la
afilada chacota popular., Oh! cómo lloraba en los
arrabales entre la maleza ó detrás de las tapias,
en donde dormía como un ladrón de campo.
Muchas veces pudo castigará los pilluelos que
le zarandeaban riéndose, arrojándoles una piedra
que los descalabraba, pero tenía un miedo inmenso, nn terror indecible á los gendarmes, y por eso
no lo hizo. Sufría y callaba.
Una noche tenía hambre, ¡qué liambre, Dios
Santo! No l1abia comido desde el día anterior. Nadie le había dado una limosna, entró á nn café

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EL MUNDO.

Domincro 14 de Noviembre de 1897.

lleno de gente; recorrió las mesas y nada. En una á adorar al Mesías, Redentor del mundo; pero ya
-Ko soy sabio respondió el viejo-He vivido,
de ellas había dos gendarmes con las caras rojas el bendecido recuerdo iba perdiéndose, v en el en el retiro, orando y haciendo penitencia.
de embriaguez. Al ver al muchacho tan deforme cielo Turqui cada día se borraba más ei rastro
-Desde hoy te conocerá d univt•rso por el mocon su andar defectuoso de alimafta de1Tengada, de la estrellita, así como su claridad celeste pali- nume.n to que ·vas á eregir-declaró Artasár, que
le llamaron:
decía en el corazón del descendiente de los Ma- en efecto, nrnndo poner á disposición del viejo sus.
-Hola, buena pieza, ven acá.
gos que fueron doctos por su arte de adivinar, y riquezas y una inmensa extención de territorio
Lázaro se acercó temblando de miedo.
santos porque les infundió gracia el haber a1:Joya- fértil, do11de hahía. selvas profundas y caudalosos
-Señores: dijo, una . limosna, por Dios; tengo do los labios sobre los tiemos piecesillos del re- ríos, llamu·as risueñas y lagos apasibles.
hambre ...... .
cién nacido Jesús). ¿Qué mucho que Artasár olAl caho de un m1o, plazo fijado por el arquitec-Ah, ladronazo; ¿limosna, no? Tu lo que ne- vidase las enseilanzas trasmitidas por los .Magos, to para terminar el palacio, .Artasár quiso ver las
cesitas es ir al cuartel á que te den una azotaina. si Salomón, híjo de David, autor de libros sagra- obras, y se trasladó al lugar donde creía qu.c ya
Vamos á ver tus gracias. Baila si quieres ganar dos, favorecido por el Señor éon el dón de la sa- se eleva su nueva vivienda.
esta moneda.
biduría, prevaricó de tan lastimosa manera, lleGrande fué su sorpresa, fuerte su cólera, al no
Y puso una pequeila moneda de plata sobre la gando á i11eensar á los ídolos? ~lientras el hombre advertir por ningmrn parte sefiales de jardines ni
mesa.
vi.e en esta tierra, sujeto está á la tentación.
de palacio. Notó, eso bÍ, que aquél territorio, an--Oh! no, seilores, yo no sé bailar-dijo el jo. Artasár se parecía al hijo de David en la mag- tes desierto estaba poblarlísimo, pues salían á .
robadito rojo de verguenza.
nificencia, en el ansia de rodearse de lo más pre- aclamarle tribus enteras, nilíos y mujeres que
-A bailar, digo!-insistió el soldado-y sacó cioso, raro y delicado traído de los confines del aguardaban el paso del rey y le bendecían; pero
una correa de su bolsillo.
orl,)e. Cada ·día galeras cargadas de riquezas abor- ni aún logró divisar lJi&lt;•dras y materiales esparciEl desgraciado lloró; fné en vano: tuvo al fin daban á los ptwrtos del reino de Artasár, trayen- dos por el suelo &lt;¡lle anunciasen trabajos de eclique bailar, como los osos de los zíngaros ambu-. do preces y joyas al monarca.
ficac1ón. Entonces Artasár, indignado, mandó
!antes; bailó al son de la ,::ambr&amp;,horriblemente toAlfombras blandas como el bellón ele la oveja; que trajC'ccn al arquitecto á su prcsPncia con procada en un acordeón por un filarmónico oficioso; cortinajes de seda cuyos bordados representaban pósito dC' hacerle clei-:ollar y colgar su piel, sanbailó en· medio del estruendo que hacían las car- batallas y lances ele amor; imágenes de marmol, grienta aún, á las puertas de la ciudad, para escajadas vinosas y las chuscadas de los espectado- de egregia desnudez; pebeteros ele oro que em- carmiento de prevaricadores. El víPjo se presenres. Acabó y recogió su moneda. Estaba muy pá- balsamaban el ambiente; jarrones y vasos de pla- tó, tan humilde, tan demacrado, tan modes:o colido y tenía fiebre, pero su hambre era muy gran- ta y ágata, pieles de tigre y plmnas de avestruz, mo el primer día; y cuando el rey le increpó, dió
de. ¡Qué llambre, Dios Santo! Compró panes y se -amontonaban en la regia mansión, estrecha ya esta respuesta extraña:
queso, y en la sombra del zaguan de una antigua para contener tantos tesoros.
-El palacio que deseabas es:á construido, oh,
casa nobiliaria, casi deshabitada, comió, comió,
rey,
y si quieres venir ~onmigo, tú solo, voy á .
Mas ¿quién podrá llenar el abismo de un coramucho ..... .
zón? Artasár, el mag1úfico, vivía inquieto y tris- mostrártelo en seguida.
Pobre Lázaro! 11il escenas de escarnio, de inSiguió Artasilr lleno de curiosidad al anciano,.
sultos y de befa formaron la crónica amarga de te. Ansiaba construir otro palacio, por ser ya el y juntos se internaron en lo más intrincado y resuyo mezquino y &lt;'Strecho para la innumerable
su vida de desheredado de la naturaleza. En cada
tirado de la •floresta. Pronto salieron de la espe-. calle, en cada esquina le asaltaban con brutal muchedumbre de gLiardias, esclavos, concubinas, sura, á las orillas de un inmenso lago natura1, y
tafiedores;
juglares,
bufones,
palafraneros
y cocifranqueza risotadas de burla, apodos, comparaneros que en él se albergahan. Y empezó ít sonar allí el viejo se detuvo. El sol se ponía: el firmaciones crueles, palabras que amorataban sus memento aparecía rojo, abrfündor, ~plendente. Y
jillas como si escuadrones de bofetadas pasaran con un palacio nunca visto, que eclipsase al que el arquitecto tomando de Ja mano á Artasár, leSalomón
edificó
en
u·cce
años,
sobre
columnas
de
sobre ellas.
bronce y con el inmenso mar de bronce, cuyo bor- dijo con grave voz:
Una vez se encontraba en uno de los puentes de imitaba pétalos de ,tzucena.
-Los tesoros que me has confiado, oh rey, los.
que cabalgan al río. Unos muchachos hicieron nna
he repartido entre los miser,1b!e ,, entre los que suEl palacio debía ser tal, que inmortalizase el frían hambre y sed, entre los que oían llorar al
pillería y huyeron á los denuestos y gritos del
perjudicado. Vinieron los gendatmes y cogieron nombre y el recuerdo de Artasárpor todos los ve- ni1ío recién nacido, por que el seno de la angusnideros siglos, y que la fantasía no pudiese con- tiada madre no daba leche. ~Iás no por eso he,
al jorobadito,
-No he sido yo, señores, les juro por la Vírgen cebir nada tan expléndido, 1ü tan delicioso. A es- dejado de alzarte el palacio que deseabas, y te lo.
te fin, Artasár acordándose de aquel Hirán que
que no!
alcé tan soberbio que ningún monarca de la tie-¿No? preciso. Ahora confesarás en el cuar- trazó el de Salomón, convocó á los más famosos rra podrá jactarse de µos1•er uno así. 1\[ira . .... .
tal cuando te den una felpa á calllÍsa y calzón arquitectos de su reino y de los vecinos, y ofre- ¿Xo le vesr Allí lo tienes. ¡En el cielo se levanta
ciéndoles grandes recompensas, ordenó que tra- ahora tu palacio!
quitado.
Oh! esto era lo que Lázaro tem,ía. ¡Dios S&lt;tnto! zasen los planos de una residencia cual él la queY .Artasár miró, y vió efectivamente de entreque le quitaran la ropa, que lo desnudaran y pu- ría, amplia, suntuosa, sin celada como una diadema las nubes de grana surgír un maravilloso edificio.
sieran á la Vista de todos su joroba, esa joroba ho- real. Los arquitectos foeron presentando sus pla- Sobre columnas de plata, bronce y alabastro, se·
rrible que parecía una enorme nariz boca-arriba nos; pero en los ojos de Artasár no encontraron erguían las bóvedas de dorado cedro, esculpidas
olfateándole el cogote. Todo su deforme cuerpe- gracia. Ninguno de ellos realizaba la quimera de con artificio tan hábil, que parecían un piélago
cillo de aborto, de monstruo, se estremecía á im- su imaginación; ninguno ele ellos correspondía al · de olas ele oro. Cúpulas de &lt;-smalte azul coronaideal que se había formadc, de un palacio n\mca
pulsos de un terror inexplicable.
ban el alcázar, y largas gal&lt;'rías ele diáfano cris-!No no! no!-repetía el muchacho, convulso, visto, sin igual en el mundo.
tal, con cornisas .de p11drcría y mo~aico, se proCuando ya Artasár clesC'speraba de conseguir
debatiéndose entre las manos de los gendarmes.
longaban hasta lo infinito, entre' el misterio de·
-Fray Chicote es muy buen confesor, ya ve- que le adfrinascn el loco ~lc..,eo y acomodasen á una v&lt;-gación fantástica, de hojas d&lt;&gt; esmeralda y
él la realidad, he aquí que lf' pide audiencia un
rás tunante.
flores de vivo rubí r oriental zafiro, cuyos cáli-En el rabo y en la joroba-ailadía el otro con hombre, anciano, demacrado, de luenga barba, ces exhalaban una fragancia que embriagaba y
de humilde aspecto, que traía bajo el brazo un rofiera crueldad.
calmaba los sentidos á la. vez.
De repente se escurrió Lázaro de entre las ma• .Xº ele papel, afirmando que aquél era: el proyecY Artasár, transportado, se arrodilló á los pies.
nos de los soldados y desapareció rápidamen- to del p,llacio qw3 el rey aprob,~ría . .No a.lionaban del arquitecto y los besó, con el alma inundada
mucho. las trazas al desconocido arquitecto; pero
te .... se había arrojado al río.
·
ele gozo.
el desalmciadq cualquipr remedio onsa~·a, y ArCLElfENTE P áL::.IA.
Cuando regresaban de la. sefra, . Artasár notótasár permitió al anciano que desPnrollase el pacon
sorpresa que el rastro casi extinguido de la
p&lt;'l. Apenas hubo el monarca fijado los ojos en el
estrella
ele los 1Iagos fulguraba aquella noche coplano, batió palmas, saltando de júbilo.
mo un collar de brillantes.
Glrfasar.
Aquello era su sueño, interpretado pbr un mágico, que leía en su mente. Aquellas soberbias coEMILIA p ARDO BAZÁN.
lumnatas, aquellos patios de magestuosos balaustres, aquella::; galerías ele mármoles y ágatas preEL COH ETE.
ciosos, aquellos techos de cedro ';/ oloroso pino,
aquellas estaciones cuyo bnníido pavimento te;nía reflejos de agua, aquellos bosques, aquellas
Lanzóse audaz á la región sombría
fuentes monumentales, aquellos miradores calay era, al hendir el céfiro sonante
. dos por mano de las hadas, aqueHos prnsilcs coluu surtidor de furgo palpitante
gados en el aire, aquellas torres que desafiaban
ESPUES de Salo- las nubes .... aquello era el idial, lo que ningún
que en las ondas del cielo se envolvía.
món, el rey más po- rey del mundo poseía; y Artasár, al verlo tendió
Viva su luz como la h1z del día
deroso y opulento de la regia mano cubierta de anillos, larga y fina y
resplandeció en los aires fulgurante,
latierrafué sin duda morena como el fruto de la palmera, y exclamó:
cuando la luna en f'I azul radiante
Artasar. descendien-Constrúyase Pl palacio como tú lo has procomo rosa de nieYc se -entreabría.
te directo de uno de yectado, oh varón sapientísimo; yo te daré cuanaquell?s. tres Magos to pidas, cuanto necesites. Para tí se abrirá mi teP&lt;;rdio un instante su esplendor rojizo,.
que vm1eron á pos- soro secreto, y en los subterráneos de mi morada
siguió después cual raudo meteóro
trarse en el establo y gruta de Beltleem guiados encontrarás oro, perlas, bezoares, diamantes y
y al fin surgió como c&lt;1ndente rizo,
por la luz de una estrella lllÍsteriosa, nueva, dife- rubies en cantidad suficiente para edificar, no uu.
rente de las demás, estrella que abría-en el azul palacio, una ciudad entera, con su caserío, sus
Paró de pronto su silbar sonoro,
del firmamento surco diamantino.
y, tronando potente, se deshizo
templos y su recinto fortificado. Y dime ¿donde
Artasár conservaba, entre otras gloriosas de su te ocultabas y por qué es tan miserable tu aspecen un raudal de lágrima~ de oro.
estirpe, la' tradición de la jornada de su antecesor· to siendo tú un sabio tan grande?
SALYADOR RcEDA.

&amp;l palado

lf.

ae

Domingo 14 ile Novie_!llbre ~e ~897.

EL MUNDO.

337

Ensueño de. niños.
POR JOSEPH L'IlOPITAL. -ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 4.
-Sois muy curioso cuando decís eso, exclamó militares que Yeo desde que estoy en Tours. Qui- sin embargo, como cuando me lo han dicho los
otros .... Sin embargo, es preciso que me vaya.
ella. Confesad que no estáis enfadado por el per- zá es por eso por lo que ....
. . No; dijo Jacobo, quedaos, no os lo he dicho
cance.
Y se interrumpió brnscamente.
todo.
Jacobo no supo que contestar. Y no sabiendo
-Por lo que .... qué?
-Vaya que hablais ya demasiado de cosas que
que contestar se echó también á reir!
-Oh! nada. Solo que los otros hablan demasiaEstaba encantado. Su buena estrella le servía do, y vos muy poco, esto es todo.
110 deb0 oir.
-Y de que hablar cuando es uno dichoso ....
á su antojo y el tete-á-téte que aquella mailana aún
-·Pues bien! Yoy á hablar! exclamó él.
-Dios mío como son los hombres.
no osaba esperar sino después de largos trabajos
Habían llegado al recodo que forma el bulevar
de aproximación acababa de obtenerla a1 primer para unirse al canal del Cher. El crepúsculo de-Seilorita Jacqul'iina, vos misma me censuragofpe. La tarde caía, los paseantes se hacían ra- clinaba y las líneas de grandes árboles parecían ríais si os hablara de la liuda y del buen tiemr os; el boulevar iba estando mús y más desierto. dos murallas negras, lanzándose hacia un cielo po, e11 lugar de ..... .
Y J acquelina marchaba cerca de él, riente y bra- lleno de color.
-)luv al contrario! No podcis acaso platictJr
va, con una desenvoltura que probaba en ella la
Voy á deciros lo que pienso de vos desde que conmigo corno amigo, sin decir palabras que no
ausencia de toda gazmoilería. La novela estaba os encontré: que jamás he visto nada más encan- le es permitido escuchará una cuando l'S honrada?
empezada y no había más que seguirla, saborean- tador que vos, que yo estaba triste, fastidiado,
- Qué he dicho, pues, para disgustaros?
do sus peripecias, novela un poco vulgar sin du- descorazonado de mi nuevo oficio cuando vos me
-Ah!
bastantes cosas! Es cierto que vuestras pada, y que en París el hubiera despreciado, pero aparecisteis y que ahora vos sois mi alegría, mi
estaba en Tom·s, era soldado y aquella muchacha sol! Y si no os he dicho todo esto luego, es porque labras son bonitas, ¡.,ero bien se sabe lo que quieren
decir, Yaya! Y'lt he oído hastr.nte de eso en donde
después de todo era tan linda como una parisiense. tenía miedo -de decirlo mal; pero tanto peor! vos
sirvo.
. . . . . Yo cnfa que vos no seríais como
Y aún más linda que muchas, pensaba él a1 mi- me habéis forzado á hablar; 110 me censurareis
los
otros.
Hablais mrjor, es cierto; pero en el fonr arla; en todo caso diferente de aquellas que su por haberlo hecho.
do
todo
es
lo mismo .. . . Vuestro consuelo, vuesprecocidad ele boulevardiere le babia hecho coLe había tomado la mano y la atraía hacia la
tro
sol
....
Es malo, ya lo veis, lisonjear así á una
nocer. Tenía ella en su persona toda algo de sombra ele los árboles. Ella se des.prendió dulcepobre
muchacha
con mal fin.
joven, de fresco, de nuevo, que le asombraba y mente y volvió á la medianía de la calzada.
- Os juro que no os he lisonjeado. Lo que he
aún le mortificaba y que cuadraba mal con sn
-Es curioso, pensó ella en vos alta. Yo bien
certidumbre de tener una buena fortuna.
sé que eso que drcís, es malo; pero no me enfada dicho lo pienso. En cuanto al mal motivo de que
Porque él no p.udaba de que ella tuviese una moral facil; en su cualidad de
vividor de veinte ai'los, tenía. respeto á
la virtud de las mujeres teorías que creía
implacables y la manera con que esta acababa de ayudaric á hallarse solo con ella,
le parecía mm prueba innegable de su
complicidad amplia.
Sin embargo, cuanto .más andaba con
ella, más se sentía ganado por una especie de timidez que no podía dominar, y
esta timidez no le dejaba hablar.
Cosa extraña, ·la.joven no parecía compartir este embarazo crecie11te. Parecía
sentir mucho placer en esfarcon Jacobo,
sin ningtma otra intención que la de la
plática y el paseo. Asi cuando él no respondió sino penosamente, tuvo ella como
un moviniiento de despecho y púsose it
caminar sin decir palabra.
Ante este silencio Jacoho acabó de
perder los estribos y se sintió turbado
hasta la confusion; trataba de reanudar
la conversación, pero no encontrando más
que necedades que decir se colmaba mentalmente de injurias, se reprochaba no
ser mús amable cuando no se trata ha miis
que de atreverse y el sudor le perlaba la
frente en tanto que el rostro de Jacquelina tomaba más y más una expresión de
ironía descontenta.
Ya habían pasado la estación, estaban
solos, &lt;'I día agonizaba y en la garganta
ele J acobo las palal,)ras seguían extrangurnndosC'. Ella se detuvo é hizo una especie de reyerencia.
-Es tarde dijo; los clientes me esperan, y como me parece que vos no tenéis
ya nada que decirme, estarémcjor encasa, en mi tarea. Adios, mi soldado.
Oh! no, no os vayais! quedaos, yo os lo
suplico, gimió Jacobo.
.
En sL1 angustia se le subieron las lágrimas itlos ojos y le suplicaba como un niño.
-No me abandonéis tan pronto ....
Si supieseis. . . . . . Hace un momento me
parecía que tenía cien cosas que contaros
y ahora .... Sin embargo yo no soy tí..:~ti, •
mido!
-Pero si yo no tengo necesidad de que
¡.
me contéis tantas eosasl Si respondieseis
.siquiera á lo que os digo.
- Desde esta mailana tengo ansia tal
---..., ~-J'.v' -~
de encontrarme con vos!
¡:.• Deverns? Pues bien no lo parece! Queréis
que os diga? S'ois todo lo contrario de los

�Domingo 14 de Novie mLre _de 1897.

EL :iIUNDO.

Domi11go 1! de Noviembre de 1897.

un día le pareci6 que los ojos de su tío se fijaban
en ella de una manera particular cuando no había
&lt;le una dulc&lt;'ría;' detrás del 11parado1· había una clientes; advirtió que le hablaba muy seguido, y
muchacha muy lindn; púseme á verln y en el 1110- . lo cncontmba á ::.u p,t~o en l!t cuéva q el pasillo;
nwnto en que mii.s distraído estaha, llega La Pcr- y cuando servía en la sala, sentía que llegaba hasta ella la mirada de Augcr, acurrucado en su des-cha r me atrrapa.
' ·
pacho. Xo se había que;ado; para quéi' Jamás por
¿Qué P&lt;'reha?
otra parce su tío le l1abia faltado al respeto, y
- El tambor mayqr, digo .
Me atap,t como te digo y t~xclanrn.:
,Hlcmás, qué.seria ele ella si él se enfadabai'
ContinUctba pues en su sen·icio; pero su actitttd
- Es que os bul'lais dl' mir
- Pero 111ijefe, ::.i yo no hago mas que mir ar los ctn resp&lt;•cto á Augl'r se hacía im·oluutariamente
hostil; soportaba l'lla impacientemente su compalHl:;teles.
,
- ¡facla, usted, escuchaba lo qU(• yo decia y va 11ía y su insistencia para (¡ue aceptase sus. galanteos burdas, le insptmba una especie de terror.
usted arn·stado ..... .
.\l á:; de una ve,:, sin embargo, pi•nsó en irse .
.Jacquot no concluró esta frase. Ahí ,·ie1w,. ahí
-vit•nc, exclamó y echó á col'rer como alma que se. Una prima lejana, &lt;',,tableeitla en J:-'. trís, y ele la
cual recordaoa· que :sus padrns hablaban siempr e
lleva el diab lo.
Jacobotornó á la calle Real y encontró en el con respeto, pon1ue había ascendido á oficütla de
cnfé á :;us camaradas de n1Plta d&lt;' Saint A, ertin. lH'imera en una c,tsa de modas, le hada cosquillas.
Se le hicieron r elatos pomposos dPl pas'eo y IP en la cabeza. Ptr q jamás la· h,tbía Yisto y 110 sa-.
füTastraron á una fouda de la calle· el&lt;' la Sclllleric hía qué acogida e~1H•rai·; ? además, París le daba
-donde la comida fné alegrP. Pero en medio de la mieoo y ¡,eu:;aba con espanto .en toi,la:, aquPllat
al(•gria g&lt;'lll'L'ál, par rcia aust•nte; habló poco, res- de su provincia, que au-,1ídas hacict la gnm ciupondió apenas y mostró el asi&gt;ecto clcl hombre dacl como por un vénigo db abismo habían tlesaque se fastjdia. La ,·cr dad es que se diYer tia por parec1do en él, y no osaba pr ecipitarse ella á Sil
dentro, repasando en sil menioria l':-ie día tan hicn vez. A lo menos en 'l'onrs teufa una buena muempleado, dPsde la Cateüral hasta aquella mesa jer, la tía .\.uger :,; 110 se i;entía embat:azad.a para
lJ0ller en onlen al tío; tenía asegurada la vida,
-Oc fonda, pasando por el bulevar llc&gt;uteloup.
Acababa de comer cuando la r etrt&gt;ta batió á lo una liber tad relati nt y no estaba sohl ni perdida
lejos. Corrieron ít su encuentro. .Jacobo vió pa- en medio de una multitud inilifer ente.
At1! :;i pudiese casarse. Si encontrase en su ca.sar al tambor mayor, rígido como i:;u bastón y de.trns de él, (•n primera fila á los clar ines, sonando mino á un hombre honrado que c,;m:sintiese en uo
Jacquot á pleno,; ¡mlmorn•s. Siguió mar chando, n•r en ella á la mujer sino á :su mujer; cómo unial paso sin pensar ya en nada, dejándose \·encer rían sus dos vigores .. .. Y en sus s uenos de mupor la cadencia d(• los tambores, y así ovl vió a l chacha hom ,tda, veíase protegida, amada y r odeada de lo que tanta falta le hacía en la actualidad~
patio de Uuisa.
Cuando el sue11o empezaba á YPnec·rlo, mur- de una fomilla: y esta familia seria suya, vivimuró:
·
,
11;
•
1fa por ella y para ella.... un marido .... hijos!
..1!;11 la sendllé/4 de su corazón, sin vanidad y
- P obre Jacquot! tiene ideas cl&lt;'plorables, se
,(•xprcsa como un pobre hombre. Pero es-si n em- sin coquecen a, esperaba al muchacho serio, enamor ado por la buena, que la sustraería á los pe.bargo un excelente muchacho.
lig ros que la rodeaban, y expiaba• todos los dias
Vlll
en los rostr os de los hombr es que diar iamente paT oda la seniana J acquelina estuvo preocupada, saban frente á ella, el rayo, la chispa, la re\lela1wrviosa, irritable, y Augcr sufrió_ las consecuen- ción de una alma capaz de corl'cspouder á la su•dus de su mal lnunor. E lla no amaba á ese tío cu- ya.... Ay! no la encontrnba.... Los comer ciantillos
Ylt mirada no la abandona ba jamas; y cuan do á } los ril.ilitctres que frecuentaban el café de los,
;u ,·uelta, el domingo en la noche, él bromeó con amigos emn ind!fcrent~:; ó g roser os y cuando sus
un tono un poco fo rzado y con una risita falsa reo- miradas se deteuían en elht, el brillo con que se
¡wcto á su paseo con el soldado,.clla sentía d_cseos encendían no er a el q ue ella soñaba. !i{uchos habían quer ido propas¡use y habían aYentw·ado,
d e abandonar el s&lt;•JTicio.
Auger empero .tenía com;ider acioues. para con durame el almuer¿o ó la bebida, alguna~ palasu sob rina ..Al p rincipio, cuando su mujer le pr o- brns, algunos gestos, pero habían sicto llamados
puso que la rPcogiera, él a divinó desde luego la al orden de U1l mod o rnl que nunca tuvieron más
boga que In pre:,,encia de una mujer tan hermósa deseos de volver; por que si ella no tenia la gaziba á dar il su establecim iento, sin contar con la molieria de las hipócmas 1ii la ignorancia de las
l'Conomiá, por que .Jacquclina, siend o de la fami- muchachas bien Yigiladas, sí estaba decidida á
lia no recihiÍ·ía salario. Y en efecto, pocos días aceptar un matrimonio como muchacha que sabe
después ele su llegad¡t, el cafe de los amigos cuya lo que eso es y lo que eso :;upone, su honestidad
clientela i:;~ había al&lt;'jado hasta el abandono, natural la apar taba de los peiigros de la coquete,tdquiría una vicia nueva, una multitud de comer- ría y su buen sentido le mostraba cuan poco deciantes en peqm·J1o, del cuartel, iban á almorzar be uno fiarse de los hombr es. Así pues enviaba
ó iL tomar d aperitivo rle la tarde, y d ejército muy lejos á los adorodares y esperaba siempr e ....
bn estas disposiciones estaba la primer a vez
francés se hacía rcpresentnr por una elite cada día
que vió á Jacobo y al principio lo recibió como á
mú s numPro~ü de guerrcr,:;.
Esta n•animación de comercio penetr aba á la un cliente ordiuan o. Sin embargo, Yiéndolc .entia Augcr de reconocimiento hacia la divina Pr o- coutrólc j0Vl'U y simpático; el ardor de su apetito
videncia que J¡i. recompensaba por haber acogido y la torpeza cólllica del soltlado novato la tlivirá su sobrina. Y sin darse bien cuenta del concur- tieron; y con toda sencillez, con el franco atreviso precioso que J aequelina fo babia prestado, la miento que le era propio, púsose á sonrcirlc r á
amaba como se ama á todos aquellos á quienes hablarle. El domingo siguien,tc lo reconoció luese cree haber sah' 1Hlo. Estaba además. pagada de go cuando lo vió en la mañana en misa, y ·cuanantemano; entre la tía y la sobrina había mm per- cto compr cuilió que la seguía, cuando lo vió enfecta inteligencia 1uc jamús había cc&amp;'ldo de rci- trar en fa fo nda, experimentó cierto calor en el
cor azón que la so1·prendió ); la hizo gozar. La
11/ll' y J acq\l&lt;:Jina tenía por la buena mujer una
1;umision, casi filial que contr astaba con su cL\s- pre::;encia de Jacquot le desagradó; ese clarín peconfianza respecto de su tío. Este la turbaba queño de figura ele mico, le recordada al hijo tlel
y le inspiraba. ulli\ invencible r epugnancia. Ella ab1llToter o que despr eció c•n otro tiempo, pero
habla ad ivinado im1wdiatamcnte que él la toma- aquella malaimpresiónfuéfugitiva. El buen aspecba como un instrumento de explotación, que no to de J acobo, sus visibles atenciones para ella y al
C'ra á sus ojos mas que un objeto de come1·cio, mismo tiempo, la discr eción que había te:;tiftcaque solo &lt;'l interes nuts sórdido le babia decidido do y á lacu,tl no estaba acol:itumbrada, la l'llcanú conservarla en su casa y que si hubiese sido fea, taron; cuando él ~afió ella se preguntó con an. \'.uger , verosimilnwnte la habría dej11do en l,t mi- gustia ah;grc si ac11so no sería d ..... .
~ riL
.
Una cosa la aton w·ntaba :sin embargo y era el
Poco á poco las solicitudes d~ todos aquellos desenfado de gr an señor con el cual Jacobo hahombr es, ::--tts palahi-as frecuen~en\eute mal ,·ig·ila- hht hecho destapar botellas de vino caro queraros clientes :;e· permitían iomai: muy de Yez en
das v ciertos cuchicheos con el patrón y cierta
mi n~das le había{l dacio cierta luz y su de:sprccio cuando :,;olame1íte, y con una especie de r espepor Auger !il' bahía acrecido á medida que S(' iba to ... . «Es fuerza que sea bien rico, se decfo ella,
·
ed ucando en i:,u oficio de sirvienta defoncla y que ó bi~n es tin pródigo»
p er-&lt;lia en &lt;·se medio, no su honestidad; pero :,;í
Y P,ensaba l1ue e1:a soldado condicional, (•s de.Sll S últimas ig·11or,mcü1s de doncella. Entonces,
cir, que tenía padres clemasia&lt;.lo ricos pa1·a pagar
1ní por mi puro! Ah! no! tú no sabes lo que memolió . . . . fui me de ahí, encontt·c•me en el aparador

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me hablais, os aseguro que me injuriai:s! Soy incapaz rle querer nada que os disguste.
- DI' veras?
-De veras!
-La prueba?
- Lll prueba? ...... pues bien . ..... pero .... .
mi silencio de hace un momento. Es mi respeto
el que lo originaba.
-Toma!. . .... Yo hubiera creído que eran mas
bien id(•ns ... .
- Oh! sin duda, pensaba en vos y es por eso
por lo que no quería hahlaros como á,todo el mundo, por que mi respeto ....
-Ah! pero eso es demasiado respeto. Tengo
diez y ocho años y medio y si eso continua vais
á veuernrme como á una abuela. Yo no os pedia
sino que platicásemos tranquilamente, en buena
amistad, que me contascb historias del r egimiento
que siempre me divierten, de Pnris, al cual no
conozco, y he ahí todo; en lugar de callaros para
contarme tonterins.
-Urni vez mas os digo que pensaba en vos.
- Y una vez mas tambien yo no puedo dejar
de repetiros: Dios mio, que picaros son los hombres!
-Que qucreis? Así son. Perdonadles ~- á mi
sobre todo. Hagamos las paces, qucreis?
-Bueno! las haremos; sois, simpático, ya la sab cis; no se puedP una largo tiempo enfadar con
vos. Si quisierai::; promct&lt;'nuc ....
- T odo lo que querais!
-~o S&lt;!r demasiado .. . . como los on·os!
No pupdo prometéroslo porque eso es culpa
vuestra. Si vos no fuerais tan linda ....
- Qucrris callaros?
- En fin, lo ensayaré . Os contaré historias de
París hasta que querais y del regimiento t1\mbicn.
.Mas á vuestra vez vos me r efcrircis tamhien algo.
-Que co·sa?
- Desde luego niestra historia.
-Oh! eso no será largo y no os hará r eir ..... .
- Bueno, si la comenzais luego! El tiempo es
tan hermoso que se creería uno en la prim1n-era.
~cntél:!1:&gt;•135 e1: e~tc b1mco: a~í, 1.:erca cid foco
de gas.
- No, mas me gusta anclar. Mi historia hcla
a qill.
Soy de Azay, m:. padre era Yiña&lt;J.or. Ya murió!
mi madre tamhien, cuando yo era nilia. Hay que
er cer que ,1ú; }&gt;a:lres estab'ln e:1 ar:.1 ;.nala po&amp;ición, puesto quP to~lo se v endió cuando murier on.
Sin m: t;o Auger que me ha r ecojido, creo que
habría mur rto de hambre. He aquí nú historia .

. 'y

~~.

""

"

Refcridme la vuestra ahora,
Vos deheis ser de la clase
alta ... .
- Xo ... .
.,.
-Oh! tantomejor.
- Por qué mejor?
-Por que nw habría dado pena que fueseis de la
alta. Yo soy una pobre muchacha ....
-Esplicaos, csl1orita JacqU(•lina, os lo suplico.
Y se r epresentaba In estupefacción y la envidia
- Pues bien, no! es dmuasiado tarde. Santa ele sus amigos, cuando muy pronto les contal'a su
Virgen! estamos en el canal! Que lejos va uno buena fortuna. ·
platicando! Estoy segura de que son mas de las
Y de antemano la decía en voz a.Ita;
cinco; que Yan á decir en la casa? Yo me escapo...
- Deliciosas, queridas, esas grisetas. Vosotros
Pero ya sabeis, la proxima vez será bueno que no conocéís eso, yo ya &lt;mcontré una!
me r cfirais ... .
Y pensaba q ur eso har ía ponerse bizco á su tío
. - Dejadme acompañaros.
el general que pret!;!ndía haber honrado con sus
- De ninguna manera. VolvCI·ilunos á ¡i&amp;der atenciones á la última :
al tiempo y el tiempo me urge.
Habla que ha bla, y gesticulando en medio de la
- P ero sí v oy á volverá comerá vuestra casa , noche, había dado v u&lt;'lta al muelle d &lt;'l Loire y
al café de los 11migos . . . . . .
·
veía levantar s&lt;' ante él la masa n('gra de la torre
- No mejor no.
de Guisa. Un instant(•, tuvo la idea de volverse
- Porqué?
luego y de comer en casa de la tfa Bidau, acosXo lo se, pero . .... m ejor no ... . . os lo suplico, tímdose en seguida par a rumiar en paz los penotro dia.....
samiento¡; ag radables que se acumulaban en su
-Entonces otro día .. ..
cer ebro. P er o a l llegar C&lt;'r ca del cuartel encontró
-Oh! si, todos los que gust!'is; pero ahora no. que nquello rra dem asiado fúnebre para sus rien- Os obedezco. Ya. ve is que soy hueno.
tes ideas. El snbría l'ncontrar camaradas en el
-Sí, sois muy simpático .... Aclios.
caf il del comer cio: se dirigió pues hacia la calle
Y partió con listo andar , casi corriend o, y se Real.
perdió Pn la somhra del huleYar ; ,Jacob o se quecl&lt;\
Cuando iba a dar nwlta á la plaza de las concer ca del canal. Cuando nt n o oyó el rumor de sistor iales, después d P haber se divertido un inssus pasos, fuese á su vez ientanw11 te, tratnndo d1• tante con los caballos d!' ma der a que voltrjeaban
poner orden en sus ideas. Estah a sorprendido de· b ajo sus linternas encQndidas con a compail.amicnuna man&lt;'ra cxtrnl1a y conmovi&lt;lo deli ciosnmcnt c: to ele aires triviales soplados á todo vapor , estuvo
Jacquclina era tan di!Prcnte el&lt;~ lo que S&lt;' había ú punto de que lo d c•rribar a un soldad o que, ansupuesto! destruia tan radicalmente sus teoría s! dancio, ú ruíts bien corriendo en sentido im·erso,
y era para él un enigma tan completo! Enigma vino á dar contra él y se puso inmediatamente ¡\
turbador , encantador. Enigma que fl se proponía jurar como un grana der o. Jaco bo r econoció ú J acquot,
dcscifrnr.
- Eh! pnrdirz! dijo dr pronto. Ya encontr é la
- Vaya! me g usta tu cólera! A d ónde diablos
solución. l a cle~p' .1mé al pájaro raro! Jaequelina vas con esos ímpetus?
,
r ., una griseta, t•~pcci&lt;' refugiada sin duda en pro- )fo escapo del grandote, déjame correr para
vincia, puesto que ya no se la halla en P arís. E s qui' no me vea.
honr1tdn ; &lt;'S dcsinten•sn.la ... . es preciso ser ama- Qüién h0mhre?
do de ella! Ahora bien, P 'e parece que yo no le
- El tambor may or te dio-o
0
disgusto . . . . Ento-rce,· . . . . P ·w ·11·1: no? Sclo cpe.
- Qu&lt;; te ha lwcho?
'
1101· que me he · prcgumatlo si era yo de la alta?
- l 'uatro dí.lS dn !lrresto que m ~ l~:i. .. ..
Yo he rPspondido al a¿,tr, po rq1w poJfo. d ecir q:ie
- Ah! mi pohrl' 'Jacquot, y por que?
sí: es claro que per : enl'zco á una clase ~ocinl muy
- P or qué. o:H! Cu:rnc!o te ek jé esta mafürna e:1
superior á la suya. Bah! este es un detalle des- la cal!P Colb&lt;•rt, no tardé mucho tiem po en lle6 a"
pués de todo .... Oh! mi novela, mi linda nov ela! 1\ la calle real, y ahí el vir jo se puso á bw'larsc de
(

EL MUNDO,

•

•

de un solo golpe mil quinic tos francos· al Estado.' « Yamos, vamos, concl ó, no hay que pensur en éh
Pero en la tarde, cuandi1 le vió lh•gai· por 'el bulevar, á 1a· hora de la mt'lliica, experimentó otra
vez el mismo calorcito. en ·l•l corazón y no pudo
d.cfcndersc de aquel semiluiento que se agrandaba en ella. Era cier to, ella le había seguido, ella
le había ayttdado ¡i perder al tío Aug&lt;'r y cuand.o,.
yR sola cott él, se d.eJó llevm· por el elespecho. q_11e
l" causaba su silencio, que ulegría indecible, üupe1"iosa, hecha de l uz súllita y de tl'iwúant~ aso1Q.hro cuando co1n.prcndió la cau:sa! Y en seguid.a,
ttué turbación, q_u(~ delicio;,.a defensa! ..... l' luego, cu.ando le preguntó .,i no era de wi.a. cl,1:;e alta. Y no lo er,t ... .. _ E11tonces... . Ciertamente
ern mucho 1nits rico, (lUe ella que no tenía nada;
pero ella no era laboriosa r económica? Sí.; sin
duda; por qué no t•ntonccs'.'.' . ... Acaso . _.. r el
en.suen o tornó á ag itarse en aquella cab.ec.ita inocente y euérgiM, ob.stinad.a en pcrm.anccer honesta. y d(•cid.t&lt;:Lt il librar ;-;in desfa ll&lt;'cer L1 batalla por Lt vid1t; SU('ÜO curas ttuinwrns no podian
aún aparccerle y cuyo foérico .espejismo la d cslwnbraba.
,
Hacia el fin. de la seill.allil., wia nw:ilarut,hermo:sa, vió entrará ,Jacquot acompmütdo de su mni- ·
go l&lt;'ricoceau, el trompera d ~ cazadores. El pc(1ue110 corneta estaba alegr e hru,m la locul'a; pidió de
al.morzar para los dos, lmcic11do orgulloso danz¡u· entre .s11s manos dos pie,:as d.c á cten céntimos
y luego púsose á r eferir a l tl'ompeta uuu·n\'illado,
q ue terna la fortu na de cc·pillar á un condiciorutl
cxtr,,, w1 buen muchacho que le h.ahía prometido
q uinc.e fnu1cos por mes y lllle aca bab.a e.le adelantal'le diez para que se di(•rtt gusto. ,b;ra, p11cs, necesario ClUnplir este progrmua y los 9-os estaban.
en la mejor clisposicion uel mtllldo para. ello. Sirviéndoles Jacquelina escuchaba y así supo q ue
los cor1cliciouales lutcian todos los días el ejercicio;
que los llevaban a ltora á ma.nobrü1r doti veces al
ctia al bulevar H ~urtcloup, cer ca d.el canal; que
a quello era delicioso para el clarín q_ue iba con
ellos porque no tenia 01rn cosa que hacer que ordenar los diverso:; .úl.oYimientos; pero que á los
pohres soldados se les hacía sufJ."ir m11cho sin conrnr con que no siempre poclfan salir en la tarde y
que se quedaban escudiando I.J.a:;ta el cubre fuego.
l'or lo &lt;1cmás era justo, pttesto que e:;os mucuacllos solo te1úan un ano ue servicio,
Y en tan to que l!'ricote,m:;e exhaltaba c~nta.nd~
esto y aqtlCllo, Jncquelimt pensaba con secréta
alcgna que si no le uabfa vud to á ver era por que
él uo había podido SH.lir.
Bien pr onto no pudo contener se y pr¾O'll.ntó con
un~mbarazo que no le er,t hahitual y que hizo.
guiñar el ojo maliciosamente á los d,os soldiidos
si el , pr óximo dollling o los condicionales no saldrían.
-Seguro que sí; respondió .Jacquot y creo q ue
él vendrá {L a1U1orziu· aqui. La malo par a vos mi
quetida niña. es que no vendrá con Jacquot que
estará de guar dia ....... .
J acquclma se ruborizó.
•
'fodo el resto de! día pensó que volvería á verle
el domingo y en eso sonó i,or 1a noche. Al dia siguiente, muy temprano sano é irresistiblemente,
sm tener la .fuerza de r eflexionar, se encaminó al
.b ulevar. Alo lejos, sobre !a pendiente que sube
al canal vió un g rupo ~le soldados q ue hacían
ejer cicio ...... ~ o p !).do contener,;c, quizo verle
de cerca y avanzó disimulándose tras !Ositrboles.
Quiso buscar á J acobo pero su turbación era de1m1sirtdo gmndc ..... ,¡\o le enconu·aba. , Se sentía cgm o desvanecida. bin embargo en PI otr o
lado de la a venida un clarín la habla reconocido;
era Jacql10t que se quedó viéndola con una especie de mudu bw·la, de asombro y de em·iclia.
1!:lla pensó en huir, per o no pudo hipnotizada por
aquella mirada que d uró algunos segundos que le
p,trecicr on muy largos .... Después, de pronto,.
con una iudc~ilúble :;onrisa, el clarín sin decir na•da, tendió su instrumento hacia un grupo; ella si~
guió la d\rccción del ademún y vió &lt;L .Jacobo forrnado y rígido aur~ el sargento :\luller .. . . .
.r he a quí que de pr omo sus ojos se volYieron
hacia ella v el rostro del condicional se trastornó
de elllt&gt;ció;1. Al mismo tiempo el snrgento mandó:
« Desc1:l.llsen armas!" y ,)acobQ tiilmndo al primer movimiento, dejó caer a.l &amp;u el~ la culata con.
uu r uido sor~o que hizo SlÜ~ll.X ~l subteniente.
• (Contin~l(l.r(I J

•

•

�340

•

p_í¡•itus celestes p:t~:tn l:i. ,·ida sin comer? y no por falta;
smo por sobra de necesidade~!
Estos desdichados á quienes abriga el ,:;ol y ampara
alguna puerta de caseron vetusto, en los tiempos templados, cuando asoma el Invierno sn faz rígida y se-.
vera, trémul(?s de terror pretenden refugiarse. ¿Cuál
será su guanda? donde encout¡:arári un riueoncito que
leH preste calor! ......¡Ali! ¡ya les halle refugio! habra almas bondadosas, señora~ de corazon que los cubran
con los en que sus robustos niiíos no tienen va cabida.
¿No seran esta8 las ilm;iones de Imierño de una
madre piadosa? No se regocijará desde ahora, imaji•
nandose el dulce bienestar que de su mano espera el
desgraciado?

LA MODA
Traj e para niño de 13 á 15 añoa.

He aquí un precioso modelo de futu ro caballero, con
traje d e-casimir inglés. El sombrero de paja, no se halla aún en la cabeza, sin duda para dejarnos ver el tipo
perfecto de distinción v aseo.
GRtJPO O~ NIÑA.8
Traje para n iña de II á la añoa.

Vestido de Cachemir azul. Cuerpo blusa con un bonito cuello bordado. Este cuello se hace de trencilla sobre punto.
Vestido de jovencita de 15 á 16 añoa.

Este trajecito es de franela roja, adornado con cintas
de terciopelo negro, y abierto sobre un camisolin de
cachemir blanco mu, fino. Cinturón de listón con me¿·
ños. · Botas de glasé.·
Trsjeclto para niña de a á 3 añ ia.

Es un vestido imperio de muselina moteada, con manga corta y encaje &lt;'n el escote.

&amp;l lenguaje

ae

(CONTI:-tA) .
Habiendo dicho Baco las anterioreo frases, exprimiú
sobre la piedra el violado jug·o de la uva y el diáfano
cristal se coloró:
•
La amatista es pues la piedra de la temp~ranciay lo
es también del pode1·, salndurw, fuerw y nrtwl; como
lo demuestra el uso de la Ig'lcsia que da á su:,; primeros
pastores una sortija de amatista.
hfÁN.-El imán es el emblema de la amistad.
Un pastor Je descubrió por casualidad, pues apasentando un dia su ganado en el monte Ida, apoyó 80brt•
la tierra su herrado bastón, el que se adhirió de talman!'ra, que .tuvo que emplear grandes esfuerzos para
arrancarlo.
A.,rnAR.-El ambar es una substancia sólida más ó mt&gt;nos amarilla, más ó menos transparent6 que se electriza por frotación; y es el emblPma de la f'ineza y dt\
la f'uerza, por lo que se dice: «Fino como el amúar.
A~uANTo ...,-El amianto que resiste á toda flama es l'l
emblema de la antipatfa.
·
BERILLO.-El berillo es una esmeralda mu~· puru;
se cree que· el anillo de Salomón era de esta piedra, y
que ahi veía lo pasado y lo futuro.
·
El berilio significa por eso la pre1:isi.ón.
CALCEUOKIA.-La calcedonia preserru de los 1,wleficios.
·
Qc.t!:LEDONIA.-La quele&lt;lonia (piedra de g·olondrina)
calma la cólera, mantiene en paz y en virtud, y asegura el buen té11nino á los negocios emprendido,;.
CoRAL.-El coral ,es un talismán CO'Tl.tra los malo:;
afres.
COR1'"ELINA.-Yénus encuentra un día al amor eu
grande apuro. Corriendo en un bosque había quebrado
las puntas de su arco ellredad9 en las breñas; no sabiendo corno reparar el accidente lloraba de despecho.
Vénus consuela á su hijo v r ecogiendo pedazos de cornelina compone las extre1t1idades del arco. La cornelina es considerada como la piedra de la pacien&lt;'ia y d&lt;'l
consuelo.
.
CRISTAL.-El cristal á causa de su transparencia simboliza, sagacidad v pureza.
D1.u1AXTE.-El ciiamante representa la fut'JT'za porque
no puede ser tallaüo sino con su propio poh"o. Losantiguos pretendían que se disoh-ia en la sangre del macho cabrio.
·
ESMEUALDA.-La e~meralda es la piedra de la.~ 1:i,·genes, los g riegos hacian de ella el anillo de las despo·
sadas, graciosa coBtumbre que ha re~ucitado.
GRANATE.-El gTanate simboliza la santidad y la alegría.

.

Por lo general la natm·aleza humana y más en los
41.lbores de la vida. ~e siente atraida por todo lo nuevo. Las' modas van.v vuelven con corta diferencia· per o siempre oireis á las jóvenes censurar la moda p~sada y elogiar la presente.
Sin duda por que suponen que asi como las ciencias
adelantan dia por ~fa; las artes y el buen gusto deberán adelantar también; (sobre esto habría mucho que
disentir) pero convendremos en que las mollas son una
esp.ecie. de pla~etas qu~ jirando en ór~itas cliptfoas se
aleJan o apro:xnnan hacia nosotros, disminuyendo su
esplendor en razón á la distancia.
El cuello Médicis nos da una prueba palpitante puesto que d~spue_s de pasado.s tantos años en queias damas del siglo XIU, los pusieron en auge, ha venido á,
ser en nuestros clias, de maravilloso encanto.
Hoy aparece en el cielo de la moda un nuevo planeta «las bicicletas•. Esta novedad excita en lajuv.entud
el sistema nervioso, atribuyéndosele un sin número de
cualidades al uso de las bicicletas, v hasta s,uponen
que ellas vendrán á morig·erar las costumbres y á re~
g enerarnos en la reciente generación.
Deténg·amonos: todo tiene su)pro y su contra. Yo
no niego á las bicicletas sus buenos servicios de rápido tra1}sp~rte; pe~·o no me ne~areii; á mi, que es~ caballo· maquina no tiene las cuaudades ni se puede captar el afecto, como un hermoso caballo de raza pura.
En tiempos no muy remotos, las jóvenes se enamoraban hasta perder el juicio, de un apuesto doncel que
cor\ traje de Jockey montaba un belicoso prieto de fab ulosa alzada.
Otras soñaban encantadas y esperaban ansio~as el
momento &lt;le Yer descender por ciertas colinas, al. amado de su corazón, sobre un brioso alazan con deslumb rante montura. El caballo reribla por simpatia una
parte de sus h.alag·os, demostrándole mue;ha gratitud
cuando su rápida carrera acortaba las distancias de
sus enamorados corazones.
P ero en nuestro~ día~, ¿será posible que haya jóve~es qu~ puE:dan enamorarse de un bi?icletista, que no
tiene OJOS, smo para ver la ruta que sigue su~ indómita cabalgadui-a? ¿que pasa cnmo visión aerea, que cru!
za col?.º flecha? que C?n el euerpoJeneorvado y la mir a da f1¡a,. suele pasar Junto á su amada sin dirigirle
u na sonnsa ......?
No quisiera vo volver la vista hacia las señoritas que
han sustituido' á sus domesticados corceles, que olfatea
ban el traje de la atrevida amazona, para tener con
ella incalculables atenciones, que tomaban cuídadosos
el azúcar ó pan de sus delicada$ manos, y sobre cuyo
lomo posábanse orgullosas como en viviente trono
por una máquina de correr.
'
¡Qué bien se sentaba Lola! la de los rubios cabellos,
la de mirada festiva y hechicera sonrisa. Con el correcto traje, que realzaba sus encantos por la estrechés de
cintura. Con su sombrero de seda tan serio, tan circunspecto, y el invisible velo, guardián de su blancura!.. .... y como ésta, habiamuchas, que destrozaban cor azones al compás de los cascos herrados de sus tordillos ligeros.
Pero ahora............ ¿estas mismas no tienen bicicleta? ¡imposible!..... La que caminaba gozoza admirando el panorama de una hermosa tarde; con las riendas
abandonadas sobre la crin de su noble animal; partiendo, en delicios~ con-yersación con el eaballerresco galan, segura y sm cwdado, no puede, no; convertirse
nunca en muñeca de cuerda.

Ilusiones de inviern·o

•

..

AMAZONAS Y BICICLETISTAS

Traje para n iño de 13 á 15 años.

Se aproxima el invierno! ¡La estación de las nieves!
Cuántos corazones jóvene;; palpitan de alegria con las
primeras ráfag•as del vien to helado que nos ofrece Noviembre! Parece que al azotar con sus gfaciales a las
nuestras mejiUas, nos dice mus quedito: •voy á madurar castañas, preparaos.&gt;
La púdica luna que hace poco ocultaba su faz bajo
&amp;ransparente velo, descuella ho~· radiante v galana
en el 1apislázuli del cielG. Pero parece que las 'humanas
beldades emtdiosas por el atractivo que pre$taba mostrándose á medias, le robaron -sus g·alas para cubrirse
con ellas; y pasan delante de no~otros deidades encantadoras envueltas entre nubes de blanquísima pluma.
Otr11,s, cual modernas Cleopatra~, entregan sumisas
su alabastrino cuello al contacto de gruesas, aunque
inofensivas vihoras.
Algunas, cubiertas el¡, hlancall pieles. parecen lampos
de J'! ieve con que la natu.raleza ha salpicado .nuestros
paseos.
Todo e.sto es atracth-o, encan taclo1·; pero lo es mucho
máR, sin duda, el mundo de ilusiones que se encierr an
detrás de esos abrigo~.
Un donoso conternporaneo pr eguntaba: ¿Qué esperan los vivos después de muertos? ............ Ahora vo
preguntaré: qué anhela la juventud despues que ha
mostrado sus aplaudidas galas en los iluminados ~alones, en las cenas e:xpléndidas y en loi; concurridos panteones? ................. .
Esperan, y no por largo tiempo, sin duda, las placenteras fiestas con que nos brindará Diciembre.
Desde hoy pensarnos va en las que corno premio i\.
la naciente juventud salida de los trabajos escolares,
g uar da el mes de lo,; hielos.
Una hermosísima criatura de duke mirada v blando
acento, delira por lo;; místicos encantos que o'frecer án
los templos en los dias 8, 12 y 24. .
Otras, de negros y retozones OJOS, solo recu erdan
que pr onto habrá posada~, y se cldeitan contemplando
los mil y m il juguetes de atractivo sin igual, qu e lucen
de~de ahora en los aparador es.
Esto es en la clase privileo-iada de la fortuna; pero entre los {&gt;Oh.res y desher ecla~os ¿habrá. tam~ién ilusiones de mVJerno? ......... ¡Av! todo lo coutrano: cuando
apar ecen lós primeros celajes rojos sobre el lhnpido
azul de los cielos en las postreras horas de la tarde,
palpita el corazón de una mujcr ;pero ese afan con que
se agita no es sin duela por que se prepara á ~·ozar,
sino tal vez por que e;;c mudo presagio del pro:ximo
frío le recuerda que la puerta de la obscura habitación
está entreabierta JJ0r lo,; azares de la fo1·tuna, y por allí
penetrará la muer te, llevando entre sus garras al tesoro de su casa; su decrépito padre.
,
Porque esta desdichada trabaja sin descanso y; sin
embargo, su s ropas son lijeras y en su pequeña ornilla
apenas si habr á luinbre en ciertas hor as!... ...
Y que.diremos de aquellos, angelitos que cual los es-

•

J ACINTO.~El jacinto es una piedra infinitamente preciosa por todas las ventajas que se le atribuyen. Preserva de los rayos y de las enfermedades; vuelve al
que la µeva: agradable, mode~to, gracioso, cortés, amable y rico.
¿(,),uién no se empeña11á. en hacerse de un Jacinto?
(Continuará)

las piearas preciosas ..

311

.

EL l\Iü:ÑDO.

Dom:ng-o Ü .dc N'ovic~1brc_de 18'J7.

Domingo 14 ne Novieml,¡¡re de, J!Sf\7.

EL }lUNDO.

..
[MUSSET]

•

Traje para niña de

II

á

u años.

Vest ido de jovencita de 15 á I6 años. T rajecíto para niña de 2 3 años,

•

Acuérdate cuand4 la fresca aurora
Franquea su palacio al sol, su amado;
Acuérdate cuando la noche llora
Envuelta entre su velo plateado.
En medio de placeres que te invitan,
Y de nocturnos suefios que te agitan,
Del bosque en la espesura
Oye, que ál~uien murmura
Con voz doJ.i.ente á fé:
•¡Acuérdate!•
. Acuérdate también, si la inclemencia
Del destino de ti me aparta un dia,
Cuando el dolor, los años y la ausencia
Herido hayan de muerte el alma mia.
No olvides nunca mi amo.rosa llama;
Nada es el tiempo para aquel que .a ma.
Mientras mi pecho aliente
Dirá asi tiernamente
Con amorosa fe:
«JAcuérdate!•
Aéuérdate cuando la tierra abrace
Mi cuerpo inerte con su brazo frío;
Cuando la flor que ~n los serulcros nace
Abra su fresco cáliz s"obre e mio.
'
Yo jamás te veré, pero á tu lado
Irá !,iempre la sombra de tu amado.
Oye, en la tenebrosa
Nocber la misteriosa
Voz con que yo diré:
«¡Acuérdate!•

Gl mis rivales.
¿Quién se llama mi juez? Amo y maldigo
No roe arredra la ley de los amores,
Y á mi audaz corazón á. nada obligo.
¡Yo doy espinas porque tengo flores!
Anhelo la caricia
De la mano que nunca se amedrente
Para borrar, haciéndome justicia,
Los baldones que caigan en mi frente,
1.Ii frente se alza pura
Y no la yerguen las pasiones malas;
Tiene un pálio que pende de la altura:
¡La luz de las estrellas y las alas!
Que se arrastran los viles
Que buscan el mercado de las almas;

..

Yo conozco una turba de r eptiles
Que en ~u camino les arrojan palmas.
Dejadme solo como fiel asceta
Vivir en mi cabaña:
Si quiero sol, me subo á la monta:!l.a,
Si anhelo un ruisc:flor ¡yo soy poeta!
¿Quién es el paladín? En el combate
No temo su asecbanza;
Cuando
amague con terrible embate
Contra mi escudo quebrará su lanza
· ¡Abrid! ... . abrid mi fosal
Y si morirm e quiero,
Pensando en los desdenes de mi hermosa.
. Me colgraré yo solo del made1:o.

me

Novbre. de 97.

Qumrno ÜRDAZ.

�342

EL MUNDO.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.
to. Este cárburador se lleva á la cint~u·a con ayu- ·
da de dos patas fijadasá su curva interior, sin que
sea necesario mantenerlo con. correa alguna.

¡....

PARA TI.

I
Ai:no los lirios blanco.; porque tienen
el color de tu téz, mi bien amada;
y en su caliz el cándido perfume
,
de tu alma.

CURIOSIDADES-La pesca del pulpo.
LA PESCA DE LOS PULPOS

animales que quiere sorprender al paso. Los indígenas sacan precisamente partido muy hábil,
pero también muy sencillamente, de esta necesi. cl.4-d que tiene él de encontrar escondites, y para
cogerlo no tienen necesidad de aparatos complicados, ni aún siquiera de canoa. Les basta con
una estaca con varias ramas, q de algunas piedras.
En la marca baja helos ahí que sobre fo playa
remanga.u sus calzonPs y su camisa y luego entran
al mar tocando los fondos que están recubiertos
por unos 80 centímetros de agua. Escojen los parajes herbosos y disponen en línea abrigos hechos
de piedra ó de palmc1:a. Dejan sus trampas tendidas y vuelven á la playa en el momento en que
la marea sube. El pulpo se pone entonces enacecho, todo admirado, pero también muy alegre de
estos abrigos que le han construido durante su
aúsencia. Penetra en ellos y se hace ahí un domicilio que aprecia en su justo valor y en su nuevo
escondite atrapa con suis brazos flexibles todas las
presas que han tenido la imprudencia de pasar á
su alcance.
El mar comienza á bajar, pero él no se inquieta de eso, encantado como está de gozar un refugio que amablemc11tc se le ha preparado; podíamos ciertamente'enterncccrnos de su candidez si
no fuese una bestia tan fea y tan voraz. El pescador se aproxima á medida que el mar se retira;
recorre la serie de trampas que ha dispuesto, y
generalmente la pesca es abtmdantc.

El pulpo debe una particul¡lr notorcidad á su aspecto horrible, á su consistencia blanduja yvizcosa,
ú sus grandes ojos rodeados de oro, profundos y
glau.cos, á sus ocho brazos guarnecidos de vento,;as y también á los relatos r á las leyendas que
ise refieren á la acción paralizadora ele esos brazos flexibles que enlazan como serpientes.
El pulpo, llamado ocho pies es poco temible en
nuestros -mares gracias á SLl débil talla, pero no
por eso deja de excitar la más viYa repulsión; a:sí
es que la nrn.~·or parte de nuestros lectores no se
.1dmiraní poco de sabrr que no faltan gentes que
,lprecian mucho á este.cefalópodo como artículo
alimenticio. A fin de satisfacer el apetito de esos
extraños golosos en muchos puntos se entregan
con asiduidad á la pesca del pulpo. Así se ve que
esta pesca es practicada con ardor en el Sur de1
la Regencia de Tunes y esto 'con más razón cuanto que la gente indígena también se alimeuta de
l'lia á precio muy módico al mismo tiempo que
es un importante objeto de exportación.
Puede decirse que se le encuentra por partes
en abundancin, más ó menos grande en los ribazo$ de Tunes; pero casi no se le persigue ~omo en la
parte del litoral comprendida entre :Monasti y
Mahres, ¡mes Gl tmimal parece escoger como sitio
de predilección el canal de Kcrkenuah. DjP1Ta ve
esta industria especial ejercerse en sus riberas,
pero sobre todo Sfax es el que se ha convertido
......,..
por decirlo así en el único mercado de este producto del mar. Los ribereños de las otras partes
EL PROYECT.)R LUMINOSO BRlNOT.
del Golfo de Gabés no parecen preocup,m.;e mucho de este molusco, reservando su actividad para la sola pesca de las esponjas.
El doctor Marechal, métlico militar francés, busDe una manera general y aunque se le coja to- cando un medio 1&gt;níctico para descubrir á los hedo el año, la 0&lt;1ptura del pulpo se practica princi- ridos en una noche de ba,nlla, ha encontrado un
palmente en Octubre, de Octubre á Marzo. Hcmps 1 nuevo sistema para proyectores luminosos que bajo
dicho que el indígena cons1lllte con mucho gusto una forma reducida.y muy p0rtútil proporcionan
al 'cl•falópodo en cuestión, J)ül1_l su alimentación una intensidad luminosa igual á la de un poderopersonal, pero sobre todo durante los al1os d0 se- so foco elcctrico.
quía. Cuando los Arabcs, Zh1ss Souássi, )Iekellitz,
Su funcionamiento es tan sencillo como rápido
~lchhda ú o'tros ,·en sus cosechas amenazadas por y permite utilizarlo en tres minutos.
la ausencia continua de lüs lluvias, un gran núDe una ligereza excesiYa, no · pesa mas de un
rnero de ellos abandona moment¡'.¡neamente sus kilo estando en funcion.
adt111res, desciende sobre la playa y pide á lit
l&lt;:n la caja, con todos sus accesorios reunidos
mar 01 sustento de cada día y aún van á llevará su peso no llega á tres kilos.
lo,; mcfrcados del literal el excedente de su pesca,
.1!.:ste proyector funciona con ayutla de un depósito
que no pueden consumir por sí mismos. Esta ma- deaireqtt(• se lleva á la espalda y atendida la debU
nera de obrar ha dado lugar á una creencia en la JH"(•sión qu(• necesita su funcionamiento, resulta que
regiói1 de Sfax: se figurn tocio el mundo y lo re- pueden l'fectuarse larguísimas marchas de noche,
pite que los pulpois son más abundantes durante sin cc:;,u• un instante de estar poderosamente almnlos ,ulos de sequía, cuando solo debiera decirse brado r sin fatiga para el manipulador del aparaque entonce:; se leis ~aptura.en mayor número ya to. Basta con maniobrar la palanca sin precipitaque los mercados están poco surtidos y que la mi- cüin para obtener la continuidad de la luz, esta
sqria ha hecho aumentar el número de los indige- puede ser movilizada en todos los sentidos.
n.1s que se dedican á esta pesca, ·
Tal movilidad es ~iertamcnte preciosa para las
Por lo demás, esta puede ser practicada muy tropas en marcha á travt\s de un bosque en la nofácilmente aun por los que no se dcdic,m á ella.
che.
El pulpo permanece mu~· cerca de la ribera; . La potencia lL1minoM pasa de 200 metros y alurarecorre lentamente el légamo de los fondos que se brn en amplitud en esta distancia más de 30 mcextienden delante del litoral y encuentra pres,t tro1S.
·
ah.undante en esas aguas tibias. Hace la caza solaEn este modelo un carburador conteniendo supadamente, de suerte que ancla siei~1pre cu busca ficientemente escnciaminernl para funcionar cuade un abrigo para disimularse á la vista de los tro ó cinco horas de seguido, puede unirse al apara-

-

TOM0.11

MEXICO, NOVIEMBRE 21 DE I897.

Jurado de Villavicencio y socios.

II
A orillas de nn torrente que se arroja
en salto que conmueYe la montaña,
mi.ré m,.ecerse un lirio sal pirado
•
por el agua.
En t¿rno viejos pinos pensativos,
leutamente, al fragor, cab_eceaban;
á lo l~jos la nieve de la cumbre
sou rosada
Por el último beso de la tarde;
y·mas allá la florescencia casta ·
de l¡i.s estrellas, que en el hondo cielo
comenzaba.
Entre enorme explosión de flores libtes,
salvajes por silvestres-sola y blanca,
aquella flor doblábase en su tallo
Y miraba
lrn:cia abajo, con ansias de arrojarse
en la enorme parábola del agua..... .
Y recordé tu amor, á las o•illas
de mi alma.
III
¡Oh! No&lt;;he, tu miraste que el torrente
bramó por p1·evenir el mal y .. . .; nada!
Se encabirtó gritando como loco,
en vano quiso detenerse; pálida
la flor cayó en sus brazos, él, rugiente,
lanzó hasta el cielo sus espumas blancas,
como huyendo de-sí; mientras los pinos.
los viejos pinos, pensativos, tristes,
lentamente, al ftagor, cahezeaban,
bm1ados por la luna que surgia,
como un sér sin a.mor, en lontananza'.

IV
Tengo sobre el torrente un privilegio:
lá palabra.
No inclines tu corola en el abismo
.. de mi alma.
JESÚS

E. VALENZUELÁ.

· Noviembre de 1897

.

'

..

El proyector luminoso 11 Brenot"

Gspedo ael salón ae auaiendas. [Por 60illasana.J

•

NUMEROH,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO.

Domingo 14 de Noviembre de 1897.
to. Este cárburador se lleva á la cint~u·a con ayu- ·
da de dos patas fijadasá su curva interior, sin que
sea necesario mantenerlo con. correa alguna.

¡....

PARA TI.

I
Ai:no los lirios blanco.; porque tienen
el color de tu téz, mi bien amada;
y en su caliz el cándido perfume
,
de tu alma.

CURIOSIDADES-La pesca del pulpo.
LA PESCA DE LOS PULPOS

animales que quiere sorprender al paso. Los indígenas sacan precisamente partido muy hábil,
pero también muy sencillamente, de esta necesi. cl.4-d que tiene él de encontrar escondites, y para
cogerlo no tienen necesidad de aparatos complicados, ni aún siquiera de canoa. Les basta con
una estaca con varias ramas, q de algunas piedras.
En la marca baja helos ahí que sobre fo playa
remanga.u sus calzonPs y su camisa y luego entran
al mar tocando los fondos que están recubiertos
por unos 80 centímetros de agua. Escojen los parajes herbosos y disponen en línea abrigos hechos
de piedra ó de palmc1:a. Dejan sus trampas tendidas y vuelven á la playa en el momento en que
la marea sube. El pulpo se pone entonces enacecho, todo admirado, pero también muy alegre de
estos abrigos que le han construido durante su
aúsencia. Penetra en ellos y se hace ahí un domicilio que aprecia en su justo valor y en su nuevo
escondite atrapa con suis brazos flexibles todas las
presas que han tenido la imprudencia de pasar á
su alcance.
El mar comienza á bajar, pero él no se inquieta de eso, encantado como está de gozar un refugio que amablemc11tc se le ha preparado; podíamos ciertamente'enterncccrnos de su candidez si
no fuese una bestia tan fea y tan voraz. El pescador se aproxima á medida que el mar se retira;
recorre la serie de trampas que ha dispuesto, y
generalmente la pesca es abtmdantc.

El pulpo debe una particul¡lr notorcidad á su aspecto horrible, á su consistencia blanduja yvizcosa,
ú sus grandes ojos rodeados de oro, profundos y
glau.cos, á sus ocho brazos guarnecidos de vento,;as y también á los relatos r á las leyendas que
ise refieren á la acción paralizadora ele esos brazos flexibles que enlazan como serpientes.
El pulpo, llamado ocho pies es poco temible en
nuestros -mares gracias á SLl débil talla, pero no
por eso deja de excitar la más viYa repulsión; a:sí
es que la nrn.~·or parte de nuestros lectores no se
.1dmiraní poco de sabrr que no faltan gentes que
,lprecian mucho á este.cefalópodo como artículo
alimenticio. A fin de satisfacer el apetito de esos
extraños golosos en muchos puntos se entregan
con asiduidad á la pesca del pulpo. Así se ve que
esta pesca es practicada con ardor en el Sur de1
la Regencia de Tunes y esto 'con más razón cuanto que la gente indígena también se alimeuta de
l'lia á precio muy módico al mismo tiempo que
es un importante objeto de exportación.
Puede decirse que se le encuentra por partes
en abundancin, más ó menos grande en los ribazo$ de Tunes; pero casi no se le persigue ~omo en la
parte del litoral comprendida entre :Monasti y
Mahres, ¡mes Gl tmimal parece escoger como sitio
de predilección el canal de Kcrkenuah. DjP1Ta ve
esta industria especial ejercerse en sus riberas,
pero sobre todo Sfax es el que se ha convertido
......,..
por decirlo así en el único mercado de este producto del mar. Los ribereños de las otras partes
EL PROYECT.)R LUMINOSO BRlNOT.
del Golfo de Gabés no parecen preocup,m.;e mucho de este molusco, reservando su actividad para la sola pesca de las esponjas.
El doctor Marechal, métlico militar francés, busDe una manera general y aunque se le coja to- cando un medio 1&gt;níctico para descubrir á los hedo el año, la 0&lt;1ptura del pulpo se practica princi- ridos en una noche de ba,nlla, ha encontrado un
palmente en Octubre, de Octubre á Marzo. Hcmps 1 nuevo sistema para proyectores luminosos que bajo
dicho que el indígena cons1lllte con mucho gusto una forma reducida.y muy p0rtútil proporcionan
al 'cl•falópodo en cuestión, J)ül1_l su alimentación una intensidad luminosa igual á la de un poderopersonal, pero sobre todo durante los al1os d0 se- so foco elcctrico.
quía. Cuando los Arabcs, Zh1ss Souássi, )Iekellitz,
Su funcionamiento es tan sencillo como rápido
~lchhda ú o'tros ,·en sus cosechas amenazadas por y permite utilizarlo en tres minutos.
la ausencia continua de lüs lluvias, un gran núDe una ligereza excesiYa, no · pesa mas de un
rnero de ellos abandona moment¡'.¡neamente sus kilo estando en funcion.
adt111res, desciende sobre la playa y pide á lit
l&lt;:n la caja, con todos sus accesorios reunidos
mar 01 sustento de cada día y aún van á llevará su peso no llega á tres kilos.
lo,; mcfrcados del literal el excedente de su pesca,
.1!.:ste proyector funciona con ayutla de un depósito
que no pueden consumir por sí mismos. Esta ma- deaireqtt(• se lleva á la espalda y atendida la debU
nera de obrar ha dado lugar á una creencia en la JH"(•sión qu(• necesita su funcionamiento, resulta que
regiói1 de Sfax: se figurn tocio el mundo y lo re- pueden l'fectuarse larguísimas marchas de noche,
pite que los pulpois son más abundantes durante sin cc:;,u• un instante de estar poderosamente almnlos ,ulos de sequía, cuando solo debiera decirse brado r sin fatiga para el manipulador del aparaque entonce:; se leis ~aptura.en mayor número ya to. Basta con maniobrar la palanca sin precipitaque los mercados están poco surtidos y que la mi- cüin para obtener la continuidad de la luz, esta
sqria ha hecho aumentar el número de los indige- puede ser movilizada en todos los sentidos.
n.1s que se dedican á esta pesca, ·
Tal movilidad es ~iertamcnte preciosa para las
Por lo demás, esta puede ser practicada muy tropas en marcha á travt\s de un bosque en la nofácilmente aun por los que no se dcdic,m á ella.
che.
El pulpo permanece mu~· cerca de la ribera; . La potencia lL1minoM pasa de 200 metros y alurarecorre lentamente el légamo de los fondos que se brn en amplitud en esta distancia más de 30 mcextienden delante del litoral y encuentra pres,t tro1S.
·
ah.undante en esas aguas tibias. Hace la caza solaEn este modelo un carburador conteniendo supadamente, de suerte que ancla siei~1pre cu busca ficientemente escnciaminernl para funcionar cuade un abrigo para disimularse á la vista de los tro ó cinco horas de seguido, puede unirse al apara-

-

TOM0.11

MEXICO, NOVIEMBRE 21 DE I897.

Jurado de Villavicencio y socios.

II
A orillas de nn torrente que se arroja
en salto que conmueYe la montaña,
mi.ré m,.ecerse un lirio sal pirado
•
por el agua.
En t¿rno viejos pinos pensativos,
leutamente, al fragor, cab_eceaban;
á lo l~jos la nieve de la cumbre
sou rosada
Por el último beso de la tarde;
y·mas allá la florescencia casta ·
de l¡i.s estrellas, que en el hondo cielo
comenzaba.
Entre enorme explosión de flores libtes,
salvajes por silvestres-sola y blanca,
aquella flor doblábase en su tallo
Y miraba
lrn:cia abajo, con ansias de arrojarse
en la enorme parábola del agua..... .
Y recordé tu amor, á las o•illas
de mi alma.
III
¡Oh! No&lt;;he, tu miraste que el torrente
bramó por p1·evenir el mal y .. . .; nada!
Se encabirtó gritando como loco,
en vano quiso detenerse; pálida
la flor cayó en sus brazos, él, rugiente,
lanzó hasta el cielo sus espumas blancas,
como huyendo de-sí; mientras los pinos.
los viejos pinos, pensativos, tristes,
lentamente, al ftagor, cahezeaban,
bm1ados por la luna que surgia,
como un sér sin a.mor, en lontananza'.

IV
Tengo sobre el torrente un privilegio:
lá palabra.
No inclines tu corola en el abismo
.. de mi alma.
JESÚS

E. VALENZUELÁ.

· Noviembre de 1897

.

'

..

El proyector luminoso 11 Brenot"

Gspedo ael salón ae auaiendas. [Por 60illasana.J

•

NUMEROH,

�M4

EL Ml.JXDO.

LA SE~IANA
Todavía, al trazarse estas líneas, no se desenlaza ese sombrío drama que arrojó tan profunda
eonmoci0n en el seno de la sociedad nwxicana, en
las medianías del mes de Septiembre último. Aún
no resuena en el salón ele jurados del Palacio del
Justicia la postrer p11labrn, que ha de dejar irremisiblemente cerrada la t~rrible historia de aquella n0d1e sangriema.
Peuetnrndo 1;n el revuelto torbellino de las declaracion&lt;'s ~- los canos; ahondando en el ag·itado
mar de las inculpaciones lauzadas mutuHmentc
por los procesauos, especie de «sálvese el que
pueda,» á que han acudido los protagonbtas del
homicidio, 'se descubren los hilillos con que fué tejillo el dclitO. En vano es que el lnspectol' Yelitzquez pretenda por un momento ocultar el crimen
tras la pedantería de su declaración primera; Villavicencio se decide por fin á liablar, y puesto
en frente de las confesiones de su segundo, el forjador del atentado se siente vencido, y solo tiene
una frase para afront'lr la situación: «Estoy conforme.»
Con estas dos palabras quiso tal vez ahorrarse
el bochorno de una confesión terminante, que formara contraste con las huecas altisonanciar; de
sur; prirnitivar; declaraciones, como más tarde buscó en el suicidio la imica salída que su orgullo le
ofrecía á la vrrgüenza de su caída. Pero si la
muerte lo eliminó de la causa, de la muerle han
pretendido valerse los demás inculpados para
echar sobre de t\l las tremendas responsabilidades
que surgen del procrso.
Xo siempre sucede que los muertos tengan razón, según ht frase de Bourget. A menudo, estos
eternos inrnó,·iles son la salvagual'dia de los
errores dr los vivos. Allá se llevaron su secreto á
ese país misterioso del que uo se regresa nunca,
constantes viajel'OS de regiones desconocidas. Ellos
soportan, un poco desdefiosamente acaso, las inculpaciones que se les arrojan , y deben mostrarse,
á ratos benévolos, á trechos despreciativos, hacia
estas rencillas en que se escatiman culpas y se
regatean yerros corno en un mercado los productos del trabajo humano.

x*~
Humana es también esa oleada de multitud que
sigue, tarde á tarde, al Diablo, el carro típico que
arrastra áloe reos de la carcel de Belén al Palacio
de Justicia. El cuadro es en alto grado Sligestivo. El
pesado vehículo, prisión ambulante, pónese en mo. vimicnto, en medio del vocerío popular que increpa duramente á los procesados. Las multitudes
tienen una extraila lógica: se indignan contra
quien las supone capaces de cometer un delito, y
en un empuje de ira, están dispuestas á ejecutar
actos semejantes á los que se las imputa.
Y es que si el individuo, aisladamente, razona,
el número, fuerza colectiva, sólo siente. Una pasión moverá constantemente á las masas; un silogismo nunca.
Las turbas persig1:en al Diablo con amenazante algarabía, y es un curioso espectáculo el que
presenta, al caer de la tarde, cuando las estrellas comienzan á temblar sobre el esqueleto de
la ciudad, esta abigarrada cohorte que avanza
fantástica en alborotado rumor, que tiene de lejus algo del ruido del Océano, ese gigante ato1·mentado, como lo llamó ...... no recuerdo quien.

::: **

El espil'itu es tambiéÍl un m•tr, que guarda en
el fondo ignorados secretos. Bajar á esta sima y
extraer de ella puñados de perlas, &lt;'S el arte, decía el viejo Hugo.- Pero no siempre se regresa
con tesoros en la mano; á veces hay impurezas
bajo la morndiza superficie, lodazales tras el velo diáfano de las onóas, monstruos devoradores
en esos palacios de cristal.
Y así en lo profundo de la conciencia.
Be ,·islumbran existencias tranquilas que corren como arrovuelos entre un domo de verdura,
y que no :¡rastr.an granos de oro arrancados de
un terreno de aluvión, sino sedimentos de enven enadas raíces, detritus de una gran descomposición que baiiú con su frescura la. corriente líquida.
El g ermen está allí, á travJs d e la transparenciti de esa s vidas; un día. se acerca la imágen al
cristal de las aguas, como el Rip-Rip de la leyenda al emana, y se retrocede es pantado. ¿Es d erto
que ese semblante que apa r ece es mi propio sembla nte?

Llevamos dentro de nosotros mismos otros muchos yo de los que n o nos damos cuenta. Una bella mafiana hace su aparición un personaje nuevo
á quien nos parec&lt;:rnos. Ese es el oti-u. El ot,·o
que nos impulsa it couwter actos y á ejecutar ~eeiones que jamás nos hnbiérmnos imaginado.
Ese desconocido .se uos pan•ce conw «un hermano vestido ele negro;&gt; y vela invisible nu&lt;:stro sueno y nos acampana en todas nuestras crisi!:'.-¿Xo
es verdad que os sucede preguntaros amenudo:
pero he sido yo quien realm crrn' ha hecho estor
¿no ha hahido una inconsicntc sus,itución de mi
p~rsonalidad r
Pues ese otro yo fl::é quien puso una pistola en
la mano de Don Carlos Sonuuer é hizo partir el
tiro.
¿De qué otro modo seexplicarfa esta súbita resolución de álguien que llabfa reunido roélos los elementos de una imperturbable felicidad? Los afectos se agrupan en torno de esta fosa voluntariamente abierta y se pregunt,m cuál ha sido la razón de esta sinrazón, cruel y d olorosa.
Pero ¿tienen razones acaso que exponer los desertores de h, vida?
Un sociólogo ele nuestros días ha llegado á examinar -i,595 casos de suicidio, y al final de sus investigaciones, se ha visto precisado á confesm'
que la más densa tiniebla envuelve estas resoluciones. Las cifras están allí, entre irónicas y
expresivas, como una ilusión de óptica. Se acerca uno al borde de cáda conciencia y el mfraje se
desvanece.
No es posible convertirá cada hombreen un guarismo, cerno en el cuento de B offmann, _porque el
hombre es el resultado de varias cantidades, algunas de ellas vc.rdaderas incógnitas.
Por eso el psicólogo moderno, que pretende reunir una gran serie ele obse1-¡;aci011es, no ha llrgado
.:'t explicamos todavia esos procesos como E:l que
impulsó hace pocos dins á un joven, casi un niño,
á arrebatar la vida ú una amada infantil, arrebatándose después la propia existencia.
¿De donde, pues, provienen estos desalientos
súbitos, estos cansancios prematuros qüc _punzan
dolorosamente en los primeros al boresi'
¿Los niños modernos son hombres chicos, y así
como el individuo compendia el universo, el pequefiuelo resume los dolores y las desesperanzas
de una humanidad cansada y abatida?
Entonces, nuestros hijos son los hijos de Don
Juan, pobre herencia de las luchas pasadas;
sobre sus bucles de oro han rozado todos los
grandes problemas irresolutos, todas las angustias y los sufrimientos que han conmovido á la
especie humana, y en sus miradas suplicantes
hay rastros de nuestras lágrimas y huellas de
nuestros estravíos.
Entonces, como el trágico Osvaldo de Ibsen,
esos retoños del árbol de nuestra vida están
destinados á morir tempranamente, condenados
por nosotros mismos, fn1giles responsables de
todas nuestras culpas. .
¿Será cierto q:ie ya :e.o hay niños en este crepúsculo de los hombres?

*
**
:N'o, la vida tiene aún sus radiosas alegrías y
sus páginas de suprema esperanza, y una de éstas ha sido, en esta semana de sangre, el casamiento clcl jóven capitán Porfirio Díaz con la
Srita. Raigosa, ya anunciado en nuestro número
anterior.
Reconforta el espfritu esta buena leyenda del
amor, rasgando el velo de neblinas que cubre en
demasía la afanosa existencia moderna. Es sano
acercarse á esos poemas sencillos del sentimiento, como después de la lectura d e una de esas
obras contemporáneas, que alguien llamó venenos literarios, sutiles y esqubilos, pero alca bo
venenos, se experimenta un placer de&gt; c on vale-.
ciente en releer esos cuentos de hadas que arrullaron nuestros primeros suei\o:s.
¿Quien no yuelve á recorrer, ya á la mit:td de
la jornada, cuando el r eenel'clo va formando
parte .del bagaje del viaj ero, aquel florido send erillo, en do11de so escucha el 1·uii1e1101• que cantrt ni el granado?
La juventud es l1ermosa p orque arna y espera.
Amnr, esperar. ¿Acaso no es lo mismor
Y el amor y la esp eranza han t endido sus alas
diáfanas para cobijar bajo su sombra el nuevo
hogar de la simpática pareja.

Domingo 21 de Noviembre de 1897.

:Qomingo 21 de Xoviembre de 1897
S:*:::
. Una no ta de arte : La s·rita: María Lui,,a Ritt er,..
esa drtuosa ele veinte años, para la cual el pianojamás tuvo secl'etos, r evelúndolc d esde temprano.
toda fa magia de sus harmonías r ecónditas, tod,1,
1H ,tlegría fugiriva de sus scher sos y todct la eleg ante tristeza de su;, n octm·nos, inició el miércok s últim o, en el elegante salón de los srlio res
Wagner y L evien, :sim ado en Ja calle de Zuleta,
la serie de tres conciertos que se pl'opone ofrecer
al dilettantismo mexicano.
Contm las presanciones que ella abrigaba en su
modcsda, esa audición primera estuvo d e ta l suerte favorecida, que faltaron asien tos en el interior ·
d el salón, viéndose ob ligados muchos de los concurrentes á pernrnnccer en los pasillos.
Había singular avidez p or escuchará la artista
y cuando se presentó acogiéronla con scfia l11d:-1s
muestras de apro bación. Y eso que aun n o se
abrfa la urna negra y luciente del Steinway pa1·a
inund'ar todos los ámbitos del oro de sus n ot11s poderosas .... . . Cuando hubo derra ma do sus tesoros, el entusiasmo agitó sus cascabeles ele platn.
Al progrctma agregó graciosamente la Sri ta Ritter la Pasquinade de Gottsehalk, que fué digno y
embelesador coronamiento de aquel ramillere mu
si cal.
Los inteligentes hallan que la joven pianis'.a se
distinguió mucho en el T'l"io de B&lt;•ethoYen , t·n le
sonata del mismo y en la Polonesa brillante de
Chapín, alcanzando también entusiastas aplausos
en la t ~ Rapsodia Húngara ele Liszt.
Secundaronlaha bilmen te en la primera parte los
seilores Wenceslao Villalpando en el violon cdloy Arturo Aguirre en el violín.
(.¿ue el éxito siga premiando á la Srita. Ritter
con todas las magias de los triunfos.

*
Ha hecho su apariciói1 '~1 caballero Frío, acompafiaclo de su hijo el Sr. Constipado y de s u hija.
la Sefiorita Pulmonía.
El sol, la estufa de los pobres, se levanta tardecito y se acuesta tempr"no, como temeroso de
exponerse á este airecillo cortante que pen etra
en las carnes como un puñal dama~quino.
En las primeras horas de la noche la principal
arteria ele la Capital ofrece perfiles de una gran
ciudad populosa.
Pero muy pronto el rosario de los carruajes se
desgrana, los establecimientos apagan sus focos,
la multitud se evade y ya no queda sino el silencio y la soledad de 1mestras veladas invernnJes,
en las que los astros arrojan más luz á los.
espacios.
0BEROX,

JURADO DE VILLAVICENCIO Y SOCIOS.
Hace poco más de dos meses, un hombre de malos antecedentes-loco,-dicen unos; a lcohólico, a fir1:-:an otros; en los momentos en que ei se11or Presidente de la Rep ública se dirigía á la Alameda con d objeto ele prt'sidir el ac:to oficial conque iba á celebrarse
el octogésimo siltimo aniYe1 $ario de nuestra independencia , rompi endo la va lla de honor que ;\, uno Y
ti otro la do de la principal arteria de la metrópoli s'e
formara l'0mo de co~tumhre, rápido como el ra,vo lan1.óse hacia el Gene~al Díaz, agrediéndole con inopinado golpe en la cabeza.
La rstupefacción y el asombro producido por acto
semejante. impi dieron por breves instantes á quienes
rodeaban al señor Presidente, la acción; más vueltos
Juego sobre si y ejercie11do sin más tardanza el acto
que se imponia. evitaron que el airesor llevara á cal.Jo
1m nuevo intent o y capturáronto en el mismo lugar
del delito.
El Señor Presidente l'Ontinuó con absoluta tranquilidad su camino ~, fué el primero en ordenar que se
o·arantizara desde luego la vida de aquel hombre.
0
La noticia del atentado, desfigurada por
unos y otros, voló por la ciudad poniendo en
conmoción á todos los espíritus y cuando
el primer Magistrado tornaba de la Alameda cuando todos pudieron verle ileso y sere~o, el entu siasmo po,pul;i,r se manifestó
con ruidosas demostraciones.
Ahí debió terminar todo; aquel hombre,
r esponsable de un deli~9 que l eva_ntó unánime protesta en laNac1on cu vos OJOS están
fijos en el General Diaz como en la única
salvaguardia v en el regenerador único del
país; entregado al brazo sereno é inflexible
de la jl1gticia habría purgado debidamente
sn culpa ó debido acaso una remisión cmnpleta Ala magnanimidad del Señor Presidente mas se efectuó un de~enlase inesperado.
Nuestros lectores Raben lo que aconteció
después, hasta en sus menores detalles va
que la prensa diaria ha circulado en profu~ión tal que solo lo~ periódicos de esta casa
han a lcanzado tiradas de más de cien mil
ejemplarP$j acaso pues, cansado é inútil sería repetirlo. P ero el suceso á que nos referimos es de magnitud tal que hace luengos
aiios no se re~istraba ,~no que pudiera C0J!lparársel e en e1 paíe y El Jfundo Semanarw,,
que es un periódico ele cole cción en el cual
-va lo h&lt;•mos dicho,-procuramos fijar la
fisonomia de todos los acontecimien tos, no
podía prescindir de dar nn resumen completo v ampliamente ilustrado de ese drama
cnyo desenlace acaba de fijarse en el Palacio de Justicia;&gt; ningún resumen mej?r .que
la Requisioria del señor Agente. del M101sterio Público Lic. Azpe, que constituye la mas
idónea síntesis que puede desearse.
La reproducirnos pues, en todas ~q~ellas
de sus partes que son por sus aprec1ac10nes
v labor de condenf\ación las componentPs
de la total fisonomía del suceso v á continuación, damof\ el ve redict o que.· cierra la
historia le o-al de los SU&lt;'C'~os que han removido rle ta~ honda manera la atencion de la
metrópoli y del país.

Si señor rs: un ju er., un solo juez. sin más auxiliar
que la acción del :Ministerio Pú blico, siempre augusto
func:ionario por más que en e,ta vez lo r .. prc•sente person alidad tan hmnillle como la mía: por u11 Ja bonoso
Secrc•tario y por uu modesto c•scribieutc de bu enos
méritos, el persona l, en suma riel Jm:g-ado que representa la ley y que obra por la le,v ,\· sólo por la ley, emprendió la árdua tar t&gt;a de dese11tra11ar loH hechos criminosos d e que está:s siendo digno~ jueces.
Dura fu é la labor; amargo, muy amargo el pan romielo durante todos esos d1as; pero 110 resultaron estérilPs sus esfuerzo~; hoy puedo presentaros claro, or dem1do, completo, un 1)l'oceso, sefiores jurados, que os
traía desde los rumores de la vibración de una idea al
g·rr1Piluu· en el cerebro dl• un insen,ato. hasta el r uido
de los pufütlcs ele sus esbínos al de"g·arrar la carne.
Y un co11junto de prot C'saclo~; 110 solo convidos sino
tambi(•n confesos.
No cree el Mil iii,.tedo Públko qu e teng·áis que extorsionar vueo,tra conciencia ,\, hl hora ele pronun ciar
vuestro fallo; por&lt;¡l,e la par ticlpa d ón que cada uno de

*
Las cabezas de ciert~sl1ombres de elevada estatura se parecen á la s casas: el pisu alto es el
peor amueblado.
Anónimo.
Los tontos que no ~ablan sen anuarios vacíos
cerrados con llave.
Anónimo.
En la casa del fav or todo es grande· menos las
puertas: hay que entrar arrastrándose.

:oTRO PAOO
De $5.000,00 de "LB Mutua," en Torreón,

..

Sr. D. c~1rlos Sommcr, Director General de " L a
:Mutua" de N'ueva York.-:\léxieo.
:\Iuy seilor nuestro:
L os sefiores Ketelsen &amp;. Degetau nos c-11 trco-a
ro nsegún ~·ecibo clebiclam.ente estcUnpillado &gt;' pu;stoen la póllza conesponcl1entc, la suma d e Cinco
mil pesos plat a mexicana. import e d el secrur o clel
finado Sr. D. Chrisjan Sclnwt,
que tenía en la
0
'"I
. 1a po· 1iza
• numer
•
., u t ua " _s~gun
o 5:ZH,:25-!; y cuy o
valor r ec1b1mosant e Xotnri o Público.
Rec?,nocidala eficacia ~· prontitud con q ue " La
?IIu~ua cumple sus compromisos, n os es g r a to r ep etirnos de usted attos. S. S.
Torreón Octubre 18 18!)7.- 0oncl'peiún P. el&amp;
Sclmgt. - C. Juárez. Octubre de 1897. - HWiam
B1·~mme. eo~no tutor de los m enor es.- I'ecl,·o, J osefina y fYristian Schut.

un

Dd Sr. Lic..To~é R. Aspe.

:.:*x

Si. seüores jurados, bendito de~e !&lt;er el hecho i_n.pensado caprichoso, ab surdo, de un m fcliz deseqrn librarlo, que puso en de~cubierto una llaga. Bendito sea
por que ha Yenido ¡\ mostrar á la vez que la ll;1g_a, ei
n·medio eficaz )' seg·uro pa1:a que una YeZ Y, ror SICfT!pre, pt1eda exti rpars~. Beu~1~0 ~ea, P?rque e l)a vemclo il desenmascara r a los h1pocn tas, a descubrir á los
malntd◊s, á marear con rojo sello íi los criminal~s, á
J)0nC'r Ap rneba la ha? ilidact de alg·m~os ~- la C)1erg1a y
Yalo r ele otros. Bendito sea, porque el ha vemclo á demostrar que la base de una vi da honrada nacion~I es
la conciencia pública, que vale, pu ede y se refleJa en
la Admi nistración de J usticia.

*

Transcurrieron unas h¿;.fs sin más incidentes que
maiúfe~taciones más ó meHos espontáneas en loor del
Primer lllagi~traclo, por haberse'salvado del
ultraje, que felizmente no tuvo consecu encia
alguna. De pronto u n personaje eutró en
escena: era un J uez Militar, seiíor.-s Jurado~; quien di spuso que aquel acto ele a Tesión, hecho al P residente de la República
fr C'nte á las filas del ejército á la cabeza de
ese mismo ejército v en su s fu neiones de
Primer llfagistrado,'era un delito de orden
milita r y le competía conocer del mismo.
¡Cosa extraiia, que pasma! el Ins pector
Eduardo \' elá;,:quez que tan honda n•pu
nancia sentía ." aYersión tan inquebrantable
por entn ·g·arlo á nosotros, á la desarmada
Justicia civil; 11 0 tu Yo ningún inconvE&gt;nic·nte
en ponerlo á di, posició11 de la justicia militar, y lo l'ntn •g ó en el acto. El Juez pl'ac:ticó
diligen~ias de u n P:a.tonismo juriclico, que
no consig nan por cierto nuestros Cócliu•os
P enal&lt;'ª: ,, al ac:aso, tra_nqu.ilo y satisfecl10,
promet10se Y0l\'er al d1a ~1guiente. v dejó
abandonado~ a qu el preso. Dispuso se que~ai:a l'.n ~l. mismo lugar, l'n el cual no t&lt;'nía
Jun sd1cc10u, v a l nudado de miembros de
esa poli cía, qtte no (•~taba en el deber de reconocerlo como jefe.
¿Por qué ésta nueva trasgr esión á la Icv?
¿IJor qué este proceder anóm alo? :Era
proeesado del ord en común el infeÍiz desequilib_rado?......_¿Por qué ingerirse.en ~u causa? ¿Era un delmcu eute del orden militar? ....
~ 1itonces ¿por qu é se le retien~ en m 1a p ris_1on que no ~e conot e como ta l? :Por qué
lo custodian gen~~n~1es municipal es y no
genda1:mes del E~~rc1to? ¿Por qué no se ha ce vemr una secc10n, una compañia que lo
i;aqu e ?t': ~lli r bi t•n escoltado lo conduzca
á la pns10n ele Santiag o?
Ah, se1'íores! qu e felicidad ~i tal se hubi ese
hecho,_ pues se hubi.,~c obe.de~ido á la ley,
que es en todos c;isos y pr mcJpalmen te en ·
lo~ casos qe apuro, la eterna salvadora.
PPro no, el Juez no sabe ele eso· el J uez
mílitar se retira, el procesado con'tinúa e~
mano.s extrañas, .v aquel error, error impane
p ero imperdonable, vi ene á decidir, a eompletar l'l plan fr~ g.ua.do 'horas antes, por un
lnspector de Pohc1a mscnsato hasta el delirio .,· por sus esbirros, seniles basta el crimen!
¿Cuál fue el plan fragu ado? ¿Cuáles esos
malvados, cuál e~e crimen?
0·-

REQUISITORIA

Rr. PrP.sidente: Sres. Jurados:
Durante todos estos sesenta días, sesenta
días de fi ebre para la sociedad, ele abstra('cionPs y de estudio para el :\Iinisterio Público. ha venido á mi memoria con poderosa
insistencia una de las luchas científü:as mAs
brilosam cnte empei1adas años ha por los
más sábioi¡ criminalistas sobre el culto qu e
profesan los puristas á los locos, y el místico, eterno loor qu e entonan en teoría á la
..
piilida sangTe, qu e recuerda cada paso, cada acc1on
Yiolenta de esos ausentados vivientes de e, te mundo y
que traducen en una frase va ga: A11a11ké (fatalidad):
seria sin fin referir las raras supersticiones que. ha
abrig·ado la humanidad respecto á los loco!\: pe ro no
puedo atribuir esas raras supersticiones, sino á raras
coincidencias, ho,y que comprendo toda la trai;cendentia del hPcho de Arnulfo Arrovo.
Son tantas las enseñanzas qu e un JJObre loco ha venido á sembrar en nu estra sociedad, en nuestra patria; son tan fecundos los ejemplos que nos proporcionan; rcKpiandecer miro tanto y ta.1~ de lejos los .respl:1ndores de un hori ze&gt;nte dP r edenc1on. que me siento 11n1mlsaclo á tributar desde e; ta tribuna un po~itivo c:mto en loor de aqul'l acto, por lM consecu.encia; verdaderamente fe lices que cünsig o ha traído.

-

que aprehendido infraganti en el lugar mismo del su_
ce~o. cuando la mano de los bn&lt;'nos ciudadanos lo ~o
li c.taba para castigarle en su iudignación,fué sah-ado
po r el mismo ofendido: por el Presidente ele la Repúulica, qu e uo Yió en ese hecho un acto personal, sino
una trasgresión á la ley, y puso al infractor en manos
de un ayudante para que euídase de su Yida.
En Ht oportu111dad, el entonces In~pector de Poli ria,
Eduardo \' elázqucz, recibió á tal infractor; y ruand!)
hubo con t\l ter111i11ado las di lig encias uec: esarias y consiguientes para instruir un proceso, y cumplir con ~u
debe.r, no quiso cumplir con el, Y no le consiinó á un
juez. sino que se abrogó facultades que no Je c:orrcspondian; dispuso de aquel hombre, á quien retuYo
prestándole por p~-i~ió1Y su propia ofieina. y aseguró su
persona por un oficial. cuatro gendarmes v una camiRa de fut•rza, que rudamente ajustada á si1 cuerpo le
imposibilitaba sus movi!llientos.
'

0

NOTAS É Dll'RESIOXES.

Los malvados hacen más ruido que los buenos.
y parecen tener más sitio en el drama de la vida.
~llon:;dior Berraud.

345

EL MUNDO,

!,!ic. &lt;rcirlos Gf !ores.
Juez Instructor ·a e la causa de Vlllavicencio y socios.

los actores tomó en este drama, está marcada en el
proceso con tocia ctaridacl y perfectamente determinada. Surgen como consecuC'ncias claras y evidentes las
responsabilidad,·s que ú cada uno resultan.
~adie tampoco no~ falta de los actores, porque si
bien hubo alg-uuo que. se cortó la Yida con su JJropia
mano, RU persorn1lí ctacl no nos hace falta para la averi
g uaclón ele lo; hl:lchos.
*
Grandes diferencias ha~\~rgido en e~tas audiencias,
vari.1cione8 ele más ó menos i111portancia. pero esto es
natura l. l'na de la, personas proce,adas ha llegado
hasta á nrgar la ami~ta d que le unía con el suicida.
¡P erdonadlo, seiiorc•s juraclu:;! r , ta ('s la vieja hibtoria,
Ja antigua kvcnda el&lt;, In ingTatitncl liumana; el viejo
Pedro 111.•g·an"..10 al Dh·i110 lllae:.;tro.
E11trernos st&gt;1'lore, jurados, al c•,tuclio del p roceso, y
veamos cual fue extencli(•nclo el in bol ele Lupas su sontbra mortal sobre tanta v tanta ca bl'Y- a.
Todos sabéis muy bíl:n, se11on'" JnradpR, que en la
maiiana del 16 de S\'ptiC'mbre fue ultrajado de hec·ho
(' n la via públiea un pernonaje para nosotros i11Yiolab!t•, inviolable• por ser d Primer :\lagbtrado dc1 la l\ación, inviolabll· por ir pr esidiendo eu esos momentos
la comiti,-a que iha ft celebra r nuestras g-lorias nac:ionale,; inviolable por ll&lt;'var com:igo r n su pecho las
eondc·coracione, &lt;¡ue indican d Yiac-rucis tle sus g-Joria;; milita res, de sus ,erdcíos bien fecundos, prestados
á la patria.
Acgiel ultraje, aquella agTesión, partió de un loco,

*** dos, don,le mi rarea
Ac¡,ui es. seií?res jura
com!~nza1 _aqm es donde vais á ver 1·11 la
1·\~s1flrac:10n de los capitulos la participac1on. de todos y cada uno de los acusados;
11:qm es donde 1:cclamo vue~tro Yalor para
fmnat· el veredicto condenatorio; aquí es
don~e o~ reclama tocia vuestra atención ,.
conciencia.
•
~s un~ ,:erda.cl ineludible, qu e el primero qUt-' albergo la crnmnal idea de hacer desaparecer á Arnulfo
Arroyo, fué el .cerebro de Eduardo VelAzquez. •Qué
fuerzas lo prec1p1taron, q ué causas lo movieron&lt;\ qué
razones lo:rnd u¡eron á ese paso? Las fuerzas las ;·azones, sur~·en de ~sa, declaracio11es, ele esos careos, que
aun qu e oosqueJaclos u nos y otros, nos iluminan al quere.r _descender á las sinuosi~;i des de ese cerebro ho,·
extmto; al querer penetra r a esa conciencia entoncé-;;
ne~T!l, pero que aho:a le es dado al MinisterioPúblko
cu or1rla con el perdony. el o!l·itlo, necesarios para lo,;
hombre~ mu~rt?~ y co ns1~·nado- también en la l&lt;'v que
ma~ca. la ex tmc1on de tocia acción penal de todo'proc-ednmento poi: la ~rnerte; y muer to, bien muer to csh
aquel hombre mfeliz.
·
BáRtenos s.a ber, v esto P.S todo, qne el primero que albergara la idea del cri men ftté Edua rdo Velázquc·
Ve~!nos ahorn cómo s.e fm, .clc:sa no liando y á ma11 l,/~
de Jiltro venenoso, fu e conY1rt1endo en asesinos á tantos y a tanto;; hombr es.
La., primeras man.ifcstacioncs extern as de esta idea
er1~1111osa nos la refiere el procesado .Miguel Cabn•ra·
qmcn E:Stando de sobremesa en .la casa de su J eft, don:
de hab1a to!n~clo el pan y el vmo, &lt;-ste, llanúindolo íi
sola.ii, con s1g1lo, co.n secr eto,. le ordenó que se cortase
el _bigote,_ porque 1.ba á con fiarle una comisión de la
ma~ ª.ªª unportª!!cia r ~e C0l)l~leta reserva. Cahreni
nos chce que se 1es1st10 a aquel mtento v que en áqn&lt;'llos momentos, no pudo tener tiempo para saber la na-

�346

turaleza de la comisión que se le encargara. Creamos
esto!
Horas después vuelve á manifestarse en el ex~erior
aquella misma idea sombría, con otro hecho cons1~tente en haber recurrido el Inspertor General á Cándido
Cuellar para qne hiciera la compra de los cuchillos que
debian servir en el crimen. Le recomendó que los comprara en distintas partes y con todas las precauciones
para no ser de nadie conocido. Tampoco Cándido CueIlar sabe el objeto á que se destinaban esas armas,
También quiero creerlo.
Nada vuelve á saberse de las intenciones de Velázquez. Hasta las ocho de la noche no se manifiestan de
ningún modo; por fin, á esta hora toman nueva forma.
¿Cuál es ésta? La de una confidencia hecha al procesado Bellido. El Inspector General solicita de él su contingente, su ayuda de habilidad y experi~ncia.. .
¿Qué hace Bellido al escuchar esta conf1denc1a infame il'reflexiva torpe, cie"'a?
¿Por qué no 1'e opone toila la fuerza de su Yieja experiencia de cuarenta y tres años de servicios honrados en la policia? ¿.Cómo pudo olYidar en un momento
su brillante hoja de servicios, su vida, en la que siempre cumplió con los deberes de ciudadano, de padre,
de amigo?
Y hubo quien se lo recordara, señores jurados; hubo
uno que es la única nota blanca en este conjunto de
servilismo y de perversión moral. Ese hombre fu{¡ Guadalupe Monroy, el hombre distinguido en virtud de sm;
notables servicios, por Velázquez. ¿Qué hace al ser requerido para coadyuvar al crimen? lo que
hace cuafquier hombre honrado, lo que hace
cualquieia que siente en su pecho el sentimiento de la dignidad personal, sentimiento
por el cual nos elevamos sobre las bestias,
por él no tiramos de los carros, por él rompemos las montañas, mandamos los elementos
de la naturaleza, por él nos apoderamos de
todas las fuerzas de la creación. Monrov tiene el instinto de la dig·nidad, y manifiesta á
Bellido que recorriendo la larga lista de sus
antepasados, uo ha encontrado entre ellos
ning·ún asesino, r que ese ~?nor es el mismo
que quiere legarles á sus h1Jos.
No consiente, por tanto, en volverse criminal; Bellido le dice que hace bien pero á pesar ele ello, se pasa á la banda del gran asesino Eduardo Velázquez.
*
Bellido ,v Eduardo ,-;lázqez se ocupan en
las tareaspropias de la oficina, de ocho á nueve de la noche; á esta hora han comenzado á
lleo-ar familias de nuestra buena sociedad al
Pafacio Municipal, para presenciar las fiestas
nacionales: y la ma~o honrada de los caballeros que las acompanan, estrechan con aprecio la mano del que en breves momentos se
convertirá en terrible criminal. Concluyen las
fiestas .v las sombras vuelven á apoderarse
de aquella conciencia.
Fatalidad! Un nuevo personaje entra en
escena: es un hombre alto, vigoroso, robusto,
de semblante simpático: se llama Antonio Villavicencio, es el Jefe de la se"'unda Demarcación de Policía. Viene á dai1e parte según
nos dijo en su se¡:¡-unda declaración; después
se retractó de ella en la audiencia de ayer,
de alguna comisión del servicio; pero es extraño á,la idea criminosa 4.ue allí_ se tramaba, y
no solo no conocía esa idea, smo que tampoco conocía el acto que había con~ternado á todos los habitantes de la Nación y que se había
tra::;mitido ya, J)or medio de esos nervios del
mundo, que se lama el cable, también al viejo continente: á la Europa.
Nada sabia, habla estado desempeñando comisiones del servicio de su Demarcación, que
es la de los pelados: la Demarcación donde
viven esos pobres que durante su vida nunca
atraviesan las elegantE&gt;s calles de Plate.¡-os.
Villavicencio es detenido por Velázquez,
quien sale acompañado del Srio. Sr.Liceága,
que lleva á dos de sus pequeños hijos, de una
larga cauda de sus ayudantes; del ~fayor Bellido, de Cabrera, según dijo,y no ha querido
decir ahora. Al llegar á la, esquina del Portal
de la Diputación se despidió Licéaga y V elázquez, Villavicencio y Bellido, toman un carruaje v
mientras rueda, al trotar de los escuálidos cabau'o·s
que de él tiran, Velázquez expone sus propósitos ya
con toda franqueza: trata de hacer desaparecer á
Arroyo, y aquel auditorio formaq.o por dos hombres
más vigorosos, más experimentados, más duchos que
Velázquez, agacha su cabeza servilmente como
agachaban la suya los guardias pretorianos que cabalgaban al derredor del carro de Calígula discurriendo en derredor de las calles ele Roma.
'
No hay ni réplicas ni observaciones; lo único que
á V~l\a,·icencio uisgusta, es la forma; esa le repul$na
})os1t1vamente, como hombre observador v practico
y propone otra que nos pinta la fisonomía moral de
éste procesado, incapáz de temblar ante nada por
servirá su soberano. Que se envie á Arroyo á su'Demarcaciól'! y ~n el\a, sin grit_os ni escándaios, sin peli&amp;'ros de mngt)n gene1:o, se mYentará una riña dentro
ae un~ bartolma, se du:á que el pr~so se arrojó á la
guard1a...... por cualqmer otro medio se consumara
el atentado, se matará á Arróvo.
'
El plan de Velázquez tendrá como auxiliar á un
hombre _bastante deprav~d? para no espantarse ante el caliente cuerpo ac~1billado de heridas de un infeliz loco, que ningún mal le_ .ha hecho, y que tiene
hombres alli en su Demarcac10n, que una vez resuelto por Vel_ázquez cumplir ~on su proyecto, tal como,
lo ha meditado, den una punalada: Uribe uno dos Noriega y otros tres, cuatro, cinco, seis, siete, hasta once,

EL MUNDO.
número de heridas que mo;;traba aquel mfelíz. Esa
es su gente de confianza dispuestaá todo; descienden
del carruaje que se detiene para que bajen el Inspector v Bellido. ¿A donde Yan esas dos sombras? Ambas
cau:iinan por la calle de la Monterilla, dan vttelta al
Portal de la Diputación; gravitan por la escalt:ra del
Palacio de Gobierno: van á determinar de la vida de
An·o)'o, van á dar el último toque á aquel cuadro
neo•ro.
9
'1 elázquez fué ,ií asegurarse . de la calidad ~e los
cuchillos, de su numero, peso, fllo, punta; termmando este examen se reunió con Miguel Cabrera; bajó á
los portales de la Diputación segtlÍdo de otra sombra
que llevaba una especie de bulto siniestro debajo del
brazo: eran los cuchillos que próximamente serían
repartidos; los llevaba Cuéllar. Velázquez ordena á
Bellido que vaya á. ver si Villavicencio ha llegado,
porque él está impaciente.
¿Que ha hecho entretanto Vila,icencio? Ha llamado
á dos hombres de su confianza: á Antonio Cervántes,
Vazquez Sepúlveda, Noriega, Uribe y Huinzardt.
porqtte con urgencia los necesita; ordénales que despojando á alguno do los deteiiidos se diRfracen de
paisanos; pero este despojo significa una pecata minuta en aquella Demarcaciqn, entre aquella gente, y
ante aquel supremo jefe. Esos hombres;·eciben orden
de irá 1a Callejuela, donde poco después lle"'ará en
la litera de Calígula el hombre alto, robusto, ae sem-

Doming-o 21 de Novif&gt;mbre rli, 1AA7.

Domingo21 de Noviembre de 18!l7.

sin embargo, á subir con B~lli~o, quien le señala la
puerta de aquella cámara trag-1ca. .
.
. .
Detalle horrible peo·ado á 1a. conciencia del Mm1sterio Público, y 'que"' no expresará, sin esa consideración:
En momentos en que Bellido ~- Pardavé se ~cercan
á la puerta para identificar á la futura Yicttma, el
oficial de guardia Mauro- Sánchez, ~qu~I hombre que
debía responder del reo con su propia v:1da, se acerca
al detenido, le corre el nudo de la camisa de fuerza,
le reclina la cabeza sobre un rollo de alfombr3: y def\empeña asi el papel de los sacerdotes tlascuisques,
en sus consagraciones al Dios Huitzilopoxtli.
Pardavé recibe orden de guiar á la leg·ión de cuchilleros hasta el punto donde está preparado Arroyo
para que se le sacrifique; 'l'illavicencio se retira y (;abrera recibe orden de irse á dormir á su despacho y
no salir de él sino cuando lo crea conveniente. Llega
y se duerme. en el acto; sin embargo, llega el momento convenido cuando el pobre Arro:vo estará muerto,
y sale en St:'"'uida á aprehender inocentes.
Los· cuchifios están dados; Yelázquez los ha pue_sto
en manos de Villavicencio, éste en manos de Ur1be
pone uno ancho, grande y filoso. no menos que el que
tambien recibe Norieo-a.
-¿Están listos to8os para cumplir_ su comi~ión?
¿]!:stán disput:'stos todos para la realización ínmed1ata?
S11,...responden.
.
.
~ntonces Yillavicencio confia el éxito de matar, de
dar el golpe certero con man? fin~~' á Noriega; porque este. hombre de d1sposi~1ones tan extrafias v de tan poca moralidad, es el más apropósito. ¡Oh eterno Dios! ¡oh moralidad! ¿En
donde estás"?

3l7

JURADO DE VILLAVICENCIO Y SOCIOS.
,

La víctirna y los cornpllcados.

•

Eduardo Velázquez.

***

Pardavé está instruido en la topografía
de lu o-ar él debe marcar el camino; recibe orden d'e lanzar gritos profanando el nombre
del General Diaz, de 1a libertad y de la Patria ,, mueras á la anarquía, una secta que
jam~\s' prosperará en nuestra patria, porque
tiene por credo la negación de la patria y
nunca podrá prosperar en esta tierra. Al oir
aquellos gTitos, aquel ruido, aquella alharaca,
como en lenguaje vulgar exprnsara Norieo-a, los gendarmes custodios se apresuran á
fievar su mano á los revolvers y éstos han
volado, Y se acuerdan de que el Mayor Bellido los' desarmó.
l\Iauro Sánehez acude á la puerta, va á
cerrarla v lo que hace el traidor es abrirla para que los hombres penetren. El loco, el infeliz loco, aquel que estaba tan ajeno, impulsado por una impresión más violenta, más vigorosa sin duda que la fuerza eléctrica, se
pone de pié y aguard~ á los asesinos; ¿pero
que aguarda? los asesmos están allí: Nonega
dá dos puñaladas, Uribe otra, y los demás dan
tres, cuatro, las siete las once que figuran
en el certificado de autopsia del acribillado
cadáYer.
No quiero pintaros con más ó menos elocuencia, el sangriento y aterrador drama;
que estos efectismos se queden para los defensores que necesitan de las galas de la imaginación para cautivaros. El Ministerio Público quiere fria ~- serenamente exponer la
verdad, que es la paz y la justicia. Basta decir que el hombre aquel agoniza y muere.
Los a.i;esinos se precipitan á la salida y huven, y Miguel Cabrera, que ha dormido mientras se consumá el feroz asesinato, se levanta, corre á las puertas y al llegar encuentra á
Rojas y á Sánchez que en cumplimiento de
su deber tratan de cerrarlas para detener y
aprisionar á los que huyen, á los que van corriendo, pero Cabrera les franquea el paso y
luego sale á la calle á aprehender á los verdugos mitológicos creados por el previo concierto del crimen.
El Inspector General lle¡p á practicar las
diligencias consiguientes ael caso, y en ellas
s:!ic. 9osé R. Gtzpe.
trata de presentar á la sociedad una novela,
.Agente del ~Unist.erio Pl1blico adscrito al Juzgado 5:::, de Jo Criminal
refiriendo haber sido aquel un lynchamiento
ejecutado por el pueblo, por el noble pueblo
que conoció de la causa de Villavlcencio y socios.
mexicano; novela que d1ó un periódico de
de más circulación en la República: noblante simpático, que es el augusto jefe de aquel Es- vela paralos
la que.la conciencia pública tiene un califitado Mavor de cuchilleros.
cativo cuando con su estentórea voz, dice: ¡MéntiAlli ericuentra á Bellido que está agitado, nervioso, ra ...... !
que le ruega interponga su influencia para disuadir,
El pueblo, en efecto, no habla lynchado; los lyná Velázquez, no de que se asesiue á Arroyo, no de chadores, los asesinos ya e3tán aquí para responder
que se sacrifique al desgraciado loco, sino para que de sus actos, y el pueblo, re_presentado por vosotros,
trate de que el asunto no se verifique en aquella está pa!·a decidir de sus d~stmos.
forma. Yelázquez á nada accede; si tan decidido esta*
ba á cometer su crimen cuando le faltaban los auxi* de los penalistas, de los
No creo necesarias las *citas
liares, los hombres que debían de privar de la Yida sociólogosv
moralistas para designar la culpabílidad
al preso, era imposible que desistiera cuando todos de cada cual
analizar las conciencias. Bastan los
esos elementos lo rodeaban; ¿cómo disuadirlo ahora preceptos de losy códigos
penales, que ninguna razón,
que todos obedecen á su voz?
por menguada que sea, deja de comprender para filegal de los hechos que paso á exponer.
***
El cuadro que va á realizar,se
es el siguiente: el Jar el nombre
habido previo concierto entre todos, puesdesgraciado Árrov-0 dormita allí, en una de las piezas Habiendo
to que previo quiere decir antes y antes de cometer
de la Inspección· de Policía, enteramente ageno á la el
crimen todos lo supieron, á todos atañe una responnegra tormenta que poco á poco va estrechando sus sabilidad 1feneral. Veamos ahora el grado de responhorizontl•s. Dos gendarmes tan sólo están custodián- sabilidad ae cada uno.
dolo, débiles v flacos.
No necesitarnos referirnos á remotas legislaciones;
Los otros, los de allá abajo, los asesinos, los cuchimismo en ellas que en las de nuestros dias, h1t
lleros Vázquez y Sepúlveda, Huinzardt y Cervantes, lo
existido y existe la asimilación de los autores princison fuertes: Villavicencio los conoce bien y por eso pales
de un delito con los de las causas próximas de
les encomienda que sujeten á los guardianes, y á No- su ejecución
nuestros códigos les
riega y Uribe v Pardavé que peguen con mano firme llaman autoresy ycumplimiento;
coautores y entienden por estos
un golpe certero. ¿Donde está el reo? En una pieza nombres á todos los
que toman participación inmeque va á enseñarles Pardavé, quien según dice, ha
llegado casualmente. pero que sin embargo ya tiene diata en un atentado, ya sea á los autores intelectuacuchillo. Ignorante de todo lo que pasa, se apresta,
[Sigue en la página 351]

EL MUNDO.

Manuel Bellido_

Genovevo Urlbe.

Arnulfo Arroyo.

Miguel Cabrera.

Vicente Norlega.

Antonio Vlllavlcenclo.

Mauro Sánc:hez.

Antonio

&lt;.:ervante■.

Ignacio Pardavé.

Cándido Cuellar.

.,.

l&amp;naclo Sepúlveda.

Francisco de P. Hulntzardt.

Lula G. Bravo.

Sabino Váz:¡uez,

�348

EL MUNDO.

Lic. Eduardo F. del Castillo

Doming:_o 21 de Noviembre ce 1897·

Lic. enrique Piña y A guayo.

Defensor de Vázquez.

-==D=om=in~g::ao=2l=d=e=N=o="=i'""e=m=b=r=ei=d=e=l=897~.==============--===EL==MUND====º===========================~

Alberto Cervante.~.

Secreturio del Juzgado 5 o de lo Criminal Escribiente del Juzgado 5 o de lo Criminal.

Victor de Oranda.

Pedro Fernández.

Manuel de Is Torre.

Miembro del Jurado.

Miembro del Jurado.

M iembro del Jurado.

Coronel Pedro Muñoz Csmpuzano

Perito Médico legista.

.

Doctor Osbrlel Silva y Vs:encis

Alcaide de la cárcel de Belén.

Perito Médico Legista

Cervantes st:ñsla el cuch/llo con el que afirma hirió Pardsvé á A rr.Jyo

Benjamin Barrios
[Pasante de derecho ).Defensor de
Caellar.

Andrés Crespo.
~iembro del Jurado .

.

.__________·.______l.
Doctor Máximo Silva

Fernando Silva.
.Miembro del Jurado.

Lic. Maxlmlll•no Baz

Miguel Oómez

Defensor .de Bravo y Cervantes.

Defensor de Villavicencio.

El púbflco en las audiencias.

Lic. José R. del Csstlllo

.

Defensor de Noriega.

•

Lic. Emeterio de la Oarza
Defensor de Cabrera.

Lic. Manuel Roa
Defensor de Bellido ySánche:,.

Lic. Ramón Prlda
Defensor de Uribe.

Lic. José Maria Pavón
Defensor de Cabrera y Cuellar.

Eugenio .,u bien

Manuel Oarcia

Miembro del Jurado.

Miembro del Jurado.

Francisco Sainz
Miembro deljurado .

Juan .M. Leoq

Eugenio Tállerf

Miembro del Jurado.

Miembro del Jurado.

�Domin'!'o 21 de Noviembre de 1897.
D_omingo 21 de Ncwiembre de 1ffi7.

3!&gt;1

F.L ~fU~'TIO.

Perdón, st&gt;ilor Presicl(•nte. Apron•c-hando las constancias &lt;ll•l prm•&lt;•sn, r!'sulta qtw (•l g11ió á hombrPs c¡ne
&lt;le,.l'onocian el lu;.rar do11de l'staha el prt&gt;,o, 110 hasta índicArselos sino hasta pouc•rlo8 en su pr!'SP1H·ia para que
lo a,l'sinaran: p&lt;tc homhn• pe;.rú ~- no pegó al homhre vin1, ,-ino tarnhién nl hombn! mm•rto. ~o s,•riLn estos actos l'ncaminaclos clfr,•l•tamentc ú la 1•jeu11ción del
delito':'
l\1anro Sánchez, ¡ron qu&lt;' penn me oe·upo de (•ste
homhn•! Todo l'nanto e, y to,Jn &lt;'IHlllt•&gt; valt•. poco sí lo
guzg-ais tlPsdP nltit11d1•s. mndw ,,¡ rPcortlais su nacimit&gt;11to humildt•; todo cuanto nlll•, Íl 1·1 y á el solo ;;e lo

r

uelw.
Dt• tt-mperanwnto vi;.roroso, hronl'ineo. l&lt;•al, sumiso,
respptnn,o, apto para prosperar~- triunfar. para subir
ú las 1111is altas t•xc1•l~it1Hit•&gt;- Pn Pstas tre11u•n1lns luehas
por l;i \'ida, lu v1•111os con,·Prtido &lt;'11 111i1q11ína. 1·11 aset-ino, al i1in•I mismo cll• ,-ns 1·0111pa1H•ros: instnmH•.nto
scn·il dt·I g-r:111 i'h1•siuo; 111alns. 111uy malos ~&lt;&gt;n ,-ns actos. Si i·l se oponl', ci1•1Ta la p1wrta, lo, ast•sinos no 1•11tran ,· nada s1• n•aliza: flPl'O (•l todo lo fillg'l'. y lc·jos dt&gt;
i&gt;,to,'la ahrC': (•l sujeta 111i'ts las manos dl' la \'il'tinrn;
totlo asust,ulo cprrl' ~· "e alPja: sus ados. &lt;·01110 Jo,, ele
lo~ dc111i1,, son cncaminados á la n•alizaciún &lt;h-1 crimen.
A )lig1H'l Cabn•ra lo considero culpable dt• hab1•rse
. oblig·a,lo c•o11 uno 1le los dPli11t·11entPs. t·on \ t•láz,lut&gt;z,
á no (•,turbar qu(• se prini,P de la Y1tla á \rnulfo. rrovo l'Ul!ll()O ('nl su oblig:wiún hatl'l'IO.
• ¿llu(• dasi• de ohligaciún ,., la qul' &lt;'Ontrat• un Hg'{'nte con otro, cuando los lig·a u11a sola id(•n: la p •rpr&lt;•ta•
cióu ele un crí11wn? ;,Tt•ndni que• C'Ontnr con obligación
t•,,criturada ." sPllada por notario:' 1.Tenclri1 ,¡ne b('I' 1•1
aprt•tón ,le' mnnos. C'l brillnntc de Rol'amhol!•, ú la fra~1• dt•l jorobado Lagartl(·r&lt;•l' ~ o: t•l pacto consiste cn la
ohlig1ll'iim natnral; maiiana
e,;ppro &lt;'11 t•l Palacio de
Justicia. v o, encn11tran.¡.., Y&lt;•stido~ dl• nl';:rro: al ,i~nicnl&lt;• i1s encu1•11tro vestido de ,wgro &lt;'11 el J&gt;¡¡Jacio de
J ustlcia, rl pacto se ha cumplido. ,\si es tamhi(•n como
se ¡&gt;at'ta el crinH•n, callado, silcncíoso, sin d,•jar huc•Como está actualmente /11 pieza dondt: se sulc/d6 Vel11zquez.
llas ¡como ~i el crimen dejara alguna vez de dejar h uclla~! ¿l:ahrc•ra no estorbó:'
sl'CUl'lll'ia, su responsabilidad no es ele ponerse en duSi ,:E~taha en 1a• ohlig-ación de pstorhar !'l crimrn?
[Sigue de la página 3-16}
da.
Si, y asl lo ha confesado. J,;&lt;; por tanto l'Oautnr del deParda vt~ á quien un sac1•rdote dP la drfc•nsa lo ha lito; en la gerarqnla del crím1•11, ~l:turo Snuc·lwz y BeJr,. va :\ los int!'rmedia!·io~, va á Jo, que mat&lt;•rial olimpicamente ungido con los ole, s de la inocencia, llido ,·iolaron la guardia, Yiolaron PI pacto honrado
v fi;kamente lo 1•j1•cutan; touo·, son r1•,pon:,ahle, del
que tcnlan con la justicia y con la socil•clad, l'Oll qttien
inismo 1klito v soportan 1•11 cousr1:uenda la mi~111a
se hahian comprmnetido á g-uardar al preso aun á cos• ¡wmt. ~inµ;ú1i lwd10 se ejN·uta sin estos ell•mento~;
ta de su vida.
a t'alwza ,1ue pi1•n,a, el corazón quP lo rebueh·c y los
Si el puel&gt;lo ha cometido el atl'ntado positiYamentl',
brazos qut• Jo ejecutan.
la ju~tieia tendria que ent'&lt;mtrar para Yindknr á :\lauLa cahl•za comete una inmoraliJad pensando un
ro Si\nt'hez, su cadán•r como 1'1 lh-1 Pdnl'iJW Faria~:
acto malo; pero e,l'- pensamiento no cae b¡¡ja l'l domicon la c•,pada Jrn,·ia arriha ~· la cara destrozada á banio de h~ le,,·; tampoco la voluntad que resuelve; la
lazo~. c•o11 t&gt;l cuerpo henchido rle ¡nuialadas.
1?unión de los tres el&lt;•nwutos, la idea que Rurg·e en
Cabr&lt;•ra 11uc no r,·itó &lt;•l dt&gt;lito, sil'ndo sc•g-undo jefe
(•I cerebro, Jo,; brazo~ que i•jec·utan el acto y el coraele las comi~ioneo de bcgnridacl, es ígualnH'nte culpazón que los pxaltl•, esto forma la personalidad del deble.
lim·uentr. la verdadera personali&lt;lad penal. ~· los que
1·ou 1:ual,1uiera de tlithos &lt;'lementos han contribuido
ú la realización de un fin sinil•stro, ~on igualmente
El s&lt;&gt;ilor A;:rt•ntl' del :'IIinbtt'rio Público t·omprohó
rr,ponsables, to1los son autores. todo,; mt•recen el
ampliamente la respon~abilidad c1,, Yillavit·Pncio y do
mismo t·astig-o. Annlicc•mo, .,·a nm•stro easo, dividaBt•lliclo por el segundo t·apltulo de acus:l&lt;'ión á qnt1
mos va ú los culpables. Todm,, con t•xcepciún lwchade
hemos hecho rden•ncia: l'~ tit•cír, d abuso de autoriCahr·ern. dé Bravo r de Cm~llar, son autore~ del bomirlacl qm• cometh•ron t·on su!&lt; subordinado", ordenánddio de ..\rroyo. Jfablaremo,; de \'ill1l\'icencio.
doles la comisiim e\(• delitos.
Huinzardt qm• \'o ilu,trado. mt'. ha dicho aquí ante
vo;;otros,
11nc (•l había cumplido con ~u delH'r, obede¿,Cual&lt;'s ,;on lo,; a\'los de !'ste homl&gt;rc? ¿Que esplritu
ciendo la~ órdl'n\''&lt; de ~u sup&lt;•rior. C.:01110 su re~ponsai,;cr&lt;•no pn&lt;'rle m"'ªr su participación diret·ta en el
hilidad es mtnamente iMntica :\ la de \':\z11uez y
as p,-inato? El prnporl'ionó la ¡rente 11uc habla di' t,jela de Sepúlvecla, me parece inútil repPtir las pnrnc\\ tar el a,w,imito, él &lt;listribuvó las combimH•s entre
lias &lt;lc• qut- 1•1 cargo de mis conclm;ionei- 1•,enteramente
los que habían dl• sujetar á fos g·uardianes y hablan Bel/ído da explicaciones á S11nchez, á V/llavlcem;Jo
aplicahlt&gt; á (&gt;l.
•
de de:il':lrgar el ¡rol¡w; él repa tió lo;; cuchillos y dey á Cabrera.
Cuando &gt;&lt;e pructicaha la vista dt• ojo'&lt;, en In In~pecsi&lt;&gt;·na wn toda perfecciún, porque los conoce muy
ción G ..n&lt;&gt;ral dl• Policia, ,. elúzqm•z dijo al Mr. Juez
bi;n, ú Jo,; fut•rt&lt;&gt;,; para que sujt•tar:m, para que aga• eomo un ~acerdote, sin ,hHla, rie la impudrm·ia, ¿de entonc1•, v que ho,· preside clig-nam&lt;\nte los debate&gt;1,
rraran, .,· il :\01fr¡ra, á e~t• homhrP de tcmp1•ramento
qué ados quíl'rt• ,¡iu• Ir h11.~amoti rc•,,ponsahl&lt;'i»
que alli había un tebtigo que tenía obligación de estan hemofilico por no dPtir otra palahra.
(El Juez tocó la campauilla).
¿\'illadcencio t·omctió actos encaminados dirPcta é
ndirectauwnte ú la ejecul'iún dl•l cielito:&gt; :-.:adie st•
ntn•,·erin ú ne¡rnrlo. Bl•llido hizo mal, muc:ho mal;
él fué &lt;•I comisionado para poner al tanto dl•l terrible
pl.\n á :'llamo SiuH'hes; él guié, á Pardan!; el fné quien
dC'sa• mú á los g&lt;&gt;ndarme~; ,;1 fu(• quil'n n•dujo la g-uar&lt;lia dli esto,. ,.:Y quien &lt;Inda que ,¡ lo~ guardianes
hubieran t&lt;,nido sus armas, ~i hul&gt;iPran estado compktos hahrian evitado el a,e,inato, t·omo lo procuró
sin co;1,,&lt;•g·uirlo, :irnan(•s, que despll•g·ó Yerda&lt;lero heroís11w oponiendo débil n•sbtn1cia al crime11, porqut•
c,taba (\t'"armado '" ,ólo?
¡,Bellido 1•jecutú :H'tos &lt;&gt;ncmninados tlirecta (• indir&lt;·ctarnl•ntl• á la &lt;•jccución del homic:idioi» Esto es evidPnte.
Tamhit•n hay otros capítulos dt• aC'usaríim contra
\'illaYi&lt;-l'lll'Íll v Bl•llido; consii;ten l'll esto:Haht•r a,¡uel
ahn~adu tk ,ti. autoridad t·omo Inspector clt&gt; Policía
"l'l otro como jPfe de ella, inducit"n!loá \'ario~ agt•nte~
',tp la mi,-ma p.,Jicia ít que prfraran de la la ,·ida,\
.Arnulfo Arro,·o.
lluinzar,tt: \'úzqm•z. Sepúh·e&lt;la ~- CervantPs rran
&gt;&lt;nhordinado~ dl' \'íll:t,·iccncio, :\lauro Sánch(•z lo era
dl• Bellido; ¿,d!'jaron 1•stos hombre~ de tomar partici1 ación 1lin·da i.· im1wdiata en la t·ombiún ,lt•l dt•litn?
::S.o, evidt-ntt•nwnte: ¡,~· porqn&lt;• obraron:' por in,inuadún, por mandato de sus Jef,•s. y como l'.&gt;,tos no tenlan fal'nltade~ para orde11arh\~ comet&lt;'r dl•litos, abu;.aron dl' su autoridad.

º"

Salida de los reos de la Caree/ Municipal

*"'"'

.*..

La galera deB::léndond•esUn Josgend11rm::s

La respon~abilidad de lo~ cuatro g&lt;'ndarmr~ que
acabo de nombrar, c•s tamhit'll 1•,·ident(': ellos detuvieron de• los brazos á los g-uardiane, de .\rroyo, mien. tras otros &lt;•-tnvicron destrozándolo. Estos c iatro hombres fllcron los que• neutraliznro11 la fuerza que para su R('guridad ,-e hahla plll•sto á Arroyo.
Norie•ga y Uribe C'jecutaron materialmente t&gt;l homieidio, lo confesaron 1·on cínico detiplant&lt;': ellos hideron
friamente, con crueldad, de una manern atroz. En con-

S11/ld• de los reos del P11/11clo de Justlcl•

�352

EL MUNDO.

tar constantemente á la puerta, y por tanto podría
darle al ·unos detalles dt:&gt;l ascsmato de .Arroyo.
Fu&lt;'~ cit1do Bravo para el d1asiguie11te al Juzgado; el se
ñor Juez, por ;;us ocupaciones, 110 pudo recibirlo; lo
citó para el ,-iguientc día y tampoco lo recibió por las
ardua~ laborcK que nos imponiau las diligencias para
el esclarecimieuto de lo.s hecho~; en la tarde del siguiente día ya todos los procesados c~taban convictos ,. confe:;o:; del crimen, cuando se presentó Bravo,
v ei Juez, cou esa berwvolencia, cun esa generosidad
oliuapiea que acu~tumbra en todos sus actos, crevó de
su deber fJJ'('Vcnir á Bravo y le dijo: Creo que v'a usted a dec arar mentiras, ¿por qué se va usted á comprometer en e.,te asuntoi' no vitne usted procesado,
no está usted acusado por ningún delito; recapacite
antes de declarar, y si no quiere declara!', retírtse.
!'ero Bravo, este embustero, este eharlat1ín, con tal
ele hablar, ó por otras causas dignas del estudio de un
psícologo, contó la misma fábula que consignara el
periódico, en que ~e hacia aparecer li. Arroyo lynchado por el puehlo. El Juez, ttlYO necesidad de mandarle abrir partida y el 11iuisterio Público que corroborar en sus conclusiones el motiYo del auto de formal
prisión. Lo acltsó de encubridor: él dice que fué engañado, yo comprendo que e., un servil.
0

***
A Cándido Cuellar el :Ministerio Público lo acusa de
la mas debil falta: de no haber procurado por los medios lícitos que estaban A su alcance, impedir que se
consumara el cielito ele homicidio en la persona deArnulfo Arroyo.
·
El sabia muv bien que se iba á cometer ese crimen,
no en el momento en que por instrucciones ele su patrón compró los cuchillos, sino desde que asistió al reparto de ~llos y lo supo después ~01: su mismo jefe, el
g ran• asesmo, del que no se separo m un momento. 1 an
es cierto que tiene conciencia de ~u lesponsahiliclad,
que tres clias cles1rnés del delito decla a alguien:
¿Que tal~ si no me escondo el bigote metiéndomelo
á la boca v no me hundo el sombrero, á estas horas no
me estaría riendo.• Horas después meditaba su falta
v su responsabilidad en una bartolina, y por esta falta
io trae el Minbterio Público. Su culpabilidad es bien
leve.

"'

*'*
Señores jurados:
Al resolver el veredicto y al pronunciar su fallo, su

lblemorias

ae un libro.

fallo siempre inapelable y augusto, tendrán en consideración e~t¡t tremenda pregunta que se hace todo
hombre honrado, que hace viril á la h•gislación, que
r,o pueden resolver Jus filósofos y que embrollan siempre en sus contestacionei,: ¿t.¿uién es más culpable, el
(1ue induce al crimen ó el i11ducidol' El i11ductor-dicen unos-por que be convit',rte en la serpiente blblica. Duble delito cornete: no sólo el ele faltar á sus deberes, sino el de ir á inducir fi. otro.
¿Pero qué será más perverso ir á matar impulsado
por una causa por criminal que esa eausa sea, Jhíntese
ódiu, ira, avaricia, que irá matar friameute y s:n razón ninguna?
Hay mucha distancia entre la palabra y el crimen
para realizarlo, ~e necesita mucho, y el ct:iml•n quedaría (•n suspenso, el crimen quedana sin realización
niuguna smo hubiera á Yeces estos cbacales, t'Stos tigre~, que, como los carrnajes de al'-.luiler, e¡.tán dispues
tos para todo el mundo.
Pero fallad siempre con la amplitud y honradez de
vuestras conciencia!,; el :IIinisierio Público qué os puede decir, si su respo11sabilidad e., tan graYe, tan tremenda.
Seiiores jurados: Soy el primero que deseara poseer una fuerza superior y gTandiosa para trasmitirosh á todos y á mi mismo.
Por temperamento, por familia, por grandes penas,
también de familia que me tienen agobiado, 110 quisiera pronunciar palabra que la8timara á ninguno;
cumplo solo con mi deber y quedo tranquilo, porque
el cumplimiento del deber es en todos los casos motivo de satisfacción.
Hace cien años, precisamente cien años, en las postrimerías del siglo que acabó con las monarquías y
empezó con las repúblicas, un fanático de estas decía:
«Los reyes nos parecen grandes l)Or que los vemos de
rodillas; leYantémonos hasta ellos.• Y bo~', cien años
des1;&gt;ués, precisamente en las postrimerías del siglo
XIX, del l:'ig'lo de las luces, yo, pequeiia oruga que no
reconozco más que á la ley, la veo tan grande, tan majestuosa, y tan majestuosa v tan grande quiero verla,
que no de pie, de rodillas me pougo para implorarla
y que os de acierto, que os de luces para que seais
justos en vuestro veredicto.
¡::;;;J

cuentemente con sus consultas ~- más ele una gota de
sebo que cayó sobre mis hojas fu(• testigo de las malas
noches que pasé en manos de aquel aspirante A sabio;
todo esto sin soltar una queja, Slll formular una protesta. Apesar de tan heroico comportamiento solía ponerme defectos sin recordar que uacla le había costado y que á caballo dado no se le ve el colmillo; si le
hablaba con claridad me tachalia de difuso, cuando no
me entendía cle_¡:ía que era oscuro v aun con frecuencia me arojaba al suelo lleno de co'i·aje como si yo tuviera la culpa rle la esca;rns de su sustancia gris. Cierto día se encaprichó mi amo 1•n a~i~tir á no se que
fiesta y para proporcionarse clinero me empeñó ¡horror! por la mezquina suma ele veinticinco centavos: y
eso despué,; ele andar mucho y renegar no poco, porque en ningún c·mpeño me querían. Aquello fué el
colmo de la humiUadón: protesté no dejándome coger
por las manos toscas del empeiíero ,v la protesta me
valió un aventón sobre mil olijetos heterogéneosarnontomados en el suelo, acompañado de una exclmnación
soez que, cle;;pués supe era la favorita de aquellos hombres. ¡Cuanto infortunado compm1ero encontré en
aquella casa! Y corno de:;garraban el alma las historias
de cada uno.
Pasé allí muchos años, pues el estudiante no volvió
!t acordarse de mi y nadie quería comprarme: la verdad es que la polilla me tenía punto menos que inservible y el mal trato de aquella gente me había puesto
en un estado en que no me conocería ni mi propio padre: me enseñaban á todo el mundo y en cada exhibición me obsequiaban tma tanela ele estrujones que
abreviaron, rápicfamente los ~·a contados ellas de mi
existencia Salí un dia con otros muchos en hombros
de un cargador hasta 1m lugar solitario y saturado de
inmundicias: callaba, temeroso de mi suerte, pero con
la esperanza de que aJ fin se tendrían en cuenta mis
importantt:&gt;s servicios, que se me jubilaría honrosamente y se me dejaría acabar tranquilamente mi existencia ...... Iluciones! ¡No hay animal mas ingrato que
el hombre! El cargador hizo una fogata con no1,otros
empapanclonos de petroleo ,v acercandonos un cerillo
ardiendo: contempló la destrucción con crueldad inquisitorial y no se retiró ha!&lt;ta vernos convertidos en
cenisas. (.Jue ellas cai&amp;·an sobre el ingrato estudiante,
el mas culpable ele toaos mis Ycrdugos, ,Y sobre su,;
descendientes hasta la quinta generación, como las
bendiciones pontificias.

Venido al mundo por obra y gracia de un sabio cuyo
nombre no hace al caso, ocupé primero los estantes de
uua librería de dou.de salí para la casa de un letrado
viejo v flaco que me cuidaba con esmero: como que
decia'que era yo una joya. Y debo haberlo sido, pues
el día de mi llegada al estudio de mi amo, asi lo proclamaron varios seiiores ele aspecto venerable y ancha
frente que seg·únmis noticias tenían en el mundo científico el honroso mote de lmn breras y se pintaban solos
para juzgar.con la seyericlad desapasionada ele la ciencia á los nieJO'l '€S mnigos como nos llaman los que nos
tratan con fre.ct~encia y saben apro,·echar y agradecer
nuestros servicios.
Una criada me sacudía diariamente con un plumero
muv fino v depositaba entre mis hojas un polvito de
olor fuerte, alcanfor, que según oi decir, servía para
librarme del terrible enemi&amp;"o de los dos de mi especie:
la polilla: es virtud-me obügó á aguantarlo. Mi amo
me abría poco: casi siempre me tenía encerrado en un
lujoso estante de cedro. A través de limpios crista:es
franceses podía yo observar todb lo que pasaba por
fuera, sin sufrir los rig-ores de la intemperie, y ostentarmi título que llevaba escrito en el lomo con letras
de oro. Aquella vida me agradaba.
Pero murió el buen letrado y entonces comenzaron
mis sufrimientos. Permanecí los nueve días del duelo
sin ver la luz, pues la biblioteca no vofrió á abrirse, y
temblando por mi suerte ulterior. Quedé a dispoeicion
de los herederos, gente vana é ignorante, que sin meterse á di~cutir un .~érito qu~ estaba muy lejos de poder apreciar, me h1c1eron salir con otros compañeros
de mi elegante mansión de cristales para ser vendido
por cualquier cosa en una casa de remates. No sé si
por desgracia ó por fortuna escapé de aquel primer
atentado que quibo cometerse en mi persona, contra la
ciencia de que era yo fiel y seguro depositario, tratándome como mercancía depreciada: volví á la casa de
mi amo donde me hicieron pasar largos años encerrado
en un cajon en una bodega húmeda y obscura; allí no
había plumero ni alcanfor ni cuidados ele ninguna especie v la solilla comenzó á hacer sus estragos en mi
taladran dome horriblemente. ¡Cuántos dolores me causaron aquellos infames animalejos!
Por fin un día oigo que abren el cajón y saltó de g·ou~o.
zo al considerar que iba á salir ele aquella obstura
cárcel. Pero ¡oh suerte impía! mejor hubiera sido
aguardar allí, victima ele la polilla, una suerte menos
cruel que la que me esperaba. Dos terribles manazos,
una brus.ca frotada con un trapo y paso á manos de
LA CAIDA DEL DIOS PAN.
un ebtud1.ante pobre, corno la mayoría ele los del gremio, á quien me regalaron. Cuanto renegué de aquel
SEGt:N ORFEO.
desalmado ~, como suspiré por el cariño v buen trato
&lt;le de mi primer amo. .Pasaba muchas horas tirado al
Tiemj)os de estio. La selva centuplica su vida
dl'scuiclo sobre una mesa sucia que con petate y una aguijoneada por los punzantes rayos del sol merisilla coja coi1stituia el ajuar del infeliz estudiante: ser- diano. El calor muerde los duros troncos vetustos
via de cabecera tmas veces, de candelero otras, sufría de la arboleda y la savia hierve y asciende-sangre
~olpes, malos tratos y no pocas vecea soporté el olor secular-hasta las ramas más encopetadas y secas.
cte las axilas de mi amo, tanto más insufrible que el
La. enredadera se enrosca y tiembla, atando sus
del alcanfor cuanto que nunca oí decir que sirviera arabescos vivientes y baílando sus singulares faranpara naua bueno. Mi nuevo amo me importunaba fre- dolas en esa atmosfera de homo.

Domingo 21 de Noviembre de 1897.
PENA PEDIDA
POR EL ~IJNISTERIO PÚBLICO PARA LOS At;TORES
Y COAUTORES DEL ATENTADO.

El Ministerio Público consideró de la manera siguiente á los reos.
.A _Antonio Villavicencio como autor y pidió para él
la pena de muerte.
A Manuel BeJJido como coautor-Pidió también la.
pena ele muerte.
A Miguel Cabrera como coautor-Pena de muerte.
A ~fauro Simchez como coautor--Pena de muerte
A Ignacio Pardavó como coautor-Pena ele muerte
A Antonio Cen•ante~ como autor-Pena de rnlterte
.A Genovevo Urihe como autor-Pena ele muerte.
A Sabino Vazquez como coautor pena de mtierte.
A Arcadio Sepúlveda como autor-Pena de muerte,
A Luis G. Bravo corno encl1bridor--Pena temporal.
A Cándido Cuellar eomo encubridor-Pena temporal.
A Francisco Huinzarclt como autor pena de muerte y
por último á Vicente Noriega como autor-Pena ele•
muerte.

SENTENCIA
El Jurado votó la culpabilidad de todos los acusados.
con excepción de Cuellar y de Bravo y la sentencia
pronunciada por el Juez 5° de lo criminal !uf como,
sig·ue:
Antonio Villavlcencio·-Pena ele muerte.
Manuel Bellido-Once meses de prisión,
l\Iauro Sánchez-Pena de muerte:
Miguel Cabrera-l'ena de muerte.
Ignacio Parclavé-Pena de muerte.
Antonio Cervantes-Pena ele muerte.
Genovevo Uribe-Pena de muerte.
Sabino Yazquez-Pena ele muerte,
Arcadio Sepúlveda-Pena de muerte.
Vicente Noriega-Pena de muerte.
Francisco ele P. Huíndzart-Pena de muerte.
Cándido Cuellar-En libertad.
Luis G. Bravo-En libertad.
He aquí el comiem·.P del desenlace de la tragedia.
que tuvo pQr teatro la Inspección General ele Policía.
y que de tal manera conmovió al pais.

Las aYes enmudecen en sus nidos, sofocadas; el
sol tuesta las plumas del ala v quema la recina ele los.
pinos: las aves duermen tranquilas: se amarán por
la tarde.
Los ciervo, buscan la frescura líquida de los manantiales y las fieras la sombra de las cavernas.
Zu~nban los insectos ruidosamente y su zumbido.
monotono y ensordecedor es como :murmullo de las
burbujas del gigantesco hervor selvático.
Derrepente se escucha una aguda escala de a o-reste siringa: es Pan, el diabólico dios capripede° que
saltando se aserca. Brillan los pelos de su pech~ bañados P.or el sudor, y sopla la sinnga con torpeza, falto de ahento.
Llega hasta el pié de un ái-llOl de ancha copa, interrumpe su canto floresta! v prueba con su pezuña de
cabro, ágil y nerviosa, la blandura del césped. Esta
le place, sonríe y prepárase á sestear. Eructa con
satisfacción, se rasca el vientre y se recuesta.
En seguida se duerme, con la siringii guardada en
su accila velluda v lacia.
Por detTás del i\rbol s~ acerca sonriente y picaresca una mnfa casta ~· Joyen, desnuda y fresca, que
adrede allí esperaba al citos barbudo. Ao-uarda á que
éste ronque en profundo sueño v luego"
con un o-ui1
jarro que con tino lanza, da en el rostro del durn1iente. Pan se estremece y lle,·a las manos it la parte herida. Lo halla ileso v vueh-e á sueño.
La ninfa ríe más y un segundo guijarro arranca de
la acc1la del Cabro Divino la siringa de caiia ,. la
despedaza......
'•
Pan se incorpora v g-rita...... Descubre á su frente
un Centauro que á francos se aserca en busca tambicn de quietud.
'
El dios de la selYa quiere saciar en él sus ímpetuog,
de ira se desahoga, ~· le increpa:
«¿Es un vil y maldito Centauro quien osa turbar·
con sus chanza~ el sueño 8agrado de Pan?, ......
Y se lanza sobre él á castigarle.
El viejo Centauro sonríe con desprecio:
Para él han pasado los tiempos del Dios......
Y con sus nervudos brazos toma á Pan, le sube sobre sus ancas, y Je azota contra el sttelo ......
Pan ~-ime, el Centauro se ríe y la uinfa se estrem~ce cte gozo! por haber sido causa del destrona~
miento de un d10s.
E~ 9entauro fa mira y se mira á simismo. El es fuerte
y nnl, ella delicada y femenina ......
A~1b?s se sonríen t?utuamente cuanclomiran alejarse g1m1end~ y suspJrando al mal ferido Dios Pan el
capripecle sm org·ulJo va ni siringa.........
'
. Y á la ca1:cajacta rud~ del Centauro se mezcla Ja
risa argentina de la mnfa ... ..... Ríen, ríen rien v seacercan el uno á la otra.
'
·
En tanto la selva hien-e de calor.
Quien cuenta diez amigos no tiene ninguno.

1'1Ialeshe1·bes.
El amor es como las montail.as cuya cima es.
un pico; no hay lugar de reposo: al ·llegar á lo
más alto es preciso descender.

La B1·uyére

EL MUNDO.

Domingo 21 de~oviembre de 1897.

SUEGRAS Y SUEGROS

•

La literatura y el arte, han inmortalizado el tipo,
ya de por sí inmortal, de la suegra. Síntesis de
todos los defectos, hacinamiento de todas las fealdades, máquina productora de toda clase de males, la suegra anda en todas las bocas, brota de
t odas las plumas, emerge de todos los lápices, surge en todas las conversaciones, interviene en todas las polémicas y constituye una obsesión para
todos los hombres y una perpetua aprellensión
para todas las mujeres.
La literatura la pinta irascible, entrometich1,
enredadora, derramando hiel y haciendo derramar bilis y lágrimas doquier que pasa; espada de
Damóeles de la felicidad conyugal, abismo sin
fondo dispuesto á tragarse todos los goces del hogar , amago perpetuo de la paz doméstica, especie
de Gran Bretail.a en las relaciones de familia, inter viniendo en todo, sacando parLido de todo y
echándolo á perder todo.
L a carieatma y la anécdota picante tienen un
protagonista permanente y un tema inagotable de
eAtiras sangrientas y de chistes espirituales. Ya
es un marido á quien sus amigos colman de felicitaciones calurosas el día de la inhumación de
su mamá política; ya otro que ha aumentado diez
kilos durante su ausencia; ya otro más á quien el
m édico de la familia dice: «Valor, entereza, resignación; la señora salvará de esta crbis. » Tal
parece; á juzgar por la conversación corriente y
por las tenebrosas descripciones literarias, que el
día que se acabaran las suegras la humanidad enter a lanzaría ese profondo suspiro de alivio y de
satisfacción que Napoleón l. preveía había de escaparse, á su muerte, de todos los pechos.
L o que verdaderamente maravilla es que no
par ticipe el suegro de ese odio universal, de esa
unánime reprobación que inspira la suegra y que
ni en la vida ordinaria, ni en la literatura, ni en el
ar te se le vea denigrado, vilipendiado ni escarnecido. Si la suegra es una harpía, neminedisc1·epante; nemine discrepante también, el suegro es una
paloma. Las raras ocasiones en que oímos apreciaciones á él referentes, aparece como un tipo
dulce, afectuoso, amante, conciliador. Cada vez
que en la realidad ó en la novela se confia á la
suegra la solución de un conflicto doméstico, el
desenlace es dramático y hasta trágico; la suegra
no entiende de mitigar arrebatos, de moderar pasiones, de calmar ánimos, de conciliar voluntades,
todo lo lleva á sangre y fuego; su talento supremo es tomar el átomo imperceptible y á fuerza de
hacerlo rodar convertirlo en montail.a. Punto de
p artida: el marido llegó á lar siete y media en vez
de á las siete; pues la suegra halla modo de prob ar con ese sólo dato y los recursos de su fecunda dialéctica que hay adulterio y que debe haber
dívorcio. Si el marido es obsequioso y galante es,
á su juicio, para mejor engañar á su esposa; la
divagación y la preocupación son á sus ojos frialdad; el silencio, desvío. Si el hombre trabaja mucho es que ¡ya se acabó aquel cariño! si no trabaja, es un perdulario que vive á expensas de su esp osa; si sale, es un disipado; si se queda, un posma.
Nada de eso se dice del suegro; todo el mundo
r econoce que cuando no practica la abstensión
más completa, acude siempre con un consejo útil,
con una recomendación sensata, con su ramo de
flores ó su gota de miel; con su placidez y su buena voluntad disipa brumas, calma tempestades,
tranquiliza espíritus y alienta corazones. Predicador eterno de la concordia, respetuoso siempre
de los fueros conyugales, es sostén y apoyo de la
autoridad del marido, protector discreto de la
d ebilidad de la mujer y elemento de equilibrio y
de paz en el hogar. Lo peor que puede decirse
de él es que es una cataplasma, pero nunca que
es un sinapismo.
Salvo cierto abultamiento y cierta exageración,
los tipos de la suegra y el suegro corresponden á
le realidad, y el papel que se les atribuye, es con
rar as excepciones el que asumen realmente en la
vida.
¿Porqué esas diferencias? ¿Cómo explicarse que
la mejor de las esposas llegue ,í ser la peor de las
suegras, y el peor de los maridos el mejor de los
suegros? Porqué, no hay que hacerse ilusiones,
los vicios de la suegra y las virtudes del suegro
son, respectivamente, vicios y virtudes de estad o, emanadas del cargo que se desempeña, independientes del caracter personal, como la aparen•

te humildad del sacerdote, la sokmnidad del médíeo y la petulancia del abogado.
El hecho, por cxLraordinario que parezca, tiene explicación satisfactol'ia y oh dicha! tiene ó
puede terlertambién remedio. Una superstición, un
vicio de educación y una necesidad social, que puede ser temporal, explican los procederes tortuosos,
violentos, agresivos de la suegra y sugieren un
posible, ya que no un pronto remedio.
La suegra parte de este principio incontrovertible; que nadie en el mundo puede amar á sus hijo¡; más que ella; de aquí infiere que nadie puede
hacerlos tan felices como ella. Siendo esto así, es
claro que ningún halag·o, ninguna, satisfacción,
ningún sacrificio que en pro de ellos se h&lt;t.ga, leparecen\, nunca bastante; de ahi su eterno deseqntento y su continua desazón, y de ahí también su
intervención oficiosaé incesante, su irascibilidad,
su enérgica protesta, sus malos consejos.
Si la premisa del razonamiento es cierta, puede no serlo la conclusión. No hay como una madre para amar á sus hijos, pero puede muy bien
haber quien amándolos menos los haga tanto ó más
felices. La felicidad conyugal, como la filial, como todas, no dependeúnicamente de la intensidad del amor que profesamos ó se nos profesa, sino también del tactc-, dela mesm·a, del talento, en
fin que se emplee en amar. Hay amig·os que nos
hacen desgraciados á fuerza de cariño; hay mujeres, como Medea, que horrorizan con su amory
madres que labran la desgracia de sus hijos con
la filigrana de su intenso cariño.
Casi puede afirmarse que para hacer feliz á un
ser que se ama, lo que primero estorba es el exceso del amor, y lo que primero se necesita es una
dosis inmensa de tacto y de prudencia. Este tacto y esa prudencia faltan á la mujer, en general, y á la suegra en particular y le faltan por que
quiere perpetuar dentro del matrimonio de sus hijos, el mismo despotismo maternal que ha ejercido fuera de él y por que á mayor abundamiento
quiere ejercerlo sobre un ser que no es su hijo,
sob1·e el yerno ó la nuera.
Educada en la obediencia á sus padres, la esposa no sufre desmesuradamente por la necesaria autoridad del marido; pero una vez que 0s
suegra, no concibe, ni se explica, ni tolera que nadie gobierne á sus hijos, que brote de otro manantial su dicha, y vive en perenne estado de
rebelión.
Otra razón: está probado que no hay peor déspota que el que ha sido esclavo; la mujer lo ha sido antes y después del matrimonio y cuando llega á suegra, envanecida. de su posición, de un
poder á que no está habituada inevitablemente
abusa de. él.
Si la educación de la mujer fuera más liberal,
si se mitigaran sus tendencias pasionales, si se le
dejara disfrutar de mayor libertad, y adquirir,
por consiguiente, mayor experiencia; si por la
elevación de su nivel intelectual, de su dignidad
social, y de su posición jurídica, la suegra se aproximaría al suegro, se mitigarían sus defectos y se
elevaría su prestigio social. El enemigo se convertiría en aliado, el adversario en colaborador,
la hostilidad en tolerancia, y la animadversión en
respeto recíproco.
Tal pasa en los países anglo-sajones y germanos en donde la suegra es en general respetada y
estimada. En verdad el tipo de la suegra, la suegra-harpía, la suegra-vampiro, es un pro~ucto latino, es fruto maduro y sazonado de la ignorancia, de la servidumbre y de la sensibilidad pasional casi enfermiza de la mujer.
DR. ,MANUEL FLORES.

Novbre de 1897.

CELOS DE ULTRATUMBA¿Puedo llorar, llorar poi: los que fueron,
Por los que ausentes en el gran vacío
Miran rodeados de tristeza y frio
Los sagrarios de came, en que vivieron?
¿Pueden, los besos que iamás salieron
De su nielo á posarse en el sombrío
Mármol de tus mejillas, amor mio:
Pueden besar á los que ya existieron?
Mi pensamiento que orgulloso ostenta
Tu alma virgen, como uiveo cielo,
¿Puede romper el misterioso velo
Que o&lt;;ulta á los que huyeron la tormenta,
Sin que en tu puro corazón se sienta
La sonrisa satánica de Otelo ...... ?
Puebla, Noviembre de 1897.
JESÚS VILLALPANDO,

SATAN lMBOTELlADO.

Caviloso Y meditabundo tl'nianme una de estas noches, ciei-ta';; diabólicas irlc,is que por los mús recónditos é intrincado~ rinconcillo,, de iui cerebro andaban
agitadas Y revuelta~.
Y no 1í !Jumo ele pajas, sino con harta razón, como
que trataba ~·o nada wenos que de averiguar qué.ha
sido de la promineute, terrible, malig-ua y nunca bien
excecrada personalidad del diablo, IJámesele Hatanás,
l\Ioloch, \ itra, Shiva. Ahrimán ó ~imple y más acertadamente, sel-\·ún sutiles filósufus, el Espíritu del mal,
&amp;mna y compendio de todas las debilidades, de todas
las mi;erias y de las maldades tuda,; del humano eorazon.
lJorque sin sabervo la causa, dícese entre las gentes
que, al ser clausura.do el infierno P.or obra y gracia de
los racionalistas el diablo, arroJado ele su natural
feudo, si 110 se s1{icidó como el má, simple romántico
desc('pcionaclo en amores, se pe1 dió ó, por lo menos anda extraviaclisimo.
Otros afirman triunfalmente que su mag-estad infernal está escondida ó hm·e de un mundo á otro, disfrazada, mas bien que por'vergiieuza de su derrota por
temor de las persecuciones, no tanto de la cruz y el
agua bendita, cuanto de la filosofia moderna que, e!1
poquísimo tiempo y por tremenda n~anera, hále humillado más que aquellas en luengos siglos.
Por tan encontrados pareceres aturdido, hallábame
confuso y vacilante, dese,per~n.do ya de acertar con
la solución del emedado v sutil problema, cnando
cierto ruido extraiio, como 'á modo de silbo ele serpiente, hízome fijar la atención en una dora~a botella de
oloroso v aiiejo cognac que cerca de rn1 e:;taba y ele
cuya bo'ca parecía salir el silbo.
Nada extraordinario pude advertir de pronto e.~ la
botella si no fué una miríada de brillantes burbuJ1tas
que en' el seno del tra.n~parente lic~r clanz~ban y se
arremolinaban en vert1gmoso torbelhno, fmg1endo áurea polvareda, v chocaban después y se funclian en
una sóla para sttbir á ht superficie, como dos .almas
que subieran unidas por un beso hasta el soho del
Ureador.
Mas á poco tomose el silbo en tenue Yocesilla que P.ºseído de profundísimo espanto escuché y que Die d1Jo;
-El espíritu del mal 4ue bus&lt;:as imprudente, está
aqui, cerca de ti, al ale-anee de tu ruan?, encarcelado
en esta dom.da botella tan brillante y rica en halagadoras promesa&gt;&lt; de placer.
Cansado ele lidiar con la impertinente y sacrílega
incredulidad de los hombres de tu siglo, renuncié ya á
seo•uir atormentando los espíritus tímidos y extáticos
bajo la forma ele sátiro, por el asc~tis"!o .11~edio•eval
concebida. Jguahuente abandoné m1 pr1m1tiva y tradicional fig•ura de ángel luminoso y hermosísimo, surcado de la frente al talón por la marca del azulado
fuego de la cólera celestial, forma bajo la cual ~.ent~
al Divino Nazareno en la cumbre del DahwaladJiré o
del Ganrisaukar. ll!enos aún he vuelto á encarnar en
las cteaciones monstruosos del Apocalipsis . .Ahora soy
lio-ero casi intangible, un g·as, un espíritu, una fórmula"qui~üca y anido bajo el manto soberano de la Ciencia que me busca llle estudia y me apetece: soy el
alcohol!
Y a no me llamo Leviathan, Asmodeo ó Mammón:
me llamo cognac, agenjo. ron, lo que enciende, lo que
enardece, lo que explota; lo que anonada las conciencia é inflama las pa~iones hasta hacerlas estallar, destrozando honras, vidas y ~aciendas. .
.
Yo río y canto en el festm como las sll'enas á Ulise~,
para concluir rugiendo, asesinando y bebiendo sangre de hermanos en fer_oz riñ~ vertida.
.
Convierto la prudencia en ligereza y en vértigo, el
pudor en descoco, el amor en lascivia y la lascivia en
furor; el odio en ira, la ira en muerte.
Yo robo, vo asesino, yo mancho la pureza de las vírgenes revelo el secreto con estúpida carcajada y muevo la i'engua para lanzar la calumnia que tizna y no
i;,e lava.
En el seno de cada copa de espumoso champagne,
de real tockav ó de opalmo agenJo, pongo odios frenéticos y deseos asquerosos, crímenes de fiera y brutalidades de bestia, borrores y ruinas que en el bello
licor duermen como en el seno del mar tranquilo las
tempestades.
Por mi no hav paz, ni bienestar, ni honor en los
hog·are~, asolados por el hambre, la desesperación y
la muerte.
Soy la parálisis que invade y mata la industria y
Pl trabajo. la clegenerescencia que esternünará la raza humana con mil -vicios, aberraciones y asquerosas
enfermedades.
La inteli~_encia misma del hombre destello dP.I espíritu de uios y reina del mundo, es mi presa y la
veo á mis piés esclavizada, sin energías y he.cha al
fin reina ele burlas, cuando me busca como inspirador
de sus atrevidas concepciones.
¿t,Jué más puedo desear, ni cuándo el espíritu del
mal fué más poderoso que ahora1 viviendo aprisionada en una cárcel de cristal y oro?
Así habló la tenue vocécilla, parecida al silbo de
una serpiente, ~- yo, aterrado, sin voz v sin aliento, á
duras pénas pude escribir con temblorosa mano ésta
frase de universal ale,rta:
¡¡El Diablo anda embotellado!!
Y después, para olYidar la horrísona impresión recibida del diabólico discurso, bebíme apresuradaqiente clos ......... cinco ......... muchas .........muchas copas del
oloroso licor dorado ....... ..
llfAXUEL Rmrnno IBA::&lt;;EZ.

Noviembre de 1897.

�21 ,lP NnviP.mh1·P rlP 1~7.
EL ;\IUNDO
· 355
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EL MUNDO.

Domingo 21 de Nonembre_de 1897

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ELLA ,, también artista.
Fué ~n una Kermesse
memora ble cuando la co~
nocímos, ataviada su belleza llena de vigores y lozanías, con un traje oriental. Sin él sus ojo::¡ hablaban del tórrido paisaje en
que el desierto rojo se tiénclc bajo el cielo azul y el mar, de un blanco uniforme, brilla al sol como ustorio espejo inmóYil. Sns ojos venfan de allá, de donde la palmera expande su abanieo, verde y oro, lira cu

que el manso viento de la siC'sta ejecuta sus trémolos divinos; n-nía de allá, de donde el datilero .se c:;unja dP frutos de oro y el sauz querelloso
se inclina lado hacia la corrin1te su eterna enamorada; venía d1' allá, de donde la tarda caraYana se pi,crdr 1·11 PI inmenso páramo fuliginoso .... Ko, no necesitaba aquel ,ltavío oriental para hablarnos de•! minarete donde canta rl muezzin y de la celosía., quP encubre las lágrimas de
la favorit,l prrpctuanwnte recluida .... Y al yerla so11amos en ese país de donde la fantasía ha
extraído todas las g&lt;•mas de los cuentos maravillosos.
Despues la oirnos cantHr y su voz de contralto,
notablemcntr timbrada, pomposamente florida,
blanda y acariciadora en el rcgisn•o bajo, deliciosamente vibr,mtr a 1 el&lt;'vm·s1• como la alondra que
_interrnmpió el duo de amor dr Romeo y de Julieta,
110s llevó mits h-jos aun que sus ojos . . . . muy lejos .... tan lejos .... ú donde van las golondrinas
cuando emigrnn . . .. mas lejos aun, á donde ascienden los con dores americanos, todaYía mas lejos..... á donclP nrnl11n los e:,sueños.
Bien aventuracla ln que como ella sabe desatar
ante el oído las piedras prrciosas de su garganta
harmoniosa; por que de ella serú el santo reino
del arte! ......

,
,

..

Si mr prestas la luz de tu mirada
Para dar ít mis versos colorido,
Te ofreceré la estrofa inmaculada
Que yace entre mi lira, acurrucada,
Como el implume pájaro en su nido.
Quieres cambiar sin pena y sin enojos
1\[is pobres ver sos por tus lindos ojos?

E.

ToRREs ToRIJA.

Cuando te amé tu alma quiso
Darme en su amor puro y tierno
Los suplicio~ del infierno
En nwdio del paraiso.

*

**
Cuando intentó la maldad
Herir nue~tro~ sentimientos,
J\ ue~tra pasión tuvo acentos
De :in11lw y cll' templ•stad.
Muc:ho te qui~e. Y al Yerte
Por el amor á mi unida,
Hirió mis ,;uet1os de Yida
La sensación ele la mu(•rte. ·
¡Cuánta, YCCl'~ el quebranto
Sub,-titlt1·ó en sus exce,os
. El idilio 'de los bc,o,
Con la amargura del llanto!
i9uántas veces tri$t!' v muela
Tra~ de noche, intnuiqnilas
Temhlaron en tu,; pupila~,.
Los e~1wctros de la Duda!
*
* *
Y yo, embriagado de amor
Nunc,~ lkgué ít comprender
Que siempre en todo placer
Late d germen dl&gt;l dolor;

***

Que ante el m1helo que rncumbra
Se yerg·ue el mal qu\' mancilla,
Y surg:e antr lo qu(• brilla
El genio de la penumbra
Mas ho~- q1ie ***
pa~ú (',;a historia,
La dicha canta en bUs palma~
La eonjunl'ión de dos almas
En el zenit ele la gloria.

*

* *

Nue4ra unión qm• repr&lt;•senta
La ,-intesis de un anhelo,
Es el iris que en el cielo
Arde al fin de la tormenta.
BEN'ITO l&lt;'ENTANES.

PARA. TI.

Yo te quiero por fugaz, por maripo~a,
Porque olvidas toda tJor, amada nua,
Porque rasgas, meteoro de poe8ia,
Las tinieblas infinitas de mi prosa.
Porque brillas en la pla~·a luminosa
De 1m crepúsculo, v no vives sino un día ......
Yo te quiero por fu'gáz, por mariposa,
Porqu e olvidas toda la flor, amada rnía.
Mas, sin alas ¿tu existencia qué sería?
Sobre mi alma volteando presurosa,
l\Ie enloqueces, y e11 mi rápida alegria,
Porque olvidas toda flor amada mia,
Yo te quiero .... . por fugaz, por mariposa.
-Noviembre de 1897.
F JUNCISCO

T ABO ADA,

-------·------VERSOS

A DON LEOPOLDO GOCT.

I

,·

t

Tentath,a

ae

et1asíon.--&lt;ruaaro

ae ro. ,9.oseplt &lt;raraua.

Aun no asoma11 las primeras
Tenues luces de la aurora, y ya mandan fas calderas,
Con sn válvula sonora,
Yibraciones mensajeras,
Anunciando que es la hora
De cumplir con los 1leberes que nos ligan ar¡ui abajo,
Acudiendo A los talleres
Del santuario del trabajo.
Y se acerca presuroso, con rumor que desconcierta,
Gn concurso bullicio:;o
Que á la fábrica desierta ,·a llenanclo de alborozo,
Y que súbito despierta
l)e la máquina el reposo;
Entre tanto, fatigadas
Las c.alderas palpitantes,
Con las roja~ llamaradas de 8US senos calcinantes,
Forman uubc8 de vapores
Que dan vida á los motores y á sus círculos gigantes.
A los vivos resplandores
De igneas fauces humeantes,
Se ha&lt;·e extrat1o y portentoso
Yer al lwmbre sudoro,o irobernar, firme y certero,
Los impulsos del colo,;o
Que brutal, potente y fiero,
Bate lento " cadencioso su ámplio musculo de acero,
(~ue e11 la fuerza que le imprime
De las band'ls al cordaje,
Todo aquello grita y g·ime con tal furia v tal coraje,
Ciue aulla~· ruje la polea
•
Y la miir¡nina jadea
Y retiembla el andamiaje!
-Y al llegar la luz febea á bañar aquel santuario,
Ya la e:;belta chimenea,
Convertida en incensario,
. A las límpidas reg·ionet- lleva el cantico sereno
(~ne ha entonado el operario,

Por ganar las bendiciones con que el Dios excelso v
(bueno·
Reco.mpensa al emisario
De tan dnlces oraciones!

l\1éxico, Xoviembre de 1~7.

MIS VERSOS

II
¡Oh, bien haya el alma pnra que solicita nos trajo
Tanto amor, tanta ventura,
Con el dogma del trabajo que es el solo que fulg'ura
En la triste ruta obscura
'De los vermos de aquí abajo!
El mortal que en "fausto dia ít la santa ley se acoge,
Esperanza y alegria
Y consuelo ~- paz recoge;
Porque ,·iendo la armonía
Que inmutable ha perdurado de sus reinos en el ~eno,
Se hace humilde y abnegado
Y sencillo y noble Y bueno;
Y el sudor que en la ¡&gt;endcncia su ardorosa frente
[baña
Fortalece su conciencia,
Y en la oculta casa huraña que á alegrar va suprcsencia
La abundancia salvadora
Con sus goces lo acompaña.
¡Cómo no, si á toda hora palpitantes las calderas,
• Con sn válvula sonora,
Son alegres vocing-leras
De las dichas dmadcras que la fábrica atesora!
¡Cómo no, si. cual cimera,
A los cidos se alza diario de la esbelta chimenea
La espiral del incensario,
Que á las !impidas regiones lleva el cánt\CO sereno
Que ha entonado el operario,
Por ganar las bendiciones con que el Dios excelso y
(bueno .
· Recompensa al emisario
De tan dulces oraciones!
RODUU'O FIGt:EROA

Novbre. de 97.

(Primera página de un llbro.)

l\lis Yerso,, son la historia de mi vida,
hablan de mis tristezas;
En ellos ha.,· sollozos comprimidos
Y lag-rimas y quejas.

*

* * de mi alma,
l\li versos, son pedazos
Fragmentos dé un poema;
De aquel poema de mi amor primero
Que arrancó mis creencias.
*
* * que brotaron
l\Iis versos, !'On las flores
A un sol de primaYera ........ .
Llegó el invierno del_ dolor, y ahora
Ruedan sus hoJas secas.
,;:

* engendrados
1\Iis versos, son los *hijos
En lecho de miseria;
Los niiiitos enfermos que sin madre
En la cuna se queja11.

"'

* * ignorados
l\lis yersos, son ¡:apeles
Que guardo en n}i cartera;
J&gt;oco salen ,\ luz, buscan la sombra
Go1;~0 las a,·es negras.
*

l\Iis versos, tú lo sa"'ois, son mi historia,

Mis e~peranzas, muertas....... ..
Si no han llorado aún tus negros ojos,
Oveme: no los leas!
•

JrAN B. DELGADO.

N0Yl.1re. de 97.

ECOS.
ILUSIONES

El amor es un combate
De lo abyecto y Jo sublime,
Es el lampo que redime·
Y la pen wnbra que abate.

*

* * el empuje
1'icne en su aliento
De aquello que impreca. y llora,
Es la plegaria que implora
Y la blasfemia que ruge.

*

* *fulgor
Es el llameante

C!ne arrastra en su tra.1·ectoria
Tintes de armii1o y de escoria,
Soplos de oruga y de flor.

*

* *expresión,
En su más alta
El amor á. un tiempo mi~mo
'Es la cumbre y el abismo,
La té.a y el nubarrón.

(De Paul Verlaloe.)
Beso, rosa. perlumada del jardln de las caricias,
Armonía vagorosa, en las teclas de los dientes,
De dos himnos que amor canta en los pechos fervientes
&lt;:;ou su
de arángel, llena de seráficas delicias;
Beso, blanco Beso, sal 1·e ¡oh sonoro Y. santo .Beso!
Eucarlstlco deleite, embriaguez Inenarrable;
Inclinado ,obre el borde d" tú cilliz adorable,
Tu licor el hombre liba, espirando de embeleso.
· · cual la mllsic:&gt; y el vino, melodioso y embriagante,
Ti\ cot\Suelas y adormeces, y la pena mds oculta,
Cuando vibrag ,en tu pliegue purpurino se sepulta.........
Que un artista de mAs ge1úo que yo: Grethe 6 Will, te cante,
Iniellz bardo de musa m~lancólica y mezquina,
RI bouquet yo te dedico de mis versos candorosos;
Se l&gt;enlgno, y como premio, (I Jos labios desdeñosos
De la virgen que yb amo, ¡dulce Beso! baja y trina.
E~•HEN REUOLI,EDO .

'"º'

Novbrc. de 97.

�356

· EL l\IUNDO.

Domingo 21 de Noviembre de 1897.

Domingo 21 de Noviembr~e 1897.

-==~

Ensueño de niños.
POR JOS}!PII L'IIOPIT.AL.-ILUSTR.ACJONES GR.AD.AD.AS EN NUESTROS T.ALLERES.

Número 5.
-Varanville, será usted arrestndo dos días.
Extcndíóse un velo sobre los ojos de J acquelina y, á despecho del frio, sintió que el sudor
perlaba su frente y se quedó ahí como entontecida, luchando con esa. iden atroz de que iban á
castigará Jacobo, cuandoJacquot pasó cerca de
ella y rápidamente, aprovechándose de que el oficial le daba la espalda:
-En dos dias no se mucre uno, dijo, pero tened
cuidado de que no vuelva ú empezar.
Ella se irguió de una pieza y descendió el bulevar corriendo, con los ojos llenos ele lágrimas
y el corazón queriéndole estallar. Así pues. debido á ella, él no saldría al día siguiente; ella no
le vería y él iba á censurarla. Cuanta razón tendría! Y se repetía: "Oh! qué necia soy!''
El tío Auger no obtuvo ese día de ella mas que
malos modos con los clientes.
Comenzó muy triste por cierto aquel domingo
• tan impacientemente esperado! Ella se arrastraba
enervada y distraída por la sala aún vacía, cuando se abrió la puerta r J acquot apareció.
-Soy yo otra vez, dijo, pno no por largo tiempo, estad, tranquila; tengo que volver il la guardia. :'\fe han dado una carta para vos; ~xcusaclmc
sino os proporciona más gusto que la del abal'!'otero del año pasado.
Ella se arrojó sobre la carta y la abrió con mano temblorosa, en tanto que el elarín, sentándose
en un banco, éncendía un cigarrillo~- :umaba con
los codos sobre la mesa, mirándola fijamente. Y
se ruborizn ba leyendo:
«Qué bien lo habeis hecho, mi querida Jacquelina, siendo causa de que por vos me arrestaran
ayer! Jamás un castigo habrá sido tan agradable
para alguien. So os veré ahora, es cierto; pero me
habeis dado de tal manera el·derecho de pensar
en vos!
«Porque es claro que por mi (oh! no digais que
no) estabais a~:er · en el bulevar durante el ejercicio. Dejadme creerlo, os lo suplico, eso me proporciona tanto bi~n! Y las horas pasan tan pronto con ese pensamiento! :Me parcec que os véo
aun sobre el bánco .... Oh! si nríais que. grande
fué mi alegría! 11c hizo olvidar mi fusil! Soy un
torpe. Más, bah! ,os me perdonais, no es verdad?
Vos decís de seguro: Es por que se puso contento, de verme por lo que ya no le fué posible
pensar en.otra cosa. Reflexionad en eso y ya no
me censm·areis mi necedad. Sabed además una
noticia. que me llena de ventma. A partir de esta
semana me ván á permitir salir todas las tardes de
cinco á ocho ..... Todas hs tardes. Que felicidad!
Todas las tardes!
Vuestro Jacobo»
Cuando hubo acabado su lectura, Ja.cquelina
batió palmas y saltó .de alegria. Y de pronto exc1amó dirigí énclose á J aequot.
-Si os diese w1n respuesta!
-.Ah! ah! contestó éste rebtúanclo, parece que·
no pasará lo mismo que con el a barrotcro, decididamente. Bien, hacedla.
Ella se instaló en el escritorio de Auger y se
puso á garrapatear penosamente:
«Es verdad, seiior Jacobo; yo pasaba; entonces,
ya comprendereis, qtúse ver como hacíais el ejercicio; entonces vos me visteis ele pronto; eso os
sorprendió; soy yo la bestia y os pido perc.lón.
Cuando vengais me dareis mucho gusto.»
Se detuvo, agotada ·por aquel esfuerzo epistolai·; después, no sabiendo bien ni osando decir
más, firmó y puso la carta en manos de Jacquot,
que esperaba siempre.
Y de pronto advirtió ella que no se había preocupado de él.
-Ob! pobre Jacquot! dijo, yo que con todo esto os olvidaba! Queréis café? cerveza? .... Si tuviese siquiera las llaves ele la cueva ..... .
-No os atormenteis por eso, dijo ,Jacquot con
vo:.1 alterada. Yo no quiero nada.
En negocios como este 119 se me paga, entendeis?
•
-Pero ...... .

-Vaya; vaya!lodicho! cada uno tiene sus ideas
y no quiero, no.
-011! mi pequeño Jacquot: pero que es lo que
os incomoda?
-A mi? nada. Yo no soy un aristócrata ni un
hurgues ... Adiós, hermosa: bien pronto será la hora de la guardia. Xo tiene uno mas que una palabra. Llegará esto á su destino, buenas tardes!
-Yo os suplico, un minuto aún. Yo quería ....
yo quería -saber si es muy dura la consigna.
-So, nada de eso.
-¿Qué hace uno cuando está arrestado?
- :Xo hace uno nada.
- Duerme uno en el suelo?
---So, no! Yo soy el qui! voy á dormir en el
suelo esta noche,
-Ah! tanto mejor!
---Gracias por los buf'nos deseos!
Y Jacquot salió precipitadamente.
-Que tendrá? .... pero que es lo que tendrá?
pensaba Jacquelina ... .
Y no pensó mucho tiempo en eso. Radiosa, púsose á leer y releer la carta de Jacobo. Y entregada pvr completo á las ilusiones de su ingenuo
romance, saboreó largamente sus sensaciones.

Sin gasmofiería tomó su brnzo.
-Andemos, quereis? Hace frío.
-Y vuestro tío?
-Salí por el pasillo; no tiene necesidad de mí
puesto que no hay 11adie.
-No os dirá nada?
-Y que quereis que me diga?
Jacobo miró á la joven con aire asombrado.
Después, como ella se callase:
-Es verdad, dijo, nada tiene que decir.
-Ah! seiior soldado, replicó Jacquclinaabandonándose en su brazo y caminando con él por el
muelle desierto, qué pena tuve el sábado cuando
por mi culpa os castigaron!
_
.
-¿De veras? elijo Jacobo, cuyo corazón palpitó
de nuevo.
-Es claro! era una tontería en mí venir á veros hacer el ejercicio. CiertanIPnte, no esreraba
ver á ese oficial. ¡Dios mío! y que mal aspecto
tiene.
-No es tan malo como creeis, os lo a.seguro.
Entonces, 1,Por qué os castigó?
-Porque yo no le presta.ha atención.
-O~ aseguro que me ha mirado con mi aire
muy maligno.
Oh! no lo crcais, ¿cómo se puede tener aire así
cuando se os mira?
IX
Un torbellino de viento les sorprendió, haciendo
girar al rededor de ellos las hojas muertas. J acCuandoJacobo leyó la respuesta deJacquclina q .1elina se estremeció y se apretó contra Jacobo.
experimentó un verdadero deslumbramiento. No
-Tenéis frío! dijo Ja.cobo .... Si yo me atrese tiene veinte aiios sin amar los sueños; no se viera estaríamos muy cerca del fucg·o.
tiene veinte afios sin creerlos realizables; y cuan-Es cierto, pero volveríamos á encontrará mi
do se tiene veinte afios y se imagina uno tocar al tío Auger que comenzaría de nuevo á escucha1·
puerto, se resiente un género de v~midad muy es- todo k que dijéramos; prefiero pasu1rme, no tenpecial, que ya no se vuelveá encontrar en todo el go frío, sigamos,
curso de la vida: la vanidad del niflo que descu-Sin embargo, si quisiesei$ .... yo no peu::;aba,
bre que es un hombre.
en volver á la casa de vuestro :ío ...... :,;i qui::;ieY Jacobo no era ni más ni menos que un niño; seis visitar mis departamentos ..... .
un poco corrompido ya, pero no enfermo del todo
-¿Dónde? En el cuartclr me han dicho que las
y que conservaba las ilusiones que la primera ju- mujeres no entran allí.
ventud asegura á todos aquellos que no son por
-Brornc11is, si quiero hablar de mi departamencompleto indignos. Es decir que ú su pasión se to rn la ciudad . ....
mezclaba una especie ele respeto y que al recibir
Jacquelina se echó á reir.
el imprudente billete de Jacquelina no sintió la.
¿Teúéis un departamento en la ciudad, vos, solal\'gría brutal de un vividor de profesión. Su pa- dado?
sión era absoluta.mente sincera, incapaz de un des-Oh! sí un departam_euto, una pieza, he ahí toprecio; y sin pensar en las consecuencias que pu- do; pero puede uno estar cali&lt;&gt;n,e ¿queréis verla?
diera. tener, se propuso ser fiel. Sin eluda es.taba
- Y ¡,donde estár
lejos del platonismo y no se imaginaba que se pu-I~n ht calle de C'olbcrt, en casa de la st-11ora
diese resistirle; pero encontraba glorioso y hono- Loehf'te.
rable que ante él se cediese.
-¿La planclrnclora? ¡Toma! &lt;'S extrailo c¡uc no
Los dos días de consigna le parecieron inter- me ha.y,t dicho nadii ...... Oh! no, yo no puedo
minables y el martes en la tarde, cuando pudo ir allí. Ya comprenderéis ...... si me viesen con
salir, corrió al café de los amigos. Desde luego vos, dirían unas cosas ..... .
vió que le esperaban; la alegría con la cual fué
-Bah! está tan obscuro que nadie os verit.
acogido nada tenia de. disimulada, y ella era entrar.
tan franca que creía próximo el desenlace y cier-Se ve bien que no conoccis á hts mujer"", elita su ventm•a. El se ser:tó con el corazón palpi- jo ,Jacquelina en tono serio.
tante, todo lleno de fiebre por las promesas que
-¿Porqué decis eso?
creía leer en los ojos de Jacquelina y como Au-Porque si las conocierais sabríais que rs mur
ger se precipitase hacia él, lleilo de obsequiosi- dificil ocultarse de ellas. En cuanto á evitar á
dades, pidió de comer.
una planchadora y ,, tres obreras, es impl)sible,
.... Sin embargo Auger no Je perdía de vista; sin contar con que tienen unas lenguas .... Yo no
daba vueltas alrededor de él, destapaba botellas, quiero que se digan mentiras de mí.
enviaba á su sobrina á la cocinaá buscar los pla-Os a!:lcguro que nadie os verff, [t. esa hora totos, corría con volubilidad haciéndose el amable, do el mundo está comiendo, las puertas del estaé impedía entre los dos jóvenes toda confidencia blecimiento están cerradas.
v toda conversación. Al cabo de pocos instantes
El viPnto se elevaba más y más itspero, las nu}acobo se exasperó; miraba con impaciencia la bes desgarradas por la torment,, eorrian ocultanpuerta, esperando que entrase algún cliente y le do y descubriendo las estrellas.
desembarazase de su huésped; pero la puerta no
- Venid pronto ¿queréis?
se movía.
Jacquelina vacilaba..
Al fin, no pudiendo más, se levantó, arrojando
-Si estuviese segura, dijo:
un escudo sobre la mesa; y en tanto que Auger
Y dulcemente se dejaba. arrastrar. Pero á alguiba á su escritorio á buscar cambio, dijo á Jac- nos metros de la cal le Colbert se detuvo de pronto.
quelina:
-DeciclidamentP no, prefiero no ír.
-Qué no será posible, pues que hablemo~
-Os lo suplico.
E:la sonrió y respondió rápidamente:
-No, no, no debo hacer eso.
-Salid, id hasta el Loire y esperadme.
-Pero hace un momento sí queríais.
En el muelle no tuvo que esperar largo tiempo.
-Es cierto, si no oyese más que á mi¡voluntad,
Alcabo de alugnos minutos son.'lron pasos rápidos pero desde que estoy en Tours he aprendido tansobre el piso desigual de la calle, y Jacquelina tas cosas .... no sé como decirlo, sigamos paséanse unió á él.
clonos mejor.

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Jacobo no pudo disimularun movimiento de
despecho:
-De $uerte que volveremos á helarnos al muelle? preguntó con voz n.erviosa..
-Atravesaremos meJor la ciudad, si quereis,
estaremos más al abrigo del viento en los bulevares.
Jacobo la siguió sin decir nada.
-¿Os causo pena? interrogó ella.
Se apretó de nuevo zalamera contra él y
añadió:
-Lo sentiría porque os quiero mucho.. .
Jacobo se sentía presa de un enterne~imien~o
que no podía definir, se encon~raba necio y sm
b . 0 le parecía que era fellz.
em~~tvieron en silencio hasta la plaza del Arzobispado y entraron en ella.
Alumbrada por un rayo de luna, la estátua del

Doctor Breton{'au los vió pasar, después volver,
paseando en el circulo estrecho del jardín.
Jacquelina había vuelt~ á to~ar la palabra Y
.ahora se difundia en confidencias.
_ Vcd; yo, yo no soy una muchacha como hay
muchas, á lo que parece. ~ay alg~as que• • • Vos compr emleis lo que quiero decir ..... .
Desde que sirvo á los h?mbre~ he ,,aprendido
unas cosas .... Pero es meJor; as1 se &lt;L. qué aterenne; además, si no sirviese ahí qu~ baria yo qu~
no tengo ni un céntimo y que no qmero tener vc1güenza de mí misma?
.
Acaso os parezca nécio lo que os dlgo .... Los
hombres son tan malos! No comprenden más que
una cosa; y eso es horrible! Pero vos me ha pare:
cid o que no erais como los otros; por eso me acogi
á vos como un pobre perro q1;e s~ aho~~- ._.·.Ah!
si supieseis .... nadie me qmerc .... s1,_m1 tia tal

vez .... pero los otros .... bien sé lo que quieren
de mí. ... bic1í lo sé . ... demasiado!
La vozseleentcrnecíay Jacobo,de una manera
extraiia trastornado y no sabiendo que responder, la dejaba hablar, presa de una. especie de ~-cmordimiento. Cayeron sentados en un banco, mconscientes del frío, en tanto que del cielo donde
las estrellas va no brillaban, caían voltejeando algunos copos·de nieve. Ella continuó:
-Estoy segma de que no me censuraréis por
que no subí á vuestra casa hace un rato. Yo lo
deseaba, ay! Pero algo me elijo que no me saldría bien y que vos ya notendriais para conmigo
las mismas consideraciones si aceptara; y yo, ya
veis, yo quiero que se me estime, sobre todo vos....
Pero vos no decís llilda.
-Yo -0s estimo y os amo, dijo Jacobo con voz
temblorosa.

�EL llfUNDO.
Ella se pegó ú él y él la estrechó entre sus l)razos
sin que ella tratase de csca1rnr. r muy bajito, tan
cerca ele (·1 t¡ue le rozaba &lt;'l soplo de su aliento:
-Gracias, yo cuando menos os habría amado
por nada.
-Por nada, ¿por qué por nadii? exclamó él.
-L\.:,! porque vo~ soi:; rico y yo soy polm•. Yo
lo dudé al principio r después creí que no. J'l'rn
Yeo bien qull si. ... Tenéis alojamiento t•11 la cinclad y vuestra bolsa está llcnil de dinero. Cuando
termine el año voh·t•reis ú Parí::; ,. encontrn1·éh;
herm::,sas scfioritas; ltab1•ú alguna q1w se c,1sc con
vos .... Y la pohre .Jacqurlina, en quiP11 :nt l l )
pensaréis no ¡.,udrá más que amaro,, de kjos.
-Y de qué me c!·er1·1;is culpable, Jncqucli11a'.-'
01vida ros vo ..... .
-Ay! sí; YOS me olviclar ris, ser.í preci~o. Se
encucutra uno por azar pero 110 toma el mismo
camino. Eso (•s inevitahlc, nn pensará; ~·nen
mí; quizá ni á c&gt;sta hora pensai,; mucho ....
-Oh! ,focquelina!
-Respondl'dme, dijo ell,1 retrocediendo bruscamcJ1te:
·Podeis danne· vuc&gt;'tra palabra de que en e,;t&lt;·
momento, cuando me mostra hais Yuestra casa
ha blándonw del calorcito de nllá arriba, no trnínis
la iclea &lt;le calentaros. conversando conmigo'!
-,Jacquelinn .....
-Os embarnza respond1·rme por que no o:;ai,;
mentir .... Vamos, no os censuro por ('SO. Xo me •
conocíais bien, he ahi todo. Ahora si dehcb cor.1prender ..... .
-Comprendo que os amo como un locJ, qur
nada put:dl' separarnos en lo succ»ivo!
-Yo os juro!
-No jureis, el buen Dios os castigaría sinó
mantuvieseis vuestra P,alabrr..
-Y porque no la habia yo de mantener, exclamó Jacobo con exaltación. Xo soy yo el amo d1'
mi dicha? Ahora os toca á vos es¿u~lrnrnw. Acabando mi año no volveré á París, srguiré de :;oldndo, y un día seré oficial. Algunos m1o,; se necesitarán para eso, bien lo sé; pero que me importa eso si vos me esperais? si tengo la seguridad de que alguna vez sereis mi mujt'r:'
-Vuestra inujer! .dijo ella con YOZ querellosa
que se sofocó en un sollozo: después repitió loca,
1mplic.mt&lt;', «nwstra mujer!»
-Lo he llicho r lo repito. Seréis mi mujer'. Todos los truenos del diablo no impedirán que sé11is
mi mujer.
-Oh! vue;:;trn mujer, vncstrn mujer!
Locos se abrazaron ~- rn la fría noche, largament\' sabor('aron las délichts de ;;us besos. A la
sazón la nieve rspesa caía crudanwntc, cubriendo
á aquellos niños con su manto blanco, como si sabiendo que ella tt&gt;11ía di&lt;&gt;z y ocho años~- que el
tenía, ,·cinte, hubiese qurrido arrojar de antemano
su helado sudario sobre la locura de su amor!

r

X
Jacobo tornó al cuartel en un estado ele emoción extraordinaria.
Era. un c•ntusiasmo tumultuoso, un enternecimiento apasionado, una embriaguez alegre que
suprimía en él el pensamiento y volYüt imposible
toda reflexión.
Lns impresiones que aeahaba de experimentar
se habían sucedido con demasiada rapidez para
que pudirse clasificarlas en s11 alma transformada; uno después de otro, el deseo, el asombro, PI
despecho, la admiración y el amor habían vibrado cu lo más íntimo de su ser r el grito con el que
había. comprometido su vida, sonaba r,ún en ::ms
oídos como una campanada triunfal. Si, era sincero, tanto cuanto puede serlo un ser lnunano: lct
idea de que sus promesas pudiesen un dia cmbarazarle, ni aun siquiera asomaba. en su cerebro y
habría. mirado toda duda, toda desconfianza il e,;te respecto como una. injuria. ~o pensaba ni en
el ti~mpo que hace olvidar ni Pu ht edad que hace rrflexionar, ni en las dificultades que surgen
en la ruta espinosa de la vida para calmar los entusiasmos del primer momento, ni en los obstáculos que, casi siempre, frente i1 las resoluciones dictadas por la pasión, hacen surgir la razón y el
egoísmo.
No veía mas que el ,Jacqtwlina, no pensaba mas
que en ella.; estaba lleno dP su imagen y ella lo
ocupaba tan por entero, que no había ya lugar
en él para nadie mas en el mundo. Y en este carfüo exclusivo y dominante, todo era laudable;-

todo lo que había. en (11 de b ueno, era sobreexcitado. por ella y los a rdores del deseo puramente físico que lo lnbían agitado al principio, hicieron
»itio á sentimientos míts nobles. J acquelina, no
ern ya para él, e n ese momento, la griseta ú q uicn
S&lt;' ama más ~· mis que á la muchacha Yulgar, pero á quien tardeó temprano se debe abandonar;
dla era la mujer ú quien se espera, la. prnmetida.
it quien se aguarda, aquella cuya pureza es tan
preciosa como la vida, tan sagrada como el honor.
Por su parte la joven le había d ejado turbado
de una manera extrm1a y deliciosa. Su cor&lt;1zón
había saltado hacia él con 1m ímpetu irresistible;
r cuando el d ijo· aquellas palahras quemantes que
parel'ian unirl e á ella ]Jara siempre, ella no pudo
&lt;·tmte1wr la expresión de su r econocimiento. En
t'lla no hahia ningún cálculo, ningún pensamiento d udoso. Se había. fo rmado un ideal, ert'ía lwbcrlo r~alizado; :,,, &lt;'n la íntima expansión de su
alma. cándida, &lt;lió lns gracias ú la santa Yil'gen y
á su buen angel.
8il1 embargo, no conservó largo tiempo esta certidumbre ele dicha. La muj&lt;'r, ::;ér de debilidad y
de sufrimiento, dbcierne más pronto que el hombre l a ilmión , de los &lt;:ntusiasmos, ~- el engafio de
los en:;trcllos hermosos. Desd&lt;· en la noche de ese
di,t tle encanto, ou1tncl0 acostada en s11 pobre cuar-·
ro, q ubo adormecerse con los pensamientos que
hacfa un momento la deslumbraban, sintió que estos a bandonaban su espíritu uno á uno como páj,tros qm· hu:ven dPlante de la tempestad; y en tanto qur se esforzab:t &lt;"n atraerlos&gt;' unirlos de nueYO, y volYer á encontrar 1$- paz que le habían dado,
una duda dolorosa, una intenogación punzante,
vinieron á arrojarlo::; del todo t á cambiar en ve1,tda llena de a ngustias a tn.arg,ts el ·dulce sueüo
confiado que ya se pr ometía.
Sí, estaban llenas de seducción y de caricias,
c1·m1 sincerns las palabras oítlas aquella tarde bajo la niPve qur c,1fa finamente. Pero, qué queda
de esas caricias, de esos juramentos, hijos ele la
pasión de un instante, cuando ante ellos se levanta la lógica de la implacable vicla? De ella misma
estaba segura; 1,t fe que ha bía jurado no la traicionaría; pero él:' El era bueno, él la amaba, &lt;;l quel'l'Ía ser fiel á una palabra tan tiernamente dada;
pero lo podría? Podría él sacrificar á una pobre
muchacha 'tantas cosas en las cuales no había pensado, pero en qué prnsaría después: su juventud,
s11 fortuna, su bienestar, su familia? Oh! su fmniJia no consentiría jamás! ....
El tambicn era hombre como los otros; ella lo
había visto bien r nada dijo él cuando ella se lo
hizo comprende.r. Cuantas mujeres no encontrnría mas bellas, mas seductoras; mas dignas de
agradarle! El ha1Jía obedecido á un primer movimil'nto, pero despucs .... Ko er a ella muy cul1Mbler Porqut• autorizaba esos compromisos quilll&lt;;ricos, esas protestas sin mañana, ese amor sin
esperanza puesto que era honrada? y daba Yuelt,1s r mas vueltas en su lecho, torturada por esa
pregunta que le martilleaba la cabeza: porque?
porque?
RPpentinamcnte se echó á llorar. Porque? Ah!
porque amaba á ese Jacobo, á ese lindo soldado
al cual no había podido ver sin extremeccrse. Y
se lo representaba entrando por })rimera yez á
casa de Auger, con su torpeza ele soldüdo novato
que '.e cayó tanto &lt;&gt;n gracia. Y como refa mostrando sus dientes blancos! Y sus otras visitas,
aquel paseo de la música, y su embarazo, y su
clnlce hablar .... porque nallie hablaba tan dulcemente como él ......Era hombre sin duda, como
todos! .... liero ella .... corno se sentía mujer! ....
Ah, mísera, como le amaha.
Acabó por dormirse pensando en él; pero ya
1a paz no existía para ella. La duda volYió á cogerla. en el sue11o con sus tenazas malditas y al
día siguiente del cu que experimentó la mayor alegria de su ,ida, bajó á su trabajo pálida v con los
OJOS enrojecidos por la:s lágrimas.
•
Jacobo fué á almorzar y su vista la. tranquilizó.
El restaurant estaba lleno de . consumidor es v
Augcr se mostró mits ¡¡¡olícito, más atento q1{e
nunca ...... Apelli1s si pudieron dec'irse algunas
palabras en voz haja, pero sí se hablaron todo el
tiempo con lo:; ojos y no dejaron de darse una cita para en la tarde.
El vokió á la hora de co:ner, después salieron.
Jacobo no le propuso como ht víspera subirá su•
cua1·to y no e~1sayó _hacer cesar el paseo; estaba

Domingo 21 de Noviembre de lf.97.
aún bajo el rncanto de las promesa~ jtll'adas. La
tarde se pasó en proyectos para el porvenir, en
cnsue11os de ternuras eternas, en combinaciones
infantiles, cuyo arreglo laborioso los absorvía, en
juramentos y en protestas que les daban como
una ilusión ele dicha. Y en ttmto que el le hablaba de su familia, demasiado rica para que se 1~
permitiese cscog·er una mujrr á su gusto, de la
carrera militar, que más que rnmca cstal)a decidido á seguir porque el honor debe ser más alto
que el dinero, y que en su exaltación creciente le
dec.ía su iuquebran~able amor, ella le escuchaba
toda palpitante, tratando ele pmwtrárse ele &lt;•sas hermosas frasrs y de esos grandes sentimientos. Ay!
l,t pobrecita no necesitaba ele tanta elocuencia.
Amar, ::;cr amad,1 r permanecrr honesti_l, he ahí
todo lo que pretendía. Y poco á poco al oírlo hablar de tant,ts cosas, sentía crecer entre ella y él
el obstúculo que temía; tenía la percepción confusa de un abismo que los separaba. y que él no
franquearía. apesnr del ímpetu fogoso que trataba
de dar á su voluntad; sentía que en presencia de
las realidades que le reservaba el porvenir, ahauclonaría el pobre suefio al cual ella ataba su viua.
Y sin embargo como le amaba, cmbriagábase, á
despecho de sus eludas y de sus temores con sus
palabr,ts ardientes.
Se despidieron lo mús tarde que pudieron,
cuando ya en el patio de Guisa la retreta batía á
pie firme y la gran puerta se cerraba, y regresaron, él un póco enerYado ya por aquel exces0 de
efusiones platónicas; ella incapaz ele desenredar
la contrnclicción de sus pt·nsamicntos, á la vez inquieta y embelesada., feliz y de::;coufotda, experimentando en su ser una especie de entorpecimiento lleno de tcrrnr y de dulzura.

EL .mn·U)O,

Domingo _21 de Noviembre de 1897.
CKONICA DE LA MODA

La moda no se cansa: infatigable quizá siempre con mo,·imiento rápi&lt;l~, &lt;le~pleg·ando en cada estación deslumbradoras galas; á vece:; enteramente desconocidas, otras sacada,; del olvidado océano en que
hai~ ido ca vendo st1s primorc,, pero r¡ ue una constante el)llllición las
saca sobre-la superficie, dejándolas \t1cinn~s o\vidados encantos. En·
ronces la mano maestra ~e esa he!!h•cera sm nval, nos muestra sus
ventajas y vuelven ¡\. lucir ante nosotras con mayores aplausos.
Hov no·s dicen las crónicas de grandes re~tyciones, que. Jo m_ás
aceptado en el gran tono para la presente estac1on, son los traJes pn,n,:e.fü, estos sin sufrir gTancles modificaciones han recihi&lt;lo nuevo encanto pues unas las llevan con los paños de atrás enteramente tendidos\ los delanteros tro;i,ados en forma de bolero. En otra_s, delante
fonna"trn a ligera blusa y de la espalda se desprenden lo,- pano~ larg·os
Jiasta el borde, e,tos paños put•d~n aclo_n~arse c?n r\tches. Los ))utones hacen gTan ju&lt;.'g·o en los traJe~ prmcesa. 'Cno a. que ~e refieren
nue~tros co1-responsale~, era ele pano ne[.aTO, corte prmce,-;a; peto delante como un vestido aJnstarLo con grandes Yneltas de muselina de
Jieda blanca,~- dobl_c l.li1~1:a de botoue" de amatista lo que le daba un
.caracter ele gran d1iit11rc10n.
'Se compren di'. que 110 es indispensable que los b_ot01ws sean de pie-dras, pues se ponen de to~a~ clase~ha,ta de la m1.,ma tela, lo que en
ciertos casos es mucho meJot·.
_
I os terciopelos son hov los que. adoptan má~ las ¡i;randcs sen oras.
au:nentando 8LL clásica· elegan_cia con la ?iversidad_de sus colores.
Para collets se usan una varicdad de pieles que iremos dando á
-conocer.
Trajes oe teatro.

El rimero de estos traj es de !ondo hlan_co, una red de_ dib_ujos
-de cglores la enag·ua emc-:·a recogida en la cm tura por '~!'las Jaret·~s que Je f6rman bullones p.-queño,. La blusa y mang'as estan hechas
de la misma manera. En el e-cote y horde de la,-; mang·as ,e adorna con
uua serie de menudas floue5 color de rosa, que se agrupan en ,ma·or caJJticlacl c&lt;.'rca dd hombro; sobre estos se colocan unos Y1sto~os la;i,os de li~t{rn v&lt;·rdt•, ag·ua, el mismo listón se emplea parn_ Pl
~inturón dejándole largas puntas por detrás. Como la tela del Ye,t.d)
0

;:

Xl
Hay nn tipo, de aspecto nada vulgar, que pregunta por tí en la puerta. Anda á ver y déjame
embetunar las botas; tú no sabes darles lustre.
Y Jacquot se apoderó de las botas de Jacobo,
que se obstinaba en frotar.
Este salió y volvió poco después con la cara
alegre y el andar rápido.
-Oepíllame mi capote; ponme mis charreteras
número uno. Has embetunado mi cinturón? Sí. ...
Magnífico! tengo permiso para todo el día!
Hubo en la cámara un murmullo de asombro y
de envidia. Los enmaradas que se cepillaban para la llama.cl,t de las once, dejaron sus tareas é hicieron rueda alrededor ele Jacobo.
El caporal Tranchard mismo se unió á los otl'os.
Jacobo hizo una mueca y púsose á bromear.
-Con que el niño se va de paseo?
-Sí, mi tío le ha pedido permiso al coronel.
-Ah! muy bien nosotros no tenemos tíos.
-El mio es general; ya compren~eréis.
-Eso no nos lo habías dicho! exclamóJacquot
haciendo el saludo militar. Desde el momento en
que el señor tiene genera les en la familia, no es
asombroso que falte al ejercicio ...... El señor
va á tomar un almuerzo de los de gran precio y
á ofrecerse en seguida un paseo en coche par,t
hacer su digestión fumando un puro de primera ...... Durante ese tiempo, vosotros, los que no
teneis tios que sean generales, preparaos al ejercio, no hay remedio!
Al mismo tiempo que hablaba, el pequcüo clarín limpiaba los botones del capote, pasaba un
pedazo de trapo por el cinturón, soplaba la placa y frota.ha con su cepillo hasta hacerla relucir.
-Eso no me sorprende, dijo gravemente el cocinerolllouter, Yí cnlapuerta uncab¡¡llcroelegante
hablar con el sargento de Guardía, el este partir
á paso de gimnasta. Luego salir al coronel que.
bajó vivamente las escaleras y que se llegó al civil haciéndole saludos .... Yo vi bien todo eso y
comprendí que aquel señor era algo gordo.
Sin embargo, Jacobo, muy de prisa, se lanzó á
su pantalón de gran lujo y se puso el capote.
-Espera un poco el que se cepille bien, dijo
.Tacquot. X o te muevas, no diga el general que no
. te se arreglar. Y púsose á ordenar bien los pliegues del traje.
-Encuentran ustedes bien al señor? dijo entonces dirigiéndose á los otros.
.
Los camaradas pasaron una espocie de inspección.

Trajes de teatro.

•

es muy d1~l¡rada, se pone sobre otra de tafetán verde. Un hilo de perlasengar_
zuelas adoman ,;u g·arganta. Guante muy largo blanco.
,
El se(J'uudo es todo color de rosa, la enagua plegada en acordeon, con un
entredos cr&lt;•rna que lleva un _m?,·imiento acE&gt;udente para atrás Chaleco de
encaje crema con un lazo d!3 l1ston cerca del hombro, que ~ae sobre la ~lusa
pleg·aclotambiéu de acordeon. Larg·as mangas. Corbata y cmtur6n de hstóu.
Veatldo psra comida.

~-=~i" "'

,·

.••t,

Este es un traje último, que seo-ún nos ~ucntan las crónieas europeas ha
hecho gran furor. La enagua es 'a.e muselma bla_n.c,i eon anchos entredos,
y con un YOlante en el borde t~1111 11:,,,., pm encaJe La blusa eswta.da; pero
de mang·a larg-a, está hecha de la mi~ma manera, y todo sobro uu fondo de
tafetán color de rosa. Guante blauco.

Lenguaje de las 11ierlras preciosas.
(CONTJNUA)

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(lontinuaráJ

CRJSOLITA.-Crisolita l'ra lit amante ele Jacinto;~· murió de dolor quedando petrificada cuando su amantt:1 fué muerto, en juego, por Apolo.
Cuando esta pi'¡,dra tiene un hermo,;o vE'nle, preserva de las penas d-el
amor y cuando es ele Yerde amarillento, simboliza la co,1.,tancia.
CR;i,onJNA.-La crapoclina se t•ncuentra en la cabeza. de los sapos. Se
le empica contra los sortilegio.~.
.
CARBVNCLO.-EI carbunclo es la piedra del amor.
.
bus y OPALO.-La iris es el emble111a del aprovechairuento y fervor en e1
amor. Opalo sio·nifica el anw1· desgraciado.
• Iris la pinto1~·oteada, hablando seg·ún la tradición antig·ua; amaba á Opalo, pa;tor de los reb3:ñ.o_s ele Neptuno. Cuancl? Juno. enrargaba á ~u bella
mensajera alg·una 1"!11swn, la coquetona l_a olndaba ~m volver ~l Ohmpo en
Jaro-o tiempo. Un d1a. sospecha11do la diosa, se decide á segmr á Iris, y la.
so11&gt;rende al lado ele 'üpalo; aprisiona á entrambos bajo una densa nube, y
alli mueren. Los encantadores pintarrajos de Iris, trasparentáronse á través de las lá ºTimas que su bien amado derramó sobre ella:
Ved aquí, porqué se pret~nde que el opalo lleva la desgracia
JASPE.-El jaHpe se formo con la sanf0 Te del amor; y es el emblema del
ho11or· y ele la virtud; Rim~olisa también ~ esplendw.
JADE.-La jade es la piedra de la sencillez.
AzABACHE.--El Azabache por su color se ba destinado para alhajas funebres.
MALAQVJTA.-La malaquita de un_ ':erde. hermoso y no trasparente, se
talla como madera. v represt'nta la vn"l.ltdad.
OJO DE HA.TO &amp;.-'Las piedras llamadas Ojo de gato, de ti~re &amp;. si son cuadradas se hallan en la cabeza de los ~apos, y si serpentmas en la de las
~erpientes, y si tienen como talisman contra la mala .~uerte.
ONYX.-l'na tarde que Vénus dormía, su hijo el amor se acerca á ella,
\' sin despertm-Ia, le corta las uñas, ~an blancas y rosadas ?º!1!0 pétalos
iJe eo-lantina (flor de durazno). La diosa al despertar se afh&lt;&gt;'tO de verse
¡¡si 1iutilada en su hérmosma; ~- t·om,-irtienclo ~us uñas en pie'a.ras precioas, les otorg·a el don de prese1•va,· de la.~ perfidias del amor.
.
i•EHLA.-Se cree comunmente que l!ls peri.as llevan la desg-rac_1a; ? en el
,•1,n•uaje simbólico es todo lo coutrano; nacidas en la rosa (1ágr1mas de la
•1,1iora) c.u ran de la melancolía. Una gTaciosa \eyenda cuenta que, la. au,. ,ra disputándose con la noche poAne no quer1a cederle el paso, lloro de
e•JH•cho; pero Thétis ordena á l~s na_Wa~as (\_Onchas del . Oceano, qu._e se
nrnn "])ara recojer aquellas prec1osas7ágr1ma~. á ITn de que erras sean el
.i •·no de aleo·ría para aquellos que las encuentren.
St' asegur~ que la, perlas no viven sino un si~Jo, poca más ó menos; des.
µués se oscurE&gt;i.:e su oriente, se ablandan y terminan.
(Continuará).

Vestido para comida.

�EL MUNDO.

CICLISMO
Teng10 para mi que las PatQlogias, en cu&lt;'stión de fiebre.Ji no ;wdan muy adelantadas que digamos.
Y l'SO 911&lt;' la hnmanidad eR todo fiebre.~. Y aqni en
.México, .La fit-brr del ciclismo nos devora, nos aniquila. Por qne no ha~· duda c¡ue, aunque los libros no lo
digan, e;;tamos padc•ciendo la fiebre de bicicletas.
.í\ver en la tarde pasé un buen rato. Desde las veµtanii.la.. de mi cuarto observaba la escena graciosísima que ,w dc'sarrollaba en el patio de la c/\Sa.
Eran dos respetable~ ancianos, un frliz matrimonio.
El marido daba una lección de bicicleta á RU señora.
Dos pilluelos de la vecindad, con RUS ojillos rebozando de entusiasmo, ,;ostenlan el aparato.
El vi&lt;'jecillo, eon lai, pocas fuerzas que aun le quedaban tomo resto de E-u jm·enil Yigor, cargaba en brazos á la bulliciosa anciana, r todo temblando· con la
calma de, sus añoR, la colocaba en el asiento.
-Agárrate bien, afloja los brazos, mueve las piernas ........ , ¡anda!......... por ac¡ui te doy impulso.
Y l'lla, sonriendo, hacia e~fuerzos, y á los cuantos
pasos .........
-¡JebÚS, Jesús, que me caigo!
La hiciclcta se ladeaba, la señora levantaba los brar.os al ciclo, y el vic•jito, riendo á carcajada¡;, exclamaba:
-Eh! eh! MiedoRa, a~ustacliza, qué te vas á caer!..... .
Aver otra vez, agánate bien Una ...... dos, tr&lt;'s!........ .
- J&lt;'sú,;, JesúR, ~orazón ele Maria! ...... Chmdo, agárrame que me caigo.
Y ei:;ta vez sifué ele veras.
El buen ele Don Chindo la había dejado sola; bicicleta y Doña Tomasa v3:cilaron y la entnsia8ta señora tuvo que ciar una machmcuepa por todo lo alto con g·rande complacencia de los doi; p1ilue10,;.

LA FLOR DE TABASCO.

TOMEN

~

~

de ~'af~

Y

eAMPANA."

~

~-~

~

~

~

LA MAS ANTIGUA EN LA REP UBLICA,

11

Fundada ~or el ~enor Don Ignacio K. -Kerrer en 1~ij1.
ACTUAL PROPIETARIO:

~Flaviano Munguia~
Fara centupliear el c1édito de esta antigua Fab1ica, se·
nan nenno 1eto1mas de importancia para Ia buena tanricacion de sus CHOCOLATES SIN RIVAL; tanto las clases
unas como tas meGiana,, nan sido notablemente meioradas.
~
~

***

Pero policías ó nó, suceda lo que 1mceda, lo cierto es
que todos quisiéramoe. anclar en bicicletas. Estamos
asolados por una epidemia, tenemos fiebre de lYicicletaR ¿Qué remedio poner al mal que nos abruma? .....•
Repito que tengo para mí que las Patologias no andan muy adelantadas en cuestión de fitbres.

"FLOR

.

i

GRANFARRICA DE CHOCOLATE

:::*:~

**:::i

MARCA:

~-~

Pero esto no es nada. Don Chinela v Doña Tomasa
110 desmayan.
•
Un porrazo no vale la pena, ni dos ni treR; trabajando v sufriendo se aprende. Además ¿porqué nada más
las "mi~ses han de ~arse vuelo en la Refclrma? ¿Son más
acaso que las mexicanas?......... Por otra parte, como
bien les decía Doña Tomasa á sus vecinas, ellas también, las misses han dad~su vuelta al aire.
-Y si no, continuaba sonriendo cascaclamente, van
á ver lo que.sucedió la otra tarde. Andábamos tomando el fresco en la Reforma. ¡Cuántas misses babia! Iba
una ...... ¡uf! que volaba, como flecha, curu1do de repende sale de la escueln de bicicletas un aprendiz nada menos que oficial de policía, v como el pobre iba
tan de prisa y no sabia dirigir, no :pudo cletene rse, v
que se encu~ntra con la miss; qué chistoso estuvo aquello! La mis dió uu ~alto mortal, el oficial cavó bocabajo y la miss quedó montada en él; je! je! ¡Como nos hizo 'reír la ocurrencia! .........
Y la buena de Doña Tomasa se entregaba inocentemente á las alegrías de su risa.
Y á propósito de policía, el otro dia estuve conversando con uno de sus más celosos agentes, botijón y
coloradote como pocos.
-Ah! me decía con tono $olemne: otros tiempos nos
aguardan. ¡Ay ahora de los rateros! ¡Qué bien ha hecho el gobierno con darnos bicicleta! Ya nadie podrá.
escapar. ¿Quién puede tener en los pies más velocidad que una bicicleta? ..... Por mi parte nm tres rateros que pesco. Es verdad que va uno con tal velocidad
que hasta la vista se opaca; nada menos la otra noche
tuve 9.ue sufrir un chasco. Pasando por las calles ele
San Francisco. veo salir de una cantma á un hombre
de malísimas trazaR, que apenas sale emprende veloz
carrera. Tras él el cantinero sale y apenas me distingue:-Señor Oficial que se escapa! me grita. ¡Un ratero! me chilla en mis adentro11 el policiaco instinto v
bicicleta para que tequierol' La noche estaba obscu~·a·
yo seguía al bulto que en rn fuga se habia internad¿
en la Alameda, y el bulto corría y corría. sin que yo
lo pudiera alcanzar; pero cosa que me extrañó: en v'ez
de huir por las calles comenzó á rondar el paseo. Ya
estaba yo fati~ado, jadeante y sin poder darle car.a
hasta c¡ue haciendo el último esfuerzo, logré poner~~
á su alcance y echarle mano ,\. la chaqueta. El bulto rodó por el suelo y yo me limpié el sudor de la frente
con gran satisfacción. Pero cual no serla mi sorpresa
y pavor cuando distinguí á una miss que me decía con
airado tono:
-¡Oh, Siñor policla, -mi no gustar bromitas! Osté habenne roto el bicicleta!
i\le quedé atolondrado y apenas si pude contestar ii
la encolerizada miss ya dispuesta á arremet&lt;'rme á puñetazos.
-Perdóneme señorita, fué una equivocación· perseo•uia un ratero.
'
Yal fin el ratero se me escapó.

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Domingo 21 de Noviembre de 1897.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>UCHAS ab-

-t:iJllª No -ve&lt;l.
llq
EXTRACTO VEG ETAL

1J1

=!~tas~ 1·

creídas asunto
purificadores
de la Sangre. •

PR(CIO~A RO~( MOUS~lU~(
Con la nueva embocadur a perfeccionada

Qué "d lo que purifica la Sangre? •

Los Riñones
Purifican la Sangre
ELLOS SOLAMENTP::.

*

"STILLIFLUX "

- "•.:.=:..-::::..:..=:...:.;:::..:=..:.::~
IMPORTANTE AVISO por
Este nuevo sistema, fijo
debaJo del T•pon,

suprime el fü·rrame durante el ran~porte y hace impo,,
sible encabezar el fr&lt;\.SCO o llenarle despues de va~i •.

1

Perfumería PRECIOSA
PERFUME EXQU ISlTO, DELICADO 'I PERSISTENTE

Sin embargo si estan enfermos no
pueden ; y la sangre continuamente
recoge mas impuridades. Cada ¡ruta de
sangre pasa por los Riiiones (que s&lt;&gt;n
los abafiales del sistem,11 cada tres
m!nutos mientras que la vida dure.

Esencia superfina - Jabon de Tocador
Agua de Tocador extra fina
olvo de Arroz invisible e impalpable
Este POLVO es perfectamente puro e Inofensivo
RESCA y BLANQUEA el cutis, dando/
el a terciopelado de la Juventud.

El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.
•••

sano, la naturaleza cumpliendo Jo
demás.
Esa pcsadura que Je obliga nrrastrnrse, esos e.taques b1liosus dolor de
cabeza, neryiosidad, apetJto camhlablc
to&lt;tos cuusudos por la sanirre envenel)uda desapareccráu cúando los
liltlones func ionen bién.
No hay dudadcesto. Millares lo han
test11icado. La téori~ es buena, 1,1
Cura e~ buena y la s.ilud resulta como
"e natural.

37.~~s~~u~lJs

Sea Ud convencido por una prueba
personal.

MEXICO, NOVI E MBRE :Z8 DE I 897.

Para Resfriados, Toses, Bronquitis.
)-Ial de Garganta, Romadizo y Tisis
Incipiente no hay remedio que se
aproxime al P ectoral de Cereza del
D r. A yer. Calma la inflamación
de la garganta, destruye las mucosidades irritantes, suaviza la tos
y predispone al descanso. Como
medicina casera para casos fortuitos y para el alivio y curación
del garrotillo, tos ferina, mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que ei::tán expuestos
los jóvenes, es de un valor terapéutico inapreciable.

OS! VIOLETTE PRECIOS! HÉLIOTROPE
OS! MlMOSA PRECIOS! PEAIT D'ESP!GIIE
PRECIOSAIUGOET
OS! LILAS
OSA IBIS
PRECIOS! YillHWG

pone 1os 'T!iiioncs en estn,1o r-:n!uclah!e

Y

TOMO. JI

El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.

• 1

PREPARADO POR

Dr. J. C. Ayer y Ca.;
LOWELL, nASb., U, S, A,

Medallas de Or o e n la s Principales
Exposicion es U niv ersale s.

~i"n:JfiOer
Loeb
--1)-

Hern,a~oE&gt;.

W-- Póngase en ¡¡, 1:.rdia contra las Imitac ion es baratas. El nombre de - Ayer'•
Ch.,rry Pectoral ~ aparece en la envoltura. ·
y de realce en el cristal de cada frasco,

(PllllY DAYllJ

Un reme41o nrdHoN T . . . . . ..,. IÑ&amp;
clue T arnl.co l.• • . _. . . . . M ._
la. . . . . . . ..

M,ia:Jílller
&lt;IIATA-OOLOIL&gt;

.......,.,..... , .............

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en~...._
.. _,.._

para

Calam1lr11. l11al1flol1,
C6llco,
J&gt;l1ta,erla,
C6leu,
J&gt;tltr lt
'1'01,
J&gt;oltr lt Dlea,H

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ALOAICERIA N º210
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VINO de

SAN GERJIAN
[S.UN"l' Gl, Kll,UNJ

No hay remed io tan agradaU e,
t11n seg-uro ta 11 pronto.
Con ~u uso dc-:ip~r••ce 111 1mem ia,
r:iqu1tis1110. panili,i, ó senilidad. El
Vino de SAN GERHAN destru ye todas
e,;tas enfer111etlades que provienen
de una debi lidad parcial ó g·ener al
del org-anismo. De todos los medicamentos es el úmco para curar rápidmnente las enfermedades d e la
111tidula espi11al, lae::i: tenuación y las
enfer meclaclt'S conta.!\·io~as, ún ico
que rejuvenece y prolc■ga la vida dando á la sa11g-re fuer,1a nueva y nueva riqueza.

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débil, anémica y convaleciente.

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P•r• pedid"• d irectos dirl¡lraeá

F. 4e Bosenoru y Ch. Poi~souier.-Bordeax

KA.RATINA, Remedio vegttal, descnbrimitnto indígena
Un ico específico que efectuando lentamente la ti-ansformación de la carne
cura radicalmente la J iricua, el Vitilig-o, la Leucodermia ó Acromia parcial, mai
de lo,; pintos y toda,; aquellas enfe rmedades que cambian el color ó la textura nat~1~·al _dc_la_J?i~l: co1:10 ecz~1!1a, sarna, menta~-ra, tiilas, prúrigo, psoriás!s, lep ra, pitma,as, 1ct1os1s, panos, efeht es peca~, empernes, barros del rostro, sifllides, v toda claHe de mauchos ó cicatrices ligeras producidas por quemaduras v iru'elas
golpes, verrugas ó lunares deformes, etc., etc.
'
'
_Prcpa\·a~o unicamente por Vicente L. Orozco, especialista dennatoló g ico.
Colnna i\1cx1co, almacenes 9!.-Cada frasco va acompaii.ado del flan cru·ativo v
las instrucciones para usarse.-Se envía por correo certificado, a recibo dé $3 5·0
centavos en e~tampillas de correo, de á 5 centavos giro postal ó billetes de banco.
-Se manda ~-ratis á quien lo solicite, el «Opusc11lo sobre enfermedades de la
Piel,• y Certificados.

..
•Habiendo expe1·iml'ntado en a l¡1runo, enfermo:;el Vino de San

German, loreco1111

b uen

LÓU,CO

,, OCOlllOUII
:! reconsl l ltl \ ente."

DR . ~ AFAE L LAVISTA

Subdire~tor y P rofesor de L'lí11ica Externa..
en la. E•cuela N. de Mijdicí11a do :México

De ,eota eo todas las DROGUERIAS y BOTICAS.

~~cena.s mexicana.s.==~Uebio bía en fa Jt\,fameba.

•

'

'

NUMER.O:z!z,

�•
363

362

LA SEMANA
Imposible es perder la impresión que el fallo
del Jurado ha prendido en la conciencia p(tblica.
Bsos_ dfoz sentenciados á mw,rte, que cierran el
palpitante proceso, l't'prPsrntan &lt;'I snldo de un.crimen, que la sociedad ha. pa~a.do á su r,·idiltJ. Dura ha sido la sentencia, pero dura rnmbién la rc!-ponsabilidad en que incurrfon1 este g-rupo tumultuoso, que tenía por misión rcsguardnr la Yida de
un .hombre, y que, sin embargo, !1~ ahriú ancha
sah&lt;la con el aguzado filo de tiUs puñal&lt;•:-.
.Es nu~,·o est~ dramt\. en lm) páginas de la crimmolog1a mexicana .•Jamás &lt;k ht sala de veredictos dd Palacio de Ju~ticin había tiur•rido una
tan tremenda ~ecisión . . \.11os lll\, la caust~ seg-uida
contl'&lt;l los ascsmos del Sr. Hern:'mdC'z cHusú honda sensación, tanto por l1ls extrañas circunstancias de que estaba. rod&lt;'ado &lt;•l dc·lito, cuanto por
la cntegcria, un poco más aiTih:t del nin!I común,
de las personas que en él intervinkron. Y sin emhargoi el f'amoso l'rl1nen dfj la P,·oj'iJ1Ja 110 all!&lt;lllZti·
ba á las propor~ioncs que ha re"·estido &lt;•l que
s~ lle,~ó 1.\ termino en la Jnspección de Policia! y que los debates tlcl Jurado han puesto ele
rcheYc, en toda su descarnada rcalidud.
. Filbul8; se antoj1.1 que hombres provh:;tos de
ciertnluculez~le c::;píritu, h~yanllegadoá i1U?1.ginarsc que tan !áctlrucntc podnafrn(Tm\l'se un tan atroz
delito1 á la vista de las muhimde~ 1 en el corazón de
la ciudnd, en una noche en que el v1..•cin&lt;lario se
arrojaba á la vía pú.blica, atraído por htti ft.!:Stividudes.
¿.Xo es verdad que sc•mcja una página d~ literaturanovelesca, desprendida. del sem;acionnl relato de un Bouchardy ó un )lontcpin~ Allá, &lt;•n la
plaza, los ecos del entusiasmo patrio disoh-iéndo ·
se en rumores atenuados; las postn•ras canciones
extraviadas en la naci&lt;•nte quietud de la alta noche, r. to_davía flotante la estela de oro que tra::mba el ultnno cohete en el espacio.
Quien en medio ele este cuadro cruzara, en el
fondo de esta decoración en la que había al_(To de
verbena espaf\ola bajo el manto de cielo am~ricano, no sospecharía que impruclentemente 1 teniendo como testigos los rezagados de la. aleo-re velada, á la luz aú.n no extinta de las pú.hlica~ luminarias, al festivo coro
del bunrues
endomino-ado
.
,.,.
o
, se
f ragua b a un crm1_en y se hadan pasar de mano
en mano chavetas y cuchillos con serenidad imperturbable.
Crcríais por. un momento que attm'lla escena
pugna con la realidad; os imao-inais que se trata
de un capítulo de aq ucl rom;nticismo de brocha
gorda que formaba el material de vuestras primeras lecturas.
Y lo que juzgaríais ficción imaginativa, producto de convencional artificio, es un hecho real y
v~rdadcr~, un pedazo de vida arr11ucado del apac1 ble med10 que os rodea. Solamente penetrando
en las minucias del proceso 1 ahondando en Jo~ zigzags de los careos, se adquiere la convicción de
que los tremendos episodios que precedieron al
homicidio, no. son hijos de la exaltada fantasía
&lt;le un discípulo de Edgard Poe, el febril narrador
de las historias extraordinarias.
Y entonces también será necesario conYenir en
que á veces la verclad puede parec~r im·erosímil.
*.,.*
Por lo demús, ]a Yerdad resiste en forma tal á
las redes tc1~di&lt;las _p01~ los extravíos del espíritu,
que ha. podido sahr libremente de la conciencia
del j?..rn.do ú. tra,~éti de los pu.fiados dr- tiniebla~
arr?Jados po~· algun~s ddensores en e:ste. proceso.
Y o no sé s1 dentro de la moral jurídica sea W1
hecho legítimo hacer del delito un acto recomendable y del delincuente un personalidad sin mancha, un Loh,engrin de alma blanca que hn. bajado
del Santo G-raal á poner paz en las conticmlas
humanas; pero s_í afirmo y sostengo quC' mue In. sana
moral de 11.1 sociedad, nntc esa moral que nos pone
ú todos en el cerebro la idPa de que el hombre
que mata no es un Hayan.lo y que el crimen nada
tiene de apologético, esas arengas grnndilocuentes, cs~i:; peligrosos sofismas eh los e¡ ne se fabrican altL ,·os _he roes con pasta de criminales, son las
peores semillas &lt;.tuc pueden arrojarse al surco.
Hay un c_ucuto de Anrcliano Scholl, en el que
el protagomsta, un hombre que ha cometido todos lós delitos consignados en el Código Penalesa materia lle plomo, como lo llamara Bentham-

Domino-o 28 de Noviembre de 1897.

EL MUNDO.

explica satisfactoriamente sus netos, como inspir,!dos. en los de Io:s má:::; gloriosos personajes de la
h1scona.
~a conocida frasr de aquf'l proc&lt;'sado que des•
pues de matar á sus padrC'S 1 pcdiil al tribu11al compasión. pura un pobrecito huérfano, H\ r1•produce
en lab10~ de algunos defrnsor&lt;':s. Para estos, á mús
alr~ dosis de cu_lpabilidnd co1-rc•sponde una apologia más entusiasta del delincuente.
tii es que todavii1 estos ol'11ores no han descubierto qtw ya no existen dclincuenH•::; y que esas
1:;011 vocc::; q uc hacen correr las víctimas.
Con lo cual quedaríamos todos muy consolados.

***

La .curiosidad d('I público J)Or sc(Tuir
este ruio
d oso Jurndo, ha venido á reflejar:,c en la circulación máxima alcanzada por al&lt;runos di,1rio::; de la
Capital. De lns 1n·('nsas del )i~~oo h1tn ~nlido, en
e~ espacio de Ycinticuatro hora.~, más &lt;lt&gt; 120,0UJ
&lt;.' Je111 p!Hn•s.
Por mucho tiempo se repitió hasta la Hacicdad
que no había lectores l'll la Repúblic&lt;I. Ern va un
tópico, qut~ circulaba como moneda corrien\e en
las hojas impresas.
Era el caso de preguntar como Figa1'o: •quién
es el pú.blico y en donde se encuentra:'
G
S~ lrnb!•m abierto nuevas escm•la:-, c::;parcido
el sllabano por tod•t l;t extensión territorial y uo
obstame la demanda, el producto iHtclcctt;~, se
&lt;.trrastrabit peno:samente en nue::;tros murcado:s .
El periódico, que t•s &lt;•l libro de l,ls multitudes,
apenas rozab,1 con al:1 de pújnro, este inmenso
mar muerto del espíritu nacio1rnl.
. Y c1 rn-oblcma en1 interesante, porque cu él iba
vmcuhtdo &lt;'l porvenir de las intitirucione:-;. La baS&lt;.' de las democracias modernas no ptwdl• ::;cr otra
en efec_to que!ª educación . Instruir es gobPJ'ntll',
hn podido decir con :,obrada justicia un distinO'ui0
do t•stadista de nuestros días.
. La pala1,ra escrita, lanzada en el seno de la. sociedad, se pro paga en ondas á semejanza de las que
se fon..nan en un estanque ú la caícla de una pie•
(~ra. l_ cuando para la comunicación de las inteli~encrns s~ 1:abí~n tirado en el mapa de la Rcpú.bl1ca nume1 osas hncas, y P5Calado cimas y perfo•
rado montes y tendido puentes y sondead.o abismos, el verbo parecía esclavizado.
Pero e_' periódico ha comenzado á circular.por
las ª!·~enas de nuestro organi::imo, c¡ne va cnriq~ec1endose con sangre jOY&lt;'n y vigorosa. Decididamente habíamos calumnh1do á etitc buen chico q,¡.e se llama el público.
. Es _una hi::;toria tierna y sencilla, u11a de esas
l~1stonas con las que .F'ranc;oh; Coppée teje sus delicados cuentos, la que entre los fu,chos menudos
de e.stos días lm comdgnaclo la prensa de infor1!rnc1ón .. El acta levantada la de:--cribirA en esa
forma hsa y llana que eonstitu,~e las literaturas
de las Comisarías:
~
Ln drama de amor que se desenlaza en un canal; tres ahog~dos y un niilo que se clrroja á. la
charca con obJeto de salvar ú las yíctimas.
i~ 9s. decía yo en mi anterior charla que va no
hab1a milos en este trágico crepúsculo de los.hombres!
Sí, a~nhayniiios_que nllen por hombres, pequefio.s seies que se agitan en los monwntos supremos
c~·1?-turas que han llegado á la edad de Jos sacri:
f1c10s.
. ~osotro~ somos un poco-lea u:::-tcd: un mucboH)JUStos con estos hél'oes desconocidos que surg~u del arroyo para acometer un acto de suprema
~ne~lad. L?:, aplastamos bajo el peso de nuestra
md1ferc~c1a. Apenas si la gacctill,1 les otoro-a el
honor efun~ro de viYir lo que las fl01·es del poeta: el espacio d&lt;• una maflana.
~¡ lllOtitrar quisióramos caridad con psos caritati,·os, habi:-iam,os, c?mo en otras partes del mund,o, establecido prem10s y otorgado distinciones.
~o hace m:lChos meses que la sociedad francesa
se complacia en adornar con una roseta de honor
fo. deslustrada Imita de un cochero, autoi· de no
recuerdo que hecho heróico.
.Nosotros desconocemos ese procedimiento de
pagar u~rn dPuda colectiva y hasta acostumbramos _olnd11r el nombre del protagonista. Se nos
nntoJa qm• el hcroismo es un deber constitucional á que estú obligado todo ciudu.dano.
Pero la yerba oculta y lrr lluvia bon·a ha dicho
el autor de los Jliserables.
'

•

El tiempo desgasta los epitafios y sobre las
buenas nccioncs humanas podfa escribirse la leyen?a trazada en la tumba de Antópater, (,i-git le
brmt du rent,-«Aquí yace el ruido del viento.&gt;
.A&lt;:as? tú, mi bella desconocida, alguna noche 1
á la :;ahda de un fil:é o' dock, al abrirse la portezuela del cupecíto qtrn ha de llevarte á la casa
mi1'1ltr:ls, friolenta y nrrviosa, te arrebujas en eÍ
abrigo cte: pil•les que te: arrojó un buen amigo
al pmm, nslumbres uno ele estos pcqucnos deshere(\ados, plantado allí, en medio del ai-rovo en•
·tr&lt;• irónico y suplicante, con una mano te1ictida y
un sarcasmo en la boca contraida de gamin callejero y truhanesco.
Piensa &lt;&gt;ntonccs, mi bella desconocida, en es•
tos h~roes microscópicos, en estos aventureros
minúsculos, en estos niüos que, como antes dije,
valen más que los hombres.
Precisamente por eso; porque no son hombres.
ÜBERO:,;-,

µalítirtt ®ttttrttl.
RESU~lEN.-Er, CONCIEHTO ECROPEo.-D1sTCRB1O:-; rnTERIOREs E~ Ac~TnIA.-LA CA,rARA DA·
JA DJ;: ilt:NGRÍA.-LO!-i PAR'l'IDOS . -LOR ALEMANES
EN ÜHlNA .-LA AUTONQ)IÍA DE CRETA .

Las hondas ri,~alidades que apartan y dh~den
á la~ ~aciones de Ew·opa se hacen cada día más

mamf1estas, y los fieros apetitos que despiertan
se enconan_ y las arrojan en ruda y despiadada
competencia.
En vano el pri1~cr ministro de.Austria Hungria
]mee . un llamamiento á las viejas monarquías
concitándolas á tremendo concierto para resistir
]a competencia que miran levantarse formidables
de este la~o del Atlántico en la gran República
norte-amenc&amp;na; en vano les habla con tono gen:ebun&lt;lo_ de las [urr~as gastadas y de las energias perdidas. causa mmcdiata en no remoto día
de debilidadC'sy desmayos, de ruinas y desolaciones: aten~s. solo á las concupiscencias del día y
á las ar_nb1c10n~s del momento, cierran los Ojos á
los pel igros . !eJanos, desprecian los cataclismos
fut_uros por f1Jarse en la necesidad presente y en
la magotable carcoma que Jas corroe.

*'\

Austria m~raentristecida cómo se organizan en
su seno partidos de lucha que han engendrado la
dtv~rsidad de razas y d~ cost1:1mbres er, la agre~ac1ó~ de rueblos Y nac10t1es que constituyen el
unpeno. , e que los cheques se yerguen contra
los germanos los esclavones se rebelnn contra aquellos~ y todos en confuso tropel r en revuc1to remolino dan al mundo el espantoso espectáculo de
una cámara co~wcrtida en plaza de toros, de un
alto cuerpo dchbenrnte transformado en palenque
d.e odios_ inl?ctos y desaguaderos de malas pasiones y n11sena humana.
Na~a ha valido la admiración, la idolatría casi
que srnnten los pueblos por su viejo emperador·
nada las conquistas racionales y pacf!icas qu~
gradualmentehan obtenido los liberales sobre el
régunen trad1c10nal ·del sacro imperio, nada las
amenazas q_ue de fuera vienen y se palpan con el
pan~crmamsmo de los llohenzollern, vencedores
&lt;'1;1 Sadowa, y el panslaYismo de losRomanoff, ommpotcntes en los destinos de Europa, ha llegado
tal Yez el momento de las disgregaciones, ha soua~o la hora de las diferenciaciones entre grupos
soc1~les a~ados pqr la fuerza y encadenados por
la ,:1olenc1a, á pesar de la disimilitud de razas y
&lt;~e mteres~s, y no sería raro que se dcsprendie1an del nucleo aus~o-húngaro, masas informes
que ~altas do cohesión y ele resistencia, irían á
grav1ta~ por ley ineludible alrededor del centro
ger1.námco, ó en torno del poderoso micleo moscovita.
. tii la. disolución es tan protwlda, como lo anu.n~
c_ian ~,ls escenas borr~scosas de las cámaras, tarea
llt:'lmca es la del gobierno para someter a los rebeldes al trono secular de los Jiapsbnrgo.

*•*

Entre _ta~to, la fiera Alemania en su afan de engrandecnn~cnto, y acaso después de haber sembrad~ sus ideales y contribuido á ladisgregación
austriaca, se lanza á los remotos mares de China
en busca de nuevos territorios y conquistas nue~
vas, donde plantar su pabellón triunfal.

EL MUNDO.

Domingo 28 de Noviembre de 1897.

•

ra. lamida. por el sereno Hu..dson, que se va manso y
el Ea,:,.t-River y el Hudson que- limita al septcntri&lt;tn la color de ziuc hacia.la. bahia, surcada })or barcos que
i:--lade \fanhattan)parart1e unpoco/J.coutemplar las isle- respiran humo ó que a.bren sus grandes alas túrgiuas
tas ll~nas de chal.etH _v cusa¡; de ball.o, y subir por una que baña de púrpura. el sol que muere y los hace semagnif_ica escalinata ha~ta la altura dt•l puente y del mejar al barco-fantasma. de la leyenda genialmente
sobt•rb10 acueducto de fierro que, sobre aquel, lleva 111-u.,·icada por \Yagner.
un verdadero rio de ag-ua de1iciosa al Parque cen·
El ribazo opueeto parece, á. &lt;'Sta luz, una gran motral .v á la ciudad, el Croton. E,-tc puente. alto ( Hiyh- le de pizarra violácea con incrustacioue~ rojas y blanbridge) e~ viejh;imo para N. York; tiene 50 añoi, y, co- cas de poblacioncillas y rillaHi la linea casi recta de la
mo ,·icjo, es clá,üco; toclo ele piedra ~- granito, sobre cresta de esa mole larg·a y obscura se desprende de
doce ó trece arcos correctísimo:-, soi:.tieue una ancha un gran cortinaje pintado de brocha gorda con oro y
calzada. de medio kilómetro dt~ largo ». ojo de buen rojo, pero de gran efecw como telón de ópera. Más
cubero; má.s al norte e~ti\ &lt;.•I puente flamante de \Vas- arriba todo ese color se dt•s,·anece r muere en tonalihington, sobre uu pJpg·aniiimno arco que, por ancho 1 da.de¡;, y veladuras de inefable sua~idad.
])at:t•ce bajo y- que es enorme, todo de act•ro ~- fierro.
Bravo el pintor!
DaJo ei;tos puentes, pai;au v n•pa~an emban:adoneo,
lijera~ las mas, verdaderos 'muebles de luj,, ele made·
ras finas, con SU)) motorciUos de ful'go ó electricidad
Hacedme. lectores, el favor de describiros á ,·osotros
mlsmoti el Pa.rqw Ceniral; yo no he de hacerlo; serla
acumulada; mu,• bonito.
DeF-pues, al r~gTesar, rodeado de obreros, por que meterme en UlHL serie de vel'icU1•tos, de canaleb, de
e&amp;tos son barrio~ fabril e:- por .,xeelt&gt;neia 1 que vueh,en lagos, de túneles, de ldel,·as, de e::;tar1qucs cuajados de
á. i;;m; casas silenciosos, fumando ó mascullando taba· cisne:, y de pato~, de prados para todos los juegos. de
&lt;·o de \'irginia, y oliendo más ásltdor y á. ro1&gt;a vieja que pelota conocidos y por conocer, de jaulas de fiera.s 1
á alcohol, puede uno pagar~e el lujo de ver un iucen· de cotos llenos de esbeltos gamob, y otras y otrai
dio; yo me lo pagué; el término es impropio, por que menudencias, todas á cual mAs agradable, diseminafué gratis. Una gran ca~a aislada, de ladrillo r made- das en un arca triple quizas do Ja que nuestra alara1 perfectamentequemable ,. concienzud:uneiite que- meda de )lCxico ocupa¡ a::li me pareció al menos á. vismada. Bello espectáculo; esfoban ,,a en salvo los ha- ta de pájaro.
bitantes cuando nosotros nos p"aramoP. á contemSeguid este consejo: un sá.bado por b mafüma dedi·
plarlo¡ con nosotros uno 6 dus millares ele personas, caos á vie:itar eotos mngnlficos jardine.;,lentamente, {L
sobre todo de chiquillois que veían a. las coquetas bom- pieb·1:ientaol:! frecm•11lemtmtc para ver revolote,ar eijtn.
basfllncionar,comó quieulas conocC'. y las puede mane- tur i~ de chicuelo:; nacarinoo y dorados, que parecen
jar; esas bombas parccian riquhlimas v complicadas he.cbos con jugo dt' lirios y ele rosas, gue revolotean y
baterías de relumbrante niqnel que bombardeaban reman a qui como en todas partes. Luego nlmorzad
agua. en todas direcciones Aobre la cai:.a incendiada.. beatamcnte en uno de estos restaurants; no tomds viLos bomberos parecian salamandras; estaban en to- no sino té; el té afina el aparato rcgistnldorde las sendas partes como las llama~ y t.il a~ua; sacaban por las saciones placenteras. En seguida seguíos divirtiendo¡
bohardillas sus cascos puntiaguaos, por las ventanas embarcaos eu una góndola en el lago, dad do c.:omer
•df' los pbsos altos p,alian ." sub1an y ::;e deslizaban por á un orangutang en la.1nenaf1erie y cuando decline en
las escalas de safrefaje. Eran los co ..oneles de las co· su cun·a corta de otollo, el sol. tibio 1 radioso Y blondo
lumnas de agua y con un nLlor tranquilo conducian como una crisantema de inyernadero 1 tomad un ctib
el agua al fuego. BrM·o. Expléndidos ~sos buzoli del
y salid á. la 9.uinta avenida por el extremo norde¡,;te del
.Parque. BaJad ;_\. lo largo de las casas aisladas1 enjarincendio.
dinadas y elegantlsimas de esta admirable avenida y
**•
deteneos en la esquina.dela calle 7f);henqui un templo
Si aun la tarde no ha avanzado puede bajarse á la con su alta y explendida escalinati¡ su cúpula de estilo
altura dt~ Ja tumba del general Gfant, nuestro gran indo-musulman, oro y negro, y su l\mpliayrira estrucYiendo semejantes juegos de la diplomacia ocu- primo 1 casi nue~tro primo hermano, por lo mucho que tura que recuerda las iglesias fundadas en Siria por
pada en tales nH\erías quP afectan al dcbil y li- nos queria1 seglln dice el sefior Don Mati11.s Romero y los cruzados en el siglo XII. ¿A qué culto pcrtene1.:e?
yo lo creo. Esta tumba ó monumento de Grant es
una de lits cincuenta tiinagoga¡; establee.idas por la
sonjean al poderoso 1 no podemos creer y consi- grandioso y vul¡pir; se parece a él ¿quien no lo recuer- Es
colonia judla de New York, ,._ue cuentH. con :t·)().000 inderamos irrettlizable el bloqueo de Constantino- da en l\lé:xieo ;o· a su compañero el enérgico Sht~rida.n, divicluoli poco masó menos. Es una potencia el juclais•
pla de que han hnblado los últimos mensajes, so tan buen hombre, tau soldadón v tan franco? Del mo- mo aqul¡ Jo es en todiu, pnrtes más ó menos clandestipret&lt;'xto de consolidar la autonomía de Creta y numento de Grant, Re puede b'ajar, al paso lento ele name11tc; aqui, á la luz del dia. Yo croo qu.e es la leuno de esos comodísimos coches manejados por el co&lt;le htiC('I' que Turquía ncC'pte el noiu bramiento de chei·o desde su alto asiento por encima de hl caja del vadura que hitce fermentar esta sociedad en afan de
negocio; que levanta estit masa con ensueü.os ele imun príncipe cristiano corno gobernador de la isla vehlculo, á lo lar¡ro del lfive,·~ide Park. He aqui lo que posibles nqueza,s realizados por una voluntad á que
se
ve
por
una
clara.
tarde
ele
Otoi\o;
:í.
la
izquierda
ele
no se pide un resultado normal sino milagroso. Como
manun1itida.
Tienfll derecho ]os cretenses ú tales decisiones, la ampllsima calzada superior que constituye propia- los judios vivieron en la historia /J. fuerza de milagros,
mente el paseo, entre cortinas de cnsaili suntuosas, de· como es u'\1 fenómeno .tan extraordinario que con mson acreedores á que se ]es atienda, á ellos que semhocan sesenta calles de la ciudad, que vienen clezón le llaman tambien milagro: el de su supervh·encia
11or más de dos siglos han peleado anhelando li- rechMs desde la otra orilla de la fsla, á. tra,·éo de todas étnica, como esperan sin ce~ar el milagro mesiánico,
bertad; pero Europa esta muy empedernida en las avenidas; en eMs ca~a~, Ye:rdaderos palacios por han sab!docolocarenel medio social en que vhren, una
sus sentimientos y no es Jlegnd'o el tiempo en que el tamaño y la abigarrada pompa del estilo. vive bue- esperanza, chsi una certidumbre de un efecto inespe
parto de la máí. aristocrática Rociedad ele aqul, v rado de la suerte, de esos queh:m hecho de pobietones
ha de prevalec('r ht aspiracion aishlcla de ungru- na
aqul van á nuestro lado, en carruajes de todas 11's cB- jó,·enes, hombres archimillonarios como Bennet, Astor,
poinsignificantesobrc los intcresrsdelos otros. Los pecies, tira.dos por caballos de subido precio, ó cabalGould y otros cien .
que organizaron una cruzada en toda regla en gando ó pedaleando, algunos ejemplares- de la gente
Entramos, precede al templo la escuela; el santuapro de la ~ledia Luna para sofocar las tendencias il.Clecta de e~ta bendita tierra del dollar :- del apio. Vi rio1 asiáticamente lujooo de decoración, es, serio ,. noá mi sabor algnnos de ello~, cicfü:,tas, amazonas ,· jódel helenismo que Quiso libertar á Creta, no es vene!- !la,-denios, orgullo de la crema de aquí y~ que ble; las galerlas, sitia.les, balaustra.das, facistol~s, el
candelabro simbólico de los siete brazos, la h'tmpara
facil que hoy se decidan con peligro de la paz yo prefiero, a peMr de que haya quien lo &lt;lude, a la eterna de oro, encendida ante el tabernáculo, todo es
adorada A desafiar el orgullo delos turcos, ebrios mavor parte de e~tos e~beltos ,. rabones caballos in- esquisito, como los mosaicos y los vitrales, sobre todo
todaYia con los triunfos de Yelf'stino y de Lari- glefl.ci;; de noble raza v á guicneS solo falta tener el cuf.':· el inmenso del plaf'ornl, que pttl,~eriza la luz cenital
ro bermejo corno el ele uno de los corceles del Apoca- en esmeraldas, rubies 1 y topacios. El tabernáculo, es·
ssct. Hay que esperar mejor ocasióp.
lipsis. la crin color de azafrán y un pan1guas azul ba- pecie de arca santa de cristales, guarda un soberbio
X. X. X.
o el brazo, para ser la e:-.tampa del clá~ico turista que ejemplar de la thorrá, de la ley. i'" yo no se por que
a vieja Alh1ón em·la á diMio hácia el Continente con
combinación de cristales, hay en estos tabernáculos
2G de Noviembre de 1897.
rl objeto de pasear~e A través de los teatros de Pads, una misteriosa luz azuli como si ijU atmósfera estuviede las igle¡ifas de Italia, &lt;le las techerlas de Suiza1 ele ra saturada de Momos ael zafir del cido!
las manolas de Andalucia ~-dela,; caricaturas, romanBajando siempre, se pasa la magnifica Plaza, los
ces y sainetes de todas partei..
edificios colosales del Savov-Hotel \" del N"eederland
;\le gustan esta flora ~- ('sta fauna¡ la flora, nutrida y poco después se entra en et'barrio d~elos Vanderbildt¡
con jugo de carne ele Chicago y margarina., con té he- unos de marmol, otro~ de ¡piedra bruna y rojiza, to•
lado y fumado (lo que la hace nt&gt;n~iosa al mismo tiem- dos amplios y suntuosos; los palacios habitados por
po qlte san"'l~inea) ~- con almendras tostadas, maiz los miembro¡; de esta riquislmafamilia. decoran regla.tierno y p,Ül'dzng y oat-mer~l 1 exporta i, Europa anual- mente un medio kilómetro ó má5 de la quinta AveniNOTAS A TODO VAPOR
mente algunos sm1tuo~os &lt;'J&lt;•mplares, y otros quedan da. i\[ás allá de S. Patricio, sigLien las iglei:iias, loi, hoaquí para ser dei;;critos por Pau.1 Bourget en los veranos teles de primer orden, es decir, lo:; primeros del munde ~eiv-Posty para. conccntrari:w lentamente a. la vista do. los clubs, entre ellos el ..Uanhattandub, de explénD E P ASEO- B O "'\V ER Y
de loilo simplrs mortalefi como ~-o. en sus opulentas man- dida instalación y de cordial acojida para los forastesiones de invierno, t'n New York. Boston .... .La mucha(aqui mis agradecimientos personales) v lueio se
Se no!li paf.aban los clias mangoneando por esas ca- cha mexicana suele s&lt;.'r mfts interesant&lt;'; tiene lail ex• ros
entra en el mundo del comercio 1 de los tallCres ac.mollei-, de Dios, sin al)Urri_rnoti nmH:a; al menos yo, gus• trcmidades má~ finas la boca má¡; dulce, los ojos me- das, de las librerias, de h1s muebleria!-,
de las sucurtaba mucho de \'('I' pnmcro C'n etstampas el lugar, el jor comunicados con ei;a 1:1ombra interior que se llama salea de las grandes casas de ventas de
de
edificio qu&lt;' iba R. \'~Hitar y l_uego acom!Jdar la irn/J.gN&gt;. el alma y aunque mucho má.s _pequeña, andn mejor¡ arte de Europa. To.clo Pilo tieno un aspectoobjetos
lujo y
que 11"',·aba ·en mt sensono á la reahdad que se me pero esta á.fuerzadt•lmrn•/ennu y decroquet ,. de airn de bi&lt;•nestar inexpresablt'; parece que todos de
los tranpn•sentaba delante y resulrnban las coi-;as mies como puro, sobrP todo, l!O eFótá. anl•mica ;• es, por Pi1de 1 má.i:llevan un rnill(m cu la cartera. No sé porque
me lat1 figurnbn, pl•ro l11ft'rente:-, y aten Cds. esta con- hermosa, más anuuada, muscularmente hablando, v seuntes
no lo llevaba yo. Por aquí ha.y también otra sinagoga
tradiccioncíl\a1 pero a1:,i era.
más varonil. Ahora bien, etitC es el ideal femenil fii1 (calle 44) que es una reducción de las mezquitas áraRecomiendo ti:;te pat;co (qul' no nece~ita recomenda- de siglo; ser varonil. En esta edad del músculo, las bes
ó persas, abigarrada y pintoresca por ex.trerr,o,
ción, para lo~ fora,..trro~ en la dudad-imperio) ir por hembras quieren ¡;;er músculos también, ei- decir, quie- con sus
torr_es ó alminar1;;.sesbeltisimos, en donde espe·
el elevado ha¡.;ta ct·rca dd limite st•ptcntrional de la. ren las mujeres ser hombr&lt;'S sin dejar ele ser mujeres¡ ra uno que
al ocultarse el sol resuene la dulce v vi•
Ji.da, admirnr te~to e::1 nece!&lt;arío y recomondado por nu\s como 61:iO no puede scr 1 conseguirán i.cr hombres. brante salmodia
del muezzin llamando á la pleg"a.ria.
los guiaH J, admirar, desdl' la enor1~1e altura l\, que ('l ¿Y los hombres que haremos? &lt;1ué hareis, mejor di- Seria curioso escuchar
~ajo ei;.te incoloro y frio cielo,
formidable trrtmpolin del ferrocarril se Ie,·anta sobre cho, por que yn. ft los que estamos en la adolescl'ncia donde el sol parece nn Dios
destronado por la luz eléclos pi!:-08 1su¡Hw1ort't"1 .dc la8 c:u~as. como una ei;pecie de de la ancianidad como yo no noilo tncar1\ ver e~o! Honuna plegaria orient:tl.
gio-ante:--l'O andamio de marl&lt;'ra y fierro 1 en una atre- do problema¡ se r('soh'era1 solo corno todos lo~ pl'Oble- tri'ca,
A esta hora vespertina :- en este dia de brujas 1 toda.
vi(Íísirna curva, el pintore~co•¡1anorarna del Parque
la avenida estú. poblada de carrua.jp;s; pareco una do
Central con HtR grupo~ de árbo e,; toda.vía vestidos en mas.
La orilla del Rii:rrside que mira al rlo, limitada en
serpientes sin término de las edades geológicas,
Ortµbre de \'erde ~;ri!&gt;. ~roro vit•jo, sus canales, sus la- la parte alta por ante\1echos Y-balaustrada,; ele piedra, esas
desarrollando sus enormes escamas de charol negro
gos, sus puentecillos, FóUS cascadas, etc. y empar~dado desciende al nivel de a corri'entC' por una ~erie de te- por
millas entera.ti. Y es una agradable sorpresa ~n1:mtre los exeel,.;o::. v abigarrados muros de 1nedra, rrazas superpuesta,;, aun cubiertas de árboles semidcs- contrarse
con una cara mexicanaaunque sea intésa,
ma.rrnol v hulrillo qtic lo cmprl.quetan en una especie nudos y de vegl.'tación agonizantemente vcrdc1 que se como la del
amable vá.stacr·o do Lol'd Chesterfield, el
de cajón~inmenso. Y siguiendo hac;ia el N. bajarse en desvanece en el crepúsculo del año. Las casitas v las
insigne
y
rubicundo
ChandÓs Stanhope, máxime cuanuna. estación cercana al rio Harlem en la calle 175, glorietas se desparraman basta los nmC'llcs de la Í-ivedescender al nivel del rio (es un brazo 6 canal entre

No puede ver con pac:cncia el irritable empe1·ador Guillermo que el sobr-rano de todas las H.osias acreciente su poder y dilate su influ&lt;.'ncia so~
bre cuanto b~ña el sol en ti viejo continente. 'No
pu'-3de contemplar indiferente, que el nombre del
Czar, bendecido por sus súbditos, temido por
sus vecinos y respetado por todos, sea la palabra
mttgica que se pronuncia. en donde quiPra que
surge una dificultad, que brota un conflicto ó que
amenaza un choque internacional. No pued~ permanecer inactivo, ,·iendo que se le escapa su prestigio y snbicndo que los pueblos todos que se YOIYían antes hacia Berlín en sus cuitas, se dirijan
ahora al podrroso 1-&gt;ctersburgo, donde radica ahora el centro del f'quilibrio curopt•o.
Por eso va en busca de a,·enturas, de conquista y en pos de ruidosas haza11as allit á las costas
&lt;lel Celeste Imperio, donde toda debilidad tiene
su asiento y toda miseria su natural alojamiento.
La paz armada, abrumadora lo fatiga; el desaliento se apodna de él, y la inactividad lo excita; se
lnnza contra un enemigo inesperado y e1nia á su
augusto hermano el príncipe para que tome pose·srnn de ]a bahía de Kico-Chan, á ver si es~ golpe
de audaein es capáz de conmo,·er la serena tranqui1idad en que viven las potencias, odiándose
cordialmente y recelándose á cada paso en medio
dt• su aparatosa bizarria.
lntenlo inútil, aqUi el débil es la petrificada
China, y si las potencias han de consentir y tolerar lus arrebatos dt• Alemania y las a,·entui-as intnnncionales de su jóven &lt;·mperador, lo dejarán
en pacífica posesión del territorio conquistado, y
tomarán en compensación otros tt•rritorios que
los indemnicen de su desinteresada tolerancia.

•••

•••

.
l

�.,
364

EL MUNDO.

Domingo 28 de Noviembre de 1897.

36.5

EL MUNDO,

Recuerdo de las fiestas presidenciales en Toluca.

do este fugaz encuentro está decorado por la catedral
cleSan Patricio de un lado, las casas delos Vanderbildt
del otro y á vanguadia y reta~uardia los landós cua•
jados de grandes rosas con cáhces de seda, corolas de
encaje~· plumas _v sombrillas blancas y rojas que Pal:pi·
can de manchas de color la enorme hidra de la Quin,
ta Ai-enida.

***
Ahora á ple lectores mios. Es de noche v vamos á
correr una gran aventura; visitar de noche el Bou·ery,
que es·e1 Broadwey del comercio bara_to, en los linderos de la Ciudad-baja. ¡Gran aventura! Lo era an•
tes; para hacer una excursión por el Bo-wery, poblado
de alemam~s, de italianos, de chinos, todos 'más ó me·
nos israelitas, precisaba ir flanqueados de dos ó tres
detectivP.~, lo que daba á la excursión cierto esquisito
sabor de viaje de Rodolfo por los suburbios en «los
:Misterios de París&gt; novela que pertenece á las edades
geológicas de la literatura del Siglo XIX; que asustó
v entusiasmó á nuestros abuelos v que vo todavía leí
coll deleite hace tresciento, años (esto es un poco exa•
g·erado, lean ustedes, treinta y cinco) .
. Ahora ya no e~ preciso hacer testamento para excui·sionar en The Boicery; la luz se ha hecho en esta tiniebla: la luz eléctrica. Basta hacerse g·uiar por uu.
par de buenos conocedores del terreno; tuvimos la
fortuna de encontrarlos inmejorables: el Sr. de Garmendia y Alberto Leon, este, un mexicano aclimatado
en Nueva York con su numerosa v simpática tribu.
Entramos por la calle Catorce. pisamos frente al corpulento edificio que sirve de centro v foco (de infección dicen algunos) al más poderoso de los círculos del
partido democrático en la Unión. el Tammumy-I-laU;
ostentaba sobre su f,whadota rubicunda, profusamente iluminada. una lista de can clidatos para la próxima
legi slatnra. Frente á lás puertas de los teatros, á la luz
de las tabernas de lujo v de los escaparates, observa•
bámos la interminable procesión de las nocturna.~, que,
allá como acá, se nos acercaban con la sonrisa clásica
de estas damas, que, bajo el afeito rle la boca, parece
una mueca lúgubre. Y como el Bozcery es el paraíso
de los cafés conciertos, entra1nos en algunas de ellos.
Yo habría preferido pasar una hora en uno de CbOS
teatros jttdeo-germanos que ostentaban en un hebreo
que habría extasiado al profesor Pancho Rívas, sus
anuncios. á la luz de candelabros de siete brazos coloc_a~os en pórticos extraños; pero mis compañeros no
qm~1 eron y me arr_astraron en ~u peregrinación paralela a una doble é macabable hilera de tabernas, tiendecillas y bazares profusamente iluminados, haciendo
estaciones frectwntes.
1 ª Estación: exMbición de mujeres gordas. Unos
monticulos de carne grasa con protuberancias simétrí·
cas gue parecían dl:lt-rames coagulados, estalactitas
formidables de color espermeático, ojos plácidos de
bueyes enfermos; alma nin°·una. tal vez en el fondo
del cerebro una lucecilla ahogada por un charco de
enjundia; casi de$nudo todo esto, pero tan candorosamente antiestéticó que...... asi dl:lbieron de haber sido
las tentaciones de San Antonio, del San Antonio auténti&lt;:o, no ~el San _Antouió de Flaubert que era Flaubert
mismo. Nos abnmos paso entre un hervidero de o-ente
su!!ia, c~m~uestadP, ~ujeres probables, de judíos'aguileuos, sordidos, de mirada embozada v brillante y de
irlandeses compuestos de curvas eximberante; que
llameaban de Alcohol, de alemanes melanoólicos como
Margarita y entramos en la tienda de una gip.~y. NO tenia mala facha la gitana; la tez de oro negro; el cuerpo envuelto en paños de colores desvergonzados sonando toda ella como un cascabel, gracias á una por•
ción de collares, pulseras y ajorcas cargadas de moned~s falsas {¿v ella seria también falsail) obscuros y
lascivos los OJOS como dos gotas del infierno y de ébano ~a cabellera opulenta. Aq~~lla bruja que no se parecia á las _dl} l\facbeth, me d1Jo cosas ruborizantes y
~e pro_nost1&lt;:o cosas espeluznantes y yo que so.v la vamdad in folio le doblé la propina; á haberlo sabido la
g_itanilla _me profetiza el trono de Francia y yo la hubiera cre1clo; porque durante siete minutos c1:eí en Jo
que me decía. No hay hombres más flacos que los
hombres gordos!
Segunda estación: 1m café alemán todo amueblado
de !1leman_es y ttlemanas y alemancítos de los Estados
Umdos, oliendo todo á cerveza alemana de aquí y á
g~nt~ aglomerada y á ta\&gt;aco: Ruma, oliendo mal. Un
publico cprrecto, bonachon, contento, feliz y taciturno; e~ espectáculo excesivamente divertido é idiota;
un gigante c~mstantemente vencido por un enano: es
~l tema más. o menos claro de todos los cuentos de niuos; ~nos tz!ganes que supongo auténticos tocaban
su~ aires hungaros; lo repito, yo me diverti como un
ammal.
Tercera estación: en ~! camino de China Tow·n
compramos algunas bar:tttJas y unos inmensos pantal~nes de taller para Jesus _Contreras, de esos que empiezan cuatro d~d.os debaJo de la barba: estoy seo•uro
que apenas.se:v!r!an de cal_zones de baño á las ºgordas de. la exh1b1c1ón susodicha. Un alemán de catadura ~,molenta y fatídica nos pidió dinero con el tono
de qm_en ha.ce un favor; dimos1e alguna moneda blanca: quiso mas, lo mandamos á pasear: •miserables exclamó entonc~s, yo os dinamitaré algún día.• y'este
fué el solo pehgro de muerte que corrimos en Bowery
lo estamos corriendo todavía.
'
Dimos 1:ueltas por unas callejas obscuras, de esas
que S?~1.sm emb~rgo, más claras de noche que de día;
nos d1r1J1mos hacia un gran farol chino que se balanc~aba sobre un portó!}; entramos, pagamos, nos escun1mos por una esp~c1e de mugrosa trampa y .... estábamos en el te:itro chmo, con e! pañuelo en las narices.
Aquel bodeg:ón en qu~ hab1a aglomerados trescientos ó cuatrocientos chinos, más bien ª"'achados que
senta10.s en bancos muy primitivos, ola á microbio.
Se ad1vmaba quelaatmósf~raestabasaturadade gru-

·Domingo 28 deNoviembre de 1897.

.....,.,....---,-----------r---=----__:_---=------:--~~~0--7

i,

LLEGADA DEL SEÑOR PRt&lt;:SIDE:'(TE Á LA ESTACION

Recuerdo de /as fiestas presidenciales en Toluca.

El ideal de un ex-Donjuan--~Por Ruelas)
mos de colonias, de archipiélagos de microbios borrachos por el humo de los t:,ibacos ó de los cigarros de
opio. Se me antojaba que aquellos ~ombres, unifor•
ruados de azul oscuro, que escuchaban con religiosa
atención, sin pestañear (verdad es que no tenían ó no
p_arecían tener pestañas) el ruido infernal del escenano, eran aglomeraciones enormes de microbios bajo
las especies de homb1es y mujeres; porque supon&lt;&gt;-o
que l~abria alli también mujeres; solo un experto taturahsta podría encontrar la diferencia entre un chino
y una china. ·
El escenario era un tablado en donde estaba la orquesta;- la orquesta Dios de Confucio! -Ay! sl, la orq:u,e_sta compuesta de timbales, tamtames,gongs y chinmias; este escenario tenia dos compartimientos. En
uno junto á la orquesta está el héroe; detrás de el
una especie de altar con un ídolo; en el otro los muertos se van al diablo. Porque hay muchos muertos; el
héroe vence á todos los agentes del mal, al través de
monólogos sucesivos compuestos de _grititos ilimitadamente desapacibles y subrayados cana dos minutos por
el ruido siete veces infernal de aquella orquesta satánica. Con ~u talismán y su espadita de palo el Mroe los
mataba a todos; algunos de aquellos personajes ves
tian telas suntuosas. Y lo¡¡ chinos, desde una especie
de mandarín de botón rojo que estaba cerca de nosotros hasta el cocinero color de·pringuen oian,yreían to-

do eso con sus trajes negruzco~, sus caras verdes su
sudo! amarillo y sus colet_as engrasadas con manteca
rancia..... Los dramas chmos no acaban; noi:;otros si
acabamos por salir de allí temerosos d,e que se apoderase de nosotros el vértigo del suicidio y nos dirijimQs
á la Pagoda que está en un quinto piso sobre un restaurant en que otros chinos devoraban con su acostumbrada devoción, sendos platos de 'arroz con sus
p~li~los de marfi_l. El tt-1mplo estaba solo con su altar
búdico ea el fondo, admirablemente tallado en madera y lleno de figurines rlorados de ma1·fil; en los á1wulos ~normes tambores de seda bordados de figuras quiméricas, colocados sobre varas pintaiilas, en guisa de
enormes faroles-Dos boncillos engullían arroz en un
ángulo; nos acercamos al altar, los bonzos nos dieron
unos palillos aromáticos que quemamos con verdadera
unción delante del f~ísimo dios qu(1 teníamos delante,
y hechas nuestras salutaciones y pagadas nuestras
pesetas, nos fuimos vagando y comentando hastalVall
Street; encajonado en sus últimos palacios de sombra
que se perdian en la noche po1· un lado v por otro remataban en una pl11 teada corniza de luz de luna. Trinity-Church en aquella soledad, en aquella hora, tenía
un aspecto tan... Pero pasa el funicular; á casa; oh! si,
la cama, la cama ¿pero cómo dormir con el tímpano
enfermo de música china?
JUSTO SIERRA.

(Fot. Bustamante.]

ción de un bonito periódico que se publi_c a ahí,
,, España,» S(;l sirvió e1wiarnos una colece1ón de
el mismo, en la elegante carátula de la cual
figuran, acuareladas perfectament_e por el Sr: Ar_turo Sarmiento, Director del mencionado per1ód1co, las armas de México enlazadas co~ las de España y un detalle de adorno muy bomto.
La ·Redacción de Ei Mundo agradece profundamente ese galante recuerdo y reproduce á continuación la crónica dada por Espaf'ta de la celebración de las fiestas nacionales en Las Palmas,
por nuestros marinos.

No habrán olvidado sin duela nuestroslectores,
ya que es muy reciente el st~ceso, las suntuosas
fiestas conque la simpática cmdad &lt;le ~olnca rnl emnizó la presencia en ell,1 del Sr. Presidente d~
la República, quién, invitad? por_ el Gobernador
del Estado de ~léxico, acudió á man_gurar algunas mejoras materh,les de_ importancia.
.
Entre esas fiestas fué. digna de notarse por ~l
buen gusto que presidió en ella, la Kern:i,esse 01ganizada en la herm~sa Alameda de la crnda.d en
la cual se dieron cita las pollas t?ás guapas
tomando participación más _ó menos directa en las
gentiles faenas de la Jammca.
d
Nuestro corresponsal en Toluca, el ?astel e
Oro. se sirvió remitirnos variüs fotogr11ftas ?e esa
Ker)uesse v aun cuando no tienen el mérito de
' J
•
•
una oportunidad
iumeclrnta
son tan b u~ nas y dan
tan perfecta idea de esa fie?ta tan lucida que no
resistimos á la idea de pubhcarlas.
Hacemos notar sobre todo lo q11e representa un
pabellón hecho con puras botellas de cerveza en
el cual se emplearon millares de ellas.
El Primer buque ~ex/cano qu_e ha Jdo á las Canarias
:!,1UES'l;RAS DE AFECTO

Nuestros lectores saben y asi consta en el me_nsaje presidencial leído ante las cámaras _col:g15i
lado1;as que el Gobíerno compró en L1ve1por.o
una Co1'.b.;ta, la cu-al lleva el nomb1:e _de Yucatan
y que se designa para escuda náu~1ca.
esEsta Corbeta, que viene en cammo para nl~l
.
tras costlis, lnzo
esca 1a en la mayor .de las s as
Canarias donde tocó celebrar á los t~·1pulantes. e 1
cumple a'ños del General Díaz y las fiestas nacionalM.
·
La acogida que encontraron nuestros marinos

EL SR. Pr..ESIDE:STE

y st·s

ACOMPA"Í-AXTI s EX LA MESA.

en aquel l&lt;'j,1110 archipiélago que por primera vez
visitaba un buque mexica110, y el concurso de entusiasmo v buena Yoluntad que se les prestó para
la celebridad de esas fiestas fuernn tan expontaneos, qu1! dejarán recuerdos_ perdurables.
Con motivo de esa estancia d• 1 YucA'rÁN en el
puertc de Refugio de la Gra11 Canaria, la Redac-

Apacradas las luces que tan hernioso aspecto
presta;on al Yitca~á?7, desva~ecid_os los sonidos
metálicos de la mus1ca, perdido ) a el ~co de la
mtimaeión e:xpontánea y franCB; qu~ remó en la
improvisada fiesta, orro no extrn&amp;'mdos los calores del entusiasmo que hacen surgir delos p.echos
C'Spañoles los cariños recibidos de nuestros hermanos de raza hispana, ni los deseos ~ehementes
de seguir estrechando !amano de m~nnos tan g~hmtes é ilustrados, como los qne tnpulan la corbeta mexicana fondeada en nuestro puerto; ha llegado el momento de pagar, aunque_ pobremente,
la crratitud que guardamos por las mnumerables
ate~ciones recibidas, diciéndoles hoy, desde las
columnas de nuestro diario-«Coma!tdante Azueta y seilores oficiales del Yucatán: muchas gracias.»
La fiesta de anoche fué una nota hermosa en la..
historia de dos pueblos de un mismo origen. De
un aspecto halagador, fué también el espectáculo
ofrecido: la franca cordialidad que entre ~odos
reinó la conformidad de gustos y la semeJanza
de opiniones vinieron á ~~firn:,ar las p~labras
con que saludamos á los dtstmgu1dos marmos:-

�366

Domin"'O 28 de Noviembre de 1897

EL MUNDO.

Domingo 28 de Noviembre de 1897.

buque que .recientemente ha sido comprado en Inglaterra y que ha de ser transformado convenientemente en escuela de guardias marinas; nos hizo
notar mil recuerdos que lleva dela Gran Canaria,
mapas. planos del puerto, fotografías: nos hizo
mil_ elogios de nuestra isla, de su magnífco puerto derrfugio, bien conocido ya en l\léxico gracias
al cdo y actividad del Cónsul, nu,istro amigo el
Sr. Martín V elasco; nos ha hló con cariI1o de la tierra Yascongada de donde es originaria su familia;
de Esµm1a donde estudió los primeros años desu
carrPra y donde encontró la corv-pai1era que con
él ~omparte hoy la fdicidad del hogar; nos obsequió con vinos, con pastas y al mismo tiempo dejaba deslizar junto al oído, una fina agudeza, un
delicado chiste, una frase de atención ó una palabra cariñosn.
Del Comandante Azueta y de los oficiales del
Yucatá.n consennrcmos gra.to y etemo recuerdo.

LAPIZ Nl'EYO.

Para los carros pesados de tramp, rte '5" p11-ra los r¡ne
sin•t·n en la ao-rit'ultura rn general-los ja¡,ont'see ('mplean búfalos} alg·uuas vect's caballos. Muy pocas veces asnos.
Pero si tienen pocos animales domésticos en ca1!1blo es
notable el cuidado que lt's consal;lTan, son smg·ulare- los mimos de que los hilc·c·n objeto, como p,,ede
verse por los grabados que publicam ..s. En uno de ellos
vese una t'spadrilla. trenzada, que se aplica á las p1•zuñ:1s de los búfalos Y que es un coc¡1wth,imo trabajo que
muestra la índole' de ese pueblo minudoso y extraño.

A las 11 los invitados pasaron al comedor..
Ellwuh por la ahundancia y selección de los

PUESTO DE CERYEZA CONSTRUIDO CON BOTELLAS CERVE( ERA¡

platos fué verdaderamente expléndiclo. Al final
se repartieron variedad de dulces; lo vinos y licores fueron t1 bundantes y exquisitos.
Al descorcharse C'l í'hampagne se iniciaron los
brindi~. Tomó la palabra el Comanda11 1 e del YUCATAÑ que brindó por el ~fonarca de Espa:ila y
por el Presidente de su nación en cu \'O honor se
celebraba la fiesta; el Alcalde Sr. Ve{·dugo, bdndó por el Presidente Don Porfirio Díaz que también personifica la grandeza y prosperidad de la
República Mexicana; el Sr. Pi;rez (D. Alfredo) por
España descubridora y conquistadora de América, y por l\Iéxico, pueblo de raza hispana; el Sr.
Sarmiento por la unión estrecha y fraternal de
los dos pueblos, que cobijados por el pabellón de

«Mexicanos y españoles no son pueblos amigos,
porque más que amigos son hermanos.»
Cclebrábanse los días del Sr. Presidente de la
República Mexicana gencr&lt;l.l D. Porfirio Díaz y
con este motivo, nuestro distinguido amigo el amable Consul de México D. José ::irartín Velnsco, en
nombrn del Comandante de la Corbeta de guerra
Yucatá.n, invitó galantemente á alguna::1 familias
y amigos de confianza para celebrar la fiesta en
familia.
Un servicio bien organizado ele botes condujo
anoche, á bordo del buque mexicano {1, todos los
in vitados, los cuales constitu)Teron una selecta representación de la buena sociedad canaria.
Desd:e tierra no era posible adivinar la transformación que había sufrido la cubierta.
Los farolillos de colores que pendían de todas
partes y los alegres grupos que se habían formado por doquier, convertían al buque en un salón
animadísimo. Kada más pintoresco que el aspecto que ofrecía, á tales horas, el Yucatán que más
bien que anclado, parecía estar sólidamente fijo
sobre la tranquila superficie del mar. Un tiempo
hermosísimo favorecía el éxito de la fiesta!
Al llegar nosotros, la hermosa y alegre reunión
estaba en su apogeo; reinaba animación extraordinaria, traducíase en actos el general entusiasmo
y el júbilo se retrataba en todos los semblantes.
Y en medio de los invitados, prodigando atenciones; acudiendo á todas las necesidades, francos,
expontáneos y extraordinariamente amables, se
veían al Comandante y á su distinguida oficialidacl, admirablemente secundados por el Sr. ::iiartín Velasco.
Saludamos al Sr. Azueta. A las primeras palabras el ltumbre inte1·ior se había dado á conocer;
pundonoroso marino y caballero sin tacha. Sabe
conquistlll· las simpatías con sus bellísimas prendas personales, con su carúcter jovial y caballeresco, con la exquisita consideración que á todo
el mundo guarda, con su h·ato afable, dulce, carifioso, dechado de cortesía y de amabilidad. En
él radicó la causa primordial de la alegría que reinó anoche entre los invitados. Había que seguir
la corriente: seT también amable, cortés, jovial;
participar de aquel caracter expansivo, demostrar
franqueza con el hombre franco en grado sumo;
devolver atenciones al hombre atento por excelencia.
Nos presentó á su oficialidad, que participa también de todas las bellísimas cualidades del dignísimo jefe; nos enseñó todos los departamentos del

..,..

Lb·piz Nuevo.

MARINOS DEL PRIMER BUQUE MEXICANO QUE FUE .Á. LA GRAN CANARIA.

México, se hallaban represer.tados en la corbeta
YUCATÁN· el Sr. Martín Velasco (D. Vicente) por
México, ~uyo pueblo demuestra siempre los profundas simpatías que guarda á la que fué su metrópoli; el Sr. Betancou.rt por la fraternidad entre
españoles y mexicanos; el Capitán Sr. Torró~ ~or
la marina de geurra mexicana; los Sres. Bo1sswr
y Tejera brindarqn en verso siendo felicitados
· por todos. De nuevo brindó el Sr. Azueta agradeciendo, en nombre de su patria, las_ palabras entusiastas que acababan de pronunciarse.
Durante la comida tocó escogidas piezas un
cuarteto de orquesta, que amenizó, también, la
agradable velada. Desp1~és de la esplén~ida comida continuó el baile hasta las 2 y media de la
madrugada.
A las 12 de la noche se repartieron helados Y
pastas.

***
transcurrido

Las horas habían
fugaces como
un sue:ilo debido á la galantería y al buen gusto
imponde1'.able del Comandante y oficiales del YUCATAN. Estos dignos jefes pueden estar orgullosos de su obra: espectáculos como el de esa noche no se olvidan nunca. Ellos y el Cónsul de la
República, supieron realizar lo in1posible. Mil felicitaciones.
A las 2 y media de la madrugada :-tbando_nábamos el buque después de habcrs~ 11nprov_1sado,
durante breves momentos, un concierto intimo.
AJ separarnos de marinos tan galante~. al alejarnos del buque donde de modo tan delicado habíamos sido obsequiados, desde las lanchas ~ue
nos conducían á tierra nos despedimos con vivas
á l\Iéxico, al General Porfirio Díaz, al Comandante Azueta y á la oficialidad del YCCA~ÁN ..
Y á nuestros oidos, en medio del s1lenc10 de la
noche, llega claro y distinto, desde la corbeta
mexicana. el grito de
-¡Hurra! ¡Viva Espafia!

UNA GRUTA EN LA KERMESSE.

367m:•

EL MUNDO

ESREREÓSCOPO GORDE,

Se ha ensavado va emplear el papel enrollado para
mantener la j}U11ta del crayón, en lugar de \a madera
utilizada hasta aqui; más en este m1t.,,·o lápiz se trata
simplemente de unaJrnlícula de madera muy delgada
que se enrrolla al re edor de la barrita del lapiz y se
desprende muv facilmente. Este procedimiento ahorra
mucho trabajo y presta notables servicios.

DA){AS JAPONESAS DANDO GOLOSL'&lt;AS Á. LOS CIERVOS SAGRADOS DEL PARQUE L\1PERIAL DE TOKIO,

CURIOSIDADES

Con el próximo número repartimos á n uestros lectores

Stereóscopo Oorde.
~

Los instrumentos llamados Stereóscopos, destinados á obtener la sensación del relieve por medio de
pruebas hechas sínmltánea~~1~te, eran basta ahora u!1
poco u1olestos, y por ende d1fic1les para llevarse cons1"'º· l\1. A. Gorde ha imaginado el modelo simple de
ttereóscopo que damos en el adjunto grabado. Se compone de una planchita vertical y que puede caer sobre una regla. Esta última lleYa un atravesaño horizontal que mantiene las fotografías. El aparato es poderosísimo como aumentador y sin embargo se reduce hasta el punto de poder llevarse en la bolsa; su espesor, doblado, no pasa de un centímetrp y medio y sn
Jong·itud de 19·ceutímetros.

255 FA Gl N

1

Asf

de folletín, correspondiente al principio del
segundo tomo de la novela

~POR HONOR DEL NOMBRE~
Hay que advertir que esta novela es la mejor que hemos publicado. ·vale $7 en las librerías.

M11~s1·ca para Poºadas
"

Con el pr6Xi'!10 n\\mero empezaremos é. repartir hermosa~ pie1,as
de m\\sica, apropósito para las Posadas, escritas por el maestro
Cuylls y con .,1egantes viñetas.

LOS ANIMALES OOMESTICOS EN ELJAP.,.N.

Los japoneses poseen mu~T pocos animales domésticos; si tratan de imitará lo~ europeos en muchos puntos, habría que hacer acaso una excepción en esto; como no acostumbran la Ir.che, no crian vtlcas. El arroz
mezclado á los peces y algunas legumbre~, forma la
base ele rn alimentación.
, Entre los japoneses aclor~dores f&lt;'rvientes de Bou•
clha, la carne de bue.v estaba prohibida en otro tiempo
como entre los indios; ahora se ha modificado un poco
este uso v de vez t'n cuando se deciden á comerla. El
puerco les es por decirlo así clesco11óciclo. Los caballos
no se ernplt'an sino rara Yez para arra~trar los carruajes, salvo los que sirvPn eu los grandes días eu To•
kio, pegados á los trenes del ~mperador y de los personajes ele lli corte. Sirven también algunas yeces en
Yokohama para los europeos ricos.
Por donde quiera Yense hombres que arrastran cochecitos públicos ele dos ruedas, casi sillones rodantes
llamados Rinkichas. Nuestros los lectores conocen de
masiadopor descripciones que en este periódico hemos
hecho de tales vehiculos.

-

,

~

.'-'

·.,....---.. \

-· •fu-tv-

ESPADRlLLAS QUE SE APLJCAN EN ET, JAPON

A LAS

PEZUÑAS DE LOS BUPALOS.

�EL MUNDO.

flnmin!!"n ?~ rlP Noviembre de 1897•
Domingo 28 ae NoviPmbre de 1897.

369

EL MUNDO
tas. Hija de nna familia distinguida, no fué para
1•1la la holgura de la posición pretexto para el ocio,
sino poderoso estímulo para el estudio; y muy nifüt aún, enamorada del color, ha sido para ese
monarca divino la gentil desposada, que como las
vfrgencs prudentes de la escritura, j:m1ás deja
agornr el aceite de su lfnupara: es decir, no deja
enfriarse mrnca el fuego de su culto, noble y bello.
Feliz quien como t•lla puede ·ostcntnr, ante ese
111m1do ver.-;atil, pagado eternamente de la opulcncüt y del ¿xito mprcantil; perenneme11te deslumbrado ,\nte el fetiche de oro en rededor del
cual baila su necL, ronda, no solo el poder que
ch, la riqueza sino el milp:ko poder que da el ta,
lento. Para st1 alma-j:nnús habrá vados; porque
cuando &lt;'l tedio &lt;'nemig·o de todas las almas, le
nuwstre la inanict,d de la exisrcucia, el arte le
mostrnrá la plc11itud de su embeleso.

Julia Escahmte es disdpula del maestro Raf¡lel
Flores, profesor de l;1 .Academia de San Carlos;
posee dos henuoso:; estudios: uno en su e.asa habitación de ln calle de Tiburcio y otro en su rcsiuencia \·eranieg',l de Tacubaya.
Ila cnviadocuadrosú lasexpo~iciones de P,ll'íS,
~neva Orleans, y Chic,1go y ob~unido honrnsos
arUsta.s. premios.
En la ex:po,;ición org·rnizada h1ce pocos años
en el Hotel del Jnrfün exhibió un magnífico cua9u1ia $scalante.
dro que también fué prPmiado.
Entre sus pinturas más celebradas, cuéntase un
Un cerebro femenino más, Yi- cuadro de grandes dimensiones llamado La Lecltegorosamente soñador, hábilmcn~ m y que representa á una preciosa muchachita lote cultivado, que exterioriza sus zana, riente, que mostrando el pie rosado como
scllSaciones por medio del pincel, un pétalo, lleva al hombro la cántara de leche.
en el lienzo que hace ctl'rno el Despréndese de esa figura una sensación primamatiz, perpetúa la sobernnia del veral y fresca que encanta.
La vida de la joven artista es tranquila; ama
color, y fija la magia de las viella,
como fray Luis, la i;scondida .smda: y en el
braciones luminosas.
seno
del silencio, su producción se fortifica y se
Julia Escalante es digna de figurar en primer
érmino en esta gentil galería de sefloritas artis• engrandece.

Nuestras

UNA TORMENTA EN LA SIERRA.
PARA EL LIC. IGXACIO MICilEL.

Arre mulo, ándale, recua ...... .
Y el mulo, moviendo parsim&lt;?niosam~nte la grupa,
iniciaba un trote de buenos am1g·o,, estmmdo c~autu
podía manos y patas para ascender aquella penchente
aoTia v escabrosa.
º-zo·penco, no le mermes; .asi ,~•as bie_n. co,mo .un
mondongo de cura, clamaba tio ~1co; uura que s1 te
duermes nos cog'e el chaparro!1·
.
y espoleaba el tordillo que iba á la zaga d~ m1 cabalgadura, ahora diligente, por obra y grnéia dP, la
cuarta y de las rodajas de las espuela, leonesas.
En efecto, el chaparron se nos venia ~neima .' los
pinos heridos por rachas prematuras deJaban 011· un
suRun:o mag·estuoso.
Una tempestad en la.sierra! e~ rebramar de 13:.torruenta en aquella, altitudes enzadas .de prodig10.sa
tolumnata vegetal! Que más podía ansiar la pechgu.eña fanta,;ía ele un artista!
Oue. reO'alo mejor para los ojos y para el oido! .. ·:·····
1~ el e;;pectáculo iba ~ proporeionárseme grafo; et
amare· haciéndome refocilar de antemano con el anuncío dc,;'su advenimiento.
.
.
.
Cabalga cabalgando, volvia los OJOS a.l plan mmediato donde las cañas de crenchas und1vag'as, blandamente se mecían al soplo de un viento ~emoroso; rastreaba mi inirada como rauda golonclnna, por la ve&lt;&gt;·a toda sobre la ~ual parecía pasar algo como un extremeéi~iento precursor de la ten1p~stad, y se. encaral)laba de seguido á las cimas ommv1d.entes, en las que
&lt;l.esg·arraban ya sus cre_spones ploi1~1zos al&amp;·unas .n ube,; delg·adas, vauguardta de la re.g1on ele n~l)es gru.e:sas que se descolgaba por el pomente, matizado aun
á trechos por los rayos pó~tuuios del ,ol . •·:.
Si se avecinaba ya Lev1atan, con su ~la11do t.onante c~n su huracanado rt•soplar, henclndo el nentre.
obscuro de liquido y de rayos: era el monstruo de los
Libros, caballero a\iora en invisible corcel alado, y
iseiíor de los espacLOs....... .
*

**

Diana-1 uaaro

ae

T. !@. Kennington.

-Arre matrera, rugió el tío Nico nueva1i1e.nte_, arrC'bíatando al""unos ternos del c~so-s}\bete n•Jud1a que
110s ensopafemos de lo línd(? s1 no aciertas á llegar al
claro, para ponernos ~l al?r!~º del bo.hlo..
.
-Y su mercé, añad1a d1nJ1endose ª. m1, no la deJ_e
de la mano· mié que es devcras e~tt~cliante para la .s1·
1:a v que p¿r su pura culpa. vamos a pasar la de Dios
es Cri::;to! •
.
E;:;o era lo que yo queria,.por cierto. Qu~ s.e me d~ba el frágil amparo del boh10! Qu~ me pusie~a la to1me11t11 como diu•an dueñas ...... meJor que meJor ...... en
Yie11do el espeitáculo, todo lo llevaria en amor y paciencia.
Y el espectáculo no se hizo esperar.

No muv lejos andábamos de la m.as alta cumbre,
cuando ima sulfur~a llamarada invadió los infinitos
espacios y un estruendo portentoso taladró las capas
atmosféril:as.
Mas abajo, á la vera del sendero tortuoso que recorríamos, un pino milenario, desgajado de g·oipe, cayó con estrépito inclescri ptible, victima cl~_l rayo.
-Ya tir¡¡n con bala, miamo, exclamó 1'1colas entre
sonriente v medroso.
-En efecto, respondí, son las baterías del cielo.
Y por las quebradas rocas, por los esquivos peñascales, por la,; hoscas torrenteras, por los declives rápidos, iba repercutiendo, repercutiendo aquel trueno
inaudito, v parecía qnelos 8ttRtentos de la serranía se
quebrantaban:,.· que caían ~01~ horrisono ruido, ~echos
mil pedazos los pilares de Jacmto, de ágata v diamante que sostíenen la cúpula azul de lo, cielo::;!

*

**
)las no nos llegaba el chaparrón contra todas las
preYisíones angustiosa~ del tío Nicolas;. r. no solo no
llegaba mag·iitir la amenazadora prox1rn1clad de las
nubes plomizas; mas estas, rebotando de cumbre en
cumbre como Inmensos aludes de algodón obscuro,
ibanse arremolinando á nuestros píes ~- circundando
un amplio sector de la montaña.
DetuYeme lleno de pasmo; otro tanto hizo el tío Ni&lt;'Olas Y contemplamos la mas cumplida maravilla que
contt!inplado havan ojos mortales.... ..
·
La tumpestad estaba á nuestros. pies, borhotante
rug·iente,, pavorosa ...... A nue~tros pies culebreaba e!
raro, bilurcándose en inúmeras saetas d'=' lumbre;
erivenándo, fugitiYo, con arborescencias lívidas, el seJJO de las nubes .. .-..
La te11,pestad estal1a á nuestro~ pies, llena ele poder
v coraje; nos llegaba su rugido y uno como hálito de
:,apores tibios ...... Y arriba, encima de nuestras cabezas, el cielo se serenaba por .completo, rosándose con
el ultimo rayo del crepúsculo ......................, ............ .

···c;~;;a:~·:. ~;;· ·;_¡- ·;;1;·,;~;.~· 'a"i ·ii"~·1;i~;· ~;¡~~;t;ib~1\;~;. ~i
bastimento,"dispuestos al palique y á la broma, pregunte á Nicolas:
-Dí te pesó el paseito?
-Ni me lo ntelva á decir niño de mi alma, respondió; aquello si que fué de rechupete ...... y · oiladíó con
infle.xión conmoYida:
-Que cosas tau lindas hace Dios!
A)fADO NERVO.

EL SABELO~TODO
Anda por el mundo cierto tipo que, por su sabidurla
sin igua1 entre todos los nacidos, la vil tierra en que
pis11. no es merecedora d~ sustentarle. Tal cosa, a lo
menos, me figuro que ha de imaginarse él, y otro tan•
to más, ·si ámanos viene, porque en punto a imag·ina•
ciones Lle esa especie, no tiene el tal calo ni mediµa.
Psted, lector amigo, ó lector piado~o, ó como usted
quiera que le llame, sin duda le ha de conocer, pue~
us per::;una-el tipo aludido, se entiende-qui! en todas
pa1tea se encuentra, y en todas su mayor afán, lo que
uHi.s allincadamente procura, es llamar hacia sí la atención de todo bicho ,·iviente, ya pertenezca el bicho á
la clase de los llam1tdos cultos, ~,~ haya qt1e buhcarle
entre los incultos é ignorantes.
Para conseguir mi hombre fin que, en concepto suyo, á tau p:ran a ltura intelectual le coloca, no ctespertlicia coyuntura buena ni mala, y cuenta para ellu con
armas el~ tan excelente lev Y condicióu; tales como el
dist.:utir del modo más desatinado po,ible, si bien cui•
dando de que sus disparates vayan chorreando por los
cuatro costados afectación y suficiencia; el engañará
lo::; amig·os sencillos y poco avisados, hablánduJcs contiuuameute ele bellezas incomparables ele una obra que
hace mucho tiempo· trae entre mano~, y que, por pudoró mocle:;tia "in eluda, 110 se atn:veuunca, á pre&amp;eutill"St~ ante el público, y, finalmente, el descolgarse allá,
de peras :i higos-si por ventura no sig·uió d camino
de 1 , uratoria, ó comprende que e,; algo torpe. de lengua, -con alg·ún sofisma muy bien aprenclidito y encajado de antemano en la memoria.
Pero el arma más poderosa y que mejor y con más
api-evechamiento maneja\ es la dbcusión. Part!ce mentira, pero él lo discute tono: lo divino y lo humano, lo
ele te¡as arriba y lo de tejas abajo, lo que esta.al alcance ele cualquier pelea y lo que sólo se les alcanza á
mu.v pocm;, lo q11e comprende y lo que no entiende ui
á cíen leg·uas. ¿Le habla usted, pinto el caso, de alguna obra f1losófical' Pues ya tratará de hacerle á us~ed
creer que él que ha estudiado á !'latón, y á .Aristóteles y á Sócrates, ~' á cuantos antes~' des¡rnés han ¡;ido
fillsofos. ¿Se le ocurre á usted en mala hora, nombrar
á Santo Tomás, verbigracüt~ Pues con esto solo, ya
tiene u.ted al sabio de los sabios, al portento de los
portento~, sLtilliéndose pa,;íto á pasito en el insondable
rnar de la teología; y puesto en tan peliagudo trance,
le oirá, el que q ttiera oirle, cosas verdaderamente pe•
regl"iuas, en •·ibta de las cuales es preciso tenerle,
cuando menos, pot· tan illlstre teólogo como San Agus•
tín, ú otro que más Yalga. La histona no hay quemen•
társela. ¿Parn qué, si él se las sabe toó.as lo mismo que
el l'aclrenu.eatro? Y en prueba de ello, y para que usted se con venza de su mucha erudición, le citará. á 1.s•
ted. aunque algo desordenadamente, á Tácito, alP. J\.Ia•
1-iano, á L;urita, á Xenophonte; Tito Li vio, Macaulay,
Orosio, Diego de Mendoza, Salustio, r'ericles, 'l'ucidi•
des...... y ha~ta al mismísimo Poncio Pedante; celebérrimo hi;toriador, primo politico de Poncí o Pilatos. Y
no le cita á usted más, porqu1:1 es seguro que ya usted
habrá echado á correr asustado de tanto nombre, que
si no,·más le citara. En suma, señores, que es hombre
p_ara el et1al nada hay oculto ni ignorado en la tierra.
E,; filósofo eminente, teólogo insig·ne, 8apientísimo co•
nocedor de historias, crónicas Y cronico.ies; sociólogo
de los buenos, g·eógrafo de los U1ejores; pintor, músico,
escultor, arquitt:-cto, literato ...... y, por Herlo todo, me
parece que también es gran maestro en asuntos de
cuernos, y critico 11otabi11simo en el arte de los Zabar•
te. Salazar y comparsa.
Una sola cosa no tiene el desdichado, y es ,ergüen•
za,porque siempre anda hablando mal ele su país. A cada rato le oirá.u Uds. expresarse de esta ó parecida
manera:
¡Por Dios, caballeros! tengan U des. la bondad de no
decir barbaridades, que con ellas sólo se cltmrnestra
un completo desconocimiento de la materia que s1:1
tliscute. Y es barbaridad, y de las .gordas, afirmar en•
fáticamente que México se encuenrra ho.v tan adelan·
tado v floreciente como cualquiera de las repúblicas
de
América latina, y que se halla, ó púnto menos,
en potencia propincua ......... si, señor, en potencia 'propincua ele ser 11110 de los prímei•os pai~es en el con•
cierto de las naciones civilizadas.. Si Udei&lt;. conocieran
á su tierra como me precio de conoc1:1rla yo, se"'uramente que no se aventurarían á emitir juicios ele tal
naturaleza; antes al contrario, dec:ararian ingenua·
mente, como yo con tocla ingen_uida~ declaro aun á
pique de que se me tenga por ant1patr10ta, que no valemos un comino.
Dicho lo cual se atuza el 1Jigote-sí le tiene, por su•
puesto-\· se quecla mirando á su pequeño auditorio
como si· quisiera preguntar: ¿Elrl que opinan Udes?¿~fo explico ó no me explico? lvalgo ó no valgo?
Otras veces le da por emplear forma algo más sua•
,e, v si el tal ha nacido en España se arrauca en est.os
tén11inos:
Es menester que seamos francos, que confesemos. la
verdad, haciendo á un lado tontas patrioterías. p.ro¡i,ias
de la gente ignorante y que no conoce ni po1· el forro
a. la tit:11-ra que la vió nacer. b:spaña, señores, flstá muy
atrasada: atrasada en agriculttua, en indu.s.1ri&gt;1., en artes, en ciencias ......... en cuanto es «genuin,a manifestación del ingenio humano.• ¡No hav m!ts ql\e ver
aquellos trene8! ¡que trenes, me Yalga Dio~! ly yo. qufl
acababa de ,iajar en los de los Est,ldO.S Uniuos! Como
quien dice, eu los mejores trene::; del g·lobo tel'l'Aqueo.
Porque, amigo, es lo cierto que Alo, americano,; na•
die les aventaja. en este particular. Yo, que he estado
alll, puedo decirlo, como puedo, asimismo dar noticia
minuciosa del extraordinario valer d:e aquel pueblo
admirable, para mi $in rival en ambos bemisfel'ios.
Y por aqui se va alJrienclo paso, hasta que al fin sa
pone á relatar 1as míl marav\llas y prodigios que ha
visto en la República clel Norte. ¡Aquella a::;tátua. de ll\

la

�370

EL MUNDO.

Domingo 28 de Xoviembre de 1~7
Libertad, que se eleva á tres mil meDA.MAS MEXICANAS.
tPOs del suelo! ¡Aquellas casas euoraplauso lo saludaba cuando iba hasat
mes, aquellas ticndati, donde Jo mismo
cllo,i, mis cornpa11ero:; de Colegio, plale venden á 'Ud. un collar dé perlas
ctmtero, rie11te, ~mgularmentt: feliz y
preciosbimas, que un ochavo de toextrafianiente fautá,tico.
cino. Si es para quedarse con la boca
J ttzgábale francé,;. ~fo Jo decían el
abierta. ~i míts ni menos que como
negro tu ciente, abrillantado de :;u traje
se queda uno en presencia ele semejanv btl afición decidida á las co11clecorntes muestras de ilu~tración v buen cricionelo; en el ('lta.Jeco_irreprochable lleterio.
·
vaba adherida una grnn cruz como lo.:1¡Ah! pero no más gracioso C8 oír discahalleros de Sa11ti,1g·o en su flarnantecurrir it nue~tro hombre sobre rl'Jio-ió11.
forreruelo. Poi· lo demás, su cordial caYo treo, suele dt&gt;dr, que exi8t~ un
racter é ingénita s1tn1mtía por .la juSer Supremo, un Ser superior á nosoV,:t1tucl; su agudeza misma y ,11 do11aitros, llitmesti .'.\aturnleza, Eter, ó rnmo
re, el cariño especial q tte di,;pt:u,aba á .
se quiera; pcrn ele tener vo esta rreenJo·s
c•uamorados sc•111pi1ernos. l¡e11d1idus.
cia, á admitir sin répliea ni discernide il11siunes y pictórico.; ele fe, hal.Jianlt).
mineto alguno las :ncontablcs paparrnconq ttistadu una cohorte entusiasta ck
chas c¡ue los frailes se empeñan eu hapoetas en agra,: ydc trontdurcs clese11cemos tragar, va mucha diferencia. N~o
fre11at!os ~• ¡.,c•rcl1dos......
C(!te lo trean los tonto~. ¡.(~uien, por
Una tarde brurnosa, apenas alumbraeJemplo, 111edianame11te ilustrado acepda por la candente hornaza de un sol
ta hoy como aiyculo de fe que la \llrgen
,¡ue se ocultaba amenazado por siuies:\!arla.._. ... eii fin, ya saben lJde~? ¡Conn
tras uublaione~. una tarde tnsce v fria
s1 la t1ei1cm no nos enseifara que tal
como mi espiritu Stúrido ·" atormentadocosa es imposible! i,Y r¡ué me dicPn
por i11fi11ito:; dolore,; paseábame abstraíUdes. de la infabilidad del Papa? \'ado por esas calles cu !1uc el bullido ele
mos, hombr¡•, ó es que nos quieren ' totrnu:;uentes y ,·ai-ruaJes, la nota viva
mar el pdo, ó nos han visto cara de o-,w •
de un corpÍllo de colores abig-arrador;.
sos. Pero á, mi no :;e me co1111tlo•a"to11
!Í la mirada intencional y pe11etrantu
ruedas de molino, porque yo he0 leido
d,1 una hermosa, convida al goce inomucho, tanto de autore~ crédulos como
cente.,· puer\J á todo aquel que no tiede escéptico:; y materialistas; y, la verne mas de veinte afios v uua alma disdad, :vo me atengo á los último~, E'llpuesta á solazarse." recibir otras imtre lo, cuales se ha•lan hombrea de tanJ)resiones c¡ue las del tedio amarg&lt;;&gt; y
to talent? y autoridad, como Demócrilaproftlnda pena.
to, Volta1n•, Rousseau, Chateaubriand
¿.Sabeis, mi:; amigos, lo que á mi ániy otros varios.
ino produjo tan frívolo aturdimiento?'
Si acaso alguno se atreve á hacerle
$rfa. Gnfonia Eionzalez
Un cldspredo grande, inmesurablehacia.
observar que Chateaubriand no fué un
la ,·ida ociosa del boulevardier v un
escritor cOm'.) él se lo imajiua1 conte~ta
(DE XOGALE8, HOXORA)
intenbO deseo de rechazar aquellas comuy serio y midiendo mucho y rscuclrnn
sas y aplabtar aquellas genteti que se.
close las palabras: U::-ted créame á mi: el Catoliri,mo
.
prese:-ntaban á mi ,·ista como las imáge•
La bandera del dolor.
obedeciendo á la le,v· unh·ersal porque se ri o•e todo lo
ne• Yer~1coloreti de un graphoscopio ó las movidas fi.
creado, forzosa(nente ha de ~esa1iarecer co~1 el ti!m1g-uras dd un cuadro disoh-ente.
P?, como han ido desapareciendo otras nrncba8 reli['l:n el álbum de laSrlta. Olelia Gonzalez y Zambrana]
Prouto, pue~. rne alejé de las ruidos-as avenidas que
g10nes.
me &lt;'illlsaban fiebre y fuíme clirecto, temeroso de arre•
Con lo cual el bendito de Dios Be forja la ilusión hapentmue, á distraer mi mal á casa de ese desconcido
lag:a~ora de q.ue IJ'.1 snrni~o .á sus oyentes en muda y
UJOi'i'E;\IJ,;, n!1ia.; pero yo no puedo presrn- ,\. q !liéu yo creia francés y era en realidad, co:;mGrehg1osa adm1rac10n de su persona.
&lt;1rle ahora pa1saJes encantadores, como aqut&gt;- pohta
Hablando de literatttra es también-como en todo
ll1i ,·isita, con todo, hubíérasP. di fe.ricio si la rubia
os riue un gran poeta describia, pintando el
ya se ¡;abe-una potencia de primer orden.
'
Jazmm entrelazado con la pasionada la ver- Sra. dt: Cliquot-dama ~iscreta y de altísimo contorno
-L~ola! señor Quisquillas, que tal va esa salud?
al pié del mirto. n1 el hondo valle el ~liYO, al -que Junto á un annano conversaba con mi héroe
-:siempre haciendo berrinches-no la salud se en- bena
borde del. t?rrente !a adelfa~· sobre las hojas movidas á la sazóu, no se despido en el preciso momento eu
tiende, ~iuo vo.
'
por JC!" alt,:;10¡;, las Imelas mariposas, mientr11s el fauno que yo entraba........ .
-Cuidado~ cuidado con la. bilis, que es persona de d?rm1tab3:
en su irruta &lt;ie hiedra ó se bañaba el silen-La yerdacl es que .vuestro misterioso personajemuy mala~ pulgas, y á lo meJor nos da un susto
cio en la hnfa de las fuente:;.
subray~ con. ace1:1-to hger? y retozón una jo1·en que
. -:Pero ~1 ,\ veces, aunque uno trate de ref1 enar los
Yo recojí los últimos suspiros de tu bella mach·e así pre~unua de mtehgent". é 111geniosa-110 era. á Jo que
1~1petus, no puede por menos de ~ndig-narse. Figúrese como
1~ habia vis.t_o correr y jugar alborozada, en' los
veo, tan galante y rendido con las señoras como fuera.
l d. que .acabo de ~en~r una a~r1a disputa con Rive- preludios
de la mnev.. La ví ruás tarde cubierta de ro- de desrarse.
ra....._.Ud. conoce a Rivera_.........
,
sas blancas, rn su túmulo do martir. Llevé su cadáver
. Permitid que. os prevenga, señorita, que antes de él
.-St; un muchacho por cierto muy fornial é instrui- sobre
lo~ hombro~ en unión de otros amigos .v parien- Ja1~1~s he conocido nada tan espiritual refinado v exchto.
·
qu1s1to
•
tes-radiante
de
mmortalidad-al
santo
panteón.
-;-Instruidito, instruigito, y precisamente ahora, disAl.leer esta página, arroclillate y ora por ella. Las
-Bien_¿y lo .demás?-estalló el de la voz hueca con
cutiendo sobre ~¡ ~ne~amsmo del verso, no supo enten- ornriones
puras son los himnos de Dios.
ademán impaciente.
(ler lo que son p11T.1qmos1 yambos, cornos~· espondeos.
. Alg~mos pueblos antig-uos cuando celebraban las
-Mu.v luego le traté familiarmente-contestó GuiY_ay.a u_n ho~bre rnstrmdo, que no sabe Jo que es un v1ctorrns
sus famosos guanero~, ha,·ian conducir 11.e.rmo amostazado, dispouiéndose á seo•uir su narrap1rr1qmo1 m (as s.llabas, tiempos y pié~ de que consta al ~ado dede
los
carros
de
trofeos
adornados
con
cnrtic1on - y aun perI?itió, por
no ~é qné ~:tusa drtermiun senano yamb1co puro. Pero verá Ud. tJon Pedro
de granate y oro, otro carro pesado y lúgubre, uante, que lt: quitara el roJ1zo gorro que envolvia su
Conve~icido sin eluda el pobre hombre, q{w, entre pa~ naJes
en
el
cuai
se
destacaba
una
anchurosa
bandera
neo-ra
réntes1s, e., un apedeuta en toda la e.xtensión del vo- pa¡·~ que el vencerlor no se dejnse ensorbebecer "'de: ve!1e1:able cabeza. Nue,trn charla, desde entonces
a111n~o~e por grados y hablamos..... hablamos largo,;
c~blo, de que no se halla mu.Y fuerte en Poética cam.Pºr. las glori~~ del destino, y pensara á veces tendido d~ la d ~ha fu.g az .v la esperanza muerta, del
bió el.te~a, ~• me pregun.tó mi opinión respectd de la mas1ado
en las miserias y delnhclacles hunrnnas.
ª(llor-¡el mflex1ble mmotauro!- y de ella, mi veleidosa
obra ulttm~ de Pereda, titulada Peiias Arriba. Yo se
Entre la~ muthas florrs qutl dediquen á tu talento v bien amad.a,. la gaUard;;i morena de ojos nrgros más
la expuse hsa y llanamente, como es mi costumbre· á tus
gracias, en este álbum tu~ numerosos aclmiradri- que Ja obsidiana, ondulante cabelh•ra y caderas compe~o par.éceme que n? ~lebió de agraclarle, porque s~
1:es, se.an .l~s ~.re,,~ntes lineas para ti, el simholo dPI bas co~o rebo_rdes de ánfora hcl&lt;mica ~· oscilantes
deJó dec1!· el muy e~tup1do, que era vo un borrico que
coi.no .P~nclulo simple, en vaivén con:;tante, persistenen mat.er1a de arte, no distinguia lo blanco de lo ne~ recuer~o, la litgrun~ BtU.tve y .dulec, por la memoria te
mfm1to!
gro. No me pude contener, me atufé me atufé de ve- de Elo~ia. aq,u~lla 1.angu1da rema de la juwntucl, tan
¿El final? Ah) si, lo recuerdo con pena......... Un churas, y le •¡mse c~mo hoja de perejil: ¡:\füe l'd. que cast~ cual Ef1ge1:1-ia, tan seductora como Enitrea; ,.¡
atre_v~Tsc á dec1~· que Peí'ias Arriba es una obra her- que31do de una. tortol~, al enrnntrarse huérfana de basc? de hígr!mas suplió á la risa desbordante v al
en el ca!iente mrlo; la tétrica pero granrliosa, susp1r? evocat1yo de mi perdido amor ~· penetr·é al
mos1s1m~, a-ran~osa! ¡,Qué entenderá ese cretino por rnadr1;
enfüeuo de rodillas, yo que siempre me creí púo•iJ vihermoso~ Lo d1Je an.te.s y ahora Jo repito: Peiia11 Arri- celestial y subltme Bandera nPgra del dolor filial.
goro~o, esforzado, fuerte co1;-:o un turco.
"' '
AirnRES CumEx'rE VAZQUEZ.
ba es cansada, fastidiosa, rnporifera. No asi otras
Noviembre de 1897.
-:-Pero ¿que ha siclo del nmerto?-tornó á hablar el
obras del mismo autor, poi· ejemplo el Buey Suelto
valiente que con ellos ~impatizaba.
Don Gonzalo Oonzrilez y el Sabor de'la Tierruca qu~
- ¡El muerto! ~s verdad que lo olvidaba así como su
son muy agradables y bonitas. Mas, con todo, n~ llen~1~1bre de. bautizo-murmuró Gtüllermo' poniéndose
ga P~reda adon~e llega GalclóR, que es el primer
pa!Jdo.d~ pronto .. Cu~ndo voh-i á la vida lo primero
noveltsta de Espana. Aunque, si he ele decir la verdad
q~1e. nm-~ ~ue á nu amigo que vacía ríg-id~, con cadat~1•bién e!1 G:3-ldós encuentro yo defectos garrafales'.
venca ng1c!Pz, sobre la mesa &lt;ie mármol que tenia enV aya ~n tip.o 111 ~erosímil el que nos ha dado en su
,D1:1rante
la
velada.
cuando
ya
todos
habían
rrido
tll
Nazar111! ¿Y que me cuenta Ud. de Halma? Alma se conuco r~cuerdo de un cles,:ifío y la reminiscencia de frente; le to!llé entonces del cuello co11 mauo trémuJa
por la em_oc1ón y en el chaleco qne le servia ele ferre•
necesita para aguantar ciertas obras,. á ciertos hom- un
~ueed1d.o con punta;; y collares de novela por en- ruelo. ba¡o la gran cruz que gastaba como cualquirr
brecillos f~tuos y pretensiosos que, co'mo el Rivcrita, tregas,
Gmllermo
permanecía
callado
indifercute
mi.
todo lo quieren saber, en todo se meten Y110 entienden ~~.ndo ~o.lo_el opalino ~ontcnido de su 'copa como s'i al- c3:~al_lcr? de. Sa;nti~go_. leí s~ nombre...... Lln111ábase
AJenJo j babia sido mtunn amigo de Luis de Baviera.
una palabra ~e nada. Pero rn fin, veo que Ud. va 8 e .,,
un ext1auo pensamiento lo asaltara. ])e imp1·oviso
Ya y yo también me largo. Conque agur, Don I;cdro. una
vo~ ~onora pronunció su 110111bre y diez n,ás Ja co:
JosE ALBERTO ZULOAGA.
Y se fué el pedazo de atún, no olvidándose al salir rearon exclamando:
á. la ca!le de calarse los Jentrs que poco antes se ha-;-Sí, sí, que nos diga Guillermo la hiEtoria de su
b1a qmta~o; porque es de advertir que la mayor par.e primer
amor!
de estos tipos usan lentes sin maldita la necesidad de
.
-E~
tan
llana y n1lgar-replicó éste-que apenas
usarlos, sospecho yo que porque ellos se suponen que s1 el fmal.. ....
D~seíende la hostia blanca. Como viento
han ele exclamar las gentes al reparar en que los usan:
~ lo que queremos-interrumpió con tono seRug1encl~ en el ~oscaje, se oye abajo
-¡Caramba! este chico ha debido de estudiar mu- co-Es.o
un !n.tngado cqntertulio- la posesión, el abandono,
F;I preludio ~el hnnno del trabajo
cho; debe de ser muy sabio!
la mohc1e de la ~arne fresca y palpitante. ¡Que valen
l la estr?fa mmortal del movimiento.
Y, á pesar ºde su ~abiduria, no sal?en los muy simples los
besos y las c1_tas en la sombra!
Desarticula el roble corpuleuto
.9u.e lo que e;;as mismas gentes piensan es que son
-¡Oh, no, ll'! ~eñores, se trata de una muerte!
F¿l rudo lefiador á cada tajo,
uno..s _g-.randes necios, con pe1·dón sea dicho.
-Tanto n~eJor-agregó uu despabilado con fingida
1 se .~spere~a ,el henJisferio, bajo
c.ompl3;cencia-la muerte es atractiva v vo la dov mis
La sabana tisu del ftrma111ento.
s1mpat1as.
·
•
•
MA.~UEL VELLIDO.
La so111l?ra abdica. Aurora ruborosa
N.9Ybre, de 18.!J7.
Conve.ngo, P.ues-dijo aún Guillermo-con tal que
Besa á O.nente en el párpado de rosa
no ~-ayatti ~ ~·e1ros. ele _mi hé1:oe. He. aquí lo que ~·o he
; la pup~a ele oro se dilata .............. .
sabido de el. Rabia sido fo timo amigo de Luis de Bal ~ cl1luv10 ele luz baiia la tierra,
viera, el loco P.oe.ta real. y la admiración por su persoi\fieut!·as la otra pupila- la de platana .tocaba los limites del .culto, llegados casi al fanatis•
Donmta entre las crestas de la sierra.
mo y á. menudo convertiase en fervor indiscreto; el

~:o

ABSINTHE

ALBORADA.

MEDARDO FERXAXDEZ.

Demíngo 28 de Noviembrede 1897.

DAMAS MEXIC \NAS.

TACUBAYA
;'\fi pueblo. de nmjere~ " floreA1 ico,
es un ji: ón glorioso de Prima,·cra;
brota l'I aura perfumes de su abanico
al mecer en las harcla.~ la enredadera.
La vista se exta,ia con los diversos
tonos ele la arboleda de sus jardines,
con el color brillante de los mastuerzos.
del heno con las mu~tias opacas crine~.
Tiene ele rnormes fresno,; penacho altivo,
Y en s11s calleB tiombrias de cauce e~trecho,
el ano,·o, en Sll marcha de fug·itivo,
la trenza ata~- desata sobre 1&lt;u lecho.
$011 el gorrión y el viento sus trovaclorcs,
su atavío, las rosas .v lo~jao:mincs:
virgen que se recue,ta :;oñaudo ¡imores
en el cojín mulli&lt;lo de sus jardines.
En las fuentes el ehorro saltR ag·itaclo,
se anurhi ~· clesan11cla, suhe y desciende,
y senwja u11 &lt;"apullo cristalizado
que sus pétalo!! varios al eol enciende.
Allá sobre los bordes de la calzada,
cual novio entre,las redes del amor, preso,
el castillo la envuelve con su mirada
y en las brisas errantes la manda un beso.
Y es u.n constante asedio que se establece
y un anhelo que entraña gozo y pesares:
en su flora, el castillo soiiar parece,
en sus bellas mujcre•, los militares.
El chal que á la cintura llevan atado
á las hembras permite mostrar su gracia,
y pasa alzan(lc, el polvo del empedrado,
en lujo:;os carruajes la aristocracia.
Cuando- perla radiante-Vésper resbala
sobre Ocaso, ,Y la tarde tibia se aleja,
hay un coro ele risas en cada sala.
y un diálogo de amores en cada reja.
Armoniosa mezcla de corte y villa,
sus parques un conjunto dan lisonjero,
ya e~parcieuclo perfumes de maravilla
ó guarrlando camelia~ de invernadero.
J o,·ei·o de mil jo vas, tierra bendita,
cesti en que se mezclaran hembras y flores
como en ricos collares flora esquisita
de balcones .v prados encantadOJ·es.
Allí la Ya encendida rosa. se quema
á los flllgores rojos del sol de Mayo,
allí mece sus borlas la crisantema,
do, la luna al silente, llvido rayo.
Ya en floridas terrazas que el sol matiza,
mécese la 1le cera, rlástica fusia,
ó ya en los barandales sueltit su risa
la rubia de pupilas azul ele Prusia.

COQUETF.RIA PO&amp;TU.MA.
De Gautlcr.

Ponrdme, antes que crncen mis despojos
del piélago del mundo las orillas,
un poco d('. carmín en las mejillas
y una somb1·a muy débil en los ojos.
Porque quiero en mi lúgubre morada
-cómo el lejano diá de ventura
en que él se enamoró de mi hermosurayace1· eternamente sourosada.
•
No me envolvais en fúnebre Fudarío,
Por Dios, vestidme aquella. blanquecina
vestidura de tenue muselina
que avariento guardó mi relicario.
A esa q1terida túnica de armiiío
no hay otnt gala que mi amor prefiera,
pues con~agrada. fué por su pnmera
inefable mirada de carifio.
No me pongais cojines r~camados,
Poned mi almohada ele sutiles blondas,
y sobre ell,i for.n,id gn'lciles ond!i:1
con mis cabellos finos y dorados.
Esa almohada, rn la amot'osa noche,
Vió descans11r mu.,· juntas nuestras frentes,
ven la~ 0,~óndolas vio ele los ardiente:;
hesos de mtestro,; labios el derroche.
En fin dPjaíl sobre mi nfvcia mano
qué nun{eró las salvt•s matutinas,
el rosado de c11entas opalinas
.
bendito en Roma por el Santo Anciano.
Yo lo deso-ranaré allli. en los siniestros
paise, d \•I n~ ~er. ¡S u~ labio, píos.
dijeron vec."s mil sobre los m'os
las dt1ll:es Aves y los Palrn ¡&gt;,'L1estros!
BARTOLO.\l; CARBAJAL Y

Noviembre ele 97.

371

EL :\IUXDO.

RosAs.

$rita. Dolores l!keaga,
(DE )IEXICO)
Fotografia de Valletb.

O al caer de la tarde grata y serena,
lanzando á donde miran, luces extrañas,
incéndianse los ojos ele una more11a
bajo la sombra leve de las pestañas.
La feria al bajo pueblo prende y fa$cína
y la ciudad sus muros viste galana:
si erige sus barracas, es caml?esina,
si ostenta sus mujeres, rs cortesana.

OINEMATOGRAFO
Camado ele revisar periódico~, ávido de noticias y,
de h,illar en ellos versos v cuentos ele mis amigos lejanos, abandoi10 mi asie11to y me asomo al balcón. el«:
mi cua• to de trab,1jo. No esto.v ele bu1:nor P.ªra Ir a
charlar con mis amigos de Club. ele cosillas ligeras y
aleo-res-de mujeres mundanas &lt;Í de caballos de carrera, ~tt eterna conversación-.,· me entrego á observar la calle, alumbrada debilmente por la luz melancólica del gas. Las nueve de la noche.
i
Y ahí en el balc:ón, ele codos en la barandilla, van
desfila;do ante mi vista indiferente y ociosa: pri~n&lt;;ro
un mocito elegante que camina apreslll:ado,- qmza á
una cita de amor- v que al andar va mirándose en la
sombra ci.ue hace sit cuerpo en la pared.
Tras de él, á algunos paso3, dos lindas señoritas _Pasean cojidas del brazo con las adorables cabecita~
desc~bii:rtas y aprisionados sus finl.simos talles en pn
morosos jerseys. Hablan con entusiasmo y de. rato en
rato sus risas, cri~talinas,frescas ymal contemdas,llegan á mis oídos. Un joven, sombrero en mano, se acerca á hablarles, pero u.n Cf?Che .que en esos momentos
atraviesa la calle me nnp1cle on- sus palabras. Por la
portezuela, alguien 9ue no r&lt;:9onozco. saca una mano
y agitándola me gr1ta-«Ad10s, 11n;nus1»- saluclo al
que no respondo por que cuando quiero nacerlo el coche está va !(•jos.
Desp11é~, algunos rapar.!telos pasan corriendo y con
tal velocidad que no se fiJan en un enorme perro de
Terranova q11e duerme á lo largo de la vereda .Y c:_aen
encima del inofensivo animal, qne se levantag·runendo mientras los muchachos, después de la caída y el
su¡to, se alejaron riendo á toda boca.
Unos pasitos li'"eros y menudos al lado ele otros
más firmes v r&lt;'po~a&lt;lo!i ri1e hacen latir el corav.ón coi~
violencia Y 'volver rápidamente la cabeza. Es ella, m1
amada ruhia y gallarda. que pasa, esquiva, orgullosa,
hablando con 'su madre .v que no miraría por 11ada á
mi balcón por que de lejos me ha divisado ya en él.
Y YO de codos en la barandilla, la mano derecha
hundida en mi desordenado peinado, mientras la izquierda me oprime nerviosa.mente la P.alabra, me quedo mit·ándola ha~ta que se pierde de 'f'"¡sta ........ .

Febrero, cou sus tiendas de blanca tela,
al.pueblo regocija. y hora tras hora
pasa oyendo el ra~gueo ele la'vihue.la
i el sollozo que exhala la cantadora.
Doncellas de curioi&lt;us, dvas miradas,
á. la luz vacilante de lo~ mecheros
con sus faldas crujientes ~- almidonadas
apú~·ans(• en los brazo:; de los obr•:ros.
Inclinado el jarano ~ubre la orPJa,
dispuestos siempre á bromas. riüas y arnore~,
charro~. perpetuaclores de 11~anz:i añeja,
v1111 con aire de alth·o, c·onr¡ubtnclores.
Tahures d e semb lante cong'l'Hionado,
en los ojos co~c1mtr:m ,.¡ alma inr¡ni..ta,
de las cartas al 1r1ndo correr pausado
ó al girar fa,cinante dc'la rull'ta
Montero ele semblant,1 que sobrecoge,
con arte las com1n11•stas cartas va echando,
y el tallador prorrumpe, mientras recogP •
l.is apuestas: «el tiempo i¡ue _va llegando!»
Y al par que el oro cae sobre el ta petP,
difundiendo en las salati su voz de fiesta,
el mágico preludio de algú~ minuete ·
.lanza al viento en sus nota:; n brante orquesta
Ya en ámplios redondeles que se dislocan
al peso del concurso febriscitante,
los uritones á pleno grito convocan
á la lid del heroico gallo arrogante.
En los hombros luciendo las policromas
tilmas, bajo los anchos, ricos sombreros,
entre insultos y ternos, risas y bromas.
del palenque 1\, la arena van los galleros.
Crúzanse las apuestas, los soltadores
á los gallos afianzan largos puiíales,
y van gritando en torno los correclorce:
«Nava es la gTande, pesos á seis reales!•
Da comienzo la lucha tan esperada,
acércanse uno á otro los combatientes,
y brota en la contienda desenfrenada
~111 puñado de plumas resplandecientes.
Y cuando Primavera, de su abanico
desplega en los jardines las ricas blondas,
como ave que en las alas oculta el pico
Tacubaya.dormita bajo sus frondas

··································••'"·•···········

···o·;¡'jj~ne tus calles rumor de fiesta,
revelando el conjL1nto loca alE&gt;gría,
ora en el rojo Estío ele ardiente siesta
al reporn convide tu lozanía,
Yo no habi:é de olvidarte, mi alma ferviente
ha tiemp_o el culto abriga de tns pi:imores
alas en ti radiosas halló mí mente
y brotaron mis versos para tus flores.
N ovbre. ele 97
Al'RELIO G. CARRASCO.

........Del balcón entreabiert~ ele la casa Y&lt;'cina se escapan á raud.ales las notas y1brantes d~ u1: vals caprichoso y anstócrata-el mismo que ba1lab,i co11: ella
cuando Je declaré mi amor-:, una parvada dl1 ráJaros
blancos, los Recuerdos, Yiene ~ canturre.ar en nu alma,
donde una ave l!egra, la Tn,;teza, agita desesperadamente las alas ........ .
JOSÉ }f. BARRETO.

Gl un fraile.
Fraile austero, de mirada triste y mustia, .
Que en tu faz llevas las huellas~~ l'.1 angustia
Y los imrcos, en tus carnes. ~el stlic1?;.
Tú, que rezas sin cesar al D1?;; pr_opic10
Implorándole perdón, ¡oh fraile triste!
Di, ¿qué has hecho? ¿qué pecado come.tiste?
Yo te miro, fatigado, macilento,
En la celda solitaria del convento,
Asaltado por horrible.s t.entacion~s;
Yo te escucho proferir 11nprecac1011es
Y acusarte de tu bárbaro delito.
.
·Cuántas veces por las noches, se oyr. un gnto
Q1~e perturba la quietttd de esa morada!
·Cuántas veces, con la faz desencajada
'Atraviesas sudoroso, macilento,
Los obscuros callejones del convento!
Rezas lloras, te castigas, te haces daiío,

y en tu ~-ostro, taciturno, Ferio, huraño.
Sf\ revelan los temores~· las dudas, ........ .

;Has vendido á tu n1aestro como Judas?
y hoy imploras Ru perd?n, ¡oh fraile tri~te!
Di, ·qué has hecho? ¿que pecado cometiste?
G
ENRIQUE TORRES TOltIJA.
Xoviembre de 1897.

�372

Domingo 28 dil Novil'mhr11 dP 1R9í •

Domingo 28 Noviembre de 1897.

EL MUNDO.

373

Ensueño de niños.
POR JOSEPH L'HOJ:&gt;ITAL.-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 6.
' da. Pero se quedó asombrado al ver que el GeEl uno enderezó una charretera un poco incli- vard, listo para ir al mentidero de una redacc~ón neral continuaba diciendo en broma.
á
rastrear
un
billete
de
favor
para
el
Vaudev11le
nada, el otro arregló el cuello; el de más · allá el
-Ah! conque es muy buena, pero muy puenal
1rndo de la corbata; un tercero la placa del cintu- ó Variedades. Si el General hubiera estado de
Derrepénte cesó de reir viendo que su. sobrino
uniforme,
indudablemente
Jacobo
habría
perdi1·ón, y por fin, el caporal Tranchard giró gravepalidecía, y contraía los labios como si estuviera
do
menos
facilmente
de
vista
los
arreos
militares
mente alrededor de Jaco bo y volvió sin decir una
de llorar.
palabra á sus tareas, lo cual fué interpretado co- que le oprimían; pero su tío había prescindido d~ á punto
-Diablo, diablo!-dijo-¿pero es serío esto?
toda
prenda
imponente
y
no
llevaba
estrellas
m
mo un elogio por toda la cámara.
-Si-Respondió Jacobo haciendo un esfuerzo
-Ya estas listo, aftadió Jacqnot. Rete aquí co- entorchados ni galones. Iba de levita, con una
-eso
es.
corbata
anudada
al
descuido
y
ese
airn
de
travemo un sol. Procura proporcionarte un permiso
-Vamos, vamos. La griseta ya no existe ....
-competente y ... no es por que yo lo diga, pero sura que es tan agradable hallar en los calaveras yo tuve á la última cuando era subteniente.
todas las probabilidades están de tu parte. :N'o hay de antafto, cuando empieza uno á resbalar por la
Y el General refirió su aventura que.Jacobo se
pendiente de las calaveradas.
pillo sin fortuna, puedes vanagloriarte de ello.
sabía de memoria y que dió oportunidad á este
- llasta la tarde, amigos míos, dijo alegreHasta los postres, la conversación giró sobre para intentar reponerse y poner en orden sus
mente Jacobo y salió distribuyendo apretones de las novedades de actualidad; la pareja de caba- ideas. Habría querido cambiar la conversación
llos del Conde X, la reunión de todo Parí$ en la pero el General se había engolfado en el asunto
manos.
En el patio encontró al General que paseaba Iglesia de San Pedro para el matrimonio del 11ar- que le era más grato sobre la tierra y no lo solta-ch1u·lando con el Coronel y se detuvo á la distan- q ués de l. la ruptura de Choss y la l\facllin, el exi- ría fácilmente. Sin duda terminada su historia las
,cia reglamentaria juntando los talones y perma- to colosal del último ballet ejecutado por la Tre- preguntas lloverían on·a vez y .... ¿cómo contesneciendo inmóvil con la mano derecha abierta y setoiles, la fama creciente del restaurant Pierre, tarlas? No hallaba la manera. Su cerebro estaba
.á la altura del ojo. Por todas las ventanas asomael abandono de la taberna Paul por la multitud vacío, sus sienes palpitaban con violencia y lo
ron cabezas curiosas y dos castigados que pa$a- del buen díente, los trajes femeniles, los teatros, que al principio fué disgusto y cólera se cambió
ban con el caldero del rancho, hicieron alto un mo- los cafés, los salones donde se divierte uno y aque- en despecho principalmente contraJacquelina cu. mento para contemplarlo, sin atender á los rega- llos donde se fastidia y en fin, todo lo que.pue_de • ya imágen obsesora le impedía disfrutar á. gusto
decirse de alegre, de in.útil, de divertido, de m- de su licencia. Por vez primera sintió un moviños del cabo de presos.
Ante las atónitas miradas de todo el cuartel, el moral, de superficial y de truhanesco entre dos miento rebelde hacia su loca pasión y hasta emgeneral abrazó al soldado y luego acompaúado parisienses que encontrándose después de una pezó á encontrarla ridícula. Esta faz de sus imbasta la puerta por el coronel, se fueron juntos larga ausencia se ponían ií. charlar de París.
presiones empezó cuando el General al terminar
amigablemente.
Al café cuando se encendieron los cigarros el su relato dijo:
.
Bajando por la calle de Colbert co11 su tío que tío se acordó al fín de que era General y de que
-He aquí lo que era una griseta. Deseo que
le llevabaáalmorzar al Hotel delFaisan, Jacobo su sobrino pertenecía al Ejército y le habló del hayas encontrado algun ejemplar raro de la es.se sentía mi1y contento y sentía á la vez que le oficio pero no mucho tiempo para no cansarlo ni pecie, pero lo dudo por que ya se rompió el moldisgustaba su propia alegría. Una semana había . cansarse. Ya había hablado con el Coronel larga- de. En fín, si esa personita misteriosa te agrada,
-corrido desde la tarde en que (así lo creía aún) mente y supo eón agrado que las notas de Jac- mejor que mejor. Ya pareció el peine, digo, ya
se decidió de su vida, y desde entonces no había ques eran buenas; que los galones de cabo no ::,e se porqué, farsante empedernido, querías un cuarfaltado un día al almuerzo en la casa de Auger harían esperar y que á fin de año alcanzaría los tito en la ciudad.
1ü á sus conversaciones por las tardes con Jac- de sargento. Luego volvió al objeto que durante
¿Siquiera eres discreto? Nada· de historias ya
quelina en los muelles y los bulevares. Ahora, por toda su carrera no había cesado de ocuparle; las
lo·sabcs!
la primera vez dejaría de verla y se admiraba y diversiones y preguntó á Jacobo las que podía
Jacobo enrojeció hasta las orejas y dijo tímise indignaba de que esto no le produjera la me- haber en Tours, y sí ya tenía entabladas algunas damente.
nor tristeza. ¡Cuál no iba á set· la desazón de la gratas amistades. A_ esta indicación Jacobo se
-N'o hay peligro, tío.
pobre nifta cuando él no se presentara á la hora turba ·y ruboriza y la imagen de J acquelina tan
-¿Cómo, no hay peligl'O? ¿Aún no le has ensede costumbte! Ki aún se había cuidado de preve- rudamente evocada1 se alza ante él con un relie- ftado tu alojamiénto?
nirla ..... .
ve singular. Algo como un remordimiento se apo-No, tío .... ya comprendera usted que . ...
Contestando del mejor modo positJle al aguace- deró de el á la idea de que iba á profanar el idi-¡Qué, tus entrevistas son en su casa?
ro de preguntas de su tío, recordaba su mesita en lio inocente cuyo encanto acababa de probar, el
Cuidado! eso puede traer complicaciones. Tu
el fondo de la sala oblonga del Café de los Ami- séntimieuto purísimo que se cernía por encima de eres soldado ¡qué diablo! y no es preciso ....
go§&gt; y allí su cttbierto puesto de antemano, y el sus charlas de vividor, y que en estos momentos
-Aseguro que no baJ peligro y que estoy lipanecillo oculto en la servilleta y el mantel muy le importunaban.
bre de cualquiera imprudencia.
blanco y en la fuente de fayenza las frntas que
Al notar la emoción de su sobrino, el General
-¿Donde la ves entonces, sobre un puente?
ella· había escogido y guardado cuídadosam:ente se echó á reír y esta risa lastimó al joven que se
- Como nuestras relaciones son tan recientes ...
para él.
sublevaba contra la significación de esta alegría
-Q.ue?
¡Qué tristeza tan grande para la pobre nifta! y pensó por un momento en confiar todo á su tío
Jacobo estaba furioso, ahogándose bajo el pe¿Por qué Jacobo no estaba suficientemente triste pidiendole su apoyo y su consejo; hae,er un llama- so del ridículo y como sintió que se iba comprotambién?
miento á su caballerosidad que sabía estaba bien metiendo más y mas prefirió acabar de un solo
Quando se presenta uno interiormente esas cues- arraigada en el corazón del viejo milita.r á despetiones, siemptc hay manera de resolverlas y Ja- cho de sus· teorías banales y de su lijei~eza mun- . golpe.
-Y bien, dijo con lijereza, prefiero confesaros
cobo no tardó en reflexionar que, después de to- dana. Pero el General reía más al ver el aspecto desde luego y sin reticencias que yo todavía no •
do, Jacquelina no moriría de dolor y bi~n podi~ de desconfianza de su sobrin o y entónces J a\:)o bo be pasado. de conversar con ella y eso es todo.
pasar un día sin verla. Luego se prometió expli- cobardemente no se atrevió. Después se limitó á. Parece, agregó en tono de chanza que eso no es
carle al día siguiente su ausensia y sintió disipar- sonreír y acabó por afectar un aire misterioso de nada comprometedor!
se la nubecilla que había obscurecido su alegría Don Juan conquistador.
El General lo contempló con admiración y de
y entregándose sin reservas al placer de su entrepronto no le contestó nada; pero luego que encen-TL1
sabes,
hijo
mio,
dijo
el
General
bebiéndovista con el general no pensó ya en otra cosa.
dió un nuevo cigarro y arrojó algunas bocanadas
Quería bien á su tío, viejo solterón y buen vi- se un vaso de Vermmel que no te pido tu secreto. de humo:
A
tu
edad,
es
muy
dulce
guai·darlos
y
aunque
alvidor que había pasado á tambor batiente por la
-Diablo! dijo. tu negocio no está 'claro hijo
campa:fia de la exist~mcia, sin arrepentirse y con· go sé de todo esto dime solamente si es rubia ó mío. Hubiera sido mejor que no me meta yo en
morena.
Jacobo
sintió
que
se
le
012rimiá
lagarservaba de su juventud arrebatada recuerdos que
tus aventuras de muchacho puesto que no me congozaba en referir con una sencil_'ez Y u1:a alegria ganta y respondió forzando la voz.
ciernen, pero después de todo, si puedo evita1•te
Es
morena,
tío.
comunicativa. Al obtener su retiro, hacia apenas
Diablo! con qué acento lo dices? Se pensaría una tontería me parece que cumplo mí oficio de
dos meses, se encontraba vigoroso aún; concurrfa
que
te hago una injuria suponiendo que no tenga tío experimentado. ¿Quién es esta joven que has
á varios círculos de París, se divertía bien y estalos
cabello;;
negros como el betun. Tu sabes hijo encontr,tdo desde hace ya tiempo [según se obserba al corriente de todas esas historias que se remío,
que
también
hay rubias y ¡canario! no son va por la intensidad de tu pasiónJ y con la cual
fieren en voz baja y que pasan muy por lo alto en
no has he&lt;.tho más que conversar? ¿Qué significa
feas.
la capital y en las cuales pasan como verdad evanJacobo hizo un gesto maquinal de ascntinúento. eso de un joven de tu edad y además sobrino mío
gélica entre todos aquellos que acostumbran no
-Quedamos en que es morena, aüadió el tío. que amenaza á las muchachas con intenciones cohablar mal de su prójimo.
No
es preciso agregar que es linda ó te lo parece rrectas?
Cuando Jacobo se vió sentado ante un buen
Porque yo supongo que no vas á tratar de conlo
cual.viene
á ser lo mismo. Dime solamente si
almuerzo y allado de ese ale,.?e couversador'. le
vencerme de que e:; una niña honrada, porque eses
joven
y
si
no
ha
....
corrido
demasiado.
pareció que salía de una pes~dll_la_. Pronto ~lvicló
Jacoboterobló como si hubieranabof.e teado áJae- tas no se enredan, ni aunque sea solo para conel Cuartel y sus fatigas, el eJcrc1c10 y sus d1s?1;1-sversar con militares á qui.enes no conocen. Y entos la rusticidad de sus camaradas y el espmtu quelina delante de él y exclamó, rojo de indigna- tónces .... qué? Hijo mío! se me ocurre que has
ción.
soldadesco y perspicaz de Jacquot; poco faltaba
- Tiene diez ocho años y es una joven honra- caído entre las garras de una intrigante que ,¡e d,~,
para que se creyera en un restaur&lt;i.nt del boule-

�374

..

EL l\IU~mo.

Domingo 2B de Noviembre de 1897.

-~Iie_nteR, mientes! yo te prohibo .. ,~
¿me entiendes:-&gt; Soltadme vosotros.
- A Corral franco, dijo uno.
-;,Lo suelto? preguntaron Jos quele sugetaban.
'Jf
~
. En _ese momento el corneta de guarJ
.
dia d1ó el toque de silencio.
• --'-="'-".....-'-"'""""....:_-=--i::1...a..11.:111l..i
-La paz-ordenó el cabo .Tran_chard, y apagó las luces. Ahora, a o-refien~le para hacerse vuler, y t'Sto es todo lo conScflor encontró por Vf'ntura un cabello en el pla- gó, á recoJcrse y los que no cierren el picoº al •
t~·ano .~e una gr iseta. Cuídate, cuídate porque tu
to
c~e _sopa? Todo el mundo se echó á reir, pe1'.o calabozo.
'
s1tuac1on es muy graw•.
dec1d1damente Jaeobo estaba de mal humor v no
Se
oye1:on
todavía
algunas
rbas
ahogadas
Jacob_o se sobresaltó .... ¡,Jacquelina una intri- se hallaba en condiciones de apreciar 1a delic.adeY luego r?mó el mas profondo silencio. Jacogante! \ amos. . . . . .
'
za de estas bromas.
bo
se deJó caer en su lecho abatido, destrozado,
. -:Ascgur:o, dijo, ~ue no son exactas tales apre-Callate! dijo duramente á ,Jacquot.
anonac~ado; se acostó penosamente, repasó en Sll
~iae1on~s re;;pecto a esa .... persona, puesto que
-Bueno a~adió este. ¿Así se ponen, tan ama- ~1e1:1or~a la c•scemt ri_dícuJa que acababa de pro~ a he chcho &lt;1ue nuestros amores acaban apenas
~les,
los sobrmos del general cuando vc•n á sus " oc,1r sm pockr explicarse su frenesí y se durmió •
de empezar.
t10s?
tarde con un sueno pesado.
-Eso es admirable, enteramente admirable
- Déjame acostnr en paz!
Al día siguiente antes del ej~rcicio se acercó
pero ¡tanto mejor! Entonces trata de traerla ran~
Un mw·mullo de desaprobación circuló por Ja al cometa.
camc~lte á hi~en terreno y si se hace la remilga- cuadra.
-DispénsameJ Jacquot, yo no sé lo que me pada mandala a paseo pues de otro modo te mete-Veanásu Alteza! agregóJacquotexaltándosc. saba anoche.
rás 1•11_ una ~&lt;•ne de complicaciones de que no es- ~ .... tu la viste? preguntó con temor.
~~paras facilmcnte. Admito que los jóvenes sean Cuando se h,tlla con lo~ Gern•rales so desprecia á
los compafi&lt;'ros. ¿Xo é:; esto irritante, cabo?
-Cl_aro! era preciso que alguien Je explicara
JO".cmes ya qur~ yo lo he sido t/Unbién como cualEl cabo Trnnchard cinc había permanecido sen- el motivo de tu ausencia.
quiera: pero no paso porque se dejen embaucar
!ado con las cartas _cm la mano meditando una
por crrnturas que ex1,&gt;lotan su sencilléz v no ha- Jugada
__-Es verdad .... gracias! Y entonces ¿que te
respondió flematicamentf'.
dJJO? ..
cen aln~·de de virtud mi\s que para ven.derse un
Xo me importa, t&lt;'nninemos la partida, porque
poco mas carus . . ... .
-Lo mismo que tu: ¡¡gracias!!
ya van á dar las di&lt;'z.
- Y .... ¿eso fué todoi'
-No habJr.:~10s ya &lt;le e:;to y vamos ú pasear ..
Pe1:o Jacquot estaha encaprichado y continuó,
-.Jacquot, sonrió con amargura.
P,or In_ tarde, luego 1¡ue acompaiió al (~&lt;'neral á plantandose
delante de Jacobo.
-Xaturalmcnte: ¿que otra cosa querías que
I~ E:;t~c_ión! s~ r~gresó al Cuartel: sin quer&lt;'r apro-¡Coro? si no supiera yo porqué pone &lt;'sa ca- me dijera?
" e~hm su ll,c_encrn hasta la media noclw. Sentía
r'.1! Ah! Si ustedes se figuran que estú nmy conun,t gran Ja~Itud, un extra:ll.o düwusto
de
:sí
misJacobo vaciló para responder pero su aspecto'
0
tento de habc•r
v visto ít !:iU tío el bcreneral , son u 110S• e_mbarazado demostraba claramente lo arrep&lt;'ll·
mo y tenía pri:sa de acostarse.
z~macucos...,o hay mas que Yer su aire compun- t1do que estaba de haberse disgustado la vísEntró en la cuadra poco antes de que se apa- gido
....
pera.
garan las luces. Dos velas metidas en unas bote-Te
digo una vez mas que te callf's!
Has, alumbraban con sus reflejos cambiantes u
Jacqu~t, compr~~1dió este silencio y dijo:
·
-Buc~o! 8i el Se:üor no está contento, es porgrupo &lt;le soldados que se agrupaban al rededo~~
. -A m1 no me d_1J~ nada puesto que soy un naque
_la
nsta
de
su
general
lo
privó
de
Yer
á su
ele la mesa para seguir las peripecias de un juego particular. Eso e:; todo.
die que no tengo m tJOs Generales ni la rosca asc~carteado que re11ían Jacquot y el cabo Trangura~a: Es á t~; ricachón, paisano portador de
Los
soldados
aplaudiron
o-rilando·
B
b
.
•
chard: poi: otros lado;; algmio que otro Boldado
- ravo, ,Jllcquot! Y d cocin&lt;•ro )IontiPr que en- des~1chas i\ qmen h~1bla, es_ contigo con ,quien
se dcsv~stla perP~osamcntc en tanto que otros ronse , ll. Hace rnu~IJO t1e!npo que la persigo y veo
?ªb~1~ ) a :r anqmlament&lt;•. La llegada de Jacobo traba en esos momentos hizo clac).lcar sus dedos que ~ne desprecia .... 1 se equivoca si cuentn
·
d
. « Voto al CIHlpiro'· L·1, cos1l n O el eJa
mtei i umpió bn1scamentl' la partida• los dormido • exclamando!
e s&lt;·r chvertida» Y como Jacobo, sofocado por In contigo co~o parece afectarlo con sus monerfa.s
despertnndo:;úbitamentcincorporár~nsc en sus lt·~
cólera no respondía, t·l corneta aiiadió con voz d~ rnosqu~ta _m~er~a-Ya venís como Ja dejns
chos y todos vinieron en un abrir y cerrar dP oj .
pl_antada. GPc1 o a nu todo esto que me import11 :,&gt;
aguda:
le rodearon y le abr umaron á preguntas?
o:;,
Tienes
.... ¡que te apro_-l&lt;'~lizmentc Y? estaba allí y fui yo, quien en veche! una hermosa conquista
-Cómo se condujo tu tio?
·
1~~
calidad
de
pento,
consolé
ú
la
particular
del
-;,Almorzó bif'n el f-l'iior?
- Veai~?s, amigo mio, ¿que mosca te está piSmor ..... .
-'S_o ~•s por adularte, pc•ro tienes suerte.
can~o?
d1.10. Jacobo en tono conciliador. Pero Ja
Jacobo se arrojó sobre ,Jacquot, pero dos vigoro-~1 neras .... el Coronel vino ú vernos.
sonrisa
de
tnunfo que contraía sus lábios y el
sos soldndos lo contuYieron en tanto que la!-: risas
- 1: nos ecllo una filípica.
orgullo
que
le asomaba por las pupilas prote.sta-En fín _¿sacaste una buena licl'ncia? y como r~dobl_aban y que el cabo Tranchard renunciando ban contra sui:; palabras.
Jacob?, ª?usto é impaciente respon'día apc•nas [t f1_losóf1cameute al golpe que tenía meditado reu-Si, tienes razón para estar orgulloso ao-reo-ó
la.~ guardaba ~n el holsill~.
c•ste d~luv10 de palabras y se dirigía :'t !:iU Jecho lll~~s Chrt~~
J acquot, porque eres &lt;'l primero con quien l~ c;r.
...
GQue
iliJJSte.
Gutó
Jacobo
Ciego
de
ira
•que
con aire gruñón, Jacquot se pu:;o ú gritará voz d1J1ste:-&gt;
re esa muchacha.
G
en cue!lo.
Jacobo se estremeció indig11úndose interior-(~ue si_n mi, aJgu11a se habría fastidiado hoy
-Se diría que el Sel1or no está contf'nto. ¿El
rnente-Tambicn
Jacquot creia .... Esa pobrcnii1a
pero por dicha yo le alt•gré la siesta.
·'
estaba comprometida, perdida por él. Tuvo un
&gt;

f

Y.tº

Doming _2S de XoYicmbre de 1897.

375

EL :'.IUNDO

buen arrnnque y durante un segundo se sintió en el pavimento, sintió que el corazón le saltaba pasión oyendo llls sencillas explicaciones de su
decidido [1 protestar, pero el orgullo se lo impi- en el pecho, pero no con la Pmoción respetuosa amada. y e,-;trecht'&gt; conn1bivamentC' i:;u brazo que
dió haciendo callar á su conciencia por fanfa- del novio sino con la del cazador que ál Yt'nir su ella intentó retirar con d1;bil e:;fllerzo, diciendo
rronería y por temor nl ridículo, pero 110 atrevién- · presa, la acecha. Se ocultó lletrás d&lt;" un úrbol y
con acento lttcrimoso.
dose :í. llegar hasta la mentira guardó silencio.
al llegar ella no lo Yió; la noche esta ha obscura ;.
Quiero permanecer honrada. Xo tengo más en
J acquot esperó un instante, y luego viendo que apenas se distinguían las do~ hilerns de pl:í.tano:; el mundo ...... quiero permanecr.r honracln!
no se Je contestaba:
de la esplanada. Jacquelina pensó que había lle-¿Qué no tienes más c•n el mundo? y tu juven-Está hi&lt;'n, dijo, no hablemos más. Ella es gado la primera á la cita y se puso á pasear á la tud, y tu belleza y mi amor, no vakn nada?
muy dueña de hacer de su capa un sayo y tu tam- orilla del río. Jacobo iha á alcanzarla, pc•ro se
- Se acordaba de haber oído una frase de este
bien-por mi parte, trataré de olvidar .... Tocan contuvo al ver que ella se detenía para volYer so- gén&lt;,ro en el tercer acto de una ohrn aplaudida y
llamada de trnpn: aucla á ponerte tus arreos.
bre sus pasos. Cnnclo pasó C&lt;'rca del úrbol, Jaco- pensó que la escena completa sería de favomble
bo observó por s~i manera nerviosa ele ,rndar c¡ue resultado.
XII
estaba violenta y contrariada. Caminó ·aun algu-Perman~ccr honrada, elijo, y á qué llam,ti:; ser
Cuando csc&gt; día vino Jacobo i\ almorzar al Café nos pasos, luego regresó con mayor rapidez y vi- honrada? A viYir perpetuamente en lucha consigo
de los Amigo:;, sentü~ Pl corazón lleno de remor- no á reclinarse contra el úrbol. Entonces él se . misma y haciendo mi dcsesperacié.n? Hesistir á
dimiento y toda la mañana se había &lt;•stado diri- presentó y abrazándola de improviso la besó lue- tu:; inclinacionc'\ y it mis esperanzas, haciéndote
giendo amargos reproches. Al ver á Jacquelina, go con frenético anebato.
sufrir y amargándome la Yida, creando remordiirradiando con la alegría de volver á verlo, se odió
,Jacquelina lanzó un grito ahogado y trató de mientos pm"l tu corazón y tortura:; par~ el mío!
profundamente á sí mismo.
defenderse pero su amante era el m·'ts fuert&lt;• y le Ah Jacc¡uclina, ser honrada á tu celad, con esos
P obre Jacquelina! qué sincera y confiada fué hablaba }" su nombre mil veces 1·epetido revolo- ojo:; y e~a cara y c·se talle, es aceptar mi amor.
su acogida! Cómo se conocía que estaba viviendo teaba en torno de ella con el murmullo ele los be~N"o, no! dijo ella retirando :;u brazo con un
con la fe de las promesas hechas y de los jura- sos y la sorpresa y la cólera iban cediPndo al en- movimiento enérgico. Eso no es ser honrada y tú
mento:; cambiados! Del abandono de la víspera canto de aquellas caricias enervadora;;. Sintió que lo sabes muy bien.
-Jacobo· se aquietó. La escena del tercer acto
ni una queja; al contrario, plácemes por el dia. era débil, y reunido todo cuanto le quedaba
de descanso y de alegrías pasado lejos de ella, de valor, se desprendió por un esfuerzo vio- había fracasado.
.Al cal)o de unos segundos, Jaquclína volvió á
per o tan bién ganado con las fatigas del oficio. lento; y en tanto que él quedaba soht&lt;•cogido anApenas, muy Yelada, la expresión de una vaga te esta súbita rebelión, la nil'ia se apoyó en el tron- tomar el brazo de .Jaco~o r dijo:
inquietud r1•spccto de este tio que p&lt;'rtenecía al co del árbol y jadeante, trémula, aterrada, desfa-Ser honrada, para una niña, es :;er lo que se
gran mundo y había venido de París .... Pero llecida, rompió á llorar diciendo:
promete al buen Dios cuando reza uno todos las
mafianas.
una sola palabra de Jacobo había bastado para
-Esto es malo, muy malo.
d isipar esa nubecilla y ,Jaquelina se puso á revo-El buen Dios .... y qué os lo que le has proJacobo se había apt:oxinrnclo nuevamente pero
.
lotear en torno de Jacobo charlando como un no se atrevió á toca1·la viendo que retrocedía con metido?
chicuelo.
-Para qué quieres que te lo diga? Hace ya
un movimiento de espanto, pero le empezó á hatiempo que le hice· mi promesa, desde que SO!:ipe¿Era esta la intrigante de quien el General le blar con exaltación.
aconsejaba desconfiar:-&gt; No. Semejante sospecha
-Esto es malo! dices .... y por qué? ¿Donde cllé lo que son los hombre:;.
-Y piensas que recojió tu promesa?
era imposible. Alli no había ni intriga ni cálculo esttí el dclitoi' ¿Es malo amarte?
El no se preocupa de esas cosas.
sino amor, y Jacobo quedó reconquistado ente-Ay! ustedes saben muy bien l.:&gt; que es ma-Oh! Jacobo, cuidado!
ramente por este amor f bebía el deleite á gran- lo .... .. No es eso lo que me había usted prome-Vaya .... si te crió Dios, fuéparaamar y ser
des tragos ganado poco á poco por esta inenarra- tido .
ble cmbriagncz. Pasó el ilia en una lasitud inex-¿Qué he prometido yo? Amarte siempre y no amada.
-Si, pero conforme á la regla de amar.
plicable pensando en la cita que como de costum- pensar sino en tí. Esas promesas las cumplo y llls
bre Je había da.do para la tarde y en la tierna son- cumpliré. Te lo juro otra vez! ¿Pero he prometi-He aquí que vienes á la historia del matririsa conque acompañó su despedida.
do acaso permanecer siempre contigo como un monio! Bueno, nos ca&lt;&gt;aremos; pero entre tanto, el
EUa vivía confiada, creyendo que cumpliría su amigo cualquiera, como unextra:ll.o áquien se en- buen Dios no se disgustará porque nos amemos á
promesa y cutre tanto se conformaría como ella ~uentra con frialdad y se deja. con indiferencia? nuestro antojo. Esto es igua'L
-Xo ..... .
con una esperanza de la dicha y el amor á plazo Si así lo comprendes, sea; pero mi corazón no lo
Cómo no? Algún cura te ha metido esas ideas
tardio. Esto le bastaba á Jacquelina. ¿Pero y él? ha querido jmnás as¡ y sufre .... Ah! nada me con¿Podría resistir tan largo tiempo?
testas. ¿Estás disgustada? ¿Es preciso que me va- en la cabeza: yo adivino en tus palabras la interEn su ser, agitado por tumultuosos pensamien- ya? Adios entonces .... pero nunca se me arran- vención de esa gente que tiene la mmúa de metos se levantaría la tempestad despertadora de cará la idea sombría de que te lle ofenJido. Y to- . ter:;e en lo que no le importa. Tu me sacrificas á
los deseos. Ahora, era amado y todo el mundo do por unos cuantos besos que te robé .... ! ¿Ifa- ideas insensatas y estúpidas dignns de un monale juzgaba feliz. ¡Cuanto se iban á burlar de él bría sido necesario mendigarlos para que queda- guillo de !';acristía, me haces infeliz por obedecer
á ese tonsurado. Ah! si yo lo cojicsc!
cuando se averiguara que su di&lt;&lt;ha consistía en ras contenta:-&gt;
Como Jacobo se había exhaJtado apresm·ó el
estar mirando las estrellas! Dcveras que era muy
Jacobo se oprimió las sienes con las manos y
virtuoso y llegaba á tonto, pero no se debe pe- dió algunos pasos como si rehusase intentara par-· paso y arrastraba á su amada rúpidamente á lo
largo del muelle. De pronto se detuvo sintiendo
dir á nadie mas de lo posible. Al1ora, él habfa tir, pero ella corrió á alcanzarlo.
hecho ya todo lo posible contentándose durante
-Quédate, Jacobo; bien sabes que no me pue- la mano de Jaquelina temblar bajo su brazo. Jacquclina lloraba. . . .
·
largos días con promesas de entrevistas platóni- . do disgustar.
-Perdón, dijo él, te he hecho d~fio; pero mi pacas. Afuerza de voltegear en tornode la lámpara,
-¿Que exiges pui.s, de ;ni?
sión es más fuerte que yo. Pedíamos ser tan fe.
la mariposa acaba por quemar:;e las alas. Poco
-Pasear .... como antes.
á poco la voz del instinto le hablaba mas alto, le
-Vamo:;, dijo Jacobo y exhaló un suspiro de !ices ....
Y la conciencia?'
dominaba, y al mismo tiempo pensamientos que resignación.
~Todavía las ideas de los curas.
de pronto no osaba confesarse rorque tomaban
Y se alejaron caminando muy juntos pero sin-Deja á los curas en paz. Xo serán tan embuslentamente posesión de su espíritu, subían de hablar. El iba enfurruñado v ella sufría á causa
las profundidades de su ser como vapores mal- de su silencio sin atreverse á interrumpirlo. Al teros, según veo pues que tú vas á mba.
-Es Yerdad. En la iglesia te conocí y no Jo ol·
~
sanos borrando insensiblemente la senciliéz leal fin habló.
Yidaré jamús. Soy religioso, no lo niego, pero toy la ternura limpia que hasta entonces le habían
¿Eres tu ahora el enojado?
do tiene sus límites.
-No, pero sufro.
tenido como esclavo de los juramentos cambia-¿Sufres?
-No hay distindón en materia de honradez,.
dos.
¿«Este matrimonio se re'alizará al fin? ¿Podre-Si porque veo que no tienes confianza cu mí. desde que se discute se deja de ser honrada.
-Y yo sostengo que se puede ser religioso y honmos algún día traspasar los obstáculos que van
-Oh! ¿Si supieras? X o es de tí sino de mí misma
rado, sin dar cabida á escrúpulos irruciionalcs. Y
á oponerle la voluntad de mis padres, las exigen- de quien desconfío.
sostengo que el buen Dios que invocas y en quien
-No entiendo ..... .
cias de mi carrera y por último, mi situación, mi
fortuna )' lo que me debo á mi mismo? Porque
-Yo te amo mucho y de consiguiente ..... . yo creo no impone que debamos amarnos de léjos
-¿Qué?
viéndonos no más que viéndonos bajo el frío, la
despues de todo, continuaba él, ganado por la ló'gica feroz del egoísmo, esta chiquilla no es nadie,
-No puedo explicarme, no me atrevo ...... . lluvia ó Ja nieYe. Xos ha creado el uno pnra el
otro. Obedezcamos, ten confianza en mí y déjame
ni tiene nada. ¿Puedo hacer entrar en mi familia te suplico ..... .
-Al contrario, habla.
amarte como yo quiera. El porvenir es nuestro:
á una sirYienta, conn•rtirmc en el sobrino de la
es fuerza que el presente nos corresp0nda tammad re Auger--Y aunque pudiera¿deberia hacerlo»?
-¿Y como quieres que te diga . ... ?
P er maneció un instante' pensativo y luego sonrió
-¿No estamos solos? ¿qué temes? ¿Es 1m grnn bién.
glla no respondió, pero por la m'lnera de apobur lonnmente. El vapor subía siempre oscure- secreto? Entonces, valor, hay que revelármelo.
ciendo todos los- lados luminosos v honrados de
Y Jacobo le dió el brazo con amabilidad cortés yarse en Jacobo, este comprendió que vacilaba.
-11ira, yo te ruego que oigas no más que á tu
su alma: la bestia que duerme eii. Jo interior de y ella se apoyó confiada y tierna, olvidada del
corazón y este argumentará ~n favor mio. Ven,
toda humana criatura, despertabn ..... .
peligro, dominada por una dulce languidez.
«!\o .... no! ,\l dillblo los en~ueños! ya me can-:No tengo secretos. lo sabes, y sabes tamhicln vamos á mi casa, ten confianza en mí. Ahora el
sé de esperar; es fuerza que se resigne con el pa- por qué tengo vergüenza. No medigas qtienoha~ la llevaba por la callejuela sombría y Jacquelina
pel secundario que puedo darle .... Después .... comprendido .... tengo vergüenza y miedo de mi se dejaba llevar sin decir nada, agitada por un
debilidad .... te amo mucho y siento que si me temblor convulsivo, desgarrada en su conciencia
ya veremos!
Cuando al ,rnochecer, Jacobo reclinado contra dejo llevar de mi amor, no podría .... ya tu sabes y en sumnor, comprendiendo instintivamente que
el parapeto de!! mtwllc, f1;ente á la callejuela que lo que no podría.
caminaba á su p&lt;"rdioión y no sintiéndo~e con
un pico de gas lejano alumbraba débilmente,
Jacobo sentía la emoción del que ve rehacer focrzas para resistir.
oyó los pasos precipitados de Jacquelina resonar la confianza y al mismo tiempo se encendía su
(nontimrará) .

•

�Domingo 28 de Noviembre de 1897.
Domingo 28 de Noviembre de 1897·

EL.l\lUNDO.

376

Los concurrentes á la ceremonia fueron como parientes más inmediatos la Sra. Doña Agustina Castelló
de Romero Rubio; Srita. Luz D!az, Sr. y Sra. de la Torre, Sr. y Sra. de Teresa, Sr. y Sra. Elízaga, Sr. 9.rtega
Reyes y familia, Sr. Justino Fernández y f~~1ha, Sr.
José Bermejillo y familia, Sr. Andrés Berm!',J1llo y esposa, Sra. Barros V. de Escudero, Sr. Miguel Rul y familia, Sra. Romero V. de García, Sr. :' Sra. Saetan,. Sr.
Plieg·o y fa~ilil!J ~r. Y. l\1artlnez del ~io y Sra.: Sr1tas.
LuisaFenelon, i::mtas. Rodrlguez y Sritas. Barros, Sr~s.
Felipe José y- Antonio Barros,Sr. Gobernador del D1stTito F~deral Rafael Rebollar, Sr. Armando Sta. C~uz,
Sr. Félix Diaz y Sr. Ignacio Muñoz, i\1anuel Garc1a y
Goytia.
'l.1erminados los plácemes,_los jóvemes esposos dieron los primeros pasos de su mutuo camino hacia el
enO'alanado carruaje que debía conducirlos á la fotogr:tía, de donde saldrían para el Palacio de Chapul·
tepec.
Alll los esperaba, sinó tanta concurrenci~ si un
grupo en que se encontraban los más in!Ded 1atos de
ambas familias, á quienrs el señor Pres1d~l'!te obsequJ,ó con un expléndido banquete. El serncio de_ ~ste fué brillante. El comedor, decorado con exquisito
gusto hacia palpitar de gusto todos los corazones; á
quienes embriagaba el delicioso perfume que exhalaban la multitud de gardenias y de azahares que en
combinación deliciosa formaban un solo bouquet de
toda la mesa; esta tenia mia rica mantelería de lino
bordado de color y recojida á trechos por moños de
ancho y blanco listón con grupos d_e ~zahar. .
Demás será decir que en ella remo la más fma coi:•
dialidad y franca expansión autorizadas, por la delicadeza con que el señor Presidente y su recomendable
señora haclan los honores á sus comensales.
A las cinco la encantadora pareja salió rumbo á _la
estación del Nacionah donde tomaro11 un tren espe~ial
para la Hacienda de i::;an Nicolás, (j.eJando en el ammo
de sus amigos una impresión indeleble de satisfactorio bienestar.

CRONICA DE LA MODA

Con gusto trasmitiremos á nuestras bellas lectoras
aunque sea ligeramente, lo que ~róuicas francesa_s nos
refieren acerca de las grandes fiestas de alta sociedad
celebradas, sino en el centro d~ París si en u!lo de los
castillos más notables, con motivo del ca~am1ento del
Secretario de la Embajada Francesa en Saint-Petenbmgo. ·
La novia, dice el cronista, pertenece á la reli~ión reformada; con tal motivo recibieron la bendicion nupcial en una capilla anexa al castillo de Bellevue donde
se celebraba la fiesta. Veíanse exuberantes Y bellísimas plantas de sin igual verdor, cargadas de.diversas
flores que esparcían sus inimitables perfumes y cm•o
brillante follaje en combinación con sus diversos colores, formaban una decoración artística de exquisito
gusto.
Como se debe suponer, había en la concurrencia femenina toilettes deslum)Jrantcs por su riqueza y confección. Comenzaremos por citar, como de paso, las de ocho
damas de honor que vestían una e,:pecie de uniforme
de lo más encantador y que las hacia aparecer como
una brillante colección de hadas. Todas ellas, semejantes las unas ó las otras es lo esbeltas y cM1tivadoras,
vestían trajes iguales de raso azul cielo con aplicaciones de punto de Alenr,:on, y sombreros de paja negra
con plumas de avestruz negTas, de un delicioso efecto.
Nada era más gracioso que este coqueto atavío, á excepción del brillo y hermosura ele sus rostros radiantes de felicidad en la fiesta. La Condesa de. P. madre
ele la desposada, llevaba un magnífico traje de raso
azul moiré. El talle adornado con finísimos encajes.
SGmbrero de lentejuela negTo v oro. La Baronesa de
B, abuela de la desposada, vestla de raso gris con
aplicaciones de azabache en la chaqueta y capota de
terciopelo negro.
i\Ime. de S. madre del esposo, vn3tia muy elegante,
con un traje de raso gris plata, adornado de encajes
negros, capota de terciopelo negro con un grueso penacho del mismo color. l\lme. de L. llevaba un rico vestido de raso gris pizarra y sombrero mah·a.
E11 medio efe las otras señoras rlc~collaba por su elegancia el traje ele :\hue. W. que era de pekin azul y
blanco; la enagua formaba pliegues de m1 aspecto muy
nueYo. El talle iba abierto delante v atrás sobre una
blusa de muselina de seda bordada &lt;le terciopelo; esta
abertura e¡,taba arreglada por pliegues queprolongándose sobre las caderas formaban pequeñas faldillas flotantes. En el pecho, un plastrón de terciopelo azul rayado en pliegues y pendiente de un cuello del mismo terciopelo con nudo en un lado. Este modelo fué creado
por una muy acreditada modista rusa.
Y ¿qué diremos de la novia?; ele hermosura perfecta
y continente distinguido lucía un hermosísimo traje de
piel de seda, corte princesa, desarrollándose por detrás
en lindísimo$ pliegues que formaban la cola, y delante, de seda moiré, adornado en su borde vtalle con finisíma pluma. Lueng·o velo de ilus•ón ·recojido con
azahares envolvía el esbelto talle dela reina dela fiesta.

···i~i;:é· ~¿~-~ii1:¡;~;·~¡· j;¡~;;;;~ ·ce;;é;~~~·11~;:q;·é;~-~-~·;o~:
quesas, tenemos sí, una disting•uida sociedad, buen
gusto, ricas telas y hábiles modistas, que sin ser rusas,
saben cunfeccionar tan lindos trajes, como hemos tenido ocasión de admirar en una fiesta de la misma especie celebrada, en el alcazar de los recuerdos el pintoresco y encumbrado Chapultepec; con ocasión también
de la boda del primog·(mito del primer Magistrado de
la República.
La gracia y la dulz11ra de nuestra, compatriotas, 110
deja que desear ymmca n ue$tra pluma describiría per•
fectamente sus encantos.

•

ABRIGO DE MADJESTKA, DELA:llTERO Y ESPALDA.

377

EL MUNDO.

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LA MODA
Abrigo de Madjestka, d~lantcro y espalda.

VESTIDO PARA Rl)iA DE 7 Á 8 AÑOS,

Este es un rico abrigo que cubre todo el vestido,
corte cruzado adornado solamente con gruesos botones de concha quemada. Cuello :\Iédicis forrado de
terciopelo.
Vestido para niña de 7 á 8 años.

Aquí la c~remonia se verificó en el oratorio particular del Pastor de la Iglesia.
Desde la escalera qfle conduce á la citada capilla,
parecía que se entraba á un palacio encantado; cortinaje rojo tapizaba las paredes y sobre estas rlestacaban perfumadas v lindas bandas de fl9res sobre grandes espejos mer(:ed á la magia de los cuales parecía
que afluían numerosos concurrentes.
La capilla estaba decorada con majestuoso ornato.
En el fondo, sobre el altar veíase la sagrada imagen
del Divino Redentor Crucificado y cuatro hermosos
bouquets de flores blancas de gran tamaño constituía
todo el adorno.
A las diez de la mañana. cuando la coneurrencia ya
esperaba, se presentó Ja distinguida Sri ta. Raigosa, embellecida hasta lo ideal con el suntuoso y fascinador traje de boda embelesadora con aire de bondad y acompafia&lt;la por el señor su padre. El señor Presidente. conducía cortesmente á la Sra. Raigosa, y la Sra. Diaz iba
acompañada. por el galante joven que pronto debería
pasar á otro e~tado.
•
El señor Arzobispo, revestido con la imponente mu111ficencia, que nueRtros ritos prescriben en tales casos, otorgó la bendición nupcial á los jóvenes contrayentes; cuyo acto apadrinaron el señor Presidente y la
Sra. Raigoi:1a. A cominuación el Sr. Presbítero D. Juan
Bandera celebró el solemne sacrificio para la velación,
acto, 9.ue apadrinaron el Si·. Raigosa y la Sra. Diaz.
Té¡lminado el acto religioso pasaron al ~alón del trono de S. S. I. en don ele fi nirnron el acta correspondiente los novios, lo$ padres de ambos," demás personas de
la concurrencia, las que tuvieron el gusto de presentar
sus respetos y plácemes á los recien casados.
La concurrencia no era tan numerosa como podía
espllrarsc en personas de tanta distinción, pues solo
estaban aquellas ligadas por estrechos lazos de parentesco.
Los trajes que allí lucieron pu.dieron bien .competir
con aquel.los á que antes aludimos, especialmente el
de la desposada, VPnido ·c1e París, de raso blanco, talle
princesa, y cuya cau,ta, no muy larga, tomaba origen
en el .cuello desarrollándos~ en pliegues huecos que se
ampliaban en razón al descenso con artístico encanto.
Un encaje de Alenr,:ór.. descendía desde el hombro iz•
qufordo interceptado á tre(•hos por pequeños ramos de
azahar. ~l ~imbolico vel? cub~·ia su púdica faz sin ocultar la felicidad de que irradiaba. Un primoroso bouquet de azahares euvuelto también en velo de ilusión,
completa su toilet. Ni un brillante: ni un1 perla, ostentaba e_n su correcto atm:io ¿será que no los posée-no:
será sm duda, que la ostentación está lejos de sh corazó_n ~· que sus joyas mo_rales, no serán para el público, s1110 p~ra el hog:ar. El Joven esposo vestía pantalón
claro, levita. cruzaaa, corbata blanca v pequeño ramo
de azahares sobre el corazón.
•
El r;o1:to esp~cio de que _disponemos no n.os permite
descnbn uno a uno los traJes ele todas las señoras, aunque todos eran dignos de ello; :' nos limitaremos á solo los de las que tomaron parte en la ceremonia. La
Sra. Dí!Vh con su reconocida modestia no ostentaba
alhajas, pero su traje hecho en París, era de piel de seda gris con ricos encajes en l'l talle; sombrero claro
con flore~. La Sra. Raigosa vestía de terciopelo negre,
en~gua hsa, y el cuerpo adornado con abalorio y encaJes negros; sombrero de terciopelo negro.

Este vestido es de seda serpenti~a co:n anr;ho cue~o
con hon,brera$uarnecida de encaJe. Cmturon de listón. Botas de 1.:.tlassé.
Traje para niño des á 6 años,

Este trajecito es de paiío)rngro, chaleco de piqué rayado, con ancho cuello marino, cruzado con doble botonadura, camiseta negra. Boina blanca de paiío. Choclo.s de piel de Rusia.
Traje para joven~ita.

Enagua de campana de f~anela á rayas. Jaque,tt de
la misma tela, sobre un cu~rpo de surah. Cuello de
lino. Corbata de listón. Sombrero redondo.
Traje para niñll de 3 á 4 años.

Vestido imperio de franela punteada de blanco y
azul, con bordados de seda de colores y adornada de
piel. Capelina de franela con encajes y plumas.

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\J.- ...

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Gfraje parisiense ae soireé ..... Gferdope1o cereza con boraaao ae pla{a y ·encaje ae·

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TRAJE PARA Nlf-O DE

3 ,\ G AÑOS.

Gl1~n~cn,

�378

Domingo 28 deNoviembre de 1897.

Domingo 28 Noviembre de 1897.

EL MUNDO.

rasgos, pues sus detalles no son conocidos. por ser intereses privados, dando solo una idea de su importancia con datos recogidos al vuelo, que si .bien carecen
de una precisión matemática, por guardar los empleados de aquel negocio estricta reserva, son muy aproximados y recGgidos de buenas fuentes, y los que colocan al :Mineral de Zacatecas en la importancia .que
merec.i.

MI pasión de llanto llena
Me seduce, comó el vicio;
l\o os dé lástima mi pena,
He buscado rui suplicio,
Y mitiga mi tortura
·
El placer del sacrificio.
Si ~ucumbo á la amargura
Sin temores morir quiero; ·
Adorark ......... qué ventura!
No os dé lAstiwa si muero.
EFI!EN HEB0LLEDo.
Noviembre ele 97. •

Traje parisiense de aolrée.

Los trajes de soirée en esta estación son peculiarmente graciosos, v tan trabajados en dibujo como en el material usado El traje parisiense de soirée que hoy presentamoh á. nuestras lindas lectoras, procede de la casa Uoguenkeim Y es de estilo princesa hecho de tela de terciopefo color cereza. La falda está bordada
en el borde inferior. á todo lo largo, poi: una banda de plata de int··incado estilo. El cuerpo es
también de terciopelo, escotado l'n angulo, así
en el frente como en la espalda. l'na aplicación
de rica blonda de Alem;on que e-i"'Ut&gt; en la parte posterior las IJneaR dt-1 la etpalda y del talle,
ca~·endo sobre la falda, le da al conjunto el mái
primoroi;o efrcto.

NEGOCIACION MINERA AURO•ARGENTIFtR.,
(ORO Y PLATA) lN LA CAPITAL DEL

•.

HORACIANA

ESTADO DE ZACATlCAS.

[ Oe Rimas de nieTe.]

Fundación.-Estc negocio se fundó hace46añossin que
hasta hoy haya tenido decadencia sensible, llamando
la atención por sus pingües p;·oductos ~· soberbias maquinarias. Sus dueños son los herederos de los Sres.
Herrison de Londres y Place de Italia.

¡Oh fuentr limpia y pura
Que te deslizaR COll murmurio blando!
que COJlias la hermonura
de C'eha. que.cantando
Pasa, tus claras onda$ contemplando! ..... .
ArrMtra en tu corriente
•
Lirios de luz v perfumadas viola~,
deja que ~onriente
por tus riYeras solas
Cante Celia ~onantes barcarolas!
Rueda tu linfa pura
!Oh sacra fuente! con murmurio blando
por la feráz llanura,
y á Celia que t•autando
Pasa, dile· que aún la esto,v amando!.....
Nov. de 11'~)7·
RAFAEL MARTINEZ RUBIO.
ORGULLO DF; AMAR.
Da Coppéc.

La quimera emprende el vuelo,

f"

Y esperar me está vedado;

TRAJE PARA XJÑA DE 3

,i. 4 ~os.

Mas dejadme.sin consuelo,
No os de lástima mi estado,
Y o mi pena oculta adoro
Y la acepto resignado.
Aun sov duefío de un tefioro;
De mi amor puro y constante;
No os de lástima si lloro.
Como atrae la luz radiante
De la lámpara serena
Al insecto palpitante,

Pertenencias y dependencias. -Su extensión es ele
j130 hectareas en las que están establecidas .s us traba•
os interiores, sus tiros, San Jorge, San Fernando, San
Bartolo, San Genaro, Mesteñas, ó la Llave y otros, suB
potentes maquinarias de desagüe, malacate de vapor,
quebradora, granzeadora, hacienda de beneficio, oficinas de ensaye, 1·esidencias de empleados, sin contar
las minas de Clérigos ':,' Providencia &lt;'Uyos negocios
ést'án en otro peTlmetro, a.si como ot:as haciendas del
antiguo beneficio de patio, que son Cinco Sefíores y
la Florida en d·erredor de las cuales se han formado
congregaciones ó pueblos nacientes.

JAIME G WOOD

Director.

Plf;0

DE •EL ROTE&gt; .\. LOS

ii la trituradora, ~- el último conecta con el kilómetro
710 del Ferrocarril Central y termina en la hacienda

Extracción y beneficio.-La.cargasl.' extrae-por medio de un malacate de Ya-por t!'niendo sus calderas
una fuerza de 300 caballos~: levantando aquel dos carros con una tonelada de metal cada uno, los que pasan por un ferrocarril automático de cable á una poderosa quebradora que tritura 20 toneladas por hora,
cayendo sobre dos cilindros que granzean la carga
que yiene á una báscula donde se pesa, de ahí á una
tolva con capacidad de 300 carg·as, de esta á seis molinos chilenos dobles de ocho pies de diámetro, que
pulverizan cada uno 12 toneladas por 24 horas pasando luego por diez tolvas para asentarse y descargándose por medio de un aparato inYención del Sr. fogeniero Don Ernesto Ayton, qui.en tiene la patente re8pecth&gt;a.
Las tolvas vuelven el agua Jin.pia y sobrante á los

)
TRAJE l'ARA JOVENCITA.

lra eNegocia.~ion @Minera Jel "~ote"
en la Capital

DEL ESTADO DE ZAOATEOASHace unos cuantos lus~rO$, en México, nuestros hombres de letras y nuestros vates, en medio del fragoc de
la artillería, hacían resonar en' el templo de la fam1t
los canto$ épicos
con que ensalzaban las purezas •T
&lt;
hechos heroicos de nuestros guerreros, quienes sacrificaban sus vidas en defensa de la Independencia de
nuestra patria ó por establecer entre nosotros los principios de libertad y de _democracia, bajo ese Código
que brotó como un foco de luz en 57; hoy bajo la fresca sombra de la Paz, que debemos á la energía y las
grandes dotes de hombre de estado del Sr. Gral. Porfirio Diaz nuestro actual gobernante, ostentamos los
frutos ol:itenidos, no,sin tributar un homenaje de respetuosa consideración á. los que, consagrándose al sacerdocio del trabajo pasan ·una vida llena de privaciones en las profundidades de la tierra retirados de los
grandes centros sociales, exponiefid; continuamente
su~ vidas, en, los eminentes peligros consiguientes á.
los trabajos mineros, privados no di"'O de bienestar,distracciones, sino aún de los f'.ncantos de ia naturaleza, como es el aire y la luz, pero disfrutando en re•
compensa del grandioso espectáculo que presenta uno
de estos centros mineros en que el hombre, en lucha
abierta con la naturaleza á quien combate con)u valor é intelige~cia, triunfa de aquella, derramando torrentes de oro y de plata que producen la felicidad de
la patria y el bienestar en los hogares siendo saluda"

SF:l'TDIO

con 7(í0 metros.

LOS_ ADELANTOS DEMEXICO·
En esta sección nos proponemos ocuparnos de
todas aquellas negociaciones y empresas que
tengan gran interós industrial y comercial y que
influyan así por las energías que desarrollan como por la producción que suponen y la riqueza
que derraman; al progreso del país.

EL MUNDO,

dos estos '1encedores del trabajo á cada paso por la~
frecuentes detonaciones de la dinamita.
Demos pues á conocer el resultado de los esfuerzos
de esos obreros, que en número de un millat de hombres más ó menos han logrado establecer en la negociación de •El Bote,• á que voy á referirme á grandes

2,l()

llETRO!'i Jm i'ROFl"NDIIJAl_l

molinos, la lama e~pesa que s&lt;• asienta o,n aquellla paKa por los aparatos. de descargue por una snie dt• rn
panes del sistema continuo ele Ross ~- de ahí á cuatro
lavaderos SPttlert:: conclucit'.·nclose lo~ rrsiduos. poi' canales ele jerga Blanket Huido ó sohre 'frueYaner~.
La lama ya en los panc8 ~e beneficia con fal, sulfato de cobre y azog,te pasando continuamente d&lt;• un
pan á otro. La Hacienda ele beneficio trabaja día y
noche, sin otra interrupcióu que una vez al mes,
para limpiar los panes ó hacer la raspa (clean up)
De los panes pasa la pe~•a ¡\. las mangas, filtrfmdoso
por eotas el azogue que vuelve á elevar~é por un manubrio graduado á un depósito_, para dist1 ibuirse de
nuevo en los panes. De las manga~ va la plata á dos
retortas y de ahi á la fundición de las barras.
Ensaye.-La Mina tiene gu depart:nnento de en,-.aJe con cuantas oficina,; y útiles son necesarios.
Luz eléctrica.-La hacienda eRtá alumbrada eou
luz incandescente teuienao su dinamo et¡pecial.

LUIS G. CANALES.

.Administrador General.

Trabajos Interiores. -Lamina tiene siete pisos ó galerías con diversos tiros v cañones, su profundidad es
de 250 metros alcanzand·o una extensión de 1.350 me'
.
.
tros á rumbo con leyes .de oro y plata que vanan pero costeables aún en las muy pobres, por la potencia
de sus vetas que alcanzan hasta 36 metros de latitud
sin contar con la carga rica, teniendo un pueble de
300 paradas ó sean 600 hombres y además los numero•
sos obreros y Elmpleados del exterior.
Desaglie.-En el departamento de Mesteñas existe
una poclerosa bomba de desag·üe que desal&lt;ija 500 galones imperiales por minuto, con su JDalacate de extracción para quehacerns de la bombería y el que puede elevar hasta 50 toneladas, con un cable de alambre
de seis pulgadas de diámetro. Le transmiten su fuerza cuatro calderas de 70 á 80 caballos, usándose de
estas las que son n_ecesarias.

V

ERNESTO F . AYTON.

Ingeniero.

Ferrocarrlles. - Existe el primero, que partiendo de
les puntos más avanza.dos, termina en el despacho del
tiro de cada píso, con mil metros de longitud.
El segundo sirve en San Bartolo, para distribuir la
carga en el patio, con 500 metros de extensión.
·
El tercero también de 500 metros es un ferrocarril
de compensación ó vía de cable que parte ele la tolv.~

INTEHJOR

DE LA TIACJENDA DE llENEFlCIO

1 •

SISTmfA &lt;CONTINNOt"S DE BOSS&gt;

�•

•
EL l\IUNDO.

380
Produccl6n.-La mi11,a ha producidode40 á43.()()j)OOO
cuarenta y tre;; millones de pesos, la carga lista para
el beneficio que c•xbte en el patio es de 20,000 veinte
mil toneladas, la extracción :l,(XlO tres mil cargas semanarias, sin contar con los frutos rico~ que eti un carro
ele J.j,000 quince mil kilos, que ,;e vende cada mes á las
fundiciom•s, todo e¡¡to sin perjuicio de las labore,;
abiertas, cuya producció_n no vería concluir la admi-·
nistración actual.
Hace 11' años que es Director el Sr. Don Jaime G.
\\"ood, quien merece un homenaje de respeto, porque
&lt;'n ~u (•poca ~e han hecho la~ grande~ y µerfcctas ins·
talaciones dt: maquinaria, 4ue he ;.eseúado y las que
con un éxito brillante, asegm·an t·l porvenir de esta
pingiie negociacióI? por largo~ años y en cuyor pro·
gresos han prestado un conting·ente importante, el Rr.
Ingeniero Don Ernesto Ayton y el St. Acl1ninistrador

•

Domingo 28 de Noviembre de 189'1.

TOM0.11

ll(TERIOR DE J..\ IIACU,XDA DE BESEFI&lt;;IO.

tó del •nido gritando, gritando; más la gorriona que
clormla fué atrapada por el rapaz r a\li donde fué santua1:io de unos amores, crujían los huesos y volaban
la~ylumas de·Ja gorriona muerta.
·
í en las mañanitas frente á mi ventana ya no brotan
del colgante nido las confidencias amorosas en el canto ,de-los gorriones.
'
DeR1mes el nido frío, sin am ores; más en las cavida
des del alero los grillos cantan trie crac y lo;; vi•ejos
En las mañanitas de , nnuciélagos levantan sus hosRanas ála deidad de las
cielo gl'is, y relente hú• nocturnas sombr.as, en tanto que el gorrión errante
medo y aurora envuelta triste, repite por el bosque sus lamentos.
en capuz de obscuros ce•
Así el destino, como el carnicero alcón roba las d·
!ajes, en sus cantos los C'has de las ahniis, dejando el corazón frio y sin amo
gorriones rít&gt;n de alegría
res.
y saltan por el tejado,
Josifl\1. R. GALAYIZ.
mientras la menuda ]luvia baña su pllllDaje y fin.Suprimamos la pena ele muerte;..... en buena hora .....
ge perlas en su dorso.
En las mañanitas en que pllrO que los seiLores asesinos comiéncen.
Alfonso Karz.
la nnuiente luna prende
La pobreza carece de mucl1as cosas; la avaricia cacrespones de luz en las rece de todo.
La Bruye:re.
afiosas melenas de los
La sabiduría hace modelo al hombre y vanidosa á
fresnos.Y el madrugador ¡a mujer.
La Bruyére.
arrulla con sas trinos á
de notas dulce~, )' á sus
melodiosas endechas despierta la gorriona y juntos los dos 1eva·n!an su
himno de amor al Dios
que enciende los soleR y
da su 't'este de plumas á
las aves.

JIIALA('ATE PARA LA EXTRA('('J()l( llE Mf:TALE!'; f;;,,¡ EL TlltO llE 1-\A); IIARTOLO

General Don Luis Canales, teniC'1Hlo el primero rn y el
segundo 26 afios de desempeñar sus respedi vos PnI·
pleos.

LOS GORRIONES
En las mañanitas de ciclo azul y yfento ~uave y luz
de oro, frente á mi ventana, en un alero tiene un g-o•
rrióu de pico negro colgado su caliente nido: despierta alegre, hincha su P,intado cuello para cantar 8lB
am9rcs con su gorriona esbelta, que duerme a_rrullada
por los besos de su gentil amado. Cuando murmura el
cl'firo sobre el tejado, el gorrión estalla en cascadas

MEXICO, DICIEMBRE 5 DE I897•

la Yirgen que nuc&gt;rme en
su inviolada alcoba, los
gorriones se mcceu en ,m
colgante nido al impulso
del manso bóreas y llaman á la rosada aurora
con sus t·ánticos j11veniles.
Pero en una mañanita
obscura, en que la tempestad rngia, pasó un al·
eón con silencioso vuelo
~- el gorrión que saludaba á la nueya aurora sal-

ENIA

..

1

QUEBRADORA Y FERROCARRIT, AlJTO)lÁTICO llE COMPE:S"SACION

CELOS DE ULTRATUMBA

¿Puedo llorar. llorar por lo~ que fueron
Por los que ausentes en el ~ran vacio
l\Iiran rodeados de tristeza y frio
Los sagrarios de carne, en que vivieron?
¿.Pueden, los besos que jamás salieron
De su nido, á posarse en el sombrío
Manuol de tus mejillas, amor mio:
Pueden besar á los que ~-a existieron?
l\1i pensamiento, que orgulloso ostenta
Tu alma virgen, como níveo cielo,
Puede rotnper el misteric!io Yelo
Que oculta á los qu&lt;' huverou la tormC'nta,
Sin que an tu 'puro corazó'n se sienta
La so,nl'isa 8atánica de Otelo?
Jmn:s VII,LALPANDO.
Noviembre de 1897.

En impetuoso arrebato
Su mano estreché con ira
Y ronco la dijc·:- l\1ira
Si tu me engañas te mato!
Ella, con dolor sincero,
Inclinó la frente ¡iru·a
Y murmuró con ternura:
-Si tu me engañas me muero!
MALACA~E

y HOfü)A DE

DESAGI.JE DE )IEZTE¡¡AS

(;JJO galones imperiales por minuto.)

BENITO STELLER.

~a saliaa ael Gf aller.sr:• Por ~illasana.

•

N1JMER0~3•

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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•
EL l\IUNDO.

380
Produccl6n.-La mi11,a ha producidode40 á43.()()j)OOO
cuarenta y tre;; millones de pesos, la carga lista para
el beneficio que c•xbte en el patio es de 20,000 veinte
mil toneladas, la extracción :l,(XlO tres mil cargas semanarias, sin contar con los frutos rico~ que eti un carro
ele J.j,000 quince mil kilos, que ,;e vende cada mes á las
fundiciom•s, todo e¡¡to sin perjuicio de las labore,;
abiertas, cuya producció_n no vería concluir la admi-·
nistración actual.
Hace 11' años que es Director el Sr. Don Jaime G.
\\"ood, quien merece un homenaje de respeto, porque
&lt;'n ~u (•poca ~e han hecho la~ grande~ y µerfcctas ins·
talaciones dt: maquinaria, 4ue he ;.eseúado y las que
con un éxito brillante, asegm·an t·l porvenir de esta
pingiie negociacióI? por largo~ años y en cuyor pro·
gresos han prestado un conting·ente importante, el Rr.
Ingeniero Don Ernesto Ayton y el St. Acl1ninistrador

•

Domingo 28 de Noviembre de 189'1.

TOM0.11

ll(TERIOR DE J..\ IIACU,XDA DE BESEFI&lt;;IO.

tó del •nido gritando, gritando; más la gorriona que
clormla fué atrapada por el rapaz r a\li donde fué santua1:io de unos amores, crujían los huesos y volaban
la~ylumas de·Ja gorriona muerta.
·
í en las mañanitas frente á mi ventana ya no brotan
del colgante nido las confidencias amorosas en el canto ,de-los gorriones.
'
DeR1mes el nido frío, sin am ores; más en las cavida
des del alero los grillos cantan trie crac y lo;; vi•ejos
En las mañanitas de , nnuciélagos levantan sus hosRanas ála deidad de las
cielo gl'is, y relente hú• nocturnas sombr.as, en tanto que el gorrión errante
medo y aurora envuelta triste, repite por el bosque sus lamentos.
en capuz de obscuros ce•
Así el destino, como el carnicero alcón roba las d·
!ajes, en sus cantos los C'has de las ahniis, dejando el corazón frio y sin amo
gorriones rít&gt;n de alegría
res.
y saltan por el tejado,
Josifl\1. R. GALAYIZ.
mientras la menuda ]luvia baña su pllllDaje y fin.Suprimamos la pena ele muerte;..... en buena hora .....
ge perlas en su dorso.
En las mañanitas en que pllrO que los seiLores asesinos comiéncen.
Alfonso Karz.
la nnuiente luna prende
La pobreza carece de mucl1as cosas; la avaricia cacrespones de luz en las rece de todo.
La Bruye:re.
afiosas melenas de los
La sabiduría hace modelo al hombre y vanidosa á
fresnos.Y el madrugador ¡a mujer.
La Bruyére.
arrulla con sas trinos á
de notas dulce~, )' á sus
melodiosas endechas despierta la gorriona y juntos los dos 1eva·n!an su
himno de amor al Dios
que enciende los soleR y
da su 't'este de plumas á
las aves.

JIIALA('ATE PARA LA EXTRA('('J()l( llE Mf:TALE!'; f;;,,¡ EL TlltO llE 1-\A); IIARTOLO

General Don Luis Canales, teniC'1Hlo el primero rn y el
segundo 26 afios de desempeñar sus respedi vos PnI·
pleos.

LOS GORRIONES
En las mañanitas de ciclo azul y yfento ~uave y luz
de oro, frente á mi ventana, en un alero tiene un g-o•
rrióu de pico negro colgado su caliente nido: despierta alegre, hincha su P,intado cuello para cantar 8lB
am9rcs con su gorriona esbelta, que duerme a_rrullada
por los besos de su gentil amado. Cuando murmura el
cl'firo sobre el tejado, el gorrión estalla en cascadas

MEXICO, DICIEMBRE 5 DE I897•

la Yirgen que nuc&gt;rme en
su inviolada alcoba, los
gorriones se mcceu en ,m
colgante nido al impulso
del manso bóreas y llaman á la rosada aurora
con sus t·ánticos j11veniles.
Pero en una mañanita
obscura, en que la tempestad rngia, pasó un al·
eón con silencioso vuelo
~- el gorrión que saludaba á la nueya aurora sal-

ENIA

..

1

QUEBRADORA Y FERROCARRIT, AlJTO)lÁTICO llE COMPE:S"SACION

CELOS DE ULTRATUMBA

¿Puedo llorar. llorar por lo~ que fueron
Por los que ausentes en el ~ran vacio
l\Iiran rodeados de tristeza y frio
Los sagrarios de carne, en que vivieron?
¿.Pueden, los besos que jamás salieron
De su nido, á posarse en el sombrío
Manuol de tus mejillas, amor mio:
Pueden besar á los que ~-a existieron?
l\1i pensamiento, que orgulloso ostenta
Tu alma virgen, como níveo cielo,
Puede rotnper el misteric!io Yelo
Que oculta á los qu&lt;' huverou la tormC'nta,
Sin que an tu 'puro corazó'n se sienta
La so,nl'isa 8atánica de Otelo?
Jmn:s VII,LALPANDO.
Noviembre de 1897.

En impetuoso arrebato
Su mano estreché con ira
Y ronco la dijc·:- l\1ira
Si tu me engañas te mato!
Ella, con dolor sincero,
Inclinó la frente ¡iru·a
Y murmuró con ternura:
-Si tu me engañas me muero!
MALACA~E

y HOfü)A DE

DESAGI.JE DE )IEZTE¡¡AS

(;JJO galones imperiales por minuto.)

BENITO STELLER.

~a saliaa ael Gf aller.sr:• Por ~illasana.

•

N1JMER0~3•

�•
382

EL MUNDO.

LA SEMANA.
El mes de Diciembre ha hecho su aparición, envuelto en rayos de sol, luminoso y triunfante.A Gabriel d'Annunzzio se le aparece el otolio de
Italia como «una primavera vista en suefios.»
Nuestro invierno tropiC"al, el que desciende de los
cielos americanos, tiene tibias puestas de sol y
mail.anas empapadas en el acre vaho de las monta:!l.as!
El valle amanPce envue!to en un velo azulado
que. borra los cont?rnos de la serranía y esfuma
los horizontes indecisos. Pero el rojo caballero de
los espacios va abriéndose paso hasta plantar en
el cenit su estandarte victorioso. Entonces la
ciudad se abrilhinta, resplandece, irradia; como
si los glóbulos rojos que el viejo astro ha arrojado en las arterias del Uni verso, lmbiesen penetrado en todos los cuerpos y desentumido todos los
espú·itus.
Un invierno sin sol es un triste invierno, unanticipo de ese necesario viaje hacia la muerte. Vivir en tinieblas, cercado por la sombra, eg ser un
huésped de la tumba, soportar un cuerpo del que
ha buido un alma. ¿No habéis nunca pensado en
el pavor que se apoderaría del primer hombre al
ver desaparecer el sol por vez primera? ¡Qué angustia conmovería su trémula conciencia! Tal vez
buscaría en lo alto de un picacho la última llamarada del moribundo monarca; y después, al verlo
hundirse en las aguas del mar distante, cuando la
noche comenzara á dejar caer su polvillo de nieblas sobre la tierra:-No te vayas! gritaría su espfritu, en idioma sin palabras, en ese idioma del
terror, salpicado de lágrimas, común á todas las
manüestaciones del dolor humano.
¡Ah las comarcas que el sol no visita! ¡Qué solitarias, qué sombrías, qué aterradoras! ¡Y cuán
lejos de nosotros, los embriagados por la luz, los
que á través de las ráfagas cortantes que bajan
de la eterna nieve de los volcanes, sentimos la
promesa de la nueva primavera en los rayos de
ese buen sol, que jamás falta á la cita que le damos la víspera.
Y mientras él resplandezca en el horizonte
nuestro invierno mexicano será siempre un com~
pás de espera en la gran sinfonía primaveral.

*

**

Y la primavera está siempre en las almas de la
juventud. Ved si no la larga lista de casamientos
que la prensa ha publicado en estos días.
No recuerdo quien decía que el matrimonio se
asemeja á una plaza sitiada: l "~e~stán fuera
quieren entrar, y los &lt;,1s .;.dtátldentro quieren salir. - Pero lavirla sería algo muy triste, si al final
de 1~ j_or"':..tlano hubiese una cabecita blonda que
acar1c1ar, como antailo había una cabeza blanca
'li...e velaba nuestros sue:iios.
Esas existencias truncadas, esas existencias solitarias, que pasan sin dejar más rastro que la estela que abre el casco de un navío en la movible
superficie de las aguas, se nos antojan como semillas que no han germinado en el surco. En vano l~s ~erzas ocultas de la naturaleza ponen en
movlilllento los_ gérmenes dormidos. Hay rezagados en esta triunfal resurrección de las vidas·
hay almas in1?óviles, cuerpos que, á semejanz~
de aquella esfinge helada de que habla Gautier en
su Sinfonia en blanco mayor, guardan en su seno
socretos congelados.
Par!1 éstos la vída es un barómetro al que hay
que aJ1;1star todos los actos humanos. Que seilala
buen tiempo? Pues al bosque! Que el cielo se encapota? A ver, muchacho, mi paraguas y mis choclos de hule_
Ellos han descubierto el secreto de vívir mucho: vívir poco. ¿Pero vivir es no vivir?
La humanidad tiene en el fondo un rinconcito en
el 9-uerefugiar sus sueilos, como en las tempestades
estivales hay redondele11 de cielo azul que desgarran .el toldo de las nubes. Hay algo mas interesante que levantarse á las seis en verano y á las
ocho en invíerno. Esos cronómetros ambulantes
acaban un día por gastarse.
. Y allá se van, sin dejar á su paso por la tierra
m un _recuerdo, como no hicieron víbrar un alma.
La Juv:entud es hermosa porque ama. Arrebatad_á la Juven~d el amor ¿y que queda? El preludio de la veJez.
Hay que cumplir el precepto evagélico: Amaos
los unos á los otros!

***
Hablemos todavía de la juventud.
Todos los años, los alumnos del Colegio Militar,
aprovechan las vacaciones para organizar alguna
excursión que les sirva de práctica en su carrera.
.Ahora, acaban de tomar parte en un simulacro
efectuado en las lomas de San Mateo.
Son atractivos estos remedos en los que se obtiene la conciencia de las minucias de que está
formado un combate. N'o basta saber morir; es
necesario saber ahorrar las vidas. El secreto de las
batallas es saber moverse, el error de un camino
dice Víctor Hugo, decidió de la suertede Napoleón.
El plan había sido hábilmente combinado, y el
hombre qne se mostraba sombrío en Austerlitz estaba alegre en 1Yaterlo.o. Pero un barranco oculto cambió la faz de la Europa, y en aquella cima
ignorada rodó el heroísmo y se despertó el valor
que pasearon las águilas francesas.
Después de la trágica aventura de 1870, un trágico soldado que es también un poeta, Paul Dereuléde, exhibió un libro para demostrar que la
causa de la derrota hauía sido una ignorancia
completa de la movilización de grandes masas de
hombres. Y La Débdrle de Emilio Zola inspiró la
amarga tristeza de aquellos escuadrones de Lefébre Desnouetes precipitándose denodadamente á
la muerte, avalancha heroica tras cuya obscura carrera se abría un abismo.
Y el viejo Moltke, pacienzudo y sagaz iba siguiendo en su gabinete, inclinado sobre el mapa
del territorio enemigo, como un jugador de ajedrez, la marcha de sus huestes, avanzando siempre, ma~cmáticamente, como una inflexible línea
recta que une dos puntos en el espacio.
Los simulacros del Colegio Militar constituyen
la enseñanza de la victoria.
De la victoi:ia que sólo puede enseñarse como
el griego el movimiento: moviéndose!

*

*

*

Acaso por amor al movimiento, á la acción, á
la lucha, han tomado arraigo en nuestra sociedad
esos espectáculos de sport con que los acaso demasiado inteleceucilizados pretenden encubrir su
decadencia física. Nuestros padres temían plétora de sangre y por eso acudían á las sangrias; nosotros tememos exceso de nervios. y he aqui por
que acudimos á los tónicos.
Y tónicos son esos juegos que remedan los viejos ejercicios corporales de razas que hicieron un
culto del vigor muscular. A este orden de ideas
débese tal vez el entusiasmo que han llegado á
despertar los frontones .en esta capital, y el que
ya se inicia con la venida de Mazzantini.
Tienen, en verdad, esos cuadros de los torneos
de pelota una faz estética que no deja de ser sugestiva. El combatiente pone en acción todos sus
músculos; á veces es la carrera, ya el salto la
fuerza y la agilidad las que ejercita. Y cua~do
una de estas balas rasantes pasa á su lado, el gladiador moderno se recuesta fatigado sobre· el muro, adoptando inconscientemente posturas plásticas.
Pero el héroe del gimnasio es don Luis Mazzantini, el torero aristócrata, el que gusta el arte y
prefiere la plegaria de Elza á la Soleáa y el champagne frapée á la manzanüla. De esta extra:!l.a
existencia de virtuoso y homb1·e de coleta, han hecho los revisteros espa:ñoles toda una leyenda.
Días atrás revisando prenrn extranjera leía yo una
instantánea deJ famoso diestro, repleta de curiosas
notas personales.
Don Luis ~s.' ante todo, un civilizado; más que
eso, un exquisito, y no me sorprendería ver su firma al pie de una critica de arte, rebosante de informaciones modernistas, ó haciendo valer un brindis áureo como el que EL MUNDO inserta hoy de
mi buen amigo el poeta Chocano.-El torero ha
entrado en una nueva vida, vida atractiva y fácil
que antailole era totalmente desconocida. Mazzantini ha redimido á la especie, y después de él ya
hay salvación.
Y una tarde, cuando de la caldeada arena se retire el cuerpo de uno de estos vencidos, ba:ñados
en sangre los brillantes bordados de la chaquetilla. y el vocerío popular rime con sus notas la agonía del maestro,. el torero moderno podrá repetir
la frase del César romano en las llanuras de Campania: ¡Qué artista perecel

**
De la. llegada de otro*víajero
nos habla la prensa, meo.os decorativo pero más !ólido que el mata-

Do mingo 5 de Diciembre de 1897.

Domingo 5 de Diciembre de 1897

dor espailol: de Mr. Bryan, el vencido campeón_
del partido demócrata en las elecciones presidenciales americanas, el amigo de México y el amigo de la plata, dos efectos que casi se encierran
en uno.
Lo.. que puede aprovechar nuestro país de esta.
visita lo dirá el porvenir. Abiertas están nuestras.
fronteras á los hombres de empuje, francas nuestras ~uertas al capital y al trabajo de no importa qué parte del mundo; y si hemos de entrar resueltamente á la gran lucha de la competencia,
que es el crisol del progreso, necesario es ponernos en contacto con estas nuevas energías que nos.
salen al encuentro.
Hubo un tiempo en que la República :Mexicana
pudo encerrarse en sus límites, y manifestarse
hostil á las corrientes que unían á los pueblos.
Teníamos espaciosas brechas, .inferidas por manos extrailas, por las que se escapaba á raudales la sangre nacional.
Pero ya el conflicto ha cesado, el concepto del
derecho ageno ha ido penetrando poco á poco en.
la conciencia de los pueblos, y muy especialmente en los que se agrupan en este lado del mar, y
la civilización, que comenzó uniendo las necesidades, ha acabado por múr los espíritus.
ÜBERÓN,

RESUMEN.-LA AGITACIÓN AUSTRIACA.-EL PAR·
TIDO NACIONAL y EL PARTIDu ALEMÁN,-UN :mNISTERIO QUE CAE Y UNA OPOSICIÓN QUE SE LE·
VANTA. -GRAVEDAD DE LA SITUACIÓN. -LAS
N0EVAS i;ESIONES DEL REICHSTAG.-LAS ASPIRACIONES DEL EMPERADOR.-LA MARINA ALEMANA.
REBELIÓN DE LOSALBANESES,-EL PROBLEMA DE
TURQUIA.-CONCLUSIÓN.
La dimisión del gabinete austro-húngaro que
presidía el c?nde Badeni, aceptada por el emperador Francisco José, no ha bastado á conjurar
las serias dificultades que amenazan al Imperio.
Las exigencias extraordinarias, que ha tenido el
partido alemán con el ministerio que se retira y
que ocasionaron su caída, brotan ahora entre el
partido nacional; los eslavos y los cheques que
ayer estaban apoyados por el gobierno, forman
ahora en las filas de la oposición y se presentan
dispuestos á resistir por medios violentos contra
quienquiera que pretenda arrebatarles las ~onquistas adquiridas en pro de su pueblo y de su raza.
Ayer lo_s d~l grupo alemán, tal vez instigados
por los subd1tos del emperador Guillermo, embriagados con la grandeza de la poderosa Germanía que fundó el Rey conquistador en el Palacio
de Versalles, después de las jornadas de Sedán y
de Sodowa; ayer los pueblos de origen teutón que
no olvidan los intereses de su raza y el brillo de
sus tradiciones, iban capitaneados por jefes y agitadores de oficio á vociferar á las puertas de la
Cámara austriaca, ó penetraban al santuario de
las leyes, interrumpiendo con ruidos extraordinarios la marcha regular de las sesiones.
Ayer los dip~tad_os afília~os al grupo germánico lanzaban la diatriba, vomitaban la injuria contra el Presidente de la Cámara, contra el gabinete responsable, contra sus antagonistas en la lucha apasionada de los partidos.
.Al fin lograron su intento: el conde Badeni se
retiró dela escena política, silencioso, obscurecido
sombrío, entre los clamores de la multitud frenéti~
ca y las explosiones del odio de sus enemigos.

*

* derrotados, los reY los cheques que se* miran
presentantes de Bohemia que se ven expuestos á
continuar uncidos al yugo germano, estallan en
protestas, rujen en motines, ahullan en tumultos
y las calles de Praga presencian ahora los mismo;
acontecimientos que tuvieron por teatro las avenidas de Viena en la semana última.
Solicitado en ese vaivén de intereses encontrados, en esa alta y baja marea de contrarias pasione~, en ese f~ujo y reflujo de aspiraciones y de
odios, todaVIa tarda el Emperador para disolver
la Cámara, para dar vigor al nuevo ministerio que
acaba de constituir el Barón de Gautchs é imponer su soberana voluntad sobre ese mar encrespado de opiniones que chocan,.derencores que estallan, de re11cillas que luchan. Sabe que ouenta con

D

383

EL MUNDO,

de parte de ellas esa influenciasu~estiva, que son características de la simpatía, sentimiento q1tehace agradable y deseable todo lo que emana del ser que la inspira, que suscita la intimidad continuada,la conversación no'interrumpida la participación y comunidad de
de gustos de costumbres y que es incompatible
Parece ser cosa admitida la identidad de natura- ideas,
la taciturnidad, la misantropla, el alejamiento y
leza y la coiucidencia constante del cariño y de la con
diver~ncia de pareceres y de inclinaciones.
simpatía. Para la inmensa mayoria.de las g·entes es la Que
hay mujeres que aman 'á sus maridos, que les
un axioma indiscutible., un hecho innegable que todo son leales
y abnegadas, que les sacrifican sus capriser á quien se ama inspira á la vez simpatía; que no chos y aficiones,
,que se destierran voluntariamente
es posible amar á personas ó cosas antipáticas y que por no abandonados,
que velan á su cabecera para
cuando álgui1m simpatiza por ese solo hecho ~e le ama. asistirlo::;, que madrugan
para complacerlos, que traEs tan general esta creencia que parece desacato. bajan pru:a aliviarles Ia carga
y que no disimulan que
ponerla en duda, que toda proposició u diferente ó con- les choca, les carga, les 1·ev1enta,
es coi;a también pertraria rev ü,te la11 apariencias de una insostenible paraaveriguada.
doja y que no seria soportable que dijéramos á veces: fectamente
*
Pues el hecho se observa tP.mbién en las relaciones
**
¡cuáuto te amo y cómo me chocas! y en otras: ¡cuánto
El emperador Guillermo II en persona aca- me simpatizas y cómo te detesto! Aparte de la ofensa de padres á hijos. Conozco padres de familia modelos,
educan con esmero y aconsejan con solicitud, que
ba de inaugurar, en la sala de honor del Palacio que creeríamos se nos infería por declarársenos ya an- que
labran piedra á piedra un porvenir honorable á sus
tipá.ticos
ó
ya
odiosos,
heriria
nuestro
espíritu,
como
Blanco, las nuevas sesiones del Reichstag. Des- una saeta, la contradicción manifiesta. la imposibili- hijos; que, no bien los ven enfermos pierde~ casi la rapués de los arranques lfricos que nunca faltan en dad racional, la injustificación completa de semejan- zón; que los protegen y amparan, y que no Jueg·:rn con
los discursos del joven Hohenzollern, de los arre- te divorcio entre sentimientos que parecen acompa- ellos cuando son niños, que no los toman de la mano y
llevan á paseo, que casi no les dirigen la palabra;
batos de pw·o patriotismo netamente germánico ñarse siempre, compenetrarse, confundirse en uno so- los
que los mantienen á distancias y á quienes importuna
lo
y
no
constituir
siuo
expresiones
diferentes
del
misque constituyen la materia prima de sus perorasu algazara, impacienta su alegria, encoleriza su travemo sentimiento fundamental.
ciones, y de las protestas de fidelidad á la glorioY sin embargo,nadamásfacildedemostrarquelainde- sura, que no los arru,v aron de pequeños, que no los acasa ti·adición de sus antepasados, el hijo de Fede- pendencia recíproca de esos dos estados del alma, que rician ni miman de grandes y puedan ausentarse de
sin extrañarlos.
rico el Noble insistió ampliamenteenlanecesidad enumerar los casos en que existen y se experimentan ellos
En cierta familia de mi trato, el padre, de tres de sus
separadamente
y
los
no
menos
frecuentes
en
que
se
comque tiene el Imperio de reforzar su poder naval, prueba el uno en coincidencia con el contrario del otro; hijos, no tenla simpatía más que por uno solo, á quien
más ahora q_ue, complicaciones al Oriente y al en breves palabras: se puede amar sin que el sér ama- mimaba, áquien acariciaba y complacía, de qtúen reciOccidente, en las aguas de la remota China y en do sea simpático; se pueden experimentar simpatías bia toda clase de sugestión; y que sin embargo, amaba
igual cariño y se sacrificaba igualmente por los
las costas de la república haitiana reclaman la vivísimas sin que á ellas acompañe afecto, cariño, amor con
otros dos.
presencia de fuerzas germánicas, para hacer pre- al sér simpático; hay más, se encuentran casos de afecEste divorcio del cariño y de la simpatía es á · veces
to intenso á séres positivamente antipáticos, yse puevalecer sus pretensiones sobre una nación cadu- den citar muchos de simpatía hacia personas ó cosas total, completo, irremedial&gt;le. Hay caracteres que sin
dejar de amar son refractarios á la simpatía, como hay
ca y sobre un pueblo joven.
que nos son despreciables ú odiosas.
Cuando se tiene el hábito de analizar los sentimien- otros que no pueden inspirarla jamás. Esos refracta¡Con qué pompa de elocuencia, con cuántas gatos propios y los agenos, y de discernirlos á través de rios SQ.U siempre desdichados porque son misántropos;
las oratorias se esforzó en demostrar la justicia las
apariencias engañosas que suelen revestir, no es todo les choca, todo les aburre, todo les fastidia y no
de sus deseos! cómo supo tocar hábilmente la fi- dificil convencerse de lo anterior. Si pasamos revi~ta está.n contentos ni aún en medio de los séres á quiebra sensible del sentimiento nacional, para con- al catálogo de nuestros amigos, por ejemplo, no tarda- nes más aman. Conozco uno, caritativo, que mantiene
á muchos desgraciados sin poder soportará 1,inguno,
vencer á los representantes del. pueblo de la ur- mos en discernir que los hay de diversas categorias que
tiene numeresos amio-os que le carg·an y una nurelativamente
á
los
sentimientos
que
nos
inspiran.
Por
gencia de los Cl'éditos por tanto tiempo solicita- losunos,somos capaces de desprendimiento. de sacrificio merosa familia á quien a8ora y a cuyo trato y compa·
dos inútilmente para el ensanche de la marina de de actos heroicos y sublimes de abnegación y de de- ñia no se puede avenir.
Señalar los casos de incompatibilidad ó de exclusión
guerra! Si sus razones han de ser tomadas en con- ber; como Pilades por Orestes somos capaces o lo creemenos, de dos sentimientos que parecerían irrnmesideración y la Cámara se resuelve á imponer ese mos al menos de morir de dolor si ellos mueren, de in- al
diablemente conexos. no es, ni con mucho, afirmar
terponernos
entre
ellos
y
el
puñal
que
los
amenaza,
de
nuevo sacrificio que se exige del país, no lo po- sacrificarles nuestra fortuna, de sustituírnosles en el que no puedan conciliarse v coexistir. Lejos de eso,
demos predecir; pero sí tememos que los diputa- peli~ro. Es indiscutible que por esta clase de amigos en la mayoría de los casos, ambos coexisten v excusados liberales y socialistas que han hecho prevale- sent1IDos un afecto profundo, un cariño intenso, amor, do es de'cir que no hay relaciones más firmr.s, más duraderas, mál:! felic~s que las que están fundadas en el
cer su opinión en las pasadas sesiones, lucharán en fin, en toda la acepción noble, elevada y grandiosa mutuo
afecto á la vez que en la simpatía recíproca.
del
término.
Y
esto
no
obstante,
suele
suceder
que
esal lado de las radicales para resistir á las suges- ta clase de amigos, hacia los cuales convergen las más
Pero se OCllrre preguntar ¿qué es preferible; ser
tiones del trono.
puras emanaciones de nuestros afectos, á quienes res- amado ó ser simpático? dada la posibilidad y.la frepetamos y veneramos, con cuyos dolores sufrimos y cuencia con que un sentimiento excluye al otro, ó por
***
con cuyas alegrías gozamos, no son aquellos cu va com- lo menos no coexisten: ¿qué es mejor, hacerse :i.mar
No bien salida Turquía de la guerra con Gre- pañia b11scamos, cuyo trato procuramos frec·uentar; ó in~pirar simpatía? Dificil es la solución, imposible,
en forma general. Es manifiesto, por ejemplo;
cia, que si le dió repetidos triunfos, le costó in- solemos verlos poco, su conversación no es siempre la casi,
mejor nos divaga y más nos agrada; no pasamos á que á un gobernante, le interesa y le conviene más
mensos sacrificios que no ha podido compensar que
su lado las horas de la grata expansión, no los desea- ser amado que simpatizar, como lo es igualmente 9.ue
la mezquina indemnización que se le permite, ya mos como compañeros de placer, como camaradas de en las relaciones mundanas es prefe-:ible ser simpático
se sienten las palpitaciones de la revuelta en el nuestras aventuras, como elementos de distracción v á ser amado.
Pero hay un caso en que una solución se impone so
seno de los fieros albaneses, ya se oyen los ala- de entretenimientos; no reímos de sus chistes, no imi- pena
de grandes calamidades para quienes la violan:
tamos sus costumbres, no aprobamos sus extravaganridos de la rebelión en la inquieta provincia, y cias;
no nos deleitamos con sus modales. ni nos inspira- En el matrimonio es absolutamente necesario, no solo
se oyen las violentas pisadas de las huestes búl- mos en sus gustos. Frecuente es sorprendernos boste- el amor, sino también la simpatía. Si los cónyuges sogaras y de las legiones servias que marchan á la zando en medio de una conversación, consultando el lo se aman su hogar será monótono, triste, silencioso; solo resonarán en él el suspiro furtiYo y el bostezo
frontera, so pretexto de cuidar sus intereses ame- reloj durante una visita y pensando en que tenemos ruidoso;
la aleiria. huirá al contacto de aqudla bruque
buscar
á
otra
persona
á
quien
queramos
menos;
nazados, pero acaso con la idea oculta de hacer pero que nos simpatiza más.
ma v el matnmqnio disfrutará ·tan solo de una diarmas contra la Sublime Puerta.
En cambio tenemos otros amigos por los que no iría- cha pálida, incolora, sin notas de concierto, ni exploPretende el gobierno otomano emplear los men- mos al cadalso como De Thou por Cmq l\fars, a los que siones de regocijo.
Si solo los ligan los lazos de simpatía corre grave
guados productos de la indemnización griega en jamás prestamos dinero, cuyos dolores y alegrías nos peligro el cumplimiento de las obligaciones serias y
dejan
impávidos,
cuyas
ideas,
sentimientos
v
conducsofocar la revolución que la amenaza formidable ta nos tienen descuidados, cuxos consejos ñunca se- ele los deberes augustos, resonará más á menudo la
en su seno corrompido, pero á ello se opone la guimos, cuyas súplicas ó solicitudes nuncaescuhamos, carcajada que el consejo; la mutua complacencia imomnipotente Rusia, que quiere ante todo ver cu- y_ de los cuales no podemos prescindir. Son nuestros pedirá. los arranques necesarios de energía, el impedel principio de autoridad v la práctica de la discibierto parte dcsu cuantioso crédito contraído des- Castor, nuestros Goutran; vamos y venimos con ellos, rio
plina Mas bullicioso, pero menos fecundo, más feliz;
los
extrañamos
si
se
ausentan,
nos
abunimos
si
faltan;
pués del conflicto de los Balkanes, tan desastroso cuando su brazo no se apoya en el nuestro nos parece pero menos sólido; más vibrante y brillante, pero mepa.ralas banderas musulmanas gloriosamenteven- que hemos olvidado el bastón. Todo lo que dicen nos nos austero; el hogar será más bien un campamento
encanta, todo lo que hacen nos hace gracia; nos carca- de bohemios que una cabaña de labradores ó un taller
cidas bajo los muros de Plewna.
de obreros, y si los esposos pueden ser más felices los
En tan grave situación, ¿á donde volver losan- jeamos con sus paradojas, nos deleitan sus anécdotas; hijos
pueden lle"'ar á •et· más des~raciados.
comemos con más apetito en su compañia. Un dia mue,
gustiados ojos?
Con la fusión 'ael amor y de la s1IDpatla se concilian
ren y no nos volvemos é. acordar de ellos.
el
deber
y la felicidad; la vida se hace á la vez frucLa rebelión albanesa crece y se agiganta; los
Es incuestionable que éstos séres nos son prof:undaprimeros encuentros no han sido favorables á los mente simpáticos y no lo es menos que no nos inspiran tuosa y grata; se construye á la vez que se decora y
llena el deber riendo y cantando como lo cumple
sicarios de Abdul-Hamid, que han acudido á la verdadero y profundo afecto. En estos dos casos el di- se
el vendimiador risueño y activo, entre himnos y dandel afecto y de la simpatía es manifiesto.
lucha con escasos elementos, y las grandes ¡&gt;o- vorcio
No lo es menos cuando se examinan las relaciones zas, trabajando y gozando, ebrio de alegria y coronatencias se cruzan de brazos ansiando la autonomía entre marido y mujer. Hay hombre.5 que experimen- do de pámpano.
DR. M. FLORES.
de Creta, ·que no tardará en considerarse á cam- tan por sus mujeres un afecto profundo, que las estibio de algún respiro, en tanto avanza_ len~a pe~o man y consideran, que las visten con lujo, las agasacon explendidez, las defienden con heroísmo. La
(1
11
segura, la disolución fatal del carcomido 1mpeno jan
fecundidad de estos matrimonios revelan en ellos toturco.
das las formas del afecto, del amor, en fin, l sin emx.x. x.
bargo no puede el marido disimular por mas que lo
intente la antipatía ó la escasa simpatía que le inspira
Dbre. 2 de 1897.
su I?uj_er. Huye de su conversación y prefiere lee1· el
¡&gt;er1ód1co; lleva a la mesa su novela; busca la sociedad
Con este número obsequiamos ♦
ae sus ~mig~s, ~e los que ~testa su c:rsa,y la sustituye
Con el presente número repartimos á nues- al tete a tete mtimo, dulcls1mo del hogar. Hace conti• un hermoso Suplemento Musical
nuadas observaciones á su v~stido, á su tocado a su
destinado á las posadas, y próxitros lectore-s 256
de porte y modales; discute todas sus opiniones y désecha
}
folletín, correspondiente al principio del se- todos sus consejos. Claro es que no me refiero á hommamente obsequiaremos otro.
bres que no aman á sus esposas: no es este el caso, sigundo tomo de la novela
no á aquellos que amándolas, respetándolas y haciéndolas respetar, trabajando como ne~ros para propor---flPOR HONOR DEL NOMBREtf-cionarles bíenestas y decoro, economizando como avaros para as~urarles un porvenir no tienen para con
Hay que advertir que esta novela es ~a me- ellas
esas efusiones expansiva~, no encuentran e.n su
jor que hemos publicado. Vale $7 en las librerJas. conversación y trato ese placer exquisito, no sufren

él amor devoto de sus pueblos, con la veneración
abnegada de sus súbditos, con la aureola legendaria que envuelve su dinastía, y con todos esos
elementos no debía tolerar esas excisiones que en
no lejano día podi'ian ocasionar la disgregación
de su imperio constituido artüicialmente por una
amalgamación de gentes y de razas.
El nuevo Presidente del Consejo tiene á su cargo la ardua tarea de conjurar la tormenta, de satisfacer las aspiraciones justas de los bohemianos y
domeñar prudentemente la desmedida preponderancia que pretenden los alem'lnes.

&amp;1 cariño y la simpatía.

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PAGINAS

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�384

EL MUNDO.

Domin"'o 5 de Diciembre de 1897.

•Domin¡ro 5 rlP. DiciemhrP rle 1897.

385

EL MUNDO.

Los indios seris en la isla 'tiburón
Hay en el Golfo de Cortés, .Mar Bermejo ó Golfo de
California, una serie de islas peqúeñas que se extienden á lo largo y enirente de la_s costas .de .Sonora; de
entre estas que son como las cun!ls de ,_mtr1!1cada cordillera submarina, destácase la isla 'l1burnn, la más
importante de todas por su mayor exttms10n, y por
dar abri"'o en sus enmarañados bosques á la belicosa
é indom~ble tribu de Jus illdios seri.~.
La isla, de cootas esc"rpadas é inhospitalari3:s, rodeada de acantilados altos, taJados á JHco casi por todas" partes se ha prestado por sus condiciones rísicas,
á ser mad1:io·uera de tribu., bárbaras sustraídas por lo
común á la í'nfluencia de las autoridades y obraudo en
consecuencia según sus instintos salvajes.
No ha mucho la 1n·ensa diaria daba cuenta de una
hazaña sangrienta verificada por esos indios. Llegó á
aquellas costas e~carpadas una pequeña embarcal:~Ó!l
americana con objeto de explotar los grandes depos1tus de guano que hay en e::l i?ter~or de la 'fiburón,
y anastrados por sus ideas de p1llaJe los serl~, no solo
nnpidieron el desembarque sino q\te hicie::ron armas
contra la embarcación. matando, saqueando y destruvendo cuanto se opo1úa á sus illstintos e11 aquella
explosión de ferocictad.
Las autoridades mexicanas han tomado á su cargo
satisfacer j11stas reclamaciones y escarmentar con :seVel'os castigos á los bárbaros actores de esta hazaña. F11erzas suficientes han sido emiadas para dominarlos ves de esperar que pronto caerá sobre ellos la
inflexllJle espada de. la l~y, yaca.so q1:1eden sujet?S .los
de la tribu á la obed1enc1a de una sociedad constitwda
que han pretendido rehufr por tanto tiempo.
Son los serís indios fuertes Y robustos, de instintos
perversos como todos los sa_lvajes, que se mantienen
d@ la caza v de la pesca; manejanlo mismo t:I winchester que la flecha envenenada y resisten en lo intrincado de sus selvas y en lo agrio de sus costas al
influjo de la civilización
·
LOS INDIOS SERIS EN LA TSLA TrnrRÓN.
Cuando alguna excursión fuerte logra desembarcar,
queman sus miserables chozas, desaparncen del litoral, y se remontan ::ti iut~rior de la isla P.n las queb~·~- sión de la mujer por el lujo y por los gastos en frivoUSOS SOCIALES
das sierra;, en las m~stncable::s selvas, donde es d4h- lidades y chmoiseríe.~, hay quien sostei;ig?- con gran
cil perseguirlos. Pero allí los encontrat·án los repre- acopio de razones que estas esposas prodigas y desEs obli,,.atorio cel-ebrar las bodas de plata, de oro y
sentantes de la autoridad para obligarlos á entrar al cabezadas no son la regla sino la excepción; y ql~e si de diamaite con una fiesta de familia á la cual seco nconcurso de los pueblos civilizados.
la vida matrimonial está costando cara, es sencilla- vida á los lmigos íntimos. Siempre estas fiestas son
Nuestro grabado representa un paisaje agreste de mente porqlJe la civilización ha dado paso~ enormes gratas y conmovedoras. Las bodas de.plata se sol_emla isla 'l'iburón, donde se ve un grupo de indios mise- desde los dias en que 1mc8tras abuelas pocl1au llev,u nízan en el-vigésimo quinto aniversario del ca.sa!lllenrables, acaso e~pianclo la l!egada de una presa á sus á poco costo una vida deliciosa y patriarcal: ,Añádese to, las de oro en el quincuagésimo y las de diamante
costas sembradas de rompieutes.
en defensa del bello sexo, que en esta Cltest1on no es- en el sexagésimo.
tá bien apreciado el sentido de la~ palabras puesto
Los ingleses celebran también bodas de madera, d_e
que se toma por li4jo lo que en el actual estado el~ cul- lana y otras, para los aniversarios qui1_1to, clécim? y vitura social deberla estimarse como una necesidad. gésimo, pero entre nosotros no se da importancia extJtt
!it !tlfütn
Pero de todos modos, sean ó no las mugeres qtúeues terior más que á lo~ primero~ de qu~ !ternos hablado y
tienen la culpa, el hecho indiscutible es que 13: vida á los que nunca asiste uno sm emoc1on.
matrimonial ha subido mucho en sus gastos de mstaYa no son estos por desgracia, ¡oh bellas y amables lación
=t.:**
y sostenimiento.
lectoras! los tiempos fecundos en nmtnra para el sexo
En la Gran Bretaña el color malva e~ el que las viul'na escritora americana que ha terciado en el dedébil, en que. los hombres con el corazón eucedido por batP-.
hace considera.ciones curiosísimas echando á los das han escocrido para el traje de ceremonia de su seel fuego de Venus, se lanzaban A sangrientas guerras médicos
la culpa de que ha.va aumentado el alquiler gundo matri:':ionio. En Francia se prefiere dejar toda
como las Rómulo, para conquistar esposas, ó como la de las habitaciones,
por que ellos. con arreglo á la idea de duelo y aun de medio luto, y se usa el azul
dé Trova para rt:cobrar la que á ~fonelao babia sido ciencia moderna. las aconsej,m
amplia8 y bien vei:iti- claro.
arrebatada.-Ya no se inventan fiestas traidoras con ladas. A los mismos médicos atribuve
la propagación
*&gt;t\~
pretexto de culto al Dios Cousus para robarles á los del gnRto por las temporadas campestres
ó balnea;rias
confiádos Sabinos su~, hijas y sus mujeres. Ahora la y no dice si á ellos ha,v· que cargar t.amt?•en
. El tratamiento á los oficiales v jefes del ejército delos
fwe
ó
preciosa mitad del géuero humano anda de capa caida, clock thea, las soíres dan.~ants, los pic-nics y toda esa be ser Seiíor solamente cuando se tr~ta de capitanes,
si se ha de juzgar por los numerosos artículos que la laro-a
serie de pretextos para gastar dinero cuya pro- tenientes y subtenie1_1tes. Desde el pn.mer grado supeprensa Europea y la Norte Americana dedican á dilu- paganda
dor se debe dar el titulo del grado sm precederlo. de
se debe á la fantasía femenil.
cidar el problema de "porque ya no se casan los homla p~labraSeñor, es decir simplemente 1Vayol', TenienLocalizando
las
consideraciones
de
este
género,
bres tan facilmente."
te Coronel, Coronel. A los Generales, las dama¡; y los
hallaremos
que
en
México
se
ha
desarrollado
de
un
Los periódicos de ci ...rta valía han declarado una modo asombroso en los últimos años el gnsso por to- hombres &lt;le cierta edad les pueden decír General á segu.erra. sin cuartel contra los solterones recalcitrantes, das esas costumbres del refinamiento europeo que ha- cas. Los jóvenes harán bien, en to~os los .gra~os supeque se obstinan en permanecer insensibles á las seduc- cen cara la vida, sin que ha_van aumentado propor- riores en da.r .el tratamiento de rnul:fayor, rni Coronel,
ciones de la dicha conyug·al; la prensa festiva ha toni los sueldos de lo• empleados, ni los mi General. Esto, se entiende para la conversación;
mado la cosa por el lado cómico, y los clubs ferninbtas cionalmente
productos
de
la~ transa.cciOJ'.!-eS mercantil!'ls, ni los ren- para las cartas se pone la palabra Señor primero. luele han dedicado particular atenoión. Tan pronto como dimientos de la
el grado de oficial ó Jefe y luego el nombre de la.
mdustna, m los honrmmos de las ca- go
se ha profundizado un poco en el estudio de este fenó- rreras profesionales.
persona.
De
aquí
un.
desequílibr!~
entre
meno social, un grito de alarma ha viorado en ambos los ingresos y los egresos de los Jefes de fam1ha, que
continentes: ".El matrmwnio muere, lo,; hombres nt&gt; se
***
pone miedo en el 1:orazón de lo~ m~s decidi~os P.or
En la acera, se. le ced~ el paso por el mejor lugar. á
casan va."
•
inclinar
el
testt~z
baJo
el
dulce
yu,g-o
del
matnmomo.
las mujeres, los ancianos y á los enfermos. Una urnJer
Moralistas célebres de uno "otro sexo se esfue1zan
es posible que un enamorado leal quiera suge- joven, debe dejar as! mis1no el paso á los ancianos y á
por d~scubrir las caus!ls. de la decadencia de esta ins- tarNo
A
una
mugercita
bella
y
adorahle,
á
las
eventualititucion que es tan VICJa como el mundo, y que pare- dades de un porvenir al cual se entra por las puertas los enfermos. •.rambién debe cuidarse del modo como
se lleva el bastóil, el paraguas ó la sombrilla, sea que
cía destinada á no sucumbir sino con él.
de la bancarrota.
estos últimos vayan abiertos ó cerrados, para que no
No han faltado escritores que lancen á volar la imaY
se
deciden
por
el
celibato;
y
hallan
si
se
inclinan
á
ginacióu e::u pos de causas morales, , han salido á lu- la celebridad por la ciencia ó por el artA, que contra la se lastime á los demás transeuntes.
cir la falta de religión, el amor á los'placeres munda"
de Manuel Acuña es fnrjor ir A la gloria qué
En las tranvías y en 10:"tmuibus se conocen desde
nos, un hon-or á todo lo que sea vínculo, y aun la ilus- opinión
la esquina, aunque en la esquina P.sté aguardando la luego las personas mal educadas ó egoístas por la
tración que llenando ele ideas el espíritu lo inutiliza áchica
más hermosa que ha.van al11mbrado las estrellas. manera con que se colocan, buscando su mayor comopara los ~entimientos: ptiro otros filósofos, al parecer
No puedo resistir al deseo d11 traducir de un colega didad sin cuidarse de la de los vecinos, sacando su pemás práctil:os, se fijan en que la cuestión tiene un ca• francés
lo siguiente que dice con respecto á club.~. sol- 1·iódico ó su _pañuelo sin escrúpulo y e8ta udo alli como
racter enteramente económico y asientan y sostienen
y casados. Hélo aquí :;in quitarle ni ponerle 11113: en su casa. Excusado parece hablar de lo inconveuiflnla tesis de que los hombres no se casan porque actual- teros
pal:tbra.
te y .an&amp;isocial de este comportamiento. OJCen que hay
mente cuebtU u111v caro mantener á una familia.
En Francia, sería injusto con'lidernr los clrcnlo.~ ag_ui en México quien se atreve á famar en lo; tranUn hombre discreto que logra sin esftterio soste- co'~o
una institución que fomenta el celibato, sino que vías; no lo hemod visto ni lo creemos. Seria el colmo.·
ner su presupuesto en honroso equilibrio, co1Hidera son, m:í.s
bien. un refugio ofrecido á los casados que de la descortesia.
el hecho de tomar una CRposa corno un acto de prodi- han tom'ldo
la costumbre de no p:isar en s11 casa las
galidad ~in excusa, y el nacimiento de uno ó varios prime1·a~ horas
de la noche, á fin de snstt·aerse á esas
herecltn-od como una· causa indudable de ruina y de entrevistas conyugales
qzte tan· fecundas son ~n teminfortunio.
•
BR,INDJS Al.J.R,EO.
pe.,tadf's.!"
El matrimonio, dice El Fígaro de París, es una asoEn el Nuevo :',Iundn. por el contrario, los clubs son
eiación, cuyos g-astos de instahtción y sostenimiento frrcuentados
· Venga la copa y cálmese mi dtielo
sohre todn por los snltHrnnes y son para
han crecido mas allá de toda medida prudente en los ellos casi indispensable,-,
Y abra la estl'Ofa su dorado broche
pur•tn
q
ne
los
empuja
allí
últimos Yeinticinco aiios.
Y acorazados versos en derrod1e
la falta de un hogar que no P.S fácil de fonnarse como
ll /$écolu ele :',IiJán atribuye á las mujeres el aumen- en
Pugnen y breguen por dejar el st10lo.
Europa,
por
falta
de
un
buen
ser\'icio
doméstico.
to de gastos que se observa en la vida matrimonial,
Lo curio~o de todo esto es qt1e la'I mng-rres sin preoBrindo por el rey sol, que sobre el hielo
puesto que cl~sde las más elevadas hasta la~ más hude la cansa que las aleja del matrimonio, ven
De la cumbré inmortal clava su coche,
mildes clases de la .;ociedad ya no consiente de buen cuparse
terror el efecto; y empnjadas por instinto radicalBrindo por el rey sol, porque la nochti
gi·ado la mujer en casarse para compartir con suma- con
equivoca.do, pretenden combatir el mal ron los
Es Satanás que cruza por el cielo·.
rido los trabajos y penalidades de la vida, sino para mente
mismos elementos qne lo motivan. si.,ndo esta homeomejorar de condición.
Brindo por el rey sol que tanto adoro
patía 11xtra-vagante, pólvora que se arroja sobre el fueLo que g·c&gt;neralmente se llama .. el buen parecer'' ó go.
Por el pájaro azul de pico de oro
Ellas
piensan
que
á
fuerza
de
adornarse
de
las
.sea ostentación de comodidades reales ó ficticias. pero maneras más caprichosa~, :í fuerza dP. ostentación y
Y por el cisne de cabeza blanca;
que se quiere sean vistas por todo el mundo, ejerce coquetería, va'n á llegará un resunltado que sólo pueBrindo por el dolor que es gloria luego,
ahora, en igtrnldad de condiciones estragos infinita - de alcanzarse, en casos espPciales, pnr el camino de
Por las pupilas del poeta ciego
mente más gTaves que en tiempos pasados.
Y por los brazos de la Venus manca.
· la modestia y de la discreta formalidad.
Y aunque se pondera de un modo alarmante lapaALPITA.
JOSÉ 8. CIJOCANV,

Porqut

no-

A GLORIA.
FRAG)IENTOS DE UX LIBRO.

to-s IJombrt.s.

\

)

No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente local
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cdstal de roca!
Semejante al noctumo pereg-ri110,
mi esperanza inmortal no mh•a el ~ue!o·
no -viendo más que sombra en el cammo
sólo contempla el esplendor del ciel~!
Vanas son las imág·encs que entrana
tu espíritu infantil, santuario oscm~o!
tu numen, como el oro en la montana,
es virginal, y por lo mismo impu'.·ol
A través de este vórtice que Crt$pa
v ávido de brillar, vuelo ó me arrastro!
~ruga enamorada de una chispa,
ó áO'uila seducida por un astro!
!~útil es que con tenaz murmullo
exageres el lance en que me enredo,
yo soy altivo, y el que alienta orgnl.lo
lleva un broquel impenetrable al nnedo.1
Fxado en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señala~:
«El ave canta aunque la rama cru¡a:
como que sabe lo que son sus alas!•
Ere-nido bajo el golpe en la porfia,
o
.
me siento superior A la victoria,
ten"'º fe en mi: la adversidad podría
o
. '
quitarme
el triunfo, pero no la g lona.
Deja que me persigan los abyectos!
·Quiero atraer la envidia aunque. me abrume!
1
•
t
La flor en que se posan los rnsec os
es rica de matiz y de perfume!
ELmal es el teatro en cuyo foro
la virtud: esa trágica, descuella;
es la sibila de palabra de oro;
la sombra que hace resaltar l:l. estrella!
•Alumbrar es arder! ¡Estro encendido
1
.
'
será
el fuego voráz que me consuma.
La perla brota del molusco herido
v Venus nace de la amarga espuma!
· Los claros timbres de que estoy ufano
han de salir de la calumnia ilesos:
hay plumajes que cruzan el pa~tano
y no se manchan ...... iMi plumaJe es de esos.1
¡Fuerza es que sufra mi pasión!-La palma
crece en la orilla que el oleaje azota!
El mérito es el náufrago del alma;
vivo se hunde; pero muerto flota!
Depón el ceño y que tu voz me arrulle!
consuela el corazon del que te ama,
Dios dijo al agua del torrente: bulle!
v al lirio de la margen: embalsama!
• Confórmate mujer! -Hemos venido
á este valle de lágrimas que abate,
tú. como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate!
SALVADOR DIAZ MIRÓN.

'l

1884.

•

�386

Domingo 5 de Diciembre de 1897

EL MUNDO.

~as carta.s ae Ninon.

EL REBANO DE HUGO.

las ~oce de Ja ~oche, el viento que azota las
persianas de 1m recámara de dormir acabade
~ • apagar )a blanca bujiaque me a,·ud~ba á leer
,,
las a~m!rables Cartas de Ninón'de Lenclós al
~a!ques de Sevigné. Al quedai.;me á obscuras he princip1~do ~ conversar_ en _v;oz baja con las sombras, v de
medftac1ón en med1tac1on, de ensueño~ en ensueiíos,
he V1sto llegar la luz ~el alba, sin poder desprenderme
de los encanto~ de leJanos recuerdos.
¡~h!, me he dicho, son muy vulgares las personas que
repiten, sin profundo y poderoso análisis, que las costumbres de nuestros antepasados fueron peores que
las nuestras.
De tal manera influían, en los siglos XVIl v XVIIl,
el depurado gusto _por el _arte y la cultura intelectual,
e_~ todas las ma:mfestac1ones sociales, que hasta las•
giandes deRgrac1adas, aquellas locas mujeres á quienes no P'll;eden absolver la religión, la historia ó la fil~sofla, m mu~h? menos pre~entarlas como modelos
?1?'nos de ser imitados (J?~rque se apartaron de la pu1eza de lo,; hogares sant1f1cados por la moral) aspiraban á rodea:se de_ los más re~ombrados talentos. buscando e!1 el 1!1gem~, en el chiste delicado ó en las ¡¡.
geras discus~ones literarias y científicas 1~ejor y más
sabr?SO deleite que en las embriagadoras espumas de
l~s _vmos ó en los escarceos embrutecedores de la lascivia.
_ ~aciendo un es!uer~o de imaginación, ved á la senor1_ta de Lencl~s, temendo adoradores sucesivos per&lt;? sm crápula, sm orgiae, sin recibir jamás de illos
dinero alguno.
'
'
Observad, en sus apuntes biográficos, como desti~aba una parte ds su renta anual, para el socorro intim&lt;?·. reservado y mo~esto de los amigos pobres!
:Muad ~om,o ~e nego á_penetrar en la peligrosa corte de Lms ~TT , con~duc1da por su compañera de placeres, la antigua seuora de Scarron.
'!'ei:e~ en conside!ació~ que no quiso aceptar el
o_f1 e~muento de la Rema Cristina de Suecia para que la
siguiese á Roma, con brillante comitiva.
~I amor, en concepto de Ninon, era una pa-sión mezquma v balad!._ ¿Cuál afecto del alma Je parecía el supremo? La amistad.
Por eso? más que amanteR, fueron sus amigos el Conde de Col!gny, el Marqués de Villaceaux, ef caballero
de Gourv1lle, el Marqués de la Chartre el conde d'Estré~s, el Abate de Effiat, el Conde de Fiesque· el Marque~ de Sév1gné, el Conde de Choisseul el Barón de
Bamer '":j' el abate ~edouin, que la pretendió cuando
ella tema ochenta anos.
Su precioso retiro en el Tourneltes au ~lfarais era el
alberg~e en dond~ iban á resguardarse del helado cierzo,Jlfohere, Volta1re, Rousseau, Diderot, Fontenelle y
el mexorable pero _enamorado cardenal de Richelieu,
Cu~ndo el Príncipe de Condé la hallaba en Ja calle
se baJaba de su carroza, y no experimentaba rubor en
acercarse á hablar~a, á l:J, portezuela de su coche.
Comparemos á Nmon o á sus rivales, Maríon De-Lorme ó la Ch_ampmelle, con cualquiera de las heroinas de
Dumas (h1Jo), Leon Gozlan, Zolá FJaubert etc y habrá de .Parecernos qll:e hay !lhora 'más olor á tan'go en
la atmosfera de la vida privada del de;mimonde ue
c~ando Luis XIV se olvidaba de la señorita de Ld ;JaiJhérP, para galantear á la fastuosa y soberbia madama
de Monte~pan.
Si pu_d(éramo~ cambiar pensamientos con las ele antes pans!enses ~fadama Sully, Madama de-LafalFette
ó _la graciosa seuora ~e La-Sabliere, es seguro que nos
dtrian que la descarriada _Ninon no era tan ,nerP.cedora
del re~roche.de los moralistas severos, como las Virgenes q, media.~ de Marce! Prévost, como la :Madama
Bov:1-n de Flau~ert, la despreocupada Chrisanteme de
Loti ó la Valentine de Georo-e Sand
:r.,a muerte de Ninon, fué 'un trasU:nto de aquella des
cnrta por Balzac en_ las .llfemorias de dos jóvenes casada.~. _La enferma dehraba, desgarrando rosas pero su
delmo parecía verdaderamente fino· lo que' prueba
que las personas d!l genio no se vue'lven dementes
como la gente comun ó cual los necios. Preludiaba co~
apa¡;:ado acento algunas sentidas estL-ofas del St b t
d~ t'el'g;)lese, y su alma se iba escapado de aªu!1
bu~aro d~ dolores, poco á poco, mientras que sus1ángmdos OJ?S no p~dian_ contemplar á los ami os ue
florabaJ!, tierna Y s!lenc10samente á su alreded~r. torno hubiera excíamado el delicioso poeta cubano J
Clemente Zenea:
uan
Entraba por las rejas entreabiertas
El olor virglninal de los collados.

Y !tquellos últimos adeptos, de rodillas y vertiendo
lás:_nmas, rezaban el De-Profundis.
.!':º \os albores del siglo X Vill los vicios crecieron
se 1.nf1ltraron po~ todas las capas, altas y bajas, de Ii
sociedad, en medio del esplendor de las artes y de las
letras .. Consolémf)nOs pensa~do que, según ¡0 han
anunciado ya emmentes escntores alemanes á ¡
rora del siglo XX sucederá un general ca~b-~
frent~ en el género hulJ!ano, volviendo la cara I~s o-e~
~era~iones nuevas. ~~cia los amplios horizontes del
idealismo, de l_a_rehg1on y d~ .la castidad; al Oasi como aq~ellas v1SJones paradlS!acas ó misticfs de Gu
de Mahbe_rt, el héroe de Gautier, presentando á las aY.
~a~, atraidas las un:1,s por las otras, y uniéndose ara
siempre; entre el ntmo de los bosques, el eco df ¡
casca~as y el perfume de los valles, á fin de forma as
celestiales destellos de zafiro y ópalo las alad r c1on
giones del amor.
'
as e-

ªJ1-

.ANDRÉS CLEMENTE V AZQUEZ,

Habana, Noviembre de 1897.

,Claudicante, viejo, solo
Viene del Polo el Invierno·
Eolo sopla en su cuerno '
Saludando al Rey del Polo.
Al ~on del cuerno de Eolo
Lanza el gran mar su clamor·
Sobre el oceánico hervor
'
Da el tritón su canto extraño
Y con su crespo rebaño
'
Pasa el terrible pastor.
En la granítica punta
De un ~scarpe, el faro brilla.
La gaviota bladk chilla
A la nube cejijunta.
La luna, virgen difunta
Lanza un espectral fulgor;
Con su gongo atenador
El tru~no golpea el risco,
Y, cammo ae1 aprisco
Pasa el terrible pasto'r.
Arriba un neo-ro cochero
Que rige un siniestro coche
Ase, Y agita en la noche
'
El reláI?lpago de acero.
Al sentir ~l golpe fiero,
La cuadriga del terror
Relinchando de dolor '
Sobre el mun~o. se despeña:
La onda su to1son desgreña:
Pasa el terrible pastor.
ENVÍO.

¡Burgrave Hu~o! Emperador!
De tu clarin, visionario
Se oye el inmenso clam'or
Cuando en ~¡ mar solitario
Pasa el terrible pastor!
RuBEN

DARio.

ENSUEÑO
La vi.. .... Temblaba, lloraba ...... ¡oh noche!
Borrascosos espíritus tendian
Espesos mantos;
Estaba sola, su cuerpo herían
Las ráfagas de viento, en el espacio
Las tinieblas gemían

*

* *mar muy ne.,.ro:
Era ~n la playa de un
.A. lo leJos las rocas de granito
"'
Entre las sombras·
Del mar salia un triste &lt;&gt;-rito '
Cual plegaria; después eii'sora'ecido
Cruzaba lo infinito.
*

* pelo
* suelto·
~úmedo el rostro, el
A mtervalo fugaz se iluminaba '
En su mejilla
Algo c~leste que rutilaba:
Una 1ágnma hermosa que la lluvia ·
Con sus gotas bori;aba.
***

Vérti~os negros, fúnebres mantos
Torbellinos de nubes del averno
'
.
Sobre las ondas; .
Al onente, cual gélido infierno
Entre venas de fueito blasfemaba
La sombra de lo eterno.

* .
*'*

•Quiero besos, caricias y amores!•
ElJa lloraba...•.. y caminando airosa
Y viendo al cielo:
-•¡Salve tormenta! negrura hermosa•
•Yo te amo! decía, yo siento grande•
Mi pasión borrascosa.•

***

•Asi amo las ondas coléricas •
«Los sonidos noctámbulos del ::anto•
Que se lamenta.•
Sufre! espera!...... Mi amor entre tanto
«¡Vagará en la tormenta!• ...... Senti brisas,
Al despertar de llanto......
Febrero 3 de 1897.

JESÚS VILLALPANDO H.

SONETO·
¡Oh! vida de mi vida, Cristo santo!

¿A dónde voy de tu hermosura huyendo?

¿Cómo es posible que tu rostro ofendo
que me ~ira bañado en sangre y llanto?
A mi mismo me doy confuso espanto
de ver que me conozco y no me enmiendo·
ya el ángel de mi guarda está diciendo '
que me avergüneee de ofenderte tanto.
Detén con esas manos los perdidos
paso~. mi d~lce amor, más ¿de qué suerte
las p1d.e ~men I:1s clava con las suyas?
¡Ay, Dios. ¿A donde estaban mis sentidos
q~e las espaldas pude yo volverte,
'
mirando en una cruz por mi las tuyas?
LOPE DE VEGA.

VENUS VENGADORA.
I
)Que tiempo~ tan lejano~! Homero no habla cantado
ª~11: el retram¡.ien_to y la colera de Aquiles. Los tímidos.
viaJes de_los marmos ~riegos bastaban para satisfacn~
l~s necesidades ~el luJo y de los cambios; guiados los
pilotos por la estrella del Norte y los ao-üeros acudían
á la isla de Citeres á venerar la playa ~onde la concha
de Venus se detuvo; y descaro-aban sus toscas navecillas la miel famosa del H,vmeto:1igos deltacav de Corcira, armas de cobre forjada8 en Chipre, vinos· de Lesbos.
y de Chio, lanas de la Arcadia y pasas de Corinto. Los.
mercaderes fenicios. que arribaban en naves poderosas, ofrecian á las voluptuosas isleiías de Citeres teiidos de oro y plata, cigarras de oro para recoj~r en
bucl~s el cabello; pedreria, bálsamos y quitasoles de
m,arftl; y·cargaban sus buques de esponjas v corales,
purpura, salazones y frutos de la isla. La pui·a luz de
aquel cielo brillante, permitía ve- á Jo lejos por el l\Icdiodía de la isla, los perfiles de los montes de Creta. v
por el Norte, en la península vecina, la cima del Tal.geto; mientras en el azulado mar que la cefíía, se encontraban y besaban las olas del mar jónico v las olas
del Egeo. Brillaban en los naranjos y limoner"os los frutos de oro entre las hojas relucienteR; reinaba el arrayan en los jardines: dedicados á la diosa y los rosal%
e~balsamaban el aire con su perfume predilecto; el
cisne sagrado flotaba en los estanques y revoloteaban
las palomas esperando ser uncidas al carro de su ama·
c~evotos df\ todos sexos y edades venían de remotai
!1erras á ofrecer en el ara cestos da flores y ofrendas.
mc_~u~11tas; y el aroma de esas flores, el piar de los
papr1lloR en l?s bosq~es, el arullo de las palomas, las
mus1cas y las mvocac10nes amorosas, todo decía á voces que alli tenia su templo v residencia favoritos la.
Venus citerea, la querida de 'Adoni1:1 la madre de Cupido y de las Gracias
'
-Hija del Cielo ,v de la Espuma de los mares-dijeron cierto día unas extranjeras, pri,sentando ante el
ara una trípo_d~ 1e oro-no venimos á hacer esta pobre ofrenda; m1crndas por tus sacerdotes en las dulzuras de tt~ culto, prometemos erigirte otro templo en
nuestra i~la, para adorarte á todas horas.
Col~reose el torneado brazo y brillaron los ojos de.
I:1; .estatua, y llevándo~e los dedos á los labios, envio un beso á las devotas.

II
La_s ?.evotas de Am_atos (11 no hablan contado con la
oposi~10n el~ sus f!1and11s. Cuando supieron éstos que
una _vrn~a nea y Joven había cedido su hermosa casa
con_Jardmes y bosques para templo, v que todas las.
muJe es plantaban mirto v rosales y Jfevll.ban paloma;,
y cisnes á casa de la viud'a,
-~•fo lo consentiremos-decían los rnaridos-quereis.
las h_bertades y regalos de eRe culto para dar aspecto
de virtud á v:i,iestra desvergüenza.
-Ven1;1s es la más amable de la~ diosas-respondían
las amatienses--y debemos adorarla
-Entonces no ha de hacernos mal a)o-uno-aleooaban los hombres-sigamos sacrilicanclo A las Par&lt;fas
las Harpías y las Furias, que pueden hacer daño.
•
-Hemos hecho voto.
-Sin libertad ni rermiso nuestro.
Y agriándose la di~puta, los hombres india-nados
arrasaron el campo ~e la viuda, hasta q~e aplacado;
con el destrozo, volvieron á las faenas de la sieO'a
mientras las mujeres, sin consuelo, invocaban á f f\:
nus sobrn las ramas destrozadas.
Y la diosa aparecí? en su carro de nacar tirado por
dos palomas y dos cisnes. No era la Venus sonriente
coronánd~se de mirto y luciendo el premio de la her~
mosura; m la Venus desconsolada llorando sobre el
?adáver de Adonis, sino la Venus imponente y ultraJada. os~entando la legitimidad de su soberanía con
la mórbida h~:,:I?osu~~ de su rostro y de sus formas.
-No os a~liJais-d1Jo. á _las mujeres-voy á castigarlos ahora mismo, con virt1endo en brutos á todos los
hombres de esta tierra.
•
-¡Pie~ad!-respondieron las doncellas.
-Es J~sto el castigo-replicáron las casadas.
-Considerad, madre del Amor'-añadió la más discreta-que los hombres están seo-ando nuestras mieses.
"'
.:_E~eraré á que concluyan la sieo-a
-¿'Y quién hará la trilla?
"' •
-Continuarán s~endo hombres hasta que encierren
los granos en los silos.
-¡,Y quién vendimiará?
-Los dejaré arrancar los racimos, pisar la uva y
g·uardar el mosto en las cántaras de tierra· ni un instante más.
'
-Una gracia; una sola gracia-dijo la discreta después d~ haber cuchicheado con Jas otras.
-?Aun más?-respondió Venus entre enfadada y
sonnente.
-Divina Venus, esta es la gracia que pedimos: ya
que los hombres han de ser. convertidos en bestias
haz que sean. animales ú_tiles y mansos.
'
yenus so_lto una carcaJada argentina, que hizo sonreu- l!- los cielos y las aguas, y se alejó por los aires,
seguida de una banda de palomas. Las nereidas asomaron por el agua para verla, eus cabezas adornadas
de corales y de perlas; y los tritones entusiasmados
to_caron con sus caracoles armoniosos' la marcha de lo~
d10ses.

nr
Los .hombres acababan de depositar el rico mosto
de Chipre e!1 las cántaras de tierra y cantaban celebrando el vmouuevo; y las mujeres, á las puertas de
[1] Amathos 6 Amatonta: al Sur de Chipre-

Domingo 5 de Diciembre de 1897.
las casas, fjngian hilar, tejer ó amasar pan, pero todas
calza.han los borceguies altos de que usaban en el
campo y tenían abrochados los mantos v las túnicas
como dispuestas á salir y esperando un suceso.
-¡.Astarté!-gritó una de las más ricas amatienses
-¿Quién hostiga al ganadoi'
La esclava salió de la casa con los ojos extraviados
y sin poder decir palabra, y detrás de ella, cinco hermosos bueyes empujándo~e, y que al verse en la calle, corrieron hacia el campo.
-¡Ellos! ¡Son ellos!-decia Astarté toda azorada.
-¿Quienes?
-Los hombrE's ........ .los hombres de esta casa; y ese
que va adelante ......... delante......... ¡es el seño1·l
En el mismo ini;tante se oyeron exclamaciones par ecidas y gritería de mujeres en todas direcciones; todas las puertas á la vez daban salida á hermosos bueyes, que juntándose en la calle, corrían torpemente
para ocultar sus cuernos retorcidos, tapfmdose los
unos con los otros Cuando cesó á lo lejos el ruido que
hacían sus pezuñas, sólo se vió una densa polvareda.
La ciudad se habla quedado sin varones. Venus se
había vengado de ellos convirtiéndolos en bueves. (1),
Las amatieuses chillaban; las esclavas se ponian las
manos Robre la frente y se rociaban con ag·ua lustral
u nas á otras. Algunas se agolpaban á la puorta rle
una veciua en quien la emoción de aquella metamórfosis había provocado dolores prematuros.
-:-iPobrecilla! ¿No había de sufrir?-decían las que
estaban dentro.
-¿Cómo si&amp;'ue?-pregnntaban las de afuera.
-Ya salió ae su cuidado.
-¿Qué ha sido?
-Un ternerito.
Una anciana gritaba en otro lado:
-¡Detened á mi hija! Que se quiere ir al campo á
buscar á su marido.
Por fin la sujetaron; se habla casado aquella misma
mañana; su madre la tranquilizó con estas reflexiones:
-Déjalo, bija mía; Yenus lo arreglará; ¿qué adelan
tarias con seg·uirle? ¿Ni cómo le reconocerías entre los
otros, si va en Amatos todos los maridos son iguales?
-Llevemos amapolas á los campos destruidos-gritaron las amatienses.
Y todas salieron en tropel para regar de flores la
tierra sagrada.. donde se había posado el cano de la
diosa.
IV
La fama del milagro llegó pronto á las vecinas costas de Asia, á Eg·ipto y á todo el Archipiélago de Grecia
y la devoción deI nuevo templo hizo competencia á
los d e todo e 1 mundo conocido , conduciendo á
las cortesanas, músicos, poe:tas,'mercaderes y guerreros más célebres de aquel tiempo.
Nadie hubiera conocido un año después á las sencillas amatienses de túnica de lino y manto de lana tejido por sus manos, en las coquetas perfumadas de
aromas orientales, con mantos de franjas de oro, plata y púrpura ribetead"os. de ga~uza; servidas por esclavas y entreg·adas al placer, guiaban fogosos caballos y aun cuadrigas en sus carros de marfil. El culto
de la belleza había derramado por el país la riqueza
y la abundancia.
Las muje1·es de Amatos, que al principio no se atrevían á salir solas al campoJ luego lo hicieron en cuadrillas, pasando de prisa por aelante de algunas reses que
las miraban tristemente; por fin, mandaron con11truir
los establos fuera de los muros, v enviaron los bueyes
á abrir surcos. Las más atrevidas se determinaron á
pasar entre el ganado mayor, en compañia de gallardos forasteros, que llevaban las espadas pendientes
del tahalí é iban defendidos con los dorados petos y
cascos. Ni un bramido, ni un ademán de furia alteraba la trancfuilidad de los rumiantes Entonces les perdieron el temor y comprendieron que la transformación era completa; reconocieron todo el poder de V enus vengadora.

V
Las mujeres danzaban alegremente cou los adoradores de Venus; corría el vino de Chipre por el suelo
en libaciones á la diosa, y algunos mancebos lo arrojaban al aire, recogiéndolo, sin verter iota, en los vasos
esculpidos. La citara y la- flauta, con aulce ritmo, producian sonidos amorosos y sensuales; las carrozas estaban dispuestas, y en ella_s las ánforas para regar el
camino del templo con vino generoso; y cuando las
parejas, en trajes lascivos, subieron á la concha de los
carros, el cortejo se puso lentamente en movimiento.
Muy lentamente, porque las amatienses, en vez de caballos, habían hecho uncir re¡;¡es en sus carrozas para
que las condujeran muy despacio, con sus amantes,
al templo de ltl. diosa.
Y marchaban los bueyes poco á poco, al son de las
cornetas y los címbalos, con los cuernos dorados, la
testuz coronada de ros..ts y de mirto, guia~os por niños en traje de amorcillos, que hacian el oficio de bo ·
yeros.
JOSÉ FERNANDEZ BREMÓN,

íl1 Este cuento está bl'-!'ado en l~ siguientes lineas que copiamos
del ~tro de les J&gt;i.ol!l!B, del padre fray B!'-lt.asár de Victoria: "lm esta
· ciudad [Amatos] fué donde la misma diosa por ciertos agravios que
le hicieron sus moradores, los convirtió en bueyes. ..... •·Segun® parte. Pag. 857 Ed. de 1702 Barcelona.

3S7

EL MUNDO.

Faltábale sin embargo\ á la torre al~o muy esencial
y que vendría á ser en e la como la vida en la materia y la idea en el cerebro: la cruz, el símbolo de
la
fé, la. santa enseñanza de la más grandiosa de las
-Ya que de Dios en conversar te empeñas, religfones,
la omnipotente egida que, ora de hierro
ya que d1::sprecia tu cerebr-0 helado
primoro;¡amente forjado, ora de deleznable paja, proel amor que te di por el que sueñas,
tegió siempre durante siglos y siglos contra el espfriháblame de ese Dios, mi bien amado!&gt;
tu del mal v contra los furores de las tempestades, lo
Y el teólogo de faz de crucifijo,
mismo la aitiva y calada torre g·ótica, casa de Dios que
de gran rnelena y de mirar protundo,
la lrnmildisima cabaña, abrigo del proletario.
feliz de doctrínar-«Oh Blauca-dijoDebía ser y fué: una hermosa cruz tendió á la humaDios es el alma inmaterial del mundo•--····
nidad sus brazos amorosos y la llamó á si desde la cima de la torre nueva. como desde el alto faro llama y
•Existe donde quier de vario modo;
guía la luz en noche tormentosa al perdido nayegante.
por si, por su virtud y su presencia:
Más, cual no seria mi sorpresa y mi horror, cuando
J:'or si, ya que lo invade y llena todo
tras la cruzy ¡protegiéndola! vi erg·nírse brillante y
penetrándolo todo de su esencia;•
soberbio, preciso es decirlo, ¡¡un pararrayos!!
«Por su virtud, también, que sometidos
Al ver tornarse la cruz de protectora en protegida,
á Dios están y ~u mandato arguyen,
de omnipotente en débil, de milagrosa en inútil, senti
Aura y Favonio si columpian nidos
en el corazón que algo caia y se derrumbaba muy
ó Boreas y Aquilón si los d1 struyen;•
profundamente, sembrando ruinas ~· desolación en
•Yen presencia, porque es omnividente:
mi escaso porvenir mo1·al; alg·o que hasta el nefando
Sü ojo trian~ular arde y fulgura
momento me había sostenido con sobrehumano vigor
en el disco ael sol indeficiente,
en más de nn trance amargo: era ia fe muerta por las
e·n Artburn, en Capella, en Cinosura, ......
aguda~ puntas de oro del pararra.vos, esgrimido por
•Qué. no adivinas con instinto infuso
la mano que detrás de la cruz lo puso!
De esa eterua mirada el embeleso
¡Caigan mil veces las cruces heridas por el rayo;
alumbrando tu espíritu confuso?»
que mientras la fe viva, ella las levantará. tantas veY respondió
ces como caigan y más altas cada vez! Pero si la fe
-Tu Dios es muv abstruso ......
muere afrentosamente clavada en un pararrayos quién
Yo prefiero tus labios ..... dame un beso!•
levantará las cruces?
Mi cerebro de viejo, tiene la senil debilidad de creer
AMADO NERYO,
que valiera más poner las cruces sin los pararrayos,
para que no llegue la vez en que se pongan los pararrayos sin las cruces .........
¡Perezcan las cosas, pero sálvense las ideas.
¿Comprenden ustedes ahora por qué no quería dar
:BVOLUCION ....
crédito á mis sentidos, ya.no ,nuv sanos, ni muy fuertes cuando vi ......... lo que no quiero r ecordar, d etrás
de la cruz que corona la torre en la iglesia de mi
·
~ ON tristeza infinita, llena el alma de religioso pueblo?
llIAXl'EL ROMERO !BAÑEZ,
' terror, estremecido de ira y por hondisimo desaliento dominado, me convencí al fin de que
Noviembre de 97.
no se equivocaba mi decrépita vista, cuya agudeza limara el rocf\ poderosísimo de los ochenta años
que sobre mi graYitan con inmensa pesadumbre.
El hecho inaudito, asombroso en fuerza de ser absurdo era cierto h1dudablemente á pesar de su enorme in\.erosimilitud, á pesar del impio sarcasmo que
I
encerraba v que venia á ser como un tremendo bofetón-Y et"más doloroso de todo$, ei del hijo prediEl cierzo del invierno sopla inclemente,
lecto, dado en pleu_a faz á la fe de 20 sig-Ios y de no
Arroja su humo negro la chimenPa,
Rebosan las estufas de aire caliente
contadas g·rnerac1 ones.
Esperando aún-}a esper~nza es más viva en la ve:
Y en el hogar la leña chisporrotea.
jE'z-que mis propios_sentidos ya no muy :'a.nos 1:1
Sobre ricos cojines &lt;l.e pluma henchidos,
mu,, fuertes, me t-nganasen, pregunté á los vieJos mis
Entre persas alfombras y sederias,
coe·taneos y á los mozos; y aquellos con. pesar y abaAl amor de la lumbre se hallan reunidos
timiento. v estos, triunfantes y sonriendo volteriana•
En las tardes de invierno largas y frias.
mente di3éromne todos que, en verdad, detrás de la
La niña dulces notas al piano arranca,
cruz que corona la t?rre en !ª iglesia de mi_ pueblo y
Mil rumores confusos el viento trae,
¡¡protE&gt;g'iéndola!! ~nhies~o, b:,1ll_ante Y. soberb1_0 estaba...
En tanto que del cielo, menuda y blanca,
¡no el diablo, segunrese?a aneJo refra1;1, m~ntiroso, que
Como plumón deshecho la nieve cae ........ .
el pobre diablo á tanto pmás se atrev10, smo un .........
Vamos que todavía me resisto á creer en ello y ca¡Ay del que siente el hambre cuál buitl'e interno,
si me qu~roa los labios el decirlo.
Ay de aquél que consuelo busca en el rio,
Para llegará lo uno y resolverme á lo otro, necesiAy de los que en harapos cogió el invierno,
to recordar los hechos, seguir su proceso y averiguar
Ay de los que en la calle mueren de frío!
cómo y por qué llegó á consumarse tamaña irreveDOCTRINANDO, ...... .

--------·--------

INVERNAL

rencia:
· .
Escúchenme ustedes, juzguen y lamenten conrmgo
el sacrileO'o suceso.
Hay enla plaza de mi pueblo una ig'lesia que si bien
en Roma cuna egregia del arte cristiano, parecería
un adefe;io, á mis coterráneos siempre, les pareció y
sig-ue pareciéndoles grandioso monumento elevado á
Dios por la fe.
Cuyo puro fuego han mantenido vivo y espléndoroso las g·eneraciones que ante los ª!tares de la susodicha iglesia, en poco más de un siglo qu_e cuenta de
existencia, elevaron sus creyentes plegarias, esperando las más veces de la providente divinidad, el alivio
de los eternos dolores humanos,y desesperando al fin
de conseguirlo quizá no pocas ........ .
Volviendo á la iglesia, su fachada, no por ser más
fuerte que yo, ha sufrido impunemente los ataques
brutales del tiempo, de quien sabiamente dijeran los
mitólogos helenos que se desayunaba con regular ración de piedras; que así corno mis cabellos emblanquecieron, así los proliios arrabeseos cincelados en aquella y Jas estatuas inmobles ~n sus horn~cinas, se ~an
ennegrecido ó dorado, semeJando las mil despostilladuras que unas y o_~ras tienen, lo_s Jamentab_les vacios
que en tni desvenCJJada boca deJaran los dientes desertores.
Los cuales de~perfectos aumentaron en unos la veneración á nuestra iglesia de suyo venerable, é hicieron que otros la considerasen fea1 ruinosa y deficiente, ni más ni menos, como por mis canas, algunos
me respetan, y bast~ntes me burl~n.
.
Asi las cosas, alguien de agudo mgemo echó de ver
en Ja iglesia la falta de una torre que, acercándose un
poco mas á Dios,-sabido es que los hombres le hemos colocado en el techo del mundo-le llevi.mí vivas
y ardientes las súplicas de los pecadores. Y, dicho y
hecho, no por obra de magia, sino de diestros artistas
v albañiles, surgió la torre, elegante, graciosa, coqueta, tanto que al verla sobre la severa y vetusta fachada de la iglesia, hízome el efecto que haría el ver un
sombrero de moda en la cabeza de una austera monja
recoleta
Por fin, un dia el sol, al ponerse, vió cara á cara y
con grata sorpresa, la torre ya concluida y que bajo
sus ardorosas miradas parecía sonrojarse con rubores de muchacha púdica que escucha los primeros galanteos.

II

El cierzo del invierno, sopla inclemente;
Bello tronco sujeto del aurea brida,
Bien cubierta de mantas la piel luciente,
Lleva rico carruaje por la avenida.
Suenan las campanillas de los plumajes,
Se ve sobre dos tordos el bamboleo,
Se oye el sordo gemido de los herrajes;
Entre.surco de nieve, pasa el trineo.
¡Qué lujosos cocheros y postillones,
¡Qué espesos los cristales de los postigos,
Qué profusión de plumas y de vellones,
1Qué envueltas van las damas en sus abrigos!
¡.Av del que siente el hambre cual buitre interno,
Ay de aquél que consuelo busca en el rio,
Ay de los que en harapos cogió el invierno,
Ay de los que en la calle mueren de frío!

m

El cierzo del invierno sopla inclemente;
A repartir la cena van los gañanes,
La cena que en vasijas rebosa hirviente
A la perrera llena de hermosos canes.
Colmado el apetito, con grata holgura,
Entre sus gruesas mantas y ricas pieles,
En estancia de tibia temperatura
Duermen los terranovas y los lebreles.
¡Qué abundante la sobra, que hirviente humea,
¡Qué lejos está de ellos la noche fria!
El hornillo la estancia, ¡qué bien caldea!
¡Qué reposado el sueño de la jauría!
i.A..V del que siente el hambre cual buitre interno
Ay de aquél que consuelo busca en el rio,
'
Ay de los que en harapos cogió el invierno,
.Ay de los que en la calle mueren de frío!
DIEGO URIBE,

�EL !lfUNOO.

Domingo 5 de Diciembre de 1897.

389

EL MUNDO

Ensueño de niños.

.

.

.

POR JOSEPH L'HOPITAL.-ILUbTRACJONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES
. .

Número 7.

°0ioleta.-~uaaro

ae ~. Noberls.

.Jacobo iba loco de alegria, trémulo de pasión, la Sra. Lochet lo molestara, &lt;•ra demasiado por
triunfante &lt;;le esta debilidad.
cierto.
Así siguieron hasta la calle Colbert.
Hacedme fayor de dejarme tranquilo! dijo con
Cuando ella vió la,s tiendas ilumina&lt;las tuvo cólera.·
Bajó, pasó ú su vez ante las obreras cuyas riun impulso de retroceder pero ,Jacobo no 1'.1. dejó
ni aún detcncr:sc; y tirando de ella con violencia ssll sofocadas le hiciéron llamc,tr el rostro de YCrprecipitó el paso.
guenza y púsose á marchar en medio de la noYa cerca de la casa, la Sra. !.ochct que estaba che süi .:;aber :\ donde iha.
cerrando su tienda por poco deja caer las tablas
Instintivamente rehizo el caniino que había recon que cubría el aparador; tal fué la· sorpresa corrido hacía un momento sosteniendo en su bracon que vió á Jacobo que corría llevando á una zo á Jacquelina que languidecía. Llegó al muemujer. Jacobo subió la cscalcrn siempre arras- lle, cerca del árbol que lo hahfa ocultado cuando
trando á Jacquclina espantada; y como observó ella iba. y ,enía con ese lindo paso agitado por la•
que estaba á punto de desmayarse la tomó en bra- impaciencia de verle .... Ahí había wia. banca
zos y la llevó así hasta el fin del corredor. Bns- cerca y. se dejó caer·en ella.
Entonces sus nervios sobre-excitados se discó febricitante la cerradura y tanteando unos instantes antes de introducir la llave, notó que la tendieron de pronto y los sollozos se apretaron en
parte baja de la escalrmt se iluminaba y oyó que • su garganta. Lloró de verguenza, lloró de rasubía alguien con pasos furtivos.
bia, lloró de amor. . . .•. .
·
A lo lejos sonaron las diez lentamente. Se leAl-fin se abrió la puerta y Jacobo se lanzó en
el cuarto cerrando de golpe la vidiera; depositó Yantó, pensando amargamente en que tenía aún
á tiéntas á Jt1.cquclina en el único sillón y encen- dos·horas delante porque tenía permiso hasta media noche.
dió una luz que puso en la chimenea.
Ah! si hubiese sabido ..... .
Cuando ella vió el cuarto iluminado, se incorpoBajó hacia el Loirc, con la cabeza desnuda, deró ,lentattiente apoyando las manos crispadas en
los brazos del sillón. La llama de la vela ascen- jando que la brisa del rio refrescase bien su frendía rechazando las sombras, llenando con su luz te abrasada, deseándo estar solo y pasearse la1:temblorosa la pieza de soltero donde se respira- gamentc asi, para calmar su sangre, para poner
ba una liumedad malsana. Y mientras Jacobo un poco de orden en su cerebro agitado. Pero
arrodillt1.do frente al hogar se esforzaba en hacer cuando atravesaba la plaza del Hotel de Ville, se
que ardiera la leila verde que sudaba agua y arro- olló llamar por su noi:nbre:
-Oye, Yaranville! Estás sordo hijo?
jaba torbellinos de humo gris, ella contemplaba
Era Pedro.Lavat, el camarada de los cazadocon pavor de pesadilla emerger de las tinieblas,
las dos ,;illas de-paja, la mesa redonda cubierta de res, no ya fatigado y descorazonado del oficio
una carpeta destcilída, el tocador, la cama. En- como en otro tiempo, sino campante, metido en su
tónces clió un grito y se levantó tambaleando, al dolman, haciendo sonar sus espuelas y llevando
mismo tiempo que ardía la llama en la chimenea con orgullo su sable de ordenanza.
-Vamos, qué es lo que tienes? Se diría que
con chisporroteo victorioso. J acobo la hizo sentarse de nuevo; y arrodillándose á sus pies, le to- nunca has visto un caballero, que anda á pié! Estás
ahímirándomecomo una liebre cogida en la trammó las manos y se las besó.
Ella retroccció con el terror en los ojos. La pe- pa! Se te hace el honor de ofreccrta un vaso. Dí
sadilla que la obsesionaba se convertía en reali- gracias, pillo, y entremos al salón del comer.cio:
En cualquiera otra circunstanciaJacobo se hudad; la debilidad que la había llevado ahí, concluía, concluía su borachera de amor. Se veía so- biera enfadado probablemente; porque él estaba
la con un hombre, porque Jacobo no era ya para en la infantería y no gustaba de que se bromeara
ella más que un hombre cuya pasión, la fiebre de sobre la reina de las batallas. Pero esa noche su
espfritu estaba muy lejos; tendió la mano al cazacuyo delirio, la espantaba.
·
Reunió todas sus fuerzas y con una facilidad · dor con un ail'e frío y lo siguió maquinalmente
•
enérgica le rechazó. Entonces, con una voz que sin decfr palabra.
Ese Pedro Laval era un buen diablo, desde que
el exceso del honor y del miedo volvían ronca,
gritó saltando hacia la mesa que puso entre ella estuvieron en la mesa vió que Jacoco tenía una
pena ó un disgusto serio.
y él.
-Hijo creo que no te va bien .... Yo .... ya
-Xo quiero! No quiero! Jacobo permaneció uh
instante perplejo, estupefacto, initado. Ella se estoy en paz; yo yt1. no me fatigo ni roe molesto;
aprovechó de su asombro y se precipitó hacia la sin un ascenso que me danza en la mollera, estaría contento. Es que te siguen haciendo trabapuerta, que abrió. Más luego volvió en sí.
-Yo os 1o suplico Jacquelina, quedaos! Que jar mucho? Eso te fastidia? Es natural que canse.
Yo, viejo tengo Ulla jaca! Pero una jaca.....
he hecho yo pues? Que tcmeis?
Y empezó á discurrir sobre los méritos de su
-N'ó, dejadme partir. Quiero irme! No debo esbestia, sobre los percances que había pasado en
tar aquí .... por piedad!
Había dado vuelta á la llave y la puerta se su manejo, sobre su maJ'lera de montar, etc. etc.
Jaco bo tomaba á pc_q ueflos sorbos su grog; traabrió, sobre la escalera que alumbraba una débii
luz desde abajo . .A.pesar de su furor y su despe- tando de interesarse en aquella oleada de palacho, Jacobo tuvo conciencia del escándalo posi- bras, pero sin llegar á conseguirlo.
-Decididamente tú tienes algo. Tu aspeetono
ble y cesó un segundo de retenerla indeciso. Eses del todo natural. Apostaría á que hay una mute segundo bastó.
Ella saltó á la escalera que bajó como un tor- jer de por medio .... Oh! las mujeres sabes?
Jacobo se sintió incapaz de seguir escuchando
bellino, hizo perder e! equilibrio á la Sra. Lochet
que escuchaba en las primeras gradas y cuya y cortó de golpe la tirada que su amigo iba .á
lámpara cayó al suelo :lpagándose con un csttucn· iniciar sobre el bello sexo.
-Perdóname, le dijo· levantándose, pero no sé
do de vaso roto, golpeó á las obreras y despareció corriendo. La Sra Lochct púsose furiosa de qué tengo esta noche, mi cabeza está atroz ..... .
_ ver rota su lámp1u-a y míts aun ele no poder ¡:lisXIII
. tinguir las facciones de la que huía. Subió y en
contró á Jacobo en el umbral, inmóvil y transtorJacquelina se fué corriendo, dominada por un
nado.
.
. -Es una ladrona sin duda, dijo con voz de có- terror loco; y sin entrar en el café donde Augcr
lera, parn haberse escapado tan pronto. Uay e~- hacía sus cuentas del día á la luz de una vela y
Tours tántagcnte mala! ¿Quiere el señor que pre sin detenerse en la cocina donde su tia arreglaba
. las cacerolas, subió precipitadamente á su cuarvenga á la policía?
Jacobo se contuYo para no extrangularla. Es- to, se encerró y se dejó caer sobre una silla que
tar desccpcionado, puesto en ridículo r que luego había cerca de su lecho. Así permaneció sumida

en una. especie de embrutecimiento, sin poder
cordinar sus ideas que voltigcaban en su cabeza estropeándose en vertiginoso torbellino, y con
sus dos· manos se oprinúa las sienes que latían
con violenci¡t. Esta postración y este dolor físico
le parecían dulces, y grata la oscuridad y apacible el silencio profundo que reinaba en torno suyo. llfaquinalmente sus miradas ardientes se posaron sobre la luz indecisa y pálida que filtraba
por el cuadrado de la ventana y se fijó largamente en esa luz sin pensar en nada.
¿Cuanto tiempo permáneeió así? No habría podido decirlo; pero de pronto se estremece herida
por el frio, y esta súbita sensación despierta en
ella sus recuerdos. Entonces, igual que cuando
en el teatro al levantarse· lentamente el telón, se
van descubriendo los detalles de las decoraciones, se leYantó la· hora extraila que acababa de
vivir y poco á poco la visión de lo que le había
pasado fué presentándose más precisa y empezó.
á sufrir al extremo de darle miedo las tinieblas
que la cn-volYían y parecerle siniestra la ventana
pálida. Entonces se levantó peno1Sameute y bus• cando á tientas una cerilla, encendió con mano
temblorosa la vela que en una palmatoria estaba
· sobre su nicsa. La luz humeante y trémula languideció de pronto y luego fué creciendo hasta
alumbrar su cuarto sin fuego y de paredes bll\ncas. Se sintió bien en su casa, con la puerta cerra-·.
da y libre de peligros; avanzó á su tocador y llenando de agua su pobre jofaina desportillada hundió en ella la cara por unos :n.stantes.
A la cabec1•ra dellccho estaba colocada una Virgen de Lourdes con larga túnica blanca y manto
azul, con rosas bajo los piés dm¡nudos y desgranando un rosario y sonriendo en éxtasis delicioso.
Jacquelina se arrodilló ante l¡i, imágen y empezó á orar esperándo que encontraría en la ~ladre
purísima el olvido, la calma y el reposo que creía
merecer. Pero de nuevo sus sienes palpitaron como si fueran á estallar, midiendo la angustia de
sus recuerdos espantosos, y la plegaria brotaba
confusa, llena de contradicciones, dolorosa, entrecortada por sollozos desgarradores, no subiendo al ciclo sino para volver á caér más destrozada
sobre la tierra en que se arrastraban sus quejas y
su amor.
-Bendita tú, Vírgcn Santa, bendita tú que me
salvaste, porque sin tu auxilio ya no sería yo una
jóven honrada. Oh! y estuve tan cerca de la vergüenza .... !Creí que no podía evitarla porque me
atraia ocultándose para que yo no la viera. Tu me
la enseilaste como con la luz de un relámpago y
me salvé_y soy todavía honrada, honrada, ho1irada .... l Pero le amo tanto, vírgen mia! Arráncame estos pensamientos .. . . yo no puedo: le amo
tanto!
¡Como me ha engafiado! ¿Será verdad que todos los hombres son así? Me había hecho tantas
promesas y era yo tan feliz! Pero tal vez no sea
tan culpable: los soldados en el cuartel se olvidan
de rezar y ¡es claro! les pasa todo esto. El me ama,
estoy segura, su corazón es bueno, y luego, es tan
amable y tan .... Ayl Vírgen santa, quítame estás ideas ..... .
Hace un momento, en el muelle ¡que bello era
todo lo que me decía! yo lo escuchaba como una
música dulce y arrulladora. Sabía bien que debía
oponerme á sus razonamientos pero no tenía facrzas .... y cuando me llevó por las calles iba yÓ
como arrebatada .... y luego que en vez de enojarme sentía un gran placer y cerraba los ojos
como cLiando se sueiia. ¿y aquel cuarto? qué vergüenza! sola yo con él .... yo que había jurado
que nunca .... Solo tú, madre mia, solo tú pudiste
salvarme. Aconséjame ahora. ¿Debo decirle que
todo ha terminado y que no le amo? Ay! pobre de
mi: si le amo .todavía!
:\lucho tiempo, mientras avanzaba la noche siguieron sus quejas y sus plegarias; hasta que destruida, anonadada, con el corazón hecho trizas
por el horrible combate que se libraba entre su

•

�890

EL ?lruNDO.

Domingó 5 de Diciembre de 1897.

Domingo 5 de Diciembre de 1897 .

EL MUNDO,

391

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a~or y su orgullo, se arrojó al lecho. Entonces la
Vll'gen blanca,_ ~e ~~nto a~ y rosas bajo los piés
desnud~s, ~e ~n:1g1ó una nurada de piedad y complacencia mfirutas y luego envió junto á ella el
ángel de los sue:üos puros. El espíritu bienaventu!ado, c?n las manos llenas de pétalos de adormidera vmo á revolotear blandamente en torno
al lecho de la ni:ña; hizo llover sobre sus megillas
abrasadas por las lágrimas, en nieve perfumada
la fre~cura de esas flores del cielo, y la ni:üa se
durmió.

XIV
Cuando_ despertó al a~anecer estaba triste pero tranquila: una resolución enérgica había reemplazado en su espíritu la indecisión y los combates de la víspera; había decidido alejarse de Tours
lo más pronto posible.
Co,mprendia que si volvía á verá Jacobo su
pérdida era segura ¿y cómo evitar verle todos
los dias?
Y por otra pa~te, ella no estaba segura de si la
habrian reconocido las jóvenes que la espiaban
e~ el corredor de la seil.ora Lochet. ¿Qué sucede- .

ría si ellas charlaban, si contabah haberla visto,
en el cuarto de Jacobo? ¿Cuál sería la actitud de.A.uger cuyas asiduidades ambiguas la tenían alarmada y en el cual había sorprendido miradas decelos cada vez que la veía cerca de Jacobo?
No tener nada que r eprocharse y leer en todas.
las caras la burla y el insulto, era demasiado y
por eso·debía partir inmediatamente pues si vacilaba si esperaba siquiera un dia, sabía muy bien
que le faltaría el valor.
Pero . ... ¿dónde ir? J acquelina se acordó deaquella parienta que tenía en París en una tienda.

•

de modistas y allí pensó ir y pensó que no se negarían á recibirla en gracia de sus pocas ó ningunas exigencias.
Solo una cosa la apenaba: partir sin abrazar á
la madre .A.uger á quien amaba sinceramente y
que la acusaría de ingratitud. ¿Cómo explicarle?
Entonces le escribió una larga carta que estuvo
á punto de romper creyendo que no llenaoa su
fin.
-Tanto peor, dijo después de estrujarla entre
los dedos, y la colocó en la mesa de un modo que
quedara visible. Luego puso en su maleta alguna ropa interior, tomó de la cómoda algunos billetes de cien francos qu~formaban todas sus economías y quedó. expedita para el viaje.
En la casa Auger todos dormían aún, como
siempre, porque allí no se madrugaba; y de consiguiente Jacquelina bi!jó sin ser vista y se dirijió rápidamente con su equipaje á l_a estació~ del
Ferro-carril. Ahí tuvo una decepción. El pnmer
tren acababa de partir y era necesario esperar
dos horas para la salida del siguiente. Por temor
de que la conocieran si permanecía en la estació!1
se puso á recorrer el bulevar Heurteloup con dirección al canal. Se acordaba que Jacobo le había hablado de una gran revista que debía hace~·se ese día en la avenida Gramont y por comnguiente debíl1 estar desierto el bulevar.

Siguió pues lentamente la línea de los árboles
sin encontrar á nadie pero iban con ella sus pensamientos y sus recuerdos. Luego se sentó en un
banco sintiendo oprimido el corazón y con creciente tristeza. La lucha empezab:1 otra vez! .A.h!
porqué había partido el tren?
¿Tendría valor Jacquelina para insistir en su
viaje? Recobrada un tanto se dirigió al Canal y
empezó á pasear por el dique y allí la siguió el
r ecuerdo de Jacobo. Llegada al Loire permaneció algún tiempo inmóvil, con los ojos fijos en la
torre de Guiaa y presa de un deseo loco de abandonar su proyecto de fuga y verse otra vez en la
salita del café. Pero el tiempo avanza; la campana de un reloj suena á lo lejos y Jacquelina suspirando dolorosamente se armó de valor y volvió
sobre sus pasos.
Cuando se aproximaba á la estación se detuvo
de repente con el cora11ón palpitante.
A lo lejos, y viniendo hacia ella resonaba el rumor de los tambores, y allá ab:1jo iluminado por
el sol, doblaba por la plaza del palacio el Regimiento y desembocaba en el bulevar con centelleos de cobre y rumores de mú5ica militar.
Jacquelina quiso escapar pero no se sintió capáz de ello. Apoyada C;)ntra un á1·bol permaneció y á medida que los soldados se aproximaban
gruesas lágrimas corrían de sus ojos. Entretanto

la calzada se llenaba de gente, las ventanas se
abrían, los niños conían delante de la trnpa, pero ella que un momento antes temia ser reconocida, no veía ya á la multitud ni pensaba ya en
nada.
Lo que veía, en lo que fijaba inesistiblemente
los ojos á travé5 de la nieb,a de sus lágrimas,
m:\s allá del estruendo de los instrnmentos, detrás de los oficiale3 á caballo, era la bandera que
ondulaba entre el brillo de las bayonetas al sedoso r elámpago de sus colores. La bandera, ella lo
sabia, estaba en la tercera compañía, la compa:üía de Jacob;) ....
Los tambores pasaron, precediendo á los clarines cuyas voces imperiosas, sostenidas por la música tocaban fieramente la marcha del regimiento, y que después de cada intervalo se levantaban y se abitían con ese gesto vivo, á~il y coqueto que no tienen sino los soldados de Francia, más
ella no se fijaba en eso mirab1 siempre ante sí,
allá lejos. Y á medida que la b:111dera avanzaba
vivamente hacia ella, refluía la sangre á su corazón. Oh! verle, verle aún una vez.
Por fín la tercera compañía desfiló: Jacobo estaba ahí, en primera fila, casi la rozó, pero no la
vió. Marchaba correctamente, con la cabeza erguida, pero con los ojo.s bajos, visiblemente pálido.
(Gontinuará.)

•

�..

•

Domingo 5 de Diciembr¿ de 1897.
Dnminirn ñ &lt;le Diciembre de 1897

EL MUNDO.
Las imágenes deI suelo-son demasiado precisas para que se las
reconozca perfectamente sobre
la carta del servicio geográfico
del ejército, la cual fué redactada en 187i v ha sido hecha en la
e~cala de 1}20,000. La foto{;rafía
aerea, atmque tomada á t)ordo
de un globo- que marchaba con
una velocidad de 60 á 80 kilómetros por hora, presenta una multitud de detalles que la obra de
los oficial e::; franceses del Estado
l\Iayor, uo posee. Cada uno de los
en·ores que han• cometido, pu-ede ser rectificado.

M2

**:;.

•

•

•

TRAJE DEJ PANO AZCL OSCCRO

VESTlDO DE NIÑA DE 9 A 10 AÑOS

VESTIDO DE FRANELA Á CUADROS
'

CRONICA DE LA MODA

¿Qué innovaciones nos dará la rn_oda? Las gra~d~s
costureras de Paris despachan ávidamente sus ultimas concepciones.&lt;}e Otoño y se han puesto en obra ]as
innovatjones que, en artículos precedentes hemos mdicado.
· l es d e z·b
Los gruesos cachemires, las d ivers:i,s pie
I elina chinchillas Alazca, etc., en concierto con los terciopelos, forman deliciosos toilets. . .
Donde se nota de una manera pos1t1va_ la reforma es
en las mano-as lisas ó adornadas, pero srnmpre estrechas. Las e~aa-uas siguen llevándose bastante anchas
abajo pues las predilectas miden en su. borde 4 metros
ó 4,50'. Algunas modistas colocan ya la ?olsa y la cerradura en los lados, lo cual aunque es m1is _cómodo ~o
ajusta á todos los yes~idos. Las más _entend1~as modistas son aquellas que sin torturar ~l talle lo afinan .Y hacen aparecer con aire de elegancia, merced al deltca_do
corte v "'raciosos adornos que emplean. Ellas 1~os mdican"q~e las aplicáciones de paño en las pels.~~es (capas) están en "'ran privanza, ya sean sobre terc1ope_lo,
piel ó paño. E~ astracán con reversos y cuello de chmchilla hace un lindo concierto.
.
.
La boga del sombrero Rembrandt_se acent~a: ~eJando compi:ender que será la que reme en el mv1erno.
Esta es sin contradicción una de las f~rmas ~ás iraciosas y que se acomodan á todas las_f1sonom1as. .1Jespués de,éstos los sombreros de terciopelo dra~eado
con plumas c}espas están muy bien.aceptados. 1aque

nos heinos ocupado de sombreros, haremos un lugar
á los velos, tanto más, cuanto que de ellos depende el
mayor esplendor del rostro, que pretende ocultarse.
Los lindos velos de puro l'Ombo con albergas, son .
hov el encanto de las· Jóvenes. Los hay de dos tonos,
sobre un punto blanco se extiende una Cinisima rejilla
ne"'ra, de primoroso efecto.
Ved también algunas indicaciones sobre guantes
que causan graves perplejidades á nue1&gt;tras lectotas.
Para la calle se adopta la cabra glasé un poco fuerte,
ne&lt;&gt;'ra ó blanca, con sobre costura negra y como cerrtdura dos a-ruesos botones de ·nacar. Para comida el
o-uante chic ~s con cuatro botones y simples filetes sin
iin"'un bordan.o, Y para soirée la cabra matiz champaña f. adornada coi1 tres simples filetl'.s. En fin la media
ne,;;ra será siempre la reina aunque por un momen,o
pafecia vacilante sudomi~io, hoy seextiende;manifestando sus discretas ventaJas.

1

Vestido de nl:'ia de 9 á lo afto•.

Se hace este vestido de cachemir Isly poniéndole en
las costuras laterales de la enagua un adorno de cor•
dón de seda verde obscuro. Cuerllo blusa con un chaleco s!&gt;brepuesto y adornado lo mismo.que la enagua.
Sombrero fieltro redondo. Botas de cabra glasé.
Vestido de franela á cuadros.

Es un precioso bolero de cheviot, con cuello médecis y una vuelta sujeta con grueso botón. Este bolero
se adorna con cintas de t~rciopelo negro en dos an•
chos.

•

..

PATINADORAS

He aquí unos g-raciosisimos aunque muy sencillos
trajes para patinar.

---

Traje de paño azul obscuro.

Cuerpo blusa de tercipelo negro adornado con piel
blanca. Cinturón blanco. Sombrero fieltro gris.

Es_ta casa de_p1:imer órden tiene siempre un gran
surtido de ~as1mu·es franceses é ingleses del mejor
gusto y calidad.
HAY TAlllBIÉN

cm,µ¡

SURTIDO DEJ CORBATAS INGLESAS.

** * ** Calle del Espíritu

Santo Núm. 8. *

--MEXICO--·-

•

* *
* *

El ªf.arato ha ;ido construido 1
por l\ . Gaumont, director de la
oficinageneral de fotografía, con
el fin de se¡• colocado ,\, bordo de
los globos sondas y expedido á
18,000metros. Es, pues, muv ligero y no pesa más que de siete á
ocho kilos.
·
Se podrían construir más poderosos, basados sobre el mismo
prin_cípi~, que registrasen toda
la h1stor1ade una ascensión aereostática ejecutada 'por escalas
durante las horas luminosas de
muchos dias.
Asi se tendrían todos los cambios de altitud, así como todos
EL GLOBO DE 11BALASHOFF 11
los cambios de velocidad v de
dirección de los vientos LamaCURIOSIDADES
yor ó menor precisión de las imágenes daría 1a medida del estaREGISTRADOR FOTO,RAFICO DE LAS ASCENSIONES
do higrométrico de la capa de
aire comprimido. entre el suelo y
El registrador ftftográfico del cual mostramos el gra.
el o·lobo.
bado, fué imaginado por el francés M. ·Calletet miem'ona de las particularidades
bro del instituto. El fin primitivo de la construcción
más salientes de la construcción,
era rectificar la ley de las alturas barométricas indicaes que el aparato lleva dos obda por Laplace, y de la cual se sirven los aereonautas
jefü·os, y que la peliculit está
para deterrniuar la altitud de su aereostato. Es una de impresionada de ambos lados.
Sobre la fase superior es donde
las más bellas ideas del gran Leverrler.
está res-istrada la precisión baEl éxito de la experiencia ejecutada por los Sres.
rométnca. As! Re podrá foto&lt;&gt;·raHe, mite Besan&lt;;:on en su ascensión del 21 de Octubre
con el globo el «Balashoff,• ácostadel príncipe Rolan-' fiar un reloj y un barómttro,
do Bonaparte y bajo los auspicio!&gt;del Comité científi- sea de mercurio, sea metálico
co de aereostación de París, ha sido completo y se en- pero se empleará un registradoi
treven muchas otras aplicaciones, de una utilidad más • especial para estos etementos,
cuando se quiera obtener intacta
general
En efecto, el instrumento registrador suspendii;lo so- la imagen del sol
Un globo provisto de un apabre la canastilla y del cual los aereonautas no tuvieron neceHidad de preocuparse, ha funcionado con una rato de este género, que puede
regularidad admirable durante 50 minutos,proporcio- desarrollarse de una manera connando una serie de 21 clichés, sucediéndose de dos en tinua dará lQs informes más curiosos sobre una región inexplodos minutos. Es el globo el que escribe por si mismo
rada'.
la historia de su ascensión.
La escala de la fotografía depende de
la altura á la cual ol
globo se cierne. Puede ser fácilmente determinada por un cálREGISTRADOR FOTOGRÁFICO DE LAS ASCENCIONES.
culo de los más sencillos, cuando se conoce la lono-itud
de la escala. El cristáldel:aparato lleva cuatro líneas par~0
una construcción como la del Castillo de lelas ~e dos en dos y cuya diotancia es perfectamente
Versalles por ejemplo, que se ve perfecconooda.
tamente en una de las pruebas obtenidas.
Pero no debemos en este articulo entrar en detalles
La distancia medida entre dos puntos
t~cnicos. Nos contentaremos con indicar que el éxito
da la velocidad medía del viento.
de esta hermosa experiencia abre un porvenir inmenso á la aereostación científica.
. S! se tuviese que ~nsayar un globo dirig:1ble, no_ se tend11a más que hacer que
deJar subu el aparato y anotar los insUN BERllOSO ARCO NATURA L.
ta_ntes en q1;1e _ee pondría la máquina motnz en movnmento. Se verla así con precisión la diferencia entre la trayectoria
del globo abandonado al viento y la del
El que ha pasado aunque sea un invierno en
globo accionado.
Xiza ha seguramente visitado la hermosisima gritEn tiempos dé guerra se tomaría así
mismo en algunos instantes el plan de "ta de San And1·és, y testificac;lo que esta gruta es á
un campo de batalla ó de una ciudad sidecir verdad un tunel, .ó mejor dicho un puente
tiada.
puesto que por encima de el pasa á través de una
Una sola ascensión ejecutada en Tunes garganta abrupta una gran ruta para coches.
en Madagascar ó en Ton_kin, bastaría paMenos conocido porque está un poco mas aparra dar un cuadro auténtico, representando muchos millares de kilómetros cuadra- tado, pero no menos grandioso es el arco gigandos, que se desarrollarían como un cinetesco que puede admirarse cerca de la aldea de
matóg·!afo ~ ~a vista del esp~ctador,
Saint Vallier de Tliiey, que, situada en el camino
El dispos1tlvo que ba permitido á l\f.
de Digne dista solo 12 kilómetros y tiene 720 meGaumont realizar la concepción ele l\I.
Cailletet puede resumirse en unas cual}- tros de altura y es por si ¡¡olo un interesante lugal'
tas palabras.
para paseo y la primera estepa habitual de la
La película está enrrollada de antemaemigración
de primavera de los que invernaron en
no á un primer cilindro y pasa sobre un
segundo cilindro paralelo al primero una Saboya ó Suisa.
vez que ha sido impresionada.
'
En esta excursión todo es encantador pero con
. Cada vez que un movimiento de relojeespecialidad el soberbio arco cuyo grabado rena produceJa apertura del obturador los
producimos y que proporciona un efecto sorprendos cil)ndros s_e ponen en movimiento' padente.
ra enviar el prnuero sobre el segundo una
porción de la pelicula, qustenga cuando
La boveda de unos quince metros de elcvat!ión
menos18 centímetros de longitud.
por cinco apenas de anchura al nivel del agua
La banda de éelnloide impresionada,
es, sorprendente por su estructura audaz y .elepasa á un foyer de dos objetivos, desti- gante y prueba que .cuando la naturaleza levanta
nado el de arriba á fotografiar loR instrusu.s_ arquitect~ras sorprende siempre con -lo im~ento~ y dispuesto el de abajo para reci!
b1r la imagen de la tierra. La relación
previsto de sus bellezas.
entre la superficie del terreno y la de la
A traves de este arco gigantesco ~;tiéndese
placa es proporcionada por la altura verun
paisaje de suprema belleza del cual parece
dadera á la ~mal !!e cierne el globo, expreconstituir la entrada triunfal.
sada en décimas de milimetros y dividida
por211,7 la inversa de ese número marca
UN HERMOSO ARCO NATURAL.

t

�TOM0.11

MEXICO, DICIEMBRE 12 DE I897.

Estreñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
-DeL-

• Jes
AgeIlte8genera

ESTÓMAG01

de este periódico en Centro
America, Sefiores J M. iardizábai .Y Compafiía en Guatemala.
Están autorizados para
arreglar contratos para anuncios y suscriciones.

HÍCADO y VI.ENTRE .

·-

Son puramente vegetales,
Son aiucaradas,
Son purgantes.
Xadic debe rstar sin nn pomito el&amp;
Píldoras Catárticas ciel Dr. Ayer,
para poder tomar u11a prquefol
closi~, :i los primeros i;t11tomas de in• rligesti&lt;in, y eYitar a si 1111 sinnúmero
de enfermedades.

· ~ c.ORBEILLE Ple,

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Perfumería Etxtra-Bina

.ED.PINAUD

5

EJ!jl~~.::» PARIS, 37, boulevard de Strasbourg, PARIS

Pre¡&gt;arrulaJ por 4'1 Dr. J. C. Ayer y Ca.,
l.owell. ~lasa., E. C, A.
PRIMER PREMIO EN LAS

~!lOsicio~es UnimsalAs de Barcelona JChicaRQ

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Ultiinfl4 Noved([/jcJ

E~TRACTO VEGETAL

Pfff CIOSA ROSE.Mo·ussEUSE

NO TIENE Rl\"AL POR LO

T6nlco, Agradabley Reconstltuyeate,

Reeomendalla su firma

Por todas las Eminencias Médicas del Pats
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IMPORTANTE AVISO

Este_ nuevo siSt ema ºfijo por debajo del tapon,
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Con el •¡,rei-entc número repartimos á nuestros lectores 'l
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de folletín, correspondiente al principio del segundo
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!0 m~ de 1la novela ---f'poR HU NOK U.tL NUMBRl!i~ Hay que aadvertir que esta novela e:s la meJOr que iemos
~---------tf--publicado. Vale $7 enlaslibrerias.
.

Gmigos íntimos.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>TOM0.11

MEXICO, DICIEMBRE 12 DE I897.

Estreñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
-DeL-

• Jes
AgeIlte8genera

ESTÓMAG01

de este periódico en Centro
America, Sefiores J M. iardizábai .Y Compafiía en Guatemala.
Están autorizados para
arreglar contratos para anuncios y suscriciones.

HÍCADO y VI.ENTRE .

·-

Son puramente vegetales,
Son aiucaradas,
Son purgantes.
Xadic debe rstar sin nn pomito el&amp;
Píldoras Catárticas ciel Dr. Ayer,
para poder tomar u11a prquefol
closi~, :i los primeros i;t11tomas de in• rligesti&lt;in, y eYitar a si 1111 sinnúmero
de enfermedades.

· ~ c.ORBEILLE Ple,

~"'
O
(Jlr1e
Perfumería Etxtra-Bina

.ED.PINAUD

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EJ!jl~~.::» PARIS, 37, boulevard de Strasbourg, PARIS

Pre¡&gt;arrulaJ por 4'1 Dr. J. C. Ayer y Ca.,
l.owell. ~lasa., E. C, A.
PRIMER PREMIO EN LAS

~!lOsicio~es UnimsalAs de Barcelona JChicaRQ

i

Ultiinfl4 Noved([/jcJ

E~TRACTO VEGETAL

Pfff CIOSA ROSE.Mo·ussEUSE

NO TIENE Rl\"AL POR LO

T6nlco, Agradabley Reconstltuyeate,

Reeomendalla su firma

Por todas las Eminencias Médicas del Pats
g

del E.xtranjero.

....,.,,,.•. "',v con. la. :n.u.eva. embocadura perfeccio:n.ada

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. · u $'1l"ILLXFL UX u

débil, a11émica y cor,t·alfcienle.

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Este_ nuevo siSt ema ºfijo por debajo del tapon,
.
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suprime el derrame darame el transporte , ha
unpos1ble en~bezar el frasco ó llenarle después de vacio.
Y ace

se venae en las pr1nc1va1es Bolle.as u
1&gt;~0GtJ E.~1,i.,s.
Para pedlcl"• dlrectoa dlrl&amp;lraei

PERFUMERfA PRECIOSA

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Pertumerias : Marie-Louise - Dauphine - Celestis
ESENCIAS SUPERFINAS PARA EL PAi'JUELO

~RISA de las PAMPAS -

BRISAS del MONTE
IXORA - THEODORA - AIDA
PORTE-VEINE

'

Con el •¡,rei-entc número repartimos á nuestros lectores 'l
~
de folletín, correspondiente al principio del segundo
~ 2 5 5 P A GIN AS~
!0 m~ de 1la novela ---f'poR HU NOK U.tL NUMBRl!i~ Hay que aadvertir que esta novela e:s la meJOr que iemos
~---------tf--publicado. Vale $7 enlaslibrerias.
.

Gmigos íntimos.

�39G

EL l\fll.DO

LA SEMANA
Es agradable, en estos dins claros y transparentes, encaminar los pasos hacia el viejo bosque de
Chapultcpec, último manchón de verdura de la antigua vegetación del Valle tic )féxico.-I,a ciudad
ha marchado por este rumbo; no ha ido como el
«Lord Bvron» de Kúliez de~\rce, «de cara ni sol;»
antes bien, parece como que ha querido huir de
los flechazos roji:rns del Yictorioso astro.
La barrinrln, alegre y pintoresca, carnina rftpidamentc y SI' os antoja que tiene prisa por abandonar la población. 1\penas hace algunos m('ses
que hnbéis p&lt;•rdi&lt;lo de vista aquel rincón eitndino,
y ya i:'1tlud:íis ntlt'vas construcciones, basamentos
de ruturas-cvillas,» muros dcnacicntes moradas, columnas alzn&lt;\as en un abrir y cerrar de ojos, arcos y capiteles ::-urgidos de la noche ú la mañana.
Todos los estilos hnn tomado allí puesto, todos
se confunden y barajan en caótko desorden. J uuto al home inglés, de simétricas líneas, sobrio y
severo, se e'it&gt;va &lt;'I ¡1alr1Z1·tf1• italinno, de airosas escalinatas r amplios pórticos: por Pncima de aquel
{trbol, asoma su 11gu&lt;l11 m,;mterilla el gótico-francés, y ni cksemhocar en una glorieta tropezi1is
con un chald que os trne :\ In memoria el frngmento de un pabaj,1 suizo, adivinado A la lectura
del Guilltrnw 1Hl de Scbillcr.
Y aquel hacinamiento de encontrados gustos,
aquellamar&lt;&gt;jada de dbtint11s corrientes, no rompe
la harmonía ele! conjunto que os complacéis en
enc(}ntrar atractivo. Xo recuerdo quién dijo que
«el fastidio naciú el din de la uniformidad.» De es•
te nuevo ~léxico, de este Méxit•o feérico y caprichoso, voluble y tornadizo. del que su poilria decir
,.o que de :'.\leyerbcer han_dicho lo,- franceses: tiene
tantos e&amp;1ilos que no tiene ningún estilo, lo que
seduce precisamente es su falta de programa, su
radical rompimiento con los e:ínones.
Los dueños &lt;iP nqudlos &lt;·&lt;lificios han proclamado su lG de Septiembre arquitectónico.
,

I

**•
Por eso no extrafü\is el corte ele parterre inglés
que se ha dado il la entrada del bosque, en las rcfonnas emprendidas en el renaciente paseo. 'Ko
os desconcierta que por encim11 de los prnclillos
de césped, recortados en figuras geométricas,
agiten su melena de titán los viejos ahuehuetes, los
decanos del Valle, los sup&lt;'1"vivientrs de una raza
heroica y abatida al propio tiempo, que llcvuba.
en su espíritu la tristeza profunda de los que, sintiéndose vencidos, hacen de su derrota un poema
trágico.
Ah! si las cosas sin alma, de las que habla el
poeta, pudieran comunicarse! ¡(Jué diálogo sin palabras se entablaría entre los vetustos ítrbolcs v
esa altiva cstatufi de Cuauhtcmoc! ¿(Jué se dirían
las ramas y el bronce, cuando, en la alta noche,
un soplo bajado de las nevadas cimas agita el
blanco penacho de los gigantes del bosque, y baila
de impalpable escarcha la atezada cabeza del impávido monarca?
Paul Bourget acaba de consagrar en las columnas del Flgaro un artículo al árbol de Taine, alzado en un rincón del Jardín Botánico de París, y
ante cuva robusta silueta se detenía todas las maftanas el autor de «Los orlgenes de la Francia contemporánea,&gt; en mudo recogimiento. ¿Qué ideas
evocarin en aquel alto espíritu la obscura existencia del invariable amigo de este sabio solitario?
Acaso, esta alma serena, A la que la contemplación de la impasiblenaturalt&gt;za no causaba, como
á Chateaubriand, un desconsuelo infinito, encontró allí el misterioso enlace que une á todos los
agregados de la vida, la ley eterna en virtud de
la cual todo nace, todo muere y todo se reprod11cc
en la necesaria harmonía de lo creado.
Los viejos «ahuehuetes» de Chapultepec son
también para nosotros.buenos amigos invarhbles,
que nos hablan en ese idioma del recuerdo, de las
cosas idas, de las esperanzas dcjadllS en. mitad del
camino, de los cnsuelios juveniles, de las primeras
estrofas ya olvidadas, de las promesas de la mujer amada,dc toda esa inmensa cohorte que arrastran consigo los rulos, y que hemos enterrado en el
panteón del pasado, para volverla. 1\ resucitar con
la nueva floración de la primavera.

•*•

•

Y allí, en el antiguo bosque, bajo las canas tutelares de esos colosos, se efectuó Ja otra matiana una

Domingo 12 de Di&lt;-lembre de 1897.

ceremonia sugestiva: la repartición de premios á
m derecho de cada ciudadnno c,staba t·ntonces
los alumnos del Colegio ~lilitllr.
esc·rito con las letras trazadas en los cuadros con
Es uu espectáculo saludable el que presenta expre,-.i\·as dedicatorias ele la:; salas ele tiro.
anualmente este grnpo de jóvenes cadetes, hacienPara salir clt&gt; esta forma social, muy semedo un alto ·en medio de sus esturlios para recibir jante :i la llUC ear11ct&lt;'riz11 ú las naciones b.irbael libro recordativo, el diploma honorífico, y, lo ras, ha si,lo 1wc(',.;ario q,ue la colPctivirlad haya.
que tal vez, sea superior aliciente piu'a sus (;spíri- dicho: ¡Xo quiero hombrPs valientes! Quiero homtus empapados de las glorias patrias: el apretón bres que trabajen; no qui· hag11ndr!Jagls, sino que
de manos y el sabio consPjo de ht&gt;roicos vetcra- hagnn hogares; excelentes hurguescs, de los que
nos, cuyas· vidas lt&gt;S preceden como un estimulo y hablab,1 1•! otro clía El Imparcial, que :se acuesles acompaflan como un ejemplo.
tan temprano, acostumbran pngar al sastre y van
A este contacto se t'.emplan las almas de los al teatro los domingos ¡,or la tarde.
que todavía hoy no han t&lt;'niclo ocasión para ~alir
l'iu·e1•c, ~in emb1U·g-o, que exi~ten recaloitrantes
de las modestas filas de los rezngados en la vida. • á estn mtcva Caz de las agrupaciones modernas.
-Xapolcón sabía bien est/\ influencia dCl! capitán Hay quiPn hu tomado por divisa la fórmula de
quo se mezcla dcmo.cr:lticmncntc i\ sus solcla(los: Spínoza: ' 'mi derecho llega hasta donde alcanza
acaso á este comercio &lt;•ntrc el superior y el subor- mi podcr.''-El medioevalismo- que diría un intelidinado, á este alegre compaflerismo que él se com- gente amigo mío-esti1 iucrustrado en nuestras
placía en establecer, deberíase la adhesión do las costumbres, como una de tantas capas históricas
tropas al vencedor; quizás allí c•staba el secreto de las que su ha formado nu&lt;'stra socicd,td.
de esa suerte de idolatrfa dl'l soldado })Or el homBuena prueba el(• ello hn sido el desitfío efecbre del pequen.o sombrero del águila, género de tuado 1•11 las medianías ele la pasada. Sl'lllana, en
sugestión que aún conmovía i\ la Europa, cunndo Talpa y &lt;·u t'l que &lt;los jóvenes de aquella ciuya la Isla de Santa Elena no era más que un se- dad decidieron re:solver el ¡1roblnna del honor
pulcrn, y el viejo batal_lador arrojaba {t los viCJ_1- -vinculado en una polémica baladí-encaminántos estas orgullosas palabras, de las quo él qnona dose al ('ampo, donde uno de Pilos que,16 sin vihacer un porta-estandarte de la victoria: « Yp he da á consecu&lt;'ncia de un balazo que le disparó stt
estado en Austerlitz! ¡Yo he estado rn ,J ena! •
adversario. '·Ambos-dice el telegrama publicaPero todavía. h11y en los actos del jefe un de- do por In prensa diari:1--eran jóv11 ncs honrados,
mento que entra :\ formar parte del afecto del sol- Iaboricsos é iban á cnsnr:se.''
dado, y este&gt; elenwnto lo hizo pcnetrnr enérgicaY sin embargo, en e!'lte duelo se observa un pomente el Gt&gt;nl'ral Díaz en la conciencia d~ los jó• sitivo a,·ancc sobre los que antaño han ensanvenes nlumnos del Colegio, en el brindis pronun- grentado las pi\ginas del honor nacional: no hubo
ciado con Ol'asión de la solemnidad i\ que nos padrinos.
·
referimos-El repórter, que es el cronista esponDecididamente, ¡progresamos!
táneo de tocios los hechos de la vida moderna, ha
*
recogido las pa1a!iras del Sr. Presidente de la Re* "'
El mejor testimonio de P:sta afirmaci{m, de la.
públicn:
«Tendrfa que refc,rir algunos episodios de mi que Pellctán no tendrfo motivo par/\ arrepentirse,
vida militar, cuando joven, pues ya soy vit&gt;jo, y se encuentra en e,! hecho de alta y trascendental
me considero en el deber ele que la juventud vea tauromaquill de hnbersc agotado los billetes para
expL•rimentalmcnte Los motivos de éxitos qul' han las corridas ,¡ue darú en esta Capital Luis ~Iazzantini.
sido mi recompensa.
Yo no sé si el público se ha precipitado á to«Xo me rc·frriré á nada concretamente, pero sí
debo dccit· que me he hallado en compromisos ta- mar un puesto en los torneos del diestro espafl.ol,.
les, qU(' llegué ;1 per&lt;ll•r toda esperanza de cou- o si las localidades para. el, palpitante cspectúcuSl•rvar la existencia; y sin Pmbargo he podido sa- lo estar.in en reht&gt;nes de algún traficante ele la.
lir de ellos, porque los soldados que militaban Yin pública: pero lo que 1&lt;sí puedo asc·gurar cs.
conmigo me amaban y estaban dispuestos á dar que por el momento la great attraction de la temporada la constituye In llega.da del intrépido tosu vida por mi ,·ida.
«¿Qué había yo hecho para obtener aquel sa- rero r !:-u rt•aparición ante el buen vecindario decrificio generoso, abnegado, aquel sacrificio vo- la buena ciudad de lléxico.
Por algunos anos el amor al 1·spectáculo 1·ojo seluptuoso de derramar su sangre por la mía? Era solamente esto: todos abrigaban la convicción de que había eomo adormecido. Yn no se sentia palpitar·
en el fondo de esta sociedad anónima, qu~ sellayo 110 In, habla 1•sfafado su hab¡,1•»
mn el público, el entu~iasmo de los excelentes vie¡El haber del soldado!
He ac¡uí algo invi9lable, algo como un tesoro jos tiempos. "{)alipso ne poumit se rm18oler du,,
sagrado. ¡La vida de los que dan su vida! ¿Xo es dPpart el' Ulyse.• Los aficionados se habían entreverdad que es éste como un depósito que la gra- gado á los recuerdos, y solo se consolaban pentitud nacional confía en las manos de los inten- sando en días mas felices para el arte. Hasta mii
amigo Tres Picos-ático revistero taurino-dordentes militares?
Xosotros reclamamos de estos ignorados hé- mitaba, como el viejo Homero, sobre sus laurelesh
-¡Ya no hay toreros! oía yo decir amenudo;..
roes el sacrificio de todas las horas, de todos los
minutos, de todos los momentos, y cuando la pe- y confieso que en la noticia sólo veía un motivo.
qucfla moneda que constituye su fortuna única, de felicitación para los toros. Purccc, no obstanes misteriosamente sustraída, el héroe se con- te, que este era casi un problema social, puesto,
vierte en un mendigo,· y la mano que no . puede que la prensa de Espatla se lamentaba de lo misafianzar un fusil, se tiende trémula en solicitud mo. Dedicado al ostracismo el incomparable Ra-.
de un socorro!
fael (Lagartijo) y c9nsagrado :\ la vida privada.
El General Díaz ha tenido razón: el haber del el divin.o Salrndo,· (Frascuelo), Guerrita y }fa.zzansoldado responde del sacrificio voluptuoso de su tina son en el actual momento .... (iba yo á decir
ssmgre.-Solamcnte así podr:_á él repetir las épi- histórico) en el actual momento taurómaco 101&gt;
cas palabras del diputado francés cuando la mul- herederos de las glorias de Pepe-Hillo y Cúchares.
titud le invitaba al ejemplo:
. . .. ¿Pero es verdad que las corridas de toroS-¡Venid á. ver cómo se muere por un pufl.ado
de monedas!
resisten á la civilización? Y bien, sí! Hay en este género de espectáculo una faz casi épica, que*
**
escapa al experimentador de gabinete, al que•
Pero si morir a!lí, en defensa de un derecho co- ha convertido al hombre en figura. de movimien-.
lectivo, ele un interés común, por una p~tria ó por to. Raspando al hombre, se descubre siempre un,
una idea, es un acto de hcroismo; dejar la exis- perfil de la bestia humana.
tencia en uno dP esos encuentros que nosotros los
Preciso es leer· aquella apología de las corridas.
civilizados fin de siglo hemos conyenido en lla- de toros, escrita por el_ingeniosísimo. D. Pe_&lt;lro,
mar lam·,·s dP Tumor, es scncillmuentc salvaje.
Antonio de Alarcón, parn explicarse el arraigo.
Hace tres afl.os la sociedad se conmovió hon- de una pasión que cncnta entre sus defensores un,
damente por una de ostas tragedias, de cuyo de- tan cultivado espíritu.-Scrá cierto ó no que miensenlace no resultó beneficio ni ventaja para los tras la Roma vencedora conservó sus luchas de•
fines de la humanidad. Creíamos todos que el últi- circo, fué una nación pujante y nerviosa, y quemo duelo marcaba la terminaciún de wia épocn, cuando d~sapareció este cuadro de sus costumen la ºque la justicia y la razón estaban á merced bres, aquel pueblo entró r,\pidmuente en su dedel primer ciudadano, que disponía del poderoso cadencia; no quiero indagar si los grupos humaargumento de hacer pedazos un huevo á. veinte
nos para conservar su energía necesitan de la visy cinco pasos y al mando.
ta de In sangre. Fenómeno de coexistencia 6 fe-

Domingo 12 de Diciembre de 1897.

•

397

n ómeno de causalidad, el pensador no puc•
d e menos de reflexionar que mientras los
h ombres no sPan antorchas, habrá muchos
tachones negros que eliminar de la conciencia humana.
y en tanto que el filósofo medita en el
fondo de su estudio dr, viejo Fausto, C'l público se des&lt;&gt;spera pensando qne no hay
asientos para las corridnr, de Luis :'.\fazzantini.- «El sabio tiene algo de cadáver» hn
d icho Victor Jlugo, y las multitudes aman
la vida..
Pero, sobre todo, ain~n ver exponer la
vida.
*
,!t *
¿Xo has asistido, mi bella de;;e.onocidn,
A la. representación de La 1·ueda dr. la {&lt;wtuna animndo sainete, que se repre,-entn
n och~ ú noche en el Teatro 'Principal? l◄:s
este un juguete escénico de la alegre musa
popular que inspiró ít Don Ramón de la
Cruz sus incisivos cuadros populares. De
Ja pintoresca nación de manolas y chis~cros, majas y currutacos, sólo restan en tierra espnilola los cuadros de Gova y Don
Ramón de la Cruz: Goya en el lienzo y Cruz
en el teatro procuraron conservar el carácter de una nacionalidad que iba perdiendo su fisonomía propin, que se afranCPsaba, para usar de una expresión corriente
en aque1la época.
.
A veces el pincel del pintor espatiol se
convertía en un nguclo pufial con el que
raso-aba el lienzo; ent,mces sus brochazos
acu~aban una mano celérica; derramaba
el color como hubiera podido derramar la
sangre· llenaba de sombras sus escenas y
r etrataba el terror en las fisonomías de sus
personajes.
Su Dos de Mayo es una provocación al _invasor
de su patria. Solitario y achacoso, el terrible a~ciano se abandonaba á extrafios furores transmitidos por maravilloso modo á sus agu?--f~e~tes Y
sus óleos. Mientras vivió, España scgma viviendo
como una nacionalidad propia y exclusiva.
Don Ramón de la Cruz era de humor ID;enos
agresi-...o. Su sútira fina y punzante no destilabR.
nunca venPno. A las veces hasta se volvía contr'.1
aquellos que el pintor '.exaltaba en brochazos celebres. Gustaba cqmo ~Iirabeau dcsempefi.ar alegremente su oficio, y si ironíat; hay en aquel teatro de abio-arrados colores, que os recuerdan la
«Corte de° los milagros• de Nuestra Señm·a, se
d ebe á la misma naturaleza del medio en que fu,!r on sorprendidos.
De estos fotógrafos de costumbres. de tales haced ores de instantáneas, es Ricardo de la Vega, e~ ~utor de «La Verbena de la Paloma,» el más cxqms1to
de los sainetes contcmparáneos. Y d~spués ,de la
:.verbena,» ninguna on·a de estasobr1lla~ mas ~abrosa que «La Rueda de la fortuna,» naderiacóm1ca
A la que un compositor dcmérito-l◄'ernándes C~b allero-ha puesto dos ó tres números de fácil
m úsica.
. •
d 1
Id á escucharla en tanto que_Jos pcn~iomstas e
Signor del Conte tornen t'L hacernos oir la «Bohemia&gt; de Puccini.
ó
ÜBER X,

,outt,~Qitntral.
EL MENSAJE PRJiJSIDENCIAL DE MC KDiLEY,

Ni la aparatosa oste~tación de fu~rza h~cha por
el imperio alemán contra la rcpú bhc~ m1cros~ópica de Jlaití para reclamar una miserable mdemnización
"tres mil pesos," por_ sup~es~os
y pretendidos ultrajes á un problc~átJ~o subdit~
d el emperador Guillermo; 111 ~a.s agit~clúnes 3:us_
triacas y las rebeldías bohem1anas,.) las. asp1r~
e ioncs húngaras que amena~a n-de mmediata disolución el heterogéneo imperio dP, los Hapsburgo, y hacen pensar á los políticos europeo~ en el
r emedio eficaz que necesita esa agrcg3:ción de
pueblos para evitar un disloq~e que p~diera per:
turbar el equilibrio de las naciones; 111 la avcn
tura romanesca del altivo Hohenzollern, que toma posesión de la bahía de K iao-Ohan ~n el nombre de Dios Y su derecho, y para afirmar _sus
triunfos en las remotas tierras del extremo Oriente, manda á su hermano Enrique, como caballe-

de

sufragios en favor ele la plata, hast~ que el
esfuerzo mancomunado ele todas sn-va para rehabilitar el metal depreciado. Ilay
que esperar todavía esa anhelada reacción.
***
Ya otras nces 8C había hablado de lo
poco que podrían esperar los insurr?ctos
cubanos de la acci ún directa del Cob1crno
amc&gt;l'icano, c&gt;n favor de los que luchan en
la manigua por su libertad é independencia ..\ pesar de la mnnifiesta simpatía que
i;icmprc ha manifestado el pueblo de los
Estados Gni&lt;los por In causa cuhana, no
obstante el H!)O\'O moral que la prensa del
país ha prcstÜdo siempre :\ la insurrecciún, siguióndola ('11 todas sus fosos, alentitndola en sus triunfos, lamentando sus
1lesc11!11hros y siendo vehículo seguro para
la propagfüHla de las ideas scparatista_s, el
nabinctc de la Casa Blancasc ha mamfestado cauto en extremo, lo mismo bajo la
administraci in dl· Cl&lt;'velaml &lt;¡ue blljo la
actual de ~le Kinley. En vnno los fogosos
St.'nadorcs han le\'Hntaclo su voz ('locuentc
l'n la Cinnarn 1:&lt;'cdcral, pidiendo unos el reconocimiento de la bl'ligernncia ú los insurrectos y otros el de la indc,pcndencia
de 11\ Hepüblica cubana; en vano en la Cámam de representantes se han oído tremendos discursos, denunciando la triste
condición de los rcbel5lcs que sueñan con
una patria libre, levantada aunque sea_ sobre las ruinas de la hermosa perla antillana: sus voces se han perdido en el vacío
v sus solicitudes se han desva1wcido ante
ia fría corrección de la diplomacüi ame)IR. WILLL\)I JE:,;J:rn JJUYAX.
ricana..
.\.si lo ha manifestado en su último menro de extrafia cruzada al frente de sus mesnadas; saje Me Kinley, que con~idcra. i~prudcnt~ éinsosni las crisis parciales en Francia y en l_talia que tenible reconocer la behgeranc1a, y cree improcehnn provocado la renovación del gi~bmet&lt;', de- dente intervenir de algún modo, hoy guc el Sr. Sajando intactn. l.t gesti6n ele ~Ir. -'[~!me c_¡n_e se gasta ha resuelto conceder verdadera autonomía.
honra con la alianza franco-rusa, y la admm1~tra- . á la rebelde colonia.
ciún de Rudini que se enorgullece de 1'.abcr coi:iX o pretendemos discutir los fun&lt;h~meutos de s~s
jurado los malos efectos que ei:i el pais pro~uJo afirmaciones ni criticar las tcndcnc1as de su políel desastre de Baratieri en Afnca;"nada nos mtc- tica; solo queremos hacer notará los qu? soña~an
resa tanto á nosotros los latino-amcrieanos, como en una intervención posible, cuan frágiles é mel mensaje presentado por c•l presidente Me Ki- consistentes eran sus esperanzas.
lcy al Congreso de los Estados Unidos.
Prácticos ante todo, los directores nctualcs de
Con gran ansiedad era esperado e~te documen- la. política americana no se dejan llev111· por sento de este y de ,tquel lado del Atlántico, en aten- timentalismo patriótico; van derecho a~ Asunto,
ción á las o-ravcs cuPsticmcs que tenía que tratar y si en lo peri;onal pueden tener alguna simpatí~
por los separatistas que hace tres afios se sacriy á. los arl'uos problc,mas (1 ue debía resolver.
Dos puntos son los princi~alcs sujetos á _la con- fican en aras de la libertad, no son capaces de
sideración de los sesudos IPg1sladores amencanos: comprometerse en .una avcntuni internacional,
el que se refiere á la cuestión _monetaria, ~ase por ahorrar una ,lágrima, sí esto puede desa.:,&lt;Tl'ade las diferencias entre los partidos contendien- dar á un gobierno amigo.
X.X.X.
tes en las elecciones pasadas, y objeto de las reDbre.
!)
de
1897.
soluciones impuestas á los candidatos en las convenciones de Chicao-o
y de ot. Louis, y la cues0
tión cubana, que se sigue con altísimo interés en
NUl!STROS GRADADOS
todo el continente.
La rehabilitación dela plata, por medio deun conMr. William Jenning Bryan.
venio internacional qne le devuelva sn antiguo
poder liberatorio en las transaciones merc1tntiles,
ha sido el ideal perseguido por los políticos de
Para los lectores del :\fundo Ilustrado, no es un des~ortc-América muy principalmente, después de conocido el gran estadista americano. qu11 ~yer en la
Ja última campafla electoral en que los mtere~es mañana debe habtir llegado á e,;ta Capital. 1' a conocen
más altos se pusieron en juego, y las agrupacio- la empeñada y palpitante lucha que las cla~e;,. populares del Ü(·cidente v Sur de la Gran Repubhca sosnes más importantes del Estado dcspleg8:1'on ~us tuvleron para elevaifo á la primera magistratura del
potentes energías p:u:a aduefta~•se de la direce1~n pats y saben porqué estos elementos y lot1 muy nupolítica de la Repúbhca, para imponer su propio mer~t;OS conque los dem?cratati contaban en el ~esto
bienestar aun por encima de las necesidades y as- de la nación fueron vencidos, quedando derrota.na la
c1mdidatura de ~Ir. Bryan, y _trmnfanre 13: del actu':1
piraciones de la comunidad.
Presidtinte :Mr. :\le Kinley, Jefe del partido republiPara procurar ese acomod~miento que no_ pue- cano.
.
En el pro"'rama de gobiérno de )Ir. Bryan figuraba
de obtenerse sin la cooperación de las nac10nes
comcrcialcs, Me Kinley mandó á Europa una ·co- la acuñació'ñ ilimitada de la plata c&gt;n las casas ele monorte americanaR, y su ~irculación en la promisión especial con el encargo de obtener su ad- neda
porción respecto del oro de 16 por l. Fracasada su
hesión á la conferencia monetaria en favor del elección subsiste en pié el problema monetario que
bimetalismo. Aun no rinden t;U informe_los.envi.A- tiene alarmados A 1011 mineros v agricultores de la
dos especiales, pero se sabe ya, y así lo ha ~ecla- gran República, siendo motivo &lt;le verdadera preocupara sus C!ltadi~tas.
.
rado el Pt'C'sidcnte ante el Congreso amencano, pación
El viaje de ~Ir. Bryan no e_s 111mplemente de r~creo:
que Francia está dispuesta 1\ secundar la inicia- su objeto al visitarnos, es prmclpalmente estudiar en
tiva, en tanto que la Gmn Brctafla rehusa por aho- el terreno los efectos de l.a. libre acuiiaci6n en un pala
ra suscri1.,irse á ella, bien que ofrece aceptar me- que tiene el talón de plata como_base de su vida eco. .
dios más prácticos que en adelante fueren pro- nómica.
Muy lab_oriosa es la tarea que s~ impo!le el distmpuestos.
__
guido via3ero, porque para apreciar deb_1damente las
Semejantes resultados prov1S1onales no hacen condiciones de nu11stro sistema económico, hay qu~
desmayar al Gobierno americano en sus intento~, penetrar en todas las ramificaciones con que la actl•
humana se agita en )léxico; pero segurameny se prepone continuar la tarea hasta consegmr vidad
te que Mr. Bryan sabrá salir victorioso de su empreentre las potencias europeas el may~r número de sa, formándose un criterio exacto de si á. su pata con-

�Domingo 12 de Diciembre de 1897.
P&lt;1mingo 12 de Diciembre df' 1897.

EL MUNDO

398

399

EL MUNDO.

7

'

YISTA f:E'.\ERAL DEL ('A)ll'.UlE:NTO DEL,\ GA\"IA.
0

Hav paisajes helli~imos á lo largo de la linea, sobre
todo· lo:; i.¡ue ;e admiran en Ajllsco, Tre,; ;\!arias y
Alarcón Las curva~ de Ja Yia son en geueral poco pronunci~ d1t,; ht mavor, cerca de Tres J){arí,.s, tiene ~eis
Lo que significa para el Ejército
grado~. De Tres ~ladas para adelante, la construcción.
Y PAR.A. E L P.A.l.S.
fué muv dificil, por.,¡ terreno rocalloso.
Un hechQ digno de llamar la atención es que nada
Como $0 acostumbra anualmente, los alitmnos del
hay provisional en la liuea;- pttt'nte,, alcantarillas. te•
Colilgio "i\lilitar emprendieron durante quince di3:s uua.
rrap1enes. tudo, e~ de COlltitl'UcCJÓU definí ti''ª y sólida,
excursión técnica después de los exámenes, saliendo
no pasánclo,e en las pendientes de u, trú:; por ciento,
de esta éapital el día lo del wes próximo pasado.
lo cual da á la marcha de lub Lrenei; g·arantias de seEsta excun;ión y la solemnidad con que acaba de
g·uridad y rapidi.:z.
. .
darse rewate a las tart:as escolares, distribuyendo á
Hasta trf's mil ho1,1bres han lleg·ado á. trabaJar a ht
:os alumnos los premios á que se hicieron acreedoreti,
Yez, cuando la construcción ha esLado en t, da ,;u acti·
hace de grande é inmediata responsabilidad, algunas
vídad. Ahora, termin,,da la linea en Cuerna,·aca, su
considera.ciones relath·as á nuestro Plantel de InsRiguen los trabajo~ entre Puente de lxtla é Iguala y
trucción :i\lilitar muy dignas de conocerse y de toentre Cuerna,·nca ,. .Puente de lxtla, simultáneamenmarse en cuenta.
te. Hav un tramo
explotación de este ultimo punto
El Coieg·io Mil!tar, único en su género en el país, ha
á Los A.matos, v presentan un aHpecto muy intere~anmerecido ::;iempre la especialísima atención. del -~:jecnte y hermoso e'i1 tuda la extensión de la. vía que se
tivo que, cuidado~o de la perfecta urgamzac10n de
está con~tru,·endo. los numerosos campamentos de innue~tro ejército, vigila consta11temente-sus progresos,
genieros v con8tructores. El tráfico está va estableciestudiando Jo:, que se llevan á cabo constamemente en
do con trenes, unos de carga y otros de pasajeros, que
la técnica extraujera.
salen dktriamente de;\kxico y Cuernavaca, rigiéndose
8ituado en el precíoso alcazar de Chapultepec, en la
todo el movimiento por la hora de esta Capital. L.as
placida colina dunde se a;entó en lo,; tiempos .de la
estaciones estan unidas entre si por medio de apara"'entilidad el palacio de recreo de los soberanos az.tos tdegráficos. La velocidad de los trenes de pas,t•
tecas v donde hoy se erije la man~ión gentil, que
jeros t&gt;S de 2 kilómetros cada tres ú1inutos y la de los·
habit~Ü gran parte del año los presidentes de ~a :1-{ede carg·a 1 kilómetro cada dos minutos.
pti.blica de,;de él la vista se extiende por el ubernmo
La inauguración oficial estaba anunciada para el
Yalle·dJ México, salpicado de caseríos coqu eto:¡ y de
dia de a ver, Y á. ella debe haber asistido el Si-. Pre,:eo-as cautivadoras. Esta. disposición hace del cole·
sidente ele la.República, estrenando en este viaje los.
g·i:l un edificio sano, y su aislamiento vuélvdo muy
dos carros vest1 bulos que fueron construi dos exprea propósito para la pa.z d tll estudio y la perfecta orgasamente pa.ra él en los Estadod Unidos, y que se u·a•
nización del ejercicio.
. .
jeron á esta Capital hace pocos días.
LA LLEGADA DEL PRIMER TREN.
Están sometidos los alumnos á la ngidez de un reEn el programa de las fiestas que se han organi,;:i.o·lamento militar, que es una ordenanza c~mpleta,. y
do para recibir a_! Sr. Gral. Diaz se cuentan, ademas
que inflexible y austera siempre, h!,tce del míi.u qu e m ·
La locomotora ha llegado por fin á la antigua resi· de la inaug·uración del Ft'rrocarril, la del local que se
o-resa al e~tudio, y esto en breve t!empo, un hombr_e
ha destinado para las sesiones del Congre~o en el antompleto, sufrido en las fatigas, dispnesto á los sa?n- deucia de Cortés, á la ciudad .donde floreeen los na· tígQ.o Palacio de Cortés y la de la Escuela Central.
ficios v que adquiere por alto modo ~se va~or pasivo ranjos_y murmuran las palmas.
Los viajes del Sr. Presidente á los Estados, dejan
Ya Cueruavaca no es la o1eshereda,1a del destino
v nor'mal característico dl'l soldado mexicano, que
siempre una grata memoria en mejoras de irnp,ortanalejada
de
todos
eumedio
de
sus
bosques
calientes
y
forma la ~e.,.ura base de la disciplina y que ayuda macia, reveladoras del adelanto notable que está alcanravillosaminte á despleg~r más tarde ~n los momen• sombrlos; ya entró al con cierto a.el progreso, llena de zando el país.
esperanzas
y
de
entusiasmo;
ya
está
ligada
con
vlncu·
tos decisivos, el valor activo que constituye el he1oislo de hierro á la red ferro-carrilera de la Nación.
mo v el arrojo.
La concesión '.)rimitiva que otorgó el Gobierno naErrado andaría quien creyese que la calidad de estudiante coloca al \llumno del Colegio _;\lilitar1 e_n cues- cional para construir el que ahora se llama Ferro-carril
tión de comodidades y ~ustos, por encuna del m vel del de México á Cuernavaca v el Pacifico,fué en favor de
un euipresario americano confechá~O del\layo del~JO
•
oficial en activo servic10.
Aquello es un aprendizaje no solo. ~écni~o, si que reformándos11 á principios de 1891.
La época actual presenta caracteres bastante extra•
El jQ cl'e Enero de lb'93 se traRpasó dicha concesión y
tambien de las virtudes que deben chstmg·un·. al sol·
y de apariencia contradictoria: se glorifica á la
dado y que constituyen la moralidad del e¡érc1t~ Y. por sufri ·, varias réformas en mf;ses subsiguientes hasta ños
ciencia, se cultiva el ocultisimo y lo sobrenatural, v
ende se educa á los cadetes con la prudente r1g-1dez que en definitiva quedó consolida la e11 18 dei\larz&lt;1 de se
arna mucho la plata, aunque ádecir verdad, yo ereo
Jti97, siendo Acapulco el punto de término de la vía.
n ecesaria.
En 18H2 dió pnncipio la constrnct.:ión, herránd,)se en que este amo-- ha existido siempre y no más su poder
A\ apuntar el alba, al toque del clarín _los alum:nos
el que va. creciendo y volviéndose más despótico
dejan el Jecho, proceden á asearse y empiezan á l!-J~S- ..1 año siguiente el primer tramo á Tacubaya; luego se es
cada día. Apesar de tan inmoderada ternura se pretarse ála hábil distribución del día, con una preci~10n inauglll'ó hast L Coutreras, después á Tres Marias y fiere
el oro lo cual no tiene nada de ilógico; y de conahorn á Cuernavaca.
netamente militar.
LaR eotacione~ del tránsito son Santa Julia, Tacuba· guiente el terreno se ha venido preparando couve·
La enseñanza técnica en la que se sigue un ~ét?do
para el renacimlento de la alquimia al
en que b~y mucho de lo adoptado para e~tablec1mien- YJJ., MixcoiLc, El Olivas. Contreras, l!:slava. Ajusco, La nientemente
estamos asistiendo, y que comienza á hacer ciertos del mi::;mo g·énero y desp_nes d~ con~~enzudos es- Cima Tres Marías, El Yarque y Alarcón, y los puntos cual
to ruido. cuyos ecos persistentes parten de los Estados
tudios, en Alemania y Francia, es 1~pa1t1da J.&gt;Or pro· extremos ;\léxico v Cuerna,·aca.
La dibtancia entre estos puntos es de 120 kilómetros. Unidos deNorteAméricay reper~ut1:mpor ambos confesores expei·imentados, cuya idoneidad_ nadie puede
El material rodante fué comprad l todo en los Esta- tinentes.
poner en duda. La enseüanza de la tác_t1ca es P!'lrfecTodo el mundo sabe de memoria en qué consistía el
ta v los frutos obtenidos en su exper1mentac10n, se dos UnidoRi. os rieles, planchuelas, clavos y accesorios
de la piedra filosofal, cuyo ori&amp;'en se pierde
acrisolan eu esos ejercicios anuales coronad_!?s gene- de materia fijo, en Inglaterra; los durmientes en el problema
en la noche de los tieu¡pos y que llena e1 periodo ele
pais.
•
ralmente por un rellido si1:0ulacro de ca~pana.
Et costo aproximado de la vía de México á Cuerna• la edad medía: se trataba de operar la transmuiación
Elijense para las excm:s1ones, puntos situados á re-.
de los meta!e,,, es decir convertir en oro ó plata algti.n
guiar distancia de la capital y que ofrezcan campo_ vaca, es de seis millones de pesos.
La autorización del Gobierno para poner en uso las metal abundante como el plomo ó el estaño por ejem·
adecuado á la índole de las operaciones que vaná efectuarse. La mo,·ilización de los a,lumnos, se_ hace no tarifas de pasajes y carga, está fechada el 1° del pre- plo. Las innumerables tentath·as encaminadas á este
fin contribuyeron, aunque de un modo indirecto, á, la.
de otro modo que la de un batallon de mfanteria, es sente mes.
Ese mismo día llegó á Cuernavaca el primer tren.
creación de la química moderna.
decir, aprovechando las vias férreas y franqueando el

EL COLEGIO MILITAR.

LA ML'EVA ESTACIÓN DE_L FERROCARRIL INREROCEÁNICO EN PUEBLA.

viene lo que a. :\-léxico hasta ahora ha eido beneficioso
y com·enientt-1.
Damos á Mr. Bn·an nuestro saludo de biem·enida "
Jp. deseamos g-rata permanencia en el seno de la sociedad mexicana que le estirru.. en lo que v ..le.
OTRA. MEJORA. EN PUEBLA..

~e llena e~ espirit~ de satisfac~ión y de_ orgullo patrio, al consignar d1a por dia IDt'Joras de importancia
que se realizan en el pais
Puebla, laeiudad heroica de Zaragoza, la que presenqió el a~al~o.1$'lorioso del 2 de Abril de 1867, la que
segun la trad1c1on popular fué trazada por los· ángeles, acaba de vestir,e de gala para inaugurar la esti·
ción del Ferro-Carril Interoceáni co.
El amplio, elegante y bello edificio que copia nuestro grabado y que acaba de ina11gurarse. se construyó en el breve espacio de un año, bajo la dirección
del Ingeniero "i\fr. J. E. Campbell, Y su costo fué de se·
tenta y cinco mil pesos. Es rle lad'í·illo y piedra techado con láminas de hierro, y sus extensas galt&gt;1!ias e,;tan sostenidas por columnas de.! mismo metal. Tiene
una sala de espera, oficinas telegrMicas de la linea y
del pti.blico.despacno del jefe de movimiento y tráfico
despacho 1fe boleto~, deepacho de equipajes, expres'
restau,r~nt, cantina, tallei es, galerones administració~
y depositos.
El acto de la inauguración al que asistió el Sr. Gobernador del Estado, est11vo muv solemne. Lueo-ci hubo un baile ,y un banquete honrado por escogid'it concurrencia, siendo estas fiestas motivo de verdadero
rogocijo en .Puebla.

ta~l~s, "i\lazzantini es esperado con ansiedad por los
afJc1onados, hasta el extremo dfl l]Ue las localidades de
hi plaza de toros se han ,.vendido en muy numerosa
cantidad.
De Don Luis, como le llaman afectnosamente los españoles, se hace el elog·io de que á diferencia de sus
compañeros de arte que generalmente ~o u afectos ;\.
la vida alegre y di,dpada, el és persomi séria que procura v,vir tranquilamente, lo cual la ha conquistado
en la península ibérica particular e~timal'Íón.
J:,a temporada de funciones taurinas será aquí seg·un parece sumamente corta.

Uno de los cuadros que en el mundo del arte se han
elog iado más al notable píutor Barran, es la cabeza ne
estudio qu~ (1~y aparee~ Pn 1rnestril pág·.40:3. l luminado
por.luz art1flc1al que v1en_e de arnba. realiza tanto en
la f1gu_ra como en el ropaJl', efectos de luz extraños y
m3:ranllosos, que producen honda impresión á los intehgentes. Pero sorprende mll.s te.da vía lo bien interpretado que está por el ar i~ta el momento de inmovilidad y dú atonía que producen los grandes sufrimien •
tos en las organizaciones nnviosas
La mira la fija, el ent1·ecf'jo contraído. los labios apretados para no dejar fll&lt;caparse al ~ollozo rebelde todo
detalles r conjunto, revelan en este cuadro inspi/ación
y verdad.
No es el encanto de los contornos, ni una morbidez
convenci?!ial t estudiada lo que bui&lt;có el artista, sino
la expre~1on vira del dolor profundo que ni se queja
ni llora; la que si se fija tenaz en el alma. acaba por
arrancar la razón ó la vida. Y logró su objeio.

Con este número obsequiarnos un hermoso
$uplemenlo rouskal
destinado á las Posadas,y pr6ximan1ente obsequiaremos otro

Don Luis Mazzanfin/.

Por seo-unda Yez ,·iene á esta capital el afamado
matador 'bon Luis i\Iazzantini, que fi~·ura en Espaúa
en elevado pue~to corno uno de los mas notables campeones en el arte de la lidia.
Cuando hace algunos años visitó á l\Iéxico, va había
!~grado formar con los prodoctos de s u peligroso ejerc1~ una ~eg_ular fortnna que algunos haclan subirá
nias. d,e dvsc1entos _mil pesos. RegrP.sado á Em·opa se
dedico á cmpre~ano de corridas de toros en la Península,)' par~~e que en_ est~ negocio sufrió pérdidas de
cons1derac1on que lo mclmaron á volver á contratarse como matador y jefe de cuadrilla.
Aqui, donde ha,v tanta afición por esta clase de espectáculos y donde rara vez se han visto toreros acep-

HERIDA EN EL ALMA

é1

nueótroó abonaéJorJ.

Les suplicamos se sirvan fijar su atención
en el próximo número de
"EL MUNDO ILUSTRAD O"

l.UIS )lAZZANTINl.

el cual servirá de muestra para formarse idea
de cómo será este periódico en el año venidero de 1898.

retito de las di,tancias en formación rig·urosa. Llegados al campo de operaciones, establécese uu campa•
mento en toda fo1ana, con sus aYanzttda,; fijadas rig·urosamente, sus turnos de guardia, rle vijilaucia etc., y
alumno hay &lt;iue vela á gran distancia del campamento, puesto el rifle y el ojo 1wisor (si no pOl presunción
de una sorpresa del eue1uigo si por la de una sorpresa del vi~·ilaute.] ú la intemperie en lo más crnclo de
la estaC'ion. El simulacro se efectúa con todo el rig·orismo de la táctica; ~imúlanse reñidos ataques en todas las formas ,. hábiles defensa:;; entran en ju~go to-das las arma~. el.clarin hace reperct).tir por vaU,•s y
montes 8U marcial toque de órdenes y reina en el
crunpo de batol/a la animación de los combates y se
desanollau todas la:; peripecias de una batalla.
Al simulacro anteceden ó siguen diver~os ejercicios
en los ,-arios días cle,tinaclos á la excursión; .'' al regreso de los alumnos efectúanse en el bosque los premios prt'sididos siempre por el Supremo Jefe de la
República. .
:'lluchos aüos ha que los ojos fijan en ese plantel miradas de i11tPrés ." de simpatía. La instrncción
que ahí 1:,e dá, la vigilancia de que e-; objeto, los elemenios de que está dotado, y qne lo ponen á la altura
de un Saint Cn- por ejemplo, han sido factores poderosí~imos para la consecución del r.ompleto mejoramiento v la completa moralización del Ejército mexicano, llamado sm duda á un honroso y brillante porvenir.
Esos jóvenes serán los próximos paladines de nuestras instítucion1::s. (.,!ue Oios esté con ellos!

en

ALQUIMIA FIN DE SIGLO.

0

�400

EL MUNDO.

VIA DE ESCAPE EX EL CA~IIXO DEL FERROCARRIL DE CUER~AVACA.

Una vez que se hubieron alcanzado en este ramo todos ~os laboratorios y á ello se consagró con toda su
de la ciencia progresos reales, brotq la costumbre de energia.
relegará los buscadores de la piedra filosofal entre los . No es así corno ha procedido el Dr. Emrnens; l\Ir. Roque se p1·oponen descubrir el movimiento continuo ó chas_ha publicado varias ca1;tas de este alquimista que
arroJan una luz bastante cunosa sobre el método cienti•
la cuadratura del circulo.
Asi pues, no sin sorpresa se acaba de ver aparecer f!?º. en que se inspiró. En una de epi1;s, dirigida á Mr.
como gran maestro de la alquimia moderna y padre \ilhams Crookes en g1 de Mayo ultimo, hay pasajes
del argenfauM al Do_ctor Stephen Emmens, ñüembro que merecen ser recoJidos.
-.La producción del orn-dice-en nuestro Argentaude la Soctedad amencana de Quimica1 del Instituto
Ameri~ano de Ingen01•~s de Minas, de Ja Sociedad in· rmn laporator:y_, tiene cierto p~recido con I aconquista
ternacwnal de electricistas, inventor de la emmensita del To1son de Oro. No se prosigue ¡í,favor de la ciennotable_explosivo y de un método para el tratamiento cia ó del proselitismo; no se tiende á buscar discípulos
dt; los zmcs ~!ll~uro~os. Pues el Director Emmens, pu• n! á fo:rmar creyentes, y sin embargo estoy bastante
bhca un penod1co t~tulado Argentauro papers y es di- bien dispuesto con relación al compañerismo, para prirector. del laboratorio del Argentaurun Syndicate es- varme del placer de contestará las preguntas de mis
tableci.do en Nueva York. Las ambiciones del Doctor hermanos en ciencia, pero solo hasta un punto en que
Emmens son menos elevadas que las de sus anteceijo- no puedan perjudicarse los intereses que represento.•
En la _mi_sma.carta el autor. indica á su corresponsal
res _quienes retorciendo el famoso verso: ·
¡Cómo m vil plo:mo el oro se ha cambiado! antes que un medio mfahble de producir oro pero á un precio sueste ver~o se hubiera compuesto, qu~rian cambiar el mamente elevado: He aquí la receta textual.
«Tomad un peso mexicano y ponedlo en un aparato
plomo vil en oro puro. ~fr. Emmens se limita á hacer
que impida á sus párticulas esparcirse fuera cuando
con plata una cosa que llama Argentauro.
El Argentauro es un metal que acaso no sea oro pero se 1~ divida y sometedlo á U!lll; tritur3:ción poderosa
que tiene todas las apariencias de tal y todas su; pro- rápida, continua, v en condiciones fngorificas tales
piedades. En todo caso, la Casa de lfoneda de los Es• que los repetidos g·olpes no puedan producir una eletados Unidos lo compra como oro v esto parece bastar vaci~n momentánea de temperatura, haced el ensayo
á la dicha de los accionistas delSínclicato y también del repitiendolo de hora en hora y al fín encontraréis algo más que huellas de oro.,
Director de su laboratorio.
Un poco más adelante, el Doctor lleno de aparente
Mr. A. d~Rochas ha publicado sobre este asunto del
A1·gentauro varios estudios mu_y interesantes delos que reserva, no quiere asegura1· que el metal obtenido en
tomamos algunos datos añadiéndoles las reflexiones su laboratorio sea realmente oro, v añade:
«Por mí, me alegraría de considerarlo como tal, pede ordrn general que nos sugieren.
'
ro me guardo bien de pretender obligaros á otros á
E~ _e\ fondo y bajo un aspecto puramente teórico, la acept!1r l!Ji opinión. Lo que interesa a los miembros
pos1b1hdad de eso que se llama la transmutación, no del Sindicato es saber si la Casa de Moneda de los Espresenta nada que repugne al espíritu en las condicio- ta~os Unidos compraría el met&amp;l á precio de oro cualnes generales de la ciencia actual. Muchos físicos v quiera que pueda ser este metal. Nada tienen ya que
filósofo~ t!ent;n una ten~encia á admitir como plausi- desear sobre el particular, puesto que dicha casa de
ble la hipotes1s de la umdad de la materia. Esta se nos Moneda ha comprado tres lingotes y estamos en camirevela en una infinidad de formas y de apariencias di- no d'3 preparar el cuarto.•
versas; pero las diferencias no se contraen sino á la
Ot:ro alquimista frances es el Sr. Tiffereau que en.
comfünación molecular y los cuerposquellamamos,,'Ím· i\Iéx1co (parece que para esto de las riquezas es -pais
ples no ~ºI\ e!1 realidad más que manifestaciones de la prP.destinado) hizo oro con limava de plata bajo la acsustancia umca de que se compone la materia.
ción del ácido azótico y ...... del sol. Pero una vez vuelAlgunos hechos bien conocidos de todo el mundo
vienen á dar su apoyo á esta teoría de la unidad de la
materia. El ~zuf_re ordinario y el azufre fusible, no se
parecen casi y sm embargo los dos son azufre Jo mismo que sucede con el fósforo rojo y el fósforo'blanco
y en fin, ¿qué cosa más_ distante de parecerse que ur:
pedazo de huJla y un diamante de gran pureza,' Y sin
e1nbargo es carbono lo que hay en uno y en otro caso.
Si se hiciera posible industrialmente hacer diamantes de regular tamaño, por medio del carbón de madera, la hulla ó el grafito. el inventor realizaría seo-ura•
mente una incalculable fortuna, J¡&gt;ero nadie to:Uaria
este re;;ultado por fm arte de magia ó brnjeria.
Pues la transformación de la plata en oro ó Argentaw·o, del_ oro en plomo, y ~el ~lomo en no importa que
cosa1 no tlen~ nada de qmménco. Pero en lo práctico
hay igualdad? Eso es otro asunto. Se han triturado
tantas s~b.stancias en los laboratorios desde la época
ele Lavo1sier, empleado tantos procedimieutos verificado tan gran número de experiencias v todo ~sto sin
entrever nada en el orden de ideas de que hablamos
que se siente uno natmalmente inducido á creer qu~
existe una imposibilidad de hecho, álo menos en la actualidad.
Otro tanto e!1 :erdad puede dee;irse á la aparición de
cada _descu~1;im1ento nuevo destmado á producir una
gran 1mpres1on, pero entonces es cuando intervienen
los métodos y en honor ele la ciencia moderna se hacen
conocer los procedimientos experimentales empleados
se indican las precauciones que deben tomarse y s~
ponel?-)os sabi?s de todo el mundo á comprobar las
aserc1orn s del mventor.
Cuando el profesor Roentgen descubrió no hace mu•
cho tiempo los rayos que han hecho ilustre su nombre
SOBRE LAS LO:MAS
y que ocupan ~a!1to á los físicos codavia, su primer .cuidado fué permitir_que su experiencia se repitiera en

Domina-o 12 de Diciembre de 1897
to á Francia sus experiencias no le produjeron los mismos resultados. Viejo y pobre hoy, habiendo pasado
casi toda su vida por un loco, la única recompensa de
sus afanes ha sido el honor de recibir también una carta del Dr. Emmens en que le asegura su g-randísima
estimación, pero sin acompañarlt, como era regular algunad acciones del Argentau,.um Syndicate.
Apesar de todos los titulos del Doctor alquimista,
apesar del ruido que se ha hecho en torno de su gTan
obra, hay que permanecer en cuanto al presente en
una desconfianza previsora:, que. es principio de sabiduría.
Yo no conozco del Dr Emmens mas que por lo que
acabo de relatar; pero el papel que por su voluntad ha
asumido, le priva de toda autoridad cieutífi&lt;:a y del
derecho de hablar de sus hermanos en ciencia, puesto que en él el químico se ha eclipsado para hacer
plaza al financiero, y por eso toda• las suposiciones
son permitidas, sin que deba echarse en olvido el caso de la llamada piedra molar de París con que se hizo
tanto alboroto hace pocos años, aunque resultó luego
que lá dicha piedra no con tenla ni la menor partícula
de oro.
·
Es necesario e]P,gir entre ser eabio ó industrial. Si
~l p1·ofesor Roentgen hubiera contestado á los físico:;
al día siguiente de su descubrimiento: "No puedo deciros nada de preciso porque un Sindicato acaba de
formarse par~ la explotación de la visión al traves de
los cuerpos opacos y se me ha ordenado el secreto",
habría tal vez adquirido una gran fortnrna pero habría abdicado el derecho de contarse e1 t:e los sab os,.
aunque le quedara el de figurar entre lo,; ricos.
El Dr. Emmens se hallaba en este caso. Si su descubrimiento es exacto, poner los beneficios al servicio
de una empresa financiera priYada, es un verdadero
crimen científico y tal vez hasta crimen social· pm·o
si la empresa consiste en fabricar oro á fuerza de oro,
tiene que ser problemáticamente productiva y sin mas
consecuencia que realizar la ti&gt;ansriwtación de los accionistas del Sindicato en gentes arruinadas. Sería
penoso pensar que el ex-químico que se llama Dr.
Emmens, fuese capaz de prestarse á semejante especculación.
Queda una última hipótesis posible: tal vez el Doctor, ya de cierta edad, creyendo sinceramente en su
descubrimiento, pero enfermo y debil, sea instrumento y victima de un &amp;'rupo ele fma1,cieros que hallan
sabido apoderarse ae su espíritu.
De todos modos, lo mejor es esperar. Tarde ó temprano, si la nueva piedra filosafal n J es un humJmq
se conocerá el gran secreto y la ciencia le sacará p,u:.
tido. Pero lo que n-0 deja de ser punzante es esta asociación del ocultismo y las finanzas con su Raimundo
LuJlío entreba¡;tidores. ¡Los mágicos á la alza ó á la baja, traídos y llevados! Antiguamente se les quemaba
vivos. pero es mucho mejor el método nuevo, y elloi;
tambien lo creen así seguramente.
C. A. L.

De amores.
Quisie1 a ser la perla transparente
Que se cuaja en el fondo dP. los mares,
Por ver celajes de esmeralda y rosa
En imposible cielo deeplegarse.

*

* * de luz pura
Quisiera ser la chispa
Que se prende en la nieve de las cimaF,
Por ver cómo distiende sus banderas
Triunfante el sol al despertar el día.
:.:e*:;:

Y quisiera en la.luz de una mirada
Descender al ilbismo de tus sueños,
Por ver si-mústia y palida orquideaArraiga en tu memoria mi recuerdo! ........ .
RAFAEL MARTÍ.'!EZ RUBIO.

Diciembre de 1896.

Domingo 12 d~_piciembre de 1897.

•

401

EL MUNDO.

CREPU~CULO

EL TAJO EN SAN JUA}o;lCO,

mol pharistino, á la criatura que duerrne ...... á la vil'•
gen......... á Gliffnéh graciosisima, dormida!

ACUARELA.

EDUARDO l\IELO Y ANDRADE.
EN

«Los BERROS.•

Jalapa.

Brisas perfumadas que acabáis de abandonar vuestro Jecho de azucenas: seguid jugando entre las flores del parqut&gt;.
J l genio de la tarde, escoltado por gnomos, contempla estático desde la cima del Cofre, donde tiene su
palacio de nac·ar, la esplendidéz de Natura, y detiene
su mirada lánguida sobre Gliffnéh dormida á la sombra de tuyas y arrayanes......
¡Hermoso cuadro! En la gasa turqui de· la techum·
bre ignota, como pabellones albos, flotan al acaso Ji.
geras nubecillas que ostentan bellísimas cenefas ya
de oro, ya de rosa, vade violeta pálida. Y en lontananza, aJlá por ddlnde el almo Febo-rubio paje de Ja
Aurora -anuncia el nuevo día, se d~visan apenas, con·
fundidas con la inmensidad, la~ olas encrespadas del
Seno mexican,i. Más cerca, en poética confusión y ha·
ciendo encantador contraste, cañas tembladoras ·que
acarician con sus aterciopelados flecos los flecos de
esmeralda de la palmera coqueta; inmensos platanares donde el pardo chachalaco lanza al aire sus notas
destempladaR; colinas esbeltas que se empinan buscando lo infinito; cafetos verdine15ros con diminutas
pomas matizadas de carmín; tupiaos &amp;'ramales lindaaos por frondosos limonéros que salpican de azahar
cornentes bullidoras que ocultan sus cristales en el
misterio de la selva umbrosa ...... Después más cerca
aun, un bosquecito con fina alfombra de mullido cés·
ped luciendo artística corona de lirios y gardenias y
ali!, bajo el pei,ado cortinaje que simulan los copos de
tuyas y arraya,1es, y envuelta en vaporosa veste color de nardo, una criatura. una viro-en de apiñona~o
rostro oval, ojos garzos v destrenza8a cabellera rubia,
que duerme con la trañquilidad del justo, arrullada
por los pájaros qµe cantan en celestial concierto al
contemplarla tani:Jella, tan sublimemente bella ......
¡Oh Praxlsteles,incomparable Práxisteles! Dame tu
inspiración y tu cincel para esculpir, en soberbio már·

Ya van dejando las sombras
la cumbre de las montañas,
bajándose lentamente
al fondo de las cañadas.
Ya no brillan lás estrellas,
ya amanece; la mañana
va ciliendo el horizonte
con una dnta de plata,
que el sol con sus ígneos besos
enciende e11 tintes de grana.
que son en frente de nieve
rubores de despo.ad:i.
El céfiro entre las frondas
empieza á batir sus alas,
v se oven corno ru,nores
de misteriosas palabras.
Se mecen blando los árboles,
Y trinan entre sus ramas
las aves que se despiertan
besándose enamoradas.
En sus nidos las alondras
ven aparecer el alba,
se sacuden el rocío,
abren las alas v cantan.
La natmaleza toda
animase v embal.ama;
v ál dar ,;ida á lo que vuela
y vida á lo que anastra,
sus quejas á los saúces
v sus rumores al agua,
inuestra ít las ardientes rayos
sus esplendores de maga!
!\las ¡ay! que entre esos colores
con que los prados se esmaltan,
y entre esos trinos y arrullos
que con el sol se levantan,
callada y sola, suspira
llena de dolor el alma,
•
que son mis tristezas hondas
como infinitas mis ansias!
M. VIESCA y ARIZPE.

PANORAMA DE ÜUERNAVACA,

AMI MADRE.
Sabes? Un Silfo soy ...... y dejo el cielo,
Y en tu abanico con temor me ~uardo,
Y acechando tus ojos con anhelo,
Cuando me miran amorosos, ardo ......
Cuando me dejan de mirar, me hielo.

Indómito el ciclón de los dolores
Con implacable furia me extrernece:
Soy un árbol sin hojas y sin flores
Que de la vida en el desierto crece.

***

ALPHA.

Mas ten¡g-o una mujer, toda ternura,
Unica fé ael corazón ateo;
Dulcifica mis horas de amargura,
Y me siento feliz cuando la veo.
Es el sol que ilumina mi existencia,
De dulce inspiración, nota sentida,
Es mi sangre, mi dios, mi inteligencia .... , ....
Es mí madre, la vida de tui vida.
Diciembre de 1897.
RUPERTO G. LÓPEZ,

¡(Qué lunar!
Bendito ese lunar, líncla chiquilla,
donde mi vista sin querer tropieza;
¡mancha que puso Dios en tu mejilla
como punto final de tu belleza!
Bendito ese lunar, que enciende antojos,
aumenta de tu rostro la hermon.ra
y te hace la más bella criatura
que han consegilido contemplar mis ojos.
Si en tu rostro intentamo·s
encontrar un defecto, no logramos
conse~uir nuestro empeño y-¡qué rareza!iel úmco lunar que te encontramos
es el major pregón de tu belleza!
DE CUERNAVACA.

JOSE RODAO.
HACIA SA.'-1 J UANlCO,

�402

F.L MFNDO.

•

Oomingo 12 de Diciembre de lR!l?·

Domingo 12 de Diciembre de 1897.

EL MUNDO

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�404

Domingo 12 de Diciembre de 1897.

Domino-o 12 de Diciembre dé 1897

EL MUNDO.

4')j.

EL MUNDO.

•
so que apenas había visto desde el otro lado ~el
río. Muchas gel!-tes at!lreadas entrabEl.;11 y sahan
por varias puertas grandes. Más perpleJ"- que nun,. ·•
ca, se atrevió á preguntar su camino á _?-na e~pecie de obrero de blusa y gorra, que saha hame~do chispas con el eslabón para encender un cigarro.
.
. .
._
-¿Si me hiciera usted el favor de md1carme
por donde debo ír para llegar á Santa Ana?
El boml)re la contempló unos instantes, hizo
una mueca de bm·la y le dijo:
-Entre usted allí al despa~ho y le indicarán.
Y se fué sonriendo no sin volver la cara varias
veces para observar si Jacquelina entraba. Jacquelina entró, pasó tras de un cancel ele madcrn
que cubría la puerta y se encontró frente á una
vidriera alta á la que todos los entrantes se acercaban. Avanzó también creyendo encontrar quien
la atendiera, y arrojó un grito de horror. Sepai:ndas qel público por 14 Yidriera había unas losas
sobre las cuales el agua corría, y en varias de
esas losas estaban tendidas formas humanas rígidas, inmóviles siniestras: eran cadáveres.
J acquelina experimentó tal sensación de terror

Ensueño de ninos.
POR JOSEPH L'HOPITAL.-ILUbTRACJONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES:

Número 8.
Esto no duró más que un segundo; el regimiento se alejaba, menos á compás, con la indecisión que produce á las retaguardias de columna la cadencia demasiado alejada de los tambores, y Jacquelina se quedó ahí sin ver nada más.
Cuando el último soldado hubo pasado, pareció salir de un sueño, enjugó sus ojos y resueltamente se dirijió hacia la estación.
Un cuarto de hora después _su sacrificio estaba
consumado: el tren partía con ella.
XV
Vuelto al cuartel, Jaco bo se preguntó 'li iría como
todos los· días á almorzar al café de los amigos.
Qué acogida iba á darle Jacquelina y qué actitud iba á tomar respecto de ella? A estas preguntas que él se proponía con un poco de remordimiento y mucho de despecho, no encontraba respuesta. La hora se aproximaba sin embargo: era
preciso decidirse. Se sentía cobarde y no osaba.
Entró á la pieza del sargento y escribió una
carta implorando su perdón, la desgarró, volvió á
comenzarla, estuvo á punto de desgarrarla aun .....
No valía más irá defender su causa por sí mismo?
Afuera el clarín de guardia llamó á la cena. .
Si iba, aquel era el momento de partir .... Decididamente no, no podía.
En el comedor encontró á Jacquot erguido y radiante.
-Sales? dijo Jacobo.
-Me pa:rece, dijo el otro contoneándose. Hoy
faltaré al ejercicio; no te agrada? :N'o tiene uno
tíos generales; pero de cuando en cuando se ofrece uno sus distracciones sin embargo.
Quieres venir á almorzar? Tricoteu me espera;
su padre le ha enviado dinero; el viejo, es un padre modelo.
Vamos, ven conmigo; estaremos entre amigos!
-Gracias, dijo Jacobo, yo no puedo salir.
- El sellor teme comprometerse con un clarin
y un trompeta de segunda clase?
.
-Bien sabes que no .... Pero .... no tengo twmpo .... el ejercicio .... Voy á comer ir la cantina.
Quieres tú•llevar esta carta?
.
-Ah! dijo Jacquot cuyo rostro se obscureció•,
es para la princesa? Bueno; dámela. Tomó la carta,
giró sobre sus talones y desapareci~, sin decir
riada.
Jacobo movió los hombros pensando: «Siempre
celoso ese imbécil! Si supiera! ....
Y fué tristemente á comer á la casa de la tía
Bidaud.
Cuando acababa su porción de carne, se e~'tremeció viendo reaparecer á Jacquot. El pequello
clarín tenía el rostro trastornado, y Jacobo tuvo
el presentimiento de una desgracia.
-Que hay de nuevo? gritó echando á correr
hácia el patio.
- Hay, dijo Jacquot, que el pájaro ha escapado ..... .
-Como! Jacquelina ..... .
-Se fné, viejo, se fué para París .... Ah! á mi,
por cierto, lo mismo me dá.
- Veamos, veamos, tu broméas ....
-De ninguna manera. Oye un poco y lo sabrás todo.
Llego al café Auger con Tricoteau para dar la
carta y para tomar alguna cosa puesto que se
presentaba la ocasión.
· Y que es lQ que veo? Al patrón con una cara
de todos los diablos y le digo: «Xo está ahi vuestra sobrína?-No! responde con un aire semejante al del tambor mayor cuando está malhumorado-Pero hombre, podía usted ser más educado ...
Qué mal hay en que le pregunten á usted por la
seflorita J acquelina?
lle abfun hombre colérico!
-«Qué os importa? me dijo.»
-Ya comprenderús que yo hice una mueca y
lo dejé que se entendiera con ese tipo de Tricoteau, que se puso á hacerlo desesperar y yo entré á la cocina di;mde encontré á la tia Auger á
punto de llorar sobre una cacerola. Le hago la

misma pregunta, y llorandome responde: «Se há
ido á Paris,»-A mi me causa eso una impresión
terrible. Dejo en el café á Tricoteau el cual por
fin sé ha entendido con Auger que le promete
prepararle un almuerzo de primera y corrió á paso de carga para contarte eso .... Por mi parte,
ya tt; lo he dicho, me ha dolido esto; yo te ce~suraba sin embargo ... Pero ahora fuera cobard1a...
Y a ves como son las mujeres .... Apostaría á que
te ha dejado por el condicional del afio pasado ...
Y todo por el dinero .. . . Vamos, · consuélate viejo. Lástima que no puedas faltar al ejercicio! Yo
te refrescaría los sentimientos ... Vaya ¡basta la
noche! Beberé sin embargo á su salud.
Aquí tienes tu carta.
Y Jacquot después de haber sacudido vigorosamente la mano inerte de Jacobo, se fué como
con pena, de tal suerte el camarada: descepcionado inspiraba piedad. Jaco bo desgarró la carta en
mil pedazos y volvió á la cámara sofocado de pena. Ko había nadíe ahí; se dejó caer sobre su lecho presa de desesperación. Su dolor aumentaba á
medida que comprendia mejor la causa de aquella partida: El se acusaba repitiendo:
-La he perdido! la he perdido!
XVI
Cuando el tren salióde la estación, Jacquelina,
sentada en un departamento de tercera sintió una
especie de abatimiento que no carecía de encanto . Oía vagamente el ruido de los wagones pasando sobre los rieles, lento primero, apresurado después; y sus pensamientos indecisos se fija~an ~n
el rumor sordo de las ruedas, en el forceJeo Jadeante de la locomotora en tanto que sus ojos veían
sin verlas, las torres de la Cateclntl que parecían
correr hacia el horizonte.
Tours, se alejaba ..... poco á poco Jacquelina
fué sacudiendo el sopor y comenzó á sentir en torno suyo el vacío, el aislamiento. l&lt;}staba sola. En
el compartimiento vecino algunos hombres fumaban, y Jacquelina veía ascender hacia el t~cho
pintado de blanco el humo azulado de las p1pas.
Lleo-ado á cierta altura se balanceaba como indecis;, se retorcía en lentos espirales, flotaba un
instante como n1be ligera y Juego se debilitaba,
se fundia basta desaparecer d~svanecido en el aire.
Jacquelina contemplaba esto con creciente tristeza. ¿Por qué? No habría sabido explicarlo. Tal
vez este humo le recordaba su ensuello que al
principio había subido, confiado y puro hacia un
ideal inaccesible, luego se había detenido en la
ansiedad y la dt~da, se había retorcido con angustias de pesadilla y había desaparecido finalmente arrebatado por la desconsoladora realidad.
En esos momentos, Jacquelina sentía sin darse
cuenta de ello una de esas impresiones perturbadoras que para torturar nuestras pobres almas se
desprenden de la indiferencia ambiente de las cosas, y ese dolor loco, ese vago y atroz espanto que
hace llorar á los niños cuando creen que se han
perdido
De tiempo en tiempo el tren se detenía y corrían por el muelle de una estación desconocida,
viajeros atareados que luego cerraban las portezuelas del wagón con golpe estrepitoso. A una señal del Jefe de movimiento la locomotora respondía con un ahuJlido rabioso de su silbato y recomenzaba la carrera haciendo desfilar ante los ojos
de Jacquelina un paisaje que nada le recordaba y
le causaba por eso la impresión de la soledad y
del abandono más y más hondos á medida que se
alejaban los horizontes habituales de su vida.
Jacquelina pensó en su viaje, y la espantó el
porvenir. Cuando salió de Tours, no había cuidado sino de evitar un peligro huyendo ar.te todo
de sí misma; pero ahora una multitud ele riesgos
que no podía precisar pero que de antemano le
inspiraban horror, surgían en su espíritu. Oh! volver á Tours, r ecomenzar su antigua vida, .ver caras conocidas, no seguir lanzada en el vacío! ....
París? qué cosa era París? qué sería París para

ella? Al principio no dudaba de la aco_jida que le
haría su parienta; y en la bondad de su coraz?u
no había concebido á ese respecto la menor mquietud, juzgando á los d~más por sus propios
sentimientos; pero ahora, v1endose sóla proba~a
una creciente ansiedad. Si su prima no la qucrJ¡t
recibir, si la veía con ·el mismo aire de indiferencia que los pasajeros del t1:enl
.
Al llegar á Blois, subieron al wagón una muJer
gorda y un sefior flaco y se instalaron un? frente
á otro en el extremo opuesto del comparmuento.
La mujer destapó un cesto, sacó provisiones _Y ambos se pusieron á comer. Entonces Jacqu.e!ma se
acordó que nada había tomado desde la vispenl;
vió que eran ya las once y sintió hambre.
Entre tanto el sellor flaco se encarnizaba con
un pollo frio despedazándolo con un cuchillo en
parte, y en parte con los ded?s· Consig?-ió al fin
arrancarle una ala y la ofreció á la muJer gorda,
comiéndose ferozmente una pierna. La mujer de.spués de haber extendido sobre sus.rodillas u~ pe:
rióclico, colocó allí carne y pan, desató las cmtas
del sombrero para dejar juego libre á las quijad,ls
y se puso á engullir grandes bocados y á morder
ia ala del pollo con muestras de viva satisfacción.
La mujer que tenía la boca llena, lanzó derrepente una especie de grufiido y el flaco entonces
destapó una botella, sirvió vino, tomó, ofreció á
su compañera y siguió así el festín.
Atenaceada por su estómago de veinte afios
J acquelína no podía apartar los ojos de ese espectáculo repugnante y veía con ansia el capa1:azon
del pollo que asomaba por el cesto_ entreab1~rto.
Exhaló un suspiro cuando lahamJ:menta pareJa h.i
tomó para devorarlo y 1~ parec(ó que si ella r_stuviera almorzando habna ofremdo á s::is vecmos
un pedazo de pollo. Sintió ento~ces más opreso·
ra que nunca la dolorosa angusna de estar sola en
el mundo, sola entre los egoístas y los exti'míos y
tuvo impulsos de llorar.
.
1
Cuando eltrenllegó áOrle.ans, Jacquelma desfallecía ele tristeza y debilidad. Bajó, comió brevemente y volvió á su puesto más animada. _El lugar ahora estaba lleno. Al lado de la pareJa que
dije-i·ía, durmiendo la gorda y leyendo el flaco, se
había colocado un artillero robusto de cara larga
y ojos claros de nillo, perdido _en el azul üe l~ li:
cencia comenzada; más allá una Joven con un cluqm
llo de pecho que escandalizaba llorando; hacia
muecas á Jacquelína, se detenía espantado ante
la o-orda. que roncaba, contemplaba con admimció~ el sable del artillero, se arrojaba. sobre el periódico del sellor flaco y recibía de la madre algún regaflo seguido de un beso estrepitoso.
El tren roqaba atravesando la vasta planicie ele
Beauce, y Jacquelina contemplaba de tiempo en
tiempo las casas que extendían á lo lejos sus verdes campiñas recortadas aquí y allá vor secciones
de labores en que trabajaban vigorosos caballo::;.
- Vamos, dijo de improviso, hice bicri, era necesario partil': la Virgen me protejerá.
Entonces recordó que era rica, que tenía trescientos francos consigo en billetes, y por lo 1"'enos ocho francos de moneda menuda en el bolsillo·&gt; con esto se podía ir bastante lejos . .... D.
Sin embargo, cuando después de pasar .t&lt;,tampes, se aproximó París, las palpitaciones d~ su
corazón la ahogaban, el pavor de lo desconoc1rlo,
el misterio alarmante ele la gran ciudad, la acogida problemática de su prima y sobr~ todo _rl
pensamiento tentador del amor que motivó su foga, vinieron á renovar sus angustias y sus il1quietudes.
•
XVII
Salió ele la estación y dirijiéndose al empleado
que examinaba su equipaje le preg·untó sí estaba
muy,Lejos la calle ele Santa Ana. Este hombre Pr,t
normando y le elijo que estaba lejo11 sin saberlo
y le volvió la espalda para ocuparse de otra cosa.
Otro empleado conmovido por su belleza, le ex-

. ,,

--.J.- ·- -

plicó debidamente 61 s1stema de tranv~as con correspondencia que debía utilizar para u· á su destino.
Ella renunció al proyecto reteniendo solamente que era necesario descenderá la orilla d_el Sena y luego atravesarlo, y partió re$ueltamcnte á
pie.
Llegada al muelle hizo una mueca de desprecio al río parisiense, exclamando caoi en voz alta:
-:A.penas la mitad del Loire.
.
.
Y se puso á caminar ·con paso rápkl~ viendo el
Sena con una actitud desdeñosa y haciendo comparaciones mentales entre Tours y París, en las
que todas las ventajas eran para Tours..
. .
Orillando el embarcadero d(;l los vmos, smtió
una primera-impresión de respeto á_ la vista d;l
imponente amontonamiento de barnles quesub1a
detrás de las rejas.
-¡Cuantos barriles! pensó con asombro, y. luego se detuvo sorprendida á la entrada del bulevar de San German.
La tarde era radiosa y el sol, ya poniéndose,
rodeaba como de una aureola el contorno magestuoso de Nuestra Señora. Al otro lado del río los

altos edificios ele la Isla de San Luis,
levantaban sus paredes blancas taladradas por inn 1merables ventanasDe todos lados, viniendo del muelle
de la Tounwll,1, desembocando del
Puente de Sullv, envolviéndose en la
pt&gt;r:,pectiva d&lt;'l bulevar corría una
ola de transeuntes y de coches que
se entrecnnaban con espantoso rumor de rned·u; y un gran t:umulto de
voces de trompeteros y de cascabeles.
-Decididamrnte, pensó Jacquelina,
e,to es dif,•rcnte de Tom-s: y permaneció alg·ún tiempo retlinada ·cont!·a e~ parapet?
del 1mwlle. considrrando con una mqu1eta admiración PSt&lt;• movimiento formidable.
Lu.. cr~ vi,i eon temor el Puente de Sully recordando\un le hHbían it1di0Hdo que atravesara el
río y d udirndo si sería por ese puente ó por el que
se d istinguía más abajo.
.
R&lt;'solvió avanzar hasta el de las Tullcnas y
allí ruvo menos vacil,tciones contemplando la Isla de la CL é, el brizo de río que la separa de San
Luis v allá á lo lPjos el r, rlejo reverberante de
los techos dl'l P,ilacio 11unicipal.
¡Dios mio qt1e gr11nde es ,,s~o! Dijo Jacquelina.
¿Cómo pueden encontrar,:;e_ las gc1:tes cuando
se busc,.n en unn ciudad semeJante? S1 atravesara
yo .... B 1h! pucl?:o que háy un puen.te! á pasarlo.
Pero al llegar al Puente del Arzob1;;pado, por
poco rompe á llorar. Después ~e este P_?-en:e h!'bía otros muchos todavía. Parec1a cosa s1 n frn. :No
sabiendo por cual dec.ídir. se estaba incliuando
á retroceder .... .
-A fe mfa qÚe ya no debo vacilar; atravieso
por aquí y ya verem0s de~pué3.
Así llegó á un edificio amplio y de un solo pi0

que estuvo á punto de desvanecerse: retrocedió
de uu salto, se apoyó contra el mm-o para no cae1·
y p.ejó escapar su maleta que dió en el suelo próduciendo un ruido sordo.
.
Al instante la rodeó una multitud de ouriosos
que hablaban todos á la vez.
-Acaba de reconocerle.
-A quién?
Al ahogado chico, al de enmedio, debió ser su
amante.
-Pobre n' 1l.a!
•
-Pero no! debe ser el gordo aplastado que está á la izquierda. Fué al verlo cuando gritó.
Jacquelina seguía llorando presa de una conmoción nerviosa. Una mujer se le aproximó.
-Yamos, gatita, no hay que desolarse así cuando no se puede nada contra la muerte. Yo te acompallaré para que declares en la Administración.
Pero Jacquelina se había ya recobrado y repulsó vivamente á la muger diciéndo con cólera:
-Xo quiero que se sigan burlando de mí.
Y refirió con volubilidad, en frases entrecortadas por los últimos sollozos, la broma macabra
que acababa. de sufrir.
Ailadió que eso era abominable, que en Tours
no se trataba así á las gentes, y que si no podía
uno preguntar por su camino, entonces, ¿quét'
¡Xo había más ~ino dejarse morir!
Entonces se levantaron exclamaciones de indignación y de piedad.
-Dar á una nifia susto semejante!
-Se necesita ser un miserable!
-Xo ha sido mala la sorpresa.
- Por fortuna no se desmayó.
-Son insoportables esas majaderías.
·
Entre tanto, la multitud se apiñaba y llenaba
toda la ltlo1·gue empujándose contra la vidriera á
riesgo de romperla. Los gendarmes se lanzaron

�Domingo 12 de Diciembre de 1897·

EL MUNDO.

. á procurar la circulación; y arrebatada Jacquefüta por un.a.. ola.. lull™I-DL &amp;e vió rlerr-epeme-en-la
acera, donde se formó un nuevo grupo en torno de
l'!la. Todos querían ahora em;eüarle el camino y
no había a quién preteril'. Pero d grupo se disuelve por una nueva indicación del gendarme y
el caballo de un fiacre que acababa de c11e1· concentró la atención de los bobos y pronto .Jacquclina se vió síu mits compallía que dos viejas c!Jarh,tmrns que se la disputaban.
-Yo os conduciré ít Santa Ana, señorita; casualmente so\· de ese rumbo.
-Yo también, se:ilora, pues debo pasar por esa
calle.
-Xo digo lo contrario, pero yo me propuse primero.
-Bueno, pero quien sabe con qué intenciones.
-Qué quereis decir?
-Dios mío, dijo Jacquclina, indicadme solamente el camino y me iré sola.
-No, niña, es fácil perderse. Dadme la maleta
que ya os fatiga y si la señora quiere acompafiarnos también, no me opongo; así podrá darse caenta de mis intenciones.
-¿)le tomáis por policía secreta?
-Oh! no, sen.ora, y no trato de deteneros.
Y tomando del brazo ú la nifta la hizo atravesar rápidamente la calzada, sin oír á la otra que
después de un último apóstrofe se'perdió entrela
multitud amenazando al ciclo con su paraguas.
Jacquelina y su compm1era descendieron por
el muelle de las flo~es, y desde luego se puso la
Yieja ít charlar con rnlubilidad.
-¿Qué mfodo habréis tenido querida? ¿Verdad?
A vuestra edad, me hubiera yo desmayado. ¿Y
Yenís 1\ París por la primera vez? Felizmente váis
:'L casa. d1~ una parienta. Válgame Dios! Mirad la
casa de l!:loisa y Abelardo. Eran dos. enamorados
que tuvieron muchas desazones. Lástima que no sea
hoy dí,t de mercado pues os habría adornado con
un ramo de flores. Eso habría distraído vuesn·os
pensamientos.
Jacquelina escuchaba enmedio de un silencio
impaciente este flujo de palabras. Por un instante pensó er. la fuga y en dos saltos se habría puesto lejos de aquella charla insustancial, pero de
nuevo se habría extraviado; y tenía tau poca i;uerte cuando trataba de averiguar el camino! Resignose pues á seguir á la vieja, pero había separado
su mano y trataba de recobrar•la maleta. Su compañera se opuso.
-Nada de eso. Ya estáis cansada, entanto qua
yo estoy acostmnbrada á cargar maletas. Sabéis
que sois muy bella! Atendedme, loquilla, sin mí,
los ómnibus habrían hecho una barbaridad. Es
preciso desconfiar de los c::&gt;ches. Habéis enrojeeido como un pimiento: tanto mejor, pues eso prueba que les tenéis miedo y os cuidnréis.
No de miedo sino de cólera se le había encendido el ¡-ostro á Jaquelina y sin los omnibus, había prescindido de tan locuaz co.mpaüía; tuvo pues
paciencia y siguió, con la esperanza de llegar
pronto á Santa Ana.
Derrepente la vieja se detiene en la desembocadura de una gran a,·enida y extendió la mano con
un g~sto imponente.
Mirad, allí está el Teatro de la Opera! Ah! si
Virginia me hubiera queri.do escuchar, habría durado allí largo tiempo, pero pretendió avanzar demasiado pronto. Sn padre y yo le teníamos·dicho:
hija mía, más vAle ser la última en la Opera que
la primera en Teatros de segundo órden. La ambición la tentó sin embargo como á César. Gracias
á que su Barón está allí y me dijo el otro día en
el 2° acto durante el baile de las Cucarachas:· Señora Juponette vuestra hija no permanecerá en el
&lt;.,hatelet; eso es indigno de mí .... La calle que sigue es la de Santa Ana.
-Entonces, Sc:dora, solo me resta dar á Ud. las
gracias, dijo Jaquelina intentando de nuevo rec;:ilJrar su maleta, es inútil desviar á U d. de su camino.
·
-Si no me desvío, querubín, vor á la calle de
Lafitte que está mas allft. ¿A que número vamos?
-No lo sé, contestó la nil1a turbada. La parienta que busco es costurera y se llama, la Señora de
Bardonel.
-La conozco; vive en la esquina de la Calle de
Lubols; buena casa. Cuando Virginia quierr hacei:se un traje chic allí lo encarga para que su baron
Ll. encuentre graciosa. ¿Con que sois prima de
la Sra. Bardonel? l\1is felicitaciones .... Tened sin
embargo presente á mi Virginia. Puede ser que

alguna vez os convenga entrar al Teatro y como
sois bella ....
Llegaban ya al fin ele la Call&lt;' de Sn.nta Ana. J11cobina sintió que recomenzaban sus angustias y
caminaba como á pesar su?º· Despues de haber
deseado tanto llegar, probaba, al tocar el término
de su viaje un cn•ciente terror y habría querid0
retardar el momento que se aproximaba. De pronto la vieja se detiene frente á una casa •Y esefü\nclole las ventanas del tercer piso le dijo:
-Allí es, donde dictl ")!odas :.\Iad. Bardonel, Donas." Aclios, trsoro mío, buena suerte y cuidado
con los hombres! Tomad vuestra maleta. Acaso os
vea yo otra vez; vivo en la Calle Lafitte número
150. Adios, linda, otro beso, adios!
XVIII.
Jaquelina quedó sola, vacilante, con el corazón
latiéndole apresurado, en el dintel de la puerta co•
chera. Los mil rumores de la calle, el espectáculo
asombroso del hormiguero parisiense la aturdían;
enervada por la greguería de la vieja, le parecía
que aun escuchaba su charla n•pulsiva.
Durante unos minutos permaneció inmóvil contemplando en el centr~ del patio una estatua de
yeso que representaba una diosa cualquiera, y servía de centro :\ una fuente. Luego comprendió
que la observaban, pues ya dos ó tres transeuntes se habían detenido á verla sorprendidos de su
aspecto de pena é indecisión. Entonces se pasó vivame_nte la mano por los ojos con un lindo gesto
ele resolución como para apartar la imagen de sus
inquietudes; y entró resueltamente y ya subía las
primeras gradas ele la escalera, cuando la detuYo
una voz.
-¿Dónde va Ud. se:ilorita?
Ella se volvió y vió surgir de una especie de
ratonera que daba al vestíbulo, la hirsuta cabeza
de un conserje.
-¿La señora BardonPI? preguntó Jacquelina:
Sois una.cliente? preguntó el Conserje con ,una
entonación de incredulidad humillante.
-:No, respondió intimidada, pero desearía ver
á la seftora.
_: Y para qué?
-Pam pedirtrabajo.
-Entonces no se detenga usted sefiorita, pero
hágame favor de subir como las otras por la escolera de servicio.
La cabeza hirsuta se retiró y la ratonera se cerró con estrépito.
·
Avergonzada, retrocedió dócilmente y se encontró en el patio al Pipelet todo entero apoyado
en una escoba y mostrándola con ac.t itud imperiosa la puerta de la escalera de servicio.
Atravesó el patio tristemente, descorazonada por
tan desfavorable acogida, y arrojó al pasar una mirada melancólica á la estatua de la Diosa que le
había parecido como aburl'idaen su pedestal, y vió
que tenía bellísimo rostro y una sonrisa piadosa
y dulce que la consoló un tanto.
En la escalera de servicio con pasamanos grasiento, ¡ntraba pasando penosamente á traves de
vidrio:rnpagados, unaluz sucia; y el olor de las cocinas se mezclaba á otros muchos en cada piso á
donde llegaba la escalera. Fatigada por el "\-iaje y
la emoción, Jaquelinasubía lentamente, sintiendo
en cada escalón flaquear sus piernas y respirando
con esfuerzo esa atmósfera apestada.

Llegaba ya al tercer piso ,mando oyó que abrían
una puerta con estrépito y al mismo ~stal)_te_vió :!,
mía muchacha rubia y desmedrada, con cara de---.:...
susto, que llevaba m1a caja de cartón en la mano
derecha y que bajaba á grandes saltos. Jaquelina
tuvo apenas tiempo de dejarle.paso y la muchacha
siguió resbalando junto·al pasamano. De arriba
le gritó una voz.
Despáchese pronto se-n.orita .Juana, y que no se
pollga usted á charlar en las tiendas como ayer.
Jacquelina siguió subiendo hasta llegar á la
puerta que decía «i\lad Bardonel» y dando vuel•
ta al botón del picaporte, hizo resonar un timbre
y apareció enton~cs una mujer gruñona en el.dintel.
·
-La seftora Bardonel?
-En el taller, á la derecha, en el fondo del corredor. Pero deje aquí la maleta, que no se necesita para hablar. ¡Venir aquí con equipaje como
si fuera hotel! Déjelo aquí. No hay ladrones.
Bueno, ahora, al taller; allí está la se:ñora.
En una gran pieza, alumbrada por tres ventanas las obreras cosían y charlaban y se volvieron
todas á la vez para ver á la recien venida; y CO·
mo ella se turbara ante este examen, una morena
alta se levantó y dijo con tono impertinente:
¿La señorita. quiere ..... :?
Pero en el mismo instante se abrió una puerta
y una persona imponente entró como un torbelli-.
no, gritando con una voz que Jacquelina reconoció ser de la misma persona que había apostrafado á la muchacha de la escalera.
-Es insoportable, scftoritas. La seiiora baronesa está allí furiosa por que 110 se ha terminado
su traje. Qué hace usted allí, Delfina, de pie en
lugar de estnr trabajando? Y ¿quien es esta . ....
chica?
Delfina se sentó; todo el taller se puso á la labor y Jacquelina quedó frente á la temible sen.ora Chausonier, que rewúa las funciones deprime?'a y de vende(j,ora.
.
-¿Qué desea usted, señorita? Debiera usted
haber permanecido en la puerta en vez de entrar
á distraer á mis obreras.
-Perdone usted, se:ilora, pero se me indicó que
pasara. Quiero hablar á la señora Bardonel.
-Está ocupada y no puede recibir. Vuelva usted mañana, y eso según. ¿Qué le quiere usted?
:-Quisiera trabajar aquí.
-El taller está completo se:ilorita, y no queda
sitio para una obrera más. Y luego ¿sabe usted
trabajar? Dónde fué el aprendizaje? ¿Hace usted
corpiños, faldas, mangasi&gt;
Este diluvio de preguntas llevó al colmo el embarazo de Jacquelina que .aventuró con la boca
seca esta contestación:
-Sé coser.
~Vamos, ah! pegar un botón . ..pues si no sabe
usted mas que eso!
Entonces empezaron á circular las burle.tas por
el taller, y Jacquelina, ruborosa, con los ojos llenos de lágrimas, murmuró sollozando:
-Llego de Tom·s.
-Pues lo mejor que puede usted hacer, es regresarse.
Y le hizo un gesto despreciativo, volviéndole
la espalda. Las obreras, crueles como los escolares cuando el profesor atormenta al nuevo, se pusieron á secretearse y á sonreír mirando á la viajera.
Esto era demasiado; J acquelina no estaba acostumbrada á ser humillada de esta suerte y su naturaleza altiva se sobrepuso á su timidez, y con
un acento que hizo volverse á la Sra. Chausonier
le dijo:
- Es posible mi regreso á Tours, pero no lo haría siP hablar antes á la se:llora. Dígale usted si
gusta que Jacquelina. Dwnont. su prima, desea
verla.
La primera, sospechó de pronto que sería un
ardid y ya fruncía su temible entrecejo, cuando
vió el aspecto digno y resuelto de la nifl.a, é impresionada por sus ojos altivos, se calmó.
-Lo hubiera usted dicho antes, señorita. Si es
verdad que es usted prima de la seilora ciertamente que la recibirá; pero en este momento está
muy ocupada probándole un vestido á la sefl.ora
Baronesa de Goldman l tendrá usted que esperar. Siéntese usted, voy á prevenirla. Y bien sefl.oritas, no hablaba yo con vosotras; esto es irritante!

,

(Qontinuará)

TOMO.JI

llIEXICO, DICIEitlBRE 19 DE 1897.

•

Nt111IERO •S•

I

,ij

&amp;n las Posaaas--·Glprot1ecqanao la ocasión.
(Dibujo d e Ruel.as)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>El Colegio militar</name>
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                    <text>Domingo 12 de Diciembre de 1897·

EL MUNDO.

. á procurar la circulación; y arrebatada Jacquefüta por un.a.. ola.. lull™I-DL &amp;e vió rlerr-epeme-en-la
acera, donde se formó un nuevo grupo en torno de
l'!la. Todos querían ahora em;eüarle el camino y
no había a quién preteril'. Pero d grupo se disuelve por una nueva indicación del gendarme y
el caballo de un fiacre que acababa de c11e1· concentró la atención de los bobos y pronto .Jacquclina se vió síu mits compallía que dos viejas c!Jarh,tmrns que se la disputaban.
-Yo os conduciré ít Santa Ana, señorita; casualmente so\· de ese rumbo.
-Yo también, se:ilora, pues debo pasar por esa
calle.
-Xo digo lo contrario, pero yo me propuse primero.
-Bueno, pero quien sabe con qué intenciones.
-Qué quereis decir?
-Dios mío, dijo Jacquclina, indicadme solamente el camino y me iré sola.
-No, niña, es fácil perderse. Dadme la maleta
que ya os fatiga y si la señora quiere acompafiarnos también, no me opongo; así podrá darse caenta de mis intenciones.
-¿)le tomáis por policía secreta?
-Oh! no, sen.ora, y no trato de deteneros.
Y tomando del brazo ú la nifta la hizo atravesar rápidamente la calzada, sin oír á la otra que
después de un último apóstrofe se'perdió entrela
multitud amenazando al ciclo con su paraguas.
Jacquelina y su compm1era descendieron por
el muelle de las flo~es, y desde luego se puso la
Yieja ít charlar con rnlubilidad.
-¿Qué mfodo habréis tenido querida? ¿Verdad?
A vuestra edad, me hubiera yo desmayado. ¿Y
Yenís 1\ París por la primera vez? Felizmente váis
:'L casa. d1~ una parienta. Válgame Dios! Mirad la
casa de l!:loisa y Abelardo. Eran dos. enamorados
que tuvieron muchas desazones. Lástima que no sea
hoy dí,t de mercado pues os habría adornado con
un ramo de flores. Eso habría distraído vuesn·os
pensamientos.
Jacquelina escuchaba enmedio de un silencio
impaciente este flujo de palabras. Por un instante pensó er. la fuga y en dos saltos se habría puesto lejos de aquella charla insustancial, pero de
nuevo se habría extraviado; y tenía tau poca i;uerte cuando trataba de averiguar el camino! Resignose pues á seguir á la vieja, pero había separado
su mano y trataba de recobrar•la maleta. Su compañera se opuso.
-Nada de eso. Ya estáis cansada, entanto qua
yo estoy acostmnbrada á cargar maletas. Sabéis
que sois muy bella! Atendedme, loquilla, sin mí,
los ómnibus habrían hecho una barbaridad. Es
preciso desconfiar de los c::&gt;ches. Habéis enrojeeido como un pimiento: tanto mejor, pues eso prueba que les tenéis miedo y os cuidnréis.
No de miedo sino de cólera se le había encendido el ¡-ostro á Jaquelina y sin los omnibus, había prescindido de tan locuaz co.mpaüía; tuvo pues
paciencia y siguió, con la esperanza de llegar
pronto á Santa Ana.
Derrepente la vieja se detiene en la desembocadura de una gran a,·enida y extendió la mano con
un g~sto imponente.
Mirad, allí está el Teatro de la Opera! Ah! si
Virginia me hubiera queri.do escuchar, habría durado allí largo tiempo, pero pretendió avanzar demasiado pronto. Sn padre y yo le teníamos·dicho:
hija mía, más vAle ser la última en la Opera que
la primera en Teatros de segundo órden. La ambición la tentó sin embargo como á César. Gracias
á que su Barón está allí y me dijo el otro día en
el 2° acto durante el baile de las Cucarachas:· Señora Juponette vuestra hija no permanecerá en el
&lt;.,hatelet; eso es indigno de mí .... La calle que sigue es la de Santa Ana.
-Entonces, Sc:dora, solo me resta dar á Ud. las
gracias, dijo Jaquelina intentando de nuevo rec;:ilJrar su maleta, es inútil desviar á U d. de su camino.
·
-Si no me desvío, querubín, vor á la calle de
Lafitte que está mas allft. ¿A que número vamos?
-No lo sé, contestó la nil1a turbada. La parienta que busco es costurera y se llama, la Señora de
Bardonel.
-La conozco; vive en la esquina de la Calle de
Lubols; buena casa. Cuando Virginia quierr hacei:se un traje chic allí lo encarga para que su baron
Ll. encuentre graciosa. ¿Con que sois prima de
la Sra. Bardonel? l\1is felicitaciones .... Tened sin
embargo presente á mi Virginia. Puede ser que

alguna vez os convenga entrar al Teatro y como
sois bella ....
Llegaban ya al fin ele la Call&lt;' de Sn.nta Ana. J11cobina sintió que recomenzaban sus angustias y
caminaba como á pesar su?º· Despues de haber
deseado tanto llegar, probaba, al tocar el término
de su viaje un cn•ciente terror y habría querid0
retardar el momento que se aproximaba. De pronto la vieja se detiene frente á una casa •Y esefü\nclole las ventanas del tercer piso le dijo:
-Allí es, donde dictl ")!odas :.\Iad. Bardonel, Donas." Aclios, trsoro mío, buena suerte y cuidado
con los hombres! Tomad vuestra maleta. Acaso os
vea yo otra vez; vivo en la Calle Lafitte número
150. Adios, linda, otro beso, adios!
XVIII.
Jaquelina quedó sola, vacilante, con el corazón
latiéndole apresurado, en el dintel de la puerta co•
chera. Los mil rumores de la calle, el espectáculo
asombroso del hormiguero parisiense la aturdían;
enervada por la greguería de la vieja, le parecía
que aun escuchaba su charla n•pulsiva.
Durante unos minutos permaneció inmóvil contemplando en el centr~ del patio una estatua de
yeso que representaba una diosa cualquiera, y servía de centro :\ una fuente. Luego comprendió
que la observaban, pues ya dos ó tres transeuntes se habían detenido á verla sorprendidos de su
aspecto de pena é indecisión. Entonces se pasó vivame_nte la mano por los ojos con un lindo gesto
ele resolución como para apartar la imagen de sus
inquietudes; y entró resueltamente y ya subía las
primeras gradas ele la escalera, cuando la detuYo
una voz.
-¿Dónde va Ud. se:ilorita?
Ella se volvió y vió surgir de una especie de
ratonera que daba al vestíbulo, la hirsuta cabeza
de un conserje.
-¿La señora BardonPI? preguntó Jacquelina:
Sois una.cliente? preguntó el Conserje con ,una
entonación de incredulidad humillante.
-:No, respondió intimidada, pero desearía ver
á la seftora.
_: Y para qué?
-Pam pedirtrabajo.
-Entonces no se detenga usted sefiorita, pero
hágame favor de subir como las otras por la escolera de servicio.
La cabeza hirsuta se retiró y la ratonera se cerró con estrépito.
·
Avergonzada, retrocedió dócilmente y se encontró en el patio al Pipelet todo entero apoyado
en una escoba y mostrándola con ac.t itud imperiosa la puerta de la escalera de servicio.
Atravesó el patio tristemente, descorazonada por
tan desfavorable acogida, y arrojó al pasar una mirada melancólica á la estatua de la Diosa que le
había parecido como aburl'idaen su pedestal, y vió
que tenía bellísimo rostro y una sonrisa piadosa
y dulce que la consoló un tanto.
En la escalera de servicio con pasamanos grasiento, ¡ntraba pasando penosamente á traves de
vidrio:rnpagados, unaluz sucia; y el olor de las cocinas se mezclaba á otros muchos en cada piso á
donde llegaba la escalera. Fatigada por el "\-iaje y
la emoción, Jaquelinasubía lentamente, sintiendo
en cada escalón flaquear sus piernas y respirando
con esfuerzo esa atmósfera apestada.

Llegaba ya al tercer piso ,mando oyó que abrían
una puerta con estrépito y al mismo ~stal)_te_vió :!,
mía muchacha rubia y desmedrada, con cara de---.:...
susto, que llevaba m1a caja de cartón en la mano
derecha y que bajaba á grandes saltos. Jaquelina
tuvo apenas tiempo de dejarle.paso y la muchacha
siguió resbalando junto·al pasamano. De arriba
le gritó una voz.
Despáchese pronto se-n.orita .Juana, y que no se
pollga usted á charlar en las tiendas como ayer.
Jacquelina siguió subiendo hasta llegar á la
puerta que decía «i\lad Bardonel» y dando vuel•
ta al botón del picaporte, hizo resonar un timbre
y apareció enton~cs una mujer gruñona en el.dintel.
·
-La seftora Bardonel?
-En el taller, á la derecha, en el fondo del corredor. Pero deje aquí la maleta, que no se necesita para hablar. ¡Venir aquí con equipaje como
si fuera hotel! Déjelo aquí. No hay ladrones.
Bueno, ahora, al taller; allí está la se:ñora.
En una gran pieza, alumbrada por tres ventanas las obreras cosían y charlaban y se volvieron
todas á la vez para ver á la recien venida; y CO·
mo ella se turbara ante este examen, una morena
alta se levantó y dijo con tono impertinente:
¿La señorita. quiere ..... :?
Pero en el mismo instante se abrió una puerta
y una persona imponente entró como un torbelli-.
no, gritando con una voz que Jacquelina reconoció ser de la misma persona que había apostrafado á la muchacha de la escalera.
-Es insoportable, scftoritas. La seiiora baronesa está allí furiosa por que 110 se ha terminado
su traje. Qué hace usted allí, Delfina, de pie en
lugar de estnr trabajando? Y ¿quien es esta . ....
chica?
Delfina se sentó; todo el taller se puso á la labor y Jacquelina quedó frente á la temible sen.ora Chausonier, que rewúa las funciones deprime?'a y de vende(j,ora.
.
-¿Qué desea usted, señorita? Debiera usted
haber permanecido en la puerta en vez de entrar
á distraer á mis obreras.
-Perdone usted, se:ilora, pero se me indicó que
pasara. Quiero hablar á la señora Bardonel.
-Está ocupada y no puede recibir. Vuelva usted mañana, y eso según. ¿Qué le quiere usted?
:-Quisiera trabajar aquí.
-El taller está completo se:ilorita, y no queda
sitio para una obrera más. Y luego ¿sabe usted
trabajar? Dónde fué el aprendizaje? ¿Hace usted
corpiños, faldas, mangasi&gt;
Este diluvio de preguntas llevó al colmo el embarazo de Jacquelina que .aventuró con la boca
seca esta contestación:
-Sé coser.
~Vamos, ah! pegar un botón . ..pues si no sabe
usted mas que eso!
Entonces empezaron á circular las burle.tas por
el taller, y Jacquelina, ruborosa, con los ojos llenos de lágrimas, murmuró sollozando:
-Llego de Tom·s.
-Pues lo mejor que puede usted hacer, es regresarse.
Y le hizo un gesto despreciativo, volviéndole
la espalda. Las obreras, crueles como los escolares cuando el profesor atormenta al nuevo, se pusieron á secretearse y á sonreír mirando á la viajera.
Esto era demasiado; J acquelina no estaba acostumbrada á ser humillada de esta suerte y su naturaleza altiva se sobrepuso á su timidez, y con
un acento que hizo volverse á la Sra. Chausonier
le dijo:
- Es posible mi regreso á Tours, pero no lo haría siP hablar antes á la se:llora. Dígale usted si
gusta que Jacquelina. Dwnont. su prima, desea
verla.
La primera, sospechó de pronto que sería un
ardid y ya fruncía su temible entrecejo, cuando
vió el aspecto digno y resuelto de la nifl.a, é impresionada por sus ojos altivos, se calmó.
-Lo hubiera usted dicho antes, señorita. Si es
verdad que es usted prima de la seilora ciertamente que la recibirá; pero en este momento está
muy ocupada probándole un vestido á la sefl.ora
Baronesa de Goldman l tendrá usted que esperar. Siéntese usted, voy á prevenirla. Y bien sefl.oritas, no hablaba yo con vosotras; esto es irritante!

,

(Qontinuará)

TOMO.JI

llIEXICO, DICIEitlBRE 19 DE 1897.

•

Nt111IERO •S•

I

,ij

&amp;n las Posaaas--·Glprot1ecqanao la ocasión.
(Dibujo d e Ruel.as)

�EL MUNDO.

408

Por eso, la labor de los actuales . presupuestos
ofrece dificultades que se antojan invencibles,
obstáculos que imagínanseinsuper.tbles. Tirar de
El domingo último, la amplia avenida ofrecía uno de los hilos que forman la urdimbre equivale,
un animado espectáculo, al arrojar el sol sus pos- acaso, á destruir el tejido; inferir una herida en
treros parpadeos á los espacios. Las multitudes este organismo es, tal -vez, lesionar vísceras imse dejaban arrebatar por una fü: bre de movimien- portantes de las que emana la vida.
El personaje aquel de Ermann-Chatrian que
to, de vida, en una loca oleada que inundaba la
ciudad entera. Hay en los vaivenes de las m11sas avanza resueltamente, piqueta en mano, al enalgo así como una embriaguéz triunfal y deliran- encuentro de la locomotora, tiene todos los cate. El público bebe la luz, el aire, las miradas in- racteres de un símbolo. Representa esa fuerza
cisivas, el campanillPo de las carcajadas y el re- inerte, si cabe la paradoja, la del molusco que se
frán que pasa zumband_o, c9mo si bebiera buenos adhiere á la. r oca para perdurar en ella eternavasos de vino afiejo. La acción es el licor de las mente.
multitudes.
***
¿De dó~de venían estas parvadas? Much11s de
Pero el progreso perfora.la roca, remueve la
ellas venían como el Dante, del Infierno, Allá las
arrastró un deseo de ver rojo, á la apiñada, gra- tierra, agita todas lns moléculas, para hacer brodería de la plaza de Bucareli. Habían asistido á tar de la agitada lucha en donde se elabora la
la serena lucha de la astucia y de la fuerza; y se vida, el imperecedero ideal que persigue la . hubailaron en el diluvio de matices que se despren- manidad en su peregrinación fátigosa.
Allá donde se alza una montaila ó se extiende
den de la fiesta española. Y después, cuando la
noche, la enemiga del color, fué anegando en som- un valle, la actividad dd hombre ha abierto una
bras el cuadro, á la momentánea excitación hip- brecha ó tendido un puente. La locomotora piafa
nótica sucedió un aniquilamiento r epentino, un impaciente por culebrear á la largo de una plamalestar punzante, con amargos dejos en el fondo. nicie ó izarse á la cima de un picacho. El ferroY regresaban á la ciudad, presa de un extrafio carril, un gran eliminador dé las distancias, po-abatimiento, ni1·vana silencioso y sombrío. Pe1· me ne en contacto, en pócas horas, los climas más
distantes y los cuadros más disímbolos.
si va nella citá dolente.
Detrás de. los blancos penachos que perfilan
Un escritor ha hecho la cuenta de lo que se gastó el domingo último en diversiones publicas. Cien· nuestros volcanes, acaba de conquistarse una comü pesos corrieron en cascada argentina por las marca que reclama la pluma de Pierre Lotí, el imarterias de la capital. Y he aqui el prqdigio: no com parable rey del color: es la Tierra Caliente, con
somos ricos, pero aparentamos serlo. De nuestra sus palmeras que abren sus brazos en un desmacapa, como de la de Buckinghan, se desprenden yo p:i;olongado, sus bosquecillos de cafetos, sus
piedras preciosas. Sólo que nuestra capa está en callejones floridos, sus rojas puestas de sol y sus
vagos rilmores estivale~, que enervan las energías
el empello.
¡No importa! Cuando los mexicanos no tenemos de la naturaleza en un adormecimiento de siesta.
dinero, es precisamente cuando estamos más disEl ferrocarril de Cuernavaca, inaugurado días
puestos á tirarlo por la ventana. El monarca in- atrás, ha efectuado el prodigio de poner á las
glés da su reino por un caballo, en el drama de Sha- puertas de nuestras casas, á cinco horas del home,
kespeare. Nosotros damos nuestro haber de una · esa hermosa región del sol, la fecunda zona de
semana por un buen domingo con sus cárdenos la tierra roja y la gardenia blanca.
rayos de sol, su flaneo en Plateros, su aperitivo
Recuerdo que hace algunos ailos, en un momento crítico para la Hacienda públicl!,, se otorgó
en las cantinas y su corrida de toros.
¡Ah excelente domingo! Tú eres nuestro eterno la.co~cesión de esta nueva via férrea, sin que ~n
ella figurara un solo peso de .subvención. Juzgahijo pródigo.
ban algunos hombres de negocios irrealizable es*.*
empresa, y recuerdo también que el empresaY luego, ¿quien ha dicho por ahí que no hay di- ta
rio fué de mercado en mercado, de plaza en
nero? Precisamente el Sr. Limantour nos acaba de
hacer saber que tenemos un pico de 7.700,000 pe- plaza y de ciudad en ciudad, en busca de capital
para emprender la obra.
sos en las arcas del tesoro público.
Los gacetilleros, esos enfermos de la imaginaEste tenemos es también muy mexicano. Pracción, que juzgan todo hacedero, los profetas de
ticamos nosotros una suerte de comunismo suntuoso que cosquillea agradablemente nuestra va- los más altos hechos de la civilización, nos hanidad nacional. Mil veces habréis leído, con moti- blaban de tarde en tarde de los trabajos reali•
zados -por la compailía constructora. Mientras los
vo de alguna distinción acordada en extrailos países, á algún distinguido compatriota: ¡Honor á rieles no traspasaron los límites de la llanura central, no había motivo para abrigar desconfianza.
Mexico! Es este un honor colectivo que abraza á
Pero
deslizarse á modo de reptil ó elevarse en
doce millones de ciudadanos. Y por infini,tesimal
que resulte 1a porción que le corresponde á cada forma de águila, por encima de la cadena de montailas que cerca el Valle, antojábaseuna extrema
uno, siempre es mucho honor para la familia.
De nuestros ensueños de grandeza nos sacaba labor ála que no se daría remate sino á fuerza de
ero, á costa del persistente sacrificio, al que dea:llo por año la iniciativa de presupuestos, de la
que surgía invariablemente un déficit, que, á se- bemos la solución de todos nuestros problemas
m~janza de la mancha de Lady Macbeth, parecía políticos y económicos.
Un salto en el terreno, una depresión en la tieque toda el agua del mar no bastaba para borrarrra,
una arruga en el territorio de un pueblo, lo
la. Un día, sin embargo, el milagro se realizó, y
en medio del repudio de esa vívida corriente que condena á una vida agitada y revuelta. El pasase escapa de las entrafl.as de la patria y que por do del país, el viejo pasado de convulsiones pútan directo modo influye en nuestros problemas blicas, de fermentos revolucionarios, de andante
económicos, el metal blanco,por vez primera la politiquería, se había agazapado en la cordillera.
nación tuvo conocimiento de que las cajas de la Todo pronunciado tenía entonces algo de MahoTesorería guardaban una respetable suma, des- ma: cuando la montafl.a no iba á él, él iba á la
pués de ser cubiertas todas las atenciones públi- monta:ll.a.
Pero el ferrocarril ha nivelado el suelo, ha
cas.
arrojado
en el surco la simiente de la pa.z, y paEs un trabajo algo mayor del que se supone la
sea
su
majestad
de monstruo de metal por la inalelaboración de un presupuesto. Un particular pueterable
extensión
de la República.
de ajustar sus gastos á sus ingresos. El ,Estado
procede á la inversa. Para él, ante todo están las
*
* *
partidas que constituyen los egresos públicos, y
Mr. Bryan, el le_ader del partido demócrata de
sobre estas partidas alza todo el edificio de los
la vecina nación, se encuentra ya entre nosotros.
impuestos.
Es una interesante personalidad este hombre
Puede la intendencia de un hogar suprimir más
facilmente los pequeilos gastos que figuran en el joven por su edad, viejo por la serenidad de su
programa de los placeres menudos, que la admi- rostro y la altura de su pensamiento. Su mérito,
nistración de un país que progresa, la suma des- de esos que esperan una ocasión para manifes.
tinada á construir un camino ó abrir una escue- tarse, lo llevó en las últimas contiendas electorala. Estos desembolsos vuelven más tarde centu- les de la gigantesca república, á la escalinata de
plicados al seno de la sociedad de donde salieron. la Casa Blanca. Un esfuerzo más, y la victoria
Un hombre avaro no hace tan graves dailos á los se habría decidido en favor suyo.
¿Qué hizo Mr. Bryan para alzarse tan repentinaque le rodean cotilo un gobierno que practica la
mente sobre el nivel de sus competidores? Algo
R varicia pública.

LA SEMA~A

..

Domingo 19 ae Diciembre de 1897.
que aman las multitudes hasta el delirio: decirfranca y enérgicamente la verdad, en lenguaje·
osado y desprovisto de oropeles.
Nosotrcs, los que llevamos en las venas glóbulos de caliente sangre latina, no llegamos á penetrarnos bien de esa oratoria austera y graveque caracteriza á los hijos del Norte. Imaginamosque el orador ha de habitar siempre en la región
de las tormentas y que su palabra ha de fulgurar corno una espada de Toledo y herir como un
pulla! damasquino.
Nos causa extrafl.eza contemplar á esos razonadores fríos y acompasados, que van dejando,
caer lentamente sus frases, como .gotas de plomo
derretido, sobre la conciencia del público. Nues-tro tipo de orador está colocado en la cúspide de
la Revolución Francesa; Dantón, :Mirabeau, Saint-Just, son curiosos ejemplares del género. A ocasiones hasta acomodamos el personaje á preconcebid.as premisas, como ha sucPdido con Mirabeau, á quien atribuimos, como hace advertirAugusto Dide, procedimientos y actitudes que
jamás existieron.
Y he aquí por que esa elocuencia de Mr. Bryan,.
en cuya filiación reconocemos la de O'Conell y
Gladstone, de movimientos rítmicos_ y frase severa y reposada, no ha podido despPrtar en nuestro ánimo grandes estusiasmos. Se comprende·
que el leader americano, frente á un grupo humano formado de ciento ó ciento cincuenta mil
auditores, espíritus empapados del concepto del
derecho, para quienes el estimulo retórico es necesario, haya provocado un movimiento de admiración.
Recorred las ardorosas arengas de Napoleón á
sus soldados, y frente á ellas poned las tranquilas
palabras del almirante Nelson, »lalnglaterraespera
que cada m10 cumpla con su deber» y mediréis la
distancia que separa una elocuencia de otra.
Por lo demás, se admiran las elocuencias de
Mr. Bryan, como el natural producto de una democracia de forma irreprochable y en donde eL
candidato vencído ha podido decir al vencedor:.
Os felicito por vuestro triunfo, y nos sometemos.
cá las decisiones del pueblo.»
·
Razón ha tenido el diputado que, en la sesión.
. en que fué introducido Mr. Bryan á la Cámara de·
Representantes, sal~dó con frase afectuosa el progreso de la democracia americana.
Los 6.500.000 votos, alcanzados por el jefe delos demócratas en las elecciones últimas, habrían.
bastado á Harrison en 18°92 para triunfar sobreCleveland, qüe no pasó de 5,500.000 cédulas e11
favor suyo.
Co;no en los buenos tiempos de Voltaire, laluz.
viene siempre del Norte.
•
ÜBERÓN,

:ll)alítica &lt;!&amp;.en.eral.
RESUMEN.-V ANAS RESISTENCIAS DE GRECIA. - LA.

PAZ DE TURQUíA.-LA SUERTE SEÑALADA.-LA TRIPLE ALIANZA.-SEGURIDADESOFICIALES.-ALEMANIA.
Y LOS DISTURBIOS DE BOHEMIA.-LÁ. INDEPENDENCIA

DE Hu_NGRÍA.-Los REYES y LOS PUEBLOS.-TEMORES..
PARA LO PORVENIR.-ALE.MANIA Y fuITí.-EL ORGU-·
LLO IMPERIAL.- CONCLUSIÓN.
Como~una última esperanza, como el que se,
agarra á frágil tabla en medio de deshecho naufragio, Grecia quiere prolongar el plazo concedido por las potencias para la ratificación del tratado de paz con Turquía. Rebelde á lali condicio·
nes de paz impuestas por el vencedor, acaso sofiando en encontrar más amplios horizontes para
los vuelos de su imaginación meridional, resistiendo tenaz á los decretos del destino que la han
reducido á triste condición, trata de prolongarpor tiempo indefinido la declaración de sn derrota; revuélvese desesperada en su lecho de Pro-custo, atruena con sus gemidos las altas cordilleras, sacudiendo las cadenas que la 9.tan á la roca
de Prometeo, y busca en vano consuelo en su
aflicción.
Quiso dar libertad á un pueblo, pretendió hacer _de una ~grup ación de esclavos una congregación de cmdadanos, intentó manumitir á Creta.
del yugo musulmán, que por largos siglos ha pesado sobre los hijos de Minos, y sola en su congoja, abandonada en sus delirios, desamparada

Domingo 19 de Diciembre de 1897.

EL MUNDO.

4.09

.aun de aquellos que la habían alentado en sus
¡Qué cambios observaríamos entonces en el ma- res blanquiscos y siempre muy- claros. E..l oso polar
designios y prometido su eficaz ayuda, se ha pa y en la constitución política de la Europa mo- parece un t~mpan~ e&amp; marcha, el zorro llamado azul
tc,nna E:l matiz semi-transparente y azulado del hielo
visto precisada á inclinar la frente abatida ante nárquica!
en fusión. Rebaños enteros de estos animales circulos decretos del Hado implacable. Por eso quiere
lan sin ser vistos confundidos con la nieve que los 1·0dtia, se esquivan, blancos, entre aquella blancura y
alargar el plazo de su humillación: vano intento
acecl_ian, atacan, huyen: yE&gt;n smna, vivenenseo·uridad
las grandes potencias que deciden de la suert~
Por fin logró Alemania humillar á la débil re- gTac1~s al color de su pelaje que los protegeº contra
de los pueblos europeos y reparten la guerra y pública de Haití. Cuanto pretendía del humilde el pehgro y les asegura el éxito en el ataque. Un oso
la paz á su albedrío, han determinado el triunfo Presidente así en indemnización como en demos- negro en aquell~s regiones seria un verdadero punto
del Imperio otomano, aunque sea sobre los res- traciones de cortesía internacional, todo lo alcan- ~ Dla7!&lt;!0, de f~c~J _cap~ura, y víctima desi"'nada á un
tos palpitantes, sobre los despojos sangrientos de zó por la presencia de dos cruceros armados en mmediato sacrificio; s1 los ha habido hau debido hace
tiempo agotarse dejando tan solo subsistir á sus rivalos heróicos hijos de Maratón y Salamina, que pe- aguas de Port-au-Prince. La resistencia era inútil• les blancos.
learon con suerte adversa en Larisa y Domokos. la intervención americana que esperaban los hai~
Si de las heladas regi~nes polares pasamos á los calInútil es la resistencia del rey Jorge, buscando tianos en su angustia, ó quedó en simple prome- deados arenales del desierto, solo encontramos animaun débil subterfugio en la prolongación del plazo: sa; ó sirvió solo para reducir la suma exigida á la l~s amarillentos1 ó rojizos como la arena ó como la roca
El negro veteaao de la piel del tign1, el oscuro puntila suerte está echada, y aunque se le concediera insignificante de tres mil pesos.
lleaclu
de la pantera, corresponden á la ondulación del
lo que pide (que no se le concederá), sólo serviría
Atravesar el Atlántico en son de guerra; ero- oleaje ó al puntilleo de los montículos de arena· cuanpara prolongar la agonía de su dignidad ultraja- gar gastos de consideración; exponer á los- ma- do sopla el viento,"visto ,el desierto tan"'enciaÍmcnte
da, de su honor de soberano puesto á merced de rinos de S. M. á las visicitndes de las endemias remeda admirablemente la piel ,-eteada del tigre.
En ple~? trópico, bajo los follajes exhuberantes y
las veleidades del pueblo helénico y sujeto á.las que amenazan á los inmigrantes europeos en las
la profus10n de las flores v las frutas, los insectos y las
•vicisitudes de su contraria suerte.
tierras antillanas; presentarse con desmedidas exi- aves son multicoloros, brillantes, matizad:&gt;s. Lot1 éligencias ante una nación débil por supuestos ó abul- t~·os el~ lo~ coleópteros son verdes como las hojas, ama
*
nllos o roJos como los pétalos; maripo:;as ,, colipries
ta.dos ultrajes á un individuo cuya nacionalidad se
**
e~nfunden y ~malgaUJan con ellas, y á"ciérta disha sido siempre discutible: es en suma buscar la tancia no se d1stmgue una flor de Ulla ave. Los loros
Algún periódico había anunciado que los lazos
celebridad por cualquier medio.
y cotorras son fuudamentalmente vt•rdes como el foque atan á las grandes potencias que constituyen
Cuando se piensa que el poderoso imperio de lla.je y suelen llevar una mancha roja ó amarilla en la
la Triple Ali~nza, se habían relajado últimamente;
como la rama lleva una flor.
Alemania se ha empleado en estas pequeileces es frente
En laa regiones en donde el sol brilla y deslumbra
y que esa umón estrecha que por buen tiempo ha -preciso
. convemr
. en que el Emperador estremeci'
menos_ y en donde lo sombrío predomina en el bosque,
detenido la conflagración europea y se ha opuesdo por arrebatos juveniles, _arrebatado por entu- los J?á¡aros se ocultan en la sombra y son sombríos sus
to á las ambiciones de unos y·á los odios de otros,
siasmos extraordinarios y con exceso de -activi- matices; tal pasa con el ~·uiseñor, el zenzontlc, el jilestaba para concluir, dejando expuesta la Eurodad desbordante, quiere emplear de cualquier gero, que esco_nden su vida y sus amores bajo las sompa monárquica, á doblegarse incondicionalmen- modo los inmensos elementos. puestos en sus bras 1el rama¡e; e! cardenal y _la calandria, rojo el m10,
amanlla la otra, siempre enhie~tos eu las ramas aiste á la omnipotencia mqscovita, ó á dejar en pié,
manos por la herencia recibida de sus gloriosos lada~, toman color de flores como para poder ser consin dique de ninguna especie, todos los apetitos, antepasados. Casi á la vez emprendió su aventu- fundidos
con ellas y es~apar, clisfrazados de claveles,
todM las concupiscencias, todos los rencores que ra contra China y su expedición contra Haití: la á las acechanzas del milano.
Los peces y animales acuáticos tienen en su coloapartan y dividen á las naciones del viejo conti- república antillana le ha dado satisfaccíón cumüdo uno de los dos extremos. Bien como la sardlnente.
·
plida; ojalá y la posesión de la bahía de KiaoChao na.,_ el saln:ión, el huachiuango revisten colores viPor boca del baron Von Bulow ministro de Reno le ocasione complicaciones trascendentales en vls1mos,. br_1llantes y ~e cubren de escamas de plata y
laciones Extranjeras del Imperi-0 alemán, hablan- el extremo Oriente.
de oro, o bien son gnses corno la anguila, el pulpo, la
langosta, con vagos refleJo~ verdosos, color de musgo.
do ante la Cámara de Representantes, acaba de
X.X.X.
L.a anémon_a, la estrella ele ¡nar, son verdadera flosaberse que hoy más que nunca es íntima la corDiciembre 16 de 1897.
r~ submarma y se co~1funden á los ojos de los anidialidad y harmonia que une ála poderosa Gérmales de presa con la pmtoresca vegetación acuática.
mania con la inquieta agregación de pueblos y
Estas vane?ades corresponden á los dos aspectos que
e~ agua reviste: ya brilla, se iriRa, chispea como un
naciones que se llama Imperio de Austria Hungría
diamante y en el seno de aquel iris liquido surgen coy la nueva nacionalidad constituida en 1870 por
mo dardos de fuego los peces brillantes v matizados
las armas victoriosas de Víctor Manuel, sobre los
ó ya estancada, opa_ca, g·ris, tiene penmnbras y som~
restos seculares del reino temporal de los Papas.
~ras que son refugio y escuelo de los animalE&gt;s empaYa
en
otra
ocasión
be
tratado
de
entretener
á
mis
Nada significan ante esa perfecta unión los de- lectores contándoles cómo la ciencia moderna explica nados y oscuros. l'or su forma y su color, uria ano·uisórdenes crecientes de Austria, las rebeldías de ·las mú~tiples y_ las más ft~gitivas e.&gt;.:presiones de la fi~ Ja no es más que u°: pliegue más de las aguas profun~as Y un pulpo se pierde y desvanece en aquel oleaje
Bohemia, las aspiraciones separatistas de Hungría; sonomia1 las diversas actitudes ya nobles y majestuo- mcoloro.
el emperador Francisco José parece r esuelto sas, ~a ndicul~s. del cuerpo. los Yariados ademanes y
Esta adaptación del animal al coior del medio en
~·estos que traicionan nuestros intimos pensamientos ,que viv.e va ma~ allá aún. La lagartija, la higuana, el
á arrojarse en brazos del partido alemán, para for- o
que ayudan á expresarlos. En esa circunstancia ha- _camaleon, que v1 ven entre las ruiua~, son color de tierra
talecer su trono al que amenaza la revuelta. Se cía yo observar cuán- fecundo y entretenido resulta
de aspect~ terroso; ~erdes los insectos que viven sopresenta hasta hoy decidido á hacer prevalecer so- ser el estudio de Jo familiar y de lo vulgar de aque- 'b' re
los retonos; amanllenta como la arena es la ci"'all?
que
:por
~star
siempre
á
_la
vista
no
nos
parece
exit.re las aspiraciones justas de los cheques, que
na. Los animales nocturnos como el buho el mur~'iégir
exphcac1ón
y
que
descmdamos
estudiar
en
sus
cauquieren con buen derecho sentarse en el banque- sas :f mecanismo en fuerza de hábito de verlo y de lago, la panter!l nE&gt;gra, son negros _ó somb;·ios.
¿Hay escE&gt;pc1ones á esta reo-la? SI; seguramente; pate de la &lt;confederación, las tendencias germáni- sentirlo constantemente.
haberlas al menos; pero Ya regla 0 ·,meral subsiste
Pues lo qu_e.,p.i.sa con el lenguaje mímico y con Ja rece
cas de los que inspirados por la majestad de los
y puede más tarde encontrarse la razón de que en alexpresión
Jisonómica,
pasa
igualmente
con
otras
muHohensollern, quieren uncir acaso por ocultos decasos parezca fallar.
chas cosas y entre ellas con el color de los animales. gunos
4Por qué esa adapt3;ció::? ¿cómo comprender que el
signios ála hegemonía prusiana todos los pueblos Vemos
á cada: paso á la pintada mariposa confundien- aµ1mal,
como un espeJo, propenda á reflejar el color
teutones.
do los m~_tices de sus alas cou los_pétalos de las flores; de su medio? ,¡cómo esplicar esta influencia del aire del
la
lagarti¡a
ra~trea
su
cuerpo
gns
y
opaco
por
el
polLa confianza del emperador austriaco en los
agua, de la tie~ra sobre_ el pelo, la pluma, la escama' y la
alemanes podrá conjurar las tumultuosas mani- vo de los cammos y escala Ios muros derruidos de las concha? Nada mas s_enc11lo y ya lo dejábamos ¡,ntrever.
construcciones abandonadas; la culebra desenvuelve A medida que el ammal se confunde é identifica con
,festaciones de Bohemia; les quitará á los descon- sus anillos entre la yerba ó baña sus escamas irisadas
tentos el derecho adquirido para el uso libre de en la onda cristalina; el pez despide destellos bajo las su medio se hace fac_il su ".ida, 1!1ªs re~oto el peligro,
mas segura la _subs1stenc1a. Si es amm~l de presa,
la lengua nacional en los asuntos oficiales; tal vez a_g uas y no se no_s ocurre pregunta! por qué esa va- su ataq,1e es siemprEI una emboscada, disfrazatlo y
conseguirá por la violencia que se borre del pro- nedacl en el colondo, por qué esa fi¡eza del matíz se- ocult? por el color _de su medio puede acercarse sin
gún la especie, ni inquirir de qué depende que hava
grama de las escuelas la enseilanza del cheque; animales negros como la noche, otros radiantes como ser visto, acechar sm ser sospechado y la caza es
segura. la alin~~ntación más abundante, la progeacaso logre ahogar en torrentes de sangre las as- el iris, otros rrntados como las f_lores; porqué los unos ~as
m~ mas numerosa. S1, en vez de ser de presa, es presa él
piraciones de un pueblo que anhela su autonomía; parecen ramilletes, los otras p1eckas preciosas y por mismo, presenta menos blanco á medida que mejor se
pero no ha de conseguir que los húngaros, fuert~s qué los hay opacos y musgosos como las rocas y los confunde. con s:u medio, esquiv:a el riesgo con mayor
hay bri_llantes y _luminosos como las joyas.
y vive y se perpE&gt;tua en l!lªS vasta escala.
en su constitución social, enseilados por luengos
Vn abismo media entre el colibrí y el buho entre la sar- desparpa¡o
~raves de los millares de años que hace que la vida
a:llos de ejercicio en el gobierno propio, ama,~stra- d1~a y el pulpo-, entre el oso blanco y la pantera negra. A
ammal fermenta, en el planeta, ha habido tiempo sodos por el buen ulo que han hecho de sus libet- Mientras el banco de coraJ ostenta sus rosadas ó en- br11do para que desapa1:ezcan las ~sp.ecies q\le por rec~ndidas
ramificaci~nes
c~mo
una
vegetación
de
rutades y prerrogativas, arrancadas entre los furobiés, el "f?anco de ostiones sunula un guijarral árido y saltar mucho ~n su medio no han sido capaces de vivir
res de la revolución. cejen.,fáyilmente en sus de- desapac1b\e; en tanto _que e~paso delas cotorras y gua- y de reproducirse, y lo. ha habido asi mismo para que
siciones, que los encaminan primero á buscar la camayas simula una d1spers1ón de flores empujadas por _prosperen y se perpetúen las que han tenido la fortuna d~ reve~tir los matice~ adecuados á la protección
independencia financiera y mercantil, vía segura el viento, el vuelo de los zopilotes parece un desfile de y me¡oramiento de su existencia.
sombra~.
en
fuga
y
mie!)-t~·as
d3;n
ganas
de
engarzar
para llegar á la i ndependencia polítfoa.
. ¡P~r_ece increible que ~m atributo al parecer tan i~en sort1¡as á las catanmtas, vienen vehementes de- s1gn!f1can~e
tenga tanta mfluencia en la prosperidad y
Que se afirmen los juramentos de los sobera- seos de aplastar con los pies á las babosas.
d~ u_na especie, y mas lo parece aún que
nos, que se consoliden hasta donde quieran las
Cu~ndo se bu~ca una aplicación de tan variadas co- pers1stenc1a
e! color de los ammales sea un resultado último y tarpromesas de los reyes: á pesar del orgullo que loraciones, lo p~·1mE'rO que o_curre es que tienen por ori- d10, pero seguro, de sus luchas encarnizadas, de sus
informa todos los actos de los poderosos de la gen una nec1;s1d'.1-d. dec~rat1va, de variedad, de recreo, hecatombes cruentas, de sus acechanzas reciprocas y
y que un des1gmo mtehgente matizó á los animales
tierra, hay que contar siempre.con la voluntad de como el pintor matiza s1~s cu3;dros, para hacerlos má~ .que cuando el buitre dP-spedáza Elntre sus o-arras á la
p_aloma ,verdugo y victima estén trauajan~o en modilos pueblos. Podrán los seilores de la Triple Alian- bellos. Sobre que esta h1potes1s daría poca ó nin"'una ficar
el color del plumaje de sus clecendientes!
za declarár por medio de sus ministros que conti- cuen~a de los_ casos inumerables -en que el anini'al ni
Dn. M. FLORES.
es
~rillante
m
bello
Y.
~uele
ser
repugnante
por
su
conúan en sus propósitos pacíficos; pero si es cierto _J.ondo, una observac1on más atenta prueba que es
como ha dicho el Sr. Von Bulow, que Alemania otra, más ra~ion~ y más fundada, la explicación del
LAS NOVELAS
no intervendrá en los disturbios de su aliada; es hecho, y la ciencia moderna la ha encontrado en esta
Dlt
f~rmula:
Los
_animales
tienden
á
tomar
el
color
del
meposible que la revolución estallando en Bohemia,
•EL
MUNDOILUSTRADO-•
y la aspiración de independencia haciendo explo- dio en que viven.
ExammE:mos desde luego los animales terrestres:
En_ nuE:~tro próximo número quedará terminada la
sión en Hungría, rompan las ataduras y desliguen En las regiones polares, de soledad y de silencio en- pu~licac10n
de «Ensueño de niños• Ya está en prepalos lazos que por largo tiempo unieron á las po- vueltas siempre en un sudario de rueve blancashas- ración la obra_ que ~ebe empezarse á publicar en Enetll.
el
deslumbramiento,
los
animales
son
todos
de
coloro, y que ha sido cwdadosamente escogida.
tencias de la Europa central.

El color de los animales ·

�Domingo 19 de Diciemhrn de 1Rm.
EL MUNDO.

L.Át- ;NQC~~ .BUENA
¡

•

• · 1

t

DAMAS MEXICANAS

ltN ·LONDRES,

Bajo su lluvia de aljofar y bajo los techos
e11sa1.&gt;a1ndos 1 se -ha funuado en el Chri.,tUJM
eote pal'¡;11tesis de·alegna, eu ruedio de la tristeza del rnvierno, sie1H.I0 e11 las tal&gt;eruás l&gt;aéinal v 1:m 1os hogares de las g·eutes de paz una
especie lle agapu, l:'11 que á Ja llama azulada
que euvuel\ e al punding se celebran estas ex¡.,ausione, ingl.-s¡¡:;, sie1.Upre fermentadas t'll
wa~·o\·ó· me11ur cautiuad pur 'et spr1t. Es t!Seuciallnt·11te una solemuidau intima. La ,N¡¡.vi'clad
del 1\1, uwúia y aúu de paloes del Norte coti10
Alemmua, es va{ptl&gt;unda y calleJera, le g·usta
hatir sus tambores y agitar sus panderetas por
calles y, plazas, mienu:as que la .Na vi dad ing·lesa se rn:oge en los bogares, ·con e sus pl'r~ia11as y se 111ega al muu.iu de fuera. como si 111
caráct,·r brita11ico, de ordiuariv gravl:' tuviese
el pudu.r de la alegria. La~ calles de Londres
en el &lt;lía uel Uhristmas, están tau desiertas y
sile11tiusas como eu cual4u1er dowingo.
Algú11 aficionado que t!n el pescaute ele un
óumibu.s va i:autanclo l'arol;;, al mismo tiempo
que hace jugar coJ.1 las 1.Uanos el fuelle-de un
acorJt!ún, a1g·µnos chicos enlatados que van
por &lt;:n medio de la calleó la avenida de uu
parquti, haciendo sonar sus pandl:'ros, y alg·itn
grupo tle.ébrioi; yue, por e~tar clausuradas á
c1enas horas y bajo ptinas severas las t:i.beruas, las trat.\11 ..-n lo~ b11lsillos en forma de botellas y hacen _oir art!ugas ó canta1 es vinosos:
con eso ha. sido 11peuas con lo que por raro
accidente, he visto turbarse la quietud oepulcral de Londres eu tal día. Y toda,·ía, esos cautares acompañados en ...1 acordeón ó so&amp;t&lt;:'ui•
dos por el pandero, tienen algo aemonótono y
lánguido; se canta maquinalmente como ee rcz.a eu un templo para uien parecer, y esos raros cantores me haciau la impresión de estar
dicientlv~ Hoy es Christmas, es precbo cantar
un poco.•
En cawbio, en los hog·ares entre todos se
celebran secretos conciliábuÍos contra la tri$"·
teza de las calles, cómpra11Se á subido precio
ramas y hoja;; de primavera para imprimir una
~onri-a de alegría en la faz rugosa del padre
Chritsma~, y se adornan con ella,; los muros, se
las ent1·etcje á manera de arcos en los marcos
de las pue1 tas, se las cuelga, en forma de
guirnald" s. de las lámparas y se las esparce
a.qui y alli en el suelo ó sobre la. mesa del banquete El laurel, la yedra, y el acebo son cosas
iri&gt;prescinuibles para una casa inglesa en el
Christiua~. Sin ellas una familia creería que
su miseria tomaba los aspectos de una profanación y
el padre empeñará lo que puede ó aún robará para
obtenei·las. Uados Vickens ha atribuido una significación y un yalor ide!ll á esas hpjas en sus cuentos de
Navidad. Élla-s· expresan los rel'uerclos. Siempre con
la misma forma, sit-mpre con el mismo perfume, por'
que la húja del árbol no varia, vienen al fiu de cada
año eu la vida del hombre para hablarle, si,es joven,
de las ig·uales á ellas que vió en el rnismo dia cuando
era niño, si es viejo de las que vió cuando era niño, v
cuando joven; y como la memoria es una facultad que
se pone en 'jpego en virtud de asociaciones de cosas
pasadas con objetos presentes, van desprendiéndose
luego -de a{Juellas hojas los recuerdos queridos, las
imágenes de los séres en· cuya nnión vimos en otro
tiempo á sus hermanas ya marchitas.
Entre todas, la rama del mistletoet tiene una vjrtud
sagrada. Deb_ajo de ella, y asiéndola con la mano, el .
beso que sena culpable se hace inocente. La rama
tentadora pende al alcance de todos, en mediJ del pasadizo más frecuentado de la casa: con una mano al
talle de la lady, y la otra á la rama, la .coml.ln.icación
queda establecida y luego se ciel'ra el •circuito con 11n
besó en la mejilla. El mi;;tletoe es PI · muérdago ó el
i,'ixiurn de'Jos botánicos. Como el Joto, tiene su leyenda enlazada con la del roble, entre cuyas ramas suele
crecer como parásito. Cuando los druida• en su marcha por los bosques le encontraban colgando en ese
árbol sagrado, se detenían á venerarlo: dos toro::: blancos ja1nás uncidos erl!,n traídos al pie del árbol, y 1111
sacertlote de t4,nk-a·fan blancq como sus pies, subia ú.
él y cortabá eón hoz de oro el parásito que servia de
&amp;'uirnalda entre los cuernos de l03 animales sacrificaaos en seguida..
Las propiedades medicinales extraordinarias atribuidas al muérdago, tenian buena parte en la -reverencia de que era objeto. En el viejo salón se le llamaba hall heal ó cútalo-todo y :;e le usaba especialmente
contr~ el CJffenenamiento r la esterilidad. Los iuglese,, sajones nuevos, tan super:;ticiosos como los antiguos, ya no administran á sus mujeres ,en bebida las
hojas del mitletoe para hacerlas fecumlas, pero han
vinculado en esas hojas virtudes análogas, empleándolas en cierto clia para protejer los besos, en cuyos
rumore; resuenan los preludios de la ~eneraeión.
El tin.&lt;J ting de las campanas de media noche, los copos cayl:'ndo, el césped de los parques perdi(•ndose á lo
lejos en horizontes pálidos semejantes á un mar de espuma, todo,. hasta las tarjetas de .felicitación con cromos alegru:icos colgadas en todos-los l':;eaparates, derraman sobre la Noche Buena de Londres una poesía
inolvidable.
Particularmente, el Christrnas pu lding sirve para
unir en una emoción común las mil emociones melancólicas de la Noche Buena. Yo no se á punto fijo cuántos ingTedientes entran en la formación de ese manjar t1m múltiple como nuestra olla; pero sé que la comunión material de sus pedazos implica en Inglaterra otra comunión más alta de sentimientos y ele afec,ciones.

Señorita OOerceaesUrrea.
DE JIIAZATLÁN

Domin"'O 19 de Diciembre &lt;le 1897.
~- cuando ya sólo qu~de un bomb~·e sobre lafa_z
ele la tierra, tendrá siempre un Jum110 de gratitud y de amor para el que nació, vi,·ió y murió
1ior Ia humanidad.
Por esó es que el dia consagrado al recuerdo
de la Navidad hace palpitar e11 el corazón emo•
nes profundas que á todus partes se transmiten
con clamoreo dt1 regocijo. Olvidanse las amarga~ tristezas, cotidiano alimento del espíritu,
v como si los ángeles que vinieron á Bt&gt;lem
aletearan en torno nuestro r nos besaran á los
labios; y como si la estrella de los Reyes Magos se encendiera de pronto en el cielo de la
vida abrimos el santuario de nue~tras afecrion~s mas puras ~~ oficiamo~ en él con la
hostia eterna del amor.
¡Navidad, Navidad_! Cuando niy¡os. nos das
ta dkha en dnl~e~ y ¡uguet~s. h11¡0 el _:nh_ol de_
Noel: cua11clo jov.,ne¡; la fehc1dad eu 1lus1011e~
durante el baile ck la última posada y cua11do
viejo~ nos cali&lt;'ntas el corazón cou el baño divino de la;; memorias gratas!
Aturde el retintin y el redoble de 1, s panderos· vibran las músicaR con inusitados acorde~
ele 'contá~ioso regocijo. agrúpallhe todos lo~
más quendos seres del hogar en torno de la
me~a, se piensa un poco en los muerto~ y_ los
auseutes y se suspira por ello!l; pe~·o los ,·1vos
H0S ven con ojos de · amor, nos piden que no
turbemos s1t alegria y sin sentir nos a.legra.nos también.
Oh! Navidad, Navicla~ rejun~ere&lt;lora ..._. ..
Pasarán lo~ 11ño,. y los swlos y mientra!\ ex!sta la humanidad traerás ~ su seno la dulce uuel
de la ventura.
A, e~taba e"crito. Debía nacer para el mundo el' hijo de Dios en humilde cuna, rodeado d_e
pá,tores en o~cmó !·in_c~n, desde dondn surg!rian como ,oles de mfrn1to,; destellos, la subhrne libertad, la di\'ina paz, la cari!1,_ad C&lt;'lc~te.
Sonriendo en la cu11a cuando nmo, nos enseñó el Cristo que ra felicidad má~ pura est_á en
la inocencia; _,, luego, se quedo en la tien:a,
entre 10·1 hombres partiendo con ellos sus _tns
tezas y echando gotas de nectar en el cáliz de
la amargura.
¿Pero á que recordar sus luchas, ses combate!\ sus duelos Y su tremendo sacrificio?
El dia de Na\'idad no es de lágrimas sb10 de
sonrisa~.
Lo;; cielos ~e alegran cQn el hossana de los
á11g·eleB que pregouan la gloria de Dios y la
paz del mundo.

í

GLORIA lN EXELSIS DEO.

[Fot. de Cataft~,l

Yo conocí en Londres á una señora ya anciana. cuva hija casada había partido con su esposo hasta la remotisima Nueva Irlanda, de donde no habla vuelto
después del quinto año d~ su partida, en 4ue conoci á
la madre. En todos edos años de :;eparación, con una
.anticipación de cuarenta.días de cada_ Noche Bu~na,
soUa la señora enviará su hija un Chnstmas pudding,
.por ella cocinado v empacado cuidadosamente pa_ra que llegara sin daño á la joven él día misuo de ~a
.Noche Buena. Era éste su unico consuelo en med10
de la tristeza que la consumía por el alejamiento de
aquella su hiJa única qué la había dejado ca~i sola si11
otra compaííia· en el hogar que la de su marido a.cha.coso. Lleo•ó lá Noche Buena de 1873 y comi con la señora á wi'a misma mesa. Cuando so sirvió el pudding
_y empezó á arder en el alcohol en que nadaba, ella,
que había guardado silencio,. ~nterrngó á .s~ marido
.tristemente. •Nuestra pobre h1Ja ¿habrá rec1b1do y estará comiendo el pudding?»-«Si que lo estará• con.testó tranquilizándola. Y al misu1;0 tiempo obs~rvé qu.e
las lágrimas a~olpándose á los OJOS de la anciana, bañaron sus mejillas cayendo algunas sobr,e el plato. El
'.dolor contenido durante un año, brotaba al fin en el
.jugó consolador de los _ojos, y qui~á al propio ti~mpo ~u
un rincón de la Australia, á tres mil leguas de d1stanc1p.
una joven lloraban también ante un_ plato. Y sentí como si viese que las lágrimas de la h1Ja y las de la ma,dre se comunicaban á tanta distancia por medio de
los trozos_ del pudding.
SALVADOR QUEVEDO y ZunmTA,

NUESTROS GRABADOS
LA NAVIDAD
El Dante en su poema divino, que ha pasado de ge·nerac1ón en generación como modelo de bdleza, ex.plica de .este modo la Encarnación del Divino Verbo y
su Navidad:
«Por no haber sufrido el freno impuesto á su ·volu~·-tad, que le era tan provechoso1 el hombre, que no nació como los demás, se condeno á sí propio, y condenó
.á toda su descencia, por lo que yació enferma la especie humana y sumida lar~¡-os siglo$ en profund,1error,
hasta que se dignó el Veroo de Dios bajar al mundo,
identific{rndose por solo un impulso de su eterno amor
. con aquella naturaleza, que se había divorciado del
. que la crió.•
Este fausto suceso de la venida del Dios-hombre al
mundo, es el que se representa con religiosa inspiración en nuestra página artistica. La Virgen Madre y
los áno-eles, en extática y muda adoración, contemplan aY que más tarde había de asombrará la humanidad con el poder de su palabra y con el ejemplo de
sus virtudes . .
Cerca de veinte siglos hace que, &amp;ñl) por año, los
pueblos cristianos celebran con entusiasmo y alegria
la Navidad del Salvador; y pasarán más y más siglos,

HACIA EL CIELO
Al&lt;&gt;'ttnas ,·eces se descuida San Pedro, ~· en vez de
salir"'para echarse al num_do las almas comtme~ y corrientes destinacla8 á ammar cuerpos human.os, se le
escapa ~lo·ú11 áng·el del celeste coro, que qwere venir á probar có.mo andan las cosas de este pobre planeta. y ·qué aleg·ria para las casas á donde lle~-a un fu·
crith-o Je esta calidad! Los padres de la criatura se
. fienan de un extraordinario régocijo y de un amor extraordinario· y el 11iño ¡naturalmente! es muy bello, bellisimo, por que. traspasando s_u envoltura c~rna~, le
· brotan ele los ojos y de los labios y de toda:s partes,
efluvios de g·loria.
.
. ·como en el cielo no corre el tiempo, conoce Sa1? Pedro la escapatoria y desde luego procura ~-e~1ed1arla,
pero aquí ese desde Juego se vuelve meses o anos, pues
la medida de nuestros dias es muy cor_ta y el mundo
o·ira con vertiginosa rapidez. El angelito entre tanto,
te ha encariñado con sus padres por que ¡_pobres! s~n
tan buenos y le ~man de tal mod?, que de¡~rlos ser.i~
una falta de caridad; y cuando viene el e~viado celes. te· hav formales resist.e ncias para la partida.
· -Mira: vámonos pronto. ¿Que acruar_das aquí e,n este
•mundo tan lleno de amargu1·as y a'~ tristeza~, . tu 9-ue
tienes por patria el cielo Y. por destino la fehc1daq?
-No quiero irme, no qmero!
.
-¿Lo ves? Ya está~ llorando. Aquí se llora siempre
y allá se canta y se ne.
.
r·
-Lloro porque los amo, y 11:1e duele ~eJarlos. ¿' ieras? mamá y papá son tan fehces conm11;~ .... - y yo ...
la verdad, cuando me están he\an~o también bOY fe. liz, asi, al modo que se us~ en !ª tierra, y vamos ... qne
no me quiero ir, no me qmei;o 1.r.
_
Y el niño se baña en lágrima;; y grita entre sue!10s
v te ataca una enfermedad y se pone descolondo.
burme pq_co, deja de ~omer, sus_ carnes se van, y ~oto.
le queda Yicla en los OJOS esos o¡os llenos del amor ~e
los án.,.eles que aurr centellean con fulgore~ de glona •
,Cad~ nodhe se repite el combate. El enviado reclama y el niño se resiste y llora, basta que una. madrugada, desl?ues de haber luchado mucho mira f&lt;~S padres, suspu-a y ......... se Ya! No; se lo llevan a t~aves
de tos e~pacios á la gloria: r aquí , aquí quecli.n qmenes
de,sde ese instante todo lo ven negro, y solo alegra su
memoria el recuerdo de que los acompañó por l&gt;reves
dias un angel del celeste coro.

:t

Nuestras páginas Wusicales
No obsequiamos con este número las que
habíamos prometido, por que se descompu-o
la máquina "Rauter·· que po~eemos. Pero
eri el próximo número pallarán nuestros favorecedores las mencionadas páginas.

t

EL MUNDO.

411

�412

EL MUNDO.

Domingo 19 de Diciembre de 189?

Domingo 19 de Diciembre de 1897.

413

EL l\IUNDO

Las fiestas de Cnernavaca

PLAZA DE TOROS.
En la plaza l11ciendo como una alfomlmi
De variados colores, campo floriJu
Que e,;tremt1c11 la brisa, se vt1 en la so:nur.,
De mautoues flamantes el colvridv.

Fiel á ~u promt&gt;~a PI SC'iior PrPf.idPntt&gt; de la RepÚ·
blica asi~tió al atto ofici 111 d&lt;' i11aug·ui.1ció11 dd Ferro·
carril de C11ernavac11, yue t-~raha ¡,n•parnad de modo
que reincidiera cvu vtras llob in;rng·uraciones: la dd

Grandes como una estrella rai;gad ,,s ojo3
Fasl'inan con t'.I brillo dtt los puiiules,
Y lascivos ,10nrlen los labios rojos
Que la miel humedece de los panales.
Como enjambre revuelto de maripo1,;as,
Con s11R alas de seda, los abauico~
En mo1i.0ri de azabache mt1c..n la~ rosa-&lt;
Y eu Ju,; pecho,; rt1dondo,; t1m:ajeri r,cv,
Sale ru.,.iendo el toro; resuen·t un ¡br 1vo'.
l\fira A la ~uuchedumbre con ansi" im¡11ieta;
Rasca enarcando el dorso, le,·a11t:t el rat&gt;u,
Rompe sobre el torero como sana,
Pero con garbo airoso que a todo• pa~ma,
El torPro st1 escurre cou hAbil su .. ne,
Y como Ps una lidia qut1 lo Pntu~ia,-11,a
Tit&gt;nJe otra vez la capa: reta á. la mut1rte.
Al sol, dPntro la 11rena, los resplan,lore,;
Ful &lt;&gt;'u nm d" brocados de pla t,t ,Y on ,;
Tro~an, la pica en ristre, 108 pirndure..;,
Y las cintas flamantes sa..:ude el toro.
En cada nueva suerte bufando ;:alta
~l morderle en las carn-es la bandt&gt;rilla;
Llega el espada y lueg-0 su furia exalta
Con pases dt1 muleta que roja bdlla.
Tl1EN JXAL'Gt;J:AL El\ LA ESTACIÓN DE ALAl:CÓN

conm•Fl.

)IAXl'EI. AJ.AIJCÓN,

&lt;J,,b&lt;,rnador de Mo,elo~.

Salón de Sl',-innr~ d .. J Congr&lt;&gt;~o local &lt;&gt;n t 1:intio-uo Pa.
lncio dt1 Rrl'ltán C11rtf'", ." la de 1111 l11c;il :11np1¡'o y .,Jp.
g11n~e para las E•l'lll-luB Ceutn,les d0 lmtruccióu pri•
mana.
Con el fin clr fe~tPjar la Yisita c!Pl S&lt;&gt;tior General
Diaz, los galantes c11rn:ivact111,-c:s org-a11bmron una ~u•
resión d .. fie:stas 111flg11ífit:r~, yue la pr .. nsa diaria ha
de,-crito minucio,a11H•111 e. Fu~g·O!; anifwiale~, paseos;
bailes~' bnnqtll'U'"· e,tuvi.-ron cli•~11,,:s de la devadá
pt&gt;rsonalirlad á 11uien :s., de&lt;lil:aro~.
Del baile dado en el tPatro ~e n•firrrn maravillas:
parece 1m cuento orit·ntal la &lt;ll•s1·ripció11 &lt;le los ador•
nos, de la concurrencia, de la 111úsica, tvuo ideal, ar•
tístico y encantador.
Pero lo quP •·n e~tP úlrimo Yi:ije dl'I St&gt;ñor PrP·
i;idente ha tenido una siguifkación míis dig·ua de ser

tonrnda Pn cuPnta, es el estreno d e la c11rn p:irn Escne•
J.r,- Ce111ralt-,;, p11r4ue Pst"' acto ha dado oport1111idn,l
para 4u,· p11t&gt;dau ~er apret:iados los ad1•la11t&lt;'~ del E~ti.l.·
uo dt&gt; .\lornlns t1u ,.¡ Ramo de Instrncción l'úblita.
El St&gt;11nr Gt-neral lJíaz en Pl 111om1mto dt•, la inaug11·
ratií111, prm,m,ci.-, el si¡.:uiente brt-v1· dis1·ur~11:
Hoy, lid,• Dil'ic111bré, queda i11aug·11rado 11l lo0al qn,:
0&lt;'11pan las Est:ut&gt;las centrales, prototipo ~· rnodt&gt;I 0 d11
toda~ las escudas que hay eu ciudades, ,·iila,, ,· ahlcfü;
del E,111&lt;111.
•
E,tn ¡,n11•hn eddPntisima de ail!'l~nto ~ig-nifka cnán·
to alcanzan la virilidad y cultnra del EstaJ1»dt1 Mon··
lo~. tuda, 1•.z qut&gt; el padi·ón de eRta e11titla,1 noi; da ít
convcer el gTandisiwo factor de la uii'íe;,, que se ilu:s•
tra.
•
Pue1le ~l'ntirse orgulloso el Estado de M-orf&gt;IOR de
po~uPr e•tabletimieutó semejante, do11dt1 nis ltijoR pne·
dt&gt;n hallar l11s 0 -randes elemeutos que 1wcr~itan p:ir,t
e111pn·11dt'r .J:,1ucha por la vida y llegar a ser honra•
rlos ~· ,·:ilientes ciudadanos, honra de i;11 p,.tria y
i:_o,tén de ~uR instituciones; y para l:.iR uiñai;, la Pn~i:·
na11za q1w laR forma honradas ,. dignas de ocupar
más tarde el prefen:nte lugar
,.. do cspo.,as .y madi-es.
*'.*
Y:i cll'sdr la épora del Gobierno il&lt;&gt;l Sr. Prrciaclo, Rf\
había comi,grado á la ensuñanza de la niñez y la ju•

PALACIO.DE CORTÉS

ventud una atención especial, y ahora se ha llrgado ali
PXtre1110 de qtw e11 l11:s t1sc11ela:s dd ¡,equ&lt;&gt;ño Estado del\lor.,Jos que ~011 dosci1·11tas sdt-11ta .v t.-e,;, hay iuscri·
tos die,,.,. nLteve 111il alu111no,i. Estv habla muy alto en.
favur de· a4uel E:sta1l&lt;.1.

***

Profunda d,•be habrr "ido la impresión que sintió el
Sl' il"r Gcueral Dia;,, al entrar al l11,-,órico Palacio que111a11dó co11strnir t:11 los ,iombrio:1 bosquPS de la tierra,
talit·11t11, ••I audaz con&lt;¡uista,lor de la Nueva España.
H:t d .. halwr rrai,lo A RLL i111ag-i11:.ició11 el Jefe actual dela füyúl!lil·a, ltJs tiempos de Juto y amargura en que·
Jo~ 1hoscs, lo,¡ empt&gt;radores y los p111•bJo, al!ofí"·e11e,;
cayerv11 para no leva11tar~t1 mits; PI largo perl11~0 del;~ 1.:ou4u·1sta; la,; guerra,¡ de indt'pet\d,·ncia .'·,de prin•
c1p10~ que han e11,a11grt&gt;ntado el pa1s, y ptJr último la.
¡rn;,,, fuc1,1 e de dicha~ .v orieute de pru~¡,eridade~ la
paz y la libertad y la democracia, qu" J., diero11 motivo.
par&gt;&lt;. ir A pre~idir una sesión del Cvng-re:so de un pue•
blo hbre, en el local mismo 1m que habitara, altivo y
omnipotente, el primer domiuador extraiio de est1 pue•
1,1,,.
El palacio de Cortés es uno de los edificios mas im•
portantes del país, por su interés histórico. Los cornavacrnses han dado una prueba de buen se11tido conser•
vando la severa sen1•;llez de su fachada, que traduce-

mu,v bien el caracter de la época en gue fué construí•
do v el destino que se le dió, de residencia señorial.
Otto recuerdo encierra de valla para los mexicanos, y
es el de haber sido aunque por breve tiempo prisión
del gran insurgente a quien sus enemigos llamaron:
"El rayo de la guerra." En uno de los departamentos
del !'alacio, hay una ancha lapida de mármol con esta
inscripción:
•
"En este lugar estuvo preso los dias 6, 7 y 8 de No•
viembre d&lt;&gt; llilÓ el General José María Morelos, Can•
dillo preclaro, Héroe de la Patria, defensor integén-i•
mo de la Independencia y cuya sang:re derramada en
un patíbulo fecundó la santa causa ae la libertad me•

La hoja relampaguea .........! terrible y fiero
El toro queda inmovil y se contrae;
Y no bien se ha lanzado sobre PI torno,
Como al golpe de un rayo oin viJa cae.

xi cana.''

Frente al Palacio se halla el nuevo jardin "~fanuel
Alarcón" cu va construcción data de tres meses á esta
parte v fué tl'rminada recientemente, á efecto de que
(ll esti~eno coincidiera con la inauguración de las otras
mejoras materiales de la capital del Estado y la de la
via ferrea,
El jardin rs de estilo in~lés moderno y, sin género
de duda, el mejor y más e1egante de toda la ciudad.
Las fiestas de Cuernavaca han sido de verdadera
sig·nificación para el Estado de l\Iordos del cual dijo
ton razón el Señor Presidente: «Ahora es cuando , n
tra , n la via franca del progreso, en el periodo m:\s·
impo1 tan te de su vida comercial y agrlcola, con la inau•
g11ració11 del camino de fierro qu·: va al Pacifico, que
J., ofrece facilidad para la circulación de sus produc•
tos.•

*

**

Debemos nosotros agregar que tan vigorosos ele•
nwntos de vida, aprovechados, impul,;ados y dirigidos
¡.. ,r un gonernante patriota y discreto corno lo es Sr.
c .. ronel D. l\Ianuel Alarcón, servirán para que en be•
1wf1cio de la República toda prospereMorelos y llegue
á las más alas cimas del pi-ogreso y la civilización.

Fl:El\TE EK EL JARDD( DE BORDA

Descienden los sombreros sobrP In arena,
Y los mantos fulguran como uno~ sole~;
La'inú.sica..en· aeordes-alegre ~m·na,
Y atrueua. el clamoreo dt1 1bravv~! y ¡oles!

o

Al radioso cqn junto de aquel mosaico
Que palt&gt;ta de Goya parece fres1·a,
O bi ..n chiporroteo de a rco voltaico
Yo siento que la sangre se ine refresca.
Cuando en áureos ensueños la luz me bafia
Y miro la sandunga de la manol:i.
Si pienso en la gloriosa, la madre E•paiia,
Pienso con más ardores en la espmfola.

J. A. DEI.GDO.

s:!a esposa m!sti ca.
Pálido el rostro, palpitante &lt;&gt;I ~rno
Y envuelta en tocas de mode;.to lino,
Ame el altar del templo bizantino
La última vez la vi, d&lt;' pena 11(•110.
Sus votos fueron para ml, l'I Yeneno
Que á emponzoiiar mis Uusio1w, ,-iuo,
Y al profeimr, por el amor diYi110,
Rompió los lazos del amor terrC'no.
Ya es esposa ele Dios- dijo la gent,•,
Y cl!n acento lú&lt;&gt;'ubre tañia
La campana en Ya tone lentam('nte.
Yo quedé solo en la capilla urnbria,
Y al doblar ante Dios mi alth·a frl·nt1•, .
Tuve celos de Dios ¡Ya no ern mía!
SANTJAGO IGLESIAS.
LOCOMOTORA QüE REMOLCÓ EL TRE...'I L'IAUOUltAL

PLAZA PRINCIPAL (ZÓCALO)
ARCO TRlt.niF AL FRENTEAL MERCADO

·,

�Domingo 19 de Diciemhrn dn 1897.

{15

EL MUNDO

EL MUNDO,

Llco-ó el 16 y la sala de la casa de Elena estaba iluminada, y á las ocho en punto llegó el de la arpa con
l'erez y la mayor parte de los vecinos.
Elena se arrodilló y comenzó las oraciones que eran
interrumpidas por copla-1 cantadas, en las que la voz
de Perez sobresalia, pues era la de canta,· una de sus
habilidades.
Perez era músico de guitarra ycantaba canciones
amorosas en los estrados; Perez cantaba Y tocaba la
g·uitarra, acompañando al de la arpa, y un'coro d(i voces gritonas y &amp;'utural ·s, destempladas y desacordes
seo-uía á la música.
-E1eg·ó el momento de ponerse en pié y de encender
las velas, porque se iba á entonar la Jetan la~· á salir la
procesión: multitud de muchachos tocaban pitos de caña que nada tenia11 de melodiosos, y la procesión co•
menzó á desfilar. rompiendo la marcha los muchachos
después los convidados de
dos en dos, en seguida un
grupo de ~eño• as granrles
rodeando á Elena, quien
llevaba la J)rimera voz, después Chucho el Ninfo tras
de su mamá con vela de cera, atrás la~ andas con los
santos pert"grinos, y l'erez
y el de la harpa cerrando
ia marcha.
La procesión reco,.rió toda la casa. cantando la letania, hasta que lleg·óá una
puerta detras de la cual es•
taba un grupo de cantores
que iba á recibir la posada,
lo cual quería decir que iba
á dar hospitalidad ii los peregTinos.
EntabJói,e el diáloo-o consabido entre prt'tenaientes
y donantes, y al fin, i,egún
todos lo ,abían, se abrieron
las puertas ¡y aquí fué tro) a.
Perez y el de la harpa tocaron diana: los muchachos
~ritarou á reventar, y toctos se desmorecieron de
gm to porque llegaba la hora de ln Colación
La vecina á quien le tocó
recibir la posada, obsequió
á ta concurrencia con confites, cacahuatesy tejoco~es
y í). ·los muchachos y criadas, que eran muchos, les
arrojó al suelo el resto de
la colación.
Los muchachos v criados
Fe retiraron de la' sala con
su botín, y las per.onas serias quedaron instaladas en
plena tertulia, pun,ruente
profana.
Elena v Perez cantaron
una canción de e~trado sentimental v romántica, de largas y so"stenidas fermatas
que causaron laadmirac•ón
de las vecinas.
En seguida el de la arpa
cantó una tonadilla con voz
do sochantre, que dió mucho que reirá la concurrencia, hasta las diez de la noch e, en que cada uno tomó el caruíno de su vivien- .,. ,, ,.
da.
A nadieseleabria la puerta de aquella casa después
de las diez de la noche; pero Perez era el hombre feliz
v te1úa buenas y antiguas
i·elaciones con la casera.
quien protestaba que solo
al señor Perez, por Rer Perez, le abría la puerta.
Las vecinas que iban á
recibir la seguuda posada
celebraron un importante
concilio á fin de quedar me
jor que la vecina de la noche anterior, y decidieron
ihtfinar el pat\o con faroles de papel.
Nuevos convidados aumentaron la concnnencia y
esta noche además de la parte líríca desempeñada
Elena y P_erez con e~ No procure.~ _v el de la arpa con
sus tonadilla~, se ba1 ? :una cuadrilla, pu'cle entre tos
nuevos convidados vm1eron cuatro pollos val o•u nas
P&lt;?llas más engalanadas de Jo que convenfa á Jo humilde y pobre de _aquel.la concurrencia.
Durante la~ primeras noches aquellas posadas no
habían llamado la atención, pero' poco á poco se fueron
aumentando y al de_ 1~ arpa lo sustítuyó una música de
baudolon~s, y se ad1c10naron á la colación :ctlgunas botellas de licores y alo-unos bizcochos.
Hechas las am_ístades en las primeras noches en las
~ubsecuentes remó m:i,[or animación y aleg-ria, 'hablan
mg1;esa~o algunos.m1!1tares que. conocian á Elena; se
hah1a cm?ado de 111V1tar, escogiéndolas A propósíto
pollas. b:11ladoras, aptas y bonitas; de manera q11e 1¡
~ertu)1a iba cobr_ando 1'.lás_y más animación y el baile
iba siendo el obJeto prmc1pal de las reuniones.

por

Unos oficiales convidados pidieron una noche que
les fué concedida, é introdujeron una verdadera revolución.
-Esta _noche será cosa de no po'1erse presentará la
posada smo con guantes, decia una vecina pohre.
-Todo lo han venido á echará perder-los oficiales,
si con razón no puedo ver á los soldados.
-Ya ésto se volvió de tono, exclamó otra, yo"ª no
puedo competir con la, que. vienen.
•
-E, tliste poner.,e uno en evidencia.
-¡Y tan bién que f&gt;mpezamo~!
-Pero ya Yerá usted, los oficiales van á echar el
resto.
-Como que son tan garbosos.
-Pues yo si voy, ya pedí un vestido v un peinado.
-Pues yo no; que no están los tiempos para lujos.
Ya maudaron dos caJas con botellas. los oficiales.
-¿Qué dice usted no má;1? Esto va á ser una borrachfll•a espantosa.
E[ectivameute, á las ocho de la noche la casa de Elena estaba inconocible la concurrencia difería ya e8en-

cíalmente_de la d!3 _las primeras noches. La misma Elena se hab1a perm1t1do ponerse un vestido transparente
y una rosa en el peinado.
·
No ta_rdó en oírse t'll el patio una estruendo-sa música de viento, y toda la casa se estremeció como con
una descarga eléctl'ica.
Comenzaron á entrar los convidados y las señoras
venian e~ta noche i:nás apuestas y engalanadas que en
las anteriores: oficiales de riguroso uniforme pollos
con guantes y muchas personas de~conocidas.'
Todo lo 'que el rezo y las oraciones perdían en aquella noche en f~rvor y escrupulosidad, ganaron la procesión y el baile
,Elena, q•!•' si&gt;gula_ll_~vando la voz en el rezo. sincopo las or~c!on~s, om1t10 Ave Marias. y todo lo hizo con
una prec, p1tac1 ón desusada.
. Los oficiale_s obsequiaron á la concurrencia-con precio~~~ c11na~t1tas con dulces finos, y después hubo profus10n de bizcochos y licores.

El baile estuvo animadisimo·y la concurrencia se entretuvo hasta las dos de la mañana.
Los oficiales anunciaron oportunamente á Elena, que
.
no habían querido privar á su coronel del placer de
aquella posada y que le hablan invitad,, por parecerles á la vez un acto de buena educación.
-Han hecho ustedes muy bien, contestó Elena dándose por muy satisfecha.
A poco rato se presentó el coronel1 venia también de
uniforme; era un soldado de la republica, un hombre
como de treinta y ocho años, trigueño de buena barba,
mirada de águila, buf&gt;n porte y aire marcial; y con ese
de~parpajo y naturalidad del FOldado que ha corrido
el mu~do saludó graciosamente á Elena dándole la
mano.
Esta co~turnbre no estaba por entonces muy exten&lt;;lída, e~pecial.nente en la cla~e media: tanto que se
consideraba como desatención ó como una libertad impt'rdonable dar la mano á lvs señoras.
Pero á Elena no le pareció lo mismo sino muy al contrario: encontró aquella acción muy natural y prueba
de una galantería de llllen
gusto.
-¿Me permite usted,Ele.na, dijo el coronel, que tome
una noche de posadas?
-No queda ya más que
la noche buena.
-La Noche buena es de
todos, dijo uno.
-No, sinomía, dijo el coronel: la Noche buena me
pertenece, y aquí se bailará por mi cuenta hasta el
amanecer.
- Lástima que la casa sea
tan chica, dijo un oficial.
-ParaelCoronelFernández Aguado no hay dificultades, exclamó el coronel. Ese es un tabique de
pipiripao y en mejores murallas he abierto brecha. Se
tirará el tabique. ¿De quién
es esta ca~a?
-Del convento de la Concepción.
-Madri~al, e.l ma;rordomo, es amigo mio; tiramos
el tabique mañana y se levanta al tercero día.
-¡Qué viva el Coronel! gritó un pollo ahogándose de
felicictad.
-¡Qué viva! respondieron
muchas voces.
-Y el comedo· ,¡oh! el-comedor aqui; el corredor es
ámplio se cubrirá con lienzos y se_pondrá a9ui el comedor. Capitán Nuñez, mañana una fa gina; se trae usted unos muchachos que
trasporten ramas y las fundas de los carros.
-Está bien mi Coronel.
-Pel'O señor coronel, objetó Elena, ¿para qué se mete ustetl. en estos gastos?
-Señorita, dijo el Coronel picado, ustedes la reina
y merece. no lo que yo ha~o por usted, sino que se baJen las estrellas con lamano para que usted les ponga
encima sus piecesitos.
- Pues no faltaba más.
cotinuaba el coronel á
quien no faltaba ni o-arbo,
ni dinero, ni amor. ':fülena.
se volverá la casa de arriba
á abajo, pero le probaré á
usted que cuando el coronel Fernández dice una galantería, la sostiene con su
bolsa y con su espada. Es
usted muy linda.
La reunión se disolvió
aquella noche, resolviendo
queá !anoche siguiente no
habría posada, por no ser
compatible con los preparativos para la noche buena,
~. las seis ele la mañana siguiente llegaron u.nos albamles y algunos soldados enviados por el coronel
Aguado.
Al mando de Perez, los soldados vaciaron las piezas, trastornaron los muebles, y á poco comenzó el derrumb&amp;
·
En dos horas habían desaparecido hasta los escombros; y un pintor iiualaba la decoración de las paredes.
Los oficiales de1 cuerpo de Ag·uado, eu un trajin
verdaderamente militar, iban y venían acompañados
de sus ordenanzas, trayendo y llevando muebles, al- ~
f&lt;?mbras, candil.es, vajillas, faroles, cajas de vino, me
dio mundo en fm.
Los oficiales improvisaban un verdadero jardín en
el corredor de la casa, armaban las mesas para la cena, colocaban faroles y candiles, columnas y candelabros, y por toda la casa se difundia el olor peculiar del
pinabete y de la lama fresca, olro que á los muchachos.
les hacía exclamar: huele á Noche buena.
JOSÉ T. DE CUELLAR,

.

( FOTOGRAFIA VALLETO.)

·'

�Domingo 19 de Diciembre de; 1897·

EL MUNDO,

nas de pudor, tiéntalas repetidas veces y podrás caminar sin que el monstruo de
Curú-guarimio logre sus infames deseos.
Zapinda se inclinó, besó la mano de la hechicera y salió de la cabañA confortada y alegre.

IV.

[TRADJCION TARASCA]

Serían las dos de la tard~ del dla siguiente, cuando Penáhpensti dijo á. Zapinda:
"anda á traer agua á Cutzio."
La doncella pRrtió, pero antes de emprender el camino acostumbrado se diri,ió al bosque de cuirindales y restregó con sus manos las ramas de las sensitivas,
cuyas hojas se plegaron temblando, como lo.; nervios delicados de una virgen, al
sentido~ primeros efluvios d-el amor.
Entouce¡; prosiguió su camino. Habla llegado á un bosque de pasotas cuando
se vió presa eutre dos nervudos brazos y siutió en sus mejillas la asperez~ de un
rostro feroz y la respiración candente de una boca próxima á estallar en ósculo inmundo. Zapinda lanzó un slli!piro de infinita angustia, sus ojos se nublaron, y
apenas latía. su corazón.

I
Zapinda, era una niña de doce años, pero ya toda una mujer porque en la
tierra caliente las jóvenes alcanzan muy pronto su pleno desarrollo, As!, nada extraño parecerá que la doncella India fuese una esbelta ..nuchacha, de formas mórbidas que, como dice el diccionario de la lengua apareclan blandas y suaves. y si
hemos de creer á la tradición, Zapinda era la may, r hermosura que habla en el
entonces reino de Coyucan, capital de los Huetama, una de las cuatro tribus aliadas del imperio de Michoacán.
Empero la niña era muy- de8graciada, porque vivia bajo la féruln ele Pendh
pe:nsti, su madrastra. Lo menos que hacia esta infame mujer con Zaplnda Pra obligarla~ i¡: hasta Cuitzlo, distante casi media legua de Iluetamo, á sacar ao-ua dél
rlo pretestando qu.e era insalubre la de los pozos del pueblo. Nada import:ba que
el sol lanzase sus rayos de fuego ó que la tierra se envolví ese en inieblas, la uiña
llorando, emprendla su camino, ora expuesta, de dla, á los rigores de la insolación
ora temiendo, de noche, la voracidad de los tig1 es.
II
Mientras Zapinda no había salido de la infancia eran aquellos los solos peligros que la amenazaban; más llegó para ella la época misteriosa en que las jóvenes, sobrecogidas de estupor. sienten como la crisálida cuando se convierte en
mnriposa. Entónces comenzó á tener también miedo á los hombres y entre ellos
principalmente á uno llamado Raquitze, de quien huían amedrenradas las mujeres. Aquel hc.mbre feroz habitaba en una espantorn gruta en el fondo de lafloridn barranca de Gurú-guarimie, de
donde salia para caer como
milano sob1·e i¡¡ocent,•s victimas que sacrificaba á su lujuria en las profundidades de
aquel antro.
Una vez Zapinda pudo desprenderse de los brazos del
monstruo y huir como lijera
codorniz.
En aquel instante ~e oyó el silbido de una flecha. La saeta atravesó de sien á.
¿Pero podría escapar siempre? A quién iría á contar sus 11_ien la cabeza de Raquitze. El i~fame sátiro aflojó los brazos, se cubrió de una pa.
temores? De quién pediria IIdez mortal y se desplomó exá.mme.
consejo?
Zapinda velados de lágrimas los ojos, elevaba su alma á los ci&lt;~los, cuando de
Acordose de que por aque- entre los gruesos troncos de las pasotas vió aparecer un arrogante y gentil mancellos días habla llegado á Cuit- bo cuya frente ceñía diadema de oro de la que se destacaban tres plumas de águizio un anciano venerable, á la. Era Tumbi, el iré [cacique] de Cuftzio que amaba en silencio, pero con el ardor
quien todos miraban como á del clima de aquel suelo. á la má11 hermosa doncella del reino de Coyúcan.
un ser sobrenatural. Decían
Al verá su libertador sintió Zapinda que lo más delicado de su sér se estreme
que era hechicero entre los cfa como las hojas de la sensitiva......... .
cristianos que por aquel ~nV
tonces invadlan la tierra de
Desde aquel día, ~íempre que la niña iba por agua, Tumbi salia á su encuentro
los pureppecha.
y la acompañaba hasta las primeras calles de Huetamo, regresando solo y meditaLa niña ignoraba que el bundo á su pueblo de Cutzio.
hombre extraordinario era Fr.
Mas ¿por qué Zapinda palidece á. la vista del mancebo? ¿por qué hay ahora en
Juan Baptista, el apóstol de la su corazón más miedo que cuando la e~pantaban los ti&lt;&gt;'res ó la aterraba el hombre
tierra caliente.
de mirada lúbrica, el mónstruo de la gruta de Cttrú--g~aririo?
Empre.,der el camino de Cutzio en aquellos momentos para ponerse bajo la
protección del santo, era desafiar la lubricidad de Raquitze y exponerse á perder
su inocencia en los obscuros subterraneos de Curú-guarimio. Ya que no era posible, pues, ver al hechicero cristiano, contarla sus penas á Sicuame, la hechice, a
india que tenia su choza bajo las zirand.is de U rapa.
. III.
Trémula y con las lágrimas en los ojos se dirijió á aquel sitio. Era ya de noche. Densa obscuridad ennegrecia la tierra: en cambio en el cielo cintilaban las
estrellas, llenan lo de e~plendor.•s espacios invisibles para nosotros.
En el interior de la cabaüa iluminada con hachas de Cueramu se divertía Sicuame haciendo caricias á un gigantesco caiman cojido en las aguas deRio Grand e y que tenla su guarida en una de las pozas del arroyo de Urapa; detrás de la
hechicera estaba enroscada una de esas serpientes coloradas llamadas alamacoa-•,
la cual, de tiempo en tiempo, abría las fauces y se tragaba un a ,acran; corrían por
el suelo bandadas de es ts horribles lagartijas, sedientas de sangre, y escuálidas
como esqueletos, que se llaman nopiche.,, y por último, innumerables murciélagos,
de la especie de los vampi,:os, invadían la cho:1-a, se acurrucaban en los hombros
de Sicuame y de nuevo se dPjaban lle, &amp;r por el zíg zag de sus alas implumes, perdiéndose en las tinieblas de la noche.
Al ruido que hizo Zapinda, al entrar, alzó los ojos la hechicera y le dijo:
-Adivino á. qué vienes. Te espanta el encuentro con Raquitze: yo te libertaré
de él. l\fira; en el oriente de este pueblo hay un bosque de cuirindales; allí forman
maleza esas púdicas plantas que se llaman yergonzosas, (1) son el emblema de In
virginidad. Cuando tu madrasta te en,•ie á Cutzio, ve primero á aquel sitio y to,
ca con tus dedos las ramas de esas yerbae¡ verás que pliegan sus hojitas, como llel
flJ La sensitiva.

417

EL MUNDO.

Domingo 19 de Diciembre de 1897.

Y no había dia que no tocase con sus dedos las hojas de la sensitiva, y cuanto
más se veía protegida por el valeroso Tumbi, más sentia que se plegaban misteriosamente las fibras de su sér. A veces sus mejillas se encendian instantáneamen·
te, pero en seguida era más profunda la palidez de su rostro. Y tenla miedo de si
misma.
VI
En una de aquellas tardes, en que habla llegado á Cnitzio, vió en la puerta del
templo al anciano venerable que predicaba la nueva religión. El hechicero cristiano con acento de inefable dulzura le dijo:
-Entra Zapinda, eltwa tu alma á Dios.
P~netró la jov1111 al 1ta11tuaTio, -y-sobre--el 1tltar qu-e se d~taeaba -eu-el-fon-do ~ió
la imagen d1· una mujer, coronada de estrellas y á sus pies el blanco creciente de
la luna. An~eles y que.rubines la elevaban al cielo y al ascender, romplan la tenue
gasa de las nubes. Los ojos de la imaginación podían ver que el cielo abria sus
puertas de diamante para recibirá la más bella de todas las criaturas.
Hincada de rodillas pidió Zapinda á la reina de los ángeles que la librase del
peligro de su propio corazón; lloró, v Slli! lágrimas, como una lluvia, templaron los
ardores de su pecho.
El sol se hundía entre los celajes de colores, cuando Zapinda entró en las calles de Huetamo, bajo un cielo de bendición y de esperanza.
VII
Otra vez volvió Penáhpemte á enviará la niña por el agua del río.
Zapinda se encaminó primero al bosque de cuisindales, y llena de asombro miró levantarse en medio de los árboles un elevado cocotero, sobre cuyo flexible
tronco se meclan las palapas, á impulso de la brisa. Aquella esbelta planta le parecía la imagen de Tumbi, el gallardo guerrero de alta estatura y ceñida la sien con
el penacho de flexibles plumas que ondulaban al viento.
Absorta caminaba, tocando con sus manos las tiernas sensitavas y · al par de
ellas, sentía extremecerse en su seno las fibras más delicadas de su ser.

MI AMOR.
Pasada ya mi primavera hermosa,
A llegar ante ti mi alma se atreve
Con la última esperanza .........¡Es una rosa
Salvada no sé cómo de la nieve!
No la dejes morir! En ánsia loca
Esperando tus besos se consume,
Y guarda con afan para tu boca
Toda su miel y todo su perfume.
No la dejes morir! Es mi esperanza,
La última, la mas pura, la mas bella.........
Si trasplantarse á tu jardín alcanza,
Tu eternidad aromaras con ella!
Y al huir de la noche los negrores
Y bajo un cielo de eRplendente calma,
Brisas y fuent.es, pájaros y flores
Poblaran el desierto de mi alma.
Mi amor.........¡Celeste niño! Vieñdo herida
De muerte mi ilusión, lloró de duelo,
Y medroso me dió su despedida
Y me dijo alejándose: ¡Hasta el cielo!
Pero el cielo eres tú, tu solamente!
En ti mi amor con tu hálito respira,
:.\Ie aguarda entre tus brazos impaciente
Y se asoma a tus ojos y me mira.
Si me acerco, se va; si entonces huyo,
Me dice que me ac"rque y que confíe,
Y retoza feliz en torno tuyo
Y ele mi duda y de mi afan se ríe.
JAVIER SANTA hlARtA.

Vida y ni.uerte.

Cuando se acaba el hechizo
De la juventud florida
Y se llega á ver la vida
Tal y como Dios la hizo,
Hasta el ánimo más fuerte
De la fé se apaga en pos,
Y hay que dar gTacías a 0ios
Porque hizo también la muerte.

A.LPHA,

Pensó en el anciano sacerdote, y elevó sus ojos al cielo. El cielo se cubría en
aquel instante de nubes macisas que ya parecían inmensos copos de nieve, ya
montañas de oro incandescente ó girones expléndídos de púrpura.
Hubo un momento en que las nubes, iluminadas con los colores del iris tomaron ante los ojos de Zapinda la forma de una mujer, la más belfa de todas las mujeres. La coronaban las estrellas y se exter,dia á sus pies el arco creciente de la
luna, Y en aquella apoteosis que se verificaba en los cielos, el sol derramó sus últimos ravos, como torrentes de luces misteriosas.
Mas·1as nubes se d,:shicieron como tenue gasa, y en el espacio azul solo flotaba ya el manto de color indeciso . . la tarde.

VIII
Cuando la joven volvió sus miradas hacia el suelo, vió salir de entre las sencitivas una paloma silvestre que cantaba alegremente, que batía sus alas y que sa_
cudia de sus plumas una menuda luvia de gotas de agua cristalina. Zapinda pro.
rrumpió en un grito de júbilo al contemplar un pequeño manantial que aparecfa
entre las sensitivas al pie del elevado cocotero.
Asi fué como Fr. Juan Baptista hizo el milagro de que ni Zapinda nilaa demás
doncellas de Huetamo tuvieren que ir por agua hasta Cuitzio, expuestas á 1os peligros del camino.

IX

No paró en esto el milagro. Pocos días después,
Zapinda y Tumbi recibieron el agua bautismal de
manos del apóstol de tier.i_:a caliente, y con los nom·
bres de Maria de la Asunción y de Juan Bautista se
unieron con eternos lazos, siendo este el primer ma.
trimonio cristiano celebrado en el antiguo reino d 0
los huetama.
E. R.

EL COLEGIAL-(haciendo una mueca). Oh, si!
LEA-Ye~tudi11?
EL COLEGIAL-Se lleva)odoil los primeros premios.
LEA-Es afect1 oso c•m sus condiscípulos?
Al llegar el tren de Marsella á la estación de Fontai EL COLEGIAL-No lo sé.
11ebleau entró en un departamento de primera i'\fad. Lea
LEA-Cómo! Viéndose todos los dias!
Demazay célebre cantatriz del Teatro musical. La
EL COLEGIAL-En efecto, ae ve uno.
acompañaba su camarista.
LEA-Entonces ......
LEA-(sentándose) Hemos llegado á tiempo.
EL COLEGIAL-Pero no se habla.
LA CAMARISTA-Un minuto más y nos deja el tren.
LEA-Y por qué? No es amigo de usted?
LEA-Ya está en marcha en efecto. ¡Dios mío! ¿No
EL COLEGIAL-No.
habremos olvidado.nada? ¿Mis joyas están en la maLEA-¿La razón?
leta?
EL COLEGIAL-Es hijo de una actriz, y yo no hablo
. LA CAMARISTA-Si, señora.
con los hijos de actrices.
;
LEA-Con mi espejo y mi polvera de plata?
LEA-Cómo?
LA CAMARISTA-Si, señora.
EL COLEGIAL-Mi papá dijo un día que no debe uno
LEA-¿Y los ramos, dónde están los ramos?
frecuentar el trato de las actrices ni de las personas
LA CAMARISTA (aterrada)-Loil dejé en el teatro.
LEA-También es inaudito- esto. Anuncian la ~fati- que las rodean y por eso no hablo á Lemercier.
LEA-Dios mío! Dios mio!
né para la una y comienzan á las tres. En fin, ofrece
EL COLEGIAL-Diga usted si no es injusto que le den
al Subprefecto venir y he cumplido mi promesa. Sin
embargo, no me perdonarán haber olvidado las flores. los premios. Cad,, vez que sale va á los teatros y ve
En París, manda uno flores á Alguien y no vueíve á las comedias, y toma lecciones.
LEA-El dice eso?
pensar en ello, pero en provincia, es distinto: se habla
EL COLEGIAL-No, son los otros, los grandes, que sade las flores años enteros.
LA CAMARISTA-Y tuvo usted un gran éxito. Cuatro ben lo que hace su madre.
LEJA (con dificu11ad)-Pero al menos ¿es bueno Leveces la llamaron á la escena después de la aria de1
mercier? ¿Se conduce acaso mal?
Delirio.
LEA-Tengo hambre.
EL COLEGLA.I,-Oh! no, también se lleva los premios de
LA CAMARISTA-Cuidé de traer algunos Sand~chs
buena conducta.
y vino.
.
LEA (muy comnovida)-Ypor que su madre es actriz,
LEA-El festin de Baltazar! Dame.
Lea pone una servilleta en sus rodillas; al extender- sus condiscípulos lo declaran pária?
EL COLEGIAL-Así debe ser.
se, trapiezan sus pies con los de un niño de doce años
LEA ( á la camarista)-Lo oyes? Lo oyes? ( con los ojos
que se encontraba enfrente de ella y al cual no habla
llerws
de ldgrimas). Mira como se trata á mi.hijo, como
visto. El chico lleva uniforme de colegial .
un apestado, como un bandido, como un pária!
LEA (al colegial)-Le hice á usted daño?
LA CAMARISTA-Cálmese usted.
EL COLEGIAL {ruhorizado}-Oh! no, señora.
LEA-No: mi Bebé sufre, y es por mi causa (sollozanLEA (á la camarista)-Pronto, esos Sandwichs; no habrta podido esperar más. Esto me devue !ve las fuerzas. do) Ah! Esto es espantoso, y sin embargo, ¿qué hay
Debo despertar el apetito de usted (al Colegial) sien- que reprocharme? l\fi hijo, es un hijo legitimo y yo no
. do tan golosa ¿Si me imitara usted? ( dándole un sand- entré al teatro sino después de la muerte de su padre,
porque era necesario vivir. Como tengo buena voz,
wich)
EL_COLEGIAL-(rehusando) Oh, señora, gracias.
desde luego se me pagó muy bien. Yo me he conduciLEA-Si, sí, tome usted. A su edad no se rehusa.
do honradamente; y para que mi :hijo no tuviera más
EL COLEGIAL-(tomando el sandwich) Gracias seüora tarde de que avergonzarse, cambió de nombre, y esto
(comiendo) Está muy bueno.
no bastó, pues porque soy del teatro la malignidad se
LEA-Ya decia yo .........¿Y viene usted de muy lejos? ceba en ese querubín indefenso.
EL COLEGIAL-Oh, no! De Sans.
LA CAMARISTA-Señora, ruego á usted......... .
LEA-¿Está usted de vacaciones?
LEA (trémula)-En cuanto lleguemos á Paris tomaEL COLEGIAL-No. Se me ha dado u.na licencia para · mos el primer tren para. Sans. Voy al colegio. Hablaasistir al casamiento de mi hermana. Voy por tres ré al Director. Ah! Ahora comprendo las tristezas que
dfas.
á veces atacan á mi Bebé. No se atrevia. á decírmelo el
LEA-Y no extrañará usted el colegio?
pobrecillo ......... No quiero que Mauricio siga allí ni
EL COLEGIAL-De seguro que no. Tanto más cuanto
un día. más. Le traeré á París y le pondré maestros 'd e
que va á haber examen de r1•citación.
todo, y ae armas; para que cuando sea granrle sepa casLEA-Y no es usted fuerte en eso?
tigar á los que rehusen hablarle porque su madre fué
EL COLEGIAL-Prefiero la gimnasia.
actriz.
LEA-En que clase está usted?
LA CAMAIUSTA (al colegial que atiirdido contempla con
EL COLEGIAL-En la séptima.
LEA- En ese caso, conocerá usted á Mauricio Le- aire estúpido el pedazo de sandwich que le queda). Ya ve
usted, niño ya ve usted lo que ha hecho.
mercier.

�~~============================E~L~MUND~~~º~=============~D;;o;;,;m;;1;;·n~g¡.;o=l~9=d,:;e;,,,;;D=i,;c1;;·e=m=b;;r=e=d=e=l89~7..:..=-

LEA.-Yo no le quiero á Ud. ma/, amiguito; no tiene
Ud. la culpa de esos prejuicios que son tan comunes
(llorando siempre) Pobre Mauricio! á lo menos, creo
que no 1P pP-garán.
EL COLEGIAL.-¡Oh no, Señora! Por otra parte, no sufre ·
como Ud. se imagina.
LEA-¿No sufre cuando todos lo ponen}n cuarentena?
EL COLEGIAL.-Si no todos!
LEA-(c@ un grito de alegria) ¿Es verdad eso? hay
otros hijos de artistas en el celegio?
EL COLEGIAL-No: solamente Lemercier, pero tiene
muchos amigos.
LA CAMARISTA.-¿Lo ve Ud. señora? No todos tienen
mal con1zón como bSte niño.
·
EL COLEGIAL-(con ira) Si no me venciera en las barras!
LEA-No me habla Ud. contado entonces todo. ¿Alguna yez ha reñido Ud. con Mauricio?

EL COLEGIAL-Dos vf'ces, y me ha ganado siempre.
LEA-Y por eso no le habla Ud. y lo trata de hijo de
actriz.
EL CQLEGIAL-(confuso) $añora........ .
LA CAMARISTA-¿No ~e avergüenza Ud. de su mala
acción? Mi ~eñora ha llorado por su causa.
EL COLEGIAL-[con los ojos húmedos.] Si. ........
,LEA-OlvidP.mos lo pasarlo.
·
EL COLEGIAL-/llomndoj No: yo sé bien que Ud. no
me perdoná de corazón.
LEA-Si,sipero ~ea Ud. bueno con sus condiscipuloR.
EL COLEGIAL- Lo juro! Y luego, cuando vuelva al
Colegio ......... .
LEA- ¿Y bien?
EL COLEGIAL-Lemercier sera mi amigo.
LEA-Ah! Así está bien. (se levanta y va á sentarse
junto al colegial á quien abraza.)
LEA- Es Usted"un niño bueno y yo no lo quiero mal

Domingo rn de Diciembre de 1897.

419

EL MUNDO.

pero piense Ud. siempre lo que dice. Pit&gt;nse Ud que
si otro niño por aturdimiento hacía llorar un día á su
mamá de Ud.
EL COLEGIAL-Yo no tengo mamá; (lloron·lo y zollosando) se me murió hace tiempo. mucho tiempo ........ .
LEA-[Abrazando y besando al colegial}.Pobre chiquitín!
LEA continua acariciando y mimando distmida al
chico que poco a poco deja caer si¿ cabecita sob,·e el seno
de la actriz, como dulcemente abrumado por e.~as caricias. Derrepente se incorpora.
EL COLEGIAL-Si supiera Ud........ .
LEA-¿El qué?
EL COLEGIAL-Que desearía yo tener mamá, aunque.
fuera actriz.

f

}Cada el (rielo.

�420

EL MUNDO.

Domingo 19 de Diclembr11 de 1897.
~

Dorr.:ngo 19 de Diciembre de 1897.

EL MUNDn

Ensueño de niños.
POR JOSEPII L'HOPITAL.-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 9.
La primera hizo rodar un manequí, la puso el canos r rizados. Su traje de .ma elegancia seveCuéntame pues ese gran secreto, hija mia. ¿Es
traje de la baronesa colocándole algunos alfileres, ra, estrechaba formas un poco exhuberantes; sus
rubio
ó moreno? No lo quieres decir? Pues eres
dió con voz breve y seca algunas instrucciones y bellos ojos lucientes iluminaban su rostro franco
una
tonta
si crees que voy á disgustarme por esas
desapareció.
y bajo i,u labio superior que levantaba una con- cosas, chiquilla. Lo que menos puedes imaginarJacquelina, sentada cerca de la puerta, espera- tinua sonrisa se descubrían unos dientes blancos.
te: no se trata más que de saber si no has hecho
ba mirando á las obreras, qu&lt;' ahora trabajaban
Cuando agotó los recuerdos de familia dijo al alguna tontería. Eso es todo. Y la seI1ora Bardoen silencio dirigiéndole miradas furtivas-La se- fin:
nel soltó una alegre carcajada que indignó á Jac11.orita Delfiua ciaba vueltas al rededor del mane-Siéntáte querida mía. y conversemos. ¿Por quelina.
qui prendiendo con alfileres y ajustando el traje, cuanto tiempo has venido á P,trís? Y la ohlig~ á.
-Usted se equivoca, dijo con enerjía. Yo no he
las otras, inclinadas sobre la costura trabajalian sentarse á su lado en un confidente.
seguido
á nadie; vine sola, enteramente sola. Y
sin oír:se más que el chirrido ele las agujas pene-.
Jacquelina se turbó ¿Pues que á la prim.n-(i na- rompió á llorar.
trando en la seda ó el rumor S{!CO del hilo que al- da le habias dicho? Pero viendo la cara alegre y
-Cómo? Pobre niña! Te ha abandonado, cuénguna reventaba con los dientes.
los ojos dulcemente interrogadores de su prima,
Esto duró poco tiempo. Luego empezaron los tomó "alor y con la mayor sencillez refirió que tame eso. Son tan raras las desesperaciones del
cuchicheos, hablúndose de pronto en voz baja, pi- hnbía Yenido á París sola y por largo tiempo, tal amor.
Y se aproximó á Jacquelina con los ojos chisdiéndose l\láS tarde un consejo en alta voz y por vez para siempre.
peando de curiosidad y de malicia.
último algunas confidencias murmuradas al oído
La fisonomía. de la sefl.ora Bardonel expresó
Pero sí digo que se equivoca usted; que nadie
hicieron empezar las risas. Sea por casualidad, sea una sorpresa llena de interés.
me ha abandonado. Soy yo quien .... pero no
intencionalmente, al retroceder la señorita Del-Sola en París y_por largo tiempo ....
quiero, no quiero ....
fina para juzgar mejor del efecto del vesti-¿Pues que, no vcniste para divertirte?
-Basta, seiiorita, dijo la seifora Bnrdonel levando, tropezó con Jacquclina, lo que dió ocasión
-Ay! no, sellora dijo Jacquolina con una do- tándose con dignidad; yo no quiero penetrar secrepara que· le presentara sus excusas y habría em- lorosa sonrisa.
tos agenos que por otra parte no pueden adivinarpezado naturalmente una conversación, sino hu-No me digas seilora: dime prima, te lo ruego. se. Eres una ingratuela. Dejarte en Tours parienbiera sido porque apareció la terrible i:3ra. Chtln-No, prima, no vine por gusto á París. Metra- tes buenos y honrados para. correr aventuras y ensonicr.
jo el destino.
contraríais agradable ahora que probablemente no
- Vcnga usted señorita, la seiiora la está espeLa sonrisa de la seil.ora Bardonel se extingió tienes ya ni un sueldo venir á vivirá mis expensas:&gt;
rando.
por un instante y fijó en la joven una mirada inA expensas de usted .... ! dijo J acq uelina estreJacquelina atrnvesó temblando el taller y- lue- quieta y menos benévola pero esta no pu(lo obgo un cuarto donde un seilor atareado arreglaba s&lt;•rvarlo, porque la ha"!)ían cambiado las palabras mecida por el ultraj!'; otra vez se equivoca usted
y cortaba telas y que aparentó no apercibirse de amables conque fué recibida y se juzgaba en pre- seilora. Xo estoy en el caso de vivir t\ expensas
de nadie porque tengo trescientos francos.
su presencia. La pri1111·1Y1 dijo al oído á Jacqueli- sencia de una protectora y de una amiga.
Y se levantó con pereza.
na con una entonación rcsp,~tuosat
-Vemnos, dijo la señora Bardonel después de
La seilora Bardonel encontró cómica la actitud
-Este es el scilor Edward, el cortador.
un silencio. ¿Has reilido con tu tia ó tu tío?
y se puso á reir.
En seguida entraron en un salón amueblado
-No, prima.
-Decididamente eres una chiquilla singular;
con lujo un poco chillnnte y en el que se sentía
-Te exijian un servicio penoso?
con tus trescientos francos ni podrás ir muy lejos
cierto perfume femenil. Un traje de baile estaba
-No, prima pero ....
ni vivir largo tiempo en París, siempre tal vez, coarrojado sobre w1 canapé, guarnecitló de blondas
Le vino la idea de hablar de Auger, de su per- mo acabas de decirme. Qué piensas hacer?
y con corpiilo de rosa pálida que se vislumbraba secución cautelosa, de sus interesadas atenciones
-Yo no quiero ser para usted una carga; había.
á. través ele las trnsparcncias de la tela blanca.
pei-o no se decidió porque le repugnaba acusar á
-La sefl.ora está sin duda en el segundo sa- un pariente que después de todo lo había ácogido contado con que me proporcionaría usted trabajo;
y puesto que tiene usted obreras que no son sus
lón, dijo la prim1·ra, y se le habrá llamado para y alimentado en su casa.
primas ....
recibir alguna cliente que acaba de venir. Voy á
-lince mucho tiempo que no veo á la tia Au--,Xo, gracias á, Dios no lo son, pero saben traverla.
ger, continuó la señora, pero me dejó el recuerdo bajar. Y piensas tú, que sirviendo conejos fritos
Luego levantó discretamente una cortina de se- de ser una · buena persona. ¿Ella te hacía penosa
en una fonda se aprenda á ser modista'.'
da, llamó en una vidri&lt;•ra y entró.
J,i vida?
-Xo tardaría en /\,prender y algo sé ya puesto
-Ah! Es usted, dijo una voz. Vea usted el corA esta evocación de la buena tía Auger que á
pilio de la scilorita Hortensia; no le queda bien. esa hora debía estar abrumada de tristeza, Jac- que yo misma hago mis vestidos. La seflora BarNo sé pero me imagino que hay algo que hacer- quelina sintió que le subía un sollozo á la gargan- donel dirige una mirada desdeñosa al humilde trale en las mangas, tienen un aspecto impropio ¿no ta y respondió todavía pero con una voz llena de j e de su prima, pero muy luego esta mirada centellea y contrae sus labios una sonrisa de satisfaces verdad? Ah! muy bien; ya estamos en camino. lágrimas:
ción al observar que el traje estaba muy bien he.Así, ¿le parece á usted? Hágame favor tle arreOh! no, prima.
cho. 8!' reprimió prontamente sin embmio y agreglarlo.
-Algo te apena. Sin eso, no habrías partido gó con dureza.
En lugar de la seiiora Chan:sonier que había de- así, háblame francamente.
-~o sabes nada; será necesario que empezasaparecido, vió Jacquelina aparecer en la pucrt11,
Ensayó entonces hacer un cuadro sombrío de su
una señora. vestida de negro. Era la seiiora Bard0- vida de criada de fonda, se quejó de la ruda labor ras tu aprendizaje y ya no te ayuda tu edad.
Por otra parte, entramos ya en la mala estación
nel en persona. Avanzó rápidamente hacia la ni- que ese oficio impone á una joven hom·ada, del
y el trabajo escasea de manera que en breve desila y la besó en las mcgillas.
caracter de los hombres y del disgusto que sentía
-Cómo! ¿Eres tú, querida mía? Que feliz ca- sirviéndoles y oyendo sus requiebros, pero sus pediré algunas obreras y no es esta la ocasión de
sualidad te trae? ¿Porqué no me avisaste de an- palabras no tenían el acento de la verdad, sus ex- recibir nuevas.
-Dios mío! y qué haré?
temano? Haces un vilije de recreo á París? ¿No plicaciones se enredaban, sus razones eran obscuEs muy sencillo; tomar el tren más inmediato
vino contigo tu tia? Donde está? Pobre se11ora! ra:; y era desde luego facil ver que no sabía menhace ya veinte ailos que no la veo. En cuanto á tir. Como á cada momento experimentaba. mayo- para Tours, pedir perdón á la tia y volver á tu
tí, ahora es cuando te conozco. Estás muy boni- res dificultad~s para expresarse, su prima, le cor- antigua vida.
ta ¿sabes?
-Si no puedo, juro á usted que no puedo, y fo
tó la palabra diciendo con cierta acritud:
ruego tenga piedad de mí. Hay cosas ¿sabe usSorprendida y encantada por esta acojida, .Jac-Xo es eso, bija mía; tú me ocultas algo y ha- ted? que no pueden decir:sc, son sagradas. No falquelina se dejaba mimar; era la primera vez desces mal en no ser franca conmigo. No me enga- taba más sino hacerme tantos mimos para ser tan
de su llegada á París que oía decir algo agrada- ñes con tus aspavientos pues no tienes ni cara ni
ble.
dura después. Si se perjudica usted, no me pao-uc
conflexión propias para tener á los hombres el
Entre tanto, la señora Bardonel recordaba la miedo que dices, y al contrario, puedes Yolverlos de pronto; no pediré nada, lo prometo, en t1~1to
que me dure mi dinero.
historia de la familia, hablando ele los viejos Duá su puesto cuando se desmanden: Otra cosa ha
Había tanta angustia en el rostro de Jacquelimont d' Azay enterneciéndose al r cordar la ca- de suceder.
na
y tantas súplicas en sus ojos que fa s,eñora se
i.a. de sus abuelos, r ecordando como cantaba en- Prima mía.
sintió conmovida.
tre las vides la gloria del rosal entreabierto, de-Oh! sí, estoy segurn. Algún amorío tal vez.
Sea, dijo, testarud,1 sedo á tu capricho que pienrrmnando h\grimas por sus recuerdos delante de Te ruborizas? Pues eso es.
so no serit muy persistente. V en mailana y sí te
Jacquelina que no había conocido ni á los abue-Yo juro que . ...
tomaré como aprendiz. Veremos lo que puedes
loa ni el rosal y para.la cual Azay no tenía mi1s
-Xo jures nada. Comprendo eso á tu edad.
que recuerdos de dolbr y dt• mis¡•ria. Sin embar- Venistc sola {L París, pero con la esperanza de que hacer y si no eres muy torpe te daré un franco y
medio diario para empezar. Pero no me trates de
go, se sentía dominadn por una tierna conmoción
durará poco tu soledad. Vamos; no llores asi, puesy veía con ojos llenos de grntitud á la seilora Bnr- to que te comprendo y no voy á devorarte por tan prima; serás una obrera y nada más. Si esto 1medonel que tomándole las manos repetía:
de curarte de tu calaverada. y hacer que pronto
poca cosa. En veinte aiios, he conocido muchos dejes París tanto mejor. Si no, mejor también
-¡Y qué linda eres!
jóvenes y puedo excusar sus sentimientos.
pues así empezé yo.
Era mm mujer de edad, con los cabellos entre-Por piedad, prima, no crea usted .. ..
-Oh prima! gracias .... gracias!
0

-Xe me trates de prima y preséntate aquí maii~na á las ocho. .
Gran y majestuosamente la seilora Bardonel abnó una pu?rta haciendo
un gesto de despedida y J acquelina salio sin au·everse á decir nada hasta.
el corredor sombrío por donde había entrado. Oyó al pasa~· cerca d_cl taller
la charla de las obreras, tomó su maleta de manos de la cocmera Y sm saber
á donde fr y no pensando sino en la modesta plaza que acab~ba de .obtener tan penosamente bajó llena. de esperanzas la nauseabunda escalera.

XIX
Esa madrugada se tocó diana á las tres en el P8:tio de [:1úsa. ~st~ba
oscuro todavía, pero las estrellas palidecían y una ~•gera b~1sa t'.·rua .a la
atmósfera calentada por la calma de la noche, las primeras fI cscm as de la
mailana.
l
.
. ó tra e
Las ventanas de las cuadras se iluminaron, e pat1? se amm a . v sado por sombras, y en el sitio de reunión de las compailías pa~aban y 1epasaban grupos que hacían sonar sus sables en tanto que las siluetas de los
caballos entraban precedidos por fantasmas.
Pronto empezaron áformarse líneas n~gras_ que resaltaban sobre la debil blancm'a de los muros el piso, y luego silenc10so,alfrente dela banda. de
cornetas y tambores apareció el Tambor MaY:or.
.
.
_
1
va~os, dijoJacquot á. Jacobo, dame m1 mochila. y b:\Jemo.s, ~ a toe~
est1disto Cuatro cientos veinte cartuchos por plaza. Toma tu carabiraiE\
t·\. bien ~narasada? y 0 te la arrealé á m:iravilla. Diablo! por poco o vi ? e
t~pón; y l~ego, e~ cuanto haya tiz, el coronel qu~ n? puede e~~r qu1et?
viene trotando en su jamelgo. "Capitán, veo un fusil sm tap?n.
. no ~Ul·"' Apunte Ud• el nombre
d a su compau.ia.
_ de ese soldado." Y sigue su cammo
á ver á quien otro le prepara un castigo.
. .
Y descendiendo i. saltos la escalera J n.equot contmua:
-Pensabas no ir á Ruchard? Pues te vas á. salir con la tuya: en el primer
arhol del camino te ahorcan y ... . al freseol

421

�EL MUNDO.
Se colocaron en su lugar y Jacquot dirigiendo
sus mii-adas al grupo de la música se puso á renegar er.u·e dieutes contra el Tambor Mayor.
-Numeraos! ordenó una voz breve. En cada
Compailía, de derecha á izquierda los l1ombres
dijeron en voz alta sus númerns: Juego los tambores y los cornetas avanzaron sin tocar y el rejimiento moviéndose en silencio salió de la ciudad dormida.
Atravesó 'rours con paso riipiclo. Jncobo marcliaba de 1° de la 3" del 3: y como bit11 á bien no
había despertado soñaba aun arrullado por el rumor cadencioso de los pasos y veía vagamente
desfilar ame si la izquierda de la segunda formada de soldados de poca talla abrumados bajo
el peso de sus mochilas.
Poco á poco las primeras luces de la aurora
descendiendo entre las casas vinieron á iluminar
las carmañolas y marmitas de lc1s mochilas, y á
hacer luch' las bayonetas de los fusiles á lo lejos
balanceadas en el mov1miento regular de la marcha.
Al mismo tiempo, una frescura reparadora y
grata subía de la tierra y en la avenida Gramont
el perfume de las prad.eras recien cortadas, venía delicioso; y cuando doblarnn á la derecha
clescendiendo hácin Cher, el sol apareció al fin
desgarrando las extensas brnmas blancas que flotaban perezosas sobre el valle.
Se llegó al camino pero apenas sí se había cruzado entre los soldados una que otra palabra. Varios dormían aun, otros aspiraban en silencio la
brisa matinal, y otros en fin vacilaban bajo su
mochila mal equilibrada prometiéndose componerla en el primer descanso.
A medida que se aclaraban sus pensamientos,
Jacobo semía un malestm· extraño. llacíamucbos
meses que Jacq~elina había partido; él creyó haberla olvidado y he aquí que ahora una tristeza
motivada por ella le oprimía el corazón. ¿Poi' qué
pensaba en ella ese día? ¿Y por qué esta melancolía de sus pensamientos le parecían tan amarga y tan dulce al mismo tiempo?
Desde su partidn Jacobo no había tenido noticia, alguna de su amada. Al principio, en los
primeros 1ransportes &lt;fe su tristeza había venido á
llorar á casa de los Auger pero la señora de la
casa lo recibió de muy mala voluntad. La buena
mujer estaba hecha uiia furia, le acusaba de haber prostituido á Jacquelina y le decía que si
ahora estaba sufriendo bien merecido lo tenía.
Augcr, illflS diplomático con 1m cliente que bebia de lo caro, se había mosu·ado blando, acaramelado, pero su hostilidad no se ocultaba lo suficiente y Jacobo comprendió que si ellos sabían
el paradero de Jacquelina cuidarían muy bien de
ocultárselo.
Entónces se despechó y dió oído insensiblemente á las indicaciones de JacqÚot que de pronto le
habían indignado. Si, Jacquot debía tener razón,
esa muchacha se había burlado de el y al presente se estaría riendo de haberlo engallado, fugándose con el especiero rico á quien conoció el año
anterior. Era preciso pues ·devolverle olvido por
olvido y desprecio por desprecio. En efecto no
volvió á recordarla ni á inquietarse: algunos días
de licencia pasados en París dieron otro curso á
sus ideas y se creyó curado para siempre de aquella pasión ridícula. ¿Porqué entonces y después
de tanto tiempo volvía Jacquclina á preocuparle? ¿Qué sentimiento reconocía para atormentarla? ¿Era el amor que ya juzgaba muerto, ó era el
odio que creía haber dominado?
A poco la frescura matinal fué sustituida por
los a~·dores del sol que ascendía lentamente; bajo
los pies de la tropa el polvo se arremolinaba en
impalpables nubes; en la columna, se charlaba,
los jóvenes decian «nos vamos á tostar, y los víejos respondían gru:liendo:» esto 1ro es nada; ya veréis en la Costa de Vilaines.
Se hizo alto á la orilla del camino y apenas formados los pabellones de armas, los hombres se
ocuparon en equilibrar su carga apretando ó aflojando las correas, desatándose i\ fin de respirar
mejor el nudo de las corbatas 'y ayudándose mutuamente con ese espíritu afectuoso de compañerismo tan natural á los soldados franceses.
-¿Y qué tal le va al catrín? preguntó Jacquot
¿Cabe el señor en sus pantalones? No es por darme tono pero pienso que tu mochila no te romperá las espaldas porque puse las camisas de modo
que te las defendieran. ¿Quieres que tomemos un

Domingo 19 de Diciembre de 1897=-=

trago y unas ruedas de salchichón? Y como esta- mí, .. , Bah! Permaneceré soltera. Si viera usted
ban á retaguardia de _la columna y cerea del ca- esto que aeabo de escribir me ha hecho llorar.
rrito la cantinera.
Había yo softado tantas cosas! Es atroz esto de
- Vaya, esta marcha parece que te está aITan- querer uno lo que no puede alcanzar.
c,ando lo::1 alientos sin que sea para tanto. Estás
.Cuando Yenga usted á París le hablaré si me proserio como un asno que reflexiona ¿sabes? no es- mete.,, .pero no, mejor no.,. ,Qué duro es pentamos obligados it. bebernos la mar cuando llegue- sar en lo que no tiene remedio.
mos á Ruchard.
Creo que si me escribiera usted me haría mu- Déjame en paz, dijo Jacobo impacícnte, yo no cho bien. Refiérame su vida. ¿Va usted al Café
me cuido de tu rnarchit.
de los Amigos? Escríbame usted á París calle de
Jacquot no rc;:,licó pero cuando consiguió abri~·- Sta. Ana casa d.e la se11ora Bardonel.
se paso á codazos hasta el carro de la Cantinera
Y ahora tanto peor. Puesto que quiero ser hony consiguió dos pedazos de salchichón y dos va- rada no considero un crimen amaros desde lejos
sos de vio o blanco.
y el buen Dios no ha d e querer quitarme todo.
-Sabe:,r dijo, tu tienes algo y te voy á decir
Voy á trabajar más animadtt-espcrando carta de
lo que ti('ncs.
usted que me dará valor.
Es tu princesa qu&lt;' vuelve.
.A.dios Jacobo.»
-Déjame tranquilo dijo Jacobo con voz sorda.
JACQUELIXA.
-Lo que deberías hacer es desearle felicidades
Sin reflexionar que lo obscrvaban, J acobo besó
con su especiero y no ocuparte más de ella.
ardorosalllente la carca y Jacquot le dijo riendo:
-¿Quien te dice que me ocupo?
-.Magnífico, nos hemos reconciliado á lo que
-Yaya! no hay mi\s que verte. Y sucede toda- parece y esto hace creer que el especiero ya no
yfo, más que te sorprenderá. Mírame un minuto: y dá más ele bÍ.
)'O que digo haberla olvidado, no puedo. Oye....
Jacobo siutió una llamarada de cólera que le
Tocan llamada.
subió desde el corazón.
Volvieron á sus pabellones y la marcha siguió.
-CAllatc, no sabes ya lo que dices, exclamó
Jacobo siempre pensatiYo scguia con paso firme con violencia, y por otra, parte tú fuiste quien me
la marcha de su compañía Pll tanto que los de la metió en la cabeza esas ideas innobles .. . , estoy
izquierda dela segunda comenzaban á vacilar y avergonzado ahora, muy avergonzado.
arrastraban sin convicción sus zapatos en el pol-Y de qué se avergüenza el señor? De haber
vo del camino.
creido que su particular lo abandonaba y ahora
Esta Jacquelina! Decididamente no dejaré de vuelve su particular? Bueno reciba el seüor mis
pensar en ella en todo el día y reviviré la nove- felicitaciones.
la de ese pobre a:.:tor que creí ya muerto y sepul-Una vez más te ruego que te caJles, y repito
tado. ¡~ue linda estaba la primera vez que la ví! que no sabes, que no puedes comprender. , ..
¡Y aquel domingo, en la Iglesia! Y luego, el mis-Entonces tú me tomas por un atontado! Es
mo día á la hora del almuerzo, qué bien descon- difícil comprender en efecto.
ccrtó á ese animal de Jacquot!
La Jacquelina emprendió una bordada y ahora
Para hacer llevadera la fatiga los soldados se que viene de la· vuelta de tierra se acuerda de su
pusieron á cantar y Jacobo cantó también, sacu- amante de Tours y le anuncia su regreso. El amandiendo así el recuerdo tenaz que le absorvía.
te olvida de pronto la manera con que fué dejado
Pronto dejaron atrás la verdura de las praderas y hélo aquí en l'l recaída de su pleuresía del lado
y la sombra de los árboles y llegaron á la orilla izquierdo. :N'o lo envidio en su lugar me pasaría lo
del Indre y atrav0saron sus olas límpidas, y re- mismo. Pero ahora debes estar endemoniado de
montaron la otra ribera, dirigiéndose al valle y esta marcha á Tours en momento tan interesante.
pensando en el otro alto que se aproximaba.
Por eso no es nada, Jaquelina ha resultado una
El camino parecía interminable. Con el calor mosca muy exquisita.
aumentábase la fatiga y aun los oficiales se queJacobo que había empezado áleer su carta,por
jaban de que la vanguardia c~minaba demasiado tercera vez se encogió de hombros.
de prisa. J~n fin, á la vuelta deun recodo del ca-Cuando te digoquenocomprendcsnada. Jacmino apareció la aldea de Saché, la tierra prome- quelina no regresa á Tours sino que permanece
tida, y !'11 un instante volvieron á la columna la en París.
animación y la alegria. Los tambores y los corne-Y te escribe que la vayas á ver para recobrar
tas tocaron marcialmente y cada soldado se colo- sus muebles. La historia de stempre, pero no serás
có en la fila que le correspondía par'l que el Regi- tan bestia.
miento entrara de un modo satisfactorio.
-Xada de eso es infame lo que piensas y te
Ya en la aldea, Jacobo salió del cuartel y sen- prnhibo hablar de Jacquelina como lo haces.
tado en una acera, á la sombra se ocupó en frotar
-Me prohibes? Bueno está eso, me burlo de tus
con grasa sus pies adoloridos,. Al cabo de algunos defensas porque eres un estúpido- burgués, un asminutos se le presentó J acquot dándole una carta. no cargado de dinero é incapaz de cerrarme la
Jacobo la tomó palideciendo y la abrió con mano boca. En fin, basta. Te repito que mujeres como
trémula en tanto que el .otro- lo veía con un aire esas son unas. , , , , ,
especial: los dos habían reconocido la letra y á
-Mientes, gritó Jacobo, yo nunca he dado á
medida que Jaco bo leía, gruesas lágrimas le subían J acquelina dinero, nunca.
de los ojos y reia y lloraba al mismo tiempo.
-Jacquot palideció; un gesto de padecimiento
Era una carta de Jacqtlelina que decía así:
contrajo su boca y un relámpago de envidia pasó
«No sé si hago bien en escribir, pero mi deseo es por sus ojos.
más fuerte que yo. Me había prometido que no vol-Si así fuere, dijo sordamente, la cosa es disvería usted á ofr hablar de mí y de pronto estaba tinta. Pero entonces por qué se fué á París?
yo contenta de no tener n·oticias de usted. Mejor,
-E:io no te concierne, dijo secamente Jacobo.
decía, él me olvida y eso es lo que se necesita. Pe- ·
Dí mejor que no puedes explicarlo. Ella habrá
ro he aquí que no puedo más, estoy muy disgus- encontrado insípido el perfecto amor sin galletas
tada contra usted y que le escribo.
y ahora lo quiere saborear otra vez. En tu casa
Tal vez, habría sido ménos malo escribiros an- · , la enjaularia para que no me la vuelvan á llevar.
tes, porque si también está usted enojador siquie,-Te digo que nadie la llevó, que no fué á Para tendría usted su recuerdo para esta pob1'e J ac- rís con nadie ni por nadie.
quelina que piensa siempre en usted. Es fuerzaperEntonces, , . , , .
donarme, ya que tanto he llorado. · ·
· · -Ya te decia yo que no comprendes nada.
¡Qué triste es ser muje1- cuando se quiere per-Lo que comprendo es que me quieres engamanecer honrada! Cuando llegué á París me de- futr ó que eres más atontado que el Tambor :Masanimé tanto que hubiera regresado á Tours si yor. ÜLrnndo se ha tenido por novia una chica cono hubiera temido volver á veros. Una yez pude mo esa que el mejor día la emprende á París á
salvarme. Pero luego? Ahora soy eosturera. Es- paso gimnástico y luego contramarcha á su puntuve aprendiendo largo tiempo y gano poco, pero to de partida para convencernos de que hizo toda
yaganaré más. En fin no' tengo necesidad' dena- la fiesta con el Obelisco y el Panteón bien vale
da mientras tenga salud. Mi tía ha debido dar á la pena de ponerse contento.
usted todos esos informes.
-Entonces tu me tomas por un imbécil ó por
Creo que valdría más que n()s olvidáramos. Yo un bromista.
tuve un ensueño de nifta y puede usted creer que
-Diablo!
lo considero muy bueno, pero era un ens.ueño pu€s-Y bien si yo te dijera que es obrera en Paris
to que usted está hecho para casarse con una se- y que gana su pan trabajando de día y de noche?
:llorita y yo no sé si alguien habrá nacido pará
(Continuará)

Gfig. 1ª---'T'raj? p1risien5e

ae

paseo.

�LA MODA

2

á vosotras con mil conversaciones de salón, con variadas notas sociales; os descubrirá. con discreto cuchicheo los proyectos de fíes tas que se discuten y acabaréis por ser amigas de ese Puck travieso que sabe tantas cosas.
La presentación del cronista está pues en el porve
nir. Hoy, se limita á. saludaros y á ofreceros un ramo
de violetas.
Muy señoras mlas.

***

Por desgracia. tengo que iniciar. mis notas de sociedad con algunas lineas referentes á ......... una corrida
de toros ......... No tiene remedio! Gran parte de la alta
sociedad mexicana se ha dado cita en el coso de Bueareli y la tarde del domingo último, cada palco era
un primoroso bouquet de flore,;. El día habíase anunciado tibio, y la mayor parte de las damas iban con
trajes de media estación, predominando los colores
claros.
Vimos muchas telas azul pálido con aplicaciones del
mejor gusto, y citaremos como modelo, el trnje de la

LA MODA
te, con ojos femeninos, se advierte que hay poca variación en los trajes de otoño, salvo acaso en la forma.
de los corpiños y de los cuerpos en general, más severos y de telas ricas, entre las cuales el gros graneadoy el liso tienen lugar preferente.
Las joyas si cambian y se multiplican con la llegada del invierno, y menudean las fantasías en rivieres
broches, sortijas, reloje11, etc. Respecto de esto, llama
mos la atención de nuestras lectoras hacia la completa..
reseña que publicamos de las piedras preciosas más
en boga en la actualidad en Londres, Paris y Nueva
York
Dícese que para el nuevo año prepáranse grandes
novedades Nuestras lectoras tendrán oportuno conocimiento de ellas.

***

La aristocracia de México previene co11 gran entu~
siasmo lindos trajf's para la ¡,róxima kermesse de Minería, organizada con fin benéfico por altas damas deesta metrópoli. Este es el asunto del dla en cue¡¡.tióu desociedad y despierta sumo interés en todos los hogares elegantes.
Para intt.'grar d gentil personal de los puestoR, ~e
invita con anticipación á encantadoras pollitas que rivalizarán sin duda en gracia y elegancia.
La Kermesse ha entrado definitivamente en nu,·stras costumbreñ y tan bién encuadra en ellas, que no
parere sino que su origl'n es mexicano. Aquilátase ca1la dia más el buen gusto en la formaci_'m y adorno de los p,,estos y e,n los trajes-los de fantasía AO·
bre todo-de las expendedoras.
Son estos en su mayoría, de unii. adorable sencill&lt;'z.
y tan adecuados á la índole de hermosura tle 111 que
los lleva, que no se puede pedir más
Corren los rumores más agradables acerca de la~
novedades que se verán en esa gran fiesta; pero noi¡ueremos aún ser indiscrE&gt;tos.

***

Flg. 2---Traje de solrcé para Fef!orltas.

CRONICA DE LA MODA·
Es de rigor que al iniciar las labores de un periódico
nuevo, el redactor haga su propia presentación al pú_
blico, le diga sus propósitos é intenciones, fije un programa, y, después de saludar afecttiosamente, dé co
mienzo á. la faena.
En esta vez holgaría empero el programa. Cuál podría ser el de una revista exclusivamente dedicada á
las damas, sino el que tuviera por mira agradarlas y
serles útil en esa amplia esfera de deliciosas futilidades, de encantadores cuidados y al mismo tiempo de
útiles labores y serios y prolijos asuntos que constituyen su vida femenil? Este periódico ilustrado, que vosotras, bellas damas inspirasteis, no puede ser sino
Blusa rusa rara nU!o de 5 i 6 ai\os.
vuestro en toda la latitud de la palabra. Pretende llenar un inmenso vacío: el de una revista que lleve á los Srita. Domitila Hidalgo, la t·ncantadora mexicana qu
hogares todo lo que es de primera importancia para trae en sus ojos ceruleos, el deslumbramiento de la di"
las damas y en la que se encuentre desde el último vina Europa.
figm·ín prescrito por Parls que impera sobre el mundo,
Entre los sombreros predominaban los de seda nehasta la breve y práctica respuesta á la consulta de gros y con adorno azul, y las capotas del mismo color
una dama, relativa á una ligera dolencia, á la manera había también multitud de sombreros ligeros con ador _
de usar una medicina, al régimen que debe seguirse nos rojos que tan bien sientan al rostro apiñonado y
en una enfermedad; desde la nota última sobre los á los ojos negros de nuestras lindas mexicanas.
usos y costumbres de la alta sociedad, en el axtranjeLos abrigos de media e~tación, en su mayor parte
ro, hasta la amena conversación del doctor que enseña eran de una elegante sencillez.
muchas cosas en que se auna lo agradable á lo proveUna observación: Vimos á una dama con mantilla y
choso; desde el artículo mitigadamente serio, que pro- flores en el prendido de la misma; la señora del Lic.
pone una norma benéfica para las costumbrus, hasta Perez Galvt:z que fungió de juez en la corrida. Será
la critica espiritual que evita el escollo del ridículo .... este un presagio de que nuestras damas se resol ve_
desde la reseña de la última fiesta en que ningún tra- rán algún dia á. afistir á. las corridas vestidas á la
je elegante pasará desapercibido, hasta la semblanza usanza española? El espectáculo sería gentil y cautide una dama distinguida, hermosa y de buen gusto. vador pero presentimos que no lo verán nuestros ojos
Ya veis que el programa es amplísimo ......
***
*
Algo
de
París:
**
En cuanto a la presentación del cronista, qué puede
Jamás, en muchos años habíase disfrutado en la casignificaros? Ba\teos saber que procurará complace. pital del mundo, de un otoño tan delicioso como el acros y abarcar la mayor suma de asuntos agradables tual. El sol ha brillado radiante todo Octubre y parte
para vosotras; que diablillo invisible, se acurrucará en de Noviembre, y seducida por el tiempo, la aristocra_
los repliegues aterciopelados delos grandes cortinajes cia ha inundado con sus pomposos t,·enes la calle de
de los salones; esconderá.se tras los exóticos biombos; la Paz y el Bosque, como en lC1s bellos dias de primaencaramará.se á los respaldos de los sitiales y vendrá vera. Siguiendo aquel gran desfile de mundo ciegan-

Para concluir. lo3 nombres de algunas damas que
luciendo vistosos trajes, vimos en la hermosa corrida.
del domingo: Sras de la Torre, Escandón, Lan 1la y
Escandón, Riva, Villar, Noriega, Sanchez, Llamedo,
Hornedo, !turbe, Ibañez, Barrera, Goribar, Knigt~
Mancera, Alemán, Gutierrez y Saldivar.
y ahora, lectoras mlas, basta hwg·o.
ROXANA.

Flg, 4.---TlaJc de solreé de :iachemlra.

c:r;1g. ~-.,•&lt;Traje ae int?ierno para paseo.

3

�•

•
LA MODA

4

LA. MODA

N~8TR08 GRABADOS

La blusa de la fig núm. 14 es 'notable por la solapa en picos de·cre. cientes que le sirve de adorno y la torma elegante y nueva d-e las man·
gas. Nuestros lectores tienen un hermoso grupo en que escoger.

FIGURA 1.-TRAJE PARISIENSE DE PA!lEO.
Gracioso y de primoroso efecto es este traje hecho de
• paño satinado de color azul. La chaquete, sencilla y
sin mas adornos que dos guias bordadas á ambos lados, ábrese sobre un falso chaleco de satín blanco cerrado con alamares de seda negra.
Doble juego de solapas, de las cuales las exteriores
están doubleés de seda ligeramente crema. Gran falda
con aplicaciones de un gusto del todo nuevo. Llamamos la atención de nuestras li&gt;.c toras sobre el eombrero, donde el abullonado de tul y la
clásica pluma de avestruz, forman
el más lindo adorno que darse puede.

PARA LAS -DAMAS
· LAS PIEDRAS PRECIOSAS

SUMARIO.-LAS JOYAS.-JOYAS PARA EL DÍA.-JOYAS PARA LA NOCTIE.
JOYAS DE FANTASIA.-ULTIMASIÑOVACIONES -EL LUJO EN ELTEATRO•
Como los trajes, las joyas siguen á la moda: lo que se lleva un año,
una estación, es abandonado al año ó á la estacjón siguiente y el gran
chic para ~na mujer elegante es poder modificar, transformar sus a_lhajas seg·un ~l gusto del día. Este asunto es por lo demás de gi·an actualidad ahora que con el invierno •vuelve á ,su curso la vid,a mundana, comienzan de nuevo las recl'pciQnE:s y Sfl anm,cian algunos es•
pectáculos.
Se sabe que es de muy buen gusto ahora !)Oner joyas aun sobre los
trajes y au_n se dice que para cons~rvar áJ¡i¡; perl¡i.s fir¡.as su.orjente '!f
su belleza es preciso llevarlas siempre sobre si y jamás dejarlas, á fin
de que esten perpetuamente] como impregnadas del calor de la piel.
Es incontestable que desde hace algunos años las mujeres llevan.joyas de color en el dia, encontrando, no sin razón, que su profundidad
límpida se armoniza bastante bien con las telas cambiantes de las ropas y las plumas y las flores brillantes de los sombreros. Hace cincuenta años no se hubieran usado los collares, los bro&lt;;hes, las sortijas, los
bucles precíosos que hoy se muestran á plena luz. Apenas si se guardaban en las orejas los brillantes que el marido daba como donas y soi~

Flg. 9.-Detalle del bordado del ftgurin nú m 7.

Un lindo traje de capricho, que dejando
adivinar toda la esbeltez del huerpo delicado lo cubre y lo arropa cariñosamente
sin embargo.
Un amplísimo abrigo de pieles cae sobre
el vestido de satín obscuro y sobre el corpiño se abre gigantes~a corbata papillen
de crespón de sed3;_,El sombrero es sencillo, hasta ligero y sin embargo por su
forma cómoda--protege perfectamente la
cabeza.
Y va,l¡ joven blanca y resplanrleciente
bajo,aqudla nieve resplandeciente y blanca.
Va sonriente casi sonriéndose asimisma, á su hermosura inmaculada. Ella lle-

FIGURA 2-TRAJE DE SOIBÉE PARA
SEÑORITAS.
Este hermo.;o modelo está hecho de
taffetan ligeramente figurado, en
tanto que el cuerpo consiste en. uua
blusa de acordeon, de seda blanca
Liberty. Un cuello de guipure, completa el atavío, cayendo graci9samente sobre los hombros.
FIGURA 3.-BLUSA RUSA PARA NlÑO
DE 5 Á 6 AÑ&lt;&gt;S.
Todo el traje es de seda dibuja da
y el corte absolutamente sencillo.

Flg. ll---Vestldo de Cheviot para señoras.

De el bordado del tercero, damos un
1&gt;equeño detalle en la figura 9. Todo
-el traje es de paño, salvo el bordado
&lt;le dibujo prolijo al parecer, pero de
facil ejecución.
FIGURA 8.-TRAJE DE MATRONA.
Lo más interesante de este modelo
-es sin duda la capa de terciopelo bordado, que se prolonga hacia atrás y
hacia adelante, en dos bandas con apli-eación de piel de nutria. Constituye
una de las formas más en boga para
paseo.
FIGURA 9.- Detalle del bordado del fi.
.gurín núm. 7.
FIGURA 10.-TRAJE DE TE CON JAQUET
DE BOLERO.
El traje para té ilustrado en estas
páginas es de d1·ap d' eté, blancomarfil plegado en acordeón, sobre el cual
cae un cuerpo de bolero terminado en
-elegantes bandas hacia el frente y ha-cía la. espalda.
FIGURA 11.-VESTIDO DE CHEVIOT.
Dos modelos hay para este traje: uno
en que Alternan en el género, el rojo,
el Yerde y el negro, y otro simplemen
te negro que es el que ofrecemos á nuestras lectoras. La blusa tiene un peto
figurado, sobre el cual ábrense solapas
de terciopelo. Tres grandes guias bajan á lo largo de la falda. Entre los mo•
delos de invierno parécenos que es uno
de los que deben preferirse.
FIGs, 12, 1314 y 15. He aqui cuatro mo~elos de toilettes de recepción, en que
el satín y el tul, combinados y con
grandes aplicaciones de blonda, en los
dos primeros, ofrecen primoroso efecto.

Fig. 7.--•Tres modelos de cuerpos bordados.

lo mismo que el cuerpo, con un esbozo de muceta de
gros claro á gran dibujo, este ·último, y aplicaciones
de blonda, asi c&lt;lmo en el extremo de las mangas que
vagamente recuerdan la forma globo. ya en desuso
FlGURA 5.-UN HERMOSO TRAJE DE PASEO.
He aqi_ü una gentil manera de recorrer en los días
helados en que el frío pincha y azota, el blanco bule·
var alfombrado de inmaculada nieve sin es ponerse mucho ó poco á que la intemperie ofenda la frescura
de la tez.

Flg. 10.-·TraJe de té.

va la primavera; ·enrededor los árboles se levantan
como esqueletos mudos y tristes, y la nieve cae......
&lt;:ae sin rumor......blandarnente.
FIGURA 6.-TRAJE DE PAÑO HELIOTROPO,

•

Este traje de paño heliotropo, lleva blusa de gran
triangular sobre la de:.-echa, hecha lo mismo que
el doublée del cuello d e astrakán finísimo. Grandes
aplicaciones de bordado á derecha é izquierda en los
costados de la blusa, ajustada por cinturón de seda.
5 olapa

Fig. 6.--Traje de pafio heliotropo.

Un pequeño cuello volteado pliega graciosamente la
blusa, las mangas de globo, ajústanee también con varios pliegues. Un cinturón de forma muy sobria, cifl e
la blusa.
FIGURA 4.-TRAJE DE SOIRÉE, DE CACilEMIRA
PARA SEÑORITA.
He aqul una de las formas más cautivadoras de los
trajes de soireé para señoritas, en esta estación. Une
á una gentil sencillez una elegancia que nadie sabría
poner en duda. La falda lisa es de satin azul pálido

5

FIGURA 7.-TRES MODELOS DE COTILLAS BORDADAS.

\·

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' · 4✓

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···•-~ e!;~ -,;.,;l•.:.-~:::...:..¿~ ~ ~ i

Flg S.··· Traje para matrona.

El primero es de seda negra, de corpiño circular; ,
con peto de acordeón.
El segundo del grupo, es de cachemira ó tafetán, con,_
jacquet simulado de moharé blanco, y blusa á gran-1 •
¡

de~ flores.

;•
Flg. 12•--Tmje de rn,reé

Flg. 14.--Toilette_de tertulia.

se hacen también golondrinas de alas
endiamantadas, patos con pico adornado de brillantes, elefantes con los pies
de plata dorada, mariposas con las antenas terminadas por un rubí, etc. La
imaginación de cada uno puede darse
así libre campo é inventar preciosos
objetos que no tienen más que un valor relativo. Como piedras preciosas,
salvo el ópalo, al que á causa de un
viejo prejuicio sele atrib_uye una influencia fatal, todas las demás pueden
obsequiarse; en Inglaterra se quiere
. reaccionar contra esta superstición v
en todas las joyerías se ve resplandecer esta piedra irisada que parece llevar en si todos los resplandores del sol.
Si se quiere obsequiar una joya con
brillantes á precios razonables hay que
convenir en que la elección es un poco estorbosa: en la actualidad se hace
lo que se llama figmas de pájaros todas de diamantes rosas, tales como
vuelos de golondrinas dé talla decre. ciente, faisanes, pequeños gallos, lunas
crecientes con un buho de safiros ó corazones de perlas atravesados por las
dos ala·s de Mercurio, hechas de diaIil.~ntes. Los port-bonheur se hacen
ahora enriquecidos de brillantes. El trebo! de cuatro hojas, que hasta ahora
se llevaba simplémente -encerrado en
un caparaz~n de cristal b~rdado de oro
s~ hace de esina}te verde con un pequeño brillante en .el ·centro.

Fig. 13.-•Toilettes de recepción.

con el auxilio de los guantes que lás ocultaban frecuentemente, se permitia una
dama llevar sortijas en los dedos.
Vamos á pasar revista_á las últimas innovaciones del año en materia de joyas;
nuestras lectoras nos lo agradecerán ya que está tan próximo el dia en que es costumbre hacer regalos de año nuevo.
Los zafiros son hoy por hoy los menos buscados á causa de su color demasiado sombrío por la noche; en cambio las esmeraldas están más en favor; las esmeraldas-cabujones igualmente: cuestan menos caras y son de un efecto igualmente cautivador en las toilettes. Pero como piedra de valor es siempre el rubí y
principalmente d rubí sangre de palo~a, el más apreciado.
Nada más espléndído que una diadema de rubís y á este propósito conviene
citar el de la Duquesa de. Luynes, residente en París, que es famoso por el brillo
fulgurante y la limpidez de sus. piedras. A lado de las joya¡; que nosotros llamariamos clásic·as, se encuentran las deslumbradoras fantasías en acero azulado
con salpiques de brillantes; así se hacen hermosísin1os broches, lindos alfileres, minúsculos botones para puños, trabillas para relox, etc., etc.
Están muy á la moda este año las perlas extrañas, de figuras barrocas; inspiranse en su deformidad para darles la forma de un pájaro, de un insecto ó de
una bestia cualquiera. Asi hemos visto una de esas perlas formar el cuerpo de
un oso cuya cabeza y cuyas patas finamente cinceladas en oro, constituyen un
bibelot encantador que tendrá lugar á propósito en un;,¡, etagére ó en una vitrina;

F!g. 15-:TraJe de soireé.

�•
LA MODA

6

Para las señoritas á las cuales no se les puede hacer
sino regalos sin valor, hay pequeños relojes encerrados en una bola de cristal, sostenida de cada lado por
una cadenilla de oro; átase al corpiño por una rama
de myosotis con turquesas. acompañada de un ligero
follaje esmaltado; un broche bien disimulado permite
suspender sólidamente el relox. En Londres acaba de
¡nventarse para fijar una joya cualquiera de una manera segura, un hilo de oro_ligero, que tiene la forma
de una llave de sol; no hay más que hacer girar el alfiler sobre si mismo y ese hilo de oro presenta mas adherencia que el alfiler llamado de nodriza, que era la
perfección en ese género hasta la actualidad.

LA MODA

tos ó agujas acompañados de algún abullonado de tul
ó de un airon de plumas. Ciertas elegantes han adoptado el marabrí, sobre el cual se destacan antenas hechas de dos gruesos brillantes.

GRUPO DE SOMBREROS PARA SEÑORAS JÓVENES
Y SEÑORITAS.

1.:-Toqueta Murany.-Gran toca drapeada de tisú chinchilla, gris y negro y levantada de lado por un gran
chou de moiré cambiante, rosa nacarado. Hacia adeSe sabe que los cinturones hacen furor en este in- lante pluma de garza real con cresta, y un poco hacia
vierno; será pues una feliz inspiración, ofrecer úno, atras, en los pliegues del drapé, cola y plumas de pluque los hay de los más bellos. Los cinturones criba- · món de garza realzando la guarnición.
2.-Turbante Sarah.-Muy linda toca de satín antidos de grandes piedras, amatistas y topacios, gozan
guo,
plegado, formada de dos pasafranjas enrolladas
igualmente de favor y el efecto que pro&lt;lucen eP des•
Jumbrador, en un traje de terciopelo sombrio 'com~le- en turbante; la una mordoreada, la otra castor. Sobre
el perfil dere~ho, hermosos cabuchones perla y hacia
tamente unido.

adelante una hermosa cresta blanca y gris, vuelta ha•cia atrás.

gra, que sube por la izquierda encima de la drapería
para tenderse al lado izquierdo.
6.-Sombrero Hading -Sombrero de terciopelo pastor fondo suave, drapeado en lo alto en la izquierda
eon jareta de terciopelo más claro. Esta jareta está
.agujerada á la izquierda y deja salir un penacho de
plumas, L_uis XV, que constituye el ;dorno y se compone de cmco plumas de castor, surtidas, color de pasa. Un 1:&gt;uche de tafetán glacé rosado color de iris auroleado, forma un hennoso conjunto.

3. -Toquita Trianón.- Toda de terciopelo miroir,.
alhucema, soi;tenido, realzado de finos plisés de tafetán negro enrollados con la draperia alrededor del sombrero y anudándose hacia adelante con un solo penacho y una joya de stras reteniendo una hermosa aguja negra. Detrás, sobre la parte levantada, pero á la..
izquierda solamente, un enorme bouquet de violetas
dé París, finas y menudas todo .1·0deado de follajes y de brotes.
4. -Sombrero CheireT,-Soin brel"·o.
rembrandt todo de raso antiguo, ne_

UN GRUPO DE NINOS MEXICANOS

Y. ahora hablemos un poco de joyas para la
cabezas que con la moda actual de dejar los cabellos muy flojos, al rededor de la nuca, estin
particularmente en boga. Cada dla se las hace
más ligeras y fantaseadas: ya son pequeñas barras lo suficientemente largas apenas p~ra retener los cabellos cortos que escapan á los alfileres y que se incrustan de prederiade color;
ya son simples broches
de nodriza, de oro, ó bien
corazoncitos finamente bordados de piedras
minúsculas. Un
cerrador es p e cialderesorteda

Toqueta Murany

á esta pequeña alhaja
una fijeza rriuy grande y
la impide girar r ca.mb iar de sitio.
Se fabrican también
pequeños peines para ponerlos en los cabellos, de
lado, á fin de retener las
ondulaciones; esos peí_
nes son de carey rutiio,
de dientes muy apretados; lo alto del peine e~tá
sembrado de pequeños
brillantes; su longitud no
debe ser menor de quince ó veinte centimetros.
En la parte ant1,rior de
_la cabeza es de moda po
ner bien poca cosa; se en-·
cuentra que nada. 1·s tan,
lindo como los cabt'llos
ligeros y bien ondulan os
con algunas hebras cavendo sobre la frente y
- ;obre la nuca. Ya nadie
se pone flores, apenas
alguna pequeña fantasía
, de brillantes, alas, insec-

Sombrero Girandón.

Toqueta Trianón

Turbante_Sarah

Somprero Che!rel

Sombrero Hading

gro. La parte interior de la falda, es.
sencillamente tendida, en tanto qu&amp;.
· 1a superior, como todo el adorno, esta abullonada del mismo raso antiguo. Tres altas copas arrugadas ysuperpuestas forman el fondo, á la
manera de una soberbia rosa negra
abierta. A un lado, dos plumas fijadas.
en la copa, hacia la derecha y una
más pequej'ia en medio, formando,
penacho á la Prlncipe de Gales. Sobre la parte de la falda que se levanta, un noué de satín antiguo reteniendo una cabeza de pluma negra desesgo, por medio de un lindo buclede stras.
5.-Sombrero Girandón-Encantadora forma de fieltro fin~,_g_ris perlado con pasabrida y casquete suavemás obscuro. En torno d.e este, una
draperia:de tafetán plegado, formando bullones suaves y recogido po1·
delante con un broche detras y acero.
estrechando una pluma amazona ne-

---•

Hay que convenir en que hasta hqy los periódicos
para las damas que se publican en Europa, se ocupan
poco ó nada de los niños y esto es natural: en el extranjero, es costumbre ya vieja en las altas clases sociales educar á los niños fuera del hogar. Apenas nacidos, póneseles en manos de una nodriza de provincia que es confin,ada á · alguna posesión de la familia
ó bien enviada á I os pisos altos de la casa; después
envía.seles á un colegio y apenas si en vacaciones vi_.
ven un poco con los autores de sus días.
La madre mexicana obra de .bien distinta manera
por temperamen~o y poi edt1cación y e&amp; tras haber
sido la novia de su esposo. la perpetua novia de sus
hijos. Apenas ven la luz y ya los recuesta en su rega·
zo cariñoso y los hace objeto de inmensas ternuras.
Cuando su salud se lo veda, con infinita tristeza
prescinde de darles el pecho y sus ojos impregnados
de amor ,iguen perennemente al debil niño y su cautela afectuosa, siempre despierta vigila sus menores movimientos.,
La mujer mexicana, si en su solteria ·h a "ivido más
ó menos para el tnnndo, en eu matrimonio vive.exclusivamente para el hogar. Ese es su mundo, su único
mundo, el mundo d~Jicioso de sus afectos íntimos y
caros! Cómo no habla1· pues de los niños en un periódico
dedicado á la mujer mexicana? Cómo no conceder una
preferencia simpática á ese amor que absorve y reconcentra toda la vida de nuestras esposas?
Perfectamente justificada está pués esta página debida al pincel de Ruelas, y que tiene este-para nosotros- mérito indiscutible: Las fisonomías de niños,
que sorprende, son completamente mexicanas. Es un grupo de niños, exclusivamente
nuestro el qu,e ofrecemos á los lectores al
revés de numerosas ilustraciones que andan
por ahí en que el pin ce! ha fijado fisonomías
muy hermosas, no lo negaremos, de angelitos de Murillo, pero nada mexicanas.
Ruelas desde luego,.ha tomado esas caras
del natural; y ha fijado aún en algunos de
esos niños, el gentil atavío con que lo viste
la solicitud maternal. Por que las madres
mexicanas-y lo decimos con gran complacencia-han aprendido ya á vestir á sus hijos tarea dificil si se considera que
la elegancia y el buen gusto no deben divorciarse en el fragil infante,
de la comodidad, la holgura, y el
abrigo, tan necesario para su debil
constitución ytan imperiosamente
prescritos por la higiene.
Hoy por hoy gusto da ver
grupos de niños mexicanos, semejantes á los que
ha sorprendido Ruelas, en
el hermoso paseo de la
Alameda, jugando en las
glorietas y en las calles,
bajo la mirada avizora de
la niñera de cofia blanca
y delantal de lino, primorosamente vestidos con
trajes propios de la estación que son tan vistosos
como ricos y elegantes.
Quizá pronto tendremos
oportuniJad de ocuparnos nuevamente de niños
en este periódico.
Nos lo agradecerán las
-simpáticas madres mexicanas? Estamos seguros
de ello.

JOYAS PARA HOMBRES.
No es de descuidarse la impoi;tancia que tiene para
los caballeros, la elección de las joyas que pueden llevarse y de otros accesorios que completan la toillete
varonil.
Bien sabido es ya que la última expresión del buen
gusto, consiste en reemplazar el alfiler de corbata con
un anillo de oro que afecta la forma de una serpiente
y comprime en su interior la ancha corbata ct&gt;lor de
albaricoque, violeta de Parma ó verde pálido.
Los botones .para puños de camisa [gemelos 6 man•
cuernas] serán dobles y con cadenetas, pudiendo hacerse de oro con un rubí, una esmeralda ó un zafiro
en el centro, de mediano grosor y aun circundada esta piedra de otras piedras preciosas.
Como adorno de camisa, no se
llevan mas que perlas neg_r.as
ó blancas de regular tamaño
pero de un oriente vistoso Los
ingleses son partidarios de la
cadena de relox con esteboms
estrechos y apretados
que se lleva visiblemente de una bolsa á la otra

7
do anillos de plata
dorada, regatón de
plata, bola' de plata
ó torsal de plata de
efecto muy rico y
elegante.

j?a rooaa.
La moda de los
guantes no c·ambia
casi.'.P,Los de cabritillamuy claros, perla ó tilo, son preferibles á los blancos.
Las damas usan por
las tardes, suecia
muy pálido y para
la calle el glaci negro,madera ó cuero
de Rusia. Pero lo
más importante es
la calidad pues nada es mas comun
que una mano mal
vestí da. Debe preferirse llevarla desnuda sobre todo tratándose del hombre
que no está tan obli·
gado al uso del guante como las
mujeres. En rigor, el puede llevar
sus guantes en una mano sin calzarlos, colocarlos en un ojal de la levita ó sujetarlos en el chaque y así
disimula su inferioridad. Aunque sea obscuro, el guante femenino, debe estar delgado,
1impio y suficientemente fresco. Jamás se
le debe ver ½n descosido ni un botón de menos. Muchas elegantes llevan guantes negros
por las tardes con vestidos rojos, azules, verdes ó color de paja y ·aun con vestidos blan.
cos en caso de duelo. La P.conomla es permitida siempre con tal de que marche de acuerdo con la corrección.
·
·
Se recomienda mucho el )lfenthol como antiséptico
que se vende sin receta en .todas las bo~~cas y droguerias. Es muy barato porque se usa . en- cantidad
extremadamente pequeña y su olor es fino de modo
que rara vez desag,rada. -A.demás~~? s,e volatiJ:iza_
facilñiente nó incomoda ni aun a las personas -que lo
percibirían con desagrado. Sirve tambien para el aseo
de la boca y para gargarismos, pa~·a refresco, en cantidad insignificante y para los dolores de cabeza. En
dosis demasiado fuertes produce una comezón desagradable pero no peligrosa. Para viaje el Menthol es
un recurso muy bueno que ocupa un lugar ·pequeño
en la maleta y sirve á multitud de usos.

del chaleco pasan do por un
ojal, el antepenúltimo. En un
extremo dela cadena se lleva el
relox y en el otro
dijes consistenLas bodas en la Bretaña baja.
tes en lápices,
navaja, anillo de
recuerdo, mas- . Después de la misa, los invitados suben en las carriocotas, emblemas las (coches de dos ruedas y un caballo) que los lleva·
etc. etc. Ellapicero se hace ron á la iglesia y regrei¡;an formando una procesión
de acero bruñido con lá- que hacen muy vistosa los hermosos trajes nacionales.
Una vez llegados se cantan coplas hasta la hora
pices de colores: roj&lt;J, azul
y negro. Para el portamo- · de comer! En estio la comida se toma en el campo al
nedas, la forma varía al in- aire libre, y siempre él servicio se reduce á su más
finito. Se hacen muy bellos de piel simple expresión aunque con manteles ...... bretones.
• de ganso amarillo ó gris: el oro se El potaje se sirve en fuentes y se da á cada convidado
pone aparte en una bolsill:t de marro- un vaso, un plato, una cuchara un trinche y una ser.
qui plana verdeó roja muy oscura villeta. ·
Los recien casados, con su caballero y sµ señorita
ó todavía mejor de piel de cocodrilo crema
_guarnecida de plata, ó de castor verde eón de honor se sientan á la cabecera de la primera mesa
el escudo 6 las iniciales de oro en uno de los y todos los demás convidados donde pueden.
El menú de una comida de boda se compone de sopa
extremos. Casi todas las portamonedas tienen una forma alargada que permite llevar de pan con coles, carne de puerco y de vaca cocidas
dentro las llaves si se quiere. Las carteras se gigote de entrañas de vaca con abundante salsa adihacen de marroquí blanco para las damas y ci mada con ciru.e las pasas, ragut de buey con cebollas
verde para los caballeros y con guarniciones de plata. y zanahorias, cidra, vino más ó menos natural y ¡nada
Las pureras y cigarreras deben de ser Jo más largas y de agua en la.mesa-. La etiqueta bretona requiere emplanas que sea posible para que no incben las bolsas briagar un poco á los convidados, para que los anfidel traje. Para los paraguas no se tiene mas dificultad triones tengan derecho á su estimación y por eso suelen adiciQnar la cidra con aguardiente. Sirven la mesa
que la de la elección. Se les hace este año de sarga
de muy buen~ calidad con mangos de raíz de ton~buc- los parientes más próximos de los desposados. lo cual
tiene mucho de, afectuoso y de lógico, pues prueba
tú de bambú, l de varias figuras qu_e sean, c~~odas
p:J&lt;ra llevar. Se prefiere la bola de cristal arco-ms, el que no se quiere dejar á los convidados á merced de
mirto, la cabeza de' cisne ó alguna figura de plata cin: manos mercenarias. Cada nuevo plato que se trae viecelada. En cuanto á los bastones, la forma más solici- ne precedido de músicos y tamborileros, y es muy aletada la es siempre el gancho y la muleta, e¡¡cogiéndose gre esta procesión de fuentes humeantes que recuerdEl laurel, bambú, roten eon clavos de plata, llevan- da los tiempos de la edad media.

�LA MODA

8

Despues del Ragut se sirven trozos de mantequilla
Ropa blanca Y. labores de mano
y cada uno la toma'como postres en rebanadas de pan.
Los pariente¡¡ y _los'. amigos costea'n este postre á título
, FIGURAS 1 y 2,"'.""La fai:itasí!'-~º-~e da punto.de r,ep.ogracioso y á cargo de revancha en ocasión semejante. so en cuestión de rop:is interiores y de lab'o res de ma,
Los gastos.di:) la ·b~da Be hacen por las dos familvis, ca• no. Alguien ha dicho, e·n cuant_o A~a{ J?rimé1:as, que'1a'
da una de. las C?,aies mata 11n buey lo que e:xpUca la; suprema eleganéia es lá que solo uno mismo puede
abuniancía. d~ esta carne en el banquete.
ver...... y nada más intimo que la,ropa interior.
Entni-plato y plato los convidados fuman en sus pi·
El pantalón y matipée· elegante que oftecemos en
pas; y , una vez comiendo el pan con mantequila todos esta plana, no desdecirian en ningún_trouseau, por bue
se lev,mtan en desorden, en persecución de los músi- no que fuese. El primero es de. seda, con, amplia apli~
cos quellevanálos ,novios á alguna pradera recieu cor- cación de blonda y la segunda es, de lino tirusimó ·c on
tada. Entonces emj)iezan los bailes bretones.
valencianos. Su aspecto es encantador.
Cuando los convidados son numerosos, vieneu cantineros de la población más cercana para vendei:les
FIGURAS DE 3 Á 10.-GRUPO DE ROPAS INTERIOlÜlS
icores y refr~.cps. Los habitantes de las cercanías
PARA. NIÑOS.
vienen ,también á predenciar el _espectáculo gratuito
. de las fiesias nupciales.
En la tarde los músicos preceden á los convidados
Es un grupo hermosísimo y de gran sencillez en que
que vuelven en desorden al lugar del festín. Se trata
el
lino, la blonda y el bordadó, en sencilla combina:
de comer el asado i:le boda. El intervalo corrido entre
ción,
producen graciosoi efeétos. Creemos qtle huelga
el principio del banquete y el servicio del asado da á
la
descripción,
pues el corte y confección no pueden
este el caracter de una segunda comida para la que no
se tiene apetito. D'.espués se sirve el café más ó menos ser mas sencillos.
puro en vasos comunes y
as! termina la comida. Se
vuelve al campo, se baila
un poco y luego se disper8an los invitados. Los mú-.
sicos acompañan hasta ~u
casaá los conYidados ricos, que naturalmente pagan estos honores.
Al día siguiente de la
boda se celebra siemprepiadosa costumbre-un
servicio fúnebre en memoria de los parientes
muertos ·de a¡nbos esposos. Esta ceremonia precede á otra comida entre
las familias de los desposados y los amigos muy
íntimos.
Algún carnero y los restos del banquete de la vísperabactm todo el gasto.

!!GURAS 11 Y 12.-MANTEL

Ó

DELANTAL PARA CRIADA.

Lo·s números 11 y 12 se retieren á una cubierta de
mesa ó á un mandil para criada;· se toma un trozo de
tela blanca ó graheada; sopre el contorno, se hace una
orlita con agujas saca hilos de 2 centímetros. El dibujo núm. 12 muesira una esquina de tamaño natural
.
'
con dos especies de motivos que la componen. Los
grande~ planos del centro están bordados en algodón
azul. Las tijeretas y los coi;i.tornos son _d e. punto quebrado en algodón amarillo. El dibujo número 11 muestra el conjunto-del trabajo é indica como deben ser reproducido1, los motivos. · .
. ·
FIGURA 13.-ACERI(!O CON DIBUJO DEL BORDADO
AL TAA¡:AÑO NATURAL.
Flg. ll--Mant.el 6 delantal para crlada.--Conjunto.

El número 13 da el dibujo del conjunto de un acerico, acomp~i_í.ado del bordado al tamaño natural y de
un gusto delicado. El fondo es de satin celeste, rosa ó crema; las margaritas son en bordado rococo en
clntá blanca; las volutas son bordadadas en pres~las
de oro antiguo con pajitas muy pequeñas en el interior; los rombos están macrados con pajitas alargadas y estrellas de oro
Esta decoración es muy
linda y el acerico puede
ser ofrecido como regalo
de na:vidad ó de año nuevo. Como guarnición se
pone un volante de eneaje con engranaje y pequeña ciuta de satín celeste
rosa ó blanco, según eÍ
tinte del satín. En los ángulos, las cornetas forman tréboles y una hermosa cinta de satín hace
nudo en lo alto.

INTERESANTE
Preparamos verdaderas sorpresas y novedades para el año
próximo de 1898.

'

Fl8l3. 3 y 4.--Cubre cama y porta bebé.

F1g. 5.--Chambrita.

Figs. 6 y ; ....Baberos.

Figs. 8 y 9.···Vestidos falda.

Flgs. 10 y ll.--p:i.nta!ones.

En este ordPn de idea~, nos hemos convencl, lo de
que los_lamentables fracasos de las últimas tentativas
uel teatro lírico dramático, provienen en part':l del defecto de clarividencia de los directore~ que no hansabido reconocer las tendencias del publico Hace cuarenta años, los dilettantes se envanecian de no dar imP?rtanciaalguna á Ia:nii~e en scene: Rubini, Tamburlim, la. Sontag, la Persiaru y _toda esa gloriosa pléyade
de virtuosos, daban más bien un concierto sobre la
escena. que un drar_na; las cost~bres y las decoraciones eran de cualqmcr modo y mnguno hubiera reclamado. si se rPprt&gt;senta bala .úuci.a con las decoraciones
del B arbero de Sepilla. Así es como se estableció esa
ridícula co~tumbre de representar la Traviata contrajes de Luis xrrr•para los hombres. en tanto que las mujeres vestían á la última moda Ahora ya no pasa esto·
una obra no agrada al público sino cuando se preseu:
ta completa, sin la omisión de un detalle, sin la tacha de
una falta de gmto, no solamente agradable al oído sino linda á la vista. Para los proyectos que actualm'ente _se agitan relativos á la resurreccióu de un teatro
lirico_popular, no hay que perder de vista la idea primprdial, sopena de correr de nuevo á los abismos; as!
pul's, este es el caso de decirlo parafraseando licrera0
mente la famosa canción: «Necesitarnos lujo.»

Fig. 12--oetalle del mantel

La moralidad del baile
No faltará probablemente quien al le -r este titulo
,sonría ~ardó1,icamente.
La moralidad del baile! Pues no ha sido anatemati.:zado acaso por todos los santoi;y aún por alg·unos que
'110 lo son? Por ventura no ha dicho Gerson omnia pee•
•-cata eho1'isant in eh!Yf'ea, lo que traducido al vulgar ro•
,m anee quiere decir que toilus los pecados bailan en el
--0aile?
Si señores, todo esto es cierto, mas permitidme afir-mar que no se refiere el anatema al baile en sí mismo,
sino á los que no saben bailar; y para que no juz&amp;'ueis
utófico lo que digo, voy á explicarme.
~ baile, en cuanto manifestación genuina de ale_gría, vieja como el mundo, no puede Her malo sino á
·condición de que se abuse de él haciéndolo pretexto
de goces prohibidos y aprovechándose de la libertad
--que concede para malos fines.
Mas este abuso lo cometen precisamente quienes no
·Raben bailar. Los que bailan elegantemente, preocú1panse sobre todo y ante todo de hacer lucir sus habilit.lades coreográficas; buscan una compañera, no que
-sea bella ó voluptuosa, sino que los secunde perfee•tamente, y no piensan má~ que en ohtener la aproba·ción de quienes los ven. En cambio los que bailan tor,pemente, conversan demasiado. y como consecuencia
imprescindible, galantean á la compañera. Prefieren
•en lo general la danza llena de voluptuosidades, que
•!:&lt;ÍU roner en aprietos su meng·tiada inepcia les penni'ta e furtivo apretón de manos, y trastornan con mira·cla~ incendiarias el cerebro de la dama.
Tendremos necesidad de insí:.tir más sobre ésto?
.Juzgamos que nó.
. ..
He aquí pues por qué en todos los pueblos civilizados
•hay academias de baile donde se organizan fiestas in• , itiles y donde se enseña á los niños la coreografía.
.En 711:éxico tenemos varias á donde concurreu en su
,mayor rarte niños extranjeros y que se sostienen per ·
fectamei:te.
Los padu·~ 1!1exican?S deben ~ _ejemplo dé los extranjeros ens,·nar á bailará sus htJos. Es este nuestro
leal consejo.
SARAH.
El lujo en los teatros parisienses.

Flg. 2.--8ami.sltas para niiíos.

9

LA MODA

Cada día se siente más la avidez del lujo y del confort y es en los teatros doHde especialmente se _re_claman; y sin embargo, algun,,s d_e estos estable_ci_m1tmtos no son, ni por su gust,i m por sus tradiciones,
•teatros propios para espectáculos; de suerte que ha.v
que ver en los cuidados extraordinarios dados á
la~ decoraciones en las pieza_::; de estrt&gt;no, una nu~va
µrueba de la necesidad del luJo y de verdad que se 1m·
pone actualmente en todas par1 es. En otro tiem~o, t&gt;n
París, salvo en la Opera y en lo,; teatros _de ma_g·1a l_os
directores hacían cuestión de a1,1or propio, no rnqmetarse de la parte material d&lt;': e,;pect~•·ulo. El ~ismo
Mlón servia para todas las pieza, as1 como también el
mismo jardín y los mismos lot•·s de (lort&gt;S. El _teatro
francés, bajo el principado de _M P ernn c11,vo eJe1~plo
ha sido seguido por M Claretw fué uno de los pnrneros e ... •'~-~r:ir en la via nueva; ahora ~-a ~e sab · á q~é
&lt;&gt;-rado de rer,n,..i,:i&lt;•nto se ha l!egado. mm para las p1e~as que no parecen e.x.1,;·;:· r,inguna ~i.~e en seene. En
nue~tro cencepto, es~a es un:i 10·,01ucion absolutamente feliz Y. en su conJunto la obra eu~ .. t•ntra un com-

plemento artistico de la má.s alta importancia. Tomemos como ejemplo ¡\, Fra1tcillon: uua pieza de Alejandro Dumas hijo, cuyos t res actos pasaban con la misma decoracióu. La Srita Bartet d1ó ahí muestras de
una notable perfección; habría parecí lo tan distinguida, tan verdaderamente mujer de mundo si los menores accesorios del moviliario, si los más pequeños detalles del cuadro no hubiesen sido la reproducción fo.
tográfiM de la vida ele¡rante? Evidentemente no. En
el tea tro todo se enlaza, todo se encadena á la ilusión
cómplet;1 uo puede ser obtenida sino por el conjunto.

CORRESPONDENCIA PARA LAS DAMAS

Además de las consultas del Doctor qu~ satisfarán
las pequP.ñas dudas de las señoras, relativas á enfermedades, higiene, etc., ofrecemos los servicios de una
inteligente colaboradora francesa para respender á
consultas relativas á modas, á confección de adornos
y trajes, á compras útilt&gt;s, etc., etc. Estas consultas se
h~rán 1:Jajo s_o bre, dil:ijidas á la Redacción de París México. T1burcio 20, y firmadas con nombrn ó seudónimo.

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F!g. 13.---Accr!co con dibnjo del bordado al tamaño natural.

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�LA :MODA

10

LA MODA.
Notas á los suscritores de "El Mundo"
~

Ofrecimos que este número había de servir de
muestra para que nuestros abonados conociesen
el número de páginas, la clase de papel y aproximadamente las secciones en que dividiríamos EL
MONDO ILUSTRADO ,en el año de 1898.
Cumpliendo en lo posible con dicho ofrecimiento, repartimos este número, con el cual se po~rán
formar una idea muy aproximada de las meJoras
que introduciremos, y que por la premura del
tiempo no pudimos hacer desde luego. Por esto
no distribuimos como lo baremos desde el afio entrante con cada número del periódico, una gran
plana de patront!S y muestras de bordados, que
tan útiles son para las damas; no incluimos tampoco la novela que se publicará en la sección de
modas, por que como es ntrmero-prospecto, tenel.riamos que repetirla en el primero del afio entrante, ó dejarla trunca á los que no hubiesen recibido éste.
Para mejor justificar el aumento de veinticinco
centavos, haremos notar á nuestros lectores que
las páginas que form•rn la sección de modas, aumentadas con los anw1eios que aquí no publicamos por ser especiales, formarán otro periódico
que hemos anunciado y que separadamente circulará desde Enero próximo con el título de PARIS-nlÉXICO, el cual valdrá por suscrición un peso
mensual, sin que contenga, fuera de 1rnuncios,
nada importante que no esté incluido en la sección de EL iioNDO ILUSTRADO; es decir: por veinticinco centavos más, los suscritores de EL MUNDO obtienen lo que cuesta un peso á los abonados al PARIS•M:Éxico; pero como pudiera suceder
que alguno prefiriera este periódico, publicamos
las condiciones de abono: .

Apartándome por
completo de las altas
lucubraciones de la
ciencia y de sus complicados problemas y
huyendo cuauto sea
posible de todo .tecnicismo, procuraré difundir ti conocimiento elemental de verdades pr:\cticas, de
reglas útiles y aplicables á todas las condiciones de la vida.
Antes de todo, y
para inaugurar mis
labores, he creldo
conveniente dedicar
algunos articulo,;. encaminados á extirpar
ciertos errores vulgares, ciertas prt1ocu paci o ne s corrientes,
pensando que muchos de ellos puedt111
tener y tienen en
efecto mu)'. grave,;
con~ecuencias.
Ojalá pueda yo alcon beneplá' canzar,
cito de mis amables
é ilustradas lectoras,
el fin útil que persigo.

TOMO.JI

***

No hace mucho se
podía leer t&gt;n un pt'Decoración de un respaldo de plano y de un diván
riódíco francés lo síguiente:
.
*
«Ayer á las cuatro de la tarde ocurrió un incidente
"''L.
Habiendo dicho el divino liipócrates: ·'las per~onai:;
en la calle......... que pudo tent&gt;r muy serias conse•
cuencias. Un honorable comercíante del barrio corría que lo necesiten deben purgarse en primavera," notras una dama elegantemente vestida, gritándole: la- ha.v per~ona formal que se crea libre de la obligación
impuesta por el radre de la medicina. Oonocerán el
d1'01ia iAtájenla!-exclamaba á todos los que querían
oirlo-todavia JleYa en la mano los Jímone,; que acaba aforismo citado, ó acaso en toda su vida haorén oídohablar del sublime filósofo de Cos; pero como de genede robar de, mí aparadur.
·
«Pronto los transeuntes se pusieron á favor del ven- ración en g·eneración han recibido el precepto. por
dedor desbalijado; la dama íba á ser entregada á la nada del mundo dejarían de tomar un purgante, cuanpolicía, cuando acertó á pasai;. un caballi,ro, 'q ue to- do los campos se cubren de flores.
Tarea ing-rata la que se imponen estas gente,; quo
mando á la sefiora del brazo, dijo muy serio: «Bastaya;
¿no ven ustedes que la señora se halla Pn estado inte- pretenden adquirir salud para todo el año con evacuaciones artificiales en Abril y Mayo. Pensar que
re~ante? Déjenla t-n paz, yo soy su médico.•
Bendito sea el repórter que se calló el nombre de cuando la tierra se estremece alborozada al sentir la~
aquel facultativo, que ante un ¡rrupo del pueblo parí- yemas que revientan, creer que cuando los nidos se
siense daba con sus palabras pábulo á una preocupa- forman en las frondas y los botones se abren á la luz.
es conveniente descal'gar el.vientre por un purgant&lt;~
ción antigua, muy conocí-da de nuestro pueblo.
Y ~i en la capital artística de Europa, si en lo que se higiénico, es sujetar enteramente nuestras nect&gt;sida·
al acaso v entregar nuestros intestinos á las indiSemanario de modas que ofrece dar los figuri- ha dado en llamar el enebro del mundo, quedan toda· des
·
via preocupaciones sobre los antojos de las señoras en caciones del ·almanaque.
nes con toda regularidad, oportunamente, y
Nó, los remedios llamados preventivos han hecho gecierto estado, nada exfraño será que las hallemos enantes que todos Jos que publiquen los periódicos tre nosotros.
neralmente más daño que el que han querido evitar.
Bueno es conservar el curso regular de nuestras funextranjeros que circulan en México, y tener al
Exi~ten sobre la superficie cutánea de muchos niciones y evitar á todo trance la constipación, causa
tanto á sus lectores de los usos, costumbres, ecos ños, al nacer, pequeñas manchas, eminencias de di· frecuente
de dispepsias rebeldes, y á veces de pertursociales y modas, en general, de las principales mensiónes diversas, que varían desde el color sonro- baciones serias del sistema nervioso central; !?ero quesado que agracia sobre el blanco mate de una piel ficapitales delglobo.
na, hasta el tinte obscuro que les da aspecto de verru· rer instituir como tratamiento preventivo universal la
administración de purgantes, cuando no hay necesidad,
Constará de doce páginas de grabados, texto gas. cubiertas de pelos ásperos y .feos.
exponernos lo mismo en primavera que en otoí1o,
y anuncios, y repartirá, además, semanariamente
Estas producciones cutáneas, generalmenté ocasio- es
en verano como en invierno, á contraer enteritis más ó.
nadas
por
un
aumento
en
la
pigmentación
ó
por
un
una gran plana de moldes diseñados.
nieuos serias, como resultado inmediato, v áadquirir la
La suscrición por trimestre vale $3.00 en toda desarrollo extraordinario de !ns vasos capilares, en un relajación de log intestinos, que nos pr'ildispone á reterritorio limitado de la envoltura tegumentaria, ofre- cibir todos I es gérmenes morbosos que en tocias partes.
la República. Los pedidos deben dirigirse al Ge- cen formas raras y figuras extrañas, recordando varente de la Compañia Editora deEL Mmrno, S.A., gamente una fresa, una cereza, una granada, una os· nos amenazan, y á cad.a momento a~altan nuestro or•
tra, un gusano, y en esa semejanza vaga y mal definí· ganismo.
Tibureio 20, ó Apartado Postal 87 bis.
DR. PEÑA lDIÁQUEZ.
da se ha querido encontrar la Jllraavillosa explicación
de un hecho vulgar.
.
Se supone que la madre ha podido tener durante el
ARTE EN CA'SA
periodo de gestación un deseo vehemente, un vcrdaaero antojo de comer fruta, de poseer un objeto, recrearse con la vista de un cuadro, y al faltar esa satisUNA DISPOSICIÓN ELEGilliTE DE lllOBILIARIO
Estableceremos desde este número una sección con
facción, por arte de encantamiento, el objeto no alcaneste nombre, destinada exclusivamente á resolver las
zado
va
á
dibujarse
en
la
piel
del
que
todavía
no
naDECORACIÓ~(DE JJN RESPALDO DE PIANO Y DE m,¡ DIVÁN
ce, y por ende se halla muy ageno de las tendencias dudas Ji~eras que acerca de higJene, enfermedadc~ leves, régimen en tales y cuales aolencias, empleo de taantojadizas de quien le está.dando el ser.
ó cuales medicinas, tratamientos sencillos, etc,. etc.,
Ahora está muy en boga el adorno de los respalLa palabra con que' se designan las manchas á que les
dos de piano, que se colocan en el centro de las ha- aludimos, llamadas lunares en e~pañol, v en1,-ies (anto- hao•an nuestras lectoras.
1'.:as damas enviarán con seudónimo sus preguntas
bitaciones y el modelo que presentamos es de los de jos) en francés, está indicando el origeñ de esta su•
mejor gusto y puede figurar en un saloncito, en un perstición. Nosotros como los franceses creemos que á esta redacción, dirigidas «Al Director de Paris-Jléxitaller ó en un departamento de soltero. S.obre el res- los lunares son producidos por los antojos de la madre, co• y les serán contestadas con toda oportunidad.
Pondremos un ejemplo
J,&gt;aldo del piano se coloca una colgadura de terciopelo cuando no hacemos intervenir las fases de la luna en
Una dama hace la siguiente pre"'unta:
o de peluche rosa viejo con. franja muy.rica descen- la formación de tales adefec-ios. que muchas veces son
Señor Doctor.-Frecuenteniente de.~pués de prolongadiendo de lo alto. Una tela ligera, muselma de la In- gracioso adorno en la mejilla del niño ó el labio su·
das 7,aboi·es de mano, al levantarme &lt;J,e rni asiento, .m(r&lt;&gt;
dia, crepé de China bordado, tela oriental, se agrega perio_r de la doncella.
.
en escarpa, .'r se mantiene sobre esta colgadura. Una
¿Como convencerá los creycntt-s de Jo infundado lige1·os vértigog, leves desvanecimientos. ¿Qué debo haporcelana de reflejos metálicos, de Clemente o~assier, do su creencia? Cómo demostrarltls que la influencia cer para evitarlos.~
MAníA LUISA.
.,· un por,afotogr-1.f1a, ~e colocan con algunos b1belots atribuida á los antoios, el papel encargado al astro
La interrog·ante hallará: en el próximo número la
·sobre el piano. En el ángulo de la derecha hay un si- melancólico de la noche se ejerce generalmt&gt;nte, cuanen esta ó ¡¿arecida forma:
llón in~lés guarnecido de terciopelo.
do la piel del niño está ya comtituida en el claustro respuesta
A l\IARiA Lu1sA:-Si no ha cwnsultado usted alguna
Porúltimo, el diván muy bajo, muy I?rofundo, recú- materno, y solo puede modificarse por motivo de en'!:Jrese de una piel de oso que cae hacia delante para fermedades 8'raves que pondri.m en peligro su exis· vez con un facultativo, y éste no le ha indicado 4ue
padece usted enfermedad orgánica del corazón, pueformar el tapiz.
tencia.........i'
Difícil tarea que dejará pasar muy buenos años sin de creer que sus padecimieutos dependen probableevitar que el marido solicito acuda a cumplir todos los mente de la cloro-aoemia, y debe sujetarse á un régideseos de su cara mitad, que como buena hija de Eva, men tónico y fortificante, tomando diariamente unos
se dej:t mi,nar y se h:;tce chiquear con exquisito cui- cuatro á cinco gránulos de á miligramo de arseniatodado, cuando se halla en cirm.nstancias determinadas de hierro, y buenos baños de esponja ó de regadera.
No pretendemos hacer de estas respuestas un tratade su existencia.
LAS PREOtUPACIONES KS MEDICINA
Sabrá el hombre que los antqjos de la madre no tie- do de medicina; pero si afirmamos que podemos recunen efecto alguno sobre los lunares de los hijos; es- rrir á varios médicos asi de la Redacción como de
que consultaremos á doctores e~pecialistas, y
La dirección d'l este semanario se ha servido con- tará convencido de la vanidad de sus temores, y nó fuera,
que esas pequeñas consultas constituirán un directopor
eso
dejará
de
satisfacerlos
en
cuanto
esté
de
su
fiarme una nueva sección, dedicada exclusivamente a
rio muy util, sobre todo para tales ó cuales suscritolas damas, y en la que deben tratarse cuestiones ge- J?arte, por no ver una fresa en el carrillo de su retoño res de poblaciones reducidas que no pueden ver al
o
la
grotesca
figura
de
una
aceituna
en
el
cuello
de
nerales de medicina de las familias é higiene domésti.
médico con la frecuencia qne desearan.
.
su gentil heredera.
ca que á todos interesan.

''PARIS--MEXICO''

~onsultas ael Dodor

Carnet del Doctor.

MBXIC~.DICIEMBRE :16 DE x897.

•

N17MB&amp;Os6.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA :MODA

10

LA MODA.
Notas á los suscritores de "El Mundo"
~

Ofrecimos que este número había de servir de
muestra para que nuestros abonados conociesen
el número de páginas, la clase de papel y aproximadamente las secciones en que dividiríamos EL
MONDO ILUSTRADO ,en el año de 1898.
Cumpliendo en lo posible con dicho ofrecimiento, repartimos este número, con el cual se po~rán
formar una idea muy aproximada de las meJoras
que introduciremos, y que por la premura del
tiempo no pudimos hacer desde luego. Por esto
no distribuimos como lo baremos desde el afio entrante con cada número del periódico, una gran
plana de patront!S y muestras de bordados, que
tan útiles son para las damas; no incluimos tampoco la novela que se publicará en la sección de
modas, por que como es ntrmero-prospecto, tenel.riamos que repetirla en el primero del afio entrante, ó dejarla trunca á los que no hubiesen recibido éste.
Para mejor justificar el aumento de veinticinco
centavos, haremos notar á nuestros lectores que
las páginas que form•rn la sección de modas, aumentadas con los anw1eios que aquí no publicamos por ser especiales, formarán otro periódico
que hemos anunciado y que separadamente circulará desde Enero próximo con el título de PARIS-nlÉXICO, el cual valdrá por suscrición un peso
mensual, sin que contenga, fuera de 1rnuncios,
nada importante que no esté incluido en la sección de EL iioNDO ILUSTRADO; es decir: por veinticinco centavos más, los suscritores de EL MUNDO obtienen lo que cuesta un peso á los abonados al PARIS•M:Éxico; pero como pudiera suceder
que alguno prefiriera este periódico, publicamos
las condiciones de abono: .

Apartándome por
completo de las altas
lucubraciones de la
ciencia y de sus complicados problemas y
huyendo cuauto sea
posible de todo .tecnicismo, procuraré difundir ti conocimiento elemental de verdades pr:\cticas, de
reglas útiles y aplicables á todas las condiciones de la vida.
Antes de todo, y
para inaugurar mis
labores, he creldo
conveniente dedicar
algunos articulo,;. encaminados á extirpar
ciertos errores vulgares, ciertas prt1ocu paci o ne s corrientes,
pensando que muchos de ellos puedt111
tener y tienen en
efecto mu)'. grave,;
con~ecuencias.
Ojalá pueda yo alcon beneplá' canzar,
cito de mis amables
é ilustradas lectoras,
el fin útil que persigo.

TOMO.JI

***

No hace mucho se
podía leer t&gt;n un pt'Decoración de un respaldo de plano y de un diván
riódíco francés lo síguiente:
.
*
«Ayer á las cuatro de la tarde ocurrió un incidente
"''L.
Habiendo dicho el divino liipócrates: ·'las per~onai:;
en la calle......... que pudo tent&gt;r muy serias conse•
cuencias. Un honorable comercíante del barrio corría que lo necesiten deben purgarse en primavera," notras una dama elegantemente vestida, gritándole: la- ha.v per~ona formal que se crea libre de la obligación
impuesta por el radre de la medicina. Oonocerán el
d1'01ia iAtájenla!-exclamaba á todos los que querían
oirlo-todavia JleYa en la mano los Jímone,; que acaba aforismo citado, ó acaso en toda su vida haorén oídohablar del sublime filósofo de Cos; pero como de genede robar de, mí aparadur.
·
«Pronto los transeuntes se pusieron á favor del ven- ración en g·eneración han recibido el precepto. por
dedor desbalijado; la dama íba á ser entregada á la nada del mundo dejarían de tomar un purgante, cuanpolicía, cuando acertó á pasai;. un caballi,ro, 'q ue to- do los campos se cubren de flores.
Tarea ing-rata la que se imponen estas gente,; quo
mando á la sefiora del brazo, dijo muy serio: «Bastaya;
¿no ven ustedes que la señora se halla Pn estado inte- pretenden adquirir salud para todo el año con evacuaciones artificiales en Abril y Mayo. Pensar que
re~ante? Déjenla t-n paz, yo soy su médico.•
Bendito sea el repórter que se calló el nombre de cuando la tierra se estremece alborozada al sentir la~
aquel facultativo, que ante un ¡rrupo del pueblo parí- yemas que revientan, creer que cuando los nidos se
siense daba con sus palabras pábulo á una preocupa- forman en las frondas y los botones se abren á la luz.
es conveniente descal'gar el.vientre por un purgant&lt;~
ción antigua, muy conocí-da de nuestro pueblo.
Y ~i en la capital artística de Europa, si en lo que se higiénico, es sujetar enteramente nuestras nect&gt;sida·
al acaso v entregar nuestros intestinos á las indiSemanario de modas que ofrece dar los figuri- ha dado en llamar el enebro del mundo, quedan toda· des
·
via preocupaciones sobre los antojos de las señoras en caciones del ·almanaque.
nes con toda regularidad, oportunamente, y
Nó, los remedios llamados preventivos han hecho gecierto estado, nada exfraño será que las hallemos enantes que todos Jos que publiquen los periódicos tre nosotros.
neralmente más daño que el que han querido evitar.
Bueno es conservar el curso regular de nuestras funextranjeros que circulan en México, y tener al
Exi~ten sobre la superficie cutánea de muchos niciones y evitar á todo trance la constipación, causa
tanto á sus lectores de los usos, costumbres, ecos ños, al nacer, pequeñas manchas, eminencias de di· frecuente
de dispepsias rebeldes, y á veces de pertursociales y modas, en general, de las principales mensiónes diversas, que varían desde el color sonro- baciones serias del sistema nervioso central; !?ero quesado que agracia sobre el blanco mate de una piel ficapitales delglobo.
na, hasta el tinte obscuro que les da aspecto de verru· rer instituir como tratamiento preventivo universal la
administración de purgantes, cuando no hay necesidad,
Constará de doce páginas de grabados, texto gas. cubiertas de pelos ásperos y .feos.
exponernos lo mismo en primavera que en otoí1o,
y anuncios, y repartirá, además, semanariamente
Estas producciones cutáneas, generalmenté ocasio- es
en verano como en invierno, á contraer enteritis más ó.
nadas
por
un
aumento
en
la
pigmentación
ó
por
un
una gran plana de moldes diseñados.
nieuos serias, como resultado inmediato, v áadquirir la
La suscrición por trimestre vale $3.00 en toda desarrollo extraordinario de !ns vasos capilares, en un relajación de log intestinos, que nos pr'ildispone á reterritorio limitado de la envoltura tegumentaria, ofre- cibir todos I es gérmenes morbosos que en tocias partes.
la República. Los pedidos deben dirigirse al Ge- cen formas raras y figuras extrañas, recordando varente de la Compañia Editora deEL Mmrno, S.A., gamente una fresa, una cereza, una granada, una os· nos amenazan, y á cad.a momento a~altan nuestro or•
tra, un gusano, y en esa semejanza vaga y mal definí· ganismo.
Tibureio 20, ó Apartado Postal 87 bis.
DR. PEÑA lDIÁQUEZ.
da se ha querido encontrar la Jllraavillosa explicación
de un hecho vulgar.
.
Se supone que la madre ha podido tener durante el
ARTE EN CA'SA
periodo de gestación un deseo vehemente, un vcrdaaero antojo de comer fruta, de poseer un objeto, recrearse con la vista de un cuadro, y al faltar esa satisUNA DISPOSICIÓN ELEGilliTE DE lllOBILIARIO
Estableceremos desde este número una sección con
facción, por arte de encantamiento, el objeto no alcaneste nombre, destinada exclusivamente á resolver las
zado
va
á
dibujarse
en
la
piel
del
que
todavía
no
naDECORACIÓ~(DE JJN RESPALDO DE PIANO Y DE m,¡ DIVÁN
ce, y por ende se halla muy ageno de las tendencias dudas Ji~eras que acerca de higJene, enfermedadc~ leves, régimen en tales y cuales aolencias, empleo de taantojadizas de quien le está.dando el ser.
ó cuales medicinas, tratamientos sencillos, etc,. etc.,
Ahora está muy en boga el adorno de los respalLa palabra con que' se designan las manchas á que les
dos de piano, que se colocan en el centro de las ha- aludimos, llamadas lunares en e~pañol, v en1,-ies (anto- hao•an nuestras lectoras.
1'.:as damas enviarán con seudónimo sus preguntas
bitaciones y el modelo que presentamos es de los de jos) en francés, está indicando el origeñ de esta su•
mejor gusto y puede figurar en un saloncito, en un perstición. Nosotros como los franceses creemos que á esta redacción, dirigidas «Al Director de Paris-Jléxitaller ó en un departamento de soltero. S.obre el res- los lunares son producidos por los antojos de la madre, co• y les serán contestadas con toda oportunidad.
Pondremos un ejemplo
J,&gt;aldo del piano se coloca una colgadura de terciopelo cuando no hacemos intervenir las fases de la luna en
Una dama hace la siguiente pre"'unta:
o de peluche rosa viejo con. franja muy.rica descen- la formación de tales adefec-ios. que muchas veces son
Señor Doctor.-Frecuenteniente de.~pués de prolongadiendo de lo alto. Una tela ligera, muselma de la In- gracioso adorno en la mejilla del niño ó el labio su·
das 7,aboi·es de mano, al levantarme &lt;J,e rni asiento, .m(r&lt;&gt;
dia, crepé de China bordado, tela oriental, se agrega perio_r de la doncella.
.
en escarpa, .'r se mantiene sobre esta colgadura. Una
¿Como convencerá los creycntt-s de Jo infundado lige1·os vértigog, leves desvanecimientos. ¿Qué debo haporcelana de reflejos metálicos, de Clemente o~assier, do su creencia? Cómo demostrarltls que la influencia cer para evitarlos.~
MAníA LUISA.
.,· un por,afotogr-1.f1a, ~e colocan con algunos b1belots atribuida á los antoios, el papel encargado al astro
La interrog·ante hallará: en el próximo número la
·sobre el piano. En el ángulo de la derecha hay un si- melancólico de la noche se ejerce generalmt&gt;nte, cuanen esta ó ¡¿arecida forma:
llón in~lés guarnecido de terciopelo.
do la piel del niño está ya comtituida en el claustro respuesta
A l\IARiA Lu1sA:-Si no ha cwnsultado usted alguna
Porúltimo, el diván muy bajo, muy I?rofundo, recú- materno, y solo puede modificarse por motivo de en'!:Jrese de una piel de oso que cae hacia delante para fermedades 8'raves que pondri.m en peligro su exis· vez con un facultativo, y éste no le ha indicado 4ue
padece usted enfermedad orgánica del corazón, pueformar el tapiz.
tencia.........i'
Difícil tarea que dejará pasar muy buenos años sin de creer que sus padecimieutos dependen probableevitar que el marido solicito acuda a cumplir todos los mente de la cloro-aoemia, y debe sujetarse á un régideseos de su cara mitad, que como buena hija de Eva, men tónico y fortificante, tomando diariamente unos
se dej:t mi,nar y se h:;tce chiquear con exquisito cui- cuatro á cinco gránulos de á miligramo de arseniatodado, cuando se halla en cirm.nstancias determinadas de hierro, y buenos baños de esponja ó de regadera.
No pretendemos hacer de estas respuestas un tratade su existencia.
LAS PREOtUPACIONES KS MEDICINA
Sabrá el hombre que los antqjos de la madre no tie- do de medicina; pero si afirmamos que podemos recunen efecto alguno sobre los lunares de los hijos; es- rrir á varios médicos asi de la Redacción como de
que consultaremos á doctores e~pecialistas, y
La dirección d'l este semanario se ha servido con- tará convencido de la vanidad de sus temores, y nó fuera,
que esas pequeñas consultas constituirán un directopor
eso
dejará
de
satisfacerlos
en
cuanto
esté
de
su
fiarme una nueva sección, dedicada exclusivamente a
rio muy util, sobre todo para tales ó cuales suscritolas damas, y en la que deben tratarse cuestiones ge- J?arte, por no ver una fresa en el carrillo de su retoño res de poblaciones reducidas que no pueden ver al
o
la
grotesca
figura
de
una
aceituna
en
el
cuello
de
nerales de medicina de las familias é higiene domésti.
médico con la frecuencia qne desearan.
.
su gentil heredera.
ca que á todos interesan.

''PARIS--MEXICO''

~onsultas ael Dodor

Carnet del Doctor.

MBXIC~.DICIEMBRE :16 DE x897.

•

N17MB&amp;Os6.

�424

EL MUNDO.

Domingo 26 de Diciembre de 1897.

.

!vlr. William J. Bryan.

,

Mistress Mary Bryan,

(Fotograflns de Torres, tomadas especialmente para "El Mundo Ilustrado"]

fa

palíttttt br Jlltrira tn 1897

Cada vez que al caer en la insondable cripta
de los recuerdos una de esas fugitivas peregrinaciones emprendidas por la especie humana
á traves de los fecundos campos de la eterna vida, se bace un alto en la ineludible·jornada para
enfocar con los ojos del espíritu los horizontes
lejanos, y adueilarse, por esfuerzo imaginativo,
de las inexploradas regiones de lo futuro, parece
como que la conciencia, viejo Fausto nnperecedero, se asoma al tenebroso antro en donde incuban todos los problemas y fermentan todas las
eludas, para pedir al impasible tiempo una tregua de reposo en el incesante ritmo del movimiento. Quisiéramos entonces, como el J osué de
la Biblia, detener al astro del día en mitad de su
carrera, fijar en la inmensa bóveda de los espacios la inextinguible antorcha que hubiera de
iluminar .todos nuestros actos veníderos1 arrancar
la importuna venda qne nos impide penetrar en
el ansiado misterio, prender un rayo de luz que
esparza oleadas de claridad en el negro mar de
lsts tinieblas que envuelven como un sudario á los
destinos de lo creado. Tan cierto es que todos
llevamos anidado en el alma un rebelde Harnlet
que golpea impaciente la losa del sepulcro. Acaso la idea ele la inmortalidad no provenga sino
de este extrailo deseo de penetraren el :.\Iisterio,
ambición tenaz, que pretende quebrantar la
inflexible ley de la vida, que tomasus raices en
la necesaria premisa de la muerte,
Pero si para el indhiiduo el deseo de supervivencia se impone como una ineludible condición
de la vida; si el gorgeo del ave embriagada de
amor se forma del desconocido lamento del insecto devorado, corno dice Clemenceau v ha atestiguado Darwin; si 1:hir es 111nta1·, puesto quemata1· es defenderse: para los pueblos, esta tendencia
hacia la perduración en el planeta, se traduce por
un impuls@ irresistible á ensanchar el territorio,
manüestado pinneramente en toscas formas entre
los primitivos agregados sociales por medio de la
lucha permanente entre horda y horda, y más tarde
por las aventureras correrías dela conquista, hasta
que el concepto del derecho ha venido á cambiar
la dirección de los grupos humanos en forzosa
agregación de las fuerzas para la conservación de
la vida de los Estados.

Débense tal vez, á este inol vidado sentimiento atávico, á este inconsciente anhelo prendido en el
espíritu de las jóvenes nacionalidades cuya infancia fué arrullada por el rumor de la lucha, los postreros obstáculos, felizmente vencidos, que se oponían al reconocimiento del tratado entre el gobierno de la República. y el del Reino Británico,
con ocasión de los límites de Belice. Imaginaban
los que han convertido el patriotismo en una suerte de delirio desenfrenado1 que éramos incontrastablemente dueños de ese girónde tierra arrebatado á ln integridad nacional por el poderoso empuje de la l&lt;'uerza, contra la que s;e pretendía
elevar el insuperable baluarte de la Justicia.
Cuando ya los revueltos pa1ses americanos habían triunfado de la agitación persistente que se
enrollara en su vida íntima como una trágica túnica de Neso; cuando-como al referirnos á acontecimientos de esta misma naturaleza, hemos dicho ya en estas columnas-la idea dela Libertad,
que entraila la idea del Derecho, comenzaba á
presidir el desenvolvimiento de la República1 como «una funci_ón de la ley universal d.e la economía de las fuerzas,» se suponía que1 en los momentos en ,:¡ue la evocación dela doctrina :.\Ionroe
corría por las arterias del Xuevo Continente, como una anticipada protesta á toda tentativa de
invasiones europeas, una nación del otro lado del
Atlántico procuraba colgar su nido de vieja águila en un fragmento de la nacionalidad mexicana.
Para desvanecer estas sombras ha sido indispensable combatir el sofisma hasta hacerlo afücos,
sacudir el error hasta desarticularlo, atenacear el
prejuicio hasta destruirlo. No se trataba1 no, de
.un incisivo ataque á la integridad del s".lelo patrio; no era asunto que se relacionara con el honor nacional; no era motivo de sembrar desconcierto y alarma en la conciench popular, serena
y reposada en el espacio de algo más de un cuarto de siglo; que si estos elementos enh·aran en
juego1 todavía los viejos héroes de nuestra vencedora soberanía podrían mostrará las nuevas generaciones el camino del deber, en los supremos
momentos dela lucha.-Hechos y documentos presentados á la consideración de las multitudes, llevaron este debate á terreno de donde no debió
ser mmca retrotraido.-Nosotros, los que en el estandarte de nuestra democracia hemos escrito el
respeto al derecho ageno, como lógico anteceden-

te á la defensa del derecho propio, estamos en la
obligación de mostrar la serenidad de un pueblo
que ha pasado ya del fatigoso período de los sacudimientos y las violencias, para entrar de lleno
en la vida seria, reposada y tranquila delos grandes intereses y de las tremendas responsabilidades.
Y propicio es, innegablemente, el momento para
dar ejemplo de nuestra abjuración de pasadas
culpas, cuando en república vecina hase agrietado el terreno para dar salida á los caliginosos vapqres de la revuelta armada. La última aventura
revolucionaria en Guatemala y su inesperado fracaso, cuando ya se antojaba que la rebeldía iba
á apoderarse de la situación, es una prueba más
de que el impres~indible generador de estas contiendas es siempre el conflicto entre los intereses·
y que en la lucha emprendida ya se resuelva pa'.
cíficamente en el espacioso campo de la contienda.
electoral, como en la democracia del N' orte, ó bien
se dilucide por la fuerza de las bayonetas y los
disparos de la fusilería en los muros de Quetzaltenango, la victoria es la hija predHecta de lá fortuna.
Elementos de cuantía amparaban las fuerzas
insurrectas; capitales de importancia ponían en
movimiento las avanzantes huestes; pero superiores eran los recursos que el Gobierno del General
Reina Barrios contaba en su arsenal de defensa.
La revolución abortó, pQrque en el choque de estas dos espadas, la hoja de oro habría de rompe1·
la lámina de acero; porque hay un destino reservado á los que entran á la lucha de la competencia, en la industria de la guerra como en todas las
industrias, sin dinero bastante para apartar la.
quiebra; porque la pobreza, que en la época de
Musset era siempre !et c01·tesa11a1 es en nuestros
días la vencida.
Del granero vacío sale el grito de desesperación
que pone fiebre en el pulso de las masas. Pero
hasta que frente al poder opresor no se alza una
fuerza social que le salga al encuentro, todas las
explosiones serán aisladas, y todos los agitadores
sometidos. El hambre es la materia prima con
que se fabrican las tiranías.

*

**
Todavía tienen una explicación--extraüa
y anormal, ciertamentfl, una explicación de patología social~esas terribles tragedias que el anarquismo

ODALISCA
arroja sobre el tapete de las vie3as naciones corroidas por ocultas llagas. El enorme fard·o de
la paz a1·mada hace vacilar al obrero europeo y ,
enciende su ira en paroxismo de represalias.-¿A.
dónde va esta legión que, desprendida de la negra tierra blanda dg las estepas rusas1 rodó como
piedra desprendida de un ventisquero, basta las
risueilas orillas del medio día que el mar :.\!editerráneo baila con sus tranquilas ondas? Camina á
tientas marcha sin rumbo cierto, avanza sin derroter¿: va á la muerte, ciegamente1 fatalmente
condenada de antemano por su propia cólera, con
culebreos de reptil y saltos de felino, embriagada
en su ideal negativo1 en su nueva roligión sin fe,
sin esperanza y sin misericordia!
.
Péro entre nosotros en ocasión de que el pa1s
comienza á poner en ~ovimíento sus fuerzas. productoras y á organizar susuiúdadesdetrabaJo, el
anarqnis~o es una mueca burlesca sorprendida
en una faz siniestra. Por eso el ·atentado que un
loco alcoholizado llevó á efecto contra la persona
del General Díaz, ha por hondo modo conmovido á
una sociedad unánimente agrupada en torno ele
esta tan relev~nte personalidad, encarnación enér- ·

gica de los altos fines de la República.-La sorpresa pa¡alizó por tm instante el pensamiento popular, que muy en breve debía ser arrastrado á
orden de impresiones distintas, ante el tremendo
drama desarrollado en la Inspección General de
Policía. Detrás de la fábula, r,\pidamente urdida
por el Inspector Velázquez, la multitud vislumbró
la verdad de lo ocurrido, en los momentos en que
el poder público se apoderaba de los flotantes hilos con que babia siclo tejida la trama1 y anunciaba ante la Representación X acíonal que el castigo
caería sobre los culpables, sin distinción de gerarquías.
Reviste este palpitante proce~o un_ especial ~nterés para los qu~ t~as la narración circunst~nCia•
da de los acóntecumentos tratan de descubrir una
ley_ general1_ un dato so~iológico ó una provechosa mformac1ón del rned10 que le rodea. Esa obscura historia fraguada en el recodo de una callejuela, en la alta noche, á medias palabras y gestos resueltos, da exactamente la medida de la osadía ~e un hombre1 cuya fuerza de acción, desviada de la corrienteemponzoftadaá que se abandonara, pudo haber sido provechosa. Esa ciega mu-

chedumbre, escolta del carro que arrastrara idos
acusados1 vociferadora y frenética, dispuesta, según entonces dijimos, á aceptar la idea ele! hecho
que motivó su protesta; esos bueno8 burguese1;,
salvaguardia de la sociedad, formulando su veredicto con la serenidad de quien cumple un deber
supremo, no han podido pasar inadvertidos para
el observador sagaz, que por poderosa facultad
del espíritu descubre relaciones y formula síntesis en el e°scueto relato de .los sucedidos.
Para éste, si el atentado de Arroyo ha evidenciado lo íntimamente unida que se encuentra la
persona clel General Díaz á las aspiraciones de la
11ación, el veredicto del jurado atestigua el acuerdo existente entre el grupo al que está encomendada la tarea de adminlstrar justicia1 y el deseo
expresado por el poder público de hacer caer el
peso de la ley sobre los culpables del crimen del
17 de Septiembre, cualesquiera que fuese su categoría.

*
Trastornos de otra íU:d.~le se iniciaban, al propio tiempo, en la importante esfera de la Hacienda pública. Una nueva y repentina. crisis en . el

�p ,mingo 26 de Diciembre rle 1AA7.
426

valor, siempre vacilante del metal blanco, pudo,
por .un momento hacer creer que se sacudía sobre sus cimientos el edüicio de nuestros presupuPstos, levantado merced á tanto esfuerzo. Se
imaginó que el país carecía de faerzas para resistir al terrible embate, y echáronse á volar las
más i1egras profecías.
La misma tirantez de la situación demostraba,
empero, su lógica brevedad, así como en las dolencias físicas es imposible concebir un prolongado estado de agonía. El mercado mejoró sus
condiciones; y en virtud de ellas el tesoro ha podido presentar un sobrante disponible de cerca
de ocho millones.de pesos, y una iniciativa fiscal
en la que aparece un Iigern sobrante, que futuras
circunstancias pueden elevar fácilmente.
El problema financiero, el eterno problema en
el que han estado encerrados todos los que se refieren á nuestra historia patria, ha sido resuelto,
otra -vez más, y ante esta nueva muestra de la vitalidad extraordinliria del país, el año que )"ª va
pronto á irradiar sus palideces de alborada en
los horizontes del porvenir, remeda elhcraldo de
· la prosperidad y el engrandedmiento patrios.
)ÓC

EN LA MUERTE
DELA

~$EÑ0RITA PAZ ALGARA Y TERK~R0S~
Llena de juventud, de gracia llena,
Tesoro de virtud y de ternura,
Te miré descollar fragante y pura
Como en un campo virgen la azucena.
En tu mirada límpida y serena
No sorprendí tristezas ni amargura,
Eras una alborada en hermosura
Que en silencio admiré por dulce y buena.

*

~

Ha podido la República~ en 1897, ahogar una
de esas viejas luchas seculares, que condiciones de lugar y raza parecían haber condenado á
perpetuarse: la campaiia del Yaqui, totalmente
extinguida en las medianías del aiio.-De esta lucha sin cuartel, misteriosa y oscura, en la que el
soldado, perdido en lo profundo de los bosques,
no sabe si la sombra que se perfila ante su vista,
es un arboló un hombre; de este combat6 misterioso y desconocido, traf. la masa de un matorral, en
el que el enemigo se en~uentra siempre cerca y
jamás presente, se ha salido con honor, y la presentación de los jefes rebeldes y el desarme de
sus huestes constituyen la sólida garantía de la
paz definitiva.
Las tribus moradoras de aquellas fértiles ribe•
ras, que un día abandonaron el terruiio para emprender la nómade exi!itencia de los perseguidos,
tornaron á su pacífico modo de ser. La civilización ha ganado colaboradores útiles, elementos
dispersos, fuerzas disgregadas, que voluntariamente se acogen á la enseña del progreso. Raza
activa y de nervios, las resistencias de que han
dado muestras en la rudeza de la contienda, se
encauzará en dirección benéfica, en virtud de la
ineludible ley de la e onservación y persistencia de las fuerzas.
Hecho es éste que merece ser consignado en
las páginas del afl.o que brevemente historiamos;
de este afio que ha visto partir al más popular de
los poetas populares, al inolvidable Guillermo
Prieto; que ha tendido la bandera de la patria so•
bre el inanimado cuerpo del General Rocha; y
que al desaparecer para siempre, ha tenid-:- ocasión de saludar, en sus postrimerías, al amigo de
los intereses mexicanos, al leader del partido demócrata de la República del Norte, al vencido
ilustre en la postrera campafia electoral de la gi·
gantesca Democracia Americana.
. Año de grandes sacudimientos sociales, de conjuradas catástrofes, de enérgicas reacciones, que
ha comenzado á hundirse en la insondable noche
del pasado.
CARLOS DíAZ DUFÓO.

NUE$TR0$ gRABAD0S.
EL ANGEL DE NAVIDAD

Inspirado por un sentimiento de idealismo pmo, el
artista que pintó el cuadro cuya copia aparece hoven
nuestras coltmrnas, presenta al angel que presidio al
nacimiento del Redentor.
.
No fué necesario para que luciera en todo el esplen·
dor de su belle1e1a, rodearlo de otras fi~uras ni destacai-lo de uu fondo trabajado. El ange1 está solo; y la
gall.irdía de stl actitud, la expresión de su rostro, la
mirada en que refulgen destellos de gloria, bastan pa·
ra q_ue quede interpretada la augusta misión que lo
tra¡o á la tierra.
Si en los divinos ojos hay algo de tristeza, es porque
la criatura que el cielo habla encomendado á su guar,·
da, estaba destinado á horrorosos padecimientos.
Día debería llegar en que el Redentor abrumado
por su dolorosa pasión pidiera á Dios que apartara de
sus labio.s el caliz de la amar~ura, y el Angel d_e
Navidad impotente para contranar la voluntad Ommpotente lloraría también, ansiando la hora en que ter·
mi-nado el sacl'ificio le recibiera eu sus brazos para tras•
ladarse con él á la mansión de la eterna luz y las e ter·
nas venturas.

. EL MUNDO.

Domingo 26 de Diciembre de 1897

~L MUNDO.

•

¿Quién ¡ay! sobre esa flor deslumbradora
La furia desató del cierzo impío?
¡La muerte, la implacable segadora!
Y tvrnó tu beldad en mármol frlo,

Y en tinieblas los rayos de-Ja aurora,
Y en lágrimas las gotas de rocío!
JUAN DE DIOS PEZA

México, 21 de Diciembre de 1897

tengan razón) y que no hay fiesta posible sin mona
contundente.
_
Y como la Noche Buena es la más alegre del ano,.es
asl mismo la más remojada.
.
Los chiquihuites representan pues un papel 1mporDespués de un'a corta permanencia en el pai~ recotantisimo
en
Navidad,
á
tal
g·rado
que
para
muchos
rriendo las ciudades más importantes y visitando los
.
establecimientos públicos y particulares más notables, Navidad es sinónimo de chiquihuites......
Y cómo se suben los malditos! No parece smo que el
el 1enombrado patricio del partido democrático ame•
ricano v su distinguida e~posa se disponen ya á vol- :•lcohol que los «informa• tiene alas.Do único que sor·
ver á sü patria, donde los grandes intereses que re• prende es ta contradicción de que e1~ esos ascensos
p1·esenta el leade-r de Nebraska reclaman su presencia. acabe siempre el hombre por caer en tierra.
En el cuadro que Rnelas ha t&lt;?mado_del natural, los
Seo-ún ha manifestado el político americano en repetida~ oca8iones, lleva en su corazón un sentimiento de chiquihuiteros están á punto de mcUI-rlr en e_sa contrasincera gratitud hacia el pueblo y el gobierno de Mé- dicción· ved sus cuerpos. contemplad sus actitudes.... :.
xico por las muestras de cordialidad que de éste ha muy pr~nto van á descubrir esas dQS personas la ráp1•
da y fatal trayectol1~ qtre tenn±na-en:-ei- sue¼&amp;:·: .. • •
-recibido v el afecto que aquel le h:tdemostrado.
Se trata dcl último brindis y del pnmer batacazo.
Ha encontrado abiertos nuestros corazones y fran~
La figura del borracho que aparece en segundo t_ércas las puertas de nuestro hoo-ar, y si no ha podi&lt;l:o detenerse para esh1diar detalla'ltamente las condiciones mino e11 tan elocuente como las otras; ese ha preferido
de nuedtra existencia social y política, si no ha empleado buscar un seguro punto de apoyo y duerme .el sueño
mucho tiempo en examinar detenidamente nuestr3: or· del cbiquihuite. La maritornes del fondo sonne y afueo-anizaciónfinancieray las condiciones denuestros1ste• ra voces aguardentosas cantan: esta ncche es noche
~a monetario. inflll\·endo de modo directo en el desa• buena
rrollo que últimamente va tomando la naciente industria del pais que abre nuevas fuentes inexploradas á
LA ODALISCA
la pública riqueza: su genio observador y su espíritu
analítico le habráu proporcionado, P.omo él declara, los
datos s1úicieutes para formarse cabal idea de un pals
En otra de nuestras páginas ilustradas aparece el
en vía de maravilloso progreso, aun en medio de las
de u.na Odalisca copia de un cuadro q~e ha c3:u·
vicisitudes por que ha atravesado por causa de la de• bu;-to
sensación en Berlin y que se debe al pmtor Tito
preciación del metal blanco, base fundamental de su sado
famoso ya por el encantador na~uralismo que
sistema monetario y producto principal de su expor· Contí
caracteriza sus obras y por la opulencia de colando
tación.
·
que las engalana.
Lleve en buena hora el caudal de esos conocimien• con
,La Odalisca está contenta, es feliz porque su sefíor
tos adquiridos prácticamente á sus conciudadanos y bien
amado le reo-aló una rosa emblema de la hermopartidarios v muéstreles cómo marcha un pueblo azov selló sus l~bios con un beso que palpitaba en
tado po,: coñtrar.ios vient•&gt;s que han servido"µara des- sura
ellos todavía.
·
pertar sus latentes energías.
. .
La dicha y el amor ......... ¡•1ué bien expresados esLleve también los votos que hacemes por su felic1• tán
en el cuadl·o de Tito Conti!
dad personal, y admita el respetuoso homenaje que
rendimos á la inteligente y distinguida compañera o.e
su existencia batalladora.
Reciba también en estas líneas el testimonio de nues•
próxirnc., año
tra gratitud por haberse dignado proporcionarnos las
fotografias especiales para •El Mundo• que nos sirvieron para los grabados ·con que hoy engalanamos
Estamos satisfechos de la buena impresión que ha
esta página de nuestro semanario.
causado en el público nu11stro míme1·0 anterior, que
fué publicado como muestra de lo que será.EL MUNDO
en 1898.
·
EL ULTIMO CHIQUIHUITE:
Esto nos anima extraordinarinmente. y nos hace
pensar más en el trabajo que tiene mb recompensa en
aplauso de nuestros lectores que en la partil finanEn el tecnicismo ó mejor dicho, en el caló de ciertas el
del negocio. Hemoij pedido á Parls nuevas~· más
tabernas, un chiquihuite es u.na especie de ponche, ca- ciera
grandes prensas que nos permitirán cuidar mucho
liente rudimentario, que. se sirve á bajo precio t'&lt;n las más
que hoy de la impresión del periódico, y presennoches de invierno, especialmente en la Noche Buena tar este
semanario dig·no del público que lo s1,,menf'.
en que una magna parte de los buenos ciudadanos de
Dijimos bien: EL Muimo !LUSTRADO no es un perióla :\Ietrópoli juzga que el nacimiento de Cristo es su- dico
popular sino de la clase selécta, ilustrada dtl uues·
ficiente pretexto para que ellos se mueran de puro bo·
tra sociedad. Está comprobado esto por la acept&gt;tdón
nachos.
Hay quien juzga que no se puede celebra\· nada en general, con que se han recibido nuestras reformas
el mundo sin embriagar$e. Que la copa es el princi· para el entrante, y ofrecemos solemnem&lt;'nteeorrcspou•
pío y el fin de todas las alegrias (acaso en eso último der en todo á la bondad de nuestrns abonados-

MR. WILLIAM J. BRYAN Y $0 ESP0U

El

LA NAVIDAD DE LA PASTORA.
Conoceis sin duda el Ángelus de Rosa Bonheur, esa
viril pintora que quiso dejar en un cuadro, en uno solo
acaso, algo de femenino y dulcemente melancólico?
El aldeano está de pié junto al barbecho, con el rústico sombrero entre las manos; no lejos yace inmovil y obscuro el arado; las lejanías tórnanse indecisas,
se inundan de vaguedad; avanza la sombra artera del
oriente, de donde antes venia la luz; pero aun hay algunos areboles en las nubes delgadas, aun las tiñe un
poco de oro haciendo que semejen brillantes y escar•
dadas plumas de un ave ideal.. ....
Y flota sobre todas las cosas una melancolía indefi·
nible, una. melancolia divina, una melancolía consola·
dora.
Dijérase que la amplía y grave y religiosa vibración
del Angelus ha divinizado el crepúsculo, lo ha hecho
inmaterial y mistico; dijérase que la tristeza que siempre viene á la naturaleza y al espiritu cuando el día
agoniza, es entonces una tristeza santa.
Llegó la hora en que como a.ice el poeta:
el mar salmodia sus perennes quejas
batiendo las riberas rumorosas,
y el hombre piensa en afecciones viejas,
en seres idos y en pasadas cosas .........

*

* * melancolía de ese crePues bien, algo de la solemne
¡:&gt;úsculo tiene este otro que inicia la Navidad de una
pastora.
Cuando la pequeña cabrera, vió hundirse en el oca•
so al sol como un alud de llamas, deslumbrada por la
postrera 'pompa de colores que invadia el horizonte,
qucdóse mucho tiempo absorta: primero ante los oros
pálidos que franjeaban las nubes, luego ante los rojos
vivos que se tendian como banderas sangrientas por
el cielo; después ante los lilas mate, ante los lilas próceres, ante los divinos lilas que cambiaban.de matices

como una tela de gros y se desvanecían en el gris
de los vapores vespertinos.
Y aquel espectáculo le produjo el éxtasis.
Mas la campana mayor de la parroquia volcó de
pronto el grave y augusto tesoro de sus toques: din
don,dindon, yun extremecimiento de angustia la conmovió toda.......
Din dan, din don ....... Dios mio qué inmensa querella de vibraciones y cómo saturaban el espacio rle tristeza ...... Y ella estaba sola y tenla frío, mucho frío ......
A qué volverá la alquería si nadie la amaba ahí, si
nadie quería cederle un rinconcito junto al fogón?
'El mastín belfudo y enorme, gruñla á su vista, la
tla Juana solo tenia para cllairases duras; arrojábanle de mal modo un tasajo de cecina 111al asada..... y pa·
ra dormir solo poseía el viejo jergón de crines que
nadie se atrevía á usar va.
Cc,rno era huérfana! •
Si al menos Gabriel, aquel cabrero radiante que hacía las delicias de las mozas, el primero en la juerga y
el chicoleo! más el primero también en el trabajo, aquel
mocetón _de cabellos pajizos y de ojos aceitunados, la
amara aun ......
Pero la dejó por otra, por otra que poseía una vaca
y un huerto.
La dejó por otra, porque ella era pobre y era triste.

*

**
Din don, din don.
Y el aire iba haciéndose más frío, tenla ráfagas que
azotaban como correhuelas, y la sombra invadia la
altura.
Los corderillos se agrupaban, temblorosos bajo su
toison de nieve, y claYaban en la pa~tora sus ojos inmensos y dulces, como si la interrogasen:
-Que, no tornaremos á la majada? Aqui hace mucho frio.
Y ella parecía responderles:
-Frío, y qué me importa el frío de fuera cuando aqui
dentro está helando?

- Yaya! medrosicos, no me vi~teis acaso muchas no•
~bes cantar á las e¡;trellas de Diciembre? Entonces
tambien hacía frío, pero i;i vierais que calorcito tan
bello llevaba yo en el corazón?
Din don, din don
Esta noC'he nace Jesús en un establo.
Vesper descrencha ya sus cabellos de oro en el espacio, Artburo cuaja sus luces cambiantes, Cirio en•
ciende sus fuegos de bengala.
Llega de la aldea el murmullo alegre de los pastores y en la sierra se retuerce llameante la cinta roja
de los vivacs......Tambien los carboneros celebran la
Navidad.

*

**
Din don, din don.
Ea, pastorcilla, hoy habrá cariño para todos; que no
ves que el Angelus va cantando: "Paz á los hombres
de buena voluntad?"
Hoy se olvidan los odios, las manos se tienden, las
bocas se buscan, los pechos quieren latir juntos ......
Vamos, no llores ya; en la granja hay estruendo de
panderetas y bordoneo de guitarras~ .....
-Si, pero Gabriel sonreirá con la otra, con la otra
que es alegre y rica, en tanto que yo soy triste y pobre; el mastín belfudo y enorme gruñirá y como en
otras noches, para mi no habrá sitio junto al fogón.
*

**

Din dan, din don y todas las campanas, tras el solero•
ne motete del Angelus rompen en un alegro vivace
de metálicas resonancias. Aleluya! Aleluya! parece
que claman ......
El último rayito de sol se ha enhebrado entre las
nubes delgadas, como la postrer sonrida del cielo......
Porqué hay un corazón triste en la vega infinital'
Navidad, no seas cruel!
AMADO NERVO,

Diciembre de 1897.

�~r., MUNDO,

La galana historia
DBUNABANDA

color de cabellos de oro.
Desde que Blanca de Montferrat residía en Turln
rara vez los duques de Sabova iban al Ca11tillo de Chambery. E➔te castillo formaba un maciso coronado por
tres torres: la de los Vientos, la de la Prisión y la de
Poypo. Al pie de esta última, habla un patio dividido
en dos compartimientos para animales domésticos y
para fieras. El Castillo tenia un salón de ceremonia11;
y en la cAmara contigua fue donde el Conde Yert alojó
l Carlos IV en 1195.
Doscientos años más tarde, Don Felipe de Sabo,a,
Caballero Gran Cruz de la Orden de Jerusalen, Capitán de Caballerla ligera y Coronel de Infanterla, acababa de vestirse en su cámara lujosamente decorada
con tapicerlas de Bergamo y porcolanas enviadas por
sus prnnos los Médicís.
A la luz de cuatro cirios enormes colocadoR en un
candelabro de hier• o negro, un paje sostenía frente á
él un espejo de Venecia, que le mostraba la imagen de
un caballero de 40 años, alto y esbélto, de ojos negros
v vivo~, la barba ~· el bigote á la usanza regia, los labios rojo~. fre11ca la tez, los cabellos crespos de un rubio cobrizo y las manos fuertes y finas.
Botas de piel de gamo bordadas cubrlan sus piernas
muscuk&gt;sa11 1 calzas de terciopelo carmín adornadas de
plata .v un justillo con agujetas y herretes de pedrería
formaban su•traje; v terminaba va de cerrar los herretes, cuando otro paJe introdujo il. un caballero vestido
de soldado.
-Salud, Bertrand de St&gt;y;:sel, barón de la Serra, Porta-estandarte de Saboya. ¿Cómo está mi comadre Mad.
Boune?
-:\li esposa saluda á Vuestra Señoría, contestó el militar inclinándose respetnoso ante el príncipe,
-¿Estáis de mal humor, Seyssel? ¿Qué os pasa? Pepino, dame mi banda.
El paje sacó de un armario un cofrecillo de rica filigrana interiormente forrado de raso azul, y Don l!'elipe tomó de ali! una banda bellísima pero un poco descolorida. Estaba tejida de hilos de oro, plata y seda
pálida, to que le daba el tinte del trigo maduro ligeramente dorado con reflejos leonados. En las dos extre•
midades, dedos de hada hablan bordado con cabellos
un poco más obscuros, letras enlazadas formando monograma arriba de un fleco finísimo sostenido por anchos galones de oro. Antes de poner~e esta banda la
besó Don Felipe luego la fijó con un broche de diamantes y_ arreiló las puntas para que no cubrí.eran la
empuñadura ae su espada.
·
-¿Estoy bien, Bertrand?
-¿Dón&lt;le vais, Señor?
-A la casa de mi amada Clorincla; y os llevo á comer
con nosotros.
-No, antes de desempeñar una comisión ingrata
para mi; pero cuando el amo ordena, el servidor obeaece.
-¿Qné queréis decir? ¿La guerra va á seguir, seha
interrumpido el armisticio?
.
No que yo sepa. J~s~amente aprovechando esta breve paz Su Alteza qms1era.........
·
-Hablad sin !"et1cencias. ¿El Duque Carlos Manuel,
mi hermano, intenta emp!earme para algunos de sus
planes? Estoy listo con mis hermanos, cuñados y ~o-

brinos. Cuando se tiene sangre de Saboya en las venas ........ .
-No Re consiente A un francés vanagloriarse de haber derramado vuestra sangre sin consecuencia como
quien vierte una botella, Interrumpió secament~ M de
Seyssel. Esto es lo que hace M. Créquv y Su Alteza
cree que deberla exiglrsele una satisfacción.
-Por todos lo~ diablos ~e Génova, gritó furioso. No
he de pasar la vida desafiando á Créquy por simples
zas. Es demeslado honor.
-Honor para ambos. Cr~uy Blanchefort es Señor
de C~naples, Príncipe de Co:e y par y Mariscal de
Fran~1a.
-Hablais como un libro de heráldica.
-Ya tendréis tiempo de aprender esta ciencia en alguna fortaleza del Piamoute, donde os encerrará vuestro hermano si dejais sin ca11tigo á Créquy.
-1.A~I estamos?
-Su alteza dice que elijais entre un duelo á muerte
ó prisión perpétua.
•
He desafiado ya dos veces á :\fr. Créquy. La primera con la Bouisse y el Caballero Pingon entre Grenoble
y Gínéres. En la segunda tenia por padrinos áFontaines v á Baume d'Hostun. Entonces quedé herido.
- 'y por eso el francés se vanagloria y os trata de
torpe.
·
-¡Por tod_os los diablos! gritó Don Felipe colérico
no es c~uto JUgl;l,r con fueg-o. ¿S'.1bei~ de qué se trata?
-Casi, pero s1 me contáis la h1stor1a........ .
-¿Os acordáis del sitio de Chamousset?
Fui obligado á. saltar armado en una barca para cruzar el Isére al anochecer. Un grupo de parciales de
l\.fr. Créquy me perseguía y la barca encalló en un
ba~co de arena y me i:;alvé a:nado. Llegué á Miolau
~~Jado, cal~do yerto. Un so_ldado me. reconoció y me
dio sus vestidos y permaneció en camisa mientras los
mios se secaban. Al partir luego olvidé esta. misma
banda que la bella Clorinda bordó con sus cabellos
para rni; el soldado la vendió á un sar~ento que la regaló á Créquy v este me la envió á. m1 con el consejo
de cuidar má.s tos recuerdos de las damas.
El consejo valía una estocada.
•
-Y alió tres ......... que yo recibí.
-Y que es bueno devolver.
·
-Decls bien Bertrand; vamos á comer.
-No, hasta que tenga yo respuesta para Su Alteza.
-Sea! .A bien que ya me revienta los oídos ese Charles de Blanchefort, Canaples, Poix1 Créquy y todo un
calendario dijo Don Felipe y llamo con un timbre.
Entró un paje.
-1.Hay álguien en las antecámaras?
-El Señor de la Verdatiére.
-Vaya! Un gentilhombre, hijo de mi difunto padre.
Todo un tronera.
·
-Basta para llevar un cartel.
-Todos los diablos lo deguelleny á mi también! Que
venga.
A poco entró un personaje alto v seco. El príncipe
no lo miró.
•
. -Laverdiére-le dijo irguiéndose con majestad. Ensillad vuestro caballo y salid para Lvon. Ali! iréis ála
casa del Mariscal de 13irsn y le diré.is á :M. de Créquy
que lo aguardo el 2 de Junio en las riberas del Ródano, cerca de Bugey para batirnos con armas iguales,
con padrinos ó sin ellos. Id! y vos Seyssel vamos á
comer: se nos espera.

Domln,ro 26 de Diciembre de 1897.

San Quintln el dla de San Lorenzo y que fue sobrino
y generallsimo de Carlos V. no tuvo más que un hijo
de su matrimonio con Margarita de Valois, peroMargar,ta tuvo numerosas rivales que su marido escogió
entre las más bellas y las más nobles. De alll fué que
le nacieron muchos hei:ederos entre ellos Don FeliP,e,
nieto de Martín Doria. El hijo legitimo de Manuel F11iberto seguía las huellas de su padre, con mengua del
buen nombre de los prlncipes que abusan de su prestigio y su poder.
De todos modos, la familia bastarda de este prlncipe tenla un gran lujo en la Corte en esa época en que
para ir por las calles se 'necesitaba un criado que fuera
aelante para no caer en las inmundicias del camino.
Don Fehpe tenia dos que entrando en el dédalo de pasajes abiertos entre las calles, pasaron con él por detrás de los muros y salieron con rumbo á la Colina de
Lemac.
_
-Hemos llegado,·compadre, dijo Don Felipe mos•
t: ando á Sevssel una luz que brillaba entre los árbole@. A qui está mi paraíso.
Cuidado señor, dijo el austero gentil-hombre: por
aqul se puede ir al infierno.
-¿No conoceis á Clorinda?
-Un día la ví.
-Y no admirasteis @u belleza?
-Después que me casé solo mi esposa debe parecerme bella.
-Vuestra discreción es un reproche.......
Vais á predicarme moralidad?
El príncipe se detuvo ante un pabell,mcito cuadrado rodeado de árboles; los pajes apagaron sus antorchas y entraron en un soportal, y el señor seguido de
Bertrand penetró por las nabitaciones.
Al rumor de sus pasos se abrió una puerta, y una
voz femenina dijo:
Sois· vos, señor?
Yo mismo, con el Barón de la Serra.
Avisa á tu señora, y vuelve á alumbrar.
Pero ya una luz iluminaba las primeras ~radas de
una escalera y pronto los señores fueron mtroducidos en una sala. Sevssel observó la ell\gancia de este
departamento v quedó desvanecido ante la belleza ele
una mujer que entró á pocos momentos. Era en verdad un prodigio de belleza, cou una dignidad llena de
gracia y un aspecto de reina. Opulenta cascada de
cabellos rubios adornados de perlas caía sobre sus
espaldas, y un traje azul celeste oprimla su talle soberbio, en tanto que el centelleo de sus ojos obscurecla á los centenares de diamantes con que se adornaba. Desvanecido y asombrado estaba Seyssel pero se
asombró más cuando vió al prlncipe arrodillarse ante
esta sublime criatura, tomarle la mano y cubrírsela de
besos.
.
Bienvenido señor Barón, dijo con amable dulzura la.
Condesa Clorinda. Ya sabia yo que sois de los mtjores amigos de Don Felipe.
-Comamos pues, amor mio dijo el Príncipe, levantándose sin ceremonia.
Des{'ués os daré algunas noticias.
Nadie conocía el verdadero nombre de la Condesa Clorinda ¡\ quién se veia desde hacia diez años siguiendo á Don Felipe hasta las cam,Pañas y aun se
decla qu~ un casamiento secreto los hgaba.
Esto picaba la curiosidad de los cortesanos de su
Alteza, sobre todo porque ella era muy rica y Don Felipe caballero de Malta.
•**
El Duque Manuel Filiberto de Sabova á quien lla•
-Servida la mesa con profusión M. de R&lt;'yssel comió
maban Cabeza de hierro, que derrotó á 1os franceses en · con el vigoroso apetito de un cuerpo sano y una con-

Domingo 26 de Diciembre de 1891..

EL MUNDO.

ciencia tranquila y bebió en proporción. Subyugado presente heraldo. Conflo en que os tomareis con gusto
por la hermosura de Clo"rinda y por el esplendor de esta pena y alabaré ante el mundo vuestra manera de
cuanto le rodeaba, se dejó dommar, soldado rudo, por proceder, quedando como muy atto. S. de V. E.
los encantos de esa voluptuosidad, sin tener el valor
D. Felipe de Sáhoya."
de confesárselo á si mismo y regresó á su casa al amaCréquy respondió:
necer.
"Señor: el deseo de satisfacer vuestra indicación me
Como Clorinda habla sorprendido en Don Felipe
los indicios de al 00 una preocupación, le preguntó la hizo venir al lugar señalado, y no estaré tranquilo hascausa: y él se la dijo esperando que se opondrla con ta no saber por persona digna de fé que cuento con
todos los recursos ele una mujer enamorada al com- vos, de lo cual me alabaré ante todo el mundo, como
bate que le imponía la severidad del Duque. Porque contais con vuestro servidor.
Créquy."
por valiente que fuera, estimaba que dos duelos sucesivos bastaban á lavar una injuria insignificante y no
Se convino que doce gentiles hombres de Sabova y
aspiraba ya sino al reposo y al amor. De consiguien- doce del Delfinado asistirlan al duelo además dé los
te quedó estupefacto al olr á la Condesa decirle:
testigos que deberían ser por el Prlncipe, el Marqués
-Por eso os apenáis Felipe? Su alteza tiene razón. de la Chambre, Seyssel, de la Serra. Micha! y Pierre
Robarré y por Créquy, du Oassage, d'Auriac, DisiPropinad á Cre9.uy una estocada...... y en paz.
·
-Y me vereis tranquila afrontar la cólera de un ·mien y de la Buisse.
enemigo?
·
Despues de enviar un mensaje al Obispo de Bellay
-No sois invencible amor mio, caballero de la Mesa para que dijera una misa por los combatientes, el 2 de
Junio, dia del duelo, D. Felipe se puso en camino con
Redonda, émulo de Orlando y del Rev Arturo?
-Por el arnor de vuestros ojos haré lo que os agra- una gran cohorte de nobles y de criados, admirablede..... .
-Traedme los cabellos de M. de Créquy
y os bordaré con elles una banda, aunque
sean púas de puerco espln.
-Le aborreceis?
-No; por el contrario, me hace reir.
-Y si re~1llto her;do?
-Os curaré. .
-Y si muero?
-Haré vuestro sudario.
-Y os pondriais la cofia y el velo de las
viudas?
-:\las bien la corona de rosas de las desposadas.
Venid á borrar con un beso las feas palabras que habéis dicho, sellor, v dadme
n1estra de~pedida y no vol vais hasta dejar!en el campo á vuestro enemigo.
Obedeció Don Felipe y olvidó pronto en
la embriaguez del amor, los terrores del
porvenir
Pierre-Chatel es una antigua fortaleza
situada sobro un montón de rocas á una
legua de Bclley. Este nido de águila era
parte del St&gt;ñorío de Bengev, cedido en
1137 por pi Emperador Enrique á lo~ Condes de Sabova.
Volviendo'dr las cruzadas el Conde Yert deSaboya, mente equipados y alegres como si se tratara de una
Amadeo l\' . cedió Pierre-Chatel á la orden de San Bru- fie~ta.
no, para que instalara cenobitas que rogaran á Dios
A una legua de distancia, acompañada solamente de
por el bil'n de su alma. Su viuda Bonne de Borbon les un caballerango, dos pages y algunos migueletes, veasignó mil florines de renta, y el monasterio fue seña- nia la Condesa Clorlnda en su litera.
lado para cPlcbrar los cabildos de la orden dela AnunCréquy y sus amigos con menos aparato, dejaron á
cíatta. Al terminar esta historia, estaban allí de paseo Lion y llegaron el 2 de Junio al punto señalado.
el obispo de Bclley1.Juana Geoffray, Ginod, 11elchor,
D. Felipe montaba un caballo andaluz con arneses
el Conde de Monte ola_yor, lugar teniente general en de tercio.Pelo y oro, y "l"estla un traje regio.
.
Bresse, v J oaqtlin de Chateau-Viux alcalde ae Baugev.
M. de Créquy, no estaba menos ele00ante. A la V1sta
Como"ta q11erella promovida entre el bastardo de del {'rincipe echó pié á tierra, avanzó rápidamente y
Saboya v &lt;:arios de Créquy habla metido mucho ruido, le dijo dt&gt;scubriéndose:
los preliminares exigieron numeros; s y diflciles ne-11e felicito, Señor. de encontraros y sov el mas hugoeiarl,,ne~.
milde de Yuestros 1,ervidores.
•
El s&lt;'11or·de la Verdatiere le llevó el cartel de D.
D. Felipe. en tierra también, se descubrió á su vez y
Felipe que decla:
dijo con exquisita galanterla:
"Señor, como no puedo ir personalmente á veros co-También yo, Señor, desceabaeste encuentro vpromo dest&gt;aría, os suplico vengais al puerto de Otúrieu, testaros mi mas sincera adhesión.
•
dándonw aviso de vuestra ·llegada por conducto del
Los dos Señores se saludaron de nuevo con la son-

risa en los labios, y volvió cada uno al lado de sus tes
tigos.
·
Ademas delos indicados, habla numeroslsimos concurrentes. Se necesitaron algunos minutos, que á todos parecieron muy largoP, para las disposiciones del combate, minuciosas según 1a etiqueta y el cpdigo caballeresco de aquellos tiempos. El campo destinado habla
sido visitado por más de cincuenta gentiles-hombres
con sus escuáeros para prepararlo convenientemente.
En una barca y previas mil formalidades, pasaron el
Ródano primero unos, lue~o los otros partidarios de
los combatientes, v por último una dama enmascarada.
Los dos adver,;arios se despojaron de sus justillos,
dejando ver camisas bordadas y con magnificos encajes. D. Felipe pidió permiso á Créquy de anudarse su
banda en la ciutura, esa misma banda causa de la reyerta, y Créquy lo consintió ciñéndose á la vez una banda azul celeste.
Llegó el momento de estimular á los combatientes
dándoles algunos cintarazos D. Felipe manifiesta repugnancia, pero al fin se presta y permite álaBuisse vapufarlo, gritando á D'At1gnac que iba á hacer otro tanto con Oréquy: «De la cintura para arriba.•
El marqués de la Cbambre dá la señal,
y entran los adven;arios en lid con la espao.a en una mano y el puñal en la otra. Se
atacaron rabiosamente y D. Felipe alcanzó
ventaja al principio, pero Créquy más joven, más diestro, menos preocupado porque no tenla una mujer por juez de campo,
Je estrecha de manera que el pobre prlnci. pe pronto fué dominado. Una primera estocada le hiere en el muslo tiñiéndole de
púrpura la!! medias de seda; una segunda
le penetra en el pecho y otra en fin lo derriba. Inmediatamente Crequy sediento de
sangre se lanzó sobre él diciendo: ''Pedidme fa vida:"
-:N"o, matadme, respondió D. Felipe.
Dos puñaladas le hicieron dos hendas, y
con el pecho abierto, los miembros convulsos, el oastardo deSaboya cayó inerte.
-Señor, os dejo la vida si la implorais.
-Saboya manda y no suplica, gritó el
bastardo agonizante.
Ya la dama enmascarada había atravesado corriendo la pradera y cayó de rodillas junto á D. Felipe en el momento en que
Créquy y la Buisse trat'.1-ban de levantarlo: ..
Un cirujano se apro:x.una, pero fueron mutiles sus
socorros, pues D. Felipe apenas tuvo tiempo de. r~clinarse en el seno de la Condesa y exaló alll el último
suiR:ri~;;;;¿·~ie~p¡~hado po~ el Dl?-que de 8aboya no
pudo nea-ar á tiempo para impedir el combate. Despues Lafange fue matado por T&lt;'ontaines, éste se batió
con Villemor v ámbos mlll"ieron; la Buisse corrió la
misma suerte·con otro ele los testigos.

················································································•

···¡Q~~i .i;i1:¡;~~:~-~·e;;;; -~q~eii~~ ·iie~¡;~i ······· ···············

J~ualitos á estos tiempos en que los tontos se siguen
batiendo por."qultame allá esas p;tjas."
CABLOS BUET.

�Domingo 26 de Diciembre de 1897

ELMUNDO.

400

431

EL MUNDO

Domfna-o ~ de Diciembre de 1897.

Damas Mexicanas

S!a .cena ae Noc}¡e iuena
Acercaos á la mesa
Mis recuerdos, porque os llamo;
Id saliendo de la hueRa,
Muertecitos que yo amo!
Cosas idas, cosaR muertas,
Ilusiones ya perdida!!,
Acercaos á mis puertas,
Cosas muertas, cosas idas!

'.

$rita. i!uisa roarti:ue:z ae crastro

$rita. Rosario i!asefar

.DE CUÍ.U.CAN,

OE MAZATLA~

[Fotografla de Tapia.]

[Fotografía de Zúber.J

LA PALINODIA
El famos? poeta gri~go Estesicoro, pulsando la
cuerda de hierro de bU hra heptacorde v haciendo antes una libación á las Euménides con .i,;.ua de pantano _en qu_e se ha bian 1,nacerad_o _a1mirg·o:f ajenjos y ponzouosa cicuta, entono una sat1ra desolladora y feroz
contra Elena, esposa de Mcnclao v causad(• la "'Uerra
de Troya. De~cribí_a ~l ;vate. con ima prolijid.adbde detalles que después 11mto en la Odista el divino Homero, las tribulaciones y des,·enturas acarreadas por la
fatal belleza de la 1in~lárida; los reinos p1wados de
sus reyes, las esposas sm esposos, la$ doncella8 entregadas á la esclavitud, los hijos huérfanos, los o•uerreros que en el verdor de sus aiios habían desce~dido á
la re~ión de las sombras, y cuyo cuerpo ensat1"rentado m aun lograra los honores de la pira fúnibre· v
trazado este cuadro de desolación, vaciaba el car~a'j
de sus agudas flechas, acribillando á Elena á invectivas y maldiciones, cubriéndola de ignomía y vergüenza á la faz de Grecia toda.
Con gran asombro de Estesicoro, los griegos, conformes en 13:mentar la funesta influencia de Elena, no
aprobaron sm embargo la sátira. Acaso su misma viru~~ncia desagTadó á aquel pueblo instintivamente
dei~cado y culto; acaso la piedad que infunde toda
muJer babló en favo~· cte la culpable hija de Tíudaro.
Su detractor se gano fama de pi:ocaz, len&lt;&gt;'üilaro•o v
des~ergonzad~ y Elena, algunas simpatíai y m'i:tcha.
lástrm3:. En vista de este resultado, Estesicoro, con
las ore¡as gachas como suele decirse se encerró en
su casa, donde permaneció atacado de' misantropía y
abrazado a su fea y adusta musa ,·engadora.
El sueño había cerrado sus párpados una noche
cuando á deshora creyó sentir que un.1 di1'stra fria.;,
pesa~a como el marmol se posaba en su mejilla. Desperto sobresaltado. y á la claridad de la estrella que
refulgia en la frente de la aparición reconoció nada
menos que al divino Pólux, medio he~·mano de Elena
Un e_stremecimiento de terror serpeó por las venas dei
satlnco, que adivinó que Pólux venia á pedirle estrecha cuenta del msulto.
-¿Qu~ me quieres?-exclamó alarmadísímo.
.-Castigarte-declaró Pólux;-pero antes hablemos.
Dime por qué has lanzado contra Elena esa sátira insolente¡ f sé veraz, pues de nada te serviría mentir.
. -¡Es cierto!-respondió Estesícoro.-¡En vano tratana un mortal de esconder á los inmortales lo que lleva en su corazón! Como tú puedes leer en él sabes de
sobra que la inditnación por los males que' ocasionó
tu hermana y til nolor de verá la patria aflio•ida me
dictaron ese canto.
b '
_ -Porque leo en lo oculto sé que pretendes eno-an~rme-1:11ur~mu·~ con deeprecio Púlox- Y sin te~er
m1 presp1cacia dwina los g-1·ieo-os han sabido también
conocer tus móviles y tus mtegci~nes. No existe ejemplo ¡oh poeta! de satírico que ten o-a por musa el bien
general: siempre esta.hipócrita apariencia oculta miras personales y ego1stas. Tú viste la belleza de mi
herl:Ilana; tú la codiciaste, y no pudiste sufrir que otro
cogiese las rosas cuyo aroma te enloquecía.
-Tu hermana ha ultrajado á la santa virtud-declaró enfáticamente Estesícoro.

-Mi hermana no recibió de los dioses el car"'o de
rer,rese~tar la ~irtu~, sino la hermo~ma-replic0 Pólux enoJa~o.-S1 hubiese un mortal e:-: quien se encar~asen la vu:tud, la hermosura y la sabirluría, ese seria
igual á los mmortales. ¿gué digo? Seria igual al mismo Jove, padre de los d10ses y los hombre~; porque
entre los demás que se nutren de la ambrosía los hav
como la sacra Venus, en quienes solo se cifra la bellez'.1, y otros ?omo l~ blanca Diana, en quienes se divimzl!- 13: castidad. Si tanto te reconcomía el deseo de zaherir a los malos, debiste hacer blanco de tu sátira á
alg:unas de las infi~itas 11:ujeres que en Grecia sin po·
de1 alardear de la mtegndad y pureza de Diana. carecen de las gracias y atractivos de Yenus. La hermosura merece veneración; la hermosura ha tenido v
tendra s\empre altares entre t1osotros; por la hermosura, Grecia será celebrada en los ve.nidel'OS sio-Jos. Ya
que has perdido el respeto á la hermosura pierde el
uso de los sentidos, que no te sirven para re~rearte en
ella por la contemplación estética.
Y vibrando un rayo del astro resplandeciente que
coronaba su cabeza, Pólux reventó el ojo derecho de
Estesíc?ro. Aun no se había extinguido el ¡a~·! que
arr~nco ~l poeta agudo dolor, y apena~ había desaparecido Polux, cuando apareció el otro Dioscuro Cástor, medio her.mano también de Elena, híjo de J~erla y
del sagrado. ?1sne: y pronunciando algunas palabras
de reprobac10n contra el ofensor de su hermana con
una chispa despren_dida ~e \a es~rella que lucia s~bre
sus cabellos, quemo el OJO 1zqmerdo del satírico dejándole ciego. Alboreó poco después el día mis no
para el malaventurado Estesícoro, sepultado' en etern_a y negra J?.Oche. L~v~utándose como pudo, buscó á
tientas un baculo, y p1d1endo por compasión á los que
cruzaban la calle que le guiasen, fué á llamar á la
puerta de su amigo el filósofo Artemidoro, Y derramando un torrente de lá~rimas se arrojó en ·sus brazos, clamando entre 0 ·em1dos desgarradores:
-¡Oh Artemidoro! Íbesdichado de mi! ¡Ya no la veré más! ¡Ya no volveré á disfrutar ele su dulce vista!
-¿A quién dices que no veras más?-interroo•ó
sor0
prendido el filósofo.
- ¡A Elena! ¡á Elena la más hermosa de las mujereH!
- gritó llorando el satírico.
- ¿A Elena? ¿Pues no la has rebajado en tus versn~?
-pronunció Artemidoro más atónito cada vez. -¿No
la has arrastrado por los suelos en una sátira quemante?
-¡Ah! ¡Por lo mismo!-sollozó Estesicoro dejándo~e
caer al suelo y revolcándose en él.-Ahora comprendo que mi sátira era un himncy á su hermosura ......un
himno vuelto de revés, pero al fin un himno. Los ce·
lestes gemelos me han castigado privándome de la
vista, y las tinieblas en que he de vivir son más densas porque no Yeré á la encarnación humat1a de la
forma divina, al ide¡I! realizado en la tienll.
-No te aflijas y espera- dijo Artemidoro;-tal yez
consiga yo salvarte.

···c·~~~a:~·¡·~·i~~~~¡;a:~a:¡;i~·E¡~~~..;,~~i&gt;~- 'cié ¡;.t~~~úió1:ó
que su detractor Estesicoro sólo lamentaba estar ciego
por no poder admirar sus hechizos, sonrió, halao-ada
su insaciable vanidad femenil, y murmuró con deflcio•
sa coquetería: «Realmente, Artemidoro, ese vate es

un infeliz, un ser inofensh·o; nadie le hace caso en
Grecia, y yo _menos que nadie. Anúnciale que voy á
sanarle los oJos.• Y tomando en sus manos ebúrneas
una copa llena. de agua de la fuente Castalia bañó
con su linfa _las pupilas hueras . del satírico, que al
J?U!lto recobro la luz.. Como el pnmer obJeto que-vió
fL1e Elena, se !1rrod1llo transportado, prorrumpiendo en
una oda sublime de gratitud y arrepentimiento que
se 11.uuó palinodia.
'

NAVIDAD
Mientras la escarcha cuaja•los hilos leves
Que el torrente impetuoso deja en sus fu"'as
Y ostenta el Ixtlac1huatl eternas nieves b '
&lt;.&gt;,ue son como sus canas y sns arrug·as;
Eu tanto que la choza sufre el embate
Del viento de Diciembre delg·ado y frío,
Recuerdo el aguerrido, rudo combate
~ue en la ,·ida sostuve siempre con brío.
Y en tanto que las l1oras pasan tranquilas
En mi hogar donde reina calma que aterra
1,;scucho e! eco alado de las esquilas
'
(Jue llle hahla más del cielo que de la tierra.
:-Navidad• canta á gritos el campanario,
«?,and3:d• rug·e el aire del ventisquero,
l, «Navidad• repiten, en to.no vario,
Los bosques y loli mares, mientras yo muero.
Es qtte estov triste lejos de mi adorada
La niña de ojos negros como mis penas '
Y siento acá á mis solas la recia helada'
De mis año:1 pasados en las verbenas.
Mi ausente, la que en mi alma reside. sola
~sa coche de jun&lt;:0S de~ que yo tiro¡
'
l cuando más altiva m1 orgullo inmola
}lás crece el entusiasmo con que la mi{·o ......
, Es ágil y movible com,J una abeja,
Espanta con sus voces pesar y tedio;
¡Uómo no ha de animarse mi lira vieja
Al c11ntar á una novia de un año y medio!
• Tien_e unos piecesitos como dos lirios,
l tropiezan salvando cortas distancias·
Su llanto es el objeto de mis martirios '
Sus quejas el objeto son de mis ansias.
¡~uién p1~diera iser niño para quererla!
i9mén pttd1era ser tierno para mimarla!
Tiene unos dientecitog color de perla
Y no hay dicha tan grande como besarla.
Es una flor temprana que abrió sus hojas
De mi desierta vida sobre la nieve........ ..
¡Agonizo entre :rngnRtias ~· entre cono-ojas
Po~que el cierzo i,11placahle no se la ífeve!
í en esta noche siento pet1as insanas;
Y ausente de mi niila mi alma se aterra
Y me hace daiio el .. co de las campanas'
Que m~ habla m!ts del ~ielo que de la tierra.
«Navidad• canta á gntos el campanario
«Navid3:d n1ge el_aire del ventisquero, '
Y, •Navidad&gt; repiten, en tono vario
Los bosques y los mares mieu.tras
muero.

yo

JOAQUÍN TREJO.

Diciembre de 1897.

De la cena preparada.
El salón está vacío,
Cae muy triste la nevada,
Tengo miedo, tengo frío!
Cdnvidados á mi cena,
1\1uertecitós que yo amo,
Acudid á mi reclamo
Que esta noche es Noche Buena.
Está abierta mi ventana
Y la lluvia la salpica,

1\lientras oig·o la campana
Que repica.
Buen amigo, pobre hermana,
De mi casa los ausentes,
Yenid todos tan aprisa
Como á esta hora van á misa
Los creyentes.

***
¡Pobre hermana que te ftúste!
Si vivieras todavía,
Cuando siento mi alma triste,
¡Cuántas cosas te diría!
¡Ven, y pronto, ven ahora!
Cuaúdo llegue la mañana
Y á la misa de la aurora
Llame lenta la campana,
Terminada ya la cena,
Podrás irte, podrás irte,
Y tend1:emos que decirte:
4Hasta la otra Noche Buena!
Pei'o ahora, mi hennanita,
Reina aún la noche obscura,
Deja, pues, ¡oh muertecita!
Tu callada sepultura.

*
**
Son las doce. JesúR nace;
Yuelvo el rostro al Nacimiento
Y la cera se deshace
Combatida por el viento.
Nadie cuida á los pastores,
Kadie canta ,illancicos,
l'.i á la virgen llevan flores
L os ancianos y los chicos.
En el heno blanco y yerto
E,-tá. el Dios recién nacido,
Y al mirarlo alli dormido,
l\Ie parece que está muerto.
¡Fe de niño, ven al punto!
Que tll voz me purifique .........
Y no viene, y me pregunto:
.¿Porqué dobla ese repique?

*
**
Del arbol en las ramas
Mil velas 6.rden,
¡Que no tarden los niños,
Que no ¡:e tarden!
¿Porqué no v'ienen?

8t a:qm tant-t,s jugueiies-y dulces tienen?
Esta espada de acero
Para el más grande,
Y soldados de plomo
A quienes mande.
Y esta muñeca rubia
Tan 1,)ien vestida,
Para la niña blanca
Bien de mi vida.
Ya veréis cómo gritan
Los mu~· tranesos,
Y cómo los devora
Su madre á besos .
Pero el árbol se apaga,
Ninguno llega,
Y en la desierta alcoba
Ni un niño juega!

***
Seres que venís tan lejos,
¡Cómo ansían vuestros cariños
Los que tienen padres viejos
Y no tienen hijos nifios!
¡Con qué impaciencia os imploro
Para mezclar con mis manos,
Yuestros ricitos de oro
Entre sus cabellos canos!
¡Amor que ennoblece y salva,
Yen pronto á mi hog·ar estrecho,
Que ya á la misa del alba
Están tocando en mi pecho!

Mis viajeros pcqu&lt;'ñitos,
Mis ausentes ad-0radoR,
Los humildes mu('rtecitos
A mi cena convidados;
Ya regresan de la misa
Los·devotos, los creyentes ........ .

¡Mis amigos, mis ausentes,
Daos priHa, daos prisa!
Dejad ya con planta breve
Vuestro místico palacio ......
Camit1ando tan de~pacio
Yendréis yertos por la nieve!
l\Ii e,pernnza que os desea
Como niña pobrecilla
En la blanca chimene~
Puso ya la zapatilla.
Quiero ver, v no me atreyo
La huella de vuestro paso. '
¡Dejad pronto sobre.el raso
Mi regalo de aüo nuevo!

***
¡No dob~an las campanas,
N'o, q1te r&lt;-pican!
PlurnaR de alondra llueven
No nieve fría!
Dios ha nacido:
Jesús no yace muerto
que está dormido!

*
*'*

¡Casta ilusión que me alientas!
¡Sueño de dicha sereno,
Si á mi cena te presentas,
Seré bueno, ~eré bueno!
Ya no vacilo ni dudo¡
No miro mi hog-ar desiert0
Ni viendo al nifio desnudo'
Me imagino que está muerto.
Yive; con dulce sonrisa,
~ntre sencillos pastores,
"\ e á los que vuelv.en de misa, •
Trayéndole muchas flores.
No pienso con dPsconsuelo
En los seres ya perdidos ......
¡Mis muertecitos queridos
E~tán cantando en el cielo!
El alba tibia clarea,
Yenus en Oriente brilla!. .....
Dejémos la zapatilla
En la blanca chimenea!
11A.lWEL G UTIÉRREZ NAT ERA

�EL :\rmIDO.

Domino-o 26 de Diciembre de 1897

Domingo 26 de Diciembre de 1897.

EL MUNDO

433

DISTRIBUCION DE PREll!lOS Á LOS ALl:ll!NOS DEL COLEGIO MILITAR

A los alumnos del Colegio Militar. .
(EN LA DISTRIBUCIÓN DE PREMIOS)

¿Porqué jamás esquivo ni desdeño
El blasón que al hablar, aquí se alcanza?
Porque sois la esperanza y el ensueño
Y doy culto al ensueño y la esperanza.
Porque adoro á esta patria que lo espera
Todo de vuestros pechos, limpios, sanos,
Ella cifra su honor en su bandera
Y ha puesto su bandera en vuestras manos,
Como madre, los ojos tiene fijos
En cada Benjamín que la engalana:
Vosotros sois sus predilectos hijos:
Yo os saludo, guerreros del mañana!
Envidio por risueña vuestra vida
De la que aún no entendeis toda la g-loria;
Vais en pos de una alianza prometiaa:
Un titulo, un amor, una victoria!
Titulo á costa de luchar ganado
Surgido del estudib y del talento,
Que así como á la tierra abre el arado
El libre abre y fecunda el pensamiento.
La luz de la ilus,ión, fuerza y tesoro,
Hoy vuestra sangre juvenil enciende:
Ese es el nimbo en cuyos rayos de oro
Su manto azul el porvenir suspende.
¡A cuánto.s de vosoii:os, de alma sana,
Temiendo del jurado un anatema,
Hallaron los clarines de la diana
Despejando la incógnita á un problema,

=

Otros en la vigilia· fatigosa
Dieron tregua á las ansias de la mente,
Con la esquela aromada y amorosa
Tierno mensaje de la nóvia ausente.

r--Viendo
Y soñando con ella y con su hechizo,
cercano el fin de su carrera

.Alentaban su fé bes.ando el rizo
Arrancado á una hermosa cabellera
Y así soñando cuanto el pecho anhela
Y al porvenir alzando una plegaria,
Cumple su cuarto el joven centinela,
Goza el que estudia en celda solitaria.
Otro al ver en el patio abandonado
El busto de Melgar, una por una
Las páginas recorre del pasado
Y envidia de los héroes la fortuna!
Si; la de aquellos niños que pudieron
Eclipsará los héroes espartanos:
¡No hay entre muchos que morir supieron
Quien iguale á esos niños mexicanos!
Sllárez, Escutia, Márquez, Montes de Oca,
:Barrera.... dormid siempre satisfechos ......
¡}'o no ten~o en el alma ni en la boca
~ucomio digno de sus grandes hechos!
Y todo aquel que sus estátuas mira
Y sa1&gt;e cuanto honraron su bandera,
¡Por su valor sin tasa los admira!
¡Por su muerte sublime los venera!
Por eso cada alumno con ferviente
Culto, enaltece y guarda su memoria,
Y ve que pasan lista de presente
En el cuartel eterno de la Historia.
Ah! Cuántos de vosotros cuando cierra
Cada silvestre flor su tierno broche
Y el sol transpone la lejana Sierra
Y envuelve al bosque el manto de la noche;
. Cuando ¡ace el Castillo legendario
Como un titán de formas sobre humanas,
Y se ven desde el campo solitario
Cual pupilas de fuego sus ventanas;
Cuando murmura el viento en las canosas
Copas de los vetusto;; ahuehuetes.
Y cual muertos que escapan de sus fosas
Se alzan los elevados minaretes.

Habréis vuelto la mente y la mirada
A esos tiempos de luchas y sonrojos
En que estaba esa alberca ensangrentada
Y estas rocas sembradas de despojos.
Y habreis ~!orificado á los que el pecho
Sin miedo al mvasor déspota y rudo
Presentaron, en nombre del Derecho
C.omo su solo y su mejor escudo.
Y os habreis alentado con su ejemplo
Que hace vibrar homél"icos laúdes,
Y hace amar esta escuela, noble templo
Alzado á su valor y á sus virtudes.
Oh! vo lo sé muy bien, si en triste día
Se repitiera, el caso, no os asombre,
Seríais todos cual ellos, ¡todavla ,
Se muere por la Patria y por su no~bre!
Aun hay amor sin mancha y patriotismo
Y aún sabe el alma varonil v· entera
Que nada s0n la muerte y el abismo
Si el honor queda limpio en la bandera.
Ya los tiempos de lucha se borraron
Con lágrimas y sangre: otra es la norma
Del suelo en que nacimos, ya triunfaron
La Paz, la Independencia y la Reforma.
Ya de Caín la sombra se ha alejado;
Hoy se premia el trabajo, el noble intento;
Y vosotros lo veis; h"a befs ganado
UJ.1 premio en el combate del talento.
Id felices con él; ninguna valla
Dejará vuestra marcha internm1pida,
Y triunfad con aITojo en la batalla
Que libreis sobre el campo de la vida.
JUAN DE DIOS PEZA.

México, 5 de Diciembre de 1897.

~o peor ae la

Nat1íaaa... &amp;1 último "cqiquiquife.''
(Véase el articulo •Nuestros Grabados.&gt;)

(Dibujo de Ruelas)

�Domingo 26 de Diciembre de 1897.

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EL MUNDO.

435

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Ensueño de n ·i ños.
P OR J OSEPH L 'HOPITAL. - ILUSTRACJONES GRABA DAS EN N UESTROS TALLERES.

•

CONCLUYE•

·J acquot reía silenciosamente y su sonrisa n mar- lis y le cumpliré mis promesas ya que así se lo
-)[e asombrarías.
ga·
primero 'Y hostil dcspues, acabó por ft-ane;a y merece.
-Deveras? y ii yo te dijera que por defender- Y qué le prometiste?
amistosa.
se de mí es por lo que partió?
Eso no te importa; son cosas de los dos.
· -Ah querido amigo! y yo que te creía un pillo.
-¿Cuánto apostamos á que me vas á querer
-Qué?
-Y bien ¿te figuras que no lo soy? y i;i me
-Porque no quería, por que no quiso nunca
convencer de que tienes buenas intenciones:-&gt;
agradara serlo?
ser lo que tu ereiste que era.
-Pues bien, si: la amo con honrados propósi-De seguro que yo no te lo impediría. SolaJaequot estupefacto, aturdido contemplaba á
tos.
mente que ..... .
Jacobo que se había puesto muy colorado.
-¡Como tienes tíos generales .... !
, -Que tú no sabes lo que dice la carta que me
-Como! Ella no era tu ..... .
-Bueno ¿y qué?
ha escrito, no es verdad? Pues dice que me ama
-Que no habían de quedar muy conformes. Y
-Xo.
-Ah! entonces era eso que tiene un casamien- siempre, y me pide que le escriba yo. Ya soy fe- que hay cosas que no existen~ no hay b:u-gueses
liz
puesto
que
me
~a
perdonado,
y la veré.en Pato en la cola y que le llaman amor de plato único.

•

�436

•

como tú para éasarso con muchachas como ella.
-Di que no crees en nada de una vez.
-Sí, á veces suelo creer en algo. Creo por ejemplo que si en este momento ella estuviera aquí
y hubiera á la mano un notario y ;in cura, t~ la
harías pasar ill curato y á la notaria en un tiempo y dos inovi,.,,.ientos. Pero ~º-~º ni ella cstii .
aquí ni los otros ...... Buen vrnJe.
-Por qué dices eso?
-Porqul3 si. ..... En fin, tu eres un guapo chico v en cuanto á la Princesa no es ordinaria .. ..
Terminado el descanso se reorganizó la tropa
que desfiló luego en buen orden por las calles de
la aldea, los soldados con las cabe:i:as erguidas,
llevando el arma con gallardía; y los noveles que
tenían más ampollas en los pies, eran los que caminaban con.mayor garbo procurando no cojear.
Jacobo no pensab'.\ ya en el mal humor momcntaneo que le produjo el haber hecho sus confidencias forza.das y se entregó entero ,\ la dicha de
recordar las cosas dulces que le decía la carta de
Jacquelina y no pensaba mús que en las excusas
que debería darla en su ·contestación y en rehacer con ella la dulce intimidad de otros días.
.Aposar de la ruda jornada el día te1·minó alegremente y cuando el Coronel se detuvo ií ver
desfilar la columna felicitó á la 3ª del 3° que marchaba como en una parada sin haber dejado ni
un rezagado por el camino.
XXI
Cuando la Sra. Chansonier le dijo que habüt
llegado una carta para ella, Jacquelina se turbó
tanto que por poco derriba el maniquí con que
trabajaba, y se ruborizó mucho al oír que decía
la primera:
-Es una carta que viel'e del Campamento de
Ruchard.
La Sra. Chansonier había acentuado máliciosamente sus palabras y las obreras cesaron como
por encanto de trabajar. Pero nada, ni las bur·
las de la vieja ni los cuchicheos de las jóvenes
podían aumentar la emoción de Jaequelina concentrada en el deseo de leer y en el temor angustioso que sentía.
Se había resistido mucho á escribir y su carta
fué el resultado de una derrota moral que la colmó
de remordimientos y esperanzas.
.
A veces deploraba la rapidéz de su aprendizaje, porque si hubieran persistido las dificultades
con que al principio tropezó, acaso no habría tenido tiempo de renacer su imperiosa pasión. .Aho·
ra gan'l.ba cinco francos diarios y tenía con que
vivir siempre que no cayera enferma-El descanso de su ánimo dió lugar al amor para volver
á llenarle el corazón.
Bajo estas impresiones tomó la carta y cuando
vió bajo cuatro largas páginas la fírma de Jacobo palideció; al tomar en cuenta las miradas que
la observaban sintió una impresión de disgusto,
se irguió en una rebelión de altivéz, guardó la
éarta sin leerla y volvió á su trabajo. Todas hicieron un gesto de decepción y la Sra. Chansoníer se vengó rifténdola con pretexto de que no
estaba bien el corpin.o que hacía.
Al medio día cuando sus compafteras fueron á
almorzar las siguió sin prisa; pero en cuanto se
vió en la calle, compró rápidamente su almuerzo
subió ,\ su buhardilla de la calle de Petits-Champs
y alli, á puerta cerrada comenzó á leer. Estaba
sola al fin con su Jacobo y virtió deliciosas lágrimas que trajeron á su espíritu ideales de ensueño.
Desde entonces no dejaron de escribir.se; y para evitar indiscreciones en el taller, Jacquelina
dió á su amante su.dirección privada.
Jacobo de su parte estaba más enamorado que
nunca y orgulloso de una felicidad que lo avergonzaba por sus anteriores sospechas.
Pero desgraciadamente para Ja~quelina, no
eran sus cartas las únicas que Jacobo recibía. Estaba níuy avanzado Septiembre en que terminaría su a:ño de voluntari0 para entrar á suboficial,
y antes de tomar posesión pediría un mes de licencia. Su tío el General le escribía dándole los
más desatinados consejos de conquistas, fiestas y
alegrías. Impresionado por estas cartas empezó
Jacobo á hallar menos encanto en las de ,Jacquelina; y las castas delicias de inocente amor que se
había prometido, fueron cediendo el campo á otro
género de ideas. Así concluyó su permanencia en
Rnchard; luego volvió á Tours y al fin J acquelina
supo con trnnsportes de alegría que obtenida la
licencia iba á. llegar á París.

Domino-o 26 de Diciembre de 1897

EL MUNDO.

Firmado un nuevo enganche, Jacobo fué nom- tinado la llevó á un banco donde cayó sentada,
brado sargento y tomó el mando de sus subordi- presa de una nueva crisis de desesperación:
Jacquot, ante tanto dolor sintió que se arrenados en presencia de las clase:3 reunidas de las
que ya no formaba parte Jacquot. Ambos par- pentía.
•
-Es verdad, dijo, soy una béstia.
tieron juntos á París y al concluir su viaje en
Habría debido callar .... unit juventud comola estación, se encontraron con antiguos camaradas y condiscípulos que les hicieron regia recep- esa. Señorita, no me ct·cn usted; era de la rábia
ción. Al salir ele allí un incidente de los muchos que me da que usted lo prefiel'a. No es culpa suque ocasiona la afluencia de pasaj~ros los separó ya si los amigos vinieron á llcvilrselo en ómnibus
y Jacquot, solo ya y como había behido hastante con sus amiga~. Pero mañana irá. á ver á usted
· .
vino, empezó á. sentir los efectos de la embriaguez sin falta.
¡Cuanto me aborrecerá usted por lo que dije!
y á caminar difíeihnente y sin rumbo.
-No Jacquot. No lo quiero á ustetl mal. )le
De pronto una mujer que caminaba con rapidez le alcanzó y le pasó. J acquot alargó el paso hizo usted sufrir sin saberlo. Dice bien que no deesforzándose en seguir á la mujer y en conservar bí haber venido; pero estaba tan contenta!
Se leV'Rntó. y siguió andando. J acquot la siguió
la línea recta. Como ella se sentía perseguida se
sin
que ella se opusiera.
llenó de miedo y &lt;lió á co1Te1· por el bulevar, pero
- V endrit mana na, se lo aseguro á usted.
una larga fila de ca1Tos la hizo detenerse en tan·
-Oh! pero no serit lo mismo.
to que el ex-sargento le decía:
~En cuanto usted lo vea. ....
-N"o corr,t tanto, que perderé mi norte.
-Y
si no viene ¿que hago? Abandonada, soLa mujer volvió el rostro y entonces
la .. . ..
-Dios mío! gritó Jacquot-La Princesa!
-Alguien hay que no se alejará. Jacquot, an-Salud .Jacquot, dijo Jaequelina.
El qt~edó como petrificado. La princesa le ha- tiguo clarín de ,\ pie, de la tercera del tercero.
-Cierto . . .... usted tiene buen corazón. Pero
bía intimidado siempre y ahorn mucho mas. .Así
¿que podrá contra mis tristezas?
es que con voz vacilante murn~uró:
-Lo que se pueda, pardiez! Yó voy á ver it mi
-Si quiérc ,u sted atravesar el buleva.rd, deme
madre al número 27á de la calle de Alemania.
la mano y estará más segul'a,
Jacquelina retrocedió comprendiendo que es- Recuerde usted esta dil'eeción. Volveré á mi oficio de plomero y si alguna vez necesita usted de
taba ébrio, y el la dijo:
-Xo tenga usted miedo y recuerde que soy un nú, un aviso y vuelo.
-Gracias Jacquot. Es usted mi amigo. Adios.
buen amigo.
•
Le tendió la mano y él vaciló un instante, pero
-Está bien. Atravesemos.
-En buena hora contestó el ex-clarín sintién- luego la toro(&gt; y la retuvo hlrgo tiempo.
-La vida no es alegre, suspiró· ella, pero aun
dose refrescado por la impresión y una vez llequedan
almas buenas en el lllnndo. Esto consuegados frente al Jardín de plantas, Jacquelina
quiso retirar su mano, pero Jfcquot entusiasma- la.
-Y o soy adicto á usted, hasta la muerte!
do no lo consintió.
Continuaron en silencio hasta la calle de Petits
-Se:flor Jacquot, si sigue tirándome de la maChamps. Llegando á su casa se detuvo Jaequeno ele ese modo, voy á caer.
lina.
Y con una brusca sacudida retiró su mano.
-Esta es mi casa, dijo, ya ve usted que le ha-Sigamos como dos buenos amigos.
go confianza. Adios.
-Perdon, añadió humildemente Jaequot.
Y antes de recibir respuesta despareció.
-¿Y usted no va á reengancharse?
-¿Yo? Ni ·que estuviera loco.
XXII
-Sinembargo, hay quienes lo hacen.
Como se acostó á las tres de mañanaJaeobo se
-A veces . . . .
levantó muy tarde, estirándose con deliciosa pereza. ¡Que amigos tan alegres y que chicas tan en• -Y aun toman su resolución alegremente.
,Jacquot no respondió inmediatamente. Una luz cantadoras! Dcci:didamentc· no hay como París
confusa penetró las brumas de su cerebro. Por la para los jóvenes con dinero. ¿Qué barín? Ah! sí,
primera vez, se preguntó qué había venidoá hacer en la noche al teatro. Allí estarían sus amigas y
la joven en la estación de Orleans, pero la embria- sobre todo Clotilde, la bella Clotilde, que estaba
guez no le dejaba formar razonamientos comple- de moda en el mundo de la alegría ....
tos.
Derrepcnte se levantó tratándose de bruto. La
-Si: hay quíenes se reenganchan. Ejemplo mi imajen de Jacquelina que le esperaba vino á su
condicional. ¿Lo conoce usted? Tiene tíos genera- memoria y le hirió como un remordimiento. Se
les. Pero qué ideal .Lo que es haber bebido: usted vistió colmándose de reproches que le pusieron
lo conoce. Ah! ira de Dios! Y yo que pensaba. del más negro humor, pero qLlC no pudieron bo¿por qué habrA venido la Princesa? Y bien ¿lo rrar completamente de su pensamiento el 1:ecuervió usted? Se metió en el Omnibus con los que do de la fiesta de la víspera ni sus proyectos de
vinieron por él.
fiestas futuras, porque al traves de su arrepenti-Entonces ¿sabían ustedes que vendrían á la miento• y de la ternura que se despertaba en él
estación gentes á esperarlo?
hácia J acquelina, no dejaba de dibJjarse ~on per-Yo, no sabía nada: pero cuando ví la clase sistencia en su fantasía la elegante silueta dela bede gente que n9s recibió dije: orgía tenemos y de lla Clotilde. Así pues, cuando terminado el allas gordas.
·
muerzo partió á la cita que había estado á punto
-Que infamia!
de olvidar, se hallaba en un estado de ánimo muy
Jacquelina se detuvo trémula y sin hacer caso singular, descontento de sí mismo y de los dcma's
del ex-clarín que la seguía se l.mzó casi llorando y en lucha con los mas opuestos sentimientos.
mientras repetía:
Ella lo esperaba en su bohardilla presa de una
· - Olvidada .. . . enga:ñada.
gran turbación. La víspera todavía, antes de su
Est&amp; explosión de dolor exasperó á Jacquot malaventurada excursión á la estación de Orleans
que no tenía mal corazón, pero como estaba celo- deseaba esta entrevista con alegre impaciencia;
so, no pudo dominár sus celos por más razones y el sentimiento muy perceptible de los peligros
,que les oponía. El despecho le volvió cruel.
que oodía hacerle correr no lograban moderar su
- Sí, él piensa en usted como en mí. . .. á ve- . pasión triunlante, ni detener los a1:rebatos de su
ces.
exasperado amor. Iba á volverá verlo y se senComo nosotros no somos de su &amp;.tegoríal
tía con algo de remordimientos que no carecían
Si fuéramos ahora á buscarle donde está, entre de cierto encanto; sin defensa ante el, ve:1cida de
sus aristócratas, ni nos conocería.
antemano, pronta á concederle to·do antes que
Y reía nerviosamente, én tanto que la joven ca- perderlo otra vez. Ya estaban lejanos los días en
minaba muda, con la cabeza inclinada. y el pa- que no quería estar cerca de él sino en público ó
ftuelo en los ojos, abrwnada.
·
·en la calle y en que temblaba á la idea de estar
-¿Y se admira usted de eso? Yo se lo previne sola á su lado. Había combatido mucho y se le
á tiempo. No conviene hacer la Sofia con sobri-, agotaron las fuerzas en ese combate intei:ior. Ahonos de General. En fin, ya probó usted ari'ltocra- ra, le había dado cita cu su propio cuarto y se
cia. En tanto él, se burla de usted, se burla de defendíría mal contra la embriaguez amorosa que
usted ....
de antemano le preparaba una posible caída. PeDerrepente ella se detiene.y exclama:
ro al presente J acquelina había cambiado de ideas
Eso no es verdad ¿porqué me dice usted eso? y estaba sufriendo á causa de la sorpresa atroz,
¿quiere q;ie me arroje al Sena:'
de la desilusión amarga que probó en la estación
Jacquelina estaba desfallecida. Jacquot desa- cuando lo vió pasar entre ese huracán de "ivido-

Domingo 26 de Diciembre de 1897.

res y ~ujerzuelas, con los ojos radiantes, la risa
en los labios .... y sin una mirada para ella.
Por mas que había pretendido para excusar á
Jacobo hacerse cargo de los razonamientos más
favorables, no conseguía arrojar de su ánimo la
.duda atormentadora que la atenaceaba ni arranearfo el pensamiento de que Jacobo habría debido suponer su presencia y buscarla en caso de
que en efecto la amara aún. De consiguiente,
aquella visita que la víspera le inspiraba tantas
alegrías medrosas y tan imperiosos deseos, le causaba ahora apesar suyo, un terror vago, una
apréhensión llena de presentimientos siniestros
como si la desgracia de su vida estuviera á pun- ·
to de resolverse, y .aun llegó á arrepentirse de
haberle escrito que viniera á su casa, á ese cuarto donde estarían solos y se sintió otra Yez dominada por la ansiedad ·y la duda y por esas reticencias y esos pudores que habían cedido un
momento ante la victoriosa ~crtidumbrc del amor
correspondido.
·
Sin embargo cuando resonó en la escalera un rumor de pasos Y. cuando oyó que álguien se detenía en su pasillo buscando la puerta, su emoción
fué muy fuerte y no había acabado de llamar Jaeobo cuando le abrió, pronta á arrojarse en sus
brazos.
Pero derrepcnte se detuvo sobr.eeogida. . ¿Era
Jacobo ese joven apuesto? Ella no lo había visto
nunca·sino vestido de militar; y la víspera todavía, cuando pasó tau rápidamente cerca de ella
,lo ha~ía reconocido con su kepí rojo y su capot~
de umforme. Ahora veía á un parisiense puesto á
la última moda; esta elegancia la espantaba y perm~neció inmóvil, ruburosa, como avergonzada,
mirando ya los botines charolados, ya la gran
corbata de seda prendida con un alfiler de perlas
firías, y le parecía al mismo tiempo que una ducha helada caía sobre sus espaldas, en tanto que
él también, después de haber cerrado la puerta
la observaba con un silencio embarazoso.
¿ Era J ª&lt;?quelina esta muchacha pobremente vestida, de facciones ajadas y ojos enrojecidos por
las vigilias, tan diferente del ideal que sus recuerdos y sus ensuefl.os le habían forjado, tan diferente sobre todo de las mujeres deslumbradoras por
su lujo, qne la víspera le habían llenado de alegres y hechiceros agasajos?
Bruscamente se enternecieron los dos. Con un
movimiento expontáneo le tendió ella los brazos
y Jacobo perdido, incapaz de desembrollar los
sent_imientos que le agitaban, la estrechó contra su
corazón con una especie de violencia que Jaequé!ina pudo estimar como arrebato do pasión. Después los brazos se desligaron, ambo.s se miraron
sonriendo, con sus manos juntas, sin apartar sus
· ojos el unó del otro y se pusieron á. hablar rápidamente, de un modo calenturiento, como si hubiesen querido aturdirse, embriagarse con el rumor de sus voces, removiendo los recuerdos del
pasado, recordando las promesas y los sueilos de
antaño, procurando despertar los ecos de un debilitado 11mor.
Pero en él apesar de sus esfuerzos, no venía la
embriaguez y se sentía helado por esta bohardilla
misernble, por estas tristes sillas de paja cojeando sobre un piso desigual, por el movimiento melancólico de la cortina ' blanca que agitaba el
viento colándose por las hendiduras de la ventana mal ajustada. Y ante él, cerca del microscóP.ieo to~ador, el estrecho catre de fierro encima del
cual estaba la virgen de Lourdes, que le causaba
una impresión respetuosa y amarga, muy lejana
del _a mor y contra la cual no podía resistir.
No, no era esta su Jaequelina de Tours!
Para que fuera le faltaba la atmósfera de allá,
la sala extensa y limpia del Café de los· Amigos
y las mesitas en torno de las cuales ella voltigeaba tan viva y tan coqueta, y el admirable golpe
de vista de los muelles del Loire y ií lo lejos, en
el bo'lc:1je lleno de sombras y de sol, el centelléo
luminoso de los latones de la banda militar y la
poesfa nebulosa de la plaza del Arzobispado. Le
faltaba sobre todo la dura vida del Cuartel, el régimen austero del batallón, las fatigas de la maniobra, el disgusto de los castigos, la compa:ñía
de los soldados. la conversación de la Cantinera
la privación de París y las parisienses.
Sincera y lealmente, el se había mecido en un'
ensurflo que debía desvanecerse con las circunstancias que lo hicieron nacer y lo reconocía tarde y con pena.
Esta desilusión insuperable en la cual no en-

EL MUNDO.
traba sino el egoísmo y en la que verdaderos remordimientos tenían parte, turbó á Jacobo á tal
extremo, que. poco á poco empezó á responder
distraídamente á Jacquelina con el espíritu involuntariamente alejado, presa de un embarazo que·
le helaba; no pudiendo ní atreviéndose á confesarse á si mismo que la novela babia dado fin y
dejando ver á pesar suyo á la p'obre muchaclrn
esta frialdad de la cual no era dueilo.
Pronto J acquelina lo comprendió. La impresion que había sentido cuando .Jaeobo ve1:,tido de
gentleman entró en su cuiu-to, había cedido de
pronto á la alegría del reconocimiento y (L la esperanza de volverlo á poseer por eompl"to. Pero
bien pronto se disiparon esperanza y alegría y ella
se decía. ahora q ne entre este gallardo séilor, aneglado y ·compuesto y el Jacobo que amó en Tours
mediaba una distancia infranqueable. Esto era el
naufragio de la confianza ingenua y de los juramentos de ninos; la aparición súbita de la prosa
banal v ordinaria de la vida destruvendo brutalmente ·1a poesía del ensuefto; la esp antosa visión
de que este hombre ¡\ quien ella amaba ern un
hombre como los otros, incapaz de sacrificar {L
un ideal superior, á un amol' sublime, las conveniencias egoístas y las "necesidades m,~s •ó menos
confesadas que forman el fondo de las innobles
existencias. Para ella esto era peor aún, era el
horror material ailadiéndose al horror moral; un
porvenir de abandono sin esperanzas y de desfallecimiento sin. consuelo, abriéndole sus horizontes de dolores; la soledad sin dinero, sin amigo;;, la miseria ó la deshonra acechando en su
bohardillla á la obrera de París; era el fin de todo lo que había soflado, amado, perseguido, esperado .... delante de ella ya no quedaba nada. ·
Opuso á este golpe terrible todas las fuerzas de
su alma valiente, con vigor hizo frente al infortunio; y como Jacobo más y más embarazado se
embrollaba ~- mentía piadosamente buscando palabras vagas, protestas platónicas y promesas á
plazo largo, ella le cortó la palabra con decisíón
y le dijo con voz que no temblaba.
-Sefto1·Jacobo, no busque usted por mástiempor razonamientos que no e'ncuentrapara probar
queme ama todavía. Xi usted ama ya á Jacquelina
ni J acttuelina q uíere ser ama da por usted. No es cu 1pa de usted si yo le amo todavía. Xo, no es culpa
de Ud. Yo habría debido saber qne todo esto no
era posible .... . . pero estaba tan loca! No me debe usted nada, Senor Jacobo, no piense mas en mí:
yo soy quien le queda reconocida por el gran
amor que supo inspirarme. Váyase usted. Adíos,
Se:11or Jaeobo. A estas últimas palabras un sollozo subió de su corazón á su garganta, pero no lo
dejó salir. Pálida, con los dientes apretados
los párpados moviéndose sin cesar, traicionando
con la rigidez automática de sus movimientos la
lucha sobrehumana ele su desesperación, avanzó
hasta la puerta y abrió.
Jacobo, confundido vaciló un minuto. Quería
contestar y no pudo conseguirlo; las ideas bailaban' en su cabeza enloquecida, la vergüenza, los
remordimientos, la tristeza, el amor, se perseguían
allí como en danza diabólica. Salió con paso vacilante pero se detuvo en el primer escalón y volvió la cara. Jacquelina estaba allí, en el marco
de la puerta, inmóvil y púlida como si estuviera
en la tumba. De un salto Jacobo vino hacia ella,
se arrodilló, imprimió en su mano inerte un prolongado beso y luego, se precipitó como un loco
por la escalera.
Entonces Jacquelina se encerró y prosternada
junto á su lecho, la cabeza hundida entre las manos, lloró mucho, mucho. . . . . . Y la Virgen de
Lourdes, su protectora, 'l.Ceptando su sacrificio y
bendiciendo su dolor, hizo sus lágrimas menos
amargas, virtiendo en su alma' clesolada un poco
de la dulzura y de la calma infinitas que brotan
de su apacible sonrisa ....
0

XXIII
Afuera Jacquot espiaba. Cuando vió salir á Jacobo tuvo impulsos de lanzarse sobre él pero se
contuvo.
- No: dijo rechinando los dientes, le pegaría yo
en seguida; me conozco. Y siguió en su tarea taciturno y rabioso. Desde por la mailana estaba
allí, rondando y cuidando la puerta; quería saber
si vendría Jacobo, con la idea oculta y la esperanza loca de que no iba á venir.
Había visto salir ,í Jacquelina y viendo que
había ido al taller esperó su salida en la calle de

Sta. A.na y la siguió de lejos hasta la lechería en
que tomaba, el almuerzo; luego sin desanimarse
había estado de centinela hasta que la vió volver
á su casa y se quedó enfrente en observación,
contando los minutos y diciendo con alegría·.
-Creo que al fín no vendrá- De improviso
sintió un golpe en el corazón. Jacobo llegó, é incap,\z Jacquot de 11hogar la desesperación de sus
celos se entregó [L una númica. furiosa que llamó
la atención del gendarme de la esquína ya puesto
en sospechas por sus continuadas idas y venidas.
-Vamos, allí está, ya viste lo que quc&gt;rías,
imbécil, elijo el gendarme entre dientes, ahor,t
puedes irte.
Pero J acquot no llevaba trazas de dejar el sitio y seguía marcnndo el paso en la acera :siempre Yigilado por el policía y ardiendo en ira pensando en la dicha de Jacobo durante esta visita
que se prolongaba interminablemente. Lo vió salir al fín y pasar muy cerca y lanzarse en un carruaje de alquiler.
-Bueno, gruftó, lárgate condenado, yo no me
muevo de aquí hasta que haya conversado con
ella.-El día avanzó poco á poco, llegó la noche
y se iluminaron algunos almacenes; pasó el encendedor del gas con su lanza de fuego; un frío
brumoso y cortante hacfa desfilar rápidos ,\ los
transeuntes y Jaequot seguía esperando.
De pronto una sombra apareció en la puerta:
era ella. Jacquot sin tomarse tiempo para reflexionar atravesó la calle en dos saltos y con voz
sorda le dijo:
·
-Soy yo, Jacquot.
Ella lanzó un ligero grito sorprendida por tan
súbita aparición y el gendarme se aproximó temiendo un crimen.
-N"o esperaba usted verme, dijo Jaequot con
violencia y no pudiendo contenerse. Cuando se
reciben visitas tan agradables, no sabe uno ni lo
que hace. ¿No?
•
Jacquelina se puso roja de indignación.
-Sr. Jacquot es usted un descortés y á lo que
parece, también un moscardon. No le felicito. A
saberlo no le habría ense:llado mi casa.
Le volvió la espalda y se fué con paso rápi&lt;lo;
pero como él la seguía anonaclu, se volvió para
decirle con tono secn.
-Ilágame usted favor, si gusta, de dejarme
tranquila.
-Ah! no, no, gimió Jacquot desolado. ¿Pcr qué
me trata así la Princesa? Porque tiene cólera ¿no
es así? Si viera usted como he estado! ¿Quiere
usted que le pida perdón? Va usted á come"r ¿no
es así? :No me impedirá usted que la siga hasta la
fonda.
Ella no respondió pero caminó más aprisa visiblemente contrariada. Jacquot prosiguió:
-Puesto que pedí perdon, hay que perdonarme. Bien sé que soy un asno que se pone á morir como pavo para fiestas que no son suyas; pero hay cosas ...... ¿sabe usted? que hacen arder
la sangré en las venas.· Pardiez! Yo sabía lo que
iba suceder. Desde luego, fuí yo el que dije todo
cuando usted lloraba como una faente ayer sobre
el banco y la consolé asegurándole que vendría.
Jacquelina iba ahora más lentamente, sicmprn
sin responder, como fatigada.
-Entonces ¿qué? Puesto que yo lo dije no
puedo espantarme de que haya venido. Solamente que ...... da un golpe hondo en el corazón ver
gentes que logran tanta felicidad como ese .....
Pero desde el momento que usted lo quiere! Pero
se necesita también tenerle una poca de lástima
á este pobre Jacquot que es un obrero, es verdad
y no tiene educación como esos pillos burgueses,
pero en fin ¡que se yo! los sentimientos no lo obedecen á uno.
Como él se callaba, ahogado por la emoción
Jacquelina le dijo sencillamente.
-No hablemos más Jacquot, soy yo la que estoy apenada por haberle hecho á usted mal.
La tristísima voz de J acquelina le penetró á
Jacquot hasta le íntimo del alma.
-Siempre esperé que me perdonaría., usted siquiera porque yo le dije que vendría. Y después
de todo, si lo dije, ¿de que tengo que asustarme?
Que está usted contenta ahora, bueno; eso no es
cuenta mía. Ay! Es usted hoy muy feliz. Un ltlilord como Jacobo, un aristócrata que anda en co- ·
che como cosa muy natural. Yo comprendo que
eso halaga á una se:llorita como usted más que
un Mrbal'O como yo. Solamente que bien valé la
pena de reflexionar .

•

•

�EL MUNDO,

Domingo 26 de Diciembre de 1897

438

Diablo! gruiló Jacquot, me he portado como
traré. Eso no impide que.' . .... sin embargo ¿saEn ese momento la luz de una tienda proyec- be usted? yo no -h abría hecho eso nunca, nunca) un borrico. Si en vez de estar hablando una hora
tándose sobre la cara de ·J acquelina hizo ver á lo juro. Cnando usted tenga necesidad· de Jac- la hub-iera convidado á cenar! Y yo también tengo hambre. Lo que le dije, lo que me contestó.
Jacquot que estaba llorando.
·
quo~, la sei1orita no tiene más que avisar.
Diablo! pues no me mandó á paseo como lo tengo
-¡Imposible1 gritó estupefacto.
-Gracias Jacquot, ya sé que es usted bueno. bien merecido. ¿Deberé abrigar esperanzas? Ya
Y luego añadió aparte.
-Yo soy bueno .. .. ! No, yo no soy bueno; peA menos que este llanto sea de felicidad
verá.
.
ro por usted sería yo capaz hasta de no volver á se Y
J acquot se fué con el corazón como consolaOigame usted Jacquot, le ruego que nunca me beber más que agua en toda mi vida.
do y como alegre.
.
vuelva á hablar de él.
- Y haría usted bien, amigo mío.
Entre tanto, Jacquelina sintiendo que la inva-¿De el? ¡Ah! bien: eso es una prohibición pero
-1\fás aún, me volvería yo burgués. Sí selioripueda ser que sea difícil camplir, porque cuando ta J acquelina, seria capaz de meterme á trabajar día una ex.trema lasitud, renunció á comer y relo vea yo entrará su casa de usted por ejemplo ..... dta y noche sin descansar nunca y ganar bastan- gresó penosamente á su casa deseando estar sola
con sus tristezas. Y cuando se tendió en su pobre
-No irá nunca más.
te dinero para hacerme patrón y burgués; sí) como lecho, llamó. vanamente ;Jl suefl.o; el recuerdo de
-Es cierto? Entonces usted lo irá á verá él.
le oye usted: ¡burgués!
este día cruel que definitivamente ~·ompió su amor
-Yo no lo veré jamás.
-¿Pues qué detesta usted á los burgueses?
y anonadó la esperanza tenaz que tanto tiempo
-Ah! Un hombre que tanto la ama á usted.
Los detesto, es verdad, pero cuando sea de la había nutrido, la tenía desvelada; creía que vol-Ya no me ama!
.
clase aprenderé á quererlos, todo no es mas que vería á verá Jacobo enamoradoytierno como en
Jacquot se detuvo y asiendo á .Jacquelina por para
decir que usted podría con solo querei:, digo
el brazo la obligó á detenerse bruscamente y á quererme, no tanto como yo, pero un poquito, días mejores y una voz le decía al oído: «No le has
de ver más.» Sin embargo, uu sentimiento de paz
voh-erse hacia él.
eso sería una grande felicidad. En fin, yo no me fué invadiendo lentamente su espíritu y adquirió
Entonces . ..... ¿la dejó" á usted en seco?
atrevo á proponer ahora eso, sino que .cuente us- la convicción dulce en su desgracia de que no esY como ella no respondía sino con lágrimas.
ted con mi corazón, con mi cabeza, con mis bra- taba enteramente abandonada en su dolor y en-Eso es atroz, dijo, es atroz.
zos. . . . y cuando tenga yo mucho dinero .....
tonces el recuerdo de Jacquot vino tímidamente
Siguieron por algunos minutos andando en si-N"o necesito dinero, Jacquot, gano lo bastan- á desflorar su pensamiento. ¡Pobre Chico! La amalencio y pasaron junto á la fonda sin verla. · El
para vivir por ahora.
ba tanto. . . . . . No era él también digno de comexclarín procuraba reunir y concentrar sus ideas; le -Pero
alguna vez puede ser útil un amigo.
pasión? ¿Debería dejarle desesperar para siem-·
sentía una alegría. intensa, un alivio inesperado á
-Ciertamente y entoncas pensaré en usted, pre,ellaque sabía.muy hienlo que era la desespelos que se mezclaba una indignación sincera con- porque en París usted es mi único amigo.
tra .Jacobo. Y de su parte Jacquelina procuraba
·
. ·
-Deveras? Es cierto eso que dice usted? En- ración?
Una idea lejana aún, indecisa, brumosa se le
contener sus lágrimas y recoln·ar el valor, arre- tonces, si más tarde, algún día que esté yo esta- .
pentida de haber hablado mús -de lo que &lt;lelna. blecido. . . . . . ¡Si no sé como decir~e lo que quie- apareció coma pálida luz apenas distinta en el
Pero había llegado al agotamiento &lt;le sus fuerzas ro decir! En fin, si algún día puedo acertar i~ de- fondo de un largo subterraneo obscuro. Era la
idea de un mafl.ana que germinaba, la aurora de
y su tristeza era demasiado grande para poder cirla sin llorar eso que quiero ..... .
un porvenir posible que se encendía. Era la terocultarla, sentía ese extrafio dolor que solamen~~li pobre Jacquot, le interrumpió ella, hemos minación prosaica y honrada de su triste historia,
te conocen los _que han sufrido mucho, y en que andado mucho y es necesario que me despida yo
que llegaba imponiéndose dulcemente y que surse hace necesario gritar las penas ó confiarlas á
de usted.
gía del desgirramiento dolorido de su suefl.o de
alguien.
,•
-¡::-fo quiere usted conversar! Bueno. Pero al. Además, ¿Jacquot no era el único ser que la ama- guna otra vez . . . . ¿dígame usted?
niña.
ba en esta gran: ciudad donde la asfixiaba la inJOSÉ L'HOPITAL,
Jacquelina le tendió la mano que él estrechó
diferencia de todo el mundo?
tiernamente y sin responder atravesó 1á calzada
FIN
, • -Oiga usted) dijo, yo, no soy más que un tris- y se confundió entre la multitud.
te plomero sin trabajo todavía1 pero yo lo encon-

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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01

~

"•

Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
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O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

�DOMINGO ,8 DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

''El.MUNDO"

tá más cerca de nueetro espíritu cuaoto más lejano el

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle lle Tiburcio

núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Rebcción, debe eer dirigida al
Director, I.lc. Raf"ael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, I.lc. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111.es, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

~.,

Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
BÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
···••·····•····..........................

... ................ - .... .

A LA SEÑORA

! (!armen Romero Rubio
:
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!
!

'.
'

día de su desaparición. Es que los que hemos llegado á
la vida, á recibir la herencia del Benemérito, aquilatamos la enma de energía desplegada por este carácter en
la preparación del presente.
Hombre de fe fué J11ár&lt;1z, sublime vidente quesean·
ticipó al porvenir y vió claro en la conciencia nacional
que si todavía, en la época del terrible combate, no se
había penetrado ampliamente de la idea liberal, poco á
poco haido absorbiéndola, y asinilándo·a más tarde en su
organismo. Y es que las gran.les ideas, para ser fructí •
feras á las sociedades, necesitan de hombres superiores
que las encarnen y las hagan existir, con esa vida del in•
dividuo, formada de eacrificios y heroísmos, que por tan
extraño modo hiere á las multitudes. Cuando uno de es•
tos hombres. que aparecen á trechos en la leyenda de la
humanidad, se apodera de uno de estos altos principios,
rompiendo el medio que le rodea y que, á ocasiones, le
es hostil, las generaciones que siguen á su obra, educa·
das y nutridas al amparo de ella, hacen de esta personalidad una figura imperecedera, un coloso asentado sobre
firme base de granito.
Juárez para nosotros ofrece eetos lineamientoe; pcreso
sobrevive, porque su obra ha sobrevivido; porque la tie·
rra que pisamos es suya; porqueeon suyos los sentimientos
man nuestros espíritus y loe conceptos que bayen er&gt;
nuestros cerebros.
¡Juárez es la nacionalidad mexicana!

ae Díaz.

~Á\~
Aunque tardío, tenemos el honor depreEentar
nuestro homenaje á la virtuosa dama, que por
tantos conceptos ocupa un lugar distinguido en
la sociedad mexicana.
· ¡Que no se empañe nunca la dicha de esa hermosa existencia consagrada al consuelo de los
humildes!

·
:

be buscarse en el prolongado entronizamiento del sieteroa proteccionista, que descubre al obrero un grupo pri vilegiado que se enriquece á expensas de loe sacrificios
ajenos.
El socialismo t&gt;B una protesta! es el grito de rabia quese escapa de una multitud indignada ante las voracida•
des de un terrible Moloc, que tritura víctimas para vivir
siniestramente de iae vidas agenas. Su programa ee ina·
ceptable, y el triunfo de loe nuevos dietribuidc,res de la.
riqueza p11blica sólo serviría para hacer retroceder á las
nacionalidades modernas una buena puflada de aigloe.
La ley de las represalias, turbulenta y füsolvente, pone una nube de cólera en el corazón del obrero y lo lanza.
á los desórdenes de la huelga de la que él es la primera.
víctima. ¿Qué hacer frente á este desequilibrio surgido
entre los factoras que dan prosperidad y bienestar á la&amp;
naciones civilizadas?
Todavía el problema continúa ein resolver; pero en la
Repúblicad el Norte está el remedio quizás en la destrucción de esos poderosos castillos feudales del act ual industrialismo.
Aun lleva el coloso sangrientas heridas en F.U flanco.

lllalíti!a Oi,tneral.
RESUMEN.-La eterna lucha por la vlda.-Lo que hayen el fondo de la fraternidad lntern acional.-luz y•
sombra.-Alia11za anti-britán1ca.-EI Kaisser y el
Czar. -La Gran Bretaña y su política de abolengo.
-La ostentación de su fuerza.-Grecl .. abandona-

.
:

da.-Vae vlctisl

~tJtas tbitarialts.
Qfl 14 lJ tl 18 be Julio.
Una idea-madre informa estos dos aniversaric-s,- el de
la toma de la Bastilla y el del fallecimiento de Juárez;
-una base única les sirve de apoyo en el edificio de la
historia: la exaltación de los principios liberales,
á través de una ruda y prolongada lucha• .El g y el 18 de
Julio son doa fechas que presentan la misma característica, dos jornadas que preside el mismo criterio.
La toma de la Bastilla ha resistido á la acerada crítica
contemporánea; todos sabemos ya que detrás de los can•
tos que la enaltecen, se oculta un acto Tepugnante y que
las multitudes que asaltaron la típica prisión de la mo•
narquía, distaban mucho de ser esa oleada de hombres
generosos y esforzados, masa de ángeles que han apro•
vechado los panegiristas incondicionales de la obra re•
volucionaria. Pero todos sabemos también que no se elaboran con mejor materia prima todas las convulsiones so•
cialee que ee han producido en loe pueblos.
Tiene el 14 de Julio de 1789 ufla fase negra y repulsiva;
pero hay en él un hemisferio en el que la luz entra árau•
dales. Los que sólo ven en este hecb,o el inútil asesinato del g&lt; bernador Delaunay, los ,aqueos de la noche
del 13 al 14, los desórdenes causadcs por una masa brutal y sedienta de saogre, el ensañamiento de loe aeaHantee y sus gesticulaciones de histriones trágicos, parecen
olvidar que el hecho en eí tiene únicamente resonancia
1mivereal por lo que significa en la desaparición de un
régimen decrépito é inadaptable á las necesidades del es•
píritu humano.
Las nuevas generaciones han apartado del asalto de la
Bastilla, las impurezas de que está salpicado; lo han re•
dimido, á semejanza del Cristo á }ía!ía de Mágdalo, de
todas eue culpas, y como el sol, al besar el pantano, bebe
el 11gua que la nube deposita, esterilizada en la tierra
que fecundiza la lluvia, a11í el principio de la libertad ha
derramado sobre el 14 de,Julio el licor generoso de la salud, y de un acto cruel y ealvaje ha hecho una apoteóeie fulgurante y eterna.
Así celebramos este anivereario purificado de sus
manchas!

JUA.REZ
(De fotografla Valleto, tomada directamente.)

Hace slgunott días, nos transmitieron las agencias tele·
gráficas de esta Capital la noticia de una enorme huelga
registtada en importante zona industrial de la Repúbli·
ca del Norte.
No es la primera ocasión en que la Democracia gigan•
te dilapida así sus poderosas fuerzas en empresas improducti vae. La estadística se ha apoderado de las cifras que
representan estas pérdidas netas, en medio del rápido
desarrollo de la riqueza americana, y las ha arrojado á la
consideración de los economistas y hombree de Estado.
El proble!lla social ha hecho su apari:lióa en la flore•
ciente República, y, ora parapetado tras las doctrinas
agrarias de George, ó bien, trsspasando loe limites de lo
especulativo para lanzarse al terreno práctico, en caótico
tropel que antaño recibiera el nombre de ejército del ham•
l,re, ha 1·amifieado sus antenas y ha extendido sus ga1·ras
por buena porción del territorio de la Unión.
Pero ¿de dónd~ procede que en un pais, en el que los
elementos de vida para el trabajador le proporcionan la
satisfacción de un amplio cuadro de necesidades, en uua
nación en que las utilidades del empresario han decreci*
do
notablemente, mientras loe salarios siguen una direc*"
La muerte de nuestro impasible marca una etapa en la ción contraria, la lucha entre el capital y el trabajo conshistoria de la República Mexicana. Parece-y no es es- tituya una amenaza á su capacidad productora?
ta la primera vez que emitimos eetaidea-queJuárez ~ePara nosotros la causa de este fenómeno económico de•

Por más que pretendamos ver en el movimiento que•
empuja á las naciones en su desarrollo un cu¡¡dro sonriente de tonos alegres y notas regocijadas, es tau rada
la ley de la competencia, ta:i necesaria la concurrencia
vítal, tan imprescindible la incesai.te lucha, que allí
donde aparece un símbolo de paz, queda mal encubierto
el odio, donde se descubre una señal de concordia, ahondando un poco se penetra en las sombras del rencor, y
donde nos parece ver indicios de confianza y mueetrae
de amor y caridad, se halla la marca del sórdido interés
y las huellas de rivalidades que rugen, de apetitos que
batallan, de concupiscencias que entrechocan.
No se necesita haber saboreado la onda amarga del
pesimismo para formarse esas convicciones; basta seguir
atentamente loe culebreos de la diplomacia, sorprender
las sinuosidades de las relaciones internacionales, espiar
las astucias de loe actores en la gran comedia humana,
para convencerse de Ja falsedad del brillo con que seadorna el escenario,áfin de deslumbrará las multitudes.
y ocultar las aviesas intenciones al enemigo y al rival.
Se proyecta el viaje de un eoberan~, por ejemplo; seauuncia su misión de paz, se proclama á son de trompe•
ta la fraternidad universal que lo guía y la concordi:\
cristiana que lo inspira, y á poco se sabe que bajo su
manto mentiroso de amistad, ocuUa las maquinaciones
más agresivas, busca en las tinieblas, secretas alianzas
ofensivas y alienta proyectos ruines de venganza. Se
nombra un embajador á quien se encomienda la &amp;area de •
estrechar los lazos de amistad y las buenas relaciones.
que aparentan cultivar dos naciones, y no tarda en
averiguarse que el pacífico ministro, cuyo carácter hace
inviolable su persona, se mezcla en ).a política interior dt,I
país doude reside, atiza sus rencillas, alienta á los sgita-.
dores, ó se dedica humildemente á investigar la resisten-.
cia de sus fortalezas, la importancia de sus puntos estra•
tégicoe y la organización y solidez de sus ejércitos de .
mar y tierra, para el caso de una declarada guerra.
Y así van las clases directoras sorteando loe obstáculos
que á su paso encuentrane n el engrandecimiento de los.
pueblos; así van caminando entre loe himnos que levantan sus adeptos, y los murmulloa salmódicoe sin eco que•
brotan en ráfagas luminosas de los augustos congresoa
de la paz, última burla de.eete siglo batallador.

*
**

Mucho se ha hablado del viaje dal emperador Guiller•
moa San Petersburgo y de las tendencias que lo animan,.
al buscar cordial inteligencia con el omnipotente autó•
crata del Neva. Se apuntó su deseo de encontrar á Mr.
Faure en la corte de Nicolás II, con la sana intención de
apagar en fraternal abrazo el odio de más de cinco lus•
troe que ha apartado á los pueblos de aquende y allende,

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

,el Rhin ; al saberse el inútil resultado de sus vanas pre·
teneionas, hoy se aventura la opinión de que sus conatos
no se dirigen á reconciliarse con Francia, sino que van
encaminadas en abierta hostilidad contra la Gran Bretaña.
Murmúrase por lo bajo que el sentimiento antibritáni •
co, manifestado de diversas maneras en Alemania, arrastra al arrebatado Hohenzollern á buscar la alianza de
Rusia, rodiada rival del Reino Unido en influencia y
predominio sobre el continente asiático. Afí.ádase además, que para tener bien quisto al gabinete de París, puesto que ya es preciso creer en la alianza franco-rusa
-ofrecerá su apoyo moral y material para exigir la eva•
cuación de Egípto por los ingleses, dejándolo b~jo la
protección del pueblo que llevó á cabo la obra titánica
del canal Suez.
Imposible parece que de tan extraños m()do~ buFque
notoriedad el soberano germánico, y olvidando lo~ oilios
tradicionales que lo apartan de Francia y lo alejan de R•t •
sía, pretenda así ponerse frente á frente de en augusta
abuela de quien amargar, loe postrimeros días.

EL MUNDO

huestes de Edhem Bajá sobre la indefensa Atenas, y la
monarquía helénica, deeamparada y sin honor, qnedará
aplastada bajo las plantas del invasor.
Y el pueblo griego ¿qué puede hacer? 1Infelizl Enga•
fiado por las vanas promesas de loa filo-helenos de todos
loe países, seducido por loe artificios de quienes le augu•
raban fácil triunfo, llorará su humillación al pie de la
sagrada Acrópolis, mientras puede tomar el trabuco del
guerrillero, tal vez pera comprar de nuevo su inaependencia.
¡Pobre pueblo que se dejó alucinar por los encantados
espejismos que le fingía eu imaginación siempre sofladora y poética! No vió la sirte que se abría á sus pies, y cayó, arrastrando acaso la monarquía en espantoso derrumbel
Julio 15 de 1897.

X. X. X.

El. I.UJO DE I.A INDIGENCIA

Generalmente ee cree que el lujo es patrimonio y mo•
nopolio de las clases altas, ilustradas y ricas de la sociedad; que ellas lo acaparan, que sólo ellas lo disfrutan,
que solo las princesas y los millonarios pueden baflarse
en sus voluptuosidades, irradiar su brillo, ostentar ene
msgnificencias, oficiar en sus pamposas suntuosidades.
Claro es que para adornarse con diamantes como «El Regente;" para veetirs~ el traje de encajes que encargó á Brueelae la Emperatriz Eugenia y que adquirió Miss Mac Ray
en ochenta mil pesos oro después del desastre de Sedán;
para encerrarse en el estuche acojinado de seda de un
curé tiradG por un tronco de yeguas inglesas; para babi·
tar palacios, y pagar cocineras de cuarenta y cincnenta
mil francos al año, se necesita ser reina en Inglaterra,
Emperatriz en Austria, Artista lírica, bailarina ó prince-

***

Ha tiempo que se hace palpable y evid•mte t&gt;I aislamiento de Inglaterra, que orgullosa de su propio vali·
miento y fiel á su política de aboleng,.,, desdeña pactos
vanalett, ve desde la altura de su grandeza con marcado
menosprecio las ligas inconsistentes, y solo se rPsnPlve
á obrar, cuando comprende que su voto se considPra decisivo en loe concejos de las nacionPP. Pero e~e aisla miento aparente no menoscaba un ápice la fuerza colosal del dilatado imperio británico, y sería un error la·
mentable pensar que porque se mantiene apartada de
atianzas dobles 11 triple.~, la encrmtraría desprevenida
cualquier evento contrario.
Sin ostentaciones aparatosas. ha ~ofocado las insnrrPc•
cionee tlel Africa Austral. qne la allanan el ::amino á fo.
turas conquistas; e:n provocar inútiles protestas, prepara
nueva expedición al Soudáu, que podrit abrirle las puer•
tas de Jartóun; y con la mayor fácilidad sofoca los motines de la India, que la peste y el hambre han encendido.
Se engaña el quP crt&gt;a q11e el írnperio colouial más poderoso de loe moilernoP tiempos descuida la trabazón de
ese complicado engranaje. L11s fastuosas fiestas del jubileo, donde se congregaron en estrecha unión los elementos
que lo constituyen, dispersos en toda la redondez de la
tierra, acaban de demostrar con elocuencia incontro•
Tertible cuán firme es la solidaridad de la Metrónoli y
las colonias. L11 revista naval !In Spithead no ha Rid&gt;? un
juego vano, sino también la ostentación en ocMión solemne de la fuerza que puede desplegar la primera po•
tencia marítima del mundo.

***

Y mientra¡, esos rencores ocultos y rivalidades mal
disimuladas alejan y separan á las grandes poteucias,
Grecia infeliz que en ellas puso toda su esperanza y con·
.66 su suerte á en mae;nanimidad, sufre en si!encio eu de·
rrota y devora á solas sus humillllciones, ansiando el
día venturoso en que se firme la anhelada paz, que ha
de apartar de su suelo mancillado á la brutal soldadesca
turca.
Pero ese día no llegará: parece que el destino cruel se
empefla en amontonar nubes de tormenta sobre el cielo
azul de la divina Hélade.
Ya noes el capricho del Sultán lo que se vislumbra sólo
en las negociaciones que se siguen á pasos lentos en la imperial Bizancio; t&amp;mhién se ha puesto de manifiesto la
debilidad de loe mediadores, que con protestas melifluas
y consejos amieklsos, pretenden que el conquistador
abandone su presa á y ceda las inspiraciones de la piedad
eu corazón de hiena.
Ya no se nota solamente la influencia de loe representantes del Islam, que atizan la guerra y encienden la
venganza contra loe perros cristianos, en la insistencia
con que Abdul-Hamid aspira á recoger el fruto de sus
ruidosas victorias en Tirnova, Domokos y Farsalia; también se echa de ver el pavor de loe poderosos, que antes
de dar ocasión á u~a guerra continental, dejarán desgarrar el seno de la madre Grecia por el feroz musulmán, y
por eso se han conformado con una intervención anodina é ineficaz al fin que aparentemente se proponían.
C-eeará por lo tanto el armisticio, cuando la camarilla
del Yidiz- Kioak lo determine; se romperán de nuevo las
hostilidades entre loe turcos embriagados de su triunfo
y loe griegos amilanados en la derrota; avanzarán las

Señorita Gertrudls Dwyer.

Premio de belleza en Texas.-Hoy entre nosotros. ( Fotografia Valleto. )

Con verdadero agrado publicamos en lugar preferente
de nuestro semanario, el retrato de la bella señorita Gertrudie Dwyer, quien visita nuestra capital formando parte de una excursión texana en la cual se cuentan eetima:iles caball~roe y hermosas damas.
La eel'lorita Dwyer tuvo la amabilidad de retratarse á
instancias nuestras en casa del distiuguido artista señor
Valle~o-quien procura siempre fijar en sus elegantes
cartulinas lo más notable, conspicuo y visible, así de México como del extranjero-y le estamos en extremo obligados por tan graciosa deferencia.

ea en París, buscadora de oro en el Tranevaal ó porque•
riza en Chicago. Pero ea que porlujo entendemos nada
más los grados extremos del fausto y de la ostentación, y
que no vemos que el lujo es, en el fondo, la adqmeición
de lo superfluo y el sacrificio de mucho dinero, 6 lo que
es lo mismo, de mucho tiempo y de mucho trabajo, á la
ostentación ó la vanidad, al atavío de la persona ó del
hogar, al deslumbramiento de'.)os fatuos y á la edificación
de loe imbéciles.
Pero cuando se estudia el lujo e:n ~odas sus manifesta-

�EL MUNDO

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

DOMINGO 11 deJULIO de 1897

ciones, cuando se le analiza en toda~ sus formas y en
todos sus caprichos, no se tarda en encontrarle en) as cabafias como en loe palacios y en los desheredados de la
suerte como en los privilegiados de la fortuna. Desde
luego, á través de la evolución humana, se comprueban
eeta paradoja y este absurdo: el atavío y el adorno pre•
ceden al vestido y al abrigo. Antes de cubrir sus carnes
contra la intemperie y de velar sus formas contra la
mirada indiscreta, el salvaje las pintarrajea, las cubre de
figuras vistosas y fanMsticas; no ha pendido todavía un
harapo de las caderas del hombre primitivo cuando ya
se perfora las orejas y las adorna coa huesos y espinas
talladas; el brazalete ha precedido al calzado, el penacho
de plumas al sombrero, la gargantilla de conchas de la
playa ó de guijaros de la montafia á la hoja de higuera,
y del estudio de las tribus primitivas aún subsistentes
se infieie, ein extravagancia ni sinrazón, que la primera y más imperiosa de las necesidades ha sido la de lo
innecesario, y que el lujo ha predominado sobre el
comjort.

Todavía hoy, en las regiones hiperbóreas y en las latitudes inclementes, los viajeros comprueban que los esquimales guardan sus capas de pieles en cuanto llueve y
sólo las ostentan ei ha~e buen tiempo, y que en iguales
condiciones loe hotentotes se desnudan de los percales
de colores que les sirven de atavío más que de vestido y
afrontan la intemperie antes que exponerse á verlos des•
tellidos y arrugados.
Estas sanas tradiciones se han conservado aunque
amortiguadas, y re pueden encontrar su huella y su influencia en todos loe pueblos y en todas lae categorías
sociales. Sin hablar de cierto clubman que sólo se sirve
de su lujoso equipaje cuando el tiempo esta sereno y que
chapotea en los charcos en cuanto llueve; sin insistir en
as inumerables familias _que tienen salón y no alcoba,
estrado y no cocina y que cercenan del ga~to cuanto más
pueden para vestir y pasear; sin recurrir á los innumerables ejemplos de gomosos que viven en tugurios y comen en bodegones; pero que visten con el mejor sastre
y llevan joyas valiosas y perendengues raros, podemos
en nuestro mismo pueblo humilde, en nuestras clases
desheredadas encontrar la misma desordenada é irreflexiva tendencia al lujo y la misma preferencia de lo superfluo eo bre lo necesario.
En nuestra servidumbre encontramos á menudo mozos de calzonera con botonadura de plata y sombrero galoneado que representan un año ó más de privación de
lo más necesario; nuestras recamareras que duermen en
un petate, comen nuestros restos y trabajan descalzas,
rnelen tener para los días festivos un rebozo de Santa
l\Iaría, que les cuesta un ojo de la cara; las cocineras cristalizan sus economías, que podían y debían ser las nues•
traP, en gargantillas de corales y arracadas de perlas.
Una india yucateca en traje de ceremonia, con sus bolar.es, sus embutidos, sus encajes, su gran gorro blan~o,
euele valer, sin las joyas, muchos cientos de pesos. En
muchas localidades las indias bordan primorosamente
con chaquiras, sedas y estambres de colores sus toscas
camisas de manta y sus huipilis de lanilla de trapear.
Hace aun pocos afl.os un charro era una eepecie de custodia dorada, plateada, cuajada de pedrería, y ese curru-'
taco del sport, vivía en accesoria, comía tortilla con chile y se acostaba sobre loa suaderos de su caballo. Los
mineros de «La Luz» y de «La Valenciana,, hacían bordar primorosamente eus zapatones de baqueta, y daban
los domingos fiestas tan suntuosas que los obligaban el
lúnes á empefiar el zarape y también los zapatos.
Nadie se hubiera imaginado hace diez ó doce años al
verá un indio de Oaxaca 6 de Yucatán simplemente ves•
tido de manta, que aquel atavío era de lujo y le costaba
una fortuna. Estas buenas gentes preferían en efecto la manta tejida á mano á la fabricada mecánicamen•
te; trabajaban 1mo ó dos. meses, sacrificando su joma!
correspondiente, en la elaboración de la manta necesaria á su vestido, y les salia coetando casi tan car comoo
si vistieran de seda.
Hay más; puede afirmarse que la tortilla, manjar hipócritamente modesto y faleamente humilde, es en reali.
dad un ramo de lujo para nuestro pueblo. Una madre de
familia indígena, podrfa ganar, en loa centros poblados al
menos, con que comprar pan barato; pero esclavizada al
metate y á la tortilla lee sacrifica sumas deeproporcio•
nadas al valor de plaza de ese bagazo alimenticio y conviene el peor de todos en el más caro de los alimentos.

En materia de tortillas llega Puestro pueblo al refinamiento de no gustar de las que se muelen en máquina
por la sibarítica razón de que quedan ,ivja.~.
Si á esto se agrega que nuestro pueb!o se permite, á más
de la tortilla otros lujos, el de tener vicios, de beber mucho pulque, de hacer San Lunes, de entrar cada tercer
dfa á la caree), de tener muchos hijos, y generalmente
también muchas mujeres, se llegará á la convicción de
que lo que pierde á nuestros desheredados es el amor al
lujo.

43 .

EL MUNDO

POBRE NIÑO PALI0O

Las colonias rnorrnonas en Chihuahua.
( De Stephane Mallarme.)
UN PUEBLO DIGNO DE ESTUDIO.

Pobre nifio pálido, por qué gritar obstinado tu canción
aguda é insolente, que se pierde entre los gatos, eefiores
de los techos? por que no atravesará los balcones de los
pisos tras los cuales ignoras los pesados cortinajes de
seda encarnadina.
Empero tu cantas fatal•
DA.MAS DIST.INGUIDAS.
mente, con la tenaz seguri.
dad de un hombrecillo que se
va solo por la vida y no con•
tando con nadie, trabaja pa·
ra sí. Has tenido jamás un
padre1 Ni aun tienes una
vi_eja que te haga olvidar el
hambre, pegándote cuando
tornas sin un céntimo.
Pero tú trabajas para tí:
de pié en las callee, cubierta de trajee destefiidoe, he•
chos como los de un hombre,
tu flacura precoz y demaeia•
do ¡,,rande á tu edad, cantas
para comer, con encarnizamiento, sin bajar tus malignos ojos hasta los otros niños que juegan enel arrJyo.
Y tu qu~rella es taa alta,
tan alta, que la desnuda cabeza que se-levanta en el aire á medida que tu voz asciende, parece querer par~ir
de loa pequeftos 1.wmbros.
Hombrecillo, quien sabe
si no se irá algún d1a, cuan·
do, después de habtlr gritado
i.,rgo tiempo en las ciudades hayas cometido un criillen? un crimen no es muy
difícil de cometerse, ¡bah! es
1mficiente tener valor después del deseo, y loa que.....
Tu pequeñ.o rostro es enei-gico.

Una de las principales c:asas de los mormones en la c:olonia Porfirio Díaz.

Hace mucho tiempo que ee habló en la República de
•colonias mormónicas establecidas en Chihuahua y amparadas libremente por aquel progresista Gobierno. No
·faltó entonces quien se-ocupara, con criterio más ó menos justo, de esos extrafios emigrantes del vasto territorio de Utah, y quien pusiese el grito en el cielo, creyendo ingenuamente que el mormonismo iba á inv~dirnos
como una plaga y á dar al traste con todas les bases de
nuestro edificio religioso y social.
Nada de esto ha sucedido naturalmente, y si los resulrtado3 del establecimiento de tales colonias en el lejano

Estado de Chihuahua han dado lugar á algo, es sin duda á
un aplauso sincero para aquel Gobierno que abrió así una
nueva é inagotable fuente de riqueza eu un territorio
llamado á un gran porvenir en la República.
El mormonismo ha despertado siempre magnas curiosidades entre nosotros y como se nos ha pintado con los
colores más infieles, la idea que nos sugiere es frecuentemente fantasmagórica y absurda. Procuraremos fijar la
fisonomía de esta eecta, que no dejará labor tal de ser
instructiva y curiosa.
Constituye el mormonismo, como acabamos de decir•

..-------------~----

Ni un céntimo desciende
á la cesta de mimbre que
ruantiene tu larga mano sus·
pensa sobre tu pantalón: \e
volverán malo y un día co•
rueterás un crimen.
Tu cabeza se yergue siempre y quiere abandonarte como si de antemano lo supiese,
Señorita María de la Vega.-De Slnaloa. (Defolograjía Vulleto.)
en tanto que cantas con un
Si se toman las proporciones, si se compara la posibi- aspecto que se vuelve amenazador. Te dirá adios cuanlidad con el gasto y el sacrificio hecho con l()~ medios do pagues por mí, por los que valen menos que yo. Vedisponibles, los Rotschild, los príncipes de Sagan, los niete probablemente al mundo para eso y ayunas desmillonarios americanos y los lores ingleses resulta11 ca- de ahora; mallana te veremos en los periódicos.
lumniados; no son ellos los ostentosos, los lujosos, ni los
Oh! pobre cabecita!
rumbosos; sus caprichos y sus extravagancias, sus cuadros de maestros, sus caballos de sangre, sus perlas de
Golconda y sus diamantes del Brasil, resultan modestos,
.EL ]llSP.EJO
dados sus recursos, en comparación de los jaranos, los

. -:á

.J

zarapes, loe huipilis, y las tortillas y el pulque de ·nuestro
pueblo. Máá barato le resulta á Jay Gould su lujoso tren,
en relación con sus recursos, que á nuestra servidumbre
el modesto tranvía en que haca loa mandados, y Grammont Caderousse se pegaría un tito si la cuenta de su
sastre representara en el total de sus rentas lo que signi •
flcan las chaparreras y el sombrero galoneado de un mo·
zo de estribo.
Hay, pues, una profund&amp; injusticia en flagelar en cátedras y púlpitos el lujo de los ricos; lo que merece fla_gelarse firme y seguido es el lujo de los indigentes.
Doc:tor Manuel Flores.

-,-

( De Cárlos Baudelaire.)

·~i

v. :.li-

---1

/

1r

Un hombre espantoso entra y se mira en el cristal.
-«Por qué os mirai.á en el espejo, puesto que no podéis veros sino con disgusto?»
El hombre espantoso me responde:-«Sellor, según loa
inmortales principios de 89, todos los hombree son
iguales en derechos; así pues, poseo el derecho de mirar•
me; con placer ó disgusto, eso no atafie más que á mi
conoiencia.11
En nombre del buen sentido, yo tenla sin duda razón;
más bajo el punto de vista de la ley, él estaba en lo
justo.
Escuela. - Colonia

J uárez.

lo, una secta protestante, con su credo reformista, ni má.&amp;
ni menos que las otras ciento y tantas en que se divide
la religión luterana,. y si se distingue de una manera extrafia de todas las demás, es por el hecho, muy comentado ciertamente, de que admite en su seno la poligamia, ní
más ni menos que loe excelentes súbditos de Abdul
Hamid que tan preocupadas traen hoy por hoy á las grandes potencias.
Admisión semejante ha atraído sobre la secta mormó,
nica los anatemas de todos a1nellos que, educados en otro
medio, la juzgan flagr.rnte inmoralidad, hecha para disol-

�EL

44

MUNDO

Las colonias mormonas en~Chihuahua.-Mollno d~ aserrar ent~e I•• colonlaajuárez y Pacheco.

consejo de ancianos, ei nuestros iuiormee no mienten.
Desde luego es mal visto el joven que llegado al pleno
desarrollo no busca una compañera para su vida, un
aguijón para el trabajo noble que Je permita depoeitar
s11 grano de arena en la labor comun. Si habiendo for•
malo ya un hrigar pretende nueva esposa, debe dhigir•
ee al consejo de ancianos referido, exponer sus razones,
manifestar sus meJios de eubsi3~encia, las probabilida•
des con que cuenta para el porve:'.lir, eu grado de vigor
y de ealud y su anterior conducta. El concejo. vieto lo
anterior, resuelve.
Cnando un viejo pretende casarse con una joven, de•
**
¿Qué consideraciones han* p1esidido
11. la admisión de la berá comparecer iawb1ée ante el concejo, comprobando
poligamia en el seno de las trlbus ( llamémo3Jes así) mor· que posee ampliot weJ1os de subsistencia y asignándole
de antemano una cantidad que, al dt'jarla ( por razón na•
mónicas?
Muy otrás de las que rigen la poligal1lia mahometana. tura! ) viuda, le permita subsistir dtcoroeamtnte y al
El Oriental, organiemo eminentemente voluptuoso por amparo de todos loe peligroe.
religión y por heredismo, que ve en la hembra puramen·
*** loe morm ue~ t'Stll. constiComo se ve, el gc,bierno de
te una sierva, busca, al amparo jel amplio criterio corll.·
nico, una fuente de goces en el harem, y de elle-e nunca tuido por una autoridad com,&gt;letamente patriarcal, casi
sacio, aún se los imagina, fiado en las sagradas promesas,
más allá de la redondez de este valle de lágrimas, en 1111
cielo que es magno gineceo poblado de huríes de ojos de
esmeralda, encantadoramente obesas y perezosas. Pro
fandamente religioso, pero profandamente sensual al
mismo tiempo, porque su religion no es un credo de trie•
~za divina y de sacrificio excelso como la nuestra, ha
eabido amalgamar la embriaguez del placer 11. la embria
guez de la plegaria, y ora en el harem, como se pierde en
las voluptuosidades del éxtaeis.
No es hijo del mismo medio ni por ende obedece á las
mismas influencias religiosas y orgll.nicas el mormon.
Su fin al adoptar la poligamia, ha sido recto, supueeto
en cri~rio religioso. :So se ha propuesto como objetirn
el placer, sino la moralidad.
Pueblo relativamente raducido, patriarcal y solitario,
ha querido expulsar de su seno la prostitución, y no die•
poniendo para ello de los elementos que poseen las gran•
dee colectividades ( á pesar de los cuales sin embargo, no

ver los más sagrados vínculos sociales y conculcar lo~
más sabios precepios cristiano~; empero la gente de eere·
no criterio, p Pga, pero e.q~1irha; es decir, estudia concien•
zudamente la intención que precedió á la coetumbre y
el fin á que se pretende que conduzca.
Líbrenos Dios de abonar la poligamir. Hijos de un me·
dio religioso en que la mujer vive.subliwada por el Eva u·
gelio, hallamos que nada hay más moralizador y lícito
que la uni9n de un sólo hombre con una sola mujer en
matrimonio. Pero seancs dado investigar los orígenes
del hecho que es aquí cuerpo de diPputa.

han acertado más que ha reglamentarla) ó no ballándo
loe idoneos, quiso ampaI'l'r bajo el tranquilo techo dtl
hogar la debilidad femenina y legitimar la promi&amp;cuidnd
que de otra suerte hubiérase considerado criminosa.
Conocedor de la vereatilidad humana que tras poseer el
objeto codiciado, va hacia otro cou las mismas codicias,
intentó paliarla, legalizando todos los amores, y hacién•
dolee perder su aspecto de fruto prohibido.
Su criterio podrá eer erróneo, lo es de hecho, pero na.
die podrá poner en duda su sinceridad y lo ingenuo de
la in~nción que lo ha guiado.
Por otra parte, la poligamia estll. reglamentada en el
seno de la secta de que venimos ocupll.ndonoe, por un

una derivación de la disciplina y autoridad del padre defamiliae, origen de todas las formas gubernativas. El pa·
triarcado eficaz ea, ciertameute en la actualidad una utopía, más la utopía se realiza algunas veces en las pequefiae colectividades. El caracter de paz y cordialidad que•
revisten en el seno del mormonismo todas las relacio•
nea eocialeP, lo comprueba de sobra.
Ea un principio económico que todo pueblo que tiene·
múltiples exigencias, es eminentemente laborioso y prodncr.or.
As, nuestro pueblo, pésimamente educado y hecho por
ende á pasarse la vida de cualquier manera, es haragán,
perezoso y amigo de loe vicioe. No pretende mejorar
porque n? tiene nociones exacta de las comodidades d~
la vid1; no presiente las dulzuras del confort; no aprecia.
las satisfacciones del aseo; satisfechas sus necePidades
animales-y estas se eatisfacen con bien poco-E6lo aepi•
raya á la bolg1nza y se escatima aun el mísero pan de
cada día para hacer eea holganza con el aguardiente,
fructífera en placeres brutales y en delitos horrendos.
Cuando nuestro pueblo se eduque, si es que se educa
alguna vez, gracias 11. loe eefuen:os de los legisladores, a
la difusión amplia de la ins1rucción, á la propagación del
libro y de la ho¡a periódica m11y bara tos, se iniciará en
loe secretos de la comodidad, del confort, de la limpieza;
no le bastarán ya ni la estera donde reposan eus eueflo-;
congestionados por el alcohol, ni el sucio calzón de man•
ta que mal encubre sus carnes atezadas, ni la frazada
cómplice así de sus amores como de sus crímenee, ni el
tugurio leproso donde abriga su miserable vida:
A1,helará su parte en las prerrogativas del hombre culto;
querrll. á senLarse al festín de la civilización; deeeará
más de Jo que posee; es decir, tenclrá m&lt;Í.! e.,:ig_a wias y por
lo mismo intentará hacer más productiva la aplicación
de sus energíae, compitiendo con t.l obrero de fuera del
país, para que a,w1eu'e11 s11s jor,iah!s, y se traduzcan en
buena ropa, buena pitania y confortable hogar. Ya una.
vez en este terreno, acaso naciera en nuestro pueblo eee•
monstruo que ee apellida el eocialismo; más el socialismo,
producto de un proletariado relativamente culto; enferme·
dad terrible, pero enfermedad de una colectividad me·
dianamente civilizada, puesto que se siente atraída por
la utopía, es preferible á la abyección ..... .
El pueblo mormon, al contrario, es un pueblo de'.gran•
des exigencias, ya por el grado de su cultura, ya por la
índole de su organización. Por lo miemo ee distingue
por su laboriosidad y su producción.
Las breves pero expresivas líneas que en eu Memoriu
de la Admi,.is/raci6n púUica dtl Eq/ado de Chifwoltu,1:
(1896.) le coneagra el seflor Gobernador Ahumada bajo.
el título de ColoniaR, y en la sección de Folllento testifican
elocuentemente lo que decimos;
Helaeaquf:

---,

Las colonias mormonas en Chihushua.-Vlsta en Colonia Juárez.

COI.OXJA~

,

Hay cuatro colonias en el Estado, todas en el Distrito
Bravoe, que son «Colonia Jull.rez,11 •Colonia Pacheco,»
•Colo11ia Dublll.n" y «Colonia Dfaz,,,
La «Color.ia Juárez• fué fundada en Enero de 188i con
275 colonos, y según el último informe rendido en Mar•
zo del afio próximo pasado, cuenta ya con miie de SOO
habitantes de diversas nacionalidades. Tiene la colonia
una escuela de ambos sexo,, á la que concurren lSi alum•
nos, cuyos adelantos son muy satisfactorios, pues además
de loe ramos de instrucción primaria ee les eoeeflan otros
pertenecientes á la 1:.ecundaria. Sus colonos se dedican
principalmente á la agri cultura, horticultura y ganade•
ría, disponiendo pua el cultivo de -100 hectáreas de te·
rreno. Tienen un establecimiento de abarrotes con capi•
tal de $i,OOO.OO. un molino de harina, un molino de aserrar, una tenería, una talabartería, dos zapa~r!as, una
fábrica de muebles y una fiibrka de hacer queso.
La «Colonia Pacheco" fué establecida en 1887, con 125
colonos de diversa nacionalidad,'y ahora cuenta 400, col•
tivll.ndose en ella 150 her.tareas de terreno. Sus principa•
lee indnstriae son: un molino de aeerrar, otro de maíz,
tres fll.bricas para hacer queeos y una para hacer 1ejama•
ni!. Tiene una escuela de ambos sexos, ii la que concu•
rren 80 alumnos con adelantos eatiefactorioe.
La «Colonia Diaz,n fué establecida en 1880 con i5 colo·
noe, procedentes de loe Estados Unidos del Xorte, y en
la actualidad cuenta con 609 habitaoteP. Se dedican los
colonos á la agricultul'll, horticultura y gana1ería, culti•
vándoee 500 hectll.reas de terreno, y empleándose para el
regadl.o 21 motores de viento y una atarjea procedente

del acueducto de «La Palotada.n Se co~echa trigo, frijol,
maíz y otros productos.
La industria estii representada por tres carpinterías,
una tonelería, tres fraguas, dos fábricas de escobas, una
de dulces, una zapaterla, dos molinos de trigo, cuatro
trapiches para hacer miel y una tienda mixta. Hay una
escuela atendida por cuatro profesores, á la que concu·
rreo por término mediv 180 alumnos de ambos sexos.
Tiene dicha colonia 526 caballos, 2,522 cabezas je ga·
nado vacuno y 349 de porcino.
En Septiembre último visité esa colonia, y tuve oca•
sión de cerciorarme de que e3a nueva población progre ea
rápidamente y de que sus colonos en general son bon•
radoe y laboriosos.
Loe ~rrenoe improductivos, bajo la . mano hll.bil de
eeoe colonos solitarios, segregados de todos sus compa•
triotae, han florecido y verdegaeado con loe dones de la
abundancia.
De la arboleda vigorosa, merced á la solicitud contínua, surge la flecha de la torre del templo donde todos
aquellos trabajadores profundamenté religiosos ee congregan para orar. Aquí y ahi deetácanse los chalets pintorescos, frescos y vivos, y por donde quiera se advierte
el hormigueo y la barbuya de las grandes legiones infan•
titee, que dejan oir en la amplia y a~eada escuela su su.
eurro de abejad y atraviesan el ambiente manso de las
alamedas y de los prados con sus gritos de j'.ibilo.
En las colonias mormonas abundan naturalmente los
nifioe, y soo ellos la intensa nota alegre de aquella paz
que desciende sobre el caserío, sobre las fábricas, sobre

La• colonias mormonas en Chihuahua.-Coionia Diaz,
Las colonias mormonas en Chihuahua.-Puente de alambre en Colonia Juárcz.

45

EL MUNDO

DOMINGO IS de JULIO de 18~7

el molino, sobre loe hogaree, sobre los aérea y cobre las
cosas, realizando la promesa de los 11.ogeles amigos de loe .
pastoree:
¡Paz á los hombres de buena Toluntad!

OTRO PAGO DE $13,595.00 DE. "LA MUTUA"

EN TAPACHULA

Tapachula, Junio 6 de 1897.
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua.•-México.
Muy estimado eeflor:
Hoy cumplo con 1111 deber de gratitud para con usted
y para la Compafl.ía al digno cargo de usted, certificando
que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
de la poliza número 780,9i0 por valor de... $ 6,413.16 oro.
cambio sobre Nueva York ........................ 7,182.79 ,
Total... ... $ 13,595.95
la cual tomó mi finado esposo, el FlES:OR Eumo SANDOVAL,
el día primero de Septiembre de 1806. Hago especial
mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacio•
nea directas-me ha sido pagado el importe de la póliza
á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
Con sumo gueto veré si por medio de la prensa ee dé á
conocer en todas partee este hecho que habla en favor
de la exacfüud de la Compaflía.
Soy de usted afma. y agradecida,
TRISIOAD M. VIUDA DE SA...'íDOVAL.

�DOMINGO 18 de JULIO de 1897

46

47

EL MUNDO

'DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

EL MUNDO

-===:..===============================================================-~==-====-EN EL HAil.E
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pié,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
Cuando en la pavana tu frente ee inclina,
Tu frente tan pura como flor de lis,
Eres á mis ojos una bailarina
De !a edad de oro del grande rey Luis.
Tienes, cuando avanzas con noble donaire,
Entre loe murmullos de la a imiración,
El paso de Eugenia, de b E,ituardo el aire,
Y la donosura de la Maintenon.
¡Oh linda princesa! Tienes la ele~ancia
De la incomparable Luisa La Valliere,
El porte de aquellas «Preciosas» de Francia,
De quienes en vano se burló Moliere.
¿No sientes ¡oh hermosa! del baile en los giros
Pasar una brisa de blando rumor?
¿No escuchas un eco de vagos suepiros,
Algo como un ténue sollozo de amor?

El oro de las blondas cabelleras
que del eJl á los rayos tiembla y ríe,
y esa risa que en horas placenteras
vagamente en-los labios se deslíe.
Y aún más, la floración que en tu semblante
ee aviva tremulante
como en el alba la eedefia rosa¡
amo tu risa que el candor retrata,
amo tu suave luz, tu carilloea
mirada celestial, húmeda y grata.
RÍE

:Ríe, ríe, cual ríen tus cabellos,
del sol á los destellos¡
vierta en tu faz la risa sus sonrojos,
y sus astros radiantes, en loe bellos
espacios infinitos de tus ojos.
Aum,tro GoNZÁLEZ CARRASCO.

Julio de 189i.

LEYENDA RUSA

Mientras los acordes suenan en las calles
Y en las alamedas del bello jardín,
Van tus movimiel'.ltos, ninfa de Versalles,
Siguiendo los ritmos del dulce violín.
Pero hay un acento que llega á tu oído,
Cual postrer suspiro de alguien que murió,
Como débil eco de triste sonido,
Como la memoria de algo que pasó.
¿No sientes un aire que agita tu falda,
Resbala en tu cuello de terao marfil,
Te ciñe los brazos, ondula en tu espalda
Y luego acaricia tu labio gentil?
Yo soy, virgen pura, yo soy quien suspira,
Yo soy quien se muere de pena y dolor,
Yo soy quien te beea, yo soy quien delira,
Yo soy quien sucumbe de.heridas de amor.
No temas.... Ya ea tarde.... Ya todo ha concluido....
Yo soy el pasado, yo soy lo que fué:
No vuelve eue presas el mar del olvido,
Ni brilla dos veces la luz de la fé.
Tan sólo he querido poner una rosa
A tu pie de Venus que Fidias soñó:
Así ante la~ plantas de una reina hermosa
Buckingbam rendido perlas arrojó.
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pie,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
ÁDALBERTO A. ESTEVA.

Julio de 1897.
INTIMA
A Amado Nervo.

Soy taciturno! .... .. Amo la~ ruinas y los misterios,
Y las tristezas ........ .
Por eso á veces en mi alma tengo todo el perfume
. De las violetas.
Soy ambicioso!.. .... Busco la gloria, y los honores
Y la 1iqueza........ .
Por eso en m~ alma ta.nbién se yerguen las a úreas flores:
Las crisantemas.
Soy el poeta de Isa nostalgias, de los pesares,
De las ausencias ........ .
Por eso traigo también myoeotia de las brumosas .
Rhinianae selvas.
A veces sueño con las penumbras, con los misterios
Y con las ruinas de loe torreones y las iglesias!.. ...... .
A. veces sueño con los honores y con la gloria,
Con los diamantes y loe rubíes y las turquezas!. ....... .
Y á veces canto ...... Y entonces mi alma perdida flota
Entre las sombras de las brumosas RL.inianas selvas!... ..
PEDRO R. ZA VALA,
Julio de 1897.

SONRISAS
Oh, la sonrisa tímida que baña
la faz en auroralee floraciones!
¡Oh, la sonrisa celestial, que entraña
un mundo de ilusiones!
Oh, las dulces sonrisas, que el tesoro
del mar, derraman en la abierta boca
-timbre al que arranca el gozo si Jo toca
su vibración de oro.'

L príncipe, el joven príncipe

tan hermoso como un rey, es•
tá mortalmente herido.
Cuando andaba de caza por
los boequeP, distraído con el
recuerdo de las doradas trenzas de rn mujer, fué acometido
por un jabalí que le atravesó
con rns colmilloe,
Allí está tan pálido como un
manojo de jazmines, tendido
sobre la cama eneangrentada.
Al rededor de la cama están llorando tres mujeres: la
madre, la he1mana y la eapoea.
«Vamos corriendc-, dice la madre, á casa del nigromante que vive retraído en lo más recóndito Je los boequee.
«Nadie más que él puede hacer un bálsamo que cure á
mi hijo.»
Cuando llegaron á casa del nigromante, éste les habló
así:
- Puedo daros un bálsamo que curará al príncipe, pe•
ro es preciso que me deis en pago de ese báleamo, tú, la
madre, ti! brazo derecho; tú, la hermana, tu mano blanca con el aníllo en el dedo; y tú, la espoea, tu trenza dorada.
La madre dijo: ¿Nada más que eso? Y dió ea brazo derecho.
La hermana dijo: toma mi mano blanca con el anillo
en el dedo.
•
Pero la esposa dijo sollozando:
tAhl ¿Tener qué cortar mi trenza dorada?..... .
No puedo :!ar mi trenza dorada.
Y el nigromonte ee quedó con el bálsamo.
Y el príncipe murió.
Allí están las tres mujeres llorando junto al cadáver.
. La madre llora sosteniendo la cabeza de su hijo que·
ndo.
La hermana llora á loe pies del príncipe.
Y la füpoea junto al corazón.
Junto al corazón que pal¡;itó con un amor tan tierno
por sus trenzas doradas.
Y en el sitio donde lloraba la madre...... brotó un río
de ondas inmoroales. el cual está corriendo todavía.
Donde lloraba la hermana brotó un manatía!.
Pero donde lloraba la esposa se formó un charquito
que se secó en cuanto le dió el sol.

¡ADIOSI ¡ADIOSI

A.llá en la playa quedó la niña.
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vapor!
el marinero canta entre dientes,
Se hunde en el agua trémulo el sol.
¡Adiós!, ¡adiós!
Sola, llorando eobre las olas,
mira quti vuela la embarcación¡
aún me hace señas con el pa:ñuelo
desde la piedra donde quedó.
tA!lióel, ¡ad\6el
Vistió de negro la nifia hermosa..... .
¡Las despedidas tan tristes son!
Llevaba suelta la cabellera
y en las pupilas llanto y amor.
¡A.diósl, ¡adióel
BuBÉN DAaio.

Oh, las sonrisas mágicas, que aumentan
la devorante llama del deseo
con eléctrica chispa, y acreci~ntan
de loe pechos gozosos en que alientan
el leve balanct:o!
Yo amo las sonrisas que se prenden
como u~a flor, sobre los labios rojos,
y son vivos relámpagos que encienden
la noche entenebrida de unos ojos.
Yo amo las sonrisas ideales
que t&gt;stallan en sonoras carcajadas
coml heridos cristales¡
'

LA FLOR DEL AMOR

AS blancas naves, con sus velas

tendidas, se deslizaban silenciosas
por el mar tranquilo, una noche
de otoño, tibia y embalsamada
por el perfume de las floree.
Fulque11 el Magnífico, seil.or de
Fréjus, de l\fontsegur y de .Minerva, ee ha embarcado en la mayor
de todas, en la que lleva en la proa
las imágenes de Marte y María.
Los remeros cantan salmos al compás de sus remos,
para conjurar la tormenta.
Sea que el remordimiento de faltas cometidas turbase
eu conciencia, haciéndole temer la eterna condenación,
6 que antiguas visiones de esclavas, de las que entretenían eua ocios con bailes provocativos ó con suaves instrumentos, arrullasen su sue:ño, atrajesen su espíritu
aventurero, lo cierto es que abandonaba al partir, eu
hermoso castillo, coronado de torres esbeltas y rodeado
de frondosos jardines, y la rubia dama de azules y eofladoree ojos que compartía con él tanta magnificencia.
Desde entonces la bella Rosamunda esperó impaciente
al señor, que no volvía, y que tal vez había encontrado
la muerte en lejana tierra, sin que ella le prodigase sus
cuidados, ni mano amiga cerrase sus ojos.
Sus brazos ociosos ca1an inertes á lo largo de su cuerpo
que adelgazaba¡ sus labios rojos parecían una flor abandonada, y sus ojos cambiaban su color de zafiro por el
pá !ido de las turquezae.
Su único adorno era el anillo nupcial, que parecía re•
cordar sus deberes y librarla de tentaciones.
Nadie traía noticias del esposo ausente. Ni los pere•
grinos que llegaban de lejanas tierras, y q'ue siempre encontraron generosa hospitalidad en el castillo, ni los caballeros errantes que, mientras reposaban, calentaban
sus ateridos cuerpos, en la enorme chimenea en que los
escuderos .y los pajee escuchaban entusiasmados, narra•
ciones de recientes combates; nadie babia oído hablar
del castellano.
La pobre abandonada, á nadie quería ver. Sólo el paje
.Aymerillot la entretenía con sus cuentos. El enamorado
mancebo ocultaba su pasión, aunque no tan bien que su
señora no la descubriese.
Sentíaee feliz á sus pies, cuando ella, distraída, j ugaba con sus rizados cabellos, y sus blancas manos rozaban
su ardo1osa frente.
La noble castellana temiendo tal vez sucumbirá la tentación, resolvió alejar al enamorado pajecillo. Una no•
che en que juntos contemplaban la luna que se reflejaba en
el lago, elL1, señalando el cielo: Hay allá arriba-dijouna estrella, en la que brota la flor que produce el amor,
que preserva de la horrible vejez¡ ve á buscarla, y te
prometo, si la consigues, corresponder á tu cariño.

llay rubias, como tú, tan verdaderas,
Que, al esparcir el dJ'a sus destellos,
Parece que las mismas hechiceras
Cortan rayos del sol con las tijeras
Y después os los ponen por cabellos.
CAMPO AMOR.

A luna penetraba en la caver·

•

II
.A.ymerillot salió com'&gt; loco, y subiendo á la torre más
alta, maldijo la pequeñez humana. 1Quién tuviese alas
para conquistar la flor preciosa que le hiciera dueño del
amor de Roeamunda! Y, sin darse cuenta, el pajecillo ee
encontró flotando sobre el abismo y las nubes, envolviéndole en gironee de encaje, le arrastraron, entonando un
himno triunfal, acompañado de harpas invisibles que
producían arwonlas dulcísimas.
Y atravesando el espacio azul, las hadas depositaron
al paje dormido sobre la estrella en que florece la flor
lla del amor: en el planeta Venus.

III
Aymerillot, cual otro Hércules domador de monstruos,
triunfaba de las esfinges que surgían de loe antros tene•
broeoe, resolviendo enigmas complicados, venciendo
dragonee que se revolvían furiosos contra el filo de su
espada, y atrayéndoles en su persecución hacia lagos de
fu•go, de los que surgían Floranuyes que modulaban fraet:s dulcísimas y tentadoras y de las que ee exhalaban
perfumee embriagadores que producían vértigo. Y estre•
chando contra el pecho la flor conseguida con tanto afán,
se encontró en un valle risueño. Hacía largos años que
luchaba, ensangrentado el cuerpo y el alma desconeola•
da. P11recíale haber vivido siglos desde que luchaba por
conse,iuir el cariflo de Roeamundll..
Dejóse caer desfallecido sobre el blando césped y á la
puerta de una choza, bajo un emparrado de dorada e uvas,
apareció una joven ideal, de largos y sedosos rizos, cuya
blanc.1 vestidura parec!a rodearla de un nimbode pureza¡
tendió su~ manos temblorosas hacia la flor que Aymeri •
llot llevaba en las suyas, ofreciendo en cambio sus rojos
labios. Nocambiaron una palabra, pero al seflalarle un si•
tio en el tronco tronchado de un árbol, donde ella se sen•
taba, él comprendió que allí, á eu lado, estaba la paz y la
felicidad. Y besando aquellos labios virginales, el paje
ofreció la flor conseguida á costa de tantas penas, olvi·
dando su primer sueño de amor.

IV
RUBIAS

Oriana el hada era terror de los pastores.
Vagamente e11treYlst0sen su antro azuloso,
Dormlan encantados y lacio~, luchadores,
de casco majestuoso.

Las blancas velas no volvieron á aparecer en el horizonte trayendo al navegante esposo de Rosamunda.
E, rubio pajecillo tampoco acudió á las llamadas que
en lasnucheade luna se exhalaban del corazón solitario de
la dama; eue cabellos encanecfan y sus azules ojos, cansa·
dos de contemplar las estrellas y cegados por el llanto,
como loe cirios azotados por la lluvia, y aunque ain ver·
la, siguieron fijos en el sitio donde brilló la estrella que
produce la flor del amor.

•

•

na lentejueleando de fnlgo•
res azulados las paredes de la
roca incrustadas de mica¡ una
móvil cortina de hiedra, obstruía la entrada, salpicada
aquí y allí de grandes floree
de clemátidae semejantf!le á las estcellae: inextricables y
il.ex1blee mallas de hojas y de corolas, á través de las
cuales los claros y el bosque aparecían todos blancrs,
con el blanco tremulo del astro sobre las cimas pálidas
de loe castaños.
Sostenida por tres pilastras de basalto, la gruta sehun·
día en un claro-oscuro de euei'io, invadido por todas partee,
de guías, de madreselvas y de alto3 helechos, cuyas pal•
mas dentadas brillaban de una manera extraña¡ pgr don·
de quiera de las hendiduras de las bóvedas, de las griPtas
de los pilares y de las del suelo, había surgido una inquie•
tante vegetacióll, como luminosa: eran escaramujos,
eglantinae, regueros de lúpulo, espumantee cicutas, y
otras grandes vegetaciones, de bojas de terciopelo glauco;
y todo eso se enredaba, se encaramaba, volvía á caer¡ se
estrechaba una planta á la otra planta y trepaba al mus·
go, débilmente palpitante con el extremecimiento de loe
tallos y de la vida de las savias bajo el azul claro de luna
deslizado ahí desde afuera. .
Algunas veces en los castaños del claro susurraba un
murmullo ligero que era la respiración de la floresta dor·
mida, después la brisa iba más lejos á atormentar algu•
nos nidos en las malezas y un gran relincho desgarraba
el silencio: nn rebaño de caballos salvajes pasaba al ga·
lope, con la grupa moirée bajo la luna, entre las hojas removidas. ·
El bosque estaba lleno ae esas manadas de caballos y
de garañones indomables; bollábanlo en todos sentidos
coa un gran estruendo de ramas quebradas, erraban á la
aventura con el pecho blanco de espuma y la crin esparcí•
da, reunidos en redor del más viejo garañón de la banda
y en las noches de primavera, en la época del celo, combatían furiosamente basta el alba y se mordían el vientre con rugidos de que se asustaban los nidos en las malezas y los éorzos en sus guaridas, y el bosque era inabordable á -causa de esos innumerables caballos salvajes
que la guardaban, prontos á arrojarse sobre el hombre y
pisotearlo.

En la caverna loe espinos y las altas yedras continua•
ban vegetaodo,. gotitas de plata perlaban la'! hojas de las
madreselvas alumbradas por la luna¡ en las mall~s de
la yedra las floree de las clemátidae parecían abrirse más
grandes y como loe copos de escarcha brillaban esponjadas ea los malezalee de espinos baj &gt; los cuales entonces
encend!anse oros rojizos y aceros; y he aquí que de el
tejido de los espinos y de las lianas, eu•gfa una magnífica flóración de espadas. Eran espadas célticas de puño
enorme, tizonas góticas de dos gavilanes, completamente
re•tae, espadas sarracenas de lámina encorvada y lanzas
anglo-sajonas.
Y he aquí que surgían tambien como olvidados ahí
después de una batalla, arcos extendidos, carcajee y flechas clavadas aquí y ahí en las ramas como hostiles flores¡ y he aquí que las zarsas al cruzarse, balanceaban
adargas y cascos en que la luna se reflejaba así como en
las espejos; deshojábanse los pétalos de las eglantiuas encarnadas y bajo aquolla flora de hierro, emerglan lentamente de la sombra rostros en éxtasis de guerreros dormidos.
Cráneos sin cabellera y rizado~ bucles rubios, perfiles
chatos y belfos sonrientes de atrevidos paganos de piel
morena, luengos párpados dejando filtrar 1a mirada azul,
para siempre inmobil de algúo hijo de raza normanda.
Anchas espaldas de guerreros godos, torsos delgados de
caballeros eajvnee, barbas canas de viejos experimentados
y rostroe imberbes y rosas, casi angélicos, de jóvenes pajee¡ bien son cien los dormidos eo la gruta de refltljos me·
tálicoe, bajo la flora de acero de sus armas para siempre
cautivas de la~ lianas y de las zar~as; los ~aballeros y los
varones, loe paladim~e y los pi,ataa, los reyes cristianos
Y. l?s perros musulma~es, los efebos de rubio pelo y loe
v1eJos escuderos, un mismo ensueño encanta sus ojos ce·
rrados y nimba sus frentes de éxtasis. Extendidos en cien
di versas posturas, los unos echados hacia atrás, los otros
con la cabeza oculta entre los braioe y el vientre contra
la tierra, todos han guardado el mismo gesto de aioración, de plegaría delirante, porq11e todos uneneus manos
y se siente que ·han debido dormirse con la mirada fija
en la misma visión y en los labios el mismo nombre im•
plorado: ¡Oriana!
Y he aq1,1í que evocada y vuelta por fin tangible por el
deseo de .sus amantes, Oriana misma aparece en la sombra hechizada de la gruta, que ilumina apareciendo.
De pie, en medio de una aureola de fulgores lacteos y
temblorosos, tal es el.halo en que se cierne la luna en loe
cielos lluviosos, apoya su desnudez de hada en los huecos
transparentes de una cátedra de hielo¡ las estalactitas la
rodean y tres gradas de cristal de roca extienden su humedad glauca á eue pies. Tudo en ella tiene reflejos de
nieve y de nácar¡ la lívida y pesada cabellera que Je gol·
pea loe talones, tiene el imperceptible matiz d~l oro de la
escarchaque loefuegoe del alba desfloran y toda su deenu·
dez brilla como una perla, una fabu •
losa perla cuyo oriente apenas radiaría en la punta de loe senos."en las
uñas .de loe pies y de lae manos, pa•
ra a v1 varee más rosa, en una rosa de
flor que se abre, en el sitio de los labios, ahí doi;de descansa el beso.
Cautiva de sus deseos, como ellos
están cautivos de eu hermosura,
Oriana se cimbra y mueve lentamente bajo su cabellera de claro de lu ·
na, se estira voluptuosa, después se
inclina deslumbrada hacia un pequeflo eepejo oval que mantiene en
una mano; ópalo misterioso en el
fondo del cual aparece y se desvane •
ce á intervalos la füonomfa de ple•
garia de cada uno de loe guerreros.
Cuántos años hace que ella los retiene, inmóviles y mudos, paralizados de la vida, casi convertidos en
fantasmas entre loe espinos y las
guías de sus antros! Los unos hace
cien años, loe otros cincuenta¡ los
hay que duermen hace veinte invier•
nos y otros hace un mee: es todo un

R ENE MA!ZEROY.

•

siglo de amor y de avideces locas que dormita ahí, en el
fondo del bosque, vagamente apaciguado, merced á un
sueño que loa suprime del mundo y los defiende contra
la muerte.
'
Cada uno de todos esos que duermen ahí, extasiados,
y con las manos juntas, ha venido ea una hermosa mañana de Abril ó en alguna tibia noche de otoño, con el
casco en la frente y la esperanza en el corazón, á tocar
con el puño de la espada el dintel de la caverna; ahí han
echado pie á tierra, han atado su caballo á alguna encina. y después, balbucientes de amor, han entrado.
Y el caballo, fatigado de esperarlos, después deíhaber
agotado las bojas del arbol y :a hierba del suelo, ha roto su ligadura y ha huido por el bosque; se ha vuelto
ealvaje y habiendo encontrado el potro del guerrero de
ayer al palafrén del guerrero de hoy, las manadas de caballo~ galopan ahora furiosos con la grupa aterciopelada
bajo la luna por el nocturno bosque que despiertagrandee crujidos de ramas muertas.

Ahora bien, aquella hermosa noche de Julio, en medio
del ensueño de la floreeta llt&gt;na de cálices y de la adc,ra•
ci6n dormitante de sus eoamoradoe, Oriana está triste;
allá, lejos, loe rebaños de caballos pueden relinchar, ella
sabe que el bosque ya no es inabordable y que los tiempos han cambia to. C" n lierotl incorruptible, educado
por los mo!)jes en la ira y el horror de la mujer; un fiero
adolescente de corazón feroz y de manos puras acaba de
penetrarlo¡ ha franqueado ya ]aij lbdee y, firme en la si•
lla, encascado y acoraiado de plata mate, triste y tierno
bajo el cielo luna'r , como lo está la tierna luna, avanza
lenta pero seguramente á través de la hierba corta de
los senderos y de la avena loca de loe claros, los claros
embalsamados de su floresta, donde ella no irá ya á voltejear, abeja en pleno medio día y libélula al crepúsculo, porque el cruel efebo lleva en su mano dere..:ha la liberación y en la siniestra la muerte.
La liberación para ellos, la muerte para ella, peor que
la muerte, ia vejez, que es de seguro la. muerte de Jas
mujeres y de las hadas, puesto que extingue el amor y
mata el deseo.
Y Oriana se inclina para eonreirse una postrera vez
aún, sobre el espejo de ópalo que ya se opaca¡ y después
de todo, qué ha hecho ella .á esos monjes? ella el embe•
leso y el encanto de las miradas, la alegría de la naturaleza, ya fuese rayo, córola, ala vibrante ó mujer, ¿qué ha
hecho para que ee le suscite ese duro vencedor? Loe
tiempos han cambiado y cmtra ese todos aue lazos serán
vanos. Lo sabe de antemano Oriana, porque él viene hacia ella endurecidp de ira y flameante de rencor, como
vengador y justiciero¡ dettista y aborrece su hermosura,
que ha hecho esclavos á los otros, y menos p)r librarlos

�DOMINGO 18 DE JULIO DE

EL MUNDO

que por castigarla ha emprendido ese peligroso viaje;
porque en el fondo de su corazón deEprec1a á esos heroes
á quienes una mujer ha podido vencer y su odio por ella
ee exaspera aun con su desprecio poreu cobardía; y el
cruel adolescente ee aproxima de hora en hora, un buho

cómplice le guía por el bosque, volando ante él de ar•
bol en arbol.
De pie, sobre su trono de hierro, desde el fondo de su
gruta crepuscular, Oriana oía ulular al horroroso pájaro
nocturno, escuchó Eepararee las ramas, chocar el pomo
de la espada contra la silla y cada paso del caballo retemblaba sobre su corazón.

MADRID
(Versión libre de Alfredo de Musset. )

Madrid, princesa de las Eapañas,
en tus floridas verdea campañas
que el sol, que mata sus resplandores,
envuelve en leves nácares tttle~,
brillan radiantes y encantadores
ojos muy negros y ojos azulee.
Ciudad hermoPa de las verbenas,
de los romances de amantes penas,
de las tapadas, loe galanteos.
¡cuántos pieP blancos como jazmines
huellan las fiores de tus jardines,
alzan el polvo de tus paseos!
Ven en la plaza tus picadorés
mli rebocillos provocadores,
mil blancas manos que palmotean
cuando loa toroe, embravecidos,
la arena escarban, el lomo arquean,
braman, embisten y huyen heridos.
Ven loa luceros en tus callejas
furtivas sombras junto á las rejas,
ven embozados tus caballeros,
ven que de prisa y enamoradas
la obscura calle cruzan tapadas
damas que llevan eue escuderos.
Madrid, asilo de la ventura,
Madrid, emporio de la hermosura,
calado alcazar que maravillas
con tus pafacios y tus jardines,
las blancas blondas de las mantillas
y el negro raso de los chapines:
todas tus rubías y tuli morenas,
las que caminan de gracia llenas,
cimbrando el talle, la cara ufana,
juntas no valen lo que un cabello
de aquellas crenchas que sobre el cuello
deja caidae mi sevillana.
Es una blanca, rubia eepafioia,
joven y viuda que vive sola:
-calle escondida, vetusta casa,
po::tón ferrado, duefia que cela.Si el rey la ha visto y amor le abrasa,
no fíe en el oro de su escarcela.
Llame y ... aguarde, si así lo quiere;
llame cien veces, y desespere:
á tocilaa horas silencio grave,
calle desierta, puerta cerrada;
pero si llego, mi enamorada
quita el cerrojo, tuerce la llave;
Porque me arrulla cuando me besa,
porque ea la blanca rubia princesa
que ha coronado mi fantasía,
ágil, flexible, siempre nerviosa,
demonio y ángel, avispa y rosa,
donaire y fuego de Andalucía.
Oae en mis brazos y se estremece,
beso sus ojos y desfallece:
con soplo ardien te su pecho late,

Cieno, ella pudo extraviarlo con hábiles espejismos,
con ilusiones y vanas apariencias, retardar su marcha á
travésdeinextricables malezalea y de imprevistos pantanos, podría ella misma tomar una forma fugitiva, bestia
fiera, pájaro ó fior. Mas para qué! Los tiempos batían
cambiado; de antemano estaba vencida. Era el Cristo
quien marchaba con ese nifio, el Cristo enemigo de la
alegria, del placer y del amor; era El quien había suscitado contra ella á ese verdugo con rostro de arcangel y
he aquí que dos lágrimas perlaban los ángulos de loe
ojos pálidos del bada y que ee enternecía del todo el brillo de rn eepejo. La dulce Oriana se sabía sin defensa:
amaba á eu vencedor......
En ese momento una inmensa claridad llenaba la gruta. Con el filo de eu eepada un hombre acababa de des•
garrar la móvil cortina de lianas que guardaba el dintel.
Como lamida de plata por la luna, una esbelta silueta
negra se erguía sobre el claro, una silueta encascada, donde un buho vivo, posado sobre la cimera, desplegaba sus
grandeé alas. Amadis tocó tres veces el cuerno con toda
la fuerza de sus pulmones, y tomando por la lámina eu
espada, llevándola en· forma de cruz ante sí, pénetró al
antro.
-Por el Cristo todo poderoso y Nuestra Sefíora la Virgen, que los ojos que ha turbado el Maldito, se aclaren
y que se levanten, libres en en fin, los h éroes cristianos
que retiene el peso de los maleficios.
Y habiéndose levantado loe cuerpos extendidos ahí
con un gran ruido de fierros, Amadis vió que . bajo sus
armaduras herrumbrosas y die. regadas los seres apareci·
dos entre las floree y las plantas, tenían todoe, ó fases
verdosas de cadáveres ó cráneos de esqueletos lucientes,
y Amadie á su pesar retrocedió. Con un siniestro chocar,
las tibias se ensamblaban á los fémures y las carnea
blandujas se deshacían con un ruido flojo la presión de
los dedos crispados y secos; u11 olor de carne descompuesta penetraba todo; la at,.oz visión no duró más que
un instante. Después de un bullimiento para ponerae de
pie,-las larvas de loa valientes habían caído en las roa•
lezas donde los cadáveres se desleían lentamente. El
exorcismo de Amadis no había despertado pm,a mas que
la podredumbre desde bacía largo tiempo ya presa de loa
gusanos, y reto el encanto había dejado correr-tal como
un dique roto-una humanidad madura para la tumba.
Uno solo, un esqueleto que se quedó sentado sobre su
apoyo, hacía muecas con una risa muda bajo un rayo de
luna, con las vértebras presas entre una eglantina en
flor.
De pie en medio del osario, Amadis se sentía mortalmente triste; entonces Oriana:

rompe violenta los dulces lazos,
y en las delicias de tal combate
huye y se escapa de entre mis brazoe.
¿Qué me hizo duefio de su hermosura?
¿Qué me h~ valido tanta ventura?
Mi árabe y negra cabalgadura,
su caeco de oro, eu estampa real. .. ,
mis alabanzas para Sevilla...... ,
mis cumplimientos li su mantilla,
y aquella dulce miel con vainilla
de aquella tarde de Carnaval.
A GUSTIN

F.

C UENCA.

-De qué sirve tu valor?-le dijo-Ellos sofiaban y vi-vían de sus sueftos. Este sabía bien lo que hacía al conducirte aquí-y con su mano temblorosa y rígida ya,
convertida en una mano de vieja, el hada designaba a~
buho-«Tú le has preparado su pasto» Entonces Amadh
la miró: Pobre Oriana! Su cabellera se h\\bía vuelto gril
y enconada, desdentada, osijosa, plegada en dos, rotR,
con el aire de un espectro, ella misma, con su piel color
de ceniza y sus ojos blancos de cataratas entre sus cejas
sangrientas, Oriana- esa desnudez hacía un momentl)
nacarada, como una perla, tendía hacia el héroe un largo brazo de Sibila y con una voz doliente:
-Y yo que te había hecho? Yo tenía la edad de st1~
ilusiones y sus deseos me hacían joven. Bella con Pn
amor, sonreía á su ensuefto y mi sonrisa los guardaba
contra la muerte sonriéndola; ahora el número de los
afios olvidados cerca de mí y el peso de sus penas roe
abruman, su despertar me ha envejecido en mil años y
heme aquí condenada durante mil afios á la vida horrible y triete, que cada uno de ellos debía vivir aquí abajo. Oh, desgraciado nifio, la última ilusión que tenían
aun los hombres florecía en este bosque y eres tu quien
la ha muerto.
Y dicho est(! desapareció!

EL álbum dedos her•

mobae nifias, para
quienes fué escrita,
traducimos á conti·
nuación La ltyend,a·de
la luna, de Elena Vacareecu, la bella y
desgraciada amiga de
la reina de Rumania.
Esta leyenda perte·
nece á las Rapsodw
de Dimbovüza, y Carmen Sylva, en el prefacio de la edición alemana, dice que
su ilustrada dama de honor la recojió de los labios miemos de Cobzar, trovador rumano, de loe que suelen cantar acompafiándoee en el rnandolino ó el laúd.
La tradución en prosa ea preferible á la interpretación
versificada, pues se trata de una especie de melopea sin
consonantes, que difícilmente hallaría su equivalente en
la poesía castellana.
He aquí la leyenda:
La luna teme que aa1ga el sol, pues él solo sabe el mis•
terio de su palidez. Y la luna teme que á la hora del alba confíe á álguien el secreto. Por esw, tan pronto como
sale el sol, la luna se esconde, en la esperanza de que así
llegará á olvidarse de ella.
Mas yo soy el Cobzar, hermano del sol, y él me ha en·eefiado el arte de ir anunciando entre los hombree cómo
él ha dado el canto á los pájaros y cómo hace madurar
la fruta y verdear la selva.
Yo solo conozco el misterio; yo solo sé por qué la luna
es tan blanca.
Ua día foé, en que la luna era el corazón de una niña
donde alegre cantllba el amor.

DOMINGO 18 DE JULIO DE tltn

POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción· para "EL MUNDO."--l!ustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

«Los últimos rayo11 del sol que cae, besarán aún una vez
sus pétalos amarillentos; y después la fior se ocultará
para dormir, durante el largo invierno, y renacer en la
primavera. ¡Ahl si pudiéramos hacer lo mismo!»
De~terradoa á quienes amenaza la agravación de una
reclusión prolongada, Johansen y Naneen gozan profundamente de todas las manifestaciones de la vida que se
agitan aún al rededor de ellos. Siguen en el cielo las
batallas de los pájaros:
«Felices criaturas que se mueven allá arriba con tanta
libertad! A nuestros pies, en las olas, las morsas se sumergen y agitan; en loe airee torbellinéan las bandas de
gaviotas, oímos el roce de sus alas. Por donde quiera hay
un rumor de vida, pero bien pronto el sol desaparecerá,
el mar se cerrará, los pájaros se irán uno tras de otro
hacia el Sur, comenzará la noche polar y reinará un silencio profundo y no interrumpido ......
«Las morsae, los osos, los pájaros, sucesivamente hui•
rán.»
Los zorros fueron los •1ltimos compafieroe de inverna•
da de Naneen y de Jobansen. Esos insoportables vecinos, astutos y ladronee, tanto más audaces cuanto que
loe dos hombree, avaros de eus cartuchos, no loe desperdiciaban en ellos, no retrocedían ante ningún latrocinio, por poco provecho&amp;o que fuese. ¿No se apoderaron
un día de un paquete envuelto en lona de vela y que
contenía un poco de todo: trozos de bambú, de hilo, de
fierro, una cuerda de barpói:i, una pe!ota de hilo grueso,
ejemplares mineralógicos etc.? Otra vez se robaron un
termómetro. A. partir de ese día, el úhimo termómetro
fué fijado fuera de m alcance, en la punta de un trineo
levantado verticalmente cerca de la choza.
El sol se mostró por la última vez el 15 de Octubre.

JEAN L OMAI N.

Mientras duró la dulce pasión, el corazón de la nifia se·
iornó enteramente blanco.
El firmamento le tuvo lástima y se lo llevó.
Y durante las horas calladas y solitarias. el corazón
desconsolado contempla la tierra, acordándose de su pasión y de su dolor.
Cuando la luna sale, las flores murmuran: ¡Oh corazón
blanco de virgen, ven y descansa sobre nosotras!
Y los pájaros la invocan en su euefio, la tumba le su•
eurra: ¡Oh corazón blanco de virgen, acrecienta mi blancura!
La luna teme que salga el sol, pues el sólo sabe el mis•
terio de su palidez.
V ACARESCU.

Dama de honor de la reina de Rumania.

Cesó la lucha, la patria es libre.
Sobre e~tos campos, de horror cubiertos,
que el son guerrero ya nunca vibre
llamando vivos, dejando muertos.
El himno augusto que hora se escucha
celebra á un pueblo que se levanta.
La patria es libre, cesó la lucha:
¡poeta, cantal
Ya loe hogares abren ene puertas
y las doncellas temblando aguardan
que basta sus almas, también abiertas,
lleguen los novios que tanto tardan.
Sus lauros frescos por azahares
cambian loe héroes con mano inquieta .. ....
Abren sus puertas ya los hogares:
¡ama, poeta!
8·1 faz radiante la dicha asoma,
los sueños viertén su polen de oro,
y la miseria, que abate y doma,
huye ocultando rabioso lloro.
El alma vir~en del bravo infante
bueca lo noble, lo vil deedef!a......
La dicha alegra su faz radiante:
¡poeta, suefial
Con paso artero la infamia viene
y la rodean cuantos la miran.
¡Qué solapada sondea tiene!
¡Cómo la acogen, cómo la admiran!
Por su lenguaje tan lisonjero
oíd qué aplauso tan vivo estalla.
La infamia viene con paso artero ......
¡poeta, calla!
B AI,llTNO D AVALO" ••

&amp;L MUNDO

HACIA EL POLO

En el claro se levantaba el alba.-U n ful~or triste
alumbraba los cadáveres amontonados, sin orden, en la
gruta, é inclinado sobre la cabPza de un muerto, el buho
buscaba curioso con el pico el sitio de los ojos en otros
tiempos llenos de azur y vueltos ahora dos huecos negros
é inmundos.

ELENA

LA LEYENDA DE LA LUNA

1897

Johansen cosiendo.
UNA EXISTENCIA DE TROGLODITAS

Naneen se había prometido consagrar los ocios de la
invernada á poner en orden sus notas, sueobeervacionee,
sus cálculos; pero su cerebro rehusaba el trabajo. Además, ea fuerza decirlo: una dificultad material de un or•
den demasiado imprevisto, impedía sus buenas intenciones, matando las pocas veleidades laboriosas que subsistían en él: si su dedo desfloraba, si rozaba su manga una
hoja de papel blanco, inmediatamente aparecía una huella negra y grasosa; de la página en que él había escrito
aunque fuesen algunas líneas, se podía decir que había
sido ¡mnegrecida, en el sentido natural de la palabra. De
todos los sufrimientos soportados por los dos noruegos,
este era acaso el peor.
Era en vano que pusiesen á hervir su ropa; la grasa
persistía.
. Loe vestidos de Nansen y de J ohansen, grasosos, agu¡ereados y usados, no ofre4ifan ya contra el frío, y sobre
todo contra el viento, más que una insuficiente protec•
ción. Salir asl vestidos para dar higiénicamente algunos
pasos frente á la choza, era de parte de los dos hombree
un acto de heroísmo de que algunas veces sentíanse incapaces. Entonces quedábanse confi nados en su guarida,
probandó con su buena i;alud que el escorbuto no ea una
consecuPncia forzosa de la falta de ejercicio.

«El vac-ío mismo de mi diario, di·

ce Naneen, da la pintura máe exacta de nuestra existencia durante
loe nueve meses que hemos vivido
sobre esta playa.»
«Domingo 1? de Diciembre de 1895.
-Tiempo maravillosamente bello
desde hace algunos días: se deja
uno ir y venir fuera de la choza en
tanto que la luna transforma este
mundo de hielo en una :ierra de
hadas.
«L1111es ii de Diciembre.-Sopla el
viento: el paseo será desagradable......

«Martes 10 de Diciembre.-Johan•
sen advierte que sukayak ha dPB·
aparecido. Lo ha encontrado á mu·
choesentenares de pasos: el viento
lo había quitado y llevado hasta
ah!. Que loe kayaks se pongan á
voltear _en el aire, se pasa ya de
broma ......
«Jueves 19 de Diciembre.-La Navidad se aproxima. En la casa cada
La vida en el interior de la choza.
uno se ocupa en loe preparativos
de la fiesta y enct1entra apenas
tiempo para todo. Mas aquí nada hay que hacer. Pasar tados entre los dos noruegos. Por fortuna quedan algu·
el tiempo ea nuestro sólo cuidado. Ah! dormir, dormir! nos inagotables proyectos para el porvenir, hipótesis con•
La marmita hierve dulce mente en la hornilla. Yo vigilo cernientes á la vuelta del Fmm, conjeturas relativas á su
el almuerzo y miro vacilar la llama en tanto, que mi pen· propia situación actual. ( 1)
Sus cabellos y sus barbas incultas no conocían ya las
samiento hace lejanos viajes. Extralio poder del fupgo y
de la lumbre sobre todas las criaturas vivientes! Fasci- tijeras, los cabellos caían sobre la espalda y eran un sunación de esas vivas lenguas que plemento de traje que loe dos noruegos apreciaron mu·
se retuercen como serpientes!.. .... cbo. Barba y cabellos se han vuelto completamente neA la luz de las lámparas en las ve· .gros. En esos rostros de carboneros, los dientes y el blanladas del invierno, ella se sienta y co de los ojos brillaban de una manera extrafia.
«...... Nuestro estado de ánimo, en suma, era bueno.
cose. Cerca de ella está una nifiita
de ojos azules y de cabellos rubios, No teníamos ni aún el recurso de loe disgustos para majugando con una mufieca. Mira al tar el tiempo. A nuestro regreso áíguien preguntó á
niño tiernamente y acaricia sus ca- Johanaen cómo nos babiamos avenido durante el invierbellos, pero sus ojos eetan henchi- no-porque ea, se dice, una ruda prueba para dos hom •
dos de gruesas lágrimas que caen bree vivir tan largo tiempo y juntos en un perfecto aislamiento:
sobre su labor.
«-No, respondió él, no nos hemos peleado. Sólo que
«Mártes # de Diciembre -En el
país acaban de encenderse las velas yo tenía la costumbre de roncar durante mi sueño y en·
de loe árboles de Navidad, alrede· tonces Naneen me daba puntapiés en la parte posterior.»
dor de los cuales los niños danzan No puedo negarlo, le dí bastante&amp; puntapiee; pero él se
en ronda. Y nosotros también fes- limitaba á moverse un poco y tornaba á dormirse trantejamos la navidad según nuestros quilamente.,,
recursos. Hemos lavado en un poLA PRL\IAVERA D E 1896
co de agua caliente nuestras camisas y nuestros calzones, y para
El fin de Febrero y loa primeros dias de Marzo vieron
lavarnos nosotros miemos, loe calzones nos han servido á la vez de la vuelta de la primavera, los pájaros, el sol.. .... y los
esponja y de toballa. Nos senti• osos. El 8 de Mayo, uno de estos, atraído sin duda por
moa casi otros hombres. Para ce• el violento perfume del aceite de morea extendido alrenar, hemos tenido jiskegratin, hededor de la cabaña, vino á vis.i tar á Nan·aen y á Johan•
cho de pescado pulverizado, de ha- sen h asta su guarida. Sin amedrentarse á la vista de las
rina de maíz y de gr:&gt;.ea de morsa, primeras osamentas que cubrían el suelo, se metió por el
y como postre, pan frito en aceite. pasadizo qne conducía á la choza, cuando Johansen, que
Mafiana en la mañana tendremos había advertido su presencia y emboscádose detrás de la
chocolate.
piel que servía de cortina, tiró. El animal, herido, echó
á correr. La persecución fué larga. El oso había escalado
«Miércoles 1? de E nero de 1896 Cuarenta y un grados y rr.edio ba- una eminencia y seguía por su resta. Desde abajo, Nanjo cero. Así pues, acaba de nacer een lo remató de un t:ro de fusil. El cazador había eeco •
un nuevo afto, el afio de la alegría
(1) Nansen habla acabado por convencerse de que invernaba en
y de la vuelta al país. En medio de
parte sobre la costa de la tierra Gillis, entre la tierra de Franun claro de luna deslumbrador, alguna
cisco José y el Spitzberg.
1895 ha partido; con
el mismo claro de
luna deslumbrador
1896 comienza. Pe·ro el frío es muy
cruel.. ....
«VierneB s' de E ne "
ro.-Oigo detonacio- :·_
nea del lado del qla- &lt;e _cier, gigante de h ie- ~~
lo posado sobre la ~
cresta de la monta- ~
fia y que alarga sus miembros en todaF .
las direcciones, hasta el mar. Todas lae
veces que el frío aumenta, se tuerce h e.··
rriblemente y, en medio de un ruido d~ ~cañoneo, aparecen grietas de todos ladoe,
sobre su cuerpo monstruoso.
«Jobansen se ha dormido y hace reeo
nar la choza con sus ronquidos sonorof. :
Me alegro de que su madre no pueda ver t .. _
lo en este momento. Tendría piedad de i=-:'...
su hijo, tan negro, tan grasiento, .desga ~
-=
rrado, con el rostro cubierto de v1rueiaE ,;:_ ;.;~ .
de sebo. Pero paciencia! Le volverá á ver
sano y salvo, fresco y sonrosado .........» F-- . -:¿
No poseer un libro solo, es para Non· ¡-':::"'
se~ y .Johansen una de las más grandeE ~ _pr1vac1ones. Con qué pena recuerdan la ... _:;_,,,.
biblioteca del Fram! Han leído frecuente ~~ mente lo que hay de legible en su tabla ~--:;;._,,,.. ~ ·~, '&lt;i,,,&gt;.,;~~?
_
de navegación y ~n su alm~úaque, que s~ •• :,.._,-~
. ~~- ~- ~
~ "=-h,:}.- -~ - -~ ben ya:de memoria. También se han aph · __ ---::=- - ....- -; " "~
""
~~:,::...=-.,.._
cado á aprenderse las alianzas y las filia•
_.:;.....,¿_,,,~-:,s..-.;-=-~--:::?'"
~ ~ = ~- ~ ~-:-,.~~
cionee de la familia real de Noruega, co- ..:.-:....--, _ __ =:e_,...JI=- ~_.:::::-_ ::::-.--c:::~~~~--mo loe cuidados que hay que impartirá
lo~ ahogados.
Desde que dura BU tete tete, casi todna
Así enarcado logré izarme.
los aeu.utoe de conversación han sido ago-

¡:z:-" ·

·--=-

.

�•
so
gido su momento: herido el oso, en tanto que ee encontraba en el extremo borde de la alta muralla, perdió el
pie, la enorme mesa blanca se desprendió y botando de
aspereza en aspereza, no se detuvo sino á loe pies de
Naneen. Agitáronlo algunos espasmos y todo concluyó.
Eee oso llegó muy á tiempo: la despensa estaba casi
vacía. «Vivimos de esa pieza, dice Naneen, durante seis
S'emanae.,;
Bien pronto iba á sonar la hora de la partida. La pri•
mavera precedente cuando abandonaron el Fram, no te·
nían más que escoger trajes y provisiones de toda especie, de las que poseía el buque. Ahora el viaje que te·
nían en perspectiva era menos largo sin duda, pero estaban entregados sólo á sus propios recursos.

EL MUNDO
UN DÍA DE: 1.MOCIÓN

DOMINGO

,a

DE IULIO DE

,a,n

Hace algunoedías nos atacaban las morsas, nos era preciso
nadar sobre el agua helada para salvar nuestras vidas; lle•
vábamoe una existencia de ealvsjes. Y he aquí que ahora
vivimos la vida de loe europeos civilizados; que estamos
rodeados de todo el lujo y de todo el bienestar qt•e la
civilización puede procurar.
«...... Era más de medio día el 17 de Junio, cuando salí de la •tienda para preparar el almuerzo. Había ido
hasta el borde del hielo á buscar agua salada, cuando
percibí que la bruma se había disipado un poco y juzgué
que era /a hora de examinar loe alrededores. Monté sobre un hummock, tendí mis miradas y de pronto hirió mi
_oído algo seme jante al ladrido de un perro......
Tendí la oreja y no oí nada. Comenzaba á creer que
me había engañado, cuando loe ladridos tornaron á oírse
«Grité á Johaneen que había oído ladridos del lado de
tierra. Salió él del saco en que estaba dormido y se pre•
cipitó fuera de la tienda, «Perroe!n Sin comprencter prestó
oído á su vez,. volvió convencido deque era ilusión míe.»
Naneen razona:
«Si hay alguien aquí, no estamos, pues, en la tierra Gillie ó sobre alguna CJtra playa conocida como lo creímos
todo el invierno, sino más bien al sur de la tierra Fran •
cisco José...... »
«Con este tumulto de pensamientos me encaminaba á
través de los hummocks y las asperezas. De pronto creí
oír el !onido de una voz humana, una VO'I. extrai'ia-la
primera hacía tres af!.os. Mi corazón palpitó; la sangre
afluyó á mi cerebro, escalé un témpano y llamé á plenos
pulmones. Esa voz humana en el desierto de hielo era
mi patria, mi hogar; era la vuelta al lado de aquella que
me espera. Yo no veía más que esto, en tanto que corría
al través de los amontonamientos de hielo,
«Era ese Jackeon que iba á expedicionar en la tierra
de Francisco José cuando yo salia de Noruega, ó bien
algún compatriota? Avanz11mos rápidamente el uno hacia el otro. Yo agité mi sombrero, él agitó el suyo; le oí
hablar al perro y escuché. Era un ioglée; cuando estuve
más cerca, creí reconocerá M. Jackson, áquien recordaba haber visto una vez.
«Le saludé; nos tendimos la mano con un cordial: «Co es•
tais?» Por encima de nosotros una tela de bruma; á nuestros pies la banquisa; en el fondo una fisonomía de tierra que huye bajo el hielo y en la bruma. De un lado el
europeo civilizado, un completo inglés calzado de altas
botas impermeables de caucho, bien afectado, exhalando
un perfurme de jabón odorífero;-y frente á él el hombre
salvaje, vee~ido de inmundos andra¡oe, negro de aceite
y de sebo, con loe cabellos incultos y la barba hirsuta,
con un rostro cuya rubicundez natural había deeapa·
recido bajo una espesa capa de grasa.
-Me alegro en extremo de veros, me dijo Jackson.
-01 lo agradezco mucho.
-¿Tenéis un buque aquí?
-No, mi buque no está aquí,
-¿Cuántos sois vosotros?
-Tengo un solo compañero en el hielo.
Y así &lt;líciendo, habíamos comenzado á dirigirnos hacia
la tierra. Yo suponía que me había reconocido ó que
cuando menos había adivinado quién era yo, no pensan•
do que ningún hombre totalmente extraf!.o y de mi apariencia inquietante pudiese ser recibido tan cordialmen•
te. De pronto se detuvo, me miró bien á la cara y me
dijo:
-¿No seríais por ventura Naneen?
-Sí, yo soy Naneen.
-¡Por Júpiter! ¡Me alegro mucho de veros!
Y me asió la mano que sacudió de nuevo, en tanto que
todo su rostro no era más que una sonrisa de bienveIJida
y que la alegría de este encuentro imprevisto radiaba en
sus ojos negros.
-¿De dónde llegáis, me preguntó?
He dejado el Fram á loe 81º de latitud Norte, después
de haber derivado durante dos ai'ioe. He alcanzado el
86º 151 • Ahí debimos deshacer el camino en la dirección
de la tierra Francisco José. Pero nos hemos visto obliga•
dos á invernar y actualmente nos dirigimos hacia el
Spitzberg.
-Os felicito de todo corazón. Habéis hecho una bella
excursión y tengo una alegría de todos loe diablos e ser
el primero en felicitaros.

«.A.l llegar la noche, nos detuvimos al borde del hielo á
fin de estirar un poco nuestras piernas que se habían an•
kiloeado todo el día en los kayaks. Queríamos también
escalar un hummock para interrogar el horizonte. En el
momento en que nos íbamos á acostar, se impuso el problema de saber cómo íbamos á amarrar nuestras preciosas embarcaciones. D~spué3 de algunas vacilaciones, nos
servimos de una driea hecha de piel de moras. No se ne•
cesitaba. un cable muy fu~r&amp;e para retener nuedtros kayaks ligeros.
Cuando habíamos ascendido al hummock más próximo, Johaneen exclsmó de pronto:
Los kayaks se van con
la corriente!
«B.ijamoe á toda prisa.
Ya estaban muy lejos y
derivaban rápidamente,
El cabte había cedido.
-«Tened, tomad mi reloj» dije á Johansen de•
semb.;razándome al mis•
mo tiempo de algunas de
mis ropas, á fin de nadar
más fácilmente. No osaba
desvestirme del todo por
temor de un accidel,lte.
Salté al agua El viento
~Oplaba del bordo y loe
kayake, con su ligereza
nan una presa muy bue•
na. Su derivación seacen·
tuaba.
«El agua estaba helada;
mis ropas me paralizaban. Lejos de ganar distancia :sobre los kayaks,
vensaba podia seguirlos.
Tt!mía no poder llegar jamás hasta ellos. Pero ahí
se iba toda nuestra eepe•
ranza; todo lo que poseíamos estaba á bordo; no
Nansen oye 1adrid :&gt;s.
teníamos con nosotros ni
El invierno en la choza había concluido con sus trajee. aun nuPstros cuchillos. «Que yo me ahogase ó que volIngeniáronee para covfeccionar unos nuevos con sus viera á la playa sin los kayake, venía á ser lo mismo.
«Redoblé mis esfuerzos. Cuando me fatigué, me tendí
abrigos y en reparar loe que podían soportar aun un remiendo, en remontar su calzado con ayuda de piezas de boca arriba y seguí nadando de esta suerte; podia ver á
piel de morsa y en hacerse calcetines, guantee, un lecho- Johaneen marchar sin detenerse por el bordo del hielo.
saco de piel de oso. Habíanee proporcionado hilo, des• Pobre muchacho! no podía estar tranquilo y encontraba
hilando la tela de álg~dón de algunos sacos de provisio- espantosa su impotencia para obrar. Casi no esperaba
nes. Durante muchas semanas, desde la mai'iana hasta mi victoria, pero en nada hubiera mejorado nuestra si•
la noche, la aguja no descansó. Ll choza habíase trans• tuación si él también se arroja al agua. Después me dijo
formado súbitamente en un taller de sastre y de zapate- que esos momentos habían sido loe peores de su vida.
«Cuando me volví de nuevo, testifiqué que estaba un
ro. No había ya, en la existencia de los dos hombree,
poco más cerca de loe kayake, y me vino de nuevo el
lugar para el fastidio.
ánimo. Sentí, sin embargo, que mis piernas se entumian
Abril ee pasó y llegó Mayo.
«Martes 12 de Mayo.-Dí ahora un adiós á mis viejos gradualmente y perdían toda sensación. Bien pronto ya
pantalones. ¡Cuántos servicios me han prestado! Pero no me sería posible moverlas. Pero quedaba poco cami•
ahora están cán pesados con la grasa, que deben pesar no por hacer¡ ei podía mantenerme unos instantes más
muchas veces su peso primitivo. Si yo los torciese corre• sobre el agua, me salvaba, nos salvabamoe ........ .
«Continué; mis brazos debilitaban mas y más; pero la
ría el aceite. Es una sensación deliciosa la de ponerse
pantalones nuevos, ligeros, blandos, y hasta cierto pun- distancia disminuía sin cesar......
Pur fin pude extender la mano hacia la madera de un
to exentos de grasa.»
Para una expedición en trineo, debe uno proveerse de víve- ski, el cual estaba dispuesto de abajo hacia arriba; lo así
res nutritivos bojo un peque ii.o tolú men, i-ariados hastri don- y estuve bien pronto pegado áloe kayaks: eetabamoe sal·
de sea posible, de trineos sólidos, etc., etc. Naneen conocía vados! Ensayé izarme sobre las enbarcaciones, pero mis
de memoria todas estas máximas del coleccionismo ár- miembros ya no me obedecían. Por un instante deeeepe•
ré. Al cabo de un momento logré, sin embargo, lanzar
tico. Pero ¡ay! zómo ponerlas en practica?
Para la continuación del viaje habíase separado un po- una pierna por encima del borde del trineo que reposaco de harina de pemmican, chocolate y pan. Mas cuando ba sobre el kayak de la izquierda. Así enarcado, logré
loe dos noruegos visitaron su depósito, experimentaron izarme y me senté. No era fácil remar en la doble em·
un cruel desengaño: toda había sido deteriorado por la barcación. Tenia que dar dos ó tres golpee de remo á la
hnmedad; el chocolate había sido disuelto, la harina es• derecha de loe kayak y otros tantos á la izquierda.
«Sí hubiera podido separar las doe embarcaciones y
taba mojada, el pemmioan en putrefa~ción. Fué preciso
tirarlo todo, salvo una pequeña cantidad de harina de remar en una remolcando la otra, la tarea ha bría sido
m.1iz y el pan que sólo estaba humedo y que se pudo co- más fácil, pero no osaba ensayarlo. Me hubiera helado.
mer después de haberlo pasado por el aceite hirviendo. Remar era el sólo medio de conservar lo poco que me
«Cargarnos de tanta carne de oso y de grasa de morsa quedaba de calor. El frio me había quitado toda sensacuanta podríamoejllevar, dice Naneen, era todo lo que que- ción. Sin embargo, si venían bocanadas de vientos pare·
daba por hacer. 'ia que no ligereza, estas provisiones cían que me traspasa óau. Dentro de
ofrecían cuando menos 111 ventaja de ser reemplazadas mi delgada camisa de lana mojada,
en el curso del camino, según nuestras nec8eidadee. La todo mi cuerpo temblaba; caetañe·
parte más importante de nuestro equipo eran, deepuéade teaban mis dientes; estaba transido.
«De pronto percibo dos gaviotas.
todo, nuestras armas de fuego. Felizmente las habíamos
conservado en buen estado y nos restaban una centena T,mer gaviotas para cenar era de·
maeiado tentador-nos amenazaba
de cartuch9e de bala y ciento diez de municiones.»
el hambre;-cogí mi fusíl y las maté de un tiro. Johansen me di¡o
EN CAMINO HACIA EL SUR
m;ie tarde que se había extreme•
El 19 de Mayo, por fin, Naneen y Johansen abandona- oído al oír el tiro. Juzgó que algo
ron la choza que loe había abrigado por más de ocho me• fatal me acaecía. Después, cuando
ses. Antes de dejarla, redactaron un corto informe de su me vió recojer las aves, creyó que
.
viaje y lo encerraron en un tuvo de cobre que había sido me había vuelto loco.
«Por último, llegué á su lado y
el cilindro de la bomba de aire de su lámpara de petro·
leo. El tubo fué cerrado con un tapón de madera y ~us- á duras penas pude vol ver al calor.u
Los días siguientes Naneen y
pendido del techo por un hilo de fierro.
El mar no estaba libre aun. L'lB kayaks fueron, pues, Johansen navegaron á la vela por
car¡:adoe sobre los trineos, á los cuales se ataron loe dos un mar en que pululaban las moviajeros. Tantos meses de una existencia sedentaria, mal ras, viéndose expuestos á mil peli•
gros.
loe había preparado para las fatigas de la marcha.
Pero fueron estas las últimas
Sus piernas no los obedecían bien, así es que me primerne jornadas fueron muy cortas. Avanzaban en una pruebas. Al día siguiente, Naneen
dirección sud-oeste, creyendo dirigirse hacia la tierra Gi• y Johansen, treinta y cinco meses
llia, al nor-eete del Spitzberg. Por la noche para acam- después de la parLida del Frani de
par, levantaban una especie de tienda, arrojando sobre Vardre y quince meeee después de
loe trineos, diapueetoe paralelamente, las velas de los ka- haber abrndonado el Fram, iban á
encontrarse inopinadamente en
yake.
medio de sus eemejan~es.
S.&gt;lían hallar regiones de agua, mlS d emisiado paque
ñas para una navegación fructífera.
Et 12 de Junio, el agua dulce se extendió una vez más EL E NCUE:-ITRODE N ANSEN Y J.ACKSO:)!
antd sus ojos, pero ese día de feliz navegación fué marca•
«Martes 118 de J1rnio. -¿Duermo
do p)r el m \Jor peligro que hubiesen corrido nunca.
acaso?¿ Acaso suei'io? ¿ €stoy rodMdo de realidades ó de visiones?......
Encuentro de Nansen y de Jackson.

DOMINGO 18 de JULIO de

,a,n

-~~~~~=~~==~~========~~~==~

Estación del cabo Flora.

La estación de Jackson en el cabo Flora se componía
·de una casa baja construida de maderas superpuestas horizontalmente, á la moda rusa, de un establo y dependencias...... «Era, dice Naneen, un nido caliente y confortable en ese medio desolado. El techo y loe muros estaban cubiertos de tela verde. Sobre las paredes había
fijadas fotografiae y grabados; unas repisas soportaban
loe libros y los instrumentos. En medio de la cámara ardía un fuego de carbón hospitalario. Un singular estado
de espíritu se apoderó de mí cuando me senté en una silla cómoda en medio de todo ese ambiente de bienestar.
Las responsabilidades, las inquietudes que durante tres
años habían pesado sobre mí acababan de deeaparacer
de un solo golpe. Estaba en un puerto seguro; mi deber
se había cumplido, mi tarea babia terminado; ya no te·
nía más qu~ descansar y esperar; fué servida la comida y
encontré delicioso el pan, la m!lntequilla, la leche, la azú ·
cor, el café, todas las cosas sin las cuales habíamos aprendido á pasarnos, deseándolas siempre sin embargo.
«Johansen, á quien Mr. J ackson había enviado á buscar
con algunos de sus hombree, llegó bien pronto con ellos.
No le habían permitido tocará los trineos. «Yo estaba
en medio de ellos, dice, como un pasajero en un buque.
He viajado muchas veces sobre la banquisa, pero eata es
sin comparación la más agradable.,,
Un momento después, Naneen y Johansen no se reco•
nocían ya. Habíanae despojado de sus trajes, habían to·
mado un baf!.o caliente, se habían jabonado á su satis·
facción y se hablan vestido loe trajes limpios puestos á su
disposición, habían cortado sus cabellos, se habían afeitado, convertlanse en una palabra en europeos, con más
rapidez que la de su transformación precedente en sal·
va¡es trogloditas.
Al mismo tiempo comprobaban con gran sorpresa que
su pee.o había aumentado sensiblemente desde que aban·
donaron el Fram; resultado que honra las facultades alimenticias de la carne y de la grasa de oso con que exclu·
eivamente se habían alimentado durante el invierno.
LA VUELTA Á NORUEGA,

Durante algunos días, Naneen y Johansen se entrega·
ron por completo áloe goces del confort y al placer de
conversar con otros hombree. Como distracción, acoro·
paflaban á J ackson y ~ los otros mie_mbroe d;e. la misión
en sus cacerías á oeoe ingénuos que iban á visitar la es·
tación del cabo Flora, tomaban instantáneas y visitaban
loe alrededores. Jackson y_ Naneen reparaban y corregían
mutuamente sus cartas. U na comparación de loe relojes
de los dos noruegos con el cronbmetro del explorador
inglés había acusado un error de seis grados y medio
en todas las longitudes observadas por Naneen. Con este
dato ya se pudo rectificar los cálculos; una carta de con·
junto de la tierra de Francieco José, fué trazada comple·
tando la de Payer, y Naneen dió el nombre de tierra
Frederick Jackeon á la isla sobre la playa de la cual habla invernado.
.l!:ntre tanto el tiempo pasaba y el navío de la expedí•
ción Jackson el Windward, no llegaba. Naneen y Johaneen sentíans~ dominados por la impaciencia y un poco
también poi la inquietud. ¿No acabarían por retardarse
de tal suerte que se vier~n obligados .á pa~ar_aún un invierno lejos de su país, em haber podido eiqu1e!a dar noticias suyas áloe que loe esperaban? Convencidos estaban de que antes del otoi'io el Fram estaría de vuelta eu
Noruega. Ellos que habrían debido precederlo en un
afio, no llegaría~, pues, sino largo tiem_PO más ~arde? ¿'f
quien en ese caso no los supondría perdidos, quién babia
de creer que habían errado dos años sobre la banquisa
polar sin sucumbir á las fatigas y al hambre?
Muchas veces loe dos noruegos lamentaban haberse
detenido adormecidos en medio de las delicias de la Ca•
pua del cabo Flora· muchas veces estuvieron á punto de
despedirse de sus huéspedes, de subir de nuevo á sus !rá·
giles ka yaks y de intentar la travesía que los conduciría
al Spitzberg.
La mai'iana del 26 de Julio, por fin, Jackson despertó
á Naneen, tirátdole de loe pies, y le anunció encantado
que el Tl'ind1rard estaba ~hi. .
,
El H'indil'arcl, que babia partido de Londres e, 9 de Ju•

EL MUNDO

nio y de Vardre el 25, lle• lar.noruega habían llegado sanos y salvos y que Naneen
vaba áNaneen buenas no- esperaba el Fram en el curso del otofio.
Después de tres días inolvidables pasados en Vardre en
ticias de los suyos. Del
mundocivilizado llevaba, medio de una población delirante de entusiasmo, Nan•
á la colonia de loe deste· sen y J ohansén vol vieron á bordo del Windward para dirradoe del cabo Flora, rigirse á Hammerfeet.
nuevas asombrosas: Se foEL •FRAM» .ACUDE Á LA CITA
t, grafiaba á las gentes á
1ravée de puertas de mu•
Fué en Rammerfeet donde la eei'iora Naneen se unió á
chas pulgadas de espesor,
uua bala en el cuerpo del su marido, al cual aclamaba el pueblo, y fué ahí también
que la había recibido; los donde el doctor Naneen recibió el 20 de Agosto eete tejaponeses habían vencido legrama:
«El Pram ha llegado en buenas condiciones. Todo va
á los chinos; había sido
construido un hotel en el bien á bordo. Partimos al in&amp;tante para Tromsre. Feliz
8pitzberg, y el sueco An- regreso.
drée esperaba un viento
Otto S.erdrup.n
favorable que le permi•
Así pues, el Fram confirmaba exactamente las previtiese partir en globo para
siones y las predicciones de Naneen, que no solamente
el Polo ...... etc., etc.
Cuántos motivos de no había desesperado jamás de su retorno, sino que le
asombro habría habido había asignado una fecha precisa.
Naneen había querido ser el primero en acudirá la cipara Naneen y Johansen
ta y he aquí que el Fram, como no había querido prolonFÍ se hubieran dirigido di·
rectamente al Spitzberg y gar una espera de todas suertes dolorosa, llegaba á su vez
hubieran caí.lo con su al punto indicado.
...... Después de la partida de Naneen y Johaneen el 14
aceite y su grasa ea medio
de una banda de excur· de Marzo de 1895, el Fram había continuado su lento
sionistas de la agencia viaje de derivación; todo lle110 de recodos y de idas y
venidas, pero con una direción general constante. El 15
Cook!
E l 7 de Agosto el W in- de Noviembre de 1895, había alcanzado la latitud de 85º
dward levó anclas y se di- 55' á penas 35 kiló10eiroe más al sur que el paralelo al
rigió al Sur después de ha• cual habfa llegado Naneen. Si este, se ua dicho, hubiese
ber tomado á bordo, C&lt;'n esperado tal fecha, acaso habrla llegado hasta el polo.
Naneen y Johaneen mu• Pero no habría podido ponerse en camino al principio
choe de los miembros de del invierno; y al comenzar la primavera de 1896, el Fram
no estaba más que á los 8-1° como en la primavera prece ·
la expedición Jackson que volvían á Inglaterra.
La travesía fué feliz y i:ápida: el capitan del Windward dente.
La salud, la discip.ina, el buen humor, no se han de•
tenia enpeño en llevar sus pasajeros á su país antes de
bilitado á bordo del buque. A fines de Mayo de 1896 se
la llegada del Fram.
«En la tarde del 12 de Agosto vi ante nosotros, muy ba- había encontrado á flote; pero durante dos meses y meja en el horizonte, una cosa sombría. Qué era? A estribor dio aun permaJ&gt;eció aprisionado en la banquisa. Solaeso se extendía hacia el Sur, muy bajo y muy plano. Yo mente el 13 da Agosto habla llegado á la mar libre, á pono tenía demasiados ojos para mirar: era la tierra; er'a quísima distancia de las costas septentrionales de la tie•
la Noruega! Yo estaba como petrificado, fascinado por rra del Oeste del Spitzberg. Et mi~mo día cruzóee con un
buque noruego-Las H ermanas, de Tromere-ocupado
aquella línea sombría, á lo lejos, en la noche.
Cuando subí al puente al día siguiente ea 11' mai'iana, en 1a pesca de las focas y de las ballenas. En las islas da•
eetabamos cerca de la tierra. Esta era desnuda é inculta, neeas el Fram se detuvo para hacer agua y encontró al
apenas más atractiva que ia que habíamos dejado en me· vapor Virgo y al globo de la expedicibn Andrée. Vuelto
dio del oceano Artico: pero era la Noruega! ...... Cuando á partir el 15 de Agosto, echó el ancla el 20 en el pequeel bravo capitán Brown dijo mi nombre al viejc- piloto no· f!.o puerto noruego de Sk¡rervre y fué entonces eolaruenruego que subió á bordo, una expresión indecible, mez• te cuando Sverdrup y la tripulación del Fram tuvieron
cla de alegría y de estupor, transfiguró ese rostro usado noticia de su jefe y &lt;le su camarada Nansen.
Saliendo de la banquiea al norte del Spitzberg, el Fram
por el tiempo. Estrechó mi mano y me deseó la bienve•
nida como á un rcleucitado: hacía mucho tiempo que la había, pues, ejecutadCJ ha~ta el fia el plan &lt;1el doctor
creencia publica me juzgaba muerto......
Naneen.
Cuales sean loe resultados cientificoe adquirido! por
«Antes que se echase el ancla en el puerto de Vardre
yo había saltado á un bote con Johansen, para llegar esta expedición sin precedente, no es este lugar á proposimás pr,mto á la ofbina de telégrafos. Bien pronto estu- to para decirlo, y además, Nansen no lo ha expuesto aun
vimos en el muelle, pero á pesar de todo habíamos con, sino sumariamente. Pt1ro la ruta del polo se ha encon•
servado bastante nuestra apariencia de piratas para que trado: la derivación ya sea debido á los vientos solamen•
nadie nos reconociese. Las gentes nos miraban apenas y te ó bien á la acción combinada de loe vientos y de una
la sola que pareció prclstarnoe atención fué;una vaca inteli- corriente, la derivación existe; la hipótesis tormulada
gente que se detuvo en medio dl! una calle estrecha y por el profesor l\fohn en 1884 y audazmeotti adoptada
nos contempló con asombro. Era una visión tan regoci- por Naneen, se ha verificado.
El centro es el medio de un blanco; disparado el pri•
jada la de aquella vaca, tan bien evocaba una escena de
estío, que me vinier-&gt;n deseos de acariciarla: ya sentía roer tiro, en la dirección querida, ha pasado muy cerca
del objetivo; no queda mas que rectificarlo.
entonctie que estaba en Noruega .........»
El 25 de Agosto en el puerto de TromEre, Naneen vol•
Nansen habla preparado una centena de telegramas,
dos de los cuales eran de unas mil palabras poco más ó vió á ver el Fram; lo había dejado medio hundido en la
menos. Cuando los ojos del emplado cayeron sobre la banquiea; lo encontrab" flotando, libre y orgullosamente,
firma del primer telegrama, su fisQDomía cambió súbita- en laa aguas noruegas...... «no intentaré, dice Naneen,
mente y encontró calurosas palabras de bienvenida. Los describir la reunión que siguió. Estábamos todos juntos
telegramas iban á ser enviados inmediatamente, más ha- otra vez, estábamos en Noruega y la expedición había
había tarea para muchos días y para muchas noches. El lienado su objeto.»
«...... Por la noche yo eEtaba de pie al borde del jjord;
aparato comenzó inmediatamente á producir su tic- tac,
y á enviará los cuatro rincones de Noruega y del mun- habíanse extinguido loe ecos, y los bosques de pinos esta·
do la noti,::ia de que dos miembros de la expedición po• ban silenciosos y sombríos al rededor de mí ...... Sobre el
promontorio la última brasa de lar, fo.
gatas se extioguia y humeaba, y el
mar, chapoteando á mis pies, parecía
murmurar: «Ya estás en tu casa.» La
profunda paz de una noche de otof!.o
se extendía, benéfica, eob1e el espíritu
fatigado.
«Yo no podía impedir el recuerdo
de aquella lluviosa mafiana de Junio,
en que por última vez puse el pie eo1:re la playa. Más de tres años habían
pasado. Nosotros habíamos trabajado,
habíamos sembrado y ahora venía la
cosecha. En el. fondo de mi corazón
sollocé y lloré de alegría y de reconocimiento.
«La banquisa y los claros de luna de
las largas noches polares, me parecían
como un suef!.o lejano de gtro mundo
-un sueflo que había huido como vi•
no. Pero que valdría la vida sin sus•
sueños?
__:¡:.;f.,......,

·:1'::.í:•:
•.

• f-

Na .1 sen y Johansená au llegada á l,1 estación del cabo Floro1,

FIN.

�EL MUNDO

DOMIIIGO II DE JULIO DE altn

NOTASDELA
MODA
Tres cu•rpos blusas.

Figttras 1, 2 y 3.

1'!--Esta ee de serpentina
azul obscuro, adornada con
cintas de terciopelo negro y
abierta sobre un cuerpo de
foular crema/Cuello y cinturón de listón fantasia.
2'!--La otra ee de foular roJO con encajes negros, y perdido su ajuste debajo de un
olan bordado que cae al lado
izquierdo.
3~-Esta última es de ba•
tista rosa, adornada en pi•
cos por encajes blancos y
cintas de terciopelo nPgro.
Las mangas tienen jokeys
adornados de la misma ma•
nera como la corbata y lazo.
Cuello y cinturón de raso
blanco.

'

}_¿/

Fig ttras 4 , 5, 6 y 7.

( Figuras 1,

2

y

3.)

Traje de piqué pompadour.

5?- Se compone de una chaqueta fígaro de estilo
enteramente nuevo, pues además de aldetas, tiene
jockeys sobre las mangas y se une sobre el pecho
por dos picos adornados de cinta inglesa. Esta cha•
quetita ee de piqué color de oro.
Vestido para niña de 12 .á 13 años.

6?- Este es de piqué crema adornado con cintas
negras.
Traje de alpaca Serge.

7?-La faldll se adorna co-i¡ cordón de espiga; el
bolero, con te1eiopelo negro y la misma cinta.
Cuerpo interior de lino azul pálido, con pliesés y
tira bordada. Cinturón de raso azul.
LECTURA. P A.KA. LAS DAltIAS
VIGILAR SOBRE TODO

Ropa interior de lana y foular.

SS

«Yo soy dichosa con mis tra•
poi vi,jos,11 decía una de eeas,
mujeres de orden.
Además, si alguna vez bacan•
eado risa una mujer de hilarhas,
rara vez se ha visto reducida á:
la míeeria aquella cuya previ•
sión sabe aprovecbarlo todo para el manejo de eu casa, y haceque todo sirva, los restos demuebles, loe jirones de lienzo,
los papeles ioservibles, las eo-bras de la cocina, etc.
5? En fin, una ama de caFa
debe tener mucho cuidado de
CÓMO SE :NOS PUEDE ENGA~ AR?

Vestido para niño de 6 á 8
años.

Lo que acabamos de decir sobre lae compras y
ventas: No desconfiéis de nadie, pero tomad precauciones con tcdos.
No contéis enteramente con otro más qne con
vos para la vigilancia: voe sola tenéis interés real
en la prosperidad de vuestra casa; ella no depende
sólo de vos tal vez, pero puede decirse que el impulso no se le puede dar y sostener sino con vuestra preeencia.
No sin razón los antiguos decían: La vida del
amo siembra el dinero.
Una ama de casa debe tener cuidado:
1? Que nada se pierda. Debe, pues, saber bien to·
do lo que tiene, hacer inventario de la ropa en cada lavado, exigir que todas las noches, la vajilla
los cubiertos y demás cosas del servicio diario, sea~
contadas y depoeitadas en su aposento.
8? Que nada se desperdicie. Debebe por lo mismo conocer bien las cualidades de lae cosas, las que se pueden
guardar y lae que se deterioran fácilmente; saber lama•

EL MUNDO

que no se la engañe.

Trajes de oaID.po.

4?-Este es de lino azul con
adorno de cinta acordonada.
Chaleco de piqué crema.

DOMINGO II d•JUUO d• 1897

Bata de diagonal vista en tres fases.

nera de conservar las provisiones; reservarse para
sí la preparación de las que exigen mayores gastos
loe dulces, los licores, por ejemplo. ¿No se ve de 3~
de lueio, la necesidad que hay de que entendáis
de cocma para vigilar sobre loe preparativos que se
hace~ E!n ella .Y sa~er arreglar los gastos? No se sa.
brá vigilar bien, smo se sabe hacer bien aquello
que Be quiere vigilar.
8? Que n11da ae deteriore. Debe, para esto, ir por
todas partes, óbservarlo todo, limpiar, ventilar
ordenar l_as reparaciones urgentes, y ver que nad~
estorbe n1 esté fuera de su lugar.
.;? Que todo sea recogido y conservado con cuidado
aun las cosas que parecen más inútiles. Debe pues'
cuidar de que se recojan todas aquellas cos~e qu~
se desparpajan en la casa, lo que encuentra tirado al paso, lo que ya está fuera de servicio que tal
vez los criados iban á arrojar á la basura.'
Todos esos objetos se colocan en esos viejos cuar•
toe inhabitables, que se llaman cuartos de estorbos
y allí se encontrarán con seguridad, cuando se de'.
se~~• ya para las reparaciones de la casa, ya para
ahvio de los pobres, una multitud de cosas que
realmente pueden servir.
A la recomendación de recogerlo y guardarlo to·
do, afiadimos la de hacer, por lo menos una vez
en el afio, 11na visita domiciliaria de caridad á esos
cuartos, en todos sus rinoones y escondrijos.
Queréis encontrar allí muchas riquezas? Hacéos
acompafiar por una pobre madre de familia¡ de·
cidle_ que ella busque. Veréis como ella sabr des•
cubrir, en _medio de aquellos.muebles viejos y entre
aquellos giro.aes de ropa, algunos tesoros para su
casa.

Ahora bien, se os podrá en•
gafiar:
1? Porpé:rdida del tiempo, cuando loe criados emplean para sí
las horas que debían emplearen el trabajo de la casa. Es cierto que es necesario que tengan
horas para sí, destinadas á lavar
y á remendar su ropa, etc.; pero este punto demanda una muy
particular vigilancia. Algunas
veces trabajaban no sólo para.
sí, sino para personas extrafiae,
lo cual les proporciona un au•
mento de sueldo.
.
Durante la 11oche, regular-mente, cuanclo todo el mundo
descansa, es cuando ee hace eee
trabajo suplementario. «Es mi
tiempo, es el tiempo de mi sueño el que tomo, os a.irá una criada á quien hayais,
sorprendido en estas faenas; este tiempo me pertenece. 11 Si, pero esta velada la pondrá lenta y perezosa para el trabajo del día siguiente; el alumbrado se
gasta, y una lámpara ó una bujía encendida puede·
ocasionar una multitud de accidentes.
2? Se os engaña p or inteligencias y cohechos con los,
proveedores, que algunas veces anotan los objetos
con un precio más alto que el pactado, 6 indican un
~eso ó una calidad distinta del peso y calidad que
tienen los efectos que han entregado, y parten el di-nero así robado con la criada ó criado infiel.
Los criados y criadas suelen también aumentar á
la cuenta que os presentan, algunos centavos demás,
s_o pretexto de que ellos han regateado, y que la uti •
lidad que han obtenido por la diligencia que han hechn, les corresponde por de1echo.
Id vosotras mismas algv.nas veces y en distintos
tiempos, á hacer las compras al mercado y á los almacenes; como por casualidad sorprended alguna.
vez á vuestros criados al estar comprando, pero p10cur:d no dar á conocer que notáis su embarazo.
3. Se os engafia por glotonería., cuando los domésticos se comen las cosas á excusas vuestras; cuando toman para sí lo que habíais reservado para vosotras .
e:omo las frutas ó dulces exquisitos, los manjares de'.
hcados; cuando se beben, ó hacen que otros beban
el víno ú otros licores destinados para la mesa de los,
amos.
4? Se osengafiaporunacaridadmal entmdida cuando los domésticos dan á los pobres más de '10 que
vosotras habéis fijado, ó lo que es más común cuando sin vuestro permiso envían á sus parientes pobres! lo que sobra de vues_tra mesa, ó aun vuestros
vestidos que ya no os ponéis.
5? Se os engafia por emplear en provecho de otrns loque no debe emplearse sino en pro:vecho do la casa. Cuán.
tas veces una _lavandera, por eJemlo,. lava, antes que
vuestra ~op~, la rop!' de. toda su familia, robandnpor cons!~1en!e el tiempo que le pagais y el jabón
que swmp1strá1s.
Se ve por esta exposición, y aun no hemos revelado más que algunos de los más comunes secretos,,

Figuras 4, 5, 6 y 7·

vulgarmente llamadas Sfaa, se ve, decimos, cuán necesaria es la vigilancia, y cuán necernrio es también que una
ama de casa sea la última en meterse en la cama por las
noche!!, y la primera en levantarse por las mañanas.
VI GILANCIA. MORAL

La vigilancia moral causa otras muchas inquiet_udee.
No es nuestro objeto hablar de ella aquí; sólo áebé1~ ea·
ber bién que la probidad no se coneerv9: por largo tiempo sin la práctica de la piedad, y que ahmentar una pasión cuesta más dinero, dice un proverbio popular, que
ua caballo en la caballeriza.
No dejéis crecer alguna de el!as en v.uestro C?~ezón, y
procurad descubrir para destruirlas ó para deb1htar sus
efectos, las que germin~een en el. alma de vuestros domésticos: la pasión del hcor y del Juego en los h?m bree,
y la coquetería y el deseo de agradar en las mu¡eree, se
encuentraa, más ó menos, en el fondo del alma de todos.
TENER CUIDA.DO DE LOS P EQUEÑOS DESÓRDENES E N E L GASTO

Enaguas de alpaca con adornos de plissé y encaje.

Ya hemos hablado de estos pequeños desórdenes en el
gasto. Cuando se estudia con atención el malestar y la

escasez que reina en un grari número de casas, se ve con
facilidad que ese estado vecino de la miseria proviene
menos de la pobreza de los recnrsoe, que de cierto desorden que no se ha impedido, ó por descuido ó por pereza,
y que ha sido causa de una multitud de despilfarros diarios, que considerados aisladamentl', son poco importantes, pero cuya reuaion ha venifo á abrir un vacío en las
rentas.
Se dice vulgarmPnte que las}6venes tienm las manos horadada8, y que el dinero M puede contenerse en ella8. ¿Y no
habrá también así muchas caeas ó fami liae llenas de agujeros por donde se escapa sin provecho el dinero que reu•
ne-el trabajo?
¿Y no eerá mt y útil hacer una indicación acerca de
esos despilfarros ó desperdicios de dinero? Conocerlos
será el medio de evitarlos.
EN L AS COMP RAS

Los hav en lae compras que no han sido rigurosamente indicadas, que se han hecho en tiempo inoportuno, ó
que no se han vigilado; en aquellas sobre todo, que han

te oído por móvil unicalllilnte la vanidad, el capricho 6 el
simole atractivo;
Ya es un objeto de arte que se ha visto ea una expoei•
ción ó en el saló!!. de nna amiga; se le quiere poseer.
Ya es un tocado ú otro adorno ·que se ha oído ologiar;
se quiere ser admirada también con él.
Es tam bien con frecuencia un simple utensilio del menaje, que agrada únicamente por su forma, y COD el cual
sin embargo, no se tiene que hacer.
Ya hPmos hablado de la manía de comprar colecciones
fútiles; hay también mdnía de coltcciones útiks, no menos
diPpendioaa.
Una mujer tiene acumulado en su cocina óen su bodega tanto, que puede montar siete ú ocho m!ln11jes; y sm
embargo, como los nifl.os de quienes ella se burla, se dice
en cada nueva compra que hace: «Algo más de esto," y
va amontonando más.
·
Nada es tan inútil como la manía de cosas útiles, y nada Robre todo arruina tan pronto.
No comp1éis, sino al día siguiente, el~objeto de que te
néis deseo y que no es abeolutamete necesario.
•

�:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

h

q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 3, Julio 18</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Lectura para las damas</name>
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                    <text>:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

h

q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

�~L MUNDO

''ELMlJNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

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EL MUNDO

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mes, y se cobra por trimestes adelantados.

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A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa&amp;o debe ser precisamente adelantado.
RÉGlBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE,

t11latas tbitarialts.
!tt huma dnbab br jlérico.
Ya nuestra excelente capital va tomando los perfiles
de una gran ciudad; ya loe domin¡1;os nos permitimos el
!ujo de coniar con cinco ó aeis lugares de espectáculos
públicos, todos ellos concurrilios; ya á la hora en que el
eol drclina, un rosario de coches atraviesa la arteria
principal de la población; tenemos lui eléctrica, pavimento agradable á trechos, paseos que se hermosean; pe•
ro todavía nos faltan otros elementos indispensables á la
vida de las modernas ciudades.
Nuestras casas son incómodas, mal repartidas; no hay
bastantes hoteles y los que hay no reunen las mejores
condiciones; en materia de alimentación, nuestras foa•
das no se muestran de lo más exquisito en el arte de Bri•
llat--Savarin; en suma, esta ciudad que ostenta una faz
luminosa, tiene, como la Luna, un hemisferio que no ve•
moa, ó tal vez que nos complacemos en no ver nunca.
Descuidos imperdonables se encuentran á cada paso,
y á nadie como al viajero se hacen perceptibles. Aquí el
que quiera comprar un ramo de flores ó media docena
de frutas, tendrá que surtirse en la vía pública y tomar
la mercancía de manos, no siempre limpias, del primer
Yendedor ambulante.
Aparadores sugestivos tenemos en las principales
calles de productos de importación; para los productos
nacionales no hemos sabido encontrar una envoltura
conveniente; los exponemos de un modo primitivo; co•
mo en las vi•jas f¿rias de los poblacho~, ee hacinan por
tierra en la plaza pública las mercancías destinadas al
coneumo del vecindario.
Y sin embargo, sabido es que una de las causas que
contribuye á aumentar la venta del artículo, es el arte
con que se presenta al comprador. Los franceses son
maestros en eeta materia, y una buena parte del extraor•
dinario éxito del comercio de esta nacionalidad se debe
á su exquisito cuidado en atenderá estos detalles.
La buena ciudad de México, con sus perfiles de gran
población y eue rasgos de deslumbradora mise en scene,
carece todavía de eeae menudencias que forman el prin•
cipal encanto de la moderna existencia civilizada.

íos tlan.co-.s tJ la agrintlturtt
Sd ha tratado en estos días de los servicios prestados
por los Bancos á las necesidades de las clases producto•
rae. Semejantes servicios se refieren principalmente al
anticipo de fondos, en favor de personas consagradas á
la explotación de la riqueza pública.
Pero entre estas clases hay grupos que, por su excelente situación económica, rara vez tienen que acudirá ope·
raciones de crédito. La indus'-ria de hilados y tejidos,
la misma minería, se encuentTan por algún modo aparta•
das de la acción bancaria; son industrias sólidamente
establecidas y con recursos permanentes para cubrir en
todo tiempo sus atenciones.
El gn1po que con mayor urgencia reclama el apoyo de
los Bancos, es el agrícola, que, por causas que no son del
caso exponer, se hallan muy distantes de la excelente

condición de las demás industrias. Se ha hablado mu•
cho en esta última época del crédito agr1cola, y sobre es•
ta palabra se ha pretendido fundar un B.1nco destinado
á favorecerá los trabajadores de los campos.
Por.desgracia no existe crédito eepecial ¡,ara determi ·
nado gremio. El crédito es tíaico é indivisible, y por
igual favorece al agricultor que al minero, al fa bricame de
mantas que al cultivador de pitahayas: el asunto es que,
las personas q,ie lo soliciten, &lt;Jfrezcan al banquero garan·
tfa material y moral para afrontar rna compromisos. To·
doe loa ensayos hechos en el extranjero, para fatablecer
un crédito ePpec,al agrícola, han fracasado, alguno de
ellos con JUidosa catástrofe.
Loe eetablecimien1os de crédito agrícola, que funcioaan
actualmente en Europa, son más bien cajas de mutua·
listas, en las que la solidaridad de todos loe asociados
reeponde de las necesidades de cada uoo. E,tas cajas
locales abrazan determinada region, por manera que
están al corriente de h1a condiciones económicas de cada
agricultor, sus poeibi1iJadeP. etc., y de este modo pue·
den fácilmente graduar el crédito dd que solicita un
anticipo.
Un B1nco establecido en la capital de una nación,
centro del comercio, con n1 g ,cios de gran perdpecti va,
siempre opondrá difüultadea y dilaciones á una opera•
ción de crédito en la que como prenda se le presente la CJ·
secha futura de una h1cienda á mil kilómetros de distancia. Mostrarse abierto áesta clase de operaciones ea correr un peligro eminente.
En este sentido, los B1ac)e locilee, los de loe E~tados,
como el que acaba de or6anizarde en el de México, son
los que están en actitui de bentficiar á la agricultura.
Ellos, CM conocimiento de los elementos de la zoaa en
que ee hallan radic1dos, pueden fácilmente inaugurar
el crédito agrícola que no será otro, volvemos á repetir,
que el que personalmente merezc1 cada agricultor, teniendo por termómetro la rasultante da la opinión libremente diecutida en q·1e esta p nonalidid teuga vinculados sus bienes.
0

Palftica Qirneral.
RESUMEN.~La guerra de Cuba y la anex16n de las
Islas Hawaii. - Una alianzs hispano-japonesa contra loa Estados Unidos.-Rumores infunoiados.-

EI concierto europeo.-Preponderancla en el Mediterráneo.-la marina francesa y la fortific•ci6n
de Túnez.-Recelos de ltalia.-Alem 1nia é lnglate•
rra. - Un incidente de trascendencia.-Explosi6n
de odio anti-germánico.

Des:ie hace varios días se ha repetido con insistencia
noticia de haberse concluido una alianza ofensiva y de·
fensiva entre el imperio del Japón y la monarquíaespa•
.flola. Señilaae como punto objetivo de esta aliaaza,
oponerse á la expansión territorial que se manifiesta en
los E3tados U nidos, ya proctirando la anexión de las Islas
Ha waii en el Pacifico, ya atizando la insurrección cubana
en el Atlántico.
El imperio del Sol Naciente herido en sus intereses al
ver desaparecer el gobierno independiente de Iüwaii,
pues con eso pierde un lugar seguro para sus explotaciones mercantila!, ha protestado primero, manifestando
su franca oposición á los pretendidos proyectos de aoe•
xión, y buscado después los medios que lo ayu ien para
contrarrestar la influencia de la Unión amerioana.
El Gobierno de S. M Católica, persistiendo An la
creencia de que la ayu la de los americanos es lo que prin•
cipalmente sostiene la guerra en Cuba, y pensando que,
faltos de ese apoyo, tiempo ha que los insurreclos ha•
brían sucumbido bajo el peso de los ejércitos de Weyler,
busca por su parte fuerzas extrañas que lo auxilien para
rechazar la oculta intervención de los Estados Unidos.
T11les son las razones que se alegan para explicar la
proyectada alianza.
Si existe en realidad, aun no se confirma la noticia, y
más bien recibe rectificacicnee frecuentes que parecen
tomadas de fuentes oficiales. Sfgueee, sin embargo, in•
eistiendo sobre el asunto, y se habla de aumento de la
escuadra americana en las aguas del P.icífico, de movi•
miento en los astilleros del Japón, de intentos de ad•
quirir buques nuevos en España y los Estados U nidos:
todo esto significa prevenciones poco pacíficas por parte
de los-gobiernos, y cuando menos anuncia r\lm1res sor•

DOMINGO

as

DE. JU_LIO DE 1897

dos de tormenta, rugidos lej1nos de futuras catástrofes ypor lo mismo, da lugar á comentarios de diversa índole.

***

En el orden puramente oficial, en lo qlle se llama la
corrección diplomática, el gobierno americano ha sabhlo
co~se:var perfecta neutralidad sobre la cuestién cubana.
lJierto es que en el Saaado Ee han oído diecursos ince11•
dialios y voces de alarma más ó menos hostilas contra la
nación eepañola, en fxploeiones de simpatía á favor d.,
la independencia de Cuba; pero la inviulabilidad de lo.!
senado•es y su inalineable derecho de expresar cuale~·
quiera opiniones, poaen á salvo de toda responsabilid,1 l
al gabinete de Wáshington.
Es verdad que ea PI :erritorio de la Unión se organinn
juatas, ee celebran meeting.j, se abren subscriciones pnrn
la guerra, y en la prens:i, en la cátedra, en la tribuna yaún en el púlpito, se propagan las iJea9 á favor de loe
que luchan por su libertad en el suelo antillano; es ver·
dad que de l~s puertos ame.ricanos p 1rten á la continna
expediciones filibusteras, que llevan á tierra cubana ele•
mentas de guerra; pero también por esto, libre está el g'l·
bierno de la Casa Blaac1 de las responsabilidades que se
le atribuyen: lo primero no puede evitarlo sin herir 1i-i
derechos de los ciudadanos guantizados por la Constitu·
c"óa, á lo segundo se ha opuesto siempre, evitando, cuan•
do ba estado en su mano, las expediciones a1madas que
quebrantan su correcta neutralidad.
No vemos, pues, lag razoaes que haya para la pretendida alianza ofensira hispano-japonesa. Repetidas veces
el gobierno de )1adrid ha declarado la cordial harmonía,
la franc:i. ami;tad y buenas relaciones que lo unen al Gabinete de Wa•hington.

***
Si el ministro del Jap6n residente un los Estados Uni•
dos, ha declarado también ab:ert!rn1ente, que bajo ciertas restriccianes nada podría alPgar su gobierno contra
la anexión de las l:llas Hawaii, no l8 avienen estas declaraciones con el tratado de que se habla.
Por lo demás, ¿có~o habiam0s de creer que España.
buscaría un aliado en quien ayer consideraba su enemigo? ¿Cómo pensar que hallaría apoy.:&gt; en el Japón, á quien
no ha mncho se acusaba :ie lo mismo que se culpa á los
Estaios U oídos, diciendo que solapidamente ampara,
protege y atiza la insurrección ea Filipinas?
Cuando los ruidosos triunfos del Mikldo sobre el imperio chino, la Europa interpu!o · su veto, para escatimar
el fruto de la victoria, sólo las grandes potencias toma•
ron parte en esa intervención; y entonces los políticos
españoles ee extrañaron de que el GJbierno de S.M.
C 1tólica permaneciera inactivo, c~ando era el más directa_
mente amenazado con el engrandecimiento del Japón, á
causa de la vecindad de éste con el archipiélago filipino.
¿Si ayer el Japón era una amanan para los intereses
de España, ¿puede ser ahora una esparanza? ¿E3 posible
un cambio tan completo en los manejos de la diplomacia?

***

Por fin las Cámaras francesas han votado los créiitos
cuantiosos, que eolicitabae!Gobierno para el departamen·
to de Marina. Fuertes cantidades se emplearán en el aumento de la ya poderosa escuadra del Mediterráneo, y
en la fortificación de los puer~os en las coa tas africanas
que están bajo la bandera de la R~pública. La nacientecolonia de Túnez, que fué a1quirida á pesar de las rivalidad~s de Italia, será dentro de poco un poderoso b1•
luarte, una atalaya avanzada frente á las costas de Sicilia.
Dueña Iaglaterra de una serie de puntos estratégicos,
extendidos por la cuenca del mar Interior desde Gibral•
tar hasta el canal de Suez, que la hacen soberana en,
aquellas aguas y la primera potencia marítima del Mediterráneo, no quiere Francia conservar puesto inferior,.
y por eso se prepara con gastos iom~nsos y verdaderos
sacrificios.
En medio de esa dulca harm1nla que reina entre las
potencias europeas, de e3e delicioso concierto con que
ocultan hipócritamente sus aviesas intenciones y secretos fines, en medio de esa uniformidad de aspiraciones, solamente interrumpida á veces por los clamores•
dolientes de Grecia y las notas agresivas y amenazantes
del Sultán, no es muy tranquilizado.ra la actitud de
Francia.
Por eso ha insistido con tanta tenacidad et Emperador
de Alemania, exigiendo también créditos suficientes para
elevar la marina del Im~erio á la altura que piden las ac

DOMINGO 25 deJULIO de 18517

tuales circunstaneias. Nada le ha importado
la primera negativa del parlamento, nada las
deeidencias que han brotado en el seno de su
gabinete, nada los clamores de las clases obre•
ras obligadas á cubrir nuevos impuestos, na•
da las protestas manifiestamente hostiles de los
diputados socialistas ante ·la representación nacional: firme en sus propósitos é intraneigente
en sus deseos, todo lo ha arrollado y está resuelto á realizarlos á todo trance.
No podía permanecer indiferent~ ante el engrandecimiento marítimo de Francia, su odia·
do rival.
Entre tanto, Italia, que mira amenazada sns
costas meridionales por las forti ficacionea d.~
Túnez, es la primera en dar la voz de alarma,
y no tardará mucho su gobierno en pedir á las
cámaras la autorización para emprender nue·
vos gastos, y el pueblo que ya gime bajo el
peso de los impuestos, soportará el nuevo eacrificio si no apela á las protestas ruidosas del
rocialiEmo, que en otra ocaeión han sido estó
riles.

S7

EL MUNDO

conformidad con sus intereses y euR comodidades;
rnáe bien se diría que es el público quien hace por
plegaree á las exigencias de los servicios públicos.

DAMAS DISTINGUIDAS

EL C0NFGMO DE CARBÓN PARALOSTRASATLÁNTIC(lS
:MC•DERNO&amp;

Una re,ieta cientl:fica alemana, P1·omelheus, pa.ra
moetrar la importancia exagerada que tienen los
grandes buques de ahora en el consumo general dei
carbón, cita el ejemplo de la City oj Par!s.
Este trasatlántico no consume menos de 300 to•
reladas de carbón por día, y, en el momento de su
partida, debe eml::arcar 3,600toneladas de combus•
tibie, cuyo transporte exije seis trenes de sesenta
wagonee.
LfS GRANDES PUENTES

El Scientific American da, como el puente más
¡_rande del mundo, el que se estableció por encima
de la Tay en Eecocja. Este puente mide 3.200 metros, y supera, por consiguiente, al fitmoso puente del Forth que no tiene más que 2.94 metros
de longitud.
Vienen en aeguida los puentes de:

***

1\Iucho se ha hablado del sentimiento hostil
que mútuamente crece entre Alemania y la
Gran Bretaña. Desde hace dos años en que que.
daron frente á frente en el Africa del Sur, por
cauea de las agitaciones de la República del
Transvaal, los intereses británicos y los inte
reees alemanes, el rencor ha ido creciendo, la
rivalidad se ha hecho manifiesta, y á nadie se IE&gt;
ocultan las explosiones de enemistad que ha
habido en la preoea de ambos pafses.
Un hecho reciente viene á poner en eviden·
cia el odio de que hablamos, y tal vez dé ocasión
á complicaciones serias. Procedentes de las cos ·
tas germánicas llegaron á inglaterra varios comisionados del mi nieterio de Guerra, con el obje.
to de lanzar deede Dover, dos mil palomas viajeras, á
ver si sabían volverá la ciudad de Dueseldorf en Prusia
y cerca de la ribera derecha del sagrado Rhin. Se·
mejante ensayo ha provocado serias discusiones en la Cá•
mara de los Comunes; alguien ba dicho que Alemania no
lo habría tolerado en su territorio, y los comentarios de
ia prensa, violentos y apasionados, hacen sospechar la
honda imrresion que ha causado en todo el Reino Unido. Un periódico aconseja que las próximas palomas
viajera~, que remitan de Alemania, seao arrojadas al mar
en uaión de los oficiales que las conduzca □•
Ojalá y el incidente que por sí mismo provoca hondas
reflexiones, no tenga graves resultadoe, ni llegue á ocasionar un rompimiento entre los dos países, cuyos sobe•
ranos eetán tan íntimamente unidos por los lazos de la
sangre.
X.X.X.
Julio 22 dP 1897.
OTRO PAGO DE $3,000.00 DE "LA MUTUA"

EN URUAPAN.

Recibimos de «The Mutual Life Insurance Company
(lf New York» la suma de $3.000,00-tres mil pesos
fuerte~. en pago total de cuantos derechos de la póliza
núm. 740,457, bajo la cual á nuestro favor estuvo aeegu, ado nuestro hermano el Sr. D. JUAN l\focro PEREZ, Y
para la debida constancia en nuestro carácter de beneficiarios nombrados en la póliza y con capacidad legal para ello, extendemos el presente recibo en la misma póliza que se devuelvA a la Compañia para su cancelación.
-Uruapan, á 8 de Julio de 1897.
A ruego de la Srita. Igaacia Pérez que nop11ede firmar por impedimento físico.-Firmado, S. GUILLÉ:l! Firmado, EosEBIA PÉREZ.
A ruego de la Srita. Petronila Pérez que no puede firmar por impedimento fleico.-Firmado, GRACIANO SAL·

Noerdyck (Ho:anda) ............ 1,470 metros.
Vo)ga (Rusia) ..................... 1,438 ,,
Wistula (Alemania) ............ 1,325
"
Tbcen (Id.) ......................... 1,272
"
Graundenz l Elba-Allem) ..... 1,092 ,,
La amplitud más grande para un arco único se
encuentra en el puento de Forth, donde alcanza
321 metros. El puente sobre el Elb!I tien&amp; un arco
de 420 metros.
Señorita Consuelo Rabasa Tirado. ( De Chiapas) .
[Fotografia Mora¡

AL PIE DE UN RETRATO
-¡Es verdad! ¡ Es verdad! Todavía el Ideal, el eterno
Ideal, el martirio de los abatidos de la vida, hace su apa•
rición excelsa en un alto del camino. Todo lo que el es·
píritu ha entrevisto en ese país ignorado y misterioso, en
esa tierra prometida, allá, lqoe, muy lejos, ba ido á en•
cerrarse ea el marco exquisito de UM cabeza soñadora,
en el óvalo irreprochable de una silueta suave y deli
cada.
¡Oh ensueños de la adolescencia, radiosas palpitacio·
nea, inspiradas estrofa~, rubores sin causa, cuadros esfumados por el pincel tembloroso de la Santa Poesía, rom•
ped vuestra prisión, evadíos de la reja en que la vida, ru ·
da y miserable, 'lB retiene, tended vuestras alitas frági•
les, eeplrcid vuestras ráfagaB luminoeas, dejad caer las
gotitas de oro de vuestra lluvia bienhechora!
Cosas buenas que dormís el suei'lo del olvido en las
profundidades del alma, ya tenéis forma humana. Sed
bienvenidas, cosas buenas del alma!.. ....
Plegarias desgrsnadae, súplicas desconocidas, piedades supremas, aún os agitáis en la insondable noche de
la conciencia; todavía, viejo Fausto, claudicante y triste,
murmur¡rn tus labios temblorosos la rt&gt;dentora oración
que te sublima, en la blanca alcoba de Margarita:
¡Cuánta ventura en esta estancia! En este asilo ¡cuánta
felicidad!

LA POBLACIÓN

El censo hecho el 31 de Diciembre del afio último, atribuye á Rusia un total de 13:Ull.863 habitantes. El
censo de 1885 daba las cifras de 108.619,332, ó sea un
crecimiento medio de cerca de dos millones de habitantes por año. Ru~ia europea está actualmente poblada
pQr 94.188, 750.
L&lt;J.s ciuiladea meas más pobladas están en el orden siguiente: Petersburgo con 1.267,028 habitantes; Moscnw
con 488.610; Varsovia con 614,752; Odessa con 404,651;
Lodze (P ,Jonia) con 31-1,780; Riga con 282,943 y Kiew
con 248,750.
LA MÁ,s

PODEROSA LOCO:MOTOR.-1.

Lo compañia del Nord-Pac'fique, acaba de poner en
servicio una locomotora que es considerada por auscone·
tructores como la más poderosa que haJta el día se haya
construido:
Esta locomotora, con su tender, tiene una longitud total de 18m 90. Su peso 1is de 8-1 toneladas, y por su parte
el tender vacío pesa 16 toneladas y puede reciliir 18 metros cúbicoe de agua y 7.5 toneladas de carbón.
En un ensayo práctico sobre el ..Yew York Central, esta
locomotora ha remolcado 58 wagones cargados, sobre una
rampa de om 00.12.

INFORMACIONES ClJRIOSAS

LA TELEFONIA

DE RCSIA.

"LA CASA VACIA"

EN LOS ESTADOS UNIDOS.

CEDA.

El Notario Público q11e euecrebe certifica y da fé: de
que la firma y rúbrica que dice Eueebia Pérez, es de la
persona que ella misma expreea, y que las de las per•
eonas que firmaron por las Sri tas. Ignacia y Petronila Pé·
rez y que dicen «Silverio Guillén y Graciano Salceda» son
suyas y las que uean en todcs sus negocios, habiéndose
hecho á su ruego en virtud de no poderlo hacer por impedimento físico; certifico igualmente que todas las pereonas que intervinieron en el anterior recibo. me son
conocidas, y que las Sritae. Eusebia, Ignacia y Petronila
Pérez son las hermanas del finado Sr. Juan l\Iucio Pérez.
Y á solicitud de las mismAs extiendo la presente cona•
tancia que firmo y sello e~ U ruápan, á los &lt;;&gt;cho dí~s tlel
mes de J ulío de mil ochoz1entos no\'enta y e1ete.-Fumado, ANTONIO BÉJ.,11!.-E. P,

Un periódico electri·ieta de Nueva York, estima que
existe ahora en ese país un número de oficinas centrales
igual á la suma de todas las oficinas de toda la Europa
continental, la cual tiene sin embargo, uoa población
cinco veces más grande.
Pero nota asímismo, que las compañías de teléfonos
en los Estados U ninos, gozan de un gran crédito y se hao
dedicado á dar á su industria un gran grado de perfección. Hay que reconocer que los europeos están muy
lejos de estas condiciones en países donde loe servicios
públicos no están hechos para servir al público muy de

Tal es el nombre de la primorosa novela de Julio Cla•
retie que
Como folletín correspondiente á Julio

repartiremos á nuestros lectores con nuestro número de
hoy.
Proximamente empezaremos á publicar nuestra

NOVELA ILUSTRADA,
de cuya amenidad respondemos á nuestros abonadoli' .

�EL MUNDO

58
UNA CUESTION PALPITANTE

TURQUIA Y SUS FUERZAS MILITARES

¿POR QUE VENCIO A GRECIA?

Sea cual fuere la opinión q11e pueda tenerse bajo el punto de vista político sobre
la última guerra greco-turca, no se podrá
negar bajo el punto de vista militar la importancia q11e ha adquirido el ejército del
sultán. Evidentemente, en esta lucha desigual, la victoria parecía adquirida de antemano-por la sola superioridad del número
-por las tropas otomanas. 1\Ias eeta3 dieron
pruebas de otras cualidades serias ( rapidez
de movilización, habilidad de mando, ·t í.•
meza de los cuadros, etc.) que no dejaron
de sorprender á muchas gentes de Europa.
Y se comienza á advertir ahora, que Turquía
no era una potencia despreciable y que después de haber representado de tal manera
su papel en el teatro restringido de Tesalia, sería capáz de representarlo, más gran•
de, en un escenario más vasto, en la hipóte·
sis, tantas veces entrevista, de una guerra
general. Demos pues una ojeada sobre este
ejército victorioso de que todo el mundo ha•
bla sin conocerlo bien, y computemos, sin
prejuicios, su exacto valor.
El ejército turco se recluta bajo las eiguien.
tes bases:
El servicio militar es obligatorio, á parfü
de verntiún ali.os, para loe súbditos musulmanes únicamente. Esta exclusión del elementa cristiano tiene muchas causas: se te•
me ein duda mucho ver desaparecer demasiado pronto, en la fraternidad de las armas,
la antipatía del musulmán por el giao-w· que
alimenta continuamente el fanatismo nacional y ciegamente sirve a! despotismo del
padischach; se teme también verá los cristianos, más activos ymás:nteligentes, reem•
plazar á loe turcos en loe puestos elevados
ó mostrar alguna indisciplina cuando elaueldo es irregular, (lo cual acontece frecuentemente) cuando las pasiones locales están en conflicto,
cuando el sentimiento religioso se opone á la voluntad
del amo.
La duración del servicio es de veintiúnafios repartidos
de esta manera: tres años en el nizam ó ejército efectivo
Y tres af\os en su reserva, ihtyat¡ ocho ali.os en el redij ó
ejército de reserva ( que no se debe confundir con el precedente) Y seis afios en el mWJtahfiz ó ejército territorial.
La cifra de estos reclutamientos anuales es poco más ó
manos de 120,000, de que casi no se incorpora sino la mitad, á saber: 40 á 45,000 po:-- la primera porción del con•
tiogente afecto á tres ali.os de servicio activo y 20 á25,000
por la eegunda porción, sometida solamente á un periodo
de servicios de nueve meses que no se cumple-por lo
demás-sino después de un examen de la situación del
erario. Pero contra lo que pasa en otros países, se guarda
muy frec11entemente á le&gt;e soldados del ejército activ•J
seis meses y aún un afio más del período legal.
El ejército activo comprende, en pie de paz, 286 batallo nea de infantería, 197 escuadrones de caballería, 231 ba•
tedas de artillería, 23 compa.fl.íae de ingenieros y todos
loa servicios auxiliares, ó sea una cifra media de 200 000
hombree. Si se afiada la reserva propia de este ejé;cito
(mas de ~,000 hombree) el ejército de reserva (600,000)
Y el ejército territorial (360,000), se llega á una cifra de
1.490,000 soldados. Mas esta cifra es del todo teórica, y,
para no tomar en cuenta m,s que á loa soldados «inetr·lidos11 ó simplemente «deseabozados", hay que reducir la
cifra á un total aproximativo de 800,000 hombres. Este
es ya un valor numérico respetable.
El 1tizam y su reserva están compuestos de buenos soldados; el redif está bien encuadrado y bien preparado
_para la movilización; el mWJtahfiz también proporciona
excelentes contingentes; sólo loe servicios auxiliares y
sobre todo el material, dejan mucho que desear.
La infantería utiliza el fueíl Mauser y el Martini Henry, es decir, un armamento muy complicado. La cabalkrla, armada de carabinas Martini ó Winchester, casi

DO ■ IIGO

'DOMINGO 25 DE JULIO DE 1897 ·

-

-=

EL MUNDO

de JULIO de 1'97

59

El Jubileo de ·la reina Victoria.

su primera juventud está habituado al
manejo de las armas, cuyo ueo,-sea por
juego, sea por medida de seguridad per•
eonal en alg11nas provincias donde la po•
licia no existe-está muy extendido en
todo el imperio otomano. Su religión no
ea también acaso un verdadero catecismo
belicoso? Creyente, fatalista, somet:do
como esclavo á las voluntades de su pa·
dischah ( Bll maestro religioso y político),
el turco no teme nada, corre al peligro sin
cuidado, desafía la muerte misma en la
que espera firmemente encontrar la re•
compensa prometida por el Profeta.
Con ese temperamento, no hay razón
para asombrarse de que el soldado turco
sea el mas dócil, el más resistente de todos loa soldados. Es sin embargo muy
maltratado y despreciado habitualmente,
sobre todo en tiempo de paz. s~a cuarte•
lee son vastos pero s11cioe y malsanos. S11
rancho ea poco abundante. Su sueldo,
que ea de veinte piastras al mee (8 pesos
8 centavos) no se le distribuye sino rara
ó irregularmente. Por regla general el gobierno se contenta con acordará los soldados libera bles solamente una parte de sus
sueldos atrasados, después lee da, por el
resto, bonos de que pueden servirse par
pagar sus impuestos.
A. pesar de todo, esos soldados mal pagados, mal nutridos, mal vestidos, son lo
más frecuentemente los mejores soldados.
El General Von der Goltz, q11e los ha observado bien, refería últimamente en un
periódico militar de BerHn, «que loa había visto muchas veces ejecutar marchas
extraordinarias en las montañas, contentándose por todo alimento con un poco
de pan y de queso de cabra.11
Dllrante la última g11erra, en la toma
de la garganta de Melouna, uno de los
EDHEM PACHA
mejores oficiales del ejército otomano,
General en Jefe del ejército de The,-•alia.
J 11nea Efendi, tuvo la audacia de lanzar
no está mejor habilitada. Sólo la artillería tiene 11n ar- al asalto de una colina sus rudas tropas q11e desde hacía
mamento uniforme y serio de cañonee Krupp.
treinta y dos horas combatían sin haber tenido caai
Se sabe q11e son oficiales alemanes qt1ienee reorganiza.
tiempo de comer ni de beber. Y, gracias á la confianza
ron hace unos quince afioe el e¡ército otomano. Et baron
qne tenía en sus soldados, se estableció en la tarde misColmar \·on der Goltz, sabio eecritoT militar, autor de
ma sobre la posición conquistada y se fortificó ahí por la
La nación armada, fué el principal agente de esta reorga- noche........
nización esencialmente basada sobre et tema militar en
Un oficial aleman ha escrito: «El soldado turco ee el
favor de su país. Y por cierto, debido al alemán marcha
primer soldado dei mundo, porq11e ea el más sobrio. Cobien al presente el ejército turco; gracias á loe• oficiales
miendo poca carne y no bebiendo casi más que ag11a, rea'emanee operó últimamente e11 rapidísima movilización•
siste mejor á las fatigas y afronta sin peligro las más tedir,ese también que á los estratégicos de Berlín debe lo~ rribles intemperies.11
planee generosos de s11a operaciones contra Grecia.
E! ejército otomano cuenta con alg11oos regimientos
Sea lo que fuere, al ejército del Sultán acaba de procuyo aspecto nada deja que desear: Son naturalmente
bar perentoriamente que posee á la vez b11enos jefes y
loe que están afectos á la guardia particular del Sultán
buenos soldados.
como el regimiento de loe suavos ó el de lo&amp; albaneses, ;
Así, pues, ese Generalísimo Edhem-Pacha,-acerca
los que se estacionan en Constantinopla ó en los alrededel cual corrieron taotoe falsos rumores al principio de
dores de la capital. Los soldados que de ellos forman
la guerra-se ha mostrado un contemporizador hábil,
parte, parecen orgullosos de verse bien vestidos, con uniun eetra\égico notable, y un vencedor muy ponderado
formes de corte europeo, poco diferente de los 11niformes
eneu marcha á través de Teeealia. Edhem-Pacha había ya
franceses. Avanzan la pierna y desfilan arrogantemente
hecho hablar de su persona en la gnerra ruso-turca de
ios días de revista ó de selambtck, á los sones de una mú1877. No tenía más que 35 afios entonces, y se distinguió
sica casi francesa también, soberbios con su aspecto marsin embargo al lado de Solimán de Moukhtar, y sobre
cial. La caballería, esa caballería de parada cuando metodo de Oaman, el «heroe de Plewoa,» bajo las ordenes
del cual combatió sosteniendo valientemente loa asaltos nos, es un bello espectáculo; los turcos son por instinto
jinetee. Tienen el culto del caballo, que presta en sus
supremos é irresistibles del enemigo, saliendo, uno de
campafiaa importantísimos servicios. Cargan con una raloe últimos, de la ciudad, herido, el día de la capitulación. Muy estimado en T11rquía desde esta época, llenó pidez Y una flexibilidad extraordinarias. Montan, sin
embargo, menos bien q11e antes de la introducción de la
muchas funciones importantes, entre otras la de gober•
disciplina europea en su ejército. Ya no tienen aquella
nador de uno de loa «vilayete11 de Anatolia. Pero casi no
ee le conocía hasta estos últimos tiempos en el extranje• raza de pequefioa caballos ardientes que recordaban loe
ro, Y se ha necesitado esta campana de Grecia, para caballos de loe tártaros. Ran perdido lo pintoresco de sus
costumbres de otro tiempo. Se civilizan loe turcos...... á
volverlo, en algunas semanas, célebre en toda Europa.
11
Ss ha disertado frecuentemente sobre el valor del sol- la «alemana. Y es acaso ahora-que tienen menos aspecto
de
bárbaros
Y se esfuerzan en asemejarse á las occi•
dado iurco, y las opiniones á este respecto son algunas
dentales-cuando
van á convertirse para éetoe en un verveces contradicteriae. Lo que parece en todo caso fuera
dadero peligro!...... ..
de d11da, ee la aptitud natural del turco para el mictariemo. El turco h1 nacido soldado como el alemán, con
el cual además, ~iene algun1s ra:igoe de aem3janza. Ddsde

as

LAS FIESTAS EN LONDRES

•

Habiendo sido el asunto europeo y casi nnivers11! la
-ct-Jebración de las fit,s$8e de diamante de la Reina Victo•
ri11, emper11triz de las Indias, juzgamos opon11no conaP-_grarlee imponante porción en nuestro semanario, prt&gt;tiriendo, al ef.!cto, transferir brevemente el at&gt;unto hasta
poder 11elecc1onar los mejores grabados relativos al J11bileo1 y ocupar no más de un número con ellos.
Las fiestas del Jubileo de la R~ina Victoria han eido
&lt;'~lebrad!'B en Londres, según un programa qoe habla
ti¡ado mrnuc1oeamente loe menores detalles. Fué, ya se
eabe, el 20 de J11nio, la fecha del sexagésimo aniversario
del advenimiPnto de la soberana, cuando eeae fiestas comenzaron. Tal día hubo ar.Jemnc,e Ctlremonias en la Caiedral de Sau Pablo.
La _víspera,. en la noche, la gnArnición de "\Vindaor
ofreció á la rt'ma una magnífica rl'/mit,, mu tlaml}eau.r á
la cual asistieron más de veinte mil lon&lt;11ne~ea llevados
por el cawmo de fierro.
'
Un poco a11tee de las diez, las trop~~. comprendiPndo
eerca de ü,000 hombrea y mandad~s por el dnque de Conuaught, ee a1riiziPron hacia el castillo por la gran avenida de Enriqne YIII.
A la cabt.1a marchaba la banda dP mfüica del 1er. regimiento de guardias de á caballo, alumbrada por caballeros provisto~ de linternas.
Venían en Feguida, cada uno con en música, loa deetaeamentos de todos los cuerpos de la gua1dia. El desfile
duró sólo algnuos minutos y constimyó una prestigiosa
tlecena nocturna, al ritmo de los cobrea retemblaotes
una rápida y feérica cabalgata donde los coloree brillan'.
'tes de los 11niformes, los l lameantea reflejos de loe cascos,
las corazas, las armas, surgían de la sombra al fulgor
fantástico de las antorchas.
El 21, la reioa, dejando Windsor, fué á instalarse á
~uckingbam-Palace, saludada á su paso por aclama•
e1onee.
. Pero el martes 22 fué la gran jornada, la de la proces~ón r~al ¡;&gt;ara la c11al la población de Londres y el imperio bntámco entere,, habían preparado la manifestación
m,a comple~a da Bll lealtad y de eu entusiasmo.
Reproduc1mu&gt;1 loe principales episodios de esta memora~le solemnidad, en los cuales hemos procurado deter•
mmar las notas características.
Una de esas notas dominantes fué proporcionada por
la presencia en el desfile de los deatacam"'ntoe de lastropas coloniales, de una variedad tan pintoresca de tipos
y de costumbres.
Entre los pelotones de caballería que rPpreeenta uno
de nuestros grabados, atravesando JVnite Chapel, sP reeonocen en su elegancia original loe lanceros de la N11e•
va Gales del Sur.
Et cortejo real, de una rara magoificencia, se puso en
marcha al medio día, dirigiéndose de Buckingham-Palace hacia San Pal:&gt;lo.
La Reina, teniendo enfrente de ella á la princesa de
-Galea y á la princesa Cristiao de Sleewig-Holatein, ocupó sola el fondo de un gran landa11 tiracto por ocho caballos ricamente caparazonados, montados por cuatro postillones y gniadoa por ocho pal11franeros, llevando todos
-estos servidores la librea escarlata bordada de oro y el
caequ~te de tPrciopelo negro. A la derecha cabalgaban el
príncipe de &lt;ialf'R y el duque de Connaught. A la izquier-da el duque _de ü_.1mbridge. Adela_nte del coche el grupo
de loe prmc1pes rngleees y extran¡eroa á caballo y vestidos de soberbioa uniformes.
El alto ante Sa1 Pablo, cuyas puertas están abiertas,
-ofrece un espectác11lo grandioso: las carrozas de la soberana y de su aervid11mbre se detienen en un espacio va·

cío en rededor del cual ee enfilan loe príncipes; el cuerpo
diplomático ocupa una tribuna especial. Después de la
hendición dada por el arzobispo de Canterbnry, aeiesido
de todo el clero, el cortejo continua su marcha y alcanza
la ribt-ra derecha del Tiimesie por London-Bridge.
Por donde quiera ha!' ur.a afl11encia enorme, resuenan
ovaciones caluroaas. Vense oruatoa más ó menos felices,
pero abundantes.
Por la noche, brillantes iluminaciones complehron la
miRe en scene, admirablemente arregl~da, de esa bella jor·
nada cuya alegría no turbó ningún desorden ni acciden•
te grave.
El 23 de Junio la reina volvió á Windsor y al día siguiente recibió la visita de loe Lores, del Almirantazgo y
Je loa almirantes extrangeroa lleg,¡dos á Portamouth.
.A la misma hora se efectuaban en Londres loa banqne•
tes populares organizadoA por la princesa de Galea en
loe q11e cada invitado recibió una tarjeta conteniendo un
reirato de la reina Yictoria y un reprodución de los pa·
laciós de Westminster, deKinaington y de Buckingham.
La revie~a naval de Spitliead fué precedida la viepera,
(26 de Junio) de un banquete ofrecido por el Almirantazgo á loa almirantes y oficiales de los navíos extranjeros.
El espectáculo de la rada era imponente: Ciento eesenta y cinco buques de guerra ingleses, estaban forma•
dos en filas bajo el mando en jefe del Almirante Sir
Nowel Salmon c11yo pabellón flotaba sobre el Rmoll'n.
Los catorce buques extranjeros habían tomado sitio
en la rada según el orden de su llegada, sobre una línea
especial, adelante de la flota ioglesa.
Una gran cantidad de navíos y de yachts, ocupaba el
espacio que quedó vacio entre la línea de loa buques de
guerra extranjeros y la isla de Wight.
J&lt;:3 dificil formarse una idea de 111 vida intensa que rei.
naba sobre aquella rada. Cuando el sol al11mbró es" grandioeo conjunw, el espectáculo desde la p11nta de Southsea
era maraviloeo; maa era imposible ver la flota toda
entera á menos de a~cender á las colinas de la isla W1gbt.
Las filas tenían una extensión de cerco de 10 kilómetros.
Luego que los principes y los personajes ~e hubieron
embarcado, el primer lord del almirantszgn dió la señal
de la partida, y el cortejo naval se dirigio hacia el S11rOeste de maner11 de pasar desde luego ante las cuatro
!meas enfiladas y de comenzar la revista por los buq11ee
extranjeros, que estaban en la quinta lint-a.
Desde que apareció entre el castillo de Southsea y
la escuadra de torpederos, Pubió una flama a la cima del
mástil del yacht B'li~ador Ir.:ne. E~ta tlra la sef\111 para
loa primeros saludos.
Inmediatameut~. en ef_e~to, los 165 buques ingleses y
loe buques extran¡eroe h1c1eron la salva reglamentari11
de veintiún caf\onazos. El espectáculo era á la vez magn[fico y terrorífico; los oficiales y la trip11laoióo de cada
b11que lanzaban urras cuando pasaba frente de ellos el
yacbt Victoria--and-Alberl, llevando á bordo al príoci::,e
de Gales. al duque de SaxP-Cobourg-Gotha, al duque de
Connaught, al duque de York, al Q11q11e de C11muridge
y á s11e oficiales.
El yacht pasó enceaivameote ante todos los buques
sin incidente alg11no1 en el momento en qn.e arro¡v el
ancla, todas las tripulaciones, á uoa s:ñ 11 convenida,
l11nzaron tres hurras.
L'JB eepectác11los de gala efectuados con motivo del Ju
bileo,. no foeron_en ot~u _sentido menos solemnes que los
anteriores feste¡os; ae1st1eron todos los principes reales
ingleses y extraojeros y el espectáculo del gran teatr¿
real era enc&lt;lntadur.
Para con~luir esta breve reseña parécenos oportuna
la raproducc1óa de las siguieor.es notas hietóricobiográ-

fioas relativae á la soberana, objeto de un admirable
fiesta y algunos datos referentes á ésta, muy curiosos:
«Nació la reina Victoria en el palacio de Kenl!ingson de
Londres el 24 de Mayo de 1819, y es hija &lt;1el duque de
Kent y de la princesa Victoria de Leiningen, y á lu muer•
te de su tio el rey Guillermo IV, oc1trrida el 20 dti J1111io
de lS.'37, heredó til srono de Inglaterra.
·
En diez de Febrero de 1840 contrajo matrimonio la
Reina, de Inglaterra en la Abadía de 1Vessmtneter, con
el prí11cipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, D11que
de Sajonia, que obtuvo por su enlace el titulo de rey cun•
sorce, y falleció en 1861.
De este matrimomo quedaron ocho hijos, de los cuales
viven siete en la actualidad, que son: la Emperatriz viuda Je Federico Guillermo de A,lemania, madre del actual
emperador Guillermo II, la cual nació en 21 de Noviembre de 1840; el Príncipe de Gatee Alberto .Eduardo1 nacido en 9 de Noviembre de 1841; el Duque de Ed.itnourgo,
casado con la gran duquesa .:\!arfa AleJandrowna de Rusia, el cual nació en 6 de Agosto de 18-H; la princeaa Au•
gusta Vi.:toria, na,::ida en 25 de Mayo de 18-W y casada
con el príncipe C. de Sleswig-Ilolacein; la actua1 Marquesa de Lorne, nacida en 18 dtl Marzo de 1848; tli Duq11e de Connaught, nacido en 1? de Mayo de 18o0, .casaao con la princesa Luisa Margarita de Prusia, y
¡mucesa Beatriz, nacida en 14 de Abril de 1857, viuda litl1
príncipe Enriq11e de B11tr.enbe1g.
El único hijo de la reina Victoria que no existe es
el malogrado prícipe Leopoldo, D11que úe Albauy, qud
nació ei 7 de Abril de 1853 y murió el 28 de l\byu dt1
1884 en Niza, á concecuencia de la calda q11e suít1ó al
bajar la escalera del Círculo Náutico, t:n cuyo D!llcóu
había estado presenciando la fiesta del Carnaval.u
M11choa días se han empleado ea Lonares en los pre•
parati vos para tan espléndidos festejos, y tal ea la atiutlu •
cia de gente qu11 ha ac11dido á presenciarlos, que segun
comunican dti la ci11dad del Támea1e, ao hao tlmplt::11'10
en la constmcción de tribunas sobre 700 oonelad.as lit&gt;
madera y 2,500 de clavos y de flejes.
Según uu correeponsal, no hay balcón, ventana, mira•
dor, ui hueco alguno q11e no ae haya hatllitaJo par¿ .,1
caso, adquiriendo los sitios precios fabulo:!08, pu"t! udCl·
Jan entre seis y 150 duros por persona. El dueño &lt;le una
cas~ vieja, sita en la plaza de San Pablo, la h~ cedido va·
ra levantar una tribuna, y el precio de esta ced1óo cuu•
aiate en el derribo de la casa y construcción de 11na tiaca
nueva en cuanto terminen las fieeias. Cerc:\ dti \Vh1t"Hall se ha conetmido una trib11na para 4 UOO peraua.,d
q11e ha costado 32,000 duros la conetrucciou y 42,000 .,¡
alquiler del sitio.
No se concebiría esta enormidad de precios ei no se tuviera en cuenta la emidad del negocio a que se destinau,
porq11e el alq11iler de loe a3ientos de esta ,rib11na ee c~1c11la en 200,000 duros. Según datos del mismo correspou•
sal antes citado, el imponti total de loa g11stoe hechoa t1U
Londres con motivo del jubileo,· contando lo ioveriiJ-.1
en preparar la carrera, decoraciones, iluminacionea, tlk:.,
de la ciudad, gastos de la Casa Real y del Ea,ado, funúa·
cionee filantrópicas y demás, se calcula en cinc11enta m1•
llonee de II braa esterlinas.
La ovación tributada á la reina Yictoria dejará brillan'8
hutlllas en la historia de estos últimos tiempos.

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El Palco Real en el Covent·Garden.
Frinceeo. de Galcs.-Prlncipe de NApoles.-Duquesa de Hesse.-Prlncipe de Gales.-Prlnce,a de NApole•.-Duque de Mecklembourg.-Duque de Cambridge -:Marq'.le d Lo
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Prlucei;a llenri de Prusla.-Duque de Coburgo.
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roe.- Oran uque Sergio de Rusta.-

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La reina y su parlamento. El Lord Canciller presentándole la felicitación de los Lores á S. M. en el palacio de Buckingham.

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El Jubileo de la reina Victoria.

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DOMINGO 25 de JULIO -de 1'97

EL MUNDO

El Jubileo de la Reina Victoria.

La Reina y los niños- Su Majestad pasando revista á los escolares .

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Desfile ae los aestacamentos coloniales en WltHe c}iapel.

La revista naval con fuegos de artificio ante el príncipe de Gales, en honor del Jubileo de la Reina.

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EL MUNDO

DOMIIIGO

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0OMIIIGO 25 DE JULIO DE 1197
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Este es el enjemplo del monje Bernabé, yoglar de Nuestra Sennora.

El Jubileo de la reina Victoria.

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VO en tierra de Francia y en tiempo del eanto
rey Luie un buen xpiano que avie nonme Bernabé é era yoglar de offdo.
Su mantenencia era de facer yoglerias é tru·
faneriae, ca en lae ferias é fiestas tendía en tie·
rra una gran alhomhra é poniendo eo la nariz
una taza eetanada arrojaba al aire fasta XII pe•
Iotas de cobre 6 eecomenzaba á doblarse como
vibora, 6 lanzaba espadas qne cogía sin dapno¡
mae como quien tal miraba non facia cavdal de
la habilidat de Bernabé, á la postre non ayun·
taba tres fígae é una chirivia que le adyudasen
al yantar.
Non era maridado¡ mas non cobdiciaba la
mujer del vecino, ca la mujer inimiga ea de los
ornee fuertes conforme el Espíritu de verdat
dice de Sanson: fueras ende que ei el ome mu·
cho fabla con la mujer non fallesce Jaro del
diablo.
Más que el ayuntamiento con fembra plaecen·
tera preciaba los convivios en que se bebia el
vino pimente¡ pero magüer gustaba del tinto é
del blanco, non dijo nunca cosa contra Nuestro
Sennor J eeucrieto ó contra nuestra fée católica,
que es tan eanta coea é tan buena é tan verdadera.
Era amador rendido de Nuestra Sennora, é
cuando entraba á la eglesia le roge.bacon cierta
oraecionceila breve que decia: «Santa Maria,
Luz del d(a, cura la mi vida é e.ando al tu fijo
plega clamarme al su seno, ábreme las puertas
del cielo como buena clavera é da á mi ánima
bu11n pozo. u
Caminaba Bernabé una brdesciella por un
prado vicioso é poblado de hierva bien olien·
te, cuan:io acertó á topar con un buen perlado,
prior de monjes b.ancoe del Cistel, á quien ea·
ludó con gran acatamiento é rE&gt;uerencia, cual
cudraba á ome tan devoto.
Bondoso era el perlado; apacie áloe famnien•
toe é ospedalaba a los romeros é pe]e¡?rinos que
por el moneeterio pasaban á visitar RomP. ó el
Sepnlcro Santo
de Ilierusalem
ó Santiago ó
San Saluador de
Ouiedo; é tocado en su áni•
ma por la bue•
na gracia de

\

Bernabé é su simplicidat, quiso gelo llevar consigo é fa~cerlo reglar apartándolo de la e
cosas del siglo é las pompas mundanales para servir á Dios.
Vino gustoso en ello el yoglar, ca bien sabía que Cristo en el eu Euangélio dixo que
á quien dejara padre é madre é fijos é mujer é bienes temporales, le daría ciento é doble por ello é demas vida que duraría poc siempre.
E ane{ fo como ee tornó calonje de calloetra el trufán de fériae é caminos trae el
año de pruebe. en que sufrió santamente las prémiaJ é aepereze.s de la regla é de fae·
cer loe tres votos é prometimientos¡ á eaber: non aver propio, guardar castidat é
ser obediente al mayoral del moneeterio.
Eran loe de la calloetra amantes fervorosos de la Yírgo llladre del Rey de gloria, é
á porfia faecian por ella eervício de piedee é de manos.
El perlado fascia de Ella libree en que probaba la su real limpieza, con las reglas
de Dnn Aristóteles.
El fraire Alexandre pintaba lindas pinturas. )lirabase en ellas á la )ladre so el
trono de Salomón, rodeada de léones é so la su cabeza siete palombae, que son loe sie·
te dones del Spiritu Sancto: dones de Temor, de Piedat, de Fortaleza. de Scíencia, de
Coneeio, de Inteligencia é de Prudencia; é por compannae á lae birtudee, siete virginee con cabelleras rúbiae coa:.o fechas con hebras de oro de la Arábia: Fée, Caridad,
Esperanza, Justicia, Prudencia, Fortaleza é Temperanc;-a.
RE•presentaba á la Sin :M:aneciella junto á Eva, la madre primera, á quien engafió
la culebra por facerla pasar el mandamiento del Muy Alto: que aaf como Eva por so·
berbia ee sopo alongar de Dios é perder la su gracia, así Sancta María por omildat é
obediéncia ee sopo tanto allegará Dios fasta que ee ffzo eu maire.
Figuráh&amp;la á más como Estrélla de los maree, Tiemplo de Jhuxpo, Fuent singnada,
Cibdad de Dios, Oliva, Palma, Cedro é Madre de Xpo.
F,l hermano ~Iarbodio era grand loador de la Madree ciella é del Fijo, é como san
tero facfa en piedra muy lindas imáginee de la Reyna del cielo, é bien curaba que la
halda cobriera las plantas de la duenna de que el Profeta dixo: la mi amada es como
huerto encerrado¡ 6 eeme iábala como infanta plena de gracia que eemblaba decir: eo
verdat tu eres mi sennor. Di.ri dl' rrntre matri., 11111·: De11~ meu~ t• 111 ( Pealm 2tl. 11.)
Avíe de más tin el monasterio devotos que en lengua latina sacaban loores de Nuestra Stnnora é uu picardo de agudo ingenio, maestro en gay saber, que facía en románpaladino la narración de loe miraclos de la pulcela que parió conservándo su entegre·
dat, conforme avía vaticinado el varón Isaia.
Dolíase Bernabé de su desmaflanamiento, ca ni pintaba, ni eecuipía, ni facía rimas
rica~, ni tenla le¡rae para escribir tratados doctos¡ é pensaba que la Reina de loe ánge·
lee non ce.taría su homildat é falleecería ende su devoción,
En tan gran afincamiento oyó el fraire la estoria de donado que saviéndo sólo el
Ave ~Iaría con que el Angel saludó á la Yirgo cuando Cristo priso carne en ella, á la
ora del su tránsito postrero le salieron de la b()Ca cinco fragantes roeae en remimbran·
za de las cinco letras del nonme de la Madre del Corderuelo de salud. E eetonces vióee á B•roabé lleno de leticia aeconderee en la capilla mientras los otros monjes facfan
sus primoree ó loaban á la Gloriosa rezándole sus horas. El prior, ome prudente é qne
conforme lo mandan San Benito é el Apostólico quería ser eabidor de cuanto faclan
eus monjes, conoec(a la fazaña de Hely eacedote, que por non ca~tigar sus fijos morió de mala muerte¡ dióse ende á facer inquisición de donde Bernabé yacía é junto con
dos religiosos graves é ancianos fuese á mirallo, en la iglesia. Vieron todos con pavor
al yoglar que delante el ora de Nuestra Sennora si doblaba como l'fbora é lanzaba espadas que cogía sin dapno é facía por ser grate á la Gloriosa cuanto en el siglo había
fecho por placerá los omes. El perlado magüer sin embargo era ome prudente, judgó
á Bernabé tocado de follía é empezó á clamar sacrilegio, ca pensaba que el fraire non
guardaba ni honraba á la Santa Egleeia¡ más llenóae de sorpresa al ver bajar de su trono á una dona blanca é resplandesciente, fermoea como la luna, electa corno el sol, cobierta de brial de xamit, portando en la su cabeza una noble corona fecha de oro, argento é piedras de gran precio, que con ol panno de su manto de arminyo limpió, por
conhortarle el sudor, de la frente del eu devoto.
Omillándose el perlado dixo estonce:
Bienaveuturadoe loe manec,s, ca verán á Dios.
E los monjes besando el suelo, dijieron: Amen.
AmP11 Dei,;•

. Con gran cuid~dodel amor de Cristoé con gran diligen•
c1a, Don Anatolio Francia, home timoroso de Dios, sacó de loe archivos viejos este enxemplo que yo verU
del romance gálico al nuestro castellano,' tollendo las razones que entendí sobejanas é dobladas é poniendo
otras que entendí que complía.
En Guad_alajara de México, á los quince días por andar
del mes de ¡unio de mil ochocientos y noventa y siete allos
de la nuestra ealud.
ARCIPRE::."TE Jo~._ F.ÉRBt:Z.

EL PlRRO Y EL FRASCO

CANCION

( De Carlos Baudelaire.)
( De Savia Enferma.)

l"na manea melancolía
impregnó la conciencia mía;
cuanto existe:
ritmo, luz, coloree ...... belleza,
contagiado de mi tristtza
está triete.
Están tristes con mi trieteza
, itmo, luz, colores...... belleza;
por que impregna la vida mfa
una manea melancoUa.
AllADO lbR\'O,

•-Mi hermoso perro, mi buen perro, mi querido tut1í ,
aproximaos y venid áaspirar un excelente perfume com·
prado al mejor perfumista de la ciudall. •
Y el perro moviendo la cola, lo cual es, á lo que creo,
en esos pobres seres el signo correspondiente á la risa y
á la sonrisa, se aproxima y posa con curioeidad su nariz
húmeda sobre el frasco destapado¡ después, retrocedien·
do repentinamente con horror, ladra contra mí á mane•
ra de reproche.
•-¡Ah! miserable perro, si oe hubiese ofrecido un pa•
quete de eecrementoe, aspirado lo bubiéraie con delicias,
y lo devorarais tal vez. De suerte, oh indigno compa•
fiero de mi triste vida, que os parecéis al público al cual
no ~ deben presentar jamás los perfumes delicados que
lo exasperan, sino, inmundiciaecuidadoeamente escogidas.

FLOR DE TUMBA
¡Oh, Princesa! en las horas de amorosos excesos
Desfloré en las falanges de tus manos cloróticas
Los capullos sin manchas de mis rimas eróticas
Al contacto sonoro de mis timidoe besos.
Hoy, que el viento se inflama en las noches caóUcaa
Con el fósforo impuro de tus ilridoe huesos
Del naufragio de mi alma solo quedan ilee~a
Tus recuerdos fragantes como flores exóticas.
¡Oh mi ~eina de antafl'l que caíste vencida
Por la trágica Muerte! ¡Hoy florece mi vida
C&lt;&gt;mo un árbol raído pot monstruosos gusanos!
_Quiera el Bien que no lleguen á tu frente dormida
N1 loe roncos acordes de mi voz maldecida
Ni el perfume salvaje de mis versos malsanos!
ÁNTEN0R LESCANO,

Julio de 1897.

�61

EL MUNDO

SINFONIA EN BLANCO M AVOR.
Teóftlo Gauthler.

Balbino Dávalos.
De leur col blanc courbant les lignes
On voit dana lea contea du Nord,
Sur le vieux Rhin, des femmea-cygnee
Nager en chantant pres du bord,
Ou, suspendant á quelque branche
Le plumage qui les revét,
Faire luire lenr peau plue blanche
Que l!i neige de leur duvet
De ces femmes il en est une,
Qui chez noua descend quelquefois,
Blanche comme le clair de lune
Sur les glaciers dans les cieux froids;
Conviant la vue enivree
De sa boreale faicheur
A des régals de chair nacrée,
A des débauches de blancheur.
Son sein, neige moulée en globe,
Contre les camélias blanca
Et le blanc satin de ea robe
Soutient des combate insolenta.
Dans ces grandes bataillea blanchee,
Satina et fieurs ont le dessous,
Et, s~ns demander leurs revanchas,
Jaun1ssent comme des jaloux.
Sur les blancheurs de son épaule,
Paros au grain éblouissant,
Comme dans une nuit du póle,
Un givre invisible descend.
De que! mica de neige vierge,
De quelle moelle de roseau,
De quelle hostie et de quel cierge
A- t-on fait le blanc de ea peau?
A-t-on pris la goutte lactée
Tachant !'azur du ciel d'hiver
Le lis á la pulpe argentée,
'
La blanche écume de lamer;

Le marbre blanc, chair froide et pale
Ou vivent les divinités,
'
L'argent mat, la laiteuse opale
Qu'irisent de vagues clartés;
L'ivoire, oú aes mains ont des ailee
Et, comme des papillons blanca, '
Sur la pointe des notes fréles
Suspendent leurs baisers tremblants;
L'hermine vierge de souillure,
Qui, pour abriter leurs frissons,.
Ouate de sa blanche fourrure
Les épaules et les blasone;
Le vif-argent aux fleurs fantasques
Dont les vitraux son ramagés;
'
Les blanches dentelles des vasques
Pleura de l'ondine en l'air figée; '
L'aubepine de mai qui plie
Sous les blancs frimas de ses fleurs;
L'albatre ou la melancolie
Aime á retrouver ses pitleure;
Le duvet blanc de la colombe,
Neigeant sur les toits du manoir,
Et la etalactite qui tombe,
Larme blanche de l'antre noir~

Des Groenlands et des Norve ea
Vient-elle avec Seraphita? º
Eet-ce la Madone des neiges,
Un sphinx blanc que l'hiver sculta,

IN MEMORIAM THEOPHILI POET'f'..

En las leyendas del Norte, alzando
Su cuello níveo como el jazmín,
Nadan mujeres-cianea cantando
Sobre las aguas del viejo Rhin.
O si en las luengas ramaa suspenden
Las vestidura de albo edredón,
Sus deslumbrantes cuerpos esplenden
Más que la nieve de su plumón.
De esas mujeres existe una,
Que hasta nosotros suele bajar,
Blanca cual claro rayo de luna
Sobre la helada región polar.
Arrebatando con su frescura
Los ojos, ebrios de admiración,
A los deleites de su blancura,
De carne nácar á la fruición,
Sus senos, tersos globos de nieve,
En insolentes luchas están
Con las camelias blancas, y el leve
Traje albeante de tafeMn.
F.:n esas pugnas de albipujanza,
Rasos y flores pierden allí,
Y, en su despecho de hallar venganza,
Amarillean de frenesí.
Sobre ene blancos hombros de diosa,
Paros de grano desl urobrador,
Como en la noche polar, radiosa
La tenue escarcha cae en redor.
¿Con cuáles hojas de blancos lirios,
Con cuáles médulas de cafia miel,
Con cuáles hostias, con cuáles cirios,
Tan blanca hicieron su blanca piel?
¿Se ha recogido la conetelada
Gota de láctea luz estelar,
La lis de tierna pulpa argentada,
La blanca espuma que arroja el mar;
El mármol, carne pálida y fría,
De las deidades usual mansión;
La plata mate, la luz que envía
Sobre los opalos la irisación;
El marfil donde su mano blanca
Ea mari~osa de alas sin par,
Que, en cada debil nota que arranca,
Trémulos besos suelta á volar;
El suave arm1fio que inmaculado
En los blasones lucir se ve,
Y ciñe y guarda del viento helado
Los blancos hombros de rosaté;
El claro azogue de raras flores
Que orna loe vidrios del rosetón;
El blanco encaje de surtidores,
Que de la ondina lágrimas son;
El ojiacanto que cede en Mayo
Bajo el aljófar qlle da á la vez;
El alabastro donde el desmayo
Ve reflejada su palidez;
La pluma suelta de la paloma
Que nieva el techo del palomar;
La estalactita que se desploma
Del antro en donde la filtró el mar?
¿A.caso viene con Serafita
De do el noruego y el groenlandés?
¿Es la Madona que el polo habita
O blanca esfinge de invierno ea

Sphi'!x enterré par l'avalanche,
Gard1en des glaciers etoilee,
Et qui, eous sa poitrine blanche
Cache de blanca secrete gelée?

Por los aludes ha tiempo oculta,
De ventisqueros guudiáa q uiz.i,
Que dentro el blanco pecho sepulta
Secretos blancos helados ya?

Sous la glace ou calme· il repose
Oh! qui pourra fondre ce creur!'
Oh! qui pourra mettre un ton rose
Dans cette implacable blancheurl

Bajo del hielo donde reposa
¡Oh! ¡quién la hiciera sentir amor!
Quién diera un vago tono de rosa
A. su implacable y etéreo albor!

DE "EL JARDIN MUERTO"

espléPdJdos sefio!es, su perfum_e, algo de lo.que respiran,
á las br1~as que vienen hasta m1 ventana, mis poros se dilatan, m1 cuerpo todo siente algo extraordinario y en esas
mafianas, cuando los bueyes pasan perezosos hacia la in.
mei:isa hostia dorada que es el sol, siento que en mí re•
bul,e algo de bueno, algo con lo que no estoy familíari•
zado y entonces ¡oh! sólo entonces amo la vida.
La amo porque no pienso en nada, porque aparto mi
vi~ta de las miserias, de lo negruzco, de todo lo que humilla y de todo lo que mancha, de lae vagas ansiedades
tem?reB de algo de~conocido que en mí se agitan, olvid¿
la hiel de la que m1 pobre alma no es sino bolsa amplia~ente re~leta, para mirar cómo lae nubes, inmensos páJaroe caprichosos, vuelan, cómo los tonos del azul cambian y cómo la tierra bendice la luz soberana que la refresca, la c0lora y la alimenta.
¡Ser así.como ella! Dormi!5e con pesado sueflo en la
noche, brillar COll el alba mcendiaree con el mediodía

MATINALES

Son muy raras pero exquisitas como todo lo raro las
mafianas en que yo vivo. Generalmente, incurable 'noctámbulo, mis ojos Stl abren á la luz cuando ya el calor
ahoga las estancias y el sol bruñe los pavimentos y sin
e!Ilbargo, tal vez porque las veo muy poco soy un enamorado de las mafianae.
Las amo! las amo con mi pensamiento que, fresco sin
las p~ocupaciones ni l~e pesadeces del día, siéntee~ lle•
no de ideas sanas, lum1noeas, claras como el cielo que
azulado miro huir sobre mí. En el campo, sobre todo
cuando los gallos cantan y á lo lejos, de la montafia cae~
como cortinajes desprendidos, trozos de bruma; cuando
los árboles, acabados de bañar, limpios,'como si denuevo
1,acieran, soplan, tuerceP y sacuden sus hojas y prestan,

DOMINGO 25 DE IULIO DE 11517

«rey de los veranos,,,·eacuchar toques de angelus, pasos de•
trabajadores cuando el crepúsculo vacila, y así, siempre•
lo mismo, sin desear otra cosa hasta que los siglos, rodando y rodando sobre ella, la usen y la desmoronen
¡Ser así, como la tierra!
Lentamente, con pesar casi, cubro mi cuerpo de !igeras telas y bajando hasta el río me entrego al incomparable placer de sentir las caricias blandas del agua que
chapotea, cosquillea, reproduce y cubre mi cuerpo. El
agua es juguetona, juguetona como muchacho traviesoy vivaraz que tiene una madre buena, una madre sonriente que no lo rifie y lo acaricia y lo besa. Salta sobre
los pechos, corretea sobre el vientre, suele calarse dentro de'.loe oídos ó bien, huyendo de la mano que la golpea ó
salta fuera, sus pupilas brillan un momento y luego ·cae,
con franca risa que canta y se repite al tiempo que
se aleja en coquetas ondulaciones. Cuando eue fuegos,
sus carreras y sus cantos me han cansado, ahí mismo,
en la orilla, bajo un eáuce que parece paciente pescador,
me abrigo. Sigo oyendo las pláticas y los retozos de las.
gentes, sigo mirando los movimientos de la onda ó bien el
paisaje reflejado, el tejado de la casucha, los penachos de·
loe árboles y los rotos relámpagos del sol,-porque el
agua ni aun al sol respeta é imp11ne quiebra y juguetea
con sus rayos,
Es dulce luego, despuée de caminar sobre la hierba un,
buen rato, deteniéndose ante alguna flor rara ó un rincón
de col)1plicadae matas irá 1~ B?mbra! sentarse, apoyar la
cabeza contra un tronco y em idea fi¡a que habaje, con
el pensamiento en paz, dejándolo ir á eu antojo, festoneando sueños ó esbozando mosaicos, variando, saltando, co·
mo un pájaro, contemplar fas lejaniae, tratar de distin.
guir algo en la montaña, simplemente oir el zumbido de
las abejas y seguir en el espacio la curva, que sin descanso trazan sus obesos cuerpos doradot1.
Después de un rato, un libro bien escogido es buena.
compafiía ¡ah! ¡pero la selección es tan difícil! No un libro ló~rego ni un .libro h~mano, no un libro que nos pinte la Vlda y nos .diga sáb1amente ª!!ª desola~ionea y sus
crueldades, un hbro......... Jay! casi se necesitaría un ¡¡.
bro especial, algo sonriente y sano como la mafiana, que
no melancolizara, ni filosofara, ni hiciera tornarse en
grave el pensamiento: versos ligeros que fueran al com .
pás de la onda ó de la abeja, fábulas bien compuestas.
de dulces vidas, de amores en loe que no hubiera engaño
ni despedidas, libro del cual estuviera vedada la tristeza
Loe cuentos brillaatee, los azulee, los que hablan d~
ha.las y de príncipes son demasiado -caprichosoe traen
damasiada pedrería y demasiado terciopelo pa~ libremente pasear por los campos. Las historias campestres
tienen todas algo de doloroso; si leyera Pablo y Virginia,
ó Herman y Dorotea, me levantaría, sinópreocupado sí al
menos con esa vaga melancolía del que siente pas~r rozándole el desconsuelo humano. Quisiera algo que hiciera amar la vida, que hiciera sentirla y desearla, algo en
fin maternal.. ....
No he encontrado ese libro, y al levantarme al retirarme expulsado por la invasión del sol que r;clama la.
soledad para dar su ardiente beso á la tierra, pienso en
que algún día tal vez, cuando de nuevo nazca y un nuevo sol la alumbre, cuando esté en su m.af"uina cuando
aun no haya maldad, ni envidia, ni ambición· duandolos
hombres se.an buenos y las muj~res francas, habrá. algún
P?eta que, ignorando el dolor, aJeno á la queja y no temendo nada amargo que ensefiar, escribirá ese libro maternal para ser leido en las mañanas, cuando la luz celebre su apogeo y se sienta amor á la vida.
Julio de 1897.

BERNARDO Couro CASTILLO.

IIOl\IBRES Y DIOSES
LUIS XI

&lt;:ASO no haya ningún rey de•

Francia tan maltratado por
la posteridad como Luis XL
Difamadora impopularidad!
rodea á ese rey tan esencialmente popular. No sólo odia,
sino que desprecia el pueblo•
la imagen que con¡,erva de él.
La ficción, de acuerdo con la
historia, le presenta como un
personaje miti-d trágico, mitad grotesco. Vedle en el teatro y en las novelas; aparece casi siempre malvado y co-barde, cruel y avaro, mezcla de TartuHe y de Tiberio deEufermo imaginario y de Patelin.
'
Hay en la leyenda algo falso y algo verdadero comola caricatu~ tiene ~lgo parecido y algo quimérico. Es,
una calumma gratmta que fuese cobarde y que la grave
historia ao ha repetido. Se batió brava~ente en Monthery, en Lieja y en la guerra del Artois. Filé herido levemente en el sitio de Arras, y bromea sobre eso en una.
carta con verbosidad picaresca, que ilumina un instante·
su sombría figura, con la clara sonrisa de Enrique IV
Los desfallecimientos de su agonía fueron los sobresalto~
de un alma que va á rendir cuentas· no las zozobras de
un vil carácter. Hay quien corre tr~s la muerte violenta
. la busca y la provoca, y vuelve la cara hacia la pared si
la muerte natural viene á buscarle en el lecho
La avaricia de Luis XI se concretaba li su p;rsona. E l
que lea lae Memorias de los gastos de su casa creerá hojear el libro de cuentas de la casa de Harpag¿n. Se ven
no~as c_omo l_a~ sigui~ntes: «Por dos mangas nuevas para
su Justillo v1010, vemte sueldos;" «quince dineros por
una caja de grasa para dar lustre á las botas." Con eea.
ostentación de tacafiería disfrazaba un gasto grande y
secreto. Puede compararse esa tacafiería aparente á la.
parte delantera de las tiendas gue se encuentran en H o-

DOMINGó 25 de JULIO de •1517

landa. El exterior es sórdido; se balancea al .viento un.a
muestra de amolador de cuchillos y de nava¡as de afeitar cubierta de grasa; un eaco de esp"lcias y un tonel de
are'nques se pudren á la entrada; al través de los vidrios
empafiados y acoplados con plomo, se entrevé una figura descolorida que lleva anteojos y que se carga sobre U!1
pupitre viejo. Parece que allí debe iratarse de economizar algunos ochavos y meterlos en una alcancía. Pero
penetrad en el interior, y veréis la habitación iluminada por el oro, que rebosa por todas partes, que bace reventar loe sacos y estallar las balanzas. El duefio de ese
establecimiento invierte millones en especulaciones co•
losales. Desde el fondo de su mostrador lanza navíos á
los mares de la India y pa~a sueldos á bajás malayoe..Así ese rey, vestido con tricot de lana y con grasoso birrete en la cabeza, fué el prime~ negocian~ de su éJ?o_ca.
.Arrojaba lejos tle sí y despreciaba la antigua trad1c1ón
del tesoro hundido y empol 1ado que la Mitología había
inventado para loa reyes. «Lo tomaba todo y lo gastaba
todo", dice Cominee. Pero el oro que la caballería, su rival, gastaba en torneos y en adornar sus armad_uras, él lo
empleaba en comprar pueblos, en atraeree amigos y ea
soadear las conciencias. En su viaje á Arras pidió prestado á uno de sus criadoe la suma de treecientas veinte
libras diez y seis sueldos y ocho dineros upara emplearlos e-d sus gustos y placeres,,, y gastó quince mil escudos
de oro para salir del mal paso de Perona. Se puede decir que descubrió la circulación del dinero ese rey que
ee ha tachado de avaro, y que fué el primer banquero de
la burocracia moderna.
En cuanto á la crueldad de Luis XI, debemos dec.ir
en honor de la verdad que, si fué menor que la de los
principes de su tiempo, fué seguramente de peor índole.
La sangre humana mancha más al que la destila fríamente y gota á gota, que al que la vierte á torrentes en
un acceso de cólera. Es preciso, sin embargo, no perder
de vista al siglo de hierro que tuvo que forjar, las sediciones que tuvo que vencer, y las traiciones que necesitó
caeti¡?ii.r: descartando todo esto, queda, º&lt;? ~betante, en
Luis XI un rey cruel. Su '.lrueldad se distmgue por el
humor chancero que empleaba al usarla. Jugaba con las
cabezas que hacía cortar. En una de sus cartas cuenta,
burlándose, como mandó deca'{litar ~ Ond~r~ de Bussy,
consejero del Parlamento, que le hizo tra1c1ón.-uA fin
de que se conociese bien su cabeza, la adorné con una
hermosa caperuza y la coloqué en el mercado de Hesdin,
sitio donde preside.,, En otra parte, apresurándose á despachar á un servidor infiel, recomienda jovialmente á su
eenescal Mr. de Breseuire «que haga los preparativos de
]as bodas del galán con la horca." Inv~ntaba.sul?licios
con la miema depravada fantasía delos tiranos 1tahanos,
que pueden llamarse loe artistas del t?r.mento. Las jaulas de hierro que pesaban sobre los pris10neros como cornisas sobre sus cariátides, las cadenas atroces que hacía
forjar en Alemania y ~ue é_l lla!f!aba «ene hi.jitaa," hubieran podido honrar la 1magmac1ón de Ezzehn. Hasta su
libro de cuent.a.~, que estamos hojeando, encierra tanto lujo lúgubre de hierro, que páginas enteras están eobrecarp:adas de él; se encont1ar!a de eet~ materia en el libro, su•
flciente para surtirá vanas Baet11las.-«A Laurene Volme por una gran jaula de hierro con doble cerrojo y
un~ gran cadena con campanilla al extremo, que hizo y
me entregó para encerrará Lancelot d:e_Berne, 38 libras.
-Por dos hierros para cerrará dos prie10neros de Arras,
que guarda Henry de la Chambre, 6 libras.-Por un hierro con forma de herradura con cadena larga y campa•
nilla al extremo, y por brazaletes para otros dos prieio•
neros, 38 librae.-Por un hierro para poner los dos br~zos las pi1&gt;rnas, y colocar el cuello y el cue1 po de un pn•
sio~ero, 16 libras, etc., etc,,,
.
La historia, aplicando á Luí~ XI la ley del Talión, lo
ha encerrado también en una ¡aula y lo pasea en ella al
través de loe Eiglos como un animal salvaje de baja espe•
cíe y de cludoeo pelo.
No fueron las mayores atrocidades de su reinado sus
ahogados en masa, á lo turco, ni sus extrangulaciones
venecianas ni loe árboles llenos de hombree colgados de
su casa reaÍ de Pleesis-les-Toure, sino un hecho ignorado una ejecución secreta, una víctima obscura que grita
co~tr¡, él con voz más penetrante que la de loe millai:es
de mártires del saco de Dinant ó de la matanza de L1eja. Juan Bon, que condenó á muerte, y á quien por ~racia especial se contentó con hacerle reventar los dos .ºJOB.
«Le participaron que Juan Bon veía aun de ua o¡o; al
saberlo Guinot de Loziere, preboste de h casa del rey,
por orden de dich~ señor, comisionó á ~os ~rqu~ros para que fuesen á visitará Juan Bon, y si .veia aun, que
acabasen de extinguirle la vista." 1:l'o ?-ub1e~a hecho ~osa semejante un emperador del Ba¡o imperio, aconaeJado por un eunuco.
Encuentro en Béroalde de Verville una anécdota que,
bea verdadera ó falea, prueba el nombre. patibulario que
había adquirido Luis XI. lle aquí el cuento atroz en el
fondo, cómico en la superficie, nar~ado con la ~xtra:6-a
alegría con que e.soa antiguos .cuentistas tratan 111stor1as
sangrientas: «Lme XI concedió la abadía de Turpenay á
un gentil hombre que gozaba de rentas y se hacía llamar
el sefior de Turpenay. Sucedió que estando el ~ey en
Pleseis-lea-Tours, el ve.-dadero abat~, ~ue era mon¡e, fué
á presentarae al rey y le hizo su pet1c1ón, demostrándole que canónica y monásticamente él era el verdadero
poseedor de la abadía, y que el gentil hombre usurpador
le perjudicaba contra toda razón, y por lo .tanto que él
recurría á eu majestad para que le mantuv1ea~ en su derecho. Sacudiendo la peluca el rey le prometió que que•
daría contento. Ese monje importuno salía al encuentro
del rey todos los días á la hora de comer, y este, cargado del agua bendita del convento, llamó á su compadre
Tristán y le dijo.-«Compadre; aquí hay ~n Turpenay que
me fastidia quítamele del mundo.u-Tr1stán se presentó
al gentil-h¿mbre que la corte co~ocía por el .seflor de
Turpenay, y acercándose á él y as~éndole, _le h11:o .com•
prender que el rey quería que muriese. Qmeo resistir BU•
plicando y suplicar resistiendo; pero en vano, y como
.oadie podía oírle, fué tan delicada y eutilment.e _estrangulado entre la cabeza y las espaldas, que espiró;

69

EL MUNDO

tres horas después el compadre dijo al rey que Turpenay
estaba ya destilado. Pero sucedió cinco días después, plazo destmado para aparecerse las almas, que el monje se
presentó donde estaba el rey, que quedó asombradíeimo.
Trietán estaba delante. El rey le dice al oído: «¡No hicisteis lo que os mandé!ll-«No os incomodéis, sefior; lo
hice Turpenay ha muerto.-«Yo te hablaba de este monje,.,...:._«Yo entendí que me hablabais del gentii hombre."
-«¿Lue,zo él es el muerto?..-«Sf,. sefio!·"- «Ha~ hecho
bien.»-Vol viéndose el rey al mon¡e le di~e: «Vemd aquí.
El monje se aproxima. «Poneos de ro11llas." El pobre
monje temblaba; pero el rey le dijo: «Dad gracias áDioe
que no quiso que fuéseis extrangulado, como yo mandé.
El que os usurpaba la abad:ía lo ha sido. Dios os h~ hecho justicia. Id, rogad á Dios por mí, y no os mova1s del
convento"
Oyendo ese relato es preciso convenir que la zorra ha
obrado como un león, v que un hombre malvado fué un
gran rey. Tuvo 1~ p~sión del. ]!stado. La Francia.le debe
sus mejores provmcias. La rigidez que el campesmo roa•
nifiesta juntando surco á eurco y á su pedazo de tierra ef
pedazo vecino, él la empleó en completar yen redondear
su reino. Ese fné el ardor, el movil de su vida y el celo
que le devoró. Habla en sus cartas de las ciudades ó
provincias que codicia, como hablan los amantes de sus
queridas. .Ta más ardió la ambición con fuego tan acerbo.
Es necesario oírle, después de la muerte de Carlos el
Temerario, aspirar á la Bo~ofla con el fuego del deseo.
-«No tengo en la imaginacion más que ese pataíso. Tengo más ansiedad por hablaros de esto, que tuve jamas
por hablará un confesor por la salvación de mi alma."
La grandeza del objeto atenúa lo ilicito de los medios.
En esa época la patria está identificada con el rey, sus
intereses estan mezclados, su porvenir es el mismo y eR
muchas veces difícil didtinguir eon claridad en Luis XI
el hombre depravado del mor.arca hábil. En la lucha
contra loe grandes vasallos, que llen11 su reinado. el derecho está de su parte, si no la moralidad. Se batió con
armas desleales contra un ejército de felones, se portó
traidoramente con loe traidores y fué perjuro con los
perjuros. El duque de Borgoña, el duque de Bretaña, el
condestable de Saint-Poi, el conde de Armagnac y hasta
su mismo hermano el duque de Guinea, cazaban furtiva•
mente en plena Francia y la arrasaban hasta el suelo,
caza contra el rey, caza feudal, violenta y salvaJe. - «Quiero tanto el reino-decía el duque de Borgoña,-que en
vez de un rey, quisiera tener seis.»-Y el duque de Guinea:-«Arroja1emos tantos lebreles contra él que no sabrá
donde huir.i:-Y huía sin embargo, rápido, oblícuo, ina•
gotable en efugios, haciendo perder su pista, confundiéndolos por senderos y multiplicando en su camino las
redes y loa dédalos, cada afio uno de los cazadores caía en
una emboscada ó era desarmado por d1&gt;tras, hasta que al
fin el gran montero de esa caza civil, Cirios de Borgofia,
cayó herido por una flecha de un arquero lorenés en el
foso de Nancy.
Entoces el rey, tan largo tiempo perseguido, fué á visitar sus redes y á desnudar á loe cazadores. Loe que
respiraban aun los metió en jaulas como al conde de
Perche, ó los decapitó como al duque de Nemours y al
condestable; depués se apoderó de sus dominios y los
despedazo realmente. Eea excelent~ caza le dió por resultado la Picardía, la Borgofia, el Rossellón, la Provenza,
el Maine y el Anjou. Los rudos batalladores que venció
Luis XI pudieran esclamar como la cabeza cortada de
Klephte en el canto griego dice al ave de presa qne la
roe: «Come, ave, aliméntate coa mis fuerzas, aliméntate
de mi valor, y tu ala adquirirá la longitud de una ana y
tu garra la de un pálmo "
Lasepultura que dicho rey dispuso para sí mismo, parece ser el emblema de su reinado; mandó que le esculpie•
ran sobre su tumba con traje de caza, con el dardo de
cazar javalies en la cintura, teniendo á sus pies un
lebrel.
El derecho está de su parte en la guerra admirablemen •
te obstinada que sostuvo contra los rebeldes, pero á pesar
de eso no se puede simpatizar con Luis XI. Luchaba
contra sus traidores, pero sus traiciones eran más viles
y más refinada su perfidia que la de sus adversarios. No
usaba la máscara de fino acero del disimulo italiano, sino una máscara móvil, gesticuladora, de ojo pérfido y
de sonrisa falsa. Protestaba, juraba ante relicarios, ponía
por testigo á su sombrero viejo lleno de amuletos; abra·
zaba á los que quería ahogar; se ponia de rodillas, como
dice la crónica, «santiguándose desde la cabeza á los
pies,,, .A la perversidad de la hipocresía añadía la fealdad de la pantomima. No ha existido jamás alma menos
real que la de ese rey; carecía del sentimiento del honor.
En China hay un proverbio que las madres enseflan en
la cuna á sus hijoe, y al que quizá debe ese pueblo ab·
yecto su incurable bajeza: «-Siao-sin; achica tu corazón.,,
Ese proverbio era el suyo, que tradujo así en su francés
anticuado: «Cuando el orgullo cabalga delante, el perjuicio le sigue detrás." Repetía ese vil dictado cuando después de lo de Peronna, el duque de Borgofla le llevó
compasivamente en su sequito á ver saquear á Lieja,
ciudad que había levantado bandera por él. Cuando Car•
los le preguntó qué era necesario hacer con la ciudad re•
belde, respondió con este cruel apólogo: «Mi padre tenía
un gran árbol cerca de su palacio, en el que los cuervos
hacían nido; le fastidiaban los cuervos, é hizo quitar los
nidos una y dos veces; al cabo del año los cuervos volvían á anidar otra vez. Mi padre hizo cortar el árbol y
durmió mejor.»
Su política era equivoca~ siniestra, como su carácter;
politica de policía, de inqmsición, de espionaje. Horrorizó á su siglo caballeresco y aefiorial. Puede comprenderse cuál sería la cólera de los hombree valientes y
violentos que le combatían al verse cogidos en las redes
de su diplomacia hipócrita. ¿Quién sabe, ein embargo,
si su proceder oblicuo fué la esgrima necesaria para las
luchas complicadas que tuvo que sufrir? Imaginaos en
su lugar á un santo como Luis IX ó á un caballero co·
mo Francisco I batiéndose cotra esa tempeetad hecha
hombre, que ee llamaba Cárlos el Temerario; hubieran
perecido al primer choque, y la Francia acaso con ellos.

El heroísmo hubiera sido insuficiente para vencer á ese
Rolando furioso en el que la Edad Media en sus postrimerías reunió todas sus fuerzas y todo. su poder. _P~ra
abatirle ee necesitaba un rey como Lws XI. .Admitido
el drama debe alabarse la obra. El sobretodo de fue•
tan (1) r~ido, que no se quitaba nunca, y que le daba el
(1) Tela. de hilo y de a.lgodón.

aire de un viejo zorro, salido casi sin pelo de una tram ·
pa, era el traje que correspondía á su papel. For~aba la
antítesis viva de la caballería empenachada y brillante,
caracter:zando con marcado contraste su oposición á la
pompa y al modo de ser del mundo feudal. E l rey del
pueblo contra los grandes, gastaba traje y caperusa plebeyos. En el banquete de su consagración le incomo~aba la corona, que era demasiado grande para él, se la qu~tó
sin cumplimientos, y la puso sobre la mesa, como hub1e •
se hecho con un birrete: ese detalle ya manifestaba 10
que había de ser el rey. Sus amistades fueron de baja
esfera. El sefior de Haillant relata en su crónica, que en
París «iba el rey muchas veces de calle en calle y decaaa
encasa á comer y á cenar con unos y con otros, hablando privadamente con estos y con aquellos para ser querido del puebio.» Sd hizo inscribir como «h ermano y
compafiero de la gran cofradía de los ciudadanos de P arís." Lo que él apreciaba en sus «compadres" como les
llamaba después de beber, era precisamente su estado
de pecheros. Uno de ellos, llamado ~11a~, que con frecuencia comía con el rey, lo aprendió a sus espensas.
Fastidiado éste de oíree llamar siempre el señor Juan,
le suplicó al monarca que le hiciese escudero suyo. Luis
XI Je concedió titulo de nobleza, pero ya no le vol vió á
dirigir la palabra; apercibido de esto el antiguo plebeyo,
se quejó al rey, y éste le contestó: «Cuando os permitía
que os aentáraie en mi mesa, os consideraba ~omo el pri•
mero de vuestro estado, y no perjudicaba á ningun gen·
til-hombreel que os honrara como á tal; ahora q ue sois
gentil-hombre, y en ese estado os preceden muchísimos
que lo adquirieron l?ºr las eapa~as .de ~ue antep9'.eadoe ó
por sus propios méritos, les per¡ud1caria concediéndoos
el mismo favor."
Tuvo siempre por el pueblo veleidades de afección.
Los registros de su libro de cuentas, que antes abrimo,i
por sus sangrientas páginas, están llenos de limosnas
distribuidas á la mano, y de artículos como el siguiente:
«Un escudo para entregará una mujeren recompensa de
un pato que el perro del rey, llamado Muguet, mató cer•
ca de Bloia.»-«On escudo para dará un pobre hombre,
de cerca de Mane, en recompensa de haber gastado loa
arqueros del rey trigo suyo al pasar por en campo.»-«Un
escudo para entregar á una pobre mujer en recompensa
de que los arqueros del rey le mataron un gato cerca d~
Montlois al ir de Tours á Amboise."
Cuando llegó su última enfermedad, hizo irá París
pastores de Poison para que cantasen delante de él aires
de su país con acompafiamiento de bajos y dulces inatru •
mentoe.
En el crep1eculo de su vida, c~ando esta declinaba y
se obscurecía, le complacía hundirse en el pueblo y en
loe bosques· escuchando durante la caza la queja del campesino ó el ~viso del leñador, preguntándo al carbonero
por su choza y al paator por su cabafia. Más tarde, cuando se encerró tras las rejas de su torre de Plessin y que
solo cazaba loe ratones con pequefios perros amaestrados en esa ocupación de gatos, le complacía bajar á la
repostería y hablar con los que allí encontraba. Un día
encontró en la cocina á un niño que daba vueltas á U !l
asador. El rey le preguntó cuánto ganaba; el marmitón,
que no le conocía, le contestó : «Tanto como el rey, por·
que él no tiene más que su vida, com? yo tengo la mía.
Dios alimenta al rey, y el rey me alimenta á mí.» En•
cantado de la respuesta Luis X.I, . hizo page al muchachuelo y aseguró su for una. Los únicos favoritos que
tuvo el monarca, todo el mundo sabe que fuéron su barbero y su verdugo.
Ese capricho de soberano que busca bajos á sus confidentes para elevarlos hasta él y hablarles al oído, ea pro.
pio de todos los reyes del carácter de Luis XI. ¿A. quién
se encuentra con más frecuencia en la historia antigua,
en la primera grada del trono de loe Césares, de los Czares,
de los Sultanes, de los reyes absolutos y desconfiados'; á
loe que preocupan sombríos pensamientos?.....• .A un eunuco, áun liberto, á un mugick ó á un batelero del
Bosforo. El déspota no se fía más que de los pequefloa,
que ha engrandecido y hecho á su semejanza, como el
rey de la Fábula antigua hace un agujero en tierra para
depositar en él sus secretos.
p .AU L PE SAINT-VI C.T OB

LA CARGA DE CARABOBO

«Cerrad las filas, Llaneros,
Rienda suelta y galopar!
Del campo de Carabobo,
Desde hoy llanura inmortal,
Con las banderas al aire
Valencey libre se va.
Sus cornetas tocan marcha,
Sus tambores rataplán:
¿De tan completa derrota
Ellos sólo han de escapar?
A romper vamos sus filas,
Y nuestros brazos sabrán
.Aprisionar á sus jetes,
Sus soldados alancear,
Arrancarles sus banderas
Y sus cafiones clavar.
Y una voz lejana griia:
¡ Valen4ey! ¡apunten! ar ...... !
Del cafión el estampido

�EL

70

La atmósfera hace temblar ......
Y galopan loe Llaneros
Oiento veinte nada más;
Pero al frente de esos bravos
El Cravo Cedeño va...

DOMINGO 25 de JULIO de 1Ssn

MUNDO

La mitad presenta el frente,
Re aleja la otra mitad,
Y de balas nos envían
Una lluvia ein cesar.
Valientes son en Eepaf!a,
Valientes también acá;
Mas si allá siempre vencieron,
Vencidos aquí serán.»
Y una voz lejana grita:
¡ Valence¡¡! ¡apunten! ¡ar...... 1
U na descarga de balas
Rn torno se oye silbar..... .
Y galopan los Llaneros,
Ya son ciento nada más;
Pero al frente de esos b.:-avos
El bravo Cedeño va.

A Antonio de la Peña y Reyes.
Canto Primero.

I
Es la suprema floración del afio.
Ya las nieblas no ocultan los bohíos
y los nidos del bo€que, ayer vacíos,
están llenos de pájaros hogaño.

De Marzo los deshielos, ·como un baño
el valle inundan en raudales fríos,
donde llenan sus ánforas los ríos
y beben las bandadas y el rebatlo,
Ya de la sierra en el crestón gigante
deebaratóse el gélido turbante
.
que el invierno formó con sus neblrnas.
Y sobre el cielo azul, cuando atardece,
la sarta de las grullas desparece
y flotan las primeras golondrinas.

II
Estremécese el aura tremulenta
y la tierra, á los húmedos halagos,
sigui', ya sin tf&gt;mor á más estragos,
· eu constante labor, fecunda y lenta.

«¡Firme en la silla, Llanerosl
1Lanza en ristre y galopar!
Loe muertos no necesitan
Que lee toquen fuoeral.
Vamos nosotros sus vidas
Ciento PQr uno á cobrar.
De Valencey los soldados
En cuadro formando están,
Sus cañonee á los flancos,
Al centro su General,
Una fila de rodillas,
Y otras tres filas detrás.
¡Cómo relumbran sus armas!
¡Qué aspecto tan militar,
Con los fusiles al brazo
Esperando la sefial !»
Y una voz lejana grita:
!Valenceyl ¡apunten! ¡ar ..... .
. El humo de loe fusiles
L'&gt;s cielos sube á nublar..... .
Y galopan los Llaneros,
Son ochenta nada más;
Pero al frente de esos bravos
El bravo Cedeño va.

«!Llueven las balas, Llaneros!
¡Cuándo polvo! ¡Qué sudar!
Los hombres, ¡cmánto coraje!
Los caballos, ¡qué piafar!
Más que el fusil enemigo
Nos devora la ansiedad;
Pero siguiendo la espada.
La Papada del General,
ne Valencey lograremos
Vencer la tenacidad
Ya podemos sus soldados
Uno por uno contar,
Ya van con sus bayonetas
Nuestras lanzas á tocar;
Ya estamos encima...... 1vival»
¡Qué descarga tan fatal!
U na voz cercana grita:
~·Valm ceyl ¡apunt.en! ¡ar...... !
En torno á loe combatientes
Todo es humo, oscuridad..... .
Y galopan loe Llaneros;
l:lon setenta...•.. pero ¡ay!
El más bravo de loe bravos
Al frente de ellos no va!

Do quier su fuerza poderosa ostenta:
festonea las lilas y los dragos,
hace brotar los mustios jaramagos,
hincha la yema y el botón revienta.
Al tronco de los árboles se prende
de la hiedra la azul y v1:rde malla,
'
que en el bardal su pabellón extiende.
Y, empapada del éter en las ondas,
del sol al fuego, la campii'!a estalla
en explosión de pétalos y frondas.

III

Nunca me hallo sin fausto ni dinerc,
porque veo en la sombra lo que quiero.
Esa muj°er tan bella,
fué por mí tan querida
que alguna vez, para morir por ella,
tan sólo me faltó perder la vida.

III
Todo, al soplar las brisas tropicales,
mueve la sangre y todo á amar provoca.
Naturaleza entera es una boca
donáe palpitan besos inmortales..... .
Requiébranse en la rama los turpiales
lanzando su canción alegre y loca,
y, en la cortada arieta de la roca,
se acarician las águil8f' reales,
Tálamo de las tiernas golondrinas
es el aire, del tigre la espelunca,
d~l triscador ganando las colinas ..... .
Nada tu esfuerzo poderoso trunca;
pues, renaciendo de las mismas ruinas,
¡oh, fecundante Amor, no mueres nunca!
Canto Tercero.
ELE G ÍA

II
En la intrincada eenda, y en el rojo
pefión y en la monótona llanura,
no qu~aan ya ni un resto de verdura
ni una brizna de hierba, ni un abro¡o.
Tan eóla cuelga su último despojo
la seca hiedra, de la tapia obscura,
bajo la cual t:l ábrego murmura
y crujen las hacinas del rastrojo.

Entre las hojas de la encina adulta
Se escucha el eneayar del primer vuelo,
y en el pico de rosa del polluelo
su pico de ambar la torcaz sepulta.

Nada se oye vivir...... Sólo en la hora
del declinar tristlsimo del día,
grita el halcón que en los barbechos mora.

Muge la vaca en tanto que se aleja
la cría por las quiebras del camino.;
y al blando eón de la amorosa que¡a, ,

¡Qué tristeza tan honda en el paisaje!
Del norte frio al destructor alienGo
euspendióse en el campo el movimiento
y g1m1eron los troncos y el ramaje.

tiembla, cual amapola sobre el lino,
la roja lengüecilla de la oveja
del cordero en el blanco vellocino.
Canto Segundo.
EPITALAMIO

I
Resplandece la bóveda infinita
con el fuego abraeante del verano
y, en la inmensa extensión, el soberano
elemento p101ffico palpita.
La vida, como el alma de Afrodita,
todo lo enciende: al hougo en el pantano,
al ave y al cuadrúpedo en el llano
y en el huerto á la humilde bellorita.

Y al balar de los hatos trashumantes,
e11. lo más escondido de la sel va
ta:fie Pan la d1i1lcíeima zampoña.

Son las bodas campestres de las flores.
Al beso del amor, antes later.te,
hinche y mueve sus ondas el ambiente,
írguense los estambres tembladores.
Se impregnan los insectos zumbadores
en el pólen de oro refulgente
y al par le lleva en eu regazo ardiente
el viento grácil esparciendo olores .....•

El pobre .está seguro que su perro
ha de formar su séquito en su entierro.

Las supersticiones reemplazan á las religiones, como las
malezas á loe viejos robles.

Aun tengo confianza
de que Dios me dará la fe p¡,rdida..
¡Bien haya el que ha inventado la esperanza
que es la muerGe el principio de otra vida!

* *una cátedra ·de moral cual•
Del teatro se hace ahora
quiera, un curso de derecho, ui;a taller, una.clínica; todo,
excepto un lugar de placer.

Voy sembrando esperanzas por los vientos
y recojo después remordimientos.

**
Las mujeres tienen generalmente
mejor tarea que la
de practicar las artes; la de inspirarlas.

CAMPO.A.MOR.

¡Posad sobre su cáliz, que el deseo
desflora, mientras cantn Primavera
los eróticos cantos de Himeneo 1

La tarde viene cenicienta y fría,
y una dedolación abrumadou
se extiende por el monte y la alquería.

II
Pinchando á sus rivales,
te escribe con la espada madrigales.

¡Oh, céfiro¡ ¡oh, abeja! ¡~h, mariposa!
¡con que ansiedad tan pudibunda espera
vuestra llegada la naciente rosa!

En loe collados y en la selva inculta
del maternal amor se muestra el celo:
oye el ave el reclamo, deja el cielo
y á•ude al nido que el ramaje oculta.

Exhalan sus aromas penetrantes
el apio y la silvestre madreselva
y el laurel odorífero retoña.

J UAN IGNACIO DE ARMAS.

EL MUNDO

Notas de la moda.

POEMA DE VIDA

IDI L I O

«No es más que plomo, llaneroel
¡La fila otra vez cerrad!
¿Qué importa que algunos caigan,
81avanzamos loe demás?
Mirad que por la llanura
Yalencey se aleja ya;
Mientras unos hacen fuego
Loe otros cargando están;

DOMINGO 25 DE JULIO OE 1897

*

*

G. M. VaUour.

II

Ya no hay nidos, ni cantos, ni follaje;
no se escucna un murmurio ni un acenGo,
y apenas, junto al lago tremulento,
se oye graznar el ána.te ~alvaje.
En las regiones do Aquilón desata
su safia y con furor se precipita,
sin cesar, sin cesar escarcha y Hueve;
mientras inmensamente se dilata,
desesperante, trágica, infinita,
la sepulcral blancura de la nieve.

III
Si tan helada soledad impera
en el mar, en la tierra y en el cielo;
si ya no corre el límpi&lt;lo arroyuelo
ni se mece el rosal en la pradera;
¡ah! no pensemos que la vida muera,
amortajada con su blanco velo,
bajo la opaca crústula del hielo,
un inmortal renacimiento eepera.
Mas ¿quien puede escuchar las misteriosas
voces que eleva, en místico murmullo,
el más oculio seno de las cosas?..... .
Nada sucumbe: el escondido germen,
la crisálida envuelta en su capullo,
la célula y el grano...... ¡todos due.rmenl
M ANUEL

JosÉ

ÜTHÓN.

Cerritos, Julio de 1897.

Pocas veces te ví, pero no olvido
que yo te amé como no amó Macías,
y que fué la pasión que te he tenido
un amor inmortal de cuatro días.
Si á comprender aspiras
la ciencia &lt;le las puras realidades,
hallarás que de todas las verdades
la mita&amp; por lo menos son mentiras.
C..lMPOAMOB.

(V é ase el texto.)

�'DOMINGO 25 DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

-====-

NOTA DE LA MODA

CURIOSIDADES.

Las últimas reuniones mexicanas nos muestran
claramente que la moda parisiense no estará descontenta de nuestra culta sociedad. Aquí también
tenemos grandes :fiestas, unas que directamente nos
P.ertenecen y otras a que asis~imos por verdadera
P1mpatfa. De estas fneron las del 14 del actual en
las que pudimos admirar á nuestras graciosas c~m.
patnot~s en 1;1nísona barmouía con las lindas Tejanas y s1mpáti~as Francesas, tanto en la kermesse
c)mo en el baile, donde en atractiva confusión se
mostraban gozosas, luciendo todas sus seductoras
galas.
Allí, lo mis1:110 que en el teatro, hemos visto con
g.usto que las ¡óvenes no necesitan engalanarse con
ricas y costosas t~las, pues .las que aparecen vesti·
élas con más sencillez, son 31ll duda las reinas de la
:fiesta.
Las telas vaporosas, y los colores claros eobre
t?do blanco y azul pálido, son los más aceptados;
e1.n embargo, estos no ofuscm á las que compren~1endo á ~onde llega su belleza, elijen el color ro•
J'&gt; ó.amanllo 9ue contrasta divinamente con sus
faAcrnadores o¡os,. y c!ibelleras negras.
Pocas hay partidarias del color lila, y sin em bar~o. ¡es t~n mode_sto! ¡hay tal encanto al ver á las
t r ~s gracias vestidas: la una de verde nilo, la otra
de rosa y Ja tercera color lila!
. ¡Salud! al bello ~exo que prefiere á los grandes
t1~úe, las flotantes gazas y los níveos encajes.

't'

Traje de seda india.

. Este _rico vestido de seda india, de azul y oro, no
ti.Pne v1~tosos adornos porque siendo una tela tan
rica, se J~zgara ofendida si no se le dejara ostentar J!0r s1 sola su hermosura. Así es que, tan sólo
un rico galón de seda y oro, colocado negligentemente sobre la enagua, ee abre, como al acaso, á
lo~ lados, y va á rodeará la enagua en su borde inenor.
. El mismo galón adorna la cbaquetita fígaro y desciPnde basta media espalda en forma de picp.
Chaleco y cuello de seda color de oro.
Sombrero de paja claro, con una ancha pluma rodeando la copa, y una paloma blanca encima.
Trajes pa;rantños.
Vestido par~ niña de ,o á

12

Vestido para niño de 6 á 8 años. (Figura~

Es de pafio de damas verde obscuro - adornado
en el cuello con cinta otomana: camisá de punto
y sombrero de paja.
Traje de niña d~ 8 á ,o años. (Figura 3.)

Este trajecito es de diagonal ~ria adornado con
cintas de terciopelo negro: nn phesé forma el cuello, Y a~orna la tira del pecho, á cuyos lados van
dos senes- de botones fantasía.
Vestido Imperio para niña de a á 3 años.
( Figura

Figuras

I

y

2•

Entredos ~ara cortinas. ( Figura

4. )

Se hace de piqué moteado de azul· y el talle in~rior y mangas de muselina con l.!ordados. Cape.
linade muselina con plissé y bordados. Lazo azul.

ciplinar asta brillante inteligencia. Por otra parte, Mllrconi,
que es por su madre de orígen
inglés, se encontró en relacirnes con M. Preece, director de
la oficina decoireos en Londres
·y cuyo nombre es universalmente conocido en el mundo de
los telegrafistas y de loe electri •
cistas.
Gracias á M. Preece, tuvieron
lugar algunos experimentos en
Inglaterra, sea en el plan Salia·
bury, sea en el canal de Bristol;
algunos raros privilegiados pudieron sólo asistir; uno de ellos,
hombre de ciencia y de incon•¡ iestable valor, se maravilló y es•
cribía últimamente: «El descu·
brimiento de ese joven de vein·
tidos años es admirable, peroM.
Preece tiene la gloria de haber·
le proporcionado les medios pa·
ra producirlo en plena luz.
Me parece bien natural, eegún
las experiencias de que se trata,
que ee baya podido telegrafiar
sin hilo entre dos estaciones separadas por una distancia de
Guglielmo Marconi, inventor de un aparato para la telegrafía sin hilos.
más de 9 millas inglesas. La bru•
ma no llevó turbación alguna á las comunicaciones y se
EL TELEGRAFO MARCONI
comprende la importaníia práctica de un resultado tal
He aquí una invención y un inventor, por decirlo así, en lo que concierne á loe peligros de las colisiones en
desconocidos del público y que maflana podrán muy el mar. Dos buques podrían prevenirse mutuamente de
bien ser célebres. Se trata de la telegrafía eléctrica sin su presencia, de día ó de noche, en medio de la bruma
hilos, problema que ha preocupado ya muchos trabajos más espesa, de manera de evitar torio rieego de abordaje.
8i hemos de creer ciertos relatos, el seflor Marconi auey muchas invest1gaciones, sin utilidad, ¡ay!, basta aquí
fía aún con las aplicaciones militares, muy de otra natucuando menos, y bajo el punto de vista de la práctica.
Si mal no recordamos, Edisson no desdei'ló en otro raleza, y considera como posible comurdcar con un navío
tiempo :fijarse en esta cuestión-; pero los débiles resulta- enemigo y enviarle ondulaciones de Hertz capaces de indos obtenidos parecían haber quedado en el olvido y el cendiar su pólvora.
No vayámos tan lejos, y mostremos una gran reserva
inventor mismo no ha pensado en sacarlos de ahí.
La mayor parte de loe investigadores intentaron en sobre las aplicaciones futuras; esta reserva es tan prueste orden de ideas utilizar las corrientes telúricas y las dente como loca, y absurda la incredulidad de parti -pris
en estos tiempos de descubrimientos y de inven cionea
propiedades de inducción eléctrica.
E1 descubrimiento nuevo sobre el cual no tenemos, por porque atravesamos.
Lo que es cierto es que bajo el punto de vista puralo demás, más que datos inciertos y vagos, va á empren;
derse porque se inspira en otra teoría célebre, en el domi- mente cientí:ficó, los procedimientos de Marconi tienen
nio puraI11ente científico, la de Hertz, conocida con el una importancia considerable. El ha puesto en eviden•
cia que ciertas ondulaciones de Hertz· ( que acaso se de•
nombre de teoría magnética de la luz.
Todo el mundo sabe que desde Fre~nel se atribuyen signarán un d1a con el nombre de Marconi ) se trasmiten
los fenómenos luminosos á ondulaciones de un cuerpo á navés de todos los cuerpos sin poder jamás encontrar
ideal, el éter, que transmite integramente á través del obstáculos, es decir cuerpos opacos. Resulta pues un paespacio los movimientos provocados en un punto, casi rentesco evidente con loe rayos :Roentgen y aún una pecomo el agua tranquila, turbada por la calda de una pie- netración mas profunda y más geoeral.
En todo caso el nombr., de M.. Preece, los de los sabios
dra, transmite á su superficie, en clrculos que se extienque han sido autorizados para seguir los experimentos
den ai rededor, las onctaa provocadas por ebta caída.

Este tejido ee ejecuta con· hilo crudo al punto de ma111~, y se borda con entretejido de hilaza blanca, azul y
ro¡a. Loe puntos más obscuros de nuestro dibujo repre•
sentan el azul; los de media tinta, son rojos; y loe ~áe claros, blancos.
LECTURA PARA LAS DAMAS
EL NO LLEVAR APUNTES

Ha:r también despilfarros en las cuentas que no se tie•
ne cu~dado de llevar, y en los pequefíos gastos que se
des~u1da apuntar: un centavo no es más que un centavo,
es cierto, y es muy poco, pero reunidos los centavos forman los pesos.
Es un ~erdadero fastidio, es cierto, el sujetarse á apunt~r en el hbr~ de gaet?B hasta tin centavo; pero hay tam•
b1én una lección preciosa en eeae líneas escritas que nos
reprochan, cada vez que las vemos, nuestras prodigalidades :r nuestros gastos supérfluos.
. Un hbro de cuentas minuciosamente llevado es un
¡u~z. severo que con f!ecuencia nos ruboriza y que no
qws1é.ramoe mostrar m aún á una íntima amiga.
O~bgaos á apuntar en vuestro libro todos loe gaetos
ocaeiooados por vuestros caprichos y antojos, explicadlos detal.la?amente; bien pronto llegaréis á no tener ya
que escnbuloa.

-

'

.

..

/1 ,

Un paciente á quien ae foto¡¡rafla e on loa rayos Roentgen

(Figura

l.)

/

=

'"";jj"'

Agua...................... ........ 500 gramos.
Bicloruro de mercurio...
5
Cloruro de a mouio.........
2
,.
Posiciones diversas del esqueleto.
• Flgu ras 3 y:4.

sobre unas cuerdas bien extendida .-.i
d?; porque ee la somete á un lavad~~!~ dep~rtam~ntdo esp:1cioso Y ventil~· ,
g1la el lavado· por que no Ee re ar
.gua emas1a o caliente, 6 no se vi·
doó deedefia~do hacerlo
P ª ó remiend ª con oportunidad, descuidan·
Vigilad, sobre todo ~l lavado q 88 b
f
palmenta es donde lar~
. ue
:tce uera de la caea. Allí princiría porque la lavao con r~f1i~ec:~ alli B~ pberde,l allí 88 cambia, allí 88 avetuercen con fuerza en vez de ee'pri' ".e1z , e . acer o con las solas manos, ó la
mir a unicamente
!AY·I en todas partes se nota que e b. d'f . 1·
.
no nos pertenece. ¡Oh! si se pudi
~ ien i lm tener cmd_ado de lo que
casa y por la m'ismafamüia.
ese siempre lavar la ropa sucia en la mi.sma
EN·LOS MUEBLES

El grao físico Hertz ha imaginado una aplica~ión
identica de los fenómenos eléctricos y magneticoe; s1 su
doctrina no es universalmente admitida por los sabios,
hay que reconocer que tiene muchos hechos en su activo;
en iodo caso casí no hay físicos que no la hayan tomado
á lo serio y eetudiádola con un cuidado atento. Entre
ellos, uno de los que más ha contribuido á hacer progresar este estudio de las ondulaciones ~ertz, es el ·profesor Righi, de la universidad de Boloma.
En su laboratorio es donde h!l trabajado el seflor Guglielmo Marconi, perteneciente á una de las mejores familias de la ciudad, y ahora de veintidos ai'los de edad.
La facultad extraordinaria de invención de que da pruebas Marconi hirió hasta el más alto punto el espritu de
su maestro, que tomó á su cargo la tarea de dirigir y die-

(Figura 2. )

de Inglaterra, son garantías suficientes para permitir afirmar que hay en la invención del joven Marcon~ algo
más que un suefío 6 una mistificación.
RECREACIONES FOTOGRAFICAS.
LOS RA. YOEI X.

Todo el mundo se desinteresa ahora por loe rayos X;
los sabios se preocupan de ellos, los vulgarizadores nos
explican su marcha y sus efectos; los médicos y los magistrados esperan maravillas de ellos y los fotógrafos tie-

Este bai'lo es venenoso: no hay que
manejarlo sino con precauciones. Las
pruebas, lavadas de nuevo y secadas á
la sombra, parecen simples hojas de papel blanco. Para
hacer aparecer la imágen desaparecida del esqueleto,
basta sumergirla en una solución de hiposulfito de sosa
al 10 para 100: es el líquido maravilloso cuya composición
se cuidará mucho de revelar.
No ha-y que olvidar marcar cada prueba con una p3·
quei'la cifra con lápiz, por ejemplo,la que lleva cada e~quel.,to en nuestro grabado, á fin de que se puedan disiinguir las unas de las otras. Ya no queda más que repre•
sentar la pequei'la comedia imáginada pal'a las circuatau•
cias. La persona que quiera tener la fotografía de su
esqueleto, escogida la actitud que prefüire, á decir verdad,
el operador hábil dirije un poco esta elección.
MAGO,

¿CUAL ES EL MEJOR ESPECTACULO?

Hay despilfarros en los muebles
b
·
rompen y que bien prento lle n
que no se .acen ~omponer luego que se
cuidado de visitarlos con frecfe~ ¡así á que~ar Inservibles; que no se tiene
Y se descuida darles un barniz de ~i!iii eacudti.rlos para preservarlos del polvo;
estado.
po en iempo para conservarlos en buen
EN LOS VEST!DOS

Hay deepilfarroP en loe vest'd
tadoe ó poco cuidado'e.
i os que, 6 son muy numerosos, ó mal traLa moda cambia con frecuencia I f
te caso ttmer muchos es por lomen ª orma{ ~1 ~o!or de loe vestidos, en eeGeneralmente los vestid
os un gas o rnut1l.
. gadoe más bien qile dobladosºªct~'ªdque nodse de~rioren, deben tenerse colterciopelo ú otra tela aef d&amp;ben 88n eonlt 8 un lienzo delicado, gaza, raso,
almidonado, para que siempre esté:nv
u\ ~8 endsacoe de un lienzo grueso y
del humo.
ª1 a ngo e1 polvo, de la humedad y
Yisitar y sacudir con frecuen ·
.
desaparecer de ellos los ine etosciau 1os vestidos, es e) medio.eficaz de hacer
1
0
plantas aromáticas el tomill~ alhJ e \ Pfeden picar. Sm duda que la&amp;
-!Ilº el alcanfor ó J~ pimient¡ des cema, 3 ~u~as substancias olorosas, coalejan; pero el aire disipa pro~to 1~uyen la simiente ~e eB?B insectos y los
acre.
que eeae eub3tanc1ae tienen de fuerte y

°

Entred&lt;1s para cortinas.

/

~

.

f~

EN L.l ROPA.

~ay despilfarros en la ropa que se deteriora porque 88
de¡a amontonada cuando está sucia, en vez de colgarla

nen para lo futuro ante ell.:is, gracias al descubrimiento
de Rrengten vasta materia de estudios nuevos.
Pero entre estos último8, cuántos aficionados retrocediendo' ante la adquisición de un material costoso, han
tenido que renunciar, no sin tristeza, á obtener sobre la
placa sensible la sombra ..aaravillosa del esqueleto de su
m!lllOI
He aquí, para consolarlos, una recreación, un juego,
una mistificación si se quiere, que á los franceses ha !ªº
!ido lidísimos éxitos, de magos en Egipto durante el ~nvierno último y que sabe bien en nuestro eeman:u-10.
Resultado que los sabios no han obtenido aún, son los
esqueletos en~e1os que vamos á fotografhr. gracias á un
,(perfeccionamiento de los métodos de Ru,ogten; lama-

nera de operar es aquí de una simplicidad tan prodigio•
ea que los aficionados á la magia verán ciertamente en
esta pequefía mistificación un lindo ~úmero más, t&gt;!ica _.._
1
sus sesiones de física recreativa en famiha.
-·
He aquí pues, como pasan la~ cosas: Se :fija á un muro una hoja de papel blanco ante la cual un eefior'.&lt;fli
buena voluntad as invitado á colocarse en la actitud
se quiera. (fig l. ) Aquí no hay bobina de Ruhm .
hay placas dtl fotografía :fiscal, nada de tubo de _ c ·e~;
Omp~ hilo do m,go.,;um qu, "
•l p~
ciente-un cerillo grueso daría el mismo
cio-:-y la
hoja de papel, desarrollada en plena luz e
ido ma~a•
villoso muestra en todos eus detalles el es . ·~to del sefíor complaciente. ( N~ 5. :fig 2. )
·
.
El secreto?
Fotografiad separadamente engrandeciéo~olos, si guetaie, ca:ia uno de los ocho eequeletos representados en
nuestro gabado (fig, 2. ) saoad pruebas
:::--:=:-:=•=-'="'"-=--- --:::=-,.-:;a--- -:--'-=,...,,.,,
sobre papel albuminado 6 más bien
8
,
sobre papel salado eensibl~ ( se encuentra en todas las droguerílll!;) fijad
las pruebas obtenidas sin virarlas, en
un baf\o nuevo de hiposulfito
soda á 12 por 100; dejadlas en seguida,
duraate muchas horas, en el agua !re·
cuentemente renovada, y sumergidJae,
basta la desaparición completa de la
imágen, en el bai'lo siguiente:

6.)

años, ( Figura 1.)

Eate vestido .es de alpaca vert, enagua lisa, jaqnette de la misma tela con cuello de piqué ador•
na~o con cintas negras lo mismo que el cue.po interior y loe pufioa.

73

EL MUNDO

DOMINGO 25 de JULIO de 18517

Consagrad, pues, algunas hora8 ad
• ·
e ª mes, á sacudir vuestro guardarc,pa.

Los circos.

La ópera!

El juego de bolos.

El frontón.

¡Una buena cena.. .......!

Un drama romántico y con
danza serpentina_........ .

- ¡Digo! los toros...... Las ejecuciones.

1

�·Pa,n-KlDer
- D-

r

~~~{t!!

••••

,

. ..

\''

: ..

•Df........_._ ._

Un r emedio verd&amp;cleNI J MSall!I..,. kl4a
clase y ¡radoa de
lD'-8liaoe ee el

,Í'li

Pa,;..KJl/er

.

(MATA-DOLOIU

(DE VAN BUSKIRK)

E s el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo E uropa, desde
el año dE&gt; 1859. Es la preparacion mas antig.1a del nuevo mundo.
L a célebre actriz Sahara Bernh ardt dice del Sozodonte que "es
el ú nico den trífico de reputacion
universal."
El Sozodonte preserva la dentadura de su d ecaimiento, endurece
las en cias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
con ceder.
E l Sozodonte se yende en todas las
Perfumerias, Droguerias y F armacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar v uestr a dentadura
y u na pastílla de Jabon Sozoderma de
muestra á q l'ien la pida d irigiendose á
los proprietarios

HALL &amp; RUCKEL,

r'

~

NIJIIEBO SMEXICO, AGOSTO

I

o DE I897•

TOIIO 11.

Bato.,. Terd&amp;d, J ao • .,.... . . . en término■ bMlaaM ~
11■ UD l ll&amp;T8,N111ft T . , . . . . _ . .
para

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer.
Conserva la cabeza lihre de caspa,
sana los humores molestos é impide
la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve e1 color or iginal
y su contextura, ·estiltiulando un
nuevo y Yigoroso crecimiento. Do..
quiera se emplea el Yigor del Cabello
cl~l Dr. A~·er, suplanta todas las
demás preparaciones y pa~a á ser el
favorito de las señoras y c,iballeros.

e

C.alambru. l11alohl11
Cólico,
Dl■oa\erla,
Cólera,
Dolor •• ••nlo,
'1'01,
Dolor 11 llloa\11t
Beafriadoa, lnmaU••••
Ba badilla,
1lt'llrt llalatla,
l'unsa,daa 1 piqut.11 .. ale TII¡
'9 ~t.op1ea7 &amp;D!malll,azrf- {'
TenerleenCUL 01UIÑalN_... la
talsiJicacioneL Ooa))nr ..............~
l'J:BRY D.uu. KaTeúa•
--..
lfU&amp;ri"8 y BoiioaL

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

~~;:=~~~;;;;2~___:2:•:s~W=as:h~l:ng:t:o:n~S:t~.,~N:e:w:.:V:o:rk:,~E:E~-u:u~.d:e::A:.J

;~:~

•

(PEJt]lY DA.VII.)

Dr. J. C. AYER y Ca., LoweH, rt'lass. , E. U. A.
Medallas de Oro en las Princip ale3
Expos icio n e s Univlélrs ales,

AGENTES GENERALES

.;e éeie ~ri~ dico en Cent ro .América, Sres.

J . M. Lardi•
~1:&gt;al y CosPafiía, Guatem9.la.
Enán antil'JPZados pa,a arreglar contratos para anlln·
oioa y e ~ri~iones.

'

•

1/

';,

MAS DE CIEN

perso~,,ss han eido curadas de estrechez uretral, sínel me·
noraoicidente, ~in doler, sin clo1oíormo y en menos de un
mini,ito, e mpleando el Dr. Garay la electrolicis. Por el
mis,mo mét odo, cura las t ELJH hrnes del recto, exófago y
útf:ro. Pract ica toda claEe de operaciones quirúrgicas y
ea/especia lis ta en vfas urinarias.

~cooK REMEDY ca.

en su primero, segundo ó tercer
pcrwdo permanentemente cura
SIFILIS
dn de 15 á 35 dtas. El nnmcnte se puede curar eo
casa por el in1~mo precio y bttjo la misma garantía,
Si prefiere vemr [\ n uestra casa, nos comprometemos [\ pagarle lo! ga~tos de ferfQ-carr1I. hotel y
,lema~ que se Je originen sin cobrarle un centavo por

1rneslra asistenciu si no resulta rnradc- con nuestro

tr:ttamlento. s, se ha tom•do mercurio, Iodado de
Potasa y todav1a se sienten dolores y molestias,
E~puto.s mucoso~ e n ia 1&gt;oca, Garganta lla!tuda. Diviesos, Manchas Cobrizns. Ulceras .cu cualquier
parte del cuerpo. Despre'nclim,ento del Cabello y
Ce¡as, esto es el YEN' EN'O de h! Sangre loIFil,ITICA
qne garanriz.amo~ curar. Sohc1tamos los mas obstt~
nadas casos y apelamos ni mnndo entero por un caso
en que no h11.yamos J&gt;odtto curar. La SIFILIS h11
sido siempre J"a pesa ilJa de los medicas mas emi~
nentes. Pruevas ab.s-olutas se envian µor correo
sellado á quien lo solicite. Direccion. COOK REM•
'EDY CO.. 307 Masonic'l'emple, Chicago, lll .. E. U. A.

COOK REMEDY ca. /

(roquetería.
Dibujo d e José M .

V lll a sana.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>·Pa,n-KlDer
- D-

r

~~~{t!!

••••

,

. ..

\''

: ..

•Df........_._ ._

Un r emedio verd&amp;cleNI J MSall!I..,. kl4a
clase y ¡radoa de
lD'-8liaoe ee el

,Í'li

Pa,;..KJl/er

.

(MATA-DOLOIU

(DE VAN BUSKIRK)

E s el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo E uropa, desde
el año dE&gt; 1859. Es la preparacion mas antig.1a del nuevo mundo.
L a célebre actriz Sahara Bernh ardt dice del Sozodonte que "es
el ú nico den trífico de reputacion
universal."
El Sozodonte preserva la dentadura de su d ecaimiento, endurece
las en cias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
con ceder.
E l Sozodonte se yende en todas las
Perfumerias, Droguerias y F armacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar v uestr a dentadura
y u na pastílla de Jabon Sozoderma de
muestra á q l'ien la pida d irigiendose á
los proprietarios

HALL &amp; RUCKEL,

r'

~

NIJIIEBO SMEXICO, AGOSTO

I

o DE I897•

TOIIO 11.

Bato.,. Terd&amp;d, J ao • .,.... . . . en término■ bMlaaM ~
11■ UD l ll&amp;T8,N111ft T . , . . . . _ . .
para

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer.
Conserva la cabeza lihre de caspa,
sana los humores molestos é impide
la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve e1 color or iginal
y su contextura, ·estiltiulando un
nuevo y Yigoroso crecimiento. Do..
quiera se emplea el Yigor del Cabello
cl~l Dr. A~·er, suplanta todas las
demás preparaciones y pa~a á ser el
favorito de las señoras y c,iballeros.

e

C.alambru. l11alohl11
Cólico,
Dl■oa\erla,
Cólera,
Dolor •• ••nlo,
'1'01,
Dolor 11 llloa\11t
Beafriadoa, lnmaU••••
Ba badilla,
1lt'llrt llalatla,
l'unsa,daa 1 piqut.11 .. ale TII¡
'9 ~t.op1ea7 &amp;D!malll,azrf- {'
TenerleenCUL 01UIÑalN_... la
talsiJicacioneL Ooa))nr ..............~
l'J:BRY D.uu. KaTeúa•
--..
lfU&amp;ri"8 y BoiioaL

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

~~;:=~~~;;;;2~___:2:•:s~W=as:h~l:ng:t:o:n~S:t~.,~N:e:w:.:V:o:rk:,~E:E~-u:u~.d:e::A:.J

;~:~

•

(PEJt]lY DA.VII.)

Dr. J. C. AYER y Ca., LoweH, rt'lass. , E. U. A.
Medallas de Oro en las Princip ale3
Expos icio n e s Univlélrs ales,

AGENTES GENERALES

.;e éeie ~ri~ dico en Cent ro .América, Sres.

J . M. Lardi•
~1:&gt;al y CosPafiía, Guatem9.la.
Enán antil'JPZados pa,a arreglar contratos para anlln·
oioa y e ~ri~iones.

'

•

1/

';,

MAS DE CIEN

perso~,,ss han eido curadas de estrechez uretral, sínel me·
noraoicidente, ~in doler, sin clo1oíormo y en menos de un
mini,ito, e mpleando el Dr. Garay la electrolicis. Por el
mis,mo mét odo, cura las t ELJH hrnes del recto, exófago y
útf:ro. Pract ica toda claEe de operaciones quirúrgicas y
ea/especia lis ta en vfas urinarias.

~cooK REMEDY ca.

en su primero, segundo ó tercer
pcrwdo permanentemente cura
SIFILIS
dn de 15 á 35 dtas. El nnmcnte se puede curar eo
casa por el in1~mo precio y bttjo la misma garantía,
Si prefiere vemr [\ n uestra casa, nos comprometemos [\ pagarle lo! ga~tos de ferfQ-carr1I. hotel y
,lema~ que se Je originen sin cobrarle un centavo por

1rneslra asistenciu si no resulta rnradc- con nuestro

tr:ttamlento. s, se ha tom•do mercurio, Iodado de
Potasa y todav1a se sienten dolores y molestias,
E~puto.s mucoso~ e n ia 1&gt;oca, Garganta lla!tuda. Diviesos, Manchas Cobrizns. Ulceras .cu cualquier
parte del cuerpo. Despre'nclim,ento del Cabello y
Ce¡as, esto es el YEN' EN'O de h! Sangre loIFil,ITICA
qne garanriz.amo~ curar. Sohc1tamos los mas obstt~
nadas casos y apelamos ni mnndo entero por un caso
en que no h11.yamos J&gt;odtto curar. La SIFILIS h11
sido siempre J"a pesa ilJa de los medicas mas emi~
nentes. Pruevas ab.s-olutas se envian µor correo
sellado á quien lo solicite. Direccion. COOK REM•
'EDY CO.. 307 Masonic'l'emple, Chicago, lll .. E. U. A.

COOK REMEDY ca. /

(roquetería.
Dibujo d e José M .

V lll a sana.

�EL MUNDO

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1'97

¡I

"EL MlJN nO"
Semanario Ilustrado.

'TelUono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO
Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
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Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa¡o debe aer precisamente adelantado.

llEGIBTRAD0 COMO

~11á11t10

ARTfcULO

D11

SEOUNDA

CLASE.

se orgaui~an Jo5 partibo, ¡•olítico.5.

Nada más equivocado que suponer que los fenómenos
sociales están á disposición de la voluntad del legisla•
dc,r ó de los buenos deseos del publicista. Pretender
que hechos complexo~, en cuyo génesis han intervenido
multitud de elementos, se produzcan un buen día, al modo
que los faquires indostánicos hacen crecer las plantas, es
contrariar completamente las leyes ineludibles que presi•
den y norman los acontecimientos humanos.
Los partidos políticos no se organizan de la noche á
la mañana, y todos los fXCelentes deseos expresados
por un grupo de periodistas no pasan de ser encantadoras chinoiseries, que ocupan espacio en las columnas de
un diario para perderse irtemisibleuiente ea e, vacío de
las multitudes. La organización de los partidos polfti•
coa obedece á principios inquebrantables de estática social; es un fenómeno de equilibrio que presupone un gran
núcleo de antecedentes que lo determina.
¿Pero-se nos preguntará- cuáles eon esos princi•
piOll, esas leyes, esos hechos que preceden á la organización de los partidos? Desde luego contestaremos, que
sólo puede haber orgal'lización allí donde exiete un peligro común que amenaza á un grupo; intereses que defender, der&lt;chos que amparar, garantias que conservar,
Cuando los partidos políticos no aparecen, es que estos
intere6es y estos derechos y estas garantias no se encuentran amenazadas. Esto es lo que está sucediendo
actualmente en México.

*
**

Se explica que en los Estados Unidos, dos poderosas

huestes se organicen y riñan en singulares combates, por•
que son fuerzas que han menester acudi.r á la conserva•
ción de conquistas económicas amenazadas por la facción contraria: el proteccionismo luchando á brazo partido con el libre cambio, que tiende á destruir inte.reses
creados á la sombra de altos aranceles, y el libre cambio,
por eu parte, saliendo al encuentro de los sostenedores
del sistema protector, que procura lesionar los intereses
del consumidor. Esto tiene la solidez de una pirámide
egipcia.
Pero en nueetra República ¿qué intereses se encuentran
en '{)eligro? ¿qué grupo productor está amenazado por
otro grupo? ¿qué facción ee halla obligada á pelear por
derechos y libertades no otorgados á loa ciudadanos?......
¿El partido conservador acaso? Actualmente loa partidos
conservadores han recrgido en su p, &lt;'grama la mayor parte de los principios, convertidos en hechos, de los grupos
liberales. Y ei esto ee hace sensible en las monarquías,
en las repúblicas el fenómeno posee baae más firme.
¿Qué campo queda, pues, á loe nuevos partidos por organizarse? ¿El que antafio sirvió de po1ta-estandarte á
los agitadores revolucionarios que, antes del movimien•
to de 1876, que fué una verdadera revolución económica,
como ya bastante se ha demostrado, se apoderaban del
·primer lugar común flotante en la atmósfera de la época,
1•ara hacer fabricar con la materia prima de sus ambiciones la gran induslria del proaum:iamiento?
Nó; el mismo periódico, que predica la necesidad de
que se organicen los partidos, reconoce que estas fórmulas ya no encuentran eco en la conciencia popular, y que
nuestra sociedad no se de;a sobornar por' una hermosa
palabra, lanzada en medio de relámpagos y truenoe, desde el Sinaí jacobino, por un MoiEée elocuente y sobrehuJJ1a1 0 .

Todo esto es de un gran atractivo escénico; pero nosotros no combatimos por frases, eioo por trozos de carne;
no rec lamamos estrofa9, sino derechos; no deftlndemos
palabras, sino intereses; y frente á esos intereees y esos
derechos, no hay agregados de hombres que amenacen,
no existe un grupo organizado que ponga estas conquistas ea peligro.
¿Cuál es, entoncee, esa nece.iida.d á que ee alude al pédir
la organización de los partidos politicos?

Duraute la bemana última se ha producido una nota•
ble alia en el cambio sobre el euranjero, habiendose
hecho operaciones el miércoles pasado hasta el tipo de
125 por ciento.
¿Persistirá esta alza? ¿Disminuirá todavía el valor de
la plata? ;,O habrá que esperar una mejora en la crisis
del metsil blanco?
Como hecho singular se seflala que al mismo tiempo
en que se anunciaba el d~scubrimiento de rica3 minas
de oro en Alaeka, la plata experimentaba una nueva
d'epresión, circunstancia que á primera vista parece inexplicable.
~osotros no creemos que las explotaciones auríferas
de Alaska contribuyan, como ha supuesto un diario, á
rehabilitar la plata, y antes por lo contrario, en esas
explotaciones vemos un aliciente ofrecido á la producción
del metal depreciado. Eite hecho se produjo con toda
claridad á raíz del descubrimiento de las minas de oro
del Transvaal.
¿Q1é ha sucedido, por otra parte, c'&gt;n la persistente
baja de la plata? Que la producción ha aumentado día
á día, como consecuencia natural de una razón suficientemente expiicada: el explotador ha tratado, con el
aumento de la producción compen3ar las pérdidas cau•
eadas por la diminución del valor.
Así, nuestra opinión es que el descubrimiento de Alas•
ka en nada perjudicará ni beneficiará por ahora á la plata.
Por otra parte, una obra de gran trascendencia-que
fué 'una verdadera revelación para los interesa-los en este
orden de asuntos-la que el eminente profesor Sues3
ofreció hace pocos aiios á la consideración del público,
ha venido á demostrar, con enorme acopio de datos cien•
tíficos irrepochablee, que esa enorme masa de oro lanzada á la circulación, en que algunos sueñan para un futuro
próximo, es irrealizable, y que la explotación del metal
amarillo no podrá nunca alcanzar ese exc3eo de produc•
ción que se pretende.
¿Pero qué límite tendrá la depreciación de la plata? La
ciencia ha dicho ya su última palabra acerca del particular: el valor de un producto está limitado por su costo
de producción. La plata, como cualquiera ot~a mercancía. no pasará nunca de este nivel, al cual se encuentra ya
próxima.
• En México,con salarios pagadero3 en metal depreciado, el costo de produción es insuficientemente menor
que en otros países productores, y esto nos permite
asentar que la industria minera argentifera, aun sufrien•
do el golpe de la crisis, se encuentra en coniiciones
de seguir viviendo.
Ea demasía se ha sondeado E'ste problema, encauzando
la gestión financiera; los nuevos trastornos que experimente el metal blanco, deben encontrarnos completa•
mente tranquilos.

Jt1lítira (![).eneral.
RESUMEN.- Fln del conflicto greco-turco.-Los orgullos del Sultán vencldos. -Preponderancla del
Cz:ar.-Nuevas humfl laciones al rey Jorge.-E1 desquite de Alemanla.-la tutela financiera de Grecia.
-La fiebre del oro.-Los dramas de la ambición .
-California y Australla.-Africa y Alaska. -Una procesión de aventureros. -Conclusión.

Por fia, tro.s de las estériles discusiones de los em bajadores en Constantinopla, se ha conseguido algún acuerdo para terminar el conflicto greco-turco. Lo que no lograron las amenazas concertadas, lo que no pudieron alcanzar las notas diplomáticas redactadas en términos
activos, obtuvo inmediatamente resultados prácticos de
una intimación procedente de San Petersburgo.
No quiso el Sultán verse envuelto en dificultades con
la omnipotente Rusia, y expuesto á que su territorio fue•

ra invadido por los innúmeros ejércitos del Czar~ } él,.
que 86 erguía despreciando todos los cons1-jos y desoyen•
do todas las amenazas, él, que ebrio con sus victorias yorgulloso con sus triunfos, pretendía recogn el fruto de
sus hazafias, que apenas le podían disputar nominalmen•
te las potencias que intervenían á favor de la vencida
Grecia, cede ante la presión de un solo hombre, se doblega ante las exigencias del poderoso, y se humilla cobarde á los pies del coloso del Norte. Ya no exige
cuantiosa indemnización, que prolongaría indtfinidamente la permanencia de las huestes de Elhem BJjá
en la Tesalia conquistada; ya no pide la retención de esa
provincia; y ee conforma con la rectificación de fronteras
que se le había propuesto; ya permite que se discuta el
asunto de las capitulaciones que favorecen á los griegos
en territorio turco, consintiendo en que no son de derogarse en lo absoluto; y con tales conceeiones, con semejantes flexibilidades que no ha mucho parecí!ln imposibles de obtener, no está lejano el día en que se firmen
los tratados de paz, y vean los helenos, libre su territorio de la soldadesca turca, limpio de los invasores quehan entrado á saco en las poblaciones indefensa~, y exento de la terrible humillación que sobre elloe pesaba,
teniendo suspendido sobre su cabeza el sangriento alfanje musulmán.

***

Como para compensarse Alemania del cuarto de conversión á que se ha visto obligada, por la directa ínter·
vención del Czar en el conflicto turco, y rtsarcirse de la
retirada que ha hecho, abrndonando, por dt-cirlo así, al
Sultán, á quien h1sta hoy había favorecido abiertamente, y dejándolo entregado á su propia suerte, para no romper el concierto europeo, acaba de proponer la creación
de una especie de tutela, el n lmbrarniento de una comisión impuesta sobre el gobierno griego, que 1igile escrupulosamente sus finanzas y esté atenta á la marcha ad•
ministrativa de la monarquía, para lograr que en bre,;epla:¡o pueda satisfacer la indemnización de guerra exi•
gida, que áuuque corta, está muy por encima de los
recursos tiscales con que cuenta para cubrirla.
Ya se anuncia que apoyan estas preteneionE&gt;s los delegados de Austria y de Italia, y como la voz de la tripleAlianza se deja escuchar aún con poderosa influencia en
los concejos europeos, se ha tomado en consideración la.
iniciativa, y no es difícil esparar qué, si Nicolás II no
acude en socorro del acuitado rey Jorge, habiéndose podido librar de las humillaciones impuestas por el vencedor, caerá en otras menos duras pero solicitadas por sus,
protectores.
La tutela financiera á que quieren sujetar al soberano
de los helenos, aparte de lo verglnzoso que tiene, le cercena sus facultades, le escatima su libertad de acción, y
lo pone en condiciones de jefe de un protectorado, más,
bien que rey de una nación independiente.
¿Y qué hacer? R~signarse á las crueldades del destino
que le reservaba todavía esta dura prueba, después de·
las humillaciones de la derrota.

***

Los que hayan leido las desJripciones dramiticas, na.•
rrando la fiebre qne se esparció entre los aventureros de
todos los países, después de los descubrimientos de placeres de oro ea C.1lifornia y Australia, no extrañarán la.
inmensa agitación que ee despierta actuallnentn entre
ingleses y americanos, al recibirse la noticia de descubrimiemos semejantes, llllá en los terrenos apai tados de la
América inglesa, que confinan con el territorio de Alaska.
La ansia devoudora que arrastraba los hombres á
los campos australianos, olvidándolo todo para ir en
busca de las codiciadas arenas auríferas, la ambición
insaciable que llevaba á los aventureros á las agrestes regiones californianas, persiguiendo las soñadas pepitas; la
sed hidrópica que empujaba á los miserables hacia la&amp;
apartadás comarcas inhospitalarias del A frica austral en
tueca del oro y de los diamantes, acaba de despertarse
en nuestros días, al anuncio de los placeres del río Yukon
y de Klondyke.
Muy diferente el medio, muy distinto el paisaje, muy
diverso el cuadro, pero los actores los mismos; ansia ina gotable de riquezas, la enfermedad que los devora. Vol,.
verán á representarse loe dramas olvidados y las trage•
dias desconocidas de otros días. La besti.1 humana reco·
rrerá aquellas soledades cuasi árticas, y se hará la caz~
del hombre por el hombre, para dispu tarse un pn!'iado

de oro; y cuando hartos del codiciado metal, los rebafios
de aventureros se sientan abrumados bajo el peso de sus
riquezas, se entablará ~ea otra luoha salvaje y despiada•
da, por el mendrugo de pan negro que hace falta, por el
pedazo de carne corrompido de que se carece, por el
hambre y la sed infernales, que no podrán saciar á pesar
de sus in útiles tesoros.
Afortunadamente, para evitar conflictos internaciona•
les, bien averiguando está, que los nuevos yacimientos
de metal amarillo están eituados, sin disputa, en territo·
rio inglés. Si así no fuera, si el gobierno del Canadá
pretendiera dictar leyes especiales para los extranjeros
reciea llegados al privilegiado territorio, pendientes como están los viejos tratados de límites entre la América
inglesa y Alaska, ya la fiiebre del oro se comunicaría á
las naciones, y tal vez tuviéramos que presenciar ágrias
disputas y acalorada competencia, entre los dos grandes
pueblos anglo-sajones.
Nada de eso ocurrirá. Vayan en peregrinación los
aventureros sajones aquende y allende el OJeano, á la
remota Alaska, como fueron á la abrasada California y
á la ingrata Australia, á disputarse el oro entre los espumarajos de la rabia y la sed insaciable de la ambición
nunca satisfecha.
X. X. X.

77

KL MUNDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1197

EL SUEÑO Y LA GRANDEZA HUMANA

El euefio fisiológico, normal, verdaderamente reparador, es un oceano de sombras. Cuando el esp1ritu se BU•
merge en sus negras dudas, se abre un paréntesis en la
vida· quedan en la playa abandonados, olvitiadoe, co.ao
restds de naufragio, los dolores, las inquietudes, las aepi·
raciones; basta esas profundidades no llegan los clamores del combate humano, ni los ayes de los vencidos, ni
la gritería de los vencedores; se apagan en sus inconmen•
surables ámbitos loe ecos de la vida, la música de los fes•
tines, las carcl\jadas de la orgía; no chispean luces, ni

29 de Julio de 1897.
FOTOGRAFIAS 0 E LA KERMESSE EFECTUADA EN PUEBLA

Señorita María Tapia.
[Véase el párrafo rela tiTo.J

Las que en otro lugar puhlicamos, debfmoslas á la ama•
bilidad del sefior Lorenzo Becerril, inteligente fotógrafo
de la ciuda-l angelopolitana.

NUESTRO FOLLETIN.
Con este número repartimos á nuestros lectores el fo.
lletfa correspondiente á Agosto.
Tal folletin completa la preciosa novela de Julio Clartie intitulada
LA CASA. V AÜIA,

DOS VIRTUDES
Tributando homenaje á la virtud como lo hemos tantas veces tributado á la belleza, publicamos hoy los retratos de las señoritas María Oropeza y María Tapia.
El noble desprendimiento de la primera en favor de la
segunda, al cederle, eiendo pobre, un empleo con que
había sido agraciada, y al renunciar generosamente á sus
productos en favor de una compat'lera y amiga sumida
en la orfandad y en el desamparo, hecho de que Et MuNno diario dió extensa cuenta, ameritaba de nuestra parte ese pequefio homenaje.
Nunca se dará bastante publicidad á raegos tan nobles,
y hemos querido hacer conocerá nuestos lectores cuanta juventud y cuanta gracia acompafian á tanta virtud y
á tanta nobleza de corazón.
OTRO PAGO DE $3,000.00 DE "LA MUTUA"

EN URUAPAN.

Recibimos de «The Mutual Life Insuraace Company
of New York» la suma de $3.000,00-tres mil pesos
fuertes, en pago tot~l de cuantos derechos de la póliza
núm. 740,457, bajo la cual á nuestro favor estuvo asegu, ado nuestro hermano el Sr. D. JUAN Muc10 PkREz, y
para la debida constancia en nuestro carácter de beneficiarios nombrados en la póliza y con capacidad legal para ello, extendemos el presente recibo en la misma póliza que se devuelve a la Compafiia para eu cancelación.
-Uruapan, á 8 de Julio de 1897.
A ruego de la Srita. Ignacia Pérez que no p11ede firmar por impedimento físico.- Firmado, S. GUILLÉN Firmado, EusEBIA PÉREZ.
A ruego de la Srita. Petronila Pérez que no puede firmar por impedimento fíeico.-Firmado, GRACIANO SAL•

brillan fosforescencias; amor y odio, miedo y valor; idea
y pasión, todo ee disipa, todo se evapora y el espírit-u di•
suelto en la obscuridad se entrega á la más deliciosa de
las voluptuosi:3,ades, la de no sentir.
_ ., :; ,
Ese aniquilamiento es fecundo; tanto más, cuanto más
completo. Mientras el cuerpo reposa inerte, insensible,
casi muerto, reducido á un m1nimun de vida vegetativa;
mientras en el espíritu se estancan las corrientes de la
sensibilidad, lae vibraciones del· pensamiento y las palpitaciones de la pasión, el organismo gastado y consumí·
de por la vida se repone y repara.
Esa inercia y ese extrafiamiento casi absolutos, remon·
tan los resortes de la acción, lubrifican los contactos de
la maquinaria; devuelven la elasticidad á los músculos y
la plasticidad á las vísceras; acumulan tensiones y alma•
cenan fuerzas. Fatigado el peneamiento, extinguida la
seneibilidaq, hiptonida la voluntad por el esfuerzo continuo y la actividad prolongada, recobran, d·irante el
suefio, sus energías perdidas, recobran su potencia aniquilada, se aprovisionan para nuevos consumos de fuerza y el hombre, al despertar, ee otro hombre.
La nave que puede proveerse y carenarse periódica•
mente, puede sola hacer las grandes travesías, y si los astros recorren órbitas inmensas. es porque la fuerza que
los impulsa se repone sin cesar y 86 crea á medida que se
agota.
Así considerado el suefio es una fuerza, y el hombre
que de él puede disfrutar sin sobresaltos, sin pesadillas,
sin reminiscencias y sin ensuefios, es por ese sólo hecho
un hombre faerte. Puede acometer empresas magnas,
crearse motivos de inquietud y de desazón, afrontar el
desengaño y el '{)eligro, incubar ambiciones, emprender
combates, desafiar al destino y tallarse, por decirlo así,
una vida á la medida di' sus deseos.
Contra el dolor tiene una guarida; un albergue contra
la inclemencia; un refugio contra la aeecbanza; cuando
se ve acosado por las inquietudes, traqueado por los sinsabores, perseguido por el desengaño, acorralado por el
desastre, se envuelve en sombras, como los dioses en nu•

(:J
\.:.,
..,,

CEDA.
.-

El Notario Público que suscrebe certifica y da fé: de
que la firma y rúbrica que dice Eusebia Pérez, es de la
persona que ella misma expresa, y que las de las personas que firmaron por las Sritas.Ignacia y Petronila Pé·
rez y que dicen «Silverio Guillén y Graciano Salceda» son
suyas y las que uean en todos sus negocios, habiéndose
hecho á su ruego en virtud de no poderlo hacer por impedimento físico; certifico igualmente que todas las personas que intervinieron en el anterior recibo me son
conocidas, y que las Sritas. Eusebia, Ignacia y Petronila
Pérez son las hermanas del finado Sr. Juan :tilucio Pérez.
Y á solicitud de las mismas exUendo la presente constancia que firmo y sello en Uruápan, á los ocho días tlel
mes de Julio de mil ochozientosnoventa y siete.-Firmado, ANTONIO BÉJAR.-E. P,

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Se ñ o rita M a r í a O ro pez: a.
[Véase el párrafo rela tivo.]

bes, duerme, descansa y es feliz. Al deept:rtar se encuentra de nuevo armado .Je punta en blancv, curadas ,us
heridas, fortalecido su brazo, lúcido y acti vv su espíritu.
En esas condiciones todo puede emprenderse y todo
puede afrc,ntarse. Se puede ser impetUt,so, activo, perst:1·
verante, arriesgar la fortuna en un albur como la vida en
una aventura; se puede ser ambicioso y llegará ser poderoso.
No son concebibles m Napoleón, ni César, ni Alejan•
dro, insomnes. Napoleón decfa de sí mismo: «~n mi t'S•
plritu caaa negocio tiene eu gaveta aparte; cuando qu·ero ocuparme de alguno, abro la gaveta que le co.respúnde y cierro las dewás; cuando quit-ro ovrmir, las cieiro
todae. « Ale¡andro y César dorm1..n corno lirones sobre el
campo &lt;le batalla.
Bismarck, Uladetone, Gambetta, y en general todos los
grandes hombres y todos los bowbrns practicos, duermt:n
como niños. Los Ruetchild, los Jay G.mlJ, los MacKay,
son inconcebibles sin el atributo inestimable de po&lt;lt:r
dormir.
No asi loe poetas, los apóstelee, los artietas en general;
si pudieran &lt;lormir no saorfan crear. Dante pmo en V\ reo sus pe,adillas como sus éxtasis. Miguel Angel no dormía casi nunca y es casi seguro que su Moisés, como te U
Juicio Final, sún apariciones de sus nuchee de insomnio.
Rafael prefería paear sus noches entre amigos y corte~anstÍ; su lecho lo repelía; no le daba el descanso que iua
á buscar en él.
Se ha observado que los grandes criminales duermen
como ángeles. Crimmal que no duermt,, acalla loco, su1•
cida ó regenerado; pero llO pe1sev1::ra en el crimen y ts
tan profunda la influencia del suef'io en la actividad mte•
lectual y moral, que el insomuio es bigno precursor, y
acaso causal, de la locura.
Por estos hechos y por estos razonamientos se llega á
este principio sorprendente: E l sueño es una fuerza prác•
tica; el insomnio es una fuerza estética. Para ser gra ndti
hombre 86 necesita dormir bien ó no durmir. Si lo pnmero, 86 puede llegará ser gran gobernante, conquistador,
rey del oro; si lo segundo, puedeaspirarse a ser poeta ex•
celsc, músico inepirado, pintor emrnt:nte.
El secreto de la grandeza hum11na eEtá, pues, en gran
parte al menos en Jas condiciones de1 suefio. Ea cuanto
á mf, envidio á los insomnes, pero prefiero poder dormir.
Or. M. Florea.

EL FIN DE MATOSES

Porsupuestoqueeldíaenquela familia Matoses recibía
carta del estudi..nte, se declaraba de füiota en aquella lejana hacienda separada del mundo y perdi&lt;la 1:on tod11s
eus agrícolas riquezas entre los repliligues de la sierrd.
El correo, un inuigena de cacle, que nu dabia ni leer ni
escribir, seguido ae la mula cargad.a de balijas, arribaba
después de caminar veinte leguas, al am,chcct:r, llacien·
do altos en el tenducho, en la casa cural y en el porta•
Ión de la finca; los extran¡eroe eu el Jugar Jo rodeabau,
y si alguna alma caritativa lefa en voz a,ta Jas direcc1unee, contestaoan ellos como en la raya : !'resentel
El humilde Mercurio conocia de memoria cuál era la
epíst0la para los Matosee, en la calidad del su_bre , y ton el
vago perfume que despedía. No necesitaba m anunciarse, por que le salían a1 encuentro y casi le arrtobatab.&gt;n
de las manos la amaaa correspond1:1ncia, que para ID&amp;) or
solemnidad se lefa de sobremesa, quitado e1 mantd,
guardada la patriarcal vajilla, sin ruidos inoportunos,
aado el gasto é instrucciones del día siguiente y en perfecta quietud y silencio la servidumbre, coa caras de
idiotas, signo de profunda espectación.
Pobre señora Matoses, con su cofia de canas, su faz
pálida de mu¡er envejecida por los dolores: madre emn,
las madres idólatras, sus sentidos se entorpecían, su vista no alcanzaba sino al borroso contorno de Jas cosas, y
y sin embargo, la que hacía dec1ree las oraciones por no
pode¡ descifrarlas en sus Ji broa &lt;le votos de letras gordas,
pedía BUS antiparras, se las colocaba con mano tremula,
y abrieado el sobre. decía entre fehz y melancólica:
- Vamos á ver qué dice el doctor!
.
Fig1;raos la ancha y sonoroea pieza_ enjabelgada de. vigas ct.eenudus, amueblada con utensil1od·pnmmvos, iluminada por un un quinqué de refleccor, cuyo cono de
luz nimba cabezas ae vírgenes atentas que aan suspendido la labor, se quiebra en un vaso de agua limpia, que
enciende una cinta de estambres mn ltico1oree y anima
una escena de gentes sencillas conmov1&lt;1as por el recuerdo de un ausentto, de la esperanza de la familia, el pri·
mogénito agraciado por los dones del talento, el vivo re trato en lo físico de su padre, el apoyo futuro, el adoles•
cente sumiso que hace mucho tiempo se fné muy lejos,
á esa Capital fascinadora donde sólo se baila la Ilustración, las maneras, las distinciones, el acierto para la
lucha por la vida, la carrera en fin.
Y se recuerda punto por punto la larga lucha entre el
cariño y las ilusiones, las graves consultas al cura, al tu•
tor, á los amigos, á los vie¡os; la heroica decisión de la
madre, los dlas tristes que se emplearon en los preparativos y aquella noche ai; besos, de consejos y de lágrimas;
la vispera de un día que sintieron 1legar todos loe oidos
despiertos; el desayuno t omado en pie; las fugas y carre•
ras de la servidumbre, y por último las pisa&lt;las de uno,
dos ó tres caballos en el patio; el portalón crugiendo pa•
ra abrirse, y eetas palabras mojadas en lágrimas saliendo
del embozo de una manteletaydeEcendiendo del balcón,
ea la madrugada h úmeda de rocío:
-Hijo, Dios te acompañe!
Y lo seguía el grupo inconsolable hasta allá lejos, rumbo de la cuesta, hasta que el oro flotante, la bruma luminosa lo envolvían en sus pompas, lae pompas radiosas
de la mañana, una nube de polvo de topacio tras ellos:
galopaban.
Y cada carta de Mateo, que estudia para médico, las
conmueve hondamente; para esas a lmas en la perpetua
ablusión de la calma cap1::sina; para esos espíritus vege-

�DOMINGO,? de AGOSTO DE •Ssn

EL MUNO

DOMINGO I? DE AGOSTO DE 185&gt;7

78

J&gt;AMAS DISTINGUIDAS

JAPO~ERIAS RARAS.
(Escrito especialmente para "El Mundo."
Habéis leído iifadame Chrysanlheme, no ea verdad lectores mexicanos? y os figurais que el viajero que llega al
¡país del Sol Levante, no puede menos que advertir en el
_pueblo nipou un mundillo gracioso y coqueto cuyos menores movimiento~ diftmden en el a1refru-frus de sedas
:y rumoree dt1 eonneas.
Es el pequeño pueblecillo que loe fantaseadores á la
v~z que prácticos pintores de Occidente, continúa'n sirviendo á sus compradores que únicamente exigen japoneríae que lleven el peneamienro deslumbrado hacia Jo
peqa:e;o y lo frívolo; eso que, con ojos de poeta pudiera
p4::rc1b1ree hace al~unoe años, eso que vosotros ya no ve•
ré1e, por complaciente y fecunda que sea vuestra imaginación de observador.
Acaso encontraréis aún, cerca de las exquisitas creatu•
rae que son ahora la mayor parte de las mujeres japoneeas, algunas deliciosas pereonitae que loe embelesadoree
bordados y loe marfíles tan maravillosamente laminados
que loe artistas nipones os habían hecho creer nacidas de
una caricia de crisantema ó de un roce de floree de ccire·
.zo. Pero que vuestras esperanzas se detenga u de antemano
ante esas crea_iurae ado~blee, sobre todo, porque su buena hada les d1ó el espíritu de la burla para lae invasoras
modas de Europa, y no continúen pidiendo el tipo de
su b~lleza especial áloe otros congéneres; por favor, no
vaya1e más allá, por que con excepc:ón de la mujer ja•
P?11eea,_ todos loe tipos nipones, aparecerían á vueeiroe
0J?B latrnoe, no solo sin gracia, sino mezquinos y horC1blee.
Para aquellos que ~udieran creernos mal intencionados y de sobra injustos en nuestras afirmaciones, extraeremos del fondo demasiado volum:noso de nuestras re•
servas de documentos, algunos croquis que el lapiz sincero de un artista parisiense amigo, t:-azó á petición nuee•
tra, cuando pa~amoe po~ eJ p~íe d~I mikado. Ninguno de
ellos ravela caricatura ni exa1eración; todos son etincillamente tomados del natural y hacen en opinión de los
qud conocen al Japón verdad&lt;1ro, gran honor al espíritu
dt1 ob~ervación y habilidad de nuestro camarada, M. G.
-B g lt, cuyo tal_ento leJos de eer desconocido ( ea él á
9-·uen el (!raphtc de L_ondres escogí~ para seguir y dibu·
Jdr loe prmc1palee episodios de la ultima guerra chiooJaponesa) ha sufrido demasiado con la verdad á veces
brutal que debe concederse al menor de sus cuadros.
X uestra galería ralati va al ejército proporciona desde
luego algunos tipos japoneses; á saber:

\

Señorita Hortensia Rendón, de Mérida.

(Fotografla Valleto Y C~)

Señorita Ana;elina Morel, de México.

tantee•en un rincón perdido; lae escenas que Mateo relata las•cosas que descubre, lae bellezas que pondera; de·
se~vuelven una decoración faecinadora y remueven un
fondo de memorias ensoñadoras.
Con razón la buena viuda Matoses acabó_po~ l_lorar, Y
llorando dicta la respuesta, que no ea, delpnnc1p1oal fin,
~ino una serie de súplicas, ruegos y ternuras...... ~odo
cJn admiraciónee muy graodee; que para el lengua¡e de
las madree no hay más que ese signo onográfico, eftnbolo del afecto.
.
Que no tenga malas compafiíae, que huya lae cantmae,
que aeieta á clase, que se recoja temprano, q_ue ~ece todas
las noches, que oiga miea, que comulgue e1qU1era en la
cuaresma, que no olvide lo que fué eu pa~re, que abrevie la operación y que nunca, nunca ee quite la :nedalla
que Je ban dado, único amuleto qu~, acompaüándolo! lo
conducirá por buen camino y con¡urará las deegrac_1ae.
Y no era raro que casi al cerrar la epietol~ apareciese
una vecina, que con intensas luces en la mirada y una
voz avergonzada. tímida y dulce decía:
- y m.,mor1ae de mi parte.
-De veras. Ernribe: loé6 que te saludemos.
-Y que por qué no le has escrito ni una palabra.
-Palabra......... ó qué más?
-Nada.
.
Y el sueño de esas noches era tranquilo, lo miraban
ttdos feliz sano y bueno, menos la maare inagotable en
eue temor~s y la vecina que, con loe ojos arrasados, después de eu oración decía:
-Y ni un recuerdo para mí. Algo, algo está pa·
eandol
Si es la misma seflora Matosee, en el último grado de
la U:ieeria fisiológica, ea ese pobre y doloro~o espectro de
la viuda el que se deiiene cada dos eecal,rnee para tomar
respiro y ensayar inútil dominio eobre sus sollozos; ea
ella, que enferma y exangue, diez ~f~e ll~va de sacudimientos en trenes, cabalgaduras y d1hgenc1as par~ llegar
al lecho del hijo que hace tres diae ap.,nae, yace ¡oven Y
desamparado, en el fondo de la tumba.
Y todo remueve eu dolor: el barrio apartado y doloroeo,
la gentuza del mercado, el descaro de las mozas que la
miran paear enlutadn y llorando; la entra:ia. lóbr.,ga _de
la Casa de Huéspedes; si ese balcón eeta ab1e_rw, quizá
¡.ara que se ventile la pieza donde él.. ....... A "iº10, teflo·
n Je dice eu acompaflante, domínese usted. Dios eH muy
gr~de, la Providencia.........
Y llegan al corredor donde ee alinean rotos tiestoe,
donde cantall dos ó tres pájaros, corretea un gato, se ba·
fla una gallina en la tierra dispersa de una maceta_ rota;
donde resuena ruidos profanos; loe acordes de la gu1tura
de un alumno de fleica, el canto del pasante de abog~do;
las risas de dos fregatricee que e~ la azo~hue\a se iu_an
á la cabeza ropas lavadas; el silbido del albafhl que pica
uua pa1ed y et diálogo animado de la dueña, selloraobe·
Ea de bata suelta ft~co y b,azos desnudos que conversa
d~ buen humor c'on sus hijas, viva e11tampa de la desen-

voltura que con pantuflas una y con zapatos de varón la
otra en~..yan la última moda de la polka, entre lechos
deshechos, lavamanos de agua ~ucia y ropas caldas Y
abandonadas al azar por loe estudiantes.
La reciben con ex&amp;rallEZa, y al saber_ que ea la madre
de «Matoeitoe» ponen una cara compungida, más deeagra•
dable q11e el gesto indiferente. L~ cotnpadecen, Y arre·
batánaoee la palabra, cuentan que tuvo la culfa de todo
el dla de cam¡&gt;n; que el difunto, enfermo ya de estóma~o
ee excedió ia1 vez, y al llegar, al darse bola, ahí con el pie
eobrti el banco de las macetas, ¡zael al suelo. Lo llevaron
en peso loe otros muchachos, pero perdió el habla, Y la
mujti1ona grita:
-¡La llave de Matcsitoel
..
y abre con ella la pieza del muchacho, dic1end&lt;;&gt; al ha~erlo que loe muebles son de la casa, que no precisa saldar los adeudos del pupilo y que como reape,a el dolor,
se retira advirtiendo.
.
.
Que todo todo está abierto porque «liatoeitos» D10e lo
haya perdo~ado, era deec~idado para ~odas sus cosas.
La infeliz madre se arro¡a al lecho em colchones, ~asando las tablas, llamándolo como se llama_ á un n1!l~
que no obedece; toca, besa, contempla _los ob¡eto~ familiares el vaso de agua, la vela consumida _á medias, loe
frae~e de medicina, e1 cáustico caído, loe cigarros, cuanto eoepecba fué testigo de sus momentos úlumoe.
y solo después de toe consuelos del acompallante ~1;11·
prende la fúnebre tarea de ordenar las ropas de su 1?,1¡0;
el pillaje ha pasado por ellas,. todas tieD;en loe bole11loe
vacíos y colgantes. Ni el relo¡ de oro, m loe botones de
camisa ni loe fietolee, todo falta, todo lo que era recuerdo y te'nia valor.
.
Pero en cambio que intactos sus libros Y _papeles, CÓ·
mo están en su pu.,eto las fotog,afíae de mUJbree ~eenu•
das en el muro, con qué coquetería en vez d~I Cristo de
la familia se asienta en la cabecera una zapatilla de se•
da· qué á la vista loe libros licenciosos; lo, gua~tee fe•
m~mnoe; loe medicamentos sospechosos; las cáhga_s flá•
cidae loe mechones de pelo largo; las carta~ de escritura
ptet&gt;e'ya y pecaminoso contenido; loe bole~oe de empe•
fio· las botellas vac~as de cognac; la copa mmunda ~n
h ~~ea de vino y colillas de cigarro; _todas l~e c&lt;;&gt;netanc1ae
procesalea de una juventud descamad~ . é md1ferente á
¡08 suyos, puesto que las cartas de fam1ha andan revue!tae entre programas de circo y recados en.loe que se p1Jen prestados para el dia (,ltimo sin falta cinco pesos para
aquel golpe.
Doblt,tnente muerto Je llora entonces, doblemente
muerto en eda hora crepuscular en que ella re!l~ba por el
ausente; doblemente muerm cuando el org~mll~ de la
calle el bullicio de loe demás huéspedes, la risa impura
de ida hijos de la patrona, le escupen con lodo el corazón chorreando sangre doloroe~ y mater~al IDoblemen·
te muerto, Dic,s mio, el pobrec1llo á quien ella entregó
sano, bueno y jvven, y le devuelv~n·:••" no, _no le devuelven sino al ee~rcolero que le sirvió de útnmo lecho!

Y al entrar la pupilera con un p~_pel gai:3bateado 'co:
lo que se debe, seguida de sus ~1¡oe . aneioeo3 d~ ve_r 1.
una enloquecida por la pena, la rnfehz les pregunta. ~
él, cuando murió, tenía una m!'ldalla de esmalte al cue1 o
y si se la llevó conai.o.
No pueden contestar, no se ~gura!l, dudan, pero uno
de los muchachos h ,ce memoria y dice;
-Espérese ust!'ld. Creo que el. ....... .
-Bendito sea Dioel Siquiera.........
.
y lo perdona, pobrecillo, lo perd;ona mirando en tor•
no...... loe delatores rastros de ea vida ¡que nó, no fué
posible! lo calumnian, él era bueno.
Mrcaos.
TOQUE DE ATENCION.

Esto tiene que acabar;
doce t.orae mirando al mar,
doce comer y dormir,
y por todo trabajar
diez minutos de escribir.
Y hay en tanto quien resiste,
hambre y sed, y cesantía,
y lucha por el alpiete
creyendo cosa de chiste
lo del pan de cada día.
Y hay fiscales suprimidos,
y tributos restaurados,
y pueblos empobrecidos
por el júbilo embargados
de ver los bienes vendidos.
Contra tal desigualdad
protesto una vez y mil,
¿queréis más fraternidad?
pues partiré por mitad
mi hacienda con Vandervil,
que según datos seguros
de quien Je ajusta ta cuenta
vive con grandes apuros
teniendo solo de renta
cada minut-o cien duros.
Si esto llega á suceder
¡cómo me verán volver
loe que me vieron marchar,
p:idoroeo al prometer
y desenfrenado al darl
Pero ¡ay de ellos y de mi
ei vuelfo igual que me foil;
sabrán, si lo hao olvidado,
que ei muedo no caí,
del golpe no me he librado.
Y que, ó yo cambio de vicio,
ó cambian ellos de ofi iio,
ó Dios mis bondades premia,
ó á la vez que en la A lacemia
voy á entrar en el Hospicio.
MANUEL DBL l'ALAClO.

El agil y acicalado marinero que ha hecho sus pruebas
-eu loe maree de China, aquel á qui1&gt;0 el entusiasmo poPll:la~ ha feeteja_do bn el pu~rto de Yokohama, masequel
as1m1smo qne tiene demasiado orgullo para manifestar
ahora á bordo su indisciplina y el encanto que encuentra en las perrerías.
El oficial de caballería, de vuelta de Saumur, la Politécnica ó Saint Cyr, donde concluyó brillantemente sus
eftudioemifüaree y que comienza á creer bueno dar sino
por reconocimiento á lo menos por chic una dir~cción
muy francesa áloe pelos rebeldes y escasos de su moa•
tacho. Una brizna de mosca subraya ahora el labio inferior d~ ese guerrero, en la actualidad consagrado, y que
no de¡a duda alguna respecto al cuidado que condn1ía
tomando para &amp;firmar la posición que adquirió entre nosotros y loe agradables recuerdos diversos que á ella se
re eren.
Deben notarse, al cont,ario, las fisonomíae germanescas de ese otro oficial de lentes, un educando de las escuelas de guerra alemanas, en lae cuales bebió hasta saciarse una ciencia militar, cuya superioridad se alegrarla
mnobo de demostrar, ya que la cree universal.
Uno y otro poseen, por lo demás, una ciencia teórica
inconteeta~le, y están inspirados ambos por un amor
muy eemeJante y muy real á su patria. Por qué esforzarse entonces eo apare~er t9'.n poco_japoneees y tan europeos; p~r qué no eegu1_r me¡or el e¡emplo de eu colega
d!'I la marina, cuyo horrible rostro de insular ha sabido
permanecer, aun después de la victoria el de un viejo
lobo de mar muy nipón?
'
Ciertamente él os afirmaría también que no ea esto lo
que le impide iniciarae casi instantáneamente en los misterios de lae mecánicas navales, que su gobierno le compra á gran p_re~io en Europa y América; así como que
esto no prec1p1ta-Pero acaso no os afirmaría este úl\im~ detalle-!~ hora de la utilización completa de las
mismas máquinas de oceidente, de las cuales está tan
oraulloso.
&amp;n cuanto áloe otros soldados que le acompañan con
~Ui t_ipos especiales, muy bien obtenidos, todos están
m•p1radoe en loe fubrtee gastos ante loe cuales el gran
M kldo no retroeede, para obtener un lujoso equipo.
·Como nuestros más vulgares Tourlourous de Francia· ¡08
Cí\bal!eros y loe pisaverdes del Japón moderno con¿cen
el prestigio del uniforme militar y el orgullo c~n que ce-losamente llevan sus bowie alemanas, sus ekakos eepa-

EL MUNDO

fio!ee y sus uniformes franceses, es tanto más explicable
cuanto q•1e lae mtJU~mé8 y otras japonesas, B'l vuelven locas, ellas también, con los paseos por las eeplanadae don•
de se puede asistir á loe menoree detalles de la nueva
vida militar.
Pasad ahora á una serie de japoneses menos pretensio~oe.

En Tokio. donde como en todo el Jap',n cada hijo
adopta la pmfesión del autor de eue días, el padre del
que nos va á ocupar, era, ó decidor de buena ventura ó
contador de historias, ó actor ea cualquiera de esos teatros en los cuales un mismo espectáculo comprende tres
ó cuatro días de representaciones.
. Sin emb~r~o, la revolución industrial ayudó á este hi¡o sin trad1c1onee y ahora ea empleado de camino de fierro, especialmente dedicado al examen d11 loe boletos á
la entraia de loe muelles y partida de los trenes.
Parécele de rigor una dignidad del ~o.do occidental, y
á pesar de sus cabellos rebeldes, de r1g1decee insoportables y de su kepí administrativo, parece no notar áaquellos y aquellas que deb3n presentar sus ticket.s antes de
llenar ruidosamente los trenes.
F,pto, !'D verdad, deja muy
indifel'f'ntee á la mayor parte de loe viajeros nipont&gt;e,
e 1bre todo Jo,, de tercera claee que no viajarían jamás en
invierno sin llevar la cabeza
cubierta con un pingajo enrollado á la manera de las
marmolles de la campesina
francesa. Esta especie de pa•
nuelo ea, por lo demás, de
un uso general en las clases
inferiores de la sociedad.
r'I nrante los meees fríos de 1
año.
Ved también á ese buhonero japonés, dibujado en el
instante en que ofrecía paté.
,
. ticamente un producto marav1lloeo á a lgun grupo de ocioeos callejeros· á ese cargador de sacos de arroz, q•ie se ingenia par~ ahorrarse el
rudo co~tacto de loe eac1e llenos, que transporta todo
el día, Plll que su parte de goces naturaleeqúe todo japoIJés reclama, eea e_n m_odo alguno disminuida; al bombe•
ro rural. ( la orgamzac1ón contra incendios ea ya militar
e~ las_c1udadee) que, cuando ha llegado su turno de vigilancia, ronda to~as las _habitaciones de madera, que
eet~ etcargado de 10epecc1onar, cm la pipa en la boca y
la linterna en la mano.

r Este último que copiamos ea uno de loe dos populares

n~ctámbulos del japón. El otro ea el frotador, un pobre
diablo que va solo ~or loe camin?e, soplando en una pequefia flauta_ armov1oeam4::n~. triete, un airecillo muy
corto, que dice á ~odoe loe 1mc1ados: «Queréis dejaros frotar, ee~or, queréis que os frote, eefiora, he aquí al fro•
tlldor ciego.11
No _son por ci~rto bestias esos japoneses que no conced_en amo á loe ciegos el monopolio de tales prácticas íntimas.
Quién _detendrit al pobre ciego en su paseo profesional,
qu_e comienza en la noche para no acabar sino con las
pnme~e luces del día? ¿Quién le llamará y reclamará
ene cUidados?
_Todos aquell?B para quienes algunos céntimos no eigmfic~n el deen_1vel de su presupuesto cotidiano; los comerciantes retirados, los matrimonios atrevidos de Eu-

19

ropa y muy frecuentemente algunos individuos misteriosos, aficionados á loe servicios múltiples de las falsas
g11eiJhaK-eB el instante de nombrarlas-más ómenoeex•
traflah al arte real y a I encanto especial de lae verdaderas cuyo pintoresco as¡ ecto y su honor nacional son jue•
tamente 1eclamadoe.
Cada una de eeae creaturae ha comprendido todos loa
recursos que podía sacar de
la Europa en la persona de
loe extranjeros que residen,
célibes, en su patria. Y por
esto no ha vacilado en coro•
promete1ee á seguir loe coneej&lt;,e prácticos de algún com•
paiiero decidido de antemano á satisfacer las menorea
necesidades de la situación,
entre otras las de r.onducirla
á todos loeeitioedondela llama el placer facil de aquellos
que ofrecan almuerzos ínti•
woe, instalarla, si ea preci•
so, en las parihuelas del Jinrick-saw que debe llevarla
rápidamente á donde su arle
t-epecial es esperado, llevar
en fin, á alguna dietaocia de
su esbelta y buscada persona, la gran caja de madera
E'n la cual transporta el chami88en de tres cuerdas, el ine•
trumento nacional con loe
acentos del cual todag11eisha
genuina debe saber llenar
las casas de te.

í

rn gentleman que la signe y
cuya tieonomfa está desnudada de las pretensiones del
mundo occidental, es el tipo
del japonés que tiene la ven•
taja de poseer un empleo en
un ministerio y que, más in•
diferente que todos sus compatriotas en materia eeme•
ja"te, no se cura muy mu•
cho je que la novia, de la
cual se enamorará sinceramente, le lleve al matrimonio otro capital que su dote.
No i neietai e respecto de ,ea tos sentimientos verdaderamente japo.neeee, que nos
forzarían á responderos en
.
latín y ved con nosotros el
~!Pº. de esca~pa_ q11e viene después. Es el corredor de
Jm-nck-saw publico, el pequefio vehículo de dos ruedas
en el cual os paeeaie cómodamente mediante un precio
irrisorio, fijado de antemano por los reglamentos. Pero
á qué no se someterá un tirador dejin?
. E~ ya tarde y quereie dirigiros á algún eWo solitano? . Pues ~I corredor oe exigirá dos ó troe veces el
precio p~ev1eto por lae disposiciones oficiales, y por cier•
to lo 1;0e¡or sería pagarle, porque falaz y artero os ame•
nazar1a,. y en caso dado llegaría á las vías de hecho, sin
que tuy1eee que.temer el castigo de la autoridad.
_L11 silueta satisfecha del comerciante honrado que ter•
m10a la presente serie de tipos japoneses, ea de tae máa
comunes. Ved la sonrisa que ilumina su faz pa,ibul.uia.
~s C&lt;&gt;D;eta~te, mecánico y sobre todo ...... japonés. ¡Oh!
e1 pudieseis verlo en su eetablecimento de bric-a-brao.
en el cual se amontonan loe bibelotsl

�EL MUNDO
0011111Gb •~ de AGOSTO de

EL MUNDO

ªº
Le veríais eonreir indicandooe el precio de un objeto,
eonreir tawbién al entregaros ese objeto aun cuando le
hubieseis drecido la décima pane de la eumaqueoe habla
pedido y sonreír acaso también quince días wás tarde ei
volviéndo á eu antro de vendedor de antiguallas os cau·
saba asombro saber que se había divorc1ado,después de

vuestra última visita, de eu antigua mnjer, y ee había
casado de nuevo con la joven que también está en vías de
reirse á vuestro lado. ~o hay que sorprenderse de eeecaeo
y si vuei:ka insistencia y vuestras preguntas indiscretas lo
fuerzan á responder, os dirá sencillamente: «Por qué me
he divorciado? Pues únicamente por que mi mujer, en
mi ausencia, no sabía recibirá mis comoradores. »
Que curioso es el perfíl redondeado del ~Iinisterio, que
ee des1aca enmedio del dibujo que signe! Pero á pro•
pósito do Minieterio, dejadnos mostraros esta escena tan
típica y tan b:én sorprendida por Bigot. Estamos ante
las oficinas gobernativas de la guerra á la hora de la ea•
trada á las eeccionee. Mejor que nuestra pluma, el lápiz
de nuestro amigo tiene en elocuencia y muestra la exacta influencia de la civilización europea sobre el traje
moderno de loe japoneees. Yense suecos de madera en
los piés de unos, botas alemanas en loe de otros, el re•
di119ote de este, el traje japonés de su hermano menor
que ayer era un estudiante aún, el capote militar de un
viejo de ideas liberale•, el chal en que se envuelve el po·
bre coolie que ha cambiado por cinco ó seis centavos sus
vestidos andrajoeos en una casa de prestamos e•c., ele.
Mirad con toda confianza y solo veréis la actual mascarada japonesa.
Yes que el Japón se va y que necesitarías apresuraros
para ver algunos reetos del pueblo primitivo que vivía
aún bajo el último i h()!JOIIII . La potencia feudal no ee re·
monta sino á una veintena de ailoe, y sin embargo, apenas ei podríais encontrar en los campos algunos hombree
del •viejo estilo,• del genero del que ocupa el n:tremo
de nuestro ú'timo dibujo.
Yed, el eetl'8go de loe afloe y el estrago sobrado deplorable del cuero cnbelludo de ese viPjo campesino, no bao
desviado eue nfaerzoe de la antigua moda que eue padree
usaban -para el pt:inado complicado y extraño de sus ca•
belloe. Qué importo asimismo ei la mayor parte de eu3
dientes se quedaron en las sucesivas coneervae de peces y
de legumbres que mezcló únicamente á su cuotidiana

poción de arroz¡ el solo es el hombre resignado de las an·
tiguae edades, el que no sabría quejarse ue las más rudas
laboree v sentirla placer en esperar las numnosae fiestas
niponas, pretextos para procesiooes, y sobre todu para
libaciones de te y de sakÍ', el aguardiente de arroz. Ahcra, el caracter simple de esas manifest11cioues que ee han

quedado como primitivae, inspira menos ale1tremente
al tipo que sigue: ,,un campesino del nuevo eetilo,11 hijo,
pe&gt;r lo demás, del precedente y tn el que el vago tinte de
tradición protege mal eu espíritu debí I contra los efectos de loe relatos militares del Japón moderno.
~I porvenir ya no eetá para él en el groo dll arroz que
obtiene con pena de loe grandes arrozales. sino en el
ejército que bien pronto lo llamará á ens filas, aeí se lo
ha dicho cuando menos el diputado progresie1a del cual
no "~tií separado, en el dibujo de nnPetro amigo, Pino
por 01ro rPpreeent!\nte del pneblo, un liberal 1Jutm11ce
P1empre l's\o á rPcrearef' bajo Pn «Pombrero alto»-la eola cuncepc1ón europea ac.,i,table eegún él- contra loe en-

•&amp;91

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES BECIIA.8 EN :NUESTROS TALLERES.

--....

¿Pero qtuén es ese? preguntaréis ni contemplar su in
contestable elegancia de actitud. ¡Por vida nuestra! quf&gt;
loe grandes colt-gas de loe boro bree de prensa ensaleen al
amigo Bigot por haber esbozado las singulares faccionFR
de ese hombre ...... es un dietinguidíeimo reporter de loe
diarios niponeR, cnya forma es suficientemente grandP,
las páginas numerosas y el precioJ}e venta irrieoriameu•
ta harato (algunos centavos al mel. )
Bajo su graeoea cabeza de melón sin forma, late un C'P •
retro de a8iático celoso, y la pluma que ~e inspira en él
eabe escribir las más abracadabras eeperanzae.
La derrota industrial y comercial de los pueblos ñ11
occidente, el progreso de la raza amarilla, hacer el glorioPO ,Tapón únicamente para
los japoneses, he aqui la e,'111ea á que se ha dedicado PPe
maligno pero patriótico h ijo
del gran Nippón. :::ionríamos
y perdonémoelf!I
L. LEROYY U. PAPILLAn &gt;.
NOTA.-Lo• señores Pap!llau&lt;I y
Lero)', periodistas i rance-~s que,
han l'&gt; rorrirto el mundo·por apurs•
ta, saliendo ele Parls sin d inero l'
que hor se hallan e ntre no,otro~.
"e ~ir\'icron e-.crlblr e~te art1C'ulo
,obre costumbres y llpos Japouescs,
para nuestro ~ maonrio. ¡,ropordo•
nandonos 1,a.ra flu,trnrlo, boceto'J.
toma&lt;los rtcl n a tural por el M h!!
14p l2 de un ar tista francés resid en•
te en el Ja¡,ón.

1

el r erfome eutil dA la piel eatinada que huele á P lan.
l-entíaie que ura riea frá1til agujereaba el ambiente cálido
del salón: na una Colombina aristocrática que ee diviert la
con su novio. gi de un concierto hablaba, allí íbaie vo•
eorro•, v arrellanados en'vneetrae butacas del Nacional
oíais á Ta magno cantar el Otello, oíais á Brindis de Salas
hacn gemir en violfD, «caja de almas difuntae,» Por tSl
oí cómo Coquelfn declamaba bizarramente el ver~o y la
proPa del drama francéP, y ví eonreír como eonrién laa
dioPaP, á ,JFanne Hadding. Para la boda rt&gt;gia tenía él
las gardenias freecaP, los beHotropoe menudos
arorrioPoe de su c1&gt;eto de mago, cog1doe en ene inmensos jardi•
neR en floración, donde nunca ,e agotaron las florf'9.
Aun en el invierno cruel. eue porterreRsiempre tenían
roeae nuevas que ofrecer. Y para el artista amigo, tenía
su pluma raPj?&lt;'S de canf\o entrañable y ratos &lt;le admi•
ración rara. Para la hermosa que hacía caridad para,
1&gt;ea S1Jr Jfll rcelina, tenía en estilo eetallidos de admiración y agradecimiento. Para la arietocrática belleza
guirnaldas de Plogios y alfombras de clavelee.
'
A Gutiérrez Nájera puede coneiderareele como el tt&gt;y
de loe cronistas americanos. La fisonomía de Puck se
presta, da márgen para un largo estudio: se trazaría una
hnmoea silueta snya para una galería de portrai/R,
1:na crónica de ~utiérrez N,jera de af\os paeado,, puede leerse ahora, y siempre agradará. Aunque está ce!iida
al suceso del día, al nuevo hecho, tiene un no eé quf,.
que atrae y subyuga. Ea que el eeoritor ha sabido hacerla: es q11e ha puesto en ella algo de su :,aeión de arti sta
padre, á quien no le gueta que sus hijos vaguen desarrapados. Ha sabido veetirla. La ha perfumado; el cut&gt;llo
y la pechera son de blancura irreprochable: gardenia á
la bo11tonnifre; mon6rle; guantee grieee y el frac, correcto
eio la más pequel'ia arruga. Es el dandi¡ caball1&gt;roso qu~
eabe reír, y charla como un dislocado y baila el cotillón
sorbe champagne y eabe conquieiar corazones y eubyn~
gar almitae blancas, como un gentil Don Juan. P11ck era.
buen padre. Sus hijos intelectuales son bien ricos opu•
lento9; pertenecen á la aristocracia legítima y su' árbol
genealógico ee de loe más intrincados y ricos.
~ero esto no cabe aq1;1í, en este artículo en que yo
qmero ver no más al cromsta elegante que correteaba libremente, no al que hacía política y dücuUa riendo y
fumando, con el corro de amigos, en los pa9illoe del C ,ngreso ó en la mesilla de un café, mientras se paladeab1
el aperitiro,
Admiro, eí1 á R eramier; pero no lo adoro con tanta pasión y tanto tanatismo
como á Puck, que es inimitable~

y

/

/
Señorita Hcrmellnda Guzmán. ( De Guadalajara. )

~cñor Lupt,rclo.J

serían joy~s valiosas ile estilo y novedad y revoluciona•
rían la cur10sidad de las C'iudadanitae de Parle.
Del hecho más insignificante, del asunto más trivial
Puck ......... Al calce de eue hermosísimas crónicas do•
minicalee en El Cniversal, ponía Manuel Gutiérrez Naje• de la noticia artíet!ca última, bacía asunto euficienw pa'.
ra esw peeudómino sonoro. Tras él ee ocultaba para 1&lt; s ra bordar eue crómcae y sacar punta á su gracia y aguque le desconocían¡ pero no para los que, hasta'en el rae• deza: JY que para t&gt;ecribir tantas cuar1illae, que fuesen
go furtivo de la gacetilla ó el broche picaresco de un rn · sufic1entee psra llenar varias de las columnas de letra
trejUet, lo sabíamos defcubrir á él, que era todo un artista tan ~anuda de la edición dominical de El C',,iv, rsal, se
y que sabía cómo se va por el camino del bosque encan· necesita fuerza extraordinaria, buen acopio intelectual
tado sobre rosas, sin estrujar eue pétalos, ni pisotear loe y una imaginación ......... tau rica como la de Puckl Y
eso f!Jera de su enorme tarea periodística, de su lucha
tallos tiernos.
polfüca. Era esa una escapada rápida al país de la fan·
¿Qué delicioeo revistero era él! Una de esas páginas
escritas al trote de la pluma, era uoa obra maestra. Cre¿ tasía: un descanso.
Era fecundo, asombroso.
yo que, muerto Pnck, ninguno las hará como él las s.; bía
So pluma trazaba lindos c•1adroe, á la pluma como
h!'cer: nadie ha recogi?,O llBB pluma abandonada, como
dizque Paul de San V1ctor se guardó en loe bolsilos de por mera travesura, por pasatiempo, como ee h~cen al
su pa)etó, la de _Theophi!~ Gauthier, ".uandoeeteexquiei- margen ancho de un diario de la maf\aoa ó en el forro
.oart1eta cometió la deb1hdad demor1ree. Tenla su estilo de color de una revista, cul\ndo ee está á caza de asunto
toda la ligereza, la picardía, la gracia y el arte crepitante ó se muestra rebelde la imaginación.
Haciendo la revista de un baile, ésta era de tal verdad
de un rhroniqu.eur parisién, de loe maestros. Era un Mén•
dez, un Scboll, un Paul Fouquier, que vivía en México y tal C?lorido, que os parecía estar allf, entre tanta luz,
y que escribía eL ra,tellano co&amp;ae que en francee, en las tanta nqueza, tanta hermosura. Sen\faie cómo os emcolumnas de la primera plana de un dinrio /,(J1duardier, briagaba el olor capitoso de las flores, cómo os arrobaba
GUTIEAREZ NAJERA, &lt;.RONISTA

Corazón de sacerdote. - POR H.

euef\oe de conquista de colonización de sue adverearioe.
No cabe duda acerca de eeto-bajo el casco de corchocon que el diputado modernista guata de cubrirse á fin
de dtlmoetrar bien eue tendencias coloniales, Jo afirma•
ría también el individuo que representa el último ti¡.o,
de nuestra serie de siluetas japonesas.

CURIOSIDAD 1:'OTOGRAFICA

lFot,,g, a!!n tomada á la vez en distin tas ¡ osic!ones, median te un p roced!mlento exclusivo d el

DOIIIIIGO 1~ d• AGOSTO d• 1'97

San Salvador.

ARTt'RO .\. A ,mnOGI.

Cerca de la meea, servida á medias, ee enoontraba sentado M. Deecordee, contemplando con fruición el vapor
que comenzaba á escapar de la boca de una cafetera rusa,
cuando penetró violentamente su mujer en el comedor y
exclamó con agria voz:
-¿Como, Edmundo, no has tomado todavía tu café?
¿En qué pieneas?
-En nada, mi buena amiga, contestó ingenuamente
M. Deecordes, Espero que hierva el café ...... Ya sabes
que así me gueta ......
-¿Pero, desgraciado, no recuerdas que hoyes miércoles?
Las señoras vendrán á la1 dos de la tarde; el! ya la una
y media ...... y apenas queda tiempo para preparar todo.
-1Ah, Dios mío! murmuró el pobre hombre con tono
plaf\idero, sirviéndose á la vez precipitadamenw una
taza de café hirviente¡ había olvidado el miércoles!
-Dios sea loado! exclamó la seliora Deecordee dirigiéndose á su hija primogeoita, que se había quedado en
el corredor, tu papá olvidaba el miércoles.
-Angélica, repitió la joven, hablando á su hermana,
papá olvidaba el miércoles.
Y resonó un triple estallido de risa que desde el co·
roedor, ee repercutió como un eco hasta la cocina.
Con frecuencia, y muchas veces sin motivo aparente,
padecían madre é hijas estos accesos de risa en terceto,
cuyas notas se deegranaban por toda la casa.
Entre tanto que el pobre Deecordee, lleno de vergüen ·
za por haber olvidado el miércoles, devoraba con ridí•
culae muecas su café hirviente, la eei'iora y las sefloritae
levantaban de un golpe la vajilla, enrollaban la tela
blanca encerada, limpiaban la madera perfectamente
barnizada y abriendo un armario lleno de vestidos á
medio hacer, alineaban sobre la mesa paquetee de pantalones de palio burdo, chaquetas de lona, enaguas de
punto, camisas de tela cruda, que extraían de aquel
mueble.
-l\1amá, preguntó una de lae jóvenes; ¿valdría la pena
de sacar el paquete de la eef\ora Sennevaux?
-!Oh! Sácalo de todas maneras...... Si no lo tuviéra•
moa listo, podría suceder que ella fuese capaz de venir!
Ui:a triple carcajada siguió á la enunciación de eea

triple idea, que no les impidió alinear el paquete de la
sef\ora Sennevaux al lado de los otros.
Cada miércoles la seliora Deecordes reunía en el come•
dor de su casa, transformado en taller, á las damas caritativas de Gauneville, congregadas á la «Asociación del
vestido para los pobres» y las cuales acudlan de las dos

á las cinco de la tarde con el objeto de coser la ropa para
loe indigentee. Esta asociación tan loable, había tido
fundada por la eefiora Deecordee, hacía tree af\oe, al terminar la guerra.
Era una santa eea eefiora. Y unos ángeles sus h ijas
Dioedada y Angélica, eran estas expresiones que nunca

�82

EL MONDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897
DOMINGO ,~ de AGOSTO de

dejaba de emplear el primer vicario del pueblo, M. de lo para su forzado celibato. Sin dote, gracia, ni belleza,
-/ Oh! la señora de Sennevaux:Uo es muy adicta á nuesChavaesieux, quieacomo encargado de la dirección de sus Vl'getaban con u na existencia vulgar, monótona y exhaus- tra modesta sociedad......... y además, debe de estar hoy
almas, debía saber á qué atene1ee. Y de esta manera, ta de toda esperanza. Diosdada, mayor dos a.fios que su descansando aún de las fatigas de su comida del sábado.
descansando en el juicio de tal autoridad, le repu~ación hermana, podría haber !ido bonita; pero hace falta á las replicó irónicamente la seil.ora Deecordee, que no había
de aquellas damas se había formado y esparcido por todo floree el sol y el aire y ella se babia marchitado poco á sido invitada á este sensacional banquete.
el país, y era raro que al hablarse de ellas, no se agrega- poco, como una plantli escondida, sin luz, trae un muro.
Soporta alegremente su viudez, agregó una de las setio•
ran loe calificativos llegados á ser casi obligatorios: La Angélica era decididamente fea: tenía grandes ojos re• ritas Juglan, muy hostil á la condesa, porque encargaba
señora Deacordee, ¡una santa! Las señoritas Descordee, dondoe y saltones; nariz de cor.neta, y en medio de dos sus sombreros á Paría.
mejillas abotagadas, una abertura microscópica for•
¡unos ángeles!
-No creo, alegó vivamente la sellora Belamy, que
Y el hecho es que eran ellas de una ejemplar piedad. mando boca, sin labios, que parecia hecha de un nava• falte ella á sus deberes ó sentimientos de viuda; dando
Nada más edificanw que verlas arrodilladas sobre sus jazo; todo esto ea una de esas cabezas de mufieca de car• una comida de amigos, con motivo de la permanencia
reclinatorios, con la cabeza entre las manos, entreg.1dae tón, sobre las cuales, en las ferias de loe pueblos, exhi- en su casa del antiguo coronel del regimiento de sumarido.
casi extáticae, á sus interminables oraciones. Sin hacer ben las modistas ambulantes los sombreros de venta.
.Acababa de sonar la segunda campanada de lae doe de
mención de la tarde de loa domingos y días de fiesta,
-Tiene usted muy buenas razones para aprobar, quecotidianamente permanecían en la iglesia la mayor par- la tarde, cuando llegó la señora Perroy.
rida, pues concurrió usted á esa fiesta, á ese festín, á eu
-Siempre la primera, exclamó la señora Deacordes, jolgorio, exclamó la señora Dascordee, buscando aún alte de la maftana, dedicadas no solamente á sus ejercicios
religiosos, sino entregadas también con febril actividad cuya risa apenas estalló, fué repetida.
guna palabra más sarcástica...... Yo no sabia que estu-He aquí á la sellora.Leautaud, dijo Diosdada, que se viera usted tan ligada al castillo.
á todo lo que concernía al culto.
No hacía allí falta el sacristán. Ellas se encargaban de babia pueato de ceatinela en una ventana que daba hacia
-Con efecto, no tengo el honor de estar muy ligada
adornar la casa del Sellor; de disponer las flores en loe la plaza.
con la eeil.ora de Sennevaux, aunque sienta por su belle•
altares; de revisar las vestiduras sagradas para tenerlas
L'egaron en seguida la eefl.ora Gaudry, mujer de un za tanta admiración como simpatía por eu bondad. Pe•
siempre en buen estado; de vigilar las luces; de organizar agente viajero, las ee.fioritae Juglán, que tenían un alma• ro, mi marido, antes de ser aquí preceptor, era comanlos coros para loe cánticos; de afinar el órgano que la se· cén de modas con un gran rótulo de oro que decía: dante en el regimiento del eellor de Sennovaux. He
fl.ora Deecordee tocaba con verdadero talento. En caso ne «A.l modelo de Paria;» entró en seguida, todo un grupo; aquí por qué asistimos á esa comida.
cesario no desdeñaban desempeil.ar ciertas funciones de la eefl.ora Valier, gruesa, negra, bigotuda, un coracero
-¡Comida enviada de Paríel grulló la señora Valier.
policía en el santo lugar, donde se las veía frecuentemen- con faldas; la eeflora Auffroy-.Migaot, qu3 caminaba de ¡Cómo ei en Gauneville .no ee supiera cocinar!
te, presas de piadosa indignación, expulsar á fuerza de puntillas, y hablaba siempre en voz baja, tímida hasta
-Es usted una ingrata, eefiora Valier ...... pues hemos
golpee de rosario, á algún perro in:liecreto que se había el exceáo¡ Ja pequeñita Madame B.Iamy, vestida con tomado un delicioso pastel de alondras, comprado en su
int1 oducido en el templo, durante el oficio.
traje de color rosado, muy rieuefla, tan graciosa y airo• casa.
Y en virtud de tanto frecuentar la iglesia y tanto cui- pática, con eua cabellos n1bioe, cuyos alborotados rizos
La respuesta provocó algunas sonrisas é hizo sonrojar
dar todo en ella, habían acabado por considerarse como ningún peinador lograba disciplinar.
á la seil.ora Valier, á quien fuera de eu tienda, no le gusen EU casa, y sintieron mayor admiración que tristeza el
Unas quitándose el sombrero, y otras limitándose á taba que se le hablara de su comercio.
día en que el cura decano, digno sacerdote educado en la desanudar las cintas que echaron hacia la espalda, ine-¿Qué traje llevaba la condesa?
JibHal escuela de su gran obispo y enemigo de las exa• taláronse todae, recogiendo cada quien eu paquete de en•
-Un vestido gris con encajes blancos, que resaltaban
geraciones, les recordó con dulzura, pero co.n_firmeza, cima de la mesa y tomando asiento con su trabajo entre muy bien en verdad sobre su hermoso talle y eue mag•
que él era el cura de la parroquia y no ellas.
las manos, en alguno de loe círculos formados cerca de nlficaa espaldas.
Y por esto la piadosa trinidad no abrigaba hacia el de- las ventanas.
-¡Cómo ...... ¿Sus espaldas?
caLo más que cierto apego muy relativo y el respeto es•
-Ya transcurrió el cuarto de hora de gracia, dijo la se·
-Sin duda.
trictamente obligatorio. .El padre de su elección era el llora Descordee, que actualmente era la presidenta de la
-¡ Estaba descotada! prorrumpió con indignación la
buen abate Cbavassieux, un frailecito regordete, colora- .Asociación ......... \'amos, señoras, ¡al trabajo!. Y de an· seilora Dascordee, á quien eu flaqueza, á falta de princido, siempre riaueilo y constante admirador de las virtu· temano, la oración.
pios morales, prohibia semejante impudencia.
des de la señora Descordea. Era el amigo de la familia:
Con voz breve rtcitó una plegaria de que no se podía
-Pues sí, estaba descotada...... todas lo estábamos....
cada domingo santificaba con su presencia la mesa del entender una palabra, y á la cual diez voces respondieron; ¿Qué mal hay en eeto?
Bt-ñor Deacordes, seguro de encontrar los platillos por Amén.
-¡Descotada! insistió la seil.ora Deecordes.
los cuales confesaba su debilidad, y terminaba la tarde
De pronto reinó el silencio entre las voluntarias obre-¡Descotada! repitieron simultáneamente Diosdada y
entregado á las inocentes delicias del juego de lotería, ras: lo prevenía así un artículo del reglamento, cuya ob· .Angélica.
sazonadas con ciertas bromas semanariamente repetidas. eervancia duraba generalmente de cinco á diez minutos.
-¡Descotada! prorrumpieron en coro diez voces difeAl eellor Deecordes, procurador del Tribunal de primera
-Miren ustedes, dijo una de las trabajadoras. Allí rentes, pero con igual toLo de reprobación.
Instancia de Ganneville y adjunto del .Alcalde, no lo viene la pobre eefiora_Leeourval, atravezando la plaza.
-¿Ha leido usted el último edicto de Moneellor? preconsumía tal vez en el fondo, una fe tan ardiente como Comprende que viene atrasada, mrren como se apresura. guntó la presidenta á la señora Auffroy,Jpara desviar ese
la de su mujer y eue hijas. Aun, según se decía, recien ca•
-Tan coja como ee, tiene derecho , nuestra indulgen- tema de escándalo.
eado profesaba algunos principios filosóficos y liberales; cia, hizo observar la señora Descordes.
Pero el relato de la comida interesaba mucho más á la
pero sus veleidades de independencia habían suscitado
Esta ligera murmuración, escapada á la presidenta, fué mayoría de la asamblea qu9 la elocuencia del obispo, y
tales tempestades en su hogar, que como el buen rey En- la stfial. Primeramente no se oyeron eino palabras suel- entre tanto que la sellora .A.uffroy Mignot, presa de courique, comprendió que bien valía una misa la paz inte- tas con alguna timidez, proferidas á media voz; pero á goja por haber sido así interpelada delante de todo el
rior y dócilmente había aparentado que abdicaba de las poco habfa~e generalizado la conversación con creciente mundo, murmuraba alguna respuesta ininteligible, una
ideas de su juventud. Pero el muy zorro dividía su volubilidad y en un diapasón á cada instante más alto. de las damas reanudó la charla.
existencia en dos partee. Después de largas estaciones en Se pasó revista de todos los acontecimientos locales, por
-¿ Y la sei1ora Charlier, la grande amiga de lasefl.ora
la iglesia, se encerraba en en gabinete con pretexto de insignificantes que fueran: el último sermón; el estado de Sennevaux, concurrió también á la comida?
estudiar algún negocio judicial y se abandonaba á la lec- de las plantaciones de azafrán; el nacimiento del ni.fio
-Usted bien sabe, contestó la eellora Belamy, que estura de novelas más ó menos ligeras y poesías muy poco Lenoir; la muerte de la pobre sellora Paquignon; algunos tas señoras no se visitan, oficialmente por lo menos, lo
ortodoxas.
hech&lt;,e más frívolo&amp;; una nueva forma de sombrero des- cual las aflige mucho. Pero es imposible...... á causa
Mas cierto día ¡día nefasto! una cita imprudente hecha crita por una de las señoritas Juglan; uu color de moda de ......... Se detuvo.
por él llamó la atención de la l!efiora Dee~ordes, yabas• para vestido, que elogiaba la graciosa seilora Belamy......
-Quiere usted decir á causa del señor Cha1lier? extante sorprendida de trabajos tan largos y tan poco en Pero agotados todos estos temas, comenzóse á hablar del clamó la eellora Dascordee, En verdad que bastante culrelación con el presupuesto de ingresos de la casa. Apro- prójimo y poco á poco fueron haciendo el gasto loe au- pa tiene mi sobrino...... Pero realmente hay otra causa
vechó ella entonces una ausencia de su marido para sentes. Se buscaron para su inexactitud pretextos verda• por la cual se aleja á la se.flora Charlier ........ .
practicar un cateo en el gabinete de éste. ¡Horror de los deros ó falsos, pero pocae veces venebólos, y en seguida
E inclinándose hacia la sellora Valier, continuó á mehorrores! ¡.A.ydevosotroe, Voltaire, Parny, Mueset y Hu- se pasó á la crónica de sus intimidades, crónica que de dia voz, sin que se le entendieran más que estas palabras
go, Balzac, Jorge Sand y Dumas: conocísteis entonces pronto se decían al oído y se acababa por repetirla en la - ...... El subprefecto ...... ¿Sabía usted?........ .
loe tormentos de la hoguera! Y tú, infortunado Descor- voz más aha posible, en meaio de loe estallidos de risa
-¡No ea posible!
dee, también conociste todo el peso de la cólera de una periódicos y agudos de las eef'ioritae Descordee.
--...... Yo lo he visto!. ..... con mis propios ojos lo he
esposa virtuosa é indignada!
-Vamos, vamos, eelloras, no olvidemos que estamos visto..... .
- ......... ¡Qué horror!
Desde aquella fecha fatal, Descordee había abandonado en una reunión de caridad; decía la señora Belamy que
definitivamente toda idea de resistencia, y resignándose era toda bondad.
- ¡Eh, sefiorl exclamo con vehemencia la eeil.ora Be•
1;&gt;oco á poco, había concluido por sentirse verdaderamen•
-Pues no creo que faltemos en nada á nuestro objeto, lamy...... tened alguna indulgencia para esa pobre mute feliz con esa vida austera á que cada día se miraba eellora, replicaba con su voz de tambor mayor la eeilora jer...... No hay que juzgar por las apariencias...... Y desmás sujeto. Limitóse para lo sucesivo á la lectura de la Valier, que aborrecía á la muilequita rosa. No son loe pués de todo, lleva una vida tan triste! ......
Gaceta Religiosa, al .Almanaque del Peregrino, al Diario de que más hablan, quienes más trabajan.
-Esto quiere decir que usted la disculpa?......
la Oruz; encaminándose así por una pendiente insensible
La rubita miróla con eua dulces ojos de gacela y alzó
- Para disculpar, como para condenar, hay que tener
y constante hacia la dulce felicidad de la beatería.
imperceptiblemente las espaldas.
el derecho de juzgar, y este derecho no lo reconozco en
Diosdada y .Angélica, después de rogar á Dios en vano,
-Hoy no tendremos sin duda el honor de ver entre mí. Me limito á tener piedad de una mujer que sé que es
para que les mandase un marido, se habían resignado nosotras á la seilora condesa de Sennevaux, ineinnó con muy desgraciada. Esta ee mi creencia, mi religión ......
también al eacrificio, buscando en la devoción el coneue- tono agrio una de las dama!!.\
( Continuará. )

18sn

1101\IBRES Y DIOSES
ATILA.-CARLOS XII

I
A vida de Atila debía eecribirse, no

en una historia, eino en una epopeya en idioma bárbaro. Asombró al siglo V, tan acostumbrado
á los asombros, que llegó á creer
que ee precipitaba sobre la tierra
el cuarto caballero del .A.pocalipsia.-«Y apareció un caballo páli•
do; el que cabalgaba en él se llamaba la muerte; el infierno le Be·
guía; le entregaron el poder eobre
1as cuatro partes de la tierra para hacer perecer á los
hombres con la espada, por el hambre, por la mortalidad
y por lae fieras. n
¿Quién no creyera, en efecto, que el ejército de .A.tila
er.. el infierno escoltando á la muerte? Los hunoe fueron
loe bárbaros más feroces: comparados con ellos los vándalos parecían soldados de Atenas. Los godos referían
,que uno de sus reyee había relegado al fondo de la Scitia
a hechiceras que allí tropezarou con demonios errantes
por las estepas. De eu cópula nació la raza horrible de loe
bunos.-uEepeciede hombre, aacido en loe charcos, horriblt,, unido sólo al género humano por la palabra, dice J orMudée.n Ammiano l\Iarcellino los pinta como Plinio describe loe animales fabulosos en su IIistoria natural,· nabla
de sus cuerpos de miembros redondos, do la gordura
monstruosa de sus cabezas, de sus narices aplastadas y
de su barba cruzada por cicatrices que lee impiden crecer
111 pelo. «Parecen b.,stiae de dos pies, ó eeae figuras de
madera groseramente talladas que decoran los parape•
·toa de loe puentes.»
Esas hordas de hombree tenían las costumbres de las
bandadas de lobos errantes en loe bosques. Ni vivían en
casas ni en caballae; cualquier cellidor de pared lee pa•
recia un sepulcro. Loa galos temían que el cielo cayese
sobre eus cabezas, y loa hunos que los techos les estrellasen. Tan desconocido como á las bestias lea era el uso
-del fueg0. Se alimentaban con raices y con carne cruda, amasada sobre la eílla del caballo. l:iu traje consistía
-en una túnica de te la sombría y en una casaca de pielee
de ratones salvajes. Jamás se quitaban esa túnica, que
se pudría sobre el cuerpo y que caía á pedazos poco á po•
. co como el pelo en tiempo de la muda cae del cuerpo de
loe animales. Su vida era enteramente ecuestre; p11,re•
,cían clavados sobre sus caballos, feoe é infatigables corno
elloe. Montados comían, dormlan y celebraban sue consejos. Ni aun la muerte dividía á tan groseros centauros;
enterraban los hunos con eu montura al caballero. No ee
sabe que reconociesen Dios alguno: únicamente los timbales mágicos de lo~ hechiceros despertaban en sus eraneos estúpidos alguna idea vaga de lo sobrenatural. La
guerra era su elemento y eu existencia, vivían del pilla.Je, ee dedicaban á la exterminación, iban á hacer carni•
cerfa como si fuesen á la siega. Su crueldad bestial sólo
se saciaba con la destrucción; después de despojar las
ramas cortaban el árbol, incendiaban la ciudad deápuée
-de saquearla.
En medio del siglo IV, apenas entrevista esa raza fe•
xoz en el horizoJlte del Asia, agujerea el mundo bárbaro.
-.A. su paso recoja todas las tribus salvajes, las poblacio•
ues teutónicas y las nómadas de la Tartaria. La bola de
nieve se convierte en avalancha, la barbarie se hace nación, se personifica en Atila y aparece al borde del Danubio ante la Europa consternada.
¡ Extraila figura la de ese Caliban de la guerra! .A.mal.gama la ferocidad de loe brutos á loe vicios de loa dés•
petas; ea cruel como un jefe salvaje y corrompido como
un viejo sultán; une á la benevolencia mongola la perfidia bizantina; hay en él algo del ogro y del diplomático.
No eólo por medio del terror, eino también por el de la
-astucia, ataca á loe dos Bajos Imperios de Oriente y Oi•
ci&lt;lente. E, tigre se convierte en gak&gt; para jugar con loe
débiles Césares, que reinan en engie sobre el mundo.
Loe esplota, los escarnece, los desbarata, loe adula, los
espanta y loa fatiga con embajadas y con negociaciones
irrisorias; lee pide lo imposible poniéndoles la espada en
la garganta, y Jo imposible le conceden. Roma y Cona•
tantinopla se agotan satisfaciendo los caprichos del
monstruoso. hijo mimado de la fuerza.-U a día notificó
al emperador Teodosio para que le entregase una rica
heredera que codiciaba uno de sus soldados; la joven hu•
_yó espantada, y Teodoaio se vió obligado á substituirla
por oua, bajo pena de invaeión.-Otra vez pidió á Va•
lentiniano los cálices que salvó un arzobispo del saqueo
de Sirmiun: el emperador Je respondió que no podía sin
cometer un sacrilegio, entregarle loe vasos consagrados.
.A.tila ofreció pagarle dos veces eu valor.-«Loe vasos ó la
guerra,» esa fué su respuesta.
Desde el fondo de eu palacio de madera habitado por
un serrallo incnlto y por su pueblo de hijos, ese Khan
Kalmuck alertorizaba al mundo. Los embajadores del
imperio iban á suplicará la barraca real, vagaban mucho tiempo antes de ser introducidos en eue murallas de
planchas y empalizadas. Cuando se presentaban ange
.Atila, se encontraban en la presencia de un hombre pe•
.quello, rechoncho, chato imberbe, casi negro, cuyos o¡os
resplandecían de cólera.
Priecue, que formó parte de la embajada que envió el
emperador Teodosio al rey bárbaro, nos ha ,ransmitido
la descripción de esa corte casi fabulosa. Noe presenta á
Atila entrando solemnemente en su capital, por debajo
de velos blancos, eosteaidos por v1rgenee. Cuando pasa
.porcaeadesuminietro Onégese,saleuna mujer rodealade
sirvie.atae, qui:, llevan platos de carne y una copa de vino. Esa mu¡er se aprvxima á Afüa y le euplic.1 que prue,
be la comida que ha preparado para él. Atila consiente,
,haciendo sella! de ello, y enronced cu.1tro hombres levan•

EL MUNDO

tan hasta la altura del caballo una meea de plata, y ein
desmontar el rey bebe y come.
Algunos días después Atila convida á la embajada á
un gran banquete. Los romanos entraron en un comedor,
en el que había asientos y pequeñas mesas. En medio se
levantaba un estrado que soetenfa la meea real y la cama
donde Atila estaba tendido. A un pie estaba Ellak, el
primogénito de sus hijos, en la actitud de un esclavo, silencioso y con los ojos bajua. Sirvieron á los convidados
en platoe de plata, y se les vertió el hydromel en copas
de oro; pero el servicio de Atila era todo de madera. A
la mitad de la comida ee levantaron dos bardos y cantaron en lengua númica las victorias del rey. El hlmno
exaltó al auditorio; entusiasmo frenético ee apoderó de
loe b:irbaros, gritos se escaparon de sus pechos, y lagrimas saltaron de eue ojos; los rostros tomaron la expre•
eión furiosa del ataque y de la defensa; la sala parecía
un campamento que iba á tomar las armas. Un bufón
llegó al momento, y sus gestos y contorsiones hicieron
lanzar á los bárbaros grandes carcajadas: t&gt;n medio del
tumlto Atila permanecía inmóvil, y presidía en silencio
la ardiente orgía. tiólo cuando Ernak, el más joven de
eue hijos, entró en la sala, un rayo de alegria iluminó
su sombría fa:i:, sus ojos se dulcificaron, y atrajo á sí á eu
hijo acariciándole y tirándole de la mejilla.
A. la embajada de los Césares, Atila contestó: Doe men•
sajeros hunos se presentaron en el mismo día ante loe
emperadores Teodosi0 y Valentiniano, con el encargo de
decir al uno y al otro:-«.\.tila, mi seflor y el tuyo, te
ma::ida que le prepares un palacio, porque va á venir.u
Llegó en efecto en el terrible ailo 451, predicho por
los cometas, por eclipses de luna y por nubes de sangre,
en medio de los que se entrechocaban fantasmas armados con lanzas ceatellantes. Jamás el mundo estuvo tan
inmediato á su fin. Lo de Atila no fué una invasión fué
un diluvio.
Hunos, alanos, gelonee, ostrogodos, gépidoe, avaros,
búlgaros, turcos, hunnigaroe, la oarbarie en fin en maea,
ondeaba al rededor de Atila. El rein,., entero de los animales, insurreccionados contra el hombre, y aliándose
al rededor de un monstruo dotado de voluntad y de inteligencia, daría apenas una vaga idea del peligro que
corrió la civilizae;ión en esa sombría fecba . .l!;n pocos
días las dos Germanías y las Galias desaparecieron bajo
un torbellino de caballos y de cabalidros. Los pueblos
huyen á la desbandada ante esa tempestad humana, que
pilla, pulveriza, mata, deevasta eaqutia, y acaba por que•
mar lo que no termina la eijp.1da . .J:'or todae partes no se
oye más que el ruido espantoso de las ciudades que caen
y el hipo de la agonía de las naciones deg~lladas.
La sangre corre y forma torrentes, lae ciudades se va•
cían, los bosques ee llenan y la tierra cultivada desapa•
rece bajo el nivel de la destrucción, como si desde el fonde del Asia, loe hunos hubiesen traído el desierto y lo
hubiesen desarrollado como uaa sábana sobre el mundo
antiguo. El huracán que ha desencadenado metamorfosea a Atila y aparece alumbrado por el resplandor de las
ciudades incendiadas, bajo la forma de una bestia quimérica. Unas cróniMs le describen con cabeza de asno,
otras con hocico de puerco, y algunas le privaban de la
palabra concddié.ndole sólo sordos gruñid,is. La tradición
consagrada ve en él una vara bíblica, uaazote, que pulveriza las naciones y que agita la mano de Dios desde lo
alto de las nubes. JJ;t miemo acepta con orgullo tan si•
nieet10 sobrenombre. C11ema la leyenda q11e A,ila, oyéndose llamar por un ermitallo «Et azote de Dios,n sal,an•
do sobre 1a silla del caballo en un acceso de infernal alegría, gritó: «El destino sucumbe, la tierra ee estremece,
porque yo soy el martillo que golpea al mundol»-.A.sí le
llaman los obispos, que le esperab.in de p;.e á su paso con
la mitra en la cabeza y la cruz en Ja mano, á las puertas
de las ciudades. Loe apóstrofes que le dirigen llevan el
sel!o del respeto; loe hombres del evangeho, exorcizán•
dole, saludan al dragón del Apocal1psie. -«Quién eres tú,n
le pregunta San Lup desde lo alto de los muros de Troyee. «Quién eres tú que dispersas loe pueblos como pa¡a,
y rompes loe coronaa con los cascos de loe pies de tus caballo?.. -«¡Soy Atila, el azote de D1os!11 -«Sé, pues, bien
venido, azote de Dios, yo soy tu servidor,» le contesta el
obispo. «No te detendré en tu camino.u Y desceadiendo
acompallado de eu clero, y abriendo las dos bo¡as de la
puerta de la ciudad, toma por la brida el cab.1110 del rey
de los hunos y Jo introducd en ella. «li:otr.1, le dice, azo.
te de Dios, y marcha á donde eu brazo te diriji1.» Atila
entra con su ejérc1&amp;0, pero un velo sobrenatural envuelve la ciudad; un milagro la oculta á lod ojoe de loa bá.rba•
ros, y la atraviesan creyendo recorrer una vasta pradera.
En eso quizás se hubiera convertido el mundo occidental, si en loe campos catalá.nicos Aetius ao hubiera vtln.
cido :i Atila. B.1talla gigantesca cuyas p:oporcionee
asombran. Produjo doscientos mil muertod¡ la sangre
saltaba formanjo cascadtis en el lecho de un arroyo, q11e
transformó en río. .A.tila ee resguuda detrás de sus ca•
rretaa, mirando con ojod e10ies,rvd y ébrio de rabia, á un
montón de sillas arJ1eado en el que piensa arro¡arae si
el enemigo invaie su campamemo. Astius sobrepuja á
l\Iario, é iguala a &lt;Jésar en esa luch.1 épica, en esa g¡gantomaob1a del EJda, y la gloria ein emoarg&lt;&gt; alumbra apenas su nombre con duiodos rayos. L.1 hldtona es in¡us•
ta por que no levanta altares á esos héroes de la últ1m1
hora, á PrJbue, P&lt;&gt;sthum11s, Stilicon y Astius, que tan
magnificamente eoituv1eron el choque de lo.! b..1rbaros
y forzaron, como Jos11é, al sol de la civilización rom!lo~
á retardar su sangriento ocaso. E.! propio dd la barb.uie
crear las tinieblas á dU alrededor; hombree y cosas ee
obscurecen al acercarse á ella; la civilización ee barb.1•
riza combatiéndola; la plaga de las tinieblas se cierne igual•
mente sobre los vencidos y sobre los venoed.&gt;res. N1 las
v~cto~iaa consegui~as sobrtl la birb.uie subyugan la:mag1nac16n. Sus clannes lanzan roncos gritos, sus laureles
1100 espinosos como zarzas. No dejan tra3 des( ninguna
huella, como li c:1za de los lob.&gt;s e.:i las e3p3suras d,i los
bosques.
R~chazado de las Gilias, el azote de Dios ee arroja so•
bre Italia y la extermina. L,s ciui!ldea arden, los h'Jm·
brds caen por hi1cea, loa pu~0Jo3 huyen hi1sta el mar. J&lt;.:l

horror .no varía á tra vée de su fero:i historia, es enojosa
la lluvia de sangre que derrama. La carrera de Atila tiene la monotonía del infierno.
Se retira por fin á su retiro y entra en él harto de car·
nicería y cargado con loe despojos del mundo. llluere de
la muerte de Holofernes, en su lecho de bodae, degollado
por una Judit germánica. Su ejército aulla al redtdor de
su tienda fúnebre como un montón de perros de caza al
lado del cuerpo del cazador que los ha ahitado dti mon•
terfa. Su ejército mató :i los esclavos que cavaron la
tumba de .A.tila; basta eu cadáver asesinaba.
A pesar de tanta conqui•ta, dd tanta exterminación y
de tanta batalla; á pesar del espantoso ruido que hizo
Atila sobre la tierra, no logró elevar3e á la verdadera
grandeza. Sólo hay gritos en eu fama; eu nombre eue~a
vacio de sentido; eu historia forma parte de la histona
natural de loa azotes ffeicoe. No es más humano que un
temblor de tierra, ni que la errupción de uci volcán. La
potencia de trastornarlo todo que residla en él, tenla algo
de inconciente y de maquinal. Fué demasiano fatal para
ser odioso y demasiada impersonal para ser culpable. La
historia ni aun le acusa; le descarga de toda reepousabilidad y de todo per¡u•cio, y le remite á h naturaleza,
de la que él fué uno de los agentes destructores. Déehonrarle y condenarle sería imitará Xerxes cuando golpeaba con varas al elemento enfurecido. El asesinato de
Clytua deshonra más á Alejandro que la sangre de un
mundo despoblado mancha á Atila; pero ta111bién el me•
nor combate griego, inspirado por la virtud cívica y por
el heroísmo, eobrepujaá todas las conquistas del Bárba•
ro. El soldado de Maratón, agitando Ja palma, ed más
grande que Atila, recibiéndo á loe reyes y á loe patricios
montado sobre su flaco caballo, cuyo galope desecaba la
tierra.
No ee pues, en la historia que le coloca entre los fósi•
les de sus periodos caótic:ie, sino en la leyenda, donde
.A.tila adquiere eu verdadera existencia. Cada pueblo se
apodera de eu tosca figura y la modela según sus instintos. L!\ halia la degrada, la Alemania la idealiza. Mien·
trae la tradición latina combia á Atila en espectro ó en
monstruo, loa poetas germánicos hacen de él un rey afa•
ble y neutro, que preside á los acontecimientos ein mezclarse mucho en ellos, como Agamenón en la Iliada y
Cario Magno en la tabla-redonda. Transformación imprevista! ~I ogro se convierte en patriarca; el aeeeino
del mundo llega á ser el juez de paz majestuoso de las
querellas de loe Nibelungos.-L1 Hungría hace más; tra•
tli con respeto füial al salvaje abuelo de su raza. El Atila de las leyendas magyaree, ea santo como D.1vid, sabio
como Salomón, magnifico com Haroun al Raachid. Ya no
es el Papa León el que le detiene á las orillas del Tiber,
sino el mismo Jesucristo que descendiendo del cielú,
trata directamente con él y promete á su posteridad la
corona de Hungría como rescate de Roma.

II
Se ven en la historia resurrecciones de tipos y de carac•
teres que llegan :i hacer creer que han existido los Avatares de la fáoula indiana. .A.4milquinientos aflos dedis·
tancia, Atila reaparece en el Norte bajo una nueva for.
ma, más concreto en su acción y moviéndose ea más
pequefio círculo, pero animado del mismo furor d~etmc•
tivo. Carlos XII, rey de Suecia, es en el siglo XYH un
.A.tila extraviado.
C.&gt;mo el rey de los Hunos, naia tuvo de humano ese
soldado implacable, que hacia la guerra como ee hace
gimnacia, por pura necesidad de ,emperamento . .A. los
diez y ocho afios entró en la tienda de campaña como
un monge entra en en celda, para no salir ya de ella.
Verdadero monge fué en efecto, que pronunció votos
terribles ante una de esas Walkyries sanguinarias que
había adorado su nación. L1 mujer que ea «más fuerte
que la muerte» segúa loe sagrados libros; la mujer, que
enervó á Sansón, que encantó á César y que hizo llorar
á Alejandro, no entró jamás en eu corazón, cerrado como una ciudadela. Permaneció virgen como la muerte,
su única querida. El rey de Polonia envió á su amada la
condesa Aurora de Krunigemark, una de lae bellezas de
dU siglo, para ablandar al conquistador irritado; pero .no
obtuvo de él ni una eo:a mira&lt;la. Encontrándole un día
en un sendero estrecho, descendió de la carroza y avanzó
hacia el rey; éste la saludó bruscamente, dió otra direc•
ción á la brida del caballo. y desapareció: esa fué la
única audiencia que pudo conseguir.
Examinadle bien y no encontraréis ni una [eola vena
de carne en ese hombre de bronce; p~ra él no existe ni
la mesa, ni el lecho, ni loe placeres. No bebía vino; durante su campafia de veinte afl.os, como David en el de•
eierto, sólo bebió agua del torrente, po¡¡ada con un casco.
Su grosero tra¡e azul con botones de latón le duraba
tanto como el hábito á un monge. Los reyes de los cuentos de hadas no dejan jamás la corona; él solo se quitaba
las botas para dormir aquí y allá. Tenía la superstición
de que eran eue botas las que le hacían recorer la Euro•
pa á grandes pasos, y sólo habló de ellas al rey .Augusto
en la conferencia que le concedió en Guteeborf, después
4!1ª lo derro~6. El Senado de Suecia le suplicó que vol·
viese á su rerno, que tan largo tempo estaba privado de
eu rey; y él le respondió enviando á Stocolmo una deeue
botas para que ocupase el trono y gobernase por él; rhis·
te que el Senado no quiso que volviera á repetir.
La guerra fué su religión; para practicarla dignamente
se imponía maceraciones ascéticas. Le dijeron qu11 una
mujer había vivido muchos meses bebieado agua por
todo alimento, y tuvo deseo de sufrir esa ruda aostinen•
cia, como hubiera podido tener 111itrídates el capricho
de probar un veneno nuevo. P.ieó sin comer cinco días
enteros, después hizo una comida de ogro y volvió á en
vida habitual.
El m(eticiamo de la gloria puede explicar solamente
t!;'l caracter y tal a~stracción de las alegrías y de las pa•
e1ones de la humamdad. Parecía que habíá .utcho voto
de pobreza como de abstinencia; el dinero era para él
nada m:is que nn me:lio para fundir balas y forjar caño•
nea. ,u~ tránsfuga que hizo prisionero yquecondenaron
á la ul~1ma pen1, p10p.1ao q.id ei le perdonaban la vil,:1.

�EL MUNDO

revelarfa..el secreto de hacer oro, que fabricaba en la
prisión con recetas de alquimista. La materia que se en·
contró en su calabozo ere de buena clase y de excelente
peso El Senado pidió al rey su perdón. ¿La piedra filosofál no valía una cabeza rebelde? El rey, indignado,
respondió á la propuesta del Senado adelantando el día
de la ejecución.
.
Las monedas informes acuñadas ba¡o su remado le re·
tratan mejor que las más perfectas medallae. Consisten
esas monedas, en anchoe cuadros de latón, que llevan la
estampilla del sello real en loa cuatro ángulos. Verdaderas monedas espartanas, que parecen hechas de prisa,
para ocurrir á las necesidades urgentes de la guerra, de
montones de atmaduras recogidas en el campo de ba•
talla y fundidas al fuego del vivac.
Descomponed la organiz~ción eecéntrica de Cario.a ~JI
y oo encontraréis en ella DI aun el reeor:e de. la am b1c1ón.
Hace limosna de EUB conquistas; dá á loe demás las provincias de que se apodera, y no se digna recojer las coronas que hace saltar. Su reino no ea de este muodo;
combate por combatir, por un ideal abs~racto é inH!ior.
Loe coLquietadoree más desenfrenados tienen un ob¡eto,
un plan, una codicia. Hae~a hace hinchar las na!ices de
Jobo de Atila las voluptuoa1dades romanas. La idea de
la eatención ocupa el cráneo estrecho deTamerlán; auefia
en una Asia mude, vacía y despoblada, en la que puede
reinar y acostarse á lo la1go de ella. Pero Carlos XII no
desea más que un sitio para su campamento y terreno
para una batalla. .su ':sga.mundo ejércit~ de Norte á
Orieote no revela DI un maunto político, DI un deseo de
engrandecimiento, ni un pensamiento d~l porvenir. El
rey vive atado á su caballo, como su amigo Mazeppa y
se deja llevar á través del mundo.
Es vencedor ó vencido con la misma indiferencia; una
derrota csuea tanto ruido como una victoria, y él solo
pide á la guerra ruido y humo. Su bravura no es ardien•
te ni apasionada, el peligro ea su elemento; la paz le hu•
biera muerto como el agua dulce mata á los peces de
mar. Necesitaba para vivir el ruido del cafión y el olor
acre de la pólvora. Después de la defenea de Beuder, en
la que sostuvo como otro Rolando furioso el asalto de un
ejército; cuando en fin, sucumbió al número, con el roe•
tro moribundo, las peetafiaa quemadas por la polvora,
sonreía á los genfzaroe que lo llevaban con calma, dichoso, visiblemente tranqmlo, como el hombre á quien la
sangre ahoga y que respira después de haberse sangrado.
«La pieza ha terminado, vamos á cenar,» di¡o á uno de
sus generales, cuando la guerra, fatigada de jugar con
él, le hirió para concluir de una vez, de un balazo en la
sien. Erna palabras juzgan y defienden su reinado teatral, que verdaderamente no tuvo nada de real, nada de
histórico, y que no fue más que un drama romancesco,
representado por un hombre para su propia gloria. Fué
la fantasía del desierto árabe trasportada á las estepas
del Norte; cargas á fondo, blandimiento de espadas, salvas de fusiles, choques de sables, nada. El torbellino
pasa, cae la nieve y la arena se nivela. ¿Lo que acaba de
suceder ea una visión ó u11a realidad ...... ?
Qué queda de Cárlos XII? Un nombre que resuena en
el oído como un tiro de cafión, pero que no habla al co·
razón ni á la inteligencia. Su deslumbrante espada carecía de filo; en ninguna parte se quedó grabada. Fué el
instrumento de un virtuoso militar y no el arma de un
gran hombre. Una armada errante á la que no guia ni
un Dios, ni un principio, ni una nueva civilización, pa·
ea como una tribu nómada con el silencio del Sabara. Si
la gloria del héroe sueco es estéril, su carácter queda como uno de loa asombros de la historia. Un rey que á loa
diez y ocho afioa parte de su capital para batirse hasta
la muerte, sin pausa, sin tregua y sin volver, arrojándose sobre la Europa con un puñado de hombree, como
Alejandro á la cabeza de su cuadrado de macedonioe, en
el infinito del Oriente, deslumbrará siempre á la imaginación. Se comprende que una sultana le aoliara desde
el fondo de su serrallo. Le llamaba su leon.-«¿Cuando
tú, decía ella al sultán Achmet, ayudarás á mi león á devorar al Czar?.»
La época en que se a¡zitó su destino eacéntrico, rehusó
su prestigio. Cárloe XII no aparece como fabuloeo dios
del Edda en medio de la Europo política y diplomática
hasta el siglo XVIII. Era verdaderamente un extraviado en el munJo moderno. Era un héroe del, Norte bárbaro y pagano. A pesar del libro de oficios, encontrado
después de su muerte en el bolsillo de su unifor.ne no
ea al cielo cristiano donde él debió ir, sino al par;íeo
sangriento de la mitolo_gía escandinava, en el que los
guerreros ee cortan en p1_ezae durant~ el día, y cuando
llega la noche reunen Y a¡ustan tan bien eue miembros
esparcidos, que cenan reunidos en la mesa de Odin comen en el mismo plato el tocino del jabali Serimn~r y
brindan coa cráneos llenos de cerveza fermentada.
PACL DE 8.AINT--VIC'l'OR.

Te ví una sola vez pero mi mente
te estará co.otemplando eternamente.

*

**
.A.l verte aborrecida,
notarás, recordando cierta cosa,
que á todas nuestras faltas en la vida
las liga una cadena misteriosa.

LOS VERSOS DE AMOR

En su cuarto, acodado en la m€sa,
A la luz del crepúsculo, presa
De un rapto febril,
Con la pluma en el puño nervioso
Ve el poeta el intacto y lustroso
Papel de marfil.
Al recuerdo ideal de su amada
De su mente intranquila y nublada
Se borra el capuz,
Y del sol á los rayos murientee,
Sn pasión cristaliza en ardientes
Estrofas de luz.
Una gota de llanto y mil besos
En el fino papel deja impresos
Con casto fervor,
Y arrojando la aurlfera pluma
Con Violeta de Parma perfuma
Loa versos de amor.
En sutil peinador vaporoso,
Consuhando el reloj perezoso
Con honda ansiedad,
En el viejo sillón de caoba,
Recostada, lo espera en la alcoba
Su blanca deidad.
Su imposible ventura soñada
Del tranquilo mirar de su amada
Contempla al través,
Y con trémula voz insegura
Lee el poema de inmensa ternura
Sentado á sus pies.
Pide al bardo el billete la hermosa,
Y doblando la frente radiosa
Om tierno candor,
Deposita en sus senos inquietos
-Urna blanca de caros secretosLoa versos de amor.
EFRÉN REBOLLEDO.

LOS QUE NOS QUIEREN

-en la mayor parte de los casosquien principia su razonamiento
afirmando que quiere mucho á determinada per8ona, concluye el
discurso diciendo pestes de la per•
sana misma?
«Cuidado ( he oído millares de veces) cuidado, que soy buen amigo
de Fulaoo y le quiero 1Duy de veri.s,
porque eso sí, él merece por muchos concei;&gt;toa ser querido, y tiene condiciones de carácter que hacen agradable
su trato, y es buenazo y simpaticon, y leal como pocos, y
noblote y desinteresado como ninguno.»
Pues bien, de cada cien veces que eso he oído, en las
noventa y nueve llegaba, inmediatamente después del
preámbulo, un pero que destruía todo aquel ar!Ilastrote
de hiperbólicas alabanzas. Por eso siempre que alguien
me cueota, sin venir á cuento, que estima á és,e, ó al otro
ó al de más allá, me pongo en guardia, temiendo que lo
de aquella estimación venga á parar en avisarme &lt;le que
este y el otro y el de más allá son unos bribonee, que1De ·
recían estar en presidio. Y casi siempre acierto.
1Mal haya el inventor de aquel rdrán tan repetido:
«Quien bien te quiera, te hará llorar," que, sobre será todas
luces inexacto, sirve de pretexto y de estribillo á todo el
que se propone mortificarnos y lleva á cabo su propósito
con las circuoatanciae agravantes de obrar sob1e seguro,
con premeditación y alevosía y enaafiamientol
Al amparo y bajo la salvaguardia de ese refrán dicho·
so, han caído sobre mí las pesadumbres y los sinsabores
más horribles de la vida.
«Soy tu amigo, tu verdadero amigo, te he querido aiem•
pre, y el cariño que te profeso me impone el penoso de•
ber de decirte escuetamente la verdad, por dolorosa que
sea. A los amigos se les debe, ante todo, sinceridad y
franqueza, y siéndolo tuyo, necesito decirte........ » Tal ó
cual cosa, siempre muy desagradable, por supuesto.
1Oh, lector mío de mi almal Estoy seguro, segurísimo,
de que habrás escuchado, en circunstancias muy tristes
de tu existencia, como las he escuchado yo, esas frases,
precursoras siempre de una noticia muy mala, de una
censura muy cruel, ó de un disgusto muy gordo.
¿Y loe que tal hacen ee llaman nuestros amigos! ¡Y dicen que nos quieren mucho! ¡Hipócritas! ¿qué han de
querernos? Pues si nos quisieran, no procurarían molestarnos.
Recuerdo ahora unos versos de Rodríguez Rubí, que,
si bien se refieren á otro asunto, no dejan de Yenir á pelo.
Babia un marido que acaba de teni,r un disgusto con
eu eepoea, y dice:
"¡0 hl ¡por vida de mi nombre!
Y aun me querrán sostener
Algunos, que es la mujer
La companera dt-1 hombre;
La que dones verdaderos
Reparte y dichas comple~,
Como dicen los poetas........ .
!Trapalones!...... ¡Embrn;terosl"

*
**

***

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897

Pues digo lo mismo: ¡trapalone~! ¡embusteros! loe .que~
disfrazándoee de zmigts n,uy ca!1fiosoe, no desperdician,
ocasión de proporcionarnos u~ disgu~to.
No me olvidaré nunca de m1 tío N1comedea, que tam•
bién según él afirmaba, me quiso mucho, Y que justamente por tao, por quererme tanto, me hizo eaborea.r
muchas amarguras. Dios se lo haya pagado en la otr!' vida, mejor que yo ee lo agradi,icí en ésta; porque, e1 no,
aviado está !Di señor tío.
El cual tío era partidario acérrimo del ya repetido refrán que ensefia-¡peregrina enseñanzal-que para que·
rer bien á una persona es necesario darles dieguatoe, y
profeeaba-¿c6mo no?-la opinión caritativa de nuestros
abuelos ( que santa gloria hayan): «fo letra, con sangre entra:,. y, como es natural, no iba una sola vez á casa ( y
cuema que iba muy frecuentemente dos ó tres veces al
día) que no me ocasionase una contrariedad ó una mo•
leet1a. Y el muy ...... tío de mi corazón alardeaba de ello,
y parecía afanarse cuando advertía el miedo, mezclado
con repulsión, que yo Je demoetr~ba.
.
El buen señor estuvo á matar siempre con mis padrea
po1que me consentían y mimaban demasiado, y les repetía a melludo-aiempre delante de mí y de modo que yo
pudiera enterarme bien de lo que co~taba-que tod~a l~S ·
niños mimados son luego unos perdidos; que loa ch1qm•
!loa son de la piel de Barrabás; que es menester contra•
riarlos en todo, absolutamente en todo; que dándoles
gusto, aún en lo más insignificante, se los educa mal; y
que el arbolito, cuando no lo endereza~ desde pequeño,
cnce torcido, y torcido vive toda su vida. Esto del ar·
bohto lo di¡o tantas veces, que tenía yo un arbolito plan•
tadn, como dice el vulgo, en la misma boca del estómago.
Y dale con que era de absoluta necesidad combatir,
desde un principio, todas mis inc!inacionee, sin lo cual
ealdria yo de la infancia hecho un adolescente voluntarioso y testarudo y dominante; y torna á que habla que
oponerse sistemáticamente á todos mis deseoe, para que
yo fuese acostumbrándome asi á las penalidades de la
txistencia, sin lo cual los sinsabores que el mundo y la
sociedad n servan á todos y á cada uno de sus miem\Jros
me pillarían desapercibido.
Mis padres 1pobrecitosl entendían las cosas de muy di•
ferente manera; es natural, ¡me querían tanto]
Era suficiente que mis labios se plegaeen un poco for•
mando esa mueca infantil precursora del llanto, para
que se apresurasen á.complacerme; y así, á pesar de esta,
yo rompía á llorar, volvíanse locos de pena y no sabían
qué hacer, ni cómo arreglarse para enjugar mis lágrimzs.
Reconozco y confieso que yo solía abusar y que abuea•
ba tiránicamente de aqud poder-pues de sobra me eia
conocido -de mis llantos y de mis sollozos; pero declaro
también que aquellas complacencias, tal vez excesi va8,
de mis padrea, ni entibia1on jamás Lmi amor hacia e1Jo
ni menoscabaron el respeto, rayano casi en la idolatd~,
que ambos me inepiraban.
En cambio, á mi tío Nicomedee no podía yo sufrirlo.
Me fué siempre odioso, y-¿para qué negarlo?-hoy mismo, ya que no aborrecible, me ea desagradable su memoria. Y falleció el buen señor hace lo menos cincuenta
afioP.
-Estais echando á perder á este chico-repetía á to•
das horas,-lo mimais demasiado; ea menester que aprenda á eopo1tar contrariedades y disgustos: es preciso que
sepa poco á poco lo que al cabo sabrá mu~ho á mucho:
que ea~e ea un valle de lágrimas y no un jardín de recreo.
-Tiempo tendrá el pobre para saberlo-replicaba rui
bondadosa madre;-todc&gt;a lo hemos sabido y eso se
aprende pronto. Pero ¿á qué anticiparle al pobre mucha•
cho esas dee¡¡;raciaa? Ellas veml.rán cuando hayan de ve•
nir, y entonces, cuando Dios las envíe, que vengan; pero
atlora, cuando estamos aquí nosotros para evitárselas,
¿por qué, ni para qué hemos de disg11&amp;tarlo?
-l:'ara que Stl acobtumbre á difgustos mayores-replicaba el implacable pedágogo......- Y, perseverando tn
su afáo de contrariarme siempre y en todo, consiguió
hacerme hipócrita y me.o iroeo.
La perspicacia infantil suele tener alcances que los viejos no sospechan, porque han olvidado ya cómo discn•
rrían cuando nifioa: muy poco'!! años tenía yo cuando me
convencí de que si á mis padree, e.o quienes adoraba, podía pereuadirloe con cuatro lagrimitaa vertidas á tiempo,
con mi tío se reducía todo á disfrazar mis deseos, á fi ugirme contrariado por lo que más me halagaba, y entoucea, era coBa sabida, mi tío, consecuente con su sistema
de educación por el rigor y la severidad, me daba gusto
sin saberlo, como sabiéndolo me lo daban mis padrea......
A éstos yo se loa agradecía y loa respetaba cada vez m&gt;1s,
y al tío gruñón y descontentadizo, que jamás tuvo pi,r.i
mí ni una palabra agradable, ni una muestra de afecto,
llegué~ j~zgarlo hombre d-e mal corazón y de muy poco
entend1m1ento.
Y io bueno del caso es que mi tío me quería mucbfoimo, él lo decía, al menos. Sus hechos no lo demostraban, ea verdad; pero el tío Nicomedes no cesaba de repetu que yo era su sobrino predilecto. Y por eso, bin
duda, fuí siempre el sobrino á quien regafió más y más
ásperamente.
Pues anden ustedes que, rodando los tiempos, y cuando ya mi cariñoso pariente había entregado su alma á
Dios, tropecé, en castigo de mis culpas, de las más g&lt;.rdas indudablemente, con un profesor, comparado con el
cual, habría parecido el tío Nicomedes un padrazo de los
más débiles y bonachones.
Y, por supuesto, me quería mucho también, tanto me
quería, que no dejaba pasar un dfa sin darme media do•
cena de desazones. Ni por casualidad se mostró nm,ca
satisfecho de mi aplicación ni de mi asiduidad: decía él
á mi padre (y éste me lo cantaba para estimularme) que
yo estudiaba mucho y aprovechaba bastante· pero que á
los chicos no hay que decirles eso, porque se' envanecen
y se hacen presumidos.
M~ch_o me qu~:rí~ también, como que era mi amigo
más rnt1mo, casi m1 hermano, el que muchos años desp11es me enteró de que mi novia (¡mi primer amor!) me
engañaba.
Aquello fué cuchíaimo más doloraso que todas las ri0

STEDES no han advertido cómo

De ?ºª mujer como Virginia, honrada,
lo me¡or que hay que hablar ea no hablar nada,
La mujer cuando olvida es que aun aprecia.
El hombre que perdona ea que desprecia.
CA)IPOAMO:R.

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1897

No estoy seguro de haber reproducido loe versos con

t?da exactitud, porque, según costumbre, cito de memona; pero, vamos, de que dicen algo muy parecido á eso,

reepondo..

fiaa del tío Nicomedea y todas las aobarbadaa del catedrático. Después resultó que lo del engaño no era exacto. Que mi amigo querido, á quien su ~ntra~a~le carifio
hacia mí inspiraba siempre, babia visto v1s1onea y se
había equivc,cado. Pero ¿qu~ babía~os de hacerle? él se
creyó obligado, á fuer de amigo ínumo y por quererme
tanto, á darme la infausta noticia, y me la dió; no faltaba otra cosa 1
Más habría valido que antes de dármela se hubiera
enterado roPjor: pero el interés que por las cosas de un
amigo á quien tanto quería se tomaba, le impidió proceder con más detenimiento.
¡Son tan diligentes algunos carilloeoe amigos para ea_o
de comunicar las malas nuevas! y los hay que basta pl•
den albricias; indirectamellte, por supuesto.
Despuée, dtspnée...... he terndo muchos amigos que
no me han qutri&lt;lo tanto y que nada malo me han hecho;¡ pero los que más me estiman, lo que es eso-, continúan ocasionándome cada deaavlo ...... l
Uno excelt-ote y cumplido caballero, hombre cuya
palab~ equivale¡\ una escritura pública, formal como
pocos en sus tratos, que se perece por hacer favores á s·1
prójimo y por conducira~ correctamente con t~do el mu_n•
do, ea amigo mío, ~e quiere m.ás que á nadie, ~e d1s•
tingue como á nadie, me aprecia lo que no ea decible, y
esto me lo repite siempre que hay ocasión, y aunque no
la baya; y me lo repite de viva voz y por escrito y de to•
das maneras; pero justamente yo, e, amigo querido, el
entrafiable estimado, és la persona única para quien, por
excepción, e~e hombre excelente y bueno y formal, ni
ea foTmal, ni bueno, ni ex&lt;!elente.
.
y es por eso; porque me quiere mucho. Y ¿qué he de
hacer yo con quien tanto me quiere y así me distingue?
Pues nada; lo que hizo el pobre Becquer, según dice
en la composición que termina:
-¿Quien medió la noticia?-rn fiel amigo,.
¡Me hacia un gran favor! ...... Le di las gracias.

Pues eso: darle las gracias es lo único que puedo bacer.
Pero desde ahora, cuando algún amigo vuelva á decirme que me quiere mucho, no a .. jaré de replicarle:
-¿Me quiere usted mucho! Corriente: yo se lo agradezco; pero, si le es posible, hágame el favor de no quererme tanto.
J;.. S,\NCUEZ PÉREZ.
MEDIO DIA,

%LEJOS!

ALOR! La atmósfera densa y bochornosa todo lo enerva. No hay una sola planta que no se
incline mustia y
desfalleciente al
sentirse fustigada
por las ráfagas de 1
sol, de un soltropi•
cal que caldea en
el ct&gt;nit con revetberaciones de incendio. Loe tordos
- como un roto collar-ee dispersan
en el eepacio; llevan el buche repleto de granos, pero
sin una gota de agua. Lástima infunden con sus alas en•
iorpecidaa y con sus voces roncas, que parecen clamar
lastimosamente por un arroyo en donde hundir los abra•
eados picos.
Qué calor! En la vecina sementera encorvados sudan
á chorros los segadores, y en las plateadas bocea y e~ las
áureas gavillas de trigo hacinado, la luz arranca chispas
y relampaguea vlvidamente. Por todaa las be cae de la
tierra se e~capa uo hálito lujurioso, que hace reventar las
crústulas y desprender algunas bojas.
El silencio ee profundo: sólo el zumbido de la mosca y
el chirriar terco y monótono de la cigarra lo interrumpen á veces. En loa barbechos, tardas, perezosas y soño·
lientas atraviesan las yuntas, acosadas comtantemente
por la pua de la garrocha y el piquete del tábano. Allá
van: levantan de cuando en cuando la noble cabeza haciendo rechinar la coyunda, clavan las glaucas pupilas
en loa lejanos horizontes, estiran el cuerpo, se humedecen los belfos con la lengua y arrojan por la náriz, con
resoplidos de fuelle, chorros de vapor como escapados
de una gran válvula. Y así cruzan la tabla de uno á
otro extremo, abriendo el surco con fatiga brutal.
Por la colina, otros bueyes recién desuncidos, jadeantes de fatiga, sudorosos, sedientos, se acercaron á abrevar al río: se empinan, hunden sus bocieoa en las diá•
fanas ondas y saborean á sus anchas el frescor de la
linfa.
La naturaleza tiene fiebre; á eu calor todo renace á la
vida: la savia bulle v circula como sangre joven por las
venas de los vegetales; estallan loe retoños esparciendo
~fluvios; .~e estremece el ai;e en el huei·o y el feto se sacude en
w.s entrañas.........
Y el sol sigue arrojando centellas de lumbre; de la
tierra reseca y agrietada, surge una onda de la vida que
cuaja el grano en la panoja, tuesta las ramas de las frondas y hace que se retuerzan crugiendo loa brefiales.
Es la hora en que Natura tiembla y se deemaya con
1&gt;epasmos de histérica; la hora propicia para reclinar la
la frente en el seno blando de una virgen y sollar........ .
Eofiar mientras su mano nos acaricia mavt-men1e el roa·
tro ó se entretiene jugando con nuestros cabellos......... .
JUAN B. DELGADO.

¡Vibre, vibre la música apolínea,
Y zumbe y zumbe con rumorea de ala! ......

Ya la noche desciende: El ave busca
diberbe tibio en las enhiestas palmas.
El día es sombra que la mente ofusca,
y la noche la aurora de las almas.

Lleno de admiración ruda y extraña
quíaele dar al genovés un premio;
y conmovido, me aranqué una entrafia
y la arro¡é á las plantas del bohemio.

¡Cuán bella, ob noche, estás!. .. desgarra el velo
que á mis ojos te cubre, angel proscrito.
De dos almas la unión festt-ja el cielo;
nue~traa nupcias celebra el mfinito.

Bruecoa corceles que rompéis las trancas,
fantasías sin fin, mentes altivas;
¡para vosotros mis espumas blancae,
para vosotros mis entrañas vivas!. ..

¡Ven á mi lado. ven! La luna asoma
y nos bendice Dios. Sigue mis huellas:
las flores todas nos darán su aroma,
y sus fulgores todas las estrellas.

Recordar e.~ vivir. ¡Oh pensamiento
rompe tus ligaduras, bate el alal
Despiértate á la voz del sentimiento;
sea la escala de Jac-,b tu escala

JosÉ SANTOS CnocANO.

VE.NCEDOR.

I

Recordar ea vivir. Como solfas
hablar á mi alma sin tu amor desierta,
haz que revivan loa pasados días,
haz que reviva la esperanza muerta.
¡Solo!. .. ¡Lejos de ti!. .. 1Martirio horrible!
Hoy, al perder tu amor, todo lo pierdo.
¡Quién hiciera posible lo imposible
y quién hiciera eterno mi recuerdo!
¡Ya estás aquí! Mi corazón te siente,
ya oigo el ruido que forman tus pisadas...
Parece envueltll tu marmórea frente
en la luz de las tibias alboradas.
De la vida en la senda borrascosa
mi planta siempre seguirá tu huella:
somos perfumea de una misma rosa.
somos fulgores de una misma estrella.
¡No huyas, visión! En tu sonrisa veo
tu ardieote amor ... , la súplica ... , el reproche.
En tus pupilas, que encendió el deseo,
parpadea la luz ... , duerme la noche.
¡No huyas, visión! En dulces embelesos,
unido á tí con invisibles lazos,
quiero en mi boca el fuego de tua besos
y en mi pecho el calor de tus abrazos.
¡Canta! El dolor al corazón avanza
y quiero oír tus notas virginales,
tristes como el amor sin ettperanza,
bellas como las noches tropicales.

,

85

EL MUNDO

¡Canta!.... Tu voz á mis oídos llega
remedando en cadencia arrulladora
las vi bracio nea de la lira griega
y el dulce ritmo de la guzla mora.
Tú siempre para mí serás consuelo
y de mi frente apartarás las so,nlJras.
Haces brotar estrellas en mi cielo
como de flores mi camino alfombras.
1Huiete ya del corazón, mentira!
De tu paso ante mí no qnedan ra~troe.
HuyeP en tanto que la tarde expira,
mienlras la noche se corona de astros.
En la selva plegó la flor su broche,
la luna irradia en la extenai6n vacía.
1Ee hora de SC\fiar!. ..... ¡Cayó la noche,
aurora de tu alma y de la mía!
fa)fAÉL ENRIQUE A:RCINIEGAS.
LA lPOP~YA DEL MAR

Y habló el Mar:-¡Yo le ví! La cruda guerra
de las desgracias aumentó su anhelo ...
Si un mundo descubrió sobre la tierra,
ba deacu bitrto un astro bajo el cielo ...
Colón era el bohemio de la nave,
el que anidaba un mundo eotre la frente,
el que se confundía con la ave,
y volaba y volaba al occidente ...
Cuando el pobre bohemio se sentaba
á la orilla del golfo en que vivía,
eiempre con mis rumores le llamaba,
siempre con mis vai venee le atraía ...
Y él supo comprenderme. Yo ignorado
vivía como un monstruo entre lo obscuro;
y él supo sepultarse en mi pasado,
y él supo adelantaree á mi futuro ...

Pidió Ulla nave. Altivos aofiadorea
perdiéronse con él entre las brumas
y antee que el Nuevo Mundo con sus flores,
yo su eenda alfombré con mis eepumae.
La linterna de Diógenea tero biaba
tin la mano del pálido errabundo:
¡entre la obscura inmensidad buscaba,
en lugar de un solo hombre, todo un mondo! ...
Y Colón eeperó. ¿Quién no soporta
todo por ver lo que jamás se ha visto?......
¡Y al tercer día, ante la plebe absorta,
~upo resucitar como otro Criétol ......
Marcando euave y tembloroea línea
em gió la tierra en la celeste sala..... .

A ley de ganarse el hom-

bre eu vida es ley inexorable; Lolilla la respeta•
ba. Claro ea que su marido, por obe&lt;lecer á tan
1igoroeo precepto, habla
elegido e I trabajo y I a
industria que hubo de
parecerle más con veniente; por lo mismo era
duefio de aquel barac6u
portátil que iba de feria
en feria , espantoso y te·
rrible como un infierne,:
la menagerie, la rodante
caea de fieras.
El barracón era enorme. ViPtoeo por sus banderolas con loa colorea de Espafia y de Francia. por su entraJa con doselete y pabellón
de percalina roja, entre los cuales, ante ligera mesita de
tapete gris, una compatriota da Armand Routerie, mari•
do de Lolilla, despachaba los billetes, oyendo á sus espaldas los rugidos, bramidos, bufidos y aullidos de las
fieras, y cerca de sí el organillo chillón que manejaba .
un chicuelo anunciando el espectáculo; el barracón lu•
cía un teloncetE&gt;, en el cual aparecían pintadas las fie•
ras y el audaz domador luchando con todas poco menos
que á manotadas.
No ce1Jsuraba Lolilia á su marido por que hubiera
adoptado aquella manera de vivir; sin embargo, le parecía un espantoso oficio; no lo censuraba, pero si ella bu•
hiera sabido antes de casarse con Armand que éste tenía tan peligrorn ocupación, no ee bub:era casado. La
primera vez que Lolilla peoetró en el barracón, iba
temblorosa, C&lt;'gida del br,1zo de Mr. .A.rmand, y sin
atreverse á mirará las horrendas bestias, Armand reía,
procuraba c0mbatir el miedo de su eeposa é infundirle
confianza.
-Están en sus jaulas. Ma LJO creyo que bae de haber tú
temor alguno ...... Nena, son mismo que corderos.
¿Cómo se enamoró Lolilla de aquel hombre•? Asoma•
da una mnñanita á la ventana de su casa, una modesta
casa de Córdoba; asomada la muchacha entre las mace•
tas de claveles, alelíes, florrnillas blancas de albahaca,
pensamientos y geranios, vió aparecer un mocetó1:1 alto,
colorado, de cabello rizo y áspero y aspecto gallardo: un
hombre robusto y ágil. El la miró ...... poco despuea se
hablaron. )\fr. Armand tenía en Seviila su barracón, y
había ido á comprar carneros á Córdoba; se detuvo en
esta ciudad algunos días. Fué...... volvió....... y al fin
tuvo amoree; y por último se casó con Lolilla, chavala
llena de gracia , linda de rostro, monísima, dulce, tími da y en ext:emo delicada.
-T,mgo mi palacio ambulante, le ha bfa dicho Armand.
Y cuando loa recién caaadoe llegaron al ferial. y el marido mostró á la mujer el barracón diciéndola que era
una casa de fieras, ella ee quedó muda y aterrada, acordábaae de las princesas de loa cuentos azulee, á las cuales
eLamC1ra un príncipe que luego las lleva en carroza á un
magnifico castillo ...... y el castillo resulta ser una caverna y el príncipe un ogro.
Loa primeros meses, Armand era un infelizote, un nifio. PP-ro cuando menos lo esperaba Lolilla, ee hizo rudo, maligno, recelos , suspicaz y cruel. Loa celos le devoraban. Llegó á desconfiar de su esposa como desconfiaba de las fieras ......
¡Cuánto lloró Lolilla en este cambio! Si vivía .A.rmand
entre panteras y leones, ¿qué otra cosa sino recelos y ferocidades podfon esperarse de él?
Lo espantoso fué que un día dispuso que Lolilla se
fuera á vivir con él al horrible barracón. Hasta aquel día
Lolilla se babia hospedado en las fo.odas ó en los meeones.
-1.Armando, mira que á mí me dá mucho miedo! ¡Zó
lo de oirlaz dezde lejoz bramá á laz fieraz, me acomete
un ezpanto que ze me pone er corazón como un grano
de aniz.
·
-¿:N"o me decías que vendrías conmigo á los infiernos?
No querer pól.emica; aquella ea nuestra casa......
Y entró en ella, y se encerró llorosa en el departamento que babia servido en otro tiempo y había de servir en
adelante de habitación á Armand, y alli creyó la nifia
cordobesa morirse de miedo...... Pudo acostumbrarse á
loe rugidos y hasta al tufo de bestias feroces que por las
aberturas de la barraca llegaba al cuarto de aquél; ¡pero
el miedo seguía martirizaodo el pobre ccrazón de Lolilla 1
·

�EL MUNDO

DDMIIIGO I? de AGOSTO de 1897
EL

DOMINGO

MUNDO

1~

de AGOSTO DE 1897

86

II,
Pasado un afio, ya se habituó á. recorrer la galería de
jaulas. La distra1a y regocijaba mirar á k,s monos,
miraba con odioea curiosidad tt las hienas; con esquivez
medrosa al oso blanco, que pueslio de pies t,ra enorme, y
y contemplaba con es1iremecimientoa de desconfiauza
rntensa A la pintada pantera. :X o obstant.e no babia
querido acercarse todavla á. la jaula del león.
8obrado eraquehabieaepodido reeigaarseáoír sus rugidoe. ¡Si así hubiera podido habituartie Lola al trato de
Armand!. ..... Cada vez le t.emia más. El hombrón habla·
ba á grit.os, lo mismo con ella que con las fierras; su teruible amenaza era amenazadora, y miraba á veces ti. uno
y ouo lado como el lobo ó el chacal cuando temian que
alguien pudiera irá robarles la ración. No habia ni dulz1.Jra que le venciese ni gracia que le encaniara, amaba
á 1:u eepoea como la fiera á eu presa ...... y tan feroces
habían Jlegado á ser eue infundados celos, que loe expre·
so con graudeza en citirr.a ocasión, diciendo:
-¡No quiero máe que una muJer ...... mfa, tú, pero
mta!. ..... Las demás son carne ...... Yo querer, como el
lb0D del deeierio1 no carne muerta 1 sino carne y alma.
¡(.:arne y alma!
i::le vio amada Lolilla, y ee resignó aún á la peeada tira·
nh, de aquel hombre, mir.ad monsuuo.
Llegó a más: llegó á adornarse para no salir de aquel
autro1 y olvidarse de lae floree y de sus pájaros. ¡SuDli•
m~ es la abnegación de las mujeres!.. .... Llegó á penetnu en la galería, asistió al momenw en que He lee daba
la comide.1 y por fin tuvo un favorito: el león,
-¡Yaya una jaulita y un canario queme heechadol de•
cía c":ando ya tomando con eue bla1.1cae.manos loe trozos
sangrientos de carne, loe lanzaba por entre Joe barro~e de
la jaula¡ trozos que el león cogía lanzándose rugiente sobre ellos. Poco a poco ae acoemmbró á verle y á servirle¡
el anima:, el formidable rey, cuando la sentía llegar agu•
zaba las orejas, fruncia el espantable ceilo, erizaba la melena, bramaba en sordo mugido, fustigaba con la cola
loe barrotes, y luego ae ~odia como un perrillo y se deje.Da acariciar la caoezota por las blancas, levfeiwae ma•
nos de su ama.
Al cabo de tres afloe, Lola entraba en la jaula con admirable confianza y frescura. ¡ Yencedor, el Je6n africano,
era euyol Hasta crela ver en él más int.elil!.encia y nobleza que t,n loa hombres. ¡Qué regio, qué musculoso, qué
aug•1stol Le amaba.
!!.1_ l~ón babia comunicado algo de aque1la humildoea
sum1s1ón suya ante la gracia al desapacible y desconfiado
Armand; éat.e se hizo t.olerante y afable. La fiera y el
hombre se hablan domesticado.
iSin embargo, un día se vió que en todo eeto había un
drama obscuro, terrible. ¡ El hombre envidiaba á la fierd.l ~l dt:senlace foé rápido. Una mañana, Lola ee hallabu en la jaula dando á su león una golosina; Armand ordt:n6 á su mujer que saliese de allí, y como ésta tardase
en &lt;;&gt;bedecerle, él, ciego, violento, agitado por infernal
pae1?n 1 ee lanzó sobre ella y agarrándola del brazo, quiso v1olent.amente arrojarla del Jaulón.
Se produjo un terremoto, bamboleó con fuerza terrible et jaulón, oyóse un t.rueno ...... el león había salt.ado
sobre Armand y lo despedazó á la vista de Lola, que gritaba con espanto, llorando anguet.ioea y at.errada.
i Vencedor había matado á eu rival!
JOS É ZAIIONER0,

LA CASA DE LOS LOCOS

loe goces que la exis~ncia real pueda. ofrecerme, cuando
conwmplo á traves de las brumas de, la noche, Ja e~rea
visi6n que en mí engendra la edperanz11 y -,! deleite.
Yoeot.roe, loe que no eol.'laie, no conocéis Ja folicidad¡ porque la felicidau no exist.e en el dorado polvo qut, tevant.an
loe cascos de loe frisones, ni en el relampaguear de las
piedras sobre el pecho dt, las mujeres hiperbohcas, ni en
Ja ost.entación del potemado que sueila con el imperio
del mundo. Mi gloria, vedla u.ni, en lo profundo ae la
mente, en el pequen.o rincón olvidado que guarda cada
pecho, á. donde se han refugiado las castidaatis de la primera edad,-coro de arrullo,j apagados por el rumor de
las pasiones, pe.jaros blancos aalp1cados por el cieno de
loe v!oioa.
Y otro: Ciencias, religiones, riquezas, poderío....... he
aquí vuestro alimtinto! Üd desprecio, pobres enanos que
·soñais con gigantee-¡ ilusos que sacrificaie una exiet.encia
entera, corr1eudo abrazados á ilusiones Jocae, en pos de
glorias ehmerae; acnbicioaos insaciables¡ sabed que nada
vale, que la existencia, invenci6n estúpida, deb-, mirarse con el desprecio con que yo la veo en mi redor¡ que no
hay que fiar en la vida como no hay que fiar en la muerte ......... ¡Pobres idiot.asl Nadaeed1gnode atención, yen
el eecenano en que á mi pesar me eucuenuo, prefiero, al
papel inieresant.i: que vosotros desempeñaie, el de eepec·
t.ador indiferente! ........ .
Al:RELIO GoNZÁLEZ ÜARlU.SCO.

EL J.ARDIX AZUL

I
OVEN ES y nifiaa, guardaos de

ser demasiado prudentes y
at:rioel Ptiro aeu en la ocaei6n agradables.
La iumemorial humanidad
es una abuelita que tiene necesidad, para d1st.raeree, de
,_
tlt:cnchar Ja dulce música de
besos y risas.
Si alguno os dice que eE preciso ger gr8'.vee y dee~eñar
las diversiones, no hagáis caso de este u1ate conseJo¡ no
escuchéis nunca á las personas que os cuenten las ~e!1•
tiras del placer y las acnargurae J.e Ja dicha. No; vivid
conetanteooent.e con alegria! Tirad á. ~a faz de la experiencia montones de floree. y no os pri veis de loa goces
terrenales. Puesto que sois jóvenes, gozad, ama~ con
inocencia. No perdáis un minuto en vanas vac11ac1onee,
porque el tiempo pasa muy _pr~nto, llevándos~. la oca:
eión de loe encantos y la pos1b1hdad de las dellcrne¡ y s1
tardais en escuchar mis consejos, podr1a aconteceros lo
que pasó en tiempo de loe ganios y la.a hadas á. ta hija
de un 1ey1 cuyo reino estaba cerca de Bagdad.
De su u1at.oria se hizo uo.a canción cuy ... a veraoa no recu&amp;rdo; pero he aquí loe principales:
L&amp; bella que quiere
Y que no Bti atreve
A cort,ar las roliBB
Del jardín azul.. ....
Ahora, proeeguirá la bier.oria coDLandoos cómo la princesa del reino ae Bagdad, fué cae\igada por naber sido
demasiado pruaenu,.

II

RORRUMPIO uno de elJ03:
Las armas brillan al rayo del
sol, con aspecto flamigero;
la tropa marcha, la tropa
avezada al humo de las batallas y al estruendo de loe cationes, canta el himno de
las victorias. Alegre se lanza
sobre loa reductos, sal va loe
foeoe, escala las murallas y
planta victoriosa sobre las torres1 la bandera-sol de loe
combates.
¡Oh, 1.i guerral dioses tutelares la protegen, y hay en
eHa la manifestación deenergia de los cuerpos en activi·
dad¡ cuando ~l estré pito de las descargas atruena loe espacios, el combatiente se transforma en dios tonante; en
el campo envuelto en humo 1 brillan las armas como en
el cielo loa relá.mpagoe, y no hay mejor música que la
producida por loe escudos de los vencidos, al ser hollados por los cascos de loe corceles.
Y dijo otro: Con el tiempo la ciencia desvanecerá esos
mil puntos obecuroe.......... Dejadme Asolas¡ la sociedad
es un estorbo para mí¡ olvidadme en la austeridad de mi
refugio; quiero t.an sólo la companía de la ciencia, del saber ilimisado, inmenso, para leer en el porvenir, para
arrancar al seno de lo desconocido sus misterios; para
cimentar en la tierra loa eternos principios y leer ese libro que se abre en el fondo del inmenso cielo.
Otro decia: En la práctica del bien, en el ejercicio de
la' piedad, en la mane.edumbre, en la resignación está la
·ierd.adera gloria. ¡Loor eterno al Eterno Creador! Purifiquemoe oueeLroa cuerpos, purifiquemos nuestras almas¡
canten la tierra y el cielo unidos la plegaria sant.a; himnos religiosos broten de todos loe labios, de ted()ij los pechos, y como del ramo el perfume, suba de las almas
b!l~ta el Seflor el salmo de sus siervos.
Q¡ro dijo: ¡Ideal! Bella ea la ilusión, alma de la vida,
vigor del espíritu. Yo vivo con miseuefi!le y renuncio á

Cierto día, cuando la princesa cumplía quince afloa,
vió 1 paseándose Alo largo del r10, un Jarcún to má.a extrafio que pueda imaginarse: jamáe había contemplado
prados ni arbus\os tan pequen.os como aparecieran en
este jardín; mas, aún, parecía tan grande como el mundo, y estaba sembrado con floree color de cielo, y que se
ae13mejaban á llamas rosadas, bellas y lu.minosa~ y que
exparcfan en el aire un delicioso aromfl., y sin dificnltad
se hubiera creído que loe invernaderos del paraíso habían sido transportados como por encanto á. eBe lugar.
Mientras que Ja hija del rey ee extasiaba cont.emplan• do tal mani.villa, una pequeña hada que había salido de
detrás de un zarzal y que llevaba una diadema de pedre•
ría sobre sus bucles de oro, se acercó y la dijo:
-Buenos días, pequeña: ya que habéis cumplido los
quince aftoe, eet.áia en edad de entrar en el Jardín azul,
aonde se encuentran las únicae floree que val~n la pena
d~ ser cortadas. Entrad, hija del rey, y si hubierais nacido de un leilador y de una lavandera., tampoco se os
cerrarían las puer\ae, puest.o que esta mafiana, al primer
albor, habéis cumplido loe quince años. En,rad, obrad
como gust.éie, sin temor á que se os reprenda1 y formad
el «bouque\» con que se perfumará. vuestra vida, porque
estas florea en eu verdadero nombre ee llaman Ternura,
Halagos y Sonrisas, y las más pequeñas, apenae abie·r.
tas, que ee cubren con el azul de su:1 hojas, eon loe sonrojos del primer amor.
Podéis adivinar cual sería la alegría de la princesa al
saber que podía cort.ar y llevar tan maravillosas flores.
Después de dar las gracias á la buena hada1 corrió preci •
pitadamente hacia el Jard.1n para empezar A cort.arlae,
cuando ..... .

III
Cuando un horroroso enano, cano y de blanca barba
que t.en.ia el aspecto de un viejecillo, ee le interpuso,
apoyado en su bast6n, y escupiendo y tosiendo le dijo:
-¡Cómo! ¿es hoy la costumbre que las nitlae anden solas á. través de loe campos? ¿No hay en vuestro palacio,
hija del rey, sirvientes á quien. vigilar, ropa qne arreglar
e~ loa armarios, confüuras que guardar en la despensa?
Prnneo qu3 ni siquiera os habéis tomado la pena de ver
si al manto real de vuestro padre falta algún galón, si á.
los calcetines de vue~m&gt; neruu.nüo falh alguna costura.

Recuerdos del Congre,;io Médico, ef'ec1uado en G-uadalajara.

Vamos, idos á vuestra caea, oe lo suplico, y en lugar de
perder el tiempo en corr.ar las floree que os han deslumbrado, permaneced en las cocinas, para impedir que los
maritones no 118 tomen el vino que deben poner en la
salea.
-Pero, eeilor enano, la buena hada me ha permitido

eio contradicción, la del planchado eléctrico: el calenP-wiento sin fuego.
.
.
.
En e1 hospital de loco111 de la Ciudad de Indlanópohe,
E:tado de Indiana, E U. A. donde Fe dispone de ~na
gran can\idad de fuerza eléctrica, se ha efectuado la me•alación de que hablamos por primera vf-1., c on gran fa•
oilidad 1 puee se dispone de una fuente de energía e!~c·
tric1 que permite obtener la corriente á bajos prtmos •
produciendo notsbles economfae, tales cerno la reduc,
ción á la mitad del número de obreras empleadas an'8·
riormente.
Para formase idea del procedimiento, bastará ver
nuestros grabados. Las planchas conectan con loa produst.ores de electricidad, mediante dúctiles hilos, y el
asa de cada una constituye un eficu aislador. El grado
de calor de cada plancha, naturalmente regularizado y
normahzado, es semiblememe igual, lo cual permite
una gran perfección en el trabajo.

el... ......
-¡ La buena hada no sabe lo que dice! y os ha dado
malos consejos. Y, sobre todo, peuead que Jae rosas del
Jardín azul no son lo que parecun ser. lJe lejos, parecen

muy hermosas, lo contieeo¡ pero apenas las hayaia cortado, os quemarán loe dedos, pueseetán hechas con un fuego terrible! No iiard.arfaie en maldecir vuestra audac1«, y
bien pronto no tendríais en las manos más que cenizas en
lugar de las deseadas flores. Loa verdaderos nombres de
ea~ae florea son: Pesadumbres, Desesperación, Lágrimas,
y las menos dolorosas son los recuerdos de la felicidad
perdida.

IY
Bien adivinaréis la perplejidad de la princesa! ¿A guién
debía creer? A la bada O al enano ¿debía de ot,t,decer ú.
éste óá aquella? ¡Ob.l ¡cómo ee babia enamorado de tau
hermosas floree! pero bien pudiera ser que siendo \an bellas, t.ambién fueran fatalee. En consecuencia, no sabiendo qué par,ido tomar, se volvió hacia su morada,
quería reflexionar sobre esta aventura, pidiendo coneeJos á su nodriza; en una palabra, tomar tiempo para re•
flexionar lo que debía hacer. ¿Qué arriesgaba? Maíiana,
pasado manana, no sería t.arde para confeccionar un 1&lt;bouquet,, con las t:lorea y roeae que florecían en el jardín al
otro lado del río.
Muchos dfae paearon; la hija del Rey se hallaba indecisa. Grandes sacrificios habiera hecho por poner en los
vasos de China y copas del Japón, las ternuras y sonrisas, pero sobre t.odo, loa sonrojos del primer amor¡ en fin
todas las flores que la buena bada le habiá dad.o permieo
para cortar¡ pero como temía quemarse loe dedos después de cortarlas, y llevar á. su casa las amarguras, desesperación, lágrimas y loe recuerdos de la felicidad perdida, no se atrevió. P&amp;1os6 un año, y después o,ros, permaneciendo la princesa en su misma indecisi6n. El padre
de la princesa murió; el del6n fué el Rey. Inquieta é inconsolable de la manaoa á la noche, y de la noche á la
mafíana, no había querido casarse por m.'8 que ee le presentaron muy ventajosos partidos¡ tan mal le parec1a tomar un partido como otro. ¡CuAotas veces se asomaba á
la ven~ana, y contemplando con tristeza Jae maravillas
del jardfn aquel! o~egraciadamente, las palabras del
ena,no de la barba blanca no se le olvidaban, y permanecía en su palacio, vigilando á los sirvientes, arreglando
la ropa de tos armarios y guardando las confituras en la
despensa, En fin, durante una calurosa mañaua de ea•
tío, ee diJo: ¡Ee imposible que siga viviendo de esta manera! y precipitadamente aecidio formar el «bouque\•
tan deseado, eiq temor por lo que pudiera pasarle, dirigiéndose sola hacia el jardín que se encontraba al otro
lado del rio.
V
Un pensamiento la detuvo: ¿si las flores se habrf&amp;n
extinguido ya?
Pero no sard6 en cerciorarse: el jardín apareció mag•
nffico y brillan~, exhalaba exquisitos perfumes, como
si los invernaderos del paraíso hubieran eido tranaporla·
dos a ese lugar.
Llena de alegria, anhelante de deseo, la princesa iba A
entrar ... .................... .
Pero el hada de la diadema de pedrería eobre sus bucles de oro, la detuvo diciéndole:
Hija de Rey, no eo\rarás en el jard.ín donde se dilatan
lae únicas flortis que valen la pena de ser cortadas; hija
del máe poderoso emperador del mundo que fuerais, ó
la reina de una estrella, lae puertas no se abrirían para
v~, porque hace _ya muchos años que habéis cumplido
qumce ailoe al pmner albor de una mañ.ana ... '. .....
peegraciada, miraos en el espejo del agua, os lo su·
phco.
La princesa ':!8 inclinó ha_cia el agua1 y vió con tristeza
los cabellos grises y sus oJOB que parecían surcados de
u.na cinta morada.
-Adió3, dijo el bada, ya tenéis cincuenta anos.
Entonces la hija del R;}y se dejó c11-er sobre una piedra, delante de la puert.a cerrada, y se lamentó entre
suspiros y lágrimas de haber sido:
La bellc1 que quiere
Y que no se atreve
A cortar las roeae
Del jardin azul.
ÜATULLE lliNDEZ.

NOTAS E IMPRESIONES.

Cc1da diez años aparece una nueva Francia con una
nueva concepción de la política y de la vida.

0th. de HaU88om,ill&lt;.

•
••

Don Miguel P ...... era un capitán de caballería-y aun.

oreo qne ascendió á cocnandanr.e,-compai'iero en armas

~
Teatro Degollado. ( Exterior. )
CONGRESO MEDICO NACIONAL

Con motivo del Congreso médico celebrado últicna•
'lllent.e en Guadalajara, al cual asistieron numerosos facultativos de esta O¡1pital, y de cuya solemnidad y die·
trituci6n tuvieron abundantes noticio-a nuestros lec,oree,
merced á las oportunas crónicas de loe diarios de esta
casa, nues,ro correeponeal en aquella ciudad se sirvió
remitirnos algunas fotografías, de las cuales eecojemos
dos que representan el interior y el exterior del Teatro
J)agotlado, hermosísimo edificio, uno de loe pricneros de
su género en la República, donde se efectuó eolemnísiml\ sesión de dicho Congreso.
A título de recuerdo de la honoraDle asamblea, publi·camoe estas fotografías.

biéa á loe viajeros á. fin de hacer aparecer por medio de
loe rayos X loe objetos que pudieran e&amp;tar dieimula1oe
bajo loe vestidos. Y muy próximamente será instalado
un aervición de radioscopia en una de las ciudades front.erizae de Francia, probablemente en B-,llege.rde.
E l mé'°do que se lleva á cabo para las observaciones,
no consiste mJ.s que en una ligera variación del aparato
usiatlocomunmente, como podrán verlo nuestros lecto•
res en el grab&lt;idO rellliivo, y sus resultados son admira•
bles. Se ha IIE&gt;gado A descubrir una botella oculta por
una dama de la más inofensiva npariencia, y otros íran.des 6 contrabandos no menos intereeantea.
He aquí, puel!, una nueva aplicación radiue~ópica que
promete loe más útiles resultados.
•
APLl~ACION DELA ELECTRICI DAl AL PLANCHADO

EL l4 DE JULIO EN PUEBLA

La colonia francesa de Puebla, celebró con el entua1ae·
moque le ee peculiar, y no obstante el ~al ~iempo, puee
-&lt;1.iluvió en la Urde del 14, su fieeWl nacionai. Puede de·
ciree que la part.e mas aimpAtica del programa que rigió
las divereae solemnidades de ese día, fué la kermeases en
la que iomaron parte hermoeae eefioritae.
Del!eOSOB de fijar eEta 1:dmpática nota en oueet.r&lt;:, ae-mam1rio1 publicamos tres fot.ografíae de puestos, en que
eon dignos de notarse des ornatos: Jae floree y las lle·
•llezaa.

Todas las aplicaciones de la corriente eléctrica á loe
ueoe doméstiCOfl ó induslirialee 1 principalmente las que
dan lugar á. un conaumo -:liario de corriente, tienea, co•
mo se-sabe, una gran importancia en la explotación de
las eatacione1:1 centrales, por que percniten. con un mismo material y un mismo personal, vender una cantidad
mayor de energía eléctrica.
l!.utre estas aplicaciones, una de las más curioeas ea,

y en Jelrras de Narciso Serra, y en amigo fu timo.
Era también autor dramético y có:nico, y ei no de loa
vuelos de tan peregrino ingenio como el autor de Don
'.J Om~, ta..apoco merecía eer colocado entre loa despreciables.
Varias obras teatrales de lfiguel P ...... bao quedado
de repertorio.
Di,ilogaba con cierta soltura y gracejo, y versificaba
regularmente, ae.lvJ alguno que otro ripio.
'l esto en nuestras sliurae parece embellecimiento natural de la poesía, aegúo la cultivan casi tolos los cople•
ros intemperanteF.
Lll que no era Miguel, ni podía ser, era un improvisador.
Era a 1gll tartamtrdo de consonantes, pero no nulo.
Hombre más práctico que Narciso, como que 1.. llevaría doc~ ó catorce anos de edad 1 siempre podía disponer
de algunos duros, bien fueso de eu p11ga 1 ó bien de eua
obras teatrales.
Esto servía a P ...... en oeaeionee, para sobornar, medio
en broma, á Narciso con el fin de que le escribiese algu•
nas escenas de comedia.
Verdad ee que t.ambién lo hacía Serra gracioeamen\e,
y no sólo para Migue! P ...... sinop&amp;ra algún o\ro autor
tt&gt;tl.trsl muy conocido y que c.1braba buenos trimestres
por derechos de paternid11d literaria, no siempre justid~
cable.
Obras enteras de Narciso ee bao representado y can1arlo, y aun ee representan y cantan en nuestros teatros,
firmadas por otros.
Y algunos cantables de zarzuPla bien denuncian el es·
tilo del au,or de Lacalk.d~ lu Jfont-ra y de Li,z y Sombra.
P...... buecaba complicee para sus obras: él trazaba el
eequeleto, y dejaba á ono et ropaje siempre que podia.
Y una vez era Narciso el complice y otras era Salvador
Maria Granés, joven é ingenioeísimo ePcriior y veraiticad,n facilísimo, y otras era Pdla!"0 del C.tstillo, aquel au·
tor cómico malogrado, cuando \antoe y tales fru.oe hubina podirlo dar de su buen ingenio y gracia natural.
Miguel P ...... mudaba de colaboradM conforme á las
circnnet.ancias.
El colabor.ador no figuraba como tal.
b:ra una e11pecie de conLrstiat.a por ciert.o número de
versos ó de esctiuas.

CURIOSIDADES
FOTOGRAFIA DE UN RELAMPAGO

Esia fotografía que publicamos ha ~do obtenida por
•el at:nor Ramón Cruz Montt, durante la tempestad del
:.Sl de Mayo último, entre 10 y 11 de la noche. El operador estaba colocado en el l!legundo pieo de una casa de la
avenida Hoche de Parfa, que tenía vista sobre la cipilla
•rusa. Sa eirvjó de un aparato 13X l8, provisto de un ob•
.jetivo Z~iss. Placa y objet-ivo estaban al descubierto en
la obscuridad c1e la pieza donde se encontraba el opéra•
-dor eeperando que el relAmpago, al producirse, icnpresionara la placa.
Et reenltado sobl'epas6 á. las esperanzas del seflor R:t.·
"JDÓn Cruz liort\: no aolamente1 en efecto, la imagen del
relámpago está admirablemente fijada, sino que se perciben distintamente loe detalles de Job monument.oe del
1&gt;rimer plan, modelados por la claridad eléctrica.
LOS RAYOS X ADUANEROS

(Véanse las ilustraciones relativas.)

En las letras como en las armas, muchas gentes no llegau más qu, A la an,igüedad.

Máxim.e du Camp.

•••

El amor quiere q11e tenga uno sus treinta y dos dientes
6 cuando menos veintiocho, porque no se pueden exigir
de él las muelas del juicio.
H. Raw,aon

•••

DE AYER

La naturaleza ha hecho el apetito¡ el hombre ha inventado la glotonería.
E ug. Clumtu.

Caia día los rayos X ie senalan por una aplicación 1iueva de su mist.erioeo é irresietibie poder. L'l. más reciente de estas aplicaciones-la de ahora- ( podria decirse 111
·de mananaJ puesto que loe experimemoe preparatorios
no efttán aun terminados-ea la utilizaci ón por las adua•
nae de las lndieoretae y omnividemtee radiaciones reveladas por el profesor Rre otgen. Hace uoa semana que en
las estaciones de Paria ee exe.mina, con ayuda de loe rayos X, los bul«&gt;s de toda especie y tle todos loe bmaf'l.oa;
desde los pequefioa paquetee y las t&gt;etacaa hasLa loa baulee volumtnosoe. Trátase de reconocer el conienido, sin
recurrir ya á la apertura y J la ioqnieici&gt;n. Las expeiriencias no se limitan áloe equipaje!!: se inventaría \a!D-

Teatro t=ecollado. ( Interior.)

�EL MUNDO

88

DOMINGO 1~ de AGOSTO de 1'97

DOMINGO I? DE AGOSTO DE

,asn

19 •

EL MUNDO

RECUERDO r'E LA KERMESSE DE PUEBLA.

Un taller de planchado eléctrico.

Descubrimiento de un contrabando por medio de los rayos X. (Véase el texto.)

SOLLOZOS.

de afeite, y los antiguos grabados de los muros, y todas nuestras vejeetonas. No te parece también acaso que
loe bengalis y el pájaro azul se han destef\ido con el
tiempo?

En la muerte de una niña.

(No pienses en las telarafias que tiemblan en lo alto
de las grao des ventanas.)

I

Amas todo eso y he aquí por qué puedo vivir cerca de
tí. No has deseado, hermana m!a, de la mirada de otro
tiempo, que en uno de mis poemas apareciesen estas
palabras «la gracia de las cosas marchitat?u Loe objetos
nuevos te disgustan; á tí también dánte miedo con su audacia vocinglera, y sentirías la necesidad de usarlos, lo
cual es bien difícil de hacer para aquellos que no gustan
de la acción.

Su frágil eér rompieron los martirios
Del monstruo horrible ea implacable acecho;
Y estallan de la madre, junto al lecho,
La desesperación y sus delirios ......
Con el fúnebre esmalte de los lirioe
Su belio rostro, por el mal deshecho,
Yace, las manecitas eobre el pecho,
La blanca nif\a entre los rojos cirios......
:Más ¡oh paemol á la lumbre matutina
Que dieefió eue pálidos despojos,
Ví en su semblante una expresión divina;

Y presentaban, por ignoto arcano,
De un Paraíso la visión ene ojos,
Su boca, el pliegue del dolor humano.

II

Con PI primero qne trop~zaba contrat~ba.
En una ocasión, y habJtándo el CKplt~n
P..... en un piso bajo dP la calle del C~lvano,
si mal no recnerdo, había consegmdo. 11~varse á domicilio á un jnven de la bohemia hieraria, ingenioso y beodo á la ~ar, y cuyo
nombre omito por razones fáciles de entender.
Desconfiado de la lealtad del colaborador,
y para evitar que se e_8cap~E_ey le dejara sin
«versificar una comedia or1g1nal del francéF&gt;•
qne Je pedfa con urgencia Manuel Catalina; ideó nt precedimiento para reiener al
secuestrado.
Y fué el disfrazarle con un capote de nni•
forme y un caEco, sin más prendas de vestir, y encerrarle en su despacho.
-Con que aquí tienes de todo-1~ dijo
cuando salió de cBl'a P ...... ;-aguardiente,
~e:ua, tabaco, cuartillas, tintero, plumas ...
Yo volveré pronto.
-¡Y traerás dinero?-preguntó el cauiivo.
-Los veinte duros convenidos.
-¡Abnsss de mf!
-Adiós, adiós.
-¡Verse un hombre ofendido en su dignidad de esta maneral-exclamaba C ...
cuando ee vió FOlo.
Quiso-su mala esirella que uno de los mnchos chiquillos que pasaban por delante de
la reja ee detuviera examinando lo que había oentro en ocasión en que se aproximó
el preso.
-¡Mecacbisl-exclamó asustado el mu•
chacho y saltando hacia atrás.-¡Que está
ahí el Trovadnr!
Aquel muchacho fué el reclamo.
Acudieron otros y otros, y en poco fü,,npo ha bía11 formado una enredadera de chi•
quillos.
C... loe increpó duramente.
-JToma!-le decía un granujilla echan,
da dPntro de la habitación una bt-llota.
-¡Como á las monas del retiro!-dijo
oiro celebrando la ocurrencia.
Y empezaron los imitadores á obsequiar
al preso con ohjetos,
C... empuil.6 un sable de caball0J'fa y empezó á soltar mandobles.
Pero los chicos se desprendieron de la ,en•
tana, y chillaban y apedreaban.
-¡El loco! ¡el loco!-gritaban todoe.
Y en cinco minutos estaba la calle, por
aquella parte, completamenente obstruida.
-¿Qué ha ocurrido aqui?-preguntó Mi-

guel P ... cuando estuvo devuelta en su casa_
-¡Hemos concluidol-le gritaba furioso,
eepada en maz,o C...
P ... no podía contener la risa.
-¡Selior Pastorfido!-gritó C... -estoy resueho á no hacer más el Segismu odo de La
vida eB s1mio en este piso bajo, exhibiéndome
como una fiera.
-Pero, hombre......
¡Ni un minuto más de deshonra!
-Te traía loe veinte duros.
-No, si no falta mucho-replicó cambiando de tono y tirando la espada C...
Y era lo que decía P ... de C...
- Si yo dejo á este muchacho, ¿quiéo le va
á dar veinte pesoe?
Como repetía C... de una chica modista
que le amaba más que á Smger-á pesar de
su máquina-y le manten!a con sus pun•
tadae:
-¿Cómo abandono yo á Pea mujer á su
desgracia? ¿Qué eería de ellb?
EDUAJ!,1)0 DXL PALACIO,

. ~.

EXTREMECIMIENTO DE INVIERNO.

Cbe Stephane Mallarme.J
Este péndulo de Saxe que retarda y suena la una entre sus flore!! y sus dioeee, de
quién ha sido? Pienso que vi no de Saxe por
las grandes diligencias en 0L10 tiempo.
(Sombras eingularee penden de loe vidrios usados.)
Y tú cristal de Venecia, profundo como
una fuente fría, en un ribazo de molduras
deedoradas, quién ee ha mirado? Ahl seguro estoy de que mas de una mujer ha bafia-do en esa agua el pecado de su belleza; y
acaso verfa yo un fantasma desnudo simiraee largo \iempo.
-Perverso, frecueotemente dicee malas
coeae.
(Veo telaraliae en lo alto de las grandes
ventanae,)

La Banca.

Nuestro bau_l.ee muy vil'jo todavía: contero:ila cómo ee.e toego enrojece su triste
madera. Las conmae dellkflidaa tienen su
Edad y la tllpicería de lw llillona desnudos-

O el llamamiento á. otra feliz morada
En loe remotos Astros suspendidos
De la serena bóveda azulada! ......
1V

Fué una visión fugaz cuanto hechicera
Q,ie, por el vasto firmamento errante,
Entre el azul se nos mostró un instante
Parando el vuelo en su inmortal carrera;
Mas, de este Glc•bo donde el Mal impera
Apartando el belUeimo semblante,
Su viaje sigue; y con sonrisa amante
Desde lejos nos llama hacia otra Esfera ......
¡Para otros M11ndos tu amorosa cita,
Oh! idolatrado querubín, comprendo!
Por la escala ds Estrellas infinita
Verlls que pronto mi ascensión emprendo;
La estela de tu blanca manecita,
Cual nebulosa pálida, siguiendo!

Sfl yerta, inmóvil, y hacia atrás caída
Sobre la almohada la divina frente,
Cual por egn gio artífice doliente
En alabastro diáfano esculpida;

Pueato de c:onfettls.

Puesto de flores.

Y á veces yo encontraba en ene vagidos
Y en el suave fulgor de su mirada
De una Vida anterior ecos perdidos;

NmrA P.

LLONA.

Así estaba I risuef!a y absorvida
En no sé qué eepectáculo fulgente
Que á su alma presentóse de repente
Al emprender del cuerpo la partida;
Y en sus pupilas, extinguidos astros,
De la entrevista Gloria loe prodigios
Aun proyectaban luminosos rastros;
Mientras, final tributo á la materia,
Quedaban en sus labios los ve6tigioe
De hondo dolor, de terrenal miserial

III
Cual loe trinos de dulces ruiseñore
A la luz del crepúsculo indecisa;
Ctal del otño la postrera brisa
Que embalsamaron las postreras floree;
Fotografía de un relámpago.

( Esas telarafias tiritan en lo alto de las grandes venlanae. )

Toda cosa es nacida
para tener un trágico destino:
y girar y girar en remolino
en torno del sepulcro: esta es la vida .

Cual de boreal aurora los colores
Que entre la noche el islandés divisa;
Así de ese ángel era la sonrisa
Que disipaba todos mis dolores......

(Véase el texto.)

Ven, cierra tu viejo almanaque alemán que Ieee atenta, aun cuando apareció ha más de cien af\os y los reyes
que anuncia, han todos muerto, y, sobre el antiguo ta•
piz recostado, apoyada la cabeza entre tus rodillas bien•
hechoras, en tu ropaje empalidecido, oh tranquila nilia,
te hablaré mucho; ya no hay campos y las calles están
vacías, te hablaré de nuestros muebles ......... Estás distraída?

Una plancha eléctrica.

ÜAUPOAMOR

La multitud teme á los médicos
mas aun de lo quelos burla
URBANO GoHIER.

Qué lástima que no baya más
que la palabra coque/fria para designar el deseo de agradar.

.,

GASTÓN DESCHAMPS.

La política es el cálculo de las
combinaciones y de loe sucesos.

A UNA ARTISTA ANDALUZA

Cuando tu voz of por vez primera,
Creí escuchar, en medio á mis dolores,
El himno que loe pájaros cantores
Entonan al llegar la pimavera.
Caneado de sufrir, mi lira diera
Por endulzar mis crueles einsabo111s,
Con la miel de tu voz que sabe á flores,
Al dejar tu garganta tle hechicera.
Sigue cantando así, que tus canciones
Al corazón devuelven la alegría
Y al alma las perdidas ilusiones,
Como el sol, con su alegre poesía
No deja qm, baya negros nubarrones
En aquel cielo azul de Andalucía.
F, BETANCúUR FlGUERlmO.

Las leyes no son nada sin la
fuerza.
BONAPARTE,

Un poeta en la polític~, es como
un gentil-boro bre en el comercio, se
~ ee sobre de su estado.
SAINTE·BEUVE.

Dispositivo para el empleo de los rayos X en las

J,, duanas.

Todo hombre ee gd:ernado por
la opinión que él Ee hace de sí
miEmo.
EDM. A:BOUT.

�EL MUNDO

'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

�EL MUNDO

ga

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

fa opera 1J nuestros ricos

'1'e16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 8'¡ b.

Loe cronistas de teatros se lamentan del escaso núme
ro de espectadores que acude á nuestro primer coliseo.
¿A qué obedt&gt;ce este h.!ch&lt;&gt;? La compaftía de óp~ra que
Toda la correspondencia que ee relacione con la Reallí actúa ea bastante aceptable, y los artistas ee sncuen·
·tacción, debe eer dirigida al
tran animados de la mejor voluntad por complacer al
Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
público. Y fin embargo, noches hay en que las localida·
· Secre$ario de Redacción,
des favoritas de eete género de e,pectác 1los permantcen
vacíae.
Amado Nervo.
En Europa y los Estados Unidos, la ópera es un dd,er
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
8ocial para las clases acomodadas; una f&amp;milia rica se en•
•debe eer dirigida al
cuentra en cierto modo e,bligada á satisfa1er esta t-xigen •
Gerente, Lic. Fausto Moa-uel.
cia impuesta por una elev11da posición. Un programa de
Laaubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centavoeal caea propia, varios coches en las caballerizaP, un e, cine·
mee, y ee cobra por trimeetee adelantados.
ro de precio, brillantes y tocados, nn estaría coro pleto si
no ee agregara el palco de la ópera. E'l :\lél'ico, nue•trc s
Nwneroe eueltoe, 50 centavos.
ricos no han llfgado á hacer dt:l teatro un artículo de
A.vieoe: á razón de $30 plana por cada publicación.
primera necesidad.
Todo pa10 d•b• s•r precisamente adelantado.
A veces se 0ye decir, que esta indiferencia del público
liEGIBTBADO COMO ARTÍCULO DE SIIGUNDA CLASE,
que puede pagar tal espectáculo, se debe á q11e los em·
presarios no presentan artistas de primera llnea; más á
esta semt-jante obj1 ción se contesta con el ejemplo que
nos ofrecen los ricos de la República del Xorte y el vifjo
Mundo: Allí los verdaderos empresarios son los intere·
sadoe en eec~cbar á las cel~bridades: el qne contrata á
los artislas no ee más que un intermediario ':"ntre eetos y
el público.
Se ha lanzado en estos días una afirmación que parece
Todos los aftos los abonados habituales á la óperatccar en los lfmitee de la paradoja: solamente llegan á entre los que hay buen número de propietarios de teatro
obtener bienestar económico los pueblos qne luchan con• -presenta al empresario la lista de los cantantes que
tra la pobnza. La miseria, generadora de la riqueza! ¿No desean escuchar. El empreeario hace, sobre esta base,
es verdad que esta es la oportunidad de pronunciar ;a eu presupuesto de gastos, y los abonados responden con
gran palabra empl~ada por un grupo de publicietaP, cada sumas en metiilico depositadas en un banco. Así han
vez que ee le eecapa la explicación de un fenómeno so• podido oír los americanos á Tamagno y la Patti, á Hescciológico: .,oji8ma!
ké y la Scalchi.
Y sin embargo, hay en el fondo de ésta que ee antoja
.Aquí procedemos á la inversa, y esperamos que el emá p1imera vista contradición, una baee de solidez cien- presario nos traiga á una t,,trtlla del arte, acaso para no
tífica, comprobada por loe hechos. Así como el progreso, acudir al teatro. ¿Q11ién es el hombre suficientemente
-creando intereses nuevos que el curso del tiempo trans• audaz para lanzarse á realizar este neg.&gt;cio?
forma en elementos de conservación-constituye un obsLa verdad es que si en México hemos aplaudido á cetáculo al progreso, así támbién los grupos humanos, que lebridades, consiste eu que nuestros empresarios han
por inexorables leyes físicas, semejaban estar condenados aprovechado las proposiciones de sus colegas del otro
á la deeLudez y al hambre, son loe que á mayor altura lado del Bravo. Tamagno vino á México porque la emee han elevado en materia de riqu~za pública.
presa Abbey lo babia contratado por larga temporada, y
En la luchi1 contra las fuerzas de la naturaleza, loe pue· basta la inauguración de ésta, el empresario pagaba inblos, como el individuo, perecen ó triunfan del medio, útilmente una mzdi.~ponibZe. Pero dadas las p:&gt;caa dismejorándolo y utilizándolo. Loe naturales de aquellas posiciones que nuestros ricos muestran hacia el teatro,
comarcas en que la vida ee encuentra hecha, dt&gt;jan adorme- la venida de una compañía de primera será en esta época,
cer eue energías, y la historia de la civilización nos de- en la que nos rodea el aparato de una refioada civilizamueetra que todo ha sido en la hnmar.iidad obra de una ción, un acontecimiento tan monumental como ia llega·
labor peraistente. Loe holandeses, robando.espacio al mar, da de la nao de Chiflri en los buenos tiempos virreinales.
hánla abierto para la producción los mejores terrenos del
Por lo tanto no hay que indignarse dema~iado al vermundo; los hijos de Iaglaterra, sin importantes mate- nos reducidolil á tanda obligatoria. En otras partes del
rias pnmas para sus fábricas, han dotado á su país de la mundo, loe ricos construyen teatros para su propia satismás ac:lbada industria; la Francia ve acrecentar~e eu ri• facción: aquí loe empresarios arriesgan su dinero para
queza después de la derrota de 1870: en lo profundo de que loe ricos se queden en casa.
estos hechos se siente palpitar un trabajo constante, una
tarea incansable contra fuerzas contrarias. Dol crisol de
la miseria salen los pueblos ricos y poderoeoe.
El hambre ea una esperanza de redención en loe agre· ·
gados sociales; pero el hambre viva y tenaz, la que aguijonea por instante~, y se clava como un pufial agudo en loe RESU M EN.-Nuevas dlficultidea greco-turcas.-Amenazas á la Isla de Creta.-La escuadra otomana
intestinos del hombre. La otra, la que se diluye en muy
las potencias extranjeras. - Flrme actltud.-lnchas generaciones y las debilita y las extenúa, esa, hará
quebrantable energía contra las astucias del SulYivir á un pueblo sin actividades, contribuirá á la per•
tán.-La comisión bimetalista amerlcana.-Su peeistencia de enorme tropel de unidades humanas faltas
regrinación por Europa.-Algo en favor de la plata.
de vigor para el trabajo, adormecidas en un sopor inven-Conclusión,
cib~, cuerpos que arrastran cadáveres.
El hombre colocado en la alternativa de trabajar ó mo·
rir, rara vez suele optar por el segundó término. Luchal;randea esperanzas se tenían de ver concluida la gue•
rá afanosamente por satisfacer sus necesidades, y como rra turco-helénica, por la enérgica actitud que á última
el cuadro de éstas se amplía, conforme va iniciándose en hora han tomado h1s potencia3 en favor de la nación
la moderna existencia del ser.civilizado, eu esfuerzo será vencida; hermosas ilnsiones se formaban para contemcada día más vigoroso y eu trabajo más productivo. En- plar o~ra vez, en breve plazo, libre el suelo de Grecia de
tonces combatirá por libras de carne, por varas de pafio, los ejércitos que lo mancillan, y al R-y Jorge, exento de
por habitaciones higiénicae. Pero cuando el homl:lre sa- la amenaza constante que sobre ~l pesa, mientrasEdbembe que puede desertar de la fábrica, y que para eu vida Baj1i permanezca acantonado con sus huestes invasoras
baetar:i un put'iado de maíz, su labor será anémica, nulo casi á las puertas de la ciudad de .\.tenas.
su estímulo, y el resultado del esfuerzo social, raquítico
Tras largas discusiones, como lo anunciam'&gt;s á au ti~:n:y mezquino.
po, habíase llegado en la apariencia á convenir en los
Y be aquí como la pobreza puede servir de agente términos del tratado de paz. Resistiendo constantemen¡ cdero EO á la riquua de loe pueblos.
te á las arterias del ~ultán, unas veces con aEtuta diJil.BXICO

•atas tbitorialts.

Pobreza \' riqueza.

Política 05tneral.

DOMINGO 8 d• AGOSTO Ot: 1897

plomacia, ya con promesae, ya con amenazas, habían
1, grado loa embajadores extranjeros en Constantinopla
amenguar las pretensiones del Abdul-Hamid, cercenar
sus exigencias, y obligarlo á ser menos altivo y deepia•
dado con los infelices vencidos.
Ya la prensa diaria había comunicado hasta el día en
que debían firmarse los tratados de paz; mas comoquiera que, ee inagotable la proverbial perfidia con que procPd!I de ordinario el Califa de los Creyentee, como es im•
posible no dudar de la fé tres veces púnica del que hmnil•
demente se llama la Sombra de Dios sobr,• la Tin-ra, nuevas dificultades han surgido por preten~ionee nuevas del
ministerio otomano, que insiste hoy como ayer en sus
infcnae ambiciones, y ha intentado otras reformas de trae·
cendencin en ks artículos mfa importantes, ya acordados
pi.ra lc,s preliminares de la paz.

***

Y como si efto no funa bastante á su objeto de retar:
dos y dilaciones indefinidas, la escuadra turca, que en.el

fümpo de las ho~tilidadea rotas, perm1neció anclada en
las aguas del Bjsforo, tal vez temiendo el empuje de loe
acorazados griegos y el alcance de su, cañontis, acaba de
cru1.ar los Dardanelos en direccilin ,í Creta, con objeto
de favorecer el desembarque de tropu suflcientee á ap1gar del todo la inextiota insurrección de la revuelta L:la.
¿Q 1é pretende Abdul-Ihmid con s•1d torpes manejos?
á qul&gt; aspira cuando lanza sus hordas de genízaros sobre
los indomables cretenses, sobre sus rebeldes súbditos
cristianos á quienes ba prometido ya la autonomfa al
amparo de las potencia~? ... E,ique, oprimido b~jo el peso
de la Europa cristiana, acosado hasta en los últimos atrin•
cheramientos de su perfidia por la unidad de los diplomáticos de Occidente, que hao tenidr, que obsequiar los
manifiestos deseos del emper9dor mo~covita, se revela
contra su suerte, se resiste á cumplir lo prometido y quiere con nuevas complicaciones aplaiar el cumplimiento,
de ene compromisos, al ver que se le escapa Tesalia, cpe
ya gemía bajo sus garras, y que ha llegado la hora de
manumitirá Creta, para que eje, citando sus propias energías, busque su mejoramiento, libre del ominoeo yugo del
musulmán.
Profundo error! si llegó á p;nsar el soberano turco
que podía contar con la disidencia de los almirantes r¡-1~
mandan las eec11adras extrangeraP, surtas en aguas deCanen, y eaperó encontrar abierto el e 1mino y fácil el
acceso en las costas cretenseP, á pesar del bloqueo de la.
lela, gr&amp;nde habra sido su d~seng,lño: los buques de las
potencias han decidido opoaerse á su intento, y recha·
zar con la fuerza y la violencia los carcomidos barco3
del carcomido imperio muslimico.
Tarde habrá llegado la de~iluaión p·ua el Sultán; pero opurtunamente para evitar el conflicto armado qu~
trataba de provocarse, L:i escuadra turc1 aparenta ahora
que va en pacífica gira por la~ islM a1.11les de I mar d~l
Archipiélago, sin dejar eatrever, que intenta abordar á.
la histórica tierra de Minos.
Y ya que estos cálculos han salido fallidos ¿qué otra.
argucia inventará el gobierno de la Sublime Puerta, para prolongar indefinidamente el s/,1/u 71w, y dilatar en loposible la evacuación de Ttisalia? Q tién sabe, pero hay
que temer;o todo dti su política artera y falaz.

***

D:1enos vientos soplan hasta ahora ,i la comisión nombrada por el Presidente de loa Estados Unidos, para sondear el ánimo en que se encuentran las grandes naciones
europeas en el trascendental asunto de la rehabilitación
de la plata.
Siempre qne se hao intentado conferencias internacionales con este objeto, han fracasado del todo, porque
ninguna se ha atrevido á óponerse de una manera absoluta á la corriente general manifiesta en favor del metal
amarillo; hi1n visto el porvenir próximo de la plata floctuando constantemente con tendencias á bajas considerables, y no advirtiendo ninguna sefial que anunciara
cambios favorables, los acuerdos tomados se han desvanecido como el humo, sin haberae adoptado ninguna medida eficaz á este respeto.
La comisión bimetalista americana, franca y cordialmente acogida en Francia, ha sid0 escuchad.1 con atc,nción por el gabinete de Londree, ee han oído sus razonamientos en favor de la rehabilitación posible del metal
blanco, y aun parece que Lord S.1lisbury ha prometidocooperar y apoyar debidamente la reunión de u.na c,n,

DO ■ IIGO

8 d• AGOSTO d• ,. .,

BL MUNDO

93 ·

cnerpor del rey, del sacerdote y del rico; loe peinan con colmenas de tumbas; el terreno suena hueco en las Uanu- .
cabellos postizos, lee trenzan las barbas, inquieren ojos rae, epidermis de vida entapizado sobre un osario gigan•
de esmalte en las cavidades 4110 contenian los naturales; tasco. La ciudad para alojar aua cadáveres se ha converen una palabra, los adornan para la tumba como si fue- tido en cementerio y se ha dedicado á la muerte.
een á presentarse en la cámara nupcial de una divinidad.
El ejemplo viene desde lo alto: desde que un Faraón
T.&gt;davía es mis notable en la toillete fúnebre, si ee trata subía al trono dábase princfpio á la construcción de su
de m11jeres delicadas y·ricas q11e tienen su gynecé o en la turnba, } ee trabajaba en ella mientras él vivía; la altura
ciudad mr,rtuoria; sus hermosas formis trabajadas p~r y la profundidad de su sepulcro podría medirse por la
manos de artistas, ee metamorfosean en una vaga mez- duración de eu reinado. Diariamente veía crecer su pirá•
cla de perfumes y de platería. Les doran los pechos, co- mide ó alargarse la profundidad que había de tragarse
mo si fuesen ropa~; las ufias, come, si fuesen sortijas, y su momia. La muerte era el único horizonte de esos hom •
loa labios como si fuesen collares. Las eac~lpe el embal- bree consagrados á las ideaa y á loe trabajos póstumos.
sam:idor en graciosas y castas acfüules, casi toias cru- Recorred loe cementerios de los sacerdotes y de los rezan piadosamente los brazos sobre el pecho; algunas cu- yes, y atravesaréis sombrías. y espléndidas hileras de cá-.
ro,eas.
bren con la~ dos manos los misterios de su belleza, como
maras, de salas y de galerías, en las que millares de maVénus de Mé:iicis de la tumba. Una madre en~rrada en nos se ocupan en tallar la piedra, en pintar las paredes,
X. X. X.
Agosto 5 de 1897.
Tébas, estrecha contra su corazón la peq ueñ 1 m Jm ia de en desarrollar en la roca interminables paneles de gero.
un hijo recien nacido. En ese caso el emb1lsam1miento glíficos. Juegos, cazas, festines, batallas, todo el poema
sobrepuja á la escultura, porque no en la m iteria insen- de la vida, esculpido y colorido con grandiosa elegancia,
CONCURSO DE ZARZUELAS
sible, sino en la misma vida, en la carne, en lo que su- está enterrado e~ esas catacumbas; y todo ese lujo de ar•
frió
y palpitó, es donde se talló ese grup:&gt; maternal.
te sólo sirve para recrear loe ojos de eemalte ó de cartón
Nuestro Semanario tiene derecho, según las bases del
Encerraban
á
las
momias
de
segunda
clase
en
cajas
pintado de las momias!
«Concurso de Zarzuelae11 qua ee verificó el afio pasado, á
Xinguna mirada viva profana esos museos crípticos.
disponer la representac:ón de las que obtuvieron premio menos ricab y cubiertas con sudarios más groseros, y á
los pobres y los esclavos los em·pa1uetaban precipitada- Los pintores y los escultores, que loe han decorado dt&gt;s•
y manejar eue productos de la manera que enton~s ee
mente en cestos construidos de ramas de palmera. Se de la base hasta la cima, han trabajado para la Noche y
indicó.
·
comparan
con frecuencia las bibliotecas á los cemente,
para el Silencio. Apenas el cuerpo tomaba posesión de
Por el gran recargo de trabajo que tiene en sua Oficiríos;
volviendo
del
revés
la
comparación,
poiía
apliéaresos
sitios, las puertas desaparecían bajo l~s rocas, la
nas actualmente, cede este derecho en favor de los autores de libretos y música, quienes desde hoy pueden dis- se estrictamente á la necrópolis egipcia. ¿No ee aseD?,e- montal1a ee cerraba sobre el palacio fúnebre le devora·
poner absolutamente de la propidad y administración jan á los libros las momias arrim ,das á lo largo de lae ba y le digería asimilándosele á su masa árid~, y no ex·Fpa1edee, con sus eudarios de papyrus y sus estuches llenos tía ya más que en el mapa de los sacerdotes, únicos geóde sus obras.
de escrituras y geroglíficoe? Unas magnífic11mente encuagrafos del mundo sepulcral.
dernadas, publican las glorias de los reyei y los misteSi ese mundo misterioso hubiera guardado su secreto,
PAGINAS ESCOGIDAS
rios del sacerdocio; otras envueltas en cartones vulgares, si los espoliadores no estuvieran dotados del olfato de
no encierran más que los secretos de la vid_a clmún; las las hienas para descubrir las tumbas ocultas, y si el EgipLA MOMIA
últimas, en fin, con pobre envoltura, nos revelan la mi- to, ni velado hasta entonces, abriera súbitamente el cataseria
y la desnudez de la esclavitud, perpetuados mAs falco interior, cuya superficie sólo es eu portal; ¡qué esEl paganismo helénico consume el cuerpo humano eu
pectáculo hubiera expuesto al mundo de los vivos! ¡Cu1hoguera triunfal, y convier~ el cadaver en .hermosa lla· allá de la tumba.
El viejo Egipto reconoce, sin embargo, una igualdad; renta siglos embalsamados! ¡Un juicio final de momias!
ma. Disuelve al he.robre como a! diamant;e, sin dejar de
él ninguna de las escorias de la destrucción. La muerte la de la conservación en la m·1erte. E nbalsaman al rico ¡La historia humana y la historia natural de las generaciones de hombres y de ani..aalee que desde los reyesaparece bajo la forma más ligera en el puro clima de la y al pobre, io mismo al esclavo q,1e trabaj'l bijo el látigo
Grecia, y sopla la vida como si soplara la antorcha siro• del in3pector, por el salario de tres cebollas crudas, en pastores, hasta los Ptolomeos hollaron el suelo del Delta,
milagrosau;ente conservadas! ¡A Sesoetris y á Joeephl
bólica que loe Genios fúnebres aplastan con los piée y las pirámides, que á loa F&amp;raones que 189 mandaron
Ese cocodrilo adornado con pendientes, era adorado en
q ne espira en columnas de humo. Entrega los despojos construir, para enterrar en ellas su ataúj, Los estropea•
los estanques de !iléofü. Quemaban incienso an~ ese
mortales al ele111ento que borra y que purifica, y sólo es· dos, los leprosos, los seres deformados por la elephanteasis, (especie de lepra) no escapaban á esa salmuera Ibis, al que el tiempo no ha robado ni una sola de sus
irae de ellos un resíduo diáfano, casi aéreo, un pufiado
implacable; tenían su enférmsria en la ciudad fúnebre,
plumas. Tocad e~e sudario bor:lado de perlas; debajo de
de cenizas blancas; el polvo de la mariposa Psiquis.
El judaismo y el cristianismo tratan con más dureza á en la que embalsamadores especiales salaban y prepara- él palpitaba eJ corazón de Cleopatra, y el áspid que morlos cadáveres; vuelven la carne á la tierra y la arrojan ban sus carnes purulentas, hasta motnificar los fetos; lo dió eu brazo de ambar, levanta al lado de ella su acerada
cabeza: al percibir ~l perfume que exhala, cualquiera didesnuda y sin defensa á la mieeria de la tumba: Job dice que no tenía vida parecía vivir.
Más lejos llevaron todavía su eagrada locura; llegaron • ría que acaba de salir de la cesta de higos y de flores.
á la podredumbre: s¡Tú eres mi madre!11 y á los gusanos
¿Cuál fué el principio de fetichismo mortuorio que cadel sepulcro: •Yosotros sois mis hermanos y mis herma- hasta apoderarse del reino animal. E l embalsamamiento
llegó á las bestias, á las aves, á los ·peces, á los insectos,
nas.11
racteriza á la raza egipcia? .A. au mitología es preciso preSólo el Egipto lucha brazo ó brazo con la destrucción. á lo que pasó por el mundo sin dejar en él mis huellas guntar el sentido de sus extraños funerales. Según la doctrina de los sacerdotes, el alma depende del cuerpo has•
Satura con incorruptibles perfumes el cadáver que otros que una marca en la arena, un nido en la rama ó un surpueblos entregan á la tierrra que mancilla y al fuego que co en las aguas del Nilo. Se embalsamab\\ á los gatos, á ta después de su separación; ella le refleja de lejos en sus
encarnaciones sucesivas, y ella se reciente más allá dtl!
devora. Y encadena con cintas eu forma precaria, y la los perros, á los cocodrilos, á las ratas, á los escarab1jo~,
arranca, secuestrándola, á las metamórfosis de la corrup. á las muearail.as y á los huevos de la~ serpientes. La más tiempo y del espacio, de sus mutilaciones y de sus herición. De la'muerte hace una momia; esto es, nna estatua pequefia, la más fugitiva_gota de vida, fijada p')r una at- das. Su individualidad espiritual se asegura con la intemósfera de aromas, se cristaliza y se hace. inm'lrtal. E l gridad de su despojo material; de aquí nacieron loe cuipetrificada por un montón de bálsamo.
Egipto
ee insurrecciona contra la ley de la nat1irileza
Ofrece un fenómeno único ese pueblo ocupado duran•
d:idos infinitos prodigados al cadaver, y la inviolabilique
quiere
que todo vuelva para didolverse en la univerte sigks en embalsamarse á sí mismo y en crnzaree de
dad que le atribuían. E! cadáver era para ese pueblo la
eternos sepulcros. Penetrad en el distrito fúnebre de Te- sal química que renueva la materia; acepta la muerLe p l·
prenda que el hombre deja detrae de sí al partir para el
baaa, la ciudad muerta se establece en medio de la ci u- ro la prohibe destruir. Al poder de destrucción que en. viaje desconocido, la caución, la garantía, la hipoteca de
su destino.
~ dad viva, silenciosa como un sepulcro, activa como un cierra, el Egipto opone una farmacia enérgica, un en.:ar•
laboratorio. Inmensas salas ee suceden unas á otras, y su nizamianto secular, una teología que podría definirse:
Añadid a:lemás á esa poderosa razón, la compasión
perspectiva se prolonga hasta perderse de vista, como si la higiene sagrada del cadaver.
hacia los muertos llevada á su paroxíemo; virtud, pero
¿Pero dónde colocar esas generaciones inmóviles qu~,
ee perdiera en la eternidad. En ella, vigilada por sacervirtud fatal cuando ee exalta hasta el fanatismo. El coldotes lúgubres que se ciñen pieles de panteras y se cu• después de su muerte, ocupan tanto sitio como cuando to á la muerte fué la plaga histórica de Egipto, plaga más
bren con mascarones de chacales, la casta de loe embal• vivían...... E1 Egipto no retrocedió ante ese problema; el terrible que las otras con que le cas~igó Moisés.
samadores se ejercita silenciosamente en sus trabajos fu. pueblo embalsamador se )lizo enterrador: inventó una
Es escuela perjudicial la de la tumba; eneefia la inmonerarios. En ellos millares de cadáveres que, manos há• arquitectura subterránea que copiaba, haciendo mayo- vilidad, el entorpecimiento y el sueño. Llega pronto á
hiles elaboran, ee elevan lentamente á la dignidad de res, las enormidades de su arquitectura exterior. Im1gisu decadencia el pueblo, cuando no hace otra cosa quti
momias, pasando por todas las fases de la crisálida trans- nad un hombre cuya mirada pudiese penetrar por debasubir y bajar los escalones del sepulcro. •Si intenta algún
formada y de la estátua desvastada. .A. unoe, después de jo de tierra; pues este hombre hubiera en Egipto visto progreso, si busca algo nuevo, ei trae pasa los límites pres.
vaciarles las entrafias, los llenan de composiciones oloro- la espantosa visión de un mundo subterráneo correspon- critos, encuentra un ejército de momias formadas en basas; hunden á otros en una caldera de be~ún, stigia lus- diente al mundo de arriba, diez veces más vasto, cien ve- talla que le impiden el paso. ¿Sabe más que sus antepa.
tral, que debe hacerles invulnerables á la corrupción; es- ces más profundo y mil veces más poblado. Cada ciudad sados que le II1iran fijos y gra vea, con los ojos cargados
tos se alargan bajo las espirales de dimiuutaa cintas; ee repercute en necrópolis, cada casa cubre un pozo morde siglos y con el cuerpo cubierto de geroglíficos, que ee
aquellos, colocados ya con su funda de cartón solo espe- tuorio; bajo loe pies de cada hombre que paia, como rai•
identifican con el dogma que él iba á quebrantar? Sd
ces de las entrafías de la tierra, existe una fila euperpues• puede no hacer caso de la doctrina oral de tiempos inran el pincel del amanuense y del.barnizador.
Hay gerarqufas en la ciudad fúnebre; las momias tie- ta de momias, cuyo limite se hunde en profundidades memoriales, desvanecida con loa hombres que en épocas
nen su aristocracia, su clase media y su plebe. Un grupo insondables. El Egipto ea la fachada de un sepulcro in• pasadas la representaban en la tierra, pero ¿cómo ee dede peluqueros, de pintores y de plateros ee dedica á loe meneo; sus pirámides son mausoleos, sus montafias son safía á la tradición embalsamada, pal~able, que simula la

ferencia en W aehington, no por lo que respecta al Reino
Unido, al Canadá y á las colonias africanas, sino por lo
que pudiera afectar los intereeoe de la India inglesa.
Próximamente eerá recibida la comMón que preside
Mr. Steveneon por todo el ministerio británico; algo de•
bitivo tenJrit que tratarse, y ei ee favorable como ee
eepera al objeto que han llevado los enviados de Me.
Kinley, ei encuentran eco las pre~nsionee bimetalistas
de los Estados Unidos y algún apoyo en la Grao Bretafl.1, es indudable que esa disposición favorable será eecnndada, ~uando los miembros de la comisión se presenten en Alemania y Rusia.
Con cuánto interés debe seguirse en México la marcha de eea comisión americana, á través de las Cortes eu-

�EL MUNDO

DOIIINGO I DE AGOSTO DE 1897
EL MUNDO

94

.,
Tida?-No ealgas viejo Egipto del carril trazado por el
buey que tu pueblo ado.a y que simboliza tu melancóli·
ca rutina; vuelve á inclinarte ante tus ídolos, con cabeza
de gavilan ó de mono, mientras que loe dioses poéticos
y magni:6.cos, que ellos han engendrado sin saberlo, de·
rraman por el mundo la vida, la libertad y la luz! ¡Talla
esfinges con el rostro tao bestial como las ancas, mien•
tras que Fidias esculpe en el mármol Pentélico las divinidades del heroísmo y de la sabiduría! ¡Inscribe penosa•
mente á golpee ·de martillo sobre tus obelíscoe, caracté•
, es y :figuras sagradas, en la hora en que Homero canta
¡1or los senderos de las Cyladee, y en que la palabra de
Platón recorre la Grecia en alas de las abejas que visitan
• sus labios! Estas giran en torno de la inmóvil serpiente
que ee muerde la cola al rededor del eternal cuadrante!
Tu pasado momificado te cierra el porvenir. Juega pue•
blo gnomo, con tus mufiecae fúnebres que perpetúan tu
infancia, barniza tus mascarones, pinta eue ojos, colora
eue erijas con los coloree sin orden que preEcribe el rito;
aduérmelae en eus earcófagoe; murmurando las
letanías inintelegiblee que t·1e sacerdotes te enee•
fiaron! Silencio eobre:todo, y fuera la poesía, la
:6.losofia y la elocuencia; el último de loe sacrista•
nes de leie sabe más que ellas. Se habla tan bajo
ea el país de las tumbas! ......
La más chocante de todas las formas de la eecul•
tura es el embalsamamiento; esa torpe parodia de
la vida subleva á la intetigencia, por que eEa :ficticia
perpetuidad del cuerpo parece que niega la inmor·
talidad. Creo ver las alas del angel enrlldarse en
esa liga de aromas, creo verla oprimida por los nudos de las ligaduras. ¿Cómo cosa tan ligera ba de
dejar tras eí despojos tan pesadoe? Vale mil veces
más el anonadamiento aparente de la forma humana, que conservación tan artificial y tan ridícnla.
Comprendo que produzcan espanto las repugnantes imág~nee de la destrución; comprendo que
1oe ojoP del am!lnte ó del hijo vean con horror la
lenta disolución del eér querido, debajo de la tie•
rra que lo cubre. Envidio la llama de la bogue•
ra grieg\ qu3 q113m1b1 la c11rcel para libertar al
cautivo, y que le rob1b1 el cuerpo, cJmo un águi•
la del a?oteósis, antes qne la podredumbre tu•
viera tiempo de aproximarae áél. Eeho también
de menos los furrerales, crueles en la ap:uiencia~
de esa&lt;J tribus idólatra'!, qus adoran al fuego, y
que te'Iliendo manchar el seno de la tierra depositando en ella el cadáver, le exponen sobre una
roca, en donde sirve de pasto á las aves de rapifl.a.
-«Qué es, pregunta Z iroaetro á Ormnzd en e1ZendAvesta, la tercera cosa que desagrada á la tierra que
habitamos y que la impide sernos favorable?»Ormuzd.respondió: Construir en ella una tumba
después de ha berlacavado, y enterraren ella el ca•
daver de los hombree.»
-«Cuando un hombre muere, dice también el
Zend-Aresta, las aves se arrojan desde lo alto de
las montafiae áloe valles en que están situadas las ciu.la•
des, descienden hasta loe desfiladeros, y arrojándose eo•
bre el cuerpo del hombre muerto le devoran~on avidez.
Vuelan e.eas aves de rapiña desde loe dee:filaderoe á la
cumbre de loe montee. Su pico duro como la almendra,
lleva á esas montañas la carne muerta con eu~graaa. De
este modo el cadáver del hombre ea trasportado á lo alto
de los montes desde el fondo de loe valles. Esas exequias
' aéreas no carecen de grandeea ni de poesía. ¿Quién no
prefiere la devorante mordeduradelcuervo á la lenta pica•
dura de loe gusanos del sepulcro? Si exceptuamos la lla•
roa que disuelve y transfigura, no existe más rápida
transfiguración °de la vida. Dispersado el cuerpo, toma
las alas de las aves de alto vuelo, sube con ellas á las
cumbres, ee sumerge en en el éter y participa de la vida
de las regiones sublimes. El héroe de una canción grie•
ga se regocija de ser devorado por una águila:-«Come,
águila, aliméntate con mis fuerzas, aliméntate de mi va·
lor, y tu ala adquirirá la longitud de una anfi, y tu garra
la de un palmo.»
Deepuee de todo, la tierra concluye por purificar como
el fuego, como él á la larga lo reduce todo á cenizas.
La forma muerta- que la imagenación desenterraba con
espanto, se abrevia, ee aminora y ee desvanece por gra·

dos para el mundo visible; sustituyen pronto á las fac•
cionee dee:figuradae, las líneas ideales y loe contornos fu•
gitivos de la aparición ... y entra en las regiones de la
memoria y de la sombra! El espíritu la invoca como si
se tratase de una idea ó de un euefio. Atractiva y her.
moea ea esa metamórfoeie, y comparada con ella, apare•
~e groeéra la fijeza del embalsamamiento. ¿No es dar
pueril importancia á nuestra mortal efigie, restaurarla
penosamente cuando ha perdido ya su valor? La belleza
ee disipa, la juventud ee agosta, 111 vestidura de carne se
desgarra en todos los ángulos del camino, ¿y el hombre
ee ha de ct:bar disputando á la nada loe reatos de la en•
fermedad y de la· vejez, lo que no es mas que la más•
cara y el traje de vida? ... ¡Hermoso espectáculo para el
alma, que acaba de abordar al mundo eterno, será ver
como en la otra playa se deseca durante siglos el andra•
jo de que ee despojó!. ..
Asimismo esos mausoleos egipcios, que amontonan
pefiaecoe para enterrar una momia, indigna al eeníritu

DAMAS DISTlNGt:IDAS

95

DOMINGb 8 de AGOSTO de ,897
EL COMETA DE HALLEY

El cometa, que en el año de 1,066 arrojó un esplendor
celestial sobre la conquista de la Inglaterra por los Normandos comaudados por Guillermo el C,rnquistador, y
cuya visita aterradora fué conmemorada por la mano
misma de la Reina Matilde en la tapicería Bayeaux; que
en 1,456, afio de la gran batalla de Belgrade, llenó depa•
vor igualmente á Turcoa y Crietianoe, y fué anatemati•
zado, eegó.n ee ha hecho constar, por una bula del Papa
-ese cometa, cuya extrafl.a forma de cimitarra, todavía
hizo helar hasta la médula de los huesos de loa ignoran•
tea y euperaticiosos, en la última visita que nos hizo en
1832', ae halla actualmente en camino con dirección á
nuestro planeta. Está bastante lejos todavía, pero el oj9
avieor de la ciencia, lo ve ya en la órt&gt;ita de Neptuno; co·
rriendo hacia el sol y la tierra con una velocidad que
constantemente va en aumento al descender por la curva
pendiente de su órbita. S.i ha daio ya la voz de alarma
desde una de las principales atalayas de la Astro•
nomía. El profesor Glasenapp anuncia que la ofici•
na establecida por la Sociedad Astronómica de
Rusia, ha emprendido hacer el cálculo de ia senda
verdadera del cometa de Halley, con la mira de de•
cirnoe anticipadamenti; la fecha e:i:acta de eu lle·
gada.
Conffa el señor Glaeenapp en que loe astróno·
moa que tienen conocimiento de las observacio·
nes del cometa, que no hayan sido publicadas, las
comunicarán á aquella ciudad. Después de eu pe·
ribelio, se observó al cometa rdirándoee al espacio,
hasta Mayo de 1836, y al fin habiéndoselo tragado aquel, se perdió de vie5a. Estará en perihelio
otra vez por el año 1911; pero en los poderosos
telescopios que hoy existen, y con loe más fuertes
que tal vez se hayan hecho para entonces, es pro·
bable que ee descubra el cometa corriendo hacia
el sol, un afioó más, antes de ese tiempo. El hecho
de que la tarea de computar el tiempo justo de su
vuelta, está ya á punto de comenzaree, inspira la
confianza de que la siguiente visita no eerá cuee•
tión de cuantos días, sino más bien de cuantas horas, ó tal vez minutos, que andarán errados de
cálculos.

APUNTES SOBRE EL

VIAJE ALREDEDOR del MUNDO
DE LA CORBETA

,,ZARAG-OZ~~/'

RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO ~DE LA MARINA MEXICANA.

37,ooo MILLAS SOBRE LOS MARES
........... +

PRIM!tRA PARTE
DE GUAYMAS A HONOLULU

I
SALIDA DE GUAYMAS.-ADIÓS Á LA PATRIA.

En el puerto de Guaymas, el 23 de Abril de 1896, notábase un m&lt;lvimiento e:x' traordinario en todos loa barcos que allí fondeaban.
El transporte Oaxaca y el cafl.onero Dem6crata, enviaban constantemente sus botes,
llevando oficia les y paisanos á bordo del Zaragoza; centenares delJ!,nchaa, cayucos y
botes particularee:rebullían á_fuerza de golpes de paleta la verdosa superficie de las
aguas, manteniéndose á flote á los costados de la corbeta ó bogando á toda fuerza para
aligerar la distancia que los separaba de la playa.
Cerca del Almagre, fondeada aún, veíase la eebel ta :figur"a del Zaragoza; por eu chimenea salían negruecoa penachos de humo; en la cubierta, todo el ;equipaje trabajaba
con actividad, y en los portalones, cual un interminable cordón de hormigas, subían y
bajaban paisanos, oficiales, y una t,·oupe de cargadores embarcando víveres.
En la playa un compacto grupo de gente observaba con ansiedad., sin perder un de•
talle, todos aquellos preparativos que ee hacían á,bordo.
A las dos de la tarde ee levaron y trincaron escalas, se aferró el aparejo, y loe winch
con eu estridente ruido izaron anclas, hasta que, puestas á pique, ee mandó largar fo•
· iui, y libre ya de eue amarras, em pujado por el viento, el barco viró poniendo proa al
l,[orro Inglés.

cana, la población primero, los muelles después, hasta que, solitario, en las tranquilas
aguas del Golfo que dividía con la cortante proa, seguimos adelante, marcando vaporosa estela, efímera huella de nuestro paso. Una brisa ligera y favorable hace largar todo el velámen ·y ya en la noche, solitarios en ..oedio del Golfo, distinguíaee apenas la
montañosa costa de la Baja California, bafl.ada por bruma ligera, dorada con loe primeros rayos de una luna deliciosa.
Blancas y tenacee gaviotas con eu ágil y silencioso vuelo, dejando de vez en vez
eecapar sus plafl.ideroe gritos, nos acompañaron, deeeoeae :ie rtcoger los desperdicios
del rancho, que arrojados al rr.ar forman su codiciado alimento.
Un cielo de buen cariz, con horizontes despejados, fué signo de regular anoche•
cer, y al alba del siguiente día, á la descubierta, ni un sólo barco en el horizonte y,
siempre á estribor, la costa oriental de la península californiana.
La derrota era, doblar el cabo San Lucae, cambiar rumbo, doblar el cabo Pulmo,
seguir después hacia el Norte, dejando un poco abierta la costa, y fondear en San Francisco Caijfornia, donde el barco ee aperaría bien para seguirá las islas Hawaii, Japón,
etc., ea decir para empezar realmente el viaje de circunnavegación de E. á O. pasando por el Canal de Suez.
Fuera de contratiempos, eeñaláronseSdías de Guaymas á San Francisco, pero al doblar el cabo San Lucaa anuncióee rudo un viento Noroeste de fuerza regúlar, que ee
hizo más violento cuando, fuera del socaire de la costa y al doblar el cabo Pulmo, re•
cibimos el¡ viento y la mar de proa con toda eu intensidad.
Entonces varió la situación: el balanceo y cucharéo de la corbeta provocaron el mal
· de mar en loa novicios; los golpea de agua embarcábanee frecuentemente por la proa,

La vida del avariento y egoísta ea solidaria, y su
vejez es triste; no tiene compañero, suceso, abigo
ni esperanza; ocupa deeapaaiblemente au estrecho
círculo, como el caracol su concha. La fiebre del
dinero lo consume; el cobarde orgullo lo degrada,
y la envidia lo petrifica. Lo pasado es para él un
vacío; lo presente, un desierto; lo venidero, nada.
Ni dignidad, ni honor, ni ilustración...... Oro, y
1.0áe oro.

***

Una borrasca sucediendo á otra, una oleada
reemplazando á otra, van endureciendo la concha
que guarda la perla; de_ignal manera las oteadas
SerÍorita Leonor. Murúa, de México.
y borrascas de la vida dan nueva fuerza y ener•
gía al carácter del hombre que muchas v.icaJ ule co•
p?r eu hipérbole. La tumba no debe ser desmesurada,
·
meute más grande que la tall¡¡. humana; el cuerpo ea Ji. mo las perlas escogidas.
*eu corazón eeM la cabeza de
mitado si el alma es infinita. El mundo no es bastante
Influenciada siempre por**
estenso para contener la memoria de un héroe, pero ea la mujer; influenciado siempre por la cabeza está el codemasiado una montafl.a para encerrar eu cadáver. ¿En·
razón del hombre.
cie~ra la gran pirámide el esqueleto de· Leviatán ó la osa•
*** amp1·1amente á 1a muJer,
.
Si educamos é instruimos
menta il.e un Faraon?... ¿Quot libras in Alexandrof Una
urna, una cruz negra ó un turbinte esculpido basta pa- preparamos facilmente la educación é instrucción de la
familia y la sociedad.
ra el que vivió algunos días.
Yi en el cementerio ile Nuremberg una tumba más
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA"
grande, á mi modo de ver. que todos loe hypogeoe del
EN LEON.
Egipto con los colosos que los guardan y con los pane•
gíricoe en letras de diez codos grabadas en sus paredes
León, 29 de Julio je 1897.-.Sr. D. Carlos Sommer, Di•
Cort.eietía en una sencilla piedra, en la que solo estaba rector General de «La Mutua» en Méx1co.-.Muy tiatim.i.•
señor:
escrita esta palabra: ¡Res1uga1n! «Me levantaré.» Lanza doEl
B.i.nquero en esta ciudad de la H,moral&gt;le C.&gt;mpa•
fl.ía
de Seguros sobre la vida «La Mutua» de Nueva York,
ese grito sublime una piedra desnuda, un féretro hecho
giro nea, una osamenta en poi vo, pero él babia mas alto de la que ea Vd. digno Director en esta Rdpública, me
ha en1iregado la suma de(3.000 00) tres m1l pesos, como
y afirma más la inmortalidad que las pirámides, los ear• volor de ta póliza núm. 578.505, úe mi finado esposo el
Sr. D. Jus,ino Horner.
cófag-:ie y laa momias indelebles del antiguo Egipto.
Reconozco agradecida la suma eficacia con que Vd. ha
p AUL DE S.a.INT-VICTOR
prooedido en la liquidación de este siniestro, aumdn,an·
do con esta máe, IIM! numerosas pruebas 41111 ya ha dado
aLa 1'.11utuan d&lt;!I empeño con que acostuwor&lt;1 lltinar loil
o ,mpromtsoe conm,1dos con dUt! asegura.Jos. -~oy de
VJ. afw.i.., atentíoima y S. S. -ELL'&lt;A I:'. J).E Hom,.&amp;R.

Buque escuela "Zara¡oza."

A la voz del eefl.or comandante suena el timbre de las máquinas ordenando avante,
;y un torbellino de agua espumosa y enrojecida por el lodo del bajo fondo, anuncia que
,la hélice puesta en movimientoem pujaba, ya libre, el airoso casco del Zaragoza.
Bien pronto los cafl.onee Nordenfel:it, á babor y estribor del puente, dejaron oir
veintiún disparo!! cuyo eco se perdió en las lejanas eerraníae del Bacaúite, En la jarcia y
palos del Oa.'Vaca y Dem6crata., cubiertos por eue respectivas dotaciones, respondían és.
·tas con un «viva México," sonoro, prolongado, á. la vez de los comandantes.
En loe muelles, grupos del pueblo y de la simpática sociedad guaymen!!e, movían
eue pafl.uelos de mil coloree, y loe gritos y llantos que se perdían por la distancia nos
llegaban hasta á bordo, débiles, pero expresivos, llenos de cariño, de amor y simpatía.
El 23 de Abril d.e 1896 marcará indeleble fecha en la vida de 153 individuos que
,J:oqnimos la dotacióndel Zatagoza. 153 seres que dejamos patr-ia, amistades y afectos

íntimos del corazón, á trueque de ilustración y de gloria. Abandonábamos México
para emprender un viaje extraorctinario, el primero en su género: se trataba de dar
una vuelta al mundo por maree dificiles y peligrosos, y eneefl.ar á nuestra gE"nte las
rudas bregas de marina, presumiendo que al lado del entusiasmo por el viaje, no fallarían loe hondos temores de no volver jamás á pisar el país natal.
Ua instruido y valiente marino, el sefl.or brigadier Monasterio, secundado por inteligente y atrevida oficialidad; una tripulación, la mayor parte avezada á las fatigaa
del mar, y el que estas líneas eecribe, como médico cirujano, formábamos la dotación
elegida para hacer el viaje de circunnavegación,
A las tres y media p. m. trincábanee ea sus varaderos las anclas, y el barco á media máquina pass ba majestuoso, dejando perderse por la popa, en lae vueltas de la bomojando el caefülo y combés y deteniendo así la marcha, hasta entonces regull\l' de

�DOMINGO 8 de AGOSTO DE 1897

EL MUNDO

96

,

r

Panorama de la ciudad y Puerto de Guaymas.

nueeiro andar. Sin embargo, navegll.bamoe á eepeneas del carbón que se consumía á
manos llenas.
II
EN LUCHA CON LA TOH~IEIS'l'A.

El temporal persiste; la gente fatigada demuestra no obstante alegría y buena vountad en la, pe,ada~ faena@; el viento húmedo y fr(o castiga los pulmones de algunos
que forman lista en la enfermería, y las singladuras a1;uean diariam,mte nuestro leuw y difícil andar.
A la altura de la Isla de Cerros se ordenó cambio de rumbo y crnzamoe por ei
canal, penetrando eo la bahía de Sebaetíao Vizcaino, eocareándonoe con la inmensa
pantalla que al viento ofrecía la montaf\oea isla.
Lárgaoee las cangrejas del palo mayor y del trinquete, y virando á eetribor unos
20 grados, tnvim1;s el viento por la mura de babor; el fnerte empuje de viento y marejada ocasionó violentos balanceo@; llegando uno de ellos á -!O gradOI'; en cambio con
eólo las velas, obtuvimos una velocidad de 12 millas por hora, ad fué que en poco
,iempo e9tuvimoe eo la bahía fuera del alcance de la tempes,ad.
un·cielo rojo, ceniciento, sin nubes, y la mar grneea dábanle un aspecto sublime al
espectáculo; eobre la isla, inmensas parvadas de avel! marinas rebullían flotando en el
cielo, y sobre el agua grandes masas de a!gas marinas deepre11didae de sus fuentes eo·
brenadaban llevando en su ineetricable ramaje amarillo obscuro, cadll.veree de jai va y
otros moluscos magullados por el empuje de las olas, futuro paet.o de la voraz ga•
viota.
En\re loe valles y colinas que forman loe accidentados precipicios de la isla, distinguíanse, sslteadae y miserables casucas, que blanqueaban eo medio del rojo obe•
curo ó verde del terrer&gt;o.
Bordeábamos la isla eo plena calma, y uo tanto restaurados, veíamos poco 11. poco
aparecer al norte una franja de mar libre y agitado, y eentíamos nuevamente con
igual intensidad, el viento que nos habla acompaf\ado hacía ocho días.
Había ya concluido el me! de Abril y aun dietábamos más de 900 millas de nuestro
punto de arribada. El temporal continúa y el carbón y víveres escasean 11. bordo; roo·
déranse un poco las raciones, pero no era posible economizar también el carbón,
con que para sostener la marcha contrarrestando la marea, se necesitaba cargar las

Avistado por el vigía del cemáforo, nuestro barco, caneado del temporal, pronto izó sobre el pico de la cangre•
j~ de mesa o a n ueetra bandera, y poco después, fatigados to·
dos pero siempre alegres, dejáronse ir 11. pique las anclae en
uo ,fondo rocalloso y profundo. Olas gigantes rompiánee
con estrépito eobre el sinnúmero de arrecifes esparcidos
en la bocana, y el viento oo siempre fuerte gemía escanda loso al tocar las desoladas rocas de la costa.
A otee de llegar al puerto, ¡con qué avidez pasaban loe
catalejos de mano en mano, buscando en las playas un
abrigo y un auxilio á nues•rae fatigas y neceeidadee!
¿En tan desolado puerto íbamos á buscar abrigo y pro·
visiones ...? Por fin, un grito de entusiasmo brota de todos loe labios: era que se habían descubierto plataformas con carbón, había ferrocarriles, y quizll. tráe la mon•
tafia un pueblo amigo y hospitalario nos proporcionaría
loe víveres que urgían.
¡Catorce días de temporal deshecho al principiar el
viaje, era instrucción oportuna, era despertar en todos la
idea de las dificultades en noa tarea ardua y peligros
sal pero ¿qué importaba? no había qne desmayar y debía
seguirse adelante; teníamos el atractivo de lo desconocido
y esto era suficiente para calmar el ánimo á todo el
mundo, á bordo de nuestro ~scarón de fierro.
DeECanea por fin sobre sue anclas el barco, e'1Hlaee al
viento, y el bote de servicio parte, conduciendo al ma·
qui nieta, pagadores y médico al muelle. Loe informes ooi
indican que á las 2 p. m. salía el tren para San Luis
Obiepo, donde podíamos arreglar precio de carbón, cam•
bio de moneda y provisión de víveres. Por fin ya en el
treo camináb11moe contentos del cambio brusco é ioee•
perado de la traveeia. Viajábamos en tren en bueca de
alimentos para el barco y para nosotrog, libree ya de
una tempestad y teniendo á nuestra vista una continuae
da serie de llanos cnltivadoe y divididos en lotee regulares, donde el maíz, la vid, el
baba y el trébol crecían impulsados por la mano trabajadora del horticultor¡ donde loe
ganados, á la calma de una tarde cálida, tranquilos rumiaban, echados á su antojo;
donde se advertía con sorpresa la vida tranquila de loe hogares aislados del mundo
er&gt; medio de colinas siempre verdee; donde,en fin, nuestro ánimo, cargado de impre•
sionee contrarias, pero siempre bellas, diepon!ase á gozar del nuevo escenario que nos
presentaba nuestro efímero paso por aquel paraíso californiano.
Por fin, media hora de camino á gran velocidad nos condujo al pintoresco pueblecillo de Sao Luis; eus calles rectas, ene casas de madera imitando todos ioe eatiloe, orladas de marcos de enredaderas y mil floree, desprendiendo un ambiente perfumado,
y sus mil lordi11g ¡¡owig ladieA artística y sencillamente vestidas con vaporosas y blancas telas, todoreepirab11 alegría, todo movimiento.
¡Qué comparación con el golpe de mar sobre cubierta, con el zumbido eetriden·
te de la jarcia,· con el guzniAr de la gaviota, caneado, abrumador, pertinaz! ¡Oh con•
traste que el viajero contempla con felicidad, al ver bruscamente cambiar ja escena de
nuestra misera existencial
Uo barco de guerra mexicano, arribado á un puerw:extranjero, nunca visitado
sino por loe de su país, en malas condiciones, después de un temporal fuerte, anunciado por loe obeervatorios del Canadá. y de Lick, debía llamar la atención de un
pueblo corto, 11.vido siempre de conjeturas, chisme~ y noticias; que busca sediento en
loe marinos al amigo, al conocido, al aventurero, y hasta al asombro de lo humano..... .
Y todo por qué?...... porque ha llegado de improviso, como caído del cielo, ó máe bien
como despojo de la inmensidad, á un puerto poco frecuentado.
Después, nada hay e:rlrafto: hablamos eu idioma, pensamos como ellos y tenemos
loe miemos defectos y cualidades; nos quedó sólo el atractivo barniz del recim llegado,
ya no éramos ni monstruos, ni genios, ni personajes raros, sino mefica nos llegados
ahí por la casualidad en busca de amparo que la tempestad nos orilló á implorar; pero
había allá en el fondo uoa simpatía especial que inspirábamos como wdo el que expone su vida por una buena causa, y que noe proporcionó felices días. En las mafianas pasell.bamoe por loe pintorescos alrededores de la ciudad, y en las noches, aeie•
timos á alegres bailes, donde se daban cita en el Hotel Romano las mil.e eimpll.ticae y
encumbradas familias de la población.
El dia 8 de )layo, por el tren de las diez, un verdadero muting atesta loe carros, y

calderas.
Así pasamos el canal de Santa Bárbara, las islas Santa Roea y Santa Cruz, baeta
que por fin, ya sin víveres ni combustible, el seis de :Mayo se convino atracar al puerw más próximo de F,etados Unidos para sslvar nuestras dificultades.
A las dos de la mañana se cambió rumbo, y poco deepuée teníamos á la vista el faro
de puerw Hardford.

III
BREVE PER~IANENCIA E:', PUERTO 11.\ROFORD,-VISITA .\ :;A:-, LUIS OBISl'O,

Puerto Hardford está. recientemente 11bierio al tráfico mercantil de la costa californiana; un magnifico muelle de madera, bodegas para carga, un hotel sobre la playa
y el faro, son loe únicas cont, uccionee ó edificios que ee levantao eobre las abruptas y
rocallosas costas de la ensenada, sembrada de bajos arrecifes, y donde la ola se encrespa y estalla con violento empuje, y abierta un poco 11 loe vientos del sud y sud·
oeste, hacen la entrada muy peligrosa.
A las cinco de la mañana, envuelta entre la bruma, la costa anunciaba vagamente
una colina poco elevada, cubierta de vegetación exhuberante; caminos carreteros
serpenteando desde lo alto de la montaf\a descendlan á loe valles, desapareciendo
á veces entre bosques de pinos y algarrobas; grandes cuadros de verdura descubrían•
sembrados de Higo, avena (1 hortaliza; en medio de ese campo sonriente y cultivado,
88
destacll.baee una que otra casita con tejados rojos y blancos muros, de donde se erguía
una torrecilla esbelta, graciosa y reluciente, á la luz crep:.1ecular del aol que nacía or•
gulloeo.

Está kltu&amp;do oobre el

Observatorio de Llck ( exterlór.)

monte Hnmllton, ll.M m!1111• al Norte de San Francisco-Figura como el tercero
del mundo, :La eti pula ¡,rlnc\¡,al sirve 1:xp1ofe.so para el gran Telesco¡,lo Exterior.

DO.IIIGO

a

ltL MUNDO

de AGOSTO de ...,

nuestro barco, bien surtido de carbón, sos•
tiene en su cubierta 11. guapas miut&amp; y á bur•
dos yrrnk,.es, felices de visitar por primera
VPZ un barco mexicano.

ADEL.\:-.TE

El día 9 á buena hora, limpio ya el barco
de sus pesadas faenas, y animosos siempre,
levamos anclas y al nuevo trepidar de la
hélice perdimos poco á poco de vista el
hospitalario Hardford, dirigiéndonos por
una mar tranquila al famoso y deseado
pul:lrto de San Francisco.
El día 11 de :\layo, á la madrugada, cual
mole flotante, como un castillo feudal en el
Océano, movido pesadamente por e1 em pnje de la tarda ola, ee balanceaba el acorazado de J~ Orcyo11, qne ealía de loe arsenales
11. hacer eue pruebas de velocidad.
La rayada insignia americana mny pron•
to flameó en la popa sobre en aeta, ) nosotros izando la nuestriA, saludamos al recién
nacido coloso de loe maree. Poco después
velamos á babor Punta Bonit,, y á estribor
Cliff Ilouu con eue rocas salientes cu bierObservatorio Lick. ll nterior ).
tae de focas y moreae; entrábamos en la in[Gran wlescoplo ecuttlorialJ.
mensa babia de Sao Franeieco. ·
Todas las flotas mercantes del mundo entero repreeeatadae por barcos de todos Ch•
lores, formas y tamaños, ostentaban aobre sus drizas las caprichosas banderas de todos loe
países, mezclando unos con otros la ineetricable marafta de sus aparejos; fondeados
aquí y allá y atracados á loe muelles, era o un laberinto de palos, cuerdas, chimeneas
y relumbrones de todos loe metales de cubierta; luego loajerriz moviendo ene palancas.
de acero y llevando á las mnltitudee, bogaban en linea recta á sus destinos; más allá bo·
'88 á la vela, ceñían ágiles el viento cowo parvadas de gaviotas; del lado de la población, penachos de humo, desprendidos por mil chimeneas, ennegrecían la atmósfera,
y las callee empinadas delineaban grandes cuadros donde 88 notaba el relumbrar de
loe tiesto&amp; de cristal, láminas de zinc ó dorado fierro, y en loe intervalos, eo las callee
subían y bajaban trenes eléctricos y de cable.
A medida que avanzamos internándonos en la bahía, pasaban á loe costados sio•
número de objetos: fruta, pan, legumbres, tabacos, cerveza, pescado y has\&amp; ropa; ac11dlan todos en tumulto esperando nuestro paso, y loe comerciantes arrojando garfios
adheridos (L resistentes cabos, sobre cualquier punw de nuestro barco, deJábaoee llevar
remolcándoee unos á los otros, y con gritos de todos calibres nos aturdían al ofrecernos
ene mercancías......... Era un baratillo flotante, donde el dialecto yankee mate, gaogcso, áeperv, ininteligible, predominaba. Por fin á las 10 y 20 minutos fondeamos eiu novedad cerca del arsenal r,1ioll Jro,¡ Jrorks, ealudando á la plaza con veintiún caftonazoe,
que noa fueron contestados inmediatamente.
y

vense tardíos y pesados en todas direcciones: ya deecargando aefalto, modera, la·
tón, plomo, nafta, alqultrll.n¡ ya acumulando en altas pirámides ladrillo refractario, Y
levantando 11. eu paso nubes de un polvo acre, rojizo, nauseabundo. Entre todo esto, mil•
quinas de tren pitando y moviéndose de aquí para allá, eolawó arrastrando furgones que
dejan empujándolos, desechándolos, en ml:ldio de tanlo vehículo, de tanto movimien•
to, sin que se registre ni un choque, ni uo accidente, ni una desgracia. Oliendo
á humo y á tabaco americano, respirando vaporee de aceite, de 11.ciáoe, de bronce y de
polvo, 11.:vaado aturdidos loe oídos y la vis,a caneada, eali por fin je la Babilonia industrial, para tomar el primer tren eléctrico que me condnjera al Cdotro de la población.
VI
1 :S L.\ ('l l ' DA ll

Del Sur al Sorte de Sm Francisco, e3 decir, dul Arsenal á la CJlle 3\ el carro eléctrico sigue una vía rectilínea, dejando del lado del mar corpulentos jecalonee, muelles
y depósitos, sobresaliendo todo esto, gigantea b¡¡rreiaa de m 1e,ilee y jarcias donde col·

gadae flamean las banderas de ·todas las nacioneF;
del otro lado pantanos y
depósitos abundantes de
tablones y durmientt-e;
después sigue la pobla
ción de madera y hierre,
callee amplias y pendien•
tes arrattr.iodoee en todas direcciones¡ trenes
eléctricos y de cable y
ómnibus; carros de trans•
porte y carga, entrand•l
y saliendo de todas par
tes¡ bicicletas, traoseuntee pasando ii toda priea,
siempre corriendo.
Loe treaes abundan en
eolichantee, que oi sentados descansan, porqus ee
nota en ellos un continuo
masticar, loe hombree ta•
Calz•d• que conduce á Cllff House.
baco y las señoras tuti Siguiendo la playa libre hacia la Izquierda está el oceauo libre. Las
/011/li. Es desesperante ver
1'0&lt;·11• son los asolcaderos de las Inca,.]
á simpáticas mil/8 ricamente ataviada11, mover sus delicadas mandíbulas sin ce~ar.
Descendí por fin d3 mi carro eléctrico qne con toda velocidad me condujo has•
ta loe más frecuentados centros de la población, y me dediqué á pa'lear en todos loe
puntos y direcciones de la ciudad.
. Sao Francieco e~ uno de loe_ primeros puertos de Estad()@ Uoidoe, erigido en gran
cmda~; su foco de riqueza ha sido el ampli_o comercio con el Asia, y la comunicación
con Nueva York, por el extenso ferrocarril del Pacífico que atraviesa de Oeste á E 6te
una longitud de 1800 millas. ~in ser fabril, es un iomeneo depósito de mercancías y como lugar coemopofüa, eetll. dividida la población en barrios, notable entre ellos ~l chino, por ser una pequef\a población del celeste Imperio, fundada allí con todos loe defectos y curiosidades que encontrarse pu1:daa en eu propio país.
Veintiocbo teatros, conetaotemer.te abiertos y de más ó menos categoría demuee•
tran el carácter bullicioso y alegre del pueblo.
'
Terminadas ya las faenas de la fondeada, y como sucedió, siempre que conté con
El parque Goldeii_ Gatlte, loe baños de Rlllroeooel paseo de moda; allíee da cita todo
el pe1m1eo de bajará tierra, aproveché la primera oportunidad, y en el bote de serviel mundo que, repartiéndose por lile laberínticas avenidas del bosque, ee pierden unos
cio bien aperado, saltamos á loe muelles del arsenal.
y se eoc?entran otros en las treinta estaciones de distintas vlae que conducen y lleSobre uo vasto terraplén artificialmente construido, robándole espacio al mar,
levántanse loe talleres, icmeoeoe jacalonee de ladrillo y fierro, ennegrecidos y humean· van paea¡eroe por todas partee.
Un lago artificial 8irawbcrry JJ,ll cates. Ioestricable madeja de alambree, calabrotee de acero, postes de todas formas y
vado en la cima de una montaña, fortamaf\oe, chimeneas, macizos andamios de gualdras sosteniendo guías, carritos trama uno de loe atractivos del bosque
gineroe de carbón, cadenas de acero, etc., cubren en el aire un grao espacio como el es
donde mil parejas eo falúas, botes 11. re'.
queleto deecomuoal de una obra de romanos; más allá, brotando del agua, jaulas de
mo ó á la vela, pasean alegres; el par•
acero sostienen barcos eo construcción, que semejan inmensos baulee de fierro oxida•
que, que tiene más de tres millas de lar•
do. En loe diques, eostenidoe por cunas de madera y palizadas de gruesos troncos,
go, imita natural ó artificiosamente toálzanse, descubriendo to:il'S sus formas, loe trasatlánticos que limpian y carenan sus
da clase de paisajes, desde el árido de la
fondos.
península Pétrea hasta la portentoea
En loe revueltos pasadizos de la fábrica, rieles, anclas, piezas modeladas, planchas
vegetación de Lamdia. Camellos, ele•
de coraza, ruedas de acero de todos tamaños, cilindros y láminas de fierro carcomidas,
fantee, bizontee, cocodrilos y otros ani•
calderas á medio enterrar, tuberías derramando agua, lodo ó vapor, formaban un sem·
malee divierten al curioso que gasta tobrado en desorden sobre aquel terreno mojado, desigual, negro por la ceniza, rojo
da eu tarde en el bosque, ora en la plapor el detritus del fierro y cobre, 6 amuillo por el cerrin de la madera, y entre todo ese
ya donde á dielancia, eo el mar, se des•
mart11wg1111m, agitábase activa y sudorosa uoa multitud de obreros, vestidos de azul
cubren las caprichosas formas del apa•
obscuro, relumbrando por la graga y moho, ennegrecidos por el carbón y el polvo,
rejo de pailebote ó barcas, ó ya tamenrojecidos por el calor de las fraguas.
bién gozando con la curiosa vista q11e
Un ruido ensordecedor ee desprendía de esa vorágine de la industria: loe pitoE del
La&amp;o artificial
sobre las rocas de Cliff-llm1se ofrecen
vapor, loe crujidos de sierras, chirridos de las potentes cadenas de lae dragas, el golpe
en el parque, tJli~~~!'\.;":'~~~~s'.livel del mar. las tardas focas, coa su aplanchada pitl
eeco del martillo hidráuli•
co, el zumbar de las ban• Los domingo, se llenarte botes que manejan mil gua~ Y sus rugidos de león, formando orqueamerkanas.
ta imponente con el brusco choques de
das, el rodar de las plataformas, el bufar de loe las olas que al romperse se deshacen en soberbios penachos ele blanca espuma.
A la oración de la tarde la más romántica se acerca á la playa para ver extasiada
fuelles, el agudo martilleo
de loe obreros, y anádan- como ee oculta el sol y cuando el último contacto del aetro rey, con la líquida faja
se loe gritoe, imprecaciones del horizonte 1eepreude el faotll.etico rayo verde, exclama: Oh th,rt ia lovcling; y des•
y rugidos de todos en la puée, satisfecha de la tarde, regreea en toda clase de vehículos á la ciudad donde loe
maestranza, y apeoae ee teatros Baldtd,1 y owm Jlouse la esperan.
tendrá una idea de ese in•
VII
íeroal movimientode t 'nion
El, OBSBJt\. ATORIO Df: LICK
Iron Works.
Después sigue la Plaza
Nada se quedó sin visitar; de preferencia fuimos al ob3ervatorio de Lick, uno
de descarga, y allí, carros
de
loe
primeros del mundo, conetrnido sobre el monte Hamilton, á unas 20 millas al
de todce coloree y_tamanoe,
arrastrados por soberbios norte sobre In costa ilel Pacifico, notable tanto por su historia como por loe a:lelantoe
troncos normandos, mué- que le debe la met.eorología y Astronomía,
Rocas cerca de Li&amp;ht- House, punta de San Luis.

�98

DOMINGO 8 de AGOSTO de •197

EL MUNDO

En medio de una colina piatorerca dorada por la mies y exuberante en vegetación,
riachuelos de parlera agua zarca, corren rumorosos en el fondo de sus cauces quebrándose aquí y allá y prodigando su fuerza á una serie de molinos que alegres con sus esbeltas formas, sembrados en todas direcciones, ya medio ocultos entre la arboleda, ya
claros, albeantes y rieueilos en el valle, daban al paieaje ese realce de hermosura
tan común en est • país. Allí en esa colina á la falda del Monte Hamilton, al abrigo
de humilde choza vivió hace muchos años un carpintero de apellido Lick, que á fuerza de constantes trabajos reunió colosal fortuna; sin hijos ni mujer, ea decir sin esos
goces que proporciona el hogar, dedicábaee á la contemplación de loe astros y fenómenos meteorológicos, muy dif.,rente ocupación de la que le competía, por cierto, y obtuvo por este medio agradabilfsimas distracciones, poetizando y haciendo fecunda su
ignorada vida.
Dejó al morir su inmensa fortuna para la edificación de un observatorio meteorológico sobre el monte Hamiltón, observatorio que hoy lleva su nombre y en el que
se han hecho y.i notables descubrimientos; tal es la historia y nombre dé eee importante edificio considerado hoy día como el tercer observatorio del mundo.
Con el capital y réditos de la herencia sostiénese, no sólo acumulando toda la nueva instrumentación, sino también eatisfaciendo los poderosos gastoe que origina su sostenimiento.

elementos atmosféricos, se debe á un humilde artesano cuyo nombre inmortalizado
está ya con su obra magna.

VIII
EN EL TKATRO.-LA PROPAGANDA.-LOS INCENDIOS.

Repreeentábase un día La Cabaña del Tío Tom, pieza para mí conocida¡ asisto gustoso para formar uo·a personal comparación entre el teatro latino Y eleajón.-10hlqué
diferencia, la pieza en español tan aplaudida, tan llena de elegantes rasgos y de patéticas escenas, sufre la rígida violencia del carácter americano, que la acomoda á su
antojo que resuelve lo conmovedor, lo pasional, lo clásico del drama á balazos, actos
de fue'rza, extrangulamientos; en una palabra, no hay tiempo para adve,tir y apreciar
las e¡cenae notables; todo concluye muy de prisa, el drama ha hecho llorará los concurrente&amp;, allí no se lee da tiempo de pensar que es drama sensacional. P1.1r lo demás,
hay elegancia en trajes y decoraciones, y loe entreactos cubriéronse con canciones, bailes, equilibríos ejecutados por troupes de bailarinas, que haciendo mil contorsiones
divierten la siempre sencilla y fácilmente contentadiza animación del público ame,
ricauo.
Loe sábados veíase de notable en todas las calles, á grupos de hombres y mujeres, uniformados con traje azul y vivos rojos, llevando pit.os y tambores que hacían

CIUDAD DE SAN FRANCISCO CALIFORNIA
Los lll!trónomo~, verdaderos sabios de- veinte á treinta años de ela l, dedican su
vida á la observación de los espacios y ea constante trabajo pasan loe meses sin ver
m~ que los astros, haciendo sus cálculos, investigando los arcanos del infinito y fo\Ografiando loe cuerpos y los fenómenos que Ee efectúan á millones de millones de le•
guas más allá........ .
Eu la noche, bajo la cúpula del Ttileecopio ecuatorial que gira sobre mil rueditae
movidas por ejes de sorprendente combinación, oblicuamente montado sobre un soporte gigante de fierro, destácaee el monstruoso aparato que acerca á la tierra los más
lejanos aetros del infinito; allí posados en la escalinata vimos al planeta saturno, cuya
imágen clara ein irizscionee contemplamos caei del tamaño aparente de la luna, después, las hermosísimas fotografías del Sol, del paso de Vénus por su diEco y de un
sin fin de fenómenos que hoy son verdades en la inagotable ciencia de la astronomía.
Que portento de exacfü·1dee, de genio, de ciencia, de limpieza, de solidez se presiente al pisar el dintel de ese santuario de lo desconocido, de ese punto de contacto
de lo finito con lo infinito, de ese portentoso vínculo que alll une la costra de nuestro
planeta con loe insondables arcanos de la inmensidad. Y ese claustro del genio, ese
foco de donde divergen tantas noticias que cimentan la ilustración y que ayudan al
progreso de la humanidad, así como protegen la viJ.a dtil mundo que lucha con l9s

sonar, produciendo estrepitoso ruido. Una miss vieja ó joven, bonita ó fea, carga una
bandera blanca con inscripción azul, que dice: Salvation Army; se ven otras banderas
americanas de todostamafios; y hacinados, siempre juntos y caminando por el centro
de las vías públicas, van dejando sordos á loe transeuntee estos batallones de salvación, predicando máximas religioaas en todos los shios donlleel vicio cong1ega á aua
parroquianos.
D.sde las cuatro de la tarde hasta las diez, comparsas de éstas nevándose conei•
go á la mulLitud degenerada ó traviesa, que abunda en toda población donde la vida
camina á vuelo de t1en expreso, recorren la ciudad; se detienen formando circulo
en las plazas ó sitios concurridos, fJ¡.era de loe hoteles, cantinas y teatros, y durante un
corto silencio, ee oye la monótona y estentórn voz del sacerdote, que sobre una
billa ó encaramado en tribuna portáLil, arenga al pueblo, propagando las más san$aa
máximas de la Biblia.
Tal es una de las formas de propaganda religio3a en Fstados Unidos, costumbre
de acuerdo perfdctamente con la proverbial rareza estrambótica de nuestros poderosos vecinos.
Continuará.

DOMINGO

a

de AGOSTO de

••sn

PO:E;SIA

Del señor Juan de Dios Peza, leída por el señor don Hi'larión Frias y Soto en la Inauguración de la Exposición de Flores en San Angel el 25 de Julio de 1897.
Me acercais al emporio de la dulzura
A mí que siempre be sido todo amargura!
Me acercais á la dicha y á la belleza

A mí que siempre he sido todo tristeza!
Agradezco y perdono vuestros antojos;
Algo de amor y vida queda en mis ojos,
Perq en el alma enferma y atribulada
Bien lo sabéis vosotros, no queda nada!
Muerta la fe que alienta, la fe que inspira,
No busquéis ilusiones sobre mi lira:
La nieve apaga ensuefíoe dulces y bellos
Y emblanquece las almas y los cabellos,
Y mal sienta á la triste cabeza cana
Un nimbo de fulgores de la mañana;
Sobre la eterna duda y el desconsuelo
Bien están las tinie bias, bien está el hielo;
La tempestad ee gérmen de obscuridades
Y obecuras eon del alma las tempestades!
Mas quien cantó á la gloria y á loe amores
Bien puede, estando triste, cantar las flon s;
Po1que si bien se mira, juzgando en calma,
Las liares son mujeres aunque sin alma:
Mejor que no la te1Jgan, si la tuvieran
Entre aí se engañaran y se vendieran!
¡Las flores! sus aromas y sus matices
Viven lo que los sueños de loe felices!
Nos dejan sus espinas pues lo que hiere,
Lo que propaga daiío, eso no muere!
Todo al eterno abismo rápido rueda!
Cáliz, corola, pétalos ...... la espina queda!
Así en la eterna lucha del mundo hurano,
Quedan tras loe ensuefioe el desengaño,
Y hay que llevar doquiera la espina aguda
Cla rada en la conciencia como la duda.
Adalid de secrttos grandes dolores,
Me encanto con los niflos y con las flores;
Por que alivia loe duelos de la existencia
Descansar en el seno de la inocencia.
Y no hay otra ternura ni otro cariño
J nmaculado y puro como el de un niño,
Ni símbolo más vivo, de más valía
Que la flor hechicera que el cielo cría:
lrna flor en el pecho del eér !\mado
Ee la llave de un cielo siempre soñado!
Allí encuentra la vida que el alma quiere
Y al fuego de esa vida marchita muere.
Que ael en amores miran los corazones
Morir como las rosas las ilusiones!
En la iglesia más pobre, más solitaria,
Es un ramo de floree una plegaria;
Que BU9 hojaij que adornan el templo santo
La fé las humedece con tierno llanto;
y la fe con SUB alas de raudo vuelo
Oración y perfume levanta al cielo.
Cual. corona de estrellas loe azahares
Brillan en blancas frentes en loe altares.
¿Qué diadema más digna de la belleza?
¿Qué eímbolo más tierno de la pureza?
!Ay! también en las tumba9 las flores crecen;
No se canean Li olviJan ni dedallecen.
Allí, lejos del bril lo del mundo vano,
Crecen sobre la madrP, sobre el hermano.
Q1e el manto del olvido la tL1mba eavuelva:
Allí tiende sus ti.:,ree la madreeell'a.
La memoria de un muerto queda perdida,
La flor es una hermana que nunca olvida.
Y de la helada tumba bajo el abrigo
Dice al que duerme solo «y&lt;, estoy contigo.n
Ahl son flores hermo~as las ilusiones,
Que embriagan y adormecen los corazones.
Allá en la Primavera, cuantas nacieron,
Unas·se marchitaron, otras se fueron!
Y sobre el campo estéril de loe dolores
Son caídos loe recuerdos, qué tristes florea!
El campo que hoy alegra la luz del día
Lo secará Diciembre con mano fría;
Pero pronto á los besos del sol ardiente,
Tornará su belleza más esplendente,
Y abrirán sus nectários en la3 corolas
Loe lirioe, las vicletas, las amapolas;
Tendrá rumor la fuente, arom'.l el prado,
El jardin mariposas, fruta el granado
Y sonarán los cantos, dulces, sentidoe,
De avecillas que pueblen los ouev.:,s oidoe.
Así también el alma que ,¡ufre y llora,
Tras de la negra noche tendrá su aurora.
A cuantos bellos nombres su luz alcanza:

EL MUNO

99

Se llama fe, ventura, gloria, esperanza1
Que si son cual invierno las decepciones
Tienen su primavera las ilusiones!
8e llora una esperanza que se derrumba
Y luego crecen flores sobre su tumba!
Fecunda el alma humana como la tierra,
Gérmenes de ventura tan solo encierra,
Y baila para consuelo de sus dolores:
La mujer! la más bella tlc&gt;r de las flores!

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:E;L JUGU:E;T:E; K:E;GENEKADOK

U E edad tie... ~

el pequeñuelo, eeñora?
A esta pregunta lamadre miró al
niño cómo
quien mira al
tele j para ver
la !tora, y
contestó:
-¿l'ept'!...
Yeintinuevti
meses.
Bien podía
ella decir dos
afioe y medie,; pero como Pepe demuestra gran precocidad de inteligencia y pueden contarse de él muchas cosas admirables para un niño de su edad, }a madre no
!¡uiere ponerle ni un solo mee encima, no fuera que el
chiquillo resultara un poco menos prodigioso ó que las
otras madres sintieran u11a miajita menoit de envidia.
Tiene también otro motivo para no enHjecer á su hijito
ni un sólo día, y es que ella le querría eitmprepequeflín,
siempre bebé, pues á medida que vaya Eiendo mayor irá
siendo todavía menos suyo. Ahora mismo ya le parece
como si se Je fuera escapando poco á poco, porque esos
ingratueloe van desligándose de su mamá día trae día.
¡Cómo no, si el acto del nacimiento puede decirse que es
ya una primera separación!
He aquí, pues, explicado el porqué Pepe cuenta precisamente veintinueve meses. ¡Buena edad! A mí, al menos, me inspira gran consideración, ea la que cuentan
muchos de mis amiguitos,· que se portan conmigo de una
mane1a excelente. Pero ninguno de ellos tiene la imagiuac1ón que tiene Pepe.
Pepe asocia las ideas con gran facilidad, aunque de
una manera algo caprichosa. Sti acuerda de las cosas por
mucho tiempo y reconoce una fisonomía al cabo de más.
de un mes de no haberla visto. En las Jáminag iluminadas que le dan para jugar descubre mil particularidades.
que Je encantan á la vez y le agitan vívamente. Cuando
hojea cierto libro ilustrado con el cual se ha encarifiado
muchó ( no ha rasgado más que la mitad de sus bojas"),
áe exita basta el punto de aparecer en sus mejillas man·
chas encarnadas, y de que eus ojos brillen demasiado.
Esas mejillas y esos ojos asustan mucho á la madre,
que teme por aquella cabecita, demasiado tierna aún para tanta actividad; teme la calentura, todo lo teme. Cree.
á veces con remordimiento que el orgullo que siente á
menudo por tal precocidad de su nifio ha de )levar desgracia á la criatura, y caoi llega á desear que su hijo sea
como el chico del pa11adero, que ella ve todos los diae en
el umbral de la tienda, con su cara gordiflona y chata,
sus ojos azules sin expresión, su boca perdida entre las
mejillas y su aspecto bestial de· salud. Aquel no debe dar
ningún cuidado á sus padres, mientras que Pepe cambia
de color á cada momento, eue manedtas arden constantemente, y su sueño es siempre muy agitado.
Al médico no le gusta que el niflo tenga tanta afición á
mirar láminas y grabados y recomienda que se imponga
calma á sus ideas.
-Es muy sencillo, dice, hay que criarle como un perrito.
Sin embargo, eso no es tan sencillo como se figura el
Doctor, quien sin duda no t:ene idea de la psicología de
un niño de veintinueve meses. Pepe lleva en sí ricos
gérmenes de vida y no tiene afectado ningún órgano
esencial; pero, no cabe duda, está demasiado flaco y de•
masiado pálido.
Es un pequeño pariüenee al que no con.\'iene el aire de
Paríe, á pesar de lo mucho que París le gusta, precisanrente por eeo le conviene menos; porque le gusta deruaeiado, porque t&lt;1ntas formas, tantos col. res, tantó movi•
miento lo agitan y le trastornan; porque siente y comprende en demasía; porque, en una palabra, se fatiga;-

Pálido y enteco se lo llevó su madre en el mee de ,Tulio
á un rincón de Suiza, á un tibio valle donde no veía más
que hierba y vacas; las vacas cuya espumosa leche bebía,
y la aromática hierba de que se nuttían las vacas.
·
Aquel sencillo espectáculo no podía menos de hacerle
bien: aquel reposo en el tranquilo seno de la Madre Naturaleza duró tres meses, tres meses de risuefia eerenidad
y de comer mucho pan moreno.
Eu los primeros días de Octubre ví regresar á París á
mi amiguito regenerado:_·era un Pepe enteramente moreno, tostado, dorado, curtido, casi mofletudo, con las
manos rusticas y callosas, y la voz y el reír broncos y
fuertes.
-¡Miren qué horrible está mi Pepe! decía su mamá
muy contenta; tiene los colores de una muñeca de sesen·
ta céntimos.
Pero ¡ayl esos coloree duraron poco, Pepe volvió á
palidecer, volvió á la nerviosidad y delicadeza de nito
excesivamente refinado. Y era que París recobraba su
ascendiente sobre él; aquel París que no se sabe en quu
consiste y está en el aire que inspir11 agudeza de eensi-bilidad y de entendimien'to, que perturba y que hast3 á
los niiíos dael genio de movilidad y de inventiva. Y he
ahí á Pepe poniéndose pálido ó colorado sobre loe libros
iluskadoe.
Hacia fin dé Diciembre le ví nervioso, con sus ojos
enormes de grandes, y sus maoecitas resecas y ardientes¡
ilo quería comer ni podía dormir. El médico se contentaba con decir:
· -Que coma, que coma mucho; no tiene nada.
Que coma! su madre lo había probado ya todo, pero
el nifio no comía; y ella ahora nü hacía más que llorar
Con la noche de Navidad vinieron para Pepe multitud
de juguetes, caballitos, polichinelas, soldados, etc., etc.;
y á la mañana siguiente su madre, de pie delante de la
chimenea, contemplaba pre~cupada y con desconfianza
tantísimo juguete haciendo tantísimo visaje.
Y muy quedíto, para que Pepe no despertara, tomó el
polichinela, que tenía una expresión maligna; loe soldados de plomo, áloe cuales creía muy capaces de llevane
más adelante á su niño á la guerr.i, y hasta el pobre caballo rojo, y ee fué de puntillas á escondu todos ectos
¡uguetes en un armario, sin dejar sobre la chimenea más
que una c~ja de madera blanca que contenía un establo
en miniatura, juguete de siet1 reales que regalaba al niño un amigo pobre de la familia.
Después se acercó á la camita y se puso á contemplar
al niño dormido. Mujer al fin, el bien int.encionado engafio que acababa de realizar la hacia sonreír. Pero fiján·
dose luego en los azulados párpados del niño, pensó de
nuevo:
-¡Es atroz eso de no poder hacer comer nada á esa
criatura!
Apenas acabaron de vestirlo, Pepe abrió la caja y vió
los carneros, Ja3 vacas, los caballos, los árboles ( unos árboles muy rizaditos) y además el aldeano y la aldeana,
él con la hoz y ella con el .rastrillo (porque bien mirado,
aquello más que un establo era una granja). Se conocía
que iban al prado por hierba, á pesar de que su actitud
no era de andar. La aldeana llevaba un vestido rojo y
i,ombrero de paja. Pepe le dió un beso y ella en cambio
le embadurnó la cara. La casa era muy pequefüta y tan
baja que la aldeirna no hubiera cabido en ella; pero tenía una puerta y en eso conoció Pepe que aquello era
una casa.
¿Qué vieron en todas aquellas figuras los infantiles ojos
del niño?• Las apretaba fervorosamente con eus maneci
tas ( que quedaban todas empegadas), las ponia todas
en fila sobre su mesita, y llamaba apasionadmente á 103
carner )B, á loe caballos, por sus nombres: ¡nero! ¡bu.yo! y
después al cojer uno de los arbolitos: ¡ino!
-¡Reyl ¡tesoro! dijo la madre abrazando y besando al
niilo con tal impetu que la mayor parte de las figuritas
rodaron por el suelo
Sí, el niño descubría en aquellos arbolitos de juguete
una semejanza con aquellos otros árboles que había vis•
to allí, allí en el país de la hierba espesa y del aire sano;
y descubría además muchas otras cosas que su madre no
sospechaba; todos aquellos pedacitos de madera pintada
evocaban en él imágenes vivas que le hacían vivir
también áél otra vez en medio de aquella naturaleza alpestre, de aquella Suiza que le había engordado y robustecido. Entonces sus ideas fueron asociándose y quiso
comer.
-¡Leche! 1Panl Y empezó á comer y á beber, y el
apetito no cesó y cenó por la noche con el mismo afán con
que almorzara por la mañana. Y al día siguiente con sólo ver el juguete, voldó á tener igual apetito. ¡Lo que es
la imaginación!
-¡l\Iiren que mofletes¡ parece una muñeca de sesenta
céntimos! ¡Y pensar que todo esto no lo debemos más
que al establo que le regaló este pobre eeiíor Fulano!
.

.ANA.TOLE FMNCE.

�&amp;L MUNDO

loo

-¡Uh! ¡el grandMmo plllol

AllTtJllO

ACE ya algu-

nos años
que vivfa
yo en un
pabelloncito de los
('ampos
Rliseos, en
el pasaje de
JasD oce
Casas. Figurense usted e a un
.l
. .
,.,,. .
apartado
:wllllt'~'IIÍÍ!......
~
rincón •del
. . ..e u burbio,
'
metido en•
tre aquellas grandes y aristócrntas avenidas tan frías Y
desanimadas, que no parece sino que sólo deben atrave•
earse en coche. No sé ei era por raro capricho del propietario ó por manía de algún avaro ó viejo extravagante pero el caso es que, á pesar de. que aquellos terrenos
Iomaban centro, el corazón, como si dii&lt;'ramos del barrio, permanecían en tau deplorable estado, con sus jardincitos enmohecidos por el tiempo, sus casas bajas edificadas 'en linea irregular, con las escaleras en la parte
exterior y las galerías llenas de ropa blanca puesta á secar, de las jaulas con los conejas, de miserables gatos y
de cuervos domestica1.os.
Allí habitaban muchas familisa de obreros, pequeños
propietarios, algunos artistas ( á estos se les encuentra
en todo sitio donde quedan en pié algunos árboles), y
·por último, había también dos ó tres casas de huéspedes
de aspecto ruin, llenas de mugre de varias generaciones
de gente pobre y mieerable. Al rededor el bullicio y el
esplendor de los Campos Eliseos, el ruido sordo y continuo de los coches, el choque de los arreos de las caballerías y de loe pasos de los transeuntes, las puertas de
los carruajes cerrándose majestuosas, las carretelas ha·
ciando retemblar los pórticos de los palacios, los con
fusos sonidos de algún piano, los violines de .Mal,it/e. y
en el fondo, perdiéndose en el horizonte, las grandes y
silenciosas viviendas de los ricos, con sus redondeadas
erquinas, sus cristales nublados por cortinitas de transparente seda y sus inmensos espejo~ por donde asoman
dorados adornos de eandelabros y las flores raras de las
jardineras ......
La obscura callejuela de las Doce Casas, tan sólo iluminada por un farol que en su extremo había, semejaba
un bastidor de magnífica decoración que la rodeaba.
Todo aparente, lo falso de aquel lujo deslumbrador venía á refugiarse en aquel sítio: por eso se veían allí libreas con entorchados, calzoncillos de clown, palafraneroa inglesee que formaban una clase aparente; caballerizos del Circo, los dos pequeños postillones del Hipódromo con las jacas gemelas y sus anuncios; el carruaje ti•
rado por cabras, los polichinelas, los vendedores de barquillos, y por último, las tribus de ciegos que por la noche regresaban con sus sillas de tijera, acordeones y
rastras. :Mientras yo habitaba en aquel paraje, uno de
estos ciegos, celebrando sus bodas nos proporcionó, durante toda la noche un fantástico concierto de clarinete,
oboes, órganos y acordeones. Aquello parecía el desfile de
todos los puentee de París con todas sus distintas salmo•
dias....Y sin embar¿o, la callejuela era de suyo tranquila,
por que los que vagaban por las calles no regresaban fati•
gados hasta el anochecer; tan sólo los sábados, cuando
Arturo cobraba el salario, se metía algún ruido.
Arturo era mi vecino. Cna pequeña pared terminada
por un enrejado separaba mi pabelloncito del cuarto que
junto con su esposa aquél habitaba. Así es que, muy á
pesar mío, la vida de Arturo estaba en íntima relación
con la mía, y cada sábado no tenía más remedio que oir,
sin perder una palabra, el terrible drama, mny pari!;iense por cierto, que se desarrollaba en aquella familia de
obreros. Siempre empezaba de la misma manera; la mujer andaba atareada por la casa, con los niños agrupados
á su alrededor, y preparaba la comida cariñosamente con
ellos. Daban las siete, las ocho, nadie llegaba...... .A medida que se iba haciendo tarde, el tono de su voz cambiaba, se ponía nerviosa y el llanto anegaba sus ojos.
Los niños, acosados por el frío y por el hambre, chillaban. Por fin. como el marido no solía comparecer, cenaban solos. Al cabo de un rato, acostados ya los chiquillos,
silencioso aquel gallinero, se asomaba al balcón de ma •
4e1a y la oía murmurar entre sollozo¡¡·

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Al retirarse á sn casa encontrábanla loa vecinos y ~e
compadecían de
infeliz.
-Váyase usted á la cama, señora. Ya ealle usted que
no vendrá esta noche, puesto que es dfa de cobro.
Luego venfan los consejos y habladurfaa de comadrea:
-Yo, en su lugar, baría esto ...... ¿Por qué no Ee lo
avisa usted á su amo?
Cuanta más lástima inspiraba á las buenas gentes, tanto más copioso era su llanto; pero, con todo, pereiftfa en
su esperanza, se consumía aguardando con tenacidad, y
á pesar de que las puertas continuaban cerradas y de que
no ignoraba que estaba sola, permanecía allí, la mente
fija en una idea, hablando en alta voz consigo misma de
sus amarguras, con aquella sencillez propia del pueblo
que se pasa siempre la mitad de la vida en la calle. Fa·
cil era averiguar las causas de sus pesares; loa alquileres
a trazados, loe tenderos que fa asediaban, el panadero quo
ya no quería fiarle el pan...... 1Y cómo salir del paso, si
el marido volvía sin un cuarto! Por fin, cansada de acechar los pasos retardados de los trasnochadoi-es y de con•
tar horas se metía dentro. Al cabo de mucho rato y cuando ya pensaba yo que la cosa había concluido, oía toser
muy cerca de mí, en la galeria; la infeliz estaba otra vez
en el mismo sitio, atraida por la inquietud, no cesando
de mirar y remirar en la obscura callejuela, no viendo en
todas partes más que en aflicción.
Cerca de la una ó las dos, á veces más tarde todavía,
oíase cantar en el extremo del pasaje, sel'ial evidente de
que llegaba Arturo. La mayor parte de las veces se hacía acompañar por algún· camarada suyo hastapuerta. la
-Ven, hombre, von, solía decirle.
Y hasta en el umbral, vagaba indeciso, como si una fuer•
zn superior le impidiera retirarse, sabibndo bien lo que
le esperaba. Al subir la escalera, el silencio que en aquella reinaba en aquellas horas .hacía sus pisadas más rui•
dosas; esto le causaba cierto.disgusto, una especie de re•
mordimiento. l I ablaba solo y en voz alta, parándose delante de cada nao dti aquello3 escondridijoa, diciendo:
-Buenas noches, señora \\' eber......... .Buenas noches,
señora Mathieu.
Y si por desgracia no le contestaban, soltaba una re•
tahila de palabrotas injuriosas que duraba hasta q•1e to•
das las puertas y ventanas se abrían para devolverle sus
maldiciones. Y esto era precisamente lo que él quería,
porque cuando estaba borracho movía mucho alboroto.
Además, como estas pendencias le enardecían, montaba
en cólera y no temia ianto la entrada en caea.
Su regreso era terrible.
-Abre, soy yo ......... gritaba.
Y desde mi aposento sentía las pisafas de su pobre
mujer, que andaba deECalza sobre el frfo suelo, y el frote
de los fósforos. Nuestro hombre desde que entraba tartamudeaba siempre la misma excuia: cclos amigos, el dejarse arrastrar por sus flaquezas ........ Fulano, sabee... ....
.Fulano ......... aquel que trabaja en el ferrocarri!. 11 Lamu•
jer no le prestaba ninguna atención.
-¿Y el dinero? le preguntaba.
-No tengo, decía Arturo.
- ¡Mientes! ........ .
Y en efecto, no decfa la verdad, pues con todo y estar
borracho eiempre se guardaba algunos cuartos, previendo la necesidad de beber que el Lúnes tendría. Se trataba, pues, de quitarle de encima tan sólo el resto de la
paga, y el hombre se resistía diciendo:
-¿Pues no te digo que 111e lo h, u1"bid1,? decía á gritos
Y su mujer, sin contestarle, indigaada, le asía con todas sus fuerzas, le sacudía, le registraba y vol vía los bolsillos. Al cabo de un breve instante rodaba el dinero
por el suelo y la mujer se arrojaba sobre él riéndose con
aire de triunfo.
-¡Ah! ¿ves cómo tienes? .........
Al poco rato oíanse blasfemias y un sordo ruido de
golpes...... el borracho tomaba su venganza, y una vez
comenzada la paliza, ya no Ee contenia. Lo más perver•
eo y destructor que pueden contener loa asquerosos vinos de las tabernas se le subía á la cabeza y pugnaba por
ealir. La mujer gritaba; los muebles de aquella zahurda,
hechos astillas, volaban por el aire; loe niftos despertaban sobresaltados y lloraban de miedo. L:1~ °\"entanas
del callejón so abrían y todo el mun:i&lt;', decía:
- ¡Ee Arturo, es Arturo! ... .
Algunas veces el suegro, que era un viejo trapero del
cuarto vecino, venía en socorro de su hija; pero Arturo
se cerraba con llave para que no le estorbasen en su tarea. Cn repugnante diálogo se entablaba entónces al
través del cerrojo, entre suegro y yerno: oíamos cosas
horripilantes:
-¿Aún no tienes bastante con loe dos años de cárcel.
bandido? prorrumpía el viejo. .
Y el borracho, en tono altanero, replicaba:
-Sí, estuve dos afios en la cárcel ...... ¿Y qué?...... Por

DOMINGO l 'de
AGOSTO de ~
1197
'
lo ru f:lno! yo he pngado mi deuda á la sociedad...... Pro•
cura pagar la tuya.
Esto era para él la cosa más sencilla; he robado y se
me ha metido en la cárcel, estamos en paz ...... Pero si
el viejo insistía mucho sobre este punto, Arturo, perdiendo por fin la paciencia, abría la puerta, y como Pollchinela, se arrojaba sobre el suegro, la rnegra, los vecinos y zurraba á todo bicho viviente.
Y con todo no era un mal sujeto. Cuántas veces al
llegar el domingo, ó sea el día siguiente de una de estas
tremendas peloteras, apaciguado y sin el dinero col' que
irá la taberna, se pasaba todo el día en caea. Sacábanee
eillas al bolcón y en él se instalaban la señora Weber,
la señora :Mathieu y todos les huéspedes, charlando
amigablemente. Arturo entor.ces se esforzaba por parecer amable y culto. No parecía sino uno de estos obreros modelos que Misten á las claEea de noche. Ponía la
voz dulce y meloea y hablaba en tono declamatorio, expresando ideas incompletaEi nccgidaa en todas parte3
sobre los derechos del obrero y la tiranía del capital. Su
infeliz mujer, ablandada por la paliza del día anterior,
no era la única que Je cont(mplaba llena de admiración.
-cc¡Oh, lo que es Arturo si quisiera!11 murmuraba entre suspiros la señora ,,·eber. De&amp;pués aquellas mujtre3
le hacím cantar...... Cantaba Las C:olo11drinas de M. de
B éranger, con voz de garganta, extraf!a afect,ación y el
ridículo sentimentalitmo de los obreros...... En aquella
única galería cubierta de papel embreado y de andrajos
tendidos, por entre los cuales brillaba el puro azul del
celaje, toda aquella repugnante gentuza, ávida del ideal
á su modo, volvía emocionada los ojos al cielo.
Todo lo cual no impedía que el sábado siguiente Arturo tirase su salario, pegase á su mujer, y que e:::i aquella zaborda existieee un rimero de Arturltos que sólo ezperan llegar á hombres para malbaratar, al igual que
sus padres, el salario, y pegar á sus respectivas mujeres...... 1Y es esta la raza que quiere dominar el mun•
do! ...... ¡Ah! ¡qué locura!
Au-o~ao DAUDJ,."J',
EL CORAZON DE UNA MADRE
Balada Catalana

Rugiente pasión ardía
En el alma del doncel;
Fuera de ella nada !.aabía
En el mundo para él.
-Lo que á tu capricho cuadre,
Dijo á su amada, lo haré;
Si las joyas de mi madre
Me pides, te las daré.
Y ella, infame, como hermosa,
Dijo en horrible fruición:
-Sus joyas ......... son poca cosa,
Yo quiero su corazón,
En fuego impuro él ardiendo
Hacia su madre corrió;
Y al punto su pecho s.briendo
El corazón le arrancó.
'l'an presuroso vol vía,
La horrible 11lrenda á llevar,
l¿ué, tropesando en la vla,
:Fué por el suelo á rodar.
Y brotó un acento blando
Del corazón maternal,
Al ingrato preguntando:
-llij", ¿no te has hecho mal?
VwroR

BALAG OEH.

TEDIO,
Yo era feliz, pero un cruel invierno
Virtió eu frío en mi pasión ardiente,
Y quién sabe qué nube del infierno
Trajo sus negras sombras á mi frente.
Mi ternura-ave blanca que á tí vuela .A un soplo extraflo de frialdad se entume..
Y-mustia flor-mi corazón se hiela
Sin que hayas recibido su perfume.
No sé en que golfo gélido y sombrío
Sus bellas formas mi ilusión sepulta,
Y envue lto entre las sombras del hastío
El sol mu riente de tu amor se oculta. ·
El ascua viva de tus labios rojos
Se apagaría al roce de mi hielo,
Y el ténue brillo de tus dulces ojos
Sólo hace gris el ónix de mi cielo.
EFRÉN REBOLLEDO,

.Agosto de 1807.

DOtllllGO a de AGOSTO d•

1lt,

ESPIRITA

S quiero habl~r, se•
fi&lt;1rita, de un libro
viejo que, á peear de
haber rozado sus pá
ginas, con sus alas muchos añoe, se conser•
va nuevo, lleno de novedad siempre, lindo
y cautivan te, oloroso
como un ramillete de
jazmines; de color de
rosa, como un cielo primaveral á la puesta del sol. Es la
eterna «nueva primavera11 del poeta alemán.
Hablo de la «Espfrita de Teófilo Gauthier.
Y hablar de ella y de él, es echar cartas sobre mesa de
mármol, es jugar al ecarté con el idealismo refinado y sutilmente de licioso .........
.A.cerquemos las sillas al balcón abierto y mientras contemplamos el paisaje hechicero que forma el jardín que
renace, departamos un poco.

***

Espírita es la pereonilicación del más puro, del más intenso amor. Espírita es la vestal que oficia en el altar de
Eros y Psiquis, en el sagrado y solemne templo de una
selva vasta y virgen. Camina entre nubes de mirra oriental y lleva ceñida en su frente :ntacta, enredada entrn sus
espesos cabellos rubios, una guirnalda de roeas blancas y
hojas de acanto. Es idealmente hermosa. Su cuerpo, que
pasa á través de las páginas del libro, entre oleadas de
e.etilo rico y maravilloso, parece tallado en marmol rosa·
do, ;palpitante, de curvas fugitivas y contornos opulentos! ¡Oh, Eapírital Los senos núbiles, ruborosos, palpi•
tan bajo el corpiño de lino, al impulso de extraí'io fuego
interior y los ojos de un azal obscuro, azul de cielo oto·
ñal en la hora del crepúsculo, tienen:unas miraias vagae,
indecisas, que buscan algo que nunca encuentran, algo
que no está en este mundo. Ea ella una musa de luz. Su
labio no sintió mís besos que los de sus padrea, y 8.18 mejillas jamás se sonrosaron al oír palabras de amo1.
Cuando Malibert ve retratada la imagen de una novia
desconocida en la luna del espejo veneciano, le sobr,coje
una paBión mística; su alma se refugia en sí misma. Reza
á la Venus sagrada, á la ingota dea, que habita un paraí•
so luminoso.
¡Ser amado por un espíritu! ¡Qué cosa más hermosa!
¡Qué amor más purol No lo es más un arroyuelo que ha
vivido sumido en la verdura de un bosque, in tactas sus
aguas, sa.s arenas tocadas, muy levemente, por el ala breve
de un pájaro ó el pétalo seco de una flor, que va rodando.
Debe ser hermoso amar así: vivir queriendo una cosa
imposible. Ver su cara risueña, sus ojos bellos, sus lábios
que reclaman besos, sus mejillas frescas y no poder hacer nuestro, ~olo nuestro, todo aquel encanto. Besar una
sombra ...... ...~(ello os lo puede decir :Malibert) ......... Es
un imposible. Sediento buscáis la copa del placer para
saciar vuestra sed, y aquel vaso se esfuma, os deja burlado¡ pensáis cautivar con vuestras manos aquella cintura
de avispa; y la visión se desvaneco, como bruma sutil
que rompen loE rayos del sol.
Est;&gt;írital--Después de leer ese corto volúmen, esas pocas páginas bellae, quedáis como sumido en un quietismo
amoroso, inexplicable. S3ntís que amais vos también;
que hay un espíritn, todo luz, que tiene fijos en voz ioe
ojos; que tenéis ansias indecibles de besar algo que no es
de este mundo, de acariciar una cabellera que brilla como madeja de débiles rayos solares. Y leéis una, dos ve·
ces. Y luego,:Sintiendo una honda nostalgia, más deseos,
refrescáis vuestros labios en esa agua fresca y cristalina,
apagáis, á soplos, esa hoguera que arde y que amenaza
consumiros.
El dbtado de Espírita es conmovedor, lleno de da.Ice
tneteza. Ella Je dicti á su amor: 11Ea preciso que conozcáis
al sér indefinible para vos que se ha deslizado en vuestra
existencia. Cualquiera que sea vueetra penetración no
llegaréis á analizar rn verdadera naturaleza, y aeí como
en una tragedia malhecha, loa héroes dan sus nombres,
sos cualidades, referencias, me veo obligada á exp licarme yo misma; pero con la excusa de que nadie puede ha·
cerio por mí.. ...... » Tras este preámbulo, breve, sigue el
relato de su amor solitario y puro, de sus primeras ale ·
grías y sos primeros dolores, de proyectos frustrados, la
desilusión, el desengafio, -y luego. poco á poco, el final.
La entrada en un couvento, el dolor secreto, querido
arrojar del alma, pero nun~a conseguido; la enfe•me·
drd, la agonía, y Juego, la muerte, el alma que deja su
caree! terrena y se va, volando, volando, al espacio.
ccLa primera vez que os ví,-dice Espírita,- fué en el

lol

SL MUNDO

locutorio del convento de los p ~jaroa, 11 donde fuisteis d.
verá vuestra hermana que estaba de pensionista como
yo, pero en clase superior, porque yo solo tenía trece ó
catorce años á Jo más, y aún no lo parecía por Jo pequeña, delgada y rubia. No paraeteis mientes en aquella niña que á la vez que roía el chocolate escarchado de la
Ca.,a MarqtliM, que le había llevado su_madre, os lanzaba
una milada fur tiva.
Y así, sencillamente, como una rosa temprana que rompe su cárcel de verdura, nació ese amor. Bellos trece aüos
que aman! La niña que roía chocolate y sentia ya en su
pecho el roce del amor! Es lindo principio. Y sigue uno
leyendo y va de belleza en belleza. Para este párr.1fo,
uua sonrisa; hay esperanza en el proyecto de Espírita pa,
ra encontrarse con el esqu:vo objeto de su viva pasión.
Y lu':'go: para aquel otro párrafo, una lágrima; al ver como llora Espírita al frustaree su proyecto. Lo subuyuga
de tal modo á uno la lectura, que no suelta ni un momento el libro de las manos.
La descripción de su agonía que ha,::e Eipírita, es hermoeíeima. Dice: «Cuando empezó mi agonía me acosta•
ron e.a el suelo, con un saco de ceniza por almohaia,
única actitud propi11, de una sierva de Dios que ent rega
su polvo al polvo. Cada momento me faltaba más el aire.
me abogaba; una angcrstia extraordinaria me oprimía el
pecho; el instinto de la naturaleza luchaba aún contra la
destrucción; pero muy pronto aquella lucha inútil cesó,
y con un debil suspiro se exhaló el alma de mis labios, n
Este es el fina! de Espirita, descrito con tanta verda i.
Y luego: el espacio, la región luminosa, el imperio
vasto del rey Sol. El viaje de una alma, una paloma eucarística, que va al cielo, que busca á Dios.
«No hay palabras humanas que puedan expresar la
sensación de un alma que, libre de su cárcel corporal,
pasa de una vida á la otra, del tiempo á la eternidad, y
de lo finito á lo infinito. Mi cuerpo inmóvil y ya cubierto de esa blancura mate que es la librea de la muerte,
yacía en.su fúnebre lecho, rodeado de monjas que reza ban, pere estaba libre de él, como la mariposa de la crisálida, cascarón vacío, despojo informe que había abandonado para abrir mis alas á la luz desconocida y súbitamente revelada. A una intermitencia de sombra profunda había sucedido un deslumbramiento de esplendores, un ensanche de horizontes, desaparición de toda
suerte de límites y obstáculos, que me empapaba de indecible alegría. La explosión de nuevos sentimientos
me hacía comprender misterios impenetrables al pensamiento y á los órganos terrestres. Libre de aquella arcilla sometida á las leyes de la atracción, me lancé, con
loca velocidad, en el éther insondable. Las distanc:aa
ya no existían para mí y el simple deseo me llevaba donde quería ir. Tracé grandes círculos volando más rápidamente que 1,-, luz, á través del vago azul de los espacios, como el que toma posesión de la inmensidad, cruzándome con enjambres de almas y espíritus.
«Un raudal de luz brillante, como polvo de diamantes,
constituía la atmósfera, y cada grano de aquel polvo lumínico era una alr.oa ........ »
Pero basta. No nos adelantemos tanto. Mi única in•
tención ha sido tomar algo del principio y algo del fin
del manuscrito de Espirita para mostrároslos.
Después de muerta, amaba aún, tanto como en este
m111ndo, á Guy de :Malibert. Velaba por él, como nna
madre solícita; estaba constantemente á su lado, sin que
él lo notara ni sospechara Bi(luiera. Cuando el dichoso
Guy dormía, el espíritu luminoso de Espitita velaba eu
sueño. Iba con él al B osque, en su mismo carruaje, recostada en los mismos almohadones, al lado suyo; leía
en el libro que Malibert leía.
Recuerdo un pasaje. Guy se preparaba para ir á un
baile, una noche, y Espírita, sin que él lo advirtiera, le
observaba sonriente. Listo ya, envuelto en su gabán de
pieles, Guy iba á salir. El carruaje esperaba abajo, frente á la verja del jardín. Ya en el dintel de la puerta, se
siente un ruido vago. Una mano timida y suave que 88
apoya en el teclado del piano abierto y produce una nota que se queda vibrando, aleteando como una paloma.
Guy vió á E3pirita qne le sonreía y que con voz suplicante, le dijo: ccNo salgas.» Y Guy no salió ya. Se quedó con su sombra amada.
El final del libro es triste; pero uno que ha seguido
paso á paso á Guy, sus deseos de morirse para ir en busca de E3pirita, sus ansias y sufrimientos, suspira satisfecho al imponerse del final. Guy murió en Grecia, á
lancetazos, en una montal'ia. Cuando moría, su cicerone,
eecapado por milagro del poder de los ealteadores, vió
deede su escondrijo una aparición luminosa, una her•
mosa mujer, que ponía sus manos sobre las heridas de
Guy, como un leniti;o, y que al morir se llevó su alma
al cielo.
Dejemos á Gauthier la palabra. E l nos contará como
Guy y Espirita fueron felices en el e3pacio. Un amigo
de:\Ialibert, el Barón de Feroe tuvo la visión, en mo-

111entos que sucedia en Grecia lo arriba apuntado.
ccEn el centro de una fosforescencia de luz que parecía
nacer del fondo del infinito, dos puntos de mucho más
intenso esplendor, parecidos á diamantes en la llama,
t itilaban, palpitaban y se aproximaban, tomando la apa•
riencia de :Malibert y de Espirita. Volaban el uno al lado del otro, con celeste y radiante alegría, acariciándose con las puntas de sus alas y gastándose divinas bromas.
ccFueron acercándose más y más y como dos gotas de
rocío que ruedan por la misma hoja de azucena, acabaron por confundirse en una perla única.»
Y hay una hermosa resignación, un deseo ardiente,
en esta última frase del libro, que Gauthier pone en boca
del Barón de Feme; «Y yo cuánto tiempo habré de espera1?n
¡Qué fiaall ¡Que puesta de amores imposibles, tan envidiable!
Eeperar! ......... Esa es la palabra. Esperar que la Páli·
da tcq ue á los cristales de nuestro balcón y no¡, llame.
Gauthier en todo el roman se mantiene á una altura
digna de su inmensa reputación de artista refinado y
exquisitamente sutil. Sabe llevar, á mil maravillas, la
atención del lector por todo el libro, con suavidad, en•
seüándole iodo; procurando no cansar el á11imo ni hacer decaer el interés. Os arrastra de la mano y os sonríeamablemente. Y salió victorioso. «Espirita» es para mí
una do las novelas más queridas, de las que leo siempre
que tengo ocasión y la que siempre me prc,duce sensaciones nuevas. Es de lo mejor que escribió el gran ar•
tieta.
ARTUIIO A. AMBROGI.

EN EL TEMPLO.

Me agobiaba tan honda pesadumbre
Y te vi tan risueña y tan hermosa,
Que esa vez, contrariando mi costumbre,
Te seguí hasta la nave esplendorosa.
Jamás me viste, aunque te quiero tanto,
Profanar el recinto donde rezas,
Y es por que sé que á lo divino y santo
Xo se deben mezclar las impurezas.
¡Cómo se han de juntar, amada mía,
En el santuario de tu Dios bendito,
La canción empapada de alegría
Y la queja doliente del proscrito!
Pero tanto se alivian mis dolores
Cuando mudo y absorto te contemplo,
Que impulsado por fuerzas superiores
La vez aquella te seguí hasta el templo.
El órgano elevaba los unciosos
Y fugitivos cánticos que encierra,
E imitaban sus notas los sollozos
De los infortunados de la tierra.!
Como sube la estrofa que me arrancas
Para besar el solio en que fulguras,
Buscando el cielo en espirales blancas
Escalaba el incienso las alturas.
Y lo mismo que alumbras desde lejos
Mi negra ruta en la tormenta grave,
Los cirio¡¡ con sus múltiples reflejos
Alumbraban las sombras de la nave.
En medio de esa atmósfera impregnada
De esple.1.,,dores, aromas y armonías,
Más hermosa que nunca, arrodillada
'fe ví esa vez en las baldosas frías.
Cuando elevó la hostia el oficiante
Con ademán solemne y majestuoso,
Y el altar fulguraba más brillante
Y el salmo resonaba más grandioso¡
Cuando aquellas cadencias inmortales
Huyeron por los altos ajimeces,
Y agitaron sus alas virginales,
Cual maripos~a de cristal, las preces;
Cuando al fin conturbaron los sentidos
Con sus nimbos de luz tantas gradezas,
Y, golpeandose el pecho, arrepentidos
.A.batieron los fieles sus cabezas;
Yo que sólo me rindo con tu arrullo,
Pues sólo tú por tu bondod me h umillas,
En ese instante decliné mi orgullo
Y estuve como todos, de rodillas.
Y aún me miras pensar con desconsuelo
En esta duda que turbó mi calma:
¡No sé si lo hice por el Dios d el cielo
O,si fué por la Diosa de mi alma!
R ODULFO F IGUEROA

Julio de 1897.

�EL MUNDO
LOS FUEGOS DE ARTIFICIO MONSTRUOS

DOMINGO a de AGOSTO de 18fn

EL MUNDO

ºDOMINGO 8 de AGOSTO de ,ao~

tener su habitación. "Yo conocí una persona, dice Madama Campan, que para fi¡ar eu
opinión sobre las mujeres de su conocimien•
to, siempre que ee bailaba sola en casa de
ellas, no dejaba de levantar los cojines de
los canapés Si encontraba allí un festón comenzado y sin concluir, un pañuelo, una
cinta, decía: "Estoy en casa deuna mujer
dePcuidada, sin orden y sin limpieza.
La elegancia y el lujo no pueden existir
sin la limpieza, mtentras que la limpieza
que, como lo decimos en otra parte, (Peque•
ñas virtudes. de la j oven), «mantiene la salud,
da más frescura al color de la tez, conserva
los vestidos,» puede estar perfectamente sin
los ruinosos recursos de la coquetería.

ta fantasía que creen aü n en esos bellos monstruos m
rinoa cuyo canto delicioso retenía á los navegantes para
hundirlos en ignorados vórtices. Y esta demand3 se remonta á muchos años.
Mas be aquí que los rayos Roentgen, esos ma g l3 dt'l
siglo diez y nueve, a€aban de poner de ruanifie~to la
más completa y chusca mistificación de que Layan tido
víctimas los humanoP.
La imagen radiográfica de las sirenas ..... . LO mueElra
eEqueleto alguno ...... Las mooias son fabr icada!",
Ilayen el Japón probablemente, una fábrica de momia3
manufacturadas con una habi1idad del todo japoceea.

La fiesta nacional y los rego::ijos que la acompañan
son siempre en México motivo para fuegos de artificio
más ó menos brillantes; es este un atractivo que encanta
siempre, y con razón á la multitud.
Nosotros no tenemos aquí la intención de explicar co·
mo se prepara un fuego de artificio, sin@ que querríamos
dar algunos ejemplos de los fuegos de artificio monstruos,
prendidos en el extranjero y que nos parecen muy superiores, como composición y como complicación á lo~ que
se ven en nuestras :fiestas públicas.
Los chinos tienen pasión por
la pirotecnia, pero los ingleres·
y la gente de raza inglesa, los
superan en esto de una mane
ra especial. En Estados Unidos poi ejemplo, si visitamos
los parques establecidos pcr
las compañías dti tranvías como térmmo de sus líneas, con
el fin de crear artificialmente
un gran movimiento de tcans
porte, :idvertimos que todas
las fiestas que dan para atraer
al público, van neceEariamen
te seguidas por un admirable
El trabajador 5ubmarino. ( Figura l.)
fuego de artificio: esto es una
verdadera representación so·
CURIOSIDADES
bre un inmenso terreno dispuesto ad huc, ante tribuna~,
ú más exactamente ante graEL TRABAJADOR SUBMARINO
das que pueden contener vein ·
te mil espectadores. Y si vais
En Choisy-le-Roy-:Francia- tuvo lugar ultimamente á Londres y al famoso Palacio
una experiencia acuática que marca un paso importante de Cri~tal, durante una fiesta,
en el progreso científico, cuya primera idea se encuentra asistiréis probablemente tamen una novela del fecundo novelista Julio Veme.
bién á un firework de admiraEs el ingeniero Delisle quien construyó este aparato ble vista.
imagiMdo por M. Piatti del Pozzo, bajo el nombre de
En los jardines del Palacio
«trabajador submarino.»
de Cri.,tal han sido prendidos
Imagínese una esfera de fundición coronada por una esos monstruosos fuegos de
guarda en el centro, de la cual una perforación redonda artificio, representando pri•
deja paso á un hombre. En tanto que las campanas de morosas eEcenas, de las cuales
inmersión no pueden descender á más de 40 metros, el dan idea las ilustracione3 que
aparato nuevo descenderá haeta quinientos.
acompañan á estas lfneae.
El revestimiento de palastro, alcanza un espesor de
En Francia también se han
ocho centímetro, y todo el aparato mide tres metros de dado fuegos de artificio monsdiámatro y pesa 10 toneladas.
truo, y uno de ellos que auó
En el interior se encuentra el alojamiento de los hom· se recuerda, figuró el lanzabrea al rededor de una escala de madera que da acceso miento de un navío de galva·
al agujero de rnlida herméticamente cerrado.
mento en un puerto. Tenla
Enfrente está el potente cristal por el que se explora nada menos de 210 metroe de
El trabajador submarino. ( Figura 2. )
con la mirada el fondo y las profundidades de agua que longitud y cubría una superfilos rodéan.
¡Crea usted ahora en las momias!
cie de 46.40 metros. Era este cuadrado un espectáculo
A un lado, en una estiecie de avanzada son colocados muy animado. Un mecanismo complicadísimo y que no
Cualquier dia nos resulta un Rameés de papier maché y
el aparato telefónico y los acumuladores eléctricos. A la dt!hía funcionar más que unos cortos inEtantes, aEegu· una Semíramis de pasta de arroz ......
derecha y á la izquierda los movimientos de transmisión raba especialmente la revolución de la lámpara de un fa.
Ya ni en la paz de los sepulcros c1·eo!
para las hélices y el mecanismo que dirije el timón.
ro cuya silueta luminosa se dibujaba en la noche. Al pié
Porque el «Trabajador submarino» se mueve fácilmen• se agitaba un mar de fuego y se percibía un buque per•
Si quieres conservar un amigo, hónralo ·cuando fsté
te, se desplaza, puede dar vuelta al rededor de un arre- diéndose, y por fin el buque de sal va mento se deslizaba presente, elogiálo ausente, y ayúdale en sus necesi•
cife y reconocer el emplazamiento exacto en que se en- por la superfir,ie de las olas luminoeas.
dadee.
cuentra.
La gratitud es la memnia del corázón.
Ya se imaginarán nuestros lectores lo que se ha die•
currido en asunto de fue ·
***
gos de artificio. Las fotoNo es la abundancia de las riq•1ezas lo que nc,s puede
grafías que damos repre- hacer felices, sino el uso que hacemos de ellas.
sentan u1.c-s de los más curiosof.
LUZ C}JLESTE
Dijo la tarde al morir
Los rayo5 X y las sirenas
á la mañana siguiente:
-«Dame un ósculo en la frente
Hace algunas semanae,
y me verás revivir,,,
lússeñoresFlameng y l\IauCubriéndose de rubor,
ricio Farman, sabios fran•
y la faz teñida en grana
ceses, exhibían en la Sal·
dióle el beso la mañana,
Lo5 grandes fuegQs de artificio.
petricre un animal diseca•
que tanto puede el amor.
Explosión
del
carro.
Un comerciante en su carro.
do y momificado que lea
La bóveda sideral
había sido enviado del Japón. Esta extraña pieza repre•
se extremeció de alegría,
El apara,o se desplaza y mueve por medio de sus tres eentada en la figura número 1, ofrece el aspecto de una
y en vez de noche, aquel día
hélices cuyas evoluciones están arregladas por el timón. sirena. A lo que parece en el Japón estas momias tenían
hubo una aurora boreal.
Todas estas mnovaciones son ya de suyo tan [importan- y tienen-mucha demanda, sobre todo por gentes de cier•
J. A. CARRILLO y NAVA.
tes, que bastarían á hacer de la invención de Piatti una
obra del todo notable.
Sin embargo, hay más. El aparato, en principio, per·
manece en relación con el mundo exterior por el cable
de suspension á lo. largo del cual corren los hilos teleíónicos que sirven para remontarlo. Pero si se admite un
accidente, si el cable se rompe, s.i perdería el aparato y
les hombres que se encontraran encerrados ahí no tardarían en morir de asfi::s:ia? No por cierto. Gracias .i un
mecanismo ingenioso, ese cable puede romperse sin comprometer la vida de los que están en su \nterlor; pues
Animal Japonés. (Radiografía nagativa . l
Animal japonés. (Fotografía.)
flot.l merced á una sencilla maniobra.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EL ASEO DE LA CASA,

Corsés con tirantes.
NOTAS DE LA MODA
. Jilquette de abrigo para niñas de 8 á

10

años. { Fig ,. )

Se hace de franela rayada. El cuello abotonado se pue•
de poner también como representa nuestro dibujo de
piqué con cintas de color.
'
Traje para niñas de ,o á 12 años. (Figura 2.)

Se hace de cachemir azul con cintas blanoas. Chllque•
ta cruzada con botones de concha quemada. Chaleco de
piqué, recogido en la cintura.
Sombrero de paja. ( Figura 3.)

Este sombrero á bucles, está adornado con acordeón de
· seda violeta y cintas de terciopelo negro, y al lado izquier·
•do cuatro cuchillas de pluma.

Sombrero sencillo.
LECTURA PARA. LAS DAMAS,
LIMPIEZA

La ornamentación de la casa consiste en la limp;eza
-en todo y por todo, para los objetos principalmente que
se unen más á nuestra persona, al alimeto y la ropa.
No sólo la salud depende de la limpieza, sino, no lo
olvidemos, la actividad, el buen humor, la satisfacción
interior, y aun bajo cierto respecto, la moralidad depende también de ella.
En las casas sin limpieza, habita de preferencia la pereza, el fastidio, el descontento de todo y de todos.
Los muebles limpios y lucientes atraen 10s rayos del
sol y parecen multiplicarlos al reflejarlo.
Los aposentos limpios y bien arreglados con cuidado,
reflejaa una alma contenta, irradian la alegría y parecen
-decir: Permaneced, aquí se está bien.
·
Una mujer es desde luego juzgada por la manera de

He aquí algunos consejos prácticos dados
por un hombre de buen sentir, á una joven
al entrar ésta en el gobierno de su casa.
«Ocúpate del interior de tu habitación;
vela -por las piedras de la cocina, los pisos de
los aposentos, y los p.ltios sean barridos varias veces en el día y lavados muchas veces
por semana.
«Procura con empeño que el hierro, el brónce y
l
Cuello de encaje bordado. ( Delantero y espalda. )
el cobre reluzcan eiempre. y los muebles tslmbién;
que la ba jilla de barro ó de porcelana espejee en
el trastero ó aparador.
queriendo persuadirá todo el mundo por su compostura
«No permitas á la araña hilar en paz su tela en los án- y su modo de ponerse, fuera de tiempo, que siempre tiegulos de las vigas y de las paredes.
nen .veinte años, y nada más que veinte años.
«No dejes el aceite de las lámparas gotear y arranciar¿No os acordais de las sonrisas malignas, de las pala•
se sobre la cubierta de la chimenea ó de las mesas.
brillas cambiadas con vuestras compañeras, á la vista de
«Después de los consejos, los medios.
un .estido ó adornos color de rosa 6 11marillo pálido, di«Harás relucir el cobre, el hierro y otros metales, fro- bujando con afectación, un talle comprimido, por pare·
tándolos con un puñado de hojas de acedera, ó con are• cer esbelto, bajo los resortes de un coreé demasiado vina finísima, ó con greda.
sible, y eobre él un rostro cuyas arruga~, á despecho del
_ «Harás reluoir la plata, aun citando esté ennegrecida abundante polvo blanco, atestiguaban los largos años de
por el contacto con el huevo, frotándola también con su servicio?
acedera y con agua de jabón.
Se reirán de vosotras tamtién; no siempre
tendréis die:;i y ocho años, y un d1a vendrá en
que llegaréis á.. ....
Procurad siempre tener vuestra edad, hijas
mías.
No queremos ocuparnos directamente del to•
cador; pero sí quisiéramos bien persuadiros, de
que además de ese tocador de por fuera en el
que os adornais para agradar, hay también otro
tocador y otros adornos interiores, de los que
deberíais siempre estar cuidadosas para haceros
amar de vuestra familia.
Para esto el buen gusto y el afecto bastan
siempre.
Poneos de manera que p:idáis presentaros
ante los extraños, sin tener que ruborizaros de
vuestra negligencia. ¿No será ridículo que una
mujer ee vea obligada á huir y á ocultarse luego que perciba que Ilegan visitas?
Un vestido limpio, sencillo, pero de buen gus•
to, sobre el que se muestre un delantal de coci•
na, no es vergüenza, sino una recomendación.
Por lo demás, nada hace perder á los iníerio•
res el respeto que nos deben, como un traje des•
preciable que parece igualarnos á ellos.
Aun en medio del trabajo entre las obreras,
el ama de la casa debe ser distinguida, como ee
de costumbre.
No sólo debe eer la que mejor sepa llevar un
vestido, sino también debe saber ensuciarlo
menos.
Debe también acostumbrarse á mudarse vestido, si fuere necesario, varias veces al día, con
bastante actividad, para que no se aperciban de
su ausencia.
Una mujer que tiene el sentimiento del buen
gusto y de las conveniencias, improvisa fácil•
mente un traje siempre elegante y en relación
Figura 2.
con tquellos á quienes tiene que recibir; y no.
«Harás relucir el caballete de la chimenea, la sartén y
otros utensilios, frotándolos primero con una cebolla ~ruda, después con un pedazo de género de lana.
«Darás una especie de barniz á tus muebles, por viejos
que sean, con cera amarilla derretida en agua de lejía y
los frotarás vigorosamente.
«Se te dirá tal vez: ¿Para qué perder el tiempo y darse
tanta pena en esas bagatelas? Dejarás que digan y continuarás.
Nada es -:nás atractivo que una cocina donde el cobre
está cambiado en oro y el estaño en plata, por las órdenes
de una ama activa y diligente.
- La cocina, dice una mujer de mundo, es el espejo de
la casa. Entrad allí para j·1zgar. Paredes sucia&amp; por la
muliitud de moscas ó ennegrecidas por el humo. Ven\a•
nas sin bastidores durante el estío, los utensilios disemi•
nados y en desorden por todas partes, el suelo desigual
y húmedo, cenizas y desperdicios amontonados en un
rincón, todo esto indica el desorden, el despilfarro y ha•
ce presentir frecuentes momentos de mal humor.
Concluyámos: en la limpieza es donde puede permitirse la exageración; lo bastante en este caso es muy
poco.
Pero la limpieza habitual exige una fuerza de voluntad y una constancia poco ordinarias.
Las almas cobardes y débiles no son propias para el
caso.
CONVENIENCIA EN LOS VEbTIDOS

Figura

1.

La ornamentación de la casa consiste, en la conve•
niencia de los vestidoe, que deben ser, no sólo aseados
sino en relación con la fortuna y con la edad.
'
. No queremos fijamos en la última palabra que parece
1mpor1aroa poco á estas horas; cierto es, Ein embargo
que un gran número de mujeres se hacen muy ridículas:

Figura 3.

�DOMINGO 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

.,.,

es de ella de quien podía decirse: Su día está compuesto
de tres acciones, vestir, charlar y desnudarse.

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DE DÓNDE VIENE EL ARTE DE SABER ARREGLAR SU CASA

El arreglo de una casa depende sin duda de la educación recibida, pero principalmente es el resultado de
cierto tino que comprende y casi adivina Jo que sienta
mejor y lo que agrada más.
El orden .y la limpieza pueden venir á ser puramente
materiales; posible es ensefiar á ona criada á poner cada
cosa en su lugar y á nunca dejar que se acumule el polvo; pero el arreglo ve al alma y aun á la virtud.
Se dice de algunos personas que tienen la belleza en
la mirada. Esto es cierto; sólo que la belleza no está en
loe ojos sino en el alma.
Bajo su mano todo se transforma; la cortina que ellas
han colocado adquiere pliegues más graciosos, la tapicería que han escogido tiene más hermosura. los muebles
que ella coloca tienen más brillo, las flores arregladas
por ella tienen más vista y gallardía.
Esas personas son más que un tesoro, son la dicha para la familia.
Vuestras lecturas del colegio, vuestros estudios, el
ejemplo de vuestras maestras, el cuidado q11e prestabais
á vuestra ropa, á vuestros libros, á la capilla, os habían
iniciado en esos graciosos secretos que tanto debéis desear conocer, y que tran.sforman en deliciosa mansión
las caeas que parecerían apenas habitables.

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.A QUB TIENDE ESE .ARREGLO

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Tamaño medio del delantal para niños.

Ese arreglo depende de tan poco y de tantas cosas!
No ea tal mueble, tal cuadro, tal vaso de flores, ó tal
manera de poner el aposento lo que lo produce; es todo
eso y algo más. Es la mano que dispone los objetos; es
un no sé qué que va bien al gusto de las personas de la
casa.
¿Se trata de un salón? No consultéis más que vuestro
buen gusto y algo á vuestros recuerdos. Sabréis inme·
diatamente el arte de adornar una chimenea, de colo•
car los cuadros, de armonizar el color de los sillones con
el de la tapicería, de quitar todo aquello que chocaría á
la vista de un extrafio, de colocar sobre la mesa de en·
medio un álbum elegante.
¿Se trata del aposento de aquellos que amáis, de vuestro padre, de vuestra anciana abuela, que no puede por
sí misma procurarse alguna comodidad ó gueto? consul·
tad vuestro corazón y sus gustos particulares qne V03 le
conocé:s.
Qa~ vuestro padre tenga siempre su ropa muv blanca
y que sepa que sois vos quien se la preparaie. La ropa
blanca es casi el único lujo de nn hombre, y se fija máa
en él, cuando la mano que cuida de ella, le es querida.
Asead vos misma su gabinete de trabajo, por temor de
que la criada vaya á desarreglarle sus papelee ó sus
libros.

una manera inconveniente ó repugnante, respetad su
máno.
Si imagina ella que aún es útil para algo, suministradle todo lo que pida; manifestad y elogiad su actividad y
su buen éxito; pedidle consejo sobre todo.
.
Su habitación debería ser la más cómoda y la más
bien puesta.
VUESTRO APOSENTO

¿Se trata Je vuestro aposento? consultad vuelltra alma,
y que ella refleje allí su candor, su inocencia y su bella
sencillez.
Tapicería nueva y de un tinte delicado, cortinas siempre blancas en las ventanas y en la cama, pocos cuadros
de valor, pero muchos de recuerdos: la imagen de la primera comunión, el diplou¡.a de congregante, un vasto
cuadro que eacierre todos los grabados obtenidos en
premio, ó recibidos en prenda de amistad, y que cad¿ uno
lleva el nombre de una maestra ó de una amiga.
Sobre la chiminea ó sobre la mesa, pocas flores; algunas
solamente, renovadas con frecuencia, en el pequefio al•
tarde una estatua de la Santísima Vírgen.

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VENT.A,JAS DEL ARREGLO
DE UN.A CASA,

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La primera ventaja
del arreglo de una casa es, acabamos de de·
cirio, el hacerla ama·
ble; la eegunda es Vil•
nir en auxilio de la economía.
Nuestro plan no nos permite mas que indicar aqu_í:
1? El arreglo del.as provisiones. Tal cosa demanda serco•
locada en un lugar seco, tal otra ·quiere sol. Esta~ provisiones tienen necesidad de sombra l)ara no deteriorarse,
y adquieren con el tiempo un valor que no teníaa al
principio. Estos otros objetos de frecuente uso deben ser
puestos al alcance.
'l!! El arreglo de la ropa. Es necesario saber cc:ilocar las
piezas de ropa, de manera que se las tenga fácilmente y
no se las ponga todas en desorden cuande se necesiteuna de ellas; dobl!irlas de manera que no se desgobiernen ó se arruguen; acondicionarlas con cierto orden que
agrade á la vista.
En una casa de educación se obliga cada mee á las edu-

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Delantal para niños...,.-Este trabajo puede ejecutarse con hilo de algodón.

Que vea algunas flores sobre su chimenea, y que el
Que todos loa bordados y tejidos sean hechos por vos
fuego, en el invierno, nunca se apague.
misma, ó por vuestras amigas de colegio que os los han
Que su diario esté siempre en su lugar, y que encuen- dejado como un recuerdo; que algunos lienzos blancos
tre siempre en el mismo sitio sus vestidos de cambio y ligeros oculten, cubriendo graciosamente todo lo que
listos para ponérselos.
airve.á vuestro tocador y á vuestro adorno personal.
Rodead á vuestra abuela de esas delicadas atenciones
Sobre el escritorio en que generalmente os poniés á rede que tanto necesitan los ancianos y que no se atreven cibir, colocad vuestra pequefia biblioteca: la vuestra forá pedir.
mada de libros comprados por vos, de algunos obsequios
Apartad de su aposento todo .aquello que pudiera es- recibidos, y de algunos deeaoa libros piadosos que ah·
torbarle el paso, y todo lo que pudiera dejar algunos mentan el alma y sostienen el corazón.
miasmas nocivos á su salud; pero tenedla allí con abunYa lo hemos dicho en la primera parte, vuestros apodancia aquellas provisiones ligeras y antojillos que sa- sento ea un santuario; no lo dejéis despojado de lo que
béis le agradan.
hace amable un santuario, el recogimiento, el orden, la
Loe ancianos aman mucho aquellas cosas antiguas que piedad. Dadle hermosura, el os dará pensamientos ino•
lee han servido por mucho tiempo; poned á su alcance cantes.
sus libros de otro tiempo, no cambiéie nada de su lugar
sin que ella lo consienta, y si ella coloca un objeto de

....=

))~

candas á sacar de sus roperos toda la ropa que hay en
ellos: esto al principio para limpiar las cajas, después
principalmente para acostumbrar á las jóvenes á colocar
bien su ropa sin amantonarla y á doblarla con presteza;·
regularmente se les fija un tiempo bastante corto para
este trabajo.
3? El arreglo de los muebles. Estos que de ben estar cu•
biertos con fundas, mientras que el hogar está encendido, porque el humo pudiera deteriorarlos; aquellos que
demandan cuidados más frecuentes por su delicadeza ó
por la finura de su trabajo.
La experiencia que ensefia todas estas cosas, exige que
no se retarde ni un solo día el arreglo de cada objeto, según su destino.
¡Cuántas pérdidas, cuántos gastos se han originado por·
esta palabra tan amada de la pereza: maii;,;mat

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�Vnalida~ -Debilitada,
LA
Sangre Empobrecida.
Léase lo que la Zarzaparrilla del
Dr. Ayer ha hecho por el revnendo
padre L. P. Wilds, muy conocido
misionero de la ciudad de Nueva
York y hermano del difunto y eminente juez Wilus:
"Por muchos años padec1 de divie.
sos y otras erupciones de caráct&lt;.&gt;r
semejante causadas por sangre empobrecida. 11i apetito era escaso y
la extenuación se babia apoderado
del sistema. Conociendo las propiedades valiosas de la Zarzaparrilla
del Dr. Ayer por Ja experiencia del
bien que habla producido en otros,
procurémela y empecé á tomarla.
Mi apetito mejoró desde la primera
dosis y· la mejoria se extendió á mi
salud en general, que la actualidad
es excelente. :Me siento un ciento
por ciento más fuerte, cuyo resultado
lo atribuyo á la Zarzaparrilla dei
Dr. Ayer, medicina que recomiendo
con toda confianza como la mejor
que jamás se haya preparado para
la sangre."
Para todos los desarreglos originados de sangre empobrecida ó viciada
y debilidad general, tómese la

Zarzaparrilla

~-····J!!Utr~OM~1~
:PREPARADA POR

Dr. J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., E. U. A.

DOMINGO 8 DE AGOSTO DIE 18s17

HARINAnE "WAGGNER

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.

CI.N FOSFATO DE CAL l'URI, es unirersalmente edmitida como •·EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

,__,,.,,U,L

• •

hace crecer los niiios robustos

se incorpora con la misma facilidad

y

contentos. Tomada en las dósis que

que la leche de la madre, y lo pue-

se prescribe en cada tnsíta no se

de tomar la criatura más tierna con

aceda nunca en el estómago. Es a l-

grandes beneficios. Se garantiza su

tamente recomendada por la Facul-

completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletérea.

Número 2

La Harina de Wagg ne,

ti

POR 11. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

para NIÑOS ENFERMOS, CONVALECIENTES, ANCIANOS Ypara las MADRES que estan CRIANDO
La Harina de W aggner

107

tad Médica y en los muchos años

Es de un

que tiene de éxito ha resultado ser

sabor muy agradable. No es una me-

por el testimonio de todas las ma-

dicina bajo ningún concepto y síobra

:,. . .

dres que lo han usado

en todo cuerpo endeble como un

\

"El Blimenta mai pe~fecto"

Tónico da la NatuPaleza

D• wenta en tod;• laa Tiendas, Drogueriaa y Botloaa

UN/CDS AGENTES: /IOVARO &amp; GfESTCHEL, CAL.LEJON DEL ESP/R/TU SANTO IUM.

Las enfermedades de LA CINTURA.
SE CURAN SIX OPERACION

CREMA RosADA

t. MEX/CO

"A DELINA pATTI."

POR EL DR. LUIS CLEMENT.
Especirli~ta para las enfermedades
de las señoras, acecclones de la MATRIZ, de las
MAMAS, etc.
Se trata con ~xito las enfermedades que se dicen
incurables 6 de mala naturaleza, de la cara, boca,
lengua, garganta, oidos, cabeza, llagas varicosas, y
en ger.eml, todos los tumores provenientes de la co_
rrupctón de la sangre.
Violenta y ra-tical curación &lt;le enfermedades secretas, en todos sus grados.

Compuesta de sustancias tónicas y saludables,
evita las arrugas, refresca el cútis y conserTa 1
hermosura de la cara hasta la vejez, comunica un
perfume delicioso y con su uso dia~io las Sefioras
tienen la seguridad de conservar siemp~e l.;s en
cantos de la belleza y la frescura de la Juventud.
Tanto en Europa como en América, la usan l
damas más aristocráticas.

CALLE SANTA CLARA 19,

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",
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Es el tónico más enérgico.

-Es usted libre, aei'i.ora ...... Pero nos permitirá eolamente qne no participemos de esa piedad que ee aaeme;ja singularmente á una aprobación de la mala conducta.
Amenazaba agriarse la conversación cuando intervino
el cielo por medio del abate Chavassieux que, como en
esta oca1ión, venía algunas veces á sorprender y alentar
á las santas trabajadoras.
- El aefior primer vicario, prorrumpieron las damas
levantándose.
-Ruego á ustedes, eefíorae ...... nada de molestias ......
Prosigan su piadosa tarea...... ¡Vaya! ¡Vaya! ...... Está
bien ...... Dios las bendecirá! ...... La caridad; siempre la
•caridad...... San Pablo lo ha dicho: «Sin la caridad no
soy nadan ...... Sí, señoras, sí.. .... la caridad. ¿Qué es lo
que está usted cosiendo, Doi'i.a Angélica? ¿Un saco para
algún anciano?
-No, sefior vicario, ea un caracol para mujer.
-¡Ah, un caracol para mujer. ¡Vaya! ¡Vaya! Está
bueno.
Y de esta manera siguió interrogando á las preeent~,
•examinando sus labores, equivocando un corpiño con
una falda; una bata con ua sobretodo; dirigiendo una
frase de benevolencia á cada quien, sonriente siempre y
con las manos sobre el abultado vientre, repitiendo cona•
tantemeate su estribillo:
-¡Vaya, vaya!.. .... la caridad!
Se acercó á la señora Belamy.
-¡A.h! ...... señora Belamy! ... ¡Siempre trabajando!... ..
¡Está bueno! ...... ¿Qué tal ee encuentra el comandante ...
¿Es también un corpii'i.o el que está usted haciendo?
-No, señor vicario, respondió la joven haciendo chistoso gesto. Son unos pantalones.
-¡Vaya! ¡vaya! ...... ¡Está bueno! murmuró el abate,
en tanto que la señora Deacordea cuchicheaba á su vecina:
-¡Qué veetidt 1 ¡Qué lenguaje: Pero qué se puede esperar de una mujer que se atreve á descotarse, si coa esto ee dice todo!
Marchóae el vicario entre las demoa~racionea de agra•
decimiento y testimonios de respeto.
Van á dar las cinco: vuelven á doblar sus paquetea las

señoras, toman sus sombreros y se desgranan en pequel'íoe grupos.
En cuanto se hubo alejado la aefiora Beiamy, la Deacordea dejó desbordar su indignación contra la graciosa
rubita.
- Ya verán ustedes, exclamó al acompañar hacia la
puerta á las últimas asociadas¡ ya verán como ésta también se vuelve mala...... está descotada!
Y el coro de risas algo contenido dur!l,nte la visita del
abate estalló á cual mejor, entre tanto que las santas damas se estrellaban las manos en la puerta, convencidas
de que acababan de consagrar un buen día más á la caridad.
II
La eei'i.ora Belamy hab(11, dicho la verdad calificando
de muy deegraciada la vida de la sefl.ora Charlier.
Marta Charlier era la hija única del Marqués de Mouthiers. Educada en París, en medio de todas las delicadezas de un lujo aristocrático; entre su padre, hombre
elegante, tierno y seductor y su madre, dulce y encanta•
dora; adorada por loe dos, parecía reservada para una
existencia feliz.
Como por un rayo fué destruido tan halagüefio porvenir. Marta de Mouthiers acababa de cumplir los diez y
ocho al'íoa, cuando murió repentinamente su padre, y en
el mismo día de loa funerales, en medio de las más amargas lágrimas, la viuda y la huérfana miraron una nube
de ejecutores de Ja justicia caer sobre cuanto ellas poseían,
abriendo á su vista un abismo deac0nocido é insondable.
Desde que se casó, M. de Mouthiers, por vanidad tal
vez, y más bien por carifio mal fundado pero muy vivo
hacia su mujer, había organizado su modo de vivir so•
bre una base completamente desproporcionada con su
fortuna. Cometida la primera falta, no pudo tener jamás
el valor de detenerse en la fatal pendiente. Parecíale un
sacrificio imposible disminuir cualquiera de las dulzuras
con que rodeaba la vida de sus amadas. Cuando las _rentas ya no bastaron, atacó el capital; en seguida fué devorada la dote de la marquesa, y de caída en caída, asiénd0ae á tolas las ranas, esperanio siempre algún mila

groso apoyo, M. de Mouthiers se precipitó de loe préstamos primeramente fáciles de cubrir á loa expedientes
ruinos0e y envilecedores de la usura.
Agotaba su dignidad, su inteligencia, y finalmente, su
vida en eetae luchas incesantes, y sin embargo, los dos
seres por quienes moría, no lo vieron llegar jamás cerca
de ellos sino con la sonrisa en loa labios.
El despertar fué terrible para Marta y su madre; pero
ni una queja salió de sus labios; ni la sombra de un reproche pasó por su mente. La memoria del vencido de
la vida no fué para ellas sino más caril'íosa y tierna,
cuando se les revelaron aquellos secretos que él había
exacerbado, ocultándoselos.
Terminada la dolorosll liquidación, fueron ellas á refugiarse á Gannevil le, en una vieja y modesta casa que
pudo escapar del desaEtre, y contando con recursos suficientes apenas para no morir de hambre. Entonces comenzó para ellas una de esas vidas ignoradas, de amargura y esc11eez, en que todos loe esfuerzos de la inteligencia se encaminan á obtener una economía de algunos
centavos; en que se abeorve el espíritu para buscar algu•
nas combinaciones que permitan ofrecer aun la apariencia de lo que ya no se ea; en que se reduce uno á comer
pan solo durante dos días, para corresponder una comida á alguna familia amiga; en que bajo un traje de seda,
cuidadosamente conservado, ee oculta la ropa blanca remendada y lavada por su propia dueña para no revelar
su miseria: pobreza humillante y verg0nzosa, más abrumadora aún que la de loa indigentes declarados.
Durante esos dolorosos días, Marta contó con el fiel
apoyo de Carlota de Branville, cuyos parientes habita•
ban el castillo de Jouy, á dos kilómetros de Ganneville
Amigas desde su infancia, igualmente feliz, las dos jóvenes, tan nobles de corazón como de cuna, permanecieron íntimamente unidas, á pesar de su posición, tan di"ferente después. Marta, sin mezquinas envidia3, gozaba
de todo corazón con la felicidad estable de Carlota, que
ésta, con un tacto exquisito, lograba que no ofendiera
jamás y que fuese con frecuencia delicadamente generosa. ¡Cuántas ingeniosas supercherías, siempre encubier·tas, por la santa diplomacia de una caridad-¡eata sílnoble, silenciosa y verdadera!
Llegó una hora en que casi avergonzada de su dicha
tuvo Carlota que anunciará Marta su matrimonio. Iba
á casarse con el conde de Sennevaux, brillante oficial,
digno de ella, bajo todos conceptos. Fué esto para Marta una gran alegría y un gran dolor. Solamente la ale•
gría apareció durante las fiestas de la b~da en las cua1ea Marta fi~uró en primera fila. Pero llegó el dolor á su
·vez cuando alejándose Carlota entre el resplandor de su
felicidad, quedó Marta abandona1a á su vida de miseria
y desesperación.
En eda época la aefiora Descordes comenzó á ejercer
las altas virtudes que debían valer1e más tarde la bula
de canonización anticipadamente exped~da por el buen
abate Chavaeaieux. No se limitaba ella á reinar en la
iglesia y en las obras piadosas: para su espiritu inquieto,
cuyas agitaciones creía efecto de un santo celo, érale preciso un dominio más vasto aún. O~upábase de todo y de
todos, aun de aquellos qne no se lo pedían. Un acontecimiento ocurrido en el seno de alguna fam,ilia del país,
sin que ella no hubiese tenido en él cualquiera participación, parecíale que impedía la misión que la Providencia le había confiado. ¡Oh, y nnnca hacía ella nada que
no fuese para bien del prójimo! Pero en este apasionado amor hacia loa otros, en esta intervención frecuentemente indiscreta, un observador algo sagaz, habría fa.
cilmente distinguido el deseo de figurar siempre y en
todas partee, junto á una h1eaciable curiosidad.
La animosidad de la ael'íora Descordes contra la eefio•
ra Sennevawr se remontaba al tiempo en que dejamos
nuestro relato. La primera no deeempello ningún papel
en el matrimonio; apenas fué invitada, y esto había sido
una cruel herida á su vanidad que nunca pudo olvidar.
Ocurrióeele entonces diabólica idea de revancha. Necesitaban comprender esas nobles, que no hab!an contado con ella, cuán necesaria y ·poierosa era. Y:p.;ra tal
objet◊, imaginó casar á Mada, la arruinada hija del

,,,.

�lc8

marquéa de Mouthiere, con EU primo, rico y fuerte ple•
beyo, Juan Cbarlier, negocia...te en azafranes. ¡Empresa
audaz y digna de en talento! Tuvo que recurrir á la más
sabia diplomacia. Primero inició el ataque, lento y pru•
dente, con su primo algo reacio al principio; luego se
esforzó en pulir y hacer de él un candidato presentable
en yez del 1ústico que era. Al fin, valiéndose de la con•
fianza que Cbarlier le tenía, últimos restos de ciertos
amorcillos de. su adolescencia, maniobró el la tan bien,
que él de buena fé se creyó enamorado de Marta, por
haberla mirado de cuando en cuando, ein haberle ni aun
hablado; y no sbbtante que hacía alarde de sentimientos
declaradamente plebeyos, experimentó un coequilleo de
orgullo al :pensar que podría casarse con la hija de un
marqués.
'
Marta fué más difícil de convencer y decidir. Todos
sus instintos de nacimiento y educación subleváronse á
la primera ineiIIuación que le fué hecha. Sin embargo,
poco á poco la idea fué echando raíces. Charlier, desde
que la fué presentado se mostró solícito con ella, y lo
que le agradó más, con su madre. Sin duda que ni remo·
tamente podía él tener ni en los modales, ni en el len·
guaje, las costumbres de la sociedad, en medio de la
cual Sil había ella educado. Pero ¿tenía ella el derecho
de ser tan exigente? Charlier no era un joven; pero tenía
una edad aun aceptable; era conocido como comerciante
honrado y disfrutaba de esa vaga reputación que consa•
gra el cliieico calificativo de «buen chico.» Por otra
parle, el matrimonio Je permitiría proporcionará suma•
dre mayor tranquilidad en los últimos días de su vida,
rodeándola de ciertas comodidades, de que más carecía
la marqueea que su hija. Marta, pues, despidióse 'vale·
rosamente de todos los ensuefioe de su juventud, de to•
das las aspiraciones de su ardiente corazón, y resuelta,
únicamente á tomar la vida como un deber, depositó
lealmente su delicada mano sobre la mano burda del co·
merciante de azafrán.
La sefiora Doecordes hizo sin modestia, alar,le de su
triunfo, Nadie, en Ganneville, ni en su alrededores, ig·
noró que eaa unión había sido el resultado de sus gestiones ca1itativae.
-¡Por fin! decía á todo el que llegaba cerca de ella;
gracias á Dios, á quien tanto recé para ello, que he logrado libertar de la miseria á esa pobre sefiorita Marta.
Marta llegó á ser su trofeo. La se.l'iora Deeco¡:dee hacia
su negocio abrumándola con su excesiva ternura y sus
perpetuos consejos; queriendo reinar comoduena abeolu•
ta en ese hogar fabricado por sus manos; mezclándose á
todo con esa indiscreción preguntona y charlatana que á
se creía autorizada por cierta especie de derecho de autor.
Fastidiada la eefiora Charlier cometió un día la grave
imprudencia de reclamar su libertad. Sin haber coneultaao con su absorbente prima, fué á París á vivir con la
eefiora Sennevau, y cuando á su vuelta fué asediada
con curiosas preguntas, mezcladas á ciertas observaciones agridulces, hizo ella comprender con energía á la se•
fiora Deecordee que mucho le agradecería que para lo
sucesivo no se ocupara tanto en sus asuntos.
Acabó todo. Se desplomó el edificio de la ternura y
fué reemplazado por uno de esos odios de provincia, sordos é implacables.
Llevaba )Iarta apénas dos at'loe de casada, cuando la
eeíiora Dé~cordee, hablando de ella, daba esta amarga
c"&gt;nc\usióu al interminable relatG de minúsculos incidentes eugerados con gueto por su malevolencia.
-¡L1 ingrata......! ¡Y yo que la saqué de la pobreza y
que labré su felicidad .........

III
¡Extraíia felicidad la de la pobre Marta! Al princi•
pío caminó todo casi bien. El carácter de Charlier, de
por si violento y falto de cultura, cedió al encanto de la
novedad y al dulce aecendiente de Marta. La joven se
había consagrado con tanta energía como prudente ha•
bilidad, á la tarea de educación moral y eccial que le correspondía en su casa. Rabiase entregado á ella por com
pleto y no desesperaba de obtener buen éxito, sabiendo
como supo soportar alegremente algunos fracasos parcia
lee; reprimir las revueltas instintivas de su delicada
za, á menudo herida, y sujetarse sin resistencia inúti1 á
ciertos sacrificios neceearios para k grar el fin deseado.
Pudiera haberlo conseguido si no hubiese luchado mye
que con su marido. Su conetante dulzura habría al fin
triu!lfado sobre esa naturaleza frustrada más quemaligna. Pero tenía que chocar contra una doble y temible

DOMINGb 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

infinencia que destruía en un instante todo el resultado
de su paciente labor.
Eran loe amigos de Charlier, que sin ningún mal pen•
samiento, pero lastimados sin embargo, por su deser•
ción, le decían riendo cuando lo encontraban en la calle:
-Ah, pobre v~ejol... ... Esto acabó...... Estás ya per•
fectamente amarqueaado. Abandonas á tus camaradas.
No te dejas ver en el café...... En tin, hay que esperar
que esto sólo dure cierto tiempo: ...... el de la luna de
miel. Cuando te canses, no olvides que te guardamos tu
lugar......
Además, la senora Deecordes, disgustada por loe ímpe·
tus de independencia de Marta, deslizaba al oído de su
primo este caritativo consejo:
,-Ten cuidado, Juan!. ..... Te encuentras en una pen·
diente peligroea...... Te dejas dominar...... Esto es contrario al orden de las cosas...... El marido debe ser el
jefe de la casa ......
A menudo, al regresar Charlier, la joven, sin saber la
causa, advertía que su obra había sido destruida y que
le era preciso renovar sus esfuerzos.
Tuvo Marta un hijo. E'!te placer debía pagarlo con
nuevas amarguras. Concentró en ese niño toda la ternu•
ra acumulada y frecuentemente reprimida dentro de su
corazón; todas sus esperanzas destruida9, todas las aspi··
raciones de su juventud nunca satisfechas.
Charlier, relegado á un lugar secundario, un poco ol•
vidado quizá, experimentó una especie de celos extrafioa, un extremecimiento de orgullo, sintiendo que ya no
era el primero en su casa. Objeto de menos atenciones
en su matrimonio, púsose á echar de menos su antigua
vida. Loe pocos sacrificios que hacia para complacer á su
mujer, pareciéronle más pesados.
-Tienes razón en enfadarte, le dijo su piadosa prima,
á quien él confesó la contrariedad en que vi vía. ¿Acaso
esas damas no te lo deben todo? Vive, pues, á tu anto•
jo...... Ella es la que debe someterse á tus gustos ...... La
mujer debe obediencia á su marido...... Así lo quiere la
ley de Dios.
Fortificado con ese consejo, Cbarlier arrojó su másca•
ra de hombre semi-civilizado. La pipa reapareció en el
salón. Volvieron los juramentos áloe labios. Los viejos
amigos «bona gas,» apartados por un tiempo demasiado
largo, fueron llamados de nuevo, y no teniendo necesi•
dad de contenerse, llevaron ante Marta, y su madre asom•
bradas y heridas, la crudeza de su lenguaje y la grosería
de sus bromas.
La reacción fué tanto más violenta cuanto la sumisión
babia sido más pesada. Charlier volvió pronto á sus antiguos h~bit.oe de vida, acentuándolos aun con un verda•
dero goce de represalia, como vengándose de haber sido
nn momento mejor.
Todos loe sentimientos nobles que Marta profesaba, todas las cosas que amaba, todos loe nombres que veneraba, fueron 'befad()s é insultados.
Un día habló con emoción de su padre.
-¡Ah! síl exclamó Charlier, un lindo eefior, ese tu padre que se comió todo lo q11e tenía y lo que no tenía, y os
dejó sin un centavo por haberse festejado de sobra!.. ....
Qué eería de vosotros, dime, de ti y de la marquesa de tu
madre, si ese buen muchacho Charlier no se hubiera en•
econtrado ahí para eacaroe del atolladero?
Cada día trajo su dolor.
Segura del apoyo de Charlier, la eeflora Deecordea '.se
impuso más que nunca en la caaa de Marta, llevando á
todo su afán de investigación y e11e críticas llenas de
acrimonia.
-Yo llegaré á poner en este matrimonio lai cosas en
el orden en que la Providencia quiere que estén.
Y sus relatos, llenos de caridad-para su primoacreditaban en toda la ciudad que Charlier era la vícti•
ma y MBita el verdugo. Todo el mundo se apartó del
verdugo.
La eefiora de Moufüiers murió de pena.
Algún tiempo después, la eenora de Sennevaux, estando de paso en Jouy, fué á ver á su amiga con su marido,
cuyo primer aspecto hablaba de la nobleza de su vida y
la elegancia de sus maneras.
Sorprendieron á Charlier en pechos de camiaa, con su
pipa, cerca de un l:ock de cerveza en el salón, y abreviaron su visita.
,
-Adiós, mi pobre Marta...... dijo tristemente la seflora de Sennevaux oprimiéndole las manos.
Marta comprendió: en adela:i.te estaba sola,

Y todos esos dolores aun no eran nada en comparación.
de la aneiedad' punzante que la oprimía. Su hijo! Q•1&amp;
sería de Pablo educado en un medio semejante! Jamás su
preée~cia detendría á Charlier; al contrario, parecía.
excitarle.
Cuando el nifio tuvo ocho afioe, su madre pensó, par.i.
salvarlo, en realizar el más amargo de loa sacrificios sepa•
rándosede él. Propúaose ponerlo en un colegio de París.
l!as cuando Charliereupoque ella proyectaba ponerlo en
una casa dirigida por sacerdotes y donde se había edu•
cado el pequefio Sennevaux:, fué presa de una cólera es•
pantosa.
-Jamás en la vida! exclamó ...... En un colegio de cu·
rae! Con noblecillos! ...... El hijo de Charlier!... ... No, no!
Irá á la escuela aquí co¡no loa otros...... Yo no quiero,
entiendes? Yo no quiero que ee baga de ese chico un
clerizonte ni un marquesillo!
Y el nil'lo creció triste, pensativo, repugnando por ins•
tinto mezclarse en loa bullicioso!'juegos de sus cam3l'das
forzosos, ignorante de eeaa alegrías primeras de la infan •
cia feliz en que nada altera la frescura de los sentimientos.
Desle sus primeros pasos en la vida, Pablo no veía.
más que sarcasmos y violencias de una parte, de la otra,
más que tristezas y penas, adquiriendo esa experiencia
prematura tan penosa cuando se encuentra en un corazón joven.
Mostraba á su madre una ternura ardiente. Pt1ro en
vano ensayaba ella misma penetrar el secreto de aquella
almita silenciosa, de aquel espíritu reflexivo y observa·
dor. Las eanaacionee se acumulaban, fijábanse los recuerdos, las impresiones se concentraban en una mezcla
informe de donde no se desprendía aún la idea qua de\Je.
dar al carácter su signo dominante é imborrable.
La aei'iora Descordee confió sus inquietudes á su ma•
rido.
-Este nil'lo está sombrío siempre, dijo, yo creo quealgo oculta. Me ocuparé de él.
Y bien pronto fué recompensada de su r,elo bondadoso;
ella recibió la primera revelación del pensamiento ·dePablo.
-Por qué huyes? le dijo, un día en que entrando á la.
casa de Marta vió al nifio escaparse á su vista...... .A.case&gt;
no me quieres?
-No, prima, respodió Pabio con firmeza.
-Ah! no me quieres! replicó ella soriendo con la punta de los labios, pues eso está muy mal hecho. Xo sab3s
que el buen Dios quiere que ee ame 1\1 prójim9?
-El buen Dios quiere que sea uno bue~o, y vos no
sois buena: porque frecuentemente, cuando habéis hablado á mi mamá, ella llora luégo que os vais.
- Impertinentillo I exc Jamó la senora Deecordes cerra n-·
do violentamente la puerta...... Que yo no soy buena!
aquí lo que le ensefia tiaa hija de marqUE!Bal Que no
soy buena! Yo que estoy al frente de todas ·1as socieda•
des de caridad! Ah! este muchacho será una lind·a aihajar
Ser bueno! Pablo acababa de dejar escapar su secretoy de darse él mismo cuénta de él.
Ese grito de nifio debía ser la di visa de toda su vida dehombre. Hasta ahí incierto y turbado, para lo de add·
!ante había encontri.do el camino y visto la luz. Ser bud·
no...... he ahí todo·! · ·
De!!bar, busca1, procurar el bien de loe otros aunqu~
fuese al precio de sacrificios ó de su proQio sufrimiento;
jamás pensar mal de loe otros y saber perdonar cuando,
el mal es patente, vencerlo con la dulzura, llorar con los
que lloran, sostener áloe que vacilan, levantar á los quJ
caen y poner en su acción generosa siempre modesta y:
sin ostentación una ligereza tal de procedimiento, una.
tal abnegación poreonal, que el que reciba el beneficiose perciba del resultado y jamás del esfuerzo; caridad di·
vina de la cual las vocingleras agitaciones de la eefiora
Deecordee no eran más que una grosera parodia, y cuya
ley filosófica y santa aparecía en el corazón ingenuo dé
ese nifi.o infortunado. Al pricipio hubo en Pablo un ins·
tinto no definido. Toda su vida fué, después, una necesidad, necesidad inmensa de abnegación y amor.
Le religión le atrajo como una víctima. Viéndo'a.
atacada incesantemente por su padre y sus amigos, foJ.!
hacia ella con ardor, como se va al socorro de un op1imido; la amó por que la sentía maltratada, como amaba.
á su madre, más aún cuando viéndola llorar, la tomaba
en sus brazos para enjugar sus lágrimas. Su espfritu infantil confundía estas dos ternuras y personificaba la re-

DOMIIIGO

a

de AGOSTO de 1897

BL MUNDO

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el embrutecimiento fatal de un pesado suefio, loe doe
caían de rodillas y confundían sus lágrimas y sus plega•
riae desea peradas.
_:Pobre Cbarlier! gemía la aefiora Descordee...... Sin
duda es bien digno de censora, pero también de lástima...... He aquí á lo que se le ha reducido! He aqní la
cbra de una mujer sin religión!. ..... ¡Cuando se piensa
que jamás ha querido formar parte de alguna de nuee•
trae obras!

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ir·.,,!.;.

ligión en un eér ideal que tenía el rostro de Marta y á.
quien quería consolar como á ella la consolaba.
Forzado al secreto, aprendió el catecismo á hurtadillas
Habiendo prohibido su padre que se _le llevara á la igleeia, se arrodilló en la soledad ante una ventana desde la
cttal ee percibía un pedazo del campanario vecino. Un
día Charlier arrojó al fuego con rabia un libro de oraciones que halló entre sus libros. Deed~ entóncea el niflo
compuso plegarias de una ingenuidad melancólica, que
por la noche recitaba·muy bajito á su madre.
Sobrevino la guerra, llevando á cada familia su pord6n de desgracias.
El sefior de Sennevaux, teniente coronel de coraceros,
c;i yó, con la espada levantada, á la cabeza de sus eecuad ras en la carga inmortal de Morebronn.
Por la primera vez Marta envidió á su amiga. Su dolnr c11ando menos era noble y digno de una alma grande.
L'\ parte que á ella le tocó fué pesada de otro modo.
Loe almacenes de Charlier fueron saqueados por loe

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alemanes. El ensayó reparar esta pérdida enorme por
una operación de especulación que fné desgraciada, y se
encontró casi completamente arruinado.
La vida de Marta fué entonces espantosa. Su pasado
ya tan cruel, podía creerse feliz en comparación de
loe días que comenzaron. Charlier, ocioso, y furioso de su
fracaso, se lanzó á ciegas en la política más violenta y se
convirtió en el Jefe de todos loe ganapanes del país. Loe
llevaba á su caaa dizque á ~onciliábuloe misteriosos que
terminaban en medio de jarros de cerveza y de nubes
de humo y cantos báquicos. El reato de su tiempo paeábalo en las tabernas, y un día le llevaron á su casa completamente ebrio.
Pronto aquello fué un hábito. Día á día, desde entóncee, ya no volvió á su casa sino en un estado lastimoso,
aullando, vociferando, pateando, en medio de escenas
odiosas á las cuales asistía Pablo, asustado, loco de dolor, obligado algunas veces á defender á su madre con
sus débiles brazos; después, cuando el borracho caía en

IV
Ganneville posee una plaza irregular, pero basta, sombreada de árboles. Ahí se concentra la animación de la
ciudad. La «Lira de Plata» hace ciertos domingos oir
sus acordes. Las elegancias locales muestran sus esplen•
_dores. El subprefecto pasa cada afio revista de bombe•
roe, el día de la fiesta nacional, en medio de un entnsiaemo igual, ya en esta fiesta, el 15 de Agosto, ó el 14 de Julio. Se ven dos cafés, muchos depósitos de azafrán y tres
ó cuatro tiendas entre las cuales brilla la de la eefioritas
Juglan.
Menos frecuentada entre semana, esta plaza sirve de
punto de cita á un grupo apacible que se reune todos loe
días á las mismas horas, recorre el terreno un miemo
número de veces, siempre al mismo paso, y cambia Ja,e
mismas palabras.
Hay en esta pacifica reunión, dos oficiales en depósito,
un inspector primario retirado y tres honestos propie•
tarillos que jamás han conocido otro horizonte. Es eee el
periódico viviente de la ciudad. Cada uno lleva al fon•
do común su contingente de noticias qne convierten

�llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Concurso de zarzuelas</name>
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                    <text>llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

�•

EL ,MUNDO

DOMINGO 15 DE AGOSTO DE 1897

el libro, en el Ateneo, en las academia~, su palabra autoritaria dejaba las huellas de su influencia y inarca~a con
el sello de su grandeza la idea que encarnaba, en bien dela monarquía confiada á su cuidado.
Te16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
Cánovas no era de .la talla de taatoe hombres como
MÉXICO
han pasado por loa escaños del poder, elevado_s por el
Toda la correspondencia que se relacione con la Re- defensa social.
oleaje de la revuelta.,política, sin dejar memoria de su
Perseguir al lobo en su guarida, sin tregua, sin reposo,
•aoci6n1 debe ser dirigida al
paso; parece como que había aecendido al alt~ puesto
sin un momento de reprochable vacilación, sin un asomo
que ocupó por drrecho propio, por la fuerza misma da.
Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.
de falso remordimiento, y· exterminarlo allí en donde se
las cosas y de las person'\i:, como producto natural d~l
encuentre1 ea sana tarea de cirujfa social, que. han emSecretario de Redacción,
medio que lo rodeaba, como la' síntesis de las aap~prendido todos lbs gobi~rnoa. Sólo moetráo~oa~ _fríaAmado Nervo.
mente inflexible se logrará. ser benéficamente JUSt1c1ero. raciones naciooalee, como la cristalización del pensil·
miento ibérico, como la últiwa expresión del alma de toToda la correspondencia que se relacione con la edición"
do un pueblo.
debe ser dirigida al
Por eso es tan hondo el sentimiento público de la
Gerente, Lle. Fausto Moguel.
Qfo
nación hispánica, al ver desapart&gt;cer al eximio estadista,
no por ley ineludible de )a naturnlt&gt;za, no como el roble
La enbscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
que
se inclina al peso de los aiiue de3pués de haber da~o
En
el
último
contrato
celebrado
por
remate
entre
la
mee, y se cobra por trimestea adelantadoe.
Secretaría de Guerra y ltJs fab1icantes por mayor del vea· su sombra prorectora, sino como la t:lncina que deegaJ_a
Números sueltos, 50 centavos.
t!lario pa"ael Ejército, se establece la cláusula de que la el rayo} como la roca qoe arrauca de cuajo ~n eacudi•
A.visos: á razón de $30 plana()Of cada publicación.
empresa no podrá disminuir el jornal pagado á las obre· miento plutónico del globo. Por eso es tan íntimo el doTodo pago debe su precisamente adelantado.
lor del pueblo ibero y de sus bijus esparcidos en el nue•
ras utilizadas en el!!ta labor.
vo continente, al ver cat:ir al insigne político cuando en
La
idea
es
digna
de
encomio,
porque
viene-á
favorecer
RE.HB't'RADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CU.BX,
el trabajo de las obreras nacionales, razón en que ee fun- él estaban fiJae todas las miradas y de él se esperaban
dó la censura que pocos ~eses ha dirigió algún perió· loa consuelos en las anguEtiaa de la patria.
Por eso también loe que siguen con interés la lucha
dico á la mencionada Secretaría, al encargar a.l extran•
en que está empefíada Espafia} quieren invesl.igar su por·
jera algunas piezas de ropa destinadas al Ejército.
El argumento del trabajo nacional debe apoyarse en venir, y loa que ob6ervan con ansia la contiend~ de la
Qfl
algo más sólido que las declamaciones y las promesas de monarquía constitucional, se preguntan el camino que
las operarias. El proteccionismo ha invocado siempre seguirán á la muerte de Cánovas, al verla amenazada p~r
El asesinato de! sefíor C.inovas del Castillo, el eminen- en apoyo suyo el argumento de que el sistema sirve pa- dentro con los.rugidos del abeolutiamo que como bestia
te político español, ha provocado un movimiento de es- • ra desarrollar el trabajo ñacional y elevar el tipo de loa hirsuta congrega á. las huestes carlistas invitándolas á la
sangre y á la matanza, y por las caociones incendiarias
tupor en la concienc!a de loe pueblos civilizadce. T~da- jornalee.
La verdad es que los partidarios de 1a política protec- de 10.:1 republicanos que, aunque divididos y faltos de orvía el lierrible monstruo anarquista se agita convuls1vamente en el fondo de e~ta tragedia formada por la ira Y cionista no han podido todavía demostrar eua asertos ganiiación, aun eueñaii en la posibilidad de hacer prtivaet hambre; aun el microbio se revuelve en los cbarcales hasta ahora1 y en loa diversos trabajos empr'eodidos en lecer sus ideas sobre el sentimiento público que ilustra
de un grupo humano en el que vibran depresiones Y fe. el extranjero, para apreciar el nivel de loe salarios, no _se una tradición gloriosa y engrandtce la hhitoria resplanrocidades, cóleras y cobardías, miserias y protestas, Y que ha logrado establecerél princip~o á que ee hace referencia. decierite de la realeza; acosada en sus posesiones de Ulal estallar en los eepíritus sombríos, (leterminan esos Los salarios se han elevado en estoe últimos tiempoe, Y tramar po1 las violencias separatistas, que en su anhelo
repugnantes attintadoe contra lo más eagr.i.do de la vida .Ql.UY principalmente en los países que se desarrollan,_ en de independencia han convertido el paraíso antillano en
virtud de una ley económica indeclinable, que qmere yermo infecundo y loa campos filipinos en desiertos essocial: la vida humana.
¿De dónde vienen estos hombrea?. De ellos_ podría de- que una mercancía, cualquiera que ella sea, aumente su tériles cubiertQs de desoladas ruinas; y ocasionada en el
exterior á conflictos graves y á serias colisiones por la
cirse lo que del inmortal poeta, los florentinos: vienen valor en relación con la demanda que de ella se hace.
del Infierno,-¿A dónde van? Marchan á ciegas, camiEn México el impulso de la agricultura ha hecho que razón misma de las guerras separatistas.
Nada nos autoriza, sin embatgu, á hP.cer predicciones
nan á. tientas, sin guía que les sirva de faro á. través de el jornal haya subido proporcionalmente, y en la actuaJas espesas tiuieblaa que los rodean, sin Beatriz que les lidad en zonaa como las de Oaxaca y otras, en las que el pesimistas por la muerte de Ciinovas del Castillo: grande
abra las puertas del ideal, al final de su peregrinación. cultivo del rafé ha tomado grande incremento, se paga á. era la significación del grande estadista, inmensos los
y si tienen ideal, ea un ideal negativo y disolvente, re- peso y más el trabajo del bracero, que· no hace mucho servicioJ que prestó á la monarquía, fundadíeimas las
fiido con los intereses de la comunidad y contrario á las ee cotizaba á dieciocho y veinticinco centavos.
esperanzas del pueb~o que en él confiaba, altísima la sigLa estipulación contenida en el contrato á que aludi- nificación de su personalidad en el actual período de
leyes del progreso.
El revolucionario tiene en descargo suyo un programa mos ee basa en algo mfts sólido que en simpltis asertos, Y crisis por que atraviesa la 11ación1 pero si él encarnade enfermedades que remediar, de doilos que reprimir, en virtud,de ella, el viejo argumento del trabajo nacional ba las aspiraciones patrióticas del paíe, no era el pa1s.
emanados de una e,ituación política. El anarquista no no será. letra muerta en la especulación de loe empresa· mismo; 8i él era el apoyo del trono y el defensor más ab•
dispone de material para llenar los profundos huEco"s que rioa.
~egaao de la real familia, no era la idea monárquica1 con
produce en el aparato social; esa sangre que extrae de
hondas raíces en el pueblo español.
!as arterias no será reemplazada por otra sangre, las
Aun vive el heroico pueblo ibero con todas sus gran•
energías que suprime no 1:erán sub~tituidas por otras
dezas, auu palpüan en t!U seno sus pujant~s energías: si
energías. En la lucha por la existencia persiste el más apse ac~i Cdo adolorido á la fo!!a recien abieita que hade ª'uarto, porque en esta aptitud se encuentra radicada la cividar los despojos mortales del gran eatad.ista, y deshoja las
DON ANTONIO CANOVAS DEL CASTILLO.
lización; pero en la terrible batalla que se libra del otro
florea de su gra1,irnd en esa tumba que ha abieno el odialado del mar, el triunfo del anarquiemo eería un paso
do anarquismo, product.o morboso de la civilización mo•
Con la rapidez de la electricidad con que fue comuni- derna, 1:11 bieme hondo pesar por el vacío que deja el Je•
a~rás en la historia de la humanidad.
Sociológicamente, el mal momentáneo puede traducir- cada al mundo la infausta nueva del hor1endo crímen de fo del panido com.ervador en su repentina y tr1ete desa·
se en un bien colectivo: la guerra y la ernlavitud consti- Santa Agueda, ae La eentido también el estremecimiento paricion 1 puede esperar tiodavfa¡ hay situaciont!s políticas
tuyen dos progresos, han sido un avance en la vida de loa con que los pueblos civilizados de éste y aquel lado del que engendran hombree de Eotado, los modelan según
pueblos. Pero el anarquismo no posee esta faz redentora Atlántico han visto la desaparición del eefíor CJ:novas su necesidad y los per.ti.lan según las leyes naturales.
de su obra destructiva: es un mal sin compensación, una del Castillo, que era para la monarqufaeepañola, no sólo
.l:!:n el momento histórico acmal de la E~pafia monárpérdida sin contrapartida en el libro mayor de la moral el prestigiado minis~ro ni el meritíaimo piloto de la Re- quica, á nadie se ocul(a quee~tá erizada de dificultades
gencia, sino la t'lncarnación misma del sentimiento nasocial.
y llenad~ sombras que enlutan el tiempo porvenir: el pue•
Se ha admitido que las condiciones económicas de este cional, que babia restaurado á. loe Borbonee en el trono
blo espai\ol, en su i1Jgente patriotismo, hará. por vencer•
triste fin de siglo no responden á las necesidades de todos de sus mayores, después de las convulsiones volcánicas
las todas y por encontrar 'al diestro piloto que conduzlos grupos; que en torn·o de la mesa en la que los pode- que produjeron la República y las agitaciones tempea•
ca á puerto feliz la nave de la monarquía COllBtitucional,
rosos de la tierra han tomado asiento, se revuelve una tuoaas que engendraron loa carlistas.
azotada por vientos tempescuoaoa1 entre los arrecifes de
El ilustre hombre de estado que acaba de caer á los
multitud barobrienta que vive con las migajas del festín;
la revolución y los escollos de los reaccionarios.
que al lado de los politicastros y los aefíores feudalee de golpes fieros del anarquismo vengativo, era la columna
¡Feliz si puede encontrar un digno sucesor del hombre
la riqueza pública, se alzan en el viejo mundo, loe dra• firmís~ma en que se apoyaba la admistración reinante.
il uetre que acaba de perder 1
mátiuos espectros de los abatidos y loa desesperanzados. Modelado en gigantesco bloc de granito, como los héX. X. X.
¡Y bien! ¿Qué otra forma de repartición, qué otro pro- roes legendarios espafiolee_que se yerguen bajo las arcacedimiento de justicia, qué otros derroteros de prosperi- das inmensas de sus catedrales, ó reposan como centine•
Agosto 12 de 1897.
dad proponen los adeptos de la negra banda? ¡ La igual- laB eternos á. la sombra de las sagradas criptas, veía roro•
dad en la deegracia! la jusücia en el aniquilamiento! la perse sobre su pedestal las olas encrespadas de las tormentas polfücas y estrellarse los vientos huracanados de
felicidad en la nada\
y al sentir este soplo de tumba, este impulso de des. la revolución.
En la tribuna, en la cátedra, en la prensa militante, en
trucción, esta amenaza á lo que consthuye la gloria dtl
".EL M 'UNDO"
Semanar1o llu•trado.

hombre1 familia, bienestar, actos heroicos, esperanzas
redentoras, ideales perseguidos, toda esa cohorte que for
ma au patrimonio, el anhelo de persistencia, la fe en lo
porvenir: la humanidad retrocede como si sintiera mordeduras de eerpíentee, y reclama el gran derecho de la

fau11r ~e la mujer

tlatiu; rbitllrialrs.
lHtint11 11tenta~11.

:¡9a\ítica &lt;fürttrral.

113

EL MUNO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL AMOR V EL MATRIMONIO

la forma de afecto adecuada para el matrimonio? No evi•
dentemente; si ella fuera compatible con la felicidad do•
méstica, con la paz conyugal, con la prosperidad de _la
familia ¿por qué los poetas que la pintan, y los novehstas que la prefieren, d6een1azan sus ficciones con el suicidio como en Werther ó con la muerte como en María? ¿Porqué ai llevan á loe enamorados hasta el altar los dtijan y cierran el poema en cuanto ee entreabre el hogar? Porque saben muy bíen que esa forma del
amor ni es_poética ni os dulce, ni es bella. sino en el
alfeizar de la ventana de Julieta¡ pero que extinguido el
canto de la alondra y comenzada la alegre gritería de los
niños en la nursery, esa furma de amor es ridícula, antipatriótica, inadecuada, incompatible con la felicidad de
la familia. Mientras el hombre no se presenta á la mujer en pantuflas y gorra griega la mujer puede amarlo á
la romántica¡ después ese género resulta anacrónico, extemporán1:,o é imposible.
Menos aún es cowpatible con la paz conyugal el amor
puramente sensual, fundado en la belleza fisica, en la
ilusión de los sentidos, l'óln las propensiones &lt;le la natura•
leza animal. Son loa matrimonios creados al calor de es·
te género de pasiones los que más Prontamente se disuelven, los que dan úcasión á mát1 frecuenres catástrofes, loa
que con mejor seguridad labran las de1?graciae de las familias. Ese género de ilusiones son frágiles como e. cristal, inconeistentts como la noche, cambiajizaa como el
celaje, efímeras como la flor.
Para casarse, para realizar una unión duradera, feliz,
fecunda y próspera, es forzoso gue la forma del amor Ct&gt;•
rresponda á las exigencias del matrimonio. El marido y
la mujer no sieben ser tao sólo dos amantes, deben ser
igualmente dos amigos. Fuerza ea, no solo que ee amen,
sino que aimpaticeni la forma de su afecto ha d.e ser expanai va sin ser volcánica} tierna, sin ser romántica; han
de ser camaradas capaces de vivir contentos ~l uno al la•
do del otro, como dos compañeros de colegio, bao de reir
más que suspirar, conversar más que gritar, pasear más
que llorar. Amor intolerante no ea amor conyugal, CODlO
no lo ea tampoco el amor exigente.
Un amor de intensida•j moderada, á la vez de cuerpo
y de espiritu, que se parezca mucho á la awietad 1 que esté impregnado de ei.tr!patía y de tolerancia, que sea compatible con el ti abajo, con t•! estudio, que no abstraiga
todo el espiritu, ni absorba toja la actividad, que no baga sufrir sino gozar, que no impida sino que ayude á
proeperar, que no pri,,e de la nfltxión, que no tuerza
el criterio, que no se oponga ni á la justicia, es, por excelencia la forma de aftctp que debe presidir al matrimonio.
En resúmen, para el hombre, la mujer debe será la
vez amante, hermana y awiga, para la mujer el hombre
debe ser amante, hermano y amigo.
Tl}do lo dt más es faena, drama ó tragedia; pero no et1
vida, ni es felicidad,
Dr. Manuel Flores.

Entre nosotros parece convenido que hay problemas, y
de los más graves, cuyn solución debe confiarse pura•
mente al sentimiento sin que intuvenga poco ni mpcho
la reflexión. Todo el mundo conviene en que para emprender un negocio, invert.ir un capital, elegir una carrerra, debe previamente meditarse y calcularse lo que se va
á hacer y pesar y medir las probabilidades de éxito¡ pero cuando ee trata del matrimonio, de la fundación del
hogar y de la familia, de la elt cción de eompafi.ero de
penas y de goces y de hacer á. otro sér partícipe de la
buena ó de la mala fortuna que pueda tocarnos en suerte,
entonces la.nfü,xión dtbe callar, el cálculo enmudecer
vendaree loe ojosá la previeión y lanzaree la nave al mar,
sin más propuleor que el cip1icho del oleaje y sin más
norte que lo deaconccido.
Acostumbramos aconsejar, en caso de matrimonio,
consultar única y e:xclmivamente al corazón, sondear la
profundidad del eentimiento que nos anima, medir la
amplitud y el empuje que nos arrastra. Para casarse lo
que interesa saber, es si se ama y cuánto se amo, todo lo
demás es bajo, es mezquino, es indigno de un corazón
noble y á mayor abundamiento ea antipoético1 burgués,
bajamente práctico.; proceder de tendajonero ó de agente de cambio.
La literatura y la poesía, por una parte, loe instintos
de la raza y las costumbres por la otra, consolidan en
nuestro ánimo la convicción de que basta amar para casaree y de que mientras más se ama mejor resulta et matrimonio y nada. más poético, Di más grande que ver cómo dos volcanes cu u funden eus l~vas á riesgo de no pro•
ducir en su derredor más que catástrofes y de no dejar tras
de sí eino cenizas.
Muy lejos de nuestro ánimo el negar que el amor haya
de ser la condición fundamf:ntal del matrimonio, su sanción y su razón de ser y el aceptar las uniones de mera
con veniem~ia 1 de puro cálculo, de aparato y de interes á las que no presiden el afecto, la ternura, los
máe vi vos .y loa más puros sentimientos; pero entre casarse por cálculo y casarse por locura, entre que el matrimonio lo determine la ariLmética ó lo sugiera el frenesí media diferencia y en este estudio no aspiramos á. extinguir hogueras siao á refrescarlas, ni pretendemos suprimir el calor fecundante del afecto sino calentar la
temperatiura que más conviene para confeccionar, digámoslo aeí, un buen matrimonio, Se puede ser un gran
gastrónomo y un excelente cocinero sin dejar de 1ecomendar pata ciertos platos el bailo maría.
En una palabra, el matrimonio no es, á nuestro juicio,
cu1::sti6n de cantidad de amor, sino de calidad ó naturaleza del afecto. La experiencia y el razonamiento comprueban á. una que no son los amores ciegos, volcánicoe,
los que producen los matrimonie.a felices, tranquilos y
fecundos; y que realizan uniones mejor avenidas, más
duraderas y mejores los temperamentos apacibles, que
los corazones arrebatadoe. En efecto, el amor ea una función animal con instintos poderosos que la estimulan,
IMP.R.ESLUN c;S
con paeiones ciegas que la aseguran, con arrebatos brutales que la garantizan; pero el matrimonio es una funI
ción social, una instit\ición humana, de orden 1 de paz,
DOCUMENTOS HUMANOS
de tranquilidad. Con el matrimonio se funda la familia
y hay que velar por su educación, por su sarnd por su
¡ ih, no! Es un extrañ,&lt;t monstruo e~ta mariposa que
bienestar y por su porvenir. La ley de la familia no es el se llama el arte. Es egoísta y absorbe demasiad~ aensiéxtasis sino el trnbajo; la ,explosión, la tempestad, la bEidad.-Arnar ea sano, amu.r es una dicha vulgar, ex•
convulsión, son impropias l)llra guiar á loe hijos, para quieita,al alcance de todo el mundo, funcióu fiaiológica;darles ejemplo, para asegurarles un porvenir. Con el y el arte es un caEO de patología psíquica.
amor furioso de Byron por la condesa Guicciolli se esLos hogares de loa artistas son hogares fríos; no revc,·
criben poemas y se representan dramas, pero no se fun• lotea el sol alegremente dentro de aquella aemi-obrnu•
dan familias, ni se educan hijos, ni se elaboran fortunae. ridad, en la que sólo se enciendeü luces al rededor del
Jasan, y eeo que era un aoldadón brutal, no pudo sopor~ altar. sereno de la inmortal belleza. Todo palidece y se
tar á Medt:a y acabó por buscar una esposa menos pan• esfuma ante la sagrada imágen y ella reina única y sobe•
tera y más mujer; ese amor volcánico y ardiente, tipo de rana.
los que- gustamos sentir y modelo del que recomenda•
El eepíritu femenino se asoma al alma del compai\ero
mos á. loa novios, dió como resultado siniestro el aban- de la vida como á un espejo_ que no reflejara su imágen.
dono de la amante y el t-xtraogulamientode los hijos por No es nada suyo aquel hombre, absorto míaticJ en la
mano de su propio padre. Con el amor de Otelo no se contemplación de espectácuios interiores: hay allí poco
llega más que al ast-sinato de Desdémona.
espacio para este hacinamiento de menudencias esquisiLa leyenda} la historia y !a sociedad están llenas de ·tas de que se nutre el corazón de la mujer.
ejemplos análogos, de trajedias conyugales, de ruinas de
Por demasiado alto no se llega á ese cielo; ángeles de
familias y de catástrofe.e domésticas cuyo origen es el rosadas alas impiden eecalarlo; sólo los iniciados en aqueamor ciego, brutal arrebatado, loco. ¿Será acaso el amor llos secretos, los que coronados de freEcas rosas ascienromántico, enfermizo, suspiran te, dolorido y triste, el de den por gradaciones sucesivas á la elevada región de la
Rafael, el de Graziella, el de la María de Jorge Iaaacs, idea, pueden permanecer en las albas cú11pidee . .Allí vi
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ven solitarios, como esas aves vencedoras del eepacío en
lo enhiesto de un picacho inexpugnable.
Vivir así, en extásis perenne, arrodillada el alma y
fijos loe ojos en lo pr'ofundo desconocido, es perder de
vista 1as coeaa humanas. Lohengrin baja del Santo Graal
en un rayo de luna, y q_uando Elsa--el eterno femenino
-reclama su puesto en el corazón del heroe1 la visión se
desvanece y el ideal retorna al impalpable mundo del
ensueño, de donde brotó.
Y el arfüta ea un Lohengrin perpetuo; llena está su
conciencia del ealmc, santo de esa vida irrealizable de
la quimera; vibrante su eangre de la sublime calentura
del pensamiento; cerrado el santuario de eu espíritu á
la3 cosas humanas, á esas pequefi.as cosas que rnn loa hi·
lillos de estambre con que se borda el madrigal sutil y
transparente de la ¡¡aeión.
El amor ea un gran inconrniente; no ha menester coa•
dros maravillosoe, y la naturaleza es para él una esfinje
siler;cioi:a y sombría. Báatale con la contemplación del
objeto amado, y la creación es un ataud que flota en el
espacio. -El suei'io de ser la espoea de un poeta, es un
sueño atroz de martirio¡ es tener á su lado un cuerpo· sin
alma, una vída que no nos pertenece, ei;tar desposada
con un cada ver.
No hay sitio en aquel inmenso templo para el rezo su~
surrante y vago del ardoroso apasionado de aquella re•
ligión. Penetrar bajo las soberbias naves y hallarlas tristes y solitarias; aproximarse al tabernáculo y encontrar•
ee con un sepulcro, y cuando la igle1:iia re~plandece de
luces)' se cubre de flores, eer arrojada despiad1damen•
te ...... ¡Ab, sueño de unión mística con una alma-vestal,
con un espíritu de eremita, cuántas noches has golpea•
do en la tibia alcoba abandonada, mientras en el gran
silencio del reposo, las estrellae, como lágrimas de plata,
han caído en lluvia lumit:.oea sobre la frente del poela!
Y de puntillas, desceñida la flotante t_llnica, entre•
abiertos loe abraeados labioa--nido de besos en floración-acercarse al altar del dios y reclamar de él un rayo
de luz que ilumine á criaturas humanas.
¡Ah, hijos que Surgís el.l las treguas de dos nubes al
chocarse, osescapáateis por acaso, sois los parvenus de una
vida que no os fué dada voluntaria..nente; sois huérfanos
de la conciencia, abandonados del alma: nacisteis de la
caricia de una rosa y de un bloc de mármol! Y al lado
de vuestra cama vereia siempre á. una mujer pálida y
re!!:ignada y á. un sonámbulo que vaga inquieto y silencioso.
Amar es sano} demasiado sano, y el artista-enfermo
sublime-ea un ser poco sensible-acaso por exceso de
sensjbilidad,-un anestesiado ·de la pasión.
II
¿AMAN LOS POETAS?

Lefa yo la otra tarde en un último libro de Max Nordau ( 11Paradojae peicológicas11): 1&lt;De noventa y nueve sobre ciento, en las clases cultivadas, particularmente en
las grandes ciudades, lo que se tiene _por amor no es un
sentimiento nacido en el organismo1 sino el efecto de una
sugestión poética. Si los amantes de esta categoría no
hubiesen ltido nunca una novela ó visto una obra dramática sentimental, no se encontrarían en el estado de
áaimo que atraviesan, ó si estuvieran realmente enamorados, su sentimiento se man:festaría, en todo caso, por
otros sentimientoe, palabras y actos.-Consciente ó incomcientemente, representan una comedia de salón ó de
tocador, y repiten con todo entusiasmo y seriedad las escenas cuya descripción en los libros y repesentación en
e! teatro se ha apoderado de su imag:nación .
¿Es, pues, cierto que los poetas, esos ¡;randes augestio•
nados del arte, esos Robinzonea que tienen su isla aislada de los demás m'ortalee, su mundo aparte, en el que viven una vida refinada y complexa, su santuario oculto en
el interior de sagrados boeques, ea cierto que esos exqui•
sitos de la sensibilida1 no son otra cosa sino loa fieles
evocadores del recuerdo, el fonógrafo que guarda la impresión rncibida y la trasmite fielmente como un eco devuelve lue sonidoa•ó como la piedra que cae en un lago
esparce su choque en ondas ténues hasta las rientes orillas que limitan la movible superficie? ¿Hay en el fondo
de sus sensaciones un espíritu oculto que todo lo d_lrige
y lo encauza, una energfa que preside á.!sua accion~o(y
que se apodera de su conciencia y la nulifica y la anula,
un yo externo que arroja otro yo interno, y la!! voliciones
no son eino la suma de todas las voluntades ajenas?...... .

�EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE 1897
DOMINGO 15 de AGOSTO de 1107

EL MUNDO

-~¿A veces, dice un maestro, he peneado en la existencia de un entozoarío que ocupa la región de nuestro
cerebro, que vive aq,1í dentro, alimentándose con nue,tro pensamiento.• Y entonces nosotros no somos nosotros; somos el producto de tnuchoe hombree. de muchos
eEpíritnP, de fragmentos dispersos, de átomos diFgregadoe, de impresiones esparcidas, de fuerzas diseminada•;
entonces, como decía el poeta, •n'lda ea nuestro», vivimos en un mundo aj~no, nuei;tra existencia eetii forma•
da de extranas t'xistencias; nuestros dolores, nuestras
alegrías, no nos pertenecen; la lágrima que nos arranca
un acerbo sufrimiento, fué vert.ida hace anos, siglos aca
eo, por un loco ideal que conservamos adherido en no
importa r.uál celdilla de nuestro cerebro; somos sombras
de cuerpos muertos, satelitee q '18 reflejan luz cenicienta
de un astro lejano, espectros de cosas idas, remembranzas de hechos pasados, polvo de estátuas
denibadae, reguero de esa roeada arena
de que habla Pierre Loti en su peregrinación á través del /Jcsi;,rto y que &amp;e forma
de altivas, de resplandecientes huettes,
de aguerridas multitud~s que han ido
aglomerando sus despcsjoe, desmoronamiento de generaciones qoe se suceden
á las generaciones y que arrc,jan al paPo
del viajerv una tornasolada nube de ceni•
zas, rndario impalpable de fant&amp;smas que
han rozado el planeta y que se alejan en
el penacho blanco de una uube.

ea un gran delincuente. Crimen de amor! delito de pasión! Como el personaje de la novela de D'Annanzio,
busca en loe labios de la mujer vencida loe besos de la
mujer anhelada, nueva forma de adulterio no prevista
todavía en ias páginas del Código Penal.
Carlos Oiu: Dufóo.

IAGO.
( r.r, •On:1.011 nr.

YKllDI )

l~go, dice una vieja edición de Ottllo, fago ,un· malvado. n
Tal se define y analiza á eí mismo en el Credo: comen•
tario musical al que conc,¡rren la, m ,!odias, las harmo•

Así, el poeta es un sugeHionado que
repite y hace lo que otroe ban hecho y
dicho antes que él? ¿A.sí, éste que él llama
su amor no ea euyo; lo aprendió en eue
lecturas, Jo traefundió en en sangre-que
tampoco ea suya, puesto que la elabo,a
su organismo con componentes exteriores-un eu autor favoriu,? Cree amar, pero en re11.lidad no ama; ea un ruiraje de
eue recuerdos: la amada idtal eubstiLuye
á Id amada de carne y hue~o. ~1arga,ita,
)lignon, Julieta, Eisa ... Laura., Eloiea ...
¿qué importa el noJ1 bn:? :S1tlmpre •·oiti la
deepoeada del poeta. •¿Acaso deJaría de
amarte porque te llam1ras de otro modo?» p•egunta á H.:&gt;meo la heroína dl ::::iakespeare. Amar aef, ea amar J?Or iuterpó•
sita voluntad; es representar un papt!l en
un viejo poema que no es nuestro; seguir
la voz de un apuntador invisible que nos
va deslizando enel oído palabras que no
nacen de lo pro[undo de nuestro Eér.
¿Q11ién nos inspiró eea hermosa eetrc,f.,
cuya música nos remueve íntimameLtt ?
No lo eé, pero yo la he tcecuchado antts
de ahora. ¿Xo fué Museet quien os hito
amará la «hija del Tí.ianc,?• Y aquel otro
que «viene del lLfierno" no encendió en
nuestra alma la pa,ión de B~atri;,.? Y todos vuestros amores ¿no son un tra,unto
de loe que sorprendisteis en esas páginas
que habéis leido y releído y á las que debéis la primera iniciación en ese gran
templo del dolor humane,?
Dolorosamente ama el poet¡¡, po1que el arte ea el do•
Jor, y poi eso ee le ama:
Aimeraie-tu l~s fleure, lee prée et la ved u re, Lee ~onnets de Petrarque el 113 chant des oiseaux, Michel Ange
et lee arta, Shakespeare et la nature Si tu n' y retrouvais
quelquee anciene sanglot1:?
Se busca este supremo deleite que hay en el fondo del
sufrimiento y que nos aproxima á loe bérces de antiguas leyendas, á esos otros yo que han anidado en nuestra conciencia; se sumerge el eer,iritu en este mar de recuudo, porque como Lenpardi «ove es dulce naufragar
en este nur¡11 se convierte atrás la mirada para aha,car
el camino recorrido, y repoear bajo Jae frt:ecae sombras
de enareuadae alamedas, formando, con las flores del
verjel ajeno, aromosos ramilletes que depositar en la
ventana de una :\Isrgarita creada al conjuro del libro del
poeta alewáu. Ptiro el amor que no se aiorna con las
sutlltle alas de la imaginación, el que se alimenta de la
realiJad, el que no ha menester nutrirse de otras iwpres ionee que lae propias, no es patrimonio del pceta. Este

Apuntes sobre el
eión, an contraste, cuya fuerza y hermornra expresa la.
música con mayor vivacidad que !a tragedia. É~ emi.
nentemente del dominio musical la atroz reacción -en•
tiendo casi la palabra en el sentido químic &gt;-del alma
envenenadora sobre el alma envenenada,
Recuerdo que Roesi, representando O' ello, pa9ab:i
constantemente, y con un ademán circular, la mano eo•
bre el pecho, como para seguir á través de eu earne el
horrible centro del dolor. De igual modo deecubro en es$08 pasajes de la obra de Verdi, un motivo orqnestal que
se revuelve sobre sí mismo y que al revolverse profundi•
za y desgarra.
A la menor frase de lago, aparecen en Otello loe eobresaltos; los ímpetus de eufrirviento y de cólera; en menos
tiempo del que ea indispensable para escribirlo, la voz
escala las altas cimas y se desploma en
loa abismos; el alma se ve presa de todos
los transportes de la duda, de todas las
contradicciones de la locura.
Y basta el final del etgundo acto las
dos fuerzas, una enfrente de :otra, conti.
núan lucbando a1,1í¡ una, oculta tln una
música impasible; la otra, abandonada en
una Ulúsica delirante: y como una ha en.
contrado en el relató del sueno de Caseio
la última atenuación je sí misma, la otra
encuentra también en eí misma, laexal·
tación extrema y el paroxismo, en las
páginas magnificas, punzautee con que
\ermina el adiós lírico á las banderas.
Estas son aquellas sacudidas, aquellos
rompimientos de sentimiento interior de
que habla Taine, apropósito de loM heroes
de Shakespeare. A esto se refüre cuando habla de •la imaginación terrible, la
,·elocidad furiosa de lae ideas multiplica•
da.e y exuberantes.•
Hay que lamentar que estas ideasme refiero á las ideas mueicalte-sean
demasiado cortas y demasiado precipitadas, qne paeen con tal prontitud ó que
e¡,te segundo acto eeté formado enteramente de detalles. Desborda vida, y si,
como se ha dicho, no hay ciencia más
que de lo general, no hay vida, ,Mvbre todo en '3hakeepeare, sino eu ti detalle y
en lo particular.

C,nm.o BEr.t,AIGVK.

. .._,,..._.,Lls jSvenee lt'ticm coquetería como ha•
cen escalas: para ejercitarse.
Jorge de J&gt;eyrcl,rune.

***á las mujeres ser saLa viudez permite
biamente coquetas.
A. C:er,11euaye.

*

* * de la joven co::i
C.&gt;nocer el caracter
qnien uno se caaa! no lo titLe 11ún ó se la
tlusd\a á diijiwular el que tiene.
Maria A na de J:Joi-fl.
Señorita Clara Cordero, de Jalapa.

nfas, loe ritmos y ICle timbrea. Comentario admirable,
al principio, de pod~r y de f tror, impra y lírica mente
arrojad') á trav~e de las 11menaza9 de loe cobres y de las
carcajadas de loa trinns; despu{,s, admirable también
cuando todo ~ste lirismo deeapare: e, cuando la oia c(ni•
ca termina en cínica meditación, la cólera en disgusto,
y, cada vez más lentas, más profundas y máedeadenoeae,
las notas del motivo principal ee desgranan y se deevan~cen en la nada.
Fuera de esta explosión casi toda la parte de lag&gt; no
está compuesto sino de in&amp;inuacionee musicales, i01pul·
sos, por decirlo aef, tan pronto tu 1pendidos como osa·
d s, veleidades y ten1ativas.
Desde este punto de vistJ, el relato del sueño de Cassio
me parecd una obra maestra de expresión; obra maestra
por la melod1a insidiosa, por el cromatismo eu,il, por ¡¡
instrumentación atenuada, ahogaJa, sordamente pereuaei va y elocuente por lo bajo.
Y estos ligeros razonamie ntos, estos toques tan delicados determinan en Otello espantosos transportes, crean•
do entre el efecto y la causa, entre la chiapa y la explo-

*

* * cJn la dificul •
S~ eicusa uno de engafiar á sus atn1gos
tad de engal'lar á eue enemigos.
Archille .Jfagn ier.

*

* m,ís
* ó menos poetas y to•
Todos los ena~orados son
dos los voetae se creen enamorados.
G. .lf. r,1lto11r.
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA'' •

EN LEON.

'

León, 29 de Julio Je 1897. -,-~r. O. Culos s,mmer, Direcoor Gdneral de «L1 )1.1'Uli•• tin .\Ox1co. - .\11y tldGunado eeilor:
El B 1nqaero en esta ciuiai de la lI 10,uf-ile C l'n¡&gt;aflía de Seguros eobr~ la vida «La )Iutu.A•• d-, ~,uwa ívrk,
de la que ed Vd. d1gao D irector tlu edGa R ,públic.1 me
ha entregado 1~ suma de(3 000 00) \rea mtl ¡.,1: 1od d,mo
volor de 1a_póliz~. núm. óiS.505, de mi !Liad.&gt; espodo el
Sr. O. Juet1no Horner.
Reco,nozco ag~de~ida _la eum1 efi~a,ia con q 1e Y J. ha
procedido en la hqu1dactóo de este stniei\ro,· .. ,1rn i n.an·
do con esta más, las numerosa! pruebad qud ya b.i. dado
«La Mutu_a" del empano con que ac,stuwor~ llenar loa
c 1mprom\soe con~r.&amp;idos con 11us a~egur,d ••. -·foy da
Vd. a[ma., atent1s1ma y S. S.- ELE).'.~ P. DE II i11sEa.

VIAJE ALREDEDOR DEL .llUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS 'POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
!17,000 n:a.lllas sobre loe ·n-1.are.,;.

YIII
EN EL TEATRO.-LA PROl'AGA:-OA,-LOS 1).'CElH&gt;IOS,

·

r_or lo común las horas de huelga laa pasaban en tierra, y los ratos de cansancio
loe distraían á bordo en la toldilla, viendo el incesante mover de loe ferrie, lanchas
de vapor, pangos de carga y mil botes, ya luchando al remo con la fuerza de la corrien•
·te, ya á la vela cinendo graciosos el huracanado y frío vie1.oto que allí reina, hacia la
playa.
Xo era muy raro observar incendios. una serie de pitazos de vapor, sonoros unos,
agudos otros, anunciaban el incendio, indicando la manzana, y aun el número de la casa
incendiada; poco después de advertido el incendio y loe pitazos las llamas cesaban por
la asistencia siempre oportuna del cuerpo de bomberos.
'
::S-i en Londr2e ni en
Parle se encuentran cuer•
pos de i&gt;Clmberoe tan ex·
peditoe como en Estados
Unidos.
La lucha incesante que
se nota entre el comer·
ciante y las sociedades de
eegnroe contra incendio,
hace que estas últimas fo·
mPnten con &amp;randee can•
iídadea de oro loa ga,tos
originados por una corpo·
ración que pre eta á todo el
mundo utilidades sin
cuento.
Tres minutos después
de anunciado un incen·
dio, están funcionando ya
las bombas, sea cual fue•
re la distancia del einiee•
tro, y diez eegundoe tarda
todo un cuartel en ponerse listo para pre:;tar auxi·
lio.
Loe caballos de servicio
hacen guardia sueltos al
lado de los carros que tienen que arrastrar, y al eo·
nar el timbre de alarma,
Lilluokalani ex-reina de tiawaii.
ellos solos ee ponen bajo
las varillas para ser enjaeiadoe: tal ea In velocidad en esta maniobra, que más tarda el
timbre de alarma en funcionar que toda la balumba de bombas en salir de su cuartel.
Todos los dia,, al sonar la primer campanada de las doce, hay eafarran:ho en to·
dos los cuarteles de la ciudad.

1

IX
t;N

El, PACÍFl("O,-DE SAX

FJIANl' IS('O ,\

IIONOl,ULU,-20:3() MIU.Ab

~I.\RIX.Ati DK

TRA\.ESÍA,

A las nueve de la mafiana del Z9 de Junio entraba la marea; una bruma espesa,
,que se deshacía en lluvia menuda y fría, abarcaba todo el horizante, dejando apenas
percibir en la playa el cúmulo de casas y en la bahía loe barcos.
A media máquina y
con el mayor .orden bor·deamoe de Sur á Xorte la
•costa occidental de la pe·
ninsula, dejando á estribor la lela del Alcatraz y
un poco deepuée Punta
Bonita, y á babor Clifíllouee.
Cuatro horas más tar·
de, apenas se distinguía
la costa americana por la
popa, y solitarios en e.l in·
meneo Océano, con viento, marea y corriente fa·
vorablee, ecgu!amoe el tra·
zo marcado por la de•
rrota.
Nada más feliz que esa
travesía. L!U! eingladurae
acuearon velocidad muy
regular con solo una cal·
dera; el mar siempre azul
y ligeramente rizado pQr
loe flojos vientos, nos em ·
pujaba acelerando la marcha; el mareo generali·
zado el primer día desapareció pronto, y al siguiente dla ee vió á toda la
Prince■a Kawilani. Hija de un escocé■ y de like-Like
gente sobre cubierta.
hermana de la ex-reina Llliuokalanl.
A medida q·1e deseen•

d{amoe en latitud, la temperatura se hacía máa cálida y al cuarto día de navegación
se hizo necesario cambiar el tuje de invierno por el de verano, pues los ardores del sol
abrasador se nfreecaban apenas por loe alicioe en cuyo imperio habíamos penetrado.
Xi un solo barco, nada que llamara la siempre ávida curiosidad del marino; la
mar monótona, el viento soplando siempre del miemo punto y en rededor nuestro, so·
Jedad ein límites.
Por las tardee, á la pue9ta del sol, siempre hermosa, iba sobre cubierta todo el
mundo á presenciar ese espectáculo que no canea nunca y que interesa al marino por·
que sirve de pr.:eagio para los buenos y para los malos tiempos.
Loe marineros reunidos en grupos ::1obre la jarcia, el combés y el castillo; eobre las
bordae, provistos de acordeones y guítarrae, echando bocanadas de humo de sus pipas,
entonaban canciones entimentalee, de su paie, nacidas entre bosques de palmeras Y
frondas de helechos, y llevando en sue notas plal\iderae la dulce melanco1ía de lasco·
marcas tropicales.
Ae~ mecidos por el oleaJt&gt; del grande oceano, á merced de la providencia, Y con el
corazón lleno de esperanza, perdíase esa tranquila algarabía, mez&lt;:landose con el ruido
de la hélice y el rumor del oleaje, en la inmensidad de un horizonie sin límites.
En la noche el toque de rancho siempre esperado, hace cambiar la decoración á
bordo; enciéndense las luces de situación, los reposteros acuden con eue portaviandas
á las cocinas, y el resto de la gente en algazara constante baja el sollado y espera BC'nriendo apresurada, la dura galleta, como un aperitivo á su apetito eiempre voraz.
.\. las 9 de la noche, al toque de silencio, todo se aquieta á bordo, sólo el rechinar
de la jarcia, el zumbido del dinamo, el golpe del oleaje que se quiebra en el costado,
produciendo un ruido seco, forman un monótono é imperturbable conciert.o.
En el mar, la azul fosforescencia producida por millones de salpas é infueorios dibuja la estela q11e deja nuestro barco, y ti loe lados, como pálidos y fugaces fuegos fa.
tuos, corren deslizándose los rizos de espuma; de vez en cuando loe peces voladores,
como cen tellae brillan•
tes ó penachos movedi·
zoe de fuegos artificia•
lee, dejan ver sus iluminadas siluetas que rápidas detaparecenen todas direcciones marcando en la rttina l&amp;. huella
que en el agua han ee·
guido.
A las diez de la noche
todo ea silencio, eólo el
acompasado y tardo paso del oficial de guardia
y el parpadeo del farol
que lleva el rondín á todos los sitios de la cubierta, despertando al
relevo, forman con la
jarcia, la mar y el vien•
\O el único movimienw
perceptible en la inmen•
ea soledad de la noche,
Iglesia Kawayah.-La primera iglesia cristiana erigida en la espaciosa superfien tionolulu.
cie liquida del océano.
Eldfa 30 de Junio dietábamos eolo:!50 millas de las islas Hawaii, y el día 1? de Julio
deberíamos fondear en el puerto de Honolulu ciudad y puerto principal del Archipielago y capital de la modernieima república hawayana.
:X

ARRIBO .\ IIO~OLULt:.
Auúnciase el l? de Julio; el mar rizado por un viento del S. O. quebraba sus aguas
dejando ver fugaces arcoirie que chispeaban. sobre la nívea cresta de las olas.
'
Por la proa, sobre el horizonte, destacábaee ya distintamente una elevada y montanoea costa, negra, imponente hacia la playa donde un grupo de peflaecoe abruptoe
de granito resistía el incesante golpear seco del oleaje que se deshacía en cristales lfquidoe azul turqul.
Más sobre el pabellón del cielo elevábanee soberbios volcanes mezclándo y con•
fundiendo eue altos y desgarrados picachoe'..con un afelpado y negro manto de expléndidae nubes plateadas en eue cimas por loe oblicuos rayos del sol naciente.
Sobre _las montai'l_as bosques inmen~os de ve_rdura; hacia la cnsta agria y desigual,
la tosca andez de antiguas lavas volcánicas reflt&gt;¡ando en su superficie y rompiendo en
eue arietas, como diamante gigantesco, la luz que difundida en matices extrañoe y en
o, !oraciones exóticas iba á perdene en el espacio transparente ó en la enperficie movediza de las aguas, produciéntio singular espectáculo.
¡QtJé hermoeo contraste el ofrecido por aquel resto sublime de cataclismos espantosos en las edades primitivas!
Difícil pintár el entusiasmo d~ ii b"&gt;rdo al co11templar lae3peraia tie1ra de Hawaii
después de tan foliz travesía ó al saber q 11e muy pocas horas nos faltaban para descansar en la primera etapa de nuestra viaje; al im~ginar lo'.desconozido y creer que a cor·
ta distancia se nos ofrecía el goce de las primeras novedades, sentíamos un indecible
placer que animaba á todos en el Zarogoza.
Poco deepu~e, bordeando la costa de Dahu de norte á sur para llegará Honolulu
pasábamos á lo largo del canal que separa esta isla de Molokvi hasta que por fin á ¡~
descubierta ee preeeotó á nuestra vista el P,1rai80 del P,,cÍju-o, el expié ndido puerto de
llonolulu, en medio de un bosque de caftas palmeras y tarro.
_A la a~ru~adora claridad de un sol tropical, vense eeparc~doe aquí y allá aristooráttcoe ed1fiJ1os e~beltos, ó negras y pesadaJ construc-::iones con lechos y muros de

�oo ■ UIGO 15 de AG~STO de_ •~J==

EL MUNDO

1,6

granito, en loe flancos de lee montañas entre mac~oa bosques. de. K~ila-Kala,
Cimborrio de fuego 1eeplandeciente al sol del medio día, la soberbia allueta del
Waikiki, viejo volcán eacudido en otro tiempo por catacliemm1 plutónic~e, amparaba
como docel inmenso orla•
do de sempiterna verduraeraaquelmajestuoao ¡¡,aEaje erigido por Dios en

medio del oceano, y como
brotando de las olas y en•
tre las fJOndae de las palmeras, ergufanee loe cruzados palos de )os barcos.
A la voz del comandan-

niu á Kihokalani, y M. "William Dole con su consejo
de ministros ee instaló como presidente.
Hoy día el pueblo se compone en su mayor parte de
japoneses y chinos que han importado Jamás terrible de
las plagas, la lepra.
Aemtado el pueblo de tan terrible mal, funda hoflpita·
les donde se aeieten dti dos á ciDco mil leprosos cuyo nú·
mero disminuye sólo con las enérgicas leyes que obligan
á todo enfermo á vivir segregrdo en los hospitales ó á
salir del territorio tenga ó nó bienes raíces en el país.
Por otra pal te, los aborígenes eon hermosos; principal•
mente las mujeres á quienei:. Vancouver dio el nombrn
de &lt;1renue nPg1as.»

XI.

El 4 de Julio, doble aniversario de la lude pendencia de E~tados Unidos y de Ha•
waii, los pabellones flotando sobre todos los astabandera3 eo. tieri::a y engalanando los.
barcos, formabai:i un pintoresco y animado golpe de viste.
En el expalacio del Rey, suntuoso edificio al estilo bizantino, erguido en medi0,
de un parque bae.to, frente á la arrogante estátua del rey Kamehameha 11!, desfilaron
en columna de honor la guarnición y 103 navales, en presencia del seí\or DJle, Presidente de la República de Hawaii y del cuerpo diplomático extranjero.
Sobre la escalinata de
mármol negro del pórti·
co, bajo el grandioso arco
de entrada, levantábase
soberbio docei y en el cen•
tro eentadoa en Illagnl :ficoa sillones Luis X V
A
veíanse el presidente Dole y á su derecha nuestro
Residencia de un american o en Honolulu.
Brigadier y oficialidad, á
la izquierdaelcomandanAltOs, fornidos, de tez morena y de nariz aguilefia, prognatos y con pómulos aate y oficialidaddel.Adamslientea1 veetidos de lienzo y con sombrerillo de paja 8!1 la cabeza, tenían un parecido
y el cuerpo diplomático,
muy notable con nueetros indígenas, y eeta circunstancia ocasionó entre el equipaje la
y en el reato del amplio
explosión de algunas chispas humorísticas de su csracter.
corredor lo más distinguiGuiados por el piloto, atravesábamos el estrecho canal que conduce al ¡;ue1to, ee
do de la eimpática societialado unicamente por boyas rojas á uno y otro lado, después el fondeadero donde con
dad de Honolulu, donde
cuatro amarras fondeaban los barcos allí surtos.
:figuraban tanto he1moeas
Muy cerca de la playa veíanse bien grupos del pueblo que concurrían á preEenciar
señoritas como elegantes
la entrada de un barco de guerra cuya bandera desconocida para ellos dió lugar á miles
daros.e.
de comentarios que más tarde conocimos.
Por 1a noche se dió un
Nunca basta entonces había flameado nuestra insignia t,ricolor en aquellos remobaile donde fuimos coltos y perdidos sitios del oceano; á. distancia el color verde confundíase fácilmente coa
mados de atenciones y
el azul y euponíase al nuestro un barco francés¡ más tarde Ee le creyó italiano, pero
donde vimos con sorpresa
una vez foúdeado el buque-escuela ee distinguió nuestra libertadora águila, nunca
desaparecer de nuestros
vieta y comenzó entonces á manifeetarse inmensa curioeidad que hizo que al rededor
fracs, todos los botones
nuestro, vinieran infioidad de botes con gente de todo el mundo, cbinoE', japoneses,
dorados que llevaban
kanacos, indos, árabes, portugueses, americanos,,etc., todos abeortos y hablando in•
nuestra insignia, porqu&amp;
tensamente cada cual en su propio idioma.
l~e sefioritas del puerto
Gritos intraducibles suce::lieron á la eopresa cundo el e:aludo á la bandera de Ha•
tienen la peregrina coa•
waii con todas las reglas de la marina1 eaÚó de las bocas de nuestros csñonef!; la con
El manto real de Hawail. Vieja inalgnfa de la realeza.
tambre de ponerse como.
testación se hizo esperar, basta que vinieron á pedir al barco una bandera mexicana
adornos, botones y cintas
porque no había en todo Hawaii una insignia nuestra, y el iris tricolor de nueGtra pa- que por decirlo así escamotean á. loe oficiales y tripulantes de todos los barcos que allí
tria les emefió de lo que eramos capacee y presentamos por decirlo así, la gran targeta arriban.
de la República, la insignia nacional que flameó por primera vez en el ignorado país.paCitaré, con licencia del aludido, á uno de nueetroe guardias mariaoe, que sin hara nosotros mal conocido desde que el mundo americano brotó de entre las olas, á los blar una palabra de inglés y sin haber bailado, perdió todos loe botones, ar:ancados
conjuros de Colón, y el mundo australiano surgió del oceano á la mágica voz de Sebas- uno después de otro por dietintae señoritas, y al día siguiente lamentaba el forzoso.
tián Delcano y de Cook.
gasto á que se le obligaba por una costumbre tan extraña.
No estuvimos un momento solos; había fondeado, además de varios barcos mercanNo lo consolaban de su pena los recuerdos de aquellos instantes .de expansión en
tes, uno de guerra americano dando proa á tierra¡ este nos hizo cortesmente la visita que muchas manecitas delicadas lo tocaban á porfía hasta desprender del uniform'e la
codiciada presa.
de ordenanza y contestada que fué, dió lugar
á un a[ecto entre la ofiXII.
cialidad, nacido por ser
ELHAWAIL
del mismo con~inente
•(,'
aunque de distintos paí.
~·e_,
ses.
IllSTORI.A, POLITICA .ACTUAL, INDUSTRIA, COMERciO 1· &amp;ANIDAD.
Después tuvimos nu,,
merosas invitaciones, y
Nada más miginal que la historia de esas islas descubiertas por loe grandes e ¡ .
cordialmeote recibidos
radares eepaíl~lee del siglo XVI y estudiadas mucho después por Cook, navegan~Pi:~
por el presidente de la
glés que Jae dio á conocer al mundo en 1750.
república hawayana Y
~abitadas por ind!gena~ pescadores, simplemente, raza eebelta, agil yfrcbmta,
por el diplomático acremannera por exce 1encia y em parentescos cronológicos con loe pobladores de la A _
ditado en Honolulu Y
tralia ó de las islas Figi son bellas las islas Sandwich.
us
las principales autoridaCook
ambicioso
estorcionab,i
al
pueblo
y
murió
en
Hilo
asesinado
por
las
manos
des de la localidad, paalevoeae de los ñatu~ales.
samos la temporada quiEn grande actividai por aquel entonces, los numerosos volcanes de su suelo
zá más agradable del
fuera de toda comunicación con el mundo, cubría las islas vPgetación raquítica p~ry
viaje.
descubríase el fe_rtil y privilegiado suelo, que más tarde, Vancouver engalanó con lo:
EL~ HAWAll
productos más ricos de la flora de Europa, Asia y América.
Por aquel tiempo despertábanee las rivalidades entre los distintos reyesueloe de
cada isla y un organizador activo, el prohombre bawayano, Kamehameha r sometió
Llegábamos por fin á
por la conquista, todo el archipiélago, que convirtió en Imperio despótico !andando
un país isleño, repúbli.
la capital en Ilonulnlu que quiere decir ciudad imperial.
ca hacía tres atioe, m&lt; narquía desde épocas re.
El monte _H_ai_kiki á coneec~uencia de un tnremoto abrióee en todo su espesor de•
motas, antig110 como
Jando un prec1p1ct0 que hoy mide 300 metros de profundidad, y en la parte superior
:México, codiciado cvmo
ha,sta 100 metros de anchura, arrojó en ese abismo el Tey Kamehamelta I á más de
joya valiosa, rico como O.ama hawayana á eaballo (montada á la manera
5,000 guerreros y esa hazafia horrible fué la piedra fundamental de su conquista que)&amp;
loe vergeles del trópico¡
masculina).
valió el nombre deGrán Guerrero.

·::: ~-

•

XIII.

FIESTA NACIONAL

ra del código marítimo in•
ternacional pidiendo práético, y media hora des-

"

lf:L MUNDO

agreste y selvático como las tierras virgenes, ilustrado y comercial por eu contacto con.
los pueblos cultüs poblado por el genio y desposeido por la incuria, eano como un oasis y enfermizo c~mo un Lourdes tanto como las catacumbas de Roma en la era inci' del crieFaniemo, .Y vicioso como
'
'
piente
la Pentápolis e~mita; amante del opio y del
nfr-.
i·anah, y bruto, infeliz como un pollino, país de hero1cos magnates y de cobardes reyes¡ raza que brilló como la de Cuauhtemoc y ee extingue en la conquiEta cosmopolita.
Tal es, en conjunto, el archipiélago perdido en la inmensidad del Océano que pasábamos por primera vez, henchidos de orgullo naciona..1, grande, muy grande, como el amorde la patria lejana.
Portentosoe,·espléndidos, eran los comentaxios que se hacían en la cáma1a de po•
pa según se iban recibiendo impresiones en nneetras reiteradas visitas á tierra; pero
unánime y caei uniforme fué la última impresión, al separarnos de ese país hoy tan
en boga en la política universal.

te aparece sobre Ja punta
del palo mayor la bande-

pués, una lancha tripulada por seis kanarns nativos del pala, atracaba á.
los costados, conduciendo á bordo al piloto del
puerto, un americano de
formidable estatura y
fuerza hercúlea.
La maquina avanza nuevamente, llevando á remolque la lancha y ya á
nuestro sabor contemplamoa detenidamente á loe
primeros habitantes de
las islas que se ofrecen á
nuestra vista.

DO ■ INGO 15 de AGOSTO de 1&amp;97

COSTüMBTES IIA WA YA.NAS. EL POI, EL ALOKA. ROE.

~---. =-~-

Casa de Correos en Honolulu.
Hoy día, para perpetuar su memoria, figura sobre rico pedestal la eetátua del genio
hawayano, cubierto con su real capa de plumas amarillaf.l.
El reinado de Kamebameha íué el más floreciente. llegando á medio millón el número de habitantes. Más tarde, entregados al vicio y la depravación, erigido en virtud
el repugnante y contranatnral infanticidio, y viviendo las mujeres en el oprobiJ, ne·
cesitáronee las frecueutes inmigracim¡ee del mundo entero, y desapareció aquel breve
apogeo de una raza basta entonces iiuetre.
Dedicados al politeismo C')nsideraban los volcanes Maona-loa y Kaela como el
palacio del sol, siendo eu cráter el horno donde fundió eus ardorosos rayos llamados
entre loe kanakos cabellos del Sol.
La inmigración de mh,ioneroe cristianos prop1Jgó una religión más dulce, pero resistiendo el pueblo á la nueva dutrina apela á la conversión de la R~ina Kapiola •
ni, m ujer de altas dotes y de inteligencia superior, la cual no enteramente converti
da á la nneva fe sujeta á los sacerdotes á una prueba al alcance de su inteligencia, an
tes de abrazar el cristianieino: desafiar á sus dioses, insultarlos y encomendándm:e al
Cristo, buscar el poder superior de cualquiera de elloe.
En real embarcación emprende la reina el viaje a Hilo y de allí asciende á los
volcanes, has:a su encendido cráter, donde á ningún ser humano le era perm itido Eeatar su planta profana, so pena de ser aniquilado por la
venganza del dios irritado.
Maravillado el pueblo de su Reina, la sigue en turbas
descompuestas y y;a en lo alto de la montafia, Kapiolani
manifiesta públicamente sus intenciones; con paso firme avanza hasta el borde del turbulento cráter y co'n so·
lemne actitud y entre enérgicas imprecaciones, arroja
piedr.:ae á la candente lava en fusión é insultando á. su
dios le dice: uhasta hoy he creído en tu poder, pero tengo otro dios superior á tr. Si eres capaz de vencerk, con·
fú ndeme entre t,u hirviente lava; si nó, aconsejaré á mi
pueblo, que te abandone, porque no eres tan terrible co•
mote hemos creído!n
. Aeor~da la multitud. sin atreveree á hablar, en Pilen·
e10 ternble, esperaba ver desatarse sobre ella las furias
del coloso, y cuando el volcán mndo, parecía humillado
ante el anatema lanzado por la reina, el pueblo Ja sigue1
la adora y se convierte gustoso al cristianismo.
Tal es la tradición legendaria de la propagación de
las nuevas creencias de eEe puta blo.
Pocos añ.os· máe tarde una terrible.erupción asuela
loe pueblo(y hace vacilar las conciencias de loe neófik&gt;s, por eso aun en la actualidad se encuentran restos
de sus viejas supersticiones, mt-zclado1:1: á la religión do
minante en las Islas Sandwichólfawaii.
E ntre loe dernendientes no tablee también de la dinastía conquistadora encuéntraee la Reina Emana que al
morir dejó cuantioso capital para el soetenimiento de
una eEcuela cuyo edificio está. valuado en $300 000 oro y
un hospital que hoy lleva el nombre de la augusta dama;
por fin la última reina dest.ronada Liliuokalani sufrió en
su palacio el retiro melancólicos deu derrota.
Su hija, hermosa criolla que reside en Londrea, recibe
aún de. gobierno 300 libras esterlinas para su educación.
Aceptadas que fueron las nuevas bases de un Gobierno Repu~licano estando en minoría el pueblo kaPaka,
no hubo necesidad de disparar un sólo tiro para destro•

•

El pueblo, H1w1yano, como el nuestro, es amante d0
la música, eensiblero, apasionado: usa lengua mny parecida al mexicano, que va dernpareciendo poco á poco por
Ja mezcla del chino, japonés é inglés.
S:i comprende tanto EU idioma como su raza, y dentro de poco tiempo se verá desapartcer el tipo primitivo de ella.
Viven en cabaflaa de. palma y bambtí, y su principal alimento es un atole llamado poi que se hace con el tubo de
una planta acuática, el tarro, de poder ali.roenticio muy
elevado; prescindirían de todo, menos de esepd univer•
!!almeate aceptado por ellos.
Amantes del baile, tienen una danza de vientre graciorn, atractiva, aunque un poco deshonesta, pero que agra.
da y es la indiepeasable en todas las fiestas.
Las mujeres kanakas usan como vestidos una gran bata eaelta, y se adornan con profusión de floree y de plumas vistoeas.
Hábiles .oadadoras, viven la mayor parte en el agua,
donde arrogantes se desafían los más ágiles.
Otra de sus recreaciones ea el caballo; montan como hombre y manejan loe más
briosos potros de la comarca¡ ardientes y fcgosaa, son sin embargo, madres criminales
que vendeo, 1egalan 6 matan á rns hijos.
Deeconfiadaa para tratar al extrangero tienen en las presentaciones costumbres
muy estrictas y curiosas que proporcionan, pasada la ritual ceremonia, ratos muy
agraitables en rn cornpaflfa, porque eon alegrefl1 bulliciosas y de cierto ingenio.
PJra contraer amistad con las Hawayanas, se compra una guirnalda de flores
qnf' Pn cualquier parte ee consigue, y presentándoEe ceremoniosamente delante de la ó
las t-lf'gidas, se lee cueiga la guirnaldll al cuello, y ellas á su vez cut&gt;ren á uno de flo rea, al grado de perderse el cuerpo entre eu multitud; así queda concluido el pacto de
amietad, que Ee bare franca y abierta, acto continuo.
Cómo pafábarnoe alegres nueetro tiempo con eeae costumbres, en medio de bosques frondoefsimoe y hermosoE', junto á la-playa azul, en Ja rústica cabaña ó el aeiático
y lujoso Bingalou y entre músicas melancólicas cuyas notas multit¡,ud de veces nos recorúaban al país ausente.
(Continuará.)

P,uque en una residencl• privada

�DOMINGO 15 de AGOSTO de

1197

119

EL MUNDO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO
111
LA ULTIMA NOVELA DE GALGOS

Por largo tiempo al fuego,
y cuando queden sólo lae cenizas
Qne las esparza al viento......
Xo vaya á aucedllr que todavía
Del eepuÍcro en el seno,
.
Preea de Jae miserias de esta vida,
Perdure trabajando el pensamiento;
y yo me llevaré tantas tristezas,
Tan ingratos recuerdos,
Que al llegar á. rendir ésta jornad~
Emprender otra igual me causa miedo,
y olvidar, olvidar es lo que ansío, .
D.:ecanaar para siempre es lo que qmerol

DAMAS MEXICANAS

El gran novelador espafiol acaba de !anzar á la publicidad una nueva creación,
potente, genial, expontanea, llena deob
servación exacta y concienzuda, profundamente vivida, como todas las suyas.
cc',lisericordia»-tal es el título del ooevo ·libro-no es obra tendencioea, que
contenga la raaolucióo ó eiquie~ la exposicióo de algún problema palpitante de
actualidad; no está destinada á mostrar
estados de alma excepcionales; ni á pro·
poner el misticiemo, la caridad? el amor
como fin á las intrincadas cueEt1ones que
ee debaten; ee, ¡imple y eencillamente, la
narración de una vida humilde al rede•
dor de la cual giran y se mueven las de
las otras figuras del Ji bro como atraídas
por el imán irresistible que ejerce la bondad sobre las almas todas.
Una familia venida ámenos; una criada abnegada y generoea que ein conocer
su abnegación y generoeidad se de_dica á
subetentar á sus antiguos amos valiéndose de trampas y rodeos y aun pidiendo
limosna¡ un moro ciego dotado de rara
clarividencia interna que adora á l_a bondadosa maritoruee, y un~ herencia_ que
hace olvidar á loa favorecidos el canfto á
su bienhechora, constit~yen la trama del
libro.
Pero con tan pobres materiales ¡que
hermoso romance de penas, de amor, de
pláceres, de dolores, de conmieceración,
de colera y de ironía elabora el maestro
canario!
En Galdós, por rara y singular coinci·
dencia Fe han adunado la eavia eepa!io•
Ja la que nutrió el árbol de que brotaron
Jo~ Quevedos, loe Hurtados y los Yélez
de Guevara, con el genio eajón que dió
aliento á loa Dickena y á loa Ttiackeray.
Loa mendigos que ahora describe, atrevidilloa, insolentes, vicioeos, llenos de
llagas materiales y morales, parecen evo•
cación al mismo tiem:,o de aquellos otros
torpes, disolutos y canallescos que habfan pintado ;\!ateo Alemán y Cervántea
i!l Grande; y de loe qne nos dejó el insigne britano autor de David Copperfield.
Señorita Elvlra de la"Torre, de.Jalapa.
Sobre todo, aquel Dvn Carlos bendito,
socorredor de pobres, que piensa al d11r
Hay en Mi~ericorrli11 -aparte por supuesto de la Bmi1111
una perra á loe mendigoe, que van á bajar ángeles tañen• que es el principal-dos tipos que bastaría~ para dar t~·
do arpas y guitarras á conducirlo á la celestial mansión, tulo dP gran observador de car;,cteree á qmen los concies figura esencialmente clásica y digna del glorioso pin- bió: Obdulia la hermosa, y el insigne hidalgo ~ondeM,
-ce! del genio de Poretmoutb.
flor y espejo de la andante pobretería, D. Franc1sco PonSin embargo, por más que cause asombro, Galdóe, que
Delgado.
.
tan bien sabe pintar cuadros murales á lo Miguel Angel, te Qué
diálogos te.n sabrosos pasan entre esa pare¡a_ayu•
se vuelve deemafiado al tratarse de cuadritoe de caballe- na de sentido común, qué cosas dicen tan entretemda~.
te á lo Meieeoder.
como se reconoce en ellos á esas pe1 sJ~aa !1º t,~es, pero
Aquella aglomeración de curas, frailee, monjas, sacri~- decenll',,, que primero cometerían una acc1~n md1gna qu_e
tanee, mendigos, ciegoe. monetruoe é iluminados, de An- rebajarae vamos al decir, á aceptar uaba¡oe qne mancigel Guerra, ee tratada con ,al primor que no hay contor• llaran el :Oáe imignificaote de sus treinta y dos cuarteles.
no que no quede seflalado, ni raego que permanezca en
No sé que crítico de los de patente ~a dic~o q~e las
vago, ni acto, palabia ó pensamiento suyo que no cons- novelas de Galdós no están esct11!.z.1. Quien q 111era (1ncl~pire al fin principal.
eive el tal censor) leer algo en que se h_ rmanen_ el priEn «Fortunata y J aci ntan ( para mí la mejor de sus mor del habla castellana dásica, terea, ¡ugosa, nca. Y ea•
obras) baja de loe salones de la mesocracia á los tal:¡ucos broea y las modificaciones que de ella ha i~trodu_c1do el
de loe infelices, de la farmacia al taller, del ministerio tiempo, que lea Mi8t'Tico,.din , la obra _qt1e e1mbJhza loe
al café, con planta segura, sin eavilecer el númen, eiem ·
deepo3orios de G.üdós con 1-' A.c1de1m~pre fiirme, Eiempre alerta, siempre expedito y llt!no de
y que también la lean todos loe a1LDiradores ~e la verlucidez.
dad y de la ftu mosura, la 111_1/11,-,1/eza y el arte, de1dade~ á
y en loe To rquemada y en Nozarín y siempre que ha quien siempre ba eacrificado el gran poeta de los «Ep1eotenido una gran eupe1ficie que manchar ha sido artista dióe Xacionalee "
inimitable y felicíeimo.
Agosto de 1807.
Y1croR1AN0 SA1,Aoo AL,.AREZ.
En cambio cuando lll espacio es reducido, lo&amp; persona•
jee aparecen y desaparecen como figura e de cinematógra ·
FUGA..CEIS
1
fo, basta que la acción ee reconcentra en unos cuantos
Cuando el término llegue de este viaje
que dan el tono á la obra y la constituyen.
.
Que en la ari,lez de mi existencia emprt!ndo
Así pasa en Jfüericordia, en que se esbozan figurillas
Y al fin mis tristes y caneados ojos
que acabadas serian deliciosas; pero que como ee hallaa
Duermau
el meno eterno;
no tienen vigor ni potencia. Esto siu concar la introduc•
Antes de que á llevar~e mi cadáver
-ción de incidentes que meten al lector en ahogos. ¿Por
Llegue el sepulturero,
qué aquella fuerte y saludable Juliana, personera autoriAntes de q11e la tierra genere ea
zada de la cordura, de la circunspección, de la economía
Me recoja lln su seno,
v de la aritmética, se conviH'6 de pronto en histérica
Antes de abandonarLDe para siempre ......
desenfrenada, llena de fantasías y de terrores, que habla
¡Lamad, llamad, por compa~ión al médico!
de pecados que ha cometido y que no nos descubre?
Decidle entonces que me rompa el cráneo,
Quizá (quiera Dios) nos explique el autor tales enigQue me arranque el cerebro,
mas en obra p1óxima; pero de todos modos probaran es·
Que tome la cuchilla y lo reduzca
toe que al creador de Fortunata y de Isidora Rufeta le
A menuioe fragmentos;
falta e,a hermosa ponderación de cualidades que tanto
Qua someta loe últim'&gt;e pedazos
~adiría á eue méritos indudables.

11

Del tiempo y Ja distancia me reía
Al darle a Jo que ofreces importancia¡
Para amor tan profundo me decía,
Xada valen el tiempo y la distancia.
• Cuando 008 ,¡epa1amos nóche y día,
Fué tu olvido borrando mi constancia,
y heme aquí meditando her°;lofa ~fa,
En el valor del tiempo y la d1etanc1al
llI

Cuando cruzas por mi árido camino
Sonriente y hermosa sin mirarm~,
Olvidando que ayer, entre eonro¡oe
Ser mía para siempre me juraste,
Cuando á mi lado pasas distraída
Despertando calmadas tempestade~,
Cuántas veces me he dicho conteniendo
Un suspiro ahogador como loe maree:
-«Para borrar como por fin lo hiciste
De tus recuerdos nuestro amor tan grande,
Cuán honda debe ser la sepultu:-a
que en tu desierto corazón c~vaete,
Qué solitario y lóbrego el abismo
Donde mi cuerpo ensangretado yace,
y cuánta tierra le echarías, por miedo
De que sepan que llevas mi cadáver!»
VI
¡Cómo eon lae mujereel ~oda~ía
No ee borraba la reciente h1stor1a,
Cuando pasé por su camino un dí&amp;.
.
D~aptirtando un recuerdo en eu memona.
)lll miró largo rato, interrogando
Algo á su corazón que no responde,
Tal pareció que dijo: -«No sé cuando
\'i uua cara como eea no sé donde.»
V

¡Un beao! ......por recibirlo
De tus labios _entreabiertos,
Todos loe hombree darían
El mar, la tierra y el cielo¡
El aire que loe rodea,
Su sangre y su pensamiento,
La salvación de eus almas......
iTodo to grande y lo eterno!
y 0 que eoy pobre y que sabes
Que cual ninguno te quiero,
Por recibir de tu boca
Una caricia de fuego,
Por aspirar tus perfomes,
Por envolverme en tu aliento,
Por un beso que me dieras
¡Te daba en cambio otro beeol
YI
¿Sabes Jo que peneé la vez primera
Que te ví tan hermosa y esplendente?
Que eras una visión, una quimera,
Un delirio de tantos de mi mente!
y á pesar de que muchas, ronchas horas
Te he vuelto á ver desde tan faueto día,
De que en la tiera con nosotros moras
No puedo convencerme todavía!
RooULFo F10UEROA.
Agosto de 18!l7
Hay en la historia días tristes, pero no hay días eeté•
riles.

Ernesto Renán.

La mujer ha sido puesta en el mundo para conciliarse
con todo y para conciliarlo todo.
G. Valbert.

La ira contra todas las mujeres n~ ee frecuentemenw
más que el reverso de un amor ulcerado por una sola.
7h. B entZ&lt;m.

Las llaves perdidas.
TRAOICION POPULAR

ON la cabeza, con la cabeza, y no
dar, tan fuerte! ¡Vaya una mane•
ra de llamar! diríase que quieren
echar la puerta abajo. Espere quien
sea, que con un gris que corta como
una espada no he de salir deenu·
do..... ¡Esta es otra! ¡pues con la
prisa y la obscuridad no me po·
nía loe gregüeecos al revés l. ........ .
¡Que se esperen, digo, que no soy
sordo, ó juro por una legión de á
caballo dejar al que llama, á. la luna
de esta noche, aunque sea el sur•
xw,1 corda!

-¡Por Dios, Couo: no hables aaf, que ni de fuera pueden oírte, ai con jurar adelan•tae nada, dijo el suave acento de:una mujer contestando á las destempladas voces dalque
:primero hablara.
Este, murmurando palabras no de hi mejor escuela, tiró loe calzones, cuya embocadura en aquel momento no hallaba, y embozándose en una manta jerezana que á
loe pies de la cama tenía, pasó á otro aposento, palpó en la sombra, encaramóee en un
banco de madera, y mirando por un postiguillo que sobre una puerta abría, exclamó:
-¡Pneel ¿quién otro habfa de ser sino el compadre?......... ¡Por vida de un alijo.de
tabaco, que si no nos uniera el sacramento, rompo á eu merced el del bautismo!.. .......
.¿Conque se olvidó sus llaves sobre la tarima del brasero, al sacar con ellas las castañas
del rescoldo? ¡Qué no fueran las tales Jlavee toros de ocho af\oe á ver si su merced las
.guardaba mejor!. ........ Y en qué huronera, santo varón, ha estado metido hasta ahora,
que llevarr.oe un siglo de suefio?......... ¡Con la vecina de arriba desollando á todo
Dioel... ... - ¡B.ihl su merced no apedrea; pero guarda las capas, como dicen que hacía
san Sebaetián ó san Jerónimo, ello fué uno de loe doce.
En tanto que desde el ventanillo así desbarraba el llamado Corro, su mujer, en el
-cuarto inmediato, golpeaba el pedernal con el eslabón para encender luz.
-No encien:iae, Fina, que el olor de la pajuela te daña; si están lae llaves donde dice
ese bendito ya las encontraré. ¡Cuidado que para ser grandes, cual serán las de la puer·
ta otomana, siempre las tiene perdidas! dijo el hombre, bajando el banco y buscando á
tientas sobre la copa del brasero.
-JUBto, aquí están, afladió luego, y volviendo á su atalaya prosiguió: Poaga eu
merced el tabardo y recoja eue llaves......... Vaya que si san Pedro descuida las suyas
-como su merced, le quitan el oficio! ......... ¡Eh, eh, no se vaya tan abina, que tengo que
decirlel. ........ Oigame bien, compadrito de todos los diablos, y no eche mis palabras
-en saco roto ......... Esta es la segunda vez que olvida el abriderv de su puerta; á la tercera dejo á su merced así donde está, tomando el fresco com J las veletas de la torre,
aunque se convierta en carámbano y con el viento se petrifique.
Y cerrando de golpe el ventanillo, saltó del banco y se dirigió al lecho, diciendo
-con toda claridad;
-¡Juro por todos loe demonios del rtleguardo, q 11e á otro olvido del compadre le
mando al infierno!
-¡Corro, por Dios, no jures!
-No te enojes, mujer, qae te juro por mi alma no jurar más.
Y tirando la manta metióee en el lecho, tapándose basta las narices.
Era este hombre como de sesenta anos, aunque plantado, tiempo hacía, en el medi()
eiglo. Cuando de edades se trataba, decía á una vecina que tenfa al dediJlo la de todo
i!l mundo:
-Cincuenta años tengo, tía Marizápalos, y no me saque más. ¡Caracoles! diríase que
-de diezmos se trata y para pagar menos ameaguo la cose&lt;Jha. Su merced, como es del
-tiempo del rey Wamba, quiere hacerme su contemporáneo. Pues yo le juro ........ .
La sen.ora l!'ina se interponía y el juramento no pasaba delante.
Sin embargo, como el tío Corro no poseía gran estatura y era delgado como el
alambre y como él resistente y duro, doblándose y retorciéndose según las circunetan·
cias, y tenia además una fisonomía graci9ea y de facciones aninadae, con unos ojillos
negros picarescos y retozones, podía pasar, á pesar de sus cabellos grisee y eu malicia
de Matusalén marrullero, por un joven de cincuenta, que respetabilidades hay de más
edad y peso que no consienten llegará tanto.
En el barrio no se Je conocía por eu nombre de pila, sino por el apodo de Conejil.o,
llevándole desde la infancia, época en que, aleccionado por su padre, oomenzó el con-trabando, oficio en el que balió consumado.
El aP')dú le cuadraba á lae mil mara villas, pues nadie cual él sabia agazaparse y
-agazapar trae peñón ó cañlda una ó m!le acémilas cargadas hasta las orejas, burlando
así á loe sabuesos del resguardo. Y como conocía, cual loe rincones de su casa, todos loe
eecondridijoe del monte, desde C.dpe hasta Sierra Morena, y las grutas y ensenadas
de la costa desde Algecirae basta Almería, aunque retirado de tan aporreado vivir; era
buscado con frecuencia para algún alijo de importancia; ca3os de em,&gt;eno, en que ya
.fuese por mar ó por tierra, siempre quedaba airoso el lío Conejito.
Su verdadero ::iombre era el de Francieoo Sánchez, ó tío CJrro S.íncb.ez; así le llamaban loe más corteses, pues en loe tiempos de esta historia al que no tenia eedoría ó
don no se le daba, honrándole, cuando más, con el tnulo de maese, si de maestro en
algo servía, ó de tío, si la edad era provecta, aunque el parentesco datase de Adán.
Hoy que todo se ha democratizado no sucede lo mismo, y por u·na de esas anomalías propias de la igualdad que atravesamos, no hayeirviente ó sirvienta que no quiera
llamarse donó doña, poniendo pleito al amo si no le da el tratamiento.
Pues como decía, y perdóneseme la digresión, eltfo CJrro S..íncb.ez sin poseer grandes estudios, wnfa más le,ra menuda que un breviario. Nacido en el último ano del
siglo XVII precedió en escepticismo á los enciclopedistas que dieron nombre y algo
más que nombre al siglo XVIU; aunque temeroso el tio Conejito de loa eefioree de la
~ruz verde, se guardaba muy bien de decirlo. Sólo se franqueaba alguna vez y podía
hacerlo sin miedo de delación, con su mujer la sen.ora Fina.

Esta no se le parecía. Huérfana desde nifia, educada por un tío materno, cura de
un pueblo de la sierra de Ronda, habfa crecido al amparo del sacerdote, que con su
digna sombra y buenos ejemplos abriJlantó, ein hacerla fanática, las facetas de aquella naturaleza privilegiada por la sencillez, bondad y virtudes.
Aunque con una figura en e:xtremo agradable. é infinidad de pretendientes, Serafina no se casó. El sacerdote no le en:ontraba partido á propósito; el carifio y el egoiemo se hermanaban en él para retenerla, y el agradecimiento y la docilidad en ella para bajar la frente y encadenarse al lado del anciano que de padre le servía. Cuarenta
afioe tenía la señora Fina cuando murió el eacerdote, á quien por eu largueza para con
loe pobres hubiera debido pintársela, como á la caridad, con el corazón en la mano.
Serafina quedó de nuevo sola y en la más solemne pobreza, que ea lo peor de todas las
soledades, y con una salud delicada, inconveniente grande para ganarse l_)or sí sola la
subsistencia.
El tío Conejito que de tiempo inmemorial proveía de tabaco al sacerdote, única é
inocente distracción del anciano, pues con ser andaluz y de la serranía, ni cazador ni
caballista era, prendado de la eeilora Fina y compadecido de eu aislamiento, ofrecióle
su morena diestra, que ella aceptó con la condición precisa de dejar el contrabando.
El pretendiente, que tenfa ya, como suele decirse, cubierto el riñón, accedió á
ello, buscó entre eue influencias, que no le faltaban poderosas, colocación en Málaga,
y eetablecióee de casero, con habitación franca, en una de esas casas de vecindad denomiaadae corrales.
S.:in éatoe, edificios destartalados, inmensos caserones á modo de convento, donde en distintas celdillas estrechas, buenas ó malas, se encierran como en colmena infinidad de familias de trabajadores pobres, pero honrados, que de eso cuida de
informarse el casero. Tiene, además, éste ia obligación de cobrar loe alquileres, lo que no deJa de
coetarle trabajo, que el número de loe morosos
sobrepuja 111 de loe puntuales; debiendo, á semejanza del alcaide ó gobernador de una fortaleza,
mantener la más estricta disciplina entre aquella
heterogénea multitud, mosaico vi viente y eurafio
encerrado en el radio mismo de la población, si
bieri en alguno de sus arrabales.
La casa ó corral en qne imperaba el tío Conejito
,,,

eetaba en la parte alta de Ja ciudad á la derecha

del Guadalmedina y cercana al con vento de la Trinidad, del que tomaba nombre el barrio.
La habitación del ca9tlro, frontera á la puerta de
la calle y con ventanas á Ún granpatio, era, aunqun
baja, como la torre del vigía en el c5stillo; desde
allá se veía quien entraba y salía en el corral y
quien subía y bajaba por loe dos ramales de la escalera que conducían á loe pisos altos. Cuando el tío Conejito no estaba sentado á la puertade su vivienda, estaba la eefiol'l' Fina tras loe cristales y" visillos de una reja, desde
donde Jo atisbaba todo, haciéndose presente, cuando comenzaba alguna disputa, para
cortarla con eu autoridad.
Era el patio especie de ejido, en cuya limpieza alternaban las inquilinas de la casa y en el cual tenían derecho de tomar el eol en invierno y el fresco en verano. Allí
jugaban loe chiq11illoe, y c&lt;Jmo gallinas que escarban la tierra, se revolcaban cuando
refl.ían; alli cosían las jóvenes, hilaban ó hacían calcetas las ancianas; los que estaban
delicados 6 convalecientes de alguna enfermedad, jugaban á la brisca ó al tute; las madres peinaban á eue hijos, y las mozas que deseaban lucir sus caballerae también las
desataban en el patio sin miedo de los curiosos. Era, en fin, aquel sitio el punto de
reunión, el gran mentidero de los de la casa, donde se desollaba al prójimo como la
cosa más natural del mundo. Cuando el frío arreciaba, la ariEtocracia del corral ee
reunía desde las ánimas á la qu.eda, en la habitación del casero; donde ni de la casa, ni
del barrio, ni del casco mismo de la ciudad ee dejaba hoara á vida.
Fácilmente se comprenderá que á la llegada de la seilora Fina aquel foco de hablillas y murmuraciones sufrió notable cambio.
Sin herir la euceptibilidad de nadie y defendiendo siempre á la per3ona atacada,
demostró desde el primer momento la casera que aquella especie de solaz estaba en
completa contradicción con sue sentimientos. E:i cJnieJoencia, 103 maldicientes comenzaron á retirarse, acabando por fraccionarse la tertulia, convirtiéndose de uno
en varios cfrculoe, instalados en distintas vivieniilll, donde sin veto alguno ee podía
murmurar libremente.
Sin embargo, eran tan innatos en la señora Fina el agrado, la bondad y la cortesía, que nadie se atrevió á murmurar de su rigidez de principios, respetándola hasta
el punto de no calificarla, ni aun loa más mord11ces, con el apodo del marido. Verdad
era que la senora Fina, sobre hacer favores á todo el mundo, tenía en sí ianta dignidad y eefiorío que, ein saber cómo, cautivaba,lae voluntades. A pesar de sus caracolee
sobre las sienes, peinado poco distinguido, bastaba verla con su saya morada (gas,ahábito de Jesú3), su ¡ubón negro, eu pañuelo de linón bordado al cuello y su mantilla de sarga negra, corta hasta la cintura, guarnecida de ancho felpón con escaroladillo de encaje hacia el rostro, para tomarla, aunque de pueblo, por una verda:iera 88 •
ñora. Al principio de estar en la ciudad no había vez en que, al salir á la calle, no 18 dijera algún majo:
-¡Viva nuestro padre Jesús y la mantilla serrana con que lo cobija!
Después, más cono&lt;Jida, se limitaban á saludarla por su nombre, bajando la montera hasta el suelo.
Bien conoció la señora Fina que había descendido con su caeamiento; pero peor
era morirse de hambre. A.demás, no dejaba de ser meritorio á loe ojos de Dios apartar
á un hombre del mal camino, donde pudiera alcanzarle alguna bala perdida ó algún
cierto y largo proceso. En loe tres primeros anos de su matrimonio tuvo la sen.ora Fina doe nifioe, y áloe cuales sacó de pila el compadre de las llaves olvidadas.
Era éste antiguo amigo del tío Conejito, á quien el coutrabandista llenaba de improperios, cuando no tenía otro á quien prodigarlos, queriéndole, sin embargo, con el
alma, á pesar de la diversidad de sus guetos y caracteres. El tío Pedro Robles era impoaente como un entierro y triste y grave como un miserere, mientras el compadre
Conejito pudiera compararse por lo alegre á una pandereta en movimiento. Conejito
se había criado en buenos pafl.ales, con sobra de pan y al abrigo paterno; el otro......
He aquí cual habla sido su vida:

�lal
EL MUNDO

DOMIIIGCI 15 de AGOSTO de •19]

120

Huérfano desde la infancia 1 mendigaba de día, guareciéndose de noche en el atrio
de alguna iglesia. Su sueiio dorado era junbr dinero para dejar aquel oficio poco en
armonía con ene inclinaciones, A los diez afloe de edad pudo realizar eu proyecto.
Reunió unos ouanM&gt;B reales con loe cualee compró siete cenachos, tres '{)&amp;rea de ellos
de mayor á menor, y el séptimo, como el padre de todos. Cuando loe tuvo, hizo su
toilette compuesta de dos solas prendas: camiea y pantalón. La primera de cregüeta
basta, de cuello del!abrochado que dtjaba al aire libre una garganta robusta y el comienzo de un pecho de atleta; el segundo, de color indefinible, auje\O á. la cintura, por
falta de bot.ooee, con una tomiza, y arrollado por abajo basta media pierna. tstas, co•
mo los piel!, eetaban completamente desnudas. Del!pués cogió el cenacho grande, cuya
ata la1gs y flE'xible, aunque no amoroea, pas6 por cima de la frente á. modo de diadema, bsjándole por '1etrás de las orejas, no hacia el pecho como tocado de eefinge, sino
por la espalda, hasta dar con el cenacho en las corvas. De los otros seis colocó tres en
cada brazo: primero el más pE&gt;quef5.o, y eobre el aea de éste, la de los otros, quedando
entre cenacho y cenacho espacio bastante para no chafar 6 deslucir cuanto en ella se
colocara.
Armado con esos ótileP 1 la cabeza erguida como un vencedor, las manos en las caderas y los brazos en arco cual aeas Ce jarra morisca, comenzó á paeear manana Y tarde la alhóndiga carnecería, plaza de la Yerdura y demás eitioe públicos donde ee ven1
día y compraba, ali11eándoee con otros chicos de su claee, cual 61 ataviados, al paso de
los traneeuntee, espersudo á que alguno le llamara para llevarles por la mai\ana la
compra ó d ario y por la noche el pernada para la cena. Como era eervicial en edre•
mo y se contentaba con lo que darle querían, pronto tuvo clientela, pasando cinco ailoe

deeempefiado su cometido á aatiiefacoión propia y de sus clientee, entiró en su calle em·
bozado hasta las narices, cual galan enamorado que no quire ser conocido
La calle estaba silenciosa como un sepulcro y obscura como boca de lobo: sin em·
bargo, loe ojos de Conejito, avezados á sondear la lobreguez, creyeron descubrir algo
que ee movfa en la puerta de su casa. Paróee en su camino, requirió una de dos pistolas que cargadas de eal en el cinto llevaba, más bien con idea de inu\ilizar por el pronto, que de herir mor1ialmen1ie al que le atacase, y con voz firme é imperiosa preguntó:
-¿Quién va?
-Ni van ni vienen; vecino de esta cBl!a que espera en calma chicha racha favor&amp;·
ble para entrar en ella; respondió una voz de hombre algo enronquecida.
-¡Por vida de cien corachas del BrP.efl, que si no habla pronto au merced, le envío una andanada qoe le impida salir á. la mar por tiempo largo! ¿Qu6 hacía á. estas
horas en la calle? ¿no fué á dormir en eu cuarto? dijo el casero abriendo la puerta.
-Compadre, replico el patrón, me pasa un caso raro¡ si á mal no lo iiene, entrar6
en eu estancia y lo sabrá todo.
La eef\ora Fina esperaba levaotada á su esposo; al verle con el compadre sobresal•
tóee; más \ranquilizóla luego la cara de pascua de Confjito y la maliciosa sonrisa con
que dijo:
-No sé lo que pasa al compadre; de seguro que al salir de aquí se fu6 á picos par·
dos, y en algún garito perdió sus llaves.
-Perdidas las tengo pero no en mal lugar, sino muy santo, dijo el patrón seo.iándose y exhalando un gemido.
ConejHo y Fina Eentáronee á par suya, é instándole para que eomenzaee, prestaron

atención.
Volvió á suspirar el ant.iguo marinero, y pasándose las manos por la frente, dijo, á
en el oficio de chananzuelo.
Aquí es menester hacer una advertencia. Aunque en aquellos puntos de la costa corta diferencia, de este modo:
-Me fuí de aquí, entré en mi coarto, y como cada noche, me entregué, al auef'io.
ee Jlama charranzuelo al cbiquiJlo desarrapado, haragán y de mal vivir, y del mismo
modo al que armado de eue cenachos se gana la eubeistiencia haciendo mai;dadoe ó No sé el t,iempo que dormiría; ello es que al deapl!rtarme creí Jlevar un eiglo de des•
vendiendo por las callee peecado, fruta ú hortalizas, hay entre uno y otro la distancia canPO Vestime á oscuras y abrí la ventana para conocer por las estrellas la horai pero
el cielo tenía un cariz más oscuro y sini~etro que el horizonte en tiempo de tempestad.
que media entre la pobreza laborioea y honrada y la truhanesca y repugnante ociosi•
Sospechando que las nubes retardaban el día y debiendo estar temprano á bordo, cogí
dad. El uno inspira confianza 1 el otro baetlo. A.robos han tenido por lecho la dura
tiierra, por pabellón el eepacio, hollando con pie desnudo el fango de las calles¡ pero el mis llaves, cerré mi cuar~o, baje á \ientas la escalera, abrí la puerta de la calle y me
uno eieote en eí la inephación del bien, paeando á fuerza de trabajos y privaciones
lancé á ella como bote á la mar.
No había camin~do cien pasos cuando eenií cánticos religiosos, y vi venir de la
por extrafiae fases hasta acabar á veces como la crisálida, por deeplegar el vuelo en
ciudad hacia este fado resplandor de luces; eran acbae y cirios, con que multitud de
más altas esferas. El otro1 eEclavo de la holganza á. que le induce la blandura del clima, ama como el reptil el cieno en que mora 1 de donde sale sólo para ser, por el vicio,
gentes acompaflaba las efigies de plata de loe Santos Mán;ires. Cómo hacia mí se dirigian, lleno yo de sorpresa y respeio, apretéme contra la pared para verlos pasar. ¡Yirescoria de la sociedad, ó por el criinen, carne de grillete.
gen eantieimal Jamás verá el mundo procesión mejor ordenada. Delante iban los
A. loe quince afi.oe el cha•
chicuelos, después las muJeres ......
rranzuelo honrado, ~eetido
-Trse la inocencia, la tentación; luego l!leguirá el pecado, exclamó Conejito.
con dececcia, era marinero
-Calla, dijo con firmeza y autoridad la senara Fina.
en una barca pescadora, y á
El tío Pedro, como si no les oyua, prosiguió:
los cuarenta patrón de un fa.
-Entre las jóvenes, divisé una alta, pálida, vestida de negro, con un nifio en los
lucho de aguda y estrecha
brazos; la cabeza de aquel ángel reposaba en el hombro de la que le eostenía; yo quise
quilla, que le bacía ligero
gritar: ¡Paula! ¡Paula! y correr hacia ella¡ pero mi lengua permaneció muda y yo sin
cual nave de pirata.
movimiento como buque varado. Seguían á las mujetts hombree de todas clases, muDesde aquella época data•
cha pane de los gremios, cruces y pendones, curas y frailes; todos con la cabeza baja
bala amistad de ambos coro·
el rezo en loe labios y la luz en la mano. Cuando callaba el canto, que unas veces pa•
padree.
recia de serafiuee, otras de suplicas y lloro, empezaba el rezo, levantándose con él, un
Aun eiendo Robles pobre
murmullo acompasado y monótono como el de las olas rompiendo sin fuerza en risco•
marinero, caeóse, ganoso del
ea orilla. Yo estaba atónito, al pasar el gremio de los míos, uno de los jóvenes que
cariño de que estaba sedienta
su alma, con una joven co•
llevaban los cordones del ee\andart-9 me pareció mi hijo, aunqne éste era eonroaado y el
mo él, pobre y honrada, la
otro tenía el colorde:ladifunta. Con todo, ibaá. lanzarme á 61, cuando no sé quién me pu•
cual murió á loe cinco aftas
so un cirio en la mano, y cogiéndome por el brazo me ingirió en la fila. Aei unos tras
de matrimonio, dejándole un
otros, salimos al campo, tomando hacia el arroyo de loe Angeles.
sólo hijo. Otro menor que el
No eé lo que por mí pasaba; no podía rezar, ni hablar, ni exhalar uo suat)iro¡ paprimogénito había precedido
recía que una losa me apretat&gt;B el corazón, y sin embargo, caminaba erguido como el
á su madre en eternidad. El
pa10 mayor de la nave en mar tranquila. De pronto miré á uno y otro lado y me estremarinero, al vere:e viudo y
mecí: mi sombra era la sola que se extendía por la campiña como la luz del faro sobre
con un tierno nif5.o caneen·
- - - - - _ , , , ._ __
el mar, loe demás no ienían sombra ...... Este prodigio me espantó, y un sudor fríQ re·
tr6, como no hacen mucho!!,
corrió mi cuerpo. Sin embargo, las ;mágenesde loe santos y la cruz redentora estaban
en él todo su amor, criándoallí y deseché todc.temor. Así Hegamoe al arrollo, y las palmas cuyo nacimiento nale á so lado en la barca 1 á la que ee apegó el chicuelo como el marisco á. la roca.
Pedro Robles t.enfa un. lustro menos que su compadre¡ era alto; vigoroso y fuerte¡ die recuerda, las palmas, á semejanza del sol, resplanaecían con luz propia, llenando
con manos poderosas, pecho de bronce, cuello de toro y unas facciones bastas; pero el contorno de una claridad blanca y rosada parecida á. laa auroras del estío. Allí bici•
con hermosos ojos negros y fisonomia abierta y franca, aunque sombreada por una tez moa alio y hubo un canto de gloria. Luego entramos todos en la ermita permanecién·
do de pi6 y en dos filas hasta pasar las andas llenas de luces y de floree donde se llemorena de snyo, y cu1tida, además, por loe soles y vientos de los maree.
Era de ver, cuando algún día festivo salían de paseo ambos compadres, el t.ío Co- vaba a loe Mártires.
nejito, perfilado como nn abat.e joven, con zapatos de hebilla, media como la nieve,
La capilla parecía una ascua de oro;
calzón negro sujeto bajo las rodillas con cenojilee bordados, chupa como el calzón, y los nimbos de los santoE centellaban
la larga coleta gris enjaulada en redecilla de fino torzalete, rematando el traje con con los reflejos temblorosos y diamantimont,era acairelada y capa de seda.
nos que despiden los astros en las noEt tío Pedro llevaba pantalón y larga cbaqoe\a de patio azul¡ al cue11o paftuelo ne- ches de invierno serenas y obscuras. Hugro pasado por una sortija de similor, que fue de su esposa¡ sombrero de hule, recio bo un instante en que creí perder el een·
tabardo de pano burdo en invierno, y en todas épocas un arete de oro en la oreja iz• tido: loa clérigos con sus rizadas sobrepellices; los frailes con sus hábitos de
quierda.
Comía á bordo, cenaba en algún bodegón, y tenía para pasar la noche un cuartito
distio\as órdenes; la.a damas principales
en el piso alto de la casa. La bija de una vecina que al lado vivía, le cuidaba la ropa,
con sus faldellines de seda, sus mantos
y su amor y eolaz eran el falucho y loe compe.dree, pues al hijo de su corazón le perdió con blondas; loa grandes eefl.ores con
en una borrasca.
sus placas y cruces y loe pobres con sus
Trazado aunque imperfectamente el boceto de estas tres figuras, entremos en trajes humildes, formaban un todo im•
materia.
ponent,e y maravilloso que ofuscaba la
L\J. noche estaba, aunque tranquila, anubarrada.
vista y conturbaba el pensamiento.
En aquel entonces ei alumbrado de la población reducíase á pocos farolee en las princi•
El abar, las floree que lo coronaban,
pales callee y plazas, y alguno que otro en los arrabales, donde sin loe retablos y ni·
las luces que en él resplandecían y las
chas de loe santos, ante loe que ardía por algunos horas amarillento cabo de cera, ó fa·
imágenes de ángeles y santos, veíalo yo
rolillo de luz mortecina, hubiera permanecido todo en la más completa obscuridad.
al través de ligera neblina. Formábala
Así se encontraban antes de la queda ciudad y barrios, muy á gusto de loe que ma3caban
el humo del incienso. Y m~raba cómo
hierro ante las rejas de sus novias y de los truhanes que, ganoaosde aligerar de capa y
al columpiarse loe incensarios dejaban,
dinero á algún desdichado y solitario transeunte, 1!18 apoe\aban en los esquinazos y reya á un lado, ya á otro, blancos borbocodos de estrechos y tortuosos callejones, escollos y bajios de aquel mar de tinieblas
tones de vapor, loe cuales, como indeci•
de los cuales se ven restos en la árabe Toledo, la morisca y oriental Granada y alguno
eoe en el camino que eeguir deblan, pa•
que otro pu[lto de Andalucla.
A\lnque en Junio amanece temprano, aun no alboreaba cuando el tío Corro, sabo- rábanse un instante, levantándose lue•
go á. modo de culebrinas que suten,
reando eu triunfo por haber burlado la vigilancia de ciertos sAbueeoe del resguardo, y

DO MINGO 15 de AGOSTO de 1197

EL MUNO

fueron loe primeros en entrar. El tío Pedro, acercindose á un leg;,i q·B con un m1nojo
rompiéndoee unas veces para formar gropos, cual las nubes qoe se fraccionan, y dilade llaves en la mano se dirigía á otro lado, díjole:
tándose otras como su\il celaje sobre la cabeza de aquellos fieles, remon\ándoee al fin
-¿Quiere su merced hacerme el favor de llamar al hermane) P6rei?
la altura como Ja oración y el espíritu de los buenos.
80
El lego obedeció.
Recobréme al '°marme un lego trinitario el cirio que en la mano tenia.
-Hermano Péres, dijo al divisarle el patrón, en 103 Mu~iricos, en el banco fron•
Entonces repar6 que el oficio había empezado y predicaban. Corrido de mi distero al púlpito, be dejado dos llaves, una mft&amp; recia que otra, ambae unidas por una catracción, me sen\é en un eecatio que á mi espalda tenía y fijé la viata en el púlpito
denita de hierro: si su merced oo lo tiiene á. mil, podría darme la ll&amp;ve de la ermita, ó
que es\aba front.ero y en el religioeo que lo ocupaba. Era el padre fray Diego Andra•
venir coomigo para recogerlas.
de de la Trioidad. Aunque muy desfigurado, conocile luego por su color macilento,
El lego conlee\6:
sus mejillas hundidas y su frente calva, con loe dos blancos copos en las sienes.
-Ayer tarde se limpió toda la capilla y nada vimos.
Desde joven me había confesado con él hasta que lo mandaron á Cádiz. Un si-No las perdi ayer tarde, sino en la función de esta noc8e, at'iadió el tio Pedro.
glo hubiera estado escuchándole.
Abarcóle el lego de pies á cabeza C'lD la m ts imperUnente curiosidad, y apartando
Conluídoel sermón y rezadas lastres Avemarías, terminó el oficio; lagent.e c&lt;.menzó
luego del patrón la vista, dijóle con desden:
á salir y loe legos de la Trinidad á apagar las luces.
Desde ayer tarde t.engo las llaves de la ermita: si el aguardiente con que habréis
En un remolino que formaban en la puerta los que salían, creí ver á. la mujer del
matado el gusanillo se os ha subido á la cabeza, dormid la mona y dejad me en paz.
niiio y el mancebo del estandarte; quise acercarme á. ellos, pero otra oleada de gente
-¡Aguardiente éll exclamó Conejito; si se desayuna con galle~a mojada en el mar.
me volvió a\ras, y cuando llegu6 á salir todo había desaparecido.
-Pues si no está. bebido estará loco, dijo el lego.
Fuera de la ermita, miré á uno y otro lado con Hombro.
-El bebido ó el loco será su merced, respondió indignado el tío Pedro.
¿Dónde estaba aquella multitud? Hubiérase dicho que instantáneamente ee la
El hermano Pérez cteCióse y con aire altanero repuso:
babfa tragado la tierra, como la mar á. la barca con mi hijo! Acaso me loe ee"Jondía
-Ea, largo de aquí ó le arrojo del tem?ln com) J e~ú~ arrojó á los me roaderee:
la lobreguez de la noche¡ ¿pero, y el rumor de sus pisadas no hubiera dicho, por ahí
Y el lego alzó el brazo con aire de amenaza.
van? Y luego, ¿cómo dama, de tanto porte y aef5.orea de pro, iban sin criados y laca-¿A mf? exclamó el Patrón. ¡Una andanada qug m~ echase á pique! Lo veríamos.
yos que con hachas ó linternas les alumbrasen el camino?
El lego fué á descargar el golpe; más Conejito, con la rapidez del pensamiento, le
Así discurría yo avanzando asaz confuso, cuando el reloj del convento de loe Andetuvo el brazo diciendo con brio:
geles de Mirafloree dió la una, repitiéndola momentos después los relojes de la Trini-¡Vaya, hermano, que para aspirar su merced al sacerdocio tiene poca paciencia
dad y Santo Domingo. ¿Adónde iba yo á aquella hora? Lo mejor era volverme á
y menos cortesía! Calma, calma, y no bagamos de la casa de Dios campo de pelea.
Eet.ae palabras llegaron á oídos de un trinitario que desde lejos viera Ja acción del
m: casa.
En aquel momento recordé que había olvidado las llaves sobre el banco en que
lego
Este, al sentirse aislado, volvióse colérico; más deteniéndose de súbito bajó los
sentado estuve.
Era pr~ciso volverá la ermita, y volví.
ojos avergonzado. Acababa de divisar al religioso. Ers'nada menos que el guardián,
La puerta estaba cerrada; cogí una piedra y comencé á llamar. Yo mismo tenía anciano de cerq11i\lo blanco como su hábito y de mejillas frescas y sonrosadas como Ja,9
miedo del ruido de loe golpes, cuyos ecos resonaban po, las caf5.adas de la sierra como de un oifl.o. Acercóse al grupo y poniendo la mano sobrd el hombro de Conejillo pre~
debe resonar el último día la trompeta del juicio final en el fondo de loe panteones.
guntó sonriendo:
Pero, ó la capilla estaba desierta, ó á. loe legos que en ella vf los había ensordecido
- ¿Qu6 pasa aqui?
el Senor para probar mi paciencia.
&amp;.rprendido el tío Corro tardó en responder, y adelan\á.ndosele el lego dijo:
Caneado de alborotar en vano, me vine á casa y me senté en el umbral esperando
-Sepa su paternidad que este hombre, y sei'ialó al patrón, ebrio ó demente, porá alguno de loe que se recojen tarde para entrar con él
fía haber estado ea,a noche en los Martíricos donde dice haber perdido las llaves de
-Compadrito, d:jo el tio C.1rro, á.eetar menos seguro de que prefiere su merced la
,alobre del mar á la sangre de Jesucristo, diría que ha empinado el codo, tomando su casa.
-¿ Y querías convencerle de lo centrario á bofeionee? observó el religioeo.
una qua ni la de Joeué.
Y volviéndose al patrón preguntóle con qui6n y como había entrado eo la capilla.
-Noé querrás decir, apuntó Fina.
-Con la procesión que venía de la ciudad. Divisé de lejos el resplandor de las
Conejito prosiguió:
luces, paréme sorprendido, la vi atravesar el GuadalmE"dina y cuando ee dirigía ha-¡Crietianol ¿qué proce~ión había de haber á media noche, sin qoe ee supiera y alcia
......
borotase con ello al mundo? ¿:Ni cómo babia de caber ea la ermita tanta gente ... ?
-Ya me lo contaréis despacio, dijo el guardián interrumpiéndole y mandando al
811 .nerced despertaría como dice, se lanzó á. la calle, y con la manía de me'8rse las lla- lego que trajese las llaves de la ermita.
ves en el bolsillo, de donrle se le han salido cien veces, se le salieron una mas, ó JleCuando las tnvo llamó á. otro hermano de piernas largas com1 los cigarrones, y
vándolasen la mano para evitar lo primero, las dejó caer, se percató de q□e no las tenía, entregándoselas mandóle ir y volver ein pérlida de tiempo lf. los l[utirico s, recorrer
y volvió á 011ea por ei las había dejado puestas; no encontrándolas, ae sentó aguardan· toda la capilla y traer dos llaves que ali( debían haber qut,daio.
do á que pasasen 1 como aquel borracho, que viendo dar vueltas á la calles esperaba á.
El lego zanco lo pntió de prisa, alzándo3e el hábito para correr míe; el hermano
que llegase rn cal!a para meterse en ella. Y esperando, eeperando1 se durmió au mer- Pérez se retiró mohino y el padre guardián se ltevó á la sacristía al patrón seguido del
ced y solió todo eso.
tfo Corro y la sef5.ora Fina, que llegara en aquel momento.
El patrón, algo amostazado, repuso:
En la sacristía, sentado el religioso en un escalla y á. su lado el t,ío Pedro. repitió
-No eoy amigo de porfías. Apenas amanezca, iré á la Trinidad y veré ......
éste, sin pasarse en un ápic~, cuanto contado l1abía en la habitación del casero. Al ter-¿A qniéa? interrogó Conejito.
minar su relato llegó el lego enviado á los M,rtirico3, segu(anle la tía Muía y alguoo.:1
-Al hermano Pérez, para que venga conmigo á la ermita, y einó al lego que reotros curiosos.
cogió mi luz y si que reconocería entre mil: un mozo largo y delgado á. manera de
Al divisar al lego, preguntóle sencillamente el guardián:
mástil, el cerquillo más negro que la tempesffld1 la cara triste como día sin sol y la
-¿Se encontraron!
cruz azul y roja sobre el pecho como santa esperanza en el corazón. Si loe legos no
-En el brazal derecho del banco que mira al púlpito. Aquí las tiene su paterni•
quieren oirme, acudiré á Fray Diego Andrad~, y sino al mísmo guardián.
dad, replicó el lego preeentándote:doe llaves.
Al toque de una campana levantóse de improviso el patrón exclamando:
¡Si yo no so fiaba! exclamó el patrón vivamente conmovido.
-¡La mies de alba¡ allá voy!
La punzante sonrisa que durant.e la relación del tío Pedro vagua p::&gt;r loe labios de
La señ.ora Fina abrió la ventana y apagó la luz del velón, comeozaba á amanecer. Conejit.o belóse al o(r al lego y ver las llaves qu.:, tan conocidis le eran. PJ.lido y mu•
-Corro, dijo }Jamando aparte á su esposo, no dejes solo al compadre¡ hay algo en do, apoyóee en la pared, porque Ja,;i rodillas le flaqueaban.
su cara que me da miedo; acompefi.ale á la Trinidad, que allá me ir6 tras de vosotros.
-No, no mentís, dijo el guardián al patroq; pero tampoco mentía el hermano Pe-Te juro por cien corachas del habano que si el compadre no es\á loco, ee halla
rez negando esos hechos.
en camino. ¡Poquito se reirán loe legos con el relato de la procesión y las llaves per•
El antiguo marinero se irguió súbito para protestar de lo que oía.
didae1 Ya estoy viéndole en romance como á. Go.azalo del Carpio ó al moro Muza.
-Habeie visto lo que decfe, má.'! no eeres vivientes¡ sino sombras... ~\.dorad loe
-Basta de dislates y acompáfl.ale á la Trinidad, murmuró Fina con impaciencia.
designios de la Providencia que os ha hecho eepect.ador de tll mua villa, permitien•
El marido, mirándola serio, repuso:
dooe orar al par de los que por un decreto de su sabiduría han traído al mundo la
-Ya voy, caracolee, que está su merced más grave que un mnerto y más inflama•
querella de su ruego ex,rahumano y el incienso de su oración de ultratumba.
ble que pólvora seca.
El tio Pedro, no concluídae áun las palabras del monje, cayó rígido sobre el pa·
-Perdona, Corro, no quise ofenderte¡ pero te suplico que vayas, dijo Fina con
vimento.
blandura.
No se puede contemplar lo extraterreno sin morir .........
-Si ya voy, mujer, si ya voy, murmuró Conejito poniéndose la capa y alcanzan•
lú.BIA MxxooZA DE V1ns.
do al patirón en el patio.
Cuando ambos compadres llegaron al conventJ acababan de abrir la iglesia. Ellos
PROFANACION

A UN HEROE.

Como galeón de izadas bande1olae
Que arrastra de la mar por loe eriales
Su vientre hinchado de oro y de corales
Con rumbo hacia las playas espan.olae,
Y al arrojar el áncora en las olas
Del puerto ansiado, ve plagas mortales
Despoblar lne ve\uatos arrabales,
Vacío el muelle y las orilla11 solas¡
Así al tornar de costas extranjeras,
Cargado de magná.nimae quimeras,
A enardecer tus compafl.eros bravos,
Hallas sólo que lucbao sin decoro,
Espíritus famélicos de oro
Imperando entre miseros esclavos.

En tenebrosa cripta, donde solloza el viento
Como león herido en selvas atricanas,
Rodeado por los cuerpos de bermoaas cortesanas
Que sangran en las losas del frío pavimento 1
Véee un monarca anciano de paso tremulento
Luchar porque revivan sus vírgenes livianas
Mas, al sentir que mueren sus ilusiones vanas,
Demanda áloe cadáveres el goce de un moment\J,
Tal como el alma mía que, si en nefasta hora 1
Siente de humana dicha la sed abrasadora,
Tiene de lo pasado que trasponer las puertas,
Alzar de sus ensueños el mármol funerario.
Y, en medio de las eombras que pueblan el osario,
Asirse áloe d~epojos de sus venturas muertas.

¡OH ALTITUD!

Joven, desde el azul de tu idealis:no
Viste al cieno bajar iue ilusiones.
Como se ve en bandada á los alciones
Caer ensangrent,adae al abismo.
:Nadie sabe tu mal, porque tú mismo
Ahogando dolorosas sensaciones,
Vivir en la tiniebla te propones,
Como un dios condenado al ostracismo.
Mas yo veo que, aislado en tu grandeza,
Cual sol poniente en sus vapores rojos,
Huyes de los que el mundo llama sabios,
Y llevas una sombra de tristeza
Que, humedeciendo el brillo de tus ojos,
Destierra la sonrisa de tus labios.
J OLI.ÁN DEL CASJ.L,

�122

EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE •8~&gt;7
DO■ IRGO Is

EL MUNDO

de AGOSTO de 1897

Corazón de sacerdote.

POR H. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECIIAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 3
hubiese mezclado alguna intriga á su nueva existencia.
Su primer trabajo adminietrati vo fué buecar á la afortunada mortal á quien debería atrojar su pafiuelo subpre•
fectoral.

Tiene un marido radical, comunista, ateo, borracho,
que le pega, según dicen, y la tortura de mil manerae....
He ido á verla una vez...... doe veces...... tres veces, y
be recibido la confidencia de eue dolores. En mi última
visita, conmovido de sus penas, exclamé: «¡Pobre mujer!» y este pobre mujer fue un grito del corazón que al•
_go me ha valer.
El marido pasa su vida en la taberna; tienen un hijo,
lindo, ciertamente lindo, pero molesto. Siempre eEtá
con su mamá á cuyo lado llega inopinadamenta. El
otro día eu presencia me impidió dar al ¡pobre mujal to•
da la ioflexión que requería el caso. Ese muchacho q1e
va eobre loa catorce añoe, me mira de una manera que
me paraliza horriblemente. Tiene grandes ojos claros,
dulces, embeleaadoi;es.-los mismos de su madre.- Se
diría verdaderamente que t-eme algo de mí y vel/1 como
centinela para detener al enemigo.
Pero, basta por esta vez de confidencias. Suenan las
-once en el campanario, hora indebida en Ganneville.
Adioa puee mi viejo O~tlvio. Recuérdame á mis amigoe. Y o ire uno de estos días á sorprenderos y podreis
testificar, con rubor de mi parte, á que grado de provincialismo ha llegado el pobre proscrigo,
Tuyo de corazón.- Savinien.

VI

~onsuelos.

•

Habiendo terI11inado su carta, Savioien la releyó. po•
niendo en eeta tarea tanta más lentitud cuanto más se
aproximaba al fin. Después se quedó largo tiempo pensativo, siguiendo con ojos distraídos las coronas azuladas
de humo que asceodian de su cigarro.
Luego plegó cuidadosamente el papel que acababa de
escribir, lo deegarró ea cuatro partes, lo inflamó en la
lámpara y lo arrojó en la chimenea.
Evidentemente no sabhl lo que deseaba, de una mane•
ra muy precisa. Porque complido su sacrificio, exclamó
,sin respeto para su propia dignidad:
-Soy un bestial
Sin embargo, no volvió á cojer la pluma y fué á pa•

eearse, vagamente so fiador, bajo la noche estrellada, en
el jardín lleno todo aun de las producciones florales del
señor Jerome.
No era por cierto un mal muchacho ese Savinien de la
Haye.
Rico, amable, bieo parecido, su historia había sido la
de todos sus congéneres ricos, amables y bien parecidos;
historia que ee desarrolla uniforme entre los bastidores
de loa teatros, loe tapetes verdes de loe círouloe, los budoir~ facilmente accesibles y algunos salones del mundo
donde no ee adquieren probablemente mejores costumbres, pero donde, á lo menos, se mantienen loe hábitos
del buen tono.
Había llevado eea vida alegre y vacía durante los últi•
moe añoe del Imperio, fanfarrón del vicio más bien que
vicioso, arrastrado máe bien que corrompido, vanidoso
sobre todo de los placeres que por eu clase ee creía obli•
gado á buecar ruidosamente y de los cuales estaba absolutamente caneado. En loe seis meses del afio terrible
cumplió con su deber como buen francés y cuando,
después de la paz, ensayó volverá su existencia de boule•
¡,ardier ccioso, vió tan claramtlnte la perfecta imbecilidad de ella que ein decir nada á eus compafieroe de alegrías, se aprovechó del corto paso por el ministerio de
eu viejo primo de ~Iarcy para pedir un empleo en provincia. Iamediatamente fué expedido á Gueret de donde
le enviaron á Ganne,ille.
Ahí llevó-reato de en primer modo de eer-eae tono
burlesco que ee cree prerrogativa del e.,prü, ese voluntario desprecio de la población sencilla que le parecía de
buen gueto en un parisiense y la afirmación repetida sinó con vencida, de que sufría el máe lamentable destierro.
En realidad era perfectamente feliz y cuando, al sol de
la maftana, galopaba solitario por los caminos sombroeoe,
en m~io de los efluvios ealudablee de los campos, eu
pensamiento lleno de un encanto vago y desconocido, no
evocaba sino mny rara vez el recuerdo del bo,llet'ard.
Pero el viejo vividor ee hab1ía creido deshonrado si no

La señora Deecordee había hecho á Savinien anticipos
que habrían parecido demasiado comprometedores ei su
edad, su virtud y su flacura no la hubiesen puesto por encima de toda suposición. Ya le invitaba ácomidae demasiado íntimas, demasiado sencillas-muy sencillas por cierto-pensaba él. Ya se aventuraba en interés de sus aeo•
ciaciones piadoeae, á ir en persona á la eubprefectura.
Dominada por una necesidad de intrusión que le parecía
casi un derecho, obsesionaba al infortunado funcionario,
demasiado cortés para hacerle comprender su molestia
y demasiado político para arriesgarse á haceree un ene•
migo de esta devota agitadora.
Ella se proponía un doble fin: Ardía en deseos de obtener para eu marido las palmas de oficial de la Academia. Parecfala que él tenía todos los merecimientos ..... .
Se le habían dado á eu colega el otro adjunto, que no ha•
bla pres1ú111o más que una vez la distribución de los premios de 111 escuela comunal, y el eefior Descordes Labía
presidido dos veces la misma ceremonial Tenía, pues,
máe derechos!
Pero la madre, sobre todo, perseguía unsutño y bacía
alusiones de tal suerte transparentes que se necesitaba
que Savinien fuese verdaderamente distraído para no
parecer percibirse de ellas. El ingrato no advirtió más
que una cosa en la oleada de esa fastidiosa palabrería
que no terminaba jamás, y fué que la_señora Deecordee
pronunciaba frecuentemente el nombre de su prima la
eef\ora Charlier. Un día estalló:
-Hija de un marqués arruinado, Dios sabe en qué!
Soy yo quien la he sacado de la miseria, sí, señor, de la
verdadera miseria...... Apenas tenla qué comer! Y ahora
lo ha olvidado! Tengo que sufrir lae arrogancias aristocráticas y la altivez de la que me lo debe todo ...... Oh! si
no se hiciese el bien sino en vista de lae recompensas
humanas! Y todo eeto porque eu padre tenia un título y
porque ella fué educada en París. Ea que nuestra educación vale menos que la suya, porque se hizo sencilla y
honestamente en Gannevillti?
-¿Ea que somos salvajes? exclamó Dioedada lanzando
su gama de risa.
-Nuestros padres al menos no han muerto acribillados de deudas...... Y su casa. Si vieseis su vida íntima,
sef\or subprefecto.
-¡Un infierno! exclamó Angélica.
-l.\li hija tiene razón, un infierno! Yo sé todos loe de•
talles, ya comprenderéis ...... Mi pobre primo á veces me
confía sus penas de lae cuales procuro consolarlo, como
lo manda la caridad.
-¡Y Pablo! dijo una de lae muchachas con conmisce,
ración.
-¡Ah, eíl ¡Poh,e peqnefiol ¿q·1é será de él? Es ya insolente como su mad:e. Ha osado decirme en mi cara
que yo no era buena.
-¡}Iawá que pasa su vida ocupándose de los otros:
-En fin, una faruilia perdida, ee la palabra. Si yo no
me mezclase en eso por la piedad que tengo á mi primo,
y ofreciese al cielo todos los choq uea que me cuesta..... .
• -¿Qué no ee el señor Charlier co!lsejero municipal?
interr0gó Savinién que rumiaba un proyecto.
- S1, señor...... Ohl yo no os lo presento como un modelo...... Tiene sus errores, muchos errores, y sobre todo, muy frecuentemente el de atacar la religión ...... Pero en fin, es de buen natural.. .... Lo han agriado, exasperado, llevado hasta el fin, porque no tiene las maneras
de un marqués, y entonces...... Pero estoy bien segura
de que Dios tendrá para él gran indulgencia, en tanto
que..... .
-Una mujer que apenas oye una misa el domingo y de
carrera! interrumpió Angelica.
-Jamás va á la misa mayorl_añadió Diosdada.
-Yo le he abierto todas lae puertas de nuestras reuniones piadosas, concluyó la señora Descordee...... y ja•
más ha pues~o los piee en ellael

�oo•••GO 15 de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

DOMINGO Is DE AGOSTO DE. 181n

El recuerdo de esta exclamación le volvió cuando terminaba la cartapara Legagneur, en la que exponía sus proyectos, y se conmovió y turbó más aun quizá que si en
aquel momento hubiese sido pronunciada. El arranque verdadero de Pablo, reconocido á una compasión
que se dispensaba á su madre, le conmovió profunda.
mente. Un extraño sentimiento, nuevo, desconocido,
muy dulce, se le subió al corazon al mismo tiempo que
un remordimiento ligero. pero sincero, de su come·
dia de simpatía, frente á esta franq11eza, una especie de
verguenza vaga de sus proyectos inconfesables, frente á
aquella pureza. La simplicidad del nifio hizo ruborizarse á aquel don Juan, vacilante.
Desgarró s11 carta, y en tanto que erraba en su jardín,
en medio de la brisa tibia de una noche de Agosto, el cie•
lo le pareció más limpio, las estrellas brillaban con resplandor no acostumbrado, las flores difundían un perfu·
me suave, y en ensueflo aún incierto, Savinien vió aparecer, rodeados de una luz dulce, discreta, exquisita, loa
rostros unidos y sonrientes de Marta y de Pablo.

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En tanto que se desbordaba este torrente, Savinien reflexionaba.
«Una mujer de mundo-se decía él-casada ...... Un
matrimonio que se pierde ...... El marido bonacho........ .
bueno, bueno! Esta seflora Descordes es verdaderamen·
te caritati val
-Lo que yo amo eobre todo en ese joven subprefecto,
dijo la seflora Descordes después de la partida de ':!avi•
nien, es que presta atención á todo lo que uno le dice.
Cll.ando al día siguiente la única recamarera de Marta
le anunció que el subprefecto estaba en el salón, esa visita le pareció inoportuna. En su triste vida la llegada
de un !)Xtranjero le causaba un terror instintivo: era un
testigo más de sus miserias!
Encontró un hombre político, bien educado, que lleva•
ba en medio de sus decadencias, la corrección de la buena sociedad. La visita de Savinien fué necesariamel/.lte
insignificante, ni demasiado larga ni demaeiado corta.
Tuvo un tacto perfecto, fingiendo ignorar la vergonzo•
ea existencia de Cbarlier.
Esa conversación de un cuarto de hora, fué para lapobre aislada como un esclaercimiento en su cielo sombrío.
Por un instante había oído el lenguaje á que en otro

tiempo estaba habituada. Había pues aun hombres que
podían hablar sin esmaltar su conversación de juramen·
ios y groserías!
Esa breve aparición, á posar de la trivialidad de la
conversación, le dejó una impresión reconfortante: los
pobres son tan poco exigentes!
Cuando dos semanas después, Savinien se presentó de
nuevo, la impresión de Marta fué el asombro.
-El otro dfa, seflora, dijo él, el subprefecto vino á saludará la mujer de un consejero municipal. Ahora, es el
seflor de la Baye quien viene á presentar sus homenajes
á la seflora Cbarlier.
La conversación fué desde luego menos solemne quG
la precedente. Se habló de París, Savinien citó los nombres que Marta conocía. Lanzó sobre la vida de Ganneville algunos ra~g~s ligeros que quitaron el ceflo á !'que\
rostro no acostumbrado ya á sonreír. Hizo un entusiasta
elogio del aeflor Sennevaux al cual sabía que Marta había amado. Fué particularmente amable .con Pablo, que
llegó durante la visita. Cuando partió, el niño notó que
su madre tenía la fisonomía caei alegre. El mismo se sentía recalentado por ese fugítivo rayo de sol, y le vino un
vago reconocimiento por aquel que lo había hecho lucir.

,/
J '

CharliEI llegó, por excepción, lúcido eee·
día y fué presa úe la cólera cu;,ndo su mujer·
le pidió que fuese á casa del subprefecto á
devolverle sus dos visitas.
-Yo!. ..... Irá casa de ese sefior...... un
noble ...... un reaccionario ...... un amigo de
loa curas! Jamás de la vida ...... Jamás! No •
ee dirá que Charlier arrastra sus botas de hi•
jo del pueblo sobre los encerados de un mequetrefe de oficina.
Esta frase lo calmó un poco: la encontró•
muy buena y ee prometió repetirla al día siguiente á sus amigos.
-E3 muy probab;e, objetó dulcemente
Marta, que si no le devolveis su11 visitas, el aubprefeto
no vuelva. Pero si vuelve, debo yo cerrarle la puerta,
amigo mio, 6 recibirle?
-Eh! demonio...... recíbelo si eso te divierte ...... De
hecho un lindo corazón ornado de un de, ea hecho para
agradar á una hija de Marques! Recibidle y bravatead,..
hablad mal del pueblo si os place. No ea eso lo que detendrá el torrente q11e avanza.
Marta había hecho su pregunta por exceso de prudencia, pues estaba convencida de que Savinien no vol ve•
ría.
Pero Savinien volvió.
Fué recibido con visibles muestras de simpatía y desde
que supo que estaba ahí, Pablo corrió hacia él, feliztam·
bién. La conversación tomó esta vez un aspecto más fu•
timo. Marta habló de su padre, de su juventud, y dejó
escapar elgunas alusiones á Ja3 terribles tristezas de su
vida. Fué entonces cuanio Savinien con un movimiento sabiamente combinado, le estrechó la mana murmu·
rando aquel «Pobre mujer!"
-Cuando ee retiraba, Pablo avanzó hacia él gravemen.•
te y tomandole la mano á su vez, le dijo:
-Gracias, sefior, voJ si sois hueno!

EL MUNDO

las escenas de dolores y de violencias de que frecuente•
mente eran loe testigos.
-¡Oh Dios mío! querida, dijo la sefiora Deecordea en
una de sus v~sitas, demasiado frecuentes para el gusto de
Marta, esperáis acaso á algún príncipe ó marqués? · He
ahí á Pablo que ee encarniza en emparejar las piedras
del vestibulo....... Acabo de verá Francisca que lava su
chiribitil. Y he ahí sobre el piano un vaso de Gien lleno
de flores. que yo no conocía.
-Vuestra inepección no es completa, prima, respondió Marta ...... Ved...... aquí hay también un siilón cuya
tapiceria he bordado yo ......... lle aquí además Ün servi •
cio de té que Pablo me ha comprado con sus economías......... el pobre nifio de mi alma! Todo esto no quie•
re decir, que yo espere á un marqués ó á un príncipe, sino simplemente que deseo hacer un poco ...aás agradable
el pobre rincón donde paw mi vida.
-Vamos, ya veo pues, que tenéis dinero para rodearos
de ese lujo ......... Si vuestras tareas de ornato no lo ab sorven todo, pensad en mis obras. Los dones ofrecidos
á Nuestro Seflor hacen perdonar muchas cosas y quien no
VII
El hotel que Martn habitaba, era una de esas viejas tiene necesidad de que se le perdone algo!
-Muchos dones necesitas tú ·por cierto para que te
moradas semieefíoriales, colocadas en otro tiempo en la
perdonen,
lengua de vibora, gruñía Francisca que, desde
extremidad de los barrios, y que el crecimiento sucesivo
su
cuarto,
oía
las observaciones de la caritativa dama.
de las ciudades ha englobado con el tiempo en el centro
-Estas
innovaciones
son singulares, dijo al volver á
Estaba aislada, en el fondo de un callejón sin salida, Ji·
mítada por cuatro grandes muros de jardín, que termi· su casa la señora Descordes á sus hijas, ......... Algo pasa
naba su portón macizo de burdo martillo herrumboso, de ahi ......... Eso no tiene duda.
-Acaso quiere dar una comida, dijo Angélica.
madera cuya pintura ee desc'lstraba en grandes partes.
-O
espera la visita del subprefecto, añadió Diosdada
Un patio en que las baldosas deegregadas dejaban crecer
que
pensaba
mucho en Savinien.
hierbajoe, precedía á una escalinata deelabrada, una de
- Ob ! en cuanto á eso, puede esperarla!. ........ Después
cuyas gradas estaba rota en doe y las otras despostillade lo que yo he dicho al sefior de la Raye, como debía
das en los ánguloe.
hacerlo,
él se pondrá en guardia; no se arriesgará. Pero
Se llegaba por ahí á un ve8tíbulo. De una percha i¡ni•
en
fin,
ahí
hay algo......... yo velaré.
ca pendía el impermeable que Cnarlier tomaba loa días
La
vigilancia
de la seflora Descordes fué larga, muy
de lluvia para irá su café. A la derecha se abría una pieza sin nombre y sin destino preciso, que servía para to- larga, y durante muchos meees ineficaz. Ella la repardo. En medio, sobre banquillos, había una tabla con cu- tió hábilmente en loe diferentes-días de la semana y en
bierta de lana desgarrada, sobre la cual se planchaba la laa diferentes horas del día, llegando de un modo imropa blanca. En el h11eco de la ventana, la silla media prev:sto, no advirtiendo nada de insólito, si no es que
rota donde se sentaba para surcir, Francisca, la fiel no- cada vez encontraba una nueva mejora en la casa.
Ahora el ve8tlbulo tenía seis sillas recubiertas de mandriza de Marta, Caleb femenino que jamás la había abandonado y que acumulaba ahora todos los empleos doméa• tillas de ouU bordadas de un gran galón rojo. Las sillas
ticos de la casa; en los rincones yacían amontonados sin habrían costado á veinte céntimos la pieza con el reven•
objeto toda especie de objetos, paraguas, bastones, útiles dedor...... E l cafarnaum de Francisca, vaciado de sus
de jardín, una cuna del niño Pablo, un juego de bolos trebejos estaba cubierto de una sencilla tela á rayas gridisparej0s, una regadera sin fondo; sobre el muro cuyo ses y azules, que daba á la pieza el aire alegre y coqueto
papel estaba en sitios podrido de humedad, estaba fija de una tienda. El piano había aido afinado; los artesouna vieja panoplia medio vacía, de donde pendían aún, nes limpiados por Francisca. Colocados sobrd troncos de
sobre los terciopelos de tono marchito, fusiles de caza árboles en bruto, había dos grandes floreros que Marta
mohosos, dos pistolas de tiro de viejo estilo y un revolver. había pintado de arabescos, formando al salón un vestí•
La impresión era desoladora cuando al entrar en el ves. bulo alegre y perfumado. La casa parecía rejuvenecerse
tíbulo se percibía esta pieza en desorden por la puer&amp;a y revivir.
- Y bien? decfan Diosdada y Angélica,, ansiosas á eu
siempre abierta. Se sentía el abandono de la casa y so•
madre,
cuando eEta volvía de una de sus visitas inquisibre todo ese desaliento que no busca ya en la simetría y
toriales.
la limpieza una postrer apariencia de bieneetar.
-Siempre nada!. ..... Y sin embargo, mi instinto no se
Una segunda puerta daba acceso á un salón un poco
mejor provisto. Era la pieza que Marta habitaba de or· engaña ...... Hay algo ...... yo debo saberlo é iré hasta el
dinario. Las cortinas habían perdido su frescura, el alto fin; acaso me toca intervenir.
El solo descubrimiento que hizo la sefiora Descordes
plafond estaba amarillento por el humo, los muebles
eran raros y nada harmónicos; faltaban ahí esas mil mo- fue encontrar un día á la seflora de Sennevaux sumernadas que dan á un departamento el sello de la vida ín• gida con Marta en una conversación animada que se detuvo bruscamente á su llegada.
tima y feliz.
-Os molesto, eefloras? dijo ella picada.
Pero, sin embargo, se adivinaba, por mil detalles la
-De
ninguna manera prima, respondió Marta que
presencia de la mujer de guetos elegantes y distinguidos.
Los dos grandes vasos de cristal sencillo, sobre la chime- tambien parecía rejuvenecerse y revivir como su casa
nea, estaban llenos de florea. En medio de esos viejos Y había adquirido de nuevo su franco hablar un poco
muebles usados, algunas sillas bajas, un pouf, taburetes altivo. Si hubiésemos temido que nos moleslarfais hacon tapicería de colores vivos y claros, indicaban la La- bría hecho condenar mi puerta ..... ... .
La seflora Descordes enrojeció, herida y furiosa.
bilidad de los dedos del ama de la casa, y su instinto arLa sefiora de Sennevaux abandonó su sitio viendo que
tístico se revelaba por la harmoniosa elección de loe matices. Sobze un piano, que casi no ee abría, algunos bi- no podía luchar con aquella indiscreción que se entrometía.
. belots antiguos recordaban tiempos más prósperos.
-Te volveré á ver bien pronto, dijo al partir y traeEn el ángulo, cerca de una puerta ventana que daba
ré á Jorge para que juegue con Pablo.
al jardín, una mesa bien arreglada servía á Pablo que
-Si, si, te lo suplico, insistió !\Iarta. .. ... Bien pronto!
trabajaba cerca de su madre, sin temor de ser turbado
Tengo tanta nececidad de hablarte!
por Jlumerosoe visitantes.
Las suposiciones indeterminadas de la señora DescorCuando, en un hermoso día de verano, el sol lle ,aba su des, no hicieron más que acrecerse. Decididamente haeenrisa sobre Marta y Pablo, laboriosos y silenciosos, y bla algo Y la señora de Sennevaux estaba en el secreto.
las ventanas abiertas dejaban entrar los dulces efluvios
Como encontrase á Francisca en la calle, la hizo hadel jardín y la barbulla de los pájaros que se movían en- blar Y llevó la conversación al capítulo del embellecitre los tilos, el reoien llegado, ol vidandv la tristeza de la miento de la casa; pero nada sacó en limpio.
entrada, habría podido creer que penetraba en el asilo
-Es usted demasiado lista para haber notado eso! resde la ventura y de la paz. Los muros no referían todas
pondió ella. Pero no lo sabe todo, mi q•1erida sefiora

las

y aun verá algo mas ...... Vengo justamente de casa del
tío Frenaut, de encargarle dos carretadas de arena para
el jardín. Voy á hacerme jardinera.
-Es que el subprefecto ha venido recientemente?
- El subprefecto ...... aquel señor gordo de lentes de
oro?
-No, ese ya se fué ... :.. Un joven ........ .
-Ah! el sefior gordo se fué l.no lo sabía.
-No es eso, pensó la seflora Deacordes en tanto que
Francisca, al irse, murmuraba grufíendo:
-Anda hija! No eres aun demasiado firme para embrollar á la vieja Francisca si ella no quiere!
Estos destanteos excitaban la cusiosidad de las tres
señoras Descordes. Casi no tenían otra conversación.
En Ganneville pasaba algo que ellas ignoraban ... ... y
ese misterio se realizaba ·precisamente en la casa donde
ellas debían ver más claro!
Pensando en esto, la sefiora Descordes calculó que habia estado en casa de Marta á todas ho'ras, salvo de cuatro á seis, momento que se daba todos los días á la música con sus hijas. Inmediatamente, como inspirada, pú sose precipitadamente su sombrero y se dirigió á casa de
su prima. Eran las cinco.
Justamente el portón estaba abierto, Francisca que
bahía salido para algún mandado rápido, no lo cerró.
Esto agradó á la visitaute, por que no tuvo necesidad
de llamar. Si había algo que sorprender ella lo eorpren•
dería. 11Iarchando sobre la punta del pie llegó á la
puerta del salón, oyó loa ecos del piano y entró bruscamente.
Marta tocaba á ia sordina una sonata de B~ethoven,
Savinien, sentado cerca de Pablo, buscaba en el diccionario las palabras necesarias á su versión. El té cantaba
hirviendo en la tetera. Era aquello una como reunión de
familia, dulce, intima, casi austera.
El instinto d&amp; la sefiora Descordes no la había enga•
liado. Ilabía algo de nuevo...... El amor entraba á la
casa de }farta.
VIII.
Desde hacía seis meses, Savinien iba así cada día, á
casa de Marta y era milagro que en una ciudad de vidrio y bajo la mirada incansable de la sefiora Descordes,
aquellas entrevistas hubiesen permanecido ignoradas.
Ah! cuando, por las indicaciones que ella le había dado seguratoente con intención muy distinta, Savinien
concibió sus planes de conquista, cuando comenzó la
ejecución de ellos, con una habil estrategia, regocijándose ya de sus primeros éxitos: cuán poco pensaba que ·
la palabra ingenua de un nifl.o bastaría á desconcertar
todos sus proyectos de don Juan que iba en pos de una
nneva intriga! cuan poco suponía que en eee rincón perdido de provincia, del cual se burlaba con tanta desenvoltura, iba á levantarse una luz súbita y exquisita sobre él, cambiando todos los horizontes de su vida y sustituyendo el cariflo, el cariño verdadero, absoluto, respetuoso y casto, á la novela de crimen sofiado en su ociosidad, como una distracción pasajera!
. Ciertamente se habrían admirado mucho, y habrían
alzado los hombros con desprecio, sus compañeros de
París, si hubieren podido percibir al alegre vividor de
antafio, siempre en busca de locas aventuras, esperando
impacientemente la hora en que iría á sentarse, cada
día más embeleeado, eutre un nifio y su madre.
Las visitas de Savinien se hicieron poco á poco más
frecuentes. A Marta como al mismo Pablo, eso les parecía muy natural. No había necesidad de llamamiento
ni de explicación: se le esperaba y él iba. Si por acaso
tardaba tres 6 cuatro días, Pablo decía á su madre:
-Hace largo tiempo que no viene
- Es cierto, respondra sencillamente Marta, hace muy
largo tiempo.
Ni aun pronunciaban su nombre: era inútil.
Un día, cuando se iba, Pablo le di¡o dulceme_nte:
-Hasta mafianal
Savinien miró á :\!arta, que sonrió, y repitió:
-Hasta maBanal
Cada día, en lo de adelante, sin tener necesidad de
instrucciones, Francisca iba á entreabrir un poco antes
de las cuatro el portón, para evitar el martillazo indiscreto. Cuando Savinien entraba, su primer mirada bu&amp;caba á Pablo no como á un obstáculo temido, sino como á
un apoyo deseado que le tranquilizaba respecto á sí
mismo y mantenía en · su ternura esa serenidad que
constituía eu más delicioso encanto.
Continuará.

�DOMINGO Is de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

la6

~oMIIIGO 15 de AGOSTO de 1697

dos lóbulos, las finas piedras de Golconda.
Se había casado con algún Creso? Aque•
lla dama que pasaba, era la nifía hija de
padree pobres, á quién compré tantas mu•
fíeoae y bombones?
Todo lo aupe al poco tiempo. Un vie·
jo verde, cojo y corcovado, la deelu~bró
con su dinero, y desde entonces su a.roa
blanca y transparente, se m~nchó con
salpicaduras de fango ...... Aquella alma
buena!
y cómo fué? Qué mano invisible y nervuda de monstruo, la asió con fiereza y la
eqipujó á un matrimonio sin amor? El
hambre! En su hogar faltaban pan y luz ...
y el usurero de laeEquina inmediata le ten·
dió la red, dándole, no solamente luz y
pan sino vestidos, joyas ...... qué ee yol
Nu~vo Fausto, deslumbró á Margarita
con el eeplendor de su riqueza, y ella fué
despreciando las humildes, pero castas
floree de Siebel, del joven hermoso Y romántico como Byron, que en cada verso
deja un pedazo de corazón, un girón de
alma, pe10 que vive pobre, muy pobre,
allá en el destartalado cuartucho de una
casa de vecindad.
y entre tanto, Margarita, apoyada en
el brazo del prestamista claudicante Y gi•
boeo, alardea en teatros y salones de su
soberbio lujo, sin comprender que cada
diamante que ostenta, eimt-oliza no una,
sino muchas lágrimas cuajadas.

MINIATURA
LA SEÑORITA BEATRIZ FRANCO

......Y el Teatro Nacional, nuestra solitaria basílica de arte, ee llenó aquella no•
che de una voz apasionada y triunfal, de
una onda rítmica, suave y exquisita, voz
de perfume de violeta, de susurrantes plega~iae, de cuchicheos de hadas, de frúfrú de alas de aves, de rumoree de fron•
dae lejanas. Viejas impresiones dormí•
das recuerdos de comarcas ignoradas,
pálidas evocaciones juveniles que yacéis
en el fondo del espíritu como esos listones descoloridos de la primera novia, fué
vuestra fiesta aquella noche, viejas im•
presiones dormidas. Evocar eeae eenea•
cionee, unir con el hilo de oro del eenti•
miento lae perlas deegranadaa de loe re•
cuerdos, bajar al fondo del alma y sor•
prender en ella rastros de ideales ?~eva•
necidoe, huellas de anhelos fug1t1voe,
estela de esperanzas olvidadas ...... ee eer
artista.
La señorita Franco, ee muy joven Y
muy bella-de una hermosura que no se
concibe contemplar sino como Fra Ange•
lico pintaba sus madonae: de rodillas-es
una artista.
Id á escuchar la voz suave y apasiona•
que llena el Teatro Nacional con eu onda
rítmica.
MARGARITA
I
Cuando era nifía, qué alma tan blanca y tan diáfana encerraba en aquel cuerpecillo delicado y frágil como una chu•
cheríajaponeeal Nopuedoolvidarla. Loe ·
ojos profundamente azules y humedecidos; la cabellera opulenta y dorada; las
mejillas frescas-dos pomas de OtofíoY la boca carmínea, breve como apretado
botón de rosa.
La mañana era espléndida. En el Oriente-orgía de coloree-la luz desplegaba sus
estandartes victoriosos; en loe nidos loe
pájaros se empinaban asperjando trinos;
el aire soplaba suave, bien oliente, como
el vientecillo producido por aristocrático abanico.
¡Oh mafíana aquella, toda luz, toda aromas, toda vida!
Margarita ee preparaba á hacer eu primera comunión.
En la parroquia, llena de blancas floree, ardía loe cirios en el altar mayor, ascendían las espirales del incien•
so, y, grave y místico, dejaba el órgano oir las notas de
sus trompetas.
Allí estaba la blonda criatura, en glorioso apoteosis,
de rodillas, con la frente baja y loe bracitos cruzados devotamente, á la manera de esos ángeles pintados por Doré !!n las maravillosas páginas del poema dantesco·

Señorita Beatriz Franco.

II
Más tarde, cuando fué joven, cuando la pubertad la hi•
zo núbi y amplió sus caderas, y redondeó eue formas, la
ví pasar, desde el balcón del últimó piso. de un hotel, en
elegante «duquesa« tirada por corceles p1afantee, que, en
su pausado trote sobre el asfalto, hacían cascabelear las
cadenas de plata.
Su aspecto era altivo y regio: el traje de seda flordelisado dejaba adivinar eue exúberas formas olímpicas, y chispeaban ea sus dedos gráciles y en sus rosa

Anoche, al salir del teatro, sentí que
me tiraban del abrigo, y oí frasee dulces
y seduétorae de mujer. Volví la cara y
me encontré con ella, con Margarita,
quien al reconocerme dió un grito de
sC'rpreea y huyó precipitadamente, avergonzada de la equivocación, entre la hot•
mfgueante multitud. Con quién me .confundió? Quizá con alguno de sus amigos.
Y un enjambre de recuerdos punzó do•
loroeamente mi cráneo: surgió en mi me·
moria aquella mafíana toda luz, toda aromas, toda vida, en que la ví, camino del templo, ha•
ciendo aletear su falda nívea; en que sentados á la
Il}eea saboreamos el desayuno de aquella fiesta de un
blan~o triunfal. Pensé en Alberto, el bohemio eofiador,
que en cada verso le mandaba un pedazo de corazón, un
girón de alma ...... en el muchacho hermoso y melenudo
de segundo patio; y entonces comprendí por que, puesto de codos en la mesa de un café de barrio, gritaba con
voz de ebrio mirando atentamente las heces de su copa
-Eh, mozo! vino, más vino........ .
Jt'AN B. DKLGADO.

-------------~-------

EXPLOSION DE UNA CALDERA EN UON

La mafíana del 5 del actual, prodújoee en la ciudad de
León, una catástrofe del todo semejante á la que en Pue·
bla causó no ha muchos días la mayor consternación,
Runque esta vez, por fortuna magna, sin consecuencias tan
lamentables. Nos referimos á la explosión de una calde•
ra, acaecida en el taller de fundición de la Huerta de
U raga.
El espectáculo que se presentó á la vista de loe que ocu•
rrier@n al lugar del siniestro, atraídos por el estruendo,
fué el de un montón de escombros hacinados aquí y aní
sobre los diversos productos trabajados en el taller, tales
como ruedas de cochee, cajas, catres, herramientas, etc.
Loe techos fueron volados, y sue eoetenea diseminados
en todas • direcciones y contraht,choe, así como los frag ·
mantos de la caldera que se veían en todas partee, y que,
· con la enorme trepidación, causaron eerioa perjuicios materiales.
El orfgen del siniestro fué el deECuido del maquinista,
quien dejó encargado de la caldera al velador y éste, absolutamente ignorante del manejo, encendió el fuego sin
poner préviamente el agua necesaria.
E etímanee las pérdidas en $3,000, máe no hubo desgra
cías personales.
El activo fotógrafo Sr. Mathey nos envió con laudable
oportunidad, la fotografía que como ilusrtación de estas
líneas publicamos, y que dará del siniestro mejor idea
que todas las descripciones que pudiéramos hacer.

Exp1osión de una caldera en león.

(Fotografia de Mathey.)

l!L MUNUO

LA CIUDAD DE ZACATECAS.
LAS OBI~ . . ~S D~ SU CA.'1...,EDRAL.
•

bizantino, loe fondos de todos son color de
La ciudad de Z 1catecas, de la cual ya al•
cantera y lae columnas imitación de gra•
guua vez se ha ocupado nuestro semanario
nito: loe capiteles y basas color de piedra
con positiva compla,encia, constituye un@
verde azulado y en las tallas una combi•
de loe cantroe más importantes de nuestra
nación de coloree y oro.
R pública y une á lae valiosas condiciones
«En el fondo de la nave principal está pin•
de propiedad minera y agrícola, la belleza
tada al oleo La Asunción de la Santísima
de su especial topografía.
Virgen. La Madre de Dios se eleva al cielo
En el orden religioso y digámoslo también
entre multitud de alados querubines y loe
art1dtico, Z ic1tecas acaba empero de]a1qui•
apóstoles contemplan el sepulcro. El cuadro
rir 1rn atractivo más, merced al celo decidi•
es obra del eefior don Manuel Pa~trana. En
do del virtuoso !prelado que rige la Diócesis
loe fondos de las dos naves laterales y al la•
y q 1e vió no ha mucho el feliz remate de]lae
do de la puerta principal hay dos grandes
obr.1e emprandidae en la Iglesia C.Hedral..De
cuadros, La Anunciacion y la Oración del
ellas intentamos ocuparnos en eatas páginae,
Huerto, obras respectivamente del eefíor D.
con tal fin transcribimos lacompleta relación
Cleofas Almanza y de don Candelario Rivas,
de:nn cronista zacateoano, acompañándo·
joven zacatecano, de veinte años y cuyas
la de excelentes fotografías, verdadaramendotes para el arte de Apeles son notables.
tP artíetbae, debidas al inteligente fotógrafo
«La pintura y decorado de la Catedral ea
Jo~é i\P.- Agular.
obra del modesto artista don Rafael de
G&gt;n motivo de la inanguracion de las obras
León, hijo de Cuernavaca. Enviamos aleede que nos ocupamos, ef&lt;Jctuóse en la catefíor León, nuestras máe ccrdia!es felicitadral eolemníeima función religiosa á la que
ciones.
aeietió, previas invitaciones, lo más granado
«El Iluetrfeimo señor Vera dignísimo Obie•
de l.1 sociedad.
pode Ct1ernavaca que tan bondadosamente
R ispecto á la decoración y forma de las
aceptó la invitación que le hizo, nuestro digobras del templo, oigamos al cronista:
nfaimo Prelado, para asistirá la función re« La pintura y decorado de la Smta Igleligiosa, ofició de Pontifical y asistió el Ilussia Catedral presenta un golpe de vista
trísimo BE'ñor Portillo y la mayor parte del
magnifico. La cúpula está pintada dd color
clero de la diócesis.
de aurora dividida en ocho gajos por fa.
«la música dirigida por el hábil maestro
jas rojas con guarda de oro realzada á pinDon Aurelio Ellas, estuvo como siempre,
cel; en loa centros de cada gsj ') se destacan
manífica. El sermón estuvo encomendado
monograma&amp; de María y un rosetón á la
al eefl.or Canónigo Don Domingo de la T.
ori1::ntal en la linternilla. La cornisa, á dos
Romero, quien habló del culto divino, según
tintas gris y filetee dorados; la columnata
se nos informa, pues en el lugar en que noe
de color de piedra de jaspe rosa al oleo, la
colocamos, no era á propóeito para oír la
corniza del anillo dela cúpula con molduvoz del orador sagrado.
ras gris, filetee dorados y adornos de ciar,&gt;
Nuestro amante Pastor y Padre debe estar
obrnuro en el frizo; pechi1,as con loe símsatisfecho. Bue hijos aprecian en lo mucho
bolos de Evangeli3tae, de alto relieve y en
que valen sus apvstólico3 eefuerzoe para enyeso y dorado mate con marc0 y aiornoe
bellecer la catedral de Z1catecae, y con él se
de.yeao en loa áuguloP.
regocijan y dan gracias á la Providencia
uEI fondo general de l&lt;1s b ·,vP, hs P.~ color
porque esos esfuerzos han sido coronados
de aurora, aristas gris 'e con fi let"s dorados
con el más completo éxito.
y en loe fondos adornos aZ11lee levantados á
pincel. Los lupttoe de lv, parte superior de
loe muros son de fondo vntlt&gt; gri~ y el decoHuye de loa traidores á la patria como
rado á dos tintas y oro imit,ndo papel tahuían los juatoedelfuegode Sodoma. Aquepi7,. Loe capi1tif"B y curnisa general son de Fachada prl ,cipal de la Catedral de Z•catecas. fFotogrnfía de José M~ Aguilflr.) llos ab,,fetean á la madre, y después le piden
,col &gt;r grid v filetes d•ira i,1s con frío á la
pan, abrigo y hospitalidad.
or.ental. Las caras laterales de loe farcos ta m b;.Sn rle o'eo y de do~ e•tilos div,rsoq_ El alt,ar m 'ynr es al eeti•
color gris y filttee de oro y la cara inferior con guarda In romsmn, ornamPnto cnn talles de yeso y fondo de mar•
á tres ti utas y oro, al estilo Romano. Las pechina• ct.. 1..a mol art fi ,ial, 6 sea eicayola. Los dl e bonitos altares
DON~E NACIO BUDDHA
arcos tienen el fondo verde gris con adornos al capri- en los fuud,,~ de las naves laterales son de orden com•
cho, color de oro levantados á pincel.
pnesto, con frizos y demás adornos de yeso; á los lados
El lngar en q11e nació el célebre fundador de la religión
«La parte cilíndrica de la C'llumnata es imita~ión de dos tablHos angostos decorados al estilo bizantino. Loe ·
de Buddba ( Buddha Sakia Munia) era ignorado, pero
granHo ruorado y la parte recta imitación de marmol de tres altares de ca la uno de ](le wurvs lat~rales son de
acaba de ser deecul:ierto accidf'ntalmente por una expejaepe, todo al oleo. El decorado de loe muros lat•ralts orden compuesto con adornc,e de y;,eo, doe de ellos titi·
dición arqueológica del gobierno de la India, en Nepaul.
imita papel tapiz á seis tintas y oro, el frizo geueral al nen á los lados tableros angostOd dtcurad, s a1 edti,o
Por una eqnivocación, loe expedicionai-ios se vieron con
las autoridades Nepaulesae á unas quince millas del punto q11e debían explorar cerca del tahsil de Bbagwampur,
en el dietrito de Butsuk. Estando acampados .,Jlí, les llamó la atención un monolito del Emperador As&lt;'ka, de 10
pies sobre el nivel d~I suelo. En ese mono ito había una
inecripción pt1eeta en él por nn peregrino del siglo nono,
que indujo á la expedición á cavar al rededor de la piedra hasta la profundidad de catorce pies, y se halló en•
t onces una inscripción del lfo1rerador, en la cual consta
qne en el año vigésimo de, en remad&lt;•, enea de 239 años
antes de la venida de Cristo, él había brnho erigir esta
cnlumna en el miemo lugar donde nació el sefior Buddba.
(Hay que tener presente 4111: B11ddha era hijo y heredero presunto de un príncipe soberano y que renunció to·
das las grandezas de su posición.) A dieciocho millas al
N. O. de la columna, la expedición encontró extensas
ruinas de .&lt;tupa~, monasterios y palacios cubiertos de boa
que ó mon e, y que se extendlan por cinco millas basta
el río Banganga, siendo la circunferencia como de siete
millas. Este es el Ritio que ocupaba Kapilavaetu, capital
de loe dominios del padre de B~ddha, y que probablemente rendirá imcripciones anteriores á laedel Emperador .A.eoka. Tan pronto como cese la calamidad del ham.
bre y plaga que aflige aquellos puebloe, se harán excavaciones, lo cual será probablemente en el p1óximo in•
vierno.
Panorama de la ciudad de Zacatecas, tomado del cerro histórico de la Bufa.

�OPINIONES MEDICAS SOBRE LAS CONDICIONES TERAPEUTICAS
DEL

Muy señor mio:
Cuando recibí la primera muestra del
e Vino de Saint Germain, que se sirvió
usted remitirmeJ juzgué que sería una de
tantas preparaciones que con títulos al.
tisonantes y recomendaciones pomposas
se nos ofrecen como maravillas terapéuticas.
Debo confesar qui:! después de haberlo
e.i:perimentado en mi práctica diaria, especialmente en los niños,. be cambiado
completamente de opinión, respecto á su
elixir.
Siempre que he empleado el ,\'1xo DK
SA1ST GERMuN, he obtenido los más Ji.
son je ros resultados como tónico y recons-

nn.

)lé.i:ico, Mayo 21 de 1897.
Muy señor mío:
Creo que laíeliz asociación de las sus•
tancias que entran en la composición del
Viso DE SAii-T GEuu1x le aseguran un
lugar preferente en la terapéutica.
Lo be experimentado perfectamente
en las convalecencias y he quedado sa•
tisfecho.
De vd. atto. y S. S.
LEOPOLDO CASTRO,

Cirujano e,i Jefe del Ferrocarril Interoceánico y .Médico del Hospital de
San Amfrés

DR. BA..'iDERA .

LA VISTA.

México, 3 de Abril de 1897.
1\Iuy señor mío: Habiendo experimentado en algunos enfermos el VtNO DE
SAU.T GERMAIS cuya muestra me mandaron, lo recomiendo como un buen tónico
y reconstituyente.
Quedo de \"d. afmo y S. S .
DR- RAFA.EL LAVISTA,
México, 12 de Febrero de 1897.

Interior de la Catedral de Zacateca•. lnau¡urada su nueva pintura y decoración el 9 de M¡,yo de 1897. (Fotogrnfía de José María Aguilar.)
VARIEDADES

Un periódico inglés ha afirmado que los chinos conocieron la bicicleta 2,300 años anies de la venida de Je3ucris\O, y que la rueda estuvo muy en boga hace cosa de
100 atlos. A la máquina daban un nombre equivalente á
Drag6n Dichoso.
El modelo conservado en Pekín tiene la cadena engra•
nada en la rueda delaoiera.
Las mujeres ee aficionaron á la bicicleta basta el puuto de deeat.ender las obligaciones domésticas¡ por cuyo
motivo el gobierno prohibió enteramente el uso de
&amp;qnella.
J.,os joyeros están haciendo uso de la electricidad para
distinguir loe diamantes buenos de los faleoe. Todo lo que
para esto se neceeit.a, ea un pequeilo motor que lle,:e en
uno de los extremos del eje uo disco de aluminio. Un cepo

debidamente eitllado, sirve para eujecar el diamante y
mantenerlo en contacto con el disco de alumio. Para
probar el diamante aeí dispuesto, basta mojarlo y echar
á andar el motor. Al cabo de pocos minutos se l!aca la
piedra, si es legitima se verá que está limpia, mientras
que si es falcificada, ee abrá cubierto de UDa capa metálica debido al roce con el aluminio

La superficie total cubierta de boFques en loe E9tadoa
Unidos, se estima en 2 000,000 de kilómetros cuadrados,
ó SE\ 26 por ciento de la superticie total. El consumo
acíual se deacompone de la manera siguiente: madera
para construcción de obras, 140 000,000 de esteros: id.
para durmientes 170,000,000; id. para carbón, 7 000.000;
id. para fraguas, 504.000,000; id. para establecimientos
induetrialee, 4.000,000. El consumo total es de 680,000.

Un periódico ruso, el Diario dt San PeterslJurgo, publica el anuncio de un museo de aquella capital, en donde
se exhiben varios fenómenos muy curiosos, entre ellos
tres ninoP, á l!aber: una criatnra de cuatro af'ioe que pesa 161 libras, llamada Ana¡ un varón de eeis af'ioe llamado Germano, que pesa 153 libras y otra niña de doce
primaveras con 283 libras de peeo.

Muy señor mío:
En vista de las componentes de la preparacif'ín SAINT GEuuiN, no tengo inconveniente en recomendarlo como útil y eficaz en l11s enfermedades que causan profunda debilidad en la economía; de manera que se puede usar con éxito en la convalecencia de las fiebres en general, así
como en las anemias, tuberculosis pulmonar, escrófulas, atrepsis, etc, etc., etc.
Qu~do de usted aftmo., atto. y S. S.
CARLOS TEJHDA,
Métlico Ciruja110 de la Fawllad de
},[é~ico, Profesor de Clínica Iufautil
en la Eswela Nacío,ial de Medicina de
México.

.·~

De los inumerables vinos tónicos de
que se sirve la teupéutica modernn, el
mejor es sin duda el SAx GERMÁS. En casos de linfatismo, tuberculosis y anemia,
me ha dada siempre en los enfermos sorprendentes resultad'&gt;s.
DocTOR CLE!t!ENT.
De la facultad de Mo11pe11sier (Fraucia). Especialista para las enfermedades de la ciutura.

Hace algtín tiempo qi:.e empleo el V1No
tónico de SAINT GER."IIAJS y siempre me ha
dado el mejor resultado, tanto en las
personas agotadas por largas enfermedades, como en los que padecen enfermedades palmonares crónicas. Por lo mis•
mo, no tengo ir,conveniente en recomendarlo
:\f. AVELEYRA 1
Médico del Hospital de la Beneficeucia espai'iola.

SAN GERMAN

Yo creo que en este mundo
No existen penas más hondas!
Como las penas de un buzo.
\"iTAL !.ZA..

DR. GARAY.

Panorama de Zacatecaa, tomado de norte á sur.

tituyente, perfectamente acomodado á
personas débiles, á los convalecientes, á
los niños raquíticos ó escrofulosos, y en
general á todos aque11os que por e.i:cesos
de trabajo ó enfermedades prolongadas
han visto agotado 5u organismo.
Por eso no vacilo en recomendado, y
me atrevería á llamarlo EL1.i:1R DH VIDA.
De usted afmo. S. S.
Dr. CoNSTANCJO PRS°A luiAQUEZ.
del Ou,rpo d, Sonidad militar.

DR. CLEMENT.

EL VINO

Lo más difícil del mundo
__Es regalar á una fea
Un espejo de en gueto.

He usado en varios de mis enfermos el
vino de San Germán y lo considero una
medicino exelente¡ es un tónico poderoso,
de sabor agradable y muy eficaz para
los anémicOs, linfáticos, tuberculosos,
convalecientes y enfermos del corazón
en general.
A. Df GARAY.
Profesor de Auatomia Quirúrgica
e11 la Escuela A"acional de Medicina,
Cirujano de los Hospitales Juárez y
Espa,iol.
Cerro de la Buf,1, Z•catccas.

DR PE...,qA IDIÁQüEZ,

,He usado con excelentse resuitndos el
\'1so DE SAN GER.M,\X en casos de tísispulmonar, de anemia y de enfermedades crónicas de la piel.
No conozco otrn preparación que con•
tenga iehthiol, en la que el color y sabor tan desagradables de este precioso
medicamento estén tan bien encubiertos.
Las propiedades terapéuticas del icl,thiol
pueden ya ser utilizadas como medicina.
interna.
Los enfermos toman este vino sin repugnancia, y al cabo de algunos días e.i:•
perimentan sus provechosos efectos.
A las dosis de una cucharada, una hora antes de las comidas, la administración de este vino no tiene peligro.
DOCTOR 8A..'.0ERA.

que tanto éxito y fama ha obtenido de.de su presentación en el
mercado mexicano, no necesita para que el público se convenza de sus maravillosos efectos, publicar certificados de curaciones obtenidas en Rusia ó en el Japón, ni opiniones ele ~fédicos
conocidos en China ó en el Brasil, que, como pueden ser ciertas y auténticas, también es facil sean inPxactas y apóc1·ifas. La
conpañía fabricadora del VI.NO SAN GEIUIAN, convencida de los
mamvillosos medios curativos, de los componentes de su preparación y de los beneficios inmensos de su uso, lo ha sometido al
aniílieis ele los m~s afamados químicos, al e,tudio de los facultativos de más renombre, al experimento en los hospitales y
clínicas, y, cuando recogida la opinión ele todos, una sola es la
contestal'ión: PRODIGlOSO, se decide á dará conocer al ilustrado público mexicano

LA OPINION DE LA CIENCIA

SOBRE EL VINO SAN GERMAh

nn. MÁcl1is.

Recibí la muestra del V1~0 DE SAn GERMÁN que se sirvieron ustedes mandarme.
Su composición garnntiza sus buenos
efectos y aquí en donde tanto abundan
lns enfermedades por debildad en la nutrición, espero que será de positiva utilidad para el público.
:\léxico, Mayo 13 de 1897.
R.

MACIAS.

�LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

a

Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

Z

La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

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=•
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=•
1 •

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GRAO FABRICA DE CAMAS, CATRES, CAMITAS V CUNAS de Latón y"'•"º

ESTILO INGLÉS, GARANTIZANDO S~CONSTRcCCION.-vE;-;TAs POR MAYOR y MENOR

EL DIGESTIVO ANDREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVODIG&amp;STIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO

ANDREW
ANDREW
ANDREW
ANDREW

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

♦

♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

~ ♦

DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

♦~
•

♦
♦

.•

¡ ••••••••••••••••••••••••••••••

. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

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FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

=
~

I

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Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

f~

~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

•=•: •••LA NuEVA NDusTRI A• •••• •
111
'"

•

De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

l
•'

1

1
'

LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Doctor Carlos Glass</name>
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                    <text>LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

a

Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

Z

La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

~

.
=•
.

•

=•
1 •

►
1
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GRAO FABRICA DE CAMAS, CATRES, CAMITAS V CUNAS de Latón y"'•"º

ESTILO INGLÉS, GARANTIZANDO S~CONSTRcCCION.-vE;-;TAs POR MAYOR y MENOR

EL DIGESTIVO ANDREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVODIG&amp;STIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO

ANDREW
ANDREW
ANDREW
ANDREW

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

♦

♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

~ ♦

DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

♦~
•

♦
♦

.•

¡ ••••••••••••••••••••••••••••••

. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

•:
••

•
♦

:

FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

=
~

I

♦

Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

f~

~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

•=•: •••LA NuEVA NDusTRI A• •••• •
111
'"

•

De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

l
•'

1

1
'

LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

�EL MUNDO

"JtL MUNDO "
Semanario Ilustrado.

·ToJ6fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
KÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re·4acción, debe eer dirigida al
Director, Lic. Rafael Re;,-ea 8pindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que ee relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Mo&amp;"Uel.
La subscripción á EL MUNDO vale fl.25 centavos al
mee, y ee cobra por trimestes adelantados.
Ndmeroe sueltos, 60 centavos.
A.visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa10 debe ser precisamente adelantado.
BBG18TBADO COKO A.JITÍCOLO DB Sl!IGUNDA CLABB.

Motas tbitorialts.
Duputs be mebitJ siglo.

der presentar lin instructivo cuadro referente al eetado
actual de esta industria. Del atento examen de las cifras
que pasamos á exponer, se desprenden las conclusiones.
He aquí loe datos á que nos referimos:
La industria periodística del.a ciudad de Me.rico tiene un
dE:eemboleo an11al (aproximativo) de$ 576,000, distribuidos en eeta forma:
Jornalee á cajistas....................... $ 216,000
Id. á prensistas.................. ,, 36,000
Redacción ................................. ,, 72,000
Papel ....................................... ,, 180,000
Gastos ~eneralee (A:lministracióa,
Correo, etc............................. $ 72,000
Suma....... $ 576,000

Alemania, que pudiera considerarse segura por la or-ganización militar en que ee asienta el imperio, conver-.
tido en vasto campamento, busca en el ensanche y deea•
rrollo de su marina de guerra, puertas por donde ee ea-.
cape su riqueza.
Francia, con un presupuesto de cerca de tres mil quinientos millones de francos, dedica casi las dos terceras ,
partes á loe gastos del ejército y de la marina, y no satisfecha coa ese inmenso sacrificio que gravita sobre la.
producción del pa!e, aun pretende emplear nuevas cantidades, y á ese efecto, las cámaras han autorizado loe
créditos solicitados por el Gobierno.

***

Esta cifra representa el gasto total de loe editores, die•
tribuida entre loe varios elementos de trabajo que entran
á formar en la negociación. U na industria que paga
anualmente jornalee por valor de 252,000 pesos, que proporciona al trabajo intelectual mlie de 150,000 pesos; y
que contribuye al sostenimiento de otra industria con la
suma de 180,000 pesos, ocupa-dentro de las condiciones
económicas del país-un puesto de importancia.
Pero estos 576,000 peeoe representan solamente loe des•
embolsos anuales de las empresas editoriales; no es la
cantidad satisfecha por el público para el sostenimiento
del periodismo. Para obtener esta cantidad es preciso
agregará la suma desembolsada las nfüidadee realizadas
por las segundas manos (agentes y papeleros) al poner
en venta las publicaciones.
Según cálculos que concienzudamente hemos hecho,
dichas uUlidadee no bajan de unos 300,000 peeoe al ano,
que agregados á la cifra citada, arrojan un total de 036,000
pesos
Esta ee en realidad la suma satisfecha anualmente por
el público, lectores y anunciantes.
Y esto solamente para la prensa de la ciudad de Mé•
xico.
Renunciamos á comparar estas cifra&amp; con las que nos
pudier.i proporcionar la prensa de otras naciones, por
querer conservar la ilusión á nuestros lectores.
Pero de todos modos creemos eEtar en lo justo, al aeig•
narle un p:rnto de importancia y considerar arraigada,
una industria, para cuya subsistencia necesita derramar
el coaeumidor cerca d~ u,¡ millon de pe.sos todos loe años.

Iniciadaeen ese camino las naciones europeas, no quie•
ren ver el problema formidable del hambre, que se Je.
vanta como un espectro en medio de su grandeza.
Si como en loe tiempos antiguos, el mundo civilizado
estuviera reducido al continente europeo, y no existiera.
esa solidaridad que ata á loe pueblos todos de la tierra
por medio de las corrientes mercantilée, que transportan
loe frutos naturales y loe productos de la industria de
zona en zona y de continente en continente; si loe asombrosos progresos modernos no hubieran suprimido las.
distancias, haciendo que las eecenae que se desarrolla.
ban antes en la estrecha cuenca del Mediterráneo, ten•
gan ahora por teatro la inmensidad de loe maree, ee
comprende que la vieja Europa se concentrara en sí misma, atendiera excluei va mente á la sinfonía de su política,
y no advirtiera el peligro que puede hallar en el gran
desperdicio de funzae, en el despilfarro de energías á
que la conducen sus odios fanáticos y sus añejas preo•
cupacionee.
Pero hay algo más que la monárquica Europa: como.
lae pertnrbaciones atmosféricas se comunican de un
punto á otro en la euperficie de la tierra, loe estremecimientos de la familia humana repercuten del uno al otro
continente. Ya no existen las murallas chinescas que aislaban pueblos y naciones de la comunidad; no son va• •
liadares suficientes las altas cordilleras ni loe anchoe mares para niarcar fronteras en la unidad de loe pueblos.
Desequilibrios fiaancieroe, sacudimientos mercantiles
verificados en Sidney ó en H•rng•kong, repercuten con
precisión en loe mercados de Nueva York ó de Londres;.
una quiebra ruidosa en Buenos Aires hace vacilar esta•
blecimientos de crédito secular en Berlín y San Pd•
tereburgo.

,Dlttica ®.entrttl.

***

El vienes·de la anterior semana ee ha conmemorado el
quincuagésimo aniversario de la acción de Churubueco.
Cincuenta af!.oe van transcurridos desde la dolorosa jorna•
&lt;la en que el heroiemo nacional, encarnado en un pufiado
ue valientes, ee estrelló contra la imponente masa del
&lt;·jército invasor americano. El tiempo, tribunal inapela•
b!e en la vida de loe pueb!oe, ee ha encargadode restaf!.ar
la E&amp;ngre de las heridas y cicatrizar las llagas: medio eiKlo de informaciones extraidas del más alto sentimiento
ue justicia, han ba9taio para dar otra orientación áloe
eepírhue, y fi¡ar sobre baees más sólidas loe sentimientos
recíprocos entre las dos Repúblicas.
En eetaa páginas aganas á las paeio!lee de la política,
extraflae á loe prejuicios de banderías, en las que hemos
procurado siempre permanecer impa11iblemente serenos
y correctamente fríos, es donde acaeo puedan sólo expre•
earee ideas de tal naturaleza, y ser ellas escuchadas sin do•
losas tergi vereacionee.
México, durante eu largo período de gestación nacional.
ba tropezado con más de un país dispuesto á ejercitar
contra la naciente R3pública actos de fuerza opresora.
¿Cuál es el pueblo en el mundo que no ha tenido que
combatir contra otros pueblos? ¿Cuál la nación que no
lleva eo su historia la sangrienta cicatriz producida por
nn viejo adversario, hoy amigo y camarada? Y estos re·
cuerdos empalidecen, estos actos acaban por desvanecerse,
cuando loe agresores de ayer procuran buscar en otro RE.SUMEN -La enfermedad de Europa.-Preocupaurden de hechos eu lfaea de conducta.
clonea hlatórlcaa.-La paz armada y el equilibrio
No sería posible que las naciones vivieran en agresión
europeo.-Fuerzaa lnútilea.-EI problema político
constante con los Estados con loe que antaf!.o sostuvieron
y el problema económlco.-Loa pueblos viejos y
1impefloea11 luchas. Esto sería sencillamente declarar á la
loa jóvene■ .-La lucha de lntereaea.-Conclualón.
humanidad tln estado de guerra permanen\e. Por eso ve•
,nos que en aniversarios semejantes al del viernes, las mo•
No es envidiable por cierto la situación de la vieja Eu•
dernae nacionahdadee evocan desgracias patrias imborra- ropa. Al considerarla en conjunto, nótase un malestar ge•
bles, episodios de elevado heroiemo, pero jamás pretea- neral que se traduce al exterior en movimientos doloro•
,l~n la conservación de un rencor inextinguible. Eepafia sos, que revelan sus hondos padecimientos.
conmemora su e de Mayo, no por reavivaren olvidada ene•
Dedicadas las agregaciones sociales que la conefünyen
111istad á Francia, sino por rendir homenaje á amadas á la observación de ene vecinos, en quienes miran rivales
sombras.
aborrecidos, preocupadas con alianzas y coalieionee que
Y aei vamos también nosotros á Churubusco: no en las proporcionen la maner1 de preponderar en su trabason de proteatae contra pasadas injusticias; no á encen- • joso equilibrio, excitadas solo por odios tradicionales y
,ler hogueras extintas; vamos con el espíritu tranquilo y
rencillas históricas que las apartan, no ven el abismo que
1.1 conciencia serena, ante la idea de que frente al trágico
han abierto á euepies las exigencias inagotables dela paz
, ecuerdo del pasado ee alza la consoladora realidad del armada.
vreeente. •
La deeconfianaa de unos pueblos ha engendrado las
Las épocas tienen sus crueldades y sus sacrificios; pero aprensiones de otros, la envidia de éstos ha despertado
, 1 senUmiento de la justicia ea un ideal eterno hacia el
las ambiciones de aquéllos, las amenazas de una parte
que la humanidad se encamina infatigablemente.
han provocado necesariamente loe recelos de la otra, y
en círculo de hierro estrechadas, han ido cavando i;ioco á
poco la obscura fosa donde entierran sus energias, eepul•
tan sus activiáadee, agotan sus fuerzas, que se consumen
Un millón ile ¡,esos atmaie5 inuertiilo5 en d
en ejércitos ii.númeroe y formidables eecuadras.
¡mioilismo.
La Gran BreL&amp;f!.a misma que por su admirable coneti•
.N"o se tiene en el público u na idea aproximada del pro- tución, fruto de numerosos factores históricos y polítigreso alcanzado por el periodismo en estos últimos diez cos, pareclaen eu espléndido aislamiento apartada y agena
"1ios. SJlamente el conocimiento de loe datos que ema• á esos deeafioeintemacionalee, y por en es~rucmra social,
uan de esta industria, pone de relieve el avance obtenido se consideraba libre del peso abrumador de loe grandes
ejércitos permanentes, ya ee ve constreñida por las ciren ella.
Un estudio largo y meditado, aceros del desarrollo de cunstancias á seguir la corriente general que á todos
las empresas periodísticas, nos coloca en situación de po- arrastra.

Una inbtt5ttia que progrestt.

DOMIIIGO a:a de AGOSTO de 1897

Por eso un ilustre publicista francés, que se ha puestoá estudiar con sano criterio y abundante ciencia el esta•
do patológico de Europa, y ha anal:zado con ojo preví•
sor los alarmantes síntomas que se ofrecen á l~ consideración del sociólogo, expoae con toda claridad loe funda•
mentoe de su diagnósticC', y llega á conclusiones pesimistas y desoladorae.
En el estado de paz armada, que casi es un estado
de sitio y por sus gastos equivale á una guerra perma•
nente, la Europa ee enerva; no corresponden sus inmen•
sos gastos al tributo racional que puede exigir de los,
pueblos, como tampoco está en relación el eneanci.ie in•
definido de los presupuestos con el aumento de la pro•
ducción.
De este deeequilibrio fundamental, de esta divergen•
cia palpable ent, e las fuerzas vivas de las naciones y su ,
trabajo útil en bien de loe asociados, es de donde nace,
según opinión autorizada, ese malestar general, ese descontento que brota en todas partes y á veces tiene mani•
testaciones salvajes, explosiones fanliticae, que ee revelan,
en las utopías de los Búcialietas y en los atentados bruta•
les del anarquismo.
Más que un producto del descreimiento, más que un
engendro de la desilusión política, más que un resu1'ado .
del desencanto de las Dlaeae, al mirar vacfos sus taber•
náouloe y derribados sus tdolos, el estado presente es la.
consecuencia de un fonómeno puramente económico.

***
Loe pueblos viPjoe se dedican á levantar ejércitos y á .
armar escuadras formidables; gran parte de su actividad
ee consume en esta tarea improductiva; hay millaree de•
millares de brazos que se quitan al campo y al taller pa•
ra emplearlos e~ el cuartel, y hay millares de millares.
de pesos que se apartan de lae empresas productiv!lB pa·•
ra utilizarlos en armamentos y acorazados.

DOMIIIGO u

de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

En tanto, loe pueblos jóvenes gastan todo su vigor en
•u progreso y e11grandecimiento, aplican todas sus energías al bienestar individual que es el bienestar de la co•
munidad, y libres de tradiciones esplendorosas y agenos
4 la grandeza hietóri:a que se funda en las coaquietae
1nerrerae, caminan por la ancha vía del positivo ade•
lanto.
Asombra la inmensa actividad desplegada por loe Ei. tadoe Unidos en su fabuloso industrialismo. que amenaza
inundar loe mercados europeos con sus variados produc•
wa baratos, duraderoe, y por lo mismo capaces de com.
petlr ventajosamente con las antiguas induetriae. Pasma
la multiplicada producción de las colonias anetralianae,
de las semi-naciones di~ Africa, de las Repúblicas endamericanae, que inundan todas las plazas de aquende y
allende el Atlántico, coa sus ~ariadoe frutoe. Admiran
Jaa grandes eDergfae de que ha dado muestras el Japón,
pueblo venido apenas ayer al concierto de la civilización,
admiran las energías desplegadas en tan corto tiempo,
para colocar los numerosos productos de su industria, á
altura envidiable, y en capacidad de competir con loe similares de cualquiera otra parte.
Quéjanee los aldeanos del centro de Europa, de que
ya no puede'n vender su mantequilla, que ha sido derro•
uda por la margarina; laméntanee loe metalurgistas de

LA CUADR1LLA.-Lui8

Leal, El Sordo, Boto, Naranjito, Cualro Dedos, Pipo, Llal'erito, Torerín, Madrileíío.
huantepec, corrida que debido á loe esfuerzos incansables de loe eefioree organizadores, D. Apolinar Castillo,
D. Ramón Prida y D. Juan Dubláa, m 0 recedoree en es•
ta vez de todos loe elogios, tuvo un lustre inusitado. No
sería, empero, esta circunesancia la eóla que nos impul·
eara á dedicar unas páginas al espectáculo, puee atendi•
do el carácter de nuestro semanario no encuadraría él
del todo en nuestras columnas, si al éxito completo de
la corrida no ee unieee la consideración del a1'o fin á
que estuvo destinada y-como nota artística-la oportu•
nidad de ofrecer á loe lectores una colección de fotogra•
fías perfectamente detalladas, al f1ente de las cuales fi·
guran loe retratos de las distinguidas eefioritae que graciosamente fungieron de reinas.
Fueron estas las Sritae. Sara Chavero, que veet!a es·
pléndido traje azul obecuro y llevaba sombrero adorna•
do de hermoeas plumas negras; Guadalupe Riva y Cervantes, que lucia un traje plomo con guarnición blanca;
Srita. Eisemann, que veeUa bien acabado traje azul y
llevaba sombrero con plumas blancas; y Sritae. Hidalgo,
elegantemente vestidas de eatfo crema y blanco.
A estas reinas, que de hecho lo son por su elegancia y
hermosura, hicieron loe honores loe Sres. Lic. Ramón
Prida, Apolinar Castillo, Juan Hidalgo y J. Lemmene.
La concurrencia fué extraordinariamente numeroea,
como lo muestran nuestras fotografiae, y . la animación
:ndeecriptible.
No podían esperarse quienes con loable afán han procurado aliviar el infortunio de nueEtroe hermanos de Te•
huantepec, más lisonjero resul~_do.
Ello merece felicitacionee';y son muy cordiales las que
lee enviamos.

El Boto citando á paaar.-[a !&gt; toro]

que no pueden resistirá la baratura del hierro americano,
y duélenee loe tejedores de que no pueden fabricar telas
tan baratas como las japoneeae.
Y en eee estafo los presupuestos crecen, loe ejércitos
se multiplican, las escuadras tardan más en construirse
que en exigir nuevas reformas, y los gastos que di;iman•
dan estos cambios y estos desarrollos gravitan indefecti•
blemente, sobre las fuerzas vi,ae de los palees. ¿Qué re•
medio para esta enfermedad? ¿cuál tratamiento será ade•
cuado para combatir el fenómeno que arranca de tan hon•
das raíces?..... .
El publicista á que nos referimos, no lo indica; pero
mucho es hliber eefialado con tanta claridad, las causas
que provocan la dolencia social. Ellas mismas están di ·
-ciendo cuáles son loe medios para combatirlas.

..

X. X. X.
10 de Agosto de 189i.
UNA CORRIDA DE BENt.FICENCIA.

NUESTROS GRABADOS

Loe diarios, en el argot de usanza, dieron oportuna·
mente cuenta de la corrida que el domingo último se
efectuó en Bucareli á beneficio de las víctimas de Te•

Suerte de vara, (Arriero chico )

�EL MUNDO

l.sa

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

vigor, en una palabra, tan semejantes entre sí cuanto es
poaibli, y las ha plantado la una al lado de la otra, pero
de tal manera que seis de ellas estuviesen ampliamente
alumb:-adae por el sol, en tanto que las otras eeie estuviesen abrigadas por una pantalla de madera.
Las habichuelas han florecido y han dado sus legumbres. Pero luego pudo hacerse una advert.encia: en tanto
que el peso de las vainas frescas era de 09 para loe frutos de h1e plantas asoleadas, no era máe que de 29 para
loe de las l)lantae abrigadae. Después de secos, loe grano&amp; alumbrados peeaban todavía tres veces el peso de
los gra.ooe lliadu1adoe á la sombra. Pero esto era de
preverse.
Lo que fué más inesperado, es que al afio siguiente,
habiéndOEe sembrado loe granos y habiendo eetado to•
das las plantas nuevas expuestas al sol, la recolección proporcionada por las obtenidas de loe granos formados al.
la sombra, fué aún inferior en una mitad á la propor•
cionada, por las plantas surgidas de loe granos aeoleadoa.
Et experimento ee proeiguió y en el cuarto afio, laa
plantas nacidas de granos formados á la sombra cultiva·
doe durante ~rea generacionee, pudieron aún formar florea
pero no llegaro.o á dar frutos.
Faltando el sol la raza se había extinguido.
Nuwerosae observaciones del dominio de la medicina
prueban que casi otro tanto pasa con las generaciones
humanas.

Eduardo Leal ( llave rito) colocando una estocada.

INFOR~ACIONES
La juventud criminal

Es muy importante inveEtigar eu que medida la cril!linalidad, y también el suicidio, han invadido en ee'e
ú!Umo medio siglo, el dominio de la :nfancia. Tal investigación conduce por lo demás á obllt'rvacionee dema•
aiado d1-sconeoladoras.
De 1s:m á 1880, en tanto q11e la criminalidad de loe
adultos se triplicaba, la de loe menores de l6 á 20 ee cuadruplicaba cuando menos en lo que concierne á loe va•
ronee.
En cifras ab90lut.ae, el aumento ha sido, para estos
• úl\imoa de 5 933 prevenidos á 20,480, para lae hembras
de 1.046 á 2,8.~9.
En 1894 el número de delincuentes menoree, ee elevó
á 28,701 y el de lae menores á 3.616. La pro1reeión ha
. sido, es cforto, relativa á la vagancia y al robo, pero loe
. crimene·i1 propiamente dichos, han progresado igualmente.
Si ee considera exclueivamente los aeesioatos, ee encuentra, de 1856 á 18H0, en Francia eólo 20 acueadoe de
16 á 21 años, se encuentran 30 en 187H-1880, y 39 en
1890-94. El núm,:,ro se ha doblado pues en cuatro años,
en t.anto que el número de asesinatos imputados á loe
adultos, aumentaba apenas.
La marcha del suicidio, entre los niños no ha sido
menos desoladora en Francia. De 1,~3U á 18-10, se cuen•
tan 19 suicidios en niños menores de 16 añoe. En loe
periodos quinquenales siguientes, el número de caeos ha
progreeado como sigue hasta 1891-9!- 20, 24, 29, 26,
2S, 31, 51, 61, 70, 75.
Para loe menores de edad de 16 á 21 años, la cifra ha
crecido más pronto aún.
De 128 en 1,836-40, se convierte
en 1881-S5- :J09.
« 18S!l-90- 366.
« ISHl-94- 450.
entanto que el suicidio entre los adultoe, de 1831 á 94,
pasaba de 6, 7-11 á !l, 703, es decir, aumentaba en la relación de 153 á 100 (en catorce afios solamente), el de los
menores crecía en la de 176 á 100.
Este mal no es, por lo demás, propio de Francia: es ge.
neral. En México, en estos últimos ai'ioe, la cifra del sui•
&lt;lidio y otros delitos, entre loe menores se vuelve alarmante; sólo que observación tal no puede consolar ni á
loe franceses ni á noeotroe,
En Alemania, de !H8S á 1S93, el número de penados
-de doce á dieciocho años ha aumenta-lo en treinta y dos
por cien.
En Inglaterra, la categorí11 de loe menores de diecieeia
años condenados á azole8 ofrece un aumento lamentable
-de 585 á 3,192, de 1864 á 18!14.
Todas estas cifras eon dadas por M. Sarde, jefe de la
~atadística criminal en el Ministerio de J uaticia de Frao.
~ia, en una carta abierta dirigida á M. Bueeson, antiguo
director de instrucción primaria.

El eabio escritor y psicológico encnentra absurdo acu•
ear á la escuela de tofo este mal. Ye en él loe signos de
una época de traneición, en que el escepticismo no ea·
be ya en qué apoyar la noción dt!l deber.
Un nido de papel.

Se puede ver actualmente en el 1\Iue1-o de historia natural de Mona, mucooe ejemplos dt, singular modifica•
ción, entre otros un nido de papel.
Eote nido está hecho exteriormente con tiritas de pa•
pel, soldadas con briznillae, fibras, telas de araña, etc.
y el interior está guarnecido dP plnmae eobre loe bordes. M. E. Hublard que describe 1&gt;ate nido singular nos
dice en que circunetanciae, el pájaro utilizó las tiritas de
papel.
En el mes de Mayo, en el momento de la construcción de esté nido, fué corrido un Paper Hur,t en loe alrededores. Siguiendo el uso de este juego, el caballero que
figuraba la bestia, eem br6 á su paso para rr,arcar la pista, t.iritae de papel, que rec&lt;'gidas por el pájaro y diee•
tramente entrelazadas, constilllyeron entonces la envoltura del nido.
Los efectos de la Sombra y de la luz en la vida
de las plantas.

M. Jbon Clayton ba tomado doce plantas de habichuelas de la misma variedad, de la misma edad, del mismo

DOMINGO u de AGOSTO Dl •1~17

EL MUNDO

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
3?',000 Inlllas &amp;obre lo@ D1are11.

Otras ocasiones, montados en buggy, paeeábamoe contentos alrededor del lago, in·
'llleneo vivero donde ee perna en coche por los bordes, ó en ligeros cayucoe, sobre las
·ondas rizadas, emtiriagadoa con un ambiente perlumaJo por el aroma de mil floref, y
regresábamos á la población, alumbrados por la luz fugaz de millones de coc11yos que
· con eu fosforescencia iluminaban faniáeticamente las boecoeae avenidas de Honolulu.
El dla 3 de Julio entraba majeetu&lt;'ea al puerto la fragata auetriaca S11ida·, que ha•
•cía como nóeotroe un viaje de circunnavegación; cambiadas lae visitas oficiales,
•eetrechóee amistad muy áa:iplia entre ambas dotaciones y en repetidos reuniones á bor·do de ambos vaporee tuvimos la satisfacción de haber lsmiliarizado con la simpática
•sociedad Hawayana que nos llegó á ver con fraternal confianza.

XIV
ADlO~ AL PARAI80 DEL PACÍFICO,

Era el 12 de J11lio y seguíamos en nueet.roe agradables pasatiempos; por las tardee
•cuando la briea refrefCaba el caluroso día. á la eombra ,1e c orpnlent-aa mimoeae qne á
uno y otro lado de las avenidas, formaban hermoefeima bóveda, llevados en coche ó
·montados en bicicleta veíamos desfilar á la multitud, verdadera coleccióu de tipos
:asiáticos en eus originales atavloe, contraelando con el arrogante traje europf'o.

poético y fosforescente cocuyo, y enti'e tanta beldad hawayana, os garantizo que no
saldríais del Hawaii, y si por obligación lo abandonarais, siempre, por siempre, man•
darfaie vuestoa recuerdos y suspiros.
Por fin era tiempo de abandonar el Hawaii, dejarlo, quizá, para siempre: seguir
avante, avante, haeta llegar al punto de partida.
Ya todo estaba listo. El d(a 12 salió la fragata S .lida á la vela rumbl al Japón: al
despedirse, eu música tocó nuestro Himno Nacional.
Nos citamos para Yokobama y nos quedamos ultim1ndo nuestros preparativo3.
Por fin el día 14, á las tres de la tarde, soltaron los cabías de popa, levam?s an•
clae, y un centenar de botes, con nuestras amigas carii'iosae, ee de3pidió, hasta que
el ba·co nuevamente agitaba las aguas del puerto, triste, deecontento de dejará Ho·
nol11lu.
1Adiós para siempre paraíso del Pacífico!

Preparamos con todo cuidado el folletín
correspondiente al mes de t:-ieptiembre, procuranao que sea tan ameno como loa anteriores, y que Hegue con Ja opormnidad acostumbiada á manos de nue:,,;tros abonados.
1-i uestros lectores se habrán fijado en que
la novela i1rnnrada que publicamos actualmente, reune las condiciones que nos propusimos lleo11r para hacerla aceptable del
todo: moralidad, belleza é inter('S.
Tales serán 11sí mismo las condicionffi de
todas las obras literarias que publique nuestro stmanario.
OTRO PAGO DE $8,000.00 DE LA MUTUA
EN LlON.

León, 29 de Julio de 1897.-Sr. D. Carlos Sommer, Di•
nctor General de «La 1\lu,ua" en México. - Muy estima•
do Bt'flor:
El Banquero en esta ciudad de la Honorable Compa•
fila de s~guroe sobre la vida «La MuLua" di' Nueva York,
de la qne es Vd. digno Director en esta República, me
ha enLregado la enwa de (3 000 00) tres mil pesos, como
valor de la póli "ª núm. 578 505, de mi finado eepoeo el
Sr D. J uetiuo Hüroer.
R~conozco agradecida la rnma eficacia con que Vd. ha
procedido en la liquidación de este siniestro, aumentan•
áo con eeta má•, las numeroeae pruebas que ya ha dado
«La Mutua" del emptflo con que acoetuwbra llenar loa
compromisos co::itraídos con sue aeeguradoP.-Soy de
Yd. 11fma., atentíeiwa y 3. S.-.ELE:u P. DE HüRNER.

Estaeión del ferrocarril á Tokio en Yokohama.

1\fezcladoe entre tanta variedad de 6eonomíae y moda~, oyendo lenguajes diatio•
"toe, saludando por todas parte •, amigos del muodo entero, deteniéndonos aq uí y acu•
lJá, nos dirigíamos por fin al lugar de cita: al boeque del \\'aikiki.
Pasábamos por la calle de la Reyna, cuajada de elegantes B unga1ou.8 con jardines
•floridos y parques tapiza1oede ceeped; contiouábamoe después por laA,venida del }lar
y luego por la interminable galería de copudas grevillae y atmosféricas, basta llegar
al cabo de tres millas al curioso boeque del Waikiki.
La montaiia sagrada, volcán extinguido, dejó en la remota época de eu actividad,
multitud de promontorios separados naturalmente pc,r el m&gt;lr, que penetrando en e l
espacio libre, formó canales, sobre loe que se han colocado riísticoe puentee que dan
al local el más pintoresco aspecto; una abra del mar llena por un banco de coral y
· convertida en lago, forma un expléndidu vivero que han sabido aprovechar muy bien.
Hay algunos puntos del lago, donde el fondo, á ci ocuenta ó sesenta centímetros, es
plano y transparente, y fácil ea atravezarlo en buggy sin peligro; figuraos q11eridaa lec·M&gt;ras, que después de un paseo en vuestro bermorn carruaje por parques y playae, lle•
· pie á la margen de un lago que tiene cinco ...oillas de largo y penetraie á pescar en
vuestro propio coche; después seguís dentro del agua basta que paeado el l11go llegaia
al hotel.
.
Al descender os espera un mirador lujoso y cómodo donde os sirven lo que gustéis
y oe proporcionan ropas á propósito para un baño de mar, que invita con 11ue frescas
-ondae, y eatiefecbae del paseo, en las varandae de magnifica caea veraniega, halagan
vuestro oido con música esplé ndida y con cancioncitas nacionales de aquí, de )!éxico,
como La Paloma, el wala de Dolores, La Mamá Carlot11, y todo esto en un pala eituado
á millares de leguas de la querida patria, en medio del Océano.
Allí, coa amistades que os tratan á cuerpo de rey, con la diqueta de la alta eocie-dad, respirando una atmósfera tibia y perfumada, á la luz de una luna brillante que
-quiebra eue rayos en el desordenado follaje de las frondas, embriagada la ,vieta c on el
0

Las R!lnas ¡:1remiando á Eduardo Leal ( a )' Llave rito.

SEGUNDA PAH.T~.
EL PAIS DEL "SOL NACIENTE'' Y EL CllESTE IMPERIO

I
DE HONOLULU A YOKOHAMA
4,900 MILLAS.

Eran lae eeis de la tarde; el sol se ocultaba como siempre, hermoso, reflejando euA
últimos rayos sobre las hermosas ealientee que las islas Sandwich formaban por el NE
El P8incbuta11 apenas ee notaba como un ligero picacho cubierto de nubecitas; todo ee 'l'efa como jngnete, se necesitaba aguzar la vista para distioguir aqnelloe sitios
que 24· horas ántea pisábamos contentos. Al anochecer todo se perdió con la luz y q 11edamos otra vez como uo punto en el océano.
Al día siguiente el mismo horizonte sin límitPe, en el mar tranq11ilo, que de vez
en cuando se eng•ueeaba por loe cbubaecoP, se ennegrecía el cielo á grao distancia,
arreciaba el viento y luego lluvia temptemcea caía á torrentes sobre nosotros, cubriéndonos enteramente.
Deepués todo pasaba, salía resplandeciente el eol para ocultaras nuevamente y llo
ver, lloverá torrentes; las temperaturas demseiado cálidas refrescaban y aprovechábamos loe chubascos para baflarnoe con agua dulce.
No puede imaginarse la buena impresión que produce una lluvia en alta mar, don•
de es absoluta la falta de agua potable, adee que la gema recoge en baldes el agua que
eecurre de loe toldos, de la jarcia, y en fin de donde puede y en primera oportunidad
la utiliza para el aeeo de su ropa y de su perrnna.
Seguimos el paralelo 21, que no abandonamos sino tresdiae llntee de llegar al Ja
¡:ón.

�_ _:•~S!,l4~==========================,;;"';;1;,-~M;;,;:U;;N,;,D;;;;;O~==,=============;O;;;O;•;;;:l■::G;O=•;•;;;;•;•;A:;;G;;;O;S~T;O=d;•;,;.1~

&amp;L MUNDO

DO M IIIGO aa de AGOSTO d• 1&amp;97

135

•

)

Muzrriés, Kuruma y Ri nk icha.

Dos días después de nuestra partida de Honolulu, por 16 mura de babor, á cosa
de diez 6 doce millas al Sudeew, deetacáronee como á Ju cuatro de la tarde las extremidades de ios palos de un barco¡ todos creímos ver la Saida, nuestro compañero y ami~
go en el Ha waii.

Golpee de mar rugiendo se embarcaban por el combé;, llenando de agua los cafionee .y haciendo perecet hasta las gallinas que eran nueetro alimento en la travesía;
de las cocinas llenas de agua salían como ratas Johu-,ian y Lui,ye, cocineros chinos
qué nos eervhn á bordo.
La noche avanzaba y el temporal pereistía; rolando el viento al Norte primero, y
después al Este, fué un tifón que á corta distancia nueet,ra debió haber rodado con soda su intensidad
Aquella noche no pudo dormirse á bordo¡ }os cajon~s ea.Han de las cómodas, y todo lo no trincado caía, caía, produciendo ruidos y estruendos que ensordecían; nadie
podía sostenerse en pie y sobre la cubierta todo estaba ~mpapado. Entretanto, l&amp;
máquina y el t,imón funcionaban admirablemente; temíiiee un percance á cada momento; pero la confianza era inquebrantable¡ quizá no entraríamos al Japón al día si~
gu:ente; pero no debíamos estar muy distantes de la anhelada costa.
Por fin; á las tres de la maiiana del 2 de Agosto1 el viento amaina¡ la noche obscura, con una obscuridad caótica, nos rodea por todas partes y todos nos sentimos,
rendidos.
Descansamos después de tantas fatigas con la esperanza de arribar en breve á las.
playas hospitalarias del remotísimo país del lejano Oriente.

Llegó la noche y á la hora previamente convenida1 !e lanzaron de á bordo cohetes luminosos que fueron contestados por el barco¡ era la Saida que habíamos alean•
zado y que en plena mar contestaba nuestro saludo; él como nosotros no veía si•
no la luz de los cohetes y esa comunicación á distancia en medio dé la noche, bastaba
para producir íntima satisfacción¡ solo esperimentándola puede comprenderse la agra·
dable impresión qu8'se siente cuando perdidos en lai.ameneidad del oceáno, sabemos
que un barco amigo y conocido está navegando en las mismas aguas que nosotros y es
nuestro acompaflante invisible.
Como los QJares por los que. nave-gábamos son poco conocidos y sembrados de bajos,
cuya situación no está bien precisada, fué preciso redoblar la vigilancia, especialmente
de noche; !!e tomaba contínuamEnte la temperatura del agua y se largaba la sonda, con
frecuencia, para tener la seguridad de caminar en mar libre sin escollos.
Al pasar loe 180 grados del meridiano de GreenWich, tuvo que aumentarse un día
al mee de Julio, que fué para nosotros de 32 días.
La marinería no comprendió la determinación, que creyeron inaudita, hasta es ue
explicaciones reiteradas, la convencieron de que caminando nosotros de Oriente á OcII
cidente, en aentido opuesto al movimiento de la tierra, por cada 15 grados perdíamos
ENTRADA AL PUERTO,
una hora, así esqueal pasar el 180gradoe de Greenwichhabíamos perdido 12 horae v tendríamos que recuperar lo perdido, aumentando u.a día para llegar al puerto próximo
Al toque de diana, siguió el imperioso M&gt;que de babor y estribor de guardia, quecon la fecha que ellos llevaban.
De los veintitrés días que duró el viaje al Japón, no hubo uno en que no nos mo- es el llamamiento de t.odo el mundo á prestar sus servicios, y colocarse en el puesto,
jaran loa terribles chubascos propios de aquellas latitudes y de la época del año en que que le corresponde: teníamos ya á la vista la poédca y fabulosa tierra del Crieanibemum.
estábamos.
El día último de Julio ee cambió rumbo1 y abandonando el paralelo 21, ascenA estribor, un cono elevado hasta perderse en las nubes, eobreealía majestuoso dedíamos hacia el Norte, en línea oblfcua 1igeramente al Oeste1 para dirigir la proa el una cordillera alta é irregular, sombreada de verde obscuro, dea~acando ene desgarra-.
gran punto de referencia de Yokohama: el volcán del Fuei yama, que elevado á once das siluetas sobre el cielo teñido de gris; era el sagrado volcán del Fusi-Yama.
mil pies sobre el nivel del mar1 deja verse á distancia de cien millas mar adentro.
A babor,'.á más corta distancia distinguíaee una de las costal! del mar de Tokio, alb,
El cambio de rumbo no modificó sino la dirección de la marejadilla con relación montafiosa también, cubierta de vegetación rarl\, pero abundante, tupida, grupos,.
al barco, que, recibiéndola por las muras, balanceaba más que ántee.
campos esbeltos, bambúes con eu delicado follaje,mezclábanse. contrastando con el nu.
Por fin, á las cuatro de la tarde del día l? de Agoeto ee dejó sentir un viento ruda doeo yeequeleteadopino; entre las manchas de verdura destacábanse loe macizos de mil
al Noroeste que levantaba la mar gruesa·; la puesta del sol fué de mal cariz y el baró· coloree, plantas trepadoras enredándose hasta las últimas ramas del Kaki, arbol frut.al,
metro bajó muy notablemente; todo lo que presagiaba mal tiempo. Efectivamente, al• cuyos rojos frutos parecían bolita.e de fuego engarzadas en las frondas por manos deobscurecer, el mar, negro, eepumante y rugiendo como un coloso, movía el caeco le- las hadas.
vantándolo hasta la cresta de laa o1as gigantescas.
En el mar ya tranquilo, veíanse estrambóticas lanchas de junco con velas de bam•
Tomáronee las precauciones debida.e, se aviaron sobres, juanetes y maetilerilloa,
bú, donde se a~itaban algunos japoneses casi desnudos que nos miraban azorados, al
se aferraron las velas, poniendo los palos en la dirección del viento. Toda esta manio- travéa de sus OJOS de gato.
bra hacíase ya con el temporal l n::ima; terminada que fué se rompen las amarras de
Había millares de esas embarcaciones con numerosa población flotante¡ cada junla funda del mayor y suelta al vient.o, que azota, prodúcese con el zumbar de la co tenía á lo menos seis ú ocho individuos, unos completamente desnudos, otros cujarcia y bramar del oceáno, un estridente tlaqueteo. Un marineN que aferraba lama• . biertoa con eu kimono, especie de baia azul con signos cabalísticos dibujados en Ja esyor fué sacado de su sitio en un chacoteo de la funda, y solo su instinto pudo eal- palda; pelones todos y amarillos, amarillos como la icteria.
varlo de una muerte segura perdido en el rt)vuelto oceáno destrozado sobre la cubier•
Caminábamos á t.oda maquina1 y entre el paisaje siempre encantador, á veces se
ta del barco.
ostentaban á descubierto loe faros con sus pilastras de mampostería, bien labrada, y al

Estatua de Daibrits u en Kamákura.-Grupo de Oficiales del "Zaraa¡oza"'

lado una casita de madera con t .. jado nf'gro !" pue be de papel; de allí @alían también
una serie de indígenas con sus batas azules y una serie de muchachos tQnSuradoa.
Dd vez en cuando un b ,reo mercante, izaba una bandera blanca con un sol rojo en
el centro, y vimos multiplicaree e~t.a in'3ignia japonesa en todas partee: en loe faros,
en las casas, en lue botes1 en donde quiera.
La población no se destacaba aún y á nuestros ojos anhelantPB parecía inabordable.
Por fin á las nueve y wedia dütirguiéronee loa primeros palos de los barcos sur•
tos en la bahía y los dos m0gníficos rompeolas que forman el puerto de Yokobam0.
Al entrar, como hormigw.ero, como enjambre de abejas humanas, déjaee venir'un
Compacto grupo de sampam (botes) tripulados por una endiablada turba de desharrapados, gritando, ahuyando y queriendo subir al barco por todas partee; hubo ne cesidad de armar las bombas de agua para ahuyentar á aquel verdadero tumulto ja•
poné2¡ ofrecían articulo:1 de laca y de bambú 1 juegos de té, farolea, cest.os, baratijas de
todos tamaño!:', y otros mil presentaban tarjetas, que en inglés y lengua japonesa decían su nombre, domicilio y ocupación; pasábanee de un bote al otro, pisándoee, em•
puj ándose y armando una alguara infernal: era una p 1aga que caía sobre el barco.
El agua de las bombas pado mantenerlos á regular distancia; pero incansables en
sus tentativas, mfriendo los ardores de un sol que abrasaba, resistieron todo el día,
hasta que la noche loa vino á dispersar.
Entretenían se en comer arroz, que devoraban, empujá.ndolo en la boca con unos
palitos que llevaban con la mano, y con euma habilidad hasta la garganta.
Hicimos el saludo de ordenanza, y una voz fondeado el barco pudimos contero•
pla1· á nuestro antojo el especticulo que se ofrecia á nuestro:1 ojo:1 y formarnos cabal
idea del puerto japonés.
Barcos mercantes de todae nacionalidades descargaban 6 embarcaban mercancías ¡ otros, ya listos, salían á su destino 1 mientras que algunos entraban á descansar
de su larga traveeia. Era un movimiento comparable al de San Francieco ó quizá superior; en la playa, elegantes y suntuosos edificios europeos en medio de arboledas
@
ombrías, dábanle un aspecto hermoso¡ y en las únicas callee que se podían distinguir
rodaban carretelitas arrastradas por un hombre, cubierto con sombrero blanco 6 negro, en forma de jícara invertida. Por fin, eguijoneado por la curiosidad de pisar tie•
rra japonesa quería yo dejar la corbeta para conocer de cerca ese extraordinMio pueblo
III.
VISITA Á YOXOIUMA,

Yokohama, el puerto de mayor comercio del Japón es algo cosmopolita, sin embargo de ello sus habitantes indígenas guardan sus costumbres de hace cien afias y
aún cllando se mezclan con los extranjeros, se sirven de ellos y copian de ellos lo mejor y lo más útil, dejan en el dintel de sus casas t.odo lo exótico y aceptan lo propio
de su país en habitaciones, a)imentación, vestuario, religión y vida interior.
Pueblo de loe contrastes más raros, de lee costumbres más estrambóticas, le ha valido el nombre del Mundo al revé$. El Japón )la sido y seri para el mundo entero la

rnrpreea más grande, la maravilla más curiosa. Divídase la ciudad de Yokohama en
dos grandes cantonee: el barrio Europeo, y la ciudad japonesa.
Bien delineada la población, háceee la división palpable por Ja naturaleza misma
de los edificios: en el barrio Europeo todos son de mampostería y se elevan magestuo•
ea~ las grandes construcciones; en la ciudad japonesa todo es madera, tejas de papel,
calle~ angoata:1, puertas achaparradas, pisos de acolchonada estera de bamubú1 encrucijadas inextricables, sube y baja de callejones, árboles de formas artificiales figurando monstruos y animales abortados, sorprendidos en su desarrollo, enanos por la
fuerza inteligente y produciendo sin embargo hermosas floree y sazonados frutoi!,
Cruzada en todas direcciones, por canales anchoe en comunicación ~con el mar, se
hace el movimiento comercial exclueivamePte facil¡ por todas eartes ae ven puentee
de,fierro 6 de granito y por lo tanto el tráfi.:o de tierra y agua no se interrumpe nunca, siendo tan activo el movimiento que ee ad vierten los canales llenos de sampans (bo,
tea) mientras que los puentes soportan interminable procesión de traneeuntea y rinquichás (carretelas de un asiento arrastradas por un hombre.)
Alumbrada la población por luz eléctrica y por innumerable multitud de farolea
de papel de todos loe colore&amp;, formas y tamat'ios1 toma de noche un aspecto gracioso,
y si á eeto ee agrega el modo de vestir de los japoneses y sus zapatos de palo, que arrastrándolos al andar producen un ruido especial, se comprenderá la magia y el encanto que á. primera vista proporciona todo un pueblo raro, deecomunal1 artístico, suigeneris.

Amante de la diversión, gasta su tiempo en loalwulevardsy yoshivaras, y hasta muy
entrada la noche ee retira al descanso para entregarse desde muy temprano al trabajo.
Pero describiré con detalles mi vida y las impresiones recibidas de ese pueblo; re·
co'{lilaré mis recuerdos, volveré nuevamente, aunque sea con la imaginación, li eentarm~ en mi rinquWhá y ordenaré á mi J..-uruma (conductor) que me pasee por todos lados¡ tengo en él un cicerone que á la vez me sirve de caballo y de cochero y emprende•
moa el viaje.
Hace un calor sofocante y el sol brilla en todo su esplendor, sin que una nube in•
tercept,e eus rayos. Son las nueve de la mat'iana y el bo\8 Ghinehorro de á bordo me
conduce al puente del Gran Hotel; allí mi kuruma jukusaie, con su rinquichá limpio y
bien untado 1 está listo para correr; acostumbrado ya á mis largos paseos, tiene también
su itinerario.
Primero subimos al Hospital Naval Americano, donde encontramos deeauciado al
primer enfermo grave de nuestra tripulación, que quizá no volverá á pisar México: ea
el mayordomo Hernández, herido mortalmente de tuberculosis aguda; está tan débil
y demacra-lo, que espero su fin no tarde muchos días á pesar de las espléndidas con•
diciones en que está colocado.
Al ascender la cuesta, otros desocupados kurumas se ofrecen para ayudar al que
me lleva; la cuesta es muy empinada y se necesita de otro que empuje el rinquichá;
para pregonar sus servicios gritan una palabra que no es japonesa: siempre la creí
francesa, aunque la dicen en todas partee del Japón¡ es pus! que pudiera ser la segunda persona del imperativo del verbo potuée,

�EL MUNDO

DOMINGO

22

H

AGOSTO DE 1197

Después de una reverencia que la biso
Pues bien, os siguen veinte, treinta kv.·
inclinar casi hasta besar el suelo, me pre•
rumas, grHando tras de vuestra carrete•
guntó en mal inglés ba~! en lugar de bath;
Jita, pus! p11~! p11s! hasta qull por fin algu·
conteetéle afirmativamente, v ac10 con\1·
no de ellos empuja el carrito y así cm
nuo con habilidad extraordinaria, ;toma
má~ facilidad se llega á la cima del barrio
como con pfnza9 entre el dedo grueeo de
extranjero; le aohaie un niquel de cinco
eue piéa y loe otros sue zapatos de palo.
centavos, y seguís con vues1ro hombre8e compone cada uno de una~lámina de
C(lballo, que á todo trote y :sudando á ma·
madera ovalada, de una doble cinta uni,
res va solícito á donde queraie.
da á ,a fXtremidad anterior, terminando
El barrio extranjero, donde están ei·
pegads, á los costados de la misma láml•
tnadoe loe principales edificioP, ea muy
na; en la planta llevan dos paralelas y
pintoreEco: avenidas a¡,gc etas en pro·
p •rpendicularee á la primera, nna hacia
nunciados declives, eerpentean en medio
la punta del pie y otra al nivel del talon;
de boeqnes y jardinee, donde ee levan1an
estos zapatos los usan de la puena de su■
po~ticos castillos de madera y mampoe•
habitaciones afuera y Ee dejan siempre
terfa; pero loe jardines son dignos de co-·
en los dinteles; de modo que cuando que,
noceree.
rái~ saber cuantas personas hay en el
Sólo en el Japón se ve cosa Femejante:
interior de una .:asa, lo podéis averiguar
allí todos loe árbóles y plantas reciben y
por el número de zapatos que baya á la
oetentan formas capricboEas á volnntad
puerta.
de loe horticultores; hacen con el follaje
ProviEta ya de sue zapatos empezó la
rombos, eeferae, fignras de todas claees,
muzmé su tarea de preparar el bafio con
1rnimales, entre los que prPdominael dra•
paso corto, dirigiendo la pu tita de loe piée
¡zón. Para eimular esta fiera cláeica del
hacia dentro, y haciendo un cric-crac ee•
Japón se valen de las plan1as trPpadoUn plantio de té.
pecial con el calzado á cada movimienM&gt;.
ras; así es que la tenei, de todas formas
Remangado el kinano y luciendo unoe
y adornada de todos los colores que la
prestan h variedad de floreP, que al brotar de la mrzcla de rspecieE que concurren á brazos torneados y unas manoscotrl'ctamente artísticas, disponía el agua, traía la jícaeu formación cubren el cuerpo del monstruo con caprich•JEas manchas multicoloree, ra de laca, el jabón y un cubo de bambú; por ser extranjero, fu( favorecido con una
silla.
que sólo el arte japonés conoce.
Listo ya el bal'lo, y eiempre riendo me dice en eu escaso inglés: gude por good o
No hay planta, por pequefia que sea, q 11e no sea cuidada con todo esmero; el cri·
eantemum, con sus variedades infinitas de flores diseminadas en lotes, se ve en todas ready; apréetome á tomar mi deseada alusión, previtindo la incomodidad de meter,
me en una tan improvieada tina, pero como no podía encontrarse cosa mejor, la aceppartes salpicando de vivos tintes el vergel extranjero en tierra japoneea.
Sólo allí, á los cálidos rayos del eol de la mañana, puede andarse á la sombra de\ to y sin más me introduzco empaquetado á mi dificil baflo; la muzmé no daba mue■•
tras de marcbaree; por lo contrario veía con ein igual eJ'trañeza las diferente! pieza■
bambú, del kakí y del pino.
de mi ropa y con admirables geEtoa decía anatá y con ademanes y palabras de aeom•
IY
bro me indicaba que era mucha la ropa de los europeos, como llaman á todo exE:, BA~O.
tranjer0.
A lae once deeciendo á la playa para tomar un baño al estilo japonés.
V
Bajo un aplastado techo de madera y teja negra se ve un cuarto, separado de la
vista del transeunte por una verja cnadrafa cubierta de papel de arroz; sobre el pieo
LAS TrEND.~S
&lt;le ladrillo, húmedo ei!lmpre, encuéntranee varias tinas cilíndricas como barricas de vino, rebozando agua que caei hierve. De una puerta achaparrada que comunica con las
Repetidas veces solfa pasear por el bent,ndori, calle del comercio; allí pueden veree
piene interiores, deeliundose sobre la estera del bambú sin hacer el más leve ruido,
bajo los miemos acbaparados techos, grandes rótulos negros, con caracteres blancoe
sale una ,mamé (muchacha) peq•1eñita como una criatura de diez á once año~, gor- colgados como gallardetes; solo el japonés comprende su significado, y nosotros guia•
da, con la proverbial sonrisa que hace desaparecer eus inclinados ojos en los redondos dos por loe objetos mismos, entrábamos á curiosear y comprar lo que á nuestros alean•
promontorios de sus mejillas pálidas; llama la atención su alto y extrambótico peina- ces estuviera, eedae, cloi8sonh; lacas trabajos en bronce, madera y marfil; bordados, ob,
do de azabache, lustroso como una pieza recién barnizada; su kimano (vestido) verde,
jetos de cristalería, relojería, etc., otc., etc.
con grandes florea azul y rosa.; eu obi, y eus enguantados calcetines de inmaculada
( C"ntinuará)
blancura.

r---~~----- ------- ----------------- - - -- - - --- -- --

Viata general

de Kobé.

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

137

EL MUNDO

EL ASltSINATO Dlt PALMA•SOLA
( H iatórico.)

'

UANDO el Juez se disponía á tomar el portante y sombrero en mano buscaba por loe rincones el baeton de carey y pafio de oro el Secretario-un viejo
larguilucbo, amojamado y cetrino, de naríz aguilefia,' cejas increíbles, luenga
barba y bigote dorado porel humo del tabaco--dejó su asiento, y con la pluma en la
oreja y las gafas subidas en la frente, ee acercó trayendo un legajo.
-Hágame usted favor ...... 1Un momentito! .....: ¡Unas firmitasl
-¿Qué ee ello?- respondió contrariado el jurie-perito.
-Lae diligencias aquellas del asesinato de Palma-Sola. Hay que sobreseer por
falta de datos ........ .
-Dios me lo perdone, amigo don Coeme; pero ese mozo á quien echamos á la
calle tiene mala cara, muy mala cara! La viudita no es de malos bigotes, y ........ .
-Sin embargo ......... ya usted viól
-Si, ei! Yamoa......... deme usted una pluma.
Y el Juez tomó asiento, y lenta y paueadamente puso su muy respetable nombre
y eu elegante firma-un raego juvenil é imperioso-en la última foja del mamotreto,
y en sendas tirillas que eran otras tantas órdenes de libenad diciendo mientras el
viejo aplanaba sobre ellas una hoja de papel secante:
'
'
-Ese crímen, cJmo otros mucho3, quedará sin castigo. Xuestra actividad ha sido
inútil. En fín ...... ¿oo dicen por ahí que donde la humana justicia queda burlada,
otra más alta, para la cual no hay nada oculto, acusa, condena y castiga?
Don Coeme contestó con un gesto de duda y levantó loa hombros como si dijera:
-¡Eso dicen!
-¿Hay algo más?
-:~fo, sefior.
-Puee, abur.
El Secretario reco, ió tirillas y expediente, arellanóse en la poltrona y encendió
un tuxteco.
II
En Agosto, en plena temporada de lluvias, entrada la noche, una noche muy negra y pavorosa, va C.1simiro, el honrado y laborioso arrendatario, camino de su rancho Palma Sola, jinete en la Diabfo, una excelente mula de muchos codiciada, y por
la cual le ofrecían hasta ciento cincuenta duros loe duefloa del Ceibo, ciento cincuenta del águila, en platita sonante y contante, á la hora que loe quisiera, peso sobre peso!
Pero ¡quia! Caeimiro contestaba:
-~o, amo! ¿\·ender mi Diabla? ¡Nones! Si sólo el nombre ea lo que le afea! Primero vendo la punta y malbarato el cafetalito...... Yamoe, eefior amo: ántee empeflo
la camiea que vender la bestia; y luego que mi mujer está que no cabe con eu mula.
Y la verdá, señc,r: cuando va uno en ella, va uno mejor que en el trenl ~fargarita le
tiene un cariño y una ley, que ...... no ea capáz! JNi aunque me ofrecieran por ella las
perlas de la Yírgenl 3i quiere la otra, mi amo, la Zapa ...... mañana se la traigo. No
le recele, patron ...... También la Zapa ee buena; cásique como esta. ',l'iene buen paso;
ni psjarera ni mafiosa. De deverae, no le desconfíe, aunque la vea caidita de agujas....
,Se la arrearé pa acá, pa que la vea. P-.&gt;r la vbta entra el gueto. JYa verá qué rienda!
l:!e la merqué 111 cotijefio ti afio pasado. Le dí cuarenta. i Es barata! Cuarenta me dan:
ni medio más ni medio menos. Ei pa loa amos, y nada lee gano!
¡Qué caminos aquellos, Dios eanto! D~sde más acá del barreal comenzaba lo bue•
no. Z.uzaa y acahualeras cerrab,rn el paso y en algunos puntos eran tales los zoquiteroe que las bestias se hundían basta loe encuentros; pero ¡allí de la Diabla! No perdía
momento, y libre, ligerita, suelta la brida, subía, bajaba, costeaba el lodazal, y ee colaba entre loe matorrales como Pédro por ea caea.
Iba Casimiro cabizbajo y 1riste. No había motivo para ello, y ein embargo estaba asustadizo y de cuando en cuando le daba un vuelco el corazón, como si le amenazara la mayor desgracia. Ganas le daban de volverse al Ceibo y allí pasar la noche.
De un lado el llano: del otro el boeque sombrío, negro, pavoroso, lleno de eepan\abl~s rumoree: eilbidos de serpientes, estruendos de árboles viejo11 que ee caían; roncar de sapos en zanjas y lagunetas; en loe pocbatee máe altos ulular de buhoe, y allá,
al fín de la selva, el estrépito del torrente y el ruido creciente del aguacero que venia
que volaba con un tropel de cien eecuadronte á galope.
En la serranía, desatada tempestad; la t•nmenta estacionada en las cimas; un re•
lámpago, y otro, y otro, y truenos, y más truenos, como si las legiones infernales ba·
tallaran allí en combate definitivo. En los picachos, en loe crestones, en las ct'iepides
rnpremae, loe fulgores del rayo ee difundían á través de lae nubes, iluminándolas á
cada instante con variadas coloraciones fugitivas, rojas, áureaS', cerúleas, que deja•
ban ver el sinuoso perfil de loe montes y la negra mole de fuliginosa cordillera.
En el llano, reeee medrosas y ateridas que refugiadas al pié de loe huizacbes ra•
moneaban en las yerbas húmedas y en loa matorrales y en lae orillas del arroyuelo,
entre las mafafas resonantee, el centellear de lae luciérnagas.
-iA llegar!-se di¡o el ranchero, componiéndose la manga de hule.-¡ A. llegarlque el agua está encima! ¡Anda «Diabla," que ya poco te falta!
Como si adivinara los deseos de eu dueño, el noble animal, alargó el paso, y..... .
taca, taca, tacal
El aguacero. Primero rachas de viento húmedo y frío; luego gruesos goterones,
que caían con estrépito en la :11·boleda, y en seguida, la lluvia torrencial.
Avanzaba el jinete á la vera del fangoso camino. TJrmino de éste era el maizal,
una milpa msgnífica, ya en jilote, cuyas cañas estremecidas por el agua y el viento re·
medaban rumorea de crugiente seda. De allí partía una vereda, ancha y ascendente,
al fin de la coal estaba la casa. A través de las plantas se veia el fuego del hogar que
ardía con llama titilaote y rojiza.
Por aquel rumbo dirigió C.1&amp;imiro eu caballería. En vano: la Diabla se detuvo ale·
breatada, renuente, erguida la cabeza, altas las orejas.
-¡Epa! ¿qué te sucedt?-uclamó el ¡inete.-¡Epal-repitió.
La Diabh1, rebelde al lr,rno, pugnaba pur volverse. Casimiro gruñó entre dientes
,un terno, y azuzó al a11imal, hincándole las espuelas; pero éste re3ietía encabritándose.
-¿No quiere~? Puee ......... Jtom11l
Y ¡zásl un par de laiigazos; uno por cada lado.
La mula arrancó al 1-rote.
Entre la milpa quedaba un hombre escondido, envuelto en negra manga, apoya
•das las manos en el c11ñjn de una escopeta.

1Qué alegremente ardían loa lefioe en el hogar) Tronaban los tizones, y las llamas se
retorcían trémulas en torno del tronco ennegrecido, proyectando en los muros danza•
rinaa y quebradas sombras.
Cuando Caaimiro llegó, Margarita le esperaba en la puerta.
Era una linda campesina, de-apifionado rostro, esbelto talle y grandes ojos negros.
Sonreía afable y carifioes. Aquella sonrisa era la sonrisa de la traición, encubridor halago de una emoción profunda y horrible.
:...creí que no venías. ¡Jesús) ¡Si vienes hecho un patol Quítate la manga, que
encharcas esto.
-No me pasó el agua. Luego; voy á desensillar, y á persogar á esta mafiosa que
en la milpa se me armó tanto que por nada quería andar. ¡Si no le arrimo! .........
Sintió Margarita que el corazón se le subía á la garganta, y tragando saliva y do•
ruinándose murmuró:
-¡A.dióel ¡Vaya) ¿Y por que?
-Se aeustaría...... Loe animales á veces ven visiones. Si sigue con esas mafias, aun•
que á tí no te cuadre se la vendo al amo. Yo no sé lo que fué.
-El mapachín ........ .
-¡Paedel El cuento ea que paró lae orejas, y que ni á cuartazos quería andar.
Aflojaba la lluvia y la tormenta se alejaba ......... Uno que otro relámpago allá en
la sierra.
Casi miro desenjaezó en el portalón, fué á pers &gt;gar la bestia. A p:&gt;co entraba en la
caea.
-¡Caramba! Si vieras: ahora echo de ver q11e no traigo la pistola. No le hace.
1Pa la falta que me bacel
Margarita ee puso lívida al oir esto.
-¿No bebes?
-Ecbate el café y traite la limeta. Estoy caneldo y quiero dormir.

IV
Media noche pasada, porque el gallo había cantado dos veces, o yóse en el techo un
golpe, como el de una piedra chiquita, lanzaia ein fuerza. Casimiro roncaba. Mar•
garita no dormía,-no había querido dormir.
-¡Caeimirol JCaeimirol
-¿Q11é cosa?-conteató medio dormido.
-¡Caaimiro!
- iObl ¿qué quieres?
-¿Oiete?
-No.
-Alguno anda allá afuera.
-¿Por qué?
-Ol ruido.
- ¡Déjame dormir!. ....... .
-No; ei clarito oí el ruido. Los animales estan inquieto8. Oi ruido como de gente
que ee acerca. Si vendrán á robarse las bestias.
-No, mujer, ei el perro D\l ladra........ .
-Porque no está. Desde ayer no parece.
-1Voy!-rezor.gó el ranchero, saltando de la cama.-¡Y luego que no tengo la pietolal
-Cvge el machete.
El ranchero ee embrocó el zarape, toDó el machete y salió al portalón
El cielo ee había despejado. L?. luna iluminaba con triste claridad arboledas y
maizales; ligera brisa susurraba en las palmas, y los charcos reproducían aquí y allá
el menguante disco del pálido satélite.
Las mulas se revolvían inquietas. La Diabla, al sentirá eu amo, relinchó de ale•
grúi.
Margarita dejó el lecho, Y quedo, muy quedo, de puntillas, conteniendo el aliento, fría de terror, erizado el cabello, se fué ha,ta la puerta. Allí, en espera de algo te•
rrible, se detuvo á escuchar ........ .
De repente sonó un disparo. ~e oyó un grito; después un ¡ay! lastimero; en se•
guida un q ut&gt;j ido, y luego el aterrador silencio del campo adormecido.
DP entre la espesura del cafetal se destacó •1n bulto. Un hombre que con el arma
en la mano llegó basta el portalón, y que en voz muy baja, como ei tuviera miedo de
ei míemo, como si temiera escuchar sus propias palabras, dijo:
-JYa!. ....... .
V
OJho años después, cierto día del mes de Mayo, converaaban muy alegres y entretenidos el Juez que ya conocemos y su secretario don C.&gt;sme.
-¿Se acuerda usted, amigo,-dijo el primero-del asesinato aquel de Palma-Sola?
-¡Vaya ei me acuerdol-reepondió el viejo, echando una bocanada de humo.-Ua·
ted creía que la mujer, que, por cierto, no era de malos bigotes, y el muchacho que
pusimos en libertad ........ .
-¡Y sigo en l.a mía, seffor don Cosme!
En aquel momento entró una mujer que llevaba de la mano á un muchacbillo como
de siete afios, muy raquítico Y enclenque. La mujer parecía más enferma que la infeliz
criatura. Pálida, exangüe, encanecida, aparentaba doble edad de la que tenía· pero en
sus ojos brillaba aún vivíaimo rayo de hermosura.
'
El Juez y el Secretario la reconocieron al momeo to, viéronla de piée á cabeza y
luego se miraron asombrados. Era Margarita.
'
-¿Qué quería usted, señora?-pregun$6 el Juez.
La mujer permaneció muda algunos instantes.
-¿Qué deseaba ueted?-repitió don Cosme.
-Sefior Juez:-dijo al fio-¿~e acuerda usted de Casimiro Gonzále:i, aquel que ......
mataron en Palma-Sola?
-Sí, ¿por qué?
-Porque, a11fiorl ¡Ya no puedo máel ...... ¡Ya esto no es vivir!. ..... 1Y vengol.. ....
vengo á decirlo todo, á decir quienes lo mataron!. ...... .
-Y ......... ¿quiénes lo mataron? replicó el magiitrado con imponente Eeveridad.
-La verdá, eeflor: ¡yo!. ........ y el que ahora e3 mi waridol
La desdichada mujer cayó de rodillas, y presa d11 wJrU,1 cong ija, ahogándo 3e, se
echó á llorar.
RAFAEL DELGADO,

�EL MUNDO
CANTOS DEL NORTE.

I
¡El monarca lo manda!-le dicen
al pobre muchacho,
cuando inflama la nieve un destello
del sol ael ocaso.
El monarca lo manda: e~ preciso
marchar á Siberia,
á llorar, mientras miren absortas
las blancas estrellas.
¡Es preciso...... ! la madre y la amada,
sollozan, sollozan......
marchará cuando raegue la bruma
la luz de la aurora.
Ya jamás lo verán, eonri:ente
dejar su capote,
y arrimarse á la lumbre, narrando
sus euefios de amores.
II
¡El monarca lo mandal-impacientee
rondando murmuran,
cuando deja en la escarcha un destello
la pálida luna.
El monarca lo manda y el siervo
no irá á la Siberia,
ni verán sus pesares, absortas,
las blancas estrellas.
En la sombra dibuja su encaje
de piedra la torre,
que en la obscura calleja recorta
medrosas visiones.
En la nieve, una mancha de sangre
de tonos ext1 afios,
y en la sangre, espirando en un beso
amada y amado.
En el cielo, la luna semeja
con eu arco de plata,
hoz que hiriera la flor de la vida
de amado y amada.
III
¡El monarca lo manda!-L!l madre
murmura llorando,
cuando inflama la nieve un destello
del sol del ocaso.
FEDERICO UHRBACH.
MINIA.TURA..

¿Quién habla de morir? ¡Que tontería!
Considero el error de los errores
buscar como remedio á los dolores
el último eetertor de la agonía.
Verdad que no es completa la alegria
y abundan las espinas en las floree,
y no hay cariflo, ni amistad, ni amores,
sin traición, ni perjuicio, ni falsía.
Pero eeo ¿qué más dá? Cuando ee sabe
que el .mundo peca de malvado ó necio
se compadece la maldad ajena.
Sobre la herida que oe parezca grave,
poned la cataplasma del desprecio.
Sabiendo despreciar, la vida ee buena.
SINESIO DELGADO.
HOJAS

¿Ves aquel sauce, bien mio,
Que en doliente languidez,
20 inclina al cauce sombrío,
Enamorado tal vez
De las espumas del río?
¿Oyes el roce constante
De su ramaje sediento
Y aquel suspiro in~esante
Que de su copa oecilan;e
.Arranca tímido el viento?
)Iafiana, cuando ms rojas
.Auroras pierda el estío,
Lo verás húmedo y frío,
Ir arrojando sus hojas
Sobre la eepuma del río.
Y que ella en rizos livianos
Llevando la hoja caída,
Las eelvae cruza y los llanos
Para dejarla sin vida
En los recodos lejanos!
¡Ah! ¡cuán ingrata serías,
Y cuán hondo mi dolor,
si estas hojas que son mías,
Abandonara, ya frías,
Como la espuma, tu amor.
RAFAEL OBLIGADO.

DOIIIIIGO u

de AGOSTO de 1197

DOIIIINGO u

de AGOSTO de 1'97

LA. NUBE
DAMAS MEXICANA.IS

¿Donde vas, giron de gasa,
nube aérea, nube errante?
¿Entrafiss borrasca fiera,
ó vendaba! insondable?
. ¿Te empuja, acaso, el encono,
ligero vapor suave,
y el sol y el cielo infinito
¡ay! pretendes ocultarme?
¿Quizás eres leve mancha
que ,e borrará en el aire?
¿Eres, tal vez, tenue sombra
que un beso de luz deshace?
Libre vas por el espacio
huyendo, huyendo incansable,
más nacarada y mlfs pura
cuanto más alta y distante.
Dí si el trueno, dí si el rayo
han de vomitar tus fauces.
Dí si formas vago eoplo
del firmamento insondable ......
-Escucha. Soy un espíritu
que del triste mundo parte,
y que, al ir á Dios, sin nieblas,
ha de conve1tiree en áJ:Jgel.
EMruo ZoLÁ.
El., MIRI.,O Y El., GUSANO

Señorita Concepción Gonzalez, de Monterrey.

De 9.uan ae Dios Peza.
La rasa aquella donde vivía
La que en la tierra siempre fué mía
Y hoy en los cielos vive con Dios,
Está lo mismo que en aquel dfa
En que á ocuparla fuimos los dos.
Ah! cuan alegres los corredues!
Enredaderas llenas de flores
En el alero y el barandal. ..
Como en los tiempos -de mis amores,
Todo es risueño, todo está igual.
En las hojosas verdes cortinas
Han vuelto á abrirae las camelinas,
.La antigua higuera reverdeció,
Han regresado las golondrinas
Y hasta yo he vuelto, pero ella nó!
Gira en sus gonces la misma puerta
Que á ·nuestras citas facil y abierta
Puerta del cielo llegué á llamar;
Cuando mi niña la cruzó muerta,
La abrió el infierno de par en par!
Decora el patio la misma fuente
Y en el marmoreo tazón luciente
Resuena el chorro borbotador ...
Ay! como el eco dulce y doliente
De sus postreras frases de amor.
No se me olvida que una mañana
Como á una nueva Samaritana,
Junto á esa fuente la sorprendí,
· Desnudo el seno de nieve y grana
Que arropó al punto que yo la ví.
Soltó el cabello sobre la espalda,
Con una mano cojió la falda,
Con la otra mano su faz cubrió
Y entre la clámide de esmeralda,
De mirto y yedras, despáreció.
15 de Julio de 1897.

Dijo á su mirla querida
el mirlo de sus amores:
-¡Si no hubiera cazadores,
cuán dichosa nuestra vida!
Un gusano que esto oyó
dijo con voz lastimera:
-¡Si gusanos no comiera
el mirlo, cuán feliz yo!
Claro uctar, hallarás
del ap6logo el sentido:
no se queje, si es comido,
quien se come á los demás.
M.ANUEL FERNÁ]),'DEZ Y GoNZALEZCUATRO TABl.,AS

Lujosa ó pobre, ligera ó grave,
Desde que naces hasta que mueres,
De cuatro tablas consta la nave
Donde te embarca~ sin inquietud:
Una es el timbre de tus honores,
Otra es la mesa de tus placeres,
Otra es el lecho de tus amores,y otra la tapa de tu ataud.
FEDERICO BALART.
LA. MUJER

Por ella al mundo venimos,
y el mundo ciego corremos,
amamos y aborrecemos,
y matamos y morimos.
Somos, seremos y fuimos
siempre esclavos de eu fe.
¡Ay, mano oculta!, ya sé
tor qué mi vida consumes,
que en tus misterios resumes
cuanto será y es y fué.
Humana forma aquel día
te juzgó el loco deseo,
y ora cual eres te veo,
misteriosa alegoría.
Sin razón te suponía
realidad de ser humano,
y eres, misteriosa mano,
con tu secreto profur.do,
la oculta fe que en el mundo
mueve al sentimiento humano.
Dicha, dolor, y placer,
cuanto se pie nea y ee siente:
todo lo inspira el ambiente
del amor de una mujer.
Gloria, ambición y poder,
inquietud, zozobra, calma,
áureo laurel, aeca palma,
ella ea la fuerza del sino:
mano ocuUa que el camino
le va sefialando al alma.

···············································································EusEBIO Busco~

Herr Andreé
Tefe de la expedición aerea al Polo Norte.

EN GLOBO AL POLO.
V~ lverá el Profesor Andreé?
H ace apenas un mes que la primera expedición.que

ee haya hecho jamás por. la vía aerea, con el profesor
Andree-un sueco de inmensa audacia- como jefe, par•
iió del Spitzberg á la conquista del Polo. Por todas par•
tee se ésperan ansioeamente noticias, y se discuten con
pasión las probabilidades del retorno.
Como se recordará el afio paea1o, el profesor sueco,
que abrigaba y meditaba hacia mucho tiempo su formi•
dable aventura, se dirigió al Spiztberg en pleno verano,
plantó su hangar, gran edificio de madera que debía pro•
teger al globo durante su inflamiento, y esperó que rei•
nasen vientos favorables para dirigirse a! Polo. Solo que
los vientos fueron contrarios y el profesor debió tor·
nar á Suecia á eeperar un sfio más, por si obtenía mejores
vientoe. Realizóse su eeperanza y en los primeros días
de Julio pasado, en compafiía de dos amigos audaces,
emprendió su excursión aerea.
Desde entónces no se ha tenido noticia cierta de él;
algunas palomas viajeras soltadas en diversos puntos
del trayecto, llevaron-se dice- al mundo civilizadofelices nuevas del profesor. Uno de los mensajeros ala•
dos traía una nota en que Andree afirmaba haber llega•
do al polo y pasádolo. Mas últimamente ha habido siniestros rumoree y quien afirme haber visto un globo
deegarrado flotando sobre loe maree del norte ......
La gran pregunta formulada en Europa es esta:
Volverá Andree?
Los menos pesimistas, entre los cuales se encuentran
el profesor Neumayer, agregado á las oñcinas del Almirantazgo en Berlín y el geógrafo bien conocido Richto •
fen, concluyen diciendo que la tentativa de Andree no
ee absolutamente un simple acto de suicidio, es de creerse
que en virtud de una gran casualidad, es posible que
vuelva sano y salvo.
El público discute, por su parte, lae diversas opiniones; pero caei no conocen las razones que hacen suponer,
primero: que Andree no llegará muy probablemente al
punto deseado, y segundo, que no vol verá.
Y estas razones son precisamente las gue vamos á tra•
tar de explicar.
Cada uno sabe que en las regiones polares, durante el
estío, el sol permanece constantemente por encima del
horizonte y por consecuencia las variaciones de tempera•
iura son muy débiles. El gas del globo no experimenta·
rá, pues, grandes variaciones de volumen y 1ae pérdidas
por dilatación serán muy débiles.
Es esta uniformidad de temperatura la que hace que
algunos sabios concedan á .A.ndrée algunas probabilidades de retorno.
Aun cuando este estado de la atmósfera sea una gran
ventaja, hay aún otro elemento más importante, que estodos nuestros lectores lo han adivinado-el viento.
Ahora bien, en esta parte del globo, lo mismo que en
las regiones calientes, se admite la existencia de corrien·
~ e regulares, eiguiendo la teoría general de la circulación atmosférica alrededor del globo, que se resume en
esto:
En el Ecuador, bajo la influencia de los ardientes ra yoe del sol, se produce un violento llamamiento de aires,
que da nacimiento al alicio en la superficie del suelo, y
al contralicio, que viene del Suroeste en las regiones
superiores. Esta última coiriente, cuya exietenci,i está
demostrada por las cenizas proyectadas á grandes altu•
ras por loe volcanes de loe trópicos y por las nubes ele·
-vadas-se extiende, apro:imándose al suelo, casi haeta

EL MUNDO

el Polo Norte. Ahí desciende á tierra y vuelve hacia las
regiones templadas, sig11iendo una dirección opuesta á
la de su ida. El viento reinante en tierra sería, pues, del
Noreste en el Hemisferio Bcreal si no encontrase, á me•
dida que se aproxima á los trópicos, la corriente infe•
rior del Suroeste.
Este encuentro determina la zona de los vientos irre·
guiares, zona que está comprendida entre los 40º y los
60º Norte. .Al Sur de esta zona el viento dominante vie·
ne del Suroeste, y al Norte, del Noroeste. El Spitzberg,
punto de partida de la expedición Andrée, se encuentra
en esta última región, y se eigue, por lo mismo, la con·
secuencia de que el viento debe ser contrario.
Mas aun admitiendo que sgple en una direcoión favo·
rabie, no se sigue de 2quí que Andrée tenga üito en su
empresa, á causa de la debilísima intensidad del viento
en las regiones boreales.
Su velocidad media en el Spitzberg durante el mes de
Julio es de 15 kilómetros por hora, velocidad que representaría la de la marcha del globo si Andrée no tuviese
la precaución de servirse de aparatos de contrapeso para
no pasar de 150 metros de altura; el frotamiento contra
el suelo ó en el mar, resultante de este sistema, reduce
la velocidad casi á sus dos terceras partee ó sea á unos 6
kilómetros por hora.
En consecuencia necesitar!l. para recorrer la distancia
de 3,600 kilómetros en linea recta que separa el Spitzberg
de la punta extrema de la Alaeka, pasando por el Polo,
veinticinco dias de marcha consecutiva.

El mayor viaje aéreo efectuado hasta hoy, no ha paeado de 24 horae !
T11les son las razones que hacen que teóricamente, An•
dreé no deba tener éxi'o en su empresa, pero felizmente, como todo el mundo lo sabe, la práctica viene fre•
cuentemente al encuentro de 11:1 teoria, lo que nos permite conservar la esperanza de saber muy pronto que
M. Andreé y sus dos compañeros han salido sanos y sal•
vos de su peligrosa tentativa.

***
Parécenos oportuno para concluir estas breves notas
reproducir á continuación la siguiente impree:onadora
página del «diario,, de M. Ml:lchurin, joven y distinguido
aereonauta que dirigió los trabajos de inflamiento del
«Ornen11 ( este es el nombre del globo del profesor Andreé )
y que no abandonó á éste último sino en el momento
preciso en que embarcados él y sus compañeros en la
canastilla, el globo se lanzó al espacio.
Hé aquí esa interesantísima página recientemente pu•
blicada en París:
«11 de Julio.-Viento sur muy pronunciado; Andreé y
sus compañeros consultan los divereos instrumentos en
cada puesto de observaciones. Las condiciones atmosféricas parecen favorables y la partida se decide.
«A las once todo el mundo se pone en obra; los carpinteros ayudados de los marinos demuelen con sorpren•
dente rapidez la parte Norte del hangar, en tanto que se
cierra la parte Sur tan alto cuanto es posible con ayuda

...

, .. t1t'!'-~"-· r'""...

ll "Ornen" ¡;lobo expedicionario dei Pr.:,fesor Andreé.

�gL MUNDO

DOMINGO 22 de AGOSTO do

,a, 7
DOMINGO 22 do AGOSTO Dl •197

•

tracción y de instalación hechos por la Ciudad, en tanto
que Nueva York ha recurrido á. siete companfae diíeren•
rea para Per alumbrado. Chioago no gasta anualmente
más que cuatrocientos mil pesos para el alumbrado de
gas¡ pero un gran número de callee que no están pavim?ntad_as, no están alumbradas tampoco. Boston ea al
contrario, una de las ciudades mPjor alumbradas·1 consagra tre~~ientos mil peaoe á. su alumbrado de gas y cerca
de doac1entos ochenta mil á su alumbrado eléctrico .
. !ºr últ~mo, Buffalo gasta anualmente doscientos veint1?rnco m1! 1 en ra~ón de su reducida superficie, y es también una de las cmdadea amnicanas mejor alumbradas.

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.
POR H. S. DE FOAGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 4.

Un globo terrestre &amp;igantesco.

S1bemos por loe periódicos parisienses que M. Eliaée
Reclua ha emprendido, para figurar en la exposición de
19001 la construcción de un globo tenee.tre al 3201 000.
Este globo, ademáil de sna di rnensiones colosales-ten•
drá exactamente 12'&gt; m., 24 de circunferencia ecuatorial
~presentará. t~mbíén esto de notable, que, conforme al
sistema de dec1malfzación de la hora y de la eirc1mferencia, preconizado por M. de Sarrauton, estará dividido en
2-10 grados, di vid idos estos á su vez en diez partes.
Esw, enorme globo terrestre, será ciertamente una de
l~s. mayores cur~oaidadee científicas de la próxima expo•
ElCIÓn.

~

-

--9

r1'

Preparativo• de partida del "Ornen"

de telas para protegerae contra la acción del viento cuya fnerza va aumentando.
ccLa mayor dificnltad era sacar el globo sin averiar el
tegid~ contra las maderas del hangar, Todas las partee
promrnAn~e se c11bren con una espesa capa de fie1'ro y
queia con1urado el peligro.
it~ar.a impedir al aereóetato qne ruede mientras duran
las ultimas maniobras, ~e h:1 rodea á la altura del ecua-dor de tree grandes cinchas que se fijan á la paria restan! e del ha ngar.
((Loe.preparativos '\!BD aprisa¡ á las dos, la canastiila
se dee.hza á su sitio y se ata al círculo que está amarrado aóhdarr..ente á tierra por tres cablea. Todo está lieto y
arreglado.
11 Los exploradores dan sus adioses, rápidos y conmo•
ved.oree. Pocas palabras se cambian. pero hay ira.neos
apretones de m1noa, ea que loa corazones se compren·
&lt;len. Después, Andreé, entrando á la canastilla, llama
con una voz firme:
- uStrindberg ......... F1aeokel. ........ Vámonos'
t&lt;lnmediatamente sus dos compalieros toma~ siUo á
su lado ........ .
11 El comandante Ehrenevard transmite á eus marinos
las órdenes, que son ejecutadas puntualmente; las cin•
chas rnuatoriales caen; el globo desembarazado rueda un
poco apesar de su abrigo¡ es fuerza esperar algunos segundos y a~rovecharse de una calma para partir.
• u Tres man nos, armados de un :mcbillo, se mantienen
l~etos para cortará la primer señal loa tres cables que retienen solamente cautivo al globo.
c(Llega el momento oportuno. .A.ndreé exclama:
-nCortadl
11 Un segundo apenas ...... el navío aereo se lanza al eeJ&gt;acio, saludado por nuestros máe vivos hurras.
uCargado ~on loe cordajes que levanta, el aereo.stato
no alcanza Ciea metros de altura. El viento lo arrastra.
~os contrapesos alargados á lo largo de la coeta1 se deehzan sobre el mar. Todo parece ir bien á bordo¡ noao•
trcf!, espectadores ansiosos, seguimos las fases rápidas
de esta conmovedora y única partida.
«Llevado por un viento violento, el globo uOrnen11 se
..aleja c0n gran v~looidad, dirigiéndose recto al fin y deea•
])ar~ce en el horizonte al cabo de algunos instantes.
11 D.Js días después abandonamos el Spitzberg y más

j
,f;jf! ,, "' ,J

tarde el viento Sur ba flPguido siendo favorab!e, Jo (pe
nos hace esperar un éxito completo.
~Dcaeemoslo Y que próximas noticias nns hagan saber
bien pronto el feliz resultado de ee~a audaz tentativa!

··"":

:~

1NFORMAClONES
Las asociaciones femeninas en China.

Un país en queelf~ini,ú!lmo tendría much'J q11ehacer
ea BPguramente Chinau
'
0.Jnfucio no reconocía á las rnnjeres derecho algunfl,
Y se !!ab~ que poco ro.is ó m9a03 Cri.iua sig\le siendo de
Confucio.
Resulta de esto que la situación de las mujeres ea ahí
tan poco envi_dia~le, que muchas de ellas se suicidan 'Pºr
escapará la t1ran1a de sus esposos-motivo de suicidio
qne e~ c~ai desclnocido entre loa occidentales y que lo
era as1m1smo antes de la institución del divorcio.
Así, no ea raro ver jóvenes chinas agruparse en asociaciones, que tienen por únic,:, progrd.ma reeisr.ir tenazmente al matrimonio.
Estos clubs origina ea cuentan generalmente una decona de miembros, y toda señorita que desee tomar parte en elhi previam~ute debe compromeierae, con jura•
mento, á 11morir antes qne caaarse,i.
·
~Iiis he aquí que laa polnes muchachas van á vnee
privadas has~a de ee~a úhima ;ibertad, porque muchas
de ellas se han arrojado últimamente al agua para evi·
tare! matrimonio, y una ordenanza de policía intervino, ?r?hibiendo eu lo de alelanr.e las asociaciones de stüontas.

TJna tarde Francieca llevó el té en el momento en que
el nombre de la señora Descordee era incidentalmente
pronunciado.
-Oh! la mala peste! exclamó la nodriza que tenía un
hablar muy francn.
-Francisca1 dijo Marta esforzándose eu tomar un aire
severo.
-Francieca, tauto como queráis señora, no me impediréis por eso decir q •te esa santa devota es la llaga del
país no pene.ando más qne en defgarrar á loa otros con el
pico, como si ella no hiciese males. Sa.beis vos sellor Sa·
vinien que el otro día me ha acosado en la calle para saber si vos habeiil venido á nuestra casa ...... Lo que me di·
,·ertí con ella ..... Busca, niña, busca. Si cuentas con la
vieja. Francisca, para conducirte, ouenta con que llegarás ...... Esto no impide vigilar bien á esa aerpiente con

El alumbrado del.as ciudades americanas.

El Scientijic AmPrican da loa informes siguientee reapec
to al alumbrafo de las principales ciudades americanas.
En Nueva York, en 1807, el alumbrado público coetartí.
ce;ca de millón y cuarto de pesos, Filadelfia gaa~a más
a~~: eu ga~ 1~ cueet.a cuatro cientos mil pesos y bU electric1dad. ee1ec1entos mil, que hay que aumentar en uo'a
proporción notable, para tener en cuenta la amoriízación
de loa capitale3 compr0m.!tidos ea loa trabajo 3 de coas-

El uornen" e" camino hacia el Polo.

.eua serpentinas!
. Y al retirarse en medio de las risas, Prancisca excla•
mó cómicamente:

-Ah! mi buen Dios, si habeis de ponerla en vuestro
santo paraíso con sus dos bijas, enviadme al infierno ......
Estaré mejor ah{ que con ellas.
Este incidente llevó la conversación á. la cneetión religíoea. Pablo reprochaba algunas veces á Savinien su
indiferencia, ya que no !!U hostilidad con reepec~o á. est.o.
-Toma, dijo este, precisamente ejemplos como los de
1a aellora Deecordes 1 son loa que alejan á. muchas gentes
de la religión. Cuando se ven esos seres proclamados
santos, dueños de la lgleeia y también de la opinión,
llenando el muado con ens aedicentes virt.udee, no se
puede menoa que sentirse deslumbrado como cie,tos ingenuos, 6 desconsolado si se ve claro. EntonC&lt;' B dice uoo
como Francisca «No quiero irá. un p1naíso donde los encontraría.11
-Sil respondió Pablo, levantándose con los ojos bri·
llantes y la palabra animada. Teneia razón en lo que toca á la sei'iora Deecordes. Pero hay dos religioaea, ó mejor dicho la que profesa la sellora Deacordea no es reli·

gión ......... Es una especie de idolatria en que lascarantonas reemplazan á las plegarias que surgen del corazón,
en que el amor propio sofoca el amor de loa otros, en que
ee mide la virtud de las gentes por el número de sus ge•
nuflexiones y el de sus caridade3 públicas y rumbosas ....
Pero hay otra religión, la sencilla, la verdadera, la re·
ligión del Buen Dios ......... La que se encierra en una
palabra: amar y ser bm•no.
Esa ea la vuestra ein que vos lo sepaia, eeiior Savinien, y veis sois un religioso, en verdad 1 vos que amaia
en eilendo á pobres abandonados como nosotros, más
que á. toda la familia Descordee reunida!
Harta miró á su hiju con aire de aeombro y de embeleso.
-Sabeia que haríais un excelente predicador? dijo Sa·
vinien riendo, pero conmovido en realidad.
-Quién eate? ...... respondió Pablo con una voz grave
y la mirada pensativa .

�&amp;L MUNDO

DO ■ IAGO

aade AGOSTO de 1ag7

DO ■ IHO

-~··~·~============================;;;;,,;;;;;;;~;;.======================-~---~-=~

IX
En el ealón, Diosdada y Angélica i,.cab&amp;ban de repetir
un cántico nuevC', que debían cantare! domingo eiguieo•
te en la reu1.1ión de la Cofradía de loe njil.oe de Santa
Ureula.
En tanto qne eue cuatro manoe tc;cabap loe acordes del
acompaft.amit:r.1w, eue vocee, un pociJ agrias, ee elev11.ban, repitiendo con ardor el refrán:

Irime11110 fu.ego me irifla11ia
E i1tut,da de claridad,
Sitt,to e,~ ,nt dfrina llama,
Me impulsa la caridad.
Me únptúsa, me impulsa, la caridad,
El Sr. Deecordee, tendido en no sillón leía, con enternecida eonriBa, La l:id,i y las religiosas acciones de la bien·
aventurada Virgiuia J&lt;..'sett!fer, interesante obra que le había preetado aquella mh1ma mañana el abate Chavaeieux.
Eee ealón revelaba, al primer golpe de vista, el e6pfri·
tu de loe habitantee, y también hay que confesarlo, cier·
to prosaismo bur¡i:uée.
Loe eillonee y lae eilla9, simétricamente enfilados á. lo
largo de lee murof.l, se alineaban, cubiertos de fondas
blancae, teniendo cada uno de elloe, al pie, un pequtfio
tapete, destinado á prot.eger la alfombra. Cerca de un
canapé, igualment~ cubierto, una mesa de caoba muy lu·
ciense, soportaba un vaso de asas doradas, lleno de mue•
go artificial y flanqueado de all&gt;uma de fotografíae 1 de
un grueso volumen de rica pasta, regalo de ea:rito: La rida
delos santos ilutdrada, y de algunos li bros á. la rústica, sobre
loe cuales se leia: Jlomilta3para el santo tiempo de Cuaresnui,
(x¡r13ejOA á los almas 1nadows para ,uivegar entri' los eacollos
dtl mundo. Loa aliados de Sntán (primt'T"{L parte: La Fracmasonería ).
En loe muros estaban fijas litografías amarillentas:
Un cristo marcbe.ndo sobre lae olas frente á. un milagro
de la Saleta, un Sagrado Corazón haciendo ptridmd á. una
Madre de loe eiete Dolores. Cerca de la chimenea un me•
d11.llón, en yeso, del Papa, coronaba un retrato, grabado,
de un misionero de gran barba, oon una dedicatoria
firmada.
Los sólos objeioe profanos, fuera del piano, eran dos
telas al aceite, obra de un artista del género. La una re•
presentaba á la Sra. Deecordee, que eonreia, en medio
de un traje negro, y la otra al Sr. Deecordee, que sonreía, en medio de un chaleco blanco. Sin eet.os eepéci•
mene del arte, esa pieza habría tenido ,completamente el
aspecto de un locutorio de convento, en que se sentfa 1 alrededor de sí, la atmósfera glacial.
Y sin embargo la Sra. Deecordee no tenía frío, cuando
precipitándose como un huracán, sin quitarse siquiera el
sombrero, se arrojó en un eillóu y exclamó trémula:
-¡ Por fin lo eé todo!
-¿Qué ea? ¿qué e€!? interrogaron las dos sefioritae,
abandonando precipitadamente el piano.
-¿De qué se trata? preguntó el Sr. Del!cordea, máe
tranquilo, levantando ene ojos anegados en la interesante lectura.
-¡Vengo de allá! ¡Qué escándalo! :Qué vergüenza!
¿Adivinais á quien he encontrado? Al eefior Subprefecto.
-¡No es posible! exclamó Angélica con una carcajada
q ne esta vez no tn vo eco.
-Bien lo babia yo dicho, añadió Díoedada, que palideció ligeramente.
- Pero de donde vienes tú entonces? preguntó ingenua.mente el set',or Deecordee.
-Vengo de casa del sef'ior Charlierl Ya me sospecha•
ba algo. He querido ver ......... Be vieto ....... .. He visto!
Eee subprefecto! Después de t.odo lo que le hemos dicho!
-El hecho es1 declaró el buen abogado que no dejaba
de tomar en cuenta las opiniones de Charlier, que no ee
en eu e&amp;lón donde se encuentra el puesto de un subprefecto conservador.
-A.já.l política tenemos! replicó la señora Deecordee
con despectivo tono ..... .... Tu no entiebdee nada ........ .
Hay cose.e que yo no puedo ein embargo decir ante estas
niñael El subprefecto e9taba instalado ahí.. ....... como en
su caea .... ..... tomando té ......... té en Cuaresma!!! con
tostadas de pan, enmantequilladael
-Enmantequilladael!I
-Sí! Y bacía que hojeaba el diccionario de Pablo, CO·
mo ayudándole en su trabajo.
-Y ella?
-Oh! ella ee muy astuta ......... tocaba el piano para

disimular. Yo creo que se puso á tocar cuando ':lle vió
venir.
-Pero, dijo el eefior Deacordes, que continuaba sin
compre1.tder; el subprefecto después de todo tiene el derecho de visitar á la eeftora Charlier. No viene acaso á vi·
Eitarnos también?
- Y osas comparai !. .... En primer lugar viene aquí....
ee dt:cir venía ......... porque sus visitas son cada diamó.e
nrae ...... ... Ya van doa·veces que declina nuestras invitaciones á comer ......... Esto no me sorprende; se ruborizaría de aparecer ante ee,oe ángeles, eaiiendo de don•
de sale.
- Vas quizá un poco )Pjoe, bija, dijo el abogado, cuya
inteligencia 1!8 dtepertaba por fin.
-Cállate! cá.llate Edmundo, ocú:,ate de tus negocios,
de tus est.udios ......... y no te mezcles en loe míos.
-Estás segura de que sean loe tuyos? murmuró tímidamente Edmundo.
-Loa mios! Acaso el deber de una buena cristiana no
ee velar no solamente en su ealud propia, 1:ino tanto
cuaoto le eea posible en la ealud de eu prójimo? Hace
largo tiempo que yo sospechaba esta intriga ......... pre•
gúntalo si nó é. tus hijas,
-Ohl eí, hace largo tiempo que mamá ve claro\
-No ee verdad? ......... Yo en primer lugu nunca me
engafl.o ......... Qué querían decir eeoe gas\os ineeneat.os
que hac.ia en su casa tst-a marqueea? Esos arr gloe de su
casa .... ..... eeae compras de muebles donde ee comen el
dinero del pobre Char'1er?
- Oh! dijo el abogado ..... .... lo que ella ee coma no ha
de ser tanto como lo que Charlier se beba.
-Jlccididamente tú comas su partido.
-No, no, no!. ....... . Tú debes tener razón ...... tó. tienes ciertament.e razón......... Es evidente que si el Sr.
de la Haye buecaba palabras en un diccionario, no eeeea
la natural ocupación de un subprefecto.
-Qué caras pueieron al vert.e, mamá?
-Oh!. ..... tienen un aplomo ...... No parecieron turbaree en moElo alguno .... .. El eenor de la Haye me preguntó por ua1edes y la et:fiora Charlier me ofreció té. Yo
respondí con un tono que ella debió comprender:
-Ya eabeie pricna que yo observo laereglae de nue1:tra ean•
ta religión y que comer ó beberentlecomidae, interrumpe
el ayuno obligatorio de Cuaresma. E ineie~í mucho en la
palabra:pbligatorio. Deepuésme quedé poco tiempo .. Estaba eofocada ..... . Me dijeron adiós con mucha polít.1ca. ••·
salvo Pab!oque tenía el aspecto furiorn y que no dijo
nada.
-Pero, observó el sefior Deecordee, si Pablo eetáb~ ahí
entonces nada tiene de particular.
-Sí estaba; ei eetaba eeta vez ..... . pero no siempre está ahí.. .... Pobre nifio! Qué e:!ucación! qué ejemplos!
-Entonces, tú supones?
- Yo lo supongo todo ...... todo.... .. Yo no puedo de•
cir más en este momento ...... Pero aun ea tiempo de pre-venir ... ... Si no es demasiado tarde ..... . El primer deber
que me incumbe ee prevenir á Charlier .. .... lo veré ma•
ñana e!l la mailana.
-SL. .... en la noche no siempre está. muy lucido ..... .
Pero acaso no valdría mas ........ .
-Qué!
-!fo meterse en nada
-Pobre hombre! he ahí su apatía ...... no meterse en
nada! Ah! si no estuvieees mae que tú para defender la
religión!.. .... Y no ves que hay doe almae que salvar....
tres acaso ...... Porque ahi. eetá ese desgraciado nifio que
ea preciso preservar de la gangrena ...... No, no, yo no
cejaré en eeta tarea ...... Puesto que Dios ha permitido
quedernubra esos horroree, ee este un signo de la misión
que me da de ponerles término. Yo eabré llenarla.
-Como quierae1 hija, dijo filosóficamente el abogado,
prosiguiendo e11 lectura.
- Vamos Diosdada .... .. Repitamos una nz más en tanto que mamá se quita el sombrero. No tenemoamáeque
dos dias antes de la l!eaión de la conferencia.
y piadosamente á loa acordes del piano las vocee de
loe doe ángeles tornaron á. cantar al unísono:

Inmenso Juego me inflama,
E inunda de claridr.id,

8ie11lo en mí dirina llama,
Me impulsa lara.ri&lt;lad!
Me impul&amp;at me impulóa la caridad.

X
Ohl cuan difícil ea hacer el bien! Cuantoedeberes 9ne
llenar! CaanM&gt;e obstáculos surgen y de loe más impre·
vistos! como por ejemplo, la ob&amp;Unación misma deaque•
Jloe á. quienes se presta el servicio!
Y ein embargo, no hay que deealentarsa jamás. La
perseverancia es el cumplimiento de la virtud. Solo por·
ella se adquieren verdaderos méritos.
Estas reflexiones, amargas y alentadoras á. la vez, eran
hechas por la eefl.ora Deecordee, después de una convereación donde había ensayado aunque en vano infundir
eoepechae á. Charlier.
Este, justamente de buen humor el di.a de la conver•
eación, comenzó por 1eir de las advertencias, y final·
mente movió los hombroe. Su orgullo ni siquiera Je permitía la sospt cha.
-Nada me dices que yo no eepa, respondió. Loe famosos gaetoe de que me hablas, consisten en doe luises
que dí á.Ma1ta y ea el precio de un brazale'-8 que ella.
vendió, con lo cual se arrt-gla ptira componer la caea. Por
lo demás, no mt disgusta, cuando tntro, en.l(.ntrar nuestro viejo rincón embe1Jec1do.
«En cuanto al eubprdecto, he autorizado á Marta para recibirlo.
«Eeo di vierte á. eetoe noble:ii, brabatear entre ellos. Ca.·
da uno tiene su leogua, no ea verdad? y guata de hablar
algunas veces. E~ como vosotros que teneis vuestra ger •
ga de iglesia y yo que tengo mis diecureoe de taberna.
11Crees que un pico blauco como ese iba á. inquietará..
un horubre como y(l'l.. ....... Vamoe, cálmat~ ... ...... Déja•
los tranquilos y á mí también ......... Ocúpate de tus cuus ..... . Si quieres vigilar, ya te cayó quehacer ...... Toma,.
y yo sé una hietoria sobre el padrecito Chavasieux ... ..,.
Quieres que te la cuentt? ........ .
La Sra. Deecordee hubo de escaparse perdigoá.ndo9e.
-Ptiro deepuéE de t.odo ee dijo¡ yo no combato por
eal var el honor de Charlier ... .. .... No hace caso, allá E&amp;
lo haya ..... . Yo combato por caridad, por ealvar dos al·
mae, y debo continuar.
Acaso habría podido añadir que la animosidad nutrida desde hacía largo tiempo contra aquella uhija de mar•
quée,» demasiado audaz para escapar á eu dominio, no
era extraña á. eu celo ....... . .
A pesar de su seguridad aparente,~Charlier, aun cuan•
do no fueee más que para quitarse la máe mínima preocupación, vigiló algún tiempo. Nada de eoepechoeo notó.
Jamás, á ninguna hora, encont.ró al subprefecto en su
casa. Al día eig11iente de la aparición de la Sra. Descordee, Savinien t.omó unas vacacion~s de un mee, y sólo el
mensajero que llevaba sus cart.ae á. Marta ó á Pablo, y
Francisca que ponían las respuestas en el buzón, y el re·
ceptor de correos hubieran podido revelar el lugar de su re•
eidenoia. Charlier, perfectamente tranquilizado, continuó
tranquilamente eue coetumbre9 de taberna, declarándo·
se á sí mismo qae su prima estaba loca~
La Sra. Deecordee reconoció que se había equivocado.
No se toma una plaza fuerte, por asalto, al primer gol·
pe. Ee preciso rodearla de líneas de citeunvalación,.
aproximarse peco á poco con inteligentes tanteos, hacer
una brecha, y solamente entonces ee logra el ataque 11.
vi va fuerza.
Tal como un general que no considera la campaiia perdida, por un fracaso de la vanguardia, la Sra. Deecordee púsoi:e en obra con nuevo aliento, después de haber
prendido un cirio por el éxit.o de eue esfuerzos. Sus dos.
ángeles tomaron cerca de ella sus dos puestos de bata·
lla. Dioedada, sobre todo, se distinguía por el ardor de
su celo, llen{J de lt1 amargura de una esperanza deevanenecida.
Una palabra dicha á propósito, una confidencia b,í.bilmente cuchicheada al oido da una persona conocida.
por su indiecreción, un eubentendidoacentuado con una..
fina sonrisa, un silencio oportuno ......... no se necesitó.
má.e para que al cabo de quince díajtodo Ganneville es•
t.uvieee convencido. Quedaba establecido, sin duda po•
sible, que el eubprefecto \enía relaciones con la Sra.
Charlier y que ésta arruinaba á. su marido con tme locos
gastos de toilette y de moviliario.
La Sra. Valier aseguraba que ya más de diez mil francos habían sido engullidos. La Sra. Leautaud encontraba esta cifra exajerada ...... Según eue cálculos precisos,
no se elevaba más que á. siete mil quinientos francos.
Cada una de estas damas creía haber descubierto algo.
El mayor éxito fué para la Sra. Bouchard, la mujer

J

•• do AGOSTO d• ,. . 7

d el veterinario¡ esta afirmó que su marido, que había
madrugado cie1to día, percibió un hombre que deseen •
d ía á. lo largo de la casa por una escala de cuerdas. Este
h ombre no podía menos que ser el Sr. de la Haye. La
fea Belamy ensayó hacer notar que la dicha escala esta·
ba todavía en el día sirviendo á. un albaftil que arreglaba loe techos. Iudu-Jgencia inútil y casi sospechosa.
Era 110 axioma que el eubprefect.o escalaba por la noche
el balcón y no lo dejaba sino al canto de la alondra.
La popularidad ee efimera. La que había rodeado loe
comienzos de S:1vinien habíase disipado como el humo.
Desde hacía largo tiempo, absorto en su fraternal y san•
la ternura, había descuidado sus visitas, objeto, en otro
liempo de t8ntas ambiciones. I.a ¡:arienta anunciada
no habfa llegado. El famoso baile no ee había efoctua•
do. Las toilettee preparadas ee marchitaban en los armarios. Loe cajones y loe cartones de la9 Sritll9. Juglan
reventaban de adornos prematuros. Las seftoritae habían v11elt.o á. e9conder sus sonrisas y las madres eu be·
nevolencia. Loe gármenee que arrojaba la Sra. Daecordee
no podían menoe, e0bre un terreno propicio, que genni•
nar con rapidez: su nueva obu de caridad lograba un
éxito superior á toda esperanza.
De lae mujeres el movimiento ee extendía áloe hombree. Sa comenzó á. bromear en los cafés sobre loe amo•
ree del subprefecto. En el grupo de los paeeantee de la
gran plaza no había casi otro asunto de converaación.
Al gunos encontrabln esto muy divertido. O.Jmunicábanee un epigrama anónimo, tan necio como maligno, y
que lae gentes bien informadas, atribuían al inspector
prim ario, retirado, grueso y buen hombre, ventdpoten,e, cuyo ingenio igualaba á eu prosodia. El misterioso
papel iba de mano en mAno. Alguno aseguraba que ha•
bía sido puesto en mú~ica y se decía también que las se·
fl.oritae Deecordee lo cantaban al piano entre dos oá.ntieoe
religiosos.
Otros máe pudibundos, graves funcionario3 1 eepecial·
mente el conservador de las hipotecas y el eet.:lribano del
tribunal, gemían de que el representante del gobierno
perdiese así en placeres culpables el tiempo que debiera
consagrar á. loe asuntos del paie.
Cuando Sa.vinien volvió de sus vacaciones, la menor
perspicacia le habría perm:tido testificar los eignoe pre•
oureoree de una tempestad terrible. Pero su preocupación única era encontrar de nuevo la dulce intimidad en
que vivía entre Marta y P.ablo. Las reuniones tornaron
á. ser como en otro tiempo, tan eencil1aa, tan dulces y tan
puras.
Dos veces solamente se vió obligado á faltar. A la .entrada de la calleja que conducía á. la casa de Marta, ee
encontró paseantes ob:tioadoe que le salu'.laron sin que
é l notase eue sonrisa!:,, y deshizo el camino.
Se abrió entonces la puerta del jardín y en adelante
Savi nien entró por aquel camino discreto é ignorado.
Ignorado! acaso podía escapar alguna cosa' al ojo vigilante de la sen.ora DescNdee?
Caneada de vigilar y de hacer vigilar la cslleja donde
jamás ee percibía ya á. Saviníen, fué presa súbitamente
de un celo ardiente por un orfanatorio un paco deecui•
dado que ee encontraba situado precisamente en la calle
á la cual daba el jardín da Marta.
Esta nueva caridad fué bien pronto recompensada,
cuando vol vfa una noche con eue hijas de una visita á
eete establecimiento, rechinó una llave, se abrió una
puerta y las damas se encontraron frente á. frente de Savinien que salia del jardín. D~stanteado él lee saludó con
poca destreza.

XI
Cnando una mosca se posa en la frente, se la arroja die•
i raidamente. Pero la paciencia má9 experimentada, no
resiste á. la insistencia persiete,nte de su tenacidad. Rechazada de na lado, vuelve del otro, siempre, incesante·
mente, ein tregua, infatigable en eu zumbido, implaca•
ble en su cuchicheo, y eete enplicio continuo acaba por
exasperar al eer menos nervioso.
La primera vez que, en uno de sus cafés habituales, un
amigo un poco exc:tado hizo á Charlier una alusión á lae
aeiduidades del subprefecto, él se contentó con reir. La
Eegunda· vez se enfadó. La tercer.; se quedó silencioso y
t urbado.
El personal de loe establecimientos donde se pasaba su
vida, no busca ni la delicadeza ni la variedad de lae bro.Dl.ae. Cuando ha eucontrado una vena la explota sin tre-

IEL MUNDO

gua ni reposo. Cbarlier era acogido todoe loe diae con loa
mismoe chietee, seguidos de las mismas risas.
-Buenos días Babieca le gritaba el veterinario B0u •
chard desde que entraba.
En apariencia Charlier no ee irritaba fingiendo aún algunas veces, compartir la hilaridad general ó respondiendo con una grosería. P~ro la cólera se amasaba poco á. po·
co en eu corazón.
Se notó que bebía má.e aún . Sue ojos ee extraviaban,
eue manos temblaban con un movimiento convnleivo, su
voz se volvía ronca, eu roetropaeaba súbitamente de una
rubicundez inflamada á. una palidez de muerte. Cuando
volvía á. su CHa no se exaltaba ya pero ee encerraba en
un silencio profundo, con la mirada fija, como obeeeiol'..!a·
do por pensamiento único. Inmediatamente que tomaba
su almuerzo, ealfa, errando al azar con un paso mecáni•
co, después volvía á eu café donde lae mismas bromaeJa•
mas caneadas, ealudaban eu entrada. Un médico habría
reconocido pronto el delirio alcohólico que se desarrolla•
bacada día más en el infeliz.
Un día á la siesta, llamó á la puerta de la Sra. Deecordea. Toda la familia ee enc0t1traba reunida en el salón,
eu entrada produjo asombro: jamás la visita.ha. Con la
mirada extraviada y vidriosa, ee había detenido bajo el
din.te}, y daba miedo verle.
El Sr. Deecordee muy conmovido, le ofreció asiento.
No vale la pena, respondió él con una voz seca, a van•
zando con la fealdad de una momia hasta la median fa
del salón donde apoyó una maro sobre la mesa. Para lo
que voy á deoir no se gastará mucbo tiempo.
Fijó en la Sra. Deecordes una mirada y continuó:
-Tn me hae dicho que hace dos meses encontraste al
Sr. de la Haye inetalado en el ealón de Marta. ¿Qué has
peneado de eso?
-Pero ..... .... amigo mío ......... Juan ...... veamos .... . .
siéntate ........ . platicaremos ........ .
-No vale la pena ...... por última vez, respóndeme.
-Dios mío! Yo he pensado, oh! nada, nada malo. Solo que por tu interée1 y por el de Marta, he creído que
valdría me.e .... ..... ya sabea, hay lenguas viperinas ..... .
frecuentemente las coeae máe honestaf.l ..... .
-B1eta de charla ...... con esto no acabaríamos mana.
na...... En una palabra, tú has pensado que el eefior de
la Haye tenía algo que ver con Marta.
-Oh! Juan! protestó el Eeíior Detcordee que se había
atrincherado detrás de la mesa.
-Delante de eetae ninael ......... ai'ladió la eef'íora Deecordee.
-Pardiez! se diría que salen tus hijas de la falda de la
nodriza! Tu les has dicho la cosa y yo les digo las palabras que la expreean! Aeí pues, tú piensas que el eenor
de la IIaye tiene algo con mi mujer.
-No ......... no!
-Entonces porqué lo has contado por toda la población?
-Yo, jamás! jamás!
-Tú lo t~ae dicho á las beatas de tus amigas que Jo han
dicho á otras, que lo han repetido. Ea la actualidad eso
corre por lae callee ...... Marta está deshonrada y yo, soy
objeto de riea. Y eres t,í la que bae hecho eeo, tú, tú eo•
la, lo entiendee? Oh! yo eé bien que no hae de haber di.
cho la cosa aeí, crudamente como yo. Vosotras encont.raie medio üe serviros de palabras muy meloeae, muy
azucaradas ......... pero dentro está. el veneno. Aeí pues
¡ú lo he.e hecho. Escúchame bien: tengo doe cosas que
declararte: la primera ee que te desprecio como á 1a última de lae últimas ... ..... .
-Oh! Juan! exclamó el señor Descordee incapaz de
máe energía.
-Y vos también polla moj.1da! Yo no soy gran cosa,
lo sé. Pero, óyelo bien, prima, valgo máe con mi dedo
mefíique que tú con todas tue virtudee ...... Yo no hablo
mal de las gentes detrae de ellas ...... ... Si tengo algo ma•
lo que decir de alguien, ee lo digo en la cara, y ei tengo
las pruebas ......... ya está.!
Ahora oye la otra coea ........ .
Tan cierto como que me llamo Charlier y que eetoy
en mis cinco sentidos aunque me creehr ebrio, verdad?
si Marta ee culpable, la mataré ......... si ea inocente, llt.
mataré I En todo caso correrá. la sangre y tú eeráe la cul•
pable ......... Bé aquí lo que tenía que decirte, adiós!
Alejá.base en medio del silencio espantado de todos,
cuando Dioedada, lanzándose del rincón donde se había
reíugiado, se arrojó ante él con un aspecto extraviado.

-¡Vuestra Marta inocente! exclamó ......... Id, puee, á
la callejuela que está á. la espalda de vueelro jardín, en
la tarde, á las cuatro y ved si mire.is entrar al Sr. de la
Haye por la puertecilla ....... . de cuatro á Eeie ......... ¿en•
tendeiE.? ......... c1n su llave ......... Sabreis así ei mamli ha
mentido y si no hay algo entre él y vuestra mujer ... ..... .
¡sí, y desde hace largo tiempo!
Cbarlier, sin responder, hirió de un pufietai:o el vaso
de musgo artificial, que se hundió hecho pedazos en i&amp;¡
alfombra. Después salió la Sra. Deecordee casi orgullo•
ea: admiraba á. eu bij:I en tanto q11e el abogado, con la
cabeza entre lae n:.anoe, gemía:
-¡Oh Juan ......... Diosdada! ......... Dios mío....... Dios
mfo ....... .. l
Cuando, levantando la cabeza, y esiuvo cierte de que
Charlier había partido, Je volvió el valor.
-No queda má.e que una coea que hacer, exclamó ..... .
Angélica ........ . pronto ..... .... mi sombrero ........ .
-Tu te quedas dapá, ordenó Deosdada con todo aute·ritario ....... Que ellos se arreglen ...... Nosotros no noe
metamos en nada.
-Pero hae ofdo. ·
-Si, he oído que si no tiene pruebas amenaza con matará. mi mámá, Pues bien! IM tendrá viendo al Sr. de
la Raye entrar á su caea como un ladrón por una puerta secreta ......... Eoióncee que suceda lo que haya de
suceder ... ..... .
-Oh! Dios mío, Dios mío, que va á. acóntecer? balbu•
ceó el abrgado. volviendo á caer en eu sillón.
SJna;on lae cuatro en la igleeia. La cuarta campanada
vibraba aún cuando Sa ~inien apareció en la ex~remidad
de la calle.
Charlier, oculto en el nnrco de una puerta, le ob•
servaba.
Con paso rápido Savinien rndirigió hacia Ja puerta del
jardín, la abrió y deeapareció.
Cbarlier df'jó ent.onces su el!condite, muy pá.lido. Sa•
lió de la calleja, eotró á. Ja gran plaza y ee dirigió á eu
café. Ahi se hizo eavir. copa trae copa, ajenjo, que
tragó puro, cognac y ruh m. Sus amigos lo habían interpelado, sin recibir respuesta. Con movimiento automá•
t.ico se levantó, arrojó cinco francos sobre la mesa y se fué.
-Diablo!. ..... dijo uno de loe bebedores. No tiene
buen aspecto.
-¿Qué ee lo que tiene?
- Yo me cuidaría de saberlo.
-Se diría que va á hacer alguna barbaridad.
•-Si le E-iguiéeemoe ... .. .
-Sigámoele.
Dos ó tres se levantaron y volvieron bien pronto
riendo.
-Bah! ee ha vuelto tranquilamente á su casa. Dentro
de un cuarto de hora roncará.
Charlier en efecto Uabfa vuelto á su casa. Por dueflo
que pareciese de eue movimientos, dejó caer bruecamente el martillo del zsguá.n.
Francisca, admirada, le vió que atravesaba el patio y
antes que t.uviese tiempo de llegar ella de un salto llegó al rnlón 1 donde apacibles como de ordinario, Marta,
Savinien y Pablo tomaban el té.
-Señora! eeíiora!. ..... ahí está el eefl.or!. ..... y con un
aspecto ...... Loe tres se levantaron.
Marta se lanzó hacia Savinien.
-Idos, exclamó asustada.
Pablo eepantadó de un desconocido peligro, tomó la
mano del subprefecto y lo arraetró al jardín.
Charlier se había detenido en la p:eza de Francisca,
donde se encontraba la panoplia. Tomó el revólver, hizo jugar la batería y entró al salón.
Marta estaba sola con Francisca.
Charlier lae miró un instante, vacilando. Pero eue
ojos se inclinaron sobre la mesa y vieron tres tazas de
té Y cerca de una medio llena, un par de guantee de
hombre.
Entonces bruEcamente levantó la mano, ee oyó una
detonacióu y Marta cayó lanzando un gran grito.
En tanto que Franciecaee precipitaba bacía ella, Charlier con los ojos desmesuradamente abiertos, aplicó el
revolver sob, e sus sienes, apretó el JJamador, salió el
tiro y cayó pesadamente.

( Cvntilrnará)

�EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

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.

;~··

,-,. _ ..

,'\'

..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 8, Agosto 22</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Corazón de sacerdote</name>
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        <name>Damas mexicanas</name>
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        <name>Doctor Carlos Glass</name>
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        <name>El asesinato de palma-sola</name>
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        <name>Globo terrestre</name>
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        <name>Herr Andreé</name>
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        <name>Juventud criminal</name>
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                    <text>EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

/J

.

;~··

,-,. _ ..

,'\'

..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

�DOMINGO 29 de AGOSTO de 119_7,

EL MUNDO

••EL M'UNJJO,,
Semanario Ilustrado.

l'e16fono 434,-Calle de Tiburcio nüm. ao.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re4acci6n, debe aer dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.

,Dlítka ®ttttral.
RlSUMEN -El Presidente hure en Rusla.-Pomposa recepc1ón,-EI elemento oficial y el sentimlen•
to público.- El Czar en París y M. Faurcen Peterhof.
-Paradojas.-Poslbllldad ae la alianza francorusa.-Como se dlacutc.-La lnaurrecclón ae los
afridaa.-EI Imperio de las Indias y el Afa;aniatán.
-Laadisputaa en Aala.-Probables complicaclonea.-La perfidia mahometana.-Muertc del Presidente de Uru1uay.-EI anarquismo en América.
-Conclusión.

Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la qorrespondencia que ee relacione con la edición
&lt;debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguet.
La aubacripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al

mes, y se cobra por trimestres adelantados.
Números sueltos, 60 cent&amp;vos.
To do paco debe ser precisamente adelantado,
REGIBTBA.DO COMO ARTÍCULO DX BBOUNDA CLASB.

tn,gta5 tbitt1rialt5.
Q;l tl!illltill bel bía.
¡Imposible hablar de otra cosa que de la inesperada al•
za del cambio eobre el ext.raujero! La crisis que peea sobre el valor de !tl plata ha alcanzado un periodo de ex•
traordinaria agudeza, y es creencia general que esta vio•
lencia de la t:iituación deierminará necesariamente un
equilibrio. En los bechos económicos como en los socialee, el remedio de una enfermedad se encuentra en loe
caracteres de la misma dolencia.
La depreciación de la plata no ea, sin embargo, un fenómeno económico que nos sorprenda por vez primera:
hace más de diez años que venimos apreciando sus efectos, ydeede entonce&amp;, el paia aeha provisrodesuficienteserenidad para afrontar con juicio y recto criterio el que
antafio nos parecia un golpe de muerte asestado á la riqueza micional. Loe hechos deearrolladoeen este espacio
de tiempo nos ban dado á entender, que en el problema
monetario México ha encontrado elementos para afianzar
su prosperidad y dotar el trabajo del país de nuevos úti•
lee, interesantes para el progreso económico.
Demasiado se ha ineietido acerca del aliciente ofrecido
li las industrias por la baja del metal blanco, para apoderaree de un tema que no está á discusión¡ pero eí convie•
ne hacer observar cómo se ajustan loa hechos á la enunciación de la teoría. En loa momentos en que el boletín
de la Bolea nos presenta un tipo de cambio de 145 por
ciento, la prensa diaria sen.ala reuniones de hombrea de
negocios y capitalistas, agrupad( a con objeto de acame•
tier empresas i1.i,duatrialea y explot:icionee agrícolas, im·
pulsadas por la crisis. Loa paieea de talón oro eeilin, de
tal sb.erte, ejerciendo una especie de proteccionismo en fa.
vor de loe 9,ue tienen la plata como base monetiaria.
Nuestra unica preocupación gira puramenMl en el or•
den :fiaoal, y aun dentro deeate círculo, el eneanche de la
riqueza pública ea la mejo_r garantía de la resolución del
problema.

QH anarqni!intll 1J la baia be la plata.
Mientras del otro lado del Océano la fiebre de la deat;rucción hace sus víctimas y amenaza el orden y el bien•
estar sociales con las explosiones de su ierrib!e programa, nueetra República, de formación reciente, coniem·
pla sin a¡,rensionee ni temores estos lúgubres dramas.
Ni una vaga sospecha se ha despertado sobre la poai•
bilidad del anarquismo en México; y ea que las condiciones para que brote esta planta de floree sangrientas
reclaman un terreno regado por el 1lanto de la miseria y
abonado por el humus del hambre. Para llegar á eat;e
grado de desesperación sombría :culintaa víctimas aplastadas! ¡qué enorme masa humana triturada!
A. :a cu11q11i81.n del pan corren esos desesperados, retratados de mano maestra por el ruso Kropotkin, y el pcm
B'3 evade de sus manos, cuando loe cardenales del látigo
descargado sobre muchas generaciones aun no desaparecen. Entonces el hombre ·acorralado se vYelve fiera,
que ea necesario cazar como al oso y perseguir como al
lobo.
En el fondo de eat.aa tragedias clava eu garra el pro•
blema económico.: días sin alimentación, lúgubres no•
ches glaciales1 cuerpos inanimados ......... la lucha por la
vida, cada vez más ruda, cada día más einieaira.
Y en tanto, loe que de lejos presenciamos loa acontecí•
mientoa yernos inaugurarse para nuestra patria una épo•
ca de gran impulso industrial, vislumbramos u.na activa
demanda de brazoa1 la elevación de loe salarios, el ensanche del bienestar ent.re todas las clases.
Se tiene razón al aeeniar que el anarquismo no vendrá
á hacer su aparición eombrla en el territorio mexicano.
A.caso se encuenire en lo justo un pensador ilustre,
cuandopresenia á los pueblos americanos como los sal·
vadores de la civilización.

Con toda la pompa de la fastuosa corte moscovita, y
en medio del 1't-gomjo de todo bl pueblo ruso, ha sido re·
cibido el Pre1üd1;mte de la R~pública Francesa en el cas·
t.illo de Peterhof.
Así como llamaba la atenci6n en el pasado Octubre, ver
al pueblo francés eniueiasmado hasta el.delirio, para aga·
sajar dignamente á. loa .l:!:mperadores de Rusia que se
dignarou visitar Ja ciudad de la Comuna; aei como era de
e:urañaree ver esos hom~najes en loe.buenos parisien&amp;ee.
01gu1loeos con su tradición ,epublicana, encantados de
eu historia democrát.ica, que comienza en la sangrienta
soma de la Baaiilla, St, cónünúa en las barricadas de 1830,
toigue en las poéLicaa peroraciones de Lamartine que acau•
dllla la revolución dt, 1848, y de eslabón eneelaoón llega
haaia loe faudicoa rnccudios que envuelven en llamad
destructoras, lo mismo el Monte A ventino-el,Hotel-dti·Ville-q ue el Capitolio-las Tulleríaa;-aaítambién causa
extrañ~za ver á. loa rusos actictoa db iodo corazón á la
monarqu1a, devo1,os abnegados de su st-ñor li quien ape·
lhdan padre, servidores leales del trono y adwiradores
de su glorioea dinastía, rendir loa tribusoa de su respeto
y ofrecer homenajes de alia consideración el repreeen tante de uoa democracia, al que tremola en sus manos la
ensena tricolor de Francia, que significa la revolución. al
humilde cmdadano elevado á la primera magist.rat.ura no
por derecho divino ni por pragmti.,icas reales ó abolengos
lt!gendarioa, sino por el voso dt:l 1aa mayorías abrumado·
ras, emit,ido por la representación naciooal.

•*•
Sea como fuere: las fiestas celebradas en San Petersburgo y en PeterB.of para honrar á. M. Faure, son la prencta
segura de una unión real, de una alianza efdc~i va entre
las dos poderosas naoi•Jnes -que tratan de equilibrar y
formar contrapeso de aha significación á la iotiueocia que
ejerce en loa destines de Europa la Triple Alianza.
Podrá discuiirse la ex1ar.encia de uaiado:J formales que
aarcioneu la alianza franco-rusa; acaso en el seno de 10a
gabineies y en l&lt;Js misterios obscuros de la diplomacia no
haya más que cordial eimpaifa, que buena voluntad, que
inteligencia franca, preparando t-1 camino á una. futura
convención¡ Sal vez tengan razón loa que ponen en duda
esos tratadoe, y quienes loe critican desde antes de cJnocerloa, alegando que la omnipotente Rusia tr.i.ta de ex•
plohr el temperamento lasino, fácil de ensrar en eíerves•
cencia y el ingente patriotismo de loe franceses, guiada
por miras egoisticas.
Pero al ver las corrientes de fraternidad que pasan de
uno á otro pueblo, al ver el creciente amor y la mutua
admiración 4110 ee manifiestan entre loa dos países, entre
el imperio ausocrático y la república popular; al ver có~
mo aumentan loe intereses que atan con lazos estrechos
á. las dos naciones, y al palpar que las manifesiaciones de
simpatía y de adheaion no se hmitan á las esferas oficiales, sino que arraigan profundamente en las diversas capas de la sociedad, lo mismo en Rusia que en Francia,
igual entre los pueblos eeclavonea, fríos y calculadores
como todas las razas del Norte, que entre los de origen
latino, entnaiaetaa é impresionables sobre t.oda ponderación, no podemos menos de cr~er en la exietenc~a efecti·
va de la diacu,ida alianza.
No importa que con demostraciones semejantes á las
que ha recibido M. Faure se haya festejado hace muy
poco al arrebatado Emperador de Alemania. En lo que
se relaciona con el elemento oficial, con la alta correccion,
con la rígida etiqueta que debe haber en la corte impe•
rial de Peiersburgo, puede afirmarse que iguales demost;racionea ee han hecho al monarca teutón que al preai•
dente francés.
Pero lo que forma parte del sent.imíento público y se
adivina en las informaciones que hasta hoy se han comunicado, nadie negará que hi partida se ha decidido
en favor de Francia.
La entente que comeuz6 por la espléndida recepción de
la escuadra francesa en aguas de CronatadL ha tenido un
digno coronamiento en loa pomposos festivales de Pe•
ierhof.

*
**

Una nube negra prenada de tormenta se levanta ame·
nazadora para el gran Imperio Británico en el cielo azul
de sus vastas posesiones indianas.
Sea que algunas tribus feroces ó remontadas en la fron•
tera afgana hayan sentido el ac!cate del hambre y la miseria que han asolado la península indostánica, sea qhe
á su interior hayan llegado loa ecos del fanatismo rebelde cont.ra la higiene inglesa, en medio de loe horrores de
la peste, ello es que la ineurrecoión, que había estallado en puntos aislados y fácilmente accesiblea1 acaba de
comunicarse á loa belicosos afrldaa, que en formidables
masas se levantan contra el gobierno inglés del que apenas eran simples tributarioe.
Si .la presente .rebelib.n ha sido provocada por las condiciones especiales en que ee encuentra la India Británica, con alguna d:ficultad, luchando contra las asperezas
de las montaf'ias, contra las agrias pendien~es de ioe valles escondidos, en que habitan loe rebelde..i, será poei•
ble en plazo más ó menos remoto dominar la insurrecclón.
Pero puede haber algo más que el consejo torpe del

fanatismo ó la ineinurción aviesa de la miseria en la pre•
Bdnle,inaurrección. Acaso el Emir de Afganistán. pérfi.t
do como todos loa mahomesanoe y frío Cblculador como.
t,odoa loe sectarios del Corán, sea el instigador de last,ribua rebeldes, el agitador de las masas que las empuja
y lanza contra la Gran Bretafia, por más que ee le oiga
jurar como buen musulmán, protestando de eu inocencia
Dos son las grandefl naciones que se dividen el tenit.o"
ria y sordamente se disputan la preponderancia y el dominio en el continente asiático: Rusia é Ioglaterra.
Apartadas por altas cordilleras, divididas por csmdalosoB-,.
ríos, las vaetae posesiones de loa dos imperios, están unidas por una serie de pueblos informes y mal de:6.nidoe, _
por una cadena de movedizas agrupaciones sociales, fáciles de someter por la aaiucia y dificilee de dominar por
la futrza. Centro de esas agrupaciones ea el Afganistán:
su omnipotente Emires alternativamente lisonjeado por.·
loa gobiernos de Londres y San Peieebur,o.
¿Quién pudiera afirmar que la actual 1n1mrrección de .
loa afridaa no es provocada por una perfidia de Abderrhaman para adulará Nicolae II en contra de loa ingleses? Si así fuera, aparte de las dificultades que consigo
mismo trae aparejado el actual levantamiento de esas~
tribus guerrerae, habría que pensar en serias complicaciones para un porvenir no remoto, entre las dos grandes
potencias que se disputan el imperio del Asia.
Entonces el gobierno ingles tendría delante de si, no
solo las bordas indisciplinadas y f,..rocee, indomables y
valientes de la frontera afgano-indica, sino también loa~
innúmeros ejércitos del Czar Nicolás II.
¿No sería ésta la primera aplicación práctica de loa
grandes ferrocarriles estratéjicoa que tan costosos han
sido al Imperio ruso·?

*
**

Aun no pasaba la dolorosa impreeión que produjo en
el mundo civilizado el crimen de Smt.a Agueda, t.odavía
no ae extinguían en el espacio las protestas enérgicas
que brotaron de todos loe labios por la trágica deaapari·
cion del señor Cánovae del CaEtillo, cuando eJ telégrafo
nos comunica la muer~ violenta y en circunstancias
idénticas, de Don Juan Idiarte BJrda, Presidente de la.
República del Uruguay.
Si nos explicamC'a y encontramos ó pre~n.demos hallar la tenebrosa filiación del 11,narq uiemo en las naciones
'Europeae, nos parece muy extrat'io1 contradictorio, anti-.
t;é1,ico, y hasta sobrenatural que fonómenoa semejaniee
se produzcan en el seno de la libre América.
No podemcs creer en la realidad de esos hechos eom•
bríos, loa rechazamos como absurdos y contrarios li la
naturaleza de las cosas, y sin ninguna relación con el
medio en que 1:ie producen.
Que loa pueblos, abrumados por el complicado anda•
miage de un aparato gubernamental, extraordinario,
lancen quejas doloroeae; que loe países, agoviados por
el inIQ.enao peso de la paz armada, se lamenten con tris•
teza¡ que las agrupaciones industriales y agrícolas, explotadas por loa grandes sindicatos y loe omnipotentes
capitales. giman en su miseria; que en las sombras de su,
i~norancia y en las tinieblas de ~u dol!)r hagan explosión, á veces, en tremendas mamíeitac1onea de salvajismo extraordinario: no loe disculpamos, eterna maldición
sobre ellos; pero al fin sus angustias tienen una causa.
Pero entre nosotros ¿qué puede da1 pábulo al anarquismo? ¿dónde está el suelo empobrecido, la civilización
caduca propicia al desarrollo de esa planta envenenada?
¿dónde loa antros infectos que den abrigo á loe RJVa•
cho!? ........ .

Fruto de la importación de contrabando, el anarquismo
-lo decimos con todo nuestro orgullo de americanosno podrá desarrollarse en nuestra tierra virgen: en nuestras sociedades de ayer pero encaminadas con entusiasmo juvenil bacía un hermoso porvenir.
Que esta satisfacción no nos aparte sin embargo, de
sentir hondo pesar, por lo tragica muerte del PreeitlenteBorda.
X. X. X,
Agosto 26 de 1897.

LA BELLEZA FEMENINA Y LA MODA ..
Cuando se estudia la moda, eepeCialmente en el transcurso del último siglo, para tratar de descubrir la ley·
que la rige, los principios que la norman 1 loe impulsos.
á cuya virtud evoluciona y se traneforma1 no tarda en,
descubrirse que su tendencia predominante, su aspiración suprema y su norte invar(able son la variedad y la.
profusión.
La_ caprich~ea rein~ que tiene sometida á perpetuo vaeallaJe á la mitad meJor y más bella de la huma!lidad y·
á una parte no despreciable de Ja oira mitad, no parece
preocuQarae ya, poco ni mucho, de embellecer á la mujer
de realzar sus naturalfla encantos, de hacerla m,a magea:·
tuoaa ó más graciosa, más seductora y más digoa de ser
contemplada¡ menos aún se preocupa de protegerla contra la i_nt.emperie, de vestirla y ata viaria co~ desahogo y
comodidad, de proteger su cuerpo contra la rnclemencia
de precaver eua formas contra la deformación ó de BSt,:
gurar el funcionamiento expedito de eue miembros y de.
sus órganos; no: sedienta de novedad y de variedad deja á un lado la estética por elcanzar la extravagancia y
menosprecia la higiene pg,ra llegar á la variedad.
Una vez vestida, la primera preocupación de una mujer ea desnudarse. No_ bien !egresa de la calle, del paseo,.
del eepectáculo 1 su pnmer impulso ea desceñirse el coreé que la.ae.fh:ía, desabrochar el c~ello que la extran¡ula, desp?J~r el calzado que la mortifica, y suelta, deaceñi•
da, el pté Jugueteando dentro de la pantufla, reclinarse
en el canapé, columpiarse en la mecedora, descansar un
poco de tanta ruoleat.ia y de tania tortura y dejar tirado
el fardo de elegancia que llevaba á cuestas.
Con su c~mi~ta, su camisón, su corsé, !U cubre-coreé.
su enagua mterior, su sobre enagua 1 su falda, su corpi•

DD ■ IIGO 20 do AGOSTO do 1897

no, su manteleta, su sombrero, sus guantes, su sombrilla, su bolea de mano, su tarJetero, su bombonera¡ con
aue sortijas, pendientes, prendedoree,collaree, reloj¡ y eu
frasco de salea, una muJer vestida pesa veint~ ó trem~
quilos más que desnuda, ein contar el ouat.e, loa poeii•
zoe, ooinetaa, horquillas y demás perendengues indiapenaablee. Cuando una mujer dice voy á vestirme ee sabe bien cuando empieza, pero no cuando acabará y para
desnudarse necesita siempre alguieu que la ayude.
La misma profusión se obrnrva en el ornato y decorado de cada prenda de uso¡ en:e1 sombrero se dan cita todas
las floree de loa campos y todas las plumas de las aves;
en las faldas y corpiflos espuman todos los encajes, ondean todos loe volantes, flamean todoe loa liatones; en las
orejas y en la cabellera chispean constelaciones, en loa
brazos ee enroscan víboras de oro con ojos de esmeralda, en el seno descanean lagartija.a y escarabajos de ea•
ma lte, al cuello ee ciñen apretados y múltiples loa hilos
de perlas, loe dedos se adelgazan· bajo la presión de las
1ortijas y las ligas se cierran con medias lunas de brillantes.
La Moda parece que aspira á acumular en cada mujer
todas las bellezas naturales, toda la flora de loa prados,
toda la fauna de loa boeques, todos loa celajes del ere•
púeculo, todos loa iris y todas las nubes y todos loa
astros.
.
En punto á variedad no le deja jamás punto de reposo. Hace todavía cincuenta afl.oa una señora decía: mi
vestido de moaré, mi mantilla eapafiola, mi gorro de paja y lo decía diez afias seguidos, como boy decimos: mi
ca ea, mi rancho ó mi familia. Aquellas prendas eran ~ei Biempre las mismas¡ el vestido negro de moaré que fi.
guraba en la canastilla de donas, acompaflaba á la da •
ma li todas las funciones de iglesia, á todas las procesiones del Corpus, á todos loe péeames del Viérnee Santo y
la seguía :fielmente hast.a la tumba. Había faldas solariegas y mantillas tradicionales y hereditarias como loe
pergaminos nobiliarios. Como ni el corte ni la confección variaban y como la industria inveniaba pocas varíedade« de telas, un traje podía llevarse anos enteros
con propiedad y elt'gancia.
Hoy t.odo ha cambiado: en las telas giran todos los coloree como en el disco de Newton¡ la tistructura, la tez y
la consistencia de los tejidos cambian veinte veces por
afio : el catálogo de las telas ea más voluminoso que el de
una biblioteca pública; el corte y la confección aníren
metamórfoaia sin cuent.o, que parecen más bien, por lo
rápidas, lo bruscas, lo inesperadas y lo incoherentes,
convuli,iones epilépticas¡ las faldas ee alargan ó ee acor•
tan de un mee para el mea siguiente; loe talles se ahuecan
ó ee eakecban de una semana á. la oira; la manga ajustada
de antier fué ayer un globo de Cantoya y boyuna cabeza
de elefante. Loa sombreros pasan casi sin transición de la
caiegoría de solideo á la de tienda de campaila¡ unas
veces el calzado sube hasta media pierna como bota de
h úsar y osraa desciende, en equilibrio inestable, hasta abajo del tobillo; ei eu primavera privan loa coloree
vivoe1 en estío imperan loa pálidos, en oioflo loe gri·
saceoa y en invierno los obscuros.
Nada permanece fijo, estable, permanente; ee gasta u,na
eenora cienó doscientos pesos en un abrigo, lo usa dos ó
tres veces durante el invierno; al afio vellldero la moda
ha cambiado: tela, corte, adorno, todo ha pai.ado dt: 1110•
da y hay que abandon&amp;r intacta la prenaa ·y adquirir
otra.
Todo esto, estando muy mal, estaría muy bien, si en
medio de eea variación incesante y de eaa profusión inaudita, la moda l!e preocupara un poco siquiera de la comodidad, da la higiene de la mujer ó por lo menos se ina·
pirara en loe principios de una estética racional¡ pero Jejas de eso, lll capricboi:a deidad parece haberse encnado
con la higiene y con la estética Y habetlee lanzado un
reto altanero y brutal.
A la higiene, desde luego, porque ¿de dónde ha eaca•
do la moaa que el pie acaba en punta? y que el talón La
de reposar más al\O que los dedos? Consultemos con la
anatomía y la estatuaria y ellliB noE dirán que el pie es
más estrecho del lado del talón y que éste descansa á nt·
vel con la planta. No ha nece,ütiado más la moda para
p rescribir el tacón aho y la punta del calzado estrecha.
Se concibe que el calzado Minga hebillas 6 moños, que
ae confeccione con pieles más ó menos ricas, pero siempre flexibles y permeables; pero la moda no debió meserse á enmendar la plana á la naturaleza, enmienda que
tortura, deforma y enferma á quienes la aceptan. Hay
a lgo meJor que un pie pequeilo, y es un andar airoso, y
este andar airoso es imposible con el calzado ce.flido, de
tacón alto y acabado en punta.
Cuando de la forma del buaio se trata, la moda se vuel•
ve á la vez ioquiaiiorial y sofística; inquiait.orial, porque
comprime1 atormenta y atrofia contornos y órganos que
debiera prottger, d.ieefiar y conservar sanos y vig,)roeoa¡ y sofistica, porque para dará la mujer la apariencia
de una cadera amplia y robusta, condición necesaria de
belleza femenina, comprime y reduce á su más simple
t-xpreaión la cintura. La cintura de avispa, el talle de
junco no son bellos ni embellecen á la mujer, díganlo
ei no las Venus de Milo, de Médicie y todas las creacio•
nea escultóricas que encarnan y perpetúan el concepto
real de la hermoeura femenina.
l::H pasamos del boato á la cabeza, vemos á la moda per~
der todo norte y toda brújula. El peinado y el sombrero
ilenen como razón de ser el embellecer, protegiendo y
preservando ios órganos importantes contenidos en la ca
ja craneana y en parte también la cara. Ahora bien: ni el
peinad~, en general, es adecuado para embellecer, ni el
eombrero para aoiobrear ni abrigar. La trenza de Margarita y de Ofelía permiten s.dmirar la profusión y la
fineza def pelo; indicio, la primera de vigor y salud y la
segunda, de las cualidades superiores de una raza fina
Y bien cuidaúa; las monumentales construcciones que
la modl\ ha impuesto, fingen esa abundancia pero hacen
desconfiar de ella y d'a n faleo concept.o de la fineza; sabeo tlar á la mujer aspecto de hidrocéfala, hacen perder
ioda proporción y .ada relación entre el iamaflo de la

B:L MUNDO

cara y el de la cabeza y suelen acentuar las imperfecciones del óvalo del aemblant.e. Así, en vez de adecuar
el peinado á la fisonomía, obliga á usar tupé á las mujeres que tienen la frente chica, á alisar y levantar el copete á las que la tienen grande, pone castafia y molote
á las cabezonas •Y ~je interminables trenzas a las que
Sienen la cara larga.
Con el sombrero pasa lo mismo¡ it veces se dan cita y
entran en íntima relación una nariz r-,mangada y una
falda descendente de sombrero; otras veces ee ven chaparritaa coronadas de canastas de panaderos, ó paloe de
teléfono superados y decorados con cajas de pildorae ú
ollas tamaleras cubiertas con comalee.
·
La Moda lo ha sacrificado todo li la variedad y á la
profusión y ha paeado un rasero nivelador por todos loa
tipos de la belleza y todas las variedades del encanto¡
impone el talle largo á la mujer obeea ó el corto á. la al•
ta y arrogante¡ menosprecia tomar en cuenta las peculiaridades de cada persona para vestir á todas en forma y
~odo que sólo conviene á algunas, y olvida que las coudicíones de eeta,ura 1 robustez, proporción de las faccioº!lª, de los miembros, del cuerpo en general, deben ser•
v1r de base al culor, al corte, á Ja confecoión del sraje y
á la naturaleza del adorno. La crinolina convirtió en
ollas de pifiata á todas las mujeres de eeiatura media y
baja, y el traje de medio paaoen sombrillas á medio abrir
átodaslas mujeres altas y esbeltas, y ahora ee dibujan ojeras debajo de ojos saltones y se pinta de bermellón las
mejillas huecas de las caecadas de pecho.
~i la Mo~a quiei.era ser un poco racional y la mujer.
cmdara meJor sus rntereses en esta materia debería comenzar por preguntarse en qué consiste la belleza femenina1 por definir bien las ley~a de forma proporción y
armonía que hacen bella á una mujer y tra'~aria de sorne
t~r~e 4. ella. Si ae( procediera, la Moda sabría que su misión es velar la forma dejándola adivinar y queau fío supremo ea enmendará la Naturaleza, retocarla, disimularla, y aienuar sus errores y sus imperfecciones y 'lo
deefigurar y deformar el cuerpo humano.
Partiendo de .esta idea fundamental, comprender!a que
así como no se un ponen muletas á un manco. ni lentes á
un cojo, debe dejará cada mujer latituJ suficiente para
crear Is. moda personal, la que más conviene á sui:, candi,
~iones propias, la que más Ja embellece ó ador1..1a; dejaJaría envueltos en ancbaa corbatas 6 circuidos de hiIQB
de perlas loe cuellos de cisne y redimiría de loa cuellos
ingleses á las gargantas cortas y robustas· abullonaría el
talle de la mujt,r delg.t.da y aJustaria eÍ de la robusta·
abuecar!a la falda de. la mujer gracil y ent;allaría la d~
la mórbida; proporc1ona1fa el tamaiio del sombrero al
volumen de la cabeza y tirazarfa eue lineamientos en armon1a con el tamaño, dirección y forma de las faccio•
nes¡ crearía peinados altos y pequef'íoa, para las mujeres
gordas y bajas y dejaría ondular loa rizos y pender las
,renzaa da las arrcgantea y esbeltas¡ toleraría la cauda
solo á. la mujer magt:etuoaa y la falda corta á la graciosa
y bisbirinda¡ subrayaría con sombras la doliente ó t.étri•
ca expresión de lo_a ojos hundidos y acentuaría con carmín la salud y la vida que emana de las mejillas robustas
Las mujertis serían at-i, ó parecerían al menos1 más be:
l!aa y su belleza se oaten.tar1a mas armónica y mas auges•
t1va y no como hoy d?eparatada á v~cea, contradictoria otras y afeada las m6.s.
H~b~l'.a, bi~n ent.endi~o, leyes ó principios generales,
coud1c1onea 1ndumensar1aa de observancia forzoea corree•
pondieotea á leyes ge!leralea de la belreza femenina· to•
dos los ojos procurarían ser grandes, todas las bocas· pe•
queñae, rojas y frescas, todas las mano3 finas, iodos los
pechos levantados, todae la~ c~deraa voladas y todos los
bustos torneados; pero habr1a igualmente prescripciones
de observancia facultativa, mod.1ficacionea personales de
ciertos principios, notas propias y adaptaciones, de las re•
glas á. laa condiciones iodi viduales de ciertas personas convergieotee al fin supremo de la moda: aquil.1~ar la b~lleza
femenina.
l!:a aeneata le. idea ? ea sana y conducente? daría como
resultado el mul,iplicar el núwero de las hermosas y hacer más estimable cada tipo y cada género de belleza? Iucueationablemente si. Se llegará á hacer la reforma? Por
qué no? 3i en apariencia la Moda hace á la muJer en realtdad, la mujer hace la Moda, y bassará un poc~ de eeneatez para que cada bellt-za se estudie y, ee analice y se
componga ~1 surtido de figurines que mas convengan á
la naturaleza de sus encantos.
:Mas convien~ á la mGg~r ser bella que ser gomow. y
mRs cuenta le tiene esclavizarse á sus propios encantos
que á loa figurines de la Moda Elegante.
Agosto de 97.
DR. M. FLORES.
LA MUTUA

Otro pago de $2,000 oro • merlcano que con el
cambio sobre Nueva York, aon $4,790

Recibí de •The Mutual Life Ineurance Company of
New-.Yorh la suma de {$2,000.00) dos míl pesos oro
americano, en pag total de cuantos derechos se derivan
de la póliza número 565,~l, bajo Ja cual estuvo aseguf!'odO el S_r. D. Ernesto Z1egler, y para la debida constancia en m1 caracter de apoderado del albacea teatamenta•
rio, extiendo el present.e recibo en la misma póliza que
se devuelve á la Compafiía para su cancelación, en México, á 18 de Agosto de 1897.
Firmado,-J. GRt.ESHABER.
Certifico y hago constar que la firma puesta al calce
del documento anterior, ea de puilo y letra del Sr Jor•
ge Grieahaber, quien recibió ante m( la suma de $2 ooo
dos mil pesos oro americano, á.que se refiere el ex(¡)leaad~ documento. Doy fé. - M;éx1co, Agoaio dieciocno de
mll ochocienios novenia y siete.
Firmado, -D18Go BAz.
Un sello que dice Diego Baz.
Notario Público

NUESTROS GRABADOS
GIACOMO PUCCINI

"La Bohcme••

Creemos de gran oportunidad hoy que La Boheme obtiene éxiioe tan ruidosos en el Teatro Nacional, dar co•
mo nota complementaria al retraro que en otro lugar pu ..
blicamoa, algunos datos relativos al joven Maestro Pu•
ccini y á sae principales apartitoa; terminando con el
que inspira las crónicas de estos días.
Jaime Puccini, célebre compositor modnno italiano
nació en la antigua ciudad de Lucca, (Italia), el aflo d~
1864; es hijo del célebre compositor Puccini, autor de
varias composiciones aagradaa. En el · •1Inatituto Puccini," {* ) existe un busto de dicho compositor. Jaime
Puccini principió sus estudios en el Instituto Mueical
11Puccini.». Terminados, compuso una misa que fué
caniada en la Iglesia de San Paulino, de Lucca· después
siguieron las óperas «Le Ville)J y ccEngardo1&gt; p~ro la que
más fama le diera, fuá en ManonLe¡¡caut. estrenada en el
gran Teatro Regio de Turl'.n, el 1? de Febrero de 1803
y no en Milán, como se ha dicho. Poco después se repre:
sentó en Milán con gran éxito1 en el mismo mes y año.
La ópera mencionada ya ha sido representada en Ioglaterra, Eetados Unidos, etc. A.l principio de su carrera
musical, Puccini fué á ocupar el puedo de maellt.ro de
capilla de San Giorlamo y de otras iglesias de Lucca
hasta que fué contratado por la Casa uR1cordin para arre:
glar partituras de ópera á reducción de piano. En segui~
da compuso las óperas ya citadae, de las cuales es supremo broche La .ioherne.
La Boheme fué estrenada con bastanie Pxito en Tarín el l? de Febrero de 1896, y en Roma el 26 del mismo
mea; en el Rfgio de Turín fueron llamados qtiince veces
á la escena tanto P_uccini como los ~rtietas que deeempe •
ñaban la obra¡ á dicha representación concurrió Jo más
selecto de la arhiiocracia italiana, encontrándoFe ia du •
queaa Letizia, Isabel Verdi, Maecagni, Verga Costa Ca•
rrugati, Tedeacbi, Marcheiii, D 1 CuneviJle, Ci~chi 1• 1~ que
más llamó la atención en el estreno Jué el cuart Pto del
tercer acto, e.l quint.eto y el dúo final; los números que
fueron repetidos fueron la romanza de HChi ion &gt; acto
primero; el dúo de Rodolro y Mimí en el tercer acio. La
ejecución nada dejó que desear. El maestro Puccini fué
presentado á la duqueea Letizia durante el intermedio
del segundo al tercer act-o.
La mayoría de los críticos italianos creen que es inferior á Mauon, pero más hermosa lea parece La Boheme·
An Italia hay la creencia de que Puccini ea el suct-sor
Verdi.
Antes de terminar estos lijeros datos biográficos ma•
nifeetaré lo qne se cuenia q ,.1e dijo el inmor,al Verd.i al
autor de la Manon Lescaiit.
-"Os felicito por vueeira notable fipern y oa aseguro
que tenéis al frente un gran porvenir." Puccini ha lla•
madl.l la atención en Lucca por ene amores con la más
hermosa italiana que reside en aqt1el lugar1 llamada
El vira.
·
Para concluir esta anecinta biografía, diré que tenfa
un hermanú llamado CarloP1 muerto hace pocos afioe de
fiebre amarilla en el Brasil, también notable filarmónico.

d;

Ltrrs

ECHEG.ABAY ARAGON.

[•l Ko hay que oonrundirlo &lt;'Oll Juan Puccinf, comprndtor Italin.no
nncfdoen Cata11ia en li96 r mucrt:.oen 181',/,;; es decir, cuando PuNilni
:D:tucl\6 en Roma y luego en .Bolonia. CQmpm:;o sin éxito la
músk a religlo.c;a v de.-&lt;pu(ls operas escritas con gran facilidad que
agradaron al plH)IIC'o Ita.llano v le die ron Yerdadera popularidad
Ant.es de la edad de treinta anos habla hed10 representar má.~ de
treinta óperas entre las cunle~se eitan "Alejandro en la India"
·'Nlobc." ..El eru1..adn," "Los .\rabes en la Galin," ';Juana.de Ca.In is"
"Juana de Ar&lt;:o," •·La. novia Corsa." " Mah,Jna de E.-;eocia " " La
Reina de Ch ipre," "La Estrella de Xl\poles" y "Salio," tan Conocida en México.

nncta.

Con el próximo número de nuestro ::Semanario repartiremos á nuesrros abonados el
folletín correspondiente al mes de Septiembre: una novela tan amena y atractiva como
las anteriores.
Preparamos con toda diligencia un exp_lé.~dido_ ní~m_e1:o extraorc~inario cuya apar1c10n commchra con las fiestas de Septiembre
EL CASTILLO DE PETERHOF,
RESIDENCIA DE VERANO DEL CZAR al TODAS LAS RUSIAS

Con motivo de la actu'\I ¡,erm.anencia del Presidente
de la República :F'rancesa, M. Félix Faure, en el cas tillo
de Peterhof, creemos oponuno dar á conocer algunos
detalles de esta real residencia, á la cual están dirijida~
hoy día las miradas de todo el mundo.
. ~eterhof f'S,. sin duda alguna, uno de loa castillos más
hn~os d.el Umvereo, tanto por su arquitectura como por
au_a!tuac1ón topográfica. Casi todos loa miembros de Ja fam,harealr11aa, deede varias ~eneracioneaatrás bao puesto
todo em~flo y no han omitido gaeto alg11no para que
este ca~t1llo sea el más pomposo y bello que puede verse, y ciertamente han lo..,rado su objeto.
Desde hace dos siglos ésia ha sido 1a residencia de todos
loa gran.des peraonaJea que ee han dirijido á Rusia con el
fin_ de v~sitar á_la familia imperial. Pedro el Grande fué
qmen d1ó c_om1enzo al grandioso edificio. Catalina la eegunda y N1colás I cont.ribuyeron mucho parJ que Ja
?bra ee llevase á cabo. Otro tanto puede decirse de ta hi •
J&amp; de Pedro, la emperatriz Isabel, quien no omiUó ea-

•

�l!:L MUNDO

D0 ■ 1110

OOMUIGO 29 de AGOSTO de 1197

a9 de AGOSTO de 1&amp;o1

11:L MUNDO

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Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA,
37',000 :a:u.illas sobre lo@ Ill.ares.

Figuraos un jacalón cuyo piso se levanta del suelo como media vara y llega á corta
distancia de la puerta, ein mostrador, sin nada más que esa plataforma; Entráis á
comprar cualquier objeto, tomáis asiento sobre el borde de la tarima y así podréis ver
sobre el piso, tendidas todae las mercanciae que buecáie.
Sin apariencias lujosas, los establecimientos tienen toda clase de artículos, abani•
coa, sombrillas, pañuelos, eedae de espléndidas comhinacioneli de coloree; por cada
objeto pid~n precio e fabulosos y concluyen por darlo, en la tercera ó cuarta parte
del precio que pedían.
Después, si queréis visitare! centro del almacén, ee necesario dejar los zapatos, y
ya en el interior calcetín al ~neto y amonado sobre u·nos cojinetea os sentáis en el piso
acolchonado de esrerJ. y allí eeguireie viendo todo lo que ee oe antoje.

LAS CASAS DE TE.

toda de madera de roble, ha•
biendo tomado algulla par'8
en este trabajo ei l!.imverador.
A la entrada del castillo ee
t-ncuenna una gran sala con
viEta al mar y t,D ella venee
trescientos veintiocho cuad roe pintados por el conde,
Rotari, á quien C11hhna la
l::it'gunda lh1.w6 á su lado, A.
la izquierda hállase un pabellón cl.iineeco y á coot1nuación de este un ealón com•
plt'tiamente blanco en el que
se admira el retrato de Pedro
el Grande¡ sigue luego un 8&amp;•
Ión más, que es complew.mente azul. ~n el mü,mo pa•
lacio se levanta una esplé ndida iglesia, situada en el ee•
gundo piso y que tiene cinco
cúpulas. Beta iglee:a posee
muchas riquezas y está ee•
pléndidamt:,uie exorna da.
Detrás del caetilJo hay un
parquehermosíeimo, que t ie-ue una t-xwneión de varioa
kilómetros, en donde el via •
jera encuentra todo Jo que
1mede necesitar.
Tal es E.- l gran palacio en
donde reside actua1wen&amp;e el

fueno paracontinnar la obra
y contraW, al efecto, al gNn
arq1litecto Leblond para q11e
se i;,ncargaee de ella. Un ~x•
tranjero que se ene ,ntr.sba al
servicio ael gobierno ruso,
apellidado condt, de R letreli,
fué quien dió la forllla definitiva á la construcción. La
vieta que disfruta'el eap~cta·
dor que titme la Cortina ~10
penetrará e.ee grao palacio,
desie la parte alta del ed,ifi•
cío ea encantadora. Un canal anchuroeo, abierto desde
el mar hasta el cas¡illo, permite que loe barcos puedan
llegar á este. L':t.s caacadJe
formadas artificialmente en
el parque ofrecen un aapec~o
tan hermoso, que no hay pa·
labras con q•1e describir la
impresión que producen.
Esta ha sido obra exclm•iva del eecultor Koeloneki,
.quien presentó eu obra primero en plomo, y máe tarde,
cuando Pablo I se encontra ·
ba en el podei 1 cambió el
plomo por bronca. Además,
-en el jar1ín hay muchísimas
fuentee, que holgaría ennm'!rar. En la pJanta alta del
edificio hállase el cuarto d~l
c~ar Pedro. E:itá construido

i•f• de la R,pública France•

1:a, cornepondiendo t!U v1el•
ta al C,ar de t.odae la.e R ueiae y 11. la Emperat.riz.

7

1

)

$1 &lt;tastillo ae Peter}ior.-(;tctual resiaenda ae lb). ,:Z:eli¡i ,:Z:aure.
l. Pabellón de las Rosas.-2./slote del Emperador.-3. Oran Fuente en el Jardln.-4. Capilla real.-5. Belvedere.

Entrada la tarde, una casa de te es el lagar elt&gt;gi•
do para descanear y tomar un refresco.
El kuruma me conduce á. todo correr por entre el
pueblo gritando au.1 au.l au.l con voz chillona, capaz de
asustará cualquiera, se abre paso entre la multitud y ú
los colegas que encuentra en el camino Jc,s ealuda ama•
ble con su usual Ojall6 que quiere decir buenos diae,
buenas nochea 1 y cuanto puede expreearee en un ealudo.
Mientras tanto deefi 'an ante la vista inumerables casas, todas iguales de aspecto, negras por fuera 1 albeando
de limpieza por rlentro; unas má.e chicas que otras pero
eiempre idénticas.
Ya se va dejando la ciudad y empieza el campo, todo cultivado 1 dividido en lotes pequef'ioe donde crece
hortaliza siempre freeca¡ más allá la montaña y por entre los e6beltos pinoe, destácanee loe arcos de piedra, arcos eagrados, las escalinatas interminables, hasta llegar
á lo alto de la cima donde ee sitúa el templo. Por otro la•
do deecúbreee el terreno siempre montanoeo de la co1:ta
hasta perderse en el mar que la besa y acaricia.
Allí, bafiada por las olas, parte sobre tierra firme,
parte sostenida por ineetricable eequeleto de madera,
asiéntaee la alegre 1ea house.l De un lado tenéis eiempre
el hermoso pauorama de tierra; del otro la babia eem•
brada de sumpans pescadores, de juncos con velas de
bambú, ó de manta, de lanchas de vapor, remolcadoras
conduciendo á todas partee pueblos enteros 1 grupos chillones de mujeres trabajadoras, montones de ohiquil loe
·desarrapados 6 casi desnudoe, representantes de la última claee social, enegreoidoe por el carbón, que ban trasbordado á. loa vaporee.
Por donde quiera azulean loe kimonos y se mueven loe
juncos al golpe de las singa, remos deecomunalea batien•
do por la popa las eguas y en medio de todo esto una gri,eria terribl~ porque solo en el pueblo chino puede encontrarse otro tan ruidoeo y ensordecedor.
Este bullicio de la bahía ee observa desde loa varandales de la caea de té. Allí en amplio mirador abierto á
la playa alrededor de meeitsa de lacas rojas y sentado en
sillas de bambtí tenéis que esperar la at alancha de la casa
antes de poder tomar uua eoda, una cerveza do Tukio 6
una taza de té. Al entrar á. la casa de té un clac clac en
dietintoe tonos anuocia á. eus duefioe la llegada de parroquianos de cualquier ee:x:o edad ó condición qne eean.
Primero eale la mujer de má.sedadcon eu negra denta•
Una hermosura Japones.a
dura, deepués las más jóvenes, también con dentaduras
obscuras que las da un peor aspecto¡ en eeguida las
muzmés rieuefias y ágiles con eue altos peinados negros, loe pedazos de eu frente estrecha, eu1:1 ojo,&lt;:1 más pequefioe todavía, entran una por una, dejando sus zapatos á. la
puerta¡ luego toman.el sombrero, el bastón, la corbata, el cuello de la camiea del vi·
eitante, le registran loe bolsillos, le rf'g.-.lan uno q11e o~ro beso desabrido y por fin llega
una verdadera avalancha de muchachos tonauradoe, todos en distinto grado, unos con
.coronilla pequef'ía 1 otros con unas más grandes basta dejarles apenas un cerquillo de
cabellos de la frente á la nuca, ( la edad de cada muchacho se conoce por el grado de
la tonsura) al último traen el Chami.~en (especie de g11itarra) unos tamborcilloe de
madera y cuero, y unos palos que al golpear uno con otro producen un ruido metálico,
-constituyendo la orquesta japonesa y, en un cesto de bambú máscaras de la forma
más rara.
Veis desfilar todos eetoe reraonajes en ceremonioea proceeión antes de obtener el
refresco aolicitaelo, viene á la postre el refresco, pero ¡Oh sorpresa! véis un sifón de
,agua gaeeoea, otro de cuveza, la boteJla de wiekey y una bandeja con pastelee y ta.zas de té¡ entonces llega á en colmo la algazara de toda la familia: destapan la soda, se
·a rrojan sobre los paatelee 1 devQrá.ndoloa, y concluidos, piden más y más¡ deepnée to,can el rltamisén, bailan haciendo mil contorsiones caprichosas, manejan la careta con
maeetna, v todo esto acampa.fiado de una música contundente que hiere los oídos y os
divierte hasta cierto punto, pero os canea muy pronto.
Después viene la cuenta y entonces ......... cuidado futuros viajeros: en el país del
-criaantemum¡ fácilmente Ol dejarían sin ~n solo centavo¡ ea gente que pide diez cen •

•

tavoe, Y si teneis la fllaqueza de darlo.e, os molestarán tanto más cuanto más ·dinero les
proporcionéis¡ cuidado einó moderáis ene manifeetaciooee de aprecio y no evitáis que
ee apoderen de lo vuestro: volveréis muy pronto á. vuestro hotel 6 barco con loe bolsillos vacíos.

YII
LAS COMJDA~ EN LA FONDA

lü llegado la hora de hablar de 103 alimentos. He cenado en lbs hoteles y rei!tau •
rants del barrio exLranjero, elegantes y euutuosoe, donde teneis la etiqueta más rigurosa de loe dinil,g rooms, y ee necesario irá las ca~ae japonesas á tomar el chau-rhau, nom•
breque dan al acto de comer, sea en la mañana, al medio día 6 en la noche.
Pues bien, F11k11san me conduce á una elegante fonda
japoneea para turopeos, donde hay espejos, mesas de mar•
mol, eervicio á nuestra ueanza, comida bien preparada
Y. abundante; pero pronto advertís que no coméis solos,
s100 muy acompaDadoe: una muzm.é trae el trinche, otra
el cuchillo, otra la cuchara, otra la mantequilla, otra el
vino, pan 1 etc.; llega el primer platillo y toda la eervi.
dumbre ee sienta, rodeandooe y empizan á. comer como el
anfitrión, y en el mismo platillo¡ en un momento coneu
meo el pan y la mantequilla, meten la cucbara que pasan
de mano en man_o en el plato de consomé, y hablando su
í~oma como ei lo escupieran, eotran en alegre ¡:.!ática,
hasta que cansado de esperar bav que decirles ttoy6 ?,a•
du, q 1re quiere decir, vá.yanee! porque de lo contrario no
llegaría á vueetra boca un sólo bocado.
Esto es común en la vida de los hoteles japoneses; á
las pobres mimnht parece que lee agrada la condimentación nuestra, y por tal moLivo devoran cuanto ven, cada
,·ez que tienen la más leve oportunidad de eervir suco•
mida á loe extrangeros.
•

vm
POR LA NOCHE

Termioada la cena en el restaurant japonés fuime al
boulevar(l, la calle de loa teatro1:1, más ancha que Jaa de.

más y tan larga que se extiende del parque central áloe
Yoehivaraa, iluminada profusamente por variedad infini.
ta de farolee de todas formas y colores, que lleva 1 cada
cual, un signo para indicar el nombre de la casa.
A una y otra acera, sin límite marcado, ee ostentan laR
casas de comercio, pero especialmente jugueterías, donde ee agolpan loe padree de familia á proveerse de loa
juguetee má.e raros é incomprensiblea.
Las puertas de loe teatros se ven llenas de gente que
enLra y eale 1 y por donde quiera se oye música japone
ea, con paloe 1 tambores y cltmnisen. En la calle, el craccrac de loe zapatos 1 el grito incesante de loe kurumfls, el
pito plafiidero de loa ciegos que hacen el maaage al aire
libre, el arrastrar de las rondelaa de lata de los policiaa, ee
mezcla confueamente, produciendo en loa sentidos la im•·
presión de algo desconocido y con remedos mitológicoP.
¡Qué variedad de colores en los vestidos, auo. cuando
todos tienen una sólaformal ¡Cómo brilla el negro 'y fe.
nomenal peinado de las japonesas ó las calvas de loa ancianos que paeean aleg1eel ¡cómo ee perciben á distancia
las jícaras invertidas que llevan á fuer de sombreros Jos
kurumasl y ¡cómo resalta en ese baTatillo el albeante traje
de loe europeos radicados ó de paso en el Japón!
Al pasar frente á un teatro ee levanta un telón del Ja.
-Muzmé con chamisén.
do de la calle, dejando ver primerq el eecenario y en el
fondo la concurrencia en graderíae.
Suspéndese un momento el telón y rato después ee abate: este ee el anuncio vivo
ele la3 repreirentaciones.

Er; TEATRO

Df'jemos .i. Fukusán y entremos al teatro japonés. BJjo un portal de madera enverjado en toda eu ext.eneión con varillas de junco, ee abren á los lados dos puertas estrechas que marcan la entrada y salida del escenario; sobre el portal, que ea bajo y
achaparrado, está el foro 6 circo separado de la calle por el telón que ya dejo mencionado¡ al lado izquierdo de la puerta, tras un mostralor, apenas se dietingue la silueta de
un rapado boletero que coa asombrosa rapidéz despacha á los concurrentes, dándoles
en cambio de sus centavos unas láminas cuadradas de madera coa signos que indica1'
la localidad: son loe boletos .
Súbanse dos escalones y á la derecha, en el intervalo que sirve de corredor, la concurrencia deposita sus zapatos de palo q11e cuelgan por orden riguroso en una estacada sobre la pared, ó ee amontonan en filas sobre el piso¡ los zapatos, siempre 103 za.pa•
tos, dejadoe á la pllerta de todo&amp; las habHaoionee! Yo tuve que pagar cincuenta centavos por no querer abandonar loe mfos. Da3puée de este incidente me instalé en el
departamento mejor, en cuclillas sobre una estera, y mi primera impresión fué el re•
parlio de lo:,alida,les¡ un patio sin aillas don le aentadJl 6 acostados en todaa las poit-,

�_..;D,;o=•='="=G¿0_•...:9=--•-•~A--'G_o_cs_cT_c0---=-º--''--''ª:::9:c7'============== dE:::L'.'dM~U'.:N:'.:D~O~===== ============ === = = ==~•s~
también japoneses, uno educado en Inglaterra y otro en Francia. Entre loe barco&amp;
qne vimos figuraba el ccEsmeralda, » antiguo acorazado chileno que estuvo en aguas de
Acapulco, pere:eguido por los americanos cuando la revolución de Chile, y vendido
deepuée por este paie al Japón para eu guerra con Cb.ina: de' feliz memoria y de elegantes fo rmas, el aguerrido barco descansaba sobre sus an cla9 1 atracado á uno de l!IUS
muelles. Bajo grandes pabellones de ladrillo y láminas de zinc, repartidos con el mayor orden y acierto, estaban los talleres, fragua9 1 fundiciones, carpintería, eolderiae,
t.oroería de piezas deact&gt;ro, arm!ldores, y después las in meneas jaulas de fierro donde e&amp;
construyen loe cascos de loe buquee, militar y estrictamente reglamentado todo: notába•
s1 orden, aseo, actividad, regido todo por avezados matinoey por ingenieros japoneees.:
no ee advertía la mano del extranjero sino en 18 instalación, en la idea primitiva y nada.
más. El resto lo hacía ese gran pueblo, á quien en mucbo tiempo se creyó por eu roo•
deetia, humilde apariencia y tipo étnico, incJpaz de la eiviliz&amp;oión. En 111 playa di·
ques fecoe, ocapados por barcos en carena, aumentaban á tal grado el trabajo, que no
pudo arrE&gt;glarse allí la limpia de nuestra corbeta.
Después de naestra util y recreativa vi!1ita pasamos al edifüio del Almiranta1go,
donde ee nos sirvió magnífico luncb. Sobre una loma artísticamente cortada. parecía
como inc1 ustado el gran palacio. En su ancho pórtico y vestíbulo fiiuraban honrosos
trofeos y reliquias de la guerra. E l palo mayor de un barco cortado en dos por una
granada china, una plancha de protección aboyada por un proyectil, etc. Al terminar
la soberbia escalinata de magnífica cantera, destacábaee un gran cuadro representando la toma de Puerto Arturo, y deepuéssE'gt1ían amplios y serios· corrddores que daban ac:eso á loe ealones adornados á la europea. Eu el salón de recepciones se nos
sirvió antes de comer espléndida taza de té verde, costumbre japonesa qu~ noa agradó mucho, aun á los que hubi éramos deseado algún aperitivo espirituoso.
Después, con lodos los honores íuimoe ocupando nuestros lugares en la mesa, y
al terminar, el secretario, en correcto inglé11, pronunció una alocución en la que no&amp;
dió la bienvenida y brindó por nuestro Gobierno y por las simpatías que loe mexicanos inepiraban á su paíe.
Siguieron algunas libaciones que pusieron regocijados á nuestros amables huéspedt e, quienes nos acompailaron basta el bote que debía conducirnos á nuestra.
correría.
Pescadería en Yokoh•rr1•.

XII
turas, vefaee á. mil tipo'! japoneses de los dos sexos; on barandal de medio metro deal·
tura dividiendo eEtp. lccalidad de una s1gnr:da que en p lanoiliclinado Eube hasta tocar
el piso del tercer departamento, en forma de palco corrido en comunicación con el forn;
á no lado de é~ce, y oculta á las miradas del público1 está la di1ecordante múeica que de·
leita continuamente loe acostumbrados oídos de loe naturales f martiriza loe del re•
cién llegado extranjero. En el bn lo otro plano inclinado une todas las localidadeP¡
desde el patio á la última que me be atrevido á. llamar palco; todo lleno: apit'iado, de
gente que fuma, ríe, duerme, grita ó pelea, hace de aquel lugarpllblico un sitio de confianza familiar, ein miramient,oe ni preocupacioneti.
El telón siempre levantado, deja ver continuamente juE&gt;gos acrobáticos, E'quilibrie·
iae, domadores de fieras y comediantes. Las repreeentacione5 duran en las festividades hasta tres días con sus noches; en lm días comunes, toda la nocbe. De buena gana
dieponfame á atender la representación, tratábase de equilibristas que con limpieza
suma ejecutaban loe más delicados ejercicios; siguieron loe domadores de elefantes y
tigres, también dig::io de verse en lJs mejores circo3 del mundo, tirabajoe tofos admi•
rablee y perfectamente ejecutados.
Gúetale también al pueblo japonés el drama y la comedia euigénerifl, no copia para ello nada del extranjero, tiene sus autores y poetas dramáticos que interpretan tan
bien el idilio c mo el sp,inete y la trsgedia. Hay una cosa extrana: la mujer nunca
repreeen'8 eus papelee; los hacen en su lugl\r hombres disfrazados con trajes de carlc•
ter. Acompaiiadoe cierta ocasión de un inteligente intérprete 1 nos tradujo una mag·
nífioa comedia Japonesa que gozaba de gran prestigio y fama en todos loe dominios del
Mikado.

X
lDli:AS Gli::SEBALES

Paeaban los días y nuestra permanencia siempre halagadora en ese país, noe llevaba á curiosear todas sus costumbres¡ visitábamos loe templos buhdietae, asistíamos á las
cereQJ.oniae religiosas, presenciábam'Js loe entierros, recorrfamol!I loe cementerios 1 loe
hospitales y las cárceles. Daspués entré á. las aulas científicas, á loa areenalea, etc.
Allí se palpa el contraste extraordinario, el empuje soberano de una raza disímbola, antitética y contradictoria, pero en via de un progreso tan eficáz, que camina rá.•
pidamente á su engrandecimienio y alcanza en la actualidad el primer lugar antre todos loe pueblos del Asia.
La primera impresión que produce el Japón, es la de un -pueblo de monigotes in·
civilizados¡ se estudia y éntoncee aparece ,al como es: grande, ilustrado1 inteligente,
trabajador, virtuoso, valiente y susceptible de abarcar en todo tiempo la ci viliaacióu
más grande y el adelanto más notable en todos los ramos del eaber humano.
Si al lado de costumbres que causan risa se ven obras qne producon reep"to y admiración, y al lado de un fantoche que despreciaríamos con un puntapié ó á bastonazos, encontramos personajes dignos de reept,io, pero loe dos confundidos en el mismo
aspecto de cara, facciones, modales y trajee, es diHcil apreciar la diferencia de las clases. Solo un trato íntimo las hace distinguir.

KAMAKURA.. - LA CIUDAD DE LOS TE:\IPl.OS.

Esta población es pintoresca y graciosa sobre toia ponderación. Está situRda en.
una llanura, tiene avenidas anchas, y entre sembrados de arroz y loto gigante se destaca pomposa; álzanse aue soberbios templos siempre en lo alto, al terminar de hermosas escalinata!:', donde puede marchar ampliamente un batallón. Sobre una esplanada.
_evántase el templo al dios de la Guer,a, en forma de arco, ,eoordando el es tilo pom.
pe vano por la variedad de coloree vi vos y mezclados que lo adornan; una vez dentro.
del grande arco sagrado, unos cuantos escalones conducen al altar, donde la diosa.
madre de Bubda, en madera, bronce y cobre, sentada con los ojos bajos y ostentando
un botón en la frente, como insignia de la eabidurfa, ocupa lo alto de un dosel; abajoy un poco adelante está el arco de laca roja sobre mesa amplia de madera lacada con
patas artíetic1s en figura de dragones, Moliuras dora1ae de estilo churigueresco cu•
bren las paredes, y grandes pila~tras de bronce, terminadas en encarrujados pabello•
neP, llevan en su interior una lámpar.1 encendida, símbolo de perpetua adoración. A)
lado de la diosa y en el altar, un cuadro tosco de marfil fiiura. á un eer mitológico
arrojando chispas por la boca, ojos y narices, y asolando al pueblo enemigo; en actitud curioea descarga•su cólera, mient,ae que ampara con la diestra mano á un gue•
rreJo japonés, que lanza en ristre y cubierto de acerada cota de malla, de1eafía al in...
v~so_r. Limpia eetera de bambú acolchonada cubre todo el desmanrelado piso, y una.
v1dnera de papel formando puertas corredizas ó paredes traelúcidae, eegún se quiere,_
separaódaacceso á uncorredor obscuro, bajo, donde figuran coleccionadas comoenun,
museo, toda clase de armas antiguas y otras muchas que en la guerra con China quitaron al CólE:ste Imperio. ¡Qaé envidia hubiera despertado en un arqueól0go una visita á eee museo!
'
Descendimos la escalinata amplia y empinada del templo; en el primer descanso,.
á la derecha y á. la sombra de corpulentas palmeras, dos grandes piedras simulando en
mal acabada forma dos seres humanos de uno y otro sexo, representan los dioses de
la procreación, cuyo culto es proverbial en loe matrimonios del Japón; allí depositan
loe casados ofrendas consistentes en ramos de loto y botones de crieantemum. Dicho&amp;
dioses parecen ídolos no acabados de modelar por el cincel del artista.

XI
EL .ARSENAL DE YOKOSAKA.

Invitado para ir a Yúkoaaka, donde existe uno de los arsenales del Gobierno y es
á. la vez residencia del primer almirante, tomamos en Yokohama un tren, al estilo in•
glés por sus máquinas Y disl,ribución de carros. Cuatro horas á través de un camino
pint.oreeco, entre sembrados de té, algodón, viñas, moreras para la cría del gurnno de
eeda1 arrozales y bosques de pinos y mil otras plantas que adornan y sombrean todo
el terreno cultivado 1 cruzando túneles y atrevidos puentes, nos bastaron para llegará.
Yoko_hama. Para entrar al arsenal nos embarcamos en magnifica lancha, movida por
ga9ohna. Atraveeamoe un estrecho paso de mar, y ya del lado de la nlanicie noe dirigimos por una avenida limitada á. loe lados por jardines, hasta la Di~ección. Fondea•
ban en la bahía diez acorazados japoneses, construían se tres y reparábanee otros mu .
cbos capturados á los chinos en la última guerra contra el Imperio de Confucio. Nos
sirvieron de amables cicerones los oficiales de la marina japonesa y dos ingenieros,

Gran Hotel en Yokohama. - Un aampan á toda vela.

Volean del Fuji-Yama, vista de

Descendimos mtis y más hasta JIE"gar á. la eeplanada y una doble 61a de lámparas
de bronce completan la viPta artísticamente rara del templo. Por fín 1 nuevamente eobre !oe rinkicbá.e, avanza la columna de la oficialidad del «Zaragoza)) basta llegar al
pórtico del templo de Daibritzu, uno de los m:is notables del Japón. L~ distancia reco •
rrida ea de tres millae 1 y el camino en ascensión poco violeata. Acompafiábanos esta
vez, el electricista de á. bordo Wood, cuya humanidad peea cerca de ciento cincuenta
kilos. Sudoroeo el kuruma que lo arrastra, pide suplicante un ayudante, no podía con
Un enorme mol'"· Sugeto á. lae bromas de todos nosotros, le ayudan cuatro hombree,
Y solo así, en triunfal columna con el voluminoso señor á. la cabeza1 llegamos al pórtico del templo.
A uno y otro lado, delante de artística balaustrada de mampostería, las atléticas
figuras de dos genios desollados encerrados en jaulas de alambre, ostentaban su enro•
jecida mneculatnra, anatómicamente bien representada. U no era el genio del terror,
otro el de la ira; cubrían los como asquerosa lepra, bagazos de papel mascado que los
fieles arrojan desde fnna con objeto de obtener las g,acias de Daibritzu. Tienen esta
tmperstición: ei la bola de papel mascado se pega en el tronco, serán favorecidos, si en
loe brazos serán forzados á. grandes trabajos antes de conseguir gracia: si en las -piernas se verán obligados á repetidos viajes ant.ee de lograr ser atendidos por la diosa:
por ffn, si en la cara, sufrirán el peor de los castigos, porque entonces Buhda . no atenderá. á las súplicas del creyente hasta que hayan lavado su cara con la primera ag11a
del cielo que caiga al prim r día de lluvia, D:1 suponerse ea que el tronco del ídolo será la parte más llena de las milagrosas bolitas, y que la verja de alambre ter:.ga que
limpiare:e diariamente para dejar expedito el camino á. los ensaliva-loe proyectiles de
papel de arroz.
Dejemos á. los iTaonnd.os y desollados dioaee de madera y laca y de colosal altura,
Y penetl'emoe al recinto donde la gran estátua de bronce de la Deidad Japonesa contempla en el Nipón, como las pirámides en Egip,o, rodar Jo3 siglos y las g:1neracionee.
En uno de loe grabados que hemos publicado, figura la eEtá.tua distante unas cien va•
rae detrás de nuestro g1upo. Sobre pedestal de granito que el tiempo ha ennegrecido,
eoatiéneee la diosa sentada con las piernas cruzadas, los brazos á lo largo del cuerpo
Y las manos entrelazando eue dedos, de tal suerte que tocan las extremidades de los
pulgares. La paciencia, la concentracción del alma, la bondad y el sacrificio, resaltan
de la actitud de eeta figura gigantesca de bronce, forjada á favor de titánicos eefuer•
zoe. Las dimensiones de la f'ahltua son tales, que en las palmas de laa manos pueden
caber perfectamente diez hombree sentados¡ el botón que lleva en la frente como eítn•
bolo de sabiduría, 1.iene las dimensiones de la cabeza de un nifio. Hueca la colosal
figura, tiene en su interior e l templo, donde ampliamente caben cerca de treima individuos; en la cavidad que corresponde por fuera á la saliente de las manos y rodillas, está el arca del diluvio, según las tradiciones del buhdiemo. El arca es la gran in•
signia, después de la diosa misma, en ~a religión buhdieta. Ahora se trata de levantar
un t.emploque cubra á la diosa, para cuyo objeto dejamos nuestra limosna y apuntados loe nombres de loe ofi ciales y médico del primer barco de guerra mexicano que
en aquellos remotos mares hacía flamear la tricolor insignia del Anáhuac.
Pardeaba ia tarde y nuevamente nuestra columna de rin kichás emprendía el ca,
mino de bajada á. la estación. )Ir. Wuod 1 te meroso de que el descenso hiciera rod1r á.
su kuruma 1 pide esta vez á los otros que moderen la velocidad d~ la marcha, de suerte ea que á la ida empujado y al regreso atrancado, llegó eano y salvo el humorista
mecánico y con todos nosotroa1 al tren primero y después á Yokohama.
0

Yo■ uvara.

XllI
\'IA.JE

Á.. TOK[O,

A unas treinta y cinco millas por tren hacia el Norte .ie Yokobama queda la gran
ciudad capital del Imperio.
Hace treintaaiics era asiento del pontificado bubdista, unido hasta entonces al Mikado que residía en Kioto¡ de allí el significado de Tokio y Kioto, que quieren decir,
la primera 1 ciudad capital del Este, y la segunda ciu::lad capital del Oeste.
Dasde esa época el Mikado sep!Lró de su g,1bierno al b11hdisrno y corno soberano ab.
eoluto instaló sus reales en Tokio, el antiguo Yedo. Da en,oncee data el positivo adelanto en el remoto pa(s de Oriente, que favoreció industrias, instrucción pública, arkis
y ciencias, alcamando hoy pasmosos progresos. aunque como incomprensible país de
los contrastes, encaéntranee á. cada p3eo allí las aberraciones máe: sorprendentes y chuecas qne pueden caber eo la imaginación.
Tvkio es más extenso que París y un poco menos que Londres, pero la de@propor•
ción, el estilo artifi..:ioeo y raro con que esti repartiJ.a la població'n, la hacen única en
su género, y la eingularitan entre todas las populosas ciudades del mundo.
Si~ ve el plano 1 aparecen tres gr~ndee clrculos que figuran un triángulo; uncir•
culo hacia el Sur y los otros dos hacia el E9te y el Oaete, cnresponden á. elevaciones no•
tablee del terreno, el del Sur ea palacio del Mi ka.do¡ el del Este, la Universidad y &amp;cuela de instrucción superior, y el del Oeste, el Museo y Jardín B:&gt;tánico; lo demás es
la población japonesa, que 19-ueetraall{ como en todas parces, sus angostas callee y sus casas achaparradas de il:'jas negras, limpias con apariencia de sucias, ,ristes como atau.
des, curioeae como todo lo del Japón.
El palacio del Mikado, suntuoso castillo de cantera, se levanta airoso en la cúspide
de ~l.!l.a boscoea colina diez veces más grande que la de Chapultepec; rampas medio
cultivadas y parques de ceeped, conducen del castillo á. la falda de la colina circundada por una espesa muralla de granito, que se eleva á unos veinte metros sobre un
foso profundo que tiene unos cincuenta metros de anchura. Síguese después al derredor de este foso una extensa explanada, donde repartidas en magníficos cuarteles se
instalan las tropas del Mikado de las tres armas, caballería, infantería y artillería; á
esta eeplanada rodea otra muralla doble de granito y otro foso de esta segunda mura•
lis y del foso hay otra esplanada donde se levantan los M:inisffiriosc &gt;Dstruidos de cantería también, y ostentando los más soberbios estilos de arquitectura. Todi\VÍS circundando esta nueva zona de edificios, hay otro foso y otra muralla igual á las anteriores. Síguenee loe edificios del kencho (gobierno local, municipio, policía, etc ) y los
de los representantes de las naciones, como el suntuoso hotel imperial, y por fin rodea á toda esta serie de fosos y murallas, la gran muralla doble con puentes levadizos
Y espesas y toscas puertas que cierran á las seis de la tarde, dejando solo abierta una
para entrada comun. La gran muralla tiem; de diez á doce millas de circunferencia.
. Fuera de e~ta gran °:1u, alla está la población pur~mente japonesa que pulula y ee divierte, que gnta 1 que vive en fin como un pueblecito de locos ó desquilibradoe con
a11 aspecto de miseria y eu caracter aparentemente imbécil.
( Cl;ntinuará )

�Isa

EL MUNDO

DOMINGO a9 de AGOSTO de ,89-,

DOMINGO a9 de AGOSTO de 11197

,

EL MUNDO

por el jóven maeetro, y no ví eu ópera el sábado. El domingo, la opinión, la barbulla entusiasta, el diálogo callejero, decían el triunfo del epartito en México. Concurrí en la noche, y adoré con todos.
Las anteriores frasee dicen más que mucho que se pudiera expresar acerca de la obra.
Conocíamos ya al autor de Manon. Habíamos oído,
en esa filigrana, en la que no podemos olvidar á Libia
Drog, algunos gritos realistas. Ahí estaba el maestro
.nuevo, el músico de veinte af'ios, con su preocupación
por las combinaciones y loe artificios; ahí estaba ofreciéndonos un arduo bordado de notas. P.iro á veces cala
sobre aquello el sol y surgía de aquello el alma; á veces
triunfaba la vida ........ .
En la B ohemia el triunfo fué completo. La vida surge, aterida y blanda al principio, al rayo ictérico de un
sol vernal; despuée, en su manifestación única y suprema: el amor, florece intensa, y por último, en eu aspecto más tremendamente natural: la angustia, gime, solloza, grita...... con gemidQB y sollozos y gritoe do inmensa b umanidad ........ .

***

El idilio ea sencillo. La poe~fa anda por ahí. Hay una
b11bardilla llena de versos, y loe versos llaman al amor
en una de sus forinae más embeleeadoras. Una muchacha del arroyo; una muchacha del taller. Corre y canta
cuando hay sol, y una noche, en la sombra, ee encaen•
tra con el poeta. Se aman porque sí: son •loe almas infantiles y á las almas infantiles ee cuela s:empre el
amor...... Pero Mimí ea coqueta: gusta deque ee abra an-

te loe otros el caliz bermejo de su boca; ríe mucho ...... y
el poeta siente celo@ ...... Ya van á llorar...... muy pronto, cuando el frío clave en el pecho de la chiquilla sus
agnijonee de hielo y la muerda y la destroce ...... Ya viene la toe...... Sí, Mimí ea coqueta, es cierto; pero está
malita. Dejó el nido del poeta y afuera la aealtó el cierzo, tan ruda, tan rudamente, que al fin torna á la buhar•
dilla ...... Ahí no hay estufa, pero hay calor, porque 1'8•
volotean muchos euefioe de artista... .. . Solo que el amor
va á lanzar su postrera llamarada. El poeta perdona,
pero Mimí ee muere. La mata la nieve. C.Smo tose y quá
pálida está Dios mío! ...... No, ese leve rojo de loe pl·
mulos no tranquiliza. Antes no lo tenía así, tan einies·
tro por su contraste con el bietre de sus ojeras ..... . Cuan
otro aquel sonrosado que llenaba eu cara, su carita de
princesa de bisc·1it, cuanio reía ante el redoble loco de
loe besos del poeta ........ .
Que fué á hacer al arroyo ......... No estaba bien ahí...
con el pintor que arrojaba loe pinceles para bailar, cc1n
el filósofo que decía absurdas cosas con tanta gracia..... .
con su poe~a que la amaba tanto y le recitaba tantos
versos? ......... Estaban pobree: pero muy alegres....... Que
ferias aquellas! Te acuerdas Mimí cuando paseabas tu
terso fragil mal envuelto en el usado chal, por el estruendo de aquellas feria1,? No había con que pagar el almuerzo......... pero qué. No por eso se callaban las risas........ .
P.igab11 alguno al fin. C.:imo? QJien eabe ......... ~ra lo de
menos ........ Y para postra besos.
Pero Mimí se muere, se muere de tos. . Dios mío que
vidriosoidad de aquellos ojos q•te siempre cantaban diana;

Glacomo Pucclnl.

"La Bobeme" de Pnccini
Acontecimiento artístico.
Los Impresarioi que traen de cuando en cuando al Na·cional compafíias de ópera italiana, hacen regularmente
lo contrario de lo que deberían hacer para el éxito de
sus esfuerzos y el logro de sus intereses. Dejan la parte
más sabrosa del bollo, la crema del pastel, los estrenos
de porvenir, en una palabra, para el fin de la temporada
teatral, una temporada valetudinaria y triste que ya no
t iene remedio. El procedimiento contrario es sia duda
el prudente y recomendable: cautivar al público desde
la primera representación, embelesarlo, domef'iarlo, deslumbrarlo. El querido monstruo veleidoso acudirá después á la cita, lleno de avidez y de complacencia; eerá
indulgente y no escatimará el aplauso.
Oh! ei el empresario de la acmal compafiia italiana hubiese comprendido esto, cuan otro sería el éxito de su
temporada artística. La compafifa franceea que precedió á la del Sefior del Conte le era á todas luces inferior.
.Ko había pues que luchl\r con su recuerdo demasiado p1óximo. Los artietae de que hoy dispone nueetro
antiguo conocido el ex-representante de la empreea Ma•
ggi, valen mucho y no porque sean grandes artistas: ninguno eobrepasa los límites del talento para entrar á las
amplias y azules esferas del genio, 1Lno porque son todos
jóvenes de buena voluntad, pletóricos de entusiasmo,
estudiosos y pródigos de eu tesoro. Les ea desconocida
aún la matrería, que escatima cuanto puede el esfuerzo.
Porqué pues, con elementos y antecedentes tales, y conocida la firme afición de la gente acomodada de Mé.xico á la ópera, la actual temporada del Nacional hase
visto tan poco favorecida? L a B oheme ha venido, con
sus éxitos ruidosos y continuados, á responder á la pregunta, de acuerdo con lo que decíamos al principio: por
que se dejó para el fin lo que antes hubiera embelesado y conquistado de una vez por todas nuestro dilettantismo y hecho fructífera la etapa teatral.

..

**

(! abeza ae estuaio.

Pocas, muy pocas veces, la aprobación de º!.!-estro público ha sido tan uná nime y ruidosa como ahora. Entre
los inteligentes habría cierto Parti pris con respecto al
1lStr~no y un amigo nuestro, muy inteligente en verdad,
nos decía: De intento y á pesar de mi pasión por la mú11ica nueva no quise acudirá la primera representación.
•Sé de sobra que esta música no encaja en ciertos
moldee y no era en mi concepto apropiado el que escogió Puccini para su nuevo epartito. Escenas más ó menos triviales de Henri Murger, autor de una obra
muy discutida, en que lo cómico es escollo formidable,
no me parecieron idóneas para encuadrar la obra. Temí

Escenas de •'La Boheme."

�DOMIIIGfJ 29 de AGOSTO de 1&amp;97

EL MUNDO

154

qne flacura la de aquellos brazos que tan bién se enreda•
bnn al cuello del cantor!
Mimí se va ....... ,. Rodolío, es en vano que veles la vi•
driera para que no entre el sol. Mientras tu solicitud ha
ido á. procurar la sombra, la sombra que cobija Jae agoniaa, Mimí ha partido, Mimí ha muerto ......... Ya solo
su cadaver aguarda tus besos. Adios cancüonee, adioa
bai les locos, , adioe b ellos versos, adioa madonae, adioe
paradojas ......... Loe artistas lloran. Va jaula de pajaroe
yu no se extremece con el crujir de las joyantes alas.

Y todo eso va diciendo la múeicai cuchichea en sus
primeras escenas las palabras de amor, mientras se bue-•
ea la llave perdida -pícara llave- q11e abre dos corazones en medio de la sombra -Dtspuea grita, rié, parlo-

tea, ee empolva del oro del B&lt;'l, en lae callee del viejo París, ee disloca de risa en la verbena, gime dulcemente
amonestadora al oído de loe nifi.oe malcriados que en la
feria quieren robar juguetee; tiene arranques infinitamente humanos en los duoe apasionados de la florista
y del poeta, y siempre ineiouante, siempre ductil, siem•
pre autil, va, viene, gira con el vértigo de aquellos corazones locos, se querella con la angustia de Mimí que se
sabe censurada, por que es coqueta;canta triunfal cuando las nubes de los celos ee disipan un poco y torna el
amplio cielo azul¡ se queja del fria qlle entume, después, de la toa que sacude el cuerpecillo fragil, y por fin
rompe ell el sollozo desesperado del supremo duelo.
Y la vida pasa, pasa á traves de todo aquello, palpitante y diáfana.
Oh Maestro!

Para la Srita. Elisa Best.

SONETO.

¡Querer ó nó! ¡La alternativa ea esa!
Para smmentar quizá mi desVarío,
A veces, dando tregua á tu desvío,
Fijas en mí tus ojos de turquesa.
¡Y tanto, tanto tu mirada expresa
Que á un mismo tiempo creo y desconfío!
¡Si yo bien sé por infortunio mío,
Que cuando vende Judas también bésa!
Hace tiempo que agua1do con zozobra,
Soportando esta fiebre en que me inflamas,
La gran rebelación á que yo aspiro.
¡Habla! ¡no temblaré! ¡completa tu obra!
Tu no querrás que sufra yo 'si me amas
Ni que euefie en tu amor si odio te inspiro!
Agosto de 97.
B. Rnts (h)

EL CULTO DE LOS OJOS

LindaMontanari, se ha excedido á si misma e.n esa embelesadora obra de Pucoini. No eoí'iaríamos de otra suerte á Mimí. Que bien ha sabido arrullar, que bien ha sabido reir, que bien sobre todo ha sabido llorar.
Vuestra muerte, señorita, puso muchas Ugiimae en loe,
ojos ......... Encantadora siempre, particularmente encan•
tadora hoy, ya no pensaremos en la amable muchacha
de Henri 1\Iurger sin veros á vos con vuestros radíantee
ojos negros, sin oir el timbre blando de vuestra canto.
Habeie creado para nosotros á Mimí. Que el arte OE ·
bendiga!
RIP-RIP.

1

NOX.

CANCION DEL AIRE

¿Estás tristt? ¿Porqué hay en tu frente.
Doloroea 1 ideal palidez?
¿Porqué abates tus ojos do tiembla,
Una lágrima lenta, porqul!:?

[Versión del francés por J osé Garcia Rodrigue?,.)

MARGARITAS.

Margaritas que fuisteis lozanas,
Aunque muertas eet.eie, siempre os guardo ..... .
¿No te acuerdas, oh nifia? una noche
lfo las diete, y pensé en las que Fausto
Contempló deshojará su amada,
Quien, incierta, medrosa v temblando,
Del amor infinito el secreto
Pudo hallar en loe péf.aloe blancos.
Trasponiendo el dintel de tu puerta
Yo pensé interrogarlos, acaso
Revelarme el misterio podrían,
De tu alma escondido en lo arcano.
Cuántas veces me engaña el deseo,
Cuando estoy silencioso á tu lado,
En tua ojos radiantes que eueñ.au
Un destello de amor esperando!
Y, perdona, paréceme entóncee
Que sus luces me dicen: Te amo ..... .
Si no ea cierto, jamás me lo digas,
Preferible ea por siempre ignorarlo.
Y llegué á mi aposento, ya solo,
Da la luna al reflejo azulado,
L 11ego quise arrancar á tus floree
El siniestro ó dichoso presagio.
¡Qué emoción tan profunda y qué miedo
Dominóme al instante; á mis labios
Las llevé hasta dejarlas marchitas,
Y aunque muertas están, yo las guardo!
¡Cómo no he de guardar esas floree
Que tomé, con dulcísimo halago,
De tu mano aristócrata y blanca
Cual las nítidas flores del nardo!
J osÉ }I. Ocao.4..
México Agosto de 1897.

•••

¿Te torturan las grises noetalgias?
¿Resucitas recuerdos de ayer?
¿O te amar!{a pensar en ternuras,
Ternuras pasadas, que no han de volver?
Maa ...... no llores, apoyaen mi hombro
¡Oh, pálido lirio tu pálida sien
Y palabras que sean en tu oido
Ternura y consuelo, muy bajo diré;
Mira el cielo, la luna ha surgido.
Como flor solHaria, ella es
Una novia que riega azahares,
Por do pasa: los astros ¿uo ves?
Cuando riee cariñosa y tranquila
Es el alma, por ti, azul edén ......
Vuelve á mí tus pupilas en ellas
Loa luceros que pasan veré.
¿Porqae esquivas tu boca? En un breve
Suspiro callado, tu nombre diré;
Dáme el alma en la flor de tus labios,
Dame un beso mi amor, tengo sed!
En tus ojos sorprendo ternuras
Del idilio que ha tiempo eofié,
Y me dicen que es eierta mi dicha
Y me dicen que me amas tarr.bien.
Son crepúsculos de oro y tristeza
Por do pasan loa euefios de ayer,
Son la luz que acaricia y consuela
Desventuras del tiempo que fué.

Más no llores, apoya en mi pecho
¡Oh, pálido lirio, t.u pálida sien ........ .
¿Estás triste? ¿No me amas? Entonces,
¿Porqué aufree, mi vida, porqué?
Bolivia Valle.

Agosto de 1897.
PROXIMIDAD DE SER AMADO,
(De Goethe) .

En tí pienso, bien mío, si el sol al nacer dora
Las olas de la mar,
Si miro de la luna la lumbre tembladora
sobre ellas rebalar.

¡ Al aire, dios potente que encrespa el oleaje

y azota los inviernos,
alado dios qlle torna fecundas las florestas
y armónicos loe versos,
salud! ea el gran numen que viste loa espacios
con su celeste velo;
él es 81 dios furtivo que dice á los amantes
((He ahí tu dulce sueflo. ,,
El es quien flotar hace loe rojos oriflam89
que empufian loa guerreroa,
y revolver en torno del cuello de la hermosa
la mata de cabellos.
Por él las aguas vienen en bienhechoras nubes
á fecundar el suelo¡
por él á loe sentidos del eof\ador levanta
su olor el campo entero.
El mece, de igual modo, la hierba en las colinas,_
la flola en mar incierto¡
es hálito que envía la selva á los pulmones¡
es sér dtll universo.
Está de sus dominios, en las regiones todas,
presente á un mismo tiempo,
á renovar la vida de bestias, hombree, oosqutie,
de cuanto tiene aliento.
¡Y sólo, alegre canta de las perennes fuerzas
en el glacial concierto,
errante como el alma, como las alas, libre,
como loe ojos, bello!
Agosto de 97.
SuLLY PRUDHOMKENEGRO

Estoy triste, verdad¡ vano es tu esfuerzo
Cuando llena de afecto y de ternura1:1
De mi existencia el mal curar procuras,
Porque, á pesar del sol, el universo
Tiene noches obscuras, muy obscura!!.
Pero no pienses nunca que al olvido
Puedo llegar porque su luz irradie
Otro amor en mi pecho dolorido:
¡Cuando tú consolarme no has podido
Ea que no puede consolarme nadie!
Mas no eufra9, mi bien, por mi amargura.
Esta angustia, esta pena indefinible,
Ea ley de Dios, que me formó sensible.
1W tristeza ea un mal que no se cural ......
¡Estoy triste por todo lo imposible!
F. RIVAS FRADE..
PAX ANIMAE

SONETO.

Hazme llorar! que importa! Ya amanece
En mi alma sin goces y sombría;
La noche del pesar desaparece
Y lleno de esplendor se anuncia el día.
Tornan las ilusiones, y florece
El árbol de la mágica poesía,
Do entre sus brazos, lánguida se mece
En un nido de amor, el alma mía.
¡Hazme llorar con tu último reproche!
Ya de nuestra pasión llegó la hora
De que ee cierre para siempre el broche.
Otra alma, de la mía redentora,
Hace surgir del fondo de mi noche
:Las luces sonroj:jadae de la aurora.
Agosto de 97.
QuJRINO ÜRDAZ.

Te veo, cuando el polvo levanta en el camino
Nube que huye veloz¡
Y cuande en noche obscura perdido el peregrino
Al viento da la voz.
Te escucho cuando espiran con bullicioso eairuendo
Las ondas á mis pies,
Y cuando calla el bosque y su silencio atiendo
Con ávido interés.
Contigo estoy, conmigo estás, aunque muy lejos
Te encuentras ¡ay! de mi,
Del eol de ocaso mueren los últimos reflejos ..... .
Si estuvieras aquí!

DOMINGO 29 do AGOSTO DE ,a97

No me hableie más de dichas terrenales
Que no ansío gustar. Está ya muerto
Mi corazón, y en su recinto abierto
Sólo entrarán loe cuervos eepuicralee.
Del P-'Bado no llevo las seflalee
Y á veces de que existo no eatoy cierto,
Porque ea la vida para mí un desierto
Poblado de figuras espectrales.
No veo más que un astro obscurecido•
Por brumas de crepúsculo lluvioso,
Y, entre el silencio de sopor profundo,
Tan solo llega á percibir mi oído
Algo extraño y confuso y misttrioso
Que me arrastra muy lejos de este mundo.
JuuA~ DEL CA.SAL.

- «Sabéis, me dijo, qué sentido nuevo pueden dar á
nuestra vida una mirada ó un gesto? Somos semejantes á
nifios que trazan sobre la arena figuras inconsistentes y
frágiles, más un sólo movimiento de nuestra alma puede
dará. esas figuras la vida eterna que eofíamos.n
Marchábamos por la avenida de árboles, donde la som·
bra del atardecer parecía acompañarnos con una risita
de vieja, y en medio del día que declinaba, él hacía grandes gestos, como para evocar las cosas desconocidas, en
tanto que sus dedos se agitaban con fiebre y buscaban so•
bre cuerdas imaginarias el ritmo de sus palabras.
- 11Habéis leído alguna vez en el fondo de toe ojos que os
han mirado? Las tardee saben decir muchas cosas miste•
rioeas, pero en loe ojos es donde buscarse debe la filosoffa y la harmonía del mundo. Una mirada habla más ampliamente que todas las meditaciones de loe poetas, y no
sabréis vivir sino cuando bayaie aprendido á bu!!car esa
revelación qne loa ojos ext.eriorea pueden d~roa, mas solo
que esté vueAtra alma atenta á las palabras que ee pronunciaráL.
«Yo qne os hablo he visto muchas veces en ojos de mu•
jer el reflejo de mi pensamiento todo y de todo mi dolor,
h e vi!!to un infinito en qne pasaban, en caravana, mis
ensuefioa, y cada vez, de ese más allá he vuelto más pensati vo y más espantado de las cosas que no sabemos. Loe
ojos de mujer son como luces que .se tifien de loa coloree
de nuestra vida de mafiana 1 y en ellos podemos ver to•
dos nuestros duelos y todas nuestras alegrías.
uPensaie acaso que estoy loco y que mi i.naginación dibuja en mí formas semejantes á aquellas que loe niños tra•
zan sobre la arena y de las cuales os hablaba hace un momento. Pero vos mismo, ¿no habéis ido nunca más lejos
que esta existencia superficial y vulgar de vuestro cuerpo, para no haber sentido alguna vez todo eso que de irevelado misterioso se esconde en cada sensación de vues·
ira carne? Habéis compreodi1o todae. las sutilezas del
f!ilencio, habéis visto vuestro rostro y sabéis que forma da
á vuestro espíri~u cada uno de vuestros gestos? No ríaie
de las cosas superiores que no comprendéis sino á me•
días, 9ntee bien mirad en vos mismo para descubrir ahí
el pensamiento humilde que tal vez revele vuestra vida.
Preciso ea buscar con dolor la palabra suprema de donde
la verdad surgirá inmutable. Está ahí esta palabra, en la intimi dad de nosotros mismos. Ahí está como mendiga que
no osa mostrar:1e, y es preciso que alg" exterior nos coja
de la mano para llevarnos hacia ella. Nuestra ignorancia
y nuestra debilidad ponen trabas á nuestros pasos¡ ea
preciso qne una fuerza de lo alto nos impulse á través de
las tinieblas. Y loe ojos esMn ahí para guiarnos y no loa
vemos. Nos lamentamos como nifi.os extraviados, en tan •
to que en el fondo del cielo brilla la divina e~trella de la
esperanza y del amor. Una sola mirada iluminar podría
nuestro destino, más inclinamos la cabeza hacfo el polvo
de la ruta donde se arraEtra la sombra de nuestros pecados.u

Y prosiguió en voz más baja:
- uOonservo con pasión como un amante, todas las mi·
radas que he podido sorprender y que tenían en sí algo
de esos i)aísee sobrenaturales á que querríamos todos
á ciertas horas llevar nuestros deseos y nuestros amores,
para abrevarloe de sol. Loe conservo, cuidadosamente
los guardo, muy en el fondo de mí mismo, y en los mo•
mentoa de lasitud, loe consulto y me repiten las palabras
que ya me han dicho, las buenas palabras de recogimien·
M&gt; y de paz.
uNo debemos engastar los ojos como joyae, ee preciso
amarlos como mujeres á. las cuales se contarían todas las
aoguetiae.
uEs necesario amarlos porqne rnlo ellos pueden condu•
cimas á través de la noche y cuando nos detenemos en
las encrucijadas de nuestras dudae y nos preguntamos
con lágrimas por cual camino arribaremos á la luz, en
ellos solos es donde podemos leer nuestro porvenir y la
certidumbre de nuestras vía1.1.
uLos ojos! Cuántas veces he llorado pensando en toda
su piedad desconocida, en su inmensidad de tristeza ante nuea,ra fragilidad y nuestra inquietud! Ellos nos
alientan, ellos nos fortifican. Ellos nos ensefian todos los
misterios del amor. Porque el amor no está ni en -la car•
ne ni el alma, el amor eat.á en loa ojos, ~n loa ojos que ro•
zan, que acarician, que resienten todos los matices de las
sensaciones y de loe éxtasis, en loe ojos donde loa deseos
se magnifican y ee idealizan. Oh! vivir la vida de loe
ojos, donde todas las formas terrestres se borrran y se
anu lan; reir, cantar, llorar con los ojos, mirarse en los
oj o1:1, ahogarse en ellos, como . Narciso, en la fontana! n
Lloraba al decir esto, con todo el sufrimiento de sus de·
seos erctízados lloraba dulcemente, con un aire de resignación dolorosa y su cara flaca se divinizaba de pasión.
-11Ohl prosiguió, ya soy un viejo y nunca he conocido
el amor tal cual loe hombree lo comprenden. Y bien, sien•

155

EL MUNDO

to ahora que algo me falta; y si lloro es porque toda la
miseria de mi vida se me sube al corazón, es que me siento incompleto y muerto y ya más allá de la vida! No he
conocido el amor, no be querido, no he osado. He guardado fielmente el culto de los ojos y eso me ha bastado
en toda la extensión de mi juventud. He conocido todo
el amor de loe ojos, más nada he sabido del amor de la
carne. Por esto lloro algunas veces, mas por es~ también,
ver he podido más lejos y más alto que muchos otros y
he conocido en todos sus matices las ternuras y las be·
llezas misteriosas de la vida interior. Esta vida interior
la he observado, la he contemplado, la he recogido en
loe ojva y torno á ver ahora con el recuerdo de esas miradab y de esos amores purísimos que han santificado todos mis deseos.
u He pa!!ado mis afioa en buscar en loe ojos, todo eso
que loe otroa hombree no pueden ver,
•
uLentamente, doloroeamente he descubierto todos loe
iir:1 rcmecim ientoe iofinitos que en ias pupilas ee eternizan. He envejecido, he usado mi alma en la persecución
del misterio, •y ahora mis propios ujos se han apagado;
han arrebatado poco á poco todas las miradas de loa otros
ojos y no sfln ahora ya mas que un espejo que refleja to ·
das esas muadaa que volaron, que se anima solamente de
una vida múltiple y agitada de tentaciones desconocidas.
Y esta es mi inmortalidad, Porque yo no moriré y vivirán mis ojos, porque no son míos, porque loa he formado
de todos loa ojos, con todas sus lágrimas y todas sus ri·
sae porque cada una de sus palabras es la palabra de otro
ojo, de otra alma. Yo sé muchas cosas: Tengo todas las
almas en mis ojos. Y aobrevi viré al despojo de mi cuer•
po, por que roe abaorveré, me desvaneceré en mis ojos
que son inmortalee.n
Yo miraba eeoa ojos, donde, en efecto, pareclan chocarse los deseos, combinarse las almas. Pnecían vivir de
una vida extraordinaria, en ese rostro pálido y marcado
con I.11 esperanza de la m'lerte. Se hubiese dicho un juego de luces, uoa feería de colorea diverso.e y mezclados
en una radiación única, y comprendí, viendo la inmor•
talidad que !!e desbordaba de ellos, que eran verdadera·
mente el a!!ilo supremo de la vida, donde dormitaban todo dolor y toda alegría.
CARLOS VELLA.Y.
Versión de A mado Nervo.

EL ESPt;:JO
I.
Etaee un reino en el que no había eept-joe, pues todos
los que en otro tiempo figuraban en las casas df'l país,
habian sido rotos y hechos afiicoa por órden de la reina,
La persona que hubiese poseído uno de estos objetos,
podía tener por segura la pérdida de la existencia.
La reina era monstruosamente fea, y no quería exponeree, cuando paseaba por la ciudad ó hacia una visita,
á ver reflejada su imágen en parte alguna, consolándose
con la idea de que las demás mujeres no podían contemplarse y admirar su propia belleza.
Esto, como era natural, causaba profundo di!!guato á
las hembras del pais, las cuales tenían también prohibido el mirarse en el cristal de loe ríos y de loe lagos.

II
En un barrio, extramuros de la ciudad, vivía una joven llamada Jacinta, que eetaba menos triste que las de•
más porque tenía un novio que la adoraba con delirio.
La persona q ne os encuentra hermosa y no se canea
de decíroslo, puede hacer las veces de un ee¡:Jejo.
-¿De veras-pregu•taba Jacinta-que mis ojos son admirables?
-NO los nay más sorprendentes en el mundo.
-¿Y de qué color es mi cutis?
-Más blanco que la nieve.
-¿Y qué dices de mis labios?
-Que parecen una cereza partida.
-¿ Y mis dienteé?
-Son tan finos y tan blancos como el grano de arroz•
Así hablaban loe enamorados, teniendo Jacinta la dicha de oír elogiar lo que el galán tenia la fortuna de ver.
Ooncertose al fío la boda; pero cuando la noticia del
enlace llegó á oídos de la reina, propúsose ésta destruir
la felicidad de Jacinta, á la que detestaba cordialmente,
por ser la criatura más hermosa de la comarca.
'
III
La víspera del matrimonio paaeábase Jacinta por un
prado, cuando de repente se le presentó. una anciana en
demanda de una limosna.
De pronto la vieja lanzó un grito de espanto, y exclamó:
-¡Cielos! ¡Qué horror!
-¿Qué os pusa 1 buena mujer? ¿Qué habéis viaOO en mí?
-El ser más feo que hay en el mundo.
-¿Soy lea? .. ..... ..
-No hay palabras con que ponderar· vuestra Iealdad·

-Pero mis ojos .. ..... ..
-Son borribies.
-¿Y mi cutis?
-Negro como el carbón.
-¿Y mi boca?
- Verdaderamente repugnante.
¿Y mis dientes?
-Largos, desiguales y amarillentos.
Acto continuo, la vieja que, debía ser una bada milagroea, amiga de la reina, se alejó presurosa, lanzando una
carcajada, mientras Jacinta caía en tierra con loe ojos
inundadoe de lágrimas.

IV
No era poeible calmar la aflicción de Jacinta.
-¡Soy feal-exclamaba á ~ada inatante-¡soy remata..
damente fea 1
Era inútil que su prometido le asegurase lo contrario.
~Déjam~ en paz-le decía¡-mientes porque me tienes lástima¡ pero no me amas ni me has amado nunca.
Para deseagañarla, apeló al testimonio de varias per•
sonas, las cuales declararon que Jacinta era en verdad un
prodigio de hermo:1ura. Pero la doncella creyó que loa
testigos habían sido comprados por su amante, é insistió
en dar únicamente ciédito á las palabras de la anciana.
No hay frasea con que pintar la desesperación del mancebo, tan ardientemente enamoradc;&gt; de Jacinta, la cual
había llegado á renunciar á su proyectado matrimonio.
-¡Soy demasiado fea para casarrue l-repetía la doncella á cada instante, ein que hubiera medio de convencer•
la de que estaba en un error lamentable.
La única mflnera de deementir á ia vieja, habría sido
poner un espejo ante loa ojos de Jacinta. Pero ¿dónde
encootrarlo?
-Piles bien, iré á la corte-dijo el novio- y por bárba•
raque aea nuestra soberana, no dejarán de conmoverla
mis lágrimas y la belleza de mi amada ..
Gran trabajo costó llevará Jadnm á Palacio, donde no
quería mostrar su horrible fealdad. Sin embargo, acabó
por consentir accediendo á. las súplicas de su amigo.
V
-¿Qué gente es esa? ¿Qué desea?
-Majestad, soy el amante más iafortunado de la tie•
rra.
-¿Y á mí qué me importan vestrae penas?
-Apiadáos de mi dolor y permitidme que me procure un espejo .... ... . .
La reina se levantó furiosa y le dijo:
-Quién se atreve á babJar de ei:3pejoe en mi preeen~
ciJ?
-¡Tranquilizáos, Majeetadl Esta jóven tan fresca y
tan hermosa que me acomtafia, tiene la manía de que
es horriblemente fea ........ .
-Y e,ná.en lo cierto-contestó la reina-porque jamás he visto más espantoso rostro.
Jacinta creyó que iba á morir de tristeza, La duda no
era posible, puesto que a loa ojos de la reina, lo IU.ismo
que á los de la mendiga, era un Eer á todas luces repugnante.
El amante al oír la terrible opinión de la soberana, dijo en aha voz que la reina se había vuelto loca, á menos que hubiese mentido.
No pudo añadir ni una palabra más.
Los guardias se apoderaron de su perbona, y la reina
dió 6rden de que cortaran inmediatamente la cabeza al
prometido esposo de Jacinta.
El verdugo levan$ó un ancho y reluciente alfanje y á
un mismo tiempo se oyeron dos agudos gritos: uno de
alegría, porque en el deenud,.:, acero se había contemplado Jacinta en todo el esplendor de su hermosura, y otro
de angustia, por que la infame reina exhalaba el último
suspiro á causa de la. indignación que le había producido el ver reflejada su fealdad en el improvisado espejo.
CÁTULO MÉNDEZ.

CURJ.OSIDADES.
EXPOSICION CANINA
PERROS CHIHUAHUEÑOS PREMIADOS EN LONDRES

Existe en Londres una curiosa asociación llamada nLadies Kennel Aeociationn que anualmente organiza exposiciones de perros, dedicando loe productos de la feria á
obras de beneficencia.
La expoeicióa del presente año se verificó á mediados
del mee próximo pasado en el real jardín Botánico de
Londres y la Junta Directiva Organizadora estaba formada por seí'i0raa dea !alta aristocracia inglesa.
Llamaron notablemente la atención algunos perritos
chihuahueñoe, y uno de ellos llamado Yorky obtuvo primer premio. La princesa de Gales presentó un hermoso
galgo llamado Alex, que obtuvo dos primeros premios y

�EL PERRO COMESTIBLE,
Cuando mas ee aprende á conocer al hombre, mas ee
es,ima el perro 1(escribía m isantrópk amente ese gran amigo de las bestias llamado A. Toueenel))
Acaeo, porque los habitantes del Celeste imperio no
conocen suficientemente al hombre es por lo que consi•
deran aún al perro como á un animal comestible y ua
manjar de loe mas Sabrosos. Pero hay que esperar que
ayudando el progreso de la civización, vendrá un día en
que no figuren ya en loa menue de las comidas de gala
de la corte de Pt:kin, loe bravos perros, 11eeoe candidatos á. la humanidadn, segun la pintoresca expre1:ión de
Michelet.
Darwin refiere en alguna parte que cuando loe habitantes de la Tierra dd fuego se . ven
acosados
por. el
.
.
hambre, matan y ee comen á sus v1eJas muJeree meJor
que á. sus perros y que en AuBtralia ae han visto padres
sacrificará. sus hijos pera que la madre pudiese dar leche
á este útil auxiliar.
Loa chinos por su parte cuidan y engrasan cuidadoeamente á l!UB perros, para ...... comereelos. Hacen por lo
demás un platillo que es tambien de lujo; el abate Le
Noir, en sus relaciones de viaje en extremo Oriente refiere que en las casas de los comerciantes de comestibles y
la mayor parte de las graojae, se encuentra u esos animales en pequeños separes muy semejantes á los que se
usan en Europa para engrasar los volátiles. Álli perma•
neceo de quince días á tres semanas condenados á una
inmovilidad caBi completa y no tt.ciben como alimento
mas que una mezcla de arroz y de l!al vado.

.

PP-rrito chihuahueño dela Han. Mrs. Aigernon Bour•

ke, llamado "Mousie," ( Premiado en Londres.)

mención honorífica; presentó también un perro chato
negro, que obtuvo tres primeros premios y mención honorífica; un perro danés que obtuvo dos segundos pre•
mios y dos perros deTerranova que también salieron pre•
miados.
Loe perros ratoneros de la duquesa de Southerland
también llamaron la atención, así como otros dos perros
chihuahueños de la condesa de Gry.
Pero el gran premio fué otorgado al cLampion H an'tbal,
hermoso perro danés de la seflora Horafall.
Los perros chibuahueños son muy estimados en Londres alcanzando precios elevados.
Recordamos á este propósito que cuando Adelina Patti
eetuvo en México, quedó materialrnent.e encantada de un
diminuto chihuabueño que le obsequió el conocido sport•
man coronel Antonio Lozano. La dtva no emprendia viaje a 1gllnO sin ir acompañada de su perro, y cuando .estuvo en Nueva York en el invierno de 1891, tuvo la deegra•
cia de perderá. BU ineeparable compañero, causándole esto el más profundo pesar. En aquella época encontrábase casualmente en Nueva York, el Coronel Lozano, quien
pidió inmediatamente por telégrafo un perrito de la mis·
roa raza, y una noche que la celebre diva cantaba Semí·
ramUl en el Metropolitan Opera Housede aquella ciudad,
un mozo de librea le entregó en el escenario el perrito
chihuahue:tlo, dentro de una preciosa ::anastilla_de flores.
Adelina no pudo contener su emoción y sacando al anima.lito de la cesta lo besó á la vist&amp; del público.

Corazón de sacerdote. POR H.

negras¡ en el paf a de loe Ochantes ee lea come igualmente, sea frescos, sea secos. Y costumbre que hace extremecer de indignación á los amigos de las bestias, parece que en el Bajo Congo, entre loe batekés antes de
matar á un perro destinado al consumo para hacer la
oarne más tierna, se le maltrata, se le tortura. He aquí
lo que dice á este respecto un diario colonial, El Congo

XII
Por una circunstancia verdaderamente providencial,
i:ni Marta ni Charlier habían muerto.
El proyectil había tocado á Marta en el hombro, que
-había atravesado sin causar graves lesiones. En cuanto
á Charlier, la bala disparada de muy cerca, le había con•
k&gt;rneado el hueso frontat, siguiéndolo en toda su longi-tud y trazando en él una huella sangrienta. FranciBca,
-que se había lanzado vuelta loca á. la calle, pidiendo so•
•corro, trajo á. un médico cuyas declaraciones tranquili..zadorae calmaron t,l espanto de Pablo. En tanto que Marta volvia en sí, Charlier, transportado á su lecho, cayó en
iun sueílo de plomo que duró veinticuatro horas y le
•salvó.
Ya se adivinará. la emoción de la ciudad.
En tanto que en sus cámaras los heridoe recibían loe
¡primeros cuidados, la plan'8 baja se había llenado de vi-

taba, visiblemente poco simpática para ella. Al franquear
el zaguan, ee cruzó con el procurador de la Republica.
Una luz terrible atravesó por su espíritu. Charlier ha•
bfa cometido una tentativa de asesinato en la persona de
su mujer.
Era inevitable un proceso y á ella la mezclarían!
Todas las palabras que su primo le había dirigido en
su amenazadora visita, zumbaban en su.s oidos. El las
repetiría en público ......... Ella sería moralmente la acusada ........ .
Batían sus sienes¡ fiaqneabai. sua piernas; habría caí•
do sin el sostén de sus hijas. En el camino encontró al
abate Cbavassieux, que se llegó á. ella lleno de interés.
-Vamos, vamos, querida y buena seflora ........ no de•
bemos ponernos en eBe estado ......... Yo comprendo perfectamente ...... vuestro Primo........ vuestro primo ....... .
pero en fin ...... Tened valor, vamos!

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ALEMANIA

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nnevaux repetida donde quiera, volvió el valor á. loe más
tímidos.
Francisca no eecatim6 loe relatos. Todos vieron clara
la perfecta inocencia de Marta y aún excul!aron á Charlier, haciendo ver toda la trama urdida por la malicia
bajo Ja máscara de la caridad. No había mas que una
frase en Ganneville: 1&lt;Ahl eea se:tlora Dee:cordes.ii ·

· Se apartaron de ella. A la vez ella conoció las mordeduras de la maledicencia y laa tristezas del aislamiento.
La eeñora Valier, en casa de la cual compraba pocasconfiturae, las sefioritas J uglan á quienes rara vez mandaba
hacer sombreros, fueron las primeras en retirarse de eus
obras. El primer miércoles que siguió, la eefiora AuffryMignoz fué la sola trabajadora que se presentó toda inti•
midada. Pero tampoco ella volvió. Todas las piadorns
fundaciunes de la se:tlora Descordee cayeron una á. una,
y, dolor supremo! muchas fueron reconstituidas á. sus
propios ojos, sin que ella tomara parte. U oicamente el
abate Chavaseieu·x permaneció fiel á. eue
comidas y á sus viEitae de loe domingos, con
tinuando sin comprender y dando vueltas
al puñal en la llaga, al repetir sin cesar:
-Ciertamente, ese pobre Charlier ha sido
impul1:8do ...... Qué peso debe haber sobre
la conciencia del verdadero culpable: Va•
moa....... vamos....... que el buen Dios le
perdone.
La señora Descordes debió reducirse en
adelante á envejecer en su rincón, con el corazón lleno de amargura, entre sus hijas,
que acabaron de marchitarse en eu vida mezquina, rabiosa y celosa, yel deegraciado abogado, entregado sin tregua á laa ociosas garras de rns trea harpías.
El proceso de Charlier era inevitable. Tu•
vo lugar dos meses después, una vez que los
heridos se restablecieron.

,:

-:-:..~:::~' ~ . s./·'

r:•·

El globo cautívo del Capitán Parseval.

No se conocsn ni en Europa, ni en América el perro y manjar de ricos], la otra, de pelo corto pero muy nu•
el gato comestibles, salvo Pn los grandes eitioe. En Pe- trido,
Como color, ee cuentan tres variedades: loe unos son
kin por el contrario y en todos loa paiaos de leagua china,
no hay comida suculenta sin un filete ó un jamón de enteramente de un rojo vivo: esta es la variedad arieto·
perro, el gato es mas bien un platillo de la clase pobre. crática; loE otros son de un leonado negruzco con el bo•
Estos hábitos que nos repugnan como una especie de cica negro; 11or último, hay un chovv-chovv leonado pálisemi.antropofagia, existían sin embargo entre loe pue- do con el hocico claro: esta ea la especie más común. El
blos de nuestra antiguedad clásica. La historia nos re• caractér general de esta raza es tener la lengua y los la•
fiere, en efecto, que al principio el perro figuraba entre bias de un negro azuloso. Este color no es nativo; en to•
dos loe perros jóvenes la lengua es roja y se ennegrece
las especies alimenticias.
Los salvajes de América del Norte, por penuria de progresivaJnente al cabo de tres semanas; ee cuentan co•
caza, sacrificaban algunas veces á. loe perros; sin embargo, roo rareza ejemplares que nacen con la len¡ua negra.
En cuanto á la manera de preparar al perro para el
si debe creerse .1 las relaciones de viaje del capitán Frecocimiento
es en todo semejante á la que se emplea para
mont, que describe una comida de perroan (dog jew,,t ) 1
ese maojar es muy natural á ' los Sioux. Se asegura el cerdo de leche. En China no hay gr.andes comidae;
tambieo que antes de la introduccion de las bestias cor• pero en las comidas oficiales jamá.s falta un chow·chow
nudas, loe Eepañl)les esta blecidoe en México hicieron preparado de la manera más sabia.
El perro no tardará en desaparecer de loe menús de
un consumo tal de perros indígenas que la especie desapareció por completo; segun Cook los nuevos irlandetes loe celestes, y el chow. f/ww será entonces lo que debiera
se comían sus perros y se vestían sus pielea. Fol!ter aiht.• haber sido siempre: el pequeño campa.ñero de salón de
de: ((!man apasionadamente esta carne y la prefieren á las uMadame Chrysantheme)1 de los bordes del río Azul
la de puerco&gt;, Loe Groenlandeses y los habitantes del 6 R ojo.
Kamscbatka comen taro bien algunas veces sus perros,
pero solo impulsados por el hambre se reducen á. esta
cruel extremidad.
En Africa loa perros son el regalo de las poblaciones
Chow•Chow en el Jardín de Aclimat.lción de Parls.

DE FORGE.

Número 5.

lL GLOBO CAUTIVO DEL CAPITAN PARSEVAL.

La forma del .globo generalmente usada por loa princi•
pales ejércHoB ea la de pera; sujetándose á. la tierra el
globo cautivo por un ca.ble de acero; pero en realidad,
esta conocida forma no era de gran aplicación para las
op:nacionee militares, porque frecuentemente la fuerza
del viento impedía practicar las observaciones opor•
tunas.
En la ac\ualidad se ensaya en Berlin, con muy lison,
jero éxito, el nuevo globo cautivo que ha inventado el
capitán del ejército alemán Paree val. Nuestro grabado
da clara idea de la forma particular de este globo, cilíndrico y esférico en sus extremos y que lleva un apéndi·
ce en uno de ellas, así como del modo que va suspendi·
da la barquilla y están dispuestos los cablee que le sujetan. Se asegura que así Be ha logrado que el globo tenga
una gran eBtabilidad, que era precisamente de lo que carecían loe usados hasta aquí.

s.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

llwtrado:

uAntes de comerse el r;,erro ea sometido á un verdadero suplicio. Cuando ha llegado á. la gordura necesaria se
le rompen los cuatro miembros y se le deja yacente y
gimiendo durante largaa horas. Esta práctica es usada
para otros animales domésticos y aun para el hombre
destinado á ser comido. Los oegros pretenden que el do•
lor vuelve la carne más tierna. El perro es ssí frecuentemente, después de largos eufrimientoe, puesto sobre el
fuego, eobre el cual Ee le da vueltas para quemar todos
loe pelos.
Sin embargo, M. Meulemans, un veterinario militar,
belga, cree poder afirinar que las coeae no pasan en todae
partea con el mismo refinamiento de crueldad.
«En el Congo, generalmente, dice él, se degüella al pe..
rro antes de quemar eus pelos y de despellejarlo.11
Entre los chinos el perro es aun ahora un manja'r habitual y un regalo de goloso.
Su chow clww ó perro comestible puede verse en el adjunto grabadci que publicamos y que nos evitará la des•
cripción. Sólo diremos, que en cuestión de pelo y de co•
lor hay numerol!aB variedades. En cuestión de pelo hay
dos varianteB: una de pelos Jugos (la má.a estimada,

,57

EL MUNDO

DOMINGO 29 de AGOSTO DE ,&amp;97

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 0897

EL MUNDO

156

'11itantee, loEI unos einceraniente ansioeoe, los otros eim·
..plemente curiosos. La eefiora de Sennevaux, preveni la
.por un exoreao que Savinien le había enviado á todapri116, llegó de las primeras, aún antes que la señora Descordee, que habiéndose copfinado en su casa no supo la ca-táMrofe sino por el inu&amp;itado movimiento percibido des-,
de su ventana, que daha á la gran plaza.
Acudió con sus hijas, turbada, egitada, comenzando á
comprender su terrible responsabilidad.
En el vestíbulo, invadido, e:ricontró á la sef'iora de Se..nnevau.x, que marchó recta á ella y le dijo en alta voz,
en medio de todos, mirándola bien á la cara:
-Vuestro puesto no está. aquí, seflora.
Y como hl. eefiora Descordee, muy sonrojada bal:t,ucea•
·ra algunas palabra1;1, la éondesa, con un gesto de irresis•
tible autoridad le mostró la puerta, a:tladiendo:
-Id á. dar gracias á. Dios por que os ha ahorrado el re,mordimiento de haber hecho dos víctimas inocen~e.
La se.flora Deecordes atravesó la multitud, que se apar•

Yo lo sé, vos que sois tan buena ........ los sufrimientos
de loe otros destrozan el corazón. Pero el buen Dios está
ahí.. ....... El ha impedido grandes deegracias; tranquilizaos ...... el permitirá que se descubra á loe culpables, á.
los verdaderos culpables ......... Porque sin dllda ese pobre Charlier ha sido impulsado ..... .
Este fué el último golpe. La eefiora Descordee tuvo
justamente la suficiente fuerza para volver á. su casa,
donde cayó desvanecida.
Su reino había concluido.
La provincia, á pesar de que las sufre. ama poco esas
dominaciones invasoras y absorventea. Nadie enlama•
aa se atreve á. dar la seilal de rebelión; pero si una mano
más enérgica levanta la bandera, todo el mundo sigue t,l
movimiento y loe más ardientes por la independencia
son aquellos que más ee han humillado bajo el yugo.

La vida de la caaa de Marta, tan sencilla, y que se había calific8.do de lujosa, quitó todo crédito á los otros ruidos que hablan corrido. ~ palabra de la eefiora de Se-

Tods. la población asiBti6 ~ la audiencia,
ávida de escándalo. Pero su esperanza que•
d6 frustrada.
Charlier llegó apoyado en el brazo de Pablo. Su actitud y su tacto fueroa perfectoP,
no acusando á nadie más que á sí mismo, de
eu deplorable conducta y no buscando excuea alguna.
Cuando el presidente, que ponía e• eus
preguntas una delicada reserva, le pregunté
á qué movil había obedecido, él respondió.
-Lo ignoro. Es vergonzoso decirlo, pero
esta vergüenza pública ea un castigo que he
merecido ......... Yo no tenía conciencia de
mis accionee.
-Teníais algún motivo para odiar á la
eenora Charlier?
--Ninguno, respondió él prevenido con voz
fuerte ....... mi mujeres la más noble y la más
honesta de las criaturas.
-Nadie os excitó contra ella?
Esta era la pregunta esperada. Todas las orejas ee
abrieron.
Charlier sin responder directamente, se limitó á decir:
-Os repito que yo soy el único culpable.
-No eetábais en estado de embriaguez? preguntó uno
de los jurados.
-8!, estaba ebrio.
El presidente no insistió.
Marta, interrogada, dijo:
-Juro ante Dios que jamás he te:aido nada que repro•
obar me, nadaquepudiera sonrojarme ante mi marido y ar.•
te mi hijo. Juro que jamás he faltado á. •inguno de los de·
beres ni hacia el uno, ni hacia el otro. Perdono á. mimarido, y le he perdonado desde hace la.go tiempo en mi
corazón. No tengo para 41 más que estimación y afecto, y
pasaré el reato de mi vida en probárselo.
El procurador puso una extrema mederación en eu re-

�DO ■ IIIGO

quiaitoria. Ni e1 nombre de Savinien ni el de Ja aefiora
Oescordee fuero.u pronunciados. Cha.rlier, reconocido cul
pable, fué condenado á una simple multa y salió libre del

tribunal entre Marta y Pablo. Desde el día del drama
hasta eea audiencia, casi nadie le habia vuelto á ver. To•
dos notaron en transformación: no era yael mismo hombre. Su rostro pálido, enflaquecido, con una gran cicatriz
que le bollaba la frente, tenía una fisonomía triste, gra•
ve, pero digna, con una humildad que ee sentía dncera.
Había hablado sin énfasis, eóbriamente, con una voz
muy conmovida por_ momentpa, bajo el imperio de un

sentimiento que nada tenía de :ficticio.
Cuando al retirarse, pasó entre su mujer y su hijo, instintivamente las cabezas se descubrieron ante aquella fa•
milia tan larga y violentamente turbada, ahora reconet,ituida y reunida.
Muchos ee preguntaban quién había hecho ese milagro,
quién había servido de lazo de unión, entre ese hombre
grosero y malvado, hasta entonces incapaz de un senti ·
miento ó de una ternura, y aquella mujer dulce y buena¡
toda delicadeza y corazón, quién, en fin, había venido,
pues, ein quererlo á romper la unión pura, honesta, pero
terriblemente :peligrosa por eu miema honestidad, de
Marta y de Savinien.
Esta era la obra de una criaturita tímida y silenciosa
basta entonces, alma frágil, á. la cual no babian alcanza·
do ni los necios prejuicios nj las malignas costumbres de
aquella vida de provincia y que, en la sombra de aquella
casa tristísima, había .crecido pronto, inetruídoae prematuramente y vuéltoee serio anteB de la t.xperiencia, no
habiendo sabido acaso nunca lo que era reir, sino madu•
rado por todas las lágrimas que había visto correr.
La transformación de Mana y de Charlier era la obra
de un niño de quince afias.

XIII
La noche misma. del día terrible, Pablo se había in3·
talado á la cabecera de su padre, haciéndose su enferme•
ro, asustado, inconsciente aún 1 sin otro proyecto que el
de ayudar áloe cuidados materiales del médico. Durante la noche, que pasó sólo cerca del herido, no dej,ndo•
lo más que para ir de puntillas á informarse del estado
de eu .madre, cerca de la cual velaban la Sra. de Senne•
vaux y Francisca: efectuase un trabajo intimo y miste•
rioso en aquella almita.
Su candor ingcente no le permit.ia comprender la causa precisa del einieeti'o acontecimiento. No veía en él
más que la crisis suprema de la vida de violencias de que
tanto tiempo había sido testigo, y entonces ee levantó
ante su pensamiento todo un plan, que maduró con tanta sangre fría como precoz inteligencia bajo la inspira•
ción de la piedad mas alta.
Borrar para siempre el pasado¡ á fuerza de paciencia
y de dulzura hacer de su padre otro homb1e, traerlo al
deber y al bien¡ volverle el sentimiento de las afecciones
de familia, la elevación de espíritu, la nobleza de corazón y rodearlo de una purifiéante atmósfera de ternuras;
apartarlo para siempre de los hombres y de las cosas que
le habían sido funestas: obra sublime en que el hijo dada la vida al alma de su padre; obra laboriosa: ninguna
dificultad de la cual escapaba á su perspicacia, pero que
eu ardor entusiasta y confiado iluminaba con un rayo
triunfal.
Loe niflos que han eufrídomuchotieneneeoaentueias•
moa generosos. Su corazón encuentra acentos que no tienen loe otros; sus grandes ojos, dulcísimos, tienen miradas profundas que fascinan, su pequefia mano, puesta
sobre la frente del que sufre, proporciona una calma ex•
trafia. Tienen armas muy de ellos, hechas de mieteiio y
de ternura.
Prosternado en la soledad y el silencio, con la cabeza
apoyada sobre el lecho mismo del enfermo, largo tiem•
po se desahogó Pablo en una de esae plegarias conmovividas, ardientes, irresistibles, que la boca no pronuncia
pero donde el corazón se funde todo entero. Pidió á. Dios
la fuerza, la prudencia, ia habilidad, y en cambio de la
victoria esperada le prometió eu vida.
Fué aquel desde entonces un trabajo de todas las ho•
rae. Los primeros diaa fueron crueles y rudos. La inteligencia de Charlier, obscurecida aún, parecía ofrecer invencibles obstáculos. Su carácter, cuyas violencias nadie
había refrenado jamás, reaparecía á medida que sus

fuerzas físicas se reanimaban. Pablo respondía á todo
con una calma inalterable y una mansedumbre que nada
desalentaba.
- ¡Quiero beber! gritaba el herido.
Y de acuerdo con el doctor, que había aconsejado evi•
\ar toda supresión demasiado brusca, Pablo llevaba, con
la sonrisa en loe labios, las bebidas favoritas de su padre; pero disminuía cada vez insensiblemente la dosis
de loe elementos perniciosos.
-Leeme el periódico, dijo otra vez Charlíer.
Y Pablo hizo buscar inmediatamente la boja del más
vivo matiz político y la leyó sin pestañear, limitándose,
respecto á. loe hechos que el podia apreciar, á algunas re·

flexiones muy sencillas, que demolieron de un golpe el
fárrago grosero de esas lucubraciones de taberna. Las
palabras eran siempre tan aencillae 1 tan medidas, tan
justas, que al cabo de dos semanas Charlíer dijo expon•
táneamente:
-Ese periódico ea estúpido! Ya no lo mandes comprar.
Se había dado un paso.
Entóncee, Pablo se volvió comunicativo. Era él quien
cada día contaba á an padre las noticias de la ciudad,
que se hacia resumir en la noche, rápidamente, porFrancisca; ó bien sacaba de los recuerdos de sus cortos eetu•
dios el relato de alguna anécdota poniendo en eue palabras la animación atractiva y juvenil de su alegría, sabiendo aai mismo dirigir la conversación con destreza
en el sentido del fín incesantemente perrnguido y sacar
de él alguna lección, prudentemente, impercepr.iblemen·
te deslizada, sin caer jamás en una alusión que pudiera
herir al enfermo.
Siempre estaba ahi cuando era preciso, pasándose las
horas en una pie~a vecina, dispuesto á responder al menor llamamiento, pero dejando tiempo para que germinase el grano que había sembrado de un modo inteli•
gente.
-Donde está Pablo? preguntó bruscamente Charlier
una maf'lana. Por que te vás? Quéda~ aquí.
El nifio bendijo á Dios.
Eea eJi\ su primera victoria.
Desde entónces la intimidad creció! Charlier, apartado
así de las malas intluenciae morales como de las excitaciones materiales se ablandaba poco á poco, cuidado, mimado, rodeado de solicir.udes, sensible en su inteligencia que renacía, al encanto que se desprendía del nifio,
cuya presencia se le volvía indespeneable.
En el día, en la noche, al menor movimiento, veía
surgir aquella cara tierna, atenta, sonriente como una
aparición angélica. Pero Cbarlier tenía á veces largos
extravíos, especie de crísis nerviosas y parecía ya no
comprender. Hacían de nuevo presa en él sus malos recuerdos y eua hábitos de borracho. Operábase en éi una
transformación. La bestia bruta se callaba después como
fascinada, y volvían uno á uno loa sentim:entosi encon•
trados á veces, de su infancia en otro tiempo dulce y regular, revestidos tal y cual vez de tan encantadora no•
vedad que lo seducían, como todo aquello que no seconoce. Acontecíale permanecer largo tiempo sin decir
nada, con los ojoe fijos en Plablo cuyo corazón palpitaba entonces con una emoción deslumbrada, adivinando
el trabajo )atente que se operaba.
Ah! no todas las hora3 eran igualmente dulces! Algu•
nas veces la vieja naturaleza se le subía encima con
bruscos sobresaltos. Pero Pablo comenzaba á sentir su
fuerza y envalentonado, despreciaba esas crisis que se
hacían más y más raras y fué un nuevo triunfo el día en
que forzó á su padre á. reír también de su irrhación, re·conocida sin causa.
El mejoramiento moral progresaba al mismo tiempo
que la curación física, merced á los constantes esfuerzos
de Pablo. Sin embargo Charlier se quedaba sumergido
algunas veces en silencios profundos y contrísiados.
Abría la boca para formular una pregunta y la pregunta espiraba en sus labios ......... Marta? Por el aspecto
de Pablo había adivinado que en crimen no había sido,
por fortuna completo. :Marta vivía. pero donde estaba,
en que estado f cuales eran sus sent.ímientoa de resentimiento legítimo?
Y Charlier comprendia que jamás la había amado y
sentía ahora todo lo que había perdido. Marta ee le aparecía aureolada de todo un nimbo de juventud y de be•
lleza, que él, imbécil, había despreciado. Habría querido recomenzar la vida y rehacer, en su unión con Mar-

ta, afios de dicha en lugar del infierno que le había dado. Pero esos afias de infierno terminados por un drama sangriento, eran para siempre el pasado, lo irrepa•
rabie, terrorífico como una pesadilla.
El sabía bien que Savinien no 8!3 el amante de Marta, pero la había amado y sin duda ella le había amade
también. Esta unión de dos coraiones enloquecía al desventurado más que cualquiera otra cosa hubiera podido
enloquecerlo. No podía despreciar más que así mismo y
esto lo sofocaba, lo extrangulaba de rabia. El también
hubiera podido amará Marca. Siendo bueno y tierno,
se decía que acaso llegara á hacerse amar ...... Pero era
demasiado tarde sin duda.
Algunas veces le volvía la esperanza y tenía como crtsis de alegría. Y de codos sobre la almohada en la sÓm•
bra de las cortinas sombrías, contemplaha largamente á
su hijo, fijando en él sus ojos de pobre bestia herida.
El nifio se aproximaba un poco bajo la lámpara y sus
miradas se cruzaban, la una toda de terneza y de amor
y la otra toda de angustia y de amargura.
Pablo vigilaba, atento, el desarrollo visible y deseado
de esas angustias inconfesas y cuando le pareció llegado
el momento de obrar, entró en la cámara llevando en su
diestra una rosa fresca y embaleamada que tendió á su
padre, diciéndole sencillamente:
-Mira, ;o que maniá me ha encargado que te traiga.
Cbarlier tomó la flor ein decir una palabra. Largo
tiempo su pensamiento permaneció mudo ante este men•
saje perfumado, gage de olvido y de perdón. Sus ojos
iban de la rosa al rostro del nifio. De pronto dos gruesas lágrimas corrieron á lo largo de sus mej illae enflaquecidas.
-Ven á besarme! dijo á Pablo.
Y eu corazón se fundió en los brazos de su hijo: la
obra de regeneración estaba cumplida.
Entóncee empezaron entre el padre y el hijo largas
conversaciones en que cada dia sus a\ma9 se aproxima•
ban en expansión más y más intima. Pablo, dueño del
terreno ahora, iba francamente hacia adelante, revelando á su padre todo un mundo de sentimientos desconocidos, no temiendo ya abordar loa asuntos más delicados con esa sinceridad sencilla que impone la fé, con ese
tacto que no se adqu~ere y que el corazón solo sabe inspirar, alumbrando los últimos rincones sombríos del pasado con la luz límpida de su propia pureza.
Marta solo recibía las confidencias de loe esfuerzos, de •
las esperanzas y de loa éxitos de Pablo. Cada día se escapaba él algunosinatantes1 se encerraba con ella y le decía alegremente loa progresos realizados y el triunfo final que se aproximaba. Su madre lo escuchaba conmo•
vida, recompensando con una sonrisa y con una caricia
al noble nifie. Y sin embargo, algunas veces, cuando el
había partido, escapábase un suspiro de sus Jabioe, sus
ojos se mojaban, perdidos en nn ensueño melancólico y
profu11do. Se ponía largamente de codos en la ventana. :Bajoeus ojos, de un techo vecino aubfa á.la hora
del almuerzo un humillo blanco y su mirada seguía ese
humillo, en los aires hacia las nubes. Ella también pen·
eaba en el paeaio, en toda la vida frustrada, en toda esa
dicha que no había tenido. Después ponfaee de nuevo
á esperar. Y en la penu..nbra de las largas veladas del
crepúsculo, l)aeabd su mano pálida alrededor del cuello
de su hijo! Y loe últimos rayos del eol venían á reflejarse en los ojos de. la madre y del hijo.
Como Charlier c.Jmenzaba á levantarse, Pablo le propuso que comiese con él cerca de la ventana abierta, qu&amp;
dejaba entrar loe perfumee de la primavera que volvía.
Llevó con Francisca una mesa completamente servida
-y Charlier percibió un gran ramo de rosas, alredetlor dei
cual había tres cubiertos.
En ese mooiento Marta, con el brazo en cabrestillo y
el rostro pálido, pero sonriente, entró y tendió á su marido su mano libre ......... Ante ellos entonces Pablo lloró lágrimas de alegría, lágrimas santas q1:1e los ángeles
d~l cielo debieron recoger.
Fué aquella tarde, cuando convertido por eu victoria
en amor de todos, Pablo expuso el programa de vida que
había meditado. Se reunirían todos loa recursos; se vendería el viejo hotel, testigo de tristezas que debían olvidarb8¡ irían á.instalarse á. Paría eLL algún nido modesto, y·
en medio de la paz y de la intimidad cerca de sus padres1
él proseguiría sus estudios, demasiado turbados por lo.3 .
acontecimientos.

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BL MUNDO

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-Es cierto, dijo Charlier, el tiempo vasa ........ .
Bien pronto habrá que pensar en elegirte una carrera.
-La elección está hecha desde hace largo tiempo en
mi pensamiento, respondió gravemente Pablo. Seré sa·
cerdote.
XIV
La mafiana del día en que la familia Charlier debía
abandonar Ganneville, Francisca, por la última vez con·
,.fi4enie, -puso en el correo una carta, cuya dirección era
éeta: Señor Saviniende la H aye, ar,tiguo subpref ecto; calle

La Boetie, en ParUJ.
La carta esta.ha concebida así:
uOa escribo, amigo mío, algunas horas antes de partir
de Ganneville para no volver :,robablementejamá.e. Voy
, decir adiós, no sin un profundo desgarramiento de co·

razón, l1 estos muros que durante tantos afios han sido
loe testigos de mis numerpeoe dolores y de mis raras alegrías, y he querido que mi último acto fuese ee:ribiros.
ciNo he podido hacerlo desde que después del terrible
día presentasteis vuestra dimisión y os habeie alejado.
Habeie podido, sin embargo, eegoir m1 convalescencia
por emigoe buenos y seguros. Yo os confirmo al.ora mi
completa curación, y tendreia la prueba de ella por es·
tas miEmae líneas, aun cuando mi letra no sea muy firme. Pero estoy enteramente restablecida 1 y salvo un poco de adormecimiento aún, en el brazo, he adquirido to•
dami ealud.
«Acaso el temblor de mi mano en este instante no ea un
postrer efecto de mi herida: la emocioo es su verdadera
causa. Porque lo que os tengo que decir me es cruel y lo
será para vos, y sufro con el dolor que voy á. causaros
tanto como de1 mío propio.

«Es preciso, amigo mío, que nos digamos adiós para
siempre. Es pre~iso que vos hagais vuestro sacrificio como yo hago el mío, con una tristeza profunda pero con
resignación y rewlución. El deber está ahí. Su ley aus•
tera, pero sagrada, me ha aparecido durante mis largas
horas de reclusión.
11Hemos hecho un hermoso sueño, lleno de dulzura,
de poesía y de pureza. Pero aún dentro de esos inocen-·
\es limites me era prohibido entregarme á él. Oa he dado lo que no tenía el derecho de daros. Yo ILO podía die•
poner de mi corazón, y materialmente virtuosa era moralmente culpable. He mentido á la Justicia cuando en
aq·1ella t.riete audiencia del Tribunal juré no haber faltado nunca á mis deberes de esposa.
11Ciertamente, si noeotroe no hubiésemos sido más
que amigos, como todo el mundo lo cree y lo dice aquí,
al presente, nada se opondría á que conservásemos fran-

�160

cae relaciones de amistad. Pero vos erais para mi algo
más que amigo. Puedo confesarlo ahora que mi confe•
eión va aeompaf!ada de un adiós eterno: os he amado
con todas las fuerzas de mi alma, como creía que me
amabais. Y eso es lo que yo no tenía el derecho de ha•
cer, y eso ee lo que exije que pongamos entre nosotros
una barrera infranqueable.
«Comprended la fuerza de mi resolución. Hace tres
dias el Sr. Charlier, para mostrarme, con la delicadeza
de sentimientos que mi bien amado Pablo ha puesto en
eu corazón, su confianza en mi lealtad preeante y futura,
me ha ofrecido llamaros cerca de nosotros, allá donde
vamos ......... Yo he tenido el doloroso valor de rehu~ár.
¡Ah! si he C'lmetido faltas Dios me será indulgente, pen·
eando lo que h.i sufrido en ese momento. Pero el dolor
mismo que experimentaba me demostraba que debía
obrar así.
«Lo debo á mi honor mejor comprendido, lo debo á mi
marido, vuelto al bien; lo debo á nuestra afección mis·
ma, cuyo recuerdo.podrá así permanecer para nosotros
querido y puro, en tanto que cesaría de ser tal en el mo•
mento en que comprendo que mi ternura era culpable;
lo debo, en fin, y sobre todo á mi querido Pllblo, ante el
cual no podría aparecer ya sin ruborizarme, si conein•
tiese en volverá veros, aun cuanJo fuese como en otro
tiempo.
«Es él ese aposto! naciente, cuya bien dichosa influencia
-vos me lo habeie dicho un día-os ha llevado de una
juventud un poco agitada á la cordura, á la razón, á las
afecciones nobles y altas, es el quien, cumpliendo una
obra muy difícil, ha transformado á su padre, y esta
natur.;leza árida y violenta edtá en vías de ser una alma
accesible á la bondad y á la dulzura; es él, cuya acción
angélica se ha ejercido sobre mí misma á su antojo, para hacerme comprender mi deber en toda su extensión.
«Un aposto!! Ese será bien pronto el titulo real de mi
Pablo. Oa acordais de un dja en que tuvo un arranque
casi elocuente con respecto á las dos maneras de euten•
der y de practicar la religión. Vos le dijísteie entonces
riendo, que haría un buen predicador, y él os reependió
gravemente: «¿Quién sabe?• Su pensamiento estaba fija·
do y su resolución tomada. El nos lo ha declarado el
otro día á BU padre y á mí: Quiere ser sacerdote y lo se•
rá: porque ni el eef!or Charlier ni yo nos oponemos, yes•
to solo bastará para mostraros el cambio realizado por el
querido niño en el espíritu de su padre.
«Vamos á partir para Paría. Yo estaré ahí cuando oe
llegue esta carta. No temo decíroslo porque estoy segura
de vos, y os conocería muy mal si después de una carta
como esta intentarais aproximaros á mí. Permanezcamos
dignos el uno del otro. Un día quizá, cuando la edad ha·
ya blanqueado nuestros cabellos, cuando podamos sinceramente tendernos la mano como amigos, nos se~á per•
mitiJo encontrarnos y si Dios permite que llegue eee día
yo lo bendeciré.
«Vos sois joven, Savinien; llegais apenas á la llora en
que la vida del hombre adquiere su pleno desarrollo. Loe
afl.oe para mí han contado doble y comienzo á descender ·
la pendiente de la colina. Guardad mi recuerdo en el
fondo de vuestro corazón, como el de una hermana mayor; que jamás haya una turbación ó un obstáculo en
vuestra existencia que deseo feliz.
«Experimento aquí un embaraze y, habrá que confesarlo? una emoción censurable aun al expresaros el voto que
formo: es que encontréis una mujer digna de vos, á la
cual ameie de todo corazón. La mas grande pena de mi
vida tan cruelmente probada, sería veros, por haberme
hallado en vuestro camino, faltar á un destino de legítima ventura. La primera, la sola carta que quiero recibir
de vos será aquella que me anuncie vuestra unión.
«Y ahora adioe, amigo mío. Perdonadme todo el mal
que os hago. Vos maldl'-ciréie estos deberes áloe cuales
sacrifico mi ventura y acaso me censurareis. Yo también
los he maldecido algunas veces en las horas de debilidad.
Pero pienso en este niño para quien debo vivir, por quien
debo olvidarlo todo á loe ojos del mundo.
«Guardo en mí, como en el fondo de un relicario el recuerdo de las santas horas pasadas, puras y dulces, y en
el silencio de este santuario íntimo, iré, en piadeea peregrinación, ignorada de todos, salvo de vos, á revivir oon
el pensamiento tcdoe esos recuerdos, todos nuestros re-

EL MUNDO

de loe tilos, donde frecuentemente en loa dfae hermosos,
íbamos loe tres á sentarnos ......... .A.dios! No tengo el de•
recho de ceder al enternecimiento que me domina. Si esas
floree os revelan toda mi alma, ellas oe ilirán que no he
amado verdaderamente más que una vez en m1 vida.
Marta.
F IN D E LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE
EL HOMBRE

I
En medio de loe valles verdegueantee del parque de
liBY, los seminaristas que llegaban de paseo á aquella eu·
cursa! de San Sulpicio, entregábanee á sus pasatiempos
con la alegría de su juvent11d temperada por la gravedad
de su carrera naciente.
.Algunos se entregaban á juegos conservados del cole•
gio, muy próximo aún. Otros, jugaban con animación
una partida de tioloe, teniendo con una mano loe pliegues
flotantes de eu pesada sotana de merino. Algunos penea•
dores se aislaban en loe lugares solitarios con un libro en
la mano. En la gran avenida de loe tilos, llamada «la
Cuarentena,» algunos grupos iban y venían con paso alerta, cruzándose en el movimiento regular del paseo, animados por conversaciones má9 ó roen &gt;e serias.
Pablo Charlier formaba piute de uno de estos grupos.
.Ahí, cada uno exponía, en la expansión de la camarada•
ría íntima, su vocación especial para el día en que, después de los largos y austeros estudios del Seminario, llegado al presbiterado, entrara definitivamente en la vide.
sacerdotal. Este, meridional, de voz ardiente, de acento
vibrante, se veía ya llenando las grandes naves con las
sonoridades de su elocuencia y levantando las masas al
soplo de su palabra inspirada. El otro, enérgico y emprendedor, contaba las lejanas aventuras de loe misioneros, que le esperaban en eue filas,
Aquel, más tranquilo, ocupaba el lugar de eue maee•
tros y de educando se con verde en profesor, teólogo au•
torizado cuyas opiniones harían ley.
Un rubito, de ojos vivos y profundos, dejaba entrever
sus ambiciones de hijo de familia y sonreía Cl)mplacido
cuando eue camaradas le daban el título de «Monseñor»
como á su tío abuelo. Todos, por lo demás, tenían en la
expresión de sus secretos deseos la piadosa reserva de
una sincera sumisión religiosa.
- Y tú Pllhlo, dijo uno de loe seminaristas, confianoe
tu sueño.
- Mi sueño, mis queridos amigos? Tomal vedlo allá lejos, en medie de loe campos, una casita blanca con ale•
roe verdee: pureza y esperanza......... Al rededor un jar•
dincillo_lleno de flores, cada una de las cuales es una amiga, cuidada y querida, que está destinada á perfumar el
altar; cerca, la modesta iglesia de la aldea, tan tranquila
que Ee creería uno fuera del mundo, en la casa buenos
libros religiosos y algunos viejos amigos de colegio, prosadores y poetas, para encantar las recreaciones del eepí•
ritu; por donde quiera la paz y el recogimiento muy cerca de Dios, del humilde rebaño confiado á la custodia del
pastor. He aquí el fin de mis· votos más caros.
Y en tanto que eue condiscípulos volvían alegres á su
partida de bolos ó á su conversación, Pablo se quedó so·
lo, sentado sobre un viejo banco de piedra, mirando el
horizonte.
Allá, lejos, París, se entreveía en medio de una especie
de bruma, París, al que nunca habia amado.
Alrededor de él las avenidas solitarias y tristes de Ieey
tenían un aire de provincia y le recordaban á Gannevi•
lle, recuerdo más doloroso aún. En vano buscaba en la
línea azul de las colinas, más lejos, el rinconcito donde
habría deseado tener su presbiterio de cura de aldea.
Y por momentos le venía de la gran ciudad como un
inmenso desaliento, rompiendo su corazón, rompiendo
su eneuefio ................ ................................... _............ .
No era más que un ensuefio, en efecto. Cuando loe pa•
dree de Pablo abandonaron Ganneville, siguiendo el programa trazado por él mismo, se instalaron en una de
esas apaeiblee callee del barrio de San Sulpicio, ingora•
das del Paría brillante de la ribera derecha. A.hí se había vivido con la fiel Francisca, muy modestamente pero en una calma delicie3a después de las tempestades
del pasado. Charlier, inconocible y convertido en hom•
euerdoe.
Compadecedme! E ncierro en e8'0 papel tres pobreeflo• bre de fam:lia, había encontrado un pequeño empleo en
res cogidas en ese jardín que vos amaie, allá, lejos, cerca una casa de comercio.

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1807

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 1897

Sus emolumentos, unidos á loe otros recursos del ma
trimonio, habían proporcionado ciertas comodidades, l&amp;
principal ventaja de las cuales fué asegurar á Pabio una
educación larga y completa. Pero loe af!oe de colegio y
de seminario eran pesados. Si podía proveerse á ellos,
no se economizaba nada, en cambio, para la vuelta probable de loe malos días.
Y loe malos días volvieron en el momento en que, en
1885, Pablo era ordenado sacerdote.
Una parte del pequeño haber de sus padree fué engullido en el desastre de un establecimiento de crédito.
Este golpe inesperado abrumó á Oharlier. Su temperamento usado no estaba hecho ya para la lucha y la re•
eietencia. Fué herido de parálisis, y clsvado, lúcido aún
en el sillón rodante, entre las dos mujeres que agotaban
eue cuidados por él y sus esfuerzos para sostener la vida
común.
El superior de 1 seminario, supo estas miserias. Tenía
por Pablo una afección muy vi va, habiendo podido apreciar sus cualidades serias y amiblee, y conociendo su
piedad tan dulce como sólida, le propuso un empleo am•
pliamente retribuido de preceptor en casa de M. Jouve•
not, uno de loe principales notarios de París, donde debía dedicarse á la educación de un nif!o de nueve af!oe.
No había vacilación posible. Pablo acepta Su vida de
sacerdote comenzaba por et abandono ele su esperanza
íntima, largo tiempo acariciada. ¡Adiós, querida casita
blanco! ¡adiós las floree, la iglesia de la aldea, la poesía
y la paz de loe campos! Si la decepción fué cruel, nadie,
más que Dios, conoció el sacrificio del joven sacerdote.
Con la sonrisa en loe labios anunció á sus padree la bue•
na nueva.
¡Preceptor! es decir, la dependencia, la abdicación de
eí mismo, la renunciación á todos eue guetos persona•
lee, la obligación de plegarse á loe de loe otros, ia nece•
eidad de obede&lt;}er áloe padree y aún frecuentemente al
niño, la situación subalterna que algunas veces la falta
de delicadeza hace humillante; una especie de domeeti•
cidad, un poco más elevada tal vez que las otras; pero
más pesada también para las naturalezas más sensibles
que deben experimentarla.
Pero es también una tarea noble y grande para el que
sabe emprenderla con un pensamiento alto. Formar un
eepiritu y un corazón, verter en un niflo no solamente
la insl;rucoión que él encontraría donde quiera, sino la
educación moral que hará de él un hombre; ser también,
en medio de una fa.milia, como un aposto! íntimo, y lle•
var, si es posible, una influencia discreta y saludable,
este es el papel elevado del preceptor tal cual apareció á
Pablo, llenándolo de generosos ardores y consolándolo
de la pérdida de su eneuef!o huido,
Desde ei día siguiente llegó á casa de ~. J ouvenot,
todo inflamado de un celo de neófito por eu obra, impaciente por comenzarla, imaginando planee de estudios
seguidos y recogidos, bien seguro de encontrar en loa
padree el concurso eerio de una autoridad que secunda•
ría sus esfuerzos, puesto que ellos habían ido á pedir un
profesor á San Sulpicio.
Un momento vaciló antes de entrar á la casa del boulevard San German que se le babia indicado, de tal suerte
aquella mansión lujosa trastornaba la idea que el se for•
mara de la morada de un notario. Excusándose casi, penetró en un ealoncito en que majestuoso y cortés, un eui•
zo-jamáe hubiera el oeailo, ni aún en voz baja, llamar•
le coneerje,-le dijo como sorprendido de su ignorancia,
que ahí era en efecto donde habitaba el señor Jouvenot.
- Deeeaie hablarle á él personalmente, eell.or abaie?
preguntó el importante personaje.
-A el mismo.
-Entonces ......... permitid me ....... .. voy á asegurarme
de si el sell.or eetá en sus habitaciones ó en el estudio.
El suizo sopló en un tubo acústico, habló, oyó la res•
puesta, é inclinándose ligeramente ante Pablo, dijo:
- El eef!or está en su gabinete ...... ... Si el señor aba•
te tiene á bien tomar el vestíbulo á mano derecha, el es•
tudio está en el fondo.
Y recondujo al padre con la buena gracia y la salud
sonriente de un marqués de los tiempos pasados.
Pablo entró á un vestíbulo pavimen\ado de largas losas
negras y blancas que atravesaba un blando tapíz y que
ornaban cofres de vieja encina y enormes macetones de
donde surgían plantas verdee. Al cabo de esta antecáma•
ra, sobre una puerta, la palabra: E 8tudio, se destacaba
en medio de una placa de cobre brillante.
( Continuará),

161

EL MUNDO

LA MODA
Traje de rec:epelón.
Traje de boda .

,.

H o y ofrecemos á
nuestras lindas y sofla•
do ra s lectora a, otro
grabado del emblemático y fascinador tra¡e
de boda. Este, cuyo lí ·
gero velo en vuelve sin
ocultar; cuya inmensa
cola hace á la portadora vol ver la vista hacia
atrás, temiendo q ue
eualquier impertinen·
te pueda mancháreela;
cuyas odoríferas !lores
de azahar, reclaman
tanta pureza y pronos•
tican con sus agudas
espina~, lo azaroso de
la paz conyugal; cuyo
blanquísimo engarce
pide blancura en el alma; que todo t:n él es
simbólico; este el!I el
que hoy preeentamoe.
Si mano extraña le.
vanta elte atavío, ee
rendirá bejo eu peso;.
pero vosotras, que te·
neis por camaristas á
loe dorados ensueños,
no imaginais, sin du·
da, que el cuerpo pueda doblegarse bajo el
dulce peso de la seda,
que tiene tan confor·
iable calor, tan voluptuoso crujir.Y sinem·
bargo, hay temperamentos nerviosos que
se txtremecen al con•
tacto de la sedal
Pasemos ahora á examinar su construcción
material.
El dibujo que nos
ocupa es un traje de
raso blanco leche, de
gran cola, que lleva
por todo adorno en la
enagua dos golpes de
acabezadoe de museli·
na de seda, que tienen
en sus ex &amp;remidadee
unas ramas de azahar.
E l talle es también
de muselina, llevando
un delantero de encaje bordado, y tres ca•
becitae como la ena•
gua.

... 1

)

I··

• T

I
..s: &lt;

Mangas ajaretadas Y
dos volantes en forma
de jokeye; pero prolongándose en el de•
lantero basta el cin tu• ·
rón, que es de raso d mpeado. En el peinado
un pequef!o ramo de
azahares.

•.

.

'

El traje de recepción es bastante rice&gt;,
de moirée azul pálid &lt;',
con adornos de fantasía, y abierto sobre un
delantero de piel de
seda azul, cuerpo cruzado con peto de encaje blanco, volera, sin wa11gas de encaje blanco sobre fondo azu l, sujeta en el cuello, por un lin·
do broche de perlas.
El amor es el alil que Dios ha dado á las almas para subir hasta El.
- Mi[luel Ang1l.

No hay corazón que no tenga algún secreto ....... ..
Si quieres ser feliz, no intentes nunca regiEtrar la cartera de la
persona á quien amae.- j acinto B e11aM.te.
El amor es el ml'- jor y más dulce de loe moralist as.- Bacon.
E l lt brador es el rey de la naturaleza, pero el e1:cla vo de la sociedad.- l 11,i/io Ca~tdar.

�!!:L MUNl&gt;O

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1897

·'

TOMO.JI

'

~

MEXICO, Sl!PTIEMBRE 5 DE I897.

•

NUMEHOxo.

.

Dosel fabricado por la casa de Jorge Unna ~
EN SAN LUIS POTOSI
P.ara el linio.

iE ñor

~on l~nacio @Montes de ©ca.

&amp;n el Frincipal.
Dlbulo ele José M:. Vlllae ana.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 9, Agosto 29</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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